<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<item xmlns="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5" itemId="5393" public="1" featured="1" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd" uri="https://hemerotecadigital.uanl.mx/items/show/5393?output=omeka-xml" accessDate="2026-06-10T16:42:21-05:00">
  <fileContainer>
    <file fileId="3957">
      <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/305/5393/HUMANITAS._1990._Filosofia._0002015891.ocr.pdf</src>
      <authentication>08511a20819d299960b00a814b036103</authentication>
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="4">
          <name>PDF Text</name>
          <description/>
          <elementContainer>
            <element elementId="56">
              <name>Text</name>
              <description/>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="146802">
                  <text>HUMANITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANISTICOS

23

UNIVERSIDAD AUTONOMA DE NUEVO LEON
1990

�CENTRO DE
ESTUDIOS
HUMANISTICOS

Anuario

Humánitas
1990

Universidad de
Nuevo León

�Humanitas-1

�UNIVERSIDAD AUTONOMA DE NUEVO LEON

RECTOR
ING. GREGORIO FARIAS LONGORIA

�HUMANITAS
v

ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANISTICOS

23

UNIVERSIDAD AUTO NOMA DE NUEVO LEON

1990

�REANUDAMOS EL QUEHACER EDITORIAL,
INTERRUMPIDO EN EL AÑO DE 1982, CON ESTE
ANUARIO Nº. 23.
EXPRESAMOS NUESTRO AGRADECIMIENTO AL
SR. RECTOR DE LA UNIVERSIDAD AUTONOMA
DE NUEVO LEON, ING. GREGORIO FARIAS
LONGORIA, POR EL SIGNIFICATIVO APOYO
PARA SU PUBLICACION.

CONSEJO GENERAL

�HUMANITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESfUDIOS HUMANISfICOS
DE 1A UNIVERSIDAD AUTONOMA DE NUEVO LEON
CENTRO DE ESTUDIOS HUMANISTICOS DE I.A
UNIVERSIDAD AUTONOMA DE NUEVO LEON
Presidente Emirito:
DR. AGUSTIN BASAVE DEL VALLE
Presidente yJefe de la Sección de Filosofta:
LIC. JORGE MONTEMAYOR SALAZAR
Jefe de la Sección de Letras:
ORA ALMA SILVIA RODRIGUEZ DE FLORES
Jefe de la Sección de Historia:
Profr. ANDRES ESTRADAJASSO
Jefe de la Sección de Ciencias Sociales:
LIC. ALBERTO CARCIA GOMEZ
Jefe de la Sección de Noticias, Reseñas y Comentarios:
LIC. CECILIA MARTINEZ CAIRO

23

1990

�HUMANITAS

.,

Correspondencia: Centro de Estudios Humanísticos-de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Dirección: Unidad Cultural del Estadio Universitario, Lado poniente,
Puerta Nº. 13, Apartado postal ll6.
- San Nicolás de los Garzas, Nuevo
León. - México.

INDICE

SECCION PRIMERA
FILOSOFIA

(A) INVESTIGADORES LOCALES:
PRIMERA EDICION
Septiembre de 1990.- 500 ejemplares

DR. JUR. DR. PHIL. ACUSTIN BASAVE FERNANDEZ DEL VALLE:
"Ontología de la Historia" ................................................................ 17
LIC. JORGE MONTEMAYOR SALAZAR: "Exposiciones Filosóficas de
Alfonso López Quintás Respecto a la Historicidad y de
Alberto Caturelli sobre las Grandes Concepciones de la
Historia" ............................................................................................ 37
LIC. PEDRO GOMEZ DANES: "La Relación lnter-Personal".
(soledad-diálogo-amor).................................................................... 51
(B) INVESTIGADORES FORANEOS:
PROFR. SANTIAGO VJDAL MUÑOZ: "Determinantes Reales y

Derechos reservados e
por el Centro de Estudios Humanísticos de la U.A.N.L.
La responsabilidad derivada de los estudios contenidos en este
Anuario corresponde exclusivamente a sus respectivos autores.

Espirituales del Acto Humano"...................................................... 63
DR. JAVIER HERVADA "Problemas que una Nota Esencial de los
Derechos Humanos Plantea a la Filosofia del Derecho" . .............. 71
DR.JOSE RUBEN SANABRIA: "Para una Ontología de la Muerte" ........... 83
DR. J. E. BOLZAN: "Heisenberg: Física Contemporánea y Filosofia
Clásica"............................................................................................ 117
11

�SECCION SECUNDA

LETRAS

TOMAS MENDIRICHACA CUEVA: "La Segunda Universidad de
Nuevo León". (Año lectivo 1947-1948) ......................................... 247
CELSO GARZA GUAJARDO "El Exilio de Catarino Erasmo Garza
Rodríguez". ,.................................................................................... 263

(A) INVESTIGADORES LOCALES:
(B) INVESTIGADORES F0RANEOS:
PROFR. ANDRES ESTRADA JASS0: "El Villancico de Melibea ". ··············· 141
LIC. CARLOS ARREDONDO TREVIÑO: "Descripción Linguística
Estructural del Soneto 11 que Dedicara Pedro de Trejo a las
Honras Fúnebres de Carlos V". .................................................... 153
DRA. LETICIA PEREZ GUTIERREZ: "Simbolismo Místico en la Poesía
de Concha Urquiza"....................................................................... 165
LIC. ROBERTO MENDIRICHACA: "La Prosa de Borges". ························ 179
LIC. ELIZABETII KLEEN DE HINOJOSA: "Breve Análisis de la
dislocación del tiempo en el teatro de J. B. Priestley" ................. 189

LIC. CARLOS GoNZALES SALAS: "La Obra del Coronel Don José de
Escandón en la Evangelización del Nuevo Santander". .............. 269
DR. E. V. NIEMEYERJR.: "La Delegación Michoacana en el
Congreso Constituyente de Querétaro de 1916-191 7" ............... 289
WILLIAM C0LLINS: "Las Empresas Conesianas de Construcción
Naval" .............................................................................................. 311

SECCION CUARTA
(B) INVESTIGADORES FORANEOS:

CIENCIAS SOCIALES
NOEL M. VALIS "Pedro de Rivadeneyra y la realidad
maquiavélica". ................................................................................ 193
LINO GARCÍA JR. "Ideología y Realidad en La Región más
Transparente del Aire de Carlos Fuentes." .................................. 205
LINO GARCÍAJR. y JORGE GREEN HUIE: "La Grandeza Mexicana:
Bernardo de Balbuena, Precursor de Adan Smith." .................... 213

(A) INVESTIGADORES LOCALES:
LIC. ALBERTO GARCIA GOMEZ: "El Hombre de Nuestro Tiempo y
la Paz". ............................................................................................. 323
(B) INVESTIGADORES FORANEOS:

SECCION TERCERA

HISTORIA
(A) INVESTIGADORES LOCALES:

MARIO CERUTTI: "Poder Regional, Gobierno Central y Periodismo
Liberal en México en años de la Reforma. Santiago Vidaurri
y los estados fronterizos del noreste (1855-1864)" ...................... 223
12

PROFR. DAVID G. DAVIES: "Algunos efectos Económicos de la
inflación sobre los Ingresos de las Empresas y sobre la
Estructura Tributaria" . .................................................................. 331
DR. ENRIQUE MAPELLI: "El Derecho al Desplazamiento concebido
como Derecho Fundamental de la persona". ............................... 357
DR. ALDO ARMANDO COCCA: "El Desarrollo Tecnológico y la
Condición Humana"...................................................................... 365
PROFR. ANTONIO POMPA Y POMPA: "La Gran Aventura de Nueva
España en el Mar del Sur"............................................................. 375
13

�DR. JULIO E. LINARES: "La Neutraliz.ación del Canal de Panamá
con Anterioridad al Tratado concerniente a la Neutralidad
Permanente de 1977". . .................................................................. 387
DR. ROBERTO LARA VELADO: "Altas Culturas Precolombinas de
Sudamérica".................................................................................... 417

SECCION QUINTA

NOTICIAS, RESEÑAS Y COMENTARIOS
PROFR. DR. WALDO Ross: "Agustín Basave y el Filosofar
Latinoamericano" ........................................................................... 4,11
PROFR. DR. ABELARDO LOBATO, O. P.: "Agustín Basave y el
Retorno de la Metafisica" .............................................................. 445
LIC. CECILIA MARTINEZ CA!Ro: "Palomas Sobre el Mundo" de
Emma Godoy.................................................................................. 461
DRA. ALMA SILVIA RODRIGUEZ: "Análisis de Ciertos Fenómenos
Linguísticos en el habla de los Universitarios y su
Repercusión social"........................................................................ 465
DRA. ALMA SILVIA RODRIGUEZ: "A Point of View About Mexican
American Languague Acquisition" ............................................... 469
PROFR. LIC. CALJM J. MUSSJ: "Hacia una Nueva Metafisica" ............... 473
ROBERTO REBOLLOSO: "T. S. Khun y las Ciencias Sociales" de
Barry Barnes. . ................................................................................ 483
ROBERTO REBOLLOSO: "El Hombre como Promesa" de Peter J.
Wilson ............................................................................................. 487
ROBERTO REBOLLOSO: "El Origen de los Aztecas" Christian
Duverger......................................................................................... 493
LIC. ARIADNA AVILA: "Los Talleres Literarios intantiles en la
Adquisición de la Lengua Materna" .............................................. 497
14

Sección Primera

FILOSOFIA

�ONTOLOGÍA DE IA HISTORIA
DR.JUR. DR. PHIL.AGUSTIN BASA.VE FERNÁNDEZ DEL VALLE
Presidente Emérito del Centro de Estudios Humanísticos

Sumario: 1.- Historia y Filosofia de la Historia. 2.- Temporalidad
histórica e historicidad humana. 3.- Constitución interna de la
historia. 4.- Hacia una metafisica integral de la historia. 5.- Ontica
y axiolog{a de la historia. 6.- Más allá del proceso histórico y del
mito del progreso. 7.- El sentido axiológico en la historia. 8.- La
cooperación humano-divina en la historia. 9.- Posibilidades y
límites de nuestra visión de la historia.
1.- HISTORIA Y.FILOSOFÍA DE LA HISTORIA.

LA HISTORIA ES EL REGISTRO DE LOS HECHOS NOTABLES, con trascendencia
social, que los hombres seleccionan y estiman. Ciertamente ningún ser
humano es capaz de imponerle a la historia un orden ideal, sensato,
razonable. Tampoco cabe inferir precipitada e infaliblemente la obra y los
designios de Dios como si la Providencia fuese algo totalmente inteligible y
transparente a los hombres. El archivo parcial de la experiencia humana que
nos toca conocer, y al cual llamamos Historia, es suficiente para advertir un
principio unificador de _los acontecimientos históricos sucesivos y un significado fundamental cara al futuro que nos espera. Sin esta interpretación
sistemática no cabría hablar de Filosofia de la Historia.
En el orden práctico del conocimiento, que regula y orienta las acciones
humanas, más que en el orden teorético, encontramos el ser específico de la
Filosofiade la Historia. Presupone la Metafisica y la Filosofia de la Naturaleza,
aunque sus observaciones y conclusiones se finquen en datos empíricos que
integran la historia real. Desde el conjunto del drama humano se extraen,
por inducción histórica, ciertas relaciones básicas o constantes históricas. El
bien y el mal, la libertad y la responsabilidad corren juntos en el desenvolvimiento histórico. El sentido transhistórico de la historia, su inteligibilidad
final, solo puede advertirse desde ·1a Filosofia y la Teología de la Historia.
Porque la Historia solo se ocupa de lo singular, de lo concreto, de lo contin-

Humanitas-2

�gente. Aunque los hechos sean hechos acaecidos, no dejan de ser contingentes.
Sumergidos en la Historia jamás encontraremos explicación mediante
razones universales. ¿cómo poder emprender una Filosofía de la Historia si
la Historia no es una ciencia? Para la.filosofía no es necesario que la materia
de la cual se ocupa haya de ser una ciencia particular. Basta que exista materia
artística o materia histórica, para que la luz de la Filosofía pueda proyectarse.
Antes de que se constituyese la moderna fisica matemática existió una filosofía
de la Naturaleza. En la historia hay verdad, aunque se trate de v'erdades
fácticas. Sobre esas verdades fácticas que la historia acumula, el filósofo
abstrae inductivamente algunos objetos noéticos racionalmente controlados,
verificados en la naturaleza de las cosas. Observamos, por ejemplo, que la
historia marcha simultáneameme en el sentido del bien y del mal, en doble
movimiento antagónico y tensionado. " ... Pues el mundo se halla como una
almanzara: bajo presión. Si sois el orujo, sereis expulsados por el sumidero;
si sois aceite genuino, permanecereis en el recipiente. Pero el estar sometido
a presión -apunta San Agustín, padre de la Filosofia y de la Teología de la
Historia- es inevitable. Y esa presión se ejerce insesantemente en el mundo
por medio del hambre, de la guerra, de la pobreza, de la inflación, de la
indigencia, de la muerte, de las violaciones, de la avaricia. Tales son las
presiones sobre el pobre, y las preocupaciones de los Estados: de ello sobran
testimonios. Pero hemos encontrado hombres que, descontentos de esta,s
presiones, no cesan de murmurar; y hay quien dice: 'iQué malos son estos
tiempos cristianos ...!' Así se expresa el orujo cuando se escapa por el sumidero;
su color es negro a causa de sus blasfemias; le falta esplendor. El aceite tiene
esplendor. Porque aquí es otra especie de hombre la sometida a esa presión
y a esa fricción que le pule, porque foo es la misma fricción la que lo refina?. 1
En este penetrante texto se afianzan y fortifican mutuamente la luz inductiva
de los hechos y la luz racional de la especulación filosófica.
La Historia está vertida hacia los hechos singulares e inagotables en sus
conexiones fácticas. La Filosofía de la Historia se sitúa en el punto de
vinculación de aspectos generales típicos que han de ser encontrados en
determinados individuos y sucesos para mejor comprenderlos. "Es Filosofía
retrotraída a la realidad más individual: el movimiento, el desarrollo mismo
de la historia humana en el tiempo", advierte Jacques Maritain. 2
La historia no puede ser reconstruida conforme a leyes natural~s inexorables, pero puede ser caracterizada, interpretada y, en cierta medida,
descifrada en fines inteligibles y constantes que iluminan acontecimientos

1 San Agustín: "Sermones", Ed. Denis, XXIV, 11.
2 Jacques Maritain: "Filosoffa deJa Historia", Edici?nes Troquel, pág. 31.

18

contingentes. Hablo de acontecimientos contingentes, porque suponen la
libre voluntad humana -con toda una Antropología Filosófica en su basey la existencia de Dios providente con su libertad trascendente. Estas dos
verdades que la historia humana implica pueden probarse, y las hemos
probado en nuestra "Filosofía del Hombre" y otras obras. Sin ellas no cabría
edificar una genuina Filosofía de la Historia. Mientras la Teología de la
Historia está centrada en el Reino de Dios y la historia de la salvación, la
Filosofía de la Historia céntrase en el desarrollo del mundo y la historia de
las civilizaciones en su relación con el Reino de Dios en su estado de
peregrinaje.
Desde la perspectiva existencial propia del "hombre moderno" y del
"hombre histórico" se han descubierto la libertad personal y el tiempo lineal
en lugar del tiempo cíclico de los griegos. Sólo desde el tiempo lineal puede
encontrarse un significado transhistórico a una tragedia histórica.
Aunque seamos colaboradores de Dios y no colaboradores de la historia,
jamás podemos ausentarnos de la historia sin acabar con nuestro "status
viatoris". Es posible que a veces la historia actúe contra nosotros, como
varones cristianos, pero "no vencerá a nuestro Dios, ni escapará a Sus
propósitos de misericordia o de justicia" (J. Maritain). Lo que cuenta no es
tener éxito, sino dar testimonio en este mundo donde fructifican historicamente el bien y el mal. Hay entre nosotros una solidaridad vital y secreta, tan
antigua como la humanidad, que presta unídad al mundo. Yo no creo que
existan -contrariamente a lo que piensa Maritain- "una ley del crecimiento
de la conciencia como signo del progreso humano", ni "leyes vectoriales" en
la historia; me basta distinguir la reverencia pagana por la fatalidad -que
cree en los horóscopos basados en la astrología- del reconocimiento de un
poder supremo -"Providencia" en el lenguaje cristiano- compatible con la
libertad humana que nos permite sufrir en esperanza. Y me parece que no
cabe imaginar la Historia como un proceso continuo dentro de una
progresión lineal, sin el supuesto previo de un terminus a quo y de un terminus
ad quem, esto es, de un principio y de un fin.
Karl Loewith concluye su obra "El Sentido de la Historia" con la afirmación
de la imposibilidad de encontrar ese sentido dentro de la Historia misma. "El
problema de la Historia como un todo es inconcluso dentro de su propia
perspectiva. Los procesos históricos en cuanto tales no presentan testimonio
alguno de un significado comprensivo y último. Como tal, la Historia no tiene
resultado. Nunca ha habido y nunca habrá, una solución inmanente al
problema de la Historia, porque la experiencia histórica del hombre es una
experiencia de invariable fracaso". 3 Aunque estamos de acuerdo con las

3

Karl Lówith: "El Sentido de la Historia", pág. 217, Editorial Aguilar.

19

�afirmaciones de Karl Loewith, no podemos quedarnos en ese estadio. Para
ser verdaderamente entendida la historia -fluencia huidi7.a, contingente,
irreversible- requiere algo que la sobrepasa; una verdad absoluta. Este ha
sido el designio de los filósofos de la Historia. El proyecto de la Filosofla de
la Historia es dar una significación final al humano acaecer a trav~ del
tiempo.
2.- TEMPORALIDAD HISróRICA E HISfORICIDAD H U ~

La historia real es un proceso indefinido de hechos históricos. El historiador
lleva una peculiar contabilidad metafisica, hace balances, "suma y sigue";
cuenta acontecimientos relacionados entre s{, conjunta sucesos repletos de
posibilidades históricas, salva de la caducidad formal a cada acontecimiento
histórico al narrar la historia. Porque el suceso histórico se salva en el
recuerdo, en la evocación, en el relato. En este sentido, la narración histórica
tiene una misión mesiánica, al salvar en imagen lo que fue y ya no es (por lo
menos en el modo en que fue).

Contar lo que está disperso y pluralizado en la realidad del acontecer es la
tarea histórica de sintetizar, de resumir. La razón histórica de razón del
acaecer histórico. El discurrir progresivo por las realidades históricas narra
hechos conexos y relevantes con sentido axiológico.
La interacusación de los hechos históricos constituye una unidad. La
historicidad efectiva presenta una dimensión óntica. Lo que pasa
históricamente a alguien le pasa. Hay un "sujeto" de la historicidad. Con un
puro fenomenismo histórico se volatili7.a hasta la misma historia. La
humanidad real y en despliegue, como sujeto de la historia, nos dirige hacia
hombres concretos. Cabe preguntarnos si la historia está en el ámbito del
tener o en el ámbito del ser. Si estuviese en el ámbito del tener, la historia
sena una mera adyacencia, un puro y extrínseco añadido a la realidad
humana. Pero evidentemente el hombre es histórico --aunque no sea pura
historia- y la historia es en el hombre. Tener historia ---observa Antonio
Millán Puelles- es esencial al hombre. El hombre es un ser radicalmente
histórico. Lo que equivale a decir, en suma, que la historicidad es una propiedad
humana, ésto es, algo que de un modo necesario fluye de nuestra esencia, no
limitándose a ser un puro accidente. Con ésto no se dice que la historia emane
unívocamente de nuestro ser, ni tampoco que la historicidad sea nuestra
4
misma esencia" . La pluralidad dinámica de las fases históricas está sustentada

4

20

Antonio Millán Puelles: "Ontología de la existencia história", pig. 157.

por una unidad más profunda, por una estructura permanente que es la
unidad personal. Sin esta estructura permanente (constantes anatómicas,
constantes fisiológicas, constantes psíquicas, constantes espirituales), no
podría ser posible ni la noción ni la realidad del cambio. No hay un puro
acontecer exento de sujeto. La simple movilidad sin algo o alguien que se
mueva es una mera abstracción. Acontecer sin sujeto es tanto como vida sin
viviente. A través del cambio subsiste la unidad de lo que cambia, el sujeto.
La naturaleza humana es naturaleza y es histórica. La sustancia del yo
humano no es un ente parmenideo. Cuando afirmamos que el hombre es un
ser histórico no estamos diciendo que consista exclusivamente en su historia.
La naturaleza humana no es inmóvil. La historia no resbala sobre el ser del
hombre. Los cambios históricos, aunque sean accidentales afectan a la sustancia humana, la enriquecen y la perfeccionan. Como no estamos totalmente
hechos, sino tan sólo bosquejados, somos seres históricos. La plasticidad
humana se da dentro del marco de la estructura permanente. Porque somos
perfectibles, somos constitutivamente históricos. Porque somos sustancialmente permanentes y accidentalmente perfectibles, cabe hablar de nuestra
realidad bosquejada. Ni totalmente hechos, ni totalmente por hacer.
Bosquejados dentro de estructura con aptitud de asimilar nuevas
modalidades.
Los acontecimientos históricos surgen desde la interioridad humana, aunque estén condicionados por una naturaleza. El dominio humano sobre lo
natural, es la naturaleza humana, nos permite hablar de autocomando. Sin
autocomando no habría historia ni cabría hablar de historicidad. Desde la
libertad de la.naturaleza humana se hace posible la historia.
¿por qué hay historia? Porque tenemos que hacer nuestra vida individual
y social. Este tener-que-hacer la vida individual y social configura necesariamente la historia, pero no configura una historia necesaria. El tener-quehacer la vida libremente es causa de que se desarrolle históricamente. La
plasticidad libremente determinable se da dentro de la estructura permanente de la naturaleza humana y dentro de las consecuentes constantes
históricas. La historia tiene un valor primordial, porque en su curso se expresa
auténticamente la verdad. La historicidad cabe en la verdad, a condición de
que no se la disuelva en la historia. Verdad, bondad y belleza son
suprahistóricas aunque los hombres las vayan conociendo mejor o peor en
los diferentes momentos de la historia.
Como entes temporales, los hombres acumulamos pasado. Todo lo que
sucede nos deja huella. La "dialéctica de las posibilidades", en la historia, no
es ciega, sino que tiene clara vocación y conciencia de la historia: conquistar
21

�el mundo para que florezca el espíritu. Por la historicidad humana
penetramos en la constitución interna de la historia.
3.- CONSTITUCIÓN INTERNA DE LA HISfORIA.

