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                  <text>��•

f

FONDO
UNIVBRSIVJUO

IIUMANITAS-1

�HUMANITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS

18

UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN

1977

�Derechos Reservados ©
por el Centro de Estudios Humanísticos de la U .N.L.

La responsabilidad derivada de los estudios conte~idos en este
Anuario corresponde exclwivamente a sus respectlvos autores.

HU MANITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS
DE LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN
CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS DE LA
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN

Presidente y Jefe de la Sección de Filosofía:
DR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE
Jefe de la Sección de Letras:
LIC. EDUARDO GUERRA CASTELLANOS

Jefe de la Sección de Historia:
PROFR. ISRAEL ÜAVAZOS GARZA
PRIMERA EDICIÓN
Diciembre de 1977.-1,000 ejemplares.

Jefe de la Sección de Ciencias Sociales:
Lic. ALBERTO GARCÍA GóMEZ

18
HUMANITAS
Correspondencia: Centro de Estudios
Humanísticos. - Direcci6n: Facultad
de Filosofía y Letras de la Universidad
de Nuevo Le6n, Ciudad Universitaria. - Monterrey, N. L. - México

197 7

�INDICE
SECCIÓN

PRIMER.A

FILOSOF1A

(A)

INVESTIGADORES LOCALES

Dr. AousTÍN BAsAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE: Pensami~nto )' Tra)'ectoria de Max Scheler . . . . . . . . . . . . . . . • . . . .

(B)

13

CoLABORADORES FORÁNEOS

Lic. CARLos GoNzÁLEz SALAS: El Concepto del Hombre ,m la Filosofía

29

Dr. EvANOHELOs A. MouTSOPOULOs: Dos Peligros Actuales: Conformismo y Deformación . . . . .

45

l.
ll.
III.
IV.
V.

Preliminares Metodológicos
El Mito Cientifico
El Mito Artístico . . . .
El Mito Histórico . . . .
Las Estructuras Deformantes

PATRICK RoMANELL:

Dr.

FRITz

J.

Naturalism and Evolution: A Study in CoutrOJts

45
51
57
68
78

91

voN RINTELEN: Sinn und Bedeutung van Humanismus

und Humanitiit heule . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 103
Dr. J. E. BoLzÁN: Aristóteles y la Lista de Cualidades en Meteor
385 a 10 . . . . . . . . . . . . • . . . . . . . . . . . . . . 113

7

�Dr.

Antinomie Logiche e Idea Delftmere . . . . . .
Dra. CELINA A. LERTORA MENDOZA: Ciencia y Método en Roberto
Grosseteste . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr. Aunro CATURELLI: La Pedagogía, La Política y la Mística en
José Antonio de San Alberto . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr. Lu1GI BAooLINI: Perfettismo e Giu.stizia . . . . . . . . . . .
Dr. Ivo HoLLHUBER: Presencia del Hombre Te6tropo en la Hi.stmia
Dra. Junrru GARCÍA CA.FUENA: Improntas Filos6ficas en la Lingüfstica
de Noam Cbomsky y su Concepci6n del Uso Creativo dr.1 Lenguaje
SERGIO $AR.TI:

129
153

COLABORADORES FORÁNEOS

215
221

227

INVESTIGADORES LOCALES

Lic. EouARDO GUERRA CASTELLANOS: Tiempo y Espacio en la Producci6n de Jorge Luis Borges . . . . . . . . . . . . . . . . .
Profra. MARÍA GUADALUPE MARriNEZ DE Romúomz: Ensayos sobre "El
Exlra,ijero y el Mito de Sf.sifo" de A. Camus. Premio Nobtl 1957
RosAURA BARAHONA A.: El Teatro del Espejo en: Así es, Sí a.si os Parece
GIAMPIERO Bu001: Georges Bataüle . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr. JuAN GóMEZ GARCÍA: La Concepci6n de la Tragedia en Alfonso
Reyes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Profra. BERTHA A. SÁNCHBZ: El Modernismo en Hispanoambica . . .
Lic. RAMIRO RonaíoUEz: Luz y Color 611 las Rimas inéditas de Fernando de Herrera . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

(B)

183

LETRAS

(A)

Lic. ANA MA. HERRERA A.: Vida y Obra del Periodista Luis B. Herrera Juárez . . . . . .
321

245

CARMEN VEÚ.zQUEZ: Exigencias de una Metodología Científica para la Historia Regional . . . . . . . . . . . . . . . .
JosÉ MA. MuRIÁ: ~ugerencias para Dotar de Nuevas Perspectivas a la
Historiografía Regional . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
MA. ELENA GA.1.Avxz o.E CAPDEVIELLE: Cr6nica del P. Fray Luis de Guzmán de la Rebeli6n de los Jonaces en 1703 . . . . . . . . . .
Lic. JULIA TuÑÓN: La Importancia de la Historia Oral para la Historia Regional . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr. JosÉ DE JESÚS DÁVILA AGUIRRE: Las mo11ograflas en la Historia
Regional . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Lic. CARLOS GoNzÁLEz SALAS: Dos Cronistas Franciscanos del Nuevo
Santander . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
.ERNESTO DB LA TORRE VrLLAR: Los Estados Unidos de Norteamérica
y .ro Influencia Ideológica en México . . . . . . . . . . . .
MARíA DEL

363
375
387
403

413
427

439

251

259
271

279

SECCIÓN

CUARTA

CIENCIAS SOCIALES

285
291

(A}

J

VESTIGADORES LOCA.LES

Lic. ALBERro GARCÍA GóMEz: La Asociaci6n de Derecho Internacional 477

HISTORIA
(A)

INVESTIGADORES LOCALES

Profr. EuoENIO DEL Hovo: La Diputaei6n de Mineros en la.s Minas
Ricas de los Zacatecas, Democracia Corporativa . . . . . . . . 299
8

(s) Cou..ooRADOns FoRÁNEos

Lic. LuIS M. FARÍAS: Hacia un Nuevo Humanismo . . . . . . . . 487
Dr. FRANCISCO R. DELGADO: Patos, Motos, Padre y Madre . . . . . 499
Dra. ÁNGELES MENDIETA Al.A.TORRE: Los Textos Literarios como Fuente
del Conocimiento Social . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 509
9

�ANTONIO POMPA

v

POMPA:

Un Radical Problema de la Historia "Mé-

,,-ricana'' . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ~ . . . . 523
Dr. Luc10 MENDIETA Y 'úf;'E.z: Influencia de la Política sobre la Le-

gislación Agraria . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Las Primeras Altas Culturas Origi.narias . •
Dr. A.LDo ARlIANOO CocCA: El Sistema Marítimo Internacional de Satélites: Nu.eua Área del Derecho del füpacio . . . . . . . . . .
Dr. DAVID G. DAvms: Una lndagaci6n Acerca del Comportamiento
de los Impuestos Centrales y Estatales-Locales en Sistemas Federales de Gobierno . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr. HÉCTOR GROS Es.rtt.LL: La Dcsnuclearización Militar de la América Latina y la Sucesión de Estados en Materia de Tratados . . .

ROBERTO LARA VELADO:

SECCIÓN

QUI

531
547

565

579
593

FILOSOFIA

TA

TQTICIAS, RESERAS Y COME

TARIOS

Dr. AoosrlN BAsAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE: Introducción a la Filosofía dtl Dr. José Rubén Sanabria . . . . . . . . . . . . . . 607
Dr. AGUSTÍN BAsAVE F:e:RNÁNDEZ n:EL VALLE: Una Obra Filosófica de
un Filósofo Checoslovaco . . . . . . . . . . . . . . . .
611
Dr. ERNESTO J. REY CAR.o: Las Reservas de la Convencwn de Viena
de 1969 Sobre el Derecho de los Tratados . . . . . , . . . . . . 617
Lic.

ALBERTO GARCÍA Gó~rnz:

Revolution

Dr.

EBERHAR0T VÍCTOR NrEMEYER Ja.:

Que.re.taro . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Lic. ALBERTO GARCÍA GóMEZ: Revista lntcrame,icana de Sociología
MA. DEL CARMEN Vin.ÁZQuEz: Historia de las Relaciones de México
con Estados Unidos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Mlro. Lms RroNoA ARR.Eouí.N: La imagen del Hombre en la Obra de
Franz Ka/ ka . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
ARTEMio BENAVIDES H.: El Preludio de la independencia en el Noreste
de México: 1810-1811 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
lsRAEL CAYAZOS GARZA: Enésimo Libro de Aureliano Tapia Méndez
EUGENIO DEL I-foyo: Nuwo Intento de una Historia General de México
EucENIO oEL Hovo: Valioso Trabajo de Israel Cavazos Garza . . . .

10

al

Sección Primera

618
619

620
623
627
633

637
639

�PENSAMIENTO Y TRAYECTORIA DE MAX SCHELER
DR.

AousriN

BAsAvE FERNÁNDEZ DEL VALLE

Presidente del Centro de Estudio.s Hwnanlsticos de
la Universidad Autónoma de Nuevo Le6n.

FILÓSOFO AUTÉNTICO de gran capacidad especulativa, expositor ágil y brillante, personalidad fascinante y protéica, Max Scheler vivió, "ebrio de ideas",
una existencia no muy larga. Nace en Munich, de padre campesino bábaro
y de madre judía. Su padre adoptó la religión de su madre. Entre los aseenclientes de Max Scheler se cuentan pastores protestantes y juristas con honrosos e.argos. Bajo la influencia del capellán del gimnasio de Munich se bautizó, en el seno de la Iglesia católica. Estudi6 Filosofía, Ciencias Naturales,
Economía Política y Geografía en la Universidad de Munich, Berlín y Jena.
Escuchó las lecciones de Dilthey, Stumpf, Simmel, Liebmann y Eucken. De
este último recibe una especia] predilección por San Agustín y por el tema
de la Filosofía del espíritu. Se doctora en Filosofía en el año 1897. Un año
después contrae matrimonio civil con una divorciada. Resulta explicable, por
este tiempo, su primer alejamiento de la Iglesia. El matrimonio dura seis
años. Tiene que abandonar la Universidad por episodios de su vida privada.
En 1916 frecuenta la Abadía Benedictina de Beurón. Surge su "segunda conversión". Decide contraer matrimonio católico con Marit Furtwangler. Alterna misiones diplomáticas con cátedras de Filosofía y de Sociología. Solicita a las autoridades cat6licas la anulación de su matrimonio. Al no conseguir su desideratum se divorcia y contrae matrimonio civil con su discípula
María Scheu. Comienza a alejarse intelectualmente de la Iglesia y cesa de
creer en un Dios personal. Se orienta hacia un panteísmo evolutivo. El día
19 de mayo de 1928 fallece Max Scheler de un ataque al corazón.
Ma.'C Scheler -"el más grande animal philosophicum de su época", como
le ha llamado Heinemann- es una extraña mezcla de religiosidad y mundanidad, de profundidad y de ingenio. Fumador de grandes habanos, bebe-

13

�dor de cerveza, conversador de extraordinaria personalidad, estudioso de las
Ciencias y de la Filosofía, Max Scheler asombró al mundo -y lo sigue asombrando- por su espíritu genial. "Nunca en ningún otro, y siempre ante él,
he tocado tan cerca el fenómeno del genio", dijo Edith Stein a prop6sito de
Scheler. Los ojos azules de Scheler sabían mirar, difundían -al decir Lützeler- "una tranquilidad llena de paz casi inverosímil''. 'Si por genio entendemos -según la definición del profesor Scheler- el que conducido por
eros llega a obtener la imagen del mundo más rica que la de los demás y
logra transmitirla a estos", Max Scheler fue un auténtico genio. Genio de
basto saber: Filosofía, Biología, Psicología, Psicopatología, y Economia Politica. No importa que muchos de sus pensamientos procedan de simpatías o
antipatías, de impresiones nada confiables, de ocurrencias momentáneas. Porque en él siempre privó la actitud de encararse directamente con la problemática filosófica, de pensar por cuenta propia y de especular en grande. Ser
dialócico que amaba la compañía y que mostraba a cada paso compasión,
corte;ía, amabilidad y ausencia de rencor. No tuvo Scheler la oportunidad de
recibir una sólida y sostenida formación católica. Aunque en sus "Escritos
de Sociología" asegura que no había podido llamarse "católico creyente"'
en ninguna época de su vida, es lo cierto que sus libros evidencían lo contrario y que en una carta a Dietrich von Hildebrand confiesa: "quiero vivir
y morir en la Iglesia, que amo y en la que creo". Desgraciadamente la falta
de humildad para aceptar la decisión de la Iglesia sobre la validez de su
matrimonio can6nico, le llevó a una ruptura formal definitiva. La teoría panteísta y gnóstica de su última época es incompatible con el dogma. Pero
queda para nosotros la buena época de su obra De lo Eterno en el Hombre.
Hay en la trayectoria filosófica de Scheler tres grandes épocas:

La primera etapa, dominada por Eucken, en la cual se da un extraordinario
interés por la vida humana, y, en particular, por la vida del espíritu. San
Agustin -que ya nunca Je abandonará- avasalla por aquel entonces la atención de Scheler. En la segunda etapa (de 1913 a 1922), Scheler escribe las
obras decisivas: E{ Formalismo en la Ética y la Ética Material de los Va-

lores. Acerca de la Subversión de los Valores y De lo Eterno en el Hombre. Es aquí donde se nos muestra el 1-fax Scheler personalista, teísta y católico convencido. La transformación de su filosofía se anuncia en Las Formas del Saber y la Sociedad y llega a su extremo en El Puesto del Hombre en el Cosmos. Del Dios del Amor ha transitado al hombre como escenario único de una divinización en proceso.
Al lado de San Agustín existen, en la filosofía scheleriana, influencias de•
cisivas: Nietzche, Dithey, Bcrgson, Eucken y, sobre todo Husserl. En 1901&gt;

14

Max Scheler conoce a Edmund Husserl en una rewiión de la ''Kant Gesells
chaft". Encuentro decisivo para la vida filosófica de Scheler. Aunque no sea
un fenomen6logo ortodoxo, Scheler es el más grande de los f enomenólogos
después de Husserl.
No podemos olvidar el extraordinario talento de Scheler como ensayista
y su fecunda actividad de escritor. Quedan ahí como muestras de su aptitud
para el ensayo ágil y brillante: El genio de la guerra y la guerra alemana;
La guerra y la reconstrucci611,· Sociología y teoría de la sabiduria; El
saber y la cultura. Hasta aquí, en apretado resumen, el "curriculum vitae",.
específicamente académico, de Max Scheler. Vayamos ahora a su doctrina.
Aunque no llegó a escribir un tratado de Teoría del Conocimiento, hay
bases para hablar de la gnoseología de Scheler. Saber inductivo, saber de )a
estructura esencial y saber metafísico o saber de salvación, son tres órdenes
de conocimiento en la epistemología scheleriana. A las ciencias objetivas que
tienen por objeto la realidad -resistencia a nuestro esfuerzo- corresponde
el saber inductivo basado en el instinto de dominación. No hay, en esta clase
de conocimiento, leyes compulsivas. Lo a priori -proposiciones y unidades.
significativas o ideales que se dan independientemente de toda posición subjetiva- es objeto del saber de la estructura esencial. Pero lo a priori no es
como en Kant, algo que atañe a los juicios, sino contenidos materiales independientes de la e&gt;..--periencia y de la inducción. No hay para qué preguntarnos
cómo es posible que se dé algo, sino ¿ qué es lo que se da? Ahora bien, no todo
lo que se da es racional. Al lado de lo racional está lo emotivo espiritual) el
amar, el odiar, el sentir y todo ese caudal de apriorismo emotivo que recuerda
el ordre du coeur pascaliano. De la articulación de las ciencias positivas con
la Filosofía orientada a las esencias surge la tercera especie del saber: Orden
metafísico o saber de salvación. Metafísica de lo absoluto que empieza en el
problema, vecino a las ciencias, que se formula con la clásica pregunta: ¿ qué
es la vida? No se parte del ser-objeto sino del ser-sujeto. Es cuestión de Antropología Filosófica que culmina en saber de salvación. Cabe advertir que
la ontología del mundo o del espíritu es anterior a la teoría del conocimiento.
El conocimiento y la valoración son modos peculiares de la ''conciencia de
alma". Pero estos modos se constituyen sobre la conciencia in.mediata de hechos que se dan en si mismos. Datitud de cosas en sí mismas, aprehensión
y conocimiento se dan escalonadamente. Un juicio es verdadero cuando no
hay ilusión respecto a su objeto, existe el contenido objetivo mentado y
presenta corrección 16giea.
La axiología scheleriana destaca los valores como objetos intencionales de
la emoción. Se da un a priori emotivo intencional que capta valores, alli donde
15

�Valores Propios

.
.
.
.
o se trata de hechos científicos ni de formas catela mtehgenoa es ciega.
ti
L
.
T
d un deber ser ideal o de un deber ser norma vo. os
gonales. ampoco e
.
• •
f
bsolu tos e inmutables----- son cualidades obJetlvas que'6 ·ormano·un
valores -a
'
reino coordinado de conexiones esenciales y leyes f~nnales ~pn _neas. i~.
A '
n supenores e infenores. Clas1dense en pos1t1vos y negativos. grupanse e
.
.
l
.
en
va.lores
de
persona
y
valores
de
cosa.
La
exi.stenoa
de
un
va
or
f1canse
•
·
.·
sí :misma un valor positivo y su no existencia
-ap u nta Schepos1uvo es en
al
~:
valor
. egahvo La existencia de un v or negauvo es un
ler- es un valor n
u
·
•
•
.
no existencia entraña uno positi\'O. Todo valor no negativo es
negativo y su
·
sitivo
••
· ·ersa porque el mismo valor no puede ser negativo o po · •
positivo y v1cev
,
.
divi
Son valores superiores aquellos que siendo más conSJ.Stentes son menos
.ºbl
fundan a los demás; provocan una satisfacción más honda ~ s~ muessi es Y
1
·
uía a pnon de los
tran menos relativos. Hay, para l\fax Sebe er, una Jerarq
valores que no es posible demostrar, sino tan sólo mostrar:

ORDE

JERARQUICO DE LAS MODALIDADES DE VALOR

Valor 8 s Propios

Funcion1s

Estados

1 ) agradable

sentir sensible

sentimientos de
sensación
placer-dolor

desagradable

gozar-padecer

Reaecion8s

Valores Coruecutivos

técnicos

sentim. vital

útil, perjudicial
lujo

ascendente
descendente
salud-enfermedad

contento-pesadumbre
coraje-miedo
venganza

juventud-vejm:

cólera

bienestar, prosperidad ( valores de conser•
vaci6n)

muerte-debilidad-fuerza

Son independientes tanto de lo agradable como de los v. espirituales.
3) valores
espirituales

sentir espiritual, Alegrlaprcferir, amar- tristeza
odiar, espirituales

&amp;tados

a) bello-feo
b) justo-injusto
c) conocimiento
puro de la
verdad:
ftlosoHa

Reacciones

Valor,s Consecutivos

respetar-despreci.ar
impulsos de
rettibuci6n

colecciones ar-

tísticas
derecho positivo, ciencias

Son separados de la vida y del medio; se puede sacrificar a ellos la vida
4) santoprofano

aeto de amor
especial a
personas

bienaventuranza-desesperación

fe-descreimiento, veneraci6n,
adoración

cosas del culto
y sacramentos;
formas de veneración, etc.

No son una clase especial de objetos, sino que sus portadores pueden ser
cualesquiera objeto en la esfera absoluta. Son independientes de lo que en la
historia ha valido como santo, un fe tiche o Dios, pero siempre se dan como
"personas".

La gradación jerárquica, por orden de prelación descendente, es la siguiente:
l. Valores religiosos

2. Valores espirituales

Son independientes de las cosas en que se dan.
2) noblevulgar
(valores
de desarrollo).

Funeionn

sentir-disentir,
aprobar-desaprobar

Valores de la
cultura

3. Valores vitales
4. Valores sensibles
Los valores sensibles SOf:!- valores de cosas, los valores vitales son valores
de seres vivos, los valores espirituales son valores humanos, los valores religiosos confluyen en Dios. Scheler no ha ordenado jerárquicamente muchas
cualidades de valor dentro de cada modalidad. Por ejemplo, en la modalidad
de lo e tético no se sabe cuál es la jerarquía entre lo bello, lo trágico, lo
cómico, lo sublime.
Los valores cuando son valores de una cosa constituyen un bien, pero son
independientes en su ser de sus depositarios. Representan un dominio propio
de objetos con particulares relaciones y conexiones, con orden y jerarquía. Los
actos ~on morales o inmorales. El sustentáculo funda.mental de los actos es
la persona. En consecuencia s6lo las personas son buenas o malas. Quede para
después la crítica de la a.~ología scheleriana. La ética, ya se podrá suponer,
es una ética basada en la intuición de los valores que se tiene en el sentir,
17

16

�· y, acaso más, en el amor y en el odio. La necesidad del deber
en e1 prefenr
finca en la intuición de la conexión a priori entre los valores, aunque
ser se
'd .d 1
solamente se concierta en deber lo que es bueno en senti o 1 ea .
"No es un azar terminológico -dice Max Scheler- que la ética formal
caracterice a la persona en primer lugar, como 'persona racional'. No quiere
decir este término que sea esencial de la persona realizar. actos, los cu~les
sigan -con independencia de toda causalidad- unas leyes ideales de senudo
y objetividad (Lógica, Ética, etc.), sino que expresa -en una sola palabrael supuesto material del formalismo, a saber: que la perso~~ no «:8• en e)
fondo, otra cosa más que el sujeto lógico de una produooon racional de
actos. es decir, que sigue aquellas leyes ideales. O en pocas palabras: la persona 1es -según esta opinión- la X de una actividad racional y la perso~a
moral la X de una actividad volitiva que se ajusta a Ja ley moral. Es decir,
no se indica, ante todo, en qué consiste la esencia de la persona y su peculiar
unidad, y luego se demuestra que la actividad racional pertenece a esa esencia, sino que el ser de la persona no es otra cosa, y a ello se redu~e, que el
punto de partida o la X del punto de partida de una voluntad_ racional conforme a leyes, o de una actividad de la razón en cuanto práctica. Co~orme
a esto, lo que un ser llamado persona, por ejemplo, un hombre ~etenrunado
-o también la persona de Dios- es, además de 'punto de paruda de actos
de la razón conforme a ley, no puede fundamentar su ser persona, antes bien,
sólo puede limitarlo y, relativamente, suprimirlo'" . (Ma~ _Scheler: Ética
-Nuevo Ensayo de Fundamentaci6n tÚ un Personalwno etica-, tomo II,
pág. 159, Editorial Revista Occidente).
Para elaborar una teoría de la persona, Max Scheler parte de la comprensión fenomenológica de la persona humana. La personalidad humana es irreducible a una esencia racional-universal o a una individualidad empírica. Decir persona es decir concreta y esencial unidad de actos diversos fundados
por una mismidad. No se trata de una forma vacía, sino de un ser concreto
que no se agota en sus actos singulares y que no se identifica con la conciencia o percepción interna. La persona es cabalmente individual. No hay personas generales. Las personas concretas son autónomas en una doble manera,
por una parte autonomía de la visión de lo bueno y de Jo malo, por otra la
autonomía de la voluntad personal de lo que se da como bueno y como malo.
Aunque vinculada al cuerpo, la persona no guarda ninguna relación de dependencia con él. El personalismo de Scheler destaca el señorío sobre el cuerpo. Finalmente la persona nunca es "parte" de un mundo, sino correlato de
su mundo, microcosmos. Cabe hablar, según Scheler, de persona singular Y
18

de persona plural. La persona plural arraiga en los c.entros múltiples del vivir.
en el convivir total. Hay según Scheler cuatro tipos de unidades sociales:

l. Unidad por contagio e imitación involuntaria (masa);

2. Unidad por la convivencia o revivencia que genera una comprensión de
los miembros, pero que no precede a la convivencia ( comunidad de vida) .

3. Unidad artificial, en la cual todo enlace entre los individuos se establece
mediante actos conscientes particulares (sociedad).
4. Unidad de personas singulares autónomas en una persona plural autónoma, espiritual, individual, en la unidad.
"La verdadera función de la simpatía --observa Scheler- consiste en destruir la ilusión solipsista y en revelarnos como dotada de un valor igual a la
nuestra, la realidad del otro, en cuanto otro." Esta forma de comprensión
reviste varias modalidades: sufrimiento, alegría, compañerismo, amistad, lazos
conyugales, sociales, colectivos, nacionales ... El amor exige, más aún que la
simpatía, diversidad y autonomía de la persona. Su sentido más hondo no estriba en tratar al otro como si fuese al propio yo, sino en quererlo como es. "El
amor consiste en comprender suficientemente otra individualidad, moralmente
diferente de la mía, en poderme poner en su lugar, aun considerándola como
distinta y diferente de mí e incluso, mientras afirmo, con valor emocional y sin
reserva, su propia realidad, su propio modo de ser." (Max Scheler: Esencia
y Formas de la Simpatía, págs. 110-111).
El amor es el fundamento de la simpatía y se dirige necesariamente al
núcleo valioso de los entes. Tiende a realizar el valor más alto posible y se
centra en la naturaleza, en la persona humana o en Dios. La persona espiritual
no es objetiva. Scheler reconoce en la simpatía una relación afectiva originaria entre las personas. Simpatizar es un sentir pena o alegría por la vivencia del prójimo. Trátase de una participación efectiva y no de un contagio.
Pero la simpatía es una función de la sensibilidad, mientras que el amor está
referido a un valor. Algunas de las mejores páginas de Scheler están consagradas a ese amor que aparece en el hombre como el principio promotor de todo
crecimiento de valores. Amor que en Dios es el principio creador mismo, idéntico con la esencia divina. El amor está vinculado, también, con el sufrimiento
y con el sacrificio. Es el conocimiento el que se funda en el amor y no el
amor el que se funda en el conocimiento. El hombre es un tns amans antes
que un ens cogitans o volens. "El primado del valor, por parte del objeto, se
corresponde, exactamente con el primado del amor por parte del sujeto." La
tesis de que Dios es amor, significa, para Scheler, que en Dios el amor precede
al conocimiento y al querer divinos. Los caracteres amables de las cosas y los

19

�fines e ideas esenciales son ya amados por Él desde la eternidad. Pretende
Scheler haber encontrado la doctrina del primado del amor en San Agustín.
Pero es lo cierto que San Agustín, siempre más mesurado, no le dio al amor
el alcance que le confirió Scheler. El genio de Hipona afirma que nadie puede
amar aquello que ignora y que el amor impulsa a descubrir los aspectos ~ún
desconocidos del objeto amado. En el amor sexual, el placer se da como rmpleción de un amor y de un anhelo que no fue motivado por la voluptuosidad
sino que en esta halla sólo su satisfacción. Pero el amor sexual ocupa, en Scheler, una categoría muy inferior a la del amor espiritual al cual, cuando es preciso, se sacrifica.
Entre el dolor y el amor hay una conexión vital. El amor, fuerza originaria
de toda formación de uniones, crea una precondici6n del sacrificio, que es
tanto muerte, como dolor.
El personalismo scheleriano de tan alto valor, se complementa con la teoría
de los tipos a priori de personas de valor y de la función de los modelos en
Ja vida moral de los hombres. Las normas se fundan en valores, y el valor supremo es el valor de la persona en cuanto tal. Pero el deber ser ideal, intuido
en una persona valiosa, no es norma sino modelo. El "seguidor" complementa
al "modelo". Debe distinguirse entre modelo y conductor (führer). El modelo
no sabe ni quiere ser modelo, a diferencia del conductor. Vinculando la idea
de la persona valiosa con la jerarquía de las modalidades de valor, Scheler
obtiene cinco tipos puros: al santo (valores religiosos), al genio (valores espirituales), al héroe (valores vitales), el espíritu conductor (valores de lo útil),
al artista del goce ( valores de lo agradable). El rango jerárquico de los modelos coincide con el de los valores. Hay páginas de antología cuando Scheler
describe el santo, el genio o el héroe. "El santo no actúa por narraciones o por
escritos, que a lo más son restos de su existencia, sino por su presencia intuitiva
sobre un séquito inmediato, que en nuevos santos reproduce su figura. Es su
ser y su persona, no sus obras (como el genio) ni sus acciones ( como el héroe)
lo que actúa en el co-vivenciar de ella por sus discípulos. Por eso no deja una
obra escrita, sino que 'se deja a él mismo'. La esfera de su eficiencia es
supra e intramundana, no simplemente mundana, como la del genio. Alcanza
hasta donde llega el reino de una comunidad de amor entre personas espirituales" (Juan Llambias de Acevedo: Max 'Scheler -exposici6n sistemática y
evolutiva de su filosof ia- pág. 278, Editorial Nova, Buenos Aires, Argen-

tina).
La agudeza psicológica de Ma.x Scheler se pone de relieve en el agudo análisis que verifica en tomo al fen6meno del resentimiento. En el resentimiento
se revive reiteradamente una emoción, se \'Uelve a sentir una cualidad de valor

20

negativo, se realiza un movúniento de hostilidad. Trátase de un autoenvenenamiento anímico. La actitud psíquica permanente surge por la represión sistemáúca de la descarga de ciertas emociones, de determinados afectos. En la
vivencia emocional del resentimiento -tan compleja de suyo--- se da, además,
una ilusión valorativa, un impulso de venganza. En el resentimiento hay odio,
maldad, envidia, ojeriza., perfidia. Se detiene temporariarnente el impulso de
venganza y se aplaza la reacci6n para un momento más oportuno. En este sentido, todo resentido es un impotente. La venganza la ejercen los débHes. Por
eso entre los débiles abundan los resentidos. Si el ofendido perdona o si la
venganza del ofensor se manifiesta inmediatamente en insultos o en golpes,
no hay lugar para el resentimiento. Puede decirse que el resentimiento brota
cuando la vehemencia de los afectos va acompañada de la impotencia para
traducirlos en acciones. La envidia dirigida al ser esencial del otro suscita un
fuerte resentimiento. Se perdona todo, menos que el otro sea lo que es: dotes
innatas de naturaleza, carácter, inteligencia, honores . . . El resentido suele elogiar algo, no por su interna cualidad, sino con el propósito -nunca confesado-de censurar otra cosa. El resentimiento es una de las fuentes que derrocan
el orden jerárquico objetivo y eterno entre valores. Scheler sostiene que el resentimiento ha influido, de modo asombroso, en la génesis de las morales europeas. Ese talento psicológico scheleriano se manifiesta, siempre, en el análisis
de todos los estratos de la vida emocional: lo mismo hablando del pudor que
del amor, de la simpat'ta y del sufrimiento. En el • aniversario de la fundación
de la academia Lessing en Berlín, Max Scheler pronunció una conferencia intitulada: "El Saber y la Cultura". Cultura es, ante todo, una categoria del
ser, no del saber o del sentir. A esta primera determinaci6n, partiendo de la
idea del microcosmos, cheler añade esta otra: "Cultura es Humanización'',
es el proceso que nos hace hombres -visto desde la naturaleza infrahumana-;
un intento de progresiva "autodeificación", visto desde la imponente realidad
que existe y actúa por encima del hombre y de todos las cosas finitas (Max
Scheler; El Saber y la Cultura, pág. 23, Editorial Cultura, Santiago de
Chile). La vocación antropológica de Max Scheler es patente. Sus observaciones sobre el hombre en plan sistemático nos llevan a considerarle como el
fundador o por lo menos el sistematizador de la Antropología Filosófica en el siglo XX. El hombre es un animal que se ha enfermado. Su adaptación orgánica y su capacidad de adaptación se han quedado atrás respecto de sus compañeros de la especie más próxima. Si consideramos al hombre desde afuera,
desde un punto de vista puramente anatómico, presenta un sistema nervioso
Y una corteza cerebral sumamente diferenciados y jerarquizados. Acaso como
ser vital, el hombre sea un callejón sin salida de la naturaleza, un término y
una máxima concentración. Pero corno ser espiritual, el hombre es una salida

21

�hacia Dios, una automanifestación del espíritu divino. No puede hablarse del
hombre como de una cosa, sino de una humanización de un proceso eterno,
posible y libre. Humanizaci6n y deificación son inseparables de la idea de cultura. "Estudiad a los animales -solía decir Scheler a sus discípulos--- y os
daréis cuenta de lo difícil que es ser hombre.'' El animal muestra, según Scheler, una inteligencia técnica, cierta. capacidad de elegir, pero vive siempre en
las cosas en éxtasis momentáneo. El hombre en cambio, se coloca así mismo,
con su conciencia, frente al mundo. Objetos circundantes y conciencia de un
yo están nítidamente separados. El hombre -y esto le distingue de cualquier
animal- es determinado por el contenido de una cosa, siente un a.mor sin
apetito hacia el mundo (independiente de los impulsos, distingue entre la esencia de una cosa (lo que es) y su existencia (el hecho de ser). "En realidad, el
hombre, considerado en la conexión de las especies orgánicas es, relativamente,
el asceta de la vida..." (Jbidem, pág. 38). El "Saber por el Saber" no puede
darse1 no debe darse ni se ha dado tampoco seriamente en el mundo. Max
Scheler habla sobre tres ideales del saber: el saber de dominio o de resultados
prácticos, el saber culto y el saber de salvación. Estos saberes están articulados.
Todo saber práctico se orienta hacia fines del hombre en cuanto ser vital.
Sirve, en última término, al saber culto. El curso y transformación de la naturaleza han de servir al florecimiento de la persona. La barbarie, científica
y sistemáticamente fundada, sería, al decir del filósofo de Müncben, la más
espantosa de todas las barbaries imaginarias: "Pero también la idea 'humanística' del saber culto -tal como en Alemania la encama del modo más
sublime Goethe- ha de subordinarse a su vez y ponerse, en su última finalidad, al servicio del saber de salvación. Porque todo saber es, en definitiva,
de Dios y para Dios". (Ibídem., pág. 69.)

El Puesto del hombre e1i el cosmos, libro genial como casi todos los de
Scheler, fija la última posición filosófica de su autor, que no podemos compartir. No todo, por supuesto, es discrepancia Reconocemos los felices atisbos
sobre la diferencia esencial entre el hombre y el animal, sobre los grados
del ser físico, sobre el conocimiento ideatorio de las esencias como acto fundame11tal del espíritu. Pero rechazamos, decididamente, la concepción scheleriana de un "Dios" que deviene en un universo que se constituye en el
cuerpo perfecto de su espíritu e impulso eternos. Una \·ez más, Max Scheler
reafirma su tesis de "El hombre como asceta de la vida". He aquí un valioso
texto: "El hombre puede reprimir y someter los propios impulsos; puede
rehusarle el pábulo de las imágenes perceptivas y de las representaciones.
Comparado con el animal, que dice siempre "sí" a la realidad, incluso cuando
teme y rebú1e, el hombre es el ser que sabe decir no, el asceta de la vida,
el eterno protestante contra toda mera realidad. En comparación también

22

con el animal ( cuya existencia es la encamación del filisteismo) es el eterno
"Fausto" la bestia cupidíssima rerum novarum, nunca satisfecha con la realidad circundante, siem~re ávida de romper los límites de su ahora, aquí y de
este modo, de su "medio" y de su propia realidad actual. (Max Scheler: El
Puesto del Hombre en el Cosmos, pág. 85. Ed. Losada, s. A.)
Libertad, objetividad, conciencia de si mismo son las tres características
esenciales del espíritu. Pero el espíritu es actualidad pura. Los animales tienen
a~ma, psiq~ism~, in~eligencia práctica, pero no espíritu. Desde el punto de
\'lSta de la mteligencia, Scheler considera --erróneamente a mi modo de verque la diferencia entre el hombre y el animal es únicamente de grado. No
a~derte el limite infranqueable que se da entre hombre y animal: la capacidad de abstraer. En una de las últimas conferencias Scheler rechaza la
tesis que había sustentado en sus mejores momentos: 'la existencia de un
Dios absolutamente omnipotente y sabio como fundamento del mundo. Repudia la creación de la nada, la revelación natural la adoración a Dios la
1
caída del ángel y del hombre. Ahora se queda en vago panteísmo. El ~erdevenir divino solidario con el mundo es historia. La tensión entre el espíritu
y el ímpetu se d.a e~ Dios. .cheler llega a hablar de un proceso teogónico,
de una autorrealizac1ón de D10s en la historia del mundo y en la historia del
hombre. El espíritu no puede crear nada real. Estamos ante un Dios -si
así puede llamarse- indiferente al bien y al mal que se manifiesta o realiza
en el ~undo, con la intercesión del hombre: Su amigo y aliado. Pero, ¿cómo
~ posible que el hombre sea amigo y aliado de un Dios indiferente al
bien y al mal, que no es creador ni amante ni redentor?
. Pero rnlvamos ª. la época en que Scheler estudia, con verdadera profundidad Y congruencia, la esencia y los atributos de Dios. La religión es una
nueva forma de saber, aunque sea más que un saber. Concentra todas las
faculta~'; y f~':1'2as espirituales del hombre. Max Scheler se propone una
renovaoon religiosa que puede llevar a cabo un nuevo horno religiosus. Utilizando la fenomenología contempla los fundamentos esenciales de la exis~encia_ Y el contacto del alma con Dios. Oigamos a Scheler: ' 4Es como un
mau~to drama misterioso en las más profundas honduras del alma, por
~edio del cual se alcanza el conocimiento religioso de que el santo ens a se
nene que ser de 11atu1aleza espiritual, 'espíritu'. El hombre tiene que darse
cue~ta de un modo claro y vivo -hasta dentro de cada percepción, de cada
sentir del mWldo, de cada acción en el mundo o en cualquiera de sus objetos
de la completa indiferencia de su yo y de su conciencia frente a la existencia
del mundo, Y de su total impotencia espiritual frente a su plenitud incluso
frente a cada elemento de su plenitud". (Max Scheler: De lo Eterno en

23

�el Hombre -La Esencia y los Atributos de Dios, pág. 153, Editorial Revista
Occidente, Madrid, 1940.) Scheler afirma que hay un conocimiento natural
de Dios que no coincide con las pruebas racionales y que difiere del conocimiento suministrado por la revelación positiva. El filósofo alemán coincide
con San Pablo cuando dice que "se puede conocer el artífice por sus obras".
Todo saber sobre Dios es un saber por medio de Dios. El hombre posee una
hipótesis sobre el camino de su propia salvación del mundo antes de adoptar
la actitud metafísica. Dios como espíritu presenta atributos formales como la
absolutibilidad y la infinitud, la libertad y la potención creadora. La elevación constante de valor no puede verificarse por las propias fuerzas del
mundo. Se requiere libre descenso de fuerzas superiores que eleven reno\'adamente lo que cae en la nada. "Constante peligro de muerte, renacimiento
sólo posible por redención; constante caer de rodillas, y 'levantarse' sólo por
la fuerza elevadora que desciende y compadeciéndose al ponernos de pie una
vez y otra: esto nos parece una imagen más acertada del hombre que se
mueve en la historia, que la del alegre muchacho que corre por sus propias
fuerzas, en un país cada vez más bello, hacia lo ilimitado." (Ibidem., pág.
257) Scheler distingue, con todo vigor, entre Ciencia y Filosofía. La Filosofía es definida como una forma de participación cognoscitiva del sujeto
en la esencia de todas las cosas. La participación -y no el intelecto abstracto
y desnudo- es el núdeo esencial del hombre. Y la participación está condicionada por el amor. "La Filosofía -dice Scheler- es por su esencia convicción rigurosamente evidente, no multiplicab1e ni revocable por inducción,
válida a priori para todo lo contingentemente existente, convicción de todas
las esencias y complejos de esencias de lo existente accesible para nosotros
en forma de ejemplos, a saber, en el orden y en la jerarqlúa en que se
encuentran en su relación con el ente absoluto y su esencia" (Max Scheler:
La Esencia de la Filosofía -y la co,idición moral del conocer filosófico-,
pág. 57 1 Editorial Nova).
A pesar de la variedad de titulos, Scheler muestra unidad de estilo y de
preocupación. El tema que le apasiona, sobre todas las cosas, es el terna
del hombre. Provisto de la mejor y más fresca información suministrada por
las ciencias de la naturaleza y por las ciencias de la cultura emprende sus
estudios "A cerca de las Ideas del Hombre'' para poner en claro su esencia.
Explora históricamente las concepciones antropológicas en ''La Idea del Hombre en la Historia". Se detiene en la preocupación por el futuro de nuestra
especie y por la posibilidad de una transformación biológica con sus consecuencias espirituales en "El porvenir del hombre". Analiza el rasgo esencialmente igualitario de nuestra época en "El Hombre en 1a Etapa de la
Nivelación". Señala la responsabilidad que corresponde, en el proceso político
24

encauzado a las minorías directoras. El hombre adviene a la plenitud de sí
mismo y se realiza como ser culto. Pero la cultura no es una forma de saber
sino una manera humana de ser. Porque le interesa el hombre, le interesa
a Scheler la Filosofía de la \'ida humana en Niet1.Scbe, Dilthey y Bergson. Su
Fenomenología y Metafísica de la Libertad complementan su sistema moral.
La libertad no es ilusoria ni puede resolverse en un mero análisis ideatorio.
Ante todo ha.y que distinguir entre un poder o facultad del sujeto, originalmente espontáneo, y una capacidad de elegir que aumenta o disminuye de
acuerdo con las posibilidades ofrecidas. Hasta la compulsión y la resistencia
presuponen la vivencia de la espontaneidad. Hay distintos grados de libertad
que van desde la arbitrariedad hasta la determinabilidad del ,·alor.
La renovación completa de la metafísica no la llevó a cabo Max Scheler
por su prematura muerte. Nos queda su libro-Idealismo-realismo- como
indicio de lo que pudo ser su sistema metafísico. Trátase de superar la antítesis "idealismo-realismo", porque -según Scheler- ambas posiciones reposan sobre falsos supuestos. El filósofo germano admite que la e.'Cistencia
(ser-ahl) y la consistencia ( ser-así) es una pareja que no puede escindirse
del problema de la inmanencia o trascendencia a la conciencia. Scheler admite
que el ser-así ( esencial o accidental) puede ser inmanente a la conciencia.
Pero afirma, a la vez, que la existencia es ajena -y no por accidente- a
la conciencia. Critica a Husserl por no haber ahondado en el momento de
realidad y en la experiencia que de ese momento recaba el sujeto. La desreali7.ación del mundo mueve a una represión del ímpetu vital, fuente del sentimiento de realidad. chcler no se conforma con la reducción fenomenológica
-suspensión del juicio de existencia- que aprehende esencias. La certidumbre de la existencia del mundo brota de una impresión de resistencia mundana
que experimentamos estática.mente antes que el yo se perciba a sí mismo.
Lo "en sí" es independiente de la conciencia y se desdobla en esencia y
valores, por una parte, en realidad, por otra. En la metaffsica scheleriana
se afirma un ser no objetivable, una existencia de un saber estático y un
conocimiento participado en la contienda entre impulso y espíritu. Distingue
el filósofo de Munich cinco esferas del ser:

l. La esfera del absoluto (santo, suprapoderoso); 2. La esfera del mundo
común (el tú, el nosotros y la sociedad y 1a historia); 3. Las esferas del
mundo exterior y del mundo interior; 4. La esfera de los seres vivos v de su
mundo circundante; 5. La esfera de los cuerpos inanimados. El ·espíritu
irreductible a toda otra forma de ser, es originariamente impotente. Sólo la
vida le presta fuerza. El espíritu ve, pero no camina. La vida empuja y
camina pero no ve. Es el caso del ciego que lleva a cuestas al tullido. Pero

25

�objetivamente, como observa Juan Llarnbias de Azevedo, "la tesis de la
impotencia del espíritu sucumbe ante la objeci6n que frecuentemente se le
ha hecho desde distintos lados (Haecker, Buber, P.rzywara, etc.): si el espíritu
puede reprimir los impulsos, si los impulsos son la fuer1,a ante la cual oponen
resistencia los centros dinámicos de las cosas, el espíritu ha de poseer una
fuerza originaria (Juan Llambias de Azevedo: .Max Scheler -Exposición
sistemática y evolutiva de la filosofía-, pág. 448, Editorial Nova, Buenos
Aires).
Permítasenos apuntar, en apretada síntesis, las principales observaciones
críticas que podríamos enderezar contra la filosofía de Max Scheler.

lY. Es insostenible el dualismo entre ser y valor. Si los valores son algo
que se ofrece como contenido de un acto ¿ cómo puede pensarse que este
algo no sea ser? ¿Cómo puede haber un campo de objetos que no son?

29. La intuici6n emocional a priori, al lado del conocer teórico es otro
dualismo inaceptable. Si el sentimiento intencional fuese un 6rgano cognoscitivo estaríamos ante una facultad de orden teórico. Si no es un conocí-

' entonces tampoco cabe atribuirle la propiedad de captar objetos.
miento,

39. Si el hombre es portador y realizador de los valores, es un contrasentido que se pase su vida afanándose por realizarlos, para que a la postre
se le diga que los valores no son sino que valen. Esto equivale a decirle que
ha realizado la pura nada.
49, Scheler afirma, por una parte, la impotencia del espíritu, y asevera,
por la otra, que el espíritu puede reprimir los impulsos. Si fuese totalmente
impotente no podría reprimir los impulsos.

59. La unidad del En.s a se queda destruida con un ímpetu desenfrenado
que desata la deidad y que sin embargo no sabe que desata.

69. Si una de las notas esenciales del espíritu es la conciencia de sí mismo,
¿ por qué se olvida Scheler de esta nota y priva al espíritu absoluto de la
autoconciencia?

70. El panteísmo scheleriano no resiste la crítica que e] propio Scheler
había hecho a esta teoría años antes de haber escrito Cosmovisi6n Filosófica.
En su obra De lo Eterno en el Hombre, el filósofo de Munich asegura que
para mantener la relaci6n de identidad entre mundo y Dios, el panteísmo
hubo de admitir "la serie siempre creciente de factores irracionales, no divinos, incluso, finalmente, antidivinos (Max Scheler: De lo Eterno en el
Hombre, pág. 23).
26

8..,, La tesis de que la persona es sólo la unidad de sus actos -advierte
Juan Llambias de Azevedo- no conduce necesariamente a identificarla con
la sustancia eterna. Scheler ha cedido aquí ante una significaci6n demasiado
estrecha de substancia, Lo mismo hay que decir respecto al argumento de
los centros de fuerza (Juan Llambias de Azevedo: .Max Scheler -Exposici6u sistemática ,, evolutiva de su filosofía-, pág. 469, Editorial Nova, Buenos Aires).
99• La mejor objeción que se puede hacer a la última tesis scheleriana
de la misión del hombre como redentor de lo absoluto está formulada por el
mismo Scheler: "Es un contra-sentido que lo derivado pueda redimir al
Fu11damento, que el hombre en quien no hay fuerzas que no esté también
en su origen, pueda redimir a ese origen" (Von Ewigen im Menschen, pág.
503, Berlin, 1933).
Aunque resulta dramática y patente la lucha de Scheler contra Scheler
lo cicrt? ~ que no pudo ?lvidar nunca, del todo, su personalismo teísta ;
su adrruraet6n a San Agusün. Se duele el fil6sofo germano de los movimientos irracionalistas, con marcado desprecio del espíritu y de sus valores. Más
allá de las discrepancias apuntadas, siento hacia Max Scheler una profunda
admiración y una viva simpatía. No deja de tener raz6n Ortega y Gasset
cuando califica a Max Scheler como "la mente más fértil de la hora actual".
Admiramos en el filósofo germano la recia novedad de sus enfoques filosófico , la diafanidad y la gracia de su ágil pluma, la viveza y variedad de
sus preocupaciones antroposóficas, axiol6gicas, éticas, sociol6gicas, religio as.
Acaso lo que me mueva a sentirme hermanado con Scheler es su pasi6n de
t?da
~ida por el tema del hombre. No importa que no haya llegado a la
s1DteSJs fmal. Quedan un puñado de atisbos geniales que pueden ser llevados
m~ru_ite un_ apropiado cultivo, a su cabal desarrollo. Max Scheler nos pon;
en v1a1e hac.t.a los grandes problemas. Raro caso el de Max Scheler: "filósofo
embriagado de serenidad" y a la vez polemista incansable• tenso hacia lo
absoluto y palpitante de sensualidad vital. Su temprana p&amp;dicla en el horizonte filosófico asume el carácter de lo irreparable. Aun así la "h0!!1lera
filosófica" que encendió Scheler ya no podrá ser apagada jamás. Nos ~señ6
a conciliar las grandes categorías ordenadoras con la rica variedad de cont~nidos vitales co~cretos. Ideas geniales, observaciones precisas, distingos sutiles. fundamentaciones. p~ofundas, podemos sorprender en cualquier página
de las muchas que escnb16 Max Scheler. En mis mejores horas de plenitud
suelo recordar estas inolvidables palabras de Max Scheler.
'

!ª

"Siempre que el hombre se siente removido y conmovido hasta en su último
fondo por cualquier cosa -sea por el placer o el dolor-, no puede huir

27

�. .
.
· · tuales a lo eterno
bre levante sus OJOS mtenores esp1n
esa hora sin que el hom
.
l
b . secretamente o en la forma
h 1 en voz a ta o ªJª,
¡
y a lo absoluto y 1o an e_e .
do" (Max Scheler: De lo Eterno en_ e
de un gn'to aunque sea inartic~a
d D.
pág 7 Editorial Revista
·
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tnbutos e ios-,
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Hombre -La esencia y os a .
D' . urable en los hombres auten'd) E ta nostalgia de ios, me
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afán de plenitud subsistencia' e
tiende a ser en plenitud.
todo hombre en cuanto es,
tro ser. P orque
'

EL CONCEPTO DEL HOMBRE EN LA FILOSOF1A

Lxc.CARLosGoNzÁLEZSALAs
Sociedad de Historia Eclesiástica
Mexicana.

I
TElllA CENTML de la filosofía contemporánea el del hombre. El hombre se
pregunta a sí mismo sobre su propio ser, no tanto sobre su devenir histórico.
Lo inquieta su naturaleza compleja, contradictoria, varia. Todas las cosmovisiones filosóficas tratan de un modo o de otro de responder a la inquietante
pregunta: ¿Qué es el hombre?
Platón y Aristóteles, si bien explicando su esencia de diverso modo, plantean
la contextura dual del hombre. Según Platón su esencia es el alma, que es
espiritual e inmortal; el cuerpo viene siendo una cárcel del alma. El hombre
debe purificarse de esa carga material y espiritual en cuanto pueda. Plotino,
siglos más tarde, piensa de manera semejante y representada el neoplatonismo
más avanzado. Porfirio, su biógrafo, dice: "Parecía no tener cuerpo... y no
qujso admitir que hicieran su retrato ni su busto. Un día que Amello le
suplicaba que se dejara retratar: ¿ No es bastante, le dijo, llevar esta imagen
en la cual la naturaleza nos ha encerrado? ¿Es preciso llevar también a la
posteridad la imagen de esta imagen, como un objeto que valga la pena de
ser mirado?". Plotino llama a su cuerpo imagen porque según su doctrina
el cuerpo no es sino la imagen del alma que la produce.1
Aristóteles, fiel a su teoría hilemórfica que integra todo ser de elementos
materiales (materia) y de un elemento estructurador de Ja materia (forma),
1 PoRFnm, Vida de Plotino y orden de sus libros, en Plotino, Selección de laJ
En6lda.s, Editora Nacional, México, 1967, p. 3.

29
28

�equivalente a la idea platónica, inmaterial, inteligible e inmutable1 concibe
al hombre integrado de materia, que es el cuerpo y de forma que es el alma.
La esencia del hombre es, pues, una síntesis de materia y espíritu. Arist6teles
se opone a que el cuerpo sea una cárcel para el alma, más bien es un constitutivo esencial, sin el cual el hombre no puede adquirir la felicidad, al lado
del alma.

Heidegger, Buber y Sartre. Fue San Agustín quien retomando el salmo:
¿ Qué es el hombre para que Tú pienses en él? le imprime un sentido personal y se lo aplica a sí mismo e,cclamando: quid ergo .rum, Deus meusi'
quo natura mea? ¿ Qué soy yo? ¿ Cuál es mi naturaleza? Y a través de su
propia naturaleza es claro que se interroga por la del hombre.

En la cosmovisión de Santo Tomás de Aquino que es teocéntrica, el hombre es una creatura de Dios1 el hombre está hecho a imagen y semejanza
de Dios y como creatura debe acatar la ley divina y conformarse a ella.
Shopenhauer, influido fuertemente por el budismo, sostiene que el hombre
es fundamentalmente voluntad, la cual presa del deseo1 siempre está insatisfech~ frustrada y vacía. El hombre por consiguiente no tiene otro remedio
que refugiarse en la estética, la misericordia y la ascética o gimnasia de la
voluntad. Por la belleza se evade de este mundo; por la misericordia calma
su propio dolor mitigando el dolor ajeno y por la ascética sofoca su voluntad
que es la causa del dolor en cuanto produce deseos. La voluntad es la esencia
misma del universo y la voluntad de vivir lejos de ser una ficción o bip6stasis
caprichosa es la única expresión verdadera del ser último del mundo. "En
todas estas consideraciones, explica, se descubre claramente que la voluntad
de vivir no es una consecuencia del conocimiento de la vida, no es en cierto
modo, una conclusio ex praemisi.s ni nada secundario; antes, al contrario, es
lo primero de lo primero, la premisa de todas las premisas, y precisamente
aquello de que la Filosofía debe partir, pues la voluntad de vivir no existe
como una consecuencia del mundo, sino el mismo mundo como consecuencia
de la voluntad de vivir." 2

se robustece con los acentos vehementes de Bias Pascal que recoge a su vez

Ha habido una evolución notable en el filosofar sobre el hombre; este
filosofar viene a constituir una de las faenas más importantes y más interesantes para el filósofo actual. Estamos en plenos terrenos de lo que se ha
llamado con razón ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA o ÁNTROPosom KETAFÍSICA.
La creatura humana se convierte en problema de sí misma, investiga su propia e íntima consistencia. Las etapas más significativas del pensar humano
quedan jalonadas por aquellos hitos que los principales filósofos han colocado
para responder a la interrogante sobre la naturaleza y el ser del hombre:
De Aristóteles a Kant, pasando por San Agustín, Santo Tomás, Pascal, Spinoza; de Kant y Hegel y Marx pasando por Feuerbach; después Scheler1
• SHoPENHAUEll, El Mundo como reprasentaci6n )' como voluntad, Cap. XVIIl,
en La Filoso/fa ,n sus Tutos, Julián Marías, Tomo Il, de Descartes a Dilthey, Edi•
torial Labor, 2a. Eclic., 1963, p. 904.

30

Esta trayectoria tremenda del hombre que se interroga por su propio ser

Jos de Carolus Bovillus quien dirigiéndose al ~ombre, dice: "Eres hombre,
permanece en el hombre'' y a su vez la expresión de Nicolás de Cusa: H omo
non uult use nisi horno (el hombre no quiere ser sino hombre) · esos acentos
perviven todavía palpitantes y henchidos de su espíritu como es'fácil advertir
leyéndolos: "El hombre no es más que una caña, la más débil de la naturaleza; pero es una caña que piensa. No es necesario que el universo entero
se arme para aplastarlo: Un vapor, una gota de agua bastante para matarlo.
Pero, aun cuando el universo lo aplastare1 el hombre seria todavía más noble
que quien lo mata, porque él sabe que él muere y la ventaja del universo
sobre él. El universo no sabe nada".

El hombre ~J~uiera de nosotros- se siente frágil, cada noche piensa
que pueda ser ~ ~~ y quedar envuelto en las tinieblas como por despojos
postreros; el mmuno viento helado puede segar la frágil contextura de su
cuerpo hacer huir so alma a la ultravida; de todos modos sabe que hoy
es y manana no será; que el mundo seguirá su curso y que las cosas las tiene
que dejar; pero de esta fragilidad, de la conciencia de su propia endeblez
saca _f_uerzas po:q~e:, ~omo dice Martín Buber, "hasta pereciendo puede ser
un. hiJo del espmtu . Sabe y comprende su fragilidad y por eso acude a
qwen puede salvarlo.

!

Según Martín Buber, Kant ha sido quien con mayor agudeza ha señalado
la tarea propia de una antropología filosófica en el Manual que contiene
sus cursos de lógica, que no fue editado por él mismo ni reproduce literalme~te lo~ apuntes . que le sirvieron de base. En eros apuntes distingue Kant
la fdosofia en sentido académico y la filosofía en el sentido cósmico. Define
a ésta como la "ciencia de los fines últimos de la raz.6n" o como "la ciencia
de las máximas supremas del uso de la razón". Su campo lo delimita en
cuatro preguntas: l. ¿Qué puedo hacer? 2. ¿Qué debo hacer? 3. ¿Qué me
cabe esperar?
_¿ Qué es el hombre? Añade que a la primera pregunta responde la metaiíSica; a la segunda la moral, a la tercera pregunta responde

4:

1
Buua, Martin, lQul t1s el Hombr,?, Breviarios del FCE, 6a. Eclic.; Trad. al
Español de Eugenio Imaz, Mroco, 1949, p. 33.

31

�la antro logia.• Desgraciadamente Kant no ~
la reli i6n )' a ~ cua~
1 ~ de decir qué era cl hombre y ofrec16
ocupó n lo que él llamo antropo_ og H "degger en Kant und das probltm
. • t O SUS 0bservac1ones. e1
e
é
algo muy d asun o e
. d
. do" de la p
nta qu
der Metaphisik habla del ''carácter in temuna

es el hombre"' de Kant.

.

, que acogtó los planteaHegel omiti6 tc.ferirse al hombre real por mas
mient

kantianos.

r del marxismo, no queda
ue del hombre di~o. Feuerbach, precu:°mente pobre: El hombre es
d
la frase defimdora pero tr mcn a
d'
expresa o en
.
b
bién le preocupa conferirle mayor imenlo qu come. 1 íu1 y al ca o, tam ,
c·cncia universal. "El hombre
. 1 ref . a la antropolog1a como i
1 .
sión socia y
enrse
. d I hombre no como ser mora m
,
ti ne en í la
nci.a e
'
.1 d
indi\'idual en 1 no e
l
la romunidad en la umc a
nte El ser del hombre . e ia 11 a en
. '
la
e.orno ser pensa ·
"d d que se apoya umdamen 1 en
d I hombre como el homhrc u~a um .: a
realidad de la diferencia entre tu y yo.
.
•
• d d eso •mclec1sos
enfoque , Marx en las Tesu
Ampliando . partien o e .
d I
dario del hombre negando que
Jobre Feuerbac/1 centra el senudo e º. so i trata de una universal e inmctenga esencia o naturale1.a a lo menos. i rsalse no natural mediata; entendida
d
la ti ne como uruve
'
f
af.
oiata y U1llan o que_
"
ultado de los lazos social y es nito
_.! la
ncia la c.xplica como el r
b .
"al", i • aba1·0
.u,
f
él
el tra ªJº soc1 .
J.
de una meditación concreta e ~~t_°ª a ~r d I hombre despu'· de haberlo
ref re a la cond1c1on SOC1a e
la
retoma y se
ie .
'
d l conjunción entre el determinismo y •
definido como pra.xu, fruto ecl ª ult la p..,,,v;s histórica. De ahi la eqwl"b d • don e res a
........
actividad humana I re
.
d las te ¡
refiere a la cíedad
.
1l
b c.omo ¡iraxt . En otra e
\'alen a d
10m re
d
práctica y no es más que
d 1 hombr· a la vida social que ha pasa o a ser . d" 'd
d la
iedad
El l
b
no es ya m IVJ uo
la mi ma praxis humana.
lO~d red ,, Es un ser 'que se objetiva", d l
del ' istema de n
a
.
.
burguesa o
rá t' o., De su crítica a Feuerbach prosi ie
mismo modo que es_ un ~r .P ~ I~u-al ara llevar al hombre a la actividad
con la crítica a la ali nac16n_ in~ ~ a ~e la filosofía y d los filósofos. u
ráctica. farx ataca la acutu tn1 m
.
1
d nosotros
pf
frase 'la filosofía se ha contentado con mterpretar a mun o, ul .
amosa
.
od L tareas purarn nte espcc ativ,
queremos tran forro rlo'' lo dice t o. as
Lo

r

• Buso Martln, op. cit., pp. 12-13.
.
58
•
d . cl
r M Buber op, til., p.
.
• F11t1EJUl-'Cll, Lu wi,g,
l. po
. h T• •
) ( 18-45 ) cit. por
• MARX Karl Tesis sobre F•uerba,
(
•
163
•.
' dt Carlos M ar:c, T ª--,
""'~ M drid, 1960, p.
·
.El Pe11sam1ento
• Jbid., p. 169.

2

J

de las filosofías las juzga de este modo; "La Filosofía no era biperpráctica
más que en el sentido que planeaba arriba de la praxis", dice en H~illig,
Familie, al paso que responde a )as acusaciones de Bauer.• El puro filosofar
ignifica para Marx una actividad mutilada de) hombre. Del puro trabajo
intelectual del filósofo al trabajo manual hist6rico existe una contradicción
como entre la intención una vida totalmente y plenamente reconciliada y
la de vivir solamente en pensamiento. El filósofo es un ser dividido entre
una voluntad de realismo y un ''estorbo de praxis", pues, como dice el mismo Marx, "si en toda ideología, los hombres y las cosas nos aparecen colocados boca abajo como una cámara oscura este fenómeno se infiere de su
proct&gt;so de \-ida histórico exactamente igual que la inversi6n de los objetos
en la retina se infieren de su proceso de vida directamente fisico". • Tiene
una dualidad en su existencia. De esta situación de los filósofos y de los
ideólogos puros .l a responsable es la situación política y social de Alemania.
"La buena voluntad'' kantiana, origen .inspirador de la burguesía alemana,
corresponde absolutamente a la impotencia o mezquinos intereses de la burguesía alemana incapaz para transformarlos en intereses nacionales y por
ello continuamente explotados por los burgueses de todas las demás naciones.
Aquí ya se esboza la doctrina del materialismo histórico de Marx.10
Mane fija el ser del hombre en un ser social. Ya lo vimos afirmar que
la esencia humana ni es a1go ab tracto inherente a cada individuo. Es en
realidad el conjunto de sus relaciones sociales. Establece r.asi como principio:
"No ES L.\ O() CIENCIA DEL HO UIR.E LA QUE DETF.RMINA u SER, por cl contrario ES EL SER SOCIAL EL QUE DETERMINA SU CONCT!.NClA".11
En su crítica a la alicnaci6n religiosa Marx ha sido precedido por Feuerbach quien fue el primero en acuñar frases como éstas: "El ser divino no
es otra cosa que el ser del hombre. liberado de los límites del indhiduo".
" i el hombre es para el hombre el ser upremo, la primera y má., alta luz
práctica del hombre debe ser el amor del hombre por el hombre: horno
.homi11i DeUJ: El hombre es un Dios para el hombre." 11 Para él, el hombre
M.u.x, K., HeiJlit• Familie, m NaC'bl , p. 136.
• M.ux, K., H,illig, Pamiliir, en 'achla , p. 304.
• M.ux, K., Deutsch, ld1ologi,, trad. Molitor, O,urms philoiophiq,us, T mo VII,
pp. 182-183.
1

u

M.ux-ENOELS, Prólogo de Conlribuci6n a la critica de la Eco11omi4 Polltic ,

Vol. 1, p. 348.

• F&amp;UEIUIACH 1 Ludwig, La Esencia dtl Cristianismo, Trad. franc
cia, por Jean !vez-Calvez op. cit., p. 93.

de

J. Roy

33
llUMANITAS-3

�se antepone a los animales en que produce él mismo los medios de subsistencia. Y, en realidad ¿ los produce, o mejor, los transforma, Sr. Feuerbach?

En su endiosamiento del hombre, los marxistas distorsionan el ser del
hombre de modo que nos vemos convertidos en simples máquinas de producci6n y el pensamiento no queda reducido sino a una emanación del
cerebro. Y, ¿ cómo, preguntamos, puede salir de algo aunque tan perfecto
material y carnal algo espiritual como es el pensar? El cerebro es incapaz
de producir ideas; sirve como elemento indispensable o conditio sine qua
non como para alumbrar con luz eléctrica es indispensable el foco; el foco,
en realidad, no produce la luz. Pero ellos llevan el agua a su molino a como
dé lugar.
El estudio del humanismo marxista interesa mucho en el mundo de hoy.
Fascina porque es el hombre mismo en que está en primer plano, en clase 1tp
diremos en términos cinematográficos. Requiere una e.xposición amplia y
detenida. Combate en nombre y signo del hombre todas las alienaciones
humanas. Estos nuevos aspectos del humanismo marxista se han descubierto
en los escritos del "joven Mane" y están siendo muy estudiados en su nueva
imagen. Todo está en ver si realmente es un verdadero humanismo o una
deformación de la imagen del hombre.

II
PASCAL Y EL HOMBRE

Prosigamos el itinerario de opiniones y conceptos sobre el hombre, "este
desconocido" que dijera Alexis Oarrel. ¿ Qué piensan los que piensan, pensadores, filósofos, sobre el ser y la naturaleza del hombre? ¿Se puede confiar
en ellos? ¿ Tienen en todo razón y altura conceptual en todos los momentos
de su filosofar? ¿Respetabilidad moral? A menos que aceptemos el "perspectivismo" orteguiano -no podemos conocer la verdad total, sólo la podemos avizorar y descubrir desde nuestra perspectiva ("Cada vida es un
punto de vista sobre el universo") ,15 no todos tienen toda la verdad, algunos
casi o parte de ella, pero nos ayudan mucho a formamos un concepto claro,
rico y variado del hombre.
y ÜASSET, José, El Tema de nuestro Tiempo, Cap. X, La Doclrina d.l
punto de Vista, Obras Complcms, 3a. Edic. Tomo UI, Revista de Occidente, Ma~
" ÜRTECA

V amos ahora hacia Pascal, genio polifacético de la humanidad, nacido
01
en
ermont-Femand (Auvemia, Francia) en 1623. Además de sus tr •
,.
d'
a~os
matematicos, e1a en proyecto su "Apología de la Religión Cristiana" e
sus famosísimos Pe11samie11tos.
n
Nadie ~ás consciente que Pascal de la limitación del hombre de acuerdo
con el metodo aconsejado por él para saber lo que es. Veamos.
"Vuel~o, a sí ~ o , considere el hombre lo que es a costa de lo que no
es; cons1derese
perdido en este cantón apartado de )a natu ra Ieza,. y d esde
,
esta celu~a en que s~ halla alojado, me refiero al Universo, aprenda a estimar la tierra, los remos, las ciudades y así mismo en su justo precio. ¿ Qué
es un hombre infinito?" 14
Pascal se complace en contraponer al hombre ---creatura f' 'ta1
inf •
• • .
llll
a O
. ~to. Fren~ a lo tnfllllto aparece más clara nuestra naturaleza finita,
limit_ada, contingente. El hombre no es una parte de la totalidad sino un
medio. entre nada )' todo. En ningún momento sufre pantelsmo el concepto
pascahano del hombre. 'Porque finalmente ¿ qué es el hombre en la naturaleza? Una nada frente al infinito, un todo frente a la nada un medio
entre nada y todo." 15 Su condición de medio lo condiciona ; le impide
com?render_ los extremos, la_ nada de que viene o principio de las cosas y el
desuno haoa donde va o. ím de las cosas. "Infinitamen te aleJa
· do de comprender los extremos, el fm de las cosas y su principio, le están invenciblemente ocultas ~ su secreto impenetrable, igualmente incapaz de ver Ja nada
de donde
ha. sido sacado y el. infinito en
que se halla 5umi'do.,, 1s N o hay
.
.
seme1anza entre la nada sartnana o he1deggariana y la nada de p
1 1
d
a1·
asca, a
a pase 1ana se asemeja a la nada bíblica, el impenetrable y oscuro caos
mforme del cosmos aclarado y puesto en orden por la Creación. Las cosas
Y el hm~bre entre e_llas, sacados de la nada, son puestos en el infinito por
la creae1ón .. Para evitar la desesperación el hombre ha de buscar en la naturaleza su unagen, la de su autor, porque ambos tienen algo de la infinitud
del Creado~ aun valiéndose para ello de las ciencias que buscan la naturaleza e n · us mves t..i gaoones.
•
"Cuando se sabe esto se comprende que habiendo
la naturaleza guardado su imagen y la de su autor en todas ]as cosas, casi
todas ellas_ t~n~an algo de su propia infinitud. Y así vemos que todas las
cosas son mfm1tas por la extensión de sus investigaciones." 11

?ª

"

PASCAL,

Bias, Pensamie11tos, Pensamiento 72, ia. edic. Espasa-Calpe, Madrid,

1967, p. 22.

op. cit., p. 23.
Bias, op. cit., Ibidem.
Blas, op. cit., Ibidem.

u PASCAL, Bias,
11

PASCAL,

1'

PASCAL,

drid, 1947, pp. 199-200.

35

34

�su cuerpo 'i mcn todaví~ lo que es su espíritu, )' lo peor del mundo,
c6mo un cuei:po puede estar unido con un espíritu. Es éste el colmo d la
dificultad
y, sin embargo, C" su prop·10 ser.. M odus quo corponbus
.
e
• •
odltaerent
spiruus
ab. liominibus
non potest, el hoc tomen h omo est•11
,. , comprehendi
,
. .
Ad 111ertcse aqu1 una definic16n neta y precisa de ta naturalC?.a d ) h b .
ás ,
d
. .,
e om re,
que

Ha)' una evidente dualidad en el hombre si
qui re, d tendencias que
de ordinario van mezcladas en una mezcla tan fusionada ) constante que a
veces no puede casi distinguirse: El hombre es una síntesis de espíritu y
materia tan mezclada en la cotidianidad de la vida que unas veces se obra
tan materialmente que parece no existir en nosotros el espíritu y otras sentimos el hálito de éste tan vehemente que par
que nos arrebata hacia
la altura. Difícilmente
comprende cómo un cuerpo pueda estar unido a
un espíritu y cómo actúa en el hombre como unidad de persona. Cuando
ejecutan ciertas acciones parece que es otro quien las ha ejecutado; otro
quien ha dicho esto o aquello de lo cual a la vuelta de los días nos desdecimos o arrepentimos. Somos muchos en una unidad siendo lo mi mos.
He aquí uno de los más intrincados enigmas del hombre. in embargo, en
todo momento nos sentimos solidarios del pasado, unidos a nuestra propia
historia; esta consideración ha 11 -ado a lo historicistas a decir: "Qué sea
el hombre sólo e lo dice su historia''. 'o exi:te nntura1C7A en l homb ,
modo invariable de ser, pennanente, sólo inmersión el tiempo, historicidad.
El homb no tiene historia sino que
historia. La filosofía será en coneecuencia, análisis descriptivo y comprensivo de la vida humana, interpretación histórica. Tal es la filosofía de Guillermo DILTHEY. Pero, como apunta
Agustín Basa.ve Femández del Valle el filósofo regiomontano, "el historicismo diltheyano no parece adv rtir, pese a us fino análisis sobte la vida
humana, qu la historia es historia de una naturaleza. Sin tructura permanente del hombre, sin una naturaleza, ¿ cómo historiar lo historiado?11
Arrastramos o llevamos en vilo nuestro pasado y no pod mos deshacernos
de él o arrojarlo como se arroja un pañuelo inservible, somos nuestra hi toria sostenida en nuestro propio ser, sin identificamos con ella en el tiempo
y el spado, porque estos son otros, pero la llevamos en nosotro .
Esta dualidad es el drama del hombre, u punto esencial: Descubrir y
rá nada dada por nuestros
propias fuerzas o habrá que pensar irremediablemente en un poderoso au.'Cilio divino para poder obt nerlo? u rvidor está con\/Cncido de esto último.

realizar el equilibrio. ¿ Será esto posible, nos

Pascal dice: "¿ Quién no ere rá, viéndonos componer todas las cosas de
naturaleza y espíritu, que esta mezcla nos había de ser muy comprensible?
Es, sin embargo, la cosa que se comprende m nos. El hombre es para mi
el más prodigioso objeto de la

¡

taturaleza, porque no puede concebir lo

• JlASAVE Fu.NÁ 'OEZ t&gt;&amp;L VALu, Agustín, [,41 principa/11 ,orrie,it,s filos6ficas,
en 1, siglo XX, en 1luma11it,u, Centro de tudi01 Hwnanlsticos de la Univcnidad de
Nue\'O León, o. 14, 1973, p. 24.

~

aun, una

escnpcon de su naturaleza ind

ífrable y de las consecuen-

c1_as _de eJla. El ho~bre es, pues, materia y espíritu, y como tal, una cont.radico6_n que debe integrarse mientras m nos se logra esa integración más se
expcnmenta la contradicción y más se ufre. S6lo el inconsciente no la e:_
perimenta o trata de olvidarla.
~ho~ ~os a ver entregarse a Pascal a exaltar lo especifico del hombre:
su mteligenoa.
Con ella el hombre puede llegar a superar la contradicción de su naturaleza, se adueña del sí de que hablaba Aristótel . Para Aristóteles el hombr
es el ser _d I í Y ~el no. La ,·irtud dep nde d nosotros igual que el vicio.
En las crrcunstancw en que podemos obrar podemos también ab enerno,
de
- de dcc1r
·
" i''hacerlo: donde nosotros decimos "no'' somos tambí 'n d ueno
B • O sea el hombre puede enseñorearse de su decisión con u inteligencia
y voluntad.
Pensar es aquello que ~fica al hombre, lo que lo di tinguc )' en-

grandece.
~ in~eligencia, como ente_n~iento,

constituye su grandeza. Aunque su
en v rdad, deb1I como una caña azotada por el viento que
cua~qwcr rafaga sa ude Y estremece. El hombre es una débil caña, ta má
débil de todas, pero es una caí1a que piensa.
·
Hermoso y conoc1clí
· ·mm el
párrafo en que P3.S&lt;"al describe la naturaleza del hombre como una caña
~nte, hennoso Y hasta sublime y conmovedor. Al leerlo todo bien nacido
se Siente
orgulloso
.
. d su estirpe v, de su rango·, tas frases ¡e 3)'ltd ará n a
as';°11~ su propia responsa~ilidad la de su condición humana
a sentirse
mas dichoso qu: las cosas mertes y que los animales de modo que no pueda
aceptar
lo" escrito
por Rubén Darío en un momento d ab at'1m1en
· to y d e
d
.
errota: Dichoso ~l árbol que
apenas sensitivo- )" más la pi dra dura
porque_ ésa Yª. no siente- pues no hay dolor más grande que el dolor de
star vivo- m mayor pesadwnbre qu la vida conscien " . i que lo qu
hace, el_ hombre es lo q~e piensa y más cuando la acción es hija directa del
pensamiento Y no del unpulso, del apetito o del instinto, con estas frases

apan~

ia ~ ,

r

• PAaCAL, Blaa, P,nsami,ntos, Pensamiento 72, op. cit., p. 27.

