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                  <text>HU M 'A N ITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANfSTICOS

21

UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN

198 O

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IITVDIOS

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ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANfSTICOS

21

UNIVERSIDAD AUTóNOMA DE NUEVO LEÓN
19 8O

�Derechos Reservados ©
por el Centro de Estudios Humanísticos de la U.A.N.L.

HUMAN ITAS

La responsabilidad derivada de los estudios contenidos en este
Anuario corresponde exclusivamente a SU!i respectivos autores.

ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS
DE LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN

CENTRO DE ESTUDIOS HUMAN1STICOS DE LA
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN

Presidente Emérito:
DR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE
PRIMERA EDICIÓN
Diciembre de 1980.-750 ejemplares.

Presidente y Jefe de la Sección de Ciencias Sociales:
Lic.

ALBERTO GARCÍA GóMEZ

Secretario y Jefe de la Sección de Filosofía:
Lrc. JoRGE MoNTEMAYOR SA.LAZAR

Jefe de la Sección de Letras:
DRA. ALMA Sn.vIA RomúGUEZ DE FLORES

Jefe de la Sección de Historia:
ARQ. GERARDO DE LEÓN

HUMÁNITAS
Correspondencia: Centro de Estudios
Humanísticos de la Universidad
Autónoma de Nuevo León, 15 de
Mayo Ote. 650, 3er. Piso, Edificio
Garza y Clariond, Monterrey, N. L.,
M~xico.

21

198O

�fNDICE
SECCIÓN

Pa1M81lA

FILOSOFfA

(A)

IN,uncAOOtts Loe.u .es

Dr. Jur. Dr. Phil. Acusrl:,; BASA\·B. FER~.,soEz DEL VA1.u: : Crisis) Lisis
dela Metafísita . .
. • . . • . • • . • . . • . . . •
Lic. joRGE MONTEMAYOR SAuua: Ftlicidad y Virtud t.n la Reflexi6n
ltica de -Arist6teles .
. . . . • . . . . . . . . • • • • . • •

13
29

(B) I NVESTICAOORES FORÁNEOS

Profr.

EvANCHÉLOs

A.

~ÍOUTSOPOULOS:

La Rupture de l'unité con s-

titutfor de la paro/e, de la musique et de la dame, et la ttitique
platonicfrnne du thl8tre . . . . . . . . . . . . . . .

35

Dr.

PATRICK RoHA!l.'l:.LL: Sorne Sobering Reflectúms on the Hflman
~ittJation . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 41
Mons. Dr. ÜCTAVJO N. DERJsr: La lntencionali.dad de la Conciencia • 51
Dr. JosÉ RuBÉN SANABRIA: El Conocimiento en la Filosufía Moderna.
ll. El Empirismo . . . . . • •
. . . . . . . . . . . . . . . 59
nra. JomTH G. GARCÍA CAFl'ARf:NA: S1~nificado - lwguage - EsenciaRralidad en las "lnvettiga&lt;i,,11,r Fi/Mófica," d, ludu.:ig Witl,·· ,:,t,•in 81
Profr. STANISLAUS LAousANs: Uma /rwestigacáo Filosofol6gica Comemoratit-a do Centtnário da E11ciclica "Acta,u Patris" de Leaó X 111
{1879-1979) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
89
Dr. ALBERTO CATUJU!.LL:r : El Tomismo en la Argentina )' la Rrupci6n
de la Encíclica Aeterni Patris • • . . . . . • . . • . • • . . . . . . 109

7

�Dr.
Dr.

HuMBERTO

PrÑERA

Idea del Tiempo . . . . . . . . . . .

LLERA:

Dr.

SECCIÓN

El Problema de la Enseñanza de la Filofía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 155

TER CERA

ALFONSO L6PEz QurnTÁs:

Profr. SANTIAGO VIDAL MuÑoz: ¿La Filosofía, Objeto de la Pedagogía?

Dr.

129

HISTORIA

179

J. E. BoLZAN:

La Generación y sus causas según Arist6teles. De generatione el corruptione, 11, 9-11 . . . . . . . . . . . . . . . . . . 201
MIGUEL DA Cosu LEivA: Enrique Malina Garmendia y su Concepci6n del Espíritu . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

217

Mito y Cultura en la Tradición y en el Proyecto
Social . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

229

Profr. Lmm

(A)

INVESTIGADORES LoCALES

Arq. GERAROO DE LEÓN: Urbanismo Histórico del Noreste de México 415
Lic. MARro ÜERUTI'I: Industrialización y Salarios Obreros en Monterrey {1890-1910) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 443
Lic. RICARDO EuzoNo EuzoNDo: Reminiscencias Sefarditas en el Fol-

BAGOLINI:

klore de Nuevo Le6n . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
SECCIÓN

SEGUNDA

Lic.
LETRAS

(A)
Dra.
Dra.

Lengua y Cultura

LETICIA PÉREZ GuTIÉRREz: Densidades Cromáticas de la Obra
Poética de Julio Herrera y Rei.ssig . . . . . . . . . . . . .

Lic.

PATRICIA BASAVE DE MEDINA,

R.

DE

GENARO SALINAS QumooA:

Lic. JuAN FIDEL ZoRRJLLA: El Plan de la Loba . . .
529
Lic. CARLOS GoNZÁLEZ SALAS: Fray Francisco Ramírez y González,
Primer Vicario .Apostólico de Tamaulipas . . . . . . . . . . . .

243
253

SECCIÓN

543

CUARTA

M.L.E.: L os Lusiadas, una Epopeya

Uniuersal . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Lic. LYDIA

495
Los Siete Sabios de México . . . . . 521

(B) INVESTIGADORES FORÁNEOS

INVESTIGADORES LOCALES

ALMA SILVIA Ro01ÚOUEZ DE FLORES:

475

ToMÁs MENDIRICHAGA CUEVA: La Iniciación Masónica del Padre Mier

271

CIENCIAS SOCIALES

:DfAz: El Mito y la H istoria en la Regi61i más trans-

279
Lic. VmGJNJA CosTA G.: Balun-Canan: Dos Mundos: Una Realidad . . 295
parente . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Lic. CRISTINA MA. GoNzÁLEZ:

( A) INVESTIGADORES LoCALES

Hacia el Movimiento Interno de: El

Lic. ALBERTO GARCÍA GóMEz: Hacia un Nuevo Orden Internacional 555
Dr. FRANmsco RtrnÉN DELGADO MARTÍNEz: Derecho y Esquizofrenia:

321

LutoHummw . .

(Fenómeno social y salud mental) . . . . . . . . . . . . . . . .

(B) INVESTIGADORES FORÁNEOS

Lic. ARio GARZA MERCADO: 42 P.M. . . .
357
Dorus L. HENDERSON: Sorne ConstTaints on English-Spanish CodeSwitcliing . . . . . . . . . . . . . . .

A. FERNANDEs: A comparative Study of Determiners
DIANE R. VoM SAAL: Jill's Comunicative Competence
CAROL

8

361
389
401

t

567

( B) INVESTIGADORES FORÁNEOS

Dr. Lucro MENDIETA Y NúÑEz: El Problema Agrario de México
583
Profr. ANTONIO P OMPA Y POMPA: Salvador Alvarado, Sociólogo de la
Revolución . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 590
Dr. ALoo ARMANDO CoccA: Respuesta Jurídica a la Guerra Energética 601
9

�Dr.

ENRIQUE MAPELLI: El Overbooking o Exceso de Reservas de Plazas en el Transporte Aéreo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 621
Dr. Profr. DAVID G. DAVIES: Aproximaciones Empíricas de la Incidencia de la Estructura de Impuestos . . . . . . . . . . . . . . . . . 629
Profr. Dr. ERNESTO J. REv CARo: Problemática Jurídico-Internacional
de la Protección del Medio Ambiente . . . . . . . . . . . . . . . 645
Dr. H.ÉCTOR Gaos EsPIELL: El Conflicto Limítrofe entre Venezuela y
Guyana y un Libro Reciente . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 683
Dr. Juuo E. LINARES: Del Tratado Thompson-Urrutia al Tratado de
Montería . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 691
Dr. ROBERTO LARA VELADA: Las Altas Culturas Precolombinas de
M esoamérica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 709
Dr. C. A. CANNEOIETER: El Desempleo y sus Aspectos Humanos . . . 733
Dr. Ph. GENTIL ROJAS L.: Diagnóstico Preliminar del Sector Agropecuario de la Subregión Anáhuac, Nuevo León, México . . . . . . 757

SECCIÓN

NOTICIAS,

RES

QUINTA

ERAS Y COMENTARIOS

A. S. RooRÍoUEz: Types of Multilingual Comunities: A Discussion of
Ten Variables . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
A. S. RooRÍouEz: Langttage. Choice in a Multilingual Society . . . .
DIANE R. VoM AAL: The Tip of tite Tangue Phenomenon . . . . .
RosALINDA G. GIL: Piaget's Theory of Child Language and Thought
A. S. RooRÍouEz: Evolución de los grupos latinos pl-, kl-, fl- . . . .
Arq. GERAROO DE LEÓN: Historia de la Literatura en Tamaulipas . . .
Lic. ALBERTO GARCÍA. GóMEZ: Transformaci6n }' Desarrollo del Derecho
Internacional en México y en la América Latina (1900-1975) . . .
Lle. ALBERTO GARCÍA GóMEz: Noticia. Profr. Antonio Pompa y Pompa

10

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Sección Primera

FILOSOFIA

�CR1SIS Y LISIS DE LA METAF1SICA

D a. JUR. DR. PmL. AousTÍN BASAVE FERNÁNoEz DEL VALLE

Rector de la Universidad Regiomontana y Premdente Emérito del
Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad Aut6noma
de Nuevo León.

1.-No hay ciencia del ser en cuanto ser sustantivado. 2.- ¿ Olvido del ser u
olvido de Dios? 3.-¿"Actus essendi" o " Ipsum esse"? 4.-La unidad de la habencia no es la atmósfera vacía del ser. 5.-La metafísica en trance de muerte.
6.-Hacia la lisis de la metafísica.

SUMARIO:

l. No hay ciencia del ser en cuanto ser sustantivado

EN LA ÉPOCA moderna y en la época i:ontemporánea se ha cuestionado,
desde djversos ángulos, la legitimidad de la metafísica. No basta el testimonio
de su larga historia. La vieja ciencia del ser hace buen tiempo que está en
una crisis inocultable. ¿Es posible una ciencia del ser? Necesitamos despejar esta incógnita antes de forjar una nueva fundamentación de la metafísica.
El descrédito patente y difuso de las especulaciones sobre el ser en bruto,
sobre el "ens commune" no se remedia acudiendo al peso muerto de la trarnción. Al revisar el pasado entero de la metafísica tendremos que prescinrnr
de lo que resulte insostenible a la luz de la sana raz6n. De este modo aligeraremos la marcha y podremos ofrecer las bases de una nueva metafísica. Porque
el progreso de las ciencias particular~s jamás podrá consolarnos del receso
de la sabiduría. Hoy tenemos más datos y comprendemos menos.
Conocer el ser en tanto que ser, la realidad en sí misma, investigar los
principios y las causas finales ha sido el propósito primorrnal de la metafísica
a lo largo de la tradición. Cabe preguntar : ¿ha cumplido la metafísica su
objetivo tradicional? Recórrase mentalmente la historia de la filosofía y
no se encontrará un solo filósofo que haya podido explicar en qué consiste ser.

13

�Se formulan preguntas sin respuestas, se acude al problema del prinCJp10 y
la causa suprema de todo lo existente, se examina la constitución interna de
los entes -tarea que asumen las ciencias positivas-- y se deja sin explicar
la consistencia del ser en tanto que ser. Esta investigación, al decir de Hume,
nunca constituyó una verdadera ciencia, fue, tan sólo, un infructuoso esfuerzo
de la vanidad humana, una enmarañada maleza sojuzgante del espíritu humano. Quiso liquidar, de una vez para siempre, todas aquellas cuestiones
metafísicas inabordables cubiertas bajo el pabellón de "ciencias aéreas". Kant
afirma que nuestro conocer está retenido dentro de lo limites de la experiencia -leyes de espacio, tieznpo y causalidad-, pero nuestro pensar no se encierra en estos limites. Desechó una determinada metafísica -la racionalista
que le tocó conocer-, pero apunt6 el ineluclible afán metafísico del hombre.
En el Prefacio a la primera edición de la Crítica de la Razón Pura asevera
que no hay que aferrarse "despóticamente" a la metafísica, como hacen los
dogmáticos, ni tampoco, hastiados de sus fracaso , como los escépticos,
echarse en brazos del indiferentismo. Trató de llevar la razón ante el
tribunal de la 1'32Ón, "erigir un tribunal que asegure a la razón en sus
pretensiones legitimas y acabe, en cambio, con todas sus arrogancias infundadas, y esto no por medio de dictados despóticos, sino según sus eternas
e inmutables leyes. Este tribunal no es otro. 13 José Ortega y Gasset apuntó
algunos lineamientos para una metafísica según los principios de la razón vital
y anunció "jaque mate" al concepto de ser. El positivismo lógico se ha esforzado por sepultar definitivamente en el panteón de las doctrinas filosóficas, la
metafísica. Ninguna disciplina filosófica ha sido más duramente atacada que
la metafísica. ¿Por qué se ha producido este encono contra la metafísica?
¿ Cuál es la razón más profunda de la cri is de la metafísica? ¿Cómo encaminarnos hacia la lisis?
Poseemos una inmediata intuición del ser de los entes concretos. Pero el
metafísico separa el ser de los entes, porque no se agota en ellos, y se esfuerza
en vano por explicar el ser substantivado que no lo encuentra en todos los
entes, ni en su conjunto, ni en los intersticios de las cosas. Ni un ente, ni la
totalidad de los entes reales, pasados o posibles aclaran el ser en su consistencia y definición. La facticidad del ser en los entes, por otra parte, no dilucida
la consistencia del ser ni la de ningún ente real. ¿Tiene atributos el ser?
¿ Cuáles son? Nadie ha podido hablar de atributos del ser, porque no los
tiene. Ahora bien, sin atributos no cabe edificar una ciencia real del ser. El
más universal de los conceptos es el más vacío, el que tiene lógicamente
menos comprensión. Los trascendentales no contribuyen, en lo más mínimo,

a resolver la cuestión de lo que sea ser. Ni Aristóteles ni los metafísicos
posteriores nos han dicho qué es el ser. Se busca una idea clara y distinta
del ser y se advierte que el concepto no es unívoco. Como ser de los entes,
el ser se presenta en miles y miles de modos. ¿Será posible llegar, ante entes
diversos y de distinto género, a una ciencia unitaria y común? Todos los entes tienen ser, porque todos son, pero presentan diferentes constituciones ónticas.
i nos vamos al nivel óntico trataremos de las cosas en tanto que son, pero no del
ser en cuanto ser. Si nos queremos elevar a una teoría pura del er en cuanto
ser nos veríamos impedidos de incluir las diversidades reales, concretas. O
bien esa teoría unitaria se quebraría en un número creciente e ilimitado de
formas, modos, tipos, géneros, especies, clases, grupos que se van desvelando
en la habencia. El indefinible concepto de ser se ostenta como superior.
"Y en la medida en que es superior, en cuanto a la universalidad, en la
misma medida es ese concepto neutro y vacio: cuanto más abarca lógicamente, menos aprieta ontológicamente. La dificultad formal o 16gica no es más
que la consecuencia inevitable de la dificultad metafísica y epistemológica:
si el ser se determina como substancia, entonces el bien o el accidente no es,
o tiene que buscarse otro concepto superior que abarque a la vez al sersubstancia y ser-accidente, y con ello la substancia -observa Eduardo Nícolno resuelve, como se esperaba, el problema de qué sea ser". 13 En tanto que
la metafísica se considere como la ciencia del ser -apunta Ockham-, no
se ocupa de nada real, sino de un puro concepto. La distinción medieval
entre el ser y el concepto de ser acaba implícitamente con el principio de
unidad del ser y el pensar -que se rescata en la habencia entendida como
totalidad de todo cuanto hay, como todo lo habido y por haber- y nos
impide pensar unívocamente sobre el ser real y el ser como concepto. Por
una parte, la realidad es diversa. Por otro lado, ningún ente real puede darnos la razón última de su propio ser. De ahí que Santo Tomás se vea precisado a utilliar la hipótesis operativa de la analogia entis, de un existente
que posea el ser en grado tan eminente (Ser simplisimo sin limite de esencia), que pueda dar razón del ser de todos los demás existentes. La teoría
tomista de la comunidad ontológica entre el Ser que es y los entes que tienen
ur ( y derivadarnente, entre los entes, unos con otros, y entre el ente y su
propio ser) no aclara, tampoco, en qué ronsista ser. Dios y los entes intramundanos no pueden pertenecer a un mismo género. Dios no pertenece a
ningún género ontológico, está más allá de todo género y de toda ontología humana. Duns Scoto sostiene que el concepto de ser es unívoco en lógica
1COL, Eduardo, M,tajf.sica de la Expwión, pág. 34, Ed. Fondo de Cultura Económica, México, 1957.
11

" KANT,

14

Jnmanuel, Critica de la Ra_wn Pura (Prefacio A XI).

,

15

�y equívoco en metafísica.u Pero la distinci6n, en vez de resolver el problema,
lo agrava. La identidad del ser, entendida en sentido .ª?soluto, ,º.os corta la
conexión con los existentes reales. Para salir de la cnSts metafísi~ en que
nos encontramos hay que volver a las cosas, a los entes -reales o ideales-,
a Jas posibilidades, a las valiosidades y al horizonte de todo cuanto hay.. No

hay ciencia del se~ en cuanto tal. Lo q~e ha~. es el haber d~ _la hab~neta 'V
lo que hace que ha)'a habencia. He alu la lis~ de la metafuua. ~eidegger
habla de la superación de la metafísica y de olvido del ser. ¿ Por que no detenemos a examinar el pretendido olvido del r? ¿Por qué no preguntarnos
seriamente si nos hemos olvidado del ser o nos hemo olvidado de Dios?

2. ¿Olvido del ser u olvido d, Dios?
El verdadero principio ontológico, de manera efectiva, ha _ido Dios r. no
el concepto de substancia, de ser en sí. La suficiencia onto!ógica no la nene
una cosa que exista en sí y no en otra, sino un ente _qu~ ~xista en sí y por si.
El concepto aristotélico de sub tancia no basta para Justificar el _ser de cuanto
· te ¡ siquiera alcanza a explicar el insuficiente ser del accidente de ser,
exi ·
· tíf b ta
que no es en sí. En rigor, ningún concepto humano de_ ?rden cien 1co . as
para justificar el ser de cuanto existe. Por eso la_ metafis1ca, d sde los gnegos,
recurrió a otro concepto, ontológicamcnte superior? que _es 1~ suprema R alidad irrespectiva. Lo real intramundano, aprc~end1do pnm~namente, es algo
mutable, insuficiente, menesteroso en sí, conuncrente, necesitado de ~na_ ~uperior justificación metafísica. La realidad, t_al como se ~frece, no se JU tifica
a í misma, por ser un ser-con-la nada implica una ser- m-~ nada. ~ es un
error buscar un principio necesario y trascendente de la realidad contingente.
El error e triba en pensar que una ciencia del ser en cuanto ser es la que
nos va a resolver el problema.

La realidad postula, por su propia contingencia, un principio nece ario.
Por eso "todo los caminos ele la metafísica llevan a Dios". El anhelo de ~onocer el principio de todo lo que es, que tod~ lo gobi~a, n~ ~eva al _rnncipio de los principios. Este hecho ya lo babia advertido Anstot~le _:. pues
todas las causas son principios", u y el orden de las ca~ o pnnc1p10~ . remite necesariamente a la causa principal. La idea de Dios en la metafísica,
profundam nte enraizada en factores vitales y teóricos, no ha podido ser desterrada por los vanos esfuerzos del agnosticismo filosófico, de los embat~
antirreligiosos, y del olvido irreligioso. La ausencia de Dios en la f nomenologia

y

" ScoTo, Duns, Comm. Ox. 2, 3, 1, n. 7.
ia AltTsTÓTELES, M ,taffsica, 1, l O13a.

de Husserl y en la ontología de Heidegger, deja a sus sistemas filosóficos
sin mención relativa al problema del principio. ¡ Grave déficit! Pero el problema subsiste, queramos o no llamar Dios el principio de todo cuanto hay.
Los términos del problema -abórclense o no se aborden- son racionales.
Y no veo impedimento alguno para encontrar una solución racional. Cosa
diversa es que algo quede más allá del límite de nuestra razón finita. Platón
supo sentir muy bien esa "falla ontológica" de la realidad, requerida de salvación. La insuficiencia del ser, la degradación ontológica de la existencia
no se resuelve apelando al recurso de concebir el ser, en sentido eminente,
como substancia.
Heidegger se lamenta por el olvido del ser. Pero en qué consiste este ser
nunca acaba de decirnoslo. ¿ Se trata de un concepto epistemológico inicial,
o bien de una idea teoréticamente terminal? Las preguntas por él reformuladas: ¿qué es el ser?, ¿por qué hay ser? quedaron sin respuesta porque no la
tienen en el ámbito en que se movía Heidegger. A esas preguntas sólo cabe
responder con la idea de Dios, pero Heidegger se encarnizó con la idea de fi.
nitud. De lo que debió dolerse no es del olvido del ser, sino del olvido de Dios.
La teoría del ser -desde Aristótele hasta Heidegger- no proporciona
satisfacción plena al entendimiento metafísico. ingún ente intramundano
ni el conjunto habencial de todo lo que es, presenta la razón última de su
ser y su existencia. Dejemos por ahora el hecho del devenir y de la caducidad
de los entes. Fijémonos, tan s61o, en que ningún ente intramundano aparece
justificado ontológicamente por el hecho nudo de existir. Las ciencias positivas
podrán aclarar las formas de ser propias de todo lo que existe· pero nada
podrán decir, en cuanto ciencias positivas, sobre por qué existe lo que txiste; por qué es el ser de los entes. Es la metafísica la que afirma que lo contingente postula lo necesario. Inútil el afán de encontrar en este mismo mundo
un ser que escape a la contingencia. o estamos ante un concepto especulativo,
sino ante un hecho metafísico patente. El conjunto de los entes que son, y la
habencia entera nos son dados en la forma de ser de Ja contingenc.ia. Ahí
están como facticidad, pero sin darnos la razón de su ser mismo. Y al no
dárnosla es ineludible la implicación de la existencia de un ser que existe con
razón propia, de un Ser fundamental y fundamentante, de un Ser necesario,
e to es, onto16gicamente, suficiente. Cualquier investigación que proceda con
rigor y continuidad -sea de índole biológica, física, química, psicológica o
de cualquier otra índole- se encontrará. a la postre, con este problema d I verdadero principio metafísico.
E1 olvido de Dios -y no el olvido del ser- nos ha llevado en la época .
contemporánea, a una metafísica defectiva e inadecuada. A mí no me 1m-

16
17
hum6niw-2

�,
porta el ser como tal, sino las cosas, las personas, el mundo, la habencia, Dios.
El ser lo tengo a la vista en los entes reales y concretos. Lo que interesa es
saber cómo son y cómo se conducen esos entes, cómo puedo coexistir con
ellos y c6mo puedo descubrir la unidad, la conexión de todo lo que hay. La
pregunta que interroga por el ser es equívoca. De esa interrogante se resbala hacia las existencias. No hacía falta todo ese aparato conceptual para
resbalar hacia el existente concreto.
La metafísica no puede librarse de tratar del principio de todo cuanto
hay. Con el problema del principio de unidad nació la filosofía. La unidad
está en la habencia -conjunto de todo cuanto hay- y no en el ser en cuanto
ser. Pero esta unidad fáctica requiere un principio supremo. El ser es sólo una
actualización, un momento respectivo de la habencia. Y es ser del ente. La diversidad de formas de ser no implica, en suma, diferencia de grado en el
hecho mismo de ser. En ese sentido, la noción tradicional de ser es más amplia que la de Ser divino, y por otra parte depende -principio de participación- la noción de ser de la noción de Dios. ¿No será ya tiempo de abandonar
el centro tradicional de la metafisica, que reposaba en la vieja ciencia del ser,
para instaurar una nueva metafísica de la habencia -todo cuanto hay- y
de su causa principal y última?
Detengámonos en el examen del "actus essendi" de la escuela heideggereana, para dilucidar si puede hacer las veces del "ipsum esse". Acaso esta investigación arroje suficiente luz para pasar de la crisis a la lisis de la metafísica.

3. /'Actus essendi" o "lmpsum esse"?
La metafísica se hace en el tiempo, pero no depende sólo del tiempo. Para
Heidegger hay un solo tema del filosofar: el ser. El esclarecimiento del ser
se realiza en la existencia, y en ella, el hombre es el medio, el lugar y el
fundamento de la posibilidad y el punto de partida de ese esclarecimiento.
Pero lo cierto es que todo se queda en un "pastoreo" del ser, sin llegar al
esclarecimiento. Aristóteles unificó lo separado por Platón. La realidad esencial y la esencia real están en un único mundo. Santo Tomás de Aquino asigna
a cada ente su lugar determinado en la totalidad, en el ser. Santo Tomás nunca
llegó a distinguir entre la totalidad de cuanto hay -lo que nosotros denominamos la habencia- y el ser. El hombre, para el Doctor Angélico, debe
actualizar su ser, ocupar y afirmar su verdadera ubicación esencial. A la
clara jerarquía de valores corresponde una clara jerarquía de entes. Cuando
el orden se altera debe restablecerse. Hay un orden justo. La libertad puede
decidirse en su favor o en su contra. "Nihil volitum, nisi cognitum". ¿ Hay un

18

olvido del ser
. •
. en la visión aquiniana? Para Heidegger sí Jo hay. p ero, éque
e_s el _5:r h_eideggeri~o? Pura luz que alumbra todo y hace posible toda investiga&lt;:on sm ser obJeto de investigación. Luz sin sostén entitativo no puede
explicar nada.
La filosofía de la esencia experimentó una crisis decisiva en ]a filosofía
de Kant, tras la crisis preliminar del nominalismo medieval. "Metafísica de
la subjetividad" ha llamado Heidegger a la filosofía de la esencia. y uno
de sus ~scípulos más allegados, Max Müller, apunta: "El conocimiento de
la e~n~ presupone, como hemos visto, una visión del todo, del englobante,
del infrruto, o sea, del ser, ámbito de la esencia". 16 Ahora bien el todo el
englobante, no puede reducirse a un concepto vacío como el del ~er. Se d~ele
~ax Müller de que el ser se pierda en el realismo esencialista y en el idealismo: "En el realismo de la filosofía esencialista se identifica el ser con el
ord~n de_ las esencias detrás de las cuales desaparece, por así decirlo, el ser
al dif1:111~se en ellas. En el i~ealismo, en cambio, el ser es espíritu, y el espíritu
es la mf1mtud que se emanapa de lo sensible y finito es la libertad absol t
.
" n El prof esor Max Müller
..
'
ua
rrnsma •
pretende que un supuesto ser sustantivado
que no es nada fuera de los entes, subsista más allá de la esencia O del esp' ·tu'
H
,
m.
e aqU1 un texto de Max MüJler donde aparece la típica huella de su maestro
Martin Heidegger: "experimenta el ser como la historicidad absoluta como el
todo, lo incondicionado, supraindividual y absoluto mismo que de p, ' f' ·. hi , ·
or s1 1n1
~~ . stoncamente?ª. ¿ Q~é p:1"1ebas se aducen para hablar de un ser supramdJVJd~al que se fm1tiza hist6ncamente? Ninguna. Max Müller habla del ser
co1:11o 81 fuese una persona: "Una nueva forma de la verdad del ser quiere
salir a la luz. Frente a e~Ja todo lo que cabe es "estar pronto" _19 ¿ Quién es
ese ser -:-como no se.~ Dios- que v~ a salir a la luz, y ante el cual lo que
cabe es esta_r pronto ? Esta reverenaa hacia el ser, de origen heideggereano,
parece aswrur caracteres religiosos: "El hombre no es el ser ni su señor sino
el ' guar di'an' y e1 •pastor, del ser que, trascendiéndole infinitamente se confía
'
no obstante ª, él haciéndolo partícipe de esa trascendencia en este ~onfiarse y
entregarse a él. :tl, ~I hombre, no es el ser ni es más que el ser. No es sujeto
que a~arca el ser, smo, como su servidor, un 'ahí' (Da) de él". 2º El hombre
reducido a .un "pastor"
.
, a un ''guardián" , a un "seIVI·dor'' de un concepto
que se ha hipostasiado. ¡ Hasta aquí llegan los extravíos de la metafísica occidental del ser! El hombre es pura ec-sistencia. La esencia del hombre es la
'" MÜLLER,
n MüLLER,
11

Max, Crisis de la Metafísica, pág. 27 ' Ed . Sur.
Max, Jbid., pág. 34.
Max, ]bid., pág. 42.

MÜLLER,
MhLER, Max, ]bid., pág. 46.
:o MÜLLER, M:i.....-:, ]bid., pág. 47.

10

19

�existencia. Dicho de otra manera: la esencia del hombre es no tener esencia.
La vacuidad y el formalismo de esta concepción del hombre es inocultable:
"Sólo cuando la vacuidad de ·1a carencia de naturalei.a y esencia ha constituido
la naturaleza y la esencia humanas, la exigencia del ser mismo puede llegar a
convertirse en lo auténtico del hombre, puede éste ser lo que corresponde a su
destinación: ec-sistencia y cumplimiento de la ec-sistencia y, por tanto, "ser
ahí" (Da-Sein) .21 Heidegger y su epígono Müller pretenden esclarecer el
hombre a partir del ser, como :misionario. "El ser, como el fundamento de
todo fundamento, tiene ciertamente necesidad de lo fundado para advertir
a su presencia, a su "Da" . . . Más necesita lo fundado, el hombre, del fundamento para advertir su esencia" .22 ¿Cómo va a ser el ser fundamento de todo
fundamento si tiene necesidad de lo fundado para presentarse, para ser ahí?
Heidegger y Müller hablan del fundamento de todo fundamento, refiriéndose
al ser, cuando debieron hablar de Dios. ¿Porque quién sino Dios puede ser
fundamento del fundamento? ¿ Cómo puede hablarse sensatamente de "una
nueva menesterosidad y contingencia del ser, del todo y su totalidad, del infinito, de lo ontológico, necesario-en-sí, de lo omnicomprensivo y transfáctico:
El ser mismo ha menester del ente", en términos heideggereanos? En el epílogo a "¿ Qué es Metafísica?" Martín Heidegger advierte que "mmca esencia
(west) el ser sin el ente". 23 Yo preguntaría si alguien puede probar, en alguna manera, que un supuesto ser -que no es ningún ente concreto- puede
estar esenciando. El ser --que no es Dios-- excede a todo ente, tiene una
historia, es acaecimiento ( Ereignis) y "resolución" ( Austrag). El "cuidado"
(Sorge) del hombre es cuidado por el ser que le excede, que se identifica
con la verdad y con el tiempo. Por esta vía no encuentro "superación de
la metafísica" sino confusión de la metafísica con la mitología. El ser que está
oculto aparece de pronto. ¿Por obra y gracia de quién? Se exige -en
"La Carta sobre Humanismo"- experimentar el ser como sagrado a fin de
que el Dios se manifieste en lo divino y sagrado. Pero, ¿ cómo sacralizar un
concepto? La experiencia filosófica va desde lo real como parte de la habencia,
hacia el último fundamento de la habencia que no es el ser en general, el "ens
comm une", sino lo más real de la realidad, la suprema Realidad irrespectiva,
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el Actus purus. El ser como ens commune o ens m commuru no es ac a mente real en sí mismo, no es Actus purus, ni la "realitas realitatum et omnitudo realitatum". La realidad previa que está en todo y por lo que todo es,
no puede ser el concepto de ser, sino Dios. Realidad, idealidad, actualidad,
habencia se unifican en Dios. El ser no tiene historia; la que tiene historia

zi

MÜLLER ,

Max, /bid., pág. 48.
48.
6s la M6taflsica? Epílogo, 5a. edición, pág. 41.

"' MÜLLER, Max, /bid., pág.
" fulDEOGEll., Martín, éQu,

20

es la habencia: historia de su autorrealización. Heidegger se empeña inútilmente en evitar que su concepto de ser sea un simple 11ens rationis". Lo
compara eón el actus essendi que hace surgir de sí las esencias como los modos
de su recepción en que, al finitarse, se autolimita. Toda esta fantasmagoría
-tan germana- nos recuerda la "Fenomenología del Espíritu" de Hegel,
aunque la hlstoria sea diferente. Aquello de que todo emana no es el actus
essendi sino el ipsum esse. ¿Acaso podemos encontrar la unidad en la atm6sfera vacía del ser? ¿No será mejor dirigir nuestro intelecto hacia la unidad
de todo cuanto hay?

4. La unidad de la habencia no
es la atmósfera vacía del ser
"El ser y el uno, pues, se predican en universal y principalmente de todo",
apunta Aristóteles.i• Para acceder al ser, el Estagirita se orienta por la relación lógica, predicativa. Desde entonces, la metafísica se abocó a tratar
del concepto, antes que de la habencia. El griego clásico se hallaba -o creía
hallarse- con una mentalidad íntimamente inserta en la estructura del ser
más que en la de la habencia. Tras la crisis de los universales y del idealismo,
los hombres del siglo XX no queremos quedarnos prendidos en la retícula
del concepto ser. Queremos ir a su realidad misma en los entes cóncretos. Y
más allá de esta realidad queremos llegar hasta el seno de todo cuanto hay.

La vieja ciencia del ser ha entrado en crisis por su eidetismo escindido de la
esfera de lo real y de los haberes de la habencia, En vez de estudiar la estructura real del ente, de cada tipo de ente y del ser Iealizado concretamente
en los entes, la metafísica tradicional se desvió hacia el concepto de ser. Lo
más general en ontología es un mero concepto. Pero este concepto no es el
ser máximamente concreto. No es de extrañarnos la desviación del nominalismo, si la escolástica iniciaba toda especulación metafísica con la ratio entis,
del ens ut nomen, del predicatum essentiale. Una cosa son los entes reales que
son, que tienen ser, y otra muy diferente el concepto de ser. Y sin embargo,
los escolásticos no distinguían el ser del ente y hasta carecieron de palabras
apropiadas. El "conceptus entis" era la denominación única que englobaba al
ser y al ente. El vocablo "esse" sólo poseía un sentido estrictamente verbal. En
el concepto indiferenciado de ser se pretendía abarcar toda una jerarquía
6ntica. Qued~ban sin distingwr los planos de diferente estatuto l6gico-01ztológico.
" ARISTÓTELES,

(Met. I 2, 1053 b 20; cfr. 998 by 1060 b 4).

21

�¿ Es posible incluir en el concepto de ser una diversidad de estructuras entitativas y de posibilidades? ¿ Cómo decir qué es lo que puede ser? Estas
preguntas no pueden ser contestadas satisfactoriamente por la vieja ciencia
del ser r ponen de relieve su insuficiencia.

Los entes se hallan, se realizan y se hacen inteligibles en la habencia y no
en el ser. ¿ Y qué decir del ser como concepto en relación a Dios? "El concepto de ser no puede, pues, por sí mismo notificar, previamente a todo ulterior
raciocinio, 11ada referente a Dios; a lo sumo podría admitirse que la unidad
o poder unilicante del concepto parece postular una Realidad Fundante y
Fontal en virtud de cuya participación todo ente recibe su realidad. Mas
este vislwnbre no da derecho a atribuir propiedades estrictamente divinas a esta Realidad Fundante en virtud del concepto mismo y previamente a toda
demostración. Por lo tanto no nos parece que pueda afirmarse que el concepto de ser implique en sí mismo la diferencia entre Creador y creatura,
así como tampoco entre sustancia y accidente, ya que la existencia de esta
clase de entes ha de ser previamente probada". 2 ~
En la estructura misma del concepto de ser no tiene lugar esa "proporcionalidad" entre las diferencias ónticas de las diversas clases de entes reales.
El concepto de ser no notifica por sí mismo tales diferencias. El concepto más
general, primario, y universalmente inteligible para toda mente humana no
puede incluir formalmente elementos que valen como ser sólo para determinados sistemas. Francisco Suárez vio claramente esta dificultad. La filosofía
del ser ofrece unas esencias absolutas o unas entidades concretas, moviéndose
en el vacío, sin conexión alguna, sin "campo de fuerzas" -si queremos analogar con la física de Einstein que usa esta expresión-. La primitiva filosofía
griega andaba --como ahora nosotros- en pos de la unidad, que no es la atmósfera vacía del ser. La habencia es una unidad trabada y dinámicamente
interrelacionada de la totalidad de los entes y de las posibilidades en sus mutuos condicionamientos. Habencia condicionante y totalizante. Totalidad estructural Comunidad participativa. Por la instauración de esta nueva metafísica de la habencia nos encaminamos hacia una expresión unificante y
dinámica de la totalidad supraintegrada. Esta totalidad supraintegrada, que
no es la indefinitud del ser, es presencia unificadora, sintaxis óntico-lógica,
contexto de cosas y sucesos, sentido que permea el universo teleológicamente,
participación del Ser fundamental, subsistente por sí.
CENCU.LO, Luis, Curso de Filosofia Fundamental, tomo I, Tratado de las Realidadti, 2a. Edición, pág. 282, Publicaciones del Seminario de Antropología Psicológica
de la Universidad Complutense de Madrid, 1973.
11

22

5. La metafísica en trance de muerte
Sólo hay algo real: 1a unidad y totalidad de la habencia. La idea de ser
no es la más real. Por algo Protágoras decía que no deberíamos utilizar
nunca la palabra ser. De la concepci6n de ser como sujeto (Parménides), el
espíritu humano pasó a la concepción del ser como predicado (Platón), y
al ser como verbo (Kant). Esta ambigüedad, esta ambivalencia de la idea
de ser ha llevado, a no escasos fil6sofos, a negarla como tal. Mientras algunos
piensan que las cosas no poseen una consistencia suficiente para merecer el
nombre de ser (hueco o carencia constitutiva), otros afirman un excedente de
esencia, una superabundancia que rebasa infinitamente la idea de ser que nos
formamos los entes finitos y mortales. ¿ Nos llevaría esto a pensar que la idea
de ser -se pregunta Jean Wah1- está fundada en la gramática? Probablemente no hay nada en las cosas que responda a nuestras formas lógico-gramaticales, nada en ellas que responda a la distinción de sujeto, predicado y
verbo. Desconfiemos de nuestra tendencia a realizar los términos de nuestra
gramática. 28 Es posible que no haya nada en las cosas que responda exactamente a nuestras formas I6gico-gramaticales, pero en todo caso esta falta
de correspondencia precisa no significa, como lo pretende Bertrand Russell
siguiendo a Rudolf Carnap, que nunca atribuimos el ser a las cosas sino a
las proposiciones. Una cosa es que el ser como idea nunca sea completamente
transparente al conocimiento, y otra cosa muy diferente es que no exista el
ser. Hablar del ser como un mero sentimiento -tal como lo hace Jean
Wahl- es suponer -aunque no se diga- un algo que causa, que ocasiona,
que motiva el sentimiento. ''Tendremos que preguntamos si existe realmente
una idea del ser y si, al hablar del ser, no propendemos en vano a traducir
a un lenguaje intelectual lo que sólo puede darse al sentimiento" apunta el
filósofo hebreo-francés. 27 Wahl --que se pregunta por una idea- no se pregunta por una intuición del ser, por una vivencia preconceptual del ser. La
antinomia en el interior de la idea misma de ser, no destruye la realidad del
ser de los entes. Ciertamente la idea de ser es antinómica: «El ser debe estar,
por una parte, separado de toda otra cosa y, al mismo tiempo debe incluir
todas las demás cosas''. 28 Para no caer en esta antinomia hay que abandonar
una metafísica construida sobre la idea del ser, que como lo ha visto Hegel
es una idea vacía para instaurar una nueva metafísica basada en la habencia.
Limitémonos a observar nuestras propias reacciones ante los grandes proble• W.uu., Jean, Tratado de la Metafísica, pág. 123, Fondo de Cultura Econ6mica,
Mb:ico-Buenos Aires, 1960.
n WAaL, Jean, Opus cil., pág. 128.
21 WAHL, Jean, Opus cit., pág. 127.

23

�mas de la metafísica, para construir, a partir de ellos, como podamos, los
cimientos de una nueva edificación metafísica.
Tenemos la certeza inmediata de que somos, de que no pertenecemos al
no-ser. Pero ¿ qué es el ser? En lugar de instalarnos en la idea de ser -"ide1smo" vacuo-- partamos de nuestro ser-en-la-habencia. El ser está proyectado
y actualizado en la entidad que me constituye. Pero el ser no sólo está en
mí, sino en las cosas en su actualidad habencial. Su unidad, dentro de la
habencia, es respectiva. No se trata de una suprema cosa que envuelva todo
lo real y todo lo ideal. Esta gigantesca y ficticia sustantivaci6n del ser ha
puesto a la metafísica en trance de muerte. Lo que hay en su actualidad
habencial nos resiste, no lo podemos cambiar en su ser estructural. Como
advertía Malebranche, "no podemos hacer de un círculo o de un triángulo lo que queramos". La actualidad habencial es una fuerza, dynamis, una
influencia, una acción. Esta dynamis percibida a partir del horizonte tempo-espacial de la habencia une todos los entes. El tiempo y el espacio dentro del
horizonte de la habencia no son solamente elementos de separación entre los
entes, formas en que a menudo han sido representados, sino que son, a la
par, expresión de la influencia y de la irradiación de las actualidades habenciales unas en otras. Prehensi6n y distancia, unidad y diversidad se traban,
se articulan en la universalidad de la habencia. Hay que volver a la habencia
en que estamos, a esa habencia que a los primeros filósofos griegos se les
manifestó en forma de naturaleza y de la cual tenían una idea tan profunda.
La habencia es crecimiento y devenir, aunque tenga su estructura permanente. En el todo de la habencia y no en la vacuidad del ser hipostasiado
es en donde podemos avizorar la lisis de la metafísica.
6. Hacia la

lisis de la metafísica

En lugar de instalarnos en las ideas, hay que instalarnos en la realidad,
en la habencia. No debemos movemos, primeramente entre ideas, para abordar las cosas, después, indirectamente. "A las cosas mismas", dijo Husserl
aunque él mismo haya traicionado su lema. A la habencia misma, diríamos
nosotros parafraseando a Husserl, para que el imperativo no resulte tan cósico.
No queremos meros "reflejos" de la habencia, sino la habencia en sí. No
manejaremos la "lógica de los principios", descuidando la "lógica de la habencia". Pero tampoco nos instalaremos en las cosas, entes ideales, posibilidades,
relaciones y horizonte sin "tener idea" de lo que son. A la habencia no llegamos por vía de predicaci6n sino por vía de instalaci6n. No queremos hacer
una teoría de la habencia como sujetualidad, sino como sustantividad. La
habencia posee su estructura constitucional. En y por la habencia averigua-

24

mos qué es lo real, lo ideal, lo posible. Método habencial directo, visión intrinsecista de la habencia que nos conduce a una teoría de sus dimensiones.
Hay que deletrear en cada cosa su "es", siempre en contacto con la tierra de
lo concreto. EJ afán de inmediatez, de acercamiento nos lleva no tan sólo
a la realidad física, sino a la entidad ideal, a las posibilidades y a las dimensiones todas de la habencia. Porque lo importante es la habencia misma y no
un reemplazo conceptual de ella.
Nuestro "habencialismo" intrinsecista postula las siguientes tesis:
1) . Estar previamente instalados en la habencia, para podemos formular el
problema crítico de la verdad. El hombre es un ser-en-la-habencia y un estar-enel-mundo. Somos en la totalidad de todo cuanto hay -incluyendo otro tipo de
entes racionales diverso al tipo humano, si lo hay- y estamos en el mundo
en situación de espíritu en condición carnal. No sólo estamos inmersos en un
mundo de cosas, de entes ideales y de posibilidades terrenales, sino que somos en medio de galaxias, de viajes extraterrestres, de valores que descubrimos
paulatinamente ...
2). El hombre es un ser constitucionalmente abierto a todo lo creado (la
habencia) y al Creador ( el fundamento de la habencia). Vive co-existiendo
con las cosas, cuasi-conviviendo con los animales, con-viviendo con los otros
hombres y adorando a Dios. Tendremos que justificar filosóficamente, en su
oportunidad los conceptos de creación y Creador.
3). Cosas, animales, hombres y Dios entran en el hombre, que es constitutivamente apertura y lo conforman abiertamente aunque en muy diferente
escala. No se trata de entes yuxtapuestos al "yo", sino de realidades e idealidades implicadas en la existencia humana. Nada seríamos sin habencia y sin
Dios. "Vivir-sin" es un no vivir; "vivir-con" es la estructura formal del
hombre.
4) . En su apertura a la habencia el hombre no pone la entidad de la misma, sino su exterioridad para interiorizarla.
5). La intelecci6n de lo habencial es, en su rafa, mera actualizaci6n (Zubiri) ; y no posici6n (idealismo), ni ideaci6n o conce ptualizaci6n ( Escolástica
y Racionalismo), ni intenci6n (Husserl), ni "desvelaci6n" (Heidegger). Las
cosas, los entes ideales se actualizan o se hacen presentes a la inteligencia por
sí mismos. Actualización es autopresentación de los entes ante la inteligencia
ratificando su propia realidad o su propia idealidad. La realidad propia o
la idealidad propia, al presentarse al hombre, se convierten en realidad actualizada o idealidad actualizada. La verdad habencial es distinta de la verdad

25

�l6gica (verdad del conocimiento) y de la verdad 011tol6gica (conformidad o
mesura de una cosa con su concepto objetivo) . La verdad habencial no es
sino la actualización de la cosa o del ente ideal mismo. Hay dos condiciones
de un mismo término: el ente concreto en su condición de entidad propia y
en su condición de entidad actualizada. la verdad habencial es una verdad
preconceptual - "hay un ... ", "hay el. .. " - que nos abre e inmerge de manera primaria y radical en el mundo y en la totalidad de cuanto hay.

6). La "idea entis in genere", el "ens coromune" o "ens in communi" nos
ha hecho perder el respeto a la vieja ontología. Zubiri ha puesto de relieve
cuatro puntos vulnerables en la antañona ciencia del ser: a) Cuando se habla
del "ser en cuanto ser'' se habla ambiguamente. Parece sugerirse la existencia de
una especie de super-ser que envuelve todo lo que hay. "Las cosas reales son,
pero el ser no tiene sustantividad. 29 b) La idea generalísima del ser es una
impostación logicista del problema ontológico. La realidad se nos da a la inteligencia sen tiente en "impresiones de realidad", antes que en conceptos abstractos. La inteligencia concipiente se funda en la inteligencia sentiente. La
realidad ( o en términos nuestros la habencia, que es más amplia que la realidad) es muchísimo más rica que su reflejo conceptivo. El ontólogo escolástico
se sube desde el primer momento a la idea generalísima del ser y baja del ser
pensado al ser real. Frente a esta dialéctica conceptiva y descendente, Zubiri
postula una nueva dialéctica física y ascendente: se parte del "es" físico de
las cosas intramundanas, se asciende al "es" de la vida y de la existencia humana, para terminar en el "es" de Dios. Así manifiestan, en amplitud creciente, los sentidos del "es'1, las "rationes entis". No hay un "es" puro.
Consiguientemente no hay un concepto hecho del ser. El progresivo descubrimiento de nuevos objetos o regiones de la babencia, obligan a rehacer
"ah initio" el sentido mismo del "es" en una unidad superior.
Lo humano conserva el "es" de lo c6sico, eliminando la peculiar coseidad
en cuanto tal. El individuo no es una construcción a partir de la especie. El
verdadero problema, como lo apunta Zubiri, "no está en cómo se individualiza una quiddidad, sino justamente al revés, en si existe en qué condiciones
existe, una expansión quidditativa, una quiddidad para una determinada esencia individual constitutiva". 30 c) Mientras la Escolástica parece adscribir la
realidad al ser, Zubiri adscribe el ser a la realidad La realidad es lo que las
cosas son "de suyo", en sí y por sí. "La actualidad de lo real en el mundo
es lo que formalmente es el ser". 31 "La realidad no es el 'ser' ·por excelencia,
• Zu1JI1n, Xavier, Sobre la Em1cia, pág. 437.
• ZUBIRI, Xavie-r, Opus cit. p5.g. 234.
u Zusnu, Xavier, Opus cit., pág. 433.

26

com_o si realidad se inscribiera primariamente 'dentro' del ser, sino que 1a
realidad ya real es el fundamento del ser i es el ser el que se inscribe 'dentro'
de la realidad sin identificarse formalmente con ella". 32 La respectividad de
las cosas reales en cuanto reales es el mundo. El primer inteligible no es el
ser si?o la realid~d. ~l ser y el no-ser tienen un carácter puramente respectivo.
d) Si la ontologia b.ene un carácter pre-teológico, no es posible dentro de
una metafísica intramundana, forjar una teoría del ser cread~ en tanto
que creado, sin ascender antes a la causa primera del mundo y sin radicalizar metafísicamente el tratado "de causis". De otra suerte caemos en teologismo ontológico.

7) . Para la lisis de la metafísica es preciso superar el carácter c6sico del
re~lismo _zu~iriano, conservando todos sus sólidos y penetrantes aciertos. En
pruner. termino propongo la sustitución del término realidad por el término
babenoa. Porque la ha.beocia entendida como 1a totalidad de cuanto hay
abarca mucho más que la realidad. Hay entes que no son reales sino ideales
o ~an~tico~. _Hay también posibilidades gue no son pero que pueden ser. El
p~~er mtehgible es la habencia y no la realidad, aunque la babencia se mantf1este, las más de las veces, en entes reales. El conocimiento universal sería.
im~osible "~ la especie no existe", como asegura Zubiri. Es claro que la especie no extSte con existencia física, pero esto no quiere decir que se reduzca
a nada. Tampoco puedo estar de acuerdo en que la "esencia es siempre individual" y que la " ingularidad pertenece formalmente a la esencia constitutiva
de un ente".35 Por este camino se problematiza en exceso la construcción de
una metafísica. La esencia ya no sería esencia -por lo menos en términos
de metafísica clásica- y la existencia quedaóa incluida formalmente en la
esencia y reducida a elJa. Es sano el realismo concretivo de Zubiri -tan
hispánico ~~ su. ~spíritu- mientras la desconfianza hacia lo eidético no llegue
a la descalificac1on o a la supresión de entidades ideales. El realismo moderado
de Santo Tomás resulta aún, en su espíritu, altamente aleccionador. Nos
invita a evitar dos extremos: el realismo exagerado, que afirma la existencia
de los universales ante rem, y el nominalismo, que convierte los universales
e~ me~os flatus uo_cis. ~l aquinatense considera que los géneros y las especies existen formaliter in mente fundamentaliter in re.
Examinada la crisis inocultable y la posible lisis de la metafísica toca ahora
estudiar el problema metodológico.
'

"' ZusIR1, Xa\'Íer, Opus cit., pág. 410.
Zusmr, Xavier, Opus cit., p&amp;gs. 246-248.

11

27

�FELICIDAD Y VIRTUD EN LA
REFLEXIÓN tTICA DE ARISTÓTELES

LIC. JORGE MONTEMAYOR SALAZAR

Universidad Aut6ooma de Nuevo León.

EL SENTIDO, la búsqueda y el encuentro de la felicidad se dan indisolublemente
en la existencia del ser humano. La naturaleza racional de la persona nos
ofrece un rasgo notorio y un testimonio vivo de propensión hacia el bien y la
felicidad. La felicidad habrá de ser entendida, desde ahora, como logro y conquista de un haéer humano, ocupado y preocupado por alcanzar las armonías
debidas entre las acciones y actos concretos, con los criterios de normaci6n
surgidos de una conciencia critica que los pondera y articula, con profundo
sentido de responsabilidad y en base a un juego diversificado y dialéctico de
los criterios éticos.

La presencia de la moral en la conducción del pensamiento y de la acci6n es,
ante todo y mucho más que una ciencia, una técnica o un arte, un quehacer
práctico. La conquista de la felicidad se logrará en la medida en que la obra
humana cumpla con los fines valiosos que a manera de postulados fundamentales, mueven su entusiasmo y su hacer cotidano. La ética y la moral cumplen
aquí, un papel elevado de conducción del obrar humano hacia el logro del
bien y con eUo de la felicidad.
El anhelo e indagación de la felicidad se nos presenta reiteradamente en
vivencias y experiencias que concitan en nuestro ser la incorporación de ella, a
partir de una capacidad personal que tenemos para alcanzarla. Superados los
desacuerdos en el examen y determinación de qué es aquello en que consiste la
felicidad, ésta se nos mostrará -como medio a conquistar- con su intensa,
brillante y convincente luz. Iluminará el momento inicial y alumbrará con eficacia subsiguiente el camino de la vida. El placer, riqueza, honores, sabiduría,
conocimientos, constituyen logros incompletos si no están vinculados al bien. Un

29

�bien que se siente y vive con unos efectos que permanecen, vigorizan y alientan al ser humano en la marcha del esfuerzo que reclama la existencia.
El encuentro de los objetivos a alcanzar como bienes deseados para el
logro de la realización personal, resalta la labor necesaria y conveniente de la
contemplación y el análisis. En el ejercicio de tal tarea el hombre profundiza en
los sentidos, implicaciones y consecuencias del obrar con apego al bien. Para
entender la felicidad en el hombre es necesario considerarlo en su naturaleza y en el desarrollo de su actividad. propia.
"La actividad racional y pensante es el bien supremo del hombre, también
será ella la fuente primaria de sus dichas y en ellas encontrará la felicidad.,
felicidad que no es más que la forma en que se traduce a nuestra naturaleza
la atracción racional del bien. El hombre, por consiguiente, será feliz cuando
ejerza esta {unción del alma del modo más adecuado y mejor posible.
"La virtud contemplativa somete las acciones todas del hombre a la norma
del espíritu y hace que la vida sea perfecta, completa, acabada, coextensiva con la duración de nuestro ser, ya que la continuidad es un distintivo necesario de la felicidad. El placer de un día no produce felicidad. La virtud habrá
de dimanar de nuestra actividad. La virtud de un hombre será aquello que lo
sitúa en la plenitud de su desarrollo y de su eficiencia humana, lo que hace
que él sea bueno en cuanto hombre y que su obra sea buena gracias al influjo
del pensamiento. Podemos hablar por tanto, de las virtudes del carácter y de
las virtudes del pensamiento.
"Para que se formen en nosotros las virtudes morales es necesario un _P:incipio
distinto de la naturaleza misma. Principio que debe poseer una plasticidad de
que ella carece. La naturaleza nos da una aptitud para re~ibirlas, y esta potencialidad O receptividad se actualiza en nosotros por med10 de la costumbre Y
el hábito, es decir, la serie de actos semejantes y repetidos.
"Ante Ja interrogante de si la virtud ética o práctica es una pasión, una
potencia o capacidad, se dice siguiendo el pensamiento de Aristóteles, que de
hecho todo lo que tiene lugar en nuestra alma se puede catalogar en una
de estas categorías. Las pasiones son los estados emotivos del alma, sus afecciones sentimentales, el deseo, la ira, el amor, el miedo; las potencias son las
capacidades gracias a las cuales somos aptos de experimentar estas emociones;
los hábitos son las formas constantes o dominantes de conducirse frente a
las pasiones, según un exceso, un defecto o un término medio.
"Es evidente que la virtud no es una pasión. Porque la pasión es un estado
transitorio que no depende de nosotros, y la virtud es una actitud estable que
depende de nuestra voluntad. Porque depende de nuestro querer, alabamos al

30

hombre virtuoso y recriminamos al vicioso, cosa que no hacemos cuando alguien simplemente siente amor u odio. Tampoco es Ja virtud una potencia.
Porque la potencia o capacidad es algo innato, mientras que la virtud es algo
adquirido. Por lo demás, la potencia es algo _indiscriminado en algún grado,
porque las potencias están orientadas a ambos contrarios, es decir, pueden, siendo las mismas, realizar el bien y el mal, mientras que el único objeto de Ja
virtud es el bien. La virtud moral es una cierta manera de comportarse frente
a las pasiones, manera voluntaria y adquirida por esfuerzos libres.
''Lo que realmente distingue y define la acción virtuosa es que consiste en
una elección o en una preferencia, que es consecuencia a su vez de una deliberación sobre aquellas cosas cuyas causas se encuentran en la inteligencia y
el poder del hombre. El obrar moralmente exige, pues, no só]o hacer alguna
vez el bien, sino hacerlo de ordinario, apartando todo lo que no es recto, y
hacerlo con una intención ordenada. El hombre virtuoso es, en efecto, norma
de la virtud, pero su actuación depende de su e]ección de lo justo.
"En su forma o esencia se nos manifiesta como una disposición moral de la
rnluntad, de acuerdo con Ja cual el ser humano observa el orden y realiza debidamente sus funciones propias y características. La virtud tiende, en el objeto
de su actividad, a evitar todo exceso y todo defecto. Una acción es, en efecto,
perfecta, cuando alcanza una medida conveniente, un justo medio, sin quedarse en la parte de acá de él ni ir tampoco a la parte de allá..
"La virtud debe ponernos en disposición de hacer lo que es conveniente o
necesario cuando sea conveniente y en la medida de lo conveniente. Esta discriminación de las circunstancias de la acción virtuosa nos vienen del entendimiento, de la recta razón -que es objetiva-; el logos es la forma y la ley de
la virtud, y él es el que sujeta nuestros instintos y tendencias irracionales a
una norma de orden, de tal forma que nos asegure Ja mayor felicidad posible,
o lo que es lo mii.mo, el despliegue más completo, total y armónico de nuestras
energías síquicas y vitales. Y así, el término medio resulta proporcionado a
nosotros mismos y a nuestra capacidad de energía. Las acciones que se contienen dentro de una moderación y de un justo medio, en lugar de agotar la
fuente de que proceden, aumentan su capacidad.
"La virtud moral es una disposición o actitud permanente para obrar con
una elección intencionada o dirigida deliberadamente a un fin, en un término
medio relativamente definido a cada uno por la recta razón, tenida en cuenta
la determinación que de ello pudiera dar un sabio.
"Toda virtud moral es una manera de comportarse frente a tendencias o
apetitos de naturaleza irracional, sean éstos factor común de la naturaleu

31

�humana en general, o sean, por el contrario, factores típicos del individuo en
particular; de estas fonnas de conducta, la voluntad, guiada por la recta
razón, excluyó el exceso y lo defectuoso, de forma que, por el equilibrio de
la sujeción del alma apetitiva a la racional, realizó la virtud.
"La determinación de la naturaleza de la virtud exige la definición de la
recta raz6n y el establecer de qué manera guía la voluntad. La razón gobierna al hombre. Su papel no es tan sólo proponer o sugerir, su función es naturalmente impositiva. El pensamiento es ordenador. Su fin es determinar lo que
hemos y lo que no hemos de hacer.
"La virtud es realmente un arte, el más dificil de todos en su determinación,
en su medida, en sus circunstancias todas. El texto del bien es el mismo del
que lo practica, el hombre virtuoso, el sabio. Ese hombre dócil a las imposiciones de la armonía, cuyos gCYZos son proporcionados a los que motiva, cuya
razón y cuya sensibilidad son reactivas al bien y al mal. Esta sensibilidad estética para la excelencia y la virtud es desarrollo de la natural semilla de bondad
que el ser humano lleva en sí; semilla que germina en nosotros gracias a un
esfuerzo tenso y constante de ser, mantenido con una mezcla de atracción y
violencia, por la apetencia de lo mejor, por la obediencia a la norma que
le dicta la razón. Para entender el bien y enjuiciarlo debidamente en cada
circunstancia que extrínsecamente lo cualifique, es necesario conocerlo experimentalmente, amarlo y practicarlo. Todo junto, porque aquí no tenemos como
fin el puro conocimiento teorético, sino la acción consiguiente.
La prudencia y la sabiduría, virtudes de la parte racional cumplen una
tarea arquitectónica. La sabiduría consiste primariamente en la intuición inmediata y simple de la verdad de los principios, la norma y esencia de todo
saber. La prudencia, en cuanto virtud del orden práctico, es exactamente la
capacidad de descubrir y reconocer los medios o condiciones indispensables
para llegar a un fin contingente o posible. En cuanto virtud moral, es esa
misma capacidad aplicada a la realización de la virtud. De esta manera, la voluntad, orientada por la rawn, determina el fin a qué tender; la virtud lo admite
y lo establece como tal, y el hombre lo elige deliberadamente como propósito
suyo; entonces la prudencia nos indica los medios que hemos de utilizar para
su consecución y regula toda nuestra actividad de cara al fin que hemos de
alcanzar. La prudencia no es, pues, la sabiduría; respecto de esta desempeña
un papel de mayordomía, un descargo de responsabilidad en la ordenación
práctica de las acciones.
'1

"Para ser virtuoso es necesario querer y saber. Querer el fin y conocer los
medios que llevan a él. Es imposible, mejor, ineficaz una cosa sin la otra.

32

"Para la persona la virtud más alta es la contemplación. Las virtudes éticas,
lo mismo que la prudencia y la acción, no reconocen otro fin que el disponerno~ paso a p,aso para la contemplación, que es sabiduría y felicidad, que sólo
existe para SI y que hace del hombre un ser libre, a saber: capaz de bastarse
por sí mismo, el que es en sí mismo su fin. El mayor bien del hombre es la
sabiduría. El mayor mal la ignorancia. El vicio será siempre ignorancia saber
~nco~~let~,, error. La sa~id~ría es I_a medida de la virtud. Esto no si~ifica
1de~tif1ca~on entre conocmuento y Vll'tud. No es suficiente la ciencia para producir la virtud. Nuestra naturaleza condiciona favorable o desfavorablemente
su realización. Temperamento y carácter son disposiciones morales del hombre.
La felicidad y la virtud se encuentran en nosotros casi sin ser nuestras de tal
' Sin
forma que al menos sus condiciones fundamentales son innatas en nosotros.
embargo, la virtud no es una mera consecuencia de la naturaleza. La virtud
nace de un hábito o costumbre, y llega a ser en todo caso una segunda naturaleza. El hábito en la moral ocupa un lugar de principio interno del desarrollo. Su esencia misma está en la repetición. La potencialidad se reitera
en diversidad de ocasiones y tareas. La costumbre supone la interiorización
paulatina de una forma exterior del sujeto.
crLas cosas naturales son inmutables por carecer de estas potencialidades;
pero por existir en el hombre, dice Santo Tomás, éste puede desplegarse a un
hábito casi mecánico del bien que, si no es aún la virtud, sí es ya algo así como
su materia; bastará luego aplicar la reflexión y la elección, intencionada a estas
disposiciones adquiridas.
"El hombre tiene en sus manos el desarrollo de estas virtualidades ocultas
en él. El hombre lleva en su interior, en su alma, los elementos de un conflicto
iterado entre la razón y el apetito, y junto con ello los gérmenes de un desarrollo que depende, hasta cierto punto, de ~u libre elección.
"La felicidad es una clase de vida. La felicidad implica valores morales.
El valor moral del hombre es autoevidente. La vida del hombre virtuoso se
justifica por su elevación y su armonía. El conocimiento del bien es una ayuda
o estímulo para la consecución de la felicidad.
"El principio de la felicidad está en la actividad anímica guiada por la
virtud. Virtud, contemplación y fruición en debida y articulada conjunción
producen la felicidad. La felicidad es nuestra propia perfección." 1

1 SAMARANCH, Francisco de P., Introducci6n a los Tratados de ltica, Aristóteles,
Obras, Ed. Aguilar, Madrid, 1964, pp. 1098 a 1103.

33
bumaniw-3

�LA RUPTURE DE L'UNITt CONSTITUTIVE DE LA PAROLE,
DE LA MUSIQUE ET DE LA DANSE, ET LA CRITIQUE
PLATONICIENNE DU THtlTRE

PRon.

EVANOHÉLOs

A.

MOUTSOPOULOS

Universidad de Atenas.

Pu.TON EST L'uN des rares écrivains daos l'ocu\.TC dcsquels on peut reconnaitre
une image vivante, bien que renverséc, et comrne l'écho fidele des grands
boulevcrsement! que leur époque a pu ,·oír se produire daos le domaine de
l'histoirc de l'art. Dans les Lois ( III, 700 a et suiv.), le pbilosophe déplore la
décadence culturelle de son temps, not.unment celle de l'art théatral. "Jarus",
écrit-il, "la foule n'était pas maitres..c de la situation, nws obéissait librement
aux lois"., celles de l'art bien entendu, envisagées conune garantes de la pérennité des formes artistiques. Ce que Platon déplore .surtout, c'cst la tendance
manifeste de ses conte.mporains a abandonner toute regle rigoureuse de
creation pour s'orienter ven la rechcrche de formes contrasta.nt avec relles
qui avaient été imposées par l'art traditionnel. II est inruscutable que nul art
ne saurait demeurer en dehors de toul mouvement é\'olutif saru risquer de
s'enliser daos la répétition, la stérilité et, finalement, le marasme. 11 a également été monué que l'art égyptien, art que Platon considere comme un
modele de stabilité, est loin d'attester un manque de vitalité, qui tout en le
rendant immuable, lui aurait enle,·é toute signification authentique, en raison
d'une monotonie intolérable dani¡ laquclle il se serait lui-mcme installé.
11 est évident que Platon exaghe; or son exagération ne fait que souligner
un événement important de l'histoire de l'art, a savoir la prise de conscience,
de la part des artistes de la fin du cinquicme sikle et de la premiere moitié
du quatrieme, de Jeur pouvoir d'orienter leur produrtion a la fois dans deux
directioru nouvelles: d'une part, celle de la liberté d'expression en dépit de
regles et de normes jusque-la admiscs; d'autre pan, celle de la flatterie du

35

�grand public. Déja en 443, dans discours Aréopagitique, Darnon alertait 1 s
Atbéniens contre une telle éventualité, en réclamant le respect de certaines
formes, lui qui pensait que les structures esthétiques "pénctrent au fond de
l'ame dont ils s'emparent avec vigueur" (Rép., III, 40Ia) et a laquelle ils
impriment leurs propre mouvement. Aussi réclamait-il le respect de certaines formes qu'il associait a telle ou telle conclition psychique. De plus, cette
association apparaissait comme nécessaire pour l'explication des désordres
intervenant dans les cités: un art bien réglé prédispose au maintien ele situations stables sur le plan de l'équilibre de J"ame, comme sur le plan de l'équilibre de la polis. En effet, dans ce contexte, un art inquiet prédispose
J'ébranlement de tout équilibre préexistant, voire a )'aventure. Platon s'inspire
directement de cette
qui lui convient parfaitement pour consolider ses
invectives contre la sophistique. I1 est certain que son rationalisme réaliste
s'oppose en l'ocurrence au subjectivisme sensualiste des Sophistes.

a

thcse

Toute J'esthétique platonicienne est organisée autour de cette problématique; elle en découle, tout comme elle la dessert. Mais elle ne néglise nullement pour autant ses rapports étroits avec l'événement culture! que constitue
J'apparition de la vague de contestation des valeun artistiques déja mentionnée. Or ce mouvement disloquant peut etre aoal)'Sé en des faits bien
concrets a travers lesquels il est aisé de suivre et de retracer l'histoire ainsi
que le mécanisme de I' éclatement des formes traditionnelles. Ce qui qualifie
ces dernicres, c'est, d'une part, un souci syntbétique de l'unité organique de
!'ensemble; d'autre part, une certaine rigueur qui, au niveau des genres, se
concrétise en étanchéité. Le renouveau que proposent les artistes novateurs ira
done dans le seos de l'analyse du souci du détail auquel ils reconnaissent une
sorte de minimalité ~ntielle, mais aussi dans le sens du mélange formel et
stylistique.
Récepteur sensible et témoin, en principe digne de foi, de ces nouveaux
messages, manifestations d'une trise culturelles saos précédent pour l'époque,
Platon riposte avec véhémence a ce qu'il croit etre un signe de dégénérescence
de la conscience artistique. Son témoignage critique constitue une interprétation axiologique négative de ce qu'il regarde comme l'image d'un monde en
train de péricliter a cause de l'irruption du souci d'un certain illusionisme
artistique allant de pair avec l'activité des Sophistes qui, rappelons-le, sont, a
plusieurs reprises, taxés de charlatanisme par le pbilosophe. 11 sullit de se
réJérer a son jugement sur l'état que les arts fondamentaux du théatre: poésie,
musique et danse présentaient pour lui vers le milieu du quatricme siecle.
On peut s'en tenir a cette dimension particuliere en écartant les problemes
que pose la critique platonicienne de la peinture et de la sculpturc "nouvelles"
afín de rech.ercher exclusivement les raisons purement techniques de son indig-

36

nation c~ntre une activité artistique qu'il at tribue a Ja faiblesse d
.
de vouloi.r au plaire gra d
bli
es artlstes.
. n pu e, en se soumettant aínsi en se prostituant .i.
1a censure d •un pouvoir
"d'en bas " , c1.l. une ventable
, •
'
' a
"théatrnr
.... ,.: "

-~........e .

Le dénominateur structural commun de la poésie d la
.
danse étant le rythm
•
' e
mustque et de la
e, ces arts s articulent étroitement entre eux .i. 1 1•· t ·,
d'ensembl
thé ·
c1.
m eneur
. .
es syn tiques. Que ce soit sous l'action déterminative du t
·¡
~11 q~e K. -~ücher J'avait jadis affinné-ct Aristophane nous en offr~:;
1 ustration sa1S1ssante dans la p · (
.
azx VV. 459 et su1v; 484 et suiv --ou sous
ceJIe, evoutante, de L'élan religieux . .
J
J'
.
• ams1 que a plupart des historiens de
art ~ontemporains semblent le ruggérer- et Platon 1es devan
d
tte vo1e quand j) avance, a cinq reprises, dans les Lois (II 659ce . ans664 ceb~
A

665 e· 666 e· 670e· cf p 1 _ld 24
•
e,
,
.
' .
,'
' • ,ie: re,
3 a-b)' que les chants sont, en réalité des
~ncantahon ; a comparer également le double sens du tenne latin.
,
dans toutes les cultures
hai
. carm,n-,
Tés
are ques, ces arts se trouvent
un1 t en tant que techniques particulicres et que chacun d'ent
.
et se dévelo
la • é .
'
re eu..x vane
ppe en re t1on trotte avec les autres du fait
'il
eux en rapport d'interdépendance.
qu se trouve avec
J) est certain que

D;:s1:r:~u thé~tre •an~que naissant n'échappent pas a cette regle générale.
.
yram • 1uruté de la parole articulée, du cbant et du mouvement
orcbesoque est encore assurée par J'ornoiprésence du rythme. Toutef . dé"'
avant Eschyle, le vers récit~ se détache de )'ensemble chora)
id:ª
grand novateur en la matiere vivement contesté
p '
d •
.
'
par ses contemporains la
1
paro e te? a se d1ssocier de la mélodie, meme dans les parties réservées' au
ch
oeur: 11 est exprcssément rapporté
¡
140) "les .
I be . ' par exemp e, que, dans l'Oreste (\·.
, •,
S1X sy a ~a,ya, .l1:1no,, se chantaient sur la meme note en
dep1t de la prononciat1on habituelle", ce qui confirme qu "le ch
' ,
t
• •
ant compose
Par le ~
I:""- e muStcien ne s'accorde pas avec le chant naturel de l'
.
dir d
accentua.t1on
(H we·11 Et
•
•
que
e es oeuvres plus tardivcs ou la musique instrumentale
con~e~t~ rem~Iace 1~ chant, avant d'etre elJe-meme r mplac 'e par des
b~:ts se ruques mtrodwts de la part de certains musiciens soi-dis:mt 'réalist
~e que Platon déplore vh·ement; ou la danse de ballet se substitue aux
év_olutio~. du. choeur, ainsi qu'en témoigne l'indication: xoeov des manuscnts qw implique que les dramaturges se désintéressent dés0 ........... : d
·
h raJ d
•
•.......s es parues
\ o e e leurs p1ece : parties dont ils Iaissent le . oin au." réalísateurs; et
ou de longues modulations mélodiques voire de véritables chan
d
d
¡,.i.
•
'
gcments e
mo es, a lCTent 1rréparablement le caractere "ethique" d chan (
s 1•·
d
es
ts caractere
ur _unportance uquel Platon, apres Damon, avait tant insisté dans la République, II, 299e et suiv.), ainsi que Je montrent les fragments
·
musicaux sur
bli , ·1
papyrus, pu es, • y ~ une vingtaioe d'ann, es par Winnington lngram et ses
collaborateurs? y a-t-il de quoi s'étonner de la polémique de Platon contre

Avec ;~sri

~'"ª'

37

�de telles manifestations du déplacement de l'intéret des créateurs depuis le maintien de la forme fondamentale unitaire vers la pure virtuosité, et ce dans
l'unique désir d'étonner les esprits avides de nouveauté, par des démonstrations
de valeur exclusivement extérieure, aux dépens de la "spiritualité" internes

des oeuvres?
Dans le cadre de ses théories, Platon ne pouvait que dénoncer ces déviations
dénuées, selon lui, de tout véritable sens artistique, et s'en prendre aux esprits
compétents qu'il tenait pour responsables de cette anarchie forrnelle qui
accompagne, croit-il, le déplacement du critere esthétique du niveau de la
raison au niveau des sens; du niveau de la contemplation, au niveau du plaisir.
Des expressions tres séveres scandent régulie.rement les textes dans lesquels
Platon accuse ceux qui ont pu causer ou favoriser ce passage d'une mentalité
a l'autre; «L'autorité qui (jadis) réglait ces matieres, pour en connaitre et
juger en connaissance de cause, puis chatier les contrevenants, ce n'étaient pas
les sifflets ni les cris cliscordants de la foule, comroe a présent, ni rneme les
applaudissements flatteurs. Les esprits cultivés s'astreignaient d'écouter en silence jusqu'au bout ( de la représentation). C'est avec une pareille vigueur
que. . . le peuple acceptait. . . de ne pas s'enhardir a juger dans le tumulte;
par la suite, avec le cours du temps, l'autorité en matiere de délit contre les
formes passa a des artistes qui avaient saos doute le tempérament créateur,
mais ne savaient rien de la justice et des droits de la Muse; dans la frénésie de
plaisir que les possédait plus que de raison il melerent ... et ... ramenerent
tout a tout, et (je souligne ce détail caractéristique et essentiel), sans le vou1oir,
eurent l'intelligence de lancer cette calomnie. . . que le plaisir de l'amateur,
que celui-ci fut noble ou manant, décidait avec le plus de justesse" (Lois, III,
700 e-e; cf. Lois, ll, 658 e-659 e). Platon est précisément choqué par l'absence
d'un critere rationnel ou, tout au moins, d'un étalon fourni par la tradition
artistique classique, a l'aide duque! il soit possible de qualifier une oeuvre
théátrale. Si un te! critere rationnel est capable de conduire a un jugement
esthétique correct, chose souhaitable mais difficile a obtenir, en raison de la
nature meme de l'art, activité a plusieurs égards méprisable, mais cependant
nécessaire, puisque sans lui "la vie serait invivable", et si le critere du plaisir, a
cause de son imprécision, risque d'engendrer un jugement esthétique fauxi
le entere de la forme classique exemplaire, luí, permet, tout au moins, d'obtenir
un jegeroent esthétique qui corresponde a une opinion vraie, intermédiaire
de par sa nature, entre la connaissance parfaite et l'erreur. 11 s'agit _d'une
exigence minimale a laquelle l'art traditionnel répond entierement, mai.s que
I'art décadent, au seos platonicien du terrne, est loin de remplir. En effet,
aucune oeuvre d'art ne doit "se juger d'apres le plaisir et l'opinion vaine;
c'est le vrai, avant tout, qui fonde le jugement" (Lois, 11, 667 d-668 a), le

vrai "sans l'appoint du plaisir" (E. des Places). Il faut rechercher ce qui est
non point agréable, mais correct (Lois, II, 668 a-b).
L'éclatement des formes et leur confusion, tels qu'ils se sont manüestés
~~s les d?maines du théitre, et dans la musique en généraJ, du cinquieme
s1ecle _ne f1re~t done_ q~: confinner, sur le plan artistique, une crise profonde qw couvait depws 1epoque d'Eschyle1 et dont la manifestation fut accélérée par la crise intellectuelle qu'avaient provoqué l'apparition et le succes
de la sophlstique. Si tout souci d'organisation synthétique "correcte" devait
céder la place a celui de promotion du détail dans une perspective d'illusion
la rupture de l'unité des composantes de l'art théátral devait inévitablemen~
s'~nsuivre, et l'_"éthos" artistique reposant sur l'unité en question, désormais
d1sparue, devait, a son tour, apparaitre comme une notion vide de tout
contenu, des lors qu'elle ne correspondait plus a quelque réalité artistique
autre que des oeuvres du passé, jugées périmées. Ajoutons ame exubérances
tec~i~ues et ~ial~ des dr~truges, des musiciens et des chorégraphes les
dé~bons et alterations conscientes de poetes irrévérenciewc tels Euripide et
ses emules, et nous aurons une image assez complexe mais non moins exacte
des raisons pour lesquelles Platon fulmine contre tou;e tentative de reno uvea~
théátral.
9uoi ~u'il en soit, l'in~nsité de la polémique platonicienne ne fait que
refleter 1mlportance des reformes apportées au théátre depuis Euripide. Si, a
l'encontre de ce qui se passe a propos de la poésie grecque, nos connaissances
sur les détails de la musique et de la danse au cours du cinquieme siecle sont
encare confuses, nos informations, malgré tout un peu plus amples concemant
l'activité musicale et orchestique a des époques ultérieures co~binées avec
les précédentes dans une perspective dont la critique platonicienne nous offre
la clef la plus authentique en vue de leur interprétation, permettent une recherche plus poussée et plus précise. Cette recherche peut etre fondée sur
des criteres méthodologiques qui résulteraient du remversement des criteres
axiologiques de Platon. Ses résultats conduiraient non seulement a une connaissance plus complete de certains aspects de la culture antique, mais aussi
permettraie~t la définition de structures altérantes qui, appliquées a l'art
contemporaien, le rendraient plus compréhensible et aussi plus fécond.

