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                  <text>zuras por insultos, cuidados de esposa solícita por injurias de marido salvaje,
veía yo la lucha, el contraste de ciertas ideas que hace tiempo batallan en
nuestra sociedad.
Sí (quizás esto V. ni lo pensara al escribir su obra); se me figuraba ver
representadas en aquellas dos figuras al socialismo y aJ cristianismo. Al uno
rechazando la limosna; diciendo que Jesucristo predicaba en las tabernas;
quejándose de falta de justicia en este pícaro mundo, para el cual pide un
nuevo grisou, como el que tantos estragos suele causar en el fondo de la
mina; y al otro, en la mujer honrada, trabajadora, mártir, que cura las
heridas del primero, que lo consuela y acaricia, y dice que aquella sangre
es de los dos, y todo lo disculpa por el envenenado aguardiente que despachaba el Chinto. ¡ Hermosa y purísima resignaci6n, que V. pinta de un modo magistral, con la vista puesta, sin duda alguna, en horizontes muy elevados!
Cuando la dura realidad se presenta de esta manera; cuando se dice al
espectador, de un modo tácito, sí, pero con arte exquisito: "mira lo que
pueden las ideas de una moral divina que sólo ella es capaz de dar fuerzas
a esa infeliz mujer"; cuando se presentan en la escena esas miserias del tugurio y de la choza para enriquecerlas con los tesoros inmensos de un cariño
que todo lo sufre y de un alma que lleva su cruz con paciencia; cuando se
hace todo esto, el autor que eso concibe sólo debe merecer aplauso de las
personas inteligentes; respeto, por 1- menos, de las que, no comprendiendo
aquello, sospechan que allí palpite algo extraordinario que choca y admira
en esta época, donde sólo se rinde culto a los apetitos materiales, dejando
que el espíritu se muera de hambre.
Nada de esto ha pasado, ¿ qué le hemos de hacer? ¿ Que al público de
los lunes no le gust6 su obra de V.? No hay que tomarlo en cuenta. A esa
gente la basta y la sobra con leer las Cr6nicas de Salones. ¿ Que el público
en general rechazó su obra? Como si no; bien sabe V. que el sufragio universal está muy desacreditado hace mucho tiempo, pues por aclamación
libertó a Barrabás con tal de condenar a Cristo.
Más, mucho más le diría; pero el temor de cansar a V. y a los lectores
detiene mi pluma.
Queda admirándole, como siempre, su atento s.s., q.b.s.m.,
Luis

180

ALBERTO

Sección Tercera

HISTORIA

�GEOGRAFIA HISTORICA COLONIAL DEL NORESTE DE MEXICO4
GERARDO DE LEÓN
Centro de Estudios Humanísticos

;

,

DENTRO DE NUESTRAS INTENCIONES, casi obsesivas, por seguir buscando las
características que definan al Noreste de México como región histórica, nos
hemos hecho algunas reflexiones sobre su configuración geográfica como tal,
a través de los tiempos, y sobre todo, a partir de la etapa de la colonización,
que es cuando, sin lugar a dudas, empieza a delimitarse su caracterización
geográfico-humana que le habrían de imprimir este carácter regional tan definido.
Los historiógrafos, desde siempre, han encaminado sus esfuerzos para analizar los fenómenos históricos que atañen, en lo individual, a todas o a cada
una de las porciones geográfico-políticas que han quedado enmarcadas en
nuestra región. Y estos intereses se han ido especializando a medida que se
acercan a nosotros en el tiempo, hasta el grado de que, en la actualidad, ya
constituyen legión considerable quienes se interesan, en mayor o menor grado,
por el pasado de nuestros respectivos girones de patria.
Sólo que, dentro de estas especializaciones, aún no ha sido considerada con
mucha beligerancia, la Geografía Histórica como parte fundamental de los
estudios sobre la materia. A pesar de que, desde finales de la centuria anterior, en los países europeos se fueron definiendo las posiciones de los especialistas de la Geografía, incidiendo todos ellos en la importancia que tiene la
actitud del hombre en cada etapa histórica, sobre el espacio vital.
Wigberto Jiménez Moreno nos explica, en su Historia de México, Una Síntesis: "Cualquier intento de explicación de los hechos históricos debe basarse
en un examen de las condiciones ambientales. Entre la escuela alemana de

* Conferencia sustentada por el autor en la Sala de Cabildo del Puerto de Tampico,
el día 23 de febrero de 1981.
183

�. .
áfico y la francesa de Vidal LaRatzel, que postul6 un determ~o g~.
rtante la acción del hombre
l cual al contrano, es mas unpo
.
ch
bra e, para a
'
. bl es adoptar una vía m~d1a, reco•
transformando la naturaleza, lo aconseJ:a e
d eño de una form~fable técnociendo que, tratándose del hombre md emo,
parte ser modif.cadas poi'
.
del ambiente pue en, en gr
.
. ,
di
nica las con c1ones
. ..
b
. to al medio en que v1via
'
. 1 h b pnmitivo esta a suJe
él, pero en ca~b~~ e omd rl
llo cultural estaban condicionadas por las
y todas sus pos1bihd~~es ,,e esarro

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circunstancias geograf1cas .
. d d
la aventura del escritor ro.,
l hi t .a ha deJa o e ser
Como por fortuna, a s on .
b tO do a partir de la conclus1on
.
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,
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acitándonos as1 para acc1
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de la investigaa6n st nea y
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d1ºdo en éoocas anteriores.
.
0 nunca a 1a suce
chado de tal manera, com
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f ron perfilando las nuevas
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.,
Ya desde los anos treintas e p
.
'
1 f darse la Sexta Seccion
.
. .ó en este sentido; pero a un
teorías de la mvestigaci n
,
1947 las ideas renovadoras van
d la Escuela de Altos Estudios de Pans, en
'd
e
h
aíses civilizados del mun o.
extendiéndose a mue os p
l' .
rurito de modernid:ld cientí.
L as inquietudes .mnovadoras' por su .og1co P
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•
fica, habrían de involucrar casi e mm 1 ºd d una seguridad más técnica
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d á a ser el desideratum en este
hacia la verdad histórica, que en el fon o ven r
#

•

tipo de estudios.
.
H'
. ]nm6vil publicado en 1974, plan.
libro La istoria
,
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Le Roy Lad une,
en su
.
. .ó hist6rica se recurra a la 10 o. d d
para la mvestigaci n
tea la neces1da e que,
.
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álisºis como instrumenta1 para
,
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'
,
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or aclarar. Estos serian,
'
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ámetros principales de un pro ema p
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, •cos los sociológicos, etc.
,
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.
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•
.
Ya en alguna otra ocasion
.
conocimiento circunstanciado de
de las disciplinas del intelecto req~1ere ~nd sus tray·ectorias. de ~u devenir
, .
t 's de los tiempos, e
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.
~ns caractenst1cas a rave . . d 1 experiencias pretéritas, obtengamo~
t
de conc1enc1a e as
par.1, con esa orna
h
1 feno'menos que acaecen en e1 presen.
·
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una más clara vi~ior. de los hec
. os Y os l
1 futuro.
.
meJor para p anear e
te, y nos predispongamos
1 . . t lectual que se incluye en los planes
. 1 afá de cu tivo m e
,
. d
No es por sunp e
n
. tura del mundo una sene e cur1 de arqu1tec
'
•
ele estudio de todas las escue as_
N. de nada servirían aquellos estudios
sos sobre la Historia de la Arqwtectura. 1
184

-:orno un simple y sencillo barniz de erudición. El propósito fundamental está
rn conocer el ideario de los arquitectos en cada una de las etapas hist6ricas,
por medio del análisis y la crítica de las diversas creaciones arquitectónicas
más distintivas; y conocer y valorar los sistemas y los procedimientos de construcción, para comprender los porqués de los sistemas y los procedimientos
de la actualida".l en el marco amplísimo de la historia de las técnicas de
construcci6n.
La Historia de la Medicina se estudia en las instituciones especializadas,
porque la comprensi6n del funcionamiento del organismo humano ha ido sufriez.do substanciales evoluciones a través de los tiempos; y ni qué de..:ir de las
terapéuticas.
¿ Qué, sino Historia del Derecho, es el Derecho Romano, al que tienen que
recurrir todos los futuros abogados? Y así, sucesivamente, la Historia de la
Filosofía, la del Comercio, la de las Ciencias, la de la Educaci6n, son auxiliares ineludibles para todo pretendiente al conocimiento pleno de su especialidad
de preferencia.

Quienes tuvieron que realizar grandes esfuerzos intelectuales, para fundar
los principios de sus disciplinas, ahora perfectamente desarrolladas, tienen mucho que enseñarnos a quienes encontramos la mesa ya casi puesta ...
Así pues_ tratando de relacionar la historia y la geografía por una parte, v
refiriéndonos a lo que hoy conocemos por la regi6n Noreste de México por
otra, intentaremos abordar, aunque tímida y sucintamente, el tema que se nos
ha propuesto o sugerido; más que todo con el interés de que el mismo despierte nuevas inquietudes para que, investigadores de mayor y mejor capacidad
que nosotros, puedan ahondar más profundamente en esta problemática tan
;nteresante, no s61o para quienes nacimos y vivimos en la regi6n misma, sino
aún para los que ~·orno lo advertíamos arriba- cultiven disciplinas que ayuden a integrar u11a auténtica estructura hist6rica de todas y cada una de las
regiones que integran el solar patrio.
En el caso nuestro, podemos considerar que, apenas se acaban de cumplir
cuatro siglos de que se le dio al noreste de la Nueva España su primera vaga
fisonomía geográfica; pues fue justamente en 1579 cuando, al firmar Luis de
Carvajal y de la Cueva sus capitulaciones con el rey de España, éste creó con
ellas al Nuevo Reino de Le6n, el que, de acuerdo con repetidas tradiciones,
estuvo formado por un inmenso cuadrado territorial de doscientas leguas por
lado, contadas a partir de la desembocadura del río Pánuco.
Pero no comienza entonces la historia de la geografía colonial de esta regi6n; ya que son muy conocidas las acciones conquistadoras de las huestes de
Francisco de Garay y del grupo de Hernán Cortés en la Huasteca. El primero
185

�ti .

.
t a del Golfo de México hacia 1519, p"ro
inicia la conquista de esta zona_ ~os
Cortés quien pretendió incluirfue malograda por la interven~1odn e pb~tp~os para ~olonizarla. De estos epi. . di •, n procuran ose ar 1 no
la bajo su JUTIS ccio '
.
la Verdadera Historia de la
•
· de pnmera mano en
sodios aparecen testimoruos
.
, d'bl Bernal Díaz del Castillo.
E p - del imprescm 1 e
Conquista de la Nueva s ana,
C
. t d Pánuco de Manuel Tom•
más noticias circunstanciadas en La onquis a . e
,
saint.
. .
iniciaron a finales de 1522, con la fund1.
Estas labores de coloruzac16n se
P'
Veracruz) realizada personal"6 de Santistevan del Puerto (hoy, anuco,
'
sino coro ,
c1
n
H
án
Cortés.
aunque
por
entonces
ésta
no
aparece
mente por ern
'
_
una provincia de la Nueva Espana. ,
l . conciliable enemigo del con, t de Nuño de Guzman, e irre
Un poco mas ar '
.. ,
evos poblamientos en esta zona, en Sl'
quistador del Anáhuac, prop1c1ara nuod 11 . lugar a dudas con la idea
,
be d r de Pánuco. T o e o, sm
'
. .
caracter de go ma o
d
d rienda suelta a sus amb1c1one~
. .
d Hernando llegan o a ar
l
de perjudicar a on
'
,
d d considerados dentro de os
hasta usurpar territorios que ya hab1an que a o
límites de la Nueva España.
,
bandonar Santistevan del
.
N - o de Guzman tuvo que a
. .
Por ese tiempo, un
.
1 N
Galicia. pero aun así, acancianr
,
l
nqwsta de a ueva
'
Puerto, pues sa io a a c_o
desde Jalisco hasta Pánuco, cuya goberdo el proyecto de que esta abarcase
. .
,
, b · su discutible arb1tno.
nación todav1a retema aJO
l ·n d Santiauo de los Va,
, ca en la misma Huasteca, a v1 a e
º
Fundo en esa epo '
.
V 11 S L p ) desapareciendo la goberr · (h y Cmdad a es, • •.t · , Provincia de la Nueva
Jles de Nueva Ga ic1a o '
.
,
de
Pa'nuco
nac1on
, para convertirse nuevamen e en
España
. .
Gobernación de Pánuco, según López de
Tou~saint, citando a Prom_ncias y , t
taba constituida en tres pueblos
Velazco (1571-1574), menc~ona que elsPa est
la actual Valles y San Luis
Santistevan de uer o--,
españoles (Pánuco -o
. .
rtidos de doctrina, cinco curato'&gt; y
de Tamnico o Tampico el V1eJO)' nueve pa
. d'
·•
. d
tin s en pueblos de m ios.
cuatro monasterios e agus o
.
t ban -y están- fuel
pañoles citados se encon ra
y aunque los tres pueb os es
. d al
del río Pánuco, ya para la
ul'peco o sea s1tua os sur
ra del territorio tama i
' . ' ·¿
l
la reo-ión que ahora nos inte. . ., d
l .nfluenc1a occ1 enta en
,,.
época va IIllClan ose a t
•
ntre estos asentamientos humaAd á las ligas históricas posteriores e
resa.
ero s,
.
d' h son ineludibles.
nos y el Noreste propiamente ic o,
. f rma que en los alderreH' toria de Valles, nos m o
.
Joaquín Meade, en su is
• • ,.
des de indios entre los colomdores de esta villa se distribuían dieoseis ~erce
zadores, quienes los recibieron en encomienda.

186

PocCl tiempo más tarde, estas primitivas mercedes, muchas de ellas de muy
cortas extensiones, van pasando a manos de la nobleza residente en la capital
de la Nueva España, en Querétaro o en otros lugares prominentes, además
de algunas corporaciones religiosas; lo que da lugar al establecimiento de los
latifundios de la zona, de los cuales evocaremos dos, porque invaden territor.o
del actw1! Tamaulipas: La Hacienda que originalmente se llamó Sitios de
Huastec::t y después San Juan el Evangelista del Mezquite y Anexas, que se
extendía "desde el Abra y el río Tamuín hasta Tanchipa, el Mante y más
:illá, h1.•ta limitar con el río Tamesí". (Meade, Op. Cit.).
Y la de San Jerónimo del Buey, conocida en el siglo XIX como hacienda
de Rarcón, fue de la Compañía de Jesús, y se extendía desde las goteras de
Valles hasta cerca de Guadalcázar ( S.L.P. ), pero comprendía también la actual zora de Antiguo y Nuevo Morelos, hasta el Ocampo de nuestros días, en
Tamal''ipas. (!bid.).
También tiene importancia para la geografía histórica de esta época, la acción
~, &lt;'l s,ireste re:--ional de fray Andrés de Olmos; indrpendientemente de haber sic'o el fundador de la custodia de San Salvador de Tampico, por el esfuerzo tan meritorio de propiciar el poblamiento de la Tamaholipa, el que
!levó a c;ibo con los indios olives, a quienes, según reza la leyenda, trajo de la
Florida Este poblamiento tuvo lugar en el año de 1544, y de acuerdo a las
invesfr,aciones de Joaquín Meade, se localizaba en el actual municipio de
González, en el mismo Tamaulipas.
Este episodio histórico, de gran trascendencia, ha venido a plantear una serie de interrogantes geográficas, no del todo dilucidadas. En primer lugar, el
te, ritorio en el cual fray Andrés escogió el sitio del asentamiento, ya había
atraído el interés de los pobladores -y aun de los conquistadores- anteriofl:~, sobre todo, si tomamos en cuenta que el mismo Garay pretendía la exploración de la comarca que por entonces se conocía como "el río de las Palmas": y una vez que éste quedó sometido a las fuerzas de Hemán Cortés, aún
!P. planteó al propio gran Capitán las posibilidades de llevar a cabo la empresa en conjunto, una vez que emparentaran con el matrimonio de sus respPrtivos hijos.
Eugenio del Hoyo, en su estudio sobre la Historia del Nuevo Reino de León,
publicada hace menos de una década, trata muy a fondo los pormenores de
estos incidentes; pero, lo que para nosotros es hoy de interés, estriba en la relación que en la obra se hace de la vieja polémica sobre cuál debió ser, para
los españoles de aquella época, el río de las Palmas.
Del Hoyo reproduce la nómina catográfica-histórica existente y las encontradas opiniones de los historiógrafos al respecto; desde Bemal Díaz del Cas-

187-

�tillo hasta los regionales, como Alejandro Prieto, Blas Rodríguez, Candelario
Reyes, Ciro R. de la Garza Treviño y Gabriel Saldívar; incluyendo en su lista
a los extranjeros que se han preocupado por la aclaración del tema; quien
identificando al río de las Palmas con el Soto la Marina, quien con el Bravo.
Para concluir él, con una argumentación no exenta de solidez, de que ambas
vías fluviales fueron identificadas en los tiempos coloniales con el mismo
nompre.
Por los mismos años, comienza a configurarse geográficamente el suroeste
de la misma región; pues una vez establecidos algunos poblamientos en lo
que ahora son los territorios duranguense v zacatecano, generados al amparo
de descubrimientos mineros, éstos sirven de atractivo a los esp;ritus aventure•
ros, más los requerimientos de la expansión económica que las nuevas explotaciones r.ecesitaban, son factores influyentes también en la morfología que tomaría a la larga la región Noreste.
Aunque para 1550 ya estaba poblada la ciudad de Zacatecas, dos años más
tarde, Ginés Vázquez de Mercado intentaba la conquista de Nuevo México,
después de que ya habían sido descubiertas, o estaban por descubrirse, algunas minas de gran valor en aquella zona, que sirvieron de antecedentes inmediatos a los poblamientos de Jocotlán, Chacuaco, Chalchihuites, Sombrerete, Avino y San Martín, más el cerro de Mercado, que custodia la ciudad
,

'

criolla de Durango.
Fray Gerónimo de Beteta, quien ya había estado en la Florida, trató de establecer, también en 1550, el camino entre Guadalajara y las lejanas tierras
por él conocidas.
Dieciséis años después, el franciscano fray Pedro de Espinareda salió de las
minas de San Martín, buscando rumbo a Pánuco. Pero en sus correrías recibió informes de algunos indios sobre una laguna que existía más al norte de
la ruta que él llevaba, la cual no debe haber sido otra que la de Mayrán, en
el Coahuila actual. Considerando la importancia que merecían las noticias,
se regresó a San Martín, para escribir a las autoridades de Guadalajara y
recomendarles, como algo de vital importancia, la ocupación y pacificación
de aquellos inmensos despoblados, ayudando así a expeditar el camino entre
Pánuco y la zona minera zacatecana, para tener con ello una salida directa
al mar, pcr la necesidad práctica de la comunicación comercial con España
dn contar con Veracruz; es decir, sin tener que pasar por las demás poblaciones del t'"ayecto hacia el puerto tradicional, cuyos pagos de impuestos gravaban enormemente sus costos. ¡ Ya vamos advirtiendo pues, desde épocas
tan tempranas, la necesidad de regionalizar económicamente la porción geográfica que nos corresponde!
188

Entusiasmado indudablemente r las d
. .
Francisco Cano sali6 de M
ilpod d escnpc1ones del padre Espinareda
azap
on e e te ·
'
noviembre de 1568, en busca de '1a 1
ra °:1ente de alcr.lde mayor, en
recorrido lleg6 hasta la de Patos (h aguna mencionada por el frail... En su
Coahuila) ' y siguiendo hac1·a el . oy en el municipio de General Cepeda
onente al valle en
_
'
se fundaría la villa de Santiago del saÍtillo C
que pocos ~-nos más tarde
aquellas tierras en nombre d
.
. ano tom6 poses1on solemne de
,
e su maJestad y del reino de N
Gali .
cabecera era, por entonces G d 1 .
ueva
c1a, cuya
, ua a ªJara.
Con cuatro meses de diferencia salió de San
,
!barra, en busca de la fam
1 '
Martín, Martín L6pez de
osa aguna, llegando com F
·
Cano, hasta
1a de Pato~ y el Nudo Saltillense, 11amando a la' zonao Vranc1sco
11 d N
ranza. Concedió mercedes de ti
ª e t: ueva Espeteniente de gobernador del . errasdl y aguas, en su carácter de tesorero y
remo e a Nueva Vizca
¡
,
como centro a Durango.
ya,
que tema entonces

ª

Pero el ansiado establecimiento de la rut
nuco, quedaba aun por establecerse
f a ~ntre la zona zacatecana y Páorganizó el primer viaje en se tid' y ue ~1 como, en el año de 1573 se
'l.
'
n o contrano· esto es sali d d
L" hmo punto costero una exoed· . ,
'
,
en o esde este
.
• ic1on a1 mando de Francisco de Pu a
El mismo Del Hoyo nos da cuenta de ue iba .
.
g .
merciante inglés llamado Joh Chil
q .
mclu1do en ese grupo un coria del viaje, en la que exprn
tofn, qwen, más tarde public6 una memo1ca que ue por ordenes d 1 ·
d
España que se organizó este . .
e virrey e la Nueva
v1a1e, con el propósito d d
b .
,-amino desde la costa del Golfo de M, . h
e escu nr y abrir el
"
,
ex1co asta las minas de Za
que estan a ciento sesenta leguas de allí
f d
catecas,
por aquel camino, dejando el de Méxic , a m ~ transportar_ las mercancías
manas".
o, que es Jornada de nete u ocho seEste autor propone, como una po "bl
liendo de Pánuco · Valles A t·
s1Me ruta de aquellos exc-ursionistas, sa.
- n iguo orelos - Villa J ,
• ,
Llera
, - Ciudad Victoria' cruzando probablemente el río uarez
p rif1- Xicotencatl
·,
mas adelante y enfilar rumbo L"
un poco
ª mares - General Terán u c rac1on
d •
terrey - Saltillo _ Mazap"l z
- :1 ere1ta - Mon1 Y acatecas (para "d tif"
gráficos actuales) .
1 en icarnos con puntos geoSe ha supuesto que en esta misma aventura estu . 1 .
terrateniente de la zona Huasteca L . d C
. vo me mdo el acaudalado
'
UlS e
arva1al y d I e
nos hay pruebas documentales de q
1
•
,
e a ,ueva, o al meue en .a misma epoca
.f' 1 .
y estos datos son de la mayor sigru'f• "6 his , .
rep1
1cac1 n
tonca po
. d!O d a Jornada;
prepararon la mente del futur0 .
be
' rque, m u ablemente,
pnmer go mador del Nue R · d
para recurrir más luego al rey de Es vo emo e León,
pana y concertar con él b "conquista y

189

�pacificación" del Noreste de México, imprimiéndole jurídicamente la primera fisonomía geográfica a esta región.
Ya para la fecha de las "capitulaciones de Carvajal", habían ido cundiendo los nuevos poblamientos en el Noreste, gracias a la acción de los novovizcaínos, y muy especialmente a la iniciativa de Alberto del Canto.
Por siglos, las aseveraciones de estos acontecimientos no pasaron, en las
mentes de los historiadores, de meras conjeturas; debidas a la ausencia de
auténticos testimonios. Pero, a partir de 1951, cuando el descubrimiento del
llamado ''Documento del Parral": un litigio del siglo XVII que se encontraba empolvado y olvidado en el archivo histórico de l!Sta Ciudad, por el que
se dirimía la jurisdicción de Monclova entre los gobiernos del Nuevo Reino
de León y el de la Nueva Vizcaya. En el mismo aparerP. como argumento de
una de las partes, el dato de que Alberto del Canto fundó en el año de 1577
la villa de Santiago del Saltillo (hoy la capital de Coahuila) y la de Santa
Lucía (en el sitio que en la actualidad ocupa la ciud1d de Monterrey) ; pero
además se menciona al fundador como "alcalde mayor de las minas de San
Gregorio (Cerralvo) y valle de Extremadura (Monterrey), que todo era y
es jur;\Jicción de esta Nueva Vizcaya ... ".
En el documento se asienta también, que Del Canto pacificó el pueblo del
Potosí y el valle de Coahuila, además de que pobló la$ minas de la Trinidad.
La identificación plena de estos puntos geográficos, planteó nuevas elucubraciones entre los especialistas; y Del Hoyo, en su obra citada asevera que
el valle de Coahuila era indudablemente la actual Monclova, mientras que
a las minas de la Trinidad las trata de localizar en la misma zona, sugiriendo
que éstas, o el Potosí, pudieran haber estado en lo que hoy conocemos por
Cu1trociénegas, dado que este poblado, para 1582 ya tenía Alcalde Mayor.
Sin embargo, el historiador coahuilense J. de Je~ús Dávtla Aguirre nos
aporta nuevas conclusiones, cuando, en un trabajo prP.sentado en el seno de
la Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadíst;ra y publicado
más tarde en el anuario Humanitas de la Universidad Autónoma de Nuevo
León, asienta:
"A pesar de las discrepancias que existen entre distintos autores respecto
a la identificación de estas minas (las de Trinidad) , r.osotros nos inclinamos
a que éstas son Las Minitas, por distintas razones: porque en el orden que
señala el Documento del Parral, la pacificación del Potosí fue anterior a la
del valle de Couila; porque en la región de Monclova sólo sabemos de la
existencia de las minas de Couila y las que luego descubriP.ra Castaño rl.e
Sosa, habiendo sido descubiertas las de Couila por los mismos expedicionarios
de Alberto del Canto en anteriores 'entradas'; y porque es probable que las

190

gentes de Alberto del Canto conocieran desd
tossí y sus posibilidades mineras. po
sól e much~ notes la región del PoPotossí está situado el cañón de,las rqM~e. a o ocho kilómetros al poniente del
to , , 1
lllltas, que desemboca e 1 11 d
ss1; so o que a un centenar de metros al lado
.
n e va e el Potra! y dando frente al Potossí se
poruer.t.e de la carretera Cen. .
, encuentra una antiqu's·
h .
la que posiblemente f
11
, ima ac1enda
llamada
L a Trinidad,
.
uera e ugar de avrovis'
.
tarmento de los mineros de L M' .
-.
10namiento y asenTanto el poblado del Potoss' as llllltasT, _d~e muy antiguo abandonadas.
i, como a nmdad
1 -ó
se encuentran en el municipio de Gal
al
y e can n de las Minitas,
de Mazapil y aproximadamente a eana, kilsur de Nuevo León, al oriente
noventa
ómetros de Saltill ,,
. M~ adelante, el doctor Dávila A •
. , .
º·
investigación histórica al respecto. ~ : contmua_ ~fo~ándonos sobre su
valle de Couila 'en virtud d d'ch.
a la pac1f1cac1ón y población del
d d
'
e I a su comisión dimanad d d 'ch
or e este Reino, Martín López de lb
. .
ª e I o gobernat d . d'
arra, repartió tJtrras y d
. .
o e m 10s, en especial a la p . . d
.
'º
repartmuen. . d.
rovmc1a e Couila . 1
.
Juns 1cciones y distritos , A ,
, ª os vecmos de dichas
· · · • qui nos asalta una
d d
saber a qué se refiere el Document al .
~ue~a u a El problema es
Couila'.
o
citar a las naciones de la provincia de
"En la época en que e1 d ocumento fue relactad 1643
Coahuila comprendía el territorio del ho
o,
' _la provincia de
ralelo 26º al norte y gran parte del Estad: d:stado de c,oahwla, desde el pade la Nueva Vizcaya Al
b
Nuevo Leon, todo ello dependía
C
. .
nom rarse gobernador del N
R .
a . arvajal, según él interpretaba sus Ca itulacion
uevo _emo de León
ba30 su gobernación. En 1677 t d la p
es, todo lo citado quedaba
, 0 a
parte sur de Coahuil
1
a sur del paralelo 26º Parras Pat Sal ·n
'
'
os,
ti o Arteaga
e a, 11que, quedaba
segregados de la Nueva v·
'
Y ape ania, fueron
JZcaya y agregados a Coahuil C
saber a qué provincia de Couil
f ,
a. abe la duda en
"
a se re ena el Documento
En la época en que se le dio comisión a Alberto d
.
la existencia de una provincia d C uil od
el Canto, no sabemos de
'C
e O a, t o era la N
V'
arta Geográfica del Siglo XVI'
ueva izcaya. En una
Larios: obra del Dr Jesus' F'
' qdue ¡aparece publicada en Fray Juan de
.
irueroa e a Edit . l
hecha después de 1568 pues :n
' f ona Jus, carta que debió ser
,
ese ano se und6 Maza ·1
pero que debe haber sido levantad
t d
p1 y aparece en ella,
ni Saltillo ni Monterrey.
a an es e 1577, pues en ella no aparecen
"~n dicha carta no aparece la pronvicia de Couila
zapil, en lo que ahora se llama Nudo Saltill
' pero al norte de May un poco más al ·
ense, aparecen los 'M. de Couila'
oriente, en lo que corres nd al p
,
,
D'lndiens Couila, lo que traducimos
r pob e
ot_os1. aparece un Bourg
encontrado ninguna otra referencia
~o)ado d~ mdios couilas. No he
a os m ios couilas, ni en el Mapa ele

f

191

�Distribución de los Grupos Indígenas del Norte, de don Wigberto Jiménez
Moreno, ni en Alessio Robles. S6lo la expedición de Urdiñola, para castigar a
los que asesinaron al padre Altamira y a sus indios doctrineros puede darnos
alguna pista; pero la expedición se hi2:o más bien en contra de los indios
Cuamocuanes en 1607, y estos son más bien una rama de los Busaríngamas,
que habitaban la región de la actual Monclova y la de Nadadores. Sin embargo, algún historiador ha derivado el nombre de Coauila, que significa tierras
bajas, y dado el nombre de couilas a los naturales que las habitan.
"No se puede descartar la posibilidad de que los indios couilas que habitaban la región de Monclova -concluye parcialmente Dávila Aguirre-, procedieran del valle del Potosí, llevados allí por Alberto del Canto, al hacer los
repartimientos después de pacificar el valle del Potosí, para trabajar las minas; los que después de treinta años se convirtieron en los asesinos del padre
Altamira; y que el nombre de Minas de Couila se les diera por estar trabajadas por ellos ... ".
Lo que nosotros podemos sacar en limpio del trabajo que acabamos de
transcribir, es que el ámbito geográfico de la acción hispana, para antes de
que finalizara el siglo XVI, se había ido ampliando insospechadamente; pues
de lo comentado, advertiremos que se pueden incluir en la Historia de esta
Región para ese entonces, las porciones australes de Tam~mlipas, Coauila y
Nuevo León, y que aún de estos dos últimos Estados actuales, ya empezaban
a poblarse zonas más septentrionales, cimentando su futura Geografía.
Ahora sí, tras todas estas consideraciones, que podríamos llamar protohistórico-geográficas, retomaremos a la cita que hacíamos de que, a partir de
1579, con el contrato o "capitulaciones" entre Luis de Carvajal y de la Cueva
y Felipe II, al darle vida jurídica al Nuevo Reino de León, se le imprime su
primera fisonomía geográfica al Noreste, aunque vaga; más que todo, por
el desconocimiento absoluto de la geografía del Nuevo Mundo de las autoridades españolas y las ambiciones y tendencias personalistas de quien sería
su primer Gobernador.
La personalidad misma de Carvajal y sus acciones eminentemente históricas, así como sus preocupaciones de tipo ideológico que pudieron haberlo
guiado en sus planes de colonización, aún están huérfanos de estudios serios
y concienzudos. Sólo que por ahora nos interesan los factore5 que definan la
gobernación geográficamente.
Entre los términos del documento firmado entre el Rey y el flamante Gobernador, se establece la jurisdicción de éste en los siguientes términos:
"Desde el puerto de Tampico, Río Pánuco y en las minas de Mazapil, hasta los límites de la Nueva Galicia y la Nueva Vizcaya, y de allí al norte, lo

192

que está por descubrir de una
1
guas de latitud y otras 200 de ~~:giatu;, ~~~• con que no exceda de 200 leCon una interpretación muy pe
C
.
risdicción sob
.
rsonaI' arvaJal pretendió extender su jure un inmenso cuadrado de 200 leguas
Id d l
del Hoyo -el investigador que ha estudiado más pofr ado, e que Eugenio
ta ' ( 1
.
a on o esta etapa- comen :
o constituían) 78'224,400 hectáreas -702 244 kil' t
d
do~, quedando incluidos en él, íntegramente, los ~ctuales ; ~ : s ~~ ;:·
mauhpas, Nuevo
.
. León y Coahuila, casi todo Zacatecas, 1o mismo
que Durangoy partes considerables de San Luis Potosí Na 't s· al
.
Te
El ·
'
yan , m oa, Chihuahua y
~- T inmenso cuadrado tendía como lado meridional una línea que
umese a ampico, en el Gc,lfo, con Chiametla en el Pac'f
~~;;r :: !:nciudad ~e ~cateca~. Y su lado se~tentrional ip:;rÍa ~:e ;:r~~
.
Antomo, lexas; de tal manera que vendría a invadir los
remos entonces existentes: Nueva Gal' . N
.
tres
d 1 N
.
lCJa, ueva Espana y casi la totalidad
e a ueva Vizcaya."