La singularidad de los acontecimientos y de las perspectivas históricas sólo
pueden ser trascendidos cuando se penetra en la significación y en el sentido
de la historia. ¿Qué es la historia? ¿ne dónde proviene la historia? ¿Hacia
dónde va la historia? ¿cuál es el sentido final de la historia? Al plantearnos
estas magnas cuestiones estamos situados ya en el ámbito de la ontología de
la historia. Desentrañar la esencia de la historia, develar la realidad del
acontecer histórico para comprender su más íntima contextura, es tarea
metafisica. Se puede empezar, si se quiere, por el análisis descriptivo de lo
histórico, pero esta faena preambular sólo sirve para realizar un estudio
ontológico estricto de la peculiar existencialidad del acontecer histórico.
Porque no podemos quedarnos en una simple lectura de esencias, en una pura
descripción del "como" sucede lo histórico. Anhelamos saber qué "es" la
historia, qué sentiM tiene.
Empezamos por decir que la historia no está en el ámbito de lo ficticio. No
se trata de cuento, de fábula o de novela. Estamos ante una realidad ubicada
en el ámbito de wsocial temporal. En esa realidad social temporal advertimos
hechos que de algún modo perviven en el presente, que no quedan relegados
en el panteón de lo que fue y ya no importa, sino de wque fue y sigue contando en
alguna manera. Lo que es, es de muchos modos y no se identifica con la
actualidad. Lo histórico no es el simple pasado, sino el pasado actuante, trascendente, sobreviviente. Ese pasado que ha penetrado en el presente y que se
acumula con nuestra vida social actual. Por eso se habla de "acumulación
histórica". Por eso los estilos colectivos de vida están grávidos de tradición
histórica. Lo histórico no es la permanencia posible, sino la permanencia real
de lo pasado en el presente. Trátase de un no-ser-ya actual, de una actualidad
perdida que subsiste en una forma. Y si subsiste de alguna manera es porque
el no-ser-ya de lo histórico no es puro no-ser. "Paradójicamente, el ser
histórico puede ser definido-apunta Antonio Millán Puelles-de esta forma:
un no-ser-ya, que, sin embargo, es de algún modo todavía 5. No se trata de actualidad
formal, sino de subsistencia histórica que prolonga el pasado.

5

22

An~nio ~ill~n Fuelles: "Ontología de la existencia histórica", pág. 38, Consejo Superior
de mvesugaaones científicas, Madrid, 1951.

El pasado constituido en pasado -y en pasado cualificado, ésto es, en
pasado histórico- en la realidad histórica por las virtualidades, por los
gérmenes productivos en los posteriores presentes, es el que interesa al
metaflsico de la historia. "A ese ser especial, merced al cual lo histórico gravita
virtualmente en el presente, lo denominaremos el ser virtual de la existencia
históric~"6 • La permanencia del ser histórico supone que lo pasado, que fue
actual, dejó de ser actual, pero no virtual. Las situaciones presentes prolongan
las situaciones pasadas y producen las situaciones subsiguientes. La
complicación del presente proviene de un enriquecimiento cualitativo. La
historia tiene una dirección prospectiva y una dimensión retrospectiva. El
hecho histórico es un corte en el tiempo, existencia actual que acumula
virtualidades de la historia precedente y que dispara hacia el futuro su propia
virtualidad. La textura de la historia -su causa material- está constituída
por los hechos históricos. Los hechos históricos dan razón proximamente de
los hechos. Para explicar un hecho histórico se recurre a otro hecho histórico.
Pero para explicar la historia no se puede proseguir con esta cadena, sin llegar
a la naturaleza del hombre y a su destino final. El cambio de hechos no es un
cambio en los hechos. La finalidad del cambio de hechos históricos es el
perfeccionamiento mismo del hombre, la búsqueda de la plenitud -individual y social- por la cual se aferra el hombre.
El continuo histórico no está constituído por un puro tejido de actos y de
potencias, como se puede pensar en la neoescolástica. Hay que hacer intervenir, en el centro de la historia misma, la categoría de la posibilidad. Mucho
de lo que es ahora pudo no ser. Mucho de lo que pudo ser no es ahora. La
historia descansa sobre el pivote de la libertad. Lo que persiste y ·se integra
en el continuo sucesivo es contingente. La prioridad temporal es una
prioridad de naturaleza posible. Lo posterior histórico es más rico que lo
anterior. La continuidad histórica no es puramente fáctica, sino esencial. La
libertad se pone de relieve en la reversión al pasado y, sobre todo, en la
prospectiva. Pasado y presente se presencializan libremente. Lo que está por
ser está anclado en el presente. Antes de que el suceso histórico haya acaecido
no se puede afirmar que tendrá que ser. De ahí que no podamos admitir, sin
más,.la afirmación de nuestro cordial amigo y colega, Antonio Millán Puelles,
cuando asegura: "Así como el pasado no puede dejar de haber sido, el futuro no puede
dejar de haber de ser"7• Distingamos: El pasado no puede dejar de haber sido
en cuanto lo contemplamos como pura facticidad. Pero contemplado esencialmente podemos advertir que el pasado pudo haber sido de otra manera,

6
7

Antonio Millán Fuelles: Opus cit., pág. 41.
Antonio Millán Fuelles: Opus cit., pág. 89.

23

�que no era necesario -sino posible- que fuese como fue. Otro tanto
podemos decir del futuro. ~isto como pura facticidad, el futuro no puede dejar
de haber de ser. Pero exammado como futuro esencialmente libre ~s decir
esencialmente histórico- el futuro puede ser de un modo o de otro, los acto~
proyectados pueden realizarse o pueden frustrarse. Lo que ha dejado de ser
~turo . -porque se ha convertido en presente-, pierde su . carácter de
mcógm~º·.E:50 es.t~o. Pe~o nunca pierde su carácter libre. No existe, en rigor,
la apodictmdad exIStencial del futuro en el campo de la historia. Lo que ha
de ser en ~n tiempo determinado no lo sabemos antes de que sea. Podemos
lanzar conJeturas. Nada más. En la constitución interna de la historia está
instalada la libertad y la posibilidad. El tránsito de lo posible a lo real no
transgrede la racionalidad de lo real, pero no es un puro proceso lógico. En
ese tránsito está la decisión humana trascendente, el amor o el odio. Consiguientemente lo que en la historia ha de ser no ha de ser necesariamente
sino libremente. El futuro humano, "quod nos", es obra de libertad. El pode;
de preformar ~turos no correspande a un solo hombre, corresponde a los
hombres en sociedad, con sus ébtes, con sus héroes y con sus seguidores.
. Sobre funda_mentos naturales e históricos, la historia se forja a golpes de
libertad. Exammemos, a continuación, la metafisica integral de la existencia
histórica.
4 .- HACIA UNA METAFÍSICA INTEGRAL DE LA EXISTENCIA HISTÓRICA.

La historia e~ un modo de ~on~imie?to humano, conocimiento que versa
sob.re el hech~ smgular, sucesivo irrepebble. Hecho que reviste trascendencia
soCial, para bien o para mal de la comunidad. El hecho pasado se cualifica
como históri~o cuando trasciende, de alguna manera, hasta un presente. La
~tura actuabda~, del hecho que se está tornando histórico, se puede conJeturar por las vITtualidades, por las posibilidades que esten inmersas en ese
hecho. El despliegue de los hechos y de las situaciones humanas se realiza en
for:ma de distensión. La distensión no impide que se pueda hablar de una
umda~ en 1~ continuidad. La unificación abstractiva y la representación
conectiva se mtegran en un todo dinámico con sentido. La historicidad concreta
de l~s actos de. los hombres se configura por la trascendencia, por la importancia que revISten esos actos -para bien o para mal de la sociedad- en el
curso ulterior del acaecer humano. Se describen hechos y conexiones para
comprender un~ to~Iidad con sentido. El esfuerzo de la humanidad por
lograr su fin soCial febz, no puede aprehenderse en una consideración de un
suceso aislado, sin conexiones con otros hechos, sin destino final.
Los designios de la providencia no son descifrables en un hecho individual
histórico. Aunque admitamos la existencia de la providencia -una vez
probada la existencia de Dios-, no cabe desentrañar, en cada caso, los

24

secretos designios de Dios. La historicidad humana no es una dialéctica de
apodicticidades, sino una dialéctica de libertades bajo el mando supremo de
la divina Providencia. La continuidad histórica diverge radicalmente de la
continuidad biológica. De ahí el fracaso del intento naturalista -introducir
leyes de ciencias naturales- en la historia. No negamos que los hechos
naturales afecten al hombre -temblores de tierra, sequías, epidemias, rayos,
inundaciones-, pero estos hechos naturales no son, en rigor, hechos
históricos. Tampoco negamos que la historia se apoya en la estructura
unitaria del hombre, de las comunidades y de la raza. Ingredientes de lo
histórico son sin duda alguna: 1.- Las tres tendencias primitivas y elementales
del hombre: a) el apetito de dominación; b) el apetito de goce; c) el apetito
de posesión. 2.- La actuación espontánea de los grandes hombres -héroes
los llama Carlyle- que con su singular personalidad provocan grandes o
pequeñas revoluciones. 3.- La proyección temporal del cosmos con un esfuerzo profundo que efectúa la naturaleza humana para alcanzar su fin social feliz.
4.- Dirección suprema de la Providencia y ejecución de los temibles juicios de
Dios según las reglas de su infalible justicia.
Providencia divina es la razón y voluntad de Dios -razón de orden y
gobierno- que dirigen a, los seres al fin de la creación. Dios no puede
equivocarse en su visión eterna de las acciones humanas, y aunque el hombre
pueda obrar de otro modo, sin embargo, de facto no obrará de otra manera,
sino como lo ha previsto Dios, que de obrar de otro modo la ciencia divina lo
hubiera ya previsto. Dios está fuera del tiempo. En su inteligencia divina se
encuentran presente, pasado y futuro en un eterno ahora. Por eso ~xplica
el Dr. Ludóvico Macnab-, aunque la visión que Dios tiene de la libre futura
acción humana existe en El ab aetemo y es anterior a su ejecución en el tiempo,
sin embargo, lógicamente es posterior a ella, pues esta visión de Dios la
supóne realizada en tal determinado momento. Dicho de otra manera: "los
futuros libres previstos por Dios "ab aetemo"' necesariamente han de
realizarse, pero no han de realizarse necesariamente". Sociedades particulares y sociedad civil de fines temporales, se subordinan al fin personal
trascendente del hombre. Sólo ordenando la vida amorosamente hacia el bien
supremo es como el hombre y la sociedad logran su propia perfección. P.or
sola esta inclinación natural del hombre a la felicidad absoluta, Dios sería ya
el autor principal de la historia, puesto que esta tendencia insoslayable
depositada en el hombre es impulso y es dirección. Pero, además, en la
armonía preestablecida, Dios -sin restarles nada de su libertad- dirige y
gobierna las acciones de cada una de las criaturas directa o indirectamente.
Un hecho queda fuera de toda duda: que Dios no puede faltar en la
realización de sus fines providenciales. Ya puede el hombre contrariar su fin
individual cuantas veces quiera, puede una sociedad determinada retardar,

25

�comprometer, y hasta perder su fin natural, pero el fin de la historia será en
cualquier caso el querido por Dios.
Dios crea y conserva a los seres para su fin. Si no hubiera en El la razón
d~l orden conveniente -y su ejecución- con que deben ser dirigidos al ·
nusmo S~r Supremo, eso debería provenir o de falta de inteligencia para
conocer dicho orden, o de falta de voluntad o de poder para realizarlo. Ahora
bien, no cabe suponer lo primero, porque Dios es sabiduría infinita, ni lo
segu~do, porque es bondad absoluta, ni tampoco lo tercero, porque es
omnipotente.
El hombre esta dotado de medios suficientes -ñaturales y
sobrenaturales- para cumplir su fin; si no los utiliza, culpa es del mal uso de
su libre arbitrio. La permisión divina del mal moral sirve para bien y gloria
?e l_o~ buenos, yara que Dios _manifieste su misericordia en perdonar y su
Justicia en castigar, para mamfestar longanimidad en sufrir. Si se trata de
demostrar que en el orden actual hay providencia, no es lógico objetar si Dios
pudo~ por qué no esta~leció otr~ orden de cosas. Estamos incapacitados para
mvestigar cual sea el bien que Dios saca de los males en cada caso particular,
y para resolver por qué a tales individuos o familias los prueba con desgracias
y a los otros no, pues no podemos saber los juicios de Dios, y debe bastarnos
que su providencia es justa y sabia.
_Todo acontecimietno real, libre, humano, puede y debe ser considerado
baJo _su aspe~to ~oral. ?iertamente historiar no es valorar. Pero no se puede
eludir la cahficac1~n ética de todo acontecimiento humano. Podemos representarnos el despliegue de la historicidad de los hechos -mera explicación
histórica-, pe~o sin ignorar que los hombres no pueden dar un solo paso
fuera del ámbito moral, porque la vida humana tiene una textura ética.
Pretender una pura coi:nprensión histórica -amoral- de la posibilidad que
los actos humanos revisten en su "composibilidad" con los sucesos precedentes, es una abstracción que prescinde de un aspecto real en la historia -el
aspecto moral-, un sacrificio de la realidad integral -especie de uepojé"en aras de una "pureza" histórica. En todo caso, la metafísica de la historia
no puede prescindir de todos los ingredientes que integran y dan sentido a lo
histórico. De ahí la necesidad de vincular la óntica y la axiologfa de la historia.
5.- ÜNTICA Y AxlOLOGÍA DE LA HISTORIA.

La historia es movimiento articulado a golpes de invención. No es
evolución biológica sino acontecer basado en la tradición que se prolonga.
Acontecer que abarca la historia social y la historia biográfica. La historia no
es biográfica personal, sino uá'}lbito entero de la prospectividad tradente"
(Zubiri). La historia no es ni pura vicisitud, ni mero testimonio, ni transmisión
de sentido, sino entrega de modcs de estar en la realidad e~ principio de

26

posibilidades. Por eso Xavier Zubiri define, en primera aproximación: "historia
es el suceso de los modos de estar en la realidad". Y aclara: "La historia no es
simplemente un proceso de producción y de destrucción de realidades y de
modos de estar en la realidad, sino que es un proceso de posibilitación de
modos de estar en la realidad. De ahí que, como connotación temporal, el
pasado como realidad ya no es; pero "son" las posibilidades que ha otorgado.
En otros términos el pasado no continúa como realidad, pues entonces no
sería pasado, pero continúa como posibilitación. La continuidad de la
tradición es una continuidad de posibilitación. Esta continuidad es, primero,
un proceso, pues cada momento no sólo viene después del anterior, sino que
está apoyado en él, y, segundo, es un proyecto de posibilitación; un proceso
en el que cada posibilidad se apoya en la anterior. Como la realización de
posibilidades es suceso, resulta que la historia es, repito, en primera
aproximación, un proceso de sucesos, no un proceso de hechos"8• Ahora bien,
la historia como principio de posibilitación (tradición constituyente, continuante y progrediente) refluye sobre cada una de las personas humanas. No
se trata de que gracias a la historia las personas maduren, ni se descubran o
desvelen, sino de un proceso metafísico de capacitación. Las capacidades
personales acceden a las posibilidades en un proceso humano real. Pero no
puedo concordar con Zubiri en la limitación que fija a la filosofía de la historia.
He aquí el texto del cual discrepo: "La historia no es un estadio desde el tiempo
a la eternidad. No es la imagen transcurrente de la eternidad, porque la
historia no es transcurso, sino ser dimensional: es la figura temporal"9 • Para
que el ser dimensional sea significativo deberá tener un sentido moral. La
figura temporal no se agota en ella misma. Hay una soberanía divina sobre
todas las figuras temporales. El marco general de significación de los sucesos
histórico5 no puede estribar en ninguna figura temporal. Sin soberanía divina
-co-existente con la libertad humana- no habría historia universal. Los
instrumentos de la Providencia son siempre moralmente defectuosos. De ahí
que la historia no sea completamente significativa. Los falsos centros de
significación de deshacen y se reconstruyen una y otra vez. Estos zig-zags
históricos sirven, no obstante, como llamamiento existencial al auténtico
hombre decisivo.
Los hombres siempre se han afanado por realizar valores religiosos,
estéticos, éticos y culturales. A pesar de todas sus fallas, nunca han podido
desentenderse de la bondad, de la grandeza o de la solidaridad. El grado de

s

Xavier Zubiri: "La dimensión histórica del ser humano", en el volumen "Realitas",

Seminario Xavier Zubiri, I. págs. 39-40, Madrid, 1974.
9 Xavier Zubiri: Opus ciL pág. ó2.

�perfección akanr.adoen los diversos momentos históricos es variable; pero el
esfuerzo humano permanece. Sin los valores no habría base de contacto entre
los pueblos. El humanismo tiene, o puede tener, un carácter supratemporal.
Todas las épocas han considerado distintos planos de valores. La dimensión
de altura máxima ha estado siempre, o casi siempre, aunque a veces en forma
muy secularir.ada, en el valor religioso. Esto bastaría para llevarnos a un
centro de gravedad del sentido de la historia en su acontecer concreto y hasta
personal.
Contra todo relativismo -el relativismo es relativo y no absoluto- cabe
afirmar que hay un intento constante y único de obtener una realir.ación
-variable, limitada, concreta- de valores supratcmporales. Las grandes
empresas históricas son suscitadas por los valores. El esplritu axiológico
realir.ador es una constante histórica. La historia no es sólo un caos conflictivo.
FritzJ. vpn Rintelen nos recuerda aquellas sabias sentencias:

"Lo t¡tU fm grantú, pmnanue grantú,
lo q,uJiu pe,¡,u;w, pmnaneu ~
y, así, entra tn la hisloria ".
A la humanidad le importa resolver el orden jerárquico de los valores. Es
un problema de vida o de muerte. No basta una óntica de la historia;
requerimos una axiologfa. Sólo desde la axiologfa de la historia podemos
valorar el sentido del progreso y trascender el proceso histórico.
6 •• MÁS ALlÁ DEL PROCESO HISTÓIUCO Y DEL MITO DEL PROGRESO.

