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                  <text>Cuevas, Mariano. Cartas y otros documentos de Henián Co11.és novísima1nent.e
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Edici6n de Joaquín Ramírez Cabañas. 3 vols. México, 1944.
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islas y tie1Ta firme del mar oceá1w. 4 vols. Mad1id, 1853.
Portillo y Díez de Sollano, Alvaro del. Descubrimientos y exploraciones en las costas
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Sección Cuarta
CIENCIAS

SOCIALES

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Vedia, Enrique de. ed. "Cartas de Relación de Fernando Cortés sobre el descubrimiento y conquista de Nueva Espa1ía," en Histo1iadores p,imitivos de bulias, I,
Biblioteca de Autores Esf1a-1ioles, T. 22, Madrid, 1946.

320
H umanitas-21

�/

EL HOMBRE DE NUESTRO TIEMPO Y 1A PAZ
POR EL Lic. ALBERTO GARCÍA GóMEZ
Universidad Nacional Autónoma de México
Universidad Autónoma de Nuevo León

DENTRO DE LAS INQUIETUDES que afligen al hombre de nuestro tiempo,
des~ca la cada vez mayor y peligrosa de la eventual proximidad de la guerra
atómica, en sus ya diversas variantes, así como el empleo de nuevas armas
que sobrepasan con mucho la reacción del cerebro humano y que algún
escritor ha llamado "la batalla de las computadoras", así como de otras
celosamente guardadas para su oportunidad. Es, -sólo ahora- que el
hombre ha comenzado a ''pensar en lo impensable".
Las primeras afloraciones de tal inquietud se observan en las capitales de
una cada vez mayor cantidad de países, en las que numerosos grupos de
personas recorren las calles y se detienen ante los edificios públicos. Se
manifiesta no sólo con la presencia fisica, sino también con pancartas de
contenido eminentemente pacifista, tales como: "Seiún~ haznos instrumentos de
tu paz", "No fJ11.ede haber una guerra nuclear limitada", "Los 1ii1ios 1w jJodrán
sobrevivir a la guerra nuclear", "Alto a la carrera armamentista" y otros más, como
así ha acontecido ante el edificio de la Organización de las Naciones Unidas,
en Nueva York, para hacer pública su protesta, no sólo contra las armas
nucleares, sino también por la carrera armamentista que consume gran parte
de los erarios públicos de las superpotencias envueltas en tan terrífica tarea.
En una publicac.ión norteamericana,1 se recuerda un feliz pensamiento de
Víctor Hugo: "No hay ejército que jnteda detener una idea cuyo tiempo ha llegado".
¿Habrá llegado acaso hoy el tiempo de pensar seriamente y de accionar -al
fin- en la idea de paz! Resulta difícil contestar categóricamente a esta
pregunta, si se toma en cuenta que el hombre de nuestro tiempo se encuentra
sumergido en otros problemas que, si bien no son de la magnitud de una
guerra atómica, no dejan de inquietarle.
Está, por ejemplo, el hecho de la explosión demográfica, el que pese a la
existencia de valiosos estudios que constituyen verdaderas admoniciones, se

Tll\lE. 29 de marzo, 1982. p. 8.

�ha venido agudizando y necesariamente ha repercutido en lo social, tanto a
nivel nacional como internacional. Las generaciones humanas han roto el
ritmo natural de su desarrollo y hasta se ha hablado del choque de las mismas.
En otro aspecto, las áreas antes pertenecientes a la naturaleza, lenta~ente
han sido invadidas por el hombre, desestabilizando así el orden ecológico. La
interrogante de si habrá alimentos suficientes para el hombre del futuro, pese
a optimistas augurios, no tiene aún precisa respuesta.
.
.
El mundo actual contempla otra no menor preocupación, referida al
campo de lo económico, ya que no constituye una novedad el saber del
desquebrajamiento de las economías nacio_nales, la~ que, ~ su vez, h~n
impactado a la economía mundial. El comercio a los m1Smos mveles_menc10nados, otrora floreciente y próspero, al presente acusa saldos neganvos. Por
su parte, la industria -aún en los países desarrollados- registra números
rojos, comprobándolo la frecuencia de las quiebras de antes poderosas empresas.
.
Pero volviendo al tema prioritario de la paz, ¿cómo podría concebirse en
un mundo tan convulsionado y con una escala de valores a tan bajo nivel?
Ahora es cuando la idea de paz empieza a fermentar en la conciencia de
los hombres de nuestro tiempo, frente a la expectativa de lo que no puede
llamarse en rigor una guerra, sino el aniquilamiento de la especie humana.
En realidad, lo obsoleto de la palabra "guerra", tuvo su inicio a las 5.30 a.m.
del lunes 16 de julio de 19•15, cuando una llamarada, nunca jamás vista con
anterioridad, siniestramente iluminó un radio de varios kilómetros alrededor
del desierto de Nuevo México, en los Estados Unidos de Norteamérica, fecha
en que había principiado la Era Atómica. A este respecto habíamos escrito:
"La gravísima experiencia que tendría que arrostrar ~l hombre en el_ c~so en
que se decida a llevar a cabo una guerra, la que sena totalmente d1snnta a
cuantas haya realizado en épocas anteriores, supone un hecho n~1~vo y
trascendental, ya que el mundo presente ha entrado a nuevas cond1c1ones
sociológicas, lo que encierra circunstancias exu·añas._ Tal es el ~~so de la
iniciación de la Era Nuclear, lo que indudablemente exige una revlSlón total,
sino es que una verdadera y nueva regulación en todos los órdenes de la vida
humana.2 Est.i sucediendo trágicamente lo del aquel antiguo caso del mago
imprudente que destapó un recipiente que contenía un genio del mal y que
no pudo regresarlo a su envase.
.
De la primera bomba nuclear, hecha por los Estados U mdos, hasta nuestros
días, el así llamado "Club Atómico", ha aumentado notablemente su mem-

2

324

Alberto Carda Gómez. La Universidad lntemacúmnl de In Pnt. Centro de Estudios
Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León. 1975. p. 33.

bred~, así como agudizado su experiencia. Otras armas -no nuclearestambién han aparecido con un gran poder destructivo.
En la desafortunada y aparentemente remota guerra de )as Malvinas se
puso de manifiesto lo último de tales aseveraciones. Ciertamente no' se
emplearon armas atóm_icas, ~ro aconteció algo que a nuestros contemporáneos les parecía como !mpos1?le: una guerra, considerando el "temor" por
~le_s armas, las_que hab1an conJurado el peligro de un nuevo encuentro bélico,
s1 bien, aparecieron otras de gran efectividad.
En realidad, la existencia -desde la primera a la última de las armas
nucleares-, es un pelig~o real, cierto y creciente, sólo que ahora, sólo por
ahora, está l~tente y manana, un mañana que aparece confuso, pero totalmente enc~1b1erto por las nubes de la incertidumbre, si se llegaran a emplear
antes, pudiera no llegar.
La sóla e~istencia del armamento nuclear y su eventual empleo, horroriza
a la H~mamdad, que ha c~menzado a reflexionar en tan funesta posibilidad,
enmedio del mundanal rmdo y ya no cree que tal existencia pueda servir de
fu~dament~ a la errónea e ilusoria creencia de que pueda asegurar la paz y
al~Jar el peligro. ~s armas nucleares fueron y son hechas para el aniquilamiento ~el en~m1g_o. Es~e pensamiento también lo tiene el otro enemigo y
en ta~ violenta rec1pr~1dad, el hombre vé que puede desaparecer de la faz
de la tlerra. El ~nsam1ento_que se funda en la existencia del arsenal atómico,
como prese~-vanvo de segundad, cuando mucho podrá detener la hecatombe,
pero no evitarla. Lo que sucede es que el holocausto se ha diferido se ha
apl~zado, has~ el día ~~ el que el odio, la ceguera y la estupidez Im:Uanas,
aprieten el ganllo del disparo final y último.
Lance ~orrow ha escrito:3 "La nueva metafisica de la guerra hace esta
co~figuración:_ las b?m~as nucleares presiden, en una oscura y especulativa
fo1 ma s~bre la 11nagmac16n humana de la guerra. Lo nuclear es para la guerra
c?~venc1onal, lo que el monoteísmo del Dios Vengador fue para el humano
viejo Yamable y, relativamente, a las inofensivas idolatrías del politeísmo La
Ira
,
·
. de D"
. 10s, 11ega a ser el ternfico
hongo que causaría millones de víctimas
lupotéacas, muertas en una explosión nuclear y en la totalidad de una
tempestad de fuego en la que todo cesa. Esto no es relativo como sucedía en
las guerras antiguas, sino absoluto, el vacío completo
la extinción La
~uerra nuclea~· se p~sa_en la mente como la espeluznante visión medievaÍ del
mfierno: horrible, s1 bien todavía hipotética".
. Sin duda, dentro de la metafisica de la guerra cabe preguntarse lo que
siempre se ha preguntado la Humanidad, ¿por qué la guerra?
'

el;

3

Lance J\lorrow. La Melnfoica de /11 Guerra. Time. 17 de Maro de l !J82. p. 19

325

�Se han dado varias explicaciones y se han formulado teorías que tratan ~e
encontrar la causalidad, pero no contestan la interrogación formulada satt~factoriamente, debido a que la problemática belicista es sumamente co~pleJa
y los esfuerzos por llegar a alguna conclusión, aún cuando fuese aproximada,
pudiera arrojar alguna luz en la oscu~a encn'.c~j~da. Basta ~e~ordar la gran
cantidad de teorías expuesta por el sociólogo P1tmn A Soro km, el ~ue afirma
que "la bibliografía existente sobre el origen de la guer,:a ! de Las revoluciones rev~La

La condición irremediablemente turbia de nuestro conocimiento de ese secto_r y_también
del de la causalidad en general. En primer término hall_amos ~n esta bib!1ografía
una variedad casi increíble de causas alegadas por mvesttgadores diversos y
aún, a veces, por uno solo. Los factores causales q~e s~ mencionan son: las
manchas solares, las condiciones climáticas, las conJunc1ones de los planetas
y otros factores cósmicos; los instintos de pugnacidad, d~ guerra, de lu~ha, de
pelea, de agresividad y de gregarismo; la superpoblación: despoblación, el
porcentaje alto o bajo de natalida~ y ~ortalidad; la ley umversal de ~a h~cha
por la existencia y otros factores b1ológ1cos; ~l_t~m~r, la lucha
la hbe1 tad,
la relajación de los frenos impuestos por la civilización, 1~ a1~b~cion de poder,
la ostentación, la vanidad y docenas de otras ~uerzas ~si_colog1cas; ~ma larga
serie de factores económicos, políticos, dinásttcos, rehg1osos, estéticos, ~ducativos y sociales; diversas condiciones cultu~·ales, tales com? "la auténttca y
la falsa cultura", las costumbres y sus semepntes; abstracciones filosóficas,
como Destino, Providencia, etc., y, para finalizar, varios pequeños y grandes
grupos de hombres "malvados".
. . .
..
Frente a esta gran diversidad de ideas, no resulta.fáol d1~tmgun la ca~1salidad de la guerra y sí pensar, para acercarse a la prnna rauo de la n~esuón,
en el agente causal que es el hombre, 1:~cor?ai~do lo que de muy antiguo .~s
conocido y que Kant señalaba como la ma_lt~nidad de la natu.rale_za human~ .
El hombre tiene su historia, la hace cot1d1anamente, y constituye el grnn
factor. Más, ¿cómo empieza esa historia? Principia cuando h_ac~ ~u ap~ri~ió1~.
Enmedio de la oscuridad de los siglos pasados, su figura, pnnuuva e n~s,gmficante frente a un mundo de exhuberante naturaleza, poblado por ammales
de gra~ tamaño y ferocidad, en un medio y cir~unstai~cias_totalmente adv_ersas. De la piedra a la bomba atómica, hay un Jalón lus_tónco qu~ no ha sido
debidamente evaluado. Se inicia un proceso de evolución y un ntmo ascendente , que es, en síntesis la dinámica beli~ista, agudizada_ ~n la época
contemporánea a sus máximos niveles destructivos_- ~I~s la apano~n humana
se produce en un lugar determinado: un g111po tntelal y no va_nos__en t~na
imposible simultaneidad, de acuerdo con los antropólogos e lust01 iado1es.

P~:

4

Pitirin A. Sorokin. Sociedaá, Cultura y Personaliáad. Cultura e Historia. Aguilar. pág.

Posteriormente, el grupo se extendió, dispersándose por la tierra. El hombre
mismo habría de evolucionar en lo biológico y psíquico, operándose en esa
dispersió~, las adaptaciones a cada región y, a su vez, influyendo lo telúrico
en el propio hombre. Nace la diversidad en idiomas, en costumbres, en fuerza
y en debilidad ·y nacen también los afluentes culturales y las distintas cosmovisiones. La incipiente axiología empieza a formularse hasta llegar, a lo que
parece haber pasado ya: la fuerza contra el Derecho.
Parece cosa de milagr~ría que el grupo inicial pudiera sobrevivir frente a
la advei:5idad y a su limitada capacidad de pensar y de obrar. Claro que es
necesario recordar que muchos hombres deben haber perecido en su lucha
contra,_ no solament~ los elementos, sino también en la que habría de
producirse tanto en lo mterno, en el seno del propio grupo, como en la costosa
conquista de lo exterior y extralio. ¿Habrán perecido más hombres en la toma
del ~ncipiente mundo que los muertos en las guerras que el hombre ha
rea~izado hasta el _presente~ Desafortunadamente, no hay medio de compro~ac1ó!1 para lo primero y s1 muy elocuente en la parte de las guerras, cuyas
glonas" se cantaron cuando comienza la historia antigua y la contemporánea.
Entre las p~-it~eras ocupacioi~es que el hombre primitivo tuvo que aprender para subs1st1r, fu~ matar ammales. Luego llegó el momento en que tuvo
que _matar a sus semeJantes, que le robaban sus pertenencias: la imtjer, su
muJer, que la naturaleza le adjudicara como lo más valioso, como compañera
y generadora de la propagación de la especie; los instrumentos de la cacerí;,
la cueva, que fue su único abrigo frente a los rigores extremos de las estaciones
y de los ataques de las terribles bestias que ponían en peligro mortal a él y a
los suros y tant1s amenazas qu~ hoy casi resultan infantiles para el arrogante
Y vaoo _hombre de nuestro tiempo, aniquilado por la vida sensual que
carac~enza a ésta nuestra Era Atómica, en la que también ha conquistado el
espacio.
En otro aspecto, el hombre primitivo hubo de observar, no solamente la
naturaleza que lo abrumaba, sino también cómo transcuri-ía la vida animal,
de la cual tenía mucho q~1e aprender, encontrando, asimismo, el imperativo
de matar ~ntre las especies de tal género, dentro de un orden que, sin caer
en el ~atah~mo, la muerte y la destrucción "armonizan" y equilibran a dichas
especies. Ciertamente, no advirtió el aniquilamiento como el que el hombre
puede producir en la eventualidad de un conflicto nuclear. ¿Acaso en el
hombre resulta imperativo e irrefrenable el matar? ¿Qué acaso el hombre,
dotado de inteligencia y razonamiento, no puede distinguir el bien del mal?
Vemos que dentro de las interesantes manifestaciones que el hombre
actual comienza a exteriorizar acerca del peligro nuclear, de las cuales hemos
mencionado algunas, se destaca la relativa a la 1rwralidad de la guerra atómica,

801.

326

327

�tema que ha venido ocupando la ~tención de la Confere~ci~ Na~ional de
Obispos Católicos en los Estados U mdos. De acuerdo con los ultnnos informes
de la prensa norteamericana,5 los obispos en cuestión, han venido elaborando
un proyecto de Carta Pastoral, en el que participan 276 obispos y cuyas
conclusiones, una vez que hayan sido debidamente discutidas y aprobadas,
serán dadas a conocer a los 51 millones de católicos de la ley norteamericana.
En los estudios previos del proyecto que se menciona, los obispos norteamericanos están buscando desarrollar una Teología de la Paz que viene a desafiar
algunos de los supuestos fundamentales, así como las estrategias de defensa
de cada Administración Norteamericana y de la mayoría de las del Mundo
Occidental desde el inicio de la Era Nuclear. El ataque clave de los obispos es
sobre la doctrina de la disuación nuclear. Los obispos saben que la amenaza
de los Estados Unidos de usar armas nucleares en respuesta a un ataque
soviético, podría evitar el comienzo de la guerra; pero, no ob~tante, concluyen
que tal política es insatisfactoria, porque ha creado y mantiene en su lugar,
un balance de terror que también fácilmente puede llevar al holocausto.
Asimismo, se sienten ofendidos por el costo del mantenimiento de la propia
disuasión, porque dicen que ésto toma el dinero de los programas destinado
a los pobres. Hay que agregar que los_ obispos llaman al congelam!ento
nuclear, que es lo opuesto por el Gobierno y muchos expertos, quienes
arguyen que tal cosa preservaría la superioridad soviética. Los obispos también urgen al Gobierno a trabajar activamente en un acuerdo de desarme con
Moscú.
Con el respaldo del Papa Juan Pablo II, un grupo de expertos en el
Vaticano declaró en el mes de Septiembre de 1982, que la prevención de la
guerra nuclear "es el más grande problema moral que la Humanidad jamás ha

encarado y qzie no hay tiempo que perder".
Pero, ¿cómo siglos de enseñanzas teológicas cristianas acerca de la guerra
deberán ser aplicadas a las realidades ele la actual carrera armamentista? Por
dos años los obispos norteamericanos han venido luchando con esa interrogación.
En tanto los obispos arguyen su caso en contra de las armas nucleares en
los meses por venir, tendrán que sostener que su posición sea consistent~ ~on
la tradición de las enseñanzas ele la Iglesia sobre la guerra. Hast, la apanc1ón
de la bomba nuclear, el enfoque de la Cristiandad sobre la guerra ha permanecido fundament,lmente invariable por siglos. Los primeros cristianos
rehusaron prestar todo servicio milit,r, porque pensaron que las enseñanzas
de Jes(1s de "AMA A TU PROJIMO", ordenaban paciftsmo, ya que Roma

exi~ía votos idólatras. La Cristiandad llegó a ser una religión establecida en
el siglo IV y pro~to abrazó _la teoría de la "Guerra Justa" de San Agustín,
desarrollada en siglos postenores por Santo Tomás de Aquino y otros teólogos.
Las condiciones tradicionales acerca de una guerra moralmente justificable, l~s que son generalmente aceptadas, tanto por los católicos, como los no
~atóbcos, son: qu~ sea ~eclarada p?r _una autoridad legítima; por una causa
J~s~; con buena mt~nc1ón, como ultimo recurso y emprendida con medios
hm1tados. ~s dos cnterios para conducir una guerra justa que son especial~ente perttnent~s. al ~ebate nuclear de hoy, son: tlisc1-im.i.nación (No matar
dtrectamente a etv1les inocentes) y proporción (una guerra de devastación no
deberá exceder el mal que b~1sca vencer). Los pacifist,s nucleares arguyen
que esos dos factores necesanamente excluyen a la guerra atómica.
Hay un antecedente valioso que se ocupó, no sólo de examinar el problema
de!ª g_u~rra moderna desde el exclusivo campo de la moral, sino también de
la Jt~stteta. ~os referimos al ~cuerdo tomado en el Segundo Congreso del
Instituto Hispano-Luso-Amencano de Derecho Internacional, celebrado en
Sao Paulo en 1953, al decir que:
"l º. Por encima del Estado e independientemente de sus volunt.ades están
1~ ~foral y 1~ Justicia, cuyas ind~cli1~able~ exi~encias, en sus esenciale~ prinetp1os, son aJenas a ~oda detenmnac1ón lustónca y rigurosamente inmut,bles
y pt~~den ser conocidas de todo hombre de buena volunt,cl y ningún derecho
pos1ttvo las puede menospreciar.
, ~º- E_I Derecho Internacional positivo está sujeto, en su formación, a los
lnmtes impuestos por el bien común internacional.
~º- E:5te bi~n común no es individ~1alista ni colectiYist,; existe para el
pe•_f~cet?nam1en~o de los fines esenciales de todos los sujetos del orden
Jund1co 111tcrnac1onal, pero no se confunde con ellos.
. 4º. Las exigenc_ias del bien co~1ún internacional, la posibilidad de destrucción de la Humanidad por la técmca de la guerra total, el hecho de que ningún
Estado se baste, hoy en día, para cumplir por sí sólo uno de los fines esenciales
de ~oda Com~midacl P?líti~a, cual es la de asegurar su defensa contra todo
pos~ble enemigo extenor, nnponen, inexorablemente, a los Estados, la obligación, en abstracto, de constituir una organización política eficaz de la
Comunidad Internacional.
. 5º. L~ O~·ganización Internacional debe tener como punt.o de partida la
libertad 111d~spe1~sable ~~ los Est,dos compatible con la autoridad que, en cada
momento lustónco, ex1Je el bien común de la persona humana"6 •

6

0

5

TIME. 29 ele noviembre de 1982. N. 48. pág. 54.

lnstitut~ Hispano-Luso-Americano de Derecho Internacional. Tabla General de las
Reso_lua~&gt;ncs y demás Acuerdos. (1951-1977) por el Dr. José Ptrez Montero.
Publicaaones ele la Secretaría General. l\laclrid. 1979. pág. 24.

329
328

�Desde luego, resultará del mayor interés el conocer ~as conclusiones. a las
que llegue el mencionado debate moral, el que consatuye una ~utonzada
reprobación acerca del empleo de la fuerza n~clear en los conflictos entre
naciones, conclusiones que, por otra parte, servtrán de fundamento a nuevas
perspectivas de paz que pueden derivar en una nueva toi:na de con~ie~cia
universal no solamente en lo moral, que es de trascendente 1mportanc1a, smo
también ~n lo político. Siendo de desearse que vaya en aumento el alzami.e~to
de la conciencia nuclear; que los pueblos del mundo conozcan con prec1S1ón
cuáles son los peligros mortales que constituyen las armas atómicas pa~ pasar
del conocimiento a la acción; que todos los hombres de todas las laatudes,
condenen y proscriban tales armas, así como la carrera armamentista y que
desaparezcan las ideas y planes para su empleo, de la mente y de los arsenales
de aquellos que tienen la grave responsabilidad que trasciende a las actu~les
generaciones y a las futuras, de conducir a sus pueblos, no ~ la muerte.' smo
a una vida pacífica en donde florezca el amor y no el odio y se apliquen
aquellas hondas palabras de: iMiráos como hermanos!

ALGUNOS EFECTOS ECONÓMICOS DE lA INFLACIÓN SOBRE
LOS INGRESOS DE lAS EMPRESAS Y SOBRE lA ESTRUCTURA
TRIBUTARIA
DAVID G. DAVIES
Duke University
Traducción de: Jesús A. López Heredia

INFI.ACIÓN Y LOS IMPUESJ'OS A LAS EMPRESAS

INTRODUCCIÓN

PARA ENTENDER LOS EFECTOS DE LA INFLACIÓN sobre las empresas es necesario comprender el impacto de las prácticas tradicionales de contabilidad en
conjunción con la ley impositiva sobre el ingreso de la empresa. 1 L'l inflación
cambia los precios de los bienes que una empresa compra y vende, afectando
de esta manera sus costos, ingreso, y su base gravable efectiva. Además, el uso
del método de costo histórico en la coñtabilidad convencional tiene un
impacto muy importante sobre las responsabilidades fiscales de las empresas.
Existe un acuerdo casi universal de que el método contable de costo
histórico aument.1 en forma significante las utilidades nominales durante
períodos inflacionarios. Las utilidades nominales son más elevadas de lo que
en realidad serían si los costos y los ingresos de las empresas fueran expresados en precios constantes similares.2
Martín Feldstein ha descubierto que las tasas efectivas de tributación sobre
varios tipos ele ingresos ele capital aument1ron subst1ncialmente durante la
década inflacionaria de los 70s. La razón no se debió al incremento oficial de

2

330

La más con'.pleta descripción y análisis de la relación entre inflación y el sector negocios
est.1 c~nteruda ~n Commonwea!Lh ofAuslralia, Comnúltee of lnquiry inLo Inflation and
Taxauon (Chairman: Professor R. L. MaLhcw~), lnjlation and Taxalion, Camberra May
1975.
'
Vea ibid., p. 338.

�3

tasas impositivas, sino al cálculo erróneo de los ingresos del capital. Este
cálculo erróneo en períodos inflacionarios se debe a dos características
principales de la ley impositiva de los Estados Unidos: los permisos de
deprcciatión de equipo y edificios permitidos por el gobierno est{in basados
en costos originales o· históricos del capital, en lugar de costos corrientes de
reposición y los inventarios son valuados a precios nominales o sobre la base
de utilidades declaradas que se incrementan por esta práctica y que son sujetos
del impuesto al ingreso de las empresas.
PERMISOS DE DEPRECIACIÓN

El gobierno permite a las empresas deducir de su ingreso las bonificaciones
por desgaste de planta y equipo en el cómputo de sus obligaciones fiscales.
La ley ordena que estas deducciones sean en base no sólo al costo original,
sino también en las expectatfras de vida del capital. Las reglas del Interna!
Revenue Service (la institución oficial de recaudación tributaria en los Estados
Unidos) permiten, en realidad, un período impositivo más corto que el de la
duración misma de los bienes de capital. Consecuentemente, cuando no hay
inflación la empresa puede realizar una ganancia -neta en el valor presente
de su ílttjo de capital efectivo. Por otro lado, cuando el nivel general de precios
está creciendo, las bonificaciones por desgaste de planta y equipo que son
basadas en costos históricos en lugar de costos de substitución subvalúan el
valor real del capital depreciable.
Mientras mayor es la tasa de inflación, menor es el valor real presente de
las bonificaciones impositivas. Si, por ejemplo, la tasa de inflación es 8 por
ciento, se le permite a la empresa deducir sólo el 82 por ciento del valor de
reposición del equipo de capital con una duración oficial de 10 años, y sólo
53 por ciento en el caso de edificios con expectativas de vida de 30 años. El
cuadro 1 muestra otras alternativas.
Los cuadros 2 y 3 presentan un panorama diferente del problema y
también ilustran, dramáticamente, la relación entre inflación y permisos de
depreciación y_su impacto sobre el ingreso gravable de las empresas, las
corrientes net,s de capit.al y la t.asa interna de retorno. En ambos cuadros se
asume que la empresa est., considerando la compra de equipo de capit.,l con
valor de $300,000 y con expect:a tivas de vida de cinco años. Los empresarios
calculan y predicen que la corriente de ingresos después del gravamen tendrá
un promedio de aproximadamente $100,000 por año. Por simplicidad se
asume que los impuestos a la empresa son de 50 por ciento.

ll

332

CUADRO l

El Valor Presente de Permisos Oficiales de Depreciación Directa Relativo al
Valor Presente de Depreciación Ajustados al Nivel de Precios.
TASA DE
INFLACION

EQUIPO

(l O AÑOS)*

EDIFICIOS
(30 AÑOS)*

0%

108%

111%

2

100

88

4

93

73

6

87

61

8

..

82

l

53
-

* Tiem_po e~timado de vida est.,blecido por la ley
Las est:11~ac1ones _en el cuadro son el producto de dividir el valor presente de
los ~erm1sos ofioales entre sus diferentes alternativas ajustadas al nivel de
precios. La tasa real de_descuento después del impuesto es de 3 por ciento.
FUENT~: Bas~do en Richard Kopcke, "Are Stocks a Bargain?" New England
Econom1c Rev1ew, May/June 1979, artículo citado Marcalle Errack, "inflation
and Stock Values, Is Our Tax Structure thc Villain?." Quarterly Review,
Federal Reserve Bank ofNew York, Winter 1980-81, p. 7.

Martín Feklstein, "Adjusting Tax Rules for lnllation-Capit.u Gains and Capit.11
lncome," Ta:,: Review,January, 1979, p. 57.

333

�El cuadro 3 es similar al cuadro 2 en todo excepto que la tasa de inflación
es ahora de 1O por ciento. Esta diferencia afecta los cálculos de la tasa de
retorno de la inversión en la medida que aumenta el valor nominal de los
recibos (columna 2), y disminuye la corriente efectiva real después del
impuesto (columna 6). De crucial importancia es el hecho de que los $600,000
por año que se permiten para depreciación permanecen sin cambio a medida
que los precios aumentan. Como resultado, el ingreso gravable y las obligaciones fiscales aumentan más rápidamente que la inflación aún cuando los
ingresos previos al pago de impuestos aumentan en proporción a las tasas
inflacionarias. Consecuentemente, el poder de compra real de las corrientes
de ingreso neto disminuye y su reducción es reflejada en el descenso de la
tasa de retorno de 10.4 por ciento a 6.9 por ciento en el ejemplo con inflación
cero.
Comparando los dos casos, es claro que la política gnbernament.,l ·que
prohíbe ajustes &lt;le depreciación provoca qne el valor presente de futuras
deducciones reales de depreciación disminuyan, y que.el costo CUADRO 2,3
neto de inversión en planta y equipo de la empresa aumente. Siguiendo los
requisitos del Treasury Department de usar el método de costo histórico para
cálculos de depreciación no sólo reduce la tasa de retorno de la empresa, sino
que también aumenta la incertidumbre debido a que la tendencia de la
inflación futura no puede ser predecida. Consecuentemente, los futuros
permisos de depreciación, ingreso gravable, responsabilidades fiscales, y las
corrientes de ingreso neto se com·ierten en actividades inciertas. Otras cosas
igual, el criterio obsoleto usado por el gobierno para efectos de depreciación
aunados a su política implícitamente en favor de la inflación, tendrán efectos
adversos sobre el comportamiento de la inversión, la relación capital-trabajo,
los salarios reales, y el crecimiento del PNB y el ingreso real per capita.
UTILIDADES ORIGINADAS POR I.A VENTA DE INVENTARIOS

Bajo la ley impositiva de los Estados Unidos, las utilidades derivadas de la
venta de inventarios de las empresas están incluídas en el ingreso gravable.
Estas utilidades pueden surgir por dos razones. Si hay un cambio relativo en
precios favoreciendo a una empresa específica, el valor real de sus existencias
se ha incrementado. Si, _por otro lado, hay un aumento en el nivel general de·
precios, entonces el incremento en el valor inflado es sttjeto del impuesto.
Las empresas que practican el método contable LIFO típicamente manifiestán pequeñas utilidades de inventarios. Por el contrario, con el método
más tradicional de FIFO, la mercancía con más tiempo en almacén es
considerada como la primera en ser vendida. Como el tiempo transcurrido
para determinados artículos de inventario es menor bajo el método LIFO, el
sistema FIFO produce utilidades nominales más altas en períodos inflacionarios; y mientras más rápido sea el proceso inflacionario, más elevadas son las
utilidades declaradas.
334

CUADR02

Depreciación Ingreso Gravable, y Flujos de Capital con Inflación Cero.
(l)
FINAL
DEL
AÑO

(2)
RECIBOS
DE CAPITAL
NETO

RECIBOS
DE CAPITAL
EXENTO*

l

$100,000

$60,000

$10,000

$20,000

$80,000

2

100,000

60,000

40,000

20,000

80,000

3

100,000

60,000

40,000

20,000

80,000

4

100,000

60,000

40,000

20,000

80,000

5

100,000

60,000

40,000

20,000

80,000

(3)

(4)
(5)
INGRESO
IMPUESTOS
GRAVABLE** PAGADOS***

(6)
FLUJO DE
CAPITAL
NETO****

NOTAS:

*_De~ucció1~ para depreciación en forma de capital efectivo pero sin reclamación mmed1ata.
**Columna (2) menos columna (3)
***Colu~nna (4) multiplicada por la t."lsa impositiva de 50 por ciento que se
ha asmmdo.
****Columna (2) menos columna (5). ·
~UENTE: Jol_m A Tatom y James E. Turley, "inflation and Taxes: Disincetlves for Capital Formation," Review, Federal Resenre Bank of St. Louis,
January 1978, p. 3.

335

�CUADR03

Depreciación, Ingreso Gravable, y Fh~os de Capital con inflación de 1O por
ciento.
(3)

(4)

(5)

(6)

IMPUESTOS
PAGADOS

FLUJO DE
CAPITAL
NETO*****

(1)

(2)

FINAL
DEL
AÑO

RECIBOS DE
CAPITAL
NETO*

1

$110,000

$60,000

$50,000

$25,000

$77,273

2

121,000

60,000

61,000

30,500

74,793

3

133,100

60,000

73,1000

36,550

72,539

4

1'16,,tlO

60,000

86,,110

43,205

70,490

5

161,051

60,000

101,054

50,526

68,628

INGRESO
RECIBOS DE
GRAVABLE"**
CAPITAL
EXENTO••

••••

NOTAS

*Esta columna es igual a los recibos de efectivo en el Cuadro 1 ajustados por
el 1 o por ciento de la tasa de inflación, compues~ anualm_ente.
. .
••Deducción para depreciación en forma de capital efectivo pero sm 1eclamación inmediata.
•••Columna (2) menos columna (3).
.
..
. .
••**Columna (1) multiplicada por la tasa 11npos1t1va de 50 poi Ciento que se
ha asumido.
.
•••••Columna (2) menos columna (3), pero ajustada por el 1O por ciento de
la tasa de inflación, compuesta al año.
FUENTE: Tatom y Turley, p. 5.

Dado este fuerte incentivo para adoptar el método contable LIFO, es un
hecho bastante notable el que una mayor proporción de los inventarios en
Estados Unidos sea todavía calculada sobre la base del sistema FIFO, aún
después de década y media de considerable inflación. En un ambiente de
aumentos generales de precios, los cambios en los sistemas contables FIFOLIFO provocarán que disminuyan las declaraciones de utilidades netas ya
ajustadas por la inflación tenderán a crecer. A pesar de las prácticas contables
usadas, el impuesto sobre utilidades infladas (o lo que se ha dado por llamar
4
utilidades espurias de inventario ) es un impuesto sobre el capital y tiene un
efecto depresivo sobre la inversión en inventarios.
ALGUNOS EFECTOS ECONÓMICOS DE lA INFLACIÓN

El mercado de fondos de inversión
Como se demostró en los cuadros 2 y 3 y en sus respectivos argumentos,
el proceso de la inflación aunado a la presente ley de impuestos reduce la tasa
neta de retorno de planta y equipo. Estos factores deprimen la demanda de
nuevas inversiones de las empresas. Es decir, para cualquier mercado real de
tasas de retorno, las empresas desearán menos fondos de inversión que en
períodos previos.
Al mismo tiempo, el aumento en el nivel general de precios aunado a la
tributación inflacionaria ejercen también un efecto adverso en la adquisición
de fondos para la formación de capital. En dos estudios separados, Tatom y
Turley y Feldstein, Green, y Sheshinski5 muestran que los gravámenes sobre
el ingreso derivado del capital est.fo basados sobre tasas nominales en lugar
6
de tasas reales de retorno. La inflación aumenta los impuestos personales
vía el incremento en la base gravable la cual está determinada por la
naturaleza progresiva de la estructura del impuesto al ingreso personal. Por
otra parte, este mismo proceso origina un desplazamiento en los niveles
impositivos por lo que las personas son trasladadas a t.,sas impositivas más
altas aún cuando su ingreso real permanece constante.

4

5

6

336

T. Nicolaus Tideman y Donakl P. Tucker, "The Tax Trcaunent of Business Profits
under Inflationary Conclitions," en Henr¡•J. Aaron, (ed.), Inflatio11 011d tlu: Inco11u: Ta.~,
Brookings lnstitution, Washington, 1976, p. 43.
John Taton y James E, Turley, "lnflation and Taxes: Disincenti\'es for Capital
Formation," Rroiew, Federal Reserve Bank ofSt. Louis,January 1978, pp. 5-8, y Martin
Feldstein,Jerry Green, y Eytan Shcshinski, "lnflation and taxes in a Growing Economy
with Debt ancl Equity Finance," journal of Polilical Economy. April 1978, Parte 2, pp.
553-570.
Vea Ewald Nowou1y, "Inflation and Taxation: Reviewing the Macro-economic Issucs,"
Jounzal of Eco110111ic Litemture, Septiembre 1980, pp. 1031-2.

