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                  <text>able to ihcorporate . them to bis own art. Such is the case thirt I intend to
an¡¡,lyze in the following chaptérs.
I would like to point out the fact that Dr. Mcluha,n., like any other
intellectual, was able to detect the shift in pattems of perception a fully as
the painters and the writers did at the beginnig of this century. By making
us aware of such event, he has made it possiblc for me to set a common
basis from which an interrelation between a novel by Faulkner and a movement in painting is relevant and justificd. As I have previously pointed
out in this chapter, this pattem of analysis obeys the same pattem of perception that electric technology has manifested everywhere else. My purpose
in this chapter was merely to explain sorne basic concepts as stated by Dr.
Marshall Mcluhan in his book Unterstandig Media so that the following
material would be as interrelated as possible by them as in any organio
whole. I have not intended to exhaust the po~ibilities of explanation of
the theories in that book. I just focoused on some that will be recurrent
in the following chapters.

Sección Tercera

HISTORIA

�NOTAS Y COMENTARIOS A LA "RELACIÓN" DE LAS PERSONAS
NOMBRADAS POR LUIS DE CARVAJAL Y DE LA CUEVA PARA
LLEVAR AL DESCUBRIMIENTO, PACIFICACIÓN Y POBLACIÓN
DEL NUEVO REINO DE LEóN. 1580

EttGENIO DEL

Hovo

Imtituto Tccnol6gico y de Estudios
Superiores de Monterrey.

EL DÍA 2 DE JUNIO de 1580 salió de Sanlúcar de Barrameda, en la desembocadura del Guadalquivir, una pequeña nao, llamada la Santa Catalina,
fletada por Luis de Catvajal y de la Cueva para traer a tierras de la Nueva
España "cien hombres, los sesenta de ellos labradores casados, con sus mujeres e hijos, y los demás, soldados y oficiales (artesanos), para el descubrimiento, pacificación y población de las provincias que han de ser intituladas el Nuevo Reino de León, que es en aquella tierra; sobre que habemos
mandado tomar con él asiento y capitulación, sin pedir a ninguno de todos
ellos información alguna: que por la presente (Real Cédula del Rey Don
Felipe II, fechada en Toledo a 14 de junio de 1579) encargamos al dicho
capitán Luis de Carvajal, tenga mucho cuidado de que sean personas Jímpias, y no de los prohividos a pasar a aqueUas partes, y principalmente, que
ningún casado deje a su mujer en estos Reinos ... ". Cuatro días antes, el
domingo 29 de mayo, día de la Santísima Trinidad, por la tarde, se habían
embarcado "en el río de Sevilla", en aquellos abigarrados, bulliciosos y
populosos muelles, a orillas del Guadalquivir, única puerta autorizada para
salir rµmbo a las Indias. La Santa Catalin,a navegó río abajo, hasta la peligrosa barra de Sanlú&lt;;&lt;;lr, donde la pequeña nao echó anclas en espera de
Carvajal que se había quedado en Sevilla ultimando los arreglos.
Así se iniciaba aquel largo, peligroso y penosísimo viaje, a través del
Atlántico, de un nutrido grupo de sefarditas, de la "Raya de Portugal", que
sallan en busca de "la tierra prometida", bajo el amparo del flamante go-

251

�i Cuánto
bemador de un son-ac1 o u O Reino de León. 1Cuántas penalidades!
•
les
uf . 'entol Cuán infinita incomodidad! i Cuántos peligros y temores 5
• 'el mar! Las condiciones de vida a bordo de aquellos pequ no
espera : ; : la Santa Catalina, son inconcebible para nosotros; ~r mucha
barcos,
.
. '6n es imposible que alcancemos a medir todo el
e sea nuestra unagmaci
,
11
•·
qu
. .
· d o, e¡ hastío' Ja incomodidad de aque
viaJes.
horror
el sufruruento,
e1 nue
d Ios T
B sque,mos testimonios de quienes los sufrieron: Fray Tomás e
orred
f u ·1 d minico del convento de San Este ban d e Salama nea, companero e
\a~olomé de la Casas én su viaje a Chiapas en 1544, cuenta con
d yU
deza y arte de ingenio los pormenores de aquel!~ spantosa
eta Y agu
u
·
ar amos para
, . antes de embarcar en Sevilla dice: . .. y as1 nos ªP. .1
.
travesia.
.
,,
Jí
ros
sufrumentos
e
inembarcarnos como para monr... ; y enumera pe g ,
ha
u

~

ª-

¿:1

od 'dades. ' Primeramente el navío es una cárcel muy estrec

y m y
·Hos y cadenas y tan

:.."'\\:'.: ~:-:,.oa:~c.::•1:~~~~gu:,!;. :os ~treu~
com

1

•

ll

•

trata y

a todos. Es grande la estrechura y ahogamiento y calor; a cama es _e
lo
,
e te algunos llevan algunos colchoncillos; nosotros (los frailes)
~~n,
.
dl
~perro y ~
bres pequeños y duros, llenos e ana
,
llevabamos muy po
'
b
Ha más en el navío mucho
tas de lana d cabra, en extremo po res.
,
man_
ma1 di
. 'ón que (las gen ) van como fuera de s1 y muy
ónuto y
a
postci
.
H
ganas
esabrido unos más tiempo que otros, y algunos siempre. ay ~
dd
, "-óstrans mal las cosas dulces; la sed que se padece es mcrefü1e.
e comer y "'"
beb'd
ediq
.
l omida bizcocho y cosas saladas. La
i a e m
acrec1éntala ser a d dí vino lo bebe quien lo lleva. Hay infinitos piojos
azumbre de agua ca ª a,
1 rta

que comen a los hombres vi os y la ropa no e pu~de e~a:::~qudeeb:j:o de
(a la lejía) el agua de la mar. ~y mald olord
bomba y anda más
cubierta· intolerable en todo 1 navio cuan
an ª
'
d
'
, el navío va. bueno o malo. En I que menos an a
o m;:o; :::• ::~al día, aquella (la bomba) e para ha!' f~era el a a
cua
.,
hedionda. f.stos y otros trabaJos son mu
que entra en el n~vio, es :u~ ha de hacer sentados o echados, o algún
comun en el nav10. . . Tod
1
·o
no di tar
. sob re todo
traer iempre la mu rte a o OJ s y E b ve
poco en pie·
lla á ,
el grueso d e una ta bla pegada a otra con pez ... n r
de e m s que
allí la habitación de lo hombres y
nos dio la mar a entender que no era
d .
.
hospital
d
, os almareados como muertos. . . no se pue
imagmar
to os c~im
más cmidos que aquél: unos iban debajo de cubierta omás
., dsucio .Y osd otro gasán dose a1 so1 bre cubierta, echados por lo ,,suelo '
cien o e VI '
•
ha
labras con que xplicar. . . .
pisados y hollados y suco ' que no
y pa
'be. ,,
y traía•
, de ha ber pasad O unos días en la isla de la Gomera, escn . . ..
pues

°

ia

mos cogido tanto miedo a aquel navío, que pensábamos ser liomiciw de

nosotros mismos si aJli nos metíamos".
Otro viajero, Eugenio de Salazar, que venía como oidor a Santo Domingo,

en 1573, nos entrega un vivo y donoso relato de la vida a bordo de aquellas
pequeñas y peligrosas nav : él y su familia, como pasajeros distinguidos, fueron alojados en un minúsculo cubil: mucho de aquellos camarotes carecían
de luz y ntilación y sólo se entraba a ellos descolgándose a través de reducidas escotillas abiertas en la tolda; pero la mayoría de los pasajeros vivían sobre
la cubierta o SQbre las toldillas, cuando no asfixiándose y cociéndose en la bodega. Cubierta tolda y toldilla, estaban llenas de cables, jarcias, calabrotes y
cordeles, haciendo que la gente se sintiese "como pollos )' capon que se llevan al mercado en jaulas de mi1nbre". Cuenta el oidor Salazar c6mo él y su
familia permanecieron desamparados en aquel estrecho y maloliente camarote, presas del mareo, sin fu rzas para tomar alimento, atormentados por la
sed, tan débiles que no podían ni siquiera d svertirse ni attxilia.rse los unos a
los otros, rodeados de toda clase de inmundicias y de bichos que no alcanzaban
a exterminar o espantar. Aquel mareo, con altibajos, siguió haciendo presa
de ellos durante los cuarenta días que duró el viaje. El licenciado Salazar
nos habla de la desesperante lentitud con que se de !izaban los días llenos
de hastío y de fastidio; del desgano en e) comer y de cómo, para beber su insuficiente raci6n de agua corrompida y nauseabunda, tenían que cerrar Jos ojos
y prescindir del gusto y del olfato. os habla de la indigna, procaz y espantosa promiscuidad, en la que hombres y mujeres, de todas las edades y con.
diciones, vivían; rodeados de una suciedad indescriptible, sin tener ni siquiera un momento de soledad para satisfacer sus más íntimas necesidades.
os habla del pesado silencio de las noches de mar en calma, s6lo turbado
por ronquidos o monótonas oraciones murmuradas, o por el chirriar del .tnaderamen. Del insomnio, que los diminutos y num ro ísi.mos tripulantes del na.
vío, hada más hon-oroso e insoportable: ratas, chinches, piojos, pulgas, cucarachas, hacían de las noches algo más que un purgatorio: "¡Ay... que me
pica! ¡ay ... que me araña! con sus patitas Ja cucaracha", solían cantar los
grumetes y marineros. De día no se podía caminar obre la cubierta común•
mente impregnada de resina o bañada por la fétida agua de las bombas, sin
gran peligro de caer, amé.et de los estorbos de la jarcia y la cordelería. e
entiende el vj jo adagio: "La tierra para el hombre y la mar para los
pee ".

La primera luz del amanecer, muchas veces esperada con ansia, después
de una espantosa noche de insomnio, era acogida con una salmodia y varias
oraciones cantadas a gritos por el grumete; oraciones y salmodia que se

252
253

�repetían a lo largo d 1 día, como un estribillo que acompasaba los trabajos
rutinarios de la tripulaci6n. El día transcurría largo pesado, interminable y
monótono para lo infelices pasajeros adormilados o atacados del mareo, hacinados en grupos promiscuos, tratando de distraerse en interminables conversaciones, preñadas de no talgia, de morriña, de saudade, de añoranzas, en las
que las sencillas anécdota familia
se repetían tanto y tanto, que llegaban
a ser tediosas y se diluían en un pesado silencio; o on los no menos interminables y tediosos juegos d naipes o de dado . Las comidas fiambres o mal
guisadas en los hornillos de cubierta, la ración de agua, y otra vez la noche
con sus horribles horas de incómodo sueño en la caldeada bodega o a la
luz de las estrellas, sobre el duro suelo de la cubierta o las toldillas.
Y aquella habitual incomodidad de la nave llegaba a su apogeo en las
terribles jornadas de temporal o d mar ruesa; en que se pasaban los días
presa del mareo y del miedo de que el barco se desencuadernase o se hundiese tragado por el mar; sin poder, tan siquiera ponerse de pie o caminar;
sin poder tomar una comida caliente ni dormir un minuto en un barco
barrido por las olas, en el que no debía de quedar ni un sólo rincón
o.
En los días de mar tranquila o en la temida "calma chicha" que alargaba
el viaje, tal ez había ánimos para cantar acompañándose de la vihuela, de
la guitarra o el salterio, los viejos romances o las canciones de amigo. Tal ez
algunos nadasen n tomo al navío o se divirtiesen pescando. Tal vez, limpiando y despejando la cubierta,
bailaran fandangos o fado , jotas o muñeiras; se pelearían los gallos d la despensa o se harian ingenuas parodias de
toreo, pero, muy pocas y eventuales han de haber ido aquellas diversiones
en las travesías trasatlánticas.
El viaje de la nao Santa Cataliña, n la que vinieron las entes d Carvajal,
no pudo haber sido una excepción: al contrario, por venir abarrotada de pasajeros, tal vez doscientos o más entr marinero hombres mujeres y niños,
siendo una nao tan pequeña, la promiscuidad y las incomodidades han de
haber llegado a limites intol rabl · no es extraño que todos desembarcasen
enfermos en la co ta de Pánuco.
Pero dejemos esto y pasemos a hacer el anális' y la crítica de la "relación'.
La Dirección General de Inv tigaciones Humanísticas de la Universidad
Autónoma de uevo León, inició la publicación de sus ACT S, en su rie:
Documentos, con la ''Relación de las personas nombradas por Luis de
aja! y de la ueva para llevar al descubrimiento, pacificación y población
del ue\'o Reino de León ( 1580) ", cuidadosamente paleograíiada por el

254

ilustre historiador regiomontano Israel Cavazoe Garza. El importantísimo
documento
. .
. se encuentra en el Archivo General de Indias de Sevilla, con la
51 gwente signatura: Contratación, número 5538, fols. 473-478, y fue localizado ~r el Dr. Peter Boyd Bowman, quien obsequió una copia facsimilar a
la OC1edad uevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística
• d d
ual se hizo la publicación.
' partien
e la

°

. La ."Relación" es, sin duda alguna, el docum oto más importante para la
~~ona del noreste de México en el siglo XVI que se ha descubierto en las
últimas décadas ( en 1951 se encontró el "Documento del Parral,.} .
eso que creímo pertin nte escribir estas " otas y comentari09''. ' y
por
En nuestra His~oria del Nuevo Reino de León (1577-1723). Monterrey,
1972. 2 vols., dedicamos el capítulo IV del primer volumen a estudiar "L
gent~ de Carv~jal"; y el apartado "e•• trata de )os pasajeros de la nao San:
~atalina. En dicho apartado, con base en muy variada documentación, princi~al.mente los procesos inquisitoriales de la familia Carvajal y sus allegados
asi como los protocolos notariales de la ciudad de Sevilla intentamos fo
,
1
la n6mina de Jas personas qu se habían embarcado con Carvajal com:;:.
turos pobladores del uevo Reino de León y logramos localizar un número
muy cercano a la centena. En otras palabras: quisimos, a base de datos dispersos, reconstruir el documento que ahora comentamos.
Creemos. que. del cotejo de las dos nóminas: la de la "Relación" con ¡a d e
nuestra Historia, pueden resultar cosas muy interesantes.

�•
22. María Esteban

NóMINA DE LA '1RELACI0N"
Almadén de los Azogues
Ciudad Rodrigo

l. Andrés del Águila
Esposo de Francisca Núñez Viciosa

N tra. Sra. de Erandio

2. Antonio de Alcega
3. Pedro Alonso Enrlquez

Fuente el Maestre

Zafra

Esposo de Ana de Porras

Llergueñas
Toro
Barco de Avila

4. Gonzalo de Aronte
5. Gabriel .Ballesteros (herrero)
6. Bemarclino de Bardales
Esposo de Isabel Rodríguez
Hijos; Remando, Francisco,

y María

7. María de la Barrera
Esposa de Andrés de Herrera
8. Elvira Beltrán
Esposa de Andrés Velasco
9. Juan Beltrán
Esposo de Francisca Hemández
Hijos: Lope y Bartolomé

Olivares de Duero
Medina del Campo
San
San
San
San

Juan
Juan
Juan
Juan

del
del
del
del

Puerto
Puerto
Puerto
Puerto

E~~so de Francisca de Guzmán
HiJos: María, Martín y Andrés
28. OJalla García
Esposa de Bartolomé Martín
29. Roque Gil
30. Mariana Gómez
Esposa de Melchor de Serdeño
31 - Martín Gómez
32. Mateo Gómez
E~so de Jerónima López
HiJos: Antonio
Luis González
Esposo de Ana Rodríguez
.Pedro González de Paredes
Francisco Gutiérrez
Gabriel Gutiérrez

10. Pedro Beltrán de Guevara
11. Baltasar Carrillo (tachado)

Vitoria
Villa de Villel

33.

12. Pedro de Carrión

Palencia

34.

Burgos
Benavente

35.
36.
37. Francisca de Guzmán

Esposo de Juliana de Hermosilla

13. Francisca (Núñez) de Carvajal
14.
15.
16.
17.

Esposa de Francisco Rodríguez de Matos

Benavente

Luis Carvajal y de la Cueva
Lujs (Rodríguez) de Carvajal

Benavente
Benavente
Alcántara

Alonso Copete
Catalina Díaz
Esposa de Pedro Rodríguez

18. Juan Díaz
Esposo de Catalina Rodríguez

19. Gaspar Delgado
20. Andrés Duarte de Figueroa
21. Benito Esteban
Esposo de Leonor de Mota
Hijos: Juan y María

,

27. Alonso García del Corro

Fuente de Cantos

Juan

Esposa de Francisco Ortiz
23. Catalina de Espinosa
Esposa de Juan de Saucedo
24. Isabel de Espinosa
Esposa de Agustín Rodríguez
25. María Estévez
26. Alonso García

256

Almares
Pasarón
Sevilla
Sevilla
Córdoba
Jerez de la Frontera
Mallorca
Triana (Sevilla)

Esposa de Alonso García del Cono

38. Ana de Heredia
Esposa de Pedro de Salas

39. Nicolás de Heredia
40· Juliana de Hermosilla
Esposa de Pedro de Canión

41. Diego Hernández
42. Francisca Hernández
Esposa de Juan Beltrán
43. Francisco Hemández
Esposo de María de Tuesta
Hijos: Francisco, Pedro, Inés y María

AlmendraJejo
Almendralejo
Puebla de Guadalupe
Puebla de Guadalupe
Sevilla

Sevilla
Zafra
Laredo ( Cáceres)
Sevilla
Frajenal
Lobón
Lobón
Torrijos

Alcalá de Henares
Medina del Campo
Sta. Cruz de la
Ocaña
Ocaña

Zarza

Sevilla
Sevilla

Amusco
Alcalá de Guadaira
Valladolid
Frejenal
Sevilla
Sevilla
Salamanca
Adamuz
Burgos
Palencia
Benavente

San Juan del Puerto
San Juan del Puerto
Jerez de los Caballeros
Granada

257
hlllll&amp;Ditu-17

�44. Gómez Hemández Salgado

San Martin de Nogueira

45. Inés Hem4ndez

Arjona
Arjona

Esposa de Juan de Piedrola
4&amp;. Maria Hernández
Esposa de Francisco Jiménez

Écija ·
Granada

47. María Hernández

Zafra

Esposo de Olajla García
Hijos: Miguel, María, Isabel,

]uan. .

Hijos: Simón, María, Inés y Francisco.

Juan

del Hoyo
51. Pedro tñiguez
52. Juan Izquierdo
Esposo de Rufina Rodríguez

53. Francisco Jiménez
Esposo de María Rodríguez
Hijos: Isabel

54. Juan Jiménez
55. Doña Catalina de León
Esposa de Gonzalo Pérez (Ferro)

56. Jorge dé León
Esposo de doña Ginebra Márquei

57. Andrés López Prbano
58. Antonio Lópe,z
59. Jerónima Lóp_ez
Esposa d½ .Mateo Gómez
60. Juan López
61. Juan López Urbano
62. Pedro López de Mendoza
63. Diego de Madrid
Esposo de Ana de los Reyes
Hijos: Diego
64. Francisco de Madrid
65. Doña Ginebra Márquez
Esposa de Jorge de León

258

Llerena
Pasarón
Cariñena
Villa de Feces
Granada
Écija
Laredo ( Cáceres)
Medina del Campo
Medina del Campo
Medina del Campo
Medina del Campo
Hornachuelas
Sta. Cruz de la Zarza
Ocaña
Ocaña
Sta. Cruz de la Zarza
Hornachuelas
Laredo ( Cáceres)
Sevilla
Sevilla
Córdoba
Medina del CamP.o
Medina del Campo

...

Lobón
Lobón

Fr.liUlcisco y

67.
68.
69.
70.
71.
72.

Zafra
48. Pedro Hemández
Zafra
Esposo de Elvira Sánchez
Hijos: Juan, Ana, Gómez, Leonor, Francisco, .
Manuel, Isabel, Catalina y Luis.
Medina del Oampo
49. Andrés de Herrera
Olivares
de Duero
Esposo de María de la Barrera

50.

66. Bartolomé Martín

.l

Domingo Martínez
Francisco Mazo
Remando de Medina
Elvira Mejía
Hernando Mejía
Andrés de Morales
73. Bartolomé de Morales
74· Manuel de Morales
Esposo de Isabel Pérez
Hijos: Antonio, Diego, Leonor y Ana
75. Leonor de Mota ,
Esposa de Benito Esteban
7G. Ana Muñoz
'Esposa de Juan de Nava
77. Juan de Nava
Esposo de Ana Muñoz
Hijos: Juan

78 · Felipe Núñez de Rivera
79. Francisca Núñez (Viciúsa)
E~posa de Andrés del Águila
80. Vtcente Núñez
81. María de la O
Esposa de Pedro de Rojas
82. Francisco Ottiz

Triana (Sevilla)
Mallorca
1, &lt;

Sevilla
Sevilla

Sevilla
·Sevilla
Sevilla·
Oiudad Rodrigo
Almadén de los Azogues
Sevilla
Morón
r 1,
Sevilla

-

83. Francisco Ortiz
.Esposo de María Esteban
Hijos: María, Esteban Juan Leonor y·
.
'
'
F ranasco.
·
84. Gonzalo Pérez {Ferro)
Esposo de doña Catalina de León
85. Isabel Pére.z
Esposa de Manuel de Morales
86. Juan de Piedrola
-Esposo de Inés Hernández

Guernica
Carrión de los Condes ,
(?)
Zafra
Sevilla
Arjona
Arjona
Arjona
Arjona

Torrecilla del Duque
de ájara
Almendralejo
Almendralejo

'

. ')

Medina del Campo
Medina del Campo
Arjona ·'
Arjona
Arjona
Arjona

259

�87. Luis Pimentel
88. Ana de Porras
,
Esposa de Pedro Alonso Ennquez

89. Francisco de Porras

90. Don

Juan de Portugal

91. Pedro de Prado
92. Ana de los Reyes
.
Esposa de Diego de Madrid

93. Agustín Rodóguez

Villada
Zafra
Fuente el Maestre
Medina del Campo
México
Peñafiel

Sevilla
Sevilla
Sevilla
Sevilla

Esposo de Isabel de Espinosa
Ciudad Rodrigo
94. Alonso Rodríguez de Jaque
Sevilla.
95. Ana Rodríguez
Sevilla
Esposa de Luis González
Sevilla
96. Catalina Rodríguez
Sevilla
Esposa de Juan Díaz
Sevilla
97. Domingo Rodríguez
Santiago de Sotordey
98. Francisco Rodríguez
Santiago de Sotordey
Esposo de Maria Rodríguez
Hijos: Antonio y Juan
Benavente
99. Francisco Rodríguez (de Mat~)
Benavente
Esposo de Francisca de Carv~Jal
.
.
.
Baltasar
Macías,
Lws,
FranCISco,
HiJOS.
'
•
d . el doña Isabel, doña Catalina,
M 1gu,
-An ona
María (na)' doña Leonor y dona
a
Fuente de Cantos
100. Isabel Rodríguez
Barco de Avila
Esposa de Bernardino de Bardales
San Juan del Puerto
101. Juan Rodríguez
Frejenal
102. Juan Rodríguez Matalobos
Frejenal
Esposo de Catalina Sánchez
Hijos: Catalina Y Juan

103. María Rodríguez

,
Esposa de Francisco Rodriguez
104. Martín Rodríguez (al margen)

105. Miguel Rodríguez

,
Esposo de Violante Rodríguez

106. Pedro Rodríguez
Esposo de Catalina Díaz
Hijos: Catalina, Isabel, Cristóbal, Inés y

Santiago de Sotordey
Santiago de Sotordey
(?)
Sevilla
Sevilla
Pasaron

107. Rufina Rodríguez
Esposa de Juan Izquierdo
108. Violante Rodríguez
Esposa de Miguel Rodríguez
109. Gaspar de Rojas
110. Pedro de Rojas
Esposo de María de la O
Hijos : María de la Ensinción (sic) , Pedro
Agustín e Isabel
11 l. Martín de Sagasti
112. Juan Salado
113. Pedro de Salas
Esposo de Ana de Heredia
114. Pedro Salvador
115. Catalina Sánchez

Esposa de Juan Rodríguez Matalobos
116. Elvira Sánchez
Esposa de Pedro Hernández
11 7. Rafael Sánchez

118. Juan de Sauceda
Esposo de Catalina de Espinosa
Hijos: Jerónimo, Juan, Gracia, Guimar y
Pedro

119. Melchor de Serdeño
Esposo de Mariana Gómez
Hijos: Lorenza

120. Luis Tasc6n
121. María de Tuesta

Villa de Feces
Cariñena

Sevilla
Sevil]a
Guadalajara

Sevilla
Morón

Gucrnica
Frejenal

Salamanca
Sevilla
Alcalá de Guadaira
Frejenal
Frejenal
Zafra
Zafra

Pasaron
Puebla de Guadalupe
Puebla de Guadalupe

Medina del Campo
Alcalá de Henares
Villalpando

Esposa de Francisco Hemández
122. Pedro de Va]dés

Granada
Jerez de los Caballeros
Burgos

123. Diego de Valladar
124. Andrés Velasco

lseca Vieja

Esposo de Elvira Beltrán
Hijos: Pedro

125. Bartolomé de Vera

San Juan del Puerto
San Juan del Puerto
Zayas de Bascones

Altnares

Diego

,

260

261

�Lugar:

LUGARES DE ORIGEN EN LA "RELACIÓN"
Lugar:

Partido Judicial:

Provincia:

Adamuz
Alcalá de Guadaira
Alcalá de Henares

Montoro
Utrera
Alcalá de Henares

Córdoba
Sevilla
Madrid

Alcántara
Almadfo de los Azogues

Alcántara
Almadén

Cáceres
Ciudad Real

Alma.res
Almendralejo
Amwco

Peñaranda de Bracamonte
Alniendralejo
Astuclillo

Salamanca
Badajoz
Palencia

Arjona
Barco de Avila

Andújar
Barco de Avila

Jaén
Avila

Benavente
Burgos

Zamora
Burgos

Cariñena
Carri6n de los Condes

Cariñena
Carri6n de los Condes

Zaragoza
Palencia

Ciudad Rodrigo
Córdoba
tcija
Feces
Frejenal de la Sierra
Fuente de Cantos
Fuente el Maestre
Granada
Guadalajara

Ciudad Rodrigo
Córdoba
E.cija
Monterrey
Frejenal de la Sierra
Fuente de Cantos
Zafra
Granada
Guadalajara

Salamanca
06rdol;&gt;a
Sevilla
Orense
Badajoz
Badajoz
Badajoz
Granada
Guadalajara

Benavente
Burgos

Guadalupe
Guernica
Hornachuelas
!seca Vieja
Jerez de los Caballeros
Jerez de la Frontera
' .
Laredo
Lob6n
Llerena

262

Logrosán
Guernica
Posadas
Laredo

Cáceres
Vizcaya
Córdoba
Santander

Jerez de los Caballeros
J~z de la Frontera
Alcañices
Mérida
Llerena

Badajoz
Cádiz
Zamora
Badajoz
Badajoz

~Región:

Llergueñas
Mallorca (isla)
Medina del CampQ

Núm.

ANDALUC1A
ANDALUCtA
CASTILLA
LA NUEVA
EXTREMADURA
CASTILLA
LA NUEVA
LEÓN
EXTREMADURA
CASTILLA
LA VIEJA
ANDALUClA
CASTILLA
LA VIEJA
LEóN
CASTILLA
LA VIEJA
ARAGóN
CASTILLA
LA VIEJA
LEóN
DALUCIA
ANDALUClA
GALICIA
EXTREMADURA
EXTREMADURA
EXTREMADURA
A DALUClA
CASTILLA
LA NUEVA
EXTREMADURA
VASCONGADAS
ANDALUClA
CASTILLA
LA VIEJA
EXTREMADURA
ANDALUCfA
LEÓN
EXTREMADURA
EXTREMADURA

1

2

Partido Judicial:

Provincia:

Regi6n:

Cangas de Orus

Oviedo

ASTURIAS

Medina del Campo

Valladolid

CASTILLA
LA VIEJA

México (ciudad)
Morón de la Frontera
Nuestra Señora de Erandio
Olivares de Duero

Morón de la Frontera
Bilbao
Valoría la Buena

Sevilla
Vizcaya
Valladolid

Ocaña

Ocaña

Toledo

Palencia

Palencia

Palencia

Pasar6n
Peñafiel

Jarandilla
Peñafiel

Cáceres
Valladolid

Salamanca
San Juan del Puerto
San Martín de Nogueira
Santa Cruz de la Zarza

Salamanca
Huelva
Rivadavia
Ocaña

Salamanca
Huelva
Orense
Toledo

Santiago de Sotordey
Sevilla
Toro
Torrecilla del Duque de
Nájara
Torrijos

Ribas del Sil
Sevilla
Toro

Lugo
Sevilla
Zamora

Villalpando
Torrijos

Zamora
Toledo

Triana
Valladolid

Sevilla
Valladolid

Sevilla
Valládolid

Villada

Frechilla

Palencia

Villalpando
Teruel
Vitoria
Zafra

5

Villalpando
Villel
Vitoria
Zafra
Zayas de Bascones

Zamora
Teruel
Alava
Badajoz
Soria

1
3

Sin lugar de origen

1
1

1
7

1
10
1

15
2
l

2
2
2
1

9
5
1

2

7

2
2
1

7

Núm.
l

12

1
ANDALUCIA
5
VASCONGADAS
1
CASTILLA
LA VIEJA
1
CASTILLA
LA NUEVA
3
CASTILLA
LA VIEJA
1
EXTREMADURA
8
CASTILLA
LA VIEJA
1
LEóN
1
ANDALUCtA
8
GALICIA
CASTILLA
LA NUEVA
3
GALICIA
4
ANDALUCIA
21
LEóN
LEÓN
CASTILLA
LA NUEVA
ANDALUCfA
CASTILLA
LA VIEJA
CASTILLA
LA VIEJA
LEóN
ARAGóN
VASCONGADAS
EXTREMADURA
CASTILLA
LA VIEJA

1
3

1
l

1
1

15
1

2

263

�PERSONAS DE LA "RELACIÓN'' POR REGIONES
Región:

GALICIA

Provincia:
Lugo
Orense

Partido Judicial:
Ribaa del Sil
Monterrey

Rivadavia

ASTURIAS
LEÓN

Oviedo
Zamora

Salamanca

EXTREMADURA

dáceres

Badajoz

Cangas de On1s
Benavente
Alcañices
Toro
Villalpando

Peñar,.nda de Bracamonte
Ciudad Rodrigo
Salamanca
Alcántara
Logrosán
JarandiJla
Almendralejo
Frejenal de la Sierra
Fuente de Cantos
Zafra
Jerez de los Caballeros
Mérida
Llerena

CASTILLA LA VIEJA

Santander
Palencia

Valladolid

CASTILLA LA NUEVA

,

264

Avila
Burgos
Soria
Madrid
Toledo

Laredo
Astudillo
Carri6n de los Condes
Palencia
Frenchilla
Medina del Campo
Valoría la Buena
Peñafiel
Valladolid
El Barco de Ávila
Burgos
El Burgo de Osma
Alcalá de Henares
Ocaña

Lugar:
Santiago de Sotordey
Villa de Feces
San Martín de Nogueira
Llergueñas
Benavente
Laredo
Toro
Torrecilla del Duque
de Nájara
Villalpando
Almares
Ciudad Rodrigo
Salamanca
Alcántara
Puebla de Guadalupe
Pasarón
Almendralejo
Frejenal de la Sierra
Fuente de Cantos
Fuente el Maestre
Zafra
Jerez de los Caballeros
Lob6n
Llerena
!seca Vieja
AmUJCO
Carri6n de los Condes
Palencia
Villada
Medina del Campo
Olivares de Duero
Peñafiel
Valladolid
El Barco de Avifa
Burgos
Zayas de Bascones
Alcalá de Henares
Ocaña
Santa Cruz de la Zarza

Región:

Provincia:

Núm.
4
1
1

ANDALUCfA

Ciudad Real
Guadalajara
Huelva
Sevilla

1
15
3
Cádiz
C6rdoba

1

1
1
2
1
1
7

VASCONGADAS

8

7
9
5

1
15
5
7

ARAGóN

Ja~n
Granada
Vizcaya
Alava
Zaragoza
Teruel

Partido Judicial:
Torrijos
Almadén
Guadalajara
Huelva
Utn:ra
tcija
Morón de la Frontera
Sevilla
Jerez de la Frontera
Montoro
C6rdoba
Posadas
Andújar
Granada
Guernica
Bilbao
Vitoria
Cariñena
Teruel

Lugar:

Núm.

Torrijas
Almadén de los Azogues
Guadalajara
San Juan del Puerto
Alcalá de Guadaira
lcija
Mor6n de la Frontera
Sevilla
Triana
Jerez de la Frontera
Adamuz
C6rdoba
Hornachuelos
Arjona
Granada
Guernica
Ntra. Sra. de Erandio
Vitoria
Cariñena
Villa de Villel

ISLA DE MALLORCA
CIUDAD DE MAXICO
Sin lugar de origen

1
1
8

2
2
5
21
3

1
1

2
2
10

2
2
1

1
1
1
1

2

1

1
1
1
1
1
12

1
1
1
1
2
1
1
3
3

265

�27. Alonso García Mendoza

NóMINA DE MI HISTORIA
1. Andrés del Águi~a Núñez Viciosa
Esposo de Franc1~ca
2 Francisco de Agu1lar .
· Esposo de Petronila Ruiz
3. Pascual de Al~edo
4 Francisco Alvarez
. Es oso de Inés Hemández
,
de
p
d
Andrada
(
o
Rodnguez
5. Leonor e
,
'C arvajal)
6. Fulano Balleste,ros (herrero)
7. Fulano de Bardales

Ciudad Rodrigo

Pariente

Portugués

Sefardita

Encartaciones
Portugués

Benavente

Sefardita

Pariente

(?)
(?)

35, Fulano Íñigo (carpintero)
36. Juan Izquierdo (herrero)
37. Mujer de Juan Izquierdo
38. Juan Jiménez de Mendoza

9.

tería)
.
)
14. Fulano Braba ( carpintero , ez de Car15. Ana de Carvajal ( o Rodr1gu
vajal)
d Car
16. Luis de Carvajal (o Rodríguez e
.
vaJ'al)
•
d la Cueva
17. Luis CarvaJal y e
odrí ez de
18. Catalina {negra esclava de R
gu
Matos)
de
19. Clara (negra esclava de Rodríguez
Matos)
20. Vicente Correa
21. Gaspar Delgado
.
. Ennquez
,
de Paiva
22 Beatriz
.
· Esposa de Sirn6n de Pa1va
23. Catalina Enríquez
24. Diego Enríquez
25. Pedro Enríquez
26 Susana Galván
· Esposa d e M arti'n Pérez

.

266

Esposo de Isabel Clara de Morales
30. Inés Hernández
Esposa de Francisco Alvarez
31. Pedro Hernández
Esposo de Blanca de Morales
32. Manuel de Herrera
33. Hombre viejo
34. Mujer del hombre viejo

8.

10. H'. de Fulano de Bardales
11
IJOS
d l
.
. d Fuláno de Bar a es
12. Mu1er e
d (maestro de can13. Rodrigo de la Barre a

28. Diego Hernández
29. Francisco Hernández

(?)

!

(?)

'

39. Francisco Jorge

Terminón

(?)
Medina del Campo

Pariente

Benavente
Portugués

Pariente
Pariente

Medina del Campo

Pariente

Medina del Campo
Portugués
Portugués
Portuguesa

Pariente
Sefardita
Sefardita
Sefardita

Portuguesa
Sevilla
Sevilla
Portuguesa

Sefardita
Sefardita
Sefardita
Sefardita

(Dejó la mujer en España)
40. Catalina de León
Esposa de Gonzalo Pérez Ferro
41. Duarte de Le6n
42. Ginebra de León
(Viuda)
43. Jorge de León
44. Diego López
45. Francisco López
46. Isabel López (sic' por Pérez)
Esposa de Manuel de Morales
47. Pedro López de Mendoza
48. Juan Lucero (albañil)
49. Teresa Lucero
Esposa de Juan Jaramillo
50. Criada de Teresa Lucero
51 Hija de Teresa Lucerb
52. Diego de Madrid
Esposa de Ana de los Reyes

Espinosa de
los Monteros
Portugués
Portugués

Pariente
Sefardita
Sefardita

Pbrtuguesa

Sefardita

Portugués

Sefardita

Portugués
(?)
(?}
Portugués

Sefardita

Sefardita

(?)
( ?)
Espinosa de
los Monteros
Benavente

Pari~nte
Pariente

Medina del Campo

Pariente

Portugués
Portuguesa

Pariente
Pariente

Portugués
Portugués
Portugués

Pariente
Pariente
Pariente

Portuguesa

· Sefardita

Espinosa de
los Monteros
Portugués
Portuguesa
Portuguesa
Portuguesa
Sevilla

Pariente
Sefardita
Sefardita
Sefardita
Sefardita

267

�53. Diego Márquez de Andrada
54. Domingo Martínez de Cearreta
(Dejó la mujer en España)
55. Primo de Domingo Martinez de Cearreta (clérigo)
56. Pedro Martínez de Cearreta
5 7. Fulana Mata
58. Ana Morales
59. Andrés de Morales
60. Antonio de Morales
61. Blanca de Morales
Esposa de Pedro Hemández
62. Isabel Clara de Morales
Esposa de Francisco Hemández

Portugués
Vasco

Pariente

77. Alonso del Río

Espinosa de
los Monteros

78. Isabel de Rivera (o Núñez)

Portuguesa

79. Agustín Rodríguez

Pariente
Sefardita
Sefardita

Vasco

80. Alonso Rodríguez

Portugués
Portugués

Vasco
Portuguesa
Portuguesa
Portugués
Portugués
Portuguesa

81. Antonio Rodríguez

Portugués

Sefardita

Sefardita
Sefardita
Sefardita
Sefardita
Sefardita

82. Baltasar Rodríguez ( de Carvajal)

Benavente

Pariente

83. Diego Rodríguez de Rivera

Portugués

Pariente

Portugués

Sefardita

Valderas

Pariente

Portuguesa

Sefardita

Valderas

Pariente

63. Manuel de Morales
Esposo de Isabel López ( sic por Pérez)

Portugués

Sefardita

64. Ana Muñoz
Esposa de Juan de Na.va

Portuguesa

Sefardita

Benavente
Portuguesa

Pariente
Pariente

65. Juan de Nava (sastre)
Esposo de Ana Muñoz

Portugués

Sefardita

66. Andrés Núñez

Portugués

Pariente

67. Francisca Núñez de Carvajal
Esposa de Francisco Rodríguez de Matos

Benavente

Pariente

Pariente
Pariente
Sefardita

68. Francisca Núñez Viciosa
Esposa de Andrés del Águila

Ciudad Rodrigo

Pariente

69. Fulana Núñez
(viuda)

Portuguesa

Sefardita

70. Simón de Paiva
Esposo de Beatriz Enríquez

Portugués

Sefardita

Benavente
Medina del Campo
Portugués
Espinosa de
los Monteros
Portugués
Portugués
Guadalupe

71. Gonzalo Pérez Ferro
Esposo de Catalin~ de León
72. Gonzalo Pérez Ferro el mozo

Portugués

Pariente

Guadalupe

Sefardita

97. Mujer de Juan de Saucedo Espinosa

Guadalupe

Sefardita

Portugués

Pariente

98. Ana de Sosa (vino soltera)

Portuguesa

Sefardita

73. Gregorio Pérez

Portugués

Pariente

Cas6 con Francisco Tinoco

74. Martín Pérez
Esposo de Susana Galván

Portugués

Sefardita

75. Luis Pimentel

Portugués

Pariente

76. Ana de los Reyes
Esposa de DieJ!O de Madrid

Sevilla

268

84. Francisco Rodríguez ( "Labrador gallego")
Esposo de María Rodríguez
85. Fr.ancisco Rodríguez de Matos
Esposo de Francisca Núñez de Carvajal
86. Hemán Rodríguez de Matos
(Dejó la mujer en España)
87. Isabel Rodríguez de Carvajal ( o de An(viuda)
drada)
88. María Rodríguez
Esposa de Francisco Rodríguez
89. Mariana Rodríguez de Carvajal (o Núñez de Carvajal)
90. Mi~el Rodríguez de Carvajal
91. Pedro Rodríguez
92. Pedro Rodríguez
93. Diego Ruiz de Rivera
94. Juan Salado
95. Juan de Saucedo Espinosa (carpintero)
(casado)
96. Hijo de Juan de Saucedo Espinosa

Sefardita
Sefardita
Sefardita

269

�PERSONAS DE MI HISTORIA POR REGIONES

LUGARES DE ORIGE

Regi6n:

Pro1Jincia:

LEóN

Zamora

Partido Judicial:

Benavente
Valencia de don Juan
Salamanca Ciudad Rodrigo

Puebla de Guadalupe

3

CASTILLA
LA VIEJA

Villarq,.yo

Espinosa de los
Monteros
Tennin6n
Medina del Campo

5

Benavente
Ciudad Rodrigo
Encartaciopes
Espinosa de los Monteros

Benavente
Ciudad Rodrigo
.Valmaseda
Villarcayo

Zamora
Salamanca
Vizcaya
Burgos

Guadalupe
Medina del Campo

Logrosán
Medina del Campo

Oácere!
Valladolid

Portugal
Sevilla
Termin6n
Valderas
Sin lugar de origen

Núm.

Rtgi6n:

,

LEóN
LEÓN
VASCO (;;ADAS
CASTILLA
LA VIEJA
EXTREMADURA
CASTILLA
LA VIEJA

7
2

Burgos

V~cncia de don Juan

Sevilla
Burgos
Zamora
Vizcaya

ANDALUClA

Medina del Campo

Sevilla

Sevilla

4
4

5
3
5

ANDALUClA
CASTILLA
LA VIEJA
LEÓN
VASCONGADAS

4

'

9

1
2
3

PORTUGAL

54

SIN LUGAR

9

Como se puede fácilmente comprobar, las personas cuyos nombres figuran
en ambas nóminas son relativamente pocas, 55 en total

PERSONAS QUE APARECE
l.
2.
3.
4.
5.
6.
7.
8.
9.
10.

270

Valladolid

VASCONGADAS

54
Sevilla
Bribiesca

2

7
2

Logrosán

Bribiesca

P;o11incia:

,Benavente
Valderas
Ciudad Rodrigo

EXTREMADURA Cáceres

EN MI HISTORIA

Partido Judicial:

Lugar:

Lugar:

EN LAS DOS

Andrés del Águila
Leonor de Andrada
Gabriel Ballesteros
Bemardino de Bardales
Hernando (¿de Bardales?)
Francisco (¿de Bardales?)
Juan (¿de Bardales?)
María (¿de Bardales?)
Doña Ana de Carvajal
Luis de Carvajal el mozo

271

�ll. Luis Carvajal y de la Cueva
12. Gaspar Delgado
13. Catalina Díaz
14. Catalina de Espinosa
l5. Alonso García Mendoza
16. Diego Hernández
17. Inés Hemández
18. Pedro fñiguez
19. Juan Izquierdo
20. Juan Jiménez de Mendoza
21. Doña Catalina de Le6n
,
22. Doña Ginebra de Le6n (o Marquez)
23. Jorge de Le6n
24. Pedro L6pez de Mendoza
25. Diego de Madrid
26_ Domingo Martínez de Cearreta
27. Ana de Morales
28. Andrés de Morales
29. Antonio de Morales
30. Manuel de Morales
31. Ana Muñoz
32. Juan de ava
.
33. Francisca úñez de CarvaJal
34_ Francisca Núñez Viciosa
35. Gonzalo Pérez Ferro
36. Luis Pimentel
37. Ana de los Reyes
38. Alonso Rodríguez de Jaque .
39_ Baltasar Rodríguez de CarvaJal
40. Francisca Rodríguez
41. Francisco Rodríguez de Matos .
42. Doña Isabel Rodríguez de CarvaJal
43. Isabel Rodríguez
44. María Rodríguez
.
45. Doña Mariana Rodríguez de CarvaJal
46_ Miguel Rodríguez de Caivajal
4 7. Pedro Rodríguez
48. Rufina Rodríguez
49. Juan Salado
50. Juan de Saucedo Espinosa

,

'

51. Jer6nimo (de Sauceda Espinosa)
52. Juan (de aucedo E pinosa)
53. Gracia ( de aucedo Espinosa)
54. Guiomar ( de aucedo Espinosa)
55. Pedro ( de Sauceda Espinosa).
La "Relaci6n" añade los nombres de 70 personas a la nómina que habíamos logrado formar en nuestra Historia; pero en ella figuran 43 persónas
que no aparecen en la "Relación".
El cotejo de ambas nóminas plantea una serie de problemas muy interesantes, que vamos a analizar aquí:
¿ inieron a Ja ueva España todas Jas personas anotadas en la "Relación''?
¿ Jgunas de ellas fu ron sustituidas por otras, al mbarcar?

E tas dos preguntas no pueden ser conte tadas con base documental, carecemos de datos para ello.
¿ Vini ron personas que no figuran en la "Relación' ?

e t pregunta podemos sponder afirmativamente apoyándonos n la
nómina de nuestra Historia en la que como decíamos atrás, aparee n 43
personas no anotada en la "Relación".

¿Algunas de ellas ambiarían us nombres al Ucgar a la

ueva España?

• C'sta pregunta tampoco podemo responder con certeza; pero creemos
que no: los ejemplos que podemos ofre er carecen de importancia, ya que
son simples cambios de forma en el apellido; pero de ninguna manera implican el deseo de ocultarse: Pedro fñiguez que cambió a Pedro fñigo; Antonio Martínez de Sien-eta, apellido cuya forma correcta es Cearreta; Gaspar
de Rojas que era hijo de Pedro el Rojo y que por Jo mismo debió apellidarse
Rojo y no Rojas; entre los fundadores de altillo figura Santos Rojo.

¿ Por qué no coinciden los lugares de origen que anota la 'Relación" con
los anotados en nuestra Historia?

A ta pregunta sí que podemo responder, ya que las diferencias son
muchas r diagnósticas: Andrés d I Águila aparece en 1a 'Relaci6n" como natural de Almadén de los Azogues y como de Ciudad Rodrigo en mi Historia
y lo creemos portugués; Luis Carvajal y de la Cueva, quien declaro en su
proceso inquisitorial ser natural de Mogadouro, en Portugal, aparece en la
«Relaci6n ' como nacido en Benavente, en el antiguo reino de Le6n; Gaspar

272

273
hWIWÚtas-18

�De]_,o-ado que en la "Relación" aparece como natural de órdoba, en realidad era portugués; otro portugués, Francisco Hernández, figura en la "Relación" como natural de Jerez de los Caballeros· lo mismo ocurre con Pedro
1ñigo, quien siendo portugués, se anotó como natural de Pasarón, en Extremadura; J orge de León quien según la "Relación" era natural de Meclina
del Campo, era en realidad portugués; Pedro López de Mendoza que en
la "Relación" aparece como nacido en Laredo (Cáceres), en una escritura
notarial declara ser natural de Espinosa de los fonteros; Manuel de Morales y toda su muy numerosa familia, que en la "Relación" figuran como
naturales de Arjona (Jaén), eran todos portugueses; Ana Muñoz, a quien
la ''Relación" hace sevillana, era también portuguesa; Felipe Núñez, que
había nacido en Fundao, Port., aparece en la ''Relación" como natural de
Sevilla; Gomalo Pérez, natural de Oporto, Port., figura en la ''Relación"
como natural de Medina del Campo; Luis Pi.mente], portugués, probablemente de Mogadouro, aparece en la "Relación" como nacido en Villada
en la diócesis de Burgos · Francisco Rodríguez, que la "Relación" hace nativo
de Santiago de Sotordey, en la provincia de Lugo, en Galicia, era en realidad
nacido en San Vicente de Aveiro, en Portugal; pero, baste con estos numerosos ejemplos. Como se puede fácilmente constatar, en la mayoría d ellos,
gentes nacidas en tierras de Portugal, se anotan en la "Relación" cor.no e~
pañoles¡ la razón es muy sencilla: la Casa de Contratación de Sevilla no
autorizaba el paso de extranjeros al Nuevo Mundo; y, por aquellas fechas,
mucho menos de portugueses, ya que, en aquel entonces, portugués y judío
eran casi sinónimos en E paña. Es por eso que todos los que habían nacido
en Portugal se anotaran como originarios del lugar en que, en el momento de
contratarse con Carvajal, tenían su residencia, o de algún lugar arbitrario,
tal vez, ya que como dice la real cédula que encabeza a la "Relación!,, no
serían investigados: podlan mentir impunemente.
En la ''Relación" figuran 24 personas como naturales de Sevilla; pero,
seguramente no eran sevillanos; lo que ocUITe es que Sevilla era la única
puerta legal de salida rumbo a las Indias y allí acudían todos los que pretendían emigrar y en Sevilla estaba la Casa de Contratación; a través de
los procesos inquisitoriales sabemos de muchos portugueses o g ntes de la
"Raya de Portugal" que se hacían pasar por sevillanos; toda la familia política de Luis Carvajal y de la Cueva estaba en ese caso; es por eso que
en la "Relación" figuran tantos falsos sevillanos. Ya lo señalaba Boyd-Bowman en su Indice biogeográfico, Vol. II, p. XIV: 'Siendo Sevilla la sede
de la Casa de Contratación, y la ciudad a donde a veces residían hasta por
varios meses, los que tramitaban su pasaje a América, se present6 el hecho

de que algunos, o hasta muchos de los
eran de nacimiento".
'
que se llamaban sevillanos, no lo
En otras palabras: 1a "Rela . , '
confiable; para utilizarlo como ªr::t;ohi:~ ~n documento _cien por ciento
aguda y severa crítica. Aparentemente 1 r:, es necesano aplicarle una
resolvería en forma total y perlect 1 , ebl
poner de dicho documento
con CaIVaJa
·J ,
ª
e
pro ema de las gent
· •
, asi como sus lugares d
.
es que vuueron
atrás, del cotejo de ambas n6 .
e ongen; pero como ya lo demostramos
resulta que no
,
los que están ni están tod mmas
. •
es asi: que no son todos
os 1os que son.