Para poder penetrar en una época, todo historiador adopta una actitud
valorativa. Si se limitase a describir hechos no entenderla la historia. El
historiador que no adopte una actitud valorativa no puede tomar en
consideración las exigencias de una época en "una situación critica". Sin
valores éticos vigentes se corre el peligro de seguir sólo el egolsmo individual
o colectivo, de hincarse ante "el prestigio y el poder" (Spengler), de "gor.ar
solamente en canalla" (Goethe). Quien quiera comprender la historia debe
obtener un horizonte superior al tiempo.
Durante algunos siglos se creyó en un progreso rectiUneo, constante. Se
pensó, ingenuamente, en un predominio cada vez mayor de la razón, en una
humanidad cada vez más perfecta. Karl Marx ilusiona a sus seguidores con
un feliz y paradisiaco estado social definitivo: la sociedad sin clases. A ese
estadio llegaremos -es la creencia de Marx y sus eplgonos- por un fatal
proceso dialéctico histórico. Los partidarios del progreso necesario ignoran
un hecho elemental de experiencia cotidiana: la historia de la humanidad es
el ámbito de una creación relativamente libre y puede perderse de nuevo-se
ha perdido muchas veces- lo ya ganado. "Todo ha salido mal alguna vez en

28

la historia", nos recuerda Keyserling. Y Einstein advierte que "vivimos en la
época de los medios perfectos y los objetivos confundidos". Si los problemas
de la historia universal se van a resolver en el futuro, no tenemos por qué
preocuparnos ahora. "La teoria del progreso es, en primer lugar, una falsa
divinización del futuro, a expensas del pasado y del presente. Es una
divinización que no puede aprobarse desde el punto de vista de la moral, ni
en el terreno cientlfico y tampoco filosóficamente", escribe Nicolás Berdiaetfº. El mito del progreso estriba en que una generación cede su sitio a
otra, elevando a la humanidad hacia unas alturas extrañas. Avance ininterrumpido, fatal, de generaciones que van disparadas -como eslabones sin
ninguna finalidad propia-hacia un estadio superior, perfecto, del hombre
futuro. Mientras adviene ese privilegiado hombre futuro sólo existirá el
padecimiento y la muerte para una inmensa sucesión de generaciones
humanas. Las generaciones pasadas sólo sirven como simples medios para
que la generación de elegidos -en la sociedad sin clases- alcance la
bienaventuranza. Se acaba la esperanza cristiana de una felicidad común para
todas las generaciones. "La religión progresista del siglo XIX admite a su
festfn mesiánico una sola generación inconcebible y extraña de elegidos, que
se me antojan -dice Berdiaeff- como verdaderos vampiros con respecto a
todas las generaciones anteriores. Apenas concibo como ese festf n, que los
futuros elegidos celebrarán sobre las tumbas de sus padres, puede inspirarnos
un entusiasmo hacia la religión del progreso. Seria realmente un entusiasmo
bajo y vil"11 • El paralso terrenal de los marxistas, la bienaventuranza en este
mundo es una adulteración, un falseamiento de la idea religiosa de un reino
de Dios en el planeta terráqueo. Esta utopía que desecha la razón y recibe
golpes y fracasos en la práctica, se esgrime en·algunos países como doctrina
oficial y "cientlfica". La monstruosa injusticia de una generación situada en
la cumbre histórica, supuestamente feliz a base de amasar el sufrimiento de
las generaciones pasadas, indujo a lván Karamasov a "devolver su billete a
Dios". La Divinidad vampiresca de la generación privilegiada conduce a
dudar y rechai.ar la Providencia Divina. Pero si existe Dios -y estamos
convencidos de que existe- todas las generaciones humanas se hallan en
relación directa e independiente con lo absoluto y se acercan a la Divinidad
en virtud de sus propias atribuciones teotrópicas.
Todos los pueblos son mortales; las grandes culturas, en cambio, tienen
elementos imperecederos. El futuro no es más real que el pasado y el destino
humano tiene que resolverse en la eternidad y no en un futuro indefinido. El

10
11

Nicolás Berdiacff: "El sentido de la historia•, pág. 228, Editorial Aralucc.
Nicolás Berdiacff: Opus ciL, pág. 232.

29

�tiempo fragmentado no es el destino del hombre. Pasando por épocas y más
épocas no resolveremos nuestro destino. El proceso histórico es un ca~ino
que exige un puerto de arribo, una resolución trascendental. Los me}ores
ideales del hombre -los ideales del cristi;rnismo-- no se han reahzado
cabalmente y son irrealizables-en la perfección reclamada- en este mundo
temporal. Los fracasos a que asistimos en el transcurso de la historia no
significan, de manera alguna, un fracaso permanente, definitivo, eterno. Más
allá de la historia hay otra realidad más elevada y absoluta que el mundo en
que vivimos. El proceso histórico adquiere sentido en la medida en que se
aproxime y llegue a su término feliz. Este término lo vislumbramos en esa
"especie de consaber con la creación", al que se refiere Karljaspers. Desde
entonces ya no dependemos de una manera radical del proceso histórico.
Superamos la historia en la serenidad y en la unidad indolora de la naturaleza,
en la verdad intemporal e inespacial, en el fundamento de la historicidad, en
el instante feliz que pide eternidad, en el germen del espíritu inconsciente
que aspira a revelarse, en las obras más elevadas del hombre, en la unidad de
la historia, en lo eterno que aparece como decisión en el tiempo...
El hombre recibe directrices desde el fondo de su contextura. Por eso le
hemos llamado ente teotrópico. Si hablamos de proceso, desarroUo, progreso,
evolución, origen, podemos estar ciertos de que hay un supremo guía y
protagonista de la historia. Una teleología consistente y con raíces en la
estructura permanente del hombre sirve de fundamento a la suprahistoria.
Pero la suprahistoria sólo se entrevé desde el sentido axiológi~o en la historia.
7.- EL SENTIDO .AxlOLÓCICO EN lA HISTORIA.

El movimiento histórico, acelerado en su compás, nos produce cierto
desasosiego. Lo histórico es concreto, individual, sucesivo. En lo histórico se
revela el destino humano de cada cual y el destino universal. La "memoria
histórica" interioriza espiritualmente lo histórico. En cierto modo, la
"memoria histórica" es un triunfo del espíritu imperecedero. La
rememoración interna del magno pasado histórico transpone los límites de
la sucesibilidad objetiva y "nos descubre -observa Nicolás Berdiaeff- una
realidad ideal subjetivo-objetiva" 12• La historicidad del objeto -acontecimiento o suceso- no ·sería inteligible si no existi~ra la historicidad del
sujeto. En el espíritu del hombre hay capas -profundas, ocultas, poster-

12

Nicolás Berdiaeff: "El sentido de la historia -Ensayo filosófico sobre el destino de la
humanidad-" pág. 29, Edit. Araluce, Barcelona.

30

gadas- del tiempo. Por eso rememoramos. Por eso hay leyendas. Por eso hay
crítica histórica.
El drama de múltiples actos que es la historia tiene un comienzo, que se
pierde en el tiempo, y un fin, cuya fecha exacta ignoramos. De lo único que
estamos ciertos es de que la historia es esencialmente escatológica, de que
tendrá un fin, de que hay una humanidad única y una finalidad común de
todos los hombres. En la base de esta concepción de la historia están los
designios de Dios y la libertad de los hombres. Si no hubiese la misteriosa e
incognoscible libertad humana habría una "fatalidad natural" o "Destino de
Dios" en el mundo, pero no habría historia universal.
Vivida desde dentro, la historia no se presta como una simple imposición,
sino como un acontecimiento íntimo de un espíritu libre. En la historia
convergen dos elementos: conservación y creación. "Entiendo por momento
conservativo aquel en que se verifica el contacto con el pasado espiritual. Es la
tradición interna íntima -define Berdiaeff- en virtud de la cual lo más
sacrosanto del pasado queda admitido en la esfera de nuestra existencia. Más
tampoco es posible la percepción histórica sin un determinado "momento
dinámico creativo", sin esa continuidad creadora dirigida hacia la resolución
de la historia" 13. El conservatismo puro bloquea el proceso histórico, ignora
el dinamismo de antaño en su proyección hacia el futuro, congela el fluir de
la historia. Estamos de acuerdo en que hemos de percibir dinámicamente el
pasado y el futuro; hemos de fusionar de modo espiritual, dinámico y concreto, el pasado y el futuro. Pero a esa tarea no tenemos por qué ll~marle
-como lo dice Berdiaeff- "un profetismo dirigido hacia el pasado", salvo
que se quiera abusar del profetismo. Es cierto que el destino humano no se
agota en la tierra, sino que también es -y de manera primordial- un destino
supraterrestre. Cabe hablar, asimismo, de un destino no solamente histórico
sino también de un destino metafisico. Pero no cabe erigir el profetismo
"stricto sensu" en método histórico. Bástenos tener presente que la historia
no es un objeto más entre miles de objetos inanimados del mundo material,
sino un drama íntimo que tendrá desenlace. Entre Dios y el hombre hay un
encuentro en el mundo. "Tan sólo la Libertad Divina y la libertad humana,
el Amor Divino y el amor humano, en su trágica correspondencia interna,
... pueden llevarnos hacia las fuentes de los destinos históricos" 14• El destino del
hombre es el destino de su respuesta a Dios. El proceso histórico es un proceso

13
H

Nicolás Berdiaeff: Opus cit., pág. 50.
Nicolás Berdiaeff: Opus cit., pág. 67.

31

�en el tiempo que discurre en el seno de la eternidad, que se hunde en lo más
profundo de lo que no acaba nunca, que deja su estado de imperfección
cuando penetra en la plenitud de la vida eterna. En esa plenitud cesa el
fantasma de lo que ya no existe y de lo que aún no existe. Tie mpo sin futuro y
sin pasado es tiempo sin disociación, sin procesos progresivos y regresivos,
sin apartamientos de las fuentes superiores de la vida divina, sin la libertad
del mal y sin destino trágico.
Partamos de un hecho incontrovertible: hay épocas históricas. Ahora bien,
si hay épocas históricas, hay sentido en la historia. Toda época histórica es
una totalidad rela tiva de sentido que tiene su propio estilo de vida. Toynbee
considera a cada época histórica como una "unidad de sentido de la historia
provisional", que se encuentra en estado de llegar a ser y de pasar luego"15•
Cada época establece su sistema de importancias. La Edad Media se centra
en la fe religiosa, el Renacimiento otorga gran importancia al arte, el siglo
XIX se embelesa con el dominio científico... "Puede, a veces, aspirarse a todo
a la vez, pero el espíritu de una época -apunta con penetrante agudeza Fritz
J. von Rintelen-viene d~~rminado por un obje tivo_d~ valor ~ue s~empre
aparece en primer plano . En las épocas de trans1c1ón se d1fumma esa
dominante axiológica. La comprensión histórica busca compenetrarse con el
carácter axiológico determinante de cada época, con su rico conjunto de
tendencias varias. No es preciso hablar de un "alma popular", como lo hace
Splengcr. Basta pensar en un estilo colectivo de vida para comprender q~e
ese estilo uniforma al individuo y le capacita, como persona, para su propia
actividad creadora por encima de Umitcs epocales. "Todas las épocas e n que
domine la fe (en algo), sea cualquiera la forma que adopte, son brillantes,
alentadoras y fructíferas para el mundo contemporáneo y para el posterior",
observaba Goethe con su lucidez q1racterística 17• La dinámica interna de cada
época tiene una validez normativa provisional. El problema capital estriba en
saber si podemos descubrir valores incondicionados, supratemporalcs que
orienten la historia. Por la realización del bien, se decide algo a favor de la
esfera de lo eterno, apuntó Kierkcgaard. Ah( -y no en otra parte- debemos
buscar el impulso más fuerte para la entrega a las grandes empresas históricas
que sirven a la colectividad y contribuyen a difundir el Reino de Dios. , Por
qué no tratar de penetrar en la cooperación humano-divina en la historia?
Sólo as( comprenderemos su última y más íntima contextura.

To~: "A Study ofHistory", Abridgement(l94), ~g. 36.
.
.
1e Fritzj. von Rintelen: " El sentido en la histona", pig. ~40, Allintida, Mayo-JUD10 1968,
Madrid.
17 Coethe: Israel inder WQste, 1797.
15

32

8 .- 1A COOPERACIÓN HUMANO-DIVINA EN lA HISTORIA.

El tema histórico más profundo es la contienda entre el teísmo y el ateísmo.
Los teístas están percatados de que la finalidad más íntima del acontecer es
la aparición del Reino de Dios sobre la tierra. Los ateos esperan un progreso
indefinido sobre la tierra o un paraíso terrestre de una sociedad sin clases.
Contra el progreso indefinido cabe advertir:

1° No se puede afirmar que la humanidad haya progresado totalmente
porque se hayan realizado progresos particulares.
2° No se puede hablar de progreso moral. No es la humanidad el sujeto
de la moral, sino el hombre concreto de carne y hueso que decide libre
e imprevisiblemente.
3° Tampoco cabe decir que el arte de nuestros días es muy superior, por
ejemplo, el arte de Miguel Angel o de Leonardo de Vinci.
4° No tendría sentido afirmar que la filosofia de nuestro días es muy
superior a la filosofia de Platón o de Aristóteles.
Y es que cada artista o cada filósofo vuelve a plantearse, en carne viva, los
eternos problemas del arte o de la filosofia. Lo mismo puede afirmarse de la
literatura. ¿A qué se reduce, pues, el progreso? Progresa la ciencia, progresa
la técnica. El hombre de nuestros días maneja técnicas cuyos fundamentos
ignora, pero cuyos resultados aprovecha. La pseudo-doctrina del progreso
diviniza el futuro y espera el advenimiento de un estado perfecto. En una
época que no se precisa, la historia universal de la humanidad habrá resuelto
todos sus problemas. Lo que cuenta es el hombre futuro. Las generaciones
presentes son simples eslabones sin ninguna finalidad propia. El presente se
evapora en aras de un progresismo inocente y filisteo.
La doctrina materialista no ve en el hombre más que una parte integrante
de la naturaleza sin diferencia esencial de los demás seres naturales. Sólo los
métodos de la ciencia natural pueden captar la realidad. La ética, la estética
y la religión, no constituyen otra fuente de conocimientos. La materia es todo
cuanto existe. Movimientos puramente mecánicos del mundo inorgánico y
pensamientos humanos están regidos por una rigurosa necesidad. Según esta
teoría no son las voluntades individuales las que determinan el curso de la
historia -se niega la libertad y la responsabilidad del hombre- sino las leyes
universales y necesarias para la actividad humana individual y social. Ejemplo
típico de esta concepción, es el materialismo histórico de Carlos Marx, que
atribuye las causas de todos los sucesos humanos al supuesto factotum
económico. Un factor-el económico-es erigido en factotum. iCraso error!
Este valor material determina, en su evolución, las ideas jurídicas, morales,
33
H umanüas-3

�políticas y religiosas. El mundo mediante la lucha de clases avanza fatalmente
hacia el derrumbe del capitalismo y hacia la sociedad sin clases.
Progresar no es ser más, sino mejor. Ser mejor el hombre, la vida humana.
El progreso es la realización de los valores por el esfuerzo humano. En el
transcurso de la historia todas las generaciones humanas tienen sus relaciones
y sus vínculos propios con la trascendencia. La historia no es un carrete de
hilo que pueda desenvolverse infinitamente. La historia tiene un sentido
positivo tan sólo porque tiene un desenlace. La Causa trascendente y personal
hace posible la historia y su contenido pletórico de significación teleológica.
Existimos y trabajamos encaminándonos -o desencaminándonos- a
nuestro verdadero apoyo o sostén. Desde esa Alta Sabiduría cabe concebir la
faceta, visión de la historia. No obstante, la colaboración humana en los
designios de Dios queda abierta. He ahí una posibilidad espléndida.
9 .- POSIBILIDADES Y LÍMITES DE NUESTRA VISIÓN DE 1A H!SfORIA.

¿Adonde nos va a llevar la historia? ¿por qué hemos de caminar, necesariamente, por vías históricas? La inmensa multiplicidad de seres y de sucesos
históricos no pueden ser un mero agregado caótico, si Dios existe. Aquí, en
la historia, entrevemos y captamos una vida que es eterna. Desde entonces
buscamos una ordenación secreta, un Principio Inmutable, una Causa
Universal.
La historia se ha estudiado tardíamente. Se empezó por el mito revestido
de ropaje épico. El sentido divino de la re~lidad espacio-temporal llenó al
hombre de asombro y de estupor. Se advirtió después, que el mundo externo
tiene un parentesco con el espíritu humano, puesto que se puede inteligir. El
pretendido antagonismo entre la esencia y la evolución, entre Dios y la
historia nunca fue tomado en seriá por San Agustín, desde el momento en
que intuyó la existencia de un plan divino. Desde ese plan se advierte la
separación entre la piedad selecta del Reino de Dios y los egoísmos y
perversidades del Estado terreno. La soberbia apostática o secesionista, las
desviaciones del instinto biológico constituyen una subversión fundamental
contra el orden divino. La absolutización de los bienes temporales -cuerpo,
deleite, poder, fama, propiedad, familia, ciencia, arte- ponen de relieve el
desconocimiento de la verdadera estructura del mundo y el desconocimiento
del sentido de la cultura.
Hay quienes ·p iensan en la historia como un todo organizado, como una
especie de trabazón gramatical de palabras-hechos. Pero una cosa es
reconocer la existencia de algo estructurado y coherente, y otra cosa es
visualizar el todo organizado. Al tiempo de hacerse, la historia nos hace
vislumbrar algo preparado de antemano, algo lleno de sentido y de valor.
Espectadores y actores de la historia, los hombres la contemplan, la sufren,

34

la esperan, la recuerdan. ¿Quién, sino Dios, puede abarcar y gobernar la
histor!a? ¿Quiénes, sino los hombres, se sienten vin_culados a un poder
supenor?
S~ d~n, en las historias particulares de los pueblos, ciertas regularidades:
surgimiento, apogeo y ocaso de las civilizaciones; influjo cósmico y constantes
humanas. Advertir estas regularidades· no es abarcar con la vista el desarrollo
integral de la historia desde la fuente hasta la desembocadura. Nuestros
juicios acerca de la justicia de la historia son provisorios, a inconmesurable
distancia de la visión del Director y Juez de la historia.
Todos los hombres experimentamos una escisión y una tendencia hacia lo
perfecto. ~ese al i~pulso fundamental hacia la fusió~ con lo conocido y
amado, existe una impotencia para la compenetración plena del yo y del
no-yo (~aturaleza inorgánica, plantas, animales, otros hombres). Lo que nos
rodea □ene un valor representativo. El sttjeto nunca llega a posesionarse
totalmente del objeto. De ahí ese anhelo de ver las cosas en su fundamento.
Los valores pierden su pureza en las cuasi-creaciones humanas. Las cosas
humanas se apartan de su sentido originario. En el seno mismo del hombre
está incubado su enemigo. Los objetos técnicos tienen su lógica y no se cuidan
d~ los hombres que les han traído a la habencia. La realidad prosaica del
dme~·o, por otra pa~te, se presenta de modo mesiánico. Cuesta trabajo
considerarse como Stljeto de la historia. Las obras sueltas de los hombres y de
los pueblos no pueden tomarse como plenitud del sentido histórico.
Es ley histórica que "el que aspire a cosas grandes tendrá que pasar antes
por grandes dolores". Por doquiera impera la ley del dolor. Pero la última
palab:ª• en la melodía del universo, no la tiene el dolor sino el gozo que pide
etermdad, profunda eternidad.
Hay algo más que puro acontecer. La rememoración de los sucesos hace
referencia a un Sujeto excelso cuyos designios en el acontecer histórico no
alcanzamos a comprender del todo.
. La _ingenua caducidad temporal nos lleva al sentido teleológico de la
lustona. Con raíces en lo humano, esta teleología pone de relieve el contraste
entr~ el ~uere~ Y el poder, el tiempo, y el valor. Pronto nos percatamos de
que o D10s_ exis~e y e~ espíritu o existe el espíritu, que es Dios". y es que el
hombre recibe directnces desde el fondo mismo de su esencia. La ley natural,
P:otnulgada en nuestra conciencia, coincide con la "Lex Aeterna". Hacer
lnstor_ia, dentro de los límites y posibilidades de lo humano, es uno de nuestros
más smgulares privilegios.
18

J. Bernhard: "El sentido de la Historia", pág. 196, Ed. Pegaso.
35

�"EXPOSICIONES FILOSÓFICAS DE ALFONSO LÓPEZ QUINTÁS
RESPECTO A LA HISTORICIDAD Y DE ALBERTO CATURELLI
SOBRE LAS GRANDES CONCEPCIONES DE LA HISTORIA".
lle. JORGE MONTEMAYOR SALAZAR.
Universidad Autónoma de Nuevo León.
"A TRAVÉS DE MÚLTIPLES DIFICULTADES, tanteos y riesgos, el pensamiento
contemporáneo logró introducir la historicidad en la ratio misma de realidad,
en su concepto básico y radical. La experiencia filosófica experimentó con
ello un incremento de insospechadas consecuencias.
"Para evitar equívocos en una cuestión tan importante como es la historicidad del hombre y sus diferentes modos de experiencia, conviene
clarificar el sentido del término "historicismo". Al margen de ciertos significados peyorativos que haya podido adquirir adicionalmente, el historicismo ha de ser visto como una corriente consagrada en principio a orientar la
experiencia filosófica hacia el campo de las realidades metaobjetivas, que no
se dejan captar con una metodología tomada en préstamo a las ciencias
naturales.