Se ha supuesto con no
·
d
.
Carvajal a Maza~il (b' poco~ VISOS e_ realidad, que en el viaje que hizo
ien con uga o bien por separado)' tuvo ue haber
entrado en contacto con algunos otros judíos portugueses, como élqmismo
que ya con anteproyectos de conqui~ta en la mente
d'
h be
'. y
el avan
.
' pu ieron a r urdido
_ce. pr~~ro, a nombre de la Nueva Vizcaya, y después la usu ación
de sus_ Junsd1cciones, para pasárselas tranquilamente al Gobernador di N
v~ Remo de León, quien luego avanzaría desde Tampico, con las c:pitu~::
c10nes reales en la mano' sobre los poblam.ien tos ya eX1Stentes
.
de Nuevo León
y Coah l1ila.
Carvajal debe haber llegado a las minas de San Gregorio a . . . d
ó
prmcip1os e
1 C'. d d e se enco_ntr con Diego de Montemayor (el futuro fundador de
: m a Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey) q .
c a a la., ge t
. ,
, U1en pertene1
n ~ n~v.ovizcamas y que por entonces se ocultaba en a uellos lugares, tras senas dificultades con Alberto del Canto AIJ'
li , ql
.
d I f d .
.
t se rea zo a primera
carvajalinas' la ciudad de León, cuya fecha exacta de fund e .as
, un
h aciones
.d
acion a s1 o aportada por el padre Lino Gómez Canedo
como el 22 de abril de 1582.
recientemente,

1582 dond

De _la ruta de penetración que debió seguir el flamante Gobernador rlesde
su salida
. R eyes propone
.
A de Pánuco, el historiador tamaulipeco Candela no
sus ~ntes para la Historia de Tamaulipas en los Siglos XVI y XVII'.
Al ~st~d~ar este aspecto interesante de mi trabajo, confieso que me domin6
al ~nncipio la duda de que tal vez llegó Carvajal a lo que se llamó Nuevo
Remo de León por una ruta que podríamos designar San Luis Potosí, Zaca-

:n

193
Humanitas-13

�d
· t
poniente la sierra Madre
tecas, Coahuila; es de~ir, atraves~do e ;1e~ e.: el norte a lo largo de la
por la Huasteca Potosma y de ahí, toman o ac1
ro ia sierra hasta llegar a Cerral vo . . . " .
. .
p p
,
hacer almmas consideraciones sobre estos movumentos,
Pero, despues de
l º T . d las "capitulaciones" como el de los
tomando como base tanto e ana_1s1sl de
ta . "
Basándome en el heáf
1 d fne al fma e cuen s. . ..
mapas geogr icos, a e i
e ue los conquistadores, al construir sus
cho perfectamente comprobado, d q ,'
l . di s habían abierto (nosocaminos utilizaron siempre las veredas que os m_ ~
odifº do pen'
.
• 1 · mo procedumento, m
ican
tros no hemos hecho smo seguir e rms
1 amino~ coloniales) . y
,
vimentar -a veces-- os e
'
d
dientes cuan o mas, o pa
. . tos hechos por fray Andrés de
d
·
nes
y
reconocumen
1 f
recordando as un acio .
d
•dea aproximada acerca de
Olmos, y el propio CarvaJal, po~remos ar una I
d
los Puntos que caracterizaban dicha ruta:
.
•
punto
e arran"Descartanao e1 Tampico colonial cuya existencia como
.
que es innegable, estaría en segundo término T amahohpa. . .
'
tan
,
.
1
lugar
denominado
'Esteros
que
"Podría aparecer en tercer termmo e
. .,
ntre.
VII al abrirse de nuevo la comunicac1on e
to se menciona en _el siglo X
11 ha a doce o catorce leguas de Tamaholipa.
Monterrey y Tamp1co y que se ha a
d 1
del Berna!.
, T anch oy, que estaba cerca e cerro
"El cuarto punto sena
T
T
al cercano a Xicoténcatl, o an"El punto siguiente puede ser _ancascu
d 1 t amo de la carretera
.
·sten a trescientos metros e r
chipa cuyas rumas exi
1 , F,
'El Limón' del municipio del
, · L edo entre e no no Y
'
nacional M f•XICO- ar '
.
h be ido de mucha mayor
M . clino a favor de Tanch1pa por a r s
Mante.
·e m
1 otro al extremo de poderlo considerar como el centro
importancia que e
' di d acción alcanzaría: hacia la sierra Gorda,
de una gran zona cuyo ra º1 e .
Ocampo Tansuche y Camalahuche,
chº que fue e antiguo
'
T h
hasta an uan m,
.
, T
, hasta Tangasneque y Raque es e1 a Ctual Chama! Viejo ; hacia el no ames1,
yón, al occide~te. . . .
los ueblos son francamente problemáticos e
"De Tanchipa hacia e_l norte.
p Ll
la capital del Estado actuales,
.
.
T 1
pudieran citarse era y
.
1
unprec1sos. a vez
.
.
tado sobre la influencia de a
1
d c1a nacida de o asen
con má5 o menos au a
. la mención de los puntos tiene
.
de todas maneras, s1
Propia Tanch ipa; pero
de Tanchipa hacia el norte, haya
. ó ·
l 'gico suponer que
fundamento hist neo, es o
b d
á o menos paralela a la sierra Gorda,
•1
ea que ra a m s
seguido CarvaJa una m
ermitiría reforzar nuestra
salvando los contrafuertes respectivo¡s, lo quale nolusg~s denominados Caballe.
d · dicar que os actu es
audacia al extrem~ e m
.dal
Villagrán y Guadalupe Mainero fueros, Santa Engrac1a, Oyama, H1 go, .
"
ron puntos proba bles de la ruta en cuestión. . . •

r

194

Como no~ es fácil advertir, el ingeniero Reyes fue uno de los primeros que
Fe preocuparon, aunque sin ahondarla conscientemente, en !a Geografía Histórica.
Y aunque él detiene su propuesta en los límites de Nuevo León, Del Hoyo
, os indica tn la obra que hemos consultado, una prolongación de aquella a
través de Linares, la congregación de Santa Engracia (en el municipio de
General Terán, N. L.), Los Ramones y Cerralvo.
Todos estos datos informativos, aunque conjeturales, nos llevan a la confirmación de la influencia posterior de los accidentes y del medio geográfico
~obre la voluntad humana para propiciar las distintas génesi~ de los asentamientos humanos actuales. En otras palabras, se está demostrando la importancia que adquiere día a día, la investigación de la Geografía Histórica para
el robustecimiento del análisis de los fenómenos eminentemente históricos
posteriores.
Ya una vez fundada la ciudad de León ( o hecha la refundación, si se hizo
Svbre el poblamiento conocido como minas de San Gregorio), inmediata al
punto donde se encuentra en la actualidad la villa de Cerralvo, emprende
Carvajal su marcha hacia el suroeste, no sin fundar antes, supuestamente
aledaña a su primer establecimiento oficial, la villa de la Cueva; llegando
hasta Saltillo, donde, como en el caso de San Gregorio (siguiendo al más
auténtico de los informantes de la época colonial de esta Región, el capitán
cronista AJonso de León), parece evidente que ya lo esperaba Alberto del
Canto, y usurpando la jurisdicción de la Nueva Vizcaya, "mudó autoridades".
Regresó luego al valle de Extremadura, donde el mismo Del Canto había
fundado ya la villa de Santa Lucía, e hizo nueva fundación, intitulándola
villa de San Luis Rey de Francia, en marzo de 1583, nomb1ando a Gaspar
Castaño de Sosa como alcalde mayor.
Más tarde pobló la actual Monclova, con el nombre de Nueva Almadén,
a pesar, como lo hemos visto, de que ya también se encontraban en explotación las minas comarcanas, lo que debe haber obligado, al menos un rudimentario asentamiento humano.
Sobrevienen luego los acontecimientos también ya conocidos, de la aprehe:1sión y muerte del gobernador Carvajal y de la Cueva, y con ello el decaimiento colonizador y la despoblación de los establecimientos debidos a su
empeño, pudiéndose advertir en la historia entonces, una etapa de penurias
para los pobladores del Noreste, que no viene al caso analizar ahora; pero
sí advertir que en esos años nacen o se incrementan tímidamente, algunos
asentamientos, como la ciudad de Monterrey, Parras, y el pueblo gemelo a la
villa de Saltillo: San Esteban de Nueva Tlaxcala, entre otros.

195

�En los albores del siglo XVII comienzan a advertirse los efectos de un franco afán colonizador; aunque para ello el área geográfica sigue ~trin~,da
prácticamente a las limitantes que hemos venido tomando en cons1derac1on.
y no sería sino hasta la última mitad de la misma centuria cuando, por imperativos circunstanciales, se vuelven los ojos de los colonizadores hacia el t~rritorio texano; actividades en las que colaboraron de una manera por &lt;lemas
eficaz, los frailes evangelizadores de la Orden Franciscana.
Por la misma época, se inicia la derrama de las fundacione~ españolas hacia el norte nuevoleonés también; y esto gracias a que se planteó la necesidad
ele establecer un pueblo de indios tlaxcaltecas con algunos de los antiguos
habitantes d~ San Esteban; así nació San Miguel de Aguayo de Nueva Tlax•
cala (el Bustamante de Nuevo León de nuestros días) , qu~ a~dó a suav~ar
las tensiones con los aborígenes de la tierra que, por su belicosidad, no hab1an
permitido la derrama de la acción colonizadora más allá del valle de las
Salinas, situado a unos treinta kilómetros al norte de Monterrey.
Pero los abusos v las extralimitaciones de los encomenderos, condujo a
una e:acerbación d; los problemas entre éstos y los naturales de la región;
crisis que se presentaba más marcada en las zonas donde tuvieron menos ~jerencia los evangelizadores, sin perjuicio de que el fenómeno que en la ~lStoria se conoce como el de la Guerra Viva, o sea la lucha ar,arentemente interminable entre el blanco y el bárbaro, se enseñorease por todos los rumbos
en que se fue extendiendo la colonización.
Por estas razones, el virrey de la Nueva España encomendó al alcalde de
Corte Francisco de Barbadillo y Victoria, que se transladase al Nuevo Reino
de L~ón con la comisión definitiva de que zanjase las dificultades.
Barbadillo, quien llegó por primera vez a Monterrey al terminar el año de
1714 como hombre de gobierno que era, sagaz y de una disciplina inflexible,
locrr; sus propósitos en corto tiempo, procurando la estabilización. Por ese
ti;mpo se había fundado la villa de San Fe!ipe_ de Linares, pero . co~o al
cfectuar su establecimiento invadieron el terntono del pueblo de indios de
San Cristóbal de los Hualahuises, éstos íniciaron una franca lucha jurisdiccional con los españoles. La llegada a aquellos lugares del comisionado del
Virrey, atenuó las dificultades y éste ordenó la transladación de la nueva
villa a doce kilómetros del pueblo.
Mientras en la estructura poblacional del territorio que hoy se denomina
Tamaulip~, se ofrece un fenómeno singular: porque _Pai:a mediados de ese
mismo siglo XVIII, de acuerdo con las autoridades v1rre~al~, don José de
Escandón inicia la realización de un vasto plan de colo~~1on, a pe~a~ ~e
que con anterioridad ya se habían logrado algunos estableclIDlentos, con 1mcral

carácter de misione~; como 1;fidalgo, que había pertenecido jurisdiccionalm~nte al Nuevo Remo de Leon, y las de los frailes potosinos de Tula, Palmillas y Jaumave; más la del actual Bustamante, que se debió a descubrimientos mineros.

Se con~en con ~astante detalle los principios del desarrollo geográfico de
las fundac:on~s _debidas al plan de colonización del Nuevo Santander (como
s~ l~ llam~ ongmalme~te ~ la nueva jurisdicción), gracias a un Informe que
rmd1ó el inspector Jose Tienda de Cuervo al Virrey, en 1757; advirtiendo
d~s~e luego que en su régimen interior quedó supeditado a una organización
militar y eclesiástica.
Notamos, ade~2s'. que no obstante que la delimitación del territorio presenta las caractensticas de una provincia marítima, debido a la prolongada
costa que forma el Golfo de México, la explotación de sus recursos naturales
rn ese sentido fue prácticamente nula.
A l~ fundaciones de las diversas villas y la ciudad de Horcasitas (el único
pob!amiento con esta categoría y que, excepcionalmente, la disminuyó con
el tiempo hasta decrecer a villa) , sobreviene la influencia de familias de colo~os, aun~~~ _no se signifique por un índice notable, pero que obligan una
pnmera d1v1S1on de las propiedades territoriales.
Sin embargo, un poco más tarde, acatando una orden del rey de España,
fechada el 29 de marzo de 1763, se inicia una serie de reformas en !a administració~ interior de la Colonia; algunas de las cuales tendrían importantes
repercusiones en su desarrollo, como el repartimiento de los terrenos de cada
una de las demarcaciones señabdas a los pueblos establecidos y la disposición
para que se cambiaran de lugar las villas expuestas a las inundaciones• así
como la de que se realizaran algunas fundaciones más.
'
El resultado final de la segunda de las disposiciones citadas fue que algunas villas, como la actual Xicoténcatl, Burgos y Reinosa, se reestablecieran
en otros sitios, con una mejor irrigación natural para sus labores.
De algunos aspectos que guardaba la colonia del Nuevo Santander en las
postrimerías del siglo XVIII, con relación a su población y a su economía.
habla elocuentemente un Informe que rinde a las altas autoridades reales y
virreinales, el teniente coronel Félix María Calleja -más tarde enconado
enemigo de la Independenr.ia, y que hasta llegó a ostentar el cargo de virrey
de la Nueva España-. El Informe está fechado en 1795.
Como dato de singular interés, por tratarse de una particularidad geográfica de gran trascendencia para etapas muy posteriores, transcribimos uno de
los párrafos del escrito de Calleja:

197
196

�"Al este de la villa de Presas (Aldama), entre ella y el mar, hay un mineral
de un líquido betún, muy ,;emejante a la brea, en color, consistencia y uso,
llamado aquí chapopote, que corre en abundancia hasta la inmediata laguna,
coagulándose en el camino en la Ilillma forma que las marquetas de pez y
volviéndose a liquidar cuantas veces se la pone al sol o aplica calor artificial.
De él se sirven con buen efecto en lugar de brea, tanto para las embarcaciones como para evitar el hierro sea corroido".
Así, ya para los últimos años del régimen colonial, las autoridades del
virreinato se fueron preocupando más y mejor por una más cabal subdivisión
geográfico política de los dominios novohispanos. Sobre el tema, Edmundo
O'Gorman ha publicado un interesante estudio denominado Historia de las
Divisiones Territoriales de México. De éste, nos interesa particularmente la
creación de la Comandancia de las Provincias Internas ( o de Tierra Adentro), creación que tuvo lugar en 1769. Quedaron bajo la sujeción del Comandante, las provincias de Sinaloa, Sonora, California, Nueva Vizcaya,
Coahuila, Texas y Nuevo México, designándose como capital de la Comandancia al pueblo de Arizpe, situado en la provincia de Sonora.
En 1785 se agregaron al territorio de las Provincias Internas el Nuevo Reino de León y la colonia del Nuevo Santander; dividiéndose la jefatura en
tres comandancias.
Dos años después sobrevinieron nuevos cambios subdivisionales, designándose independientes las Provincias Internas de Occidente y las de Oriente;
integrándose esta última por las provincias de Coahuila, Texas, Nuevo León
y Santander, más los distritos de Parras y Saltillo, que hasta entonces seguían jurisdiccionados a la Nu~va Vizcaya.
Con alternancia entre esta última subdivisión territorial y la estructuración
primitiva -siempre con el carácter de Comandancia Militar-, incluyendo
ligeras variantes en cada caso, hasta 1804, ya en las postrimerías del régimen
colonial, se restituyeron nuevamente las Provincias Internas de Oriente y de
Occidente, ambas dependientes del gobierno virreinal.
Y, aunque desde 1786 se había expedido la Real Ordenanza para el establecimiento e instrucci6n de intendentes de ejército y provinrias en el Reino
de la Nueva España, debida a Carlos III, en realidad en la nueva estructuración por Intendencias no se incluyeron las Provincias Int('.mas; anotando
el mismo O'Gorman en el trabajo que hemos venido consultando que, a la
hora de la Consumación de la Independencia, la Colonia est3ba fraccionada
en dos grandes divisiones: la primera constituida por las dos Provincias Internas y la segunda, por doce Intendencias y tres Gobiernos; sin perjuicio de
que, en el caso de nuestra Región se siguiesen considerando también las ad-

198

mini~traciones civiles de cada provincia a cargo de respectivos Gobiernos. es
decrr, el del Nuevo Reino de León, el de la colonia del Nuevo Santander
los de las dos provincias de Coahuila y Texas.
Y
. Los azares de la vida independiente de nuestro país, acw:arán características no sólo en la morfología geográfico•tem'ton'al , smo
.
aun en la geografía
h
l umana propiamente dicha. Pero como esto ser1'a tema que rebasaría los
~mites del que nos hemos propuesto, lo dejaremos pues en puntos suspensivos, en espera de un tratamiento más erudito y de mucha mejor calidad.

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Tendencias Actuales de la H_istor'.a SCoclial y S ~; tg ntas 'No. 278; México, 1976.
Cardoso y Héctor Pérez Bignoh; o ecc. ep e e
'
,
do General de las Fundaciones hechas por don José de
TIENDA DE CUERVO, Jose. Esta
d
C sta del Seno Mexicano; Tomos I
E ndón en la Colonia del Nuevo Santan er,
sea
.
d
1
N
c·'n·
México
1929.
'
. d M, . . Edit
Y 11. Pubs. del Archivo Gra1. e a a 10 '
'
eXIco'
.
ToussAINT,
Manuel. La Conquista de Pánuco; Ed . de El Colegio e
1948
Stylo; México,
·
· del Estado de TaZoRRILLA LEDEZMA, Eliseo. P~no~ama de la Geograf~; Económica
maulipas; Sists. y Servs. Tecmcos; Monterrey, 19 .

BIOGRAFIA DEL DR. JESUS MA. GONZALEZ FLORES

º.

Da. HEaNÁN SAUNAS CANTÚ
Pionero de la cirugía astlptica en
Monterrey, y de la cirugía vascular en la América Latina.

PREAMBULO
Dos GRANDES DESCUBRIMIENTOS científicos marcaron un nuevo camino :i la
cirugía mundial en el pasado siglo: el uso del éter como anestésico en 1846,
por el Dr. Morton, que desapareció el dolor en los quirófanos, y el establecimiento de la antisepsia química en 1865 por el Dr. Lister, que disminuyó
las infecciones postoperatorias.
Más tarde, hubo un gran refuerzo en estas conquistas, al emplear el Dr.
Bergman la autoclave en 1890, para conseguir una asepsia total en instrumental médico y material quirúrgico.
Estos adelantos de la medicina universal fueron traídos a México en 1878
por el Dr. Ricardo Vertiz, y a Monterrey, por el Dr. Jesú~ Ma. González
Flores en 1896, distinguido médico regiomontano, cuya semblanza damos a
conocer a continuación.
EL DR. D. ]Esús MA. GoNzÁLEZ FLORES nac10 en Monterrey, N.l.., el 17
de octubre del año de 1857, en una vieja casona de la actual calle de Morelos
de nuestra ciudad, siendo sus padres D. Apolinar González y doña Bárbara
Flores de González.
Efectuó sus estudios elementales en la escuela primaria particular del Profr.
D. Félix Galván y los cursos de secundaria y preparatoria, en el p1fstigiado
Colegio Civil del Estado, donde obtuvo en 1871 el primer prem;,) correspondiente a la clase de dibujo.

'·
200

Ingresó a la escuela de medicina de Monterrey en el año de 1874, cuando
contaba con 17 años de edad, obteniendo el segundo premio del p11mer año

201

�. ad s en 1875 documentos firmadl)S por el
de medicina en los ~u~dt~r;ni~r ºJosé Eleut~rio González Mendoza.
director, entonces el molvt a .e
.
desde los 11 añJS había
tanos eran escasos, pues
Como sus recursos mone_
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se ayudaba en sus gastos dando
.
dre pilar de su ogar,
fallecido su senor pa '
1 • d 1877 cuando cursaba su ter.b .
1 estudiantes En e ano e
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clases de di UJO a os
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al eJ·ército prestando sus
. al ingresó como en ermero
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cer año de pro esion ,
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dependencia.
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• per 10 a su
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Desafortunadamente est~ rrusm~dando
'd"cos pero aunque mucho le en.
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s úlnmos cm a os me i '
, •
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. . to no quebraht6 su ammo Y
.,
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ste luctuoso acontec1ID1en '
. f
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. 1 El 22 de marzo de 1878, siendo Je e
. . , d la te n su carrera profesiona .
d
s1gmo a e n e
, .
Treviño le ascendi6 al grado e sarmilitar de la zona el Gral. D. Jerorumo
'
gento de enfermeros.
, d
, dico cirujano en la e~cuela de
El 30 de agosto de 1880 se ~~duo ~di~e Dr D Juan de Dios Treviño,
.
1 restig1ado me co
· ·
medicina siendo d irector e p
b
d d 1 Estado el Lic. D. Viviano L.
Y teniendo 23 años de edad. Era go emal or e . , Pu'b,l1"ca D Julio Olvera.
. d l c
· de nstrucc1on
, ·
Villarreal, y secretano e on~Jº.
v·11 eal Juan R. Villarreal, Vidal
•
t han C1pnano 1 arr '
Entre sus campaneros es a •
dm d Hiclanan y Le6n Buentello, que
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· Saldana E un °
de la Garza, gnac10 .
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d"ll de sus tiempos juveniles, comv
1 l' .ca y Jacarandosa pan 1 a
d
formaban a c as_1 .
•
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al nos alimentamos cuando el camino
do siempre un grato recuerdo de cu
11
la penumbra del ocaso.
'd'
.
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b d administrador del cuerpo me ico miEl 18 de julio de 1881 es nom ,r~ o c· .
por el entonces presidente
1
d de Mayor Medico iru1ano,
litar, con e gra o
'l
A 1 s pocos meses, se le ordena trasde la república D. Manuel Gonza
to del hospital militar de esa ciuladarse a San Luis Potosí, como su ireMcor.
Gral D Francisco Naranjo,
• d e Guerra
• ·
~ad, firmando el secretano
, y arma'
. .
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atriota nuevoleones.
.
mu/ d1stingu1 o p
e el 9 de enero de 1882, adscrito a1
Un año después regresa a Monte7 ~obles Linares, y aprovech6 su estan160. batall6n comandado por el Gr~ ..
·omontana Paula Vela, de cuyo
cia para contraer nupcias con la senonta reg1
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matrimonio hubo tres hijos.
. d des entre ellas Saltillo,
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Ttares se va a otras cm a '
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Cumpliendo or enes m1 i
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p"tal es desianado secretano
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León, Querétaro, Guad ªJ~ra y . .
. t d a'tico de la misma en las asig, ·
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de la escuela practica me
. 1',
, reo sífilis y encargado de an'1ru'ca
interna,
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og1a,
vene
'
naturas de Cl
202

fiteotrn anatómico, la biblioteca, el departamento de historia y de la vacunc1
contra la viruela. En la escuela nacional de medicina, de la universidad de
México, es nombrado ayudante de la cátedra de fisiología.
Vuelve a su ciudad natal el 29 de junio de 1892 como subdirector del hospital militar de Monterrey. Al pasar dos años, el 19 de mayo de 1894, pide una
licencia al ejército para hacerse cargo de la direcci6n del hospital civil "Gonzalitos", nombrado por el gobernador D. Bernardo Reyes, teniendo ahora como hogar el edificio del hospital, en cuyo segundo piso residía el médico director y su familia, dedicándose día y noche al noble servicio de curar a lo~
enfermos que acudían a sus puertas solicitando alivio a sus males.

Desafortunadamente falleció su esposa, quedando envuelto en la tristeza de
su soledad y sus hijos en la orfandad. Pasaron algunos años para decidirse
rehacer su hogar, y el 17 de septiembre de 1899 contrae matrimonio con la
virtuosa señorita Cesárea Mendoza, hija del Corl. D. Ignacio Mendoza, dan1a
culta y abnegada, muy conocida en el ambiente artístico de Monterrey, porque por muchos años dio clases de bel) canto a j6venes regiomontanos, que
más tarde brillaron exitosamente en los mejores teatros de la ópera y de la
buena música. De este nuevo matrimonio nacieron cuatro hijos.
Durante los años que fue director del hospital civil, el Dr. González Flores
se preocup6 por colocarlo entre los mejores de la nación, y a la altura del
progreso de la ciencia médica mundial. Para ello solicitó ayuda oficial y
particular, obteniendo amplio respaldo, y el mes de diciembre de 1896, instaló la primera autoclave, marca Chamberland, traída directamente de Europa, pudiendo tenerse así material quirúrgico aséptico, consiguiendo mejores
resultados postoperatorios en los enfermos intervenidos quirúrgicamente, va
que no se contaban por esos años con el auxilio de los antibi6ticos ni de las
sulfas como antimicrobianos.
El mes de octubre de este año colocó en el quirófano un candil de tres focos incandescentes, que costaron $ 18.50, para iluminar mejor la sala de operaciones, sustituyendo a las viejas lámparas de petr61eo.
Instaló un tinaco de zinc y madera para disponer de agua entubada y tener
lavabos en la sala de operaciones, donde los cirujanos pudieran asearse correctamente sus manos. Orden6 la compra de nuevo instrumental quirúrgico
así como un aparato de electrolisis, última palabra en esos años para curar
las estrecheces uretrales. El ingeniero Emilio Dyzterud le adapt6 un transformador eléctrico para que funcionara mejor.
Trajo de Europa un juego de discos de marfil decalcificados, que llegaron
al hospital el 16 de marzo de 1898, usados en las operaciones de intestino como moderno sistema operatorio.
203

�.
b'
de la cirugía el 12 de junio de 1937,
Por estas notables meJoras en '.en e· . os l; declaró " ... el iniciador
1 s·ndicato Nuevoleonés de Médicos iruJan '
.
e i
. ,
, tica en Monterrey ... " dándole un pergammo
y pionero ~e la cu:ugia asep
del residente, Dr. Porfirio Martínez.
en reremoma especial, de manos
p
.
, .
irúr ·co ratuito
gi g
El 26 d . li de 1898 inauguró un consultono médico qu
e JU o
. . d'iano
· d e 4 a 6 de la
.
al hospital con serv1c10
para enfermos pobres 1unt~
1 ' s ecial para internar enfermos menF d , t mismo ano una sa a e p
tarde. un o es e
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E 'sto Sepúlveda y Mestre, con
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de los octores van
tale~, que esta a a. ca~go
b .,
1897 un gabinete de análisis clínicos bacara pens1omstas. A no en
.
..
un anexo P
h ,
también los estudios oficia1es
teriológicos y de histología, donde_ se_ ac1an
.
n-o hizo un convenio
b'd El 4 de Jumo de este mismo a '
sobre alimentos y be i as. .
Golfo Mr. Morrison, para que fuesen atencon el gerente del ferrocarnl ~e\
di~nte un pago monetario determinado.
didos los enfermos en el hosp1ta me
be 1
el 30 de abril
. 1
l
·entes tu rcu osos Y
Se instaló una sala especia para ~s pac'. 'b' que estuvo a cargo de los
b
l r·mer laboratorio antirra ico
de 1896 se a re e. p i
• . Mi el S Villarreal, tratando a los primeros
doctores D. Edelmiro Rangel y
_gu
17 de abril de 1899, en total de
enfermos mordidos por perros rabiosos e
1
ntre ellos cuatro niños, que todos se sa varon.
once personas, e
, Ma González Flores, realiza en MonEl 14 de febrero de 1895, el Dr. Jesus
. , 't
ando aún la cirugía no
.
·,
rdiovascular con exi 0, cu
·
terrey la primera operac1on ca
f .
es los grupos sanguíneos fueron
T1O de las trans us1ones, pu
1
contaba con e amo
.
. h b'a los medios terapéuticos
.
rt
en
1900
por el Dr. Landstemer,
d escub1e os
'b', m
. a i
antibacterianos como las sulfas y los anti ~oticos. 1
dicina nuevoleonesa,
d
d d ese memorable día para a me
La fría ma ruga a e
.
.
1 de 29 años con profundas
al d
ergenc1a un Joma ero
'
se presentó en la s a ~ em 1
11
d 1 cráneo de la cual manaba proheridas en la parte izquierda de cue ody el D Go'nzález Flores examinó
gia Llama o e
r.
'
1 h
fusamente morta emorra .
. ó
con urgencia para salvarle
.
.
ente al paciente y dP.termm operar
mmuc10sam

i

la vida.
.
, ue estaban seccionadas por arma punEn la mesa de operaciones obse~o q
1
f' cial y la auricular posd I arteria tempora super 1
zocortante, las ramas e a
' 'd
tema y determinó ligar ésta
. d
. ntes de la carotl a ex
'
terior izqmer as, proveme
.
enazaba la vida del herido.
, ltima para suspender la hemorragia que am
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.or y
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un estudiante de medicina de gra o supen '
Tenía como ayu ante a
.
. utilizó el cloroformo. como
.
1 D Benigno R. Dav1s, qwen
l
como anestesista a
r.
.
y a cada momento e
.
dante estaba muy nervioso
.
l
gas anestésico. E Joven ayu
aya a ligar la carótida mál . "
cuidado maestro, no v
decía al D r. G onz ez. · · ·
. .
. "
Mira la carótida externa
,,
1
1 contestaba el ciruJano · · · ·
'
.
'b
terna. . . ' a o cua
.
.
a dirección oblícua hacia am a y
tiene seis colaterales y la mterna sigue un