39
38

�SOME SOBERI G REFLECTIONS O

THE HUMAN SITUATIO

DR. PATRICK RoMANELL

University of Texas at El Paso.

1. The philosopher is like a giraffe in that he is always sticking his neck out.
2. Nature is what nature does and undoes.
3. Man is not a unique being existing apart from nature, he is an integral

part of nature itself.

4. Thc whole object in naturalizing man is not to deprfre bim of what
rightfully belongs to him but simply to accord the proper place to him in
the very universe of which he is its only articulate creature, fue rest of nature
being dumb, by comparison.
5. Thc conti.nuity of man and nature is embodied in human culture.
6. Human cuJture is human nature in the concrete.
7. Man is by nature a conative anima]: the eternal striver from the womb
until tbe tomb.

8. Man strive throughout lile to satisíy his individual and social needs in
sundry ways but such stri ing on his part begets bife sooncr or latcr becau
man's basic aggressive drive to pursue his own interests tends to clasb with
his equally basic gregarious drive to meet the demands of others.
9. The original state of tension ben'leen tbe universal but contrary drivcs
(aggressiveness and gregariousness) within man himself is the prime cause
of al] conflicts of interests in life and thc primary natura] source of ali phenomena oí morals in human culture.
10. Where there is life, there is striving¡ but, whcre there is striving, thcre

is strife.
41

�11. Striving and strife constitute the basic cycle of lile.

12. Conflicts being what human life is really all about, the first and foremost
task of ethical theory is to determine the formally possible types of conflicts,
each of which presupposes a certain underlying concept of moral conflict
itself.

13. Though the conflicts of life are countless in content, in forro they
belong to three distinct types, wbich, in ascending order of complexity, are:
goodfbad, better/worse, good/good. To each of these types of conflicts there
corresponds a generic problem of ethics: the Problem of Evil, the Problem of
Better, the Problem of Good, respectively.
14. Toe traditional approach to ethics oversimplifies the problems of conduct by conceiving moral conflict itself in good/bad or right/wrong terms
alone and by equating moral effort with the overcoming of evil, thereby reducing all moral problems to the (epic) Problem of E vil. As a result of such
oversimplification, the other two generic problems of ethics suffer for lack of
critica! attention. This does not milita te so much against the ( compara ti ve)
Problem of Better, which is reducible to the Problem of Evil in principie at
least, but it does seriously affect the irreducible ( tragic) Problem of Good,

19. T~ major antinomy of moral life is the tragic clash of the ideals
of happmess and duty, life's major compromise consisting in their possible
harmonization.
20. In ':':rdi's ever popular opera Aide, the princess of Ethiopia (Aida)
and the m1htary hero of Egypt (Radames) are tragically tom between Jove
for each_ other ( object of happiness) and loyalty to their own countries at
war agamst each other ( object of duty).
21. Whenever we are faced with an unavoidable conflict between at least
~vo equaUy good but mutually exclusive things, the consequences of choosing
e1ther of. them a~ equally bad. This is the tragic dilemrna in any problem
good, irrespective of the rationalization that may occur after a fatal choice
IS made, e.g., the Sophoclean Antigone, who chooses divine over civil law on
the alleg~d ground of its beíng the higher law, therewith understandably
lransfornung. a good/g
·
.
oo d co nfli et mto
a be tter /worse one as a temporary
way out wh1ch 1s eventually doomed to fail. On the one hand, in a choice
between good and bad, better and worse, you suffer the consequences only if
you make the wrong choice; on the other hand, in a tragic choice between
go~ and good, you suffer the consequences whichever you choose. Such 1s
the mexorable logic of tragedy.

?f

whose neglect in general is inexcusable.

15. The Problem of Good (good-versus-good) may be def incd as that
lragic predicament of men and peoples arising out of an inherent clash of
ideals wbich are unavoidable, mutually exclusive, and equally valuable.

16. Problems of evil and problems of better are plainly resolvable in forro
by making tbe right choices, that is, by c,hoosing good over evil and better
over worse, respectively. On the other hand, problems of good are by nature
the only problems in 1ife which have no real solution in principle simply
because, where people are confronted with unavoidable conflicts between
equally right but mutually exclusive alternatives of action, there is no possible '\vay to distinguish right choices from wrong ones and, thus, no satisfactory way to resolve the conflicts in question. Hence the inevitability of sacrifice
in all tragic situations.

17. To Kant, telling a líe is wrong because it is irrational from the beginning,
but to Jobn Stuart Mill it is wrong because it is impractical in the end.

18. Kant misses the tragedy of life on the moral plane because the antinomy which he sets uy in ethics between happiness and virtue is not understood
by him as an unavoidable conflict between two moral coequals but as one
between a merely natural good (happiness or pleasure) anda truly moral good
( virtue or duty).

42

. 2~. ~e~as in_ Stoic_ and Kan~an ethics vice is its own punishment, in a
a_agic s1tuatio~ virtue IS, paradox1cally enough, its own punishment. Stated
differe~tly, wbile most people are guilty of evil, a tragic person is guilty of
good, m the sense that he or she must choose one good at the expense of the
other equally valuable good.
23. Two wrongs don't make a right, but two rights in a tragic situation
do make a wrong.
24. You can choose the lesser of two evils, but you can't choose the lesser
of two goods of equal value.

25: A tragic sit~ation may be likened somewhat unto the legendary story
(attnbuted to Bur1dan) about the ass which, on finding itself placed midway
bctween two equal~y desirable piles of hay, starved itself to death for beíng
unable under the cucumstances to prefer one pile to the other.
26. In a tragic situation the two poles or extremes of choice are equally
good, but in Aristotle's ethics, on the contrary, the two extremes deviating
from the mean -excess and deficiency- are equally bad. Consequently the
Aristotelian doctrine of the Golden Mean belongs to the ethics of the b~tter
on the obvious ground that courage, for example; is superior to both rashness
and cowardice. In a word, Aristotelian ethics is a classical fonn of meliorism.
43

�27. The problem of Job is not the problero of Antigone. The Book of
Job is a Hebrew story of pathos with an epic ending, not a Greek tragedy.

28. In tragic stories1 strictly speaking, there are no villains. Villains reflect
the Problem of Evil, not the Problem of Good.

29. Tragic situations are popularly confused with patheti.c ones. Even so,
the pathetic is the opposite of the epic. In epic situations good overcomes all
sorts of obstacles and eventually triumphs over evil ( e.g., Vergil's Aeneid),
but in pathetic s.ituatioos evil overpowers good and triumphs over it (e.g.,
Sbakespeare's Othello) .
30. Even the great Aristotle, alas, seems to be confusing the tragic with the
pathetic. Although Dante's master of those who know considers tragic poetry
a higher art than epic poetry, Aristotle is too Homeric and epic -minded in
spirit to understand the nature of tragedy proper. According to bis incomplete
Poetics, at any rate, the function of tragedy is to bring about the catharsis
of pity and fear- pity being aroused by unmerited misfortune, on the one
hand, fear by the misfortune of someone like ourselves, on the other. Now,
granting of course that a tragic story arouses emotions of pity in us, does
not a tragic figure (such as Antigone, again) arouse our feelings of admiration rather than those of fear, because hers is the misfortune of someone unlike
ourselves? After all, the tragic figure is not an average but an exceptional
person cursed ( or blessed) with such an uncompromising attitude that we
can't help but admire him or her for refusing to compromise on principles,
whatever be the ultimate outcome. Moreover, the probable reason for Aristotle's failure to understand tragedy is that he attributes the change of fortune
in a tragic p1ot to sorne great error or frailty in a character of the play, in
other words, to a problern of evi1 (intellectual or moral). Toe flaw, however,
in a tragic play is not in the dramatis personae but in the antinomic nature of
the tragic plot itself. In short, tragedy as such is really addressed to problems
of good, not to problems of evil.
31. Most tragic situations in the drama of life as well as in the life of
drama are of import to the moral side of experience, but some are important
from an intellectual and philosophical standpoint.
32 . A celebrated case of the appearance of the tragic Problem of Good in
matters philosophical is the hypothesis put forward by Leibniz to explain
and justify the Problem of Evil in the universe. According to that most ingenious of Western philosophers, God had to take into serious consideration the
two ideal conditions to be satisfied in choosing this particular world of ours
as the best of all possible worldsJ namely, how to make at the same time a
world containing both the greatest possible variety of things and the greatest

44

possible attractiveness of ea.ch individual thin

.

these two ideal metaphysical conditions clash ~- tts;lf._No'7', _unfortunately,
intrinsic clash is not due to God' f 1
ra ica Y m prmciple, but their
so even God's world h ·ts
s au t at all. For, as every rose has its thom
as i own metaph . l limi .
'
conflicting desiderata invol d . .
ys1ca
tations resulting f rom the
. tif
ve m t1s very makeup In fi e the Leib . .
JUS ication of metaphysical evil is ultimatel ba d .
. n ~ .
m21an
recourse to the Problem of Good as
. y se on ~ LIDphc1t but disguised
to add Leib · 1..: ___ lf
a,~plied to tbe umverse at large. Needless
'
ntz
was too optnnistic and di 1
. .
be explicit about his recourse to the Problem f
p ?matlc ~ m~ntality to
and cosmic aesthetics.
o Good mherent m h1s theodicy

=

33. Wbile the conscientious objector personifies tr
the conscientious agnostic personifies it on the intell:;::i o~e moral plane,
34 _ In the two possibilities of tr ·
fli
p e.
tragic fideist (e.g., Miguel de Un agic co)n. cthbetw~n rea.son and faith, the
•
amuno 15 t e tragic agnostic (e g T H
HuxleY) m reverse.
· ·, · .

35. Unamuno's Categorical Imperative to eve
be pul as fo!Jows: So live as not to deserve to di; man de carne y hueso may
U namuno
tragic he~ tie must be g1ven
.
us 36.
of the
traged thef lif
belated credit for reminding
yo
e at a tune when the climat Of
. . .
was generally complacent, but h
lif .
e
opmion m the world
tragic dimension alone.
UIDan e ts too complex to be reduced to its
37. The
vem
. . best thing
.
perhaps a bout contemporary existentialism as a mo
ent IS its havmg called special attention to the .
. ..
the cardinal category for und ta din
pnmacy of possib1lity as
aspects of hum lif b wúers n g the Jess rosea.te and more disconcerting
an e, ut
ortunately sorne of its o t
l
(e.g., the late J. P. Sartre and his followers) h
m s popu ar representatives
the tragedy of life with its absurdºty th b ave g~ne overboard by confusing
.d tif .
i '
ere y makmg the serious mistak 0 f
f
.
e.
1 en ymg the tragic with the pathetic the suff •
those of a Sisyphus.
'
ermgs O an Anttgone with
38. ~an needs to wander from culture to culture. in order to wonder
about his own.
As persons
in their
predommant
·
· di vidual
·
.
39· lile
differ
. . hdiffer
.
.
m
traits,
so cultures
ew1se m t eir predommant collective ones To b
.
. .
about the former is difficult' generalizing ab ou t.th e latter
e s~,
if
generalizing
is even more so.

m!~:ru~:::~

trai~ :f the d~erent ~ultures provide a useful key to the
1 f
ty o uman lile. To illustrate, to the extent that th lif
sty es o the two Americas cliffer in certain fu d
e e
extent the· b · diff
.
n amental respects, to that
ir aSJC
erences may be put m the following terms.• Whil e Anglo-

45

�America sees the conflicts of lile primarily in epic (good/bad) terms, Latin
America ultimately sees them in tragic (good/good) ones. Toe focal difference
between these two cultures is traceable to their respective histories, in the final
analys:is. Their historical difference itself signifies that the two cultures should
not be contending rivals but complementary partners, that is, they should be
mutually supplying each othds lack, inasmuch as there is both a tragedy
and an epic to life.
41. Good understanding on all sides makes good neighbors in international
and intercultural life.
42. Tbere are no chosen people o{ cultute, except to those who haYe no
sense oí history and have learned nothing from the rise and fall of cmpires.
43. A gcnuine sense of history not only gives birth to the moral virtue of
humility, it also gives birth to that rare intellectual virtue called humor, without wbich no ympathetic understanding oí the human comed)' is possible.
44. Tbe common problems of humanity as a whole are problems of e\'il of
ali sorts (such as poverty, crime, war, ignorance, disease), but sorne peoples
(e.g., the Mexicans with their dual Ind~Spanish heritage) have to cope with
problems of good as well. This implies that some cultures are more complex
than others in types of conflict ituations to contend with, and therefore are
subject to more intemal difficulties than others.
45. Our society is not so rigorous logica1ly as it is rigid morall)•· f or it
allows us to think illogically to our heart's content but not to behave imroo-

rally- not in the open, at any rate.
46. Stability in social life without mobility is cmpty, mobility without
stability is blind.
47. Despite ali tbe rhetoric and counter-rhetoric in poliúcal life, poli tics

is, as politics does.
48. Marx or no Marx, politics is mostly economics, as is clear from St.
Paul's shrewd observation many, many centuries ago that money is the root
of ali evil.
49. Fear made tbe gods for Lucretius, and fear makes the peace for
Hobbes.

50. The derogatory phrase "power politics" would merely be redundant to
Hobbes. For, to him, politics without power would be utterly powerless, and
Leviathan tbe Big Fish would simply become a poor fish.
51. We seem to talk of every human right except the right to do right.
We even talk of the right to do wrong. For a current instance, witness
modem industry's proclaimed right to pollute the environmenl

52. The possibility of gaining freedom involves the possibility of losing it.

53. Kant is a thorough critic of human slavery in two senses. In the first
sense, he is against the slavery of others, as is perfectly evident from his Categorical Impcrative in its more popular version. In the second sense he is
against self - lavery, which to him at least is the inevitable result of living
according to ~ne's natural wants and fears- these (wants and fears) pertaining
not to mora~ty proper but to_ t~e econ~my of life. And yct, ironically enough,
~ant conce1ves_ God as a D1vme Auditor, whose function is to compensate
unmortal souls m the next world for whatever unhappiness and in justice they
have suffered in this one.
54. J~st as the bumt child dreads the fire, o the pampered child craves
the candy.
55. In ~pit_e of _bis utilitarian theory of ethics and not bccause of it, John
Stu~ Mill 1s quite_ aware that unequivocal cases of conflicting obligation
do anse under certam moral circumstaoces, but he does not realize that such
e ~ speU th: tragedy of li!e, to whlch no "common umpire" is applicable,
stn~tly speaking. Mill's whole utilitarian appeal to a common umpire as an
~rb1trator of conflicting interests belongs to the political and legal side of
life, ~vh_ere c~mpromise is ~e . tanding rule. By contrast, a tragic situation of
coníltctmg nghts and club.es IS the most uncompromising $tate of affairs in
the world.
56. What the Aristotelian mean ( moderation) is to ethics compromise
to politics, to wit, an adjustment of extremes.
'
5 7. A compromiser in action and an eclectic in theory go together.
58. Toe basic presupposition oí aU human efforts is the challenging gap
between the actual and the ideal.

59. Mathematics is what man does with bis power of reasoning and sense of
exactness.
60. Science is wbat man does witb his power of observation and sense of
facts.
61. Art is what man does with his power of imagination and sense of beauty.
62. Morality is what man does with bis power of conscience and sen

o(

justice.
63. Religion is what man does with his power of faith and sense of
reverence.
64. Philosopby is what man does with his power of speculation and sense
of wonder.
47

�65. In morality man is conscience-stricken, but in religion be is awe-stricken.
66. The sublime as a religious category is beyond the tragic: the "metatragic", to be precise.
67. Every field of inquiry has its logical advantages and disadvantages.
68. Propositions of pure mathematics are demonstrable and propositions
of factual science are verifiable, but propositions of philosophy as such are
neither demonstrable nor verifiable, strictly speaking, but tenable at best,
being concemed as they are with complex matters of value which are highly
debatable.
69. The tragedy of human knowledge lies in the unavoidable and intrinsic
clash of its two ideal requirements: exactness in form and richness in content.
Toe more exact our knowledge is, the less its richness in content, but the
richer in content, the less its exactness. To arrive at once at the tragedy of
human knowledge, just compare mathematics and metaphysics as íields
of inquiry.

neither is psychology. And, to make matters worse, if pbysics is no science,
psychology is even less so, for reasons that should be more obvious at present
than they were in Hume's day.
75. Scepticism is to our intellectual life what tragedy is to our moral: No
positive solution to problems is possible :in either case.
76. A scientific imperialism is a contradiction in terms.
77. Science is the necessary but not tbe sufficient condition of wisdom.
. 78. As ~ ~ethod of science is self-correcting, so the method of philosophy
1s self-examllllilg.
79. Relevance is a relative term. lf what was relevant yesterday is no
Jonger relevant today, it follows that what is relevant today may be irrelevant
tomorrow.

70. We do not argue whether wholes should be greater than their parts
and we do not argue whether acids should turn blue litmus red, but we do
argue whether women should be drafted.

80. It is indeed the height of irony that certain contemporary thinkers
who cavalierly dismiss ali metaphysics as irrelevant Big Talk and then reduc~
philosophy to the analysis of language ("glossoanalysis," to coin the exact
wor~ _f~r them), are themselves not immune to the all-talk disease, pangloss1tis (after Dr. Pangloss in Voltaire's Candide).

71. The three f's of error are: fallacy, falsity, foolishness. To say something
fallacious is one thing; to say something false, a second thing; to say something
foolish, a tbird thing.

81. Arrogance, the Spanish philosopher José Ortega y Gasset used to
declare, is not only the cardinal sin of the typical Spaniard but of the typical
philosopher as well.

72. The great paradox of the empiricist is that he can't be too clear about
things because that would make the world too racional to suit his particular
theory of knowledge.

82. It seems natural for the philosopher to exaggerate his exclusive possession of truth, and Plato the Aristophanes of philosophy was the philosopher's
philosopher who saw the comedy o{ it ali in lús best Dialogues, such as the
Symposium, whcre philosophers are subtly reminded that they are not gods
or possessors of \visdom, but rather lovers or seekers of wisdom, by etymology.

73. According to Locke, to employ a present-day trade name, the human
mind is too limited in cognitive capacity to obtain an exact Xerox copy of
the extemal world.
74. As against Leibniz, who holds that general truths of fact are govcmed
by the principle of suficcient reason, Hume thinks that they are not governed
by reason at all, Jet alone a sufficient one. For, according to the latter, what
we now cal! modero science is not reason-made but custom-made, literally.
Or, in other tem1S, ali reasoning about matters of fact is nothing but rationalization, that is to say, it is purely psychological, not logical. Yet, if the
study of nature at Iarge (physics) is purely psychological, then it would
necessarily follow on Hume's sceptical grounds that his own study of human
nature (psychology) as the proposed psychological foundation of physics is
itself purely psychological likewise. As goes the study of nature in general,
so goes the study of human nature in particular. If physics is no science,

48

83. Two moral wrongs (misdeeds) don't make a right, but two intellectual
wrongs (mistakes) make a comedy.
84. The perpetual misunderstanding of Plato on the part of bis interpreters,
including the first and the most influential of them ali ( Aristotle) , is due
essentially to their lack of a profound sense of humor and to their taking him
so literally as to misread completely his tentative hypotheses as dogmatic theses
to be defended at any cost.
85. Regardless of their radical difference in temper, Plato and Aristotle
share that fundamental conviction which is the whole purpose of comedy at
its best and whkh, incidentally, derives directly from the Hippocratic concept
of health in ancient Greek medicine, namely, that the good Jife is the wellbalanced life.

49
humanitas-4

�86. Plato's dialogical conception of philosophy as a comedy of errors is tbe
intellectual equh·alent of war.

· m
· life, comedv' exposes our
87. Whereas tragecly reveals our dual cnses
onesidcd follies.
88. Tbe comic side of life is the only side of life wbich is not onesided. .
89. The Higher Comedy of philosophy is the best pre,·entive measure agamst
fanaticism and intolerance.
90 ro sum Plato's irreplacl'able Socratic message to ali of us isl:iI A~
·
'
· · t ha n an unexam~ecl e~
unexamined
belief
is no more worth beltevmg
worth living.

LA INTE

rc¡o

ALIDAD DE LA CO 'CIE CIA

Mo s. Da. ÜCTAVIo N. DERis1
Obispo, Rector y Profesor de la Pontificia
nivenidad Católica Argentina.

l. El carácter intencional rú la conciencia
Inmanentismo empirista, que desconoce la intencionalidad de la
vida intelectiva, como distinta de la de los sentidos, y frente al Formalismo
kantiano, que apriori y arbitrariamente deforma la realidad del hecho mismo del conocimiento, E. Husserl reacciona y re-descubre el carácter intencional
de la conciencia, expuesto y ampliamente fundado antes por Santo Tomás c!c
Aquino.
FRENTE AL

Todo hecho de conciencia, como tal -de la ,·oluntad libre, de los sentimientos, y, concretamente, todo conocimiento, tanto sensitivo como y principalmente intelectivo-- se manifiesta como intencional.
Limitándonos al conocimiento, la intencionalidad se presenta como un sujct'l
que aprehende y está frente a un objeto. ujeto y objeto son dados inmediata
y simultáneamente en todo conocimiento, como términos enfrentados, en
una polaridad, dada sin embargo en la unidad de un acto.
En el conocimiento ensitivo esta dualidad no es aprehendida expresa o
refleja.mente, no llega él a distinguir formalmente el sujeto del objeto, precisamente porque no llega a develar el ser, como tal.
En cambio, en el acto intelectivo la intencionalidad o dualidad de sujeto y
objeto es plenamente onsciente: hay una aprehensión inmediata y simultánea
del ser del sujeto frente y formalmente distinto del ser del objeto. Se trata del
ser del sujeto -del ego cogito-, quien de-vela y tiene ante sí como distinto
de sí o trascendente, el ser del objeto.

50

51

�La intencionalidad que implica el hecho inmediatamente evidente de que
la intelección -acto de entender- no se agota en su propio acto subjetivo inmanente, sino que en ese acto hay presente un ser distinto de él, un ob-jectum,
que lo trasciende. La riqueza de la intelección es tal, que en la unidad de su
acto hay ser o existencia para el propio ser del acto del sujeto y a la vez ser o
existencia para otro ser distinto y trascendente a él, que es el ser del objeto.
Esta dualidad intencional del ser del sujeto y del ser del objeto en la unidad
del acto cognoscente -sensitivo y sobre todo intelectivo- funda y constituye
por la inmaterialidad o superación de la limitación de la materia; y, por eso,
la realidad del conocimiento nada tiene que ver con la actividad de los seres
materiales. 1

2. La intcncionalidad en el conocimiento .sensitivo
Vamo a detenemos un poco más en el análi is de la intencionalidad, primero de los sentidos y luego de la inteligencia.
La intencionalidad n el plano del conocimiento sensible es tal por la irunaterialidad, constitutiva de todo conocimiento; pero está limitada precisamente
por la intervención del órgano material, que es concausa con el principio inmaterial de tal conocimiento.
Esta intervención de la materia limita el grado de conciencia del conocimiento sensitivo y lo constituye esencialmente inferior al conocimiento intelectivo.
La sensación es conocimiento, pr cisamente porque hay en él una aprehenión de una realidad trascendente a él, un grado mínimo de iotencionalidad.
Más aún, los sentidos externos logran un conocimiento iotuiti o -bajo
te aspecto, superior al intelectivo, que actúa siempre por abstracción con-

ser, per~ sólo bajo sus manifestaciones fenoménicas concretas: aprehende
el ser sin de,·elarlo o aprehenderlo como tal. Porque en cuanto concretas
-:-".e _to co_loreado", etc.- ta1es manifestaciones implican el ser, que sustenta e
mclindualiza. tales fenómenos; pero este .ser presente en el objeto concreto,
en el fenómeno no
aprehendido fonnal o explícitamente como tal.
Y precisamente porque no llega a develar el ser trascendente fonna]mente
tal, tampoco ll ga a aprehender el objeto como ob-jectum o realmente distinto del sujeto; ni tampoco llega a conocer formal o expresamente el ser
del .sujeto, como distinto del ser del objeto; y la intencionalidad no llega a
formularse formal o expresamente n la conciencia.
. De aquí que, si el conocimiento sensitivo -de los s ntidos externos, principalmente- sea tan fuerte por su carácter intuitivo, que lo pone delante de
la realidad material concreta sin intermediarios, sin imágenes, in embargo
no logra ~na intencionalidad o aprehensión explícita del r del sujeto y del
ser del obJeto: s trata. más bien, de una intencionalidad o dualidad de sujeto
y objeto vivida en la unidad del acto, pero no expresamente develada en sus
d términos opuestos de ujeto y de objeto, porque para ello sería menester
aprehender el ser de ambos y así poderlos colocar uno frente al otro como
ujeto y objeto formalmente tales.
'
Por eso también, el Empiri mo -al no superar el nivel del conocrrruento
sensiti\'O- no _puede llegar a ta intencionalidad formal o expresamente tal,
del ser del obJeto y del ser del sujeto, y haya de deteners en una intencionalidad fenoménica, d tituida de ser y, por eso mismo. agnóstica e inmanentista. El "esse est percipi" de Berkeley -repetido por los reoempiristas lógicos
en la actualidad- o, en otros término , el reducir todo el conocimiento sen~
siti\'o a la mera perc pción subjetiva de fenómenos, es la consecuencia inmanenti ta y nihilista, al negar un conocimiento intelectivo esencialmente
superior al sensitivo, capaz de de-velar y aprehender el ser tr:Scendente.

ceptual- , en que la realidad se hace pre ente inmediatamente por sí misma
~in intermediarios- en su ser o existencia real, bajo algunas de sus facetas
c-oncretas: "esto coloreado", "esto sonoro", etc.

3. La intencior1alidad del conocimiento
intelectivo: 1) del concepto

in embargo, por su materialidad, te conocimiento ensitivo no alcanza
a develar el ser formalmente tal, es decir, la realidad trascendente como tal,
expresamente distinta del sujeto. La sensación aprehende inmediatamente el

Todo acto de c?nocimicnto se ~rescnta ~n la conciencia como un sujeto
qu~ aprehen~e o bene delante de si un ob-1ectum, un ser di tinto del propio.
uJeto y obJeto son dados simultánea e inmediatamente en la conciencia.

1 Sobre e.te tema de la. Inmaterialidad, como rorutitutivo del conocimiento, me he ocupado en La Persono, Universidad acional de La Pla1a, J950, c. II ; en DoctTina d, la
Intelig,ncia de Aristóteles o Santo Tomás , c. III, segunda edición Club de Lectores,
1980; y Esllncio y Vida de la Persona Humana, c. III , IV y V, Eu.deba, Bs. As. 1979.

Esta presencia simultánea del ser del objeto y del ser del sujeto en el acto
consciente, como polos opue tos y simultáneamente dados con él constituyen la intencionalidad.
'

53
52

�La intencionalidad se manifiesta en una forma explícita y consciente en
el conocimiento intelectivo.
Tal intencionalidad o polaridad de sujeto y objeto se encuentra primeramente en el concepto o aprehensión de un objeto, sin que se afirme ni niegue
nada de él.
En este acto simple del concepto la inteligencia aprehende o tiene presente en su acto un objeto, distinto del propio acto, tal como "hombre",
"mesa", etc.
El concepto es subjetivo y objetivo a la vez. Es subjetivo, en cuanto es un
acto intelectivo. Y es objetivo, en cuanto en él está presente de un modo inmaterial un objeto o ser distinto del propio acto o, en otros términos, trascendente a él.
No se trata de una imagen de algo que está más allá de ella, sino de una
verdadera presencia inmaterial del objeto en el acto intelectivo. Cuando se
piensa, se piensa en un objeto real, y no en el acto conceptual con que se lo
tiene presente.
De aquí que en el concepto lo primero que se aprehende es el objeto -el
cogitatum- presente en él -el cogito-. El concepto subjetivo -el cogitoo el acto aprehendente del objeto está implícito en esa primera aprehensión
del objeto. Sólo se Jo puede aprehender expresamente por reflexión sobre el
propio acto. En efecto, al volver la atención sobre este acto, la inteligencia
toma conciencia del acto subjetivo con que aprehende y en el que está
presente de un modo inmaterial el concepto objetivo o la cosa pensada.
Lo importante es subrayar el hecho evidente de la intencionalidad con que

el concepto se presenta: la dualidad de objeto y de sujeto, aquel explícito, y
éste implícito en tal acto cognoscitivo.

4. La intencionalidad del conocimiento
intelectual: 2) del juicio
El juicio es el acto por el cual la inteligencia conoce formalmente el ser
o verdad trascendente, bajo algunos de sus aspectos, al menos.
En el juicio la inteligencia cobra conciencia expresa de la intencionalidad:
el sujeto -el yo- conoce la verdad objetiva: afirma -o niega- que un
concepto o nota objetiva está o no identificado con la realidad. El sujeto contempla y afirma -o ruega- la identidad del concepto objetivo -predicadoº aspecto del ser aprehendido bajo algún aspecto, con la realidad -sujeto del

54

juicio-. Así, por ejemplo, en este juicio: "yo veo que esto es una mesa", veo
que el concepto de mesa -predicado-, está identificado con la realidad, -el
sujeto del juicio-. Por eso, en el juicio la intencionalidad es perfecta. Todo
juicio puede enunciarse así: "yo -el sujeto- conozco que la realidad del
objeto es así -o no es así-, que un predicado conviene objetivamente a un
su jeto del juicio. 2
Por eso, si en el juicio intervienen dos conceptos -el del sujeto y el del
predicado-, el juicio propiamente tal es un acto simple, distinto de ambos:
es la afirmación -o negación- de esa identidad objetiva de predicado y
sujeto, formulada por el sujeto -el yo-, que la contempla y la afirma:
una intencionalidad perfecta y un sujeto que ve y afirma la verdad o ser
del objeto.

5. Desconocimiento de la intencionalidad del
conocimiento en el Formalismo kantiano
Kant desconoce esta realidad primordial y evidente de la intencionalidad
de conocimiento sensitivo e intelectivo; y la sustituye por una construcción
formalista apriori o trascendental.
En efecto, Kant da por supuesto que lo único irreductible al sujeto es el
dato sensible. Desconoce a la inteligencia su propio objeto formal, el ser trascendente, irreductible al sujeto, aprehendido intencionalmente a través de los
sentidos. Se ve que en cuanto al contenido del conocimiento Kant no supera
al Empirismo.
El dato sensible, recibido en las formas apriori de espacio y tiempo de la
sensibilidad, es elevado a / enómeno. El fenómeno es tal, no porque sea dado
en la intencionalidad del conocimiento sensible como término objetivo, sino porque el sujeto trascendental, con sus formas o modos apriori de la
sensibilidad, lo elabora tal.
No de otro modo acaece con el objeto de la inteligencia. Este no es dado
inmediatamente como tal en la intencionalidad del acto intelectivo. Por
el contrario es el producto de la unidad trascendental de la inteligencia, que,
aplicada de doce formas o modos apriori a los fenómenos, los transfonna en
objetos. Los objetos son, pues, el producto de una elaboración formal de la
unidad de la conciencia sobre los fenómenos. Su contenido o materia no
• Conviene no confundir el sujeto de la intencionalidad -yo- con el sujeto de juicio, que es la realidad a la que se atribu)·e --o niega- por identidad un predicado.

55

�supera al de los fenómenos. La inteligencia transforma el fenómeno en objeto;
pero no devela ni ve el ser trascendente de es~ objet~. El _objeto no es dado
en el término de la intencionalidad del acto rntelecttvo, smo elaborado formalmente por la conciencia. De ahí que "la cos~ en sí", "el no~enon" de
Kant, o sea el ser trascendente, quede más allá del alcance valido de _la
inteligencia. :Ésta sólo transforma los fenómenos en objetos, enteramente mmanentes a la actividad subjetiva de la conciencia.
11

El ingreso del objeto en la conciencia y su manifestación inmediata en ella
en la intencionalidad., es sustituido, por una elaboración o construcción fdnnal
apriori del fenómeno en objeto.
6. La limitación arbitraria de la intencionalidad
del conocimiento en E. Husserl
Husserl, que tiene el mérito de haber puesto nuevamente en evidencia el
carácter intencional inmediato del conocimiento -y, en general, de los hechos de conciencia-, limita y deforma este carácter, cuando pm medio de
las "epojés" lo enclaustra en el ámbito de la inmanencia.
En efecto, según Husserl, todo acto de conocimiento -esp:cia~ente el
"eidético'' o intelectivo, que contempla las esencias u objetos-- unplica esencialmente algo distinto, trascendente al acto mismo de conocer. Pero este
objeto, añade Husserl, sólo es tal o distint~ del act~, en c~ant~ d~do en tal
acto. De este modo limita él la trascendencra del obJeto al amb1to inmanente
de la conciencia. Pero si tal objeto es realmente trascendente al acto, es decir,
que no sea o exista o pueda existir fuera de la conciencia, está más allá de
]a obseivación inmediata estrictamente fenomenológica. En otros términos,
Husserl distingue entre la trascendencia del objeto intencional dado en la
conciencia ven cuanto es dada en ella, y la del objeto realmente trascendente
al acto, qu~ es o existe o puede existir en sí, más allá del acto. El primero,
segun' Husserl es el dato inmediato de la conciencia intencional. El segundo,
'
en cambio, sin' ser negado, está más allá de los datos de la Fenorneno1og1a,

inmediata del acto de conocimiento: que en él hay un ser real del objeto,
irreductible y realmente distinto del acto de entender.
Reducir la intencionalidad real del ser del objeto a una intencionalidad o
dualidad de sujeto y objeto puramente inmanente es cercenar y deformar el
hecho mismo del conocimiento; y reincidir, de otro modo, en el formalismo,
ya que tal dualidad de sujeto y objeto sería el fruto de una actividad de la
conciencia, más aún, de un apriori o trascendental de Ja misma.
El conocimiento y su intencionalidad real son hechos inmediatos de la
conciencia, son una realidad única y distinta de toda realidad material y
debe ser respetada y aceptada como ella es, sin ser deformada por concepciones, que de una manera u otra quieren privarla de la presencia del ser real
trascendente, que de un modo inmaterial está en el seno de su acto y reducirlo a una imagen de una realidad trascendente, que está más allá de ella,
inalcanzada e inalcanzable.
Por lo demás, no se comprende siquiera qué significado pueda tener un
objeto irreductible y trascendente al acto cognoscente del sujeto, si tal objeto
no es realmente distinto del acto. Porque, si la rea]jdad del objeto pudiere
explicarse sin un ser trascendente, como un ser trascendente dentro de la
pura inmanencia del sujeto, tal trascendencia se constituiría como una creación del sujeto --como condicionada trascendentalmente por éste--, perdería
ese auténtico carácter de trascendencia, irreductible al sujeto, tal como se
presenta en la conciencia. Caeríamos así de nuevo en el Formalismo kantiano,
cuya falsedad puso en evidencia con tanta fuerza el mismo Husserl.

y no es necesario para explicar el hecho de la conciencia.
Ahora bien esta dicotomía de Husserl entre la trascendencia intencional
del objeto en' la conciencia y fuera de la conciencia, es inadmisible. Porq~e
si el ser del objeto se manifiesta en la conciencia inmediatamente como distinto y trascendente al acto mismo del conocimiento, se trata de una trascendencia, aprehendida, sí, en la conciencia, pero a la vez real, de un ser
objetivo, que existe O puede existir fuera del sujeto. Tal es la conciencia

56

57

�EL CONOCIMIBNTO EN LA FILOSOFIA MODERNA.
II. EL EMPIRISMO

DR. Jos:É

RUBÉN SANABRIA

U nivenidad Iberoamericana.

1. Antecedentes
LA "REVOLUCIÓN COPERNICANA" en la ontología del conocimiento empieza propiamente con Descartes. La filosofía tradicional, en efecto, concedía tal importancia al objeto que el papel del sujeto, en el proceso del conocimiento,
resultaba más bien secundario. El sujeto, etimológicamente -del griego
hypokeímernm- significa: lo que está debajo -idéntica significación tiene
el vocablo latino subiectum-. En la metafísica griega -especialmente a
partir de Aristóteles- sujeto designaba un elemento que subyace, que está debajo de otros elementos. En sentido onto16gico, el sujeto era, ante todo, la
sustancia porque ella sustentaba los accidentes. En la sustancia -synolon o
compuesto- hay dos elementos: materia y forma. De ahí que la denominación de sujeto se aplicaba fundamentalmente a la materia porque ella sustentaba a la forma.
El conocimiento se entendía -y se explicaba- hilem6rficamente -estructura materia-forma-, de modo que el objeto se comportaba ad modum
formae, en tanto que el sujeto lo hacía ad modum materiae. En realidad, el
sujeto soportaba el acto de conocimiento -recuérdese que para los escolásticos conocer es captar formas-; el sujeto estaba sometido al influjo del
objeto. Así se destacaba la pasividad y receptividad del sujeto. En honor
a la verdad, no se trataba de una pasividad total porque el sujeto era también principio -aunque remoto- de operaciones.
El sujeto era, pues, principio natural, sustancial, cuya función consistía,
principalmente, en conformarse con e] objeto -cognitio est fieri aliud in quan-

59

�tum aliud-. Esta conformación era el resultado de un proceso en el que t:1
objeto ejercía, por vía de causalidad, su influjo en el sujeto. Más aún, la
sustancia es solamente el principio remoto de las operaciones; el principio
inmediato son las potencias o facultades -accidentes-: sentidos externos,
sentidos internos (especialmente la fantasía) y entendimiento. Es evidente que
en esta teoría el sujeto-sustancia se fragmenta en varios sujetos de actividad.
Bien es cierto que los escolásticos tuvieron cuidado de afirmar la unidad
última del sujeto: así lo avalan el principio axiomático actiones sunl suppori,.
torum y la frase lapidaria de Tomás de Aquino "non, enim, proprie loquendo,
sensus aut inteUectus cognoscu11t, sed horno per utrumque''.1 in embargo,
es claro que e te sujeto unitario y dinámico del conocimiento no queda justificado. La razón de esto es que los escolásticos daban por upucsto el objetivismo gnoseo16gico. Es decir, la confianza realista que tenían en el valor
del conocimiento les impedía ver la necesidad de fundamentarlo crítica.mente.
Se trataba, entonces, de un sujeto óntico, antropol6gico, psíquico, que entraba en la explicación del proceso psicológico del conocer, pero que nada
decía de la objetividad y validc1. del conocimiento como tal.
Con Descartes, las cosas cambian radicalmente: ante todo, el sujeto sustancial de los escolásticos se di uel\'e. Más exactamente. con Descartes se
inicia el proceso de disolución. El cogito cartesiano todavía está radica.do en
la sustancia pero esta sustancia ya no es el compuesto humano -como en los
escolásticos-, sino la sustancia pensante --res cogitans- a la que el cuerpo
es extraño. El sujeto cognoscente perdi6 la corporeidad: el cuerpo ya no es
un elemento esencial del suj to, sino que precisamente una de las tareas de
la sustancia pensante es justificar la realidad y la objetividad del cuerpo.
El andamiaje gnoseol6gico de Descartes se reduce a esto: a) el cogito como
experiencia originaria y primordial de toda certeza; b) las ideas innatas,
claras y distintas, como formas de cualquier otro conocimiento cierto; e) la

veracidad divitia que garantiza las evidencias racionales.
Como
ve ha desaparecido todo elemento eidético proveniente del objeto. El contenido que la mente puede conocer proviene de las ideas innatas,
inmanentes a ella y de naturaleza lógico-formal.

En Descartes encontramos una supravaloraci6n de la mente humana -racionalismo-, pero esta glorificación de la razón implicó la infravaloración
-más aún, tal vez el rechazo- del conocimiento sensorial.
• El axioma expresa que "la11 acciones son de los supuestos". En terminología esco•
Jistica "supuesto" es la sustancia subsistente e incomunicable; o la sustancia individual
de naturaleu. completa. El tuto del de Aquino indica que "propfamente no conocen
l0t sentidos o el entendimiento, sino el hombre por ambos". De Ver., q. 2, a. 6, ad Sum.

60

a) Esta actitud culmina en el panteísmo d
.
criterio extrínseco de certeza
d
rd
e pmO'La: no es necesario un
Y e v ad· bastan l
·d ·
x.ión necesaria e intrínseca. entre las id
'
ª evi _encia y la cone"todas las ·d
da
eas Y de ellas con la idea de Dios. Así
1 ea.s son ver deras en cuanto se refiere
Di ,, "
.
quate11us ad Deum re/eruntur ve rae sunt" 2 D n a, os - omnes ideae,
propiedad de la idea misma '
tal . d- . e ~qui que la verdad es una
Además, al contemplar a Di;o::os e: ¡pendencia _de los objetos externos.
es todo y todo es Dios. Todo está
D'
1 ~ pluralidad de las cosas: Dios
coinciden el orden Jóaico y el den to y, ~1os está en todo. a y si en Dios
o·
or en ontologico ta b'é
• 'd
otros pues nuestra alma es un modo del p
? m_ • .º. como en en nos" I d
I
ensa.m1ento mfm1to Por e
e or en y a conexión entre las ideas es el m.
.
so es que
entre las cosas".•
ismo que el orden y la conexión
En pino1.a el sujeto del conocimiento se ierd
ta.1me
.
la sustancia única Di·os a S .
P e to
nte ab~orb1do por
•
· pmo1.a llevó hasta las últimas
método cartesiano.
consecuencias el

b) Le'b
· piensa
·
i ruz
que el concepto cart .
d
preciso. Tanto que la evidencia mental es ~ºb. e razón es _de~iado imde e\'idencia cxpu ta a toda el
d ·1 ~as ien una apanenoa subjetiva
.
'
ase e 1 us1onrs. Esta desconfían
1 . .
cartesiano de evidencia lleva a Leibn'
d
za a cnteno
ma lógica Lo cierto segun' L 'b . 1Z a ar un \.'alor fundamental a la for.
'
et mz no es la intuición ·
1 l' ·
determinado por la rectitud f
smo o ogicamente
1
de verdad consiste en la ·ac:r:;lica:~: ~:n:xto lógico. El cri~~io general
ellas se basan en los dos rinci . f
norma de la Lógica. Todas
de raz6n suficiente.
P
p1os undamentales: el de 110-contradicci6n y el

d

,

El principio de no-contradicción -es el mi mo que l d 'd 'da
el más general de todo razonamiento a
.
e e t entt d-, es
verdad y faJ dad e La v
. Y que 510 él no habría diferencia entre
de modo que la ;erdad ~:d~,;:nc1~dentc;de el momento de la identidad,
. .
que i enti ad.1 Pero como pocas . ..J-d
on proposiciones que ex resan 'd .
1,;erua es
tienen fonna de contradi~ción I ent1d~d, ~ n~
las proposiciones falsas
, se necesita e pnnc1p10 de razón suficiente que

t~:i-5

• Ethica, 11, prop. 32; cfr. prop. 36.
' Cfr., ibid., 47, schol.
• Ordo et conn,u,io idtarum id
1
• Fuera de Dios no puede d~: es
ordo et conntxio rtrum. Ethica II, prop. 7.
ll d .
y ru s1qU1era pensarse otra sustan ·a p
nu a
neque concipi flot,st substantia Eth· 11
CJ :
ratler Deum
• Cír G
.
·
,ca , prop. 15.
519 . ERHAJU&gt;T, C. J., Philosof/hische Schri{t,n, Ilildcshein 1961 t VII
488
Y
.
'
' .
'pp.

.ª'?"'.

ª"

51~-CíroCOUTURAT, L., Opuscula ,, fragmtnta ÍII dita, G. Olms Hilde!h .
, Y ER.HARDT, t. VII, p. 355 y t. v, pp. ¡ 4 _15 _
,
em, 1966, p.

61

�. t·r·

la reducción a identidades o contradicciones de enunciados que ~x, L •b · 1 ·wcio universal afirllcitamente no aparecen como tales. Segun ~1 mz e l
el
~ativo consiste en el nexo entre sujeto y predicado por _el hecho ~~que la
dicado está contenido en el sujeto. y esta relación tiene que m car
pre
.. , 8
razón de la verdad de toda propos1cion.

JUS 1 1que

L . l . , del predicado en el sujeto puede ser de dos modos: el prea me usion
.
.
E el so de las verdades
dicado está explícitamente contenido en el suJeto. s
~a.
di d
idénticas que se rigen por el principio de no-contradtcci6n; el pre dacad 0
. en e1 suJe
. t o. Es el caso de las ver . es
, 'l ' . lícitamente conterudo
e~: :.~u:Jente idénticas, que se rigen por e1 de raz6n ~~~ici~n:e·º. Es decir:
so . . .
t d' ión expresa que toda propos1c1on identtca es ver1 pnnc1p10 de no-con ra ice
d d
.
e
,
/. . te indica que toda proposición ver a era es vrrdadera; el de razon su zczen
tualmente idéntica.10
. , fundamental de Leibniz fue metafísica. De ahí que su
La preocupacion
d · A pesar de ello
,
en su sistema un lugar muy secun ano.
.,
gnoseologia ~upe
seolo ía osterior, como la concepcion
tiene puntos unportantes para la gno
g P
1 ·' dinámica
' . d 1 onocirniento Éste no se ennende como re ac1on
autogenetlca e c
·
,
· t téli o-escolástica.
.'
de 1a cau salidad del obJ'eto sobre el sujeto -teona· ·ans o ·a cparoal
de Aris.
la "tabla rasa" -teoría de Lock'é!, en renumscenc1
m como
.
. .
a las ideas "adventicias" -como
tóteles-, ni se puede abr_1r ~n resqU1~0 par explicar desde la perfecta inen D escartes--., el conocuruento se nene
. que
manencia y autonomía de la mónada misma.
. .
.d . "Je crois ce pendant pouvozr dire
L "bniz repite insistentemente esta 1 ea•
e1
'dé
eme celles des choses sensibles, viennent de notre propre
que nos t es, m
f'
. "C'est qu'il faut done dire que Dieu a. crée
fond" u y en otra parte a 111:na.
l d ·t
A

;y

d'abo;d l'ame ou toute autre unité réelle, d~ telle sorte_ équ~ ~~ut
d'e~;e
d p une parfaite spontaneit a egar
f
naistre de son pro pre on , ar
.
h
d d, hors" i2
meme, et pourta11t avec une parfaite conformité aux e oses e e
.
• •
•
nada hay sin raz6n, o para e,cplicarlo
• "El principio fundamental de raciocinar e. que
6 de ser Pero la raz6n de la
. d
ha verdad que no tenga raz n
.
con más clanda ' que no Y
• d
l • 3'eto o que el predicado e,té en el
.
del predica o con e .u
,
1
verdad consiste en e nexo
!
. "h"l esse sine ratione vel ut rem
. . .
. - d' fundamenta e t st, ni 1
,
'
.
•
suJ·eto Pnncip1um rat1ocinan i
.
•
~•bsi·t Ratio autem ventatis
·
.
ll
eritatem ctti ratio non •~
·
distinctius explicemus, _nu _am esse ~
t praedicatum subjecto ínsil". CouTURAT,
consistit in nexu praed1cat1 cum sub1ecto, seu u
op. cit., p. 11.

• Cfr GERRAR.DT, t. VII, p. 3oo.
215
.
L 1 .
de Leibniz G Olms Hildeshein, 1961, p.
.
'º Cfr. CouTURAT, a ogique
. .
'
t V . 16.
n Sur l'Esso.i d, l'entendement d, Mr. Locke.

GERHAllDT,

» Systeme nouveau d~ la nature. GF.RBAR.DT,

t. IV, p. 484.

.

,

p

Alguien justamente puede preguntar : ¿ cómo explica Leibniz la correspondencia entre los actos producidos en la inmanencia dinámica del alma y los
objetos totalmente extraños a ella y en la que no ejercen ningún influjo causal? Ello se debe - afirma Leibniz-: 1) a la naturaleza representativa del
alma; 2) al innatismo; y 3) a la armonía preestablecida.
El alma es como un espejo donde se refleja y reproduce, cognoscitiva.mente,
todo el cosmos. 13 Hay, pues, una íntima unión ontológica entre el alma y toda la realidad. El alma es un dinamismo -vis activa- y al ser creada ya
trae consigo todo lo que hará después. Es una virtualidad que se desplegará posteriormente en acciones individuales. Las mónadas son autónomas, perfectamente incomunicables -"sin puertas ni ventanas"-; cada una es un
mundo aparte. Sin embargo, en el universo hay una correspondencia y armonía admirables porque Dios así lo dispuso: "Dios lo ha previsto todo y lo ha
remediado todo de antemano. En todas sus obras hay una armonía y una belleza preestablecidas".u
Las afecciones interiores del alma no son más que fenómenos proyectados
sobre las cosas externas, o apariencias verdaderas. Nuestro mundo cognoscitivo se reduce, por tanto, a un mundo de fenómenos subjetivos que surgen
espontáneamente desde lo interior del alma por razón de su naturaleza representativa.
No podemos negar que en el pensamiento de Leibniz hay cierta ambigüedad
pues según algunos textos los fenómenos que conocemos son fenómenos representativos de esencias -Dios es el garante en esta situación-; 15 en cambio,
en otros se habla de fenómenos puramente imaginarios: "Así, pues, con ningún
argumento se puede demostrar absolutamente que se den los cuerpos, ni nada
prohíbe que los consideremos sueños bien ordenados que juzgarnos verdaderos
por la coherencia que manifiestan y equivalen, por el uso que les damos, a
los verdaderos".16 Y aunque el mundo fuera tan sólo de fenómenos imaginarios, tendríamos que agradecer a Dios habérnoslos infundido de modo que
tengan coherencia entre sí y nos sirvan, para cualquier uso o necesidad vital,
lo mismo que los fenómenos reales.17
Cfr. Lettre a Basnage. ÜERSARDT, t. IV, p. 523.
,. Cfr. Lettre a Clarke. !bid., t. I, p. 737.
" Cfr. Discours de Métaphysique, XXVI, GE1tRAllDT, t. IV, p. 451.
1 • !taque nullo argumento absolute demonstrari potest, dari corpora nec quicquam
prohibet somnia quaedam bene ordino.ta menti nostrae objecto. esse, quo.e a nobi.r verlJ
judicentur, et ob consensum ínter se quoad usum veris aequivaleant". !bid., VII, pp.
320-321.
i, "Quid enim, si natura nostro. non ero.t forle co.pax phaenomenorum realium; profecto non tam accusandus foret Deus, quam gro.tiae ei agendae, efticiendo enim ut
13

63
62

�Si quisiéramos expresar en pocas palabras lo fundamental de la gnoseología
leibniziana, diríamos que el recurso a Dios es tan esencial -teologismo gnoseológico- como el innatismo. En carta a Bayle asegura Leibniz que "Dios
es la última razón de las cosas -ultima ratio rerum-, y el conocimiento de
Dios no es menos el principio de las ciencias, como su esenci;a y su voluntad
son los principios de los seres" .18 Por lo que "todo el racionalismo sin Dios
tendría que haber sido un f enomenismo subjetivo, no ciertamente un fenomenismo sensorial, sino un f enomenísmo de ideas, como producto básicamente
autóctono del espíritu o de la mónada pensante o representante". 19 De cualquier manera, en Leibniz -el último representante del racionalismo- el
sujeto del conocimiento es todavía un sujeto sustancial. El empirismo -antítesis del racionalismo- hará la desustancialización. El fenomenisroo implícito
en Leibniz se hace totalmente explícito en J. Locke.

2. Principales representantes del empirismo
a) Tomás Hobbes, todavía con elementos racionalistas, es precursor del
empirismo. O si se prefiere, ya es francamente empirista. Para él, todo conocimiento proviene de los sentidos: "la sensación es -asegura Hobbes--: el
principio del conocimiento y de ella se deriva todo el saber". 20 L~ sen~ción,
añade, se reduce a movimiento de ciertas partes que hay en el mtenor del
•
" • 1 El fil'
que siente; estas partes son los órganos con los que senbmos
.·
osof o
debe comenzar con los datos empíricos -Hobbes los llama apariencias o fenómenos--, que son las impresiones sensibles recibidas de los cuerpos externos.
La razón no se distingue esencialmente ni de los sentidos, ni de la imaginación. Tiene por función imponer nombres generales a las cosas. Usamos
tales nombres como signos externos de nuestras ideas.
En Hobbes el conocimiento es una actividad puramente material: lo espiritual se explica -dice- por mera adición y sustracción de representaciones
sensibles. Los conceptos son puros nombres, de elección arbitraria, con los que
ordenamos prácticamente las representaciones sensoriales.
phaenomena illa, cum realia esse non possent, saltem comenticula essent, praestitit nobis,
quod in omni vitae usu realibus phaenomenis aequipolleret". Ibid.
Ed. ERDMANN, p. 105.
Ro:u:Eo, S., Hume y el fenomenismo moderno. GREoos, Madrid, 1975, p. 51.
• Human nature, c. I, 1. The English Works of Thomas Hobbes, ed. W. Molesworth,

11

11 RÁBADE

London, 1839-1845.
11 "Sensio igitur in sentiente nihil alit,d use potest, praeter motum partium aliquarum
intus in sentiente existentium". De corpore, IV, c. 25, 2.

64

b) John Locke es ya claramente empirista. Fue el primero que se propuso
estudiar "el origen, la certeza y la extensión del conocimiento humano". No
duda de la existencia de los objetos externos ni de la capacidad de la mente
para conocerlos. Lo que le preocupa es determinar cómo se establece la relación entre sujeto y objetos. Según Locke no conocemos directamente las cosas
externas, sino siempre a través de las ideas. Y llama idea a todo objeto inmediato de la percepción, de la reflexión o del conocimiento. No tenemos ideas
ni principios innatos -"neither principles nor ideas are innate''-. Por tanto,
todas nuestras ideas son adquiridas y provienen de la experiencia: "ella es
el fundamento de todos nuestros conocimientos y en ella tienen su origen
nuestras ideas", de tal manera que el alma de un niño, cuando nace, es como
una tabla rasa o como una hoja de papel blanco -sheet of white paper-,
"vacía de todos los caracteres, sin ningunJ. clase de ideas" 22 y sólo mediante
la experiencia se llena de representaciones.
La experiencia es externa e interna. Externa -percepción, sensación- es
aquélla por la cual nuestros sentidos perciben las impresiones que en ellos causan los objetos externos; interna es por la que el alma percibe sus propias
actividades acerca de los objetos externos: percibir, pensar, dudar, creer,
razonar, conocer, querer, y todas las diferentes acciones de nuestra alma. 23
El hombre empieza a tener ideas desde que tiene sensaciones. La sensación
es una impresión o un movimiento excitado en alguna parte del cuerpo, que
produce alguna percepción en el entendimiento.
Las ideas son simples o complejas. Simples, las que provienen de la e&gt;..7Je•
riencia, tanto externa -sensation-, como interna -reflexion- y constituyen
la totalidad del material de nuestro conocimiento y el fundamento de nuestra
actividad mental.u Las ideas simples, producidas por las cualidades primarias, son objetivas pues corresponden a propiedades de los cuerpos, son copias
de lo que hay en los cuerpos. En cambio, las ideas producidas por las cualidades secundarias son completamente subjetivas pues nada hay en los cuerpos
que tenga conformidad con estas ideas. Ante las ideas simples, nuestro espíritu es puramente pasivo y receptivo; es como un espejo que refleja la
imagen de los objetos. Pero una vez recibidas las ideas, el espíritu tiene fuerza de asociarlas, compararlas y ordenarlas con una variedad casi !I1finita. De
aquí surgen las ideas complejas, que varían y multiplican indefinidamente los
objetos de nuestro entendimiento. Por lo tanto, nuestro espíritu recibe las
ideas simples, pero hace las complejas al combinar las simples. 25
An Essay concerning Human Underslanding. A. C. Frascr, London , 1894' 1, II ' I , 2•
Cfr., ibid.
'' Cfr., ibid., 1. II, 1, 23; 2, 2.
" Cfr., ibid., l. U, 12, l.

12

:zs

65
hwn.~nita., -5

�Pensa.r y perc1'b'1r son lo mismo pues "el conocimiento no es .sino
d la per¡
cepci6n de la conexi6ti y acuerdo, o del desacuerdo y repugnancia e cu~de~
.
de nuestras ,·deal'·" uestro entendimiento carece . de toda
quiera
.d capac1 a0
• .:va., lo único que puede hacer es combinar i eas, yuxtap cread ora o il umma...
nerlas y separarlas.
La sustancia es la más importante de las ideas complejas. Proviene de la
.
. de varias ideas simples que "nos hemos acostumbrado a , er
coemtenc1a
., d ·
'
o
·unta". La idea de su tancia es, por tanto, '_'una col~c1on e cierto nu_me~,
Jde i'deas imples considerada como si estuvieran unidas en un solo suJeto '
'
orno perteneo un conjunto constante
de ideas simples, que cons1·d eramos~
.
.
misma cosa y designamo. con una sola palabra.
e no ruega
cientes a una
.
'bTd d Con ello prela realidad de la sustancia; lo que ruega s u cognosc1 i _1 a .
.
par6 el camino a Berkeley y a Hume que í negaron la realidad d~ la s~stan~a.
E lo relativo al conocimiento Lockc había r íbido la herc~cia ~ac1onalista
de : a gno eología de ideas: conocer es conocer ideas. Ello ~pli~ba ~nt~
1 ª·
C·encia porque la. idea es un contenido de conciencia.
1
rrarse en a con 1
,
la
clid
que ellas
•
las
co
as.
conocemos
co.
as
olo
en
me
a
en
una renuncia a
·
d
están representad as en 1as l'deas "puesto que la mente,
. en .to os us pensa
.
razon"""":entos no tiene ningún otro objeto inmediato que no sean
m1entos Y · ..... «
•
l
e 'dente
. .deas las cuales sólo ella contempla o puede contemp ar, es v1
sus propias 1
' . ·
" ~1 Pero las ideas pro.1.¡o se ocupa d e esas 1'd eas
que nue tro conoc1m1ento
w
. .•
Lo k
. ifica
.
d
la
'6
de
la
experiencia.
-E.xpenenc1a,
en
c
e,
s1gn
Vlenen e
sensac1 n,
.
. . to- En-

receptividad y la experiencia sensorial es el ongen del conoc1~ruen . . a· 1
.
. les son impuc tas a la mente en la recepo6n pnmor ia
tonces, las i~eas sunpp
Locke afirma que "todas nuestras ideas simples son
de la en aci6n. or eso
,, 2s
reales; todas están de acuerdo con la realidad de las cosas .
-l.
!ié que lo que recibo e tá de acuerdo
con 1la
Pero cabe preguntar.• e:. \,Umo
d
. d d 1
:&gt; foy sencillo: las ideas simples son causa as por as
realida
e as cosas.
,
·
a las puede
. as "porque como la mente por t ola de ninguna maner
coi;a m1Sm
alm nte
.:enen necesariamente que ser producto de las cosas que natur
e .
f .
or1ar ... u
•
" 20 Esta cau ahtúan obr la mente y producen en ella esas percepciones .
nos hace conocer que efectivamente algo existe fuera de mí y que cau a
en mí las ideas. 3º

::d

Jbid ., l. IV, 1, 2.
!bid., l. IV, l. l.
11 !bid., 1. II, 30, 2.
• /bid ., t , IV, 4, 4.
• Cfr., ibid., 1. IV, 11 , 2.

Esta causalidad se ejerce "ejemplarmente'' en razón de la armonía y en
virtud de las leyes e tablecidas por Dios sabio y bueno.111 A í evita Locke el
fenomenismo. Adviértase que aquí aparecen el teologismo gnoseológico y cierta
armonía preestablecida -como lo vimo en Leibniz-. Dios tiene la función
de constituir la garantía de la correspondrncia efectiva entre las ideas o representaciones y las cosas ideadas o representadas. Que esta po tura desemboca
en cierto desprecio de la experiencia sen iblc --Origen de todo conocimiento,
se afirmaba-, es evidente, como también lo es que asi se tenía que admitir
-por supuesto, sin pretenderlo- cierto innatismo. Por lo que la misma noci6n
de experiencia resultaba ambigua: i conocer •es conocer ideas, la correspondencia entre ideas y cosas es más que dudosa. Por ello se recurre a Dios
para que él sea la garantía de tal correspondencia. Pero entonces ¿ qué sabemos de las cosa ? implemente que son, mas no, qué son: ''la recepci6n efectiva
de las ideas procedentes del exterior es lo que nos notifica la existencia de
otras cosas, y nos da a conocer que, en ese momento, algo exi te efectivamente fuera de nosotros y que causa las ideas en nosotros''. • Mas nunca sabemos
qué es eso que causa las ideas.
Cualquiera advierte que en realidad esta po tura empirista e ya un fenomeni mo, aunque implícito e inconfesado. Recurrir a Dios, como lo hace Locke
para evitar el fenomenismo, no es resolver el problema del conocimiento pues,
por una parte, se privilegia la experiencia sensorial -más aún, e le ah olutizay, sin embargo, se le infravalora; se niega el innatismo y, sin embargo, se cae
en él, y, en última instancia, Dios -pero un auténtico deus ex machina- es el
que garantiza la validez y la verdad del conocimiento humano.
c) Jorge Berkeley avanza por el camino abierto por Loc.ke. u punto de
partida es empirista. Locke había admitido Ja sustancia material, aunque sólo
como substrato desconocido de las cualidades sensibles; admiti6 que las cuaJidade secundarias son ubjetivas, pero afirmó que tal s cualidades tienen
objetividad en cuanto que causan en nosotros las sensaciones. Berkeley, en cambio, niega radicalmente la existencia de la materia pues si existiera -dice-sería algo superfluo, inconcebible, ininteligible, un sinsentido, una entidad inútil y absurda que ni actúa, ni piensa, ni percibe, ni es percibida. Tampoco
sería objeto, ni ubstrato, ni causa, ni ocasi6n, ni instrumento. Quienes la
admiten sólo saben decir que "conocen no sé qué, de no sé qué manera, y
no . é para qué clase de uso". 11

11
11

66

" Cfr., ibid., l. II, 32, 14.
., Jb,d., l. IV, II, 2; cfr., ibid., 4.
• Th,,e Dialogu,s, So.

67

�to las cosas sensibles son tan s61o 1·d eas, grup os de ideas. ' cuya única
,, u
Por tan ' .
cib'das· "Their esse is percipi. To be tS to know .

n·

y

realidad consiste en ser per . 1 · . . 1 .
os los espíritus
las ideas en
.
ás
e sustancias espintua es . 1 '
.
·o existen m qu
d
roducidas Por las sustancias
ellos. Pcrcibimo ideas, las cuales no pue en ser p
, 'tu que sólo las permateriales, que no existen, ni tampoco por nuestro espm t'·do v en nuestra
.
· prime en nuestros sen 1
,
1
cibe. Por lo que D1~ es e que lun
o lo son en Dios, aunque también en
mente las ideas. Las ideas son rea es~ per .
nuestro espíritu porque ahí las impnme Dios.
.
.deas son particulares iempre y
Todas nuestras percepcion~s, .sednsaooru~~e'rsa11 es. 'cuando mucho, "una idea,
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par tanto 1 eas u •
,
concre~. o ay, , .
~ articular, se hace general si se la t~rna para
que conStderada en si nusma,
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de la truSma clade todas las ideas parttcu ares
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"esse est aut perciperl! aut
Todo lo que existe, o perc1~ o es peralo l o r D'1os Entonces Jo que
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percipr'-, ~ por ~ espm x.iste.' "propiam;nte no existen más que perno percibe ro es pero i o, _no e tod. I demás cosas no tienen existencia
conscientes·
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sonas, es eci.r, cosas
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lo ue él percibe.'1 Percibir es tener una
tancia que ex:iste es el espmtu Y
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idea: las ideas que vienen de fu~ra son la/s senhsatcio es o ha~· más conocimiento
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los pensanuentos -t ioug s .
'
vienen e entro son
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on !ITUpos o combinaciones de sensacioue de las ideas. Las cosas SCDSI es
. .
qnes o ideas.
.
Su realidad es ser percibidas o perc1b1r.
.
.
ar de negar la sustancia material, las cosas exlS·
Berkeley piensa que, pes .
ff
como percepciones o ideas imten real.mf'nte. Existen como ideas en io. y

ª

.

.

se thc mighty írame o( the world, have not any
( ) is to be perceived or known;
.
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ind that tbeu emg eu,
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,
sub~stenee without
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,
11 . perceivcd by me, or do not CJOSt lJl m)
that coosequcntly so long as they are a~~ th}
mus cither havc no cxistence at all,
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ther created s¡nnt,.
cy
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mind or tha t o any o
l p'rit" Principies of human now 11g,,
o, eht subsist in the mind of soma ,tuna s 1 .

.. " ... ali tho~e bod1es which compo . b .

I, 4. 6.
.
. . lf .
articular becomes general by being
.. "An idea, wbich c-0nS1dered in Jtsc ~ pi.a 'd 'af the s:une sorL" Ibid. Inmade lo represcnt or stand for ali other parucu r i eas
troduction, 12.
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.
' f person.,."
'
.
h"ic al
• "Nothmg
proper 1Y b ut persons • i ·e · consuous •
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ue not so mu ch cxistence as mannen oí the existente o

Comrruntaries, 24.
.
k ~• "&amp;!e is percipi • being is to be
. . l
I 6 7. "To be 15 to now .
'
h" b
" Cfr. Pnncip ts • · · , , ·
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b tance than spirit or that w 1c
.
d
or
know·
it
is
cvident
there
is
no
ot
cr
su
s
perce1ve
,
percei ·es."

68

presas por Dios en nosotros: ' yo no pongo en duda que eristen realmente
las co as que veo con mi ojos y toco con mis manos. Lo único que niego
es la existencia de lo que Jos filósofos llaman materia o sustancia corporal".ªª
Las idea son las cosas mismas: percibir las ideas es percibir las cosas
mismas. Es decir, las ideas son cosas reales, impresas en nuestros sentidos por
Dios. Entonces, lo que llamamos "mundo exterior" es un conjunto de ideas o
percepciones directamente impresas por Dios en nosotros. A la objeción: si
las ideas son cosas, el caballo que está en la cuadra ¿es una cosa real o es
una idea? Si las cosas sensibles son ideas, se sigue que comemos, bebemos y
vestimos ideas. Realmente es así, re ponde Berkeley. El caballo que está en la
cuadra es ciertamente una idea, pero en realidad existe en cuanto que es
percibido.H Las ideas y las sensaciones no son representaciones de las cosas,
son las cosas mismas. Por lo que la cosas son tan sólo como nos aparecen
porque su naturaleza consiste en aparecer r ser percibidas --esse est percipi-.
En tal caso, tenemos certeza absoluta porque las cosas son nu tras mismas
percepciones.
"Las cosas son como nos aparecen". ¿Fenomenismo? ¿lmnanentismo? Inrnanentismo no, porque Berkeley afirma insistentemente la causalidad: mi
mente recibe las ideas, y las ideas son pasivas y no pueden causar -las Meas
son las cosas, por lo que es inútil pensar que las cosas causen la ideas-.
Entonces, Dios es la causa única de nuestras ideas.
í no hay peligro de inmanentisrno. Fenomenismo sí, pero en tal caso se trata de lo que Rábade Romeo
llama fenomenismo teológico porque el mundo sería el mundo de la. mente
divina. El muntlo de Berkeley e un mundo de ideas, que son fenómenos en
cuanto Dios nos las infunde, pero nosotros las vivimos como si fueran reales.
Lo real son las ideas; la ilusión es imaginar que las cosas son independientes
de una mente percipiente. En sentido estricto no habría fenomeni.smo en Berkeley porque las ideas son ellas mismas los objetos y no fenómenos de otra
cosa.• 0 ¿Lejanas reminiscencias platónicas en Berkeley? Pudiera ser.
d) David Hume e el defensor más destacado del empiri mo radical .• o
le quedaba más remedio que sel' empirista y fenomenista. El contexto histórico
y cultural en el que .,,ivió, se formó y escribió Hume, lo llevaban, casi inexorablemente, a ello. Y no s61o fue empirista, sino que es el filósofo que llevó el
empirismo hasti sus últimas consecuencias. Con Hume el empirismo llegó
a su cumplimiento.
• Prin,if,lts, 1, 35.
• Cfr. Pliilosoplii,al Commentarits, 593
• Cfr., op. cit., p. 74.

y

Principlts, I, 39.