337
Humanitas-22

�Estas características del sistema reducen el ingreso real de aquellos que
obtienen sus fondos de fuentes de capital. En consecuencia, los individuos que
ofrecen financiamientos en capital o por medio de la compra de bonos deben
ser compensados por cualquier pérdida anticipada en el ingreso real. Al
mismo tiempo, los autores mencionados anteriormente han demostrado que
esta compensación requerirá una tasa real de retorno más alta que la del
período anterior a la inflación. El efecto de precios crecientes aunado a los
impuestos al ingreso derivado de inversiones es de reducir la oferta de fondos
7
de inversión. El nuevo equilibrio de mercado de la tasa real de retorno estará
determinado por las formas y magnitudes de los cambios en la demanda y
oferta de fondos de inversión, pero debido a que la oferta y la demanda
disminuyen, la cantidad de formación de capital es reducida consecuentemente. El análisis de equilibrio parcial conduce a la secuencia usual de eventos
que implica una reducción en la inversió_n con una caída concomitante en la
relación capital-trabajo y salarios reales.
Un método de equilibrio general requeriría la investigación de la distribución de los fondos fiscales obtenidos de los ingresos del capital. El gasto
público sobre proyectos de inversión neutralizaría el descenso de los salrios
reales y del desarrollo económico.8 Si los recursos tributarios fueran usados
principalmente para redistribuir el ingreso, habría muy poca atenuación de
los efectos depresivos sobre la formación de capital y el crecimiento de los
ingresos reales.
.
El impacto de la inflación y los impuestos sobr~ acciones
Marcelle A.rak ha analizado el efecto de cambios de la tasa esperada de
inflación sobre el valor de las acciones. Arak advierte cómo la inflación reduce
el ingreso neto de los accionistas como resultado de que los impuestos son
cargados sobre las ganancias nominales de capital, utilidades nominales de
inventarios, y sobre el ingreso nominal de las empresas (debido~ la reducción
en el valor real de los permisos de depreciación). Lo que equilibra estos
factores es el efecto positivo sobre el ingreso de las empresas y el valor de la
firma a consecuencia de que el aumento general de precios reduce el valor
real de las deudas ele la empresa.9
Los cálculos de Arak, basados en un supuesto aumento de 1 por ciento en
la tasa esperada de inflación revelan lo siguiente: el impuesto sobre las
utilidades derivadas ele la venta de inventarios causa una reducción de 5.4 por
ciento en el valor de las acciones; el impuesto sobre ganancias de capital
provoca una reducción adicional de 5.3 por ciento en el capital invertido, y

la disminución más grande es originada por el impuesto a los permisos de
depreciación calculados erróneamente. El efecto de la inflación y el reglamento fiscal sobre los débitos es responsable de un incremento de 4.8 por
ciento en el valor del capital de las empresas. El impacto neto de estos cuatro
factores revela una reducción de 16.8 por ciento en el valor de las acciones. 10
Según estimaciones de Arak, la tasa esperada de inflación en los Est.,dos
U nidos en la década de los 70s fue de 6 por ciento; y agrega que esta cantidad
junto con la estructura impositiva causaron una reducción de 25 por ciento
en el precio de las acciones. 11
LA INFlACIÓN Y EL PROBLEMA DE NEUTRALIDAD Y lA REIACIÓN DÉFICIT-CAPITAL

Un aumento general de precios presenta la tendencia a disminuir el valor
real de la deuda porque puede ser reembolsado con dinero que se ha
depreciado en valor. Esto alentaría a las empresas a satisfacer una proporción
más grande de sus requerimientos de capit."ll vía préstamos. Además, mie1;tras
las tasas nominales de interés se incrementan durante la inflación, la ley
impositiva considera al interés como un gasto deducible antes de calcular el
ingreso gravable en t."lnto que los dividendos son gravados completamente.
Es probable que los costos netos de interés de las empresas se reducirán
creando así un incentivo para que la empresa emit., menos acciones y
aumente su capital a través de financiamientos deficitarios. 12 Alan Auerbach
ha demostrado ele una manera formal que el efecto probable de la inflación
es de hacer el valor líquido una fuente de fondos más cara y la deuda más
barata. 13
En cuanto a la falta de neutralidad de la inflación y de los impuestos, es
muy probable que se afecten t.,nto ia composición de la cartera como las
proporciones del valor líquido de las acciones. La inclinación de la empresa
hacia el endeudamiento es ineficiente porque el riesgo es distribuído entre
accionistas y portadores de bonos de manera diferente a la que sería en el
caso de que la presente estructura de impuestos no existiera. Además, como
se notó anteriormente la política impositiva que exenta intereses y grava
utilidades no sólo increment.'1 la eniisión indiscriminada de bonos sino que
también aumenta el riesgo de que la empresa quiebre. 14

JO
1)

12

7
8
9

338

Taton y Turley son especialmente claros sobre este punto. Vea P.P-6-7.
Se debe notar que los proyectos del gobierno tienen regularmente oajas tasas de retorno.
Arak, p. 5.

13

14

!bid., p. 7.
!bid.
Tideman y Tucker, p~. 37-8.
Alan J. Auerbach, "fnflation ancl the Tax Treatment of Firm Behavior," The american
Economic Revi-ew, May 1981, p. 38.
Tideman y Tucker, p. 38.

339

�DISTORSIONES IMPOSmVAS INDUCIDAS POR LA INFLACIÓN Y LA

Debido a que la inyersión difiere en durabilidad, y, por tanto en patrones
de depreciación, la inflación deforma el ingreso de la empresa. La inflación
aunada a la tributación distorsiona e incrementa la tasa requerida de retorno
del capital. T. Nicolaus Tideman y Donald P. Tucker han hecho un detallado
estudio en el que sitúan diferentes tasas de inflación. Después examinan el
impacto inflación-tributación sobre diferentes tipos de inversión que van
15
desde inventarios y equipo hasta inmuebles de bastante duración.
Estos autores han descubierto que aún si no hubiera un aumento en el nivel
general de precios la estructura tributaria de los Estados Unidos afectaría
distintamente las tasas reales de retorno del capital. L'l inflación exacerba
esta falta de neutralidad en el sistema impositivo aunque sorprendentemente,
algunas desigualdades en las tasas de retorno entre diferentes tipos &lt;le
inversión son incrementadas. 16 Estas desigualdades implican una distorsión
substancial en la distribución de capital entre empresas alternativas, indus. y otros sectores e1e Ia economia.
, i1
tnas,
OTROS EFECTOS COMPARTIDOS DE INFLACIÓN Y TRIBUTACIÓN

Los precios crecientes y la estructura impositiva obsoleta de los Estados
Unidos provoca una mala distribución de trabajo y capital en la economía.
Esta ineficiencia inducida ocurre porque el costo del trabajo expresado en
precios corrientes deducidos de recib_os presentes en el cálculo ?el ingr~so
gravable, pero el costo de planta, equipo, y, en muchos casos los 11)ventanos
son deducidos solamente si se usa el método de costo original en lugar del de
costo de substitución. Como se notó previamente, el uso del costo histórico
antes del incremento en precios no permite descontar completamente los
gastos incurridos en la reposición de planta equipo subvahía costos verdaderos y sobrevalúa el ingreso de tal manera que el impuesto a la empresa se
convierte en una carga contra el capital. Esta inclinación en contra de la
inversión contribuye a que las empresas utilicen relativamente más trabajo y
menos capital. L'ls referencias preYias han sugerido la importancia de_ la
relación capit.al-trabajo al crecimiento del PNB y al ingreso real per cap1ta.
En la década de los 1970s una combinación singular de circunstancias cond~ijo
a la reducción de esa relación. Crecientes cambios sociales fomentaron la
entrada sin precedentes de grandes cantidades de m1ijeres en el mercado de

15
16
17

340

[bid ., p. 40.

n~.

v

t:J:abajo_ La tasa de participación de la fuerza de trabajo femenina se increme~tó 43.3 por ~1ento en 1970 a 51.6 por ciento en 1980. Además, el grupo
de md1v1duos naodos durante el periodo de mayor índice de natalidad
después de la S~gund~ Guerra Mundial entrardn al mercado de trabajo. La
fuerza de traba_¡o creció aproximadamente de 83 a 105 millones durante Ja
década de los 70s.
Al mismo tiempo'. la ~~flación en el sector gobierno y la política impositiva
fomentaron la subst1tuc1011 de trabajo por capital. El resultado de todas y cada
una de estas fuer~as fue el de reducir la relación trabajo-capital creando con
est~ que los traba_¡~dores fueran menos productivos puesto que tenían menos
capital ra.ra traba_¡ar. Las estadísticas muestran una marcada reducción en
productividad durante esa década.
?tra interesante circunstancia engendrada por la relación inflación-tributaoón ~s la ~reaci~n de inc~ntivo_s para la fusión de dos O más empresas.
Beneficios t11but.'lnos son d1spo111blcs cuando el nivel general de precios
aument.~ y las prácticas cont.'lbles de las empresas han causado que el valor
de sus dolare~, y no el valor de reposición de inventarios, aumente considerable~ente. S1 la firma planea liquidar una porción subst.,ncial de sus mercan~_1as en almac~n, la mafor utilidad derivada de la diferencia entre precios
cor11ente~ y prec10s anteriores a la inflación hará que la firma sea stijeta a
mayores 11npuestos. 18

?~

TASA DE RETORNO REQUERIDA

.

l\lartin Feklslein y Laurcnce Summcrs, "Jnílation and lhc Taxalion ofCap1lal Income
in the Corporate Sector ," National Taxjou.mal, Dccembcr 1979, pp. 460-8.

. l!na ~';gund~ firma ~uede ser inducida a comprar la empresa que planea
!1qmdac1?n de mve!1tano. ~ la firma compradora se le permite que valúe los
mvent.,nos a precios corrientes para incurrir así en obligaciones fiscales
I~m~ho !nenores qu~ la empresa en liquidación. Además, la empresa en
hqu1dac1~n no paga _nnpuestos sobre las utilidades provenientes de la venta
de sus ex1ste_nc1~s. ~111 embargo, cualquier ganancia de los accionistas de la
empre~a en hq111dac1ón serán gravados con la tasa impositjva sobre ganancias
de capital a largo plazo. 19
Una fue~za i_nás su~! para inducir a la fusión de empresas y a una mayor
conce_ntrac16n mdustnal se hace más evidente cuando se analiza el efecto
comb111ad9 de_alt.'ls t.,sas marginales de tributación y la inflación. Entre 1973
Y 1978 se estnnó que este efecto combinado representó 132 por ciento
seguramente el más alt~ nivel impo~itivo federal. En c01tjunto, la aplicació~
de tales tasas causó el retiro de aprox11nadamente 6 millones de inversionistas
del mercado de valores, y como result.,do, el v&lt;,1lor de las acciones de muchas
empresas fue realmente menor que su valor en libros. 20
Es~_discrepancia en el ~alor _fomentó que muchos empresarios siguieran
la poltt1ca de comprar eqmpo e mmueblcs de firmas cuyo valor líquido haya

18

19

20

~~ma n y Ticker, pp. 41-2.
George Gilder, Weallh and Poverty, Basic Books, New York, 1981, p. 176.

341

�estado temporalmente por abajo del costo real de reposición de sus activos
de capital. El riesgo, tiempo, y costo de erigir capital nuevo podrían ser
evitados mediante la compra de los activos de los millones de propietarios
que posteriormente se tornarían a refugios fiscales y a la colección de obras
21
de arte, oro, diamantes y francos Suizos.
Otro efecto distorsionador de la relación inflación-tributación debe ser
mencionado. Este efecto surge en empresas que usan el procedimiento
contable LIFO en lugar de FIFO. A diferencia del método FIFO, los inventarios no manifiestan prácticamente ganacias inflacionarias cuando el método
LIFO es usado por la empresa. Sin embargo, la empresa es gravada sobre la
diferencia entre los costos de reposición de sus activos depreciables y el
permiso oficial para deducir el desgaste de planta y equipo, permiso que es
valuado a costos originales o anteriores a la inflación. El efecto de la inflación
aunado a la ley impositiva es de influenciar a la empresa para que mantenga
mayor cantidad de inventarios y use menos capital que si fuera el caso de una
22
economía con precios estables.
INFLACIÓN Y TASAS EFECTIVAS DE TRIBtrrACIÓN SOBRE INGRESOS DE CAPITAL

Es posible medir empíricamente el impacto del cálculo erróneo del ingreso
ocasionado por la inflación y por el uso del costo histórico en los procedimientos contables sobre las tasas efectivas de tributación. Usando datos oficiales
del Bureau ofEconomic Analysis del DepartmentofCommerce de los Estados
Unidos, el periódico The Wall Street Journal demostró la forma en que la
inflación incrementó substancialmente las utilidades actuales declaradas y las
tasas reales efectivas ajustadas por la inflación entre las obligaciones fiscales
de la empresa.
Las obligaciones fiscales sobre las utilidades de las empresas a nivel federal,
estatal, y local igualaron $52.4 billones en 197•1, y la estimación realizada por
el Department of Commcrcc de la utilidades de las empresas ajustadas por la
inflación en el mismo año fue de $54.8 billones. Las divisiones de estas
23
cantidades resulta en una tasa efectiva impositiva de 96 por ciento. Los datos
del cuadro 4 revelan que las tasas efectivas impositivas de las empresas
aumentaron de 5'1 por ciento en 1968 a 96 por ciento en 1974, año en que la
24
inflación alcanzó su punto más alto durante el período analizado. En este
punto es pertinente señalar que existe una correlación positiva entre el índice
de precios al consumidor y las tasas reales impositivas.

21

22

25
24

342

CUADR04

Inflación y las tasas Efectivas del Impuesto al Ingreso de las Empresas
.

AÑO

INCREMENTO EN EL
INDICE DE PRECIOS
AL CONSUMIDOR

1968

4.7%

54%

48%

1969

6.1

60

48

1970

5.5

65

48

1071

3.4

62

48

1972

3.4

58

48

1973

8.8

64

48

1974

12.2

96

48

1975

7.0

73

48

1976

4.8

67

48

1977

6.8

66

48

TASA EFECTIVA
DEL IMPUESTO

TASA OFICIAL
DEL IMPUESTO

FUENTE: "Tru1J1 in Taxation," The Wall Street Journal August 93 1979

p. 22.rr

'

... '

,

lbid.
Ttdeman y Tucker, p. 35.
"EfTective Tax R.,tes," Tk Jl'all StrttlJournol, Agosto 30, 1979, p. 18.
"Truth in Taxation," The Wall StreetJournal, Agosto 23, 1979, p. 22.

343

�Tideman y Tucker han analizado datos del Department of the Treasury
sobre una muestra representativa de hojas de balance y declaraciones de
ingreso de las empresas en un esfuerzo para estimar en que proporción son
infladas las obligaciones de las empresas a consecuencia de precios crecientes
y de prácticas cont.,bles actuales. Su análisis muestra que las obligaciones
tribut.,rias serían substancialmente menores si se permitieran ajustes por la
inflación. Si se asume una tasa constante &lt;le inflación de 1O pnr ciento, el
exceso de pago ele impuestos de todas las industrias no financieras fue de 25
•
2!&gt;
por ciento.
En un estudio hecho en 1980, Price Waterhouse analizó el efecto de ajustar
inventarios y depreciación sobre vent.,s, dividendos, beneficio neto de activos,
sueldos, y precio de acciones en 157 compañías industriales grandes y 58
empresas que incluyen financieras, Yentas al menudeo, transportación y
servicios; todas ellas seleccionadas del directorio de la revist., Fortune. Empresas que presentaron pérdidas fueron excluídas. El reporte utilizó los
nuevos procedimientos contables para períodos inflacionarios promulgados
26
por el Financia! Accounting Standars Board.
Bajo est.,s reglas aprobadas recientemente, las empresas calculan el efecto
de precios crecientes mediante el uso de dos procedimientos diferentes. El
método de dólares constantes usa el índice de precios al consumidor para
permitir cambios nominales en los inventarios y costos de depreciación. El
procedimiento ele costo actual evita el uso del ajuste generalizado provisto
por el índice de precios al consumidor y en su lugar ajusta la fluctuación de
27
precios de activos específicos que la empresa realmente posee.
En términos generales, las conclusiones de dicho reporte fueron reveladoras y alarmante. L,s utilidades ya ajustadas por la inflación en la mayoría de
las industrias analizadas fluctuaron de 40 a 70 por ciento, porcentaje menor
al observado en las utilidades declaradas-estas ,,!timas basadas en prácticas
contables de costo histórico. El ingreso de dólares constantes en el grupo de
empresas de transportes igualó al 56 por ciento de utilidades declaradas; en
el caso de servicios domésticos fue de sólo 31 por ciento. Los cálculos de tasas
reales impositivas revelan cargas que están de 15 a 25 puntos de porcentaje
más alto que las tasas oficiales.

25
26

344

Ttdeman y Tuckcr, pp. 48-54.
.
.
.
Price Wate rhouse and Company, Disclosure of the Effects of Inflat,on: on Analym,
Financia[ ReJJOrlingand Changing Priw , New York1 May 1980, p. 25. Vea tambien uThe
Closest Look Yet at Inílation's Corporate Toll," Business ll'eek, Junio 16, 1980, pp.
148-9.
Disclosure o f the Effects of Inflation: An Analysis, p. l.

Algunas industrias están pagando e,l doble de dividendos que los manifcsta?os ~n las canti~ades nominales y declaradas. El pago de clh·iclendos a los
~nonstas es eqm_valente_ al 300 por ciento de las utilidades que han sido
ªJUS~das ~r prec~os crecientes, y respecto a servicios domésticos es de 500
por ciento. Efec_uvam~nte, estas dos industrias están pagando dividendos
fue:ª de su propio capital, y la reducción substancial en el precio de sus
acciones refleja lo viciado de este comportamiento.
Como podría esperarse de este tipo de datos, las tasas reales de retorno
e~tán ~eneral~ente
30 a 50 por ciento por debajo de su valor cuya
d1stors'.ón ha siclo originada por el uso del costo histórico contable. Una
ex~epción a este patr~n s~n las compafifas financieras que no tienen inventanos y muy poco capital fiJO que depreciar. Para este grupo, los procedimientos co_ntables de costo histórico o ele dólares constantes producen virtualmente
l~s nusmas tasas ele retorno de 14 y 13 por ciento. En el caso del método de
a_Juste de cost~ ~resente no hubo datos que fueran proporcionados. Un hecho
más caractenst1co es el del sector transportes cuyas tasas de retorno son de
16.5 Y 2 por ciento respectivamente.29 El cuadro 5 present., un resumen de
los resultados de Price Waterhouse.
Feldstein y Summers por su parte, han hecho una examinación más
de~llada de los efectos de la tributación inflacionaria sobre el sector empresanal. Su _estudio es notable por dos mayores contribuciones. La primera es
el tratanuento c~mpleto de tocios los ingresos de capital generados por el
sector empresan~I. Además de las cargas fLscales de las utilidades de las
~mpresas, F~l~stem y Summers estudian el efecto de los impuestos sobre el
mgreso perc1b1do po_r lo~ proveedores de capit.-il de las empresas.30
Su segunda contnbuc1ón es el tJ·at.,miento explícito de los débitos de las
empresas. _Los autores señalan que se ha implicado en la literatura que el
ahorro ~n impuestos a las empresas cuyo orígen proviene de Ja exclusión de
~ana~c1as :cales sobr~ la deuda emitida por compafiías durante períodos
mfla_c1onanos es sufic1~n_te para compensar los impuestos extra que son
ocasio~aclos po~· la :ned1c1ón errónea del ingreso, depreciación, y utilidades
3
de los mventanos: Para obtener una respuesta empírica y confiable sobre
est~ t~ma, Fekl~te_m y Su~~crs rastrearon el ingreso creado por compafiías
~ ua,és de sus ulumo~ recipientes y encontraron que el exc_e so del impuesto
mílado pagado sobre mtereses recibidos por individuos y financieras de los
deudores fue un poco mayor que el ahorro tribut."lrio de las empresas

?e

28
29
!O
31

/bid., pp. 2-25.
/bid.
F&lt;;ldstein y Summers, pp. 445-470.
/bid ., p. 448.

345

�CUADROS

Los Efectos de la inflacion en el Sector Empresarial, 1979
TASA EFECTIVA DEL IMPUESTOb

INGRESOª
EMPRESA

COSTO
DOLARES
COSTO
COSTO
DOLARES
COSTO
HISTORICO CONSTANTES PRESENTE HISTORICO CONSTAN- PRESENTE
TES

100%

60%

FINANCIERAS

100

95

MENUDEO

100

42

TRASPORTE

100

56

SERVICIOS
DOMESTICOS

100

31

INDUSTRIA

39%

53%

ndc

28

28

nd

nd

42

68

nd

30

30

44

50

17

34

62

78

63%

PAGO DE DIVIDENDOSe

RETORNO DE ACTIVOS NETOSd
INDUSTRIA

17%

8%

53%

8%

33%

65%

66%

FINANCIERAS

14

13

nd

32

35

nd

MENUDEO

16

5

nd

31

299

nd

TRASPORTE
SERVICIOS
DOMESTICOS

16
10

5
4

2
2

29
76

42

72

543

521

CUADRO6

Tasas Efectiv~s Tributarias e Impuestos Adicionales sobre Ingresos de Fuentes Empresanales por Inflación, 1951-1977.
AÑO

TASA DE
INFLACION

1954

-0.5%

$1.9

1955

0.4

1956

IMPUESTO
IMPUESTO ADICIONAL
ADICIONAL
COMO POR CIENTO
(BILLONES) DEL IMPUESTO AL INGRESO DE LAS EMPRESAS

12.2%

63.5%

2.9

14.4

61.9

2.9

•1.7

23.4

68.4

1957

3.0

4.6

24.1

68.5

1958

1.8

3.5

21.6

67.0

1959

1.5

3.5

16.9

62.8

1960

l.5

3.4

17.7

62.8

1961

0.7

2.5

12.8

82.2

1962

1.2

2A

11.6

57.1

1963

1.6

2.8

12.3

57.1

1964

1.2

2.6

10.8

53.3

~

NOTAS:

a) Proporción del ingreso de operaciones continuas sobre la base de dólares
constantes y costos presentes comparada con aquellas que se presentan en las
declaraciones financieras históricas.
b) Impuestos como proporción de costo histórico, dólares constantes, y costo
presente.
c) No disponible por insuficiencia de información.
d) Porcentaje de retorno de acth·os netos sobre la base costos históricos, costos
presentes, u dólares constantes.
e) Porcent,je del ingreso pagado como dividendos en efecl.Í\'O sobre la base
de costos históricos, costos presentes, y dólares constantes.
FUENTE: Disclosure ofthe Effects oflnflation: An Analysis, Price Waterhouse and Company, New Yorck, May 1980, pp: 2-3

. 346

TASA EFECTIVA
DE
TRIBUTACION

-

-

347

�1965

1.9

3.4

12.5

52.5

1966

3.4

4.6

15.6

53.9

1967

3.0

4.9

17.7

54.2

1968

4.7

7.5

22.3

60.8

1969

6.1

11.4

34.2

66.0

1970

5.5

10.9

39.3

67.8

1971

3.4

9.8

32.8

62.3

1972

3.4

9.9

29.5

58.0

1973

8.8

22.7

57.3

70.0

1974

12.2

40.6

95.1

94.9

1975

7.0

27.2

66.6

69.3

1976

4.8

27.2

56.5

64.9

1977

6.8

32.3

54.3

66.3

FUENTE: Martin Feldstein y Laurence Summers, "Inílation and the Taxation of Capital Income in the Corporate. Sector," National Tax Journal,
Diciembre 1979, pp. 458-461.

deudoras. Como resultado, concluyen que las ganancias y pérdidas reales
podrían ser ignoradas confiablcmente cuando se evalúa el efecto de la
tributación inflacionaria sobre los ingresos de capital generados por el sector
empresarial. 32
Los cálculos de Feldstein y Summers muestran que la combinación de
precios crecientes y las leyes tributarias actuales causaron que la carga fiscal
del sector empresarial fueran incrementadas en más de $32 billones en 1977.
Esta inflación tributaria representó 543 por ciento del impuesto al ingreso de
las empresas en el mismo año. El total de los impuestos adicionales sobre el
capital de las empresas en la década comprendida entre 1968-1977 alcanzó
la suma de $200 billones. En 1974, año de la tasa de inflación más alta, los
impuestos adicionales sobre el ingreso empresarial fue de 9!5 por ciento del
total del impuesto al ingreso de las empresas.33 Otras comparaciones pueden
ser hechas inspeccionando el cuadro 6.
Feldstein y Summers han calculado también la tasa efectiva ele tributación
sobre ingresos de capital que tiene su fuente en el sector empresarial no
financiero. Este dato promedió 63.6 por ciento en el período analizado de
1954-1977, pero creció marcadamente durante la elevada inflación experimentada a mediados de los 1970s. La tasa real de tributación que se muestra
en la columna 4 del cuadro 5 alcanzó su punto máximo de 94 por ciento en
34
1974. En 1981 el gobierno recaudó en impuestos 75 por ciento de todos los
ingresos generados por las empresas. El 25 por ciento restante ha producido
en años recientes una tasa neta de retorno de 2.6 por ciento.35 En la actualidad
las tasas reales de tributación son más altas que aquellas de los 1950s y esta
tendencia indica que las presiones inflacionarias han siclo suficientemente
poderosas para aún más que compensar por la introducción de créditos
fiscales de inversión, liberación de las reglas de depreciación, y completar las
reducciones de las tasas oficiales de tributación.36
William E. Cullison ha añadido otra dimensión más al estudio de Feldstein
y Summers mediante la inclusión y análisis de las fechas de las operaciones
extranjeras de compañías de Estados Unidos para los años comprendidos
entre 1965-1975. Incorporando dentro del análisis la fuente extranjera de
ingreso y los créditos fiscales por los impuestos pagados en el extranjero
reduce la tasa efectiva de tributación en los aüos de relativamente alta

32
33
34

35
36

!bid., p. 4-15.
!bid., p. 4.J!l--158.
!bid., p. 41\ l.
Martin Fcldslein, "Reviving Business ltwcslmcnt," The Wall Streetjournal,Junio 1981,
p. 24.
Fclclstein y Summers, p. 460

349

�·inflación. La tc'lsa disminuyó de 94.9 a 82.4 por ciento en 1974, de 69.3 a 63.3
en 1975, y de 70.0 a 68.8 por ciento en 1973. En todos estos años la tasa real
37
de tributación se incrementó en uno o dos puntos porcentuales.
LA EXPERIENCIA E),.'TRANJERA

El efecto de la inflación sobre los individuos con ingreso proveniente de
fuentes empresariales no es único en los Estados Unidos. La Comisión
Mathews proporciona abundante información en la que se muestra el efecto
de precios crecientes y de la política impositiva respecto a depreciación y
permisos de inventarios que han erosionado la posición financiera de las
empresas Australianas. La Comisión c_ita también la evidencia de que las
utilidades de compañías industriales y comerciales en el Reino Unido se han
más que duplicado entre 1963 y 1973, en tanto que las utilidades netas fueron
38
solamente una tercera parte del nivel de 1963.
En un estudio independiente para los años de 1954-1976, G. H. Lawson,
profesor en la Escuela de admnistración de Empresas de la Universidad de
Manchester, llegó a conclusiones respecto al efecto de las reglas impositivas
inflacionarias, y prácticas contables en el sector empresarial del Reino U nido
que fueron sorprendentemente similares las encontradas por Feldstein y
Summers. El Prof. L-.wson encontró que la sobrevaluaciqn ele las utilidades
promedió 81 por ciento durante los años en estudio, llegando hasta 13,1 por

a

39

ciento en 1974.
La tasa de retorno de la inversión promedió 2.5 por ciento anual durante
el período de estudio de 23 años, pero de 1965 a 1976 la tasa promedió un
2.7 por ciento negativo. A pesar de estas tasas negativas, las compañías
manufactureras del Reino Unido pagaron consistentemente dividendos en
exceso de sus ingresos, y los déficits result:.'lntes fueron financiados por medio
de_prést:.-.mos bancarios. En efecto, las compañías substituyeron déficits por
dinero líquido con el consecuente aumento en la inestabilidad financiera y
en e~ riesgo de bancarrota. Además la emisión de bonos fue cinco veces más
alta que la del período de_1954-1964, y el índice del valor real de acciones
que estuvo a 363 en 1965, ya había descendido hasta 184 en Enero de 1978.

;~~:~::!ªr:~!;~ª•.

el
5,1 por ciento de las utilidades han sido tomadas por
fue
.
. e impuestos. Un total de 24 por ciento de los in resos
y e!;;;!:~r~:t;;e~~:!~onsecuentemente suj_eto a tributación indi!idual
buido en el a o a accionista manera, el 12 ~r ciento remanente fue distriLa tasa
d
ºbs y ~r tanto considerado como ingreso gravable.
iva e tn utac1ón sobre las c
-, . 1
promedio de 71 por ciento entre 1954 1975 ompam_as mg esa~ tuvo un
ciento en tr
E
Y
' Yen realidad excedió 100 por
es anos. n cuanto a los ingresos d
. 11
mismo período llegó a 83
.
. e cap1ta a tasa efectiva en el
No obstante que la tasa riars~~:to exc_ed1ó 100 por ciento en seis años.
conoce o
l.
e mgieso creado por compañías no se
ha sidopca~qu;: unpuesto sobre p~gos de intereses a fondos de inversión no
.
cu a o, esa suma tendna que ser añadida al .
b
mgreso de las empre
. .
impuesto so re el
1
efectiva total sobre Íl;;e~o: ~:~~lp~~~ sobre ddividendos para derivar la tasa
I
genera os por las compafüas.

~r!cf

r

PROPUESTAS PARA

La Comisión Mathews señaló q
l . bl
.
.
de la inestabilidad fina .
ue e pio ema de_ mflación, tributación, y
Aún cuando el proble:;i;;ap;n _e! sector ~e negocios es a nivel mundial. 40
.
rsts ente, existen soluciones que n b
su nnperfección, son razonables y prácticas.41
o o stante
PERMISOS DE DEPRECIACIÓN

Abunque_existen muchas variaciones sobre el tema central l1ay d
d
.
' , , os maneras
de a ordar el • bl
sea una qedut\~n e;~y ;álp~ddepr~ciaciód~1. El primer método implicaría ya
1 ª 0 mme 1ata de gastos
•
• ·
·ó
mgreso
actual.
La
segunda
alte
. ªJustana
.
, el costo base
paia mversi
.
'
rnat1va
d n del
.
~l capital. Los costos serían nivelados con la inflación d"
palra epreci~r
ttpo de índice de precios.
me iante e uso de algun
Ambos métodos compensarían enormemente -1 b .
deducciones para depreciación debid
1 . íl ~ a.JO ,·alor actual de las
proponen la deducción inmediata, Ma;ti: ;::~\a~1ói~. Au~que hay quienes
rentes ._Pª!'ª escoger la segunda alternativa. ;le~~ ~1::;:toº::·azones cohed_eprec1aoón muy rápida sería vista como un "subsicfio fiscal" y la:;a¿~~a~::

40

37

38
39

350

William E. Cullison, "Trends in Federal Taxation Since 1950," Econo11iic Reuiew, Federal
BankofRichmond, Mayo/Junio 1980, p.15.
·
Committ.ee of Inquiry into Inflation anct Taxation, pp. 347-56.
G.H. Lawson, "Company Profitability and the U. K. Stock Markct,"' mimco, University
ofl\lanchcst.er Business School, apendice 7B, pp. 1-13, y "Company l'ro fi ts: Toe Grand
Illusion," The sunday Times (London), julio 30 de 1978, p. 61.

MmGAR EL ¡ MPACfO DE lA TRIBlITACIÓN INFIACIONARIA

41

:;tecli~f

~ir:1
I!1qU1d.r~!!}to lnflation anc! Taxation, p. 357.
11516 n eldllada de las ventaps
t
·
.
ajustar las cantidades nominales po 1 . fly c_óesventa~a~ de los cliferentcs métodos para
·
r ª m aci n, vea 1bid., Capítulo XIV.

351

�,
efectiva de tributación relativamente baja; como
oficiales mostranan una,~sa. . . ,
l uier reducción posterior en la tasa
resultado, la presión ~bue~ mlubm:i~';; ~e una depreciación muy rápida
real efectiva. Feldstem senala tam
qí
mala distribución de capital
pod ría distorsionar incenti\'OS y causar as una. 42
.
.
de empresas e industnas.
.
entre los diferentes upos
.
den ser usados para medir los
Existen tres métodos prácticos que pue
cambiosde precios. Estos métodos son:
.

(a) el uso de una medida amplia del incremente en el ni1_1el general de 1,ree1os come
es el indice de precios al consumidor;
(b) la aplicaci6n de un índice de precios solamente para bienes de capital; y

.

;r.
t po de activos tales como edt(c) la aplicación de índices especiales sobre d11ere11t~s
t s
ficios, herramientas, f'(J1tipo, y camiones y automóviles.
.
. aumentan a la misma veloc1dad, los
Debido a que _no todos lo~ pr;~;~:os diferentes sobre las utilidades y las
métodos alternauvos genera1 á_n d p
dimientos Contables Financieros
obligaciones fiscales. E~ conseJ~ ~ ;oc:d) decretó que todas las empresas
(The Financial Accounun~t:: (:; os (c~;ara reportar los resultados de sus
grandes deben usar el m
é d
ra 1980 y años subsecuentes. El
.
l979 y ambos m to os pa
·
.
operaciones en
' .
.
bstanciales en algunas industnas como
cuadro 5 muestra las d1ferenc1as su
.
s· n embargo hay mayores
d l
d los métodos alternauvos, i
'
.
resultado e uso e
. . d
tas tres formas de ajuste por inflación
probabilidades de que cualqmeta de des
tado financiero de una empresa
.b
á exactitud el ver a ero es
descn a con m, s
l
d l nétodo contable de costo histórico.
cuando se compara con e uso e I
LOS PERMISOS PARA INVENTARIO/EXISTENCIAS

Tideman yTucker señalan que para abord;~r la eliminación_:;t;:~~~:~:n~:
.
.
en la distribución del mgreso como t
en los mcenuvos y
43
·¡· 1 1 ilegítimas provenientes de la venta
.
·
ó
d
gravámenes
las utJ 1( ac es
.
aplicac1 n e ' ,
'. . 1
bién Gravar las ganancias nomma1es
de inventarios deben ser e~1m111a( as ~dm. co.mo tributación al capital. Es un
. d d l . n entanos se cons1 e1 a
.
denva as e os i v
financieras pero espeoalmente
problema crítico para todas las empresas no i '
'
r
' 11na 1·101l ...,.. p . 58' y t.imbit n Martin Fcldstein,
" 1· . Ta . Rules ,or
. "
Fclclstci11. Ac~ustmg · x
r.•
liiclcXJ· 11g ,·rrsus AccelcralJon,
. • 111
·
¡ 11 n tionar)' ~.cono my:
·
"Acljusti11g Dcprcc1auon :in
ª ' fE
. Rcscarch Ine Octubre 1979,
Worki11g Paper No. 395, natio11al Burcau o ·.cono1111c
.
.
.,
43

352

para aquellas que mantienen grandes inventarios como en las ventas al
menudeo, petróleo, silvicultura y metales.
Las utilidades infladas en la venta de inventarios no llegaron a ser un serio
problema hasta que la tasa de inflación excedió el 3 por ciento a fines de los
1960s. Como colaboradores del National Bureau of Economic Research,
Fcldstein y Summers encontraron que la sobrevaluación de utilidades promedió un poco menos ele $1 billon al año entre 1954 y 1967, pero en 1968 el
monto ascendió hasta $3.•1billones. De ese año hasta 1977 los impuestos sobre
utilidades ele in\'entario a nivel federal, estatal y local sumaron casi $125
billones.
Existen varias formas que pueden ser usadas para ajust..1.r el valor de los
inventarios y así mitigar el impacto de la inflación; pero por la gran diversidad
de empresas, no hay un sistema que solucione el problema. El método más
simple y menos costoso fue recomendado por la Comisión Mathcws. En ése
se sugirió que el ajuste del valor nominal de las existencias fuera hecho por
medio de revaluación del inventario original, usando los precios de las
existencias finales. En la práctica, cst, propuesta sería de aplicación más
sencilla que el procedimiento LIFO porque implicaría menos cálculo y el
mantenimiento ele archivos más sencillos ...,• consideraciones especialmente
import1.ntes tanto para empresas graneles como para negocios pequefios.44
ÜBSERVACIONES FINALES SOBRE INFIACIÓ N Y TRIBUTACIÓ N

En los Estados U nidos, el gobierno ha estado dedicando alrededor de 6 por
ciento del PNB para inversión neta, menos de la mitad de la cantidad
promedio en países industriales grandes. Además, mucha de la inversión neta
privada de los Estados U nidos es canalizada en vivienda e inventarios, dejando
menos del 3 por ciento del PNB para aumentar realmente planta y equipo.
Entre la segunda mitad de los 1960s y 1970s los gastos en planta nueva y
equipo cayeron en más de 40 por ciento.45
Las utilidades de las empresas como proporción del ingreso nacional han
disminuído constantemente de 14· por ciento en 1965 hasta 8.5 por ciento en
1980. Esta reducción de utilidades como proporción del ingreso es la razón
principal de porqué el total de impuestos a las empresas ha declinado en afios
recientes. Estos elatos no significan que el impuesto ha llegado a ser menos
oneroso. De hecho, no obstante las reducciones en las tasas, la introducción

44

45

Comm.ittee of Inquiry into Iníl.ition and Taxation, pp. 569-70.

Feldstein, "Revivmg Business Investmenl," p. 24.