204

opuesta a la primera . .. ", mientras con sus ágiles dedos ligaba y suturaba
con destreza los tejidos abiertos de las heridas. Todo salió bien. La operación fue un éxito. Once días después el jornalero se dio de alta por curación
del hospital y listo para reanudar su trabajo, abandonando la clínica la mañana del 25 de febrero de 1895.
.En el trabajo académico del Dr. D. Raúl Delgado y Garnica, titulado "Estudio histórico de la hemostasia quirúrgica en México", publicado en la revista científica ''Revista de medicina y ciencias afines", el 30 de enero de
1960, en México, D. F., escribe textualmente: " ... Dr. Jesús Ma. González
Flores, Hospital "González" de Monterrey, N.L. El 14 de febrero de 1895 operó a un jornalero con una hemorragia secundaria por herida con instrumento punzo cortante que seccionó en su origen las arterias temporal superficial
y auricular posterior, ligando con éxito este cirujano la carótida externa. Es
la primera operación de esta naturaleza exitosa en la América Latina. Crónica Médica Mexicana. Año 1898. Púginas 125-128 ... "
Otra operación difícil realizada por el Dr. González Flores, fue ejecutada
el 6 de marlo de 1897, en una mujer de edad avanzada, originaria de Bustamante, N.L.. con una gran tumoración de la parótica izquierda, y con
insuficiencia cardiaca congestiva.
El médico internista, Dr. D. Pedro Noriega opinaba que ~ra delicado el
estado de la paciente para sujetarse a la operación. La sala de operaciones se
llenó de estudiantes de medicina para presenciarla. El ayudante quirúrgico
fue el Dr. Edelmiro Rangcl. El Dr. Gonzálcz, con maestría y habilidad técni&lt;:a extirpó el tumor de casi kilo y medio y salvó la vida de la enferma. Este
raso fue publicado en la "Crónica Médica Mexicana'' y en la "Escuela de
Medicina", } más tarde se reprodujo en la "Antropología y Ginecología",
ele París, el mes de febrero de 1909.
Otro caso notable fue una apendicectomía en una mujer que presentaba
un embarazo de seis meses, síndrome apenas recientemente descrito por el
anatomopatólo~o Dr. Fritz de la escuela de Harvard, separándolo de la peritiflitis en el año de 1887.
El Dr. Jesús Ma. González Flores realizó 151 operaciones quirúrgicas en el
hospital civil, entre el primero de septiembre de 1895 al 3 l de mayo de 1899,
según lo hemos visto en el libro de operaciones del quirófano, encontrado en
el archivo del Estado.
Aunque eran de diferente magnitud, sólo tuvo un promedio del 4 % de
mortalidad, pues sólo fallecieron siete. En la cirugía mundial de esos años,
había un promedio de mortalidad del 25%, que subía al 90% en tiempos de
guerra. Como anestesista aparece el Dr. D. Benigno R. Davis, usando el do-

205

�roformo, a quien consideramos como el primer anestesis~ que tuvo Mon~rrey. Sus ayudantes quirúrgicos fueron el Dr. Edelmiro R~ngel, Meles10
A. Martínez, Jesús Garnica, Miguel F. Villarreal, y los estudiantes, ~e m_edicina por esos años, Encamaci6n Brondo Wite, años después ~agníf1co historiador de la medicina de Nuevo León y de Chihuahua; Andres B. Marroquín, Juan E. Leal, Donaciano Zambrano, Herme~egildo Chapa, Juan F.
Rodríguez, Alberto Siller, José Morales y Alfonso Perez. .
. . "
.
El Dr. Jesús Ma. González Flores fue director del hospital civil Gonzalitos", por espacio de 22 años, en diferentes periodos ~bernamen~!~s y c~n
ciclos de separación obligado por las circunstancias políticas que v1v10 el pais.
En el año de 1909 dejó la dirección del hospital civil para hacerse cargo
de la subdirección del hospital militar de la séptima zona militar. En 1915
regresa al hospital civil nombrado por el Gral. Francisco Villa, siendo gobernador de Nuevo León, el Gral. Raúl Madero. Fu~ rat~icado en su puesto
por el Gral. y Lic. Pablo de la Garza, gobernador mtenno.
A este gobernante fue a quien el Dr. González Flores le prop~ la crea., de la primera escuela de enfermería, proposición que rec1b16 todo el
c1on
I d'f ·
apoyo oficial, y abrió sus puertas el 8 de octubre de 1915, dentro de e 1 1c10
del hospital, siendo a su vez director.
Para dicha escuela escribió algunas folletos, como "Nocio~~ de an~tomía ,Y
fisiología", "Curaciones y vendajes". En la escuela de med1cma tema la catedra de Clínica Médico Quirúrgica.
El Gral. Porfirio G. González en 1920 le nombra nuevamente director;
D. Jer6nimo Siller hace lo mismo en 1926, y en este año l_a escue~a de, enfermería pas6 a depender de la escuela de medicina. El Lic.'. Aaron Saenz le
designa director en 1927 y el Ing. Plutarco Ellas Calles, h1JO, le nombra en

1929.
El 2 de diciembre de 1928, el Dr. González lanza el p~er proyect~ par_a
hacer un nuevo edificio para el hospital civil, ya que el existente era msuhciente, pues databa del año de 1860, y la población de Monterrey había crecido enormemente.
E n su escn'to d'1ce.. " . .. con frecuencia se elogian nuestras montañas, la
pujanza fabril la hospitalidad norteña, y ahora podríamos elogiar a Monterrey por su :delanto científico en un nuevo hospital, donde el enfermo tenga
feliz alojamiento ... "
Para honrar los tantos méritos del Dr. González Flores, se organizó una
velada literario musical en los salones del Círculo M:r~antil, . el. día 12 de
junio de 1937, donde el Sindicato Nuevoleonés de Med1cos Ciru1anos, c~yo
secretario general era el Dr. Porfirio Martínez, hace entrega de un pergammo

206

como iniciador de la cirugía aséptica en Monterrey, y le nombra su socio honorario.
La escuela de enfermería, al cumplir 25 años de fundada, le entreg6 una
medalla alusiva como su fundador, en festival efectuado el año de 1940. El
Colegio "Justo Sierra", le otorgó la presea "Estrella de Acero", por sus servicios a Nuevo Le6n. La Sociedad médica "Pedro Escobedo" de México le
nombra socio correspondiente en 1897. La Asociaci6n Médica Mexicana' le
ncmbra socio correspondiente en 1921. La "Unión de Caldereros Mexicanos",
le da un diploma por sus servicioa a b obmos.
La Universidad de Nuevo León en el año de 1933 le nombra "Doctor Honoris Causa". El 17 de octubre de 1895 se form6 en el hospital civil la sociedad "Asociaci6n Médico Literaria", quien le nombró su presidente, y como secretario el Dr. Benigno Davis.

FACETAS CARACTERfSTICAS DE SU PERSONALIDAD
Una de sus principales características de su personalidad fue la disciplina
y el orden que imprimió a su vida de médico, siendo su lema: " ... cada cosa
en su lugar y un lugar para cada cosa ... ", así como " ... no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy .. . ", y finalmente: " ... no estorba el que se
va ni hace falta el que se queda ... ".
Sin embargo, dentro de su recio carácter profesional yacía un corazón
tierno, cuya bondad derramaba sin límites con sus pacientes y con sus alumnos, que le dieron la recompensa del consuelo en sus horas tristes y sus momentos amargos.
En cierta ocasión, una inesperada enfermedad lo postró en cama por varias
semanas, que para un hombre de su dinamismo le causaba no poca desesperación. Gran alegría le brindaron un grupo de enfermeras que fueron sus discípulas cuando fueron a visitarle a su domicilio, llevándole una modesta suma de dinero que habían reunido entre sus compañeras, con el afán de
ayudarle en algo a resolver sus problemas. El Dr. González Flores no pudo
contener sus lágrimas, que involuntariamente rodaron profunsamente por sus
mejillas al sentir el impacto de la gratitud humana, el más preciado valor ce
los nobles corazones.
A pesar de tan activa y atinada vida profesional, no hizo fortuna en su larga carrera. Parecía cumplirse en él el postulado bíblico que dice: " ... no será
de los sabios la riqueza, pero de ellos será la inmortalidad ... " No pocas veces
pasó apuros monetarios para sostener a su familia. Como director del hospital

207

�lo más que llegó a ganar eran $ 250.00 mensuales, según vemos en los informes oficiales del año de 1926. Pero más sufría cuando dejaba el hospital
civil para reintegrarse al ejército, pues siempre le tardaban el pago de sus
emolumentos por trámites burocráticos. La mayoría de sus pacientes eran
pobres. Su vida era agitada y agotadora. Una aciaga mañana llegó a su
hogar muy cansado y triste. Su esposa salió a recibirle notando que no traía
su reloj. Cuando le preguntó la causa, el Dr. González le contestó con quebrada voz: " . . . tuve que empeñarlo para poder salvar nuestros gastos ordinarios . .. ,,

Sin embargo, le gustaba vestir con elegancia y pulcritud. Cuando el presidente D. Porfirio Díaz visitó Monterrey, el casino organizó un fastuoso baile
en su honor, al cual fue invitado el Dr. Jesús Ma. González. El traje de etiqueta era de rigor, pero ademá~ alquiló la mejor "Victoria" del sitio de coches de D. Juan Treviño que estaba por la plaza "Hidalgo", dotado de los
más briosos caballos. Cuando llegó a las puertas del casino, la comisión de
recepción corrió a recibirle, creyendo que en aquél elegante carruaje iba el
mismo D. Porfirio. Una sonora carcajada soltaron al ver que era su gran
amigo, el Dr. González Flores, quien les había deslumbrado con su personalidad distinguida.
Su vigor físico y mental le acompañó hasta lo más alejado de su longevo
existir. Acostumbraba pasear en un saleroso caballo alazán todas las mañanas por los alrededores de la ciudad. Era frugal en su alimentación. Su desayuno era una taza de chocolate con un mollete de huevo de aquellos tiempos. Su comida y su cena eran sencillas, conservando por ello su cuerpo delgado y ágil, sin problemas de obesidad y colesterol.
Aún a los 86 años de edad ejercía su profesión de médico con dinamismo,
pareciendo que el brillo alegre de sus ojos cafés y la piel apiñonada de su
rostro, no cedían a l paso inefable del tiempo. Algunos de sus mejores amigos
y exalumnos, creyeron justo solicitar al gobierno del Estado una merecida
pensión como jubilación, ya que no existía la protección del seguro social.
Algunos destacados periodistas de Monterrey hicieron eco a tan necesaria
protección económica para el Dr. González Flores, y con su atinada pluma
escribieron en sus diarios respectivos comentarios alusivos.
El inteligente Pedro Reyes Velázquez publicó en su columna "Sopa de G.
tras", del periódico "El Norte", el mes de septiembre del año de 1944, lo siguiente: " ... Hay en Monterrey dos sindicatos médicos, uno blanco y otro
rojo, que si bien en cuestión de ideologías son opuestos, en cuestión de dinero están _muy de acuerdo, pues todos cobran $ 15.00 por consulta.
Deberían hacer a un lado sus diferencias y juntos pedir al gobierno estatal un fondo de jubilación para el Dr. Jesús Ma. González Flores, que ha

208

llegado a la ancianidad sin más patrimonio que su viril d . . , d
.
su p f · ,
ecmon e e1ercer
ro es1on para ganar el diario pan de su hogar
Sólo en un país como l
·
.
. .
. e nuestro puede verse que el gobierno dé buenas
pensiones oficiales a las cmco o seis concubinas que fueron d v·11
b·
1
e 1 a, y en carn10, a un va or h_uma~o~ que entregó toda su vida al servicio de los enfermos
pobres y al hospital civil, tiene que soportar la incertidumb d
mod t
· •,
,
re e una muy
es a posic1on economica al final de su existencia.
El Dr. González está por encima de los honores hum
.
ma 'f
¡
anos, Y vive en esa
gm ica a tura a donde sólo llegan los hombres limpios de corazón ... "
El c~lumnista Blanco, en su sección "Afinando la puntería" del d'a
. "El
1
Porvemr", escribe :
'
no
. " ... El Dr._ Jesús Ma. González Flores, que ha servido a muchas enerac10:~s de reg1~~ont~os, y por más de veintidós años al hospital civiT como
s~ irector medico, tiene derecho a un descanso en la larga b
y
tiempo que I b'
rega. a es
e go ierno constituya una jubilación suficiente el
d
1
obr d
· •
h
, e acuer o a a
a
e
serv1c10
que
a
prestado
a
la
humanidad
el
¡·
• d
,
o iente, pues mostrar gratttu. , es la mas noble de las manifestaciones del ser humano.

1 Si_del D~., González Flores no merece su jubilación, nosotros no merecemos
a v1 a ...
Un grupo de médicos se reúne en marzo de 1945 a la . . . t' h ch
el D F
•
· ,
m1c1a 1va e a por
. r. ranc1~co J. Peña, estando presentes el Dr. Angel Martínez Villarreal
Enrique
L1vas, Eduardo Aguirre Pequeño, Francisco Vela González, Dan~
te ,~ecam~1 ~ el Dr. Apolonio Vallejo, este último secretario del sindicato de
me icos c1ruJanos, con el fin de visitar al gobernador del Estado L' A
B d ¡ G
, ic. rturo
; e a arza, para solicitarle la jubilación para el Dr. D. Jesús Ma G •
zález Flores.
• on

?·.

Co~ fecha 19 de_ ~arzo de 1945, el Lic. de la Garza envía un oficio al Dr
Gonzalez Flores, d1c1endole:
" ... Considerando su largo eJercic10
· · · profes1onal
• ·
.,
como
una
devoluc1on
a
los
intereses
de
la
colectividad
nue
¡
·
b·
h
vo eonesa, m1 go1erno a acor~ado darle $ 300.00 mensuales, mientras el Congreso Local
resuelva lo relativo a la pensión vitalicia a su favor que está tod ,
,
mite ... "
avia en traLa legislatura ap_r~bó la ~niciativa del gobierno para jubilar al Dr. González Flores, y tamb1en pensionó a otro distinguido médico el D A
•
C ·11
h · .,
,
r. tanas10
arn. .o, que mue o s1rv10 al hospital civil como d;-cto
....., r Y a ¡a escue¡a de
med1cma.
L a prensla co~~nt'o: " ... este noble acto del gobierno de nuestro Estado,
muestra
a a nac10n que
· y que Ja agi-•
.,
, . Monterrey vela por sus b uenos hiJos,
tac1on del momento pohtico, no destruye el sentimiento de agrad eeim1ento
· ·
... "

209

----...1.

�FALLECIMIENTO DEL DR. GONZALEZ FLORES
A las 6:55 de la mañana del día 28 de septiembre de 1947, falleció el Dr.
Jesús Ma. González Flores, faltando un mes para cumplir 90 años de edad,
por " ... agotamiento senil ... ", según vemos en el acta de defunción No.
975 firmada por el Dr. Guillermo Benavides Uribe, de la tercera oficina del
registro civil de Monterrey, estando en su domicilio de la calle Hidalgo No.
489 de nuestra ciudad, después de ejercer su profesión de médico por sesenta y siete años continuos en bien de la sociedad regiomontana.
La capilla luctuosa se instaló en su propio domicilio, donde se hizo presente el gobernador, Lic. Arturo B. de la Garza, haciendo una guardia de
honor; el alcalde, los diputados, representantes de sindicatos, de empresas,
sociedades culturales y científicas, las alumnas de la escuela de enfermería
que él había fundado, a cuyo frente estaba la señ:,ra Antonia Villarreal, los
médicos del hospital civil, los alumnos de la escuela de medicina, sus amigos
y sus apesadumbrados familiares. Todo Monterrey estaba de luto y sentía luto
en su corazón.
La universidad de Nuevo León veló su féretro en su aula magn:i. estando
presentes el Dr. Atanasio Carrillo, decano de los médicos; el Dr. Livas, José
L. Guajardo, Francisco Vela González, Francisco J. Peña, Carlos Cantú y
Cantú y un gran número de médicos y catedráticos.
Sus restos mortales fueron sepultados en el panteón del "Carmen", estando la oración fúnebre a cargo del Dr. Fermín Martínez Villarreal, secretario
del sindicato de médicos cirujanos de Nuevo León, expresando emocionado
lo siguiente:
" ... Ha muerto un verdadero maestro, un médico cuya energía, orden,
método, pulcritud, sabiduría, sinceridad y altruismo, descollaron en forma
preeminente en todas sus actividades profesionales.
Introdujo en el medio científico de Monterrey las nuevas técnicas quirúrgicas del mundo moderno, colocando al hospital civil a la altura de los países
que marcaban el paso en el progreso de la ciencia médica.
Ejerció la cirugía cuando los resultados positivos dependían casi exclusivamente de la habilidad del cirujano; pero más que todo esto, hizo la caridad
a manos llenas, cumpliendo fielmente con su noble apostolado de médico.
Por diez lustros disputó valientemente a la muerte la vida de muchos de
sus enfermos, pero al final, la misma muerte le ganó su propia batalla, arrebatándole su existencia para dejar un vacío en Nuevo León, y en todo México, más dejó escrita una gloriosa página en la historia de la medicina ... "

210

El poeta D. Celedonio Junco de la Ve d d º
al Dr. Jesús Ma. González, titulado "EiªA~ icó ~no de s~s mejores versos
octubre de 1918 dond
ERO , Y publicado el mes ele
,
e expresa:
Extraña contradicción
es la que el acero encierra
e~ la paz como en la guerra
vibra con opuesta acción.
Restaura o es destrucción
goce o pena brinda igual
sirve al bien o sirve al mal
de la vida o de la muerte
más en una y otra vierte
de humana sangre el caudal
Clama la voz del guerrero
sobre la trágica arena:
Humanos miembros cercena
y hiere y mata, mi acero,
Y de la ciencia el austero
gladiador lleva en su faida
o
esta leyenda esculpida:
" • .. el acero entre mis manos
cercena miembros humanos
para proteger la vida ... "
Tú en ejemplar sublime
de pericia y de humildad
a la triste humanidad
de sus angustias redimes
Y hiere Y sangra también
más si tajas a cercén
ahí donde sangre brota,
ante el mal puesto en derrota
surge triunfador el bien
Sobre la vida, que encierra
sombra Y luz, fuerte varón
'
en alto el acero pon
signo de paz en la guerra.

211

�Dilatado fue en la tierra
tu bregar tenaz y rudo
¡ Sigue oponiendo al sañudo
dolor de la humanidad
cuál símbolo de piedad,
la leyenaa de tu escudo .. . "
Como epílogo a esta semblanza del Dr. Jesús Ma. González Flores, justamente llamado el pionero de la asepsia quirúrgica en Monterrey, y de la cirugía vascular en la América Latina, podemos decir, que los verdaderos monumentos que se levantaren a su memoria, no serán los de blanco mármol o
firme granito, sino aquéllas numerosas vidas humanas que se prolongaron en
el tiempo, gracias a sus atinados servicios profesionales, y que fueron libradas
en su época, del dolor, del sufrimiento y de su prematura muerte ...

PSICOLOG1A DE LOS PUEBLOS Y DEL MEXICANO
LIC. ÜENARO SALINAS QUIROGA
Univ. Aut. de Nuevo Le6n

l. ¿En qué consiste la Psicología de los Pueblos?

Da. HERNÁN SALINAS CANTÚ
Agosto de 1980.

~DENTES INFORMATIVAS
Documentos del Hospital Civil de Monterrey. Años 1895-1900, 1928-1915. Archivo
del Estado.
Diarios regiomontanos "EL PORVENIR" y "EL NORTE". Sept. 1947. Monterrey.
Documentos de familia proporcionados por sus hijos.
Dr. Raúl Delgado y Garnica. Monografías Médicas. "Revista de Medicina y Ciencias
Afines". Año 1960. No. 210. México.

Es MUY ANTIGUO el esfuerzo del hombre por crear una psicología colectiva
de los diversos pueblos y naciones. Con ello, se ha tratado de encontrar los
vicios y virtudes específicos de cada país.
Algunos intentos han sido ingeniosos y exagerados, pero en otros se palpa
mayor seriedad científica. De todas maneras, constituye un tema de singular
importancia señalar las relaciones entre los factores sociológicos y culturales
y la idiosincracia de una comunidad.
Al través de estos estudios, se ha tratado de hallar el tipo esencial de personalidad, representado por sus ingredientes fundamentales, que lo distinguen
de otras colectividades. Desde luego, como todas las leyes sociológicas indican
orientaciones o preferencias, más no principios absolutos.
El maestro mexicano Antonio Caso, plantea este problema con toda visión
y acierto: La psicología de los pueblos tiene poderosos amigos y enemigos terribles. Todas las ideas nuevas se hallan en el propio caso, pero el pensamiento profundo ha logrado alcanzar en la literatura científica de nuestro tiempo, valimento y significación. 1
" ¿ Por qué si la psicología individual es posible, no había de serlo una psicología colectiva basada en estas condiciones constantes de la comunidad anímica: lenguaje, religión, arte y costumbres? La personalidad es el dato más
alto del psiquismo individual. También puede serlo de la actividad colectiva."
1 Caso, Antonio. "Sociología Genética y Sistemática". Capítulo X. Demografía. Talleres Gráficos de la N aci6n. México, D.F. ( 192 7) .

212

213

�2. La obra de Baltazar Gracián
Están de acuerdo los sociólogos que la psicología de los pueblos ya barruntada por Nicolás Maquiavelo se inicia en forma clara y definida con el P.
Baltazar Gracián. En efecto, este insigne jesuita español ( 1601-1658) es,
ante todo, un distinguido humanista que se empeñó en conocer a los hombres
y a las naciones "desde dentro", señalando las líneas predominantes de sus
pensamientos y de sus sentimientos. Por eso se le considera como un precursor
de la psicología colectiva comparada.
Su obra principal es "El Criticón", que en sendas ediciones aparl!ció en
los años 1651, 1653-1657. Como buen renacentista, trató de entender al hombre en el escenario social o como él decía: "en el teatro del mundo".
Mejor que nadie señaló la personalidad individual de cada hombre y la
irreductibilidad de cada uno, pero como eminente sociólogo intentó encontrar
lo que une a los hombres, en lo que coinciden, aunque sólo sea en cierto aspecto, mediante un pensamiento concordante de comprensión y simpatía.
En su libro "La Feria de todo el Mundo",2 refiere Gracián. que "según
contaban los antiguos, en la cueva profunda de una de las Islas Afortunadas,
de donde éstas tomaron su nombre, existían alojados los diferentes vicios. Entregó el Señor la llave de la cueva al albedrío humano, para su propia seguridad.
Libres andaban por el mundo todos los bienes, y el hombre vivía con esto
felicísimo; pero la mujer curiosa y ligera, descorrió el cerrojo, ejecutando
antes de pensar, "que la mujer primero ejecuta y después piensa", y apoderándose los males de los pueblos de la Tierra".
"La soberbia como primera en todo lo malo,. cogió la delantera. Topó con
España, primera provincia de la Europa. Parecióla tan de su genio, que se
perpetuó en ella. Allí vive y allí reina con todos sus aliados, la estimación
propia, el desprecio ajeno, el querer mandarlo todo y servir a nadie, hacer
el don Diego y vengo de los godos, el lucir, el campear, el alabarse, el hablar
mucho, alto y hueco, la gravedad, el fausto, el brío con todo su género de
presunción, y todo esto desde el noble hasta el más plebeyo".
En "La Gran Feria del Mundo", "la codicia halla desocupada la Francia y
se apodera de todas sus regiones; el engaño echa raíces en los italianos pe~
chos: y la gula y la embriaguez ocupan la Alemania alta y baja". El acierto
constante del gran pesimista otorga "la infidelidad a Grecia, la barbaridarl
a Turquía, la astucia a Moscovia y la temeridad al Japón".

Por último, afirma el propio pensador español que: "La pereza aún esta
vez llegó tarde y, hallándolo todo embarazado, hubo de pasar a América a
morar entre los indios".

3. La obra de Salvador de Madariaga
~emos_ ha~lado a~te~iormente de la psicología de los pueblos según el criteno del mmmente Jesuita y humanista español P. Baltazar Gracián. Disertaremo~ ~hora so~re Salvador d~ Madariaga, brillante ensayista, literato y diplomatic_~ espanol, a~t?r de diversas obras que acreditan una aguda y sagaz
observac10n y un espmtu profundo y original de investigación.
Este distinguido pensador, en uno de sus libros más conocidos "Ingleses
Fraceses, ~~~añoles; Ensayo de Psicología Colectiva Comparada",s hace u~
hondo anahs1S de la_s características de los habitantes de España, para tratar
d_e e~contrar y explicar sus características especiales. Dada nuestra ascendencia hisp~a, adquiere para nosotros los latinoamericanos, singular interés de
relevancia, lo que se refiera a la Madre Patria, en su confrontación con otros
países.
Después de un minucioso estudio, llega Madariaga a la conclusión de que
la clave ,de cond_u~ta y motor de la acción del inglés, es el "fair play"; para
el frances, le dro1t ; para el español, "el honor".
"_Fair Play" es un término de deporte. Nótese ya este primer punto: sport
acci~n pura, "fair pla}'." design_a la adaptación perfecta del jugador al jueg~
~ons1derado ~n su conJu~,to. Rige las relaciones del jugador con sus companeros de equipo y tamb1en con sus adversarios, sin los cuales no sería complet~ ~~ juego. Aquí se ve aflorar la sabiduría ... Sabiduría, vista de conjunto.
Intmc10n del todo como un solo juego, y de la oposición como una colaboración.
El "f~ir play" exi~e cierta abnegación del individuo ante el equipo y aún
del equipo a~te . e~ Juego. Pero esta abnegación no es anulación. Lejos de
ello, lleva c.l_md1viduo a su rendimiento máximo en un conjunto, perfectamente orgamzado. Esta apreciación intuitiva e instantánea del equilibrio entre el individuo y la colectividad, es la característica del "fair play".
El "fair play" no ~u.ede ~educirse a fórmulas, y se eleva por encima de
todas las reglas, es espmtu vivo. Es exacto; elástico, es exigente; y se adapta
ª,l?s co~:ornos móviles de la vida como el guante a la mano. Como todo espmtu viviente, no se manifiesta más que en acciones concretas . . . es acc10n.
·'

!,ª

3

Cita de Antonio Caso del libro "La Feria de todo el Mundo" de Baltazar Gracián,
mencionada en la nota bibliográfica anterior.
2

Madariaga, Salvador. "Ingleses, Franceses, Españoles. Ensayo de Psicología Colectiva". 2a. Edición. Es pasa-Calpe. Madrid, 193 7.

.215
214

�"Le droit" es una idea. Es la solución que el espíritu calculador ha hallado
al nroblema del equilibrio entre el individuo y la colectividad. "Le droit" es
un; línea geométrica que, en el mapa intelectual, define las frontP.ras de la
libertad de cada cual.
Mientras que el "fair play" se adapta a la acción en cada momento como
un oerfecto empirismo, "le droit" traza a priori un cuadriculado de reglas
a 1~ que la acción ha de adaptarse. No es . .. , como el fair play, simultáneo
con la acción, sino que la precede. . . Y mientras que el "fair play" funde al
sujeto y al objeto en el acto, y activo, no es subj~ti;o ni objetivo por ser lo
uno y lo otro a la vez, "le droit" es fríamente obJehvo, y a las protestas del
ser rebelde a la geometría, opone la infalibilidad de la inteligencia. "le droit"
es inteligencia.
En cambio el sentimiento del honor, propio del español es subjetivo, inefable, incomunicable. El honor es pasión, es patrimonio del alma, es la acción
que se impone a la regla.
Para Madariaga el centro de la gravedad psicológica del pueblo inglés, reside en el cuerpo (voluntad); para el pueblo francés, en la inteligencia; para
el pueblo español, el alma; y que la reacción natural de cada uno de esos
tr s pueblos en la vida es: para el inglés, la acción, para el francés, el pensamic~ tc, para el español, la pasión.
4. Samuel R emos y la Psicología del mexicano

Debe considerarse al esclarecido maestro Dr. Samuel Ramos (1897-1959)
como una de las figuras sobresalientes del moderno pensamiento de México.
Nació en Zitácuaro, pequeño pueblo del Estado de Michoacán.' en 1897,
donde hizo sus estudios primarios y preparatorianos, estos últrrnos en el
r.entenario Colegio Civil de San Nicolás.
Trasladado a la ciudad de México, cursó tres años en la Escuela Médico
Militar, la que abandonó para seguir su vocación magisterial, ingresando desde muy joven a la docencia universitaria.
Pagó su tributo a la naturaleza en la ciudad de México, a la edad de 62
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ando parte principal del Centro de Estudios Filosóficos de nuestra
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Nacional. Fue Director de la Facultad de 1 oso 1a y e ras e
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dicho alto Centro de Enseñanza y Profesor en ella, de la catedra e
stetica" y de "Historia de la Filosofía en México".
.
En los cursos de invierno de 1942, fundó la clase de "Historia de la Filosofía en México", He aquí los títulos de sus más importantes obras: "El P~rfil del Hombre y la Cultura en México" ( 1938) "Hacia un nuevo I-Iumams-

mo" (1940); "Historia de la Filosofía en México" (1943) y de su "Filosofía
de la Vida Artística" ( 1950).
Samuel Ramos, fue discípulo distinguido de ese egregio maestro mexicano
que se llamó Antonio Caso. Ramos, desde muy joven, sirvió talentosamente
una cátedra de Filosofía. En prolongada estancia, radicó en Francia e Italia,
donde tuvo frecuente trato con intelectuales y artistas que aprovecharía espléndidamente para ampliar sus horizontes culturales.
Su primer libro que le dio renombre nacional fue "El Perfil del Hombre
y la Cultura en México".' A esta obra le sirve de epígrafe el certero pensamiento de Spengler: "sólo partiendo del alma puede descubrirse la historia
del hombre". Es el precursor de los estudios sobre el mexicano, que en torrente desbordante, vendrán después.
En esta obra, habla de que los mexicanos, hemos estado imitando a otros
pueblos que consideramos más adelantados, sin damos cuenta de que se trata de una simple imitación, no siempre aplicable a nuestro país. Nos hace ver
dramáticamente, como hemos vivido autodenigrándonos, lo que ha creado
entre nosotros un arraigado sentimiento de inferioridad frente a otras culturas. A esta imitación extralógica, sin espíritu crítico, lo llama "el mimetismo
mexicano".
Al exaltado individualismo español le hemos agregado la copia sistemática
de otras culturas. Considera que el positivismo, a pesar de todos sus defectos,
fue un factor de liberación y de progreso para una minoría directora de los
destinos intelectuales y políticos de nuestra nación.
Los españoles que vinieron a México trajeron consigo su cultura de ultramar. Es cierto que hubo el mestizaje, pero de razas, no de culturas, pues al
ponerse en contacto los conquistadores con los indígenas, la cultura de éstos
quedó destruida. "Fue -dice Alfonso Reyes- el choque del jarro con el
caldero. El jarro podría ser muy fino y hermoso, pero era el más quebradizo".
Siempre hemos tenido una cultura europea. Primero por haber sido una
colonia española y después, porque al hacerse independiente el país en el siglo
XIX, la minoría más ilustrada, en su empeño de hacerse culta a la europea,
se aproxima al descastamiento.
De esta actitud mental equivocada ha surgido la "autodenigración mexicana", cuyos efectos en la orientación en nuestra historia, han sido graves.
Esta tendencia cultural europeizante, es responsable de la desestimación de
México por los propios mexicanos.
4

Ramos, Samuel. "El Perfil del Hombre y la Cultura en México". 1975. Obras Completas. Tomo lo.