37
36

�Pascal demuestra la grandeza del hombre y a la vez la nobleza de su antropología filos6fica.
"El hombre no es más que una caña, la más débil de la naturaleza, pero
es una caña ~ t e . No hace falta que el universo entero se anne para
aplastarlo: un vapor, una gota de agua, bastan para matarlo. Pero aun
cuando el universo lo aplastara, el hombre sería todavía más noble que lo
que le mata, porque sabe que muere y lo que el universo tiene de ventaja
sobre él; el universo no sabe nada de esto. Toda dignidad consiste, pues,
en el pensamiento. Por acpú hemos de levantamos, y uo por el espacio y la
duración que no podemos llenar. Trabajaremos, pues, en pensar bien: he
aquí el principio de la moral."

20

Pascal infiere del pensamiento la dignidad del hombre y la coloca como

piedra angular del orden ético.
Al mismo tiempo que el universo me devora como hombre, por el pensamiento yo comprendo al universo y debo vivir en la alta dignidad que
ello supone.
"El Hombr está visiblemente hecho para pensar'', ello constituye toda su
dignidad y todo su mérito; su deber consiste en pensar como es debido y
en ordenar la vida como es pensamiento. "Ahora bien: el orden del pensa1
.
.
m.1ento
esta' en comenzar por s1' ID.lSillO,
por sus act os y por su fin .n ,
"No es en el espacio donde debo buscar mi dignidad, sino en el arreglo de
mi pensamiento. No poseyera más aunque poseyera tierra; por el espacio,
el Universo me comprende y me de,.·ora como un punto; por el pensamiento,
yo Jo comprendo." ~2

IIl
¿HUMANtS).W

o

ANTIHUMA.NisMo DE

Nrn:rzscH.E?

En nuestro afán de conocer en toda su profundidad, extensi6n y complejidad de ser, la naturaleza del hombre, hemos repasado hasta ahora algunos
de los pensamientos que se han bordado para conocerlo íntimamente de

Nietzsche, a nuestro modo de ver, al tratar de elevarlo a una categoría
y rango superhumano, despoja al hombre de su ser humano. Siendo una
condición indispensable para la otra, al omitir la primera, destruye la segunda. ¿Qué clase de hombre supone el superhombre? Y ¿este superhombre,
al sobrepasar al hombre, al superarlo, ha de destruirlo?

Es evidente que Nietzsche se propone que el hombre quede superado por
el superhombre. Lo formula mediante su personaje Zarathustra. He aquí la
escena que el pensador alemán finge para publicar su programa.
"Cuando Zarathustra llegó a ]a ciudad más inmediata a los bosques, encontróse con la muchedumbre de la plebe congregada en el mercado porque
se le había anunciado que vería a un volatinero. Y Zarathustra habló así al
pueblo diciéndole:
'Vov A ENSEÑAROS AL SUPERHOMBRE'. El hombre es algo que tiene que
ser superado. ¿ Qué habéis hecho vosotros para superarle?
Todos los seres hasta ahora crearon algo superior a ellos, y ¿ vosotros preferís ser el reflejo de esta gran marea retrocediendo hasta el animal en vez
de superar al hombre?
¿Qué es el simio para el hombre? Un motivo de risa o una dolorosa
vergüenza, y esto es precisamente lo que para el superhombre debe ser el
hombre, y mucho del gusano existe todavía en vosotros. Un día fuisteis simios
y hoy sigue siendo el hombre más simio que cualquiera." 23
Mientras otros en la actualidad tratan de reducir al hombre a su condición meramente animal -todo el libro de Desmond Morris, El mono desnudo, no es otra cosa que un estudio del hombre como anima] de modo
'
exclusivo-, las corrientes de pensamiento alentadas por las ideas de Nietzsche
tratan de llevarlo a esta categoría o rango superhumano sin advertir que al
pretender transformarlo de esa manera, destruyen su humanidad.
Martín Buber sitúa e interpreta con acierto la posici6n originaria de Nietzsche: "O el hombre en virtud de su 'moralidad creciente', que reprime sus
instintos, va a desarrollar sus posibilidades de 'animal gregario' 'fijando' así
el animal llamado hombre como la especie en que desaparece el mundo

manera ontológica.
"

PASCAL,

11

PASCAL,

"

PASCAL,

Bias, Pensamientos, Pensamiento 3•~7, op. cit., p. 68.
Blas, Pensamientos, Pensamiento 146, op. cit., p. 40.
Bias, Pensamiento,, Pensamiento 348, op. cit., p. 68.

. n N1ETZSCHE, Federico, Así Hablaba Zarathustra (Un libro para IQdos y para
m.nguno) precedido de un e!tudio sobre el origen de la obra por la hermana del

autor Doctora Isabel Forster -Nietzsche- Veni6n castellana de F. L. de Lluis
Ediciones Ibéricas, Madrid, 1946, p. 22.

'

39
38

�animal decadente, o, por el contrario, será capaz de superar lo que en él

se haya fundamentalmente fallido y reavivará sus instintos, sacará a la luz
del día pos.ibilidades inexhaustas, levantará su vida sobre la afirmación de
poder y ascenderá al superhombre, que será el verdadero hombre, la novedad lograda". 24
En su patológico odio anticristiano digno de un estudio sicoanalitico, en-

vuelve Nietzsche su propósito de convertir en superhombre al hombre.
Crear nuevos valores para el hombre significa para él acabar con los que
el hombre ha considerado valores. Esto está a través de las tres transformaciones o m.etamodosis del espíritu. Pasar de la condición de camello,
imagen del sufrido espíritu que se arrodilla ( como un camello) y quieren
que le carguen bien; pero eso marcha al desierto y se convierte en león, que
"quiere conquistar la libertad y ser el señor de su propio desierto". Quiere
luchar y conseguir la \-ictoria contra el gran dragón. El gran dragón no es
más que el deber, la obligación. Hay que ser libres y formular un "no" ante
el deber. Pero, finalmente, ocurre la otra transformación: La del león en
niño. "El es inocencia y olvido, una renovación, un juego, una rueda que
rueda sobre sí misma, un primer movimiento, una santa afirmación." ~
Zarathustra a través de todas sus cátedras enseña el anti-humanismo.
Aparte de su anti-teísmo, manifiesto en todas sus obras, que proclama que
hay que arrojar a Dios, "una obra de humanos", junto con todas las demás
ilusiones, como el bien y el mal, el mundo del más allá, "aquél mundo completamente deshumanizado e inhumano, que es una nada celestial", las
enseñanzas nietzscheanas nos proporcionan estas lecciones, preñadas de antihumanismo.
"Antes tuviste pas.iones y las llamaste virtudes. Pero ahora no tienes más
que tus virtudes, nacidas de tus pasiones. Y aunque fueras un colérico y un
voluptuoso, un fanático o un rencoroso, todas tus pasiones acabarán por
convertuse en virtudes y todos tus demonios en ángeles. . . el hombre es algo
que debe ser superado, y por esto debes amar tus virtudes, porque perecerás
por tus virtudes." Pero, ¿cómo se transforman las pas.iones en virtudes?
"Llevaste a estas pasiones tus más altos objetivos insinuándolos a su corazón,
y así se convirtieron en virtudes." ¿ Qué virtudes son las que propone Zarathustra? Niemche confunde las virtudes con los que las predican. "Todavía
,. BUBu, Martln, éQ.uA 11s el Hombre?, Breviarios FCE, Mbic.o, 1967, p. 68.
F., .Asl Hablaba Zarathustra, o¡,. ,it., p. 37.

• NIETZSCBE,

40

hay otros que se pudren en su ciénega y hablan así desde los cañaverales:
La virtud consiste en estar quietos en la ciénega."

De la prédica de Zarathustra contra la igualdad de los hombres, habría
que escribir mucho. Lo mismo dígase del capítulo "De las antiguas y nuevas
tablas". Aquí claro indica su programa de nuevo: "Que el hombre es un
puente y no un objetivo... ". "Así lo exige mi gran amor a los que están
más lejos'': "¡ No tengas lástima de tu prójimo". "Véncete a ti mismo hasta
en tu prójimo."zs Tampoco son de olvidarse sus consejos de llevar el látigo
al tratar con la mujer ni el consejo de estrellar contra el suelo al hijo endeble de una mujer enflaquecida que le preguntaba qué hacia con él.
Se trata, en suma, de convertir al hombre en su Dios y Señor.
"¡ Ante Dios! Pero este Dios ha muerto. Este Dios, hombres superiores,
ha sido vuestro ma}Or peligro. Para que resucitarais ha sido preciso que
yaciera Él en su tumba. ólo ahora vendrá el gran mediodía y también el
hombre superior para ser ¡ El Señor!
¿Habéis comprendido estas palabras, hermanos míos?
¿ Os habéis asustado? ¿ Hase abierto ante vosotros el abismo? ¿ Se ha apoderado el vértigo de vuestros corazones? ¿ Os amenaza con sus ladridos el
perro del infierno? Pues bien: ¡ Adelante, hombres superiores! Sólo ahora
va a dar a luz la montaña del porvenir humano. Dios ha muerto; nosotros
queremos que viva el superhombre." 11
Según Niemche, de las ruinas de Dios surgirá el Superhombre. Pero este
Superhombre, ¿será hombre o antihombre?

IV
EL

HOMBRE SEGÚN K.Aru, JASPERS

"Si la diuinidad uiste, 11-xist11 tambiin la es/),ranza,"

K.

JASPERS

¿QulÉN es el hombre? ¿Sólo materia deleznable, barro que se ha de convertir en barro? ¿Cuerpo y espíritu? Si alma también, además de materia,
"' NIETZSCHE,
" NIETZSCHE,

F., ÁSÍ Hablaba Zarathu.st,a, op. cit. pp. 202-203.
F., op. cit., p. 288.

41

�·de dónde le viene el alma? ¿ Cuál es su sustancia? ¿Es el a ~ inmortal?
~Predomina en el hombre la tendencia soc~. ha~a sus sem:Jantes? ¿O
'lo ueda confiado en su propia circunstanoa mter1or y exterior de modo
so q
.
u
•
., ,,,
que pueda ser denommado ser en situaoon .
.

toda filo-He aqlli' unas cuantas de las interrogantes que debe. responder
l fí ·
sofia que lo sea en verdad. l o ha sido posible concebir una fi oso a StD an,
sea , un filosoüa que prescinda del concepto del hombre.
troposof 1a, 0
Yendo en camino de hallar una respuesta a la problemática ~ue plantea
el hombre a quienes llevamos en peso su nombre Y_ su comprollllSO, nos encontramos recorriendo las doctrinas en que los diversos filósofos han hablado del apasionante e ineludible tema.
Tócanos encaramos ahora can un filósofo contemporáneo alemán de
personalidad definida: Karl Jaspers.
r ·, el Oldenbur O el 23 de febrero de 1883. Fue médico siquiatra Y
de_d:Cl:ta disciplina se acercó a la filosofía a la ~ue ha dedicado todo su
fueno. El lenguaje de Jaspers a la inYersa de Heidegger,
ofrece cla~ Y
directo. Más cuando habla de "su'' filosofía, cuando ~ta d acl~rarla Y smtetizarla Entonces como que abaja su lenguaje técmc_o )' ~m1te un men. suficientemente inteliuible. , ro cogió pronto la fdosofta, cuando la ensaJe
o·
.,
l
t más
contr6 nunca .la ha abandonado. "La íilosofía me parec10 e asun o
el vado d I hombre, inclu o el único. Pero, sin embargo, un sant~ temor me
,-edaba hacer de ella la profesión de mi vida." Nos confiesa él rmsm~ ,en _un
ensayo escrito para introducción a sus obras completas en una vers1on ita-

liana.
Filosofar obre el hombre ha sido una de sus tarea~ pñncipales. Tiene una
m tafüica; le inquieta el ser, pero al compensar u filo ofar en tre pre~tas _. Qué podemos saber de las ciencia ? ¿ Cómo hemos de conscgwr la
~ '6n.? ¿ Cómo nos es accesible
comurucac1
· la verdad?- .confi sa abiertamente
.
búsqueda
de
los
impul
os
que
provocan esas mterrogant los. obJe1
que en a
di · ·d d''
tivos son "el hombie y la trascendencia, o sea, el alma y 1a VJm a •
"En el mundo el hombre, dice, es la r •alidad única que me es accesible.
Aqw hay una ~resencia in.mediata, cercanía. plenitud, ,·ida. El hom_bre es
n el cual y por virtud del cual es real todo aquello que existe en
e l 1ugar
• if ,
neral para nosotros. ro cuidarse del
del hombr s1gn icaria para
nosotros descender en la nada. Lo QUE EL HOMBllF, 1:.s Y P EDE ER ES UNA
CUESTIÓN FUNDAMENTAL PARA EL HOMJ3RE,11
•

42

JASPERS,

Karl, Sobre mi Filoso/fa, (19H) en La Filosofía

,n

sus tutos, Julián

Esta última frase lo dice lodo, aunque enseguida más que sobre la natu1-alcza del hombre nos habla como ser en comunicación. Para él en todas las
formas de su ser el hombre está referido a otra cosa. No puede ser un ser
cerrado en sí mismo, una mónada leibinitziana. o se basta a sí mismo, "es
lo que es en virtud de las cosas que hace suyas". "En todas las formas de
u ser está el hombre referido a otra cosa: como existencia empírica, refe~
rido a su mundo; como conciencia, referido a objetos; como espíritu, a la idea
del Todo; como existencia, a la trascendencia." :o Se sigue de ahi que s61o
comprendemos lo que es el hombre cuando lo entendemos referido en esas
dimensiones.

''Siempre el hombre se hace hombre porque se entrega a lo otro que él.
únicamente sumiéndose en el mundo de lo existente, en el inmenso espacio
de los objetos, en las ideas, en la trascendencia, es como el hombre se hace
real. Si se hace a sí mismo de modo inmediato objeto de su imaginación,
entone sigue su últim~ y peligroso camino en cuanto que es posible que
pierda el ser de lo otro y entonces tampoco encuentre nada en sí mismo.
El Hombre que quiera aprehenderse directamente no se comprende ya a sí
mi.mo, no sabe lo que él es y debe ser propiamente." 30
En una palabra, ya no basta la pregunta que se hace el hombre ¿ qué
puedo esp rar? Pregunta a la cual a lo sumo llegó Kant, con eso no le
basta para sentirse seguro. Para eso será necesario religarse a la Divinidad.
En esto me parece encontrar lo más relevante y significativo del e..xistencialismo de Karl Jaspers: en esa necesidad de remitir al hombre a la trascendencia. "De aquí, afirma, que la pregunta de ¿Qué es el hombre?
sea una como la pregunta esencial si hay trascendencia (divinidad) y qué
es. Es posible entonces esta tesi : únicamente la trascendencia e el Ser
ITal. Que exista la divi1údad, ya es suficiente. Estar cierto de ella es lo
{mico que acerca de ella importa. Todo lo demás se deriva de eso. El hombre no es digno de atención. Únicamente en la divinidad está la realidad,
la ,·erdad, la inmutabilidad del ser mismo; allí está la quietud, está el lugar
&lt;le la procedencia y de la meta del hombre, porque por sí mismo no es nada
y lo que es sólo es en relación con este fundamento." 81
Esta relación del hombre con la trascendencia para comprender el ser
Marías Tomo 111, la Filosofia de nuestro úcmpo, de Charl
Francisco Romero, Editorial Labor, S. A. Madrid, 1962, p. 515.
JA l'Ells, K.irl, op. cit., p. 515.
• J.\ PERS, Karl, op. cit., p. 515.
11 JA Pus, Karl, op. rit., p. 515.

Sandcn Peirce a

43

�mismo del hombre hace completamente falso el juego de una pre_gunta co~t.ra la otra, 0 sea, de preguntarSe, aparte, qué es el hombre, que es la Divinidad. La pregunta por el hombre conduce directamente a la trascenden-

cia y a ninguna otra parte más.
"Descubrir el ser del hombre e.s descubrir el Ser en el tiempo. El homb1:
es lo envolvente que somos." 32 Por lo envolvente que somos, por la plunconciencia que tcnemo , estamos desgarrados. El proble~a radica ~n cómo
podemos ser múdad es un camino insoluble pero tamb1en el canuno para
-L• •
• rt
"
buscarlo. • ''El hombre está, 1=
mCie o que nunca.

SS

DOS PELIGROS ACTUALES: CONFORMISMO Y DEFORMACIÓN

Lo que Jaspers e&gt;.-cogita :respecto del hombre como que. queda in~ca~~do
aunque su concepto no pone camino de la_ tras~den~1a y del infJD1to.
Porque él mismo asegura que la trascenden~~, es mvesb~le, s61o se nos
aclara si relacionamos la filosofía con la relig1on, La religión va aparte Y
tiene su propio papel, papel que no puede ser sustituido por la filos_ofía. Se
entiende mejor a qué se refiere cuando Jaspers habla del auténtico Ser.
No por ello quiere decir que admita la Revelación. ~~ sí se demuestra
de modo suficiente que la filosofía de Jaspers es religiosa, como su concepto del hombre en relación con la trascendencia.

Da. EvANOHELOS A. MoUTSOPOULOS
Univenidad de Atenas,
Atenas, Grecia.

CAt&gt;ÍTuLO

PRELIMINARES METODOLóGICOS
sus raíces en el conocimiento del sentido de las palabras,
así como los Antiguos lo pretenden, nos hace falta emprender, previamente
a toda investigación de interpretación, una búsqueda semántica de algunos
términos fundamentales implicados por nuestras consideraciones particulares
sobre el tema general propuesto a nuestra reflexión en el curso de estas confcrencias. Y, en principio la idea de la verdad nos aparece como designando
una creación del espíritu a partir de ciertos datos de la conciencia, de origen
interno o externo. Entiendo por "interno", el origen de las estructuras adquirientes de la conciencia, estructuras categóricas o valorizantes en el momento mismo de la adquisición de un cierto conocimiento, por lo tanto independientemente del problema de la génesis, de la formación de estas estructuras,
aunque no sea para nada posible el excluir al menos una adaptación de estas
estructuras al objeto del conocimiento, adaptación que facilita precisamente
su plasticidad inherente; y por "externo", el origen de los mismos conocimientos que, teniendo su fuente en la experiencia SPnsible, o en la reflexión,
constituyen unos objetos que adquiere la conciencia y se apropia por asimilación. Es a esta asimilación que corresponde además todo proceso de
conocimiento. Esto supone una adaptación mutua que comprende por una
parte esta adaptación de las estructuras adquirientes de la conciencia, de
la que acaba de tratane, r, por otra parte, por supuesto una adaptación
de los datos de procedencia reflexi\"a, sensitiva o emocional en la misma naSr

Karl, op. cit., p. 521.
.
Karl, 0 p. cil. Ibidtm, p. 521. Con esta frase quedamos a oscuras e irremediablemente avocado5 a la búsqueda. La ,ida no se nos da ~uelta, hay que buscar
• JASPERS,
• JASPERS,

aoludonea.

44

I

EL SABER TIENE

45

�turaleza de las estructuras de la conciencia, sin lo cual serla imposible que
las adquisiciones en cuesti6n fueran tomadas y asimiladas por la existencia
en tanto que vividas. Entresacando, a este propósito, el pensamiento de G.
Bachelard para quien la creación científica supone la inexistencia de toda
linea de demarcación entre sujeto y objeto del conocimiento, se podría pretender que la creación de la verdad, a todos los posibles niveles, es el resultado del contacto directo o hasta de la fricción entre, por una parte, la
apertura de la conciencia al conocimiento, por lo tanto su intención de conocer; y, por otra parte, el aspecto por el cual los objetos del conocimiento,
objetos de los sentidos, ideas o valores, se prestan a éste, o mejor dicho al
enriquecimiento de la conciencia por medio de su presencia en ella. Esto
no es ahí más que el pendiente dinámico de la concepción estática aristotélico-escolástica de la verdad en tanto que "adecuación del intelecto y de
la cosa». Admitiendo respectivamente la existencia de una intención de la
conciencia, y de un aspecto particular del objeto conocido, a través del cual
éste se presta lo mejor posible a ser asimilado, se entrevé ya las perspectivas
que la idea de una elección operada por parte de la conciencia en el curso
del conocimiento abre para una apreciación de esta última. Esta elección
que es el mismo privilegio de la conciencia tiene muchas ventajas, pero también unos riesgos de los que tendremos que hablar mis adelante. in embargo, y lejos de fundar nue tras consideraciones única )' exclusivamente
sobre una concepción genética del conocimiento, tal como Jean Piaget lo
enjuicia, por ejemplo, nos puede ser difícil de no tener en cuenta esta
posición en el momento de nuestras conversaciones.
La segunda noción que atraerá nuestra atención, es la de objetividad, que
se impone además directamente a nuestro espíritu a partir de lo que acabamos de evocar a propósito de 1a noción de la verdad. De una manera
general, la objetividad consiste en la fülelidaJ del pensamiento en la naturaleza de su objeto, por lo tanto al reconocimiento y a la adopción de todos
sus aspectos poi parte de la conciencia. Esta se adapta así al objeto en
cuestión sin no obstante confundirse con él, y, por consiguiente, sin desdeñar
de mantener una distinción de principio entre ella misma y este objeto, o
dicho de otro modo sin que la elección anteriormente supuesta intervenga
de ninguna manera, y sin que la mtención en causa adquiera algún derecho
sobre la realidad misma del objeto; de forma que una dialéctica entre 1a
concepción estática y la concepción dinámica de la fonnación del conocimiento evocado al principio sea iniciada en el acto. La preocupación de
objetividad unida, si no opuesta. a la preocupación de verdad sugiere una
relación análoga entre la naturaleza de lo evidente y la de lo real, oponiendo la \'erdad a lo evidente mismo, según la distinción ya clásica de Franz

Brentano, y, por consiguiente, oponiendo igualmente lo real a lo objetivo.
Si tocia verdad es la creación de una relación entre la conciencia y su objeto en los límites del conocimiento, toda evidencia es, en el campo de la
conciencia mi.m1a reconocimiento y admisión de la realidad del objeto. Si
hay diferencia entre tal o cual interpretación de la realidad y de la evidencia, es debida a la diferencia de los niveles sobre los cuales la oposición
entre la verdad y lo falso pueden ser considerados. En efecto, una actitud
dicotómica confundiría, a nivel semasiológico de lo "falso", los sentidos de
nociones muy diversas que suponen unas actitudes radicalmente opuestas
de la conciencia: el mentiroso, primero, que es debido a una intención decididamente alterante de la realidad, y contraria con relación a la concepción misma de verdad en la cual la conciencia sustituye deliberadamente una
imagen negativa y trucada de lo real que difiere punto por punto; el "lápsico", después, (de lapsus) a través del cual una imagen viciada de lo real,
debido a algún "paso en falso" fortuito, "mecánico" y sin graves consecuencias, del pensamiento se propone a la conciencia. El equirncado, en fin, que
no es nada opue to a la verdad misma de la que constiture, por contra,
el desarrollo y como la continuación en la dirección de lo posible, pero solamente en lo correcto del cual surge, a su vez, como una concretización
de la verdad. por eliminaciones sucesivas, antes de afinnarse como empobrecimiento dimensional de la realidad en su presencia aJ interior de la
conciencia. Así las dimensiones de las nociones mismas de verdad y de evidencia, de realidad y de objetividad, consideradas bajo este día, se encuentran automáticamente al menos desdobladas, lo que conduciría arriesgadamente a unas complicaciones de nociones, pero que, de hecho, es suficiente
para mostrar que el problema cousiderado, lejos de ser simple, no es habitualmente más que peligrosamente simplificado: peligrosamente, pues arriesga asi de conducir a una concepción ella misma viciada de las relaciones que
existen entre la conciencia y su campo de actividad.
La tercera noción propuesta, es la de información. A la im·ersa del sentido que un pa1:ecido aparente con la palabra informal, por ejemplo, sugeriría sobre este punto, la etimología del término de información nos conduce
a una significación muy diferente: no es pues la preocupación de evitar una
rigidez formal cualquiera que designa este término, sino, al contrario, el de
plegar el dato a las exigencias de una formalización con el fin de volverlo
accesible, naturalmente, pero también, y sobre todo, asimilable por la conciencia a la cual será presentado. Así, la información es una simple puesta a
disposición de la conciencia, de un dato o de una serie de datos destinados
no a enriquecer el contenido, sino a enriquecerlo de una cierta manera, bien
sea este enriquecimiento buscado por la conciencia misma para una cierta

�finalidad precisa, o que arriesgue el serle impuesto de fuera, con una finalidad precisa igualmente. Es fácil de captar, a la luz de las otras dos nociones analizadas, la de la ,•erdad y de la objetividad, los peligros que tal
operación comporta, en el momento que supone por una parte, la transmutación de todo hecho y de todo acontecimiento en un "mensaje codüicado"
universalmente aceptable, por lo tanto indefinidamente transmisible, y, por
otra parte, una puesta a punto de la intencionalidad, de la apertura de la
conciencia, precisamente con vistas a captar este mensaje y de asimilárselo
en unas condiciones epistemol6gicas óptimas no solamente de adquisición,
sino también de explotación y de pue ta en valor. Además, haría falta, sobre
este punto, distinguir entre la informaci6n-mensaje y la información-operación, no siendo la primera más que un elemento de la segunda, elemento
necesario, cierto, pero nada suficiente para determinar el contenido, pues
el complejo mensaje-conocimiento del mensaje supone una correspondencia
dinámica entre conciencia y objeto, correspondencia en que domina el factor de intencionalidad de la conciencia, por lo tanto del nivel y de la calidad de apertura de la existencia cara al objeto de la ID'periencia sensible,
reflexiva o emotiva, en todo caso de experiencia vivida.

En estas condiciones, es fácil de darse cuenta que si el hecho mi.smo de
la existencia de una información cualquiera está sometida a una exigencia,
por lo tanto a un postulado de universalidad, es indispensable, con el fin de
que esta exigencia se vuelva efectiva, que la forma codificada revestida por
el mensaje en cuesti.6n sea la más sencilla, la más general y la más abstracta
posible, con vistas a la aplicaci6n más univeml que sea. Esto supone un
análisis estimulado al extremo, tal como el método cartesiano lo exige, por
ejemplo, por una parte, y que la crítica bergsoniana lo denuncie por otra
parte, como alterando la naturaleza de lo real que ella pretende precisamente reflejar y transmitir de esta forma; sea una uniformidad absoluta
prohibiendo toda verdadera síntesis, por lo tanto toda operaci6n fructífera
del espíritu. Dicho de otro modo, y de todas las maneras, el peligro que
corre el conjunto de las conciencias implicadas en un proceso de infonnación, es el del aislamiento: aislamiento de los mensajes, sometidos a un
análisis por demasiado estímulo; y aislamiento de las conciencias, ellas mismas sometidas a una pretendida exigencia de universalidad. Este último
aspecto del problema podría parecer como una paradoja. Es suficiente no
obstante referirse a las condiciones generales de unificación y "de unidimensionalidad" de las conciencias que concierne, para darse cuenta que refleja
una realidad cierta que califica precisamente una uniformidad de juicios
debido a la uniformidad de la información. Mal comprendido, el postulado
de universalidad conduce así, a través de la uniform.idad instaurada entre

las
conciencias,
directamente a una "impersonalizaaon
. , " , por 1o tanto a una
":-1...
.
. , ,,
lllllUIIlall.12aClOD
d~1 _conoClllllento.
· ·
Estas consideraciones pueden ilustrarse
sob~ tres plan~ pnnc1pales. Es a propósito de los campos ue estos lan
defmen respecuvamente que es posible captar mejor la im~rta11cia ~e
hechos
. . d el arte y de la
bis · expuestos.
• Estos tres planos son los de la etencra,
l tona. _Es~dia;~mos pues alternativamente las condiciones en las cuales
een mensa
me11saje artístico y el mensa1· e hist,onco
. se presentan
la Je bcientífico,
·ó d el
1
apro aci n e as conciencias así como la medida
I
al
mensajes p ed
calir d
'
en a cu
estos
u en se~
ica os de mitos puesto que los polos epistemol6 .cos
entre los cuales oscila su valor son los de conform1·smo y def ormac1on.
. , gi

1::

Con el•gua1m
fin de . completar este estudio semánti·co
·
pre1.irninaº r haría falta
5?meter
i
ente
estos
dos
últimos
términos
a
un
anális'IS. A' este propósito
·
, , _es nec~no volver sobre la cuestión de interpretación etimológica del
te~o de ~onnación, que hemos avanzado anteriormente. Hemos
erido
deor que la mformaci6n es' de alguna manera, un proceso que traduce
qu por
una parte la "puesta en forma" de cierto mensaje con vistas a facilitar
d
0
voh·er basta posible,
la
asimilación
de
la
parte
de
.
.
'
1
.
as concienoas; y, por otrae
pru:te,_ una operación que pretende permitir al objeto de conocimiento ,
delimitado
de llenar esta funC10n
· • que es za función
. que le es atribuida recasi_
.

nOCI~~• .Y. h~ta "~afiada", pues este objeto tiene, la mayoría del ~emp:
Jll1S1ón
.
" .
., "una •aventura" y un "des tino " que constituyen
los elementos'
: su ~tona propia. La "puesta en forma'' y la propagación del mensa. e
"" ~flcado son dos fases, complementaria, y estrechamenre dependient~
e o;a, del proceso en cuestión, de manera que las condiciones en las
c es ca a una de entre ellas se desenvuelve y se realiza, infl
.
.
tífica res ti
I
uenc1a o 1us'
pee vamente, a otra, de cualquier manera que sea.

una
d

:i

. .
1os ternunos
, .
de Es este
f contexto
.
dde actividades que enfocan al conocmuento,
con o ~ o y eformación adquieren un significado y una importancia
muy · particulares.
•
. . Conformismo significa en lo sucesi vo, por parte de las
conciene1as errulldas, una insistencia a reducir todo mensaJ· e a
r
de e.xpresi6
·
da
una iorma
'd
n ~xpenmenta ' aprobada y generalmente reconocida por su
l
SO 1 ez semántica
y por su ef'icacia
· que concierne la rapidez la facff d d
.
1
la segundad con las cua1 es se registrará, comprendida y utilizada
'
lt ª . Y
mente con
. wia finalid a d preconcebida; y por parte de las e
u
. . enorcept
.
'
one1ene1as rearas, aparentemente acbYas o pasivas pero de hech
, .
sivas en la
dida
'
'
o, uruc.amente pa'
me
en que acept
. dis . 1
establecidos de la disp ..6 d 1 an Slll
_cutir os cuadros pre.,,iamentc
mente dii , .
OSLCl n e proceso de información, una actitud pura1amica, una terquedad, que no puede ser más que de orden

49
48

HUMA.-.rf.AS-4

�CAPÍTuLo

"sofismática", dicho de otra manera que no puede suponer más que un
postulado reconociendo en la fuente emisora una autoridad indiscutible.
Esta expresión de la lógica efectiva está principalmente fundada sobre el
argumentum ad verecundiam. Es además lo que en toda íil?sofía vivien~e
se ha siempre rechazado, y es lo que, de su lado, el bergsomsmo denuncia
a su manera, cuando reclama, según la palabra célebre de Charles Péguy
"que se piense sobre medida y que no se piense de confección:•. ~n el ~mo
orden de ideas, deformación significa, por parte de las conaenoas enusoras
del mensaje, una alteración, lo más frecuentemente deseada, de las estructuras formales, así como unas condiciones normales de transmisión del mensaje, con el fin de volver más eficaz su impacto sobre las conciencias
receptoras. De su lado, estas conciencias manifiestan su intención _d~onnadora, por una parte, negando, raramente sin que lo sepa, y casi siempre
deliberadamente, el valor de un mensaje que responde, por su forma, al
objeto que expresa; por otra parte, alterando la significación; finalmente,
discutiendo, par principio y por convicción, la "fidelidad". Por _lo ta~lo,
no solamente tal actitud no es una actitud escéptica propiamente dicha, sino
que también procede, tanto como la actitud contraria, de una terq~ed~~ que
es igualmente de orden "sefismática", puesto que supone de pnncipio la
puesta en duda de la credibilidad de fuente ~ra. Esta lógica ,afecti~
destaca principalmente del argumentum ad homtnem. Aparece asi. segun
el análisis de los valores negativos del conocimiento, que el conformismo
podría reclamarse erróneo, mientras que toda deformación de un conocimiento
particular puede ser llevada sea al lapsus, sea, sobre todo, el embustero.
Lo que antecede ilumina suficientemente, y de una manera n~eva, parece
ser la relación que puede ser establecida entre verdad, real; evidente y objetivo. Subraya sobre todo la significación a~itida de est~ último término,
y que es la de "conformidad" y de adherene1a del pensamiento a los aspectos múltiples de lo real: aspecto en que cada uno está embargado por_ las
conciencias subjetivas individuales mediati7.ando algún proceso de selección,
considerado como el único posible, objetividad y verdad volviéndose así y
por contra-golpe, unos términos sinónimos,. en ~~ medida _en que designan
un adelantamiento de lo exclusivo en la direcc1on del polivalente; y de lo
mítico en la dirección de lo real.

11

EL MITO CIENTfFICO
No ~ay un campo en que la acumulación de infonnaciones sea, en nuestros d1as, más a~un~te y más impresionante que el campo de la ciencia,
sobre todo las ciencias exactas, pero también las ciencias llamadas humanas
cuyos datos pued~n en ocasiones ser sometidos a una especie de tecnología
co~parable, en ciertos aspectos, a la que sostiene los datos de las primeras.
En?cn~o por es~o unas ciencias no solamente como la sociología y la psicolog1a, s~o tamb1~ c_omo la lingüística. En efecto, las técnicas de reunión,
de acopio y de difusión de las informaciones científicas se han desarrollado
a un punto nunca alcanzado hasta aquí. El desarrollo de la teoría de la
~~rmaci6n n~ tiene igual más que el de las técnicas que ilustran las posib1~idades ofrecidas por la cibernética. Yo podría citar una serie casi intermmable de pu~licaciones colectivas aparecidas en Europa occidental y en
los _Estados Urudos, y que reproduce los trabajos presentados en e) curso
de mnumerables coloquios que tienen como objeto de sus actividades la detección de los medios apropiados a la reuni6n de conocimientos a su clasificaci6n razonada, y a su puesta a disposición de los investigado~ la manera
más rápida y más eficaz. Ciertamente, corno acontece casi siempre en el
caso de que se trate de una empresa hecha desinteresada, estas técnicas han
~pezado por ser primero unas técnicas que pretenden asegurar un uilibn? e~tre, la pr~ucción . ~dustrial y su salida comercial. Esta prod:ción
~tá ademas t_odavia cond1e1onada, a más de una consideración, por las técrucas
cuestión, y se encuentra muy particularmente estimulada y favorecida.
El espmtu humano es capaz de unos impulsos los más sorprendentes, y se
puede afirmar que a la hora actual; y a un nivel mundial, toda una red
~e biblio~ecas,_ de, ~ntros y de institutos de investigaci6n en el campo de la
información científica se encuentra a la disposición inmediata de los investigadores en busca de datos y de elementos de conocimiento cienúfico que
puede en todo momento permitirles hacer el punto de la marcha de ]a ciencia
sobre un plano internacional.

':1.

~agen_ ~~ca y _satisfacción demasiado apresurada. Ciertamente, un largo
camino dificil ha Sldo ya recorrido. Pero queda todav'ia mucho que hacer
Y_uno se pregunta _si la finalidad deseada no está todavía desesperadamente
leJos de n~~os._ Situaremos lo~ hechos a considerar sobre tres planos superp~~stos, distmgm~~do alternativamente las dificultades tenninol6gícas, las
dificultades especÜicamente metodológicas y las dificultades epistemológicas

51
50

�de la cuestión, que hacen que conformismo y deformación son dos peligros
inevitables, pero no insuperables, de la ciencia contemporánea.

griego tanto tiempo como uno se abstiene en añadir al sentido corriente del
término un sentido especial, aunque enteramente aceptable, por lo correcto.

Primeramente, sobre el plano que yo llamo tenninol6gico, los malentendidos son imputables, ante todo, a la terminología. Igual que en la historia

Se vuelve evidente que las tradiciones nacionales y lingüísticas en el campo
de la ciencia: impiden de una manera permanente que ésta alcance una
universalidad total, puesto que los convenios terminológicos, lejos de ofrecer
un terreno de comprensión, causan frecuentemente unos malentendidos suplementarios. La solución de las traducciones no es sola; pues, siendo un
trabajo intelectual, no haría más que perpetuar las diferencias de terminología. ¿ Confiar la tarea del traductor a las máquinas de traducir? Sus posibilidades restringidas nos lo prohibitian en el presente, y nada deja prever
que esta posibilidades se volverán nunca espectaculares. Con el fin de evitar
un cierto conformismo tradicionalista, se caeiía así en un formalismo técnico
y tecnológico que acarrearía inevitablemente la legaJizaci6n pura y simple
de las estructuras deformantes de la verdad científica; con vistas a evitar
las deformaciones eventuales de la idea que la ciencia se hace de su objeto,
se arriesgaría el defonnar los marcos que se ha construido pacientemente
en el curso de siglos enteros de labor continua que ha asegurado los cimientos del progreso científico. Se ve dibujarse el peligro de un círculo vicioso
mortal para la ciencia, y en el cual ésta no sabría decidirse a entrar. Prefiere
aun la multiplicidad a la unicidad, el equívoco al estancamiento. Es en el
inconveniente de los peligros que corre actualmente que la ciencia encuentra
su salvación, La información científica no se resiente menos.

de la filosofía, y a pesar de las apariencias engañosas, la historia de las cien•
cías exactas es, eUa también, una historia de ideas, más precisamente de
ideas cient'ificas. Estas ideas que nacen, que se desarrollan, que evolucionan,
son, tales los genes de organismos vivientes, transmitidas de un sabio al otro,
de una generación de sabios a otra, por medio de nociones transportadoras
que son principalmente lo que se llaman los términos científicos, y que constituyen, en último análisis, unas estipulaciones del lenguaje.
No obstante ocurre que estos términos que son de hecho unos instrumentos
del pensamiento, se emplean de maneras distintas que están lejos ele asegurarles una uniformidad y una universalidad. Cada tradición cientüica
nacional posee su propio arsenal de ideas y de nociones que utiliza según
su propia concepción y según el genio particular de la lengua en la cual se
expresa. En estas condiciones, las dificultades deberían atribuirse primeramente a la existencia de términos diferentes que se suponen ser equivalentes,
pero que, de hecho, no lo son más que parcialmente; y segundo, a la existencia de términos idénticos que difieren entre ellos por sus acepciones en
dos lenguas distintas. Me limitaré a citar algunos ejemplos muy sencillos,
pero que me parecen estar completamente indicados en esta ocasión.

Así, ya en filosofü., las tradiciones francesa y anglosajona, por ejemplo,
recaerían de acuerdo sobre el empleo del término de teoría del conocimiento,
pero se atrincherarían cada una respectivamente detrás de los términos "gnoseológico" y "epistemológico", designando el segundo en inglés lo que el
primero designa en francés, pero teniendo igualmente en esta última lengua,
una acepción completamente distinta. Igualmente, no es completamente cierto
que los ténninos que designan una disciplina que nos interesa aquí muy
particularmente "informática'' y "theory of information", designan unas disciplinas idénticas. Igualmente, también, el término "cioernética" sobre el
cual además el término "informática" ba sido calcado en francés, y cuya
primera utilización se remonta a Platón, es difícilmente utilizable en el griego
actual para designar la disciplina científica formada en el curso de los
últimos decenios; la razón es que la evolución del sentido del término ha
sido más normal en griego que en las lenguas occidentales donde se ha per•
petuado bajo una forma descendiente del latín, y donde su recuperación
reciente bajo su fonna inicial, pero con una acepción diferente, ha permitido evitar una confusión, que, no obstante, persistirá inevitablemente en el

52

En segundo lugar, sobre el plano que yo llamaría metodológico, será suficiente recordar dos hechos que dan cuenta de la importancia del "aspecto"
o del "punto de vista" elegido por el sabio, Y' que sirYe de modelo en la
investigación y en la transmisión de la información científica. Así, la revolución copemiciana en astronomía no es más que una reacción razonada contra
el conformismo medieval que había optado por una de las dos soluciones del
problema de la tierra, emitidas en la Antigüedad, la geocéntrica, de Ptolomeo,
rechazándose considerar la otra, heliocéntrica, de Aristarco. En este caso,
el conformismo se confirma ser igualmente una deformación de la evidencia.
Es un conformismo que no es solamente de orden científico, pues si fuese
así, hubiese sido rebasado más pronto y más fácilmente; es igualmente, y
sobre todo, un conformismo de orden religioso y que, de hecho, es tributario
de autoridades tradicionalmente veneradas y recopiadas tales cuales; pues,
pese a las innm-aciones importantes que se debe a la tecnología de la edad
media, la información cientüica, ella, se reclama de un tradicionalismo de
aspecto muy aristoteliciano, pero también muy patrístico. i se entrevé raras
posibilidades de escapar a lo todopoderoso de una tradición científica eri-

53

�gida en expresión única de la verdad, y consolidada gracias a su adopción
por el dogma, estas posibilidades se deslizan furtivamente en unos detalles
de comentarios y no alcanzan para nada la esencia de las cosas consideradas.
En este conte&gt;..-to general de conformismo, es natural que la readmisión de 1a
teoría de Aristarco por Copérnico haya sido considerada como una deformación blasfematoria de las verdades establecidas para siempre.
No obstante, con el Renacimiento, el tipo mismo de la información científica medieval se encuentra profundamente modificada. No se procede ya
por comentarios de autoridades reconocidas, que están inmediatamente en
situación a su vez, en tanto que autoridades complementarias, sino, por
cambio de pracedimientos de investigación. Ciertamente, las dos tendencia.5
se oponen durante mucho tiempo y, mucho antes que Galileo sea obligado
a abandonar sus opiniones astronómicas, Bacon habrá ya publicado su De
dignitate y su Nouum organum que revolucionarían unas concepciones seculares de la ciencia. Conformismo y deformación cambian respectivamente
de campo. Todo se confirma ser relativo en este dominio: el conformismo
era de fe, se vuelve de razón. La deformación era de subversi6n, se vuelve
conservatismo. El juego de valores, de denominaciones y de calificaciones
continúa a manifestarse bajo unas formas y bajo unos aspectos diferentes,
pero también siempre en un aspecto inmutable. Es con dificultad que uno
se desprende de la influencia que el principio de Carnot ha podido ejercer
sobre los espíritus y, en nuestros días, es todavía difícil renunciar a la concepción newtoniana del tiempo, profundamente enraizada en la conciencia
del profano, reclamándose todavía muy frecuentemente la información escolar a nivel de primaria. Lo que es en adelante considerado como conformismo no es más que una deformación practicada con unos fines pedagógicos.

En tercer lugar, sobre el plano que yo llamarla epistemológico, en el sentido dado a este término en francés, a saber el de los problemas generales
que el sabio se pone en cuanto al valor gnoseológico de sus gestiones, la
ciencia prueba de emitir unas suposiciones sobre la base de hechos anteriormente establecidos. Ciertamente, siempre está permitido de inventar científicamente, y es efectivamente en esto que consiste, propiamente hablando,
la actividad del sabio, sobre todo cuando se trata de problemas menudos
en que es suficiente ser ingeniosos para proceder con éxito. Pero las grandes
hipótesis científicas no sabrían formularse más que conforme a la tradición
te6rica, bajo pena de comprometer al sabio, al menos provisionalmente, en
un callej6n sin salida. No me referiré más que a dos ejemplos: el primero
concierne los medios utilizados con vistas a permitir la conceptualizaci6n,
por lo tanto la comprensión, por parte del sabio, de los datos científicos
54

nuevos que no entran, por su complejidad, en ninguna categoría establecida
y aceptada; el segundo, los medios utilizados con vistas a permitir la figura-

ción, por lo tanto la comprensión de estos mismos datos, pero esta vez por
parte de lo vulgar.
El descubrimiento de la verdad cientlfica, es la afirmación o 1a confirmación, según el caso, de un orden de ideas consíderado ser aplicable a la
realidad, y más o menos conforme a un orden que se sospecha. Así, para
estar conforme al tipo de realidad que descubre en el campo de la micro.Üsica, por lo tanto más objetivo, el sabio actual tiene cada vez más recursos
a unos modelos matemáticos, lo que le fuerza a abandonar cada vez más Jas
formas tradicionales de observación y de experimentación. La "matematización"
en cuestión acarrea inevitablemente una "desensibilización" de la naturaleza
del objeto de la investigación. El recurso a lo sensible no tiene ya lugar más
que en vista de una verificación de lo que ha sido ya algebraicamentc, por
lo tanto matemáticamente, racionalmente, calculado y probado previamente.
Esta "matematización" a nivel de la investigación va no obstante al igual
con una "visualización" de orden "geométrico", necesaria desde el instante
en que hace falta dar cuenta de los progresos de la ciencia a los no iniciados.
llstos están celosamente ávidos de experiencias sensibles, sobre todo visuales
Visualizar lo que tiene necesidad una mate.matización para ser concebida, he
aquí una apuesta que está más allá de toda pretensión a la objetividad, y
que es de un conformismo manifiesto, pero no obstante necesario, tanto
tiempo como la ciencia sea partidaria de poner, aunque no sea más que
superficialmente, a los no iniciados al corriente de sus conquistas. La representación de los fen6menos bajo el aspecto tradicional de imágenes espaciales
cuyas esferas armilares, ya conocidas en tiempo de Platón, son los modelos
más clásicos, no es ya adecuada a la naturaleza presumida de la realidad.
Deformación deseada, apuntando a la información, toda "imaginización"
sensible de una realidad que ha hecho falta primero "matetnatizar" para
captarla, es el último refugio de un conformismo pedagógico debido a los
representantes del "siglo de las eminencias"'.
Sobre los tres planos cientüicos considerados: terminológico metodológico
y epistemol6gico, conformismo y deformación aparecen como unos aspectos

complementarios, y no siempre incompatibles, de un orden de ideas que
tiende a afirmarse a través de una sistematización que no es siempre de nivel
científico más puro, pero que, si no enfoca exclusivamente el objetivo y lo
exacto, al menos apunta a lo evidente y lo cómodo, y en todo caso, sino
la verdad, al menos lo que se tiene como tal.
No obstante esto no es particularmente peligroso en tanto que la ciencia

55

�pura esté ahí para garantizar la permanencia de un término de referencia
estable y sólido, por lo tanto la posibilidad de rectitud. Tan Juego como la
ciencia misma, en su función y en su expresión más altas, está sometida a unas
estructuras deformantes o que tienden a alterar el carácter de término de
recurso último de las conciencias a la verdad, eUa degenera y e arriesga.
por contra, a volverse un medio a través el cual tal o tal concepción podria
imponerse.
Mas la ciencia progresa mas ella se \'Ueh-e el patrimonio de cierto espíritus privilegiados, y mas ella pro\·oca una separación epistemológica entre
las conciencias del iniciado y del vulgar; de manera que este último se
encuentra cada vez más estar a la merced de un complejo de informaciones
que se quiera proponerle. Se abandonará de antemano a todo y ·rdadera
crítica a la cual tiene derecho, y se co1úinará en el papel de una conciencia
muda por un espíritu de crítica que supone una terquedad, por lo tanto
una indolencia intelectual unida a algún interé de orden privado. Es así
como nace el fanatismo, esta vez en lo relati\'o erigido en absoluto por las
necesidade de la causa; es igualmente así como nace el temor, unido al
sentimiento de culpabilidad que acompaña la conciencia de una i orancia
recordada sin cesar, pero también sin ce~ar alentada. El que tiene la ,·erdad
puede ser un iniciado, pero, tal como el esclavo de la caverna, que se
remonta hacia la luz del saber, siente la necesidad de abrirse a sus compañeros
volviéndose en adelante un iniciador. "Dios Padre" no existe entre los humanos más que porque éstos quieren desestimarse de sus derechos a escrutar
lo real o lo ideal en vista de descubrir la verdad. Fatigados, confesándose
vencidos ant &lt;le emprender cualquier esfuerlo que sea, abogando "culpables", se remiten inconsideradamente a algún charlatán que los coge imponiéndoles un código de conducta tanto como un código de pensamiento.
El mensaje científico se altera así en mito científico, en mito nada más, y
sin cesar proseguido por el opresor intelectual y por el oprimido que tenninan
por creer los dos. La vigilancia científka e intelectual s la única garantía
contra toda deformación deseada o involuntaria y de todo conformismo que
se derh·a necesariamente con \'istas a mantener las estructuras en su sitio.
El mito científico está formado y vive por las malas conciencias tan pronto
como una conce¡xi6n científica, reconocida como siendo errónea, constitu)'e
el punto fijo al cual estas conciencias se enganchan para sostener la rectitud
por oposición a la concepción que tiende a sustituirse. La concepción geocéntrica del universo, para todavía hacer alusión, no se ha confirmado ser
un milo má que a partir del momento en qu la concepción heliocéntrica ha
sido probada definitivamente como siendo la única válida. Desde entonces,
56

las reacciones levantadas contra el sistema copernidano, destinadas a sostener
una tradición que no tenía ob·o ~ientos más qu el hecho de haber estado
conforme a una concepción arbitrariamente elegida -puesto que Ja concepción contraria le hubiese sido igualmente útil- no han tenido otra razón
de ser más que la de afinnar una cierta causa, tanto más desesperadamente
como que podría considerarse como perdida de antemano. Lo mismo, tal
concepción biológica extendida hacia la mitad de nuestro siglo y pretendiendo. diversas experiencias espectaculares en apo ·o, que las leyes de la heredad
podrían ser desafiadas por el sólo hecho de la intervención humana, de
manera que fuese ella misma de acuerdo con una cierta concepción de la
naturaleza y de la historia, se ha también confirmado ser un mito. Se podría
afirmar que todo mito cultural, científico, artístico o histórico, que sostenga
unas concepciones conservadoras o progresistas, nace de una voluntad de
conformismo a una concepción mortal, voluntad que no duda en empujar
este conformismo hasta la deformación de lo real, sustituyendo a los modelos
adecuado a esta última unos modelo adecuados a sus propias preocupaciones.
'o es suficiente el denunciar el conformismo cuando uno se quiere ''progresista'' en materia de ciencia como además en material de moral, y no
es sufic-iente tampoco el denunciar el peligro de deformación cuando uno se
quiere "conservador"; pues los "jefes de acusación" pueden también estar
invertido . Hace falta, por contra, ver en estos dos modos de concepción y
de presentaci6n de lo real unos signos de debilidad del espíritu humano,
pero también unos escollos que e\"itar en la m dida en que se quiere permanecer interiormente libre.

CAPÍTULO

III

EL MITO ARTI. TICO
"El descubrimiento de la verdad científica, hemos dicho durante nuestra
convet!\ación anterior, es la afirmación o la confirmación, según el caso, de
un orden de ideas que se considera aplicable a la realidad, y más o menos
conforme a un orden que se sospecha." Volvamos a tomar esta definición
que nos parece, a su ·ez, aplicable muta, dis mutatis, a la actividad artística.
Parece que en materia de arte, el descubrimiento de la '\'Crclad no es más
que la instauración de un orden de ideas que se considera no solamente aplicable a lo real, sino también ser esta realidad misma fuera de toda aparien-

57

�cia, y conforme a un orden de ideas íntimamente apresado fuera de toda
coacción racional. Ensayemos en el presente de comentar, aunque no sea
más que sucintamente, esta nueva definición, con el fin de hacer resaltar
]os puntos esenciales, antes de proceder a la apreciación de la noción de
información artística relativamente a las de conformismo y deformación.

como proceso de adaptabilidad de una realidad instaurada en lllla idealidad
instaurable.

El artista tiene constantemente que Juchar contra unas potencias de des-

En efecto, en el campo artístico, se trata todavía de descubrir la verdad,
o al menos, una verdad parcial, y de imponerla en el mundo de la materia,
en tanto como verdad única y absoluta, cargándola de todos los sentidos
posibles que pudiese admitir, y, además, aceptándola ella misma como realidad. Pues la magia del arte conduce precisamente a esta reuniíicación de
la verdad y de la realidad, que la reflexión científica y epistemológica contribuye, de su lado, a separar. Si, sobre el plan científico, esta separación
aparece como e1 resultado de la preocupación de objetividad, sobre el plan
artístico, la reunificación correspondiente supone, semín el postulado antinómico puesto en luz por Kant, una subjetividad univenalmente aceptable.

i los modelos propuesto por la actividad científica pueden ser considerados como unos instrumentos del pensamiento, los propuestos por la actividad instauratriz del arte pretenden al estatuto de valores. Así, la realidad
en materia de arte, finalidad de los diversos procesos de creaci6n, alcanza el
nivel de valor en virtud de la verdad que le es inherente y a la cual debe
identificarse, a falta de lo cual, permaneciendo realidad sensible, por ejemplo,
no llega nunca a un estatuto de realidad artística. Por otra parte, el orden
de ideas artísticamente instaurado, relativo a una creación original que expresa, es un orden que se basta a sí mismo y que posee su propia lógica,
una 16gica que obedece a unos principios válidos universalmente, pero no
generalmente, y que es igualmente propio a cada una de las obras de arte
consideradas. En estas condiciones, y en el momento que verdad y realidad
se identifican a nivel artístico, el arte desafía las e.X"igencias de la apariencia
y de la razón

Se vuel\'e claro que la ,· rdad artística, en tanto que realidad instaurada,
es una verdad particular y única que pretende la universalidad que alcanza
en razón de un "porcentaje de éxito" que expresa la adaptabilidad de la
forma creada en algún modelo intencional de creación. No se trata ya de
una simple adecuación de conformidad, sino de una adecuación de sinceridad. Se invade, por decirlo así, de esta forma, en el dominio de la ética,
lo que falsea. aunque sea poco, la estcticidad misma del proceso de la artística. No obstante, el postulado de sinceridad en la creación artística no es
menos legítimo, por el hecho mismo de las condiciones de rigor formales
en las cuales el proceso en cuestión se afirma como proceso de éxito tanto

58

•

viaci6n que se ejercen sobre su voluntad de realizar, lo más fielmente posible, la forma concebida en tanto que fonna a instaurar. Sin embargo,
lo que se podña llamar "grado de éxito" de la obra creada, es decir su
grado de fidelidad a la forma ideal concebida en el origen como instaurable,
incluso si es un poco elevado, no es por lo que fuere el índice de un fracaso
artístico; pues la forma ideal concebida no es de ninguna manera estática:
admite, al contrario, una serie de reestructuraciones en el curso de la creación. Es de alguna manera, ella misma fecundada, amplificada, enriquecida
a medida que la inspiración artística se concretiz.a mediatizando la intervención de lo real. El proceso de creación artística no es más que una serie
ininterrumpida de experimentacion que se entrecnu.an las unas en las otras
y que r panden a la necesidad de la conciencia del creador de precisar sus
propios "objetivos" en tanto que la creación está en vía de realización. Si
hay pues lugar de considerar alguna sinceridad en el cuadro del proceso de
creación artistica, no es la que se podría suponer que existe, por parte del
artista, relativamente a su modelo tal como concebido inicialmente, sino
relativamente a este mi mo modelo tal como habrá sido remodelado, en sus
particularidades como en su estructura profunda, en virtud de los enriquecimientos y de las reestructuraciones de los que el mismo se beneficia en el
curso de su realización. Por las modificaciones que le son impuestas, el ideal
formal tiende a coincidir con esta última. Más que a la idealidad inicial,
el "grado de éxito" de la obra instaurada se relaciona a su concepción evolucionada. El problema de la sinceridad artística no se pone pues al solo
nivel de la comparación entre esta idealidad inicial y •1a forma realizada,
ino también a otros dos niveles: por una parte, el de la comparación entre
e ta idealidad inicial y la idealidad definitiva que constituye la finalidad
evolutiva; y, por otra parte, el de la comparación entre esta última y la
forma realizada. Por otra parte, es deseable que un acuerdo y que una coincidencia sean hechos posibles sobre un plano completamente sintético entre
los dos procesos de evolución considerados: el del paso de la idealidad inicial
a la idealidad definitiva; y el del paso de la materialidad informe a la forma
instaurada. Estos dos procesos que van en el mismo sentido, pero en unas
direcciones convergentes son los dos postigos de una creación única.

Lo más frecuentemente, la desnivelación comprobada entre los dos términos de comparación en cada uno de los dos niveles anteriormente distinguidos,
y que hace aparecer una falta de sinceridad, es debido al hecho de que el

59

�de lo verdadero, no es menos cierto que el arte se presta a un profundo
malentendido, puesto que frecuentemente se hace el vehículo de un engaño
mezquino o hasta de una mistificación de gran envergadura. Todo depende,
a este ni\·el, de la intención del artista mismo o de las conciencias del que
se hace el portavoz. Por su naturaleza de alguna manera "mágica", el arte
puede llegar al estatuto de realización instaurati\'a o de simple éxito, pasando por todos los grados intermedios. El gran arte, a saber el que abra7..a,
en sus realizaciones originales, las aspiraciones más altas del esp'iritu humano,
así como el arte que demuestra ser una especie de artesanado, porque se
limita a unas repeticiones de explotaciones artísticas anteriores, así sometidos simplemente a unos procesos de innovación técnica en que sólo la habilidad y la destreza están en rigor, está sujeto a este género de degradación;
el genio, como el talento, se prestan a toda suerte de procesos de envilecimiento cuyos aspectos propiamente estéticos no son de ninguna manera
menos significativos que los aspectos morales. En cuanto se haya reconocido
al término de mimetismo artístico una acepción que apela a la noción de
interpretación más que a la de .imitación, se llegará a admitir que verdad
y objetividad en materia de arte no tienen nada que hacer ron unas preocupaciones de conciencia e:dravertidas, pero que, por contra, implican una
temática de problematización directamente unida a la vida interior.

creador ha podido ceder a la tentación de aceptar llllas soluciones fáciles
a los problemas engendrados por la creación misma. En este caso, los dos
postigos de la progresión no sabrían superponerse, en todo o en parte: se
deduce que la falta de sinceridad se traduce sea por alguna discontinuidad
en la evolución de la idealidad en cuestión, sea por un desnivel entre idealidad definitiva y fonna realizada, sea por los dos al mismo tiempo: desnivelación que denota precisamente las dificultades encontradas por el artista,
así como una cierta falta de adiestramiento artístico, es decir incluso de
talento, que le vuelven incapaz de llegar a cabo de su empresa. Discontinuidad en la progresión artística y falta de sinceridad son, por contra, frecuentemente disimuladas, a nivel de la realización de la obra, con una habilidad
y una destreza demasiado eficaces. De hecho la autenticidad de la obra de
aite está reflejada por su estructtn-a conforme a las estructuras sugeridas,
propuestas e impuestas por la existencia íntima del artista, y que, seg{m
Gilbert Durand, no serian más que las "estructuras antropológicas de lo
imaginario".
En cuanto a la objetividad artística, reside más en el carácter adecuado
de la forma instaurada con relación a unas estructuras universalmente admitidas que en la similitud aparente de las formas representadas con unos
objetos sensibles. No tiene, por así decir, ninguna relaci6n con unas preocupaciones llamadas "realistas". En efecto, la objetividad no sabría ser una
cualidad artística superficial; aunque el arte sea "eikastico" o "fantástico'',
repre entativo o imaginario, según la célebre distinción de Platón, estará
siempre alejado de al menos un grado de los objetos sensibles, y las formas
imaginarias no se prestarán nunca a unos ensayos de apreciación de alguna
semejanza. Si se debe pues tener en cuenta alguna objetividad en materia
de arte, habrá que buscarla a un nivel superior al que implica la noción cle
"semeja_ru,.a", principalmente a nivel de la exploración riguro a de la universalidad.
Esta solución propuesta del problema de la sinceridad artística une directamente este problema al de la importancia semántica del modelo formal
de la obra de arte. Además, esta misma solución permite distinguir el verdadero mensaje de la creación estética, del mito artístico, el primero pudiendo
definirse como la afirmación sensible de una adecuación estructural; el
segundo, como la afirmación sensible de una inadecuación llevada a una
adecuación, dicho de otra manera, disimulada bajo los trazos de una plenitud
formal. Si es cierto que Platón, por ejemplo, exagera cuando compara todo
artista a un prestidigitador o a un mago, y, finalmente, a una especie de
sofista cuya sola preocupación fuese de presentar lo "falso" bajo los trazos

60

•

Conformismo y deformación confirman ser, sobre este plano como sobre
todos los otros, unos peligros debidos a alguna exageración, a una especie
de "hibridismo" estético en cada uno de los dos sentidos respectivos: el de
la fidelidad a unos modelos dados; y el de la negativa de lo que puede ser
considerado como un idolo. Se encontrarán estas dos actitudes en todos los
niveles de la actividad artística: en el nivel íntimo de la inspiración misma,
así como acabamos de verlo más arriba, como a nivel de la realización técnica de las obras, y a nivel de su presentación social. A todos estos ni,,eJes,
se comprueba, en efecto, una especie de fluctuación de las funciones respectivas entre la fidelidad a lo que se establece y su repulsa; entre la búsqueda de la innovación y su temor. Hay que considerar separadamenle cada
uno de los niveles y de los casos considerados, con el fin de poder precisar
en definitiva dónde se termina la atracción legítima de la conciencia artística
por estas dos eventualidades y dónde comienza la exageración, el "hibridismo". La dialéctica entre lo establecido y lo nuevo se encuentra por consiguiente estar recubierta por una dialéctica entre lo legítimo y lo e.,ragerado.
Conformismo y deformación pueden afirmarse sobre los dos planos dialécticos
ya distinguidos, y constituir los términos de una especie de dialéctica combinatoria; se puede, en efecto, mostrar fácilmente cómo el conformismo,

61

�por ejemplo, puede ejercerse en la dirección de lo establecido tanto como
en lo de exagerado. Es lo mismo para toda tendencia deformante o deformatriz.
De todos los casos que estas tres oposiciones fundamentales, combinadas
entre ellas con ayuda de la tercera, pueden permitir de distinguir, la historia
del arte y la estética están en condiciones de suministrar unos ejemplos precisos y típicos. En efecto, toda conciencia artística, como toda conciencia
estética, está sin war perpleja entre su apego por unas estructuras comúnmente aceptadas y otras estructuras que aparecen desafiar las estructuras
anteriores en tanto como universalmente válidas; entre lo conocido y lo
desconocido; entre Jo terminado y lo no terminado; entre quietud e inquietud; entre satisfacción beatífica y búsqueda angustiada. En materia de
historia unas formas estéticas, por ejemplo, la actitud conformista se afirma
tanto sobre el plano de lo legítimo, a través de unas obras de carácter clásico,
como sobre el plano de la novedad, a través de unas obras de carácter romántico. Es verdad que, incluso entre las creaciones románticas propiamente
dichas, figuran ciertas obras de carácter clásico (y, en este caso, el término
"clásico" designaría más bien lo que puede ser calificado de "típico": así,
un drama de V. Hugo, un quatuor de Schubert o un cuadro de Delacroix
son unas obras "clásicas" del romanticismo). Lo mismo, la actitud de deformación se afirma tanto sobre el plano de lo establecido como sobre el
plano de lo exagerado, puesto que en el primer caso la inspiración formatriz
degenera en academismo; en el segundo, en manierismo. Haría falta distinguir el clasicismo del academismo admitiendo que la obra clásica está
impuesta y reconocida como tal a posteriori, mientras que la obra de inspiración académica se quiere de carácter clásico a priori, y se afirma por
referencia a un modelo formal ya reconocido. Haría falta todavía distinguir,
a propósito de manierismo, la tendencia al acicalamiento de la tendencia al
amaneramiento.

En todos estos niveles, las formas artisticas pueden volverse los vehículos
de mensajes estéticos destinados por los creadores a los contempladores: mensajes estéticos, seguramente, pero también mensajes humanos; mensajes que
arriesgan degenerar en mitos; y esto, no solamente cuando se trata de la intrusión de factores propiamente anestéticos, sino también cuando se trata
de consideraciones que tienen relación directamente con la esencia misma
de la creación de formas artísticas. El mito artístico está constituido y vivido
por una mala conciencia o por un grupo de malas conciencias tan pronto
como una concepción estética reconocida, por ejemplo. como destacada, se
vuelve el punto fijo al cual esta conciencia o este grupo de conciencias se adhie-

62

re con vistas a sostener el valor, por oposición a una concepción en vía de
sustituirse.
Toda actitud clásica, principalmente, tiende a enraizarse en un cierto formalismo, tan pronto como una actitud de orden romántica comienza a prevalecer; este formalismo se expresa bajo los rasgos de un neo-clasicismo persistente, antes de degenerar en academismo privado de todo sentido, de toda
vitalidad, de todo vigor y hasta, con frecuencia, de todo otro rigor que
intención. Esta insistencia se manifiesta en toda querella entre "antiguos" y
"modernos" aferrándose a unos modelos caducados en cuanto a su significación práctica, o hasta, insignificantes, en cuanto a su valor intrínseco,
pero beneficiándose del apoyo de alguna actualidad histórica: en los dos
casos, se está en presencia de seudovalores cuya oposición, frecuentemente
artificial y sin fundamento real, conduce a la formulación de seudoproblemas.
Conformismo y deformación, esterilidad e innovación peligrosa, son las
invectivas que los partidarios de cada una de las dos tendencias, se lanzan
imprudentemente, y hasta sin vergüenza, gastándose sin destacar, sin trascender sus preocupaciones estéticas. De hecho, el conformismo de los unos
y de los otros se expresa a través de una tendencia ddonnatriz de las intenciones del adversario, ahogando, al mismo tiempo que la verdad misma, el
menor resto de creatividad eventual.
Cuando no nacen espontáneamente por reacci6n contra el capricho provocado por la persistencia de movimientos anteriores, los grandes movimientos estéticos parecen ser de alguna manera tributarios de problemas morales, en su alcance humano, es decir, en la: medida en que están unidos a
alguna teoría precisa. Así, habiendo prevalecido tal realismo, en cierto país,
en el curso de la primera mitad de nuestro siglo, se unía abiertamente a unas
preocupaciones de orden moral, y hasta históricas y políticas, por lo tanto
anestéticas. Se trata ahí de w1 mito artístico típico. Está terminantemente
reconocido que el valor de tal concepción reside únicamente en su utilidad
social Por contra, el acadexnismo teórico del tipo ponderado por Plat6n
está fundado sobre la necesidad de combatir el mito estético de la innovación
estimulando en exceso, con vistas a halagar, por unas concesiones cada vez
más importantes en la direcci6n de lo convencional, los gustos deformados
de un público informado en materia de realizaciones artísticas, pero cada
vez más ávido de virtuosidad espectacular, finalmente ella misma, erigida
en exigencia mítica.
Dejemos provisionalmente el estudio de los aspectos interiores de la evo63

�luci6n de las concepciones estéticas y de sus homologías artísticas para pasar
al estudio de la manera en que el mito artístico está formado a partir de
las conwciones ex.temas en las cuales la información está, en nuestros días,
practicada en este campo. La legión de los "intelectuales" afectados al servicio de los medios de información de masa ( se diría con mucho gusto:
de las maras), presuntos "hierofantes" en cabeza, se aplica, recurriendo a
las nociones más convencionales&gt; las más esquemáticamente conformes a una
tradición terminológica mal asimilada, por lo tanto más impropiamente
utili2adas, a suministrar a no importa qué precio, una imagen falsa y deformada de los antecedentes te6ricos y de las causas indirectas de la actualiclad. Es así como naceni por ejemplo, incluso cuando son debidos a una
mtcnción pura, a una voluntad sincera de comunicar una creencia perional, los mitos relativos a los grandes nombres del arte. No se denunciará
jamás bastante ciertos aspectos sociológicos de las condiciones en las cuales
las funciones auténticas del arte se encuentran falseadas, y hasta en las
&lt;:uales el arte propiamente dicho deja de interesar directamente las conciencias en provecho de alguna "ciencia de artistas". Un esnobismo estético,
tributario de un esnobismo social, invade las conciencias y las fuerzas a ponerse "al paso". Es suficiente para ciertos artistas, de haberse creado, por
cualquier medio que sea, unas simpatías en el mundo de la prensa para
que sus hazañas, artísticas u otras, indiferentemente, sean continuamente
mencionadas. Es el perro de Alcibiades que, en este caso, hace siempre los
gastos de publicidad reservada a su dueño.
No son las plumas ignorantes que contribuyen a este maltratamiento de

la dignidad artística, sino támbién, involuntariamente, las de los críticos,
espíritus informados que, conjuntamente con los historiadores del arte, pretenden poder fonnar los gustos del público ayudándole a apreciar la actualidad artística y hasta a prever su porvenir, al menos inminente. Esta función del crítico, que, en ciertos casos, hubiera podido considerarse como un
sacerdocio, degenera en culto de lo extravagante en el cuadro de lo convencional, lo que explica las relaciones entre el espíritu de confonnismo y el
de deformación en materia de realidad artística. La preocupación de la
verdad (y hasta de verosimilitud) pasa fácilmente a· la segunda fila de las
exigencias estéticas. En lugar de formar los gustos, este mecanismo que se
apoya sobre la inconsciencia misma de espíritus de los que se hubiese precisamente exigido un sentido de responsabilidad, es, de hecho, un mecanismo
de deformaci6n de los gustos, o más bien de formaci6n de los gustos inauténticos. Añadamos a esto que el capricho para el extravagante favorece el
nacimiento de celebridades y contribuye a erigir los ídolos de una nueva
religión nacida de la necesidad experimentada por el hombre de todos los

64

tiempos, pero más que nunca por el hoznbre actual, de darse wios modelos
de conducta mediante unas formas de comportamiento creador, que eleva
a la dignidad de puntos de apoyo, sobre todo durante los periodos de inestabilidad histórica.
De donde la afirmación de los charlatanes, de los magos, de los sofistas
del arte, de los que Platón denuncia el éxito; de donde aun la afirmación de
ciertos "héroes" de la ciencia, y también de ciertos pretendidos pensadores
que son todavía menos que unas caricaturas de profetas a los C'Ua1es además
juegan con mucho gusto, conscientes como están de su insuficiencia sobre
el plano rigurosamente intelectual, y que juegan, a tontas y a locas, sobre el
hecho de que pueden impunemente presentarse como unos incomprendidos
o como unas víctimas. A largo plazo, la historia hace incontestablemente,
la parte de las cosas. Pero, a corto plazo, pueden, con un poco de suerte,
esperar a sobrevivir. En efecto, el mecanismo que favorece todas estas 1.Dlposturas funciona infaliblemente.
Volvamos, después de este paréntesis, a unas consideraciones más particularmente estéticas, principalmente a los problemas implicados por la
idea del mensaje artístico. E. Cassirer había antaño recalcado sobre la importancia de las formas simbólicas insistiendo principalmente sobre la significación de ciertas formas artísticas. Se podría fácilmente, sin ser en todo
punto de vista deudor a los análisis de Cassirer, generalizar las tesis adelantando que toda actividad artística es simbólica en la medida en que constituye un medio de afirmación, por exteriorización, de ciertas estructuras
existenciales que se encuentran estar ya manifestadas interiormente sobre
el plano de lo imaginario. Esto una vez admitido ( y creemos haber dado las
razones, de manera rigurosa al mismo tiempo que detallada, en una serie
de textos ya publicados, de forma que sea inútil volver aqw), se puede concebir toda obra de arte como un mensaje. Se tratarla de un mensaje formal
wrecto, es decir de una presencia directa de lo inefable sentido por el artista
y transmitido a] contemplador, invitado y hasta incitado a reconocer en la
forma artística de las cargas estructurales que lleva en sí mismo, confirmadas por unas estructuras externas que le son adecuadas. El símbolo artístico
ejerce una función saludable en dos direcciones al tiempo opuestas y complementarias, en el momento que creación y contemplación artísticas son respectiva y mutuamente un estimulo operacional y una integración de plenitud.
Queda no obstante que mostrar en qué medida los valores implicados
por la función informativa de la obra de arte así concebida sobre el plano
gnoseológico pueden tener alguna incidencia sobre el plano de la regula-

65
HUMANITAS-5

�ción, es decir de la reglamentación de la creación estética. El arte, como la
ciencia, puede pretender a la realidad. El carácter específico de la verdad
artística, es la sinceridad del artista vista a través de la sinceridad de la
obra, de la creación, en tanto que fidelidad doble: por una parte, fidelidad en la forma de instaurar al modelo ideal; y por otra parte, fidelidad
de la obra realizada de la forma en cuestión.
La información artí.stica consiste en la proyección del símbolo estético sobre la conciencia del contemplador, mediante la forma que se vuelve el
vehículo simbólico al mismo tiempo que una parte, al menos, pero parte integrante, del sí.mbolo a transportar. Esta identificación, no siendo más que
parcial, de la forma a la idea que expresa constituye el ínclíce por e.'Ccelencia sino la prueba, de lo que se transmite de una conciencia a otra en
el curso de la información art'istica, no es solamente una idea o un objeto,
sino su sinceridad misma la que condiciona la autenticidad.
En estas condiciones, la información arústica adquiere un carácter de
comunión mística, y toda desviación del postulado de autenticidad formal
finaliza en un mito que, de hecho, es una mistificación. Las aperturas ofrecidas por una estética liberal en la dirección de lo posible y de lo tolerado
no dan nada por lo que fuere de las formas inauténticas legítimas. Es a través del carácter inauténtico de una obra de arte, y en virtud de la naturaleza
particular de las estructuras inadecuadas que expresa o que impone que
esta obra, tanto como la conciencia a la cual se debe o esta a la cual se
dirige, puede ser tachada, respectivamente, de conformismo o de deformación.