PP· 1-25.
,.
·1"-3 Vea l'I'· ·1'.?-60 para una discusió n sobre el impacte de
11dcman y T uc..cr, PP· - ·
corregir po r causa de la inílación

353
H umanitas-23

�de créditos fiscales y la liberación de permisos de depreciación, la inflación
46
ha elevado la tasa efectiva del impuesto a niveles sin precedentes.
Un creciente nivel de precios infla los dividendos y conduce a los individuos
a mayores tasas impositivas aún cuando el ingreso real permanece constante
o incluso decrece. La inflación también sobrestima el ingreso del capital
porque reduce el valor presente de los permisos de depreciación e incrementa
el costo de substitución de inventarios, los cuáles están basados en costos
originales en lugar de costos actuales. Debido tan sólo al mal cálculo de las
deducciones para depreciación en 1979 las utilidades de las empresas no
financieras fueron sobrevaluadas en más de 50 billones y las obligaciones
fiscales fueron de $20 billones o 40 por ciento más altas de lo que podrían
haber sido si los permisos de depreciación se hubieran regulado. La tributación inflacionaria causó que la tasa efectiva de tributación promediara 69 por
47
ciento entre 1970 y 1977, y de 7 5 por ciento en 1981.
Bajo las reglas actuales de depreciación existe una márcada variación en
cargas fiscales entre industrias. El estudio llevado a cabo por Price Waterhouse reporta tasas efectivas de tributación que van desde 28 por
ciento en el
48
sector financiero hasta 78 por ciento en servicios domésticos. Investigaciones en el National Bureau of Economic Research demostraron que la tributación adicional debida a la inflación es responsable de menos del 25 por
ciento de los impuestos totales pagados en algunas industrias y 100 por ciento
49
de las obligaciones fiscales en otras.
Feldstein ha demostrado que con tasas moderadas de inflación y tasas de
descuento, un esquema de depreciación acelerada que otorgue una duración
de cinco años para equipo y de diez años para edificios puede corregir
grandemente los problemas creados por los precios crecientes y los caprichosos efectos de los impuestos. Si la inflación sobrepasa el rango de 4 a 12 por
ciento y la tasa real de descuento está fuera del nivel de 4 a 7 por ciento,
entonces el uso de m'1meros índice es claramente superior como medio de
50
corregir la medida de permisos de depreciación. Sin embargo, el autor
advierte que la búsqueda de una regla neutral de depreciación es fútil porque
diferentes industrias y empresas han variado las proporciones de deuda
51
capital así como en diferentes formas de planta y equipo.

. La -~omisión Mathews señala que un criterio para juzgar un sistema
11:1pos1t:J.vo es su compatibilidad "con el mantenimiento de estabilidad finan~1era ~n el sector empresarial, con continuidad en las operaciones y en la
mvers1ón en_ empre~as; en una palabra.c on la supervivencia de los negocios."52
En la actualidad existe fuerte evidencia de que el impuesto al ingreso de las
empresas no se ajusta al criterio mencionado anteriormente.
En el largo plazo, se observa la necesidad de hacer cambios en el tratamiento tributario a las empresas para asegurar la supervivencia de muchas
firmas del sector productivo privado. Quizá la eliminación de la exacción
podría ser la alternativa más inteligente. Así parecen confirmarlo Irving
ºtl53N
.
. 55 y Lester Thurow;56 voceros de
o,
arman T ure,54 Mart:J.n
Feldstem
K ns
la derecha, centro e izquierda política, respectivamente.

I

46

47
48
49
50

51
354

Council of Economic Advisers, Econoinic Report ofthe Presiden/, Washington, 1981, pp.
253, 325.
.
Feldstein, "Reviving Business Investment."
Disclosure of the Effects of In{lation: An Analysis, pp. 3-25.
Felclstein y Surrimers, p. 4El8.
Felclstein, "Adjusting Depreciation in an I nflationary Economy: I ndexing versus
acceleration," pp. 22-3.
Felclstein, "Rev1ving Business Investment."

52
53

54.
55
56

Co!11mi~1.&lt;:e oqpguiry into Inflation ancl Taxation, p. 339.
lrvmg Knstol, Of Eéonomics and Eco-Man.ia," The Wall Street Journ(d, Septiembre 19
1980, p. 28.
'
Stu~rt Jackson y !forman Jonas, "Wlúuling away at the Corporate Tax Burden "
Business Week, Abril 20, 1981 p. 29.
'
Felclstein, "Reviving Busin~ lnvestment."
Lester C. Thurow, The Zero-Su111 Society, Penguin Books, New York, 1981, pp. 97-101.

355

�EL DERECHO AL DESPI.AZAMIENTO CONCEBIDO COMO
DERECHO FUNDAMENTAL DE LA PERSONA
POR ENRIQUE ~iArELLI.

Doctor en Derecho.
Profesor de la Universidad Complutense
de Madrid.

SUMARIO.
1.- Principios generales.
2.- La Constitución española.
3.- Declaraciones Internacionales.
4. - Transporte marítimo.
5.- Transporte aéreo.
1.- Pri1uijJios generales:

EL DERECHO AL DESPLAZAMIENTO, entendiendo por desplazamiento, a estos
efectos, la acción de trasladarse la persona de un lugar a otro, puede quedar
enmarcado dentro de aquellos derechos fundamentales que, de manera ínsita
y propia le corresponden y de los que no puede ser privada sino en razón de
causa justa y suficiente.
La persona, el ser humano, puede libremente, sin más restricciones que
las establecidas por las leyes, desplazarse de un lugar a otro, tanto por caminos
terrestres como por vías fluviales y marítimas como por aire. Este principio,
expresado de manera general, no puede tener un valor absoluto, sino que
habrá de ser coordinado y hacerlo posible en orden a otros intereses de
carácter general que, a veces, pueden primar sobre él.
El derecho al desplazamiento es pues uno más de aquellos que corresponden al hombre. El hombre tiene derecho a la vida y a la integridad fisica y
moral; a la libertad y a la seguridad, al honor, a la intimidad personal y
familiar y a la propia imagen, etc. etc. Tiene, también, derecho a trasladarse
de un lugar a otro.

�El derecho al desplazamiento debe abarcar no sólo el de la propia persona
sino también el de sus cosas, sean aquellas que se refieren a las pertenencias,
útiles necesarios para su vida, según las condiciones de cada cual, si no al de
las mercaderías que, mediante el intercambio, puedan suponer una actividad
comercial, actividad que ha sido genuina del hombre en todos los tiempos de
la historia de la humanidad.
El derecho al desplazamiento le corresponde &lt;:n todo momento histórico
y pudiera decirse que desde la misma existencia del ser human?•. con la pro~ia
inclinación a mudarse de lugar, a efectuar traslados desde un s1t10 a otro, bien
por la necesidad de poder subsistir como por razones bélicas o de otra índole,
hasta llegar a nuestros días en los que surge de manera arrolladora una nueva
motivación, la del turismo, que impele al hombre a su movilidad. Ello pone
de manifiesto una dinámica especial del ser humano que, por sus propios
medios o agenciándose otros gracias a su ingenio y técnica, no se conforma
con permanecer de manera estable en un mismo lugar.
El derecho al despla1.amiento, según ya hemos dicho antes, no ha de
entenderse como un valor absoluto ya que padece de limitaciones que pueden
ser clasificadas en dos grandes grupos, a saber:
a).- Limitaciones de carácter subjetivo que son las establecidas en consideración a una persona en concreto y que para nada afectan al resto de la
población.
b).- Limitaciones de carácter general que son las que se refieren a un
grupo más o menos extenso de personas o a todas en general, p_ero que no
han sido establecidas en consideración a una en concreto y determmada como
medida que sólo a ella afecta.
Entre las primeras -limitaciones de carácter subjetivo- pueden comprenderse una larga variedad, de las que cabe citar:
a") Imposibilidad física de desplazamiento.
b') Medidad de carácter penal; y dentro de ellas:
a") Prisión.
b") Confinamiento.
c") Destierro.
c') Estar vedado a la persona la visita a un lugar concreto o determinado. ·
d') Estar vedado a la persona, al no facilitársele el documento necesario
-pasaporte o salvoconducto- el ausentarse de su país o del territorio de su
residencia habitual.
·
,
e') Estar vedado a la persona el acceso a un lugar o país determinado, al
no facilitársele el visado o documento exigido para ello.
De los ejemplos que hemos ofreciclo cabe deducir una doble limitación.
Hay limitaciones que afectan al individuo de manera com_Pleta, como ~on la
imposibilidad física y la prisión, y otros que tan sólo relatJvamente le 1!nposibilitan el desplazamiento, como son los supuestos de no concederscle

358

pasapor~e para el extranjero o visado de entrada para un país determinado.
En el pnmer caso, el afectado ~o podrá llevar a cabo desplazamiento alguno;
en los otros P?dr~ desplazarse libremente, salvo en aquellas direcciones o por
aquellos terntonos que estén · comprendidos en las medidas que a él se
refieren.
. Las limitacio~~s de carácter general se establecen para todos, con abstracción de las cond1c1ones de las personas afect'ldas por las medidas restrictivas.
Suponen la prohibición de acceso o circulación en territorios más o menos
a~pli?s y por razones que pueden ser muy variadas, aunque, en la realidad
h1~t~nca, ellas, d_e maner~ principal, suelen estar referidas a las que se
ongman por motJvos polítJcos, de seguridad o militares.
Las limitaciones de carácter general, a veces, implican la suspensión de
derechos que, a favor de los ciudadanos, están reconocidos por las leyes
fundamentales del país. Esta suspensión puede acordarse, incluso constitucionalmente, como consecuencia de la aplicación de medidas excepcionales
que se comprenden en los denominados estados de guerra, est'ldos de sitio,
estados de alarma, estados de excepción, etc.
Las limitaciot1es al derecho de desplazamiento pueden ser acordadas o
estar establecidas de manera permanente o de forma transitoria. Pueden ser
transitorias la prisión de una persona o las restricciones derivadas de una
suspe_ns~ón las llamadas garantías constitucionales. Pueden ser permanente la lmutac1ón que se contrae a un territorio que ha sido declarado altamente
estratégico o secreto por razones milit-.res.
Debe hacerse notar que, en términos generales, hemos venido refiriéndonos al derecho que corresponde a las personas para poder trasladarse libremente de un lugar a otro. Diferente es lo que hace cuestión a las cosas o
mercaderías. Sobre ellas recaen restricciones de otro orden y que, aún cuando
el derecho no resulte negado, sí se recorte éste más o menos estrechamente.
Las mercaderías estarán afectadas por medidas nacidas de la sanidad el orden
público y, sobre todo, económicas. La relación mercantil entre todos Íos paises
del mundo cada vez se hace más densa y las fronteras cada vez más permeabl~s. Den~ro de un mismo país las restricciones son muy leves o raras o no
existen. Sm embargo no puede ser admitido este derecho de manera libre e
incontrolada. Incluso entre países que han constituido una comunidad económica y que han eliminado trabas y requisitos, el tránsito de mercancías
continúa estando afectado por determinadas reglas y condiciones. La econom~a de un país pudiera afectarse muy gravemente si se proclamase indiscrimmadamente el derecho de desplazamiento de mercancías por su territorio.

?e

2.-La Constitución española.
La Constitución esp;;tñola, aprobada por las Cortes del 31 de Octubre de
l 97~, aprobada por Referendum Nacional en 6 de Diciembre de 1978 y
sancionada por el Rey en 27 de Diciembre de 1978, establece, en su artículo

359

�19, que "los españoles tienen derecho a elegir libremente ·su residencia y.ª
circular por el territorio nacional. Asimismo, tienen derecho a entrar y sahr
libremente de España en los términos que la Ley establezca. Este derecho no
podrá ser limitado por motivos políticos o ideológic?s".
,
El referido artículo 19 se encuentre comprendtdo dentro del Capitulo
segundo de la Constitución denominado "Derechos y libertades''. y en 1a
Sección primera que regula los derechos fundamentales y las hbertades
p(1blicas.
,
.,
Para su estudio deberá tenerse en cuenta que, segun el aiticulo 55 de la
propia carta constitucional, este derecho, entre otros que se enumera~, podrá
ser suspendido cuando se acuerde la declaración del estado de excepctón o de
sitio en los términos previstos en la Constitución. Asimismo que los derechos
y libertades reconocidos en su Capítulo segundo, entre los qu: s~ encuentran
los de residencia y circulación, vinculan a todos los poderes publtcos. Solo por
ley, que en todo caso deberá respetar su contenido esencial, po~rá regularse
el ejercicio de tales derechos y libertades, que se tutelarán mediante recurso
de inconstitucionalidad. (art. 53, 1.)
La declaración constitucional se refiere tan solo a los españoles. Significa
ellos que los derechos que a los mismos son recono~idos,_ en principio,_ no
afectan a los extranjeros. Los extranjeros podrán res1denctarse en Espana y
circular por su territorio con arreglo a las leyes especiales que regulen
materia. Debe tenerse en cuenta que, según el artículo 13 de la propia
Constitución, "los extranjeros gozarán en España de las libertades públicas"
que garantiza el Título I de_ la misma, al que pertenece el artículo 1: al que .
nos referimos, "en los térmmos que establezcan los tratados y la ley.
Tres son los derechos que al efecto se reconocen a los españoles:
a).- Poder elegir su residencia.
b).- Poder circular por el territorio nacional.
c).- Poder entrar y salir libremente de España.
Los derechos a) y b) no están sujetos a condición alguna por lo que serán
disfrutados por todos los espafioles en toda su amplitud, salvo medidas
jurisdiccionales o limitación impuesta por la suspensión temporal del propio

!ª

precepto.
. .
_
En cambio, el derecho de poder entrar y sahr libremente de Espana queda
supeditado a los términos que la ley establezca. La (mica salvaguarda que la
Constitución admite es la de que las limitaciones que dicha ley regule no
podrán basarse en motivos políticos o ideológicos. Nos enco~1tramos, p_ues,
· ante una declaración de principio -libertad de entrar y sahr de Espanapero supeditada a las condiciones que no se estructuran ni en~mcian, salvo
tan solo que las limitaciones impuestas a este derecho no poclran basarse en
motivos políticos o ideológicos.
360

3.- Declaraciones internacionales.
En la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada por la
Asamblesde las Naciones Unidas de 10 de Diciembre de 1948-artículo 13solemnemente se e~tablece que "toda persona tiene derecho a circular libre1?ente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado. Toda persona
tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su
país."
En el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos aprobado por la
Asamblea General de las Naciones U nidas en fecha 16 de Diciembre de 1966
se preceptúa - artículo 12- que "toda persona que se halle legalmente en eÍ
t~rritoio de un Estado tendrá derecho a circular libremente por él y a escoger
libremente en él su residencia. Toda persona tendrá derecho a salir libremente de cualquier país, incluso del propio. Los derechos antes ·mencionados no
podrán ser objeto de restricciones salvo cuando éstas se hallen previstas en la
ley, sean necesarias para proteger la seguridad nacional, el orden público, la ·
salud º. la moral pública y los derechos y libertades de terceros, y sean
compatibles con los demás derechos reconocidos en el presente Pacto. Nadie
podrá ser arbitr~riamente privado del derecho de entrar en su propio país."
Como ha podido verse, el derecho que establece la Declaración Universal
de los Derechos Hu manos de 1Ode Diciembre de 1948, es mucho más amplio
y vago que la formulación del Pacto Internacional de Derechos Civiles y
Políticos de 16 de Diciembre de 1966.
En el Pacto se articulan determinadas garantías y condiciones que tienden
a hacer más efectivo el derecho concedido a toda persona, Sin embargo, triste
es reconocerlo, la realidad histórica, desde que, en 1948 y 1966, respectivamente, fué llevada a cabo la declaración por la Asamblea General de las
Naciones Unidas, hasta el día de la fecha, denuncia que ]a comunidad
internacional, salvo la excepción de un número de países no demasiado
amplio, dista mucho de aplicar en sus leyes o en sus prácticas, estos principios.

4.- Transp01te marítimo.
A~1~que, es de suponer, el transporte terrestre, históricamente, precede al
manumo, por lo menos desde un punto de vista de importancia y volumen,
es en el D_erecho marítimo donde se encuentran las primeras preocupaciones
sobre la libertad que ha de concederse a su actividad.
El paso inocuo por los mares (paso inocuo es término aceptado por
tratadistas_ como S~nchez Bustamante, García Arias y Azcárraga) es objeto de
una especial atención en la Convención sobre el mar territorial y la zona
contigua firmada en Ginebra el 29 de Abril de 1958.
A núesu·os efectos debemos citar su artículo 14 que es del tenor siguiente:
361

�"Sin perjuicio de lo dispuesto en estos artículos, los buques de cualquier
Estado, con litoral marítimo o sin él, gozan del derecho de paso inocente a
través del mar territorial."
"Se entiende por paso el hecho de navegar por el mar territorial, ya sea
para atravesarlo sin penetrar en las aguas interiores, ya sea para dirigirse
hada estas aguas, ya sea para dirigirse hacia alta mar viniendo de ellas."
"El paso comprende el derecho de detenerse y fondear, pero solo en la
medida en que la detención y el hecho de fondear no constituyan más que
incidentes normales de la navegación o le sean impuestos al buque por una
arribada forzosa o por un peligro extremo."
"El paso es inocente mientras no sea perjudicial para la paz, el orden o la
seguridad del Estado ribereño. Tal paso se efectuará con arreglo a estos
artículos y otras disposiciones del Derecho Internacional."
"No será considerado inocente el paso de buques de pesca extranjeros que
no cumplan las leyes y reglamentaciones dictadas y publicadas por el Estado
ribereño a fin de evitar que dichos buques pesquen dentro del mar territorial."
"Los buques submarinos tienen la obligación de navegar en la superficie
y de mostrar su bandera."
El artículo siguiente, 15, de la propia Convención sobre el mar territorial
y la zona contigua de 29 de abril de 1958, establece que "el Estado ribereño
no ha de poner dificultades al paso inocente por el mar territorial. El Estado
ribereño está obligado a dar a conocer, ele manera apropiada, todos los
peligros que, según su conocimiento, amenacen a la navegación en su mar
territo1·ial."
No hemos de analizar ni comentar los articulos que han quedado transcritos, ya que solo conviene, en este momento, dejar sentado cómo el derecho
al desplazamiento goza de un privilegio especial acorde con su procedencia
natural. En el caso del Derecho Marítimo el desplazamiento inocuo queda
garantizado no para las personas sino para los buques lo que implica que tanto
a ellas les afecta como a las cosas y a las mercaderías de que los buques sean
portadores.

del transporte aéreo internacional ha v .d
. .
de Paris de 1919, como al Convenro lbeem o a _susututr, tanto al Convenio
de 1 de Noviembre de 19261 alC
. roamenca_no_ de ~avegación Aérea
de 15 de febrero de 19282 y
onvemo sobre Aviaoón Civil de La Habana
Para facilitar la ratificación del Co
.
.
se distribuye en Apéndices ql1e s
nvemo de Clucago su propio contenido
.
on o no aceptados tod
l
respecuvos Estados. El artículo VIII d l Apé d' '
os o a gunos, por los
que "los Estados miembros reco
e
n ice 1 declara el principio de
exclusiva y absoluta sobre el e
?oc~n que cada Estado tiene soberanía
Los términos -soberanía excl:~;~o a ;·e~ correspondiente a su territorio".
fiesto la preocupación que los
emp_Ieado~, ponen de maniesta materia que fué estimada como e d
Convento tuvieron respecto de
La
iun amental
Ley sobre Navegación Aérea de 21 de J :
primero de sus artículos establece
"
uh? de 1960 (España) en el
territorio español y su mar territo _q~1e ;l e~pacio aéreo situado sobre el
español."3
na es Sujeto a la soberanía del Estado

firmin:e:~:t-

El Apéndice III de la citada Conferenciad
.
. .
1944 contiene el llamado "Actierd
. e Cluc~go de 7 de Diciembre de
·
.
o re1auvo al tránsito d 1
· ·
mternacionales" Su artí'ci110 •
e os serv1oos aéreos
•
primero puede de ·
que el tiempo ha determinado la e . d . l en-se que es, con la evolución
civil. Dice así:
, ' , . spma o1 sa que regula el transporte aéreo
"Todo Estado contratante concede a I d
respecto a los servicios aéreos .
. os emá~ E~tados contratantes,
aire:
.
.
mternac,onales, las s1g111entes libertades del
"1.- El derecho de cruzar su territo~·io sin aterrizar.

2

5.- Trasporte aéreo.
Al igual que e n el transporte marítimo, en el aéreo surje el problema
referente a la soberanía. El transporte aéreo es internacional por propia
naturaleza ya que es en los grandes recorridos cuando, al efecto, el rendimiento de la nueva técnica se hace patente. Una máquina aérea, en pocas
horas, necesita, con la excepción de determinados paises cuya extensión
territorial es especialmente grande, atravesar el espacio aéreo sujeto a más
de una soberanía.
En la Conferencia de Chicago concluida el 7 de Diciembre de 194'1 se
plantea, como principal problema, el de la soberanía del espacio aéreo. El
Convenio que se firma en 19,14 constituye, en la actualidad, la carta magna

El Conve1úo Iberoamericano de Nav
.
Noviembre de 1927 por los pleru·poteegac_ió~ Aérea fué firmado en Madrid el día 1 de
.
naanos de España Ar
•
..
om ia, Costa Rica Cuba Chil R úbli
. . , genana, Bolivia, Brasil
Col b
'
•
e, ep
ca Donuruca
Ec d
'
uatemala, Honduras México N'
na,
ua or, El Salvador
G
Uruguay )' Venezuela' En
'h icaragu.,, Panamá, Paraguay, Perú Portugal'
•
mue os aspectos este Co
.
•
• ,
reltlliaciones internacionales ue
.
•
nveruo es avanzada de otras
1
EI Convenio sobre Avi.,~ión&lt;giv'J'~dos ?5 anos, habrían de ultimarse
febrero de 1928 por los representant~,:~:~~r~1é firmado en La Haban~ el dfa 15 de
El Salvador, Guatemala Nicaragua B r . v ' Uruguay, Panamá, Ecuador, México
Rica, Chile, Brasil, Arge~tina, Para :1a o ~1~, . enezu~la, Colo!n?ia, Honduras,
de América y Cuba. Su ambito geo!ráA~o :~~:ep~blica Donuruca~a, Estados Unidos
de 1926, ya que en este de La H b
.
• P es, del Converuo Iberoamericano
'
a ana IJenen entrad
· d
portuguesa, como los Estados Uru'dos d e' Aménca
. y Haiti
a PaJSeS
eda edhabla no. española ni
otro no perteneciente al hemisferio ameri
s·
' qu n o excluido cualquier
reguladas son coincidentes y con n,au·c . caáno. m embargo, muchas de las materias
· rfdicas de igual naturaleza..•
es m so menos análogos, se h acen defüúóones
~
o hemos de enlrar en el debatido tema del
. .
que el artículo ¡ de la Convenció sob
mar t~rn~onal pero sí conviene recordar
. b
n
re mar terntonal )' la
.
me ra el 27 de abril de ¡ 958 d t
.
zona conugua hecha en
fG
, e enruna que la soberanía d
ue~a de su territorio y de sus aguas interiores a u
e un Estado se extiende,
designada con el nombre de mar territorial.. ' na zona de mar actracente a sus costas,

eosi.:

3

363
362

�"2.- El derecho de aterrizar sin fines comerciales.
"Los derechos previstos en esta sección no podrán exigirse respecto de los
aeropuertos que se utilicen con fines militares y de los cuales se excluya todo
servicio internacional regular. En zonas de hostilidades o de ocupación
militar, y en tiempo de guerra en las rutas de abastecimiento de dichas zonas,
el ejercicio de tales derechos estará condicionado a la aprobación de las
autoridades militares competentes."
Como hemos visto, en el Convenio de Chicago, después de proclamarse la
soberania "exclusiva y absoluta" sobre el espacio aéreo correspondiente al
territorio de cada Estado, se establecen unas libertades recíprocas entre los
que son parte en el Convenio y en virtud de las cuales pueden sobrevolar los
territorios de cada uno y aterrizar sin fines comerciales, salvo casos especialmente establecidos por razones de índole militar o de defensa.
Estas libertades del aire se hacen más extensas en el Apéndice IV del mismo
Convenio, cuyo artículo primero, dice:
"Cada uno de los Estados contratantes reconoce a los demás Estados
contratantes las siguientes libertades del aire, respecto a servicios aéreos
sujetos a itinerario fijo:
"1. El privilegio de volar sobre su territorio sin aterrizar.
"2. El privilegio de aterrizar para fines no comerciales.
"3. El privilegio de desembarcar pasajeros, correo y carga tomados en el
territorio del Estado cuya nacionalidad posea la aeronave.
"4. El privilegio de tomar pasajeros, correo y carga destinados al territorio
del Estado cuya nacionalidad posea la aeronave.
"5. El privilegio de tomar pasajeros, correo y carga destinados al territorio
de cualquier Estado participante y el privilegio de desembarcar pasajeros,
correo y carga procedentes de cualesquiera de dichos territorios"
"El ejercicio de los privilegios precedentes estará sujeto a las disposiciones
del Convenio Provisional de Aviación Civil Internacional, y cuando éste entre
en vigor, a las disposiciones de la Convención Internacional de Aviación Civil,
ambos instrumentos redactados en Chicago el 7 de Diciembre de 1944."
La articulación de estas libertades del aire es objeto, normalmente, de
negociación diplomática y queda estampada en los Convenios bilaterales que
se ultiman entre los países. En estos Convenios bilaterales se establecen las
condiciones mediante las que ha de llevarse a cabo el intercambio comercial
-de personas, correo y carga- por vía del aire. En general estos Com·enios
bilaterales suelen obedecer a un patrón o modelo respecto del que se introducen las variaciones que cada caso requiere.
364

EL DESARROLLO TECNOLÓGICO y LA CONDICIÓN HUMANA
POR ALOO ARMANDO COCCA

Argentina

=~~EM?S D~DUCt, tal vez con bastante aproximación, cuál ha de ser el estado
. t a et~nc1~ y a tecnología espaciales, sus aplicaciones, la cooperación
m e~nac10na y el papel de las Naciones Unidas en el próximo decenio
pudiendo ~uperarse ese cálculo por una activa intervención de la ONU d ,
sus orgamsmos especializados. Pero lo que no podemos s· .
y e
apr ,· d
•
1qmera prever
oxuna amente, s1 no se hacen esfuerzos en todos los niveles en tod
:olmeHnto y e? el mundo en~ero, es la posición del hombre y por co~siguient:
per"ód
d e fia . . umamdad en .ese mismo
.
1 o, en el orden moral, espiritual y en
e m1t1va, en la propia convivencia humana.
'
1. La condición humana

1. 1_- Se ha dicho que la técnica es una enfermedad mortal. Que todo ha
cambiado d_esde que comenzó el espíritu práctico en la sociedad y
0
~:~::

;:i~~::tº~ ª ~~º• ~-.

comodidad fisica y la recrención fáciÍ au~~:1~:~
s1gm ca o un alentador descenso de los valores morales e
~:~~e~u~les; por c~nsiguiente, los espirituales. La persona humana lo era
. ~ o era acnón personal. Pero ese ritmo individual acuciado or
ap~tenleta~ y verda?~ras_necesidades espirituales -que compl~cerlas o supperar 1as iac1an la
de
en
11 felicidad
..
. nuestros abuelos- se hª vem"do trans fiormando
o que se ama senar en multitud" que anuló (no pod'
d
manera) la felicidad de cada cual.
ta ser e otra
.

la

. l ._2. Porque •:mo~ernización" es un proceso complejo que a orta industria
h~CJ?n, ~rbamzac1ón, despliegue de tecnología, pero al mis:no tiempo des:
va onzac1ón de las culturas y empequeñecimiento del hombre
planteado la cuestión de-si el prog1·eso in"te
· 1puede ser
lla 1.3.d Nosl hemos
·
.. ..11a
do :~eº ta o s1 se trata simplemente de crecimiento, que puede ser deformagenerado. Llegamos a la conclusión, cuando en ello meditamos
n~ puede llamars~ pro~eso lo que no viene acompañado de erfeccio~:~
miento. El perfccnonam1ento es sólo espiritual.
p

�1.4. La consecuencia ha sido caer en un estado de insatisfacción, de
disconformidad y por lo tanto, de incomodidad, frente a lo que se llama,
paradojalmente, confort.
.
.
.
1.5. Se ha dicho con acierto que "en nuestra psique colccttva, espacio ha
significado libertad, romance, desafio de lo desconocido, y 'ciclo'" (NCONF.
101/PC/L.1 7/-Add.l,p.l). iQué ventaja extraordinaria para el pensador de
nuestro tiempo contar con una sique colectiva que no haya perdido las
ilusiones más caras al espíritu, sus mayores ilusiones, lo que hace al mundo
digno de ser vivido! Apuremos nuestro esfuerzo antes de que la técni_ca, que
todo lo cambia, altere también esa riqueza tan preciosa de la Humamdad en
todas las latitudes, en todas las culturas y en todas las edades.
1.6. Felizmente, para consuelo del hombre de nuestro tiempo -insatisfecho, disconforme e incómodo, en suma, desilusionado y sin deseos de alentar
una ilusión- existen las ciencias sociales, que lo ayudarán a salir de ese
estado, al que ha sido llevado involuntariamente, impensadamente, porque,
en .efecto, de eso se trata: de no pensar. iPara qué! La máquina lo resuelve
todo y sin equivocarse. El equívoco ha sido creer que se puede confiar a la
máquina lo intransferible a la condición humana: su espíritu.
. .
1.7. Entre esas ciencias sociales corresponde un lugar de pnondad al
derecho, que no obstante ser esencialmente espiritual, tiene la ventaja que
es, al mismo tiempo, práctica, la más práctica de las ciencias sociales.
1.8. El derecho es el gran guardián del hombre. Con el advenimiento de
la era industrial, que amenazaba con someter al hombre, aparece el derecho
laboral, y el trabajo adquirió una dimensión inusitada con la multiplicación
de la manufactura. Contra las desviaciones del poder de los gobiernos, se
levantó el derecho constitucional. Con la expansión internacional del comercio, asoma el derecho mercantil internacional. Frente al abuso fiscal y de las
facultades administrativas confiadas, aparecen el derecho fiscal y el derecho
administrativo. El derecho internacional va transfiriendo a la persona humana lo que el Estado reservó para sí mismo, y deviene derecho humanita_rio
antes que derecho de soberanías territoriales, donde el individuo es también
sujeto de derecho.
.
. .
1.9. Ante la nueva perspectiva del universo que han ofreC1do las reahzac10nes humanas en el espacio, ha debido igualmente cambiar la estructura del ·
derecho, para lo cual eleva a la jerarquía de st~eto jurídico a la Humanidad
misma. Esta obra es realizada por el Derecho del espacio, que implica la más
extraordinaria revolución jurídica -empleamos esta palabra "revolución"
en sentido científico y no político, como lo hacen los astrónomos- de todos
los tiempos, a través de sus milenios de existencia.
.
1.1 O. Ese gran guardián del hombre ha comenzado a tutelar igualmente a
la Humanidad, no sólo en el espacio y los cuerpos celestes, sino en zonas de

366

actividad humana_en nuestro planeta, con el derecho atómico, con el derecho
de los fondos marmos, con el derecho energético y con el derecho ambiental.
1._11. Pero de lo que carecemos, sin duda, al menos no se han hecho estudios
sufic1en~es, es de un derecho de la investigación y el desarrollo, precisamente
para cm?ar. del hombre y de la sociedad humana ante los avances de la
automattza~1ón, ca~ente de previsiones por las consecuencias que de su
empleo derivan. Cmdar del hombre y de su conjunto, la Humanidad.
l. 12. Un antecedente alentador lo ofreció el Comité de Enlace Científico
~gal entre la Academia Internacional de Astronaútica y el Instituto Internacional ~e Derecho del Espacio en su reunión de Nueva York, de 1968. Su
conclusión fue la siguiente:
Existen tres grandes categorías de actividades espaciales:
a) Las que el derecho alienta, apoya, afirma;
b) Las que el derecho tolera; y
c) Las que el derecho prohibe.
1.13. iCuánto hubier~ ganado la Humanidad sien esos casi tres lustros que
~os sep~ran_ de la reumón de Nueva York se hubiera profundizado en la
s~stemattzac1ón de estas actividades humanas, no sólo en el ámbito del espacio
smo en todo otro dominio!
'
1.14. No se trata del derecho de los pueblos a la investigación y al
desarrollo, que siempre lo han tenido. Y prueba de ello es que su ejercicio los
ha llevado a las consecuencias que ahora lamentamos. Se trata de normar
establecer princ!p~os y ofrec~r t~n marco jurídico a esa actividad para que n~
s~ aparte de su umco beneficiario: el hombre y consecuentemente la Humamdad, en su calidad espiritual y no en su aspecto material.
1.15_- Es bie_n sa?ido ~ue el hombre emplea un porcentaje escaso del
potencial de su 11~tehgenc1a y ha logrado, sin embargo, adelantos sorprendentes. Pa~a el cambio que se reclama es necesario adoptar una posición valerosa,
requerir de la capacidad de cada cual su mayor esfuerzo, a título de ser
pensa~te, para s~1perar esta postración del hombre y este dominio de la
máqm?ª· La té~mca l~a sido llevada a la educación para facilitarlo todo, pero
adormilar al mismo tiempo las facultades intelectuales del estudiante. No se
trata de desechar el empico de la tecnología en los procesos educativos. El
hecho es cómo se utiliza. Los experimentos de educación de nÍlios en los
Mo~tes Apalaches y los diagnósticos médicos via satélite en Alaska, pero
part1c~i!armente _los resultados extraordinarios del Satellite Instructional
Telev1s10n Ex~rnnent (SITE? en la India, en 1975, son una prueba de cómo
se han de. utilizar esos medios técnicos. Más de seiscientos millones de
~rsonas vive en aldeas aisladas en la India, y muchas de ellas nunca habían
v_JSto antes un film. Los programas fueron diseñados para transmitir mensajes
simples acerca de la nutrición, cuidados maternales, planificación de la
367

�familia, ganadería, agricultura y tratamiento del cólera en términos de fácil
entendimiento.
1.16. Se han empleado ya varios satélites en órbita geoestacionaria y ello
no significó ninguna de las amenazas advertidas -no podré Ol\"idar que en
el recinto de las Naciones Unidas se dijo hace trece años que el Estado que
dispusiera de la tecnología de la radiodifusión directa ganaría toda guerra
futura sin disparar un solo tiro de fusil- sino grandes beneficios para
importantes nucleamientos de la sociedad humana.
1.17. El hombre, en su condición humana, ha sufrido algunas crisis.
Cuando los juristas y legisladores de todo el mundo, el siglo pasado, se
empeñaban en darle vida para el derecho a lo que llamamos personas
jurídicas, personas morales o personas legales, se asistió a un verdadero
atentado contra el hombre en su condición de persona jurídica, persona de
derecho por excelencia. Le disputaban esa preeminencia las personas ficticias,
las personas artificiales. En aquellos momentos muchos asumieron la defensa
del ser humano, pues no aceptaban que el derecho olvide al hombre y confiera
preeminencia a lo accesorio. La reacción se extendió por muchos años y a
comienzos del siglo pudo exclamar el jurista italiano Giorgio Giorgi: "Y
pensar que el derecho fue hecho exclusivamente para el hombre: cmn lwminmn
cama omnes ius ccmstitutum. sit!". Los jurisconsultos romanos te hicieron César;
los modernos pretenden reducirte a la nada".
1.18. La crisis del presente es mucho mayor y no tiene parangón con las
anteriores. La tecnología disputa al hombre el dominio del conocimiento. La
eficiencia de la máquina excede la capacidad del hombre, quien usa la
tecnología para su propia comodidad y se transforma así en un "dependiente
de la máquina", en un "adicto de la máquina".
1.19. He tenido ocasión de escuchar, el 11 de septiembre de 1978, en
Dubrovnik, la conferencia de K. Soe&lt;ljatmoko -en la actuali&lt;lad rector de la
Universidad de las Naciones Unidas- durante la reunión anual del Instituto ·
Internacional de la Comunicación. En esa oportunidad señaló que la capacidad de una nacion-no sólo de su gobierno sino la de su sociedad como un
todo- de adaptarse a los rápidos cambios tecno-económico, sociocultural y
político, en una escala que haga posible hablar de transformación social,
depende mucho de su capacidad colectiva de generar, alcanzar, asimilar y
utilizar una gran cantidad de información disponible. A esta capacidad para
una respuesta creativa e innovadora a las condiciones del cambio y a los
nuevos desafios quisiera llamarla la capacidad de aprender de una nación.
Tal capacidad no está obviamente limitada al nivel cognoscitivo, sino que
incluye niveles de actitudes, institucionales y de organización de la sociedad
misma --concluye.
368

ºd 1d2~. ~e lo g!osado, rescato una frase plena de contenido humano: "capa~:sªmá e ?s nac1?lnes para aprender". Las naciones, es decir, sus hombres no
qumas, m os muy refinados robots que pudieran posee
,
~-ilHSepamos aprender, tengamos la actitud individual qu/~erá posición
~ocd~a :d algadmos el esfuerzo propio, de cada cual, con la cuota de inteligencia
m iv1 ua e cada componen t e de 1a sociedad
.
que integramos. El resultado
Será Sorprend ente.

2. ~osibilidades y perspectivas de nuevas actividades espaciales en cooperación internacional.
21.1. Hay ~dma palabra que tiene resonancias extraordinarias en el dominio
de .as dact1v1 acles espaciales.• cooperación
·
·
.
mternac1onal.
En un seminai··•o
l
rea iza o en
· · de
· la UNESCO lleg·óse a
. Buenos Ai res en 1979
.. con patrocm10
laºdconc1us1ón
.
' conte
l T que la cooperac1ºó n ·internacional
es un imperativo legal
nt o en .e ºel ratado
del
Es
·
l
'
d
pac10 y, por o tanto, condicionante de la licitt1d
de·
toda act1v1 a en el espacto.
· s·1a lgmen
• no comparte esta conclusión al meo
~ompre~derá que'. desde los comienzos de la era espacial, la coo r .;s
mternaoonal ha sido la regla. y si hubo alguna excepción, ha sidopepr:;:sa~
mente para confirmar esa regla · Es, por 1o tanto, una costumbre internaciona1'. para aquellos que se muestran poco apegados al derecho pos·1.1·
.
1 vo mternacional.