69

�El filósofo escocés es el filósofo de la experiencia, en u sentido más estricto:
todo lo que no se pueda probar con los hechos, ni se relaciona científicamente
-aunque sea de lejos- con la cantidad, c.arece de validez.
En la Introducción del Treatise Hume advierte que debemos atenernos a
la experiencia y no pretender ir más allá de ella -we cannot go beyond experience-º porque el único fundamento sólido que podemos dar a la ciencia
del hombre es la e.xperiencia y la observación.'i

El único punto de partida son las percepciones pue es imposible que tengamos ideas innatas. o conocemos las cosas e,...1:ernas, sino tan sólo nuestras
percepciones, los hechos de conciencia que e,,.-perimentamos. Se llama percepción todo lo que puede estar presente a la mente, ya sea mediante los
sentidos, ya mediante el pensamiento y la reflexión. Las percepciones se asocian
por la imaginación -leyes de asociación- y adquieren carácter científico por
la reflexión.
Como se ve percepción significa contenido de conciencia y los actos correspondientes. Con palabras de Hume: "se ha hecho obser,..ar que nada jamás
está presente a la mente a no ser sus percepciones; y que todos los actos de
ver, oír juzgar, amar, odiar y pensar, caen bajo esa denominación. La mente no puede realizar ninguna acción que no podamos comprender bajo el
término percepción; por tanto, este término e igualmente aplicable a los
juicio por los que distinguimos el bien rnoral del mal, y a cualquier otra
actividad de la mente".48
Todas las percepciones se reducen a dos clases: impresiones e ideas. Las
impresiones son las percepciones que penetran en nuestra mente con más fuerza
y violencia -e impresiones son (asegura Hume) todas las sensaciones, pasiones y emociones tal como hacen su primera aparición en el alma-; las ideas,
n cambio, son las débiles imágenes que las impresiones dejan en el pensamiento y en el raciocinio." O como dice en el Abstract: "impresiones son,
pue , nuestras percepciones vivas y fuertes; ideas son las más débiles y flojas" .• 5
Por tanto, impresiones e ideas -sentir y pensar- son lo mismo. La única
diferencia entre ellas es el grado de fuerza y vivacidad -thcir degret o/ force
or vivacity- con que afectan a la mente y p netran en la conciencia.
" A Treatis, of Human Natur,. Green and Gro e, Scientia Verlag Aalen, 1964,
v. I , p. 308.
ª Cfr., ibid., pp. 307-308.
• T,eatise, III, I, sec. 1, v. 11, p. 234; dr. Án Abstract o/ A T1eatis1 of Human
Natur,, Ed. Ch. W. Hende!, The Liberal Arts Pres, New York, 1955, p. 185.

., Cfr., ibid., I, f, sec. 1, v. 1, p. 3 l l.
.. Op. út., p. 85.

70

Las impre iones son de dos clases: las de sensación y ]as de reflexión. Las
primeras surgen originalmente en el alrn1 de "causas desconocidas', -from
uriknow,i causes-.º Las segundas se derivan, casi todas, de las ideas. Las
impresiones tienen dos características: originalidad y vivacidad. Originalidad,
en cuanto que las impresiones son antes que las idea -las impresiones de
sensación y de reflexión anteceden a las ideas, que se derivan de aquéllas)' en cuanto que las impresiones son el primer elemento del proceso genético
del conocimiento. La vivacidad o fuerza que, según el filósofo escocés, es el
criterio cliferenciante entre impresiones e :deas, nos lleva a decir una palabra
de la inmediatez: aqui está un elemento de diferencia entre Locke y Hume.
Para Locke, experiencia significa receptividad; para Hume, significa inmediatez. Entonces, en Locke, conocer es recibir el influjo causal de las cosas
-aceptación de la onticidad de la causalidad-; en Hume, conocer es captar
contenidos de conciencia -la causalidad, cuando mucho, es una ley de
la conciencia-. Hume había negado todo innatismo.U Empero, la lógica del
si tema lo llevó a defender que todas nuestras impresiones son innatas: "es
falso que no tengamos ideas innatas. En efecto, es evidente que nuestras percepciones más fuertes o impresiones son innatas y que la inclinación natural,
1 amor a la virtud, el resentimiento y todas las demás pasiones surgen inmediatamente de la naturaleza". 18 Y en otra parte afirma: "Si innato equivale
a natural, entonces tenemos que conceder que todas las percepciones e ideas
de la mente son innatas o naturales ... si se admiten los términos impresiones
e ideas en el sentido explicado antes, y se entiende por innato lo que es ori~nal o no copiado de una percepción anterior, entonces podemos afirmar que
todas nuestras impresiones son innatas y que nuestras ideas no son innatas". 49
Claro que se trata aquí de un innatismo muy especial -sinónimo de originalidad, de no derivación-; y si la experiencia es inmediatez, Hume es cmpiri ta
e innatista simultáneamente.
Las impresiones de la sensación -nos ha dicho Hume- surgen de causas
desconocidas. Y es que no sabemos si hay causas reaJcs; y en caso de que
existieran, no las conocerlamos. He aquí el fenomenismo agn6 tíco de Hume.
Para comprobarlo baste un texto: "En lo relativo a las impre¡i.ones que surgen de los sentidos, su causa última, en mi opinión, es perfectamente inexplicable por la razón humana, y siempre será imposible decidir con certeza si
surgen inmediatamente del objeto, o i son producidas por la fuerza creadora
" Cfr. Treatue, v. I, p. 317,,
" Cfr., ibid., f, I, ~ec. 1, v. 1, p. 316.
., Abstract, p. 185.
.. Enquir)' concerning human und,rstanding, sec. Il, nota 1, v. IV, p. 17 .

71

�filósofo
ele la mente, o si provienen del autor de nuest~o ser" .60. Aquí 1elpod
de de
la
.
tre
"causas
desconociclas'
:
los
objetos,
e
er
Edimburgo menciona
mente y Dios.
En Descartes, en Leibniz }' en Locke había siempre. el recurso a D~::·n!:
Ilume esto no es posible pues aunque no fue ateo, sm embargdocsd,p 1
e. e d curhacer una filosofía absolutamente al margen de D"ios.. "razonar
.
f
la
, de la naturaleza y sin suponer ninguna nueva mter erencta e fi
so
comun
causa
suprema, que clebe necesariamente quedar excluida iempre de la ilosofía". 61

Es pues imposible justificar racionalmente que las im~resiones de _sensa'sean causada
•
.
por los obJetos
externos,_ a los que se Juzganlasemejantes,
ºd d
. na d a pued e deClr-.
·
. "recurrir
a . veraci .a
este caso la experiencia
.
-en
a probar Ja eracidad de nue tros senados, sin duda nindel ser supremo pdar 11
bo realizando un sorprendente circuito. Si su
guna sólo se pue e evar a ca
t' do
,
'dad estuviera en absoluto implicada en este asunto, nuestro sen :
\ei:ac1
l
te infalibles pues es impo ible que él nos pueda enganar.
serian comp etamen
se ha puesto en cuestión el mundo externo,
Eso sin mencio°:'"r que, una vez
argumentos por los que se pueda probar
no vemos perdidos para encon
.
,. i2
la exi ·tencia de tal ser o la de cualquiera de sus atnbutos .
Ción

:r

se re•
Por todo lo anterior, se ve claramente _que_ en Hume las impresiones
ideas son también
inmediatez de contenidos de conctencta. Y como las
. d
ucen
a
.
d.
1
llll. presiones"
-todas
nuestras
ideas
están
copia
" epresentaoones e as
·
·0as
r
.
.
. "
tras ideas están copiadas de nuestra unpres1 de nuestras impresiones, nues
dif
. las hay que
urrir al
es y las representan totalmente"- ªs para
erenc1ar
.
n
• dica que las representac1ones carecen
criterio de viuacidad. Pero esto nos ~n.
d llas . mas Así lo dice exUevan a aliro distmto e e
mis
.
.
de r feren te: no nos
':
d
s impresiones como imáH e. "que lo ntidos no nos en u
.
presamente uro .
.
e\•idente pues ello no
genes de algo distinto o independiente }' externo, es
.dan la menor
• 1e percepción \'; nunca nos
nos trasmiten más que una sunp
d

indicación de algo m is a 11

ª,,,·

5♦

.
ideas aenerales pero ellas no son más que
Hume adnute que tenemos
. 0
'
•
• definida de evocación
representacion particularc que llenen una potencia in
• Treatise, I, IIJ, sec. 5, v. I , p. 385·
., Of the Immortality of soul, v. IV, p. 400.
Enquiry, sec. XII, parte I, v. IV, p. 12.6._b'd I III sec. 7, p, 396; cfr. E11quiry,
Cfr. Treatise, l. III, scc. 1, v. I, p. 375 • ' 1 ., '
'
sec. vn, parte II, v. IV, p. 64.
.. Tr11atis11, I, IV, sec. 2, v. 1, P· 479·
e

a

72

creada por la costumbre y a las que damos un nombre común. 65 Las ideas
univer·ales se forman por la ley de a ociación, por la costumbre y por Ja
memoria. La asociación e realiza en tres aspecto : scmcjanza1 contigüidad en
el tiempo y en el espacio, y causa-efecto. ae
Hume trata con cierta amplitud Ja relación causa-efecto. Dice que todos
nuestros razonamientos relativos a cuestiones de hecho -mattus of f act- se
fundan en la relación causa-efecto y que para entender estos razonamientos
se necesita una p rfecta comprensión de la idea de causa. 8• Y es que el penador cocés vio que la relación causa-electo era la única puerta de acceso
al mundo externo, el único modo de convencerno de Ja existencia real de
las cosas: "el conocimiento de las causas es no sólo el más satisfactorio, porque e ta relación o conexión es la más fuerte ante las otras, sino también
porque e la más instructiva, ya que s6lo mediante este conocimiento estamos
c:apacitado para controlar los acontecimientos y gobernar el futuro". 18

Nuestras ideas están unidas por relac-ion , que son, opina Hume: naturales
y filos6ficas. Una relación natural es la cualidad por la qu dos ideas en la
imaginación están mutuamente unidas y una introduce naturalmente a la otra;
una / ilos6fica es la circunstancia particubr en la que, aun tratándo e de la
uni6n arbitraria de do ideas en la fantasía. consideramos conveniente compararla .118
Cuando Hume trata de los objetos del conocimiento babia también de los
diversos modos de él. Lo que conocemos se divide en: a) cuestiones de hecho
-matters o/ fact-; b) relaciones de ideas - relations of ideas-. El ámbito de
las relaciaines de ideas es el de las ciencias formales (aritmética, álgebra y geomelría); sólo aquí bar certeza demostrativa.; es el reino de la 110-contradirción.
El ámbito de las cuestiones de hecho es el mundo de ]as cosas (cic!lcias empíricas, comportamiento humano) ; es el ámbito de la vida, de la conducta, de la
experiencia y de la observación.

Es importante notar que Hume da a la memoria y sobre todo a la imaginación una función destacada. La imaginación es la facultad suprema ya que
su principios permanentes, irresistibles y universales "son el fundamento de to-dos nue tros pensamientos y acciones, de tal manera que su remoción llevaría
a la naturaleza humana a su destrucción inmediata y a la ruina". 60 A veces
" Cfr.. ibid., l, I, sec. 7, p . 20.
14 Cfr. AbJtract, p. 186; E,1quiry1 · c. IV, p.1rte I, v. IV, p. 24
• Cfr., ib1d.; Enquiry, sec. VII, parte II, v. IV, p. 63.
" Enquiry, scc. 111, v. I , p. 19 nota.
• Cfr. TrealiJI!, I, I, se(,. 5, v. I, p. 322.
• Treatise, I, IV, sec. 4, v. I, p. 51 l.

73

�identifica inteligencia e imaginación -understanding or imaginatifm 61- ;
incluso llega a decir que la imaginación es una magical faculty in the soul. 62
Hay en la imaginación ciertas disposiciones connaturales que explican el
dinamismo asociativo común a todos los hombres, y los hábitos, como el hábito
de pasar de las causas a los efectos y viceversa. 69

Ya dijimos que la relación causa-efecto es esencial en la gnoseología humana.
Pero ¿ qué entiende Hume por causa o causalidad? Es, ante todo, una relación. 64
Y como vimos que en nuestras percepciones hay dos tipos de relaciones -naturales o de asociación, y filosóficas o de comparación-, la relación causal
pertenece a los dos porque -según Hume- es simultáneamente relación natural y relación filosófica. ¿ Qué es, pues, la causa? "Podemos definir- la causa
(diciendo) que es 'un objeto precedente de y contiguo a otro"; y más adelante
añade que se puede cambiar la definición anterior por ésta: "una causa es un
objeto precedente y contiguo a otro, y de tal modo unido con él, que la idea
de uno determina a la mente a formar la idea del otro", 65

Inmediatamente se ve que en la primera definición Hume habla de la causalidad que surge de la comparación de dos ideas -relación filosófica-; en la
segunda, se refiere a una relación de unión o asociación -relación natural-.
De cualquier manera, se trata de establecer una relación comparativa entre dos
ideas -objeto, dice Hume-. En la comparación descubrimos: contigüidad,
prioridad y conexión constante. "La. contigüidad en el tiempo y en el lugar es,
pues, una circunstancia exigida para la actuación de todas las causas. lgualmen te es evidente que el movimiento (de la bola de billar) que fue la causa,
es anterior al movimiento que fue el efecto. Por tanto, la prioridad en el tiempo
es otra circunstancia exigida en toda causa. Pero. . . hay una tercera circunstancia, a saber, la conexión constante entre la causa y el efecto ... Más allá de
estas tres circunstancias de contigüidad, prioridad y conexión constante no
puedo descubrir nada en la causa". 88
En la causalidad como relación filosófica no es posible la inferencia pues causa
y efecto deben estar presentes para que se pueda establecer la relación comCfr., entre otros pasajes, Treatise, I, III. sec. 8, v. I, p. 404; 11, 111, sec. 9, v.
11, p. 216.
11 Cfr. ibid., I, I, sec. 7, v. I
p. 331.
11 !bid., I, IV, sec. 4, v. I, p. 511. .
.. Oír., ibid., I, m, sec. 2, v. I, p. 377. Para este problema dr. M. BEUCHoT,
"Hume y el principio de causalidad", en Humanidades (Anuario) IV (1976) UIA,
México, pp. 79-104.
11 Treatise, I, 111, sec. 14, v. I, pp. 463-464. Nadie piense que estamos en un nivel
óntico pues en Hume objeto casi siempre es lo mismo que percepción e id~a.
11 Abstract, p. 187.
11

74

parati_va. 6~ Por eso e~ ne:esario :ecurrir a la experiencia ya que "s6lo por
e&gt;.-penencia podemos infenr la extstencia de un objeto a partir de otro".es La
importancia de la causalidad asociativa está en que ella nos proyecta al mundo
de los hechos: "la única relación o conexión de objetos que nos puede llevar
más allá de las impresiones inmediatas de nuestra memoria o de nuestros sentidos, es la causa y efecto; y esto porque es la única sobre la que podemos hacer
una inferencia justa desde un objeto a otro". 69 No se olvide que esta noción
de causalidad se deriva de la experiencia, según lo repite Hume.
"Todo lo que comienza a existir debe tener una causa de su existencia"
-"Whatever begins to exist must have a cmtse of existence,,-. Así formula
~um~ el p~cipio de. causali?ad. Y es evidente -afirma- que tal principio
ru es mturttvamente Clerto, DJ es demostrable recurriendo a relaciones filosóficas provenientes de la comparación de las ideas. Todas las demostraciones
dadas por los filósofos hasta ahora no son más que sofismas. 70

. E~ .:fecto -afirma Hume-, el principio de causalidad no es evidente por
mtUICion pues no tenemos más intuici6n que la de la experiencia inmediata
de_ las percepciones sensibles. Y la intuición sensible sólo nos atestigua la contigüidad y la sucesión temporal de dos hechos, mas no su conexión necesaria.
Por ejemplo: a la impresión visual de llama sigue la impresión táctil de calor.
Estos son dos hechos en conjunción constante y de los que uno viene después
del otro. Pero no podemos afirmar su conexión necesaria ni su relación causal :
"Rec~rdamos haber tenido instancias frecuentes de una especie de .objetos y
también recordamos que los individuos de otra clase de objetos siempre las han
acompañado y que han existido en un orden regular de contigüidad y sucesión
r~pecto de ellas. Así recordamos haber visto esta especie de objeto que denominamos llama y haber sentido esta clase de sensación que llamamos calor.
Igualmente podemos observar su conexión constante en todas las instancias
pasadas. Sin más requisitos, a uno llamamos causa, y al otro, efecto, infiriendo
la existencia del uno a partir de la existencia del otro. En todas estas instancias
a partir de las cuales aprendemos Ja conexión de causas y efectos particulares:
tanto las causas como los efectos han sido percibidos por los sentidos, y record_a~os; pero en todos los casos en que razonamos respecto de ellos, sólo es perc1b1do o recordado uno, y el otro es suplido de acuerdo con nuestra experiencia pasada". 71
fT Cfr., ibid.
• Treatise, I, 111, sec. 6, v. 1, p. 388.

• Ibid., p. 390; cfr. I, III, sec. 2, p. 377 y E-nquiry, sec. IV, parte I, v. IV, p. 24.
'º Cfr., ibid., I, III, sec. 3, pp. 38-381.
11 Jbid., sec. 6, p. 388..

75

�Todo lo anterior significa que la relación necesaria entre causa y efecto -en
Hume relación necesaria no es lo mismo que relación constante- no es per•
cibida 'por experiencia, sino que la establecemos por costumbre ~ la experiencia los hechos aparecen contiguos, pero no conexos-. La causalidad tampoco
puede ser demostrada pues causa y efecto son dos ideas distintas y separables;
Si las consideramos separadamente advertimos que ni en la idea de causa está
contenida la de efecto, ni en la de efecto la de causa. Entonces, de ninguna manera se puede demostrar la necesidad de una causa porq~e la razón. no puede
pasar de una idea dada a otra idea no dada, ni de una idea conocida a una
desconocida.

y es que "como no tenemos idea que no haya sido deri~ada de una_ impresión es necesario encontrar alguna imprei.ión que dé origen a esta idea de
nec:sidad, si es que en realidad tenemos tal idea".n Ade1;11ás, "la rep~tici6n
de instancias perfectamente semejantes nunca puede por s1. so:a dar origen a
una nueva idea original".73 Por tanto, si el principio de causalidad no se debe
· almente - " no es 1a razon,
'
ni a intuición empírica ni se puede demostrar rac10n
74 en
'
b
l
1
f
t
"
sino la experiencia la que nos instruye so re as causas y os e ec os -,
tonces, no queda más que explicarlo por un hábito o ~ostumbre q~e produce
una creencia -belief-. En otras palabras: el principio de causalidad, para
Hume, es algo totalmente subjetivo -determination o/ mind, determination of
thought, adquired by habit- pues "la necesidad o fuerza que. une causas y
efectos está en la determinación de la mente de pasar de un objeto a otro ...
Pertenece por completo a la mente, que considera la unión d~ dos o más. objetos en todas las instancias pasadas".7 5 En conclusión, la relación causal tiene
valor puramente mental something that exists in the mind, not in obje~ts; 76 es
la simple sucesión de dos fenómenos que nosotros mentalm~te re_lac1onamos
entre sí; 0 Ja asociación constante, hecha costumbre, de dos unpres1ones o dos
ideas, pero sin que podamos afirmar su relación causal en la realidad. 77

r:

]bid., I, 111. sec. 14, p, 450.

u !bid., p. 457.

,. !bid.
,. !bid., p. 460.
" Cfr., ibid.
n Cfr., ibid., I, IV, sec. 2, p. 212. "Las únicas existencias de las que tenemos certeza son las percepciones que, al sernos dadas inmediatamente presentes por nuestra
conciencia, determinan nuestro más fuerte asentimiento y constituyen el primer fundamento de todas nuestras conclusiones. La única conclusión que podemos sacar de
Ja existencia de una cosa a la de otra es mediante la relación de causa Y efecto, la

El empirismo radical de Hume también se advierte en el problema del yo.
Si no tenemos idea de sustancia, tampoco ia tenemos del yo -sustancia espki•
tual-; para ello sería preciso encontrar ]a impresión de la que se derivara
tal idea, lo cual es imposible. 78 Más aún, el sustancialismo lleva al ateísmo.
No podemos -asegura categóricamente Hume- afirmar "la simplicidad e
inmaterialidad del alma sin preparar el camino a un peligroso e irremediable ateísmo". 79 No se concluya que Hume niegue la existencia del alma; lo
único que dice es que no la podemos conocer: "la cuestión relativa a la sustancia del alma es absolutamente ininteligible":'º
¿Qué es, pues, para Hume, el yo?: "un haz o colección de diferentes percepciones que se suceden unas a otras con una rapidez inconcebible y que
están en perpetuo flujo y movimiento" -"a bundle or collection of different
perception. Which succed each other with an unconceivable rapidity, and are
in a perpetual flux and movement"-.81 Esta idea se repite con frecuencia.
He aquí otro texto: "lo que llamamos mente no es más que un cúmulo o
colección de diferentes percepciones unidas entre sí por ciertas relaciones, y
a las que se supone, aunque falsamente, dotadas de una perfecta simplicidad
e identidad''.82 Hablar de un alma, de un yo, es un absurdo. 83 La identidad
del yo es ciertamente real, pero es una realidad tan sólo pensada, imaginada.
Para enseñarnos lo que debemos entender por mente, Hwne recurre a la
metáfora del teatro: "la mente es una especie de teatro donde aparecen
sucesivamente diversas percepciones". Empero, él mismo nos advierte que la
comparación es engañosa: "la comparación del teatro no debe engañarnos.
No hay más que percepciones sucesivas que constituyen la mente, sin que tengamos la más lejana noción del lugar en el que se representan las escenas, o
de los materiales de que está compuesto". 8"
cual demuestra que hay conexi6n entre ellas ... la idea de esta relación se deriva de
la experiencin pasada, por la cual vemos que dos cosas están constantemente unidas
en tre sí y que siempre están presentes en la mente. Pero como en la mente no hay
más cosas presentes que las percepciones, se sigue que podemos observar una conjunci6n
o una relación de causa y efecto entre diferentes percepciones, pero jamás podemos
observarla entre percepciones y cosas." ]bid., 1, TV, sec. 2, p. 212.
" Cfr., ibid., sec. 5, pp. 517-518 ; Appendix, p . 558.
"' !bid., p. 527.
111 !bid., p. 532.
" /bid., I, IV, sec. 6, p. 534.
81 !bid., p. 495.
.,. Cfr,, ibid., p. 536.
11 !bid., pp. 534-535.

76

77

�3. Conclusión

uniforme consigo misma en todos los tiempos y lugares", y en un "principio universal que tiene igual influencia sobre toda la humanidad"? 86

La reacción contra el racionalismo fue demasiado violenta: empezó tímidamente como empirismo, pero con Hume llegó a fenomenismo que desembocó
en escepticismo.

En lo relativo a la causalidad -tan importante en la gnoseología humanasabemos que es una ley del pensamiento -determination o/ mind-, pero no
conocemos ningún nexo causal real. Y sin embargo, Hume asegura que las
percepciones "se producen, destruyen, influyen y modifican mutuamente". 87
Pero esto ya es saber de causalidad real o ¿ es que real significa sólo lo
externo? "Más aún, si admito y conozco una causalidad real entre mis percepciones, ya sé algo de la causalidad real y sólo por atenencia a la insularidad
de la conciencia fenomenista, puedo ignorar la causalidad real entre las cosas
externas. Pero de todas formas ya pierde su sentido la reducción del nexo
causa~ a una simple determinación de la mente: la causalidad sería algo rea],
conocido en el caso de mis percepciones y desconocido en el caso de los objetos externos" .88 ¿ Incongruencia en Hume? ¿Contradicción?

No creo oportuno destacar ahora los aportes positivos de la filosofía de Hume
-naturalismo, valor pragmático de la filosofía, proceso secularizante de la cultura, primacía de lo empírico sobre lo especulativo, funci6n trascendental de la
imaginación, etc., etc. Como tan sólo me limité a la teoría del conocimiento
-y aun ello brevemente-- me voy a detener en lo que me parece negativo
en el empirismo, especialmente como lo concibe Hume pues él fue quien lo defendió en su forma extrema.
Hume se propuso la tarea de "geógrafo mental": él mismo en la Enquiry
dice que hace una descripción y situación geográfica -"mental geografy''- de
los elementos del conocimiento. De hecho en sus obras fundamentales -Treatise,
Abstract y Enquiry- realiza un análisis genético del conocimiento, pero hizo
un análisis psicológico solamente y desde una perspectiva única: la experiencia.
Como criterio de distinción entre impresiones e ideas se asigna la vivacidad.
Pero cualquiera ve la debilidad de tal criterio pues se trata de una diferencia
puramente gradual que no señala la verdadera naturaleza de las ideas y de
las impresiones. Tanto es así que se puede afirmar que no tienen diferencia
esencial -ideas e impresiones en realidad son lo mismo- pues si todo se explica por experiencia ¿ tenemos experiencia de la vivacidad de nuestros actos
mentales? Además, el fenomenismo agnóstico de Hume es expreso y nos lleva
a concluir el desconocimiento de la diferencia entre ideas e impresiones: "más
la razón, en su fábrica y estructura interna, realmente nos es tan poco conocida
como el instinto o la vegetación¡ y tal vez incluso ese término vago o indeterminado naturaleza, al que el vulgo todo lo remite, en el fondo, no resulta más
explicable. Todos los efectos de estos principios nos son conocidos por experiencia; pero los principios mismos y su manera de actuar nos son totalmente
desconocidos". SG
Si el filósofo escocés pretendió un empirismo atomista ¿ c6mo se explica que
nuestro conocimiento -y Hume se dio perfecta cuenta de ello- no se reduce a
unidades atómicas, a elementos .simples, sino que es un proceso, una actividad
compleja? ¿ Cómo desde una postura nominalista y fenomenista se puede hablar
-como lo hace Hume- de propiedades permanentes y universales, de "principios universales que, en cierta medida, L'l convierten (a la imaginación) en
11

78

Dialogues concerning natural Religion, parte VII, v. II, p. 423.

Pero lo verdaderamente grave -creemos- es la disolución del yo: la
gnoseología de Hume trata de ser un análisis de los actos y contenidos de
la mente. Y cuando pretende hablar de esa mente, resulta que no existe,
que nosotros fingimos un principio de identidad que realmente no se da.
Entonces, ¿ qué sentido tiene hablar de que la mente pasa de una percepción
a otra si esa mente no existe? ¿ Qué sentido tiene afirmar que "nosotros"
atribuimos la identidad, si no hay tal "nosotros"? Si no hay alma, conciencia,
mente, yo, tampoco puede haber actos, procesos, contenidos de algo inexistente. Y la obra de Hume resulta completamente inútil. Si nuestras representaciones sensoriales -percepciones originales de nuestro dinamismo cognoscitivo- surgen por "causas desconocidas" -no conocemos nexo causal ontológico-, si todo se reduce a percepciones inmediatas -o recordadas-, asociadas según unas extrañas leyes asociativas que no sabemos dónde están
porque debieran ser leyes de una mente, pero como ésta no existe, tampoco existen tales leyes, es imposible un yo.
Con toda razón Hume en la Enquiry ya renuncia a tratar del yo: era absolutamente inútil. Con toda razón en el Appendix al Treatise escribe: "después de un nuevo examen más estricto de la sección concerniente a la identidad personal, me hallo envuelto en tal laberinto, que debo confesar que ni
é cómo corregir mis opiniones anteriores, ni cómo convertirlas en congruentes" .88
• Treatise, I , I, sec. 4, p. 319; En.(Juiry, sec. 111, v, IV, p. 18.
Ibid., I, III, sec. 6, pp. 541-542,
05 RÁBAOB Ro11,nio, S., op. cit., p. 372.
ª Treatise, v. I, p. 558.
11

79

�La actitud 16gica de Hume fue el escepbasmo. Y aunque no todos los
especialistas del filósofo escocés están de acuerdo en este punto, 90 hay, sin
embargo, textos que no dejan lugar a duda. Uno, entre tantos: "el lector
percibirá fácilmente que la filosofía contenida en este libro (el Treatise) es
muy escéptica y pretende darnos una noción de las imperfecciones. . . de la
inteligencia humana. En él, prácticamente, todo razonamiento se reduce
a la experiencia, y la creencia, que acompaña a la experiencia, se nos explica que no es más que un sentimiento peculiar o concepci6n vivaz producida
por el hábito. Y esto no es todo, cuando creemos algo de la experiencia externa o suponemos que existe un objeto un momento después de que ya no es
percibido, esta creencia no es más que un sentimiento del mismo tipo". 91

SIGNIFICADO - LENGUAJE - ESENCIA - REALIDAD
EN LAS "INVESTIGACIONES FlLOSóFIOAS" DE
LUDWIG WITTGENSTEIN

Recuérdese que en relación a su teoría del conocimiento Hume emplea la
metáfora del teatro. Pero resulta que ni hay escenario, ni espectadores, ni
actores -las percepciones--: es un teatro que no existe; es un teatro producto de la imaginación.

DRA. JUDITR

G.

GARCÍA CAFFARENA

Instituto de Investigaciones. Universidad
Nacional de Rosario, Argentina.

Hasta ahí llegó el empirismo radical: en Hume se convierte -por la 16gica
del sistema- en un devastador nihilismo.
El empirismo pretendió explicar el proceso del conocimiento. Se trataba
de explicar la relaci6n sujeto-objeto. Este es el problema. Y el empirismo creyó
resolverlo destruyendo al sujeto y convirtiendo al objeto en puras percepciones. Con lo cual el ·problema -más complicado ahora- continúa en espera
de una verdadera solución.

RESUMEN DEL TRABAJO

la dificultad de hallar en las Investigaciones Filos6ficas
un punto de vista unitario de lectura, hermenéuticamente hablando, dada la
redacción atomística de la obra. Teniendo en cuenta el doble interés simultáneamente manifestado por Wittgenstein respecto del lenguaje: el lingüístico y el
filosófico, destaca cuatro temas que lo revelan: significado-lenguaje-esenciarealidad sobre los que resume las consideraciones del autor respecto de ellos,
apoyándose en los parágrafos más característicos del texto.
LA AUTORA SUBRAYA

Posterga la evaluación crítica del autor ante la necesidad de un nuevo estudio acerca de los "juegos del lenguaje", tema imprescindible para la misma,
que tratará complementariamente.
Significado-lenguaje-esencia-realidad en las
Investigaciones Filos6ficas de Ludwig Wittgenstein 1
oo Cfr., por ejemplo, J. Noxon, "La evoluci6n de la Filosofía de Hume". R ev. de
Occidente, Madiid, 1974, pp. 23-30.
• 1 Abstract
pp. 193-194. No desconozco que el mismo Hume repudi6 su obra
juvenil ( el Treatise) y que afirmó que sólo las últimas obras "han de_ ser consideradas
como expresión de sus sentimientos y principios filosóficos". ~ero qU1e,n ~onozca toda
la obra del filósofo escocés aceptará fácilmente que el fenomemsmo esceptico de Hume
es la expresión más acabada del empirismo radical.

80

Es moun&gt;.nLE QUE la lectura de las obras de Wittgenstein, especialmente las
que caracterizan al que se ha dado en 11amar "Primer Wittgenstein" (Tractatus logico-plúlosophicus) y el "Segundo" (Investigaciones "Lógicas''
Phi-

=

i Los pasajes de la obra considerada:
"Philosophische Untersuchugen", Oxford,
Basil Blackwell 2nd. ed. 1958, son citadas por el número del parágrafo.

81
humaoitas,-6

�losopbische Untersuchugen) orientan las observaciones críticas ha~ la
conclusi6n de que el centro de interés de su filosofía es el lenguaJe, en
particular la filosofía del lenguaje. También se afirma el carácter lingüístico
de la filosofía de este autor. Ambas apreciaciones son parcialmente ciertas Y,
simultáneamente relacionadas, constituyen probablemente la originalidad y el
estilo de filosofar que él dejó en el ámbito de su vocación propia.
La lectura e interpretación de Wittgenstein está lejos de ser diáfana, tersa
y transparente. Él mismo no lo era y ciertos rasgos ~e su. person_a~dad evidentemente cuentan en forma decisiva dentro de su d1scurru filosofico, tanto
más cuanto que su vida no carece de anécdotas que lo condicionan dramáticamente. Adoptó una actitud muy clara respecto de la cultura: no sólo con
respecto a ]a oficial y académica, sino en cuanto a su co~ocimicn,to de l_a
Historia de la Filosofía, casi limitada a los filósofos con qwenes ere~ cond1vidir enfoques como con Platón del que aceptaba algunas perspectivas: la
de la "terap:uticidad" de la Filosofía, por ejemplo, que él concebía de
modo muy diverso a Sócrates. Wittgenstein, tan vinculado a Russell, a Frege,
ligado al Círculo de Viena y a pensadores de la Fílosofía Analítica, en principio no solidarios con planteos metafísicos, permite en sus obras el rastreo
de interesantes vetas de una inhibida ontología y de una mística sui generis,
junto a su personal enfoque del hecho lingüístico, filosóficam_e~te resuelto.
La lectura de las Investigaciones Filosóficas presenta arduas dificultades, en
el sentido de loi.rrar un punto de vista hermenéutico que .apoye la lectura
.
unitaria del texto. Se ha observado que las Investigaciones constituyen
una colección de pensamientos aislados y de puntos de vista. Responden,
básicamente a una Filosofía del Lenguaje. Wittgenstein quiso, infructuosamente, orga'.nizar mejor el contenido, pero terminó por c~nsiderarlas como
una especie de álbum de observaciones que no llegar~n a articula:se como teoría filosófica sino ofreciéndose como instancias particulares y CJemplos sobre
el lenguaje no exentas de contradicciones. Centraremos nuestro interés en esta
obra, inquiriendo acerca de dos temas fundamentales para :ualquier ti~o. de
discurso, filosófico o no: Significado y Lenguaje, que atanen gnoseolo~1camente al sujeto que se expresa y Esencia y Realidad, como connotaciones
~

ontológicas contextuales del mismo.
Las Investigaciones Filosóficas han sido consideradas generalmente como
en verdad
la Filosofía
una "ontología general" ( cf. § 88 -370 - 373) pero
.
.
,, d l
del lenguaje en ella contenida es, en primer térrruno~ una. mt;~pretac1on e
sentido en general y, a la vez, de los límites del sentido, filo~ficamente ~escritos. Wittgenstein intentó tematizar y declarar la problemáuca ~~l. sentido
en toda su universalidad, adoptando como hilo conductor el analms de la

significación lingüística.

82

Así las "Investigaciones Filosóficas" son consideradas como una gramática
filosófica, o como una filosofía lingüística o -aun dicho más restrictivamente-- gramatical. Allí se intenta un enfoque de las relaciones entre lenguaje
y realidad.
Al comienzo de la obra, Wittgenstein cita un pasaje de las Confesiones
de San Agustín que, a su entender, "da una imagen determinad¡1 de la esencia del lenguaje humano". El pasaje se mantiene presente como trasfondo
en toda la obra y el autor se encarga de analizarlo y criticarlo en los 103
primeros parágrafos del libro. Por motivos histórico-biográficos, Wittgenstein
se siente vinculado a este texto, aunque el valor de esta adhesión podría ser
discutido controvertidamente a raíz del modo de ser presentado en las "Investigaciones Filosóficas". En cuanto a las críticas que dicho pasaje merece
de Wittgenstein, podrían ser las siguientes: a) tal concepción es falsa o, al
menos, desorientadora (§ 5, 10, 13, 40); b) impondría un "modelo" de
comprensión del lenguaje que impide ver (§ 89, 103) su trabajo efectivo, al
encubrir la multiplicidad de los instrumentos del lenguaje y sus modos de uso
( § 23), la inefable diversidad de todos "los juegos de lenguaje cotidianos"
(§ 224). Wittgenstein considera como importante el hecho de que tal concepto de significación incorpora y promueve una ontología de la "res", que
acarrea desastrosas consecuencias. Tal concepción sustentaría una Filosofía de la
esencia, cuyo paradigma ( semánticamente considerado) es una teoría del sentido que toma como modelo la imagen, figura o pintura (Bild) del objetodesignación ( § 293). De este modo, reduciendo suscintamente la Teoría
diríamos que "las palabras del lenguaje nombran objetos y que las proposiciones
son las ligaduras de tales nombres". En esta imagen del lenguaje subyace la
idea de que cada palabra tiene una significación y de que ella está coordinada a la palabra, de modo que la significación es el objeto que justifica la presencia de la palabra ( § 1) . De esta concepción puede decirse que es e11cubridora en varios aspectos: 1o. semánticamente, porque induce una representación indiferenciada de la significación y del lenguaje, asimilando indebidamente las descripciones de los diversos usos de las expresiones ( § 10) y
también -aunque se limitara al caso, favorable, de los nombres propiosporque confunde la significación con el portador del nombre ( § 40). No hay
que olvidar que Wittgenstein considera el concepto de significación desde
nivel filosófico y como tal mantiene su plena importancia. Precisamente por
ello es tan decisiva su influencia sobre las cosas y la esencia del lenguaje
(§ 65), presentando una errónea relación entre lenguaje, pensamiento y realidad y aún de las tareas del pensar filosófico. Al preguntar por el significado
de una expresión, lo hacemos inicialmente por el criterio utilizado para aplicarlo a los diversos casos particulares. Si tal significación es el o uno de los
83

�objetos que designa, buscarle equivale a buscar aquello que es común a la
multiplicidad de instancias posibles de la expresión ( § 65-6 7, 71, 73, 164, 172) .
Dado que con frecuencia los fenómenos designados por una misma expresión
no tienen algo en común que justifique el empleo de aquella, es menester
encontrar la esencia de los fenómenos, única capaz de dar sentido a su unidad.
El concepto de esencia es importantísimo en ]as Investigaciones Filosóficas
pero muy dificil de precisar. Wittgenstein les otorga, simultáneamente, una
acepción negativa y otra positiva. En e] primer caso, esencia es el producto
de una cosificaci6n (reificación) filosófica que incide sobre la significación
y naturaleza de Jas cosas, primordialmente sobre la significación y la naturaleza del lenguaje (§ 65-67, 92, 97, 113, 116, 164); idea comparable a la
de que las propiedades son ingredientes de las cosas que las poseen -la belleza sería un ingrediente de todo lo bello-. La esencia se denota aqui como
algo escondido bajo la superficie, algo que se opone a los fenómenos (§ 90,
92, 153, 164). Por 1a concepción positiva entiende la esencia (§ 65-67, 92,
370, 371, 373) como algo que se encuentra bajo la superficie, pero como
siempre presente y que puede volverse perceptible en los fenómenos, tras una
"ordenación panorámica de los mismos". Wittgenstein insiste en que ella debe
ser buscada por el filósofo, más allá de los fenómenos, pero combate la concepción de ese11cia y significación "cosificante". En efecto, la esencia puede
revelarse, mediante el análisis y nuestro autor predice que tal concepción cosificante conduce a una metodología científica de la investigación, a 1a cual él
contrapone otra, que implica un método gramatical de pesquisa. A su entender, 1a esencia es ante todo, un estilo de articulación de los propios fenómenos,
que las estructuras de nuestro lenguaje expresan, y, a la vez constituJ,en. Como articulación lingüística, es algo manifiesto desde siempre (§ 89-92) y se
vuelve temáticamente visible mediante la reorganización del campo fenomenal
( § 90) . En el "Tractatus", la esencia fue pensada como algo escondido ( § 92)
que se encuentra más allá de los fen6menos y, en ese sentido, permanece lejos
de nosotros. Hay que mirar más allá de las cosas familjares, para descubrir
su verdadera esencia. Como el filósofo intenta aprehender y explicitar la significación radical de las expresiones del lenguaje y de las cosas por él mencionadas, tal concepción sería un auténtico descubrimiento filosófico. En
las "Investigaciones Filosóficas" la esencia se mantiene abierta ante nuestros
ojos (§ 89): es algo con lo que estamos familiarizados, pues no es sino aquello
que nuestro lenguaje articula y expresa. Aún estando tan cerca de nosotros,
parecemos no entenderla (§ 89, 129); su propia familiaridad la esconde
( § 129). El filósofo, nada descubre, en realidad: apenas rememora lo que "es
sabido desde siempre" ( § 89, 109, 124, 126, 128, 599). Si el buscar la esencia
de los fenómenos da cuenta de su sentido y de su unidad, ello, visto desde

el lado del lenguaje, significa buscar un lenguaje ideal (§ 81) ya que el hablar
corriente no posee Ja estabilidad semántica, requerida por la idea referencial
del sentido. La falta de precisión y exactitud del lenguaje se debe a la falta
de rigor en las expresiones ( § 65-71) . Wittgenstein dice que si la significación
o esencia e.si un objeto, ella sería absolutamente determinada y estable
(§ 79). Debemos pues concebir el "verdadero" lenguaje como un cálculo,
efectuado según reglas fijas y cerradas, sosteniendo su lógica ( § 38, 81).
Por parte de lo real, esa imagen (Bild) nos obliga a descubrir la esencia
tras los fenómenos, ya que el sentido tiene que ser absolutamente determinado
y la multiplicidad fenoménica sólo es fuente de dispersión semántica: sólo la
esencia puede sustentar la unidad formal (§ 108) que asegure la inmutabilidad e identidad de la significación. Como ya Jo dice en el Tractatus, "la
exigencia de 1a esencia es la exigencia de la determinación del sentido". En esta perspectiva, se sigue que las significaciones se dan independientemente
de todo lenguaje, "que es solamente un revestimiento externo y no constitutivo" ( § 511). Es preciso encontrar las condiciones de aplicación de una
expresión, no en la praxis lingüística que opera con ella, sino en la esencia
a 1a que ella propende, en aquello que es común a los diferentes casos a
los que se pueda aplicar. De este modo, el propio lenguaje permite ampliamente la instauración o el descubrimiento de las llamadas por Wittgenstein
entidades extravagantes o rebuscadas (no corrientes) (§ 36, 196). Para explicar Ja relación entre el nombre y Jo nombrado (§ 37) y a partir de la
esencia del lenguaje (§ 65) nos inclinamos, dice el autor, a suponer un puro
ser intermediario entre los signos y los hechos ( § 94) . La teoría referencial
implicaría, en efecto, que la realidad se realizara por medio de una entidad
particular, ya que el lenguaje corriente, al no expresar la esencia, no podría
hacerlo. De ese modo. la denominación aparece como una relación extraña de
una palabra con un objeto ( § 38), como un proceso oculto, por así decirlo.
"Ahora nos quebramos la cabeza sobre la esencia del verdadero signo ( § 105)
porque las expresiones corrientes y ordinarias son impuras, incompletas e
insuficientes ( § 426) comparadas con lo que la imagen sugiere." Coucluimos,
pues, conque los modos corrientes de expresión no describen los hechos como ellos realmente son ( § 42) ,
Comprender una expresión significa, ante todo aprehender la esencia del
objeto designado ( § 264, 362, 449). Problema filosófico es la identificación
y determinación de la esencia. La respuesta a ese problema debe darse de una
vez por todas, independiente de toda experiencia ulterior ( § 92) y ello se•
obtiene mediante el análisis y la definición. Esta última exhibe -simultáneamente- la significación de la expresión y la esencia de lo expresado ( § 66,
70, 77, 112, 182). El lenguaje sólo sería inteligible -y posible la comuni-

85
84

�cación- a partir de una intuición de esencia que no es de naturaleza lingüística (§ 73, 84, 85, 87, 140, 213, 322, 511,592). Así como la significación
de una expresión es diferente de la utilización en praxis lingüística, correlativamente, es diferente de los fenómenos que vemos y sobre los cuales hablamos.
Ambas con algo que se halla bajo la superficie del lenguaje y de las cosas
( § 92) . La significación corresponde a la esencia y viceversa Wittgenstein toma
como ejemplo el término leer (§ 156-172) para pregwttarse por su significado
y comparar su interpretación con la por él llamada "esencia.lista del sentido" y
afirma que esa expresión sólo se legitima -más allá de los casos particularespor la apelación común "leer" o "lectura" y tal e&gt;.-presión significa el "objeto" por ella designado. La correspondiente unidad de sentido estar.ía ausente
de los casos particulares, aunque bajo ellos se esconda la esencia. Wittgenstein
muestra que "lo esencial a la lectura como tal" no es un rasgo que aparece en los casos de lectura ( § 168). No sería cierto que las variadas manifestaciones de lectura tengan algo en común y que sea precisamente esa
la propiedad que hace de ellas manifestaciones de leer. Wittgenstein cree
que, si para encontrar la esencia de la lectura hay que separarla de los
casos particulares de la misma, ella desaparecería, así como, a fin de encontrar la verdadera alcachofa «al despojarla gradualmente de sus hojas se
acaba con la alcachofa" ( § 164). Pero si no hay esencia escondida más acá
o más allá del fenómeno, tampoco habrá criterio único e inmutable para aplicarlo a la expresión. "En diferentes circunstancias aplicamos criterios
diferentes para la lectura" ( § 164) . Ésta no es algo único, porque su esencia
no es una cosa. Aquí, como en olros casos, lo esencial está en el modo cómo
jugamos el juego del lenguaje (§ 71) con la palabra lectura.
En resumen, los argumentos de Wittgenstein contra el "modelo" podrían
resumirse en dos tipos de crítica, dirigidas al concepto de significación.
En las Investigaciones Filosóficas desenvuelve argumentos procedentes de
nivel predominantemente lingüístico: ellos tratan de mostrar la inadecuación
del "modelo" en relación al uso del lenguaje y a los fenómenos lingüísticos
conocidos. Pero además, el texto presenta (aunque ligado estrechamente a
las obs-ervaciones lingüísticas) una preocupación primordialmente filosófica. A
este último nivel conviene situar su diagnóstico sobre la dirección particular
que asume -en filosofía- la inclinación generalizada de asimilar diferentes
tipos de expresiones y de funciones discursivas ( § 10, 13, 24, 81, 90, 104).
. La tendencia a concebir la totalidad del lenguaje como un modelo de "objeto designación'\ le interesa como fuente de insatisfacción filosófica (§ 36,
109) . Sólo a partir de un punto de vista decididamente filosófico, es como
se organizan las investigaciones sobre el significado de la esencia.
86

En esa perspectiva, cabe resumir el núcleo de las críticas dirigidas contra
el concepto filosófico de significación, en tres tipos de reduccionismo. En primer término, un reduccionismo semántico, explícitamente presente en el "modelo", al que cabría designar como "modelo referencial de sentido". ConsiBte
en tomar la denominación como paradigma de toda significación. Tal modelo
ve al lenguaje como un espejo capaz de reproducir la estructura, ya dada,
de la realidad. Así se llega a la idea de un lenguaje perfecto, mientras la
multiplicidad de las lenguas históricas resultan, en tal perspectiva, señal ele
imperfección y limitación que el pensamiento debe superar. Se necesitan,
pues, conceptos formados mediante una lógica rigurosa, que otorgue "cristalina pureza'' ( § 107-108) al lenguaje, para presentar los hechos de modo
adecuado y exacto (§ 402). Entre lo pensado y lo real habría un perfecto
isomorfismo -o correspondencia de espejo-. Según Wittgenstein, cabe al filósofo o al lógico redescubrir la lengua perfecta, oculta bajo los fenómenos
(§ 92, 96, 97) mediante el análisis y la definición. La concepción puramente
referencial del sentido no sólo obstruiría la pluralidad de los modos de significación, sino que concibe a esta misma "bajo el modelo de la cosa" (§ 120).
El autor insiste en que la consideración "cosificante" de las relaciones entre
lenguaje y realidad lleva al filósofo a la "caza de quimeras" ( § 94).
Concomitantemente, puede hablarse de un reduccionismo ontológico. Aquí
lo real poseería un orden esencial en sí, perfectamente independiente de los
modos como nos referimos a él, o a nuestro modo de decirlo. Procederia de
la "ilusión esencia lista" ( de origen platónico) que considera posible otorgar
un sentido nítido a la oposición entre naturaleza de la realidad y nuestro
conocimiento de la misma. La dimensión más importante de tal reduccionismo consiste en considerar la esencia a partir del modelo ontológico del
objeto físico (§ 293): tal un monismo ontológico de la "res". Este monismo
procede del monismo semántico del nombre. Si se impone la idea de que
basta lo que la palabra designa para entenderla ( § 264), se introduce la
obsesión del oh jeto-designación ( § 293) con lo que se llegaría al encierro de
un modo e."Cclusivo de consideración (§ 308). La tercera dimensión reduccionista es de tipo metodológico, enraizada en el concepto filosófico de significación y podría designarse como "cientificismo filosófico". Este adoptarla
un modelo uni\'ersal y único (por ello, filosóficamente comprometido) del
cuestiona.miento y de la comprensión. Al basarse en la pregunta: ¿ qué es
esto? parece comprometerse la respuesta. La forma de la interrogación lleva
a considerar los hechos a través de un modo de presentación (§ 50, 280, 435)
ontológicamente mistifica.dora afirma Wittgenstein pues lleva a predicar de
la cosa, lo que reside en el modo de la presentación ( § 104). De esta suerte,
la filosofía se compromete a través del "modelo" de investigación científica y
87

�precisamente porque el filósofo se dirige al lenguaje científicamente, que interpreta la semántica cosística, como una ontología coslstica explícita ( §
103). En la reducción de la Filosofía al ritmo de la ciencia es en lo que
reside "el paso decisivo en el arte de los trucos de prestidigitación" ( § 308).
Este es el mal entendido fundamental (§ 314) de una forma filosófica ejemplar que Wittgenstein llama Metafisica ( § 58-116) cuyo riesgo esencial teca.e
precisamente en ese equívoco (§ 458). Al monismo semántico del nombre,
responden, as~ el monismo ontológico de 1~ res y el metodológico de fo
investigación científica, que olvida un modo original de interesarse por lo~
fenómenos (§ 90, 108, 109).
La evaluación de las polifacéticas observac~ones de Wittgenstein en este
orden de análisis s6lo puede hacerse provechosamente, tras la consideración
de otro de los temas claves de las "Investigaciones Filosóficas": los "juegos de lenguaje'', al que dedicaremos un estudio aparte.

ORIGINALIDADE CRISTA DA FILOSOFIA
UMA INVESTIGAQAO FILOSOFOLÓGICA COMEMORATIVA DO
CENTENARIO DA ENctCLICA "AETERNI PATRIS" DE LEAO XIII
(1879-1979)

DR. PE.

STANISLAVS

LADUSANS,

s. l.,

Professor da Faculdade de Filosofía Na. Sa. Medianeira,
Director do Conjunto de Pesquisa Filosófica (CONPEFIL),
Sao Paulo, S. P., BrasiJ.

I. Problema
O PROBLEMA SUSCITADO pelo presente tema é candente, boje, apesar dos
debates dos anos 30 entre os fil6sofos famosos na Europa sobre a filosofia
cristii.1 Que significa este problema, importante para o cristio no mundo
atual?
Desenvolvendo uma investiga~ao filosofo16gica, isto é, urna investiga~ao
filosófica sobre a filosofia na perspectiva do presente tema, o dito problema
• Sobre esta discussao prolongada, centrada inicialmente na questáo de possibilidade
de urna filosofia crútá e ampliada em seguida, tratando da rela~o entre a pesquisa
fi!os6fica e a revela~o eruta, existe urna bibliograiia vastíssima, que se encootra indicada minuciosamente em dois livros, subsidios da presente investig~ao: lo. Antonio
Livi, "TI cristianesimo nella filosofia", L. U. Japarde, L'Aquíla, Itália, 1969, pp. 190;
2o. Carmelo icolosi, "Fede cristiana e riflessione filosofica". Roma, Ed. La Rocca, 1972,
pp. 341. É interessante a respeito o volume: "ll senso della lilosofia cristiana, oggi",
Brescia, Morcelliana, 1978, pp. 350. Esta obra cont6n as Atas do 320. Encontro do
Centro de Estudos Filosóficos de Gallarate, realizado em 1977. Veia também; "Pensamen.to Parcial e Totar', obra coletiva, coordenada pelo Prof. Dr. Pe. Sta.nislavs
Ladu.sáns, S. l., Edi~s Loyola Sao Paulo, Hrasil, pp. 294 (cfr. principalmente as
páginas 145-188; 288-289).

89

88

r

�impóe-se em termos nítidos: Existindo e operando hoje, como ontem, o cristao
e precisando ele inclispensavelmente, como ser racional, de filosofia. que tipo de filosofia entao ele deve abra~r. para nao atrai~oar a sua fé? Qualquer
tipo, mesma aqueta filosofia, que seguem os nao-crista.os, os anti-crista.os ou
urna filosofía diferente, de caráter novo ou original? Querendo ser fiel as exigencias racionais da filosofia e, ao mesmo tempo, as exigencias de sua fé, nao
cai o crista.o num equívoco lamentável, numa contradiyáo? Com outras palavras: E}..-iste urna legítima originnlidade crista da filosofia e, se existe, em que
ela consiste?
Por originalidade entendemos aquí a novidade, que pode ser legítima na
filosofia, significando seja a novidade de conteúdos inteligíveis, seja denotando
a novidade de urna maneira consciente de filosofar, quer pessoal, quer consdentemente agrupada e responsável. 2

•

O problema formulado sobre a originalidade crista da filosofía faz entender
logo que ele visa primordialmente a rela~áo entre a raza.o filosófica e a
rcvela~o cristá, entre a razao e a fé, nao em abstrato, mas em concreto, tendo
em conside~áo a pessoa e.iástente do cristáo. Este problema complexo e
crucial, ero todos os séculos, após o advento do cristianismo, costuma ter boje
várias outras formas de expressáo, como, por ex:emplo, quando se move a
questao sobre a cultura e a fé crista, sobre a comunidade política e a Igreja,
sobre a universidad e e a fé, etc. 3
Porém, a pergunta, acima enunciada, que envolve em cheio a questao do
relacionamento da razáo filosófica e cla fé crista, nao está ero desarmonia
com as formula~óes problemáticas ora mencionadas, mais ou menos diferentes
do questionar em pauta, porque ela é fundamental para a solu~o de todas
aquelas questoes, vitais e importantes para os nossos tempos. Mais: o assunto
abordado pela presente pesquisa sintoniza de um modo especial com a encíclica "Aeterni Patris" de Leáo XIII, que se cmpenhou com ardor para restaurar a filosofia crista, conforme o pensamento de . Tomás de Aquino, tratando
ampla e profundamente sobre as rela~oes entre a fé e a razáo filosófica.
Seja, pois, a presente investig~áo de caráter filosofol6gico urna homenagem
sincera ao Papa-Filósofo Leao XIII por ocasiáo do centenário da célebre
Cfr. Leonardo van Acker, Criatividade na Filosofia, cnsaio publicado na revista
"Presem;a Filosófica", conjunto de 1975, pp. 259-263.
• Cfr. a co:nstitui~o Gaudium et Spes, Concilio Vaticano TI, 1965, nr. ru:. 53-62;
73-76; Evangelii Nuntiandi, exortm;áo de Paulo VI, 1975, nr. 20; Sapientia Christiana,
const. apostólica de Joao Paulo II, 1979, etc.
1

90

encíclica "Aetemi Patris", • carta magna da filosofia crista! Este documento
pontificio projeta uma luz penetrante sobre a criatividade do crista.o-filósofo,
pondo ero evidencia e propondo como modelo Tomás de Aquino, uro santo,
que demonstrou, com o exemplo de sua vida crista, a hnportincia da verdadeira e sólida espiritualidade para urn filosofar profundo e fecundo.

II.

Aproximafáo para a solufáo do problema

Um dos tennos fundamentai.s do problema colocado é a ra.záo filosófica.
De que ra2áo se trata aqui? Nao de uma razao em abstrato, ser ideal, que
nao existe na realidade, nem como faculdade cognoscitiva, nem como atividade cognoscente. O que existe na realidade como agente pensante é a pessoa
humana concreta. E quem faz a filosofia nao é a raza.o independente da pessoa, mas a pessoa existente por mcio de sua raza.o. Toda e qualquer concep~o
filos6fica, antes de ser escrita num volume ou numa série de volumes, é
uma ciencia consciente de um filósofo existente concreto e, depois de ser
comunicada, volta a ser filosofía, quando íica entendida por pessoas viventes
critica e conscientiemente, baseando-se na evidencia objetiva. É o homem
concreto, ser racional, detendor de urna certa experiencia, que fi.losofa, e
els nao é a razao pura. Por isso, a filosofía, que busca as últimas solu&lt;;éíes
das í1ltimas questoes, é uma obra essencialmente humana, que se explica nao
só pelas causas específicas do conhecimento, mas também por outros fatores
e condic;oes do homem todo, concreto e histórico, su jeito
influSncias dos sentidos, da vontade, do sentimento, do tempo, da terra, da na~o, da educai;ao
recebida, literatura nacional, religiao, etc. Como o nosso filosofar náo se dá
sem o nosso eu, assim o nosso _eu nao existe sena.o ligado as circunstancias
concretas que constiluam, num certo sentido, os pressupostos para a atividade
racional filosófica. Tudo isso &lt;levemos ter em considera~ no caso do crista.o
filósofo. Assim entramos numa breve ilustr~a.o da fé crista, outro termo fundamental e um pressuposto indispensável para a solui;íio do problema sobre
a originalidade crista da filosofía.

as

No homem crista.o pensador encontram-se, numa unidade concreta, o filosofar, que é urna atividade natural e a fé sobrenatural, que significa Uílla adesiio
• Leio XIII, Epistola Encyclica, 4-VIII-1879, Roma, publicada em latim, na forma
de um opúsculo de 48 páginas, 1879 (boje, portanto, histórico, sendo centenário;
usado aquí para as citac;:óes); em Acta Sanctae Sedis, vol XII, 1, pp. 103-134; publicada em Leonis XIII Pontilicis Maximi Acta, vol. I, Romae, ex Typographia
Vaticana, 1881, pp. 255-284 como "Epistola Encyclica de Philosophia. Christiana ad
mentem Sancti. Thomae Doctoris Angelici in scholis catbolicis instauranda"; "Civiti
Cattolica", 1879, vol. XI, ser. 10, pp. 513-550.

91

�a Jesus Cristo e a Sua doutrina de salvac;ao. Ero virtude da fé o crista.o aceita
nao só aquelas verdades que a inteligencia humana nao pode atingir por si
mesma, mas também nao poucas outras, que sao acessíveis a raza.o a base da
evidencia objetiva, a fim de que elas possam ser conhecidas por todos, ero
virtude da autoridade de Deus revelante, coro uma facilidade rápida e
sem mistura alguma de erro. 6
Porém, a adesáo do homem as verdades reveladas nao pode ser fideística
ou cega, sem motivos racionais. Por isso, o crista.o deve adquirir a certeza,
referente ao fato histórico de revela~o divina e ao órgáo destinado por Deus
(Igreja) para conservar, propagar e defender o patrimonio das verdades reveladas. O ato da fé crista pressupóe, pois, a busca das razóes de crer, dos
motivos da credibilidade, qué sao, em grande parte, de caráter filosófico,
como a capacidade de conhecer a verdade, o conhecimento da existencia e
providencia de Deus, criac;ao do universo, o discernimento da verdadeira
religiao revelada, liberdade e responsabilidades do homem perante Deus, a
onisciencia e santidade absoluta de Deus. Porém, aquela certeza, exigida pela adesao perfeita do crista.o a revelac;ao divina, baseada nas verdades racionais, nao constituí o motivo suficiente para o ato da fé, que é formalmente
um ato intelectual. t apenas um pré-requisito para que o ato da f é crista
harmonize com a razáo natural. O motivo do ato da fé crista é a autoridade
de Deus revelante, enquanto ela é a Primeira Verdade no conhecer e no
manifestar o conhecimento, isto é, a ciencia absolutamente infalivel e a veracidade absoluta. Assim, pois, o crista.o assegura a racionalidade da sua fé
sobrenatural, mas nao racionaliza esta fé, superando o fideismo e o racionalismo. Descobre também a obriga\;áo de crer.
Resultam assim brevemente ilustrados os dois pontos básicos, que aproximam
a solu~ao do problema sobre a originalidade crista da filosofía. Mais! A esta
altura, concluindo, é já possível colher o primeiro fruto da investiga~áo, pois
resulta que, sendo o homem num certo modo naturalmente crista.o, conforme
a tese de Tertuliano, a filosofía é também, de algum modo, natur-almente crista.
Que significa isto? Significa urna propriedade especial da filosofia, que nao
possuem as ciencias matemático-experimentais e técnicas. Dado o fato histórico da revelac;ao divina, o dinamismo filosófico natural do homem nao cría
obstáculos contra a aceita~ao do dom da salva~áo, que vem do Alto, mas abre
e dispoe a mente humana, de algwn modo positivamente, para o encontro com
o cristianismo. Por isso, Lea.o XIII na "Aeterni Patris" declara, que "a
filosofía, quando usada devidamente por pessoas sensatas, tem a virtude de
abrir e de aplanar, de alguma maneira, o caminho que leva a fé verdadeira,
• "Aeterni Patris", opúsculo histórico citado, p. 8.

preparando, de modo conveniente, a mente de seus discípulos a aceitar a
revelac;áo: foi por isso que os antigos a chamavam com raza.o, ora wna institui~o preparatória para a fé crista, ora o prelúdio e auxilio do cristianismo,
ora o pedagógo para o Evangelho". 8 Precisamente oeste sentido já resulta
alguma originalidad e crista da filosofia: a raza.o filosófica do homem é naturalmente crista. Por isso, a famosa expressáo: "inteligencia em busca da fé"
-"intellectus quaerens fidem"- possui também boje todo seu vigor gnosiológico, metafísico e ético.
~ isso que vale quanto ao crista.o potencial, antes que a fé se instale na
sua alma. E qual é a originalidade do filosofar do cristáo crente, depois da
presenc;a atuante da fé? -surge a pergunta que nos leva para a nova fase
da reflexao filosofol6gica.

111. A. segunda dimensáo da originalidade cristá da filosofía:
o caminho cristáo de filosofar
Após a acei~o do cristianismo, a pessoa, que professa e vive a fé crista,
se encontra numa nova situa~áo concreta, que confere a filosofía uma nova originalidade, enquanto beneficia o exercício da raza.o filosófica. Podemos falar,
por isso, da segunda dimensáo da originalidade crista da filosofia.
A reflexáo filosofológica deve ser bem entedida nesta fase de sua articula~o.

Ela será totalmente equivocada, se alguém sustentar a tese de que, seguindo
a fé, o cristáo nao pode ser u.m filósofo autentico. Este ídolo da auto-suficiencia
racionalista deve ser rejeitado pelo cristáo. A sinceridade radical no filosofar
nao exige que o crista.o se coloque neste apriorismo arbitrário paralizante, mas
o coloca num estado correto e fecundo do filosofar, que consiste num exame
crítico universal em relac;áo aos conteúdos pré-filosóficos. Iniciando a atividade filosófica num certo momento de sua maturidade intelectual, o crista.o
aceita, em virtude do exame crítico universal, como inegável o que se manifesta evidente e indubitável; legitima o que se revela como legitimável; coloca
em dúvida o que se encontra como duvidoso; rejeita como falso o que é errBneo.
• ''Ac primo quidem philosophia , si rite a sapientibu.s usurpetur, iter ad veram
fidem quodammodo sternere et munire valet, suorumque alumnorum animas ad
revelationem suscipiendam convenienter praeparare: quamobrem a veteribus modo
praevia ad christianam fidem institutio (Clem. Alex;., Strom., lib. I, c. 16; 1. Vll,
c. 3), modo christianismi praeludium et auxilium (Orig. ad Greg. Thaum.), modo
ad Evangelium paedagogus (Clem. Alex., Strom., I, c. 5) non inmerito appellata est"
"Aetemi Patris", opúsc. cit., p. 8.

92

93

'

�Uma pergunta surge agora: Procedendo assim críticamente, deve o cristao
filósofo rejeita.r a sua fé, como exige a mencionada posi~ií.o racionalista, que
confunde equivocando-se os pressupostos legítimos coro preconceitos ilegítimos?. • . áo, porque o cristáo tero consciencia de que as verdades da íé
tém sua fundament~áo racional sólida e constituí assim um livre obsequio
racional a Deus. Por conseguinte, a vida sobrenatural é para o cristáo uro
pr uposto enriquecedor, pois é ela que purifica e eleva a vida natural, que
contém em si, como uma dimensa.o íundamental, o dinamismo multiforme do
filosofar. Como entáo a íé \;vida, como um ponto de partida intocável e
como um caminho, in{luencia o processo do filosofar? Como ela contribuí
originalmente para a filosofia?
Respondcndo a esta pergunta, convém dizcr logo que esta contribui~ao náo
significa a suprcssao da filosofia como inútil e prejudicial para a vida crista.
A fé náo é antagonica razáo. A consciencia intelectual atesta claramente ao
cristáo que sua concli~áo de crente nao lhe destrói o processo natural de abstrair o inteligível d6 sensível, de reíletir, de julgar, de raciocinar e de operar
normalmente na investiga~áo científica com as potencias naturais de raza.o,
da vontade, etc. Por isso, o filosofar nao perde sua autonomia legítima. No
processo d filosofar, o cristiio nao baseia suas afirma~ócs ou nega~ocs nas
verdades da fé, mas na evidencia objetiva.

a

A contribui~ao original da fé crista é de outro cara.ter. A fé vivida pelo
crista.o amcilia o filo~ofar, ante de tudo, num sentido purificador, enquanto rernove os obstáculos qu impedcm o excrcício de ra1:áo filosófica 110 scu
gravitar para o real, a fon de descobrir as evidencias profunda . O cristianismo
proporciona ao fil6sofo, hornero frágil por sua natureza. meios de ajuda
sobrenatural, fortüicamdo-o para que ele possa dedicar-se com seriedade e
constancia a sua tarefa, que exige grandes !.acrifício e grandes virtudes morais.
A filosofía, para que c:begue realmente a sua perfci)áo, exig nao só um
exímio talento natural, mas tambéru a participa)ao constante de altas virtudes
do cristao todo, como personalidade, atuando e agu~ando a razáo ao máximo,
procedendo realisticamente com ordem, analisando com penetra)ao e sintetizando com coerencia.
Quando uro fil6sofo chega a \'iver realmente como cristao as bem-aventuran)as do ermao da • fontanha. 7 consegue entao sintonizar com a verdade
numa mane ira tao feliz que se cría nele uma conatulidade afetiva com tudo
que é verdadeiro. E ta conaturalidadc é vital para o progres o da filo ofia
nos clias de boje, tao imecliatistas, pragmáticos. passionais e scntimcntai ..

' Mt., 5.

94

Ela promove de urna maneira extraordinária a vida intelectual, também
natural filosófica, como o cxvlica amplamente . Tomás de Aquino, encontrando luze em Aristóteles.ª O hábitos \rirtuoso5 fadlitam o discemimento
intelectual e fecundam a investiga)ao filosófica atualizada. E te ponto con •
titui, pois, uma originalidade notável cm rela~áo ao filosofar. Tendo tudo isso
na mente, Lea.o XIII é incisivo na "Aetcrni Patris", quando afirma que "aqueles que unem o estudo da filosofia com o obsequio a fé crista, ~ao excelentes
no filosofar" .9 Indica logo a raz.:'ío disso num sentido existencial: "visto que
o ·plendor das verdades divinas, penetrando a alma, vcm em auxílio da
própria inteligencia; longe de lhe tirar o quer que seja da sua dignidade
aumenta-lhe comidera\'-elmente a nobreza, a penetrai;ao, a solidct•.10
'

qua! é a ~ o ?esta originalidade crista do filo.ofar? Ela tem

sua explica~ao na coexistencia, na pessoa concreta do cristáo. do hábito filosófico natural
contraido pelos atos de filosofar, com o hábito sobrenatural da fé, raíz ;
fundamento da justificai;ao, bem como com outros hábitos virtuosos que se
originam em virtude da VÍ\'encia religiosa. E ta coexistencia estimul~ e promore, de uma maneira original a atividade filos6fica do cristao, como também
a sua fé, nutrindo-a, defendendo-a e fortificando-a, 11 conforme a famosa
exprcssáo de que a fé procura a inteligencia -"fides quaerens intellectum".
como isso constará mais tarde, no capítulo quinto, ressaltando a quarta dimensao da originalidade crist..=i da filosofia. A experiencia interna do crista.o
o testemunha infali\'clrnente. Em vírtude da unidade substancial da pessoa
humana, as potencias, os hábitos e seus atos relacionam-se dinamicamente
entre si, constituindo urna estrutura e conservando a diversidade de seus
objetos formais, em beneficio do homem todo, na perspectiva do seu firn
último.
Por conseguinte est:i coexistencia é consi ·tente. Por i o, a atividade filosófica do cristao pos ui inegavelmente o caráter intrinsecamente racional cu a
devida independencia, pois o crc.nte como filó ofo náo tcm por objeto o que
• StanisJavs Ladusans, S. l., "Preseni;a filosófica", Sao Paulo, l 975, pp. 32-35.
• "Quaproptcr qui philosophlne studium cum obsequio fidei christianae coniungunt,
ii optime philo ophantur" - ''Aeterni Patris", opúsculo citado, p. 19.
ia " • • • quandoquidem dh·inarum veritatum splendor, animo exceptus, ipsam iuvat
intelligentiam; cuí non modo nihil de dignitate detrahit, sed nobiliiatis, acuminis,
finnitatis plurimum addit ' • ".\ett.rni Patris'', opúsc. cit., p. 19. Veja tamMm o texto
de Lea.o XIII na p. 11 do dito opúsculo, que é o seguinte: "Quod &amp;i vero naturalis
ratio opt.imam hanc doctánae segetem prius fudit, quam Christi virtute fecundarctur
multo ubeniorcm certo progignet, posteaquam Salvatoris gratia nativas humana;
mentis facultates inuauravit et a.uxit".
11 Santo Agostinho, De Trioitate, livro XIV, c. J.

95

�Deus revelou, mas as coisas cognoscíveis pela luz natural da razio. Se o
erente procede na perspectiva da Divindade ( SS. Trindade) , que constitui
o seu objeto formal, ele enguanto fi16sofo tero como ponto de vista os últimos
princípios da realidade e da ordem lógica, cognoscíveis em virtude da evidencia objetiva. Mesmo Deus é conhecido filosoficamente pelo crista.o enquanto resplandece no universo como Legislador Supremo, Sumo Bem, Causa
primeira eficiente, Ser Subsistente participado, Ordenador Supremo, etc. Se
a luz do crente é a razao iluminada pela fé, a luz do crista.o filósofo é a
razáo natural, isto é, o seu conhecimento fundamentado na evidencia racional
das coisas e nos primeiros principios da ciencia, evidentes ero si e por si mesmos, sem nenbuma demonstrac;ao rigorosa. Se o objetivo do crente é descobrir
o que foi e.,catamente revelado, o seu objetivo enguanto filósofo é buscar, encontrar e comunicar a verdade racional, :;nosiológica, metafísica e ética.
Existe, pois, urna hannonia nesta coexistencia da razáo filosófica e da fé
crista, que é consistente e possui a sua última razao explicativa em Deus. A
última raiz ontológica da natureza racional do hornero é Deus Criador, que
nao é diferente de Deus Salvador, Autor da ordem sobrenatural. É, pois, o
mesmo Deus, em que se fundamentam, em última análise, a verdadeira razao
filosófica do crista.o e sua fé teológica, patenteando assiro na sua raíz onto16gica profunda a harmonia original do verdadeiro filosofar crista.o.