216
217

�El espíritu del mexicano está alterado por un sentimiento de inferioridad,
que se ha dedicado a imitar lo extranjero, sobre todo lo europeo, por lo cual
tiene una gran fascinación. Ejemplo de este mimetismo o imitación, los hay
en todos los órdenes de cultura, pero los más claros se encuentran en la obra
constitucional mexicana del siglo XIX. Hemos desdoblado nuestra vida en dos
planos separados, uno real y otro ficticio.
La verdad dice Samuel Ramos es que no somos europeos, ni tampoco indios, sino una especie intermedia entre los aborígenes y los españoles. Americanos de nacimiento, europeos de derecho, así nuestro caso es el más extraordinario y el más complicado.
Afirma que la consigna de nuestro tiempo, debe ser la comprensión de la
realidad inmediata de México. Se ha inspirado indudablemente el maestro
Ramos, en aquel visionario pensamiento de Antonio Caso: "Volvamos los
ojos al suelo de México, a nuestras costumbres, a nuestras tradiciones, a lo
que somos en verdad".
Considera el doctor Ramos, que el resentimiento de los mexicanos hacia
Europa, se debe al desprecio y olvido de los valores propios. A la fascinación
del europeo se deben numerosos casos de descastamientos. Debemos partir del
conocimiento integral del hombre mexicano, sus deseos, su potencialidad, sus
capacidades, su vocación histórica, porque una obra ciega en tal sentido, está
clestinada al fracaso.
Es indudablemente el maestro Samuel Ramos, uno de los más altos exponentes del pensam.iento moderno de México, forjadores y encauzadores de su
cultura en su estado actual, según lo reconoce el insigne filósofo Dr. José
Gaos.

LA SEGUNDA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEóN
(Año lectivo 1947-1948)
ToMÁs MENDIRICHAOA CUEVA
Sociedad Nuevoleonesa de Historia,
Geografía y Estadística.

I
El problema de Medicina
Los MESES de enero y febrero de 1947, los estudiantes de Medicina
habían celebrado varias sesiones en las que se discutió la necesidad de que se
construyera el nuevo edificio para su Facultad, anexo al Hospital Civil. Ese antiguo proyecto había sido relegado a segundo término por las autoridades
estatales y universitarias. El año lectivo 1946-1947 concluyó en dicho plantel
en un ambiente de inconformidad y agitación.
DURANTE

A mediados de enero, la prensa local había informado que, en una sesión
celebrada por la Junta de Beneficencia Pública, se volvió a tratar sobre la
venta de los edificios y terrenos de la Facultad de Medicina y del viejo Hospital Civil. En dicha reunión, presidida por el Gobernador, licenciado Arturo
B. de la Garza, se aprobó reunir la cantidad de cinco millones y medio de
pesos para la construcción de la nueva Facultad y la Escuela de Enfermería,
así como la terminación del nuevo Hospital Civil. Pero durante cinco meses
no se volvió a tratar el asunto.
A principios de octubre, una comisión estudiantil de la Facultad de Medicina expuso a un periódico local el problema. Afirmaban los estudiantes que
las condiciones en las que se encontraba el plantel eran· "desastrosas", pues
el edificio no tenía los más elementales requisitos pedagógicos ni de higiene.
Añadían que, en las aulas, "50 o más alumnos tienen que soportar de pie,
cerca de una hora", que era el tiempo que duraban generalmente las cátedras;
218

219

�se carecía de laboratorios y, en el estrecho anfiteatro, donde se llevaban a cabo
las disecciones, se agolpaban hasta doscientos alumnos alrededor de sólo dos
mesas. 1 La Facultad tenía un poco más de ochocientos alumnos.
La construcción de un nuevo edificio era urgente. El vespertino El Sol
afirmaba que el viejo plantel, construido a fines del siglo XIX en la esquina
noroeste de las calles Matamoros y Cuauhtémoc, "amenaza con derrumbarse" y "constituye un grave foco de infección". Por su parte, el matutino El
Norte consideraba que el antiguo edificio era "una vergüenza para la Universidad y para la ciudad".
En sesión permanente

El 10 de octubre, el estudiantado de Medicina llevó a cabo una manifestación, desfilando por las principales calles de Monterrey hasta el Palacio de
Gobierno. Los manifestantes pretendieron entrevistar al Gobernador, pero se
les informó que estaba descansando en su rancho de Villa Juárez. Los integrantes de la Mesa Directiva de la Sociedad de Alumnos "subieron las escalinatas del Palacio, mientras los demás estudiantes permanecían en el patio
(central del mismo) .. . ", decía El Porvenir del día 11. El Oficial Mayor del
Gobierno, don Ernesto González Flores, les prometió que unos días después
serían recibidos en audiencia por el Gobernador. Los futuros médicos no estaban dispuestos a esperar más tiempo, ya que el Gobierno Estatal había prometido en diversas ocasiones, durante una década, construir el nuevo edificio
de la Facultad. El alumnado de Medicina, desde ese momento, se declaró
en "sesión permanente", dejando de asistir a clases hasta que fuera solucionado el problema.
No exageró El Norte al decir que los estudiantes de Medicina, diariamente,
"ponen en peligro su vida". En un reportaje sin firma, publicado el 11 de octubre, el matutino hizo hincapié en el "visible descuido" en que se encontraba
la Facultad. El antiguo edificio era "una ruina" y "sus techos amenazaban
desplomarse". No existían los medios más elementales para proteger a los
alumnos en las prácticas de disección. El sistema de refrigeración de cadáveres se hallaba en pésimo estado, con el riesgo de que los estudiantes pudieran
contraer graves enfermedades, como ya había sucedido más de una vez.
El 13 de octubre se celebró la segunda manifestación, más concurrida que
la anterior. El Gobernador recibió a los representantes de los futuros médicos
en un ambiente caldeado. El mandatario reconoció la justicia de las peticio1

El Norte, octubre 8 de 1947, p. 7.

220

nes: pero ~dvirtió que su administración no podía sufragar un gasto de cuatro
Cinco ~ones de pesos para edificar el nuevo plantel. Agregó que un alto
porcentaje d~ los alumnos de Medicina eran foráneos, "aumentando así la
carga al Gob~rno _local". El subsidio del Gobierno Federal a la Universidad
de ~u_e':'o Leon afirmó "es de poca monta". Sugirió la venta de los terrenos
Y e~1fic1os de la Facultad y del antiguo Hospital Civil, que colindaba con
aquella, con el fin de sufragar los gastos.
0

En una reunión efectuada en el Palacio de Gobierno el día 14 s
d,
·
1C · ,
, e acor o
re?~gamzar e omite Pro-Construcción de la Facultad de Medicina. El Comite ~e d~bía i~t~grar con representantes de la Facultad, la Universidad, la
Beneficencia Publica del Estado y de los estudiantes. Dicho Comité debía
encargarse de recaudar fondos y, en principio, contó con la promesa del Gobernador
de entregar
la cantidad de doscientos cincuenta m1·1 pesos, como
·,
1
aportacion de Gobierno de Nuevo León.
Las peticiones

El 15 de o~t_u~re, El Porvenir hacía notar en su editorial que la venta de
terrenos Y edifi~ios de 1~ Facultad y del antiguo Hospital, entrañaba el peligro de que aquello termmara en un turbio negocio de especuladores es decir
que no se pagara el precio justo de los mismos, como ya había su:edido en
ot_ras ,º_casiones. Añ~día que, por otra parte, el Instituto de Investigaciones
Cientificas de la Umversidad no justificaba la partida de un cuarto de mill'
d
,
.
on
e ~esos q~e tema asignada. Ese dinero "mal gastado", que mantenía un orga~1sm~ _"sin oficio ni beneficio visible para la comunidad nuevoleonesa" podna utilizarse · en la edificación del nuevo plantel médico. Por último, 'preguntaba a los futuros galenos por qué no reclamaban aquel dinero para su
nueva Facultad.
U nos_ ,días desp.ués, el 20 de octubre, el estudiantado de Medicina efectuó
una ses~o~ plenaria, en la que votó ocho importantes acuerdos. En primer lugar, solicitaban que el Patronato para la construcción de la Facultad se formara con el Director del plantel; un representante del Gobierno del Estado
otro de la Univer_sid~d y otr,o _más de la Beneficencia Pública; tres represen~
t~ntes por cada smd1cato medico nuevoleonés y tres representantes de la Sociedad de Alumnos de la Facultad. Que el Gobernador del Estado depositara
a nombre del Patronato, la cantidad prometida de doscientos cincuenta miÍ
pesos.~ las escrituras de los terrenos cedidos por la Beneficencia para la construcc10n del nuevo plantel. Que se hiciera un avalúo bancario de los terrenos
en que se hallaban la Facultad y el antiguo Hospital Civil, ubicados en la
extensa manzana comprendida por las calles de Matamoros, Cuauhtémoc,

221

�Quince de Mayo y Pino Suárez. Que se convocara a certamen pú?lico para
la construcción del nuevo edificio médico. Que los terrenos del antiguo Hospital y de la Facultad se pusieran en subasta, siendo la venta al contado y en
efectivo· la cantidad recibida sería depositada en una institución bancaria. El
nuevo :dificio debía empezarse a construir quince días después de seleccionado el proyecto. Por último, el Patronato solicitaría cooperación económica
de los gobiernos de Coahuila y Tamaulipas y, además, del Gobierno Federal, instituciones privadas, etc.
En una junta celebrada en el Palacio de Gobierno el 21 de octubre, los
estudiantes entregaron al Gobernador De la Garza el pliego petitorio, que
contenía las ocho conclusiones a las que habían llegado en la sesión plenaria
del día anterior. En la misma reunión se constituyó el Patronato, siendo elec.to Presidente Honorario del mismo, el Gobernador del Estado y Presidente
Ejecutivo el doctor Eduardo Aguirre Pequeñ?, D~tor_ de la. Facultad. El
cargo de Secretario recayó en el doctor Jose Lms Salinas Rive:º' que lo
desempeñaba en la Facultad. La elección de Tesorero quedó pendiente. Fueron designados representantes de la Beneficencia Pública, el doct?r F:an•
cisco Vela González, Director del nuevo Hospital Civil, y de la Uruvers1dad
de Nuevo León el Rector doctor Enrique C. Livas. Se acordó designar Vocales a los ex Directores de la Facultad, representantes de los sindicatos médicos y de la Sociedad de Alumnos de la Facultad.
Dos declaraciones y un editorial

En breve entrevista publicada en El Norte del día 22, el doctor Aguirre
Pequeño hizo interesantes declaraciones. Afirmó que "no es el local el que
da buenos médicos, sino el plan de estudios y la dedicaci6n de cada alumno".
Luego añadió que la sociedad no reclamaba profesionistas que hubieran cursado sus carreras "en buenas aulas", sino médicos bien preparados. Aseguró
que el alumnado de la Facultad, al final de su carre:a, había ~cibido _una
enseñanza que se igualaba con la impartida en los meJores colegios y umver~idades de los Estados Unidos "o de cualquier otro país de los más ~del~ntados del mundo". Dijo, por último, que en Medicina General y en Cirugia, la
Facultad regiomontana contaba con los métodos y la técnica "que se emplea
en los m ejores sanatorios con los que cuenta la Humanidad".
Por su parte, la Cámara de Propietarios de Bienes Raíces ~pugnó la venta de la Facultad y el Hospital. En unas declaraciones aparecidas en la prensa
regiomontana el mismo día 22, afirmaba, en síntesis, que veía con simpatía
el proyecto de la nueva Facultad, pero que la Junta de Beneficencia Pública
no estaba capacitada para enajenar sus bienes.
222

El Porvenir, en su edición del 22 de octubre, volvió a abordar el tema en
el editorial. Aclaraba que los terrenos del antiguo Hospital pertenecían a la
Beneficencia Pública y que todo lo que constituía su patrimonio debía destinarse, precisamente, a la asistencia pública. Añadía que la labor educativa
no era uno de los fines de la Beneficencia. Por lo tanto, para aplicar alguno
de sus bienes a otras funciones, como la enseñanza, debía reformarse la ley
que creó aquel organismo. Agregaba que cualquier modificación a la estructura legal de la Junta de Beneficencia, la desviaría de sus objetivos, que
aun no se habían alcanzado, ya que existían numerosas deficiencias que era
preciso corregir. Por último, afirmaba que el Gobierno tenía el deber de hacer realidad el proyecto de la nueva Facultad, antes de invertir el dinero "en
actividades inútiles y antieconómicas como las del Instituto de Investigaciones Científicas".

II
Se agrava el conflicto

Los futuros médicos continuaban en "sesión permanente". El 22 de octubre celebraron una importante sesión en el Aula Magna universitaria, que se
prolongó de las tres a las seis y media de la tarde. Primeramente se rindió
un informe de las entrevistas celebradas con el Gobernador del Estado. Enseguida fue rechazada la forma en que había sido constituido el Comité ProConstrucción de la Facultad de Medicina, pues afirmaban que "la mayoría
de sus integrantes son incondicionales del Gobierno". Por último, acordaron
pedir las renuncias de los doctores Eduardo Aguirre Pequeño y José Luis
Salinas Rivero, Director y Secretario de la Facultad respectivamente, por
no haber mostrado interés en las peticiones estudiantiles.
El problema estudiantil tomó otro cauce. En la asamblea efectuada el día
23, se informó que el doctor Aguirre Pequeño había presentado su renuncia
al Gobernador, pero éste se negó a aceptarla. Se votaron varios acuerdos,
siendo el más importante: pedir al Gobernador De la Garza que explicara
públicamente por qué había rechazado el anteproyecto presentado por la
Sociedad de Alumnos de Medicina, para la financiación de la nueva Facultad.
Además, decidieron que si el día 27 aun no se llegaba a una solución del
conflicto, se declararían en huelga.
Los portavoces del movimiento estudiantil afirmaban que el Director de
la Facultad había descuidado las responsabilidades inherentes a su cargo.
Por otra parte, sostenían que el doctor Aguirre Pequeño "ha tomado una
223

�posición contraria a la causa del estudiantado", al declarar a la prensa que
no era tan necesario un nuevo plantel sino mayor número de catedráticos.

La Mesa Directiva de la Sociedad de Alumnos aseguró que un año antes,
en septiembre de 1946, el alumnado de Medicina estaba decidido a llevar a
cabo el movimiento de protesta. Pero en una sesión celebrada en la Facultad,
el doctor Aguirre Pequeño había prometido a los estudiantes gestionar personalmente, ante el Gobierno del Estado, la aportación económica necesaria
para dotar a la institución de un moderno edilicio. En la misma sesión, el
Director prometió que si después de un plazo, que se vencería el lo. de marzo
de 1947, no se iniciaba la construcción del nuevo plantel, dejaría en libertad
a los estudiantes para que actuaran. Al vencerse el plazo, el año lectivo
1946-1947 estaba por concluir. Entonces la Sociedad de Alumnos resolvió
posponer el movimiento estudiantil. Entretanto, se había perdido un año, sin
que las autoridades estatales ni universitarias tomaran una decisión.
El aspecto político

Sin embargo, existían otros pormenores. El 13 de septiembre de 1947,
día de asueto en que se celebraba el centenario de la batalla de Chapultepec
contra las tropas invasoras norteamericanas, el doctor Aguirre Pequeño reunió a los alumnos de quinto año y les anunció la organización de un nuevo
partido político del que sería su dirigente en Nuevo León, invitándolos a que
se afiliaran.
El mismo día la prensa matutina dio a conocer un "manifiesto" dirigido
al pueblo nuevoleonés, anunciando la constitución del Comité Estatal de
Orientación, que promovería la fundación del Partido Popular Mexicano, cuyo organizador era el licenciado Vicente Lombardo Toledano. Exponían su
preocupación por el "grav.e problema" que significaba para el país la existencia de los partidos Acción Nacional y Fuerza Popular. Afirmaban que,
desde hacía tiempo, " los elementos de derecha" desarrollaban una ofensiva
contra las instituciones democráticas, mientras que "los .elementos revolucionarios y progresistas" habían perdido posiciones en la: política nacional. Anunciaban, por último, la formación del Partido Popular Mexicano, que lucharía "contra los enemigos del pueblo".
En el Comité Directivo de dicho organismo en Nuevo Loon, figuraban ,el
doctor Eduardo Aguirre Pequeño como Presidente y el doctor José Luis
Salinas Rivero como Vice-Presidente. También ocupaban cargos el doctor
Salvador Martínez Cárdenas, catedrático de la Facultad; el licenciado Vicente Reyes Aurrecoechea, asimismo catedrático universitario, y Adrián Yáñez
Martínez, estudiante de Derecho. En ese Comité Directivo aparecían anti-

guos líderes estudiantiles, como el senador Juan Manuel Elizondo, el doctor
Agustín Serna Avila, licenciados Jesús E. de León y Pedro J. Míreles Malpica, profesor Alfredo González Jr. e ingeniero Leopoldo Valdés, ex militantes de la Federación de Estudiantes Socialistas. Entre los simpatizantes que
firmaron el "manifiesto", estaba un grupo de profesionistas, catedráticos y
alumnos de instituciones universitarias, identificados por sus ideas marxistas.
El 30 de septiembre se constituyó el Sector Estudiantil de dicho partido
en Nuevo León, integrado por estudiantes universitarios. En el Comité Directivo figuraban : María Elena García (Presidente) , Juan Antonio Rodríguez (Vice-Presidente), Angel Martínez Maldonado (Secretario) , Adela Alicia Castillo (Tesorera), Consuelo Manrique (Acción Femenil) , Miguel González Madrid ( Acción Cultural) , Juan José Garza (Servicios Sociales) y
Araceli González (Auxiliar de las Secretarías) . Además había ocho Vocales
Ejecutivos, que representaban a las "fracciones estudiantiles" de las Facultades y Escuelas de la Universidad: Víctor Villarreal (Ingeniería), José
Sánchez (Nocturna de Bachilleres), Mateo Sáenz Jr. (Diurna de Bachilleres),
M anuel Plowels González (Derecho), César Balboa (Ciencias Químicas),
H oracio Moreno (Medicina), Julio C. Treviño ("Alvaro Obregón") y Araceli Molina (Enfermería).
Unos días después, Jas Sociedades de Alumnos de Medicina, Leyes e Ingeniería aclararon que ningún alumno de esas instituciones tenía derecho a
ostentar la representación de las mismas ante. los partidos políticos. Por su
parte, el Sector Estudiantil del Partido Popular Mexicano respondió que los
firmantes, en realidad, no pretendían representar a las Sociedades de Alumnos sino a la "fracción estudiantil" o grupo de cada institución universitaria
que había decidido participar en política.
En la Universidad de Nuevo León, el grupo más numeroso de afiliados al
Partido Popular Mexicano era el de la Facultad de Medicina. Al iniciarse
el movimiento estudiantil, aquellos maestros y alumnos se aprestaron a apoyar al doctor Aguirre Pequeño. En la noche del 23 de octubre, unos cincuenta
catedráticos de la Facultad dieron un "voto de confianza" al Director, concretando su posición en tres puntos: afirmaban que "la situación de caos"
que se pretendía crear en la institución, era " propiciada por elementos ignorantes o malintencionados, ajenos a la misma"; la personalidad científica,
el dinamismo y la honradez del Director del plantel, "hijo distinguido de fo
misma, constituyen una garantía de constante progreso y superación"; la
" magnífica voluntad" del licenciado Arturo B. de la Garza, Gobernador del
Estado, para conseguir la construcción de la nueva Facultad, garantizaba,
225

224

H umanitas-15

�"en modo absoluto", la realización de aquel ideal, "soñado y acariciado por
varias generaciones médicas".2

El grupo estudiantil de Medicina, afiliado al Partido Popular Mexicano,
ascendía a veinte o veintidós alumnos. Se decidieron a dar la batalla a favor
de su dirigente político. En una violenta asamblea celebrada en el Aula
Magna el 24 de octubre, este grupo se opuso abiertamente al movimiento estudiantil, siendo expulsado de la Sociedad de Alumnos, pero se aclaró que
dicha expulsión solamente por el tiempo que durara el conflicto.
Se declara la huelga

El Gobernador accedió a estar presente en una asamblea estudiantil. En la
tarde del 25 de octubre, el licenciado De la Garza se presentó en el Aula Magna, en medio de gran expectación. El mandatario escuchó las peticiones de
varios oradores, que se concretaron en dos: la renuncia del doctor Aguirre
Pequeño y la construcción del nuevo plantel. En su discurso, el Gobernador
ratificó su decisión de entregar doscientos cincuenta mil pesos, cuando estuviera en funciones el Patronato Pro-Facultad, e insistió en la conveniencia
de vender los terrenos del antiguo Hospital y de la Facultad.
Al día siguiente se conocieron unas declaraciones del doctor José Luis Salinas Rivero, Secretario de la Facultad de Medicina.ª Aseguró que el Director
del plantel "no renunciará a su cargo". En seguida hizo una reseña de los
acontecimientos, afirmando: "Antes de que los estudiantes iniciaran su movimiento, nosotros ya habíamos solicitado la construcción del edificio de Medicina . .. " Añadió que los estudiantes, al lanzarse al movimiento, "no contaron para nada con nosotros y lo hicieron de sus propios ímpetus", Continuó
diciendo que, cuando el Gobierno acordó la construcción de la nueva Facultad, los estudiantes no estuvieron de acuerdo en la forma como se integró .el
Patronato; después pidieron la renuncia del doctor Aguirre Pequeño, pretexto
que utilizaron para continuar el movimiento de rebeldía, y, por último, ofrecieron la Dirección de la Facultad a los doctores Miguel Vera y Procopio
González, quienes no la aceptaron. Concluía que sólo se buscaba "hacer agitación, con fines que desconocemof'. Por último, anunciaba que el día 27 se
reanudarían las clases, "con toda normalidad", es decir que, "para nosotros,
ha terminado el conflicto".
La Sociedad de Alumnos de la Facultad de Medicina, por medio de su
Comité de Prensa y Propaganda, a cargo de los estudiantes Jaime T. Cantú y
2
3

El Porvenir, octubre 25 de 1947, p. 2.
El Porvenir, octubre 26 de 1947, p. 9.

226

Daniel Treviño G., afirmó que las declaraciones del doctor Salinas Rivero
"son completamente contrarias a los acuerdos tomados por nosotros''. Ada..,
raban que la Sociedad de Alumnos era independiente de la Dirección del
plantel y, por lo tanto, "no es el citado doctor quien dirá la última palabr4
para dar por terminado el conflicto . . ", informó el vespertino El Sol del día 27.
La noche del 27: de octubre, el alumnado de Medicina, reunido en el edificio de la Facultad, acordó por unanimidad declararse en huelga. Esa misma
tarde se había celebrado una larga entrevista en la residencia del Gobernador
a la que asistieron éste, el doctor Aguirre Pequeño y una representación de'
la Sociedad de Alumnos. Los estudiantes expusieron al Director de la Facultad los motivos que tenían para solicitar su renuncia. El Director, por su
parte, expuso sus puntos de vista, por los cuales no estaba dispuesto a renunciar. Una vez más se evidenció el distanciamiento que existía, desde meses
antes, entre la Dirección y la Sociedad de Alumnos de Medicina.
Se extiende el movimiento

Los estudiantes de Medicina tomaron posesión del edificio de su Facultad
el 28 de octubre. La Sociedad de Alumnos envió representantes a todas las
instituciones universitarias para exponer su problema.
En una acción sorpresiva, la Facultad de Derecho se adhirió al movimiento. José Treviño Faz, Presidente de la Sociedad de Alumnos de Medicina, y
Zeferino Pérez Guerra encabezaron la delegación que, en la tarde del 28 de
octubre, solicitó el apoyo de los estudiantes de Leyes. Al principio de la sesión, los estudiantes de Derecho no estaban decididos a secundar a los futuros
médicos, pero había un lazo de unión entre las dos Sociedades de Alumnos:
su independencia respecto a la Federación de Estudiantes Universitarios.
pues ambas no pertenecían a ésta.
,
Un error de táctica hizo que la asamblea estudiantil de Leyes se decidiera
por el movimiento. Treviño Faz y Pérez Guerra se limitaron a hacer un resumen del conflicto y solicitaron a la asamblea su apoyo. El grupo de la Facultad de Derecho afiliado al Partido Popular Mexicano era reducido. Adrián
Yáñez Martínez, Juventino González Ramos y Manuel Plowels González,
sus más destacados militantes, atacaron violentamente el movimiento estudiantil, provocando la reacción contraria. El resultado fue de 78 votos a favor
y 6 en contra.
La Escuela Diurna de Bachilleres se sumó desde un principio al movimiento estudiantil de Medicina. En la tarde del 29 de octubre, el alumnado
de dicha Escuela decidió separarse de la Federación de Estudiantes Universitarios. Afirmaron que su principal problema sin resolver era el llamado Plan

227

�Livas, o sea el ciclo escolar de tres años recientemente implantado, al que se
habían opuesto sin conseguir el apoyo de la F.E.U.
Sin embargo, en otras Facultades y Escuelas el resultado no fue tan favorable. El alumnado de la Escuela Femenil "Pablo Livas" acord6 apoyar
sólo "moralmente" a los estudiantes de Medicina. La Sociedad de Alumnos
de la Escuela de Música, por su parte, decidi6 no secundar a los futuroS médicos por no estar afiliados éstos a la Federaci6n de Estudiantes Universitarios. En la Facultad de Odontología se estaba discutiendo el conflicto cuando
se presentó el Director del plantel, doctor José Guadalupe Garza Villarreai,
y advirti6 al alumnado que, si se apoyaba a los de Medicina, cesaría la ayuda
econ6mica del Gobierno a la Facultad. Momentos antes de que llegaran los
representantes de Medicina a la Escuela Industrial "Alvaro Obreg6n", había
concluido una asamblea en la que varios delegados de la F.E.U. convencieron
al alumnado de dicha Escuela para que negaran su apoyo al movimiento de
Medicina, por no pertenecer su Sociedad de Alumnos a la F.E.U. A los alumnos de la Facultad de Ingeniería que laboraban en dependencias del Ayuntamiento regiomontano y del Gobierno Estatal, se les sugiri6 que no votaran a
favor del movimiento estudiantil pues podrían perder sus empleos.

Otro editorial certero
La prensa local siempre se opuso a las ventas del antiguo Hospital Civil y
la Facultad de Medicina, pues consideraba que el Gobierno del Estado debía
afrontar los problemas con sus propios recursos econ6micos. El Porvenir, en
su editorial, decía el 30 de octubre que el Gobierno de Nuevo Le6n "se ha
empecinado" en la venta de dichos terrenos, para conseguir la creaci6'n del
Hospital-Escuela. Añadía que el "estribillo" del Hospital-Escuela " está entusiasmando ahora a ciertas gentes de determinado color político". Enseguida
afirmaba que del Hospital-Escuela "nunca se habló antes de que existiera una
Beneficencia" y de que "determinadas tendencias extremas aparecieran en el
campo de la educación universitaria nuevoleonesa".
Lo anterior requiere una explicaci6n. El editorial fue escrito, indudablemente, por don Federico G6mez, Director del matutino, quien conocía muy
bien los entresijos de la poütica local. En él hace una clara alusi6n a la creación de la Junta de Beneficencia Pública, en 1937, bajo cuyo cuidado debía
quedar el nuevo Hospital Civil, que estaba a punto de concluirse al poniente
de la Calzada Madero. Años después, el doctor Angel Martínez Villarreal,
Director de la Facultad de Medicina, lanz6 su idea del Hospital-Escuela, es
decir el plan de coordinaci6n de ambas instituciones. En 1943, unas reformas

a la ~y. de Bene~icencia Pública, sugeridas por el doctor Martínez Villarreal, _hicieron posible que la Junta de Beneficencia y el Hospital quedaran
so~e.tidos ~ 1~ Facultad de Medicina. En 1944, apoyado por el Sindicato de
Médicos CiruJanos, del que había sido Secretario General en dos ocasiones
y la Federación de Estudiantes Socialistas, el doctor Martínez Villarreal arre:
jó de la Dirección del Hospital Civil al doctor Francisco L. Rocha. El Director
de El Porvenir ya había sostenido en otras ocasiones este punto de vista: que
el proyecto _del Hospital-Esc~el~ s6lo fue una bandera dernag6gica para controlar, mediante un grupo sindical, el flamante nosocomio.
Por último, don Federico Gómez sugería irónicamente que el Gobierno de
Nuevo León, si tanto deseaba la venta de los terrenos mencionados, disolviera la Junta de~ B~neficencia Pública para que su patrimonio pasara a manos
del _Estado. Añadiendo que el aspecto jurídico era fácil de resolver, pues la
Legislatura Local se sometería a cualquiera instancia del Gobernador aunque dichos bienes se dedicaran a fines distintos a los que estaban desti~ados
como patrimonio que eran de la Beneficencia.
'
Contin úa el conflicto

El 29 de cctubre de 1947 fue un día muy agitado en la Universidad de
Nuevo León. El cuerpo docente de la Facultad de Medicina, que encabezaban los doctores Margil Yáñez, Ascencio Marroquín Toba, Ramiro Sepúlveda, Raúl E. González y Roberto Muñoz Míreles, entrevistó al Gobernador
comunicándole que, "por ningún motivo, estaban dispuestos a tolerar la destituci6n del Director de la Facultad de Medicina, a quien apoyaban incondicionalmente ... ", informó El Porvenir. "El Gobernador -añade el matutino-- se
limitó a escuchar . . . y les ofreció que, llegado el momento, el conflicto se resolvería . .. ''
Al mediodía, los estudiantes de Medicina celebraron una asamblea en la
que acordaron comunicar al Gobierno Estatal y al Consejo Universitario que
en _I~ ~ucesivo, desconocerían cualquier acuerdo tomado por el Patronato Pro~
Edificio de la Facultad. Por su parte, la Dirección de la Facultad de Medi•
1
•0
, a la Sociedad de Alumnos, otorgando su reconocimiento a
rma
c.csc~noc1
una nueva, integrada por los estudiantes expulsados de aquélla que no llegaban a veinticinco.
'
El doctor Aguirre Pequeño concedió el mismo día una entrevista. Afirmó
q~e el Gobernador le había confiado la comisi6n de conseguir un local apropiado para trasladar la Facultad de Medicina. Añadió que ambos habían resuelt? destinar,, temporalmente, el primer piso del nuevo Hospital Civil para
ese fm. Aseguro que los estudiantes huelguistas "están siendo manejados y en-

229
228

�viadas por mal camino a un conflicto que, por ningún motivo, pueden ganar".
Consideraba, por último, que el movimiento estudiantil estaba languideciendo
y que el Consejo Universitario resolvería el conflicto.