2.2. ~ooperación implica coordinación y regulación. Es decir
~:;::~c•~ pe_rma_nente del derecho. La ciencia y tecnología espaci~l;~:r:~~
e a c1enc1a y tec~olo_gía generales y, consecuentemente, también son
¡artes delE~ont~x~o sooal, mdustrial, educacional y cultural de la sociedad
1umana. . ~bJe~vo es el bienestar de la humanidad como un todo Ello
~upone part1c1panón (otra palabra de valor capital en la mod .
. ºd
mternacional).
e1 na comum ad
la

!!~

Participaci?n, según R. Fenaux, es tomar parte, es decir, concurrir a
. y a la a~c1?~• ~n todas las fases sucesivas de la ima inación de la
sugestión, de la m1c1at1va, del proyecto, de la decisión y de a lica¿ón O
~orno s~ expresó en la Reunión Consultiva de la UNESCO sobrfEl Dereciw d
omunuarse (Bucarest, 9-12 de febrero de 1982) participación im r t
parte en todos los niveles relevantes y en todas las etapas de la co p •c~ o~nóar
mcluso la fon 1 ºó
r .,
.
mu111cac1 n,
. . nu ac1 n, ap 1cac1on, mancJo y revisión de las políticas de
comumcac1ones.
'·
2.4. Hay
tres
frases
que
no
pu
d
l
.
.
.
e en ee1se separadamente: crecimiento
econ6 ~uco, desarrollo so~1al y humanización de la Humanidad. Esta últi
envolviendo y predetermmando la acción.
ma
. 2.5. N_o toda_s_ las _naciones pueden por igual aprovechar los frutos de la
exploración, ut1lizac1ón y subsecuente explotación del espac1·0
,
u ltraterrestre.

1!

369
H umanit.u-24

�La tecnología espacial es un medio poderoso para ª:ceder al de~arrollo

nacional e internacional. Si nos proponemos compartir los beneficios y el
bienestar, debemos acercarnos con espíritu ampliamente cooperativo a conceptos fundamentales: participación y asociación de todos ~os pueb!os. Esto
lo ofrece ya un principio incorporado a un instrumento internacional: el
patrimonio común de la Humanidad, en el Acuerdo relativo a la Luna y Otros
Cuerpos Celestes.
.
. .
2.6. En la Mesa Redonda sobre Encuadre Jurídico de las Actividades
Económicas en el Espacio (Córdoba, Argentina, juni~ 1981) h_u bo ~ons~nso
en el sentido que el beneficio no debe limitarse a la mformac1ón ~1entifica:
antes bien, debe tratarse de beneficios palpables de carácter económico, como
la prestación de servicios y la transmisión de t~cnología, que importen ese
mayor bienestar general para toda la Humanidad. Sólo
este modo se
compartirán los beneficios porque, de otra manera, la mayona_&lt;le los pueblos
jugaría un papel pasivo de sólo recibirlos. En ca_11:1bio, es esencia~ ~ue d~s~mpeñen un papel activo y asuman las responsab1hdad_es que ent1ana p~ec1samente el acto de compartir en el esfuerzo de producción de los beneficios. En
consecuencia, la cooperación debida en las actividades espaciales se r~bustece
en su carácter de obligatoria, cuando se trata de actividades ec?nó1111cas.
2.7. Los pueblos tienen las responsabilidades de su propio dcsarro_llo;
porque, como lo expresa el Draft Report of UNISPACE/82, la dependencia _Y
la caridad no engendran desarrollo -los esfuerzos, autocon~anza,, l~ motivación y la movilización, sí. La tecnología espa~ial no es la ,~anta mag1ca que
pueda brindar riqueza repentina pero. -sab1a~ente _aplicada-: posee el
poder de estimular el desarrollo económ~co y, con igual ~mpo~nc1a, ofrecer
mayor equidad a través de la educación y el cambio soC1al (UN Doc.
NCONF.cit.p.4).
.
2.8. Comunicación, transporte, educación, alimentos, agua, salubndad y
seguridad son promesas hechas realidad, son benefic!o prácticos alcanzados.
Pero es mucho más lo que se espera, lo que se anuncia. El futuro carg~do de
promesas está en el espacio. Para recibir con equidad es_as ventaJaS'. es
necesario ofrecer una adecuada estructura legal y una apropiada educación.
El desafío a los responsables de la organización tanto de la comunid~d
internacional como de los grupos nacionales es doble: Se busca el beneficio
económico total para todos los pueblos, para la Humanidad en su conjunto,
pero también la distribución de tales beneficios entre los varios_ ~rupos
sociales y culturales en un mismo país. El espectro entero de l~s activ1da~es
espaciales in~luye consideraciones económicas, so:iales y éticas en _mvel
nacional e internacional. Es la armonía que el Embajador Peter Jankow1tsch,
Presidente del Comité Preparatorio de UNISPACFJ82, compara con la música de Mozart.

d:

370

3. El espacio como aventura int.electual frente a las desilusiones del desarrollfJ.

3.1. Cuando la sociedad descubre o advierte nuevas técnicas, sobre todo
las que la colman de asombro, espera de ellas el mayor bienestar, una
economía que la beneficie, mayor tiempo para acentuar su humani1.ación; en
una palabra, que esa técnica le aporte comodidad, satisfacciones y que le
resulte, en definitiva, gratificante.
3.2. Tal vez el hombre no estaba mental ni moralmente preparado para la
rápida evolución tecnológica operada. La máquina ha traído prontitud pero
no perfeccionamiento en el quehacer humano. Una computadora hace cualquier complicada operación en forma práctica~ente instantánea. Pero a costa
del abandono del esfuerzo mental del hombre. ¿Nos llevará ello a un irreversible retroceso, que traerá una atrofia del potencial de inteligencia? ¿Es
posible predecir hasta dónde alcanzará esta regresión?
3.3. ¿y qué pensar de la libertad? Pueden ofrecerse varios caminos para
resolver un teorema. La automatización lleva a soluciones programadas,
rápidas y seguras. Priva al hombre de posibilidades. Libertad es también
oportunidad de elegir, opción en la alternativa, con cierto margen de indeterminación, implica espontaneidad, ausencia de interferencia, satisfacción
por sí mismo de un requerimiento. Es siempre un dinámico, voluntario acto
de la persona humana.
3.4. El hombre común ha perdido muchas de las esperanzas que le ofreció
la tecnología. Y vive en un mundo contaminado que terminará, si no se
adoptan medidas heroicas, por destruir al planeta.
3.5. La evolución tecnológica no ha sido acompafiada de una evolución
similar de orden moral. Eso hace que el hombre de hoy se sienta derrotado,
superado. Vive el proceso como algo fatal, que en un momento cierto lo
destruirá, no como ser biológico, sino como ser libre y ser pensante.
3.6. Ante esas circunstancias, aparecen las opciones: trabajar para el
perfeccionamiento del desarrollo en la paz; o trabajar para la destrucción, en
la guerra, en la violencia, o en la inacción.
3.7. Hasta ayer la guerra era un acontecimiento natural en la historia de
las naciones. No hubo generación que no combatiera. Mucho tardaron los
pueblos en convencerse que la guerra debía ser reemplazada por otra forma
de convivencia. Muchos héroes que recuerdan los monumentos trabajaron
directa o indirectamente para la guerra. El hombre de nuestro tiempo tiene
una misión más importante y por cierto más dificil: trabajar para la paz. Es
un desafio intelectual. Un desafio contra la violencia en todas sus formas y en
todos los grados.
3.8. El espacio es la gran oportunidad, no sólo porque hacia él convergen
los mayores talentos y las inteligencias más lúcidas, sino porque se trabaja en
371

�cooperación científica. La aventura espacial es demasiado grande y demasiado importante como para que pretenda hacerla una nación o algunas naciones.
3.9. Hablar del espacio es hablar de paz. La actividad espacíal es por esencia
pacífica. De esa paz que han deseado en todos los tiempos y desde el fondo
de sus conciencias los guerreros. Napoleón demostró que poseía talento no
sólo militar. Poco antes de morir manifestó su convicción de que, de todo lo
que hizo, le sobreviviría el Código civil. No fue el autor, per? se empeúó en
dotar a Francia de un código civil, un código de paz. La posteridad lo recuerda
y su obra de paz pervive en el llamaclo "Códig? Napoleón". .
3.10. Después de la Segunda Guerra Mundial Europea conuenza la tarea
de reconstrucción, en dimensión continental. La más grande aventura intelectual es la ~mprendida a través de su Consejo de Europa, con su asam~)lea
parlamentaria y su comité de ministros. Y se ubica ya como la más antigua
de las organizaciones políticas de Europa Occidental, con 33 años de existencia.
3.11. Hay precedentes en la historia nacional de pueblos que alcanzaron
su independencia en el siglo pasado. Nacieron de un fervoroso movimiento
intelectual. Inteligencia y gobierno iban de la mano. Los poetas gobernaron
también. Muchos de los autores de las constituciones de las nuevas naciones
fueron literatos. Como bien se ha dicho, se propusieron "inventar" un país,
poner al servicio de una causa profundamente anhelada toda la inteligencia
y la totalidad de los talentos de un pueblo. Nada se confió a extraños y por
cierto que no se ofrecían procesos automatizados. Los pueblos nacieron
vigorosos y sobre todo con fervor, ilusiones, amor y fe en el destino.

alta energía, armas de rayos letales y otros desarrollos similares arrojan una
sombra oscura sobre la utilización pacífica y benéfica del espacio. Ya es tiempo
de detener y revertir esta peligrosa tendencia y comprender más ampliamente las perspectivas que ofrece el espacio, un hermoso planeta cuyos procesos
vitales son íntimamente interdependientes, donde la vida se basa en un
delicado y único equilibrio entre el hombre y la naturaleza, entre el hombre
y el hombre" (UN Doc. cit.,p.4)
4.3. Las telecomunicaciones militares escapan, en principio, al control de
la UIT. A ~esar de ello, las frecuencias utilizadas con estos fines son, en gran
pa~te, ?ot1ficadas al I:RB. Y es por ello que existe también un plan de
atnbuc1ón de frecuencias para el servicio móvil aeronáutico (OR).
_4.4. ~ idea de_ una gt~erra en el espacio parece estar lejana. Pero la
eX1stenc1a d~ satélites ª:esmos, estaciones espaciales bélicas, rayos letales y
naves espaciales con canones laser, son ya una realidad. La proporción de
lanzamientos con fines militares desde 1957 es semejante en losEstados
Unidos de América y en la URSS; entre ambos, en el período 1958-1975
lanzaron más de 1.000 satélites militares. El Dr. David Baker, asesor de NASA
y autor _del libro The sha_pe of Wars to come, dice: "La información y los datos
neces~nos para conduc1r una gran guerra en la Tierra depende ahora casi
exclusivamente de satélites.en órbita alrededor del planeta".
4.5. La efectividad de los satélites militares quedó demostrada en octubre
de 1973, durante. la guerra en~re Egipto e Israel. Se ha planeado por parte
de los Estados Unidos de Aménca lanzar un satélite con estación de comando
en órbita a 132.000 millas de la Tierra -la mitad del camino a la Luna-y
fuera del alcance de los satélites y rayos destructores.
.

4. El espacio como fuente de una nueva ética J1ersonal y social.

5. El optimismo, como supuesto de beneficio y felicidad.

4.1. Human dim.ensions of the space ente1jnise ha sido el tema de una conferencia dada por el Profesor Yash Pal en el Simposio Internacional Aeroespacial 81 (Aeropuerto Le Bourget). Manifestó que el hombre mira a la tecnología espacial no para que provea soluciones a los problemas, sino para alcanzar
a percibir la nueva ética que surge de los logros de la actividad espacial, para
asegurar que los hombres en esta Tierra, siendo semejantes, alcancen el
mismo nivel de-dignidad.
4.2. En el Draft ReJ1ort de la Conferencia no ha dejado ele señalarse la
creciente militarización del espacio como una barrera para una mayor cooperación y un obst..iculo potencial para obtener los máximos beneficios de la
tecnología espacial. "Aunque las aplicaciones militares de naturaleza no
agresiva, tales como los medios técnicos nacionales de verificación (surveillance satellites), han tontinuado por algunos años, se hallan ahora desbordados por sistemas direct..'lmente agresivos. Armas anti-satélite, rayos laser de

5.1. Frente a todas esas incertidumbres y aun amenazas a la paz, si se nos
pregunta ¿qué puede la Humanidad esperar de UNISPACE/82, estamos
prontos a responder: un poco más de ilusiones, un poco más de optimismo
para ver el futuro con beneficio y felicidad: beneficio material y felicidad
espiritual.
5.2. En lo que hace a una indeseada guerra espacial corresponde a los
Estad.os que p~sean e~os ~edios brindar a la Humanidad una tranquilidad
que viene P?rd1endo d1a a d1a. Porque, en efecto, no son pocos los que piensan
como Marvm Goklberger, del California Institute ofTechnology: "Estamos
yendo a través del valle de las sombras de la muerte".
5.3. La responsabilidad es de todos: gobiernos, organizaciones internacionales ~ub~rname1~L1les y no ?ubernament1les, dirigentes, maestros, pensadores, Juristas, legisladores, d1plomáticos,j11eces. Y los creadores e investigadores, conforme a la clasificación del Comité de Enlace Científico Legal de la

372

373

�Academia Internacional de Astronáutica. El papel de las organizaciones no
gubernamentales, por hallarse desprovistas de intereses políticos o sectoriales, resultará de gran utilidad.
5.4. Así como la imaginación es el mayor auxiliar de la ciencia, el optimismo
es la piedra de toque para toda acción en el campo de la política internacional.
5.5. Optimismo es fe, una de las grandes virtudes _de! espíritu.
.
5.6. Sólo con optimismo se construye, porque opt:musmo es propensión a
ver y a juzgar las cosas del modo más favorable. .
. ..
.
5.7. y es también un sistema filosófico que consiste en atnbmr al umverso
. la mayor perfección posible.
5.8. Hasta ahora no conocemos nada más perfecto que el universo y no
poseemos otro patrimonio que nuestra cttltura, la cual nos ha dado una
civilización que explora y utiliza el cosmos.

I.AGRAN AVENTURA DE NUEVA ESPAÑA EN EL MAR DEL SUR
POR ANToNIO POMPA Y POMPA.

del Instituto Nacional de
Antropología e Historia
LIMINAR

GRANDE NO SÓLO PARA LOS MEXICANOS, sino para el mundo en general es la
expansión de Nueva España en el siglo XVI, pues su influencia en la integración geográfica, política, cultural y económica del mundo se manifiesta desde
que se inició la ruta de las especias, pues desde entonces flota en occidente
nuestro pensamiento, nuestra cultura, nuestro espíritu, y ello lo hace profundamente acreedor a nuestra atención, asi como a una profunda interpretación
sociológica.
·
La maravillosa historia de la ruta marítima que dió origen a la formación
del e::je México-Filipinas, nos trae a cuenta los acontecimientos de las grandes
epopeyas en los mares del Sur con los pormenores de clh·ersos viajes, hasta
la conclusión de un ciclo con Miguel López de Legaspi y Andrés de Urdaneta,
cuya acción se constituyó definitiva en las relaciones geográficas, políticas,
culturales y económicas del mundo en el sentido universal del siglo XVI.
La concepción fantástica de las rutas de las especias que incitó las aventuras
del pensamiento del hombre de mar excitado por el gusto que aguzaba y
agitaba el ingenio con multitud de elucubraciones, trajo progreso en la
Astrología y la Náutica, e hizo realidad la gran satisfacción de gustar las
especias cuyo sabor y aroma germinaron en ambiciones de política colonial
principalmente por Espafi.a y Portugal, a la vez que realizaron las concepciones de una Geografia delirante en la constitución del mundo del siglo XVI,
como nos lo atestiguan crónicas y cartografias de la época.
Lo que hoy decimos tiene como fundamento el resultado de investigación
directa en elementos documentales, buena parte inéditos, ele! Archivo General de la Nación y de colecciones particulares, en México; clcl Archivo General
en Sevilla, en sus secciones de Documentos inéditos de Ultramar, Simancas
Filipinas, patronato y Audiencia de Filipinas, Secular Audiencia de Filipinas,

374

.
1

�etc., y de los Archivos Agustinianos de Manila y de Cebú, así como de las
colecciones impresas de la Academia de la Historia de Madrid, las formadas
por Joaquín Pacheco, Francisco de Cárdenas y Luis Torres de .Mendoza, y de
Emma Helen Blain James y Alexander Robertson; diversas crónicas como las
de Gaspar de San Agustín, Esteban García y del Padre Grijalva; relaciones de
autores entre quienes merecen ser citados Cavada, Malo de Luque, José de
Alcázar, March Labores y muchos más, quienes dan fuerza a la historicidad
de los acontecimientos que se narran.
1.- El seiiuelo de las especias y de los descubrimientos marítinws.

Nueva España; he aquí la síntesis en que se condensa el contenido de dos
grandes culturas, la eur&lt;?pea transportada por el ímpetu caballeresco y
aventurero del hombre español, y la indígena con su concepto autóctono del
tiempo y de la vida, preñado de fortunas del pensamiento, donde el hombre
mágico-religioso creó la nueva fisonomía americana dentro de la actual
cultura universal.
Los tesoros del pensamiento y de la acción en Nueva España, son inagotables para las especulaciones de la historia;_y de entre ellos, en su multitud de
imágenes plasmadas en el devenir de tres centurias, he apartado la maravillosa y audaz aventura de la conquista definitiva de las especias, en la
expansión geográfica de Nueva España hacia el Occidente, en "dereclnn;a";
así como los viajes hasta las regiones de los múltiples ventisqueros en la gélida
zona boreal.
Nueva España, admirable consorcio de pensamiento indígena y pensamiento europeo, quiere decirnos qué fue, qué ha sido y sigue siendo, para
provecho de historiadores y sociólogos, estadistas y hombres en general,
destruyendo el complejo de inferioridad, que hace el sentido trágico de la vida
en los pueblos y en los individuos que carecen de la verdad de su pasado.
Con ese fin distinguir en primer lugar, la maravillosa ruta de las especias
de los descubrimientos marítimos, originados por aquel señuelo de las aventuras que llevaron a Marco Polo y a Hernando de ~lagallanes a las más
grandes empresas marítimas de la humanidad.

***
Arabia era la primera de las tres penínsulas que el viajero del :Mediterráneo
encontraba al dirigirse de Occidente a Levante, con rumbo a los mares de
Asia; península fértil ·y de suelo benigno que la constituyó zona feliz desde los
tiempos del Patriarcado. Esta fecundidad hízola centro de activas relaciones,
tales como el comercio, y sus redes en el trueque e intercambio llegaron hasta
más allá de la Etiopía, de donde llevaban el incienso, el oro y las piedras finas
que por las corrie ntes del río Nilo fueron transportadas al Egipto o navegando

37G

por el golfo Pérsico invadieron los centros de mercaderias en Asiria y Babilonia.
La importancia comercial y marítima del pueblo árabe, por aquella remota
época, llegó a su pleno desarrollo antes de la dominación romana por un
fenómeno de geografia fisica, el descubrimiento de los monzones, vientos
periódicos de seis en seis meses, que soplaban y soplan en la zona tórrida con
particularidad en los mares que profundizan en la tierra, como los que
pertenecen al Oceáno Indico; mar de Omán y aguas de Bengala hasta el mar
de la China al Septentrión del Ecuador; en ellos, el monzón de primavera
sopla de Mediodía-Poniente, y en Otoño Levante-Septentrión. Al medio del
Ecuador, entre Sumatra y la Nueva Holanda, el primer monzón sopla del
Noroeste y del Sudeste el segundo. Esta regularidad en el movimiento de las
fuerzas locomotrices para la navegación, &lt;lió al pueblo árabe, por la obsen ación de estas leyes, el medio eficaz para extender sus relaciones comerciales
y de cultura.
Así fue como se descubrió esta ruta que llevó a los árabes, y por ella a los
romanos, a los codiciados países de los aromas y de las especias, que constituyeron el señuelo para las proezas y aventuras de los hombres de mar, en
los fecundos siglos XV y XVI.
Se ha dicho que en el principio fueron las especias ......, y desde entonces,
desde que los romanos tomaron por primera vez el gusto de ellas como
picantes y adormecedores, ardientes o embriagantes, no ha habido pueblo de
la Tierra que no haya deseado la estupenda manifestación de ese milagro que
transforma el sabor, utilizando ya la pimienta, ya la nuez moscada, para hacer
de insipida agradable la monotonía de las comidas; del jengibre por su
especial sabor con la cerveza, y de las variadas especias para convertir en más _
agradable el vino, o la canela que imprime un sabor gratamente excitante.
· Así de repente-asegura un autor-vibran entre los crasos tonos de mayor
y menor del agrio y del dulce, de lo picante y lo desabrido, delicados tonos
- culinarios intermedios, y pronto ya reclaman los paladares, bárbaros aún, del
medioevo, creciente cantidad de esos nuevos estimulantes.
La valorización de las especias siempre fue elevada. Si tomamos tan sólo a
la pimienta por ejemplo, se le aceptaba por base de cálculo, como después se
ha hecho con los metales preciosos. Hubo ocasión en que tan gustada especia
fuera moneda para la adquisición de bienes raíces, pago de dotes .y compra
de _derechos ciudadanos. En algunos reinos la fuaron derechos aduanalcs, y
en el medioevo se designaba al hombre de caudales, con el sobrenombre de
"bolsa de pimienta".
El jengibre y la canela -dicen algunos- la quina y el alcanfor, pesábanse
en las básculas de los farmacéuticos, cerrándose, en tanto, cuidadosamente
1

377

�puertas y ventanas para que la corriente de aire no se llevase, acaso, un
dracma de los preciosos polvos.
¿y por qué eran tan preciadas las especias?
.
c!Acaso no existían en abundancia en sus lugares de ongen?
La razón es muy otra. Los obstáculos que las hadan ser tan estimadas, eran
los de su dificil transporte debido a la peligrosa navegación, la prolongada
distancia que apartaba a Oriente y Occidente, y la rapacidad de los piratas.
Si que las había abundantes en sus lugares de origen. Mul~tud ~e ~rbustos
con flores verdes, existían en el archipiélago Malayo, como la pimienta en
Musisis después llamada Malabar, la nuez moscada en Banda, los claveles de
olor en Amboina y la canela en el Tidore.
De la mano del indígena isleño o peninsular pasaban los productos aromados a la de su amo, dentro del mismo sistema de explotación que imperó en
nuestros países de América, para que éste patrón, mahometano en la mayoría
de las ocasiones, los transportara en piraguas hasta la Malaca, de donde en
barcas mayores se le hada llegar a puertos de la India, y de alli, con incontables
peligros, a la feliz Arabia, lugar en donde se h~d~ la distribución a los pue~los
costeros al Mediterráneo, que formaba el pnncipal teatro de la navegación
en Europa.
.
Es demasiado dificil compendiar la obra de la grande revolunón que las
especias originaron en la vida de la humanidad, ix:ro_baste anotar que trajo
como consecuencia, además de otras, el establecimiento en forma de las
relaciones comerciales, y la aportación más valiosa para la Geografia en
general.
.
.
Esta revolución iniciada en los siglos XII y XIII, vmo a ser realizada hasta
el XVI, con la apertura de las rutas oceánicas hecha por el impulso aventurero
de España y Portugal.
.
A pesar de las luces que la experiencia había dado ?e~e el si~lo IX,_ las
normas de la nav~gación estuvieron raquíticas, hasta el ultimo terno del siglo
XIII en que floreció el célebre ingenio del mallorquí? Raimundo Lulio, a
cuyas prácticas de observación debió el arte de navegar m_co~tables adela~t~s
a las calidades de los vientos, dividiendo en cuatro los pru1C1pales, y sund1vidiendo los otros que resultan en otro igual número, con lo cual legó a la
posteridad la rosa naútica, aludida en su libro titulado: "Félix de las Maravillas'\
Ayuda grande recibieron los conocimientos maritimos con los adelantos
de los hebreos que vivían en Andalucía, y los estudios de los ára~s, como la
división de la esfera celeste por medio del Ecuador en dos partes iguales, que
proporcionó doctrina sobre la figura de-la Tierra.
.
Con dichos múltiples conocimientos fruto de la observación, además de la
BALLESTILI.A, llamada también BASTON DE JACOB, aparato inventado
378

por los caldeos para la observación de astros y medición entre el Ecuador y
el punto de la nave las CARTAS PLANAS y el ASTROLABIO, substituido en
la actualid~d ~or el SEXTANTE se aventuraron españoles y portugueses a
los descub~im1entos de las costas del continente Africano, para fijar una ruta
menos peligrosa al comercio de la Especiería que procuraban hacer algunos
pueblos de Europa.
No hay duda de que por su temperamento, fue el español quien primero
se lanzó a la aventura, arriesgada y dificil, de esas investigaciones, perfeccionadas_ posterior~cnte por diversos navegantes portugueses.
La importancia de la navegación al aplicárscle los conocimientos cientificos
recientes, fue muy grande y trajo como una consecuencia el ensanche de las
níona_rquias portuguesa_ y española, aquella en la Guinea y ésta en la completa
posesión de las Cananas y en el dominio ultramarino de las tierras de
América. En cuanto a esto último, de inmensos resultados para la ciencia en
s:ene~l, h~c~10 qu~ causó_asombro en todos los pueblos yjustificó a la naciente
c1enc1a nautlca y dtó glona a Colón y a Vespucio, proporcionando la integración geográfica del Mundo.
La tras~~ndencia de los_viajes de Cristóbal Colón principalmente, para la
ruta ~~fimava d~ las especias, fue de muchísima importancia, puesto que por
los :'lªJeS ,r ostenores _de diversos marinos se llegó a encontrar la "vuelta de
ocndente , o sea la ruta del Galeón de Manila, cuya historia parece leyenda,
ruta encontrada ~or el gran navegante Andrés de Urda neta, y que fuera sueño
de todos los m~rmos famo~os de esa época. El mismo Colón no se imaginó
nunca que _Imb1era _descubierto un nuevo continente, a lo que Vespucio se
ade~antó, smo un si_mple paso que acortara la distancia entre Europa y la
India, pues los antiguos cartógrafos, con sus concepciones fant.1sticas y
~eformes del ?1undo, se lo habían hecho creer, dando lugar con esas inexactitudes producidas por errores de cálculos en el error de Colón de confundir
las tierras de América con las de la India, tal como lo revela sin duda en· la
relac~ón que _es_c1:ibi6 a bordo durante su regreso al viejo mundo.
Asi quedó 1111c1ada la ruta definitiva de las especias y de los descubrimientos
marítimos rumbo a los mares del Sur

11.-Aventuras en el Mar del Sur
NAVIGARE NECESSE EST...., "es necesario navegar, porque cristianismos, y muy altos, y muy excelente, y muy poderosos Príncipes, Rey y Reina
de las Españas y de las islas del mar, nuestros señores, este presente año de
14_92, después de ~uestras Altezas haber dado fin a la guerra de los moros que
remaban en Espana y haber acabado la gueITa en la muy grande ciudad de
Granada, a donde este presente año a dos días del mes de enero por fuerza
de armas vide poner las banderas reales de vuestras Altezas en las torres de
379

í'
1

)

�la Alhambra ... y los motivos que yo había dado a vuestras Alt~zas, de la tier~a
de la India y de su Príncipe llamado el Gran Can, es necesario navegar hacia
la dicha India, pero no por el Oriente, por donde se acostumbra de a~dar,
salvo por el camino de Occidente, por donde hasta hoy no sabemos por ete~ta
fe que haya pasado nadie". Esto decía a Fernando e !sabe!, reyes de Espana,
el esforzado navegante Cristóbal Colón, al ser termmado lo referente a sus
proyectados viajes, con arreglo a las conces_iones que l_e fueron hechos en el
real de Santa Fe, al pie de los muros de la cmdad herótca de Gr~nada.
Y en verdad que era necesario navegar, y hacerlo por el Occidente hasta
la India, con el fin de encontrar la mta definitiva del maftwilloso País de las
aromas y de las especias.

•••
Hasta que la edad media estuvo por concluir, nada se tra~ó en forma
determinante para establecer una ruta marítima, ~r~cisa, a la I n~ia, pues todo
se reducía a especulaciones teóricas como las opm1ones de Anstóteles, Eratóstenes, Posidonio y Sócrates, éste último estimando que el viaje desde la
Península Ibérica hacia el Occidente, hasta llegar a la India, podía hacerse en
pocos días, pues un viento favorable hincharía l~s v~las de los na,:íos; pero de
las consideraciones científicas, se llegó a su realización hasta el siglo XV por
aventura de Cristóbal Colón, cuyo nombre debe estar unido al del florentino
Paolo da) Pozzo Toscanelli, descubridor intelectual del Nuevo Mundo, quien
por carta enviada a Fernando Martínez, confesor de los _r~yes portt~gueses,
djó a conocer detalladamente que se podía llegar con faohdad al Pats de las
Especias, siguiendo una ruta con dirección hacia donde el sol se po~e.
.
La grande tenacidad de Colón, futuro de su figura fisica y moral, luzo sur~tr
con su grandeza de ánimo y plena inspiración, un nuevo mundo, como OJOS
humanos no habían visto, donde sus habitantes eran a una mano de buena
estatura de grandeza, y buenos gestos, bien hechos, buenos s~rvidores,
hermosos y de buen ingenio, que muy pronto decían lo que se les mculcaba
y vivían felices en tierra poblada de árboles muy verdes y aguas 1~u~has y
frutas de diversas maneras; obteniéndose a la vez, con este descubnm1ento,
la conclusión dt.: la primera etapa en la ruta marítima "en derechura", al País
de los aromas, navegando por el Occidente.
El esclarecimiento de la costa de Honduras que Colón había comenzado al
efectuar su cuarto viaje, fue continuado por Vicente Yafiez Pinzón unido a
Juan de Solis y Pedro de Ledesma, con lo que s~ dió aumento al_int~rés ~or
las exploraciones en la costa del Nuevo Mundo, siendo de much~ s1gmficac1ón
las de Francisco Fernándezde Córdova en 1517 y de Juan de GnJal\"aen 1518,
navegando éste último por los litorales yucatecos hasta la Bahía de Campeche,
subiendo después con rumbo noroeste hast.a la des~mbocadura d~I Río
Pánuco, dentro del ahora Seno Mexicano. En esta ocas1611, por vez pnmera

el europeo vio las gigantescas cimas, cubiert.as de nieve, de las mont.añas del
país fantástico que denominarían Nueva España.
Volviendo nuestra atención a la parte sur del nuevo continente, sigamos
el proceso de las expediciones que trajeron como consecuencia el descubrimiento de los mares del sur, de que Colón, en su cuarto viaje oyó por primera
vez referencia, pues se le aseguró que existían al otro lado de la costa firme
por él encontrada.
Anótase primero la expedición de Alonso de Ojeda, a quien acompañó
Américo Vespucio con el fin de tomar posesión de la Especiería; siguió a ésta
la de que era capit.fo Vicente Pinzón, primero que cruzó el Ecuador por estos
bellos parajes, y llegado que hubo al cabo de San Agostinho, siguió hacia la
Española cruzando la boca del Dragón en el Amazonas, como después lo llevó
al cabo Diego de Lepe en aventurosa navegación.
Por esa misma época Pedro Alvarez Cabra), dando la \'uclta al Africa para
ir a la India, entró en la corriente ecuatorial del Sur y fue arrojado hacia el
occidente a las costas del Brasil, que creyó haber descubierto el primero, por
ignorar los viajes de Juan Ramolho y Yañez Pinzón acaecidos con anterioridad.
Mas el acontecimiento que navegantes españoles y portugueses ansiaban
para encontrar la ruta en "drechura" hacia las islas especieras, no llegaba aún;
reservado estaba para el día 25 de septiembre de 1513, en que Vasco Núñez
de Balboa, en tierras de la América media, exact.1mente en el istmo de
Panamá, tendría a la vista los mares del Sur.
El día 29 del mismo septiembre, Balboa armado de tocias armas, llevando
en una mano espada y en otra una bandera en que estaba pintada una imagen
de la Virgen con las armas de Castilla a los pies, levantóse y empezó a marchar
por medio de las ondas que le llegaban a las rodillas, diciendo en altas voces:
iVivan los Altos y poderosos reyes de Castilla: Yo, en su nombre tomo
posesión de estos mares y regiones... y la mar del Sur quedó formando parte
de un gran imperio, como lo hizo saber Andrés de Valderrábano, escribano
de sus Altezas, quien dió fe de ello.
Seis años después, un año cinco meses más tarde de haber firmado Carlos
V la capitulación con Hernando de Magallanes para acometer la empresa de
la conquista del País de las Especias, cinco barcos abandonaron la rada de
Sevilla para seguir la corriente del río, hasta San Lúcas de Barra meda. Aquí
desemboca el Guadalquivir al mar, aquí debía efectuarse el último arreglo de
la flota, q11~ salió al hincharse sus velas en el amanecer del día 20 de
septiembre de 1519, en que comenzó el viaje de exploración m:'is largo q11e
registra la historia de la humanidad.
Después de haber recibido Magallanes las más duras pruebas en ~n
prolongada travesía preñada de peligros, dirigió sus cuatro naves, ya que una

380
381

�la había perdido, por un estrecho que resultó ser el que unía los océan~s
Atlántico y Pacífico, al que nombró de TODOS LOS SANTOS, en memona
del día de su descubrimiento, nombre que la posteridad cambió con toda
justicia por el de Magallanes.
.
Con el paso por este estrecho, se dió un anticipo de importancia y trascendencia, en el hallazgo de la ruta definitiva a la incitante región de la pimienta
y del jengibre.
.
, .
La historia de la primera travesía por un mar tan mmenso que el espmtu
humano apenas concibe abarcarlo, es uria de las proezas más grandes de la
humanidad, llevada a efecto por el genio y constancia de l-Iernando de
Magallanes quien como Colón, por su figura flsica y moral, hizo surgir otra
fase de la Tierra para su integración geográfica.
.
Esta expedición que cruzó por primera vez el grande Océano, tocó uerras
del Nuevo Mundo en su costa poniente y tiempo después, tras de prolongada
navegación descubrió el archipiélago de las Luzones después llamadas Filipinas, donde desembarcó en la isla Cebú el día 7 de abril de 1531, sufriendo a
poco tiempo en la isla Matan, de las mismas Luzones, la p~rdida de su capi~n
Magallanes, asesinado por los indígenas del lugar en un sunulado homen~Je.
Al conocer el gobierno español los sucesos acaecidos a esta Armada, luzo
se preparase otra que puso bajo el mando de García Jofre de Loayza, quien
tuvo por ayudante a Juan Sebastían del Cano; acompañándoles Andrés de_
Urdaneta, guipuscoano de clara inteligencia y dotes excepcionales en la
ciencia naútica.
Mala ventura tuvieron Loayza y sus hombres. En el trayecto fallecieron el
mismo comandante y Juan Sebasúan del Cano siendo de escaso fruto para el
fil\ que se perseguía, puesto que dejó insatisfecho su propósito, y sí gran parte
de los elementos de la Armada en poder de los portugueses; mas, eso sí, esta
hazaña de Loayza dio al Conquistador de México, Hernán Cortés, entusiasmo
y energía para echarse a descubrir soñando con otros imperios.
. .
Un incidente vino a excitar más a Hernán Cortés, para los descubnnuentos
marítimos. Volvían de las Hibueras los conquistadores tras perseguir a
Cristóbal de Oiid, cuando supieron que con proximidad a Tehuantepec estaba
un patache de la Armada de Loayza, que no pudiendo seguir hacia la Especiería en prosecución de la ruta de Magallanes, se había segregado
después de cruzar el estrecho que une ambos océanos, y viéndose perdido,
tomó hacía el norte en busca de las tierras de Hernán Cortés.
En dieciseis grados de latitud norte, cerca de un cabo en el golfo denominado hoy de Tehuantepec, el clérigo Juan de Areízaga, viajero de la nave
extraviada tuvo el valor de arrojarse a las aguas, desafiando la marea, y de
esta manera, llegado que hubo a la costa, se internó hasta encontrar un pueblo
382

e? que había soldados del Conquistador, y donde con no poca sorpresa vió
pmtada una cruz, que nueve años antes había dejado el mismo Hernán Cortés
Este contacto entre los conquistadores del grande Océano y de la N
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pana, m 1scut1 lemente que dió empttie a las ambiciones de Cortés para
emprender la busca de nuevos Imperios, enviando luego capitanes en ayuda
de Loayza a la vez que estableciendo relaciones con sus vecinos del otro lado
del Océano.
·
_Y siendo Dios ?uestro Señor servido -decía Cortés a Carlos V- que por
alh se t?pase el dicho Estrecho: sería la navegación desde la Especiería para
esos Re1_nos_ de Nuestra Majestad muy buena, y muy breve, y tanto, que sería
l_~s dos t~rc1a_s ~artes meno~, que por donde ahora se navega, y sin ningún
uesgo, ~1pehg10 ~e los Nav1os, que fuesen o viniesen, porque irían siempre
Yvendnan por Remos y Señoríos de Vuestra Majestad, y será la mayor cos~
Y que ~ás en vuestro servicio redundará, después que las Indias se han
descu~ierto; Y fue tan_~ la preocupación de Cortés por establecer "en derech~ra un~ r~ta que luciera lucrativo el comercio con la especiería, que envió
vanos em1sanos para_ a_dquirir noticias de los mares del Sur, y con reiterados
apres~os armó exped1c1ones marítimas de las que esperaba obtener grandes
v~nta_J~~; por ello •~and~ construir tres carabelas en Zacatula y armó Ja
exped1C1ón que zarpo de C1huatlán en noviembre de 1527 al mando de Alvaro
de Saavedra Cerón.
Esta p_rim~ra expedición que salió de Nueva España, cumplió )a mitad de
su experiencia cuando Saavedra llegó a Tidor el 30 de marzo de 1528· sólo
falta~a la vuelta para establecer el contacto entre la Especiería y Nueva
Espana, 1~ cual no aconteció con este navegante, puesto que pereció con su
embarcac1ó? en una tempestad al volver a México, y los deseos de Carlos v
Ydel conqmstador Hernán Cortés no fueron satisfechos.
. Dícese de este último, Hernán Cortés, que era tanto el anhelo por comu~1carse con sus vecinos de Occidente, que escribió al Rey de CeblÍ para decirle:
... Y pues estamos ~n cercanos (el Océano Pacífico de por medio, nada
menos), Y en poca _distancia de tiempo vos podemos comunicar, recibiré
mucl~a honr~ de todas las cosas que de mí queráis ser aprovechado me las
hag_ais }aber ; Yal Rey de Tidor, que Cortés hacia llamar Tidori también le
dec1a: •·· Y porque de ª!gunas muestras de las cosas que por acá hay, lleva
algunas muestras el Capitán que agora envío, vedlas, y vistas, me haced saber
aquell_as que os satisfacieren porque de todas-hay acá en abundancia y seréis
~ro.~e1d~ ~n_u! a vuestra voluntad y conforme a las memoras que me enviares • A.si m1c~aba Nueva España su diplomacia enviando Capitanes por las
~u-~s ~el Paofico, para ganar la amistad de Príncipes distantes con quienes
1mc1ana el establecimiento de nuestras relaciones amistosas.
383

�El Adelantado de Guatemala, Pedro de Alvarado, iniciador desde 1532 de
algunas expediciones marítimas para descubrir en los mares del Sur, escribió
desde Jalisco el 28 de marzo de 1541 al Emperador Carlos V, dándole cuenta
de que prosiguiendo la Capitulación tomada por su Majestad con él sobre el
apresto de la Armada para el descubrimiento de las islas del Poniente, había
tenido desavenencias con D. Antonio de Mendoza, Virrey de Nueva España,
pero que deseando ambos llegar a un buen acuerdo, habían tenido una
entrevista en que concertaron hacer unidos las exploraciones.
Carlos V conforme con lo que le comunicó Alvarado, confirmó la Capitulación, así como lo concertado con el Virrey Mendoza, quien posteriormente
hizo la empresa enteramente suya por el fallecimiento de Adelantado de
Guatemala.
·
Poco después se daban instrucciones por el Virreynato a Ruy López de
Villalobos para que él efectuase los referidos descubrimientos, y el 22 de
octubre de 1542 al encargarse Villalobos de la Armada en el Puerto de
Navidad, suscribió su obligación de aceptar íntegras las instrucciones que se
le daban para su fiel cumplimiento. Luego los Capitanes prestaron juramento
y los soldados en seguida; después lo hicieron los soldados y maestres,
contra-maestres y bombarderos.
La flota componíase de la nao capitana "Santiago", la "San Jorge", "San
Juan de Letrán", y "San Antonio", la galeota "San Cristóbal" y el bergantinejo
o fusta "San Martín", así como de trescientos setenta a cuatrocientos·hombres,
entre quienes iban Fr. Xerónimo de Santiesteban, Cronista de la expedición
y el indígena Juanes, originario de nuestro antuguo barrio de Tlatelolco.
Esta armada se hizo a la mar en el puerto de Juan Gallego en la Costa de
Nueva España, el primer día de noviembre de 1542. La prolongada navegación se llevó al cabo llena de sorpresas, incertidumbres y molestias, tomando
posesión de diferentes islas como Mindanao, donde sufrieron sus conquistadores los estragos del hambre y hasta llegada la galeota "San Cristóbal",
derrotada antes de llegar con las demás, supieron de las islas abundantes de
bastimentas, a islas que como homenaje al Príncipe heredero, hijo de Carlos
V, les dieron el nombre de Felipinas, o Filipinas latinizando el nombre.
En fin, no muy afortunada fue esta expedición de Villalobos, que finalizó
con el fallecimiento de su capitán en Ambón, donde se encontraba por aquel
entonces San Francisco Javier, quien le atendió en su agonía, Yíctima de una
grande pena por el menguado éxito de la flota. En agosto de 1549 llegaban
a Lisboa, para ser trasladados a Sevilla, los restos de la segunda armada que
intentó la conquista de las Especias, saliendo de la costa de la Nueva España.
En conclusión, ni los que tripularon la "Trinidad", de Magallanes, ni los
de la "Santa María de la Victoria", de la expedición de Loayza, ni los de la
"Florida", de Saavedra, o la "Santiago", de Villalobos, volvieron a su lugar de

partida: re~ervado estaba este triunfo a la armada de Miguel López de
Legasp1, quien con Andrés de Urdaneta conquistaría para la humanidad uno
de los más grandes triunfos de la navegación.
'
III.- La venturosa empresa.