A originalidade crista da filosofia patenteia, do ponto de vista epistemológico, o caráter especial da influencia que a razáo filosofante recebe da parte
da fé formada. Esta influencia é positiva. Mais: ela é também de algum modo
intrínseca. A razáo disso é, porque a cristianizac;áo da inteligencia é intrínseca
e nao algo de extrínseco; segundo, porque o ato da fé e o ato cognoscitivo
filosófico, que se influencia.ro mutuamente, se encontram formahnente no intelecto humano, embora cada um possuindo a sua estrutura epistemológica
diferente. Conservando cada um a própria especifícidade, resultante em virtude
do respectivo objeto formal, aque1es atos se relacionam influenciando-se mutuamente apenas no plano do exercício, que é diferente do plano de espccifica~áo. Fica salvo assim logicamente o conceito de filosofía crista como náocontraditório, porque a influencia da fé sobre a razao se dá no plano do
exercício e nao plano de especificac;a.o formal, como isso se verifica no caso da
certeza livre, quando, conhecendo suficientemente os motivos, que bastam para que a inteligencia dé o seu assentimento, se requcr ainda, por razóes práticas,
o influxo da vontade, para que se removam os obstáculos e resulte a adesáo
intelectl.lal firme. A autonomia ou independencia da filosofia crista como
ciencia racional está no plano da especifica~o formal e fica garantida, como Lea.o XIII declara na "Aeterni Patrís", dizendo que a filosofia crista

possui nao o caráter teológico sobrenatural
,
sofia, isto é, "o seu método os se
. . '. mas o carater da verdadeira filo'
us pnnop10s e os seus argumentos".12
Tudo isso' por'em, nao
- Significa
• •
como Leao XIIT
.
que a razáo deve ser separad a no f~l
f
1 oso ar da fé b
d repetidamente
_ insiste'
que é superior ao conhecimento hum
A . ' ~sea - a na revelai;ao divina,
ao ídolo da auto-suficienCJ.a· ra .
li ano. .fil~sofaa nao pode ser sacrificada
c10na sta e exmur
d
entre os quais figura a fé cris~::: S . . d
-~ os pressupostos legítimos,
·
.
...... UJeitan o-se a revel - di ·
filosófica recebe no seu exercíc1·0 numerosas vantagens.ac;ao vma,
a razao
d
.
mente da fé, ela cai ero desvios A L:. , . d .
. , separan o-se hostil.
, .
. llllltona a filosof1a o atesta 1
p or isso,
e JUSto ter ho1·e em. co ns1.dera!tªº
- a lapidar
.
.
exp
- d c aramente.
.
Biran de que
a
inteligencia
deve
b
.
¡·
"
.
ressao
e Mam
.
uscar a mte 1gencia por
· da
f'
. de
_
que a proteJe e orienta.. "intelleetu s quaerens mtellectum
.
mem
e
cnsta,
por fidem".18
Concluindo esta fase da presente
uisa , .
.
.
vivida constitui para O crista.o
pe~
' e ,J~Sta, pois, afirmar que a fé
utna VJa magníf1ca p
"d ·
profunda e eficiente t a fe' . tara a Vl a mtelectual
. .
·
cns a que o coloca em ót'
d' .
Cl.alS para exercer frutuosamente a
- fil 'f'
raza&lt;,
oso 1ca 1mas
sem pcon ·11,oes ex1stenmude a essencia racional da fil fia As .
,
ress10nar que se
cífico, a razao é levada a alcan01: . 1 -~•
seu processo filosófico espeevidencia obJ' etiva racional q i;
eg11:1111a seculariza'1áo" em virtude da
ue a etermm.a ev1·tand 0
"secularismo" que diz 0 afastamento da razao
'
d 0 , ·5ªº
• mesmo
.
+- tempo ' o
mente o cristianismo
.
cn tlalllsmo. .i:. precisa- que proporciona ao filósofo novas circunstanc1·as
ere t as para a reflexao um
• h
. confé sugerindo co
'
ca.mm o novo ~entro do pressuposto e universo da
,
,
mo vamos ver em segmda ex
a serem examinados racionalm t p .
presamente, novos conteúdos
en e. or isso tero raza. 0 p· t p • •
concluindo em 1977
d
'
ie ro nm, quando
os pro1onga os debates do 320 E
,
sobre o sentido da filosofía e . ta h .
sal
·
~contro de Gallarate
ns ' OJe, res ta a genuma originalidade da

~?

aª

u "I n ..
us autem doctrinarum capitibus uae er .
.
liter potest, aequum plane est sua. m th ,dq
. P cip~e ~~a mtelHgentia natura.
'
e O 0 , SUJsque pnncipus et argu:
ti
• hil
sop h iam: non ita tamen, ut aucton·tau· d'ivmae
.
sese audacter btrah men'ds un p ocu:m constet, ea quae revelatione mn· o•. su oll ere v1 eatur. Imo,
.....,cunt certa ventate
. .
ad versantur pariter cum recta rati
'
. .
P ere, et quae fidei
timul et rationis iura violaturum, :~e puclgn~e, .nove?t philosophus catholicus se fidei
.
con us1onem aliq_uam amplectatur
t:ae doctrmae repugnare intellexerit"-"Aet p,,
, quam reve!a11 Ca
1
.
.
. , o. c., pp. 17-18.
. rme o N1colo1n, "Fede cristiana e rillessione füosofka" 197
páginas 69-96, onde O autor ap==nta
.
•~
a tese d·e .c.tlenne
Gils . ' b 2, p. 83.~ Cfr.. as
geradora da razáo. Veja tamb6n
á .
on so re a revela,e;ao divina
na conce~áo de Jacques Marita· as Ámgbmas 9~-11? sob~e o conceito de filosofía crista
.
lil.
os estao sintoruzando ent
• T
.
e valiosas hlZes para a presente solm;áo da problemática filosofo re_ s1. razem m_mtas
fundamentalmente
pela encíclica "Aetem·1 pa tr'is" de L eao
• XIII lógica,
. •
e b que·· se onenta
ta d a suf1c1entemente na discussáo dos anos tr'mta sob re a filosofaa
.
: cristá..
m ora nao aprovei-

~

97

96

humanitu-7

�. que o cns
. ta·o experimenta na sua vida in,. oa
filosofia, em virtud e da inI1 uen
¡,
t lectual profunda.H
e
·
e Neo-esco as1 . dos Doutores Esco¡1.~
i.1.:1tlco
o filosofar dos Padres da . ~eJa, fé . ta como a história o testemunha
. fl ,. .a positiva da
ns '
to
ticos houve esta m uenc1
.
te dela deriva um aumen
. - f unda que prec1samen
,d
com clareza. Ela fo1 tao ec
ºd d resultando tantos conteu os
.
. fl s6fco da hum.am a e,
.
notável do patnmoruo i o i .
ra renovar todas as dirnensoes
. ·to atuais e concorrem pa
d
á . o
novos, que boJe sao ~w
. A .
ente dos últimos vinte anos o tr ~1c
do autentico humanismo, ~XJgen~ u1ades ainda maiores. Quais sao precisaséculo XX, para que se ev1tem ca~ . ? Esta pcrgunta inicia a no\&lt;a fase
mente estes con teúdos filos6ficos ongina1s.
da reflexáo filosofológica.

.
dor ' movimento
.
histórico do pensamento mova
Um gigantesco mov•~~to
20 século ' constituí uma busca ~filosófico patrístico-escol~tico'. de qu~se O resultado desta medita~ao colebva
cional tenaz e lenta da filosofta pe;fe1~.osofia crista que é um conjunto de
prolongada é inegávcl: advento ªr •dadas e ordc~adas pela raza.o humana,
verdades racionais, descobertas, apro und
te da Revela~áo de Deu . Este
,
ela rccebeu a par
. .
, lo
xíl
graras aquele aw 10 que
. t
práo desde o primeiro secu
~
·
linuado sem in erru ~ ,
.
·
movimento filos6f1co, con
sua raizes na f1losofia grega,
.
é
plo no espa~o, tem
.
até os no os d1as,
~
Tem o seu ponto mais alto na s1.stemaextendcndo-se ainda roa1 no_ temp1;25-1274) como Leáo XTII (1810-1903)
tizadio de S. Tomás de Aqwn~ ~ "
.' p tri ,, que considera a melhor
~
nc1chca
etemi a
,
·¡ fº
!!alta oficialmente na sua
,
.
vo conteúdos f1 oso 1cos,
re
..
de 25 anos. Wl!;1ram ass1m no
de seu pontif1ca~o
. d u' e·1s
fi\osofia pré-cristá.
, .
lá ucos irre u v
Patnst1co-esco
'
fl .,:; 0 filo o. argumen to para que
,
.
terc iro
. a. re e..... . - d
Estcs contcudos constJluem o
.
bre a origmabdad crista a
• d a mais a te e so
fol6gica po a corraborar am

a

. . a il tema di una. mía
pros ima
.
porre e che co t1tu1r
·¡
on i
" "La formula che io vorre• pro
1·1 [ia
essuna filosofta ~ po ib1 e e n
l vía cri tiana alla 1 oso ·
di{ferenza del non
ricerca ~ questa: a
.
.
dº ch.i la esercita. 11 credente, a
. .
orto
situa nella condí.7jone enste~zi~le 1 •
contesto di esperienza in cw, il rapp

~º::

n la Trascendenza ~, fa man es o. .
.
ti e l procedura ad una n cmo
~;sto e queste categorie fomiscono ins1em:n~!:to di enuina originalita alla ~l~~olia
recuperatrice che puo e deve po~re u~ ...~ ali infuori di qucllo della sua perenruta -o.
tout court, che non sopporta altn agget

Estes conteúdos -patrísticos, escolásticos e neo-escolásticos- evidenciam
o seu valor extraordinário para o bornero, para a época atual, enguanto
convergem de urna maneira orgánica e incisiva para fundamentar racionalmente o autentico humanismo, que é pluridimensional, antropocentrko apenas
no sentido gnosiológico, mas teocentrico do ponto de vista m tafísico e ético.
Como se articulam aqueles novos elementos íilos6ficos na estrutura~o do
vcrdadeiro humani mo?

a

IV, A originalidade cristá da ~ilosofia
. t"dt
dos novos conteudos
em vir
..

credente, ha il privil ~io d1 v~c7 :el~en categoric dell e.5isten1:a storica, Qu~;

filosofia. Este argumento resulta em virtude dos novos conteúdos filosóficos,
aJcan~ados pelos cristáos, com novas disposi~oes espirituais, que autorizam a
definir a filosofía crista da seguinte maneira: a filosofía crista é filosofia,
existente na história, acrescida notavelmente pelos novos conteúdos originais,
em virtude da influencia do cristianismo.

Em rela~o dimensáo gnosiológica. do humanismo, a razao humana conscientizou-St' melhor, sob a influAncia do cristiani mo, que nao pode encontrar
em si mesma salva~áo. A razáo humana nao pode ende usar-se: ela é limitada
e
auto-suficiente. Por isso, nao pode pretender roa.is do que pode. Sob
a mesma influencia crista, a razáo humana penetrou mais a fundo no scu
valor natura! cognoscitivo e no seu alcance vital na solu~o dos grandes problemas do homem. A dimensáo gno iológica é fundamental para a constru~o do autentico humanismo, nao só porque o eu humano ' o centro consciente da ciencia em todo os seus s ntidos, mas também, como cristáo lx&gt;m
abe, a razáo humana desviada, como, por exemplo, pelo racionalismo ou
ideali mo absoluto, desvia a vida humana toda; n razáo humana sadia beneficia grandemente o homem e o u agir. Por isso, Leao 'III insiste na
"Aetcmi Patris" sobre a educa~o filos6fica e valoriza~ao da ra.záo, que é um
dom natural do homem, pociendo ser depnmido ou também supervalorizado. 14

nao

a

Quanto dimensáo metafísica intra-humana do humanismo, a contribu~ao
filosófica dos cristios, iluminados pelos conteúdos da fé, foi táo grande e
decisiva já nos seis primeiros ' ulos, que resultou um conceito novo da pe soa
humana. O fil6sofo pré-cristáo nao chegou a ter uma idéia clara do que
seja a pes a humana. Foram os roistérios revelado de
. Trindade e da
Encarna~ao do Verbo eterno que projetaram luzes sobre a especula~ao metafí ica, a qual, tendo em vista a vida intelectiva, voHtiva e a consd@ncia do
u Veja, por exemplo, pp. 5-6 do opúsculo citado, onde Lea.o XIII di'Z: "Curn enim
insitum homini natura sit, ut in agcndo mtioncm duccm sequa tur, si quid intelligentia
pcccat, in id et voluntas facile labitur: atque ita contingit, ut pravitas opinionwn,
quarum e t in inteUigentia sedes, in humanas actione influat, casque pcrvertat. Ex
adverso, si $303 meru hominum fuerit, et solidis veri.sque principii lirmiter i.ruistat, tum
vero in publicum privatumque commodum plurima beneficia progignet".

c., pp. 333.

98

99

�ser racional, o definiu como existente distinto na natureza racional, evidenciando assim aquela dignidade especial e única que o hornero possui no universo material em virtude de sua alma espiritual e imortal. O bomem náo
é mais coisa, instrumento, número, .simples membro da coleth~dades, mas
possiú um valor intrínseco tao grande, que abre, como sujeito de dircitos e
de,·eres, novos e fecundos horizontes para a vida económica, política, social
e cultural. A Declara~áo Universal dos Direitos Humanos da 01 U, de 1948,
a Declara~o dos Direitos dar Crian~ da O U, de 1959, sáo dois e.xemplos
inequívocos da penetr~o da doutrina filosófica dos cristáos dentro da estruturas do pensamento ocidental e oriental, ofrerecendo ao mundo atual trágico, sob o signo do cristianismo, beneficios imeosos e indicando caminhos
claros para a mútua compreensao e para a paz universal.

a

Também em rela~ao
climensao axiológica descensional do humanismo,
o Cilosofar dos cri táos, orientados pela f é, abriu novas perspectivas para relacionar devidamente os valores materiais -técnicos, economicos e outros afinscom a pessoa humana, superior a todos esses valores, tendo cm vista o seu
fim último transcendente. O cristáo como filó ofo, encontra assim um modo
novo de conceber o seu lugar no universo material, transcendendo o atropocentrismo terrestre e encontrando um humanismo novo. Conforme esta concep~o filosófica nova, as coisas sao criaturas de Deus transcendente, Ser
total e absolutamente absoluto. Isso nao diminui a realidade e o valor das
coisas deste mundo, mas obriga a descobrir o seu sentido profundo, a respeitá-las,
a agrad ce-las como dons que vem do Alto e a usá-las coro indiferen~a ativa
e superioridad de espírito, exigencias da verdadeira felicidade humana.
Quanto a climensáo filos6fica entre-humana ou horizontal do humanismo,
o filosofar dos cristáos elaborou, sob a influ"'ncia da fé, a nova filosofia da
fraternidade humana, entendendo os seres humanos fundamentalmente iguais,
enguanto tem a mesma origem, a mesma natureza e o mesmo fün último
bem como baseando a ordem economica na ordem política sadia, a ordem
política na ordem social nova, a ordem social na ordem jurídica, a ordem jurídica na ordem moral e a ordem moral na ordem religiosa auténtica. Todos
os bomens posruem a mesma dignidade de pessoa. Por conseguinte, o outro
nao pode ser considerado como ser explorável, mas como próximo, fim em
si, como innio. A encíclica "Redemptor Hominis" d Joáo Paulo II ilustra
a fundo a dignidade humana, considerada em si e socialmente, elevada pela Cruz
do Calvário, fonte da salva~o e da regener~ao perfeita, que ressalta ainda
mais a igualdadc fundamental entre os homens e entre os povos. E ta é a
nova ordem social do homem novo, que luz do valor da pessoa humana reconhece e defende a dignidade da familia, da sociedade nacional e da huma-

a

nidade inteira.

100

Em rela~áo a dimensáo metafísica
b
manismo a filosofía dos cns· ta:·r·
supra- ~ a ou ascencional do hu'
os pun icou e ennquece
..
influencia do cristianismo a filosofi d De
u poSttivamente, sob a
1 e
he
'
us O pensamento p ' · e gou nunca a um conhecimento claro e nítido d
re~cnstao nao
mesmo quando nao identifica Deus com o mundo \ ~scendDeencia ~e ?eus,
conce~ao pré-cri.stá plena
t
or isso,
us nao e, na
'
men e 1'nno nem o m d é I
dano. como ncm o homem é J
J
un o
p cnamente munp enamenk humano Ccex· t
t
f onnando um único sistema o d .·
. . . IS em e emamente,
'
n
e
\tgora
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A tr
d" .
De us encontra a sua autenticid d s6
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1
lSlta
o er Subsistente da p . .
C
. .
, pe a metamundo "ex nihilo SlÚ et ' b. ti'~1ra ausa ef1C1ente, Criador livre do
o ser existem A~;m }. b su dlCC .. _eus é o Ser; as coisas e o homem tcm
'
•
........ él
ase a paruc ipac;ao
- e de outros sinais da contingencia
o problema
da
.'
ongem encontrou a sol - f1 , ·
,
clara uma transcendA .
1 .
u~ao t osof1ca convincente, ficando
enc1a re aova da pessoa h
verso material. Deus absol tam te
uman~ cm rcla~o ao
'
en transcendente e Cnador liv
.
d o mundo para ser e para user feliz
re, nao preosa
Ser upremo e do S
B
~ . omos n6s que ternos nccessidadc do
umo em para e.'Osbr par
.
c;ando a felicidade A nova metafi .
1
'
ª.
agir e para ser mais, alcan.
s1ca a arga assun os ho .
l
.
d o conhecimento análogo que nos I
. d
nzon es, em \1rtude
.
'
eva a sa1r o mundo cat
. 1 ,
e a atmgir com validez as realidade
egona univoco
mas també·
- .
s transcendentes. ao só a n~ao do ser
m outras n~ocs unportante
n r
'
de verdadc, unidade bondade causa s °,: 1 oso ia_ ren~vada, como as n~ocs
foram libertadas d
tr
'
' ~o, gerac;ao vida, saber, amor etc.
també
. as. es. ctczas' graras
&gt;'
m uenc1a do cristiani mo I to 'P '
m que o cnstiamsmo implica urna fil f'
.
rova
citada e sistematizada rae·
1
oso ta ampla, capaz de ser expli1ona mente.

ª

A

a· .

.

wu-

a. n

A

•

na~:r~ulta umbsal abertura espe~'.al do cristao filósofo para a ordem sobre' om a o utamente gratuito de D us
b
d
.
filosófico-teológica conciliando b
.
• em u~ e uma mtegra~o
'.
armoniosamente a razao e a fé natureza
gra~a. que transfigura o homern velho no homem novo irnarren '.- . d C · e
to Tomá d A ·
h
,
o
,na e nsh.
.
e qum~ c egou a elaborar com originalidade coruistente esta

ª

~::ª~

~;~ª~ féao mesmo bt mpo que distingue pcrfeitamente, como
.
'
' une-as am as pelo la~o,. dP mútua amizad . conserva
assun a cada urna o seus direitos a salvaguarda a dignidade" is {. . ; D
trou Tomás de A ·
.
·
ais. emonsqumo que para cn:u- com perfei~ao a sínte cri ta original
,. Eis,
no ongin
.. al e na f orma co
. "Po !amo o texto
• de Leao XIII n "Acterni Patris"
·
Pleta
. •
racterea rat1onem, ut par est, a fide a rime di •
mam1cc consocians, utriusguc lum iura co
. pp
. s_un~ens, utramque tamen
ut ratio ad humanum f ti .
Th
ruervavi_t, tum d1gn1tab consuluit, ita quidem
as g1um
omae pennu evecta iam f
. .
assurgcre; neque fidcs
raúone !ere po it plura a t .ilicli
ere_ nequeat sublimim
quam qua.e iam est per Thomam consec ta"
. u v . ora acliumenta prnestolari,
u
- opusculo cit., p. 32.

101

�de tamanha envergadura filosófico-teol6gica nao basta ter um genio, mas se
requer também a santidade de vida.
V. A quarta dimensáo da originalidade cristiio
da filosofía: seu caráter instrumental de servifo

Finalmente, o quarto sentido da originalidade crista da filosofía consiste
na sua disponibilidade variada para ser utilizada científicamente como instrumento em beneficio da revel~o divina, féita para os homens -"propter
bomines,,-. Antes de tudo, a filosofia concorre para estruturar a ciencia da fé,
isto é, a teología sobrenatural sistemática. Mais: esta originalidade manifesta-se
também na def esa racional da fé crista contra os ataques de indole filosófica,
bem como na media~o, exigida hoje pelo diálogo do crista.o com as atuais
ciencias experimentais, que se encontram num progresso vertiginoso.
A filosofía está a disposi~ao do cristao como instrumento válido para desenvolver, com método, a reflexao racional sobre os dados históricos da revela~áo
divina. A distin~áo perfeita entre a razáo filosófica e a fé nao impede que a
filosofía ajude o crista.o no seu esfori;o reflexivo de penetrar, mais e melhor, de
uma maneira sistemática, no universo das verdades reveladas, satisfazendo assim
a exigencia da inteligencia de obter urna visa.o coerente e global da realidade
do cristianismo como obra de Deus, que se revelou ero Jesus Cristo Salvador
e que se prolonga por meio da Igreja, institui~áo fundada por Cristo, a fon
de lever a mensagem da liberta~ integral a todos os povos de todos os tempos. Usando a raz.áo, o cristáo filósofo chega a descobrir, nos dados revelados,
urna certa inteligibilidad imanente, os nexos internos entre os mistérios da fé
e coro o fim último do hornero, como Leao XIII ensina com clareza na
"Aeterni Patris", afirmando que a reflexáo racional sobre a revela~ao divina &lt;leve receber da parte da filosofia "a natureza, o hábito e o caráter de
uma verdadeira ciencia" 17 e que a "custo pode a fé esperar da raza.o socorros
mais numerosos ou mais poderosos do que Tomás lhe ofereceu". 18
Esta reflexáo racional, que se refere constantemente as verdades da fé e se
processa em uniao com a componente positivo-histórica da teología, é de caráter instrumental. t imanente aquele processo, embora ele seja conduzido
"Solidissimis ita positis fundamentis, perpetuus et multiplex
1• "Aeterni Patris":
adhuc requiritur phílosophiae usus, ut sacra Theologia naluram, habitum, ingeniumque
verae scientiae suscipiat atque induat" - opúsc. cit., p. 13.
" dír. o texto original de Leáo XIII citado por extenso na nota 16 da presente

pela luz da fé, que ilumina a inteligencia.
do segundo os principios filosóficos.

:t

um processo lógico. articula,

Nao t~a e qualquer filosofía p~ui esta idoneidade intrínseca de podet
ser assum1da neste processo científico-sistemático da reflexao sobre os dados
da fé, que exige uma conexáo indispensável coro as evidencias naturais da
inteligencia humana. Ficam excluidas deste processo inevitavelmente aquelas
concepc;oes filosóficas, que sao incopatíveis com a verdade natural e com
isso, também coro a Revelecc;áo de Deus, verdade sobrenatural, com~ por
exemplo, o relativismo cético, a imanencia materialista, a imanencia idC.:lista,
e_tc. Con~d~ .a teologia, radicalmente in dependen te em relac;áo a qualquer
sistema filosof1co, está aberta para ouvir as instáncias críticas, que as filosofías
apresen taro a ciencia da fé crista, a fim de poder dialogar ero profundidade
de justificar-se cientificamente e de ser compreenclida no servi~o que está pres~
t:t°do h~dade. Além disso, a ciencia da fé crista está aberta a qualquer
filosof1a, seJ~ ela recente ou antiga, para receber contribuic;óes de valor, que
p~s~ ser ll.ltegradas na síntese crista dentro do contexto das legítimas exigencias da vida concreta e da cultura do respectivo povo, como a Igreja 0
de~lara e,cpressamente. Neste seu abrir-se amplo; a ciencia da fé crista ( tea,.
logia sobrenatural~ prefere sempre aquelas filosofias, que se relacionam melhor,
1:_as ~uas teses básicas, com os dados revelados, aceitando, ero certas circunstancias, um pluralismo filosófico sadio, resultante em virtude das diferentes
culturas, línguas, regioes, etc., sem comprometer, porém, aquelo núcleo fundamental de verdades perenemente válidas, que estao conexas intimamente
com a revclac;ao divina.

.ª

Precisamente nesta perspectiva construtiva, relacionada coro a teolo!ria
O
especulativo-sistemática, o Magistério da lgrcja refere-se especialmente a S.
Aomás de Aquino nao só na encíclica "Aeterni Patris", mas também recentemen!e n~ Co~cilio Vaticano II (dr. no. 16 do documento Optatam Totius) .
A razao disso e que no pensamento &lt;leste fil6sofo se encontram estructurados
organicamente os prim~ros ~rincipios da razao natural coro a Revela~ao
de Deus,~e urna
tao sólida, profunda, flexível e dinamica que possibilita
urna leg1tuna renova~ao da síntese continuada no futuro. Manifesta-se assim
claramente o caráter instrumental original da filosofía em relac;áo a fé crista.

form:

Qual é raza.o profunda desta originalidade crista da filosofía, deste colocar-se válido a disposi~o da fé crista? A razao &lt;leste servic;o filosófico original,
referente as verdades reveladas em conceitos humanos para os homens encontra-se no fato, acima já ilustrado, de que a filosofía, sendo um conhecimento da verdade, nao pode nao harmonizar com a verdade manifestada
por Deus, fonte última de toda e qualquer verdade. A verdade nao pode

investiga~o.

102

103

�ofuscar a verdade. como a luz nao p&lt;&gt;de obscurecer a luz. Daí, precisamente,
resulta que a reflexao racional obre os conteúdos da fé crista, elevada ao
nível científico por meio da verdadeira filosofia 1 está perfeitamente em condic;oes de proporcionar, na medida do possível, um aprofundamento válido,
embora instrumental, da compreensao da revelac;ao divina, sem deturpar o
seu genuino significado. Daí resulta também que as filosofías ideológicas,
dissociadas da evidencia objetiva e da f é crista, sáo completamente incapazes
de servir como instrumentos para dilucidar as verdades reveladas. Entrando
cm contato com o cristianismo, elas deturpara o seu contcúdo autentico.

Se no processo racional, aplicado legítimamente aos dados da revelac;áo
divina para compreendé-los mais e melhor, o cristáo instrumcntaliza científicamente a razáo filosófica, as ideologias instrumentalizam tendenciosamente,
para os seus fins pragmático , isento do contexto da verdade, seja a filosofia,
seja a mesma religi5.o. em o próprio Jesus Cristo, Autor da religiáo revelada, escapa hoje daquele processo ideológico relativizante: Ele ' considerado atualmente por tantos ideólogos ou como um homem do partido, ou
como um sociólogo, ou como um revolucionário político, ou ainda de outra
maneira inadmissível. lsso acontece no atual mundo dessacralizado e confuso,
porque se perdeu a legítima harmonía no relacionamento da razáo e da fé.
ero consequencia de um longo e gradativo afa tamento do filosofar da realidade, come~do no século XVI, resultando, como Leáo XIII na "Aetemi
Patris" deplora, "que os sistemas de filosofía se multiplicaram além da medida
e que opinióc diversas, opo tas antre si. repontaram. mesmo sobre as coisns
mai importante dos coohecimentos humanos" .'1 9 Afastando-se do realismo
&lt;la filosofia cri tá, nao s6 des.'lpareceu a teologia sobrenatural cspeculati\'o-sistemática, mas também se muJtiplicaram, cm nome da filosofia. nos ambiente
racionalistas, idealistas e outros, atingidos pelo relativi mo célico, tantas obje\oes graves e nega~oes radicais em relai;ao ao cristianismo. A confusáo de
idéias comec;ou atingir, em alguns paí , até os íil6sofos católicos. Daí resultou
uma necessidade urgente, que
sente agudamente de novo no dias atuais,
de recorer a um ser ic;o filosófico con ist nte para defender eficazmente o
cristianismo.

esta perspecti a científica instrumental, era urgente, antes d tudo, restaurar no mundo católico a !ilo~ofia cristá. Este plano importante animava
11 "Adnitentibus enim
' ovatoribus saeculi XVI, placuit philosoplia.r citra quempiam
ad fidcm respectum, petita dataque vicissim potest:ile quaclibet pro lubitu ingenioque
excogitandi. Qua ex re pronum fuit, genera philosophiae plus aequo multiplican, scntentiasque diversas atque ínter se pugnantes oriri ctiam de iis rebus, quae sunt in
humanis cognitionibus praecipuae" - opúsc. cit., p. 38.

104

já, antes que penetrasse no espírito de Leáo XIII um
,
.
sofos católicos. A estes filósofos Leao XIII I d ' "Abom _nume~o de filó.
.f .
a u e na
eterru Patns'' io Ele
msau e1tos pela caótica situac;ao filosófi d ,
. , .
s,
cristá buscar
d
tea a epoca. m preJu1zo da fé
,
am ar orosamen te o aminhos da renov áo do
profundo. Se esta renovac;áo veio mais tarde en 1879a.e;
pensamento
to solene e amplo de Leao XIII a e , li "A'
. ' com um documen'
ncic ca
eterru Patr·15'' • ·
·
que ch nao tinha a direc;ao de cima
b .
, ~ Justo afirmar
A t-azáo é
f .
.
para ruxo, mas de baixo para cima
.
. . que o1 precisamente aquele movimiento filosófico d
d
.
msausfe1tos com a situ.ac;ao reinante
nh d
os pensa ores
filosofía tomista
' .co ~ ores profundos e seguidores da
para pubr
' que ~reparou e ammou mtelectualmentc o sábio Pontífice
icar a menetonada encíclica carta m
d f'l
taurando oficialmente a filosofia patrí;tica e ese~~ a i_ os~fia crista, re •
"príncipe e mestre" de tod
d
ca, pnncipalmente a do
. .
os os outores e·colásticos s Tomás d A .
b
o ,Jetwo dcsta restaurac;ao oficial f 01. revigorar
.
' filosófica
.
e qwno. O
a razáo
1
a 1em de cvoJuir com pcrfe·,,.a-o num
.
' para que e a,
"
proct.sso s1 tem • f1
l'd
tura concon-csse f
· al
.
ª
com so 1 ez e aber, .'
unCJon mente, a f1m de defender como
.
\,thdo, o cristianismo. re altand " f d
.'
um m trumento
divina origen a sua verdade rto os ~ amentos mabaláveis da fé. a sua
'
ce a os motivos da pers be
ela proporciona ao gAnero h
'
.
uasao, os nefícios que
umano, o seu perfe1to acordo com a razáo".n

"º

E te proorama ,·asto e bem estruturado consc:rva h .
'
.
Prt'senciando a atual invc tid .
OJe toda sua atualidade.
s
impetuosa do ecularismo
d
,
.
d' .
e o ate1smo proºaramado contra o ens. tiamsmo,
o ire1to e também
d . d
. - ,
recorrer a filosofia e submeter
.
o
,er o cnstao e
meLaíísico e ético. tudo o que pa ~md. ngodroso exame crítico, gno iológico,
.
.
reJu ica e qualqucr modo a fé
smtonia com a razao. Justament
ta d'
. ..
a sua
crítico
'd .
. . . e nes
ispomb1hdade ofcrcc-ida, ne t l ' poder
se cons:~: e.nc_ia.-se a ongmal~dade rrist.1 da filo ofia, que é imtmmcntal e
.
tanc1a na sua capac1dade defensiva das verdades cla fé Conforme
SJt
ua~ao concreta dos continente e de cada um de seus povos.

ª

a

•. "O ptimo
.
.itaque consilio cultor"$ disciplinarum hil ~ .
.
ad mstaurandam utiJitcr philosophi.a
. .
. p o. ph1carum non p:iuc1, cum
m noVlsmne arumum ad·
·
Aquinati, doctrinam
ti't
•
. .
iecermt, praeclaram Thomae
res uerc, atquc m pnsumun d
. d'
studcnl" _ opúsc. cit., p. 40.
ecus VU1 1care studucrunt et
n Ad hos autem sanandos, et in gratiam cum fide
th I'
.
supemnturale Dei awcilium, 'h'J
•
. ca O ica resnruendos, praeter
, 01 1 es.e opportunnJS arbitramur
lid
et Schol:uticorum doctrinnm qw· f. . .
fid .
• qu:i.m so am Patrum
'
inn1sruna ' CJ Iundam ta di .
·ir
.
vcritatem, argumenta quibus suadetur, beneficia
i
onginem,
perfectamque cum rationc concordiam tanta e 'd .
.
um gcnus colla.ta,
fkctc:mdis mentibu, vel ma.xime . 'lis
vt cn.ua et VI commonstrant, quanta
•
•
WVI
et repugnantJbus abunde sufficiat" ,
cit., pp. 41, 42, VeJa também as páginas 7 e 13 do opúsculo.
opuse.

certam

e;n hwi::'\m ius

105

�Uma nova forma da instrumental originalidade cristá da filosofía, boje
muito significativa resulta ero virtude da me~áo da razao filosófica no
diálogo do cristáo coro as atuais ciencias naturais, humanas e tecnol6gicas.
O enorme desenvolvimento destas ciencias está penetrando de tal maneira na
mentalidade e cultura hodierna, que o cientificismo e tecnologismo esta.o
virando urna verdadeira obsessao, fazendo esquecer os valores do cristianismo. Com o intuito de opor-se a esta ideologiza&lt;;áo das ciencias naturais,
hist6ricas, antropo16gicas e técnicas, querendo, ao mesmo tempo, assum.ir os
resultados válidos destas ciencias florescentes, o cristianismo tero hoje urna
tarefa urgente e importante: fomentar com tocias estas ciencias uro cantata
aprofundado, a fim de conhecer melhor o hornero e expressar hoje melhor o
sentido autentico das verdades reveladas, bem como eliminar o que é ideológico. Neste diálogo importante a filosofia pode e deve exercer a sua media~áo entre a fé crista e aquelas ciencias.
Em que consiste esta fun~o instrumental da filosofía em relac;ao a síntese
cristá hooierna? Ela consiste em exercer urna reflexáo transdisciplinar aprofundada sobre as contribui~óes científica-; multiformes e sobre a complexa
problemática suscitada por elas, a fim de discerrúr entre o que vale e o que
nao vale, ressaltando os dados certos de valor permanente perante a raza.o
humana e, por isso, tarnbém perante a Revelac;ao de Deus. Fundamentando-se
neste servi~o filosófico auxiliar, a teologia pondera melhor o contributo oferecido palas ciencias e.xperimentais, na perspectiva do enriquecimento da
síntese cristá e da promoc;áo da economia da salvac;ao. Há hoje tantos dados
novos, investigados pelas ciencias positivas, como, por exemplo dados que
se referem as genero do homem e do mundo, a genética, ao sub-consciente;
a energía atomica, etc., que interessam vivamente a reflexao teológica.
Recebendo um servic;o garantido da parte da filosofia como mediadora, fiel
a seu método e seus princípios próprios, a teología progride com uma seguranc;a rapidez maiores, sern diminuir-se e sem cair no biologismo, sociologismo,
historicismo, parapsicologismo, etc. A teología deve evitar tuda issoi pois o
seu objeto especifico -o mistério da salvac;ao revelado por Deus- está
além do campo da investiga~áo científica experimental. Deste modo o cristianismo, instrumentalizando científicamente a filosofia, proporciona, sem
interferir no campo das ciencias experimentais, uma mensagem teológica
séria, compreensível para o mundo atual, evitando contarnina&lt;;óes secularizantes e degradantes. Colaborando instrumentalmente com o cristianismo na
elaborac;ao da síntese abrangents, a fi\osofia concorre também para ampliar
os horizontes da visa.o científica, referente ao homem, a sociedade e ao universo, indicando ao homem atual os valores mais altos e fazendo humanas
todas as descobertas científicas. Senda uro momento imanente da teologia, a

cri

filosofia exerce
poi.s
~
.
hodierno
do
C ' uma fu nc;ao
mstrumental
altamente benéfica no diálogo
s ao com o mundo seculazado auxiliand
perigos do secularismo a do ateísmo b
'
. o-o a perceber os
sabedoria ara su
. ' ern como a avaliar a necessidade da
samente. p
perar as graves cnses, que hoje o esta.o atribulando dolora-

VI. Conclusáo final
Concluindo a presente investiga~ filosofoló .
.
tenário da encíclica "Aetern· p . " d
~
gica, comemorattva do cen1
atns e Leao XIII a
problema suscitado resulta clara e b
f d
• resposta ao complexo
a originalidade crista da filosofia e:m viruntudamdentada : existe ~negavelmente
,
e o ser e do agrr do · t~
como de ontem, assim também d h .
.
cns ao,
razao e lev
. e . OJe, que exigem uro. uso profundo da
arn para a perfetc;ao do filosofar Esta ori . alid d
.
pois, consiste, antes de tuda, na propriedad.e da filo:ia da ~-ou novidade,
humana para a recep,..ao
da mensagem eruta
. _ Esta
e 1spor
Y
. . a .alma
resulta t~bém em virtude do novo caminho de filosofar~::; ;:~:alidad~
um carrunho fecundo dentro do
..
segue.
que o filósofo sem fé nao possui. ~:;~~r:~to e ~~ve~so das ~e~dades. da fé,
provém tamb, d
.
. a ongmahdade crista da f1losofia
virtude das n::as o~;ºo:7;o:n;ú.d: ~losó~icos, alcanc;ados pelos crista.os ero
da filosofia manife.sta-se pela su;rr~pais._b~li~ndaaldm~te, a originalidades crista
t° d
om 1
e mstrumental válid
m o urna ordena!táo coerente dos dad os revelados defendend
a, garanfi
c1enc1a
e
promovendo
d'áJ
d
.
,
o-os
com
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O
1
..
.
ogo a teolog1a sobrenatural
postuvas, hoJe em grande progresso.
coro as ciencias
•A

•

Esta
origínalidade multiforme --quadnºd'unenswna
. 1- exige do
.
ta d
hOJe urna tarefa árdua. canse . .
.
.
cns o e
rncional e ligando-se a. fé co~:b:ue a f 1losof1a, conservando a sua natureza
rialismo laicista e do ateí~o 'lit a parba vencer o terrível assalto do matem1 ante em como se empenh
· d
O
cxemplo original de S Tomás Do
..
a.r, segum
o
a base de novas análises e co,ncorrer
utor Umv_ersal, para renovar a síntese crista
para mcrementar O f1 f
atual, na perspectiva do últim f
d
loso ar no mundo
A encíclica "Aeterni Patris'' noáo:bt a pe~~a humana, que é sobrenatural.
hoje muito atual. A luz deste d
eve ~n a todos os seus efeitos. Ela é
de hoje, homem novo pode e ~cumento importante de Leáo XIII o crista.o
'
eve atuar com ardor tend
.
genera&lt;táo da vida e da cultura ero todas as
cÍ·
.~ em vista a reexigencias atuais da raza.o fl , r·
d
suas 1mensoes, conforme as
i oso ica e o mundo hodi
·
gencias fundamentais sao as se ºnte
. " .
emo ero cnse. Estas exiexigencia lógico-gnosiológica ~ ,. s: e;genc1a fenomeno 16gica do concreto,
' x1genc1a e abertura para urna visa.o metafí-

107
106

�·ca da realidade ressaltando a trascendencia, exigencia de urna interpre,
d · ·
~o a.inda mais profunda e atualizada da libcrdadc hun_i~ª•. a JU tl~a. e
do amor, exigencia da humaniza~áo pluridime~si~na.l, eX1ge~:-1a da cnstt~ni~ao e integra~o de valores, finalmen_tc, ex1ge~e1a d~ diál~. transdis'plinar com as atuais ciencias matemát1co-expenmenta1s e tecrucas, bem
CI
f
.. a}
como de um diálogo crítico coro as ideologías de boje. Es~a. tare ~ ongm
do cristáo-fil6sofo de hoje e urgente e muito inportante nos trag1cos d1as atuals.

s1

EL TOMISMO EN LA ARGE TINA Y LA RECEPCIÓN
DE LA ENClCLICA A.ETERNI PATRIS

DR.

ALBERTO CATURELU

Univcnidad de Córdoba,
C6rdoba, Argentina,

I
EL TO,OSMO ANTES y DE 'PUKS DE LA "AETERNI PATRJS"

l. Antecedentes histórico-doctrinales

LA TRADIClÓN FlLOSÓFICA argentina se remonta a los comienzos del siglo XVII
pues en 1610, en el centro del país, en Córdoba, se contaba con el Colegio
1á.'timo de la Compañía de Jesús y, poco después, en 1613, era fundada la
Universidad de Córdoba que abrió sus puertas al año siguiente, reconocida por
la autoridad pontificia y la real en 1622. Pero ta tradición, estrictamente
escolástica, entroncaba con la inmediata tradición española donde florecía, en ese momento, la segunda escolástica. El primer profesor, el P. Juan
de Ibis, no era tomista sino suarista, como lo fueron la mayoría de los proksores de la Universidad cordobesa en el siglo XVII, con la e..xccpci6n del
notable pensador y poeta, don Luis de Tejeda, que era neoplat6nico. aturalmente, no puedo detenerme en tan corto pacio. a hacer la hi toria de
la filosofía de este tiempo y debo remitir a mi obra, todavía in' dita, Historia
de la filosofía en Córdoba, en la cual, por primera vez, se hace un estudio
sistemático de la filosofia en los siglos XVJI, XVIII XIX y XX.1- Baten,
por ahora, unas pocas líneas generales.
' Esta obra, dos volúmenes que swnan alrededor de 1.200 pigi11as, reconoce un
precioso e insoslayable nntecedente en el extraordinario trabajo de investignci6n del

109

108

�En el siglo XVII, además de la obra de Luis de Tejeda, cabe recordar a
Cristóbal G6mez (1610-1680) cuya obra Los conceptos predicables se ha
perdido; a Cristóbal Grijalba, a Antonio Gutiérrez, al paraguayo Ignacio de
Frías, a Lauro úñez, a Agustín de Aragón y los tres volúmenes del Cursas

Philosophicus de Francisco Burgés ( t 1725).

El siglo XVIII señala el florecimiento de la Universidad cordobesa y su
irradiación abarc6 todo el sur de América del Sur. En actitud crítica frente
al empirismo y al racionalismo, la escolástica suarista tiene el predominio con
Antonio de Torquemada, con la ascética y mística del P. Manuel Querini
(1694-1776) y la metafísica teológica de Bruno Morales. Su sucesor, el P.
José AnguJo, escribe una notable obra de lógica-ontológica con influencia
escotista y le siguen notables autores (Ladislao Orosz, Tomás Falkner) basta el Tractatus de perfectio11ibus Christi ( 1734) tomista en te0logfa; en este
siglo, pocos tan importantes como el P. Domingo Muriel ( 1718-1795) cuyos
Rudimenta Juris Naturae et Ge12tium (Venetiis, 1791) constituyen una piedra
fundamental del pensamiento americano, tanto por su originalidad cuanto por
su valor especulativo. En aquel reducto de la ciencia católica que fue la
Universidad de C6rdoba, merece una exposición la Physica ( 1763) de Benito
de Riva y los comentarios a Aristóteles del P. José Rufo (t 1774), aunque
quizá ninguno supere en originalidad a Juan Manuel P~r~más ( 17~2-1793)
en cuyas obras, tras una docta r.omparación entre la pohtica platómca y las
reducciones jesuíticas, intenta la construcción de una ciudad cristiana. En
1767, con la expulsión de la Compañía, terminó la regencia jesuítica en la
Universidad y puede sostenerse que, si bien el suarismo y el escotismo predominaron en filosofía, el tomismo fue mantenido en teología.

Al hacerse cargo la orden franciscana del gobierno de la Universidad,
el tomismo reaparece en Philoso phia Moral is compendiosa ( 1774) de fray
Mariano Velazco y la física moderna en alianza con la antigua cosmología
en Cayetano Rodríguez (1761-1823). El ontologismo de origen cartesiano
inspiró todo un sistema de pensamiento en fray Elías del Carmen Pereira
( 1760-1825), al cual se opuso con un sano tomismo, el P. Anastasia Mariano
Suárez en su excelente Cursus Philosophicus ( 1790) . En esta línea de pensamiento pueden situarse Martín de Velázquez, el P. Francisco de Paula Castañeda y Pan ta león García ; pero el univocismo e cotista siguió privando en
pensadores robustos como Manuel Suárez de Ledezma en su Metaphysica
R. P. Guillermo Furlong, S. l., Nacimiento -y desarrollo di la filosofla en el Rlo de la
Plata, 1536-1810, Ed. K.raft, Buenos Aires, 1952, 731 pp. que puso a) descubierto
numerosas fuentes ignoradas de la íílosofía en el Río de la Plata. Él hizo posible la

( 1784) Y otros co~o Mariano Chambo. Como se ve, en este tiempo debe
h_~blarse de escolástica _en general pues el tomismo se dio en menor proporc1on que las otras corrientes de filosofía cristiana.
En cambfo, existen verdaderos antecedentes tomistas en los profesores del
Real Colegio de an Carlos de la ciudad de Buenos Aires a fines del siglo
XVIII Y comienzos del XIX. De entre los profesores de
Carlos recordemos a F~ncis~o Sebastiani (Lógica, 1791), critico del empirismo ;, sobre
todo, a Lms Jose ,Chorroarín, cuyas lnstitutiones Philosophiae (1783) educaron a ~uchos proceres _de la Independencia argentina. Los tres principales
escolásltc~s de Buen?s Aires, fueron Mariano Medrana ( Cursus philosophicus,
1793),, Diego Estantslao Zabaleta ( especialmente su M ethaphysica, 1795) y
Vale~~m Gómez; Zabale~, aunq_ue algo inclinado al suarismo en ontología,
a_sum1~ la defen~a ~el hilemorfismo aristotélico-tomista por relación a la
SJ.tuac16n de la c1enc1a moderna. Mientras tanto, la Argentina, en 1810, se
h
a declarado
del poder español y algo más tarde , desde 1821 , cuen ta
. libre
.
1 U
con a mversidad de Buenos Aires, además de la de C6rdoba.

San

En el_ siglo XIX'. el pensamiento católico es vigoroso en los comienzos
(Greg~no Funes, _Migu~l Calixto del Coi:ro, Pedro Ignacio de Castro Barros);
a ~ediados ~~1 s,g_lo, sm em~argo, doD11na el eclecticiwo y el romanticismo
SOCJal, el _espm~a.hsmo de ongen francés, el racionalismo¡ en la segunda mitad dell s1glo,
lod
d' sigue presente el espiritualismo ecléctico' el krau•~a
......,.........0 Y, sobre
o, as . 1versas fo~as del positivismo. Mientras tanto, la filosoíia católica
~e
(Félix Frías, 01 egano
· Co rrea,
B ha
· deJado
, á seduru por el tradicionalismo
.
.
enJamm
ncbez) • En esta d1recc16n -y ya anunciando el tránsito hacia
la
· · ·
d tercera
d
•escolástica tomista- se destacan Pedro Avelino p·mero (Prmcipios
e e u~aci6_n, 1855 ) Y, sobre todo, el vigoroso y original pensador Manuel
~emetn~ Pizarra (1841-1909) . Todos ellos se mueven en una suerte de línea
mtermedia,
ª':12°ran &gt;'ª el renacimiento tomista, sin desprenderse del
que utilizan para criticar e1 po itivismo, al rac1ona·
litodo del tradioon.
. altsmo
.
s,~ o y el _mat~nahsmo. En algunos de ellos, principalmente Pizarro, apunta la
cr1t1ca al 1dealism~ J~egeliano ~ajo la influencia del P. Gratry. Los principales
a utores del renacun1ento tomista, comienzan a ser leídos.

P~':5

2. El tránsito a la tercera escolástica
Como
es sabido,
•
• WI . antecedente importante del renacimiento t0 ......,;.t
,.u.,., a ante~or a la Aetern, Patns, fue la influencia ejercida por Jaime Luciano Balmes
quien: aunque en ~~os temas ciertamente importantes se apartó de Santo
~ornas, ley~,. conocio_ } expuso al Doctor Angélico y restauró un sano reahsmo metafmco. Precisamente la influencia de Balmes fue muy poderosa en la

posterior investigación propiamente filosófica.

111
110

�Argentina tanto en la cultura en general cuanto en la docencia universitaria.
A mediados de siglo era texto oficial en la Universidad de Córdoba y de
entre los profesores de entonces, fue particularmente don Luis Vélez ( 18311881} su principal difusor. 2 Pere a las tendencias idealiza.ntes de las que se
ha acusado a Balmes con razón, su realismo de base le hizo abrebar en las
fuentes de la escolástica, sobre todo en la Summa de Santo Tomás y ejerció
una enorme influencia que es el antecedente más importante del renacimiento de la filosofía cristiana, influencia que llega hasta el mismo Cardenal
Mercier. En la Argentina, sirvió para combatir el krausismo y el positivismo,
preparando el ambiente para la recepción de el Aeterni Patris hacia 1880.
La influencia de Balmes se extendió en Ole~ario Correa ( 1818-1867), en
David Luque (1828-1892) y muchos otros profesores católicos de menor
notoriedad.
Mientras tanto, Curci, Tongiorgi, Tapparelli, Zigliara, comienzan a ser
conocidos y, sobre todo, la obra de Kleutgcn que tanto influye en la promulgación de la .Aeterni Patri.s. Por aquella época, enseña en Córdoba Pablo
Julio Rodríguez (1831-1912), de saber enciclopédico y de acrisolada virtud
cristiana. Con Rodríguez reaparece el tomismo como es evidente en la fundamentación que intenta de la educación en los trascendentales del ser y
aunque su trabajo es de 1883 (escrito contra el laicismo que el liberalismo
imponía desde el gobierno) su posición escolástica data de mucho antes.ª
Precisamente a fine!! del 79 y comienzos del 80, se tiene noticia de la encíclica
Aetcrni Patris y el diario católico Los Principios la ha anunciado al público
de Córdoba. Frente al positivismo evolucionista (La.marck. Haekel, Spcncer)
el gran jurista Ger6nimo Cortés ( 1833-1891) y con ocasión de una obra
científica sobre la Patagonia, publicó en 1879 un opúsculo en el cual,
la idea de creación, el hilemorfismo y la causalidad tomista constituyen el
meoUo de su argwnentación.• Aunque no fueron filósofo en sentido estricto
Tristán Achaval Rodríguez (1843-1887) 6 y Juan M. Garro (1847-1927 ) ª
' Archiuo de la Uniumidad, L. 20, fol. 432; L. 13, fo~ 75.
Discurso sobre l11 educaci6n, 17 pp., Imprenta Rivas, QSrdoba, 1883.
• Refutaci6n de las ideas filos6fico-teo(6!.(ictu que contirrre el "Via¡t a la Paragonia
Auslral" de D. Francisco P. Moreno, 22 pp., Librerla editora de Enrique Navarro

c-ontribu&gt;·eron a crear el ambiente propicio al renacimiento de la filosofía
cristiana.

II
LA

TERCERA ESOOLÁsnCA v LA AETERNt

PAnus

1. La influencia de la •Áeterni Patris en Córdoba

Quien asume expresamente el mandato de la .Aeterni Patris es el santo
Obispo de Córdoba fray Mamerto Esquiú (1826-1883) · quien recibió la influencia del P. Carlos M. Curci y los grandes escolásticos de ]a época.' En él
se entrecruzan las influencias de Santo Tomás, an Agustín, San Juan Cris6stomo, San Buenaventura; pero sobre todo, el estudio de la Summa contra Gentiles y los comentarios a San Pablo de Santo Tomás. En Esquiú esta actitud es
crític-a y supone la restauración de la metafísica, la afirmación del carácter
teleológico del universo y el rechazo del positivismo. La restauración del
pensam~ento católico supone, en Esquiú, la filosofía tomista y la respuesta "al
llamam1cnto del anto Padre" por medio de Ja Aet mí Patris. Fray Mamerto
E quiú estudió los problemas de la esenéia y exi tcnda de Dios en el plano natural y los grandes misterios cristíanos en el orden sobrenatural proponiendo, también, una concepción total de la hi toria. En una línea análoga dirigió
su enseñanza Mons. Uladislao Castellano ( 1834-1900) catedrático ele la Uni,·ersiclacl de Córdoba, rector del cminario y r:zobispo de Bu nos Aires·
amigo ele Esquiú y fuertemente polémico fue el P. Fernando Falorni {1840~
1910) en cuyos escritos• critica el idealismo hegelbno, el liberalismo masónico
y el positivi ·mo pero, sobre tocio, la razón autosufi iente de todo inmanenti&amp;mo. El tomismo se hace plenamente autoconsciente en el P. Jarfoto Ríos
( 1842-1892), profesor del Seminario, que enfrenta ·a al racionali rnoJ ya al

1

\'iola, Buenos Aires, 1879.
• Conferencia, 34 pp., Academia Literaria del Plata, Tipografía del Colegio de
Artes y Oficios de Almagro, Buenos Aires, 1885; " uestra idea", Estudios, vol. l.
pp. 7-10, Bs. /u., 1901; deben coruultarse sus Discursos parlamentarios (entre 1882
y 1887).

• Bosqrujo hi1t6rieo d, la Universidad de C6rdoba, 540 pp., Imprenta y Litografía
d.e M. Biedma, Buenos Aires, 1882; Páginas disftusas, 311 pp., Establecimientos Tipográficos de

112

J.

We.iss y Preusche, &amp; . AJ., 1916.

' Strmones, Discursos, Cartas Pastorales, cte., 2 vol., 275 y 186 pp., Obra compilada por Alberto Ortiz, lmprent.i del Comercio, Córdoba, 1883 ; Fray Mamerto
Esquiú Y M1dina (su vida privada ). 925 pp,, ( Contiene el Diario de recuerdos y
mcmori:u, hastn p. 608), Edici6n de fray hmerto González, O.F. M., Establecimientos
Gráficos "La Moderna", Córdoba, 1910 ; fray Mamerto González, FraJ• Mamerto
Erquiú y Medina (su vida pública ), 990 pp., Imprenta "La fodema" , C6rdoba.
1914. Cfr. CAT"URELLI, Albcrto, Mam,rto füquiú. Vida y pt ,iramiento, 256 pp., Teuco:
Córdoba , 1971 (2da. d.),
• ~I R l y Papa y el Pap!! Rry, 104 pp .. Tip rafía Ri\-a~ C{&gt;rdobii. 1882¡ Con/trenctaJ sobre la Sagrada Escritu rri, l i9 pp., Imprenta Rivas. Córdoba, 1883.

113
huru:inira •B

�. .
b a ·ando el vínculo ontológico Creador-creatura y proclama•
matenabsmo, su r Y
di d 1 filosofía tomista. 8
da la necesidad de restaurar el estu o e a
.
d
, de la promulgación de la Aeterni
Así pues, poco antes y poc~ espues
enos un !l'opósito firme; los

Patris, la resta'uli~cióno:~:7~m;r:;d;sºrc~o:tico; ital!nos y españoles y
profesores ca.to cos e
d
. ortantes. Nemesio Gonzálcz
. .
nif iesta en os autores unp
·
este movmuento se roa
.
,.
entino del ositivismo de orien( 1866-1929) que es, q~, el prrn~r¡nt~~~:l positivist~ (Córdoba, 1890),
tación penal en su tes1s do~tor
a
rtí , Lara Tapparelli; 10 más
pensada en el ambient~oc~;1~;:::~:n~o áel espí:itu de León XIII.
O roa , L'
tarde, el tomismo se
( 1877 1926) a quien considero el
t
s fray José Mana 1queno
•
.
l
E otro au or e
.
1 Argentina y autor de la pn•
primer restaurador sistemático del tomismo_ en a
, En Compendio
.
. d l f1 fía pensada y escrita en nuestro pa1s.
mera lustona e a 1 oso
I b'ente creado por el Cardenal
de psicología contemporá~a ( 1919) '! en e am t t dos los grandes temas de la
. ' r el p Agostmo Geroelli, restaura o
.
Meraer } po
. ,
.
'ti . permanente respecto de la filoso. 1 ,
gnoseolog1a tormsta en en ca
, li
psico og1a Y
.,
•l (
) baJ· la luz de las enc1c cas
,
, a. y en La cuestw11 socta 1917 , 0
fia contemporane '
1 de la política tomista y, por
d L , XIII restaura los temas esencia es
.
.
e eon
'.
.
ia de escolásticos como Cathrem, somete a miprimera vez, baJO la -~luenc
.
L
otable obra filosófica de Llqueno
nuciosa crítica ~1 soc1ahsmo ~~t\u ;a:or se extiende entre 1900 y 1926.u
es casi desconooda en su propio pa1s.
.
.
. ta influye también en las cátedras
A principios de siglo, la esoo~ástica toilllS
. no Fernández Concha; l~
de filosofía del derecho por medio del tratado del clule
de Santo Tomás de Aquino, pp. 4-5, Imprenta de
• Véase el Discurso en honor
·
·
1885
Pablo A. Com, Buenos Aires,
.
t d "El Inten'or" Córdoba, 1890; más
· · · t 80 p,n Impren a e
,
'º La escuela pos1l1vi.s
a,
_....,
L'
C pendio de Psicología
" a José M
1queno, om
blicó "P 61
tarde, González pu
:
r ogo
B . ta ·e has Córdoba 1919 · "Prólogo" a
l XII Imprenta autls
u ,
,
'
f'
contempor ánea, PP· •
•
.
VII XIV Establecimiento Grá 1co
Audino Rodriguez y ólmos, Nuesl;aJ
pp. I ¡~ber;o La filosofía en la Arde "Los Principios", C6rdoba, 192 .
r.. TURELL'
1971'
.
l
179 180 Bd Sudamencana, Bs. As.,
.
genlma actua ' pp.
- •. . S b . " Rev Ecl~siástica del Arzobispado de Bueu "Fray Fernando de TreJo Y anFa na d' d . Tre1·0 Y Sanabria. Fundador de la
A.
1904 p 10-15. Fray ernan o e
.
. ' 655
nos aires,
, P ·
'
.
C b
C d ba 1916 · La cuestión socsa•,
.
'd-_, 2 ¡ Imprenta Bautista u as, 6r O ,
,
•
d
Un:vers1 aa, vos.,
p. . . ,, C 6rdoba 1917· Compendw e
bl . . to Gráfico de "Los nnop10s '
,
'
pp,, Esta ecuruen
p 61 o de Nemesío González, Bautista Cubas,
Psicología contemporánea, 435 pp., v:lsog Casa Editora Imprenta Pereyra, C6rdoba,
Córdoba, 1919; Verdad 'Y Mornl, .3 •. ,
. Cabaut y Cia., Bue221
1919 1922 1923· Historia de la. F1losof1a, 2 vols., 280 y
PP'
d l R P Luis
'A.
'1923.' Impresiones -.J Crónicas (obra póstuma), Prólogo e
. .
nos 1res,
,
,
C6 rdoba, C6rdoba, 1930, 560 PP•
da ed 2 vols. T'ipografi a Ca t6lica '
,. Filoso/fa del d1Jrecho o derecho na 1ura'1 2 .
.,
'

~tº";;2

en la historiografía con interés filos6fico, debe recordarse la obra del Obispo
de Córdoba fray Zenón Bustos (1850-1925). Otros profesores, como Ezequiel
Morcillo (1853-1913) y Julio Deheza (1854-1922), enseñaban la economía
por Mateo Liberatore. En el Seminario de Nuestra Señora de Loreto, enseñaba filosofía Mons. Carlos Echenique Altaroira (1862-1923), discípulo de
Giuseppe Matiussi. Como se ve, antes de ser conocida la Aeterni Patris, el
ambiente estaba ya preparado para recibirla y, después de ella, fue acogida
con entusiasmo, precisamente en el tiempo en el cual la Argentina era invadida por el laicismo liberal impuesto despóticamente contra la voluntad histórica del país. Por otra part.e, esta restauración de la filosofía cristiana, en
Córdóba significaba revitalizar una tradición trisecular.

2. El tomismo en Buenos Aires y la Aeterni Patris
En Buenos Aires, tuvo extraordinaria unportancia la fundación del Real
Colegio de San Carlos ( 1773) cuyo primer director fue Juan Baltasar Maciel
y su primer profesor Carlos José Montero. Anteriormente señalé que los grandes escolásticos que enseñaron en aquel Colegio pueden ser considerados
(Medrano, Zabaleta, G6mez) Aomo remotos antecedentes de la escolástica
tomista en Buenos Aires. Después del interregno espiritualista y tradicionalista en el que cabe recordar especialmente a Félix Frías (1816-1881), nos
encontramos con una gran figura tempranamente desaparecida: José Manuel
Estrada ( 1842-1894) que es un pensador de transición entre el tradicionalismo
y el tomismo.18 La verdadera tradición de Occidente, cuyo mayor monumento es la Summa de Santo Tomás, ha sido ~terrumpida desde el cartesianismo;
los problemas esenciales de la filosofía cristiana reaparecen íntegros en Estrada
y, sobre todo, en la concepción de la ética, de la ley y de la familia sigue
a Santo Tomás, no así en el problema de la soberanía en el cual se manifiesta
partidario de Suárez. La elevación espiritual y las virtudes personales de Estrada han sido siempre un modelo para los jóvenes argentinos.

III
EL TOMISMO ARGENTINO DESPUÍS DE LA AETERNI PATRIS

1. El tomismo en la médula de una tradición secular
Desde que Luis de Tejeda reprochaba a los jesuitas, en 1622, haberse
apartado de su maestro Tomás, la cultura del centro del país fue retomando
" Obras Completas, 12 vols., Libreda del Colegio, Buenos Aires, 1899-1904 ¡ cfr.
mi estudio, "Orígenes doctrinales de la tercera escolástica en la filosofía argentina del
siglo XIX", Sapientia, XXVI, núms. 100-102, pp. 291-322, Buenos Aires, 1971.

Barcelona, 1887 •

114

115

�.
'd d la tradición esencial de la filosofía cristiana
or O menor mtens1 a ,
.
con may
M .
Suare'z Calixto del Corro, Castro Barros, Pizarro,
ensadores como anano
'
. G ál
y P .,
al . Rí Pablo J Rodríguez y sobre todo, Nemes10 onz ez
Esqwu, F ~m1'.
os, tuviero~ viva conciencia de aquella tradición, de moy José Mana Liqu~no,
A
. p t . en 1880 dejó frutos importantes.
do que la presencia de la eterni a ns d
Mons Audino Rodríguez
, d L'
es menester recor ar a
·
Despues e iqueno,
1 18 (Nuestras razoOlmos (1888-1965), sobre todo por su obra de 9
y
d tono apologético restaura coherentemente
1922) u que aunque e
'
tili
ni es, l'neas esencial~s de la metafísica y gnoseología de Santo ~o~ás, u
as 1
.
d par el evoluc1001smo ma1
zándolas para esclarecer ciertos temas p antea os . G M ,
V'llada
.al'
En 1923 inici6 su actividad docente Luis .
artmez i •
ten 1.Sta.
.
. l , ( 1909 ) muestra el valor social
ogia
( 1886-1959) cuya tesis Religi6n. y socio
d l
r "ón a partir del estudio de Comte, pero abogando por una restaurae a re ig~
,.
d l
.
15 Más importante fue la labor
ción de la metaf1s1~ y, 1Mue~e: ; : : ; · junto a él, se nuclearon algunos
docente que la escnta en
'
· · d An uín
.
M
l Río Rodolfo Martinez Espinosa, Numo e
q
3óvenes como
anue
,
• ·
) G ·a S ·e
más
tarde
adherido
a
una
filosofía
neohegeliana
no-cnstiana
'
Ul
o
oaJ '
(
, V1eyra,
·
· A· p·1.11 to Y otros ·
Alberto Garcia
Mano
e en Santo Tomás existían
953) . ,
Rodolfo Martínez Espinoza (1894-1
c1cia qu . "
d
d \a
f' . "más allá de la esenCJ.a is restaura ora e
los elementos ~e una meta !SJCa
•
orden político fundado so•
•,
t b" 'n propuso un nuevo
verdadera tra di cion Y am ie
.
b l f milia la I crlcsia
,
~
bre lo que e'l Uamaba el ser real de la nac16n y so, re a b a·
l influJO de
os rofesionales. En cambio, Manuel Río, ya aJO e
. .
Y los grup P
.
a· b la libertad y la necesidad. se mc\ma
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. tegral" 11 El tomismo adquirió una riqueza peculiar
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p 61
de Nemesio González Publicaciones
r ogo
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del Centro Cat61ico de Esludiantes, Córdoba, 1922. .
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Establecimientos Tipograhcos La I
a, or o a,
1• Religión Y Socwlogla, 9 o pp.,
é
1 ';il" Rev .. de la Univ. N. de
''N
bre la cultura cordobesa en la poca co ont '
.
1909;
ota.s so
di 1919 . "Una reciente discusión sobre el
Cba., Vl, núms. 9-10, pp. 162-1991, nlo\l.· cl.,7 21 · ~um' 2 PP· 92-99 Córdoba, 1924.
· · to" Ar~
PP·
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problema del conoC1.ID1en ,
. ' ' ' 78 80 B As 1922. "Del renacimiento hu5.'
1• "Fides intrépida", Signo. X , 3, PP· •
.,
3
186-191
. ,,
22-37. 1924; "La glona de Blo , nr,t, , PP·
,
1
mamsta ' Arx, I , ' pp. . .
. I" Ar1t (se oda época), núm. 1. pp. 1331924 · "Fisonomía de Vladumro Solovie '
gu
·
Orl enes
144 '1933. Politeia (lnédito), en parte reproducido en Fedenco Jbauguren,
g
,
' .
.
384 9 Cclcius Bs. As., 1969.
del nacionalr.rirw argentino, pp.
• '
'
,
(2d é ) p 85-113
· d d" Arx nu.m 1
a. P· • P ·
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1
,, "El Evangelio acerca de
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i6n de lo smgular como ce o 1
.
Córdoba, 1933;
a percepc
? A . d
del espíritu 121 pp. El Bibli6filo. Bs.
,
271 294 B5 As 194 . ctitu es
'
'
.
num. 2, pp.
·
• •
·•
- '
•
Biblioteca de la Academia
9
As., 1946; La libsrtad. Eluci6n-Amor-Greac1ón, 58 pp.,
11

Nuestras razones (1918), 458 pp.,

y': •

ª

ª,'

'

·

debido a la diversidad de posiciones y problemas que las circunstancias de
la Argentina suscitaban; esto es una prueba de la vitalidad del tomismo
que puede iluminar los problemas nuevos con la luz eterna de la verdad.
Respecto de los temas que la moderna filosofía de la religión presenta,
debe recordarse el libro de Mons. Filemón Castellano ( l 906~) 18 y acerca de
la psicología, el manual riguroso y de firme doctrina del P. Héctor Luis Torti
(t 1967) .19 Esta vitalidad se pone de relieve hasta en la medicina como
acontece en Medicina de la persona ( 1961) del doctor Ramón Brandáo
( 1891-1968) que incorpora a la medicina psicosomática la noción de pecado,
todo apoyado en la noción tomista de persona humana.

Al anterior influjo de la Aeterní Patris, que ilumina planes de estudio,
modos de estudiar, regreso saludable a la,~ fuentes, particularmente a la lectura directa del Aquinate y los filósofos medievales, debe agregarse la influencia de grandes· escolásticos en eJ orden en el cual los cito: El Cardenal
Zeferino González, el Cardenal Mercier y el curso de Lovaina; más tarde, le
siguen Peillaube, Sertillanges, Gemelli, Matiussi, Del Prado, hasta la aparición de los tres grandes tomistas de nuestro tieJDpo: Garrigou-Lagrange,
Gilson y Maritain, todos los cuales penetran profundamente en la Argentina
enganando armoniosamente en la antigua tradición católica del país que
ya había recibido el aporte de la segunda escolástica española representada
por Francisco de Vitoria, el curso Conimbrisense, Soto, Lugo y tantos otros
cuyas obras originales se conservan en la antigua Biblioteca de la Universidad
de Córdoba y otros ejemplares que, habiendo también pertenecido a ella, se
conservan en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires. Esta tradición movi6 a
un ilustre rector de la Universidad cordobesa, el doctor Sofanor ovillo Corbalán (1881-1965) 20 quien, no s61o restauró la antigua Facultad de Filosofía
( 1932) sino que sostuvo la necesidad de "la restauraci6n de una vocación
antigua". En la línea de esta vocación deben situarse los pensadores anteriormente citados a los cuales es menester agregar la estética arquitectónica de
Angel T. Lo Celso (1900-1973)' que incorpora la noción de Einfühlung a
la estética sobre la base de "la belleza (como) la perfección de un ser en
orden a su causa formal,,. Por un lado, lo bello es un trascendental y, por
otro, apetecible como el fin de una tendencia; de ahí que, ante el objeto
Nacional de Derecho, Buenos Aires, 1969 (la la. edición es de Kraft, J955) ; trad.
francesa, Editions Alsatia, París, 1960 (no cito otras obras jurídicas)..
u Filosofía de la religi6n, 328 pp., Ed. Difusi6n, Bs. As., 1947.
u Psicología, 314 pp., (varias ediciones), Ed. Moly Lasserrc, Buenos Aires, s/f.
:o Cfr. laa dos obraJ de aquel rector: Jdeas y creaciones universitarias, 218 pp.,
lmprenta de la Universjdad, C6rdoba, 1937; Al servicio dt una cultura integral, 229
pp., il:i., 1940.

117
116

�bello el sujeto establezca una suerte de "endopatía". Claro es que, al cabo
de ~o la máxima belleza es Dios. Si debemos recordar a Lo Celso en la
estética 'en la filosofía tomista de la educación es insoslayable el nombre del
P. Al~rto García Vieyra, O. P. que, sobre la base de la noción de la pedagogía como ciencia práctica subordinada a la ttica, p~~ne toda _una concepción católica de la educación y )as bases de. una pohn~ educativa. Creo
que de toda esta generación el más grande f1l6so_fo h~ sido Al!redo. Fragueiro ( 1900-1976) autor de una sólida obra en f1losoha )' en filoso{ 1a_ d~l
derecho, pero que no fue tomista sino suarista; aunque me a~~enga de indicar las grandes líneas de su pensamiento, indudablemente catolico, deseo que
conste su nombre: ~
Estrechamente vinculado a la filosofía tomista, tanto por u fonnadón
como por su pensamiento, el tucumano Benjamín Aybar ( 1896-1970) propuso dos posibles fuentes de conocimiento: Los sentidos y una suerte de
intuición de mi realidad, pre-conceptual (un "ir hacia inmanente" ) que supone una intencionalidad pura sin objetos. Esta actitud inicial: muy discutible
desde el punto de vista tomista, le permitió edificar todo un sistema qu_e conduce al Esse absoluto que es Dios en un universo de amor. En cambio, fue
tomista estricto su compro\'ltlciano Sisto Terán (t 1978) dueño de una fina
y a la vez profunda espiritualidad que le llevó, entre otros, a escribir un
bello libro sobre anto Tomás como poeta del Sanfü,imo acramento. Tucuroán vio también pasar la obra del P. Mario Petit de Murat, O. P., la
introducción a. la filosofía de Manuel Gonzalo Casas ( 1911-) y otros de
menor importancia. Entre los más jóvenes, deben ser citados Edgardo Fernández abaté ( 1926-) • y Adalberto Villecco.' El primero fundamenta en
el tomismo los grados del saber jurídico cuya fuente e siempre la perso~a. Y,
en última instancia, Cristo: el segundo demuestra, con las arma de la lO!!lca
contemporánea, la absurdidad del ateí mo.

2. Restauración del tomismo en Buenos Aires y La Plata
Ya señal~ que el pensamiento de Jo ' Manuel Estrada oscila entre el
tradicionalismo y el tomismo, p ro qu es un antecedente de gran ·mportancia. Precisamente, el patriarca del tomi roo en Bueno Aires, don Tomás D.
Cásares (1896-1977) publicó en 1919 su tesis doctoral sobre la Iglesia )' el
Estado dedicado a la memoria de Estrada "cuya obra despertó en mi espíritu
--decía el joven Cásares- el entusiasmo por las cosas esenciales''. Tr
años más tarde nacieron los Curso de Cultura Cat6li a (1922) de los cuales Cásares fue como el alma. En la obra teórica de Cá. ares debe afirmarse
la primacía del orden especulativo y, por eso, la eficacia de la acción su-

pone la identidad formal del objeto de la inteli~ncia y de la voluntad, hasta
que, allende el orden natural, la fe es, como obsequio racional, "suprema afirmación de la persona". Así iluminó Cásares el tema de la justicia y
el del derecho sobre el cual afirmó la existencia de un derecho fonnalmente
cr· ti.ano. De la misma edad de Cásares fue César Pico ( 1895-1966) , inquieto
Y agudo, critico lúcido del positivismo (1916} mostró como la escolástica
tomista era la fuerza capaz de sostener el verdadero espíritu de Occidente. Por
aquella época, casi no existe tomista europeo importante que no sea conocido
en la Argentina e, incluso, discutido, cuando era necesario.