"Los estudios referentes al saber filosófico y la historicidad, el progreso de
la filosoffa a lo largo de su historia, la posibilidad de la historia de la filosofia,
las tareas y el método de la historia de la filosoffa revelan que el descubrimiento gradualmente creciente de la historicidad del hombre y del pensamiento
filosófico no diluye la experiencia humana en haces de perspectivas inconsistentes y relativistas, sino que le concede -en aparente paradoja- una mayor
amplitud y firmeza -entendida ésta en el sentido correspondiente no a las
ciencias de la naturaleza, sino a las ciencias del espíritu-. Vista en su
verdadero alcance, la valoración de la historicidad implica un notable enriquecimiento de la experiencia humana.
"Las investigaciones de la Filosoffa de la acción y de la más reciente
Filosofia de la Historia -elaboradas sobre la base de análisis filosóficos muy
matizados sobre la esencia del hombre y su caracter abierto, la capacidad
humana de abrirse cocreadoramente a las realidades valiosas, nutriciamente
envolventes, el sentido creador del cambio, la diferencia de hecho y suceso,
potencia y posibilidad, naturaleza e historia- han permitido descubrir que

�el saber filosófico es constitutivamente histórico, y dotar, en consecuencia, a
la Historia de la Filosofia -en cuanto disciplina- del método adecuado,
concediéndole un alto rango en la escala de los saberes.
"El clima intelectual que hizo posibles las investigaciones antedichas sobre
la Filosofía de la acción y de la historia se constituyó lentamente a través de
los denodados esfuerzos que, en orden a comprender las realidades humanas,
realizaron los autores y corrientes de pensamiento que suelen agruparse bajo
la denominación -no del todo afortunada- de historicismo.
"El término historicismo o historismo presenta dos vertientes de
significación diversa: ,una, más bien negativa, y otra, positiva. 1) Se denomina
con frecuencia pensador historicista al que concede atención exclusiva a las
realidades históricas y desplaza del área de los objetos posibles de conocimiento humano a las realidades suprahistóricas (verdades y normas inmutables,
trascendencia, etc.). 2) El movimiento historicista responde a la muy positiva
capacidad de valorar según es justo las realidades que ostentan una condición
irreductiblemente individual-comunitaria-histórica, en virtud de la cual no
vienen dadas al hombre como objetos fijos, delimitados, antes deben
autodesplegarse en activa vinculación a su entorno y lograr así su plena
configuración.
"Estos dos significados -en apariencia opuestos- del término historicismo responden al hecho de haberse abordado una tarea filosófica muy compleja -la de hacer justicia a objetos de conocimiento que no se reducen a
meros objetos- con recursos metodológicos precarios. El alumbramiento de
la "conciencia histórica" tuvo lugar en el siglo XIX bajo el influjo, por una
parte, de la Metafísica idealista, marcadamente especulativa, y, por otra, de
la Escuela Histórica (Droysen, Ranke), caracterizada por la atenencia experiencia) a lo dado. ,Cómo conciliar la tendencia especulativo-deductiva de
la primera con el procedimiento experiencial-inductivo de la segunda? La
Escuela Historicista tiende a valorar los datos históricos por lo que son en sí
mismos y en sus internas conexiones. La Metodología idealista fundamenta
el valor de las realidades individuales históricas en la Razón que late y se
expresa en las mismas. Al no disponer metodológicamente sino de un concepto univocista, muy poco matizado, de interioridad y exterioridad, subjeti\"idad y objetividad, dentro y fuera, cambio y devenir, temporalidad y
supratemporalidad, los pensadores sensibles al valor entitativo de lo individual histórico realizaron sus fecundas investigaciones con la gozosa conciencia de ampliar considerablemente el horizonte espiritual del hombre, y,
a la par, con la desazón producida por el temor de no poder conseguir un
modo riguroso de conocimiento de estas vertientes de la realidad, descubiertas con asombro y estremecimiento, y de abocar, en consecuencia, a un género
38

de rcl~tivismo ?u: su espontánea intuición interpretaba como opuesto al
auténtico conoam1ento filosófico". 1
. "~ ~ilosofia co~temporánea fue concediendo importancia sin ular a la
lust~11c1dad. a ~ed1da qu~ estuv? a disposición de captar la difefencia inelud1~ie -s1 bien largo tiempo ignorada O dejada de lado- entre la tem
~orah?ad específica _del hombre y la de los seres infrapersonales, entre ei
evemr c~mo cre~c1ón -como enriquecimiento entitativo- y el devenir
como m~io cambio. Sólo cuando un estudio pormenorizado de la realidad
en sus d1~ersos estratos descu~rió la posibilidad de vincular el cambio , un
mod~ ~?1m~nte ?e per_manenc1a, se entrevió la fecunda posibilidad de q~e la
cond1~1on _h1st~nca, lejos de significar mera fluencia o sumisión al tiem o
e~t1co, im_rhque un modo superior de darse por vía de despliegue cread~r.
/te~c1ón preferen~e al tema de la historicidad exige un alto nivel en
1
ª me 1~ción an~rop?l_óg1ca y metafisica si no ha de abocar al extremismo
superfiaal del l11stonc1smo relativista. Ese alto nivel se lo .
d
Metafi ·
I'
.
.
g1 a cuan o en
is1ca se amp ia la ratio real_1tatis lo suficiente para no ver la historicidad
c?mo un modo vulgar de fluencia que quiebra la firmeza de lo real sustante
sm~ c~m? una tra~a-~e acontecimientos que tienen lugar mediante actos
ap1op1ac16n de pos1bl11dades.

el;