El primero de los Velasco en el Virreinato de México, insistió ante la
coron~ españo!a sobre la conveniencia de hacer un nuevo intento para
conq~1star las islas de las Especias saliendo por la costa sur d~ la Nueva
Espana, a lo que contestó don Felipe 11 -pues esto acontecía en el año 1559que para hecer dichos descubrimientos de las islas del Poniente hacia lo~
Malucos, proc~rase~ int~ntar el ensayo de la vuelta a la Nueva España para
que se entendiese s1 es cierta la vuelta y "traigan consigo alguna especiería
para hacer el ensayo de ella".
Don Luis de Velasco en su carta al Rey había pedido que Andrés de
U~da~eta _fuese ~o_mo téc~ico al frente de la expedición, pues " ... por la
expenenc1a_ y not1.c1a que ti.ene de las islas, es porque la navegación que se ha
de hacer, nmguna persona en estos reinos ni en esos la entiende tan bien
co~o él, además de que para toda manera de negociar es prudente y templado
y tiene muy buen parecer".
Finab~ el mes de julio del año de 156'1 cuando se d:iba término a los
pre~arat1vos para la salida de una nueva Armada que don Luis de Velasco
babia ordena_do preparar a gestión suya y voluntad del monarca español,
cuando el r~gt~nen de la Nueva España, el día 31 de julio de I 5G,t,se conmovió
po~ el fallec1m1ento de su segundo Virrey en orden cronológico, el ilustre don
Luis de Velasco; ~s~o- hizo que fuera aplazado d cumplimiento de la empresa,
qu~dando esto a JU1_c10 y determinación de la Real Audiencia, que integraban
Cei~os, Orozco Y V1llalobos como Oidores, sujetos a la voluntad del Visitador
reg10, en persona del licenciado Valderrama.
Esto aplaza un tanto la salida, cuyos preparativos iban cada día en aumento
pues se hab~an o~·g_anizado trescientos ochenta hombres entre marinos ;
soldados,_ qme~es man al mando del capitán don Miguel López de Legazpi y
Gorroc!1ategm, vasco como Urdaneta, padre del robusto y noble árbol de los
Lega~p1 ~n el solar guanajuatense de Nueva España, y notario en la capital
del V1rremato.
El dfa 20_?e Noviem~re d~ 1564, tras la preparación adecuada, que para
no_ ser prolijo sólo he smtet.J.zado de versiones impresas, y m.anuscritas de
pnmera ~ano en f~1e_ntes de archivo como el de Indias en Sevilla y el General
de la Nac1ó_n en Mex1co, la Armada salió por las aguas del Mar del Sur, en el
pue:to ant.J.guo de Juan Gallego, después nombrado de la J\Tatividad O la
Navidad, donde el.egregio marino y fraile agustino, Andrés de Urdaneta, con

38'1

385

•

H umanitas-25

�la proa de la nao "San Pedro" hacia el inmenso Pacífico, cmp_ezó la navegación
tres horas antes de amanecer el glorioso día 21 de noviembre del año de 1564.
México tiene en su aventura marítima a la Especiería, el comienzo de dos
de sus grandes destinos: el que marca el principio de su proyección, después
de la síntesis mestiza qu~es embrión de su personalidad mexicana, y el de su
contribución, como ningún país del mundo la tuvo, a la integración de la
familia humana, ligando definitivamente a Oriente con el Occidente en
fraternal comunidad de sangre y de cultura; por ello es de tanta trascendencia
la expedición que bajo el mando de Miguel López de Legazpi y Fray Andrés
de Urdaneta salió de las costas mexicanas en los mares del Sur, a la altura del
antiguo puerto de Juan Gallego, o de la Navidad, para ir a las maravillosas
regiones de la canela y el genjibre,"de la pimienta y el alcanfor, en la estupenda
aurora del día 21 de noviembre de 1564, en que inició México una de sus
imponderables empresas.

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�la proa de la nao "San Pedro" hacia el inmenso Pacífico, empezó la navegación
tres horas antes de amanecer el glorioso día 21 de noviembre del año de 1564-.
México tiene en su aventura marítima a la Especiería, el comienzo de dos
de sus grandes destinos: el que marca el principio de su proyección, después
de la síntesis mestiza que,_es embrión de su personalidad mexicana, y el de su
contribución, como ningún país del mundo la tuvo, a la integración de la
familia humana, ligando definitivamente a Oriente con el Occidente en
fraternal comunidad de sangre y de cultura; por ello es de t'lnta trascendencia
la expedición que bajo el mando· de Miguel López de Legazpi y Fray Andrés
de Urdaneta salió de las costas mexicanas en los mares del Sur, a la altura del
antiguo puerto de Juan Gallego, o de la Navidad, para ir a las maravillosas
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. Primer mapa de la costa sur, mexicana.

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�1A NEUTRALIZACIÓN DEL CANAL DE PANAMÁ
CON ANTERIORIDAD AL TRATADO CONCERNIENTE
A 1A NEUTRALIDAD PERMANENTE DE 1977
POR J ULIO

E. LINARES

Panamá

Normas aplicables
EL CANAL DE PANAMÁ FUE NEUTRALIZADO de acuerdo con el art. XVIII del
Tratado Hay-Bunau Varilla, que a la letra dice:
"El Canal una vez construído, y sus entradas, serán neutrales a perpetuidad y est.arán abiertos a la navegación en las condiciones establecidas
en la sección 1a. del Artículo III del Tratado celebrado entre los Gobiernos de los Estados Unidos y la Gran Bretaña, el 18 de Noviembre de
1901 y de conformidad con las demás estipulaciones del mismo."
Por su parte, expresa el art. III del tratado arriba citado, o sea, el también
conocido con el nombre de Hay-Pauncefote, lo siguiente:
"Los Estados Unidos adoptan, como base de la neutralización de tal
canal de buques, las siguientes reglas, sustancialmente como han sido
incorporadas en la Convención de Constantinopla, firmada el 28 de
octubre de 1888, para la libre navegación del Canal de Suez, es decir:
"I El canal est'lrá libre y abierto a los buques mercantes y de guerra de
todas las naciones que observen estas reglas, en términos de entera
igualdad, de modo que no habrá discriminación contra ninguna nación
o sus ciudadanos o súbditos, con respecto a condiciones o tarifas de
tráfico, o cualquier otra. Estas condiciones y tarifas de tráfico serán justas
y equitativas.
"11 El canal nunca será bloqueado, ni ningím derecho de guerra podrá
ser ejercido ni ningún acto de hostilidad podrá ser cometido dentro de
él. Los Estados Unidos, sin embargo, quedarán en libcrt'ld de mantener
·a lo largo del canal la policía militar que pueda ser necesaria para
p~otegerlo contra actos ilegales y desórdenes.

�"111 Los buques de guerra de un beligerante no podrán reavituallarse
ni tomar ning.u na provisión en el canal; y el tránsito de tales buques a
través del canal ·deberá ser efectuado con la menor dilación posible, de
acuerdo con los reglamentos vigentes y con sólo aquellas intermisiones
que puedan resultar de las necesidades del servicio. Las presas quedarán
en todo aspecto sujetas a las mismas reglas que los buques de guerra de
los beligerantes.
"IV Ningún beligerante podrá embarcar ni desembarcar tropas, municiones de guerra o materiales de guerra en el canal, excepto en caso de
obstáculo accidental en el tránsito, y en tal caso el tránsito deberá
reasumirse con la mayor prontitud posible.
"V Las disposiciones de este artículo se aplicarán a aguas adyacentes al
canal, dentro de un radio de tres millas marítimas de cada extremo. Los
buques de guerra de un beligerante no. podrán permanecer en dichas
aguas más de veinticuatro horas en cualquier tiempo, excepto en caso
de peligro, y en tal caso deberán partir tan pronto como fuere posible;
pero un buque de guerra de uno de los beligerantes no podrá partir
dentro de las veinticuatro horas desde la partida de un buque de guerra
del otro beligerante.
"VI El taller, establecimiento, edificios y todas las obras necesarias para
la construcción, mantenimiento y operación del canal serán consideradas parte del mismo, para los propósitos de este Tratado, y en tiempo
de guerra como en tiempo de paz gozarán de completa inmunidad de
ataque o dafio de parte de beli~erantes y de act9s destinados a dafiar su
utilidad como parte del canal."
El Dr. Galileo Solís, ex Ministro de Relaciones Exteriores, considera que
de acuerdo con el art. XVIII del Tratado Hay-Bunau Varilla, de las reglas
contenidas en el art. III del Tratado Hay-Paunccfote tan sólo quedaron
incorporadas al primero las "condiciones establecidas en la Sección la. del
2
Artículo III" . Nosotros no somos de igual opinión, porque si bien es cierto
que el art. XVIII del Tratado Hay-Bunau Varilla comienza diciendo que el
"Canal una vez construído, y sus entradas, serán neutrales a perpetuidad y
estarán abiertos a la navegación en las condiciones establecidas en la Sección
la. del Artículo III del Tratado celebrado entre los Gobiernos de los Estados
Unidos y la Gran Bretafia, el 18 de noviembre de 1901 ", no es menos cierto
que dicha disposición concluye agregando "y de conformidad con las demás
1

2

Hlavacek, Lawrence L.: THE ISTHMIAN CANAL. TI1e Garrison Forest School,
Jndependent School, Wellesley Hills, Massachussetts, U.SA., 1969, págs. 22 y 23.
Memoria del Ministro de Relaciones Exteriores, Parte Expositiva, 1961, Panamá, Rep. de
Panamá, págs. CLI.

~stipulaciones del mismo". En otras palabras, las reglas contenidas en las seccio~es 2a., 3a.,_4a., 5a., y 6a. del art. III del Tratado Hay-Paunc;efote quedaron
igualmente mcorporadas al Tratado Hay-Bunau Varilla, en virtud de la parte
final del art: XVIII de este último tratado. De no ser así, por otra parte, los
Esta~os Umdos de América habrían violado el Tratado Hay-Pauncefote,
suscrito con la Gran Bretafia, ya que de acuerdo con el mismo acordaron
adoptar como base de la neutralización del Canal de Panamá las reglas
contenidas en las secciones 2a., 3a., 4a., 5a. y 6a. del art. III, además de la
contenida en la sección la.
¿Mas por qué razón, cabe pregtintar, las condiciones establecidas en un
tratad? en el que la República de Panamá no fue parte fueron incorporadas
rég~men de neutralización del Canal de Panamá? Repasemos un poco la
lustona para obtener una respuesta a esta interrogante.

ª!

Antecedentes históri.cos
El 12 de diciembre de 1846 los Estados U nidos de América y Colombia, en
ese entonces denominada República de la Nueva Granada, suscribieron en
Bogotá, a_iniciativa de esta última, un Tratado de paz, Amistad, Navegación
y Comercio.
.
Las 34 primeras claúsulas del Tratado Mallarino-Bidlack, nombre con el
que se le conoce, no diferían sustancialmente de las contenidas en cualquier
tr~~do _de s~1 natu:aleza. Pero por el art. 35, a cambio de franquicias,
pnv1leg1os e mmu_mdades otorgados a los ciudadanos, buques y mercancías
de los Estados Umdos en los puertos de la Nueva Granada, en lo relativo a
comercio y navegación; y a cambio también del derecho de vía o tránsito
franco y expedito, concedido al Gobierno, ciudadanos y mercancías de lo¡
Estados Um?os, a través del Istmo de Panamá, así como para seguridad del
goce tranqmlo y constante de estas ventajas, los Estados Unidos de América
se obligaron a garantizar positiva y eficazmente a la Nueva Granada la
pe~f~cta neu~ralidad del Istmo de Panamá, con mira de que en ningún tiempo,
existi_endo dicho tratado, pudiera ser interrumpido ni embarazado el libre
tránsito de uno a otro mar; garantizando de la misma manera, los "derechos
de soberanía y propiedad" que la Nueva Granada tenía y poseía sobre el
referido territorio. 3

3

El Tratado Malla_rino-Bidlack fue la primera convención internaci~nal que otorgó derechos
a los Esta~os Umdos sobre el Istmo de Panamá. Tales derechos, por increíble que parezca,
son se1~eJantes a los que confiere al coloso del norte el Tratado Concerniente a Ja
Neutrali~;id _Permanente y ~ Funcionamiento del Canal ele Panamá. Este último tratado,
po_r cons1gwente, es regresivo, por cuanto nos coloca en una situación parecida a la
eXJStent~ con el Tratado Mallarino-Bidlack, con el agravante de que el Tratado de
Neutralidad Permanente de 1977 es a perpetuidad.

388

389

�En este tratado la Nueva Granada encomendó a fos Estados Unidos de
América la función de garantizar la perfecta neutralidad del Istmo de Panamá,
con el único propósito de asegurar permaneritemente su soberanía sobre ese
territorio. Para ella, por lo tanto, constituyó un triunfo diplomático y lo
consideró como tal. Para los Estados Unidos, por el contrario, el tratado
representaba "una alianza para ningún objeto político, sino para l~n fin
puramente comercial, en el cual todas las naciones navales del _mundo tienen
un interés común", para utilizar las mismas palabras del Presidente Polk, al
4
someterlo a la consideración del Senado.
Para ese entonces la Gran Bretaña ya tenía puestas sus miras colonialistas
en la América Central. En Belice (Honduras Británica) había establecido un
gobierno de la corona. Dos años más tarde despojó a Nicaragua ~e Mosquitia
----con el pretexto de su protectorado sobre los reyes mosqu!tos--:-, cuyo
control asumió casi dos décadas antes. Y en respuesta a la ratificación del
Tratado Mallarino-Bidlak ocupó la Isla Tigre, a la que dió el nombre de
"Greytown", sin importarle la indignación que este atropello a Honduras
prodttjo en el pueblo estadounidense. Su pr~pósito no fue otro q_ue el de
"adquirir el dominio absoluto de las vastas regiones costaneras de Nicaragua
y obtener el control de la ruta para una vía férrea y un canal entre los océanos
Atlántico y Pacífico", como el mismo Secretario de Estado de los Estados
5
Unidos,James Buchanan, advirtió.
.
.
Ante el peligro que representaba para los Estados Unidos de América un
canal interoceánico construido por una potencia extracontinental y no contando en ese entonces con poder suficiente para pretender ejercer predominio exclusivo sobre dicho canal, el Presidente Taylor, en actitud conciliatoria,
abogó P.ºr un canal interoceánico dedicado "al beneficio común de 1~ humanidad". 6 El Secretario de Estado, John M. Clayton, por su parte, mstó al
Ministro de la Gran Bretaña en Washington, Sir Henry L. Bulwer, para
negociar un tratado donde ambos países expusieran y determinaran sus miras
a intenciones respecto de cualquier canal que se construyera, entre los
océanos Atlántico y Pacífico, por la vía del río San Juan de Nicaragua y los
lagos de Nicaragua y/o Managua, a algún puerto o paraje ~n el Pacífico.
El diplomático británico, pese a no tener poderes especiales para ello, se
avino a firmar el Tratado Clayton-Bulwer, el 19 de abril de 1850. De acuerdo
con el mismo:
l. Ninguno de los Estados partes obtendría ni sostendría predominio
exclusivo sobre dicho canal y ninguno de ellos construiría ni mantendría

foi:tificaciones que lo dominaran ni colonizaría ni ejercería ningún dominio
sobre parte alguna de la América Central.
2. Los buques de los Estados partes estarían exentos, en caso de guerra
entre ellos, de bloqueo, detención o captura por cualquiera de los beligerantes.
3. Los Estados partes interpondrían sus buenos oficios a fin de conseguir
del Estado por cuyo territorio se construyera el canal el establecimiento de
un puerto libre en cada terminal del canal.
. 4. _Los_ Estados partes protegerían el canal y garantizarían su neutralidad,
e mvitanan a los demás Estados a cooperar.
5. Los Estados partes extenderían su protección, por estipulaciones de
tratados, a cualesquiera otras comunicaciones practicables, ya fueran éstas
por canal o por ferrocarril, a través del istmo centroamericano, y especialmente a las comunidades interoceánicas que fueran factibles por Tehuantepec o por Panamá. 7
Como de acuerdo con el Derecho Internacional Público ningún Estado ni
parte de él puede ser neutralizado sin su consentimiento, Antonio Sánchez
de Bustamante califica de "absurdo el tratado Clayton-Bulwer que dispone
de la suerte de los países de la América Centra y del Istmo de Panamá sin
contar con ellos para nada, lo que supone el des¡recio más absoluto de los
derechos soberanos de las naciones interesadas."
Con relación al Tratado Clayton-Bulwer pronto surgieron divergencias
entre los Estados partes. Según los Estados Unidos de América el tratado
"tenía la intenció'n manifiesta de excluir a ambas partes contratantes de
mai~tener u ocupar, así como de adquirir posesiones territoriales en América." Para la Gran Bretaña el tratado se refería a "cuestiones para el futuro
y... en ningún set.ido intervenía con el estado de cosas existentes en el
momento en que se celebró." 1º
·
Antes de la firma del Tratado Clayton-Bulwer los Estados Unidos de
América había adquirido Oregón (18•16), luego de un entendimiento con la
Gran Bretaiia, quien reclamaba parte de ese territorio por considerarlo
perte~e!1cia de Cana?á. Asimismo, su victoria militar sobre México y la
imp~slClón a esta nación hermana del Tratado Guadalupe Hidalgo (1848),
modificado cinco aiios despúes, privó a los mexicanos de Tejas, Nuevo México
y Alta California, territorios con los que se formaron los Estados norteamericanos de Arizona, California, Nevad.a, New México, Texas, Utah y parte de
7

4

5
6

Fraga Iribarne, Manuel: Prólogo de I.AS CONSTITUCIONES DE PANAMA de Vkto"r F.
Goytía. Madrid, Ediciones Cultura Hispánica, ~954, pág. XXIV. .
r.
Arias, Harmoclio: EL CANAL DE PANAMA. Editora Panamá Aménca, S.A., Panamá, 19:&gt;7,
pág. 47.
Ibiclem, pág. 48.

8

9

10

390

Hlavacek, Op. át., págs. 11 a 13.
Sánchez de Bustamant.e, Antonio: EL CANAL DE PANAMA Y EL DERECHO
INTERNACIONAL. Revista de Derech&lt;? Internacional y Legislación Comparada,
Bruselas, 1895.
·
.
Arosemena G., Diógenes A.: HISTORIA DOCUMENTAL DEL CANAL DE PANAMA.
Universidad de Panamá, Panamá, R. de P., 1962, pág. 63.
Ibidem, pág. 67.

391

�los de Colorado y Wyoming. Después de la firma del Tratado Clayton-Bulwer
los Estados Unidos de América consilidaron su unidad, al poner fin a su guerra
de secesión, e iniciaron un período de reconstrucción que los impulsó hacia
el progreso. El 27 de enero de 1855 terminó de construirse el ferrocarril de
Panamá, que unió por tren los océanos Atlántico y Pacífico, gracias al esfuerzo
de hombres de empresa estadounidenses.
Una política exterior imperialista y agresiva, inspirada solamente en su
expansión territorial, les mueve a aumentar considerablemente su fuerza
naval y a comprar Alaska a Rusia (1867), a anexarse Hawai, Puerto Rico,
Filipinas y Guam (1898), al terminar su guerra de conquista contra España,
y a adquirir dos de las islas Samoa (1899), por reparto con Alemania y la Gran
11
Bretaña. pero la Compañía Universal del Canal de Panamá, con el conde
Fernando de Lesseps a la cabeza, el célebre constructor del Canal de Suez,
había inaugurado, aunque ~imbólicamente, los trabajos de construcción de
un canal interoceánico por el Istmo de Panamá, el 1° de enero de 1880, y al
año siguiente adquirió 68.887 acciones de las 70.000 que constituían el capital
de la Compañía del Ferrocarril de Panamá.
Un canal "americano" era, por consiguiente, indispensable, y así lo proclamó sin tapujos el Presidente Rutl1erford B. Hayes, en mensaje especial
enviado al Senado, el 8 de marzo de 1880, en el que expresó:
"La política de este país es un canal bajo control Americano. Los Est,dos

Unidos no pueden consentir en ceder este control a ninguna potencia
Europea, o a ninguna combinación de potencias Europeas ...
"El capital invertido por corporaciones o ciudadanos de otros países en
semejante empresa debe, en grado sumo, buscar para protección a una
o más de las grandes potencias del mundo. Ninguna potencia Europea
puede intervenir en esta protección, sin adoptar medidas en este continente que los Estados Unidos consideraría totalmente inadmisible. Si la
protección de los Estados Unidos se atiene a ésto, los Estados Unidos
debe ejercer tal control para permitir que éste país proteja sus intereses
nacionales y mantenga los derechos de aquéllos cuyo capit.al priYado es
utilizado en la empresa.
"Un canal interoceánico a través del Islmo Americano cambiaría esencialmente las relaciones geográficas entre los costas del Atlántico y del
11

392

En 1857 el Dr.Justo Aroscmena presentó al Congreso Colombiano un proyecto de ley, por
elcual el Estado de Panamá sería completamente neutral en toda guerra int.ernacional entre
las potencias signatarias de un tratado que debería celebrarse con la Gran Bretafia, Francia,
Estados Unidos y Cerdeña, y éstas deb!an procurar que lo fuera también en toda guerra
que alguna de ellas mantuviera con terceros Estados. Este proyecto de ley que conver~a al
Istmo de Panamá en Estado independiente y soberano fue aprobado tan sólo en pnmer
debate.

Pacífico de los Estados Unidos, y entre los Estados Unidos y el resto del
mundo. Será la gran vía oceánica entre nuestras costas Atlántica y
Pacífica, y virtualmente una parte de la línea costanera de los Estados
U nidos. Nuestro simple interés comercial en esta empresa es mayor que
el de todos los demás países, mientras que sus relaciones con nuestro
poder y prosperidad como nación, con nuestros medios de defensa,
nuestra unidad, paz y seguridad son materias capitales para el pueblo
de los Estados U nidos. Ninguna otra gran potencia podría, bajo circunstancias similares, dejar de afirmar un legítimo control sobre una empresa que tan estrecha y vitalmente afecta su interés y prosperidad.
"Sin precisar otros fundamentos de mi opinión, yo repito, en conclusión,
que es el derecho y el deber de los Estados Unidos afirmar y mantener
una inspección y autoridad sobre cualquier canal interoceánico a través
del Istmo que conecta Norte y Sur América así como protegeremos
nuestro interés nacional. Esto, yo estoy completamente seguro, será no
solo compatible con, sino que favorecerá, el más am~lio y permanente
aprovechamiento del comercio y de la civilización." 1
Pero el Tratado Clayton-Bulwer se interponía a las pretensiones estadounidenses. Recuérdese que en él tanto los Estados Unidos de América como la
Gran Bretaña convinieron en no obtener ni sostener predominio exclusivo
sobre un canal interoceánico. No por otra razón fue que el Presidente Hayes
manifestó en su mensaje:
"Si tratados existentes sobre los Estados Unidos y otras naciones, o si los
derechos de soberanía o propiedad de otras naciones obstruyen el
camino de esta política -&lt;:ontingencia que no es de temer- pasos
apropiados deben ser dados, a través de negociaciones justas y liberales,
para promover y est,blecer la política Americana en este asunto, compatible con los derechos de las naciones que puedan ser afecladas." 13
Este mensaje es modelo del más obstinado e intolerante imperialismo. De
él se hicieron eco el Senado y la Cámara ele Representantes al aprobar, el 16
de abril de 1880, una resolución conjunta en la que instaban al Presedente a
dar inmediatamente los pasos que fueran necesarios para obtener la abrogación del Tratado Clayton-Bulwer.
Al año siguiente, ante la posibilidad de que los Estados europeos dieran a
conocer una declaración conjunta relativa a la garantía de la neutralidad del
Canal de Panamá, el Secretario de Estado, James G. Blaine, dirigió una
circular, fechada el 24 de Junio de 1881, a las misiones diplomáticas de su país
acn;ditadas en el viejo continente, incluyendo a la que los representaba ante
12 Hlavacek, Op. cit., págs. 15
IS

lbidem, pág. 15.

y 16.

393

�el Gobierno británico, en la que definía su posición en esta materia. En esa
circular apuntaba el Secretario de Estado que los ~tados U nidos de América
se habían obligado a garantizar la perfecta neutralidad del Istmo de Panamá
en el Tratado Mallarino-Bidlack y que esa garantía no requería para su
validez "esfuerzo consentimiento o asentimiento de ninguna otra potencia".
El Secretario de Estado, además, diferenciaba entre las cuestiones estrictamente comerciales del Canal -en las que los Estados U nidos no intentaban
intervenir- y el control político de dicho canal. Con rclaci?n a e~to últit~?•
arrogándose poderes que no les concedía el Tratado Mallanno-Btdlack, dJJO
atrevidamente:
"Durante cualquier guerra en que los Estados Uni~os ... sea~ parte
interesada, el paso de las fuerzas armadas de una naoón enemiga por
el Canal de Panamá no sería más admisible que el paso de las fuerzas
armadas de una nación enemiga por una línea férrea que una el
Atlántico y el Pacifico de los Estados Uni?os... Y los Es~dos Uni~os
insistirán en su derecho a adoptar las med)()as precautorias necesanas
en caso de que el tránsito del Istmo sea en cualquier forma utilizado
contra sus intereses sobre la tierra o sobre el mar".
No obstante, el Secretario de Estado se mostró anuente a sustituir la
garantía individual, contenida en el Tratado Mallarino-Bidlack, por una
garantía colectiva, al agregar:
" ... el Gobierno de los Estados Unidos vería con mucho interés un
acuerdo entre los estados europeos para garantizar conjuntamente la
neutralidad, y, controlar el aspecto político de una ruta comercial, leja~a
de Europa y cercana a los Estados Unidos, qu~ de manera S11bsta11.c_ial
formaba parte de la costa norteame11cana, y que según parece se conver~rá
en el principal medio de transporte entre nuestros estados del Atlánuco
y del Pacifico".
Pero ante la e\'entualidad de que el criterio de los Estados Unidos no fuera
aceptado, incluyó en su circular la siguiente amonestación:
"Cualquier intento de reemplazar aquella garantía con un acuerdo
entre potencias europeas, que mantienen grandes ejércitos y que patrullan los mares con grandes flotas y cuyos intereses en el Canal y su
funcionamiento jamás pueden ser tan vitales como los nuestros, sería
semejante a una alianza contra los Estad os U 01·dos .. l4.
Al tener conocimiento de esta circular, el Gobierno brit:.1nico se limitó a
contestar que la posición de la Gran Bretaña y de los Estados Unidos, en lo

que al Canal se refería, estaba determinada por el Tratado Clayton-Bulwer,
por lo que tenía plena confianza de que se cumplirían todos los compromisos
estipulados en ese tratado. 15
Antes de recibir tan lacónica respuesta, el Secretario Blaine se dirigió, el
19 de noviembre de 1881, al Ministro de los Estados Unidos en Londres,
James Russel Lowell, con objeto de influir ante el Gobierno británico sobre
la necesidad de modificar el Tratado Clayton-Bulwer, ya que, entre otras
razones, el mismo se había celebrado hacía "más de treinta años bajo condiciones excepcionales y extraordinarias" que desde hacía tiempo habían dejado de existir. El tratado, además, le concedía prácticamente a la Gran Bretaña
el control de cualquier canal que se construyera, lo cual constituía, en opinión
del Secretario de Estado, "la más saliente y patente" objeción a la perpetuidad
de dicho tratado. A más de lo anterior, el tratado dejaba "al poderío naval
británico el libre irrestricto uso, listo en cualquier momento que fuese
necesario, para apoderarse de los puertos terminales del canal para colocarlos, mediante una ocupación militar, a completa discresión del gobierno de
su Majestad." Cambiando lo que deba cambiarse, estas impugnaciones pueden hoy repetirse contra el Tratado Concerniente a la Neutralidad Permanente y al Funcionamiento del Canal de Panamá, que es igualmente a
perpetuidad.
Siguiendo con la nota para el Ministro Lowell, con "miras a la propia
protección de sus intereses", El Secretario Blaine reafirmó el derecho de los
Estados Unidos de América "a controlar el tránsito en el Istmo", por lo que
concluyó ofreciendo, "mediante tal control, la neutralidad absoluta del canal,
en lo que se refiere a los países europeos", ya que según él ésta no podría
"alcanzarse y mantenerse de manera permanente en otra forma ... " 16 L'l Gran
Bretaña se negó a modificar el Trat:.'ldo Clayton-Bulwer. Esta actitud desafiante para con los intereses estadounidenses movió al Secretario de Est:.'ldo
Frelinghuysen a considerar el Tratado Clayton-Bulwer "anulable a discresión
de los Est:.'ldos Unidos", por haber la Gran Bret:.,ña violado o continuado
violando la estipulación que le prohibía, al igual que los Estados Unidos,
colonizar o ejercer dominio sobre parte alguna de la América Central.
Referíase concretamente el Secretario Frelin~lmysen a la circunstancia de
haberse hecho de Belice una colonia británica. 7
Mientras todo lo anterior acontecía entre los Estados Unidos de América
y la Gran Bretaña, la mala administración y el despilfarro, la corrupción y la
insalubridad del clima, llevaron al fracaso a la Compañía Universal del Canal
u Ibídem, pág. 68.
Arosernena G., Op. cit., págs. 95 a 97.
17 Véase nota del Secretario de Estado para el Ministro Lowell, de 8 de mayo de l882, en U.S.
Foreign Relations, 1882, págs. 271 a 276.
16

14

Arias, Op. cit., pág. 66.

394
395

�Interoceánico. Una nueva empresa fue constituida, la Compañía Nueva del
Canal de Panamá (1894), con el propósito aparente de reanudar los trabajos
de excavación. Sus directores, sin embargo, en ningún momento tuvieron en
mente la realización de ese propósito , pues, el verdadero objetivo fue el de
traspasar a los Estados Unidos la concesión canalera.
Los Estados Unidos, por su parte, no se dieron por vencidos. El 4 de junio
de 1897 el Congreso aprobó una ley creando una comisión para estudiar la
ruta de Nicaragua, la cual se conoce como la Primera Comisión Walker, en
homenaje al Contralmirante John G. Walker, quien la presidió. Esta comisión
presentó un informe favorable el 9 de mayo de 1899.
.
.
Era evidente que una excusa capaz de exculpar su propósito de desvincularse a toda costa de un u·atado público por ellos suscrito les faltaba, hasta que
en la guerra hispano-estadounidense el acorazado Oregón alcanzó llegar
justo a tiempo para participar en la batana naval de Santiago, después _de
haber tenido que hacer, por la ruta del Cabo de Hornos, un largo y dramático
recorrido de 67 días y de más de trece mil mill~s, desde qt~e zarpó de ~an
Francisco y atracó en Key West. Ello 1levó al Presidente McKmlcy a declarar,
el 8 de diciembre de 1898, en su mensaje anual al Congreso, que un canal
interoceánico controlado por los Estados Unidos de América era "indispensable", ante la expansión de su influencia en el Pacífico, resultante de la guerra
.
d oum.dense. is
luspano-esta
. .
El 3 de marzo siguiente, el Congreso aprobó una nueva ley requmendo al
Presidente de los Estados U nidos para nombrar la Comisión del Canal Istmico
o Segunda Comisión Walker como también se le conoce, con ~bjeto de
examinar todas las rutas posibl~s, especialmente l~s de Pana1:1á N1caragua,
a fin de determinar la más factible para un canal mteroceámco.
Los Estados Unidos de América intensificaron, al mismo tiempo, su coacción sobre la Gran Bretaña para forzar su voluntad y obligarla a poner fin al
Tratado Clayton-Bulwer. Sobre este particular ha escrito Manuel Fraga
Iribarne: " .. .los Estados Unidos no perdieron ocasión de presionar al Reino
Unido, creándole toda clase de dificultades, ejerciendo presión económica
sobre el Canadá, suscitando cuestiones en torno a la frontera ele Alaska, a la
pesca en general (y muy especialmente_a la de fo~as en la z?na de Beh~·ing),
a la navegación en los Grandes Lagos, al mtercamb10 fronterizo, en cuesuones
mineras, legislación sobre trabajo extranjero, conducción de detenidos bajo
custodia, etc. Lord Landsdowne hizo una memoria detallada de todos estos
asuntos, en su despacho de 22 de febrero de 1901 a su embajador de
Washington, pero sólo para acabar cediendo a lo inevitable"!!().

19

1s A CHRONOLOGY OF EVENTS RELATING TO PANAMA CANAL. Prepared for the
Committee on Foreign Relations, United Sta tes Senate, by Congresional Research Service,
Library ofCongress. U.S. Covernment Printing Office, Washington, 1977, pág. 2.
19 Ibidem, pág. 2.
20 Fraga Iribame, Op. cit., pág. XXXVI.