La actitud mítica conformista en materia de arte está, lo hemos dicho,
subordinada a algún postulado moral o político, por lo tanto anestético, que
no tiene nada que hacer con el sentimiento de la tradición social o religiosa
que el arte conservador expresa auténticamente, por el hecho de que la
prolonga en la mayoria de los casos. Si unas sociedades puritanas desaprueban
todo arte licencioso, esto no es más que sobre un plano moral y nunca social.
Lo mismo, si en nombre de un cierto realismo, unos artistas de envergadura
están obligados a proceder a una "autocritica", la razón es exclusivamente
imputable a una cierta línea política. Los mitos de conformismo estético
proceden, lo más frecuentemente, de una intención moralizadora de la autenticidad más dudosa.
En efecto, nadie cree en el carácter estético de las razones falsamente
invocadas para defender un cierto tipo de expresión artística, pero todos

66

fingen aceptarlas. Las conciencias estéticas no obstante esperan la primera
ocasión para liberarse renunciando.
No es lo mismo en el conformismo estético relativo a la tradición social
y religiosa. El arte popular expresa la participación sincera del artista en la
cultura de su grupo, étnica u otra; el arte sagrado, la participación del artista en un dogma particular. La autenticidad artística adquiere el valor de
expresión de una vibración común de conciencias estéticas. El conformismo
artístico favorece, de hecho, toda intención de deformación. Se favorece principalmente, en nombre del postulado de comprensión, o del de moralidad,
una insistencia en unas formas de arte hechas estériles o llamadas a hacerse
a largo plazo.
Los mitos artísticos, deformantes de por su naturaleza, apelan en principio al postulado de libertad; tal libertad, no obstante, degenera frecuentemente en licencia en cuanto a la evaluación de la forma. Se asiste a la apreciación entusiasta, por un público de snobs que se sienten así estar "estar
a la última", abortos arústicos cuyo solo carácter importante es la extravagancia. No es de distinta forma en las obras que, en primer lugar, se dirigen a los instintos y no a la conciencia, y a las cuales uno se adhiere por
razones estéticas. Es precisamente a este nivel que, por un curioso abuso de
lenguaje, se llega a confundir libertinaje con libertad, licencia con franqueza.
Para resumir, en cuanto es cuestión de creación artística, el concepto de
verdad puede ser comprendido como designando una sinceridad de vistas
y de intenciones; el de objetividad, como indicando una universalidad a alcanzar fuera de tiempo. En los dos casos, se tiene que hacer unas consideraciones que tocan la categoría de lo auténtico, de lo que está en lo opuesto
de encarecido, de esquemático, de habitual, de común, y también, de lo
que viene del fondo de la existencia.
Sobre el plano artístico, como sobre el plano científico, el mito está construido de todas las piezas por las conciencias que se llevan por una intención de inautenticidad, en la ocasión, estética. No obstante, el mito está,
sobre todo, sostenido por un vocabulario que se presta sorp1·endentemente a
unas confusiones deseadas. No es más que por un esfuerzo de precisión de
las categorías atribuibles a los objetos estéticos que se estará un día en condiciones de evitar equívocos de todas clases, de los que nada es involuntario,
y que todos denotan la existencia de malas conciencias cuya núst.ificación
estética parece ser el instrumento más anoclíno, pero no más eficaz.

67

�CAPITULO IV

EL MITO HISTÓRICO
Jacques Chevalier relata que en el curso de una de sus entrevistas con
Bergson (22 de marzo, 1921, in fine), éste le ha confiado que en 1917,
mientras que la primera guerra mundial estaba en su apogeo, había sido
enviado, con otros representantes de espíritu francés, a los Estados Unidos
para pleitear en favor de la causa francesa en tanto como "embajador intelectual (iterativo", como se diría hoy o como debía haber sido escrito en
algún reportaje de la actualidad de entonces) . Se habría muy fácilmente, de
formando la realidad, deducido que había sido nombrado oficialmente embajador de Francia ultra-Atlántico: mito debido a una confusi6n o simplemente a un error de interpretaci6n de un hecho particular, pero que
demuestra que la rectitud en la información histórica depende de una comprensión previa de los valores lógicos y epistemológicos a que están enlazados.
Esto es, naturalmente, evidente en el campo de la información científica;
contrariamente, en el campo histórico, se está demasiado frecuentemente
inclinado a descuidar esta exigencia que se confirma estar implicada por la
naturaleza de los acontecimientos.
La historia es, en efecto, por una parte, una serie de realizaciones únicas
encadenándose las unas en las otras según una causalidad que le es propia
y que condiciona a la unidad; y, por otra parte, una tentativa de reconstitución no solamente de esos acontecimientos, sino también de esta misma
causalidad particular por parte del historiador que se esfuerza, mediante
unas técnicas de interpretación, de volver a trazar los rasgos fundamentales. Más que el estudio de los acontecimientos, está preocupado por el de
sus causas. Es sobre este punto precisamente que aparece con más nitidez
en historia, así como se acaba de ver, la exigencia lógica; pues no podría
ser cuestión que tomar unos informes de causa con efecto sin fundar la
realidad sobre unos informes de valor semánticos a los cuales pueden estar
finalmente reducidos.
Estas reflexiones delimitan los contornos de la significación reconocida en
las nociones de verdad y de objetividad aplicadas a la información histórica.
Si hiciese falta estrechar el problema de más cerca, forzosamente habría que
admitir que, sobre el plano de los encadenamientos de los acontecimientos
hist6ricos, la verdad consiste en la autenticidad de la línea de separación
entre causa y efecto. Existe, principalmente, un margen de error para el

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historiador llamado a explicar la causalidad real a través de la causalidad
aparente. El problema de la verdad histórica entero está reducido a la cucsti.6n de desnivelaci6n posible entre la línea que separa el acontecimientocausa y el acontecimiento-efecto; pues una tal separación es frecuentemente
concebida por el historiador, en el plan temporal, de manera diferente que
no aparece al vulgar -estando el historiador en la medida de captar la verdadera causalidad en cada aspecto particular del proceso histórico. Verdaderamente, más que como una línea de separación entre lo de "antes" y lo
de "después", entre la causa y el efecto, la causalidad histórica se presenta
cada vez como un "modelo reducido" de procesos, como una zona o como
un margen en el interior del cual tales tensiones causales, ellas mismas temporalmente concentradas, se afirman no obstante en tanto como elementos
axiológicamente intensificables e intensificados. Temporalmente reducida al
mínimo, la causalidad histórica adquiere un máximo de intensidad y de
alcance. En este género de proceso histórico ya reducido a Jo esencial, el
historiador localiza, en el interior de una zona ya particular, un punto
mínimo que separa lo de "antes" de lo de "después"; la causa de] efecto;
reduce así, al segundo grado, lo esencial de lo definitivo.
Gaston Bachelard ha mostrado que la realidad posee una naturaleza "fibrosa", y que es en esta realidad que el sabio es llamado a distinguir unas
estructuras paTticulares complicadas, porque le son acordes. Pero, por otra
parte, Bachelard niega la existencia de toda oposici6n entre objeto y sujeto
del conocimiento científico. No parece ser de otro modo en la naturaleza
de la realidad histórica: ella misma fibrosa, esta última llama a una interpretación histórica que le sea adecuada. Todo el problema se encuentra, desde
entonces, reducido a una cuestión de equivalencia entre la temporalidad
que expresa la interpretación de la causalidad hlst6rica y la temporalidad
de esta causalidad misma. El punto mínimo al cual la temporalidad causal
está reducido marca la conceptualización de esta naturaleza de lo histórico por parte del historiador. La interpretación histórica es conforme a la
realidad hist6rica en la medida en que el punto, el mínimo temporal, que
marca la causalidad de esta última, coincida con el que es propuesto por el
historiador. Ciertamente, el peligro de esquematización está presente en esta
concepción de lo histórico; pero, más allá de la naturaleza "fibrosa" de
éste, hay lugar de manifestarse sobre lo decisivo que es, en un contexto causal, más que una reducción, una verdadera puesta en valor de lo esencial.
¿ Es posible, en estas condiciones, concebir una temporalidad hist6rica diferente de la temporalidad causal expresada por la relación "antes" "después'', mejor dicho, una temporalidad histórica "al contrario"? La distin-

69

�Cion hecha por Collingwood, entre el aspecto interior y el aspecto exterior
del acontecimiento histórico, a saber entre ]a apariencia, con frecuencia engañosa, que no parece obedecer a ninguna causalidad efectiva, y el fondo
interno del acontecimiento, revelado en la conciencia del que participa
intencionalmente en la creación del acontecimiento, y muy importante en la
circunstancia. Pues para Collingwood, conocer el pensamiento íntimo de los
protagonistas de la historia equivale a coger la causalidad de los acontecimientos que la constituyen. Así, por un cambio de su actitud habitual, el
historiador se co1oca sobre un pJano completamente "consciente" adoptando
una posición resueltamente bergsoniana, la de concebir en adelante la historia "de dentro", lo que no quiere decir negar todo objetivismo; al contrario, el historiador procede metódicamente, profundizando el pensamiento
del personaje histórico, para coger de manera adecuada, por lo tanto objetiva, la causalidad interna que conduce a la producción del acontecimiento
estudiado, por lo tanto a su comprensión y a su intepretación según sus estructuras íntimas.
Esta búsqueda de la causalidad histórica en la conciencia de los creadores
de la historia, lejos de obedecer a algún "psicologismo", no tiene más que un
carácter esencialmente metódico, y responde a unas nociones que, además
de un interés histórico propiamente dicho, presentan un interés moral, es
decir filosófico, a saber las nociones de intencionalidad y de kairicidad ( de
'ka.iros' ) . La noción de intencionalidad no sabría interpretarse ( de la manera en que ésta ha sido intentada después de Husserl) como totalmente
distinta de la noción de intención. En efecto, ya en Husserl, la intencionaliclad designa una necesidad de la conciencia que no sabría ser más que
conciencia de alguna cosa, según la concepción escolástica. Esta apertura
de la conciencia no debería considerarse no obstante como completamente
e tática. Pues, si es abertura hacia un objeto cualquiera, es igualmente abertura hacia un objeto que, bajo el punto de vista de la temporalidad se
coloca en el interior de una serie de acontecimientos dados, en un futuro
más o menos próximo del presente tomado como punto de referencia. e
supondrá la eventualidad de una inversión de la relación considerada colocándose sobre un plano "de conciencia", principalmente el del personaje
histórico, para concebir la intencionalidad de la conciencia como una expresión de su posibilidad de tener unas intenciones. La inversión operada permite al acontecimiento situado en el porvenir de adquirir él mismo las dimensiones y la importancia de un punto de referencia al cual se reduce
el presente, e incluso, de un centro de interés, de un centro de apelación,
por lo tanto un valor para la conciencia que se encuentra estar en adelante

70

totalmente comprometida en el camino de la realización del acontecimiento
concebido como realizable.
La causalidad histórica interna implica, por consiguiente, una inversión
de la temporalidad, instaurando una temporalidad aparte, puramente intencional donde, al sistema de las nociones categóricas de "antes" y de
"después" se superpone un sistema diferente, el de las nociones o más bien
de los valores categóricos de "aún no'' y de "nunca más", sin los cuales la
intencionalidad histórica, en la medida en que es, ante todo, un seguimiento de las ocasiones favorables a la realización concebido no sabría afirmarse. Es en estas condiciones que es posible de coger el sentido de la
noción de "kairicida.d" al cual se acaba de hacer alusión. A la inversa de
la co 1cicncia del historiador, la conciencia del personaje histórico está
decididamente orientada hacia el porvenir. Es pues falsear el contenido, la
orientación y la especificidad que el querer a todo precio, y en una perspectiva que parecería derivar directamente de la lección kantiana alinear la
segunda a la primera: peligro amenazador para el verdadero conocimiento
de la realidad cumplida, vuelto tanto más probable como que es debido a una
deformación constante de esta realidad por los historiadores que, en su
confonnismo "indolente", no dudan en modelar cada uno su actividad sobre
la de los otros. La información histórica adquiere pues, a nivel ya de la
metodología aplicada a la investigaci6n, una inflexibilidad altamente deformante de la realidad, al punto que la concepción misma de la verdad histórica se encuentra profundamente afectada.
El mito histórico es posible gracias a la inadvertencia metodológica de
los historiadores. En sí, no obstante, el mito histórico se forma y vive por
una mala conciencia o un grupo de malas conciencias tan pronto como una
concepción histórica, reconocida como siendo errónea, se vuelve el punto
de vista fijo al cual esta conciencia o este grupo de conciencias se adhieren
para sostener la verdad y la exactitud por oposición a la concepción que
tiende a sustituirse. No se trata de ningw:ia manera aquí de empujar las
cosas al extremo poniendo, por ejemplo, en duda la legitimidad misma de
los cimientos tradicionales de una nación, juzgándose estos cimientos necesarios a la existencia de una conciencia nacional. Se trata más bien de
subrayar el carácter inadmisible de ciertas aseveraciones comúnmente admitidas hasta sin haber sido discutidas y CU)'a. verdad ficticia es mantenida
con fines de explotación, política u otros.
Tal concepción nacional o económica se supone expresa un postulado
de idealidad o una necesidad real que tiene que triunfar a cualquier precio.
Es suficiente que esta concepción se realice, incluso por algún medio que la

71

�moral humanitaria repruebe, para que sostenida por la fuerza de las cosas,
se erija en dogma; es suficiente, por contra, que, por unas razones con frecuencia mal definidas, su realización sea comprometida, para que sea juzgacla inadmisible, es decir criminal. Es aquí, más que en otra parte, que se
aplica la palabra de Pascal sobre la verdad concebida como tal o como error
por una parte y otra de los Pirineos. Se reclama, habitualmente, unos mismos acontecimientos históricos para confirmar o para invalidar una tesis
política. La "politización" de la historia, oJ más exactamenteJ la intención
de "politizar" la realidad histórica con el fin de sacar provecho, está principalmente fundada sobre la posibilidad de "mistificación" de los espíritus.
Es en el curso de este proceso de deformación de lo histórico en virtud de
un pretendido conformismo con respecto del acontecimiento interpretado
arbitrariamente, pero también con una cierta intención, que se utilizan los
medios más diversos de deformación de ]as ideas y de los hechos. Ocurre
también que el mito histórico se presente bajo la forma de una combinación
o de un complejo de concepciones científicas y culturales, y que sea bajo
esta misma forma que pretenda la universalidad más absoluta.
Raymond Aron sostiene con razón que hay unos limites en cuanto a la
objetividad con la cual toda investigación histórica puede ser emprendida
y conducida. Se podrían distinguir dos principales niveles de referencia del
mito histórico, por una parte, principalmente, un nivel "de acontecimiento",
considerado tanto como nivel de concepción filosófico de la historia, y que
presenta él mismo dos aspectos particulares bien distintos, según que la
conciencia histórica se refiera al pasado o al porvenir; y, por otra parte,
un nivel "heroico" sobre el fondo del cual están proyectados dos distintos
mitos de personajes míticos. A nivel "de acontecimiento", se puede considerar que la estructura del mito histórico responde a un esquema de evolución, o a un proceso, concebido e impuesto a priori según la intención
de la conciencia o de las conciencias que se aplican. En este contexto, la
causalidad histórica se interpreta según las aspiraciones deformantes de
la realidad. El pasado histórico es así deformado con vistas a ser doblegado
a las exigencias del presente. Tal es el caso de la poesía, cuando con Hesiodo,
se esfuerza en mostrar que la edad actual de la humanidad es la última de
una serie de fases de decadencia, y que el hombre griego del VIII'&gt; siglo
debe darse cuenta que su salvación no depende más que de él solo; o cuando,
con Virgilio, presenta Eneas como la antepasada de Augusto. La poesía
histórica de Voltaire no está tampoco exenta de tales exageraciones. En
Herodoto, el esquema "hibris" "némesis'', aunque se trate de personas o
de imperios, vuelve sin cesar con una insistencia y una regularidad que no se
encuentra más que en la tragedia griega. En Michelet, el idealismo exa-

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gerado de la intención histórica empuja a unas interpretaciones de hechos
que tienen fantasía pura. No hay más que considerar la manera en que el
mito mismo de Juana de Arco está tratado para convencerse.
El porvenir está, él también, considerado sobre todo en función del presente. Los historiadores griegos han estado muy atentos a este respecto, y
se han confinado a los hechos solos. Es a la concepción hebraica de la historia, o más bien a la historia hebreica, que es imputable esta tendencia
del historiador a objetivar la intcndonalidad de su propia conciencia. El
mito del porvenir, como el mito del pasado, responde a unas necesidades
sentidas en el presente, a unas necesidades urgentes de legitimar unas aspiraciones que pueden contra-balancear unas decepciones repetidas. Los diversos tipos de revelaciones proféticas responden a una necesidad real de
extender la historia más allá del presente limitando el carácter indefinido
mediante unos límites significativos así puestos con vistas a dar un sentido
a la actualidad. Todos los "profetismos" de nuestra era, comenzando por el
"profetismo" augustiniano, han sido construidos sobre este esquema. Los
"profetismos" modernos, los de Hegel, de Comte o de Marx, se diferencian,
no obstante, del hecho que se refieren a un porvenir próximo, mientras que
el esquema augustiniano "creación-redención-juicio" supone un porvenir más
o menos alejado. Hegel y Comte quieren que el porvenir esté ya atacado.
Más prudente, Marx lo rechaza ligeramente, sin incluso fijar el principio,
así como lo hace, por ejemplo, en el XIII9 siglo, Gerardo del Borgo San
Donnino que, previendo la "liberaci6n" de los Cristianos del "yugo" de la
Iglesia, preconiza el advenimiento de un estadio dominado por el "Espiritu", como continuación a los estadios del "Padre" (Antiguo Testamento)
y del "Hijo" (Nuevo Testamento), y cuyo principio está curiosamente, pero
bien imprudentemente, colocado en el año 1260. Unas concepciones análogas
pasan con frecuencia en el folklore de pueblos oprimidos reclamándose de
un pasado glorioso. El esquema sub-yacente en este caso es, ante todo, un
esquema vagamente analógico: punto de convicción, pero implicación histórica; punto de garantía lógica, pero creencia de origen afectiva. La aspiración psicológica reviste, de esta forma, una vestidura de causalidad histórica.
A nivel propiamente "heroico", el mito histórico se vuelve esencialmente
un mito de persona o de personas. El nacimiento de los héroes corresponde
a una necesidad cuyo aspecto primordial es un aspecto psicológico. El héroe
es, sobre un plano muy particular, la encarnación de la historia en un momento dado. La "dialéctica" de lo actual y de lo duradero se manifiesta
en la formación de los mitos heroicos. Haría falta en la circunstancia distinguir la historia de los héroes míticos del mito de los héroes históricos.

73

�Los primeros son unos individuos con cualidades y con posibilidades de
superhombres. Gilgamesh, Heracles o Ulises son unos seres que afirman su
condición humana a través de unos esfuerzos repetidos con el fin de superar
unas dificultades cuya malevolencia de alguna potencia sobrenatural les
abruma. Por la calidad de sus esfuerzos, se elevan a nivel de símbolos de la
humanidad. Hombre como Ulises, semi-Dios como Heracles, el héroe mítico
debe cumplir el mismo género de hazañas imposibles antes de liberarse de
una maldición que pesa sobre él y que le tiene bajo su empresa, tal como
un sortilegio.
La historia del nacimiento del mito de tal s héroes puede ser vuelta a
trazar en el espacio y en el tiempo. o hay pueblo que e té privado de su
mundo de héroes. La creación de este mundo corresponde a la necesidad
ele afirmación, por este pueblo, de su propia existencia, de su propia individualidad. Obedece a unas leyes generales, y parece tener lugar según unos
modelos arquetípicos comunes. La conciencia de los pueblos tiene necesidad
de erigir unos tipos de individuos en símbolos que expresan el vigor. La
imaginación colectiva, alimentada por la forma que esto mitos adquieren
a través de su elaboración literaria, acaba por integrarlos en un contexto de
funcionamiento más o menos hist6rico. Alrededor del origen mítico crea
una aureola cuyos elementos esenciales están tomados de la historia, a una
histmia en que este origen se vuelve, a su vez un elemento de estabilización.
Tal es el caso del mito de Ulises, que está integrado en el contexto histórico
&lt;le la guerra de Troya, y del que se perpetuará, de su lado el recuerdo.
Un proceso inverso parece prevalecer en el curso de la formación de los
mitos de héroes históricos; dicho de otra manera, este tipo de héroe parece
emerger de un contexto histórico bien definido para cristalizarse en leyenda.
No sostiene la realidad de los acontecimientos históricos sino que está al
'
'
contrario, sostenido y reforzado. El caso de la formación del mito de Juana
de Arco es un caso típico. Es suficiente de seguir la manera en que un historiador de la clase de Michelet utiliza e te mito para comprobar a qué
punto tales creaciones pueden influenciar la conciencia de los historiadores,
después de haber influenciado la actualidad histórica. No obstante, los dos
procesos considerados presentan ciertos parecidos, es decir ·erto trazos comunes. En principio, la presencia del elemento sobrenatural que se manifie ta a través, por una parte, &lt;le un imperativo al cual el héroe se somete
de grado (Gilgamesch, Heracle Juana de Arco) y, por otra parte, a través de una serie de intervenciones de potencias sobrenaturales que se consideran ser favorables sea a los héroes (Ulises) , sea a la empresa que le ha
sido asignada, sea, finalmente, a la causa que defiende (Juana de Arco) ;

74

después, y a pesar de la existencia de todo un abanico, de toda una gradación en cuanto a la fuerza física de que el héroe dispone (Hércules dispone
de una fuerza excepcional; Ulises está obligado de unir la astucia a la
fuen:a: Juana de Arco es una mujer), la intervención compensadora del
elemento sobrenatural es tal que el triunfo del héroe o de la heroína está
siempre asegurado; finalmente, la acción del héroe sobresale siempre, y basta
gratuitamente, en la buena causa, la del triunfo del bien sobre el mal: Gilgaroesh, Heracl y Ulises son castigados por haber pecado, pero expían su
pecado por sus proezas y sus desgracias les vuelven simpáticos, al punto de
merecer la asistencia de las fuerzas sobrenaturales del bien; Juana de Arco
es la in cente obre la cual recae la elección de conducir una nación humillada a su renacimiento. Los trabajos de Hércules, como los altos hechos de
Juana de Arco, no les valen ningún reconocimiento; su suerte común hasta
erá de perecer sobre la hoguera, bien que por razone aparentemente diferente . En su caso, el elemento purificador es el fuego· i!rual como en el
caso de Ulises, es el agua.
Los análisis que anteceden permiten pasar al estudio de los mitos históricos contemporáneos con el fin de revelar los caracteres más importantes.
e comprobará al primer golpe que la mayoría de estos mitos conciernen a
unos personajes reales elevados al rango de héroes. Estos mitos históricos
no se hubiesen nunca impuesto sin el consentimiento, y mejor dicho la
complicidad de las conciencias receptoras desestimadas fácilmente de sus
derechos a la crítica de los acontecimientos y de las condiciones en las cuales
estos mitos han sido elaborados; cansadas o inquietas. pusilánimes o intimidada aceptan ualquier información que les es presentada como verdadera, mientras que apacigue sus dudas.
Lo rasgos principales de estos mitos recuerdan sorprendentemente los de
lo. mito "heroico " clásico que se refieren a unas figuras legendarias, tal
1 mito de Juana de Ar ·o: primeramente, hacen su aparición en el curso de
p ríodo de depresión, cuando las conciencias atormentadas están dispuestaS
a b01rarsc ante la tentación del prestigio· en segundo lugar, hacen del "hé.roe" el hombre providencial que sabrá luchar por la buena causa del enderezamiento; en tercer lugar y a cualquier precio, presentan a este "héroe"
como inspirado, como virtuoso, y por ello mismo, como desinteresado, como
teniendo que alcanzar el éxito ahí donde los otros individuos grupos o forma iones, han ya fracasado ( de hecho, son con frecuencia estos mismos grupo- que encuentran en la persona del "héroe" un sustituto, antes de estar
definith·amente desposeídos por él en cuanto se encuentra en condiciones
de imponer su propia voluntad). El caso de la creación del mito de Bona-

75

�parte d~ los más típicos; no , por así decir, aislado, sino forma, al contrario
una especie de modelo obre el cual unos mitos análogos han sido creados
a continuación _en unas ondiciones más o menos análogas. Ciertamente (y
en el caso preclSO evocado, to es indi u tibie), el mito no tá desprovi to
de toda objetividad; pero el aparato colocado para difundirlo y para imponerlo a la larga, aparato que
vuelve 1 sistema científicamente elaborado
en el curso de la prim ra mitad de nuestro siglo, posee todo los caracter
de la mentira, y pochía ser invariablemente cl mismo en el caso de un
personaje completamente dif rente. ea lo que sea. a la d bilidad del Directorio engañado a su vez, sucederá siempre la fue17..a del Consulado. La.
imposición de las ''llagas del Faraón' a los hombres por unos hombres o,
al menos, la pue ta en guardia contra tal ~ llagas eventuales no tiene otra
finalidad por parte de uno más que el hacer nacer en los otros un sentimiento d culpabilidad y por con iguiente, la n e idad de una redención
que no pu de venir más que de aquéllos: insolencia o maldición del hombre que reniega de u natural za aspirando a volverse igual a la divinidad.

El esquema "hibri.s" 'n mesis" esquema herocloteaoo, parece poder aplicarse a varios casos parecidos por unos esptritus in enuam nte "históri
'
demasiado fácilmente inclinadas a sucumbir al encanto de una concepción
trá ·ca de la historia. De hecho, las cosas
pasan mucho más sencilla·
mente: e.l solo esquema que
vuelve a encontrar con tantemente en todos
tos procesos bist6ri os es el del conformismo en la deformación. Hay demasiad
dimisiones espontáneas o d
das entre los débiles en provecho
de 1 s que tienen figura de fuertes; y demasiada voluntad de creer en lo
upcrhombrcs entre las conciencia ing nuas y, en todo caso, desorientadas
o guiadas más por una pasión, además creada de cualesquiera pieza , y
sabiam nte mantenida del e ·terior, más que por un razonamiento clari idente. E tas conciencias se complacen en un tal conformismo defonnant
en e te culto de los ídolos del que Vico, d pu Bacon, hace estado y basta
el día en que la verdad estalla, en que el mito se de plome. o la heroi idad
tome fin. Por prudencia, la denuncia del I culto de la personalidad" so revien enseguida. ¿ Se volverá? La nostalgia es el estado del alma donde
llega a olvidar lo más en provecho de lo menos. Es basta po ible que, d
ahí, se venga a crear un mito nuevo en el cual el mito anterior podrá
sobrevivir. Pero to es ya leyenda. . . La informa ión sobre la realidad
actual en tránjto de volverse histórica i ora, con más frecuencia, estas verdades cuya e.'Cperiencia personal más corriente ofrece unas repeticiones indicativas. Tributaria de conformismos convencional , hace un uso inconsiderado de los sofismas más engañosos.

Sobre el modelo de 1 micos heroicos, otros mitos, impersonale son
creado , pero en lo cual se denota una preocupación análoga de heroi•
zación, de "superhumanizaci6n". sí nacen, por ejemplo, el mito de la
"nación invencible" el del "coloso militar", o el del "coloso económicoº, etc.
Estos mitos tán, aún más r u ntemente que lo otr . eri ·dos de valores.
Las técnicas de la propaganda y de la publicidad on idénticos. La v rdad
multidimensiona1 y se encuentra iemprc un
go por dónde al nzar al
meno un aspe to particular. El método histórico elaborado desde el principio d 1 siglo podría aplicarse a la actualidad tal como lo es al pasado.
La crítica de los monumentos, de lo documentos &gt;º de los t timonios, ofrece,
aún en el caso en que la superchería no es ostensible, uno medios de detención de lo real. No será necesario el proceder fuera del estadio de lo
heurístico al de lo hennenéutico, revelándose las causas de tales mitificaciones demasiado evidentes para que uno no e dé cuenta enseguida d la
futilidad de tal empresa, futilidad no de la finalidad, sino del objeto.

La sed del hombre actual (desvinculada de todas sus aspiracione román•
ticas), para unos mitos heroica (las filosofías de la historia del tipo de la
de Carlyle abundan), es tal que en defecto de héroes politicos o de ideologías proféticas de las que es rápidamente desen añado,
contentará con
ídolos del mundo de los deportes y del espectáculo. El papel de la prensa,
bajo todas u formas, en la información y, por consiguiente, en el proceso
d la formación de mitos sobre la actualidad, política u otra, es enorme;
sus responsabilidades lo son igualm nte. La dificultad reside en el hecho
de que muy frecu ntemente, unos mitos erigidos en valores han sido talmente integrados en un sistema de valores ya e tablecidos que
impo ibl
proceder a alguna demitificación sin que este !.istema ufra. Poder central
o grupos de presión, según la forma de vida pública considerada, ti nden a
imponer sus propios mitos a un i tema informacional que le es adicto pero
cuyas conciencias individuales pueden permanecer independientes. o es el
quivocado, es el m ntiro o que parece ser condenable; no por unas razon s
morale , se entiende, sino porqu arri s a bloquear, en un momento dado,
el fun ionamicnlo d l sistema en su totalidad. Se e indulgente con respecto
a un error, pero difícilmente se perdona una mentira. El descubrimiento de
una mentira acarrea inevitablern nte la laboración de nuevos mitos etiológicos -una serie de sofismas de tinados a sost ner una causa perdida de
antemano.
brc los planos de la ciencia, del arte y de la his oria, conformismo y
deformación en la información son dos actitudes comunes. Inherentes a toda
expresión de la actividad del hombre, están dictadas por su naturaleza, o

77
76

�bien ellas mismas se deben a unos factores estructurales exteriores que condicionan su vida, conjuntamente a los distinto aspectos bajo los cuales la
lógica afectiva se manifiesta en él. Más aún que sobre los otros planos, no
obstante, es sobre el plano de la historia que el peligro es más inminente;
pues este plano cubre los otros dos en la medida en que se puede concebir
una axiología histórica de la marcha de la ciencia y del arte. Ocurre que
unos modelos de procesos particularmente históricos sean igualmente revelados en estos campos.
Nuestra época es una época de relativismo si no de relatividad, y la profusión de mitos particulares, opuestos, si no contradictorios, no hace más que intens~car este carácter de denegación del valor absoluto; de manera que
lo nutos actuales, por elaborados que estén, no podrán ni siquiera, vistos los
re~m-sos técnicos de los que sus promotores disponen tan ampliamente, enraizarse en nuestra cultura y en nuestra civilización, estando inmediatamente
impugnados por otros mitos tan poderosamente (y, por las mismas razone
ineficazmente) concebidos y sugeridos. Nuestra época es la de la desapari~
ción de las grandes figuras individuales, bastante numerosas no obstante para
ba_star ª. fijarle (objetivamente y sin que ello necesita la creación de algún
m1to umversal), por su solo número y su solo dinamismo, el sello de la
grandeza épica.

ÜAPÍTULO V

LAS ESTRUCTURAS DEFORMANTES
"¿Estamos demasiado informados?" se preguntaba recientemente un periodista francés (P. Drouin, El Mundo, 8 de abril de 1973). En realidad,
no sólo se comprende esta pregunta cuantitativamente sino también cualitativamente. Hacíamos una alusión a la primera eventualidad al comienzo
de nuestra entrevista inicial en la que nos felicitábamos de los logros alcanzados por la ciencia, por la cultura y por la economía en el campo de la
información. En cuanto a la segunda eventualidad, "mucha" información
no significa necesariamente "buena" información. La cantidad influye sobre
la calidad. Por razón de la demasiada o de la falta de información, puede
suceder que la calidad de los datos informativos se resiente cuando ]a capacidad de las estructuras colocadas o formadas por ellas mismas, para
este efecto, se encuentra sobrepasada. e asiste entonces a manifestaciones
de incomodidad. Enseguida, se utiliza un proceso de información, sea para
78

subrayar, sea para mmnruzar la importancia de la información -siempre
con el fin de mantenerla adecuada a la capacidad de las estructuras en
cuestión-. Se trate de una amplificación o de una elección. de una selección
o de una e"'trapolación, este género de deformación, por llamarla así, reguladora, no puede imputarse a una mala intención. Tal intención sólo es
eventual; por otra parte sólo se hace manifiesta más tarde, y si ciertas condiciones favorecen _su aparición. Por el contrario la deformación de los datos
informativos está condicionada por la naturaleza misma de estas estructuras
mencionadas que juegan un papel de medios que ejercen cierto filtraje. Son
dispo itivos si no concebidos, al menos empíricamente formados y, de todas
formas, que re ponden a las necesidades de equilibrio entre información
ofrecida e información recibida, entre potencialidad y efectividad.
Poch-ían distinguirse tres catego1ias y, partiendo de tres niveles de estructuras reguladoras • deformantes". Por una parte, estructuras individuales
propiamente dichas, que tratan sobre las e.xigencias lógicas y psicológicas;
por otra parte, cslructuras institucionales, que tratan de las exigencias sociológica y culturales; finalmente, estructuras axiológicas que tratan sobre las
exigencias morales. Lejos de s.er independientes las unas de las otras estas
tres categorías de estructuras se estructuran por si mismas en un s.i tema
coherente, en el interior del cual adquieren respectivamente el grado y la
impottancia de causas, de medios y de efectos. Situando cada categoría de
csb.·ucturas en uno de los extremos de un triángulo imaginario que se supone
que puede invertirse, de manera que una tras otra, cada una de ellas Yepresente la cima, se obtendrá una imagen esquemática, ciertamente, pero
instructiva, de la unión, incluso de la interacción que unifica el campo operativo de cada una de estas categorías de estructuras. Las primeras son
subjetivas, las segundas objetivas, las terceras "objetivadas".
A) Si fuera necesario plantear una definición de estructuras deformantes
individuales, trataría principalmente sobre el carácter más sobresaliente y
aparentemente el más discutible, a saber su universalidad. En efecto, estas
constituyen modelos de comportamiento de las conciencias frente a los datos
informativos. Por razones condicionadas por las formas habituales de paso
del .individuo a la persona, falsean estos datos, sea para asimilarlos por subsunción, a nociones o a dictámenes ya aceptados como lógicamente impecables, sea para someterlos a esquemas de actividad intencionada. Además, no
sólo se explica asi la noción de estructura individual sino también el campo
operativo en el que tal explicación es valedera. Nos damos cuenta desde este
momento que las estructuras deformantes individuales se relacionan conjuntamente con los campos lógico y psicológico, en razón del soport de
79

�objetividad que la universalidad real del primero ofrece al carácter subjetivo
de la pretendida universalidad del segundo.

razonamientos invertidos, atestiguan las posibilidades de deformación en
este plano.

En el campo de las inferencias 16gicas, se invocarán primeramente ciertos
esquemas relativos a las aplicaciones del principio de identidad. En lo que
concierna a los esquemas de noci6n, se entiende que cualquier información,
sea sencilla o comporte implicaciones que la sobrepasen, sólo se acepta y se
reconoce como tal si es subsumable a una noción fijada anteriormente; debe,
por decirlo así, cumplir las condiciones lógicas requeridas para estar formalmente catalogada entre los datos asimilables por el pensamiento. La forma
más común bajo la cual una información se ofrece a la conciencia, es la de
un juicio de tipo clásico, explícita o implícitamente formulado. Este juicio
comporta, naturalmente, al menos dos nociones, el sujeto y el predicado,
siendo este último positiva o negativamente confirmado a propósito del primero. Todos los tipos de proposiciones distinguidas por la lógica moderna
deberían en principio reportarse a este tipo fundamental de juicio definido
por la lógica de Aristóteles.

Además, como la filosofía, la ciencia, que ha dependido durante mucho
tiempo de la lógica de Aristóteles, ha sido incontestablemente esencialista.
Gaston Bachelard deploraba hace poco tiempo que la química clásica, por
ejemplo, se ocupara de las condiciones extremas implicadas en una reacción,
y no de la reacción misma y que estuviera al acecho de situaciones estables,
que sólo pueden expresarse en los términos de la lógica clásica, y no de
situaciones fluidas correspondientes a un devenir. En el ejemplo ya mencionado de juicio, las dos formas de las que se ha hecho inventario son idénticas
en cuanto al modelo al cual responden: en los dos casos se puede recurrir
a la cópula, lo que lleva a afirmar que los predicados respectivos designan
cualidades y no estados: esto es cierto en el segundo caso y falso en el primero. Este género de deformación lógica ha podido por lo tanto, en el curso
de cuatro siglos de ciencia experimental, falsear el contenido, a despecho de
la experiencia cotidiana la cual, si bien puede referirse a hechos y no exclusivamente a nociones (y, en consecuencia, no cae en la trampa esencialista
tendida por una lógica construida únicamente con vistas a una ciencia que
tiende a la clasificación), es, sin embargo, incapaz de proceder a las distinciones necesarias para este efecto.

Cuando digo: "la cera se funde", esto supone un cierto número de operaciones a través de las cuales se comprende el sentido de la proposición.
Ya Kant había establecido una distinción entre juicios sintéticos y juicios
analíticos. Partiendo de esta distinción, la noci6n de cera se entiende de
manera diferente, ya como cera en general, ya como un trozo de cera preciso. Nos encontramos ante una cierta paradoja según la cual cuanto más
preciso es el predicado, más se toma necesariamente el sujeto del juicio en
su acepción más amplia. En efecto, si se precisa: "la cera se funde a la
temperatura de sesenta grados", ya no hay manera de confundirse: ya no
se trata de "este trozo de cera", sino de la cera en general. La informacióo
está tanto menos sujeta a deformaciones cuanto que se presenta con términos
precisos. Así, según que la noción de cera se entienda en un sentido general
o en un sentido particular, el predicado "se funde ..." se entenderá como
demostrando un hecho o una cualidad. En eJ primer caso se dirá: "la cera
( que veo) se está fundiendo", en eJ segundo caso: "la cera es una sustancia
orgánica sólida que, cada vez que se somete a una temperatura apropiada,
se funde sin remedio". En cada uno de los casos el predicado es diferente
porque el sujeto está tomado en una acepción diferente. Basta, no obstante,
concebir la posibilidad de paralogismo o de sofisma para precisar la acepci6n
en que se desea tomar el sujeto, escogiendo el predicado respectivo, de forma
que esta acepción esté automáticamente implicada como la única concebible
en este caso. Sofismas célebres desde la antigüedad, el "Epiménido'' o los

80

La información sólo vale como mensaje objetivo, en el caso en que esté
conforme con las exigencias de los principios lógicos, siempre que estos no
deformen los datos en bruto, sometiéndolos a ciertos esquemas de interpretación que imponen en cualquier ocasión al pensamiento. Esto es todavía
más manifiesto en el caso de la aplicación del principio de la causalidad.
Aun aquí, nos enfrentamos tanto a exigencias de noción como de relaci6n,
por parte del pensamiento, Tomemos de nuevo el ejemplo anterior: "la
cera se funde a ... sesenta grados", es un juicio que puede entenderse igualmente desde el punto de vista de la causalidad. En este caso, el elemento
"a . , .sesenta grados" no significa "cuando ..." o también "todas las veces
que ..." (implicación temporal), sino más bien "porque alcanza sesenta grados" (.implicación causal).
Dejemos no obstante este campo de Ja información científica, para tomar
otros ejemplos en un campo completamente diferente, el de la información
histórica; campo diferente, ciertamente, mas en el que se encuentra de nuevo
una implicación causal. La proposición (elíptica) ''Hannibal {est) ante
portas" puede juzgarse hoy como desprovista de cualquier sentido de actualidad. Pero, para los habitantes de Roma en la época de la segunda guerra
púnica, podía constituir una información de la mayor importancia, ya que
81
HUMANITAS-6

�se trataba de una amenaza inmediata de saqueo de 12 ciudad, "Hannibal''
ya no se considera una noción individual, propiam nte hablando, sino una
noción que representa esta amenaza. Esta noción, este nombre está pues lleno
de sentidos sobrentendidos entre los cuales el de amenaza de destrucción
inminente es el más importante (implicación causal) . El elemento " (est) ante
portas" de la frase no significaría en forma alguna, en este caso, un rasgo
ncial del cartaginés, sino un rasgo accidental que refuerza la acepción
causal del elemento "Hannibal", entendido en un momento dado de la
historia.
' pues, el segundo elemento que viene a precisar el sentido del
primer el mento (a saber: "peligro para Roma") se comprende como el
refueno dramático (a saber: 'peligro inminente'').
La relación de causalidad implicada por los dos miembros de la {rase no
es la misma antes y d pué d la retirada de Aníbal. El punto crucial está
marcado en ta circunstancia por el tiempo entre esta retirada y la marcha
que la ha pre edido. En uno de los casos se trata d un hecho probable:
"el avance de Aníbal hasta este punto tremo debe, pu de ser que ine,;itablcmente, causar la pérdida de Roma"; en el otro caso
trata de un hecho
incont table: "la retirada ine perada (si no inopinada) de Aníbal se debe
al avance extremo mismo, que el agresor mide en sus consecuencias inmediatas". El desenlace dramático del acontecimiento vacía la. proposición
"Hannibal ante portas" de cualqui r ntido de actualidad, pero no de sentido de probabilidad por lo cual la implicacjón causal tiene importancia
Aquí, la deformación consiste en tomar, por anticipado, un hecho probable
por un hecho cierto y además, condensar en una frase de carácter dramático
acontecimientos desplegados en el tiempo. P. Crimal ha subrayado no obstante el carácter irracional de la interpretación de la salvación de Roma por
el poder, así como sus implicaciones culturale .
En el campo de las inferencias psicológicas se evocarán sobre todos los
esquemas relativos a las ruv rsas reacciones provocadas por las informaciones
que \'an en el ntido o al encuentro de deseos y aspiracion , de dudas y
temor . En todos lo casos los aspecto lógico y psicol' ·co se reúnen en
la línea de la "lógica" afectiva y de una cierta "intencionalidad". Pero, lo
que importa, es que el acercamiento de dos aspectos se hace ya en el estadio
de la formulación de la información. Esta fonnulación sugiere, si no impone,
una interpretación particular del hecho conducido ante que cualquier otra.
o es pu en las concienci receptoras donde se opera la deformación :
sencillam nte, la información así formulada encuentre disposiciones que fa.
'li n la interpretación, en un sentid dado del hecho en cu · tión. Por

ambas partes la exigencia de universalidad esté llena en razón de la relación
de causalidad invocada.
B) Las estructuras deformantes institucionales por su parte, son ya sociales,
pecüicamente culturales. Las primeras conciernen a la manera en que se
deforma la información por las conciencias emisoras, relativamente a los
modelos de organización básicos que se juzgan necesarias; las segundas
onciemen a la man ra en que ésta se deforma en las conciencias receptoras,
refiriéndose a modelo unánimemente reconocidos como ejemplares. o obstante las dos interesan por sus prolonga iones mutuas respectivas. En lo
on emiente a las estructuras sociales,
por ej mplo innegable que son
inherente a la fonna en que Jos diversos grupos sociales están compuestos.
Que estos se distingan en una base económica o no, la deformación del
hecho ofrecido omo informa ión se opera al nivel d lo que se considera
indi pensable, obligatorio y razón suprema. Lo que importa en la maror parte
de los casos, , como se afirma, la continuídad del istema social en el interior del cual se da la información. Es la tructura misma de la organización
social que constituye el modelo subyacente de la estructura de los m canismos
de trasmisión de la información. Esta tructura parece que debe expresars
y cristalizarse en los di..,.ersos mito formados precisamente para subrayar la
inalterabilidad de la organización en cuestión, y preservar la integralidad
transformándose en modelos a su vez.

ya

De model011 de información de las conciencias, los mitos
transforman
en efectos y aun en causas. e pasa de lo social a Jo ultural. La organización
familiar, tribal o nacional, pre5enta sus propias exigencias de información,
adaptadas a su estructura particular, que sostienen y refuerzan. En la pera,
tas exigencias se conciben enteramente como expresiones de una n esidad
compleja que emana del carácter duradero de la organización social y en
el último análisis, de la sociedad dada: ya que un organismo como éste una
sociedad, no puede existir si no es durad ra, no puede ser ella misma i su
organización interna no existe. La información
deformará en este caso,
tranlformándose de social en cultural, para que pueda adaptarse más fácil,nente a las aspiraciones d las conciencias.

Los análi is de Cl. Levi• trauss aclaran de manera convincente como, no
sólo las técnicas sino tan1bién la organización de la vicia en las sociedades
indoamericanas, se refl jan en los mitos: técnicas adaptadas al carácter particular de cada región geográfica, organiución del trabajo confonn a las
técnicas utifuadas, mitol ía &lt;l tinada a prot er el carácter duradero de
1 modelos d actividad social suministrando modelos de moderación, de exclusión y de 'hibris", partiendo de una conducta irreprochable. La oposi83

82

�dones se palían mediante fórmulas en las que se reflejan no sólo las exigencias de rendimiento óptimo, sino también la preocupación por sobrepasar
cualquier dificultad debida a la fluctuación de los datos exteriores a la actividad humana. Trabajo y economía están pues, entre otros factores, en el
origen de cualquier deformación informativa que contribuya a mantener
duradera la organización.
Es en el paso de lo social a lo cultural (y es lo que subraya no obstante, las
relaciones entre los dos campos) donde la información técnica, pero que se
presenta como mítica, se deforma. Esto se justifica no sólo por los resultados
prácticos obtenidos, sino también, más particularmente, por las aperturas
ofrecidas a la espiritualidad humana estimulada, de esta forma, en sus actividades. Cualquier filosofía política debería tener en cuenta este hecho, así
como que ciertos aspectos de la actividad cultural no pueden reducirse a
aspectos económicos, sino a exigencias espirituales propiamente dichas. Las
instituciones económicas y las instituciones culturales se transforman, unas
tras otras y aun a la vez, en causas, medios y efectos, por razón de las influencias recíprocas que ejercen entre ellas.
En el plano puramente cultural, se distinguirán diversos aspectos de las
estructuras deformantes de los datos de la información a partir de los aspectos que la actividad cultural pueda revestir. Nos referiremos en primer lugar,
a las técnicas modernas salidas de las técnicas primitivas, y desarrolladas
según las exigencias económicas y sociales. Las sociedades que han accedido
al nivel industrial hacen un uso amplio de las posibilidades que les ofrece la
técnica para orientar sus actividades hacia un rendimiento mejor y también
(es lo esencial) hacia una mayor venta de su producción. Las sociedades
llamadas "post industriales" no se escapan a esta regla que han desarrollado
no obstante, que parece ser universal, y que se resume en cierta fórmula
mediante la cual, el mejor resultado debe obtenerse con el menor esfuerzo.
Esta regla se ignora desde el momento en que se desprecia la relación existante entre las dos acepciones posibles del término de referencia de la noci6n
de resultado, a saber su acepción restringida y su acepción ampliada. Cualquier diferencia entre sistemas económicos podría, bajo un cierto ángulo,
reducirse a la cuestión de la prioridad acordada a cada una de las dos
acepciones. La Técnica y la tecnología se vuelven desde este momento, medios
de influencia sobre las mentes. Asociando las técnicas de comunicación y de
persuación, las técnicas de producción están preparadas para orientar las
conciencias en la dirección deseada. Es cierto que, en el pasado, los medios
ut.ifu.ados revelaban todos cierta sofística: se dirigían todos a la razón, una
raz6n debilitada por las alusiones continuas a la afectividad; esta técnica

84

particular que se podrfa calificar de téaúca de creacon de motivaciones
consistía en orientar indirectamente las preferencias hacia lo que se tenía
que volver deseable. Las técnicas actuales recurren a la afectividad indirectamente por el símbolo, o aun directamente, por ]a imagen, con el fin de
obtener resultados aún más espectaculares. Las técnicas espantosas de la
intolerancia y del fanatismo, religiosas o políticas, técnicas que recurren a
la repetición y a la exclusividad de la información, se han reemprendido
con la actividad tan prosaica, pero tan rentable, de la publicidad. La violencia ejercida en otros tiempos sobre las conciencias continúa, aunque atenuada, sin no obstante ser menos aparente, ya que se dirige a los sentidos
mediante choques repetidos. Lo que buscan en lo sucesivo, y lo que se buscaba
menos anteriormente, es lo imprevisto, aún si, para alcanzarlo, hay que pasar
por el absurdo o por lo menos por lo irracional. Por lo tanto se recurre a un
arte que está condenado a la pérdida de su autonomía, a saber a la esclavitud. Mejora de la técnica por el empleo de] arte, ciertamente, pero también
degradación del arte que no sabría, en tales condiciones, ser auténtico, es
decir libre de cualquier compromiso frente a lo que es extranjero a la autenticidad existencial del mismo creador.
Dejando el campo de la técnica, esto nos conduce a examinar las estructuras deformantes propias del campo artístico. Estas últimas pueden redu-

cirse a dos categorías diferentes: las que tratan de los caracteres inherentes
al arte y, en consecuencia, que han calificado en toda época la actividad
estética, y las que conciernen más específicamente a la vida artística tal como
está organi7.ada en nuestros días, en oposición con otras épocas. Entre las
primeras situaremos las que facilitan la deformación retardadora o acelcrantc de la evolución en el campo del arte. Se comprobará una especie de
dialéctica entre estas dos fases en la historia del arte, así como en la historia
de las ideas, o en la historia en general. En efecto, este movimiento no está
aislado al campo artístico, sino que se encuen~, en general, asociado a
movimientos más ampli~.
En eJ interior de un período histórico tradicionalmente considerado como
un periodo de inmovilismo, por ejemplo la Edad Media occidental, notablemente en el siglo XI, se producen trastornos técnicos que influencian. la
evolución, tanto de las formas artlsticas como de los movimientos de ideas.
La invención del arco de ojiva permitirá, del punto de vista artístico, el
paso progresivo del estilo romántico al gótico, paso que recuerda al de la
poesía mística a la poesía de Dante y, desde el punto de vista de la historia
de las ideas, el paso del neoplatonismo de Denys al neoaristotelismo escolástico.
Retardamiento de la evolución no significa pues, tendencia de la evolución

85

�a pararse, ino madw·aci6n en vistas de cambios n profundidad. En cambio
en un período de mucho movimiento, como por ejemplo la primera mitad
d 1 siglo IV ant de nu tra ra, en el curso del cual se prepara en Grc ia el
paso d 1 platonismo al aristotelismo, y qu es un periodo d in tabilidad
hi t6ric , se compru ba una profu i6n ele tend ncias y de estilos h:ista tal
punto que se puede del rminar con precisión el año de producción de tal o
ual vaso, partiendo de u forma o d cora ión.
Retardamiento o acel ración son movimi to para! lo en historia, n el
arte y en las in titucion . E tos movimiento son ac ptables en tanto qu
no falseen la importancia de los dato tradicionales o que re ulten de una
inno • ción. En la c,.-oJución de las formas artí ricas, notablcment en el
tradicionali mo que está normalmente asociado al re pecto de las formas
stablecidas, dcg nera en da icismo, y en a ademismo, en cualqui r sociedad
que se d e vera, y cualqui ra que a u matiz ocial. Hemos Yisto en una
sociedad pretendida revolucionaria, la profusión d modelos artístico estereotipado , como se ha visto también en cierta soci dades altamente traclicionalista afirma
permeables a cualquier
de forma artí tica edificada
incondicionalmente. i o obstante, la agera ión alcanza igualmente a estos
mo\'imientos acelerados. Se comprueba a menudo una confusión entre clivergente }' original entre insólito y agre ivo.
Lo que llamamos nuevo en todos lo planos, es lo que llena un lugar vacío
pr xistente pero implícito, para no hacerse
plicito mis que en presencia
de lo nuevo que actualiza, por decirlo así, la exi tencia. En el in~ rior de este
esquema, es pasibl comprender en qué consiste la autenticidad del original
n materia de arte, así como en otras. En el interior d
te m' mo esquema,
el problema d la "moda" puede igualmente tomarse en u
ncia: la moda
ria el rechazo de lo que no ha podido impone
como auténtico y, en
onsecuencia, como duradero de manera que ant de consagrarse como
tal, se vuelve \'iejo en pro bo de lo que
presenta como insblito, pero
que reún las probabilidade de imponerse en el caso n que se mostrara
auténtico. La moda aparece pues como la aceptación de lo nuevo que rá
• pasaj o porque no es auténtico, omo un movimiento, com el paso de un
ridículo a otro ridículo, de una espera a una decepción d una esperanza
a un pesar. La influen ·a d lo social sobre Jo cultural es aquí más evidente.
La 'preocupación por hacer como los demás" on el Jin de integrarse a
una sociedad dada con caractcrí ticas bien definidas, hace que un cierto
conformismo exija a las conci ncias, que se plieguen a unas formas que, una
vez aceptadas, deforman los encuadres de creencias s6lidam nte e tablecidas
(así los ísra litas de los Estados nido han adoptado la costumbre cristiana

d 1 árbol de oel. Encontraríamos un gran número d casos semejant s en
,arias sociedades, y nivel muy variados). Moda pasajera o costumbre duradera, to d pende d I grado de autenticidad del objeto y del grado de
sinceridad de la conciencia que
lo apropia.
o obstante al lado de l implica ion relativas a la e ocia del arte,
las concernient s a la in tituciones artístic
no son menos significativas.
Exist una red de rela iones trechas entre la crític de arte, la crítica mu; cal y la org nización de conci rtos, de po icione y también de museos.
ierta prefer n ia per nal bastan para impon r tal o cual direc ión en
la orienta ··611 de un organismo, excluyendo, o casi exduy ·ndo tod
las
demás. Resulta \ll1a falsa imagen de la realidad que hay que restaurar a
cualquier pre io en las conciencias.
n re peto exa rado ha. ia la Iglesia, que la Iglesia no exige, hace que
gracia al espíritu complaciente de parte de lo lai os, algunos datos informativos se pasan por la criba antes de d tinarse a una difusión más amplia.
Igualmente, la información científica d bida ya a la invesúgación. ya a la
en ñanza. · a menudo tributaria de las e tructuras \W.Í\"ersitarias. Para
formar parte de e tas estructuras, se está a menudo obligado a imular un
conformi mo del que por lo demás nadie se engaña. En todos I países en
que es po_ibl la producción de annas secretas la infonnaci6n en este plano
por definición, tributaria de la política general guida. Racionalistas de
toda el
falsean el contenido y la orí ntación.
L
m dios de información para la masa contribuy n, por su lado, a
mantener equívoc
y malentenclidos (en lo Estados Unidos la pantalla,
grande o pequeña, rechazaba h ta una fecha relath-amente reciente el prentar a los negros. Figuraban, en rigor según cierto clichés. como servidores
pinto
os. unca
mostraban "cow-boy " negros, aun cuando un tercio de
la mano d obra en el Oeste era de color. Los negros d los " lum " aparecieron momentáneamente cuando atrayeron la atención de la a tualidad,
pero desaparecieron de prisa para ceder su itio a negro bien \'C tidos y que
habían recibido una instrucción universitaria) .
Algunos tipos de información libre
en materia de arte n mis aptos
para reformar la actitud tética d las conciencias. Formadas en la tradición
del arte gri o clásico algunas inteligen ias
mbrarian de comprobar,
d pués de los trabaj de Evans, que la columna minoana fue, al contrario
que la gri , afinada n u b . Estas mismas inteligenci no e habían
a. mbrado jamás de la forma anál a tradicional de los portes de una
m a. La im· nión de la estéti de las formas artí.sti as
vueh co iente,

87
86

�y puede ser molesta, solamente en el caso en que se trate de realizaciones
enteramente sujetas a comparación.

formismo moral disimulado. o hay ciertamente que rehacer la filosofia; no
obstante sus po ibilidades r-stán lejos de explotarse a fondo.

Las diversas técnicas empleadas en los programas de deformación de la

C) Las estructuras deformantes axiológicas trascienden a las estructuras
individuales e institucionales en la medida en que los valores con los que se
relacionen son objetivaciones del deseo de trascendencia. Estas estructuras son
sobre todo relativas a la persona humana y a su interpretación por parte de las
conciencias. La idea que éstas se hacen del hombre y de sus dimensiones o funciones depende de la idea que se hacen de los parámetros que definen su
presencia y su actividad. La formación de estructras sociales a partir de
estructuras psicológicas fundamentales conduce al establecimiento de estructuras culturales que, a u vez imponen códigos de conducta, a menudo
contradictorios, pero que no entran jamás en conflicto aparente los unos
contra los otros. El hombre-medida del universo y el hombre-instrumento
del destino son concepciones que coe:&lt;isten en el interior del mundo helénico,
in que su naturaleza antagonista se resienta por ello. Asimismo, la coexistencia de la concepción del horno creator y la de la humildad humana no
parece mole tar a nadie en nuestros días. Varios sistemas de valores se superponen, pero las estructuras a las cuales responden les hacen a la vez necesarios y aceptables en bloque, indispensables e indiscutibles. Se aparta cualquier preocupación de coherencia lógica, y la dualidad del hombre no
molesta a nuestros contemporáneos más de lo que molestaba a Pascal. Todo
pasa como si se tratara de restablecer en las conciencias la unidad humana
a través de una multiplicidad de formas contradictorias, pero aparentemente
coherentes, de su actividad. Siendo efectos de movimientos de trascendencia,
en tanto que representan trasfiguraciones de medios de deformación, estos
alores actúan a su vez como causas y como medios que producen una nu va
serie de efectos.

realidad las ha anafuado y evaluado Piaget: poder central o grupos de presión, tendencias o canalizaciones de encaminamiento a través de los cuales
se ofrece Ja información con un aspecto alterado, se pueden tomar como
una red de causas, de medios y de efectos en el interior de un sistema bien
definido de fuerzas de concentración y de repartición de los dato de la
información, que en último análisi , son los dato más a menudo sabiamente
matizados del conocimiento. Las técnicas en cuestión son, incontestablemente,
concebidas, puestas a punto y perfeccionadas sin cesar, l cada vez más adaptadas a las necesidades de la causa por los agentes que expresan el fin perseguido. Así orientada, la información se vueh- , por la alteración de su
esencia, una técnica sintética y de aspectos múltiples, de defonnaci6n no sólo
de la realidad, sino también de la racionalidad de las conciencias.
Esta situación multiclimensional, que podría representarse con un amplio
fresco, se beneficia con el apoyo de la filosofía que es ella misma una institución, sea tradicionalista o revolucionaria. En efecto, lo que es importante
en filosofía no es necesariamente lo que se pone en \'alor. Hay problemas
aparentemente insignificantes, pero que muestran ser llaves de valor capital
para la comprensión de un sistema de ideas. Como en el caso de una función
matemática, se tudiará la realidad filosófica partiendo de una serie de
valores concretos atríbuidos a diferentes variables. La filosofía francesa, aunque sea en su conjunto tributaria de las grandes líneas de división que Descartes le ha impuesto y que, en el primer abordaje, disfraza las posibilidades,
y deja entrever en filigrana la importancia real de lo que parece ser "menor".
Hay que saber escoger lo "secundario,., y reconocerle sus derechos de posibilidad primordial. Esta idea de la importancia del matiz está, a primera
vista, ligada con una idea de debilidad; pero en filosofía matiz y vigor no
son incompatibles; y filosofar, es saber wscernir los matices y subrayar su
importancia. Esto trae a rechazar lo que es sistemático y engolado; en fin,
esto viene a negarse, a plegarse a generalidades tradicionalmente repetidas
y, finalmente, y nos lle,·a quizá a la libertad. Es lo que Platón ha sacado
a la luz; pero la filosofía moderna sólo lo ha alcanzado a través de Plotino,
no sin haber sido no obstante afectada por los formalismos deformantes, por
ser conformistas, de Kant (noción de deber), de Hegel y de los hegeliano
(principios esquemáticos religiosamente respetados). Hasta los casuistas se
han lt'berado de un conformismo moral aparente para meterse en un con-

88

Habiendo llegado al término de nuestra encue ta, podemos recordar los.
temas principales de sacar algunas conclusiones generales.
a) Los aspectos del problema en cuestión, lejos de ser los únicos parece.o
no obstante ser los más importantes en nuestros días; si existen otros, no
hemos olvidado aludirlos en su ocasi6n, y en varias veces, con el riesgo de
repetirnos.
b) Algunos rasgos comunes a los tres niveles principales examinados, a,
saber, el científico, el artístico y el histórico, se imponen a nuestra atención:
voluntad de deformación para alcanzar un resultado anticipado, aquiescencia, si no connivencia, por parte de las conciencias receptoras, ávidas de
encontrar en las formas de comunicación alteradas y alterantes de qué ali-

89

�mentar su inercia; mística y mistüicaci6n en la información, de la que s6lo
se exime la realidad artística, por su naturaleza particular.
e) Enraizamiento, cada vez más evidente, de la creencia en la necesidad
de aceptar el mito como medio de entendimiento en un mundo en el que
la incoherencia sólo parece igualar a la humanidad.
Esta incoherencia y esta humanidad, resentidas cada ez más, subrayan
ciertas perspectivas que dominan la reacción, ya entablada contra la alienación del hombre por éJ mismo: por una parte, denuncia del mito en todo
los planos, aun en el plano estéti o, toda vez que parezca alterar la sinceridad
artística; por otra part , iov ligación de los medios mediante Jos cuales el
hombre de nuestra época puede rechazar, en el campo estudiado, el peligro que amenaza a su personaHdad y a su existencia; finalmente, imposición
de la verdad como postulado uprerno de sabiduría y como regla efectiva
de conducta. Aun si la debilidad humana ha podido crear sus ídolos, el
hombre, consciente de sí mismo, puede confiarse en la autenticidad de su
futuro.

ATURALI M AND EVOLUTIO

A STUDY I
PATRJCK

CONTRASTS
Ro

UNELL

Univenity of Texas at El Paso.

FTER CoMTE, no concept of "evolution" can be understood without traciog
its history, especially since this protean term has signified different things to
different authorities. Moreover, viewed logically, evolution is one of those
terms which unfortunately has a double meaniog even in biology. It refers
therein to a fact about certain proce~s of change occu.rring in nature as
well as to a tlteory for explaining them. Con quently, to avoid confusion
in semantics, wc should restrict the term "evo)ution" in the biological context
to its empirical meaning and employ "evolutionism" for its theoretical counterpart. tric.tly speaking, "evolution" is one thing, "evolutionism" (theory of
evolution) is another, and debatable thing.

As is familiar to historians oí ancient Greek science and philosophy, the
first recorded specuJation on evolution goes back to Anaximander of Miletus
and his particular naturalistic fragment that man sprang from a "fish." lf
we had more than a few pre- ocratic íragments to go by, Anaximander
would probably qualily as the first evolutionist in the Western world, and
the first evolutionary hypothesis would be, interestingly enough, the ichthyic
theory of the evolution of man rather than the simian. EYen so, naturalism
as a philosophy and evolutioni m as a theory of nature be ame closely linked
v.-ith each other only after the second half of the last century especially
with the advent of Charles Darwin and hi epoch-making scientific attempt
in The Origin of Species (1859) and The Descent of Man (1871) to explain
the evolutioo of life empirically "by meaos of natural selection." Since
then the ew Naturalism as a philosophical movement has thrived mainly
in America, where it is still vital, in spite of certain appearances to the
contra.ry. One concrete proof of its vitality, as we are about to illustrate,
is that the Darwinian heritage has itself inspircd contemporary American

90

91

�naturalists to propose important variations on the theme of evolution which
presuppose but go beyond Darwin himself.
The interplay of naturalism and evolution covers such a multitude of
pcrsons and places that we must for lack of space be selective here. Fortunatelr, however, our selection of the pcrtinent material does not have to be
purely arbitrary, inasmuch as evolutionary concepts associated sorne way or
other with Darwin have served as a major stimulus of thought primarily
in two countries, England and America, and chiefly in two areas of philo~oph~·· metaphysics and social ethics. In lb.e first or metaphysical area,
e,,olut1on as a new way of approaching the fact of development has been
utilized for decades by a large and influential number of philosophers in
Amcrica in order to lend empirical support to a naturalistic methaph) ics,
thercby restoring the continuity ben-veen nature and man. In the second
or socio-ethical area, many biological and social thinkers in America and
elscwhere have been continuously advocating for almost a century now the
application of Danvinian principles of evolution to problems of moral
and social file. In these two particular areas of inquiry, metaphysical and
ethical, the impact of Darwin's work on naturalistic thought has bcen so
far-rcaching in America that she has been christened in retrospect "the
DaIWinian country." 1

In view of the foregoing it will be advisable to divide this essay into

t\-vo

parts. The first part will be devotcd to a sbort comparison of Frederick

J.E. Woodbridge ( 1867-1940) and William P. Montague ( 1873-1953) in
their respective roles as distinct representatives of those contemporary American naturalists who have addressed themselves to the general import of
modern evolution for philosophy. The second part will touch briefly on how
the eventual dispute among the disciples of Darwin in biology proper, with
respect to his precise conception of evolution, finds expression in the moral
and social doctrines of Darwinism, old and new.

Woodbridge and Montague as Epic Naturalists and Evolutionists

If Charles S. Peirce (1839-1914) and William James (1842-1910) may
be said to belong to the inilial period of the so-called "Golden Age of
American Philosophy," we may say that Woodbridge and Montague belong
to its final period. Recentl&gt;·, in an autobiographical mood and advisory
1
HoJ&gt;STADTER, R., Social Darwinism in American Thought, Rev. ed., Boston,
1955, p. 4.

92

capacity as tbe grand-old-champion of Evolutionary Naturalism today in
the U.S.A., the late Roy Wood Sellars (1880-1973) declared that he for
one could not help but "take evolution seriously." 2 Now, although Woodbridge from his first article, "The Argument Irom Design as Affected by
the Theory of Evolution" ( 1894) ,3 to bis last book, An Essay on Nature
(1940), apparently paid more continua! attention over the years to the
subject of evolution than Montague, he actually took it less seriously than
his younger colleague at Columbia University. But, befare showing how
their dífference in appraisal regarding the signilicance of the subject expresses itself technically, wbat do they share in spiri.t as naturalistic apologists far evolution?
Woodbridge and Montague not only are fond of reading tbe great book
of nature in evolutionary terms of one sort or another, but they read it
with epic eyes, essentially. In fact, more revealing in the long run than their
evolutionary presuppositions about nature is their epic preconception of life
itself. That the two roen as typical Anglo-Americans interpret natural evolution epically is no surpcise cuJturally. The most spectacular evidence that
the American way of life is epic at heart comes from the two glorius feats
marking the history of America: the original landing of the Pilgrims on
Plymouth Rock and the subsequent landing of the astronauts on the moon.
To be sure, Woodbridge and Montague as American philosophers are neither
early 17th-century Pilgrims nor late 20th-century astronauts out to succeed
at any cost and at whatever risk by overcoming practically insurmountable
obstacles, but they too have an epic sense of file, however subdued and
sophisticated. In no other aspect of their naturalistic thought is this better
revealed than in their common outlook on evolution.
The clearest statement of Woodbridge's epic pcrspective on life and evolution is found in a commemorative address delivered in 1911. In it the chicles
those narrow•minded scientilic thinkers who "take the knowledge that matter
is hcartless, or that mechanism is careless of results, or that the fittest survi.ve
and the dead are dust, as the organon for the enthusiasm of meo. So to
take that knowledge, is to deny to man a thing of which he is capable, the
thing that tums his life into an epic. And, believe me, there is an epic in
this universe of ours as surely as there is an evoluti6n." • It should be added,
• SELLARs, R. W., Sorne Questions and Suggestions: Án ExposhJ/ation, in "Joumal
of Philosopby," LXVI, 1969, p. 859.
1 Wooo11RIDOE, F. J. E., Natttre and Mind, New York, 1937, pp. 29-36.
• lbid., p. 456.

93

�however, that this confessio fidei is more characteristic oí the earlier Woodbridge than the author of An Essay on Nature, which is not only his last
book but his last testament also. Though still an evolutionary naturalist
in a way, the later Woodbridge lac.ks the epic "enthusiasm" of his younger
optimistic days.
As to Montague,s expression of the epic spirit of optimism in relation to
evolution, it comes out best in his autobiographical essay, "Confessions of an
Animistic Materialist" ( 1930), where he dares to speculate that "the epic
of cosmic evolution would consist in the uncertain, imperfect, and interrupted, but generally progressive, leavening of an infinite chaos by the element
in it of divine love and good. This little yet perfect thing working in the
heart of all things we can symbolize as Prometheus or as Christ, the finite
will of a God whose essence and substance are alJ comprehending and
infinite." 5 Montague is no doubt well aware of his "hazardous and farflung speculation" on the eYolution of tl}e universe, but quite apart from
its validity it does constitute bis Promethean attempt to make a cosmic epic
out of tbe gran story of evolution.
Turning next to how Woodbridge and Montague differ philosophically
as naturalistic interpreters oí evo1ution, we must first dispose of a terminological problem on our hands. The former preferred to call him elf a
"naturalist" while the latter ref erred to himself as an "animistic materíalist'
preferring ' the tougher to the softer label. 0 However tedious this issue of
proper nomenclature may sound, it actualJy provides us with a tellíng clue
as to why Woodbridge and Montague differ in their appraisals and interpretations of evolution.
Historically, their difference rnay be traced all the way back. to the two
distinct types of naturalism persisting since ancient Greek phi.losopby. The
earlier of the two is, of course, the reductionistic type associated with Democritus the rationalistic materialist, the later being the anti-reductionistic
associated with Aristotle the empirical naturalist. Accordingly, whereas Montague as a neo-materialist is an updated Democritus tinged with Bergson
Woodbridge as a neo-naturalist is an updated Aristotle tinged with Santayana. Therefore, whatever differences Montague and Woodbridge have as
evolutionists stem ultimately frorn an original difference in their genealogy
as naturalists in philosophy. We are now ready to compare in nuce our t\.-vo
contemporary American oaturalists as philosophers of evolution.
• MONTAGUE,

• Ibid., p. 90;

91

W. P., The Ways of Things, New Yozk, 1940, p. 665.
WOODBRIDOI!, ibid., pp. 255-56.

To begin with Montague, the publication which reflects perhaps best of
all that he is philosophically on the side of Democritus, is "A Materialistic
Theory of Emergent Evolution" (1929). Tbe essay defends a "quantitatiue

interpretation of the various qualitative levels of l17e that successivel)' emerge
in the course of evolution. The whole process of development from the
simplest protopla.sm to the highest forms of spiritual life is depicted as a
transformation of mecltanical or externally determined systems in which
kinetic energy is dominant into teleological or self-determining systems in
which potential energy is domi11ant." 7 In other words, what the "atom"
is to Democritus, the physical category of "energy'' (kinetic and potential) is
to Montague. Time does not permit us to deal with Montague's ingenious
hypothesis of mind or consciousness as a special form of potential energy. 8
To appreciate better why Montague insists on interpreting Emergent Evolution "materialistically," that is, in quantitative or cornmensurable terms, we
must go to what he finds wrono- with that particular evolutionary theory
associated usually with tbe name of Samuel AJexander (1859-1938) oI Australia. Otherwise we will be in no position to arrive at the exact difference
between Montague's interpretation of evolution and Woodbrige's. At any
rate, what Montague fincls highly objectionable in the doctrine of emergent
e\·olution is its acquiescent attitude of "natural piety'' towards the unpredictable emergence of novelties in nature. With characteristic frankness, he
attacks such attitude as "scientific treason," because in hi.s opinion our task
as investigators is not to accept piously the "emergence of the new and
higber levels of being'' as "brute facts," but rather to explain them "analytically" by "ratiónal etiology," yet without eliminating their unique qualitative
properties themselves. 9
This stubbom quest1 on Montague's part, for a thorougWy quantitative
explanation of the qualitative changes emerging in the course of evolution
by recourse to purely physical principies and fonns of energy, is precisely
what W oodbridge denies as an adequate approach to understanding nature
and man. For one thing, there is too much Loc.ke, as well as too much
Aristotle, in Woodbridge for him to have Montague's metaphysical confidence
in the cognitive pos.5ibilities of m.athematical physics. For another, though
Ibid., p. 418.
• Ofr. RoltANELL, P., The Leading Idea in Montague'J Philosophy, in "Joumal ol

1

Ph.ilosophy,11 LI, 1954, pp. 619-24, in particular p. 621.
• MoNTAOUI!, op. cit., pp. 427-30. Cfr. ALE.XANDB.1!., S., Natural Piety, in "llibbe.rt
Joumal,' XX, 1922, pp. 609-21.