_Aun sabiendo esto, entregamos al lector d
,
mmas de personas, la lista aUabética de lo • espues de. cada una de las n6de un cuadro de la distrib .6
s l~gares de origen anotados, seguida
,
UCl n por regiones y p
· ·
razon de habemos metido en tan 1 bo .
.
rovmcias españolas. La
hacer el anális.is de lo.s datos e tea _ndoso trabaJo es que creímos interesante
on ru os en la ''R la "6 ,,
probable es que al ano+~-e
la C
e CI n , ya que lo más
'
«u" en
asa de Co tra ·,
el lugar en que vivían en aquel año d 1580 n taCJon, hayan anotado
naturales; y esto no pocli . ...1:
lase
, como el lugar del que eran
ª
mu.icar
zonas de prefe
·
.
Espana,
para aquellos portugu
.
. ,
renoa en berras de
M und o, así como important eses cripta-Judíos que espera ban pasar al uevo
es
uenCJ.as culturales d la
·,
en que vivieron antes de venir a J N
E e
region española
a ueva spana.
Las anotaciones
odrí
od
que p
amos hacer a la "Relación'' so
ch
no p emos sobrepasar los limites de un artí ul
n mu as, pero
a unas pocas.
e o Y, por eso, nos limitaremos
infl"

•

Hay ~ ella un dato muy desconcertante.
..
acompanaban a Francisco Rodrígu d Ú cuando enumera los hiJos que
cisca de Carvajal hermana del bernaezde atos y a su esposa doña Fran"
,
go
or del uevo Rem· d L 6
.. .y Baltasar y MACIAS y Luis F
. o e e n, anota:
y doña Catalina y doña Mari ( _Y RANCISCO y Miguel y doña Isabel
Ana, sus hiJ"os " Lo d
a sic por Mariana) y doña Leonor y doña
··· ·
esconcertante de t
·
dos hijos de dicho matrimonio
es e 3,51ento es que figuran en él
que no se menoonan en . ,
mento, MACIAS y FRANCISCO .
. .
mngun otro docu-·d
.
, ru tan s1qwera en las geneal ,
ru as y ngurosas de los procesos inquisitoriales .
.,
ogias tan ceOcéano o en tierras de Pánuco ant d 1
· 'Monnan en la travesía del
es e. proceso
contra doña Is bel;&gt; H b ,
razones muy poderosas y altament
.
· a • ¿ a na
sus nombres? ¿ Será tan sólo
e IIUStedeinosas ~ara no volver a mencionar
un error
escnbano;, No od
pero nos inquieta.
·
P emos saberlo,

La real cédula dice haber
recomendado a Carvajal q
t
cuidado de que los que lo acompañen como pobladores ue enga mucho
de su gobernación

274

275

�"sean personas límpias y no de los prohividos de pasar a aquellas partes
y principalmente, que ningún casado deje a su mujer en estos Reinos ...".
Sabemos muy bien que Carvajal no tuvo tal cuidado ya que todos los que
con él vinieron eran de los prohibidos; y que el último punto de la recomendación no sólo no lo cumplió, sino que él mismo dejó en Sevilla a su esposa
doña Guiomar de Rivera; y lo mismo hizo su pariente Jorge de León y otros
más, que en la "Relación" figuran como solteros. Para cerrar este trabajo
que ya me resultó demasiado largo, ya sólo discutiré o anotaré a algunas
de las personas que figuran en la "Relación":
Como un magnífico ejemplo del gran peligro que entrañan los homónimos
dentro de la investigación histórica, mencionaré el caso de Antonio de Alcega: " ... soltero, natural de Nuestra Señora de Erandio, en Vizcaya, lújo
de Juan de Alcega y de doña Mayor de Alcega", como reza el asiento de la
"Relación".
En la historia del noreste de México en el siglo XVI figura un Antonio
de Alcega que a no ser por nuestra larga experiencia con las trampas de los
homónimos, hubiéramos identificado con el que aparece en la "Relación";
pero, el segundo mencionado nació en 1556, eu Inurinazo, en Guipúzcoa, de
donde eran naturales sus padres, don Diego Sanz de Alcega y doña María
de Zúñiga; era nieto de don Antón Sanz de Alcega; y todos ellos señores de
la casa de Hernani, en Guipúzcoa. "Pasó a estas partes de las Indias del Mar
Océano, sirviendo a S. M., en la flota en que vino por general don Diego
Maldonado, en compañía de don Diego de Alcega, su primo, que vino por
almirante de la dicha flota por el mes de marzo de 1577; era sobrino del
arzobispo de Sevilla." Como claramente se ve se trata de dos personas
diferentes.
Esta familia guipuzcoana era familia de marinos: además del ya mencionado don Diego, que fuera almirante de la flota de la Nueva España
entre los años de 1574 a 1579 y, en ese año de 1579 lo fue de la flota de
Tierra Firme; encontramos a don Juan de Alcega, otro peligroso homónimo,
de la orden de Santiago, quien, en los años de 1572 y 1573, vino como general de la flota de la Nueva España; fue padre de doña Catalina de Alcega,
de la que nos ocuparemos después. En la flota que vino a la Nueva España
a principios de 1594, venía como almirante don Pedro de Alcega " ... el cual
vino sizviendo de general por haber muerto Martín Pérez de Olazával en
el viaje ...".
Pero volvamos al Antonio de Alcega, homónimo del que vino con Carvajal: Acá, en la ueva España desempeñó importantes oficios: en 1578,

a;;a

apenas desembarcado, era teniente de obe d
27 de junio de 1579 recibió el título je
or en la Nueva Vizcaya; el
para la armada que se hizo contra el ira.ta erez _en el pu;110 de Huatulco,
Hemando de Robles ·a d l
p
_D~e, a las º.rdenes del doctor
' o1 or e a real audieneta de M, .
.
general; de 1580 a 1583 fue alcalde mayor de 1
. e~c~ que iba por
partido; en ese año de 1583 a 8 de ab ·1
a provmcia e Amula y su

~!=~~ ~

~:gl~ licenciado, como ~id~r en Guad~;ja::~:=:tr:
cosas se nos complican terriblemente. uno de los An .
fue interinamente tesorero de las al
: d
tomos de Alcega
.
re es ca3as e Guadalajar
figura
como alcalde ordinario de di h
. d d
a, y en 1584
combatir a los indio hi-1,:_
c a cm a , y con ese carácter, salió a
s e ,.,uJ.UJecos como capitán . el 5 d f b
información de méritos en G d~ .
.
'
e e rero presentó
.
.
ua ªJara: estaba casado con Paulina de E
p_mosa, y eran vecmos de Guadalajara; para febrero de 1590
hab'
scmdado en Chimaltitán. en 1594 l
se
ian avelas Prov· . d Á al ,
o encontramos como alcalde mayor de
mcras e v os y en ese año ya . d
.,
.
seráfica. di fr
.
'
VJU o, se metio a fraile en la orden
.
. ce ay_ Antoruo Tel10 en su Crónica: " ... el año de 1600 fu
enviado por guardián de Guaynamota el padre fray Sebastián de
e
llevándose por su compañero al padre fray Antonio de Al
Gamboa,
fue obispo de Venezuela y santo. Falleci6 en 1609 "
cega,_ que d:s~)ués
Velázquez en su Histori
di
" . · · · · Don Primo Fchc1ano
a, nos ce que: ...Junto con Miguel d U
que fuera su paJ·e, tomó eJ ha'b,;to
f ranciscano
.
".
e ranzu,
~
Un Antonio de Alcega
tur I d J
.
.
.,
Q ,
' na a e a anteiglesia de Erandio en Vizcaya
muna en ueretaro en 1610 ·Q '
,
'
'
• ¿ ue pasa.na con el que vino con Carvajal?
Doña Catalina de Alcega atrás mencionad f
..
Alcega y de a0 - c talin d'
.
a, ue hiJa de don Juan de
na
ª e Alqwza' naturales de Fuenterrab'1a y vecinos
de Hemani
G · ª,
Jmiran d' en wpuz~a; hermana de don Diego de Alcega y Alquiza el
a
te e la flota, pnmo de Antonio de Al
d .
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el contador Carlos de lb ..
. cega; ona Catalina casó con
"ó
hi" d .
.
arguen y .pasaron a la ciudad de México y allí
naCJ su JO, on Lu1S de Alcega Ibargüen Al ·
.
Isabel de Urdiñola hij d F
.
d
Y . qwza, qwen casó con doña
de este matrimoni~ lo a e ranCISco, _e U~diñola. Entre los descendientes
s hay de muchisuna importancia en la historia del
noreste de la Nueva España. Las mujeres de esta familia· fu
con 1
bern d
d
eron casando
. os. go
a ores e la ueva Vizcaya y fueron creando el .
latifundio del Marquesado de San Miguel d A
D ~enso
Al
,
e guayo. ona Catalina de
. cega caso en segundas nupcias con don Antonio de Morga.
Baltasar Carrillo " ... soltero, .natural de la villa de Vill l" . N . ,
fulano Carrillo, vecino de Saltillo mencionado el 4 d
e . ~d o sera un
el p d Bald c ,
'
e agosto e 1589 por
a re
o ortes, en una queja contra Alberto d l C
ante la Jnquisici6n?
e
anto presentada

276
277

�Pedro de Carrión " ...natural de Palencia, hijo de Pedro de Carrión y
Catalina Jiménez; y Julián de Hermosilla, su mujer, natural de la ciudad
de Burgos, hija de Pedro de Hermosilla y de Inés de Cavias". ¿No será un
fulano Carrión que en octubre de 1596 vivía en una estancia de su propiedad, a una legua de las minas de Pachuca, de oficio zapatero, a quien
Carvajal el mozo, en su Proceso, dice ser judío?
Antonio Gómez " ...natural de Ocaña, hijo de Mateo Gómez y de María
López". Encuentro varios sefarditas novohispanos con ese nombre: En 1597
fue procesado y sometido a tormento, un Antonio Gómez, portugués y judaizante; era natural de Villa Nueva de Polimán, en los Algárvez, y de
oficio ventero, dueño de la venta de Amozoc. Fue reconciliado en 1603. El
25 de marzo de 1601 era procesado otro Antonio Gómez, natural de Fundao,
en Portugal; fue condenado a cinco años de galeras al remo y destierro
perpetuo de las Indias.
En 1619 vivía en México un Antonio Gómez, esposo de doña Ana Fer-

nández de Castro (o Martínez de Castro), suegros de Jerónimo Treviño.
Luis González " ... natural de Sevilla, hijo de Diego Martín y de María
Hernández; y Ana Rodríguez, su mujer, vecina de esta ciudad de Sevilla,
hija de Diego López y Ana López". El 7 de noviembre de 1584 se encontraba en el pueblo de Guajutla, en la gobernación de Pánuco ; tenía en esa
fecha 33 años de edad. Acompañó a Carvajal a la guerra de Tamapache.
Estuvo ocho meses de guarnición en el pueblo de Tamaholipa antes de
la dicha guerra.
Pedro 1ñiguez ' ... soltero, natural de Pasarón hijo de Alonso fñiguez y
Juana 1ñiguez". Carvajal en su Proceso anota: "lñigo, carpintero que (en
14 de abril de 1589) vive en el dicho Reino (de León)". En 1590 Pedro
de lñigo acompañó a Gaspar Castaño de Sosa en su entrada a Nuevo México.
El 20 de septiembre de 1596 asistió a la fundación de Monterrey y fue su
primer alcalde ordinario. Pobló en la labor que ahora llaman Santa Catalina.
Israel Cavazos Garza en su artículo "Los primeros vecinos ..." dice: "De
Pedro de lñigo, sólo se sabe que fue el primer alcalde de segundo voto en
Monterrey, en 1596. Fue dueño de tierras en la Cuesta de los Muertos, y
murió en el puesto de Camacho, próximo a Santa Catarina, a manos de
los indios, a poco de fundada la ciudad.. .".
Antonio López " ...soltero, natural de Santa Cruz de la Zarza, hijo de
Juan Gómez y Catalina Sánchez, hermano de Martín Gómez". Luis de Carvajal el mOLo, en su Proceso, menciona a un Antonio López, natural de
Sahelices, en Portugal, judío, mercader que fue en la ciudad de México y

218

"que se fue a España habrá cuatro años ( en 1591) ". "Cree que está en Salónica, en la judería!' Era primo hermano de Cristóbal Gómez, portugués,
judío, natural del pueblo de Escrigo, sujeto a la villa de Castel Rodrigo,
quien, en 1589, era un rico mercader con tienda en la calle de San Agustín
de la ciudad de México, y fue el depositario del dinero y la plata de
Luis de Carvajal el mozo; "se fue por Guatemala; y que agora está en el
Perú o Cartagena". Fue muy amigo de Antonio Machado. Por todo esto
creemos que el Antonio López mencionado por Carvajal el mozo es el mismo
que figura en la "Relación' .
Juan López " ...soltero, natural de Santa Cruz de la Zarza, hijo de Hemán
López y Catalina Alonso". Encontramos un homónimo que mucho nos intriga y desconcierta: nuestro admirado amigo, el notable genealogista Tomás
Mendirichaga y Cueva, nos proporcionó la siguiente información: "Juan
López declaró en su testamento, fechado en Monterrey el 8 de noviembre
de 1634, que nació en ]a ciudad de México y fue hijo legítimo de Pedro
López y de Cecilia López. Juan López estuvo casado con Magdalena de
Avila; siendo sus hijos: Juana, casada con Juan de Montalvo; Melchora,
esposa de Leonardo de Mendoza; y Bemabé López". "En la merced de 8
caballerías de tierra que le otorgó don Diego de Montemayor el 5 de junio
de 1600, afirma que se le habían dado algunas tierras desde 'la primera
vez que se vino a poblar'. Su hijo Bemabé López declaró en 1635 que
Juan López, su padre, fue 'persona de las primeras que entraron en la población de dicha ciudad (Monterrey o Villa de San Luis)', que entró con
el primer gobernador de ella, Carvajal ...".
Israel Cavazos dice de él : " ...es otro de los pobladores primitivos. Nacido
en la ciudad de México, fueron sus padres Pedro López y Cecilia López,
vecinos de la corte virreinal. Compañero de Carvajal, vuelve con Montemayor a Monterrey. El 15 de febrero de 1598, le son dadas, en merced,
uatro caballerías de tierra, a la falta del cerro de la Silla. Allí funda su
hacienda llamada 'La Pastora', donde siembra duraznos, granados y otros
árboles frutales. Es dueño, además, de otras tierras en el Topo". 'Casado
con Magdalena de Avila, vienen con él sus hijos: Juana, casada con el
sargento Juan de Montalvo; Melchora, mujer de Leonardo de Mendoza,
y Bernabé." "Es Juan López uno de los pobladores más antiguos y que sobrevive a sus compañeros por más tiempo. Su testamento está fechado en
Monterrey el 8 de noviembre de 1634."
Aparece como testigo y como uno de los vecinos en el "Acta de Fundación de Monterrey". En 1601 era regidor en dicha ciudad; en 1602 alguacil
ejecutor; en 1603 mayordomo de la iglesia parroquial; en 1604 alguacil.

279

�Hay otro homónimo muy sugerente: Juan López, que fuera criado de
Gaspar Castaño de Sosa en su entrada a Nuevo México; creemos qu.e éste
es el Juan López de la "Relación".
Domingo Martínez " ... natural de Garnica, hijo de Pedro Martínez de
Sierreta (sic por Cearreta) y de Juana G6mez". O'Gorman en su Catálogo
de pobladores dice: "Domingo Martínez Learreta ( ~c por de Cearreta) ,
por sí, y don Pedro de Cearreta Buitrón, su hijo, ha dado información en
esta real audiencia, de los servicios que ha hecho en esta tierra a V. M.,
habiendo venido a ella nueve años ha, en compañía de Luis de Carvajal,
a quien, por V. M. se encomendó la conquista y pacificación del Nuevo
Reino de ;León y de los Pueblos de Tamapachem, Tamotela, Tanholen, y
que en ella, padre e hijo, han servido a su costa y misión, con sus armas
y caballos, sin salario ni otro entretenimiento alguno; y que el Domingo
Martínez ha hecho oficio de alguacil mayor y sargento mayor y factor de
la Real Hacienda (en el Nuevo Reino de León) , y dado buena cuenta de si
en todos; y lo mismo parece por la información que se ha he&lt;;ho de oficio i
siendo V. M. servido de ocuparle en cosas de su real servicio, nos parece
que tiene cualidad, habilidad y suficiencia para hacerle merced· y lo mismo
el dicho su hijo. El licenciado Eugenio de Salazar dijo que entiende que
en la persona del dicho Domingo Martínez, concurren partes para que V.
M. le haga merced, aunque por procesos que ha seguido como Fiscal en
esta Audiencia, contra el Carvajal, gobernador del Nuevo Reino de León,
parece que el dicho Carvajal, ni los que han andado en su compañía, no
tienen obligado a V. M. por los servicios que aill le hicieron".

Dice Powell en Soldiers, lndians and Silver· «Fo th
. .
catecas, in bis absence Ahu d . f
. . _r e protect:ion of ZaJuan de Portugal en ;en w: ea ~n ormed t~e ofücials that he was leaving
to aid in escorting highway trafqf' ~petd thsoklie_rs at the Paraje del Cuicillo
ic m o e c1ty ,, Esto
,
f'
mes de junio de 1561.
·
ocurr1a a mes deJ
en

~:ºex::si::~r

abusado, de la pa~encia del lector y haberme excedido
e este articulo y deJo ya de seguir anotando.

Carvajal, en su Proceso, dice: "que (Domingo Martínez de Cearreta) vive
en esta ciudad (México) ; y su hijo, don Pedro, que reside en el dicho
Reino de León; y un su primo, clérigo, que pasó de aquí al Perú". Los tres
vinieron con él en su urca.
Don Luis de Velasco 11 en una carta al Rey dice: " ...un SPldado que
había hecho oficio de Tesorero de V. M. en aquella tierra, con el gobernador Luis de Carvajal, que se llama Domingo Martínez de Cearreta, hidalgo
y de buena intención y conocido de la gente que por allí ancla ... ".
Fue Tesorero del Nuevo Reino de Le6n antes de Diego de Montemayor.
Don Juan de Portugal " ...soltero, natural de México, hijo de don Hernando de Portugal y doña Magdalena Pinelo de Villegas". El 3 de agosto
de 1576 don Hernando de Portugal era un rico minero en las minas de
Zacualpa

280
281

�RETIRADA DE HERNAN CORTts A LA
MUERTE DE MOCTEZUMA
¿Conminación? ¿ Amenaza?
Conminación es apercibimiento.
Amenaza es amago.
El juez conmina al litigante: Je previene.
El padre amenaza al hijo, le levanta la mano.
La conminación es forence.
La amenaza es física.
Hasta aquí ROQUE BARCIA
Dicciol)ario de Sinónimo,

CARI.os R. CANTÚ CANTÚ
Sociedad Nuevoleonesa de Historia,
Geografía y Estadística

N UESTRo LEMA No ES ni conminación ni amenaza, es una nonna que encierra
un propósito a que deben sujetarse todos los que escriben Historia.
Los que leemos Historia por placer (''La Historia es la maestra de la
vida") o por necesidad como los que se dedican a enseñarla, tropezamos a
veces con problemas: es imposible conservar la imparcialidad y en ocasiones
impera la pasión; a veces se omite, como por descuido, un dato útil, clave
del asunto o se deja anotada una duda sutil que se antoja deliberada; que
la hlstoria la escriben los vencedores es una verdad conocida desde Jos tiempos antiguos; que hay escritores a sueldo es también cierto; pero mantener
una duda o urdir una trama por gala de dialéctica es siempre reprobable.

En el hecho que vamos a tratar de recordar, que se efectuó hace cuatro
siglos y medio, ayer apenas en el devenir del tiempo, hay todavía muchos

283

�puntos oscuros y por demás está decirlo, no seré yo el llamado a resolveTlos,
s.jn embargo entro en él con los mejores deseos.

-Señor nuestro: te has fatigado te has dado cansan ·
I ·
' ha
.
'
ao; ya a a tierra
tú
s llegado.
Has arribado a tu ciudad, México. A111.' has· veru'do a sentarte
.
en tu solio, en tu ~no. i Oh! Por tiempo breve te lo resexvaron, los que ya
se fueron, tus sustitutos ... , etc., etc ...

Hernán Cortés se presentó en el Valle de México en plan de conquistador;
no le valieron al Gran Moctezuma Xocoyotzin, Rey de México Tenochtitlan,
prete.-xtos protocolarios ni argucias divinas para detenerlo: los valiosos regalos de oro, pedrerías y plumas finas (signos indudables de tácito vasallaje )
no habían logrado sino excitarlo más en su empeño y reforzar la codicia
y la audacia del temerario capitán, que con un puñado de hombres, menos
de cuatrocientos, había penetrado hasta el corazón de las tierras soguzgadas
por los aztecas.

. (Moctezuma, profundamente religioso, tomaba a Hernán Cortés por el
Dios Quetzalc6atl que, de acuerdo con las profecías, volvería de oriente a
reclamar su trono.)

"¿ Qué hombres ha habido en el universo que tal atrevimiento tuviesen?"
Esto dijo Berna! Díaz del Castillo como en 1568. ¿Dijo la verdad?

-Tenga confianza Moctezuma, que nada tema. Nosotros mucho lo amamos.

"Uichilobos les aconsej6 que los dejen entrar, y desde que entreis en
México que allí os matarán" les decían los de Huejotzinco a Cortés, y Don
Hernando invitó a veinte nobles a acompañarlo. . . "No tenían los mexicanos
ni otras ningunas naciones poder de matarnos, salvo nuestro Señor Dios."

En seguida caminaron hacia Palacio. Según unos, Moctezuma a su casa

Antes de llegar a lztapalapa recibió Cortés la última embajada: Cacamatzin, culto y valiente Rey de Texcoco, sobrino del Gran Tlatoani tenochca, le prometió que si se devolvía a su país, México-Tenochtitlan pagaría
tributo; a su negativa le ofreció 1a bienvenida.
El intrépido Capitán entró a la ciudad rodeado de sus soldados armados
en pie de lucha. (Estamos a 8 de diciembre de 1519.)
Cuitláhuac, señor de Iztapalapa y hermano de Moctezwna, y otros grandes
señores se adelantaron para encontrar al Emperador; la calzada era amplia
y tenía de trecho en trecho cortaduras y puentes; ya en 1a ciudad llegaron
hasta Huitzillan (junto a los colibríes) y esperaron. A poco llegó Moctezuma
y después de los saludos de rigor éste puso al cuello de Cortés un collar de
oro y piedras finas y regaló a los capitanes españoles sartales de flores hermosas y de suaves aromas.
Cortés puso a Moctezuma otro collar y luego, sorprendido, habló:
-¿Acaso eres tú? ¿Es que ya tú eres? ¿En verdad, que eres tú Moctezuma?
-Sí, yo soy Moctezuma.
Luego el Gran Tlatoani, se irguió, inclinó 1a cabe2a cuanto pudo y dijp:

284

Cortés, por boca de Malintzin, contestó:

donde fue apresado a los cuatro días; según otros (lo más probable), Moctezuma Y Cortés caminaron cogidos de la mano hasta el v1eJo
· · p a1acto
· de
~u padre Axayác~tl, alojamiento destinado para los españoles; lo acampanaban: Cacam~tzm, Rey de Texcoco; Tetlepanquetzaltzin, Rey de Tlacopan; ltzcuauhtzm, Gobernador de Tlatelolco· Tepantemoctz' M
d
. .
,
,
m,
ayor orno,
Y un grupo de altos oficiales del ejercito azteca.
Don H ernando retuvo sólo a Moctezuma y a Jtzcuauhtz'
_,
m y... , de repente
tr on6 e1 canon
...
La confusión y el espanto se apoderó de todos. ¡ Los aztecas huyeron a la
desbandada abandonando a su señor!
La ciudad quedó desierta.

Marina pidió de comer para todos y útiles para prepararla. Los indios
la trajeron medrosos y huían.
A los pocos días comienza la opres1on
· ' d e1 R ey. Sus ayudantes huyen o lo
ob~decen con disgusto, pero nada falta. En la ciudad se comenta que el Rey
esta preso.

Dentro del Palacio comienza el saqueo: Los españoles recogen todo el oro
que encuentran; registran toclos los rincones, preguntan por el tesoro y los
con~ucen a Teucalco: Allí hay riquísimos objetos de oro y plumas y pedrenas; se ªP.oderan de todo, lo destrozan y se quedan sólo con el oro, dejan
las plumas a los tlaxcaltecas. Hacen lo mismo en Totocalco (La Casa de las
Aves), en donde están las cosas personales de Moctezuma.

285

�Cacama, que fue el que aconsej6 que se recibiera a Cortés como Embajador del Rey de E paña, vocifera en Te."&lt;coco, dice que su tío • es la mujer

. Cortés pide a Moctezuma que lo llame y Cacamatzin, que no quiere obe-

de los españoles" .

decer,
secuestrado y traído preso a México. En seguida, Don Remando
pide que vengan, en rehenes, todos los reyes vecino y )legan Tetlepanquetzaltzin, Cuitláhuac y otros mucho ; el siguiente paso es que llame a todos los
eiiores Tributarios de la Alianza de Anáhuac a venir a jurar obediencia
y reconocerse tributario del Rey de España Carlos V su señor; . ante
Pedro Hemández, y varios testigos todos traen y aceptan pagar tnbutos
excepto uno de Pánuco, su pariente· no quiere pagar y huyó a los mon
Cuauhpopoca, Wl señor de la costa de Vera.cruz, que mató a un español,
es traído y juzgado por Cortés y quemado vivo con otros quince nobles a la
vista de Moctezuma, al que ponen grillos. Se usa como combustible flechas
de los dep6sitos imperiales y el infeliz monarca llora y da las gracias cuando

Je quitan los hierros infamant s.
En otra ocasión Cortés y us capitanes querían obligar a Moctezu.ma a
quitar sus ídolos de los templos y a suspender los sacrificios humanos, y sólo
acepta que se baga un lugarcito junto a Huitzilopochtli para poner una
virgen con flores y velas encendidas.
El descontento popular es intenso y, presumiblemente no es igual el estado
de ánimo del Emperador, porque Moctezuma se atreve a decir a Cort'
que debía salirse de la ciudad de México y volverse a su país porque sus
dioses aconsejaban a los tenochcas que mataran a todos los españoles.
Don Hemando reconocía tal necesidad, pero daba pretextos: no tenía
barcos y había pocos carpinteros; Moctezuma le dio carpinteros y unos español fueron con ellos a Veracruz a fabricarlos. Los españoles llevaban
la consigna de trabajar despacio.
E taban en esas di cusiones cuando se supo la Iletrada de Narváez, y ambos actuaron :
Moctezuma envió regalos.
Don Hemán Cortés dividió su escasa fuerza, entreg6 dinero a un fraile
amigo y lo envió por delante a entrevistarse con los que llegaban¡ dictó
instrucciones a Pedro de Alvarado y se encar6 a su destino.
Ya sabemo cómo la intriga, el soborno (una práctica tan vieja como el
286

mundo) la amenaza velada o franca y sobre todo la capacidad indiscutible
de Cortés, dio por resultado que el atrevido y valiente conquistador adquiriera
más d mil soldados y arváez quedara tuerto y además preso.
Mientras tanto en México tenían lugar muy importantes acontecimientos.
Durante mayo era el mes de Toxcatl y se verificaba una fíe ta en el
Templo Mayor; Alvarado concedió el permiso a condición de que los celebrantes se p-resenta.ren desarmados; por una falsa denuncia de los tlaxcal~
o por codicia, los españoles hicieron una horrible matanza de más de cuatrocientos nobles y muchos de sus familiares y robaron sus joyas; el pueblo se
nfureció y atacó a los españoles que después de muchas fatiga volvieron
a su cuartel, al cual pusieron itio los indios que no obedecieron a Itzcuauhtzin
que pedía paz. Al conocerse el triunfo de Cortés suspendieron el ataque
pero estrecharon el asedio y esperaron; mientras, ahondaron las acequia y
las cortadura de las calzadas, ob trurcron los camino y edificaron baluartes.
Don Hernando se vio en apuros: suspendió la colonización de Pánuco y
de Coatzacoalcos; pidió a los soldados de arváez que olvidaran sus rencillas,
que formaran en sus filas con ánimo y que los haría ricos. "Si supieran las
fuerzas de México, cierto está que no fuera ninguno." Esto pensó BemaJ
Díaz del Castillo pero no se lo dijo a nadie.
Don Hemando pidió ayuda a Tlaxcala y allí hizo alarde. Alarde es revista
pero también es jactancia:
Disponía de 1,300 soldados a pie, 96 a caballo, 86 con ballesta y 86 con
escopeta, en total 1,568 homb
Al llegar a Texcoco lo encontró abandonado y un aliado traidor, Ixtlilx6chitl, le detu o los últimos indios que se marchaban a México. o hubo
fiesta, ni oro, ni nada. Entró a México-Tenocbtitlan por el norte y no encontró ni un hombre en la calle.
Penetró al Palacio de A.xayácatl fiero y sañudo y despreció a Moctczuma
que quiso aludarlo y pidió informes a Pedro de Alvarado.
Colérico Cortés por la situación, maldecia de Moctezuma a quien llamaba
perro y traidor; calmado por sus capitanes pero preocupado por la falta
de alimentos solicitó del Rey que mandara abrir el Tianquistli y éste, seguramente ya de acuerdo, pidió que saliera Cuitláhuac a conseguirlo.

De pronto llega un soldado infonnando que atacan los indios en multitud
de escuadrones. Diego de Ordaz sale con cuatrocientos soldados a apaci287

�guarlos sin guerra y sin ruido y por poco no vuelve ante la tenaz acometida
&lt;le los aztecas que por todas partes lo persiguen.
Berna} Díaz del Castillo se admira de la bravura de los indios y asegura
"que aunque tuviera allí con ellos diez mil Héctores troyanos y tantos Roldanes" no los podrían contener y luego lo confirma "porque unos tres o
euatro soldados que se habían hallado en Italia, que allí estaban con nosotros,
juraron muchas veces a Dios que guerras tan bravosas jamás habían visto
en algunas en que se habían hallado entre cristianos y contra la artillería
d.el Rey de Francia ni del gran Turco".
Las tropas españolas hacían salidas frecuentes; quemaban cuanto podían
y volvían cansados a curar sus heridos y a enterrar a sus muertos. En una
d.e estas salidas Cortés atacó el Templo Mayor y valerosamente subió sus
114 escalones, mataron muchos indios, quemaron los ídolos pero no encontraron la virgen que habían mandado poner. La llegada no interrumpida
&lt;le nuevos escuadrones guerreros hizo que los españoles se retiraran a su
&lt;:uartel, después de muy sensibles pérdidas de vidas.
Como el sitio se hacía cada vez más serio, Cortés y sus capitanes quieren que
Moctezuma salga a la azotea a apaciguar a sus súbditos pero el Rey se niega.
Bernal Díaz del Castillo pone en boca del Emperador estas palabras: "¿ Qué
-quiere ya de mí Malinche, que yo no deseo vivir ni oírle, pues en tal estado
por su causa mi ventura me ha traído?". Pero el Padre de la Merced y
Cristóbal de O lid, con persuasiva insistencia lo convencen, pero dice: "Yo
tengo creído que no aprovecharé cosa ninguna para que cese la guerra, porque ya tienen alzado otro señor y han propuesto de no os dejar salir de
.aquí con la vida y así creo que todos vosotros habéis de morir '.
Valentísimas palabras.
Moctezuma salió o lo sacaron a la azotea, pues algunos aseguran que para
-ese momento el Rey ya estaba muerto. Acercáronse los capitanes aztecas y
.dijeron a su Tlatoani cuánta pena tenían por su estado y el de sus familiares, que no podían dejar de pelear y que tan pronto como lograran su
1ibertad volvería a ser su rey. . . Y se reanudó el ataque.
(Esto sucedía cuatro días después de que los españoles se subieron a la
-plataforma superior de su Templo Mayor y quemaron sus dioses.)
Siguieron los rudos ataques a los aposentos españoles y casi cada día Cortés
enviaba mensajeros a los aztecas solicitando paces de que hacían burla los
.indios.

288

En una de tantas salidas Cortés y sus capitanes llegaron hasta Mazatzintama1co, casi en tierra firme, y cortaron jilotes y rastrojos de una milpa. Las
puentes, informa Bernal Díaz del Castillo, estaban casi todas quebradas. Error
grave fue no aprovechar esos días de fines de junio para evacuar la ciudad.
Don Remando no pensaba todavía en tal eventualidad.
Don Carlos Pereyra, siguiendo la pulida dicción del cultísimo Fraile Don
Antonio de Solís, acepta como cierta una imaginada petición de paz como
causa o motivo de ese fatal error.
Cuatro días después de la supuesta arenga de Moctezuma o de Itzcuauh-

tzm, arrojados por sobre el pretil del terrado o conducidos por sus compañerns de cautiverio, sus cadáveres aparecieron sobre una tortuga de piedra.
Don Hemán Cort 's ordenó informar a los indios con una comisión de
sus prisioneros, que en aquel lugar tenían a su Rey muerto por ellos mismos.
Don Manuel Orozco y Berra, termina el tercer tomo de su Historia Antigua y de la Conquista de México, p. 445, con estas muy graves palabras:
"No le pasó por las mientes (se refiere a Moctezwna), caso de que el
sino no pudiera ser contrarrestado, esperarle con paz serena, desplegar la
confianza tranquila y estoica que los guerreros indios saben mostrar en los
crueles tormentos que sus enemigos les aplican. Ante los embates de la fortuna se doblegó como frágil caña: Ante ]a desgracia quedó fascinado como
el pajaro ante la boca de la serpiente; el orgulloso, el omnipotente, el Dios,
perdió la energía; baj6se él mismo de su alta dignidad tomándose débil,
cobarde y aun villano."
Don Carlos Pereyra, con menos disculpa que Moctezuma, fascinado también por la estatura de su héroe, Hernán Cortés, escribe: "Una leyenda
indígena, recogida por autore:, caste11anos, frai1es algunos, hacen morir a Moctezuma apuñaleado por mandato de Cortés.
"Bien cotejados y puestos en claro todos los testimonios, podría en rigor
decirse que no sabemos cómo murió Moctezuma; pero de ningún modo podemos afirmar que lo asesinaron los españoles. Esto nadie podrá probarlo".
Hernán Cortés~ Carlos Pereyra, p. 115. Ed. Sepan Cuántos, Porrúa, Méx.

Que lo asesinaron los españoles a puñaladas fue afirmado por el Padre
Bemardino de Sahagún y un grupo de Sabios y Grandes Señores Aztecas.
Hist. General de las cosa,s de la Nueva España, IV tomo, p. 48, Ed. de 1969.

Así pues, aceptando la trayectoria del Gran Tlatoani tenochca, pero to289
bumanitas-19

�mando en su justo valor los pequeños pero claros parlamentos que Berna!
Díaz del Castillo, testigo ocular del trágico momento histórico, pone en boca
de Moctezu.ma, cuando hacia el holocausto de su vida ante la oprobiosa
presión de los conquistadores, al agudo punzar de las espadas, el Gran
toani vindica con creces su nombre, pues obró ofuscado por la fatal comodencia de las profe-cías de Quetzalc6atl y la llegada de los españoles.

:r~-

Sin interrumpir las bravas y constantes acometidas sobre el P.alacio de
Axayácatl al cual trataban de destruir y quemar, los indios recogieron los
cadáveres de sus reyes muertos y con un tanto de repugnancia condujeron
a Moctezuma a Copulco en donde fue incinerado y a ltzcuauhtzin a Cuauhxicalco en Tlatelolco, en donde se le hicieron grandes honores.

En esos momentos, de mediodía al caer la tarde, hicieron Cortés y sus
capitanes su inútil salida hasta Mazatzintamalco, casi a la orilla del lago.
Y el ataque se reanudaba por veinte partes a la vez y Del Castillo asegura
que oía claros los gritos de los indios: "Ahora pagaréis de verdad la mu~~~e
de nuestro Rey y el deshonor de nuestros dioses, y las paces que nos enviais
~ pedir, salid acá y concertaremos cómo y de qué manera han de ser''. Y en
afirmación agrega Bernal Díaz: "Veíamos nuestra muerte a los ojos".
Pero el estado de las cosas llegó a tal grado que no se podía esperar más:
faltaban alimentos y se terminaba la pólvora; estaban fatigados y los escuadrones indios se renovaban continuamente y crecían cada día de número.
Y después de largas deliberaciones resolvieron salirse de la ciudad y dejar
para mejor ocasión la conquista. Discutieron el modo y la hora de hacerlo:
"Y para tratar de descuidarlos les mandamos a decir con un Papa {Sacerdote) y varios prisioneros que teníamos, que nos dejaran ir en paz de allí en
ocho días y que les dejaríamos todo el oro" ...
Decidieron salirse de noche, lloviznaba y el suelo estaba resbaloso. Reunió
Don Hemando a todos: les hizo recomendaciones sobre el modo de proceder,
juntos y sin ruido j cómo defenderse y matar sin piedad; y resuelto todo
llamó a los representantes del rey: separaron el quinto del rey, Cortés tomó
su quinto, también guardó lo que pertenecía a los que estaban en Veracruz
y con la anuencia de los oficiales reales, repartió lo que quedaba. Los soldados de Narváez se cargaron de oro.
Se organizó la columna: 7 a 8,000 hombres: 1,300 eran españoles; de 8
mujeres, una era española, María de Estrada "que no tenia.mas otra mujer
de Castilla, sino aquélla". En la vanguardia Gonzalo de Sandoval, Antonio de
Quiñones, Francisco de Sauceda, Diego de Ordaz y otros más; 200 soldados,

290

20 jinetes y· 400 tlaxcaltecas con un puente para pasar las cortaduras del
camino. En el centro Cortés, Alonso de Avila, Cristóbal de Olid, fardos a
espaldas de los aliados tlaxcaltecas, el tesoro en 7 caballos heridos o cojos,
Doña Marina, Doña Luisa, los hijos de Mc;&gt;ctezuma ,(varones), Tecuichpo
que significa: Hija del .Rey1 llamada también Ichcaxócbitl (Copo o flor
aJgoclónL que ya bautizada se llamó Doña Isabel. En la retaguardia Alvarado (Don Pedro) "El Tonatío", por su pelo rubio, Juan Velázquez de
Le6n, muchos soldados de Narváez a pie y los últimos de a caballo.

d;

Comenzó la silenciosa marcha: se rodeó el Templo Mayor por el Coatepantli hasta la puerta del poniente: Acatl iyacapan (Punta de la caña),
enfrente de la Calzada de Tlacopan. El Templo tenía sólo tres puertas:
la del sur a lztapalapa {Entrada del águila), a la que llamaban Cuauhquiyauac y la del norte a Tlatelolco y Tepeyac; Tezcacoa (Serpiente de espejos), y la primera nombrada.
Hay mucha anarquía sobre los nombres y la situación de las cortaduras
de la Calzada de Tlacopan por donde huyeron los españoles {seguimos el
Plano de Sahagún que se encuentra frente a la página 144 del IV tomo de
la Hi.st. Gral. de las Cosas de la Nueva España, del P. Sahagún, Ed. Porrúa
de 1969) : En los primeros pasos sobre acequias dentro de la ciudad no
hubo ninguna dificultad; al llegar a la orilla de la isla, "Tecpantzinco", doI,J.de
está hoy el Correo y tenía entonces su casa Tecuichpo, la calzada estaba
cortada; al ruido que se hizo para colocar el puente una mujer que recogía
agua comenzó a gritar al mismo tiempo que el Teponaztle del Templo
Mayor llamaba a la guerra y llegaron innúmeras legiones de indios a pie
y en lanchas en una gritería tremenda jalaban el puente tratando de quitarlo
para impedir el paso; con mil penalidades pasaron la primera y la segunda
secciones de la columna cuando los aztecas lograron quebrarlo cayendo al
agua tlaxcaltecas cargados con fardos y petacas y caballos hasta que se colmó
la cortadura de la calzada; Alvarado, de la retaguardia, logró pasar, Juan
Velázquez de León fue muerto a pocos pasos de allí; pero el extremo posterior de la columna: unos 80 españoles y muchos cientos de tlaxcaltecas
tuvieron que devolverse y refugiarse en el cuartel (Palacio de Axayácatl),
en el cual fueron paulatinamente exterminados.
Multitud de canoas (muchas especialmente preparadas para el combate
acuático), iniciaron un enconado ataque a la columna; lloviznaba. . . y el ataq~e era doblemente desastroso porque la calzada, en esa parte, estaba construida en una fila de islotes y el ataque era desde las canoas y desde las
azoteas de las casas. Los españoles apenas si podían defenderse con las Jan-

291

�zas y las espadas, pu
escopetas.

la Uuvia y la oscuridad dificultaban el uso de las

¿ La

gunda cortadura 'Toltea lli". donde hoy está an Hip6lito, ya no disponían de puente y aguantando el acoso de los fle hero
aztecas· por I mpuje de columna qu avanzaba sin poderse detener, caballos y fardos, indios y españoles, fueron cay ndo al agua hasta que la
cortadura se colmó pasaron I que pudieron.

Al llegar a la

Hemán Cortés afirmó que él ganó los dos últimos pasos a nado.

En el tecer paso Toltecaacalopan ( Canal de los toltecas), frente a la bocacalle del Tívoli, hoy de Jesús Terán, también sin puente, Alvarado lo pasó
por una viga que alguien pudo poner (no hubo tal salto); pero fue de los
últimos.

oche de la Victoria?

¿La anunciación d una nueva nacionalidad?

\

BIBLIOGRAFJA

Historia de la Co11q11.ista de la 11.eL•a España, Bcrnal Dí:tz deJ
tillo.
Bernán CortJs, Carlos Pereyra.
Historia de la Conquista de MJxico, Fray Antonio de Solli.
Historia General de las Cosas de la Nueva España, Fray Bemardino de Sahas,ín.
MJxico Vújo. 1521-1581, Luis Gonzilez Obregón.
Historia A11ti¡11a de la Conquisto d, Mlxico, Manuel Orozco y Berra.
Historia d, las Indias de la Nueva España , Islas de la Tierra Firme, Fray Diego Du.rin.

Los qu quedaban atrás llamaban !amorosamente pidiendo ayuda y Don
Remando acudió con algun compañeros pero a poco andar encontró al
Tonatío herido, a pie (pues le mataron su hermosa yegua alauuia), acompañado por cuatro españoles y unos cuantos tlaxcaltecas, todos heridos. Al
enterarse Cortés que atrás no quedaba nadi se desistió de su empeño y lloró
por la muerte y pérdida de tantos compañeros.
En las puentes quedaron los hijos de Moctezuma: Doña Ana y Doña
María, tambi'n himalpopoca; acamatzin Rey de Texcoco y un hermano
u ·o, así l'omo otr pr1ncipes prisionero . · sa lvaron
ña Marina, Doña
Luisa (Hija d ¿ i ot'n atl ) dada como mujer a Juan Velázquez de León,
que qu dó mu rto en la calzada. La pañola María Estrada también salvó
la vida.

Te uichpo (Ixca. -óchitl: Copo de Algodón ) apareció despu
tenochcas.

entre 1

Todavía de noche y ya en tierra firme, bajo el tenaz acoso de los flecheros
indios fue muerto Tlaltccatzin otro hijo d M tezuma, que peleaba a faor d
ort' . Antes de amane r ncontraron prot ccióo y descanso n un
pequeño teocalli. A la luz débil d l aman r huyeron en dirección d 1 nort .
Los guiaban oficial de Tlaxcala.

Era el 19 de julio d 1520.
¿ Cómo podremos JJamar a aquella noche trágica, horrible, plena de luchas, llena de lágrimas, saturada de gritos de guerra y de cantos de triunfo?
¿La Noche Triste?

,
'

292
293

�EL MUNICIPIO DE SAN NICOLAs DE LOS GARZAS

Antecedentes históricos

TOMÁS MENDIRICHAGA CUEVA

Sociedad Nuevoleonesa de Historia,
Geografía y Estadística.

I
EL ORIGEN DEL actual Municipio de San Nicolás de los Garzas se remonta a
los últimos años del siglo XVI.
Consumada la fundación de la Ciudad Metropolitana de uestra Señora
de Monterrey, el 20 de septiembre de 1596, por el Capitán Diego de Montemayor, hizo éste poco después el reparto de tierras a los primeros pobladores,
como lo estipulaban Jas Reales Ordenanzas.

El 5 de febrero de 1597, el Escribano Diego Díaz de Berlanga, que fue
quien redactó la carta de fundación de Monterrey, solicitó a Diego de Montemayor, entre otras mercedes, cuatro caballerías de tierra y un sitio de ganado mayor al norte de la ciudad. 1 El mismo día le fueron otorgadas.
De dicha petición se deduce que la merced ya se le había concedido a Dí.az
de Berlanga, aunque quizá sólo verbalmente, pues asienta: "me hallo en posesión de cuatro caballerías de tierra, que en nombre de Su Majestad me cupo
cuando ¡re repartieron las tierras a todos los vecinos de esta ciudad". Más
adelante señala su ubicación: "Y caen estas dichas tierras por encima
de· la estancia que dicen de Santo Domingo {en donde) hace una ciénaga
• La caballería de tierra era una medida de superficie, equivalente a 42 hectáreas,
79 áreas y 53 centiáreas. Un sitio de ganado mayor eran 1,755.61 hectárea.,. El sitio
de ganado menor equivalía a 780.27 hectáreas.

295

�en las dichas tierras y está u11 árbol de guaje, sin otros muchos guajes que
hay en la dicha ciénaga, y las aguas que tiene y ojos en el distrito de las
dichas tierras, por cuanto (Diego de Montemayor) nos las repartió luego que
aquí llegamos, en nombre de Su Majestad, con un sitio de ganado mayor en
die ha parte ... " 2

La redacción del documento parecerá algo confusa al lector de hoy. Sin
embargo, de los párrafos anteriores claramente se deduce que, antes del 5 de
febrero de 1597, el Escribano Diaz de Berlanga ya estaba en posesión de
aquellos terrenos, por lo tanto solicitaba la confirmación de la propiedad.

Esta merced fue el núcleo de la futura Municipalidad de San Nicolás de
los Garzas.
Díaz de Berlanga actuó como Regidor del primer Ayuntamiento regiomontano en 1596 y volvió a tener el mismo cargo en el año 1600. En mayo de
1605 ya babia fallecido, pasando la propiedad a Mariana Díaz, su viuda.
Sabemos por referencia que Diego de Montemayor concedió otras mercedes en la misma comarca, o sea al norte de Monterrey. Por el mismo rumbo,
Pedro Iñigo, primer Alcalde de segundo voto de Monterrey en 1596, obtuvo
dos caballerías de tierra y Domingo Manuel, quien también aparece entre
los primeros vecinos de la ciudad, fundó una hacienda de labor n9mbrada
Santo Domingo, donde murió asesinado por los indios en 1604 6 1605.
Las tierras que habían sido de Domingo Manuel fueron adquiridas por el
Capitán Antonio Rodríguez, o quizá solicitó una nueva merced.

Es poco lo que se sabe de este antiguo poblador. El Capitán Antonio Rodríguez fue Alcalde Ordinario de Monterrey en 1601 y aparece mencionado en
varios documentos. El Cronista Alonso de León, en el discurso segundo, capítulo XII, de su famosa R elación, al mencionar el asalto a Monterrey, consumado por _la¡¡ tribus al mando de Guajuco y Colmillo, en la madrugada
del 8 de febrero de 1624, dice que el Capitán Antonio Rodríguez resultó
herido "en una pantorrilla; yéndose a Saltillo, se le i11flam6 y muri6".
En una importante Memoria del estado en que se hallaba el Nuevo Reino
de León, redactada por el Ayuntamiento de Monterrey en 1626, se mencjonan
siete estancias en la jurisdicción de Monterrey, pero no se citan las que habían
sido de Diego Díaz de Berlanga y Domingo Manuel, pues seguramente estaban

,
'

• La merced primordial de tierraJ y aguas concedida al Escribano Diego Díaz de
Berlanga se- encuentra en el Archivo Muflicipal de Monterrey: Ramo Civil, volumen
89, año 1760, e,cpediente 5, folios 5 vuelta a 6 vuelta.

despobladas debido a la "guerra viva"
. ,
naturales.ª
que e.xistia entre los pobladores y los

R:

~oco después, un Antonio de Urb·
·
.
qwzá yerno, del Capitán Antonio
a qwen .se menaona como "hijo"
Garza la Hacienda que fue de
iguez, vendió al Capitán Pedro de la
su suegro.
El Capitán
Pedro de 1 Garza repobló la Ha · da
. ,
.
y cultivo sus tierras Este anti.,..,
.
cien
de Santo Domingo
l _
·
-e, ..o conqwstador hab'
tr 'd
.
e ano de 1610 con Inés Rodríguez hi ·a d
.
~n ai o nupcias por
ticia Mayor del Nuevo Reino de L' , J tb Ca~1tán Diego Rodríguez, Jusnacieron cuatro hijos: Mariana, Eleon, py e astiana de Treviño. Del enlace
ena, edro y José.

ª

;ª

Hac~ ,1630, Elena de la Garza, hija de Pedro e Inés se unió en
.
.
al Cap1tán Juan Cavazos natural d 1 ·11 d
'
matnmoruo
V' .
'
e a vi a e Santa María
C tilla
teJa, quien había entrado a la conquista del Nuevo Reino de' Len, asd
- la
antes.
eon os anos
Con ese motivo, el Capitán Pedro de la Garza reso . , . . .
Y dio en dote a su hija Elena mil
"
, !vio dividir la propiedad
"la mitad de la hacienda de lab
pesos, d en los ~eneros y cosas" siguientes:
e indios" valuada en 600
or que era e Antonio Rodríguez, ti.erras y ª"Uas
'
pesos· 200
" d ·
"
menor, cabras '11 ove¡·as'' y " . t,
pesos en oscie11tas cabezas de ganada
.,
vern e vacas corra/eras
·
.
cada una; diez '\leguas con s p d
.
en cum /Jcsos, a cinco pesos
.,
u a re en cien pesos".
Posteriormente, la otra mitad de la Haciend d
.
quirida por el Capitán c
ª e Santo Domingo fue adavazos y su esposa. Así lo especifica Elena de la G
en su testamento fechado el 29 d
· b
arza
'
e noviem re de 1659· "lt
d
otra mitad de la Hacienda se
p ,
f
. em, eclara que la
com ro con rutas proced "d d /l
.
y madre Inés Rodríguez" A- di d
,
' os e e a a mi señora
· na en o mas adelante
nes: "La Hacienda (de S t D .
q~e posee, entre otros bieb .
ano ommgo) en que vivo con e
d
l
a¡os y ventanaje, toda cubierta de vigas labradas Un , l
asas e a tos y
que se encierran las semillas" L
.
a ga era muy capaz, en
veinte caballerías de tierra ~ u~~o agrdega gue la propiedad se compone de
Y es sitios e ganado mayor
"
tará por merced y compra" ' E d .
.
y menor, como conssiglo XVI o Do .
. s cCir que la Hacienda fundada a fines del
p r mmgo Manuel, alcanzaba a mediados del XVII
extensión.
·
una respetable
' Cossfo, Historia de Nuevo León t I
9
' T
, · , pp. 1 3 y 208.
estamento de Elena de la Garza Y recibo de la
.
Cavazos, en : Protocolos de Instrumento
, .
dote, extendido por el Capitán
106 a 111. Archivo Municipal de Mon~r::.licos, volumen 3, años 1650-1680, folio.s

296

297

�( Cabe aclarar que las citas de documentos antiguos, transcritos en este
trabajo, están modernizadas para comodidad del lector).

Al quedar dividida la Hacienda de Santo Domingo, el Capitán Pedro de la
Garza decidió adquirir unos terrenos colindantes. En efecto, el 16 de agosto
de 1635, compra a Mariana Díaz, viuda del Escribano Diego Díaz de Berlanga, las cuatro caballerías de tierra mercedadas a su marido por el Capitán
Diego de Montemayor, "que caen por encima de tierras de estancia que llaman de Santo Domingo, con el ojo de agua que comúnmente llaman de
Marianti', cuya transacción se hizo "por precio ,, cuantía de cien pesos, que
le ha de satisfacer en trigo ,, matz ,, carne ,, lo más que hubiere menester
hasta la dicha cantidad . .. " 5

Es a partir de entonces cuando se empieza a formar la Haciepda de San
icolás, conocida como la Estancia de Pedro de la Garza.
Algunos autores (J. E. González, T. L. Hernández, S. Roel) creyeron
erróneamente que la Hacienda de San Nicolás, fundada por el Capitán Pedro
de la Garza, era la misma Hacienda de San Nicolás Tolentino. Es preciso
aclarar que esta última, también nombrada San Nicolás del Topo, después
fue conocida como el Topo de los Ayalas y ahora es el Municipio de General
Escobedo, habiendo sido su dueño el Capitán José de Ayalai primo camal
del Capitán Pedro de la Garza.

Un trágico suceso conmueve a los pobladores del Nuevo Reino de LeóJI en
esos años. El martes 8 de febrero de 1639, el Capitán Pedro de la Garza
muere asesinado de un arcabuzazo en el Valle de las Salinas, a manos de
Mateo Monzón, al disputarse la pasesión de wt indio de encomienda.
Al ocurrir la muerte violenta del Capitán Pedro de la Garza, éste ejercía
los cargos de Regidor del Ayuntamiento de Monterrey y Juez Provincial de
la Santa Hermandad, cuyos cargos ya había tenido en 1636. También fue
Procurador del Cabildo reinero en 1630.
Se hizo el inventario de sus bienes. Entre los papeles que guardaba el difunto se encontraron los siguientes documentos: "una merced hecha a. Pedro
Iñigo de dos caballerías de tierra, abajo de la ciénaga"; "una donaci6n de
cuatro caballerías de tierra con su agua, que le hizo Bernabé L6 pe.z"; "más
la merced del señor Gobernador (Martín de Zavala) de esta Hacienda (San1 Protocolos de Instrumentos Públicos, volumen 1, años 1599-1630, folios 43, 43
vuelta y 44. Mi.mio Archivo.

298

to D

·
om.mgo), con diez cabal/erías de .
, "
a Bernabé L6per'.G
tierra' Y una merced de tierras hecha

Es lamentabl

e que no se mencionen las f chas
ocumentos anteriores. Sólo en d d
e
en que se extendieron los
merced de Ja
•
os e ellos se cita 1 b · ·
Ha.crenda de Santo Domin o
. . a u 1cac16n Y, en Ja
sona a quien fue concedida.
g , se Oirutió el nombre de 1a perd

La Hacienda de San Njcolás uedó b .
·
. .
drl~';2 Y sus dos hijos varones: :edro ª 10 _la ª~rustración de Inés Ro,

!

Capitán, como su padre . d
Jose. E1 prime.ro tuvo el grado d
, Sien o conOCJdo
e
I
arza el Mozo. Nacido en el Nu
R .
con e nombre de Pedro de la
los r-;irano d R .
evo emo de León entre 1612
~ egidor y Procurador del A
.
.
Y 1615, ocupó
merosas ocasiones, siendo Alcalde de M yuntamiento regiomontano en numatrunonio con María de la Rocha
onterrey en 1659 y 1683. Contrajo
• procreando once hijos
El C~pitán Pedro de Ja Ga.rza el Mozo se
.
~. propiedad y pidió al Gobemador Martín propuso ensanchar los límites de
SJ.tlos de ganado mayor y d d
de ZavaJa una merced de d
E
.
os e menor, " n las d a.sí
os
stancia que fue de su padre. El G be
em_ as que hubiere" en la
0
M a¡es
· t ad"., exp1dió
·
en la Villa d C rralmador accedió y, " en nombre de Su
ced de los cuatro sitios de ganad: e . vo, el 5 de marzo de 1642, la merlugar que más c6modamen.t e hubie m;or ~menor solicitados, "en la parte ,,
Garza seiíalare en la d' h E
:e em as, y donde el dicho Pedro de l
te a stancta . .. "
a

G

-o-..

A la muerte de Inés Rodr'
..
. I'
lgtlez, su hi10 Pedro h
dó la
.
N ico
as, que se componía de
ere
Hacienda de San
cuatro
caballerías
d
·
na d o mayor.
e tierra Y un sitio de ga-

Para asegurar sus derechos, solicitó a las
.
sesión legal de aquellos terrenos "
autondades que le dieran la po-

familia y

labrando las dichas
·
mis ganados y caballada ... "

tie

en cuya part~ _estoy poblado con mi casa y
rras, ,, en el sitio (de
d
gana o mayor) tengo

El 13 de octubre de 1655 Juan de Ab
~ey, Je dio "quieta )' pacífica posesi6n" ;:g~;~calde. Ordinario de Monwdas en 1a merced del 5 de febrero de 1597
las .ºC:-ras y aguas conteSan Nicolás. 7
' que constituian la Hacienda de
• EJ voluminoso expediente b'
Ca\Ua.S Criminal
a ierto para la averiguación del
.
vue1
es, volumen 3, años 1639-1641
pedi
cnmen, se halla en:
• ta Y 12. Mi.uno Archivo.
' e.x
ente 32. Ver los folios 11, 11
La merced de 1642 y eJ a11to de posesión de las ti
cf
erras, ectuada en 1655, puede.o

299

�..,
t enario en Monterrey, el 20
Este Capitán Pedro de la Garza muno °&lt;: og .
uial ho Catedral.
de noviembre de 1695, siendo enterrado en la iglesia parroq ' y

la Hacienda de San Nicolás el 19 de ocEn su testamento, otorga~o, en acio Guerra Alguacil Mayor del Nuevo
tubre de 1688, ante el Capitán dlgnl
d . p'or mis bienes esta labOT que

· t . "1tem ec aro Y e10
Reino de Le6n, as1en a.
, .
' d tierra y dos sitios de ga11ado
se contienen ( así dice) de cuatro caballenas e d l
dos" ,Además "la
l
d
enor como consta e os recau
.
mayor el uno Y e otro e m
'
b .
alto y una galera accesoria
ue se compone de un aposento aJo y uno
,
.
,
casa,
q
p
sento
ltem
tres
aposentillos,
todo
de
adobe
'.Y
morillos'.
con un a o
•
,
.
. "ltem una casa de vivienda en la ciudad
,
.
n el solar que le cod
na sala y cocina, co
de Monterrey que se compone et
l d' a mi primo Lucas González".
rrcsponde' menos un pedazo de so ar que e i
. .
.