En la confluencia del renacimiento tomista y de la obra espiritual de Cásar~, se f~rja la obra extraordinaria de Mons. Octavio N. Derisi (1907-) 21
quien considera a Cásares como su maestro. Ante todo, en los libros de Mons.
Derisi se percibe_ la necesidad de someter a critica el inmanentismo moderno y
destacar su rebeh6n contra natura al ser deformando el objeto del conocimiento
(Descartes, Kant, Hegel, Heidegger, Scheler, Sartre); el punto de partida no
puede ser sino la experiencia que aprehende la realidad concreta (ser individual) al par q~e ~ª. inteligencia sí aprehende la esencia objetiva dejando de
lado las notas mdiv1duantes. Dentro del más fiel espíritu tomista, D risi ha
esclarecido el tema de la filosofía cristiana a cuya luz ha desarrollado el
problema de la persona y su triple trascendencia ( capta el ser trascendente
desp~ega la a~thidad mora~ y_ ~jerce la actividad técnico artística) hasta
ple01tud en Dios, Persona infinita. Sobre la firme rora de la ontología ha
mostrado. en ~a e,c_t~nsa obra el fundamento metafísico ele la moral y propu sto
una explicación ong1nal del ser lúst6rico por un lado y de la cultura por el
otro, a la vez que le ha permitido fundamentar una filosofia del arte. Frente
al nominalismo de hoy, su bello libro sobre la palabra, ha mostrado cómo el

~

.u Esbozo d, una t~istemologla tomi.sla, e.e.e., Bs,. As., 1938; 2da. ed. 1946;
Filoso/la mod,rna 'Y, filo1ofía tomista, 2 vols., Guadalupe, Buen01 Aires, 1945; Loi
fundam1nto1
494
M mtlaf
• ls,coI d,l ord,n moral ( 1941 ) 1 3a• ed · • Consc¡·o Sup• de I nv. e·1enl.
pp., adr1d, 1969; _Lo ettrn~ y lo ltmJ,oral en el aru ( 1912), 2da. ed., Bs. As..:
1967; _Con~epto_ de la fr!osofla cristiana, 2da. ed. C.C.e., Bs. As., 194'.J; La doctrina
sde la inttl1gencia
·
• de Anstótele1 a Santo Tomás• 302 pp·• CCC
· · •, 1945·, ¡,a persona.
u 1senc1a, su ~ida,:". mvndo, 394 pp., Inst de Fil., Univ. • ·ac. de La Plata, 1950;
Tratado
y de tomismo ' Ed. Emec~ • Bs · As •• 1956·, on to¡og fa y
·
• d1h · e.nstencial1smo
ó•
IX1Sltnc1a ist rica, 55 pp., UCA, Bs. AJ., 1958; Filoso/la de la cu/t 11 ra y d, los
valores, Emec~, B9, As., 1~63, 330 pp.; El último lltidegger , 111 pp., Eudeba, Bs.
As., 196~ ; Naturalr::a 'Y U1da de la Universidad, 255 pp., Eudcba, B, . A~., 1969 ;
La, lgluia )' el orden temporal, Eudcba, ib .. 1972; Santo Tomás d11 .Aquino y la filornfia actual, Educa, :&amp;.•~ .• 1975 ; Esencia y dmbito de 1 tult •ra , eolumba, B,- As.,
1975 ; La palabra Emec~, Bs. A~., 1978; EJ,ncia y vida de ta persona humana 211
pp,., Eudeba, Bs. As., 1979.
'

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118

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cerrector de la Uruvers1dad Cat - ) ' ba
't obras de valor sobre el arte,
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e~cr1 os principios del conocimiento;
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t l pp 288 ?89-290 Ed.
., ,. " ,. Cfr mi libro La Filoso/ la en la A rgentma ac ua ,
•
, - , • d
' ' .'
.
A'
1971 donde se citan minuciosamente los art1culos e
Sudamencana, Buenos 1res,
,
los autores mencionados.
A 1970
. al
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223 pp Eudeba Bs. s.,
·
,. Introducci6n
tomismo,
·•
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C óli
B As 1944 · Filosofla
27
G o de Ed1tonales at cas, s.
·,
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,.., La esencia del arte, 1 PP.·, rup
1955 . E "'º de antropolog!a filos6/ica, 204
·
81
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Ed.
Bs.
As.,
,
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Ed' .
d el tiempo,
p,...,
'
. El l do del nacionalismo, 98 pp.,
iciones
pp., Club de Lectores, Bs. As., 1958,
ega

Gure, Bs. As., 1956.
la b ll - 63 pp. Ediciones Citerea, Bs. As.,
,. Descenso y ascenso del alma por
e e~a,
,
1965 ( la la. ed.,, del 1939).
.
. ¡·
231 pp.,
f·¡ 6[' . Conversación y critica ftlos6 ica,
:e Cito solamente las obras los icas.
D 1·
Bs
A
B A'3, 1941 · Elementos de Metafísica, 228 pp., .a ..1.a.,
.
Espasa Calpe rg., s.
.,
'd .A .
264 pp Ed Guadalupe, Bs. As., 1973.
As, 1951; De Kierkegaard a Tomás e quino,
.,
.

historia de la filosofía cristiana en la Argentina, el P. Julio Meinvielle ( 19051973); so para él, la persona es tal en cuanto realiza el individuo y, por tanto,
es contrario al personalismo de Maritain a quien ha criticado tenazmente por
sus ideas políticas y la autonomía de lo temporal; campeón de una política
cristiana combatió las tres revoluciones posibles: de lo natural contra Jo sobrenatural (Reforma), de lo animal contra lo natural (burguesía), de lo "algo"
contra lo animal (comunismo) y ha criticado agudamente y justamente el
progresismo cristiano; en efecto, la filosofía moderna se ordenaría a la develación de un Dios cabalístico, gnóstico y no-personal. Ligado a Meinvielle, cabe
recordar a Carlos Alberto Sacheri ( 1933-1974), 81 asesinado por la guerrilla
marxista por su testimonio católico y sostenedor del orden natural donde se
funda la moral y el derecho. Mayor y proveniente de otro origen y otra formación, Jordán Bruno Genta (t 1974), 82 también asesinado por el marxismo,
era ardiente tomista y defensor de una política católica.
Como puede comprobarse con la sola enumeración, el tomismo en la Argentina tiene diversos aspectos, como vertientes distintas en la unidad de doctrina:
Así, en el campo de la lógica, en Buenos Aires, es ineludible citar, entre otros,
a Juan Alfredo Casaubon ( 1919-) 33 quien ha sometido a crítica constructiva
la lógica de Husserl e inspira en el tomismo sus nuevos aportes al pensamiento
lógico; en filosofía de la naturaleza, Juan E. Bolzán 94 y, en Córdoba, no
"' Concepción cat6lica de la econom!a, Bs. As., 1936; De Lammennais a M aritain
( 1945), Ed. Theoría, Bs. As., 1967; Critica a la conce pci6n de M aritain sobre la
persona humana, Nuestro Tiempo, Bs. As., 1948; Conceptos fundamentales de la economía, Nuestro Tiempo, ib., 1948; El judío en el misterio de la historia 4a. ed.,
Theoría, Bs. A~, 1964; Concepcién cat6lica de la politica (1934), Theor!a, 1964; El
poder destructivo de la diallctica comunista, Theoría, 1962; El comunismo en la
revoluci6n anticristiana, ib., 1965; Teilhard de Chardin o la religi6n de la evolución,
ib., 1965; La Iglesia y el mundo moderno, ib., 1967; De la cábala al progresismo, Editora Calehaquí, Salta, 1970.
' 1 La Iglesia clandestina, Ed. Cruzamante, Bs. &amp;., 1970; El orden natural, Buenos
Aires, 1976 (hay ediciones posteriores).
21 Problemas
fundamtntales de la filoso/fa, Rosario, 1938; Curso de Psicología
(1940), 3a. ed., Huemul, B!\. As., 1966; Rehabilitación de la inteligencia, Bs. &amp;.,
1946; El filósofo y los sofistas, 279 pp., Bs. &amp;., 1949; La Idea y las ideolog!as, 224
pp., Ediciones del Restaurador, Bs. M., 1949; C. Marx, El manifiesto comunista, 155
pp., edici6n crítica, Ed. Cultura Argentina, Bl!. As., 1969; Principios de la política,
127 pp., ib., 1970.
• Aspectos del bergsonismo, 45 pp., Atrium, Bs. As., 1945; sus múltiples ensayos
sobre la lógica de Husserl, cfr. en mi libro La Filoso/ta en la Argentina actual, pp.
346-7; allí también se citan los demás artículos sobre ciencia y filosofía y filosofía pura.
" El tiempo de las cosas y del hombre, 178 pp., Ed. Guadalupe, Bs. As., 1965;
¿Qué es la filoso/la de la naturaleza?, Ed. Columba, 74 pp., Bs. &amp;., 1967, Continui-

121
120

�deben pasarse por alto los aportes a la lógica de Augusto_ Furlán, _35 a los
estudios de Cesáreo L6pez Salgado {1921-) ªº sobre el pensam1en~o antiguo ~ el
pensamiento cristiano. Si por un momento volvemos al pensamiento prácbc~;
es imposible olvidar los primeros libros de Arturo E. S~pay ( 1911-1~77),
particularmente la teoría del Estado, inspirada en el tomISmo, o la teSJS sob~e
la aceleración de la historia y la nueva fundamentación de una democr~
·
J
G ' Venturini (1921-) .38 Esta nueva enumerac1on
personalista en orge arc1a
d
-que no puede ser sino enumeración para un inf~nne muy ~reve--_ pone e
relieve aquella pluralidad de vertientes a la que hacia referencia anteriormente.
La filosofía de Santo Tomás, particularmente la metafísica, es ex~uest~ en
·
Raúl Echauri· • 39 en Mendoza el historiador de la filosofia, Diego
R osario
por
,
'
R
F. Pró ( 1915-) "º es de inspiración tomista y toda la obra de~ P. Juan ;
Sepich ( 1906-1978) , n señalada por su seriedad y rig~r, fue tomista has~ qu
, la fi"losof~" hegeliana en sus úlomas obras. Tamb1en sasu autor se entrego a
...
hemos que los PP. jesuitas, bajo la inspiración de Suárez, frecuen~mente sostienen que el suarismo es una interpretación del tomismo y en esa lin~ pueden
recordarse los profesores de las Facultades de San Miguel de la ~te~i~r ge~e.,
Enrique B Pita ,2 " Juan Rossanas; "3 pero el mas d1Stmgmdo
rac1on, como
.
,
,
dad de la mattria. Ensayo de interpretación cósmica, 190 pp., Eudeba, Bs. As., 1973 i
¿Qué es la educación?, 91 pp., Bs. As., 1974.
.,
.. La deducción natural, 129 pp., Universidad N. _de Có~doba, 1965; Introduccwn
·
· ból" a 275 pp Dto de Acción Social, Untv. N. de Córdoba, 1965.
a la ló gica s1m 1c ,
·•
·
¡ A
·
:io Una nómica de sus artículos, en mi citado libro La Filosofía en
a rgentina
actual, p¡. 277.
.
Ed L d B As.
• osa a, s.
,
11 La crisis del Estado de derecho liberal-burgués, 386 PP·,
1942 · Introducción a la teoría del Estado, 532 pp., Ediciones Politia, Bs. As., 1951.
u Proceso y constitución de la filoso/la ( de Homero a Feré cides d~ Siro), 79 PP·'.
· Nac de Córdoba 1967 · Ante el fin de la historia, 105 pp. Emece, Bs. As., 1962,
U n1V,
•
,
'
•
AJ 1967. Qué
Introducción dinámica a la filosofía polltica, 132 PP·, Losada, Bs: . ·,
, '
.
es la filoso/,a de ' la historia?, 86 pp., Columba, Bs. As., 1969; Pol1te1a, 330 pp., Editorial Troquel, Buenos Aires, 1978.

P. Ismael Quiles ( 1906-)" cuya filosofía de la in-sistencia se emparenta
más bien con el agustinismo medieval desde que el in-sistir es un estar-en símismo (lo contrario del ex-sístire) y que le sirve de fundamento de toda la
filosofía. Por fin, un "realismo inmediato representativo" es propuesto por el
salesiano Osvaldo Francella, 45 actualmente en la ciudad de Salta, en el norte
del país.
es el

IV

EL

TOMISMO DESDE EL PUNTO DE VISTA INSTITUCIONAL

Naturalmente, nuestra tradición no ha comenzado en 1810, año de nuestra
libertad política; ni siquiera ha comenzado con el descubrimiento de América,
sino con el mismo nacimiento y desarrollo de la cultura greco-romana-cristiana.
Ello explica el nacimiento de Universidades en América española desde el siglo
XVI, casi todas ellas integralmente vivificadas por el pensamiento de la Patrística y de Santo Tomás de Aquino. Por eso, institucionalmente, tanto la
Iglesia como el pueblo católico, así lo querían, como lo prueban aquellos vecinos
de Córdoba ( que entonces era una aldea) de 1610 que pedían la fundación
de una Universidad. Por eso, en 1613, año de la fundación de la Universidad,
los Padres jesuitas, por expresa disposición del General, debían enseñar la
doctrina de Santo Tomás en Teología. En Filosofía, dejábase libertad, debido,
indudablemente, a 1a influencia de Suárez que aun vivía.
El más antiguo Seminario de la Argentina, el de Nuestra Señora de Loreto
de Córdoba, seguía a Santo Tomás en Teología y casi siempre en los temas
esenciales de la Filosofía. Con el tiempo, al avance del laicismo liberal contrario
a la Iglesia, obligó al Seminario a apartarse de la Universidad de Córdoba
desde 1882. Los primeros profesores del Seminario, ya autónomo, eran todos
tomistas y expresamente designados por el Obispo fray Mamerto Esquiú. La

.

• El ser en la /ílosoflti de Heidegger, 173 pp., Rosario, 196·1; Heidegger Y la meta-

flsica tomista, 189 p~., Eudeba, Bs. As., 1971.

.

.

* No cito ninguna de sus múltiples obras históricas; Est_udios ~e filosoffa,. 243 PP·,
lnst de Fil., Mendoza, t 944; en colaboración con J. V. Silva, F1losofla realista de la

educación argentina, 162 pp., Bs. As., 1950.
4 Estructura de lo social, 89 pp., Bs. As •. 1940; Lógica formal, C.Q,C., Bs. As., 1940;
Introducción a la filosofía, ib., 1942; La actitud del fil6so/o, C.d.C., Bs. As., 1946_;
LectuTas de Metafísica, 247 pp., ib., 1946; Introducción a la ética, 201 pp., Emece,
Bs. As., 1952; La filosofla del "Ser y tiempo" de Heidegger, 527 pp., Ed. Nue5 tto
Tiempo, Bs. As., 1954 (las demás posteriores obras de Sepich, se apartan totalmente
del tomismo) .

.., " Cfr: mi libro La filos()fla en Argentina actual, pp. 298-9.

122

"La persona liuma11a (1942), 3a.. ed., Kraft, Bs. As., 1967; Methaphysica Generalis sive Ontología, 416 pp., Bs. As., 194-3; Filoso/fa del Cristianismo, 180 pp.,
Editora Cultura, Bs. As., 1944; /.,~ esencia de la filo.iofía tomista, 470 pp., Verbu.m,
Bs. As., 1947; Heidegger, 112 pp., Bs. As., 1948; Filosofía de la religión, Austral,
ib., 1949; M"ás allá del existencialismo, 198 pp., Miracle, Barcelona, 1958; Tres lecciones de mata/úica e;cistencial, 52 pp., Barcelona, 1961 ; ha comenzado a salir la
edici6n de sus Obras Completas, vol. I, Antropología filosófica in-sistencial, 367 pp.,
De Palma, Bs. As., 1978; Filoso/la budista, 525 pp., Troquel, Bl\. As., 1 1968.
11 "El problema fundamental de la criteriología", Ortodoxia, 12/13, Bs. As., 1948;
Conocimiento Y Metafísica, 495 pp., Bahía Blanca, 1964; Conoscenza natura/e , Ti/lessione completa, 224 pp., Pontificia Universita Urbaniana, Roma, 1974.

123

�evolución posterior del Seminario demuestra que, cada_ vez ~s, la_filosofía de
Santo Tomás y de sus principales expositores, fue la filosofia ensenada en sus
aulas.
Ya recordé anteriormente el papel del Real Colegio de San Carlos en
Buenos Aires ( 1790) y, aunque de vida breve (pues el Es~~o le neg6 su
· · to ) e,as· b'6 en Buenos Aires una Universidad Catohca entre
reconOC1ID1en
. 1910
.
y 1920. Mientras tanto, la crítica al materialismo a~ espi~tualisrno rao~nahsta
(al cabo pseudo espiritualismo) , al positivismo y al liberalismo, emprend1da por
los cat6licos dio sus frutos. En 1922, al mismo tiempo aparecen, en C6rdoba,
el Instituto Santo Tomás de Aquino -presidido por Luis Guillermo Martínez
Villacla- y, en Buenos Aires, los Cursos de Cultura Católica, cuya alma f_ue
don Tomás Cásares. La influencia de los Cursos fue realmente profunda, mtensa y de hermosos frutos, no solamente doctrin~les, sino tambi~n per.;onales.
Los cursos filosóficos completos que en ellos se dictaban ha~ dejado ~ huellas todos ellos inspirados en la doctrina de Santo Tomas de Aqumo. Al
mi~o tiempo, toda la Argentina católica conoci6 las ediciones de los C~rsos
que, por muchos años, fueron seguidas ávidamente por los lectorc cat6hcos.
Aunque en todas las Universidades argentinas (hacia la ?écada del ~O s6lo
existían seis) siempre hubo profesores que enseñaban seg_:111 la doctrina de
Santo Tomás institucionalmente, es menester esperar al ano 1958 para contemplar el n;cimiento de las Universidades católicas, la primera de las cuales
fue la de Córdoba, regenteada por la Compañía de Jesú. Pe~ es menester
destacar que la más importante y, hasta cierto punto la fue~ ~pulsara f~ndamental de una sana doctrina filosófica, ha sido y es la Universidad Católica
Argentina Santa María de los Buenos Aires, reconocida por el Estado en
1959 y fundada por el Episcopado Argentino. Su Rector-fundador es nuestro
benemérito Mons. Dr. Octavio N. Derisi, cuya obra y cuyo esfue~o h~ hecho de su Universidad una de las mayores y más importantes Uruvers1dades
Católicas del Nuevo Mundo; es la filosofia tradicional
~ue ilumi~a.
la estructura de esta Universidad. que es desde 1960, UmverSLdad Pontiflc1a.
La Universidad Católica Argentina se siente heredera directa de los Cursos

.'ª

~º':

de Cultura Católica.
Desde esta perspectiva institucional, corresponde recordar aq~ las pu~licaciones periódicas de carácter tomista o que confieren lugar espeoa~ a la h_los~fía tradicional. Tal cosa ocurrió con la primera época de la revista Cnteno
.. Cfr. el número especial de Universitas, núm. 47, sobre los veinte años d~ la UCA;
artículos principales: DBRISI , Octavio N., "La Pontificia Universidad Cat6.~ca Arg~tina Santa María de los Buenos Aires'', pp. 6-16; Julio Cés~ Gan~edo,., Proyecc16n
de la Universidad Católica Argentina en el panorama educativo naoonal , pp. 17-32,
Buenos Aires, junio, 1978.

124

(1928) con más de cincuenta años de vida; pero de doctrina tomista propiamente tal, debe recordarse a la revista de los Cursos de Cultura Católica,
Ortodoxia (1941-1947), Sol y Luna ( 1938-1943). Pero ninguna aventaja a la
revista Sapientia, que ya va por su vigésimo quinto volumen ( desde 1949),
fundada y dirigida por Mons. Octavio N. Derisi. Al aparecer la Universidad
Católico Argentina, Sapientia se constituyó en órgano oficial de su Facultad
de Filosofía; en sus páginas, a lo largo de veinticinco años, existe un sólido
cuerpo de doctrina filosófico católica. Además de Sapientia, dio cabida a importantes estuclios de filosofía traclicional la primitiva Stromata ( 193 7) de
las Facultades de San Miguel que cambió su nombre por el de Ciencia y fe,
para retornar después a su primitivo nombre; recordemos también los tres
volúmenes de Diálogo ( 1954-5) c!irigida por el P. Meinvielle, la colección de
Estudios (1911-1970) de la Academia del Plata, Estudios Teol6gicos y Filosóficos ( 1959-1970) de los Padres Dominicos de Buenos Aires. Una revista de
recta doctrina y recia presencia en la vida cultural católica argentina es Mikael
(1973 hasta hoy) órgano del Seminario de Paraná. Y volviendo a la Universidad Católica Argentina, debe recordarse Universitas ( desde 1967); es
justicia no olvidar los primeros cuatro años de la Revista de Filosofía ( 1950-4)
de la Universidad de la Plata, fundada entonces y dirigida por Mons. Derisi;
además, cítese a Verbo ( desde 1958) , la pequeña revista que fundé y dirigí en
Córdoba, Xenium (1957-9) y, actualmente, Filosofar Cristiano (1977 en adelante) que es el órgano de la Asociación Católica Interamericana de Filosofía
y que parece en Córdoba para toda América. Como puede comprobarse, el
pensamiento tradicional ha estado siempre presente a través de sus publicaciones periódicas algunas de las cuales son, ya, verdaderos documentos históricos.
También la filosofía tradicional se expresa por medio de Sociedades, como
la Sociedad Tomista Argentina, con sede en Buenos Aires y cuyo presidente
actual es el R. P. Gustavo E. Ponferrada; primero provisoriamente, desde
1973, después como titular ( 1979), me toca presidir la Sociedad Católica Argentina de Filosofía en cuyo seno, la mayoría profesa la filosofía tomista y
en cuyos estatutos se señala a Sapie11tia como el órgano natural de su pensamiento. Esta Sociedad convocó el Primer Congreso Mundial de Filosofía Cristiana que, con 670 participantes. se lJevó a cabo en Embalse (Córdoba) entre
el 21 y el 28 de octubre de 1979, como conmemoración del centenario de la
Encíclica Aeterni Patris. En este magno congreso, al cual asistieron 131 extranjeros representantes de veintidó paíse ·, se debatieron los problemas esenciales
del hombre cristiano, hoy· los cuatro volúmenes de las Actas constituyen un
cuerpo de doctrina católica, predominantemente tomista. Mons. Derisi presidió el simposio como Presidente -ele la Comisi6n Organizadora y quien escribe
estuvo al frente de la Comisión Ejecutiva. Estoy convencido de la verdad de las

125

�palabras del Arzobispo de Paraná, Mons. Dr. Adolfo Tórtolo, cuando, al referirse al Congreso sostuvo que entre las muchas gracias que Dios había regalado
a la Argentina, una de las mayores era este Congreso. El Padre Victorino Rodríguez, O. P., activo participante del Congreso, dijo hace poco: "Cuando
San Alberto Magno predecía, a mediados del siglo XIII, que los mugidos
de su discípulo Tomás, 'el buey mudo ... ', resonarían en el mundo entero,
no podía imaginarse lo que iba a ocurrir en Argentina en 1979" ,47
V
CoNSECUENCIAS Y PERSPECTIVAS

Los mugidos del "buey mudo", en verdad, fueron lanzados desde la ecumenicidad de la fe y resonaron en América desde su mismo descubrimiento.
España, al emprender la última cruzada que fue la Conquista de América,
llevó todo el aporte espiritual de la Edad Media que, en ella no sufrió el
"corte" de la Reforma protestante. Iberoamérica, en frente del nuevo Mediterráneo que es el Atlántico constituido por España en vía de la cultura
greco-romano-cristiana, es, así, la directísima heredera del pensamiento católico
y, con él, de los mugidos del "buey mudo". Muchas veces lo he dicho y he
de volverlo a decir hoy: Jberoamérica nació y es católica y fuera del Catolicismo es nada. La fe le es constitutiva y, con ella, toda la cultura cristiana
es incomprensible fuera de ella. Tal es, para nosotros los católicos argentinos,
la médula de nuestra tradición y, por eso, no nos sentimos un pueblo nuevo, o
joven, como se suele decir; nuestra antiquísima tradición, comenzada en la
Grecia homérica, tiene, en América, una circunstancia nueva en la cual debe
seguir brilando la eternidad de la Verdad. Pero semejante circunstancia nueva
es la garantía de la posible originalidad de nuestra pensamiento que será
tal, si sigue engarzado en la misma tradición del Ángel de las Escuelas. Cuando
el Papa León XIII, en la Aeterni Patris, hace una descripci6n hist6rica que
conduce desde los Padres hasta Santo Tomás, deja abierto el camino para
que podamos continuarlo nosotros. De ahí que los mugidos del "buey mudo"
nos sean tan familiares, tan íntimos a nuestra propia naturaleza histórica.

reestudiar siempre a Santo Tomás y a los Padres; retornar a ellos, meditarlos, iluminar con ellos nuestra nueva circunstancia americana. Las perspe(?tivas
abiertas a la filosofía tradicional en la Argentina son, a mi parecer, verdaderamente positivas: Porque existe, en nuestro país, una suerte de disposici6n
que podríase denominar "virginal" ( no corrompida todavía por un inmanentismo "superculto") para las grandes empresas del espíritu; porque aún
estamos a tiempo (sin rechazar los aportes de la ciencia y de la técnica)
para hacer prevalecer la contemplación sobre la acci6n práctica, aprovechando la innata capacidad del argentino para la interiorizaci6n y el recogimiento.
Salvar esta capacidad del peligro mortal de la frivolidad corruptora es un
gravísimo deber de los pensadores católicos y nada mejor que la enseñanza
de la doctrina de Santo Tomás para lograr este fin. Si los argentinos y los
iberoamericanos, con humildad total pero con energía indomeñable así Jo
comprenden, en este mundo sufriente y desorientado de hoy, no está todo

perdido.

Una de las principales exigencias que se siguen de todo cuanto he relatado
en estas páginas, es la del regreso permanente a las fuentes, expresamente
recomendado por Le6n XIII al final de la Aeterni Patris. Debemos, pues,
•• "Perennidad de Santo Tomás''. en Boledn "Virgen de .Atocha", enero, 1980, P·

5, Madrid.

127
126

�IDEA DEL TIEMPO

Da. HuMBBRTO PIÑERA LLERA
Profesor Emérito
New York University.

LA FILOSOFÍA, como se sabe, es posible sólo gracias a esas grandes así como
decisivas cuestiones de las cuales se viene alimentando desde su comienzo. En
realidad, si lo vemos con el debido cuidado, son muy pocas las que, en realidad,
merecen el dictado de tal, sin duda alguna por el carácter de universalidad que
el saber principal posee, para poder ser lo que es. Entre las grandes cuestiones
debatidas desde hace ya milenios por la filosofía y la ciencia se halla la del
tiempo, del que todos creemos saber algo, porque una cosa es vivirlo y otras
muy distinta explicarlo, si acaso esto último es posible. El dilatado desfile de
tal cuestión en la cultura occidental -desde la Grecia clásica hasta nuestros
días- sólo muestra tenaces ensayos de "adivinación" -pues, en definitiva, eso
es lo que ha sucedido- del enigma que, como dice agudamente San _Agustín,
todos saben lo que es mientras no se preguntan en qué consiste. Pues las dificultades aparejadas en su indagación llegan a ser, diríamos, casi innumerables,
como, por ejemplo, si es algo en sí mismo o, por el contrario, es una cualidad
o un modo de ser de otra cosa; si acaso es uno solo y siempre el mismo; o si es
continuo o discontinuo, finito o infinito, absoluto o relativo, divisible o indivisible, etcétera. Y así, desde Aristóteles, 1 la batallona cuestión del tiempo sigue
dando que hacer, sin que, en realidad, haya sido posible hasta ahora descubrir
su esencia y su consistencia. Además, casi es constante -vamos a decir asíla tendencia ( tal vez determinada por la necesidad ) a examinar la cuestión
del tiempo relacionándola con la del espacio, la conciencia, la materia, el instante, la eternidad y la historia, y así sucesivamente. Con lo cual, como puede
advertirse con relativa facilidad, el núcleo fenomenológico de dicha cuestión,
' ARISTÓTELES,

Flsica, IV, 10-14.

129
humanitas-9

�es decir, el qué del tiempo, se convierte en subsidiaria cuestión de esa otra en
la que éste deviene término de una relación dual. Puesl como sucede con el
espacio, parece no haber manera de ataearlo de frente, a él solo, prescindiendo
de lo demás, sea real o po ible. Tal vez se deba a la peculiarísima naturale1.a de
ambas entidades, que por su orgánica y estrechísima vinculación al mundo y
al hombre (al sujeto y al objeto). no e po ible aislarlos completamente, por·
que al ser nosotros mismos de al ún modo, tiempo espacio, no cabe pensar
en una absoluta objetividad de ambos componentes de toda realidad. De ahí
probablemente la tendencia a relacionar el tiempo con la eternidad, pues esta
última -dicho sea con gran reserva- viene a ser algo así como una e pecie de
"espacializaci6n" del tiempo, al reducirlo, como en efecto acontece, a ese "presente infinito" en que la mi ma consiste. De todos modos, sea como sea, la
debatida cuestión del tiempo es parte esem:ialísima del proceso de pen amiento
de la cultura occidental y, por esto mismo, en las páginas subsiguientes haremos
una bre\'e descripción de los más señalados ensayos de interpretación de esa
gran antinomia -el tiempo- constructor y disolvente a la vez de toda exis-

r

tencia.
Hemos de ad rtir • ntes que nuestra exposición se hace al hilo de la íiloofía, y de esta manera debe cntende , puc la presunta ''realidad" del tiempo
ha ido indagada y sometida a prueba d ntro del campo filosófico en una forma que no admite paralelo alguno con ninguna otra especulación, sea la ciencia, sea la teología o lo que sea. (La cicnc-ia más bien ha contado con el tiempo,
en una especie d virtual aceptación del mismo.) Por lo pronto, la Hélade
di puso de dos término , diferente en su acepción, a lo efectos de nombrar
al tiempo. Cuando el griego clásico habla de 'ald,,, quiere dar a entender
con e: to la "época de la vida", o la "duración Je la vida" ( en fin, la vida como destino individual). Mas, por otra parte, se valía de la palabra
xeó11ot;, cuyo significado era el de "duración del tiempo". o 1 "tiempo en
todo su conjunto", o, en resumen, el "tiempo infinito". Por tanto, mientras
'ald,11 remite al tiempo concreto limitado y corpóreo de la vida, xeó'Vot;
xpresa el tiempo en ab tracto, en u infinita totalidad, sea cual sea. Ahora
bien 'aloo-.i significa algunas vec s eternidad, tal como puede verse en Platón, 2 cuando no dice que "[ ... ] el tiempo ['xeó11ot;] es la imagen móvil
de la eternidad ['ald,,,]". Ahora bien, el camino más "eguro u s guir en la
interpretadón platónica del tiempo (esporádi a y, por lo mismo, esquemática ) es el del devenir (riy11s0'8a,), o sea lo acontecible a la cosa en contraste con la inmutabilidad de la idea. Así, Platón 3 pregunta: "[ .. . ] ¿ Qué

• PuT6~, Timeo, 37 D.
1

Ibid., 27 E.

130

es lo que es siempre y jamás deviene ["1d ]
,
[cosa)?[ ... ]" y ell
r
ea• Y que es lo que deviene y jamás es
0 exp 1ca que se valga de las ideas d
. .
para explicar la intervención del
. .
e mo11Jmi.ento y reposo
sídera como "[ ... ] género s
movdmuento en el Ser, a los cuales con.
upremos el er [ ]" 4 ne., ·
alif
c 1ca de "destrucción• (rn(J
')
•• · ·
'Cmr que a veces
,.
.,. oea contrapuesto eso 51, 1 gé .
,
o construcción" Ah
b.
•
•
, a a
nestS ( y1:111:0'tf)
1
.
ora ien, e tiempo inmerso
trucci6n de las cosas se da en d t
' . . en esa construcción y de •
(&gt;&lt;Í"1JO'tt;), es decir' que tenemo;s : ~ distintas de devenir o movimiento
Y, del otro, la "trasÍación" ( o,,',/ un lado, la "alteración ( d.U.oíoou,f),
lo diálogo platónicos n O &lt;p - )f: todo lo cual podemos verlo en dos de
·
sea, en m de cuentas
1 ·
sofía de Platón es preciso rastrea 1
, que e tiempo en Ja filo.
r O en esas concretas y p ti 1 •
ttones del movimiento )' el re oso la
.
ar cu anzadas cuesmo se acaba de exponerdgenerac1ó~ y la destrucción, todas -coana as 3 la idea del devenir

:bord.

Ari t6teles, en cambio elabora la
.
.
.
.
que se tiene noticia en la cultu
~:mera mterpretac1ón del tiempo de
cepto de edad al de edad d 1 • ; occi cntal.º Empieza trasladando en consecuencia para él alw11
eI
o ent~ro (o sea al de eternidad) y en conh
'
es e tiempo inmortal y d' .
.
A ora bien, téngase en C'Uenta que el
.
i_vmo, sm principio ni fin.
de la eternidad. porque en gran
gne o conetbe el tiempo en función
tiempo se manifi stan 1~ cont d. ~te, esdtá ubordinado al Ser. Pu en el
.
ra 1cc1ones e lo aparen
1
b10,
no posee fas debe tenerse
te que e
r, en camse ve unas ve~es como supratemp::1
g;e la ~lidad de te último
mo, el tiempo, considerado como al ~ muda omo_ intemporal. Por lo misse ve desalojado de la filo of'... M g
ble, inconstante y transitorio
•
.
Ju.
as cuando el pensa · . h
.
'
otra onentac1ón (o sea no
. 1·
rruento eléruco busc:l
.
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.
'
motivo filosófico.
'
ces se convierte en esencial

et:

c~e::as

e

Para Aristótel el tiempo no es e . .
Lo con ibe como la sucesión regula:~ª• ~~~agen o sombra de otra realidad.
e.·presión del mo\'ÍmÍento d l
f
e tas .&gt;' noches, o ea en calidad d,
1
e a c. era y también com 1
. .
ta; a cual, con el lugar en general ( el uro C!
•
o e movim1en_to de é~
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. P
spae1o), engendra el tiempo e,•
•
vimumto circular es la ¿·d d d
su temporalidad es la medida de todo los ti m me t a e l_os movimirntos, '
que el Estagirita defina el tiem
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pos. Esto expltra perfectamente
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po cien o que es "[
I ,
,·muento re. pe ·to a lo anteri
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.
. . . e numero del mo,
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c:•
ma ente, ve ':&gt;1

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: PLATÓN, Sofista,

,

"ª' ., · · ·

247 E.

• PLATÓN, Tetletos, 181 D..; Pamúnides,
AarsTÓTELES, Ffsicci IV 10-14

' /bid., IV, ll, 220

Á.

138 B
•·

1
•

131

�tiempo de dos maneras distintas, es decir, por una parte, como algo que
emerge del movimiento del Universo; y, por otra, como el ahora (t'v11),
o sea que tiempo e instante se implican mutuamente. Y el alma es la que
"cuenta" el tiempo.
Cuando acudimos a la filosofía estoica vemos que el tema del tiempo, si
se le extrae del estrecho marco del capítulo de la Física, a donde qued6
relegado por los peripatéticos (salvo el caso de Estratón de Lampsaco),
aparece como la clave mediante la cual se revela la coherencia del sistema
originado en la Stoa. Pues, contra lo que se había pensado, lejos de ser el
tiempo total y perennemente incorpóreo (carente de realidad), el atento examen a la doctrina estoica de las categorías permite descubrir algo así como
un avance hacia lo concreto, es decir, hacia una determinación creciente.
Progreso que también puede darse en lo incorpóreo, según se confirma en
el análisis de la relación "vacío-lugar" que mantiene cierta analogía con la
pareja "tiempo infinito'' (pasado y futuro) "tiempo limitado"' (presente):
el lugar es la limitación, la indeterminaci6n del vacío absolutamente indeterminado. El presente es la limitación del tiempo infinito como la única
instancia temporal legítima. Física, lógica, ética se mueven en un presente
temporal que conserva "[ ... ] toda la consistencia que los antiguos (léase Platón y Aristóteles) habían atribuido a la eternidad". 8 Y este autor acierta al
llevar el examen del tiempo físico y el tiempo vivido al terreno de la compleja
relación que, en virtud de la doctrina estoica del destino, se establece entre
ambas disciplinas.
1

1

Plotino, por su parte, adopta y rechaza a la vez las concepciones aristotélicas del tiempo, asi como también la tesis platónica del tiempo entendido
como "imagen móvil de la eternidad". En apretada síntesis vemos ahora
lo que dice acerca del tiempo: a) No es, para él, una simple medida o
número del movimiento, porque es independiente y subsiste frente a éste. b)
Tampoco es una. simple categoría de lo sensible contrapuesta a lo inteligible
etemo1 pues, aparte de su espacializacíón, tiene un carácter íntimo. c) No
es medida del movimiento, pues el tiempo "[ ... ] reposaba en el Ser [ ... ] ;
guardaba su completa inmovilidad en el Ser [ .. T'. 9 El tiempo emerge de la
inteligencia, y puesto que es "[ ... ] prolongación progresiva de la vida del
alma [ ... ]", 10 si bien puede admitirse que sea la "imagen móvil de lo eterno", no por esto es una entidad física distinta del alma, sino la imagen que
comprende cualquier medida del movimiento.
' GoLDSCHMIDT ,
0

'º
132

PLOTINO,

!bid.

Le systéme stóicien et l'idée de temfn, ed. "Vrin", París, 1969, p. 48.

Enéadas, III, vii, 9.

La tradición judea-cristiana del tiempo está contenida -como se sabeen la Biblia, y es int_eresante anotar que el Libro Sagrado se abre y se cierra
co~ ~~das referencias a lo temporal. Así, el Génesis 11 nos dice: "En el
pnnc1p10 creó Dios el cielo y la tierra [ ... ]"; mientras el Apocalipsis 12 conclu~e con estas palabras: "Sí, vengo pronto". Ahora bien, en dicha tradición
el tiempo no es un~ f~rma vacía, ~ sea pura sucesión de instantes yuxtapuestos. Por el contrario, el es la medida de la duración terrenal en dos formas
distintas: a) cósmica, en la que lo central es la aparición del hombre en J
Tierra; b) histórica, a base de generaciones en que la humanidad camina ha~
cia un fin. Mas debe tenerse presente que Dios trasciende ambas duraciones
pues mientras el hombre vive en el tiempo, Dios mora en la eternidad'.
L~ palabra hebrea ólam sirve para designar la duración extrahumana. ''Mil
anos es a tus ojos como el día de ayer, que ya pasó; como una vigilia de la
-1..·e" • 15 T am b"é
n 0 WJ!
1 n: "M"1s días son como la sombra que declina pero tú,
Yahveh, reinas eternamente".H
'
La experiencia humana reviste dos aspectos: uno, el del tiempo cósmico
o s:a el que regula los ciclos de la Naturaleza; otro, el tiempo histórico,
decir, ~quel cuy? desarrollo tiene lugar a lo largo de los acontecimientos.
Mas D10s los ~nenta a ambos a ~n mismo fin. El tiempo cósmico (medida
de t~d?s los tiempos) es la sucesión de los días y las noches, así como el
~o:1m1ento de los astros y la vuelta de las estaciones. Mientras que el histonco es aquel ~ el cual ningún acontecimiento se repite, sino que se acumula en 1a memona, lo que determina el progreso. En esto se distinguen de la
1
manera de concebir el tiempo hist6rico, griegos y orientales quienes al asimilarlo al ~ósmico, _hacen del "eterno retomo" la ley funda.:nental d~l tiempo.
Concepción ~ue influye a veces, en cierto modo, en la Sagrada Escritura, tal
c?mo, por eJemplo, aparece en el Eclesiastés: 15 "Tiempo de dar a luz y
tiempo de morir". Como también: "[ ... ] lo que fue, será· Jo que se ha hecho
se volv era' a h acer" .1°. F'1~almente'. debemos referirnos a' otro punto impor-'
tan~, o sea la sacraltzaciun del tiempo histórico. En las religiones pao-anas
el hempo histórico sólo es sacro cuando hay un suceso cualquiera relacio:ado
co_n el_quehacer de lo~ ~oses ( como s~c:de con los ciclos de la Naturaleza) ",
D11en~as que en la B~bha los acontecimientos de la historia sagrada responden siempre a la acaón divina. No es, desde luego, la red de los factores

e:

" Gt!nesis, I, l.
Apocalipsis, XIII, 20.
u Ibid., XC, 4.
1 ' Ibid., en, 12 ss.
u Eclesiastés, III, 1-8.
1' Ibid., I, 9; 111, 15.

:Ji

133

�históricos, sino la intención de Dios la que los orienta hacia un fin misterioso
gracias al cual el tiempo, a la vez que alcanza su consumación, logra su
plenitud.
San Agustín iruoa una nueva época no sólo filosófica sino, además, entendida como "concepción del mundo", o sea que a la cosmovisión pagana
sucede la cristiana, cuyo inicio -para decirlo brevemente- arranca de la clara y aguda distinción entre tiempo y eternidad; pues el cristiano concibe el
mundo y el hombre como procedentes de la Nada ( creatio ex nihilo) por la
libre voluntad divina. En consecuencia, Dios, por ser anterior a todo tiempo
imaginable, es eterno; mientras que el hombre y el mundo son rigurosamente
temporales. Por lo mismo, dicenos San Agustín, antes de que Dios crease los
tiempos, no habia ninguno de éstos. ti no puede preceder al tiempo con
precedencia y duración medibles con tiempo. Dios no sólo hizo todos los
tiempos, sino, aun más, es anterior a todos ellos. como "[ ... ] tampoco es ixnaginable un tiempo en que pueda decirse que no había tiempo[ . .. ]." 17 "Pero,
¿ qué cosa es el tiempo? Si nadie me lo pregunta, ya lo sé para entenderlo;
pero si quiero explicárselo a quien me lo pregunte, no lo sé para explicar-·
lo[ ... ]°.1s
Ahora bien, sigue diciendo el Santo: "[ ... ] si ninguna cosa pasara no hubiera tiempo pasado; si ninguna sobreviniera de nuevo, no habría tiempo
futuro; y si ninguna cosa existiera, no habría tiempo presente''. 19 Pero el
pasado ya no es y el futuro no existe todavía. En cuanto al presente, de serlo
siempre, no sería presente sino eternidad. Luego el ser del presente consiste
en dejar de ser. Mas si el futuro es previsible y el pasado recordable, ambos
tienen que ser de algún modo. Hablando en propiedad, debe decirse más
bien: presente de las cosas pasadas, presente de las cosas presentes y presente de las cosas futuras, porque

que aún no es. Tampoco el presente, pues éste deja de ser contill'Uamente,
por lo que carece de espacio¡ y ni siquiera el pasado, porque éste ya no
existe. Entonces, ¿ qué puede ser el tiempo? He aquí la respuesta del Santo:

Oí decir a un hombre docto 21 que el tiempo no era otra cosa que el
movimiento del sol, de la luna y de los astros; pero de ningún modo me
conformé con su sentir. Porque, a la verdad, éPor qué no había de ser
mejor el afirmar que el tiempo es el movimiento de todos los cuerpos?
Acaso si el sol, la luna y las estrellas se pararan y la rueda de un alfare ro se moviera, é no habría tiempo con que pudiésemos medir las vueltas que daba, y decir que tanto tardaba en una como en otras; o al
contrario, si unas veces andaba má5 aprisa que otras, decir que unas
vueltas duraban más y otras menos? [ ... ). 22
O sea que el tiempo mide el movimiento de los cuerpos y no al revés ( como pensaban los antiguos) ; pues el tiempo no es el movimiento de los cuerpos
(Aristóteles), porci.ue hay gran diferencia entre el movixniento del cuerpo y
aquello con que lo medimos, es decir, el alma. Pues si el futu~o disminuye o
se consume ( cuando aún no es) ; si el pasado es creer en Jo que ya no es,
es~o se debe a que en el alma hay tres operaciones, o sea que ella "espera,
at~ende y recuerda", a fin de que "[ ... ] aquello que espera pase por lo que
atiende, y vaya a parar en lo que recuerda [ ... ]". 28 Y añade:

[ ... ] estas tres cosas presentes tienen algún ser en mi alma, " solamente las veo y percibo en ellas. Lo presente de las cosas pasadas es la
actual memoria o recuerdo de ellas; lo presente de las cosas prese11tes
es la actual consideraci6n de a(guna cosa presente; " lo presente de
las futuras es la actual expectación de ellas. 20

¿Quién hay que niegue que los futuros no existen todavía? Y, sin
embargo, ya existe en el alma la expectación de los futuros. ¿Y quién
ha,, que niegue que lo pasado ya no existe? Pero, no obstante, hay, todavía en el alma la memoria de lo pasado. ¿ Y quién hay que niegue que
el tiempo presente carece de extensión o espacio, pues pasa en un punto?
Y, no obstante, permanece y dura la atención por donde pase a un ser
que ,io será. Luego no es largo el tiempo futuro que todavía no existe,,
sino que se dice largo el futuro que todavía no existe; sino que se dice
largo el futuro porque es larga la expectación del futuro. No es largo el
tiempo pasado poi·que éste ya no es; sino que lo que se llama largo en
lo pasado no es otra cosa que una larga memoria de lo pasado. 2•

Mas prosigue San Agustín preguntándose cuál es la medida que permite
medir el tiempo, y descubre que no puede ser el "espacio" futuro, puesto

También en la Antigüedad cristiana, más o menos contemporánea de San
Agustín, se encuentra Gregorio de Nisa (o Niseno), quien afirma que el

AousTÍN, Confesiones, libro XI, cap. 13.
Jbid., cap. XIV.
111 lbid.
• Ibid., cap. XX.
'' SAN

11

134

n PLATÓN, Timeo, 17 E.
" SAN AousTÍN, Confesiones,

Libro XI, cap. 23.

" lbid., cap. 28.
" !bid.

135

�desarrollo progresivo, mediante una ley inmanente, válida lo mismo en
caso de la totalidad del cosmos que en el de la constitución del hombre,
da siempre vinculado a la realidad del tiempo. La akolouthía (sucesión)
con ésta el cambio es la ley de creación que distingue a lo creado de
Creador.

el
se
y

vista del tiempo "exterior'', se regresa más o menos a la idea aristotélica del
tiempo como el movimiento de los cuerpos ( numerus motus secundum prius
et posterius).

su

La creación comporta una extensión espacial : la sucesión regular de los
fenómenos que constituyen el tiempo está contenida en las edades, pero la
Naturaleza anterior a las edades escapa a las oposiciones según el antes y el
después. Así se expresa Gregorio, y añade lo siguiente:

( . .. ] Toda la creación, al producirse según una sucesión regular, está
medida por la sucesión de las edades [· .. ] Pero la Naturaleza que está
por encima de la Creación, en tanto que separada de toda categoría espacial, escapa a toda sucesión temporal, y 110 conoce ni progresión ni
creación a partir de ningún principio hasta ningún término a través de
ninguna modificación relativa a un orden [ ... ] La Naturaleza divina
no está en el tiempo, pero es de ella que viene el tiempo.~ 5
También, con respecto a la Historia, desempeña un papel importante la
noción de akolouthía, pues, como dice el Niseno, ésta es la sucesión necesaria y progresiva de lo que se da en el tiempo, de modo que se aplica tanto
al plano natural como al sobrenatural, siendo así que los distintos momentos
o etapas de la Historia de la salvación están unidos entre sí, según un designio
ordenado y progresivo.
Durante la Edad Media se advierte una constante relegación del tiempo
"exterior" (físico), en contraste con el "interior" (metafísico), que, de alguna manera, subsiste, aunque en forma atenuada, pues, sin lugar a dudas,
el tiempo no es una cuestión fundamental en el Medievo. Esto se debe quizá
al prevale.cimiento de la cuestión de la Eternidad, cuya implicación religiosa
desde el punto de vista de la salvación y la vida de trasmundo tanto tiene que
ver con la especulaci6n filosófico-teológica de la Edad Media. Además, no
se olvide la creciente influencia del pensamiento griego en la religión cristiana, sobre todo, su temática ontológico-metafísica que, con respecto al hombre de la Hélade, supone una Eternidad en la cual el tiempo es más bien
accidental y, por Jo mismo, imperfecto. De ahí que si bien se comienza fluctuando entre las respectivas ideas del tiempo "interior" y "exterior'', la cuestión se decide a favor del "interior", o sea como instancia conducente, a
través de la meditación y la penitencia, a la salvación. Y, desde el punto de

Como es de esperar, Santo Tomás ve la cuestión del tiempo relacionada
con la Eternidad. Así, se pregunta: a) ¿ Cuál es la diferencia entre la eternid~d Y el tiempo? b) ¿ Cu~] es la diferencia entre eviternidad (aquello que~
habiendo comenzado en el tiempo, no tendrá fin; como los ángeles, Jas almas
racionales, el cielo empíreo) y el tiempo? c) ¿Solamente hay una eviternidad
así como hay un tiempo y una eternidad? Ahora bien, según Santo Tomás'
la eternidad es omnisimultánea porque es necesario eliminar de su definició~
el tiempo {ad removendum tempus), lo cual permite distinguir rigurosamente
la eternidad de] tiempo, porque mientras la primera es simultánea y mide e]
ser permanente, el segundo es sucesivo y mide todo movimiento. La eviter~idad, por su parte, es algo situado entre los extremos de la eternidad y el
uempo. De esta manera, mientras la eternidad es una completa inmovilidad
y el tiempo una movilidad continua, la evitemidad es una inmovilidad esencial unida a una movilidad accidental. En consecuencia, la eternidad carece
de antes y después; el tiempo los tiene; y la evitemidad, si bien no los tiene,
puede, en cambio, con jugarlos. Así, mientras la eternidad coexiste con el
tiempo, la eviternidad no puede hacerlo. 26
La .Edad Moderna es rigurosamente antitemporalista, pues la razón (santo
Y seña de esta Edad) apenas tiene nada que ver con la Historia. füta, según
el hombre moderno, obra siempre caprichosamente, mientras la razón Jo hace en forma geométrica. Por eso, al hablar del trazado de las viejas ciudades
europeas y de sus capricho.sas edificaciones, dice Descartes que "[ .. . ] es más
bien el _azar, y no la voluntad de unos hombres provistos de razón, el que
las ha dispuesto así [ ... )". 2 7 Tan enérgico es este modo de concebir la realida,J
(física y espiritual) que en el siglo XVIII, aun cuando reaparece cierto interés
por la Historia (Bayle, Vico, Voltaire, Condorcet, Turgot), se sigue pensando
en la razón pura, es decir, la raz6n naturalista o físico-matemática como el
único instrumento posible para la interpretación histórica. Veamos, a este
respecto, lo que dice Cassirer:

Desde un principio, la filosofía del siglo XVIJI trata el problema de
la Naturaleza y el problema hist6rico como una unidad que no permite su fragmentación arbitraria ni s1t disgregación en partes. Ensaya hacer frente a los dos con los mismos recursos intelectuales; pretende
•• AQUINO,

21

136

N1s1mo, Contra Bunomio, I, 361-365.

27

T . de, Suma Teol6gica, I, 10, i-vi.
R., Discurso del mltodo, Parte II.

DESCARTES,

137

�aplicar el mismo modo de plantear el problema y la misma met6dica
universal de la "ra.z6n" a la Naturaleza y a la Historia. 28
Como vemos, la disposición hacia la Historia y, por lo niismo, al tiempo
en la cual se inserta, es aún de franco repudio a todo cuanto, de un modo u
otro, tenga que ver con el azar, y, por lo mismo, Voltaire quiere conocer
la Historia racionalmente, o sea como un filósofo, pasando por alto datos y
hechos hist6ricos. Por tanto, le escribe a Mme. du Chatelet: "Quisiera usted
que los filósofos hubiesen escrito la historia antigua, porque desea leerla como
filósofo [ ... ]" .29 Es indispensable, si se desea dar con el principio de explicación histórica, basarse en la Naturaleza ( lo físico), pues ésta provee constante afirmación de su invariabilidad sujeta a inexorables leyes (Natura non
facit saltus), y así es como se piensa que debe entenderse la Historia. Oigamos
de nuevo a Voltaire:

¿No vemos, en efecto, que todos los animales, como igualmente el
resto de los seres, ejecutan invariablemente la ley dada a su especie
por la Naturaleza? El pájaro hace su nido como los astros crean su
curso, por un p,-incipio que jamás cambia. ¿Cómo sólo el hombre podrla cambiarlo? [ ... ] En general, el hombre ha sido siempre lo que
es [ ... ] En consecuencia, está probado que sólo la Naturaleza nos inspira ideas útiles que preceden a nuestras reflexiones. Y lo mismo sucede
con la moral [ ... ] Dios nos ha dado un principio de razón uniuersal,
como le ha dado plumas al pájaro y piel al oso. 80
Y agrega:

De todo esto resulta que todo cuanto tiende a la naturaleza humana
íntimamente se refleja de un extremo al otro del uniuerso; que todo
lo que depende de la costumbre es diferente, y que sólo accidentalmente se le parece [ ... ]. 81
En fin de cuentas, que el hombre tiene, también, una naturaleza invariable

y, en consecuencia, es preciso descubrirla asimismo en lo histórico, que es lo
accidental y desechable. Hay que eliminar lo histórico a fin de hallar, bajo es~ CAssntER, E., Filoso/la de la Jlustraci6n, ed. "Fondo de Cultura Económica", México, 1950, p. 193.
lit VoLTAtRB, Essai sur les moeurs et l'esprit des nations, Introducción, J.

]bit!., VII.
" !bid., XCVII.

IIO

138

to, la Naturaleza dotada de leyes inmutables que permiten conocerla sin lugar
a error, lo cual no sucede con la Historia. Tal cosa piensan y creen los hombres del ~VII. y el XVIII, _de manera que todo acontecer temporal, como
el de la Histona, debe reduCJrse a esquemas lógicos en los cuales encajan las
leyes del mundo físico.
El _siglo XI~ p:esencia la aparici6n de nuevos supuestos desde los que se
examina la H1stona, uno de los cuales (Hegel) prosigue insistiendo en la indu?able .r~~ionalidad de .lo histórico, _en tanto que otro (Dilthey) proclama
la 1mpos1b1hdad de semeJante pretens16n y acepta la irracionalidad de todo
acontecer temporal como sucede con Ja Hi~toria. Veamos lo que, taxativamente, expone Hegel sobre la "logicidad" de la Historia:

A la filosofía se le reprocha, en primer lugar, de que va a la historia
con ciertos pensamientos y que considera a ésta según esos pensamientos.
Pero el único pensamiento que aporta es el simple pensamiento de la
razó~, d: que. la razón rige el mundo, y de que, por tanto, también
la. histo:ta uniuersal ha transcurrido racionalmente. Esta convicción y
evidencia es un supuesto con respecto a la historia como tal. En la filosofía, empero, no es un supuesto.ª2
Y agre~a -para. d~mostrar gue la Historia universal está regida por una
raz6n uruversal y dwma, del mismo modo que sucede con la Naturaleza-·
"~ •: •] La his_toria universal es el desenvolvimiento de la explicación del es~
pmtu en el tiempo; del mismo modo que la idea se despliega en el espacio
como Natura!eza". 33 La Historia es, pues, para Hegel "evoluciónº (Entwicklung), es decir, que ella no es sino el despliegue de lo ya implícito en' la Idea.
Mas como se trata de una razón ajena a la historia misma y a la cual se le
aplica desde fuera de ella, Hegel, que cree saber ya que la raz6n es la cosa
( el hecho c~ncreto ~el ~contecer histórico), se queda sin las cosas, donde hay
que descubnr la razon interna (no exterior a ellas) que las rige. Esto último
lo hace Dil~hey, y si consigue hacerlo es porque, con su filosofía, se restablece
la temporalidad en el mundo de la conciencia y de la Historia.
Dilthey sitúa la vida y con ésta el tiempo en el centro mismo de su filosofía.
A veces -injus~ficadamente- se le ha reprochado que no dejó un sistema, qu_e es lo meJor que pudo sucederle, pues la "sistematización" en la filosofía
nos deJa fuera de la realidad. Por eso, cuando dice lo siguiente: "La idea fundamental de mi filosofía es el pensamiento de que hasta el presente no ~e ha
12 HEGEL, J. G. F., Vorlesungen über die Philosophie der Weltgeschicht11 I parágs 6 7
• Ibid., parág. 122.
' '
. ' .

139

�colocado ni una sola vez como fundamento del filosofar a la plena y mutilada experiencia, de que ni una sola vez se ha fundado en la total y plenaria
realidad", a♦ está diciendo la verdad, porque, por primera vez, se hace el
intento de ver la realidad de lo temporal-histórfoo desde dentro de sí mismo.
En consecuencia, Dilthey practica una verdadera fenom enología a este respecto,
y de ahí que diga esto otro :
Cuando en el lugar de la raz6n general de He gel aparece la vida en
su totalidad, y en ella la vivencia, el comprender, el nexo histórico de
la vida, la potencia de f.o irracional, surge el problema de cómo sea posible la ciencia de la Historia. Para Hegel no existía este problema
[ • .. ] Ahora se trata, al revés, de reconocer como verdadero fundamento
del saber hist6rico el dato de las manifestaciones históricas le la vida y
encontrar un método para resolver el problema de cómo sea posible un
saber universalmente válido sobre la base de este dato. 35

Y añade:
En la comprensión de un producto histórico, como expresi6n de algo
interno, tenemos algo que no es una identidad lógica, sino la circunstancia única de una mismidad en indiuiduos diferentes. Estos individuos
no se entienden por su igualdad, sólo los conceptos son iguales entre
sí y pueden, por tanto, intercambiarse [ .. . ].38

Por el camino que recorre Dilthey, instalando el tiempo, como acontecer
en que consiste la vida humana, en el centro mismo de su filosofía, discurre,
cada vez con mayor brío, la idea de 1a temporalidad entendida como factor
de primerísima magnitud para el conocimiento y la acción. Pero antes es necesario recoger algunos cabos sueltos con respecto a1 pensamiento racionalista
de los siglos XVII y XVIII. La tendencia prevaleciente es la del tiempo
concebido como algo que existe en sí y absolutamente ( v.gr., Newton), o como "una representación necesaria que sirve de base a todas las intuiciones'\
es decir, una "forma pura de la intuición sensible" (Kant). Y es claro que se
advierte la diferencia entre una y otra idea del tiempo, pues mientras el
físico inglés lo concibe como realidad sensible, el filósofo alemán lo ve en la
forma de una "realidad trancendental". Pero, en ambos casos, hay una racio" Dn.THEY,

W., Gessammelte Schriften, "B. G. Teubner-Verlag", Leipzig und Berlin,

Band VIII ( 1924), p. 175.
., lbid., Band V ( 1929), pp. 151-52.
• Ibid., Band VII ( 1927) , p. 259.

140

nalización del tiempo, con lo que éste adquiere una "objetividad" desconocida
hasta entonces, haciéndose apto para una ciencia rigurosa de lo fenoménico,

puesto que, entonces, el tiempo se convierte (Kant) en la "condición formal
a priori de todos los fenómenos en general". De aquí la consecuencia de 1a
inevitable "espacialización" del tiempo, según la ofrece Kant al decir lo
siguiente:
La naturaleza infinita del Tiempo significa que toda cantidad determinada de Tiempo es solamente posible por las limitaciones de un único
7:iempo q~e le sirve de fundamento. Por tanto, la representación primitiva del Tiempo debe ser dada como ilimitada [ ... )37

En síntesis, Kant postula lo siguiente sobre el tiempo: a) Que éste no es
autosubsistente, ni tampoco una determinación objetiva de las cosas. b) Que
es la "forma del sentido interno", o sea de "la intuición de nosotros mismos
Y de nuestros estados interiores", y, además, "determina la relación de las representaciones en nuestros estados internos". c) Que él es 'la condición formal
a priori de todos los fenómenos en general". Así, pues, el tiempo (como
el espacio) carece de realidad en sí y por sí, quedando reducido a la condición
de "forma de la sensibilidad".
En la filosofía de Hegel hay algo que parece decisivo -aunque, en el
fondo, no lo sea- y es que el sistema del Universo, entendido rigurosamente
como totalidad, es un hecho tan definitivo que sería ocioso tratar de e&gt;..-plicarlo.
Puesto que lleva consigo todo momento posible, el tiempo es algo de lo cual
se puede prescindir sin escrúpulo alguno. Pues el carácter dialéctico del devenir dista mucho de suponer una ordenación temporal; por tanto, debe aceptarse que, en su sistema, no cabe la menor conciliación del tiempo con la
dialéctica de donde surge y en que descansa todo ese sistema. Sin embargo,
a pesar de que, casi con abrumadora evidencia, lo temporal nada tiene que
hacer aquí, momentos hay en los cuales el pensador alemán ha de vérselas
con dicha cuestión. Lo que pasa es que, con frecuencia, !a manera simbólica
-a veces cargada de solemnidad- que adopta Hegel para describir las cosas
influye decisivamente en la tendencia a creer en el atempora!ismo de su filosofía, v.gr., al definir la Lógica como"[ ... ] la exposición de Dios antes de la
creación de la Naturaleza y de todo espíritu finito[ ... ]".s.ci
" KANT, E., Ktitik dar reinen Vernunfl, fünfte auflage von Karl Vorliioder, Leipzig.
"Verlag du Dueschen", 1906, 2a. parte, cap. II, secc,. 2a., 15.
18
HwEL, J. G. F., Wisrenschaft de r Logik, ed. aJ cuidado de Lasson, "Felix MeinerVerlag", Leipzig, 1951, tomo I, p. 31.

141

�Vamos a compararlo ahora brevemente con Kant, tocantes a sus respectivas ideas del tiempo. De sobra sabernos que el autor de las Críticas niega
que el tiempo tenga un origen empírico y una existencia independiente del
sujeto, pues no es sino forma pura de la sensibilidad, con el carácter de
una intuición pura que posee las notas de unicidad, unidimensionalidad e infinitud. Pero como --según Kant- no hay realidad alguna extratemporal,
el tiempo, en consecuencia, tiene realidad empírica e idealidad trascendental.
Hegel, en cambio, sitúa el tiempo en el ámbito del Ser y llega al extremo de
admitir todas aquellas contradicciones rechazadas por Kant Pues ocurre lo
siguiente: así como a Kant le parece admisible, y por lo tanto, válida la idea
de un tiempo vacío, Hegel asevera que "[ ... ] no es el tiempo donde nace y
muere todo; el tiempo es el devenir el nacer y perecer [ ... ], es Cronos, productor de todo y devorador de sus propios productos". 89
Mas debe tenerse en cuenta que la idea del tiempo en Hegel aparece
formulada de distinta manera, según la época de que se trate. La Lógica
de Jena ( 1803) presenta al tiempo como una totalidad dinámica desde el
punto de vista de sus relaciones con el movimiento y el espacio. Y con esta
dialéctica primera de su filosofía ( contraposición de finito e infinito) ya está prefigurando esa otra dialéctica de su sistema del instante y el tiempo.
Más tarde, en sus elaboraciones de madurez (Enciclopedia, 1817), tanto el
tiempo como el espacio son formas abstractas, simples posibilidades. Pero, a
diferencia del espacio, el tiempo "[ ... ] es el ser que, mientras es, no es; y
mientras no es, es[ ... ]".~º El tiempo es, pues, el devenir más concreto posible, alfa y omega de todas las cosas. Además, según nuestro filósofo, mientras el espacio es el tiempo negado, el tiempo es el espacio desarrollado, es
decir, negado y suspendido.
Finalmente, diremos algo acerca del tiem.po histórico en el sistema hege}i¡mo. Dicho tiempo es finito y la historia, con su curso temporal, avanza a
través de oposiciones, pues el devenir es la esencia del ser:
El tiempo es el devenir intuido, el concepto puro, lo simple, la armonía
basada en lo absolutamente contrapuesto [. • .] No como si el tiempo
fuera y no fuese, sino en el sentido de que el tiempo es el no-ser inmediatamente en el ser y el ser inmediatamente en el no-ser [ . .. ] En el tiempo
no es lo pasado ni lo futuro, sino solamente el ahora: esto es, precisa• HEGEL, J. G. F., Enzyklopadie der philosophischen Wissenschaft, 6a. ed., "Felix
Meiner-Verlag'', Hamburgo, 1959, p. 210.
'° lbid., p. 257.

142

mente para no ser como algo pasado; y dicho no-ser se trueca también
en ser, en cuanto futuro.u

La Historia, llamada por Hegel "exégesis del espíritu en el tiempo", muestra lo eterno como aquello dotado de un desarrollo temporal. En la Historia
el Espíritu alcanza su propia plenitud, al liberarse del pasado mediante su
reconstrucción a través del pensamiento. Pero la eternidad no es un momento
~el tiempo, ni tamp~co aparece, siguiendo un orden cronológico, después de
este, porque la eternidad no es la suma de los momentos del tiempo, aunque tampoco se desvincula de él, pues ambos lo están por una relación
dialéctica: la eternidad sólo puede ser la negación del tiempo, su más definida
antítesis,
Pasamos ahora al filósofo francés Henri Bergson, quien concibe el tiempo
como duraci6n, y ésta, a su vez, en calidad de vída. Ahora bien, la susodicha
duración es todo lo contrario del tiempo espacializ.ado, siendo este último el
resultado de concebirlo del mismo modo que el espacio. Mas el tiempo real es
heterogéneo y continuo, y constituye la duración, la cual jamás se puede
aprehender con la inteligencia, sino con la intuición:
La duraci6n pura es la forma que adopta la sucesi6n de nuestros estados de conciencia cuando nuestro yo se abandona al vivir, cuando se
abstiene de establecer una separo.ci6n entre el estado presente y los estados anteriores. No hay necesidad para esto de absorberse necesariamente
en la sensación o en la idea que pasa, porque, entonces, por el contrario,
cesaría de durar. Tampoco hay necesidad de olvidar los estados anteriores: basta que al acordarse de estos estados no se los yuxtaponga al
estado actual como un punto a otro p1mto, sino que los organice con él,
como ocurre cuando recordamos fundidas, por decirlo a.si, las notas de
una melodía. 42

La duración no es, pues, solamente duraci6n en la conciencia, sino que pertenece a la realidad, de la cual es su dimensión ontológica fundamental. En
consecuencia, el tiempo real ( el tiempo ontológico en que se desen_vuelven las
cosas), lejos de ser --como quiere Kant- una pura forma de intuición que
pone el sujeto y al cual es relativa, consiste en algo referido a la realidad en sí
« HEGEL, J. G. F .. Vorlesungen übu Geschichte der Philosophie, "H. GlocknerVerlag", Sttugatt. 1965, Band XVIII, p. 355.
0 BERGSON, H., Essai sur /es données inmédiates de la conscience, ed. "Félix Alean", París, 1926, p. 76,.

143

�misma. Por tanto, el tiempo real, que es la duraci6n, es la dimensi6n ontol6gica
básica de la realidad.

A quien fuere incapaz de darse a sí mismo la intuición ~e su ser, prolongándose en la duración, nadie ni nada podría dársela, ni los conceptos
ni las imágenes. La única función del fil6sof o debe ser la de _prov~car
un cierto trabajo que los hábitos intelectuales, útiles para la u1da, henden a perturbar en la mayor parte de los hombres. La i~agen ti~ne, al
menos, esta ventaja, que nos mantiene tn lo concreto. Ninguna image1L
podrá sustituir la intuici6n [ ... )."
El pasado coexiste con el presente, pues ambos son lo mismo, porque ser no
es sin más ser actual. Como dice Deleuze, el pasado es en sí porque "[ • • •] la
id~ de Ja 'contemporaneidad del presente y del pasado tiene u~a última consecuencia. No solamente el pasado coexiste con el presente, sino que [como
!,asado] se conserva en sí mientras que el presente pasa, resulta que es el
· en cada prrsen te" .◄•
pasado entero todo nuestro pasado, el que coexiste
Con referencia al tiempo, otro gran filósofo francés, Gabri~l, Marce!, c?n•
sidera que no hay un pasado inmutable, porque éste convertma la suces1~n
vivida en simultaneidad; mas esto último destruiría el carácter Y el peculiar
sentido de Ja sucesión. En la experiencia concreta se desvanece gran parte
de lo vivido. Disipación pura que permite c-onstruir realmente al ser humano.
Y. en verdad -prosigue nuestro filó ofo-, se recuerda tan solo aquello que
n~ se recuerda es decir, lo que se ofrece de modo fulgurante, pues el pasado
carece riguros:imente de una fonna precisa de exposición: hace, h, sería
cosificar lo recordado. Y puntualiza de este modo:

Cuanto más in concreto se piema el pasado, tanto mtn"s sentido tiene
declararlo inmutable. b1depe11dionteme11te del acto presente y de la interpretación recreadora c:ciste un cierto esquema. de ~contu imúntos que
no es más que una simple abstracción. Pro/ u11dizac1~n del pasado, _fu tura del pasado. lr1terprttación del mundo en funci6n de las técnicas,
a la luz de las técnicas. El mundo legible, descifrable.º
De de que somos en el mundo ya no es posible e\·a~irsc de ~ ~mpo:alidad
y de su más seguro pon: •nir: la muerte.. fas nuestra idea de f11utud n ene de
11 Bl!.RosON , H., Lo. pensdt et le mouuant, Introduction a la ml taph)•sique, op. cit.,
p. 615.
44 D&amp;uua, G., L, B,rgsonnisme, ed. "P.F.H", París, 1966, p. 44.
.. MAROEL, G., Etre el o.voir, ed. "Gallimard", París, 1935, pp, 186-187.

que nos aplicamos a nosotros mismos los esquemas temporales, corrientes, adecuados a las cosas. Pero el hombre pertenece a otra dimensi6n denominable
supratemporal. [ ... J El inmenso servicio que debiera ofrecemos la filosofía
sería despertamos, desde este lado de la muerte, a esa realidad que nos envuelve seguramente por todas partes, pero ante la cual, por nuestra condici6n
de seres libres, tenemos el tremendo poder de rehusamos sistemáticamente [ ... ]"." Y agrega Marce) a este respecto:

El tiempo -tal como ocurre en toda improvisaci6n- es la forma en
que estamos sometidos a prueba en cuanto existencias. Desde este punto
de vista, la única manera de trascender ti tiempo no consiste en elevarse
a la idea vacla de un totum simul -vacía justamente porque es exterior a
ml-; sino, por el contrario, en participar, de un modo cada vez más
efectivo, en la intención creadora que anima el conjunto. En otros términos, trascender el tumpo significa elevarse a planos en que la sucesión
aparece como cada vez menos dada, en los cuales deviene cada vez más
inadecuada e inaplicable la represtntaci6n cintmatográfica de los acontecimientos.u
La vida humana es, en cierto modo, una posibilidad de imposibilidades, y
contra esto nos propone Marce! una extraña f6rmula: "el tiempo como fonna
de nuestra prueba". Si se deja llevar por el tiempo, el hombre es efímero
pasar entre dos adas; mas puede recobrarse a sí mismo, en sí mismo, cual
el horrw viator (el hombre transeúnte) que alcanza a defenderse de la continua erosión de lo temporal. Pues la muerte es la prueba decisiva a que nos
somete el tiempo, porque "[ ... J el problema de la muerte coincide con el
problema del tiempo en lo más agudo, en lo más parad6jico de sí mismo".' 8
fuerte que pone a prueba la pre encia del tú, el cual no es jamás, para mi,
un dato de conocimiento, sino una comunicación, que sólo puede evocarse o
invocarse. Claro es que el tú es dable como objeto (cosa), pero, en ese
caso, es la desnaturalización y la negadón del otro tú al cual estamos ligados
auténticamente (cuando tal cosa ocurre) por la fidelidad. ·, en consecuencia,
condure Marce!: "Reflexioné e ta tarde [ ... ] que la única victoria posible
sobre el tiempo participa [ ... ] de la fidelidad (frase de ietzsche tan profunda ) : el hombre es el único ser que hace promesas".•9
• MAa.cEL, G., El misterio del Str, trad. de E. M. Valcnti~, cd.
" MARe.tL, G., Etre et a11oir, op. cit., pp. 21-22.
•
fAROEL , G., Prdstnct et lnmortaliU, ed. "Gallimard", París, 1959, p. 58.
.. MARCBt., G., Etre ,, avoir, op. cit., p. 16 .

144

145
humaniw-10

�Fidelidad que -si es de veras- es testimonio, o sea la inalterable conser•
vación de aquello que se da en la presencia•comunicaci6n, y que se _mueve
por sobre lo que Marcel denomina "~em~o-abismo'.', por_q~e pone ..siempre
en peligro mi porvenir. El acto del testtmomo -prosigue d1c1endo-- [ • • •] es
un modo de trascender el tiempo en ra:zón misma de lo que hay para nos·

cionalmente, la manera de ser del futuro. "El tiempo no transcurre en forma

lineal pasando por momentos sucesivos, sino que consiste en una red de intencionalidades por la que el advenimiento de un momento nuevo transforma
todos los demás momentos[ ... J". 55 Y añade:
El presente tiene en sus manos el pasado inmediato, sin ponerlo como
objeto, y como éste retiene de la misma manera el pasado inmediato que
lo ha precedido, el tiempo transcurrido es retomado y aprehendido en
su totalidad en el presente. Lo mismo sucede con el porvenir inminente
que también tiene su horizonte de inminencia. 811

otros de absolutamente real".50
Ahora bien •en qué consiste la esencia del hombre, dentro del contexto
't
'l
del tiempo que salva o aniquila, según la circunstancia? Marcel cree -so o
ésto- que en la esencia de lo ontológico se halla el no-poder ~er, a menos
que se le aprehenda antestiguándolo. 51 Porque el hombre_ es ~as que nada
esperanza, o sea la condición de posibilidad ~nto del testimo~~ c~?1º de la
fidelidad. Según é~ esperar es resuelta negaci6n a hacer una _lista de pro·
habilidades, porque la realidad es inagotable. Con lo que el b~mpo se _des-poja de esa condición limitadora y fatal, capaz de proveer un tiempo abierto
opuesto a ese otro tiempo cerrado del alma contraída.~2
Tócale el tumo ahora a otra gran figura de la filosofía francesa contemporánea, o sea a Maurice Merleau-Ponty, quien se ocupa tambi~n extensa Y
minuciosamente de la cuestión del tiempo. "El problema [nos dice] es ahora
explicitar este tiempo en estados nacientes y en vías de ap~recer, siempre
sobrentendido por la noción de tiempo, y que no es un obJeto de nuestro
saber, sino una dimensión de nuestro ser." 53 Es indiscutible, al leer ]o precedente, que el autor ha conseguido establecer una breve y preds~ diferencia
entre la "idea" del tiempo y la "realidad" del mismo. Ahora bien, ¿ dónde
podemos localizar dicha realidad? Según Merlau-Ponty, el tiempo surge en
un "campo de presencia" abierto al mundo que contiene al hombre, como
tampoco es sustento del ser en el mundo. No está en las cosas, ni tampoco en
los estados de conciencia o en las relaciones ideales propias del yo puro: es
"[ ... ] la experiencia originaria eñ que el tiempo y sus dimensiones aparecen
en persona, sin distancia interpuesta, y en una evidencia última [ ... )". 54
Siguiendo más o menos a Husserl nos dice Merleau-Ponty que tod~ percepción contiene un campo de presencias constituidas por un doble honzonte de
pasado y futuro; mas no se trata de tres pe~pectivas capt:1das en_ ~ctos _separados: lo ya sucedido obra sobre la percepción actual y esta ant1c1pa, inten-

00
11

"

ª

!bid., p. 65.
!bid., p. 143.
MARCEL, G., El misterio del Ser, op. cit., p. 336.
MERLEAo-PoNTY, M,, Phlnomenologie de la Perception ed., "Gallimard", Parls,

1945, p. 475.
" !bid., p. 476.

146

Ahora bien, Merleau-Ponty entiende -conforme con Husserl- que el presente es la dimensión privilegiada debido a que es "el punto de vista sobre
el tiempo". 57 Y como éste tiene un carácter extático ( como ya había dicho
Heidegger), cada instante es la suma total del tiempo. Debido a que es éxtasis,
el presente hace que el tiempo no sea ni "interior" ni "exterior", sino que
nosotros mismos somos "el surgimiento del tiempo". 58
. L~ ª~,tén~ca experiencia del tiempo no requiere que se denuncie su espacializaczon, siempre que por espacio no se entienda un "espacio objetivo" ( al
cual se opone el tiempo), sino esa "primordial espacialidad" a la que se abre
nuestro cuerpo como ser en el mundo. Po.r otra parte, al reflexionar sobre las
relaciones del tiempo con el cuerpo y el mundo, se advierte que si bien el
cuerpo es sostén del tiempo, éste, por su parte, permite la comprensión
del cuerpo, al facilitar la unión de cuerpo y alma, es decir, la transformación de la capa biológica del hombre y de la existencia en existencia personal.
Además, con la ayuda del tiempo se puede resolver la grave cuestión de la
intersubjetividad, indicando el modo de alcanzar el conocimiento del otro
haciendo ver cómo el presente contrae el tiempo transcurrido y el tiempo futuro, no obstante poseerlos sólo en "intenci6n" y no en sí mismos. 59
Con referencia al tiempo y a la eternidad Merleau•Ponty cree que ésta es
incapaz de contener a aquél, porque la eternidad, concebida como "presente
de todas las existencias", alude sólo a la existencia humana temporal. Para
que se pueda hablar de eternidad es menester que lo sucedido haya sido en el
"
•
"
"
"'

!bid.
!bid.,
Ibid.,
!bid.,
Tbid.,

p.
p.
p.
p.

83.
85.
489.
84.