95

�Woodbridge to my k:nowledge did not make any special comments in print
on the theory of emergent evolution itself, he was himself too imbued with
.a "sense of piety" 10 to protest with Montague against its attitude of "natural piety."
According to Woodbridge, "the fruitful approach t.o a theory of nature
is from an initial emphasis on Hfe." n Starting with the primacy of bíological
categories, he remarks in a public lecture of 1935 as if he has Montaguc
in mind, "one whose thinking has been largely controlled by physicists may
find it advantageou.s to let it be controlled for a season by biologists and
&lt;?xamine the evidence that their work affords" concerning the place of "natural teleology" in the scheme of things.1 ~ The contrast between Woodbridge's
call for an interpretation of nature and evolution from the vantage po.int
-0f the biologist, on tbe one hand, and Montague's from that of the physicist,
on the other, éould hardly be more pronounced.
However, despite their fundamental clifferences in points of departure and
controlling categories, there is one central category that the two meo share,
namely"' the hiological category of "pontentiality." But, on account of their
common epic horizon, it is of ten used interchangeably with the category of
"possibility." Neither Woodbridge 15 nor Montague u seems to be aware
of the m.1cial diffcrence between the Aristotelian category of "potentiality"
and the Existentialist category of "possibility"- a difference first made
c!f·ar and given due importance in contemporary Italian pbilosophy by Nicola

(Apr:il 29, 1935). "Aclaro was the first Darwin. Adam named Nature"
(May 1, 1935) .
It is boped that these few excerpts from the unpublished Woodbridge will
show why he took modero theories of evolution less seriously than Montaguc.
The reason, to put it in a Shakespearean vein, is not that he loved Darwin
less, but that he lovea Aristotle more.18 And of ali of the writings published
by Woodbridge himself, the one which perhaps spells out best where be stands
with respect to evolution, is the booklet entitled The Purpose of Hi.story
(1916). There be identilies evolution with the idea of "historical continuity."
There also he admits that the modern doctrine of evolution "wrought a real
emancipation of the m.ind" by making "the fact of continuity convincingly
apparent." 17 Yet, at the same time, he asserts that the obvious fact of evolution or continuity of itself "teaches no lesson in morals an provides no guidc
to the perplexed." 111 In contrast to Montague, who as a persistent critic
of the relativistic theory of truth categorically questions the relevance of
evolution for epistemology but grants its relevance for ethics,19 Woodbridge
would contend that evolution as such is relevant to "the pursuit of knowIedge" but irrelevant to "the pursuit of happines." 20 Tbis Ieads us to the
second or ethical part of our brief comparative study of naturalism and
evolution.

Moral and Social Darwinism, Old and New

Abbagnano.15

In the spring of 1935 I was fortunate to take a graduate course on "Theory
of Nature" with Woodbridge at Columbia University. The following excerpts
takcn f mm my notes in the course strike me as more indicative of how he
frlt about the ·whole doctrine of modero evolution than what he said in
print during hjs lifetin1e: "Evolution and progress are superstitions. I hope
you outgrow them" (February 27, 1935). "Evolution is a fact Yet there
are rnany controversies about it. Aristotle and Darwin are pretty much alike"
11)

WooDBRIDGE,

op. cit., p. 456.

u lbid., p. 275.

,: lbid., pp. 293-94, 113-33.
21 Wooo11.RIDC&amp;, op. cit., pp. 51-3, 258, 303-06; An Es.ray on Nature , New York,
1940, p. 150, 211, 264, 267, 274, 305.
11 MoNTAOUE, op. cit., pp. 267, 275, 408-417, 502, 592-94, in particular p. 501.
11 Cfr. RoMA.NELL, P., Abbagnano, Nicola, in Eneyclopedia. of Philosophy (Editor,
Paul Edwards), I, New York, 1967, pp. 1-2.

96

What atomism was to the Epicureans in the ancient world, evolutionism
is to the Darwinians in the modern. Just as the Democritean theory of
the atoms was transformed by tbe former into a guide to personal peace
of mind or spiritual survival, so the Darwinian doctrine of evolution has
been adapted by the latter as a guide to physical and social survival. But,
with thc birth and proliferation of moral and social theories stemming from
Dar-winian biology, there arosc eventually a serious difference of opinion
among the disciples of Darwin regarding the actual meaning of evolution
,. Cfr. WoODBIUDGE, F. J. E., Aristotle's Vision of Nature (Editor, J. H. RandaU,
Jr.), New York, 1965.
" WoooBJUDGE, F. J. E., Th, Purpose of History, Ncw York, 1916, pp. 70-71.
• ]bid., p. 74. Cfr. WoonBJUDOE, F.J.E., The Rtalm of Mind, New York 1926,
pp. 106-110.
» MoNTAOU&amp;, W. P., Tht Ways of Knowing, London, 1925, pp. 163-64.
.. WOODBRIDCE, ...tn Essay on Natu.re, pp. v-x, 331-38, in particular, p. 290.

97
HUMANITAS-7

�in the master and its implications for morality and society. 21 While the earlier
Speocerian generation of Darwinians was content to interpret, literally_
nature's evolutionary processes in Darwin's tenns of "the struggle for life,"
and, as a result, saw moral and social evolution in the sarne competitive
tenns, the subsequent Kropútkinian generation on the contrary has been
inclined to view the whole story in coopcrative terms.
The man who foreshadows the split within the Darwinian camp into two
groups of social moralists and represents the critica! period of transition between thc carlier and later generation of evolutionary naturalists, is Thomas
H. Huxley, a physician by training and the greatest advocate of the ew
Biology in the Victorian Age. Surprisingly enough, Huxley is a complete
Darwinian in biology, but not in ethics. In fact, in bis widely discussed essay
Evolution and Ethics (1893), he calls so much attention to the fallacies
ínherent in the ''ethics oí evolution" that one is left wondcring as to whether
there is any validity to it at all for him. In any event Hu.."&lt;ley assumes a
radical duality between "the cosmic process" and "the ethical process,"
argues that social progress "means a checking" of the former by the Iatter,
and "repudiates" on moral grounds the Darwinian vie..v of nature for its
ruthlessness, describing it colorfully as '·the gladiatorial theory of existence." 22

As I see it, the most telling feature of Hmdey's peculiar position in Evolution and Ethics is that he i faced with a tragic dilemma as a convinced
Darwinian in biology. The dilemma is implicit in an open declaration of
bis at the outset: "Whatever difference of opinion may exist among experts,
there is a general consensus that the ape and tiger methods of the struggle
for existence are not reconcilable with sound ethicaJ principels." 28 Like every
tragic soul, Huxley is confronted with an unavoidable conflict of interests.
In bis particular instance, the conflict arises because he holds two incompatible bcliefs simultaneously. One is what be firmly believes as a Darwinían
evolutionist the other as a Stoic moralist. The two beliefs clash in his mind
'
and, though he has trouble resolving bis own dilemma, he at least recognizes
that "the glacliatorial theory of existence" is no model for ethics.

~~t was due to bis particular reading of Darwin in the rugged individualisbc term of his own generation of evolutionary naturalists, it was not
too Ion? before a n~~ way out of the problem was found by the subsequent
generation of Darwuuans. The available stratcgy was, obviously, to question
the adcquacy of the original reading of Darwin in the catchwords of "the
~truggle for _e~stence" and "the survival of the fittest' e.xclusivcly, by dcnymg on empmcal grounds the previously accepted primacy of the factor of
"mutual struggle" in Darwin's conception of evolution or stated positively
by shifting the emphasis to the complementary facto; or' "mutual aid" ~
the master him~elf. 24 Tbis i~ precisely the resolution of HtLxley's, dilemma
advanced by Pnnce Kropotkin at the beginning of the century in his book
Mutual Aid a Factor of Evolution (1902), and what many of the contero~
porary neo-Darwiruans in the moral and social field, with or without acknowJedgment, have done since then is to incorporate the Russian evolutionist's
hypothesis of "mutual aid" into their own systems of evolutionary thought.u
As to the reason for thc original popularity of the ruthless form of evolutionary ethics in the late 19th century, here is how one of the neo-Darwinians
in contemporary America has explained it, on looking back at his Spencerian
predecessors: "such tootb-and-claw ethics," in a phrase after Tennyson,
"suited the ~k of Victorian laissez faire capitalism and, also, with only
rather superf1c1al remodeling, of its opposing ideology in 1arxist socialism."28

This critique of the old social Darwinism on ideoJ~gical grounds gets rein~orced by another, which rests on logical grounds, as follows: "Omitting
nnpo~nt facts and basin~ their arguments on false premises the tough
Darwm~. could .º~Y arnve at false conclusions." 27 As a consequence, of
such empmcal onuss1on and false reasoning on their part, this neo-Darwinian
naturally draws the conclusion that the immediate clisciples of Da.rwin failed
to appreciate the moral of the entire story of evolution, to wit: ''To Iove
thy neighbor as thyself is not simply good text for Sunday morning sermons
but perfect1y sound biology. ' 21 In fine, whereas the original generation of
"the tough Darwinians'' used to read the evolutionary story of life in terms

Now, once it is understood that the reason for Huxley's actual predica21 Cfr. LRAKE, C. D., and RoMANELL, P., Can We Agree? A Scientist and a Philosopher Argue abovt Ethics, AUJtin, 1950 ¡ RoMANELL, P., Ethical Problems and Scientific Method, in "Ethks", LX, 1950, pp. 294-95; ROMANELL, P., Il naturalismo critico,
Torino, 1969, pp. 69-94.
" Hoxuv, T. H., E11olution and Ethics, London 1893, p. 33.
" Ibid., p. 7.

,. ~ROP~TKIN, P. A., Ethics: O,igin and De11elopment, trs., L. S. Friedland nnd J
R. Piroshmkoff, Kew York, 1924, pp. 13-14.
·

" Cfr.

liERRtcK,

C.

J.,

The Evolution of Human Nature Austin 1956 ·
'
'

WADOtNCTON

C. H., T/1e Ethical Animal, London, J960.

'

: SwPsoN, G. G. The Meaning of E11olution, Ncw Haven, 1949, p. 298.
•

AsH~IW MONTAG~,

M:

g1cal Bans of Cooperation,
• /bid., p, 281.

in

F;:

Th, Origin and Nature of Social Life and the BioloJournaJ of Social Psrchology •• XXIX 1949
274
'
'
' p.
.

98
99

�of the lron Rule of Spencerian ethics, those who could well be named ' the
sof t Darwinians," by contrast, evidently read it today in tenn of the Golden
Rule of Christian ethics.

It is indeed comforting to hear from one of the current followers of Darwin
tbat the Christian commandment of neighborly love not only meets the
requirement of a good religion but, in addition, gets tbe blessings of the latest
word in biology. Nevertheless, the new conclusions of ''the soft Darwinians,"
whose general picture of Nature, in contradistinction to ''the gladiatorial
theory of existence," may be named (with out offense) "the boy scout theory
oí evolution," suffer from a fallacy opposite to that of "the tough Darwinians." While the earlier generation of evolutionary naturalists used to commit
the fallacy of false prem.ise in ethics and social philosophy, the newer generation may be said to commit the fallacy of true premise. For, granting that the
organic world is more of a cooperative than a competitive affair on a grand
scale, this fact does not of itsell necessarily prove that cooperation is morally
better than competition in our dealings with each other.
Even if we granted the moral superiority of cooperation over competition,
its superiority could not be proven by simply appealing to a "principie of
mutualism." 211 goveming living organisms. Why not? lf "the ethical conception of love" or the "principie of cooperation" is "grounded in the
biological structure of man as a f unctioning organism," then it follows that
a11 moral effort on his part is absolutely superfluous, since he "is boro with
an innate need for love" and his "cooperative behavior" is assumed to be
"úmate" likewise.3º And iI all our moral and social behavior is "innate"
to human nature, conceived in necessitarian fashion, then it makes no difference from an ethical standpoint whether we say that man is competitive
or cooperative in essence, that cooperation is morally superior or inferior to
competition, because in any case he has no choice or freedom to act otherwise, ex hypothesi. In a word, the biological doctrine of innatism negates
the raison d'étre of ethics as such by simply removing the real need for it
in a world where the moral itself is guaranteed in advance. Besides, cooperation in its moral context is not always good, nor for that matter is
competition always bad. Tbe gang world illustrates the truth of the first,
the sports world that of the second.

In the final analysi.s, the only real difference between the old Darwinism
and the new as regards the moral and social aspects of evolution turns out
.. Ibid., p. 272.
• Ibid., p. 280.

100

to be essentially one in ideology. In contrast to the previous generation of
"the tough_ Dan-vinians," who went presumably to Darwin to seck backing
for the social value of competition in vogue at the time and found it in his
cardinal idea that adaptability to changes in tbe environment is tbe key
~o s~val, "the_ so:t Darw~•• at present are returning to the same
1d~ m order to JUStify the social value of cooperation to contemporary men.
This new look at the master's great work in biology is doubtless very meaningful from the viewpoint of cultural relativity, because it is another reminder that any shift in social tbinking reflects the set of values at stake
in a particular culture at a specific period in human history.

. Yet, ironically enough, the new cultural phenomenon has little bearing,
if any, on the co~e of natural evolution itself. For, to clase this study in
contrasts of Naturalism and Darwinism with what I said in an earlier article
on the subject, "it should be pretty plain that Nature's face and the behavior of the species themselves have not changed much in the Iast hundred
years, and that whatever evidence of cooperative activity biologists find now
in the animal kingdom was accessible to their colleagues a century ego. So
the change then in perspective from tbe old social Darwinism to the new
m~st be attributed, at. bottom, not really to a reassessment of the biological
evidence_ at hand, but primarily to the moral growth of that rare species
tax~nonucally labeled homo sapiens- man himself- who is beginning to
rc~tze a~ long last that _mutual cooperation among free men and responsible
nattons is the only sensible alt.emative to mutual annihilation in a nuclear
world." n

11 R~u~ELL, P. So~al Darwinism, O/d and New, in ActtU: Segundo Congreso E"traordmano Interamericano de Fi/ofofía, San Josi (Costa Rica} 1962, pp. 140-41.
~fr. R~NÉ DuBos, Man, Medicine, and Environment, New York 1968, p. 6: "Scicntuts m.ight like to believc that thc change from tooth and claw ethics to social lfüerafüm is a consequence of greater biological knowledge, but there is no b:isis for t.hi5
flattering assumption. Nature and the interplay bctwcen living organisms have not
~anged ~ the. past 100 yean. In particular, thc various forms of cooperative activity
m thc ~ a l kingdom were as rcadil&gt;• accessible for observation and study to Victorian
naturalists as they are now to modero biologists. It is probable that the scientifü.. evidence for a liberal social policy as agairut 19th-century social Darwini.sm does not
come from a reassessment of old biological information bul rather from the search
for new kinds of information."
'

101

�SINN UND BEDEUTUNG VON HUMANISMOS UND HUMANITAT
HEUTE

(Eroffnungsvortrag der "World Society of the Humanities"
September 1974 U.S.A., in deutsh}.

DR. FRITZ J. VON RlNTELEN'
Univenidad de Maguncia
República Federal de Alemania.

DmsE FRAGEN stehen heute sehr im Vordergrund, um die Gefahren einer
destruktiven Entwurzelung der sozialen Gemeinschaften und die i.mmer
wicder auftretenden Akte der Gewalt und die Mi,8achtung des eigentlichen
mcnschlichen Daseins sowie seiner Grundrechte zu überwinden.
Dieses ist Folge der i.mmer starker gewordenen Infragestellung bindender
gegenseitig seelischer Verpflichtungen gegenüber dem Mitrnenschen und seiner
personalen Würde, der dignita hominis ( Seneca). Wenn wir nur das anerkennen, was im Sinne eines rein formal en Intellektualismus und einer rein
mathematisch-mechanistischen Interpretation der Wirklichkeit analysiert werden kann, mag es auch zu erstaunlichen Ergebnissen führen, verliert der
Mensch mit diesem Teilaspekt der Wirklichkeit sein innercs Wesen, seinen
Gehalt, sein Ethos, seinen humanen Auftrag. Dann entsteht eine Dehumanisierung, ein inneres Vacuum durch ein eingleisiges Denken. Es ist das, was
Werkmeister U.S.A. einen blopen Scientism genannt hat. Gerade dann kam
der berechnende, wenn auch in vieler Hinsicht praktische Verstand zum
Vorspann der Gewalt werden, eben des "Willens zu Macht", einer Mi,8achtung dessen, was das Leben des einzelnen Menschen sowie seiner Gemeinschaften lebenswert und sinnvoll erscheinen la,8t.
Diese Frage ist der uns in der Gegenwart gegebene Auftrag unserer geschicht-

103

�lichen Situation. Darum beobachten wir auch heute vielfach das Bestreben
zu einer interdisziplina.Ten wissenschaftlichen Gesamtdeutung des Daseins und
Lebens zu gelangen, indem die einzelnen Fachgebiete sich gegenseitig befruchten, gegenseitig eindeutige Ergebnisse anerkennen, um eine umfassendc
Antwort eines Gesamtaspektes (Max Planck) zu gebcn. Dann erst tritt das
Humanum wieder in den Vordergrund und dcr totale, integrale Mensch
ist angesprochen. Er erkennt dann auch seine Verpflichtung gegenüber der
Einheit der Menschen, andemfalls stehen wir mit den Worten Panikkars,
St. Barbara California vor einem "vegitationslosen Abhang".
Man spricht hier von einem Humanismus. Was bedeutet das Wort? Es
ist die Entfaltung der dem Menschen eigenen Moglichkeiten, seiner schopferischen Kraf te gegenüber sich und den anderen, welche ihn zur inneren
Vollendung geleiten sowie immer wieder erneuert werden müs en, freilich
durch die jeweils neue Situation und ihrer A pekte bedingt. Es crmoglicht
die Entfaltung eines hoheren Menschntums einer ur5prünglicben Gaben.
In der Europaischen Welt ist dieser Weg besti.mmt durch die auf die Antike
zarückgehende klassische Tradition, aber wir konnen beobachten, dap in den
anderen Kulturen, so etwa in den Asiatischen, durchaus verwandte Grundforderungen als Verbindlichkeiten mit unbedingtem Cbarakter, man konnte
auch agen, Grundwerte bekannt wurden. Das wesenhafte Gemeinsame vermag
eine innere B gegnung unter den Kulturen.1 Es liegt ein gleichartiger Sinnkern
vor, der sicb in unterschiedlichen Variationen ausdrückt und seinen jeweiligcn
historiscben Horizont besitzl Der bekannte Zenbuddhist Daisetz Teitaro
Suzuki bat formuliert, da/J die menschlichen Forderungen der Treue, Wahrhaftigkeit, Hilf bercitschaft für andere, der Ehrfurcht vor dem Letztgültigen
in Japan al "values", Werte gegolten haben, als es noch nicht im geringsten
mit der Europaischen Kultur in Beziehung stand.

In dieser Weise konnte man einen gleichen konstanten Grundgedanken in
verschiedenen Gemalden, wenn auch in unterschiedlicher Qualitat, ausdrüc.ken. Die Menschheitsgesch.ichte lehrt uns zur Genüge, da/J die Forderungen
eincs Humanismw die Grundbedingung ist für eine reichhaltige Entfaltung
positi\"er schopferischer Entwicklung der Kulturen und ihrer Strahlungskraft
auf allen Gebieten, welche dem menschlichen Dasein seine innere Genugtuung
verleiht, es erst als lebenswert erscheinen laPt und die letzten Motive des
Lcbensi.Iihaltes vermitteln.

Freilich, sprechen wir beute von Humanismus, dann i.st es im umfassendercn,
globalen Sinne gemeint als eine Anknüpfung nur an die eigene geschicbtliche
• Und ein gegerueitiges Ventehen der mensc.hlichen Grundhaltungen zu ermoglichen.

104

Tradition. Dieser Humanismus wendet sich vor allem dem menschlichen Ethos
und seiner Bereiche sowie unserem Wesensaustausch im personalen Kontakt
zu. Es ist auch historisch weitgehend durch die religiosen Haltungen fundiert.
Wir fragen gerade beute nach dem Gemeinsamen in allen hoheren Kulturen
wie icb noch aufzeigen werde; denn ein voller Pluralismus la/Jt sich eindeutig
widerlegen. Wilhelm von Humboldt batte bereits gesehen, da.p die "Gcsamtheit menschlicher Seelenkrafte' gerade in den Sprachen als Emanation des
Geistes offenkundig werden, die uns das Bekenntnis zu dem, was den Lebenssinn erfüllt, offenbaren, so dap wir nicht, wie die jungen Dozenten auf der
letzten East-West Philosophers Conferences in Hawaii {1969) sagten, vor
einer "sinnlosen Leere" stehen, vor einer "alienation", "Daseinsentfremdung'' 1
"Aber wir fragen nach neuen ,verten", welche eben neue Impulse verleihen,
um nicht in einer Sekundarwelt stehen zu bleiben. Dann erst erscheint ein
menschJicher Einsatz gerecbtfertigt. Dieses ist das immanente Anliegen des
modemen Humanismus eben die Frage nach dem zu achtenden, allen Menschen gemeinsamen, geistig-seelischen Sinngehalt als inneres Rückgrad unseres
Daseins, welcher den \ andel des Berwuptseins und die zufallige historiscbe
Situation übersteigt sowie die Urfrage aller Philosophie zu allen Zeiten gewesen
ist Seine Selb tverwirklicbung ist die Bedingung einer echtcn Humanitat,
sonst verbleiben wir in einer direktionslosen, hodenlosen innkrise.
)

Es ist auffallend, dap in der Gegenwart das Problem des Sinnes, ja des
Werthaften, auch bei den führenden atun.,,i nschaftlern, in den Vordergrund tritt. W.u bedeutet Sinn? Zunachst schliePt es eine bestimmte Eindeutigkeit ein, nichts Widerspruchvolles. Aber darüber hinaus verstehen wir unter
Sinn etwas Sinnvolles, das in einem nicht mit den Sinnen nur fassbaren
weiteren Zusammenhang steht und ihm gegenüber cine dienende Funktion
ausübt. So wird auch heute von aturforschem von "kosmischen Sinngebilden"
gesprochen und ibrem Strukturgewinn, sofern die niederen Daseinsschichten
eine Untetlage für die hoheren Gestaltungsformen und ihre Ordnung darbieten (vgl. Heisenberg, Linser, Woltereck). Der bekannte Physiker Pasqual
]ardan sp.richt daher von der nicbt mechanistiscb erklarbaren Spontaneitiit
zu hoberen organiscben Gebilden, die nicht nur aus Summation bestehen,
gleichwie ein Gebliude nicht nur aus Steinen oder einem Sandhaufen ( Othmar
Spann) . Die Sinnfrage gilt nun vor allem für das menschJiche Dasein, um
im Sinne des Humanismus moglicbst zur vo11en Entfaltung zu gelangen.
Dieses ist
den
tronom Vikto1 Frankl, früher in U A, jetzt in Wien,
das "Constituens meruchlicher Existenz". Ihre Veiwirklichung geschieht, mit
Kant gesprochen, um seiner selbst willen, weil sie einen dominanten Eigenwert, nicht nur einen Funktionswert, eiruchliept, wenn auch bedeutsam für

rur

105

�die Gemeinschaf t. Dies ruft eine menschliche Genugtunng und Freude hervor, die aber nicht utilitaristisch zu verstehen ist.

generis bumani, der Einheit des Menschengeschlechtes gesprochen. Zur Gemeinschaft sind wir gcboren, in communi nati sumus (Ep. 95, 52).

Das Nützliche allein hat eine sehr relative Bedeutung. Es erschien zum
Beispiel in Deutschland als sehr nützlich für den Einzelnen wie für die Gemeinschaft, sich 1933 mit der gro/Jen Mehrheit 70-80% der Gemeinschaft
dem Nationalsozialismus anzuschlie/Jen, um spater als sehr unnützlich ernpfunden zu werden, Hingegen, wer aufgrund eines überzeitlichen Humanismus
sich gleich am Anfang, von einem hoheren Wert bestimmt, dagegen wehrte,
war zunachst vollig erfolglos, und es wurde damals mitunter mit dem Tode
bestraft, wie z. B. Prof. Huber und die Geschwister Scholl. Immer wieder
beobachten wir in der Gescbichte und auch in der Gegenwart derartige

Der Gehalt der menschlichen Person ist vieldimensiona1, in innerer Erfahrung vennittelt und besitzt gegenüber aller Natur einen hoheren qualitativen
Rang. Freilich wird das heute immer weniger gesehen und der einzelne Mensch
unter Aufgabe des eigenen Ethos wird zum Funktionar einer um!a enden
egalisierenden, au/Jeren Apparatur um nach Jaspers zum nivellierten "Maschi-'
nenmensch" zu werden, nicht von innen geleitet, sondem von au/Jen gesteuert.
Der Prasident von Indien, Radhakrishnan, sagte daher in "Wissenschaft und
Weisheit" {1961 S. 15, 150): ''Die Quellen des Geistes sind im Versiegen,
wiihrend die Errungenschaften des Intellektes ein alarmierendes Ausrna/1 angcnommcn haben. Etwas ist uns verloren gegangen , . . Das Urteil wird
schlie/Jlích lauten: Selbstmord durch Geisteszerrüttung". Theodor Lessing
sprach vom "Untergang der Erde am Geist", gemeint ist der nur formale
Intellekt. Wir konnten sagen: "Was aufbaut, freilich einseitig aufbaut, das
zersetzt. Was zersetzt, kann aber wieder aufbauen."

Situationen.
Ich spreche also von einem zeitüberleger1en-nicht zeitverfallencn-Humanismus, der wohl geschichtlich bedingt ist, aber auch nach W erner JaegerChicago übergeschichtliche Prinzipien von zeitloser Dimeruion einschlie/Jt.
Versuchen wir, unseren Grundgedanken zusammenzufassen. Es handelt sich
um die Sclbstentfaltung des Menschen sowie die Beziehung von Mensch zu
Mensch, Person zu Person. Einem jeden mu/J ein inneres Selbstsein, ein
autonomer Eigenwert, seine Eigenstandigkeit zugesprochen werden, die nicht
nur Schablonc ist. Freilich ist es nicht in dem Sinne eines übersteigerten Individualismus zu verstehen, der zur \'ollen Egozentrik führen kann mit der
Reaktion cines apersonalen Kollektivismus. Die Freiheit des Einzelnen im
Sinne seiner Verantwortung und seiner überzeugung mu/J tolerant anerkannt
werden, falls sie nicht als Amoralitat mi/Jbraucht wird und die humane
Ordnung durch Gewalt und Verbrechen nú/fachtet. Freiheit ist zugleich Gebundenheit an den Anderen und die Gemeinschaft. Immerhin übersteigen wir
damit die blo/Je Naturordnung.
Dcr Hurnanismus fordert, da/J das gleiche Recht, justitia, wenn auch im
Gericht oft allzu formal behandelt, allen zukommt. Darum werden alle Menschen zu Brüdem, wie bereits die Stoa sagte, sofem sie nach ihr an dem
gottlkhen Weltlogos teilnehmen, was dann in dcr christlichen Welt der Agape,
der Charitas einen personal-transzendenten Bezug erhiilt. Homo sacra res
homini, der andere Mensch wird dem M nschen zu einem hohen, heiligmii/Jigen Auftrag, formuHert Seneca (Ep. ad Luc. 95, 33), nicht zur Funktion
seiner Intcressen. Erst in der Ringa be zur sozialen Gemein.schaf t bommt der
Mensch zu seinem eigenen, wie man es heute nennt, existenziellen Sein. Diese
Forderungen sind das gerade ibm Eigene, das oikeien im Sinne der Griechen,
seine Humanitas, wie Cícero sagt. Scbon bei Sencca wird von einer unitas

106

Es sei abschlie/Jend über Humanismus auf die sehr verwandten Wertungsweisen in der asiatischen Welt eingegangen. Für einen Lao-tze (6. Jhdt ante)
ist das Tao, man konnte sagen, die Ordnung, das Unwandelbare, shang, die
entscheidende Gro/Je (Tao-teh-king 39. Übersetzung Ular). Das lichtvolle
Prinzip, yang, und das dunkle irdische, yin, verbinden sich zum Gleichgewicht
dcr Goldenen Mitte, Chung Yung, indem nach Confucius gerade das Ma/J
die gottliche Ordnung einschlie/Jt (vgl. Aristoteles) und hier für den Menschen
nach Pierre Do-Dinh die Forderungen der "vollen Ehrlichkeit, Aufrichtigkeit.
des Humanen der Loyalitat'' als Wertprinzipien aufstellt. 7 Im Tao-teh-king
des Lao-tze finden wir die Gedanken: "Ohne Ordnung zer/Jtobe das Ali" (39).
"Einzelsein zeugt Héihersein'' ( 16) und "schenkt ans Menschliche,. (81).
"Vcrílucht sei jedoch der Mensch, welcher durch das Vorbi]d der Lust und
ihres leichtfertigen Wahnes verblendet in Ordnung Gewohnte" (26). "Gut zu
Guten; gut auch zu Nicht-Guten: das ist der rechteWeg derGüte" ( 49). Der
"Verstand - sagen wir wieder formale 1ntellek - ist Vemichtung des Lebens" (20). "Die Summe der Teile ist nich das Ganze" (39 vgl. erneut Aristoteles).

In den Indischen U panishaden finden wir auch den Gedanken der Erhebuntr über Sinnlosigkeit in Stufen des Aufstiegs bis zur vollen Selbstwerdung
(Brha.daranyaka Up. 3, 4). In der Bhagavadgita ·wird von Bhagavan ges1 Koffucius, deutsche Ausg. 1960, S. 89. Vgt. Verf. nahere Darstellung in "Values in
European Thought'' I 1973, J. H. Grepe, Libreria, Serapio Rend6n 125, México 4, D. F.

107

�prochen, dem 'Wahrheit, Güte, Er babenheit" ah hohe Werte zukomm n
und dies ist ' 1des Guten Güte" (6, 7; 10, 3, 36). Es wird auch in den Upani!haden von dem hochsten Wert der Liebe, bhakti (Brhadaranyaka 71 11; 8
22), der Vollkommenbeit, kaivalya, pílíchtgema.Pen Tat und Wei sheit,
jnanan, der Freiheit des Selbst gesprochen, was "Sein, Bev,uptsein, innere
Freude", sat, cit, ananda und absolute Liebe eiruchliePt.
Durch Befreiung vom egozentriscben elbst gew.innen wir moksa. Sie ist
Selbstverwirklicbung al erhabenster Wert, real intrinsicvalue, sagte WodeyarMysore (Katba Up. II, 2, l; 3, 12; 11, l. Chandagoya Up. 6, 8. 7, 15. 8, 7).
In diesem Sinne sprach Virgil Aldricb U A in Hawaii von der "gemeinsamcn
Struktur des Menscben".
Wir haben bisher darüber berichtet, was unter Humani.smus als innere
Ordnung heute zu verstehen ist. Icb schliepe die Frage an, was mit Humanitiit gemeint ist. Es ist die konkrete Verwirklichung von Forderungen des
Humanismus als pcrsonale Bewahrung. Dieses Verhalten ist eine vollzogenen
Humanitat, Damit ist zugleich eingeschlossen der Dienst am anderen und
Schleiermacher, der ev, Theologe, forderte: "Hineinbildung in die Gem inschaft und dadurch Herausbildung der Personlichkeit". Die Achtung vor ibr
ist Grundbedingung der Humanitat und ennoglicht cine ecbte, befruchtende
Begegnung, die sich auf die entscheidendeo, tieferen Schichten von qualitativem Gehalt im Menschen beziebt, durchaus nícht our durcb Technik und
Ókonomik gewinnbar. Diese Erfahrung machen wir ja alltaglich mit dem
Mionenschen, ganz gleich, welcher Nation oder Kultur er angehort. Es kommt
einem jeden in bestimmter werthafter Cbarakter zu, welcher Berufsgruppe
er angehoren mag, und es ist unabhangig von intellektueller Entwicklung.
AuI dieser Hiowendung und Hilfsbereitschaft zum anderen beruht di Humanitlit Sie ist nicht nur ein gemeinsames Interesse am Wohlstand, wenn sic
auch eioen Einsatz für dar Wohlergeben des anderen und ser Gemeinschaft
verlangt

Aber ist dieses Bekenntnis zur Erfüllung der Humanit.at nicht weitgebend
geschwunden? Gerade darum ist dieses unser Thema. Wir müssen u.ns darüber
k1ar werden, was die lideren Ursachen der Auflosungserscbeinungen und der
geistig-seelischen Entwurzelung sind. Wir sprechen davon, dap heute, gerade von
der jüngereo Generation, so oft von Dascinsangst vor dem Nichts, dcr Sinnleerc,
der Einsamkeit, Ausweglosigkeit und Ungerborgenheit gesprochen wird. Statt
der Angst sieht man die in gleicber Weise ursprüngliche Freude nicht mehr.
Wie kam es da7.U? 1st alles Menschliche nichts anderes als cine determinierte
Fun.ktion des verabsolutierten primitiven, biologisch-vitalen. Trieblebens mit

108

dem Vorsp~ des ~ormalen nur auf das quantitativ Bestimmbare ausgeheoden
Intellektes, wie we1tgehend uns, auch zum Teil in der Pbilosophie gelcbrt
wurde?
'
Wurde dies nicht durch eine an sicb sehr produktive, allein in den Vordergrund ~tende technische Industrialisierung hervorgerufen, so dap zum Tell
gerade die Jug~d besonders in den GroPstiidten, wenn wir in Deutschland
an. ~rankfurt,_ .'.n US~
New York denken zur Haltlosigkeit ohne jede
ge1~t1g-bumarutare ~nenberung entartete&gt; sich zum Teil zu jedem auch neg~tivcn Tun berechtigt fühlte und vollends intolerant wurde? Denken wir an
die bekannten Worte Goethes:

ª.º

"W as ihr nicht tastet, steht euch meilenfern,
W as i~r ni~ht faPt, das fehlt euch ganz und gar,
W as 1hr mcht rechnet, glaubt ihr, sei nicht wahr
Was ihr nicht wagt, hat f ür euch kein Gewicht
'
Was ihr nicht münzt, das meint ihr, gelte nich;.',
(Faust II 1. 4917 fr.)
Kein Wunder, wenn dann der Mensch nur noch gewürdigt wird nach seinem
fraglich bleibenden Wohlstand, welchen Autotyp er besitzt, weJche Stellung
und Bedeutung er im oí fentlichen Leben hat, statt vollig unabhangig davon
den anderen Menscheo, ganz gleich von welcher Position hoch zu schatze
Es k"onnte an das deutsche Sprichwort erinnert werden: "Je
' mehr er hat n.
·e
mehr er wíU.n Wenn alles andere gleichgültig ist, sind wir frei von ¡11~r
Humanitat, eotpersonlicht, eingeebnet, sehen nur auf unsere Lebensversorgung
de~ P.rofit, den man sucht, statt auf den Lebensgehalt. Wir sind dann vo~
freier Verantwortung und Entscheidung für die Gemeinschalt entlastet. Die
F~lg~ ist, dap w!r zum Mitlaufer cines leeren die Freiheit bedrohenden Orgamsat1om;~nec~1amus ~erden mit der Flucht nacb vom und aupen, zurn
Fortschritt, w1e heute viel gesagt wird. Aber es Rommt darauf an worin der
Fortscbritt, auch im human.ir.aren inne besteht, offensichtlich
darin
dap wir einem cinseitigen entmenscblichendcn Prozep mit absolutem Geho~
Folge leisten, welcher die Würde des einzelnen Menschen sowie der Gemeinschaft in Frage stellt und nur den auperen Zwang kennt.

cicht

Darum die Forderung unserer Tage: Gebt der Zeit auch einen gropen
Geclankcn, eben den der Humanitat, damit sie darnn leben kann. Das ist
aber nur dann moglich, wenn wir wieder den Wertcharakter des Einzelnen
mit sein r Sozietlit sehen und nicht mit Scheler der Wertblindheit verfallen.
Die eindeuti.g auiweisbaren, wenn auch nicht physikalisch exakt beweisbaren

109

�Wertgehalte der Humanitiit Cordero dann zu dynamischkonkreter Wertrealisierung durch den {en hen auf und schliepen wie sa , ihren Eigenwert
mit hopferi her Kraft in sich ein. Hier hand lt es ich nicht nur um allgemeine Gesetzlichkeiten und a hgegcbcnheiten1 wie in der reinen einsinterpretation, sondem um die Moglichkeit der Steigtrung im konkretcn, individuellen Gesch en. Die Menschenliebe als Grundwcrt der Humanitat kann in
v rschiedenen Graden ich \"erwirklichen und in unterschiedlicher Tiefendimension empfunden werden. lch kann einem Mitmenschen cine gewisse
Hilfe leisten oder wie in Mainz ein tudent ein in den RheinfluP gefallenes
Kind zu retten ,. rsucht, wobei er aber erfolgl
in Leben verlor. Das war
in hohcr Rang ethi ch-humanitiiren Verhaltens v.•enn au h nutzlo .

un
r Tag~ und gibt ~ns die Pragung eines sich rfüllenden inngehaltes
~se~ D~s. Der SOZlal_-h~anitiirc uftrag besteht gerade darin, jed m
~ cm. r hoberen, auch geistig-seelisch n Entfa]tung zu verhelfen, statt sich
w1
vt lfach hcutc cinem nur ckundiren Dasein ..º""'
""'""'passen. G erad e auf'
•
Jen m \ ege kann er, wie man sagt1 "münclig" werden.

Das humanitare Verhaltcn bezieht sich auf alle Bereicht menschlichen Tuns
von verschiedener Hohendimension, vor allem auch auf den in sozialer Hinicht heute in d n Vordergrund tr tenden okonomischen Bcrcich, die taatliche
Ordnung, die Eniehung, die Kraukenpíl ge und anderes in der Gemeinschaft,
tatt nur d n eigenen orteil womo lich durch unsau re Verhalten am:u•
treben di taatliche notwendi e Ordnung nur durch Zwangherrschaft zu
· rwirklichen, die Et7.ichun nur für ei ne Zwe k und Bevonnundung zu
mipbrauchen die Krankenpfleg nur um d Profits wegen zu betr i 1.

Wi:r halten somit e:.chen, dap Humanitiit nur gewonn n werden kann,
wenn wir un dem hoheren iveau de \ erthaften zuwenden, vor allem in
ethl cher Hin icht. Das kann nur erreicht werden, wenn der fensch durch
eine mchr bewupte oder unbewupt . wie ich zu sagcn pílege,S seine Otientierung findet. Dí s Verhalten wird erst voll lebendig in wu, wenn ich einen
G samtaspekl un r Daseins in der \\'elt ewinne. or allem erreiche i h
eine innere B r icherung sowohl durch &lt;len asthetischen Wert, wenn er in
cinem innenbild mich durch ein qualitatives innbild belebt, als auch, wcnn,
wie die G hichtc lehrt, in dcm rrligiosen W rt als menschliches Urphanomen
di Ehrfurcht vor d m 1 1.1.tgültigcn Gch imnis, wie Goethe sagt, dem Mensch n ro cigen wird.

Sornit venteh ich Hu.manitiñ als die innere und aupere konkrete Ver•
wirklichung d n, was wir Humanismus nenncn. Es i t di
oraus.setzung
echten m nschlichen Welt\·erstiin&lt;lnwcs und der Gemeinschaften im Volke
und der Kulturen zueinander.
Di

wieder mehr in unser

wuP

m zu erheben, ist d

Erfordemi

• "Philo ophie des lebendig n Geist "

110

111

�ARISTÓTELES Y LA LISTA DE CUALIDADES EN METEOR.
385 a 10

DR.

J.

E. Boi.zÁN,

Universidad Católica de Argentina.

"Probábase a razonar, ayudándose
de palabras y acciones. Y tal vez lo
que comenzaba la lengua lo acababa
de exprimir el gesto."

LA

LISTA QUE presenta Aristóteles en Meteor., 385 a 10 acerca de las cualidades empíricas que "diferencian Ja mayoría de los cuerpos" (a 18) se ha
mostrado siempre un paso difícil para traductores y comentaristas cuando
se trata de trasladar unívocamente los términos griegos, y de explicar el
porqué de tal lista y no otra.

En términos generales, es comprensible la dificultad con que se halló el
mismo Aristóteles, no sólo desde el punto de vista lingüístico -problema que
explícitamente refiere en más de una ocasión-1 sino también y en primer
término por las dificultades derivadas de su propia vía empírica, intentando
reconocer y distinguir aquello mismo a clasificar. Vale todo ello decir que
es Ja labor pionera que emprendiera Aristóteles la causa fundamental y originante de toda otra complicación.
Lo que resulta sencillo es determinar el criterio de selección de las cualidades, pues al principio mismo del texto se declara que se comienza "por
enumerar aquellas cualidades que expresan aptitud o ineptitud de algo para
1

Por ej.: Categ., 7 a 5; Maleo,., 387 a 32 ss.

113
11 UMANITAS-8

�ser afectado de determinado modo" (a 10); tratándose entonces de la clásica "segunda especie de cualidad", según la conocida clasificación de Categ.,
VIII. Estas cualidades son derivadas con respecto a las cuatro fundamentales: humedad, sequedad, calidez y frigidez, las cuales • constituyen la materia de los cuerpos compuestos" 2 y podrían denominarse aquí cualidades
de primera especie (hábito y disposición); pero que se especifican en la
realidad fáctica de la existencia de innumerables cuerpos a través de las
cualidades de segunda especie, las más inmediatas éstas y útiles en una clasificación empírica. Con lo cual queda, en principio, justificada la lista dicha
pues recoge el conocimiento empírico de Aristóteles según "las afecciones
más características que expresan las posibilidades [del cuerpo :mixto] de sufrir
acción" (384 b 34 ss.); es decir, de ejercer sobre ellas alguna actividad de
tipo experimental. Sin embargo la justifü:.aci6n no es definitiva, pues recabando del mismo Aristóteles una defensa aducida en otro contexto, "debemos
tener en cuenta que estos términos no denotan con propiedad lo hechos
mismos, pues no todas las varias clases de acontecimientos similares tienen
nombres que les sean propiamente aplicables; en consecuencia es menester
considerar las especies enumeradas como no siendo exactamente lo que indican las palabras, sino algo semejante".ª
Bajo tales premisas intentaremos dar una versión castellana de dicha lista,
tomando como base el texto crítico de Fobes; 4c versión que justificaremos a
continuación presentando comparativamente las traducciones de Vicomercatus (V),5 Lee (L) 18 Webster (W),7 y Tricot (T) ,8 citando también la
opinión de Düring ( D) 0 y, finalmente, nuestra propia versión (en bastardilla). El comentario que seguirá en cada caso intenta justificar nuestra
• De part. animal., 646 a 16; cfr. también De gen. corr., 329 b 32.
• Meteor., 379 b l2 ss., estableciendo su terminalogía con relación a los procesos
naturales de cambio: nbp,i;, i,¡n¡cnt; 1 lmn]a,i;, etc.
• Fo»ES, F. H., ,fristotdis Meteorologieorum libri quattuor, Cambridge (Mass.),
1919; reprod. Ohm, Hildesheim, 1967. Agradecemos a la Lic. Axucena A. Frabosdñ
su valiosísima ayuda en la correcta interpretación de los términos griegos.
• V1cOMERCATUS, F., In IV libros .Ari.rtotelis Meteorologica comentarii, Venetiis,

1565.
1

LEE, H. D. P., Aristotle: Meteorologica, Loeb Class, Library, 1952.
E. W., Meteorologica, en The works of A.ristotu transfaled into English,

' WEBSTER,

Oxford, vol. III, 1931; reimp. 1955.
• TRICOT, J., A.ristote: Les Météorologiques, Paris, Vrin, 1941.
• DiliuNo, I., .A.rütotle's Chem~al Tua.tise. Meteorologica. Book IV, Goteborg, 1944.
En la secci6n correspondiente a su traducción omite Dürin.g el paso de 385 a 10 ss.,
saltando desde 385 a 8 hasta 985 a 20; pero en sección "Oomment'.lry" refiere muy

n~:nclatura ~tellana en base al uso que el mismo Aristóteles hace de sus
tenrunos en diversas ocasiones.

TEXTO

. "Com~c~os por enumerar aquellas cualidades que e.xpresan la apb~d- .º mephtud de algo para ser afectado en determinado modo·
solidif1~bl:, no solidificable (nf}XTOV afffJX7:0'II); fusible, infusíbl~
(n¡xTcw aT71x-r:cw) ; ablandable por el calor no ablandable
1
cal ( al
, , _1
•
por e
ar µ ax-r:ov aµ{Ut,a:x-r:cw) ; ablandable por el agua, no ablandable
~r el agua (uy,m&gt;t' ,i't-yx-ro11 ); doblable, no doblable (xa
•
axannTot')
.
'ble ( xa-r:ax-r:ov
• axá-raxi-ov)
•
µn,-r:cw
. r-'. partibl e, unparli
. friable
~1able (fJeav&lt;1-r:ov lifJeavcnov); estampable, no estampab~
afJla&lt;1Tcw)
1 •
.,
.
. ,· plástico, no Plásn'co (ffA,Q.O"t'ov
anla&lt;1-r:cw)
· compresible.,,
1:1compreS1ble (nteO"t'ov dní.ecno11); extensible, inexten~ble ( llx-r:o~
d.x?:ov) ; maleable, no maleable ( lla?:ov av~la.1:ov) • hendible
he dibl (
' "'
·,
•
, no
.n
e ~X'O"t'º" aax,~ov) ;cortable, no cortable ('r:µ111:ov á1:µ111:o'tl);
viscoso, dispersable. (?'l'&lt;1XUº" &lt;pa8veo"); compactable, no compact:ble ( ml17To11 cun..t11,i-011) ; combustible, incombustible {xav&lt;11:011
axavtno'tl) ; exhalan te, no exhalante (8vµ,a-,:011 afJvµía1:o11 ) ."

(8la:.rt

ª"

385 a 10 ss.)
GoMENTAJUO

I · n11x_i-~
• ~17x1:ov:
.,
concretile, inconcretile (V) ; capable or incapable of solidif1cabon (L); to be apt or inapt to solidify (W) . lidif' bl
lidifiabl
' so
ia e,
non so
_e. ~T); solidify, congeal, freeze, by cold as well as by
heat (D) ; solidifu:able, no solidificable.
En varios ~~s d~ Meteor., cap. VI, estudiando precisamente los cambios
de. ~~do,. _utiliza A~telcs nfjs~i; indicando indudablemente el proceso de
solidifica.CIOn,
· 1 , 8 Y oporuendolo a n¡~,i; (fusi6n: 382 b 28) 0 b.1en al corre la1abvo
11,VEU.. &lt;U (disolverse·· 382 b 31) · Un caso el aro aparece en 383 a 6
ss., donde los c~erpos acuosos no son soHdilicables (n 111 ,,v1:a,) por el
fuego, ya que
es• este el que los disuelve (.ltie1:&lt;u ,vá"
•
C' ilno nvA..c
!!Vi; ) y e f ectos contranos. piden causas contrarias·. preo·sament e "solidif'1can
·
, ·
por perdida
de calor y disuelven por agregado de calor". Dado el claro eJ·emplo utilizad
0
,
( cu
. erpos acuosos, agua, líquidos)
el uso que hace de :mí~,i; está bien defimdo ·• se trata d e so lidif"1cació n, o también
· congelamiento (como dice Dü-

b1:evemente el problema, y de alll lo tomamos.

115

114

�ring). y que ello acontezca no sólo por el frío sino también, por el calor vale
para el caso de los compuestos por tierra y agua: por el fno~ en cuanto éste
expulsa conjuntamente el calor y la humedad que lo acompana; por el calor,
ya que éste provoca el escape de la humedad bajo la fonna de. vapor (383
a 13 ss.). Pero el ejemplo más conspicuo y que ya no puede ~e1ar du~as es
aquel q_ue se refiere a la siderur~a, froc~o en el cu~l e~ hierr~ s61ido s~
funde y solidifica posteri01mente (vyeoc; y1,yvtcrra1, xa1, míliv n11rvve18a,,

embargo, que el mismo término ( o sus derivados) lo emplea Aristóteles para
significar ablandamiento o blandura sin necesaria referencia al calor o al
fuego, en una serie de textos acerca de la cualidad «blandura" (382 a 8)
1
a las definiciones de "duro'' y ''blando" ( 382 a 11), y aun al medio ( tacto )
utilizado para discriminar entre lo duro y lo blando (382 a 14 ss.)

IV. uyxro11 lí-r:t)IXT01': humectile, non humectile (V) ; softenable
or unsoftenable by water (L); be softened by water (W); amollisable,
non amollisable par l'eau (T); be absorbcnt (D) ; ablandable por el
agua, no ablandable por el agua.

cfr. 383 a 26 ss.) .1 º

u.

-i:,¡x-i:lw li-i:,¡x-rcw: liquabile, ineliquabile (V); meltable ~r unmeltable (L) ; to be apt to melt (W); fusible, non fusible (T); liquefy,

roelt by beat, be dissolved (D); fusibl4, infusible.
En 382 b 28 ss. aparece ·n7xte18a, como una espe~~e de ~real'l't_e18~,
y en los pasos ya citados de 382 b 31 y 383 a 6 ss.&gt; utiliza Anst6teles mdistintamente -r:17~,,; y '-vta8ai ( cfr. 1) ; esto P;1e?e ":rifi~e fá~~t: e~
383 b 12 donde "'l'Í:~eo'I' di xal cíltc; Av-i:a 1'yew, ov nanc. dt d.Ua
"'Xe&lt;1&gt;"' y por consiguiente, debe referirse a la disolución, no a la ~ón;
; en 387 b
ss. aparecen como ejemplo de ''fusibles" el cobre y el incienso.11

25

JU. µalax-r:o11 &amp;µálaxi-o'I': emollibile, inemollibile (V) ; softenable
or unsoftenable by heat (L) ; be softened by heat (W) ; amollisable, non
amollisable par la cbaleur (T) ; be softened by fire (D) ; ablandable por
el calor, no ablandable por el calor.
EJ.emplos claros de este uso en 383 a 19 ss. ( especialmente a 25) -donde
d sufrir
la arcilla aparece ablandándose por el fuego, pudiendo de este mo o . .
deformación en el horno- así como los casos del hierro y el cuerno, fhudificables sólo en presencia de calor excesivo pero ablandables (µal.án-t-rcu:
29-32 · el cuerno también en 384 b 1) a menores temperaturas;
383
a
'
"C,' al
')
mientras que en 384 b 15 ss. la madera no es ablandable ( ov t µ ax-r:a
por el calor. En 385 b 6 ss., se reúnen como ~ateriales ablan_dables por el
fuego, en diversas circunstancias, el nitro, la arcilla, la sal, el hierro, el cuei:no y la madera; distinguiéndose entre ablandables por el calor (los tres p~meros) y ablandables por el fuego (los tres últimos). Debe destacarse, sm
10 Cfr. también el ~ de la arcilla en su proceso de cocción.' 383 .ª 19 s~-~' hemos
tratado ex.te.nsamente de la siderurgia. en "Aristóteles y la anbgua s1derurgJa , Aca·
demia Nacional de Ciencias (Córdoba, Argentina), Miscelánea nº 52 , 1972.
u Cfr. 383 b 13 y 384 a g3 para otros ejemplos.

116

Traducir este término como "ablandable por el agua" no es absolutamente
correcto, según veremos a través del uso que de él hace Aristóteles; pero estimamos que la dificultad está más bien de parte de la empiria que de la semántica, y tal ve.z la justificación global más sólida resida en que el Estagirita
compara claramente, en 385 b 12 ss., n¡x-rÓ'I' y nyx-ro'I' cuando dice que
'el bronce, siendo fusible ( 1:17,c-r:o'I'), no es ablandable ( lfrty,c-r:o,,) ; en
tanto que sí lo son lana y tierra, pues pueden embeberse" (385 b 13-14). Esta
imbibición (Peixta8a,) es previa al ablandamiento, el cual resultará· entonces ser un ablandamiento por el agua ( de imbibición) ; pero todo ello no
justifica la traducción de Düring. No obstante estamos de acuerdo con Düring
en que rlyyta8at debe incluir tanto /Jeixta8a, cuanto µala,cdnt(!O'I'
yl'Yt&lt;18a, aun cuando el mismo Düring no da la razón de ello.12 En efecto,
en 385 b 6 ( citado supra) los casos de nitro, la sal y la arcilla muestran un
ablandamiento por el calor (µalaxrá) en presencia de una cierta proporción
de a!?Ua, siendo a su vez diferente de un ablandamiento por el fuego (rasos
del hierro, el cuerno y la madera, lineas 11-12); no obstante, en 385 b 15 se
dice del nitro y de la sal que son fusibles por el agua (ilJa-r:os- -r:77x-r:0011
¿ olubles?) mas no ablandables ( anrx-ra), sobreentendiéndose "por el
agua". Más aún: en 385 b 19 se habla de cuerpos porosos que pueden ser
nyxi-á si los poros son mayores que las partículas de agua; mientras que
si son, además, homogéneamente porosos, resultan -r:17x1:a de 1Jdan. Es decir que -r:tyx.-r:á supone "por acción del agua", dándose ejemplos en 385 b 21.

=

V. x.aµn-r:lw l,.x.aµn-r:o'I': flexible, inflexible (V) ; flexible or inflexible (L); bend (W); flexible, non flexible (T); apt to band, of flexible bodies (D) ; doblab~, no doblable.
12

f. d. Osterr. Oymn.,
J., TranJ. Oxford Philolog. Soc., 1884-5, p. 11.

Pero remite a dos trabajos: HovnlANN, K. B., Zeit,

35, 573; y CooK.

W1LSON,

188at,

117

�El texto fundamental al caso es el de 385 b 26 ss., donde se habla de cuerpos
que pueden ser "'Xaµn:r:á. xai &amp;8u'JITá (doblados y enderezados), tales como
la cafia y el mimbre"; y de aquellos otros que 'como la cerámica y la piedra,
son lixaµ.nTa (inflexibles)''. Todo este paso (385 b 26 - 386 a 9) es de
considerable sutileza lingüística y constituye eficaz ejemplo de las dificultades
con que se las hubo Aristóteles, pues aparece él debatiéndose aquí entre el
vario acontecer natural y la ausencia de una adecuada nomenc1atura. Lo
que aquí se halla en juego es -propiamente y tal cual lo dice el párrafo
final del texto: xai. ?"aV?"á E&lt;hW xaµn,?"a xat. Evev,,'t"á, )((If, líxaµn,?"a xai.
a.-'JIE1Í8vna b 7 ss.- el poder o no ser encorvado o enderezado algo por
medio de un movimiento (xai ?"O xá.µ¡t"t"E&lt;18at xai. TO Ev8vt'ta8at [...)
µdJlo'tao8a, 7J xt,,Ei&lt;18a.i a 31-33). Es por ello que lo más correcto e
referir e a esta cualidad como la de aquello que es "doblable o no doblable"
más bien que "flexible" (pues flexible tiene una connotación tendiente a
"elástico") como puede verificarse cuando dice €(1WJI de áxaµzn:a

xal

ex

·ov"Ta

a.'Jlt11

u

0000,,

neet&lt;peeda~ xa,

,

,

.. ,

aooµan,,,, ov ov'JlaTat

¡~

lv8'ÍJT7''t"O~

el~

,

TO

-

,

µ71'H-o~ ti~

1r.Ef!t,:pieELQ/JI

µe,,
~e,
n, VT71't"ª

µtTa/JáUs,,,,

a 29-31 J· donde más bien se trata de cosas plásticas.

con el hielo y la piedra -para tomar ejemplos del mismo Arist6teles en línea
10- y, seg(m se proceda, también con la cerámica, que es xai 8eavC1Tcw
xa¡ xaraxi-ó,, (líneas 11-12) porque, aplicando al caso la teoría de los
poros (líneas 14-17), tiene los suyos dispuestos en parte discontinuamente
y en parte longitudinalmente. Para Düring la distinción entre xa.ra,mw y
8eavcnÓ'JI es "artificial", pero ello se explica por su errónea concepción
de lo xaTa.xTÓtr. Téngase en cuenta que la teoría general de poros señala
dos modos bien diferenciados de comportamiento frente a la percusión : si
los poros de un determinado material son numerosos y se hallan dispuestos
al azar, el resultado será una múltiple fragmentación de la cosa según los
múltiples límites internos que dichos poros establecen; si, por el contrario,
esos numerosos poros se hallan regularmente distribuidos siguiendo una dirección preferencial, se producirá una ruptura en pacos trozos de mayor
tamaño.

VIII. _8laOTO-'JI lí.81aOTO": impressibile, non impressibile (V); capable or mcapable of taking an impression (L); be impressed (W);
apte a cons~rver les empreintes, inapte a conserver les empreintes (T) ;
apt to be 1mpreMed, e.g. by stamp or signet (D); estampable, no
estampable.

VI. 'H.ara'H-TOtl dxáTa.'H-TO'JI: ruptile, non ruptile (V) ; breakable or
unbreakable (L); break (W) ; frangible, non frangible (T) ; apt to be
cracked (D); partible, impartible.
Aristóteles trata en un mismo paso (386 a 9 ss.) de lo xaTctxTÓ-'JI y de lo
VII infra); y ambos "difieren porque partición (xára~t~)
es división con separación en grandes trozos, pero desmenuzamiento (8eav&lt;1i~)
lo es según numerosos trozos menudos" (386 a 12-14); y las cosas partibles,
tales como la madera (= astillable) tienen sus múltiples poros dispuestos
longitudinalmente ( a 16-17). Por esto, y por cuanto se dirá en el caso siguiente (el VII) no nos parece correcta la aclaración de Düring según la
cual, al referirse a xaTaxrÓ,,, "be [Arist6teles] thinks of brittle things of

8eavanw (cfr.

a splinter and the like' 1 •

VII. 8eav&lt;1ro11 a.8eavar0t': fragile, non fragile (V) ; capable or
incapable of fragmentation (L); be comminuted (W); friable, non
friable (T); apt to break into small pieces, be comminuted (ice) into
a granular condition (D); friable, 120 friable.
Hemos referido ya la distinción de 386 a 12-16 (VI supra). Precisamente
es "friable" aquello más o menos fácilmente desmenuzable, tal cual acontece

El texto fundamental ( 386 a 17-25) no deja lugar a dudas en cuanto al
sentido de esta cualidad pues se describe am la 8A.áoi~ como "modificación
superficial con hundimiento parcial por presión o impacto o, en general,
por contacto; y tales cosas son o blandas, como la cera -cuya superficie se
modifica sólo parcialmente- o bien duras, como el cobre" (386 a 18-22).
A contrario sensu, son lí.81a.cn:a los materiales duros (cerámica) o líquidos
(agua); pues en el caso de la cerámica, ésta no cede según su superficie;
y en el caso del agua existe, sí, cesión pero ahora de toda su masa pues toda
ésta es la que se despl~a por acción de la presión.13 Repárese, de paso, en
la cuidadosa observación que hace Aristóteles con relación al cobre: éste es
duro, pero estampable porque a diferencia del agua y de la cerámica, cede
en su superficie y, en parte, en su masa.
IX. nl_a.ad,- ánA.aaTo,,: fonnabile, non fonnabile (V) ; plastic or
non plastic (L); be moulded (W); plastique, non plastique (T); apt
to be formed, moulded (D); plástico, no plástico.
~ Rccu~rdese que para Arist6telcs e.1 agua es dura (=incompresible) pues su superfice es capaz de ceder, pero con despla:z.amiento de las demú partes. Ofr. 382 a 1 t-14
y nuestro n9 XI infra.

119
118

�Para Arist6tel s las substancias .n.1aOT&lt;Í son una especie de las estampabl , y Jo son "cuantas retienen la impronta lograda por simple modelado
manual" {386 a 25). Las án.1aOTa son "aquellas que o no son fácilmente moldeables (µ17 tiitJl.aut'a) -tal como la piedra y la madera- o, siéndolo,
no con 1van la impronta ~ de la lana y de la esponja-" (386 a 26).
De aqu1 que se justifique la tradu ción por "plástico".

X. nu:cnoY cuiÍEO't'0'1: compressile non compressile ( ) ; cap ble
or incapable o{ being squeezed (L); be squeez d (W); compr ible,
incomp
ible (T); apt to be squeezed, compressible (D); compmibl,,

incom Jmsible.
En el paso de 386 a 26 (citado upra) dice rist6tcles de las su tanela
no plá ticas y de su ejemplo , que son met1t'á.; en un largo texto (386 a
29-b 11) retoma el ,•ocablo para aclarar que "son mecn&lt;Í aquellas cosas
que, al ser e truja&lt;las, pueden contraerse por d plazamiento de sus superficies hacia el interior, sin ruptura ni intercambio local de sus partes"; ocurriendo esto porque dichas cosas "tienen sus poros vacíos ( vado del mismo
[mat rial que 1] cuerpo) '. Por consiguiente "son ntEO't'&lt;Í cuantas pu d~
contraerse hacia su propio vacío o hacia sus poros [...] tales omo la ponJa
la cera y la carn "; y son 'dnlecrta aquellas cosas que naturalment no
pueden contraerse bajo presión hacia sus propios poros, sea porque no los
poseen, a porque los tienen lleno de algo más duro [que el mismo cuerpo].
De este modo, son incompresibl el hierro, la piedra, el agua, y todo otro
liquido". Las e.rigencias fundamentales de compre ibilidad con r lación al
despla.7.3.rniento de partes deben ser referidas a lo ya di ho en VIII y nota 13.

XI. ll.xf&lt;W ü,,dxt'OY: tractile, non tractile ( V) ; ductile or non
ductile (L) ; to be tractil or non tractile (W) ; étirabl , non étirable
(T) ; apt to be stretched (D); extensible&gt; inextensible.
El texto explanatorio es el de 386 b 11-18: "llxt'CÍ on aqu llas cosas
cuy
uperfici pueden ser desplazadas hacia los lados; pues ser tirado
( l).,aa8a,) significa el d plazamiento, según la dirección del motor de
una superficie que [no obstante] permanec continua". Se trata, pue de un
desplazamiento según un movimiento de tracci6n,ª produciéndose un elongación de la cosa. E tamos así en el ca de cosas extensibles (cfr. también
XV). Por otra parte los ejemplos a que recurre Arist6teles: cabello, cu ro,

Es &amp;ta una de las "cuatro especies de traslación" de Phys., 243 a 15.

~e~os, pasta , ~gamenlo, l_ana, flema (líneas 13-18) más bien parecen
10dicar cosas elásticas es decll': alargablcs con recuperación espontánea del
tamañ~. original; no oh tan te, la letra del texto por un lado ( "cosas cuyas
s~perftcies pu den ser desplazadas hacia los lados"), y por otra lo que se
~irá en 'V acerca de los cuerpos que "pueden extenderse y contraerse constderablernente' ( 387 a 14), nos ha preferir aquí la terminología propuesta
( extensibl , inextensibl ). d chando totalmente "dúctil".

XII. llat'&lt;W d,r,jlat'OY: du tite, non du tile (V); malleable or non
malleabl (L); malleable or non malleable (W}; ductile, non ductile
(T); apt to be wr ught. pecially by forging, mall abl (copper) (D);
maleable, no maleable.
"Exj t n también cosas llai-á, tal como el cobre; otras a,r,jlaTa, tales
como la piedra y la madera. Son llai-«i aquellas cosas que por un mismo
.º~pe pu~en, al mismo tiempo y parcialmente, desplazarse
'n su supcrf~cre_ hana los lados en profundidad" (386 b 18-21). e trata, por congu1ent , de un proceso de laminación por percusión, r sultando el cuerpo
achatado y ext ndido; de aquí también la compa.raci.6n: "Todas ]as llaTÓ.:
son también 9lacná (= estampables)" (b 22). De modo tal que resultan
l.1a-rd el cobre dicho. pero también la cera y el lodo (b 24-25); no lo son
la piedra, la madera (b 19) ni la lana (b 25), no ob tante ser todas ella
compresibles ( b 24) .15

r

Xlll. axiui-o,, áaxtt1t'01': fissile, non f ile (V) ; fissile or non
fi ile (L): f ile or non fissile (W) ¡ fissile, non fusile (T) · fi ile
(D) ; het1dible, no hendible.
''Es oxurróv aquello cu 11 división puede ·tende
más allá de la popor el
en di isor· pu . algo resulta uxltaa, cuando~
previa divisi6n, se raja más allá del punto alcanzado por el divisor'' (386
b 27-29). Y recurriendo explicativamente otra vez a una e tru tura porosa,
resulta que "[t1XL&lt;1t'CÍ] son las que tienen sus poro -a lo largo de l cuales
consolidan- dispu t longitudinalmente, no tranSV rsalmente'1 {387 a
1-3). En tales condiciones se llega a producir un efecto de tipo cuña de
parte del instrumento y el material
hiende o raja pues lo poros, Ion-

i i6n alcanzad

11 En linea 25 aparece el agua como compmible (nmnÓti), siendo así que en
otros lugares 110 lo es (11id. nota 13). Fobes pone el texto entre corchetes: [011d'ii8coe].
anotando que Thurot lo elimina, ,in más.

121
120

�gitudinalmente ordenados, fa\'orccen d a tillamiento; caso típico es el d la
madera (386 b 26 ) . Ejemplo este último que muestra, además, que "hendible'' es un caso particular d "partible'' · rc-idi ndo e tructuralm ntc la
diferencia en la disposici6n de los por (cfr. VI y IV) .

XIV. Tµ1p:~ lí:1:µtp:o~: dividuum, individuum (V); cuttable or
incuttable (L) ¡ apt or inapt to be cut (W) ; sécable, insécable (T);
apt to be cut (D); cortablc, no cortablt.
l referirse a lo hendible, adara

rist6tel

que la prosecu i6n e pontánea
del efecto del agente divisor no
produce en el proc so de Tµijcrn; (386 b
30). Ahora dirá, más e.xplícitamcnt , que son 't:µ1]Tá los sólidos, duros
o blandos, que sometido a divi i6n no se d menuzan ni [el tajo] va necesariamente más allá de la división. Pero cuantos no
an húmedos, son
á:-cµ,¡t:á'' {387 a 3-6). · trata entone d un proceso de corte dond el
re ultado de la acci6n no
extiende allende 1 término alcanzado por 1 in. trumcnto. Y apelando una vez más a una razón tructural: " lgunas cosas,
omo la madera, son tanlo cortables cuanto hendibles {:&gt;&lt;a, t:µ7/t:á xcd
e7X&amp;O'Tá); pero, dicho en general, [e] longitudinalmente hendible y transversalmente cortable; pu
tratándose de al o múltiplemente divisibl , es
hendible cuando la separación [de las partes} se produce longitudinalmente,
y cortable si ocurre transversalmente" {387 a 7-11).

XV. yAfoxe~ ,paBveéw: lentum, friabile (V); viscous or friable
(L); to be viscous or friable (W) · visquex, broyable (T); viscous,
friable, grauular or pul\'erous, guttiform (D); viscoso, dispersable.
Es é te el único caso en que Arist6tele se aparta de su criterio fundaID ntal de "aptitud e ineptitud" 11 para echar mano má bien -en cuanto
a lo iscoso- a las cualidades de primera peci (hábito o disposición):
'Algo e yllt1xeo,, cuando siendo líquido o blando,
extensible. Tales
son los cuerpos de tructura entrelazada, al modo d
denas,
que pueden
extender y contraerse con iderabl mente. Los que no n así n VJ«Bveá"
( 38 7 a 11-15) . En términos generale , r A.lt1x eo,, indica una cierta consistencia g tatinosa,11 escurridiza, 1• elástica.10 En particular, lo
de-

riva de lo húmedo pue s trata d una especie de liquido modificado tal
como es el caso del aceite,10 cuya yl,axe61:71t; impide la aparición de sedim nto (382 b 13-16 donde cita también la pez) , así como también que
llegue a dei carse (383 b 34) .
El " tado viscoso" ha sido iempre difídl de conceptualizar y describir
pu to qu , n realidad y científicamente hablando ahora, todo cuerpo posee
ci rta flwdez, determinada viscosidad, excepto el cuerpo (te6ricam nte) rígido. La \'Í o idad aparee a í como fricción interna cuando se produce
un movimiento rela~-o de d slizamicoto de las capas -arbitrariamente consideradas- de una masa Owda y donde las capas superiom aparecen como
arra! lrando en sus movimiento , a las inferiorcs.' 1 .omo en muchos otros
· te aquí en ristótcl - una d limita 'ón n ta de lo ,·i ,
sino
incluyen baj
te término tod I s cu rpos que "pueden extende
ntracr considerabl ment ''; pero l intento de teoría de la tructura
a)'Uda a definir la t nninología, si ndo posible, además y nuevamente, obrvai la perspicacia demostrada por nuestro autor al reparar n que la
elasti idad forma parte de lo viscoso: d
hace unos pocos años la ci ncia
ha debido crear, como una rama especial, la reologia para sistematizar los
estados de fluencia precisamente por aquellos casos que, _en términos g ne-

ral s, incluyen conjuntamente viscosidad y elasticidad.
En cuanto a ,pafJvecí Aristóteles se reduce a incluir bajo e ta propiedad
a todos lo demás cuerpos. ¿ Cuáles son é tos? Parece, simplemente, que
aqu ll
que 'no son así" esto
qu siendo líquidos o blandos no son
tensibl y contráctiles, no se deslizan con cierta elasticidad. Muy pocas
,- c ha utilizado Arist6tcles dicho término en sus escritos y la dificultad de
acertar con su sentido y traducción merece nos detengamos un tanto en él.
En De Anima, 419 b 35, refiriéndose al papel del aire en la t.ransmisi6n del
sonido, dice Aristóteles que te no se produce d,a. d ,pa6~eo~ [ó d~e]
z~a, ; y esto aparece como ontrapu to a un aire que 'º"'18fí ""'"ex;;~ :&gt;&lt;al
e~, caso en el cual sí
producirá el nido; contraposición, pue de algo
,pa8veó~ a algo uno y continuo. Haml traduce aquí ,pafJve/w por "lack
of cohereoce"; 22 Siwek por ' particulas minutas f riandum; 23 y Tricot por

,,Aíoxe~

,. Algo semejante ocune con nuestro n• Xl, pero :illl poclrla recurrine a "mol-

deable, no moldeable", por ejemplo.
11 Hist. aniinal., 518 b 14-.
11 Hist. a11imal., 527 a 27.
u D, parl. animal., 652 a 18.

" D, 11n . corr., 330 a 4 u.
" De a.qui que resulle tan llamativa la recurreocia de Aristóteles a una e truclura
"entrelazada, a modo de cadena,", imagen aun hoy utiliz:ida,
= HA»LY, D. W., Árislotlt's D, anima, Oxford at the Clar ndon Press, 1968.
u Srwn, P., Arirtotdis D• onima libri tres gratu d latín,, Pontificia
niv rsiti

Gre oriana, Roma, 3a. 1957.

123

122

�"friabilité" (''tres impropcment d'ailleurs", reconoce en nota). st En sus respectivos comentarios, Ro habla de "friable" H }' Rodier dice que "l'air n'est
pas consi tant". 11 En De sensu, 44-1 a 23-26 se comparan agua y aceite diciendo d la primera qu es el más li ,ero de l líquidos, aun que el acei ;
pero ~. te, debido a su vi. cosidad, se . tiende más que el agua, micmras que
el ae;ua e ,pa8veó,, y por ello es más difícil de retener entre las manos que
ac ite. Mugnier traslada aquí VJa8veó'&gt;' por "íluide"; 11 Beare lo har:e
por 'inc h ive '.ª' Otros dos usos, pero de menor cuantía: en Hist. animalium,
510 b 26 (517 b 6) aparece una r ferencia a ,¡.,ÓY roa8velw lx8v"'Y, las
típicas va o cúmulos de hue\'ecillos¡ y en Problem. 927 b 27
habla d lo

,.

,

o ,

n,nen1:oueo,, por ser VJª veo,-.
Es decir que n todos los casos se alude con el ténnino ,¡.,a8ve&amp;,, a algo
que
discontinuo, que aparece como desmenuzado; a algo cuya coherencia
es muy lábil y que por ello
di persa más o meno fácilmente al no po r,
jwtamenLe, la "e tructura entrelazad , al modo de caden " de lo cue
d o:;o ;
tr.:i.ta, pues, de alguna denominación muy general, tal cual parece
darlo entender el paso de 387 a 15 al reunir bajo ,pa8vea. precisamente a
cuantos "no son así": no son viscosos. i se recuerda lo dicho supra para la
YÍscosidad, lo contrario a esta propil·dad sería la rigidez absoluta; pero penrnr así ría un anacroni mo, ) en consonancia. con lo que estimamos e la
"intentio auctoris" timamos que balta con la apro.ximación que se lo ca
traduci ndo ,pa8verw por "di~persable":
dispersable todo aquello que
pi •rdc fácilrocnt su cohesión, provocánd
bajo determin do fueno no
una d formación reversibl ( la ticidad) o irrev r&lt;,ible (fluidez)
gún un
d lizamiento de las partes con el arra tt·e J ial que corr ponde a lo vi e

ino la

p:iraci6n

in má

d la par

XVI. ,ul,71:ó,, anll71-ro": subactilc insuba tile ( ) ; comp "ble
incompre iblc (L) • to
compres ibil or incompre ibile (\ ) ; foulable non foulabl (T); apt to be kneacled (O) · compaceabltJ, no com-

pactable.

11

m,,

J., Aristott: D, l'
París, \'rin, 1965.
Ross, W. D., A,istotle De anima, editcd ,,ith introd., and

,. TlllCOT,

omm., O. forcl at

the Clarcndon Pre , 1961.
• RoD1ER, G., Aristou: Traití de l'4me, Pari E. Leroux, 1900.
.
rr MuoNtER, R., Arúlol1: Petits 1,aitl1 d'histoirt naturtlle, l xte établi et tradutt,

Paris, "Le_ Bcllcs Lettres", 1953.
11 BEARe, J. I. _ Ro s, G. R. T., ParrJa Naturalia, en Tht WorkJ o/ Ari1lotle
trarul. into English, vol. III.

12-1

"Entre los compresibles, son :n:,l71rá cuantos retienen establemente la
compresión; son cmll71-ra. cuantos o son absolutamente incompresibles o no
retienen establemente la compre i6n" (387 a 15-17). Es decir que m.t71-ró,,
es una _especie de meuró,- (dr. X). Aristóteles utiliza 1 verbo mlécu y
sus denvados en otros lugares con sentido constante de "compresión"; "
aquí se trata de retener o no tablemente el
ultado del esfuerzo de compre ·ón, lo cual sólo puede aconte er en 1 caso de sólidos que, por compresión, devi en coherentes; y en esto con iste ser compactable.

XVII. xavOTcw áxavt1l'o,,: ustile, non ustile (V) ; combustfüle or
incombustible (L); combu tible or incombu tibie (W); combustible, incombustibl (T) ; combustible (D) ; combustiblt, it1combustible.