Luego añade entre otros bienes

.
d 1 . dios que estaban a su serviao :
Enseguida menciona la encom1endado; ;;a:ín de Zavala, Gobernador que
"1tem, declaro tener por merceíddde. d'
lazapas la cual según la ley de la
rancher a e in ios a
,
,
R .
fue de este ezno, una
mi hi ·o Pedro de la Garza, al cual le ensucesi6n, entra en ella ( la hereda)
l J . de su suste11to enseñanza y las
bl'
· , y con e ca1 go
,
cargo cumpla con su o
(ser) encomendero es obligado, según la vodemás cosas que ~or raz n
encar o la conciencia y le pido que los
luntad de Su Ma1estad, sobre quedled
g h"rmanos y mis hijos, no se los
. d' l
e yo les he a o a sus "
indios e in 1zue os qu
.
H . d
donde fueron encomenquite pues son para que asutan a esta acien a, a
dados''.

'!ªª';;

. da de indios
También declaró pertenecerle otra encomien
. "s alazapas, merced
concedjda por el Gobernador Zavala, "a que me u mito .

II
.
al poruen
· t e, con .las Haciendas
La Hacienda de San Nicolás colmdaba,
las del
de
Topo de los Ayalas y el 1:ºPº de los González y, al onente, con
Santo Domingo y El Mezqwtal.
.
'd de cómo eran esas Haciendas en el pnQuizá.
poddrl~olsX
tenVe~¡n~
\e:;
un breve párrafo del importante informe
mer teroo e 51g O
'
verse en: Ram0 Civil • volumen /)9, año 1760, expediente 5 folios 1 y vuelta, 3
Y vuelta.
.
p ed ro d e la Garza el Mozo en: Protocolos de lnstru• El te Mismo
lamentoArchivo.
del Capitán
a'blicos , volumen 4' años 1681-1690, folios 106 a 109.
mentos Pú

300

que, con fecha 11 de enero de 1735, envió eJ Gobernador del Nuevo Reino
de León, José Antonio Fernández de Jáuregui, al Virrey-Arzobispo de México doctor Juan Antonio de Vizarrón y Eguiarreta. Le dice que en las cercanías de la ciudad de Monterrey ''hay algunas estancias y labores muy buenas donde se coge maíz, frijol y caña dulce · críase también algún ganado
mayor y menor, porque /ia más de seis años que no los perjudican los (indios)
enemigos, como lo ejecutaron en los años antecedentes".°

El 22 de agosto de 1760 se hizo un reconocimiento de los límites de la
Hacienda nicolaíta, basándose en los títulos de propiedad de las Haciendas
colindantes, pues las escrituras de la Hacienda de San Nicolás carecían de
los datos esenciales para poder precisar dichos linderos.
El Ümjte de propiedad entre la Hacienda de San Nicolás y 1a del Topo de
los Ayalas (hoy Municipio de General, Escobedo) era la Abra Grande, "que
'Cae en la falda del Cerro del Topo, cuya línea corre para abajo hasta tas
cercanías del fin de esta Hacienda (San Nicolás), donde señalaron un montecillo que cae poco más abajo de lo.r términos de esta Hacienda. Desde cuyo
paraje guiaron los colindantes e interesados hacia la parte del sur, por abajo
de unas ruinas de unas casitas, atravesando una cañada que comúnmente
dijeron nombraban El Charco, hasta topar una loma tendida, con que se
reconoce que la naturale~a divide esta Hacienda de la de Santo Domingo ... "

La medición continuó ''rumbo del poniente hasta topar un mogote de árboles grandes que comúnmente llaman el Monte Redondo, que está frontero
a la punta del Cerro del Topo. Desde cuyo paraje, rumbo al norte, proseguimos hasta coger el camino real de Salinas (Salinas Victoria) ... '', en donde
fue sefialado el lindero con el Topo de los González ( ahora Topo Chico),
'que se compone de una peña elevada, de la banda del poniente de dicho
camino real. Y, siguiendo dicho camino real, proseguimos por él y laderas del
Cerro dél Topo, hasta llegar a la abra ya citada, que divide las tierras áe esta
Hacienda con las de los Aya/as . .. "

EJ mismo día 22 de agosto se hizo el nombramiento del Capitán Juan José
de Montemayor, vecino del Guajuco, para que actuara como agrimensor.

AJ día siguiente se dio principio a la medida "en la ladera del Cerro del
Topo, hasta donde se pudo subir a caballo, en un paraje que comúnmente
llaman la Abra Grande, que se compone de una ladera que sube entre dos
arroyuelos, hasta poco menos de la cumbre del citado cerro, y en su extremo
está circundado de peñas.
• Descripci6n del Nuevo Reino de León... , p. 20.

301

�"Y se tiró la primera línea, rumbo entre oriente y norte, donde se tiraron
ciento treinta y seis cordeles, que alcanzaron poco más a~aja de los sembrados de esta Hacienda, distante de ella como un tiro de escopeta hacia el
norte, donde se puso señal. Y se tiró la segunda hasta el camino real que
pasa de Monterrey a lS'an Francisco (Apodaca), rumbo entre sur y oriente,
donde se llegó con cincuenta y nueve cordeles, donde po, ser tarde paró esta
medida ... "

Además se agregaron veinte cordeladas geométricas, "que se midieron después
por haber quedado f-uera del referido círculo". Reconocido el diámetro
.
' se
que eran c~arenta y seis cordeladas y media, "bajo de cuyo círculo y dos
t~n~~los ya cita~os" declaró el agrimensor que dicha extensión comprendía
vemtIS1ete caballenas de tierra, tres cuartos más de caballería y trece cordeladas geométricas.1 º

vi?,

. Poco_ ,después, el ~ge~ero militar Nicolás de Lafora realizó un viaje de
msp~c1on a l~s Provmc1as Internas de Nueva España, que se prolongó por
espacio de casi dos años. A principios de diciembre de 1767, Lafora anot6
escue~~nte" en su R_elación que, a dos leguas de Monterrey, "hallamos la
Estancia' y en este intermedio algunos ranchitos''.

El día 25 se continuó "prosiguiendo el citado rumbo hasta llegar (a) poco
más de la mitad de una mesa o loma, hasta dar vista a la vivienda d·e don
Juan Bautista Cavazos, donde se llegó con treinta y un cordeles, que juntos
con los del día veinte y tres hacen el número de noventa cordeles, donde se
puso señal.
"Y se siguió la tercera línea, rumbo entre sur y poniente, hasta llegar al camino real que pasa de la ciudad de Monterrey para Salinas, dejando por lindero fijo un monte que vulgarmente llaman el Redonda, y con efecto se
distingue de los demás montes por componerse de unos árboles más elevados
que los otros. El que, dejando por lindero, se tiró la cuarta línea, rumbo entre
poniente• y norte, laderas del Cerro del Topo de los González y Ayalas, hasta
llegar al primer lindero ya citado, a donde se llegó con ciento y ocho cordeles . . ~"

El 26 de agosto, estando "por la parte de abajo" de la Hacienda de San
Nicolás, en un paraje denominado Palmitos, se tiró una línea rumbo a1
oriente, "dividiendo esta Hacienda con la de El Mezquital (ahora perteneciente al Municipio de Apodaca), hasta llegar a un camino que dijeron llamarse 'el camino de carros', y se contaron cuarenta y cinco cordeles, donde,
habiendo puesto señal, se tiró segunda línea rumbo al sur hasta topar al extremo de la segunda línea, loma citada y señal donde se divisó la vivienda
predicha de don Juan Bautista Cavazos".
Basándose en estas medidas, se hizo constar que la Hacienda de San Nicolás
se componía de dos sitios de ganado mayor "y más ciento sesenta y ocho cordeles y cuarenta y siete varas geométricas", quedando incluidas las caballerías
de tierra. Se asentó que dicha medida era "en cuadro prolongado imperfecto".
El día 27 de agosto de 1760 se llevó a cabo otra medición, con el fin de
saber de cuántas caballerías de tierra se componía la Hacienda. Esta remedición se inició abajo de la acequia de dicha Hacienda, en donde había un
nogal grande, lugar desde donde comenzaba el riego de las tierras y, siguiendo
los límites de los sembradíos y las cercas, remató la medida "en círculo redondo" en el punto de partida, siendo ciento cincuenta y , una cordeladas.

302

/

Consumada la Independencia, llega a Monterrey en el mes de enero de
1829 la famosa Comisión de Límites, integrada por varios destacados científicos, quienes a las órdenes del General Manuel Mier y Terán debían demarcar la frontera del norte con los Estados Unidos. En el Diario de Viaje
de dicha Comisión, escrito por Berlandier y Chovel y publicado en 1850, se
hace una breve referencia a la Hacienda de San Nicolás, pero equivocadamente la nombran dos veces así: "estancia de las Garzas''.

III
. L~, antigua Estancia del Capitán Pedro de la Garza perteneci6 a la jurisd1cc10n de Monterrey por espacio de dos siglos, desde sus orígenes hasta que
se erigi6 en Municipio.
En su último decreto del año 1830, expedido el 16 de diciembre, la Legislatura del Estado hizo algunas aclaraciones a las leyes electorales. Cuatro de
los doce artículos del mencionado decreto tratan sobre la creación del Municipio de San Nicolás de los Garzas.u
•• ~ o Civil, volumen 89, año 1760, expediente 5, folios 5, folios 23 a 31. Mismo
Archivo.
u El decreto de erecci6n del Municipio puede verse en: Colecci6n de los decretos
expedidos por la. H. Legisiatura del Estado de Nuevo Le6n, desde ]P de agosto de
1824 en que se m.stal6, hasta 16 de diciembre de 1830. Imprenta del Gob"e
di
• ·d
.
1 mo,
ngi a ~r Sisto González, Monterrey, 1832, pp. 292-294. Colecci6n d, l,yes, decretos Y circulares, ex!~didos por el Gobierno del Estado, desde el ¡p de agosto de 1824
hasta d 30 de dmembre de 1830. Imprenta del Gobierno Monterrey 1895
687-689.
'
'
' pp.

303

�El artículo 9o. dice: "Para que las elecciones de la capital (Monterrey)
sean menos incómodas y expuestas a desorden, se cría un nuevo distrito municipal, desmembrado del de la capital, cuya cabecera es la Estancia de los
Garzas".
En el artículo 10 se disponía que, para ayudar a la construcción de la
cárcel y la sala consistorial, se le cedía a la nueva MunicipaJidad el total ~e
la contribución directa de ésta por espacio de tres años sobre cuyo rendimiento se podría tomar dinero prestado, informando de ello a la Superioridad, es decir al Gobierno del Estado. Además se le hacía donación, "por una
vez", de trescientos pesos sobre el Ramo de Vacantes, para ayudar a la construción de la Capilla de la Estancia. (Artículo 11) Por último, el artículo
12 expresa que el Gobierno de Nuevo León "demarcará los límites del nuevo
.Ayuntamiento da11do cuenta al Congre.ro".
Respecto a la fecha de creación del Municipio, el historiador Hermenegildo
Dávila dice erróneamente que "es por decreto de Septiembre de 1835".12 Por su
parte, el doctor José Eleuterio González afirma: "El decreto de erecci6n de
la Villa de San Nicolás de los Garzas no parece. . . debi6 darlo el Congreso
en Septiembre de 1835. Las actas de ese mes no se publicaron por la revolución que centralizó el Gobierno en aquella época y acabó con los Congresos''. 13
En 1835 se le concede a la Villa nicoJaíta un Juez de Primera Instancia.
La nueva Municipalidad se erigió hasta principios de enero de 1836. El
primer Ayuntamiento fue integrado así:
Alcalde Primero: José Andrés Montemayor
Alcalde Segundo: José Carlos Cantú
Regidor Primero: José Rafael Lozano
Regidor Segundo: Juan José de la Ga17,a
Regidor Tercero: Cristóbal de Elizondo
Síndico Procurador: Francisco Can tú
A la nueva Villa se Je siguió nombrando, en documentos públicos y privados, Estancia de San Nicolás de los Garzas o Estancia de los Garzas (En la
década de los veinte del presente siglo, aún se Je llamaba la Estancia).
Catecismo geográfico, poUtico e hist6rico de Nuevo Le6n, Monterrey, 1881, libro
-segundo, p. 52.
11 Lecciones orales de Historia. de Nuevo León, Monterrey, 1887, t. III de las Obras
Completas, p. 152, nota 3.
n

El lo. de febrero de 1836 se hizo el nombramiento de Secretario del Cabildo, que recay6 en José María Cantú, "con la dotación de cien pesos anuales
.Y la mitad de los derechos de los Juzgados Jo. y 2o .. . "
Refiriéndose a este Municipio, el doctor José Eleuterio González asienta
que "la primera acta de su Ayuntamiento es de 5 de ma,Yo de ]836, .Y en ella
consta que se reunieron los que habían de dar las tierras para los ejidos de la
Villa, .Y las dieron . .. "u
La Corporación nicolaíta envió, a mediados de ese año, al Gobierno del
Estado las Ordenanzas Municipales que deberían cumplir y guardar sus vecinos, siendo aprobadas por el Congreso.
Los inicios de la vida constitucional de San Nicolás de los Garzas fueron
muy precarios. A fines del citado año, el Alcalde Montemayor comunicaba
aJ Gobierno del Estado que la contribución estatal para el nuevo municipio,
que era de 300 pesos anuales, se había consumido en la construcción de la
Casa ConsistoriaJ y la cárcel, pero ésta aún no se terminaba "por falta de
dinero".
En 1838 los pobladores se reunieron y1 después de algunas deliberaciones
decidieron solicitar aJ Gobierno del Estado que se fundara una Villa ofre~
'
c1endo ceder la tierra necesaria para trazar la población. (A la antigua Hacienda del Capitán Pedro de la Garza se le llama la Estancia Grande.)

.

La solicitud de los nicolaítas fue resuelta favorablemente. Se hicieron algunas medidas de terrenos y se repartieron solares a los pobladores, pero no
se terminó de ejecutar la traza de la Vma.
Fue hasta eJ 15 de septiembre de 1841 cuando el Ayuntamiento de la
ciudad de Monterrey aprobó las Ordenanzas Municipales de la Villa, cuya
jurisdicción había sido segregada de la capital nuevoleonesa.
EJ artículo 27 de dichas Ordenanzas, redactadas en 1836, decía: "Los
accionista,s de esta Hacienda ( de San Nicolás) ceden en beneficio del repueblo, para asiento de la poblaci6n y ejidos, quinientos pasos de terreno
contados desde el centro de la plaza por el norte, poniente y sur y doscientos
por el rumbo oriente".
El artículo 28 estipulaba que, dentro de dicha demarcación, tomarían la
cuarta parte de una manzana de tierra para edificar su casa los que eran
" Lo mismo, nota !!.

304

305
hu.manitas-20

�accionistas de la Hacienda de San Nicolás y, los que no lo fueran, pagarían
su valor a juicio de peritos nombrados por la autoridad.
El lo. de mayo de 1843, el Juez Primero de Paz nombró una Comisión
que~ acompañada del ingeniero Guillermo Gitte, la autoridad municip~l Y
los principales accionistas, llevó a cabo la medida de los terrenos ced1dos,
señalando los lugares destinados para Casa de Cabildos, iglesia, plaza y
solares de los vecinos, así como el delineamiento de calles y callejones.

IV
En un "censo y ramo de estadística" levantado en 1848 por el Ayuntamiento, se afirma que las aportaciones económicas del Gobierno Estatal,
estipuladas en el decreto de erección del Municipio, para la construcción de
la Capilla, Casas Consistoriales y cárcel, no se habían recibido.
Cuando se creó el Municipio, en 1830, el "censo de almas era de tres
mil poco más o menol', dice el documento citado. Añadiendo que, debido a
"haberse desmembrado las rancherías, hoy San Francisco Apodaca", del municipio nicolaíta, el vecindario era "en igual número" que en la fecha de
su erección y, además, "por la poca riqueza de las crías de ganados ... , se
encuentra su totalidad en el mismo ser". Es decir, que en casi dos décadas
su población no había variado debido a esas causas. La segregación de las
rancherías y su anexión a San Francisco de Apodaca, es probable que se haya
efectuado en 1845, al hacerse la erección de ese antiguo Valle a la categoría
de VíHa.15
En la misma estadística se asienta que la Municipalidad registraba una
poblaci6n de 3,027 habitantes: 2,036 solteros de todas las edades, 951 hombres y 1,085 mujeres; 822 casados, es decir 411 parejas; 169 viudos, 79
hombres y 90 mujeres.
En el censo de profesiones y empleos, que denominan "distinción de clases",
aparece que en la jurisdicción municipal nicolaíta vivían 129 jornaleros,
"muchos" labradores, 20 carreteros, 7 zapateros, 6 criadoras de ganado y 6
carpinteros, 5 músicos, 4 herreros, 3 obrajeros y 3 albañiles, 2 sastres Y un
panadero. No figura ningún sacerdote, médico, abogado, escribano, estudiante ni "retirados con fuero". Tampoco había comerciantes, empleados,
11 CAVAZOs GARZA, Israel y Profr.
GARZA OsuNA, Rodolfo, San Francisco di
Apodaca, N. L., Monterrey, 1951, p. 19.

306

mineros, pintores, plateros, alfareros, barberos, bordadores, "cooheteros" ( ¿ coheteros?), curtidores, fiesteros, jaboneros, jarcieros, cereros ni sombrereros.
En el año 1848 habían nacido 40 niños y 32 niñas, es decir 72 nuevos
cristianos; contrajeron matrimonio 21 parejas y fallecieron 32 personas, 14
hombres y 18 mujeres.
En dicho año se levantaron 1,022 fanegas de maíz que, cotizadas a 6 reales,
tenían un valor de 766 pesos y 4 reales; 60 fanegas de frijol a 3 pesos, valuadas en 180 pesos, y 70 cargas de piloncillo queJ cotizadas en 8 pesos, valían
560 pesos. Del producto de las huertas se obtuvieron 70 pesos. El valor total
de los productos agrícolas fue 1,576 pesos y 4 reales.
En el ramo ganadero se asentó que había 1,870 cabezas de ganado, que
importaban la cantidad de 4,216 pesos y 4 reales, aunque se debían agregar
200 pesos "por los puercos vendidos en el referido año ( 1848) ...".
El valor de las cuatro Haciendas que existían en el Municipio y el fonclo
de fábrica de las mismas era 24,042 pesos.
. Finalmente, los ramos de agricultura y ganadería y las Haciendas estaban
valuados en 30,035 pesos.
Los datos relativos a las escuelas y la Guardia Nacional son muy semejantes a los del año Í852, que mencionaremos después.

V
Al concluir la Invasión Americana, el Estado de Nuevo León se encontraba en la mayor penuria. El Gobierno se vio en la imperiosa necesidad
de exigir. mediante un decreto de la Legislatura del Estado, ayuda económica
a los Municipios para cubrir los gastos públicos de la Administración. A San
Nicolás de los Garzas se le asignó una cuota anual de 350 pesos.
El Ayuntamiento nicolaíta, en sesión extraordinaria celebrada el 5 de enero
de 1849, aprobó un dictamen que fue dirigido al Gobernador José María
Parás, solicitando la suspensión de dicho decreto, pues la situación de las
finanzas municipales no era precisamente bonancible.
El citado dictamen es una enérgica protesta contra las exacciones del Gobierno, en el que se da una triste descripción de lo que era el "miserable
pueblo" de San Nicolás de los Garzas, el cual, "en uerdad, no forma sino
una Hacienda muy corta, sin comercio de ningún género, sin artes, sin edi-

307

�ficios, expuesta a las incursiones de los bárbaros y reducida a la agricultura

y labranza de la tierra, que sólo proporciona a sus moradores una escasa y
diminuta subsistencia",
Al mediar el siglo XIX, la vida en la antigua Estancia del Capitán Pedro
de la Garza era relativamente apacible. La fiesta titular de la Villa era la
Exaltación de la Santa Cruz, que atraía a numerosos forasteros. Pero a veces
cunde la alarma entre el vecindario, cuando acecha en los alrededores alguna
gavilla de hombres armados o grupos de indios en actitud sospechosa. Entonces el Ayuntamiento apresta un escuadrón de veinte o veinticinco vecinos
a caballo, al mando de algún veterano de las guerras contra los tobosos y
lipanes.
Por otra parte, la seguridad pública estaba al cuidado de dos soldados,
que desempeñaban funciones de policías y resguardaban la cárcel, cuyo sueldo
de ocho pesos mensuales cada uno era sufragado por particulares. Los caminos y veredas eran custodiados por tres patrullas de caballería, que prestaban el servicio diariamente, dos hacia el sur y la otra al norte del Municipio.
Los sobresaltos del vecind¡u'io ya no fueron tan frecuentes desde que el
Gobierno dispuso, a mediados de 1849, la construcción de un cuartel de
la obra nacional, cuyo costo ascendió a 900 pesos, siendo contratista de la
obra el prominente nicolaíta Isidro González. El edificio constaba de una
pieza de trece varas "de luz", construida de sillar, con techo de vigas y piso
de hormigón, que tenía dos puertas y una ventana, con sus respectivas cerraduras de hierro.
VI
Como hemos visto, el "censo de almas" en 1848 era de 3,027 habitantes,
pero a principios de 1850 el Ayuntamiento informó que "hoy se encuentra
en el de dos mil novecientos veinte y cuatro, quizá y sin quizá por el demérito del cólera del presente año" y la anexión de los ranchos de San Martín
a la ciudad de Monterrey.
En efecto, en 1848 ó 1849 los ranchos de San Martín, pertenecientes a la
Municipalidad nicolaíta, habían sido reclamados por la ciudad de Monterrey
como suyos y, después de breve litigio, anexados a é,sta.
Sin ·embargo, en el censo oficial de 1850, el Municipio de San Nicolás
experimenta otro descenso en su población, pues aparece con 2,711 habitantes.

El Cabildo nicolaíta, en sesión ordinaria celebrada el 3 de marzo de 1851
informó al Gobierno del Estado acerca de los fondos públicos de que disponí~
para afrontar los gastos propios de la Municipalidad. La Corporación afir.
maba
que, "viendo alrededor de todo este Municipio", no encontraba "en
,
el uno seguro que no dependa del acaso, por ser incomparables los males
de que adolece este Pueblo y casi insignificantes los medios que hay para
remediarlo/'.
En el dictamen se asienta que aún no se concluían las Casas .Consistoriales,
pues solamente constaban de una pieza con su respectiva Secretaría construidas de adobe y techos de paja. La cárcel pública era un cuarto de ;errado
de ocho varas de largo, al que faltaba agregar otros cuartos interiores. La
obra del camposanto se había iniciado en 1848, pero faltaban 280 pesos
para terminarlo. Existía otro camposanto en el Topo de los Ayalas (ahora
General Escobedo), "aunque pequeño y con.rtruido de madera". Además
funcionaban tres establecimientos de Instrucción Primaria, uno en San Nicolás de los Garzas, otro en el Topo de los Ayalas y el otro en el Topo de
los Gonzále:z (Topo ?~co), todos edifi~dos de adobe y techos de paja, que
eran sostemdos econonucamente por particulares, incluyendo el sueldo de los
preceptores.

vu
En el año 1851 la Villa de San Nicolás de los Garzas estaba prácticamente
despoblada. El Ayuntamiento nombró una Comisión para que propusiera las
medidas que se debían dictar con el fin de "conseguir que se pueble de una
vez esta Villa, que tiempo ha debía estarlo.. .".

La citada Comisión buscó, en primer lugar los títulos de fundación de la
Vil~a _Y, "af.fnque perdió algunos días en revolver el archivo", no 1os encontró,
des1Sb.endo de su empeño. Entonces decidió "ocurrir a lo que respefto de
ella se sabe de público y notorio".
La Comisión aseguraba en su dictamen, fechado en San Nicolás de los
Ganas el 15 de diciembre de 1851, que en el año 1838 se empezó a trazar
la población, pero con el transcurso del tiempo había taido en el mayor
abandono, "por manera que este lugar más bien presenta la vista O el aspecto de una ranchería que de una Villa". El informe añade que, "como
no hay solares, no hay tampoco calles ni callejones y sólo se observan unos
cuantos jacales bien desordenados, unos con un pequeño ruedo de cerca ,.
o~ros sin nada absolutamente".

308
309

�Consideraba la Comisión que el Ayuntamiento de San Nicolás tenia fa.
cultades para obligar a los vecinos a cercar los solares y a construir casas
y habitarlas "dentro de un término prudente", sin permitir que las abandonaran, pues quienes habían pedido la fundación de la Villa estaban obligados
a ser sus babitantes, "aunque después con el tiempo puedan cambiar de
residencia''.

Por último, sujetaba a la consideración del Cabildo seis proposiciones,
que podrían sintentizarse así: En el término de veinte días, el Procurador
del Ayuntamiento procederá a señalar los solares que les corresponden a los
que fundaron la Villa en 1838 o a sus descendientes. Los dueños de dichos
solares y los de los que habían sido mercedados o estuvieren dados en enfiteusis, deberán cercarlos en el término de dos meses. Quienes habían solicitado la fundación de la Villa, deberán contruir las viviendas en sus respectivos solares, en el término de seis meses "los más abonados" y en un año
los menos.
En una interesante Memoria enviada por el Ayuntamiento de San Nicolás
al Gobierno del Estado, fechada el 20 de marzo de 1852, se afirma que los
fondos públicos con que contaba la Municipalidad para sus gastos provenían
solamente de los ramos productivos, que "son muy eventuales y nada seguros
en su rendimiento", ya que algunos "dependen del acaso" y otros sólo dejaban
rendimientos en los pueblos donde existía comercio y "concurrencia de trajinantes", que no era el caso de San Nicolás. Hasta entonces los Municipios
habían percibido la tercera parte de la contribución directa que se pagaba
al Estado, pero tal disposición había sido recientemente derogada.
Otros fondos municipales eran los "carcelajes" o multas que p3,gaban los
presos al quedar libres, el degüello de .reses y el cobro de piso durante los días
de "función" concedidos a la Villa de San Nicolás, que eran el sábado y
domingo más próximos al día primero de todos los meses del año. En resumen, los impuestos que se cobraban no cubrían el monto anual de los gastos
municipales, que ascendían a más de 400 pesos.
El Informe añade que existían las policías urbana y rural, cuerpos de
seguridad creados para conservar el orden inteáor y exterior de la Villa.
La primera constaba ele "un único hombre", que servía de vigilante y estaba
a las órdenes de loa Jueces de la Municipalidad, siendo pagado por particulares con un sueldo de ocho pesos mensuales, aunque el Ayuntamiento lo
remuneraba algunos meses con cierta cantidad que variaba entre uno y ocho
reales. Había también trece "cordilleros" (carteros) , que estaban exceptuados
de cualquier otro servicio que no fuera el de correos. Las funciones de la

SlO

guardia rural eran desempeñadas por las Guardias Sedentaria y Móvil, sin
sueldo, debido a la escasez de fondos.
Las obras públicas eran: las Casas Municipales, con sala de sesiones y
Secretaría; la cárcel pública, el cuartel de la Guardia Nacional y los cementerios. Los establecimientos de lnstrucci6n Primaria no se mencionaban por
pertenecer a particulares, dice la citada Memoria, siendo cubiertos sus gastos
por los padres de familia, excepto algunas veces en que el Ayuntamiento
aportaba su colaboración.
La construcción de la Capilla de San Nicolás de los Garzas -prosigue el
Informe- se había iniciado en el año 1836, "la cual se halla en soleras" y
medía 32 varas de largo.

La Guardia Nacional en el Municipio se componía de media Compañía
Móvil y una Compañía Sedentaria de Caballería, esta última constituida de
64 hombres montados. La infantería Móvil la integraban 40 hombres.
La principal fuente de riqueza era la agricultura y "día a día toma más
engrandecimiento, porque cada labrador le da más extensión ti la tierra que
cultiva, ocupándola con las plantas acostumbrad~'.

Por último, el censo municipal revelaba que en su jurisdicción vivían 2,807
almas, habiendo aumentado la población en 96 habitantes durante el último
ano.
A fines del mismo año 1852 se redactó una interesante estadística. En
ella se asienta que en la jUiisdicci6n municipal no existían rancherías, pero
había cuatro haciendas, cuyo valor total era de 64,000 pesos: la de San
icolás de los Garzas, valuada en 23,000 pesos; la del Topo de los Ayalas
(General Escobedo), que valdría 19,000 pesos; la de Santo Domingo (El
Nogalar) estimada en 16,000 pesos y la del Topo de los González (Topo
Chico) en 6,000 pesos.
Conforme a dicha información, el número de habitantes ascendía a 2,837
almas. Había 899 que permanecían solteros, 585 hombres y 314 mujeres; estaban casadas 1,826 personas, 913 hombres y un número igual de mujeres;
habían enviudado 113 vecinos, 75 hombres y 38 mujeres.
En e) año 1852 nacieron 54 varones y 50 mujeres, en total 104 nuevos
cristianos; 9 parejas contrajeron matrimonio y 79 personas fallecieron, 49
hombres y 30 mujeres.
En el distrito de San Nicolás no vivían eclesiásticos, militares ni comer-

311

�ciantes; sólo había dos empleados, agricultores "muchos", 13 artesanos, 64
jornaleros, 123 sirvientes domésticos y 14 sirvientes de campo.
El estado que guardaban los ramos de agricultura y ganadería era el siguiente: en dicho año se habían levantado 5,000 fanegas de maíz, con valor
de 4,000 pesos; 30 fanegas de frijol valuadas en 90 pesos y 100 carga~ de
piloncillo valoradas en 500 pesos. Total: 4,590 pesos.
Había 300 cabezas de ganado vacuno que valían 1,500 pesos; 1,000 de
cabrío valuadas en 500 pesos; 200 de lanar que se valuaron en 100 pesos;
200 de caballar cuyo valor era de 1,000 pesos; 30 de mular valuado en 300
pesos; 140 burros en 700 pesos; 300 cerdos e.n 150 pesos. El total de la riqueza agrícola y ganadera ascendía a 8,840 pesos.

El valor estimativo de las dos Capillas, alhajas, paramentos, camposantos
y muebles, así como las obras públicas de las Casas Consistoriales? cár&lt;;el Y
cuartel de la Guardia Nacional, era de 6,120 pesos.
Funcionaban sólo dos escuelas, una con 47 párvulos y la otra con 98,
debido a ''hallarse vacante'' la del Topo de los Ayalas, que tuvo 55 alumnos.

A mediados del siglo XIX, dos eran los caminos más transitados en el
Municipio: uno hacia el oriente, que atravesaba la Hacienda de Santo Domingo (El Nogalar), y el otro que cruzaba el centro de la Municipalidad,
de norte a sur, y comunicaba a San Nicolás con la ciudad de Monterrey.
Ambos ~ecía el Ayuntamiento nicolaíta- "vienen de las Villas del norte",
es decir de Cerralvo, Salinas Victoria, Villaldama, Bustamante, Sabinas
Hidalgo, etc., facilitando, "por ahora, el tránsito libre y franco al tráfico del
comercio .. .". En 1853 el Cabildo comunicó al Gobierno Estatal que unos
meses antes se había iniciado la apertura de tres nuevos caminos, hacia el
oriente, poniente y norte, estando a punto de concluirlos.

VIII
En el decreto de erección del Municipio se disponía la donación por parte
del Gobierno del Estado de 300 pesos, como aportación para construir la
Capilla. .l?.sta fue iniciada en el año 1836. Pero en el censo levantado en 1848
se expresa que, aunque la Capilla se estaba construy~ndo la aportación gubernamental para ese fin no se había recibido.
Quince años después de comenzada la obra, el 21 de julio de 1851, Isidro
312

González, Alcalde de San Nicolás, presidió una sesión extraordinaria de 10&amp;
vecinos en la que acordaron aportar mil pesos para concluirla.
En el año 1852 se efectuó otra sesión extrorclinaria, decidiendo el Alcalde
Ignacio Cantú y los vecinos contratar al "arquitecto de carpintería" Fernando Mier, vecino de Monterrey, por la cantidad de 845 pesos para que
realizara todo el trabajo en madera de la iglesia.
El 2 de febrero del mismo año se celebró contrato con Simón Castillo,
"arquitecto de albañilería", quien por la cantidad de 1,250 pesos se comprometió a terminar los techos, así como el bautisterio, sacristía y torres de
dos cuerpos cada una. Sin embargo, en 1854 aún no se había concluido.
En un informe enviado por el Presidente Municipal Isidro González al
Secretario General de Gobierno a mediados de 1859, que ya mencionamos,
le dice entre otras cosas que estaba terminada la iglesia y "ya es en uso".
Dos o tres años antes había sido erigida canónicamente en Vice-Parroquia.
Los libros más antiguos de sacramentos (bautismos, casamientos y entierros)
que guarda actualmente su archivo, se inician a mediados de 1857.

IX
Casi veinticinco años después de haberse erigido el Municipio, sufrió éste
la primera desmembración, aunque ya hemos visto que algunas de sus rancherías le habían sido quitadas para agregarlas a Monterrey y Apodaca.
Por acuerdo de la Legislatura del Estado, con fecha 27 de abril de 1853,
la Hacienda del Topo de los González fue segregada del Municipio nicolaíta, quedando comprendida en la jurisdicción de Monterrey. A principios
de mayo de dicho año, el Ayuntamiento de San Nicolás comunicó al Gobierno del Estado que, "con bastante sentimiento", quedaba enterado de dicho
acuerdo y lo acataba.
El poblamiento de la Villa de San Nicolás de los Garzas fue muy lento.
Esto .se deduce de la afirmación que hizo el Presidente Municipal Isidro
González, quien le dice al Secretario General de Gobierno, en un informe
fechado el 9 de junio de 1859, que dicho pueblo -así lo llama- "del año
antepasado a la fecha comenz6 a formarse, no obstante ser antiguo en comparación de otros". Por otra parte, la población del distrito municipal siguió
descendiendo, ya que en el mismo informe se asienta: "El censo de este
313

�Municipio se compone de dos mil once habitantes...". Y unos años después
sería menor el número de habitantes.
En 1862 el Cabildo, respondiendo a un cuestionario, comunicaba al Gobierno Estatal que en el Municipio existían tres Haciendas:
lo. La que se hallaba contigua a la Villa de San Nicolás, que tenía el
mismo nombre de ésta y pertenecía a más de ochenta accionistas. Estaba
dividida en las rancherías conocidas con los nombres de Las Puentes, Los
Lozanos y El Temporal.
2o. La del Topo de los Ayalas, situada dos leguas al norte de la anterior,
pertenecía a más de cincuenta accionistas. Estaba constituida en dos rancherías: la del mismo nombre citado y la de San José de los Saúces.
3o. La Hacienda de Santo Domingo, tres cuartos de legua al oriente de
la de San Nicolás, estaba dividida entre sesenta accionistas. Era considerada
como Rancho y conocido con el mismo nombre de la antigua Hacienda.

X
Pero el Municipio nicolaíta aún habría de ser desmembrado otra vez. Un
decreto del Congreso Estatal, expedido el 24 de febrero de 1868, dispuso
qu~ la Hacienda del Topo de los Ayalas se independizara de aquél para
formar, con los ranchos de San Miguel y San Martín y la Hacienda
de don Mariano de la Garza, un nuevo Municipio que se nombró "General

50 en Santo Domingo, las p~eras valuadas en 13,200 pesos y las segundas
en l,00~ pesos; ambas comunidades tenían dos sitios de ganado mayor cada
una, estuna~as en 600 pesos las de la Villa y 750 pesos las de la Hacienda•
Santo Donungo poseía los 4 sitios de ganado menor· San Nicolás tenía
caballerías de tierra, valuadas en 500 pesos, y Santo Domingo 22 caballerías,
valoradas .en 600 pesos; ambos vecindarios tenían una saca de agua cada
uno. La nqueza de _San Nicolás en dicho ramo se calculaba en 32,600 pesos
y la de Santo Dommgo en 24,600 pesos.

8

En el ramo de semovientes, la riqueza de los particulares consistía en 60()

cabezas de ganado vacuno, 300 de caballar, 20 de mular, 100 asnos y 2,000
cabras, 500 de lanar y 400 cerdos. El valor total ascendía a 5,150 pesos.
. La ~queza en productos agrícolas estaba representada por 150 cargas de
ptloncillo Y 2,400 fanegas de maíz, cuyo valor total se estimaba en 1 800
pesos.
'
El comercio y la industria empezaban a desarrollar. En 1869 existían
8 casas de ab~rrotes "de muy pequeña fortuna'', 7 en San icolás y otra
en San~ Dommgo, y 5 establecimientos industriales: 2 fraguas y 2 talleres

de carpintería en Sa~ Nicolás y una fragua en Santo Domingo. Las fraguas
ocupaban dos trabaJadores cada una y en las carpinterías laboraban tres
º?erarios en cada una de ellas. Por lo tanto, en ese año, la incipiente poblaci~n fabril_ del M~cipio nicolaíta ascendía a 12 obreros. Dichos negocios,
asienta el mforme, apenas dan a sus dueños lo necesario para vivir".

BIBLIOGRAF!A

Escobedo".

En una Memoria que el Cabildo envi6 al Gobierno Estatal en 1869 se
asienta que el censo practicado ese año, "con la mayor exactitud por medio
de padrones bien acabados", registró 1,791 habitantes "de todo sexo y edad''.
Añade que la riqueza de los particulares en fincas rústicas y urbanas., consistía en 354 casas con valor de 14,200 pesos; 4 sitios de ganado mayor, valuados en 1,350 pesos; 4 de ganado menor en 750 pesos; 30 caballerías de tierra
en 1,100 pesos y dos sacas de agua. El valor total ascendía a 57,200 pesos.
Los datos estadísticos anteriores corresponden a la Villa de San Nicolás,
cabecera del Municipio, y a la Hacienda. de S.anto Domingo, "congregación
que le es anexa".

C.wAZos GAJtZA, Israel, El Muy Ilustre Ayuntamiento di Monterrey desde 1596,
Monterrey, 1953.
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~eón. (1735-1740). Publicaciones del Instituto Tecnológico y de Estudios Supenores de Monterrey. Serie: Historia, l. Monterrey, 1963.
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16gi
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caaones
· tu
ecno co y de Estudios Superiores de Monterrey. Serie: Historia,
13, Monterrey, 1972, dos tomos.

En el "estado" o cuadro estadístico número 2, añadido al documento,
se especifica que en San Nicolás había 304 {incas urbanas de particulares y
314

3!5

�FUENTES DOCUMENTALES
Archivo Municipal de San Nicolás de los Garzas. Los documentos antiguos han
desaparecido.
Archivo Municipal de Monterrey. En las notas de este trabajo se mencionan los
documentos consultados.
Archivo General del Estado de Nuevo León. Secciones: Correspondencia con el Alcalde de San Nicolás de los Garzas, Congreso del Estado y Estadísticas del Municipio.

DE LA HISTORIA SOCIAL A LA HISTORIA DE LA SOCIEDAD:
EL SERMóN EN LA COLEGIATA DE GUADALUPE
DE FRAY SERVANDO TERESA DE MIER EN 1794
ARTEMIO BENAVIDES

H.

QurzÁ, SE HA dicho, el más grande problema que un lústoriador puede
analizar no sea ni el cataclismo de una revoluci6n ni la decadencia de los
imperios sino el proceso por el que ]as ideas se convierten en actitudes sociales.1 Y es justamente el propósito de este trabajo elaborar sobre la significación del sermón de Fray Servando Teresa de Mier, en la Colegiata de
Guadalupe en 1794, para tratar de esbozar un ejercicio en historia social
para ir un poco más allá de la idea que de ella se mantiene y pueda aspirar
a ser historia de la sociedad.
Es ya clásica la concepci6n de historia social de G. M. Travelyan como
'historia con la política dejada afuera". Y ya Voltaire había afirmado que
por centurias los únicos galos, aparentemente, habían sido reyes, ministros
y generales. En nuestro peculiar ambiente histórico, hace tiempo al menos,
no se ventilaba sino una simple visión maniqueísta de insurgentes contra realistas, centralistas contra federalistas, liberales contra conservadores, revolucionarios contra reaccionarios. En su debido momento la historia de las ideas
y la historia económica y social campearon por sus fueros. Y en buena hora.
Pero quizá, a veces, se exageró la nota: se derivó con demasía hacia el
análisis de textos aislándolos del ambiente social que los produjo y se ateni:lió
el estudio de la producción material sín relacionarla con la estructura total
del hombre que buscaba su sustento.
Pero esta abstracción de los aspectos sociales del hombre de sus otros modos
• PLOMB,

J. H., New York Times Book Review, 9 de febrero de 1975.
317

�vitales, hizo aparecer un pe]igro inminente: la narración tautológica y ]a
inevitable trivialización. Y parece el turno, creemos, de una nueva idea de
la historia social que supere el campo de los "movimientos sociales", de la
caracterización de "maneras, usos, costumbres, vida cotidiana" de las diversas
clases sociales, especialmente las clases bajas y medias. Y ello debido a que
de acuerdo a E. Hobsbawn, la historia de la sociedad e historia, esto es,
tiene un tiempo cronológico real como una de sus dimensiones; 2 entonces,
se pide una colaboración entre los específicos fenómenos que acontecieron y
modelos de estructura socia], cualquiera que sea la escala geográfica o crono.
lógica de nuestras investigaciones. Además, no debe olvidarse que la historia
de la sociedad es la de unidades especificas de gente viviendo juntas y definibles en términos sociológicos. Aunque los criterios que se utilizan (territoriales,
étnicos, políticos) no son satisfactorios a menudo, el historiador debe hacer
explícitos los problemas de definición.

Nos proponemos en este ensayo, pues, partiendo de los hechos concretos del
sermón, delinear las fuerzas económicas y sociales en juego, atender las ideas
políticas prevalecientes y el fondo de las creencias subyacentes para establecer
el significado del pronunciamiento del P. Mier en el contorno de la estructura
social de México al final del siglo XVIII.
El sermón de la Colegiata de Guadalupe: 1794. La ceremonia del día 12
de diciembre era imponente: estaban presentes el Virrey Marqués de Branciforte, la Real Audiencia y demás tribunales; las autoridades eclesiásticas,
toda la gama de corporaciones virreinales y el pueblo devoto a su Virgen de
Guadalupe. El honor del sermón se había asignado a un joven fraile dominico
que ya se destacaba como fogoso orador sagrado: Fray Servando Teresa de
Mier, nativo del Nuevo Reino de León y con 31 afios de edad.
&amp;te criollo dominico dice que se ocupará de la historia de la Virgen de Guadalupe "según su genuina tradición libre ya de equivocaciones".ª Acto seguido
se encomienda a la Virgen ya que sólo dice haber dispuesto de 17 días para
preparar esta importante intervención y se lanza a su empresa: afirma que
Torquemada, Boturini y el P. Clavijero no han acertado respecto de la historia
1 liOBSBAWN, E., Prom Social History to the Hísfory of Society, en Deadalw, Vol.
100; No. 2; pp. 25 y 29-31.
1 HBRNÁNDEZ y DÁVAtos, Colección de Documentos para la Historia de la Guerra
de Independencia de 1808 a 1821. Tomo 111, p. 5 y siguientes. En la colección hay
dos versiones: la que se entregó en varias hojas al iniciarse la investigación por el
Arzobispo y una versión que el P. Mier elaboró días después, de acuerdo a 111 memoria. Nos limitaremos a la primera en lo esencial por considerarla más cercana
a sus ideas primera.! al pronunciar el sermón.

318

y aventura que debemos acudir al estudio de la lengua mexicana para dar en
"el punto céntrico de la realidad" y, para el efecto, lanza estas cuatro proposiciones: Primera: "La imagen de Nuestra Señora de Guadalupe no está
pintada sobre la tilma de Juan Diego sino sobre la capa de Santo Tomás,
Apóstol de este Reino". Segunda: ''La imagen de Nuestra Señora de Guadalupe antes de 1750 años ya era célebre y adorada por los indios ya Cristianos
en la misma sima plana de esta tierra de Tenanyuca donde la erigió templo y
colocó Santo Tomás". Tercera: "Apostatas los indios muí en breve de nuestra religión maltrataron la Imagen, que seguramente no pudieron borrar y
Santo Tomás la escondió hasta que 10 años después de la Conquista apareció
a Juan Diego la Reina de los Cielos pidiendo Templo para servirnos de
Madre y le entregó la última vez su antigua imagen para que la presentase
ante el señor Zumárraga". Cuarta: "La imagen de Nuestra Señora de Guadalupe es pintura de los principios del siglo primero de la Iglesia, pero así
como su conservación, su pincel es superior a toda humana industria, como
que la misma Virgen viviendo en carne mortal se estampó naturalmente en
el Ayatl o lienzo".
Agregó que las proposiciones le parecen "mui probables" y que esperaba
"exitar'' la desidia de sus paisanos y que se aclararan las críticas de los desafectos. Es inte~ante anotar que el P. Mier habló de excavaciones que han encontrado monumentos "mucho más preciosos que todos los de Herculano y
Pompeyana".' Pero más capital, a .nuestro ver, es la afirmación de identidad
entre Santo Tomás y Quetzalc6atl: "¿Puede ser otro que este Apóstol el contenido en la parábola de Quezalcohua que según refiere a la letra Torquemada era un hombre blanco y barbudo que pocos años después de la muerte
de Christo llegó a la antigua Tula, usaba una vestidura hasta los pies, con
capa sembrada de Cruces coloradas. . . mui sabio y castísimo, hacia penitencia ... no admitía sacrificios de hombres ni animales ... ?" De todo ello
dice el joven impetuoso, "tengo yo solidos fundamentos '. 5
Y dirigiéndose a la Virgen exclamó: "O portento ~todavía no bien conocido
de los americanos, Abogada Madre suya y salvadora desde e] pie de la
Cruz ... ".6 Y en el sermón escrito después de su acusación dice: "¿No es
este el pueblo escogido, la nación privilegiada y la tierra prole de María
señalada en todo el mundo con la insignia gloriosa de su especial protecci6n?" .1 Se indica que el pueblo escogido es el de los americanos, de los que
' JbRNÁNDEZ
• HEllNÁNDEz
1 JbRNÁNDBZ
' llnNÁNDEZ

Y
Y
Y
Y

DÁvALos, op. cit.,
DÁvALos, op. cit.,
DÁVALOS, op. cit.,
DÁVALOs, op. cit.,

p.
p.
p.
p.

8.
14.
17.
21.

319

�1a Virgen es Abogada y protectora. En ocasión tan solemne y en alta voz a
Virrey, Obispo, Audiencia españoles1 criollos e indios el fraile re iomontano,
el criollo dominico estaba postulando nada menos que una especie de bautismo retrospectivo' al pasado indígena al proponer una previa evangeliza-ción, asentaba una aceptación del pueblo azteca como rep~~te de la
.antigüedad mexicana, debilitaba entonces el derecho de dommaci6n española sobre el mundo americano ( "pueblo escogido" "Nación privilegiada",
"tierra prole de María") 1 en fin corría un velo dudoso sob~e _la .con~uista
que destruyó un Cristianismo -trastocado y todo- pero Cruttamsmo. . ~a
reacción no se hizo esperar: al día siguiente el Arzobispo Núñez de Raro pidió
copias del sermón y le suspende las licencias de predicar e inicia un proceso
que culminará en el exilio del atrevido fraile criollo.
Antes de iniciar nuestra explicación, debemos encarar una explicación del
hecho que ha sido adelantado por su más p rspicaz _investigador (E.
man) y que dice que el afán de notoriedad fue el motivo de sus planteamientos
de 1794 y sigue diciendo: " ... el famoso sermón guadalupano, causante de
todo (expulsión destierro), no ti ne otra ~"})litación que el desenfrena1
' •
do deseo de originalidad que lo consumía" y más adelante, sm querer
:restarle méritos al P. Mier, puede afirmar qu, su afán de exhibicionismo
,es la clave para comprender la mayoría de sus actos y la explicación de] tono
de toda su vida",ª Esta explicación p icohistórica, ava11t la lettre, padece de la
falla común de las biografías que abstraen al hombre de su mundo y son particularmente equívocas ya que toda pública declaración expresa iempre al o
más: las obsesiones, los temores y las aspiraciones de sus contemporáneos. Tal
,es el caso del sermón que estudiamos, al que no podemos aplicar los instrumentos de los doctores de Clio que, como se ha dicho agudamente, intentan
salvar la virginidad histórica mediante la inseminación artificial del reduccionismo p icologista. 10 o se puede ai lar la
baladiza ariable emotiva y
condensar alli la explicación del hecho. Vayamo más adelant .

o:Gor-

El siglo XVIII novohispano ve acelerar el cambio social: eJ ?espoti roo
ilustrado borbónico pretendía una reconquista virtual de las Indias y eran
muy conscientes de ello como resultado de las conmociones qu trajo la expulsión de los jesuitas en 1767 y sus con cu ntes problemas en México y otras
• Brading, David, Los or!g,nes d,l nacionalismo mexicano, Sep-Set.eatas, M6cico,
1973, p. 75.
.
• O'G0RMAN, Edmundo, Fray Servando Teresa de Mier. Antología, UNAM, M~-xico, 1945, p. IX.
• BARZlJN, Jacques, Clio ánd th, Doctors: Psycho-History, Quanto-Histqry and
Bistory, Univel'Jity of Chlcago Press, 1974.

provincias de ueva España. Los intentos reformistas de España erosionaban
las bases de la estructura social corporativa al tratar de restringir el poder )'
el status de los grupos tradicionales, de esta manera: se limitan los fueros privilegiados, se extiende el Patronato Real y se disminuye el fuero eclesiástico
así como el poder del Santo Oficio, se atacan los privilegios de los Consulados con la política del librecomercio y se ablandan las prácticas restrictivas
de I gremios artesanales. Por otra parte, se afianza el prestigio, la. moral y
los fueros de la milicia. Estamm en presencia de una revolución en los mecanismos de gobiernos desde 1717 con el establecimiento de la ecretaría del
Despacho de In~ y el de las Intendencias que -s.iguiendo el modelo peninsular- buscan uniformizar el aparato estatal, mejorar la administraci6n
de las rentas reales y la gestión pública atacando los repartimientos, el comercio y las irregularidades fiscal de los Corregidores y Alcaldes Mayores. 11
Al final del XVIII tenemos que el cuerpo social novohispano está sometido
a severas presiones: Ja sociedad estratificada (nobles, burgue3es, comuneros)
y Ja sociedad paralela de corporaciones e sentían amenv.ados en sus posiciones.
La Iglesia era tanto un estrato primario como una corporaci6n funcional.
Era una institución española. pero compartía la misión universal de la Iglesia. Y así, trascendía el ord n estratificado y corporativo: había tenido su lugar muy aparte.
Españoles, castas e indio son tres cuerpos que tenían su propia estratifica 'ón basada en parte en status adscrito y en parte n riqueza y favor real,
con sus debidas jerarquías. 1 ~ Para los españoles hidalguía, vieja cristiandad,
limpie7.a de sangre, hispanidad y blanca piel constituían la contraparte americana del estado noble peninsular (pero había espaiioles americano que no
llenaban estos requisitos, corno veremos). Lo castas infames por derecho y
ujetos a tributo, eran los comuneros de América y los indios tenían un status
depencli nte peculiar, de tut Jaj , con fuero juz do especiales. Las caracteristicas étnica y cuJturales legalmente reconocidas y no las conómicas eran
base del sistema social: títulos, honor nobleza eran variables sociales preponderante . Se trataba de estrato que tendían a la autarquía, entidades eparadas. o había, nos ñala L. . Me i ter ciudadano , intere s o valores
u MlllANDA, José, Las ideas y lar lnslitucio11es pollticas m,iciuina.s. Primera parle:
1521-1820, Iiutituto de Derecho Comparado, U AM, Mbico, 1952, pp. 188-191.
4
MaALisn:R, L. ., "Social structurc and social change in New Spain", en
Hispanic Anuric4n Historical R,view, Vol. 43; o. 3; agosto de 1963, p. 354. En general nuestro modelo 11e basa en este provocativo, estimulante ensayo.