396

Mas no seríamos justos si no reconociéramos aquí que la guerra que la
Gran Bretaña estaba llevando a cabo contra los Bóers del Estado Libre de
Orange y de la República de Transvaal (Sudáfrica), la cual la estaba aislando
diplomáticamente, la movió también, en gran medida, a iniciar negociaciones
en torno al Tratado Clayton-Bulwer, pues, para ella era de importancia vital
tener a los Estados Unidos de aliado en su política asiática.
El 5 de febrero de 1900John Hay, Secretario de Estado, y Lord Pauncefote,
Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la Gran Bretaña, suscribieron el Washington el primer Tratado Hay-Pauncefote, con el propósito de
"facilitar la construcción de un canal para buques que una los océanos
Atlántico y Pacífico, y con este fin promover cualquier objeción que pudiera
surgir de la Convención de 19 de abril de 1850, comúnmente llamada Tratado
Clayton-Bulwer, para la constrncción de tal canal bajo los auspicios del
Gobierno de los Estados Unidos, sin menoscabo del 'principio general' de
neutralización establecido en el Artículo VIII de esa Convención". El primer
Tratado Hay-Pauncefote tenía cuatro artículos. De acuerdo con ellos:
l. El canal podía "ser construido bajo los auspicios del Gobierno de los
Estados Unidos, ya sea directamente a sus propias expensas, ya sea por
donación o empréstito de dinero a individuos o corporaciones, o por suscripción o compra de títulos o acciones, y, st~eto a las disposiciones de la presente
Convención, dicho Gobierno" tendría y disfrutaría "todos los derechos accesorios a tal construcción, así como el derecho exclusivo de promover a la
reglamentación y administración del canal."
II. Para "preservar y mantener el 'principio general'de neutralización
establecido en el artículo VIII del Tratado Clayton-Bulwer", los Estados
partes adoptaron, "como base de esta neutralización, las siguientes reglas,
· sustancialmente como han sido incorporadas en la convención entre la Gran
Bretaña y algunas otras potencias, firmada en Constantinopla, el 29 de
octubre de 1888, para la libre navegación del Canal Marítimo de Suez", a
saber:
1. "El canal estaría "libre y abierto, en tiempo de guerra como en tiempo
de paz, a los buques mercantes y de guerra de todas las naciones, en términos
de entera igualdad, de modo que no" hubiese "discriminación contra ninguna
nación o sus ciudadanos o súbditos, con respecto a condiciones o tarifas de
tráfico, o cualquier otra causa."
2. "El canal nunca" sería "bloqueado, ni ningún derecho de guerra" podría
"ser ejercido ni ning(m acto de hostilidad" podría "ser cometido dentro de
él."

3. "Los buques de guerra de un beligerante no" podrían "reavituallarse ni
tomar ninguna provisión en el canal, excepto hasta como" pudiera "ser
estrictamente necesario; y el tránsito de tales buques a través del canal"
debería "ser efectuado con la menor dilación posible, de acuerdo con los
reglamentos vigentes y con sólo aquellas intermisiones que" pudieran "resul-

397

�tarde las necesidades del servicio. Las presas" quedarían "en todo aspecto
. sujetas a las mismas reglas que los buques de guerra de los beligerantes."
4. "Ningún beligerante" podría "embarcar ni desembarcar tropas, municiones de guerra o materiales de guerra en el canal, excepto en caso de
obstáculo accidental en el tránsito, y en tal caso el tránsito" debería "reasumirse con la mayor prontitud posible."
5. "Las disposiciones de este artículo se" aplicarían "a aguas adyacentes al
canal, dentro de un radio de tres millas marítimas de cada extremo. Los
buques de guerra de un beligerante no" podrían "permanecer en dichas aguas
más de :veinticuatro horas en cualquier tiempo, excepto en caso de peligro, y
en tal caso" deberían "partir tan pronto como fuere posible; pero un buque
de guerra de uno de los _beligerantes no" podría "partir dentro de las
veinticuatro horas desde la partida de un buque de guerra del otro beligerante."
6. "El taller, establecimientos, edificios y todas las obras necesarias para la
construcción, mantenimiento y operación del canal" serían "consideradas
como parte del mismo, para los propósitos de esta Convención, y en tiempo
de guerra como en tiempo de paz" gozarían "de completa inmunidad de
ataque o daño de parte de beligerantes y de actos destinados a dañar su
utilidad como parte del canal."
7. "Ninguna fortificación que domine el canal o las aguas adyacentes"
podría "ser construída. Los Estados Unidos, sin embargo," quedaban "en
libertad de mantener a lo largo del canal la policía militar que" pudiera "ser
necesaria para protegerlo contra actos ilegales y desórdenes."
111. Los Estados partes, "inmediatamente después del canje de las ratificaciones de esta Convención," la podrían '.'en conocimiento de otras Potencias
y las" invitarían "a adherirse a ella."
IV. La Convención debería "ser ratificada por el Presidente de los Estados
U nidos, por y con el consejo y consentimiento de su Senado, y por Su Majestad
Británica; y las ratificaciones" serían "canjeadas en Washington o en Londres
dentro de los seis meses siguientes a la fecha del mismo, o antes si fuere
posible. "21
El año en que se celebró el primer Tratado Hay-Pauncefote fue de
elecciones en los Estados Unidos. El Partido Demócrata acusó al Secretario
Hay de haberse entregado a la Gran Bretaña. Los estadounidenses de origen
irlandés y alemán se unieron también en contra del tratado, ya que éste
negaba a su país el derecho de fortificar cualquier canal que construyera o
poseyera, al igual que el de cerrarlo en tiempo de guerra. El mismo !eodoro
Roosevelt, a la sazón Gobernador del Estado de Nueva York, escribió a Hay,
el 18 de febrero de 1900, oponiéndose al tratado.
21 Hlavacek, Op. cit., págs. 19 a 21.

398

"Mis .objeciones -decía Roosevelt- tienen dos aspectos. El primero,
relac10nado con la política naval. Si el propuestc, canal hubiera estado
en funci~namiento en el '98', el Oregón habría pasado más rápidamente
al Atlánt'.co; pero este hecho habría sido contrabalanceado por la cir~unstanc1a de que la flota de Cervera hubiera tenido la oportunidad de
Ir a t:avés del canal, y de allí partir y atacar a Dewey o amenazar nuestra
franja costanera del Pacífico. Si ese canal ha de estar abierto a los buques
de guerra de un enemigo, será para nosotros una amenaza en tiempo
de guerra; es un peso más, un punto estratégico adicionado para que lo
resguarde nuestra flota. Si nosotros lo fortificamos se convertirá en una
de las más poderosas fuentes de nuestra posible fuerza marítima. A no
ser que, así fortificado, se r~fuerce contra nosotros toda nación cuya
flota sea mayor que la nuestra. Una razón principal para reforzar
nue~tros grandes puertos de mar es desencadenar nuestra flota, ponerla
en libertad para propósitos ofensivos; y el propuesto canal lo impediría
de nuev~, porque nuestra flota tendría que vigilarlo y por lo tanto, hacer
el traba.Jo que un fuerte debiera hacer; y que lo haría mucho mejor.
Segundo: en cuanto a la Doctrina Monroe. Si nosotros invitamos a
pote_ncias ~xtra1tjeras para est.ablccer una propiedad co1tjunta una garantía conjunta a lo que t'ln vttalmente nos afecta, a poca distancia de
~ue.stras :ronteras frómo podemos nosotros objet,r una acción de unión
~11mlar digamos con el sur de Brasil o en Argentina, donde nuestros
mtereses son mucho menos evidentes? Si Alemania 1jene el mismo
derecho que nosotros tenemos en el canal a través de América Central
¿por qué no en la participación de cualquier sector de América del Sur?
A mi manera de pensar, nosotros deberíamos rehusar categoricamente
a .tod~s las P?te~cias euro~eas el derecho de controlar, en forma alguna:
nmgun terntono d9el hemisferio occident'll que ellos no hayan obtenido
con anterioridad."- 2
Es~ carta es no sólo revel~dora, sino explicativa ele muchas de las posturas
asumidas por los Est,dos Umdos de América, principalmente cuando fueron
gobernados por Teodoro Roosevelt.
.El Senado aprobó el primer Tratado Hay-Pauncefote con tres reservas. La
pnmera tenía por finalidad que se consignara expresamente en el art. JI que
el Tratado Clayton-Bulwer quedaba reemplazado por el Hay-Pauncefote.
Con la segt~~da se pret~ndía ?gregar una cláusula que dispusiera que ninguna
de las cond1c1ones y est1pulaoones establecidas en las cinco primeras secciones
del art. II podrían aplicarse a las medidas que los Estados Unidos pudieran
22 DuVal, Jr., Miles P.: CADIZA CATAY. Editorial Universitaria, Panam:1. 1973, p.ig. 138.

399

�considerar necesarias tomar para asegurar con sus propias fuerzas _su _defensa
y el mantenimiento del orden público. La tercera, finalmente, elamma~a el
art.111, según el cual, como hemos visto, se invitaba a las demás potenctas a
adherirse al tratado.
La Gran Bretafia se negó a aceptar las reservas. Es •~ás, ~n not~ _q~1e el 22
de febrero de 1901 Lord Londsdowne, Canciller bntámco, dmg1ó a su
embajador en Washington, expresó, con relación al reemplazo del Tratado
Clayton-Bulwer:
" ... si el Tratado Clayton-Bulwer queda derogado por completo, ambas
partes contratantes, excepto en las inmediaciones del Canal, re~obrarían entera libertad de acción en la América Central, y el cambio a la
verdad sería ventajoso para los Estados U nidos y podría tener sustancial
importancia."
Con respecto a adicionar una nueva cláusula agregó:
" ... resultaría un Contrato unilateral según el cual la Gran Bretaña se
vería privada de toda acción bélica en el Canal o en sus inme~iaciones,
mientras que los Estados Unidos podrían a~elar a esa ~cc1ó~ en la
extensión que juzgasen necesaria para garantizar la segundad.
Y al referirse a la eliminación del art. 111 observó:
Gran Bretaña se coloca "en una posición de visible desventaja si se la
compara con otras potencias que no estarían sttietas ~ la ?isposic_ión
restrictiva que se quiere sea aceptada por la Gran Bretana. S1 el Gobierno de S.M. aceptase semejante arreglo, se seguiría de e llo que los Estados
Unidos tendrían derecho, conforme al Tratado, de intervenir en el
Canal en tiempo de guerra o cuando ésta se tema; y mi~ntras otras
potencias podrían CON CLARA convicció~, hacer caso omiso de todas
las restricciones impuestas por la Convención, sola_mente la G~n Bretaña, a pesar de sus enormes posesiones en el conttnent~ amencano, a
pesar de la extensión de sus colonias autralasias y d~ sus mtere~es en el
oriente, quedaría en absoluto excluída de concurnr a esa acción o de
dictar providencias para asegurar sus intereses en el Canal o en sus
.
d'1ac1ones.
.
,,23
mme
Pero la Gran Bretafia, cuyos problemas internacionales para ese entonces
no se habían todavía resuelto, considerando que más le valía la amistad &lt;le los
Estados Unidos de América que su persistencia en rechazar las reservas
introducidas por el Senado, convino en negociar un nuevo tratado en el que
2S Castillero R., Ernesto J.: HISTORIA DE LA COMUNICACION INTEROCEANICA.
Imprenta Nacional, Panamá, págs. 298 y 299.

prevaleció, por supuesto, el criterio estadounidense, excepción hecha de la
segunda reserva cuyas objeciones fueron mantenidas. Este nuevo tratado, el
segundo Tratado Hay-Pauncefote, fue firmado en Washington el 18 de
24
noviembre de 1901 , cuando Teodoro Rooselvelt ya era Presidente de los
Estados Unidos, pues, el asesinato de McKinley le llevó a la Casa Blanca el
14 de septiembre de 1901.
Por el art. I del segundo Tratado Hay-Pauncefote los Est.,dos partes
convinieron en abrogar el Tratado Clayton-Bulwer. El art. II del segundo
tratado era igual al art. I del primer trat.,do. El art. III del segundo tratado
era igual al art. 1T del primer tratado, salvo que: a) en el segundo trat:ado los
Estados Unidos, única y exclusivamente, adoptaron, como base para la
neutralización del canal, las reglas que en términos generales adoptaron en
el primer tratado las "Altas Partes Contratantes", o sean, tanto los Estados
Unidos como la Gran Bretafia; b) por el art. lJI, sección la., se eliminó la frase
"en tiempo de guerra como en tiempo de paz", contenida en el art. TI, sección
la., del primer tratado, y se agregó la frase "que observen estas reglas" y la
oración: "Estas condiciones y tarifas de tráfico serán justas y equitativas", de
tal suerte que el nuevo numeral quedó así: "El canal estará libre y abierto a
los buques mercantes y de guerra de todas las naciones que observen estas
reglas, en términos de entera igualdad, de modo que no habrá discriminación
contra ninguna nación o sus ciudadanos o súbditos, con respecto a condiciones
o tarifas de tráfico, o cualquier otra. Estas condiciones y tarifas de tráfico serán
justas y equitativas", y c) por el art. III se eliminó también la sección 7a. del
art. II del primer tratado, que prohibía a los Estados Unidos construir
fortificaciones que dominaran el canal o las aguas adyacentes. La parte del
numeral eliminado que permitía a los Estados Unidos mantener a lo largo
del canal la policía militar que fuera necesaria para protegerlo contra actos
ilegales y desórdenes pasó a ser parte de la sección 2a. del art. III del segundo
tratado. El art. IV del segundo tratado introdujo una nueva disposición. De
acuerdo con ella los Estados partes acordaron "que ningún cambio de sobe24 El segundo Trat.1clo Hay-Pauncefote fue firmado dos dfas después de que la Comisión del

Canal lslmico, o Segunda Comisión Walker, hubo present;ido su informe escogiendo la
rut;i de Nicaragua por ser la "Más factible y práctica", en parte porque la Compafifa Nueva
del Canal de Panamá pretendía transferir sus propiedades a los Estados Unidos en
$109,141,500.00, en lugar de $40,000,000.00 que era el precio f~aclo por la Comisión. Esto
haáa una diferencia en favor de la ruta de Nicaragua de $63,510,796.00. Ame el peligro
innúnente de que la ruta de Panamá quedara definitivamente eliminada, la Nueva
Compañía del Canal de Panamá, a instancias de Philippe Bunau Varilla. por medio de la
Legislación Francesa en Washington hizo saber al Gobierno estadounidense s u disposición
de vender por $-J0,000,000.00. El 18 de enero de 1902 la Conúsión del Canal lslmico
presentó un informe suplemetario recomendando la rut;i de Panamá fundándose en
razones técnicas y financieras.

401
Humamtas-26

�ranía territorial o relación internacional del país o países por donde haya de
atravesar el canal, afectará el principio general de neutralización o la obligación de las Altas Partes Contratantes bajo el presente Tratado." Por el art. V
del segundo tratado se redujo a tres meses el término de seis para canjear las
ratificaciones, establecido en el art. IV del primer .tratado. En el segundo
tratado, finalmente, se eliminó e_l art. III de! primer~ según el cual los Estados
partes invitarían a otras Potencias a adherirse a él. 5

Interpretaciones y violacúmes
El régimen de neutralización del Canal de Panamá emanó, como se ha
visto, del Tratado Hay-Bunau Varilla, celebrado por Panamá y los Estados
U nidos de América, y del Tratado Hay-Pauncefote, celebrado por los Estados
Unidos de América y la Gran Bretafia. Este régimen, sin embargo, no
menoscabó el "principio general" de neutralización establecido en el art. VIII
del Tratado Clayton-Bulwer, a pesar de que dicho tratado fue abrogado, por
cuanto fue propósito de los firmantes del Tratado Ilay-Pauncefote que ese
"principio general" no sufriera mella_. 26
.
,
•
Se ha alegado que los Estados Umdos ele Aménca teman capacidad para
dejar de aplicar, cuando lo juzgaran conveniente, las reglas por ellos ~do~tadas, en el art. III del Tratado Hay-Pauncefote, como base de la neutrahza~1ón
del Canal de Panamá. La circunstancia de que en este trat'ldo se hubiese
consignado que eran los Estados Unidos -en lugar de las "~tas Partes
Contratantes", como decía el primer tratado de ese nombre- qmenes ad?ptaban tales reglas, llevó a sus funcionarios a pronunciarse por la afirmauva.
No por otra razón, decía el Presidente William H. Taft_ en un memorándum
al Congreso, fechado el 24 de agosto de 1912, en relación con el art. 111:
25
26

Hlavacek, Op. ciL, ~gs. 22 Y23.
B
· d
"ARTICULO VIII. Los Goóiemos de los Estados Unidos y la Gran retana teruen o no
sólo deseo, al celebrar este convenio, de cumplir un objeto ~rticul:ir, s~no ~tablecer
también un principio general, convienen en extender su pr~teca6n, por esllpulaaones ~e
tratados, a cualesquiera otras comunicaciones pra~ticables, b!en por can;1l o por fe~r&lt;&gt;&lt;:3rril,
a través de los istmos que unen Norte y Sur América, y especialmente a las comuru~aaones
interoceánicas que asimismo resulten practicables, bien por canal o por fe~rocarril_, por la
vía de Tehuantepec a Panamá. Al conceder, sin embargo, su protección conJunta a
cualesquiera de tales canales o ferrocarriles como queda especificado en este artículo, es
siempre entendido por los Estados Unidos y L, Gran Bretaña ~~e las p.,rtes que construyan
0 posean los mismos no impond~n otros grav_~menes y c~n~ao~es de tr~fic? que los que
aprueben los ya mencionados gobiernos comoJUSlos y cqwt.,uvos. y &lt;JUC los nusmos canales
y ferrocarriles, abiertos a los ciudadanos_ysólxlitos de 1~ Estados ~mdos yla G_ran Bretafla
en iguales términos, serán también abiertos en los nusmos térmmos a los a~1da~nos y
sóbditos de cualquier otro Estado que esté dispuesto a dar a esas vías ele ~omumcac16~ una
protección tal como la que los Estados Unidos y la Gran Bretafla se obligan a darles.

"El artículo es una declaración de la política de los Estados Unidos de
que el canal debe ser neutral, que la actitud de este Gobierno hacia el
comercio del mundo es que todos los Estados estan tratados de igual
forma y que ninguna discriminación será hecha por los Estados Unidos
contra cualesquiera de ellos que observen las reglas adoptadas por los
Estados Unidos."27
Los que así piensan pierden de vista que la adopción de las reglas contenidas en el art. III del Tratado Hay-Pauncefote por parte de los Estados Unidos
fue convenida por ellos y por la Gran Bretaña en un acuerdo internacional
(véase el preámbulo de dicho tratado), razón por la cual no tenía el carácter
de "acto unilateral" que de su simple lectura pareciera desprenderse.
Se ha alegado también que los Estados U nidos de América tenían capacidad
para cerrar el canal a los Estados beligerantes o que se encontraban en est'ldo
de guerra con ellos. Los que atribuían a los Estados Unidos esa capacidad se
apoyaban asimismo en la circunstancia de no figurar en la sección 1a. del art.
III del Tratado Hay-Pauncefote la frase "en tiempo de guerra como en tiempo
de paz", la cual figuraba en la misma sección del art. 11 del primer u·atado de
ese nombre, y que figura también en el art. I de la Convención de Constantinopla relativa a la libre navegación del Canal de Suez. Expresaba el Secretario de Estado Hay al Senador Cullom, el 12 de diciembre de 1901:
"El efecto obvio de estos cambios es el de reservar a los Estados Unidos,
cuando están en guerra, el derecho y poder de proteger el canal de todo
daño y pe1juicio de parte del enemigo, de excluir a los buques de tal
enemigo del uso del canal mientras dure la guerra y defender el mismo
en las aguas adyacentes al canal al igual que en cualesquiera otras aguas,
sin derogar en otros aspectos los principios de neutralidad establecidos
en el tratado. "28
Mas los que así piensan pierden además de vista que la inclusión de la frase
"en tiempo de guerra como en tiempo de paz" o de otra semejante era
completamente innecesaria, constituiría una redundancia , pues, lo que
caracteriza al régimen de neutralización es, precisamente, su aplicación tanto
en tiempo de guerra como en tiempo de paz. Al1ora bien, que fue propósito
del Tratado Hay-Bunau Varilla neutralizar el Canal de Panamá está por
encima de toda duda -a pesar de que los Estados Unidos de An:iérica
prefieren hablar ele neutralidad a secas en lugar de neutralir.arión o de 111!11/ralidad penna1in1te- desde el momento en que su art. XVIII comenzaba dicienZ'I
28

Whiteman, Marjorie M.: DIGEST OF INTERNATIONAL IAW. Department of State
Publication 7737, Volumen 3, 1964, pág. 1177.
lbidem, Volumen 3, pág. 1178.

402
403

�do: "El Canal u na vez co ~stru ido, y sus en tracias, sn-án neuIra/es a pnpetuídad..."
Por lo demás, el art. 111 del Tratado Hay-Pauncefote no establece diferencias
entre los supuestos de que los Estados Unidos de América sean o no beligerantes. La única exigencia que contempla la sección la. del mencion~do
artículo, para que los hoques mercantes y de guerra de un Estado detennmado tengan derecho a transitar por el Canal de _Panamá, es q~1e_ese Estado
observe las reglas adoptadas por los Estados Umdos, en ese mismo ar~culo,
como base de la neutralización de dicho canal, y no las que ellos pudieran
haber dictado al margen de esa disposición. En consecuencia, los Estados
Unidos de América no podían, legítimamente, cerrar el canal a los buques
mercantes y de guerra de los Estados que observaran las reglas consignadas
en el art. III del Tratado Hay-Pauncefote, aún en el supuesto de que tales
Estados hubiesen sido beligerantes o se hubiesen encontrado en estado de
guerra con los Estados_ Unidos.
.
,
,
Contra esta afirmación nuestra no faltan quienes podnan alegar que el 11
de noviembre de 1912 la Embajada Británica en Washingtan envió una nota
al Departamento de Estado en la que expresaba que habiéndose convertido
los Estados Unidos de América, prácticamente, en el soberano del Canal de
Panamá, el Gobierno de Su Majestad no cuest!on~a el título de ellos para
ejercer derechos de beligerantes para su protecoón. Con ~ocio ello, l_as reglas
contenidas en el art. 111 del Tratado Hay-Pauncefote contmuaron siendo de
obligatorio cumplimiento para los Estados Unidos por haber sido incorporadas al Tratado Hay-Bunau Varilla, celebrado con Panamá. En otras palabras,
si bien no se puede negar a la Gran Bretafia su dere~ho a relevar a los Esta_dos
U nidos de su obligación frente a ella de dar, en tiempo de guerra, estncto
cumplimiento a las reglas aludidas, no es ~enos cierto_ que para ~ue tales
reglas dejen de obligar a los Estados Unidos ha debido pro~uc1rse t~na
conducta igual de parte de Panamá. Panamá, por lo tan~o, ha deb~do también
haber puesto de manifiesto su voluntad de no cuestiona: el titulo de los
Estados Unidos de América para ejercer derechos de beligerantes para la
protección del Canal de Panamá, por cuanto la obligación de los Estados
Unidos a aplicar las reglas contenidas en el art. III del Tratado Hay-Pauncefote continuó subsistiendo frente a Panamá, por imperativo del art. XVIII del
Tratado Hay-Bunau Varilla, pese a cualquier renuncia de derechos por parte
de la Gran Bretafia.
No obstante, el 23 de mayo de 1917, es decir, después de haber los Estados
Unidos de América enti·ado en la Primera Guerra Mundial, el Presidente
Woodrow Wilson expidió una proclama, la cual establecía en su regla 15:
"En interés de la pra"tección del canal, mientras los Estados Unidos sean
beligerantes, a ningún buque de guerra, buque auxiliar o buque privado
29 Ibidem, Volumen 3, pág. 1248.

404

de un enemigo de los Estados Unidos, o a un aliado de tal enemigo, le
será permitido usar el Canal de Panamá ni las aguas territoriales de la
Zona del Canal para ningún propósito, excepto con el consentimiento
de las autoridades del canal y sujeto a los reglas y reglamentaciones que
ellas puedan prescribir."3º
Esta proclama, a todas luces violatoria de los tratados que regulan la
materia, fueron incorporadas a "The Canal Zone Regulations". Durante el
tiempo en que los Estados Unidos de América se mantuvieron neutrales, en
la Segunda Guerra Mundial, no objetaron el tránsito por el canal de buques
pertenecientes a países beligerantes. Es más, el Presidente Franklin D.
Roosevelt expidió, el 5 de septiembre de 1939, una Orden Ejecutiva que
prescribía las reglas que debían gobernar el paso y control de buques a través
del Canal 31
de Panamá, en cualquier guerra en que los Estados Unidos fueran
neutrales.

F01tifuaciones lem/Jorales vs. bases militares permanenles
De acuerdo con el art. JI del Tratado Hay-Bunau Varilla, Panamá concedió
a los Estados Unidos de América el uso, ocupación y control de la Zona del
Canal de Panamá para la construcción, mantenimiento, funcionamiento,
saneamiento y protección del Canal de Panamá y de sus obras auxiliares. 32 La
protección del Canal de Panamá fue, en consecuencia, uno de los fines de la
concesión. Por el art. XXIII del mismo tratado: "Si en cualquier tiempo fuere
necesario emplear fuerzas armadas para la seguridad y protección del Canal
o de las naves que lo usen, o de los Ferrocarriles y obras auxiliares, los Estados
Unidos tendrán derecho, en todo tiempo y a su juicio, para usar su policía y
sus fuerzas terrestres y navales y establecer fortificaciones con ese objeto."
La primera observación que se debe hacer al examinarse la norma transcrita es que el derecho que ella otorgó a los Estados Unidos de América para
usar "sus fuerzas terrestres y navales y establecer fortificaciones" fue de
carácter temporal. Ello es así, por cuanto este derecho estaba condicionado a
la circunstancia de que fuera necesario el uso de tales fuerzas y el establecimiento de fortificaciones "para la seguridad y protección del Canal o de las
30
31

32

Ibídem, Volumen 3, págs. 1248 y 1249.
Ibidem, Volumen 3, pág. 1177.
Los cinco fines originarios de la concesión canalera se redujeron después a cuatro, ya que
elart. I del Tratado General de 1936, firmado en Waslúngton el 2 de marzo. estableció que
en "vista de la apertura formal y oficial del Canal de Panamá el 12 el&lt;' Julio de 1920, la
República de Panamá y los Estados Unidos de América declaran que las estipulaciones de
la Convención de 18 de Noviembre de 1903 tienen en núra el uso, ocupación y control por
los Estados Unidos de América de la Zona del Canal yde fas tierras y aguas adicionales bajo
lajurisdicción ele los Estados U1údosdeA.m&lt;'rica. para los fines del eficientf' mantenimiento,
funcionamiento, saneanúento y protección cid Canal y de sus obras auxiliares." El fin
relativo a la construcción fue, por lo t;lnt.o, eliminado.

405

�naves que lo usen, o de los Ferrocarriles y obras auxiliares". Por esto,
precisamente, la norma transcrita comenzaba diciendo: "Si en cualquier
tiempo fuere necesario...", que es igual a "si... ~uere necesario... " De _ahí se
deduce que el Tratado Hay-Bunau Varilla, al igual que la Convención_ de
Constantinopla relativa a la libre navegación del Canal de Suez, no perm1úa
la construcción de fortificaciones permanentes.
Distinta era la situación con respecto al uso de la policía. Este es un derecho
que tenían los Estados Unidos de América con carácter permane_nte, por
cuanto el art. III, sección 2a., del Tratado Hay-Pauncefote, que fue mcorporado al Tratado Hay-Bunau Varilla, por mandato de la cláusulaXVIII de este
último tratado, los dejó en libertad para "mantener a lo largo del canal la
policía militar que pueda ser necesaria para protegerlo contra actos ilegales
y desórdenes."
. . .
Al examinarse los arts. 11 y XXIII del Tratado Hay-Bunau Vanlla md1spensable es también tener presente que, a pesar de que el término protección
es gramaticalmente sinónimo de defensa, los usos de ambos vocablos les han
dado en la práctica de los Estados distint.,s acepciones, destinando el primero
para las funciones de policía y el segundo para las militares. "El policía nos
protege mientras que el soldado nos defiende", podríamos decir para señalar
gráficamente la diferencia que los separa. Y esta separación ~e acen_t~a m~s
si se advierte que en la actualidad casi todos los Est.,dos denom1 nan Mm1steno
o Departamento de Defensa al mismo que antes de la terminación de la
Segunda Guerra Mundial llamaban M!nisterio o _Departa~:nto _de Guerra.
A ninguno, sin embargo, se le ha ocurndo denommarlo Mm1steno o Departamento de Protección. De ahí, pues, que podemos concluir afirmando que
cuando los arts. 11 y XXIII del Trat.,do Hay-Bunau Varilla empicaban la
palabra protección, dichos arúculos se estaban refirien~o al ~er de ampa~ar
y liberar el Canal de Panamá de todo peligro, daño o nesgo mtenw_o doméstico.
Confirma nuestra manera de pensar el texto del art. III, sección 2a. del
Tratado Hay-Pauncefote, el cual fue incorporado al Tratado Hay-Bunau
Varilla por mandato del art. XVIII de dicho tratado. Tal disposición es del
siguiente tenor:
"El canal nunca será bloqueado, ni ningún derecho de guerra podrá ser
ejercido ni ningún acto de hostilidad podrá ser cometido dentro de él.
Los Estados Unidos, sin embargo, quedarán en libertad de mantener a
lo largo del canal la policía militar que pueda ser necesaria para protegerlo
contra actos ilegales y desórdenes."
Si esta disposición facultaba a los Estados U nidos solamente para mantener
a lo largo del canal la policía militar que hubiese sido necesaria para Jn-_otegerlo
contra actos ilegales y desórdenes, es inequívoco que la palabra protección que

figuraba en los arts. II y XXIII del Trat.,do Hay-Bunau Varilla tenía que ser
interpretada en forma restrictiva, ya que _insólito sería, por decir lo menos,
calificar actos de guerra o la agresión armada como "ilegales y desórdenes".
Además, una interpretación amplia no sólo hahría sido incongrnente con el
art. XVIII del Tratado Hay-Bunau Varilla que incorpora a dicho tratado el
art. III, sección 2a., del Tratado Hay-Pauncefote. La interpretación amplia
habría entrañado, al mismo tiempo, una violación por parte de los Estados
U nidos de este último tratado, por cuanto de acuerdo con el mismo los Estados
Unidos se obligaron con la Gran Bretaña a aplicar al Canal de Panamá la
regla contenida en el ya mencionado art. III, sección 2a. Ni siquiera la facultad
que el art. XXIII del Tratado Hay-Bunau Varilla otorga a los Estados Unidos
de usar "sus fuerzas terrestres y navales" podría invocarse para desvirtuar lo
anterior, ya que la misma fue una consecuencia de la necesidad en que se
encuentran los Estados de recurrir a esas furzas cuando las de policía resultan
insuficientes para cumplir con las funciones que les han sido encomendadas.
¿1,o anterior significa que nosotros negamos a los Estados Unidos de
América el derecho de haber usado sus fuerzas terrestres y navales, así como
el de haber establecido fortificaciones, en caso de que hubiese sido necesario
para amparar el canal contra todo peligro, daño o riesgo exterior? iNo! iDe
ninguna manera! La legítima defensa es un derecho inmanente que para ser
ejercido no requiere que ningún tratado lo consagre. Fuera de eso, para
permitir a los Estados Unidos el uso de sus fuerzas terrestres y navales, al
igual que el establecimiento de fortificaciones, en los supuestos mencionados,
en el art. XXIII del Tratado Hay-Bunau Varilla se coló, a espaldas del Tratado
Hay-Pauncefote, la palabra segmidad que es mucho más abarcadora que el
vocablo protección.
Al examinarse los arts. II y XXIII del Tratado llay-Bunau Varilla debe
tenerse igualmente presente que esta última cláusula confirió tan sólo a los
Estados Unidos derecho a establecer fortificaciones, las cuales no deben ser
confundidas con las bases militares. Las primeras son instalaciones meramente defensivas. Las segundas pueden ser defensivas y ofensivas. Y el establecimiento de tales fortificaciones tenía que responder al objetivo de brindar
seguridad y protección al Canal de Panamá, a las naves que lo usan, a los
ferrocarriles y obras auxiliares.
A pesar de lo expuesto los Estados Unidos de América establecieron
arbitrariamente catorce bases militares de todo tipo dentro de la Zona del
Canal, inclusive aéreas, lo que constituye una arbitrariedad mayor, porque
no existiendo esta clase de bases al momento de suscribirse el Tratado
Hay-Bunau Varilla, no se podría sostener, por más que se estiren las reglas
de hermenéutica, que Panamá facultó a los Estados U nidos para establecerlas.

406
407

�No por otra razón, el art. XXIII de dicho tratado habla única mente de" fuerzas
terrestres y navales", y para nada menciona a las fuerzas aéreas.
El mismo Philippe Bunau Varilla, firmante de la Convención del Canal
Istmico (1903), nos da la razón en todo cuanto hemos expuesto, al expresar:
"El vasto sistema de fortificaciones permanentes para el cual el Presidente Taft solicitó créditos al Congreso (por primera vez el -29 de abril
de 1910) no tiene relación con las fortificaciones estipuladas en el
Tratado Hay-Bunau Varilla.
"He aquí el artículo de este tratado, el cual obviamente no se refiere a
un vasto sistema de fortificaciones permanentes, sino que simplemente
habla de fortificaciones eventuales de la misma clase transitoria que el
empleo de fuerzas militares cuando las circunstancias puedan obligar a
los Estados Unidos a usarlas contra tumultos o revoluciones.
"Tales fortificaciones están limitadas por su naturaleza a ser de orden
secundario y sólo del carácter que pueda ser necesario para hacer frente
a disturbios locales."
Renglón seguido, luego de transcribir el art. ~XIII del tratado que lleva
su nombre y las primeras palabras del art. XVIII que dicen: "El Canal una
vez construido, y sus entradas, serán neutrales a perpetuidad ...", continuó así:
" ... es obvio que la intención común de las Altas Partes Contratantes fue
dejar fuera de consideración la cuestión de un Yasto sistema de fortificaciones permanentes, las cuales, como hemos visto, no tienen nada que
hacer con la protección del canal.
"Aunque la palabra fortificaciones se encuentra en el Tratado Hay-Bunau Varilla, la situación respecto a las fortificaciones permanentes es
exactamente la misma que en el Tratado Hay-Pauncefote, donde esa
palabra no aparece. En el Tratado Hay Bunau Varilla quedó excluida
implícitamente; en el Tratado Hay-Pauncefote quedó excluida explícitamente."33
Pero lo peor de todo está en que las bases militares ilegalmente establecidas
por los Estados Unidos de América en la Zona del Canal no respondían
únicamente a la seguridad y protección del canal. Obedecían, más que todo,
a la seguridad y defensa del continente, principalmente a la de los Estados
Unidos. Ello movió al mismo Bunau Varilla a escribir:
33

408

Bunau Varilla, Philippe: PANAMA THE CREATION DESTRUCTION AND
RESURRECTION. New York, McBride, Nast &amp; Company, 1914, págs. 529 y 530.

"Cuando el Tratado Hay-Bunau Varilla fue celebrado, sus signatarios
no consideraron la cuestión de la defensa de los Estados Unidos, sino
que ellos pensaron en el mantenimiento del orden público en un país
expuesto a tumultos y revoluciones.
"Es para este último propósito que fue dado a los Estados Unidos
permiso a usar en cada caso su policía, fuerzas terrestres y navales, o a
establecer fortificaciones, en todo tiempo, si en cualquier tiempo fuere
necesario, empicar fuerzas armadas para la jJrolecci6n de la empresa del
canal o del tráfico.
"Pero el otro y principal propósito mencionado en el memorándum de
Mr. Hay -el sistema de fo11ificacio11es para la defm.sa de los Estados
Unidos- fue dejado fuera de un tratado concerniente exclusivamente
con la operación del canaJ.34
"Tal es el carácter de las fortificaciones estipuladas en el Tratado
Hay-Bunau Varilla para un canal neutral.
"El agua", dice un proverbio, "no puede subir más alto que su manantial."
"Por la misma razón, el origen de los derechos de establecer un vasto
sistema de fortificaciones para la defensa de los Estados U nidos no puede
tener su origen en un artículo del TraL,do Hay-Bunau Varilla, donde
sólo estipulaciones referentes a la necesidad de proteger un canal
neutral fueron insertadas."35
Los Estados Unidos de América, sin embargo, no se contentaron con
establecer en la Zona del Canal "un vasto sistema de fortificaciones permanentes", para utilizar expresión de Bunau Varilla, o más bien bases militares
destinadas a la seguridad y defensa del continente, sobre todo de ellos mismos.
Sin ningún derecho para ello ubicaron también en la Zona del Canal el
llamado "Comando Sur", cuya jurisdicción comprende Centro y Sur América,
al igual que est,blccimientos para el en1renamiento e instrucción de fuerzas
terrestres, navales y aéreas de los Estados Unidos y ele los países latinoamericanos. Prueba ele lo que afirmamos la encontramos en un informe del
34 Referíase Bunau Varilla a un memorándum del Secretario de Estado Hay para justificar
ante el Senado el segundo Tratado Hay-Pauncefole y hacerle ver que el mismo era
congruente con su deseo. La primera línea de ese memorándum que transcribe Bunau
Varilla es del siguiente tenor:
·
"Las enmienct1s del Senado al anterior tra1,1do requirieron .. que las rc-gfas de neutralidad
no deben !1~ivar a los ~tados Unidos del derecho de defenderse y de mantener el orden público."
35 Bunau Va illa, Op. at., pág. 532.