La traducción del ténnino griego no parece aquí nada dudosa, y hasta la
grafía en lo diversos idiomas modernos citados es coincidente. Aristóteles
utiliza ,caiícTL;- y us derivado con el sentido de quemar y de combustible; 0
y aquí, en Meteor. 387 a 17-22, una nueva apelación a la teor"i.a de los poros
hace definitiva la noción pues además de sostener que madera, lana y huesos
son "avCTl'á -siendo áxava-i-a la piedra y el hielo- se dice que las primeras son así porque poseen poros ad cuados como para recibir el fuego,
y siempre que la bum dad presente no sea excesivamente resistente a ello
(precisam nte, por ocurrir esto último es que resultan incombustibl el hielo
y la madera verde). Ju1.gando ahora desde uno de los resultado deJ proceso, los combu tibies producen enizas (387 b 13). Ari t6te1 retoma más
adelante el tema de los combustibl , relacionando la combustibilidad con
otras varias cualidades vistas (con exhalabilidad: 387 b 21 ' b 31 , 388 a 2 ,·
con fusibilidad: 387 b 25) y di tinguiendo, además, entre combustión e inflamación (387 b 18 ss.).

XVIII. 8vµ,aTO'I' á8vµlaTO'tl: uffüu aptum, suffitu ineptum ( V) ;
capabl or incapable of giving off fumes (L); to be apt or inapt to
give off fum (W); vaporisable, non v porisable (T); fumigable, like
írankincense (D) ¡ ullalante, no uholanle.
• Cfr.: Pkys., 213 b 16. 216 b 24, 230 b 3; A-J1t10,.,
6 b 13 (compi, ión de
aire formándose viento); Híst. animal., 622 a 16: 1uJ..ovp,.,,o;, en el ntido de "apr .
tar'' al pulpo el cual, iendo resbaladizo puede capar (curi
ente D. \ . Tbom n,
Híitoria Animnlíum, n Th, ll'o,ks . .. , vol. IV, nota ad 622
16, dice: "nc.l.ovµcro~,
i.e. to make i t lcndcr") .
E.g.: Pk-,s., 251 a 16 (x11vo-ró. y xára-8tu); D, ca,lo, 307 a 1 (x(IVOTIXa&gt;Tat'a} ·
.De anima, 417 a 8 ( &gt;11111cnó,.) ; De pa,1. 1111imal ., 648 b 18 ( JC.cn,noií xavOTtHc:ineo11).'

.

�Arist6teles ha establecido antes (341 b 6 ss.) su teoría de las dos exhalaciones, que se producen cuando el sol calienta la tierra, diciendo que la
á,,a(Jvµíaut~ es de dos clases: una, más bien de la natura del vapor
( a:rµt.Jro8uniea"); la otra, de la natura del viento (n't'tvµa-rro8tudea") .111
De esta división general sacará posteriormente conclusiones con relación a la
producción de rocío, lluvia, nieve, rayos, terremotos, etc.; y aún se referirá
a la formación de minerales y metales; 32 tratándose siempre de cierto desprendimiento de un cuerpo sutil -gas vapor, humo- por acción del calor sobre
ciertos sólidos. Y esto, en castellano, es exhalar. Pero existe en Aristóteles una
posterior precisión pues en 387 a 23 ss., exigirá, s~ que los cuerpos exhalantes contengan humedad, pero la exhalación misma es algo más que desprendimiento de vapor (l~a.-rµittw) por obra del calor: de hecho es desprendimiento junto con el vapor ( a:rµí~: 387 a 23-24) de algo que es, por natura, cálido y seco -semejante al fuego: 340 b 27-29-; con lo cual resulta, finalmente "una segregación concomitante de seco y húmedo, debida al
calor ardiente" (387 a 30). La llama es humo ardiente (388 a 1); la exhalación del material leñoso es humo (387 a 32 y 388 a 2); la de la grasa,
hollín (387 b 6); la del aceite y de los cuerpos oleosos es humo pingüe
(387 b 6 y 388 a 5), así como también lo es en los casos de la cera, la pez,
el incienso, y materiales análogos. Como resultado, el cuerpo exhalante desaparece totalmente o bien se transforma en tierra (387 a 26). En algunos
casos podría hablarse de vaporización pues se trata de un líquido sometido
a "calor ardiente" (1J1t0 fJEeµov xavun,cov linea 25), con lo cual provocará el desprendimiento masivo de vapor. 33

pero en casos concretos podrá ser aconsejable recurrir a ciertos términos que

~ adecuadamente expresen la experiencia, varios de los cuales han apareodo al correr del comentario.

J. E.

BoI.ZAN

CENTRO DE INVESTIGACIONES FILOSOFICO-NATURALES
(Pontificia Universidad Católica Argentina y Consejo
Investigaciones Cientüicas y Técnicas)

acional de

BUENOS AIRES-ARGENTINA

•
No esperamos que hayan de este modo quedado resueltas todas las dudas
y ambigüedades de la lista de cualidades de Meteor., 385 a 10 ss.; en todos
los casos hemos debido optar por los términos castellanos actuales que mejor
representan -a nuestro juicio- las cualidades que, según Aristóteles, "expresan aptitud o ineptitud de algo para ser afectado de determinado modo";
Cfr. para esta distinción: De caelo, 305 b 14.
Cfr. nuestro artículo: "Aristóteles y la formación de minerales y metales", Anuario
Humanitas, Universidad de uevo Le6n (Mé'&lt;ico), vol. XIV, p. 218 ss.
11 Esta diferenciación entre evaporación y vaporización puede aparecer como un
anacronismo; sin embargo vid. ÜLD4PIODORO, In Meteora commentaria, en Comm .
in Aristotelem. Graeca, vol. XII, Pars II, 334, 19 ss., Beroliru, 1902. También Au:JANDllO, idem., ibid., vol. III, Pars II, 217, 14 ss., Berolini, 1899.
11

ª

126

127

�ANTINOMIE LOGICHE E IDEA DELL'ESSERE

DR.

SERGIO SARTI

Udine, Italia.

Puo ESSERE fonte di stupore il fatto che le antinomie, o paradossi logici,1
siano state tanto poco studiate nell'ambito della filosofía moderna. La Scolastica le conobbe sotto il nome di lnsolubilia o sotto quello, analogo ma
avente un riferimento un po'diverso, di Impossibilia, e ne cliscusse ampiamente, sulle tracce di Aristotele che gia le aveva intraviste (ma cosa non
ha visto o intravisto Aristotele?) ; !'ultimo che ne abbia trattato con ampiezza
e forse que! Paolo Nicoletti da Udinc, comunemente conosciuto come Paolo
Veneto, che della piu celebre delle antinomie, quena del "mentitore", elenco
quattordici soluzioni, aggiungendovi una quindicesima, la sua. 2 All'avvento
dell'Umanesimo, i parados:ñ logici furono relegati tra le inutili logomachie,
assieme a tutto l'annamentario :ñllogistico, e bencbe Paolo Veneto fosse
studiato ancora nel '600 (Galilei senza alcun dubbio lo lesse), la questione
non fu piu ripresa seriamente lungo tutto l'arco del pensiero moderno, salvo
che in Spagna, ad opera della Seconda Scolastica, e dunque in un ambito
spazialmente e cronologicamente limitato.
E' vero che verso la mete dell'800 si verifica un risveglio d'interesse per
í paradossi logici, ma e cosa che riguarda esclusivamente i matematici; tale
• Spesso i "paradossi" vengono distinti dalle "antinomie", in quanto queJte vengono
assunte come un caso speciale di quelli: cosl, ad es., FEU.ATf.R Mou, José, ne) suo
Diccionarú, dt Filoso/la, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 5a. ed., 1965, vol. II,
p. 365. Poiche tuttavia i paradossi che non coincidono con le antinomie sono o
esinenziali o ¡,sicologici, l'aggiunta della qualiflca "logici" basta a identüicare i paradossi con le antinomie. Avvertiamo che di alcuni paradossi logici, detti "di conforma",
non ci occupiamo in questa sede.
1 Cfr. FEIU.AT.ER MoRA, José, Diccionario, cit., vol. II9, p. 366.

129
HUMANITAS-9

�risveglio infatti costituisce un aspetto -causa ed effetto insieme- di quella
Grundlagenkrisis (la crisi dei fondamenti de lle matematiche) che, iniziatasi
con Cantor, oltreppassa i confini del secolo per concludersi -e negativamentesolo nel 1931, col "teorema di incompletezza" di Kurt Godel. 3 A fianco dei
matematici, si sano posti solo i neoempiristi logici, specialmente gli stucliosi
di logistica e gli analisti del linguaggio, per i quali le antinomie presentano
particolari ragioni di interesse.
Quanto ai filosofi "umanisti" -o filosofi tout court-, non se ne sano
occupati, né se ne occupano tuttora, neppure quelli, tra loro, che si sono dedicati a problemi logici: di antinomie non trattano, anzi non fanno neppur
menzione né Cartesio né Leibnitz, né Hegel, né Stuart Mili, né Croce&gt; né
,
'
. .
Gentile. Tra i piu recenti si nota qualche eccezione; e tra queste nu p1ace
ricordare Juan Roig Gironella,-4- che delle antinomie ha dato una profunda
trattazione su basi scolastico-tomi.ste.

Ma i matematici che hanno affrontato il problema, lo hanno aUrontato
con mentalita e intenti da matematici; ne diversa i.mpostazione gli hanno
dato i neoempiristi logici. Occorre tener presente che lungo tutto il sec. XIX,
gli sforzi degli studiosi lurono volti a liberare le matematiche ~l p~ di
presupposti filosofici-kantiani, platonici, psicologici, ecc.-, per cogliere 11 fare
matematico nella sua esclusiva purezza, e che la carica antifilosofica che si
accompagnava a tali sforzi, e finita per apparire come naturale retaggio della
mentalita matematica. Si osservi poi che, se tra la fine del secolo scorso e
l'inizio di questo, si e stabilito uno stretto connubio tra matematica e logica,
cío stato solo perch.é la logica
stata considerata a sé, avulsa dal corpo
della filosofia, e a sua volta "matematizzata". D'altronde e noto che i matematici e i "matematisti ' guardano la filosofía urnanistica, non scientifica
0 scientifizzante, con una sufficienza almeno parí a quella con cui i filosofi
umanisti guardano la matematica. Onde quando A. Schonflies ritiene di
poter evitare le dilficolta dei paradossi logici "semplicemente relegandoli

e

e

• Sul teorema di Godel abbiamo presentato una comunicazione al Congreuo di Fi•
Godel o
[ . di Sáo Paulo ' 1974, i cui Aui non sooo ancora usciti. Per i1 te;to di
1~ra
.
di
per una chiara introduzione alla comp~essa mate¿a ~e
il teorcmo, mnan _amo
a: AOA:i:zt, Evandro, ]ntrodu.:ione a1 problem1 dell llSSromallca, Ed. Vita e PellSlero,

~guar?

Milano, 1961.
• Roro Gnt.ONELLA, Juan, S. J., Estudios de Metaffsica, Flon Ed., Barcelona, 1959;
si veda parti.colarmente la Prima parte e in specie i capitoli 111 e IV. E' do.veros_o
ricordare anche l'opera di una srudiosa italiana, R.lv&amp;TrI BAJU10, Francesca, L'anhnom1~
del mentitore nel ¡,ensiero contemporaneo, Unive1"$Í.ta Cattolica del Sacro Cuore, Mi,
lano, 1961.

130

nell'ambito della problematica puramente filosofica ? egli non fa che muoversi all'intemo di un att ggiamento dilluso tra i matematici, per i quali in
fondo la filosofia e il luogo di tutti i vaniloqui, e pertanto tutte le questioni
insolubili le appartengono di diritto.
Sarebbe dunque inutile cercare, presso i matematici e i neoempiristi, a
proposito delle antinomie logiche, una problematica propriamente filosofica.
Come ha visto chiaramente il Roig Gironella, il problema che le antinom.ie
suscitano nel matematico, e quello -ben piu pratico che teoretico- del
modo di evitarle. Esse costituiscono un ostacolo ne!Fe plicazione del processo
mentale per cui da alcuni assiomi si ricavano teoremi e proposizioni sempre
nuove: il matematico, abituato normalmente ad avanzare indefinitamente
in questo processo deduttivo, al rivelarsi di un inciampo imprevisto, ne rimane
sconcertato; ma, trovato il modo di evitarlo o di aggirarlo, non se ne cura
oltre. A proposito della teoria dei tipi di B. Russell, ad esempio, il Ferrater
Mora osserva: "La soluzione russelliana dei paradossi logici consistette fondalmentalmente nel dimo trare che le espressioni nelle quali essi si farmulano
mancano di significato e devano essere eliminate per mezzo di nuove regole" .0 Altri tipi di soluzione, su cuí tomeremo piu avanti, consistono nel
negare la loro effettiva consistenza: cosi, sia pure in forme diverse, il Koiré
e il Ryle. Nessuno sembra sfiorato dal dubbio che occorra chiedersi che cosa
siano questi parados.5i qua1e sia la caratteristica della mente um:ana che
permette il loro insorgere, quale sía insomma il loro significato per la comprensione dell'attivita pensante e, piu in genera]e, dello spirito umano.
Solo il Roig Gironella, come s'e accennato, in virtu dei fondamenti scolastici del suo filosofare, e andato oltre, ed ha fomito una spiegazione del
loro fonnarsi; ma noi riteniamo che si possa fare ancora di piu, chiedendoci:
come va inteso il pensiero u.mano, un pensiero cioe che, ne! suo libero
esplicarsi, cacle in insolubili contraddizi.oni? Le antinomie Jogiche rivelano
che tale pensiero l1a dei limiti: in che consistono, quali sono e da che sano
determinati questi li.miti? Quali conseguenze se ne devano trarre, in ordine
al modo con cuí va concepito il pensiero stesso e 1a sua fumione? Queste
sono le domande alle quali noi tenteremo di dare risposta.
E' probabile che il proposito ora espresso di indagare con la ragione la
ragione stessa, per individuame i limiti, possa. suggerire al lettore un accos• MANGIO. !, Corrado, 'La logica nel XX secolo", in Storia del pensiero filosofico
e scienti/ico, dintta da Ludovico Geymonat, 2a. ed., Garzanti Ed., Milano, vol. IV,

p. 474.
• FERRATER

MoRA, José, Diccionario, cit., vol. Il, p. 798.

131

�tamento col tipo di problemi esaminati nella kantiana Critica della Ragion
Pura. Non abbiamo ragione di respingere questo accostamento, purche esso
si riferisca esclusivamente al tipo di problemi, e non alle soluzioni, ne a tutto
quell'insieme ideologico che ad esse si connette. Osserviamo inoltre che tale
accostamento ne richiama i.mmediatamente un altro, in quanto anche Kant
ha conosciuto e discusso il problema delle antinomie, sebbene si trattasse,
nel suo caso, di antinomie non logiche ma cosmologiche; queste sarebbero
state anzi, secondo recenti studi, proprio }'incentivo iniziale a tutta la com•
plessa elaborazione concettuale del Criticismo.
Prendiamo occasione da questo accoslamento, per f are delle precisazioni
che ci introducono direttamente nel nostro argomento. Infatti, tra le antinomie logiche, che qui ci inter~o, e quelle cosmologiche di cui si occupato
Kant ci sono delle differenze che meritano rilevate, e che possiamo articolare

e

' puntL
in due

Anzitutto Je antinomie kantiane, essendo cosmologiche, fanno riferimento
._,.
a un oggetto --o, p1u
esattamente a una ,ecosa" , vera o presun ta- , che,
come tale, in se stessa, estema al pensiero. L'antinomia nasce, qui, quando
ed in quanto il pensiero cerca di afferrare una cosa per sé non conoscibile,
non circoscrivibile dall'atto noetico, non riducibile a noema. Se da un lato
e il pensiero che tende ad afferrare il cosmo per farsene un pensato, cPaltro
Jalo e il cosmo in sé che non e pcnsabile: il limite che in questo caso si
viene rivelando, appartiene bensl al pensiero, ma solo in quanto questo
si ponga di fronte, o in relazione a tale suo inoggettivabile oggetto. lnvece
le antinomie logicbe -quelle cli cui ci occupiamo in questa sede-, appartengono al pensiero in quanto tale, e nascono, per cosi dire, dal suo interno.
E' vero che esse si rivelano solo quando il pensiero pensa un oggetto determinato (né d'altronde sarebbe possibile altrimenti, dato che, per pensare,
ossia per CMer pensiero, il pensiero deve pur pensare qualcosa) ; ma nel caso
delle antinomie logiche l'oggetto ( o, meglio, cio che il pensiero tenta di
afferrare come oggetto, senza riuscirci) e un dato puramente mentale, senza
riferimento ad alcunche di esterno a se stesso.

e

In secondo luogo, le antinomie cosmologiche si presentano come coppie
di proposizioni la cui unione si rivela contradclittoria, ma la cuí enunciazione
isolala non e, per sé, impensabile. lnfatti, le tesi e le antitesi delle antinomie
kantiane, prese da sole, non solo ipoteticamente possono essere sostenute
come vere, ma anche di fatto lo sono state, sia prima che dopo l'uscita della
Critica della Ragion Pura. Che il mondo sia finito sía nel tempo che nello
spazio, non e per sé un'idea assurda, cosl come non lo e l'altra, che il mondo
sía infinito nello spazio ed eterno nel tempo. L'antinomia nasce non gia

132

,

dalla natura delle due proposizioni in quanto tali, ma dalla loro unione,
dal loro esser disposte a coppia, dal loro proporsi come oggetto di una scelta
che si rivela indecidibile. Questo accoppiamento, d'altra parte, non e necessario, ncl senso che }'una proposizion richieda o richiami consequenzialmente
l'altra; e non ha neppure carattere rigorosamente esclusivo, se e vero, come
e vero, che !'alternativa proposta dalle tesi e dalle antitesi non esclude altre
ipotesi, pero es quelle che lo stesso Kant ha avanzato come soluzione.
Invece le antinomie logiche, pur essendo costituite anch'esse (spesso, ma
non sempre, e quindi non necessariamente) da due proposizioni contradclit•
torie, sono tali che in esse quesle due proposizioni si implicano mutuamente,
talche la contraddizione risulta non da un accostamento, in certo senso estrinseco, cli due ''pensati" cliversi, ma all'interno di un solo e medesimo
"pensato". L'antinomia, nel caso nostro, consiste proprio nel fatto che un
noema si presenta come pensabile se e solo se lo si pensa come il suo opposto,
il che per l'appunto lo rende impensabile. In altri. termini, !'antinomia logica
emerge la dove il pensiero incontra un pensato per sua stessa natura impensabile; non, pero esempio, un circolo quadrato, che e bensi impensabile,
ma solo come accozzo di due pensieri ( quello del circolo e quello del quadrato),
che per loro natura sono perfettamente pensa.bili; roa un circolo che, per
esser pensato come circolo, richieda d'esser pensato come quadrato, e non
possa pertanto esser pensato ne come circolo ne come quadrato. Nell'anti•
nomia logica non si ha dunque una semplice contraddizione, un non-A che
si pone cli fronte o di contro ad un A, ma una assoluta contradditorieta,
un A che per essere A deve essere, anche non-A, e percio non puo esser
mentalmente coito ne come A ne come non-A.

e

R.isulta chiaro, a questo punto, perche non
strettamente necessario che
un'antinomia logica si presenti come una coppia cli proposizioni. Essa rac•
chiude bensl necessariamente una coppia cli pensieri contraddicentisi ( altrimenti, e cbiaro che !'antinomia non si formerebbe), ma questa coppia e
antinomica proprio nel momento in cui i due pensieri si presentano uniti,
benche inconciliati, entro un unico atto pensante; che i due pensieri che
entrano in conflitto siano espressi in due o piu proposizioni, o in una sola,
conta ben poco. Ed e anche pcr questo che Pantinomia del ''mentitore ' (o
di Epimenide, o del cretese), che puo esprimersi con un'unica semplicissima
forma verbale -la prima persona del presente indicativo del verbo men•
tire-, si presta ad essere assunta come !'antinomia tipo, quasi paradigma,
riassunto e archetipo di tutte le antinomie.

Se, ora, colleghiamo tra loro i due punti di differenziazione tra antinomie
cosmologiche e antinomie logiche ora precisat:i, ne possiamo trarre un'im-

133

�portante conseguenza. Se le antinomie logiche scaturiscono dall'intemo del
pensiero e non dipendono da qualcosa a cuí il pensiero si debba riferire,
e se si rivelano in un pensato in sé contraddittorio e non nell'unione di due
pensati per se stessi pensabili, sembra inevitabile dedume che esse rivelano
qualcosa di piu profondo, di piu radicale, a proposito del pens.iero, che non
le antinomie cosmologiche; i limiti del pensiero che esse possono rivelarci,
riguardano evidentemente Ja natura dell'atto pensante in quanto tale.
Possiamo anche aggiungere un'altra considerazione: se da1 pensiero analizzato da Kant come caratterizzato dalle antinomie cosmologiche, altri ha
potuto far nascere l'idealismo immanentista, e cioe una nuova forma di
esaltazione del pensiero stesso, milla del genere potra esser dedotto dal pensiero analizzato attraverso le antinomie logiche: queste rivelano nel pens.iero
una finitudine che nessun artificio dialettico potra superare. E' lecito perlino
il sospetto che proprio questa sia la ragione segreta e inconfessata, per cui
l'idealismo ha sempre evita.to di esaminare l'argomento delle antinomie
logicbe.
Si sara gia intuito che noi tendiamo a unificare tutte le antinomie logiche
-tutte quelle, almeno, che riteniamo veramente tali-1 sotto una solo categoría specifica. In effetti, senza negare l'interesse che, sotto altri riguardi,
puo presentare una classificazione che tenda a distinguere diversi tipi di
antinomie, e in particolare quella del Ramsey di cui tra poco diremo, noi
riterüamo preferibile -ed anzi decisivo ai fini della nostra indagine- trascurare le clifferenze tra le antinomie e cogliere in ece in esse le caratteristiche comuni, o, meglio ancora, l'unica caratteristica determinante e spedficatrice.
Data comunque la notorieta della classificazione ramseyana, ci soffermercmo brevemente su di essa.. Il Ramsey, nel 1926, segnalo la possibilita
di distinguere le antinomie riguardanti nozioni matematiche, da quelle implica.nti nozioni logiche piu generiche, di tipo linguistico; le prime -tra
le quali egli pose il paradosso russelliano delle classi, quello del maggior
numero ordinale del Burali-Forti, quello analogo del maggior numero cardinale del Cantor, ecc.-, vengono denominate logiche da taluni (p. es. dal
Ferrater Mora nel suo Diccionario), ma noi preferiamo chiamarle matematiche per e itare equivoci (essendo, a rigore, tutte le antinome di cui ci
occupiamo, logiche); pero le seconde -tra le quali si collocano il paradosso
del ''mentitore", quello del Richard, quello di Konig, ecc.- possiamo usare
il nome di semantiche che comunemente vien loro attribuito, tralasciando
quello di metateoretiche con il quale vengono designate in base alla distinzione tra linguaggio e metalinguaggio, a cui si accennera piu avanti. Il nerbo

della distinzione tra antinomie matematiche e antinomie semantiche, consiste,
per il Ramsey, oel fatto che le prime fanno riferimento a contesti che pres ntano soltando propriet.a estensionali, mentre le altre riguardano contesti
in cui sono presentí anche proprieta intensionoli. 7
La cosa potra diventare piu agevolmeote comprensibilc quando si tenga
conto del fatto che l'antinomia russelliana deUe classi enne a colpire il V9
dei sei assiomi che il Frege aveva preposto ai suoi Principi; tale assioma
puo essere cosl enuncia to: 8 "Se sotto a due concetti cadono gli stessi oggetti,
allora i due concetti hanno estensioni uguali; e viceversa, se due concetti
hanno estensioni uguali, allora sotto di essi cadono gli stessi oggetti". Tralasciando il fatto -pero noi qui irrilevante- che !'antinomia delle classi
scalzava direttamente solo la validita della seconda parte dell'assioma ( "e
viceversa, se due concetti . . ."), mentre colpiva la prima parte indirettamente,
a noi importa notare come qui si parli di este11sione di concetti, prescindendo
totalmente dal loro significato o contenuto, e quiodi dalla loro i11tensio11e:
!'antinomia russelliana, dunque, riguardava propriet.a esteruionali. Se invece
pensiamo ad antinomie del tipo di quella del "mentitore", vediamo che qui
entra in gioco bensi l'estensione ( e su questo fatto dovremo tomare), ma
anche il significato de] concetto, e che anzi e sulla base di questo -e quindi
delNntensione- che nasce l'antinomia.
La distinzione del Ramsey interessa il matematico perche semplifica il
problema: permette di risolvere, per eseropio, solo le antinomie matematiche
tralasciando le altre, oppure permette di usare, per risolvere le une e le altre,
metodi diversi. Ma non dimentichiamo che per il matematico risolvere le
antinomie significa semplicemente trovare artifici per evitarle, e null'altro.
Ma proprio sotto questo profilo, che un gruppo di antinomie sia "solubile"
e un altro no, o sía solubile in un modo e un altro gruppo in un altro,
non ha per noi akuna rilevanza. D'altra parte la distinzione del Ramsey non
ha saputo sottrarsi alle critiche degli stessi matematici, alcuni dei quali
l'hanno accolta con riserve (Chwisteck), altri non ne banno tenuto conto,
avanzando un'unica soluzione perle antinomie di tutt'e duele specie (Stenius).
r Uso j termini "estensionale" e "intcnsionale" ,eguendo la lendenza prevalentc che
si adegua alla fonctica inglcsc; tuttavia i lermini "estcnsivo" ed "intensivo" ( tta
l'altto, sacri alla tradizione galiiciana) andrebbero altrettanto bene e suoncrebbero
mcglio ad orecchie latine.
• Riproduco l'cnunciazione che ne fa MAN010NE, Corrado in "Logica e problema
dei fondamenti nella seconda meta dell'800", in Storia del pensiero filoso/ico e
scie11tifico, cit., vol. V, p. 822.

135
134

�e

e

Ma vi altresi un'altra cosa da rilevare: ed che le regole che sono state
formu1ate per evitare le antinomie matematiche, sulla base delle loro proprieta implicanti l'estensione, sono arbitrarie e perlino esse stesse antinomiche.
Queste regole si risolvono in ultima analisi in questa soltanto: che l'estensione di un concetto non puo essere spinta fino al punto in cui esso include
se stesso. A questo si riduce, in sostanza, la teoría russelliana dei tipi. Cosl
per il Reichenbach, che la accetta, "non e permesso dire che una classe
contiene se stessa come membro; una tale combinazione di parole e senza
senso".9 E perche mai non e permesso? Perche !'atto di attribuire una classe
e se stessa sarebbe senza senso? Se ci si risponde che il seguire questa regola
permette di evitare le antinomie ( che senza dubbio sono proposizioni senza
semo), non si fa altro che una petizione di principio: tanto varrebbe dire
senz-altro: ''bisogna evitare le antinomie". Ma i logico-matematici non sanno
dirci molto di piu; soprattutto non sanno dirci perche, se l'autopredicazione
e un atto mentale insensato, esso non produca sempre e necessariamente dei
risultati insensati. Eppure e facilmente constatabile che l'autopredicabilita
da luogo in molti ca i a proposizioni perfettamente intelligibili, prive di ogni
antinomicita. Si puo dire anzi che uno di questi casi coincide con l'enunciazione grafica comunemente accettata del principio d'identita, cioe dello stesso
principio fondamentale della intelligibilita: infatti quando dico "A
A",
che cosa faccio se non predicare A di A, predicare cioe la classe degli A
come appartenente a se stessa?

=

Riteniamo di doverci soffermare ancora su questo punto, essemplificandolo
proprio con alcune delle piu note antinomie logiche.
Una formulazione tecnica del parados.,o dellc classi di RusseU 10 si presenta
in questo modo: dapprima ci vien data la formula

XER

+- ➔

XEX

che si legge: per ogni classe X,X appartiene a R se e solo se X non appartiene
a se stessa; questa formula cioe definisce R como la classe di tutte le classi
che non appartengono a se stesse. Incli si sostituisce X con R e si ha subito
la formula
RER -E- ➔ RER
dove la antinomia appare chiaramente evidente.
H., Elem,nts of Symbolic Logic, New York, 1948.
• Mi servo dell'enunciazione che ne dl MANotONE, C. Logica e problema dei /ondamenti, cit., p. 821.

Poichc tuttavia pensiamo che tra i nostri lettori ve ne siano molti per
i quali -come del resto per lo stesso scrivente- la simbologia in uso tra i
logisti non e ne familiare né gradita, possiamo esporre lo stesso paradosso
in forma intuitiva, servendoci di un suggerimento del Dopp. 11 Ogni biblioteca
possiede un catalogo ove sono registrati tutti i libri in suo pos.sesoo; poichc
questo catalogo costituisce es.ro stesso un libro, alcune biblioteche registrano
anch'~ ne! catalogo stesso, altre no. Un funzionario riceve l'incarico di
f are il catalogo di tutti i cataloghi che non registrano se stessi. 11 funzionario
compie diligentemente il suo lavoro; ma, giunto alla fine, osserva che egli
stesso ha compilato un catalogo, che finora non registra se stesso: e si chiede
pertanto se non dovrebbe inserirlo nell'elenco assieme agli altri. Ahimé: non
appena lo facesse, il catalogo cambierebbe di categoría e rientrerebbe tra
quelli che registrano se stessi. Se pero non lo facesse, il catalogo resterebbe
nella categoría di quelli non registrano se stessi, e pertanto, cli diritto, vi
dovrebbe essere registrato. In sostanza, il nostro funzionario avra fatto un
lavoro completo solo a patto di averlo fatto errato (menzionandovi un catalogo che ne avrebbe dovuto essere escluso), oppure un lavoro esatto solo
a patto di essere incompleto ( non menzionandovi un catalogo che avrebbe
dovuto esservi incluso).
Questa rappresentazione intuitiva del paradosso russelliano ha, oltre al
merito di essere f acilmente accessibile, anche quello di permettere piu agevolmente ( almeno per chi, come lo scrivente, matematico non e) un'ipotesi
diversa. Che cosa sarebbe successo se il funzionario avesse avuto I'incarico
di catalogare, anziche i cataloghi che non includono se stessi, quelli che
si includono? La risposta e semplice: non sarebbe accaduto assolutamente
nulla. Giunto al termine del suo lavoro, senza traumi né crisi psichiche, egli
avrebbe potuto tranquillamente porre anche il suo catalogo tra gli altri, concludendo l'elenco dei cataloghi che includono se stessi, in modo insieme
esatto e completo. N es.runa antinomia caratterizza in questo caso l'autopredicazione. L'elemento estensionale non ha, per sé, rilevanza determinante:
nei due casi l'estensione la stessa, in entrambi abbiamo infatti un catalogo
che menziona se stesso, ovvcro una classe che si estende fino all'autoinclusione.
Cio che appare determinante in uno, e uno solo, dei due casi, e che in questo
presente una negativita.

e

e

Considerazioni del tutto analoghe si possono fare anche nei paradossi di
tipo semantico ( di quelli, per intenderci, che si rifanno al "mentitore") .
Esponiamo uno di questi paradossi, quello del Richard.

• Cfr. RE1cH11NBA011,

136

u Cfr. DoPP,

J.,

Ufons d• logiqu• form•ll•, Louvain, 1950.

137

�In una lingua detenninata (per es. !'italiano), le proposizioni che descrivono
le proprieta dei numeri naturali sono in numero finito, o quanto meno,
sono in quantita numerabile. Possiamo dunque ordinare queste proposizioni
secondo un criterio qualsiasi e porre la serie che cosl ne risulta, in corrispondenza con la serie dei nwneri naturali. associando ogni proposizioni ad
un numero. Otterremo cos1 la successione P 11 P2 , P3 , • • • Pn dove la lettera
P indica la proposizione, e il numero posto al suo piede, il numero naturale
che le associato.

e

Potremo osser\'are che qualche proposizione, pur definendo le proprieta
di tutti i numeri naturali o di akuni di e si, non definisce le proprieta particolari del numero a cuí
associata; altre proposizioni invece definiscono
le proprieta specifiche del numei-o che le contrassegna; per es. P 3 potrebbe
deiínire le proprieta particolari del numero 3. Chiamiamo richardiani i
numeri che sono associati a proprieta che non li riguardano direttamente;
non richardiani gli altri. ( ell'esempio ora fatto, il 3 sarebbe non richardiano).

e

Ora, il fatto che un numero possa esser dcfinito richardiano, costituisce
una proprieta dei numeri naturali; come tale, anch'esso puo essere espresso
in una proposizione, posto nella serie delle altre proposizioni analoghe e come
queste contrassegnato da un numero naturale. Sía questo numero K. Avreino
dunquc la proposizione Pk, che afferma la possíbilita dei numeri naturali
di essere richardiani.
L'antinomia nasce nel momento in cui ci i chiede se K _possa dirsi richardiano o non richardiano. Se e richardiano, o-ocle della stessa proprieta che
enunciata dalla proposizione che contrassegna; ma, a llora
non richardiano. Se non richarcüano poiche la proprieta enunciata da Pk si riferisce
a numeri che contrassegnano proposizioni che non li riguardano, si trova
esattamente in questa situazione, e quindi richardiano.

e

e

e

e

Poniamo anche in questo caso la domanda: che accadrebbe se, per numeri richardiani, si intendessero, anziche quelli associati a proposizioni che
non li riguardano, quelli che contra segnano proposizioni che li riguardano?
Evidentemente, nulla: nessuna difíicolta, nessuna contraddizione. Difficolta,
contraddizioni, antinomie, nascono solo la dove entrano in campo tennini
negativi.

In linea generale, possiamo dire che la formula di un'antirtomia che sia
verarnente tale,
A implica non-A. Dal punto di vista di questa formula,
scompare la dillerenza ramseyana tra paradossi matematici e paradossi seroantici; tutti i paradossi, sia che domini in essi J&gt;aspetto estensionale, sia

e:

138

che vi si noti la presenza anche dell'aspetto intensionale, sono caratterizzati
dalla negativit.a
Si prenda !'antinomia delle espressioni autologiche ed eterologiche ( designata
col nome di Grelli11g dal Ferratcr Mora e dal Roig Gironella, col nome di
Hennan Weyl dal Mangione). L'ant.inomia parte da una constatazione: vi
sono, in ogni linguaggio, delle espressioni autoJogiche, che cioe designano
o qualificano proprieta che esse stesse possiedono: per esempio, "polisillabo"
una parola polisillaba; "breve"
una parola breve; "sdrucciolo"
una
parola accentata in modo da risultare sdrucciola; "Deutsch"
una parola
tedesca che significa tedesco. Vi sono anche parole eterologiche, che designano
prop1ieta che esse non hanno: "monosillabo·• non un monosillabo; "lungo"
non una parola lunga; "tronco" non
dal punto di vista dell'accentazione,
una parola tronca; "ltalienisch" una parola tedesca che significa "italiano".

e

e

e

e

e,

e

e

e

e

Orbene, ci si chiede: la parola "eterologico"
autologica o eterologica?
e autologica, esprime se stessa; roa cío che essa esprime,
precisamente
che non esprime se stessa, dunque eterologica; se e eterologica esprime se
stessa, dunque
autologica... Non occorre sottolineare che !'antinomia si
presenta nel caso della parola "eterologico", mentre non sussiste nel caso di
"autologico".

e

e

e

e

II padre gesu.ita Luis de Lossada, vissuto a cavallo tra il '600 e i1 '700,
secondo quanto riferisce il Roig Gironella, oltre a dare una sua classifica7jonc delle antinomie, ne fornisce alcune originali; per esempio questo, che
si v 1ifica nella conversazione tra due immaginari personaggi chiamati Socrate e Platone. Socrate dice: ti claro denaro, se la pro sima frase che dirai
sara vera. Platone ris_ponde: Non mi darai denaro. E' chiaro che, e Socrate
clara denaro, Platone avra detto il falso e quindi non dovn\ a ver denaro;
e non gli verra dato denaro, avra detto il vero e quindi dovra averlo. Del
tutto analoga e l'antinomia di Jourdain o del biglietto, riportata dal Ferrater
Mora: su un biglietto si leggc: "Sull'altro lato di questo biglietto c'c un
enunciato vero"; voltando il biglietto si legge: "Sull'altro lato di questo
biglietto c'e un enunciato falso".
i potrebbe pensare a prima vista che questi ultimi esempi contradclicano
la nostra d finizione di antinomia come atto unico del pensiero: ma si noti
come le fra i antinorniche si rimandino !'una all'altra ("la prossima frase che
dirai .. :•; "sull'altro lato di questo biglietto...") e come solo da questo
rimando nasca !'antinomia. La ripro,·a cli quanto stiamo dicendo e che le
due frasi possono ridursi ad una sola, restando immutata la struttura antinomica; cio si verifica in questa antinomia che il Dopp ha mutuato del

139

�Lukasiewicz: su una pagina si trova una sola frase scritta in corsivo, che
suona cosi: "La sola frase scritta in corsivo su questa pagina e falsa".

e

Quest'ultimo esempio ci riporta al paradosso del mentitore, di cuí non
che una versione. Ma d'altra parte e evidente che, sotto il profilo della
negativita, tutte le antinomie si riducono a quella del "mentitore", che della
negativita antinomia e l'esempio píu semplice e perspicuo. Perlino l'antinomia che G&amp;lel introduce nel suo teorema, e che e fondamentale per la conclusione negativa de] teorema stesso, riflette nelJa su.a struttura quella del
mentitore; ed e stato lo stesso Godel il primo a notarlo. 12 Non sarebbe difficile mostrare che anche casi di paradossi apparentemente roolto diversi da
quelli citati (per es: quello del numero di Berry, secando il quale la frase:
"il piu piccolo tra i numeri interi che si definisce con non meno di venlicinque
parole" e gia una definizione di tale numero, pur constando di meno di
venticinque parole) possono essere ricondotti a quello del "mentitore"; ma
poiché non intendiamo presentare questo scritto come un lavoro sistematico
ed esaustivo, possiamo lasciar da parte questa dirnostrazione.

Desideriamo piuttosto rilevare che !'antinomia del "mentitore" presenta
un aspetto che puo risultare sviante, in quanto il mentire e assunto normalmente con una connotazione bensi negativa, ma nel campo morale. Ora e
chiaro che noi ci muoviamo in campo logico, nel quale la negativita morale
non ha rilevanza. Per evitare dunque ogni equivoco, precisiamo che il mentire implica il dire qua/cosa diverso dal vero; qua le sia il motivo che induce
il soggetto a questa diversita, se volanta perversa o altro, e cosa che al logico
come tale non interessa. La proposízione "io mento" equivale, nel nostro
contesto, a questa: "io sono in errore"; ed e del resto immediatamente
rilevabile che questo secando enunciato presenta le stesse caratteristiche antinomiche del primo, poiche se chi lo pronuncia, erra, dicendo di errare, dice
la verita, ma se dice la verita dicendo di errare, erra. La negativita implicita
nell'antinomia del roentitore riguarda dunque la negazione della verita e
non la violazione di una norma morale.
Ma a questo punto dobbiamo respingere una solu.zione che e stata data
a questa antinomia, soluzione che veITebbe a inficiare quanto abbiamo detto
finora e, in ultima analisi, tutto il concatenarsi del nostro ragionamento.
Nel 1922, nell'Introduzione al Tractatus del Wittgenstein, il Russell propose una gerarchia di linguaggi, in cui il linguaggio di un certo grado fungeva
u Cfr. la traduzione dell'articolo di Godel riportata in Appeodice al volume di
E., lntroduzionr ai p,oblemi dell'assiomatica, cit., pp. 205-206.

AoAZZI,

140

da oggetto per il linguaggio di grado superiore, detto metalinguaggio. Tale
teoria gli serviva non solo per risolvere alcune difficolta avanzate dal Tractatus che qui non ci interessano, ma anche per eliminare lo scandalo delle
antinomie di tipo semantico, come quella del "mentitore". La gerarchia dei
linguaggi fu accolta largamente, com'e noto, e oggi non c'e manuale di
filosof.ia analitica che non pa.rli di linguaggi a piu livelli, L, L 1, L 2, ... , Ln,
molte dimenticando o ignorando che co e del tutto simili erano state gia
dette seicento anni fa dagli scolastici, con le loro teorie delle diverse "intentiones" e "suppositiones".
Ora sia ben chiare che noi non intendiamo negare la validita della gerarchia dei linguaggi, che d'altra parte interessa solo marginalmente il nostro
argomento; ma intendiarno respingere decisamente l'applicazione che di
questa teoria e stata fatta a proposito del "mentitore" e di tutte le antinomie
analogbe, quando si e sostenuto che la frase "io mento" avrebbe bisogno di
un metalinguaggio per esser dich.iarata vera, e che !'antinomia nascerebbe
solo quando i piani del linguaggio e del metalinguaggio vengano confusi
tra loro.
Che ci sía bisogno di un metalinguaggio per confermare la validita. di un
enunciato linguistico, e un non-senso logico. Il rafforzare i propri enunciati
con altri, del tipo: "e cosl, e proprio cosi come dico io, e proprio vero
che...", ha una valenza psicologica (anche Cristo iniziava i suoi insegnamenti con: "in verita, in verita vi dico..."). ma sul piano logico non puo
essere altro che ridondante. Un linguaggio esiste in quanto e fin tando si
presl.lllle che le proposizioni per suo mezzo formulate possano essere vere:
un linguaggio che avesse bisogno di un altro linguaggio fuori di sé per
rendere vere le proprie asserzioni, non sarebbe un linguaggio, sparirebbe
come tale.
D'altra parte si voITebbe anche sapere -ancora una volta, inevitabilmente,
torniamo sullo stesso punto- perche la frase "io mento" avrebbe bisogno
di una conferma da parte di un mentalinguaggio, mentre la frase "io dico
la verita'' non ne ha, evidentemente, bisogno alcuno. Nessuno, speriamo,
pretended di sostenere che per risultare intelligibile la frase 'io dico la
venta", debba esser preceduta. da: "io dico la verita che..." .13
"' Il noto studioso italiano di cibemetica CECCATO, Silvio, ha trattato il problema dci
paradossi logici in due articoli di,•ulga.tivi apparsi sul quoticliano JI Giorno, il 2 agosto
1966 e il 25 ottobre 1966. Ne! primo articolo, il piu interessante, risolve !'antinomia
dci mentitore con la teoña del metalinguaggio, riconoscibile nonostante cgli la esponga.
in forma molto popolare. Ma per scrupolo di coerenza, egli sostiene che sarebbe neces-

141

�E' opportuno prendere in esame anche un'altra soluzione delle antinomie
semantiche, quella avamata dalla &amp;uola di Oxford e particolarmente dal
Ryle. Questi, in un certo senso, nega la stessa esistenza del paradosso, affermando che in esso non si enuncia nulla. Epimenide dice di mentire, ma
non dice a proposíto di che stia mentendo; percio il suo mentire si riferisce
a un nulla; e come se qualcuno dice~: "Anch'io", dopo che un altro non ha
parlato. Il paradosso dunque un mero flatus vocis senza consistenza.

e

Quest-analisi del paradosso e esatta; tuttavia non tocca la sostanza della
questione. Neppure quando Epimenide dicesse: "dico la verita", non direbbe
nulla, non dicendo a proposito di che cosa intende dire la verita; e tuttavia
in questo caso non cadrebbe in nessun paradosso. Bisogna distinguere tra
un "dir nulla" di fatto e un "dir nulla" che si fonda su un'impensabilita
logica. Ne! primo caso, il "dir nulla" puo dipendere dal non aver nulla da
dire, o da1 non voler dire nulla, pur enunciando fonemi che danno l'impressione del parlare; in questo campo, gli uomini politici sono spesso dei
maestri. Ma ben diverso e il secando caso, in cuí rientra quello di Epimenide: il quale, dicendo "io mento", non dice nulla, perche pronuncia un
fonema cuí corrisponde, non gia un pensiero semplicemente vuoto, ma
un pensiero impensabile; non gia un mero non A, ma un A che implica il
non A. E dunque le osservazioni del Ryle non chiudono il problema, roa
semmai lo apeono: affermare che Epimenide non dice nulla (nel secondo
senso ora chiarito) quando coniuga il verbo mentire alla prima persona
del presente indicativo, non spiega affatto perche lo stesso verbo si possa
coniugare in tutte le altre persone, tempi e modi, restando significante. Puo
darsi che il matematico o il logista considerino esaurita la questione, una
volta che abbiano ridotto !'antinomia a zero; roa per il filosofo e proprio
qui che essa ha inizio, poiche si tratta di vedere come a perche la mente
u.mana possa porsi nelle conclizioni di cercar di pensare un impensabile zero.
Che le antinomie vadano considerate come un errore logico, sembra ovvio;
in questo caso, per spiegarnc la formazione, possiamo avanzare due ipotesi:
o le leggi logiche adoperate per formularle sono errate, o
errato l'uso
che ne facciamo. Ma la prima ipotesi cacle da
sostencme la validita
significherebbe accettare veramente e definitivamente !'antinomia del "mentitore", poiche non si saprebbe con quali leggi logiche giudicare 1 errore di
altre leggi logiche. D'altronde abbiamo visto -ed una considerazione della

se:

e

e

sario distinguere linguaggio da metalinguaggio ---ovvero enunciato da metaenunciatoanche ne! C1UO che il cretese affermasse che tutti i cretesi dicono la verita. Confessiamo
che la funzione del metaenunciato, in questo caso, ci riesce incomprensíbile.

14-2

massima importanza- che le stesse leggi che adoperiamo ne! formulare le
frasi antinomiche, in molti casi danno risultati del tutto validi; abbiamo
anzi rilevato che perfino i1 principio di identita -almeno nella sua formulazione corrente, A=A- puo esser considerato una forma di autopredicazione.
enza dubbio, pertanto, e !'uso che facciamo delle leggi logiche che e
crrato: roa la difficolta sta ne! fatto che non appare a prima vista la ragione
della differenza d'uso nei casi validi e in quelli non validi. Da che cosa
e determinato il limite discriminante? Da quale elemento e tracciato il confine tra uso legittimo e mo illecito? Poiche, si noti, di confine si tratta: e
come se la mente u.mana, procedcndo secando i suoi principi, si muovesse
su terreno solido e sicuro fino ad un certo punto, oltre il quale improvvisamente sprofondasse neUe sabbie mobili. C'c qui una innegabile analogía con
la colomba kantiana, che si sostiene finche muove le ali nell'aria, e cade
quando, oltrepassandola, cerca di muoverle nel vuoto. Ma l'analogia non
esclude una diversita.: per la colomba kantiana, il passagio dall'aria al
vuoto segna un cambiamento di campo d'indagine ( dalla física alla metafis.ica), mcntre ne! caso delle antinomie la mente umana continua a muoversi,
o crede di continuare a muoversi, sempre nello stesso ambito: Russell non
ha certo pensato di far della metafísica, anzi neppure di uscire dalla logic.a
matematica, segnalando al Frege !'antinomia delle classi; ne lo ha pensato
il Frege, quando ha accettato suo malgrado come valida la segnalazione.
Vi e dunque nel pensiero un misterioso confine, in base al quale le leggi
che vigono al suo interno, non hanno píu validita non appena lo oltrepassino: quale sía questo confine, e perche sia tale,
precisamente cio che
si tratta di determinare.

e

Ma una prima risposta a questo problema l'abbiamo gia data, quando
abbiamo rilevato che tutte le antinomie si possono raccogliere sotto la nota
comune dell'implicazione di una negativita. Nell'insistere su questo fatto,
piuttosto ovvio ma fondamcntale, precisiamo che la negativita antinomica
non si presenta mai determinata, delimitata o definita, ma assume sempre
l'aspetto dell'assoluta indeterminazione, della totale illimitatezza.
La cosa aparira piu chiara, se si tiene presente che noi non escludiamo
affatto l'estensionalita dei concetti. In effetti, riteniamo che la funzione dell'estensione nelle anlinomie sia fundamentale, purche sia coniugata con la
negativita e non assunta isolatamente. Abbiamo gia rilevato piu volte che
l'estensione di un concetto positivo, portata fino all'inclusiones di se stesso,
non da luogo ad antinomie di sorta. D'altra parte, non insorgono antinomie

143

�neppure dove un concelto negativo venga usato con un' tensione limitata,
lasciando almeno una zona, un margine, anche se minimo, di positivita.
Le írasi: "Tutti i cretesi mentono, ma io non sono un cretese", "tutti i
crctesi mentono meno che quando dicono di mentire'', non ,ono antinomiche
perche in entrambi i casi rimane salvo qucl tanto di positivita che rende
l'enunciato pensabile.
e la negativita, ne l'estensione portata fino all'autoin lusione, aono, per
sé, tali da detenninare l'antinomicita: questa insorge quando l'autoinclusione
si rileriscc alla negativita, quaodo cioe un concctto negativo viene as.runto
con tale ampiezza da investire la totalita dell'enunciato, compromettendone

ogni elemento di positivita.
Ma proprio in questo caso si v rifica quel che si e detto poco fa, che cioe
la negativita antinomica si presenta come illimitata e indeterminata. L'osservazione del Ryle che il cretese non dice nulla perche non precisa a proposito
di che stia mentendo, asswne ora un preciso rilievo: it mentire del retese,
in quanto non
rilerito ad alcun contenuto determinato, risulta svincolato
da ogni limite, e si pone come un mentire puro, un mentire assoluto. Anche le
antinomie che presentano formulazioni divene, rivelano la stessa prerogativa:
nell'enunciato che si autodichiara falso, la negativita sembra rilerita unicamente all'enunciato stesso; ma in tendo questo enunciato totalmente, gli
toglie ogni definitezza, ogni limitazione; e la negativita vi si affcrma come
assoluta. Cosl pure nel paradosso russelliano delle classi, la dasse che contiene
se stessa proprio non contenendosi, si autoannulla, perdendo ogni lineamento
specifico, di ventando cioe un puro nulla: e del milla come tale non si puo
dirc che sía "questo" o "quel" milla.

e

Sulla base di qucsta assolutezza della negativita, possiamo qualificare
!'antinomia come una specie particolare di errore logico.

=

e

Abbiamo gia avuto modo di accennare al fatto che A
A la formula
piu comune del principio di identita; e sebbene non si tratti della migliore
cspressione di tale principio, posgamo servircene senza danno. Ora, ponendo
la fonnula
A in raffronto con quella dell'antinomia, che suona: "A
implica non A", o, piu esattamC{!te: "A e non A si implicano mutuamente",
ediamo subito che !'antinomia, di quanto conti'addice se atessa, di tanto
contraddice al principio di indentita. Pertanto !'antinomia
-prima di
tutto ed essenzialmcnte-- un errore logico, identificabile in base al prin ipio
elcmentare di ogni pensabilita, quello per cui A non si puo pensare se non
come A, e mai contemporaneamente ( cioe con lo steSIO atto di pemiero)

=

e

come non A.

Ma se l'antinomia rientra nel genere errore, vi rientra come una specie
a sé. Un errare, qualunque errore, reca sempre in se stesso una sia pur
mínima traccia di verita: chi lo pensa non puo pensarlo com errore, e
dunque deve pur avere almeno qualche ~ione per pensarlo come verita.
Ma la antinomia non i puo pensare come verita, dato che non i puo
pcware afiatto: e cio a causa delt'aMOlute-zza con cui la negativita vi si
manifesta; come i e nota to, infatti, nell'antinomia neppure un angolo, un
aspetto o un momento di positivita si sottrae alla negaz.ione. L'antinomia
· pone come un
che implica un non A, dove il non
occupa tutto lo
spazio logico werito da A; come un1affermazione di una negazione, dove
la negazione involge totahnente l'affennazione, siccbe qu ta, non riuscendo
a sottrarrc nulla di ' alla negazione, vi si scioglie totalmente vi · dissol .
Pertanto l'antinomia costituisce un errore "sui gen ris": i potrebbe definirla la quintessenza dell'erroneita l'errore in quanto tale, l'errore puro.
Ccrto, Benedetto Croce aveva ragione quando negava la possibilita dell'errorc
puro: in effetti, !'antinomia "qua talis'' non
formulabile dal pensi ro; il
fatto di non avere neppure un aspetto di verita, e
ttamente do che la
rende impensabile. E tuttavia qui si ri la qualcosa che Croce non an-cbbe
potuto ammettere: che cioe la pensabilita ha dei limiti intrinseci, limiti che
coincidono con quelli del principio di identita.

e

Ma prima di trarre le conseguenze di questo fatto, csaminiamo un'altra
caratteristica dell'antinomia che si collega alla sua assolutezza: quella della
improbabilita. i ruol dire che le antinomie, almeno nella forma in cui
solitamente ven no presentate hanno un aspetto di contraddittori ta cosl
evidente e palmare, che incontrarle nella vita concreta e molto difficile.
Vunico luogo dove abitualmcnte s'incontrano, sono i libri di logica¡ ma
qui esse appaiono gia qualificate appunto come antinomie e quindi improntate dal marchio dell'impensabilita; tanto che il loro studio finisce per assumere apparerua quasi ludica, come di pauatempo ingegnoso, affine ai
rebus o agli indovinelli.
on che vogliamo sostenere che la real ta storica non abbia a che f aie coi
parad i logici; al contrario, se potessimo dilungarci aull'argomento, vorremmo mostrare quanto ampio ·a il loro raggio di applicazione e quanto grave
sia la loro incidenza sulla vita umana. Ma quando si presentano storicam nte, le antinomie logiche appaiono camuffate sotto forme che danno loro
l'apparenza della pensabilita: non appena iano riconosciute per quel che
sono, e ano di avere un ~ esistenziale, e restano solo come ricordo. Del
resto, facile rilevare che di mentitori incalliti aulla noatra strada ne possiamo

e

145
144

HUMANITAS-10

�certo trovare, roa non sara da essi che sentiremo pronunciare la frase "io
mento".
Dicevamo che questa. caratteristica dell'improbabilita si collega a quella
dell'assolutezza; precisiamo che il legame tra i due conc.etti e costituito dall'astrattezza. Il fatto che l'antinomia presenti una negativita assoluta, la
rende astratta, in quanto le inibisce la possihilita di collegarsi ad una qualsiasi
situazione concreta; e questo fatto la rende, a sua volta, improbabile.
Altrove 14 abbiamo sostenuto che ogni giudizio logico autentico nasce da
un problema: se clico che il cavallo
bianco,
perche sí
problema a
proposito del colore del cavallo; senza di che, tale enunciato e un vuoto
fonema, che del giudizio logico ha l'apparenza esteriore ma non la reale
sostanza. (E l'errore piu grave dei neopositivisti logici e affini,
quello di
anatomizzare i giudizi come mere proposizioni, astratte dal fondo problematlco
da cui emergono e dal quale soltando acquistano senso). Ma un enunciato
antinomico come "cio che sto ora dicendo
falso", non nasce da n~un
problema autentico, non risponde ad alcuna sollecítazione vitale: se potesse
esser pronunciato seriamente (non, cioe, come mero esempio di impensabilita) , si librcrebbe all'intemo del discorso in un isa lamento che potrebbe esser

e

e

da

e

e

detto spJendido, se non fosse i1 segno della sua assoluta inutilita.
I caratteri che siamo venuti via via enucleando -negativita, estensione
spinta fino all'autoinclusione, illimitatezza e assolutezza, improbabilita derivante da astrattezza da ogni nesso problematico-, sono quelli che, a nostro
avviso, qualificando la struttura fondamentale dell'antinomicita. Ora possiamo procedere a iotenderne il significato.
Abbiamo osservato in precedenza che !'antinomia mostra che i füniti del
pensiero coincidono con quelli del principio di identita; e, in effetti, qui
ci si offre una singolare riprova della validita di questo principio, poiche
!'antinomia si rivela inafferrabile al pensiero nella stessa misura in cui lo
nega, anzi lo so erte totalmente.
Ma il principio di identitA non e che il riflesso, sotto il profilo logico, della
presenza alla mente dell'Idea dell'Essere. E qui senza dubbio la filosofi.a
moderna -e non solo i1 neoempírismo logico- puo ritenersi autorizzata ad
avanzare molle e gravi riserve; ma non
qui i1 luogo per dibattere una
questione cosl vasta. Bastara dire pertanto che chi scrive appartiene a quella

e

il nostro articolo ''Bosqu.ejo de una teoría de la mediaci6n 16gica", in
14 Cfr.
Humo.nita.r, Universidad Aut6noma de Nuevo León, n. 15 (1974), p. 107.

146

corr~n~ di pensi;ro ch~ ha le sue radici nel platonismo e nell'aristotelismo
ellemc1, che nell Eta d1 Mezzo ha avuto incremento e in quella mod
e cad~ta nell'~b~o; che nel secolo scorso e risorta, sp~cialmente ad ope~r:
~toru_o ~osm_101 e
ne! secolo _attuale trova ancora validi campioni, tra
1 quali ncordiamo Michele Fedenco Sciacca; quella corrente di pensiero,
dunque, per la quale l'Essere, presente nel mondo come reale,
altresl
presente alla mente come Idea, e della mente e, come tale, Iume e alimento.

ch:

e

Per ~oi_, ~er~n~, i ~~nfini della pensabilita coincidono non solo con quelli
del pnnC1p10 dt 1denttta, ma anche con quelli dell'ldea dell'Essere •
·
ff .
.
' e m
e ~tti, per no1 Idea dell'Essere e pensabilita, o intelligenza, fauno tutt'uno.
Clnch pensa,· peosa nell'Essere, con l'Essere' mediante l'Essere., P""º;.,....,..
di re
v.........u•O
an e:. chi P~, .pensa l'Essere; non nel senso che l'Essere sia oggetto
determmato di pens1ero, ma ne~ senso che il pensiero, pensando un oggetto, lo
pen~a come e~re, lo pensa m quanto vi riconosce O vi ritrova l'Essere.
Co 1cche, se pnma abbiamo definito !'antinomia come A che implica
A
l' ff
.
.
non
, o come a ermauone d1 una negazione, ora possiamo definirla come
1:~o~e dell'essere di un non essere. 11 che, tra l'altro, riconferma che
1antmomJ.a e errare puro; infatti, l'attribuire l'essere al non e~e e la
modalita pradigmatica dello errore in quanto tale.
L'aver def.inito l'ant.inomia come errore nell'ambito di una concezione che
ve?e il pen~ero so~etto e ~en~to dall'Essere, porta dei vantaggi ed apre
de1 pro~lez~u. Tra 1 v~tagg1, nottamo quello di poter recuperare, da questo
punto di vista, le prenose indicazioni date dal Roig Gironella sulle antinomie •
ma non volendo dilungarcí eccesivamente, preferiamo occuparci qui dei
problemi.
. Anzituuo, si ~a.tta di vedere di_ quali "mezzi" o "strumenti' logici il pen-

s:~ro possa_ se~rrs1 nel suo tentativo di spingersi oltre se stesso per pensare
11mpen~bile;. m seco~do luogo, di identificare la caratteristica che permette
~l pens1ero_ di comp1ere tale tentati\10; infine, di precisare quale causa 0
~pulso lo m~uca a compierlo. Solo con la risposta a questi problemi, potremo
ntenere compmta -almeno per quanto possibile nei limiti di questo scritto-la nostra indagine.
La ricerca sui "mezzi" o "strurnenti" con cui i1 pensiero puo spingersi
oltre la sfe.r:1 della pensabilita, ci induce ad una considerazione di ordine generale: ogm strumento foggiato in vista di un fine possiede una struttura sua
prop~~ una sua p~ale autonomia, che gli consente di conseguire fini piu
amp1 di quello per 11 quale e stato pasto in essere.
La scrittura

eun insieme di segni graíici che simboleggiano suoni o fonemi,
147

�segni creati per fissare stabilmente delle espressioni linguisticbe; eppure questi
stessi segni possono venirse accozzati -senza che ne siano violate o modilicate
la proprieta- in modo da formare parole senza senso, piu ancora: parole
che la voce umana non riesce a modulare. La scritura dunque, creata per

fissare il linguaggio, oltrepassa i confini del linguaggio.

11 linguaggio, a sua volta,

e stato creato per il pensiero; o, piu esattamente,

il pensiero stesso l ha foggiato al suo servizio. Eppure, crea to che sía, il linguaggio ha proprieta tali per cui puo e$ere usato per dire non solo parole
e írasi che non si pensano ( come quando si recitano meccanicamente poesie o
preghiere), ma anche parole e frasi senza senso, vale a dire impensahili
( come quando si dicono assurdita per gioco, oppure per far rilevare che
sono, appwito, assurdita). 11 linguaggio cosl oltrepassa l'ambito del pensiero.
Ora, quel che s'e detto della scrittura rispetto al linguaggio e del linguaggio
r.ispetto al pensiero, si puo dire anche del pensiero rispetto all'idea dell'Essere. L'intelletto tale in quanto "intellige" l'Essere, e pertanto il pensiero
e fatto dall'Essere e in vista dello Essere: gia abbiamo detto che per noi
Idea dell Essere e intelligibilita. fanno tutt'uno. Ma come la scrittura, fatta
per il linguaggio, oltrepassa l'ambito del linguaggio, e questo, fatto per il
pensiero, oltrepassa l'ambito del pensiero; cosi anche il pensiero, sorto che
sia, rivela di possedere una propria struttura che gli permette una (Ielativa,
anzi sostanzialmente illusocia) autonomia rispetto all'Idea dell'Essere, per cui
puo oltrepassarne l'ambito, scavalcando íl confine della pensabilit.a e cadendo

e

nell' antinomismo.
Autonomia relativa, abbiamo detto, anzi sostanrialmente illusoria: poiche,
come i segni grafici non costituiscono propriamente scrittura, anche se disposti
in orcline sulla carta, quando fissano suoni senza senso, e come la parola non
propriamente linguaggio, anche se ne conserva l'aspetto íonetico, quando
non esprime un pensiero, cosl il pensicro non e verarnente pensiero -anche
se il fatto di rispettare le forme logiche possa fario apparírc tale- quando

e

si spinge, con l'antinomia, al di

la

dell'Idea dell'Essere.

Ma, se il pensiero puo costituirsi a strumento per anclare oltre se stesso,
quale proprieta intrínseca gli consente quest'uso abnonne delle sue capacita?
Il problema puo apparire tanto piu grave, in quanto si potrebbe credere
che un pensiero che viva e si alimenti dell'~e, si muova esclusivamente
nella dimensione della verita e gli resti precluso l'errore.

parlato
altrove ·l.6 Ci limi b.amo
·
ad osservare che, se il· momento conoscitivo
. •
s1 nsolvesse totalmente nel rapporto tra il soggetto pensante e l'oggetto
pensa~o la dete~inatezza stessa delPoggetto finirebbe per catturare l'acies
a~t~~va del ~siero, onde ne risultarebbe impedita la capacita di passare,
~ _dis-correre_ da ~ ogg~tto ad un altro: l'oggetto, come una Medusa,
~p1etrerebbe , 11 penstero. E solo percheJ conoscendo lo oggetto, il soggetto
VI ªP?rende l Essere, e lo riconosce tale da non poter essere circoscritto ed
esaunto da nessun oggetto determinato;
solo per questo che il pensiero
puo" passare, "dis
. -correre U da un oggetto all'altro. In altri l termini la pres~nza, de_ll'Es8&lt;:re al pensi~ro ne fonda il dinamismo e quindi la Iibettl. Questa
hberta SI. manifesta altresi come domanda inquieta suU'essere delle cose finite
vale a ~e ~m~ problematicita; di conseguenza, l'Essere
anche il fonda~
mento di ogru discorso sensato, poiché, come s'e detto il discorso sensato e
quello che risponde a un pwblema.
'

e

e

Ma se

e abbastanza agevole comprendere come

la presenza dell'Essere dia

al pensier_o 1: liberta _di muoversi entro la molteplicita degli oggetto finiti,
meno facile e rendem conto di come tale liberta possa attuarsi anche nei
confronto di quell'Essere stesso che pure la fonda. Per darsi ragione di ero
occorre persuadersí del Iatto che l'Essere affetta la mente in modo assoluta~
men~ radicale, e che di consequenze e radicale la liberta che ne proviene al
pens1ero. Questo pertanto puo porre a problema l'Essere da cui riceve alimento, quasi rivoltandoglisi contra, e, al limite, negarlo ( 0 illudersi di neg~rlo) ; _come un figlio che contesta i genitori che gli hanno procurato, dandogli la vita, la stessa possihllita di contestarli.
Ben s'intende che esercitare questa possibilita significa, per il pensiero,
oltre~~~ la sfera della pensabilita e quindi annullarsi come pensiero: jJ
che s1 verifica puntualmente nelle antinomie, come abbiamo piu volte rilevato.
Ma a ~oí preme sottolineare che questo autoannullamento
reso possibile
al pensiero dalla sua intrinseca liberta, quella stessa liberta che, ad esempio
permette all'uomo il suicidio.
'

e

. ~b~iamo visto di quali "strumenti" si serve il pensiere per pingersi oltre
11 ~t~ della pensabilita, e sulla base di quale facolta si attui questa sua
poss1b1hta resta ora da rhiedersi quale sia la causa, quale l'intrinseca motivazione, di questo sforzo inane.
11Cf
. r. iJ nostro •mtervento " Abbouo di una concezione problematica della verita",
ne~h ~etas de~ 2o. Congreso Nacional de Filosofía (Córdoba, Argentina, 1971), EditoriaJ Sudameocana, Buenos Aires, 1973, vol I, pp. 350 sgg.

Non possiamo qui riprendere la teorica dell'errore, della quale abbiamo

149
148

�E' chiara che una motivazione del genere che fosse diretta ed esplicita,

il pensiero non potrebbe mai trovada in se stesso: proporsi di pensare
!'antinomia in quanto tale, e un non senso. Ma puo accadere che il pensiero
si trovi, o si ponga, in condizione tale da venire suo malgrado spinto all'antinomicita.

Ora, una tale condizione non puo verificarsi fin quando il pensiero sente
ed afferma il suo legame con l'Essere: sappiamo infatti che !'antinomia
insorge solo nell'atto di oltrepassarne l'area. Ma quella condizione puo verificarsi quando il pensiero -per particolari ragioni psicologiche e culturaliavverte tale legame come oppressivo e limitante, ed esercitando quella liberta
che pure gli proviene dallo stesso legame, tende ad alJentarlo, a misconoscerlo,
a riduroe la portata e infine a negarlo, per affennare pienamcnte la propria
totale autonomía.

In questo caso, il peosiero puo bensi continuare a pensare, muovendosi
ancora nell'area della pensabilita; ma avendo perduto -all'atto della rottura
del suo rapporto con 1 Essere- il criterio per riconoscere la propria pennanenza o meno in tale area, puo uscime in ogni momento, senza trovare in
sé alcuna indicazíone cautelatrice, alcuna remara o ostacolo: il fatto d'esserne
uscito gli si rivela quando il passo
gia compiuto, sotto forma di impossibilita di pensare cio che legittimamente si aspettava di poter pensare. Che
quanto accade nell'alltinomia.

e

e

sufficiente, quasi edificio librato nel vuoto e sostenentesí per forza propria,
tale e il senso del gia citato teorema di Godel. Ed e fallito proprio
in quanto nel calcolo godeliano
stato inseri.to un paradosso -analogo a
quello classico del "mentitore"-, che la logica stringente del teorema dimostra insuperabile e ineliminabile.

e fallito:

e

Ma a nostro avviso, il significato dell'esito della Grundlagenkriri.s va al
di

la

di un semplice scacco delle matematiche. Tutta la filosofía moderna

si puo configurare come il tentativo del pensiero umano di porsi come autosufficiente; e cio significa che tutta la filosofia moderna e condannata a
cadere nell'antinomismo, che e dunque una sua caratteristica essenziale. E
poiche la fílosofia moderna ha finito per imprantare di sé il mondo moderno,
possiamo interpretare le con,.,'Ulsioni sterili e insensate che lo pervadono e di
cui siamo ogni giorno testimoni, come un riflesso esistenziale dell'an.tinomicita che penrade il pensiero moderno.
Ma con queste ultime considerazioni siamo andati troppo lontano. Ci
diterremo soddisfatti se saremo riusciti a prospettare il problema delle an~
tinomie logiche sotto una luce diversa da quella usuale, e se avremo mostrato
che tale problema ha dimensioni tali, che non riguarda soltanto i neoempiristi e gli analisti del linguaggio, ma tutti coloro che si dedicano alla ricerca
filosofica.

e

L'antinomicita dunque non solo possibile, ma inevitabile, ogni qualvolta
il pensiero tende a separarsi dall-Essere e a porsi come assoluto e autosufficiente. I caratteri di astrattezza e di assolutezza che abbiamo identificato
come tipici delle antinomie, risultano in questo senso particolarmente significativi. La causa dell'antinomicita
dunque l'errato uso che detla sua
liberta fa il pensiero, uso che gli consente di cercar di affermare un'autosufficienza che illusoriamente gli appare come il suo-trionfo e che invece si
rivela come la sua marte.

e

Si pensi, ad esempio, che il paradosso russelliano delle classi insorge nell'ambito di una logica formalizzata che, aspirando ad uno stato di asroluta
purezza, rinuncia ad ogni riferimento concreto e vitale. Ma forse ancor piu
esemplare e, in questo senso, ]'esito della Grundlagenkrisis. Precisiamo, ad
evitare equivoci, che non la legittimita del rifiuto da parte della matematica,
di presupposti psicoJogici e filosofici, che noi contestiamo; ma respingiamo
invece la ten.denza a interpretare Jo svincolamento da premesse estrance,
come svincolamento da ogni riferimento al reale. Sta di fatto, comunque,
che il tentativo della matematica di ergersi a costruzione razionale auto-

e

150

151

�CIENCIA Y MtTODO EN ROBERTO GROSSETESTE
DRA.

CELINA

A.

LERTORA MENDOZA,*

Buenos Aires, República de Argentina.
Univenidad Católica de Argentina.

LA FIGURA DE Roberto Grosseteste (1168 a 75?-1253) tiene doble importancia para los estudiosos de la Filosofía Natural. Por una parte su propia
obra muestra un espíritu inquieto y positivamente interesado en problemas
científico-e.'q)erimentales que trataba de resolver. Además, su carácter de
jefe de escuela imprime una direcci6n de pensamiento que prolonga su influencia al menos por dos siglos, hasta el comienzo del periodo denominado
-con razón o sin ella- renacentista. La variedad temática y estilística de
su obra, justamente señalada, 1 que abarca traducciones, comentarios, opúsculos tratados y cartas, sobre asuntos científicos, metafísicos, teol6gicos y pastorales, hace necesario deslindarlas previamente a fin de elaborar sobre Jas
escogidas una síntesis de su pensamiento. En lo que respecta a la Física y
a la teoría de la ciencia, nos interesan muy especialmente dos Comentarios
a Arist6teles: a la Física y a los Analíticos Posteriores, y otros opúsculos sobre
temas de ciencia experimental.!
• Miembro de la Carrera de Investigador, Consejo Nacional de Investigaciones
Científicas de la República Argentina. Este trabajo se basa en otro más exte11JO: El
ci&gt;memario ú Robuto Grossetene a la F'isica de Arisl6teles, Tesina de Licenciatura,
Universidad Complutense, España, Octubre de 1974, 397 pp. mecanografiadas.
1 Un estudio general
de toda su obra en S. Harrison Thompson: The Wrilings
of Robert Grossettste, Bisb.op of Lincoln, 1235-1253, Cambridge, 1940. Véase también
la Tabla cronol6gica en Robert Grosseteste Schular and Bishop, Esaays in Commemo-ration of the Seventh Centenary of his Death, ed. D. A. Callus, Oxford, At the Clareodon Press, 1955, reeditado 1969, pp. 251-252.
1 Los escritos de interés en nuestro tema son: Commentarius in Octo Libtos Physicon,m Aristotelis, Commentaria in Aristotelis Posteriorum Analyticorum Libros, De
potentia et actu, De fluxu et refluxu maris, De luce, De slatu causarum, De oeritat,

153

�Todos los historiadores de la ciencia oxoniense son acordes en destacar
que la importancia de Grosseteste en la historia de la filosofía y de la ciencia
se debe a su concepción del método cientüico y su teoría sobre la explicación científica. En sus aspecto teóricos, encontramos exposiciones fragmentarias en sus Comentarios a Arist6teles, pero además sus opúsculos científicos presentan una aplicación práctica aunque rudimentaria. Además de la
metodología que él mismo propone y aplica en sus investigaciones naturales,
Gro eteste concordaba con Ari tóteles en que la Física, como ciencia, es un
sistema y no un conjunto acumulativo de noticias acerca del mundo físico.
Sin embargo no escribió una obra completa y sistemática sobre el tema,
sino que se sirvió de la del Estagirita, ordenándola según su propia concepción. De allí que su Commentariu.s Ítl Ocio Libros Physicorum Á.ristotelis
tenga una especial importancia como expresión de lo que entendía por sistema
de la ciencia física. Esta obra no fue escrita con finalidad didáctica ni meramente expositiva, sino que constituye una lectura personal, redactada en diferentes periodos de su vida intelectual. En la medida en que un sistema
de Física, como el de Aristóteles, era repensado a la luz de nuevos aportes,
Grosseteste veía la necesidad de formular una sistematización completa de
las proposiciones generales de la ciencia. Esta es la idea fundamental que
preside todo el Comantario, y lo que también justifica la introducción de
nuevas teorías en la medida en que fueran compatibles y/o sustitutivas de las
anteriores, sin alterar la estructura básica.