. "U-~1a ampliació~ an~log~ a la experimentada por la ratio realitatis la
~?~~mentó la ratio soend~ al ser _vinculada la historicidad con el saber
I os
~º· Una vez determmado con cierta precisión el carácter com
~~~tldoddel saber fil~só~~o Y, por tanto, su condición personal-creador~
~stJ~ta el ~er? subjetivismo arbitrario-, queda de manifiesto que tal
:~d~ció: ~~i~~~'.:;tnto_ se da a lo largo del tiempo y ostenta por ello una
de fir
, ~e10 ésta no se opone en modo alguno a los caracteres
. ~eza y perenmdad que debe mostrar todo género auténtico de co
noam1ento.
"La ~~r~adera luz de inteligibilidad que funda el conocimiento humano de
1
as re~1I a es más hondas -realidades que no existen a modo de "ob. t "
const1tu}'Cn el
¡· "o bº~eto-de-conocimiento" de la Fºl "'~e os y
pecu iar
proced d 1
,
1 osoua- no
1
e ~ ~s cosas segun un género de causalidad unilateral antes surge en
; aconte~1m~ento creador que tiene lugar en cada fenómen~ de encuentro.
or ~so e sa er !wmano más alto es comunitario e histórico. Si tomamos las
m~d1das necesarias pa1:a no reducir el sentido de estos cali ftcativos a colectivo
y _u~~te, ~ntes lo consideramos como índice del poder creador -creador en
~a1t1c1pac1ón- del conocimiento humano, será erfectamente v·
ieconocer el carácter histórico de la Filosofía y de los~istemas filosófic~:~~

1

López Quinlás, Alfonso. "Cinco grandes tareas de la fúosofia actual" La
. .
experiencia filos6fi (Bºbli
.
.
.
'
, ampliaaón de la
pp. 216-219.
ca, i oteca H1Spáruca de Filosofla Nº. 89), Ed. Credos, Madrid, 1977,

39

�la luz de la Hermeneútica contemporánea, el calificativo "histórico:• suscita
ideas no de mero cambio lineal, sino de instalación en las fuentes nusmas de
la inteligibilidad de lo real en sus estratos más calificados. ~on ello, la
aceptación de la historicidad del saber filosófico queda ~l ab~i~o de toda
precipitada acusación de relativismo, ya que la verdadera historicid~~• la que
aquí está en juego, consiste en una trama robusta_ y fecundísima de
relacionalidades, no en un fugaz peloteo de meras relaci?nes..
"Históricos no son los hechos huidizos meramente fácticos, smo los sucesos
llenos de sentido, que, como tales, alumbr~n campos de posibilida~es ~n los
cuales puede jugar un juego creador la libertad dentro del ámbito mterrelacional de la comunidad humana.
"De modo análogo, histórico es un pensamiento no ~r el si~ple hecho ~e
haber sido gestado en un determinad? ~omento del tiempoJ smo ~o~ abrir
un horizonte de posibilidades al conocimiento humano. La pues~. ~mima en
el juego histórico son los sucesos (eventos) y los campos de posibihdades, no
los meros hechos y las meras potencias. Los sucesos y los :ampos de
posibilidades ostentan forma~ de temporal~dad superiores a las privat1:1as ?el
simple cambio, y tal superioridad hace posibles esos modos de comumcación
a través del tiempo que llamamos escuela y trad!ción,_ qu~, cua_ndo son
auténticos, no responden a meros movimiei~tos de _merc1a, si~o a impulsos
rigurosamente creadores -&lt;:readores en vmculac_ión a reahdades y normatividades que envuelven nutriciamente a los mismos que a lo la:go del
tiempo contribuyen en parte a constituirlas-. A esta luz se advierte la
posibilidad de que sean perfectamente compatibles e~ :arácter_absoluto de la
verdad y su condición histórica. Que la ve_rdad dec1S1va sea maltera~le no
indica que se evada de la historia, ya que, J~Stam~nte por ser muy r~co ese
objeto de conocimiento, exige- en proporción dire~ta el compromiso del
hombre y su consiguiente actuación a lo largo ~el flu~r ~emporal.
.
"Así entendida, la historicidad implica un enriquecimiento_ de la experiencia humana integral, un acrecentamiento por vía de integración, no de me~a
yuxtaposición, pues todo pensamiento auténticamente humano debe asumir
los datos facilitados por la experiencia ajena de modo co-creador, co~o u~a
apelación al propio esfuerzo y a una personal respuesta. El c_urso de la ~isto ria
se articula sobre la base de los esquemas complementarios: potencia-acto,
suceso-posibilidades, apelación-repuesta. Sólo en cuanto alude a este c~rácter
creador-personal cfel pensamiento filosófico, es aceptable la ~firmac1ón de
que éste debe empezar en cero. Al ser fruto de ~n encuentro rigurosamente
personal-experiencia} -no meramente expenmental-, ya que la ~erdad
filosófica surge dialógicamente en el encue~tro de dos e~u~ades
sobremanera complejas -el hombre y la reahdad-, el conocimiento
filosófico sólo existe propiamente cuando es asumido creadoramente por
cada pensador. La búsqueda filosófica hace entrar en vibración a todo el ser
humano. Pero esta vibración personal no exige que se haga tabla rasa de todos

40

los conocimientos del pasado, sino, al contrario, que se reconozca la peculiar
elevación que les compete por ser conocimientos filosóficos y por lo con_siguiente necesidad de asumirlos personalmente para apropiarlos. La
comunicación filosófica sólo se da en todo rigor a nivel de creación personal".2
"Debido a este carácter personalmente comprometido del saber filosófico,
a éste le pertenece su historia de modo más íntimo que al saber científico. Sin
necesidad de confundir la filosofía y su historia, debe afirmarse con toda
decisión que la Historia de la filosofía es filosofia, y no se reduce en modo
alguno a un avatar extrínseco a la misma".3
"Lo histórico no se puede considerar como una realidad de orden material,
fisiológico o geográfico. Y tampoco puede descomponerse la realidad
histórica en otras realidades de carácter psíquico. Lo histórico es algo
específico, es una realidad de carácter especial, de orden especial, es como un
escalón aparte de la existencia.
"Lo histórico es, precisamente, una forma concreta de la existencia, una
forma íntegra.
"La filosofía de la historia examina al hombre en toda la plenitud concreta
de su esencia espiritual.
"El destino humano puede alcanzarse únicamente gracias a este conocimiento concreto de la historicidad.
"El hombre es un ser altamente histórico. El hombre se halla en lo histórico
y lo histórico se halla en el hombre. Entre el hombre y lo histórico existe una
relación tan estrecha, tan profunda y misteriosa, una reciprocidad tan concreta, que es imposible desunirlos. No es posible separar al hombre de la
Historia y considerarlo de una manera abstracta, como tampoco es posible
separar la Historia del hombre de un modo, por decirlo así, inhumano. Es
imposible considerar al hombre separado de la profundísima realidad
histórica ... Lo histórico no puede examinarse como un mero fenómeno, como
una exteriorización de este mundo que llegamos a conocer gracias a nuestros
sentidos, oponiéndolos, como Kant, a la realidad noumenal, a la esencia
m!sma_ de la existencia, a la quinta esencia de la realidad ... lo histórico y la
H1stona no es un fenómeno solamente ... lo histórico es un nóumeno, siendo
este concepto el fundamento más radical de la filosofía de la Historia. En lo
_histórico, en su sentido verdadero, aparece la esencia misma de la existencia,
la esencia interna del Mundo. En lo histórico no es solamente la esencia
interna espiritual del hombre lo que se rp.anifiesta, no es su mera
exteriorización. Lo histórico tiene un significado profundamente ontológico
por su esencia misma y no es fenomenal. Lo histórico se adentra en lo más

2
3

!bid., pp. 229-233.
López Quintás, Alfonso. op. cit., p. 233.

41

�hondo de la existencia, en sus fundamentos mismos que, solamente así,
llegamos a concebir. Lo histórico es, en ci_erto mo_do, una revelación d~ lo más
profundo, de lo más esencial de la realidad u~iversal. Es la re:ela:ión del
destino universal y del destino humano como eJe de _aquel. Lo histónco es la
revelación de la realidad noumenal. Podemos aproximarnos a lo noumenalmente histórico a través de la reciprocidad concreta que existe entre el
hombre y la Historia, entre el destino bimano y la metafisica de l~s factoi:es
históricos. Para penetrar ese misterio de "lo histórico", debo concebir, previamente, lo histórico y la Historia como algo profundamente "mío", como una
historia "mía" como un destino "mío", en lo más hondo de estos conceptos.
"El proceso.histórico debe concebirse n~ como al~o ajeno al "yo", no como
algo que oprime a este "yo" habiéndole sido como impuesto, no _c~~o algo
que le obliga a rebelarse tanto en la realidad del "yo" como _en su JUlCio. Este
camino sólo nos conduce a la nada, a la inexistencia. El cammo que debemos
seguir y donde es verdaderamente posible formar una_ filoso~a de!ª Hi_storia,
es el de una profunda compenetración entre el propio des~no lustónco del
"yo" yel destino de la humanidad. En ~l destino de la Humamdad he d~ lleg~r
a situar mi propio destino, como también he de reconocer en este destJ~o m'.o
un destino histórico. Unicamente así es posible compenetrarse con el misteno
íntimo de "lo histórico" y alcanzar el profundo destino espiritual de la
Humanidad.
"El verdadero camino que debe seguir la filosofia de la Historia, es el de
un establecimiento de la "jdentificación del hombre con la historia", iden4
tificando el destino humano con la metafisica de la Historia".
"Según la situación del existente ante la historia en las diversas épocas, es
perfectamente posible, y hasta necesario, trazar un cuadro bastante cla~o de
las grandes concepciones de la historia. Es natur~l que tales concepciones
dependan de la visión general del mundo y de la vida.
"a) La circularidad oriental-greco-romana. Es_ un h~cho abso!utamente
indudable que todo el mundo antiguo sostuvo la orculandad del u_empo yla
repetición constante de las edades. Esto, di?ámosl~ _d~~de el c~m1enzo, implica que la existencia no es histórica y la imprev1sib1hdad y libertad ~e la
historia desaparecen. No puede haber historia en un mundo de la necesidad
asumido por el movimiento circular, sin comienzo ni fin absolutos, en cuyo
seno se cumplen ciclos que deben repetirse idénticamente ~e modo perpetuo.
En efecto, el pensamiento oriental más antiguo sostuvo la idea de un uempo
cíclico (que prefiero llamar "circular"). Este tiempo se regenera

4

42

Montemayor Salazar, Jorge. "Apreciaciones de Nicolás Berdiaeff ~bre el sen~do ~e la
Iústoria", Anuario Humanitas No. 20, Centro de Estudios Humanísticos de la Uruvers1dad
Autónoma de Nuevo León, México, 1979, pp. 32-33.

periódicamente e implica, según expone Mircea Eliade, el mito de las edades
sucesivas y una "edad de oro" que es necesariamente "repetible". Eliade
sostiene que, en el pensamiento hindú, es donde se encuentra con más fuerza
este mito de la repetición eterna.
Dice: "La unidad de medida del ciclo más pequeño es el yuga, la "edad".
Un yuga va precedido y seguido por una "aurora" y por un "crepúsculo" que
enlazan las "edades" entre sí. Un cíclo completo o mahayuga se compone de
cuatro "edades" de duración desigual, de las cuales la más larga aparece al
principio del ciclo y la más corta al final". Obsérvese que la mayor o m~nor
duración de las edades en nada altera. la circularidad necesaria, pues, como
el mismo Eliade lo dice, "asistimos a la repetición infinita del mismo
fenómeno ... presentido .por cada yuga... , pero completamente realizado por
un mahayuga". Y tal es la vida de Brahma. Así, pues, en el seno de Brahma
no hay historia, porque el existente, sencillamente, no es histórico. Lo que
vale es el perpetuo circular del todo en los ciclos repetidos idénticamente ad
infinitum.
"También uno de los carateres fundamentales del mundo griego es la idea
del retorno cíclico presente, no sólo en todos los filósofos, sino en la religión
más antigua y en el orfismo. Todos los sucesos vuelven a suceder perpetuamente en el seno de la circularidad universal, y el movimiento más perfecto
es el movimiento circular. Por eso, en el mundo griego no hay, propiamente,
historia, pues el existente es asumido en la necesaria circularidad universal.
Desde el orfismo hasta Heráclito, y desde -los pitagó1:icos hasta Platón y
Aristóteles y Plotino, todas las cosas vuelven perpetuamente a lo mismo. Los
griegos y antiguos en general creyeron en el retorno cíclico y en una ley
cósmica necesaria (moira). De ahí la preocupación fundamental del hombre
antiguo por el pasado como medio para predecir de algún modo el futuro.
Todos los escritores griegos y romanos que pasan impropiamente por "historiadores" reflejan esta concepción del mundo. En efecto, desde Herodoto y
Tucídides hasta Polibio, Tito Livio o Tácito, la preocupación fundamental era
el pasado, y aunque algunos admitieron un progreso en la' evolución del
mundo, lo mismo era todo asumido en la necesidad universal. Si los orientales
y los griegos hubiesen conoddo la creación del ser finito, el tiempo no hubiese
sido circular, sino lineal. Pero el hecho indudable es que la concepción circular
impidió crear una teoría de la historia (filosofia de la historia), porque la.
historia no se concibe si el existente no está libre de la necesidad.
"b) La linealidad hebreo-cristiana (trascendencia). El hombre hebreo, en
cambio, conoció la creación. A la inversa del tiempo cósmico no-histórico,
circular y perpetuo de todo el mundo antiguo, el tiempo hebraico-cristiano
es lineal, porque hay tiempo desde que hay un comienzo en el momento en
el cual el ser Infinito pone a la existencia que comienza a desarrollarse hasta
43

�un momento final. Lue,go el tiempo circular no es concebible. Así como el
mundo oriental-greco-romano no era estrictamente histórico, el mundo
hebreo-cristiano es intrínsecamente histórico. Pero el comienzo del tiempo
depende de un acto extratemporal de Dios y el fin del tiempo (de la existencia)
depende también de un acto extratemporal. Por tanto, la historia se mueve
de la eternidad a la eternidad, y, por eso, la historia es siempre trascendencia
y referencia esencial a lo que la hace ser, precisamente, historia. Contrariamente (como entre otros muchos lo ha señalado Karl Lowith), al hombre
antiguo que tenía la preocupación del pasado, el hombre hebreo-cristiano
tiene la preocupación del futuro, de algún modo siempre inminente, siempre
imprevisible. Por eso mismo, la profecía, en cuanto pre-dicción del porvenir,
juega un papel central en el mundo hebreo-cristiano.
"El prototipo de esta concepción del mundo histórico es la filosofia y
teología de la historia de San Agustín (354-430). Está contenida, principalmente, en su gran obra La ciudad de Dios, escrita en veintidos libros. La
historia humana comienza con el primer hombre (Adán), pero antes ya existe
una sociedad más perfecta de Dios y los ángeles (sociedad celeste); el tiempo
propiamente histórico comienza con Adán, y la historia se hace tragedia
cuando aparece el pecado. Pero la historia es, por un lado, historia de la gracia
(historia positiva), y, por otro, historia del pecado (o negativa). Toda la
historia es espectación de Aquel que, al encarnarse, glorifica al Padre y salva
al hombre. Luego Cristo Encarnado es el centro absoluto de la historia. Hacia
él se mueve la historia, y después de su Sacrificio, donde venció al pecado, la
historia es ya escatológica, historia de lo último, cristológica y distendida hacia •
el momento del Juicio universal. La sociedad invisible de los que son asumidos
por el amor de Dios es la "Ciudad de Dios"; la invisible sociedad de los que
son asumidos por el mal amor de sí mismos (afincados en la tierra) forman
la "ciudad del mundo" (o del pecado) que lucha sin descanso con el bien. Tal
es la dialéctica que impulsa la historia. La ciudad de Dios no es propiamente
terrena, porque no comenzó en la tie-rra ni tiene su fin en ella (comenzó en
Dios, pasa por Abel hasta Cristo y luego del Juicio se constituye para siempre
en la ciudad celeste); la ciudad del mundo comenzó en la tierra (con Caín
hasta el último perverso) y tendrá su fin en ella. lnextricablemente mezcladas,
sólo después del juicio serán separadas. Los actos propiamente históricos
aparecen así como la síntesis de libertad humana y providencia divina, y, por
eso, todo acto histórico tiene siempre trascendencia suprahistórica. Respecto
del fin, nada podemos saber por nuestros propios medios, salvo por la profecía
(que es de Dios). De ahí que la historia tenga un sentido escatológico y
profético. La historia no pone su fin dentro de la historia, sino que su fin es
trascendente a la historia misma, y así la historia adquiere un sentido pleno.
Luego la linealidad hebreo-cristiana explica la existencia histórica por la
44

misma trascendencia superhistórica a la que se ordena la existencia. Y parece
que n? ha~ otra ~sib_ilidad que ~ircularidad o linealidad. En esta concepción
de la hneahdad lustónca deben situarse Pablo Orosio (contemporáneo de San
Agustí~). Otón de Freising (1111/5-1158), Joaquín de Fiore (1145-1202),
Rogeno Bacon (1210/14-post. 1292),Jacobo Benigno Bossuet (1627-1704),
Juan Donoso Cortés (1809-1853) y, entre los contemporáneos, para citar
solamente algunos, Urs von Balthasar, Nicolás Berdiaeff, Romano Guardini
Vladimiro Soloviev, Josef Pieper, Michele F. Sciacca, Felice Bataglia, etc'.
Veamos ahora si hay otras posibilidades diversas para la Filosofia de la ·
Historia.
·
"c)_ Los sistemas cíclicos de la historia. Es necesario que ustedes fijen su
atención en ,,u~a de~omi~ación: al considerar el pensamiento antiguo, he
ha~lado de circulandad preferentemente, haciendo notar que el mundo
anaguo está asumido por una dialéctica que va de lo mismo a lo mismo sin
libertad; lo histórico singular permanece irracional. Ahora, en cambio,' me
pro~ngo hablar de los sistemas "cíclicos" modernos y contemporáneos, y es
pre~1so ~ener en cuenta que el sentido de los sistemas actuales que explican
~.ª _luston~ po~ u~ progreso que se efectúa por "ciclos", no es lo mismo que la
c1~culan~ad gnega. Veamos el por qué a través de la historia de los sistemas:
La pnmera gran sínt~sis ~que es, después de San Agustín, la más importante)_coi:responde a!ª C1enc1a Nueva de Juan Bautista Vico (1688-1744). El
cartes1amsmo, el anstotelismo y la escolástica habían considerado a lo
histórico como irracional. Para esta dirección, este "hecho" histórico concreto
Y singular, es irracional, porque sólo lo universal es el objeto de Ía ciencia;
por lo tanto, el singular histórico no es objeto de conocimiento científico. Vico
~s.tuvo, en cambio, que "lo hecho" por el hombre, este hecho singular, es lo
umc? adecuado al conocimiento; y lo hecho por el hombre (factum) es,
pre~1sament~, el mundo histórico. La naturaleza es conocida por su Autor, es
decir, por Dios; pero la verdad del mundo histórico es plenamente captada
por_el h?mbre'. que es s~ autor. Tal es la historia hecha por el hombre, y,
segu~ V1~0, eXIS~e una historia ideal eterna, modelo (al modo platónico) de
las lust?~1as particulares. ~ historia del hombre sigue tres edades o ciclos: 1)
edad_ d1vma,_que ~s teocrátI~a. y sacerdotal, cuyo idioma es sagrado; 2) edad
heroica o m1t?lógica, cuyo 1d1oma es el simbólico, y, por último, 3) la edad
humana o ra~1ona~, cuyo lenguaje es el vulgar. Estos ciclos se repiten siempre,
p~ro n~ s~n 1dénacos, y ~ico admite al final un momento escatológico. En
Vico as1stimos a la. salvación _del mundo histórico (lo singular) y, junto a
~~n, a la fu~dac1ón de la Filosofia de la Historia.
N~colás ~am!evsky (1822-1882) partió del hecho, según él infalible, de la
e?em~tad hIStónca de Europa y Rusia. Rusia no ha participado en la unidad
histónco- cultural que es Europa, y es falso que civilización sea sinónimo de
45

�civilización occidental; ésta es una de tantas. La historia se estructura en ciclos
de tipo morfológico-dinámico en la pluralidad de civilizaciones (nac~n_iientoflorecimiento-muerte) y deben distinguirse: 1) civilizaciones positivas (o
creadoras); 2) negativas (o desn·uctoras) y 3) aquellas que simplemente son
un mero material etnográfico. Unicamente se desarrollan algunos element?s
de los valores creados, y en el florecimiento ya está presente la decad~nc1a.
En tal sentido, Europa entra en su muerte, y Rusia se apresta (como dinámica
civilización positiva) a dominar el occidente. Obsérvese que los ciclos cumplen
un progreso hacia este dominio histórico.
"En la misma dirección del ruso Danilevsky debe situarse a Oswald
Spengler (1880-1936), que concibió las culturas como organismos biológicos
sometidas al ciclo de lo orgánico (nacimiento-florecimiento-muerte). Lo
simplemente "hecho" es obra de la inteligencia y es la "civilización"; en
cambio, lo que "se hace" es propio de la vida (intuición de la vida, influencia
de Nietzche) y es la "cultura". Y deben distinguirse cuatro ciclos en la
morfología de la historia universal: Orient~, Antigüed~d (~lma apo~ínea),
Arabia (alma mágica) y Occidente (alma faúsuca). En la lustona de Occidente
distingue a su vez cuatro momentos (primavera-verano-otoño-invierno) que
deben retornar al primero. Occidente entra al último momento, y por eso
asistimos a la inevitable "decadencia de Occidente". No es muy distinto el
camino seguido por Arnold Toynbee (f 889), para quien el mecan~smo _de
aparición de las culturas en la historia se resuelve en lo que llamaré dialéctica
"reto-respuesta". A un "reto" del ambiente, por ejemplo, corresponde una
"respuesta" creadora de una cultura. También la "respuesta" puede fracasar,
o varias respuestas ser cada vez más débiles hasta la total "petrificación" de
una cultura. Paso por alto los detalles del pensamiento de Toynbee (que no
deseo exponer en una obra general como la presente) y también otros
pensadores.
. .
.
. ·
"En todos estos casos que he mdicado se acepta que la lustona se mueve
cumpliendo ciclos determinados, no una perpetua y cerrada "circularidad".
Pero tales ciclos no "dan vueltas" sobre sí mismos (circularidad), sino que
progresan en un sentido horizontal. Por tanto, la combinación de los ciclos
con el movimiento horizontal generaría una helicoidal: pero así se ve claro
que más allá de los ciclos hay un movimiento linea~ básico y m~s pr~fundo.
Luego, aún en los sistemas cíclicos, se mantiene básicamente la lmeahdad_de
la historia (que es el aporte hebreó-cristiano). Otro problema será saber s1 la
linealidad histórica se abre a una trascendencia más allá de la misma existencia histórica o no. Ese problema veremos ahora.
·
"d) La linealidad en el pensamiento moderno y contemporáneo (inmanencia). Hasta ahora hemos visto tres posibilidades que se han reducido a dos:
"circularidad" y "linealidad". La primera no permite la existencia de la
historia porque sólo hay historia en la libertad. Nos queda la segunda. Pero
hasta aquí esta linealidad de la existencia histórico-temporal desemboca
46

sie_mpre_en un m~mento ~nal (J~icio_ universal, por ejemplo) que pone a la
e_xistenc1a más alla d~ la m1sm~ lus~ona. En otras palabras: la historia supone
s~empre una presencia superlustónca que hace que haya historia (trascendencia). Pero en el mundo moderno aparece una tendencia diversa. Tanto el
comienzo como el fin de la historia son inmanentes a la historia misma y no
e~te_ ninguna razón 1-uperhistórica que la explique. Todo se reducirá a
luston~. _A esto 1~ podemos llamar linealidad inmanentista. Después del
Renac1m1ento aqv1ene la tendencia a explicarlo todo en los límites de la razón
y también~ la m!sma existencia histórica. Contra la explicación de la historia
por la Prov1den~ia (Bossuet), y postulando cierto progreso de la historia hacia
ade!~nte, Volta1re ~1694-1778) escribió su Ensayo sobre las costumbres y el
~spmtu de las na~1on~s,,, donde por primera vez se emplea la expresión