147

�tiempo. La temporalidad so es un "espesor" simultáneamente reunido Y disperso que: a) se ofrece como un "ser de latencia"; b) es un "ser de profundidades"; c) es la "presencia de cierta ausencia". 61 Al apropiarse de todo el
tiempo, el presente establece lo que Merleau-Ponty llama "identidad sin superposición" entre el polo de lo envolvente (tiempo) y el polo de lo envuelto
(cuerpo) _e2 De ahí se sigue que jamás -como esquema filosóf~co- puede
captarse totalmente el tiempo, intelectualizándolo, porque, en ngor de verdad, es sólo la "[ ... ] experiencia simultánea de lo captan te y lo captado en
todos los órdenes [ ... ]".83
Según Merleau-Ponty, la filosofía no es un examen de hechos consumados;
su misión es instalarse en el presente del fluir temporal, y, lejos de ser conocimiento de tal o cual sector del saber en general, es empresa que consiste en
descubrir las fuentes del saber. La filosofía -prosigue diciendo- se esfuma
allí donde comienza el mundo de lo constituido y su tema de la espontaneidad,
que halla su "fundamento y medida" en el tiempo. Y, por tanto:

En el plan del ser jamás se comprenderá ~ue el sujeto sea a l_a vez
naturante y naturado, infinito y finito. Pero si reencontramos el tiempo
bajo el sujeto y si la paradoja del tiempo se relaciona con las del cuerpo,
el mundo, la cosa y el otro, comprendemos que, más allá, no hay nada
que comprender. 64
Para entender la interpretación hecha por Sartre del problema del tiempo
es necesario tener en cuenta todo el proceso de esa subjetividad que arranca
de Descartes y llega hasta nuestros días. Hwne, por ejemplo, es un ca~ destacado: según este pensador, la estructura del espíritu está ~da P.ºr el t~empo;
pues lejos de tener una orga.nizaci6n, el_ espíritu,~ mero flmr de unp~es1ones e
imágenes sensibles; sucesión que, graoas al habito, construye ~l s~~eto cognoscente. Kant, por su parte, considera el tiempo como forma mtuJ.bva d~ la
subjetividad trascendental. Para Hegel el espíri~ es sustancia_ vuelta suJeto
y el tiempo su manifestación exterior. O sea que este es el cammo ~u~ ha de
recorrer la razón a fin de ere.me a sí misma a través de la aprop1ac16n del
mundo. En cuanto a Husserl, el tiempo es la forma en que se unifica la
corriente de las vivencias en torno a una sucesión siempre renovada de "aho111

MERLEAu-PONTY,

M., Le Visible et l'lnvisible, cd. "Gallirnard", París, 1964, p. 176.

Ibid., pp. 178-179.
n lbid.
ª Jbid., p. 319.
" [bid., p. 419.

n

148

ras" alojados en el pasado y tendientes al futuro. ¿ Y en Sartre? Pues bien su
ontología condiciona tanto el sentido como la significación del tiempo, c~ya
elucidación debe efectuarse mediante sus conceptos de Ser y Nada. Ahora
bien, según Sartre, la nada es la más pura forma de la conciencia, y esto
es así porque la conciencia, en sí misma, carece de contenido, pues éste
viene dado en cada caso por el objeto trascendente hacia el que la misma
tiende. Y como fuera del acto de "poner el mundo" frente a sí, su ser se
agota en esta pura posición del mundo, la única conciencia que tiene de sí
es la ele su objeto en tanto que lo pone, tal "conciencia de conciencia" está
muy lejos de ser una "conciencia reflexiva". Sartre dice que "[ ... ] el ser
de la conciencia es el cogito pre-reflexivo anterior a todo conocimiento que
la conciencia pueda alcanzar de sí misma por reflexión [ ... ]".85 En consecuencia, el acto de conciencia sólo es dable como "conciencia inmediata" ~s
decir, no reflexiva- de sí misma. El ser de la conciencia no coincide consigo
mismo ( como sucede con el ser de un objeto material), sino que es una
dualidad, pero evanescente tan pronto como se trata de captarla. Por eso, la
conciencia de algo es conciencia de sí, de manera que ell¾ que lo es siempre
de otra cosa, conserva, empero, en la unidad de dicha relación una relación
consigo misma. He ahí por qué -según Sartre- el para sí es el modo de ser
peculiar de la conciencia; mientras el ente -carente de esa dualidad- al
ser absolutamente idéntico consigo mismo, es en sí.
Ahora bien, aun cuando la conciencia se muestra como nada (negación
del ser), desde esta negación originaria determina la positividad del ser.
Por eso, L'etre et le néant es precisamente un profundo y dilatado estudio
sobre la Nada, es decir ( conforme con Sartre), sobre la conciencia. Y el
tiempo es una de las formas en que se efectúa el no-ser de la conciencia,
porque en él, al escapar a la identidad consigo misma, se aleja de sí, trascendiendo hacia el pasado y hacia el futuro. La crítica sartriana de la idea
del tiempo como sucesión de "ahoras", independientes entre sí, deja ver que
las dimensiones temporales no son aislables una de otra y, sin embargo, son
susceptibles de una vincolación exterior a las mismas. Dicha relación, dice,
es interna y originaria; y para que suceda esto es imprescindible negarle al
presente, pasado y futuro los caracteres del en-sí, admitiéndolos, en cambio,
como modalidades del para-si. En tal caso -asevera Sartre- yo no tengo un
pasado, &amp;ino que soy mi pasado. Mas cabe preguntar c6mo son mis vivencias
pasadas, y lo cierto es que toda vivencia presente es el resultado de una continua reflexión recíproca de la conciencia en la vivencia. Mientras que el
pasado es una de las formas en que la conciencia trasciende de sí misma deª

SARTRE,

J.

P., L'ltre et le néant, ed. "NRF", París, 1943, p. 19.

149

�bido a su constitutiva inadecuación. El presente y el futuro son modos de
distancia de la conciencia respecto de sí misma.
Considerada como estructura orgánica la dialéctica del tiempo no permite
imaginar una separación de sus distintos momentos. Contemplado desde un
punto de vista estático, el tiempo es continuidad irreversible cuyos términos
finales son el antes y el después, temporalmente unificados, y al temporalizar
su propio &amp;er, completa cada uno su ser fuera de sí en el otro, introduciendo
el no-ser. Mas debe tenerse presente que el tiempo no es independiente de la
conciencia y anterior a ella: el tiempo es la manera de ser propia de ésta.
En consecuencia, el tiempo es forma de la conciencia, porque ésta sólo existe
en forma temporal. El fundamento de donde proviene el tiempo es la subjetividad y de ella sale el tiempo del mundo, tiempo objetivo y universal.
Por eso la realidad del tiempo es una y la misma con la realidad y la conciencia; de manera que el tiempo de ésta es la forma fnndamental del tiempo
en general.
Nos resta por ver a otro gran filósofo francés, Louis Lavelle, cuyas especulaciones sobre el tiempo están decisivamente relacionadas con la eternidad.
Según afirma, una y otro cobran sentido en {unción del hombre, pues son
copartícipes entre sí. Ahora bien, la realización a que aspira el hombre supone
un caminb y, en consecuencia, una distancia, que es precisamente el tiempo.
Este tránsito es la existencia (temporal) y debe rematar en la esencia (eterna) .
Conquistar dicha esencia es participar libremente en el Ser, en el cual alcanzamos "nuestro puesto eterno" .60
Comparemos al hombre con Dios: 6ste sólo tiene esencia, que en Él es

"[ ... ] la existencia de la esencia, o la esencia tomada en su actualidad y
no ya en su posibilidad [ ... ]" .67 Pero Dios pone en el hombre la posibilidad
de buscar la coincidencia consigo mismo, y en esto consiste su esencia. Ahora
bien, el actó de participación supone un intervalo entre la nada . y la esencia que le es propia, porque se trata de una nada relativa, que permite pasar
de una forma de existencia a otra ( de la esencia posible a la esencia efectuada). El tiempo es el intervalo entre el Ser Absoluto (Dios) y el ser humano
que puede participar de fü, y, "[ ... ] entonces, se puede decir que el tiempo es el intervalo que separa esta finitud de esta infinitud y que los une [ ... ]" .118
El tiempo es quien separa al hombre de aquello que ha sido, de modo que el
pasado es siempre la distancia entre lo sido y lo que llegamos a ser. Y es jus.. LAVELLE,

L., De l'acte, ed. "Aubier", París, 1946, p. 95.

"' lbíd., p. 92.
• LAVELLB, L., Dv. temps et de l'éternité, ed. "Aubier", París, 1953, p. 19.

150

tamente el pensamiento de este intervalo el que descubre el sentimiento
del tiempo y, en consecuencia, "[ ... ] el tiempo nace de una no-coincidencia
de mí con el presente de un objeto, es decir, con un aspecto del ser del que
estoy separado [ ... ] Cuando se realiza esta coincidencia, cuando tiene lugar
la percepción, no hay más tiempo[ ... )".69
Tres .son las form~ de existencia, según Lavelle: pasado, porvenir, instante. El pasado consbtuye nuestro presente espiritual; el porvenir, siendo como es pura posibilidad, no es distinto del presente eterno dable en todo moro~~ al hom.bre como participación; el instante (del acto) o sea la participac10n en el mstante de Dios. La vida temporal es el medio de obtener la
vida eterna, y, desde luego, es una opción dada al hombre, quien puede escoger entre una y otra. Mas tiempo y eternidad no se contradicen el uno al
otro, sino que el lugar de su convergencia es el hombre. La vida humana es
una propuesta hecha a la libertad, y la respuesta es la actualización de una
esencia posible. Pero si se olvida que el tiempo es el que facilita la conversión
de la posibilidad en actualidad, entonces se le reduce al orden de la sucesión fenoménica, o sea al tiempo del devenir sensible, cuya esencia es perecedera.
En conclusión, no es posible separar los aspectos del tiempo unos de otros
por~ue constituyen el ac~eso desde el devenir hasta la eternidad. El tiemp~
-dice Lavelle- es un mstrumento creado por el acto mismo mediante el
~ual me creo1 q~e e~, en sí, una apertura a la eternidad que, mediante la
libertad, le confiere rnmortalidad al hombre, la cual -prosigue diciendo"[ ... ] testimonia la presencia de un acto espiritual que, para ser, necesita
encarnarse en el devenir, pero de modo tal que domine a todo el devenir sin
que este devenir mismo jamás sea capaz de someterlo o hacerlo su:umb"JI [ • . . ]'' .10 D e manera que e1 ti.empo,
.
aJ ser la vía de acceso a la eternidad, se h~lla pre~nte en ésta, porque "[ ... ] somos una libertad que eternamente qmere la vida que se hizo y que jamás ha acabado de agotar [ ... ]". 71
La elaboración más profunda del tiempo, hecha hasta el presente en la
cultura occidental, es, sin lugar a dudas, la llevada a cabo por Martín Heidegger en Ser ,, Tiempo. Pues "[ ... ] aquello desde lo cual el 'ser ahí' en
general_ comprende ~ interpreta, aunque no expresamente, lo que se dice 'ser'
es el tiempo. Este nene que sacarse a la luz y concebirse como el aenuinD
horizonte de toda comprensión y toda interpretación del ser [ ... ]". 7; Como
• lbid., p. 22.
"LAVELLE, L., De l'áme humaine, ed. "Aubier", París, 1951, p. 503 .
" LAVELLE, L., Du temps et dB l'éternité, op. cit., p. 437.
0 HEIDEGGER, M., Sein v.nd Zeit,
eomarius Verlag, Tubingen, 1949, Intróducci6n,
cap. II, parág. 5,

151

�puede advertirse desde el comienzo, el gran metafísico alemán considera indispensable, a los efectos de la exégesis del Ser, relacionarlo con el Tiempo,
porque, según dice, la Existencia humana depende de la temporalidad, de
manera que el existir supone una unidad basada en dicha temporalidad, la
cual fundamenta igualmente la "facticidad" ( porque, al fin y al cabo, el
hombre es un hecho), como también así la "caída" ( estamos yacentes o "tirados" en el mundo). Vese, pues, que para Heidegger tanto el Ser como la
Existencia se refieren primordialmente al hombre. Tampoco la temporalidad,
alojada en el tiempo, va creando el pasado, el presente y el futuro. Pues la
temporalidad no es un ente. Y si no lo es, entonces, ¿qué es? Heidegger re·
ponde de esta manera: "[ ... ] La temporalidad es el original 'fuera de sí y
en para sí mismo'. Llamamos, por ende, a los caracterizado fen6menos del
advenir, el sido y el presente, los 'éxtasis' de la personalidad [ ... ]". ra Según:
Heidegger, el futuro es la manifestación por excelencia de la temporalidad
original y propia. Ahora bien, no debe preguntarse por el modo en que se
convierte el tiempo infinito en ese otro llamado por Heidegger "temporalidad
finita, original" sino, al contrario, "( ... ] c6mo surge de la temporalidad propia y finita la impropia [ ... J" .H Y cómo es posible que ésta convierta el tiempo

=

constituye un regreso resignado. La temporalidad se da sólo en sus é t .
( p:;n~, pasado, futuro) . Ahora bien, ni siquiera la temporalidad orig::Z.
Y ab~luta, por lo que, en conclusión, al descubrir la temporalidad
gm.
es posible, entonces, y sólo entonces interpretar la Exi ten . desd
el horizonte de esa temporaJ'd
'
ciaS
e
J a d como paso previo
para una , . del
cuanto tal.
egesis
er en

:ri .

d En resum~, debe decirse que la filosofía de Heidegger es Ja culminación
se~~~m~or~umo en el ~undo contemporáneo, al hacer de Ja temporalidad el
o e
preocupac16n en qu consiste la Existenc· .
d' h
lidad es la "unidad • • . d
ia, pues 1c a tempora.
ongmana e la estructura del cuidado" Además I t
poralidad de la .Existencia es e ncialmente finita por es~ en si •. ª e~abocada a la muerte. En consecuencia, el Existencialismo d H, .d
; por s1,
b 1 •
e e1 egger remata
e~ un a so utt mo de la Existencia que llega aJ extremo de negar la e
CUl trascendente del tiempo.
sen-

finito en otro infinito.
Ahora bien, el Dasein {el "ser ahí" o existencia humana) e·, e encial y
primordialmente, temporalidad, y este Dasein se revela a sí mismo como cotidianidad, historicidad o intratemporalidad. Cuando se expone dicha temporalidad se hacen patentes las complicaciones de una ontología original del
"ser ahí". Pues dicha temporalidad -en cuanto lo es esencialmente-, constituye el fundamento de la hi toricidad de la Existencia (humana) que, al
ser Existencia temporal, es histórica, o sea el {mico modo de existencia para
ella. Cuando se con idera la hi toricidad de la Existencia I humana), ésta nos
re\·ela no sólo el ser de la Exi tenria como "cuidado" (Sorge), sino también
el ser de este último como "temporalidad". "El análisis de la historicidad
del 'ser ahí' trata de mostrar que e te ente no es temporal por 'estar dentro
de la historia', sino que, a la inversa, sólo existe }' puede existir históricamente
por ser temporal en el fondo de u er." is Como la Existencia es indudablemente un ''&lt;'star a la muerte", ella se integra paulatinamente en lo que ha
sido realmente en un futuro hacia el cual
proyecta y desde el que retorna.
La temporalidad agota la totalidad d 1 r de la Existencia, y, en cuanto
fundamento de su ser, el descubrimiento del "ser hacia", el cual, a la vez,

11

Jbid., Primera parte, Segunda secci6n, cap. III, parig. 65.

" Tbid.
" Jbid., parág. 72.

152

153

�EL PROBLEMA DE LA ENSE~ANZA DE LA FILOSOFÍA

Da.

ALFONSO LÓPEZ QuINTÁs

Universidad Complutense, Madrid.

LA PUBLICACIÓN en Francia de la obra Qui a peur de la philosophie (Flammarion, París 1977) ha vuelto a renovar la conciencia de la gravedad de un
tema cultural muy antiguo y complejo: cómo cultivar la filosofía y cómo
expresar los resultados de la investigación. Desde Aristóteles se considera la
Metafísica como una fonna de saber que debe estar en trance continuo de
búsqueda. No se deja apresar definitivamente el objeto de la filosofía, y apenas es posible delimitar su alcance, definirlo escuetamente. De esta indelimitación se deriva la ambigüedad nata de la especulación filosófica y la dificultad de su transmisión.
Un virtuoso de la expresión filosófica como fue Platón, dejó para siempre
constancia en su Carta Séptima de la resistencia innata de la filosofía a ser
reducida a esquemas fácilmente transmisibles y manipulables. El afanoso de
sabiduría debe inmergirse en la problemática de la realidad durante largo
tiempo, como se trata a una persona. Tras este periodo de búsqueda creadora,
llega un momento en el cual, como un relámpago, se alumbra de súbito en
su mente la luz de la comprensión. No tiene sentido intentar ofrecer en resumen el precipitado de esta larga, paciente y a menudo penosa experiencia.
Platón hizo tempranamente esa forma singular de experiencia humana que
es la filosofía. Al transmitirla, se esforzó por conservar el ritmo lento de su
génesis y su carácter dialógico.
De la enseñanza platónica parece deducirse que no cabe enseñar filosofía;
a lo sumo puede sugerirse cuál es el camino --el "método"- del auténtico
filosofar. Así lo han pensado eminentes filósofos a lo largo de la historia.
Sin embargo, la filosofía no dejó por ello de convertirse hace tiempo en una
disciplina académica, a nivel de enseñanza superior e incluso media.

155

�prevalencia
Debido a múltiples factores -revisión de ~lanes de. estudio,
se plantea
del espíritu cientificista, declive del h~~mo ~lásico. · ,-,
hoy de modo acuciante el problema de s1 tiene senndo
a) enseñar la filosofía;

2. Es un tema decisivo para la formación humanística de las jóvenes generaciones, y, en general¡ de todos los que desean ahondar en el conocimiento de la realidad. La filosofía, lejos de reducirse a una forma de
saber esotérico sólo accesible a una élite y sólo importante para un grupo de profesionales ("filosofía para profesores de filosofía"), constituye
un modo de conocimiento ineludible en toda persona que desee asumir
su condición con plena racionalidad.

b) enseñar la filosofía obligatoriamente;
c) enseñar la filosofía como disciplina obligatoria incluso a los estudiantes
de bachillerato.
Un grupo de intelectuales franceses ("Graph": Groupe de réfléxion sur

l' seignement de la philosophife) y otro de alemanes (centrados en torno a
;nreciente revista Zeitschrift fiir Didaktik der Philosophi~, SchroedeJ, H_~nnover) se han propuesto dar contestación urgente y cumplida_ a esta c~esbo?,
en la seguridad de que actualmente se está jugando el porvenir de la f ilosof1a
como disciplina académica.
Todos los que estudian este tema, lo califican unánimemente de arduo, decisivo y urgente.

Es un tema difícil de resolver por venir implicado en la condició~ rnis~a
l. d e l a expenenoa
· · f'l
'fica "Ce qui a le plus manqué a. la philosophie
1 oso 1 .
•
-advierte Bergson- c'est la précision. Les systemes. philosophlques ne
sont pas taillés a la mesure de la réalité ou nous vivons. Ils son trop
larges pour elle".1. Una y otra vez ha rechazado Bergson toda forma de
· · filoso' fi'ca que se reduzca a mera manipulación de conceptos.
experiencia
.
•
d l
Inició su vida publicística con un estudio de los datos mmediato~ e a
· ·
1 largo de toda su obra postuló un rnodo de filosofar
conciencia, y a o
.
que aborde los problemas de forma directa y experiencial., Y elabore ~
sistema conceptual a medida de cada vertiente de la realidad. La realidad evoluciona, encierra novedad, es sorpresiva y, como tal, sól~ ~e ofrece
a modos de conocimiento flexibles que se adapten a las condiciones de
los diferentes objetos-de-conocimiento. 3

E tamos ante un problema de método, y toda cuestión metodológica
8
delicadaporque eJ· erce una influencia decisiva en la marcha del
es muy
l' .
.
pensamiento. La solución de los problemas metodo ~gicos exige capacidad de tomar distancia, a fin de ganar persp~ctiva,_,ver las cosas
en conjunto y medir las consecuencias de cada onentac1on.

1

Ofr. La pensée et le mouvant, PUF, Parla, 1934 p. 1.

~ Cfr.

156

Op. cit. p. 98.

3. Es un tema que reclama soluciones urgentes a fin de conceder a la filosofía toda su efectividad formativa. La desorientación metodológica que
impera en la enseñanza de la filosofía está cubriendo a ésta como disciplina de un peligroso halo de descrédito que puede inspirar medidas
drásticas a la hora de la revisión de planes de estudio.

Si se analizan de cerca los libros de texto, se advierte que se ofrece
a los estudiantes el resultado escueto de la investigación, en fotma de datos arropados en un lengua je a menudo conceptista, muy racionalizado,
que se interpone como un velo entre la mente del autor y la de los lectores. Apenas se deja entrever la peripecia intelectual del descubrimiento
de la verdad, la génesis de los conocimientos que se transmiten. Un fenÓ•
meno cultural sólo se lo conoce en verdad si se logra verlo en su génesis.
Esta labor "enérgica" de pensar los fenómenos como si se estuvieran
gestando -esfuerzo que solicitaba Fichte de los alumnos que deseaban
aprender su Doctrina de la ciencia- puede muy bien ser realizada en
clase si el profesor no se limita a ofrecer resúmenes, sino que revive
ante los estudiantes el proceso que lo llevó al conocimiento personal
de los temas explicados. Sin embargo, la nerviosa pretensión de ofrecer
multitud de datos en períodos lectivos cada vez más restringidos lleva casi
fatalmente a los profesores a reducir la enseñanza filosófica a la exposición más o menos bien hilvanada de datos, carente er'l todo caso de
ímpetu recreador. La formación filos6fica consiste en poner en forma la
capacidad de abordar en su núcleo las realídades y problemas, sin quedarse en las ramas de una erudición apenas asimilada. La auténtica
cultura significa cultivo del espíritu, poder de comprender por dentro,
con ímpetu e iniciativa personales, los grandes temas y enigmas que presenta la realidad en general, y de modo especial la existencia del hombre. Esa comprensión interna se traduce en dominio, amplitud de pers.
pectiva, rigor crítico, posibilidad de tomar una posición personal.
Un curso universitario de Filosofía no debe reducm¡e a tomar apuntes y dar cuenta de su contenido. Tiene por meta ineludible co-gestar
personalmente una asignatura, es decir, la filosoffa toda desde una de-

�terminada vertiente. Las diferentes asignaturas filosóficas no son compartimentos estancos. Cuando se hace filosofía con la debida intensidad,
todo vibra, en cualquier terna se hace presente la problemática entera
de la Filosofía. Este carácter interacciona! de los temas filos6ficos hace
particularmente dificil la investigaci6n y la enseñanza filosóficas, que se
ven obligadas a adoptar un método en espiral. Los alumnos se quejan
con frecuencia de que finalizan la carrera sabiendo una serie de datos
pero sin confianza ninguna en sus posibilidades de filosofar y, mucho
menos, de exponer por escrito sus meditaciones filos6ficas.
Hablando en términos generales, puede decirse que falta. en la enseñanza filosófica la vertiente de creatividad personal, de ímpetu creador,
de contacto vivo con los textos de los grandes autores.
De esta laguna. se deriva una actitud de retracción frente a las tareas
investigadoras. Como -por otra parte- el acceso a los puestos docentes
no está condicionado en primer lugar por la capacidad investigadora,
pocos profesionales de la filosofía se entregan de modo sistemático y
constante a las tareas de investigaci6n.

4. Por mi parte, considero útil agregar que estamos ante un tema incomprensiblemente poco estudiado. Parece haberse llegado a la convicci6n
de que en la enseñanza filosófica no cabe una metodología rigurosa,
sin duda por el atávico prejuicio de que el único modo de conocimiento
riguroso es el cientüico. Si a esta falta de configuraci6n metodológica
se agrega la tendencia de buen número de filósofos a expresarse con un
lenguaje pretendidamente complejo, ambiguo y oscuro -lo que provocó
ya acerbas críticas por parte de Goethe--, las consecuencias pedag6gicas
deberán ser por fuerza desconsoladoras.

E11señanza y hermenéutica
A mi ver, toda explicación filos6fica debe ser genética, experiencia!; debe
transmitir en toda su viveza, en estado naciente, el proceso que le ha llevado
a uno al conocimiento. La enseñanza está vinculada en su raíz a la investigación. La metodología de la enseñanp. filosófica debe irse configurando a1 hilo
de la investigación filosófica. Enseñar filosofía es mostrar qe hecho cómo se
hace auténtica filosofía. El problema metodológico radica en poner al descubierto el proceso heurístico, el camino de búsqueda y descubrimiento de la
verdad.
Pocos pensadores ofrecen las claves de su investigación. Descubrirlas y patentizarlas es la tarea especüica del profesor de filosofía, que no debe preo-

c~p~r~e por com~ica~ a los alumnos toda la compleja trama de los sistemas
~osof1cos -tarea mdigesta., por inviable-, sino en sugerir Ja vía hennenéubca de acceso al núcleo de los mismos.

fil S6lo
'f se puede fundamentar debidamente la metodología de la ensenanza
. oso 1ca una vez ~ue se ha tomado opción en el problema de la Hermenéutica Y 5&lt;: ha determina~º. con suficiente precisi6n el modo peculiar de conocer
las realidades metaobJebvas: el lenguaje, los estilos, las obras de arte, las
personas humanas, las instituciones ...
En los_ últimos años: ~ve~s autores -Heidegger, Gadamer, Betti, Oorethhan realizado benementos mtentos de perfeccionar la hermenéutica mecli te
la aplicación
de la teoría del juego. Por mi parte, quisiera proseguir'· susm.
. .
vesttgaciones, ahondando en el carácter creador de la experiencia lúd ·
l álisis d
ica y
en e an
e los esquemas mentales que vertebran el pensamiento humano. Con -~!lo, la teoría hermenéutica desciende a la arena del análisis concreto y facilita claves certeras de interpretación y cri'ti"ca . Se conv1er
· te en

~

fuente fecunda de discernimiento.
El c~m?o de juego en que se alumbra el conocimiento de las realidades
metao~Jet1vas es el _lenguaje. No por azar, la filosofía se elabora y se enseña
a traves del lenguaJe. El lenguaje es el punto de partida del auténtico filosofar, porque está constituido por un cruce de ámbitos de significación que fun.
dan nuevos ámbitos de sentido.
El lenguaje de los filósofos no es un continente estático de un contenido
dado a modo de objeto, de forma más o menos velada. Es el lugar viviente
de con/luencia de diversos significados que se convierte en fuente de sentido.
Se trata de un acontecimiento de interferencia que el intérprete debe revivir
par~ , sorprender al pensador en su experiencia creadora originaria. Sin esta
tens1on creadora el lenguaje se reduciría a letra muerta. Los textos filosóficos
muestran, como las partituras musicales, una constitutiva menesterosidad en
cuanto requieren la colaboración del intérprete para convertirse en ca~pos
de iluminación, en obras en acto.
El lenguaje filosófico -tanto el investigador como el docente- debe
hí ul . .
ser
ve ,c ~ viviente de la tensi6n expresiva del hombre, que es tensión creadora
de amb~tos de comunicaci6n. El lenguaje que encarna experiencias creadoras
es acceSibl~ a todo ser humano que a través de su vida cotidiana haya desarroll~do ~n cierto grado su poder creador. Los tecnicismos adquieren justificac1on si responden a la necesidad de dar cuerpo a experiencias peculiares que
no recoge el lenguaje cotidiano. Nada en el lenguaje filosófico ha de ser

159
158

�peso muerto. Todo en él debe mantenerse cercano a la experiencia, para
apelar, a su vez, a la experiencia del lector u oyente. Cuanto se expresa filosóficamente ha de engranar -de modo más o menos mediato- en la capacidad creadora del estudiante. Si lo hace, el lenguaje es elemento mediacional
-no mediatizador- de cuanto en él cobra cuerpo expresivo. Lo mediacional
s toma transparente, no se interpone; se convierte en vehículo de presenc-ialización de lo expresado.

libre
juego
"hombre -en to rno" , d e1 campo ...ur_ iluminación en que se gesta la
.
,
f1losofia, el saber de lo profundo.ª
. Par~ hacer las paces con este género de ambigüedad propia del Jengµaje
filos6f1co se requiere advertir que tal ambigu"edad
.
no se contrapone a la
1 .
e_ andad. mo que la funda. Suele decirse que la cortesía del filósofo es la clandad; ~ada más_ exacto, a condición de aclarar seguidamente que la claridad
espe~i~ de la filo ofía consiste en poner de manifiesto aspectos de la realidad
no ob1etwables,
.. , ·
De
. sólo expresables en la tensión de los context
. os li ngwst1cos.
ahí 1
a necesidad
de
tensionar
el
lenguaJ·e
y
recurrir
a
la
d
·
d
.
para OJa para ar
cauce xp~Sl.vo a fen6menos que no son usceptibles de una expresión directa
Y serena, faalmente captable." La ambigüedad que desde el plano objeti · _
~ ~plano de ~jetos delimitados, asiblcs, localizables- aparece como
\:oci_dad Y osc~ndad desechable, se muestra a quien se mueve a nivel de
reaJ1dades relacionales-ambitales como una fuente de ·
·
be
. .
.
.
nqueza e.'7presiva que de.ª~quinrse al prrc10 de posibles malentendidos pero abre po. ibilidacles indefim~ a la cla~jficaci6n de los fenómenos más complejos de Ja existencia
Y penn'.te conse~~ la meta que se propone la hermenéutica actual en la tarea de mterpretacJOn de textos.

Para fundar sólidamente la metodología de la enseñanza filosófica y articularla de modo adecuado a la complejidad de los diferentes sistemas, se
requiere una filosofía del lenguaje elaborada sobre la base de la teoría del
juego, como acontecimiento creador de ámbitos.

cq:;.

o basta entonar loas al lenguaje, y tomar el lenguaje cotidiano como la
realidad original, al modo de Wittganstein. Lo originario es la relación creadora entre el hombre y su entorno, el campo de libre juego que se establee
entre el hombre como ámbito de iniciativa y las realidades del entorno
que tienen poder de apelarlo a dar algún modo de respuesta creadora. El
lenguaje es el campo donde se lleva a cabo este juego creador, que, como
todo juego, es una actividad interaccional-dialógica. El hombre se inmerge
de modo activo- receptivo en este campo envolvente, para ser promocionado
por el lenguaje y a su vez promocionarlo a él. El hombre modela el lenguaje
y es configurado a la par por el lenguaje. En cierta medida puede decire -con Heidegger- que "no es el hombre el que habla sino el lenguaje a
través del hombre" si no se reduce a éste a mero instrumento del lenguaje.
El hombre es un "partner" un colaborador activo, en el juego activo lingüístico del que brota la luz del conocer.

Meta de la hermenéutica
En su obra W as heisst Denke1i?, Heidegger propone al intérprete esta
triple tarea:
l. Hac;rse_ cargo de _los contenidos e.xpresos o implícitos de una obrn y de
la genesis de la mISma. El primer cometido de la hermenéutica es averiguar el verdadero sentido de lo que afirma un autor y clarificar el proceso
que lo llev6 a tales afirmaciones.

Este juego ha de entenderse como un acontecimiento móvil, sorpresivo,
indelimitado1 altlttlbrador de múltiples po íbilidades y, en la misma medida,
fuente de luz. Su indelimitación tiene un carácter eminentemente positivo:
el juego lingüístico abre campos indefinidos de sentido que desbordan la
sil!llÍÍicación acotada de cada uno de los elementos que lo integran. En rl
campo de iltuninaci6n que es el lenguaje se alumbran complejos de sentido
inéditos, originarios sorpre ivo .
Esta espléndida condición del lenguaj abre vías de expresividad siempr
nue,·as, pero somete al hombre al ríes o con tante de la ambigüedad. Si. por
afán medroso de evitar este margen de ambigüedad, se reduce el juego lingilistko a un mero portador estático de significaciones objetivistas, tomadas
del mundo cotidiano más a mano ("vorhanden", en e.-q&gt;resión de Heidegger)
se desconecta el lenguaje de los proceso creadores humano , del campo de

2. Captar las ideas que el autor no expresó y precisar ]a ra?.6n de tal laguna.
3. Adivina~ lo que e~ autor no llegó siquiera a pensar y debiera haberlo
hecho s1 fuera lógico con su punto de partida y su intención nuclear.
Pa~ real~ar esta compleja tarea, debe el intérprete .eguir por dentro el
devenir configurador de las obras, c;orprender su lógica interna, la Jóo'ica del
1

De todo lo antedicho ~e deduce la distancia que media entre eJ concep•o d ·
•• ·
'tú
la
• e Juego
nguutico que ll o a
b~ de la hermenfotica filos6fica y eJ que expuso Wittgtnstein
en su Tractofur y en las Phrlosophische Untersuchungen.

li

~
visto con ~rspi~cia K. Jaspen en su análisis del len uajc kantiano. CfI'.
Dre, Grunder des ph,losophiereru, Plato, Augustin, Kant, Pieper, !unich, 1957.

•

~-ª

160
161
bumaniu.,.u

�diálogo interno que impulsa todo proceso creador. ¿ Es posible revivir la génesis de una obra que se presenta del todo hecha?

fund~entales, como el tedio, el gozo, el entusiasmo
el vértigo. . .
, la angustia, el miedo,

Las obras de música, danza y teatro surgen en cada interpretación de modo
originario, como en su primer albor. No sucede así en las obras de arte plástico
y literario. Este género de obras parecen estar ah1 configuradas de una vez
por todas. Un análisis atento de las mismas, prueba, sin embargo, que también
ellas pueden y deben ser vistas dinámicamente en su brotar fontanal.'

Además de clarificar estas vertientes de la alid
..
nos permite comprender 1)
1h b
re ad, el análiSJs del juego
do relaciones con I
que e om re desarrolla su personalidad crcanfonnad
e ~tomo,_ 2) que el entorno auténtico del hombre no está
o por meros objetos smo por campos de realidad "
.
la interacción de ámbitos es fuente de
. 'd d
o ~b1tos"; 3) que
4)
1l
.
expresl\,1 a ' de senbdo y de beU .
que e enguaJe auténtico es vehículo viviente d
·
·
eza,
funda con las realidades del entorno.
e los ámbitos que el hombre

Algo semejante acontece con los textos filosóficos. Todo texto filosófico,
asi como toda obra literaria con trasfondo filosófico, están impulsados por
una intuición básica, y esta intuición, a su vez, arranca de una experiencia
/undamental. Comprender un texto es hacerse cargo de cómo se enraiza en
esta experiencia y en aquella intuición. ¿Es posible adivinar la intuición fundamental (o las intuiciones fundamentales) de una obra, y rehacer su experiencia básica (o sUJ experiencias básicas)? A mi juicio s1 lo es, a condición
de poseer una formación filosófica que nos permita descubrir -en el medio
transparente del lenguaje- la \'ertiente de la realidad que cada autor quiere
plasmar. Esta vertiente no se reduce a los meros hechos y datos -algo localizable, delimitable, constatable, algo que al hombre le viene dado del todo
hecho-. Lo que los grandes autores quieren encamar en sus obras son más
bien los aspectos lúdicos de la existencia humana -armonías y conflictos, pasiones y luchas, deseos y frustraciones, mundos que se instauran y entrelazan
para potenciarse, mundos que se desmoronan y colisionan entre sí-. Este tipo
de realidades sólo se conocen por vía de encuentro, si uno hace su xperiencia
personal. Las obras que las encaman apelan al hombre a inmergirse en ellas,
en su problemática existencial. Si el lector responde a esta apelación, se produce un diálogo. Todo diálogo auténtico -por ser un juego de apelaciones
y respuestas- constituye un campo de iluminación. El juego engendra luz.
Se realiza a la luz que él mismo alumbra. En este campo de iluminación que
es el juego se pone al descubierto el verdadero sentido de los acontecimientos
de la vida humana que presentan un carácter relacional: el símbolo, las fiestas, los estilos las diversas realidades culturales -un templo, una casa, una
plaza, un clau tro, un camino ... - ; diferentes acontecimientos sociales relevantes, como inaugurar una red vial, proclamar un presidente, consagrar un
templo, proclamar la palabra, dictar una sentencia; lo sentimiento humanos

• Sobre la relación que media entre invención, realización e interpretación en las
artes del espacio y en las del tiempo, puede verse mi Estltica d, la cmttividad Juego,
.Arte, Literiuura. Cátedra, Madrid, 1978, pp. 137-141.

162

~ entra~~ en el juego que constituye toda obra literaria y filos6f'
.
os geneticamente al alumbramiento de su
. .
ica, as1sahondar en el secreto de una ob
b
expresividad y su belleza. Para
tura, sus dependencias e influ ·os ra, no as_ta analizar desde fuera su estrucl .
J , su contenido. Hay que arriesgarse
liza
e Juego a que ella nos invita y ca tar
r d
.
a rea r
lógica que orientan las d'
f p
po
entro los diferentes modos de
. .
iversas ormas de actividad humana. J l6gi d
creatividad y la lógica de la disolución. la 1 .
, . . a
ca e la
modos; la lógica del poder d
. d'
ógica del vemgo en sus diferentes
esarraiga O de la ambición, etc.
El núcleo de la primera y decisiva obra d S
ser comprendido por el que haga la ex eri:ncia;::• LA_ Náusea, sólo _podrá
del entorno con un modo d .
cli
P
e ururse a las realidades
e mme atez fusiona) y sie ta 6
od
confiado del hombre sufre un racrcaJ
º., e mo t o el mundo
desaparecen, todas las realidad~ se ~nd~fonnac1on: las significaciones
Ucno de realidad, nada tiene sent'd
'f n una pasta amorfa, todo est.-í
¿ cómo entrar en el .
1 o espcct ico, todos estamos de más. Pero
¡uego que no plantea la obra?
A mi entender, es necesario conocer a fondo l / .
humana, la articulación de I di
ª óg~a de ·la creatividad

os versos momentos que mtegran la .d h
mana
creadora
Por
eJ·cmpl
a u, .
. .
o, i• conocemos el vínculo que media entreV1diáJ
autentico Y creaoón de ámbitos de conviven ·
·
ogo
falta de creatividad y tedio nos d
eta, actitud creadora y entusiasmo,
Godot, que los protagonis~s a~:::::e~~• aJ c~nternplar Esperando a
sumidos en el tedio. Los mendi
I
y capacidad creadora y viven
h b
gos-c owns no se lamentan de su pob
d 1
am re y del frío que los atenaza sino de I I
reza, e
" ad
. .
,
o ento que transcurre el tiem o
Nadie VJene, nadie se va. Es h orn'ble" , exclama uno de ellp .
E ta a ocurre.
.
pnmera constatación nos pemu· te ca1ar más hondo en la obra
ll os.
~ comprender dos puntos decisivos: 1) la intuición bás.
y egar
SJStc en advertir que la falta de
b' 'd d
.
ica de Bcckett conh b
crea vi a con btuye una traged'
o~ re; 2) su experiencia básica radica en la vine J '6O d
ia .P~ el
tedio.
u ac.i
e no-creatividad y

163

�y:~

5a.) Captar de modo sinóptico el nexo orgánico que hay entre los p · ·pales acontecimientos que tejen la trama de la vida humana
los correspondientes conceptos y términos.•

Si conocemos la relación que hay 1) entre encuentro y actitud de entrega,
disponibilidad, respeto, y 2) entre conocimiento y amor, conocimiento y ac•
ción, comprenderemos la intuición básica del Petit Prince de Saint-Exupéry:
s6lo se conoce bien con el coraz6n, comprometiéndose. Sólo cuando uno se
compromete con otro, puede encontrarse con él y llevar el propio ser a madurez.
Esta intuición se alumbra en la experiencia del conocimiento interpcrsoruil.
El delicioso diálogo del zorro y el principito suscita -entre otros temasel del simbolismo. La profunda belleza de este pasaje se revela nítidamente a
quien conozca el carácter relacional del símbolo. La condición simbólica de
una realidad no es estática ino dinámica. Surge en el encuentro. En el film
La Strada de F. Fellini, la carretera se com·ierte en símbolo de dos vidas sin
hogar sin arraigo. En ú Petit Prince, el trigo -merced a su color dorado-se constituye en lugar de encuentro entre el zorro y el principe de los cabellos
de oro. Con ello gana un poder simb6lico, poder de remisión a una realidad distinta que en él se hace en algún modo presente. Tal presencia le
confiere un peculiar relieve y resplandor. Cuando acontece una relación
de encuentro, todo el entorno se transfigura, al entrar en el juego creador.
Anulado el encuentro, la t.rarufiguración desaparece y el entorno pierde el
carácter acogedor que muestra cuando constituye para el hombre un campo
de juego. A este fenómeno de desmoronamiento que acompaña a la pérdida
de la actitud lúdica alude certeramente Alphonse de Lamartine en su conocido verso: "Un seul etre \"ous manque et tout est dépeuplé".

En visión sinóptica, podemos afirmar que, para rehacer genéticamente el
proceso de instauración de una obra, se requiere realizar diversas tareas complementarias entre sí:
la.) Estudiar a fondo el modo ele ser de la realidad humana y de las realidades que constituyen su entorno peculiar. La realidad humana no
es cósica, sino ambital
2a.) Descubrir las leyes de desarrollo de la realidad humana. El hombre
se desarrolla creando vínculos con otras realidades, fundando ámbitos
de realidad.
3a.) Distinguir los diversos niveles a que puede moverse el hombre y las
distintas actitudes que puede adoptar: niveles de realidades objetivas o superobjetivas, actitud de dominio, manipulación, goce, o bien
actitud de respeto, colaboración, creatividad dialógica.
4a.) Estudiar las condiciones del auténtico encuentro y la relación entre
acontecimiento de encuentro y el alumbramiento de luz y belleza.

164

. El medio .por excelencia en que toman cuerpo los diálogos, las interferenc1as de á?1b1tos, e~ el lenguaje. El lenguaje es el lugar de iluminación donde
se patentJzan luminosamente los acontecimientos que generan luz bell
Y
eza.
Est~ luz del le~guaje solo se capta cuando se hace juego, cuando se entra

en ~I Juego expenencial que dio lugar a la obra. La necesidad de hacer · eg
deCide el método de análisis.
JU 0

Método de a11álisis
La lectura de una obra literaria o filosófica y la contemplación de una obra
teatral deben adoptar 1~ actitud comprometida del juego creador. El lector
Y. el espec~dor deben dialogar con la obra en su proceso configurador como
s1 la estuvieran gestando al hilo de su diálogo con ella.
La obra de arte sólo existe plenamente -sólo e •tá en acto-- cuand
produce un diál~go verda~eramente creador entre ella y el intérprete :
:5~ctador. En cierta medida, sucede lo mismo con la obra filosófica, que
umcamente se constíture en lo que es en campo el ·1 · '6 d
•
,
e 1 ummaci n e la reahd~d: cu~ndo un lector reaviva su problemática con toda la viveza del diálogo
origmano .entre. el ho_mbre y las diversas vertientes de la realidad entorno.
L_a obra literana o filosófica surge dial6gicament~. 7 En principio, el autor
dialoga c~n la realidad. Seguidamente, plasma ese diálogo en el Íenguaje }
lo hace di~Jogando con la obra según ésta va configurándose. El leng~aje da
cuerpo .Y figura a tale~ diálogos. Pero este carácter dialógico, tensionaclo, rico
de sentido, del lenguaJe s?lo lo puede captar el lector que a su \'CZ diaJogue
con la obra )' con las vertientes de la realidad con las que había dialo"'ado el
0
autor.

:i

Toda interpretación auténtica, toda lectura auténtica es una re-creación
Para recrear una obra, el intérprete, el lector, deben asumirla no como alg~
• GuAR.01:-,,1, R ., ruelc pedir que ,e conceda libertad interna a ¡
fi
r
..
os conceptos a in
que se orme un p:°digioso anillo de conceptos que se clarifican y potencian mutua~nte en una_ espeac. de sorprendente juego de reflijor (Spiegelspiel, Heidegger).
Sobre la 1rutauraea6n de w obras filos6ficas cfr E SoURIA • L'" 1
•
Phü
h·
F
'
· ·
u.
ms aurat,on
oso~ 1qu11, . Alean, París, 1939; J. C., P1ouET: L'ouur, de philosophie A la
d

e

Baconmere, Neuchatel 1960.

·

165

�¡·a configurado del todo, sino como si estuviera gestándose por primera vez;
deben tomar sus elementos integrantes ---conceptos, frases, escenas ... - en su
albor, en su interno dinamismo, en su poder de vibración, de dar cuerpo ex•
presivo a mundos de sentido, de vida en relación. Para compren~er esta. ~xp~&amp;ividad los textos han de ser leidos a la luz ganada en la propia expeneneta,
'
.
experiencia tematizada, ahondada en la reflexión filosófica que nos pemute
ver la trabazón estructural de acontecimientos, conceptos y términos.
Cuando, en Esperando a Godot, Vladimir le pregunta a Estragon si reconoce cierto lugar donde han estado, Estragan se enfurece súbitamente. A primera vista parece tratarse de un exabrupto injustificado. Una lectura psicológica
de la obra tendería a explicar esta actitud anómala mediante un rasgo de
carácter o una deficiencia psíquica. Una lectura lúdico-ambital intenta penetrar más y buscar la solución en un plano más hondo, preguntándose si
de verdad es injustificada esa pérdida del temple. La reacción de Estragan
se produjo al oír el verbo reconocer. Proiwulicemos en él, hagamos la experiencia de lo que significa reconocer. Reconocer es recordar, volver a pasar
por el corazón, revivir y en alguna medida aceptar y amar. Estragan ~-niega
violentamente a aceptar la proposición de amar -siquiera en grado m1rumo-,
unas circunstancias que juzga extremadamente adversas. De alú su indignaci6n, perfectamente lógica a nivel de juego y de ámbitos.
Roquentin, en La Náusea de Sartre, se halla sentado en UD banco del jardín mirando a la raíz de un castaño. De repente siente que todo el mundo de
las significaciones desaparece, las realidades se fondeo en un magma amorf 01
todo queda nivelado en un plano de sinsentido, sin cualificaci6,n y, po: tanto,
sin razón de ser, injustificado, contingente, sobrante. Todo esta de mas. Pero
uno se pregunta c6mo la mirada de la raíz puede provocar todo este proceso.
Aquí radica el sentido nuclear de la obra. Para clarificarlo, debemos ahondar
en tos diversos modos de mirada. El análisis de los pasajes anteriores de la
obra DOS permite entrever que se trata de una mirada fija, obsesionada, /as,
cinada. Si hacemos la experiencia de la fascinación. constatamos que ésta
fusiona anula el campo de libre juego entre la realidad que fascina Y el
homb~ fascinado, y apaga la luz que brota en este campo de juego y permite
captar el sentido de las realidades.
Al mirar Roquentin la raíz con actitud de relax extremo (opuesta a ~a tensión
de la creatividad) y con mirada fascinada, fusionante, las c~as ~1erden su
significación peculiar, y los nombres dejan de ser lugares de vibración de_ las
realidades a que aluden. Los nombres adquieren su sentido de tales en el dinamismo de la interrelaci6n creadora entre el hombre y las realidades del entorno

166

Anulado este dinamismo -que funda ámbitos de interacción y de sentido-.
los nombres y las cosas se escinden y pierden su sentido peculiar.
Las cosas, aisladas de sus nombres y de las tramas de interrelaciones que les
dan sentido, ajuste y significación, se le aparecen a Roquentin como grotesca,
informes, deformes, vaclas de sentido, tercas, empeñadas en imponer su existencia sin una justificaci6n interna de la misma, excesivas, masivas.
Pero cuando Roquentin se levanta, se acerca a la verja y contempla el jardín en su conjunto, obseiva que éste le sonríe, y tal sonrisa "quiere decir algo",
y su significación constituye "el verdadero secreto de la existencia". Roquentin
experimenta súbitamente una transformación al abandonar su actitud de inme•
diatez fusiona]. Al tomar cierta distancia frente al jardín y verlo en su conjunto,
en su trama de realidades e interrelaciones, funda un campo de juego y de
iluminación, y capta a esta luz la expresión benevolente del jardín: su sonrisa.
El fenómeno de la sonrisa es un fenómeno humano de sorprendente riqueza
por ser creado de dentro afuera, con espontaneidad expresiva, y ser irreductible lli los elementos que lo integran. Si se sonríe uno fonadamente, hace una
mueca. La sonrisa constituye la puesta en acto de una actitud penonal de alegría y beneplácito. Para comprender el significado del fenómeno de la sonrisa,
hay que verlo en bloque como lugar en e] cual la persona se expresa. Si se lo
desvincula del conjunto de la vida personal, o si se lo reduce a la suma de
ciertos gestos faciales, la sonrisa como fenómeno integralmente hwnano desaparece.
Análogo fenómeno acontece en la segunda gran experiencia de La Náusea:
la canci6n. La melodía se despliega por encima del disco con tal independencia
y libertad frente a todo lo existente que Roquentin siente vergüenza de sí y de
cuanto existe de modo cotidiano. La melodía no "existe", "es". La cantante
que enton6 la melodía "existía", y puede haber fallecido. El disco "existe", y
con el tiempo es posible que se deteriore o se rompa. La melodía en sí queda
al margen de estas circunstancias y se conserva lozana, pues las obras musicales
se recrean en cada acto de ejecución. La melodía se halla ' más allá", siempre
"más allá" de todo, de una voo, de una nota de violín". "Yo ni siquiera la
oigo, oigo sonidos, vibraciones del aire que la develan".
Las últimas páginas de La Náusea dejan entrever que la experiencia de Roquent:in no se reduce a la inmersión fusiona! en el entorno. Esta debe ser superada mediante el salto al nivel lúdico, nivel del juego musica~ nivel creador.
Ello nos indica que era sin duda más adecuado al contenido de la obra el título
que llevaba en principio: Melancholia, añoranza hacia un plano de realidades
más elevadas que las que constituyen el propio entorno vital. La Náusea des-

167

�cribe dos experiencias: una que sume en la depresión, otra que eleva a la
plenitud y al gozo. Esta elevación se da a través de un descubrimiento fenomenológico, un salto -categoría fundamental del pensamiento contemporáneo-. Una vez realizado este salto, este ascenso del nivel objetivista -nivel
de manipulación de objetos-, al nivel lúdico, nivel de creación de ámbitos,
toda la existencia anterior queda transfigurada. La descripción de la canción
es muy breve; pero viene a ser como una fulguración que lo pone todo a una
nueva luz. 8
La experiencia de la canción es un ejemplo más del papel relevante que
desempeña la música en la literatura contemporánea. La música -según G.
Marce!- "tiene un valor más grande que todas las ideas". La música es por
esencia configuradora de ámbitos y órdenes, y en cuanto tal constituye un
antídoto de la náusea, sentimiento provocado por la inmersión fusiona! en el
entamo y el consiguiente desdibuja.miento de los perfiles que dan a cada ser
delimitación y sentido. Al anularse las significaciones, toda la realidad queda
diluida en un polvo atómico de presentes desligados, puntuales, inconexos. En
cambio, una melodía -y, por supuesto, la obra musical en que se integrapresenta una interna trabazón, una fuerte cohesión orgánica, en la cual el pasado, el presente y el futuro se ensamblan estructuralmente y forman un
conjunto dotado de relieve, de un modo de temporalidad superior cualitativamente a la temporalidad que marca el reloj e integrable con ella. Cuando
se integran estos modos diversos de temporalidad, se siente una impresión de
dominio del decurso temporal y se vence la opresión del tedio, sentimiento
que invade al hombre cuando se somete -por falta de creatividad- a la marcha implacablemente monótona de los instantes temporales. A este modo de
temporalidad vive sometido Roquentin cuando se entrega fascinado a las realidades meramente "existentes". De ahí su falta de memoria, que -como resalta
en Esperando a Godot- no suele indicar en la literatura contemporánea un
rasgo psicológico de ciertos personajes sino una actitud básica ante la existencia:
la falta de voluntad de recordar, de volver a pasar por el corazón, de revivir,
de recrear.
Un análisis profundo de La Náusea nos revela que esta obra se despliega a
partir de dos intuiciones (la de la contingencia radical de 1as cosas que "existen", y la de la no-contingencia de las realidades que "son") , y estas intuiciones
se alumbran en sendas experiencias (la de la raiz y la de la canción).
• Una amplia exégesis de La Nausea, de Sartre, y El extranjero y Callgula de Camus, y una fundamentación pormenorizada del método de análisis de obras literarias
con trasfondo filosófico puede verse en la obra Estitica de la creatividad.

Aplicación del método.
Una experiencia a nivel universitario
Para co~tatar la eficacia del método esbozado anteriormente, realicé div~rsos traba10s de hermenéutica con diversos grupos de estudiant
.
.
nos E
di .
,
es umversita. ra muy verso no solo su grado de formación sino también el interés
estos· temas y su confianza en la propia capacidad analí•:~
fpor
amili
.....a. M'1 meta era
anzar1os con el estudio directo de grandes obras filos6fi
lit . .
des b ·
'd d d
cas y erarias
cu ru su capac1 a e análisis y promocionarlo a niveles más rigurosos.
'

. cuid Para
d dello analicé en clase diversas obras filosóficas de gran re 1evanc1a
an o e poner al descubierto su estructura interna mediante l
r
.; d
una da h
, .
a ap 1cac1on e
. . ve ermeneubca. La clave hermenéutica o interpretativa co . te
ad1vmar la e
· · b, ·
·
nsis en
.
xpenenc1a_ as1ca que late en la obra y rehacerla personalmente a
ft~ de que en la propia mente se alumbre la intuición fundamental
di,
ongen
q~e suo
tid a la obra
cíf en cuestión, con su espíritu peculiar, su fuerz a expresiva
sen ~ espe ico. Con frecuencia, una obra intenta resaltar una vertient: de
la realidad y deja de lado otras no menos relevantes Lo urgente
.
.
en el ana'lis'is J os6f'ico es revivir genéticamente el mensa
·
·e del Y pnmano
que ofrece de . gul
. d ..
J
autor, en lo
. .
. sm ar e me uctible. Una excesiva preocupación por defender
posiciones
. amengua
la il 'bTdo dideas
d que
, . el autor parece im pu gnar o a1 menos preterir
exi 1 _1 .ª .e espmtu que es necesaria para dar alcance a lo ue ueda habe~ de ongmano y sorpr~sivo en un autor. Kierkegaard, en Te:!or: Temblor
qwere subrayar ,la necesidad de la pasi6n por la fe , ac~tud
que supera
. el a 1•
u.
d la
canee
razon' de la forma de razón &lt;lirio-ida
al d orruruo
. . de 1o obJetlVQ
. .
'bl e
o·
(
asi
e,
mensurable,
verificable)
.
No
se
cuida
K'
k
d
de
. ..
ier egaar en este contexto
.: des ) estetlco
, .
' · esclarecer
li · la pos1b1hdad de integrar
· los "estadios" ( 0 acutu
e~o y re gio:º: A la luz de una primera lectura, parece sugerir ue la en~
hega
. o "suspende"
la actitud ética· De h ec h0 , sm
. em
qb argo la
· a lod relig10s
d
.
meta ver a era
. , excepcional
.
l de Kierkegaard es destacar Ia si'tuac1on
en 'que
s~ encuentra e hombre que se relaciona de modo in-condicionado libre d
~culado de toda traba, ab-soluto, con el Ser Absoluto. Este hom,bre ', esli ad
n·
.
.,
' as¡ reg o
10s po~ una vocacion personal intransferible, no se rige por normas
genera es -propias de la ttica-, sino por el imperativo concreto de una
llamada que le ha sido hecha en nombre propio.

n

t

. Como sucinto ejemplo de estas dos fases del análisis, expongo a continuación en esquema las claves hermenéuticas que ofrecí
los alumnos para
adentrarse en varias obras de Kierkegaard.

ª

169
168

�Análisis de la obra de S. Kierkegaard "Temor 'Y Temblor"

b.-Elogio de Abraham

1. Ficha técnica
. d el 16 de octubre de 1843. En febrero del
Temor y Temblor fue ~ublica ª1
t'
("Enten-Eller''). El 16 de abril,
- h b'
arccido LA a terna iva
.
mismo ano a ia ap
• 1 · a su ex prometida Regma
Klerkegaard encontr6 casualmente en una ig esia
clusi~ a una tarea de
Olsen con la que había roto para cons~den ex 'da Regm· a lo saludó
'
· ' quenendo e por vi ·
predicador laico y a la qu~ segwnaard h ó Berlín y en dos meses de activi,
ués K1erkega
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dos veces. D taS esp '
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blor y La repetición.
dad febril escribió dos obras: Te mor 'Y em
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d la doctrina de "los tres estaEn La alternativa había expueSt O Kier egaar
·
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.
.
d la vida" En el estadio estético el hombre vive a
.
dios en el camino e
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templa sm' comprometerse, sm
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lacenteras · con
a las impresiones sens1 es, p
., . d de modo inmediato (no creaego su persona, vivien o
optar, sm poner en
1
d' 't'co el hombre se decide a comprodor) el instante presente. En e esta ,do e , 1' i'da humana la configuran y
ales que or enan a v
'
. .
meterse con normas ge~er
ce tado valorado. En el estadio religioso,
sitúan en un ordo comunme~te a p
s que Dios le dirige, las acepta y
el hombre escucha las ap~lacion~s PI erso~ earecen contradecir los dictados de
·a las nusmas incuso Sl p
d
conforma su vi a a
. en la vida de la sociedad. El horno religiosus que a
las nonnas generales que ng
.
d
p ·, "como un abeto col. lado reducido a una figura e exce cion,
con ello ais. , ,,
. d ormal frente a las normas generales queda
gado del abismo • La actitu
'da or una llamada parsupeditada a la actitud excepcional que viene exigi
p

a

•

donde se dan alimentos más fuertes, es decir, modos de unión a dis•
tancia, unión mediacionada por el sufrimiento.

JU.

J

.º

.

•

ticular del Absoluto.

2. Estructura de la obra
a.- Temple, Orientación básica

. .
b~•;cas constituyen el umbral de la obra:
Dos convicciones =
..
1 .d humana es comprometerse existencialmente,
la.) Lo dec1S1vo en a v1 a
b
te el
. .
fe de modo sencillo y abierto. Esta apertura a re an ,
vivir en
. .
se logra por via
hombre el horizonte del auténtico conocument~, que
·pulación dominadora mediante conceptos.
de trato, no d e mam
. d 1 vida en fe .implica la liberación de la inme2a ) La apertura propia e a
d f
t 0
.
d'
f
.
al Al comienzo de la obra, Kierkegaar o rece cua r
me iatez usion •
l
d l
.
d la historia de Abraham y en todas alude a trauma e
versiones e
plano
destete: pérdida de la inmediatez con la madre y ascenso a un

Abraham, ante la proposición increiblemente exigente de Dios, dio el salto
al estadio religioso y se convirtió en un extraño para quienes militaban en el
estadio ético. Vista desde este plano, su acción --de haberse consumado-hubiera sido juzgada como un asesinato. Contemplada desde la perspectiva
particular de Abraham, constituía un sacrificio heroico. Pero ¿ quién puede
situarse en la perspectiva personal del que constituye una "excepción"? La
relación ab-soluta con el Absoluto abre posibilidades inéditas, sorprendentes,
y el enfrentamiento a solas con las mismas sitúa al hombre en una situación
de angustia. No es tarea fácil aceptar ser un elegido de Dios.
Abraham, sin embargo, aceptó. Con la misma decisión con que había creído
que sería padre de numerosas generaciones y había mantenido esta creencia
frente a la prueba del tiempo que pasaba en vano y corroía su esperanza de
paternidad, ahora sale de mañana, silencioso, para sacrificar a su único hijo
-al que ama más que nunca- sin dejar de creer en lo que parece absurdo,
en una descendencia numerosa. Abraham no duda, pone la vida -la suya
y la del hijo- y el sentido de ambas a la sola carta de la obediencia a Dios.
"Ningún sacrificio es demasiado duro cuando Dios lo ordena." 9
c.-Problemas que plantea la actitud de Abraham

l. Abraham no estuvo dispuesto a sacrificar lo mejor que tenía, porque un
hijo no es objeto de posesión. Estuvo decidido a quitar la vida a una
persona, a la que debía amar y respetar en virtud de una norma ética
universal. Si un mandato especial, privado, no hubiera conferido un
sentido peculiar a tal acción, desligándola de la sumisión a los preceptos
generales de la Ética, Abraham no hubiese realizado un sacrificio sino
un asesinato. En el estadio ético se siente el peso ineludible de la norma
general que prescribe amar a los hijos y cuidar su existencia. En el
estadio religioso, se prevé la posibilidad de un mandato que ordene
sacrificar aquello que uno más aprecia. Esta dura confrontación de los
puntos de vida ético y religioso es fuente de profunda angustia. Kierkegaard desea que el hombre no busque amparo cómodo en formas
institucionalizadas de religión, sino que viva hasta el final este sentimiento de angustia para comprender por dentro, vitalmente, la inten.
• O¡,. cit., p. 31.

171

170

�sidad que pueden alcanzar los combates dialógicos de la fe y su gigan•
tesca pasión10
2. Abraham, en el fondo, creía incondicionalmente en Dios como amor.
En este tipo de fe, que es obediencia a un Dios que ama infinitamente, y
no en forma alguna de cálculo se apoyaba la decisión de Abraham de
obedecer a Dios. Ello lo convirtió en un "caballero de la fe", y no en
un "caballero de la resignación infinita". El caballero de la fe se resigna
a perderlo todo para recobrarlo inmediatamente en virtud del "absurdo",
es decir, de instancias que rebasan el nivel del cálculo humano. Lo absurdo, en Kierkegaard, está .sobr-e la razón, no contra ella.
3. El hombre profundo ve la vida con perspectiva suficiente para captar
su verdadero sentido y valor, y tiene impulso para lam.arse a su búsqueda
aunque sea algo arduo y aparentemente imposible. Tal impulso permite
dar el salto constantemente hacia lo valioso. El salto kierkegaardiano
se opone a la mediación hegeliana, que todo lo nivela y evita el riesgo Y
anula la pasión. A la época actual -afirma Kierkegaard- le falta, no
la reflexión, sino la pasión, la entrega comprometida, el impulso para
dar dicho salto. Esa pasión "concentra toda la sustancia de la vida y
el significado de la realidad entera en un solo deseo". Sin esa concentración el alma del hombre se dispersa. Merced a ella, el hombre en
'
.
,
un instante opta por lo eterno. El caballero de la fe no se olvida de s1,
ni desea cambiarse (el mero cambio es típico del plano superficial);
desea transformarse, ganar una dimensión nueva. Esta elevación de
plano respecto al amor es la que quiso experimentar Kierkegaard respecto a su prometida Regina Olsen, a la que siguió amando, tras la
renuncia y la separación, en el nivel de paz que funda la fuerza del espíritu cuando se entrega a los valores infinitos.

3. Ideas básicas de la obra
l. Esta obra está escrita en clave, como viene sugerido por la cita de

Hamann que Kierkegaa1·d inserta al principio. S6lo Regiua Olsen -consciente de1 sacrificio supremo que hubo de hacer Kierkegaard al suspender en aras de lo religioso su voluntad de comprometerse éticamente
con ella y fundar un hogar- podía comprender el verdadero sentido
y alcance de cuanto en esta obra se dice, a veces en estilo poético y
paradójico. El conocimiento de lo profundo existencial debe ser "apa•
sionado", es decir, exige entrega comprometida. El pensamiento siste" Op. cit., pp. 42-3.

172

mático como entramado de conceptos incomprometidos no es suficiente
para conocer los acontecimientos más hondos del hombre que -como
la vida en fe- son fruto de un encuentro. De ahí la sim;atía de Kierkegaard por el Descartes enigmáticamente profundo de las M editationes
de prima philo.sophia, que se muestra "ambitalizado" en Dios unido al
Infinito en el núcleo de su mismo ser persona].
'
2. Esta vinculación comprometida al Ser Absoluto puede provocar la desvinculación del hombre respecto a las normas generales de la ttica.
El joven que ingresa en la vida religiosa dejando a sus padres en situación de extremo desamparo da el salto de lo general ( el precepto ético
de honrar y cuidar a los progenitores) a lo particular (la respuesta a
la llamada personal que cree recibir de Dios) .
~braha~ es prototipo de esta suspensión ( casi contrauenci6n) de la
Ética, actitud que lo convierte en una "excepción", en "individuo"
solitario, desarraigado respecto a lo que las gentes consideran fundamento inquebrantable del obrar.
Esta soledad provoca un sentimiento de angustia, de hallarse como
s~bre el vacío. El héroe clásico realizaba acciones excepcionales, a veces
dilacerantes, porque la ética misma se lo imponía, y, en la misma medida, se veía amparado por la comprensi6n y la com-pasión de todos.
El héroe trágico, en su desvalimiento, encuentra apoyo en lo general,
en la vida del pueblo, por el que sacrificó sus sentimientos más íntimos.
No así el caballero de la fe. Ama con toda su alma lo que debe perder,
y no encuentra apoyo sino en el retiro de su conciencia. Todo vacila en
su derredor y acrecienta su aislamiento.
En su angustiosa soledad, el caballero de la fe no puede intentar ser
un maestro, y adoctrinar a las gentes sobre lo que debe hacerse en general. Se reduce a ser un testigo, un modelo de realidad individual
autorresponsable1 desligada de todo condicionamiento y gregarismo ab~
solutamente vinculada al Absoluto, sin mediación alguna por par;e de
Ja comunidad.
Esta soledad de la comunicación privada, ab-soluta con el Absoluto
va un.ida con el ocultamiento, el silencio y la incom;rensión. El silencio que es índice de unión íntima con realidades altamente relevantes
muestra una especial grandeza, pero la Ética exige de por si claridad,
proyectar las acciones privadas a la luz implacable de las normas generales, y fustiga el ocultamiento. De ahi que toda suspensión de lo ético

173

�en aras de una vocaci6n excepcional suponga un escándalo~ un enfrentamiento a las normas consideradas -a nivel ético- como fundamento
de la existencia auténtica. Abraham, el solitario, llamado por Dios a
una acción excepcional, se siente exiliado de la esfera de lo general, lo
comúnmente admitido, y se ve reducido al silencio, sin posibilidad de
autojustificarse, de situar su conducta dentro de la coordenadas de la
normativa general. La figura de Abrabam puede, en consecuencia, ser
admirada, pero no comprendida.
3. Cuando uno, llevado no del afán de amparo y seguridad, sino de la
"pasi6n" de la fe, del impulso a comprometerse con el Absoluto, se
sitúa en el estadio religioso, advierte la importancia de ser "in-dividuo",
de vivir la relaci6n con el Absoluto de modo ab-soluto, no mediado. La
verdadera realidad es el individuo relacionado absolutamente con Dios.

4. Textos relativos a las tres ideas básicas
1. "Era muy de mañana ... " (págs. 19-20) . (Liberación de la inmediatez
primera, de lo que. parece lógico a una mirada ética, y paso a lo paradójico, absurdo, excepcional.)
"¿No hubiera valido más no ser el elegido de Dios?" (pág. 26). (Dificultad de mantener la fe en los momentos de prueba.)
"Sólo el que trabaja consigue el sustento ... " "En el mundo del espíritu ... " (págs. 34-35) . (En el mundo del espíritu todo debe ser conquistado. Nada viene dado como un objeto.)

2. "¿De qué modo explicar una contradicci6n como la de nuestro predicador?" (págs. 39-40). (La acción de Abraham, de consumaa;e, sería
un asesinato, desde el punto de vista ético, y un sacrificio, desde la perspectiva religiosa.)
"Abraham, en definitiva, guardó un riguroso silencio" (págs. 162166). ( Confrontaci6n del héroe trágico, Agamen6n, y el caballero de la
fe, Abraham.)
3. "Incluso el Nuevo Testamento ... " (págs. 160-1). (La "subjetividad",
la realidad personal relacionada con el Ser Absoluto, es superior a la
realidad "exterior", desvinculada del Creador.)
"Y, para terminar, preguntamos ... " (pág. 172). (Abraham se salva por permanecer unido ab-solutamente al Absoluto que es amor.)

174

Análisis de la obra de S. Kürkegaard
"La enfermedad mortal o De la desesperación y el pecado"
l. Ficha técnica

Tras la aparici6n, en 1843, de La alternativa y Temor y Temblor, K.ierkegaard publica el 17 de junio de 1844 El concepto de la angustia y el 30 de
julio de 1849 La enfermedad mortal, obras consagradas al gran tema kierkegaardiano del pecado, de la inversi6n y vaciado del auténtico sentido de la
existencia humana. La última obra trata el tema de la angustia en su situación
límite: la dtsesperaci6n, una enfermedad mortal que no mata sino que obliga
a vivir el mismo morir. Los análisis sobre el origen de la desesperación y sus
diversos grados marcan el momento de mayor madurez de Kierkegaard y
explican en buena medida el influjo decisivo que éste ejerció sobre el pensamiento existencial contemporáneo.

2. Estructura de la obra
En la primera parte Kierkegaard explica el nexo que media entre enfermedad mortal y desesperaci6n, la universalidad de tal enfennedad y sus diferentes grados.
La segunda parte está consagrada a exponer el carácter pecaminoso de
la desesperación, sobre todo la de aquella que consiste en no querer "existir
ante Dios y ante Cristo", que es quien decide el sentido de la existencia
humana.

3. lderu básicas de la obra
l. Concepto relacional del hombre. El hombre es una síntesis consciente y
tensa de finitud e infinitud, de temporalidad y eternidad, de necesidad y Jj.
bertad. Debido a esta complejidad constitutiva, no puede el hombre lograr el
equilibrio y reposo por sus propias fuerzas a no ser que, al tiempo que se relaciona consigo mismo, lo haga también lúcida y voluntariamente respecto al
Poder que ha fundado tal relación. " ... Poseer un yo y ser un yo es la mayor
concesión -una concesión infinita- que se Je ha hecho al hombre, pero
además es la exigencia que la eternidad tiene sobre é1." 11 " •.. Un yo siempre está en devenir en todos y cada uno de los momentos de su existencia, puesto que el yo xai-a
realmente no existe, sino que meramente

Jv,,aµ,,,

11

Op. ci!., p. 61.

175

�es algo que tiene que hacerse", para llegar a ser sí mismo, "cosa que sólo
puede verificarse relacionándose uno con Dios''.1 1 "Pero ¡ qué rango infíruto
no adquiere el yo cuando Dios se convierte en medida suya! La medida del
yo siempre es aquello ante lo cual precisamente el yo es lo que es en cuanto
) o, pero esto e a su vez la definición de la medida. ( ... ) Lo que es la
medida cualitativa de algo es también su meta en el sentido ético; medida y meta y meta e.-&lt;presan, pues, la calidad de las cosas." 11

2. Liberación de la inmediatez. Grados de la desesperación. Fundar esa
relación con Dios ignifica crear un campo de libre juego, y esta creación
implica liberarse previamente de la inmediatez de empastamiento con la
realidad entorno y con la propia realidad. Hay modos diversos de inmediatez
y de unión. Para lograr los modos superiores -unidad de integración-, debe
renunciarse a los inferiores -unidad de fusión-, pues la fusión significa hermetismo, y éste no concede a los seres libertad de acción para fundar las
form:is de unidad de interacción en que florece la libertad y el conocimiento.
El yo humano tiene un especial relieve pues linda con el Infinito. Toda
forma de inmediatez que coarte esta distensión, des-vincula al hombre del
Poder que lo {undamenta, y lo desgarra. La conciencia lúcida de este desgarramiento es la desesperación. Las distintas formas de no ser sí mismo,
de no lograr la figura cabal del hombre provocan las diversas formas de
de csperaci6n.H
Para que haya en rigor desesperación debe darse una falta de equilibrio
en la síntesis radical que es el hombre ( finitud-infinitud, necesidad-libertad,
temporalidad-eternidad), y una conciencia clara de tal desajuste. "La desesperación se eleva en potencia proporcionalmente a la conciencia del yo; pero
la potencia del yo
eleva en proporción de su medida, es decir, que se eleva
infinitamente cuando la medida es Dios." 16
Poderse desesperar es una ventaja infinita, porque indica que el hombre
se halla relacionado con 1 infinito desde su origen, y, sin embargo, estar
desesperado no sólo es la mayor desgracia y miseria, sino la perdición misma.
Es, en verdad, una ardua tarea haber de constituir el propio yo como
autónomo, pi no y autoconsciente, en cuanto se lo abre a la relación con el
Infinito.
cit., p. 74.
Op. cil., p. 156.
11 Op. cit., p. 74.
u Op. cit., p. 157.
u Op.
11

176

. 3. El antídoto de la desesperación es la fe. La fe abre al h b al ám
bito de la infmitud, la libertad y la eternidad en el cual puedeorem
a d plegarse c
p
•
'
-,-'"' r, esla entre~
Infinito, hay que aceptar el riesgo que implica
. '
' e om re parece quedar sobre el vacío y sentir an
tia
pero, a traves de este sentimiento de abandono llega al amparo d 1 gus, ,
ticamente
iona1 1
'
e o autenpromoc
' o que convierte al yo en un sí mismo.

:~~ra ';11~rse :1

'"n:.

4. Textos relativos a estas ideas básicas
1. "La desesperación es una cnfermedad propia del espíritu del yo
(págs. 47-49). (Origen y formas de la desesperación.) ,
( ... )"

2. "La
desesperac i6 n por lo terrenal, o por algo terrenal" (págs. 108-120).
"
De es~ modo ascendemos cada vez más ... " (págs. 128-9). "Para que
uno qwera deses~amente ser sí mismo ... " (págs. 138-9). (Los
grados de. desesperac1on son proporcionales a los grados de conciencia de
estar desvmculado de Dios.)