¿ Cuál es el método empleado para esta sistematización? ¿ A qué resultados
propo.rilionir, D, Artibus Liberalíbus, D, generalion, sono1um, D, g1neratior11 sl1lla-

non, De impres.rionibus 1lem11ntorum, D, íride, De ,ometis, D, ,alor, solis, D, natura
locorum, D, Sphaera, D, ,011'11, D, operacionibus solil, ComPotus, D• quadratura
tirculi, D, composilion, circuli, D, lin1is, angulis et figuris.
Las fuentes utilizada. 011: Robuli Grosseteste, Epúcopi LincolnünsiJ, Comm,nlariw in VIII Libros Physicorum Aristottlis, e fontibus manu scriptiJ nunc pñmu.m ÍD
lucCin, editid Richard C. Dales, Univenity of Colorado Press, Boulder, Colondo,
MCMLXIII, lo citamos en nuestro trabajo por C.; Robert Grosseteste, In A.tistotelis
Poslmorum ..tnalyticorum Libros, Venedig, 1514, Minerva G.M.BJI., Unverinderter
Nachdruck- Frankfurt/Main, 1966; Ludwig Baur, Die philosaphischtn Werke des
Robert Grarsellste, zum erstmmal uollstifodjg in kf'ítischer Ausgabe, Munster, 1912;
E. Franceschini, "Un inedito di R. Grouatesta: la 'Questio de Accessu et recessu
maris'" Riuista di Fil. Neo-scolastica, 1952 fase. l, pp. 11-21; S. H. Tho=n:
"Grosseteste's Ques.tio de Calore, De Cametú and De Ope:rncionibus So.lis", M•d.
at Humanist, XI (1957), pp. 34-43; id., ''The text of Groueteste's De C.Ometú",
Isis, XIX, 1935, pp. 21-25; Richard C. Dales "The Text o{ Robert Grossete.ste's
'Questio de Uuxu et refluxu mari-5' with an E11glish Translation", /sis, vol. 57, 4,
no 190, 1966, pp. 455-474.

154

conduce? tstas son las dos preguntas claves del tema, y que intentaremos
responder en los siguientes acápites.

Método de sistematización
Gro teste ha dedicado numerosos párrafos de sus obras a la metodología
de la ciencia, pero eo ninguna la expone en forma completa y sistemática,
ya que el tratamiento es ocasional, sea comentando pasos de Aristóteles, sea
a propósito de un problema concreto que .se propone dilucidar. Sin embargo
su pensamiento puede reconstruirse sistemáticamente con seguridad haciendo
uso completo y ordenado de los textos en cuestión.
En primer lugar debemos distinguir dos clases de métodos: el propiamente
cientilico, propuesto para la investigación del mundo natural, y el método
interpretativo utilizado para la exposición de textos ajenos -en este caso,
Aristóteles. Es importante tener en cuenta esta distinción porque las finalidades inmediatas de los métod0s no coinciden.

El método ciAntífico, que Grosset.este comenzó a elaborar desde sus comienzos académicos, sólo al fin de su periodo científico alcanzó aplicaciones
más importantes en los casos concretos. Análisis detallados sobre esta metodología, su empleo y su posterior desenvolvimiento han sido hechos por prestigiosos historiadores de la ciencia, particularmente Crombie.ª En este momento nos interesa sólo r marcar sus lineas fundamentales, porque según
esta metodología juzga el acierto o desacierto de las teorías de Aristóteles,
previamente fijadas conforme a su criterio hermenéutico.
Las pautas fundamentales de este método científico son las siguientes:
lo. En la Física ( equivalente bastante aproximado a nuestro concepto
actual de "ciencia empírica") no se trata de buscar el propter quid o causas
últimas de las cosa.\i, sino el quia o naturaleza y modo de manifestación de los
1 Cf. Robert Gro.uetest• and th• origi,u of Exp,,imtntal science, Oxford, At the
Clarendon Press, 1963, reimp. 1971; tambi~n "Robert Grosseteste on the Logic of
1cience", ifctts du XI Congris Internalionol d, Philosophu, vol XII, pp. 171-173
y "Grosseteste and scientific Method", The Month, 191 (1951), pp. 164-174; Richard C. Dales "Roben Grossele!te's Commentariw in Octo Libros Pbysicorum Ariatotelis", Med. irt Humoni.rt., XI (1957), pp. 381-363, y ''Robert Groaeteste's scientific Worlu", /sis, 52 (1961}, pp. 381-402; Henri PouUon "Grosseteste'• Contribution
to the Histol'}' of Ph-ylosophy", P1oc. ~m. Cath. Phil. Ass., 1953, v. 27, pp. 142-144.

155

�fenómenos.• La ciencia natural pues, crea una estructura apta para explicar
los fenómenos naturales y en ese sentido sus leyes son "probables", o, dicho
en terminología moderna, sujetas a falsación. 3 Por la misma raz6n, las leyes
naturales científicas se distinguen de las explicaciones metafísicas en que
quedan sometidas a la experiencia sensitiva, como dice Grosseteste, o a la
verificación empírica, como diría un moderno metodólogo. 6
2o. La teoría científica se construye en ~ pasos fundamentales: resolutio,
compositio y expresión matemática.
La resolutio es el proceso de búsqueda de los elementos integrantes de un
fenómeno, algo así como la parte analítica de cualquier método. También a
este primer paso corresponde la eliminación de las hipótesis falsas o inaplicables, señalando ilogísticamente si la misma da cuenta o no de las condiciones
necesarias y suficientes. Ejemplos de esta aplicación del método analitico
para el tratamiento de un fenómeno, mucho antes de Bacon de Verulan,
Locke o Stuart Mill, los tenemos en sus opúsculos De calore solis, De iride,
De generntione stellarum. Así pues, en la usolutio quedan fijados los pasos
de la investigación física sujetos a verificación· en otros términos, la parte
analítica comprende como elemento fundamental ]a fijación correcta del problema y las opciones de resolución. Como ejemplo veamos el párrafo inicial
de su opúsculo De Generatione 'Stellarum:

La compositw es la parte sintética del proceso, o reconstrucción teórica
del fenómeno. En todos sus opúsculo científicos ha intentado precisamente
la explicación de los casos particulares en término generalizables que muestren constantes físicas. Estos dos moro ntos fueron aplicados también por
Roger Bacon, Witelo, Teodoro de Frei.berg r Themon Judai.ª
La matematización de los resultado científicos es una idea basada en
postulados metafísicos platónico-agustinianos, pero su finalidad es inmediata
y práctica: simplificar las descripciones particulares por reducciones a elementos generales que respondan a e!Ja , como son los números. Para ejemplificar, y como interesante comparación con las ideas de Galileo, expondremos brevemente un caso en que Grosseteste propone la sustitución del método aristotélico por el prapio: la teoría de la localizaci6n, que corresponde
al comentario del Libro IV de la F'isica. Para Aristóteles el lugar, en cuanto
primer límite inmóvil del continente inmediato 9 es ante todo una realidad
que implica relaciones cualitativas. Por ello, para indicar una localización
hay que referirse a objetos singulares cualitativamente descriptos: esta piedra, este aire que la rodea, etc.
Grosseteste propone en cambio la localización por un sistema de relación
por medidas, que permita localizar en general, con prescindencia de la clase
de objetos de que se trate. He aquí el paso:
''Puto hunc locum signatum sic posse deffiniri, ut dicatur quod locus
hic este superficies spherica concava cuius diameter est duorum cubitorum, cuius centrum distat a septentrione tantum et ab austro tantum et
ab occidente tantum. Et intelligo in hac diccione tantum signatas et
numeratas distancias a quattuor partibus mundi secundum lineas rectas
protractatas a quattuor partibus mundi usque ad centrum huius loci,
cuius centrum distat a vero oriente ut intelligatur arcus descriptus secundum viam motus diurni. In racione itaque signati et singularis loci non
cadit singularis superficies sed hec universalia, superficies spherica, cuius
diameter est duorum cubitorum, quibus universalibus intencionibus adduntur distance quattuor numerate a quattuor partibus mundi." 10

"Res eiusdem naturae eiusdem operationes secundum naturam suam ef.
fectivae unt. Ergo si secundum naturam suam non sunt eiusdem operationes effectivae, non sunt eiusdem naturae. Sed sphaerae et stellae non
sunt eiusdem operationis secundum naturam suam effectivae. Ergo
sphaerae et suae stellae non sunt eiusdem naturae" .1

• Grosseteate hace varias aplicaciones de esta distinci6n. Por ej.: con respecto a
la flsica y la óptica: "Et perspectivi et physici est speculatio de íride. Sed ipswn
'quid' physici est scire, 'propter quid' vero penpectivi" (D, iride, Baur, Werkl, p. 72);
Una explicación general de sus diferencias, mis amplia y completa en su Commentaria in Posteriorum Analyticoritm Libros (ed. cit., f. 13 v y 14).
• La experiencia es eJ criterio que utiliza principalmente la füica para la admisión
de una explicación: "Nec videtur instancia et ne videatur mirum clictum quod sic
generantur disposiciones in rebua extra multa poni possunt ubi sensibiliter patet quod
sic est" ( C., p. 128).
• Sobre la diferencia metodológica entre matemática, metafísica y física, Anal. Post.
(ed. cit.), f. 12 v b y 13 v a·b.
1 BAmt, Werke, p. 32.

156

En este nuevo sistema propuesto desaparece la importancia del "continente" el "contenido'' de Aristóteles se transforma en una variable de objeto y

'

• Cf. C11.ovsm, A., ''Robert Grosseteste on the Logic of science" (cit., pp. 172-173).
' Bk 212 a 20-21.
,. C., p. 80.

157

�su lugar no es sino su relaci6n mensurable con respecto a otros puntos de
referencia. Aunque los puntos de referencia que Grosseteste indica, por ser
astronómicos, resultan de difícil aplicación en la mayoría de los casos simples y cotidianos, la proposición es básicamente correcta, y los sistemas de
medición cartográfica han hecho uso de este tipo de teorías, cuyo perfeccionamiento matemático ha conducido al principio de las coordenadas cartesianas.
3o. El principio de subordinación de las ciencias, otro de los postulados
del método, deriva de una concepción unitaria del saber científico. Las ciencias se subordinan porque pueden formar complejos totales de conocimiento
acerca de la naturaleza, de tal modo que las subaltemantes proporcionen
los principios básicos a las subalternadas, que a su vez agregan efectivamente
nuevas noticias sobre el mundo:
"Sciendum autem quod scientia inferior semper addit conditi.ones per quas
appropriat sibi subjiectum et passiones superioris scientiae et sunt in
conclusione scientie subaltemate sicut nature due: naturam scilicet
quam accipit a superiori et natura propria quam superaddit. Proprii
itaque superadiecti. causas non dicit scientia superior et quandoque dicit
eas causas scientia inferior et quandoque non. Illius vero quod accipit
scientia inferior a superiori, causas dicit scientia superior, unde conclusionis appropriate in scientia subaltemata causas dicit scientia subalterna.ns non in se sed in suo universali" .11
Esta proposición se basa a su vez en dos hipótesis físicas cuyo contenido
resulta intuitivamente conocido, y sin ellas ni siquiera sería posible intentar
un conocimiento genérico de lo natural. Estos principios en realidad ya están
en Aristóteles, sólo que aquí se les incorpora una metodología:

l. El principio de la unifonnidad de la naturaleza;
2. El principio de economía, en el sentido de que los efectos naturales se
producen siempre por la vía más directa.
Grosseteste es muy explícito al respecto:
"[a propósito del fenómeno de refracción] Et ídem mani.fcstavit nobis
hoc principium philosoph.iae naturalis, scilicet quod 'omnis operatio
u Com. Post. .&amp;nal. ( ed. cit.), f. 14 v a.

158

naturae est modo finitissimo, ordenatissimo, brevissimo et optimo, quo
ei possibile est'

''.u

De allí se deduce también que toda explicación científica debe contar con
el menor número posible de elementos, y así prueba, por ejemplo la cuarta
proposición del Libro I de la Física: no hay más que tres principios de la
cosa generada pues ellos son uiicientes y poner otros serla superfluo.13 Occam
hizo aplicación de este principio con su famosa "navaja", sobre todo en metafísica, y los lógicos modernos lo reafirman al sostener que los sistemas a,clomáticos han de contener el menor número posible de postulados e indefinibles.
Tal es en síntesis el método que Grosseteste considera adecuado para encarar
el estudio de la Física, y con él en vista emprende la lectura del texto aristotélico. Su interpretación de la obra se cumple en dos pasos: en primer lugar una
fijación del sentido del texto; luego su ordenación en un número determina.do
de proposiciones científicas. No nos detendremos en los métodos de fijación de
texto, pues no son distintos de los que empleó para todos los casos de hermenéutica. Digamos sólo que se ocupa primero de aclarar el sentido de los nombres, luego aparece la fijación de la "intención del autor" y por último la recomposición aproximada si el texto no es explicito. Resulta interesante destacar que Grosseteste aparece muy respetuoso de "la intención de Aristóteles",
aunque ella sea contraria al dogma o a sus propios criterios científicos. Por eso
está en contra de los que quieren forzar los textos del Estagirita para acomodarlos a la propia teoría, aunque fuera con la pía intención de eliminar la
heterodoxia. En este sentido debemos reconocer que el criterio de Grosseteste
no prevaleció, y los parisinos sobre todo, entre los que Santo Tomás es un
ejemplo, han leído a veces los textos de manera por demás forzada para no
parecer en contra de esas venerables autoridades. En cuanto a la complementación del sentido original por vía de otros intérpretes, Grosseteste es más
bien reticente. De los autores árabes se ocupa interesándose por sus investigaciones científicas más que por sus interpretaciones filosóficas. En cuanto
a la utilización de las fuentes cristianas, Grosseteste no se ha interesado mayormente por su aplicación a los temas científicos y filosóficos, como lo
evidencia el escaso número de referencias a la patrística que hay en este
grupo de sus obras, y que en su mayoría son incidentales. El hecho de que
sí haga uso abundante en escritos pastorales demuestra que en este caso
que nos ocupa su prescindencia era deliberada y no se debía a ignorancia.
"' De irid,, BAuR, W,rb, p. 75.
11 c., p. 13.

159

�La sistematizaci6n de las proposiciones de la Física intenta lograr un encadenamiento unitario, en el que ]as verdades más generales subsuman a las
específicas, que a su vez se fundamentan doblemente: en las generales como
punto de apoyo y en las nuevas e'X-periencias sobre los fenómenos como nuevo
aporte. Por eso el si tema físico no equivale al matemático, ya que de los
primeros principios físicos no se pueden extraer s6lo por deducción todas
las verdades del sistema. Al contrario, la Física constituye un sistema abierto,
es decir, obtiene nuevas proposiciones por añadidura de contenidos empíricos que no e tán fijados implícitamente en las proposiciones generales. Esto
explica que el silogismo deductivo cumpla un papel importante, pero no
exclusivo.
Los principios de sistematización que Grosseteste utiliza para ordenar el
texto de Aristóteles son los cuatro siguientes:
lo. Sólo deben integrar el corpus científico las proposiciones básicas científicas y las que se deriven de ellas por deducción perfecta.H
2o. U na proposición básica científica es aquella que ha sido obtenida por
un método físico,115 que sea, por supuesto, acorde con los principios fundamentales anteriormente expuestos. Para determinar si una proposición fue
o no obtenida de esa manera en cada caso, supuesto que --como es el caso
de algunas proposiciones de la Física aristotélica- no sepamos el proceso
que condujo a ella, es ver si la proposición en sí misma se puede probar por
la experiencia, como dice Grosseteste 16 o en términos modernos, hay que

~gi~a. ~ste tipo es_tá constituido por las proposiciones que determinan y fi.
Jan amb1tos; por eJemplo la afirmación aristotélica del Libro IV: "corresponde al físico. tratar acerca del infinito" •17 Es decir, se trata d e proposicio· ·
nes metodoló~cas, que no añaden un conocimiento descriptivo nuevo acerca
d~ mundo fisico pero que son necesarias para fijar los ámbitos de conociIIDento. Hoy las. llamamos "metalenguaJ'e" de un sistema, O sea, propoSICIO·
··
n~ que se refi~ ~ proposiciones del sistema, o nivel 1 con respecto a1
ruvel O (lenguaJe obJeto) . Aunque esta distinción no es tan clara y explícita
en Grosseteste como entre los lógicos modernos, resulta importante destacar
que ~ advertido la diferencia entre esos dos tipos de enunciados. Hoy sabemos ~1~ que no ~do lo q~e. se dice ~n un libro de Física es lenguaje objeto,
descnptivo de fenomenos físicos, y sm embargo no es posible prescindir de
esos enunciados meta-científicos. En forma sistemática y fundada, la justificación de esta distinción es una elaboración de las últimas décadas; de hecho
y en forma implícita, ya la encontramos en este grupo de Oxford. También
es cierto, y lamentable, que las investigaciones posteriores no volvieron a ocuparse de estas distinciones metodológicas, por lo que fueron rápidamente olvidadas por los científicos del renacimiento y la modernidad.

ver si es empíricamente verificable.

4o. Toda proposición que no sea del tipo anteriormente indicado no pertenece de ninguna manera a la ciencia y debe ser eliminada de ella. u El
principio es claro, sus aplicaciones en el mismo Comentario fueron vacilantes, pues no se inmutó al recurrir varias veces a argumentos metafísicos y
hasta a verdades dogmáticas.19 Pero los conúenzos en la aplicación de una
metodología son siempre rudimentarios y sujetos a corrección. Interesa más
el valor de haber enunciado el principio, que sus inconsecuencias personales.

3o. Las proposiciones que sin pertenecer al grupo anterior son relevantes
para el sistema se llaman "proposiciones intermedias" entre la Física y la

Los resultados de la sistematización

" As\ por ej. wn básicas las proposiciones que Ari,tóteles obtiene por un examen
dialéctico inductivo: número de los principios, noción de natura, de causa, de lugar,
tiempo, movimiento, etc. Se derivan de ellas las que son exigidas como consecuencia,
por ej ., con respecto a la noción de instante: que es indivisible, que nada se mueve
ni reposa en el instante, etc., porque se derivan lógicamente de las nociones de
tiempo, instante, movimiento y reposo.
u Este principio no siempre es totalmente aplicado cuando comenta a Arist6teles,
pues la mayoría de las veces eic.ige sólo que una proposición sea demostrada por una
demostración independiente de las anteriores; por ej. la definición y existencia del
lugar.
" "Experiencia" debe entenderse en un sentido más amplio y menos preciso que
el actual, y tambifo integra el concepto aquellas proposiciones deducidas de otras
proposiciones en si mismas empiricamente verificables.

160

Puesto a ordenar las conclusiones científicas de Aristóteles, Grosseteste
enumera cinco para el Libro Primero, dieciocho para el Segundo, nueve para
el Tercero, treinta y nueve para el Cuarto, veinticuatro para el Quinto,
veintinueve para el Sexto, cuatro para el Séptimo y seis para el Octavo. Esta
n Bk 202 b 30-35; otros caros de proposiciones metodológicas o "intermedias" son:
noción de infinito, definici6n formal de naturaleza, definición indemostrable de movimiento, noci6n de vado y pertinencia de su examen, etc.
11 Por eso no enumera como conclusiones los desarrollos dialécticos de Arist6teles.
,. Sobre todo a propósito de la eternidad del movimiento (C., pp. 153-154) y de
la creación de la materia primera (C., p. 30) .

161
lIUMANITAS-11

�enumeración no guarda relación cuantitativa con la extensión del texto sino
con dos elementos del contenido:
-

el número de los temas independientes o unidades completas de problemática; y
la complejidad y determinación progresiva de un problema.

Cada uno de los temas o problemas independientes de la F'J.Sica debe tener
por lo menos una respuesta; a medida que las preguntas descienden a detalles cada vez más parcializados, es necesario que las conclusiones sean más
determinadas, y por lo tanto su número aumentará correlativamente a las
referencias ~arciales que contemple.

.En el Comentario nada se dice de estos principios de sis.tematización, simplemente se aplican; nosotros intentamos su reconstrucción teórica tomando
lo que Grosseteste escribió; encontramos así que su sistematización resulta
perfectamente explicable según los principios modernos de la Metodología
de la Ciencia: cuanto más general es una proposición, abarca más fenómenos pero más difusamente, por lo cual tiene menos probabilidades de falsación; en cambio, cuanto más particular es la descripción de un fenómeno
y más detalles se introducen en ella, aumentan proporcionalmente las probabilidades de falsación. También Grosseteste aplicó de hecho el principio, hoy
demostrado lógicamente, de que las leyes científicas o proposiciones universales descriptivas no son absolutamente verificables, pero sí absolutamente
falsificables 20 pues nunca exigió como requisito una enumeración total ni
una inducción completa, conociendo su imposibilidad fáctica, pero en cambio
consideró falsa una proposición científica que se demostrara falsa al menos
en un caso. 21
Veamos ahora con más detalle cuáles son los temas científicos y sus conclusiones en la Física aristotélica tal como la interpreta Grosseteste. Enunciarlos no significa que en todo estuviese de acuerdo, y por ello al margen
propone sus propias teorías, cuya análisis omitimos por exceder el marco del
tema propuesto.

En el Libro Primero la problemática científica se reduce a una sola pregunta: ¿ Cuáles son los principios de las cosas? Obsérvese que no pregunta
qué son, y tampoco si existen; el realismo científico parte de una premisa
simple: queremos explicar las cosas y llamamos principios a aquellos aspee-

.

" La falsaci6n en Grosseteste corresponde a la primera parte de la reso/utio.
n De ahí el sistema de la ejemplificación propuesto en la resolutio.

162

tos inteligibles que nos explican las cosas de nuestra experiencia. Las cinco
conclusiones son:
1. "Cuiuslibet facti
2. "Prima principia
3. "Cuiuslibet facti
4. "Non sunt plura
5. "Sunt enim duo

sunt principia contraria" 32
nec sunt unum nec infinita" 23
tria sunt principia" :u
tribus" 25
secundum rem et tria secundum racionem" 26

Se ve por consiguiente, que Grosseteste ha suprimido o dado otra interpretación a varios de los temas que ocupan 1a intenci6n disputativa de Arist6teles: las opiniones de los metafísicos, de los físicos, y el examen dialéctico de
la cuestión; asimismo los preliminares aristotélicos sobre el conocimiento y la
ciencia son considerados propedéuticos ajenos a la Física en sí. Estas conclusiones son las derivadas de evidencias básicas en una consideración física.
Es claro que estas cinco proposiciones podrían enunciarse en una sola frase :
"los principios de la cosa generada son solamente los contrarios y la materia",
en la cual se contienen implícitamente todas. Sin embargo su sucesión tiene
un sentido de progresivo desvelamiento de la verdad; es decir, cada una
agrega realmente un nuevo contenido, una nueva noticia acerca del mundo.
Por lo tanto habrá tantas proposiciones científicas cuantas sean las noticias
unitarias que se puedan obtener, aunque varias o todas se refieran al mismo
fenómeno y aunque puedan resumirse lingüísticamente en frases más comprehensivas. Debe notarse, por último, que la negación o discusión de una
de estas proposiciones no necesariamente implica la discusión o negación de
las restantes, precisamente por lo que cada una tiene de nueve con respecto
a la anterior.
En el Libro 'Segundo hay cuatro temas fundamentales:

La natura, sobre la cual enuncia las tres primeras conclusiones:
1

'

1. "Natura est principium motus et status" 27
2. "Est igitur natura principius alicuius et causa movendi et quiescendi
in quo est primum per se, non secundum accidens 28
'" C., p.
u C., p .
" C., p.
.. C., p.
• C., p.

18
20
23
23
24
:r C., p . 32

(Bk
(Bk
(B.k
(Bk
(Bk
(Bk
u C., p . 32 (Bk

188
189
190
190
190
192
192

b, 27-28).
a 11 s.s ) .

b
a
b
b
b

10 ss).
29 ss).
3 ss) .
20) .
20-22).

163

�7. "Amplius eadem contrariorum est Que enim presens
hanc et absentem causam alii contrarii'' u
causa huius est,

$. "Encia secundu.m naturam sunt habencia naturam et accidenda habentibus naturam per ipsam naturam" .29
En este tema hay un paso novedoso desde el punto de vista roetodol6gico.
Comentando la frase aristotélica: "De entre las cosas que existen, algunas
lo son por natura, otras por otras causas" ,Sº considera que debe introducirse
el concepto de "natura" en la ciencia, y lo hace a través de una definición
llamada "evidentísima e indemostrable": natura es aquello por lo cual difieren primero y por sí los entes naturales de los no naturales. 81 Efectivamente esta "definición" no es demostrable porque es estipulativa. Pero de ella
puede obtener una conclusión científicamente relevante, completada con
otras consideraciones. ¿ En qué difieren los entes naturales de los no naturales? En su tipo de movimiento y de reposo, y esto es evidente a los habituados al estudio natural. 82 He aquí un caso de "proposici6n evidente para
los doctos", distinción en los tipos de evidencia de que mucho se sirvió la escolástica, y que modernamente connota con otras postulaciones, como la
teoría de la analiti.cidad contextual expuesta por Bunge. 39 Pero esta "definición indemostrable" no integra las conclusiones científicas, aunque sea relevante para la física, precisamente porque es semántica y no tiene posibilidad
intrínseca de constatación.

Las causas es el segundo gran tema de este libro, acerca de las cuales resume en cuatro proposiciones los principios fundamentales de Aristóteles:
4. ' 10ronem rem que dicitur causa esse aliqua quattour causarum" 3"
5. ''Vero eiusdem rei, multe sunt cause per se" 88
6. "Duarum causarum efficientis, scilicet, et finis, utraque est causa alterius"

38

C., p. 33 (Bk 192 b 34-35).
" Bk 192 b 8-9.
11
p. 31.
., "Deifinicio itaque notinima de natura et que demonstrari non poteat est hec:
natura eat que primo et per se di!ferunt ea que sunt naturalia i.nquantu.m huiusmodi,
a non naturalibus i.nquantum buiusmodi. Quod autem hec ab illis inquantum huius•
mocil differunt talis princ.ipio motus et status, patet per se philosophis assuefactis in
scientia naturali, unde hoc non est per se notum principium quibuslibet sed auue11

c.,

factis in talibu.s." ( C., p. 31.)
11

Cf.

BUNoE,

Mario, "Análisis de la analiticidad", publicado en Á-ntolt1gfa Simán•

tica, Colección Interciencia, Ediciones Nueva Vis.i6n, Bs. As., 1960, pp. 261-271.
" C., p. 39 (Bk 195 a 3 ss).
• C., p. 41 (Bk 195 a 4-5).
'° C., p. 41 (Bk 195 a 8).

164

También_ aquí se observa que la definición o noción de causa no inte a
las •conchmones
científicas, aunque su ca.racterizaa"6n per tenezca a las progr
•
posiciones del sistema. Esta es la raron por 1a cual el tema d I
. . .
en ge
J
, •
e os prmc1p1os
tematicamente una de las partes de este libro, no conduce
a ·nnera ' que 1es •,
m guna conc usion, ya que todas sus elaboraciones son ad t .
respecto a este tema principal.
ara onas con
_El azar y la fortuna, o sea, las causas por accidente, merecen un tratanuento
bastante
Grosseteste lo resume en
. . extenso en la obra del Est,,airita
""'t)-·
•
Siete

•

propos1oones:

8. "Fortuna igitur esse" 88
9. "Fortuna est cum acadentaliter
·
evenit aliquid et preter intencionem
nec se_pe nec semper ex concursu causarum per se et preter inten .
agencnun" 89
cionem
10. ''Est fortuna quod accidentaliter evenit et preter intencionem et raro
ex concursu causarum agenciu.m per intencionem secundum propo
situm" "º
·
11. "F~~~ _est irú~ita et incerta quoniam accidentales cause et accidentalia infiruta et mcerta" u
12. ••Fortuna non est in infantibus et in animalibus et inanimatis" u
13. &lt;(Ca.sus cst in hiis in quibus fortuna in infa.ntibus t ·
· alib
inanimatis" "ª
e m arum
us et
14. "Casus et fortuna sunt posteriores intellectu et natura""'
15. "Prima corpora,
ut ce1um et totum universum non sunt a casu, quod
.
casus posterior est natura et intellectu" .'5
De todas estas consideraciones, importa especialmente Ja última, porque
aunque Grosseteste no le dedica en el mismo párrafo una ac1 arac1"6 n especia
· J,
" C,, p. 41
• C., p. 42
• C., p. 42
'° C., p. 43

C., p. 44
C., p. 44
u C., p. 44
'" C., p. 44
" C., p. 46

1.1

ª

(Bk 195 a
(196 b 10
(Bk 196 b
(Bk 197 a
(Bk 197 a
(Bk 197 b
(Bk 197 b
(Bl 198 a
(Bk 198 a

11).
ss).
20-21).
5-6).
8 ss).
13 ss).
13 ss).
5 ss).
10).

165

�ya anteriormente, y también en general preside su obra científica la misma
idea, se ha pronunciado por el principio de la I galidad natwal.
La finalidad de la naturaleza da por resultado tres conclusion científicas
en todo el largo paso dialéctico de Ari.stótelc al final del tema de la causa:

16. ''Tres cause in unam incidunt","
17. "Natura es propter aliquid""
18. "In physicis est necessarium ex upposicione [ ... ] naturam semper
propter aliquid esse et facere". 411
Podemos preguntarnos cómo es posible la última conclusión, qu el mismo
Grosseteste reconoce haber sido anteriormente supu ta, pues en efecto es
incluso parte de los postulados de su método científico. Debido a la importancia del tema, lo soluciona con una
is ad !toe: no es inconveniente que
se supon primer lo que luego se probará, para poder comenzar el estudio
físico, porque (y esto es lo importante) la demostración posterior no depende de la anterior." Que en el caso presente tal sea el orden real de la
prueba aristotélica no sólo es discutible sino quizá erróneo, pero el principio
es metodológicamente correcto.
En suma, en este Libro Segundo tenemos los siguientes puntos de interés
para una metodología científica: to.) la distinción entre proposición formal
e indcm trable y material o demostrable evidencia la conciencia de la distinción entre proposición tautológica y descriptiva (contingente en sentido
lógico) ; 2o.) la eliminación de las definiciones semánticas, que son punto
de partida de otras conclusiones implica sostener (al contrario de Aristótel )
que las primeras definiciones de una ciencia son obtenidas a priori e incluso
semánticamente, pero no por el mismo método de la ciencia; So.) puesto
que admite que la Lógica fija los ámbito de la ciencia, este tipo de proposiciones intermedias constituyen un bozo d la teoría del metalenguaje;'°
4o.) la n ci6n de la casualidad en el ord n de la naturaleza universal supone y explica a la vez la posibilidad de leyes científicas; no hay inconveniente
• C., p. 47 (Bk 198 a 24).
., C., p. 47 (Bit 198 b S2 y especialmente 199 a 33-35).
• C., p. 47 (Bk 199 a 34 ).
p. 47.
• ''Non igitur eimpliciter physica. est hec proposicio: quattuor cause rerum naturalium 1unt de consideracione physici aed quodammodo est ph)'lica, quodammodo logica.
Et ideo videtur mihi improprie ordinanda ínter conclusiones demonstmta.s in hac
sciencia" ( C., p. 38).

• c.,

166

ª:

en sup&lt;mer lo _que luego demostrará, pu es una necesidad metodológica;
5o.) por lo mismo se admite la suposición, que después se demostrara de la
~malidad natural. Esta finalidad no supone ningún antropomorfum~ sino
sunplemente la enunciación d la ley de regularidad de los comportantlentos
naturales.
El Libro Tercero, con sus nueve conclusiones, arriba a resultados científicos en dos temas: el movimiento y el infinito. Con respecto a) primero
ellas son:

l. ''In potentia autem e.xi t ntis endilechia secundum quod huiusmodi
t motus" 11
2. "Motus st actus imperfectui' u
3. "Omne movens mobil simul movetur cum movet" n
4. "Omne mov ns mobile simul agit et patitur ipsum, namque movere
agere est" ª'
5. "Movens movet secundum fonnam et speciem" H
6. "Unus t actus moventis et mobilis""
7. ''Unus t actus activi et motivi'._n
Grosseteste encuentra que Aristóteles ha dado también definiciones indemostrables del movimiento y que no integran el grupo de las conclusionet
científicas: movimi nto
el paso de la potmcia al acto.11 Esto resulta también cxplicabl a la luz de modernas teorías de la definición: no se trata de
decir qué e la cosa nombrada sino más bien "a tales cosas las llamamos
asi". 11 Por lo tanto, en Física no es demostrable que "el movimiento es el
paso de la potencia al acto", pero sí s puede fijar semánticamente el contenido del t •rmino ''movimiento" diciendo que
llama asi al paso de ]a
p~tencia al acto, puesto que tal cosa no es sino la caracterización n cesaria
p. 48 (Bk 201 a 10-11 ).
p. 49 (Bk 201 b 30-31 ) ,
p. 50 (Bk 202 a 3-6).
p. 51 (Bk 202 a 3-6).
p. 51 (Bk 202 a 7 ss).
p. 51 (Bk 202 a 13-20) •
p. 52 (Bk 202 b 36 u).
p. 49.
• Resulta intere.sante la ob5C.rVaci6n de Ocklwn; "Circa primum diffin.it Ariatotelis monun secundlJJll cxpositorl?l tertii Physicorum duplici diffinitione quarwn unam
dicunt eue formalcm, et alia materialem, quae lamen non dilfenm/ nisi vocal.ita'',
Summ11/u in Libros Pliysicorum, m, cap. 5um, (Ed. Romae, MDCXXXVIl, p. 52 b).
"'
•
•
"
•
•
"

C.,
C..
C.,
C.,
C.,
C.,
C.,

• c.,

167

�y previa del objeto de estudio; estamos pues en presencia de una proposición estipu]ativa.
Aristóteles ha dedicado largos párrafos al estudio del infinito. Grosseteste
también se explaya ampliamente en sus propias teorías, pero sólo concede
dos conclusiones científicas al respecto:

8. "Non est corpus infinitum in actu" eo

9. "Infinitum esse [ ... ] quodammodo [id est, sicut potentia]" 61
¿ Cómo se ha podido introducir la consideración de algo que no existe?
¿No hay allí una inconsecuencia? Nuevamente vemos solucionada la cuestión
por la vía semántica eslipulativa. La proposición que incluye el infinito en
la consideración física no es física sino metodológica, y lo mismo la definición
de infinito propuesta.62 Supuesto esto, la ciencia se limitará a decir que
esto llamado infinito no existe, porque no se da de hecho y además porque
la suposición de su existencia 11evaria a resultados contradictorios con la
realidad. En ese sentido, aunque indirectamente, la proposición cientüica
negativa resulta empíricamente verificable.

El Libro Cuarto, muy extenso y pormenorizado, por su especial carácter
científico-experimental, ha merecido una atenta consideración de Grosseteste,
quien además de la sistematización del texto, ha introducido e incorporado
al sistema teorías propias, como la nueva concepción de la localización a que
ya nos referimos; su concepto de la convencionalidad de la medida; la aceptación de otro modo válido de contraer el universal al singular ( además del
propio de la comprehensión, expresado en el "árbol de Porfirio") por medio
de la medición; la teoría del número infinito y de la proporcionalidad de los
conjuntos. Aunque el Linconiense las considera científicas, no las incluye
como conclusiones del sistema que está reseñando, sino que las propone como
corrección y ampliación de lo que le parece erróneo o insuficiente en Aristóteles.
El tema del lugar, primero de los tres que componen este extenso capítulo,
queda sistematizado en las dieciséis primeras proposiciones :
., C., p. 61 (Bk 204 b 4 ss).
., C., p. 66 (Bk 206 a 9 ss).
ª "Hec proposicio, scilicet quod physici est consideracio de infinito, non est pure
physica sed sicud dictum est de quibusdam supra; ipsa e,t quasi media ínter physicam
et logicam" ( C., p. 53). Por las dificultades que evidencia el tratamiento del tema
propone comenzar por una consideración semántica: "Et ad huius inquisicioni.s evidenciam primo distinguenda est multiplicitas huiu&amp; oominis infinitum" ( C., p. 59).

168

l. "Quod quidem igitur locus sit, videtur manifestum esse ex trarumutacione" 65
2. "Locus babet tres distancias" u
3. "lmpossibile est autem corpus esse locum" 8G
4. "Sicut est locus corporis, sic eciam superficiei et aliorum terminorum
quodammodo" 60
5. "Locus nulla causarum est'' 87
6. "Locus est terminus aliquis,, 81
7. uLocus neque est species nec materia,, 89
8. " ichil est in seipso" 70
9. "Locus est ultimum corporis continentis" 11
10. "Pars non est in toto aut aliquid in eo cui est continuum sicut in loco" 11
11. "Locus non est spacium" 73
12. "Locus immobilis est""
13. "U ltimum celi et eius motum sunt sursum et deorsum ad que feruntur
naturaliter gravia" 75
14. "Omne corpus quod habet extra se corpus aliud est in loco, quod vero
non habet, non est in loco" 18
15. "Corpus ultimum quod non est in loco, sic se habet quod partes eius
moventur; ipsum autem totum quodammodo movetur et quodammodo
non" 77
16. "Unumquodque corporum gravium et levium fieri natura in locum
suum et unumquodque corporum istarum totum quiescere natura in
proposito loco" 78
p. 71 (Bk 208 b 1 ) .
p. 72 (Bk 209 a 4).
pp. 73-74 (Bk 209 a 5-6).
p. 73 (Bk 209 a 7 ss).
p. 73 (Bk 209 a 18-22).
p. 74 (Bk 209 b 1-4, especialmente
p. 74 (Bk 209 b 21 ).
p. 75 (Bk 210 a 25).
p. 77 (se refiere a todo el paso Bk
"C., p. 77 (Bk 211 a 21-31).
11 C., p. 77 (Bk 21 t b 14-28, se refiere a
entre continente y contenido, porque tal no
" C., p. 80 (Bk 212 a 18-19).
,. C., p. 82 (Bk 212 a 21-25).
11 C., pp. 82-83 (Bk 212 a 31-32).
,., C., p. 83 (Bk 212 a 33-35).
11 C., p. 83 (Bk 212 b 29 ss hasta el fin
•
.,
•
•
.,
•
•
"
n

C.,
C.,
C.,
C.,
C.,
C.,
C.,
C.,
C.,

1-2).

211 a 29-b 2).

que el lugar no es un espacio intermedio
es nada) .

del capítulo, especialmente 29-33).

169

�Quizá pueda sorprender la primera de estas proposiciones, pues en los temas anteriores no ha considerado conclusión científica la afirmación de la
existencia del fenómeno; por lo demás, de hecho se había supuesto que el
lugar existe al hablar del movimiento local. Sin embargo Grosseteste considera que precisamente dada esta suposición, es necesario probar la existencia
por una demostración independiente de 1a hipótesis anterior y de las pruebas
de los otros temas. 79 Este detalle demuestra la pulcritud metodológica que
Grosseteste intentaba introducir en el texto, a veces no muy ordenado, de
Aristóteles.
El tema del vacío merece una sola conclusión:
17. "Vacuum non

18.
19.
20.

21.
22.
23.

24.
25.
26.

esse". 80

También aquí, como en el caso del cuerpo infinito, se parte de una noción
que sólo indica el sentido del término, para concluir en la inexistencia e imposibilidad física del fenómeno que corresponderfa al nombre.

27.

El tiempo, uno de los temas capitales
tes conclusiones científicas de este libro,
lamos en el acápite anterior de relación
y cantidad de proposiciones descriptivas
comienza su comentario correspondiente
sobre las proposiciones científicas:

30.
31.
32.

de la cosmología, recoge las restanconstiturendo el caso que ya señaprogresiva de complejidad temática
del fenómeno. El párrafo con que
introduce una precisión importante

"Et raciones quibus ostenditur quod tempus non est motus patent; nec
est sine motu quia nec eciam intelligi potest sine motu; igitur nec esse.
Non autem dico esse unam propesicionem tempus non esse circulacionem
aut ipsam spheram, quiam eciam sine demonstracione per se paterent;
opiniones autem que astruere vídentur tempus non ~ satis patent." 81
V ale decir que las proposiciones científicas que llama conclusiones deben
ser deducidas y no pueden ser evidentes; en efecto, si lo fueran serían ruciomas, es decir, puntos de partida y no de finalización.
Las conclusiones científicas sobre el tiempo son las siguientes:
'" "Supra supponit locum esse. Nunc demorutrat locum csse demonstracione non
dependen te ex superioribus" ( C., p. 71).
• C., p. 84 (Bk 214 b 12-13). La conclusi6n se refiere al vacío separado, tema
general del capitulo VIII.
ª C., p. 86.

170

28.

29.

33.
34.
35.

. motu" a2
' 'Tempus nec est motus nec sme
''Tempus est numerus qui nu.meratur et non quo primo numeramus" 83
"Sicut motus est semper alter et alter, ita tempus est semper aliud et
aliud" u
"Tempus non est sine instanti neque instans sine tempore" 85
"Instans est et continuacio et divísio ipsius temporis" 86
"lnstans non est pars temporis" 87
"Tempus per modum aliquem habet terminum in parvitate et per
•
•
•
11 88
modum aliquem non habet temunum m parvitate
"Tempus est multum et paucum; longum et breve et non velox aut
tardum" 89
"Idem tempus est mensurans simul ubique omnes motus simul presentes, tum teropus precedens non idem cum tempore posteriori" 90
"Sicut redit idem motus sic tempus consequens idem antecedenti" 91
"Non solum tempore mensuratur motus, sed econverso, motustempus1192
"Quod aliquid esse in tempere est ipsum et eius esse mensurari a
tempore" 08
.
"Tempus extenditur
et durat omne qu od est 'm tempere"H
"Omne quod est in tempere aliquid patitur et senescit sub tempere" 95
"Ea que semper sunt inquantum huiusmodi neque moventur neque senescunt neque abundat tempos ab hiis" oe
"Tempus est mensura quietis per accidens" 97
"Quecumque non moventur neque quiescunt nec sunt in tempere" 111
"Ea que simpliciter non sunt, hoc cst impossibilia non sunt in tempore" "

ª

C., p. 86 (Bk 218 b 19-22).
'" C., p. 90 (Bk 2L9 b 7-8).
"C., p. 97 (Bk 219 b 9).
ª C., p. 98 (Bk 219 b-31-32).
• C., p. 99 (Bk 220 a 4-5).
" C., p. 99 {Bk 220 a 21 ).
• C., pp. 99-100 (Blt 220 a 30-31).
• C., p. 100 (Bk 220 b 1-5).
"C., p. 100 (Bk 220 b 5-13).
n C., p. 101 (Bk 220 b 10-13).
" C., p. 101 (Bk 220 b 14-15).
.. C., p. 101 (Bk 221 a 7-8).
" C., p. 102 (Bk 221 a 26 u).
• C., p. 102 (Bk 220 a 30-b 2).
• C., p. 102 (Bk 220 b 3-4).
" C., p. 103 (Bk 221 b 7-8).
• C., p. 103 (Bk 221 b 21-22).
• C., p. 103 (Bk 221 b 23-24).

171

�36. "Tune habebit tempus sicut circulus et in eodem modo" 100
37. "Tempus non efficit corrupcionem sed accidit in tempore corrupcionem fieri per motum qui per se abiectivus est'' 101
38. 'Omne que movetur necesse est in tempore moveri" 1 "
39. "Motus circulare est maxime mensura regularis omnium motuum ce-

l. "Ipsum movens neutraliter dictum non active dicit illud super quod
aliud adquiritur per motum in comparacione adquisiti per motum" 105
2. "Omnis mutacio non secundum accidens est a contrario in contrarium
vel a contrario in medium vel a medio in contrarium vel a contradiccione in contradiccionem" 106

terorum".ioa

El comentario

a todas ellas es comparativamente breve, puesto que con-

sidera explícito el texto artistotélico, lo que lo exime de ejemplos o aclaraciones ulteriores.
El Libro Quinto está totalmente dedicado al movimiento y el reposo. Contiene muchas precisiones y detalles, acompañados de ejemplos que Grosseteste
repite e incluso aumenta con los propios. Sin embargo, el número de conclusiones, no muy elevado ( son veinticuatro) demuestra el proceso de síntesis
a que fue sometido el texto. ingún caso concreto, ejemplo o excepci6n está
incluido en ellas, redactadas todas en forma general. También hay que observar que las conclusiones de este libro no contienen definiciones, al contrario de lo que sucede en otros; esto se explica porque aquí no se trata
de ofrecer nociones generales de un fenómeno -en nuestro caso el movimiento- sino de describir cómo se producen sus diferentes tipos. Por lo
tanto, las proposiciones 15, 16 y 17, que a primera vista parecieran definiciones, son en realidad descripciones de lo que llamamos movimiento genérica,
específica y numéricamente uno respectivamente. En otro sentido, en cambio,
el comentario insiste en la necesidad de tma correcta distribución temática
de las conclusiones. Tanto es así que todo este Libro, menos extenso que
los anteriores, parece exclusivamente dedicado a ordenar el original según los
puntos fundamentales, quizá con vista a un comentario posterior más extenso que no llegó a realizarse, como lo ha propuesto Dales.104 De cualquier
manera el material que poseemos nos permite reconstruir el esquema científico del Libro Quinto tal como Grosseteste lo interpretaba.
Con respecto al movimiento en general, primero de los grandes temas del
original aristotélico, hay dos preguntas que responder: cuáles son los elementos del movimiento y en qué categorías se da. La descripción de los
elementos del movimiento y su sentido le lleva muchas explicaciones pero
sólo dos conclusiones científicas:
C., pp. 103-104 (Bk 222 b 1-5).
104 (Bk 222 b 16-26, especialmente 20-21).
"" C., p. 104 (Bk 222 b 30-31).
,. C., p. 105 (Bk 223 b 12 511, especialmente 18-20).

100

= C., p.

172

La determinación de las categorías en que se da el movimiento y la explicaci6n de por qué no lo hay en las otras, particularmente con respecto
a la sustancia abarca las seis proposiciones siguientes:
3.
4.
5.
6.
7.

"Omnes mutaciones esse tres" io-r
"Generacio simpliciter dicta non est motus" 108
"Generacio non est motus" 109
"Omnis motus est mutacio a subiecto in subiectum" 110
"Omnis motus est tres, scilicet aut in quantitate aut in qualitate aut
secundum locum" 111
8. "Est mediu.m in sola opposicione contrariorum" 112

Las conclusiones cuarta y quinta pueden parecer repetitivas, sin embargo
no lo son pues en la primera de ellas se refiere a la generación en sentido
absoluto, y en la segunda a la generación en forma indeterminada, y por
consiguiente su alcance es más atnplio, Vemos aquí aplicado lo que anteriormente dijimos sobre el progresivo aumento de las noticias sobre el mundo
físico: aunque la proposición quinta es la defmitiva, pues vale para cualquier clase de generación, el proceso científico ha pasado por una conclusión
anterior que en sí misma ha quedado demostrada con independencia de
que luego pudiera subsumirse en otra proposición más comprehensiva.

'°'

Cf. C., lntroduction, p. XII.

w C., p. 107 (Bk 224 a 34-b 10; la cita con que Grosseteste comienza el tema es

de b
•
""
,.

4-5).
C., p. 108 (Bk 224 b 28-31).
C., p. 108 (Bk 225 a 5-7).
C., p. 108 (Bk 225 a 6 ss, especialmente 12-16).
1•
c., p. 109 (Bk 225 a 6 ss, cita semejante a 25-27, aunque Arut6teles se refiere
allí a la generación en sentido absoluto).
,.,. C., p. 109 (Bk 225 b 1-2).
m C., p. 109 (Bk 225 b 5-10).
.
.
m c., p. 109; una explicación se encuentra en Bk 126 b 1-7, la cita corre3p0nde a 227
a 7-10, que algunos consideran mal ubicado en el lugar actual (Cf. Henry Carteron,
Physique, "Les Belles Lettrea", París, 1961, T. 11, p. 19, nota 2.)

173

�En el Capítulo 3 de este Libro, Aristóteles expone las nociones que intervienen en el cambio de lugar. Grosseteste no enumera definiciones, pero sí
descripciones, como las cinco conclusiones que siguen, y que pueden considerarse el segundo de los grandes temas del Libro: descripción de los elementos del cambio de lugar

15. "Simpliciter autem unus motus est qui substancia quidem unus est'• 120

9. "Manifestum est quod in hiis est continuum" ua
10. ''In hiis est solum continuum in quibus aptum natum est fieri unum

16. "Species autem motus unus est per unitatem in specie eius quod per
se movetur et eius a quo, et eius in quod et eius per quam" ui
17. "Est autem unus numero cum íllud quod movetur est unum numero
et res adquisita per motum est una numero, et tempus mensurans motum
est unum numero,, u 2
18. "Motus simpliciter unus est continuul' 123
19. "In qualibet specie motus continuat esse regularis et irrcgularis" 124

secundum contactum" iH
11. "Contactum quidem necesse est consequenter esse continuum verius ut
in prioribus consequenter ut in numero" n~
12. "Et si quidem continuum est, est tangere necesse" 110
13. "Quare ultiinum est, est secundum generacionem" 111

Las restantes proposiciones se refieren todas a la contrariedad en el movimiento; y en primer lugar la contrariedad de movimientos entre s'i, y luego
la contrariedad de movimiento y reposo, para concluir con las dos grandes
diferencias en todo movimiento o reposo: natural y violento:

La conclusión novena se refiere a los casos descriptos por Aristóteles desde
el comienzo del capítulo, y especialmente en Bk 227 a 10 ss. Por una parte
trata de recalcar su carácter de evidencia, sobreentendiéndose "para los doctos", pues se deriva de una atenta consideración de los casos presentados;
además es sintética, o resumen de todos ellos. Es pues, quizá el único caso
en que se acepta como conclusión una proposición no descriptiva, constituyendo una pequeña inconsecuencia en la metodología propuesta.
Las restantes consideraciones arti totélicas se refieren a la unidad y contrariedad de movimientos. Aquí debemos hacer constar que la enumeración
no parece muy correcta y segura como en los demás casos. Dales ha hecho
notar que la compilación definitiva de las notas que componen el comentario
a este libro no fue hecha por Grosseteste us por lo cual es posible el deslizamiento de algunos errores. A pesar de ello el esquema básico es válido
y bien arquitecturado. Se enuncian seis conclusiones sobre la unidad del
movimiento:
14. "Uno genere quidem unus est secundum figuras predicamenti,. m
w C.,
w C.,
111 C.,
m C.,
u, C.,

p.
p.
p.
p.
p.
" 1 Cf. C.,
w C., p.

174

109 (Bk 227 a 10 ss).
109 (Bk 227 a 13-14).

110 {Bk 227 a 19-20).
110 {Ble 227 a 21-22).
110 {Bk 227 a 24-25).
Introduciion, p. IX ss.
110 {Bk 227 b 3 as., especialmente 4-5).

20. "Motus est cootrarius motui isto qui est a contrario in contrarium,. 125
21. "Quies in alico opponitur privative motui qui est ex eodem in contrarium" ua
22. "Quies in oppositis [... ] sunt opposite" m
23. "Mutacioni contraria est mutacio ei que est ah alico ei que est in aliud,
ut que est ab esse et que in esse, et quod mutacioni non opponitur
quies" 1. 29
24. "ln omni genere mutacionis et motus accidunt hec due clifferencie,
naturale et violentum" 1211
El objeto del Libro Sexto es el estudio de la división y diviS1bilidad del
movimiento en partes, destacándose por su importancia el desarrollo de la
teoría del continuo. Las notas sueltas que Grossetcste escribió al respecto
más que un comentario propiamente dicho son una ordenación del texto
comparándola con la de Proclo. Las razones que da de la diferencia de nu-

C., p. 110 (Bk 227 b 3 ss).
C., p. 110 (Bk 227 b 3 as).
C., p. 111 (Bk 227 b 21 as).
C., p. 113 (Bk 228 a 20-21).
C., p. 113 {Bk 228 b 19-20).
C., p. 114 (Bk 229 a 27-28).
m c., p. 114 (Bk 229 b 28-30).
81 C., p. 114 (Bk 229 b 31).
m C., pp. 114-115 {Bk 229 b 23 as).
• C., p. 115 (Bk 229 b 23-230 a 9).

•
m
•
"'
"'
.,.

175

�merac1on son relevantes para ratificar los principios generales de sistematización implícitos que presiden su trabajo. La teoría del continuo abarca en
Grosseteste diez conclusiones y dieciocho en Proclo. Esto ha sucedido, según Grosseteste, porque aquel ha tomado como conclusión final lo que no
lo es según una correcta interpretación de Aristóteles.no Por consiguiente,
no deben tomarse como conclusiones finales o proposiciones científicas pasos
que sólo son intermedios para llegar a ellas,m pues éstos sólo tienen valor por
relación a las proposiciones finales. En algún caso concreto se ha de reconocer
que la interpretación que Grosseteste hace de Aristóteles es dudosa, pero su
procedimiento sistematizador es más correcto que el de Proclo, habida cuenta
del claro intento que se propuso al comienzo.

Las diez conclusiones que fija Grosseteste son:
1. "Ex indivisibilibus non componitur aliquod continuum"
2. "lndivisibilia consequenter non sunt in alico continuo" u 3
3. "Omoe continuum divisibile in semper divisibilia" m
4. "Si magnitudo ex indivisibilibus est et motos et tempos ex indivisibilibus erunt'' 135
5. "Necesse est velocius in equale tempore maius et in minore equale' 186
6. "Infinito tempore finito non pertransitur neque finitum tempore infinito" UT
132

,. "Proclus, qui huiu., sexti libri ordinat conclusiones non penitus, videtur sequi
ordinem Aristotelis, sed quod Aristoteles primo syllogizando concludit, ipse Proclus
quasi ultimo intentam facit conclusionem" ( C., p. 116).
sn Así, aunque Grosseteste y Proclo coinciden en la primera conclusi6n, disienten
en el paso siguiente. Para el primero la prueba de la subsiguiente demostraci6n es el
argumento: entre dos indivuibles existentes en un continuo debe haber un continuo
inten:nedio. En cambio Proclo lo toma como conclusi6n, y cuenta tres en vez de dos.
Ari.st6teles sigue dando razones de su anterior aserto, según Grosseteste, que Proclo
continúa numerando como conclusiones: dos indivisibles no se tocan; el continuo no
se compone de indivisibles. La disparidad de los criterios queda entone~ bien patente:
uno se limita a ordenar correlativamente todas las proposiciones relevantes, el otro
lo quiere hacer conforme a una metodologia que indique su relaci.6n intrínseca, Y por
tanto en la enumeración s6lo colocará las conclusiones.
10 C., p. 116 (Bk 231 a 25-26).
ua
p. 116 (Bk 231 b 6-7).
D&lt; C., p. 116 (Bk 231 b 15-17; la segunda parte de la cita no corresponde a la
ordenación actual).
:ua C., pp. 116-117 (Bk 231 b 18-22).
,. C., p. 117 (232 a 23-26).
111 C., p. 117 (Bk 233 a 31-33).

c.,

176

7. ''Linee non sunt composite ex punctis" 138
8. "Nunc est indivisibile" 1511
9. "In ipsum nunc nichil movetur" Ho
10. "In ipsum nunc nichil movetur nequc quiesquit"

Ht

La relación finitud-infinitud ( proposiciones 6 a 8), se deriva de la consideración del continuo, lo mismo que las dos últimas sobre movimiento en
el instante, por eso se integran en la misma temática. Grosseteste tiene su
propia teoría acerca del infinito y admite la posibilidad de relación entre
conjuntos infinitos, tal como lo expone en varias partes de su obra; 142 pero
para nada hace aquí referencia a ella, precisamente porque la introducción
de una concepción tan diferente rompería la unidad met6dica de Arist6teles.

El tema siguiente del Libro es la divisibilidad del móvil, a propósito del
cual se resuelven objeciones y problemas varios. Grosseteste ordena estas
conclusiones no siempre en forma asert6rica, sino que las expone a contrario
se11su, constituyendo por tanto casi el comienzo de su prueba indirecta. Igno-

ramos si en una redacción definitiva de estas notas habría cambiado la
redacción; pero igualmente debemos conceder categoría de proposiciones
científicas básicas a redacciones como las proposiciones números 18, 22, 23
y 25 puesto que pueden expresarse en fonna positiva y en cuanto la prueba
indirecta les es aplicable, resultan empíricamente verificables.

En cuanto a la correlación con Proclo, continúa indicando sus puntos de
divergencia, ahora criticando omisiones que haéen casi equilibrar el número,
pues se detiene en la 27 de aquel autor, que para el Linconiense es la 26;
las restantes no tienen correlatividad, porque las demostraciones no fueron
enumeradas.
Veamos pues, las conclusiones que completan este libro:
11. "Omne quod movetur divisibile est'' us
"' C., p. 117 (Bk 233 b 15-16).
.. C., p. 117 (Bk 233 b 33-35).
1 '" C., p. 118 (Bk 234 a 24-25).
m C., p. 118 (Bk 234 a 31-34) ; vale para estas dos últimas proposiciones lo dicho
para la 4 y 5 del Líbro V.
10 Expone su teoría de que un conjunto infinito puede relacionarse con otro infi.
nito en distintas proporciones en C., pp. 55-56; De Luce (Baur, Jferke), pp. 52-53
y Commtntaria in Posteriorum Analylfoorum Libros (Ed. cit.,) f. 13 A-B.
•&lt;1 C., p. 118; el texto dice indivisibiJe, pero ha de tratarse de un error tipográfico
(Bk 234 b 10-11).

177
HUMANITAS..12

�12. "Si partes motus fuerunt motus parcium continui totus, motus erit tocius
continui" u,
13. "Omne permutatum que primo permutatur" Ht1
14. "Omne permutatum que primo permutatum in eo cst quod primo
permutatur" 148
15. " on est alicuius permutacíonis principium sumptum secundum tem-

26. "Omne quod quiescit prius quiescebat'' 168
27. "Quoniam igitnr est tempus in quo primo statur et non althomus cst" 169
28. "Omne quod movetur non secundum tcmpus aliquod nec eciam secundum tempus primum ipsius motus est in loco primo sed totum
secundum 11unc est in loco primo" 14º
29. "Individuum in quantitate secundum se est immobile" 101

pus" u1
16. " on est alicuius mutacionis principium sumptum secundum illud quod
mutatur" 143
17. "Si illud in quod fit, pennutacio fil, non primum in ipso erit sumere'' 149
18. " i ipsum tempus alicuius mutacionis insumatur in qualibet parte temporis, fit pars permutacionis" 1110
19. "Omne motum movebatur prius" ui
20. 'In infinito tempore non pertransit finita rnagnitudo, nec forte eandem
semper' 162
21. "In tempore finito non pcrtransit infinita magnitudo" 1113
22. "Si mo,·ens fuerit infinitum non pertransit finitam magnitudinem m
tempore finito" is.&amp;
23. "Si moven fuerit infinitum, pertransibit infinitam magnitudinem m
tempore finito" 1115
24. ''Omne quiesceus in tempore quiescit" 1 &amp;11
25. "Si cuiuscumque quietis primum tempus sumatur in qualibet partícula
temporis et quietis partícula erit'' 157
C., p. 118 {Bk 234 b 21-28 ) .
C., p. 118 (Bk 235 b 6 ss, y también, según la cita, 235 b 30 ss; sobre indivisibilidad del momento primero cita 235 b 31-32).
•• C., p. 119; por error, sin duda del copista, se enumera como nueva conclusión
lo que es sólo repetición más completa del párrafo correspondiente a la anterior; inclusive se compara en las dos con la proposición 230. de Proclo.
rn C., p. 119 (Bk 235 b 13 ss).
141 C., p. 119 (Bk 236 a 35, donde se expone la conclusión general: no hay un
t6rmino prime.ro ni del sujeto que cambia, ni del tiempo.
1"
C., p. 119 (Bk 236 b 19 ss).
,.. C., p. 119 (Bk 236 b 19 ss).
:w. C., p. 119 (Bk 237 a 26-27).
,.. C., p. 119 (Bk 23 7 b 23-25).
w., C., p. 119 (Bk 238 a 20-22).
"' C., p. 120 (Bk 238 a 32-34).
* c., p. 120 (Bk 238 b 13-16).
.,. C., p. 120 (Bk 238 b 23-25).
1111 C., p. 120-121 (Bk 238 b 31 ss).
1 ..

141

178

Los dos últimos Libros de la Física tienen una importancia capital en la
filooofia aristotélica: repre en tan la culminación del saber físico y el punto
sistemático por donde la Filosofía Natural entronca con la Metafísica. Así,
Aristóteles retoma en u Filosofía Primera temas que ya trat6 cosmológicamente: existencia y atributos del primer motor, imposibilidad de la serie
infinita de motores, refutación del monismo eléata, etc. Para un comentador
aristotélico, son ocasión de playarse en las más amplias conclusione de la
Física intentando una explicación del mundo natural que reclame la fundamentación metafísica. Gro seteste no hace nada de eso. Es verdad que el
Libro Séptimo no fue completado, y el Octavo es, en realidad, tres opú culos
claramente diferenciado : el primero, muy breve, contiene la enumeración
de conclusiones,16 2 el segundo es la crítica a las pruebas aristotélicas de la
eternidad del movimiento 185 y el tercero es una obra ya editada en forma
independiente con el título De finitate motus et temporis pues existían manuscritos scparados.16' Sin embargo del material aportado podemos extraer
varias consecuencias significativas para nuestro tema. En primer lugar, en
ambos libros hay una ordenación por conclusiones, y por lo tanto, aún sin
comentario completo, está claro el pensamiento del Linconiense acerca de
qué es conclusión científica dentro de los numerosos temas y desarrollos
aristotélicos. Veamos cuáles son ellas:
Conclusiones del Libro Séptimo:
1 '" C., p. 122 (Bk 239 a 10 ss).
.. C., p. 122 {Bk 239 a 10 ss); Aristóteles resume las cuatro últimas conclusiones
señaladas por Grosseteste en 238 b 23-239 a 4, con un breve esquema de los argumentos.
,. C., p. 122 (Bk 239 a 29- b 4).
111 C., p. 124 (Bk 240 b 8-10) .
1111 Corresponde a los siete primeros párrafos, pp. 131-132.
.1t1
pp. 132-144.
• B.1.ua, Werke, pp. 101-106, sobre tres manuscritos: Oxford Merton 295; Digby
220 y Venet, San Marco VI, 168. Dales, además de las versiones utilizadas para todo
el texto, cita el MS de Prague, at, Mus., XII (p. 141 nota e). Más datos sobre
este opúsculo en Richard C. Dales, "Robert Grosseteste's Treatise 'De finitate motus
et temporis' ", Traditio, 1063, vol. XlX, p. 245-266.

c.,

179

�l. "Omne quod movetur ab alío movetur" 165
2. "Motores secundan localem motum non habeunt in infinitum, sed est
prima causa motus" 188
3. "Moveos et motum simul necesse esse oportere" 187
.
4. "Omnem alteracionem fieri secundum qualttates
sens1·biles" 1as
Conclusiones del Libro Octavo:
l. "Motus est perpetuus" 169

2. "Aliquid semper est immobile, ut mO\·ens primum, et aliquid semper
motum ut productum a movente primo quedam quandoque moventur
et quandoque quiescunt" 110
3. "Omnium motuwn loci mutacio prima est" 171
.
.
4. "Nullus alius motus a loc1. mutaaone
est contmua
et perpe tua" 172
.
.
u1
.
un·
5. "Nulla alia loci mutacio a CirC acione est con ua e t pe rpetua" 113
6. ''Primum movens immobile et impartibile est, nullam habens magnitudinem" 174
Esta enumeración no quiere decir que Grosseteste estuviera de acuerdo
con todas las proposiciones de Aristóteles. Incluso la parte final del comentario al Libro Octavo está destinada a reprobar la primera tesis, sobre la
perpetuidad del movimiento. Pero esta enumeración significa que s6lo sobre
estos puntos puede haber una discusión científica.
En los hechos Gros eteste fue un tanto infiel a sus principios, pues su
crítica a los argumentos artistotélicos sobre la eternidad el movimiento excede
el ámbito de la Física y se fundamenta en su metafísica de la luz, e incluso
en algunos asertos dogmáticos. Aparte de esta inconsecuencia, explica~I-~ en
su contexto histórico, hay otro punto importante a tener en cuenta. D1J101os
11t

m
111

..
,..
m

m

m
m
m

C., p. 125 (Bk 241 b 24-25).
C., p. 126 (Bk 242 a 16-20).
C., p. 127 (Bk 243 a 3-5).
C., p. 127 (Bk 245 b 3-5).
C., p. 131 (Bit 251 a 16-23).
C., p. 131 (Bk 253 a 22-31 ).
C., p. 131 (Bk 261 a 27).
C., p. 131 (Bk 261 a 29-31).
C., p. 131 (Bk 261 b 27 y 264 b 9 ss).
C., pp. 131-132 (Bk 266 a 10-12).

que Grosseteste no intentó una síntesis física del sistema artistotélico "hacia
arriba", es decir, hacia la metafísica. Pudo haberlo hecho: el mismo Estagirita le daba la oportunidad; otros comentadores, como Santo Tomás, lo
hicieron también. ¿ Por qué no lo hizo? Es claro que la respuesta a tal pregunta puede parecer pretenciosa pues no podemos saber con certe?.a qué
pas6 por la mente de un hombre que nada nos ha comunicado al respecto.
Pero sin pretender aseveraciones tajantes, podemos ensayar una explicación
que compagine elementos que de otro modo nos quedarían dispersos. Las
afirmaciones a compatibilizar son éstas:
- admitir que la Física es un sistema, y por lo tanto una síntesis es posible;
- admitir como válidas la mayoría de las afirmaciones físicas de Aristóteles
- modüicar en puntos metodológicos y también teóricos las investigaciones
aristotélicas pero sin salirse abiertamente del marco conceptual de la Física;
- falta de una síntesis que permita unirla con la Metafísica para constituir
una especie de unidad total del saber;
- admitir una teoría del conocimiento contraria a la doble verdad, y por
consiguiente que presuponga la compatibilidad absoluta de las verdades entre sí, y de los saberes o disciplinas que Jas agrupan.
Para compaginar e tas afirmaciones y responder a la pregunta anterior
hay una respuesta muy simple y obvia -que quizá sea la verdadera-: Grosseteste no hizo Wla síntesis física comprometida con la metafísica porque no
quiso, no le interesaba hacerlo. A lo largo de sus comentarios a Aristótele
y de su propia obra científica, ha demostrado que el estudio de la naturaleza
le importaba en sí mismo, no como un primer paso para subir a la metafísica.
EJ ya tenía de antemano su metafísica, que también sabía sacar a relucir
cuando algún problema físico no tenía solución o no se la veía con la sola
aplicación de los principios científicos que pregonaba. Por eso también estos
dos últimos libros apenas contienen para él unas pocas conclusiones verdaderamente científicas; en efecto, estamos acá )'ª casi en el límite -o quizá
fuera de él- de una problemática acerca del mundo natural. Es necesario
reconocer que el primer motor de la Física guarda muy poca semejanza con
los entes físicos que Grosseteste tiene en vista y acerca de los cuales propone
conclusiones, sobre todo porque a ninguna indagación sobre él se le puede
aplicar los métodos defendidos por Grosscteste, ni tampoco las proposiciones
obtenidas son empíricamente verificables. As!, un poco insensiblemente, esos
temas van quedando fuera de la Física, cada vez más entendida en la forma
que luego tomó en la modernidad, y cada vez más independiente de postu181

180

�lados metafísicos, que se tornan innecesarios a medida que el método científico se revela eficaz para resolver sus propios problemas.

Conclusión
Las elaboraciones de Grosseteste y las que luego se inspiraron en él demuestran que las intuiciones esenciales acerca de una metodología científica
tal como se concibió en la modernidad, existían en el s. XIII, y eran de
hecho aplicadas, aunque rudimentariamente. No se trata de ser anacrónicos,
ni de ver en estos autores de Oxford científicos modernos avant la lettre,
ni de disminuir los méritos de los autores posteriores, sobre todo renacentistas.
Se trata en cambio de mostrar que la ciencia moderna no apareció como
una eclosión inexplicable ni como una revolución agresiva contra el pasado,
sino que fue un momento privilegiado de conjunción de elementos que venían
perfeccionándose desde hacía tres siglos. La ciencia moderna fue el resultado
de una lenta y constante maduración de elementos teóricos, metodológicos
e instrumentales, que habiendo comenzado muy rudimentariamente, fueron
desarrollando su propia virtualidad, sin que interesen mayormente como explicación las motivaciones psicológicas y los elementos emotivos que a veces
se han presentado en primer plano al hablar de la "revolución renacentista".
No se niega que algo de eso ha)ra ocurrido, pero no sirve como visión total
del prob1ema, debido a su unilateralidad. La investigación histórica quizá
no nos dé nunca la respuesta a todas las preguntas sobre el pasado, y siempre
queda algo oscuro e incompleto en esta labor de indagación; pero al menos
ella nos permite ir afinando cada vez más nuestra comprensión del proceso
que nos ha llevado a ser lo que somos, lo cual es una manera humilde, pero
no despreciable, de conocernos mejor. Y esta sabidw1a socrática jamás ha
perdido vigencia.

182

LA PEDAGOGlA, LA POLfTICA
Y LA MlSTICA
EN JOSÉ ANTONIO DE SAN ALBERTO

DR. ALBERTO CATURELLt

Universidad de Córdoba
Córdoba, Argen.tina

I
EL OBISPO SAN ALBERTO

l.