filosofía de la lustona . No parece que sea esencialmente diversa la
orientación de la fil~s?~ª de la historia del iluminismo (Condorcet, Turgot y
otros) y aun del pos1t1v1smo de Comte, pues para todos ellos la historia está
afectada de un irreversible progreso hacia adelante, es decir, hacia el futuro.
Manuel Kant (1724-1804) lleva esta actitud hasta sus últimas consecuencias:
sostien~ q~e la historia no es la historia del individuo, sino sólo de la especie
(como s1 d1Jéra1~0~ de la univer~al especie humana). El desarrollo de la especie
humana en los lnmtes de la razon se ordena al establecimiento de una siciedad
civil que sea capaz de administrar el derecho de un modo universal hasta el
establecimiento de un Estado cosmopolita universal, todo lo cual obedece a
un plan oculto de la naturaleza. Como se ve, no interesa aquí la existencia
perso~al (este concreto hombre de carne y huesos), sino el destino de la
espe~1e. Claro que la "especie" es una abstracción. A pesar de su oposición al
kantismo, Johannes G. Herder (1744-1803) sostiene que la historia es un
progreso hacia la totalidad en virtud de la intervención de la Providencia. Así,
cada edad, cada pueblo, se presenta como un todo, pero es como nada respecto
de a_quel~a totalidad, la plena perfección de la humanidad a la que se ordena
la lustona. Pero no está claro si tal plenitud se logrará dentro o fuera más
allá de la historia.
'
"Pero en el filósofo en quien la linealidad inmanentista alcanza su
c~lminación es Jorge_Gui~lermo Hegel (1770-1831), quien, en cierto modo,
extrae ~as c~nsecuencias nfurosas del idealismo kantiano y aun de la filosofía
d_e l~ lustona de Herder''.· Hegel expresa respecto al curso de la historia lo
siguien_te: "La .variación abstracta que se verifica en la historia ha sido
concebida, desde hace mucho tiempo, de un modo universal, como implicando un progreso hacia algo mejor y más perfecto. Las variaciones en la
naturaleza, con ser tan infinitamente diversas como son, muestran sólo un
5

Caturelli, Alberto. "La Filosoffa", (l}iblioteca lúspánica de filosofía Nº. 49), Ed. Credos,
Madrid, 1966, pp. 192-197.
.

47

�círculo, que se repite siempre. En la naturaleza no sucede nada nuevo bajo el
sol; por eso el espectáculo multiforme de sus transformaciones yroduce
hastío. Solo en las variaciones que se verifican en la esfera del espíritu surge
algo nuevo. Esto que acontece en lo espiritual nos permite ver que el ~ombre
tiene otro destino que las cosas meramente naturales. En éstas mamfiéstase
siempre uno y el mismo destino, un carácter fijo, estable, al cual toda variación
viene a parar y todo cambio se subordina: Pero el hombre cien: una f~cultad
real de variación y además, como queda dicho, esa facultad ~amma hacia algo
6
mejor y más perfecto, obedece a un impulso de perfectabilidad". Para i:egel
todo lo real es racional, todo lo racional es real, es decir, que ser y pensamiento
se identifican; por tanto, el pensar puro (el concepto) es la realidad viva. Ser
y no-ser se oponen dialécticamente (abstracciones e, indetermi~ación ~ura),
y su síntesis es el devenir, lo concreto. Todo asi es devemr, moviente,
dinámico, historia. El fin del Espíritu en la historia es saberse a sí mismo cada
vez más, ir conquistando su plena racionalidad. Luego la historia es siempre
historia del universal, del Espíritu que se despliega, y, por eso, los héroes, los
individuos históricos, cuando alcanzan su propio fin subjetivo (la gloria
personal, por •ejemplo), aun sin saberlo han hecho ~vanzar al Espírit~;
después, son nada. Así también los pueblos. Y un p_ueb~o mgr~sa en la lustona
cuando en él el Espíritu se sabe y este tener conciencia de si un pueblo es el
Estado; de tal modo que los pueblos que aún no se han constituido en Estados.
no están en la historia. De acuerdo con esta doctrina, la historia avanza de
Oriente hacia Occidente. En Oriente el Espíritu empieza a conquistar su
libertad (racionalidad) porque al menos uno sabe que es libre (despotismo).
En Grecia y Roma algunos lo saben (aristocracia), y, por fin, el Espíritu
alcanza su libertad en todos en el Estado cristiano, que es el definitivo. Hegel
se refiere al Estado germánico cristiano. Tal es el fin de la historia. Como se
ve, el fin de la historia es, simplemente, un momento interno al Espíritu, es
decir, inmanente a El. El hegelismo ha dado sus frutos y sus consecuencias
hasta hoy.
"Quizá la más importante sea el marxismo. La dialéctica en el seno del
Espíritu se transforma en dialéctica del~ materia en Feuerbach; y en Carlos
Marx (1818-1883) la filosofía no es más teoría, sino acción, praxis. La
dialéctica histórica tiene un elemento esencial, que es el trabajo, por cuyo
medio se realiza la síntesis de los momentos teórico y práctico, y así como en
Hegel todo se resolvía en el momento histórico individual (luego absorb~do
nuevamente por el Espíritu), en Marx todo se resuelve en el momento social
La historia comenzó ron la esclavitud, pero ese momento guardaba en sí el

momento_siguiente: el feudalismo, y del feudalismo, la burguesía (autora de
la revolució~ francesa), y_de la burguesía, el capitalismo, y de éste (generador
del proletariado), la soCiedad homogénea o comunista, fin de la historia.
:rambién _en Marx la historia ha seguido un movimiento lineal, aunque
mmanent:J.sta, porque el fin de la historia es alcanzado dentro de la historia.
"Crí~ca general. Si tenemos presente todo lo expuesto, una primera
conclusión surge evidente: si el tiempo es absolutamente circular, si absolutamente todo cuanto pasa a la existencia le ha de suceder nuevamente si todo
acto volverá irremisiblemente a ser vivido al.cabo del ciclo universal, e~tonces
~s claro ~ue _la existencia no puede ser histórica y la imprevisibilidad e
mdetermmac1ón de la historia no tiene sentido. Luego en un mundo en el
c~al s~ admite la circularidad necesaria (sin libertad) no hay, propiamente,
lustona. Es por eso que los orientales, griegos y romanos, no crearon Ja
Filosofía de la Historia.
otro lado, ya he intentado mostrar (cf. c) que los sistemas cíclicos (Vico,
Damlevsky, Spengler, Bergson, Toynbee) admiten, es claro, ciclos históricos
(edades, cursos, etc.), pero la totalidad de ciclos avanzan en un sentido
horizontal, generando una helicoidal que reconoce, básicamente la
linealidad. Luego también los sistemas cíclicos admiten la linealidad. En~once~ se p~an~ea e~ probl~ma fundamental: ¿La linealidad del tiempo de la
ex1stenc1a lustónca empieza y concluye en sí misma o encuentra fuera de sí
su comienzo _Y su fin? Todos los filósofos de la historia y los contemporáneos
(~esd~ Volt.aire a Marx) admiten expresa o implícitamente la linealidad de la
lustona _Y no pueden no hacerlo, pues la vuelta a la circularidad significaría
la nulac1ó,n de la historia misma. Pero casi todos ellos (desde voltaire a Kant
y_desd_e Kant a Hegel, Dilthey o Marx) nada dicen del punto de partida de la
h1stona .º lo ponen d_entr? de la_misma historia, como Hegel, por ejemplo,
que sosaene que la lustona comienza cuando un pueblo tiene conciencia de
sí. Luego la historia se explica por sí misma y todo debe reducirse a historia.
Por otro lado, todos colocan el fin de la historia dentro de la historia misma
(el Es~do cosmopolita universal, el Estado germánico cristiano, la sociedad
comumsta perfecta, etcétera). Pero entonces, cuando se alcance el fin la
historia deb:rá dete~ers:, y es inconcebible una historia detenida porqu; es
absurdo un tiempo lustónco que no se desarrolle; pero si el fin no es alcanzado
nunca (como un ideal irrealizable), la historia es vana y absurda y hacen mal
en habl~r de un "sentido" de la historia. Luego la historia alcanza o no alcanza
su fin. S11~ alc~nza dent:o de sí r_nism~, se detiene y no hay más historia; pero
como la lustona es la misma ex1stenc1a, no hay existencia y todo es nada. Si
no alc~n2: nunca, ent~nces es vano_hablar de la historia y buscar en ella
u~ s~nt1do . En conclusión: sólo pomendo el fin de la historia fuera de la
h~stor~a, solamente expli_c ando a la historia por principios que no son
históncos, se puede, propiamente, hablar de historia. Todos los filósofos de

?or

~?

6

Hegel, G.W.F. "Lecciones sobre la Filosofl'.a de la Historia Universal", (Biblioteca de
ciencias históricas), tr. del alernAn por José Gaos, Ed. Revista de occidente, Madrid, 1974,
p.-127.

48

49
Humanitas-4

�la historia son tributarios del aporte judeo-cristiano (linealidad trascendente
del tiempo), hasta el mismo Marx, pero rechazando que el fin de la historia
esté más allá de la historia. Pero si el fin queda dentro de la historia, la historia
se nos derrumba y, entonces, no queda otro camino que admitir que la historia
se salva si su fin está allende la historia. Y así retornamos a la linealidad
hebreo-cristiana de la historia. Parece que no hay otra salida. Si ponemos a
la sociedad comunista perfecta (donde todos los bienes serán distribuidos y
los hombres felices, como dice Lenín), no en la historia, sino en la Eterna
Ciudad de Agustín, la historia concluye un día, pero no se detiene, y el filósofo
se salva de caer en el absurdo de un ti~mpo histórico detenido. Es que la misma
existencia (y sólo de la existencia hay historia) es ya remisión al Absoluto
superhistórico que es Quien hace que haya historia, pero también es Quien
7
podrá hacer que no haya más historia".
"De los sutiles, análisis realizados por la Filosofia de la Historia
contemporánea se deduce que la Filosofia no solamente se da en la Historia
ya lo largo de la Historia, sino que es Historia, y la Historia es fuente de luz
filosófica, ya que la luz de comprensión brota justamente en el género de
acontecimientos creadores que denominamos eqcuentro y que se dan
necesariamente al hilo del tiempo. La Filosofia, en efecto, no es mera
reflexión sobre realidades ideales intemporales, sino sobre la realidad en su
complejo devenir creador. La realidad acrecienta constantemente su riqueza
mediante la fundación de interrelaciones nuevas, y cada ámbito interacciona]
funda un modo de inteligibilidad propia. En virtud de ello, el pensamiento
filosófico-como apertura inteligente a la realidad-debe ser un pensamiento histórico, es decir, debe ser elaborado de modo dialógico conforme a los
campos de posibilidades que abre en cada momento el pasado, ya que la
comprensión del entorno en cada situación está iluminada por la labor
configuradora llevada a cabo por los pensadores anteriores. El modo de ver
actualmente el mundo, el ser humano, el arte, la divinidad, pende en gran
medida de los ámbitos que los hombres de todos los tiempos han ido cocreando con estas entidades. No cabe pensar a-históricamente, ni diluir el pensamiento en meras relatividades historicistas. La verdadera relación con la
historia la gana el pensamiento cuando evita los dos escollos del dogmatismo
y el relativismo".8

7

s

50

Caturelli, Alberto. op. cit. pp. 197-199.
López Quinús, Alfonso. op. cit. pp. 245-246.

LA RELACION INTER-PERSONAL
(SOLEDAD-DIALOGO-AMOR)
LIC. PEDRO GóMEZ DANES

Universidad Autónoma de Nuevo León

INTRODUCCION

HOY, EN UN MUNDO DE COMUNICACIONES en donde e] ruido, el reclamo y las
voces nos inhundan por doquier, es cuando se descubre aquel valor que
poseían los hombres y desarrollaban a falta de periódicos, radios, televisores,
y otros medios de comunicación, que hoy se han transformado en simples
reclamos ideológico-comerciales. Un mundo de ruidos 1 invade todo. Un ruido
dentro del cual van mezclados aún las voces del hombre como ruido simbólico
de com~nicación social meramente externa, emitidas por personas que
obstacuhzando o no llegando a la relación interpersonal, se encuentran,
conviven, transcurren su vida sin condividir mediante la autodonación sus
mismas personas y su realidad total, que incluye lo interno.
El hombre de hoy se mecaniza. El adelanto técnico se recibe en grandes
dósis dentro de un cambio y desarrollo constante, pero centrando la intención
en la tecnología que tiende a satisfacer sus necesidades fisicas, olvida las "dósis
2
complementarias" de sentido humano. El humanismo, tan mencionado, se
ve embrollado por innumerables tendencias ideológicas que van de un
ateísmo rpaterialista, que niega la realidad de la persona como valor principa1,

El mismo vocablo linguístico, que es signo de lo conocido culturalmente, debe ser
ex¡:iresa~o por toda la_persona que lo dice. Cuando va linútado a simple comunicación ·
~ • pierde su capaadad de ser medio de comunicación interpersonal, que es función
tsnmana del símbolo vocal.
2 h to no sólo se da en países desarrollados, sino bajo diversos aspectos, en toda la comurúdad
umana.
1

�hasta un sociologismo en que es el todo circundante lo que hace la persona;
desde un idealismo subjetivista que cierne la realidad en sus categorías, hasta
un idealismo fenomenológico; de un querer llegar al superhombre
Nietzscheniano, a encontrarse con haber perdido la misma libertad. En fin,
el hombre de Í1oy, dentro de grandes multitudes en el trabajo, en la calle, en
los estudios, va sintiendo el peso de la falta de comunicación real.
Frente a todo ello, la capacidad de relación permanece3. Cada hombre, en
cuanto persona, aún poseíendo cierta incomunicabilidad del todo ser él, está
tratando de volcarse al otro-como-yo, y de recibir del otro igual, para así
. tanto: " rea1·izarse,,4 .
reconocerse a sí mismo, y como se dice
En esta pequeña reflexión, quisiéra tratar brevemente tres pu~tos: la
Soledad, el Diálogo y el Amor. El primero, como antecedente al diálogo.
Como aquello que se rompe en el mismo momento de relacionarse. El
Diálogo, como la misma relación entre dos o más personas, con aquello que
se menciona como fundamental al mismo. Y por fin, el Amor, la cumbre del
diálogo, y aquello que estando también en la base del diálogo, hace posible
la interrelación personal en su más alto nivel.
l. l.ASOLEDAD

Se dice, y es verdad, que la soledad es el mayor mal de nuestros dfas5. El
hombre, esta persona humana, inmersa en un mundo técnico de producción,
es un mundo desarrollado de consumo, en un mundo descontrolado de
comunicaciones, se encuentra solo. Poco a .poco queda inmerso en grandes
cascarones de concreto con paredes sutiles en que su ser más íntimo parece
salir a flote6 • Este hombre, hoy, más que nunca, se encuentra solo. Mas el
problema no es de ahora simplemente, ya en el siglo V antes de Cristo,
Esquilo, en una de sus grandes y patéticas tragedias, nos hablad~ la soledad.
Veamos rápidamente el paso en su obra, para sacar algunos datos mteresantes
sobre el problema de hoy.

3

4

5

6

52

La tendencia de la persona a relacionarse al ser en cuanto tal, in~tamente abierta, y, su
misma capacidad, corno finito a ~na relación _total con el absoluto, impele a la persona, a
el hombre concreto, a una necesidad de relaaón C&lt;?n el otro&lt;omo-yo. . .
La autorealización del hombre concreto no es posible en la no&lt;omurucaaón, pues debe
ser tanto subjetiva e interna, corno objetiva y externa a la persona ..
Ver N. 2.
lh b inf1
· d
"d 1 ,,(~•
El verbo "parecer" creo es el más conveniente, pues e orn re,
uenaa o P?r i eo º6=
y reclamos sociales, creé serlo realmente en cuanto que logra poseer a lo fisico; pero no
descubre la realidad de su problema.

1.1 Antes de principiar el primer diálogo con el Coro, tras la introducción,
y ya atado en el páramo inhóspito, Prometeo dice:

"Ah ... ¿otra vez? Percibo un estremecerse de alas de aves ... el aire
trémula al agitarse leve de alas ... TODO CUANTO SE ME ACERQUE
ES TERRIBLE" 7 .
En la obra, al principio, aún cuando Efesto dirige la palabra al Titán,
compadeciéndose de él, el Titán calla. Las palabras del verdugo escogido por
Zeus van cargadas de compasión, pero no deja de ser un verdugo unido a la
Fuerza. Allá Prometeo se aisla, no entabla diálogo alguno. No hay respuesta
al verdugo, pues su misma actividad le compromete. No hay posibilidad de
relación cuando falta la libertad en uno. La opresión, aún cargada de palabras
amorosas en su contenido, oprime y obstaculiza la capacidad de diálogo8.
1.2 Tras ello, solo ya el Titán, manifiesta sus reflexiones teniendo como
compafiero un páramo inhóspito. Acá tampoco hay diálogo, hay un
monólogo, mismo que, tras innumerables repeticiones en un hombre, o se
transforma en sueño sutil, o lo va introduciendo cada vez más en la soledad
y amurallando la persona9.
Por ello las palabras del Titán. Todo lo que se acerque es terrible. Un otro,
una persona humana que venga a romper la misma soledad, los suefios o las
murallas en donde se ha ocultado y encastillado la persona, hace sentir pavor.
Hace ver en el otro un enemigo.
1.3 Tras ello, aún cuando hay diálogos que parecen romper la soledad, se
ve que ésta permanece en el Titán, y que Prometeo permanece y se abandona
a ella. No es un hombre libre. Es un ser encadenado a las rocas que le impiden
abrirse a los demás. Su verdadero compafiero es la soledad, y los demás
personajes que pasan a su lado y parten, son sueños, son "otros" que en su
mismo paso se convierten en irreales.

7
8

9

Prometeo Encadenado, versión y traducción de A. M. Garibay, México, 1963, Ed. Porrúa.
(ESQUILO SIETE TRAGEDIAS), pp. 74-75.)
Hoy se hab(a mucho de liberación, pero en línea única y por lo mismo no total del hombre.
El problema de la opresión se ve unido al significado de los términos que, en su sentido,
dependen de la línea de cada ideología. As! opresión, liberación, etc., significan cosas
concretamente diversas entre marxistas, capitalistas, existencialistas, teología de la
liberación, escolásticos, etc.
Este encierro del hombre en el monólogo, que le parece diálogos, es un problema profundo
a estudiar, y en la medida posible hacer al hombre de hoy conciente de ello.

53

�1 4 Las notas de la soledad que encontramos en la obra de Esquilo, .son las
mis~as ue acompañan al hombre de hoy. Por una parte se ve esclavizado a
la técnic~, a ideologías, a formas sociales, a las persona~ que represe~tan to:
esto" al poder esclavizante y con ello sólo hay capacidad de no-diálogo.
ho~bre de hoy se deja arrastrar por los potentes, mu.cha~ ve~es perece que
cree en sus palabras: las respeta pero no entabla mngun diálogo. Su ser

esclavo lo porta a la soledad.
.
..
JO
h b
La soledad introduce al hombre a un mundo de m~ovihsm~ . El om r~,
al mismo tiempo que siente en su interior l_a neces~dad del diál~go, se dep
arrastrar· a la soledad, y es él mismo, quien mconsciente, se ei:icierra en ella
acostumbrándose trágicamente. Llega un momento en que si un otro trata
.
El otro, comol
de llegar a su persona, reacciona
con e1 temor' con el pavor
i1
••
ersona se ve transformado en mensajero del terror . Viene hoy, en e
hombre una defensa estúpida, pero lógica, del que está sol~, frent~ ª1l otro.
' se ve interrumpido
. en sus bases. H ay u na tendencia
especia
a caer,
El diálogo
.
.
haciendo caer al otro, en el mundo de la comunicación de ruidos baJo el aspecto
de palabras sociales y culturales.
h
1 _5 Se ha pensado en que sería un hombre sol~ dentro ?el mundo. S:m:
dicho ue su sólo conocerse lo portaría al max.1mo egotsmo, al máx.1 ,
megaldmanismo. Creo que no podría ser simplemente un hombre. Carecena
de la relación. Sería cualquier cosa menos un hombre.
II. EL DIALOGO

Para que haya posibilidad de diálogo, es necesario que primero haya un
un tú en igual plano. De que ambos sean conscientes de que e~ los d~s
0
ha;la posibilidad de dar algo y de recibir algo. De que de palabras ruidosas ~m
senu·do, se pase a té.....,;..,,..s
, ,,..,..., que al menos porten cualquier cosa personal de quien
habla.
l d l dºál
2 1 Desde hace algunos años a la fecha, se ha hablado mue 10 e ~ ogo,
· d e una panacea · Se ha hablado también de diversas formas. de
como
d diálogo.
,
Aún en los ambientes eclesiásticos, hubo un momento en que se eo~ ~ara
todo un "vamos a dialogar" que sobreentendía que lo fundamental rehg1oso
del amor había desaparecido. El problema estaba, y está, e~ que d~ parte de
la mayoría ha habido grandes monólogos bajo la arariencia de diálogo. Se
había perdido la capacidad de introducirse a un mismo plano de personas
por parte de los dialogantes.

Cuando habla~a de la soledad, mencionaba dos factores que obstaculizaban
el diálogo. La Opresión, o sea el llamado diálogo entre el opresor y el
oprimido, y además, la Disparidad de Niveles, por ejemplo el diálogo entre
un libre y un esclavo. En realidad son proposiciones que falta esclarecer si
tienen base o no para afirmarlas. ·
2.2 Para examinar esto, deberíamos primero saber si vamos a tomar al
hombre como realidad unive'rsal, con sólo sus capacidades ontológicas de
apertura. Bien sabemos que el ser humano, en cuanto contingente, en cuanto
que ha recibido el ser, y con el ser el intelecto-voluntad, posée una apertura
infinita al conocer y al amar (que debería ser al conocer-amado). Que está abierto
primeramente al Ser Absoluto, del cual participa la existencia en diverso
modo. Su apertura al Ser infinito, inalcanzable totalmente, lo hace abierto a
•odo cuanto es. Así está abierto a quienes son como él mismo: a los hombres;
• está abierto a todo aquello que existe: o sea también a las cosas.
Bajo el aspecto de principios, hay una necesidad ontológica, en cuanto
contingente, de relacionarse con lo que "es" 12. Esta adquiere un sentido
especial en la relación con el otro-como-yo, ya sobre todo en el absoluto, ya
generalmente en el otro hombre. En la medida de apertura al otro-como-yo
estará la medida de apertura al ser absoluto, pues el otro-como-yo es realidad
conocible inmediatamente.
Si hay un no relacionarse a lo inmediato, habrá de hecho una incapacidad
de relación a lo mediato, pues la relación no es capacidad añadida al ser-yo,
sino que es capacidad propia que lo hace también ser-hombre.
2.3 También para examinar esto, debemos bajar al plano de lo concreto.
Si antes principiamos a ver el diálogo desde el plano de los universales, para
bajar al diálogo como misma tendencia del ser contingente, ser en
participación. Ahora veamos brevemente las realidades de los individuos
concretos, de éste, ése y aquel hombre, con su problemática, a ver si hay en
cada uno de ellos una necesidad propia de relacionarse 13•
Primero nos encontramos con que éste, ése y aquél, o sea los hombres,
nosotros, vivimos en sociedad y poseémos una necesidad de vida social. Esto
en el mismo hecho de ser hombres. Para que éste sea, es necesario antes una
relación de dos (los padres). Toda su iniciación a la vida (ir fancia) es social, y
éste, ése u aquél tienen una dependencia a la comuniihri, ya familiar, ya social.

12 Igual necesidad ontológica y más potente quizá bajo otros aspectos, es su necesidad de amar ·

13

54

JO

••
·
Es una forma de enfermedad
0· empo de dinamismo subietivo.
Inmovilismo
y al nusmo
J
•
l
psíquica en donde la realidad no puede aceptarse como es, smo como o creo.

11

Idem.

.

y ser amado, de buscar aquello en que dándose le llena, aún cuando versando esto también
a lo infinito, no le lleve totalmente. Creo que el conocer lo debemos hacer un
conocer-amando para que sea realmente humano y personal.
De hecho aquello que en el plano de los principios es, debe también ser en plano concreto.
Bien sabemos que las ciencias empíricas no van a encontrar muchas veces en experimento
aquello que es de nivel superior. En el caso de la apertura al otro-yo, bajo diversas formas,
puede encontrarse no sólo en lo que supera la fisica experimental, sino también en las