409

�Subcomité sobre la Política de Seguridad Nacional y Desarrollo Científico,
del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes de los
Estados Unidos, en el que se Ice lo siguiente:
"El área en la cual el Comando Sur es responsable para la protección y
mejoramiento de los intereses de los Estados Unidos incluye las áreas
de tierra del Sur y Centro América, excluyendo México ... El Comando
Sur tiene tres misiones bnsicas: Primera: Es directamente responsable
de la defensa del Canal de Panamá ... Segunda: El Comando Sur es
responsable de planes de contingencia para situaciones de crisis en
países de América L1tina que puedan requerir reacción militar de los
Estados Unidos ... Tercera: El comando c01tjunto supervisa la asistencia
militar de los Estados de la región, incluyendo representantes consejeros estadounidenses, equipos entrenados solicit1dos por países de América L1tina y el sistema escolar militar en la Zona del Canal. El papel
del Comando Sur fue repetidamente interpret.1do por la misión de
estudio en términos de objetivos políticos. Teniendo un comando estadounidense mayor en América Latina, queda satisfecho, los Est1dos
U nidos demuestran su interés en América Latina, su actiYa participación
en seguridad regional colectiva y su respaldo al Tratado de Río" (Tratado Interamericano de A~istencia Recíproca, 19 17).36
1

El a11EcuJo X del Tratad.e General de 1936
De todas las disposiciones del Trat1do General de Cooperación y Amistad,
suscrito entre Panamá y los Estados Unidos de América, el 2 de marzo de
I 936, el art. X ha sido la más contro\'ertida. Este es del siguiente tenor:
"En caso de conflagración internacional o de existencia de cualquier
amenaza de agresión en que peligren la seguridad de la República de
Panamá o la neutralidad o seguridad del Canal de Panamá, los Gobiernos de la República de Panamá y de los Estados Unidos de América
tomarán las medidas de prevención y defensa que consideren necesarias
para la protección de sus intereses comunes. Las medidas que parezcan
esencial tomar a uno de los dos Gobiernos en guarda de dichos intereses
36

410

Reports of the Special Study Mission to Laún America o n I Military Assistance Training,
II Development Television. 91st. Cong. May 7, 1970, págs. 21 y 22. U.S. Govemment
Printing Oflice. Citado por López Guevara, Carlos Alfredo: PANAl\lA TIENE DERECHO
A DENUNCIAR LA CONVENCION DEL CANAL ISTl\llCO OE 1903 Y SUS
ENMIENDAS POR LAS VIOLACIONES SUBSTANCIALES A LA M!Sl\lA COMETIDAS
POR ESTADOS UNIDOS. Publicado en "La denuncia como medio de liberación nacional"
de L, Comisión de Divulgación Nacional del Consejo Nacional de la Empresa Privada. Serie:
La Cuestión Canalera. Panarnj, 1975, pág. 36.

y que afecten el territorio bajo la jurisdicción del otro Gobierno serán
objeto de consulta entre los dos Gobiernos."
En páginas anteriores dijimos que para permitir a los Estados Unidos de
América el uso de sus fuerzas terrestres y navales, al igual que el establecimiento de fortificaciones, en cualquier tiempo que hubiese sido necesario
emplear fuerzas armadas para la seguridad y protección del canal, de las naves
que lo usan, de los ferrocarriles y obras auxiliares, por razón de peligro, daño
o riesgo exterior, en el art. XXIII del Tratado 1-Iay-Bunau Varilla se coló, a
espaldas del Tratado Hay-Pauncefote, la palabra seguridad que es mucho más
abarcadora que el vocablo protección. A más de lo anterior, el art. X arriba
transcrito va mucho más lejos que el art. XXIII del Trataclo Ila)'-Bunau
Varilla, por lo consiguiente:
1. Mientras que el art. XXIII se limitaba a la seguridad y protección del
canal, de las naves que lo usan, de los ferrocarriles y obras auxiliares, el art.
X comprendía, además de la neutralidad o seguridad del Canal de Panamá,
la seguridad de la República de Panamá. Esta disposición, por consiguiente,
hacía innecesario el art. I del Tratado Ilay-Bunau Varilla, por el cual los
Est1dos Unidos de América se obligaron a garantiz.1r y mantener la independencia de Panamá, que fue derogado, precisamente, por el Tratado
General de 1936.
2. Mientras que el art. XXIII permitía a los Est.1dos Unidos de América
usar tan sólo sus fuerzas terrestres y navales, así como establecer fortificaciones, el art. X los capacitaba para tomar "las medidas de prevención y defensa
que consideren necesarias para la protección de sus intereses comunes" con
Panamá. Esta nueva redacción entrafiaba la posibilidad de est1blecer bases
militares en caso de conflagración internacional o de amenaza de agresión.
3. Mientras que el art. XXIII restringía a la Zona del Canal del ejercicio
de las facultades que otorgaba a los Est1dos Unidos de América, el art. X los
habilitaba para tomar, previo acuerdo o convenio con Panamá, las medidas
que les pareciera esencial y que afect1ran el territorio de nuestra República
no sometido a limit1ciones jurisdiccionales. Y decimos "pre'"io acuerdo o
convenio con Panamá", porque de conformidad con las Actas ele las Negociaciones de 1936, "excepto en raros casos de emergencia, la intención de la
palabra "consulta" en cuestión sería con la mira a un acuerdo o convenio".
En otros términos, en caso de conflagración en que hubiese peligrado la
seguridad de la República de Panamá o la neutralidad o la seguridad del Canal
de Panamá, los Estados Unidos de América no podían tomar las medidas de
prevención y defensa que les hubiese parecido esencial y que afectaran el
territorio de la República bajo la jurisdicción del Gobierno panamefio, a
menos que tales medidas hubiesen sido objeto de un acuerdo o convenio con
411

�Panamá, salvo en raros casos de emergencia que no hubiesen hecho posible
tal acuerdo o convenio.
Este criterio fue desnaturalizado al no definirse la palabra consulta en la
forma arriba indicada y al acentuarse la posibilidad de prescindir de ella, en
un canje de notas entre el Departamento de Estado y la Embajada de Panamá
en Washington, de 1° de febrero de 1939, es decir, anterior al consejo y
consentimiento para la ratificación de dicho tratado dado por el Senador
estadounidense. En efecto, se lee en las notas canjeadas por el supuesto
propósito de aclarar algunas disposiciones del Tratado General de 1936, lo
siguiente:
"Conforme se indica en las Actas de las sesiones de las negociaciones del
Tratado General celebrado el 2 de marzo de 1936, y en las discusiones
que tuvieron lugar el 16 de marzo de 1935, en la eventualidad de una
emergencia tan súbita que obligue a tomar medidas preventivas de ·
carácter imperativo, para salvaguardar la neutralidad o seguridad del
Canal de Panamá, y si por razón de tal emergencia fuera imposible
consultar con el Gobierno de Panamá como establece el art. X de dicho
Tratado, el Gobierno de los Estados U nidos de América no esta obligado
a retardar las medidas necesarias para confrontar la emergencia mientras estuviere pendiente la consulta, aunque hará todo esfuerzo, en caso
de que tal consulta no se hubiere llevado a cabo antes de proceder a
tomar las medidas necesarias, para consultar al Gobierno de Panamá
tan pronto como fuere posible."37
El art. X del Tratado General de 1936, aún sin la interpretaciól) que le da
el canje de notas transcrito, tiene que calificarse de regresivo en nuestra lucha
por liberar el territorio istmeño de las servidumbres que le impulso el
malhadado Tratado Hay-Bunau Varilla. Ni siquiera el derecho recíproco que
esta disposición daba a Panamá de tomar también las medidas que le pareciera
esencial y que afectaran el territorio de la Zona del Canal atenuaba sus efectos
humillantes, pues, como manifestó al presentar su informe favorable la
subcomisión del Comité de Relaciones Exteriores del Senado estadou nidense
que consideró el Tratado General de 1936: " ... la posibilidad de que el
Gobierno de Panamá pueda, de conformidad con este artículo, intentar
adoptar ciertas medidas en la Zona del Canal contrarias a los deseos de este
Gobierno debe ser rechazada, ya que no merece serios comentarios." Ese
derecho retíproco, como reconoció sin eufemismos el mismo subcomité, nos
fue otorgado sencillamente para no herir los sentimientos nacionalistas del
37

412

Moreno C., Manuel B.: STATUS JURIDICO DE LOS TRATADOS DEL CANAL DE
PANAMA 1903-1963. Publicación del Gohierno Nacional de Panamá, 1964.

Pueblo panameño, ya que sus propósitos no fueron otros que los de evitar de
que las obligaciones asumidas por Panamá fueran consideradas "como derogatorias de su soberanía" y "asegurar la cooperación total de Panamá" en la
obligación conjunta que asumió en el art. JI del Tratado General de 1936 de
acordar con los Estados Unidos de América las medidas que hubiesen sido
necesarias tomar para asegurar el mantenimiento, saneamiento, eficiente
funcionamiento y protección efectiva del canal, en el eYento ele que hubiese
surgido alguna contingencia en esa época imprevista que hubiese hecho
realmente necesaria la utilización. de tierras y aguas adicionales a las que ya
estaban siendo usadas por los Estados Unidos.38
No es aventurado afirmar que los diputados Sergio Gonz.í.lcz Ruiz, César
A. Guillén, Demetrio A Porras y Antenor Quinzada, quienes fueron los únicos
que votaron en contra del Tratado General de 1936, y lo mismo se puede
decir de los veintisiete diputados que lo aprobaron.jamás se imaginaron que
casi cuarenta y dos años después el Comandante Primer Jefe de la Guardia
Nacional de Panamá, instituto armado que en ese entonces ni siquiera existía,
contraviniendo norma de nuestro Derecho Público i11terno, manifestaría el
consentimiento del Estado panameño en obligarse a perpetuidad por un
tratado que contiene una reserva, la DeConcini, que da a los F.staclos Unidos
de América en tocio el territorio de la República de Panamá más derechos que
los comprendidos en el art. X del Tratado General, aún con la interpretación
que de él hace el canje de notas de 1939.

El mito de la neutralización
Las normas básicas que consagraron la neutralización del Canal de Panamá, hasta la entrada de la vigencia del Tratado Concerniente a la Neutralidad
Permanente y al Funcionamiento del Canal de Panamá de 1977, fueron el
art. XVIII del Tratado Hay-Bunau Varilla y el art. III del Tratado Hay-Pauncefote. Estas normas, en cuanto en su contenido, eran idóneas para establecer
el régimen de neutralización de esa comunicación interoceánica. Así lo
aceptaron implícitamente Alemania, Austria-Hungría, Espafia, Francia, Gran
Bretaña, Italia, Países Bajos, Rusia y Turquía, por cuanto estos Estados
suscribieron la Convención de Constantinopla, de 29 de octubre de 1888,
relativa a la libre navegación del Canal de Suez, cuyos preceptos constituyeron la base para la neutralización del Canal de Panamá. En otras palabras, si
tales preceptos eran buenos para la neutralización del Canal de Suez tuvieron
que ser igualmente buenos para la neutralización del Canal de Panamá.
Pero a diferencia de lo que ocurrió en Constantinopla, donde las principales potencias de ese entonces suscribieron la neutralización del canal egipcio,
38

Whiteman, Op. cit. Volumen 3, pág. 1217.

413

�en Washington convinieron la neutralidad permanente del canal paname1io
solamente tres Estados: la Gran Bretaña, los Estados Unidos de América y
Panamá. Los dos primeros, por razón del Tratado Hay-Pauncefote. Los dos
últimos, por razón del Tratado Hay-Bunau Varilla. Este hecho no deja de ser
de importancia Yit:.11, porque para que un Estado o parte de su territorio quede
realmente neutralizado, requisito sinequa non es que esa neutralización sea
reconicida por el mayor n(1mero de u1iembros de una Comunidad internacional, sobre todo por aquéllos que podrían ponerla en peligro. En este
aspecto, lo más que se puede afirmar en beneficio de la neutralización del
Canal de Panamá es que la misma fue aceptada tácitamente por los Estados
usuarios del canal.
Sin embargo, las reglas que los Estados Unidos de América adoptaron en
el Tratado 1-Iay-Pauncefote como base para la neutrali7.ación del Canal de
Panamá, principalmente la contenida en la sección la, del art. ITI, fueron por
ellos repetidamente "ioladas. En clara contrndicción con esta disposición los
Estados Unidos consideraron, como ya se ha visto, que, cuando ellos eran
beligerantes, ning(m buque mercante o de guerrn de un Estado enemigo, o
de un Estado aliado de tal enemigo, podía usar el canal ni sus aguas adyacentes, excepto con el consentimiento de las autoridades del canal y sttjeto a las
reglas y reglamentaciones que ellas prescribieran. De nada valía, por lo tanto,
la buena disposición de este Estado a observar las reglas contenidas en el art.
111 del Tratado Hay-Pauncefote que,jurídicamente, era lo relevante.
Esa actitud de los Estados U nidos de América fue suficiente para desvirtuar
y hacer ilusoria la neutralidad permanente del Canal de Panamá, puesto que
el régimen de neutralización de un Estado o de partes de su territorio no se
aplica {micamente en tiempo de paz. Debe aplicarse también, y especialmente, en tiempo de guerra, y para que dicho régimen sea real y efectivo en una
vía de agua navegable la liberrnd de navegación es indispensable, aún en el
supuesto de que el Estado territorial o el que administre, funcione y mantenga
esa vía de agua sea beligerante.
Por otra parte, sin negar el derecho inmanente a la legítima defensa que
tiene todo Estado cuyo territorio ha sido neutralizado total o parcialmente,
así como el Estado que administra, funciona y mantiene una zona o vía de
agua navegable que ha sido neutralizada, lo cierto es que hasta el tratado de
1936 los Estados Unidos de América estaban autorizados tan sólo a usar sus
fuerzas terrestres y navales, y a establecer fortificaciones, si hubiese sido
necesario emplear fuerzas armadas para la seguridad y protección del canal,
de las naves que lo usan, de los ferrocarriles y obras auxiliares. Después de
dicho tratado la autorización fue ampliada a "las medidas de prevención y
defensa" que los Gobiernos de Panamá y de los Estados Unidos de América
hubiesen considerado necesarias tomar, "para la protección de sus intereses
41'1

comunes" e "
d
quier am¡na':.a ~:s~ r:s~~~~agración_ internacional o de existencia de cualla República de Pan!má la ¿~e¡lU~~e; pueSlo en peligro "la seguridad de
O
En otros términos co
u ra ' a o seguridad del Canal de Panamá".
, n caracter meramente te
1
obstante, los Estados Unidos de Amér·
. , m~ra en ambos casos. No
menos de diez mil soldados y es•·abl . ,ca tem~n siempre acantonados no
... ec1eron arbitraria
t
permanente, catorce bases militares de todo tipo d tr mdenl e, y con carácter
Estas bases como a se de·ó .
en
e a Zona del Canal.
seguridad y.protección del d~na~d;;sado, no _respondían lÍnicamente a la
República de Panamá Obed ,
ªnamá, 111 tampoco a la seguridad de la
.
' '·
ec1an, ac1emás a Ja se .· I· 1 1 fi
contmente, incluyendo a la de los Estados Unidos . óg111
y e_ en~ del
derecho ubicaron en la Zona d I C I I 11 , 'az n por a cual sm nmglÍn
•
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e ana e amad "Co
I S "
JUrtsd1cción comprende Centro Sur Amér'
~nanc ~ ur , cuya
para el entrenamiento e instruclón de la (i ic~, y establecieron mstituciones
de los Estados U nidos
,
. s ue1 zas terrestres, navales y acreas
en su oportunidad. y de los pa1Ses latmoamericanos, como también se vio