UNA VIDA FECUNDA

LA PEQUEÑA VILLA de Fresno, en la diócesis de Tarragona, vio nacer a José
Antonio de San Alberto el día 17 de febrero de 172 7. Muy niño aún ingresó
en el Colegio Carmelita de Calatayud y a los quince años tomó el hábito de
la Orden con el que había de ser amortajado a la hora de la muerte. Fue
Lector de Artes y de Teología. Tenía treinta y nueve años cuando predicó,
el 23 de octubre de 1766, en la catedral de Tarragona, la Oración fúnebre
de la Reina Isabel Famecio, madre de Carlos III. Por aquella época San
Alberto ya había alcanzado fama en España y, en el año de 1778, el Rey le
nombró Obispo de Córdoba. Después de obtener el permiso de los superiores
de su Orden, redactó en Madrid, con la premura y la anticipación que le
dictaba su extremado celo pastoral, la primera Carta Pastoral destinada a
sus fieles de Córdoba, impresa en España en el mismo año. No habían pasado dos años completos cuando San Alberto llegó a la lejana Córdoba del
Tucumán ( 1780) donde había de producir lo mejor de su obra intelectual,
suscitada y pensada por el medio. No conforme con Ja primera Pastoral,
escribió otra en la misma Córdoba el 19 de febrero de 1781 y que fuera

183

�impresa en la Imprenta de Niños Exp6sitos en el mismo año. Inmediatamente se hizo cargo de los principales problemas de su di6cesis y sus esfuerzos se concentraron en la fundación de las casas de niñas y niños expósitos,
mientras en un alarde extraordinario de celo pastoral recorrió dos veces la
inmensa extensión de la diócesis en los escasos cuatro años de su obispado.
La Carta Pastoral que escribió en 1783 como introducción a las Constituciones para las Casas de Niñas y Niños Huérfanos, constituye un verdadero breve
tratado de pedagogla cristiana, sin contar otros escritos que iré citando durante la exposición de su pensamiento. Casi simultáneamente, pensó y escribió en la ciudad de Córdoba su Carta Pastoral dirigida a los cordobeses adjuntando su célebre Instrucción acerca de las obligaciones que tiene un vasallo con su Rey ( 1784) y que más tarde se dio en llamar Catecismo Real
aunque, como se verá, he preferido la primera denominación dada por San
Alberto. En esta Instrucción encontraremos lo esencial de su filosofía política,
aunque también la hemos de recoger de otros escritos no tan principales.
En 1784 fue elevado al cargo de Arzobispo de Charcas y en 1786 ya le
encontrarnos en La Plata, precedido, una vez más, por una Carta Pastoral
(fechada en Córdoba, el 2 de mayo de 1784). Ese mismo año, ya electo
Arzobispo de Charcas, pronunció en Córdoba un Sermón de acción de gracias por el nacimiento de los Infantes Carlos y Felipe de Borb6n (6 de enero
de 1784) . Y dejo para el final sus escritos espirituales, sobre todo el delicado
y místico Reloj espiritual ( 1786) del cual he de ocuparme más adelante. En
dos hermosos volúmenes impresos en la Imprenta Real de Madrid en 1786,
publicó San Alberto la Colección de instrucciones pastorales (que constituye
la principal fuente de la presente investigación); sin olvidar las Constituciones que escribió para la Universidad de Córdoba en 1784, no dejaré de
citar tanto su heonosa Carta a los indios infieles chiriguanos ( 1790) como
su notable Carta a S.S. Pío VI escrita con motivo de los acontecimientos
de la revoluci6n francesa (1792). Mientras no cejaba en su fecunda labor
pastoral, el Señor le llamó el 25 de marzo de 1804.1.
• a) Fuentes: Para todos los escritos de San Alberto anteriores a 1786, utilizo la
hermosa edición de Colección de Instrucciones Pastorales que en diferentes ocasiones,
'Y con 1Jarios motivos publicó para edificación de los fieles, arreglo )' dirección de su
Diócesis el llustrúimo 'Y Reverendlsimo Señor D. F. Joseph Antonio de S. Alberto
Obispo antes de Córdoba dtl Tucumán y al preunte Arzobispo de La Plata en América, del Consejo de .ru Majestad, &amp;c,, 2 vals., in 49, 367 pp. y hasta 830 pp. En Madrid en la Imprenta Real, Año de MDCCLXXXVI (incluye: las siete Pastorales
como Obispo de Córdoba, la Instrucción .. . donde se en.s11ñan las obligaciones que
un V asaUo deb, a .su Rey y Señor; dos Constituciones para las Casas de Niños y Niñas
hulrfanos, la Pastoral que dirigió a sus fieles al ser elevado al Arzobispado de Char-

184

2. LA

MISIÓN DEL OBISPO

Para conocer ~l pensamiento de San Alberto y, sobre todo, para hacemos
cargo de la totalidad de su personalidad, lo mejor es detenerse un momento
e~ aquello que era su vocación esencial: El ministerio. Desde otro punto de
vista, ya se, :erá que era el espíritu de la Ilustración su enemigo principal
( aspe~to enoco) y que la educación del hombre cristiano constituía su preocupación central ( aspecto constructivo) . Pero volvamos al Obispo: Era tal
su celo pasto_:al que aun antes de llegar a Córdoba se preguntaba: "¿ Pero
podré yo~ Senores, hacer todo eso por mí solo, y sin vuestra asistencia? ¿ Podré yo bdocarme, multiplicarme, y tener pies para a un mismo tiempo recas, el S_em16n de acció~ de graci4: por el nacimiento de los Infantes Carlos y Felipe
de Borbón, el Septenar10 de la Virgen y el Reloj Espiritual) .-Adcm.u Constituciones de la Real Universidad de C6rdoba del Tucumán. Reformadas por eÍ Jllmo Señor
~n. Fray !os,ph Antonio de San Alberto en la visita qu, hizo de la misma Univ,rsi~ad en 1J1rtud de Comisi6n, que a instancias del actual Reclor le libr6 el Exmo. Sor.
Vsrrey Dn. ] uan ] osl de Vértiz ( Original manuscrito de fecha 1784) • publicada en
~ons~ituciones. de
Universidad de C6rdoba, p. 199-238, Instituto de 'Estudios Americarustaa, Universidad Nacional de Córdoba, Imprenta de la Universidad Córdoba
1944.-Carta a los indios infieles chiriguanos (Imprenta de los Niños Expósitos Bue:
nos-:--yres, 1788) 1 T:xto guaraní y castellano. Note preliminar, biografía y bibliog_raf1a de J. T. Medina, LX
45 pp., Biblioteca Argentina de Libros Raros Amencanos, Facultad de Filosof!a y Letras, Peuser, Buenos Aires, 1927.-0raci611 fúnebr~
qu, en ~~ solemnes excequias del Muy Allo, y Podl!Toso Señor Carlos 111 ( ...) di,co
tJl Ilustns1mo Sr. D. Fr. Joseph Antonio de San Alberto, Arzobispo de La Plata Impreso en la Re'.11 lm~renta de los Niños Expósitos, Buenos Ayres, 1789. Voc:s del
P4:tor ~n el r,tiro. Dupertador y ejercicios espirituales, para vivir y morir bien con fa
asss.tencia ~el Gobierno Patriarca San Joseph, que dirige a todos sus feligreses el Jlustrls1mo Senor D. Fr. Joseph Antonio de San Alberto, Arzobispo de La Plata. En la
~~ Imprenta_ de los Niños Expósitos, Buenos Ayres, 1789. Litterae ( ... ) ad Sanctimmum Dom,num Nostrum Pium Se,ctum Pont. Max. de novis Galliarwn cventis
Romac, Apud Lazzarinos, MDCCXCII ( cito por el ejemplar existente en la Biblio~
teca Mayor de la Univeoidad de Córdoba).
b) Bibliografía de J. T. Medina: Para los títulos completos de todos los escritos
e~~ones y traduccion~s _al italiano de las obras de San Alberto, remito a J. T. Medina:
B,b_liograffa, en su ed1CJ6n de la Carta a los indios infiel,s chiriguanos, citada más
amba, p. XXII-LX.
e) B_ibliografía sobre San Alberto: Cayetano BauNo, Historia de la Iglesia en la
.Argentina, vol. VI, parte III, caps. 2 y 3, pp. 431-463. Ed. Don Bosco Buenos Aires
1~70; A~el ?e.ÁNETON, "Un pedagogo colonial", Boletín del Jnstitut; de Investiga~
cio~cs Hutóricas, año IV, No. 26, oct.-dic., 1925, pp. 113-145, Bs. As.; (sobre este
articulo escribió Rafael BARJUOs, "Abe! Cháneton y la valoración de la obra pedagógica
de _San Alberto", Anuario de Historia Argentina, Buenos Aires, 4, 1942, pp. 11-16).
Guillermo FRANOOVICB, La filoso/la en Bolivia, pp. 35-39, Editorial Losada, Buenos

fª

+

185

�sid.ir y visitar todas mis Iglesias?, ¿manos para administrar los Sacramentos
a todos mis fiele.s?, ¿ lengua para predicar en todos mis Pueblos?, ¿ ojos para
ver todas las necesidades de mis diocesanos, y socorrerlos?, ¿oídos para saber
todos los excesos y escándalos, y conegirlos y remediarlos?" .2 Ya en esta
verdadera pasión pastoral de San Alberto se ve que él la identificaba con
su vocación pedagógica puesto que el Obispo, dice a sus fieles, "os busca
como pastor a sus ovejas, os enseña como maestro a sus disclpulos, y os
ama como un padre a sus hljos". 8 Hay momentos en los cuales se nota una
como desesperación ( aunque no sea el término adecuado) por no poder
cumplir plenamente su misión: "ricos de deseos, y pobres de medios, exclama,
llenos de buena voluntad, y faltos de caudales; deseamos mucho, y podemos
poco".'- Y cuando se dirige a los curas del Arzobispado de La Plata, años
más tarde, y consciente que esa Iglesia tiene más caudales, "no por eso pensamos, dice, que se ha aumentado nuestro patrimonio, sino el de nuestros
hijos, que son los pobres, quienes sobre todo él ( aun cuando fuera mayor)
tienen el dominio y la propiedad, y no otros solamente el uso y la administración, contentos con el l'ico patrimonio de aquella solemne pobreza que profesamos en la reforma de nuestra gran Madre Santa Teresa de Jesús". 11 Estas
son pues las notas características de la vocación de San Alberto: Una in'
,
contenible pasi611 pastoral nacida de su celo apostólico, un desprendimie11to
ejemplar de todos los bienes y el sentimieJ,1to de una misión educadora irremmciable.

Aires, 1945; Enrique MARTÍNEZ PAz, "San Alberto en la cultura de Córdoba", Pr6logo
al vol. de Ángel Clavero, Fray José Antonio de San Alberto, pp. XI-XIX, Instituto de
Estudios Americanistas. Imprenta de la Universidad, Córdoba, 1944; Ángel CLAVERO,
Fray Jos, Antonia d11 San Alberto, Obispo de C61doba, 300 pp., Instituto de Estudios
Americanistas, Univ. N. de Cha., Imprenta de la Univ., Córdoba, 1944; Antonio SANTA
CLARA ()ólll)()BA, "Ilustrísimo Obispo fray José Antonio de San Alberto", Reuisto
Eclesiástica del Arzobispado de Buenos Aim, 35, año 1935, pp. 565-569; 783-5; año
36, pp. 88 y ss. Feo. EliaJI de TEJADA, "El pensamiento politico de José Antonio de
San Alberto", Anuario de Estudios Am,ricanas, tomo VIII, pp. 309-322, Sevilla, 1951.
• Carta. Pastoral (primera), en Coluci611 de Instrucciones Pastorales, I, p. 32.

• Carta Pastoral acompañando la,s Can.!tituciones para las Casas de Niños Huérfanas
y Niñas, en Colecci6n, I, p. 283.

• Carta Pastoral con ocasi6n de publicarse u11a Instrucción donds se enseñan las obligaciones que un Vasallo debs a su Rey "I Señor, en Colección, 11, p. 378.
• Colecci6n de Instrucciones, II, p. 537.

186

3.

PREFIGURAClÓN DEL HOMBRE ARGENTINO

Pero aquellas características personales de San Alberto, no solamente no
están separadas del medio concreto (lo que sería una contradicción) sino
que penetran en él por modo de simpatía y cuasi identificación. En efecto,
semejante celo apostólico y el deseo de formar educativamente a sus fieles,
tenía que conducir al Obispo a realizar un esfuerzo por conocer a fondo el
tipo de hombre que tenía que educar. Inmediatamente San Alberto captó
ciertas notas distintivas del hombre argentino, en medio de la paupérrima
situación del campo. Intuyó que ]as largas distancias y enormes extensiones,
producían un hombre individualista y solitario que debe bastarse a sí mismo
para sobrevivir; también comprende San Alberto que esta vida "rústica y
solitaria·• tenía que producir un fuerte amor a la libertad a despecho de la
ignorancia: "Puede decirse que cada vecino, expresa en la Carta Pastoral
que introduce a su Instrucción sobre las obligaciones del vasallo con el Rey,
forma un pueblo aparte, donde él s6lo es Padre, es Señor, es Juez, es Abogado)
es Médico, es Maestro; y a la verdad, que tendría que serlo todo, si la
miseria, la soledad y la falta de trato o de instrucción no lo tuviera reducido
a ser nada o poco lo que puede, lo que hace y lo que sabe ( ... ) ; sin embargo
se hallan tan contentos y satisfechos con esta vida campestre, rústica y solitaria, que hablarles de unión o de población, es lo mismo que amenazarles
con el destierro o con la muerte; tanto pueden en ellos la fuerza de la
costumbre y el amor a la libertad que ya no echan de menos, ni los dulces
bienes de la Sociedad, ni sienten los gravísimos males de la ignorancia".º En
esta suerte de diagnóstico no muy optimista pero real, San Alberto ha sabido
intuir, como decía una suerte de prefiguración del carácter del hombre del
campo argentino: soledad, individualismo, la infinitud del medio geográfico,
rusticidad, amor a la libertad. Caracteres que alcanzarán un valor épico en
.Martín Fierro, en Don Segundo Sombra y en la Guerra Gaucha.
4, LA MISIÓN EDUCADORA

A su vez, la mlSlon educadora de San Alberto tiene dos orientaciones
fundamentales: Una se confunde con su celo apostólico y otra se \/Uelve hacia
la adecuada formación del clero. Respecto de la primera, puede evidenciarse, por ejemplo, en su carta a los indios chiriguanos a quienes, ante todo,
trata de hacer comprender que son hermanos nuestros: "sois nuestros semejantes, les dice, sois hermanos nuestros, y os reconocemos por tales, por lo
• Colecci611 de Instrucciones, Il, p. 373.

187

�mismo que todos somos obras y criaturas de Dios, y que toclos descendemos
de un mismo hombre". 7 Después de exhortarlos a convertirse a la única
religión verdadera, ofrece una notable síntesis de toda la Teología Católica
en un estilo llano y hermoso a la vez desde la af irmaci6n de "un Dios infinitamente bueno" que no tiene un nombre adecuado porque "es superior
a todo hombre", hasta los Novísimos y la santidad de la Religión. 8 Se ha
observado, no sin razón, que los chiriguanos no habrían de entender las
palabras del Obispo; pero San Alberto se preocupó que su carta les llegara
en el chiriguano que es dialecto del guaraní y los sacerdotes que sabían la
lengua tenían la posibilidad de explicarla en cuanto los indios lo permitieran.
Respecto de la formación del clero, el tierno celo educativo se transforma
en severidad. No se fatigaba en repetir que "no es bastante la antidad
sola para entrar en el Ministerio; son menester también la ciencia y la doctrina:' .9 Y agregaba franca y directamente: "¿ Qué sacaremos con que eI
Ordenado sea un santito, si es un ignorante? ¿Con que sea un ejemplar, si
es un idiota, y por lo mismo irregular e inútil para el Ministerio? Este santito
será muy bueno para cualquier otro estado o empleo secular; mas no para
Sacerdote... Al tal santito, si es ignorante por naturaleza, y porque el Señor
no le dio más luces, ni le repartió más talentos; le negaremos las órdenes.
con mucho sentimiento y compasión nuestra diciéndole, lo que el Salvador
a los hijos del Zebedeo: nescitis quid petatis... non est meum dare vobir
(Mat. 20, 22-3): ni vosotros sabéis lo que pedís, ni está en nuestra mano
daros lo que nos habéis pedido" .10

II
LA PEDAGOGÍA CRISTIANA
1. PRINCIPIOS GENERALES

a) La educaci6n en sí misma
Como no podía ser de otro modo, ya veremos que educar, para San Alberto, es formar a Cristo en el hombre¡ es decir, el hombre plenamente edu' Carta a los indios infieles chiriguanos, p. 7.
• Op. cit., pp. 15-31.
• Carta circular, en Colteci6n de Instrucciones, 1, p. l94.
10 Op. cit., I, pp. 195-6.

188

cado será el perfecto cristiano. Pero antes de llegar a esta conclusión, no ignora
los _3:11teceden~ que en el pensamiento clásico tiene el problema de la educaoon, es~~almente en Platón y en Aristóteles. La pedagogía griega llegó
hasta el limite adonde le era posible llegar naturalmente sin otra luz que
la natural. En ese ámbito, anterior a las Escrituras que nos iluminan el problema mucho más profundamente, es evidente que "Platón estableció por
base Y fundamento de todo el bien de su República la buena educación de
los hombres. El cuidado más principal de los que gobiernan, solía decir, debe
ser educar bien a los- niños, imprimiendo en ellos amor a las virtudes; porque éstos en breve se hacen hombres, vienen a componer el pueblo, y la Rep~blica se halla reformada en poco tiempo, perseverando en ellos y en sus
hiJOS la buena educación que han tenido, y transfiriéndola como herencia a
sus nietos y descendientes. En efecto advirtió Aristóteles que si faltase este
edificio de la educación, se llenaña de vicios la República, y con sus progresos vendría brevemente a experimentarse una lastimosa ruina". San Alberto
piensa que así vieron la educación hombres sin la fe sobrenatural, "cuánto
más debemos hacerlo quienes tenemos la luz de las Escrituras".11
Para el hombre cristiano, en cambio, se ha pasado a un plano infinitamente
diverso. El modelo es Cristo y, según este Modelo se debe criar, instruir,
ayudar y, en fin, educar, a los niños. 12 Son entonces los padres los formadores
natos del niño pues no tiene maestro quien no tiene familia. 13 El medio de la
educación no será otro que la caridad puesto que la Religión a ella se reduce
y San Alberto no concibe una educación que no sea religiosa.1 • En ese sentido, la docencia por medio del Catecismo ha cumplido una labor esencial;
pero I ue necesario sólo en la medida que se iba debilitando la fuerza de la
tradición. Es decir que, ante todo, la tradición ha ejercido el poder educativo
primero, históricamente hablando; después, fue necesario el Catecismo. San
Alberto, en efecto, sostenía que si todos los hombres fueran capaces de comprender bien "la fuerza de la tradición, de leer la Sagrada Escritura y de
entenderla", no habria necesidad del Catecismo. Asi fue, según San Alberto,
en tiempos de Moisés pues en aquellos caudillos "se conservó ... la verdadera Religión, sin otro medio que el de la tradición". No fue tampoco necesario basta la venida de Jesucristo y hasta el siglo IV de nuestra era no hay
.a Carta Pastoral ( ... ) acompañando las Co11stitucione1 para las Casas d,: Niños
Huir/anos y Hufrf anas, en Coletci6n, r, p. 285.
11 Op. cit., I, p. 250.
,. Op. cit., I, p. 253.
,. Op. út., I, p. 256.

189

�noticia de que hubiese algún Catecismo para la enseñanza.16 Pero a partir
de este siglo hasta el IX, comenzamos a encontrar numerosas .instrucciones
y catecismo en los Padres para convertir a filósofos y gentiles, como es el
caso de San Gregorio Niseno y, sobre todo, el De Catechizandis Rudibus de
an Agustín.le Para la primera enseñanza, aunque San Alberto prefiere el
de Ripalda, por su difundido uso y facilidad deja el de Astete, aunque ambos
pueden complementarse. Así, pues, la educación no es otra cosa que la
formación del cristianismo, sin olvidar los egregios antecedentes griegos, pero
en el plano sobrenatural de la Gracia; su vía natural es la familia 1 el medio
la caridad y la tradición, ayudada o sustituida esta última por el Catecismo.

b) El fin y los límites de la educación
Aunque el fin de la educación ya ha sido declarado desde el momento que
se sostiene que es la formación del hombre cristiano, en lo inmediato y paxticularmente en la docencia de los niños, el fin no es otro que "el de convertir almas, santificarlas, instruirlas, iluminarlas y dirigirlas al último fin para
que fueron criadas por Dios" .17 Es decir que la educación es un proc~so que
solamente concluye con la vida, cuando el hombre alcanza la beatitud en
Dios. Pero, este proceso tiene sus límites, particularmente un limite insoslayable que es el pecado. Si bien el educando, desde el bautismo, tiene la fe,
la esperé\Il7.a y la caridad, es también cierto que "aun después de haber sido
el hombre reengendrado espiritualmente por el bautismo, queda en sus miembros una ley contraria a la de la razón. que le agita, que le estimula y que le
cautiva en la ley del pecado, como se explica el Apóstol (Ad Rm., 7, 23) ".18
Igualmente, el entendimiento, debido al oscurecimiento del pecado original,
queda sujeto al error y al engaño; la voluntad, aunque sea libre, es asaltada
por las pasio11es: "Si en tal conflicto falta la luz de la buena educación que
le haga conocer la deformidad del pecado, y le ilumine para buscar y pedir
los socmros de una gracia eficaz y victoriosa, podrá resistir; mas no resistirá
al ímpetu de unos enemigos tan fuertes como coligado . Sus prjmero pasos
serán si11 duda un precipicio, y aquel primer instante del uso de la razón que
debían consagrar a Dios, fijando en él su amor, su culto y su fidelidad vendrá a ser el principio de su perdición y de sus miserias, dando de un abismo
a

El pecado es como una barrera negativa pero dinámica, que siempre está
pronta para avanzar sobre la obra de la educación y la Gracia; el reato del
pecado original, por otra parte, ya ha predispuesto al hombre por medio
de la flaqueza de la voluntad y los en·ores del entendimiento. Precisamente
en este avance destructivo del pecado está el mayor peligro pues se comporta como una especie de ejemplaridad inversa y sirve para pervertir a muchos. Para San Alberto es ese el momento de la punición divina que puede
llegar de muchas maneras. Pero, desde el punto de vista social, cuando el
mal ejemplo cunde, "la que era una ciudad santa. quieta y pacifica, se verá
transformada en un manantial de los más enormes delitos, y digno por ellos
de que Dios, cansado de sufrir tantas iniquidades, envíe el fuego vengador
de su ira, que la abrase y reduzca a cenizas, como a Sodoma y Gomorra". 2º
Según San Alberto y haciéndose eco de la tradición del Tucumán, es lo que
habría acontecido con la desaparecida ciudad de Esteco o la de nueva Madrid. :11 Sentados así los principios generales de toda educación cristiana, corresponde ahora analizar su aplicación práctica al e.aso concreto del niño
huérfano.

2.

PEDAGOGÍA CONCRETA

a) Una pedagogía del huérfano
Para San Alberto el huérfano es el que no tiene maestro. Por eso, es
menester procurárselo y este esfuerzo implica una pedagogía especial. Por
eso, desde el primer momento tuvo la idea ele fundar un instituto para la
educación de los niños sin padres: "Desde luego que puse el pie (y pudiera
decir que aun antes de ponerle) en esta mi amada Diócesis, me propuse en
mi corazón, y así o lo anuncié en mi segunda Carta Pastoral, solicitar por
cuantos medios me fuesen posibles el establecimiento de una Casa donde pudieran refugiarse estas miserab1es criaturas". 2 : En efecto, precisamente al
llegar a Córdoba, haciéndose cargo de que la muerte de los padres deja sin
educaci6n a los hijos, San Alberto se apresw·a a declarar: "ro seré el Tutor

Carta P11¡1foral con ocasión de publicarsfl una Instrucción (sobre) las obligaciones

que un Va.sallo, etc., en Colt1cci6n, II, p. 403.

,.. Op. ci:., II, p. 404.
"' Carla Pastoral (primera), Colección, 1, p. 267.
,.. Op. cit., I, p. 289.

190

en otro hasta caer en el mayor y en el más profundo, que es el de la obstinación e impenitencia" ,10

u Op. cit., 1, p. 290.
• Op. cit., I, p. 291.
"' Op. cit., I, p. 291-2.
22

Carta Pastoral ( ... ) acompañando las Constituciones, etc., en Colección, I, p. 243.

191

�de ellos, su Curador, su Abogado y su Padre; yo los recogeré, l~s ~ustentaré,
·
· ,
·daré de su crianza y educación. Y a este fin,. , s1 dDios me da
1os mstrurre
y cm
·
·d
poder como lo espero solicitaré la fundaoon e una casa
SU gracia, Vl a Y
&gt;
'
D"
de Huérfanos, donde estos infelices, que no tienen otro Pa~ que a 10s,
Su O bispo tengan un asilo donde ponerse a cubierto de la necea 1 R ey y a
,
la p tria" u Por
sidad de la i orancia, y formarse útiles al Estado, y a ~ a:
•
y.
gnd da en proclamar a los huérfanos los "duenos absolutos de
ese motivo no u
d
. •
dmi
todos mis bienes" ya que él mismo no es más que simple eposi~a:no Y ª
·
nistrador.2• Así es cuando, al anunciar a los cordobeses qu~ ya tJ~ne la C~,
l -;.,......o anuncio indica los fines educativos de la :rrusma: Ya, graoas
en e ,,.,........
d Reli ·'
ara 1eco
dos míos tenemos en Córdoba una casa e
g:ion P
•
D.
a 10s, ama
. instruir I\J 'educar en ella a los pobres h u érfanos, y precaverlos de

ger, criar,
., .
. ,, 24
la necesidad y de la ignorancia .

Quizá esta idea no le fue sugerida a San Alberto solamente por el. hecho
,
•
tarnb"én por ser tan admirador
mismo de la e.'lÍStencia de huerf
a:nos smo,
i
,
,
'
d oto de la gran doctora de la Iglesia anta Teresa de Jesus que
lo declara: "Casa ~ue deberá igua:113ente
. titularse de nuestra santa Madre, teniendo, como tiene, la de ,Huérfanllas
mor titular protectora a mi gran M a d re a:n ta T eresa de Jesus·' . aque
a
.
p
t y
cuando huérfana de madre a los doce años, y presmtiendo
,gran an a, que
~, t 6 mo madre
la falta que había de haberla su ejemplo y su comparua, om co
la sagrada Virgen logrando que esta Señora la adoptase por su muy a:ma
1•
ªda ru·a».20 Como Santa
' Teresa, el hue'rfano esta' " pnva
· do . . . del .consue o,
•
J •,
paro de su padre amoroso" y de los de su madre a qwenes, por
mstrucc1on Y am
•· d
s A tí
echo
natural
compete la misión de educarle.21 Repinen o a an gus n,
de
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'
1
- ,, :s Hay pues que procu.el huérfano no tiene "ni maestro que le ensene .
,
'

·¿

~~brén e:uérfana. Él mismo así

s

rárselo.
·
lugar en eI Antiguo Testamento
pues
El huérfano tiene un rmportante
.
anos fuesen considerados y atendidos de los Is"una ley era, que 1os H uérf
•e
,
hermanos suyos" y otra que la familia adoptase uno; - ademas,
lit
-rae as como
f
ando algo
toda familia debía tener una parte de diezmos para ese m, y cu .
.
o en la viña o el olivar debíase dejar allí a la libre disamp
1
d
que ase en e c
,

posición de los huérfanos.ªº Con mucha mayor razón en el Nuevo Testamento ( cuya ley es el amor) esta obligación se acentúa. De ahí que estas
Casas de Huérfanos, además de santificar las almas, tienen como fin "iluminar e instruir los almas'' enseñando la doctrina cristiana de tal modo que
después ellos puedan enseñarla a otros. 31

b) La pedagogía ,, el fin del Estado. El medio criollo
Al comenzar su tarea educativa, el Obispo San Alberto, percibe dos consecuencias: Una se refiere a las dificultades propias del medio y la otra a los
beneficios que la educación del niño huérfano reporta para el Estado. En
efecto, así como había percibido ciertos caracteres típicos del hombre argentino del campo, solitariedad, autosuficiencia, amor a la libertad, sentido de
la inmensidad de 1a distancia, del mismo modo pronto se encontró con una
dificultad referida especialmente a los niños varones: el menosprecio ( como
poco honroso) en que se tiene a los oficios mecánicos o trabajo manual. Por
eso, se ve obligado por esta circunstancia a declarar que "no podemos, pues,
en esta casa dedicarnos a que los niños se instruran ... en unos oficios que
nunca se han de ejercitar, ni sus parientes permitirán que los ejerciten en
habiendo salido de ella". San Alberto, vencido por la actitud tan típicamente
criolla (y también española) de ver en menos los trabajos manuales, tiene
que orientar la Casa en otro sentido: Cuando los niños estén ya instruidos
cristianamente, se les hará estudiar la Gramática. De entre éstos, a los más
sobresalientes se les destinará al Seminario y a los menos distinguidos se les
hará perseverar en la Casa "hasta que aprendan perfectamente la Gramática" y, después, cccsaldrán para estudiar Filosofía''. 92 Y aun aquellos que
para las letras no resultaren aptos, se les puede destinar al comercio. El
Obispo, de todos modos, estará atento para que, quienes vayan a estudiar
Filosofía no lo hagan sin estar perfectamente formados en Gramática."
San Alberto tiene plena conciencia que la educación se tiene que adecuar
"a cada género de personas'' y no duda en hacerlo. En te caso, es menester tomar como modelo a la Iglesia primitiva que era ella misma la Escuela:
"Esta misma práctica vemos observada entre los cristianos de los primeros

.. Garfa Pastoral (segunda), en Colecci6n, I, p. 142.
" Op. cit., 1, PP· 149•50.
• d las Constitucion1J.
u Op. cit., I, p. 242, Carta Pastoral acompa11an o
u Op. cit., I, p. 248, cf. también, 1, p. 281.
., Op. cit., I, pp. 252-3.
u Op. cit., 1, p. 260.
" Op. cit., I, p. 262.

192

• Op. cit., 1, pp. 263-4.
11 O¡,. cit., 1, p. 269.
• Constituciones para el Colegio de Niños lltiérfanos, en Colecciones, I, pp. 347-8 .

• Op. cit., I, p. 360.

193
HUM'.ANITAS-13

�siglos. No había entre ellos más escuelas que las Iglesias, ru otros Preceptores que los Obispos".u
Sea lo que fuere el medio criollo donde tiene que desarrollarse y aplicarse
la pedagogía cristiana, lo cierto es que tiene inmensas ventajas para el Estado que está encargado del bien de la comunidad. La buena educación de
los niños viene a coincidir con el fin del Estado y una mala educación siempre ha dañado el bien común: "Las historias y las experiencias nos acreditan
que la falta de una verdadera religión, de una educación cristiana y de una
ocupación honesta han sido siempre plagas exterminadoras de los Reinos
más florecientes y poderosos".ª5 Por el contrario, si la educación consolida
una buena formación cristiana los resultados para el Estado son evidentes:
"una verdadera religión, una religión cristiana y una ocupación honesta son
los tres mayores :intereses del Estado, puesto que de ellos dependen su seguridad y permanencia, su paz y quietud, su opulencia y felicidad".ªº Hasta
tal punto es esto verdad para San Alberto que todo el bien '.Y el mal de Estado
depende de la buena o mala educación. 97 Detiénese en otras ocasiones a enumerar los males que se siguen para la comunidad política de una mala educación y los numerosos bienes que produce la buena educación. 38 San Alberto, como ha podido comprobarse, no es un teórico, no es un filósofo en
sentido estricto aunque sea de buena filosofía su actitud. Hay en él una tendencia inmediata a traducir en una institución concreta lo que ha pensado.
Quiere ver realizada aquí y ahora la doctrina enseñada.
c) El espíritu de las fundaciones de San Alberto

Justamente este deseo de hacer concretas las ideas dirige la redacción de
las constituciones de las Casas que San Alberto funda. El espíritu que anima

todos sus escritos pedagógicos, aquí se transforma en ley positiva, en disposiciones concretas que, aunque parezcan algo alejadas ya de la filosofía, es
conveniente no acallar: "Por Padre y principal Director reconocerá siempre
esta Casa al Dustrísimo Prelado, que actualmente lo es, y en adelante lo
fuere de esta Provincia". 89 En el mismo capítulo dispone quiénes serán "di" Carta Pastoral con ocasi6n de publicarst una Instnii;ci611 donde se enseñan las
obligacioties que un Vasallo, etc., en Colección, 11, p. 392.
11 Carla Pastoral acompañando las Constituciones, en Colección, 1, p. 275.
11 Op. cit., I, p. 276.
" Op. cit., I, p. 288 (el subrayado es mio}.
ª Op. cit., I, pp. 300-6.
• Constituciones para el Colegio de Niñas HufrfantU, cap. 11, en Colección, I, p. 317.

194

rectores particulares" e, inmediatamente, concentra su atención en la rectora que ha de ser nombrada por el Obispo: "una mujer cabal, viuda o doncella, de edad, de prudencia, de valor, de gobierno, y de mucha virtud y
honestidad, que pueda criar,. enseñar y educar a las niñas no sólo con palabras, sino también con ejemplo. Aunque todas le han de obedecer y estar
sujetas, pero con las Maestras debe mantener siempre una grande unión,
porque la discordia con ellas sería la perdición del Colegio y de las mas;
a éstas las tratará con el amor de una verdadera madre, y con aquella
igualdad en todo que pide la verdadera caridad", 40 Análoga es la perronalidad del rector en el caso de la Casa de los Niños. El P. Ángel Clavero, de
larga experiencia educativa, ha destacado especialmente la importancia del
Rector ( o Rectora) que es quien imprime carácter al establecimiento educativo. 41 Luego siguen las disposiciones sobre la Maestra general (también
Vice-rectora), sobre las Maestras ( de "virtud probada y honestidad conocida"), sobre la Tornera (portera), la sacristana, la enfermera y el modo de
recepci.6n de las niñas. 42 Como se sabe, la Casa de los Niños no Ileg6 a funcionar, pero sí la de las iñas que es ya una tradicional :institución de
Córdoba.
d) La organización de la enseñanza mperior

Pero además de esta pedagogía cristiana práctica y de sus múltiples ocupaciones pastorales, San Alberto había sido encargado por el Virrey Juan
José de Vértiz de realizar una visita a la Universidad y reveer sus Constituciones. Aunque esas Constituciones fueron redactadas no alcanzaron a aplicarse, pero muestran claramente el espíritu tanto de San Alberto como del
Estado español respecto de 1a Uni\'ersidad que desde hacia pocos años estaba en manos de los franciscanos. El Obispo, primero hace un bosquejo de
la historia de la Universidad y habida cuenta de todo lo realizado hasta
ese momento, declara noblemente: "Sin embargo de haber faltado e.sta regla
fura de govierno, hemos hallado los estudios perfectamente establecidos, y
sus exercicios, bien entablados".º En verdad, la reforma principal que quiere introducir San Alberto consistía en una mayor sujeción de la Universidad
411 Conslituciones, cap. IV, Op. cit., 1, pp. 321-2.
" Fray Josl Antonio de San ..tlberto, p. 163, Instituto de Estudios Americanistas,
Imp. de la Universidad, Córdoba, 1944.
., Constituciones, en Colección, I, pp. 322-328.
• C.011stituciones de la Universidad de Córdoba, p. 202, Instituto de Estudios Americanistas, Imp. de la Univ., Córdoba, 1944.

195

�al Estado, como, en realidad, ya lo estaba desde la expulsión de la Compañía: En estas circunstancias ha sido nuestro primer cuidado suprimir, y
separar todo lo que en Has hacía independiente el gobierno de la Universidad de los superiores de la que llamaron Compañía de Jesús". Hecho esto,
es menester acomodar la Univer idad a los tiempos y a las condiciones del
país. Pese a la actitud no muy favorable a la Compañía, mantiene a San Ignacio como segundo patrón de la Universidad después de la Inmaculada.
Desde el punto de vista de la organización institucional, el rector deja de ser
electivo y su nombramiento pasa al Real Patronato elgiéndolo el Virrey
"por el tiempo de su Yoluntad". Fuera de algunas reformas no muy importantes en los escalones de la enseñanzaJ acentúase el estudio de la filosofía
moral y rnantiénese el tomismo en Teología.

III
L
l. EL

POL1TICA CRISTIA A
ORDEN SOCIAL Y EL !LUAUNISMO

un pueblo bien instruido en los principios y máximas de la verdadera religi6n, que yo os lo haré fiel, sumiso y obediente a su Soberano, y por consiguiente estable y seguro de todas aquellas mudanzas y revoluciones que han
sido la ruina de tantos Imperios". 14 Esta fidelidad del cristiano a la potestad
política se explica perfectamente para San Alberto porque "un cristiano,
sostiene, conociendo fundamentalmente el origen de donde deriva tocia
potestad" y creyendo en los mandatos divinos de obedecer a los príncipes,
"añade al ,·aJor de las leyes civiles y políticas el sagrado peso de la divinas"
y, de ahí su obediencia }' fidelidad. Nue,·amentc para an Alberto es modelo
Santa Teresa pues ella comprendi6 esta doctrina expresándola en una frase
muy sura: que los Reyes lt! causaban mucha devoción_.6
En todo esto sigue hablando el pedagogo puesto que cuanto mejor cristiano se sea más educado se es; y cuanto más educado (cristiano) s sea, mejor
ciudadano se es. En la misma Carta Pastoral previa al te ·to de las constituciones trae un extenso jeruplo de un joven educado cristianamente y que
es un excelente ciudadano; paralelamente muestra el caso de otro joven noeducado o mal-educado (o sea mal cristiano) y que, es simultáneamente,
pésimo ciuclaclano.40 Nadie orno el cristiano debe sentir su deber de donación al bien común, aun en el caso de la guerra 41 pues, nadie como él sabe
que ese bien es camino hacia el Bien absoluto que es Dios.

a) El cristianismo como ciudadano

b) Método y modelo de una política cristiana
Como se verá enseguida, la filosofía política de San Alberto, íntimamente
ligada a su concepción de la educación, lleva subyacente una reacción contra el ambiente creado por el Iluminismo que tendía a desacralizar toda la
existencia hwnana y, por consiguiente, el ámbito de la política. Paréceme
que San Alberto tiene bien presente el iluminismo de origen francés y, sin
duda, el español contagiado de este último. Aunque no ha faltado quien ha
considerado Huminista al propio San Alberto con evidente desconocinúento
de su verdadero esp-íritu, es cierto que no podía escapar al ambiente de su
época que acentuaba fuertemente el absolutismo real.
Pero lo que realmente constituye el pensamiento filosófico-político de an
Alberto, es un acendrado catolicismo y una reafumación de !a política católica más o menos en las huellas de .Bossuet en lo inmediato y San Agustín
en lo mediato.
Precisamente con San Agustín piensa que el mejor ciudadano es el cristiano: "Dadme, decía el grande Agustino, dadme un pueblo de buenos
cristianos, que ningún trabajo me costará gobernarle. Como si dijera: dadme

196

Era natural que San Albcrto sintiera la necesidad de escribir una suerte
de ,-ademecum o de catecismo donde se presentaran, sistemáticamente, las
líneas esenciales de una política cristiana. En este caso presentada de tal
manera que fuera indicando las obligaciones de los ciudadanos respecto de
la suprema potestad política y, al núsmo tiempo, de tal modo escritas que
fueran de rápida comprensión para los niños. Esta idea la tuvo también
desde casi un comienzo y en la Pastoral que acompa.t1a las constituciones de
las Casas de riñas y Niños huérfanos anuncia ya aquella especie de catecismo político: "estamos trabajando, dice, W1a Instrucción particular o especie de Catecismo, en el que por preguntas y respuestas comprenderemos
.. Carta Pa:storal acompañando lOJ ConsliluciontS, en Col~c,i6n, I, p. 277.
Op. ciJ., I, pp. 278-281: El texto de Santa~ resa en Libro di su. vida, c. 21, No. l.
.. Op. cit., I, pp. 286-7.
" Carta Panort1.l ( . .. ) con motivo de la expedidón coiJlro los indios infieles, en
Colección, II, p. 526.

197

�aquellas obligaciones más principales que tiene un Vasallo para con su soberano".'ª De modo que el famoso y quizá mal llamado Catecismo Real fue
totalmente pensado y escrito en Córdoba seguramente entre 1783 y 1784
que es el año de su publicación, por otra parte expresamente dirigida a los
cordobeses a modo de despedida. En efecto, decía San A1berto a los cordobeses al publicar su trabajo: "Esta instrucción, amados hijos, tal vez la primera en su género que ha visto la luz pública en estos Reinos, no es más
que un cumplimiento de la palabra que os dimos en la última Carta Pastoral, que con ocasión de haber fundado en esta Capital el Colegio de Niñas Nobles Huérfanas, publicamos en el año ochenta y tres. En ellas ofrecimos trabajar una especie de Catecismo en el cual por lecciones, preguntas y
respuestas comprenderíamos aquellas obligaciones más principales que tiene
un vasallo para con su Soberano" .40
El espíritu esencialmente cristiano de San Alberto tiene presentes las doctrinas de los "novadores" o filósofos de la Ilustración aunque en la Instrucción poco o nada diga de ellos. Pero es evidente que, como ya se verá, su
insistencia en ciertos temas (origen divino de la soberanía, carácter ministerial del poder del Príncipe) se dirigen principalmente a salvar de la contaminación a los católicos. Como algunos años después se puede leer en su
Carta al Papa Pío VI, aquellos representantes del filosofismo de la Ilustración que minaron las bases mismas de la civilización de occidente, se le
presentan como "presW1tuosos", "soberbios", "pagados de vana ciencia" y
"blasfemos" .50 Y, cuando esto decía pensaba en Bayle, en Voltaire y en
Rousseau. 51 Tanto la potestad civil como la potestad divina son minadas
en sus bases y, por eso, la esencia misma del orden tanto natural como
sobrenatural ha sido vulnerada.
Veamos ahora cuál es el método propio de esta Instrucci6n teológico-política. Se compone primero de lecciones, es decir, una breve exposición de la
doctrina de modo conciso, riguroso y claro; después, exactamente con el
mismo contenido y hasta las mismas palabras (lo que ayudará a memorizar),
preguntas 'Y respuestas. Esta parte es más breve y tiene el modo del Catecismo
tradicional y así se desarrolla hasta completar veinte lecciones. Dejemos ahora
" Carta Pastorai acompañando las Constituciones, en Co!ecci6n, I, pp. 281-2.
" Carta Pastoral con ocasi6n de publicarse una Instrucci6n donde se enseñan las obligaciones qui un Vasallo, etc., en Coluci&amp;n, II, p. 370.
• Lillerae ( ... ) ad Sanctissimum Dominum Nostrum Pium Sextum Post. Max. de
novis Ga!liarum evenlis, p. 19, Romae, Apud Lazzarinos, MDCCXCII.
11 Op. cit., p. 3.

198

: San ~berto ~u~ nos lo diga con sus propias palabras: "Como ella (la
ns~caon) prmctpalmente se dirige a la enseñanza de los niños hemos
terudo q_ue acomodarnos a su edad, y a su condición en muchas cos~ tanto
en ~ estilo com~ en el mé~odo, procurando en éste y en aquél toda la
clandad, conexión y sencillez, que sin desdecir ele la dignidad y gravedad
de los asunt~s que se tratan, les facilite y les suavice la natural repugnancia
que todos. n_enen al estudio". Agrega que, por eso las lecciones son bre es'
~!aras, _cas, iguales en la extensión y ( como se dijo) dividida en tres part~
que sirvan como tres descansos o rellanos de escalera donde p
tiernas
.
d
'
aren sus
~emonas a escargarse del peso por Wl instante a rehacerse y tomar
nuevo aliento para proseguir, y dar fin a la carrera" És tan · la
'6
pedagógica
didá . d S
.
VIva
pas1 n
.
Y
~tJca e an Alberto que agrega: "a ser posible, cae a
sentencia del ~atec1smo1 había de ser para ellos un pedacito de cristal transparente
y lummoso ' ,· más aun: " a ser pos1'bl es, cada palabra del Catecismo
,
hab1a de ser para ellos como una gota de leche" .H

dulzura,

Lo di~o solamen~e. ~ refiere al método cuya naturaleza depende de aquellos a qi.u_enes _va dmg1da la Instrucción. Pero por debajo del mismo ha
una doctrina
· general y en susy
. viva
, . que, . a su vez, a1 menos en su contemdo
fuentes cs~tunsucas, uene su modelo en Bossuet. Como enseguida veremos,
la modestia de San Alberto puede producir la impresión que sigue en todo
ª Bo Suet Y esa sería una impresión falsa. De todos modos, dejémosle nuevamente que nos lo explique él mismo: "hemos procurado no decir cosa
alguna en toda la instrucción, que no la hayamos, 0 encontrado O deducido
o _apoyad~ con la sagrada Escritura, la cual, por ser palabra de Dios, y
Dios la 1.131sma luz, y verdad por esencia, nada habla, ni contiene en sí, que
no ~a ciert_o, seguro Y :~noso. En esto hemos querido imitar, cuanto nos
ha
al Ilustnsuno Señor Bossuet en aquella su Pol't
·
diri'"d &amp;1do l posible,
.
l ica, que
g1 a a a mstrucción
del Señor Delfín de Francia, se ha m eree1'do ta n Justa·
,
mente el titulo de Sagrada, por lo mismo que está deducida de las propias
palabras de _la ~scritura. En ella supo encontrar aquel doctísimo Prelado
toda~ las obligacion~s, propias de un perfecto Príncipe para trasladarse a su
Pollt1ca; Y e~ la misma hemos procurado también nosotros hallar todas las
q~e son propias de un \'erdadero vasallo para estamparlas en nuestra Instrucción. No d'
por esto pretendemos que se deba dar a ésta el título de sagra da,
como se 10 a aquélla, porque no es lo mismo haberle querido imitar que
haberlo sabido, o podido hacer. Para quererlo bastaban los deseos, mas' para
lograrlo eran menester todos aquellos brillantes talentos con que Dios enri-

se;

Carta Pastoral
con ocasión de publicarse una Instrucción , etc., en Colucit5n, II,
pp.• 414-4l
6.

199

�queció al grande Obispo de Meos, y que no ha querido wspensarlos al pequeño Obispo del Tucumán. Quédese, pues, esta obra no más que con el
nombre de lnstrucción''.~ 8 San Alberto ha querido imitar a Bossuet, entiéndase bien, en aquello de encontrar, deducir o apoyar su doctrina en las Escrituras; lo cual no significa que necesariamente haya de repetir a Bossuet.
Es más un modelo de método para el mismo tema que la repetición servil
del contenido. De todos modos, San Alberto prefiere llamar a su trabajo
Instrucción y no tanto Catecismo: ''Por hablar con los más, o llamamos
a esta obra Catecismo, sino Instrucción; y como lo sea a medida de nuestro
deseo, poco importa que se le llame de este o de otro modo; porque si bien,
toda Instrucción, no deba o pueda llamarse Catecismo. Lo que no admite
duda es, que todo Catecismo es, y puede llamarse Instrucción". 6 ' Es pues
evidente la preferencia por el título Instrucci6n que es como he de citarlo
en adelante.

2. LA

INSTRUCCIÓN SOBRE EL VASALLO Y EL REY

a) La potestad real

San Alberto comienza, en verdad, por el tema esencial puesto que es determinante de todo lo demás. Ante todo, si es Dios el creador de todo lo que
es, a f:l le compete per se el título de Rey. En cuanto a los gobernantes terrenos, San Alberto hace una rapidísima enumeración, a partir de Adán
(bajo cuyos pies puso Dios toda la tierra), de los reyes por la Biblia conocidos siguiendo con los Emperadores Romanos hasta los .reyes de España. Lo
esencial es que "su potestad procede de Dios"; cuando dice e11tonces que "el
origen de los Reyes es la misma divinidad" siempre se refiere a la potestad
puesto que, como enseguida se verá, distingue diversos modos de recibir la
potestad y no wce que la persona concreta del Rey sea directamente elegido
por Dios.u Es decir, el origen de los gobernantes es Dios porque es "Dios
mismo, de quien deriva toda potestad". 66 De donde se deduce que existen
dos potestades: La primera magestad ( como dice San Alberto) que compete

a Dios, y "la segunda magestad, que es la de los Reyes''. 61 Sobre esta base
se apoya toda reflexión posterior.

b) Los modos de alcanzar la potestad y su f unci611 esencial

Es evidente que todo Rey (o gobernante, o príncipe) es hombre y que no
todo hombre es Rey. Es por eso que en la Escritura se comprueba que la
potestad es donada a alguien: Es pues Rey aquel "en quien reside una potestad temporal, suprema; y dada por Dios para gobernar a los pueblos con
equidad, justicia y tranquilidad". 511 Es decir, que supuesto que "primero es
el bien común, que el particular' .68 Las funciones esenciales de la autoridad política se resumen en la expresión gobernar, como se ha dicho, con equidad, justicia, para llevar el todo a la concordia )' tranquilidad. an Alberto cita expresamente a Santo Tomás para sostener que esta acción se cumple "mirando por el
bien común''. 60 De donde se deduce el grave error de sostener que la potestad
tenga su origen "únicamente en la opinión y beneplácito del pueblo" ( oberanía popular), sentencia opuesta al Espíritu Santo y a la explícita doctrina
de San Pablo. 61 Paréccme que San Alberto tiene aquí presente la doctrina de Rousseau y no la de Suárez.
Por otra parte, existen diversos modos de llegar a ser Rey, es decir, diversos modos de recibi1· la potestad: El más antiguo es la elt!.cción al cual pueden agregarse adopción, donación, compra, permuta, derecho de guerra;
de todos modos, pueden ser reducidos a dos: la elección y la sucesión hereditaria. 82 Pero aun esto es secundario, aunque San Alberto prefiere la ~ucesi6n hereditaria: "lo que no admite dudas es, que de cualquier modo que
el hombre llegue a ser Rey, su potestad es dada por Dios, y derivada de la
suya".ºª Distingue pues, claramente, entre la potestad en sí misma y
la donación de ella. Una vez que el monarca la heredó, la conquistó o haya
sido elegido por los hombres, "Dios es quien le da la potestad" .H Está entonces bien claro que, para San Alberto que ha sido presentado alguna vez
como representante del despotismo divinizador del monarca propio de la
"' Carta .a los indior i11f~les chiriguanos, p. 35.
lnstruccidn, en Colección, II, pp. 426 y 429.
• Op. cit., II. p. 503.
00 Op. di,; II, pp. 426. Santo Tomás, De Req., c. 2.
tt Op. cit., II, p 427.
• Op. cil., IT, pp. 427-8 y 430.
11 Op. cit., II, p. 428.
" Op. cit., 11, p. 428.
11

"'Op. út., II, pp. 412-3.
"Op. cit., II, p. 414.

• I nslrucción ( •.. ) donde ( ... ) se e11señan ( •.. ) las obligacionts más principales,
que un Vasallo debe a su Rey y Señor, en Colecci6n, II, p. 423.
• Op. cit., 11, p. 425.

200

201

�11ustraci6nJ lo único divino es la potestad y el monarca solamente lo es por
participación y no por sí mismo ya que, en él, la potestad es recibida.

e) El Soberano, vicario de Dios
Habida cuenta de lo dicho, los príncipes "en su Reino son como unos Vicarios de la divina y eterna Magestad, o unas imágenes visibles de su poder
y soberania". 65 Es por eso que David los llama "dioses", no porque lo sean
si.no haciendo mención de su vicaria to. Dice el texto bíblico: "Sois dioses,
todos vosotros sois hijos del Altísimo; pero moriréis como hombres, caeréis
como cualquiera de los príncipes" (Ps. 82, 6-7). De ahí que en la Escritura
los reyes reciben muchos y misteriosos nombres en cuanto "imágenes visibles
de Dios", aunque fueren indignos, como parece insinuarlo el texto de David;
porque son vicarios tienen potestad sobre todo lo temporal. 66 En lenguaje
tomista, sobre todo el bien común inmanente de la sociedad civil. Aunque
existan otras potestades en el Reino, la del Rey es la que supera y manda a
todas: es pues, como el padre de todos.

Así, pues, esta segunda magestad o soberanía "no reconoce en lo civil y
temporal otro Superior que a Dios". Por eso, "el Rey no está sujeto, ni su
autoridad depende del pueblo mismo, sobre quien reyna y manda". 67 Haciendo una analogía con el primer motor aristotélico, todo en la sociedad
civil se mueve por fü. Pero cuán grave es la misión del monarca: para éJ
no hay término medio: "La suerte de aquellos hombres que Dios destina
para reinar, decide ordinariamente la suerte de los Pueblos que les confía.
Un Príncipe, no hay medio, o es un don que en su misericordia concede el
Señor a una Monarquía, o un azoté con que venga los pecados de la naci6n". 68 Por un lado entonces, no está el Rey sujeto al pueblo pues "esto sería
estar sujeta la cabeza a lo pies" y, por otro, debe cumplir funciones esenciales: gobernar el reino ''con justicia y equidad"; sostener "los derechos de
su corona"; defender el reino de los enemigos y defender también "al pobre,
al huérfano, a la viuda contra la violencia de los poderosos". 69 Pero si los
" Op. cit., II, p. 431.
"' Op. cit., 11, p. 435.
"' op. cit., 11, pp. 436, 437.
., Serm6111 de gracias ( ... ) en la solemne funci6n, que con la noticia del nacimiento
de los dos Señores Infantes Don Ctirlos y Don Felipe de Borbón, celsbró la fidell.sima
Ciudad de C6rdoba en la Sta. Iglesia Catedral en el día 6 de enero de 1784, en Colección, II, p. 720, los subrayados son míos).
• InstTucción, en Colecci6n, U, p. 440.

202

príncipes no están sujetos por el santo temor de Dios (Ps. 119, 120), ellos
son la fuente de tres males: indocilidad, ignorancia y placer.70 Vicarios de
Dios por un lado; por otro, agobiante responsabilidad ante el mismo Dios.

d) La persona del Príncipe
San Alberto cree conveniente insistir sobre las virtudes y caracteres que
debe poseer un buen príncipe pues de ellas depende la salud de la nación.
Ante todo, "la Justicia es el primero y principal oficio de los Reyes, y la
parte más esencial de su dignidad" .71
El servicio del monarca a la sociedad y el afianzamiento de su poder residen "sobre cuatro columnas firmísimas: Verdad, Justicia, Clemencia y
Religión" en las cuales una se apoyará en la otra.72 Y por todo ello, cree
San Alberto que el monarca ha de ser amante del saber como condición de
la salud del reino: "Otro escollo en que puede naufragar un príncipe, y
que trae consigo la ruina y perdición de la M anarquía. En efecto -agregala felicidad de esta depende del cultivo de las artes; del apoyo de la justicia;
del fomento de la legislaci6n; del conocimiento de lo útil, necesario y pernicioso, y sobre todo, de la pureza y estudio de la Religión. El m6vil o impulso de todas estas máquinas es el Príncipe; su aversión o indiferencia a
estos útiles conocimientos amortigua en los vasallos su cultivo: la falta de
este produce necesariamente la ignorancia; y a la ignorancia suceden en el
Pueblo el fanatismo, la incivilidad, la barbarie, la miseria y la perdu:ión.
"Por el contrario, un Príncipe amante de las ciencias, y que en sí, por lo
menos ha recibido sus primeras semillas, qué frutos tan copiosos de utilidad
y gloria no previene en sus días a toda la nación?" 73

e) Las potestades legislativa y coercitiva
Afirmadas pues tanto la soberanía como las necesarias virtudes morales
del monarca, de nada servirían si no poseyera al mismo tiempo la potestad de
hacer leyes. Tales leyes "tienen una íntima conexión con la ley eterna" y
"todas se dirigen al bien de la Sociedad".ª Esta potestad legislativa mantiene

'º Sermón de gracias, etc., en Coücci6n, II, p. 721.
"' Serm6n de gracias, etc., en Colección, n, p. 736.
12 Op. cit., II, p. 733.
11 Op. cit., II, pp. 725-6.
•• Jnstrucci6n, en Colecci6n, II, p. 441.
203

�la ''balanza de la justicia" y logra el justo equilibrio con la potestad de
gobierno. Consiguientemente tiene el ciudadano el deber de la obediencia,
deber que comienza desde el instante de la promulgación de la 1 y ( que es
menester no confundir con la "divulgaci6n' ) . Si la ley pareciere injusta, el
pueblo tiene el arbitrio de suplicar y peticionar.76 Y ejemplo de ello han de
ser los primeros cristianos ( que eran frecuentemente perseguidos) y que, sin
embargo, presentaban sus quejas al Emperador con ''humildad y atención,,
en razón de su potestad (aunque la mal empleara) .

Es claro que si todos los hombres fueran justos no hubieran sido necesarias
las leyes, pero la mayoría no lo son sino que obran bien por temor al castigo;
de ahí la necesidad de la potestad coercitiva principalmente para contener
los delitos contra la Religión, el orden público y la seguridad personal."6 Y,
naturalmente, el vasallo está obligado a las penas prescriptas por la ley.
f) La potestad real y la Iglesia
San Alberto tiene bien clara la doctrina pues, en efecto, las dos potestades,
la civil ejercida por el monarca y suprema en el orden temporal y la de la
Iglesia, suprema en el orden sobrenatural, "son supremas, en su línea, y distintas en sus objetos y funciones''. Por eso no existe posibilidad alguna de una
interpretaci6n regalista del pensamiento del Obispo de Córdoba; por el contrario, el monarca es "un Protector de la Iglesia'' 77 ( así reconocido por una
extensa legislaci6n) lo cual no supone 'poner la mano en el santuario, sino
cuidar de que no entre en el santuario la abominación, o de arrojarla, si ya
hubiese entrado alguna vez"; ni esto constituye ejercer jurisdicción sobre lo
sagrado, sino "proteger el culto".78 Así entendido esto para nada ignifica
apropiarse las dos potestades "sino unir la suya temporal con la espiritual,
y caminar ambas de acuerdo". Como dije antes, ambas potestades, supremas
en su orden, distintas por sus objetos y funciones, se u.nen y protegen reciprocamente.79
Como es lógico y especialmente en España, esta doctrina está íntimamente
unida a la del Patronazao entendido sólo como "una santa y justa tutela"
sobre las Igles¡as de Indias y muchas de España. Cinco son, para an Al-

berto, los títulos de los monarcas españoles para ejercerlo pero esenciales dos:
Porque a _los reyes "se debió el ~;5~brimiento de estas tierras" y porque
a sus capitanes y soldados se deb10 la conquista de estos Reinos".ªº Pero,
además de estos primeros dos títulos, deben agregarse la iluminación de Ja fe
de _sus poblador:5 (11,a obra misionera), por concesión apostólica del Papa
~uho ~I }', po~ fm, por la costumbre bastantemente prescripta, y con justo
titulo
mtroduc1da desde el descubrimiento de las Indias hasta el día presen,, at y
te .
a sabemos las graves complicaciones que esta legislación traerá en el
futuro cuanto 1~ antiguas Indias se transformen en naciones independientes.
Tendremos ocasión . de ~omprobarlo al exponer el pensamiento de algunos
profesores de la Uruvers1dad de comienzos del siglo XIX
g) Los deberes del uasallo para con el Rey

El ritmo interior de estas reflexiones conducen naturalmente a detallar
ahora la relación que existe entre el vasallo y el Rey. Ante todo, los vasallos
no lo son del mismo modo, ya por su mérito, estado, privilegios especiales,
como_ en el caso de los sacerdotes de ambos cleros. Estos vasallos están, en
cambio, más gravemente obligados 82 y siempre se ha mirado "con escándalo
Y horror" que quienes están destinados a hacer la Luz en las almas las perviertan.83 San Alberto justifica que el Soberano, sin salir de su jurisdicción
pueda corregirlos, expatriarlos y basta ocupar sus temporalidades si así fuer~
necesario. Por otra parte, fundado en la opinión de Santo Tomás,ª' San Alberto muestra la necesidad de honrar al Rey, que es "sentir honrosamente de
algún sujeto, y juzgar altamente de todas sus prendas y calidades".ª11 y est.o
aunque un príncipe sea malo (los cristianos honraban "en público y en secreto' a los Emperadores) en virtud de su potestad. A lo cual se une el
respeto que "es consiguiente al honor" porque "añade manifestar exteriormente con palabras y con obras este mismo juicio y concepto".88 Insiste San
Alberto en los notables juicios de Tertuliano sobre el respeto a los monarcas.
Todo lo cual implica el amor al gobernante, amor que le es debido por precept,o natural y divino, correspondiente al que nos manda honrar a los pa• Op. cit., II, p. 458.
Op. cit., II, p. 459.
ª Op. cit., 11, p. 464.
" Op. cit., TI, p. 466.
.. S. Th. Ila Ilae, 104, 6; 103, 1.
• Instrucci6n , II, p. 468.
• Op. cie., II, p. 472.
n

,. Op. cit., II, p. 443.
"Op. ci,., II, pp. 447-8.
,, Op. cit., Il, p. 452.
va Op. cit., II, p. 454.
1• Op. cit., II, pp. 455 y 457.

204

205

�dres. 87 Pero como "la oración es uno de los oficios más propios del amor",.
es menester orar por el soberano en privado y en público. 68 Y aunque e
verdad que todo vasallo debiera servir y obedecer por amor, como no todos
así obran, es también saludable el temor al soberano que, al menos "dispone
para el amor y para la justificación".88 Todo lo cual implica la obediéncia
que es participación de la obligación de obedecer a Dios. De ese modo, si el
Rey lo manda (ministerialmente) lo manda Dios; de manera que es necesario obedecer a Dios en los reyes. lKl Pero, desgraciadamente, puede darse el
caso que el Rey mande lo malo y lo injusto; en tal circunstancia, "si lo que
mandasen (los Príncipes) fuese ciertamente malo, injusto, y contra la ley
Natural o Divina, porque en tal caso no pudiendo dimanar el mal de la
potestad que Dios les ha dado, no hay obligación, ni deben ser obedecidos
según aquella sentencia de San Pedro: ' ecesario es obedecer a Dios, antes
que a los hombres' ". 111 Todo esto vale, por cierto, para los casos en los que
no exista ya ninguna posibilidad de duda, pues en caso dudoso subsiste el
deber de obediencia.
La fidelidad, por consiguiente, debe ser no sólo extrín eca sino interior y
en modo alguno puede aceptar San Alberto el tiranicidio como contrario a
la naturaleza y a la razón. 02 Esta fidelidad al monarca lo es, de hecho, a la
comunidad. De ahí la obligación de pagar los impuestos que retoman luego
en beneficio de la Monarquía dándole al Soberano el medio "de salvarlo
todo". 9 ª Lo mismo pasa con los diezmos que, si bien pertenecen a la Iglesia,
en Indias tocan al Monarca quien apenas queda con una mínima parte de
los mismos. 94 Más aun: En caso de guerra, los ciudadanos tienen obligaci6n
de prestar servicio. Aquello que hace justa a una guerra es "la defensa pro.
. . o d erechos usurpa d os" .96
pia, vindicar los agravios"
y " recuperar 1os d OIDJillOS
Naturalmente, al soldado no puede corresponder examinar si una guerra es
justa o no: "debe suponerla siempre que no le conste ciertamente lo cantrario".86 Todo lo cual se cierra con la obligación que tienen los cristianos de
orar por los reyes después de muertos; si así no se hiciere, equivaldría a ad., Op. cit., II, p. 482.
u Op. cit., U, p. 484, 486-7.
• Op. cit., II, p. 489.
• Op. cit., II, p. 494.
" Op. cit., II, p. 495.
112 O p. cit., II, p. 501.
" Op. cit., II, p. 508.
11 Op. cit., II, p. 510.
.. Op. cit., II, p. 514.
• Op. cit., II, p. 516.

206

mitir que las anteriores demostraciones de honor y respeto hechas en vida
fueron efectuadas por interés y política y no por piedad y religión. 97

3. LA

REVOLUCIÓN FRANCESA

a) Los "novadores" :Y los "falsos profetas"
La Instrucción que acabo de analizar fue publicada cinco años antes que
estallara la revoluci6n francesa y, evidentemente, San Alberto tuvo muy en
cuenta los resultados negativos y disolventes que las ideas de la Ilustración
producían en la sociedad de entonces. La revolución francesa vino a confirmar su actitud y una de sus primeras reacciones fue desagraviar al Papa
ya que se había atacado expresamente su potestad con la Constitución Civil
del clero. La causa principal de la situación francesa la atribuye a los "filósofos", es decir, a los representantes de un pensamiento ya inmanentista y
naturalista que ha proclamado la autonomía de la Razón. Y es esto, precisamente, lo que se ha aposentado en la en otro tiempo cristianísima Francia.
Hoy se ve a Francia, sostiene San Alberto, dividida en dos partidos, con la
posibilidad que prevalezca el que está por "la libertad, independencia, o irreligión", que puede conducir a la separación de todo respecto de Dios. Naturalmente, aquí la palabra "libertad" es empleada en sentido negativo como
sinónimo de plena autonomía. Y es así en la medida que se siga "la filosofía
de sus No adores, y falsos profetas los Baylees, los Voltaires, los Rosseaus
y otros muchosu.aa
Este siglo "que solamente por ironía se puede llamar el Siglo de las luces", 89

ha. traído consigo la sugestión del mal ) el desorden social.
b) La sugesti6n del mal '.Y los "perros mudos'~
Así como la antigua serpiente sedujo al primer hombre induciéndolo a
sacudir el yugo de ta ley rebelándose contra el Autor de la ley, del mismo
modo en la revolución francesa reaparece la sugerencia del bíblico "seréis
como Dioses, iguales a ellos, libres, e independientes como ellos, y sabios.
.,. Op. cit., 11, p. 519.
" Litterae (... ) ad Sanctíssimu.m Dominum Nostrum Piu.m Sextum, p. 3•
• Op. cit., p. 5.

207

�como ello ..• ".1 ºº A la vez critica }' disculpa al "piadoso de ~radado Luis
XVI" que se prestó a firmar una Conslitu ión ruin sa; pued clisculparse al
pu blo olvidado de í, transformado de repente en otro" y hasta e puede
cmculpar a cierto "filó ofo novadores" ensoberbecido y blasr~.os que han
atentado contra las do potestades: La civil en el Rey y la espmtual con la
Constitución del Clero. El gran culpable1 cree San Alberto, es Voltaire, aunque no le nombra al que llama "Luzbel de toda I_a rebelión sucedida en
Francia"; en efecto, "culpemos a este hombre enel'.lllgo. . . (que) ha espar.cido la ci7.aña del error''.101
Pero las palabras más severas las reserva an Alberto p~a aquel!~ Obispos que "no por error de entendimiento, sino por demasiada debilidad de
e phitu, cobardín de corazón, y mucho temor d~ ~currir ~ el odio, Y furor
del Pueblo, !ii hablaban, o se oponían a sus perniciosa máximas, callaron como p rros mudo ...". y concluye: "Qu' flaqueza, Broo Padre, o para decirlo más propiamente, qué traici6n !' .1º2

IV

LA VID ESPIRITUAL

l. SA
Toda la acth-idad pastoral de

TIDAD y ENTRroA

qu profesamos en la reforma de nuestra gran Madre Teresa de Jesús".1-ºª
Ya he señalado anteriormente el papel decisivo que Santa Teresa ejerce en
el alma de San Alberto r, sobre todo, en esa contemplaci6n del misterio en las
pequeñas cosas y mínimos actos de la vida cotidiana.

Esta actitud general I hacía mirar con desconfianza 1 actos o ejercicios
exteriores que no fueran la manifestaci6n de una gura vida interior. La
Religi6n, sostiene, es "santa en su principio, santa en su Maestro, santa en
u fe, santa en su moralidad santa en su máximas, santa en sus preceptos"
Y qui re que todos sean santos; m naturalmente la santidad no consiste "en
la superfi ·e de ciertos ejercicios e.xteriores y devociones diarias'' (por si so
las), ni tampoco consiste en "ciertas obras de penitencia! y austeridad ...
que Dio no las manda", ni en ciertos estados de miseria; la santidad es
"sólida e interior'' y es l cumplimiento de la ley del amor y de tos preceptos. En tal sentido, es "discreta" y, al mismo tiempo, es Unh-enal", en cuanto
"abraza todos los estados y condiciones elevadas y humildes, brillantes y
oscura ricas y miserablcs''. 1ºll Por eso agregaba: "y creed que no hay estado
en el mundo (reyes, magistrados, militares, labradores, comerciantes, abogado , etc.) que no pueda y deba ser estado de santidad, y donde no haya habido algunas insignes, que la profesaron con primor y aun con h roicid.ad". 1ot
Aquí re idía el secreto d la actitud de verdadera entrega de San Alberto
puesto que veía en cada una d sus ovejas la aptitud o el germen de la santidad de vida, desde el más pobrecito al más encumbrado. Era precisamente
esa innovación de la vida etema en cada uno, esa specie de semilla que pone
la Gracia, lo que había que hacer fructificar hasta la unión total con Dios.
¿ Qué otro fin puede tener la vid.a espiritual?

an Alberto, todas sus reflc,ciones y reali-

z3ciones pedagógicas, todas sus preocupaciones teológico-políticas, son como
las plantas qu hunden sus raíces en rico humus o culto donde toman su
alimento y su fuerza.
humus sustentador es la vida interior, la vocación
mí.tic.1¡ que
la vocación de la Orden Carmelita. o hay una sola línea
suya qu no té como embebida n esa vocación fundamental y ningún
acto de su vida pública dejó de surgir de aquel trasfondo de vida espiritual. Cuando, ocasionalmente se refiere a su propia pobreza como Obispo,
manifiesta tar "contento con el rico patrimonio de aquella olemne pobreza

b) El reloj espiritual
Hasta tal punto la santidad lo s de cada mínimo momento puesto que
Di está presente en cada uno y queriendo hacer partícipes de esta realidad
a todos sus fieles, que San Alberto (siendo ya Arzobispo de Charcas) ideó
el "reloj espiritual" para "llevar a Dios presente en toda hora". Esta especie
. • Corta Pastor4! (qve) dirig, a sus amados hijos los Curas II la entrada d, m 10•
burno 111 el A.r:obupado (d, La Plata), en Co/.ecci6n, II, p. 537 (C6rdoba, 2 de mayo
de 1784).

• Op. cit., p. 10.
111 Op. cit., p. 17.
• Op. cii., p. l.&gt;.

208

Carta PCJtoral (primera), en Col1cci6n, l, p. 56.
• Op. cit., pp. 58, 59, 61.
* Op. cit., I, pp. 78,.9.

2 9
HmlANITAS-1+

�b d' · 'd ante todo a los seglares que
de rnanualito de vida espiritual esta a 1r1g1 odre, d
"que con sólo
d
1 padres y a las roa s e
viven en el mun o, a os .
R 1.
den no perder de vista el negotener a mano, o a la memona este e OJ, pue

ranillia

. .
.
ide cada leccioncilla el dibujo de la esEl método es simple y eficaz. ~re~ l
la hora desde las 6 hasta las
.
o puntero pnnc1pa marca
alm
el
fera de un r OJ cuy
.
d'ta . , como presencia del
a a
23 es decir, dieciocho e tadios d~ roe tdCld~n
s..... .; .. a Dios ha de ser
,
d . t
"Qwen se e ica a ,..u...
'
Dios. San Alberto ª vier e:
Di del alma y en las mismas
d h ras En todas las horas es
os
'
var6n de to as o . .
tod hora está Dios presente al alma, y en
el alma ha de ser de Dios: en
a
D"
o hay hora en que Dios
.
tar presente a su ios.
todas debe la cnatura es
, ha de haber hora en que el alma
no dé alguna cosa al alma; pues por que

13 horas: Familia a Dios. Piedad, que todo lo da a Dios, marido, hijos,
criados, bajo la protección de la Sagrada Familia.
14 horas: Deseos a Dios. Desasimiento, bajo protección de San Francisco
de Asís.

cio de su salvaci6o" •

. 1' 101
no dé alguna cosa a su D ,os .

Penní.tascme la breve exposici6n

del Reloj Espiritual, hora por hora:

, Senor,
. cci6n. "Desperto,
m1· cuerpo para que
.
d las de mi vida, me
.
en esta primera hora para to as
:os sirva mi alma, y
.
. " 10&amp; Aquí acepta el alma todos los
· Dios m1 Scnor .. · ·
e
V
entrego todo a os m1
'
. . dose bajo la protecci6n del Ángel ustrabajos del día y los ofrece, pomen
.

6 horas: Todo a Dios. Drrc

todio.

.

ild d El alma hace entrega del en7 horas: Entendimiento a Dios. Hum_ ª. . bajo la advocaci6n de San
tendimiento para entenderle a Él y a s1 mismo,
Agustín.1011

. "
.
A uí el alma entrega la memoria para
8 horas: Memoria a Dios. Dolor. q ,
otra Vos" La protectora
acordanne de lo que habéis hecho por ID1 y yo co
.
es Santa María Magdalena. 110

d
9 horas: Volunta

· , d Santa Gertrudis.
a Dios, bajo la protecCJon
e

10 horas: Corazón a Dios. Amor, bajo la protecci6n de S~ta Teresa.

. p eza Protector San Josc.
11 horas: Pensamientos a D zos. ur .
''desapego" de las cosas
. a D ,os.
· Paciencia , en orden al
12 horas: Traba¡os
Cr
del mundo, bajo la protecci6n de San Juan de la

uz.

.
e u en toda hora, en Co~cci6n, U, p. 778.
"' Reloj Espiritu.al para Uevar a Dios pres n
3• Reloj Espiritual, ib., II, P· 779 ·

•• Op. cit., 11, p. 781.
del t
ongo entre las pp. 784-810 .
·t 11 ' p. 783: En a an e exp
CI ••

15 horas: Cuerpo a Dios. Penitencia, bajo la protecci6n de San Francisco
de Paula.

16 horas: Ojos a Dios. Recato, bajo la protecci6n de San Luis Gonzaga.
17 horas: Palabras a Dios. Silencio. " ... os entrego mis palabras'', comienza San Alberto, todo puesto bajo la protección de Sao Bernardo.
18 horas: Libertad a Dios. Obediencia. Es la vuelta de la libertad a quien
se la dio al alma, bajo la protección de Santa Catalina de iena.
19 horas: Tentaciones a Dios. Temor. Bajo la significativa protección de
San Vicente Ferrer.
20 horas: Beneficios a Dios. Agradecimiento del alma bajo la advocación
de todos los santos penitentes.
21 horas: Alma a Dios. Adoraci6n. Cerca ya la culminación del día, "os
entrego mi alma", toda de Dios, bajo la protecci6n de San Patricio.
22 horas: Obras a Dios. Perseverancia, en la cual las obras vuelven a Dios:
"Vuelven las aguas, dice San Alberto al mar de donde salieron" : protecci6n
de San Miguel Arcángel.
· 23 horas: Vida a Dios. Muerte. Todo culmina, pues, en la meditación de
la muerte: "En esta última hora en que mi cuerpo se va a entregar al sueño,
os entrego, Señor, mi vida, porque puede acabarse mi vida en el sueño". Es
aquí donde los protectores del alma SOll todos los Santos que lo han sido a
lo largo del día. Aquí termina el Reloj Espiritual. Al día siguiente recomienza.
Símbolo diario de toda la vida del alma.
Fácilmente se percibe cierto ritmo espiritual del Reloj de San Alberto,
solamente captado en su totalidad cuando se lo lee enteramente y bien despacio. Una suerte de crecimiento rítmico interior que se adapta muy bien a
las horas del día que, simbólicamente, van como tejiendo los instantes del
alma en su crecimiento espiritual. Una especie de escalera mística en la cual
nada queda al alma en su ascensión y desasimiento hasta quedar toda plena
de Dios. Secretos de la vida mística que San Alberto, sin duda había experimentado. Tal era el humus espiritual de su vida cotidiana.

... O p.

211

210

�V

CONCLUSIÓN

1.

REFLEXIONES SOBRE LA

PEDAGOGÍA DE

SAN

ALBERTO

d 1 pensamiento de San
. t resante una vez que se recorre to o e
s muy in e
, .
1
ectos sobresalientes de su obra. En
Alberto, volver la reflexión sobre 05 asp
rt de filosofía
.
la d
, era verdaderamente una sue e
lo que se refiere .ª
pe agog~a,
' inmediatamente traducida en obras.
aplicada; es deor, que necesitaba ser, . t . peramental de San Alberto.
t
tra parte una caractensnca em
sta ealra, polr ~
día
mucho menos tanto la especulación cuanto hacerse
Lo cu no e unpe
•, Debe
darse cómo
recor . .
,
go de los antecedentes históricos de su vocacion.
car
,
ar de la educación específicamente cnstiana, recuando nos esta por :ab~latón y Aristóteles como dándonos a entender que
cuerda todo. el, aporte e
, . o de la pedagoina en el hombre que aun
bo constitwan el punto ma.,wn
o, .
.
am s d la fe sobrenatural. Esta valoración del antecedente ~lasico nene Usu
carece e
.
· ·
wruó todo aque o
gran valor. y esto es así porque la educación cnsti~~ as t logra.ble por la
sf
'ndolo) a otro plano so=en e
(
y lo transportó tran igura
.
S
Alberto coloca el problema
G_,.;.,. Una vez asegurado este canuno,1 an
al d car no es otra cosa que
educativo en el plano sobrenatural en e cu e u
, 1 eda oedificar formar, descubrir, el hombre cristiano. Por eso, para fél, a ~6
l
'
,
la fundamental: el amor. Esta ormaci n e
E

ni

u........

!

gí~ .:~~or:::~e::u::s ~tecedentes patrísticos y San Alberto n~ shd1o tie_ne
cns,.......
·ta
Gregono e 1za

. . t de ello sino que expresamente Cl a
pleno conocmuen
inf1 · d
San Agustín. Particularmente este último parece habe_r
u1 o. en s~
y d
,
bre todo si se tiene presente la importancia que asigna
pe agogia, so
, . más
del proceso educativo. San Alberto es,
cado como el límite
grave
•
d l
pe
.
ealismo cristiano que es consciente e a
en esto muy realista, pero con un r
.
'gil da
b
.
,
te fuerza del mal que debe ser atendida, v1 a
y com asiempre presen
tida en el niño que el maestro tiene que educar.