También el Gobernador fue entrevistado ese día. Afirmó que el problema
de Medicina, en realidad, no era uno sino dos: la construcción del nuevo
plantel y la renuncia de su Director. Añadió que a él le correspondía solamente resolver el primero. Insistió en su promesa de aportar dos~ientos cincuenta mil pesos, para iniciar los trabajos, y otra cantidad igual, "tan luego
como se agote la partida inicial"; además se podría contar con el producto de
la venta de terrenos del antiguo Hospital y de la Facultad. Respecto a la destitución del doctor Aguirre Pequeño, aseguró que era un problema interno
de la Universidad y ésta, cuya autonomía es absoluta, será quien lo resuelva,
pues malamente podría yo intervenir sin violar la Ley que establece la propia
autonomía de la Universidad".
El Gobernador se mostraba muy respetuoso de la autonomía universitaria.
Pero lo cierto es que la Universidad de Nuevo León no era autónoma, pues
su Ley Orgánica establecía que el Rector debía ser nombrado por el Gobernador, así como los Directores de Escuelas y Facultades, sólo que a éstos los
escogía de las ternas enviadas por el Consejo Universitario.
Respecto al conflicto estudiantil, el licenciado De la Garza también afirmó:
"nada en lo absoluto puedo hacer y por ningún motivo intervendré". Por último, dijo que esa misma noche el doctor Aguirre Pequeño le había presentado
su renuncia al cargo de Presidente Ejecutivo del Comité Pro-Edificio de la
Facultad.4
Declaraciones del Gobernador

Esas declaraciones del Gobernador fueron publicadas con mayor amplitud
al día siguiente. 5 Afirmó que, al ihiciarse el conflicto, los estudiantes le solicitaron la construcción del nuevo plantel. Aclaró que, "mi Gobierno nunca, ni
por un solo momento, ha desatendido el aspecto educativo", tanto de la Facultad de Medicina como de la Universidad de Nuevo León. Recordó que
su administración había elevado el presupuesto universitario, de quinientos
mil a un millón de pesos, así como, debido a sus gestiones, se había conseguido un subsidio federal de cien mil pesos anuales. Añadió que de todas las Universidades mexicanas de provincia, la de Nuevo León "es la mejor", pues
4 Las declaraciones del doctor Aguirre Pequeño y del Gobernador aparecieron en
El Porvenir, octubre 30 de 1947, pp. 9 y 10.
5 El Porvenir, octubre 31 de 1947, pp. 9 y 10.

230

contaba con el presupuesto más alto, el mayor número de alumnos y de
carreras profesionales. Hacía notar que en la Universidad de Nuevo León el
cuarenta y cinco por ciento de la población estudiantil era foránea, principalmente de Coahuila y Tamaulipas, sin que los Gobiernos de esos Estados ayudaran económicamente al de Nuevo León. Afirmaba que, cuando los estudiantes de Medicina salían a cumplir su servicio social, el Gobierno de Nuevo
León les ayudaba con una pensión de doscientos pesos mensuales, aunque
éstos lo desempeñaran en su lugar de origen. Afirmó que si la Universidad
fuera solamente del Estado de Nuevo León, "mi Gobierno puede poner cortapisas al registro de estudiantes de otros Estados", pero como ésta se había
convertido propiamente en una Universidad Regional, podría exigírseles a
los Estados circunvecinos una aportación anual para: el sostenimiento de la
misma.
Insistió en afirmar que la Universidad "es autónoma" aunque, "por el solo
hecho de pasarle un subsidio anual", él podría "atacar en su fondo" aquel
problema. Sin embargo, no queriendo violar dicha "autonomía", había pedido al Consejo Universitario que resolviera el problema de solicitar o no un
subsidio a otros Estados.
Luego hizo hincapié en la importancia que había concedido su Gobierno a
la terminación del nuevo Hospital Civil, por ser el lugar donde los alumnos
de los años superiores realizaban sus prácticas. Aludió al Comité que, a iniciativa del doctor Angel Martínez Villarreal, se creó para promover la construcción de la nueva Facultad. (Dicho Comité se constituyó el 18 de noviembre de 1943). Recordó que fue el doctor José Eleuterio González quien sostuvo por primera vez la tesis del Hospital-Escuela. (El doctor González estableció los estudios médicos que, posteriormente, en 1859, fueron incorporados como Facultad al Colegio Civil. En 1860 fundó el antiguo Hospital
Civil, para que en él llevaran a cabo las prácticas sus alumnos. Ambas instituciones trabajaron coordinadamente). Añadió que muchos años después,
siendo Director de la Facultad el doctor Eusebio Guajardo, promovió la
creación de un moderno Hospital-Escuela, aunque el proyecto no llegó a
realizarse. Fue hasta la época del doctor Martínez Villarreal, en 1943, cuando éste revivió el proyecto del Hospital-Escuela. El Gobernador no profundizó en el tema, pues sólo dijo que los estudiantes de Medicina exigieron que
"las clínicas y todas las clases prácticas" se dieran en el nuevo Hospital y,
además, se concediese al Director de Medicina la facultad de poder llevar a
cabo su función docente en el nosocomio, dándole al mismo Hospital "atribuciones para llenar esta misma función", es decir la enseñanza médica.6
6 Véase mi trabajo "La Segunda Universidad de Nuevo León. (Desde su creación
hasta el conflicto del Hospital-Escuela)", en Humanitas, número 14, año 1973.

231

�I

i.,

También abord6 otro aspecto importante. Afirm6 que la Junta de Beneficencia Pública pretendió vender el antiguo Hospital Civil, pero "me opuse
terminantemente". La Beneficencia necesitaba arbitrarse fondos, por lo tanto
el Gobierno del Estado la auxili6, adquiriendo los terrenos del viejo nosocomio, que eran patrimonio de la Beneficencia, en la cantidad de doscientos
veinticinco mil pesos, con la condici6n de que dichos terrenos pasaran a ser
propiedad de la Universidad, previendo que con el tiempo subirían de valor
y, al venderlos, se podría destinar el producto a la construcción de la nueva
Facultad de Medicina. (El antiguo Hospital Civil se encontraba en la calle
Quince de Mayo, entre las de Cuauhtémoc y Pino Suárez, a espaldas de la
Facultad). Añadi6 que en esa época hubo una fuerte oposici6n a la venta
del antiguo Hospital, por parte de algunos miembros de la Beneficencia, así
"como de extraños a ella". (Eso ocurrió en agosto-octubre de 1946, cuando
la prensa local y algunas instituciones impugnaron esa venta) . En tal situación, el Gobernador decidió que no se hiciera la venta de los mencionados
terrenos. Por último, afirmó que, a pesar de todo, "la Beneficencia, hasta la
fecha, no me ha devuelto los doscientos veinticinco mil pesos que le entregué".
El licenciado De la Garza refirió que, posteriormente, celebró un convenio
ton el doctor Gustavo Baz, Ministro de Salubridad, instituyendo un fondo
común de cuatro millones de pesos, que aportarían en cantidades iguales el
Gobierno Federal y el de Nuevo León, destinados a edificar la Escuela de
Enfermeras y la Facultad de Medicina. De esa cantidad, la Beneficencia Pública recibió setecientos cincuenta mil pesos, que no se emplearon para levantar los edificios citados, sino en pagar bonos del Gobierno anterior. Por otra
parte, el Gobernador dijo que "el doctor Baz tampoco cumplió su ofrecimiento", pero recientemente había conseguido del nuevo titular de Salubridad en
el gobierno alemanista, el doctor Rafael Pascasio Gamboa, que se entregaran
a la Beneficencia cuatrocientos mil pesos más y la promesa de que, en el siguiente año fiscal, se le daría "una suma mínima de medio millón y una máxima de un millón". Concluyó diciendo que con "otra cantidad similar" que
aportara su Gobierno, "se podría, definitivamente, levantar la nueva Escuela".

IV
L os cargos concretos

A fines de octubre de 1947, los dirigentes del movimiento estudiantil de
Medicina puntualizaron los motivos que tenían para solicitar la renuncia de
su Director.7 Reconocían el prestigio científico del doctor Aguirre Pequeño,
1

pero hacían notar que había desatendido sus deberes en la Dirección de la
Facultad y del Patronato. Afirmaban que las condiciones en que se encontraba el plantel "son verdaderamente indignas". El viejo edificio, concluido a
fines de 1890, contaba "únicamente con cuatro salones de clase, con cupo no
mayor de cuarenta alumnos cada uno, siendo que los grupos menos numerosos
exceden en mucho a esta cifra y hay varios que pasan de cien". Los laboratorios, anfiteatro, biblioteca, etc. "se encuentran en un estado deplorable".
Añadían que el doctor Aguirre Pequeño, cuando asistía a la Facultad, "permanece en ella, escasamente, una hora diaria". Esto había afectado la organización interna de la institución, como lo comprobaba el hecho de que, habiendo transcurrido dos meses de la iniciación de cursos, varias clases aun no teníán
maestro y, en otras, ni siquiera se conocían los horarios.
Aseguraban que el Director y el Secretario de la Facultad, siendo miembros del Patronato encargado de construir el nuevo edificio, después de la
muerte del doctor Martínez Villarreal, ocurrida a principios de enero de
1945, se olvidaron del proyecto pues dicho Patronato permaneció inactivo más
de dos años, "no habiendo ni siquiera citado a junta durante ese tiempo".
Añadían que se había infringido el artículo 27 de la Ley Orgánica de la Universidad, ya que el Director no ocupaba por lo menos una cátedra, que debía
desempeñar de preferencia en el primer año de la carrera. También afirmaban que se violó el artículo 3o. del Reglamento Interior de la Facultad, pues
el Director no tenía cinco años de residencia en Monterrey ni había sido
maestro del plantel durante cinco años "antes de ser nombrado". Concluían
diciendo que varios problemas internos del plantel estaban sin solucionar.
Interviene el Consejo Universitario

La Escuela Nocturna de Bachilleres consideró que las peticiones de los
futuros médicos eran justas, pero el movimiento estudiantil se había desvirtuado con "factores políticos externos''. Por lo tanto, decidió no secundar al
alumnado de Medicina.
El movimiento estudiantil contra el doctor Aguirre Pequeño parecía debilitarse. Apenas se mantenían en pie de lucha las Facultades de Medicina
y Derecho y la Escuela Diurna de Bachilleres. A fines de octubre, el movimiento de Medicina fue impugnado por el grupo de diecisiete alumnos de
Leyes, afiliados al Partido Popular Mexicano. A petición de aquéllos, se celebró la tarde del 30 de octubre una asamblea en el edificio de la Facultad de
Derecho, situado en la esquina noreste de las calles Abasolo y Diego de Montemayor. Rebatieron el acuerdo tomado el 28 de octubre, cuando los futuros
abogados se sumaron a los de Medicina. Los debates se prolongaron por es-

El Porvenir, octubre 31 de 1947, p. 9.

232

233

�pacio de dos horas, pero al final se ratificó dicho acuerdo. (En esa época, la
Facultad de Derecho tenía ciento noventa alumnos).
Mientras se desarrollaban estos acontecimientos, el Rector de la Universidad,
doctor Enrique C. Livas, permanecía en la ciudad de México asistiendo ·a
unos cursos del Instituto Nacional de Cardiología.
En la noche del 31 de octubre de 1947, el Consejo Universitario, presidido
por el Rector, tomó varios acuerdos. El Norte del lo. de noviembre sintetizó
dichos acuerdos así: en primer lugar, dejó bien claro que "no tolera ni tolerará jamás violación alguna" a las disposiciones de la Ley Orgánica; se dio
un voto de confianza al doctor Eduardo Aguirre Pequeño, quien "continuará
fungiendo como Director de la Facultad de Medicina''; advirtió a los estudiantes huelguistas: "Si para el próximo miércoles (día 5) a las 12 horas
no se han reanudado normalmente las clases" en los planteles que estaban en
huelga, la Rectoría "declarará clausurados" dichos planteles "y abrirá nueva
inscripción de alumnos''; por último, el Consejo Universitario "procederá a
atender en la medida de sus posibilidades las irregularidades y deficienci~"
que señalaban los estudiantes de Medicina.
Poco antes de iniciarse la sesión del Consejo Universitario, la Sociedad de
Alumnos de Medicina entregó al Rector un documento, publicado en El Norte
y El Porvenir del lo. de noviembre, conteniendo los puntos principales de su
desacuerdo con la Dirección del plantel, pero añadían que el doctor Aguirre
Pequeño había introducido la política de partido en la Facultad de Medicina,
"hecho del todo reprobable por razones que es obvio citar''.
Continúa la polémica

La asamblea efectuada el viernes 31 de octubre decidió volver a reunirse el
lunes 3 de noviembre. Pero el sábado, día lo., al conocerse por la prensa matutina la decisión del Consejo Universitario, numerosos grupos de estudiantes
se presentaron espontáneamente en el Aula Magna, decía El Norte. Entonces
se celebró una importante sesión, en la que se dio a conocer el "apoyo moral"
del alumnado de la Faculta.p. de Ingeniería al movimiento estudiantil. Después de un largo debate, se acordó continuarlo. En seguida fue nombrada una
Comisión, integrada por Jaime T. Cantú, Zeferino Pérez Guerra, Jaime García Guerra, Rodolfo González y Horacio Ríos, alumnos de Medicina, para,
entrevistar al Presidente de México, licenciado Miguel Alemán, y exponerle el
problema.
Ese mismo día los dirigentes estudiantiles recibieron la respuesta oficial del .
Consejo Universitario a sus peticiones, que fue trasmitida por el Rector. Se
ratificaba la decisión de no pedir la renuncia al doctor Aguirre Pequeño.
234

En la citada contestación, publicada en El Porvenir del día 3, el Rector
utilizó un lenguaje violento, agresivo. Afirmaba que las "deficiencias" señaladas por los estudiantes eran ajenas al doctor Aguirre Pequeño y una con~ecuencia de la situación económica de la Universidad. Añadía que los estudiantes huelguistas carecían de "capacidad moral" para señalar violaciones
a la Ley Orgánica universitaria, desde el momento en que iniciaron un movimiento de rebeldía e indisciplina. El plazo para reanudar las clases debía
expirar el 5 de noviembre, al mediodía. La cancelación definitiva ce las
inscripciones se llevaría a cabo si persistía la "actitud de irrespeto" y "menosprecio de la razón y de la justicia''. Por último, el Rector recordaba a los
estudiantes que recaería sobre ellos, "íntegramente", la responsabilidad de
no acatar la decisión del Consejo Universitario, así como la de mantener el
prestigio y la dignidad del sector estudiantil, abandonando aquella actitud,
"cuya ilegalidad y falta de verdadero espíritu universitario son manifiestos".
El Rector hizo un llamado a todos los universitarios, en importantes declaraciones que aparecieron en la prensa local el 3 de noviembre. Afirmaba
que los alumnos de Medicina "se han declarado en rebeldía frente al Consejo
Universitario, antes de recurrir a éste por las vías legales . .. " Advertía el
peligro de echar mano de "fuerzas ajenas'' a la Universidad, ya que todos los
problemas se podrían resolver ante el Consejo Universitario. Señalaba que el
conflicto de la Facultad de Medicina "puede desviarse por cauces equivocados e inconvenientes", acarreando el desprestigio de la máxima casa de estudios. Por último, reclamaba de los universitarios la cordura y el respeto que
merecía la Universidad de Nuevo León.
·
Sin embargo, el camino para el diálogo estaba bloqueado. A los representantes estudiantiles de Medicina, Derecho y Bachilleres Diurna no se les
había permitido exponer sus puntos de vista ante el Consejo Universitario,
debido a que las Sociedades de Alumnos de dichos planteles no estaban afiliadas a la Federación de Estudiantes Universitarios y, por lo tanto, no tenían
derecho a nombrar Consejeros ante el Consejo Universitario.
La Sociedad de Alumnos de Medicina dio a conocer en la prensa regiomontana, el 4 de noviembre, las causas de su movimiento de protesta. Señalaban el estado de abandono en que se encontraba la Facultad. Las deficiencias
en la enseñanza médica eran evidentes: asignaturas en las que no se sabía
aun quiénes serían los maestros; prolongadas ausencias de catedráticos, que
ni siquiera conocían a sus alumnos; clases impartidas con prisa, en un tiempo menor al reglamentario; cátedras que se otorgaban sin cumplir con el
examen de oposición, etc. Ratificaban las denuncias contra el Director, quien
había evadido la resolución de los problemas. Insistían en las violaciones a
la Ley Orgánica de la Universidad y al Reglamento Interior de la Facultad.
235

�•

Afirmaban la urgencia de contar con un nuevo edificio. El que ocupaban se
hallaba en estado ruinoso. Constaba de cuatro aulas, con cupo para cuarenta
alumnos cada una, en donde la mayor parte de los estudiantes permanecía
de pie durante las clases o las escuchaba desde afuera, asomándose por las
ventanas. También había cuatro laboratorios, "pequeños y en malas condiciones", donde se carecía de aparatos que completaran la enseñanza teórica.
El anfiteatro era un foco de infecciones. La biblioteca tenía sólo cuatro vitrinas con libros anticuados, cuatro mesas y ninguna silla. Recordaban la
promesa del Director de renunciar al cargo y su retractación posterior. Acusaban al Consejo Universitario de "poca seriedad y poca noción de responsabilidad" en su actuación, sobre todo en un problema que desconocían. Y señalaban la "arbitrariedad" de que su Sociedad de Alumnos, por no estar afiliada a la Federación de Estudiantes Universitarios, no tuviera ni voz ni voto
· ante el Consejo Universitario.
Renuncia del doctor Aguirre Pequeño
La tajante decisión del Consejo Universitario de cancelar las inscripciones
en los tres planteles, provocó, indudablemente, la solidaridad del estudiantado.
En la tarde del 4 de noviembre, los alumnos de la Facultad de Derecho ratificaron su posición en el conflicto y los de la Facultad de Ciencias Químicas
acordaron secundar el movimiento de Medicina, apoderándose del edificio.
Mientras tanto, en la asamblea celebrada esa misma tarde, se dio a conocer un
mensaje de apoyo de la Confederación Nacional de Estudiantes a "ese limpio y viril movimiento".
El plazo fijado por el Consejo Universitario para volver a clases debía expirar al mediodía del 5 de noviembre. Las inscripciones en las Facultades de
Medicina, Derecho y Ciencias Químicas y la Escuela Diurna de Bachilleres
quedarían canceladas definitivamente, abriéndose un nuevo período de inscripción. Dos horas antes, un numeroso grupo de universitarios, encabezado
por José Treviño Faz y Jesús Flores Treviño, Presidentes de las Sociedades
de Alumnos de Medicina y Derecho, se presentó ante el Juez de Distrito en
el Estado, licenciado Guillermo Ramírez Wiella, promoviendo un amparo
contra el acuerdo del Consejo Universitario y obteniendo "la suspensión provisional del acto reclamado".
La misma tarde del 5 de noviembre de 1947, los alumnos de la Facultad
de Ingeniería se sumaron al movimiento, considerándolo "justo y dentro de
la razón". Ese hecho fue de trascendencia, pues la Facultad estaba instalada
en el edificio central de la Universidad ( antiguo Colegio Civil) , en el mismo

236

piso en que se encontraban la Rectoría y el salón de sesiones del Consejo
Universitario.
En la noche, el Consejo Universitario celebró una sesión en la que se trataron varios asuntos importantes, siendo el más .urgente el amparo interpuesto por los estudiantes huelguistas. El Rector doctor Livas informó que se
había cumplido el acuerdo de la cancelación de las matrículas e, inmediatamente, se abrió un nuevo registro, añadiendo que la comunicación oficial
del Juzgado de Distrito se recibió en la Rectoría varias horas después.
Hacia las diez de la noche, cuando aún no concluía la sesión, irrumpieron
varios grupos de estudiantes de Bachilleres Diurna y tomaron posesión de su
Escuela, cuya sede era el mismo edificio central de la Universidad. Entonces
el Consejo Universitario decidió trasladar su recinto oficial a otro lugar, que
de momento no se precisó.
El desenlace del conflicto se acercaba. En la tarde del 6 de noviembre, la
Facultad de Odontología secundó el movimiento. A las nueve de la noche,
un grupo de alumnos de Ingeniería, apoyado por estudiantes de Bachilleres
Diurna y Medicina, tomaron posesión del plantel, quedando cerrado el acceso
a las principales oficinas universitarias.
A las once de la noche el Gobernador, licenciado Arturo B. de la Garza, reunió en su despacho del Palacio al Rector y a los representantes estudiantiles.
Después de una larga conversación, el mandatario estatal les comunicó que,
aceptando la terna entregada por los mismos estudiantes, había nombrado al
doctor José Luis Lozano con el cargo de Presidente del Patronato encargado
de la construcción de la nueva Facultad de Medicina. En seguida, el licenciado De la Garza preguntó a los universitarios si con la renuncia del Director de la Facultad se resolvería el conflicto y reanudarían inmediatamente sus
estudios. Al recibir una respuesta afirmativa, el Gobernador ordenó localizar
al doctor Aguirre Pequeño, ofreciéndoles, además, interponer su influencia
para conseguir la revocación del discutido acuerdo del Consejo Universitario
sobre cancelación de matrículas. El Rector estaba visiblemente molesto, irritado. El cambio de impresiones se prolongó hasta la madrugada del 7 de noviembre, en que el Gobernador invitó al doctor Eduardo Aguirre Pequeño a
presentar su renuncia irrevocable al cargo, aclarando, por otra parte, que
no quería invadir las atribuciones del Consejo Universitario, pues él sólo
era un mediador en el conflicto. Con la renuncia del Director de Medicina
terminaba, momentáneamente, el problema estudiantil. Pero el año lectivo
1947-1948 aun no concluía.

237

�CRóNICA DE TAMAHOLIPA*
LA FUNDACIÓN (1544)
Lm. JuAN FmEL ZoRRILLA
Univ. Aut. de Tamaulipas

EL TERRITORIO DEL EXTREMO noreste de México que hoy integra el Estado de
Tamaulipas, durante el segundo tercio del siglo XVI recibió el aliento civilizador del cristianismo con la audaz penetración del padre franciscano Andrés
de Olmos, quien traspasó la frontera de guerra del río Pánuco y fundó, en
la parte meridional de la hoy llamada Sierra de Tamaulipas, el pueblo de
Tamaholipa en 1544.
No referiremos los datos biográficos salientes del ilustre fray Andrés por ser
muy conocidos, bastándonos recordar sus atributos como misionero, fundador de pueblos, filólogo, escritor y acucioso investigador de la cultura indígena, quien fue calificado por Angel María Garibay como "maestro e inspirador de todos los etnógrafos del virreinato". El padre Olmos es el padrino
de oleos del bautizo de Tamaulipas, auténtico bautizo por que de la fundación de Tamaholipa surgió el nombre de nuestro Estado y su identificación
histórica.
El dato de la fundación en 1544 proviene del Ensayo Cronológico de la
Historia de la Florida de González Barcia, fuente que probablemente tomó
Bolton, coincidiendo casi todos los autores en señalar que el padre Olmos trajo de Florida familias de indios olives para poblar Tamaholipa. Primero se
fundó el pueblo y posteriormente el convento y misión franciscana de Nuestra
Señora de la Concepción, perteneciente a la Custodia de San Salvador de

* Conferencia dictada en la ciudad de Monterrey, N.L., el 16 de mayo de 1981,
en el ciclo de pláticas organizado por la Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía
y Estadística.
239

�Tampico de la provincia del Santo Evangelio de México, cuya erección fue
probablemente entre 1544 y 1569, siendo fray Andrés su primer custodio.
El poblado de Tamaholipa correspondía a la jurisdicción política de la
Alcaldía Mayor de Tampico de la provincia de Pánuco, dependiendo del
rey, habien&lt;;Io estado administrado primero por un encomendero, de acuerdo
con vaga noticia y después por un corregidor quien contaba con el apoyo de
capitanes indígenas o caciques para el trato y arreglo de los asuntos de la
comunidad. La encomienda de Tamaholipa, de ser cierta la noticia, fue muy
breve y considero que es la única que existió en lo que hoy es Tamaulipas.
Los primeros caciques olives de Tamaholipa fueron Juan de Sevilla, Martín
Blas y Antonio Paita de la Mora, quienes al incorporarse al cristianismo con
el bautizo adquirieron estos nombres.
Respecto a la jurisdicción de Pánuco sobre Tamaholipa se confirmó e~
1602 por mandato del virrey, Conde de Monterrey, cuyo texto es como sigue: "Por cuanto he sido informado que siendo como es el ?ueblo d~ ~amaholipa de la jurisdicción de la alcaldía mayor de Tamp1co, provmc1a de
Pánuco donde se anexó al tiempo y cuando se dividió la de los Valles, con
algunos' fines han pretendido y pretenden personas i~teresad~s s~ innove y
pase a la alcaldía mayor de los valles y para prevenc1pn de semepntes _pretenciones estando enterado por la relación que tuve y consta por los libros
de la gobernación haber sido y que actualmente es el dicho pueblo de Tamaholipa de la jurisdicción y distrito de Tampico y Pánuco, por la presente lo
declaro así y mando que el alcalde mayor de la dicha provincia de los valles
ni otras justicias se entremetan a usar de jurisdicción alguna en el dicho pueblo de Tamaolipa por ningún color ni causa dejándolo libremente a las que
lo son o fueren en la de Pánuco para que lo tenga en administración sin
hacer novedad so las penas en que caen e incurren los que usan de jurisdicción sin tener facultad para ello. Fecho en Chapultepeque a once días del
mes de mayo de mil y seiscientos y dos años. El Conde de Monterrey. Por
mandado del virrey, Pedro de Campos". (Archivo General de la Nación.
General de Parte. Volumen 6, Pág. 148 vuelta, según dato descubierto por
Joaquín Meade) . Este documento presenta ~speci.~l interés en .tanto de~uestra que unos cuantos años después de la cap1tulac10n de CarbaJal se confmna
la jurisdicción d~ Pánuco sobre Tamaholipa, cuya órbita se interrumpió brevemente en el tiempo de gobierno de Carbajal. Otra resolución real, ésta de
Felipe IV en 1632, confirmó la jurisdicción de la provincia de Pánuco sobre
el corregimiento de Tamaholipa, otras villas y pueblos.
Para el año de 155 congregó fray Andrés un buen número de indios de la
Sierra de Tamaulipas, calificados genéricamente como chichimecas, a quienes trajo de paz a Tamaholipa bautizándolos, contando con los servicios de

240

dos intérpretes, según Meade, que fueron "Martín, natural de Chacuala, intérprete de la Florida y Juan, natural de Tampico", sin mencionarse los apellidos. Las conversiones de inidios de Fray Andrés, propuestas para poblar
"sin que haya conquista" como él decía, fueron calificadas por el Obispo de
Chiapa como "gran fructo en los indios".
La importancia de Tamaholipa en el siglo XVI como primer asentamiento
humano del noreste es evidente, con mayor razón si se atiende el cúmulo de
datos comprobatorios de que el Tampico colonial se situó en la margen derecha del río Pánuco, en territorio actualmente perteneciente al Estado de
Veracruz. Por otra parte, al establecerse estas fundaciones la cabecera de la
Custodia de San Salvador de Tampico estuvo en el convento llamado de San
Luis Obispo del propio Tampico, pero a principios del siglo XVII o poco
antes se mudó dicha cabecera a la iglesia de la advocación de la Limpia Concepción en Tamaholipa, donde un fraile franciscano residía con el título de
Custodio, según datos proporcionados por el Alcalde Mayor de Tampico en
1605. La cabecera, por cierto, se cambió a mediados del siglo XVII al Convento de Santiago Mayor de la villa de los Valles.
Las ruinas de Tamaholipa se localizan en el actual municipio de González
en la parte sur de la Sierra de Tamaulipas, como se dijo, a menos de cien
kilómetros de Tampico, a un lado del arroyo del Cojo o Tamaholipa, habiendo sido identificado el lugar por Joaquín Mearle en 1950.

EL TRASPLANTE COLONIZADOR
LOS OLIVES

Fray Andrés de Olmos revela por sus obras una atractiva y compleja personalidad, pues su fecunda tarea evangelizadora corre parejas con reconocida
labor científica como lingüística y literato, no siendo menor su actividad corno fundador de pueblos y colonizador, pudiéndosele calificar como gran pacifista dentro de una época de conflicto, del grave conflicto de la conquista
de México. Destaca entre sus quehaceres haber mudado a la llamada nación
de los olives de su lugar de residencia a T amaholipa, para establecer allí, en
plena sierra, más adelante de la frontera de la dominación, o sea dentro del
territorio de los indios llamados chichimecas, un poblado y un convento misional, como testimonio fehaciente de sus convicciones. Según Gabriel Saldívar
los indígenas de la región circundante a Tamaholipa habían llegado a cierto
grado de civilización pasando del nomadismo a una primera etapa de cultura
sedentaria, pues cultivaban plantas comestibles, hacían uso de fuego para la

241
Humanitas-16

�occión de alimentos y tenían habitaciones formando
poblados,
figurando en•
.
tre estos grupos los pasitas, los mariguanes y los s1I11anguanes.
.
¿De dónde trajo el padre Olmos a los oli~es? D~versos a~tores mencionan
a Florida como el lugar de origen de la antigua tnbu, partiendo. el dato de
Agustín de Vetancourt, quien en el libro llamado Teatro Mexicano, concluido en 1692, dijo que Fray Andrés los "truxo de los campos q~e está~ entre
la Florida y Tampico"' agregando que por ser de ~on?~ se. ,cnan olives los
llaman olives, atribuyendo a la voz Tamaholipa la sigm~icacion de ser el lugar de los olives, explicación a la que se adhieren Saldivar y Stresser Pean,
este último con reservas.
El autor Andrés González de Barcia y Carballia y Zúñiga, quien firmaba
con el pseudónimo de Gabriel de Cárdenas Z. Cano, escribió un ~nsayo Cronológico para la Historia General de la Florida, editado en Madnd en 1723,
obra en la que se dice: "Fray Andrés de Olmos, religioso ~el _orden de San
· co, después de haber recorrido las más distantes
de la NueF rancis
. provmc1as
ó p'
va España, predicando y haciendo muchas conversiones, pas a anuco a
·
llegó hasta los chichimecos bravos, de los confines de Flonda,
T arnpico,
y
bl, 1
1
más de cuatrocientas leguas al norte, recogió lo que pudo ~ po o es_ en e
pueblo de Tamaholipa y se volvió a México". Est~ relato v_iene referido en
la obra de González Barcia el año de 1544 y del mismo proviene muy probablemente la fecha señalada para la fundación de Tamaholipa por autores

e

'!