°

,e';' e

. Las,int~rpretaciones acomodadas hechas por los Estados Unidos de A. é
nea a os mstrument · t . ·
nin 1
ron manifiestas viola~i::e;:~:~~;•yª ::c~u~ }·egdulaban la_mate1:ia constituyeAilt
1 .
.
.
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11 1
la G~-~: ~,:: ~~ ~;:s~ ~~:s~;:::; ::~~~::~~:f~'l~:¿~~:~~d _c~mplacie~;e ~:
111
derechos de beligerante
.
&lt;os para eJercer
1
~:
q:~edó, vale la pen: :,~e;u :t~;~~:cl~~:p~~s~ª;:~i:td:~'l;~,~;t~~~~:
un mito. a de agua navegable de interés internacional? Casi nada. Tan sólo

~~~

415

�ALTAS CULTURAS PRECOLOMBINAS DE SUDA.\iIÉRICA
POR: ROBERTO !.ARA VEIADO

El Salvador

A)-Preámhulo
TAL COMO SEÑALAMOS EN NUESTRO TRABAJO inmediato anterior, América
Precolombina, en cuanto al desenvolvimiento de sus altas culturas, ofrece dos
centros culturales diferentes; el de la wna cultura del Norte, o foco septentrional, o mejor Mesoamérica como se le conoce corrientemente; y el de la
wna culta del Sur o foco meridional, o mejor Región Andina. Enmedio de
ambos focos, floreció la alta cultura periférica más importante de América
Precolombina, la de los chibchas y miuscas; el ámbito geográfico de esta alta
cultura, está más o menos, situada en la zona equidistante de ambos focos;
por ello su vocación geográfica es la de ser una cultura-puente, es decir la
destinada a absorver, combinar y retransmitir las influencias de todo tipo
llegadas de uno a otro foco cultural. El presente trabajo lo hemos titulado
"Las Altas Culturas Precolombinas de Sudamérica", porque no solamente
comprende la serie cultural de la Región Andina, aunque ésta sea indudablemente la parte medular del mismo, sino también las proyecciones andinas
hacia el sur del Continente y la alta cultura periférica mencionada.
En cuanto a los grnpos humanos que realizaron las altas culturas que serán
objeto de este trabajo, diremos que, de acuerdo con la clasificación de
Salvador Canals Frau, que incluimos en nuestro trabajo titulado "Introducción al Panorama de las Altas Culturas de América Precolombina", todos ellos
pertenecen al grupo resultante de la mezcla de los integrantes de la cuarta
corriente de población, los polinesios cultos, con los pobladores anteriores
encontrados por aquellos en América y que eran de cultura primitiva y
procedían de las anteriores corrientes de población. Señalando en concreto,
a los creadores de las diversas altas culturas a que vamos a referirnos,
indicamos: La serie Cultural Andina, en todas sus variedades, fue realizada
por el grupo de los Andinos, muchos de cuyas tribus estaban adaptadas a la
vida de la montafia; a este grupo pertenecen todos los pueblos que habitaron
la Región Andina y que crearon y realizaron las distintas culturas de la serie.

H umanitas-27

�Los Chibchas y los Miuscas, autores de la alta cultura periférica Chibcha,
forman parte del gnipo de los Centrálidos de los que ya hemo~ hablado con
más detenimiento, a propósito de las altas culturas mesoamericanas precolombinas.
dº
Ita
lturas
Las creaciones de los Andinos fueron excelentes; las iversas a s cu
ue mencionaremos como integrantes de la Serie, demostraron, cual más cual
~enos una alta calidad en sus diferentes aspectos, naturalmente dentro del
lugar ~ue a cada una corresponde en el desenvolvimiento del proceso; ~u
remate fue la Cultura Incaica, considerada por no pocos a~tores como a
máxima realización cultural de la América Indíge_na. Esta s~ne cultura~ ~s la
integrada por aquellas altas culturas que, en la tesis cultural mterpretatl\'a ~e
Laurett Séjourné, constituyen el reverso de la mon~da de las cultt~ras &lt;e
Mesoamérica. Desgraciadamente, respecto a esta sene Cultural Andina, no
tenemos la copiosa información de que disponemos en el caso de M~s~amé. . pero aún así lo que ha llegado a nuestro conocimiento, aunqu~ lnmtado,
nea,
,
'
• ·
· t
etac1ón
es suficiente para fundamentar úna apreciación y una 11! erpr
~ í
La Alta Cultura Chibcha, creación de chibchas y m1~1scas no es , av a
menos conocida; los vados de la información de que d1sponem~s, aun en
aspectos fundamentales, son frecuentes; por ello, to?a _interpretación de esta
Alta Cultura periférica tiene que resultar bastante lumtada.

B)-LA Serie Cultural Andina
La Re ión Andina, que también hemos llamado zona culta del Sur o f~o
meridioi!l de cultura, atendiendo al desarrollo de las altas culturas, prop'.~
de América Precolombina, tiene su núcleo en lo que actualmente es el Pe~u
comprende además Bolivia, la mayor parte del Ecuador y la pa_rte nortena
~e Chile; esta región fue el escenario del desenvolvimiento de ~anas cu~turas,
algunas contemporáneas relacionadas entre sí y otras sucesivas denvadts
unas de otras. Desde el punto de vista geográfico, los autore~ en su ma_yor a,
distinguen entre las culturas de la costa y las de la sierra; las primeras ubica~as
en la estrecha e inhóspita faja entre las montañas y del mar; l~s segun as
florecieron en las montañas andinas, a miles de metros so~re el mvel del mar,
en esa cordillera que ocupa la inmensa mayoría de la región. " .
.
a
Entre las 21 civilizaciones que identifica To~nbee, e~ el Estudio de 1
ffstoria" figura la que él llama ci\'ilización andma, que m&lt;lud~hlcment~ se
re~ere a, la uichua o incaica, es decir a la última de la sene. Tam~1én
Spengler, en~' L-=t Desendencia de Occidente", nombra una Cultura Andina,
sin hacer comentarios sobre ella.
.
.
. ,,
Salvador Canals Frau, en "Las Civiliz.aciones Pre_I11spámcas de Aménca ,
señala las etapas de esta serie cultural, así: una p_nmera ~tapa de culturas
aisladas, en sus propias regiones, que por ser anteriores a Tiahuanaco, llama

pretiahuanaquenses; una segunda etapa caracterizada por la influencia dominante y unificante de Tiahuanaco; una tercera etapa de renacimiento
regional; y una etapa final representada por los Incas.
Lurette Séjourné, en su ensayo "Antiguas Culturas Precolombinas", de la
que ya hemos hablado en nuestro trabajo anterior, hace una sugerente
comparación entre las culturas de Mesoamérica y las de la Región Andina;
considera que ambos conjuntos culturales integrados por las diferentes altas
culturas concretas conocidas en una y otra regiones, son las dos caras de una
misma moneda; señala sus puntos de contacto, que fundamentan su tesis y
que delatan un origen común así como contactos culturales mayores de los
que normalmente se cree; y también sus discrepancias y contrastes, resultado
de una evolución separada. Son comunes entre ambos conjuntos culturales,
el pensamiento filosóficorreligioso, en cuanto a su orientación fundamental;
los motivos artísticos fuertemente influidos por el mito, como el uso de la
serpiente emplumada; y los estilos y prácticas arquitectónicas, como el empleo de las pirámides truncadas, que sirven a la vez de base a los templos y de
fortificaciones defensivas. Son contrastantes la escultura antropomorfa mesoamericana y la hierática y ultrasimbolista andina; y la valoriz.ación del
tiempo en relación con la actitud ante la muerte; mientras en la Región
Andina, todo transcurre dentro del tiempo histórico que se adhiere al destino
de los grupos humanos, en Mesoamérica, el hombre crea sus propios ciclos
místicos, que llama Soles, para relatar su devenir cosmogónico e histórico.
Este criterio interpretativo de Laurett Séjourné, aplicado a las altas culturas
de los dos grandes focos culturales de América Precolombina, fundamenta a
la vez, la unidad básica de los dos complejos culturales precolombinos y su
diversidad evolutiva que llega hasta el contraste.
Laurett Séjourné divide la historia precolombina andina en etapas que
denominamos horizontes panperuanos, los cuales coinciden sólo parcialmente con los períodos de CanaJs Frau. Siguiendo a Julio Tel10, señala como punto
de partida de la evolución histórica andina a la cultura de Chavín de Huántar;
el primer horizonte pa nperuano coincide en sus grandes lineamientos con el
período pretiahuanaquense de Canals Frau; el segundo horizonte panpentano comprende el período de Tiahuanaco y el renacimiento regional que lo
siguió; finalmente, el tercer horizonte panperuano lo constituye el Imperio
Incaico. Al describir en concreto los grupos culturales que integran la serie
Andina, volveremos sobre los horizontes panperuanos de Laurett Séjourné.
Pasemos a nuestra propia interpretación. En toda la evolución histórica de
Amé rica Precolombina, dos tendencias contradictorias se disputan, en lo
político, la adhesión de los pueblos indígenas; ellos son el particularismo tribal
y el universalismo imperial; la primera es la tendencia a la independencia de
las unidades menores y a su desenvolvimiento cultural autónomo, nacido
probablemente, del aislamiento impuesto por la peregrinación de los prime-

418
419

�ros pobladores de América desde sus lejanos hogares originarios; la segunda
es la tendencia a la unificación bajo el dominio de un solo pueblo, traída
probablemente por los inmigrantes, por influjo de las altas culturas asiáticas.
La existencia de estas dos tendencias y su pugna por configurar el panorama
político americano precolombino, se han presentado en todas partes, pero en
la Región Andina es donde aparecen con mayor nitidez, por que acá los
diversos períodos se caracterizan por el predominio de una o de otra tendencia; los regionalismos son la manifestación del particularismo tribial; los
períodos de la unificación cultural y la formación de imperios, obedecen al
influjo dominante del universalismo. La nitidez con que ambas tendencias se
han turnado en la evolución histórica de la Región Andina, nos servirá de
criterio para distinguir las diferentes etapas de esa evolución.
Cuando observamos el desenvolvimiento de la Serie Cultural Andina, nos
damos cuenta de que ella se inicia con diferentes culturas independientes
aunque relacionadas entre sí por el influjo unificante de Chavín de Huántar;
esta primera etapa, desemboca en la de Tiahuanaco que representa una
rigurosa tendencia unificadora; la decadencia de Tiahuanaco, deja en libertad
las culturas independientes, aunque su intetTelación es indudable debido a
las huellas dejadas por la reciente influencia unificadora de Tiahuanaco;
finalmente, el Imperio Incaico vuelve a unificar la región hasta la llegada de
los españoles. El anterior esbozo nos permite dividir la evolución de esta Serie
Cultural, así: 1)-El Grupo Pretiahuanaquense, que comprende las altas culturas iniciales. 2)-Tiahuanaco, primera experiencia unificadora. 3)-El Grupo
Postiahuanaquense, que agrupa las altas culturas que florecen durante el
renacimiento regional posterior a Tiahuanaco. 4)-La Alta Cultura Quechua
o quichua creadora del Imperio Incaico.
Nos resta únicamente ubicar estas altas culturas dentro de los dos (micos
períodos menores que consta el único ciclo histórico que cubre la evolución
de América Precolombina, tal como lo hemos expuesto en nuestros dos
trabajos próximos anteriores, "Introducción al Panorama de las Altas Culturas de América Precolombina", y "Las Altas Culturas Precolombinas de
Mesoamérica". Los tres primeros períodos los colocamos íntegramente en el
período de integración, debido a que las altas culturas que los integran
participan todas ellas en la originalidad de las altas culturas "sin parentesco";
aún cuando hay entre ellas nexos y caracteres comunes innegables, no
podemos indentificar con plena seguridad un proceso auténtico de paternidad
-y- filiación hasta llegar al paso del tercero al cuarto período. En cuanto al
último período, es decir al Imperio Incaico creado por los portadores de la
Alta Cultura Quechua, constituye el período de plenitud del ciclo.

C)-El Grupo Preliahuanaquense
Este conjunto de altas culturas, está integrado por las primeras que
surgieron como tales en la Región Andina, es decir por las primeras que
420

superaron la etapa de las culturas primitivas que, en el caso de América
Precolombina, se les llamó preclásicas o formativas.
De acuerdo con Julio Tel10, citado por Laurette Séjourné, el centro cultural
más antiguo de la región, fue Chavín de Huántar. Fue probablemente un
centro religioso y cultural, cuya influencia se hizo sentir en toda la Región
Andina, aunque desprovisto de poderío político. Fue un representante de la
tendencia unificadora; debido a su inflttjo, las altas culturas iniciales de la
región .t uvieron muchas características comunes, es decir que forman un
grupo.
En la costa, tres altas culturas hacen su aparición; las tres han sido
estudiadas por el investigador Max Uhle, citado por Canals Fran; al norte, la
moche o mochica, que Uhle llamó proto-chimú, porque su continuación en
un período posterior, se conoce como cultura chimú; al centro, la del valle
del Rímac, que Uhle, por igual motivo, llamó proto-Lima; al sur, la conocida
cultura nazca que prolongó su vida a los períodos siguientes y que, en esta
etapa, Uhle llamó proto-nazca; esta última cultur\ nos ha dado los célebres
yacimientos arqueológicos de Paracas. Estas cultur\s han sido estudiadas en
sus manifestaciones artísticas maravillosas, como su cerámica y sobre todo sus
tejidos, en las famosas necrópolis, encontradas en el desierto arenoso que va
desde la propia costa al pie de las montañas.
En la sierra aparecen las primeras manifestaciones de alta cultura; al norte,
la de Recuay; y al sur, la de Púcara; en medio de ambas, aparece la de
Tiahuanaco, que en su fase inicial pertenece a este período, aunque su
florecimiento tuvo tanta importancia que constituye el período siguiente.
Este grupo pretiahuanaquense, fuertemente influido por el impulso cultural que partió de Chavín de Huántar, es lo que Laurette Séjourné llama el
primer horizonte pan peruano, que siguiendo la forma de expresión adaptada
a su peculiar criterio interpretativo, podemos resumir en las palabras MocheParacas-Necrópolis-Nazca.
Quizá no estaría de más agregar que, durante los dos períodos siguientes,
el juego de mutuas influencias culturales y su difusión, va a explicarnos toda
la evolución histórica de la Región Andina.

D)-Tiahuanaco
Esta alta cultura y el centro cultural que parece haber sido, puesto que ni
siquiera estamos seguros de que Tiahuanaco haya sido tal centro y no alguna
otra población aledaña que inclusive pudo no haber dejado huellas, han
jugado un papel importantísimo en la evolución histórica de la Región
Andina. Parece que Tiahuanaco comenzó siendo un centro religioso; de ello,
pasaría a ser el núcleo de una alta cultura en pleno florecimiento; luego,
durante el período de expansión que fuera la etapa final de su desenvolvi421

�miento cultural, pudo convertirse en la capit.al de un gran imperio, si es que
tal Imperio realmente existió. Las etapas de esta alta cultura, tal como la
concebimos actualmente deduciéndolas de los datos que nos sugiere la arqueología, son los siguientes:
1)-TIAHUANACO ANTIGUO: Es la fase inicial de esta importante alta cultura;
fue coetánea de la de Púcara y del mismo tipo; tal como acabamos de decirlo,
esta primera fase, pertenece más bien al período anterior y, por las características de su desenvolvimiento artístico, forma parte del grupo de altas
culturas correspondientes a dicha etapa.
11)-TIAHUANACO FLORECIENTE: Es el período durante el cual, la alta
cultura recién nacida avanzó rápidamente hasta superar a todas las demás de
la región; las bases de esta nueva fase cultural, fueron indudablemente los
elementos proporcionados por la primera fase y por altas culturas aledañas
y afines como la de P(1cara; no obstante, muchos autores, entre ellos Canals
Frau, suponen que este impulso probablemente fue proporcionado por el
iníllüo de las altas culturas de la costa, especialmente por la nazca. Sea como
fuere, el avance cultural fue magnífico; conocemos su arquitectura y sus artes
plásticas; ello nos permite suponer que había un florecimiento similar en los
demás órdenes. Algunos autores han dudado de si fue Tialmanaco el centro
de un estado; por lo que muestran las ruinas parece más que probable que
formó parte de un centro; pero, desde luego, nunca podremos decir que si
fue su capital o no. Este florecimiento fue lo suficientemente importante
como para merecer constituir un período distinto, aún cuando no se hubiera
presentado la expansión a que vamos a referirnos.
III)-TIAHUANACO EXPANSIVO: Inicialmente, la alta cultura tiahuanaquense, aún en su momento floreciente, tuvo una difusión muy restringida; pero
ello cambió; de pronto se expande por toda la región e influye notablemente
en todas- las altas culturas existentes en la zona. La expansión cultural de
Tiahuanaco actuó por.difusión; influyó sobre las culturas de la costa, haciéndoles producir versiones más avanzadas de sí mismas; influyó sobre los
pueblos de la sierra, donde brotaron en diversas comarcas, complejos culturales muy afines a la alta cultura influyente. Pero es curioso que la alta cultura
tiahuanaquense no se difundió como un todo, en todas partes su iníllüo se
concreta en la adopción de elementos sueltos que fueron partes de ella; por
eso mismo, las altas culturas influidas no perdieron su identidad y las nuevas
que surgieron tuvieron una distinta de la influyente. Como la alta cultura
tiahuanaquense en expansión, no se desintegró, tampoco hubo lugar a la
formación de filiales; las nuevas altas culluras surgieron por difusión, igual
que se midificaron las existentes. Muchos autores nos hablan de un Imperio
de Tiahuanaco; no tenemos pruebas históricas ni de su existencia ni de lo
contrario y probablemente no las tendremos nunca; la expansión cultural tan
422

extendida pareciera indicarnos la formación de un imperio y probablemente
a ello se debe que muchos autores lo hayan afirmado así; pero el hecho de
que solamente en su hogar originario se haya impuesto esta cultura como un
todo, parece sugerirnos lo contrario.
IV)-TI~UANACO DECADENTE: La expansión marcó el principio de la
decadencia; cuando aquella terminó, solamente quedaron los epígonos de esa
al~ cultura, los collas, aymaras o aymaraes. Probablemente la expansión
misma era ya un síntoma del colapso que había sufrido la alta cultura
tiahuanaquense; después vino la desintegración que, en el hogar originario
de esta cultura, fue sumamente larga, porque cayó en la forma de "momifica~ión", como ocu1Tió también con la de los antiguos egipcios. Pero esta fase
ep1gonal pertenece ya al período siguiente.
,Quiénes fueron los portadores de la cultura Tialmanaco? Ni siquiera
podemos contestar esta pregunta con plena seguridad histórica. Lo más
probable es que sean los antepasados de sus epígonos, los Collas, aymaras 0
aymaraes: pero es posible que los portadores de la alta cultura tiahuanaquense_ l~ayan sido otros pueblos, que poblaron primero las inmediaciones del Lago
T1tlcaca, en cuyo caso los antepasados de los aymaras podrían ser los invasores
que ~onquistaron un Tiahua~aco decadente, destruyeron a sus pobladores y
sorbieron su cultura. Desgraciadamente, desconocemos los hechos históricos
que pudieran decirnos cuál fue la realidad de estas conjeturas. Aceptamos,
pues, como probable que fueron los aymaras.
.
~on este período y el siguiente, Laurette Séjourné forma un segundo
horizonte panperuano, que ella misma titula Tiahuanaco-Nazca-Wari, título
al cual, para que fuera un verdadero resumen de un pensamiento, nosotros
le agregaríamos el término Chimú; pero sobre esto, tendremos oportunidad
de referirnos más detenidamente en el período siguiente.

E)-El Grupo Postiahuanaquense
A este período, Canals Frau lo llama de renacimiento regional; es decir
que es aquel durante el cual, terminada la influencia unificante de Tiahuanaco, ora haya habido una unidad política que se deshizo, ora se haya tratado
solamente de un fuerte inílttjo que concluyó por desaparecer, resurgen las
altas culturas independientes, aunque con muchos elementos comunes que
los integran en un grupo.
En la costa, aparecen las altas culturas del período pretiahuanaquense,
aunque modificados por el inílttjo que acaban de recibir; digamos que cada
una de ellas asimiló los elementos culturales recibidos y prodttjo su propia
versión sintetizando su propia identidad cultural con los elementos nuevos
recibidos, en un conjunto más avanzado evolutivamente.
423

�En la costa septentrional, la antigua cultura mochica al aparecer en su
etapa de mayor florecimiento, se convierte en la alta cultura chimú; los
chimúes crean un estado único, cuya capital Chao Chan nos ofrece actualmente sus extensas ruinas, verdadero tesoro arqueológico de la zona. En la
costa central, reaparece la cultura del valle del Rímac. En la costa Meridional,
al surgir la alta cultura nazca, ésta rivaliza en su florecimiento con la chimú.
La abstracción en· el arte, llevada hasta lo hierático y ultrasimbólico, es
característica de las culturas de la costa; ella se aprecia en su escultura, su
cerámica, su metalurgía y sus tejidos, artes todas ellas llevadas a gran altura.
En la sierra, la influencia de Tiahuanaco hizo surgir brotes culturales en
diversas comarcas aledañas, los cuales presentan diferentes elementos propios de la cultura que se difundió, sin que ninguno de ellos la reproduzca en
su totalidad. Como los más importantes, citaremos las culturas ele Utcubamba,
de Cajamarca y de I luamachuco. Además, la cultura colla, aymara o aymarae,
de la que ya hemos hablado, pues no es otra que la de los epígonos del
florecimiento de Tiahuanaco; esta alta cultura epigonal prolongó su vida por
todo el período, fue conquistada por los incas y sus restos han llegado hasta
nosotros; dentro de las poblaciones dependientes de Tiahuanaco, la de Wari
jugó un papel de gran importancia, como transmisora de su influjo cultural,
incusive a las culturas de la costa, particularmente a la mochica, al momento
de convertirse en chimú. Finalmente hace su aparición, en su fase inicial-, la
alta cultura incaica cuyo florecimiento y expansión habrían de llenar el
período siguiente.
Tal como lo dijimos ya, con este período concluye lo que L'\urette Séjourné
ha llamado el segundo horizonte panperuano, titulado por ella TialmanacoNazca-Wari. El pensamiento de esta autora, al reunir en un mismo horizonte,
el período anterior y el presente, ha sido indudablemente la de hacer resaltar
el papel de primer orden que, para la evolución histórica ele la Región Andina,
ha desempeñado el influjo cultural y unificante de Tiahuanaco, tienen contraídas las demás culturas, algunas de las cuales a través de Wari, la transmisora.

F)-1.a Alta Cullu.ra Incaica o Quechua
Los quechuas o quichuas fueron los creadores ele esta cultura, cuyo nombre
se deriva del título que daban a sus soberanos, el cual posteriormente ha sido
utilizado para designar al pueblo mismo. L'\ palabra "Inca" fue utilizada,
entre los quechuas, como título para los soberanos y como nombre propio
especialmente por miembros de la familia real; después de la conquista
española, se ha generalizado la aplicación de este nombre a toda la nación,
por lo que lo utilizamos para designar inequívocamente esta alta cultura.

424

No sabemos exactamente el origen de los quechuas; probablemente se
trata de habitantes de la sierra, emparentados con los aymaras, que hablaban
su propia lengua; algunos autores, opinión que compartimos, suponen que
fueron conquistados por un grupo de aymaras, procedentes de la zona de
Tiahuanaco, a partir de cuya conquista se inició su alta cultura; ello tiene en
abono el hecho de que la cultura incaica inicial haga su aparición dentro de
las postiahuanaquenses, es decir nacidos como resultados del influjo llegado
de Tiahuanaco; además, las tradiciones míticas incaicas, si es que tales tradiciones tienen algún lejano fondo de realidad, parecerían inclinarnos en el
mismo sentido. Naturalmente, habría que compaginar esta proposición, con
el hecho histórico de la "momificación" en su hogar originario, de la alta
cultura colla o aymara, original de la Liahuanaquense. Ofrecemos a título de
hipótesis, la siguiente explicación: al comenzar la desintegración de la alta
cultura aymara, como resultado del colapso que sufrió en Tiahuanaco durante
su período expansivo, el gmpo humano se dividió; unos permanecieron en
su hogar originario, donde el proceso &lt;le desintegración se est.'\ncó y desembocó en la momificación; otros salieron ele su hogar y fueron a conquist.'lr a
los quechuas, convirtiéndose en la aristocracia de ellos y adoptando la lengua
de los conquistadores; la actividad desplegada en la conquist.'l, por este
segundo grupo, impidió la "momificación" por lo que se cumplió totalmente
el proceso desintegrador, el cual, a través de un proceso normal de "paternidad-y-filiación", originó la alta cultura quechua; se trata, pues, de una filial
de la aymara.
La cultura andina que menciona Spcngler y la ciYilización andina de que
habla Tonbee, evidentemente se refieren a la incaica o quechua. Laurette
Séjourné hace consistir en el desenvolvimiento y expansión de est.a alta
cultura, su tercer horizonte panperuano.
Las etapas de la evolución de esta alta cultura, son las siguientes:
1)-NACIMIENT0: Es el período inicial de aparición ele esta alta cultura;
comprende la formación del estado incaico alrededor del Cuzco, su capital, y
los primeros reinados de los incas más antiguos; es un período en el cual la
información histórica nos llega mezclada con las leyendas místicas de este
pueblo.
II)-REIN0 DEL CUZCO: Hast.'\ el séptimo inca, el naciente reino vh·ió como
un Estado único sin pretensiones expansivas; sus guerras o fueron defensivas
o pretendieron el saqueo de los pueblos vecinos; las pocas conquistas que
hubo, se limitaron a los lugares cercanos al Cuzco, por lo que solamente
contribuyeron a redondear el Estado; en la época en que se consolidó la
unidad política del reino, lo que le permitió concebir y realizar, a partir del
octavo inca, planes imperialistas.

425

�IIl)-INPERIO INCAICO: A partir del octavo inca, Vira-Cocha, aparecen las
aspiraciones imperialistas de los quechuas; durante su reinado los quechuas
son atacados con la confederación chanca; los guerreros chancas desempeñaron para los quechuas, el mismo papel que las guerras púnicas para los
romanos; así como éstas abrieron a Roma el dominio del Mediterráneo y del
mundo conocido por ella, aquéllas abrieron al Cuzco, el dominio del área
andina, que era el mundo que conocían los andinos de entonces. A partir de
ese momento, la expansión quechua de la Región Andina fue incontenible;
el Tahuantisuyo, nombre que daban los quechuas a su Estado, llegó a
comprender dentro de sus fronteras a toda la Región Andina y a proyectar
su influencia aún a gran distancia fuera de ella, especialmente hacia el Sur.
Los inmediatos sucesores de Vira-Cocha, Pachacuti, Topa-lnca-Yupanqui y
Huayna-Capac, fueron los conquistadores del imperio.
No obst,nte su extensión y la multitud de pueblos que englobaba, el
Imperio Incaico logró una notable unidad étnica y lingüística, debido a los
factores siguientes: 1)-La institución de los "mitmaccunna" o "mitimaes", que
fue una práctica de gran eficacia política, aunque terriblemente inhumana;
consistía en trasladar parte de la población de una zona recién conquistada,
a otra que desde hacía tiempo pertenecía al Imperio; y llenar el vacío dejado
por los desarraigados, con personas pertenecientes a pueblos ya absorbidos
culturalmente por el conquistador. 2)-La imposición del culto solar de los
quechuas y el aprendizaje obligatorio del "ruma-sin" o "lengua de los hombres", que era el idioma quechua. 3)-EI sistema de rehenes; hacían rehenes y
los llevaban al Cuzco, al ídolo principal, a los hijos de los jefes vencidos y a
los de los nobles provincianos; 4)-La red de caminos que surcaba el imperio;
los quechuas, al igual que los romanos, dieron gran importancia a las vías de
comunicación y fueron maestros en construirlas y dot,rlas de los servicios
necesarios.
Muchos autores nos han hablado del "Imperio Socialista de los Incas" y de
otras expresiones similares; en realidad no seña exacto calificarlo de socialista, si por ello queremos entender las tendencias que modernamente se
califican con ese nombre; pero sí habremos de decir que era parcialmente
colectivista. Resumamos su régimen socioeconómico. La unidad social básica
de la Región Andina, la cual fue preexistente al Imperio Incaico, era el "ayllu";
el ayllu es un grnpo de familias consanguíneas o unidas por la creencia de un
antepasado mítico común; tuvo por lo tanto, carácter totemist1; la institución
tenía, además conexión territorial; y la tierra asignada a cada ayllu era una
marca; dentro de cada marca, se daba'a cada miembro casado un trozo de
tierra que cultivar, el cualse llamaba "topu"; el tamaño de cada topu dependía
de las necesidades de la familia de aquél a quien se daba; en el Imperio Incaico,
la distribución de topus se hacía anualmente. El parentesco que sirve de base
426

a la formación de los ayllus, tal como lo encontraron los conquistadores
españoles, era de base patrilineal; así es el de los ayllus, cuya vida se ha
prolongado hasta nuestros días; pero dado su conexión con la agricultura, es
de suponerse que originalmente tuvieron carácter matrilineal, puesto que las
instituciones matriarcales aparecen generalmente con la introducción de la
agricultura; pero ello no podemos comprobarlo por falta de suficientes
conocimientos históricos. El ayllu se present, en todas las clases sociales,
desde la del inca hacia abajo.
La sociedad incaica fue una sociedad altamente jcrarqui1,ada. Estaba distribuida en tres grandes grupos de clases sociales, que más bien fueron
estamentos, en cuya cúspide estaba el inca, hijo del Sol y participantes de la
naturaleza de los dioses. Estos grupos de clases sociales eran: las clases
privilegiadas, la clase tributaria o sea el común de la población y las clases
inmediatizadas o separadas. Sus características eran las siguientes:
A)-CLASES PRIVILEGIADAS: Eran aquéllas cuyos miembros estaban exentos
tanto de pagar tributos o impuestos, como de desempeñar los trabajos que
correspondían al común de los habitantes, pues sus funciones tenían un
carácter distinto dentro de la comunidad incaica. Est,s clases eran: 1)-Los
incas por la sangre, eran los miembros de los ayllus reales: es decir los
desendientes de los incas fallecidos; estaban, por lo t1nto, emparentados con
el inca reinante. 2)-Los incas por privilegio, que eran el núcleo de los quechua
hablantes que habitaban en la comarca aledaña al Cuzco; est, nobleza fue
fundada por Pachacuti, después de la creación del Imperio. Ambos grnpos
privilegiados daban al imperio los altos funcionarios del mismo; usaban, como
adorno, grandes orejeras, por lo que los españoles les llamaron "orejones"
3)-Los de la pequeña nobleza, o sea el conjunto de funcionarios de provincia,
desde los "tocricoc" o gobernadores de provincia hasta los "curacas" o jefes
de los ayllus, cuya importancia se medía por el t,maño de su ayllu o sea el
número de miembros del mismo; los miembros de la nobleza de los pueblos
conquistados también formaron parte de esta clase. 4)-Los sacerdotes, encargados de los servicios religiosos y de la atención de los templos; entre ellos
estaban muy jerarquizados.
B)-CLASE TRIBUTARIA: El común de los ciudadanos, integrado por todos
los "puric" o adultos que pertenecían a los ayllus, a excepción de los ayllus de
las clases privilegiadas, soportaban las cargas del Estado; todas las cargas
tenían carácter personal. los tributarios cultivaban con sus hijos su "topu",
para el mantenimiento de su familia; cultivar las tierras del Sol y del inca, es
decir de la Religión y del Estado; prestar su concurso para cumplir con la
"mita"; esto último consistía en que, durante dos o tres meses en el año, todo
tributario debía trabajar en los servicios públicos no muy especializados, tales
como formar parte del ejército, trabajar en las minas y en la construcción de

427

�edificios públicos, guardar los depósitos y servir en el "chasquin" o correo y
en el servicio personal de los altos funcionarios y de los templos.
C)-CLASES SEPARADAS: Estaban formadas por aquellas personas que, por
diversos motivos que variaban según cada clase., habían sido separadas de sus
respectivos ayllus y habían pasado a depender directamente del inca. Estas
clase~ eran: 1)-Los "yanacanas" o servidores domésticos, que tenían una
condición vecina de la esclavitud; no figuraban en los censos y su trabajo
pertenecía al amo que servían; muchos autores los consideran al margen de
la sociedad incaica. 2)-Los artesanos, como metalurgos, tapiceros, alfareros
artísticos, orfebres y contadores de quipus; la clase se formaba de jóvenes
seleccionados para ello por los funcionarios imperiales; los seleccionados se
desligaban de su ayllu y pasaban a depender directamente del inca. 3)-Las
"acllacuna" o "mltieres escojidas" que eran seleccionadas periódicamente
entre la población, por determinados funcionarios imperiales; después de un
período de aprendizaje en un convento, eran objeto de una nueva selección
que las dividía en tres grupos; uno de las que el inca regalaba a los nobles,
que podían tener cuantas mujeres quisieran; otra de las que servían al inca
como concubinas; y el último de las "mamoconas" o "vírgenes del Sol", que
servían en conventos para servicios religiosos y hacían votos de eterna
castidad.
Para completar la visión resumida del régimen socioeconómico, veamos
la forma en que estaba distribuida la tierra; la división de la tierra, seg(m ,
Baudin, citado por Márquez Miranda, era la siguiente: I )-Las tierras del Sol,
o sea las tierras del Culto y de la religión; los sacerdotes solamente podían
aprovecharse de las cosechas de estas tierras, durante los períodos en que '
estaban de servicio en el templo; son cultivadas por los tributarios, como parte
de sus cargas. 2)-Las tierras de los incapaces, o sea las destinadas a dar
asistencia a las viudas, los huérfanos, los enfermos y los Soldados ep campaña;
están a cargo de las comunidades, las cuales designan administradores de
ellas, que convoquen a los demás miembros de la comunidad, para trabajar
en tales tierras. 3)-Las tierras de los indios capaces, que tal como lo hemos
indicado antes, forman las marcas de los ayllus, que se distribuían en los topus
de los jefes de familia, que los sembraban personalmente y con sus familiares.
4)-Las tierras de los miembros de las clases privilegiadas, al igual que los
anteriores, formaban las marcas de los ayllus de estas gentes, que se distribuían en topus entre ellos; la única diferencia es que podían hacerlas cultivar
por medio de sus servidores. 5)-Las tierras del inca, que eran cultivadas por
los tributarios, pues este cultivo constituía el principal u·ibuto pagado al
soberano. Como señala el mismo Baudin, coexiste una triple forma de
propiedad inmobiliaria siendo la tercera la menos importante, así: lo. Pro-

428

piedad nacional o estatal, 2o. Propiedad colectiva o comunal. 3o. Propiedad
privada.
Expuestos de esta manera de alineamientos del régimen socioeconómico
incaico, demos nuestro juicio sobre su calificación como sistema. El régimen
de propiedad, especialmente de la inmobiliaria, estaba parcialmente colectivizado, siendo más importante el sector colectivo, en su conjunto, que el sector
privado; esto lo aproxima al socialismo. Pero la completa jerarquización de
la sociedad incaica y la orientación de su economía en beneficio de las clases
privilegiadas, la alejan del socialismo. La unidad étnica, lingüística y religiosa,
impuesta por los incas al imperio, dan a su política una coloración muy similar
a los ultra nacionalismos de nuestros días; por otra parte, los métodos empleados para lograr esta finalidad estuvieron a la altura de la moderna opresión
fascista. Todo ello, nos permite afirmar que el régimen incaico fue un
totalitarismo que, si queremos compararlo con los muchos totalitarismos de
nuestros días, está mucho más cerca de los totalitarismos de derecha que de
los de izquierda.
Tal como sefialamos en nuestro anterior trabajo, "L'ls Altas Culturas
Precolombinas de Mesoamérica", publicado en el número anterior de "Humanitas", muchos autores consideran que las altas culturas precolombinas de
América estaban en desintegración, al momento de la conquista; fundamentan esta opinión, en que la conquista destruyó estas altas culturas, como
complejos culturales armónicos; este resultado sólo suele producirse cuando
las altas culturas que sufren la penetración de la cultura intrusa, están en
desintegración; pues, si están en crecimiento, resisten el influjo extrafio como
sucedió en la alta cultura hebreo-irania, frente a la instrucción del helenismo
llevado primero por los macedonios de Alejandro Magno y luego por los
romanos. Nosotros compartimos esta opinión; creemos que, si el descubrimiento y la conquista europeos no se hubieran presentado, el proceso de
desintegración habría recorrido su curso normal y habrían surgido nuevas
altas culturas filiales de las que encontraron los espmioles, cuyo eventual
nacimiento ahogó prematuramente la conquista. Procuremos identificar el
fenómeno en la cultura incaica, tal como lo hicimos con la nahuatleca, en
nuestro anterior trabajo que acabamos de citar.
Ante todo, com·iene advertir que no es posible identificar las causas del
fenómeno, con la seguridad con que lo hicimos en el caso de la nehuatlcca,
porque la abundancia de datos históricos es muy inferior en el presente caso,
respecto del otro. Sin embargo, podemos guiarnos por un síntoma, la expansión conquistadora que dio por resultado la formación del Imperio Incaico;
en efecto, Toynbee afirma que la expansión en cualquier forma que se
produzca, especialmente la belicista, es un síntoma que delata el colapso;
afirma que "las civilizaciones en desintegración se tornan imperialistas". El

429

�Imperio Incaico se formó a raíz de las guerras chancas, las cuales se produjeron durante el reinado del inca Vira-Cocha; el alud conquistador continuó
incontenible durante los tres reinados posteriores; fue inmediatamente después de estos tres reinados y de las conquistas que trajeron consigo, que
aparecieron los españoles. Ello nos permite formular la interpretación siguiente: El colapso debió ocurrir durante las guerras chancas; el tiempo
transcurrido entre éstas y la llegada de los españoles, no fue suficiente para
que la desintegración, que acababa de comenzar, se hiciera visible mediante
hechos frecuentes e inequívocos.

G)-La Región Andina y Mesoaméricana.Antes de despedirnos de las altas culturas de la Región Andina, creemos
que es de gran importancia hacer un paralelo entre ellas y las de otro foco
cultural de An1érica Precolombina, es decir de Mesoamérica. Tal como lo
dijimos en nuestro anterior trabajo ya citado y como lo hemos repetido más
arriba, entre los dos conjuntos culturales hay puntos comunes, así como
puntos discrepantes; comunes que delatan un único punto de partida para
ambas evoluciones históricas, es decir un origen común; y puntos discrepantes
que nos demuestran la independencia de los procesos evolutivos que a cada
foco cultural corresponden. Veámoslo detalladamente, refiriéndose a los
diferentes campos, así:
1)-CAMP0 FIL0S0FIC0RRELICI0S0: La religión de los pueblos de ambos
focos de alta cultura precolombina, por lo menos en su forma final después
c;le la evolución de los mismos, tiene lineamientos generales similares. Ambas
religiones llegan al concepto de un dios espiritual superior, creador de dioses
y hombres y figura suprema de su panteón, al cual espiritualiwn por encima
de todos los demás dioses; en la Región Andina, fue I-1uiracocha, cuyo nombre
entero era Illa-Tiqsi-Huiracocha-Pachayachachic; en Mesoamérica fue el
principio dual, a la vez masculino y femenino, llamada Ometecutli y Omecíhuatl o Tonacatecutli y Tonacacíhuatl. En ambas regiones, el dios espiritual
supremo, está secundado por dioses astrales; figuran en ambas religiones, los
de la luna y del lucero de la mañana y de la tarde, si bien en Mesoamérica
tiene mucha mayor importancia que en la Región Andina.
En la Región Andina, el culto derivó de un ceremonial rígido y complicado;
en cambio en Mesoamérica, el acto del culto más frecuente fue el sacrificio
humano. La teoría mítica atribuida a Tlacaelel, que convertía los sacrificios
humanos en un acto necesario para la subsistencia de los dioses y del mundo,
cuyo mantenimiento declaró misión de los aztecas, proporcionó el fundamento filosófico para el aumento y realización sistemática de los sacrificios
humanos y para la institución de la guerra sagrada destinada a alimentarlos.
430

El simbolismo que sirvió de puente, en Mesoamérica, entre el mito y el
pensamiento filosófico, tal como lo expusimos en nuestro anterior trabajo
varias veces cit."ldo, también se presentó en la Región Andina; aún más, los
símbolos en su concepción original fueron los mismos; también entre los
andinos, tenemos como elementos simbólicos los pájaros, las serpientes y los
jaguares, así como aparecen las combinaciones de estos elementos, como la
serpiente emplumada que combina el pájaro con la serpiente y el pájaro-jaguar-serpiente que constituye uno de los modelos favoritos del ultrasimbolismo aportado a la Región Andina por las altas culturas de la costa.
Finalmente, las cosmogonías de ambos focos culturales tienen gran similitud, en cuanto a lo fundamental del mito; en ambos tenemos procesos
similares de creación, destrucciones y reapariciones alternativas de la humanidad, ideas fundamentales de un diluvio y de una gran oscuridad previa, ya
sea a la creación del Sol o a la plenitud de su brillantez. Pero, al descender a
la descripción particularizada de los diversos mitos, éstas se apartan en ambos
focos culturales, esto es, se producen mitologías diversas, como era lógico que
sucediera. Sobre todo las ideas en cuanto al tiempo en que transcurren los
acontecimientos de todo tipo, son diametralmente diferentes; en la Región
Andina, todo est..-'i referido al tiempo histórico, único o sea idéntico a aquel
dentro del cual se vive, dentro del que transcurren por igual, los hechos
míticos y los históricos; en cambio, en Mesoamérica, el hombre crea sus
propios espacios míticos de tiempo, a los que llama Soles, para que dentro de
ellos, transcurran los acontecimientos míücos y aún los históricos.
2)-CAMP0 ARTISTIC0: En América Precolombina, el arte est.1 not.'\ulemente
influido por el mito, tal como es normal en la mayoría de las altas culturas
antiguas. Este influjo ha dado por resultado que las característkas que hemos
notado en el mito, se hayan reflejado en el arte.
Los motivos míticos que en nuestro anterior trabajo ya citado, hemos visto
aparecer en el arte simbólico de Mesoamérica, aparecen también en el arte
de la Región Andina; las serpientes emplumadas, los jaguares y las combinaciones de los dos motivos anteriores los vemos constantemente en el arte
andino. Pero también en este campo, aparece la discrepancia a medida que
avanza la evolución. En Mesoamérica, el arte se mantiene fiel al simbolismo;
el símbolo no es otra cosa que la representación convencional de la cosa
simbolizada; en Mesoamérica, las cualidades simbolizadas por los motivos
artísticos en forma de animnl, eran fundamentalmente cualidades humanas,
por ello el arte mesoamericano, lo mismo que el simbolismo filosófico, se
concentraron al rededor de la idea del hombre; la escultura antropomórfica
mesoamericana fue su consecuencia lógica. En la Región Andina, en cambio,
la abstracción trasciende el simbolismo y cae en lo hierático y ultrasimbolista;
crea seres fantásticos, míticos, cuyos orígenes están en los símbolos iniciales,
431

�pero que el vuelo de la imaginación los ha alejado de ellos, hasta el punto de
perderlos de vista; esta ha sido la génesis del arte hierático y ultrasimbolista
andino, cuyos ejemplares más auténticos son el arte chimú y e~ nazca.
3)-CAMPO ARQUITECTONICO: En materia de arquitectura solamente vamos
a referirnos a una sola figura que, por sus peculiares características, la
consideramos de gran importancia. Es ella la pirámide truncada que sirve, a
la vez, de base para uno o más templos y de fortificación defensiva de primer
orden. Esta construcción la encontramos en los dos focos culturales y en
ambos con la misma orientación. Si tomamos en cuenta que no podemos
considerar que esta figura llena necesidades indispensables, puesto que las
que satisface pudieron haberlo sido con la misma eficacia, con construcciones
de otro tipo, resulta que estas construcciones son de aquéllas que delatan
elementos culturales comunes en las altas culturas de uno y otro foco cultural.
Aún más, constrncciones similares y con funciones de igual tipo encontramos
en Mesoamérica; también las encontramos en Egipto, aunque con funciones
diferentes y sin haber sido truncadas; ellos nos delatan la existencia de
elementos culturales extracontinentales en las altas culturas precolombinas
de América.
4)-CAMPO DE LAS RELACIONES FAMILIARES: La organización familiar encontrada por los españoles, tanto en la región andina como en Mesoamérica
era de carácter patriarcal; la sucesión, tanto política como patrimonial, en
ambos focos culturales, era de carácter patrilineal. Suponemos que, dado el
carácter totémico del ayllu andino y su conexión con la tenencia de la tierra,
fue precedida en esta zona, por un período matriarcal, de sucesión matrilineal. En cuanto a Mesoamérica, la situación es similar, por lo menos en
términos similares; por síntomas, si bien menores que los de la Región
Andina, pues no está claro el carácter totémico del calpulli, aunque si su
conexión con la tenencia de la tierra, hacemos la misma suposición. Desgraciadamente, estas suposiciones carecen de plena comprobación histórica.
La diferencia más conocida eh este campo, entre ambos focos culturales al
final de su evolución, es decir al momento de la conquista española, fue la
calificación del incesto. Mientras los pueblos de Mesoamérica, rechazaron el
incesto, el cual estaba prohibido y era penado en ellos, los de la Región Andina
no solamente lo aceptaban, sino que para la familia del inca, se volvía
necesario. En efecto, solamente la hermana del inca que a la vez fuera su
esposa, compartía su dignidad real; solamente los hijos del inca y de su
hermana podían heredar la corona; ello tuvo en la práctica muchísimas
excepciones, pero era la regla teórica del Estado; en cambio, entre los pueblos
mesoamericanos, no tenemos noticias de casos prácticos de incesto, que
contrariaran la prohibición contenida en sus normas.
432

5)-CAMPO DE LA ÜRGANIZACION SOCIOECONOMICA: También los lineamientos generales, en este campo, ofrecen grandes puntos de contacto. Al
ayllu andino, al cual nos hemos referido, correspondió el "calpulli" mesoamericano. Según todos los indicios, es sumamente probable que el calpulli
haya sido una organización muy antigua, anterior a la llegada de los aztecas
al Anáhuac; y que inicialmente haya sido muy parecida al ayllu. Pero la
evolución del calpulli lo llevo a ser un "clan geográfico", según el dicho de
algunos autores, es decir una organización que se originó en el parentesco,
pero que correspondía a una determinada unidad tenitorial; cada calpulli era
dueño de las tierras comprendidas en su demarcación, las que dividía en lotes
y los adjudicaban a sus miembros para su cultivo y aprovechamiento ; el lote
adjudicado a alguien, pasaba a sus herederos; si la descendencia se extinguía,
volvía al calpulli, para ser nuevamente repartido. La tierra era propiedad de
los calpullis, salvo la que pertenecía a la nobleza y a los guerreros. La sociedad
mesoamericana era también jerarquizada, como la andina, pero su división
en clases era más sencilla; originalmente, sólo distinguían entre los piles o
señores y los macehuales o gente común del pueblo; posteriormente, hubo
algunas otras diferencias, que llegaron a constituir clases intermedias; como
las de los artífices, que pertenecieron a distintos oficios y que se elevaron sobre
el común del pueblo; los funcionarios y los empleados judiciales; los calpixques o recaudadores de tributos en las provincias; los embajadores; los
teopixques o sacerdotes; los pochteca o comerciantes, que llegaron a tener
gran importancia; y los miembros de las organizaciones militares, entre los
que figuraban los famosos caballeros "aguila" y "tigre". Finalmente, las clases
sometidas a la servidumbre, que eran los moyeques o siervos territoriales y
los esclavos. La organización socioeconómica mesoamericana, a grandes
rasgos, era parecida a la andina, pero la evolución de cada una, las había
diferenciado en sus detalles.
6)-CAMPO DE LA EVOLUCION HISTORICA: La evolución histórica es la
evolución de las altas culturas históricas; las tendencias que en ellas se
manifiestan son las que se concretan en las diferentes etapas de tales culturas.
Tal como lo hemos dicho ya, en la evolución histórica de América Precolombina, dos tendencias fundamentales se disputan la inspiración del "ethos" de
las altas culturas; son ellas las del particularismo tribial, que genera las altas
culturas aisladas y las pequefias unidades políticas independientes; y la del
imperialismo universalista que comienza por ser una simple tendencia a la
unidad y concluye por originar los grandes imperios.
Tal como lo hemos indicado en el curso de este trabajo, en la Región
Andina, estas tendencias se han alternado nítidamente en la evolución de las
altas culturas locales; a pesar de que Chavín de Huántar es un centro
representativo de la tendencia a la unidad, el Grupo Pretiahuanaquense es
433
Humanitas-28

�un conjunto de culturas imbuidas de particularismo tribial; Tiahuanaco
promovió con su influjo cultural la unificación; si acaso existió el pretendido
Imperio de Tiahuanaco, el proceso habría sido coronado por la unificación
política; el Grupo Postiahuanaquense vueh·c al particularismo tribial; el
Imperio Incaico marca la tendencia a la unidad hasta coronarla como un típico
imperio de tendencia universalista.
En Mesoamérica, aunque no con la nítida claridad de la Región Andina,
también se presentaron ambas tendencias; podemos percibirlas en la evolución histórica de esa zona, aunque en nuestro anterior trabajo no las hayamos
destacado. El Grupo Mayoide contuvo ambas tendencias; la cultura olmeca y
las variantes culturales de la zona intermedia, son culturas independientes
que por serlo, representan la tendencia particularista; en cambio, las dos
filiales indudables de la primera, es decir la maya y la teotihuacana, representan la tendencia a la unidad, porque en ambos hubo constantemente uno
o varios centros difusores de cultura, con papeles parecidos al dcsempefiado
en la Región Andina, por Chavín de Iluántar; Teotihuacán, durante sn
período de mayor florecimiento, fue precisamente un centro de esta clase; los
tolteca, al conquistar estas comarcas, completaron el proceso de unificación,
creando un imperio de tendencia universalista. L, im·asión de los bárbaros
nahuatleca, procedentes del norte, donde habían vivido por siglos en el
aislamiento, reforzó la tendencia particularista; por ello, tanto los pueblos
nahuatleca como los mayaquichés, crearon unidades políticas independientes, que coexistieron y se relacionaron unas con otras, o sea que
vivieron el particularismo; el Imperio Azteca, que algunos autores consideran
como una realización imperial universalista, en nuestra opinión, merece un
enfoque especial.
Como es bien sabido, los Aztecas y sus asociados los chichimeca y los
acolhúa, crearon una sinarquía en el Anáhuac, la cual fue resultado del
compromiso de tres sefioríos, los de Tenochtitlan, Tcxcoco y Tlacopan; ello
dio a este imperio una estructura peculiar, fue un imperio triple, algo así como
un poder en condominio; ahora bien, el imperio de tendencia universalista
supone un poder único, en manos de un solo pueblo imperial, que no
comparte con otrós su poder; ello implica que una estructura como la de la
Sinarquía Tenochtitlan-Texcoco-Tlacopan, conocida ordinariamente como
Imperio Azteca, no está comprendida dentro de esta figura. En nuestro juicio,
se trata más bien de un Estado Compuesto, surgido en el curso de la evolución
propia de la cultura nahuatleca, el cual, si bien implica alguna forma de
unidad, no supone en manera alguna, el abandono del particularismo; ello
lo vemos confirmado por la coexistencia con otras unidades políticas, como
Tlaxcalla y H uexotzingo, sin procurar absorberlas, sino habiendo llegado con
434

ellos a arreglos que suponen su subsistencia, como el de la conocida "guerra
sagrada".
Como se ve también, en este campo las tendencias fundamentales de la
evolución histórica fueron las mismas para toda América Precolombina, pero
su realización de detalle fue diferente en cada uno de los grandes focos de alta
cultura.
7)-CAMPO DE LA COMUNICACION HUMANA: El medio de la comunicación
humana por excelencia es el lenguaje; el lenguaje es, ante todo, hablado; en
esa forma es universal, porque es una característica de la especie; no existe
grupo humano alguno que carezca de lenguaje hablado por sencillo y rudimentario que éste sea. El lenguaje hablado se completa con el lenguaje
escrito; las formas cultas del lenguaje suponen una forma de escri.tura, que
les permita perpetuar las ideas a través del tiempo. La forma primera de la
escritura es eljeroglífico,.antecedente inicial de todas las demás formas.
En Mesoamérica, el uso del jeroglífico fue generalizado; el jeroglífico
mesoaméricano es representativo del objeto que trata de indicarse, procura
reproducir su figura, o sea es figurativo; pero para muchos conceptos especialmente los abstractos, los jeroglíficos eran simbólicos; finalmente, en
algunos casos, como cuando se trataba de escribir los nombres de las personas,
los jeroglíficos representativos ·se tomaban únicamente por la raíz, es decir
que entonces tomaban valor fonético silábico.
En la Región Andina, el sistema fue básicamente distinto; los ándinos no
escribieron en forma alguna, pero emplearon un sistema equivalente, tal vez
más ingenioso, para conservar y transmitir sus ideas; este sistema fue el
"quipu". El quipu es un sistema de cordeles; de un cordel más grueso y
transversal pe nden otros más delgados y perpendiculares, que son de colores
diferentes y contienen nudos a distintas distancias; los significados eran
distintos según los colores, tamaños, cantidades de nudos, distancias y demás;
parece que no había un solo sistema, sino varios, por lo que cada quipu
solamente podía ser leído sin dificultades, por aquél que lo había hecho o por
colaboradores directos. Se empleaban para cuentas y datos estadísticos;
también para genealogías y conocimientos históricos. Las personas que se
dedicaban a los quipus, se llamaban qnipucamayac. Existían además otros
sistemas adicionales; unas ruedas de arcilla o de otro material similar, sobre
las cuales se colocaban piedrecillas de distintos tamaños y colores a diferentes
distancias; esto les permitía recordar todo lo que deseaban. Finalmente,
también tenían tablas y lienzos con las figuras y las historietas de los incas,
pintadas; este sistema pictórico ya se aproximaba al empleado en Mesoamérica.

H)-Las Altas Ctúturas Periféricas
Con el nombre de culturas periféricas o culturas de la periferia, conocemos
a aquéllas que se han realizado fuera de los dos grandes focos culturales de
435

�América Precolombina. Son culturas de menor importancia, no solamente
porque no han formado parte de las grandes series o complejos culturales,
sino porque no tenemos de ellos más que poquísimos datos históricos, lo cual
no nos permita una apreciación todo lo exacta y extensa como sería de desear.
De estas culturas periféricas, nos referimos a las meridionales, que todas
ellas, cual más cual menos, recibieron el influjo que proyectó hacia el Sur del
Imperio Incaico; y a la principal de las periféricas, la chibcha, situada en medio
de ambos focos culturales, como si hubiera de ser un puente entre los dos
centros, que transmita recíprocamente los influjos recibidos.
Las culturas a que nos referimos son las siguientes:
1)-CULTURA ARAUCANA: Los araucanos, famosos por sus instintos guerreros y por la porfiada resistencia que opusieron a los espafioles, ocupaban la
parte central de Chile. Durante unos cincuenta afios, más o menos, gran parte
de los araucanos formaron parte del Imperio Incaico; pero su cultura original
fue anterior a la conquista incaica. Debido a lo que acabamos de indicar, el
desenvolvimiento de esta cultura tuvo dos etapas sucesivas, así: a)-La original
o preincaica, en que surge esta cultura, sobre todo por el influjo de elementos
culturales traídos por los polinesios, pues parece que la costa chilena fue uno
de los puntos de llegada de éstos, si su migración marítima tuvo alguna
realidad. b )-La que arranca de la conquista incaica, en la cual el inflttjo cultural
de los intrusos, por muy pequefio que se suponga, modificó el estilo de vida
de los araucanos; este infütjo fue naturalmente mucho menor que aquellos
araucanos que no fueron conquistados por los incas, los cuales quedaron más
al Sur de las fronteras meridionales del Imperio Incaico, y eran conocidos por
promaucáes.
2)CULTURAS DEL NOROESTE ARGENTINO Y NOROESTE CIIILENO: En esta
comarca, aunque nunca perteneció al Imperio Incaico, su inflijo cultural se
hizo sentir, con menos intensidad desde luego, proporcionando diversos
elementos culturales que penetraron por difusión en las culturas locales;
citaremos únicamente, como las más importantes, las culturas de los atacamas, los omaguacas y los diaguitas.
3)-LA ALTA CULTURA CHIBCHA: Es la más importante de las periféricas,
por dos razones: a)-Porque en la zona colombiana, alcanzó un alto grado de
desenvolvimiento, que le permite rivalizar, en algunos aspectos, con las altas
culturas de las series originadas en dos grandes focos culturales. b)-Porque
debido a su posición geográfica pudo desempefiar, y es muy probable que lo
hizo, el papel de cultura puente entre ambos focos, esto es de receptora y
transmisora de las influencias culturales mutuas.
El ámbito geográfico en que se desenvolvió esta cultura, está compuesto
por Colombia, que fue un núcleo cultural más importante, Venezuela, Panamá y Costa Rica. El grupo más culto fue el de los miuscas, que vivían en
·435

Colombia; estaban divididos en muchos cacicazgos independientes y rivales,
por lo que las guerras entre ellos eran frecuentes; el más importante fue el
de Bakatá, espafiolizado Bogotá, cuyo cacique llevaba el título de zake; le
seguía en importancia el de Hunsa, espafiolizado Tunja, cuyo cacique llevaba
el título de zipa. En la sierra de Santa Marta, vivían los taironas. Finalmente,
los otros grupos de importancia eran los laches, los tunebos y los morcotes.
ffue realmente la chibcha una ·c ultura-puente? Desgraciadamente carecemos de suficiente cantidad de datos históricos para contestar esta pregunta
con absoluta seguridad; pero todos los indicios parecen contestar afirmativamente. Si nos concretamos a los miuscas que son los más conocidos, podemos
señalar: en cuanto al mito, su dios creador, Chiminichagua, se parecía mucho
al Huiracocha incaico; el mito de su héroe civilizador, Bochica, ofrece gran
similitud al mito mesoamericano de Quet:zalcoatl. En cuanto al vestido, el
masculino recuerda al mesoamericano, mientras que en femenino, al incaico.
En cuanto a sus actividades artísticas, la forma de emplear los metales se
aproxima mucho a la andina, mientras que los motivos que representan nos
recuerdan a los mesoamericanos. Lástima que los indicios que son tan pocos;
si pudiera comprobarse suficientemente el papel de cultura-puente, ello
vendría a resolver el problema de los intercambios culturales entre los dos
grandes focos de alta cultura precolombina de América.
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PRECOLOMBINAS DE SUDAMÉRICA"
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438

Sección Quinta
NOTICIAS, RESEÑAS Y COMENTARIOS

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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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        <name>Relación OPAC</name>
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              <text>Basave Fernández del Valle, Agustín, 1923-2006</text>
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              <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León, Centro de Estudios Humanísticos</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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