320

321
bumanita,-21

�comunes: sólo indios, nobles, mercaderes, mineros, abogados, sacerdotes o
sea una sociedad invertebrada en términos de Ortega y Gasset.u o se objetaba la desigualdad social, racial o jurídica. Y la Corona contribuía a mantener este sistema social como medio de legislación, de compulsión, como fuente última de privilegios y, en fin, como mística y símbolo. La Iglesia era su
poderoso aliado en el control social, mediante su poder religioso, educativo
y económico.
Las presiones externas, las revoluciones burguesas europeas, el aumento demográfico, la apertura de tierras, el desarrollo económico, las reformas gubernamentales empiezan a socavar el establecimiento colonial. Con la aristocracia
terrateniente y la naciente burguesía mercantil urbana y los ricos mineros, se
desmorona la anterior estructura social y las reformas borbónicas aceleran el
cambio de status de los grupos tradicionales corporativos: se delinea un sistema basado en clases económicas con la burguesía mercantil y el aparecer
de sectores empresariales (en los textiles marcadamente) . En términos de Max
Weber, a un sistema social donde el honor social, el prestigio, constituían la
base del poder económico y político se estaba imponiendo un orden d: cosas
dominado por intereses funcionales que nada saben de honor y de estilos de
vida según normas estamentales, esto es, de mercado y de clases que se orga-

nizan según modos de producción.
La celeridad de estos cambios, según toda evidencia no pudo sortear todas
las tensiones del orden social, dice L. N. McAlister, en especial la de los estratos bajos y las frustraciones de los criollos. Y esta estructura compuesta de
"estados dentro de estados" va a hacer eclosión y mostrar y hacer patente su
carácter invertebrado.
Pero habiendo delineado, con la escasa gracia que permite la brevedad,
nuestra visión de la estructura social del fin del XVIII no olvidamos de ningwia manera que las interpretaciones sociológicas pierden, a menudo, al hombre inserto en esa estructura. Así que retomemos al criollo que predicaba en

1794.
Ya hemos apuntado que los criollos eran un estrato frustrado: se consideraban los herederos desposeídos; "padre mercader, hijo caballero, nieto limosnero", peregrinos de su patria que parecía honrar a los advenedizos gachupines que insistían en la ausencia de carácter y constancia criollas. Viajeros
del XVIII percibieron este encono entre europeos españoles y americanos.
La expresión de este odio no era, desde luego, monolítica ni :mucho menos

lll

ico~oclasta, había grados. Notemos que en la segunda mitad del XVIII, Espana trata de hacer en América un "cuerpo unido de Nación" teniendo an~~ente_s ~u~ co~?cid~s ~e Representaciones de criollos que criticaban esta
~J~ta. ,discrunmac1on. S1 bien es cierto que las leyes metropolitanas no hacían
distmcion entre estos "hermanos en pugna". Ni estaban en condición insopo~ble de_ inferioridad o de opresión/ 4 los mismos españoles en ueva Esp~na c~nspiraban contra las Reales órdenes que mandaban más representacron cnolla (El Arzobispo Núñez de Haro, entre otros, según L. Aiamán: 1s
se tra~b~ de aque~o de "obedézcase pero no se cumpla" que las características
burocrattcas coloruales parecen imponer.
Querían un lugar en el ambiente político colonial. Las ideas políticas de
~ue echaban mano van desde el tipo reformista -modificar la sociedad pero
sm trastocar el Estado- a las ideas radicales que justo unos meses antes del
serm6n estudiado, ~ _fijaron en pasquines pro-republicanos en la capital. Los
papeles de la lnqU1S1c16n nos muestran las tendencias antiespañolas que se
asom~ en la sátira anó~a y no se esconde en las Representaciones de Juan
Antonio Ahumada a Fehpe V y la de la ciudad de México a Carlos III en
1771. T~bién se encu_entr~ conjuras y se recogen rumores. Todo ello arroja
un ambiente de sorda mqwetud que anuncia vientos de fronda.
Pero es más en el plano histórico y religioso donde los españoles americanos. ~llan las b~es de rechazo del status colonial. Y es aquí donde la predicacion ~e_I P. M_1er logra su planteamiento: frente al pasado azteca y frente
al pr~g10 mexicano que simboliza la Virgen de Guadalupe. Con más tintes pintorescos que con exactitud histórica, Fray Servando es el vocero de
~a clase criolla que en los mitos va a recrear las obsesíones de una conciencia en g~staci6n, conciencia que responde a la descomposición de una estructµra social y ~con6mica en transición, en rompimiento. Porque su delito fue
aten.ta~ sobre ideas fundamentales, telúricas, del fondo insobornable del establec~ento colonial. En su planteamiento convergen los temas del naciente
patriobsmo criollo, de la formación de la conciencia nacional de México futuro: aztequismo, antiespañolismo, guadalupano al servicio de la conciencia
Y el ~atriotismo criollos. Aquí pueden estar l~s claves para contemplar cómo
estas ideas criollas se convierten en actitudes sociales aceptadas.
Se trata en esta etapa de nuestro ensayo de ir al encuentro del "clima humano" que diría Marc Bloch, ese "residuo ' o margen que los métodos seriales
16 KN~z1tE, Richard, "La condici6n legal de los criollos y las causas de la Jnde~dencia", en Estudios Americanos, Vol. II, ~o. 5, enero de 1950, pp. 53 y sigs.
ALAuÁN, Lucas, Historia de Mbrico, Vol. 1, México, 1883-1885, p. 58.

Jbidem, p. 364.

323
322

�o cuantitativos no pueden captura.r. 18 Sin duda las creencias mantienen relaciones con la estructura social, con los procesos econ6micos, con las ideas políticas; más en el caso de México donde la esperanza milenarista y los movimientos mesiánicos son tan aparentes.

De acuerdo al investigador Jacques Lafaye, las creencias en Nueva España eran el producto inestable de aportes diversos de grupos étnicos desiguales, donde el contacto de unas religiones se modifican en la colisi6n y
largo contacto con otras. Entre nosotros, las religiones no católicas eran residuales por la persecuci6n o por estar alejados de su lugar de origen; no
tardan en aparecer creencias sincréticas y prácticas mágicas en México entre
indios, castas y criollos pero el común denominador de estos sincretismos son,
a no dudarlo, la espera mesiánica y las concepciones apocalípticas de la historia. Indios, criollos y castas no se separan de sus creencias y como los judíos,
indios y cristianos tratan de renovar el hilo roto de una historia sobrenatural.
Hay mucho, pues, de connotaci6n mesiánica en los movimientos de liberación
política y social. 11 Pero vayamos explicitando por partes esta apretada síntesis.

Es el indio como problema piritual quien acarrea la transformación
de las conciencias criollas. Los primeros misioneros franciscanos están presididos en su celo apostólico por un clima de exaltación milenarista y de espera
mesiánica alimentados por el "Evangelio Eterno" de Joachim de Flore, a través de San Francisco de Asís. Los franciscanos venían a fundar la Iglesia
indiana,, a crear un nuevo mundo que implicara una ruptura con el antiguo.
Aquí se pueden ver ya los fundamentos del futuro espíritu criollo, de utopías
milenaristas ( en V asco de Quiroga) , donde Cortés es un nuevo Moisés -de
acuerdo a las concordancias con Joachim de Flore. Un clima carismático ordena los esfuerzo franciscanos y no menos a los españoles que siempre se consideraron el brazo de la cristiandad contra los her'ticos. Porque para el franciscano Fray Bernardino de Sahagún, el pueblo mexicano era presa del poder
de Satanás, todos sus dioses demoníaco , sus sacerdotes nigromantes --como
Quet?.alcóatl- "amigo de los diablos" y que se consume en los infiernos.u
Pero se defendía la humanidad del indio, aunque se trate de un pueblo en
• LAPAYE, Jacques, Quetzalc6atl et Guadalupe. La formation de la conscience nationale an Mexique (1531-1813), Editions Gammard, París, 1974. Un libro exhaustivo
que mucho esclarece los fines de nuestro trabajo, aunque en el caso del senn6n peca
de inexactitudes graves: principalmente comete el autor el increíble pecado de creer
todo al fraile dominico. Y otras falla! menores.
11 lbidem, pp. %-47.
11 Vn.LoRo, Luí,, Los grandes momentos del indigenismo en México, El
Colegio
de México, México, 1950, pp. 32-34.

324

pecado. Pero ya en Sahagún hay contradicciones: parece a veces aceptar una
evangelización anterior a la conquista o una revelación primitiva: no se
acierta a captar "en un nítido perfil el ser indígena".19
Escoger la solución de una evangelización previa era abandonar la fiebre
milenarista de los franciscanos. Así, un agustino del Perú, Fray Antonio de la
Calancha, se apoya en un pasaje de la Vulgata: 'El Evangelio será predicado
por toda la tierra y pronto vendrá el fin de los Siglos" (Mateo, 24) . e pensó
que no era acorde con la justicia Divina que, por siglos, los indios carecieran
de luces; interpretar el versículo del Apó tol fue el segundo paso y el terc ro,
consistió en buscar las trazas materiales de la evangelización primitiva. Se
desata un optimismo a principios del XVII qu ejemplifica bien Bernardo
de BaJbuena que canta la eterna primav ra del paraíso mexicano, e exalta la
ciudad de México via la mujer mexicana. Sigüenza y Góngora equipara la
"primavera indiana" a 1a del mundo se canta la preeminencia mexitana y 1
indio, entonces ignorado, conquista en este criollo leal a la Corona la imaginación del poeta: se mitifica el pasado indígena puesto que el indio no era,
de hecho, problema. Ya Sor Juana preludia una conciencia mexicana: d cubren que tienen una patria, dice Octavio Paz, Nueva España pero ello no
contradice su fidelidad al Imperio y a la Iglesia puesto que se trata de dos
órdenes de lealtades diferentes· 20 on antiespañoles y buenos vasallos de Rey
y patriotas de Anáhuac.
Para 1737 la Virgen de Guadalupe se toma principal protectora de las epidemias que asolaban el país; el Tepeyac
su imagen reunían las creencias
judeocristianas y el politeísmo indígena mexicano. La aparici6n de la Virgen
a los mexicanos, representados en Juan Diego, otorga un carisma de elegidos.
Ita y Parra, apologista guadalupano, proclama que "el pueblo indiano supera
no solamente a Israel, sino a todas las naciones del mando . .. ". 21 En 1754,
Arzobispo y jesuitas logran de la anta Sede el reconocimiento del patronato
guadalupano sobr la América septentrional. Parece que se trata más de una
fe patriótica; los cultos de Guadalupe y otras imágenes marianas parecen converger al mismo fin : "lavar a México del antiguo pecado del paganismo y
de la idolatría''.z2 El triunfalismo criollo de la primera mitad del XVIII se
fundaba sobre la conciencia de la riqueza material ( San Luis Potosí y sus
minas), n el desarrollo urbano (la Nueva Roma) , la pr eminencia cultu• lbidem, p. 88.
• LAPAYE, J., op. cit., p. XXI.
11 LAPAYE, J., op. cit., p. 123.
• LAFA-n, J., op. cit., pp. 128-129.

325

�ral (Eguiara y Eguren), sobre el sentmnento carismático de ser el pueblo
elegido: la devoción guadalupana es el plano escogido. Fe religiosa y nacional se confunden y propugnan la supremacía de la ueva sobre la Vieja España. La certidumbre carismática apoyada en la epifanía guadalupana desembocará en ese optimismo nacionalista tan certeramente analizado por Luis
González y González 23 que nos despojaría del carácter de "bárbaros frente
al europeo civilizado".
Un jal6n importante en la toma de conciencia nacional es, sin duda, la expulsión de los jesuitas, tan activos en la actitud triunfalista criollos, en 1767.
Carlos III une a criollos, castas e indios contra la Corona y dota al guadalupanismo de mártires. La nostalgia del exilio proporciona a Clavijero un
mirador ejemplar para contemplar a la historia de su patria bajo una visión
épica y heroica: los indios no son inferiores sino distintos. Aquí el criollo
niega el punto de vista europeo y " (a ) través del indio puede el criollo presentar a Europa un ser que no pende de su juicio". 2~ Mucho contribuyen los
jesuitas expulsos a despertar la curiosidad europea por México: el Barón de
Humboldt tenía entonces 17 años.

11

Retomemos a las obsesiones criollas. Quetzalcóatl-Sto. Tomás. Ni indios
ni españoles pusieron en duda que Quetzalcóatl había anunciado la presencia de los segundo. Para el dominico Durán -que apoyaba la tesis de la preevangelización- topilzin (el Quetzalcóatl histórico) que era reverenciado
como santo no era otro que Sto. Tomás. Torquemada, siguiendo a Sahagún,
más reservadamente lo considera nigromántico pero se rehúsa a tomar partido
en la contienda como Clavijero. En el siglo XVI se aceptaba que Sto. Tomás
había predicado supra Gangem y allí se incluía a América. Se interpretaba
la Vulgata en el sentido de que la evangelización se hizo por toda la tierra.
Dice J. Lafaye: "Quetzalcóatl-Sto. Tomás es pues el ejemplo más privilegiado del sincretismo entre los mitos cosmológicos de la antigua América y el
Cristianismo" ; 25 Dios no podía olvidar a un :ercio de la humanidad: huellas,
cruces, prodigios testimonian de la presencia del Apóstol, que es Zume en
Paraguay, Viracocha en Perú, Quetzalcóatl en México. Con la identificación Quetzalcóatl-Sto. Tomás se lograba un cambio de status espiritual
para la conciencia criolla: "si no se hubieran apropiado previamente del pa.. GoNZÁLEZ y GoNZÁLEZ, Luis, "El optimismo nacionalista como factor de la
independencia de México", en Isabel Gutiérrez de Arroyo et al: Estudios de historiografla americana, El Colegio de Mé,óco, 1948.
11 Vn.LOllO, Luis, Los grandes momen,os del indigenismo en Mlxico, El Colegio

de México, 1950, p. 130.
"" LAPAYE, Jacques, op. cit., pp. 250-251.

326

sado -indígena, los criollos no habrían jamás podido tomar en sus manos el
futuro nacional". 26 ¿ Y la Virgen de Guadalupe?
Los testimonios misioneros concuerdan: Tonantzin era una divinidad mayor, Te~eyac era ~u principal santuario. Según León-Portilla, QuetzalcóatlTo~tnn es p~eJa f~damental del panteón mexicano. Otra vez Sahagún
conS1gna la eqwparacion de Guadalupe a Tonantzin y otra vez se muestra
contrario a esta asímilación.: 7 Guadalupe es también el nombre de una Virgen de ~tremadur~, España, que en tiempos difíciles apareció a un pastor.
Y también la devoción a esta Virgen era enorme como lo testimonia el nombre que Colón dio a la isla antillana. Pero, como se ha dicho, los criollos luchan por su Virgen frente al reto de la del Pilar y de Sta. Rosa de Lima: un
marco general de devoción mariana se impone en América donde los prodigios
de la Vrrgen María daba a los indianos una dignidad. Pero el éxito de su devoción no estuvo ausente de querellas: Sahagún y otros franciscanos protestan
en 1556 contra el ya popular culto, donde se dejan oír ecos erasmistas de
cristianismo esencial. Por otro lado, había aquellos que alentaban los sacramentos, la comunión frecuente y el aparato del culto. Y serán los jesuitas
los_ artesanos de esta metamorfosis cada vez más criolla: " . . . oratoria, la arqmtectura barroca, arcos de triunfo, (ellos) plantean la ruptura con el sueño
franciscano" .28
Pero como lo ha demostrado el recordado Francisco de la Maza es a med~dos del XVII cuando el Bachiller Miguel Sánchez y Lasso de la Vega publican sus obras guadalu panas ( el segundo en náhuatl ) y crean los símbolos
del fu~r~ ,radalupanismo mexicano: con raíces proféticas ("Mujer de la
Apocalipsis anunaada por el evangelista San Juan) e implicaciones patrióticas ("mujer criolla" de este "Paraíso Terrenal") al hacer de los mexicanos
"el pueblo elegido". El investigador Lafaye llega a llamar al Bachiller Miguel
Sánchez "padre espiritual de la naci6n mexicana" 2ll lo que nos hace "hijos de
Sánchez" desde el siglo XVII. Cierto es que el apologista guadalupano da una
compensaci6n metafísica a los criollos desposeídos gracias a la Virgen "Reina
de los mexicanos" mágicamente, en el plano sobrenatural éstos están sobre
los gachupines.
Creemos estar ahora en mejor posición para justipreciar el serm6n de Fray
Servando: identificar a Sto. Tomás con Quetzalcóatl no tiene la excusa de
"'
"
,.
•

l.APAYE,
LAPAn,
LAPAn,
LAFAYE,

Jacques,
Jacques,
Jacques,
Jacqucs,

op. cit., p. 257.
op. cit., p. 288.
op. cit., pp. 317-318.
op. cit., pp. 332-333.

�la originalidad, como bien dice Edmundo O'Gorman, pero era bastante atrevido sugerir la asimilación pura y simple del politeísmo indígena al cristianismo; pero lo que pareció herético y escandaloso fue la actitud anti-aparicionista del P. Mier frente al pueblo devoto y a un Arzobispo todavía más celoso de esa tradición; echa abajo todo lo que los apologistas guadalupanos
habían presentado como sobrenatural y llega, posteriormente, a llamarlos "inventores" de Guadalupe; afirmando un cristianismo anterior el fraile regiomontano -en plaza pública y ante el pueblo entero- desconocía el significado esencial de la conquista: no son el misionero ni el conquistador, dice L.
Villoro, sino Sto. Tomás y d pasado indígena precortesiano las instancias revelantes,80 esto es, debilitaba el derecho de la aominación española sobre el
Nuevo Mundo ya que lo Úl•ico que hizo la Conquista fue destruir el cristianismo nativo. La obsesión criolb del despojo se hace pública por voz de este
dominico apresurado, el malestar se expresa en las implicaciones del sermón.
Además, el P. Mier atacaba el fondo de creencias, esas ideas recibidas que
atesoramos más que otros bienes; iba contra tradiciones ya seculares, contra
popular devoción; el público desacato se inscribe en tiempos de desequilibrio
y malestar y Fray Sezvando "se convierte en una tarde de 1794, en el símbolo
torturado de la conciencia criolla emergente, en la persona (ya casi personaje) que con ese estilo tan contradictorio va a encarnar en su obligada carrera política e ideológica los grandes temas del naciente nacionalismo mexicano". 81
Todo lo anterior no tiene la pretensión de propo:aer este acto de Fray Servando como un acontecimiento capital en la historia de México. De ninguna
manera. Sí fue crucial, o como parece inevitable decirlo, fue un choque traumático en la carrera personal del fraile; la cosa no era para menos. Pero sí encontramos en este peculiar asunto en la voz de un criollo eclesiástico --en una
sociedad donde ambas calidades estaban en fermento, la una desde siglos y
la otra con las reformas borbónicas-- los temas e ideas que se tomarán en acti•
tudes sociales abiertas; la denigración de la Conquista, el resentimiento en
contra de los españoles, la exaltación del pasado indígena y la misma devoción
guadalupana.82 También es justo reconocer que la ambigüedad · del criollo
frente a los españoles es típica en Fray Sezvando: repudio y atracción, atracción por el antiguo México y defensa del legado profundo español (sobretodo
el religioso) . Quizá tenga razón Luis Villoro: al presidir la divina Provi-

dencia el centro del primer momento indigenista y colocar a América bajo
el signo religioso, la actitud del P. Mier es un retroceso frente a Clavijero; un
dechado de contradicciones y de sorprendentes amalgamas encarnará Fray
Sezvando como católico libera], como aristócrata y republicano, que se harán
claras Y públicas cuando después de más de dos decenios regresa a su querido
"seno mexicano", mediando entre estos dos acontecimientos la vida más increíble, la más azarosa existencia que tiene a ratos la audacia de elevarse
a las alturas de la ficción artística.
Es tiempo de concluir. Todo lo anterior se ha propuesto como un ejercicio
de historia social que se quiere mover a historia de la sociedad: se inició con
una relación particular de un hecho que no se puede explicar en términos simples, utilizamos un modelo de estructura social para tratar de precisar las
características salientes de relaciones económicas y sociales del peculiar ambiente; atendimos las fuerzas institucionales y políticas ~n juego, las formas de
cambio social, las imágenes sociales de los actores relevantes y fuimos en fin
al fondo de las creencias subyacentes que el acto público en estudio 'puso en'
jaque. Pretendimos e.."-plicitar las tensiones de la sociedad novohispana al cerrarse el siglo XVIII, lo que nos permitió creemos, exponer el proceso de
cambio histórico y las convergencias de fenómenos tradicionales que se encerraban en el sermón de un religioso criollo que va encarnar en su futura carrera política la temática esencial del nacionalismo mexicano.

No sabemos si este modelo operacional de análisis histórico pueda servir
para los menesteres de nuestros compañeros de oficio. Para nuestras preocupaciones es una aspiración y un desafío. Y, como lo dice D. Hobsbawn
'
aunque no exista todavía una obra que ejemplifique la historia de la sociedad
aquí delineada, existen grandes posibilidades para su realización.

BIBLIOGRAF1A ADICIONAL

Juan,

Historia social de España y de Hispanoamirica, Aguilar, Madrid, 1973.
J. (ed.), Historia social y econ6mica de España y América, t. IV
Vol. I; Editorial Teide, Barcelona, 1958.
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BBNBYTO,

VtcENs VIVES,

John Leddy, The millenial kingdoam of the Franciscans in the New World
2na. edition, University of California Press, 1970.
'
CLrNE, Howard F. (ed.), Latin American History. Essays on its 1tudy and teaching,
1898-1965. Vo. two. Published for the Conferencia an Latin American History
by the University of Texas Press, Austin and London, 1967.

Pm!:LAN,

Luis, op. cit. , p. 139.
11 BENAVIDEs, Artemio, ''Fray Servando Teresa de Mier, nacionafuta mexicano"
(trabajo in6dito). Monte1Tey, N. L., 1974, p. 15.
• VILLOllO,

•

328

BRADING,

David, op. cit., p. 147.

329

�Jnveseigaciones Contemporáneas sobre Historia de ~éxico. Memorias de la ~e;~
Reuni6n de historiadores mexicanos y norteamencanos; Oax~epec, Morel~s, •
noviembre de 1969. Universidad Nacional Aut6noma de México. El Colegio de Mé.
The University of Texas at Austin. México, 1971.
XICO.

Monterrey,

. L. Marzo-Abril de 1975.
PRÓCERES DE LA REFORMA Y DE LA
INTERVENCióN FRANCESA

I
JosÉ P.

SALDAÑA

de la Soc. uevoleonesa de Historia,
Geografía y Estadística

Es MI PROPÓSITO formar una especie de galería de los personajes que con su
esfuerzo, talento y patriotismo contribuyeron al triunfo de la República en
tiempos aciagos. Considero de elemental justicia divulgar los actos de quienes,
sin cuidar sus intereses personales, dedicaron su vida en pro de una causa
que significaba la libertad y la restauración del Gobierno Constitucional, seriamente amenazado.
Para tal fin es conveniente recordar los antecedentes de esa empresa heroica que comprende la Guerra de Reforma y de la Intervención Francesa.
A grandes rasgos es del caso mencionar la Revolución de Ayutla, en la que
jugaron papel de primera magnitud el Gral. don Juan Álvarez y el Gral.
don Ignacio Comonfort. En la primera etapa que corresponde a 1a Reforma
procede recordar a don Santiago Vidaurri, Gobernador de Nuevo Loon, cuya
actividad en el plano revolucionario adquirió relieves de altura nacional.
A su talento, actividad, y dotes militares se debió la formación de militares
que llegaron a la cumbre con sus hazañas, como los Generales Mariano Escobedo, Ignacio Zaragoza, Juan Zuazua, Jerónimo Treviño, José Silvestre
Aramberri, Lázaro Garza Ayala, Pedro Hinojosa, Pedro Martínez . ..
De la Revolución de Ayuda nació la Constitución de 1857, y de ella se
derivaron la Reforma y el llamado Imperio de Maximiliano.

Es pues la Constitución del 57 la base estructural dada a la forma de

330

331

�gobierno por los liberales. A su nombre, a sus esencias idealistas de libertad
e igualdad de todos los mexicanos, se encadenó la sucesión de acontecimientos que pueden resumirse en la actitud de los conseIVadores tendientes a la
derogación de la Carta Magna, en contra de los liberales que a toda costa
luchaban por su supeIVivencia.
En febrero de 1914, el señor Felipe López de ava publicó en Monterrey
un folleto conteniendo el Manifiesto dirigido a la Nación por los Constituyentes, explicando la razón de ser de la nueva Constitución, con algunas
referencias históricas. Prologó este trabajo el escritor potosino don David Alberto Cossío, ya para entonces, 1914 inscrustado devotamente a las esencias
nuevoleonesas.
Vale la pena hacer algunas consideraciones sobre este folleto ya que, si
es conocida de sobra la Constitución de 1857, no corre igual divulgación el
Manifiesto, siendo también poco conocido el prólogo del escritor, poeta e
historiador David Alberto Cossío.
En prosa heroica bruñida con sentimiento patriótico, Cossío escribió un
prólogo digno de la majestad de la obra realizada por los constituyentes. Así
principia:
"Hacer un proemio que debería ser un canto; forjar con la pluma letras
que mejor estarían esculpidas por la mano del artista, en oro macizo y mármol imperecedero; alzar un pórtico desgarbado y pobre, donde debieran
grabarse estrofas inmortales, es una locura y es una herejía; válgame, empero,
para atenuar mi pecado, al condescender con el recopilador de esto datos
históricos, en trazar estas líneas, mi sincero entusiasmo en toda causa noble,
el cariño a mi pueblo y a mi Patria, el respeto a sus hombres honrados y a
sus héroes, que en las horas amargas, han sabido curar sus dolores y restañar sus heridas, darle días de gloria y de paz, que, en el trágico y grandioso
monumi;nto de nuestra vida nacional, resaltan como severos bajo relieves,
bañados con la luz de todos los martirios y todas las esperanzas."
Con este tono grandilocuente llena su cometido Cossío, dejando en el pórtico la ardiente tónica de admiración hacia quienes forjaron nuestra nacionalidad, "vigorizando nuestros principios, acrecentando nuestra fo, nos encaminará por la ruta de la ley y de la sabiduría".
Viene después en el folleto la nota relacionada con la apertura de la sesi6n,
en la que el Diputado José Maria Mata dio lectura a la Constitución, ratificada por los Secretario.s del Congreso en cuanto a su texto original.

332

Ácto continuo se procedió a su juramento y firma por todos los constituyentes, siendo el primero en hacerlo don León Guzmán, quien en su carácter
de Vice-Presidente, presidió el acto por ausencia del Presidente, don Valentín
Gómez Farías, seriamente enfermo. "Hubo un momento -dice la crónicade emoción profunda, cuando conducido por varios diputados y arrodillado
delante del Evangelio, jur6 en seguida,,, pues el primero en hacerlo fue don
León Guzmán.
De pués de este solemne acto se dio lectura al Manifiesto que procedería
a la Constitución. Me ocuparé de ello.

En "Humanitas" de 1976 hice referencia a: Gral. Mariano Escobedo, Gral.
Lic. Lázaro Gan.a Ayala, Gral Albino Espinosa, Gral. Jerónimo Treviño, Lic.
Manuel Z. Gómez, y Cor!. Ruperto Martínez. Ahora continúa la cita histórica con otros grandes personajes.

DoN MELCHOR ÜCAMPO

Por su carácter noble y su bondad, por su don de gentes y su disposición
de servicio, don Melchor Ocampo mereció el título de Santo de la Reforma.
En pocas ocasiones ha sido aplicado un apelativ,o en forma tan correcta.
Hizo sus primeros estudios en el Seminario de Morelia, Michoacán · se
empapó en consecuencia de la doctrina cristiana en toda la amplitud de sus
enseñanzas y manifestaciones; y si con el tiempo dejó de practicar algunos
actos religiosos, siguió en cambio la huella luminosa que dejaron los primeros
cristianos. Debido precisamente a su vida humilde de trabajo en la agricultura, de investigación botánica y de preocupaciones por cuanto se refería a
la vida de los campesinos, por su empeño en resolver los problemas físicos
y morales de los habitantes que residían en la región, por todo esto y con
su carácter amable y condescendiente era estimado y querido por todos sus
coterráneos.
Durante varios años al hacerse cargo de la hacienda de Pateo del Municipio de Maravatío, Michoacán, lugar de su nacimiento, que heredara
ele su protectora, la Sra. Francisca Xaviera Tapia, se dedicó como queda
dicho a los estudios propios de las tierras cultivables, sin que apareciera el
hombre público que habría de dar brillo a la política, y fuerza extraordinaria a la Reforma, que reclamaba con urgencia el progreso del país.
Fueron sus coterráneos quienes lo sacaron de las habituales ocupaciones

333

�para que participara en la política. En esta forma se le designó por votación
popular diputado al Congreso de la Unión por el Distrito d Maravatío.
Con tal carácter actuó en la Cámara durante el año de 1842 distinguiéndose por sus firmes ideas federalistas. Logró darse a conocer como magnífico
orador elocuente, de fácil palabra y de efectiva persuasión. Conquistó muchos amigos con quienes años después formaría en las filas del Partido Liberal.
En 1840 fue electo Gobernador del Estado de Michoacán, actuando durante
bre e tiempo en virtud de no estar de acuerdo con los tratados que dieron
fin a la guerra con los Estados Unidos.

Posteriormente ocupa e] puesto de Senador por su :Estado y poco después
fue designado por el Presidente Juárez Ministro de Hacienda.
Eran los tiempos de los hombres de pundonor y de dignidad a flor de piel.
No era necesario que se les exigiera la renuncia del puesto que desempeñaban, resultaba suficiente que se desdeñara o se dejara de apreciar aun en
forma discreta su gestión para separarse del P.Uesto. tsta era la norma inalterable de don Melchor Ocampo.
Cuando Juárez investido con la dignidad de Presidente de la República,
en virtud de haber quedado vacante el Poder Ejecutivo por la renuncia
forzada del General Ignacio Comonfort, toda vez que siendo Juárez ~
tro de la Suprema Corte le correspondía asumir legalmente este puesto, fue
entonces el momento culminante de una época tormentosa, pues el Partido
Conservador había cobrado bríos al derrumbar el gobierno de Comonfort
y con él la Constitución que apenas empezaba su vigencia.
Los momentos eran cruciales, de augurios tenebrosos para la causa liberal,
y fue Juárez con su carácter de granito y su fe inquebrantable en el triunfo,
quien logró reunir a su alrededor a un grupo de los más destacados intelectuales del Partido Liberal, entre los que figuraba en primera línea don Melchor Ocampo. Formaban parte también los licenciados Dn. Sebastián y Dn.
Miguel Lerdo de Tejada, Dn. Guillermo Prieto y otros más de la misma
altura intelectual.
Salieron de México con intenciones de embarcarse en el Pacífico y durante
su estancia en Guadalajara estuvieron a punto de perder la vida. La elocuencia y sangre fría de Dn. Guillermo Prieto hizo que los soldados que
apuntaban ya con los fusiles a Juárez y a los suyos se detuvieran evitando
la catástrofe.
Así se iniciaba lo que habría de ser la Guerra de Reforma o de Tres Años.

334

Instalado Juárez con su Gabinete en Veracruz, Ocampo se hizo cargo de
la Secretaría de Relaciones Exteriores. Con ese carácter firmó el documento
conocido con el nombre de tratado Mac Lane-Ocampo.
La historia se ha encargado de justificar plenamente a Ocampo, en vista
de que se ha comprobado mediante documentos que existen en Washington,
que el propósito de Ocampo de acuerdo con Juárez era el de obtener el
reconocimiento de los Estados Unidos para la importaci6n de armas y de
implementos de guerra, ganando tiempo por medio de procedimientos dilatorios, antes de que los Senados de México y de Estados Unidos conocieran
y en su caso aprobaran o rechazaran el tratado.
Los hechos confirmaron plenamente la táctica seguida por Ocampo, de
quien no cabe dudar de su patriotismo. Lo justifica la actitud que asumi6
en 1848, cuando, siendo Gobernador de Michoacán se opuso al tratado de
paz con los Estados Unidos, pidiendo se continuara la guerra para lo cual
ofrecía desde luego dos batallones.
Convencido Ocampo de que los conservadores continuarían la guerra intestina fue de los más decididos en la expedición de las Leyes de Reforma
que abollan los privilegios de que gozaban el ejército y el clero.

El nombre de Melchor Ocampo significa honradez, talento, ilustración,
patriotismo y entrega de todo cuanto significaba su persona al servicio de
la Patria.

•
Han pasado los años, sufre destierros, prisiones, han ocupado puestos de
alto honor: Gobernador de u Estado, Michoacán, Senador y Diputado en
varias ocasiones, ocupando en los Gabinetes de los Generales Juan Álvarez
e Ignacio Como:nfort y del Lic. Benito Juárez, los Ministerios de Gobemaci6n, de Hacienda y de Relaciones Exteriores.

Ha llegado el año de 1861, cuando triunfante Juárez, llega a México
procedente de Veracruz, se instala de nueva cuenta en el Palacio Nacional,
acompañado de su leal colaborador, don Melchor Ocampo, desempeñando
con talento el cargo de Ministro de Gobernación.

Años de fatiga, de entrega total al servicio de la Patria, que han sido para
Ocampo de prueba y de sacrificio. Sus bienes abandonados, su hacienda en
ruinas, su salud quebrantada reclaman reposo. Renuncia a su cargo y tratando de mejorar su situación económica y física regresa a Pomaca.
335

�A]ejado de la contienda armada, se dedica a ordenar su vida campirana,
que tanto le atrae; pero su personalidad se proyecta en el panorama político más allá de lo que él se imagina.
Las guerrillas de conservadores no aceptan el triunfo de los liberales y
tratan a toda costa de alterar el orden. Una de esas gavillas, comandada por
eJ español Lindoro Cajiga, sin dificultad aprehende a Ocampo el 31 de
mayo del citado año de 1861.
Lo llevan de un lugar a otro hasta Huapango en donde se encuentran
Zuloaga y Márquez, máximos dirigentes conservadores; después, siguiendo
instrucciones de estas personas, lo trasladan a Tepeji del Río, para seguir
por otras poblaciones hasta llegar a Caltengo, en donde es fusilado sin for-

mación de causa.

FRANc1sco

ZARco

Dos aspectos fundamentales deben tomarse en cuenta para configurar la
personalidad de Francisco Zarco: El de literato y el de político.
No todos los que Jo conocieron de cerca y estuvieron en condiciones de
juzgar su obra literaria y sus actuaciones políticas están de acuerdo en los
juicios sobre los méritos correspondientes a tales actividades.
Por mi parte considero que difícilmente se puede afirmar, con plena razón,
que Zarco es más grande como literato que como político. Es de considerar que en uno y en otro caso existe de todo, bueno y malo, ya que se trata
de una obra humana; pero indudablemente que se está en lo justo al valorar la obra de Zarco en conjunto calificándola de excelente, y no se estaría
lejos de la verdad si dijéramos que es extraordinaria.
Con una decidida inclinación a los estudios literarios abandona la carrera
que había emprendido en la Secretaría de Relaciones Exteriores en 1849,
después de ocupar el puesto de emplea.do en el departamento de traducciones,
puesto que desempeñó en virtud de su conocimiento del idioma inglés que
había aprendido en el Colegio de Minas. Dada su capacidad había sido
designado oficial mayor de dicho Ministerio habiendo tenido la oportunidad
de colaborar con Dn. Luis de la Rosa, Ministro del Ramo. Posteriores incidentes motivados por los continuos cambios en los Ministerios debidos a
revueltas más frecuentes que las lluvias veraniegas forzaron su alejamiento
de la burocracia.

336

Es así como en 1851 se le designa Presidente del Liceo Hidalgo, en cuyo
acto, lleno de solemnidad por la presencia de las más distinguidas personalidades de la Literatura, de la ciencia y de la política, pronuncia el Discurso
sobre el objeto de la Literatura, trabajo que le fue muy aplaudido, y conocido
posteriormente por el público en general al publicarse en la revista la Ilustración Mexicana.
Antes de este acontecimiento Zarco había publicado numerosos artículos
literarios muy del gusto de la juventud. Se había hecho notar también ~orno
escritor festivo bajo el seudónimo de "Fortuno".
Sería largo hacer mención de las personalidades relevantes que se han
ocupado de Zarco. Citaré únicamente a Dn, Ignacio M. Altamirano, por
tratarse de uno de sus contemporáneos y maestro en Literatura. Al hacer
referencia en su libro La Literatura Nacional al mencionar el Liceo Hidalgo,
dice:
"Zarco venía ya con ideas más modernas que las que habían animado a
los académicos de Letrán, quienes, con excepción de Ignacio Ramírez, pertenecían, por el carácter de sus obras, a la escuela antigua. En esta parte
no hacia otra cosa que seguir a Ramírez. Con mejor fortuna ciertamente,
porque encontró un auditorio entusiasta y auxiliares resueltos."
Tratándose de un intelectual que además de su preparación universitaria
había logrado conocer lo suficiente en inglés y francés, leía en su propio
idioma a los más famosos escritores de su época, especialmente en los temas
a que era afecto como sociología, economía y política.
De estas lecturas -agregada la experiencia propia debida a su inclinación
al progreso del pueblo- y los artículos apegados a estas disciplinas que escribía, desentonaba del ambiente; provocando disgustos frecuentes en las esferas oficiales y, en contrario, admiración y aplausos en la sociedad en general.
En cierta ocasión el Gral. Dn. Mariano Arista, Ministro de la Guerra por
1850, or:den6 el axresto de Zarco debido a publicaciones que en cierta forma
desacreditaban sus aspiraciones presidenciales.
En 1853, siendo presidente de la República don Antonio López de Santa Anna y Zarco editor del periódico el Siglo XIX, publicó en el mes de junio
varios artículos contra las alcabalas, que según él produdan graves perjuicios al pueblo por el encarecimiento de las mercancías.

337
humaniw-22

�Cansado de los atropellos que recibía después de un encarcelamie~to, de;
,
dirse fm" es de 1854 se trasladó a Nueva York. Allí logro
que 1ogro eva
a
'
d
conectarse con políticos mexicanos enemigos de Santa Anna colaboran o con
ellos para derrocar al dictador.
El l de Ayutla proclamado por el Corl. Florencio Villarreal en Ayutla
Guer!'er3; que encabezaba como Jefe del movimiento el
don fJuan
.
'
,
,
'd
al
grado
de
trmn
ar
en . orma
Alvarez se propagó en el prus rap1 amente
absolun:_ quedando fuera no tan sólo San~ Anna sino todo el engranaie político y burocrático que integraban su gobierno.

?ralf.

Estos acontecimientos permitieron su regreso en el mismo año de 1855
abrazando ya de plano las actividades políticas.
El día 13 de agosto del mismo año en asamblea citada al efecto, dictó una
diante la cual se adherían los asistentes al Plan de Ayutla, y fue
acta me
C · , d pués Zarco
desi ado jefe el Gral. Rómulo Díaz de la Vega. on~nuo es
entr:ado de lleno a la política; fue electo tres veces diputado al Congreso

de la Unión.
te del Congreso Constituyente de 1856-57 y distinguióse por
Ó
F
orm par
d' · ,
tri t' mo
sus intervenciones parlamentarias llenas de eru icion y pa o 1S •
S. . do su producci6n literaria y política de gran categoria por su co?te• , hist6nea,
·
.d ien bresale entre sus obras la relaoon
que con
. tanto ngor
m
y canno h ace en su libro·· Historia del Congreso Constituyente de 1857.

º•.':'

Nacido el día 4 de diciembre de 1829 en la ciudad de Durango, fallece en
la ciudad de México el día 22 de otro diciembre, el de 1869, a la temprana
edad de 40 años.

bajo el amparo de la bandera tricolor y las disposiciones de nuestra Constitución.
Nació Arriaga en el año de 1811 en la ciudad de San Luis Potosi cuando
los im1urgentes, siguiendo al cura don Miguel Hidalgo y Costilla se enfrentaban por todos los rumbos del país a las huestes del dominio español, que
sujetaba con cadena de ignominia al pueblo mexicano.
Todavía no podía darse cuenta de los hechos gloriosos de ]os insurgentes
acaudillados por Hidalgo, Morelos, Guerrero, Matamoros, Allende, los Rayón,
los Galeana, Pedro Moreno y centenares más de hombres que habían jurado
acabar con la dominación española. Apenas si a los diez años de edad pudo
darse borrosa cuenta por boca de su padre de que Guerrero e Iturbide habían consumado la Independencia, realizándose el grito dado por Hidalgo
en Dolores, Guanajuato, la noche del 15 de septiembre de 1810.
Nace pues a la luz de la conciencia Arriaga entre el tronar de los fusiles
y el rugir de los cañones. Porque esa luz de libertad no podía alumbrar con
el esplendor debido por las frecuentes revoluciones y contrarrevoluciones
que arrancan desde la caída de Iturbide hasta el 57, en que no se define
si el gobierno ha de ser central o federal.
A estas alturas Ponciano Arriaga tiene ya 46 años de edad. Se ha dedicado
a estudiar con empeño las ciencias políticas, económicas y sociales de los
principales países del mundo. Había podido comprobar la triste situación
que prevalecía en el país, debido en gran parte a las ambiciones desenfrenadas de quienes lo querían todo para sí olvidando a las mayorías.

Antes de llegar Arriaga como diputado al Congreso Constituyente había
ocupado algunos puestos públicos en su ciudad natal; prunero en calidad
de Regidor del Ayuntamiento y después como Secretario General del Gobierno del Estado.

PoNCIANO ARBIAOA

Es triste comprobar que personajes de indiscutible valer en la conf~rma. , d I patna· en lo referente a quienes, en el transcurso del tiempo
cion e a
'
1 l 'd
contribuyeron a su grandeza y supervivencia, permanezcan en e o Vl o. .
de omisión y entre ellos se cuenta el del egregio
Son numerosos 1os casos
• d d
. ta Dn Ponciano Arriaga. Esto nos hace pensar en la necesida
e
patno . . • .
· · t o d e 1os
.
f rma ta1 que llegue a conoc11n1en
una divulgación masiva, en
la
'én
f
l
e
con
las
armas
en
la
mano,
habitantes del país qm es ueron os qu ' .
. .
• contribuyeron
.
palabra hablada y escnta,
a fortalecer 1a tierra en que vivunos

°

338

'

En función de sus ideas estableció en San Luis Potosí el Partido Liberal.
En forma sorda pero efectiva el clero lo combatió sin tregua; pero Arriaga
no se amilanaba, ya que sabía perfectamente quiénes eran sus enemigos y
hasta dónde podían llegar. En tal virtud la lucha que se entabló fue ardua
ya que el Partido Conservador era fuerte y estaba dispuesto a ganar en la
contienda.
Sin embargo de todas las dificultades que se le presentaron resultó electo
diputado al Constituyente, y como era costumbre entonces hizo el viaje a la
ciudad de México atenido a sus propios recursos, que eran pocos, como
339

�sucedía con la mayoría de los liberales. Sin embargo en lugar de constituir
aquello una dificultad resultaba ser un nuevo estímulo.
Al hacerse las elecciones de la Mesa Directiva del Congreso resultó electo
Presidente, no obstante pertenecer al grupo de los liberales puros; pues la
mayoría la controlaban los liberales moderados. Este hecho indica el prestigio de Amaga.
Duras batallas parlamentarias tuvo que sostener con los moderados en
asuntos trascendentales, como en lo relativo a la posesión de la tierra.

EL HOMBRE EN SAN LUIS POTOS1

Esta cuestión, que la había estudiado a fondo, era una de las que más
le preocupaban y a toda costa pretendía que se introdujeran en la Constitución algunas bases protectoras de los pequeños propietarios.
Formaba parte de la comisión encargada de redactar el proyecto de constitución y en esos momentos trató de introducir las normas agrarias en que
tanto interés tenía; pero aun sus compañeros liberales puros no las aceptaron,
de manera que se vio precisado a formular un voto particular, que puede
tomarse como modelo todavía, cien años después de formulado. J!,n concreto la historia, o más amarga, que principia desde el momento en que los
indios fueron despojados de las tierras en que habían nacido, no acaba de escribirse.

Por su brillantísima labor en el Congreso Constituyente del 57 fue declarado padre de la Constitución, ya que numerosos diputados liberales se
inclinaban por el restablecimiento de la Constitución de 1824 con ligeras
modificaciones. Su elocuencia salvó la situación.
Como todos los liberales de prestigio y de personalidad propia sufrió persecuciones y presidios. Compartió con Juárez, Zarco, Ocampo y otros muchos
liberales el destierro durante la última dictadura de don Antonio López de
Santa Anna.
Fatigado por tantas luchas y ~bores, pero no vencido falleció don
Ponciano en su ciudad natal, San Luis Potosí, el 5 de enero de 1863. Sus
restos descansan en la Rotonda de los hombres ilustres en la ciudad de
México.

340

I. Lo

INNATO

OCTAVIANO CABRERA lPIÑA

Los aborígenes
~ ENTRE LAS sombras de un remoto pasado, podemos imaginar un
~ o pano~a, dentro del cual, entreveremos la parte más elevada del
altiplarto potosmo como un paisaje de extensas llanadas cubiertas de pastizales Y moteada ~ los bajíos arreicos por profundos lagos; era el último
redu_cto de un declmante mundo zoológico que desaparecía lenta pero irremediablemen~e desde la ú~tima glaciación. Los postreros ejempíares del to.seo
caballo amencano y del bisonte gigante, ágiles de pezuñas, cruzaban aquellos
espesos zacatales donde casualmente se veían grupos de enormes y peludos
mamutes,. lentos y pesados, saliendo de entre los bosquecillos de altas y rugosas enemas donde moraban resguardándose de los rigores climáticos. La
ecología de la región les daba aún lo requerido para seguir viviendo en
aquel mundo evolutivo y mudante en el cual habían pululado por milenios.
Pero .el clima propendía a ser cada vez más seco y caliente, siguiendo el
cambio anatermal del ciclo inexorable del cuaternario.

En aquel paisaje apareció en tierras potosinas el primer grupo de homb~. Llegó éste corriendo, extrañado en su parte, tras las manadas de cuadrúpedos que Jo sustentaban. Eran pocos los recién venidos, de aquella raza
arre~da en pieles, de cuerpo ancho y mentalidad angosta, creada en las
~oscas de la estepa siberiana y reproducida y multiplicada durante milenios_ ~n las praderas septentrionales de Norteamérica, dejando aqui y allá
vestigios de su fugaz estadía que, de vez en vez, salen casualmente a la luz
entre profundidades ignoradas. Eran dolicocéfalos, de frente estrecha y de-

341'

�primicia, las fosas nazales anchas y nariz aplastada; los pómulos salientes,
las mandíbulas amplias y dientes ennegrecidos; chaparros, cargados de hombros ellos, y de caderas las mujeres; lampiños y, en total, un conjunto rudo
y macizo, rebultado de músculos, de piel oscura y cabelleras híspidas.
¡ Debieron ser entes preciosos!
Vivían como podían, debajo de cualquier rebuja!, pero si encontraban
alguna cueva o covacha más o menos adecuada, alú se instalaban de por
vida y no se salían de ella ni después de muertos, ya que ahí mismo lo
enterraban. Estos individuos fueron tradicionalmente cazadores y recolectores
pues era de los animales de donde sacaban su principal sustento y abrigo,
completando sus dietas con lo que el monte les deparaba, que eran mochas
las plantas edibles que se encontraban.
Nadie sabe con certeza cuándo ocuparon estos terrenos puesto que nunca
se ha investigado el caso, pero por observaciones fortuitas se deduce que no
hace menos de diez mil años ya andaban por aquí. Vinieron de los enormes
ámbitos norteños descendientes de los que pasaron un día el estrecho de
Juan de Fuca, hoy de Bering y que, por aislamiento o atavismos, se mantuvieron por milenios en el mismo horizonte cultural de la edad de piedra,
tan cómodamente adaptados a él puesto que, dada su naturaleza y la vida
que llevaban, no hicieron mayor esfuerzo por evolucionar y salir de su rutina
primitiva. Desde luego que, tan connaturalizados estaban con el medio que
su vida era fácil y sana, subsistían apegados a la naturaleza qµe les rodeaba
y a la fauna que perseguían, siendo sus descendientes fuertes y su procreación
abundante y natural.
Corrieron milenios, ignotos y anónimos, durante los cuales los climas
se volvieron cálidos y resecos, incómodos y nocivos para las especies animales; los pastizales de gramíneas se trocaron en breñas y nopaleras, las encinas
cedieron el lugar a los mezquites y el suelo se cubrió de dañinos hierbajos
de repelente sabor. La mayor parte de las espléndidas bestias se extinguieron,
preponderadamente los mayores y con ellas, los temibles carniceros; pero el
hombre, en lugar de desaparecer se adaptó, evolucionando lenta, dolorosamente, en sus costumbres y dietas y sobrevivió.
Sus armas ahora eran otras, había cambiado el acatl o lanza-dardos, las
boleadoras y la pica, por las flechas, mucho más rápida para clavarse en
las costillas del fugaz antílope. Las cactáceas, el metl o maguey y los cimatlís (papas) complementaban sus magras comidas. Del corazón del sotol y
del ocaxtle del maguey confeccionaban tortas y, mezquitamal de las vainas del
mezquite, además tenían las tunas, el pulque; la miel y muchas plantas nutrí-

342

tivas. Así es que cuando volvieron a verse afligidos por las tremendas sequías de
Jos siglos IV y 111 anteriores a nuestra Era, ya eran duchos en sortear las crisis
climáticas que arrastraban largos períodos de necesidad, aunque a su favor
tenían los múltiples microclimas de la ladera potosina que se extendía desde
el seco altiplano hasta las recién emergidas marismas de la costa del Seno
Mexicano.
Teniendo en cuenta este puñado de datos, podemos penetrar un poco en
el desvanecido misterio de nuestros primitivos antecesores en su luenga e
ignota estadía en este territorio.
Suponiendo que una pequeña tribu de veinte gentes haya llegado ahí hace
un ciento de siglos y, dándole un lento y nuciente desarrollo, castigado por
mil causas adversas, más las naturales emigraciones de zona, en ese largo
período de tiempo deben de haber sumado muchos cientos de miles sus
descendientes. Creo que entre los siglos I al X de nuestra Era la población
del actual territorio del Estado de San Luis Potosí, debe de haber alcanzado
un máximo hasta ahora apenas superado según vamos a ver.
Un día de nuestra prehistoria, aún no precisado, llegó otra misteriosa raza
que ya tenía un horizonte cultural barbárico. Entraron por el gran río en
múltiples acallis (canoas) apoderándose de todas las tierras bajas del territorio, cautelosamente primero, despué.s, según iban creciendo en población,
abiertamente, en son de eonquista, arrinconando en la abrupta sierra o en
las selvas a los primitivos habitantes, a los del horizonte ütico, que no se
dejaban domeñar de buen grado por aquellos invasores mayas.
Al cabo de siglos, éstos eran fuertes y cultivaban el maíz, vivían en pueblos; mucho y grandes pueblos de complicada organización, con llamativos
centros ceremoniales que eran residencias de caciques y sacerdotes.
Parece que llegaron en el siglo III de nuestra Era, y fue tal su expansión
en tan largas temporadas de paz y buenas cosechas, que para el año de
900 o upaban no solamente las tierras bajas de nuestra llanura costera, sino
que también los extensos y ricos valles del escal6n intermedio, los de la
cuenca del río Verde. Fueron tan grandes sus pueblos y tan densa su población que el mapa arqueológico de la zona apenas si los contiene. ¿ Cuántos
facron? Incontables tal vez, que se desbordaron invadiendo toda aquella
región de tan gran potencial biótico y ecológico que les sostenía favorablemente el cultivo del preciado alimento de Quetzalcóatl: el maíz. Además,
la numerosa población autóctona, nuestros primitivos cavernícolas, los proveían de abundante mano de obra y de mercado para sus huyules (cántaros)
y granos, desconocidos en las áridas llanuras del altiplano.

343

�Hay indicios de que esta ocupación duró alrededor de diez siglos, en loa
cuale,, si se tiene en cuenta un moderado porcentaje en el aumento de
población, la que se desenvolvía en un medio quieto y libre de grandes epidemias, el resultado puede ser un censo de cientos de miles repartidos desde
la costa hasta Rioverde.

Un indicio es que, cuando fueron a Teotihuacan, construyeron según sus
tradiciones dos montes enormes, uno a Tláloc y otro a Tlalzoltéotl, como
no se habían visto otros en aquellas tierras del Sur. El grado de civilización
que alcanzaron fue uno de los más vigorosos en las Américas. Su cultura
y arte los sitúan entre los aborígenes de máximo adelanto en México y, en
San Luis Potosí, indudablemente no hubo nunca otro pueblo aborigen más
aventajado.

Ahí, donde el hombre pudo domeñar la tierra y hacerla su principal fuente
de sustento, la densidad demográfica se mantuvo superlativa y daba suficientes soldados para mantener a raya las tribus agresivas del Norte; hombres para el trabajo de las sementeras, e inspirados sacerdotes para crear la
compleja trama de su pante6n. Sus deidades importantes eran cuatro, aunque
innúmeros sus dioses menores. En sus centros ceremoniales siempre había
grandes templos para Tlalzoltéotl, la eterna diosa de la reproducción y de
la tierra; Tláloc, el de la lluvia, y Ehécatl el del viento, a más del importantísimo Quetzalcóatl, el que les dio el maíz. Desde luego que, como nación
de agricultores, los elementos era lo que les preocupaba preponderantemente,
ya que estaban expuestos a los caprichos climáticos del Golfo. Sus artífices
produjeron una cerámica cuyas obras de arte no eran inferiores a otras de
esa época, siendo la ütica también toda una industria cuyas obras son de admirar. También practicaban el deporte, pues en todos sus pueblos, al lado
de los centros ceremoniales, se ven las canchas donde jugaban a la pelota
y se disputaban la máxima presea : los bien labrados yugos de piedra.
Cultivaban y fumaban el tabaco en pipas zoomorfas, de barro y piedra;
se confeccionaban telas de algodón para las minifaldas de sus mujeres, teñidas de brillantes colores, por lo que constatamos que no hay nada nuevo
bajo el sol. Hacían papel de amate y eran duchos en modelar figurillas de
barro de muy distintos estilos. Las de mujeres desnudas de piernas gordas
y caderas abultadas son muy comunes, aunque había otras de clásicas proporciones perfectamente conformadas. Otras más en las que se ven las modas
usadas en aquellos lejanos días del año del 900 con todas sus elegancias
vikinescas. Hay figurillas masculinas que demuestran un prognatismo acentuado siendo éstas las de los cabezas chatas, con sus altos copetes y com' tocados de pieles y pedernales.
plicados

344

Sus casas y templos, siempre sobre un terraplén más o menos alto, según
la categoria de la estructura, lucían fonnas bizarras, elegantes y extrafias,
aunque estaban hechas de materiales delesnables que no resistieron al paso
de los siglos: bahareque y reboques de cal policroma, con techos de palma
y zacatón dé las ciénagas, cerrando el ápice con un gran apaxtle de barro
en forma de pecho maternal.
Encontramos ahora en toda la zona los sitios de sus pueblos formados por
grandes núcleos de montículos y cúes, como el que está cerca de San
Rafael, en el municipio de San Ciro; como los Juzgados y El Revolcadero,
en Rayón, o los de Cieneguilla y San Diego a orillas del río de Los Morales en R.ioverde. Muy espectaculares son los de Tantoc y Pueblo Viejo en
la Huasteca Potosina y muchos otros más que sería muy largo enumerar.
Pero no solamente en las tierras bajas fueron conquistados y sometidos
los primeros habitantes de estas tierras, puesto que también en el altiplano se
vieron expulsados y dominados por gente venida de Occidente: los náhuatla
o mexicas. Subieron éstos del lado del Pacifico en son de guerra, con mucha
gente; gente bárbara y cruel que gustaba bañar a sus sádicos dioses con la
sangre de sus enemigos. También eran agricultores además de cazadores y
sabían cómo hacer sus casas, y bien las hacían de adobe ( xamitI) y varios
pisos de altura.
No cabe duda, siguiendo la localización de sus pueblos, que además de
pequeños, se ve que no tuvieron en an Luis Potosí sus mayores concentraciones, pues su esfera de influencias se encontraba para el lado de Zacatecas
Y Jalisco. Aquí se extendieron sobre y entre los grandes tunales del rincón
felsítico del Estado, en donde dejaron vestigios de su ocupación que ha de
haber durado alderredor de 500 años. Sus pueblos se encontraban en los
valles de Tangamanga, San Francisco, Bledos, la planicie de Arriaga y Cerro
Prieto, pero no pasaron hacia el Norte donde seguían viviendo las salvajes
tribus chichimecas y sus parciales que, acosados por ellos, les daban íctimas
para sus altares.
Su cerámica es peculiar, de un solo estilo poco variado, decorada con dibujos lineales en negro y en rojo sobre fondo siena. Eran grandes guerreros
Y aunque peleaban constantemente con los vecinos norteños, se ve que la
llevaban bien con los de las tierras bajas puesto que tenían un activo comercio
con ellos.
Sus dioses eran otros: Xipe, el dios desollado rojo que florece todas las
primaveras (la tuna) Coatlicué y Huitzilopochtli, el de la guerra y el fuego,

345

�se distinguieron prepondcrantemente en su abigarrado panteón, todos ellos
ávidos de COl'aZQDes. ••
Contando los sitios donde hay vestigios de sus pueblos de adobe, creo que
la población náhuatl en San Luis Potosí alcanzó_ en~ doscientos Y trescientos
mil habitantes los que al finalizar el primer milenio de nuestra Era Y agregados a los cientos de miles que existían n las tierras bajas y los valles del
río Verde~ más los primitivos que ocupaban las enormes llanuras del norte
. Jas escabrosas sierras intermedias, deben de haber sumado entre. t~os
) uando menos, millón y medio de individuos contando todas las distintas
naciones y sus parcialidades.
La e.xpansión demográfica tomaba curvas ascendentes de mal pr~gio,
pero inesperadamente viene el cambio brusco de clima,
gran sequ.ia_ de
lo años 1275 a 1300 que marca los índices más reduCJdos en los _amllos
arbóreos y, con ellos, la desaparición de los lagos, aguazales manantiales
ciénegas en el territorio potosino.