ciencias empíricas como la sociología y la antropología cultural, con tal que sean objetivas.

55

�No encontramos que el hombre concreto nace en una sociedad, y, lo ne~esario
absoluto para que viva y sobreviva es la relación con el otro (en sus primeros
años relación muy especial). En segundo lugar nos en~ontra~os_ ~ue, pese a
que hay una sociabilización que, según dicen margma al mdividuo a un
co~texto cultural definido, es en esta sociabilización donde las personas
principian una relación activa que es consciente, y en la _cual se entabla_~n
movimiento de pregunta-respuesta dentro de un plan smcero, v. gr. h1JOpadre, niño-adulto, niño-niño. La relación niño-niño, aun cuando no es total,
lleva en sí una mayor compenetración en la igualdad de amb?~· D?_hecho,
entonces mediante relaciones ya entre no iguales, ya entre mno-nmo, que
no impli~a subposición, la persona es encaminada al momento de poder
entablar una relación con otro a igual plano. Con todo esto, parece una
necesidad de estar en relación total, no solamente para vivir, sino para poder
sobrevivir, y para principiar a ser uno mismo. A través ~e los d!versos pasos:
infancia, adolescencia, pubertad.juventud, madurez, y a~n la veJez, el ~10mbre
se encuentra dentro de una comunidad, y con la necesidad de relación que
puede arribar al diálogo, o puede quedarse en un mero intercambio de bienes

y~Ia~u.

.

2.4 Entonces, en un plano de los principios, como ser contmgente que ha
necesidad del ser absoluto, y en el plano meramente social, en que nace, crece
y muere dentro de relaciones, nos encontramos _que no sólo e_l hombre, como
generalidad, sino este hombre, tiei~e una necesidad de relación. Ya para ser
en sí mismo, ya para desarrollarse mterna y externamente.
.
Volvamos ahora al tema de la opresión y al tema de la desigualdad de
planos de relación, para ver si se da el diálogo o no.
.
2.5 Pero, ¿qué es un sí dialogar? Es inter?sante, _encontramos que m el
diccionario de filosofía a la mano, ni aun la enc1cloped1a filosófica, desarr?llan
este concepto. Por otro lado es extrañ~ que hoy se ~able de relaciones
humanas apuntando solamente a las relaciones de trabajo, cuando esto es un
modo muy insignificante de relacionarse entre pe,~s~nas. .,,
. .
Etimológicamente viene la palabra del verbo d1gesomai , que s'.gn~fica
entendimiento, pensar. Se concretiza en el vocablo "diálogos", que sigmfica
"reflexión por las palabras". Pero esto es como encontrarnos con los
"Diálogos" de Platón, escritos por una sola perso~a, en qu~ se ponen las
palabras en diversos personajes para hacer más fácil la reflexión del asunto
a tratar. Más, en el fondo, es un monólogo, diálogo no lo hay verdaderamente,
en cuanto qu.e es s6lo el autor el que habla. Y, en este caso, vemos que la simple refiexi6n

56

mediante palabras no llega a constituir aquello que llamamos diálogo, que
podemos pensar que sea un diálogo 14 .
Diálogo, creo, es la relación personal entre dos individuos, que
introduciéndose a un mismo plan? operativo, tienden ambos, a dar y recibir
del otro aquello que para ambos tiene valor y les da crecimiento.
2.6 Así, con la definición anterior nos encontramos que, para que haya
diálogo, es necesario siempre que haya un encuentro entre dos o más
15
personas. Por ello se llaman diálogos aún hoy, aquellos escritos de Platón,
porque se presentan como relación de dos o más personas. Se añade que, para
que haya diálogo, éstas se introduzcan a un mismo plano operativo. Con esto
se quiere decir que entablan la relación entre YO y TU, prescindiendo del
puesto social, de todo aquello que acompaña a la persona como parte de una
comunidad. Implica que ambos son conscientes de introducirse en dicho
plano, que hay un respeto mutuo como personas. También implica que no se
encuentra por un lado opresión y por el otro oprimido, pues habiendo esto,
en realidad no hay introducción a un mismo plano de relación, implica que
no habrá un superior y un súbdito, un verdugo y un castigado, un yo-lo-se y
un tú-no-sabes. No implica un masoquismo, un sadismo velado, que llevan
en sí la incapacidad de penetrar a un plano de igualdad.
2.7 De introducción a un mismo plano operativo, se deduce que, siendo la
relación entre iguales, existe por ambas partes una capacidad llevada al acto
de dar y recibir. Que existe una apertura no solamente a la verdad que el otro
pueda tener, sino al otro como verdad, como TU, en el cual podaIPos reconocernos
nosotros mismos. Es la introducción a una tendencia dinámica a un NOS que
no sólo se margina o aniquila el YO y el TU, sino que los promueve y vitaliza.
2.8 Ya al hablar de la soledad, bajábamos a ejemplo citando ·el caso
presentado por Esquilo de "Prometeo Encadenado". Al hablar del diálogo,
creo es mejor no citar ejemplos, tanto por la diversidad de diálogos, como

14 El diálogo supone la relación interpersonal, y es una forma de relación. Toda relación debe

ser entre dos o más, nunca es imnanente a uno mismo y tendiente sólo al yo, es tendencia
al otro que repercute en el y~. Es tendencia total y no sólo interna.
15 Son, corno el P. Lobato menaona, tres momentos propios de la relación: un reconocerme
como yo, un enco~tra~me con el otro, y un tender al nosotros. En el diálogo, para que
re~rnente sea relaaón m~e!.personal, se supone el propio reconocimiento, en cuanto que
sabiéndome un YO me diT!JO a un TU; es además reconocimiento de la diversidad ele mi
d_el TU, pues como soy me dirijo a él; yes además tendencia al NOSOTROS, pues la relación
arnenta la comunión siendo interpersonal.

57

�diversidad hay de personas, como porque esta relación puede entablarse en
cualquier momento ya no sólo por el contacto fisico, sino aún, mediante la
comunicación a distancia.
·
2.9 Pero sí hay que añadir, que siendo la persona humana un todo in~enso
estructurado en una unidad, son múltiples los modos de entablar el diálogo.
6
Expresiones, gestos, miradas, signos, tocamientos, vocablos, etc. .
III EL AMOR.
Se ha hablado de la soledad. Se ha hablado también un poco del diálogo.
Es tiempo de introducirnos a un diálogo especial que he titulado con el

nombre propio: Amor. Por desgracia la palabra amor, dentro de nuestra
cultura occidentel-cristiana, ha sido muy distorsionada. A ratos se llama
caridad (Agape). A ratos simple pasión carnal (Eros). En general no se le
menciona cuando es entre personas del mismo sexo. Generalmente se usa en
su lugar el eufemismo de amistad. En realidad el amor e~ si~plemente el
diálogo llevado a un nivel más humano de la persona ~n s1 misma c~n t~da
su potencialidad, y quiérase o no, es la forma propia de autoreah~ción
personal del YO en la comunidad (comunión), o sea, aquello ~~e al mismo
tiempo que individualiza, hace comulgar con el otro o los otros .
.
3.1 El diálogo, como hemos visto, es la relación personal entre dos mdh·iduos, que introduciéndose a un mismo plano operativo, tienden ~~bos a
dar y recibir del otro aquello que para ambos tie~e valor y l~s da c:ecimiento.
Como ya había dicho, la definición me parecía y sigue pareciendo imperfecta.
En la comunicación o relación entre dos personas,los objetos de valor pueden
ser múltiples, v. gr. morales, intelectuales, creativos, artísticos, etc. E~ este
caso, la relación será moral, intelectual, creativa, artística, de trabajo, de
estudios, etc. Pero, si recordamos lo dicho en el punto 2.2, el hombre, este
hombre concreto, poseé una apertura infinita, apertura dirigida principalmente al Ser Absoluto, y por ende a todo lo que participe del ser. En este caso,
fuera de lo totalmente absoluto, el hombre conreto se encuentra con la

La persona humana es un solo indisoluble en donde encontramos, mediante la reflexi~n,
notas diversas que parecen opuestas entre si, ~orno lo espiritual i~mensurable y lo ffs1co
mensurable. Por ello siempre estamos én el peligro de hacer una dicotomía del ho_rnbre, y
artteponer lo uno a lo otro. Debemos ~e tener concien~ de que es un todo orgáruco, soy
yo el que acttía, y no es posible atribU1r el act_o dC; relaa~n a una pa~te de la persona_.
7 Es también una realidad que hoy, por la teilSlón 1deológica-econ6nuca, como ya lo dice E.
1
Fromm, muchos, innumerables personas creen vivir un diálogo de amor con los otros, pero
en realidad son engañados, ya par s{ mismos, ya par otros. Así nos e~contramos con el
sadismo y el masoquismo queson formas egoístas de amor y que no realizan plenamente el

16

amor..

58

realidad de los otros-como-yo, que posee igual capacidad activa, y hacia los
cuales está abierto totalmente, como persona humana.
3.2 La capacidad de relación entre dos personas abiertas a lo absoluto en
lo concreto, se manifiesta no en cualidades apartadas del todo, sino tienda a
manifestarse en ese todo estructurado que es el hombre. Es un acto a
manifestarse sinfónicamente, multitud de instrumentos unidos en una misma
música desarrollando cada uno su función. En una orquesta sin violines y
violoncelos, en que se instrumentalice una música sinfónica, de inmediato
notamos que algo importante falta, no sólo por el hueco que enctntramos en
la misma orquesta, sino por la música. Y esto que hablamos de instrumentos
notoriamente esenciales. Alguno podría decir que el címbalo, en caso de
faltar, no importaría. Sin embargo, aún cuando durante una hora solamente
oigamos por un instante dicho instrumento, él tiene vital importancia, porque
sin su colab~ración al conjunto, ya no es el todo musical que conocemos y
esperamos oir. Y lo más extraño es que, dentro de nuestra misma cultura
occidental cristiana, a aquello mayor entre ÚJ cread-O a lo que en sí es más que el
arte, al lwrnhre, se le haya querido cortar capacidades esenciales y sin disgusto
alguno se le haya presentado, diversamente a su misma realidad de hombre
como sólo un ser intelectual. Ejemplo clásico es el haber aceptado la estétic~
estatutaria: destrozando el sexo.
La capacidad que encuentro mayor en el hombre porque se asemeja con
la realidad íntima de Dios que engendra al Amor, no sólo se le ignoró, sino
en múltiples casos bajo aspectos heredados del maniqueísmo que le tuvo por
malo. En el plano humano religioso, se trató de hacer un "agape" sin "eros",
condenando el "eros" como indigno del hombre.
Para que exista diálogo, un verdadero diálogo en el sentido total de la
palabra, éste debe alcanzar su plenitud en la relación interpersonal. Es el
momento en que dos personas se autodonan en toda su. capacidad fisicoespiritual. 18
3.3 De inmediato, gracias a nuestra formación, surgirá una visión de
relaciones interpersonales 19 que, de mi parte consideradas nobilísimas, no
~on aquellas que trato de ver en esta reflexión. La relación interpersonal
implica en sí misma qu~ es realizada por personas sexuadas. Pero no implica

18

19

No podemos separar una sana antropología en metafisica, etnología ffsica y antropología
cultural. La persona constituye una unidad. Podemos a partir de una ciencia en separado
f~rm~ presupuestos a la persona, pero siempre atendiendo a aquello que escapa de la
aenaa por ~u campo limitad~.
.
La rela~ón mterpersonal no 1de111Jfica el YO con el TU, sino es acción dinámica que los
perfecaona y los lleva a paner en acto la capacidad de relación en el NOSOTROS.

59

�que sea sólo una relación sexual. Aún en la misma relación intelectual, hay,
si es verdadera relación interpersonal, una relación de amor y donación no
sólo hacia el objeto del entendimiento, sino sobre todo hacia el interlocutor,
en cuanto que de ambos hay donación de sus conocimientos internos tal como
los han conocido, en cuanto hombre sexuados, como en cuanto los manifiestan y se manifiestan. La amistad, en realidad es verdadera interrelación de
amor, no solamente en la capacidad de respeto y aceptación del otro como es, sine
en el movimiento int.erpersonal que /,os une. Y es a esto, al respeto y aceptación del
otro como!s, donde más fácilmente podemos manifestar el todo ser-yo abierto
en relación.
3.4 Como fácil se puede entender, no se quiere hablar aquí de relaciones
especiales interpersonales en que lo sexual está eminentemente relacionado
con la misma operación. Estas relaciones tienden a unificar las dos personas
y a identificarlas v. gr. matrimonio. Aquí se habla de las relaciones cotidianas
que se pueden presentar a cada paso de la vida y que deben ser, si queremos
realmente autoconstruirnos, de un todo unido físico-espiritual con el otro ser
igual. La base de estas relaciones, de estos verdaderos diálogos, está como ya
hemos dicho, en la donación total de la persona (20), (Hablando de donación
total, ésta no es completa nunca, sino se refiere a aquella donación posible,
pues autodonándose se reafirma el individuo, crece en profundidad la persona, y por consiguiente, crece la capacidad de donación. L"l persona humana,
en su dinamismo, puede entrar en una espiral dinámica, armoniosa y siempre
mayor de donación, que implica siempre mayor perfección del YO.) pero
sobre todo en el poner en acto la capacidad de respeto y aceptación del otro
como es, con sus valores, defectos y virtudes (mismos que muchas veces son
simples categorías culturales). Es ahí en donde realmente la soledad, esa
soledad que genera el temor, queda rota ante la realidad del otro que se
presenta dándose y admitiéndome como soy, hasta llegar a participar de mi
existencia, como al final, en el Prometeo Encadenado, las Oceánides, que
principian un diálogo en diverso nivel, bajan a un mismo plano con él, y
participan voluntariamente del castigo del Titán.
IV CONCLUSION.

Es cierto que vivimos, sobre todo en los países desarrollados técnicamente,
en un mundo de comunicaciones en donde el ruido, el reclamo y voces
inhundan por doquier. Frente a ello se encuentra la persona humana, que
aunque coaccionada por imágenes desvirtuadas de la relación, siempre se
encuentra con una capacidad de relación y una necesidad de relación,
mediante la cual se autoconstruye.
60

Hemos visto, bajo dos aspectos solamente, esta necesidad de relación q
la _supone como capacidad y necesidad intrínseca primero en cuanto, q::
existe
en relación
al Ser Absoluto. Segundo, que si·endo ho mb re concreto
.
.
tte?e necesidad de ella no sólo para vivir o nacer, sino también para sobre · ·'
y Cimentarse.
VJVlf
4.1 ~ relación siempre está actuando en un presente. En un ahora que
abarca, sm embargo, un pretérito y un futuro. La relación es constante
de toda la persona.
Y es
Abarca
' ·
. .un pretérito en cuanto que el todo yo umco
que soy en
comumcac1ón, se ha conformado mediante relaciones que al fi '1
"rear d "
.
,
in ian
iza o o constrmdo un desarrollo personal concreto. La relación abarca
el futu.~o en cuanto que, siendo "in fieri" tiendo a perfeccionarme, a "recimentar~e constantemente y con ello a relacionarme en mayor apertura Lo que
he sido
·
·
.. , lo que_ soy,_ tiene
un futuro en cuanto que siendo una. unidad
ue
participa de la mfimtud del espíritu, tiendo a sobrevivir en alguna forma~in
perder el todo constitutivo que soy.
La relación, se une, se actúa, aceptando el pretérito y el futuro en el ho
presente, en el cual me estoy relacionando, como quehacer fundamental E y
e_l presente estamos no recordando y no abiertos simplemente a la posibilida:
sm? en un reconocerse-reconociendo, en un padecer-actuando, en un cons~
tnurnos-dando.
4.2 Al hablar de la soledad, se veía ésta como una incapacidad de diál
~ menos como una no-aceptación del yo-soy-así, sino como un obstá:~~~
o~e~tado po_r los problemas, por la comunidad desvirtuada. Nuestra
~os1c1ón espac10-temporal nos coloca en situaciones en donde la relación
~:ter~ersonal se o~staculiza. Pero,_ fundamentalmente, la no-operación de la
paCidad necesana no destruye dicha necesidad sino la desvirtt'ta
431.a
·
· 11umana puede ser o no interpersonal
'
·
·.
. comumcac1ón
conforme
a la
~o~c1enc1a de donación de los interlocutores. Si el diálogo no es'interpersonal
~ iecho la soledad, la falta de comunicación con el otro-como-yo queda e~
pie, y no es r~ta totalmente. Hoy desvirtuamos la realidad de relac"ó
personal reduciéndola a relación de valores sociales o materiales así i
persóolnafihumana puede estar en diálogo constante conservando su p,osició:
de s o ·ente a todos.
4.4 La relación interpersonal, comodiálogo entre dos o más personas es
aquello que forma realmente el "NOSOTROS'' Esta 1. 1 "6
,
sino em ·
·
e ac1 n no es abstracta
mentemente del todo-como-soy. Es un reconcer al otro aceptándol~
como. otro, y por e.I ot r?, reconocerme. Esto 1mphca
.
. no sólo el reconocimiento, smo la comumcac1ón total del hombre, un reconocerlo-amando y un
reconocerme-amando, un dar-recibir sincero.

t

61

�ue nunca se debe principiar a reconocer al
4.5 Es por ello que hoy, más q
'
f.
ión del "nosotros" que
otro reconociéndome yo mismo como base ~e ormac
"
"d d" ( m nicación real y sincera).
implica comum a
co ~
1 fl
. . to de las mismas, comunica
La formación de comumdades y e dodreomtenu·do de la vida humana. No
.
. d l h b e de hoy el ver a ero sen
a la lustona e om r
.
to a la persona el ser persona
es la historia o la sociedad la que comumlcalel1sombre por el ~ismo hecho de
.
·
siendo esto natura a
.
en relact6 n, smo que
forman la historia y la sooedad
1
ser hombre, es el hombre, las personas, as que
.
y les dan sentido.

DETERMINANTES REALES Y ESPIRITUALES
DEL ACTO HUMANO
PARA UNA TEORÍA DE lA DECISIÓN
PROFR. SANTIAGO VIDAL MUÑOZ.

Universidad de Chile, Academia Superior
de Ciencias Pedagógicas de Santiago.

1. El problema. Los interrogantes sobre la inserción del valor en el universo-fisico me han preocupado. Al correr de los años he venido tomando
conciencia de algunas de las innumerables preguntas y respuestas al respecto,
en la historia del pensamiento, aún desde las épocas pre-filosóficas en Occidente, en las visiones míticas y viejas cosmogonías y antropogonías.
Propósito central de esta comunicación, es considerar la decisi6n en el acto
humano voluntario, comprendido en una concepción totalizadora del
'hombre entero', unitariamen·t e concebido y abierto a la trascendencia. En el
acto de decidir (decidir, cortar), el ser humano ejerce la libertad esencial del
espíritu. En relación con lo precedente surge la pregunta: ¿Es posible superar
la antinomia determinismo-libertad?
El tema del ser humano en el universo, en cuanto ser natural y personal,
adquiere un interés creciente, al comprobar la vigencia de ideas de la sabiduría
de los antiguos en el asombroso tejido de relaciones ontológicas, lógicolingufsticas, gnoseológicas, psicológicas y éticas, frente al avance científico y
tecnológico de nuestro tiempo y la catastrófica crisis moral de los hombres y
las naciones. Más aún, existe una necesidad por lograr un conocimiento más
profundo sobre el hombre y lo humano, en vista de los nuevos desarrollos y
perspectivas de las ciencias del hombre y de las disciplinas propias de su
formacwn en el mundo de la convivencia de personas intercomunicadas en su
vida natural y espiritual, y con un sentido teélico y trascendente de su
existencia.
Es inobjetable que una investigación en profundidad en este tema, solamente puede ser lograda con metodologías apropiadas. Requiere un análisis
crítico-valorativo, desde la perspectiva actual, repensando los clásicos griegos
de la antiguedad, el pensamiento cristiano y contribuciones de las grandes
direcciones del pensamiento moderno y contemporáneo.

62

�2. El hombre ser privi!igiado. Aparece en la meditación, la posibilidad del ser
humano, en cuanto ser privilegiado en el cosmos, de constituirse en zona
ontológi.ca de incidencia, de convergencia de lo absoluto Incondicionado e Increado, sede de valores absolutos, objetivos y eternos, compartida con los
seres humanos creados y condicionados en la finitud de su existencia temporal. He aquí, un ámbito metefisico del ser y del valor, en relación con los
valores intuidos y cumplidos en actos y obras en la vida real y concreta.
Pl-incipalmente desde los albores del humanismo griego, Sócrates afirmó la
universalidad de los valores morales. Los sofistas incorporaron al
problematismo filosófico vacilaciones ante esa posición y mostraron actitudes
propias del relativismo y escepticismo ético y aún del pensar nihilista.
3. La autonomía determinismo-libertad en el acto humano, es superable
a partir de la intelección o intuición del distinto carácter ontológico de los
llamados por Max Scheler "factores" reales e ideales. En nuestro juicio, se
logra una mayor claridad sobre esta cuestión, auxiliándose de los logros de
Nicolai Hartmann, acerca de ser real (inórganico, orgánico, psíquico y
espiritual) del ser ideal y el modo de ser del valor. (Ver Ontología, A Pescador
S.) La citada antinomia, en relación con el acto de decidir en la acción
voluntaria, plantea pregunta cruciales, a partir de la "ley" de Scheler, en la
perspectiva de la estructura del espíritu y la estructura de los impulsos".
4. Factores reales y espirituales. En esta ponencia tienen" especial significación
los valores éticos del espectro axiológico propio de los 'factores' espirituales que
'cooperan' de algún modo con los 'factores' reales, naturales en el 'ser y el
acontecer histórico-social'. Los 'factores' reales por pertenecer al ámbito del
ser real, poseen las notas de la realidad, la temporalidad, la espacialidad y están
afectos a la determinación causal. En ellos está incluída la sensibilidad, los
impulsos afectivos, los instintos ... En cambio, los factores espirituales pertenecen al reino del ser ideal, fundamentalmente pensamientos y valores.
Poseen la idealidad y son intemporales e inespaciales, y no están sometidos a
la influencia de la casualidad natural. Se inscriben, por cierto, en este reino
de factores ideales, los fines valiosos, los ideales humanos, las aspiraciones;
las ideas y conocimientos de todo orden, las utopias, creencias, supersticiones,
tabúes, convicciones de todo orden, ideas esotéricas y exotéricas, concepciones del mundo.
Scheler afirma que el espíritu subjetivo u objetivo, individual o colectivo,
determina pura y exclusivamente la esencia de los contenidos de la cultura, de los
cuales pueden, así determinados, llegar a ser". El espíritu descubre o adscribe
valores en la esencia de los contenidos culturales y en toda actividad suya
personal, expresada en la vida cultural, y en una sociedad de personas en su
historia. En verdad, existen contenidos esenciales en cada uno de los
múltiples, variados y diversos territorios de la cultura: arte, lenguaje, mito,

ciencia, moral, técnica, derecho, política, religión, educación, recreación
filosofla. ..
'
5. Sery valor. Tienen importancia primordial en cuanto relación metafisica
y teológi~a. En los ~lanteamientos de la conciencia sobre el ser y el acontecer,
aquélla tiene en VISta al ser y al valor, con ello, al ser valioso en cuanto
finalidad de nuestros actos decididos libremente, con una perspectiva teleaxiológica.
Los problemas de la aéción humana, con sentido, nos remiten a las
cuestiones del tema fin y finalidad que planteara Aristóteles.
~uí nos preocupa la relación restricta de fin y valor, conectada a la acción
de~berada, dejando entre paréntesis aquí, los alcances escatológicos que
existen para el hombre, animado por la esperanza y no por la desesperanza.
En la filosofía aristotélica-tomista, los valores se fundamentan en los fines.
Santo Tomás, respecto al acto voluntario que requiere un fin, decía: " ... todo
se mueve en virtud de un principio intrínseco que supone algún conocimiento