,1

posteriores.
. . .
A partir del criterio de fray Vicente Santa María se puso en tela de JU1~io
el lugar de origen de los olives y posteriormente Saldívar y Stresse~ Pean insistieron en negar que sea precisamente en la península de Florida _donde
esta nación indígena tuvo su asiento primitivo. Ciertarnent: es de considerarse que la jurisdicción de la Gobernación de Florida ~n el siglo XVI se ~tendió más allá de la: península del mismo nombre hacia el sur, has~ el no ,de
Palmas, hoy de Soto la Marina, como consta en la patente conce~da a Panfilo de Narváez en 1528, en otros documentos y cartas. geográfic~. Por 1~
mismo pudieron ser los olives nativos del amp~io territono de Flond,a Occidental extendido hasta el río Palmas en ese tiempo, de donde Saldivar expresó que provenían "Quizás de algún lugar al norte del río Bravo o ·c erca
del Alcuises (Nueces) . .. pero más probablemente de las cercanías del río
de las Palmas".
Es explicable la obscuridad que encontramos los his~oriadores en la: búsqueda de la pista de los olives en Florida, pues como ~firman Keegan Y To,~o
Sanz todos los estudios sobre las misiones de Flonda son modernos Y tan
solo 'González Barcia, en 1723, escribió un ensayo cronológico donde recoge

242

noticias de Oré, Beteta y Areta"; siendo por ello que tomamos como base de
opinión al respecto el relato de Barcia y del mismo advertimos que al señalar la
distancia de más de cuatrocientas leguas al norte de Tampico en los confines de
Florida, claramente está indicando que no es en la comarca del río Palmas o
del Bravo donde atribuye el asentamiento olive sino precisamente en la Florida
peninsular, distante más de mil quinientos kilómetros de Tampico por vía
terrestre. Se anota que González de Barcia usa el término "confines de Florida", mientras Jerónimo Mendieta y Juan de Torquemada, sin afirmar que
de allí trajo Olmos a los olives, expresan que entró fray Andrés a los confines
de Florida, diciendo textualmente Torquemada "en los chichimecas bravos,
que confinan con la Florida, que son más de cuatrocientas leguas de tierra
hacia la parte del norte". Dado que Mendieta escribió su Historia Eclesiástica Indiana al finalizar el siglo XVI mientras Torquemada editó su célebre
obra Monarquía Indiana en 1620 y atendiendo que éste se ocupa amplia y
por cierto muy elogiosamente de fray Andrés, es de inferirse que González
de Barcia tomó de ambas fuentes el dato del arribo de Olmos a los confines
de Florida en tierra clúchimeca; empero la atribución de haber traído de
allí, a cuatrocientas leguas de Tampico, a los olives, proviene del libro de
Barcia, influenciado desde luego por la obra de Vetancourt de 1692, pero
éste sólo dijo que los olives vinieron de los "campos que están entre Florida
y Tampico".
Si bien es cierto que Barcia es explícito en cuanto al origen de los olives,
conociendo sus fuentes al respecto que atribuimos a Mendieta, Torquemada y
Vetancourt, es de dudarse sobre la peregrinación de la Florida a Tamaholipa
no sólo por la ausencia de otros datos sino porque la fuente primera, la de
Mendieta, quien conoció personalmente a Olmos, únicamente revela que entró a tierra de chichimecas en los confines, o sean los límites, de Florida.
Colegir los textos conocidos, tratar de interpretar los hechos que comentamos y ensayar con método analítico las fuentes históricas, nos conduce a considerar que fray Andrés no acudió hasta la Florida Oriental o sea la peninsular a traer los olives, pues en la carta que envió al emperador en 1556
desde México, donde formula interesantes proposiciones para poblar las áreas
de desembocadura de los ríos Palmas, Bravo y Ochuse, al referirse a Florida,
dice: "donde todos deseamos entre la palabra de Nuestro Señor J esucristo;
porque tanto dicen de allí los que vinieron, que parece otro mundo . .. " La
expresión de Olmos puede interpretarse en el sentido de que él no conocía
Florida en 1556 y como Tamaholipa se fundó años antes, tendríamos que
eliminar. la posibilidad de que los olives hubiesen sido trasladados de allá.
Por otra parte, frente a la ausencia de otros datos y la repetición del relato
de una sola fuente, estimo, como Saldívar y Stresser Pean, que los olives muy

243

�probablemente fueron trasladados de alguna región del territorio actual de
Tamaulipas o Texas al norte del río Palmas.

OTROS DATOS

,,
1

i

1,

Diversos autores, entre ellos Orozco y Berra, Alejandro Prieto y el historiador regiomontano Santiago Roel afirman que los olives "eran blancos, de pelo
bermejo y sabían cultivar la tierra y extraer los metales"; mientras otras fuentes los identifican s6lo como indios mansos, dóciles y de pueblo, mencionando
al respecto a fray Simón del Hierro. ¿ De dónde proviene esta mención de la
blancura de los olives? Agustín López de la Cámara Alta, ingeniero comisionado por el virrey en 1757 para que juntamente con el capitán José Tienda
de Cuervo hicieren reconocimiento y relación de la conquista de Nuevo Santander por Escandón, redactó una amplia descripción general de la Colonia
de Nuevo Santander, obra que es una de las fuentes primarias de estudio sobre la colonización de Tamaulipa y en la misma, al referirse a la población
de Horcasitas, describe a los olives como "nación blanca y pelo bermejo, de
elevada estatura, que cultivan las tierras", referencia que expresa López de
la Cámara Alta por razón de que habitaban en una área contigua a Horcasitas 21 familias, integrando 71 personas de los indios olives que allí acudieron a fundar el pueblo después de haber abandonado Tamaholipa por ase•
dios de los indios enemigos y haberse refugiado en Tancasneque y Altamira,
familias que para 17,76 aumentaron a 33 con un conjunto de 117. La obra
de Cámara Alta fue consultada por Alejandro Prieto y Orozco y Berra según
ellos mismos lo hicieron constar y muy probablemente la conoció Roel. No
encontrarnos datos anteriores a 175 7 que sobre la característica racial de los
olives, de donde estimo que el dato proviene del ingeniero Cámara y presenta la autenticidad del conocimiento personal del autor sobre la parcialidad
de indios olives residentes de Horcasitas; en el barrio de la Santa Cruz; pero
dichos indios ya habían pasado por nueve o diez generaciones hereditarias a
partir de la fundación de Tamaholipa y por lo mismo es de pensarse que
durante ese tiempo no permanecieron como un grupo étnico conservado con
pureza racial, menos aún si se ubica la cuestión dentro de un contexto de
mestizaje cuyo proceso se aceleraba entre los indígenas incorporados a la
dominación española, como lo fueron los olives desde mediados del siglo XVI.
La preocupación racista de los conquistadores llamada por el historiador
español Jaime Delgado amor a la blancura, con frecuencia soslayada, se manifiesta en múltiples expresiones sobre la apariencia de los indígenas, bastando

c_itar y esto en relación a ciertas tribus de la Florida, que la literatura histónca del siglo XVI habló de "indios mui blancos con cabellos mui largos'' y
de otros, l~ de la pro~cia de Xopida, que "se criaban tan altos porque les
daban comidas tan eficaces que los hacían crecer y engordar''. Pero todas
estas referencias . no tuvi:ron comprobación posterior y debemos postergarlas a la duda, sino precISa.IDente al olvido, como debiera ser la de algunos
naturales que disponían de una frondosa cola, como se atribuyó mucho antes
a los habitantes del Condado de Kent. Otros datos sobre poblaciones indígen_as de Florida que llevan el prefijo Taro, como Tama, Tamahatli, y Tampa
posiblemente no muestren ninguna relación con el nombre de Tamaholipa
vocablo cuya raíz debemos ubicar dentro del complejo lingüístico de los huas~
tecos por razón de geografía histórica y contexto.
Antes de finalizar el siglo XVI el padre Juan de Mesa predicó en Tamaholipa, Tanchipa y Tamesí acompañado del sacerdote Agustino Luis Gómez.
Durante dos años, de 1685 a 1687, los misioneros franciscanos del Colegio
~e Querétaro Juan Bautista Lázaro y Francisco Esteves, quienes realizaron
importante labor, por orden del Arzobispo Aguiar y Seixas, plantaron de
nuevo la misión de Tamaholipa que estaba abandonada, pero recibieron mandato de retirarse de parte del comisario general de la orden por razones de
jurisdicción, ya que pertenecía la misión a la Custodia de Tarnpico. Se sabe
así mismo que algún tiempo, a fines del siglo XVII, la misión de Tarnaholipa
estuvo a cargo de padres dominicos y que se le conoció a partir de 1585 cor1
el nombre de San Andrés.
El pueblo de Tamaholipa y la misión contaban con seiscientos habitantes
a fines del siglo XVI, predominando en número los olives aun cuando en la
~isión también se congregaban indios de otros grupos convertidos al cristiamsmo; E_xplotaban los olives las minas de las montañas de San José y San
Andres siendo vetas muy conocidas las de Palma, la Concepción y San Andrés, todas en la Sierra de Tamaulipas, donde extraían mineral de plata con
ley de oro que beneficiaban en el Real de Guadalcazar y en México. Además
contaban con la explotación de la sal en las llamadas salinas de los olives
localizadas en la cercanía del litoral al norte de la Barra de Trinidad. Tenía~
autorización para usar armas de fuego y montar a caballo, licencias de las
que no disponían los demás indígenas de la región.
Eran buenos guerreros según Vetancourt y para Stresser Pean la supremacía económica de los olives contribuyó a acentuar la superioridad cultural
de los mismos sobre los otros pueblos de la sierra, lo que exacerbó el am•
biente de hostilidad existente en la región que a la postre dio lugar al éxodo
olive.

245

244

�Diversas fuentes conducen a la afirmación de que los olives tenían su propia lengua y así lo hizo constar el alcalde de Pánuco Pedro Martínez Loaisa
asentá~dolo los autores Swanton, Pericot, !barra Grasso, Orozco y ~
Toussamt y otros. Como es una lengua extinguida no existen datos sobre sus
características, posiblemente emparentadas con la lengua huasteca.
Antes del asiento y capitulación de Carvajal se extendía la jurisdicción de
la provincia de Pánuco hasta el río Palmas, actual río Soto la Marina, expresando de paso que, siguiendo a Orozco y Berra, considero su identificación con respecto al río Bravo muy bien delineada desde 1529. No sólo cartas
ge~gráficas comprueban la identificación del río Palmas sino la propia Histona General y Natural de las Indias de Gonzalo Fernández de Oviedo concl~ida en 1549, que en la parte conducente dice: "Desde el río Hermo~ hay
vemte leguas hasta el río de las Palmas, la vía del norte, el cual río de las
Palmas está en veinticuatro grados y un tercio, de esta parte de la equinoccial
y entre el río Hermoso y el de las Palmas están el río de Sanct Benito y el
río de Montañas". En otro párrafo se dice que "desde el río de las Palma~
hasta el cabo Bravo se corren al nordeste cincuenta leguas", agregando que
dicho cabo está "en veintiséis grados y medio de esta parte de la linia equinoccial". La posición real es de 23 grados y cuarenta y dos minutos para la
desembocadura del río Soto la Marina. Sobre la jurisdicción del Nuevo Reyno
de León con respecto a Tamaholipa nos ocupamos en otra parte de este
trabajo.

¡;,

Recalando sobre el tema de las expediciones a Florida, evidentemente no
eran cosa fácil, sabiéndose que entre la expedición de Pánfilo de Narváez en
1527 hasta la de Hernando de Soto en 1539 no se realizó ninguna otra. Soto
llegó al Mississipi en 1542, y murió en sus aguas, dando fin a una serie de
aventuras y combates con los indígenas, considerándose toda expedición a la
Florida, a mediados del siglo XVI, como jornada o conquista incierta y pe•
ligrosa, complicada además por conflictos con los franceses que iniciaban su
penetración en esa área. Esta argumentación también es contraria al supuesto
viaje de Olmos a la Florida.

DON LUIS DE CARVAJAL Y TAMAHOLIPA
El primer viaje de Carvajal a Nueva España, según el historiador Eugenio
del Hoyo, fue "entre los años 1566 a 1567", siendo nombrado alcalde ordinario de Tampico en 1568, año en que aprehendió a ingleses tripulantes de la
nao capitana Minion, abandonados por el corsario inglés John Hawkins en el
litoral del Golfo al norte de Tampico, probablemente en Punta Jerez, des246

pués de una desafortunada acción naval en Veracruz. Sabido es que la
aprehensión de estos semináufragos no constituyó ninguna heroicidad, sirviendo el relato de Carvajal al respecto, frente a la realidad de los hechos~ como
base para calificarlo de exagerado y embustero, dudándose inclusive de la
participación de Carvajal en el caso. Después, en 1573, como Capitán de la
Huasteca, se dedicó a reducir grupos indígenas rebeldes en la Huasteca, no
sin ser acusado después por el encomendero Francisco Barrón en pleito sobre
jurisdicción de Tamapache, de abusos, atropellos, delitos y arbitrariedades
y aquí viene lo interesante para el tema de esta conferencia: Uno de los cargos fue que utilizó a indígenas del corregimiento de Tamaholipa para saquear,
depredar y robar en diversas partes de la Huasteca con el pretexto de la
pacificación, sin que las constancias rebelen si se trató de indios olives o de
otros naturales incorporados.
En 1575 encontramos a Carvajal como corregidor de los pueblos de Tamaholipa y su partido, sin que conozcamos documentos o datos sobre su actuación. Dos años antes fue corregidor en Huagutla y en 1577 juez de comisión en Pánuco, por lo que su quehacer en la Huasteca y Tamaholipa fue
realmente importante y se prolongó algunos años, hasta 1578, cuando salió
para España a tratar de obtener el gobierno del Nuevo Reino. El asiento y
capitulación de Carvajal y de la Cueva, firmado con la Corona de España
en Aranjuez el 31 de mayo de 1579, se perfeccionó en noviembre de 1580
en la ciudad de México, ante el escribano mayor de minas reales Pedro Gallo de Scalada, al presentarse como fiadores de Carvajal por sus obligaciones
derivadas del asiento y constituir fianzas, en conjunto por ocho mil ducados
de buena moneda de Castilla, con valor cada ducado de trescientos sesenta
y cinco maravedíes, los señores Sebastián Rodríguez, Hernando de Medina,
Antonio de Pedraza, Gabriel de Mansilla, Hernán Vázquez, Antonio Núñez
de Caldera, Alvaro Rodríguez de Acevedo, Leonel de Cervantes, Francisco
de las Casas, Francisco de Tenazas, Juan Vázquez de Flanera y Simón de
Coca, los dos últimos por conducto de apoderados. Es importante esta mención porque se ha dicho que Carvajal no otorgó la fianza de referencia. La
documentación respectiva fue investigada por el señor Joaquín Meade en el
Archivo Histórico de Hacienda.
La capitulación de Carvajal, tanto por comprensión dentro de área como
por mandato expreso, incluyó la región de Tamaholipa, obligándose el gobernador del Nuevo Reyno de León a poblar una villa entre Tamaholipa y
las tierras de paz o sean las ubicadas al sur del río Pánuco para asegurar la
pacificación. La jurisdicción sobre Tamaholipa apenas si duró el gobierno de
Carvajal, pues en 1602 se definió que correspondía a la provincia de Pánuco.
Joaquín Meade, en documentación sobre la Huasteca que tenemos en la Uni247

�versidad de Tamaulipas, menciona un "auto que dio y pronunció en el pueblo
de Tamaholipa el muy ilustre señor Luis de Carbajal, gobernador y capitán
general por su Majestad, en el Nuevo Reino de León, auto cuya cabeza dice:
"En el pueblo de Tamaholipa, que es de este Nuevo Reino de León, en once
días del mes de marzo de 1584 ... ". Desafortunadamente el legajo no incluye
el texto del auto ni su referencia a ningún archivo, pero por el origen de
otros documentos transcritos en el mismo legajo, se encuentra el auto posiblemente en el Archivo Histórico de Hacienda.
Transcurrieron los años del gobierno de Carvajal sin que Tamaholipa fuese pacificada ni fundado un pueblo intermedio en el rumbo de Tampico, o
sea que no cumplió el gobernador del Nuevo Reyno sus deberes políticos y
administrativos en lo concerniente a Tamaholipa, omisiones que sirvieron de
base para los cargos en su contra que dieron lugar a su aprehensión en 1589,
diez años después de haberse firmado la Capitulación.

OLIVES Y MAGUAGES, EVACUACIÓN
DE LOS MAGUAGES ( 1617)

mente a un pueblo indígena de · conformación huasteca o relacionada con
esta cultura, asentado en cinco colinas donde no se edificaron iglesia ni misión y donde sí en cambio subsistió un centro ceremonial indígena, incluyendo una pirámide construida con losas de piedra y que cuenta además con
múltiples construcciones habitacionales de tipo circular, características de los
huastccos, de las que restan claros vestigios. Las investigaciones de Ricardo
Me Neish en el lugar y la región revelan que este poblado se reconoce como
uno de los más antiguos del continente americano, por lo cual evidentemente
no fue, corno pretende Meade, el asiento de ninguna rama de los indios olives,
quie:1es fueron cristianizados desde su arribo al territorio tamaulipeco por el
padre franciscano Andrés de Olmos a mediados del siglo XVI. Pueblito no
fue asiento de los olives, pero si lo fue probablemente de los rnaguages, quienes de un lugar aproximado a la ubicación de Pueblito fueron expulsados por
los pasitas, como consta en el documento citado por Meade. Pueblito se encuentra a la altura del Trópico de Cáncer en el corazón de la Sierra de Tarnaulipas, al suroeste de la villa de Soto la Marina a una distancia aproximada
de veinte kilómetros del asiento de Tamaholipa, localizado en San Antonio
el Nogalar del actual municipio de González, Tamaulipas.
Por otra parte la vinculación de los indios olives con su nombre conocido y

Joaquín Meade, en artículo escrito para la revista Divulgación Histórica,
identificó a los olives y a los maguages, maguaos o mahuaves como una misma nación, apoyando su opinión en un documento del 8 de agosto de 1617
donde "se refiere que los manguages se encontraban poblados cinco leguas
(castellanas) al norte del pueblo de Tamaholipa, lugar que probablemente",
continúa el señor Meade, "debe ser el que hoy se llama Ruinas de Pueblito
Fobre la sierra y encima del punto donde nace el arroyo Pedregoso que desemboca en el río de Soto la Marina o sea el antiguo río de las Palmas". El
documento, expedido por mandato del virrey, expresa que los maguages fueron asaltados en su poblado por los pasitas, indígenas del grupo étnico de la
Sierra de Tamaulipas, quienes asolaron el lugar haciendo matanza "en muchos de sus hijos y parientes", por cuya causa se retiraron a otro puesto ubicado a dos leguas de Tamaholipa, posiblemente al lugar llamado Sierra Azul,
donde no tuvieron cosechas de maíz y padecieron hambres por lo que se les
dio acomodo en Tanxicuin, "legua y media de la villa de Pánuco, sobre el
río Grande", ordenando el virrey se les amparase allí (Indios. Vol. l. Exp.
210. Pág. 103 vuelta. Archivo General de la Nación).
No estoy de acuerdo con el criterio del señor Meade quien identifica a Maguages y Olives corno un solo pueblo, por razón ~e que en el lugar 11:miado
Pueblíto, donde he estado en dos ocasiones, sus rumas corresponden evidente-

248

tradicional es muy precisa, encontrándose expresado desde la atribuida emigración de Florida a mediados del siglo XVI hasta promediar el siglo XVIII,
cuando inicia Escandón la colonización de Nuevo Santander, superviviendo
el nombre y su significación hasta la actualidad. Como antes dijimos, las ruinas de Pueblito son enteramente indígenas, no presentan ninguna influencia
de la civilización hispano cristiana. La propia fisonomía ambiental de la
antigua población indígena, dentro de un mundo mágico donde predominan
la perspectiva y la frescura, lejos del utilitarismo a la europea, nos hace ver
que allí no penetró la dominación española.
El historiador tamaulipeco Gabriel Saldívar identifica también a los maguaos con los olives, expresando en su Historia Compendiada de Tamaulipas
que fray Andrés de Olmos "trajo una tribu de rnaguaos que instaló en la
cabeza austral de la Sierra de Tamaulipas en una misión o pueblo al lado de
indios huaxtecos y de colonos españoles", designando a los maguaos o maguages con el nombre de olives. Esta afirmación seguida por otros autores, no está
respaldada por datos bibliográficos ni por tradición oral y es discrepante de
las fuentes reveladoras del origen del trasplante colonizador de los olives a
Tamaulipas, fuentes que no hablan de los maguages.
El arqueólogo francés Guy Stresser Pean considera que los maguages fueron súbditos o vasallos de los olives, pero no los identifica como de una mis-

249

�ma nación y el propio documento citado por Joaquín Meade a que antes
aludimos, claramente dice que son los maguages "de nación distinta y apartada de los del dicho pueblo de Tamaholipa" o sean los olives.
Agregamos que los maguages habitaron separados de los olives, en una
visita o misión a dos leguas de Tamaholipa, hasta el año de su emigración
a Tanxicuin.

VISITA DE ALONSO DE LEÓN ( 1609)

•

1

El pueblo de Tamaholipa, desde su misma fundación, registra continuos asedios y rebeliones indígenas, situación explicable por encontrarse de avanzada
dentro de un territorio no conquistado y hostil. Los primeros años de vida de
la población reposó su destino en la personalidad de fray Andrés, quien con
sus grandes actividades, conocimientos de la regió~ y e~tendimie~to de l~s
costumbres indígenas mantuvo la paz. Ya para monr el ilustre varon los chichimecas conversos de la región de Tamaholipa se rebelaron y fray Andrés
fue a predicarles, desafortunadamente en vano, pues los asaltos, ataques y
depredaciones continuaron, identificándose los indios asaltantes dentro de los
grupos tamaulipecos como pasita y janambres. En octubre de 1571, según algunos 'autores, falleció Olmos en Tampico y de acuerdo c~n otros en Ta1:1a•
holipa, pero es noticia cierta que fue sepultado en Tamp1co. Su obra brilla
con esplendor en el panorama histórico y cultural de México.
El capitán Alonso de León dejó constancia en su notable crónica del viaje
del capitán Joseph de Treviño ( con licencia del gobernador Diego de Montrmayor) , a la Huasteca el año de 1609, en cuyo primer intento se frustró el
empeño de conducir una recua de harina a Tampico por haber si~o atacad~,
los expedicionarios en "El Estero", a catorce leguas de Tamauhpas, donde
les salieron muchos indios teniendo que regresar a Monterrey no sin derramar
la harina para escapar del ataque. Treviño realizó su viaje hasta Tampico en
un segundo intento. La otra mención a Tamaulipas en la relación del célebre
capitán se identifica como tercer viaje a la Huasteca de los nuevoleoneses,
viaje que encabezó el propio Alonso con orden del gobernador Martín de
Zavala a principios del año 1645. En dicho viaje, también tuvieron los expedicionarios un encuentro con indígenas janambres en "El Estero" (aquí
dice a doce leguas de Tamaulipas) pero llegaron al pueblo fundado por fray
Andrés donde fueron recibidos por "el padre fray Pedro Coronado, guardián
de aquel convento y el gobernador y alcaldes, con muestras de regocijo ... "
Días después, relata el propio capitán, encontrándose en Tampico llegaron

250

cartas de Tamaholipa, del alcalde mayor, pidiendo auxilio porque los indios
enemigos habían atacado el pueblo de los mahuabes a dos leguas de la propia Tamaholipa, lo habían saqueado y asesinado a dos indios y "cada noche
cercaban y daban alarido" a la Tamaholipa accediendo los del Nuevo Reyno
a prestar atención al problema acudiendo al lugar con cuatro soldados, un
capitán asediado, dando con los rebeldes en una ranchería donde ahorcaron
a trece y repartieron entre los vecinos de Tamaholipa a las mujeres e hijos
de los ahorcados, procediendo después a regresar a Cerralvo.
La veraz crónica del ilustre Capitán de León nos confiere nuevo testimonio
de la belicosidad de los indígenas habitantes de la región de Tamaholipa y
de la precaria vida que llevaban los residentes del enclave español en territorio chichimeca.

VISITA DEL ARZOBISPO Y ASALTO DE PIRATAS (1684)
El asalto y toma del puerto de Campeche en agosto de 1633 por el capitán
pirata apodado Pie de Palo y el cabo criollo conocido como Diego el Mulato,
al mando de once navíos y dos balandras, agudizaron dramáticamente una
época de intranquilidad para los puertos del Golfo de México y de inseguridad en la navegación comercial española, situación que reclamó una mejor
organización de la Armada de Barlovento, apenas creada cuatro años antes
para defensa de los mares de nuestro golfo y del mar Caribe frente a piratas
y corsarios.
Saqueos en los litorales y abordajes en el mar amagaron bahías, puertos,
villas y aldeas con grandes pérdidas para la corona Española. En 167-2 el
célebre Laurent de Graff, más conocido como Lorencillo, asaltó a Campeche
ocupando una noche la zona portuaria no sin causar daños e incendios pero
sin atreverse a atacar la plaza; en 1678 el bucanero Lewis Scott asaltó también
a Campeche; llegó hasta la plaza de Armas, saqueó la población donde permaneció tres días. En marzo de 1683, Veracruz, primer puerto de América entonces, fue asaltado y ocupado por una escuadra de piratas asociados comandada por Lorencillo, Van Horn y Agrammont compuesta de trece embarcaciones .con dos mil hombres a bordo, permaneciendo los piratas ocupantes en
la plaza cinco días, dedicados al saqueo y la violencia y diez días más en la
Isla de Sacrificios, preparando la huida y esperando rescates de rehenes. El
saqueo de Veracruz, los crímenes, sacrilegios y violaciones de mujeres los calificó Fray Isidro Félix de Espinosa como "la más estremendosa fatalidad que
ha tenido América Septentrional".

251

�En 1685 Lorencillo, al mando de 14 buques y 400 piratas, arribó a Campeche, ocupó la plaza, entrando a saco a la población; este ataque originó,
como los anteriores, gran alarma en el litoral del Golfo de México y la consiguiente preocupación de la autoridad virreynal.

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Trasladando el problema de la piratería en el Golfo al litoral tamaulipeco,
anotamos que desde 1682 se registraba una entrada de piratas a Tampico, llegando hasta Pánuco y llevándose más de treinta prisioneros. El 23 de abril
de 1684 asaltaron a Tampico bucaneros de la Armada de Lorencillo con tres
navíos y ocho balandras desembarcando los capitanes Juan Marcán y Samuel
Juárez, este último conocido popularmente como el rey de Tampico. Permanecieron varios días en la plaza que fue saqueada e incendiada parcialmente
y tomaron prisioneros, entre ellos un religioso de San Francisco que retuvieron como fiador mientras embarcaron harina, pescado, azúcar, los ornamentos
de la iglesia y su plata, según declaraciones de testigos presenciales. Los piratas abandonaron la barra de Tampico el 8 de mayo siguiente ante la presencia de naves de la Armada de Barlovento, sin que escaparan del ataque
español la fragata llamada "Presbíteros" y una balandra que fueron apresadas con ciento cuatro hombres de los cuales catorce fueron ahoffados en
Veracruz. Poco después, entre los meses de mayo y agosto del mismo año (las
fuentes no precisan la fecha), los piratas de Lorencillo volvieron a entrar
a Tampico con un dispositivo de cuatro embarcaciones, motivando dichos asaltos que se tomaran diversas medidas defensivas en el puerto, que recuerdan
una de las obligaciones concretas de Carvajal y de la Cueva establecidas en
la célebre capitulación.
Comentamos los hechos citados por ser antecedentes de la incursión que hicieron las gentes de Lorencillo a Tampico y tierra adentro hasta Tamaholipa;
además de que los historiadores señalan los ataques del pirata holandés a
Tampico como una de las razones de uno de los cambios de ubicación de
dicha población.
Tamaholipa se localiza a menos de cien kilómetros de Tampico y al decir
de Fray Isidro Félix de Espinosa, quien cita la crónica de Arricivita como
fuente, el arzobispo de México don Francisco Aguiar y Seixas, visitó Tampico
y también Tamaholipa, cuando esta población acababa de sufrir un ataque de
piratas, probablemente derivado del asalto de Lorencillo a Tampico del 23
de abril de 1684, puesto que no se retiraron los piratas hasta el 8 de mayo
siguiente, como lo hemos dicho disponiendo por lo mismo de tiempo para acudir hasta Tamaholipa. El asalto de los piratas a Tamaholipa se comprende
en razón de la importancia que se atribuyó a esta población en ese tiempo y
252

a su localización y nominación en diversas cartas geográficas de la época, entre otras la famosa de Ortellius, con seguridad conocida por Lorencillo. No
he encontrado mayores datos sobre el asalto a Tamaholipa.

ABANDONO DE TAMAHOLIPA
Tarnaholipa fue desde su fundación una población asediada por los indígenas enemigos, principalmente por los pasitas que habitaban en esa área, y
por janambres invasores provenientes de la Sierra Madre, por lo cual se protegió el asentamiento circundándolo con una estacada fuerte, posiblemente
de tres varas de alto como la que rodeaba a la villa de Llera en la época colonial.
Los ataques enemigos dieron lugar a la dispersión de la población, señalando los autores que Tamaholipa fue abandonada por sus vecinos entre los
años de 1725 y 1735 refugiándose primero en Altamira y posteriormente en
Tancasneque y Horcasitas, superviviendo los olives como grupo étnico identificado hasta el segundo tercio del siglo XIX. Sin embargo, un documento de
1787, revelado por María del Carmen Velázquez, expedido por la, Contaduría de Real Hacienda de México, se refiere a la misión de Tamaolipam co11
una asignacióón de sínodo por cien pesos anuales y otro documento, también
citado por la distinguida investigadora, éste del alcalde mayor de la provincia
de Pánuco y Tampico del 25 de noviembre de 1786, se refiere a "las tierras
que tienen los indios reducidos de las misiones del Salto de Agua, Tamaolipa"
y otras. Estos papeles revelan que Tamaolipa no fue del todo abandonada,
como tampoco lo fue San Antonio de los Llanos después de las grandes rebeliones de los janambres que pusieron fin a la penetración del brazo nuevoleonés que entró a Tamaulipas con afanes colonizadores.
Contamos con un interesante dato complementario (Expediente de Indios,
Vol. 7, Exp. 455, pág. 216) relacionado con la queja del corregidor Juan de
Espinosa, de don Tomás de Sevilla y don Domingo de Juan, alcaldes del
pueblo de Tamaholipa, quienes pidieron ~I virrey, marqués de Guadalcázar,
en 1620, investigar los malos tratamientos que daba el guardián misionero de
dicho pueblo a los indios del lugar, lo que originó que el citado virrey ordenara al padre comisario general de la Orden de San Francisco, averiguar los
hechos y "siendo ciertos, provea del remedio necesario para que sean bien
tratados y administrados, poniendo en la dicha doctrina otro religioso ... " El
documento es importante en tanto expresa que los indios quejosos no hablaban
la lengua española y que la frontera estaba en peligro, pidiendo clérigo y no
fraile por las grandes ofensas que el custodio hacía a Dios. No sólo tenía ame253

�nazas externas el poblado de Tamaholipa después de la muerte de fray Andrés, sino también grave cuestión interna que ameritó la intervención del
virrey.
Tamaholipa es para nosotros no sólo una evocación del primer intento colonizador en el noreste, sino una referencia cierta del noble quehacer de uno
de los hombres más valiosos del siglo XVI; el padre franciscano Andrés de
Olmos.
ACULTURACiúN E INTEGRACIÓN SOCIOECONóMICA
DE LOS CHICHIMECAS EN EL SIGLO XVI

Lic.