!ª

Esta prolongada sequía trajo a lo pueblos de agri ultores una carcn
absoluta de cosechas (entonces no se podía traer nada de Tex:15 \ : ~na
disminución de plantas edibles en los montes, además de la casi xti~ci~n
d la fauna. Tan numerosa población como existía en nuestro terntono
potosinense sufrió de hambre y sed, que no soportaron los anciano ni los
niños y que ha de haber traído sobre aquellos populo ~ pu~blos dificultades
sociales sin cuento: revoluciones intertribales, guerras, mvasion Y, al final,
la trasmigración de los que quedaban, buscando tierras má'I fértiles hacin

el Sur.
Tanto el altiplano como Jo valles del río erde y la planicie costeña se
quedaron solos, abandonados los pueblos, vacías y po~vosas las cementeras
enne ecidos ]os campos por los incendios, secos los n s las fuentes, Y los
arroyos mostrando los arenales y pedrusco de sus fondos, carentes del predado hilillo de agua zarca de antaño.

P asa ron décadas anónimas , mejoró de ou vo el ciclo de lluvia'I y las. d'
, tnibus norteñas de lo adaptab es
salvajes chichimecas que ,·1v1a11
persas
. d.
en el desierto, ocupando aquellas llanadas y rebujale , comenz~n a in~a ir
an Luis y, solapadamente primero despu' con redoblados bnos voh'l~n
a ocupar sus tunales, planicies y serranías, posesionándose de todo lo que vac10
ncontraron.
Bajaron aaí mismo otras naciones del norte, tribus pod

que vagaban

de uno a otro lado en aquel reacomodo de población característico de esos
siglos, ignoránd~ los motivos de estas gigantescas migraciones.
Eran muchas las tribus de distintas lenguas y dialectos, y éstas se dividían
en parcialidades de más o menos número, obedeciendo siempre al cacicazgo
autóctono de un jefe de guerra y caza. El territorio potosino se lo dividían
do grandes naciones: los guachichiles al poniente, emparentados con los
sioux de las praderas centrales de orteamérica y los pames al Este Iwta
la Sierra Madre, los cuales se hicieron fu rtes en lo más escabroso de a~uellos
montes, descendientes tal vez de nuestros arcaicos cavernícolas. Eran estas
naciones de mucha gente temidas por todos por indómitas y crueles• espiados guerreros, pintado el cuerpo de rojo y amarillo, ágiles y magníficos
flecheros. Xale, Maticoya, Copus y Guainame en el altiplano¡ Machicab,
Guashca1o y Macolio por el río Verde, eran poderosos jefes de grandes tribus
en el siglo A'VJ.
o culti aron nunca la tierra, pues eran cazadores recolectores y vivían
de lo que la naturaleza les deparaba, que muchos anímales y sabandijas
había, así como infinidad de plantas apro echables que ellos bien conocían·
teniendo en cuenta que eran manjares buenos para el paladar
estóma~
de aquellos primitivos aborígenes de nu stros campos.
Desde 1330 hasta 1550 ocuparon la zona sin disturbio mayor salvo las
pequeña, y continuas escaramuzas entre ellos mismos, pues peleaban por
cualqui r causa insignificante o simplemente por hacer mitote al cabo de una
borrachera. Dado lo difícil de su primitiva vida, deben de haber subsistido
únicamente los más bien dotados , si tenemos en cuenta el constante expurgo de Jas pequeñas guerras intertribales, el crecimiento de esos grupos
d .be de haber sido lento, ya que las bajas eran constantes y el cuidado de
us crfo negli ente y despiadado. Pocos II aban a vi.ej y ' tos eran abandonados a su suerte tan pronto como no podían bastarse a sí mismos.
Perduraron dentro de los límites de sus respectivas querencia , en su vida
trashumante, hasta bien entrado el siglo XVI y para entonces el aumento
de población era ya considerable. De las tribus xistentes en el territorio
))Otosino en 1527, según historiadores y cronistas d aquellos años, se calculaban más o menos las siguientes:

Chichimecas ........ ... ..... . 380,000
Pames . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 60,000
Huastecos . . . . . . . . . . . . ... . . . . . 250,000
Mexicas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 60,000
Total . . . . . . . . . . . . 750,000

'46

347

�Después vino el cruento choque on los hispanos y sus secuaces, guerra de
onquista a sangre y fuego, sin cuartel, entre los aborígenes y las tropas coloniales formadas por indios, mestizos y unos cuantos dirigentes españoles. Duró
esta. guerra cincuenta años, llen~ de crueldad por unos y otros, con algunas
grandes batallas como la de la Boca de los Bledos y de Charcas; mil escaramuzas, persecuciones, asaltos y emboscadas, y no hubiera sido la gesta adversa a los embijados guerreros guachiohiles si no hubiera intervenido el otro
enemigo: la peste. Entre viruela, matlazahuatl (tifo) y sarampión acabáronse tribus enteras ya que hubo rancherías de más de mil habitantes que, después de las epidemias, quedaron reducidas a unas cuantas docenas de individuos.
Entonces, en unos cuantos años, la población del territorio potosino bajó
hasta cerca del fondo de la gráfica, c.asi a los limites del principio, allá cuando llegaron los primitivos cavernícolas...

¡ El territorio del Estado estaba en otras manos y casi d spoblado a finalu
del síglo XVI!

II. Los

UE

s

GE ES

rraa, muy justo era que vivieran como señores de ellas y no como siClVOS de
los colonos.
. ~pero, los cuatro jinetes del Apocalipsis dejaron tan extenuados a los
mdi&lt;:&gt;5 del TWlal, que se rindieron a aquel capitán que los comprendía y se
acasdlaron en los lugares que les indicaron.
AC.:baba el capitán Caldera de pacificar el Gran Tunal y las áridas estepas
nortenas, cuando dio con las ricas minas argentiferas del Cerro de San Pedro,
que provocaron un arrebato de entusiasmo entre las avanzadas de la colonia.
La creciente riqueza de las minas del Tunal fue lo que dio pie para fundar el pueblo de San Luis en el único lugar cercano con agua abundante ara
procesar el mineral.
p
~ fundó en 1592 por Dn. Juan de Oñate, Miguel Caldera, Gabriel Ur-

qU1Z Fu~ayor y fray Diego de la Magdalena, poniéndosele el nombre d
San Lws en honor al virrey Dn. Luis de Velasco conde de Sani-i-..an

S L ·
'
..._..,,Yª
an w~ Rey, patrono de los terciarios de San Francisco, agregándosele el
de potosí poco después por su riqueza en oro y plata.
El término potosí viene del quechua, poc-tosi o sea cerro que hace ruido
palabra
que los españoles incorporaron al idioma como sinónimo de n'queza'
.
minera.

Durante más de cincuenta años pelearon como fieras los chichimecas en
su insula territorial del centro de México, causándole al gobiemo de su Majestad la más costosa e insuperable dificultad de toda la conquista, pll! durante esos cincuenta años tuvieron que mantener en pie de guerra un enorme
ejército construir innúmeros fuertes y presidios, hacer armamentos y sufrir
la pérdida que representaba la disminución de la saca de metal en esos
territorios tan ricos en minas. El asunto fue tan serio que hubo momentos
en que se encontró en bancarrota el tesoro del Reino.

EJ virrey Dn. Luis de Velasco el II, teniendo en cuenta la fracasada guerra
de sus predecedores para lograr someter a tan aguerridos indios y buscando
recortar los gastos de esa desastrosa campaña a la cual no se le veía el fin,
accedió a pactar con ellos a través del capitán Miguel Caldera, un aguerrido mestizo que créia más en la diplomacia que en la espada, con el fin
de atraerse a su gente. Se comprometieron a entregarles los suficientes víveres
con tal de que viviesen en algún poblado bajo la dirección de los frailes, por
Jo cual se mandó se les donase por cuenta de la Corona el ganado y semillas
que requerían para su sostenimiento, pues si ellos eran nativos de estas tie-

Se fundaron también otros asientos de población donde acasillaron a

_

ch.ichile , negntos
. y pames. Con anterioridad había fundado Dn. Hernando
gua

Cort~, Santiago de los Valles, en las tierras bajas del Estado y los padres
franciscos ~ Real de
Maria de las Charcas al norte de San Luis, al pie
de otras romas argentíferas, pueblo que sufrió un feroz ataque por los indios
borrados, los que masacraron a todo sus habitantes arrasando eJ caseno.
•

?ta

Como los chichimecas daban constantes mu tras de inquietud por no poder adaptarse a la vida ciudadana, se trajeron indios de Tlaxcala y de Michoacán a fin de que éstos les enseñaran a los salvajes chichimecas a cultivar la tierra y a comportarse con urbanidad, pero todo fue inútil.
. ~ colonias mexicas y tJaxcaltecas traídas del sur no llegaban a muchos
md1v1duos; los colonos crioUos e hispano eran pocos y las tribus autóctonas
estaban, bien a bien, exterminadas. unca San Luis Potosí había tenido tan
poca gente como al finalizar el siglo XVI. oues se calcula para d pués
de la guerra con los chichimecas unos sesenta. mil habitantes en todo el
extenso territorio.

349
348

�De 1590 en adelante tenemos datos más precisos, como son Los emanados
de los censos de los conventos. Llegaron los misioneros como avanzada de
la colonia, cambiando los antiguos dioses y el animismo de los chichimecas
por la cruz y sujetando a los nativos que sobraron al proceso doctrinal de la
cultura cristiana que se les imponía. Pese a los distintos conceptos de la suma
de este penoso proceso de aculturación, los pequeños grupos de aborígenes,
bajo encomienda o servidumbre, prosperaron de nuevo y crecieron aunque
despacio, en su constreñimiento.

.

Se trajeron también muchos esclavos negros a San Luis, · pero éstos quedaron circunscritos a las tierras huastecas y -a las minas, los que a la larga
se revolvieron con los nativos desapareciendo entre ellos como grupo étnico,
aunque sus genes quedaron dominantes creando guapas cambujas que se remontaban hasta las capas altas de la sociedad hispánica.
Para darnos una idea de los pocos nativos que quedaban, en 1626 el ceru¡o
de la población de Rioverde que era anteriormente tan poblado, era de: 79
coyotes; 134 mascorros; 131 otomites; 110 guachichiles y unos cuantos mecos:
total 460 indios.
A pesar de todo, en pueblos como El Venado, se sostenía la población
indígena gradas a los nuevos colonos traídos del Sur, pues el censo de 1674
nos da solamente 144 guachichiles contra 477 tlaxcaltecas y 165 tarascos,
notoria minoría de los antiguos habitantes de estos terrenos ante los colonos
indígenas sureños, pero al fin tan indios como aquéllos.
El pueblo de San Luis seguía prosperando pues era grande y muy cuantiosa la producci6n de metales finos, los franciscanos construyeron un enorme
convento, después los agustinos, los mercedarios y los dominicos. Los que
levantaron conjuntamente a su iglesia un enorme colegio, fueron los padres
de la Compañía de Jesús, fundando la primera cátedra de instrucción superior. Notable fue la labor desarrollada por el jesuita Dn. Luis de Molina, que
sin mayores medios cimentó, primero un patrimonio sólido y cuantioso que Je
asegurara el financiamiento de la Comunidad y de las costosas obras que todo
ello requería. Después, con celeridad, construyó el templo, el convento y el
colegio, obras que aún perdw-an en nuestros días como asiento de la Universidad potosina. Es de justicia reconocer al padre Molina como · el organizador
de la inst.n.icci6n superior en la Ciudad. El colegio se inauguró en 1632 bajo la
dirección del padre Dn. Francisco Cabrera.
Para 1637 el pueblo estaba en crisis, pues decay6 en forma alarmante la
saca de metales en los reales, con lo que aminoró enormemente el circulante;
se cerraron muchos comercios y la gente comenzó a volver los ojos al campo
350

ya que no a la minería, al grado de que se despobló el nuevo pueblo y ni las
casas que estaban en la plaza se podían alquilar, y eso que los arrendamientos
iban entonces de siete pesos por una casa grande a diez pesos por un buen
local comercial.

A principios del siglo XVIII ya se habían fundado casi todas las poblaciones principales de la región que fueron en su mayor parte establecidas por
misioneros de San Francisco.
Durante todo el siglo XVII y gran parte del XVIII San Luis estuvo gobernado por un Alcalde Mayor sujeto a la Real Audiencia de México. Fueron
estos años de paz y de trabajo fructífero; se construyeron los mejores monumentos religiosos que tenemos; se fundaron las grandes haciendas y se descubrieron todos los centros mineros cuyos metales se procesaban en nume:°sas haciendas de ~neficio. Entonces era un ir y venir de emigrantes espanoles, los que, despues de hacer fortuna, volvían a sus lares, pero muchos, los
más, se quedaban y formabah grandes familias criollas que seguían usufructuando la riqueza creada por aquellos en haciendas, minas o comercios.
Se hicieron también en esos años cuantiosas fundaciones en favor de conventos e iglesias, que sostenían escuelas y hospitales para el pueblo. Fue una
época constructiva y, hay que tener en cuenta que lo que los españoles constituían era para durar por siglos, así como toda organización política social
y administrativa, las cuales quedaron en el medio potosino bajo fo~as básicas e indestructibles en las que aún descansan nuestras más evaluadas tradiciones.
La Ciudad de San Luis, durante los siglos coloniales, rodeada de importantes reales de minas, fue productora de plata en grandes cantidades, convirtiéndose también ef!. la puerta de los grandes territorios norteños, ya que
era el centro más al septentrión de la Audiencia de México la cual sostenía
una pugna constante con la Audiencia de Nueva Galicia por el control de
esos territorios.

En el año de 1628 y dada la importancia que había alcanzado la minería,
se dotó al pueblo de unas cajas reales para mejor controlar la recaudación de
los tributos llamados "Los Quintos Reales" y en 1655, se le dio el título
de Ciudad concediéndole un escudo en que fundar su prosapia.

En 1720 se mandaron al Nuevo Reino de León, hoy Monterrey, 120 familias indígenas desde San Luis Potosí, para poblarlo de nuevo, pues su autóctona población había casi desaparecido. Pero en la Sierra Madre, escondidos
entre arcabucos y peñascales en aquellas cumbres serranas, por demás inac351

�cesibles, se calcula que había alrededor de tres mil indios en pie de gu~,
y en las lejanas llanuras de los desiertos norteños, ya fuera del Estado, VlVWl
más de trescientos mil chichimecas alzados. to nos da una pauta para creer
que la desaparición de los chichimecas de la escena potosina se debió a que
muchos de los rendidos de paz, huían hacia el norte a unirse con sus congéneres en pie de guerra.
En 1738 se fundó el convento del Carmen, gracias al cuantioso donativo
de un rico minero, Dn. icolás Fernando de Torres, construyéndose en los
años que siguieron uno de los monumentos de arquitectura. mística más ostentosos de México, siendo éste un verdadero alarde de estilo barroco churrigueresco tan de moda años atrás en la Península.

San Luis Potosí no se quedaba a la zaga en el florecimiento artístico del
dieciochavo, pues por toda la ciudad se hacían obras portentosas como ~
las elegantes mansiones, los retablos dorados de los altares, ~ torres y ~ borrio de las iglesias que se adornaban en cuadros de mérito reconocido,
.esculturas y orícbrería de maravilla y una arquitectura que basta ahora no se
ha podido superar.
El cronista franciscano fray José Arlegui, escribía en 1743 que " .. ,la
Ciudad de San Luis Potosí era de las principales de ueva España: que
contaba con 30 tiendas de mercaderías de géneros de Castilla y de la tierra,
con 17 tendajon gruesos que vendían el piloncillo de la huasteca mucha
azúcar cacao pimienta canela y otras especias· que había múltipl y ave' como sastres,
'
zados 'artesanos
carpinteros, herreros, sombrereros, teJ'edores,
curtidores, albañiles, hojalateros, pintores, armeros, encuadernadores, doradores y numerosos y hábiles plateros. Que tambi' n tenía sus industrias como
eran las tenerías de cordobanes, cuerdas y badanas, más los telares en que
se hacían {rasadas, colchas y alfombras; tambi 'n la fábrica de salitr , ~l
que se enviaba a México y, lo más importante, las haciendas de beneficio para
-sacar plata, porque, aunque decadente como andaba la minería, los me~es
del Cerro de San Pedro pagaban aún anualmente 60,000 pesos en real qumtos, con haber 100 hornos de fundición en ellas. e apreciaba la penuria
que iba pasando la minería en atención al recuerdo de los viejos tiempos, en
los que el oro y la plata abundaban enormemente. Tai:nbién decla de los moradores de la Ciudad, que todos ellos eran muy nobles y honrad v ·nos,
quienes heredando con la sangre la virtud, eran muy dados a lo bueno y muy
afectos al culto divino".

En 1763 el temido matlazahuatl (tifo) destruyó a familias nteras, por lo
' de la plaga, se tomó un censo en todo el Estado para ver cuancual, después

352

ta gente bab~ que~do. Dicho recuento dio por resultado Jo que sigue:
en 1774 el vecmdano de la Ciudad se componía de 2147 familias d
_
-1
.
. .
'
eespa

no es, ~~ mdJ~ ~ mulatos, de los cuales una cuarta parte eran conocidamente mdios de distmtaa nacione , factor que daba una población no meno~ de 12:~
y 81,0?0 para toda la Alcaldía Mayor. Nos dice Dn.
Pruno Felic.iano Velazqucz citando al Teatro Americano.

alow:

En esta época constructiva, fu el mestizaje I que salvó absorbiéndolas
.
de este territorio que sin este hecho hubieran
'
anbguas
desapare-'
cido mexorablemente, como sucedió en tantos otros !u ares de América d
·~-~
amugalléUI como se encontraron d su perturbado medio.

ª. las .razas

También con el ~estizaje se hizo la fusión más completa entre Jo aborigen
lo europeo, erradicando aquel grupo venido de ultramar así como tambº,
'
Jen
h f • d
se an usiona ~ en una raza común todos los otros grupos étnicos importados como el aíncano y el mongol.
~~és de siglos de gestación se impusieron Jos genes dominantes del
mestizaJe, el que por número y fuerza llegó a crear lo mexicano auténtico
ya sin mayor s diferencias raciales ni anacronismos históricos.
'

1767 fu un año acia o para .L.P. pu

registraron seri tumultos que
estallaron con pretexto de la expulsión d los j uitas. La rebelión fue abogada con mano de hierro pero las autoridade se vieron en un apuro tre~endo ya que la plebe se apoderó de la ciudad liberando a los presos, incendiando las__ Casas Reales y saqu ando los principales comercios. Pedían a gritos el deguello de los españoles y el desconocimiento de Carlos III. Al fin
fueron los mismos padres de la Compañía de Jesús los que calmaron la barahúnda que se le formó al Alcalde.
En 1777 comenzó a hacer ruido un nu ,·o d ubrimiento min ro situado
en la sierra del A tillero, por Ma huala. Tomó cuerpo I rumor, revelándo
en_ toda su magnitud con el fantástico d ubrimiento que hizo un indio neto de harcas. Fue tal la riqueza prístina d ese hallazgo, que e] arrebato
de 11 ar allá de todos los minero dejó solos a lo demás real de la comarca,
al rado de que en uno cuanto días se formó un pueblo grande en aquellas
heladas umbres. Fundó el pueblo allá en su ventilada soledad Dn. Ramón
Ure he, osa que objetó Dn. ilvestre L6pcz Portillo quien fue nombrado
comisionado del nuevo Real al que gob mó acertadamente durante vari05
lustr s. 1 pueblo se I llamó La Purísima Concepción de los Alamos d
Catorce.
Eu 1787 se cambió el sist ma de gobierno interior del Reino, de Alcaldías

353
humarutas-23

�M:iJ ores a Intendcnci s, quedando la de San Luis Potosi de enonnes proporciones y de un potencial económico fantástico. No perduró mucho el enorme poder reconcentrado en esta In ndencia a cargo del anciano Dn. Bruno
Díaz de Salcedo, el brigadier Calleja y Dn. Manuel de Ja Gándara, pues pronto habría de estallar el segundo intento serio de ind pendencia que esta vez
alcanzaría proporciones incontrolabl s ya qu contaba con mejore dirigentes y respaldo más seguro.
En un censo de 1793 cuando el territorio de {éxico estaba subdividido en
Intendencias, la de San Luis Potosí que engolfaba además del territorio potosino, los norteños de Tamaulipas, Coahuila, uevo León y I enorm t rritorio de Texas, tenía una población, toda la Intendencia, de 250,000 gentes,
de las que 9,000 vivían en la ciudad capital. La cantidad anotada para este
enorme territorio parece sumamente baja pero hay que tener en consideración que todo el norte estaba casi deiliabitado, salvo unos cuantos presidios
y misiones, además de no haberse tomado en cuenta el gran número de indios
trashumantes en pie de guerra que vagaban por las llanuras norteñas.
La cuenta de saca de metales asienta que en 1788, se introdujeron en las
Cajas Reales de San Luis Potosí, 2,649 barras de plJta · 56 con ley de oro,
y cinco de oro: total 2,710 barras con valor de $3.058,490.00 pesos los que
pagaron por derechos al R y $331,000.00 pesos por quintos reales. Patentiza
esto el descenso en 1a gráfica de la producción de metales y por ende en el
laboreo de minas, las que cada vez se hacían más profundas y llenas de agua.
Fue tal la influencia de los religiosos de los numerosos conventos de la
Ciudad, ejercida en estos iglos sobre la mentalidad de sus habitantes, que
lograron crear un grupo social altamente fervoroso y místico. La vida se desarrollaba en un medio tan quieto y falto de empresas materiales que lógicamente la actividad espiritual era la que absorbía el pensamiento de aquellas
personas. Su vida diaria estaba r gida por las múltiples campanas de las
iglesias, por demás sonoras, que cuando no estaban llamando a misa lo era el
rosario; o si no a vísperas o maitin , o tocaban a muerto, grave, pausadamente• o se arrancaban con un repique ruidoso por una festividad, llenando el
•
ámbito de las calles y patios con sus resonancias. Las procesiones, que las había muy fastuosas y concurridas; los ejercicios espirituales, o las temibles misiones, en las que se anatematizaba a todo el mundo, rompían la monotonía
de la vida; naturalmente, la concatenación de todo e1lo hicieron de los potosinos unos católicos por demás fervientes y piadosos que Jlegaban al fanatismo pasivo.
El pueblo en general obedecía a sus padres espirituales y nadie se atrevía

354

a proyectar su pensamie~~ fuera de los cánones establecidos. Cuando algunos com nzaron subrepticiamente a conocer las ideas de los enciclopedistas
franceses y se echaron fuera del redil, se encontraron ante horizontes vastísimos y extrañamente prometedore . El Reino había llegado a un estado de superación económica y social bastan difundido y la ente buscaba un cambio, el cambio que las circunstancias demandaban ; había demasiada energía
populachera acumulada y riqueza creada en las altas esferas, que junto con
el resquemor, alentado por potencias extrañas, hacían una combinación altamente explosiva y violenta.
Cuando brotó la revolución de Hidalgo en contra del régimen colonial
fue secund~do en San Luis ~or un puñado de insurgentes capitaneados po;
legos Y frailes. Esta revolucion causó serios daños en la Ciudad, pues fue
entregada al saqueo varias veces por los insurrectos con muchos monstruosos
asesinatos de españoles y honorables vecinos.
F ue de San ~u.is de ~onde salió Dn. Félix Maria Calleja del Rey, su comandante, a batir a los lllSUrgentes, derrotándolos varias veces hasta culminar
con_un triunfo arrollador en Puente de Calderón, de donde se dirigió a la
hacienda de Bledos con toda su tropa a celebrar con u familia eJ triunfo
de las armas reales.

III. Lo

VERNÁCULO

San Luis Potosí fue erigido en Estado en 1824, con sus actuales límites
más~ m~os, y con Dn. Ildefonso Díaz de León como su primer gobernador
c?nsbtuaonal. El censo de la Ciudad dio 12 000 habitantes pero en 1833 se
~o :ectada de nuevo por otra terrible epidemia, el cólera morbus, pere~en o en u~os cuantos meses la cuarta parte de la población. Los apocalípticos
Jmetes se dieron gusto en esa época pisoteando al desdichado Estado el cual
despoblado de ente, sin dinero, sin semillas ni ganado en las haciendas,
'
es-'
taba en la decadencia y la recesión más completa.
Entonces, la Ciudad de México contaba con 160,000 habitantes y estaba
en manos de un gobierno dictatorial bajo Vicente Guerrero y también en
una penuria económica perenne de la cu.a] no podía salir. ¡ La situación en
todo el País era desesperante!
En la década de 1830 se inicia la lucha entre federalistas y centralistas que
habría de durar muchos años, alternándose en el gobierno de San Luis funcionarios de uno y otro bando. Esta circunstancia frenó el desarrollo de la

355

�iudad la cual siguió envuelta en la violencia. Fue entonces cuando se dieron
las dos tremendas batallas; una en Pozo del Carmen el 3 de agosto de 1832
y la otra en Dolores Hidalgo, donde fue derrotado el ejército potosino que iba
a la conquista de la ciudad de México al mando d I cneral Moctezuma y de
Ponciano Arriaga. Ocho mil cadáveres yacen enterrado en una larga fosa en
las lomas del Gallinero.
Después se sucedieron los conflictos con Texas y Estados nidos, ayudando el Estado con todos sus recursos y mucha gente, pues de la capital llegó
anta Anna sin medios pecuniarios y sin ropa para su d m drado ejército.
Después de mil exaccion , levas y toda clase de sacrificios para los habitantes de San Luis, nos encontramos, aJ final, ante una vergonzosa retirada y
un campo cubierto d cuerpos mutilados, alJá por San Jacinto.
Como compensación a todos los sacrificios y frustraciones ganamos el
honroso título de "San Luis de la Patria".

De los años de 1841 a 1847, el territorio potosino sufrió varias incursiones
de indios comanches que se descolgaban desde la frontera con el sub uente perjuicio por incendios, robo , rapto y matanzas en haci odas y rancherías.
Siguió en apogeo la revolución después de las desastrosas guerras en las
que perdimos más de la mitad de nuestro territorio (Destino Manifiesto) ya
por una causa, ya por otra, implacable , como la de Eleuterio Quiroz en la
ierra Gorda, qu causó gra~ perjuicios pu gran número de pueblos y
haciendas, como la de an Diego, fueron saqueadas y quemadas.
Después vino un periodo de paz o de cansancio, durante el cual se distinguieron por sus ideas liberales un montón de políticos de segunda que se
hacían pasar por redentores de las !ases populares, prof ión que siempre
ha dado buenos resultados dcstacándo el inquieto político potosino Ponciano Arriaga, el que ganó una estatua en el Paseo de la Reforma de la
Capital por su decidida intervención en la constitución de 1857.
Por eso años el censo de San Luis Potosí daba 400,000 ha bitantes para
todo el Estado y 27,000 para la Ciudad. Era ésta en aquella época, un
Jóbre o pueblo n el que la g te
onsumía de fastidio. Hacia el norte
e tendía el caserío unas cuantas cuadras de la plaza principal ; al oriente estaba limitada por el extenso convento del Carmen· al sur por el de la Merced
y su hospital; al poniente llegaba apenas a la Alameda de Braca.montes y lo
demás eran olares bardados con órganos y magueyes. Unas cuantas huertas,
regadas con los escurrimientos de la ierra o algunas exprimidas norias, ale-

graban con sus verdes la perifcria. Los viejos gra eros de fundición, formando
negras colinas rodeaban el caserío por todos lados· más allá no había más
que llanadas de cactáceas y chaparral dond nacían, al más ligero soplo de
vi nto, unas enormes nubes d poi o qu todo lo em·olvían . . . de ahí el
mote de an Luis Polvosí.

Despu' , para no perder la costumbr&lt;" vino la guerra de r forma, en la
cual tomó parte muy activa 1a ·udadanía potosinense, desarrollándose la batalla del Puerto de Carretas en abril del 58, y la de Ahua1ulco en septiembre
del mismo año, la que resultó mortal para miles. D spués de ella, el general
Dn. Miguel Miramón entró triunfant a la Ciudad.
Vidaurri huyó a punta de diliga hasta fonterrey no sin antes quemar
los trenes de carros cargados con 1 producto de los saqueo en la Ciudad y
entre ello parte del archivo histórico del palacio de gobierno.
Para 1861 estábamos de nuevo en guerra, esta z con Francia, aportando
San Luis nutridos contingentes d rancheros y efectivos. A poco 11eg6 Dn.
Benito con sus ministros donde instalaron el gobierno de la R pública, pero
tuvi ron que abandonar Ja plaza pronto al acercarse las fuerzas de Tomás
Mejía el destacado encral del Imp río. Al fin, 1 13 de enero de 1864 el
general Castagny, de los ej cito de apoleón III se apoderó de la Ciudad,
alojando a toda su oficialidad en casas particulares, de donde resultaron van matrimonios como 1 del Gral. Mad lor con la apa rita. anjuán 1
de ,-arias señoras con afición al idioma galo.
fin de 1866 las fuer.zas fran.
resas abandonaron an Lui , que fue inmediatamente ocupado por el ejército
republicano que comandaba el Gral. Escobedo, llegando a los pocos día el
presidente Juárez a dictar la fatal ntencia en contra del abandonado Emperador.
Para stas fechas el censo que da el eógrafo Feo. Macías Valadez en sus
apuntes geográficos y stadísticos del Estado dan 500,000 habitantes en todo
el territorio del Estado y 40,000 para Ja Cfodad d an Luis Potosí.
La paz que trajo 1 triunfo de la República hizo mucho bien a la destrozada economía del Estado y los potosinos; con renovados bríos, acometieron
la empresa de 1 vantar a an Luis de la ruina en que tantas guerras y revoluciones lo habían hundido. P ro no duró mucho el entusiasmo pues a poco
estallaba de nuevo la revuelta qu ncabezaba esta ez el general Dn. Porfirio Díaz, durando la trifulca hasta que alcanzó el triunfo completo que lo
llevó aJ poder.
Hasta aquí la diferencia qu

había entre las ciudades del interior y la

356
35

�metrópoli no era mucha· tal vez un poco en número de habitantes pero no en
clase de vida ~ocia!. La ~iudad de México era pequeña pues apenas si llegaba
sv. ámbito un poco más allá de la Alameda Central y a seis cuadras d~l Palacio de Gobierno, hacia el sur, terminaba el caserío en una secuenCJ.a de
huertos y ciénagas; en cuanto al número de habitantes se mantenía alrede~?1'
de los 200 000 habitantes. Pero después de la última y desastrosa revoluCion
y su agrarismo, que aventaron a las masas de población de los pueblos _Y ciudades del interior hacia la Capital, ésta dio un salto en número de habitantes
tan desmesurado, que se distanció en forma total de las pequeñas ciu~es
estatales cosa que trajo también una diferenciación en calidad y modo de vida
social: el contraste que hay entre una megalópolis internacional y el pueblo
vernáculo.

.

Durante los treinta años de paz que siguieron floreció el Estado, llegando
a la cumbre del bienestar económico. En San Luis fue electo gobernador el
general Carlos Díez Gutiérrez, hombre de car~cter e iniciativa. ~ante ~u
gobierno hubo innumerables mejoras que cambiaron en ~ucho la f1SOnomia
de la abatida Ciudad. Se gozó entonces de paz y tranquilidad, una paz que
tanto el pueblo como los empresarios necesitab~ condición que creó la é~oca
más floreciente y feliz de aquellos días. En estos años de paz y prospendad
se construyó mucho de lo que hoy es la ciudad; fastuosos edificios se levantaron dándole categoría a las calles; enormes y ricas mansiones se construyeron por toda la población y ésta era una de las principales y de mayor
movimiento en la República.
Una estadística de 1910 nos d.a como población del Estado el número de
575,432 habitantes, y para la Ciudad el de 61,000 ¡ Comenzáb~os a crece:!
Aquel enorme y efectivo poder político que controlaba los destinos del PaJ.S
se derrumbó con estrépito al grito maderista de ¡ Sufragio efectivo, no reelección! ... Las ya numerosas clases populares esgrimieron con entusiasmo
las armas buscando una forma de gobierno más propicio al interés general
del popuiacbo que rechazaba las desigualdades estáticas de una sociedad
terrateniente basada en el absolutismo del dueño de la tierra. ¡ La verdad
era la explosión demográfica!
Después del asesinato del presidente Madero en la Capital se extendió por
todo el Estado el desconcierto político, cayendo el gobierno en la más espantosa de las anarquías. Se extendió la revolución por todo México y el estado
de San Luis Potosí se vio asolado por la embestida de las fuerzas en lucha
y por un sinfín de alzados que no eran más que salteadores y abigeos que
nadie castigaba. Las áreas rurales se volvieron invisibles y todas las fuentes
de trabajo quedaron paralizadas. Con esto vino un éxodo de las haciendas

358

y ranchos a las ciudades grandes, pues hasta los pueblos chicos quedaron
abandonados.

Los trastornos eran múltiples, ya que la moneda circulante casi desapareció,
hasta que fue sustituida con papeles que de un día a otro perdían su valor,
pues eran muchas las emisiones que se ponían en circulación y que a poco
se cancelaban, hasta que se comenzó a usar de preferencia el dólar que se
cotizaba a 30 por uno. Como en las haciendas no se trabajaba, el maíz se fue
escaseando en todos lados, al grado de que la miseria se extendió hasta el
último de los rincones del Estado, el .kilo se cotizaba a dos pesos en lugar
de los seis centavos que valía antes de la revolución, y a pesar de ello, la
gente se desesperaba, pues aunque tuviese papeles en la mano no había nada
que comprar. En la Ciudad la situación se volvió crítica: en las calles vagaban turbas hambrientas de mujeres y niños y para mediados de 1917 no
se conseguía que comer a pesar de la Junta Reguladora de las subsistencias.
El S&amp;queo de las residencias fue general .
Empeoró la situación a fines de 1917 con una epidemia de tifo que mató
mucha gente. Muy despacio comenzaron a mejorar las condiciones, los gobiernos locales se volv:ían poco a poco más estables y los granos se importaban en grandes cantidades de los Estados Unidos; los dólares circulaban
libremente y en abundancia, gracias al auge petrolero de Tampico, puesto
que San Luis era paso obligado para ir aquel puerto.
Pero para septiembre de 1918 se presentó en San Luis Potosí una terrible
epidemia que se dio en llamar "influenza española" la que mataba a las
personas en unos cuantos días.
La peste se extendió por ciudades y ranchos al grado de que muy pocos
hombres quedaron en pie, dando por resultado que se paralizaran de nuevo
todos los trabajos. La mayor parte de los que morían eran jóvenes y mujeres,
pereciendo, en ese nefasto invierno, alderredor de un diez por ciento de la
población total del Estado. Ésta fue la última gran plaga que azotó a San
Luis y contra la cual no hubo defensa.
Después el gobierno cayó en manos de hombres que ejercieron el poder
en forma dictatorial, tratando de levantar la decaída economía, pues todo el
Estado estaba en la ruina más completa y decadencia más envilecida.
Hace apenas unos lustros que comenzó a mejorar la situación después
del impacto agrario el que causó serios trastornos en la economía del Estado
y del que aún hoy estamos pagando sus consecuencias, pues el reparto precipitado de las haciendas entre la peonada, trajo una disminución catas-

359

�trófica en la producción agrícola y pecuaria, la que parece nunca se repondrá
a pesar de los miles de millones que se emplean en sacarla de la re sión
en que cayó.

D cia

Wl

sabio refrán: ••pre ta un huerto y a

en propiedad un erial y al

pac.o tendrás un erial; da

pac.o tiempo tendrás un huerto".

Hasta estos años, la población se mantu\'O más o menos dentro de un
crecimiento moderado y table, pero de ahí en adelante, gracias a las condiciones higiénicas mejoradas por las mara rillosas medicinas descubierta en
los últimos años· al liberúnaje rural y a condiciones económica m jores,
el crecimiento de la población
vuelve desorbitado, insólito, y da un alto
enorme en la gráfica que alcanza alw.s casi erti.cales. El censo de 1950 da
para el Estado 850,000 habitantes y, para la Ciudad 130,000.
Corrieron los años añ de paz y prosperidad y para 1960 San Luis
Potosí había llegado a ser una ciudad rnodema en plena expansión la cual
comenzó a figurar corno uno de los polos indu triales del País, un importante
cruce de carreteras y centro comercial de gran potencialidad.
El

nso de 1960, muy detallado y completo señala para todo el ~ta.do

un millón de habitantes y para la iudad 165 000.
Ho en 1977, la Ciudad d San Luis Potosí cuenta con una pobla ión
de 300,000 habitantes, de lo cuale 160 000 son mujeres y 140,000 hombres. ¡ La totalidad n todo el Estado e de un millón y medio de almas con
uno de los índices de natalidad más alto del mundo!
A pesar de ello, la ciudad de an Luis Potosí no llegará nunca a ser una
gran concentración humana por las carencias de que adolece; se rnantendrá
dentro de un límite razonable de ciudad chica con reminiscen · as de pueblo
olonial con su atmósfera límpida r el ámbito de sus casas !len aún con
las resonancias de las campanas d u múltiples templo .

UN GOLPE DE ESTADO

ONTRA HERNAN CORT!S •
GoILLERMO

PoJUlAS MUÑoz

EL
araTÍTuLO
·

n"'UE RE puesto a este trab .
.
mgresar a esta ilustre
instituc·, ªJº, .con el que pretend o hacer méritos
P
bros, pudo ser también "La
. ion ~oas a la bene olencia de sus miemo
pnmera msurrec .ó
' con tono más dramático .. :-L "
o n en la ueva España"
.
, q= La gran trai .6 ,, e
.
para anunciar las escenas q e
CJ n •
ualqwera serviría
u vamos a trata d d
. .
a a~uel momento de la Historia de Méxi r e escnbtr, que se refieren
Hacienda de la ueva Es - d
co, cuando el factor de la Real
pana, on Gonzalo de
l
1 ,
poder a Hemán Cortés
·
ªlazar, ogro arrebatar el
qwen se encontrab
terrestres siendo obemador y ca . ,
a en
apogeo de sus glorias
pitan eneral de la tierra recién conquistad
P
ara entrar en 1
.
a.
152
a escena, pnmero tencmo
4 }', además, plantear algun d I
s qu r montarnos al año de
el arte
.
os e os antecedentes
hi .
ro cambio de gobierno
. . od .
que oeron propicio
, 1r mtr uaend
,
actuar en la trama.
o a lOS personajes que van a

~n 1524, como es de todos sabido 1
. .,
qwsta
había asentado finnem nte' aLapaz que sigwo a la gesta de la con.
d
·
nueva T 0 och ·t1
rumas
la pi tal ven ·d
.
ti an surgía de las
CI a y a estaba bastante adelantada su construcción.

rc:ra

Trabajo
. . de 1975
de• Hi
. presentado d 30 de Jumo
.
"Qui~~:wy Geograíí:a ; antes de iniciar su
lllS~ a la Academia Nacional
car este trabajo a dos peno
' e
r. Porras Muñoz di1·0·
a Momeñor
] osemaria
, Escnvá
.
.
de Bala nas que .tengo muy dentro de 1111• coraz6n.·
C&amp;Clón y mi sacerdocio Dcsd
gucr, a quien, dcspub de Dios debo
.
.
·
e que tuve el
· ·1 •
mi vomc al cnt6 a pr,_.,...,,;,. mu' cst .,,
d
pnvt
egto
de
conocerlo
en
1947
•
• •
-eUw05
e Hi t ·
g•
, Slempre
cumento de Monseñor Escrivi en Roma' ona. mceram~nte conmovido por el falleque e.ta ceremonia le hab na
, dad o una gran
' apenas
al , hace Cinto días• creo con certeza
Y agradecimiento
·
egna. También lo dcdi
.
aquí.
.
' a quien, por haberme dado la. .d
co, con DU amor
. a Dll madre, prcae:nte entre nosotrol".
Vl a, es culpable de que yo cst~

361
360

�El gobierno se ocupaba de asuntos habituales: la celebración de acontecimientos singulares; el registro de nuevos vecinos que llegaban de la peníns~
y la asignaci6n de solares para que edificaran sus casas; la reglamentaoon
del comercio y de los edificios manuales; la repartición de huertas en los
alrededores de la Ciudad· ciertas obras de mejoramiento, de limpieza Y aun
'
de embellecimiento, etc. Todo parece indicar que la vida de la Nueva Espana

-

era la normal de c\lalquier poblaci6n.
Pero en Cortés no se había apagado el fuego que ardía en el corazón del
conquistador, las ansias de más poderlo, de dar mayor amplitud a su territorio. Todavía soñaba con e&gt;-1:ender el reino de Dios y el del emperador,
con llegar a más almas, a más regiones. Teniendo noticia de que al sur de
su gobernación había muchos pueblos, minas ricas y nuevas tierras, y siempre
con la esperanza de encontrar el paso de un mar al otro, Cortés envi6 dos
expediciones al mando cada una de sus capitanes más esforzados: por tierra
fue Pedro de Alvarado a Guatemala; por mar salió Cristóbal de Olid a lo
que hoy se llama Honduras y entonces era las Hibueras o las Higueras. Las
dos expediciones iban a re ultar contrarias a los planes de Cortés, pu
ambos capitanes se independizaron.
Aquí nos interesa la expedición de Cristóbal de Olid. Fue preparada con
detenimiento y en detalle por el mÍ$mO Cortés. Con anticipación envió a
lonso de Contreras a la I la de Cuba, relata Bemal Díaz del Castillo, con
seis mil pesos de oro, para adquirir caballos, cazabe, cerdos y tocinos,
'.Y otras cosas pertenecientes a la armada, el cual soldado enui6 Cortés

adelante de Crist6bal de Olid por causa que si veían ir la armada los
vecinos de La Habana encarecerían los caballos y todos los demás
bastimentos.
Con cinco navíos y un bergantín, Olid parti6 de la Villa Rica de la
Veracruz el 11 de enero de 1524. Hizo puerto en La Habana, avitualló con
abundancia a su flota, y tuvo tiempo de cambiar su lealtad, aliándose con el
gobernador de la Isla, don Diego Velázquez, quien era enemigo acérrimo
d Cortés, como ya sabemos, para hacer la conquista por su cuenta.
Don Carlos Pereyra parece querer disculpar a O lid, diciendo:

sintió de nueuo el influjo de Velázquez, su primer amo, o crey6 que
le sería fácil imitar a Cortés, sirviéndose de Velázquez hasta que dejase
de necesitarlo.

362

Pero un hecho ocurrido cuando la flota de Olid salió de La Habana nos
lleva a concluir lo contrario. Cristóbal de O lid topó con el navío en' que
,-iajaba el adelantado don Francisco de Montejo a su regreso de Castilla,
camino de su gobernación en Yucatán, e intentó apoderarse de esta embar&lt;"ación, lo cual no logró por ser más velera. Con Montejo venía de España
don Gonzalo de Salazar, el primer factor de la Real Hacienda nombrado
por Carlos V. En La Habana, Salazar se enter6 de la alianza de Olid y
Velázquez, y fue quien trajo la noticia a Hemán Cortés al hacer tierra en
an Juan de Ulúa el 23 de mayo de 1524.
Mientras dejamos que Olid siga su vía je a las Hibueras, veamos quién
era Gonzalo de Salazar. Hijo del médico de los Re es Católicos, el doctor
Juan o Francisco, como también e le cita, Fernández de Guadalupe, y de
doña Catalina de alazar, Gonzalo fue el "primer hijo de cristianos nacido
en Granada", nos dice él mismo con lo cual podríamos calcular que tendría
unos treinta años a su llegada a la Nueva España. Pero el cálculo resulta
&lt;.'rróneo porque en la conquista y al servicio de Cortés, ya andaba el mayor
&lt;le sus hijos, Remando de alazar. Para tener un hijo conquistador en 1519,
don Gonzalo debía ser bastante mayor de lo que presumía.

En su juventud, Salazar había servido de paje a los reyes don Fernando
}' doña Isabel, y luego fue continuo de la reina doña Juana; después prestó
~rvicios al emperador en las comunidades. En 1522 Carlos V nombró por
primera vez a los que habían de ser sus oficiales de la Real Hacienda en la
Nueva España, el tesorero don Alonso de Estrada, el contador don Rodrigo
d Albornoz, el factor don Gonzalo de Salazar, y 1 veedor don Pedro Almíndez Chirino.
alazar había casado con la burgalesa doña Catalina de la Cadena de la
'
que habían nacido, además de Remando, ya mencionado tres varones, Juan
Velázquez de Salazar, otro Gonzalo de Salazar y un tercero, cuyo nombre
no se con igna y de quien sólo sabemos que falleció en México, y una bija
doña Catalina de Salazar. La familia quedó en España, concretamente en
Granada, ciudad de la que era Veinticuatro don Gonzalo, por nombramiento
que le dio la reina doña Juana en Madrid a 30 de octubre de 1510. En
México, Salazar tuvo, por lo menos, un hijo mestizo, cuyo nombre desconocemos; fue ordenado sacerdote por el arzobispo don fray Alonso de Montúfar en 1561, a su regreso de Castilla, donde pasó dieciocho años al servicio
de don Francisco de Mendoza, obispo de Jaén.
Llegados los oficiales reales en la primera mitad de 1524,
363

�fueron muy bien rescibidos y ospedados de D. Hernando, el cual, en
11.0mbre de Vuestra Magestad, los admitió á sus oficios, y les hizo mucho
bien, y todos se le ofresieron por grandes amigos, en especial el factor
Salazar,

..

escribía después aJ rey el obispo de México, don fray Juan de Zum.írr::iga.
Pero en el juicio de residencia de Cortés, se relata que, al tener noticia de
que venían a hacerse cargo de la Hacienda real, los conquistadores discuúan
delante del capitán, si los había de recibir o los había de rechazar, discusión
a la que puso fin Hemán Cortés, diciendo: "si ellos no fiziesen lo quél quisiese, quél faria dellos su voluntad". El testimonio es parcial por venir del
testigo Bemardino Vázquez de Tapia, enemigo de Cortés y partidario de
Salazar.

Sin tener noticias de Cristóbal de Olid y con la novedad de su rebelión,
que le trajo el factor, Hemán Cortés inmediatamente organizó otra expedición, que puso al mando de su pariente, Francisco de las Casas, para que
fuera por tierra a someter a Olid. Además, empezó a planear todavía otro.
expedición, · que él mismo dirigiría, para lograr aquella conquista. Con algunos de los conquistadores, Salazar y Chirino se opusieron a que se alejara
de la capital, alegando precisamente el peligro de que se alzaran los indios
y se perdiera la tierra. Sus argumentos aumentaron al enterarse de que pensaba dejar como sus lugartenientes, encargados del gobierno, al licenciado
don Alonso Zuazo y a los otros dos oficiales de la Real Hacienda, don Alonso
de Estrada y don Rodrigo de Albornoz. Seguramente en esa coyuntura empezó a urdir su plan Gonzalo de Salazar y convenci6 a Pedro Almfodez
Chirino de que ellos debían acompañar a Cortés.
Camino de Coatzacoalcos

Hay una discrepancia en lo que se refiere a la partida de la expedición.
En carta de Hemán Cortés al rey, dice que el 12 de octubre de 1524 salió
a las Hibueras; sin embargo, su cuarta relación está fech~da "en la gran
ciudad de Temixtitan de esta Nueva España", todavía el día 15 del mismo
mes y año.
Hay otra discrepancia referente a su acompañamiento. En la quinta relación, Cortés dice que llevaba "alguna gente de caballo y de pie, que no
fueron más de los de mi casa y algunos deudos y amigos míos". Quizá trataba
de restarle importancia 1a su fracaso, pues Pereyra, recogiendo datos sueltos de
Berna! Díaz, la describe de la siguiente manera:

364

Llevaba una comitiva de príncipe. Le acompañaban Gonzalo de Sandoval, que era alguacil mayor, Luis Marín, Francisco Marmolejo, Pedro
de lrcio, Pedro de Sauceda, el Romo; Jer6nimo Ruiz de la Mota,
Alonso de Grado, Pedro Salís, Casquete; Juan Jaramillo, Diego de
Mazariegos, Gaspar de Garnica, Gil González de Benavides, y otros
que se le juntaron e11 el camitlo nuevamente llegados de España. Iban
también tres deudos de Cortés: los dos hermanos Juan de Avalos y
Hernando de Sayavedra, primos del conquistador, y un sobrino apellidado Palacios Rubios. No faltaba la indispensable doña Marina, sin
la cut:1 era imposible dar un paso. Le asistían un clérigo y dos frailes
franciscanos, flamencos, teólogos notables, que predicaban por el camino. Su servicio personal estaba a cargo del mayordomo Carranza
y del maestresala Juan de Jaso, del botiller Serván Bejarano, del despensero Guinea y de un Rodrigo M añuel, cuyas funciones no constan.
Tello de Medina cuidaba de las vajillas de oro y plata. Le atendían
su médico, el licenciado Pedro L6pez; su cirujano, maese Diego dr
Pedraza; su camarero Salazar, sus pajes, entre los que figuraban Puebla
~ Montejo, y ocho mozos de espuelas. Para distracciones le acompanaban tres halconeros: Perales, Garci Caro y Álvarez Montañez; cinco
~ú_si~os de ~~irimías, sacabuches y dulzainas, un volteador y un prestidigitado~ tttirero. El caballerizo Gonzalo Rodríguez de Ocampo, con
tres acemileros, llevaba a su cargo el ganado. La columna iba esguida
de una manada de puercos.
Toda expedici6n española llevaba auxiliares indígenas. Cortés escogió
de tres a cinco mil mejicanos, entre guerreros y servidores de los caciques. Figuraban entre los acompañantes de Cortés todos los principales
del valle, desde Cuauh émoc hasta el señor de T acuba.