3· "Pero t· qué. rango infinito no adqwere
•
el yo ... " (págs. 156-158). (La
desesperación
es
el
pecado
)
"
La
, · del estado en el
1c6nnula tip1ca
ua1
.
·
···
c , no ~ da ninguna desesperación, ª saber: cuando en la relación
coll.Slgo rrusmo y al querer ser sí mismo el yo se apoya lúcido en el Poder que lo fundamenta. Fórmula que al mismo tiem
definición de la fe" ( pág. 245 ) .
po ( · · · ) es la

5. Tareas propuestas al alumno

l. Analizar, a la luz del contexto, los pasajes de la obra anotados en el
apartado III.

2. Confro~tar la voluntad de "querer desesperadamente ser sí mismo" en
los estoicos y en Kicrkegaard.

3. Comparar la "desesperación obstinada" según K.ierkegaard la .
ta'ó
f
'
m~
pre_ ci n q~e o rece Camus de "el hombre absurdo" (en la mythe de
Sys1phe y L homme révolté) y la actitud de rebeldía de Me
1
tagonista de El extranjero de Camus.
ursau t, pro4· Determina
· 1'nflUJ.º
' por ~arte de la concepción relacional del yo
.
r si. e,oste
en Kierkegaard sobre la idea heideggeriana del D asein
· como ser-en-eld
mun o.

5. Averiguar
posible influencia del concepto kierkegaardian d d
·ó una
d
,
o e esesperac1 n y

e su antídoto, la fe, sobre la interpretación positiva de la

177
humanitu-12

�angustia (Angst) y el fracaso (Scheitern) en Heidegger y Jaspers, respectivamente.

6. Clarificar el sentido profundo de la doctrina de Kierkegaard y Heidegger
acerca de Dios como ''medida" del hombre. Cf. Kierkegaard: La enfermedad mortal, pág. 156; Heidegger: Vortriige und Aufsiitze, Neskei
Pfullingen, 1959, pág. 195: "El hombre como hombre se ha medido
siempre en y con lo divino".

¿LA FILOSOFfA, OBJETO DE LA PEDAGOGtA?

Balance de esta experiencia
l'RoFR. SANTIAGO VIDAL

Tanto en el campo del análisis filosófico como en el del literario se observa un progreso sorprendente en los alumnos cuando en vez de resúmenes
de las obras y consideraciones generales en torno a las mismas se les ofrecen
claves hermenéuticas de interpretación. Los estudiantes sienten el gozo peculiar que proporciona la lectura genética de los textos, el seguir por dentro
el proceso de configuración de toda su estructura. Esta visión íntima de las
obras permite ganar distancia de perspectiva, de forma que no solo se comprende el verdadero sentido de cada afirmación, sino que se logra un poder
de discernimiento capaz de anticiparse a lo que va a decir el autor, someterlo
a juicio, confrontarlo con otras posibles ideas, delatar insuficiencias y lagunas.
En una hora de clase, el profesor no puede ofrecer una exposición mínimamente satisfactoria del pensamiento de un autor. Cada sistema filosófico presenta mil matices que requieren atención detenida. Cabe, sin embargo, en tal
período de tiempo revelar a los alumnos las ideas básicas que deciden la
marcha de una obra, o de toda la producción de un autor. Esta labor mayéutica encierra gran dificultad -porque exige conocer en su raíz a los autores y temas en cuestión-, pero se muestra sobremanera fecunda en cuanto
a la formación e in/ ormación. La única información genuina en fi1osofía es,
obviamente, la que se obtiene por vía experiencial-creadora.

MuÑoz

Universidad de Chile.
Jusqu'ici, il n'y a pas de philosophie que l'on puisse apprendre. Car
ou est-elle? Qui l'a en sa possession,
et a quels caracteres a la reconnaitre? On ne peut qu'apprendre a
pbllosopher.

Emmanuel Kant Critique de la
raison pure. (Architectonique.)

LA
"P

PUBLICACIÓN de un artículo del filósofo italiano Ug S · ·t
'tulad
"b'li ,
,
o pin o, tt
o
oss1
1
tá
e
Limite
dell
Insegnamento
della
Filosofía"
nos
p
oc
'
J
•
,
r uro una exce. e~te _oporturnda_d para examinar su tesis acerca de que es imposible una
Didactzca de la Ftlosofía. 1 Ocasión para una refl""'"'ºº en'o'ca sobre e11a. N o
dudamos ~ue el planteamiento de fondo a que se refiere ese filósofo afecta
a la ~esbón de la posibilidad o imposibilidad de Didácticas Especiale d
cualqu
'
deI saber humano, sin excepciones, que sea aceptado como
s e
.
1era area
obJeto
Por
. de la Pedagogía.
. .
. cierto, aquí intentamos circunscrib;..,.,
"'"'05 a¡ pensarruento y conocm11ento filosófico, a la Filosofía en cuanto tal.
0 ~'

Esta es la razón que justifica registrar aquí un resumen de esta discusión.
No conocemos otros comentarios críticos a esta tesis de Ugo Spirito.
~a indagación del tema d~I epí~rafe, excede el mero ejercicio escolar pedagógico.
y de compren., d ¡Se hacen• algunas re1terac1ones por necesidades !óuicas
o·
s100 e lenguaJe, en un problema sin solución definitiva. Se intenta buscar
1 5PIRITO, Ügo, Posibilitá e Limite dell'lnsegnamente della Filosofia
I Li ·
·
1
loro Problemi Centro Didattico Nazionale per ¡ Licei. Roma Abril-Se¡tem.b ceil 9e56
Año III, Nos. 2-3.
'
re,
,

179
178

�un fundamento de la Pedagogía, en cuanto haga posible la comunicación de
la verdad, en la experiencia filosófica compartida. En nuestro juicio, el problematismo endereza hacia el examen de la posibilidad e imposibilidad de
toda didáctica más aún del fundamento y acceso a toda teoría educativa,
que reafirme Ía idea primaria de que "educar" no es idéntico a "instruir".
La tarea de repensar un viejo problema posee el valor de estimular la reflexión acerca del siempre vigente problema de la formación filosófica, insatisfecha, para explorar algunas ideas sustentadas por Ugo Spirito.

En verdad una investigación sobre la posibilidad o imposibilidad de que
la filosofía
objeto de la pedagogía, podría centrarse en la profundiz.aci6n
y meditación sobre el pensamiento interrogativo de Sócrates ¿se enseña la
virtud? Una raíz del problema, indudablemente está allí, y los diálogos plató-

s:a

1

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1

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1:

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y por consiguiente filosófica.

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El tema es aparentemente elemental, pero en verdad, fue planteado hace

1

1

1

11,

25 siglos por Sócrates, "¿se enseña" la areté? La discusión es secul,~ y ap~nta

,1
1

'i!
1¡'
1

nicos y el pensamiento de Aristóteles, continuarán siendo fuente de irn¡piraci6n
y de estímulos sobre el tema filosófico de la formación humana del "hombre
e11tero", en cuanto ser unitariamente integrado y con sentido trascendente. 2
Insistimos nunca tal vez hubo ni habrá unanimidad sobre el tema y sus respuestas e~ las diversas filosofías. Aún cuando sea salvada la unidad de la
filosofía, no son congruentes esas filosofias en cuestiones últimas sobre el_ ser
y el valor del hombre, en su interioridad ni en sus conductas expresivas.
Preguntamos, ¿ el acceso a la filosofía, con la guía y orientación del maestro,
como entendemos hoy, únicamente intentaría "enseñar la virtud" en el sentido socrático? Virtud es conocimiento, pero la experiencia filosófica y del filosofar de los hombres, como dice Jasper, comenz6 en el despertar uúsmo de
los hombres, algo lejano de toda pedagogía y de toda metodología, pero algo
más próximo a la originaria idea de formación y de autoformación humana,

1

11

1

1!

'1

1

a cuestiones filosóficas de fondo, principalmente de orden metaÍlSJco, epistemológico y de la teoría del lenguaje. Se rastrea desde los diálogos platónicos,
en San Agustín, Sartre, Santo Tomás de Aquino, Kant, el existencialismo ...

Desde el punto de vista de la comunicabilidad e incomunicabilidad, hay
quienes como Lled6, ~-, que le .dan_ tal importan_ci~, ~omo para afirmar l_a
Historia de la Filosoha como histona del lenguaje. Sm dudas, el lenguaje

1

'

1

• VJDAL MuÑoz, Santiago, Epistemologla Antropol6gica, Anuario Humánilas. Universidad Aut6noma de Nuevo Le6n, México, 1975, pp. 185-214. Además Supuesto~
de la Pedagogía. Revista Enfoques Educacionales, No. 1, de la Facultad de Educaci6n,
Universidad de Chile, 1977 .
• LLEDÓ, E., Filoso/la ,y Lenguaje. Ed. Ariel, Barcelona, 1970, pp. 15 ss.

1

180

es el superior medio de comunicación humano, proposicional y objetivo. Históricamente, la incertidumbre de los sofistas, se manifiesta en las posiciones
acerca de la relación entre palabra y cosas mentadas, que reaparecerá en el
medioevo en las discusiones sobre los universales, y la postura de los nominalistas. También Platón y Aristóteles discrepan respecto a definir "ONOMA".
Con Locke surge Ja semántica, como disciplina y con posterioridad hay
preocupaciones lingüísticas y reflexiones sobre la materia, en Descartes, Leibnitz, Kant, hasta en fil6sofos contemporáneos como Alfred Ayer.

I. ¿La Filosofl.a es algo que debe y puede ser e11señado?
Con mayor frecuencia de lo que se puede suponer, esta doble interrogante
se da por respondida, sin una previa indagación, sobre el fundamento mismo
de las respuestas afirmativas, habitualmente utilizadas. Si la conciencia crítica
sobrepasa un estricto criterio empírico-pragmático aplicado a la Pedagogía, se
revelan cuestiones de fondo, relativas a temas, por ejemplo, de la Ontología
Humana, temas antropológico-científicos y filosóficos, de diversas ciencias y
disciplinas significativas para un conocimiento y comprensión más profundos
del ser humano, en cuanto "hombre entero", comprendido en la "humanitas"
y todo lo que ésta significa en la existencia, la vida y el espíritu humanos
abierto a la trascendencia.

1
1

'

Además, ambas preguntas consideran la filosofía objeto de la Pedagogía y,
&lt;;.on ello, la afirman en cuanto contenido y experiencia singular del pensar
y del valorar en la comunicación humana, y en el ámbito pedagógico del
proceso bifrontal de la ensefianza-aprendizaje.

1:

La pregunta. ¿la Filosofía es algo que debe ser enseñada? se relaciona

,;!

en el fondo con la cuestión de la importancia que se atribuye a la Filosofía en
un proceso educativo unitario e integral. Además, el tema se relaciona
con problemas del formalismo ético, relativo al ser y al deber ser en las dominios de la educación.
Hay quienes estiman que no debe ser enseñada la Filosofía; por lo menos,
no ha de figurar en los planes de estudio esta singular "asignatura" que denominamos "Filosofía" por no tener otra mejor denominación. En unos casos,
queda fuera de esos planes de estudio; en otros aparecen cuestiones filosóficas,
infiltradas en otras disciplinas, o bien, aparece tímida y disminuida, pues los
planificadores de la educación dan mayor importancia a las ciencias y técnicas que a la formación de la persona, en desmedro del humanismo y de la
ética.

181

I'

1,

�Así, nos preguntábamos; ¿ la filosofía es algo que se debe y se puede enseñar? Al investigar el si se debe o no se debe enseñar, dejamos como supuesto
o postulado: "La Filosofia es algo que, de alguna manera, se puede enseñar".
En verdad, al avanzar en nuestras reflexiones, únicamente afirmamos tal supuesto respecto a la posibilidad de que la Filosofía pudiese ser objeto de la
Pedagogía. Sin embargo, el supuesto, en cuestión dejará de serlo, por razones
de índole axiol6gico y de orden ontológico y gnoseológico.
a) La comprobación del valor e importancia que tiene la Filosofía como
experiencia singular en la vida real cotidiana de las personas y, sobre todo en
la formación personal, hwnana y cultural del investigador y del profesional
constituye, así, una sólida base, tanto para justificar la formación filosófica, como para no dudar de que, en el campo pedagógico, existen vías
metodológicas para lograrlo.
b) Además, la Filosoíia, en cuanto objeto de la Pedagogía, exige dilucidar
la cuestión de la comunicación interpersonal, del vínculo intersubjetivo mismo que posibilita el conocimiento mutuo, en relación con los contenidos de
la experiencia filosófica, de sus conceptos, significados y valores.
Tal esclarecimiento nos permitió poner en descubierto el valor e importancia de la filosofía y de su posible y real "enseñant.a".
Retomamos el esclarecimiento previo del problema, ahora, desde los habituales campos de la Pedagogía, utilizando su vocabulario propio. La pre-

gunta: "¿la filosofía se puede enseñar?", ¿implica un auténtico o un pseudo
problema? Al encarar esta cuestión, vemos nuevamente la necesidad de investiaar el f undamcnto de aquello que hemos dado por supuesto o postulado:
''La filosofía es algo que se puede enseñar" dentro de las posibilidades de
una educación integral que, como tal, admite la formación filos6fica.
Sabemos que la ciencia, mejor aún, las ciencias particulares, diversas disciplinas no filosóficas, las técnicas, etc., " e pueden enseñar'' y "se pueden
aprender''. e puede instruir -dar in trucción- en tales formas del saber y,
por tanto, será frecuente que existan personas instruidas en tales ciencias y
formas de saber no-filosófico.

Si la filosofía es una ciencia entre otras ciencias o disciplinas &lt;/lll! pueden
ser enseñadas, en verdad lo implicado en nuestra pregunta "¿ la filosofía es
algo que se puede enseñar?", es un pseudo problema. i la filo ofia no es idéntica a la ciencia, en general, ni
menos aún una ciencia particular, tenemos
entre manos, primero, un auténtico y legítimo problema cuya dilucidación
tiene raíces filosóficas y resonancias en la filosofía, en la ciencia y en la pedagogía en cuanto tal. En segundo lugar, si la filosofía no es una ciencia más

enire otras ciancias que se enseñan, y si la filosofia en verdad es objeto de
la pedagogía, su posible o real "enseñanza" no sería de la misma índole que la
enseñanza propia de aquellas ciencias, por ejemplo, de la biología, la historia. Por lo tanto, como estamos preocupados por probar que el problema
sugerido por la pregunta crucial mencionada no es un pseudo problema,
formulamos dos asertos:
1o. La historia de la educaci6n y de la pedagogía, nos muestran un hecho;
la Filosofía ha figurado como materia de formación y autoformación humana
y, durante siglos como contenido de lecciones o de cátedras (asignatura$ en
planes de estudio) en entidades educativas de la educaci6n media y universitaria. Ella ha constituido "materia de estudio" y, si queremos utilizar el ,·ocablo "enseñar", diremos que de alguna suerte de hecho "se ha enseñado
füosofia", utilizando, por cierto, "la expresión'' entre comillas. o \'ale la
pena discutir si es o no verdad lo anterior, pues nos atenemos al testimonio
de la información historiográfica y de la historia.
2o. "Enseñar filosofía" no es lo mismo que enseñar la ciencia o las ciencias=
a menos que la filosofía sea una entre otras ciencias. Tal aserto es eminentemente problemático, pues, se refiere a la esencia de la filosofía, de la ciencia
y de la educación, e implica también el viejo y siempre nuevo debate en
tomo a las relaciones entre filosofía y ciencia. Una investigación a fondo de
dichos problemas, exigiría un exhaustivo y quizá extenso trabajo que no
se compadece aquí con nuestro propósito central, ni con la extensión limitada
para explicitar aquí el tema, no obstante, no podemos eludirlo.
El problema surge siempre que se enfrenten filósofos y científico . Tiene
plena vigencia la necesidad de dilucidar en qué consiste el saber filosófico
y el saber científico y las diferencias primordiales entre ellos. Etimológicamente
"ciencia" viene de "scientia" del verbo "scire", saber, pero se ha determinado,
con claridad, que hay saberes que no pertenecen\ a la ciencia. Para nuestros
efectos no bastan los caracteres que habitualmente atribuimos al saber científico (saber culto, desinteresado, teórico susceptible de aplicación técnica,
etc.). La afirmaci6n de la autonomía y de la independencia de las ciencia
particulares, en el acaecer histórico-cultural, agudizó esta problemática y la
hizo más compleja. Hoy, es epistemológicamente insostenible la autonomía e
independencia total de cada ciencia particular. Existen relaciones entre el objeto de ellas que mueve a pensar en la realidad y los problemas de lo que
denominamos L6gica de las lnterciencias ( como la bioquímica, la 2eopolítica,
la psicosomática, etc.).
¿ Qué es ciencia? Se define se conceptualiza instrumentalmente, por los
científicos y tecnólogos, para los efectos prácticos de "hacer ciencia'' aún cuan-

183

182

�do no se posea una Filosofía.. de la Ciencia o una Filosofía de cada ciencia
particular. Pero, se hace ciencia y avanza la ciencia, aún cuando sea una tarea inconclusa. Tampoco la filosofía es tarea humana concluída. Con su
tradición ilustre y su avance contemporáneo, abre increibles ámbitos para la
investigación futura. Hay problemas de antiguo origen, pero, el hombre
ha pensado y creado cosas nuevas que no existían y está enredado ~n 5,1-1s
propias creaciones, con serios conflictos éticos que no son ajenos a la Cl~ncia,
la filosofía, la tecnología ni a la educación y las pedagogías que van surgiendo
al hilo de los nuevos logros científicos y técnicos.

No existe tampoco unanimidad acerca de lo que es filosofía. Sólo como
antecedente para la investigación, son útiles las decenas o centenares de definiciones de "filosofía".
Las posiciones personales, con fuerte tonus subjetivo, crean criterios para
examinar unilateralmente el pensamiento ajeno. Las definiciones parciales,
tanto de "filosofía" como de "ciencia", corresponden a posturas del escritor
o del filósofo ante la filosofía en relación con la vida y la educación. Allí
toma sentido la filosofía y cada uno de los territorios de la cultura, en cuanto
conocimiento o vida cultural.
En nuestro tiempo se han establecido, con fundadas razones, tres grupos
de respuestas al problema de las relaciones entre filosofía y ciencias. La Historia de la Ciencia y la Historia de la Filosofía, proporcionan los datos para
apoyar los argumentos en favor de cada una de. l'.18 posiciones y ~e l_as respuestas involucradas en estos tres grupos de pos1c10nes: a) La ciencia y la
filosofía carecen de toda relaci6n; b) La ciencia y la filoso(ía, están íntima-

mente relacionadas entre si puesto que de hecho, son la misma cosa; c) La
ciencia y la filosofía mantienen entre sí relaciones complejas, como lo particular a lo general o a sus primeros principios. Son múltiples las respuestas
dadas, correspondientes a cada grupo, como las ha señalado detalladamente
José Ferrater Mora.
Por ahora concluimos:
1. Desde el momento en que, por lo menos, existen los grandes grupos
de posiciones mencionados, y cada uno con muchas respuestas, respecto a
las relaciones entre filosofía y ciencia, racionalmente no aceptamos hoy como
postulado: "la filosofía y la ciencia, de hecho, son idénticas''. Es, evidentemente, cuestión aún controvertida.
2. Si el predicho postulado fuese verdadero, no tendría objeto poner en
duda la legitimidad del supuesto: "La filosofía es algo que se puede enseñar"•
Como se discute fundadamente su verdad 1 el anterior supuesto también es
.

184

discu~le, Y,_ por tanto, es .auténtico problema (y no pseudo-problema) examinar sz, factzcamente, la filosofía es algo que se "puede" enseñar. Un fuerte
resabio cientificista y aún positivista -que aparece remozado en el attual
positivismo lógico, generalmente induce a desconocer las diferencias entre filosofía y ciencia y las complejas relaciones que, en verdad, hay entre ellas.
No :s fácil adherir a esas posiciones contemporáneas que, por ejemplo, al
refenrse a las proposiciones metafísicas, éticas, etc., las califican de "ruidos"
pues eso también es discutible ontológica, gnoseológicamente y lógicamente'.
3. El primer grupo de respuestas, "la ciencia y la filosofía carecen de toda
relación, nos parece insostenible. Jasper ha escrito: "la filosofía bien trabajada está vinculada sin duda a las ciencias. Tiene por supuesto éstas en el
estado ':11ás avanz~do ª, qu~ hayan lle~ado en la época correspondiente. Pero

el esplntu de la filosQfta tiene otro origen. La filosofía brota antes qu.e toda
ciencia allí donde despiertan los hombres".4
4. Nos parecen, sin embargo, del tocio consistentes y aceptables los argumen_tos ~ favor de las respuestas del grupo tercero, pues, ni la filosofía ni
la aene1a menoscaban ni pierden lo esencial de cada una. La filosofía es
filosofía, sin necesidad de ser otra cosa (ciencia) , y la ciencia es ciencia ' sin
necesidad de ser filosofía: exhiben posibles y efectivas relaciones entr~ sí.

En resumen, caben dos grandes posibilidades: si la filosofía es una ciencia
entre otras, se enseñará como ciencia. No hay problemas. Pero, si la filosofía es distinta a la cienc-ia y a las ciencias particulares, e incluso a otras disciplinas no-filosóficas, no podrá postularse que, de manera alguna, la Filosofía
p_ued~ ser. co~unicada, es decir, comunicado su contenido en una experienc1~ dialógica _mt~rpersonal. Dicho en términos pedagógicos, el afinnar que
F1losofia y C1enc1a sean distintas, no es afirmar que la Filosofía no pueda
,,ensenarse
~
" de manera a1guna. Al respecto, como de hecho. la filosofía en
la historia ha sido "materia" de estudio y por ello de la clidá~tica (de alguna
- do" y " se ensena
., " ) , no queda más recurso que concluir:
mane ra " se h a ensena
Existe comunicación filosófica que implica experiencia de la verdad y del
valor, la cual es comunicable entre persona y persona. En virtud de que el
hombre es un ser educable, es posible que la Pedagogía sea capaz de incluir
este particularismo "enseñar filosofía" en el arte de la formación humana total en donde tiene cabida la formación filosófica.
En el fondo está presente el tema filosófico, y por tanto, no agotado, de las
relaciones significativas entre las distintas áreas del saber, primordialmente
• )ASPE.R, Karl, La Filoso/la, desde el punto de vista de la ,existencia. F.C.E.,
Mixico, Breviario 77 .

'

185

�entre el conocimiento filosófico y el científico, a partir de las fuentes originarias griegas hasta nuestros días, y, sin dudas, como tema ~el f~tu~o: Basta
recordar los logros de la nueva metafísica, de la Antropolog1a Filosof1ca, los
replanteamientos actuales de la teoría del conocimiento, la Filosofía del l~nguaje. . . No existe unanimidad acerca de las solu~ones dad~ a la~ re~~c10nes entre Filosofía y Ciencia. El tema continúa abierto a la mveshgacion Y
reflexi6n, que no puede ignorar las instancias irracionales, particularmente el
problematismo de la comunicación de la experiencia del valor y del ,·alorar •
Las cuestiones últimas sobre la comunicaci6n humana desbordan los cauces
del intelectualismo decimonónico.

I. Objetos ,, conceptos filosóficos y científicos
Como complemento a lo anterior, insertamos una clara determin~ción !
distinción hecha por José Gaos de los objetos científicos y de los ob¡etos filosóficos que aparece en los siguientes textos y que contribuyen a la demostración de que la filosofía no es idéntica a la ciencia y que su eve_ntu~ "en~eñ3:1"",
aunque sea particularísimo. no podría ser idéntico al enseñar ciencia o c1enc1as.

l. "Los objetos de las ciencias y de la filosofía parecen formar una gradación desde los más abstractos, los de las matemáticas hasta el más concreto,
el de la filosofía." "Abstractos -agrega- se entiende aquí en el sentido ~e:
constituidos en cuanto a 'objetos' ínter-subjetivos, mediante la convención,
expresa O tácita, de los sujetos de prescindir de todo lo integrante del concreto

de la realidad universal tal cual dada.

2. "El más concreto sería el objeto de la filosofía en el sentido de que se
constituiría mediante el proceder efectivo de los filósofos, de no prescindir
de nada de lo integrante de dicho concreto. sino de tomarlo precisamente en
su totalidad, lo que no sería tomar sus ingredientes singulares uno por uno,
que fuera imposible."
3. "Los objetos de las ciencias humanas y de la filosofía no podrían constituirse prescindiendo de los subjetivos de sí mismo en cuanto tales, sino sólo
entrando ellos mismos en cuanto sujetos en los re&amp;pcctivos objetos." Pero hay
diferencia entre las ciencias humanas y la filosofía: ''En los objetos de las
ciencias humanas entrarían los sujetos mismos como, por ejemplo, sujetos económicos O religiosos en general, esto es, parcialmente o más o menos "abstrac-

tamente todavía'."
4. "En el objeto de la filosofía entrarían los sujetos, los filósofos, con la
concreción con que son parte del concreto de la realidad universal tal cual
186

dada; con la singularidad plena de cada uno." (Singularidad máxima del
objeto de la filosofía.) s
Robert Hartmann, por su parte, ha determinado una relación lógica exacta
entre la filosofía y la ciencia. Las dos clases de sistemas utilizan dos clases
diferentes de conceptos. Los "sistemas filosóficos" utilizan co1zceptos analíticos.
"Tales sistemas -agrega- no son más que cadenas de implicaciones de
conceptos más o menos abstractos" . . . Este proceso de determinación cada
vez más precisa de un concepto analítico puede continuar ad infinitum.
La cadena de implicaciones se origina en la definición comprehensiva del concepto con el cual comenzamos, continúa con las definiciones comprehensivas
de los conceptos contenidos en la primera definición, y sigue así. . . Los sistemas científicos utilizan conceptos sintéticos, conceptos cuyas comprehensiones
consisten en relaciones formales. 6
Los anteriores esclarecimientos en torno a la diferencia fundamental entre
"objetos de la filosofía" y "objetos de la ciencia" y la relación lógica entre el
sistema de la filosofía y el de la ciencia, deben estar presente en la indagación
posterior respecto al "contenido filosófico" que presupone toda enseñanza, por
particular o singular que ella sea. Por cierto, este tema fundamental y fundamentan te, por ejemplo para la teoría de la Educación, interesa a quien investigue y reflexione sobre los contenidos ele la enseñanza de cualquier saber
humano. y no sólo del saber filosófico.

III. Imposibilidad de una didáctica de la filosofía
A) Antinomia entre enseñanza y filosofía
Así como hay quienes creen, honradamente, tal vez por tradición y costumbre, que la filosofía se puede enseñar como se enseñan las matemáticas la
'
quhnica o la literatura, la física o la historia, hay pensadores que no aceptan
que la filosofía se puede enseñar y niegan, como lo hace Ugo Spirito, la posibilidad de una didáctica de la filosofía. Veremos otra cuestión coligada,
antes de considerar críticamente el pensamiento del citado filósofo italiano.
• GAos, José, Filoso/fa y Filosofías. Ponencia al IV Congreso Interamericano de
Filosofía, celebrado en julio de 1976 por la Sociedad Chilena de Filosofía y las Uniiversidades Chilenas.
" IíARTMANN, Roberto, La Diferencia Lógica entre la Filosofía y la Ciencia. Dianoia,
Separata, Año 1959, V, No. 5, México.

187

�¿ Existe antinomia entre enseñanza y filosofía? Hay autores que estiman
que tal pregunta implicaría un tema convencional como aquél de oponer
investigación y enseñanza,
Cuando un verdadero filósofo es quien "enseña filosofía" es él mismo quien
se hace la pregunta acerca de lo que esa enseñanza debe y puede ser. El
profesor Georges Davy, dice que el profesor consciente de su misión formadora de verdaderos hombres y no de papagayos, no puede sacrificar la filoso/la a su enseñanza. Ese sacrificio sería hacer de cada problema un capitulo
del programa; con ella se transforma lo que debe ser "meditación vivida en
común", en fácil dogmatismo o simple rutina. La filosofía, como amor a la
"sabiduría", no puede transformarse en una filosofía estereotipada en fórmulas que conducen a la pérdida de su esencia. Salvar la esencia de la filosofía
en el proceso de su "enseñanza", llega a constituir un tormento para un profesor auténtico y honrado. Ese tormento se transfonna en lo grande del filósofo y del profesor de fi.losofia, si lleva a la filosofía misma y, de ningún modo,
a la antinomia entre filosofía y enseñanza. El profesor puede descubrir en
los maestros de su pensamiento, y aún en sus alumnos, las razones para apaciguar sus angustias. 1
En verdad, esta antinomia entre filosofía y enseñanza de la filosofía, ha
gravitado en el curso de nuestras meditaciones. Por principio, Ja filosofía no
puede ser sacrificada en su eventual "enseñanza", ni por simplificación ni por
"rebajamiento", originados por motivos pedagógicos y los caracteres de la personalidad del educando, ni menos aún, por desnaturalización de los contenidos esenciales de la filosofía y de sus objetos.

De tal modo, si de alguna manera la filosofía se convierte en objeto de la
pedagogla y, en particular de la didáctica, la filosofía y sus objetos en cuanto
tales, deben ser salvados sí, por ser necesaria la filosofía valiosa e importante
para la formación y orientación, por ejemplo, del adolescente, del investigador
y del profesional en formación. Ella ha de figurar como iniciación filos6fica
en los planes de estudio del nivel medio, como apertura a estudios superiores
de filosofía o como conocimiento general en la formación de universitarios o,
simplemente, como estímulo de la actitud filosófica y ética en la vida ordina-

ria del hombre común.
B) Abara, nos referiremos directamente al estudio de Ugo Spirito. m
sugirió en Italia la necesidad de rechazar la enseñanza de la filosofía en la
' GEOROB,

t. XIX.

188

David, La Ens,iíanza de la Filosofía Encyclopedie Fran~aise, París, 1957,

•

educación secundaria, a causa de problemas sociales y políticos y además por
razones didácticas.
'
'
Nos circunscribiremos sólo ~ determinadas ideas de este autor que tienden,
expresamente, a negar la po.nbilidad de una didáctica de la filosofía. Estimamos imprescindible, desde todo punto de vista, presentar estas ideas básicas por lo fundamentales que son en gran parte ceñidas al texto traducido
a fin de intentar ahondar el problema explicito en una pregunta nuestra:'

¡en qué consiste el "contenido filos6fico" de la supuesta o efectiva "enseñanza"
particular de la filosofía o, más generalmente, de la fonnaci6n filosófica?
Ugo Spirito, intenta demostrar -no sólo mostrar- que es imposible enseñar filosofía -e imposible una didáctica de la filosofía-, pues la /ilosofla

no posee "un contenido nocional" como las diversas ciencias o disciplinas que
de '!'oda habitual s~ enseñan escolarmente. Exponemos suscintamente el pensanuento de este filósofo, en parte considerando citas textuales buscando
cierta sistematización adecuada a nuestros objetivos.
'
l) Da por supuesto que toda enseñanza debe tener "un contenido" sobre
el cual entenderse para determinar la línea de una enseñanza a la escuela
secundaria.
2) Cita el ejemplo del profesor de matemáticas -que tiene igual dignidad
que el de filosofía- aquél "tiene que hace llegar su mirada a la misma
zona a la cual llega el pensamiento filosófico", "pero es verdad que en las
~atemá~:as existe un contenido nocional que nos permite la exposición, la
tnformac1on de algo que es relativamente especüico, objetivamente consolidado ... " (Permite -dice- la tradición de pensamiento y de enseñanza).
Aquel profesor sabe enseñar una ecuación y sabe enseñar a resolverla.
3) En cada disciplina en cada enseñanza no-filosófica vive "un contenido
nocional"; ellas "tienen un contenido nocional in/ormativo al cual es posible

atenerse sin que con esto venga a faltar la razón de ser de la enseñanza misma".
4) Existe. . . "la posibilidad, a través de este contenido nocional de la enseñanza, de controlar su capacidad didáctica, su eficacia en la enseñanza y
en el resultado alcanzado por los estudiantes".
5) Pero Ugo Spirito ( en cada caso, y ejemplificando) afirma que la filosofía no tiene ese contenido nocional, necesario a toda enseñanza: esto surge
al "mirar !!1 significado peculiar que tiene la filosofía respecto a TODA las
otras disciplinas.
6) El contenido filosófico es esencia]mente problemático: corresponde a la
variedad de concepciones de la realidad.

189

�"Cada filosofía tiene SU CONTENIDO DETERMINADO, in que la filosofía en sentido de totalidad de las filosofías pueda tener un contenido
unívoco.

7) Agrega, mejor aún, "la filosofia no sólo NO TIENE un contenido unívoco, sino que tiene un contenido que puede uariar en modo totalmente contradictorio".

8) Deduce el autor que "tratándose de un contenido tan diverso de conc,pci6n a concepción no es posible establecer U programa didáctico de
la filosofía, si el programa debe servir a TODOS los profesores determinando
un específico contenido teórico". (Son muchas las respuc tas a: ¿ qué es
filosofía?) Dada la variedad de doctrinas filosóficas y de soluciones a los problemas -agrega- "el contenido variará de cátedra en cátedra in poder
lle ar a un acuerdo, ni aún en el ámbito de un misma instituto". Por último.

9) En la enseñanza de la filosofía ocurre algo -si es posible- en reencontrar algo nocional en lo cual encontrar un mínimo común denominador
qu, sea garantía de una enseñanza relativarr?Lnte uniforme". (La historia de
la filosofía procura ese mismo mínimo conceptual, pero la filosofía, entonces,
de teórica se transforma en histórica.)
A pesar de la complejidad de estas ideas fundamentales de la tesis de
Spirito, estimamos que la cuestión central es: la filosofía 110 tiene un contenido nocional informativo, unívoco, por eso no se puede enseñar. Es curioso
observar que no aparece como cuesti6n principal de fondo en el trabajo ele
Ugo Spirito, la posibilidad de comunicar contenido de la experiencia filos6fica auténtica. En la medida que se haga luz sobre ese "contenido nocional",
que sería necesario a toda enseñanza, podrán ser comprendidos, y aún tal
vez e.xplicados, los demás problemas ínsitos en los textos transcritos, los
cuales no son aquí sometidos a un análisis e.xbaustivo y necesario.
Veamos un primer alcance derivado del enunciado central de la tesis de
Spirito:
a) Si es verdadero, que la filosofía no tiene un contenido nocional informativo, unívoco, necesario a toda enseñanza, efectivamente, la filosofía no

.re podría "enseñar".
b) Si es falso el mismo enunciado ("la filosofía no tiene un contenido
nocional") la filosofía s, podrla enseñar.
Pero, una misma proposici6n no puede ser verdadera y falsa a la vez, tenemos la certidumbre de que, por lo meno a partir de la reflexión de los

griegos, la filosofía fue objeto de intercomunicación, de diálogo filos6fico,
aún cuando dubitativamente desde la sofística se discute escépticamente la
cuestión. La duda sobre la total verdad de la proposición básica mencionada que discutimo , }' de otras análogas que figuran en los textos citados surge,

entonces, a ,partir del hecho hist6rico y actual: la filosofía y los objetos filosóficos son materia de estudio, vale decir, son objeto de la pedagogía, aceptemos o no aún las acepciones tradicionales del vocablo "enseñani.a" y de su
concepto. Dudamos, pues fácticamente, y de alguna manera - que consi. tleramos peculiarísima- la filosofía aparece como materia de enseñanza, pues
exist.e educación filosófica.
n segundo alcance, se refiere al supuesto, "toda enseñanza debe tener,
un conterúclo: 1) Ciertamente debe tener un contenido. es algo necesario a
toda enseñanza, en general, y por tanto, indispensable a la particular "enseñanza de la filosofía". Pero, según la opinión de pirita ese contenido puede
ser únicamente "contenido nocional informatiuo". 2) Las ciencias particulares, la literatura, etc.: poseen ese contenido, y es posible la información
sobre algo relativamente específico, objetivamente consolidado; 3) que permite evaluar lo resultados de Ja enscñama respectiva. Tiene ra1.6n Ugo
Spirito, ¿ c6mo podríamo afirmar categóricamente que el "contenido" de
l.i supuesta 'enseñanza" de la Filosofía pudiera ser estricta y unívocamente informatÍ\'O y, menos aún, algo "relati,'3.lllente específico, objetivamente consolidado" que permitieran la evaluación pedag6gica? La comunicaci6n filos6fica
en la experiencia del filosofar, en lo que IJamamos "singular enseñanza", presupone información, ¿ pero nada más?, ¿y la formaci6n de la persona humana
y de la personalidad mediante una orientaci6n hacia los valores?, ¿)' la
meditació11 en común sobre significados y ualores, etc.?, ¿podríamos hablar
de información de algo relativamente especifico, si la filosofía es saber teórico -teoría general-, saber concreto y no saber abstracto de una parcela
de la realidad? Esta y otras preguntas van en favor de la propia tesis del
filósofo comentado. El contenido necesario a toda enseñanza, que busca para

la enseñanza de la filosofía no puede, de modo alguno, tener idénticos caracteres a los que tienen los contenidos de las ciencias partietllares :r otras disciplinas no-filos6ficas, objeto de la Pedagogía. Si de alguna manera, la filosofía
"se puede enseñar", aunque sea de manera peculiar, su contenido también
será particular: es decir, será un contenido filosófico estricto que no puede
ser identificado con ningún otro, aún cuando pueda tener relación con la
realidad toda o con todo tipo de objetos. La !ilosofía no se puede en eñar

-y es imposible una didáctica de la filosofía- con un contenido que es necesario a toda enseñanza pero que posea los caracteres que Spirito, con toda
razón, atribuye a enseñanzas que no son filosofía. o esclarece nuestro autor,

191

190

�qué comprende por nocional y aquí es cuestión fundamental. Santo Tomás
utiliza "notio", a menudo como "nota", dicho no exclusivamente de los "objetos abstractos del conocimiento": más especialmente se aplica a los conceptos. Leibnitz al discutir con Locke, expresó: "se trata de saber. . . si el
alma contiene originariamente los principios de varias NOCIONES y doctrinas, que Jos objetos externos despiertan solamente en ocasiones". (Leibnitz),
''Nouveaux Essais", Prefacio, 3), "Noci6n" comprende no s6lo los pensamientos que se expresan en término, sino los expresados con proposiciones. Estos
principios eran los que los estoicos llamaron "prolepsis" y los matemáticos,
"nociones comunes". 1
"Nocional" proviene de "noción" que deriva de ccgnoscere", conocer. Se
c-onoce en el juicio. Noción es objeto de conocimiento, dice Lalande. Desde
Kant, la esfera gnoseológica adquiere independencia y con posterioridad el
análisis fenomenol6gico ha contribuido a. esclarecer la problemática del dualismo gnoseológico y, pot tanto, la comprensión de "conocer'' y de "conocimiento". Se ha dicho que "conocimiento" es lo que resulta del acto de conocer
en el cual se aspira al saber teórico de las situaciones objetivas.º Pero, en los
significados de ..noción.", en cuanto aplicados restringidamente a los conceptos o a "los principios de varias nociones o doctrinas'&gt;, ¿están comprendidos
los valores que, de alguna suerte, deben estar insertos en ciertos contenidos filos6ficos de la experiencia? Hay juicios de valor&gt; así como los hay de ser y de
existencia, ¿ los valores son conocidos en el acto de conocer a que aspira el
saber te6rico? Respecto al acto de conocer ¿ qué significan situaciones objetivas necesarias a la aspiraci6n del saber teórico? ¿ Se conocen los valores,
así como se conocen las diversas clases de objetos reales, ideales, etc.? El
conocimiento se expresa en juicios y éstos implican o llevan a la conceptualizaci6n. ¿Se conceptualizan los valores y cómo?, ¿se defmen los valores a
partir del acto de conocer y de los objetos de conocimiento que estudia la Gnoseología? En los diálogos platónicos no se llega a definir los valores de justicia, valentía, piedad. Las interrogantes precedentes, no pasan de constituir
algunos cuestionamientos, respecto a la compleja problemática tele-axiológica
contemporánea y a sus posibles o reales relaciones con la Gnoseología y la Lógica. Por razones fundadas se afirma: los valores se intuyen, son irracionales,
el espíritu los capta directa e inmediatamente y no mediante un proceso
discursivo.
' LALANDB, A., Vocabulario Tünico ¡r Crítico dtJ la Filowfla. El ALeneo, B. Aires,
1953, t 11, p. 875.
• FERRA'l'ER MoRA, José, Diccionaric dt Filosofla. Ed. Sudamericana, B. Aires, IV
cd. 1958, p. 266.

192

Lo sumariamente expuesto, tiende a mostrar que "lo nocional" a que se
refiere Spirito, como ei:encial a todo contenido de enseñanza, no comprende "lo valórico". Usamos la afortunada expresión difundida por el profesor
Bogumil Jasinowski. Y, en nuestro juicio un auténtico contenido filosófico,
será .ri, informativo, pero de modo que esa infonnación procure al espíritu
del edu~ando significados que aprehender y valores que intuir para cumplir
en la vida humana. Por lo tanto, este segundo alcance al aserto de Spirito:
"La filosofía no se puede enseñar por no tener "un contenido nocional" informativo, necesario a toda enseñanza", es verdadero en aquella parte de la
condición supuesta, hipotética, en la proposición: "la filosofía se podría enseñar" si tiene un contenido. . . necesario a toda enseñanza, pero no es evidente
lo j,ertinente a la calificación de la condición, es decir, a que el contenido
deba ser necesaria y unívocamente nocional.
Si la filosofía, esencial o fácticamente, es ciencia o una entre otras ciencias
la filosofía tendría el contenido nocional que exige Spirito y, sin más ella s;
enseñaría como una ciencia entre otras ciencias.

La duda respecto a Ir, verdad del aserto básico de Spirito, que implica una
posibilidad de falsedad, nos abre a su vez, la posibilidad de indagar la naturaleza de un contenido filos6fico auténtico para un enseñar particular, pues
de !1echo la Iilosofía ha sido contenido educativo en la historia.
Después de todo, la opinión de Ugo Spirito, es consecuencia de su personal apreciación de la filosofía -la filosofía como puro problema de sí
misma :Y de fa realidad- que no es única ni general en la historia, ni tiene
por qué serlo para quienes la filosofía es saber sistemático. Nadie con buen
criterio, en el sentido usual del término, impedirá presentar problemas. Lo
importante es tener conciencia de ellos. Esta es una de las condiciones para
hacer posible la o las soluciones que pueden ser compartidas con otros ...
Existe, sin embargo, algo paradoja!, los mismos que dicen que la filosofía
no se puede enseñar, la enseñan de alguna manera, desde la cátedra; de
hecho ... Ugo Spirito, ha sido un notable profesor universitario.
IV. Posibilfdad de una educación filosófica. general
Entre las múltiples complicadones que promueve 1a pregunta sobre si la
filosoria puede ser objeto de la pedagogía, ha)' que agregar la discusión también milenaria sobre el objeto, concepto y sentido de la educación y de lo
que modernamente designamos por pedagogía. Tampoco existe unanimidad
sobre esta cuestión. Grave problema para los antropofilósofos y los filósofos
de la educación. Inobjetablemente, sería previo a un breve artículo como el
193
hUlllllllitas-13

�presente todo un estudio propedéutico, genético-evolutivo, y lógico-lingüístico
acerca de estos dos vocablos de tan inmensa significación para la formación
del hombre con sus fines inmanentes y trascendentes a la vida humana. Las
exigencias epistemológicas de un Husserl, un Heidegger, o un Merleau Ponty,
remiten a una vigorosa y profunda posición de revisión crítica y valorativa
de los supuestos y principios de la educación y de la pedagogía. Más aún,
cuando al finalizar este siglo, la crisis de diversas teorias del hombre y de
lo humano y de sus valores, provocan la consiguiente crisis de los humanismos en boga, de las teorias de la sociedad y de la cultura, en medio de un
enorme sismo axiológico que conmueve a toda el alma humana y sume a los
hombres en la desorientación, salvándose sólo por la esperanza de los espíritus fuertes y orientados hacia valores positivos superiores, humanos e inhumanos.

¿ La educación es una ciencia más entre las ciencias, como hay quienes aún
intentan postular? Esta interrogante y sus respuestas deben ser repensadas en
nuestro tiempo.
A) El contenido del enseñar a filosofar: el enseñar filosofía, es un enseñar
particular, tal vez particularísimo. Es tan particularísimo, en grado sumo que,
en verdad, desde un punto de vista especial, no se puede propian'lente h~blar
de enseñar filosofía, sino de enseñar a filosofar. Algo más diferente por cierto.
Kant en la "Architectónica" de la Razón Pura, ve en la Filosofía el sistema
de todo conocimiento filosófico. Este concepto de filosofía (" escolástico" y no

"c6smico") es "el concepto de conocimiento que no es buscado sino como
ciencia, sin tener por fin otra cosa que la unidad sistemática de la ciencia
y, por lo tanto, la perfección 16gica". Además, afirma en el mi~o texto:
que "entre todas las ciencias racionales 'a priori'; s6lo la matemática puede
ser aprendida; la filoso/Ea nunca, salvo hist6ricamente, por cuanto, en lo que a
la raz6n concierne, s6lo se puede aprender a filosofar''.1° No se enseña filosofía, se enseña a filosofar, este es el sentido que el enseñar y el aprender tienen
en relaci6n con la filosofía y con los contenidos filosóficos, de acuerdo con
lo expresado con anterioridad. Nuestro problema adquiere pues, un planteamiento nuevo: se trata de investigar, no ya un "contenido" comunicable adecuado para que unos profesores, traten de enseñar filosofía, a unos alumnos
que la aprendan. No, es perfectamente plausible buscar un CONTENIDO
DEL ENSE:i'i'AR A FILOSOFAR. Así como se pretende enseñar canto, se
enseñaría efectivamente a cantar cantos. Así como se pretende enseñar filosofía,
es enseña efectivamente a filosofar sobre contenidos filosóficos.

° KANT,

1

194

~-,

Crítica dt la Raz6n Pura. Arquitectónica, t. 1, pp. 197-198.

La investigación filosófica y científica contemporánea, ha hecho importantes contribuciones para esclarecer el complejo problema de la comunicación humana. Alfred J. Ayer en su libro El problema del conocimiento, trata
de demostrar que en la comunicación lo que se puede comunicar es la estructura. Afirma que la semejanza de estructura es la que nos proporciona nuestro
mundo común, y son únicamente descripciones de estructura, lo que podemos
comunicar. Lograr conocer qué es lo que se logra comunicar, es un éxito para
Ayer. Cuestión muy diferente es conocer el contenido de la experiencia que
puede tener significados diferentes entre los dialogantes. Este autor piensa
que nuestros respectivos mundos engranan de alguna manera, pero no se
prueba que sus estructuras sean idénticas ... ". 11 Por una parte, hay experiencias personales del fondo de la propia interioridad que son intransferibles
de persona a persona, por ejemplo del valor, la fe, el amor y otros sentimientos que trascienden la pura racionalidad. Por otra parte, se cita como
"defensa de la incomunicación', con anterioridad a los filósofos de la existencia, la posición de Kant, al negar la posibilidad de conocimiento del nóumeno.
A. Ayer tiene conciencia de las "dificultades al intentar mayores precisiones
sobre esto". La cuestión de fondo, no es únicamente lingüística, sino que está
relacionada con fondos ontológicos y metafísicos del pensamiento. A. Ayer ve
dificultades para avanzar por caminos distintos a los señalados por el positivismo lógico, pues rechaza la metafísica por utilizar proposiciones que son
un conjunto de pseudo-problemas, no verificables empírica ni lógicamente.
De ahí, su intento de reducir la Filosofía a análisis y evitar una profundización de este problema de la comunicación en el campo ontológico y gnoseológico. Desde estos últimos campos, es posible estudiar los contenidos de la
experiencia filosófica, compleja, en la intercomunicación entre personas.
Una auténtica filosofía de la totalidad, y no de parcelas de ella, exigirla
la experiencia humana total, que permita una aproximación a la comprensión del ser y del valor, del acontecer de la existencia, de la realidad, de la
vida humana real del "hombre entero". Experiencia total y radical que presupone todas las formas de experiencia, sólo comprensibles en un lato y
nuevo sentido de la palabra (sensible, afectiva, intelectual, espiritual) y no
sólo la experiencia sensible actual {no volcada a la trascendencia), la única
válida para el empirismo tradicional y ortodoxo. ''La noción de experiencia no se agota nunca en la acción o en una sensibilidad vaga."
Los contenidos filosóficos que son la materia programática de un enseñar
a filosofar, comprenden el objeto de la filosofía en el cual entrarían los
" AYIUI., A., El Problema del Co11ocimienlo. B. Aires, Eudeba, pp. 246 y ss., y 248-251.

195

�sujetos, los filósofos (todo fi1010fante) con la concreción con que son parte
de la realidad universal tal cual dada y con la singularidad plena de cada uno,
de que nos habla José Gaos.
La experiencia humana abarca toda suerte de experiencias: experiencia de
lo sensible y de lo inteligible; experiencia psicol6gica1 científica, técnica, artística, religiosa, mística ... Entre ellas, la singular y poco frecuen~ experiencia filosófica que subentiende: experiencia metafísica, moral, estética, etc.
De esta manera, el contenido filosófico del enseñar a filosofar, está a~i~
a la experiencia vital, existencial, humana total y, por tanto, a la expenenoa
filosófica. Desde que es posible la experiencia metafísica, el espíritu se abre
a la trascendencia y a la posibilidad de traSCender el dato empírico. El sujeto
singular y concreto y la realidad universal tal cual dada, pasa a integrar el
objeto filosófico concreto, ya esencialmente distinto al objeto cientí!ico, per?
vinculado a él como lo está respecto a otros tipos y clases de obJetos. As1,
podríamos entender que todo saber filos6fico_ surge como una con~ugación
de experiencia y edificación conceptual y la filosofía puede dar sentido a la
unificación de todas las ramas del saber, tomándose en cierto modo en "scientia scientiarum". No se enseña filosofía, se enseña a filosofar sobr1 auténticos
contenidos filosóficos. o obstante, no siempre esta peculiar tarea docente podrá ser pura actividad. Se enseñará a filosofar pero es difícil negar que de
hecho se enseñan principios lógicos (supremos), principios éticos, etc. Es una
manera de servir a la verdad. Existe una experiencia filos6fica que realmente
se da en el acto de filosofar de sujetos concretos (profesor y alumnos, en nuestro caso) . El contenido filos6fico es multívoco y no unívoco. La filosofía ea
saber esencialmente teórico, pero de enorme alcance ético práctico. La amplitud de la experiencia humana no apunta sólo a lo intelectual ( a los con-

ceptos), al ser, sino, tambi~, a lo_ valórico, _al ser valioso. Es~. es ~ ~ n
más para desestimar como 1mprop10 el témuno y el concepto ensenar' filosoíia, pues "enseñar" desde el origen etimológico endereza preponderantemente a lo intelectual y a la idea de "instrucci6n". o se enseña filosofía,
ni cada una de las instancias que comprende el objeto de la filosofía. No
se enseñan valores, no se instruye en filosofía ni en valores. ~o tiene sentido adoctrinar ni catequizar en filosofia: se educa, se forma filosóficamente,
y esto se puede lograr: lo. En un enseñar a filosofar en un primer estadio
de la iniciación filosófica o de elemental introducci6n a la filosofía; 2o. en
la formación filos6fica universitaria; 3o. y en un nivel aún superior dentro
del proceso general educativo: en la autoformaci6n filosófica.

Además, aunque "cada filosofía tiene su contenido detei:°~do" Y. ~ún un
contenido que puede .variar de modo totalmente contrad1cto~10 (Sfmto, 6)
esto no se opone a la experiencia filosófica total. Al contrano, esta muy de
196

acuerdo con el tipico problematismo de la filosofia en su historia y con las
concepciones del espiritu libre y de la enseñanza libre de la filosofia. Creemos que el profesor Ugo Spirito pudo afirmar que los profesores de filosofia,
de educación media, tienen derecho, como los universitarios, a formular su
propio y personal programa de Filosofía. Esto en atenci6n a que el contenido
filosófico es multivoco y compromete existencialmente al sujeto, al filosofante
o a los profesores y alumnos que filosofan. Existen grandes dificultades para
llevar a efecto en nuestros países tal iniciativa. Salvo en los proyectos de
investigación que conducen al doctorado.

B) Concepto y valor de la educación filosófica

Concebido multwocam,nu el contenido teórico-práctico dt la filosofía,
no se perderá el sentido de totalidad de la filosofía. El ob j.io de la filosofía,
concreto, en toda su magnifica extensión y comprensión, prtsenta la posibili-

dad a la pedagogía d~ constituirse en la médula misma del co11tenido del
enseñar a filoso/ ar, proceso para el cual hemos propuesto el término de Educación Filosófica, en cuanto autoafirmaci6n y formación filosófica, principalmente. Haremos algunos alcances analíticos. Es evidente la no identidad
entre "cantar'' y "filosofar", y entre canto y filosofía Los infinitivos gramaticales significan acción, pues es evidente la distinción entre el verbo cantar
y el verbo filosofar, por su contenido significativo, su estructura el fin de la
acción. Es obvio. Filosofía, entre otras cosas, es un modo singular y significativo de pensar, de reflexionar crítica y valorativamente sobre algo, o acerca
de algo. Nunca acerca de nada, aún cuando "nada" es objeto de reflexión
filosófica. Filosofar, entonces, sobre qué o acerca de qué. Ese qué, apunta
hacia el contenido esencial de la experiencia filosófica comunicable, sobre el
cual o acerca del cual es posible filosofar.
Gran parte de la e.'Cperiencia humana que trasciende al orbe empíricoscnsorial, es potencialmente comunicable. La Filosofía es comunicación, es
potencialmente un abio, como pensaría Aristóteles, dadas sus disposiciones propias que desarrollar, en favor de un crecimiento anímico, necesario
para una educación integral y progresiva, adecuado para ser utilizado en la
etapa de acceso a la filosofía que busca formar orientando espiritualmente
la personalidad mediante un filosofar respecto a contenidos filosóficos informativos y formativos que posibilitan la aprehensión de significados y la intuición de valores y la correspondiente reflexión sobre ello , a partir de la
problemática existencial y concreta del educando, y conforme a la esencia del
ser humano. Este es un segundo significado, no incluido en la primera aproximación al concepto "educación filosófica".

197

�Si hemos de caracterúar el contenido filosófico de una posible educación
filosófica, diríamos tal vez: es un contenido nocional-axiológico, o nocional•
val6rico, procurado por la in-formación filosófica que se desenvuelve en la
experiencia personal e interpersonal ( meditaci6n vivida en común entre
profesor y alumno) . Con ello se posibilita, por una parte, la comunicaci6n
filosófica, el diálogo, en el cual el logos expresado en el pensar hecho palabra,
vincula a los espiritus en la común experiencia del objeto de la filosofía y sus
significados y en la experiencia de la reflexión también en común. Por otra
parte, a la vez, se posibilita la co-participa.ción en el acto de valorar y en el
valor mismo (axio) y en la personal o común reflexión sobre el valor. La
razón intentará, entonces, penetrar aquel Qbjeto filosófico dado en la experiencia del filosofar, basta donde lo no racional, en un momento, lo impida.
y la búsqueda de la verdad y del bien {ser y valor) realmente se constituirá
en una actitud insaciable del espiritu por penetrar la realidad toda, desde
la propia subjetividad y desde la situación existencial propia de la comunión
espiritual con el prójimo, por perforar el concreto, repetimos, que es la realidad universal tal cual dada y el sujeto f.ilosofante, en su estricta y concreta
singularidad. Sin embargo! por la indole misma esencial del hombre y del
concreto, que es el objeto filosófico, en esa comunicación filosófica siempre
existirá la posibilidad de que quede en el sujeto un remanente de la experiencia personal plena, intransferible. Es necesario hablar de una apertura del
yo al tú, o del yo al nosotros: pero a través del vínculo intersubjetiva, interpersonal, posibilitado por esa apertura del ser del ho1?bre_ al h?m~re. Será
posible, en mayor o menor grado, aproximarse a la expenenc1a autcnllca y personal del otro, del pr6jimo. Algo o mucho se experimentará en común, pero
no todo. iempre, parece que existirá aquel remanente de la experiencia
personal y algo radical de la filosofía que no es trasmisible, que es propio
del fil6sofo creador, o propio de quien tiene la experiencia de un filosofar
personal y originario, o bien de un filosofar en cuanto re-pensar, re-interpretar
0 re-valorar el pensamiento ajeno. Bien dice Gaos, ' ... mi manera de ver la
filosofía, que considera tan incompartible por ningún otro sujeto, que no espero más que dos cosas d_is~intas;_ sí, come_ntarios _de disconf_onni~a~, _en ~I
mejor de los casos, un tac1to atisbar lo rrreducuble de m1 ubJet1vidad .
Porque no existe identidad real entre los ujetos que filosofan en común,
no hay unanimidad entre ellos y no la hay, por tanto, respecto a un determinado pensamiento ,:, doctrina compartido entre los prójimos. Nos hemos
referido a viejos problemas que, no por ser viejos, dejan de tener vigencia
e interés para la inve tigación. No nos puede extrañar que existan autores
que defienden las más diversas y aún contrarias posiciones e ideas: que la
filosofía se puede enseñar como las matemáticas, la química o la literatura¡

que no se enseña filosofía sino a filosofar. ¿Por qué admiramos de que alguien niegue lo último, por razones que aún no vemos? Reiteramos lo expresado por Jasper: en la filosofía no hay unanimidad alguna acerca de lo
conocido definitivamente. Esta verdad, el profano y el pseudo filósofo la desconocen.
Al "hecho educativoº pertinente a una asignatura cuyo objeto es filos6fico,
hay que llamarlo de alguna manera. Debe tener un nombre sea éste "enseñanza de la filosofia,, o educación o formación filosófica que es formación
espiritual. 11 Si la costumbre tradicional no tolera que se abandone el término enseñar filosofía, ¿ que importa si el problema en cuanto tal de si se debe
o se puede enseñar filosofia subsistirá? Para los efectos pragmáticos y prácticos, no importa. Lo importante, es tener muy clara conciencia de que la
educación filos6fica en un humanismo omnicomprensivo conciliado con la ciencia y la tecnología. Ese humanismo es imprescindible, si efectivamente hablamos de una cabal formación espiritual del "hombre entero". Ese es un fin
valioso, y por ello siempre tendrá primacía sobre lo didáctico que tiene carácter de medio para lograr esos fines superiores del hombre en la vida
humana, que jamás es agotada en la inmanencia de la vida natural y orgánica.
o puede existir formación humana y espiritual para la vida real en circunstancias concretas sin filosofía, sin conocimiento filosófico, sin fundamentos
filosóficos, sin actitudes y perspectivas filosóficas para la educación.
En esta discusión secular, cabe hablar de avances en la investigación sobre
el problema de la comunicaci6n y, en particular, de la comunicación de la experiencia filosófica, de sus significativos valores. De manera alguna, debe ser
postulada hoy una solución definitiva. Pero ello no justifica una postura
escéptica intransigente, pues, de alguna manera el ser humano necesita informaci6n )' formación filos6fica, aún cuando se continúen dilucidando cuestiones de orden teórico y metodol6gico, y las vías clásicas para aproximarse
a la sabiduría con vigencia perdurable.

11 Sobre formación espiritual y comunicaci6n de la verdad, ver M. F. Sciacca, El
Probl,ma d, la Educaci6n. Ed. Miracle, Barcelona., 1962, p~ 117-118.

199
198

�LA GENERACIÓN Y SUS CAUSAS SEGÚN ARISTÓTELES
De generatione et corruptione, II, 9-11

DR.

J.

E.

BoLZAN

Centro de Investigaciones Filosófico-Naturales,
La Plata, Argentina.

. . . o se ha quedado lelo
ante tantos extremos de la naturaleza,
que parece acabar cuando otra vez empieza.
(ALroNso REYEs, En el zoológico.)

~IÉNDOSE OCUPADO Aristóteles en su tratado De caelo del estudio de los
elementos desde el punto de vista del movimiento local, retoma el tema aqui,
en el De generatione et corruptione, estudiando ahora --en un esfuerzo por
alcanzar más cabal comprensión del vario acontecer natural- los cambios
que ocurren en aquellos elementos más allá de la simple mutación del lugar.
Su plan de ta.reas queda esbozado ya en el párrafo inicial del tratado:

Estudiaremos ahora la generación y la corrupción de los seres que
naturalmente se generan y se corrompen; para alcanzar lo cual nos es
necesario determinar, en general y para todos, las causas ¡• razones (314
a

1} .1

• El dentro de Investigaciones Filos6fico-Naturales depende del Consejo Nacional
de Investigaciones Científicas de la República Argentina, teniendo su sede en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educaci6n de la Universidad Nacional de La

Pla1$. (Argentina).
1 Citamos según la ed. crítica de H. H. JOACRIM, Aristotle: on comi-ng-to-bs and
passing-away (De generatione et corruptionB), Oxford, 1922.

201

�Estudio que llevará paso .a paso, desde una revisión de ciertos predecesores
(e pecialmente Empédocles, Platón, y los atomistas, L. 1, ce. 1 y 2) que le
permite afirmar su opinión en pro de la realidad de la corrupcio-gcneración
absoluta (I, 3). Lo cual le obliga a tratar de la alteración (I, 4); del aumento
y disminución (1, 5); del contacto (I, 6) como antecedente necesario para
que se produzca acción-pasión (1, 7-9) ; arribando por esta vía al importante
tema de la mixis, o combinación química actualmente.2

En el L. II retoma la problemática acerca de los elementos (II, 1-2) y
sus cualidades (II, 3); sus transformaciones (11, 4-6); la compmici6n de
las substancias complejas homeómeras {II, 7) · para acabar (II, 8) afirmando

Estos principios

son iguales en número e idénticos en género a aquellos mismos principios
de las realidades eternas y primarias (335 a 28).
Esto, que pareciera a primera vista muy llamativo, no lo es cuando se repara en que, en ambos casos, lo que exige Aristóteles no es sino

un principio como tnllteria, otro como forma; a ellos se ha de agregar
un tercero, ya que los dos primeros no son suficientes como para llevar
a cabo la generación; tal como tampoco lo son en el caso de las realidades primarias [celestes] (335 a 29).

que

Todos los cuerpos compuestos -aquellos situados en tomo al lugar
central- están constituidos por todos los cuerpos simples (334 b 31).
Recuérdese que en el univ rso de Aristóteles existen dos lugares bien definidos:

Los lugares son dos: el centro y la extremidad (De caclo. 312 a 7).3
Y es hacia este centro al cual se dirigen y en el cual existen tbs cuerpos mi ctos,
formando de este modo el planeta tierra, aproximadamente situado en rl centro
( teórico) del universo.•
Alcanzado este punto no le queda a Aristóteles, para cumplir con su plan original, sino ocuparse de las causas de la generación. De este modo comien1a su
rap. 9 afinnando:

Puesto que c.cisten cosas que se gentran y cosas que se corrompen: y
puesto que la generación se produu, de hecho, en la rel!ión central
del universo, debemos explicar el número )' la natura de los principios
de toda generación, ya que se facilita la comprensión de las especies particulares cuando se conoce la teoría universal (335 a 24) •
• Sobre el importante terna de la mixis cfr. nuestros trab:i.jos: "Un capitulo olvidado
en la historia de la química : Aristóteles", Anuario Humdnitas, 1969, X, 85; y "Cbenucal
combination according to Aristotle", Ambix (London ), 1976, 23, 134.
• Cfr. nuestro trabajo: "Aristóteles, D, cado, 310 b 11-14". Journal Hist Philosophy.

1973, XI, 443.

• Decimos "centro te6rico" porque ~te debería estar ocupado, estrictamente, por el

elem,nto tierra; hemos analizado el caso en: "From Aristotl,:'1 fixed carib to the mobilc
aristotelian earth", Philosophical Inquiry, (Grecia), 1979 (volumen homenaje a los 2,300
años de la muerte de Am16telcs).

Así como en el caso de los cuerpos celestes o "realidades primarias" ( Ttl
nl&gt;&lt;Í&gt;Ta
Ta
aÓ&gt;µa'fa) -incorruptibles en sí mismos pero sometidos aJ menos a traslación- es necesario recurrir a tres principios: material el
uno (el cuerpo celeste) , formal el otro ( el movimiento) , eficiente el tercero
( el moviente) ; así, analógicamente debe ocurrir en el mundo sublunar&gt;
donde serán menester dos principios intrínsecos: la materia (principio de poder
ser), y la forma (principio de ser en acto lo que se es}°; y uno extrínseco: la
causa ( principio efectivo de la generación).

=

ov~a,,,a

Causa, en el sentido de causa material para los seres generables, es
aquello que puede ser y 110 ser· lo cual es, precisamente, lo que puede
generarse y corromperse porque en tanto ciertos seres necesariamente son
-tal como los seres eternos- otros necesariamente no son (y a estos tipos
de seres les es imposible: a los primeros, no ser¡ a los segundos, ser; ya
que no pueden apartarse de su necesidad natural) (335 a 33).
He aquí la analogia entre los principios o causas del ser corruptible y del
incorruptible: ~ la materia de estos últimos es sólo potencia con respecto al
movimiento y no al ser-no ser, como en los primeros. Existen seres que pueden ser y no er (335 b 2); y ntre lo necesario -que no puede no sery lo impo ible -que no puede ser- e sitúa lo contingente: aquello que puede ser y no ser. Sólo en estos dominios.

resulta que necesariamente existe generaci6n y corrupci6n (335 b 4);
• naJ6gicamentc, pues t'n el mundo supralunar no exi,te real co1TUpcio-generaci6n:
"~aterin enim i~ corporibus coel tium est potentia ad motum; at materia corrwnptib1lium en potenua ad cssendum et non euendUID et t, per qua.ro possibile est, corpora
corruptibilia cs,e et non eue", S. MAtrRo, .4 ristotdis O pera Omnia. . . iUust1'3ta a S.
Mauro, París, 1886, t IIl , p. 468 L

203
202

�porque sólo en él se da real existencia (por fa forma)
( por la materia).

r posibilidad de cambio

Tal es, en el sentido de causa material, la causa de las cosas generables; en tanto que en el sentido de causa final, lo son forma )' especil
(tj µoecptJ xal -i-o elJo;-); que no es sino la de/inici6n que expresa la
esencia de cada una de ellas [de las cosas generables] ( 335 b 5).
La causa final, lo que ilícita o espontáneamente intenta el agentes, es la
forma especifica según la cual el individuo generado encama una e pecie
determinada; todo cuanto llega a ser es, simultáneamente, "algo" y "esto"
(hoc aliquid); una esencia existente individuali7.ada por la fonna recibida
en la materia "quantitate ignata", en la materia determinada por la cantidad
o, mejor aún, en la materia en cuanto ordenada trascendental y simultíneamente a la forma y a la cantidad.e

Pero es menester, además, arrregar el tercer principio: la causa Mgamente soñada por cuantos nos han precedido mas por 11inguno definitivamente establecida (335 b 7).
Será. esta la causa eficiente de la generación, reclamada ya en 335 a 30
y cuya naturaleza no fue aclarada ni por Empédocles y los atomistas, ni por
Platón con su teoría de las Ideas y la participaci6n.7

De hecho, ninguna de ambas teorías es correcta; porque si las Ideas
son causa, lPor qué es intermitente su actividad generatriz, más bien
que perpetua y continua, ya que se trota de Ideas y participantes siempre t•.tistentes? (335 b 17).

i las Ideas son de sí activas, y existe siempre en las cosas la aptitud de
la materia, la generación debería estar constantemente presente, mientras
que lo que acontece es corrupcio-generación, inexplicable a través de la pura
actividad de las Ideas y donde no cabe el aspecto corruptivo del proceso. Por
otra parte la experiencia misma. indica que, por ejemplo, el médico es causa
eficiente de la salud, tal como lo es el docto de la ciencia, :lún cuando xist."I
la salud-en-sí y la ciencia-en-sí y hasta los seres participantes (335 b 20 ). Lo
• Explicarnos esta caracterizaci6n del principio de individuación en nue3tro antculo:
"Individuación, aoalog[a )' parlicip1ci6n en el plano físico", Sat,itntia, 1971, XXVI, 173.
' PLATÓN, F,d6n, 96 a - 101 c.

204

cual apunta a la realidad de una causa situada entre la Idea y el particirante; causa que mueve desde la potencia al acto,

tal como acontece con todas las cosas /Jroducido.s artificialmente según
su potencia (335 b 23).
uevamente aquí se halla en Aristóteles el paralelismo entre arte y natura,
sirviendo aquél -más inmediatamente accesible al homo faber- como ayuda
) explicación de ésta. 1

Por otra parte, decir que la materia es la causa generante debido a
su movilidad será, sin duda, más nat"ral. La causa que altera y transfigura es más verdaderamente causa del engendrar; )' bien que estamos
acostumbrados, tm1to en los seres naturales cuanto en los artificiales, a
considerar como causa eficiente a la que inicia el proceso (335 b 24).
Es decir que un lenguaje y una aproximación no críticos al problema podría
eonduc-ir a sostener la causalidad eficiente de la materia, ya que gracias a su
movumento provoca alteraciones y cambios: de aquí que los materialista
estén más cerca de la verdad -por proceder más científicamente- que
Platón.

Sin embargo, esta segunda teoría tampoco es correcta, porque le es
natural a la materia padecer y ser movida, en tanto que mover y actuar
compete a otra virtud ( 335 b 29).
No pertenece a la materia mover-se sino ser movida por otra virtud o potencia, correspondiente a un agente. 8 La experiencia, nuevamente presente
aquí, así lo dice para las cosas que proceden tanto naturalmente cuanto artificialmente; ninguna u transforma sino qu es transformada, tal como es el
arte }' no la madera quien hace el lecho (335 b 32). Error aquel al cual debe
sumarse otro y más grave aún, cual es

omitir una causa más fundamental, al desechar la esencia y la forma
(335 b 34).
' "Cum ergo an imitetur oaturam, et in arte invcniamus hanc tertiam cau a: ergo
in natura est tertiam causa, ~ilicet moveru, praeter materiam et fonnam". S. T1:10.wAs,
In 11 De gen. co"·• lect. 9.
' Es este un cnso de dv,,aµ1r; considerada en sentido activo contra la dv,aµ,~ pa,ivn
de la materia: todo cuanto acontece se debe tanto a un poder de actuar sobre otro
(potencia en sentido activo) cuanto a que este otro permita ta actuación (potencia en
sentido pasivo); cfr. M,t., 1019 a 15 ss., y 1046 a 5 ss., ,specialmente,.

205

�Error que aparece así como la contrapartida del error anterior, puesto que
tras confundir mover-se y ser movido, deja de lado la causa principal de todo
dinamismo: la causa formal, acto, forma, natura o esencia de la cosa. Lo cual
equivale a desechar la cosa misma;

y, lo que es más, confieren a las fuerzas que asignan a los elementos
-por medio de las cuales fuerzas se produce la generación- un carácter
excesivamente instrumental ( 336 a 1) .
Porque, con toda lógica y puesto que desechan la causa formal, deben atribuir a aquellos elementos -en cuanto considerados según sus cualidades activas y pasivas- toda la causalidad eficiente, puesto que constituyen tanto los
materiales cuanto las fuerzas según los cuales las cosas se generan: los elementos juegan así ambos papeles. Todo ello sin caer en la cuenta de que, al cabo
y dado que el ser actúa según es, y es por la forma, será ésta la causa principal
que opera ad extra a través de las cualidades sensibles. De tal modo se ven
obligados a sostener que

corresponde a la natura del calor disociar, así como a la del frlo congregar; " a cada uno de los contrarios restantes, actuar o padecer: todo
se genera '.Y se corrompe a partir de tales [materiales] '.}' por tales [acciones] (336 a 3).
Siendo así que

aun el fuego es, evidentemente, mouido y paciente (336 a 6),
Por donde hasta el fuego, "que es formalísima y má.ximamente activo", 10
es movido a actuar por una causa anterior. Pero aceptar tal causalidad reducida al instrumento equivaldría a

considerar causa de las cosas producidos la sierra '.Y los varios instrumentos de carpintería, ya que necesariamente la madera es dividida si
se la aserra, o alisada si se le cepi.la; etc. {336 a 8).
Por supuesto que tales instrumentos son causas puesto que sin ellos no hay
serrar o cepillar alguno; así como es cierto que los cuatro elementos y sus
pares de cualidades fundamentales son causa de corrupcio-generación. Mas en
ambos casos no se agota allí la causalidad sino que es menester "mover".
'" S. TaoMAs 1 In 11 De gen. corr., lectio 9.

206

"manejar", hacer uso de los instrumentos; precisamente tales en cuanto alguien -cual causa principal- los instrumentaliza, los convierte en acto ins,.
trumentos, en elementos útiles para algo, moviéndolos y ordenándolos a la
producción. Y tal como es menester recurrir al artífice para explicar la acción de los instrumentos, análogamente débese recurrir a la forma o quiddidad
para explicar la actividad de las cualidades elementales: quien opera, propiamente hablando, es siempre 1a causa principal; y por cuanto "actiones sunt
suppositorum", es el ser total el sujeto de atribución del dinamismo que se
canaliza a través de las cualidades.
En cuanto a nuestra teoría, hemos hecho ya una consideraci-Ón general acerca de las causas en una obra anterior, explicando y distinguiendo ntonces la materia y la forma (336 a l 3).