°

Ese es el cuadro general, pero lo más personal de San Alberto Y_ donde él
. , de la pedagn1na al caso especial y cona rta lo más suyo, es la ap licaoon
-o·
.
po
1
del huérfano y allí está la aparente paradoja, pues se
creto que es e caso
·
s Alberto sabe
ta de la pedagogEa del que carece de maestro natural. an
tra
tal
1 niño al menos no carece de maestro sobrenatu-

por la fe que, en
caso, e
Ob'
., d
la naturaleza) y se hace cargo como
ispo y como
ral ( que tarob,ien e uca

212

cristiano. En pocas paJabras, la pedagogía del que carece de maestro natural
es transferida al plano de la raridad. Pero esto, para él, exige una actividad
por así decir práctico-prá~tica; es decir, una acción inmediata que se traduce en las fundaciones concretas. Esta pedagogía del huérfano traducida
en las fundaciones muestra también claramente el temperamento del Obi po
que parece no poder soportar que las ideas no se realicen aquí y ahora, en
lo concreto. Esto es, también, una especie de filosofía aplicada. Este mLcmo
carácter se comprueba tanto en su Instrucción de teología política como en
el Reloj de vida espiritual.

b) Sentido y valor de sus ideas poUticas
E insisto una vez más: No solamente no fue contagiado por la Ilustración
sino que fue un crítico de ella. Para él representaba la más grave amenaza
contra el orden cristiano, y tenía razón. Desde el momento que no hay lugar
para nada allende la Razón autosuficiente, no puede existir ni un vestigio
de política cristiana. Al mismo tiempo San Alberto distinguió con toda claridad entre la potestad política, que es sagrada porque la dona el mismo Dios
creador, y el sujeto de la misma (el Príncipe). Pero éste mismo es sagrado
también (como debe serlo el Presidente de una República) no en razón de
sí mismo sino, precisamente, en cuanto sujeto de la potestad dh-ina. La doctrina es completamente ortodoxa. El Príncipe participa de la sacralidad de
la potestad pero solamente Dios es Jo sacro en sí mismo. Entonces, la distincjón de San Alberto entre la magestad divina y la magestad del rey terreno es perfectamente congruente y natural. Pero, para San Alberto en
modo alguno la potestad reside en el pueblo, ni siquiera in habitu, como sostiene Suárc:i:; al simple acatamiento del pueblo es suficiente. Y esta es doctrina que si bien no es suarista es evidentemente tomista. Y, como hemos
visto, no es el único tema en el cual Santo Tomás está presente. Las mi mas
páginas dedicadas a mostrar los diversos modos por los cuales Je es donada al
Príncipe la potestad política demuestran que no existe para San Alberto una
elección especial del sujeto de la misma. Claro es, sin duda que el régimen
político que él sostiene es la Monarquía absoluta y esa elección decidida sigue dentro de la más estricta ortodoxia. Alguno de sus críticos, que lo señala,
precisamente, como no libre de la influencia ilu.minista, tiene plena razón al
señalar que San Alberto -hombre de su tiempo- es partidario del absolutismo monárquico pleno. Pero si esto es verdad, de ello no se sigue que
forzozamente quemara incienso en el altar del siglo. En ese sentido, en modo
alguno es verdad que en la exposición de San Alberto se unan tanto religión
y realeza que é ta última llegue a suplantar a la primera. Y muchísimo menos

213

�creer que su pasición "s ·ncucntra más cerca de lo postulados cari máticos
de cuño prot stan!J que Francisco uárez impugnaba en Jacobo l _de Inglaterra, que d la recta visión del jesuita granadino". El despro~s1to es, en
"-erdad, gran&lt;le · ni toda l tradición pañola sobre el re~ uen . que r
suarista (basta recordar a Vitoria, uno de sus antecesores). m la
I de an
Alberto tiene nada qu ,·t:1 con el protestantismo sino, m bie~ ~n 1~ doctrina politica de anto Tomá , que, dicho sea de paso fue la insp1rac16n de
Vitoria y mutho otros teólogos españoles. Y d l h cho que, tomando la e.xpresión de un salmo de David, llame a 1 Prín ipes ' dioses" ( en el ntido
qu xpu e más arriba) en modo alguno se sigue que haya llegado a ·tremo mayores que los más empecinados regalistas. ~ d~icó al mo?arc~ ni
mucho roen fu regalista. Lo único cierto s que JU uficó a conc1enc1a la
{onarquía absoluta, pero _ello
taba d . 1tro de l~ ~ás recta ortod~x.ia
católica. y también lo tana haber so temdo la Repubh . Como
sabido,
es cuestión opinable y abierta a las circunstancias temporale . El régimen
legilima en la medida que procura el bien co1nún. Nada más que por
.Y
::m

lberto lo sabía perfectamente bien.

Impresiona en este notable Obispo y virtuoso cri tiano el compromiso ~oncreto al cual lo llevaban sus conviccion . Todos sabemo que esta actitud
es rara y, sin duda, ejernplar.

PERFETTISMO E GIUSTIZIA

Da. Lmo1

BAooLINt

Bologna, Italia.

1. Per/ettismo ed esigen:a di perfezione.-2. Per/ etti.smo e giustizia.-3. Giustizia
e

Cristianerimo.

e

1. FRA r VARI scrui che la parola "perfettismo" suscettibile oggi di assumere,
mi riferi o a quello ch puo
re esp
nell'ambito di una concezione
della vita immanentistica e antropoc ntrica contraria ad ogni presupposto
assoluto, inconclizionato e trascendente rispetto alle possibilita umanc. In
questo senso ha valore assoluto olo cio che coincide col uccesso dell'azione
e del )avaro umano (anche ·entifico e tecnico). Cosi conc pito, il perfettismo implica la perdita della íede in valori che siano irriducibili a lavoro
e a prassi; e !Jende a sostituire i cosiddetti valori con le ideologie. Ad csempio,
in politica "ceu..x qui [...] ont perdu la foi [chrétienne] transpo nt l'absolu
dans le politique et considcrent [...] que 1 parti a pour but d'apportcr
le salut, de donner un espérance au pcuple, de luí permettre de trouver un
substitut de la foi".'
Al perfettismo, cosl in!Jeso, si contrappone, in vari s ttori della cultura
contemporanca, I' ·genza della perfezionc in contrasto appunto con il cone tto perfettistico di lavoro com creatore di valori t e con ogni forma, implícita o splicita, di assoluti7.7,azion di unh·ersaliz-zazione e di "totalizzazione"
1 A. Pall..11', Inttru,nlion (Co!Loque "France Forum", Saint-Germain-cn-Laye, 27
et 28 ja.nvier 1962 nel vol. collettivo La dlmoerati, a ,,fair,, Paris, 1963, p. 162.
'Cfr. M. ScuLP, A,b,it vnd Eehik, ora in G1sammelt1 W,rke, B. I, Früht Schrift1n,
hg. Maria
beler, M. S. Frin • Bem, München, 1971, pp. 163-195 e in proposito,
anche per rifcrimenti bibliografici il Cap. 111 su Scheler del mio Filosofía dtl lavoro,'
Milano (Giuffr~), in cono di tampa.

lJ5
214

�dei risultati delle scienze sper:imentali e analitiche. (I risultati specifici delle
scienze particolari non possono essere elevati "a norma suprema di ricerca
della verita totale".ª Una siffatta ~totalizzazione&gt; e in contrasto con cio che
oggi pensano scienziati operatori del piu alto livello ~ e non puo essere
verificata in base a metodi scientifici specifici e rigorosi, a cw corrisponda
di vol ta in volta la determinatezza dei rispettivi campi di indagine.)
Da que.sto punto di vista, la perfezione e pensabile come processo di rinnovamento in cui il "cercare" non si esaurisce perfettisticamente nel "trovare".
In quanto efiettivamente contrappasta al perfettisrno, l'esigenza della perfezione prcsuppone dunque un assolato trascendente 5 come interiore ed inesauribile condizione che rende possibile l'attivita umana, roa che, in se stessa, non
e obiettivabile né riducibile a conoscema specificamente scientifíca.6
2. Stando a questo modo di distinguere fra perfettismo ed esigenza di
perfezione, quale e la distinzione íra una concezione perfettistica e una concezione non perfettistica della giustizia? Puo la nozione di giustizia esprimere
una inesauribile esigenza di perfezione e di ricerca senza peraltro risolversi

in perfettismo?
C'e una nozione perfettistica della giustizia a cui si puo arrivare quando
• " ..• l'odiemo p.rogresso delle scienze e deUa tecnic.a, che in forza del loro metodo
non possono penetrare nelle intime ragioni delle cose, puo favorire un certo fenome~mo
e agnosticismo, quando il metodo di investigazione di cuí Ianno uso ques~ ~eni:
viene innalzato, a torto, a noona suprema di ricerca della veri.ta totale. Anzi vi e il
pericolo che l'uomo, fidandosi troppo delle odie.me scoperte, pensi di bastare_
se
1 tes50 e piu non cerchi cose pi:u alte" ( Gaudium et Spe1, 7 dic. 1965, Le encicliche
10,iali dei Papi, da Giovanni XXlll a Pao/o VI, II, Roma, 1969, p. 307.
• Vedi, ad esempio, W. HiusENBERO, Das Naturbitd der heutigen Pl1yrik, Hamburg,
1955, pp. 18 ss., M. BoR.N, Physik und Politik, Gottingen, 1960, pp. 21 ss. Cfr. J.
MoNoD, Le hasllrd et la mfcesriü, Paris, 1970, pp. 126-131. Cfr. fra gli altri, W •
SzILAst Philosophi1 und Naturwissenschaft, Bern, München 1961, pp. 44 ss., e, per
diveni. ~etti, B. :BAVINK, Was ist Wahrhtit in den Naturwis.seruchaften?,' Wiesbaden,
1948. Intetessa qui ancora di C. F. v. WEtZSÁCKER., Zum Weltbild der Physik,"' Stuttgarl, 1963. specialmente pp. 196-197 e T. vo:-: UE. Kfa.L, Der Mensch urtd die Na-

ª.

tur, 13em, 1953, pp. 24 ss., e 240 s.s.

• "Wir suchen überall das Unbedingte, und {.inden immer nur Dinge" ( Nov.-.us,

W~rke (H. Friedemann), 3. Teil, Fragmente, I, Berlin (a. d.) p. 62.
• Cio non implica necessariamente che J'esigenza. dell'assoluto trascendente debba
essere "strwnento delle filo.sofie reazionarie per lottare contro la concezione scientifica
del mondo". Tutt'altro. Mi riferisco a V. Al'!, . .-.ssmv, Les principes de la philosophie
(tdirions du progr~), Mo5COU (s.d.), p. 38. Secondo me, bisogna, come dicevo, distinguere fra "concezione scientilica del mondo" e «scientismo) come presunta coucezione
scientifica "totalizzante".

216

si riduce esclusivamente la giustizia al suum cuique tribuere considerato indipendentemente da cio che trascende il pur rnobile orizzonte circoscrivente
delle possibilita u.mane.
Se, in quakhe modo, non si postula la trascendenza. e se si riduce exclu~vamente la giustizia al suum cuique, da) perfettismo all'ideologia e breve
11 pass~. n_ s.uum puo ~dursi al mero interesse di un individuo o di un gruppo
e la gms1.lZla ad automganno o ad eteroinganno ideologico 7 vol to a mascherare 1~ prevalenza di certi interessi su altri. Perfettistico e poi, sotto questo
~etto~ il cr~dere che Puomo abbia la capacita assoluta dj programmare
'.11 m~era uruca e globale la detenninazione terminale della giustiz.ia. Questa
illusona credenza puo trovare il suo angoscioso contraccolpo nella constatazione del fallimento e, di conseguenza, anche in varie forme di frustrazione.
risentimento, violenza, ecc.
Ebbene, per uscirc dal perlettismo, io credo che debba essere presa in
c~nsiderazione una ~sigenza di giustizia che irriducibile e pur complementare
nspetto al suum cuique. Questa esigenza e stata espressa nell'aequ,aliter omnia
.. ·. accipere .. Aequaliter non nel semplicc significa to di eguaglianza quantita~vamente mtesa, di comparazione e di :misura; ma aequaliter implicante
animus aequus a cuí si riconnelte un certo atteggiamento di distacco, di
' Abgeschiedenheit'' e di "Gelassenheit", cioe una specie di "lasciarsi vivere"
in una condizione di calma disponibilita in una condizione nella quale "qualcosa e .stato abbandonato". La ''Gelassenheit" e prospettabile come elemento
equilibratore nel 'ciare" e nel "ricevere" e ci libera da cío per cui, qualche
volta, cercando di determinare, in un certo senso, una giustizia assoluta e
perfetta, si possono generare, in altri sensi; ingiustizie e risentimenti.&amp;

e

Alla "Gelassenheit'' si riconnette la possibilita di trovare una via di meno
Ira gli estremi e con essa l'affanno che spesso si accompagna alla ricerca di
'H. KELSEN, ad esempio, parla di "ideology'' come "self-dec:eption" (GenuaT Theot)'
of Law and Stute (Trans. by A. Wedberg), Cambridge, Mass., 1945, p. 8.) Cfr. W.
KNuTH, ldeen-Ideale-Ideofogien, Hamburg, 1955 e il mio Filqsofia del lavoro; cit.,
Cap. l.
1 Vedi
AMMELO, Zur PhilowJ,hie des Oberlebens. Gerechtigke.it, Kommunikation
und Eunom1k (Ausklang: Geruhtigkeit und Gelarunheit), Freiburg Múnchen 1975
1
pp. 259-26 7. Sui significa.ti della parola "Ge.lassenbeit" in vari conte.sti vedi rra' l'altro
Historisches Wiirte,buch dtr Philosophie, hg. J. Ritter, 3, Base!, Stuttga.r;, 1974, pp'.
220-224. Per cío che riguarda il ruentimento in rapporto alle idee di ingiustizia e
giusfuia vedi J. BuTLER, Sermon VIII, Upon Resentmtn-t (Works, ed. W. E. Gladstone,
Il Oxford, 1897, pp. 115-126) e, in proposito, il mio La simpatia ndla morale e nel
diritto,-A1p~1i del pensiero di Adam Smith 11 orientamenti alluali,' Torino (Giappia.chelli),
1975, pp. 68 SS.

I.:

217

�bcni, di interessi e di poteri, puo placarsi -

come

e slato da altri detto -

in

pax tranquilla. 0

una

Cosl intesa, questa "Gelassenheil" appare come elemento intes:ra,nte _dell'aequaliter omnia de Deo accipere di cui proprio parlava, ad esemp10, Meister

e

Eckhart. 1 º
limar Taromclo ha ripreso, a proposito della giustizia, il tema eckhartiano
della "Gelas.5ellheit'' rifiutando peraltro ogni presupposto mistico e religioso;
· modo che la "Gelassenheit" possa essere recepita anche da coloro. che
m
non siano teorcticamente e pratícamente inscriti in una esperienza religiosa.U
Ma sccondo me, una cosa e concepire la ''Gelasscnheit,, indipend ntementc
da UX:a cffettiva esperienza religiosa e una cosa diversa e concepire la ' Gelassenheil" indipendentemente dalla condizione cli possibilita di ogni e~entuale esperienza religiosa e cioe dal m.istcro. e si prescinde dalla. postulazion~
del mistero, e quindi dalla trascendenza, si resta sul piano onzzontale ~ei
conflittl [ra passioni calme e passioni violente. La dove ( come, ad esemp10,
dice\'a David Hume) le passioni violente possono avere il sopra~ento sulle
passioni calme,u e dove - potremmo aggiungere - la gi.~tizi~ ~ susce~tibil~
cli trasformarsi in ideale perfettistico e in ideologi.a al serv1Z10 di mteress1 e d1
poteri di fatto prevalenti. Ebbene, questa trasformazion~ e. degenerazione
perfettistica e ideologica della giustizia sembra soltanto evitabile a una c~ndizione: a condizione, appunto, che la ''Geiassenbeit" incrente all'eaqualller
omnia ... accipere possa essere concepita come imprescindib~ente co~ness~
a una "Offenheit für das Geheimnís" .ª Una siffatta connemone non e oggi
in contrasto con la scienza (si pensi al "caso essenziale" -di cui parl~. J~cques Monod - che non
riducibile in terroini di previsione probab1lisnca

e

ed

e percio distinto

dal "caso operativo").ª

TAMMELO, op. loe. cit.
MEisTER ECJt.HART, Predigt,n

• Cosl

und Traklull, hg. F. Schulze-M~zier, _Leipzig, l 93~,
pp. 265-272, in particolare p. 266: " ... in cinem andercn Sinne sind die ge~_t, die
von Gott alle Dinge für glcich tünnehmen .•. " (Cfr. Die deulschen und lai,inuchu
Werkl, I, hg. J. Quint, Stuttgart, 1958, p. 102).
n TAW).1111.0, op. loe. cit.
u D. Hu1tE, ,t Trealise of Human Nature, III, 2, 7, d. L. A. Selby-Biggc, Oxford,
•

1946, pp. 537-538.

Cír M &amp;mEOGEa. Gda.uenheil,1 Tübingen, 1959, p. 25.
"Mo~on: op. loe. cit.' Secondo me, il parlare in senso h_edegge?ano ~i "~pertura''. n~

11

confronti del "mistero" non contrasta con l'ammissione d1 evena nuov1 e unpreved1bili
che in riferimento aJla biosfera iano comiderati "eucnzialmente" casuali dagli scienziati pii'.l avanzati. La dove co~e secondo • [onod, tí tratta proprio del ''significato

2l8

3. Tuttavia il semplice apello al "Geheimnis'' potra sembrare ad alcuni
equivalente a un atteggiamento di eva ione e di disi.mpegno, a una illusoria
e soltanto verbale occultazione del nulla. In questo caso l'appello al "Gebeimnis" non servirebbc a salvare la giustizia clal perfettismo e dall'ideologia
e tutto il problema si ridurrebbe a una feroce alternativa: o evasione o
icleologia. Ma dal punto di vista cristiano i1 problema superato in quanto
il mistero implica l'esperienza religiosa (fede, spera.nza, carita, grazia, preghiera e altro) : non si tratta di semplice postulazione del mistero ma appunto
di una esperienza del miste1-o come ' mistero della fede'' e "impulso della

grazia".l&amp;

II cristiano conosce in quanto crede; la sua conoscenza de\le cose e rischiarata da una luce alla quale egli non puo guardare perché si trova clietro
le suc spalle. Questa luce
la condizione non oggettivabile e trascendente
di ogni conosccnza autentica. "Si tratta" "di un intelligere, di un conoscere
nell'incontro con le cose - ma
un intel/igere sulla base di un credere".u

e

e

Anche la giustizia, in quanto giustizia cristiana ed esigenza di perfezione,
implica questa esperienza religiosa, che ad esempio, secondo Pieper, corrisponde a una dimensione verticale dell'uomo lT di fronte al fatto insuperabile
del clolore
della morte terrena. 18 La dimensione verticale non si risolve
essen:ziale" della parola "caso" --e non di q_uello puramente "operativo"-, percio di
una "indcterminiuione es~nziale". Ma, se non e•~ contrasto fra "hasard essentiél". ne\
senso di Monod, e "Geheimnis", in senso hcirleggeriano, ornamente nonc•~ ncppure
idenlitá. "Hasard" e "Geheimnis" si pongono --giova nppena notarlo-- su due piani
diversi, cosi come, in un certo 5enso -e non del tutto analogamen.te-, un "Voverstindnis" non ~ lout court identificabile con il risuhato di una atthitA conoscitiva csprimibile con la parola "verstehen". A quest'ultimo proposito vcdi, a \ivcllo di discorso
giu.ridko, J. EssER, Vorv,mtiindnis und Methodenwo.hl in der Rechts/Ílld1111g, Frankfurt
a. m.. 1972, pp. 22 ss .
.. Gaudium 111 Sp,s, ediz. cit., pp. 306-307.
1• J. PrnPER, Vber das End11 der Z11it, München, pp. 61-62, nella magisLrnle trauduz.
di M. Perotti Caracciolo, Sulla fin11 del tempo, Brcscia, l 954, pp. 51-52.
n PIEPEll, Muss11 und Kult, Münchcn, 1955 e in proposüo il mio Filoso/ia d,I /o.voro,'
cit, Cap. II. Molto importante di Pr&amp;PER: Ob,r di, Cerechtigk,it, München, 1960,
anche per cío che riguarda la reliuion.e di diritto e giustizia in San Tommaso, alle
pp. 19 a.
21 Cfr. principalmente A. BAsAVB FuNÁNO&amp;Z Du VALU:, M111afEsica do la mul!rt,,
Madrid, 1965 e, in riferimento alle "limitatioru which exut for man ns a mortal
beim;", TAMWELO, Survival and Su,pa.uing, Melboume, 1971, p. 56. Non po.sso tutt.:wi.a
non ricordare un importante documento leuerario del XII s~colo -Le 01,s d, la mort
di. Ht:~J'NANT ( traduz. in [rancese moderno e commento di J. Coppin, Paris, 1930)
-11 cu1 contenuto filosofico si esprime anche in una critica contro l' "obiwonc materialistica'' (ib. p. XVII).

219

�e

nella dimensione orizzontale del vivere sociale ma
rispetto a essa complementare. La concezione cristiana della giustizia trae il suo senso piu profondo
da tale complementarita.
''La necessita. ímprescindibile di lavorare nel mondo e per il mondo" non
esdude, roa invece implica, nella guisa di "una duplice esigenza", "l'insegnamento" e "l'atteggiamento di Gersu" riferito ai Cristiani dall'apostolo Paolo
quando dice ai Corinti ( 1 Cor. 7, 31) di giovarsi del mondo come se non ne
usufruissero e quando dice ai Romani (Rom. 12, 2) di "trasformarsi"
e di "rinnovarsi nella mente" .19 Alla fin fine la coscienza cristiana nella sua
inesauribile tendenza alla giustizia perfetta presuppone un rinnovamento e una
trasformazione della mente rispetto a cui lavoro scienza tecnica e organizzazione sociale sono mezzi complementari e necessari, ma, da soli, non esclusivamente detenninanti.
Al di fuori di ogni discorso teologico, anche da un punto di vista, che
potremmo dire empiristico, come quello di Adam S:mith, la «speranza» nella
giustizia divina
connessa alla "natura" umana. E' la nostra stessa natura
che ci da questa "speranza" (" ... Nature teaches us to hope ... ") .20

e

Si potrebbe dunque, per questo aspetto, rendere esplicito il pensiero di Smith.
dicendo che siamo tutti assolutamente eguali soltanto rispetto alla giustizia
divina che e trascendente, che e "al di la della tamba" .21 ( Senza riferirci
al trascendente resta íl fatto per cui "Gleicheit ist ímmer nur Abstraction von
gegebener Ungleichheit unter einem bestimmten Gesichtspunkte" .22
Quale contenuto di una "speranza" la giustizia divina non e riducibile a
oggetto di conoscenza: non sembra pertanto che abbia significato conoscitivo
il verificarne come vera la sua negazione. D'altra parte
verificabile come
possibile e plausibile cio che di fatto si manifesta e cioe l'inesauribile esigenza
di perfezione e di salvezza eá anche, per l'appunto, la «speranza&gt; a cui corris-

e

ponde la prospettiva di una assoluta giustizia divina.
• Mi riferisco qui a O.

CuLLMANN,

23

Nsus et ll!.! 1évolutio1111aire.r de son temps uella

traduz. it. di G. Stella, Brescia, 1971, p. 71.
• A. S&gt;.UTH, The Theory of Moral Sentiments, P. II, S. TI, Chap. Ul. 12, ed. D.
D. Raphae.l, A. L. Macfie, Oxford, 1976, p. 91.
11 SVITH, op. loi;. cit.
" G. llADBRllCH, Rei;htsphilosophie,' hg. E. Wolf, Stuttgart, 1950, p. 126.
11 Vedi i miei David Hume e Adam Smíth. Elementi per una riuirca di filosofía giuridii;a e política, Bologn.a (Patron) 1976, pp.103-104 e, per altri aspetti, The Topicality
of Adam Smith's Notion of Sympathy and ]!J.dii;ial Evaluations, in &amp;says on Adam
Smitli, ea. A. S. Skinner, T. Wilson, Oxford, 1975, pp. 100-113.

PRESENCIA DEL HOMBRE TEóTROPO EN LA HISTORIA

DR. lvo HoLI.HUBER.
Salzburg, Amtria.

LAs G~ES VERDADES constituyen, mejor que todos los otros medios el
lazo social Y étnico más fuerte y a veces también el único. Tan luego c~mo
,..........
son abandonadas, las naciones se entregan a la ...
,;n.,. Entre esas verd ad es
d
escuellan la, creencia en un Dios personal al que hay que dar cuenta de
sus actoS, as1 como la fe en la supervivencia personal después de la muerte.

que dijo
· l
· Ya lPlatón,
·
, en las "Leyes" ( 730 c · ) • que nada, m· en e11 cie
o
ru en a u.erra sea mas poderosa que la verdad inculcó por la boca de S6 t
"Go · ,,
'
era es

en su. , rgias que la verdadera sabiduría del Estado deba ocuparse de la
salvaoon de Jas almas.
No conoce~os el fin de la historia; y sólo él que conoce Jo futuro se encuentra capacrtado para interpretar adecuadamente lo presente.
. Leímos en una novela de A.natole France un pasaje que merece ser meditado:
¿ Que
. .
d ' es la h.,storia?
,· La representación escn·ta de 1os acon tec1IXUentos
pasa os. Pero ¿que es un acontecimiento? ;Es un hecho cualq . ..
N
d" ,.
..
. werar
º'. me . ire1s: es un hecho notable. Ahora bien ¿ en qué forma el .histonador Ju~ga que se trata de un hecho notable o no? Juzga arbitrariamente,_ se'f"1 su gusto y su capricho, según sus ideas, i a la manera de
un aros~·,, ~ues los hechos no se dividen por su propia naturaleza en
hechos histoncos y en hechos no históricos. Por otra parte un hecb~ es
algo extrema~ente complejo. ¿Representará el historiador los hechos
en su compleJtdad? No, ello es imposible. Los representará despojados
~e 1:1 mayor parte de las particularidades que los constituyen, por cons1gwente truncados, mutilados, diferentes de lo que fueron. . . La hií1t

221

220

�toria no ts ima ciencia, ts
la imaginoción".1

utt

artt y sólo se acierta tti ellta por mtdio de

E tamos completamente de acuerdo, con tal que no sea el capricho ni el
buen gusto del arti ta 1 que determine la el cción, sino el hombre dotado
del don ublime de la inteligencia (nota bene: "intele encía• s deriva de
"intus legere" - leer en el interior) .
Hacemos nuestra la distinción sagaz de úopoldo Eulogio Palacios entre
"factibleº, que corresponde al arte, y "agible" que corre ponde a la prudencia.2 Desgraciadamente, en general los políticos no poseen sino el arte de la
política y no la prudencia política, que es una virtud. El arte y la ciencia
también pueden aloja.t
en el alma de malhechores y ladron . Lo que
val a propósito del historiador en g neral, también vale a fortiori a propósito del escritor de la historia contemporánea: éste puede tener un alma de
ladrón. He ahí por qué sucede tantas ve es que no en añamos con los que
escriben la historia de nuestros contemporán os y de los acontecimientos
qu no son familiar s y a quien s vivimos rodead de ellos.
Por esa razón, nada de sorprendente, que precisam nte los hombres teócribir obre la historia dan pruebas de un
genio raramente proPtico:

tropos cuando se disponen de

Hacia la mitad del siglo XIX, cerca de cien años antes de la muerte de
talin, Donoso Cortés, hombre t ótropo ''par excellence" escribió tás palabras proféticas: •
"Se puede temer todo de Rusia, tal vez no en cuanto lo inmediato, pero
in embargo, no es un país poderoso en Europa sino en la medida en que encuentra frente a sí una Alemania dividida. Si se viera frente a frente con una Confederación germánica unida y fuert , de inmediato la crlamo vacilante y retraída. . . Pero
v ndrá el día en que se encontrarán reunidas las tres condicion requeridas para una expan ión eslava. Estas tres condicione son: una revolución
que, despué de haber disgregado a las sociedades occidentale habrá des-

sí en cuanto a un futuro no mur lejano. . .

1 FuNc.E, Ana tole
Le Crim, d, Syluestr, Bonnard, ll, 4 (la.! itálicas son nue,tras).
• Cf. Eutomo PALActos, Lcopoldo, La Prudencia Polltico, 2 cd., 1adrid, 1946,

p. 83 •.
• Cf. CeAix Ruv, Jules, Donoso Cortls -Th,ologicn de l'Hittoir~ ,t p,ophJtt (Teólogo de la Historia y Profeta). Parls (ed. Bcauche5ne), 1956, pp. 167 ss. e Ivo Hollbuber, G,sehie/ile der Philosophie im Spanis,hen Kulturbcrtich, Munich/.Basilea (cdF.. Re.inhardt), 1967, pp. 100-105.

222

truido, vc.-ncido a u ejército permanentes; una extensión del ocialismo
que, despojando a todos los propi tario , habrá herido el patriotismo a su
raíz misma¡ finalmente la reunión de todos los pueblo eslavos en una inmensa confederación. Se pued pronosticar sin vacilación que ese día el
despotismo ruso instaurará un poder tirá1úco en toda Europa. Puede ser, en
e( ·to, que el de potismo, en Rusia, cambie de forma: p ro u e tructura
permanecerá idéntica, un solo hombre poseerá un poder colosal: n él se
expresará el Estado- íoloch, el Estado-Dios o más bi n el Estado-lucífero."

Más de un siglo después -las profecías d Donoso ort ~ habiendo . ido
verificadas c. i literalmente- los políticos vencedor s de la Segunda Guerra
Mundial, seducidos por una manipulación gigant ca de la opinión mundial
se hicieron los sordos humillándose ante el uperpoderoso del Kremel, salvo
quizás el ex-ministro francés Georges Bonnet que se manifest6 intérprete
imparcial de la historia contemporánea, no titubeante a dar cuenta de
la falsificación d lo hechos hi tórico d pués de la in-. i6n de Rusia por
Hitler:
opinión mundial cambió de rumbo f ácilmcote por lo discur s ele los
jefe de las aciones Unidas y su propaganda en favor de la U.R. '.S ....
Es el principio de una inmen a y trágica impo tura de la qu los Gobi rnos son más o meno conscientes y cómplic , y que falseará gravement y
arruinará su victoria y la esperanza de una larga paz. . . talin ahora
e]
buen pastor de una 'democracia popular' y e ta nomina ión servirá para
encubrir todo, para excusar todo: las torturas, las confesiones espontáneas,
las exaccione , lo camp s d trahajo, las purgas sangrientas, el terror, la
deportaciones, todos los crímenes de una insoportable tiranía. . . ¡ Todo eso
e nulo y tiene por no habido!" 4
u La

Y el mismo Chu.rcl1ill convino en so: 'La situación es peor que en 1939",
Georgts Bonnet confirmándole: "En el este, detrás de la cortina de hierro~
once naciones hao quedado totalmente esclavizadas bajo el yugo soviético ...
Desde 1945, los aliados habian pr•s n iaclo impasibles la ruina de sus e!fu rzos y de sus sacrificios, abandonando en roanos de 1 comunistas las.
tres cuartas partes de Europa y China'' ( ibíd., p. 435-436). Po dam marca
el fin de Europa en favor de la cual somos entrados n guerra! ( cf. ibíd.,
p. 389: "Potsdam marqu la fin de l'Europe que nous avions connue et pour
laquelle nous étions entrés en guerre.")
• CL Bo u, Georges, "Le Quai D'Orsay sous Trois R~publiqucs", Paris (Arthmi
Fayard), 1961, pp. 981-382.

223

�Todo ese fracaso de la Europa de antaño había pronosticado el pensador
genial y fil6sof o te6tropo que se llam6 Donoso Cortés!
Otra voz profética del siglo pasado a la que deseamos prestar una atención cuidadosa es la de Vladimir Solowjew, hombre igualmente teótropo
a más y mejor. En un comunicado escrito en 1899 nos reportó una Proclamaci6n del Anticristo que decía:
"Pueblos de la tierra ¡ las promesas están cumplidas! la paz universal está
asegurada por toda la eternidad. Toda tentativa por destruirla se enfrentará
inmediatamente a una oposición irresistible; en efecto, a partir de ahora,
ya no hay sobre la tierra sino un solo poder central. .. Este poder me pertenece ... El derecho internacional se ha apoderado finalmente de la sanción
que le había faltado hasta el presente. En adelante ninguna potencia tendrá
la audacia de decir 'guerra', una vez que yo habré dicho: 'paz'. Pueblos
de la tierra ¡ la paz sea con vosotros!" 6
Explicando ese pasaje J. Pieper comenta: "que después (pero también
desde entonces) que una dominación verdaderamente universal ha sido posible, el Anticristo es una posibilidad de hecho... Una organización mundial
podria traer consigo la más mortal y la más invencible de todas las tiranías,
la instauración definitiva del reino del Anticristo" (l. c. p. 149). Con todo
esto el Anticristo para quien el Estado mundial será un Estado totalitario
en el sentido extremo, serla un "bienhechor" y "tan sociable que se hablará
de él en todos los periódicos".
Osamos añadir de nuestra cosecha que los extremos se tocan: el Estado
único, totalitario y simplista del comunismo del Este y el Estado único, igualmente totalitario y simplista en la imaginación no menos utópica de la "frtmcmasoneT!a" del Oeste. Ambos suponen erróneamente que el sentido de la
historia sea idéntica a la "civilización pura y simple".
La Edad Media, precipitadamente enjuiciada como sombría y tenebrosa,
fue exuberante en su unidad espiritual y ofreció a la humanidad lo que
hay de más humano: el alma teotropista del hombre.
El mismo Leibniti, siendo un gran jurisconsulto, no tuvo empacho en
confesar: "existentia entis alicuius sapientissimi seu Dei est Juris fundamentum ultimum" (Meth. 76). La verdadera sociedad de las naciones es la
Sociedad de las Naciones con Dios.
• Cf.

224

PtEPER,

Las Grandes Naciones Europeas deberán retomar al camino de los ideales
trascendentes; solamente en ellos podrán encontrarse a si mismas. Se trata
de escoger entre el valor y el no-valor, cutre el Ser y la ada, entre el teotropismo y el nihilo-tropim10 que tienta a los individuos y a las naciones.
De esta elección dependerá la supcn ivencia o la decadencia de Europa. Una
reforma de Europa que lúciera abstracción de los valores trascendentes, terminaría de nuevo en un océano de sangre; con la pérdida de Dios, una tal
rdorma perdería tambitn a Europa.
En ese sentido el sumo Pontífice Jiian X X lll (en su arenga durante la
ceremonia que celebró el 11 de abril de 1963 en la capilla Si'.\."tina para los
miembros del cuerpo diplomático) deseaba "que una nueva energía venga
a animar a los gobernantes, que los ayude a creer en la presencia de Dios
en la historia y a aceptar su ley, hasta sus consecuencias lóaicas, hasta sus
aplicaciones concretas que ella comporta, y que sean llevados de esta suerte
a hacer todo, absolutamente todo, en espíritu de obediencia, a un deber que
los sobrepasa, que trasciende la vida de los individuos, y que, en este espíritu,
no desatiendan nada de lo que pueda favorecer el desarrollo de 1a person~dad humana y asegurar aquí abajo una vida en sociedad que tenga por
solidos fundamentos la verdad, la justicia y la libertad''.
En esta hora fatal decisiva de la historia europea nos sentimcs apretados
por dos elementos gigantesco, a saber, por el ascendiente aumentándose
siempre más y más del Estado-Mamut del Este incitado por el ánimo pre tidigitador del comunismo ateo por una parte, y por la Expedlency-Política
del otro Estado-Mamut de ultramar incitada por el ánimo mercantil, indiferente frente a los problemas de cada carácter trascendente, por otra parte.

¿Hacia dónde httir? ¿Hacia dónde meterse en seguridad?
o se olviden las imponderabilidades de todos los acontecimientos histórico . En I 656 -el año de la destitución del rey de Polonia, el segundo año
después de la abdicación de la reina de Suecia y el séptimo año después de
la ejecución del rey de Inglaterra-, Pascal presentó al preguntar: "¿ Quien
hubiera tenido amistad con el rey de Inglaterra, con el rey de Polonia y con
la reina de Suecia habría creído que pudiera falt-arle algún retiro o algún
asilo en el mundo?" ("Pensées", art. VI, no 35). Quizás no hallarnos en
el año 1976 -mutatis mutandis- frente a imponderabilidades análogas
de la historia contemporánea que -a pesar de todos nuestros esfuerzos de
ensimismarnos y empaparnos en todas las posibilidades de un porvenir probable- se asemejan muchísimo a las que inquietaron a los corazones de
nuestros antepasados, hace ya más de tres siglo .

Josef, "Ober das Ende der Zeit", Munich, 2• ed., 1953, p. 161.

225
HU.MANITAS-IS

�¿Qué resulta de todo esto?
Hace falta volver a transformar el espíritu mundial tan ampliamente "des· d " desde el ''siulo de las luces' que ha llegado a establecerse como
teoLogtza o
-:.
.
d
,
nos
clim
. ·tua1 de las organizaciones intemaaonales e nuestra epoca, y
ª_taespo'::aniiar de una manera o de otra, una especie de "Cruzada Tei.sta"
necesi
~o
,
• 6 ·
"al t
endenta1
· · de un "apostolado de la verdad" hist nea, SOCl Y rase
al serv1C10
d
t
l , .ca base
ara poder estar a medida de volver a dar al mun, o en ero a um
:ue pueda ser capaz de soportar los bamboleos gigantescos que amenazan
a la paz mundial por todas las partes.
tin 'an manifestándose
u
como otros tantos geniales interpretadores de la historia inculcan a ?osotros
-pobres titubeantes que somos al borde del abismo de un porverur .ten~broso- a no ol idar sobre nuestros quehaceres mullifacéticos la gran c1cnoa
de que estamos en las manos de Dios y que -eso no obstante- somos tan

IMPRONTAS FILO óFICAS EN LA LINGOlSTICA DE NOAM
CHOMSKY Y U CO CEPCióN DEL U O CREATIVO
DEL LENGUAJE

Los hombres te6tropos que se manifestaron y con

DRA. JunITH GARCÍA ÜAFARENA

Instituto de Investigaciones
Científicas de la
Universidad Nacional de Rosario,
República de Argentina.

tontos que no aprendemos nunca a entregamos completamente.
Salzburg, el día 25 de abril de 1976.
ACCfil&gt;ER A LA OBRA de Avram

oam Chomsky, abundante en número, densa
en el contenido, depara inesperadas sorpresas. Sabiéndolo ubicado en un
momento particularmente vital dentro del pensamiento lingüístico contemporáneo, acudimos a los temas más vinculados al propósito de nuestro estuwo,
expuestos en sw obras: Lingüística cartesiana, El lenguaje )' el entendimiento,
Aspectos de la teorw de la sintaxis y Ensayos lingüísticos, además de consultar
la mayor parte de sw publicaciones, con el fin de captar sus ideas características. La lectura de este material nos organizó espontáneamente las consideraciones que vertemos en el presente trabajo, repartiendo nuestro interés
entre la "competencia" filosófica de Chomsky (para utilizar de de ya su
vocabulario) y su concepción del "aspecto creativo del uso del lenguaje",
en cuyos ámbitos habremos de cumplir este ensayo.
En general, desde un comienzo se percibe en el autor un soslenido élan
universali.sta, que lo hace exceder del marco particulari.7.ado del lingüistalingüista -si se nos permite la reduplicación expresiva- queriendo significar
con ella sus incursiones en filosofía, filosofía del lenguaje, lógica, logi tica,
matemáticas y física contemporáneas y psicología, cuyas aportaciones abonan
normalmente sus oh.ras, marcándolas de modo significativo.
El material de observación y estudio im-entariado por Chom ky revela
su excepcional capacidad como investigador curioso y atento. Observando

227
226

�luego el c!csarrolto de dicha imestigaci6n, especialmente su orden selectivo,
nos animamos a anticipar que la t6nica general o!rece nitiJas característica~
ele eincrctismo. Chomsky mismo. con su declara&lt;la adhesión a la lingüística
cartesiana y a los principios de la L6gica y de la Gramátic.a de Port Royal,
manifiesta neta inclinación hacia el ángulo filosófico, dentro de la tarea lingüística. La sucinta Historia de la Filosoña, tal como es presentada en
Lingüística cartesiana, particularmente, basándose en Descartes y en sus
continuadores de primera y segunda importancia y los que para Chomsky
serían sus a veces involuntarios satélites, nos entrega un óptimo bagaje
para examinar la impronta que tales autores dejaron en él con.c;cientemente
y la que también se dio inadvertidamente, así como las que lo marcaron
por contraste y aun aquellas que, desde muy diversas canteras -filosóficas
o no-, se mantienen vivas dentro de su postura actual.

El entusiasmo de Chomsky por Descartes y los carte ianos y por la actitud
racionalista, es digna de un descubridor de continentes ignorados. No creemos que se haya comportado como un ingenuo, viéndolo todo a través de
un prisma cartesiano y racionalista. Puntualiza repetidamente que el interé
real mostrado por Descartes respecto del problema del lenguaje fue ínfimo
--como casi todos los racionalistas, e.x_cepto Leibnitz-1 y destaca los breves
párrafos que lo ilustran tanto en el Discurso del Método, como en Principios
de la Filosofía y en trechos de su correspondencia particular con diverso
contemporáneos, a raíz de las objeciones que aquel autor suscitara en su
época. Tampoco desconoce el hecho de que la huella del padre de la Filosofía Moderna en sus seguidores se tornara cada vez más débil, a medida
que fuera parcialmente reconsiderado por éstos )' que ciertas conclusiones
sean "discutibles y sujetas a interpretación ' . En este sentido, cabe recordar,
a prop6sito de Chomsky. las afirmaciones que Descartes formula respecto de
su propia concepción filosófica, tal cual se leen en el parágrafo 69 de la parte

Vl del Discurso del Método:
"Aunque muchas veces he explicado alguna de mis opiniones a personas de muy buen talento y que parecían entenderlas muy bien cuando
yo hablaba, cuando las han repetido he notado que las alteraban casi
siempre de tal rnaner~ que ya no podía reconocerlas como mías. Por
esta razón ruego a mis sucesores que no crean nunca en las cosas que
le digan que proceden de mí, cuando yo no las haya divulgado."
' A los empirist!l.!I F. Bacon, Locke y Hume e deben las más numerosas disquisiciones sobre el lenguaje, a partir de los idola, señalados poi' el primero de los nombrados y los plantcos especüicos de Sllli colegas ingleses.

228

A nuestro entender la polifacética personalidad de Chomsky no escapa
al encuentro de culturas antiquísimas, que dejaron en él reliquias decisivas,
producto de raíces ancestrales: de allí la \'ariedad de matices psicológicos
en la tonalidad de sus posiciones personales y cie::itíficas. En su obra creemos
advertir, además de los ,•estigios de la cultura de sus ancemros, fuerte dosis
de pragmatismo anglosajón, un behaviorismo no claramente admitido, embozada admiración por lo cibernético (aunque como su colega Bar Hillel,
rechace la traducción mecánica) y decidida preferencia por el common sense,
la logística, la matemática y el empirismo. Parece tener tangencial interés
por Platón -salvo cuando cree que puede avalar, a través del diálogo
" íenón' , su doctrina del innatismo lingili tico- r no se manifiesta favorable a Aristóteles, aunque lo cite en vruias "notas", ocasionalmente, lo que
es comprensible, ya que siendo éste rechazado por Descartes como ' obsoleto"
no habría resultado con!mlo buscarle como aliado.

Debemos declarar que nuestro primer contacto con las denominaciones:
"Estructura superfHal" y "Estructura pro!unda", insistentemente elaboradas
por Chomsky dentro de su teoría lingüística, asi como a raíz del entusiasmo por la importancia de la sintaxis para la gramática generativa transforma.ciona 1 y aun ciertas afirmacioz es suyas consignadas en varias obras) en
particular en El le•:~uaje y el entendimiento, donde se postula "un sistema
cognitivo y de creencias que ..e desarrolla en la primera infancia , opera
en concurrencia re íproca con otros factores, determinando tipos &lt;le comportamientos lingiiísLicos' ( lo que reitera en t'rminos semejantes en Aspectos
de la Ten ría dt la sintaxis) 2 y la elección de ciertas ritas, que: extrae de
Sch!egcl: " e podría comparar la razón humana con una materia infinitamente combustible: qur, sin embargo jamás se abrasa a sí misma" 3 no llevaron a p nsar en la influencia de su primera formación dentro del credo
familiari tradicionalmente aceptado junto al estudio de la lengua hebrea,
que realizó pom1'!norizadamente, hasta llevarla a ser el tema de su primera
tesis doctoral.

A nuestro entender, sincréticamente, junto

a

las .influencias ambientales

que proceden de Camap, Fodor, Postal y Harris, así como del Círculo de
Vienn, n general, muchos de los aspectos elaborados p0r Chom ky provendrían de su erudito conocimiento del hebreo, del cual oca ionalmente habla
en sus obras. Nos p nnitimo transcribir como elocuente para el caso, m1
fragmento de la obra La vic quotidieme des Hébreu-&lt; au temps de la Bible
' CnoMSKY

ª

SCHLEOEL,

., Aspectos de la teorla de la rintaxis.
De l'Etimolagie en glnhal, p. 127.

229

�debido a la extraordinaria pluma de André Chouraqui, de la Universidad
Hebrea de Jerusalén, donde dice:
"El hombre hebreo se define ante todo por su idioma, su pertenencia,
su cultura, su formación, su espiritualidad, tanto como su dinamismo
mental y sus aspiraciones... El hebreo es una lengua de flexión interna.
El fondo del lenguaje está compuesto por raíces verbales cuya conjugación permite evocar al sujeto, al objeto, la idea, la emoci6n o el
sentimiento a expresar ... El hebreo, se ha dicho, es una lengtia aristocrática que no entrega su secreto sino a los que lo conocen bien.
De hecho, su esqueleto consonántico no se anima ni se entrega sino a
la mirada del iniciado. El hebreo es la lengua del ritmo y del nombre. Las partículas invariables articulan el discurso. La sintaxis rudimentaria se funda sobre coordinadas. Es la lengua de la visi6n, hecha
para evocar las imágenes del movimiento, más que para el análisis sutil
de )as ideas. El pensamiento se impone al hombre hebreo gracias a una
dialéctica no discursiva.'' '
Insistiendo en nuestro criterio de ,·er en la "competencia filosófica" de
Chomsky un sincretismo no desmentido, hemos incorporado esta cita al inventario de nuestras pruebas.
Chomsky sabia, desde su presentación ante la opinión mundial, que lo
hacía como un estudioso de su época y de su país de origen, que con certeza
sorprendería a muchos de sus colegas anglosajones y en particular a los
decididos seguidores del behaviorismo dentro de la lingüística norteamericana.
El hecho de haber dado histórica, filosófica y "gramaticalmente" un salto
hacia atrás en el tiempa y en ámbitos de racionalismo, lo singulariza de
por sí. Él se atreve a redactar sus obras en primera persona --en lo que
coincide con Cartesio queriéndolo o no-, desafía al behavioris:mo y al conductismo inglés y americano y repristina en cambio los aspectos menos perdurables de un racionalismo proscripto entre sus colegas; desestima como
valiosa la Teoría de la información y recurre como fuente de inspiración
a la Gramática y a la Lógica de Port Royal como nadie en siglos lo había
hecho. ¿Qué ha-y que pensar de los pilares en los que se apoya la obra de
Chomsky, que, como se sabe, lleva su proyección hasta el ámbito poütico?
La respuesta que ofrecemos, a modo de interpretación, resulta ya un "ritornello'' dentro de nuestros estudios: "Cualquier lingüística refleja la antro• CaouRA~u1, André, La vie quolidieme des Hébreu;,c au 1emps de la Bible, Edit.

pología y la gnoseología de las cuales parten". Intentaremos pues observar
la linea chomskiana respecto de tales problemas, reteniend~ el sincretismo
que ya apuntamos, y anticipándolo como aporético y contradictorio en repetidas ocasiones.

•
?ºn referencia a su visión gnoseol6gica nos parece que el sincretismo es
evidente. Un solo denominador común podría hallarse a sus encontrados
~un~os de ~ta en ese ámbito: el nominalismo. No pensamos que el cartesiamsmo este exento de él: ciertamente es Descartes quien lo favorece al
aceptar la existencia de dos sustancias completas y distintas en el honibre
y la limitación metafísica de éste para captar distintos niveles de la realidad
por donde el lenguaje que nombra será totalmente convencional "por ins~
tituci6n".
. A Chomsky le seduce el conocuruento en "plenitud", que concibe exclusivamente al modo de "universalismo" racionalista, sin moverse nunca de la
disyuntiva racionalismo-empirismo -a la page en siglo XVII-, en donde
par~cen ha~rsel~ .concluido _las opciones. No alude jamás a ningún tipo de
rea~o ( ~nst~telico o medieval) ni toma en consideración el proceso abstract:lvo, ru atiende a otras formulaciones, en este orden que no sean las
sustentadas por el behaviorismo, el logicismo o el empirio-criticismo contemporáneo. Advierte en las ideas de Cartesio un antecedente del hombre
robot ~e nuestra época y su terminología está fuertemente marcada por el
mecarusmo, aun cuando se refiera con frecuencia a contextos "mentalistas''.

Diríamos que la lectura de los autores elegidos para apoyar sus asertos
está hecha con un criterio selectivamente apriorístico y en actitud voluntarista. Chomsky encuentra en ellos lo que está dispuesto a encontrar -aunque
esto le cueste una interpolación o incurra en evaluaciones históricas defectuosas-, en particular con referencia a la posición racionalista deductiva
de la Gramática General de Port Royal y la empirista inductiva de la Gramática General del periodo iluminista.
Creemos poco acertado su aprovechamiento de Leíbnitz en cuya "Monadología" pudo hallar puntos de coincidencia, así como u~a extraordinaria
~isión anticip~~ de lo que serían, contemporáneamente, la lógica matemática y la semiotica y el proyecto --detenido en esa etapa- acerca de una
l~ngua universal ( a la que puede entreverse en su teoría general de los
Signos, Ja "Characterística") que pragmáticamente sería el vehículo racional
para facilitar la comunicación entre los sabios. También para Leibnitz era

Hachette, 1971, p. 59.

230

231

�fundamental la preocupac1on por los problemas de la sintaxis Y de la se, t'ca por lo cual creemos que Chomsky podría haber logrado con él la
man 1 ,
.
· 1
·
· ' de su "racionalismo" , enriqucc-iéndolo
con
de especia
1ntegrac1on
·
.
. m:1t1ccs
,
.
valor. Senos ocurre que la razón de esta prescmdenc1a podna provenir_ del
hondo cuño metafísico del filósofo alemán, al que el americano no se anene.
Tal vez por esa misma causa al enfrentarse con el gran hurnai~st~. _qll'
Humboldt -"'ran maestro de lingüí tica general, además de lm~1 ta c.ximio--, Chom\y, cuyo modelo humano resulta tan esque~ático, h_aY~., c~ptado borrosamente sus idea , a partir de colocarlo en la linea de lingmsU&lt;:''\
cartesiana cuando aquel autor, en realidad, plantea el problema del le11gua3e
según la ~r pertiva del criticismo kantiano, contrario al innatismo y al ra-

fo:

cionalismo ustancialista de Descartes.
Dado que e) nivel sapiencial en el que se _mueve Choms~r.,es predominantemente matemático -y en eso es cartesrano-- con onns'.ºº const~;e
de cualquier relación metafísica, no es extraño que v~mos su ~terprrtac1on
del término "forma·• usado por Humboldt como un eJemplo mas del \ ·oluntarismo que hemo señalado ya como característica suya. HumholdL en
verdad. dc,·uelve a Ja noción de "forma" un valor que la Edad Mode~a
y la Contemporánea, en general han ido n_adifi':'1ndo. Ella correspondena,
para cada lcn"'ua, a un factor constante e mva1:1ab_l~ q~ sub~·a_c~ en ~ada
acto lingüístico particular: su noción completa signif1caria po~b1hdad siempre abierta, "fuerza» ( enérgeia) siempre presente en rl len~uaJe. Entre e tas
accpcion Chomsky busca una correspond nda a su ·ntnición pe1 nal Y
por ello conviene con la "forma'' humboldtiana, en cuanto ésta pu.:de apoyat
sus teorias de la competencia lingühtica, de l.;s ideas inn ~s y de b cr'.•atividad en el uso del lenguaje~ tanto orno la . irnilitud de la onc&lt;:p 1~n
linaüística relacionada con sus escritos de teoría social y política arompana
la 0 propia manera de prolongar . u cloctrina acerca del lengua je. Chom. ~y
no seguiría sin embargo, a Humboldt cuando é te afirma que el lenguaje
nos ~loca necesariamente en una relación determinada respecto del ser,
· o cu:m d. o ,r~clama:_ "Le
implicando una cierta comprensión ele su es~nc1a.
lane:age est la creation d'un monde ideal, m tout a fa1t mtenem, r- tout
u
extcricur, unisant subjecfüité et objec:tivité" .~ Por otra parte, cabe
recordar que mientras la "enérgeia" es actividad pura~ las ideas innatas

f;i;

necesitan "ser activadas".
Los apoyos, pues, invocados por Chomsk-y para impostar sus descubrimientos , reconocimientos o intuiciones -según optemos por llamarlas- son frau1

232

w.

vo. HulLBOLDT, We1k,, t.

vrr,

p. 115.

camente débiles. Ni los del propio artesio, ni de los seguidores, ni de los
iluministas ni de los románticos por él citados en Lingüfstica cartesiana,
emergen, suficientemente fundadas, las conclusiones que CA'traen de ellos ,
que, en general se nuclcan alrededor del innatismo y ]as con ecucncias que
de él hace derivar.
Como talento matemático que es, Chomsky no desconoce el valor indudable
de la homogeneidad, para tr::ibajar en ese ámbito, pero luego, extendiendo
-a nuestro entender indebidamente- la validez de tal criterio, inclush·c a
otros que lo exceden. como el humanístico, del que el lenguaje no está excluido, exige homogeneida 1 y mecanicismo donde no pueden ofrecérsele.
Hay un tra.fondo sincréti&lt;-amente nominalista matematizante, empirista en
lo que podemos considerar su postura gnoseol6gica, que impide -como él
mismo exige-- homogeneidJ.d en su criterio y en su terminología, abundando
en cambio en polisemia y ambivalencia.
Pro uramo hacer un im entario mhúmo de los términos que más fluidamente aparecen en sus obras, tales como: filósofo, filosofía. espiritu, alma
persona, u tancia, forma, inteligencia, mente raz6n, idea, verdadero. ca1ácter, estructura, universal, explicación, definición, abstracto, creador, espontaneidad, deducción , analogía, coherente tratando de comprcnd rlos contextuados, para estudiarlo ''desde dentro" -como repetía. Ortega y Gassety nos encontramos, como lo advirtiéramos en el punto de partida de e!!te
trabajo, con que un sincreú:;mo atomístico pre ide las respuesta halladas,
cribadas de aporías.
Con todo el respeto que nos merece el autor y su obra, diríamos que
predomina l acumula ión de influencias en d ·trimento de una doctrina de
equilibrada cohesión. A pesar de declararse enfáticamente anliclogmáciro. e
sobre basamento dogmático y apriorístico donde asegura u concepción. En
efecto, sin la aceptación, fáctica, del innatismo que po tula, con toda us
consecuencias: ideas unh·cr¡;alc~, competencia lingüística, ¿ qué queda de su
liugüí:;tica? 1 o a ombran su· universale.f materiales y su universales concretos, a i como lo que manifiesta acerca de dos términos que le son extremamente familiares: coheffncia y adecuación (a la situación), de los que
afirma on cara terísticas f undament.,le del uso lingüístico: "En qué consiste
la adecuación y la coherencia no lo podemos decir de manera clara y precisa,
pero no hay duda que son conceptos proporcionados por el significado".G
O cuando sostiene, interpretando el descriptivismo lingüístico moderno: "En
• CH011tsKY,

El lmguaje y itl entendimiento, pp. 27-28.

233

�ningún caso tenemos una hipótesis básica respecto a la naturaleza general
del lenguaje que sea suficientemente fuerte como para indicar por qué el
niño que está adquiriendo el lenguaje o los lingüistas que lo están describiendo, teniendo en cuenta los datos que poseen, escogen estas descripciones
y no otras" .1 O cuando señala que en la percepción utilizamos ideas "intelectuales" y acude al aval de Aristóteles al citarlo: "los conocimiento más
abstractos y más alejados de la materia son más acertados, inteligibles y
demostrables que los que se dirigen a las cosas materiales y concretas", en
el que suponemos cree encontrar apoyo al innatismo cartesiano, no obstante
discrepar con la concepción acerca de lo abstracto propuesta por el propio
Aristóteles. O cuando ofrece, dogmáticamente la siguiente declaración:
''Doy por supuesto en todo momento que el componente semántico
de una gramática generativa, como el componente fonológico, que es
puramente interpretativo. De lo que se sigue que toda la información
utilizada en la interpretación semántica debe ser presentada en el componente sintáctico de la gramática." 8

•
Si nos atenemos a las incursiones que Choms1.-y hace por áreas psicológicas
debemos tomar en consideración, en primer término, que para él la lingüística es una rama particular de la psicología del conocimiento. Luego vuelve
a la ambigüedad ya apuntada tanto al referirse a las ideas innatas, como al
innatismo en general -nunca claramente especificados-- y reconoce sin
vacilar la amplia gama de valores concedida por el propio Descartes al término idea, así como la dificultad en distinguir tales acepciones, para dudar
nuevamente ante el poder de la introspección en cuanto a su relación con
el conjunto de principios latentes para interpretar los datos de la percepción.9 A través de la vía psicológica. va delineando antropológicamente a
su hablante-oyente ideal, usuario normal de la lengua para el que piensa
una comunidad lingüística "completamente homogénea".
Si nos preguntamos cómo es el hombre chomskiano, nos encontramos en
verdad con un homúnculo de filiaci6n cartesiana, aunque más débil que el
original del filósofo francés. Por lo menos, aquél disponía de dos sustancias
completas -unidas a través de la glándula pineal- con exigencias respecLingüística cartesiana, p. 121.
• Cnovs&amp;v, Asp11ctos de la teoría de la sintaxis, Ed. Aguilar, 1970, p. 73-2.3.1.
• Csous&amp;Y, Lingülstica cartesiana, Ed. Gredas, 1960, p. 137.

' CHoHSKY,

234

tivas; se daba en él un yo psicológico y, en su conte&gt;..-to, el mundo exterior
tení~ algún. significado. Entendía la causalidad, el finalismo y sabía que la
o~po~e~~ y la. sabiduría de Dios lo garantizaban. Conocía sus pasiones,
sabia dirigirlas raaonalmente y también juzgar, analizar, reunir exhaustivamente los elementos simples en un todo, "sabiéndolos" por intuición, uno
por uno.
El de Cbomsky apenas si ofrece su fisonomía a través del lenguaje. Al
pensarlo "mentalísticamente" como una razón capaz de "generar infinitamente", lo muestra fundado en ideas innatas, dotado de un saber lingilistiro
tácito que garantiza una "espontánea competencia" lingüística, idóneo para
superar cualquier tipo de aprendizaje. La inteligencia se desdibuja el mundo
exterior desaparece casi por completo, no obstante ser apto, este menguado
oyente-hablante ideal, usuario de la lengua, para dar respuestas "adecuadas
Y coherentes' anuncia el autor, a "situaciones inéditas". Voluntad v sentimiento no se toman en consideración. La libertad parecería asom~ en el
momento de las "opciones creadoras" del lenguaje diario que nos preparamo~ a comprobar. Luego sabemos que Chomsky marcha hacia el aspecto
soaal del hombre, a través de la fase política (como se advierte en los escritos
de a índole) cuando dice a R. Blackburn, en una entrevista en la que se
habló de Lingüfstica y política:
"Mi opinión personal es que la 'capacidad humana' fundamental es
la rapacidad y la necesidad de autoexpresi6n creadora, de libre control
de la propia vida y del propio pensamiento. Una aplicación funda;11ental de esta capacidad es el uso creativo del lengua je como libre
mstrumento de pensamiento y de expresión." 10
Eso es lo que promete. Veremos a continuación a qué quedan reducidas
~a "capacidad ~~ana", la "autoe.xpresi6n creadora" y el libre control aquí
invocados. Anuapemos que asigna a la gramática generativo transformacional el deber de explicar de qué manera el hablante-oyente comprende las
frases Y mensajes de su lengua, como si ella pudiera llegar hasta los procesos
de formación y a las estructuras subyacentes del fondo de los mismos con
lo cual explicaría en parte al individuo mismo, }' aun su proyección ~ocial
y política. Así llega a decir:

,. CHoxs&amp;v, A.meru:an Power and the New Mandarins, the Responsability of Jnleller;tuals;
R., Entrevista a . Chomsky' Lingu""ístira
., p olít",ca,. r&lt;..
"Pal .B1.Acuu11.N,
.
~ .,
vn.OMSKY,
estilla: u ~ da) vic.olo cieco" en
Ponte, n• 7, 1970, pp. 817-832.

n

235

�" ...Pero a propósito de la lingüística, existe un nexo entre una ciei·t..1.
manera de ..,er us problemai. ,· lo problemas de la sociedad en general un nexo que yo caracterizaría así: la lingüística es e encialmeate
parte' de la psicología teorética; los progre os en su estudio deberían
Pennitir extraer, de la profundización d la naturaleza humana, con11
. de la natmaleza d e 1a soc1ct
. l ad.,
clusione pertinentes al estudio
.
A nuestro entender, Chomsky magnifica el valor de la lingüística, al convertirla cas.i en panacea univer~al del individuo y de los grupos políticos }
sociales. Así como hallamos incompleto al hombre que él concibe, por las
razones ya anotada , podríamos decir que son tmnbién deficientes las otrns
dos dimensiones. Si al individuo le falta contacto real con el mundo exterior
y él mismo está parcialmente C'oncebido. a los grupos sociales y políticos,
constituido por tales sujetos no podrá hallárscles ·'plenitud de naturaleza
humana'' ni -como de hecho surgiría de un estudio más afinado de estas
'
.
. , .
áreas cuyo desarrollo e."cede el ámbito de nuestro trabajo- enfoque lustonco
social libre de apriorismo voluntarista, a causa de un racionalismo matcmatizante subyacente en los fundamento últimos.

•
Atendamos ahora a la teoría del uso creati\'O del lenguaje, uno d1• sus
Ieit-motiv más insistentemente utilizados en toda la obra, en general.
La teoría generativa transformacional prnpuesta por Chom ky, basándose
en el innatismo cartesiano, desprende de él una competencia lingüística para
el hablante-oyente nativo, que permite a éste saber, por e a ia, mucho
más de lo que habría podido em;eñársele, por lo que, según el autor, se cla
una 'asimetría"' desmesurada entre lo "sabido espontáneamente" y lo proveniente de algún aprendizaje. Chomsky IllillllO hace clara referencia a la
tesis del ''Menón", en la que el autor del diáloO'o "demuestra" la ''comp:tencia" innata acerca de la geometrfa de un esclavo que jamás la hab1a
estudiado.
Basándo e en este innatismo, el cometido de la gramática generativa será
el de explicar el aspecto más ob,·io del uso lingüístico: su ilimítaci6n. Este
término significa en los contextos de Chomsky, la falta de límítes, tanto
,i

Citado en "Dialéctica e atienazio11e nel linguaggio"; coloquio de E. Golino con

en el número y originalidad semántica, 12 como en la extensión de las frases
que son gramaticales en m1a lengua. De allí infiere que sea válido afirma1
el uso del lenguaje como creativo.
Como se advierte, la concepción del acto creador aquí aJudida no corresponde a la significación que ordinariamente se le reconoce como propia.
Tal vez ayude a entender la intencionalidad con que el autor lo emplea:
cuando dice que ' la longi.tud de las frases que pueden ser fom1uladas conforme a la gramática de una lengua es arbitraria: dada cierta lengua, es
impo ible establecer cuál es la frase más larga de esa lengua".13 No es necesario llamar la atención, una vez más, hacia su insistencia en la nota matemat.izante. Podríamos haberla adelantado al escrutar el tlrmino ge11eraI
con que caracteriza su gramática generati\'o-transformacional. Concordamos
con R. B. Lees y con S. K. aujman en que el concepto de generación
adoptado por Chomsky es el matemático, equivalente a enumeración, a
selección obtenida mediante una regla determinada. Lees puntualiza:
". . . podemos afirmar que la función definida sobre el con junto de
los números naturales y=2x, genera el conjunto de los números pares.
Observamos con todo, que no es licito afirmar que 1a función produce
estos números. Es más, es imposible sostener con convicción que una
afirmación de este tipo tenga sentido ... Es importante subrayar que
la gramática no produce en absoluto las proposiciones que genera." ª
Una de las declaraciones más reiteradas de homsky es aquella de que 'el
hablante-oyente es capaz de producir un número infinito de frases, partir
del conjunto finito del que, innatamente, dispone". Si tal aseveración no
trata!'a de entenderse desde un contexto matemático, donde el infinito potencial es válido, nos encontraríamos ante un aserto aporético, como hemos
insinuado en párrafos anteriores. Si lo que logra el hablante-oyente es simplemente variar la composición de la frases que utiliza y sumarle elementos,
creemos que . u trabajo merecerla la calificación de "creación menor", ya
que carece del élan renovador e imprevisible de una creación auténticamente
humana. En la Antropología chomskiana el sujeto no es libre para responder
"personalmente' ( el término por su connotación metafísica, no coincide con
12 Cf. la significaci6n acordada por el autor al término en Asp"tos de la teoría
de la sintaxis )' de la semántica, pp. 140 y sigs.
"' Cf. CaoMsKY, "La natura fonnale del linguaggio". en LENEMBERG, E. H., Fon-

damdntt: biología dd linguagio, Turln/71, p. 448.
l&lt;- Cit. por SAUJVA , L. K., en Li11güística dintfmica, B;:1ri, 1970, p. 32.

F. Rossi, Landi, p. 113.

237

1

•

�su "estilo") en el hecho de producir frases, que usa y entiende, gracias a la
innata competencia lingüística. La producción se basa, pues, en el conocimiento tácito de un sistema de reglas (no generadas por el hablante) que
se considera interiorizado por el usuario, Chomsky se fija en el uso lingüístico
individual como producción, como "capacidad creativa" y con su gramática
generativa pretende una "formulación de los procesos creativos" del lenguaje
al que caracteriza como innovador, potencialmente infinito, coherente y adecuado. Pero lo que normalmente constituye la inalienable subjetividad del
artista Cf'eador de su lenguaje, se convierte aquí en un empleo no activo
de leyes que comprenden a todos los hablantes-oyentes, a las que · stos no
pueden controlar. El margen de creatividad, dijimos, resulta ser un re iduo
de variación en la forma de las frases o en el apartarse de las normas lingüísticas: nunca en una deliberada elección.
El hablante es un usuario de la lengua nos repite constantemente Chomsky.
Pareciera que este hablante-oyente quedara encerrado, "sin puertas ni ventanas", como las mónadas de Leibnitz, autosuficiente, pero sin verdadero
intercambfo con el mundo exterior. Chomsky, basándose en Descartes, había
preparado nuestras expectativas para descubrir a un hombre cuyo modo de
expresión -diferente a la de los brutos- se acomodaría a situaciones nuevas,
resolviéndolas originalmente, con adecuación singular y coherencia. Como
quedó dicho ya, en el momento de cumplir su promesa nos sorprende declarándose incapaz de explicar lo que entiende por adecuación y coherencia.
La "espontaneidad" prometida acerca de las respuestas del sujeto individual,
resulta traducida en una pasiva mecanizaci6n del inventario innato que
fácticamente nos propone como tal, sin que diga nunca cómo se comporta
el hablante o cómo se dan las frases en lo que Chomsky llama "estructura
superficial". Aún comprobamos, entre otras expectativas a las que el autor
nos somete, presentándonos una gramática generativo-explicativa, que ésta
sólo fija el principio de generación (aunque en verdad nada genere), pero
luego se comprueba que tampoco explica, sino que se mantiene a nivel descriptivo, como las gramáticas taxonómicas, detenida, precisam nte, por los
supuestos de los invocados universales lingüísticos y en los principios innatos
básicos de la gramática de cada lengua.
Las pretensiones de fecundidad de Jas reglas generativas, al intentar por
sí mismas llegar a los detalles mínimos del repertorio de la lengua, son irrealizables. Estamos ante un sistema te6rico, básicamente estático. La acción
lingüística es entendida como una realización parcial más o menos imperfecta
de aquel saber autónomo, de índole fonnal, a partir de un a priori "cerrado"

238

desde un comienzo. Es en estas limitaciones formales apriorísticas donde se
suscitan perplejidades acerca del grado de arbitrariedad que manifiestan.
Chomsky infravalora el alcance de la analogía en orden a lo que Ua.mariamos "creación plena'' --dentro de los límites humanos-- al reducirla a
una simple semejanza de términos, a una forma metafórica con alcance
sustitutivos y que se evocara por simple asociación, omitiendo la dimensión
metafísica de la misma, en donde radica su verdadera fecundidad. La reiterada veta mecanicista se mantiene presente cuando apunta que la propiedad fundamental de una lengua es su capacidad de usar sus mecanismos,
limitadamente especificables, frente a un conjunto ilimitado e imposible depredecir en cuanto a contingencias. i realmente él aceptara las contingencias -no siendo éstas predecibles-, l hablante-oyente se adaptaría a la
novedad de cada situaci6n y en ello consistiría la creación original de lt
respuesta, en tanto que, para Chomsky, las "contingencias'' caben innatamente en un repertorio finito con el que se lograrían "infinitas" combinaciones, libres del control de los estímulos,15 que no tienen como funci6n
principal la informativa -exceden, pues, el ámbito de la Teoría de la información- gracias a la espontaneidad inteligente. Sería extremamente útil
y esclarecedor que él indicara qué entiende por inteligencia, pues de lo
contextos en que usa el término sólo induce a concluir que aluda a una
me11te racionalísticamente concebida, por lo tanto, según su acepción de la
misma, "con diversidad ilimitada de pensamientos y acciones libres".
Si mantenemos, para explicarnos su pensamiento, la tesis de que Chomsky

se mueve dentro de una actitud matematizante, como lo hemos declarado,.
al referirnos a la connotación del término generativa aplicado a su gramática, la interpretación se hace comprensible, dentro del ámbito en el cual:
él la mantiene.

El principio de "espontaneidad inteligente" subrayado como base de la
vida mental humana -que en verdad se traduce
pensamientos e ideas" dentro de cierto "repertorio
concepción romántica que él busca como aliada,
de esta escuela citado en us obras, particularmente
éstos la concepción individualista del "genio", tal

en una "combinaci6n definito"- está lejos de la
a través de los Iil6sofos
a Schlegel -ya que para
vez heredada del Rena-

u Cnousx.v, El ltnguaj, )' ti tnt,ndimi,nto, Ed. Seix BarraJ, 1971. En p. 144.
por primera vez anuncia el estudio de la naturaleu real de los estímulos y de la
interacción entre el organismo y su medio, que "pone en mooimiento los mecanismos
cognoscitivos innatos".

�cimiento--, no compagina con las ideas innatas

111

con el racionalismo car-

tesiano.

creativo del uso lingüístico. Sus logros son autoestimados por Chomsky en
el siguiente pasaje de El lenguaje y el entendimiento:

Cbornsky nos promete una fuerza creadora del lenguaje que luego no se
cumple, dentro de los lineamientos de su concepción gramatical, a pesar de
la relación directa que cree obser\'ar entre la " 'tructura profunda" del
lenguaje y la facultad creadora del uso ,del mismo. Debemos conformamos,
pues, con lo que nos dice del aspecto creativo del pensamiento humano -que
supone innato en el hablante nativo- así como su competencia lingüística,
propios de la inteligencia normal: "El entcndinúl'nto con su sistema fijo
de pri11cipios generativos que caracterizan y asocian la estructura uperficial
a la profunda de un modo definido", 1 contando con el auxilio de la gramática generativa: " ... debe existir, en otras palabra, una gramática que
se usa al mismo tiempo que se produce o interpreta el discurso. Esa ramática representa la oculta competencia lingüística a que antes me he referido".17
Chomsky resuelve, pues, la creatividad mediante el u o pasivo de códi os
innatos, universale , de los que el hablante no posee control y cuyo sentido
desconoce no pudiendo, por con iguienle. explicarlos. Este hablante puede
formular e interpretar frases porque hay reglas universales y pa.iticulares
que las "manipulan'' e interpretan. Al tomar en cuenta la producción lingüística individual -a nivel saussuriano coa·e pond ría a la paro/e- llama
creativo a este uso agregando que el conocimit:nto (a verificar en el aprendizaje lin üístico) es el de las reglas de tal uso, qu e tácito y no se halla
inmediatamente a disposici6n del hablante-oyente .

"De todos modos, en varios aspectos, no estamos más cerca que antes
de poder dar una solución verdadera a los problemas clásicos. Por
ejemplo, las cuestiones relativas al aspecto creador del lenguaje, siguen
siendo tan inaccesibles como siempre." u

•
De todo lo dicho, tras haber intentado seguir prolijamente a Chomsky,
quedarían al descubierto las ba es y orientación de su concepción gnoseológica y de su ve1 ·ión del hombre. E natural que ellas detenninen la caracterización de su oora lingüística. Creemos advertir, como nota particular,
que el autor prefiere dedicar e a ilu trar lo que dice sin manifestar idéntica
preocupación por justificarlo racionalmente. Por otra parte, se percibe que,
tras ec·presiones aparentemente simple , e e\idencian grandes vados conceptuales, colocándolo en ocasiones, en los linderos de lo arbitrario.
Quedarían por evaluar los re ultado de su agudo interés por el aspecto
u CHOMSJCY,

El lenguaje y el enttndimienlo, p. 36.

" CaowsKY, Id., p. 37.

240

u

ÜHOMSKY1

El lenguaje y en entendimiento, ob. cit., p. 157.

241
HUMANITAS-16

�</text>
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