Hasta aquí Pereyra. La muchedumbre era, en verdad, muy numerosa, pero
a l_os lados del capitán iban Gonzalo de Salazar y Pedro Alrrúudez Chirino,
quienes departían amigablemente con él. Bernal Díaz del Castillo nos cuenta:
.. .íbanle haciendo mil servicios, en especial el factor, que cuando Cortés
hablaba, la gorra quitaba hasta el suelo y con muy grandes rev,erencias
Y palabras delicadas y de gran amistad, con ret6rica muy subida le
iba diciendo que se volviese a México y no se pusiese en tan largo
Y trabajoso camino, y poniéndole por delante muchos inconvenientes; y
aun algunas veces, por complacerle iba cantando por el camino junto
a Cortés, y decla en los cantos: "¡ Ay tío, y volvámonos! ¡ Ay tío, volvámonos, que esta maiíana he visto una señal muy malat• I•Ay tío ,

365

�volvámonos!". Y respondíale Cortés, cantando: "¡,Adelante, mi sobrino!
¡ Adelante, mi sobrino, y no creáis en agüeros, que será lo que Dios

quisiere! ¡Adelante, mi sobrino!".
Como no consta que Cortés y Salazar fueran parientes, suponemos que
su canción era un canto popular de aquel tiempo, a menos que por amistad
se dieran el tratamiento de tío y sobrino.
Al avanzar lentamente la expedición, abriéndose camino por la selva tropical, hubo tiempo para amenidades. En un pueblo cercano de Orizaba,
contrajeron matrimonio Juan Jaramillo y la imprescindible doña Marina,
la Malinche, sin que parezca cierto que Jaramillo estaba borracho, como ha
asentado algún autor.
Salazar seguía aprovechando toda ocasión para afianzar su amistad con
Cortés y ganar su confianza. Al recibir noticias de sus amigos de México,
que le comunicaban los pleitos que tenían Estrada y Albornoz, quienes llegaron a desenvainar las espadas para atacarse, comentaba el peligro de su
gobierno con Cortés. Pero mejor dejemos que lo explique Bernal:
Y siempre el factor le iba diciendo que se volviese del camino que
traía; que mirase a quién dejaba en su poder; que tenía al contador
por muy revoltoso y doblado amigo de novedades, y que el tesorero se
jactanciaba que era hijo del rey cat6lico, y que no sentía bien de algunas
cosas y pláticas que en ellos vi6 que hablaban en secreto después que
les dió el poder, y aun de antes; y además de esto, ya en el camino
tenía Cortés cartas que enviaban desde México diciendo mal de su
gobernación de aquellos que dejaba. Y de ello avisaban al factor sus
amigos, y sobre ello decía el factor a Cortés que también sabría él
gobernar, y el veedor que allí estaba delante, como los que dejaba
en México, y se le ofrecieron por muy servidores.
A 110 leguas de viaje, Salazar alcanzó su meta. Con "sus blandas y delicadas palabras", detalle en que insiste Bemal, agregando "decía tantas cosas
melosas y con tan amorosas palabras", antes de llegar a Coatzacoalcos, don
Gonzalo había convencido a Cortés de que los nombrara a él y a Chirino
para gobernar. Se les extendieron dos documentos. Según el primero, habían
de entrar a gobernar Salazar y Chirino con Estrada y Albornoz, si encontraban que ya estaban de paz cuando llegaran a México. Según el segundo,
Salazar y Chirin.o habían de sustituir en el gobierno a Estrada y Albornoz
si continuaban las disensiones de los lugartenientes. En cualquiera de los

36ñ

casos, el licenciado Zuazo había de retener su oficio de alcalde mayor y
teniente de gobernador y de capitán general.
Logrado su propósito, Salazar y Chirino emprendieron el camino a México. Dice Berna):
.. .cuando se despidieron el factor y el veedor de Cortés para volverse
a México, con cuántos cumplidos y abrazos. Y tenía el factor una ma:.
nera como de sollozos, que parecía que quería llorar al despedirse, y
con sus provisiones en el seno, de manera que él las quiso notar y el
secretario, que se decía Alonso Valiente, que era su amigo, las hizo".
Prosigue el plan
De regreso en México, Salazar y Chirino asisten a la sesión del Cabildo
de la Ciudad, celebrada el 29 de diciembre de 1524-, y presentan no el primero de sus títulos, que mandaba compartir el gobierno con los otros oficiales
reales, quienes efectivamente ya estaban en paz, sino el segundo, en el que
se estatuía que habían de sustituir a Estrada y Albornoz si todavía andaban
con dificultades. .El Cabildo acepta el nombramiento y los recibe como tenientes de gobernador, y toman posesión del cargo, quedando eliminados así
Estrada y Albornoz.
La siguiente reunión del Cabildo es presidida por Zuazo, Salazar y Chirino
y, siendo el 1 de enero, día en que se renovaban los cargos capitulares, presentan un documento, que seguramente les había dado Cortés cuando regresaron a la Capital, en el que constaban los nombres de quienes habían
de integrar el Cabildo en 1525. Los alcaldes ordinarios eran el comendador
Leonel de Cervantes y Francisco Dávila · para regidores del concejo se había
designado a Gutierré de Sotomayor, Rodrigo de Paz, Antonio de Carvajal
y Juan de la Torre; Pedro Sánchez Farfán era procurador del Cabildo.
Todos seguirán figurando en los acontecimientos que iban a ocurrir en los
meses siguientes.
El ardid no tardó en descubrirse, pues Cortés, suponiendo que todavía
gobernaban Estrada y Albornoz, les envió algunas cartas sobre el gobierno,
con lo cual se hacen cargo del engaño. Acuden al licenciado Zuazo, por ser
justicia mayor en ausencia de Cortés, en apelación contra Salazar y Chirino.
El 17 de febrero, Estrada y Albornoz se presentan en el ayuntamiento. Lo
primero que ocurre en esta sesi6n es que el Cabildo recibe a Rodrigo de Paz
por alguacil mayor, nombramiento que Je había enviado Cortés.

367

�los "privaremos del gobierno". Ganada la confianza de don Rodrigo y juramentados ante el capellán del factor, Salazar lo sacó de su prisión y le
señaló su propia casa p0r cárcel.
En seguida, Salazar se comunica con los contrarios, les hace ver que convenía sacar al preso de su casa por el rumor de que, siendo su enemigo
enconado, se le iba a envenenar, y lo llevan preso a la casa de Albornoz.
Después les explica que reprendió a Paz y prometió enmendarse y que, por
tanto, sería mejor soltarlo; el Miércoles Santo, 12 de abril, lo ponen en
libertad. Al día siguiente, Jueves Santo, a sugerencia de Salazar y siguiendo
una costumbre inmemorial, los cinco tenientes de gobernador y Rodrigo de
Paz comulgaron, para significar su amistad. El lwies de Pascua y por invitación de Alonso de Estrada, comieron juntos.
Con estos antecedentes se puede comprender por qué en la primera sesión
que tuvo el Cabildo, pasada la Pascua, a 19 de abril, Rodrigo de Paz r etrae
el voto que había dado el 25 de febrero a favor de Estada y Albornoz y se
declara por Salazar y Cbirino, produciendo de nuevo la división del Cabildo.
El alcalde Dávila vuelve a apoyar la sentencia del licenciado Zuazo, en tanto
que el otro alcalde, el comendador Cervantes, se afirma en favor de Salazar
y Cbirino y por la exclusión de Estrada y Albornoz. Los regidores Sotomayor y de la Torre también se encuentran en posiciones contrarias: el primero favorece el gobierno eonjunto de los cuatro oficiales reales, en cambio
el segundo se declara por el gobierno exclusivo del factor y del veedor.
En plena discusión, llegan al Ayuntamiento Salazar y Cbirino, y sus partidarios los requieren para que manden pregonar su nombramiento. A esto
se opone el alcalde ordinario Francisco Dávila, con lo cual Salazar le arrebata la vara de justicia, la rompe y se la lanza a la cara, diciéndole: "Daos
preso". El mismo día, 19 de abril de 1525, se pregona "en haz de mucha
gente", el gobierno de Salazar y Chirino. Al día siguiente se señal6 como
pena a quien obedeciera a otro que no fuera Zuazo, Salazar o Cbirino, el
perdimiento de todos sus bienes o, a falta de bienes, cien azotes.

Desaparecen los contrarios

No satisfecho con haberles quitado el gobierno a Estrada y Albornoz, Salazar se propuso eliminar a todos los que eran obstáculo para quedar él solo
con el mando. La prisión del alcalde Dávila mostr6 al pueblo el poder de
Salazar, a la vez que fue eliminado uno de sus enemigos más tenaces. Don
Gonzalo intentó ganárselo, ofreciendo restituirlo en la alca1día, y al ver su

370

firme opo~ci6n, planeó darle muerte, pero Dávila Jogr6
d I ,
Y se ocultó durante varios días. d
,
.,
escapar e a caree!
F
.
d d
, espues se refugio en el convento de S
rancisco, on e estaba fuera del alcance de Salazar El of1·0·
d . , an
cante hasta I 6 d · ·
·
o se eJo vae
e Jumo, cuando fue nombrado por Salazar
..
un cunado de Rodrigo de Paz, Cristóbal de Salamanca.
y Chirino,
La, siguiente víctima fue el licenciado Alonso Zuazo
todav1a compañero de Salazar
Chirin
. ' alcalde mayor y
O en el gobierno. Después de que
Zuazo fue des O • d d
y
Ciudad Estra~}ª
las hue~ _que le había concedido el Cabildo de la
l
,
y
~oz le p1d1eron que hiciera una informaci6n sob
os desmanes. de los teruentes de gobernador, de lo cual no tard
re
enterarse
los
mteresad
.
aron
en
limin
os y se pusieron de acuerdo con Rodrigo de Paz
e . ar a Zuazo. El martes 23 de mayo -seguimos en 1525par~
Cabildo, que presidieron Salazar Chir"
z
,
' se celebro
de portar armas
d, '
mo y uazo, y se trato sobre el derecho
y se man o pregonar una real cédula respectiva.

:i~

Esa misma noche se presentaron Salazar C . .
.
~rn_i~do, en la casa de Cortés, donde residí!n
s:ztgs
genRtío
s1sb.o Zuazo con su guardia
da
.
o e az. emejor trasladarse esa .
arma ' pero Paz lo convenció de que sería
ue
.
. ~ma noche a Texcoco, donde estaría a salvo hasta
q
cambiara la s1tuac10n. Acompañado de Rodrigo de p
d
,
hombres armados, emprendi6 el via"e el li
. d
. az y e treinta
una acémila
1
J
cencia o Zuazo, montado sobre
en ugar de uno de sus caballos, lo cual fue causa de di
En la madrugada del día 24 y todavía a tres leguas de T
I sgusto.
caron que "b
,
excoco, e comuni1 a preso y sena expulsado del país, a lo cual contestó

21::\

~ u;

con alegre rostro ... quel holgaba dello, porque creia que Dios le hacia
merced en sacarle de aquella tierra, por las comunidades que se ban
plan_teando de poco a poco, e quel no avi.a de dar lugar o av~ de
morzr en la demanda.

de
S Después
. comer
,
. en. Texcoco el

r

.
J d e mayo, fiesta
de la Ascensi6n del
enor,
continuo
el
VIaJe
hasta
llegar
a
Medell'
d
d
l
d 1 I
.
w, on e fue encarcelado en
~ casa e a guacil Alvaro de Saavedra teniéndolo prác♦:
•
rucado A
diad d
'
ucamente mcomu~
.. .
me
os e agosto fue embarcado en San Juan de Ulúa
:udo a La Habana. Con esta acci6n, Salazar cometi6 un error involun~:n ?~ba, Zuazo aprovechó una embarcación que había enviado Cortés a~
escnbrrle _una carta en la que le daba noticias de la situación de Méxíc! lo
cual motiv6 su regreso como Juego veremos.
J
F

Poco. antes
, regresado a México
d 1 de que fuera expulsa do zuazo, h ab1a
ranc1sco e as Casas' a qu1·en eortés h ab'ta enviado
.
a someter a Cristóbal

371

�de Olid, lo juzgó sumariamente y lo degolló. Al enterarse de que Zuazo
estaba preso en Medellin, Francisco de las Casas fue con doscientos jinetes
a intentar rescatarlo para que volviera a México a hacerse cargo del gobierno.
Zuazo rechazó su propuesta, pero con su intento, Casas se ganó la enemistad
de Salazar. Ni tardo ni perezoso, Salazar tomó preso a Francisco de las
Casas y lo envió a Castilla, para que respondiera en la corte por la muerte
de Cristóbal de Olid.
Por lo que se refiere a Estrada y Albornoz, aunque habían quedado eliminados del gobierno, ejercían con libertad sus oficios de Real Hacienda
y por su autoridad y su amistad con muchos de los habitantes de México,
seguían siendo un obstáculo y un peligro, por lo menos en potencia, para
la hegemonía del factor. Unos días después de la aprehensión de Zuazo,
corrió el rumor de que el tesorero y el contador iban a huir de la Ciudad.
Escondidos en la casa de Lucas Gallego, Estrada y Albornoz se enteraron
de que los gobernadores y Rodrigo de Paz, por su parte, andaban reuniendo
gente y buscándolos de casa en casa para aprehenderlos, después de haberse
cerciorado de que no se encontraban en su propio hogar.
Frustrada esta ocasión, Salazar esperó otra, que no dilató en presentarse.
Estrada y Albornoz resolvieron depositar el oro del Rey en el monasterio de
San Francisco, por temor a que fueran saqueadas sus casas. El oro fue encajonado y trasladado de noche al convento, donde se ocultó debajo de la
cama del padre guardián, fray Francisco de Soto. Luego resolvieron que
Albornoz llevara el tesoro a España, para poder infonnar en la corte de todo
lo que ocurría en México. A Salazar dijeron únicamente que para embarcar el oro irían a Medellín. Pero Salazar y Chirino exigieron que se les
mostrara el oro que enviaban y, una vez que lo habían visto, declararon
que ellos también irían a Medellín a entregar el oro en los navíos que salían
para España, fijándose el 25 de junio para su partida.
No obstante, los planes cambiaron. Dicho día Salazar y Chirino no quisieron acompañarlos aunque el factor les deseó buen viaje al encontrarlos ya
saliendo de la Ciudad. Estrada y Albornoz hicieron noche en Tlalmanalco,
donde los hospedaron los franciscanos. Tenninada la cena y cuando se habían
retirado, fueron prevenidos por unos indios de que algunos españoles venían
a atacarlos. De prisa se prepararon para defenderse, pero siguieron el consejo
de los frailes, de que estarían con más seguro en Chalco y emprendieron la
huida. De camino, un mensajero de Chirino les dio alcance, diciéndoles que
esperaran al veedor, pues quería acompañarlos a Medellín. Lo esperaron.
Chirino llegó con un pequeño ejército -ochenta jinetes y cien peones- y,
tomándolos prisioneros, los volvieron a Tlalmanalco a pasar la noche. Por

la mañana del 26 de junio los condujeron a México, con las manos atadas.
A la entrada de la Ciudad, los hicieron bajar de sus caballos y les ordenaron
"que cabalgase~ en ancas de las bestias de unos moros que trayan a fin de
que! pueblo viese que los trayan vituperadamente presos''. Se Je señaló
a cada uno su propia casa por cárcel, pero más tarde Albornoz fue a dar a
1~ atarazanas, a consecuencia de un rumor de que quería aliarse con Francisco de las Casas.

Otro enemigo a quien había que eliminar era Hernán Cortés. Habían
P_~do unos ~is meses sin que en México se tuviera noticias de la expedic1on .ª las H1bueras~. y se empezó a temer que Cortés y su gente habían
pereCJdo. Salazar teJ1Ó datos y leyendas y convirtió el temor en realidad.
H~~ía llegado Diego de Ordaz de España y, con un navío y un bergantín,
sa~o en busca _de, Cortés y su expedición. Unos indios Je infonnaron que en
Xical~go los .mdígenas habían dado muerte a los españoles, lo cual había
ocurndo efectivamente, pero se trataba de Francisco de Medina y Simón
de, Cuenc~ y otros que había enviado Cortés. Ordaz regresó a Veracruz y de
allí mando_ una carta al factor, comunicándole la noticia que había recabado.
Además, dice Bemal Díaz del Castillo:
Y como también hay en este mundo traidores y aduladores, y era uno
de ellos uno que le tenía por hombre honrado, que por su honor aquí
no le nombro, dijo al factor delante de otras muchas personas que
estaba malo de espanto porque yendo una noche pasada cerca del Tatelulco, que es a donde solía estar e/ ídolo mayor que se decía Uichilobos,
do está a!tora _la iglesia de Señor Santiago, que vi6 en el patio que
1e ardían en vivas llamas el ánima de Cortés y doña Marina y la del
c~pitán 'Sandoval, y que de espanto de ello estaba muy malo; también
vino otro hombre que no nombro, que también le tenían en buena
reputaci6n, Y dijo al factor que andaban en los patios de Texcuco unas
cosas malas, y que decían los indios que era el ánima de doña Marina
Y la de Cortés, y todas eran mentiras y traiciones, sino por congraciarse
con el factor dijeron aquello, o el factor se lo mandó decir.

S~ como fuere, a ~alazar le bastó para declarar oficialmente que Hernán
Cortes y sus acompanantes habían perecido. Mandó construir un túmulo
en la iglesia mayor y, vestido de luto, asistió a las exequias. También decretó
que todas las mujeres cuyos maridos habían ido en la expedición eran viud
.
b"1en por sus ánimas y se casasen".
as,
Y " que hic1esen
Declarada oficialmente la muerte de Cortés, procedía que se inventariaran

372
373

�La hegemonía de Salazar
sus bienes, para determinar lo que correspondía a sus herederos Y lo que
deb1a al fisco. Salazar sacó de su prisión a Estrada y Albornoz, para que los
cuatro oficiales real hicieran el inventario. Con este pretexto llegaron. a la
casa d Cortés la noche del sábado 19 de ago to. Todo era una maniobra
para sacrificar a Rodrigo de Paz. En su caso había varias_ razones de ~o para
eliminarlo. paz era alguacil mayor, siendo este motivo secundano, pues
ya vimos que el cargo que tenía Zuazo no sirvió Pª:3' respetar\?. Paz era
rimo hermano de Cortés y, al iniciarse el viaje a las Hibueras, babia quedado
~r administrador de su hacienda, la ual era codiciada por Salazar.
Habiénd
negado Rodrigo de Paz a que
hiciera el in~entario, después
se le acusó de que había reunido un cabildo privado con el fin de remover l
gobierno y poner otro; además:

se hizo fuerte en la casa del dicho eñor Gouernador con mucha gente
armada e tiros de artilleria e huuo en esta Cibdad tanto alboroto e escandalo que se obiera de perder la tierra e oviera muchas muertes de
hombres sobre aser el dicho ynventario.
Desde la plaza y a gritos, requirieron a Paz para que despidiera el ayuntamiento que había reunido e hiciera ~ a la ~ ' sin. lograr _nada hasta
que intervinieron algunos frailes y por su mtercesi6n cedió R~ng~ de Paz.
Después el factor mandó arar los suelos de la ~ de Cortes, . sin que se
encontrara el tesoro. in arredrarse en sus propoS1tos, a Rodrigo de Paz
se le dio el tormento de agua y le quemaron los pies con aceite hirviente,
para que confesara dónde se ocultaba el tesoro, pero manteniéndose firme
en su negativa porque no había tal entierro o por su lealtad, fue ahorcado en
la plaza pública en septiembre del mismo 1525.
Quitado de en medio Rodrigo de Paz, a Salazar solamente le quedaba
un estorbo para satisfacer su ambición de tener un poder omnímo~o. r¿&gt;s
nombramientos que había ido dando habían sustituido a los . funcionanos
con partidarios O pelel de alazar. Chlrino no era su contrano_ pero co_mpartía el gobierno; había que eliminarlo. Salazar aprovechó una msurrecci~n
de indios que se hicieron fuertes en el peñol de Coatlán, en O~ca, Y, e~v1ó
a Chirino a som terlos. Esto ocurrió después del día 2 de novtembre, ultuna
ocasión en que aparece Chirino en el Cabildo de México. Desde entonces,
don Gonzalo de

alazar quedó solo en el gobierno.

Pero regresemos al 22 de agosto, cuando alazar y Chirino expusieron
ante el Cabildo de México el delito de Rodrigo de Paz. Entonces asentaron
en el acta que

a mas de seis meses que no se sabe del dicho Señor Governador ni ay
nueva de el e que es publica boz e fama en toda esta Nueva España
que es muerto con todos los que con el yban por mano de les yndios.
Esto servía de introducción para exponer el caso de Rodrigo de Paz, d pué de lo cual el acta de Cabildo vuelve repentinamente sobre el tema del
gobierno:

.. .segund derecho e fuero e uso de España quando quier que algun
capitan general gouernador o correxidor muere los tenientes que tal
capitan general gouernador correxidor tenia presentados usaban de los
dichos oficios eran tenidos e obedecidos en ellos por su magestad hasta
tanto que .su magestad proveya de otros nuevos capitanes governadores
e correxidores pero que a mayor abundamiento por escusar los dichos
alborotos y escanda/os si necesario era les pedian e requerian que de
nuevo los recibiesen a los dichos oficios de tenientes de capitan general
y governadores de esta Nueua España por sus magestad s.
El procedimiento que siguió Salazar indudablemente fu audaz e ingenioso:
primero declara muerto a Cortés, de quien era tenient , y luego pide qu
se les reconozca por tenientes de gobernador y de capitán general por 1
rey, valiéndose del alboroto que él mismo había provocado con motivo del
inventario. El Cabildo pidió a Salazar y a Chirino que salieran de la sesión
para deliberar libremente, y consultó a u letrado, el bachiller Alonso Pérez,
quien mantuvo que el poder subdelegado no ·piraba con la muerte del
delegante. De nue o entraron a la reunión Salazar y Ch.irino, y fueron juramentados con su nuevo título, lo cual fue pregonado el mismo día para
que fu ra observado bajo pena de muerte y perdimiento de bien .
Al hacerse el pregón a las puertas de la casa del Cabildo, se encontraban
presentes Alonso de Estrada y Rodrigo de Albornoz y seguramente para
asegurar su vida y sus bienes en vista del triunfo del factor y del veedor,
aunque también para apaciguar los ánimos turbulentos de los partidarios de
cada bando.

375
374

�hicieron a todos los que allí estaban ayuntados un rasonamiento el efecto
del qual hera que todo estaba muy bien echo y que asy convenia al
servicio de su magestad y al bien de la tie-rra y que ellos eran alegres
y contentos de ello y que si alguna diferencia les parecía que avia
avido entre los dichos 'Señores factor y veedor tenientes de governador
y ellos avia sido todo movido a buen fin pensando los unos y los otros
que aseriaban mas en el servicio de su magestad y que lla se habian
acordado en el y que les rogaban que aquí adelante no se hiciesen mas
alborotos porque era en gran deservicio de su magestad y otras cosas
muchas dixeron a esto semejantes.

,1 1

A continuación rindió pleito homenaje el alcaide de las atarazanas y de
la fortaleza, Gonzalo de Ocampo, y luego los conquistadores y los principales vecinos de la Ciudad "juraron y prometieron de tener y guardar y
cumplir todo 1o contenido en el dicho pregón".
La tiranía de Salazar realmente empezó el 19 de abril de 1525, cuando
fueron excluidos del gobierno Estrada y · Albornoz, aunque todavía compartían el poder Chirino y Zuazo. El primero casi no merece tomarse en cuenta;
era una sombra de Salazar, quien lo maneja a su antojo. El segundo pudo
haber salvado la situación pero se muestra como un hombre débil y crédulo,
cuya buena fe no era para oponerse a la astucia y a la malicia de Salazar.
Muy pronto perdió su prestigio y hasta su rango, pues inclusive en las actas
de Cabildo se invierte el orden en que se enumeran los que presiden según
su rango, y se anteponen el factor y el veedor al alcalde mayor.
Al contarle sus pecados a Salazar, cuando ya había cesado en el gobierno,
se encontró que, en el tiempo que ostentó el poder, sus desmanes iban contra el rey, contra la república y contra particulares. Entre los primeros, una
de las acusaciones principales fue que se había apoderado de la provincia de
Tlaxcala, que Cortés había puesto en la corona, y había recaudado y retenido
los tributos sin enterarlos en la caja real.

,,

También había negado la toma de posesión de su regimiento a Alonso
Pérez de Valera, primer regidor de México nombrado por el rey, alegando
que ya se babia solicitado a Castilla, que estos oficios fueran cadañeros y que
se otorgaran a los conquistadores y pobladores para favorecerlos. No obstante,
muy poco después de la negaci6n, los procuradores a corte fueron instruidos
para que pidieran que los regidores fueran nombrados por el rey a perpetuidad. Además, en lo que se refiere al mismo Cabildo, corporación indtLdablemente fuerte gracias al principio del municipio libre que se trasplantó
de España, Salazar fue imponiendo servidores suyos, que le aseguraban el

fácil manejo de los que pudieran manifestar alguna opo · ·,
I Id
.
s1c1on. Así, nombró
a ca es, regidores, escribano y alguacil mayor a su antojo.
También se cuentan entre las acusaciones afectas a las dís · ·
1
¡ h b
pos1Ciones rea es
e a erse apoderado de algunas almonedas de esclavos, de las que sacó
~ucha s ~ de pesos de oro, que no ingresó a la caja del rey, y el haber
Jugado ruupes da~os Y otros juegos prohibidos y haber permitido que varias
personas también Jugaran.

!

Entre las oíensas contra la república, García de Llerena "como
d 1
,
. .
,
uno e
P ebl0 "
u , , ~cuso cnnunalmente a Salazar por toda su actuación en contra
del licenciado Zuazo, Alonso de Estrada y Rodrigo de Albornoz Rod · d
Paz y Francisco Dávila, a la que vino a sumarse la de
d'
ngo e
E ,
man a que puso
en spana, dona loes de Paz por los malos tratamientos y la muerte de su hijo.
Para granjears~ a1 pueblo, don Gonzalo quit6 encomiendas, huertas
solares en la Capital, muy especialmente a los que hab'
"d
l
y
dí ., d C ,
1an I O en a expeCIOD e
artes, y los volvió a repartir a sus paniaguados y a aquellos cu o
favor ~ataba de ganar. De sobra está decir que en cuanto cambi6 el gobie~,
los, ~nmeros poseedo~s reclamaron sus derechos y se efectuó la restitución
leg1tuna en la mayona de los casos.
Del monasterio de San Francisco Salazar sac6
·
f
¡
, .
'
a viva uerza a a gunas
~ ~~s vict~. que se habían refugiado en sagrado, por lo cual )a jurisdíccion edesJ.aSt1ca lo excomulgó J·unto con Chirº
ha
·
J
.
•
,
mo,
sta que cumpheron
a penitencia que se les impuso.
d

Cuando Salazar cayó preso, se encontró que "valía más de treinta mil
pes~s de oro lo q~e le secuestraron, demás de la cantidad de oro que había
e~viado a esos remos, que fue mucha '. De dicha suma por lo menos dí
mil pesos ~ran de Hemán Cortés, quien lo demandó por~ue los "menosca~'~
de su hacienda.
. Hay constancia de que el día de su aprehensión, muchas personas acudier~n a _las nuevas aut~ridades a recuperar joyas y preseas que Salazar les
babia qmtado. A Francisco de Orduña se le devolvió un búh d
los ojos de .chalchih 't . M , V'
o e oro con
.
.
U1 es, a artin azquez un pato de oro con un chalchihU1te; a Diego de Ordaz una ropa de seda "aforrada en pelle:xas negras"
una taza dorada con su "sobrecopa rica" · a Blas de Mo t
·
¡
y
d
,
n erro30 una sa sereta
e e.smeralda, por la que más tarde Cortés había de dar un caballo
una
C~tidad de pesos; y al mercader Francisco Miguel de Salamanca, :ierto
pano que le tomó a la fuerza.
El robo más escandaloso fue el que hizo a don Carlos, señor de Texcoco,

376

377

�quien acompañaba a Cortés a las Hi.bueras. Sal~ envió ~ Alonso _ortiz
de Zúñiga Antonio de Arriaga y Antonio de CarvaJal a la ciudad vecma Y
"traxeron 1munchas xoyas e plumas, e rropa rrica, e piedras". Salazar aleg6
que todo lo había enviado al rey, pero el nuevo alcalde mayor sostuvo que él
lo había restituido a su propietario.
En general, los testigos del juicio de residencia de Salazar y Chirino ~tán
de acuerdo en que "andaban a viva quien vence" y que "e~ ~n tenudos
que de puro miedo e temor los obedescian". Por su parte, el licenoado Zuazo
había avisado a Cortés, que durante el gobierno de Salazar, "cada día había
cuchilladas y revueltas".

Alguna cosa positiva había de aparecer entre tanta desventura. En ~ecto,
Salazar y Chirino mandaron reparar la fuente que surtía de agua a 1~ Ciudad
de México, y "fizieron la Iglesia mayor desta Cibdad, la qual el clicho _Don
Remando [Cortés] no habia querido ni quiso fazer". Entre las declaraciones
se encuentran datos interesantes sobre el primer lugar de culto ~ue tuvo
México, aparte de 1a capilla del primitivo convento de San Francisco. Por
disposición de Cortés,

se descia misa en u11a sala baja gra11de [de su casa1 e de alli la fizo sacar
la dicha Iglesia para meter aUi sus armas en la dicha _sala, e se pasó el
altar a un corredor baxo de la dicha casa donde soban antes estar; e
porque era pequeño, fizo fazer un colgadizo de paxa del dicho corredor, e aun alli no cabia la xente e se estaban al sol algunas.
Asimismo el regidor de nombramiento real y partidario de Salazar, el doctor CristóbaÍ de Ojeda, después de afirmar que no sabe que haya "mercadeado
ni tratado''¡ sigue diciendo:

antes sabe quel dicho Factor a usado siempre de su. oficio, bien e lealmente, como bueno e leal servidor de su Magestad, e deseando e procurando que todos estobiesen en paz, en seruimiento de Su Magestad.
Aun en la d sgracia, algún amigo le quedaba a don Gonzalo de Sa)aza.r.

La ca1da
A principios de enero de 1526 apareció la primera sombra sobre. el gobierno de Salazar: después de casi un año de silencio, lleg6 a México una
noticia de la expedición a las Hibueras. El día primero del año había trans-

378

currido con la tranquilidad habitual, renovando Salazar, según costumbre,
el Cabildo de la Ciudad y nombrando a sus más allegados para los principales cargos. Pero antes d l día cuatro llegaron a Tecamachalco algunos de
los indios que habían acompañado a Alonso Valiente, su encomendero y secretario de Cortés en la expeclición a las llibueras, y clijeron que habían dejado
a todos sanos y salvo .
La noticia vino a México, a Juana Ruiz de Mansilla, mujer de Alonso
Valiente, una de las que se habían negado a contraer nuevas nupcias por ser
oficialmente I viudas", y de Juana se desparramó por toda la Ciudad. Llegada
aquella novedad a oídos de Salazar, la mandó aprehender, acusándola de
bruja y de contravenir el decreto que prohibía negar que había p recido la
expcclición. En un juicio brevísimo, Juana fue sentenciada a ser sacada en un
asno por las calles principales de México, pregonándose su delito y dándosele
cien azotes. Después fue encarcelada en la casa de Juan Ceciliano, en espera
de er enviada a Medellín y de allí al destierro.
Si bien Salazar pudo dominar la situación e infundir miedo y hasta terror
a los habitantes de México&gt; para algunos aquella noticia debió a ivar su
e pcranza, y en el factor, por lo menos, nació la duda. e fortificó en la casa
d Cortés, haciendo llevar allí la artillería de las atarazanas, de la cual nombró jefe a Luis de Guzmán, y redobló su guarclia personal, que mandaba el
conquistador Ginés ortes.
El domingo 28 de enero, por la noche, llegó a la Capital un criado de
Cortés, Martín Dorantes, a qui n enviaba con cartas para sus partidarios.
Dorantes había desembarcado ocultamente cerca de Veracruz, se disfrazó de
campesino, hizo el viaje a hurtadillas hasta México, y lleg6 dircctament al
monasterio de San Francisco, donde estaban refugiados los amigos del Capitán. A pesar de tanto sigilo, se enteró Sala.zar e inmediatamente envió
un correo a Chirino, quien se encontraba en Coatlán.
En el convento el regocijo fue enorme al saber que Cortés y sus a ompa-

ñantes no habían fallecido y que ya se dirigían a la Capital. Los que recibi ron la noticia -Andrés de Tapia y Jorge de Alvarado, entre otros muchos-bailaban, cantaban, gritaban y brincaban del contento que tuvieron. Desde el
monasterio salió la nueva a los demás partidarios, en especial a Alonso de
Estrada y a Rodrigo de Albornoz, quien se portó con la doblez que lo caracterizaba: como Salazar le pidió ayuda, se quedó en su casa, esperando para
estar de parte del bando que triunfara.
Por la mañana d J día 29 el Cabildo de México se reunió on Sala.zar en
la casa de Cortés y alli fue notificado de que en el convento de San Fran-

379

�cisco les esperaban los documentos que había traído Martín Dorantes. Salazar se neg6 a ir, pero los concejales se trasladaron a la casa de Luis de la
Torre, frente al convento, donde se leyeron las cartas que enviaba Cortés.
Por éstas se supo que revocaba los nombramientos de Salazar y Chirino y
designaba por I~garteniente de gobernador y capitán general en su ausencia
y mientras regresaba, a su primo, Francisco de las Casas. Se presentó en la
reunión Alonso de Estrada y apareció, por fin, Rodrigo de Albornoz.
La sesión se prolongaba por dificultades que presentaban los partidarios
de Salazar. Por ejemplo, al presentar Estrada su título, con el cual reclamaba
el gobierno, el regidor Gonzalo Mejía, pidió examinarlo y, al detectar una
enmendadura, sugirió que el documento era falso. Estrada escuchaba detrás
de la puerta y entró violentamente, quitó su espada a Mejía y le anunció que
era preso; el alcalde Diego de Valdenebro protestó esta manera de actuar, y
Estrada le arrebató la vara de justicia y ordenó su aprehensión. En la calle
se agolpaba el pueblo, y se oía gritar "ahorquenlos", "echenlos desas ventanas abaxo" y "si no lo quereis fazer, dadmelos a mi, y yo los ahorcaré".
Por fin, después de constatar que Francisco de las Casas estaba ausente en
Castilla, el Cabildo decide que han de tener el gobierno Alonso de Estrada y
Rodrigo de Albornoz, por haberlo dispuesto así Cortés antes de salir a las
Hibueras. Inmediatamente tomaron posesión del cargo, nombraron a Leonel de Cervantes por alcalde ordinario en lugar de Diego de Valdenebro, al
bachiller Juan de Ortega por alcalde mayor, y a Andrés de Tapia por alguacil mayor y, una ve2 que se había pregonado el cambio de poderes, recibieron pleito homenaje de Jorge de Alvarado, alcalde de las atarazanas.
Si bien el cambio de gobierno había sido ruidoso, la caída de Salazar fue
estrepitosa. Sus enemigos, que eran unos 150 hombres, además del pueblo
que los seguía, marcharon a la plaza mayor y encontraron la artillería asestada frente a la casa de Cortés. Por más que Salazar ordenaba qµe dispararan
los cañones, ante el tumulto el capitán de la guardia huyó por las azoteas y
el de la artillería desapareció por una puerta. En el mismo momento en
que el factor intentaba disparar un cañón, fue tomado preso. La batalla había
durado sólo media hora. Allí mismo, en la casa de Cortés, el carpintero
Alejo de Torres hizo una jaula de gruesos maderos en la que fue encerrado
el poderoso factor, engrillado, encadenado y con guarda de vista. Poco después Je hacía compañía Pedro Almíndez Chirino, quien regresó de Oaxaca
y se refugió en el convento de Texcoco al sabe{ la suerte de Salazar, de
donde fue traído a México.
Se dice que la gente desfilaba por aquella prisión a ver los presos y a burlarse de ellos. Gonzalo de Ocampo, el humorista de la conquista, quien com-

380

puso unos libelos a muchos de los personajes de su tiempo, simulando que
eran frailes de un convento del que era superior Cortés, no omitió a don
Gonzalo de Salazar, de quien dijo:
¡ Oh, fray Gordo de Sala.tar,
factor de las di/erencias!
Con tus falsas reverencias
engañaste al provincial.
Un fraile de santa vida
me dijo que me guardase
de hombre que asl habla.se
ret6rica tan polida.

Epílogo
Abusando de la paciencia de tan benévolo auditorio, voy a explicar brevemente lo que ocurrió a Gonzalo de Salazar después de esta aventura, aunque
con su caída propiamente se agota nuestro tema.
Durante el gobierno del licenciado Marcos de Aguilar, Salazar -y Chirino
fueron sacados de la casa de Cortés y trasladados a otra prisi6n, a pesar de un
complot organizado por sus amigos para liberarlos. Finalmente fueron puestos en libertad y recobraron sus oficios de factor y veedor de la Real Hacienda.
Sin perder nunca las oportunidades que se le presentaban, Salazar aprovechó

la llegada de la primera Audiencia, para hacerse amigo de Nuño de Guzmán

.
amistad
que éste aceptaba, seguramente, porque el factor era un contrapeso'
a1 poder de Cortés. Nuño de Guzmán Je dio licencia para ir a Castilla,
dejando la factoría a cargo de su cuñado, Antonio de Cadena. De regreso en México, encontró que se le habían intervenido todos sus bienes por
un desfalco que se descubrió al tomarle cuentas.
Poco después, don Gonzalo fue sucedido en la factoría por su hijo mayor,
Remando de Sala:zar, quedando él como regidor del Cabildo de la Ciudad
de México hasta 1549 o el siguiente año, cuando falleció.
Para entonces, Salazar había traido a todos sus hijos a México, y aquí
casaron. Juan Velázquez de Salazar fue marido de doña Ana de Esquive!;
tuvo una plaza de regidor de México durante muchos años e hizo dos viajes
a España; tuvo su casa en la plaza de Santo Domingo, y la vendió al Tribunal del Santo Oficio. Gonzalo de Salazar, hijo, casó con doña Antonia

381

�Dávila; {ue alcalde ordinario de México en 1564, _Y uno de ~ hibos~ra:
llevó el mismo nombre, fue obispo de Yucatán. Fmalmente, dona a ..
.
. da de Ruy Díaz de Mendoza, del que tuvo un hiJO. y
de Salazar vmo viu
·
J conquts
una hija que trajo consigo; aquí contrajo segundas n~pe1as con ;
tador de la ueva Galicia, el capitán Cristóbal de c:&gt;nate; uno . e susMé ~u. hizo la conqwsta de Nue o
xico.
chos hijos fue Juan de Onate, qwen '
d
blad res" como
Todos tuvieron familias numerosas -• fueron gran es po . , o ,' .
decla- y sin duda, en nuestro México actual, qwza aqw m1SID0,
:::c:s
ha~r muchos descendientes del intrépido don Gonzalo de

;ben

Salazar, "el que se alzó con el reino".

OTES O

THE MEXICAN SILVER MINING INDUSTRY I
1590's*.
P.

J.

THE

BAKBWELL

University of

ew Mexico.

THAT SU.VER MININO was an important part of the economy of Mex:ico
during the whole colonial period needs no str ing. Tbe quest for mines and
tbe subsequent exploitation of ores were responsible for tbe early exploration
of many areas, for much of the growth of interna} trade, and for agricultura]
devclopment in many regions. ilver itself was the vital fluid of the body
economic, tbe major export of the colony, and one of tbe major incentives
impelling pain to maintain her exclusive control over many great and
empty tracts of territory. Despite these and other familiar qualities of the
industry, the ubiquity of mining in Mexico stil1 surpri . Toe few great
names ring out in both manuscripts and ancient and modem historical writings: Trueco, Pachuca, Guanajuato, San Luis Poto í, Zacatecas Parral. Tbese
were indeed the places from which most silver came. But the dozens of lesser
centres which existed, and which played their part in their day, are long
gone from view.
A mo t revealing manuscript beld by the Briti b Library (BL) gives a
reminder of tbese lesser centres' existence, while providing a good measure
of tbeir importance relative to tbe great mines. It also offers much general
information on Mexican mining in the Iast years of the sixtecnth century
a time in the industry's history about which little is yet known. From tbe
manuscript, estimates of silver production can be made. And a surprising
conclusion about tbe mining labour force also emerges: free Indian wage
• I am much obliged to Judith Reynolda Bakewell, Elinore M. Barrett and Michael
L. Conniff for their criticisms of this article. The errors that remain are my own
responsability. PJB.

,.

382

383

�· d a lmo t 70at.
o{ it• Tbis fincling goes
far towards
contralabourers compnse
70
.
•
f
d
·
that
.....
:n:ng
Iabour
in
colonial
Mcxico
was
orce
dicting past assumpt:tons
............,
labour.
The manuscript ai is wrongly described in the Gayang~ catalogue of ~~
· d ocuments 2 as 'Estado de minas y romeros .en el Peru .
Librarys Hisparuc
lt consists of a large table showing the names of mining cen_tres m four areas
f l . 1 Mexico in 1597: New pain, Zacatecas, Guadiana and Guadao co orua
. isdº ·
f th Treasury
Clearly these areas correspond to the Jur icbons o
e
.
la .
Jara. (cajas reales)
'
offices
of Mexico City, Zacatecas, D urango and GuadalaJara
.
1
-the offices into which flowed the tax taken by the C~~ on si er
duced. These jurisdictions extended to embra~ all the ~ g centres of
,
S . , . be used in this say only m the sense of the
day. (The tenn ew pam wi11
•
•
for the
. rial Jun
. . dic..:on
of the caJ·a real of Mexico
C1ty. • See
the Map
ternto
u:
•
•
)
rough boundaries of the four areas and locations of m.uung centres .

p:

The BL table summarises the r ults of an official_ ins~ti?n, or visita¡o:
the . . industry. For most centres in the four regions it gives ~entyinformation. ine of these data are about mercury, w~ch was a
:asic raw material in the silver refining process: its supply to the mines : d :
the current Crown monopoly, and various estimat of. the deb ow ~
miners in each centre to the Treasury for mercury recewed. Then fo~ .
. sh ov,m the number of mineros in it,3 the number
of .functiomng
centre JS
.
• (h
refineries ( haciendas en beneficio), the number of dilap1dated refmenes -~. d
'das) the number of animal and water powered stamp m1 s
cien as ca,
,
.
(·
· d l
( in enios) ' the number oí machines for washing refined ore ingenios e avar~ the number of mules in use, the number of black slavcs held, the num~
f
lndian wage-labourers (naboríos)' and the number of forced Indian
~bourers (indios de re partimiento) . Othcr data
eo for. each centre
:_
.
refined at the time the information was collecte
the amount o f ore be tng
.. • ,
the additional numbers of forced labourers that the míners were petitiomng
tbe Crown to grant them; and the amounts of maize, candles, salt an~ pulverised iron that miners were ask.ing the Crown to supply to tbe mdustry

ieces7

free

~

~

at subsiclised prices.~
B ºtish Libr ry Adclitiooal Manuscripts 13, 976, itcm 61 (ff. 34_6-7).
. h
• P:cual de Ga~gos, Co,alogu, of the manuscripts in 1he Spanuh la11guage m t e
Brüish Museum, 4 vols., London, The Trustees, 1875-93.
1 0
f both mines and refining milis, or at least of one or the other.
o feed Indian labouren and anunals;
.
· es·, &amp;alt
a.nd
• Mwnen
· to
candles to light mm
.
aIZe
ts
•
th
refinina
process
Subsidies
on
these
supplies
were
triturated iron as reageru Ul
e
--o
.
not granted by the Crown.
1

,.

384

The BL table seems to be the full original of the table accompanyiog a
document held by the Archivo General de Indias (AGI) in Seville. This
document has the title 'Relación del estado que tienen las minas de esta
ueva España y las de Zacatecas y lo que deben los mineros a su Magestad
y el azogue en especie que se les halló y la calidad de sus haciendas, cantidad
de gente que tien o, y lo que más piden para el avío de ellas, sacado [sic] de
las visitas que se hicieron en particular de todas las dichas minas por comisarios qu fueron a ello con bastantes in trucciones de lo que debieron hace.r'. 5
This AGI 'Relación ... ' con ists of a six-page commentary on the visitas,
followed by a table giving statistics for the mines of ew Spain and Zacatecas (with its adjacent mining village of Pánuco). The AGI table does not
supply any information about the other mines of the Zacatecas area, nor
those of the Guadiana and Guadalajara districts. The BL table does show
these mis.ID1g districts; there is, however, no commentary attachcd to it.
Tbe categories of data in the BL table are the same as those in the GI 'Relación ... ', and th figures are the ame Cor the mining centres mentioned
in both. (The Bancroft Library of the University of California at Berkeley
possesses a typ cript copy of the AGI 'Relación ... ' and a protograph of the
table accompanying it. These form part of the collectioo entitled 'Bancroft
Library Transcripts') .
The are obvious limitations to the BL table. umerous entries are íilled
either with a horizontal line or with zeros. It is impossible to tell in which
cases these blanks indicate a verilied absence of items in a particular category,
and in which cases the information was simply not gathered. So, for example,
for six of tbe minor centres of the Zacatecas district (Las ieves, Santiago y
San Marcos, Chalchihuites, antiago, la Hacienda del Capitán Urdiñola and
Mazapil) entries for the nine categories of mercury data are shown by a
series of noughts. These centres were clearly operating at the time of the
visitas, since the chart shows them to have haciendas en beneficio. Since it is
unlikely that they were all smelting centres (which would not require mercury),
the table should contain sorne record of the mercury they had received for
use in amalgamation. That it does not suggests that it is iocomplete. Again, in
the Zacatecas district, only the small Zacatecas-Pánuco area is shown as having ingenios de lavar. A horizontal dash is the only entry in this category
for the otber centres in the district• orne of which almost certainly did pos1

AGJ Máico 24, ramo 1, o. 7a - an enclo,ure with a letter of Viceroy
Monterrey to the Jcing, dated Mexico 24 April 1598. The 'Relaci6n ... ' iuelf is unsigned and undated. A note on the revene states that the visita referred to took place
in early 1597.

385
bum.auitu-25

�sess ore wa.shin apparatus. Yet agnin, a footnote to the table accompanying
th.e AGI 'Relación .. .' says that the officials who collected the information
failed to count all the mu! in use. Other exampl oí doubtful ompleten
could be given. In general, it seems that data are least complete for the Zacatecas district, rather fuller for Guadiana and Guadalajara, and complete for
ew Spain. For all four distri ts, though, sorne important categories do fortunately seem fully recorded: mineros, haciendas en beneficio, :in enios, esclaos, naboríos repartimiento. Other categories of rather 1 ss interest also appear complete-for example, the petitions made to the Crown for subsidised
supplies of mining goods.

Tite purpose of the manuscript.
The BL table and the AGI Rclaci6n-... ' summarise the findings of an
inspection of the Mexican silver industry made early in 1597 by officials
specially appointed for that purpose (comisarios). The inspectors appear
to have been sent out by the Viceroy Conde de Monterrey, who is probably
the author of the 'Relación ... ' (paragrapb 4 of which is written in the
first person, evidently by Monterrey). Tbe inspection was made with the
particular purpose of detennining the sums owed to the Crown by mine :md
refinery owners for mercury, and the likelihood of their being able to pay off
those debts. How had these mercury debts arisen?

In an effort to make a profit from the sale of mercury to silver producen,
and to ensure that a constant supply of mercury was available to them, the
Crown and its agents in Mexico had tried, between 1559 and 1572, to set
up a monopoly of tbe production and distribution of m rcury. To ma.'Cimise
production of silver, the Crown had soon found it necessary to advance mercury to miners on credit. A large debt quickly grew up, which the Crown
always had difficulty in recovering. Variuo ingenious procedures for advancing mercury supplies were then devised during the final quarter of the
sixteenth century, designed to iroprove the Crown's chances of collecting
the value of new mercury issues.
Toe mercury debts sbown in the BL table originated :in a serie of dep6sitos
made in 1582 by the Viceroy Conde de Coruña. A depósito was an amount of
mercury i sued on credit to a refiner by tbe Treasury. The reúner was expected to maintain the amount of th dep6sito thereafter as a steady stock,
so that be would always ha e mercury at hand to proc his ores. The method by which the tock was to be kept up was known as consumido. By this,
the refiner, when taking a quantity of sil er to the Trea ury for ta.xin and

386

assay, was to recei,·e from the Treas

to have used in producing that

~

the

~ount of mercury he was thought
quanoty of silver The
ra1
•
as correspondencia) between sil"
·
gene
ratio (known
.
. .
ver produced and me
1
1t vaned m time and place fr
rcury ost was known:
•1
•
om a 1owcr level of sorne 80
k (4-0
s1 ver gamed pe.r quintal (lOO lb5 ) 0 f
mar s
lbs.) of
mercury lost to
·
140 marks of sil er per quin tal f·
'
maxunum
of sorne
0 mercury.• The overall
th
. . .
d
. .
e rnmmg mdustry in thc early 1590' . .
.
correspon encia m
I 15 marks per quintal of
s IS. givcn ~ the 'Relación ... , , as about
mercury -a h1gh rabo which if
would suggest sorne degree f
.
,
,
accurateJy tated
that time Th
.
o prosperity and profitability in the industry of
.
e rabo may not, however hav been
.
. .
50 conS1Stently h1gh m the
1590 s a is noted below.
'

ª

One large advantage to the T
system of rep1enishing a refiner's
of the correspo~dencia-consumido
to bring to the Treasury all th sil
stock was that it encouraged him
would receive less new mere~ fr ver tbe produced. lf he did not do so, he
previous refining _
d
om e Treasury tban he bad used up in
an eventuaJly would have no
1 ft, .
.
thougb not wholly in practice
ne e smce in law,
' no mercury could be had
.d th
monopol . The s tem thu h I ed th
outs1 e e royal
ep
e Treasury to ens
h
.
produced in Mexico was b
h . f
ur t at all silv r
roug t m or taxation.ª

::.;s;rr

i;:r

Having received the depósitos issued by v·1ceroy C oruna
- m
. 1582
d
th .
o er lSSUes of mercury made d unng
.
h
'
an
t e rest of the 1580's th
·
refiners of the centres listed in the BL table th
. e mmers and
Jess than 617 024 pesos de oro común ( of 272 e Cro~, m July 1590, no
marav d1S) - the valu , at
' Thú range of ratios holds for Mexi
•
.
In later tim in colonial Mexico and _e.o ~ the ~1xtecoth and seventeenth centuries.
"!ver yield per unit of mercury l~st ~ stov~ mmbeenof panish South America, the
, Paragraph 3.
ve
generally higher.
1
· Mexico,
·
t At this tirn_e Ul
a tcnth (diezmo) of alJ silver r
.
o the Crown m rctum for access to th
bsoiJ which
.
~la bythromeros was
duc
e
su
was
•
pcrty of the monarch. The tax rate varicd from '
m w e exchwve proSee: P.]. Bakewell, Silaer mitúng ond sociel i place. to pla~ aqd from time to time.
(_Cambridge, England, 1971) , p. 182· D y n co~omal Me:nco. Zocatecas 1546-1700,
silver mining: Meicico and Peru' IÍ· . : Brad1~g and . Harry E. Cro s, 'Colonial
o. 4, ovember 1972 pp. 545.7'9 (p isp5o6nlrc2)AmFe11con Historical Review, Vol. LIT
'
' P·
•
·
'
cury supply question, see: Bakcwell, s·¡
·. .or further informauon
on the mer1
'~lonial silver mining ... ', pp. 562 _5
ch. 7 ; Brading and Cross,
minas de Álmodln, Vol I (Desde la lp
,
Matilla Tascón, Historia de las
Guillermo Lohmann illena Las . oca romana ha~ta el año 1645), Madrid 1958 ·
Seville, 1949.
,r1111a.s de Huancav,lrca m los siglos XVI '1 XVII~

;;~.;'.in:g···,.

387

�,,

current prices, of some 3,740 quintales of mercury. 9 To enable the debtors
to pa-y off this amount, the viceroy of the day, Don Luis de Velasco (the
younger), decided to issu.e another depósito to them - this one totalling,
according to the BL table, 6,917 quintales.10 The value of this depósito, together
with the outstanding mercury debt of 1590 (a total of 1,828,787 pesos de
oro común), was to be paid off thenceforth by veinteno - i.e. a twentieth
of ali the silver produced by miners and refiners. New issues of mercury,
including the amounts needed to maintain depósitos, were to be made after
1590 only when paid for cash down (de contado). Between July 1590 and
February 1597, the total sum paid by veinteno against the 1590 debt was
668,321 pesos de oro común - leaving the refiners still owing the Crown
1,160,466 pesos. It was their ability to pay off this debt that was the main
object of the 1597 inspection.

bave profited the Orown to recall the mercury it had issued? That would
have brought silver production almost to a halt, and left the Crown with
~ large amount _of mercury that could serve no pu.rpose. Finally, although
1t was true that m New Spain and Zacatecas-Pánuco, there was this stock of
~me 2,558 quintales, that quantity was far less than the depósito issued
m 1590 to those same areas (5,149 quintales). That is to say, the depósito
system, by which a refiner's stock of mercury was to be rnaintained at a
co~~t leve}, had failed. The refiner had been using up his individual
?eposito, and presumably not declaring sorne of the silver had produced with
1t, so as to save himself part of the royal tenth due on output. This tax
ev~ion did not increase the mercury debt; but on silver not declared, the
vemteno was not collected, which meant that the 1590 debt was not bein
paid off as it should have been.
g

Viceroy Monterrey, in paragraph 3 of the 'Relación...' concluded that
the Crown was not taking a great risk in tolerating the mercury debt. As
security, the refiners could offer their processing plants. They had many
guarantors (fiadores). (To obtain mercury on credit from the Treasury, the
refiner had to supply a guarantor) . And finally, the 1597 inspection had
shown that the refiners of New Spain and Zacatecas-Pánuco ( the only areas
referred to in the 'Relación.. .') had in stock at the time 2,558 ½ quita.les of
mercury worth 422,743 pesos de oro común.

. Despite Monterrey's reassurances of 1597, therefore, the Crown vas carrymg a large mercury d~bt that it _had little probability of collecting by any
means that would prov1de for 9ontmued high output of silver; and the Crown
was concerned that output should continue high. In the 1630's faced , 'th
•
'
VI
a pressmg need for immediate cash, the Crown did eventually grasp the nettle
and foreclose on the mercury debt. The cost was a severe depression of the
Mexican silver mining industry lasting until the final third of the seventeenth
c_en~ury. 11 In the first two decades of that century, attempts were made,
simil:11' to Velasc~'s in 1590, to recover the debt by encouraging silver produ~tJ.on through liberal issues of mercury. The result of this policy was onl
to mcrease the debt.
y

Monterrey was probably being over sanguine about the security of the
debt. The refiners claimed, according to paragraph 5 of the 'Relación.. .',
that the cash cost of building their processing plants had been 5 million
pesos de oro común. But the resale value of these haciendas depended on
market conditions at any particular time. If the Crown had foreclosed on the
debt ( as it eventually did in the 1630's) , seized the haciendas and offered
them for sale or lease, their effective value would have been far less than
the building cost. Neither was the existence of guarantors more than a token
of security, since the majority of guarantors were other silver refiners. The
mercury stock was similarly a poor form of secu.rity for the Crown, since
a large part of it, at the time of the inspection, was actually being used for
amalgamation, and was not readily accessible. Furthennore, what would it
• The debt may have been higher still, since the completeness of the figures shown
in the BL table for centres outside New Spain, is doubtful.
u This figure may be a slight understatement, since the BL table fails to mow
any dep6sito in 1590 to fifteen smaller centres in the Zacatecas, Guacliana and Guadalajara districlll.

,.