En efecto, en Ph'.)1s., L. II, ce. 3-9, ha ·puesto Aristóteles un tratamiento
~eneral de las cuatro causas, agregando ahora estas consideraciones en particular acerca de las causas material y formal.
En el capítulo siguiente (el 10) será la causa eficiente quien merezca un
tratamiento especial, estando el desarrollo afectado por las ideas cosmológicas del Estagirita 11 y de las cuales surgirá que la causa eficiente de la corrupcio-generación terrestre no es sino el movimiento zodjacal. Comienza
por una afirmación general:

Habiéndose demostrado 1•a que el movimiento es eterno, se sigue necesariamente de lo establecido que la generación es también continua si el
movimiento es etemo: haciendo que el generador se aproxime y retire,
provocará una ininterrom pida generación (336 a 15).
Dentro de esa concepción del movimiento circular eterno del cielo aparece
el sol cual generador universal por excelencia de los cuerpos inferiores del
mundo sublunar.ª
Al mismo tiempo es también claro que habíamos razón cuando en un
trabajo anterior dijimos que la especie primera de cambio era la traslación, que 110 la generación. Porque, en efecto, resulta mucho más
1.1 Cfr. Met., 1073 b 18 - 1074 a 17.
" La demostración de la eternidad del movimiento en Phys., VIII, 7-9. Es el movimiento del sol según la ecliptica quien aparece a.si cual causa eficiente de la corrupciogeaeración; la idea no ha perdido todo su valor. Cfr. T. liEATB, Aristarchus of Somos,
Oxford, 1913, pp. 190 ss., para un estudio astronómico de base; ejemplos en Mt!teor.,
346 b 16 y Ph:ys., 194 b 13; y el citado M,t., 1073 b 18 ss.

207

�razonable considerar al ser como causa de la generaci6n de lo que no es,
que co1isiderar lo que no es cual causa del ser de lo que es. Ahora bie11:
lo trasladando es, en tanto que lo engendrando 1w es; de aquí que la
traslación sea anterior a la generación (336 a 18) •13
La prioridad del movimiento según el lugar reside en que supone un sujeto
dado, al cual le ocurre ser trasladado; mas lo que ha de ser engendrado y
en tanto está siendo engendrado, no es engendrado en acto: es engendrando en acto.

Hemos )'ª supuesto probado que el proceso de corrupcio-generaci6n
ocurre continuamente en las cosas, y afirmamos que es la traslación la
causa de la generación; de lo c1,al es evidente que si la traslación es una,
imposible resulta que ambos procesos sean simultáneos siendo, como
son, contrarios: es ley de la naturaleza que la misma causa y bajo las
mismas condiciones produce siempre el mismo efecto; de modo tal que
se producirá siempre o generación o bien corrupción.
Consiguientemente, los movimientos deberán ser más de uno y contrarios entre sí, sea por el sentido de sus traslacio11es, sea debido a irregularidades, ya que efectos contrarios demandan causas co11tra1ias (336
a 23).

Ya ha sido probada la continua corrupcio-generación de las cosas (317 b
33 ss.) ; habiendo corrupcio-generaci6n deben existir movimientos de traslación que se comporten entre sí como contrarios, sea porque se invierta el
sentido del movimiento, sea porque el movimiento no es uniforme debido
al alejamiento y acercamiento del sol.1 4 Es decir que no es el movimiento cliurno del primer cielo, monótonamente uniforme, el responsable de la corrupciogeneración sino el movimiento del sol según la eclíptica o movimiento zodiacal;
el cual, en tanto que movimiento eterno, es causa de la generación, y en
tanto que movimiento no uniforme -pues acerca o distancia el sol, alternativamente- es causa de las alternadas corrupciones y generaciones ( 336
a 31 ss.) ; y por cuanto los períodos de aproximación y elongación del sol
son iguales, se produce la igualdad de los períodos corrupcio-genéticos natura les: otoño-invierno, primavera-verano (336 b 18) .ª
Nuevamente referencia a Phys., VIII; 260 a 26 - 261 a 26.
Ampliamente en H. H. JoACHlM, o. c., p. 257. Y Meieor., I, c. 2, para la traslaci6n circular.
11 Cfr. tambi~n Meteor., 346 b 20 ss. Tan manifie ta es esta causalidad que "videmus
enim ad oculum quod sole adveniente ad punctum Arietes, quando directe locum nos11

Mas no s6lo habrá siempre continuidad de corrupcio-generación según las
caus~s material (318 a 9 ss.) y eficiente, sino que aún es posible una perspectJ.va de mayor envergadura. Aquel sol y aquella ecléptica son causas motrices (Met., 1071 a 15) y su necesidad está exigida por la alternación entre
corrupción y generación; pero aún es posible trasladar la e:-.-plicaci6n hacia
una primera causa fundamentante :

Si siempre se repite cíclicamwte lo mismo, tiene que subsistir siempre
algo que actúe del mismo modo. Y si /¡a de haber generación y corrupción, tiene que haber otra cosa que actúe siempre, unas veces de un
modo, otras de otro.

Tendrá que actuar, por tanto, en cierto modo por sl misma, )' en
cierto modo en virtud de otra cosa; por consiguiente, bien en virtud
de tm tercero o bien m virtud de la primera causa.
Así, actuará necesariamente en virtud de ésta; pues a su vez ésta
será causa para lo segundo y para lo tercero. Por consiguiente, es preferible admitir la primera causa (Met., 1072 a 10).

Y esto por un simple y evidente principio de econonúa. Esta causa primera,
que mueve sin ser movida (Met., 1072 a 25), siendo asimismo causa final,
''mueve en cuanto es amada" (Met., 1072 b 3), originando el movimiento de
traslación perfecto: 1a traslación circular (Met., 1072 b 8); pues bien::

De tal principio [la causa /ina[J penden el cielo y la naturaleza (Met.,
1072 b 13).
En cuanto a lo específicamente natural,

aquella continuidad se puede justificar racionalmente: afirmamos que
en todas las cosas la natura tiende hacia lo mejor. Ahora bien: es mejor ser que no ser -y ya hemos ex plú:ado los varios sig,zificados de "ser"
[M et., IV, 7]; pero el ser no puede pertenecer a todas las cosas ya que
algunas están muy alejadas de su principio. Por consiguiente opta Dios
por la alternativa de llevar a cabo la perfecci6n del universo por una
ininterrumpida generaci6n, asegurando así la más grande coherencia posible al ser, ya que la generaci6n continuamente repetida es lo más
pr6ximo [a la perpetuidatfJ de la substancia (336 b 27).

Jt

208

trum t.angit, incipit esse geoeratio terrae nascentibus, recedente autem sole a principio
Librae, incipit rerwn deminutio et corruptio", S. THOMAS, In ll Dt gtn. corr., lectio IO.

209
hurn.anitas-14

�Está ínsito en el "apetito naturaP' de la materia -como poder ser que
es- desear ser y ser sin limitaci6n, que es el modo perfecto de ser. Mas por
cuanto esta tendencia no puede ser más que eso: tendencia, sin poder de sí
alcanzar el acto perfecto de ser, el ser natural es conducido a ser sucesivamente
lo que no puede ser simultáneamente. He aquí, pues, la causa final de la
corrupcio-generaci6n: la consecución de la perfecci6n óntica de la naturaleza.
Esta visión final teológico-natural de Aristóteles muy bien puede ser la
respuesta que busca Joach.im, en pos de Alejandro y de Fílopono, al inquirir
acerca de c6mo puede ser que la génesis de una cosa sea eo ipso la corrupción
de otra, y viceversa: "¿ Cómo, entonces, puede ser la aproximación del sol
'
· .
' 7 " .is B'en
causa sólo de yen:ctis-,
y su d"1Stanc1amiento
causa so'lo de cp8 oea.
1
sospecha que "la solución a esta dificultad depende, tal cual lo debemos
suponer, de una diferencia de orden o de grado de realidad en. el yen11:á";
poniendo como ejemplo una escala de valores según la cual la planta y el
animal resultan ser "más reales" que la simiente; o el aire que el agua, por
estar el primero más próximo al primer motor; etc. Y aun sus lucubraciones
en torno a la importancia que tienen en Aristóteles los cambios en el ser
viviente con su recurrencia al calor vital de las especies, todo ello tiene aquí
su adecuado y bien explotado lugar. Pero todo queda en cierta chatura si no se
acompaña al Estagirita en el vuelo de una visión cósmico-teológica que no
se deja arrastrar a la consideración pormenorizada de cada caso en particular,
y ni aún a la teoría más general de los cuatro elementos y sus concomitantes
sino que se eleva, rauda y atrevida, con el sapiente atrevimiento del ordenador: cuando ya Aristóteles se ha ido por los cielos del saber y las esferas
del acontecer en el rápido ascenso que ahora le permite y le obliga su teoría
toda, de poca monta puede parecerle retomar al problema origen de su especulación, bastándole con las indicaciones que ha ofrecido al lector; según
las cuales la actual economía divina mantiene la variedad y constancia del
ser, el orden y la perfección del acontecer universales, recurriendo a una
sostenida corrupcio-generación como medio de mantener sucesivamente en
el ser y sus perfecciones -y en un como remedo de eternidad- ese cosmos
que irremediablemente no puede serlo todo simultáneamente.
Desde esta perspectiva se hace necesario que coexistan aún aquellos seres
que se oponen relativamente, porque sólo así se logra un universo dinámico,
"pues aquellas cosas que naturalmente se rechazan entre sí según contrariedad
de natura concuerdan en el orden del universo según el cual todas están de
' unidas y coexisten en el mundo. Y esto ocurre por participación
algún modo
en la paz divina la cual, en cuanto por todos deseada, tiene razón de fin". 11
16

JOACHIM, O. C.,
THOMAS, In

" S.

pp. 260 5$,
de divinis nominibus exp., c. IX, lectio 1.

¿ Que nos hemos salido de este modo de la austeridad científica? . y cómo
no, ~uando se extrema la explicación buscada? Porque entonces no ~os queda smo marchar asintóticamente hacia lo divino.
Retornemos ahora a la sobriedad al uso y resumamos:

E1z consecuencia, es claro según todo lo dicho: que existe realmente
corrupcio-gencración; cuál es su causa; y cuál es el sujeto que la padece

(337 a 15).

Así como también lo es que
si exist~ ~-ovi~iento -según lo hemos explicado- debe haber algo
que lo inicie; si lo hay eterno, debe existir una causa eterna· si es contin_uo, la que la inicia ha de ser una causa única, inmóvil, ingenerada,
~ ~~alterable; Y si los movimientos circulares son múltiples, las causas
iniciantes deben estar todas, y no obstante su pluralidad, subordinadas
de algún modo a un único principio (337 a 17).
Resumen este final de una larga argumentación desarrollada por extenso
en otras de sus obras. 18
Con todo lo expuesto hasta ahora se ha llegado a cumplimentar esencialmente el plan propuesto al comienzo de este tratado De generatione et corruptione; pero precisamente el paso recientemente citado (337 a 17) deja
entrever otro problema que merece ser encarado a modo completivo, al menos
en este c. 11 : ese condicional "si ... " relativo al movimiento, su existencia
continuidad y causación, permite introducir el tema de la necesidad en }~
generación :
~~servando que en todo proceso continuo -sea en orden a la generacion, o a la alteración, o al cambio en general- existe consecutividad
es decir: produciéndose una generación tras otra sin intervalo debemo;
'
'
i~vesttgar si [entre los miembros consecutivos] existe alguno que necesariamente ha de existir, o bien si todos y cada uno de ellos pueden no ser
jamás engendrados (337 a 34).

.

.

Es_ decir que aceptado_ el movimiento del cielo como necesario y generante,
1a necesidad de su efecto? La observación tópica: "Corruptio

¿ se sigue de ello

11 Ph~s., VIII, 4; Met., XII, 7-8. Para el análisis de este complicado paso de 337 a
17-23 vid. W. J. VERDENIUS and J. H. WASZINK, A.rfrtotle on coming-to-be and passignaway. Sorne commentl, Leiden, 1966.

211
210

�uniw est generatio alterius", ¿significa. la existencia de un movimiento monótonamente necesario? No caben dudas en cuanto a su esencia, pues toda
generación lo es a partir de un sujeto que deja de ser específicamente lo que
es para pasar a ser otro gracias al agente capaz de educir la nueva forma.
El agente incesante existe; la incesante corrupcio-generación e da y según
1 "no serer'' del generado; la experiencia pare e exigir la necesidad de corrupcio-generación. ¿ Es esta necesidad extensiva a todos &gt;' cada uno de los generados?

la infalible relación: desde el "ser-no ser" del corrupto, hacia

Es evidente que con algunos ocurre así [: nunca son generados] y s6lo
es menester recurrir a la distinció11 entre "será" y "podría ser"; ya
que si puede decirse con certeza de algo que "será", debe en algún
momento ser cierto decir de él que "el'; mientras que aún cuando sea
cierto decir de una cosa que "está a punto de ocurrir", es mU}' po1ible
para ella no llegar a "ser''. A.rí, alguien podría no caminar, no obstante poder hacerlo (337 b 3).
Debe distinguirse entre la necesidad del ' ser-es" y la contingencia del "podría ser-es": si en el ser que ahora "es" e puede ver con certeza la nece idad
de su futuro cambio {de su "será"), se verá asimismo la legitimidad de
afirmar que habrá un "es" a su debido tiempo. Mas del hecho no necesario
del "poder ser" no se seguirá jamás necesariamente el futuro "es" : "poder
ser" es necesaria consecuencia de " er'' (''ab sse ad posse valet iUatio"),
pero no a la inversa ("ab posse ad esse non valet illatio"). La existencia
de la causa hace necesaria con necesidad absoluta la relación causa:efecLo,
mas no la necesaria exi tencia de su efecto como resultante, pues dicho efecto
dependerá de la concurrencia de otras relaciones causales que conduzcan a
una compleja con-causalidad ( al menos podrá hacerlo). Las causa físicas
(no libres) producen cada una su efecto específico, pero la necesaria concausalidad que se da en la complejidad natural hará que las causas e rondicionen
ad inuicem, incluyendo en el efecto propio de cada una de ellas considerada
separadamente. De tal modo que todo efecto cósmico es el resultado de una causalidad múltiple.

Para echar mano de un principio ge11eral: puesto que entre las cosas
existentes algunas son capaces de 110 ser, habrá que atribuirles la mirma
ambigüedad en punto a su generaci6n; en otros términos: su generación
no será 11ecesaria (337 b 7).
La generaci6n. es, tal como el ente, contingente o necesaria; puesto que
existen entes contingentes, habrá generación no necesaria. Ahora bien:

212

¿Sig~ifica esto que todo cuanto se genera es contingente? O, por el
contrario, ¿le es absolutamente necesario llegar a ser a alguno de aquellos?; y asi como en los dominios del ser se distingue entTe las co1as que
no pueden no ser, y aquellas que pueden no ser, ¿surge e11 los dominios
del generar la distinción correspondiente? Por ejemplo: ¿Es necesario
que se produzcan los solsticios? Vale decir: ¿Es imposible que puedan
110 aco11tecer? ( 337 b 9).
La respuesta ha de ser cauta pues si se cae en la fácil tentación de admitir
que todo es absolutamente contingente, nada sería ni contingentemente ni
necesariamente.

Debemos admitir que si existe el consecuente, el antecedente ha debido producirse; como, por ejemplo, que han debido echarse los cimientos de una casa si la casa existe; y que debe existir el mortero si lo
hacen los cimientos (337 b 14).
Lo q_ue es naturalme_nte ~osterior según la vía de la generación arguye
necesanamentc de Ja existencia de lo anterior: todo se comienza por la base.
Nuevamente: de la existencia del efecto se conclu ·e necesariamente la existencia de la causa. Pero,

¿es igu':1mente cierta la inuersa? Si se han echado los cimientos, ¿debe
producirse la casa? La respuesta parece ser que no subsiste la necesidad
del nexo, a menos que sea absolutamente necesario "llegar a ser'' para
el comecuente (337 b 15).
Es decir que "ab possc ad esse non valet illatio" : "ser" no se sigue necesariamente de ''poder ser". Tal como era necesaria la anterior relación desde
el efecto n la causa -o del cons cuente aJ antecedente-- esta otra, d de la
causa al (futuro) efecto es contin ente, 10 a menos que se conozca el efecto
como necesariamente exi tente por su propia natura.

Sin embargo, si es éste el caso, la casa se producirá necesariamente
echados los cimientos, y viceuersa; porque [por suposición] están de tal
modo relacionados antecedente ,, consecuente que si lstr. existe, 11ecesa•
10 " , •• quia pouit toto, necesse fuit supponi et partero. Et idro non convertitur",
S. THOMAs, In 11 D1t gen. ,orr., Lectio 11. Para esta doctrina del nexo entre antec~ente y COll,ICcuente temporales, cfr. Anal. Post., 95 a 24 • 96 a 7; y para un anAlisis
ÍL&amp;1co de esta ntcesidad, Phys., II, c. 9 (todo).

213

�con lo que es siempre, puesto que lo que debe ser no puede no ser
riamenle lo hace previamente aque1. Sí, por consiguiente, es necesario
que el consecuente sea producido, también el antecedente debe haberlo sido; ,-i si lo ha sido, entonces también debe serlo el consecuente. No,
sin embargo, debido al antecedente sino porque se supuso necesario el
futuro ser del consecuente. De aquí que cuando el ser del consecuente
es necesario, el ntxo es recíproco; es decir que siempre que se genere el
antecedente, lo hará tambié11 el consiguiente (337 b 17).
En tanto que los cimientos son cimientos de la casa, se sigue que el ser de
la casa presupone el ser de los cimiento ; pero la inversa. sólo surgirá válida
si se concede necesidad absoluta al ser de la casa pue la casa no puede ser
sin cimientos, mas los cimientos pueden quedarse en tales.

(337 b 29).
Y la experiencia nos muestra la contingencia del ser de la casa con respecto
al ser de los cimientos.

En consecuencia: una cosa es eterna si su ser ts necesario; )' si es
eterna, su ser es necesario. Y si, por consiguiente, la generaci6n de una
cosa es necesaria, su generación es eterna; y si es eterna, es nrcesaria ( 338 a 1}.
Convertibilidad esta de "eterno" y "necesario" que aplica a continuaci6n
a la generación natural:

Ahora bien: si existe un proceso descendente al infinito, la generaci6n de un determinado término posterior a un término cualquiera de
la secuencia no se producirá con necesidad absoluta sino s6lo hipotético

(337 b 25).
En efecto: en esta secuencia de producci6n sucesiva, la generaci6n de un
término subsiguiente al que "ahora" existe debe ser condicional, hipotética.
"ex suppositione",

porque siempre suá necesario que haya sido generado algún otro miembro antes que "este", como condici6n presupuesta dt la necesidad que
"este" sea engendrado. Consiguientemente, y por cuanto no existe origen para lo que es infinito, tampoco existirá un término primero en La
secuencia infinita que exija necesidad de generaci6n del resto de los
términos (337 b 27).
i la secuencia es infinita in recto no puede haber exigencia a la generación de algo desde el extremo originario ni desde el extremo final; porque,
de hecho, en una recta infinita no existen actualmente extremos de cadena
exigentes de tal generación.

Mas tampoco será posible decir con uerdad que aún respecto de una
serie limitada sea esto [= la producci6n de uno de los términos] absolutamente necesaria; así, no podemos decir que sea absolutamente necesario se produzca la casa si se han ecltado los cimientos, pues a menos
que siempre haya necesidad de producci611, nos hollaremos con que
siempre existe algo que puede siempre no ser. Pero si su generación es
necesaria, siempre debe repetirse, ya que lo que es de necesidad coincide

Se sigue que la generación de algo absolutamente necesario debe,
necesariamente, ser cíclica, retorna11do a su punto de partida. Porque la
generación ha de ser limitada o bien ilimitada; y si es ilimitada, será rectilínea o cíclica. Mas la primera de estas dos alternaliuas es imposible
si la generación es eterna, puerto que no existirá un primer punto de
origen en una secuencia rectilínea infinita, sea en sentido descendente -como hechos futuros- sea en sentido ascendente -como hechos
pasados-. Sin embargo la generacwn debe tener un principio &lt;si ha
de ser necesaria y, consiguientemente, eterna&gt;, pero si es limitada no
puede ser eterna. En consee1uncia ha de ser necesariamente cíclica

(338 a 4).2 º
En el c. 10 ha demostrado que la generación es eterna y, por consiruiente,
necesaria; siendo así no puede ser rectilinea porque en tal caso no exi tirá
miembro de la secuencia cuya presencia sea absolutamente necesaria ( ú..n:J.cossino sólo contingentemente o por hipótesis (
1Jno8éasruspues cada término de la serie sólo es necesariamente presupuesto por el siguiente: en una tal sucesión no hay dexf o queda mo

ª"ªY"ªio")
ª"ªr,caío,,) ;

et

que la generación sea cíclica.

Por lo tanto la necesidad absoluta se halla en el movimiento )' la
generación circulares (338 a 14).
" Adoptamos, en razón de la. clarifica.ci6n que procura, la cláW1ula agrega.da por
JoACHIM, o. e., in h. l.; el texto griego eJtá aquí corrupto.

215
214

�Teoría que debe remitirse, como a su fundamento, a Phys., VIII, 7-9, donde Aristóteles se refiere al movimiento del cielo, eterno y eternamente moviente de las esferas inferiores y del sol con ellas. El cual sol,

moviéndose circularmente de un modo determi11ado, ocasiona cíclicamente las estaciones las cuales producen, a su vez, las cosas que de ellas
dependen (338 b 3),
y esto porque

ENRIQUE MOLINA GARMENDIA
Y SU CONCEPCIÓN DEL ESP1RITU

el principio motor, primero y principal, es el círculo según el cual se
traslada el sol: éste, separando y reuniendo en tanto se acerca o se aleja,
es evidentemente causa de la generación y de la corrupción (Meteor.,

Da. MIGUEL DA CosTA LEIVA
Universidad de Concepción, Chile.

346 b 20).
Se cierra de este modo, con una apelación a la causa primera originante
específica, el tema de la corrupcio-generaci6n natural, y el tratado De ge-

RESE"RA BIOGRÁFICA

neratione et corruptione.
(1871-1964), profesor y abogado, considerado
uno de los "Fundadores" de la Filosofía Hispanoamericana, según la conocida
expresión de Francisco Romero, prolífero autor de una veintena de libros en
que trata temas de filosofía pura (Filoso/la Americana, La Filosofía de
Bergson, De lo Espiritual en la vida humana, Nietzsche., dionisíaco y asceta,
Tragedia y realización del estpíritu, Por los valores espirituales, etc.), educación (Educación contemporánea, De California a Harvard, Las funciones
de la Universidad, Discursos Universitarios, etc.), de viaje (Por las dos Américas, Páginas de un Diario, Peregrinaje de un universitario, etc.), políticos
(Las democracias americanas y sus deberes, La révolución, los estudiantes ,.,
la democracia, La revoluci6n rusa y la dictadura bolchevista, etc.), de historia ( Goethe y su ideal de perfeccionamiento, Alejandro Venegas, La filosofía
en Chile en la primera mitad del siglo X X, etc.), sociología ( Ciencia e intuici6n en el devenir social), y sobre temas diversos (Llamado de superaci6n a
la América Hispana, etc.). También escribió más de cien ensayos incidentales
sobre filoso{ía y asuntos aledaños. Ejerció en Chile y en algunos países latinoamericanos un reconocido liderazgo intelectual. Fundó la Revista Atenea, de
la Universidad de Concepción, donde se han expresado significativos intelectuales de este continente. Fund6 la Universidad de Concepción de la cual fue
Rector durante 36 años. Durante su vida recibi6 diversos reconocimientos a
su obra intelectual, moral y material. Los intelectuales chilenos de la primera mitad de este siglo lo tuvieron como una especie de mecenas y solicitado
árbitro para encaw:ar y afianzar vocaciones. Fue fundador y primer PresiENRIQUE MoLINA GARMENDIA

216

217

�ciente de la Sociedad Chilena de Filosofía; a su extensa labor se debe el que
las universidades chilenas incrementaran el estudio sistemático de la filosofía.
Durante su rectorado mantuvo una cátedra libre de filosofía donde daba a
conocer su pensamiento y el de aquellos autores que le interesaban. Posesionado de una cultura general muy amplia su participaci6n en los foros culturales fue muy solicitada en Chile y en el extranjero. Fue uno de los.
intelectuales más sobresalientes de su generaci6n.
Doctor y Licenciado en Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid y Profesor de la Universidad de Concepci6n.
Ha sido Director del Instituto de Filosofía de esa Universidad, Director de
la Revista Cuadenios de Filosofía; publica regularmente ensayos de filosofía
en la Revista Cuadernos de Filosofía y Atenea. Dicta clases de Historia de
la Filosofía Antigua. (Obras: Los Fragmentos de los Presocráticos, Los Filósofos Presocráticos, dos tomos, 1977). Está sistematizando la obra de Enrique Molina y rescatando su producción inédita (Obra: El Pensam.iento de
Enrique Molina Garmendia, dos tomos, 996 págs.), en preparación Epistolario de Enrique Molina 'Y los intelectuales iberoamericanos.
MIGUEL DA CosTA LEIVA,

Enrique Malina Garmendia 'Y su concepción del espíritu
A la clásica expresi6n de Arist6teles que a los hombres les estimuló a filosofar el deseo de conqcer, agrega Molina las condiciones del dolor y del error.
Filosofar viene a ser como una búsqueda de adaptación a las limitaciones que
necesariamente impone la vida en el orden sensible, y en compensaci6n, ensayo
de la libertad para remontarse al infinito de lo especulativo. Todas las filosofías tienen como funci6n específica la comprensi6n del Ser. La ciencia no
basta para desvelar los misterios interrogativos ante el Ser, por el contrario,
acrecienta la admiración y el misterio de éste. Por eso, que los intento por
destruir o suprimir a la Metafísica se estrellarán siempre con la evidencia, si
se quiere intuitiva y sencilla, de que existe una región del saber en la que
sólo cabe el Ser, cuyo estudio no se puede llegar a prescindir.

El Ser, según Molina, no se define, pero puede llegarse a intuir y hasta
sensibilizarse en uno mismo. El Ser tiene algunas propiedades que nos recuerdan la herencia del viejo Parménides: único, infinito, eterno y además,
divino. No podemos conocer su origen ni su fin, por lo que debemos reconocer
su carácter necesario y absoluto.
El Ser tiene la potencia dadora de vida y espíritu. Es capaz de crear y hacer
perdurar la vida. En este desplegamiento, va pasando por estructuras materiales sucesivas que van, desde el cuerpo físico inorgánico, hasta llegar al

218

hombre que es donde se asienta el espíritu. Con el hombre, hace su aparición
la estructura superior del Ser. Molina insistirá mucho en esta relación: SerE_spíritu, se~alando ~ue el Ser sin Espíritu es como un gigante ciego y mudo,
ru bueno m malo, sm sentido y sin expresión. Necesita de la vida para darse
a través del E~píritu. La vida es una de las estructuras en que se va operando
la trascendencia del Ser. En este sentido, el hombre viene a constituirse en un
colaborador del Ser, somos parte de éste, "estamos en él, vamos con él". No
somos espectadores ni algo aparte del Ser, sino parte integrante de éste. El
Ser es capaz de desdoblarse y contemplarse a sí mismo por medio del espíritu
humano. Este desdoblamiento, apunta a la raíz del principio de Identidad en
1
cuanto concebirnos. al Ser ~ompleto: los modos contingentes del Ser, que
suceden en el ámbito espac10-temporaJ, no son más que cambios de formas
de éste, bajo las cuales subyace una identidad absoluta que permanece. La
eternidad es el atributo del Ser puro substancial.
La espiritualidad es otra dimensión del Ser. Jamás encontramos al Espíritu
como una entidad pura, sino asociada a una estructura física orgánica a una
vida .. El Espíritu necesita salir de su estado solipsista en razón de ese p;stulado
esencial del ser por expresarse. Esta potencia inmanente del Ser se conYierte
en trascendencia con el concurso del hombre, por eso que éste es un colaborador de la creación. Prestamos fe a nuestras sensaciones y percepciones.
con lo cual vamos afirmando 1a realidad del mundo exterior. Es trascendente
a~í la ~cción perceptiva y sensitiva que pasa del sujeto al objeto, que sobre las
v1venc1as de aquél realiza la hip6stasis de éste. Molina entiende la trascendencia, en este caso, como el tránsito, de una estructura a otra superior en
qeu se van verific~do las síntesis creadoras de la naturaleza. No es partidario
de una trascendencra absoluta, porque carece de sentido en el orden material.
"Existir en un ser pleno de posibilidades -dice- es como estar en el seno
de Dios. De la inmanencia de la conciencia creadora se irradia la más infinita
~aSC'ende~cia. Si. los hombres no escuchan a Dio en su conciencia y no Jo
sienten m lo reahzan en ella, no lo encuentran ni lo sienten ni Jo realizan en
ninguna parte." l
La identificaci6n que Molina reconoce entre Ser y Espíritu (esto último
como potencia inmanente de éste, capaz de adquirir un desenvolvimiento
racional a través del hombre), le lleva a rectificar el c6gito cartesiano mediante la siguiente fórmula: "Pienso) luego existo y el Ser existe: Yo soy
el Ser". Molina es de opinión que al filósofo le es absolutamente imposible
concebir su pensamiento, como del Todo, solo en el mundo huérfano de conexión con alguna otra entidad. La idea de un Espíritu absolutamente puro
1

MouNA, Enrique, Confes-i6n filos6f ica, p. 68.

219

�le repugna por su falsificación. Hasta los estados superiore del misticismo o del nir\'ana suponen un residuo de afinidad con el Mundo. Un E píritu
absolutamente puro sería inconsciente de sí mismo y de la realidad. Necesita
de la conexión del er, o dicho de otra manera el Ser se expresa por medio
del Espíritu.

ducta, esta actitud consistirá en la serenidad y equilibrio a que se llega por
medio del cultivo de la filosofía. Desde otro punto de \'Í ta, esta actitud filosófica, permite dar a las cosas su \'erdadera proporción y pers~ctiva dentro
de la comprensión de lo universal. Coloca al Espíritu bajo la constelación de
valores superiores, esenciales a la personalidad humana.

del Ser al hombre le cabe una específica: la espiritualidad. ólo lo espiritual no se halla definitivamente hecho y pera para
su alumbramiento que nosotros lo vayamos realizando. Por el hombre es
posible llevar a cabo propósitos, creaciones, designios reflexivos. i existe un
determinismo que explique la causalidad científica este determinismo impuesto por el er llega s6lo hasta la aparición del espíritu del hombre, en cuyo
seno, se aloja la voluntad que hace posible la libertad humana.

De lo anterior se infiere, según Malina, que la actitud Hlosófica es coincidente con el más pcrfecto ejercí io de la libertad. Ella enseña a elcrrir en
qué consiste la libertad individual. En este proceso interviene otro elemento
del Espíritu: la voluntad. Si no fuera así, sería un espíritu loco o azaroso. La
quididad o esencia de la voluntad es el resort e pontán o capaz de elegir
entre dos o más alternativas. Esta quididad nunca abandona al Espíritu, sea
cual fuere la situación en que el hombre e encuentra. Este es conriente, en
los peore- momentos, de optar o no, por la libertad.

El Espíritu tiene como nota o estructura superior a la Razón. Su función
consiste en refrenar los impulsos ciegos de la estructura orgánica, superar el
In tinto y abrir el surco de la Conciencia discurrente.

La acútud filosófica supone también, ciertas normas éticas y jurídicas que
incluso el hombre individual puede tratar de . uperar.
menudo las ensura
r critica para mejorarlas.

La reali1.aci6n del Espíritu por el hombre no e tarea fácil. e lle,·a a cabo
a través de un proceso cuyo primer término es una tragedia y que comienza
con el cuerpo. El Instinto carece de lo dos atributos esenciales del Espíritu:
la libertad y el discernimiento d \'alore . La Razón e aliada &lt;le los Instintos
buenos o positivos, pero domina a aquellos que Molina reconoce como negati\'o o malos. Cuando la relación entre el Instinto y Raz6n e dá equilibradamente, se abona el terreno para que el Espíritu florezca en mejor forma.
Por el contrario, cuando lo In tintos se extravían, o no pueden ser dominados
por la Razón, ~ producen las pasiones y los vicios, y el Espíritu en general,

El sentido religioso, por su parte, cuando no lo enturbian ni el fanatismo
ni la intolerancia, conduce fácilmente a la actitud filos6fica.

De entre las funcion

se quiebra en su desenvolvimiento.
Los factores sociales y los ambientes que están más allá de nuestro cuerpo,
agudizan la tragedia espiritual. iempre el hombre tendrá como tarea resolver
y superar estas barreras, elementos básico de su moralidad, con el fin de
establecer una ecuación equilibrada entre Razón e Instinto. En esta tarea el
E píritu puede sacar de si mismo algunas fuerzas y potencias para sobreponerse a su tragedia. Molina las cualifica en el valor, la bondad, la verdad y
la justicia. on e tas virtude las que podrían dar a nuestras vidas algunas
notas de et midad.
En la realización de la vida espiritual el hombr se enfrenta además al
problema de buscar un sentido a su vida. urge a í, desde la conciencia discurrente la actitud filos6/ica como proceder cauteloso y metódico para buscar
la "·erdad, la bondad, la justicia y el "·alor, que en este caso, se transforman
en fines de la realización de la vida espiritual. En lo que respecta a la con-

E ta actitud filosófica no es optimista ni pesimista, nos die-e nuestro autor:
es de serenidad. Frente a la antinomia "acción-contemplación'' al hombre se
le presentan serios quebrantos para realizar u espiritualidad. o e ya el sobreponerse simplemente a la clásica trilogía de amor, dolor y muerte. Así
tenemo que, para el hombre, e cada vez más dramática su preocupación
en las exigencias económicas como requisitos para mantener su libertad. Lo
trajines que demandan la vida contemporánea, imposibilitan el pleno ejercicio
de la atención y del pen ar: todo se hace atropelladament in e uchar ni
prestar at •nción, lo que incid • en una cada vez mayor ausencia de cultura
ét.ica y de disciplina de la mente. El hombre siente el drama y la falencia
de poder elevarse a una mayor contemplación cuya cú pid debiera ser el
amor en su mayor expresividad y plenitud.
Los que encarnan la actitud contraria1 la antifilosófica, n la rémora de
la sociedad, y en cierto modo, actúan en contra de lo de.ig11io uperiores
del mismo Ser. Son aqueJlo en que la Razón y la voluntad están aprisionadas
o clavizadas por los In titntos. El E. píritu, en este c:1.so, no pued des oblarse po itivamente para cont mplar la plenitud del Todo. on los hombre
que atentan contra el mismo hombre y con el universo : qu encuentran el
significado de su ida en fine como, la búsqu da y satisfacción del poder
por el poder; los honores, s61o por la ,·anidad · y la riquezas ) lo place
como una forma de satisfacer~ a í mismo.

221
220

�Pero el espíritu está siempre en lucha, en constante evolución y superación,
porque es propio de su naturaleza ir avanzando y manifestándose en realizaciones de la mayor intensidad con objeto de bastarse a sí mismo. Estos momentos de plenitud se hacen evidente a través del amor, en el alma mística
que siente a Dios, en el corazón que sustenta Jas normas o virtudes del valor,
bondad, verdad y justicia.
Molina insiste en no poder concebir el absoluto de la conciencia, encerrada
en un puro solipsismo y subjeth-ismo estéril. Tampoco entiende como pueda darse el puro noumeno o cosa en sí retirado totalmente del alcance de
nuestra conciencia cognoscente. Piensa, en cambio, que la relación interna
entre Ser y Espíritu, es decir, el desplegamiento del Ser en el Espíritu, hace
posible la ciencia de lo real; las categoáas lógicas que el Espíritu aprehende no son más que las categorías que rigen al Ser y que el Espíritu hace
evidente, mostrable. Por lo mismo, no debe e.~stir antinomia entre realismo e
idealismo, entre ciencia y filosofía, sino más bien una conciliación o complementación recíproca.
No se muestra partidario de una telefinalidad de la vida humana, porque
sus condiciones on incompatibles con la libertad. ¿ Qué libertad podría haber si
los actos voluntario son la realizaci6n de un designio proyectado por una
voluntad superior? Pero, podría existir una telefinalidad diriaida, cuya acción
llegaría sólo hasta el momento en que el Esp!ritu entró en acción a través del
hombre, en cuyo caso éste comenzaría a obrar con libertad. Esta ecuación supondría una conciliación entre la antinomia libertad-determinismo.
Si la vida se extinguiera en el planeta, el er adjudicaría vida a otros $ere
o modos contingentes, en otros lugares del universo, con el propósito de continuar desenvolviendo al Espíritu porque, como hemos dicho, el Ser sin Espíritu es como un gigante ciego y mudo al faltarle su básica esencia de e.,q&gt;resarse para contemplarse a sí. mismo.
En este proceso de realización espiritual, que en el fondo no es más que
la propia historia del hombre, éste ha venido creando un mundo material y
otro espiritual. El concepto de creación debe entenderse aquí como un proceso
o acto de transformación de substancias; como producción de síntesis llevadas
a cabo con elementos ya existentes. o olvidemos que el proceso cósmico del
Todo no es más que un eterno desplegarse del Ser absoluto y necesario.
El mundo espiritual está constituido por aquellos conceptos y valores que se
encuentran incorporados en la religi6n, en el arte, en la ciencia, en los usos y
costumbres sociales y en todos aquellos elementos que componen la cultura y
la civilización. La firme7.a del mundo espiritual dependen en gran medida del
papel que desempeñan los valores.

222

El mundo material lo forman las realizaciones y productos artificiales qu
producen, la industria y la técnica.
Ambos mundos necesitan complementarse. El olvido de esta interacción trae
consecuencias destructh·as: cuando se desprecian o descuidan factores pertenecientes al mundo espiritual, como los valores morales, religiosos, jurídicos,
estéticos, etc., el mundo material se resiente e incluso puede llegar a derrumbarse. A la inversa, la falta de elementos materiales, como los que emanan del
orden económico, de la seguridad, etc., puede llegar hasta quebrar los valorc.•s
de una sociedad. El ejemplo lo encontramos repetido en las épocas de decadencia y de crisis. La sociedad y el hombre necesitan entonces de un equilibrio en
su dinámica a través de lo que Molina llama "Ley de reciprocidad".
Esta unión inseparable que Molina exige entre lo espiritual y lo material
le lleva a reconocer a lo menos tres formas de vida espiritual arquetípica: una,
la hecha a base de resignación y renunciamiento. Es la vida propia de los santos,
ascetas y de algunos filósofos. Su característica principal consiste en la devoción
gue profesan a los valores espirituales.
La segunda, es aquella que, sin llegar a una resignación absoluta se hace
sin un sustrato econ6mico suficiente. Es la que han llevado hasta el presente algunos pueblos como los sudamericanos.
La última, es la que florece en armonía con un progreso material sólido.
Ha hecho aparición en algunos momentos de la historia, como ocurrió con
Atenas en el si~lo V a.C., en la Roma de Augusto y en Florencia en el siglo
X . Propone llamar a ésta última "cultura integral".
La convivencia social supone una cualificación de la realización del Espíritu,
puesto que el individuo, con iderado como entidad aislada constituye una abstracción. Por eso que el Espíritu se constituye a la vez en un fenómeno social.
Esto Ueva a Molina a reconocer tres formas en que la entidad espiritual se presenta a nuestra consideración.
a) El Espíritu personal, que se reconoce a sí mismo como una entidad que
conserva a través del tiempo la conciencia de su propia identidad. La persona
humana, en su dinámica biográfica, se va haciendo a sí misma conforme a lo
que debe ser y con los cambios que reclama la búsqueda de superación. En
este intento, no siempre el hombre logra conservar su línea espiritual. A veces,
ocurren hechos que traen para él una desintegración de su personalidad. De
tiempo en tiempo, el hombre siente la necesidad de someter lo vivido, lo observado y estudiado, a reflexión meditativa. La inquisitoria va dirigida fundamentalmente a aspectos de nuestra vida espiritual concernientes al arte, la
ciencia, la religión, la filosofía y hasta la formación misma de la personali-

223

�dad. Por lo común, el conocimiento que la persona tiene de sí misma resulta
ser deficiente e incompleto. Es una de las grandes tragedias del ser humano
el desconocerse a sí mismo. Las experiencias de la vida, las responsabilidades y
luchas que asume, le dan la ocasión de irse conociendo, de potenciarse y a la
vez, llegar a conocer a los demás. Difícil tarea que la mayoría de los hombres
nunca llegan a concluir. El mejor arte para vivir debería consistir precisamente en el éxito que pudiéramos tener en estas tareas.
b) El espíritu objetivo, constituido por la red social que incluye y toma al
individuo durante toda su vida y además, por las manifestaciones espirituales
de los grupos sociales, el lenguaje, creencias, valores, etc., que constituyen la
cultura y la tradición. Se caracteriza porque no tiene conciencia de sí mismo;
por eso que sus manifestaciones necesitan siempre de un espíritu personal para
expresarse. En las formas del espíritu objetivo hallamos a los principales protagonistas de la historia, pueblos, razas, colectividades religiosas, etc. De ahí
que a veces se le llame a este espíritu objetivo, en alguna de sus fases, espíritu
hist6rico. Todo lo que es susceptible de tener historia está sometido a un ciclo
mexorable de nacimiento, apogeo y muerte. Hay que deducir entonces, que el
propio espíritu objetivo puede llegar hasta extinguirse, por el desaparecimiento
de los individuos que lo componen.
c) El espíritu objetivado, que está constituido por aquellas expresiones vivas
del espíritu personal y objetivo incorporadas a algo material. Es la forma que
tiene el espíritu de pervivir a través de la historia incorporándose a productos
del arte, la técnica, la ciencia, etc., para asegurar su conservación más allá de
la vida individual Muchas veces una obra o producto del espíritu tiene una
duración mayor que el material en que está incorporado e incluso lo trasciende
en su existencia empírica.
Estos tres tipos de manifestaciones del Espíritu se encuentran estrechamente vinculados.

Los valores, forman un conjunto de las tres clases de espíritu de que hemos
hablado recientemente: del espíritu personal en cuanto significan ideas y sentimientos de los individuos; del espíritu objetivo, en cuanto estados anímicos,
creencias y maneras de sentir de la colectividad; y del espíritu objetivado, como
substancia de leyes y códigos, de libros, de cuentos y poesías populares, de
estatuas, cuadros, templos y de todas clases de monumentos en que se hallan
incorporados.
Los valores según nuestro autor, significan vivencias relativas al hombre. A
lo menos, los valores éticos, jurídicos, estéticos y religiosos, son inconcebibles
sin las relaciones de los hombres entre sí. En todos estos valores, la existencia

del numbre es un antecedente imprescindible, puesto que las formas espirituales
que conocemos sólo se manifiestan en él, aún cuando la materia pueda tener un
ser en sí. Los valores, pues, aunque hundan sus raíces en, los instintos, constituyen exponentes de esas formas superiores. No concuerda Molina con aquella
concepción que adjudica a los valores un ser en sí. Aceptar esta hipótesis significaría lo mismo que investir a la Razón existencia parecida.
Los valores, resultan de un proceso ascendente que comienza en su aspecto

más elemental con lo instintivo y que culmina en ciertos conceptos abstractos,
proceso durante el cual la trabazón entre lo afectivo y lo intelectual no se deshace jamás. Cuando percibimos concretamente valores en las cosas o en los
hechos, llevamos a cabo una funci6n en que colaboran los sentimientos y el
intelecto y que significa una de las formas en que vamos realizando nuestra
vida intelectual.
La falta de una existencia en sí no implica la posesión de una aparente
relatividad de los valores. En ningún momento Molina duda de la realidad
de éstos, por mucho que hayan sido los atabares que han padecido a través de
la historia humana Los valores son conquistas espirituales que se han ido trasmitiendo por si"los entre los humanos, o por lo menos en algunos espíritus
selectos. Estos constituyen la mejor heredad que recibimos de la labor secular
del hombre: deber nuestro es cultivarlos porque éstos embellecen y hacen progresar la vida.
Es posible efectuar una escala jerárquica de valores. Molina coloca en primer lugar a los valores morales. Piensa que los creyentes colocarían en el mismo
sitio a los valores religiosos. Enseguida vienen, sucesivamente, los valores intelectuales, jurídicos y estéticos. Su punto de vista es establecer una escala a
cuya base se encuentre Jo más vital para nosotros. Al ascender por ella, el
hombre debe encontrar abierto diferentes campos de investigación cientüica,
artística y filosófica, en rma perspectiva de posibilidades ilimitadas.
Especial interés tiene para Molina que el hombre desarrolle durante su vida
un conjunto de valores que él llama "valores espirituales", y que centra en el
cultivo de un humanismo cuya naturaleza se encarga de especificar. Existe
una condición esencial del hombre que está enraizada en su propia dignidad
esencial; consiste ésta en superar en él, a la naturaleza, en todo aquello que
tiene de fuerza bruta irracional y puramente instintiva. Esta superación se
hace por medio de la Razón -facultad última del Espíritu- y es la que tiene que posibilitamos para discurrir la auténtica ciencia de las cosas y además,
para intentar poner en ellas el sello esencialmente humano. Es por la. Raz6n,
las cosas y las relaciones que surgen entre éstas y nosotros, entre nosotros y los

224

225
humnnitn&amp;-15

�demás, por lo que podemos llegar a construir un mundo auténticamente humano.
De ahí que la vida humana tenga el imperativo de darse un claro sentido
a su existencia.. La vida que corresponde al ser humano tiene que ser plena,
con valores cuya alcurnia tocan lo trascendente. Cuando no se alcanzan tales
objetivos, la vida se descolora. La falta de finalidad, carácter y esperanza es una
vida perdida, un espejismo.
La metafísica de la conducta a que aspira el pensamiento de Malina quiere
ensefiarnos la forma cómo constituir ese humanismo centrado en el espíritu
personal. Es nece.sario primero, obtener de sí mismo lo mejor que sea posible
encontrar en cuanto potencias axiol6gicas, tratando de obtener en esta pesqu.isa esencial, la libertad, el valor y todos los sentimientos nobles que caracterizan a los valores espirituales. Se refiere aqui Malina, también a las llamadas
cuatro virtudes cardinales. Sólo después podremos endilgar nuestro propósito
por luchar reformar la sociedad en que vivimos. Cuando tengamos conciencia
de nuestra propia dignidad, podremos alentar la dignidad de los demás. Sólo de la fuerza que emerge de uno mismo es posible pensar, crear y obrar
con confianza en medio de la vorágine y de la desorganización que nos rodea.
Todos los grandes hombres que han iluminado con su saber a la humanidad
han sido formidables luchadores de la dignidad humana. Fundado en estos
ejemplos, cada hombre debe aportar su propio e fuerzo en el desarrollo de su
espiritualidad, cultivando todas las virtudes que sirvan a la humanidad: ese es el
mensaje de su meta.física en tanto in iste en la necesidad de dar un sentido
a ]a vida.
El cultivo de los valores espirituales se ha tornado cada vez más problemático: Los hombres han olvidado enseñanzas modélicas, perdiendo enseñanzas claves de valores acuñados en épocas de crisis. El individualismo egoísta
y la violencia del apetito se han enseñoreado en casi todos los órdenes de
la vida espiritual. En tal caso, al espíritu personal le es dificil encontrar su
justo equilibrio de expresión y tiende a alejarse cada vez más de un humanismo integraJ. Los hombres que sienten y viven en sus conciencias lúcidas los
ideales humanistas, que tienen fe en unos valores espirituales, constitutivos de
un mundo distintiva.mente humano, tienen la obligación y basta la necesidad, de luchar por él, como representantes tal vez más genuinos de la estirpe
y condición de la especie.
I

Cuando lo trascendental desaparece de las perspectivas ideológicas, es necesario salvar lo auténticamente humano. Existe la necesidad de estab]ecer el
respeto y \"eneración de lo humano por encima de todo proselitismo y ban-

226

deñ~, incluso por sobre nuestras conveniencias personales. En fin, el culto
cultivo del ~omb~ to~ pasa los límites de la política y casi toma los caracter~
de una estncta dimensión ontol6gica y metafísica,
bu!!:os dicho_ que en su. tarea de realizar su espiritualidad el hombre debe
, un senudo a su ':'ida.. Molína sostiene que el progreso puede servir
de nucleo a una concepo6n mterpretativa de ésta, a cond"1c1on
., d e no mantener este concepto restringido exc.lusi\•amente en el plano social )' político
donde tanto se ha abusado y vulgarizado.

~ _progreso

debe ser mirado como una creación espiritual cuya esencia va
obJet~vándose en el mundo espiritual y material que antes aludíamos. Las
creaoones del hombre siempre están amenazadas por la caducidad.
Genéticamente, el progreso se presenta siempre bajo la forma de una idea
~ueua, creada por un espíritu personal. En el orden técnico suele llamársele
znven~o. Pero no t ~ in ento. o idea nueva se presta a] progreso: es menester
qu~ Sirva para el bien, es decu, que sus aplicaciones tengan un valor moral y
social. Todo pr_ogreso que signifique un aumento de poder sobre las cosas
conlleva ensegwda un nuevo problema ético al hombre que lo administra.

L,ª. idea nueva, que tipifica al progreso, resulta de un acto espontáneo del
Espmtu, o más exactamente, de la Razón, como resultado de una síntesis
creadora a cuya base están todas las experiencias y conocimientos anteriores.

El progreso sigue más o menos, los siguientes principios;

a) No se manifiesta universalmente (en los hombres, pueblos
b) Depende de un estado social anterior.

O

épocas).

c) Las dife_rentes funciones sociales influyen unas sobre otras recíprocamente, siendo mayor la acción de las más fundamentales (lo económico
puede afectar lo artístico, por ejemplo).
d) La idea de un estado de progreso absoluto y total es una utopía (siempre habrá posibilidad de cambio) .

e) ~as i~erencias ~~dales son sólo relativas (no tienen Ja precisión de Jas
ciencias matemattcas).
I ) El progreso está en relación directa con la dominación del
bre Ja naturaleza y en relación inversa con la dominación o
del hombre por el hombre (el pl"OC71"Pén implica N"&lt;mPt
--~- ~
- --r- .o a
h umana.
)

hombre soexplotación

1a persona

g) Sin esfuerzo no hay progreso (el trabajo tiene un valor esenciaJ) .

227

�MITO Y CULTURA EN LA TRADICIÓN
Y EN EL PROYECTO SOCIAL

DR. Lmc1 BAGOLINI
Bologna, Italia,

l. HAY UN SENTIDO en la palabra conciencia, que yo adopto, que no es sólo
un sentido moral, sino comprensivo de todo; conciencia entendida como el
móvil horizonte que circunscribe todas las posibilidades humanas, individuales
y sociales, teóricas, prácticas, implícitas y explícitas, etc ...
Desde este punto de vista, las palabras "mito" y "cultura" pueden emplearse para indicar unos modos de explicación de la conciencia, donde el
mito parece uno de los elementos fundamentales de la cultura.
El mito se identifica, por lo menos en parte, con el fundamento implícito
de la conciencia, y Ja cultura con la explicación de ese fundamento.
Los proyectos políticos decaen al nivel de "ideologías'' entendidas en sentido peyorativo cuando se contraponen a la libre explicación cultural de los
mitos y, por medio de absolutizaciones de intereses individuales, mutables y
contingentes, reunidos y hechos masas. Cabe aquí el problema de las relaciones entre religión, mito y tradición y, por consiguiente, el tema de la distinción
entre mito auténtico y mito inauténtico, susceptibles, éste, de degenerar o
en magia o en varias formas de absolutizaciones ideológicas.
En la vana ilusión de poder prescindir del mito y de la tradición, es fácil

caer en semejantes degeneraciones en relación con el ritmo de libre explicación
de la conciencia humana en sus varios aspectos.
También son numerosas las definiciones de "cultura'' formuladas en varios
niveles de discurso: filosófico, sociológico, antropológico, etc.

Para una vasta reseña de las definiciones, hago referencia a la de Kroeber
y Kluckhohn: Cultu1'e - A Critical Review of Concepts and Definitions ( Cam-

bridge-Mass., 1952) .
229

�Las definiciones de Tylor, Boas, Malinowski las tiene en cuenta Bausola
en su notable ensayo: Analisi critica del concetto di cultura (Milán, 1975,

El ambiente social, en sus varias determinaciones comunitarias políticas
'
'
'
estatales, etc., es el contenido de la conciencia. Un ambiente social del que
no tuviéramos conciencia seria en efecto algo de lo que no podríamos hablar.

16-35).

De modo particular me interesa así mismo el sugerente libro en idioma
portugués de Crippa: Mito e cultura (Sao Paulo, 1975), por las teorías discutidas en él, y el examen crítico de algunos aspectos de la obra de Eliade.
Por lo que se refiere a las que son las implicaciones de la dialéctica cultural,
en relación con algunos problemas de la filosofía occidental, de la gnoseología
a la axiología, al arte, a la metafísica, a la religión, véase el reciente libro en
portugués por Reale: Experiencia e cultura. Para a fundafáo de una teoría
geral de experiencia (Sao Paulo, 1977). Según el antropólogo Kluckhohn en
su muy conocida y, para mí, fundamental obra: Mirror for Man. The Rela~
tion of Anthropology to Modern Life (New York, 1949), la cultura se refiere
a los modos de vida por los que e!i posible distinguir un grupo social de otro
(ib., 24), y a la manera de vivir, entendida en su conjunto, que el individuo recibe, podríamos decir, del grupo al que pertenece (ib., 17).
Este es un aspecto objetivo, me parece, de la cultura. Pero, también según
Kluckhohn, la cultura se la puede considerar como "esa parte" del ambiente
y las condiciones ambientales que el individuo crea (ib., 17).
En la manera de decir de Kluckhohn esta creación por el individuo -y el
su jeto- parece como si quisiera que se mantuviera separada de lo que el individuo recibe objetivamente del modo de vivir, inherente al ambiente social
en que se encuentra insertado.
Yo también creo que hay dos maneras de entender la cultura que adquieren
un relieve mayor con respecto a cualquier otra: una manera objetiva y otra
que podríase llamar subjetiva.
Objetivamente considerada, la cultura es, al fin y al cabo, el conjunto de
posibilidades de vida, pensamiento y acción que ofrece al hombre el ambiente
social en que vive; en cambio, desde el punto de vista subjetivo, la cultura
consiste en la intensidad mayor o menor con que el individuo realiza, más o
menos originalmente, las posibilidades que le proporcionan la manera de vivir y ciertos modelos de pensamiento y comportamiento del grupo social al

que pertenece.
Aún teniendo en cuenta la interdependencia de estos dos puntos de vista,
se puede decir que la cultura es una de las manüestacíones del mito y el mito
es a su vez una de las manifestaciones de la conciencia, tal como ésta se revela

' social en que se vive.
en' el ambiente
230

Muy útil resulta pues el libro de Hattich: Nationalbewusstsein und Staatsbewusstsein (Maguncia, 1966), por lo que se refiere a la introducción, en este
asunto, y al uso de la noci6n de "Bewusstsein", y precisamente de "conciencia".
II. Ahora me refiero a la conciencia como "Bewusstsein" y no sólo como
"Gewissen
.
,,, como " consc10usness'
.
' , y no solo como "conscience".
I

'

Me refiero a la conciencia entendida en sentido lato, en cuanto distinguible
sea de la llamada "conciencia moral", o bien del conocimiento en sentido estrecho: como conocimiento fÍoauroso, científico, apremiante, que se puede expresar en proposiciones asertivas, analíticas o empíri~ente verificables como
.
'
ciertas, o que se pueden falsificar en el sentido, por ejemplo, de Karl Popper.

En efecto, se puede tener conciencia hasta de lo que no se puede conocer
científicamente en sentido estrecho.
El conociminto supone la conciencia y es un modo de manifestarse de la
conciencia, así como lo es la sensación por ser distinta del conocimiento y de
la voluntad; así como lo es la voluntad por poderse distinguir del conocimiento
y de la sensación.

Así entendida, la conciencia es "interpenetración" ( como decía Bergson) o
"intensión" ( como decía Carabellese) de conocimiento, sensación y voluntad.
Mi conciencia, desde este punto de vista, es mi "conocer-sentir-querer-algo",
como "pasado, presente y futuro".

En efecto, me parece plausible sostener que el objeto del conocer es cosa
pasada y en cierto sentido anterior con respecto al acto del conocer, en cuanto
al conocer se le considere distinto del sentir y del querer. El objeto del querer
en cambio es futuro con respecto al acto del querer, en cuanto el querer sea
distinto del conocer y del sentir. Por otra parte, el objeto del sentir está presente al acto del sentir, en cuanto el sentir sea distinto del conocer y del querer.
Como interpenetraci6n de conocimiento~ sensación y voluntad, la conciencia
es pues interpenetración y presencia conjunta "sui generis" de pasado presente
y futuro.
En toda acción la conciencia se explica a través de esa presencia conjunta e
interpenetración de las tres dimensiones temporales, cada una positiva con respecto a las otras.

231

�No se puede pensar en el acto del conocer, del sentir y del querer sin pensar
en los respectivos objetos del conocer, del sentir y del querer: de otra manera
se trataría de actos vacíos de contenido, es decir de puras formas vacías e
insignificantes.
Habiendo planteado el problema en estos términos, me pongo al lado de
esos autores que vinculan la cultura al mito y el mito a la religión, atribuyendo
a ésta el fundamento -a mi parecer- conciencial, primordial y fundador del
conjunto y de la organización social.

La religión es un elemento implícito e inagotable de la conciencia.
A través del conocimiento, la sensación y la voluntad, la conciencia se realiza
como explicación de un implicito inagotable.
"El hombre es más que el puro hombre" dice Heidegger. Pues bien, a mi
parecer, este más es la implícita conciencia de cada hombre: es el mito al que
se enlaza lo sagrado como una implícita posibilidad que está a la raíz de toda
humana explicación conocible, sensitiva, volitiva.
III. Según Macmurray, por ejemplo, en su libro Persons in relations (Londres 1961 157 ss.) la universalidad de la religión en la sociedad humana es
un ,;hech~ general": ninguna sociedad humana, desde la más primitiva hasta
la que se pueda considerar la más civilizada, ha existido sin algún tipo de
religión. Lo cual demuestra que la religión procede de un carácter de la experiencia humana que es precisamente común y universal.
Según De Rougemont, en su famosa obra Vamour et l'occident (París,
1939, 5 ss.), los mitos proceden del elemento sagrado alrededor del cual se
ha constituido el grupo social
Como dice Gusdorf, los nútos son la introducción a una cultura que se
' no "desencarnado" en
dirige hacia el conocimiento del hombre concreto aun
los esquemas intelectuales de la íilosofía y de la ciencia.
La filosofía no puede prescindir del mito; su tarea es la de recibir el testimonio del mito para tratar de descifrar su sentido. Así dice Gusdorf en su
unportante obra: Mythe et métaph)•sique (París, 1953, 282-283).
Por otra parte, como decía Cassirer (in Philosophie der Symbol,ischen Formen (Berlín, 1925, 5), aún cuando no se puede expresar a traves la razón,
el mito no está necesariamente en contra de la razón.
A mi parecer en el mito, lo "racional" y lo "emocional" se implican mutua· l" Y "emociona
. l"
mente. En este ' momento empleo las dos palabras " rae1ona

en el sentido en que las emplean algunos neoempiristas contemporáneos (Véase,
por ejemplo, el conocido libro de Ayer: Logic, Truth and Language (Londres,
1948) e de Kraft: Der Wiener Kreis. Der Ursprung des Neopositivismus (Viena, 1968).
Con el término "mito", dice, por ejemplo, MacJver (The Web of Government, New York, 1947), "entendemos esas ideas y opiniones cargadas de juicios de valor que tienen los hombres y en cuya conformidad ellos viven. Tocia
sociedad está fundada sobre un sistema de mitos; un conjunto constituido por
las formas de pensamiento dominantes que determinan y sostienen sus actividades". Los mitos "dirigen las inclinaciones biológicas imponiéndoles forma
Y límites ... Todo individuo teje su variante en la gran tela que comprende
todo el grupo. El mito sirve de intermediario entre el hombre y la naturaleza·
bajo Ja sombra de su propio mito "el hombre hace experiencia de su mund~
y dentro de su mito, en el mundo se siente a sus anchas".
IV. En d~initiva, utilizando estos autores a los que acabo de referirme, y
a otros a qwenes sería largo citar y haciendo referencia a la noción de "conciencia" que acabo de indicar, creo poder llegar a la siguiente esquematización
que desde mi punto de vista, es compendiosa de una perspectiva metafísica.
( Entiendo aquí la palabra "metafísica" en su significado más comprensivo;
por ejemplo ese significado por el cual Walsh en su libro Metaphysics (Londres, 1963, 193) demuestra, con respecto a los neopositivistas y analista~ del
lenguaje, que el neutra)jsmo con respecto a la metafísica es una posición
insostenible) .
Pues bien, según el esquema que yo propongo, la acción humana, en cuanto
culturalmente importante, es, cada vez, una explicación de un contenido mitológico implícito en la conciencia -que hay que considerar como un fundamento religioso (y por sí mismo, al fin y al cabo, misterioso) del mismo
agregado social al que el individuo pertenece.
El mito se identifica en parte con el fundamento implícito de la conciencia,
y la cultura se identifica, por lo menos en parte, con la explicación de ese

fundamento.
Todo proyecto político, en cuanto atañe al agregado social en que está
inserto el individuo, supone, o bien niega -paradójicamente- la cultura del
mismo agregado social en que se plantea.

V. Si ahora consideramos por un momento la llamada experiencia sociopolí~ca d~ la que surgen_ los proyectos políticos en su cliferente estructura y
cons1stenoa, vemos que dichos proyectos son una explicación y manifestación
233

232

�de la conciencia humana, por lo menos en el sentido segundo ~l _c~~ un. proyecto del que nadie tuviera conciencia no es un pr~ecto. A JDJ 1u1~10, dichos
proyectos políticos son una explicación libre y la últuna consecuencia de una
libertad radical.
Si no hubiera libertad, tampoco habría conciencia, y, para_ poder. admitir
dicha libertad hasta al final, sin parar arbitrariamente a medio camino, hay
que admitir también que un proyecto político pueda asumir ~ carácter _Par~d6jico, como ocurre cuando constituye la negación de esa mlSllla conc1encra
implícita que tiene un contenido mitológico, del cual la cultura es -como
decía- la explicación.
Vale decir que la libre explicación de la conciencia es _tan_ libre, que p~ede
volverse, ella misma, negación del contenido de la conc1enc1a. En resumidas
cuentas, Ja conciencia supone una libertad que puede manifestarse corno negación de la conciencia.
Es lo que se realiza cuando la magia se sustituye al mito, y el a~oyo cultural
del proyecto político se transforma en ideología a la que se atribuye un carácter absoluto e incondicional.
La asunción de la ideología como absoluta es, en su última consecuencia,
negación de la cultura; es la exaltación del presente o _de ciertas e:irpectaciones
futuras en contra del pasado de la tradici6n por medio de la cual la cultura
se vincula con el mito.

A mi parecer, la cultura en su autenticidad, que me permito llam~ :•conciencia!" (y en cuanto no se niegue, parad6jic~ente, di~a _ati~enticidad )
transmite al proyecto político esos valores que reabe del ffilto s1gu1endo unos
procesos de diversificación, incremento y adaptación a las situaciones mutables en ]as que consiste la explicación de la conciencia humana.
Si en cambio el valor queda reducido a ideología en sentido absoluto, si,
com~ por ejem~lo Kelsen (hablando de la justicia en su conocido ~bro
Ge 1ieral Theory of Law and State, Cambridge-Mass., 1947, 6 ss.), se piensa
que más allá de la ideología, como justificación del poder político, ya no hay
valores que se puedan distinguir de las ideologías, la ideología se vuelve un
absoluto que implica un contraste feroz entre "hijos de_ la luz'' e "hijos de
las tinieblas", como dice Topitsch (Sozialphilosophie xwischen ldeologte und

Wissenschaft, Berlín, 1966, 52).
Poniéndose en contra del mito, como contenido inmediato implkito de_ la
conciencia, el hombre se pone en contra de los valores que brotan del m1~0.
El mito cuando es auténtico se opone -como be dicho antes- a la magia.

234

A los valores se sustituyen en efecto los fetiches, bien momias bien imágenes de hombres vivos o muertos, detentadores y símbolos del poder, etc.

Es decir lo "sagrado" inherente al mito cede frente a la exaltación excesiva
de personas y cosas como sostén mágico de intereses individuales mutables y
contingentes reunidos o hechos masas.
Al valor se sustituye así la ideología de colores mágicos y, por consiguiente,
el intelectual, en cuanto exponente e intérprete de cultura, se encuentra encerrado entre dos términos de una feroz alternativa: Ser el divulgador acrítico
de la ideología, que corresponde a los intereses de los que mandan, o bien,
quedarse callado e inactivo en la imposibilid~d de competir críticamente de
manera eficaz con los que detentan el poder.

VI. Por estas y otras razones, el intelectual que quiera ser portador de
cultura crítica y renovadora tiene que desear y posiblemente proponer unos
proyectos políticos inspirados en la realización de una democracia pluralista y
orgánica en contra de cualquier forma de "poder cerrado" en el sentido en
que, por ejemplo, Burdeau (Le pouvoir clos en La démocratie, Bruselas, 1966,
101 ss.) emplea esta expresi6n para indicar unas formas de dominio monocrático, de vértice, dictatorial, prevalente y esencialmente burocrático en sentido negativo, etc.
Pero los peligros que se ciernen sobre la cultura no los constituye tan sólo
el "poder cerrado", sino también, al contrario, algunas formas varias de pluralismo inorgánico en que se despedace de manera ca6tica y dispersiva la
unidad orgánica del cuerpo político (esa unidad orgánica corresponde a la exigencia y al valor de la solidaridad social, en el variar de los contenidos y de
las más diversas relaciones de integración, al través de las cuales dicho valor
de la solidaridad resulta susceptible de realización) .
Un pluralismo caótico e inorgánico puede realizarse aún más cuando en
ciertas circunstancias, se constituye una fractura entre poderes de hecho, como,
por ejemplo, grupos de presión, grupos de clientela, etc., y poderes institucionalizados del Estado.
Esto ocurre donde los resultados de las presiones de los poderes de hecho
sobre los poderes institucionalizados adquieren un significado completamente
negativo y unos efectos más destructivos que constructivos en situaciones de
confusión y de atascamiento de las funciones sociales y estatales; por lo cual
un .impulso que podría resultar eficaz, se pierde y queda sumergido en un
desorden general.
De ello procede, en ciertos casos, una decadencia que no se para en la
desconfianza hacia los poderes constitucionales e institucionales del Estado

'

235

�sino que engendra, a su vez, desconfianza hacia los mismos poderes de hecho
por una especie de circulo vicioso.
Aumenta el ausentismo y el parasitismo de jóvenes frustrados, dispuestos
a la violencia, a la destrucción de toda estructura institucional y de hecho, sin
ideas claras acerca de lo que pueda o deba haber después.
Por lo visto, cuando los llamados exponentes de la cultura quedan indiferentes con respecto a fenómenos de este tipo, omiten su función; y esto
acontece tanto más cuanto se hacen factores de desorden, tomando partido o pactando con una u otra de las fuerzas en contraste, poniéndose acríticamente al servicio de la violencia de una de ellas, encubierta o descubierta
que sea.
En fin, la cultura se niega a sí misma cuando corta su relación con la tradición, y evita el esfuerzo de elaboración directa o indirecta de proyectos en
los que los valores de la tradición puedan ser críticamente renovados, en lugar de ser eliminados de manera simplista como ocurre de parte de quien
cree ilusamente poder -y deber- recomenzarlo todo a todo momento.
VII. Tradición y renovación, y, respectiva.mente: pasado y futuro. Estos
dos términos constituyen los dos polos esenciales y mutuamente no elirninables
en los que se mueve el proceso dialéctico y temporal de una cultw·a auténtica
que no sea negadora del mito y de su matriz religiosa más honda.
Por eso una cultura auténtica implica una dialéctica de polaridad de las
formas temporales y no una dialéctica como proceso interior de negación, ni
de tipo hegeliano o neohegeliano, ni de tipo marxista.
Una dialéctica de la polaridad en el proceso cultural, reenvía, a mi parecer,
a la conciencia como "Vorverstandnis" -para emplear la palabra usada por
el importante autor alemán Gadamer, aunque en sentido distinto con respecto
al propio Gadamer- conciencia corno "Vorverstandnis" es decir como "precomprensión" como respecto al puro conocimiento técnico-cient'úico.
Bajo este aspecto el tiempo de la cultura no se puede sencilla.mente reducir
al tiempo del conocimiento técnico-científico como tiempo objetivado en el
espacio, como sucesión cuantitativa, como "Jetzt Zeit", como "Now-time" es
decir como tiempo hora, tiempo "ahora" según la expresión de Heidegger

(Sein und Zeit, 1926, 421-422).
El tiempo de la cultura es distinto del tiempo convencional de[ reloj que,
a la manera de Heidegger, pero no en sentido despectivo, podríamos llamar
"vulgar".

236

" El tiempo de_ la cult~a no ~ y~ el tiempo por el cual, según decí.a Sartre,
parece como si se qws1era atribuir al ser tan sólo el presente" (L'etre et le
néant, París, 19~5, 151), y por el cual al presente, según Gerhard Husserl
(Rec1it und Zezt, 1955, 42), le pertenece una primacía absoluta sobre las
otras dos dimensiones temporales y por el cual desde el punto de vista del
observador de una péndola, tan s61o la posición presente de dicha péndola
parece ser ~ncre_ta y real; ya que la posición pasada ya no es y Ja futura tampoc~. En fin, el tie~p? de la cultura no es, en resumidas cuentas -lo repitoel tiempo d~l co~OC1m1ento, entendido en sentido estrecho, el tiempo objetivado
en el espaCio. Smo que es el tiempo de la conciencia de la que Ja cultura es
la explicación.
VIII. L~ conciencia en la "duración real" de su explicación es siempre
como he dicho antes, "interpenetración" e "intensi6n" de pasado, presente ;
futuro que hay que entender, aunque sea por metáfora, en sentido cualitativo.
Esta "interpenetración" o "intensión'' de las tres dimensiones temporales
~p:sado. pre5:11_te Y futur~ implica el hecho de que cada una tenga su
mtnnseca condición de positivo con respecto a las otras dos.
El carácter ~u~litativo, conciencia! y cultural en las tres fonnas temporales
sobrepasa los límites de toda expresión numeral y cualitativa.
La "interpenetración" cualitativa de las tres dimensiones temporales ha sido
~nfocada, como se sabe, por Bergson y, a mi parecer, es metafísicamente
llilportante.

,s~

':11bargo, ~uí me limito a plantearla como hipótesis explicativa; hipotesis esta,_ que strve para explicar lo que -por otra parte- queda más allá
del pensamiento de Bergson, es decir la posibilidad de un prevalecer de cada forma temporal sobre las demás, sin eliminaci6n de las demás.
, ~sí el ritmo_ Y el movimiento del proceso cultural puede detenoinarse dialecticamente_ bien al través de un prevalecer del pasado como tradición sobre
los ':"pectae1ones y tendencias que atañen al futuro, bien -al contrario- a
traves _de un prevalecer del futuro sobre el pasado. Digo prevalecer nunca
anulac16n.
'
La anulación de la tradición se sale de la cultura auténtica y la aniquila.
Preponderancia, pues, sin anulación del pasado sobre el futuro
sobre el pasado.

O

del futuro

!ª

En esto con_siste
dialéctica de la cultura, como dia1éctica de polaridad y
complementandad inherente a la duración real de la conciencia
· · h umana en-

237

�tendida como explicación de un implícito pnncip10 postulable, pero en sí
mismo inagotable: inagotable en términos de comprensión empírica, intelectual y racional en sentido estrecho.

IX. Esta misma dialéctica de la cultura, como dialéctica de la conciencia,
queda implicada en la máxima justificación del poder político, es decir el
principio de la legitimidad del poder político y no en la legalidad, tomada
como simple conformidad con la ley.
El principio de legitimidad puede fundarse o sobre la preponderancia de
la tradición con respecto a todo proyecto que atañe al futuro (en cuyo caso
tenemos el conservadurismo), o bien puede fundarse sobre la renovación de
la tradición por medio del influjo y la preponderancia de actitudes que conciernen programas, proyectos y precisamente perspectivas futuras ( en cuyo ca-

mente a una visión de la historia (que, al fin y al cabo, es una sucesión de
cunas y ataúdes) ?
¿Aceptación del misterio o resignación frente a todo acontecimiento histórico posible?
Aquí se trata de elegir.
Pero es una elección pesada que compromete toda nuestra conciencia y toda
nuestra responsabilidad.
Si compromete toda nuestra conciencia tal vez pueda sobrepasar los límites
de nuestras posibilidades puramente racionales, entendidas anaütica y empiricamente en el sentido metodológicamente más riguroso.
Es una elección que no puede prescindir del rigor del análisis, pero evidentemente el análisis sólo no basta.

so tenemos el progresismo) .
Pero si en cambio -es una hipótesis- un proyecto político se realizara
rompiendo radicalmente todos los puentes con toda determinación de la tradición, se trataría de un proyecto negador de toda cultura, como aparece
fuera de duda si se aceptan las premisas de este discurso.
Si queremos sobrepasar el limite del presente discurso sin salir de su líneai
hay que plantearse el problema de la libertad humana en su aspecto más consecuente y radical.

Si es cierto que el mito implica lo sagrado, hay que decir que ésta es la
dimensión verticitl del hombre.
Pues bien ¿ cómo es posible que el hombre sea tan radicalmente libre, basta
ser capaz de negarse a sí mismo, negando y anulando la propia raíz de sí
mismo?
Frente a las formas actuales de violencia exasperada, frente a la posibilidad de una catástrofe cósmica a la que el hombre puede llegar negando la
raíz de sí mismo, ¿ qué significado puede tener el llamado a la libertad en
contra de la exasperación de la libertad?
¿ Cómo se puede limitar la libertad sin negar la libertad?
Todo esto parece reducirse esquemáticamente a una alternativa: Trascendencia o inmanencia.
¿Apelar a un principio que trasciende la historia, pensando en W1a salvación misteriosa que sobrepasa la vida terrenal, o limitarse metodológica-

239
238

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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