.

loNACIO DEL

Rfo

Instituto de Investigaciones
Históricas, UNAM.

'

Los NIVELES DE desarrollo de las culturas indígenas de América fueron factores condicionantes de los procesos de integración que se dieron a partir de la
Conquista. En las áreas de alta cultura, los patrones de contacto hispano-indígenas respondieron evidentemente a una problemática distinta de la que se
planteó en las zonas de culturas intermedias o marginales. La existencia previa de sociedades agrícolas en Mesoamérica, por ejemplo, hizo posible que
se asimilaran a las nuevas estructuras implantadas por el orden colonial formas tradicionales de organización social y producción económica propias de
los pueblos nativos. Allí donde existían ya sociedades sedentarias, los procesos
de aculturación y de integración socioeconómica se dieron en forma simultánea. Este hecho se manifiesta claramente en la doble función asignada a la
encomienda: la de proveer lo necesario para la cristianización de los indios,
con los demás cambios culturales que esto implicaba, y la de servir de sustento económico a los conquistadores.
La penetración en Aridamérica, en cambio, planteó desde luego el problema de la transformación del modo de vida de pueblos recolectores y cazadores -por excepción parcialmente agrícolas- como paso previo e indispensable para la inserción plena de estos grupos en el sistema de dominación colonial. Las instituciones de dominio que se introdujeron en los vastos territorios del norte novohispano, muchas de ellas originadas en contextos muy diferentes, hubieron de ser adaptadas a las peculiares condiciones, tanto geográficas como históricas, de las nuevas zonas de colonización. Los pueblos de
indios que llegaron a conocerse con el nombre de misiones, las guarniciones
militares llamadas presidios y las distintas empresas de explotación económica, como las minas y las haciendas, no fueron en modo alguno invenciones

254

255

�originales de los pobladores de las provincias norteñas; pero sus características
específicas y, sobre todo, las relaciones de unas y otras dentro de la estructura
colonial, difieren en gran medida de las de instituciones similares adoptadas
en el ámbito mesoamericano.
Un factor histórico-cultural se encuentra en la base de este proceso de
desarrollo diferenciado del norte novohispano: la abismal diferencia entre el
modo de vida de los pueblos autóctonos genéricamente llamados chichimecas
y el de los españoles que irrumpieron en la parte septentrional del Altiplano a
partir de 1546, fecha en que fueron descubiertas las minas de Zacatecas. Se
trató, pues, de un contacto en condiciones de acentuado desnivel cultural, lo
que dio origen a un tipo particular de conquista que no se produjo, además,
con la misma rapidez y amplitud con que se efectuó la conquista de Mesoamérica, según ha sido señalado, entre otros estudiosos, por Wigberto Jiménez
Moreno.1 En Mesoamérica, la conquista quedó consumada en la primera mitad
del siglo XVI, mientras que en el norte fue empresa que prosiguió a lo largo
de toda la época colonial y aún tiempo después. No podemos dejar de recordar
a este respecto que todavía a fines del siglo XIX se perseguía a los irreductibles indios bravos de la frontera.
La irrupción española en la Gran Chichimeca

Los conquistadores españoles traspusieron en fechas relativamente tempranas las fronteras septentrionales de Mesoamérica. Algunas de las expediciones pioneras, como las de Marco de Niza y Francisco Vázquez de Coronado,
penetraron, como es sabido, hasta el corazón mismo de la América del Norte. Menos espectadores, pero sin duda alguna pródigas en experiencias que
serían más tarde de gran utilidad para el grupo español, fueron las incursiones de los conquistadores de la Nueva Galicia a esa extensa región conocida
como la Gran Chichimeca.
Hecho claro y significativo es, sin embargo, el que en las dos décadas y
media que siguieron a la caída de México-Tenochtitlan, la colonización española sólo pudo consolidarse en los territorios habitados por pueblos poseedores de una cultura desarrollada; los límites de la colonia en esta primera
etapa de existencia fueron, en su parte norte, los mismos límites de Mesoamérica. Donde no había comunidades indígenas sedentarias o semisedentarias
susceptibles de ser reclamadas en encomienda, faltó el principal incentivo de
la penetración española. En todo caso, la frontera cultural parecía llamada
1 Wigberto Jiménez Moreno, Estudios de historia colonial, México, Instituto Nacional
de Antropología e Historia, 1958, p. 25-36.

256

a desplazarse muy lentamente mediante un paulatino proceso de expansión.
De los años de 1543 y 1544 datan las principales concesiones de encomiendas
en las zonas fronterizas del Bajío, cuya finalidad más que expansiva era de
defensa y contención.2
La expedición de Juan de Tolosa en 1546 y el descubrimiento de los ricos
minerales de plata del Cerro de la Bufa, proporcionaron el incentivo que
hasta entonces había faltado para penetrar en la Chichimeca. La plata era,
como más tarde apuntaría De la Mota y Escobar, "la piedra imán del español",3 y su hallazgo provocó una verdadera avalancha de pobladores. Apenas
cuatro años después del descubrimiento de Tolosa, operaban ya en la región de
Zacatecas treinta y cuatro empresas mineras, empezaban a proliferar las pequeñas poblaciones, había ya un activo comercio y se nombraban los primeros
oficiales reales que habrían de ver por los intereses de la corona española,4
Otra actividad que prosperó rápidamente al lado de la explotación minera
fue la ganadería, para la cual los extendidos territorios norteños ofrecían positivas ventajas. El desarrollo de la actividad ganadera, de suyo intenso en
toda la Nueva España, alcanzó elevados índices en la Gran Chichimeca. Al
iniciarse la década de los setentas, según Gonzalo de las Casas, se obtenían
en aquella región, por concepto de diezmos, catorce mil becerros por año.5
La agricultura, en cambio, tuvo un desarrollo lento, sobre todo en los inicios de la colonización, debido al poco interés que mostraban los colonos por
esta actividad productiva, no obstante la ingente necesidad que tenían de
aprovisionamientos. La explotación de las minas y las haciendas ganaderas absorbía por completo la atención y los esfuerzos de los españoles, deseosos de
un rápido enriquecimiento, por más que no todos corrieran con la misma
suerte en eso de descubrir las vetas o los placeres, ni todos tuvieran los recursos necesarios para formalizar una explotación.
2 Vid. Philip W. Powell, La guerra chichimeca (1550-1600), trad. de Juan José Utrilla, México, Fondo de Cultura Económica, 1977, 310 p. (Sección de Obras de Historia),
p. 21-23.
a Alonso de la Mota y Escobar, Descripci6n geográfica de los reinos de Nueva Galicia, Nueva Vizcaya y Nuevo Le6n, Introd. de Joaquín Ramírez Cabañas, 2a. ed., México, Editorial Pedro Robredo, 1940, p. 209.
4 R elaci6n de la visita de Hernando Núñez de la Marcha, 1550, citada por Arthur
Scott Aiton, Antonio de Mendoza, First Viceroy o/ New Spain, Durham North Carolina, Duke University Press, 1927, p. 184-185.
5 [Gonzalo de las Casas] "Guerra de los chichimecas", en Anales del M useo Nacional de México, segunda época, t. I, México, Imprenta del Museo Nacional, 1903, p.
186.

257
Humanitas-17

�La penetración española transformó, pues, en muy poco tiempo la tierra
de los chichimecas. Los que habían sido hasta unos años antes territorios que
libremente recorrían en busca de sustento los pames, guamares, guachichiles y
zacatecos, se encontraban ahora invadidos por elementos extraños cuya presencia y cuya actividad alteraba de alguna manera el medio geográfico y la
vida de sus pobladores originales. Cierto que la región es extensa y que los
poblados surgidos en diferentes rumbos se hallaban generalmente apartados
unos de otros; pero, como hace notar Philip Wayne Powell, era el tráfico de
los caminos el que en forma más patente evidenciaba la intrusión del español
en el habitat de los nómadas norteños. 6 Las estancias ganaderas, por otra parte, contribuyeron a modificar paulatinamente la ecología regional, en perjuicio de quienes basaban su subsistencia en el aprovechamiento simple de los
recursos naturales. "Ante tal invasión -dice Miguel Othón de Mendizábal-,
que .. . privaba [a los chichimecas] de sus principales recursos alimenticios, la
tuna y el mezquite, que los ganados se veían obligados a comer por la falta
de pastos y la carencia de aguajes, los chichimecas iniciaron una implacable
defensa de sus territorios de recorrido".7

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•

La guerra inevitable

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11

Las condiciones en que se efectuaba este obligado contacto entre el grupo
que irrumpió en la Chichimeca, portador de formas de vida extrañas a los
antiguos habitantes de la región, y las bandas nómadas que veían surgir en
sus propios territorios una civilización de la que no participaban y la que no
les debe haber resultado fácil comprender, no pudieron sino conducir a un
enfrentamiento violento. Gonzalo de las Casas dice que los chichimecas "a
los principios se mostraron conversables a los españoles y se llegaron a ellos" ;8
es posible que así haya ocurrido cuando tuvieron lugar las primeras entradas.
Tenemos noticia de algunos chichimecas del área fronteriza que, en actitud
pacífica, entraron en tratos con los españoles y aun se mostraron dispuestos
a asentarse de fijo en ciertos lugares. 9 Pero esta relación de avenimiento no
podía durar mucho tiempo, toda vez que la presencia española, aun cuando
se hiciera en medio de declaraciones pacifistas, ponía en cierta forma en crisis
el modo tradicional de vida de los habitantes indígenas de la región. La reacción de los chichimecas, una reacción belicosa y crecientemente agresiva, tuvo,

en principio, como ha dicho Mendizábal, el carácter de una enérgica defensa
•
' 10
de la base geográfica de su existencia.
No viene al caso hacer aquí un relato pormenorizado de la cruenta_ guer~a
de los chichimecas. Diremos solamente que, sin posibilidad alguna de rmpedir
la penetración española, los indios se convirtieron en feroces . depredadores.
No había estancia ganadera, real de minas o camino que estuvie~a comple~mente a salvo de la amenaza chichimeca, la que ni las ex~ediciones .pumticon
vas como 1a de Pedro de Ahumada Sámano' célebre por el ngor excesivo'd'
qu; se castigó a los indios cautivos, ni la formación de la cade_na de pre~i ios
establecida en tiempos del virrey Enríquez de Almanza, p~dieron conJurar.
Conocedores del terreno que combatían, diestros en el maneJo ~~ sus arcos Y
flechas, prontos en el ataque y en la huida y capaces de sobr_evi:71-r en los ?esiertos y peñascales con sólo mantenimientos silvestres, los chichuneca~ teman
decisivas ventajas sobre sus adversarios. No obstante las mucha~ ~aps que
les ocasionaban las armas de los españoles, no menguaba s~ agz:esi~d~d, Y su
número según los testimonios de la época, tampoco parecia dismmwr.
La ~erra tuvo variadas consecuencias económicas. Las pérdidas d~ ganado
alza
0 de mercancías eran de suyo onerosas; mas a ellas había. que añadi~
de precios derivada, en parte, de la inseguridad de los cammos, y la dificultad
·
de hacer nuevas exploraciones en busca d e mmas
o, en hallándolas, de bene.
ficiarlas cuando se localizaban en sitios aislados. Uno de los muchos tes~~onios referentes a la inestabilidad que, con motivo d~ la ~err~: caracterizo ª
la actividad económica en la Chichimeca, resume asi la sltuacion:

:1

en suma la contratación de los hombres cesa de aquí a Zacatecas Y
G·~adalajar~ y de allí adelante por no haber seguridad en _los caminos
ni tenerla con guarda de soldados a costa de muchos dineros . .. se
corre de ordinario riesgo de las vidas en ellos [los mercadere~] y los
soldados, dejando sus haciendas y mercaderías robadas Y_ perdidas. El
beneficio de las minas se deja totalmente, que muchas h~iendas de que
se sacaba y sacaría gran cantidad de plata no se osan m pueden beneficiar porque luego las asuelan, roban y matan a los que_ and~ en ellas,
de que a Su MaJ·estad y al bien común viene .gran dano, y· fmalmente
f l
está todo tan lastimado y escarmentado de la fiereza destos m 1e es, que
en susll manos falta el
por hUl·r el manifiesto peligro que hay de caer
•
•
comercio y trato humano en todas estas provmc1as .. .

a Op. cit., p. 32.
1

Miguel Oth6n de Menclizábal, Compendio hist6rico de Zacatecas, en Obras completas, 6 v., México~ Talleres Gráficos de la Nación, 1946, V, 175.
s Op. cit ., p. 185.
9
Powell, op. cit., p. 5.

258

Op cit., V, 175.
-- p
· · zM
· ·
d H
d de Robles presentada ante el 111 Conci1,o rovmc1a
eRelac16n e ernan
d l · d'
¡
•
1585, publicada en José A. Llaguno, La personalidad Jurídica e m 10 Y e
xicano,
10

11

°

.

· ·

259

�fJ bcaeficio de la guerra

Con la penetración de los españoles allende los confines septentrionales de
Mesoamérica se amplió súbitamente el ámbito del mundo civilizado, aunque
al respecto conviene puntualizar que, dadas las condiciones del poblamiento
del Altiplano norteño y la coexistencia en él de formas de vida radicalmente
distintas, la frontera cultural dejó de tener una precisa correspondencia geográfica. En aquella amplia zona de contacto, los límites entre la civilización
y el mundo bárbaro se hicieron difusos, mo,;edizos, inestables. En otras palabras, toda la extensión de la Chichimeca fue una zona de frontera.
No debemos soslayar el hecho de que la expansión colonial implicaba la
introducción de un orden social y económico basado en la explotación de los
pueblos sometidos. Extender el ámbito de la civilización significaba, por tanto,
poner en marcha un proceso de reproducción ampliada de formas de dominio. Por lo que toca al área objeto de nuestro estudio, las tendencias de la
colonización española respondieron a esta exigencia imperativa del sistema.
Fue así como, no obstante la confrontación bélica con los chichimecas, o más
bien, gracias a ella, según veremos, los colonos españoles hallaron ocas1on y
modo de integrar a algunos grupos indígenas a su propio sistema de explotación.
En efecto: el desarrollo de las actividades económicas de que ya hemos hecho referencia planteó la necesidad de disponer de una fuerza de trabajo
constantemente incrementada, condición sin la cual el proceso general de
desarrollo se vería condenado al estancamiento. En parte, el problema se
solventó mediante la ocupación de indios libres llevados de los reinos de México y Nueva Galicia, así como de mestizos, negros, mulatos y aun españoles
pobres. De todas formas, hubo en la región un déficit permanente de mano
t~e obra que, por añadidura, ocasionaba una considerable elevación de los
salarios. Tal situación sólo podía resolverse incorporando a los propios chichimecas al traba jo de minas y haciendas, para cuyo efecto se procedió a
reducir a los cautivos de guerra a la condición de esclavos.
La esclavitud como método de integración inmediata de los chichimecas
fue concebida ya, desde 1526, por H ernán Cortés.12 Devino, sin embargo,
práctica común al iniciarse la segunda mitad del siglo. Para entonces se hall! Concilio Provincial Mexicano ( 1585), México, Porr úa, 1963 (Biblioteca Porrúa,
27), p. 227-228.
12 V id. H ernán Cortés, Cartas y documentos, Introd. de Mario Hemández Sánchez-Barba, México, Editorial Porrúa, 1963 (Biblioteca Porrúa,, 2) , p. 321. Se trata de
la quinta carta de relaci6n, escrita el 3 de septiembre de 1526.

bí~n expedido ya las Leyes Nuevas, que prohibían la esclavitud de los indios
de ~scate com~ de guerra, lo que no fue óbice para mantener la instituc10n baJo formas sunuladas. Prohibida la esclavitud de jure existió de ¡ t
1
b d
. .
aco
co~. e nom re e_cautiverio temporal. Parece que la primera autorización
of1c1al en este
. . sentido
. fue
. dada por el virrey Velasco, quien, en 1560, acced"'
10
ª. que los md1os ch1chunecas que fueran habidos como prisioneros permanecieran en poder y al servicio de sus captores por un lapso de seis años a fin
d: ~ue, en esta_ forma, aprendieran "las cosas de la fe".13 El periodo de deposito, vale decrr, de trabajo forzado, se amplió más tarde a trece años aun
cuando cabe pensar que, en no pocos casos, se prolongaría más allá deÍ términ~ es~blecido. De acuerdo con el tenor de las disposiciones, la pena del
cau~~er~o temporal, que contó incluso con la sanción expresa de prelados
eclesiasticos,14 ~ebía aplicarse únicamente a los indios beligerantes, fueran
hombres o muJeres. Los de paz debían ser atraídos por la persuasión para
que poblasen al lado de los españoles. Los niños que, por la captura de sus
p~~res, ~uedaran en la orfandad, se mandó que fueran depositados con fam1has piadosas.
Dos agudos problemas se resolvían con esta suerte de esclavitud limitada.
~l de la falta de mano de obra y el de los altos costos de las operaciones mi~
litares. C_on lo~ e~clavos se proveía a los mineros y hacendados de una fuerza
d~. tra~aJO prac_t~c~ente gratuita, al mismo tiempo que se facilitaba la hab1htac10~ de m1hcias voluntarias que no costaban al real erario, ya que la
e~pectativa de obtener presas para venderlas o emplearlas en provecho propio. er~ recompensa sobrada para los que salían a hacer correrías en busca
de md1os. Desde los más poderosos empresarios hasta los simples aventureros
:e vier~n beneficiados en esta forma con el estado de guerra. No es de extranar ~s1 que aquellas persecuciones dieran lugar a incontables abusos. No impor_to, y~ q_ue _los_ cautivos fuesen efectivamente salteadores O no. La pena se
aphco md1scnmmadamente a todo chichimeca que pudiera ser hecho prisionero.15

ª~;

Consecuen cias inmediatas y perspectivas del sistema
de integración forzada

Como contraparte ~e las evidentes ventajas obtenidas en forma individual
por los colonos esclavistas, la política del cautiverio temporal provocaba tam13 Silvio Zavala, Los esclavos indios en Nueva España México El
1967, p. 184.
'
,
14

co1eg10
·

N ·
actonal,

G. de las Casas, op. cit., p. 189.

15 !bid., p. 168 y 191-192.

261
260

�bién serios peligros para los intereses de la sociedad dominante. Desde el punto de vista socioeconómico, baste decir que la esclavitud no garantizaba la
reproducción de la fuerza de trabajo, a menos que la guerra y el cautiverio
prosiguieran indefinidamente. Los índices de mortalidad entre los individuos
esclavizados eran particularmente altos debido a la sobreexplotación y, en
general, a las múltiples formas de violencia que sobre ellos se ejercían. Por
otra parte, a consecuencia de la posesión individual de los cautivos, el tráfico
de que eran objeto y su frecuente traslado a sitios distantes de sus lugares de
origen, se disolvía la pareja conyugal y se cancelaba, por ende, toda posibilidad de nueva descendencia dentro del grupo.16 Hay que agregar a todo
esto que la separación de padres e hijos des_pojaba a estos últimos del amparo
familiar y los deja_b a a la entera merced de sus depositarios. No parece excesivo suponer que, en la mayoría de los casos, los niños fueran sometidos a una
explotación precoz. La esclavitud, en suma, amenazaba la supervivencia de
los chichimecas como individuos y como grupo étnico diferenciado. Significaba esto el agotamiento irreversible de un recurso humano del que la sociedad dominante no podía prescindir.
La adopción del cautiverio temporal, además, lejos de contribuir a la pacificación, agudizaba las contradicciones entre los bandos contendientes. La
guerra daba a los colonos españoles el pretexto para hacerse de indios esclavos, de allí que sus directos beneficiarios no perdieran ocasión de utilizarla.
Los chichimecas, por su parte, sabedores del destino que les esperaba en caso
de ser hechos prisioneros, resistían cada vez con mayor determinación. Aun
los grupos que habían permanecido inicialmente en actitud pacífica, se vieron forzados a la postre a intervenir en la contienda.
Hemos dicho que las autoridades del virreinato esperaban que con la convivencia con el español, aun en calidad de cautivos, los chichimecas abandonarían sus antiguas costumbres de pueblos nómadas, aprenderían "las cosas
de la fe" y terminarían deponiendo su actitud belicosa. Existen variados testimonios que prueban que lo que ocurría era precisamente lo contrario. El
indio cautivo aprovechaba la menor oportunidad para huir y, cuando lograba hacerlo, tenía un doble motivo para alzarse en son de guerra. Cuando
cumplían hasta el fin su periodo de depósito, pocos eran los que definitivamente _se quedaban a residir en los pueblos de españoles. Los principales caudillos chichimecas fueron frecuentemente exprisioneros; su permanencia en
cautiverio les permitía conocer los recursos y debilidades del enemigo, de
allí que fueran los más peligrosos. En general, la mayoría de los cabecillas
16

El mestizaje hispano-chichimeca se dio, pero, según todos los indicios, en forma
bastante limitada.

262

de salteadores tuvieron alguna vez, antes de alzarse, trato con el grupo español. U na evidencia en este sentido la tenemos en los nombres que nos han
quedado de ciertos jefes chichimecas, como Domingo, Alonso, Pedro, Francisco, Bernabé, Martinillo, Bartolomillo, Antón, etcétera. Algunos grupos chichimecas se aliaron transitoriamente con los españoles y participaron de su
lado en las correrías y escaramuzas militares; pero estas alianzas eran generalmente inestables debido a la mutua desconfianza.
Que con el contacto los indios asimilaban algunos elementos culturales, no
cabe la menor duda. Muchos chichimecas guerreros son descritos en las crónicas como individuos "ladinos" .17 Sin embargo, se trataba de la adquisición
de elementos aislados que más bien servían para separar que para integrar,
como fue el caso del caballo, utilizado por los indios para facilitar sus asaltos.
El fracaso del cautiverio temporal como método de transformación cultural llevó a algunas gentes -mineros, estancieros, autoridades civiles y eclesiásticas- a pensar que la solución del problema sólo podría encontrarse en
la esclavitud perpetua. Esto, sin embargo, era un remedio de dudosa eficacia
y sobre todo, como ya hemos dicho, habría sido a la postre altamente perjudicial para el mismo sistema colonial.
La alternativa pacifista

En medio de la alteración provocada por el estado de guerra fue cobrando
fuerza la idea de una alternativa pacifista. El conocido texto de Gonzalo de
las Casas, titulado La guerra de los chichimecas, escrito hacia 1571, tocó precisamente el meollo del problema. Las Casas aceptaba la licitud de la guerra,
pero censuraba enérgicamente sus excesos y ponía en duda su eficacia; "matar y cautivar [a] todos estos chichimecas, sin quedar n1nguno --decía-,
lo. . . tengo por imposible"; pero aun pudiéndose hacer, "no es conforme a la
ley de justicia ni es bien dejar la tierra yerma y despoblada" .18 Insistía, además, en que la experiencia había demostrado que con métodos como los que
hasta entonces se venían utilizando por los colonos, los chichimecas jamás podrían ser reducidos a la ,"vida política", tanto más cuanto que, cuando se
pretendía obligarlos a vivir de fijo en un lugar, no se les ofrecía una adecuada alternativa de subsistencia; "obligar a un bárbaro [a] que viva en un páramo llano que en sí ninguna cosa tiene de qué sustentarse -escribió--, es
1 7 Por ejemplo, Alonso Ponce, Relaci6n breve y verdadera de algunas de las muchas cosas que sucedieron al Padre fray ... en las provincias de la Nueva España,
2 v., Madrid, Imprenta de la Vda. de Calero, 1873, 11, 137.
1s Op. cit., p. 193.

263

�obligarlo a lo imposible, porque de fuerza ha de buscar qué comer".19 Para
asentar a los chichimecas en pueblos, donde vivieran pacíficamente, recomendaba, en fin, que se les asignaran lugares adecuados, se les proveyera gratuitamente de mantenimientos hasta que los pudieran obtener por sí mismos y
se destacaran entre ellos personas que pudieran enseñarles a labrar la tierra,
a construir casas, a tejer, a cocinar y que con paciencia los ayudaran a abandonar sus antiguas costumbres.20 únicamente de este modo, concluía, podía
esperarse que algún día los españoles disfrutaran del beneficio de la pacificación.
A las posibles objeciones de quienes consideraban que la barbarie de los
chichimecas les era connatural y que, por tanto, debía tenérseles por irreductibles, Las Casas se anticipaba a contestar lo siguiente: "una leona e un
león y aves de rapiña y silvestres son más vagos y brutos en su natural y nunca acostumbrados a servir ni a obedecer. . . y con maña se amansan y se muestran a servir y dar contento y provecho a los hombres que han trabajado
con ellos en amansarlos". 21
En este punto de nuestro análisis hemos de hacer referencia a la participación que tuvieron los misioneros franciscanos en la tarea de pacificar la--Chichimeca. Con Juan de Tolosa, en 1546, asistieron cuatro franciscanos, encabezados por fray Gerónimo de Mendoza. Al principio obraron más bien como
capellanes de los expedicionarios o como curas en los pueblos que se fueron
fundando. Pero pronto empezaron a tomar la iniciativa de acercarse por su
cuenta a les indios para tratar de evangelizarlos. En varias ocasiones, fray
Gcrúnimo de Mendoza se internó tierra adentro con la sola compañía de un
soldado español y un indio mexicano. 32 Cuando lograba establecer contacto
con los indios, les regalaba algunas baratijas que llevaba para el efecto y
procuraba tratarlos de la mejor manera. Dice un autor que, en estas jornadas, fray Gerónimo se mantenía del mismo modo que los indígenas, es decir,
con frutos silvestres. 23 Esto seguramente contribuía a disipar cualquier inicial
recelo de los grupos con los que entraba en contacto.
Avezados ya en este tipo de acercamiento primario, Mendoza y sus compañeros de religión empezaron a buscar sitios apropiados para formar sementeras, !ejes, por cierto, de los centros de población españoles. El cultivo y
19Jbid., p. 193.
20 !bid., p. 194.
21 lbid.
22 José Arlegui, Cr6nica de la provincia de N. S. P. S. Francisco de Zacatecas, México, Cumplido, 1851, p. 22-23 y 26.
2 s lbid., p. 24 y 26.

264

explot2ción de la tierra tenía el doble propósito de enseñar esta actividad a
los indios y de obtener recursos de subsistencia para que fuera factible el
&lt;'Sentamiento. Fray José Arlegui describe así el resultado de aquellos primeros cnsa1os, practicados en el sitio en que se fundó el pueblo de San FranCÍ"co del Nombre de Dios:
Juntos y congregados [los indios] comenzaron con la industria de su devoto maestro a cultivar y a sembrar la tierra de maíz, calabazas y otras
semillas que les dio el padre fray Gerónimo, y fue la cosecha tan abundante de todo, que se admiraron los gentiles recién convertidos con la
abundancia, teniendo desde entonces las palabras de su ministro como
ortculos ... 24
Agrega Arlegui que, sin tener que andar en los montes para buscar su alimento, los indios pudieron recibir la enseñanza religiosa con la continuidad
necesaria.25
El método de estos misioneros, consistente en enseñar a los naturales, poco a
poco y mediante el propio ejemplo, un modo de vida alternativo que les permitiera el abandono del nomadismo, seguiría siendo aplicado en lo sucesivo.
El mismo cronista que hemos citado, Arlegui, que trabajó entre los indios de
Zacatccas y Nueva Vizcaya casi dos siglos después de aquellos primeros franciscanos, dice categóricamente: "si a los demás fieles entra la fe por el oído,
a los más de los indios bárbaros de muchas partes de esta provincia les entra
por la boca, cosa de que tenemos eJ.'Periencia continuada".2 &amp;
En estas poblaciones en ciernes, los misioneros se ocuparon de la paciente
tarea de incorporar a los indios a las formas de vida sedentaria. Ponían su
atención principalmente en los niños, los que, por obvias razones, resultaban
mucho más maleables que los adultos. Varios poblados de este tipo, núcleos
de lo que más tarde se llamarían misiones, precedieron en diversas zonas a
las poblaciones civiles. Con todo, muchas veces se produjeron reacciones adversas por parte de los indios, por lo que no pocos misioneros perdieron la
vida en esta empresa.27
Vemos así que lo que propuso Gonzalo de las Casas en buena medida era
lo que había venido ocurriendo ya en las áreas marginales de la colonia norlbid., p. 27-28.
lbid., p. 28.
26
lbid., p. 118.
2
: Vid. Gerónimo de Mendieta, Historia eclesiástica indiana, 4 v., México, Salvador
Chavez Hayhoe, 1945, IVt 202-203 y 217~228. También Arlegui, op. cit., p. 195 y ss.
24

25

265

�teña. Lo que faltaba era que la experiencia trascendiera a los círculos oficiales para que la obra misional tuviera mayor impulso y pudiera contrarrestar
los arrebatos belicistas de los colonos.
Las condiciones de la pacificación

Por demás está decir que la formación de estos pueblos de indios dirigidos
por religiosos sólo podía tener buen éxito en la medida en que no se violentara el proceso de cambio cultural. Es evidente que el mayor incentivo que
podían tener los neófitos era el de sentirse usufructuarios de su propio esfuerzo. En la situación en que se hallaban, resultaba contraproducente, por
prematuro, imponerles cargas fiscales u obligarlos a prestar los servicios que
se exigían a otros grupos indígenas. Para lograr esto era necesario seguir una
política de aislamiento, de relativa marginación de las comunidades indígenas
respecto de la sociedad dominante y su sistema económico.
De este modo, la vieja y muy generalizada pretensión de varias órdenes religiosas de separar, en América, los pueblos de indios de los de españoles, a
grado tal que se evitase prácticamente el contacto de unos y otros, se manifestó también en relación al problema de los chichimecas. En repetidas ocasiones, los religiosos solicitaron que las entradas a tierras de indios, así como
la organización de los nuevos pueblos, quedaran a su exclusivo cargo, debiendo estar subordinados a ellos los soldados que eventualmente se destacaran
para su protección. 28 Se tenía la convicción de que la presencia del español estorbaba y aun del todo hacía imposible la obra de los misioneros por la aversión que los indios sentían contra los "cristianos".29 Incluso se llegaba a afirmar que la vida de los religiosos peligraba mayormente cuando iban en
28 Vid. como un ejemplo de ello la carta de fray Jacinto de San Francisco dirigida
a Felipe II, publicada en Joaquín García lcazbalceta, Nueva colecci6n de documentos para la historia de México, 3 v., México, Salvador Chávez Hayhoe, 1941, II, 217228. Sobre lo mismo trata una representación de un obispo de Guadalajara, probablemente el dominico Domingo de Alzola, que se incluye en Powell, op. cit., p. 189-192.
29 El siguiente párrafo de Mendieta ilustra lo que aquí decimos: " ... vayan a los
chichimecas o a otros indios que estén medio alterados o escarmentados de entradas
de españoles, y díganles que van a su tierra cristianos, y verán como en un momento
cogen el hato y se huyen al monte con grita y alarido del nombre de cristianos, como
quien dice: 'Ladrones, ladrones; corsarios, corsarios; enemigos, enemigos'. Y a esta
causa, los que de ellos quieren oír la doctrina y subjetarse a la fe, suelen decir a los
frailes que van a predicarles: 'Venid vosotros cuando quisiéredes; mas no traigáis en
vuestra compañía cristianos [españoles]'." Op. cit., 111, 165.