388

Silver production, 1590-97.
!he 'Relac~ón .. .' and the BL table contain information from wbich rough
estunates of silver production between J uly 1590 and February 1597 can be
made. The 'Relacion.. .' (paragraph 3) states that in that period total cash
sales of mercury by consumido in New Spain and Zacatecas-Pánuco were
about 2,500,000 pesos de oro común. The BL table does not show consumido
sales, but does record for all four districts receipts from the veinteno. From
both consumido and veinteno an approximation of production can be calcuJated.
.If the price of mercury is known then the quantity of mercury bought
w1th the 2,500,000 pesos de oro común under consumido can be found. Toen
if the correspondencia is also known, an estímate of silver output can ~
u For this, see Bakewell, Silver mining . .. , chs. 8 and 9.

389

�made. The price of a quintal of mercury in 1590 was 110 pesos de oro
de minas¡ from 1591 to 1597, 100 pesos de oro de minas.12 It is impossible to
know how much mercury was bought at each price; and for the purposes
of argument there is probably not much risk of clistortion in assuming that
the average price from July 1590 to February 1597 was 101 pesos de oro de
minas. This type of peso was valued at 450 maravedís; the peso de oro
común at 272 maravedís. Therefore, the approximate amount of mercury
bought by consumido was: (2,500,000 x 272) / (101 x 450)
14,961.5
quintales. These figures, it should be repeated, derive from the 'Relación .. .'
and therefore refer only to New Spain together with Zacatecas-Pánuco. This
however, was clearly not the total amount of mercury used betwecn 1590
and 1597, since, as mentioned before, the dep6sito declined substantially in
that period (by 2,591 quintales), and tbe quantity of mercury by which thc
depósito fell was pr~umably also used for refining. Therefore, in New Spain
and Zacatecas-Pánuco, total mercury consumption was 14,961.5
2,591
17,552.5 quintales. At a correspondencia of 115 marks of silver per quintal,
silver output would therefore seem to have been 2,018,537.5 marks; or, in
rough terms, two million marks.

=

+

=

Using information from the BL table, it is possible to go from this estimate
of production in New Spain and Zacatecas-Pánuco to one of total output in
Mexico. The table gives apparently complete information on the nw:nber
of functioning refining milis in ali four districts. The total number of such
mills in ew pain and Zacatecas-Pánuco is shown as 237. On average
each rnill thus yielded 8,517 marks of silver between J uly 1590 and F bruary
1597. The total number of milis shown for ali Mexico in the BL table is
373. Total output in Mexico was therefore in the regíon of (372 x 8,517)
3 1681324 marks in that same period. (This calculation assumes that the
number of mills had not varied between 1590 and 1597 · and that the output of
each mill was tbe sarne. Both these assumptions are unwarranted, but not so
much so as to invalidate the calculation.) lt should be emphasised that this
figure of sorne three million marks refers to production by amalgamation only,
and that to it should be added production by smeltmg, which will be men-

=

tioned in due course.
The veinteno may also be used to make estimates of production, since it
was supposedly a twentieth of all amalgamated silver produced. The BL table
shows veinteno colle ted in each of the regions between July 1590 and
u Bakewell, Silver mining . .. , p. 172.

390

February 1597, Íl1 pesos de oro común. These may easily be converted into
production figures in marks. 23 Veinteno and production figures are then as
follows :

Region

veinteno
(pesos de oro común)

production
(marks)

ew Spain
Zacatecas
Guadiana
Guadalajara

396,619
195,259
13,596
62,847

906.558
446,306
31,077
143,650
1,527,591

The total output suggested by the veinteno figures is therefore only about
half the three million or so marks calculated from the consumido. What can
account for this wide discrepancy? First, it is likely that the veinteno was
not fully collected, so that calculations of output derived from it are likely
to be on the low side.H Secondly, the correspondencia of 115 marks per
quintal of mercury, u ed above, may be too high for this period as a whole.15
Thirdly, it is likely that sorne of the mercury paid for under consumido had
not yet yielded si]ver at the time of the inspection of 1597. (There had been,
on the other hand, no carry-over of mercury from befare 1590 into the
period of Velasco•s new depósito of that year, since all mercury stocks were
recalled befare the new depósito was made.) These considerations, taken
together, suggest that output figures derived from consumido may be too
high, and those derived from vemteno too low. As a very rough estímate
of total silver production by amalgamation in the four regions from mid 1590
to early 1597, a figure of 2,5001000 marks is not implausible.
" le., marks of 2380 maravedís si!ver.

the accepted standard fincness of amalgamated

,. Cf. AGI México 23, ramo 2, No. 35 - an advertimiento of Viceroy Velasco II
to bis successor, the Viceroy Conde de Monterrey, dated México 20 January 1596.
Velasco complains that miners have avoided paying the veinteno by not bringing silver
to the Treasury.
,. Cf. AGI México 23, ramo l, o. 9 - Viceroy Velasco II to Philip II, México
4 April 1595. Velasco reports that in 1590 he ordered mercury distribution by consumido at a correspondencia of 115 in New Spain, and 140 in Zacatecas. But he has
recently lea.med that at Zacatecas the curre,nt ratio of silver gained to mercury lost
is 100 marks per quintal; and so has ordeted a correspondencia of 100 to be
generally observed in Mex:ico.

391

�To this amount mu.st be added production by smelting. This cannot be
calculated from any data given in the BL table. The sixth paragraph of the
'Relación.. .', however, gives sorne information about smelting, mentioning
Zimapán, lxmiquilpan, San Luis Potosí and Sichú as smelting centres ( congregaciones). It is stated that the last two were the most productive, and the
'Relación.. .' suggests that with encouragement from the Crown in the form
of subsidised supplies, they alone might together yield 100,000 marks of
silver a year. It does not indicate how much Zimapán and lxmiquilpan
produced; nor does it re fer to any production by smelting in the amalgarnation centres, though sorne did undoubtedly take place, since smelting was
the most economical way of refining the pockets of very high grade ore that
were occasionally found. All considered, a total smelting output of 150,000
marks a year seems reasonable. To.is would be in addition to an annual amalgamated output between July 1590 and February 1597 of roughly 370,000
marks - giving a total annual output in Mexico from all silver mining centres,
by ali methods of refining, of 520,000 marks. Given the amount of guesswork
entailed in arriving at this figure, it would be wise to round it off still further,
to half a million marks.
The state of the industry in 1597.
A little simple analysis of the information given m the BL table makes
it possible to assess the state of the silver industry in the four regions. In
makinab this assessmentJ it is convenient to consider information about refining plant separately from that on labour.
The predominant position of New Spain in silver rnining at this date is
perfectly clear. It had by far the largest numbers of refiners (mineros),
functioning refineries ( haciendas en beneficio) and stamp mills (ingenios.)
Table I, which ranks the dozen largest rcfining centres of Mexíco, judged
by the number of ingenios they had, clearly demonstrates this predominance
of New Spain: it had eight of the twelve leading centres, and only one centre
in New Spain (Ozumutlan) did not fall in the top dozen. ew Spain also
had by far the largest number of functioning refineries and of refiners. ( See
Table 2.) Next in ranking, to judge by these same criteria, came the Zacatecas
district; then the Guadalajara district; and finally Guadiana.
Oalculation of sorne basic ratios, however~ suggests differences in the industry's vigour in the four regions - differences that do not wholly correspond w~th the ranking made according to plant. Of particular interest are
the ratios between the nu.mber of ingenios in a district and the number
392

of mineros (1/M), and between the number of ingenios and the number of
haciendas en ben.eficio (1/H). The ratios in the four regions are as follows:

New Spain
Zacatecas
Guadalajara
Guadiana

1/M

1/H

1.31
2.01

1.57
2.40

1.14

1.14

0.92

1.00

The Zacatecas district, therefore, bad on average a larger number of stamp

milis per refiner, and a larger number per refinery, than any other d.istrict.
Tbe processing capacity of individual refineries in tbe Zacatecas district was
thus probably correspondingly greater than elsewhere, and investment in
fixed capital by individual refiners also would seem to have been larger. The
centres in the Zacatecas district where these tendencies were most evident
were: Avino (1/M and 1/H of 4.67), the twin centre of Fresnillo and San
Demetrio (I/M and 1/H of 3.13), San Martín, Las Nieves and Santiago
(all three with 1/M and 1/H values of 2.5), and Zacatecas-Pánuco (1/M
1.91 and I/H 3.25.) Few centres in ew Spain and the other two district.s
had values approaching these. Other things being equal, the Jarger capacity
of refineries in the Zacatecas district, and the higher ratio oí individual investment there, suggest a greater buoyancy and confidence in the Zacatecan
mining .industry than elsewhere -a sense of richer prospects. This expectancy
was borne out by the rapid rise of silver production in the Zacatecas district
between the final years of the sixteenth century and the mid 1620's.18
There is sorne indication, indeed, that from 1590 on the Zacatecas district
had e;cperienced a greater prosperity than the other regions, in that the
rate of veinteno payment per refiner had been far higher there than in
the other districts. The following table illustrates this. It shows veinteno
payments between mid 1590 and early 1597.
veinteno paid

veinteno/mineros
( pesos d, oro

( pesos de oro
District

común)

mineros

común)

Zacatecas
New Spain
Guadalajara
Guadiana

195,259
396,619
62,847
13,596

89
261
56
26

2,193.9
1,519.6
1,122.3
522.9

11

Bakewel!, Silver mining .. . , pp. 241-2.

393

�Toe high veinteno payment in the Zacatecas district is all the more striking
when the reported difficulty of enforcing veinteno collection there is taken
into account. (See note 14 above.) Doubtless, collection was also incomplete
in Guadalajara and Guadiana since they were areas just as remote as Zacatecas from the centre of Spanish administration. But the indicated rate of
veinteno payment in those areas is so much lower than the one in Zacatecas
that there' can be little doubt that the figures shown here provide an accurate
ranking. A further sign of Zacatecas' lead here is that the BL table, from
which the above data are taken, records veinteno payments for all centres
in New Spain, Guadalajara and Guadiana, but fails to show any such receipts
for si.x of the minor centres of the Zacatecas area.17 Even with this omissionJ
the table shows the Zacatecan refiners making significantly higher veinteno
payments than their fellows in other distcicts. If the nineteen refiners of the
centres for which the BL table shows no veinteno payments are excluded
from the calculation, then the remaining seventy refiners of the Zacatecas
district paid on average, from 1590 to 1597, 2,789.4 pesos de oro común
in veinteno - almost twice as much as the refiners of New Spain.
A further sigo of Zacatecas' vitality is that had the smallest proportion
of dísused refineries (haciendas caídas) to functioning ones (haciendas en
beneficio) of the four districts, as is shown in the following table.

A.

B.

District

Haciendas en
beneficio

Haciendas
caldas

Zacatecas
New Spain
Guadalajara
Guadiana

75
217
56
24

14
47

46
32

B as percentage

A+B

89
264
102
56

of A

+B

15.7
17.8
45.1
57.1

The decay of at least the refining section of the silver industry in Guadiana
and Guadalajara is clearly shown by these figures. It is very likely that the
high percentage of disused refineries in these regions also reflects a decline
in or~ extraction. Mining itself might have continued at a level commensurate
with the former number of working refineries, ,vith ore being sent to New
Spain or the Zacatecas district for processing. Butt the high cost of freight
makes that procedure unlikely.
I.e., Las Nieves, Santiago y San Marcos, Chalchihuites, Santiago, Hacienda del
Capitán Urdiñola, Mazapil.
17

394

One final point of interest about plant indicated by the BL table is the
difference in power sources apparent among the four regions. The stamp
mills of the haciendas required considerable energy; and washing vats were
sometimes also power driven. 18 Two sources of adequate energy were available
-water and animals. 19 The numbers of ingenios driven by each source in
the four regions were as follows:

District

Water
powered

Animal
powered

Total

New Spain
Zacatecas
Guadalajara
Guadiana

167
7
25
6

174
168
39
18

341
175
64
24

Water
Animal
powered
pow1red
as% of total as% of total

49
4
39
25

51
96

61
75

In no region did water power predominate - though it drove almost
half the ingenios of New Spain. In Zacatecas it was almost unknown - only
being used in Fresnillo, Chalchihuites, Avino and the Hacienda of Captain
Francisco de Urdiñola, aU of which were sited on or near strearns of sorne
size and permanence. The variations in power sources were naturally the
result of differences of climate and land fonn, both between and within
regions. New Spain was on the whole wetter and hillier than the other
areas - providing more fast strcams and more opportunities for damming
them than existed elsewhere. But even in ew Spain there were considerable differences from centre to centre. Zacualpa, for instance, had 23 water
powered stamp milis, but only 3 powered by animals. It lay in a area of
seasonal and only moderate rainfall, to the south of the volcano called the
evado de Toluca. But this was an area of deep valleys cut by streams, which
were presumably used to drive water wheels.20 Guanajuato, conversely, had
44 animal powered milis, but only 2 driven by water. It like the centres
of the Zacatecas district to its nort-west, was in an area of low rainfall - but
also one of wide plains, which were as suitable for raising large nurnbers of
mules as they were unsuited to building daros.
For a description of was.hii:ig vats, see Bakewell, Silve, mining. .. , p. 267.
The animal most commonly used was the mule. The BL table has a column for
'ingenios de mulas' for ew Spain and Zacatecas. For the Guadiana and Guadalajara
districts the corresponding column is headed 'ingenios de caballos'. It is uncertain
whether any differentiation was intended.
• Peter Gerhard, A guide to the historical geography of New Spain, (Cambridge,
England, 1972), p. 397.
11

'

1

395

�Labour.
The BL table provides an interesting conspectus of the labour force employed in the m.ining industry. In sum.mary, the situation was as follows. (See
Table 3 for infonnation on labour in individual centres.)

District

.~

Ncw Spain
Zacatecas
Guadal ajara
Guadiana
Totals

Black slaves
( esclavos)
Total
%

Free lndian
wage workers
(naborEos)
Total
%

Draft lndian
labour
(repartimiento)
Total
%

892
200
110
61

14.6
9.3
16.4
27.1

3582
1956
559
164

58.8
90.7
83.6
72.9

1619

1263

13.8

6261

68.5

1619

o
o
o

26.6

Total
labour
force

o
o

6093
2156
669
225

17.7

9143

o

The BL table refers merely to esclavos
not specifying whether they
were Indian or black. The likelihood is that they were black, since although
Indian slavery was not unknown in the late sixteenth century, nor even in
the late seventeenth, especially in tbe nort, Indian slaves were usually specifically identified. Naboríos were in effect free Indian labourers, lúred for a
wage by mineros. R epartimiento lndians were those drafted into tasks of
general public utility, under Spanish reguJations imposed mainly in the late
1570's. 21 The BL table appears to record the whole of the mining industry's
labour force - that is, employees both in extraction and refining; there is no
indication in the table, nor in the 'Relación.. .', that the labour infonnation
given applies to only one task or the other. 22
The most remarkable revelation of the BL table concerning labour is,
n For further information on labour in general, and particularly in mining, see:
Woodrow W. Borah, New Spain's century of depression, (Ibero-Americana 35, Berkeley and Los Angeles 1951), pp. 30-44; Bakewell, Silver mining.. . , pp. 124-9;
Robert C. West, The mining community in northern New Spain: the Parral mining
distri,t (Ibero-Americana 30, Berkeley and Los Angeles 194-9), ch. $¡ Brading and
Cross, 'Colonial silver mining ...', pp. 557-60.
22 The BL table indicates that in 1597 there were 1014 naborfos in Zacatecas and
Pánuco. Bishop Alonso de la Mota y Escobar, visiting Zacatecas at sorne time between
1602 and 1605, found approximately 1,500 Indians working in all sections of the mining
industry. Allowing for the fact that Zacatecas' silver output grew considerably between
1597 and 1605, it seenu reasonable to suppose that the 1014 naboríos of 1597 were

396

undoubtedly, the very small size of the work force. There were fewer than
10,000 workers in the whole of the silver industry, producing two-thirds of
the value of Mexico's exports to Europe at the end of the sixteenth century. :u
The smallness of the figure tends to reinforce earlier arguments u that the
decline of the Mexican native population in the sixteenth and early seventeenth centuries was not the major determinant of the mid-seventeenth century decline of the m.ining industry. 25
A second notable feature of the industry's labour force, clearly shown by
the BL table, is the preponderance in it of free-wage workers. They comprised
almost 70% of all labourers in 1597. There were almost as few forced Indian
labourers as there were black slaves. Woodrow Borah, using the incomplete
version of the table held by the Bancroft Library, stressed tlús prevalence of
free labour in his now classic essay. New Spain's Century of Depression, pointing to it as typical of the response of the Spanish economy of sixteeenth
century Mexico to the decline in lndian numbers. 26 That is, as a great part
of the native population existing at the time of the Conquest vanished, the
Spaniards brought into operation a series of labour systems that ensured
them a progressively larger share of the remaining Indians' labour time. The
final step in this series was the coming, and rapid expansion, of free wagelabour, which gave Spanish employers complete access to the work-effort of
those Indians they chose to hire. The Bancroft table used by Borah does not
show, however~ any information for the Guadalajara and Guadiana districts,
nor for the Zacatecas district beside Zacatecas and Pánuco themselves. The
those working in both extraction and refining and that the BL table's labour data for
other regions also apply to both extraction and refining. See Alonso de la Mota
y Escobar, Descripción geográfica de los reinos de Nueva Galicia, Nueva Vizcaya y
Nuevo León (Instituto Jalisciense de Antropología e Historia, Guadalajara, 1966),
p. 66.
20 See Fran~is Chevalier, 'Les cargaisons des flottes de la Nouvelle-Espagne vers
160.0' (Revista de Indias, Año IV, No. 11, 1943, pp. 323-30), p. 329. Indeed, the
proportion of silver in the export to Europe may have been larger even than this,
since Chevalier refers to 1609, by which time the value of non-metallic exporta from
Mexico to Europe had risen well above ia level of the fmal years of the sixteenth
century.
" E.g., in Bakewell, Silver mining... , pp. 199-201¡ and D. A. Brading, Miners
and merchants in Bourbon Mexico, 1763-1810, (Cambridge, England, 1971), pp. 9-10.
• For a discussion of the decline, see Brading and Cross, 'Colonial silver mining'... ,
pp. 568-74. The major restraints on the industry in the seventeenth century seem
to have been lack of mercury, depletion of ores, and - until the final third oí the
century - lack of capital.
• Pp. 37-8.

397

�total absence of repartimiento in these areas adds strength to Borah's argument. Repartimiento, it is true, still persisted in ew Spain, providing just
over a quarter of mining labour there. Draft labour was clearly more firmly
rooted in New Spain than elsewherc, since Central Mexico had from long
before Conquest a denser and more scdentary native population than the
other areas under discussion here. It is thus a region in wbich repartimiento
was easier to implement.
The social implications oí this prevalence of free wage-labour in the
mining industry still remain to be investigated. Naborías seem, by the late
sixteenth century, to have formed a compact professional mining force, more
completely a part of the Spanish economy of Mexico than other native
groups. Many of them Ji ed permanently in the mining towns, which were
largely new panish foundations, unfamiliar in form, and oíten in ]ocation,
to the Indian. (The northem mining centres, for example, were in areas
strange to the naborías, who carne mainly from Central Mexico). 1n Zacatecas, and presumably elsewhere, some naborías lived in the refining haciendas
themselves - others in the town, congregatin into barrios according to their
regional origins. Despite this attempt to find solidarity and cornfort in
gathering like with like, the rnining naborías must have been exposed to an
intensity of acculturative influences not experienced by the majority of lndians.
The history of this early industrial proletariat of native Mexicans awaits its
researcher. 27
Still unknown, also, is the extent to whi h these naborías were retained
by debt. The first paragraph of the 'Relación...', notes that they owed a
Iarge sum to their employers, and that these went to great expense to recover
naborías who fled without paying off their debts. These debts were presumably
contracted as advances of wages or o{ goods on credit against wages. Nevertheles, it is impossible to know whether the employers purposely allowed the
debts to arise in order to retain labour or whether they had to offer advanced
wages in order to attract scarce skilled labour in the first place. There is
evidence from Zacatecas that in the late sixteenth century the latter practice
was the origin of naborías' dcbts, and that, in fact, the debts were a singularly
ineffective means of retaining labour. 28
~ Eric R. Wolf has provided a highly interesting account of trus proletariat in
and around Guanajuato in the late eighteenth century, in 'The Mexican Bajío in
the 18th century: An analysis of cultural intcgration', Synoptic studies of Mexican
culture, ed. Munro S. Edmundson { ew Orleans, 1957).
21 Bakewell, Silver mining ... , pp. 125-6. Cf. the findings of William B. Taylor,
who suggests that in eighteenth century Oaxaca, a Spanish land-owner might compete

•

398

It should perhaps be said that there is no necessary contradiction between
the earlier statement made here that shortage of labour was not a majar
deterrninant of the rnining industry's seventeenth century decline and this
evidence of competition far naborías. What the employers sought was experienced mine labour. The native population never fell to so low an ebb
that it could not supply the few thousand skilled workers needed in rnining,
though employers might have to bid ever higher to secure the skilled labour
they wanted. The cost of mine labour seems therefore likely to have risen
as the total lndian population fell. In this sense the decline of the native
population acted to depress the mining industry. But even this was a less
severe cause of the industry's difficulties in the seventeenth century than
the shortages of capital and mercury that beset it from about 1630 onwards. 29
The relatively small proportion ( about 14%) of black slaves in the work
force may seem surprising, in view of the heavy nature of rnining tasks and
the Spaniards' common belief that the black was physically superior to the
lndian.80 But it was soon found that blacks died quickly when put to underground mine labour, and that in general they tended to sicken easily in the
cool conditions of the high Mexican mining towns. Heavy mortality, added
to the high capital cost of black slaves, thus meant that they were used
rather little in the rnining industry. 81
The BL table lists fifty silver mining centres in Mexico (if the double
centres, such as Zacatecas-Pánuco, are counted as one) . Three of these, in
the Guadalajara district, were apparently abandoned, having neither refineries,
refiners nor workers. Presumably, though, to merit inclusion in the table,
they had been active fairly recently. These 50 centres contained 604 ingenios.
On average, therefore, they had about 12 eacl1; though in fact the distribution of ingenios among them was very unequal. The twelve leading centres
shown in Table I had 460 ingenios - or 76% of the total. It is therefore
explicable that the history of Mexican silver mining in the early to rniddle
Cor Indian labour by offering a higher cash advancc than his neighbours. See Landlord
and peasant in colonial Oaxaca {Stanford, 1972), pp. 149-50.
'" For an account of the decline of one of Mexico's major silver mining districts,
that of Zacatecas, see Bakewell, Sílver mining . .. , clu. 6-8. It must be admitted that
the degree to which the Zacatecan case was typical is not yct known.
• J. l. Israel, Race, cla.ss and politics in colonial Mexico, 1610-1670 (Oxford
1975), p. 67.
ii Israel, Race . .. , pp. 25-6. For similar observations about the use of black slaves
in Peruvian mines, see Frederick P. Bowser, Tht A.frican slave in colonial Peru, 15241650 (Stanford, 1974), pp. 13-14, 119.

399

�colonial period should be dominated by a small number of great names.
But the importance of the lesser centres sbould not be underestimated. The
existence of eacb was the outcome of arduous exp]oration, which, though
mucb of it was íruitless, represented an addition to panish knowledge, and
sometimes scttlement, of outlying regions. Eacb centre, Jarge or small, stimulated the growth around it of a n w local economy, developing to supply the
mines with food, animals and raw materials. Long-distance trading also grew
up to link the centres, and incidentally to increase the intensity of Spanish
occupation of Mexico.

Table 1

Perhaps the most striking conclusion to emerge from this study of the
BL table is tbe predominance of the mines of ew Spain. There has been
a tendency, doubtless reinforced by the earlier work of this author, to assume
that after the strikes in the Zacatecas district in the mid-sixteentb century,
tbe majori.ty of Mexican silver carne from the mines of tbe northem pJateau. The BL table, however, shows ew Spain still dimonant in 1597, with
the central mines of Pachuca and Ta.icco leadin tbe fieJd by a large margin.
Accorcling to the veinteno record (see 'Production' above) New Spain was
yielding two-thirds of Mexico's silver in the 1590's. Even making a large
allowance for the vagaries of the veinteno figures, it can hardly have been
producing les, than half Mexico's total. The first great silver age of the
nortbem plateau tberefore seems to have come in the early decades of the seventeenth century, with the great boom at Zacatecas, the prosperity of San
Luis Potosí (in the AGI 'Relación' ... a budding producer, still regarded
as a smelting centre), and the Parral strike of the early 1630's.

The hvelve largest refining
ingenios.*
centres of Mexico m 1597, by numbers of

Ce1itre
l.
2.

Region

Pachuca
Taxco

ew

pain

ew Spain

3. Zacatecas + Pánuco
4. Guanajuato
5.
ultepec
6. Zacualpan
7. Cuautla
8. Fresnillo
an Demetrio
9. Tlalpujahua
10. Sombrerete
11. Temaxcaltepec

+

12. San Martín

Zacatecas
ew pain
ew pain
ew Spain
New Spain
Zacatecas
ew Spain
Zacatecas
New Spain
Zacat cas

Ingenios
82
81

65
46

40
26
26
25

19
18
17
15

•. The_ signüjcance of the ranking in trua table
aJJ mgemos were of roughly th
.
depends on the alsUlllption that
e aame s12e and millin
.
that at present this asumprion cann be
.
g capaaty. It must be adnritted
ot
verified As f
be
b

ta

111

le, ali these ingenios were operab·

ve an

d f

• . . ar as can
anclionmg.

seen from the BL

400

401
h~manitu-26

�Table 2(b)
~a.catecas district. Mining centres, ranked by numbers of ingenios, with
ref.uung plant and refinen;.
Table 2(a)*
New Spain. Mining centres, ranked by numbers of ingenios, with refining
plant and refiners.
Haciendas

Centr,

Pachuca
Taxco
Guanajuato
Sultepec
Zacualpan
Cuautla
Tlalpujahua
Temaxcaltepec
Ozumutlan
Totals

Total
ingenios

82
81
46
40
26
26
19
17
4
341

Ingenios
de mulas

Ingenios
de agua

Mineros

en
beneficio

59
36

52
61

49
47

44

2

29

23

23
3
23
13

17
23

35
23
14
19
18
10

29

261

23
45

o
o
174

3
6
17
4
167

Haciendas
caldas

3
14
6
7

2

21
16

o

10

9

18

o

4

6

217

47

Centr,

Total
ingenios

Haciendas
Ingeniar Ingenios
de mulas de agua Mineros

en

beneficio

Haciendas
caídas

14

Zacatecas +
Pánuco

65

65

o

34

20

Fresnillo+
San Demetrio

25

24

1

8

8

Sombrerete

18

18

12

12

San Martín

15

15

6

6

Avino

14

11

3

3

Las Nieves

10

10

4

4

Charcas+
La Habana

9

9

7

7

Chalchihuites

6

5

6

6

Santiago

5

5

2

2

Mazapil

4

4

4

4

Hacienda del
Capitán Urd.iñola

4

2

1

1

2

2

89

75

3

1

2

Santiago+
San Marcos

Totals

175

168

7

14

• In Tables 2 and 3, blanks and noughts appear as in the BL table. The spelling
of place naxnes has, where possible, been modernised.

402

1-03

�Table 2(c)
Guadalajara district. Mining centres, ranked by numbers of ingenios, with
refining plant and refiners.

Total
ingenios

Ingenios
d,
caballo

[Etzatlan?]

11

10

1

8

8

Ocotitlan

10

6

4

10

10

Tenamache

7

6

1

6

6

Chimaltitlan

7

o

7

6

6

C,ntr,

Ing,nws
d, agua

Haciendas
en
Mineros beneficio

Haci,ndas
caldas

Izatlan

•

Guajacatlan
+ Apala
Real de anta Ana

4
4

4

4

4

4

4

TABLE 2(d)
Guadiana district Mining
refining plant and refmers.

9

San Andrés

4

Chiametla

4

2

2

3

3

Moloya

4

2

2

2

2

17

Jocotlan
+Jora

3

1

2

3

3

8

Espíritu Santo

2

1

1

2

2

7

H uauchinango

2

1

Ostoticpa

2

1

Zacatongo

2

o

an Felipe
Tecorito

1
1

2

2

2

2

2

2

2

1

1

1

1

1

1

1

an Pedro Analco

Centre

Topia
Mapinú
Guanaceví
Santa Bárbara
Los Papudos
Todos Santos
Coneto
El Caxco
San Bernabé
Indé
Totals

entres, ranked by numbers of ingenios,
with

Total
ingenios

Ingenios
de caballo

Ingenios
de agua

6
5

3
3
3

2

3
3
2

3
2

2

1
1
1

24

3

1
1
1

18

Mineros

3
6
3
4
3

3
3

l

2

2
1
1
1
1
6

Hacúndas en Haáendas
beneficio
calda.s

26

3
6

5
2

4
10
l

2
1
l

7
4
1

24

32

4

an Gerónimo
El Carrizal
TotaJs

64

39

25

56

56

46

404

",

405

�TABLE 3(b)
Zacatecas district. Mining centres, ran.ked by numbers of labourers, with slaves
and naboríos. There is no repartimiento labour.

TABLE 3(a)
New Spain. Mining centres, ran.ked by numbers of labourers, with slaves,
naboríos and repartimiento Indians.
Slaves

Naboríos

Repartimiento

Total labour

Pachuca
Taxco
Guanajuato
Cuautla
Zacualpan
ultepec
Temaxcaltepec
Tlalpujahua
Ocumutlan

109
266
42
178
117
130

o

1168
834
415
244
364
222
172
137
26

394
406
166
200
126
66
133
113
15

1671
1506
623
622
607
418
351
254
41

Totals

892

3 582

1619

6093

Centre

Centre

Zacatecas
Fresnillo

+ Pánuco
+ San Demetrio

Hacienda del Capitán Urdiñola

46
4

Slaves

Naborlos

Total labour

130

1014

1144

22

230

252

10

120

130

121

121

Avino
Sombrerete

8

106

114

Mazapil

3

94

97

1

83

84

6

71

77

20

27

47

44

44

Chalchihui tes

29

29

Santiago

17

17

1956

2156

Charcas

+

La Habana

an Martín
Las Nieves
antiago

Totals

+

San Marcos

200

�TABLE 3(c)
Guadalajara district. Mining centres, r~~ed by numbers of labourers, with
slaves and naboríos. There is no reparturuento labour.
Slaves

Naborlos

Total labour

Chimaltitlan en Guadalajara

26

137

163

Ocotitlan

18

65

83

3

63

66

35

24

59

Centre

. ••

Tinarnach.e en Guadalajara
Chiametla

43

Moloya

42

Izatlan

40

40

4

33

37

2

31

33

10

20

30

25

25

23

25

24

24

11

20

Huauchinango

14

14

Espíritu Santo

7

7

Guaxacatlan
Xocotlan

+

Apala

+ Xora

San Felipe
Cacatongo
Tecorito

2

Ostoticpac
Real de Santa Ana

9

Guadiana district. Mining centres, ranked by numbers of Jabourers, with
slaves and naboríos. There is no repartimiento Jabour.
Centre

Slaves

Naborías

Total labour

Topia

51

51

102

25

35

Guanaceví

28

28

Mapimí

24

24

Los Papudos

15

15

Santa Bárbara

12

12

Todos Santos

4

4

Coneto

4

4

Indé

1

1

164

225

San Andrés

San Gerónimo
El Carrizal

110

559

669

10

El Caxco
San Bernabé
Totals

San Pedro Analco

Totals

TABLE 3(d)

61

I

�EL CAPITÁN ALBERTO DEL CANTO
(SU VIDA Y SU OBRA)

J.

DR.
DE JESÚS DÁVILA AGUlR.RE
Del Ateneo ''Fuentes" de Saltillo

desconcertante personalidad del Fundador de Saltillo,
Monterrey y Monclova; Explorador, Pacificador y Poblador. Recopilación
de los datos que sobre su vida y actividades se han podido conocer hasta
la fecha.
SEMBLANZA DE LA

La controvertida personalidad del Capitán Alberto del Canto ha sido hasta
la fecha poco estimada por los historiadores. El ameritado cronista del Noreste de la Nueva España -el Capitán Alonso de León, en su "Historia de
Nuevo León, con noticias sobre Coahuila, Tamaulipas, Texas y Nuevo México", escrito en el siglo XVll- ¡ólo hace dos pequeñas referencias a él, aunque muy in~eresantes.
A partir de él, nadie vuelve a recordar a este personaje que descollara en
el último tercio del siglo XVI y principios del XVII como: Explorador,
Descubridor, Conquistador, Pacificador, Poblador, y muy principalmente
como Fundador de algunas de las más importantes poblaciones del Noreste, como son: Saltillo, Monterrey y Monclova.
Vito Alessio Robles, en su monumental trabajo "Coahuila y Texas· en la
Época Colonial", al encontrar en sus investigaciones sobre don Francisco de
Urdiñola ( a quien por muchos años se atribuyó la fundación de Saltillo),
que fue en realidad el Capitán Alberto del Canto quien lo fundó, y que
también fue su primer Alcalde y quien repartiera las primeras Mercedes
entre sus pobladores, como consta en el Título de Composición del Marquesado de San Miguel de Aguayo, despierta el interés de los historiadores
sobre la pel"sona de Alberto del Canto, y aporta a !U vez valiosos documentos sobre él.

411

�Don Wigberto Jiménez Moreno, uno de los más brillantes investigadores
de nuestra época, al descubrir en 1951 en el archivo de Parral, Chihuahua,
un importante documento sobre el Noreste, el cual es conocido como el
"Documento del Parral", da lugar a que se aclaren numerosas dudas, y revive el interés de los historiadores.
El mencionado Documento, es una carta que Don Luis de Valdés: Gobernador de la Nueva Vizcaya, dirige a Don Martín de Zavala: Gobernador
del Nuevo Reyno de León, reclamando la jurisdicción de las minas de San
Gregorio y de Nuevo Almadén para su gobernación y notificando importantes cambios de funcionarios en su jurisdicción. El mismo Documento aclara
que el Fundador de la Villa de Santiago del Saltillo, del .:residio y ~oblación
de los Ojos de Santa Lucía -hoy Monterrey- y poblac1on de Cou1la -hoy
Monclova-, fue el Capitán de la Nueva Vizcaya Alberto del Canto: Al~!?e
Mayor de las minas de San Gregario, en cumplimiento de u~a Common
que Je fue conferida por el entonces Gobernador de 1a Nueva Vizcaya: Don
Martín L6pez de Ibarra, en el año de 1577.
Las investigaciones de Don Eugenio del Hoyo Israel Cavazos y otros
historiadores ampliamente reconocidos en nuestro medio, confirman estos
datos.
Trataré, con los escasos datos sobre Alberto del Canto que han podi~o
llegar a mí, de reconstruir la personalidad y ~ct~v~dades de este, personaJe.
Algunos datos, más parecen anecdóticos que lústoncos: _pero estan tomados
de fuentes dignas de todo crédito y son de una autentiadad fuera de duda.
De cuando en cuando he de basarme en simples conjeturas, pero aun éstas
tendrán una base lógica, habiendo algún día de comprobarse o desecharse.

El Capitán Alberto del Canto

mas

En el año de 1547, en la Villa de Praia Da Vitoria (Playa de la Victoria~:
en la Isla Terceira del grupo de las Azores, perteneciente a Portugal, nac10
Alberto del Canto Días, tercer hijo del matrimonio formado por Sebastiao
Martina Canto : escribano, y su esposa María Días Vieira. Constituían la
familia: los padres y siete hijos, los cuatro primeros varones y tres mujeres.
Alberto era pues, un hijo segundón, y éstos se veían obligados a seguir
la carrera eclesiástica, militar o a emigrar en busca de fortuna, pues los
bienes familiares correspondían por derecho al primogénito.
El adolescente Alberto del Canto, influenciado por las narraciones de
quienes regresaban de América, en donde las aventuras eran constantes Y

412

donde con un poco de suerte y audacia se podía en poco tiempo hacer fortuna, decidió emigrar a aquel lugar tan promisorio.
Ni en el Archivo de Indias, ni en las n6minas de la Casa de Contratación
de Sevilla, se ha encontrado algún dato sobre Ja fecha de su salida para la
Nueva ,España; ni referencias a su familia. Como en la ruta de las embarcaciones que venían a la Nueva España, era casi obligada la escala en las
Azores, es posible que en ellas, por algún medlo, lograra embarcarse aun
sin documentación, y un día desde la cubierta de la embarcación en que había
hecho el viaje, admiraría la lujuriosa vegetación tropical de la Vera Cruz;
muy probablemente en 1562.
De la Vera Cruz, pasó a México y de ahí a Guadalajara, en donde esperaba encontrar algunos familiares o conocidos. Fue ahí donde tuvo su
primer problema con las autoridades. Impulsado por su juventud, su audacia y su siempre irresistible pasión por las faldas, debe haber incurrido en
alguna falta. El temor de ser denunciado y la irregularidad de sus documentos, lo impulsaron a huir hacia Zacatecas, en donde sabía de cierto residían algunos familiares, antes de ser aprehendido.
No hemos podido encontrar ninguna relación del delito cometido; la
búsqueda ha sido infructuosa, pero aquello determinó su destino. Al no encontrar ninguno de sus familiares en Zacatecas, se dirigió a San Martín,
en donde buscando compañeros de su lengua y nacionalidad, se alistó como
soldado en el grupo que comandaba el tristemente célebre Martín de Gamón,
grupo compuesto principalmente de vizcaínos y portugueses, entre los que
encontraremos algunos que más tarde serían famosos en la conquista y colonización del Noreste.
Este grupo, bastante numeroso, tenía fama como pendenciero, revoltoso
y amoral; había participado en frecuentes motines y revueltas, por lo que

habían sido expulsados de Zacatecas. Habían participado en el motín que se
había suscitado entre Diego García Colio: Alcalde Mayor de San Martín
y el mismo Don Francisco de !barra: Gobernador de la Nueva Vizcaya
quien consideraba a San Martín dentro de su jurisdicción.
Precisamente en el grupo de Gam6n, militaban Diego de Montemayor,
Manuel Mederos, Gaspar Castaño de Sosa, Juan Pérez de los Ríos, Baltazar
de Sosa y Juan Navarro ; entre otros que con frecuencia encontraremos en la
colonización del Noreste; formaban parte del mismo grupo hombres que
habian acompañado a Ginés Vázquez del Mercado en su fracasada expedición hacia el norte de Zacatecas, en donde creyendo encontrar una montaña de plata a la margen norte del Guadiana, sóJo encontró una de hierro;

413

�de Zacatecas y regiones vecinasº
todos ellos eran grandes conocedores del nolrte 1 tar en la avidad de 1562
F
·
de Ibarra a rec u
por lo que Don rancisco 1
.' ta de la Nueva Vizcaya, les dio preciento sesenta soldados para a conquis
f erencia; ya entre ellos iba Alberto del Canto.
.
.
,
ascendiente sobre Don Francisco a qmen
Martín de Gamón, terua gran
dre
ro esto no fue obstáculo
hi ·
este llamaba a Gamón Pª , pe
G ,
llamaba JO, Y
.
d las continuas quejas que de amon
para que, cansado D_on Fran:1sco e íble conducta, le mandara dar garrote
recibía por sus tropelías y su mcorreg1
en el Valle de San Juan en 1563.
, 11 d a ser nombrado Maese de Campo
A la muerte de su jefe que. hab1a ega : sabiendo que habían perdido el
en las tropas de Don Francisco, el grup 'po de ellos entre los que estaban
n.,,._
se dispers6 pero un gru
favor d e .ivaua,
&gt;
fiº
campo de acción en el oreste
Montemayor,. Del Canto ~
s:acían frecuentes "entra~as" para
de Zacatecas. en Mazap ,
. ..
tilidades en los romerales y
hacer esclavos que luego vendían con pmgues u

º:C:~ J::

estancias de la región.
.
. aban entradas por el centro y sur de uevo Le6n
Desde Mazapi1 orgaruz
bl das de naturales esto les dio opory Coahuila; regiones densamente po a
.,
e f~rmaba parte de la
tunidad de conocer a fondo una extensa region qu
Gran Chichimeca.
.
. .
de su estancia n América entre IDU1eros, y
Habiendo vmdo gran .p~teto de ellos aprovechaban sus entradas para
adquirido muchos conocu:ruen s
, . d mm· erales y stable er ccn· d. an la presenoa e
,
buscar señales que 1es 1n icar
.
. . to. deb haber sido en
celerar su ennquecnruen
di
tros mineros que pu eran a di .
el sur de Nuevo León, cuando,
d estas expe c1ones por
.
el curso d e una e
. . .
1
una de las prolongaciones
l Mumop10 de Ga eana, en
l
h
en lo que oy es e .
.
1iz do hayan descubierto en las ancamente romera a ,
saltill
del udo
ense,
· · to de plata que por 10
o huellas de un yaClDllen
'
deras de un enorme . cerr ' 1 f
li do por sus descubridores el nombre
promisorio de gran nqueza, e ue ap ca b lsó de mineral que pronto se
, M
¡ larga, resultó sólo un
n
de Potoss1.
as ª
d d
Ha aventura en las laderas, nud
do
como
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e
aque
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d
aún
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agot , que an
ad
al pie del cerro un pequeño pobla o que
merosas calas abandon as Y
. .., con el nombre del Potossí.
persISse
,,
ta
b''
s " entradas para resca r
Los expedicionarios aprovechaban ~ ien s~cáreas que se forman en el
al ., "Bezoares" concreciones ca
"Piedras ¡es _es do algunos ~antes del género capra. A estas pie~ras por
aparato ~nvo e
di .
árabe se les atribuían virtudes maravillosas y
reminiscencia de la me ona
'
.
,
la ,
gran estimación y alto precio.
teman en
epoca

ª

°

La audacia, valentía e iniciativa de Alberto del Canto, su personal simpatía y su espíritu alegre y emprendedor, hicieron que pronto se le nombrara
Caudillo, y poco tiempo después, Capitán de las Milicias de la Nueva Vizcaya;
como tal lo encontramos con el nombramiento de Alcalde Mayor en las
minas de an Gregario desde antes de 1577, minas cuyo descubrimiento se
atribuyó Carvajal cuando ya Del Canto las trabajaba con mineros de Mazapil
Estas minas debían su nombre a la procedencia de su descubridor y de los
mineros que las trabajaban, pues procedían de San Gregario de Mazapil.
Fue ésta otra de las grandes mentiras que inventara Carvajal para acrecentar
sus méritos ante la Corona.

Las minas de San Gregario, carecían de las instalaciones necesarias para
el beneficio y afinación de los metales, de ellas e"'traídos. Esto obligaba a
quienes las explotaban, a enviar por medio de recuas los minerales hasta
Mazapil para su beneficio; el viaje era largo y penoso, tenían que atravesar
una regióu salvaje, infestada de indios frecuentemente levantados, y hostiles
por la reacción que en ellos causaba el esclavismo.
El camino de San Gregario a Mazapil, pasaba por el Valle de Extremadura, donde después se fund6 en su primera población, los Ojos de Santa
Lucía, antecesora de Monterrey; seguía luego hacia el suroeste pasando por
el valle en que después se fundaría Saltillo· y un poco más al sur de este, se
bifurcaba siguiendo una de sus ramas para Mazapil y Zacatecas; y la otra
hacia el poniente, hacia la Villa del Guadiana, capital de la Nueva Vizcaya,
a cuya jurisdicción pertenecía San Gregario.
Teniendo el Capitán del Canto que recorrer este camino con frecuencia&gt;

es muy probable que baya propuesto a su Gobernador, Don Martín López
de !barra, que había sucedido a su tío Don Francisco de !barra en la gobernación, la fundación de una estancia a la mitad del largo camino y cerca
de la bifurcación. Esta estancia serviría como punto de apoyo, reposo y
aprovisionamiento de hombres bestias y alimentos para los viajeros. Creemos
que el Gobernador haya aceptado la idea, puesto que el año de 1577, dio
Comisión al mismo Alberto del Canto no sólo para que fundara la Villa
de Santiago del Saltillo, en el férteil valle provisto de abundantes aguas, que
era un oasis en el desierto; sino que también hiciera la fundación de un
presidio y poblara el Valle de Extremadura que también tenía abundantes
aguas y excelentes tierras. Este presidio constituiría un excelente punto de
defensa en las peligrosas regiones que el camino crll2aba. Se ordenaba también a Del Canto, la pacificación y asentamiento de los indios; tanto en
el Distrito de Potossí como en el de Couila, puntos sobre los que tendría
jurisdicci6n su Alcaldía Mayor.

415

414

�Es muy probable que en la primavera de 15 77, haya salido de la Villa
del Guadiana una expedición formada por dieciocho a veinte hombres al
mando del Capitán Alberto del Canto, llevando como capellán a1 franciscano
Baldo Cortés, quien sería el primer párroco de la Nueva Villa, pues por
disposición del Gobernador, el Saltillo nacería con la categoría de Villa. Los
caballos y bestias de remuda, estarían· cargados con provisiones e implementos de trabajo para iniciar las fwidaciones.
Entre los hombres que formaban la expedición, la historia ha conservado
los siguientes: Alberto del Canto, Capitán de la e&gt;..-pedición; el franciscano
Baldo Cortés, capellán del grupo; Diego de Montemayor, Juan Alonso, Juan
Navarro, Santos Rojo, Baltazar de Sosa, Gaspar Castaño de Sosa, Rodrigo
Pérez, Juan Erbáes, Manuel Mederos, Antonio Hemández Grimón, Pedro
de Murga, Juan Pérez de los Ríos, Luis Vogado Martín Pérez, Diego Muñoz,
Alfonso González, Cristóbal de Sagastiberri, y quizá algunos que escapan
a nuestro relato.
Al llegar a la bifurcación del camino, el grupo torcería hacia el norte,
para a poco andar, llegar al fértil valle en que se fundaría el Santiago del
Saltillo, llamando así a la nueva Villa, por haber sido fundada bajo la
advocación de Santiago Apóstol, y por el accidente geográfico del salto del
Ojo de Agua Mayor, que desde wia altura de cuatro metros se precipitaba
al fondo del arroyo a cuyas márgenes, un poco más al norte, se hizo la
fundación.
Una vez desbrozado de maleza el sitio elegido, que fue en el lugar en que
se encuentra la Plaza de San Francisco· con todas las ceremonias habituales, se plantó la Cruz de la Fundación; se señaló lugar para Iglesia, Convento, Casas Reales y Camposanto. Se pr ocedió en seguida a nombrar las
autoridades de la Villa, quedando como Alcalde Ordinario, el propio Capitán Alberto del Canto, quien procedió desde luego al trazo de las Calles
Reales y a repartir solares entre los fundadores.
Apenas iniciada la erección de la Villa, el Capitán del Canto, acompañado de un reducido grupo de soldados, se encaminó hacia el Valle de
Extremadura, para dar cumplimiento a la segunda parte de su Comisión.
Llegado a éI, escogió la parte del valle que se encontraba entre el Río de
Santa Catarina o de Monterrey y el arroyo que fonnaban las aguas de los
Ojos de Santa Lucía, para hacer la población. Fue ésta la primera fundación de lo que hoy es la ciudad de Monterrey.
Habiendo repartido sus gentes entre el Saltillo y Monterrey, es muy probable que haya vuelto al Saltillo, para reclutar gentes con qué seguir en el

desempeño d
Com1S1on.
· ·' Ya para su regreso, nuevos grupos de pobladores
,
e su
hab1an llegado a la nueva Villa, procedentes de la Nueva Vizcaya
d
Zacatecas. Debía también reabastecerse de provisiones bestias'
y
t
e
1
d
b'
.
,
yeemenos
_e_ tra_ ,ªJº, par~ ~ontinuar con la tercera parte de su encomienda: Ja pacificac1on del D1Str1to de Potossí y luego el de Couila.
El d~um,~nto ~el Parral, es muy claro en la parte correspondiente a la
letra, dice: Poblo el Valle de Extremadura y se llamó OJ'os de Santa L ,
h
.
ucia,
11
que . oy se ama cmdad de Monterrey, y prosiguiendo el orden que llevaba
de dicho gobernador de esta Nueva Vizcaya arriba mencionado pacificó el
pueblo de Potossí y Valle de Couila, descubriendo ..,...;.,.,.~
las ' cuales puso
~.........., a
por nombre La Trinidad ...".
En el S~till?, una vez integrada la expedición, debe haber partido hacia
el sureste, s1gwendo la vertiente occidental de la Sierra Madre hasta 11
1
., d
,
egar
a a ~1.on ensa.mente poblada de aborígenes de los que debe haber hecho
repa~ento entre los pobladores del sur de Coahuila, Haciendas de Patos
Castanuela y Parras.
'

~~ probable que en esta ocasión haya descubierto en el Cañón de las
~-tas, como se le llama hoy las minas a las que puso por nombre La
Tnrudad.
A ~esar_ ~e ~~ discrepancias que existen entre distintos autores respecto
a la 1dentif1cacion de esas minas nosotros nos m· clinam
és
. .
,
os a que tas son
las Mirutas,_por distintas razones: porque en el orden que señala el Docu~
men~o del Parra], la pacificación del Potossí, fue anterior a la del Valle de
C~uila; porqu~ en la región de Monclova, sólo sabemos de la existencia de las '
Mmas _de Cowla y las que luego descubriera Castaño de Sosa, habiendo sido
descubiertas las de Couila por los mismos expedicionarios de Alberto del
Canto en anteriores "entradas"; porgue es probable que las gentes de Alberto
~el Cant~ conocieran desde mucho antes la región de Potossí y sus posibi~dades mm eras; porque a sólo ocho kilómetros al poniente del Potossí está
situado el cañón de las Minitas que desemboca en el Valle del Potossí; sólo
a un centenar ~e metros al lado poniente de la Carretera General y dando
frente al ~otoss1, se encuentra una antiquísima hacienda llamada Ja Trinidad,
la_ que posiblemente fuera el lugar de aprovisionamiento y asentamiento de los
mmer~s de las
desde muy antiguo abandonadas. Tanto el poblado del
P~~O~SJ, como la Trm1dad y el Cañón de las Minitas, se encuentran en el murucrp10 de Galeana, en el sur de Nuevo León, al oriente de Mazapil y aproximadamente noventa kilómetros de Saltillo.

~ta_s,

116
417
huma.ni.tas-27

�I

Una vez cumplida esa parte de su Comisión, regresaría Alberto del Canto
al Saltillo, para organizar la siguiente e"'-pedición que su Comisión le señalaba, la pacificación y asentamiento de población en el Valle de Couila,
donde años después, el mitómano Carvajal, har'ia. o intentaría por llenar
el expediente, fundar el Nuevo Almadén, erigiendo unos cuantos jacales de
ramas, los que en muy corto tiempo fueron abandonados. El mismo Documento del Parral, tantas veces citado, nos dice que el Valle de Cuoila, había
sido poblado y sus minas trabajadas por mineros de Mazapil y vecinos del
Saltillo, año antes de la llegada de Carvajal a esa región.
Hecha la pacificación y población del Valle de Couila, "en virtud de dicha
su comisión dimanada de dicho gobernador de este Reyno, Martín López de
!barra, repartió tierras y dio repartimiento de indios, en especial a la provincia de Couila, a los vecinos de dichas jurisdicciones y distritos". . . Aquí
nos asalta una nueva duda. El problema es saber a qué se refiere el Documento al citar las "naciones de la provincia de Couila".
En la época en que el Documento fue redactado, 1643, la Provincia de
Coahuila comprendía el territorio del hoy Estado de Coahuila, desde el
paralelo 26º al norte y gran parte del Estado de Nuevo León, todo ello
dependía de la N\leva Vizcaya. Al nombrarse Gobernador del nuevo Reyno
de León a Carvajal, según él interpretaba sus Capitulaciones, todo lo citado
quedaba bajo su gobernación. En 1677, toda la parte sur de Coahuila, que
quedaba al sur del paralelo 26º, Parras, Patos, SaltiUo, Arteaga y Capellanía, fueron segregados de la ueva Vizcaya y agregados a Coahuila. Cabe
la duda en saber a qué provincia de Couila se refiere el Documento.
En la época en que se le dio Comisión a Alberto del Canto, no sabemos
de la existencia de una provincia de Couila, todo era la Nueva Vizcaya. En
una "Carta geográfica del Siglo XVI", que aparece publicada en Fray Juan
Larios; obra del Dr. Jesús Figueroa, de la Editorial JUS, Carta que debió
ser hecha después de 1568, pues en ese año se fundó Mazapil y aparece en
ella, pero que debe haber sido levantada antes de 1577, pues en ella no
aparecen ni Saltillo ni Monterrey.
En dicha carta, no aparece la provincia de Couila, pero al norte de
Mazapil, en lo que ahora se llama Nudo Saltillense, aparecen los "M.
de Couila'\ y un poco al oriente, en lo que corresponde al Potossí, aparece
un Bourg D' Indiens Couila, lo que traducimos por poblado de indios couilas. o he encontrado ninguna otra referencia a los indios couilas, ni en el
Mapa de Distribución de los Grupos Indígenas del Norte de don Wigberto
Jiménez Moreno, ni en Alessio Robles. Sólo la expedición de Urdiñola, para

111

418

castigar a los que asesinaron al padre Altamira
. .
puede darnos alguna pista. pero la . a· .,
Y ª sus mdios doctrineros
. .
'
expe 1c1on se hizo m , b'
de 1os mdios Cuamocuanes e 1607
,
as ien en contra
B
,
n
, Y estos son más b ·
ausarmg~mas, que habitaban la reaión del
ien una rama de los
dadores. Sm embargo, algún historiad ha a~tual Monclova y la de Nade Couila~ que significa tierra b . or
derivado el nombre de Coahuila
naturales que las habitaban. s ªJas, y dado el nombre de couilas a los

i;

No se puede descartar la
'bifd d
taron la región de Monclova pos1
de que los indios couilas que habipor Del Canto al hacer los 'r[procturu~~ran de] valle del Potossí, llevados ahí
,
'
ar
entos después de
ifi
PotoSSI, para trabajar las minas. l
d
pac car el valle de1
·
' os que espués de treinta
tteron en los asesinos del padre Alt . .
anos se convirCouila, se les diera por estar trab . dam1ra, y que el nombre de minas de
.
ªJª as por ellos Pero
has
gaaones sobre probables hipótesis
d b
.
son mue
las diva. d
, Y e emos volver al te
· •
Jan o para mejor ocasión, el esclarecmuento
. .
de las dudas.ma prmc1pal, de#

Lo que sí está comprobado, es ue la rim
.
es Monclova la hizo el C 't' qAlb P era población, en lo que hoy
.
'
ap1 an
erto del Canto
1577
.
cumplido
esta
parte
de
su
•
'ó
,
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.
Habiendo
.,
comm n regreso al Saltill . . . d
eton de Mercedes de Tierras Agu ' E .. d
o lll1C1an o la repartirle la nueva Villa, repartiendo
JI os ~e Molino entre los pobladores
la Villa, para ser destinadas a est . es ext~nsrnes de Tierra al derredor de
para éstas últimas, ya que la pr:;~ :~~:d~dO ganaderas, principalmente
de ganado hasta 1591, en que la re i,
. d~ los colonos, fue la cría
gada de los tlaxcaltecas.
g on se convirtio en agrícola con la lle-

gr~/

En 1578, se envió al Gobernador de la Nu
V'
repartición de Mercedes hab'' d l
b
eva 12caya, el proyecto de
'
ien o as apro ado éste en 1581
excepciones.
, con muy pocas
Para entonces la may r
t d l
al Sal tillo a su; familias~ y p:::íaneh;~ nuevos po~ladores, habían llevado
aperos de labranza y trabaJ· o . tre ll o .llevar pies de ganado, semillas,
' en
e os estaba Don Diego d M
con cuya esposa, doña Juana Porcallo
la
.
e . ontemayor,
del Canto entabló 'lí 'to
Y
Cerda, el mcorreg1ble Alberto
1 CI s amores.
El Doctor, Don Jerónimo de Orozc p "d
Guadalajara h b' d' d
o, reSI ente de la Real Audiencia de
berto del C~t= ~~ icta, o orden de aprehensión en 1578, en contra de Al' por crunenes Y abusos cometidos" y "
,
a poblar una vil!
a· .
porque av1a entrado
estab
a en e1 istnto deste rreino (el Saltillo) entre . di
an sosegados y de paz J
,
m os que
vos los vendí
tal
' e os que prendía e hacía de su autoridad escla'
a por es; y por otros delitos graves que ha cometido". Ha-

�biéndosele aprehendido · en el camino para la Nueva Galicia, pudo escaparse,
'
,
y se refugió en la Nueva Vizcaya. "e trayéndole preso, se soltó e fue a la
dicha Nueva Vizcaya, donde el Gobernador, aunque supo que yba huyendo,
no tan solamente no le quizo preender, pero tomole a ynbiar a la parte donde
antes residía con soldados y gente de guarda".
El Gobernador de la Nueva Vizcaya, Don Martín López de !barra, en
continuas pugnas con la Real Audiencia de Guadalajara, cuyas órdenes
no acataba, de lo que con frecuencia el Doctor Orozco se quejaba al Rey,
consideró que la orden de aprehensión en contra de Alberto del Canto, era
injustificada y una intromisión en los asuntos de su gubematura, ya que el
mayor delito, era el haber fundado la Villa del Saltillo, y ésta_ no estaba
en la jurisdicción de la ueva Galicia, sino en la de la Nueva Vizcaya y su
gobernación, lo había autorizado para ello.
La conducta amoral y la vida licenciosa que el Capitán del Canto llevaba
en el Saltillo, daban pábulo a la actitud del Presidente de la Real Audiencia, pero ante los ojos del Gobernador, más que sus faltas, pesaban los
méritos a que se había hecho acreedor por sus trabajos en favor de la gobernación y del Rey, por lo que Je brindó su más completo apoyo.