266

comparua de colonos o soldados.80 La propia experiencia de los m1S1oneros
en la pacificación de las provincias norteñas los persuadió de que eran ellos
los únicos capaces de realizar cabalmente la conquista de aquellos pueblo~
sin provocar su destrucción.
No nada más los religiosos se percataron de la necesidad del aislamiento.
Por otras razones tal vez más pragmáticas, el cronista Baltasar de Obregón,
quien participó en la conquista de la Nueva Vizcaya, advierte en repetidos
pasajes de su obra sobre la conveniencia de que las tierras y pueblos de españoles estuvieran "divididos y apartados de los pueblos y labranzas de los
naturales"31 y de que, en materia de tributos, no se obrara con precipitación.82 Refiriéndose a grupos indígenas de Sinaloa, por ejemplo, recomendaba
"hacerles buenos tratamientos y no llevarles servicios personales ni tributos
hasta que ... [se tuvieran] domésticos y enseñado~ en buenas costumbres".83
Mantener a las nuevas comunidades indígenas bajo un régimen especial de
aislamiento respecto de los colonos y de exención temporal de obligaciones
tributarias para con el estado no era en realidad una cuestión por completo
inusitada dentro de la política colonial. Como ejemplo de ello puede aducirse
la real cédula de 4 de septiembre de 1551, que ordenó que los indios que poblaran por iniciativa de los religiosos quedaran exentos del pago de tributo
por un lapso de diez años y prohibió que, por el mismo periodo, entraran
españoles en los dichos pueblos, "si no fueren los religiosos que entendieren
en su instrucción y conversión y población, y. . . las personas que por nuestro mandado fueren a cosas concernientes a nuestro servicio y bien de los
indios ... " 34 Sin perjuicio de la soberanía real sobre los nuevos vasallos,
se difería con esto la integración de las comunidades indígenas al sistema
económico colonial.
A raíz de la celebración del III ConciÍio Provincial Mexicano ( 1585), en
donde se debatió la cuestión de los chichimecas y se impuso la tesis pacifista
sostenida por ei clero regular,35 las autoridades virreinales empezaron a otorgar
so Alonso Ponce escribe lo siguiente: "Algunos religiosos han muerto [a manos de
los chichimecas], y casi todos han sido de nuestra orden [franciscana], y yendo en compañía de soldados o [de] otros españoles ... porque a solos los frailes nunca han hecho
daño, lo cual no es poco de considerar''. Op. cit., II, 137.
3 1 Baltasar de Obregón, Historia de los descubrimientos antiguos y modernos de la
Nueva España, pról. de Mariano Cuevas, México, Departamento Editorial de la Secretaría de Educación Pública, 1924, p. 211.
a2 Vid. p. 136, 123-124 y 212.
38 p. 136.
84 Publicada en García Icazbalceta, Nueva colecci6n . . . , 11, 116-118.
35 Vid. Llaguno, op. cit., passim.

267

�un apoyo más decidido a la obra de los misioneros. Los virreyes que gobernaron en la última parte del siglo XVI, el marqués de Villamanrique y Luis de
Velasco II, se empeñaron en prohibir las cacerías de indios, reducir el aparato militar y financiar ampliamente el proyecto misional. Como medida complementaria, el virrey Velasco promovió el traslado de grupos tlaxcaltecas a
las provincias norteñas, con la idea de que su ejemplo alentara a los nómadas a formar sus propios pueblos. Tanto éstos como los chichimecas mantuvieron un cierto régimen de privilegios, que sólo el tiempo y las nuevas circunstancias fueron acabando.
Con la pacificación de la Chichimeca pudo conseguirse una relativa estabilidad en la región, que permitió consolidar allí el dominio español. El avance de la civilización hacia otras zonas del norte plantearía otra vez problemas
similares a los del siglo XVI, pero, como ha afirmado Philip Wayne Powell,
el contingente español ten\a entonces una significativa experiencia sobre la
cual fundar la organización de las nuevas fronteras. 36

GÉNESIS DEL DRAMA CARBAJAL*
PHILIP

W.

PowELL

Univ. de Santa Bárbara~
en California, EE.UU. de A.

MucHos AÑos 1-u,, en mis días estudiantiles de la década de los Treinta, cuando comenzaba mis investigaciones sobre el cuarto virrey de México, don Martín Enríquez de Alrnanza, naturalmente tropecé con la historia de la familia
Carbajal. Fascinado con el apasionante recuento, su drama absorbió mi atención y no perdí oportunidad de leer todo documento relacionado con el
tema, y, por supuesto, todo cuanto al respecto se había publicado. Cierto es
que, desde entonces, encontré algunas discrepancias, verbigracia, entre los
datos autobiográficos de Luis de Carbajal y de la Cueva mismo y el avalúo
que algunos de sus contemporáneos hicieron de él; y hay, como ustedes saben, mucha controversia en la historia de esta familia. En todo caso, en aquellos tiempos fue en Carbajal el Viejo, y no en sus deudos, que se centró mi
interés principal, ya que sus actividades estaban estrechamente atadas a los
dos ternas que me habían atraído: el funcionamiento del gobierno del Virrey
Enríquez y los problemas de la frontera norteña, en particular la Guerra
Chichimeca.
Luego, cuando más tarde me dediqué a investigar el periodo medioeval y
la Edad de Oro de España y me encontré con la diseminación de la llamada "Leyenda Negra",1 tuve que apreciar aquel relato desde otras perspec-

ss Op. cit., p. 231.

268

* Conferencia sustentada por el autor en el Ciclo de Pláticas que bajo el tema de
"La Acción de Carvajal en el Noreste", se presentó en Monterrey, el 17 de mayo
de 1981, organizado por la Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística.
1 Estudios que produjeron, inter alía, mi libro Arbol de Odio: La Leyenda Negra y
sus consecuencias en las relaciones entre Estados Unidos y el Mundo Hispánico (Madrid, Porrúa, 1972) . La versión original, en inglés, se titula: Tree of H ate: Propaganda and Prejudices Affecting United States Relations with the Hispanic World (New
York, Basic Books, 1971).
269

�tivas y proporciones. Me di cuenta entonces del papel importantísimo que
jugó el pueblo hebreo en la historia ibera, su continuidad global en los imperios español y portugués de ultramar, y los irritantes que entre las dos razas fueran parte significativa de la formación y perpetuación de la misma
Leyenda Negra.2
En tal manera y a través de tantos años, adquirí opiniones sobre la importancia de aquel drama en la Nueva España, y tuve ocasión de discutir
a nuestro personaje con uno de mis héroes favoritos de la historia norteña,
don Vito Alessio Robles, a quien tuve el honor de conocer y el gran placer
de departir sobre este y otros temas. Más o menos simultáneamente, otro de
mis héroes literarios norteños, el renombrado Capitán Alonso de León, también contribuyó vívidamente a aumentar mis conocimientos sobre don Luis y
sus hazañas. Mi interés por aquella historia no ha disminuido, pero se convirtió más bien en pasatiempo romántico en lugar de seria ocupación investigativa. Quizá la orientación tan poco productiva que ha tomado, se deba
a mi frecuente relato en las aulas universitarias de estos increíbles hechos,
los que jamás han fallado en cautivar la atención de los estudiantes, no sólo
como una singular saga de la historia fronteriza continental, sino como aquella mezcla de hostilidades religiosas -hebraicas, hispanas, e inquisitoriales en
este caso-- que acompañaron al nacimiento de nuestra edad moderna.
Sea como fuere, mi interés en la familia entera nunca decayó, aunque no
llegó al punto de iniciar una prolija indagación documental. Por otro lado,
me pareció que había más que suficiente inclinación de part_e de mis colegas
mexicanos y judíos para que mi ayuda no fuera requerida.
Pero, en fin, los Carbajal me han traído ante ustedes hoy, y me siento encantado y muy honrado de haber sido invitado a esta reunión completamente
dedicada a su historia, feliz de estar entre ustedes y de hallarme físicamente
tan cerca del escenario de las proezas del Viejo. Vengo a ustedes más como
discípulo que como maestro, más como estudiante que contribuyente, ya que
estoy rodeado de expertos en la historia y en la leyenda de aquel hombre
que todavía ejerce sobre mí su fascinación después de cuatro décadas, como por los hechos, los mitos, las enigmáticas cuestiones que nacieron con la
personalidad de uno de los hombres de mayor magnetismo que se produjera
en las fronteras del Nuevo Mundo. Aún sin el elemento judaico de esta historia, el escenario exótico de la frontera sería suficiente para picar nuestra
curiosidad; pero agregado tal ingrediente, el episodio se convierte en drama .
singular que posa interrogantes de toda índole. Así, aquí me tienen, más
listo a lanzar preguntas que a responderlas.
2

Véase especialmente las páginas 71-81, 132-135 de mi Arbol de Odio.

270

yr~eramente, veamos las relaciones de Carbajal el Viejo con el problema
mas importante de la frontera de esa época, la Guerra Chichimeca.ª Record~os que ~~uella gu~rra_ constitu_yó el conflicto continuo más largo de que
se tiene noticia, entre mdios americanos y fuerzas intrusas de una roa or ·•
'r ·,
•
y Ci
VI _izacion, guiadas por europeos pero que incluían contingentes numerosos
e importantes de indios, negros, y sus mezclas.
Carba~al e~~ó a la región costera, al margen de la guerra que se centraba
en la altiplanicie, en los primeros días de la administración del Virrey Enríquez, ~ue co~enzó en septiembre de 1568. Y, como todos sabemos, fue a
C~rbaJal a qmen tocó, como oficial local, coronar, por decirlo así, el primer
t~!unfo de don M7~tín ~n el Reino Mexicano: o sea, la derrota de los piratas
( perros luteranos ) baJo el comando del Capitán John Hawkins, favorecida
Y apo~ada por la Reina Virgen de Inglaterra. Carbajal fue quien capturó
a los mgle~es abandonados por Hawkins cerca de Pánuco, poco después de
la derrota mg_lesa en ~an Jua~ de Ulúa. Tal historia es muy bien conocida y
no es necesario repetirla aqm, excepto para preguntarnos si no fue éste el
~omento en que comenzó un vínculo especial que unió a Enríquez y a Carbapi, ya que el virrey se inclinaría hacia el oficial que le ayudó a cosechar los
restos de su victoria. (Entre otras cosas, este encuentro no fue la última con~xió~ que tuvo Carbajal con piratas ingleses en aguas mexicanas, como indicare ro~ tarde) . Sabernos que estos dos personajes se conocieron por medio
~e un amigo mutuo en España quien recomendó Carbajal a Enríquez,4 po~1blemente aún antes de su casi simultáneo arribo al Nuevo Mundo. Muy
mteresante, creo, sería investigar bien este primer contacto; de todos modos
sus. cordial~s relaciones son dignas de estudio y contemplación. Ligadas es~
tuvieron, sm duda, a la acción de Carbajal como capitán fronterizo en los
bordes orientales de la Guerra Chichimeca, y a la temprana preocupación
de don Martín con esta guerra, así como a su decidido apoyo a los méritos
del capitán ante la Corte española.
Sospecho que en el lazo Enríquez-Carbajal pueda esconderse una buena
historia para un "detective" de antiguallas, adicto a las aventuras en archivos. Hoy en día, naturalmente, es casi imposible escribir una biografía satisfactoria de un personaje del siglo XVI, como también difícil es hacer un ha3 P~il!p W. Powell, La Guerra Chichimeca, 1550-1600 (México, Fondo de Cultura
Econom1ca, 1~77), espec!almente _pp. 153-154, 179-180. La última versión inglesa de
esta obra se titula: Sold,ers, Indians and Silver: North America's First Frontier War
(Tempe1 Arizona State University, 1975).
__4 Alonso de León, "Relación y discursos del descubrimiento, población y pacificac10n d~ este Nuevo Reino de León... 1649," en Joaquín García Icazbalceta, ed.,
Colecc16n de documentos para la historia de México (México, 1858-1892), 7 vals.

271

�llazgo epistolario que vierta luz sobre hechos tan distantes. Pero cuánto me
gustaría clarificar aquella afinidad! El apellido Enríquez es, después de todo,
famoso en la historia de España por su intimidad con los judíos, y (aunque
no venga al caso en esta instancia) el virrey tenía en común con ellos cierto
antagonismo por la Inquisición, quizás por razones de gobierno o por la
penosa e:i-'Periencia de algunos miembros de su propia familia, quienes habían sentido el brazo del Santo Oficio cuando fueron proclamados culpables
en el famoso auto de fe de Valladolid, de 1559, acusados de afinidad con el
luteranismo, en momentos en que esta herejía se estaba tratando de cortar
de raíz en las tierras castellanas. Por supuesto, tales ideas caen dentro del
reino de pura especulación.
Mucho más importante fue el favoritismo, documentado, que mostrara el
virrey a Carbajal a través de los años de su gobierno. No se olvida, por ejemplo, su notable solicitud al avaluar los rumores que habían llegado a sus
oídos acerca del mal tratamiento que éste daba a los indios, la calidad de su
tono protector, casi paternal, cuando le dice en su carta de septiembre 8 de
15 76: 5 "Magnífico señor -Yo recibí vuestras cartas, y lo que yo, señor, os
escribí fue advertiros de lo que se decía, porque os deseo tanto bien que me
pesa que nadie pueda poner mácula en cosa que vos hagáis, especialmente
en lo de los malos tratamientos de indios, porque aunque no sea sino tocarles
en la mano, es tocarme a mí en los ojos; y así os encargo que los que allí
van se les haga todo el buen tratamiento del mundo, y que los soldados, en
poco ni en mucho, no les enojen. Y los indios de Tanchipa y Tamaolipa ~e
vuelvan, y en ninguna manera estén allí, porque les es gran vexación, aunque
bien entiendo que para lo de la guerra eran necesarios, y los que allí quedaron
los haced volver y vayan gratificados y contentos."
Que Enríquez confiara implícitamente en la integridad y habilidades de
Carbajal en el manejo de los asuntos concernientes al país Pánuco-Huasteca,
es evidente no sólo en estas líneas sino en otras escritas poco antes, en ~1
mismo año, sobre varios asuntos de indios. Así, en 22 de abril, le dice : "Magnífico señor -En una información que me envió don Francisco [Barrón?], vi
un dicho vuestro y creo yo muy bien lo que vos, señor, decís en él, que si este
negocio no se lleva por buen término y se procura de sosegar esos indios, que
es encender la guerra y que haya muy gran trabajo con ellos. Yo había escrito
a don Francisco de Puga que lo viniese pensando, que estaba ya todo aquello
sosegado y asentado, y ahora le torno a escribir que no se venga hasta que lo
esté, porque no vean los indios que los dejan y se vienen los españoles. Haced-

me, señor, placer que vos procuréis de trabajar en sosegar esos indios y allanarlos y quitar el miedo a los que están de paz, y si se congregasen juntos,
como he escrito, sería de mucha importancia para estar con más seguridad,
y avisadme particularmente de todo lo que allá hubiere, que no he visto días
a carta vuestra."6
Estas cartas demuestran no s6lo su consideración por el bienestar de Carbajal, pero sugieren que quizá éste no supo o no quiso reciprocar estos cuidados. De otro lado, también puede uno concederle la razón a don Luis, al
imaginárselo cabalgando en ese ambiente primitivo y peligroso y, dado su
carácter irascible, cuán poco inclinado se encontraría a las tarea$ epistolares,
aún si ellas fueran para complacer a su protector. Quizá pueda excusársele, pero no así cierta señal de tacañería, cierta mezquindad, que podemos
apreciar en otra carta de Enríquez para él, fechada el 8 de septiembre, qi'.ie
dice así: "Los metales haré ensayar, mas no sé cómo se verá porque no pesarán aún dos onzas las piedras que vinieron acá. Y pues estáis tan cerca,
acudid vos allá y sacad cantidad de metal para que se ensaye, que si minas
hubiese, ese sería el mayor camino para apaciguar esa tierra, porque iría luego gente a poblarla .. . " Después del énfasis en lo poco de piedra que le
mandó para el ensaye, el virrey alaba el trabajo de Carbajal en esta forma:
"Heme holgado· con la venida de los indios de paz y así creo lo harán y que
con vuestra buena industria y mano se han de sosegar, que haciéndoles buen
tratamiento yo creo que todos se sosegarán, porque la causa de no lo haber
estado, ha sido los malos tratamientos que se les han hecho. Siempre, señor,
me avisad de lo que hicieredes y del estado del fuerte [de Jalpa] y cuándo irán
los frailes y entonces el lienzo que pedía para el altar, y lo demás, y hacedme
saber qué es lo que tiene por allí [Francisco] Barrón, que justo es que pague
parte de lo que se gastare así en pacificarlo como en la doctrina ... " 7
El virrey quiso utilizar a Carbajal para apaciguar la hostilidad y las incursiones de los indios en el área Jalpa-Sichú, indios que se estaban rebelando
contra la cristiandad e induciendo a otros a hacer lo mismo. De consiguiente,
la preocupación por el establecimiento del importante presidio de Jalpa, pero
cauto al advertir a Carbajal que no se excediera en gastos: "En lo del fuerte, sea breve, señor, la obra y no se haga más de aquello que fuere necesario,
porque los indios no sean muy vejados; y allí pretendo que haya frailes franciscanos, porque no es tierra para que pueblen agustinos. Y, en sabiendo q11e
allí donde estén, haré que el padre comisario envíe frailes, mas como no
sean lenguas, será de poco efecto."ª
Enríquez a Carbajal, 22 de abril de 1576, AGI, Aud. Méx., 103.
Enríquez a Carbajal, 8 de septiembre de 1576, loe. cit.
ª Ibídem.
6

s Martín Enríquez a Luis de Carbajal, 8 de septiembre de 1576, Archivo General
de Indias ( AGI), Audiencia de México, 10.

7

272

273
f

Hurnanitas-18

�Los presidios en la Gran Chichimeca fueron, en realidad, una medida de
guerra inventada, digamos, por Enríquez para el conflicto fronterizo, innovación que estuvo muy cerca de su corazón. Pero encontramos aquí una
curiosa paradoja entre las ideas del virrey y las de su capitán en el norte.
Mientras la Guerra Chichimeca tomaba proporciones de crisis al final de los
años Setenta, y mientras Carbajal se hallaba en España presentando su causa
ante el Rey, Enríquez confirmaba el fuerte y guarnición de Jalpa, colocaba
un presidio en Valles, y otros dos en Tamaos y Maguaos. Pero cuando Carbajal retomó de España, trató de eliminar estos presidios que ~e. hallaban ~n
su nueva jurisdicción, pues prefería en lugar de fuertes y guarmc1ones estacionarias, patrullas de sus propios soldados. Esto seguramente puede interpretarse
como medida para facilitar la captura de esclavos y el beneficio de su venta y,
teniendo en cuenta las anteriores y posteriores acusaciones que se hicieron
contra Carbajal, tal pudo haber sido el motivo por el que 1e atrevió a desafiar
los deseos de su alto protector en la Ciudad de México."
La solicitud de Enríquez por Carbajal es particularmente interesante en
vista de tres consideraciones: ( 1) La eventual caída de éste se basó, entre
otras cosas, en el cargo de haber esclavizado a los primitivos, acusación que
ya se le había hecho durante los años de Enríquez; (2) El cargo de esclavizar pues eso es lo que quiere decir "malos tratamientos de indios", no es
'
,
sorprendente en realidad, porque, aunque no aprobado por la Corona, su practica fue común en aquellos años de "guerra a fuego y a sangre", y de hecho
en toda la década siguiente de crisis de la Guerra Chichimeca, de 1577 a
1587; (3) Ciertas indicaciones (ya señaladas por don Primo Feliciano Velázquez) de falta de confianza del virrey en Carbajal. En el panorama total,
por supuesto, ya de tiempo atrás era notoria la caza de esclavos que tenía
lugar en el territorio de Pánuco y que se remontaba a la llegada de los españoles allí. Esto dio acerbo sabor a las sensibilidades virreinales acerca de la
reputación de Carbajal vis-á-vis los cargos de esclavitu_d. Y para los_ que e~tudiamos este periodo nos demuestra, a lo menos parcialmente, la d1ferenC1a
entre la pacificación de aquella área, con lo que habría de suceder en la
altiplanicie, como más tarde comentaré.
A pesar de la evidencia de que el virrey comenzaba a abrigar dudas sobre
la integridad del capitán, el lazo entre ellos estaba todavía muy mani~ies~
cuando el segundo buscó la aprobación real para gobernar un vasto_ terntono
entre Nueva Galicia y la Florida. Es suficientemente claro que el v1rrey, a lo
menos en su correspondencia, apoyó inequívocamente la ambición de su pr~tegido, que de otra manera el Rey jamás hubiese aprobado. Así, en la testi11

Powell, Guerra Chichimeca, 153-154.

ficación documental aducida para secundar las pretensiones de Carbajal, se
encuentran frases como: "El dicho virrey, con la satisfacción que tenía del
cuidado y valor con que servía [Carbajal] a Vuestra Majestad ... " o "en
otras muchas cosas de gracia ha servido en la dicha Nueva España con mucha
satisfacción del dicho virrey don Martín Enríquez y ministros ... de que constará a Vuestra Majestad muy particularmente por relaciones hechas en la
dicha Real Audiencia conforme a la ordenanza y cartas del dicho virrey o
otras personas . .. " 1 º
La notable prudencia y sagacidad de don Martín jamás le hubieran permitido asentar y dar su aprobación a un caso del todo fraudulento, pues es
patente que durante su gobierno sus esfuerzos íntegros se dirigieron a proteger los intereses y prerrogativas del Rey. A menos, naturalmente, que existiera entre estos dos personajes cierta relación muy especial que todavía no
se ha presentado a nuestra vista. El testarudo, inflexible, austero, y enfermo
viejo virrey no se vio libre de acusaciones de favoritismo hacia sus criados y
11
protegidos, así que la existencia de un vínculo particular puede ser la respuesta, a su manera, de desechar sospechas y barrerlas bajo la alfombra, como lo hiciera en favor de don Luis. Hasta el fin de sus días en la Nueva
España y hasta la hora en que partió para asumir la dura carga del gobierno
del Perú, que tan elocuentemente confirma la fe de su monarca en su lealtad
y discernimiento, don Martín Enríquez fomentó con firmeza las capacidades
del fronterizo judeo-cristiano, como los historiadores bien sabemos a través de
la recomendación que de él hiciera a su sucesor, el Conde de Coruña, de que
haría bien en utilizar los servicios de Carbajal.12
Uno de los aspectos curiosos del triunfo de Carbajal, al obtener su contrato
de manos del Rey, es el hecho de que ocurrió en un momento de gran consecuencia para los judíos iberos. La victoria de Felipe II en conseguir la soberanía de Portugal y su imperio, auguraba una decidida posibilidad de que
los cripto-judíos lusitanos se hallaran en peligro, por el fuerte aumento de las
actividades de la Inquisición española dirigidas hacia ellos. Así, la coyuntura
de estos importantísimos sucesos ibéricos con el contrato de Carbajal, aparece
como una época ideal para que los judíos lusitanos buscasen oportunidades
en el Nuevo Mundo, poniendo buena distancia entre ellos y los altos tribu10

103.

"Los servicios de Luis de Carbajal", 26 de febrero de 1579,. AGI, Aud. Méx.,

11

Véase especialmente, Philip Wayne Powell, "Portrait of an American Viceroy:
Martín Enríquez, 1568,-1583", en The Américas (Academy oí American Franciscan
History), July, 1957, Vol. XIV, pp. 1-35.
12
Instrucciones que los virreyes de Nueva España dejaron a sus sucesores (México,
1867).

274
275

�nales del Santo Oficio. Contemplando los hechos en esta luz, no es de asombrar que hubiese israelitas o marranos en el pretendido esfuerzo colonizador;
lo que sí es de admirar es que no fuese mayor el número de los que trajo para
su empresa.
Ciertos ecos de la relación Enríquez-Carbajal perduraron por la década
subsiguiente a la partida del virrey y al retorno de Carbajal a su nueva y espectacular jurisdicción. La desaparición de Enríquez del escenario mexicano
fue pronto seguida por el ascenso de su implacable rival, don Pedro Moya
de Contreras (ex-Inquisidor General en la Nueva España y luego Arzobispo),
y en este momento se inició la primera investigación oficial de las actividades
de Carbajal. Posiblemente esto fuera sólo coincidencia, posiblemente algo
más. Podría la ausencia de su alto protector haber ayudado a abrir el camino
para acciones gubernamentales contra él, especialmente si estas indagaciones
gozaban de la bendición del más acerbo antagonista de Enríquez?
Mientras el examen crítico de la caza de esclavos por parte de Carbajal
y su falta de cumplimiento del contrato ganaban momentum, sucedió otro
evento anglo-mexicano que parecía una repetición fantasma del episodio de
Hawkins, con la persecución lel "Galeón de Manila" por Thomas Cavendish,
en el Océano Pacífico. Carbajal estaba ausente cuando sucedió otro eco del
suceso de Hawkins, anterior a éste: El retiro de capitanes y soldados del teatro de la Guerra Chichimeca para ir en persecución de Francis Drake, quien
tenía el propósito de.atacar el puerto de Guatulco, en la costa oeste de México, para vengar la victoria de Enríquez sobre Drake y Hawkins en San Juan
de Ulúa.13 Pero en 1587, este otro eco de los primeros días de Luis de Carbajal en el Nuevo Mundo, se presentaría en forma de una intrusión del Capitán Cavendish en lo que se suponía era un lago español, el Pacifico.
He encontrado una curiosa referencia a este efecto en mis búsquedas en
España de documentos tocantes a México: 14 En el 16 de septiembre de 1587,
la Real Hacienda de Guadalajara pagó a Juan de Montaña 500 pesos "como
proveedor nombrado para que, con cuenta y razón, los gastase en comprar
los bastimentos y cosas que conviniesen para la jornada a que salió Luis de
Carbajal [y] de la Cueva, gobernador del Reyno de León, con comisión de esta Real Audiencia, contra los ingleses corsarios luteranos que andavan por
la Mar del Sur y costas de esta provincia en busca y espera de los navíos de
la China, a reparar lo necesario y alzarles los bastimentas y recoger a los
naturales con doce soldados y la demás gente que pudiese . .. " La aparición
is Julian S. Corbett, Drake and the Tudor Navy (New ork, Franklin, 1899), 2 vols.,
I, 27 6, 282-3.
14
AGI, Contaduría 859A, ramo 10 ( 1587); also, Contaduría 859B,, LCCG-6.

276

tanto de Drake como de Cavendish provocó la movilización de soldados -incluyendo flecheros indios- de la frontera chichimeca a enfrentarse con el
peligro de la piratería inglesa. Y por la manera como está descrita esta entrada de cuentas, en tiempo pretérito, indica que Carbajal a lo menos dio
principio a esta exótica empresa. O' quizá, teniendo en cuenta su notable
sentido de exageración y deseo de ensalz~rse, don Luis haya discernido aquí
el potencial para adjudicarse un papel heroico ante fa ·Corona.
Es una vasta ironía que la historia de Carbajal el Viejo, como figura fronteriza, terminara en el preciso momento histórico, 1588-90, en que una solución diplomática y humana iba a poner fin a la sangrienta Guerra Chichimeca en la meseta central y sus bordes montañosos. La Paz Chichimeca de los
Noventa, sólo en pequeña parte llegó a influenciar la extensa región que formaban las empresas Carbajal; alcanzó, en el lado oriental, principalmente a
Saltillo y Mazapil y al territorio San Luis de la Paz-Río Verde-Sichú-J1alpa.
Así, una pacificación fronteriza que, en general, confiere tanto honor a los
capitanes-protectores y demás autoridades de esa época y lugar, al poner término a la pelea sangrienta, y a la esclavitud de naciones primitivas, substituyendo en su lugar responsable atención a las necesidades espirituales y materiales de aquellos rebeldes -programa de ayuda a gentes muy subdesarrolladas, como se diría en la terminología más moderna- andubo paralela con
la historia ignominiosa de fraude, continua esclavitud, y mofa de las leyes
reales que caracterizó el gobierno de Carbajal. La difícil personalidad de Carbajal el Viejo, el trato de esclavos y su continuidad, y el clímax del drama de
los judíos con la Inquisición, que lo alcanzó y lo llevó hasta la muerte, todo
se combina para hacer de la sección fronteriza Pánuco-Nuevo León-Huasteca,
un lugar triste, en trágico contraste con la humana y .bien ordenada Paz Chichimeca del interior.
En realidad, no me siento apesadumbrado de que mi interés en la fascinante historia de Carbajal, que empezara hace tanto tiempo, haya sido
eclipsado por medio siglo de la guerra, pacificación, y amalgamación cultural que tuvo lugar en la altiplanicie, porque esto me alejó algunas leguas
de las controversias y pasiones suscitadas por la historia de aquella familia.
Pero sí tengo un pesar acerca de todo esto: El drama, las emociones, los
prejuicios que emanaron de la familia Carbajal y sus gracias y desgracias y
lo relativo a las complicaciones inquisitoriales, tendieron a apartar interés
por otras facetas significantes de la historia del norte de México, y, como
triste resultado, muchos fronterizos sobresalientes quedaron casi olvidados,
sin que se prestara atención a sus biografías. Por lo menos una docena de
otros capitanes y muchos episodios fabulosos de ese periodo, claman por
atención literaria, por presentación ante el público y ante los letrados del

277

�mundo, como hechos de interés humano, de significancia histórica en el total
de la vida de aquella época y la historia de Norte América. Ese periodo formativo del pueblo mexicano, básico para la historia continental, por mucho
tiempo ha sido injustamente relegado al olvido, si lo comparamos con la prádiga atención que el movimiento hacia 'cl oeste ha recibido en Gringolandia.
Así pues, aún en el momento de prestar merecida atenci6n a una de las admirables historias fronterizas, la de los Carbajal, anticipémosnos un futuro
estudio y popularizaci6n de tantos hombres y mujeres y acontecimientos que
fueron los ingredientes para la formación de una gente mexicana muy distintiva, los primeros norteños.

Sección Cuarta

CIENCIAS

SOCIALES

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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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      <name>Geografía histórica colonial</name>
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      <name>Jesús María González</name>
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