AJ regresar al $altillo, enterado Del Canto de que el Doctor Orozco, había
iniciado una visita de inspección por su jurisdicción y se encontraba en Zacatecas • temiendo ser aprehendido de nuevo, abandonó la alcaldía del Sal tillo
y se ~efugió entre los chichimecas; probablemente en el sur de Nuevo León
que mucho conocía. Entre ellos permaneció por espacio de dos años hasta
saber de la muerte del Doctor Orozco, que ocurrió en Guanajuato en 1581.
Regresó entonces a ocupar su alcaldía del Saltillo, para la que en su larga
ausencia, el Gobernador había nombrado a Don Diego de Montemayor. A
su regreso, reanudó sus amores con Doña Juana Porcallo, la esposa de Montemayor, pero como siempre sucede, a pesar de ser público y notorio el hecho,
fue el ofendido el último en enterarse. Hirviendo de cólera, Montemayor,
juró, no cortarse el pelo ni la barba hasta haber dado muerte a sus o~ensores: a su infiel esposa y a su falso amigo. Tan pronto como tuvo ocasión,
asesinó a su mujer, pero al ser descubierto por las autoridades, tuvo que
huir refugiándose en San Gregorio. Ahí, se encuentra de una manera al
parecer casual, con su viejo conocido, Don Luis Carvajal y de la Cueva
en su segunda entrada, ya como Gobernador del Nuevo Reyno de León.
Buscando protección, Montemayor se confederó con él, para que le dejase
poblar la ciudad de León, hoy Cerralvo, lo cual consintió aun a sabiendas
que era jurisdicción de la Nueva Vizcaya y ''aunque lo informó a su Go-

bemador, López de !barra, que se aprestó a defender sus derechos, pero
que desistió de ello por evitar muertes y saber de mayor fuerza en gentes
de guerra del Gobernador Carvajal".
De San Gregorio, pasó Carvajal a Ojos de Santa Lucía, y de ahí, "Pasó
al Saltillo, que era población más antigua y en virtud de sus capitulaciones,
por caer en demarcaci6n de su jurisdicción, mudó justicia, poniendo de su
mano las que le pareció".

Tocóle a Alberto del Canto, recibir en su calidad de alcalde, al Gobernador Carvajal y de la Cueva, quien lo destituyó de su cargo. Carvajal,
dando una interpretación torcida a lo estipulado por sus capitulaciones,
argumentaba, que su gobernación comprendía todo aquello que se encontraba
dentro de un cuadro de doscientas leguas por lado. S61o que las capitulaciones excluían lo que ya estuviera descubierto o poblado por la Nueva
Galicia y la Nueva Vizcaya. Para consolar al destituido alcalde, Carvajal,
lo autorizó para hacer una entrada hacia la Ciudad de León, sin embargo,
revocó el permiso sin que del Canto lo supiera y probablemente lo hiciera
del conocimiento de Montemayor, quien fungía en Le6n como Teniente de
Gobernador, quizá para que aprovechase la oportunidad.
Del Canto, al llegar a las inmediaciones de Le6n, "asent6 el real, cerca
de la propia ciudad, desde donde envió a los soldados que llevaba, a hacer
la entrada. Súpolo el Teniente de Gobernador, que contra el requerimiento
que se le había hecho, había despachado a hacer jornada; envió a aprehender
al Capitán Canto y lo trajeron a las Casas Reales, habitación del Teniente".
"Quizo proceder contra él, al tiempo que su gente vino y hechando de
menos a su capitán y sabiendo que estaba preso, se resolvieron a una bárbara hazaña, y pocas veces vista entre gentes que militaban debajo de un
gobierno, un Rey y cristianos, y pudiendo negociar por bien, quisieron hacer
un escándalo y ruido; que a haber quien los siguiera, les costaría por desacato,
las vidas, honras y haciendas."
''Fueron a mano armada a Ja ciudad y enderezando a las Casas Reales,
comenzaron a peloteadas, pidiendo a su capitán; cuyas peticiones iban escritas en las balas, que como granizo saJian por las bocas de las escopetas.
Los de adentro, desde el Torreón, se defendían; y mataron a uno de los de
afuera, llamado Bustamante. Encendíase a más andar el fuego, y apretaban
el cerco; llegándose a casa, pidiendo a voces que les entregaran a su capitán."
"Persuadido el teniente de los demás, y por no dar Jugar a que el atrevimiento pasara más delante, mandó entregarlo, pero muerto, juzgando que

421

,,

420

�con quitar la causa, quitaría el efecto. Lo cual dispuesto, un viejo prudente,
de adentro, se abrazó al Capitán del Canto, y así salió a la calle, que lo
recibieron sus soldados sin lesión, porque los de adentro, por no las~ar
a su compañero, no le tiraron."
"Cesó el combate y se volvieron a la Villa del $altillo, gozosos de haber
sacado a su capitán de aquel empeño; como si hubiera salido de poder de
turcos a punta de lanza. Y de allí a pocos meses, volvió el Capitán Alberto
del Canto a entrar en la tierra adentro, y en el río que hoy se llama Pesquería, asentó un real, súpolo el Teniente, que le avisaron de San Luis.
Despachó una compañía contra él, que llegó a tiempo que tenían hecha
una buena presa y estaban almorzando los soldados. Llegaron los de León
con los arcabuces en la mano; les invitaron los demás a almorzar; ellos dijeron que no iban sino a soltar aquella presa. Soltáronla sin resistencia alguna
y se fueron los del Capitán del Canto. Hicieron otra después y se fueron al
$altillo sin otro impedimento alguno." (A. de León.)
Habiendo perdido Montemayor la oportunidad de vengarse en la primera
entrada, comprendiendo que Del Canto era protegido de Carvajal, desistió
de su venganza, más no olvidaba su rencor. Carvajal, con agudo sentido
político, comprendiendo que aquellos dos valerosos soldados le serían muy
útiles para sus fines, trató de conciliados. Ignoramos de que medios se valió,
pero el caso es que para 1586, logró que Montemayor, diera a su hija
Estevanía en matrimonio a Del Canto. En 1586, nace el primogénito de este
matrimonio, Miguel; y en 1588 el segundo, Diego; ignoramos la fecha del
nacimiento de la hija, Elvira, que años después fuera la esposa de Pedro
de Vega.
Desaparecida totalmente la rivalidad, para 1591, a la llegada de los tlaxcaltecas, encontramos a Montemayor y a del Canto en el mismo Ayuntamiento,
a Montemayor como alcalde ordinario y a del Canto como regidor.
Las pruebas de la infidelidad, eran abrumadoras, toda la población tenía
conocimiento de ella. Antiguos Documentos que se encuentran en el Archivo
General de la Nación, dan fe de ella; no podemos menos que transcribirlos.
El primero es una queja de Juan Morlete, familiar de la Santa Inquisición
y que también está calzado con la firma de Baldo Cortés, primer párroco
del Sal tillo; el documento dice: "En la Villa de Santiago del Saltillo, a
veynte y cuatro días del mes de agosto de mili e quinientos y ochenta y nueveños, me dió noticia el padre Baldo Cortés, Cura y Vicario de dicha Villa,
de las cosas siguientes, para que dellas de noticias al Santo Oficio de la
Ynquisición desta Nueva España y su distrito, cuyo familiar soy".

422

"Primeramente di6 noticia como en esta Villa, vive un Alberto del Canto,
natural de la Ysla Tercera, del Reyno de Portugal, casado con doña Estevanía, hija de Diego de Montemayor y de doña Juana de la Zerda, y es
cosa pública y notoria, y de mucho escándalo en esta Villa, que el susodicho
antes de casarse con la dicha Estevanía, tuvo cópula con la dicha doña
Juana, su suegra, dice, y de esto son testigos Ana Gómez, su esclava y Juan
de Virues y Juana, Yndia vieja natural de Tlaxcala..."
O tro importante documento, es una queja de Fray Pablo de Góngora,
franciscano residente en el $altillo en 1593, y que dice: "soí deste convento
del Saltillo, y en este tiempo e savído por ser negocio muy público, que un
vecino deste pueblo, que se llama Alberto del Canto, clisen con mucha publisidad que estuvo amansebado con su suegra, que se llama doña Juana
Porcallo, antes que se casase con su hija, que se llama doña Estevanía, con
quien está casado al presente, en quien ti~ne dos hijos, ame dicho una
vieja india Tlaxcalteca, que está en casa del dicho Alberto del Canto, que
ella propia la vido munchas veces, por vista de ojos, y también clise esta
dicha india, que el padre Baldo Cortés, vicario, desta Villa, lo save de
sierto; tanbién clise que están con ella otras dos compañeras de dentro
de casa, que lo vían y lo saven, y su mujer del dicho Alberto del Canto, clise
esta india y una negra suya que si apartasen el marido de la mujer, que
ella misma diría como lovido al dicho su marido con la dicha su madre
munchas veses en la cama, porque estando con él no osara desir nada por
temor a él. .. ".
El mismo documento nos da una muestra del carácter bromista y burlón
de Alberto del Canto. "Los indios chichimecos mataron a un vecino desta
Villa que se llamaba Juan Pérez Chocallo, después de muerto andava el
dicho Alberto del Canto y un criado suio llamado Juan Rodríguez (con)
flautas (y) con hierros hasiendo ruido de noche arredor de la casa y después
preguntando que ruido era aquel que havían oido la noche, el dicho Alberto
del Canto decía que era el ánima del difunto; esto lo dijo un vecino desta
villa, que se llama Melchor Albares; también lo dijo Ortuño de Aguirre,
sastre desta villa, que no tan solo lo había hecho."
"El padre guardián que al presente tengo el cual me ha dado licencia
para escribir esta carta, me dijo que el padre vicario desta villa, Baldo
Cortés le dijo de rodillas ante un Crucifijo que este mal ombre avía andado
con dos hermanas, y una dellas es su comadre."
O tra faceta de su desconcertante personalidad, nos la muestra un documento del Archivo Municipal de Monterrey: Agustina Díaz, vecina de Mon-

423

�terrey, presenta una queja en contra de su marido Alonso Pérez por malos
tratamientos y pide separación de cuerpos y bienes; en su oficio dice: "Me
llevó a la villa del Saltillo, en donde continuando esos malos tratamientos,
en un día, sin causa, me sacó al campo y poniéndome una soga en la
garganta, me colgó de un árbol, sin moverle a piedad los ruegos y lágrimas
con que le pedí que mirase que era cristiano y que no tenía causa para
semejante crueldad; sin reparar de ello me ahorcó, que si Dios no permitiese
que Alberto del Canto, pasando por allí en esta ocasión que viéndolo, con
toda presteza, cortó la soga con la espada, cayendo casi muerta por tie1Ta".

y sus costumbres, pero rodeado del canno que su simpatía despertaba. Fue
enterrado con los honores que como fundador y alcalde merecía en el Camposanto de la Parroquia, ya desaparecido, por lo que no se ha podido localizar su tumba.

Alberto del Canto a pesar de sus actos, era grandemente estimado por los
habitantes del Saltillo; pasó el resto de su vida en esa población figurando
siempre en puestos importantes, ya como alcalde, como regidor o simplemente como capitán de las milicias, de la Nueva Vizcaya; desempeñando
comisiones de apaciguamientos y asentamiento entre los indios que le temían
y le resP.etaban.

BIBLIOGRAFtA

La última acción en que él participó, fue en septiembre de 1607 cuando
el Gobernador de la Nueva Vizcaya, Don Francisco de Urdiñola, organizó
en Sa]tillo una expedición de castigo y apaciguamiento en contra de los
indios Guamocuanes, que en las riveras del Río Nadadores habían dado
muerte al padre Fray Martín de Altamira y a tres indios doctrineros que Jo
acompañaban; fue en esa ocasión cuando confiesa tener sesenta años y ser
originario de la Isla Terceira del grupo de las Azores. Entre los que acompañaron a Urdiñola, estaban los capitanes Alberto del Canto, Bemabé de
las Casas y el padre Baldo Cortés, cura del Saltillo.
Terminada la expedición, Alberto del Canto regresó al Saltillo en donde
residía, llevando una vida activa en cumplimiento de las funciones públicas
que le eran encomendadas y su profesión militar. Aunque había llegado a
hacer fortuna en sus actividades mineras y agrícolas, vivía modestamente,
pues ya para esa fecha, se había deshecho de sus propiedades, dejándolas
en manos de sus hijos y de su yerno, Pedro de Vega, a quien donó la hacienda de Miraflores al poniente del Saltillo, con catorce días del agua
de los Berros que era de su propiedad; en 1599, había hecho donación de
su hacienda de los Alisos a Don Francisco de Urdiñola, en pago de la amistad y favores recibidos. Esta hacienda fue luego uno de los puntos más
importantes del dilatado latifundio del Marquesado de San Miguel de Aguayo.
Murió en diciembre de 1611, siendo Alcalde Ordinario del Saltillo, rodeado de los suyos y del afecto del pueblo que había fundado; no podemos
decir como es corriente "en olor de santidad" puesto que conocemos su vida

424

El día primero de enero de 1612, en junta del Ayuntamiento, se eligió
para substituirlo, al Capitán Bernabé de las Casas y demás miembros del
Cabildo, los que rindieron su protesta el mismo día aceptando sus puestos.

HISTORIA DE NUEVO LEóN . . . . . . . Capitán Alonso de Le6n.
Coahuila y Texas en la Época Colonial . . Vito Alessio Robles.

Estuclios de Histora del

oreste . . . . . . . . . Soc. Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística.
Estado de Nuevo Le6n y Ciudad de Monterrey . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Israel Cavazos Garza.
Historia de Nuevo Le6n . . . . . . . . . . . . . . Eugenio del Hoyo.
Fray Juan Larios . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Dr. J. Jesús Figueroa Torres.
Cuadernos de Cultura del Edo. de Coah.
"El Documento del Parral" transcripci6n
completa y "la Fundaci6n de la Villa
de Santiago del Saltillo" . . . . . . . . . . . . Del autor de este trabajo.
Carta que el Dr. Jerónimo Orozco envía
a Felipe II en 1578 . . . . . . . . . . . . . . . • Archivo General de la ación.
Carta de Juan Morlete al Santo Oficio
de la Inquisición, en 1589 . . . . . . . . . . . Archivo General de la Nación.
Carta de Fray Pablo de G6ngora, 1593 ..
Queja de Agustina Díaz . . . . . . . . . . . . . . Archivo Municipal de Monterrey.
Litigio entre Pedro de Vega y los colonos
Tlaxcaltecas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Archivo Municipal de Saltillo.
Acta del Cabildo del dia 1q de enero de
1612 .............................. Archivo del Gbno. del Edo. de Coah.
Datos sobre los ascendientes de Alberto
del Canto . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Proir. Sergio Recio Flores.
Saltillo, Coah., septiembre 6 de 1977.

In Omnibus Veritas
En todo la verdad.

425

�CONFLICTO SOCIO HISTÓRICO EN EL
CERRALVO COLONIAL

GERARDO DE LEÓN

TOMANDO coMo PUNTO de partida la comarca minera de la Nueva Vizcaya,
las huestes españolas inician su avance explorador y conquistador hacia el
noreste de lo que hoy es la República Mexicana, apenas iniciada la segunda
mitad del siglo XVI. Y si en los ellas en que vivimos nos parece tedioso
y apabullante el trayecto de la altiplanicie septentrional, no deja de causar
asombro el coraje de aquellos aventureros que, en exiguas jornadas, avanzaban casi a la buena de Dios a través de llanuras y mesetas.
El profesor Gcrardo Merla, en su estudio sobre las características geográfico-físicas del Noreste, publicados recientemente por la Universidad Autónoma de Nuevo León,1 define esta planicie como una zona "que abarca
grandes extensiones de los estados de Chihuahua, Coahuila, este de Durango,
Zacatecas, San Luis Potosí y suroeste de Nuevo León. . . ubicada sobre altitudes mayores de 1,000 metros, limitada al este por la sierra Madre Oriental,
al oeste por la sierra Madre Occidental y al sur por las serranías de Zacatecas y San Luis Potosí".
Tierras de matorral desértico, con escasos bosques de encino y coníferas
en algunas sierras, y pequeñas áreas de pastizales, con posibilidades muy
relativas de explotación agrícola-ganadera, según el mismo Merla.
Para aquellos aventureros, después de haberse familiarizado con la explotación de minas en el agreste paisaje zacatecano, o por el rumbo del cerro
1 "Análisis Geográfico-Físico del Noreste ... ", publicado por el Centro de lnvs.
Urbanísticas de la UANL en Análisis y Expectativas de la Estructura Urbanlstica del
N. E. de México; Imp. Talleres Gráficos de la Fac. de Arq. de la UANL, Monterrey, 1976 (pp. 15 y 16 ) .

427

�de Mercado, la incursión por tierras inhóspitas y desconocidas no podía ofrecerles más aliciente, que nuevos descubrimientos metalíferos; y con ellos, un
cambio súbito quizá, en sus vidas plenas de pobrezas y de aventuras.
Unos desde Mazapil, en Zacatecas, con Francisco Cano a la cabeza, y
otros dirigidos por Martín López de !barra desde San Martín, por la vía
de Durango, partieron con cuatro meses de dif ncia entre finales de 1568
y los primeros m
del año siguiente. Ambos en pos de una laguna descrita por fray Pedro de Espinareda, de la que éste había recibido noticias
por parte de los indígenas, cuando trataba de establecer un camino a P.hiuco
'
en 1556.
Llegaron los primero , hasta la de Patos ( del municipio de Gral. Cepeda,
Coahuila, en la actualidad) ; y siguieron hacia el este, hasta el valle en que
hoy se asienta la ciudad de Saltillo. Tomaron posesión de aquellas tierras, en
nombre del reino de u va Galicia, que tenía por cabecera a Guadalajara.
Los otros, tocando los mismos puntos geográficos, también se sintieron sus
propiet.arios, a tal grado que López de !barra mercedó tierras y aguas en el
Nudo Saltillense, en su carácter de teniente de gobernador y tesorero del reino
de la ueva Vizcaya, que por entonces reconocía como m centro a Durango.
Entre los novovizcaínos venía un personaje que en un corto tiempo cobraría gran importancia para Ja historia de la región. Después fue capitán, y
se lJamaba Alberto del Canto.
De acuerdo con la documentación hist6rica recabada hasta la f cha todo
l
hace aparecer que nue e años de pué del des ubrimiento del Nudo SaltiUense, del Canto fundó allí, n 1577 la villa de Santiago del SaltiJlo. Pero
para entonces, el área cubierta por sus correrías abarcaba un espacio geográfico de amplias proporciones. Pue n los papel s d cubierto por Wjgberto
Jiménez Moreno en el archivo de Parral, Chihuahua, en 1951/ cuyo contenido e importancia capital son ya de sobra conocidos), se menciona al fundador de Saltillo como alcalde mlJyor de las mina de San Gregorio y poblador de las de La Trinidad y del Poto í. Sobre este último punto ha habido
desacuerdo absoluto entre los historiadores que han estudiado el tema, pues
mientras unos lo localizan al sur del actual estado de uevo León otros
J
lo sitúan en Cuatrociénegas de Coahuila. En cuanto a la Trinidad, gún
las investigaciones de los eruditos, tiene mayores visos de eracidad el que se
1
''Documento del Parral", paleografla publicada por el Dr. J. de
en Cuadernos de Cultura, de Saltillo, Coah., 1977.

,.

J. Dávila

guim:

haya tratado de lo que hoy conocemos como Monclova, también en territorio
coahuilense.

Pero para el punto que nos interesa. tratar, es de gran significación y definitivamente comprobado, que las minas de San Gregorio pertenecen al municipio de Cerralvo, Nuevo León, de nuestros días.
Allí pues, hubo un asentamiento humano embrionario, probablemente
anterior al año de 1577. Más tarde, la historia del lugar ha sufrido incontables vicisitudes. Entregado por Diego de fontemayor al primer gobernador
del Nuevo Reino de León, Luis de Caivajal y de la Cueva, cuando éste
llegó en su primera incursión penetradora después de haber capitulado con
el rey Felipe II, y aquél allí se encontraba jurisdiccionado a la ueva Vizcaya; se funda oficialmente con el nombre de ciudad de León, en abril de
1582; para despoblarse un poco más tarde, tras la d gracia política y la
caída del propio Carvajal.
Posteriormente, hacia 1629, el gobernador Martín de Zavala realiza una
~ueva fundación en el mismo lugar -o muy próximo al primitivo-, y le
unpone el nombre de Cerra! o.
De los azares que tuvo que sortear la incipiente población, nos habla Alon-

so de León en su crónica del siglo XVII, imprescindible fuente de información para quien se interese por la trayectoria histórica de la regi6n.

tl nos narra, que en el mes de septiembre de 1636, sufrió el poblado una
inundación de características catastróficas; pues " ... parece que e abrieron
las cataratas del cielo y rompieron las fuentes del abismo de las sierras
según las bocas (que) por ellos reventaron." Que aquel fenómeno "demoó
todas las casas de Monterrey y las iglesias dejándolo hecho un desierto ...
(y que) la villa de Cerralvo quedó de la misma suerte, cayéndose la iglesia
Y demás casas; que fue necesario guarecerse la gente en una cuadrilla de carros que a la sazón estaba en la villa".
)

También reseña que · años más tarde, se repitieron los desastrosos sucesos, a tal grado que, en la villa de Cerralvo fueron tan fuertes las aguas,
que traspasaron las tapias.
Y que una vez más, en el año cuarenta y cuatro, "cayó un aguacero en las
haldas de la sierra de San Gregorio, vertiente de la villa de Cerralvo; que
creció una cañada tanto, y tan rápida corriente, que, sobrepujando el hueco
de la cañada, que es bien ancho, embistió a la villa; derribando las casas que
topaba, haciéndolo todo un mar ... "

428

'

429

�Advierte el cronista además, que en esa zona "las sementeras son por junio
y parte de julio ... " y que en ese último año en particular, había llovido muy
poco, por lo que se habían malogrado las siembras; agregándose a esta situación angustiosa, los perjuicios de la inundación. "Prevínose el hambre que
había de haber -agrega-. Mandóse por auto que los labradores no vendieran a rescatón ni pastor el maíz, sino a los vecinos; y pues los pastores tenían
mulas y gente, los metieron de afuera. Hiciéronse notables diligencias. No
bastaron para que los unos no vendieran ni los otros dejaran de comprar;
de lo que se siguió tanta falta, que se vendió l maíz podrido y que no se
podía comer, a ocho p os; cosa jamás vista ni oída en la Nueva España,
en tiempo de mayores hambres. Muchos tenían por mejor comer carne sola,
en su casa, o otras cosas en qué engañar el hambre, que comprar maíz tan
caro." 8

Y es justamente a partir de aquella refundación debida a Martín de Zavala, en que, a pesar de las dificultades y acontecimientos citados por el Cronista, va consolidándose poco a poco la nueva población. Toma un auge inusitado la explotación minera. El propio Zavala, en un memorial dirigido al
Rey, le informa que "en el Real de San Gregorio, junto a la villa de Cerralo, hay cuatro haciendas de sacar plata.' Y el escritor español Juan Díez de
la Calle, en su Memorial y Noticias Sacras, editado en el mismo siglo XVII,
asienta que el distrito de Cerralvo era tan abundante de metales, que "en él se
descubrieron en breve 200 minas ... ,, 6
Estas circunstancias de carácter económico aparentemente favorables, propiciaron la inmigración de mineros y colonos muchos de los cuales arraigaron definitivamente; y sus apellidos se advierten aún no s6lo entre los
habitantes de la villa misma, sino también de la zona comarcana, que pronto
se vio influenciada por ésta, a tal punto que de allí partieron los pobladores
de muchos nuevos establecimientos ( como Agualeguas, Gral. Treviño, Parás,
Los Herreras, Los Ramones y Melchor Ocampo de Nuevo León, y Ciudad
Mier Guerrero y Ca.margo, en Tamaulipas, entre otros), cuyas respectivas
familias, aún en la actualidad ofrecen indiscutibles lazos de par ntezco.
• LEÓN, Allonso de; CHAPA, Juan Bautista y S.úlcHEz DE ZAM.oRA, Femando,
Historia de Nuevo León con Noticias sobre Coahuila Tamaulipas, Texas y Nuevo
México; publicación del Gobno. del Edo. y la UNL ; E&lt;lit. Jw, México, 1961. (Cap.
VII, pp. 91 y 93.)
• Hovo, Eugenio del, Historia del Nuevo Reino de León (1577-1723); publicaciones
del ITESM. (Serie Historia No. 13), Talleres de lmpresfones, S. A., Monterrey, 1972
{vol. II, p. 364).
• Id. (p. 365.)

",

430

Para 1628 ya vivían en el Real y Minas de San Gregario, Juan Buentello
Guerrero y su pariente Pedro Botello de Morales ( al parecer, ambos apellidos Buentello y Botello, se corresponden); el capitán Rodrigo Ruiz; Pedro
Salinas y Martín de Aldape; Vicente Guerra; minero; Juan de Arredondo
Agüero ( quien firmaba como "secretario") ; Alonso de Molina y Diego L6pez, también minero. Veinte años más tarde, van apareciendo en los documentos testimoniales levantados en el lugar, nuevos nombres de colonizadores, como Antonio Pérez de Molina, minero; Antonio García de Sepúlveda,
hijo de Jacinto García de Sepúlveda, medio hermano del gobernador Zavala;
Agustín Saldívar; Francisco Báez de Benavides ( cuyo apellido fue apocopado
más tarde como Benavides exclusivamente) ; Francisco Vela ( quien declara
haber sido originario de Cuencamé, Dgo.); el general Diego de Ayala y icolás Ramos ( apellido muy común ahora en la porción norte de Tamaulipas).
Para finales del siglo solían aparecer en los documentos las firmas de Dieao
Gutiérrez y de Juan Bautista Chapa --cuyo apelativo generó una infinita gama
familiar característica de aqueJlos rumbos.

En 1701 hizo testamento uno de los vecinos de Cerralvo que llegaron a ser
más prominentes en el Nuevo Reino de León: 1 capitán Ignacio Guerra
Cañamar, originario de la ciudad de México, pero cuyo apellido, reducido
al Guerra exclusivamente (pues es evidente que completo era compuesto),
poliferó mucho en varias partes del Nuevo Reino y de la provincia de Coahuila. Sus descendientes llegaron a tomar participación muy activa en algunos eventos de gran resonancia en la vida colonial de la región. Uno de sus
tataranietos fue nuestro "Increíble Fray Servando", como calificara Alfonso
Junco a este personaje de la historia nacional.
De todos estos antecedentes respecto a la economía y a la sociedad de la
antigua villa de Cerralvo, con una labor consultiva muy minuciosa y metodizada podrían llegar a obtenerse conclusiones muy satisfactorias para la evolución histórica de la comarca cerralvense, y así, interpolando otros estudios
conducentes, ir delimitando la verdadera imagen de nuestro pasado regional.
El paralelismo entre el enfoque económico de la historia y la historia de
la sociedad, tendrá que ir íntimamente estrecho. Aunque algunos historiadores modernos tratan de supeditar lo sociológico a 1o económico; y otros
por lo contrario, pretenden la supremacía de los estudios sociales. Eric. J.
Hopsbawn, por ejemplo, asevera, en defensa de la última de estas posicione
que "la dimensión social se evidencia hasta en los más cautos y estrechos historiadores de la economfa".6
' HOPSBAWM,

Eric

J.,

"De la Historia Social a la Historia de la Sociedad", pu-

431

�Arnold J. Toynbee, el coloso inglés de la Filosofía de la Historia, arguye
por su parte ( según comentario de Lucien Febvre), que la sociedad no crea,
sino que no es más que el lugar común donde coinciden las actividades individuales. Que la sociedad organiza las comunicaciones entre individuos, pero
que son éstos, los que hacen la historia. 1
Es evidente que nuestra historia local -entendiendo por local, la del
oreste de México-, está ávida de ser escudriñada en sus fuentes de información y recibir el abono vivificante de una simiente germinadora. Si los
archivos municipales y parroquiales han sido peligrosamente mermados por
el tiempo, la incuria y las extracciones, lo que de ellos quede requiere con
urgencia ser utilizado. Hay documentos publicados ya, por supuesto, que nos
ofrecen testimonios contemporáneos de la situación y la vida económica de
los dh-ersos pueblos de la región; pero su información es árida y fragmentaria.
A las publicaciones posteriores, con los criterios actuales de la historiografía,
habrá que someterlas a análisis, "a laboratorio" -como dijera el profesor
Antonio Pompa y Pompa.ª
En dos de aquellos testimonios particularmente, hemos encontrado algunas noticias del Cerralvo Colonial. En el informe que el gobernador del uevo Reino de León, Jáuregui y Urrutia, rindió al virrey de la Nueva España
en 1740, se asienta que para esas fechas C rralvo contaba con 73 pobladores
españoles, sin el capitán y 12 soldados, más 3 mulato y 5 indios; que su
iglesia era de adobe y muy pobre.11 Y Antonio Ladrón de Gue ara, en edición realizada por el T ecnológico de Monterrey/º advierte que en 1729
aquella villa contaba con un alcalde mayor y un capitán de una escuadra, con
11 ó 12 oldados. Que se criaba en gran cantidad el ganado menor, y todo
género de ganado mayor; pero que escaseaban las semilla. os dice adem ,
que ''hay buenos abrevaderos, aguajes, pasto y salitr en dichos terrenos,
pastando los ganado donde habitan las primeras naciones de aquellas frooblicado en Tendencias actuales d, la Historia Social 1 Demográfica; Eds. Scp-Setentas,
o. 278 ; México, 1976. (p. 64.)
1 FEBvu, Lucien, Combates por la Historia; Ed. Ariel, Barcelona, 1974. (p. 203.)
• PoUJ&gt;A v Po PA, Antonio, "Las Bodegas Documentales de la Provincia y la Historia Regional", publicado en Estudios de Historia del Noreste; Ed por la Soc.
Nuevoleoneaa de Hist., Geog. y Est.; Eclit. Alfonso Reyes, Monterrey, 1972 (p. 23.)
• FEaNÁNou DE JÁUREOU1 Y UuuTIA, Joseph Antonio, Description o/ Nuevo L,,Jn,
Mlxico (1735-1740). The Summer School of ITESM; Monterrey, 1964 (p. 94.)
• LAo11.6N DE GmtvARA, Antonio, Noticias de los Poblados del Nu,uo Rlino de
Le6n (1739); publicado por el ITESM. (Serie Historia o. 10) ; Talleres de lmpreai.ones, S. A., Monterrey, 1969 (p. 94).

,,

,

432

teras, de donde_ se exper~enta la gran facilidad con que dan principio a una
general alteraetón en_ dichas fronteras; porque el indio que ha ejecutado
muerte o es~go, ha sido por robar alguna oveja para comer; y de aquí nace,
el que quenendose to:1°ar la satisfacción por las armas, como se ignora el
~ r se suelei_i castigar a los que se hallan inocentes y así se mueve una
con~ua alteración con todas las naciones de aquel rumbo, por donde ha
~a~1do la tal muerte o robo, lo que pucli :ra evitar la prud cia y pencnoa del que manda, por Jo muchos modos que hay para ello y no que por
falta ~e este conocimiento se aumentan más lo daños y perjuicio n vidas
y haoendas entre los indios y vecinos de sus front ras".
. En esas mismas condiciones, o muy parecidas, debe haber transcurrido la
,,da de Cerralvo en la media centuria siguiente, cuando tuvo lugar el episodio que hemos escogido como tema central de este trabajo, como u.na muestra de al~nas de las ~ct~ísticas de la ida social de aquel lugar y en
aquellos tiempos; caracteristicas que no deben haber sido mu diferen
en el resto del área cubierta por nuestra región.

Geranio de Le6n, mi padre, era cerralvcnsc. Mi abuelo, -también llamado

Gerarclo- fue originario de Mier Tamaulipas; pero contrajo matrimonio en
esta villa, y su mujer -mi abuelae hacía llamar Dominga del Bosque hapa. (Posteriores investigaciones g nealógicas me U •aron a descubrir que Jos
apelli~o usados por mi abuela, eran en realidad los de us padrino }' padres
ad~puvo, y que sus progenito1
apellidaban Chapa y Ruiz) .
ualqu1er manera, todos ellos suenan familiar s ent.1c lo d los pobladorc d
los primer tiempo coloniales que hemos citado.

Así, en una ocasión r pasando el índice del Ramo Civil del Archivo Municipal de Mont rr , me n ntr 1 el nunciado e un exp di nt que a la
letra dice: "Litigio ntr don J ' Romualdo del Bosqu y María gunda
Vela ante el señor gob mador del u o Reino de León don imón Hrrrera r Ley a"; 11 y por razone de interés familiar, me puse a hurgar el exJ~dientc mismo. Esto me condujo a identificar uno de los aspectos sociológicos más int r antes y probablem nt de no poca tra endencia en la
pacifica vida de las ttltima décadas n la vida colonial nuevoleonesa.
David Alberto Cossío de cribió, en su Historia de uevo León~ algunas
características de nu stros ant pasados ( aunque no nos remite a la fuente
de infonnación ) en los iguientes términos:
u

AMM.

Ms. Ramo Civil, Vol. 167, Exp. 14, 1800 (9 fs. útilea) .

433
humanitu-28

�"Las costumbres de los pobladores del Nuevo Reino de León en las postrimerías del siglo XVIII, seguían siendo, con poca diferencia, ~ observadas
hacía más de dos siglos: el hogar, un modelo de amor y sencillez. El padre
era como la puerta de hierro del honor de la casa; el mejor .espejo en el que
sus moradores veían su propia moral, su fuerza, su valor, sus proyectos y sus
esperanzas de fortuna O de gloria. La madre era -~omo el marco_ de oro de
aquel cuadro de ternura y veneración. En las me1illas de esa muJer se sellaban los pactos más solemnes del esfuerzo progresista o guerrer_o de aque~los
hombres recios, ingenuos, llenos de simplicidad, que con el IDISIDO entusia~
mo abrían el surco en la parcela, que tomaban el fusil para defender la v1. d
l famili'a En el regazo de la madre, descansaba leal y amorosav1en a y a
·
. .
L
..
mente, la cabeza del marido o del hijo, fatigados en 1a d1:ina tarea._ ~ _hiJª
era la rosa más fragante de aquel jardín de amor y sencillez; su vrrg~dad
era el tesoro más preciado de la casa. En el hijo, el padre y la madre IDirahan
siempre el renuevo de sus recios corazones hechos al dolor y la ternura: la
mayor promesa de gloria y de fortuna."
"En las poblaciones -sigue escribiendo el poe~a-~storiador-, :ntre el vecindario la vida era casi familiar, fuera de las mevitables pequenas desaveniencias' por intereses que en lo mezquino de aquella sociedad, resonaban ~ucho esas pendencias ~ litigios, y que eran arreglados casi sie~pre con sentido
justiciero por los mismos gobernadores. . . En el ~andatano, gobe~~?or 0
alcalde se veía continuamente la efigie de su maJestad; en la religion,. el
· · '. y fºm de todas las cosas•, la
prme1p10
. doctrina cristiana era para aquellos
. . menuos moradores, el libro que encerraba todos los códigos y const1tuc1ones
gsociales, políticas y morales del estado y de la f ami·11a." 12
Encuadrada en ese marco, lkicamente descrito por Cossío, se ,desenvolvía,
pues, la sociedad cerralvense, entre quienes se contaban don Jose Romu~do
del Bosque y doña María Segunda Vela, actores principales de . la trag1~°:
media contenida en el litigio consultado, cuyos pormenores -futil~as _qu_iza
en la actualidad-, trascendieron, por los abultamientos que l~s 11Dpruman
a aquellos sucesos los prejuicios sociales de la época y del medio en que se
desenvolvían.
Abre el expediente un escrito de Romu~do, dirigido al capitán ~olítico .Y
militar residente en la villa de Cerralvo, qwen a la saz6n lo era Jase Antoruo
de Benavides. No lleva fecha, pero por el auto que lo sucede, debe haber
corrido el mes de octubre del año de 1799.
u Cossío, David Alberto, Historia de Nueuo León; editado por
Monterrey, 1924-1926 (tomo 111, pp. 280 Y 281).

J.

Cantú Leal.

El actor manifiesta en él, como antecedentes, que para entonces hacía ocho
años que pretendía contraer matrimonio con Maria Segunda; a lo que su
hermano Víctor del Bosque, se oponía terminantemente, so pretexto de que
la pretendida no era igual al pretendiente; agregando que no encontraba en
su hermano ninguna patria potestad, por lo que no le reconocía ningún derecho al impedimento, a más de ser él mayor de edad.
Argumenta también, que ya había comparecido ante el señor gobernador
de la provincia con el mismo asunto, y que el mandatario bahía ordenado a
su tiempo a la autoridad local, por interpósita persona, que al no haber legítimo impedimento, contribuyera a que el acto matrimonial se verificase.
Por lo tanto, pide y suplica al capitán de la villa, le permita la licencia
conducente; y que además imponga al hermano opositor, un término de veinticuatro horas "para que se imponga del derecho que a él asiste".
Sigue el asiento de recibido y auto correspondiente, éste, citando a la
parte causante del conflicto.
En escrito que obra en el mismo expediente, ésta presentó sus justificaciones a la misma autoridad, encabezándolo con sus generales: "Don Francisco Xavier Víctor del Bosque y Ochoa, español, originario y vecino republicano de esta villa de Cerralvo ... "; y previas las solemnidades que corresponden, objeta por principi.o que el escrito de su hermano Romualdo no exprese que éste es "hijo de don Juan del Bosque y de doña Resalía de Ochoa
y Echaguen, españoles"; para continuar ratificando la declaración del mismo
hermano, sobre el tiempo que dice de tener relaciones con su pretensa; pero
que sus padres siempre se opusieron a ese matrimonio, porque "siempre se
han visto y tenido los de su linaje, de pública voz y fama, por de baja esfera,
por revueltos de la sangre. Y yo en ese mismo tamaño los he visto, y que
conste que siempre se han visto por gente de ningún lustre, ni esplendor,
como asimismo de unas conductas poco o nada arregladas por sus malos procedimientos. Y en conformación de que tienen mezcla de mala sangre, me
consta que desciende la nominada María Segunda, por parte materna, de un
linaje que, por información que se ha hecho de él por lo eclesiástico, para
prevender órdenes, ha salido no sea limpio".

Alude también don Víctor en su escrito, a la argumennición del hermano
cuando a él no le reconoce patria potestad, en los siguientes términos:
"digo que es cierto no tenerla yo, pues sólo en los padres se advierte tenerla,
pero como los míos ya son muertos, yo, como hermano mayor, en compañía
de los tíos carnales, hermanos de nuestros difuntos padres, hacemos la parte
paterna, arreglados a la pragmática real de su cargo, para impedir el tal

435
434

�matrimonio, a calll!a de la desigualdad de sangre, como llevo dicho; además
de que al señor gobernador le consta que el primer decreto que su señoría
dio, hace tiempo de dos afíos, fue a pedimento del señor capitán don Bruno
Barrera, mi tío camal, con el fin de evitar el que dicho mi hermano tuviera
entrada y comunicación con la casa de esta dicha su pretensa; lo que habiéndole notificado, así a él como al padre de la indicada, fue avivarlo a la perseverancia y frecuencia de la casa, hasta verificarse el desfloro de ella, haciendo poco o ningún caso de Jo decretado por su sefíoría ... "

Y termina su escrito ratificando su insistencia sobre el impedimento, no
sin antes sacar a colación que sus padres murieron de la pesadumbre que les
causaba aquella obstinación, "porque desde que vivían -dice-, dio en esa
terquedad, y por más que hicieron porque se quitara de eso, no lo pudieron
conseguir ... "
Contiene el expediente después, dos autos; uno del alcalde Benavides,
fechado en Cerralvo en el mes de noviembre del mismo año, donde acuerda
que se le remita lo diligenciado al señor Gobernador, teniente coronel don
Simón de Herrera y Leyva "para que su. señoría determine lo que sea de su
superior agrado".

El

otro, de una semana más tarde, es del mandatario del Nuevo Reino
de León, para devolver desde Monterrey la documentación y ordenando que
se notifique al padre de Segunda Vela, "justifique y acredite en debida forma
la calidad que tiene, para en su vista proveer lo que convenga".
Tras la citatoria a Leonardo Vela, aparece un papel simple (sin sello oficial) firmado por el propio Herrera y Leyva, fechado con antelación a la
cronología que se venía siguiendo. 1'or él da orden al capitán Benavides que,
para evitar escándalos y otros perjuicios "de que también estoy informado",
se notifique a Romualdo del Bosque se abstenga de todo trato y comunicación con Vela y su hija, previniéndoles a uno y a otro, que se les multará
si contravienen lo mandado y que si reinciden se les destierre de aquel
partido.
Entonces aparece en la palestra el padre de la aludida, con escrito dirigido
directamente al Gobernador, rubricándolo como José Leonardo Vela y García
de Sepúlveda; y en él hace una brillante defensa de los cargos imputados,
argumentando:
" ... debo decir que por no tener persona instruida perfectamente (que)
me dé instrución de mi calidad y descendencia, me es dificultoso el hacerlo;
además de conocer que, siempre que esto asj se verificara, serían lastimadas

muchas familias, y deshonorados algunos señores; bajo el supuesto de hacer
público lo que ha estado en lo secreto. Pero sí puedo decir, que aunque se
me adjudique, como se me imputa, el no ser de calidad, igual, limpia y
perfecta, ésta lo ha estado o está en lo secreto; sí puedo decir que en lo
público lo han tolerado todos los señores, seculares y eclesiásticos, en el supuesto de que nos han visto y dado el lugar de nobles en todos los derechos,
donativos y demás cosas. También sé que mis ascendientes fueron producidos de buenos, así por parte de mi padre como de mi madre, y en aquel tiempo todos fueron tenidos por nobles; con que si tenemos que en los de hoy
hay alguna mácula, ha estado tolerada, como lo están muchas familias. Yo no
negaré que la mía sea de ellas, pero hasta el día se ha tolerado y han sido
honorados, y honorados como tales nobles. Para prueba de lo dicho, hago presente a vuestra señoría que es público y notorio que don Salvador Salinas,
que está de receptor en la Real Aduana de la villa de Cerralvo, y ha servido
en el Real Ramo del Tabaco; además de haber suplido en varias ocasiones,
en audiencias, la vara de justicia. Don Pedro Salinas fue teniente, su delegado por el señor Vahamonde u de la dicha villa. Don Cayetano Salinas fue
teniente, su delegado por el mismo señor Vahamonde, de la hacienda del
Alamillo, jurisdicción del Vallecillo; todos ellos parient~ de mi esposa. Don
Juan Pérez está en el actual evento de teniente de campo en el rancho de La
Laja, jurisdicción de la referida villa de Cerralvo; y en el mismo paraje lo
ha sido don José Antonio Pérez, ambos tíos carnales de mi esposa, y de consiguiente tíos de la pretensa de quien se trata; además de otros ejercicios que
han tenido como nobles· por donde es de inferir, según sé, que una vez
que han ejercido honores de noble, y todos públicos, y los señores han pasado
por ellos, ya su majestad los tiene y declara por tales nobles.
Por lo que, según lo dicho y expuesto que es notorio y no se puede negar,
parece que se falsifica don Víctor al decir que los del linaje de mi hija María
Segunda, son y han sido de baja esfera, y de ningún lustre, de conductas
poco arregladas, y de malos procedimientos i porque si así fuera, no hubieran
sido ni fueran honorados con los cargos dichos, como tales nobles. Y cuando
don Víctor se tiene por republicano, por sólo haber sido subdelegado teniente
de gobernador, por la misma razón los deben ser los ya nominados; con lo
que se deja ver, según estos honores, corren igualdad el pretenso y la pretensa,
Y nada mancha con que don Romualdo tome el estado de matrimonio con
mi hija María Segl.lllda.
• Manuel de Vahamonde y Vi!lamil, coronel de los Ejército■ Reales, Gobernador
del N. R. de León de 1787 a 1795 (cfr. CovARRUBIAs, Ricardo, Gobernantes d,
Ntm,o Ll6n, 1582-1961; publicado en Monterrey, N. L., sin pie de imprenta ni fecha.

437

436

�También presento a vuestro senona, y hago saber, que el citado arriba,
don Antonio Pérez, se halla casado con doña María Josefa Méndez, prima
segunda de don Víctor y de don Romualdo, que es el pretenso, y dicho Pérez
es tío de mi hija María Segunda: Doña María Olaya Barrera, prima hermana del señor capitán don Bruno Barrera - y ésta es tía del dicho don Víctor
y del nominado don Romualdo-, está casada con un sobrino mío, primo
segundo. de la pretensa. Con que vea su señoría cómo ya la familia de don
Víctor está entroncada por otra parte, con la mía y con la de la pretensa
por parte materna. En este supuesto, la desigualdad ya no mancha a la fa.
milla, porque ya lo está por los otros entroncamientos, y de consiguiente, don
Romualdo vale igual a la pretensa; además de que hay la circunstancia de
que don Romualdo debe satisfacer la obligación a que se considera sujeto,
por la palabra que tiene dada y por' poner remedio al mal que ha causado.
Por lo que es de inferir que aunque se case don Romualdo, .nada mancha ni
deshonra a su hermano, ni a sus tíos carnales, pues éstos quedan iguales
en sus honores, como lo han estado con los matrimonios celebrados".
Concluye haciendo la advertencia al Gobernador, que cuando el capitán
político lo llamó para que firmara la declaración, éste estaba solo; y que después advirtió que quien firmó de testigo fue un riiño de doce a trece años;
circunstancia que lo obliga a imputarle "de parcialidad". u
Por lo que llevamos comentado y transcrito, y tomando en consideración
los antecedentes mencionados respecto a las familias de mayor arraigo en
aquella comarca, advertiremos fácilmente que los nombres y apellidos que
van entrando en juego en este cuasi sainete: pertenecen á personas cuyos as-cendientes jugaron desde siempre, papeles de importancia en la vida provincial de allá. Los Del Bosque tienen seguramente un tiempo menor de haberse
arraigado, pero a partir del siglo XVIII y durante todo el XIX, los miembros
de esta familia, proveniente de Coahuila, ocuparon siempre cargos de importancia en la vida política, e indudablemente un lugar de privilegio en la
exigente sociedad de entonces. Pero, por otro lado, el mismo padre de la pretensa hace aparecer entre sus apelativos el de García de Sepúlveda; y ya veíamos que entre los primeros pobladores de la villa, eb. tiempos de Martín de
Zavala, estaban s~ medios hermanos, los García de Sép&lt;i.Iveda (y aún allí vivi6
su madre, doña Ana de Sepúlveda), por lo que es presumible que el señor Vela
haya sido descendiente de los familiare¡¡ de aquel distinguido Gobem~te.
En cuanto a la capacidad moral del gobernador Herrera y Leyva, a quien
i&lt;

438

Toda&amp; lu citas están contenida1 en el Exp. del AMM cit. en la notá No. 11.

se ha hecho partícipe en este pleito de familia y árbitro en la contienda, nd
parece que haya tenido grat1des merecimientos para actuar salomónicamente.
Recordemos el poco favor histórico que recibió, junto con sus dos hermanos,
en el libro del ingeniero Vizcaya Canales, de reciente aparición, sobre la epopeya de la Independencia mexicana ert estas latitudes; donde los exhibe, de
acuerdo a sus investigadores, como un trío de pillos, dedicad?s más a actividades contrabandistas que al gobierno que se les había encomendado, tanto
a don Sim6n como a don Pedro su hermano. Aun el mismo capitán Bruno
Barrera, de quien se sirvió indudablemente la f ¡µnilia Del Bosque para propiciar favorablemente la intervención del gobernante, en esta misma obra aparece como un incondicional y protegido de los Herrera y Leyva; lo que nos
lleva a conjeturar que él ta;rnbién curtía no malas vaquetas.15
El epilogo del melodrama -que constituye un auténtico happy ending-,
lo contiene un dictamen del licenciado Juan Manuel Mejía, residente entonces
en el Real de San Pedro de Boca de Leones (Villaldama, N. L.), a quien
se dirigió el gobernador en busca de asesada· y este jurisconsulto, en base
a la argumentaci6n de Leonardo Vela, evidentemente desbarata los melindres
sociales de Víctor del Bosque, sentenciando:
"En tales circunstancias, no me parece conveniente que este asunto siga
adelante, por ser de muy perniciosas resultas, principalmente en unos lugares,
como los de que se compone esta provincia, el mover cuestión de calidad,
estando la familia en el concepto de ser buena, y tenida, y respetada por tal;
y basta para no estimarse por justo y racional el 'disentimiento del dicho
don Víctor, . la común estimación en que se halla la familia de don José Leonardo Vela, y el estar entroncado con ella.
Por lo que siendo su señoría servido, podrá así declararlo, y mandar que
a su hermano don Romualdo se le dé la certificación que corresponde a esa
declaraci6n siempre que pida, quedando este expediente en lo reservado
del archivo, sin que sobre su asunto se admitan más escritos, ni otro ocurso
que el que se pueda imponer, según las últimas determinaciones, si por alguna
de las partes se promoviere." 18
Quizá nunca se imagin6 el licenciado Mejía, al hacer la recomendación
de que el expediente se guardara en lo más reservado del archivo, que ahora,
más de un siglo y tres cuartos más tarde, íbamos a sacarlo en exhibición.
• VIZCAYA CANALES, Isidro, En los .Albores de la Independencia. .. Ed. del ITESM
(serie Historia No. 14); Talleres de Impresiones, S. A., Monterrey, 1976 (p. 25).
• E.%p. del AMM cit. upra (el énfasis C! nuestro).

439

�Pero en realidad, nuestro interés se enfoca a un estrato mucho más profundo
que el de una simple curiosidad morbosa. Hemos pretendido utilizarlo a
manera de muestra, como se incita el gambwino al afloramiento del metaJ,
por seguir la veta minera. Si tomamos a éste y otros fenómenos históricos por
dilucidar para, al estudiarlos detenidamente, que nos conduzca -repitámoslohacia las verdaderas dimensiones de la sociología pretérita de nuestra región.
En todo hecho histórico podemos encontrar una lección para el futuro.
Lucien Febvre, elucubrando sobre el tema en su obra citada, nos obliga a
advertir que en cada página del viejo Toynbee, se encuentra la afirmación
de que la historia se repite. Y para demostrar ese sentido de la filosofía histórica, recurre a aquella antigua anécdota sobre un sha del oriente que, en
trance de agonía, se quejaba ante su anciano bibliotecario por haber llegado
al final de su existencia, sin haber logrado entender el significado de la historia y por cuánto hubiera deseado conocerla toda... «Mi príncipe - le dijo
el viejo sabio-, los hombres nacen, aman y mueren." ir

• FKBvu, o;. cil. (p. 217).

4-40

Sección Cuarta

CIENCIAS SOCIALES

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