d~ ese fin". No olvidemos que para este filósofo, el fin último del hombre es
Dios.
Por su parte en laferwmerwlogía, el valor es fundamental y anterior al fin.
El fin es mero objeto intencional de una acción de la voluntad. Aun cuando
la posición a_ristoté!ic~-tomista, discrepa de la fenomenológica, por lo menos
ambas do~trmas comc1den en que existe una conexión fundamental entre fin
Y valor. i.ÚJs valores son fines o medios para un firi superior? En síntesis, Jas
respuestas son:
a) Los valores son fines: fin es aquello a lo cual se ordena algo (finis operis);
y el hombre se propone fines (finis operandi).
~). La respuesta considera los valores como medio para un fin. Cada
pos1c16n trae en verdad su corte de consecuencias y problemas.
Respecto a lo precedente, cabe agregar que en los momentos del acto de decidir
se pres~n~n a la conciencia dos clases de fines: wsfines propueswsy los impuesws.
i:5tos ult1mos suponen normas, legalidad y otras formas de limitación 0
circunscripción d_el ejerci~io de la libertad también simple coerción externa ...
6. lCóm? se eJerce la libertad del espíritu en la acción del hombre?
En l~ tes1S de Scheler, los llamados 'factores' ideales y reales, en principio,
determinan al ser acontecer histórico-social. Subyacen a este planteamiento,
problemas U:ª~?os por la filosofía de la esencia y la filosofía de la existencia.
En nuestro JU1c10, la decisión está 'supeditada al ser' y es decisión libre en
verdad, urucamente
' ·
e~ cuanto ella está sustentada y penetrada por él. 'Tal
po~tura ~s opuesta radicalmente a la posición de J. P. Sartre, para quien la
ex15tencia está supeditada a la Nada. En este caso enfrentando la antinomi'a
deter
· ·
rb
.
mm1smo
1 ertad, el concepto de libertad que surge de Sartre es el de
libertad absolu ta• La dec1S1
· ·6 n eX1Stenc1al
·
· es algo que se da en la Existencia
'
65

64
Humanitas-5

�(

humana en definitiva absolutamente sola, sin la menor interferencia externa
sobre eiÍa, sin intervención de la Providencia Divina, ni la intervención
natural social o cultural. En Sartre, la conciencia en virtud de su carácter
intenci~nal tiene relación con la realidad y no con las cosas. Al no existir tal
relación causal, la conciencia puede presentarse como libertad.
La relación de la conciencia con el ser ideal y el valor -mundo de la
libertad posible y afectiva-, es ontológicamente_distinta a la re~ación ca~sal
de la conciencia con el ser real (mundo de las 'cosas', de la necesidad). Qutzá,
podría hablarse de modalidades de la intencionalidad de. la conciencia en su
referencia a distintas esferas ónticas del todo, del ser (diversas esferas de la
objetividad). Una libertad para la nada, significa una libertad N_egativa. Es
necesario distinguir con claridad la decisión en tal línea de pensamiento, pues
se juega la libertad humana condenada a una existencia sin sentido, _s~n otro
fin último que la nada, es decir, el anonadamiento absoluto y defimttvo del
ser humano. Esto es armonía con las teorías materialistas.
7. La idea y forma de 'cooperar' los Jactares' reales y espfrituales.
.
El concepto de 'cooperar', es posible comprenderlo, como convergencw. de
Jactom'injluyentes hacia un mismo fin 'dictado por el espiritu' ... Los •~acto~es'
que cooperan entre sí, iníluyen sobre el curso del ser y del acontecer lustóncosocial. Estimamos que el actuar humano tiene posibilidad y sentido en el ser
y acontecer histórico-social, cultural del 'hombre entero'.
La mencionada 'iníluencia', no es por cierto mágica, ni tampoco es 'fuerza'
o 'éficaz' 'eficiencia causal', como dice Max Scheler. Este, en su crítica a las
teo1ias negativas del hombre -Buda, Schopennhauer, Freud, etc., esclarece,
subrayando, "la importancia de la voluntad que, guiada por la idea y los v~lores,
rehusa a los impulsos opuestos a esa idea y valores, las representaciones
necesarias para llevar a cabo una acci6n impulsiva, mientras que, por otro lado,
ofrece como cebo ciertas representaciones conforme a las ideas y los valores,
a los impulsos latentes, para coordinarlos, de manera que ellos mi~mos ejecu~en
el proyecto de la voluntad, dictado por el espíritu. La voluntad, propia del espíntu,
'guia' y 'orienta' los determinantes ideales y naturales, reales, en los actos
propios del 'proyecto' dictado por el espíritu.
..
8. Busqzudas en la teoría de la conciencia. Momento~ ~e La decist6n.
.
La historia de los problemas relativos al an5hstS del acto voluntario es
verdaderamente significativa, para los efectos de intentar centrar la atención
en la existencia del acto de decidir al enfrentar el espíritu, alternativas,
preferencias, opciones. Más significativa cuanto que la concienc~a es conciencia de un pasado y a la vez está instalada frente a un futuro hoy irreal, el cual
desde su irrealidad nos motiva aquí y ahora en nuestro "presente", lo particular del problema de la decisión, es sólo aparente, pues subsiste todo un
subsuelo metafisico y ético que por cierto, presupone una concepción del

mundo y del 'hombre entero'. Por lo demás, aparte de lo dicho, una teoría de
la decisi6n, supone otras teorías tales como una teoría del sujeto y del objeto
(N. Hartmann); una teoría de la conciencia con trasfondo metafisico del clásico
problema de lo psíquico y del alma humana. Todo contribuye a iluminar más
la realidad de la conciencia personal.
La conciencia real y concreta (no irreal ni abstracción pura), capaz de
trascender la experiencia senso-empírica actual, se manifiesta en tres momentos

del acto de decidir:
a) M_omento /»'ece&lt;1:7ue, mome1uo a11tecede1ue. La conciencia es capaz de
memona y testtmomo del pasado que fue real (ser-ya-sido).
La conciencia recuerda instancias reales, hechos y fenómenos, como asimismo vivencias y experiencias del mundo de los objetos ideales y de la experiencia del valor y del valorar.
b) Momento presente de la concie1uia intencional (Brentano, Husserl), posible
~n su d~ración pu_ra ~ concreta, como pensaba H. Bergson. Aceptada la figura
ilustrativa la conciencia no es una inconcebible conciencia puntual e instantánea de
una vez y para siempre.
Husserl ha negado a la conciencia toda capacidad actual. No obstante es
conciencia aquí y ah?ra, _existencialmente dada; pero es capaz y apta p~ra
trasce~der. Es conc1enci~ que recuerda referencias, símbolos y representac!ones ... del ser_ rea~1zado en el pasado, el ser siendo en el presente.
También es pre-conc1enc1a del ser que posiblemente sea real en el futuro.
La conciencia, así, rec~da y anticipa, así hace posible la elección (Bergson)
al optar entre fines valiosos, positivos o negativos, propuestos e impuestos
para ese porvenir: El espíritu decide frente a alternativas, preferencias que
dan b~es a las opciones, o no decide (indecisión). Si el hombre no ve opciones
de su mterés y preferencia para su vida personal o su vida en comunidad, es
~apaz _de crear: como crear otras ideas y cosas. Con ello puede dar nuevas
inflexiones y giros relevantes en la vida individual personal, como así mismo
al acontecer histórico-social-cultural.
Si los fines con que en un momento se cuenta, no satisfacen, el hombre es
apto para procurárselos de alguna manera o inventar nuevos fines valiosos
para n~evas circunstancias no previstas o sorpresivas.
~ vida, de alguna manera continúa psico-biológica y espiritualmente, con
sentido y esperanza. Se afirma con ello, la esencia misma de lo humano y de
la ~rsona que trasciende, en supremo valor, a todo el universo fisico que
habitamos transitoriamente ...
c) Hay un tercer y último momento del acto de decidir: el o los momentos
~~ecu_enus, de verdad~ra significación moral. Se refieren a la responsabilidad
ttca, mtelectual y social, pues responsabilidad es responder en el futuro de las
consecuencias de nuestros actos presentes.

67
66

�9. Persona y acción étu:amente buena. En la experiencia moral de cada hombre,
es verdaderamente relevante el acto personal de decidir, prefiriendo o
eligiendo los fines valiosos en nuestros planes y proyectos en vida. Las
opciones, de algún modo entre lo que puede ser una acción éticamente buena,
o una acción iticamente mala, o simplemente, enderezan hacia una postura de
indeferencia o de cómoda rwutralidad, siempre discutible desde el punto de vista
de la ética. Es indiscutible la exigencia de poseer cada uno una actitud
fundamental, una postura existencial respecto a cuáles son los valores universalmente válidos; cuál es el verdadero Bien, Dios es amor en el cristianismo,
"summun Bonum".
El objeto de ese amor, en Santo Tomás, es el espíritu del hombre caracterizado por libertad. Desde el punto de vista del humanismo cristiano, la
PERSONA HUMANA se convierte en superior ref~rencia de 'lo bueno':
El bien se reconoce en las acciones éticamente buenas, si en definitiva ella
es favorable, positivamente en sentido axiológico, a la dignidad misma de la
persona y al crecimiento espiritual del 'hombre entero', en su vida caracterizada por
sus fines trascendentales.
10. Cauce fenoménico de la conciencia. En este cauce psíquico, se manifiesta
la inserción del ser real (naturaleza), dtterminado causalmente, y del ser ideal
(espiritual). Aún cuando hay un problema de conocimiento implicado, persiste el fondo metafisico de lo psiquíco, el cual hasta nuestros días es objeto de
investigación, no cabalmente esclarecido.
Existen dos direcciones insoslayables del pensamiento: las teorías subjetivistas e inmanentistas, y las direcciones objetivistas y trascendentistas. La
crítica moderna a las ideas metafisicas de la psique, apunta hacia los estadios
actuales, críticamente, tanto de la ciencia y de la filosofía que ha venido
reformulando problemas y revisando supuestos y conceptos fundamentales,
por lo menos desde las memorables exigencias de E. Husserl. La visión del
'hombre entero', considera condiciones subjetivas y objetivas en el objeto de la
Psicología, en relación con nuestro tema, con el acto voluntario. Y diremos,
no solamente esto afecta a la psicología, sino, en principio a todas las llamadas
'ciencias y disciplinas humanas' por ejemplo, a la teoría psiquiátrica, la teoría
del derecho, la teoría del arte, de la educación, etc...
11. El espíritu, guiador y orientador. Si los factores reales están determinados
causalmente y el espíritu no posee 'coordina' impulsos... la libertad sólo
podría ser efectiva (absoluta, tal vez) en relación con el orden de los 'factores'
ideales y espirituales (valores, pensamientos... ) que no son afectados por la
causalidad natural. El ser ideal y el valor, de algún modo convergen hacia la
realidad fenoménica psíquica, digamos psicosomática. Sin embargo, la
PsicoJogía como ciencia no explica ni da clara comprensión acerca de dicha
convergencia e inserción de los entes ideales y valiosos en la conciencia real.
68

Por cie~to ~o pue_de ~esc~nocerse el hecho de que los factores reales influyen
en la vida imp~iva irranonal, pues el psiquismo es natural y primario, en
verdad, ~n la vida real y concreta del 'hombre entero', siempre son admisibles
las relaciones de los impulsos afectivos con los valores, las ideas, las creencias,
etc:··_Santo To~~s pensaba que el alma está inserta en la naturaleza, por sus
act1V1dad_es espmtuales, particularmente aquéllas del conocer y del actuar
voluntariamente.
. No dudamos de que ese ser humano que decide libremente sus actos,
mstalado~ e~ el cosm~s material, hunde sus raíces últimas en lo más profundam~nte mamo y lummoso de su alma originaria. Ese existente humano, real,
ma~1fiesta su esencia ~e hombre, de 'hombre completo' con su apertura
radical a la trascendencia y, con ello, al reino de la verdad, del Bien y de todo
valor supre~o, c?n a~ceso, por tanto, a una posición espiritual para vislumbrar el m1steno mismo de lo Divino.
En una concepción del 'hombre entero', las ideas precedentes, suscintamente pres~n~das, p~eten~en ser incluídas; en lo que podríamos llamar una
antropolog1a mtegracionahsta natural y espiritual personalista.
NOTA BIBLIOGRÁFICA
Algunas obras básicas consultadas:
Em~rich Corath, ¿Q]d es el hombre?. Herder, Barcelona, 1976, R.G.
Colhnwood, Idea de la historia, FCE, Méx., 195, Teilhard de Chardin El
fenómeno humano, Rev. Occidente, Madrid, 1958.
'
Enzo Paci, Función de las ciencias y significado del lwmbre, FCE, Méx., 1968.
A~gus~o Pescador S., Ontología, Losada, Bs. As., 1966.
Nicol~i Hartmann, Ontología, FCE, 1965 y Metafisica del c01wcimiento.
Francisco Romero, Teoría del hombre, Losada.
Jean Paul Sartre, El ser y la nada, Iberoamericana, S.A, 1948.
Ma~ Scheler, Etica, Revista Occidente, B.A, 1948.
Sociología del saber, Revista Occidente, B.A, 1947.
sa~er la_ cultura, Ed. Universitaria, Santiago, 1960.
anuago V1dal, J?os concepciones del lwmbre y las ciencias humanas, México, 1963.
Los_ valores y el Objeto de la historia, Brasil, 1962.
·
Ejns~.emología-Antropología, México, 1975.
Sentido Y transcendencia del hombre entero, Córdoba, Argentina, 1979.
Consultas en obras completas de: Aristóteles y Platón, San Agustín y Santo
Tomás.

;z

y

69

�PROBLEMAS QUE UNA NOTA ESENCIAL DE LOS DERECHOS
HUMANOS Pl.ANTEAA lA FILOSOFÍA DEL DERECHO
JAVIER HERVADA

Director del departamento de Filosoffa del Derecho

Universidad de Navarra (Pamplona, Espaüa)
AUNQUE LO MÁS PROPIO DE LA CIENCIA es

buscar y encontrar soluciones, no
pocas veces se puede contribuir a su progreso planteando problemas e
interrogantes. Esta comunicación desearía a contribuir a poner de relieve una
serie de problemas que una nota esencial de los derechos humanos plantea a
la filosofia del derecho y, a niveles más profundos, a las otras ramas de la
filosofia. No estoy seguro de acertar en el planteamiento de los problemas, y
de antemano pido indulgencia por los posibles fallos; en cambio, puedo
asegurar que no plantearé todas las posibles cuestiones: sólo algunas de ellas
aparecerán aquí. Por otra parte, al plantear los problemas, en ciertos casos
me permitiré apuntar cómo veo la posible solución; ya advierto que se trata
sólo de un apunte -las cuestiones no son fáciles-y en modo alguno pretendo
otra cosa que mostrar una opinión.
l. UNA NarA ESENCIAL DE LOS DERECHOS Hm!ANOS

Cuando se habla de derechos humanos, con esta expresión se quiere
designar un tipo o clase de derechos, una de cuyas notas esenciales es la de
ser preexisumtes (o "anteriores" según el lenguaje más generalizado) a las leyes
positivas. Por lo menos a esa conclusión lleva el sentido obvio del lenguaje
utilizado, tanto por las declaraciones antiguas y modernas y los pactos
internacionales, como por los distintos movimientos en favor de esos derechos
o -en general- por quienes sobre ellos hablan y escriben. Ciertamente los
derechos humanos están recogidos en los textos legales de muchos países,
pero en tanto que recogidos por las leyes positivas y operando a través de
ellas reciben otro nombre, por ejemplo, derechos constitucionales o simplemente derechos positivos sin más especificación.
Por derechos humanos se entiende comunmente aquellos derechos -sin
entrar ahora en si ese apelativo es exacto- que el hombre tiene por su
dignidad de persona -o si se prefiere, aquellos derechos inherentes a la

�condición humana-, que deben ser reconocidos por las ~efes;_e~ caso de 1ue
esos derechos no se reconozcan, se dice que se comete lllJUSUCia y opres1 n.
.
.
e la falta de reconocimiento -el hecho de que no se
E mcluso se add1mtehqu genera la legitimidad del recurso a la resistencia,
respeten esos erec os.
. s· trata de derechos que deben ser reconoc1••dos, ·cuya
acuva o pasiva. 1 se
1
.6 genera 1·niusticia e incluso el derecho a la res1stenC1a, a
contravenc1 n
~
d
nos
conclusión parece evidente: por der~c_hos humanosd::~~:s ~:~:h~s se
derechos que preexisten a las leyes pos1uvas. Poe eso,
dice que se declaran; y de ellos se dice ~i:11bién que se reconocen -no que se
otorgan o conceden- por las leyes pos1uvas.
d ,
.
alizar la enorme masa de textos que supon na
1.bl
int~;ta~::de::;:11 :x1~:ustivo de~ len~uaje utili~doÍ
l~mitayre:::tn~
cos documentos, de reconoCida importanCia us r~~a

?~~

~t;!;~~~~~t ~~~

::;~i~ i~~~~:~lr;~:~~~

~~cla:ac~ed::~[8c~:e~:f
~:::
wt:~1 uwhe~ t11/y enter into a state of society, tlley cannot, by any compact,
'

•

tJ

1

depriv~ or divest teir ~~:t~;~:e-ncia del pensamiento liberal en la redacción
Fáolmente se o serv
,.
bla de inherent rights de
.
1 que aqm mteresa es que se 1ia
,
::r:::Js~~~:~~:;: aºtodo hombre, que se poseen por naturaleza y anter~ores
al estado de sociedad· el derecho de rebelión -el appeal Heav:;, se1unlª
.6 d ' Locke- se insinúa en la sect. 3. Este erec 10 e
famosa expres1 n e
' .
6 d la inobservancia de los
modificar los regímenes estableCidos en r~z ~ e 1 D l
ión de lnde. .fi .6 esgnnuda en a ec arac
derechos humanos fue 1ª JUSU icaCI n
.
,
h s italidad
end . (1776) de los Estados Unidos de Aménca, pa1s a cuya o P
P encta
.dos en esta ocasión. En esa declaración se habla, como de una
estamos ª:og1
. chos de los ue el hombre ha sido dotado por el
~%:~:;:::~::/;e~;;1:0 s naturales~ en función d~ los cuales}e ins~tuye,?
.
3 La m1·sma idea de unos derechos preexistentes (o antenores )
1os gob 1ernos.

tº

UERO Textos internacionales de dereclws humanos
Cfr. J. HERVADA-] .M. ZUMAQ
b'
ºta HZ seguida del número marginal que
(Pamplona 1978), n. 2. En adelante esta o rase a
corresPonde a cada texto.
t hall be fowld inadequate or contrary to these
2 "(...) and that, _w~en any govemme_~ ~th an indubitable, inalienable, and indefeasible
purposes, a maJonty of the clisohm~n':1ru .Y h nanner as shall bejudged most conducive to the
right to reform, alter' or abo
1t, m sic 1
¡

3

72

¡_:mblic weal". HZ, 4.ths to be self-evident: that all menare created equal; fu3:t th~y are
We hold thest: tru
.
.
ali nable ri hts· that among these are life, liberty,
endowed by their Creator wilh certam un e
th g •' hts governments are instituted
1
and tlie pursuit_o_f happ~~- TI at, to ~~~! co~~tgof the governed. That, whenever
among men, denvmg their JUSt pawders froti
f these ends it is the right of the peo ple to
an form of government be comes estruc ve o
"
'
al~r or to abolish it and to institute new government . HZ, 19.

a las leyes positivas, en función de los cuales nacerían las comunidades
políticas y los gobiernos, se repite en la Declaraci6n de los derechos del hombre y
del ciudadano de 1789, donde aparece la expresión droits de J'homme de la que
deriva la actual de derechos humanos. Para sus redactores, la ignorancia, el
olvido o el desprecio de los derechos del hombre son las únicas causas de las
desgracias públicas y de la corrupción de los gobiernos, estos derechos son
derechos naturales, inalienables y sagrados, la Asamblea Nacional los
4
reconoce y declara-no los otorga, concede o constituye- y su conservación
es la finalidad de toda comunidad política; dentro de estos derechos figura la
resistencia a la opresión. 5 Independientemente de la influencia que el pen5amiento liberal de la época tenga en los matices de la redacción de esos
documentos, es claro que los derechos humanos -derechos del hombre,
derechos inherentes o derechos naturales- se entienden como derechos que
el hombre posee por virtud de sí mismo, preexistentes a las leyes positivas,
las cuales se consideran justas si respetan esos derechos e injustas y opresoras
si son contrarias a ellos.
La misma idea básica o nota esencial de los derechos humanos la encontramos en los documentos internacionales de nuestra época. El primero
en el tiempo, la Declaración americana de los derechos y deberes del lwmbre (1948)
habla repetidamente de derechos esenciales del hombre, afirmando que "los
Estados americanos han reconocido que los derechos esenciales del hombre
no nacen del hecho de ser nacional de determinado Estado, sino que tienen
como fundamento los atributos de la persona humana".6
la declaraci6n universal de derechos humanos (ONU, 1948) se abre señalando
que "la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el
reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana"; estos derechos
l~umanos deben ser "protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el
hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la
tiranía y la opresión" ,7 afirmándose en el art. 1 que "todos los hombres nacen
libres e iguales en dignidad y derechos" (lo que viene a decir que el hombre
es portador de tales derechos por sí, no por concesión legal). Constantemente
se habla de reconocimiento, respeto y protección, nunca de otorgar o conceder. Y es obvio que se reconoce, respeta y protege por las leyes lo que
preexiste a ellas; lo que por ellas existe, se otorga y se concede. Por otra parte,
en el lenguaje de la Declaraci6n Universal, la tiranía y la opresión son los "actos

4
5
6
7

Vide el preámbulo (HZ, 20).
Cfr. srt. 2 (HZ, 23).
Introducción (HZ, 123).
Preámbulo (HZ, 225 y 227).

73

�de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad" ori,~lnados por
"el desconocimiento y el menosprecio de los derechos huma~os .
Aunque menos expresivo, el Convenio Europeo para la protección de los derechos
humanos y de las libertades fundamentales (1950) habla también d9e reconocer,
aplicar, proteger, desarrollar y respetar los derechos humanos, a la vez que
el art. 1 afirma que "las Altas Partes Contratantes reconocen.ª toda per~ona
dependiente de su jurisdicción los derechos y libertades defim~os en el titulo_
del presente Convenio"; 1º la ausencia del otorgar y la presencia del recowce1
1
abonan nuevamente la idea central sobre los derechos humanos que estamos
exponiendo.
l d 1
Idea ésta que aparece i~equívocamen~e expres~da en el preámbu o . e.
Pacto internacional de derechos económicos, sociales ypolíticos ( 1:6~), en_el que dice•
"Reconociendo que estos derechos se desprenden de la_ d1gmdad mhere~te a
,,u frase liºteralmente reproduoda en el Pacto znterla persona lrnmana...
12
nacional de derechos civiles y políticos.
•
Por último, recordemos que el Pacto de San José de Costa Rica (1969),
también conocido por Convención Americana de Derechos Humanos, reconoce,
según sus propios términos," que los derechos esenciale~ del hom~re no nacen
del hecho de ser nacional de determinado Estado smo que tien~n ~orno
fundamento los atributos de la persona humana, razón por la cual Justifican
una protección internacional, de naturaleza. convencional
coadyuvante o
,, IS
complementaria de la que ofrece el derech o mterno .
Resulta innecesario traer más testimonios, porque se trata de algo que es
inherente al concepto mismo de derechos humanos: la noción ~e. derechos
humanos expresa unos derechos preexistentes a las leyes positivas, cuya
contravención genera injusticia.
2, LOS DERECHOS HUMANOS Y EL CONCEPTO DE DERECHO

Si los derechos humanos no constituyen un espejismo, una fantasía irreal
simplemente un sentir sin base en la realidad, si son realidades _huma~1as,
0
esto es, si existen objetivamente, parece claro que tienen una relaoón íntima
con el concepto de derecho. No creo decir cosa inexacta al afirmar que, hasta
ahora, los filósofos del derecho, al intentar llegar a un concepto de derecho,
no han tenido en cuenta -al menos en la debida proporción- ~os derechos
humanos. Puede decirse que los derechos humanos no han sido un dato

s

Preámbulo (HZ, 226).
Vide el preámbulo (HZ, 343).
10 HZ, 344.
11 HZ, 1319.
12 HZ, 1378.
1s Preámbulo (HZ, 1558).

9

74

relevante para llegar a la noción del derecho. Más bien se ha dado la postura
inversa: supuesta una noción de derecho, los -relativamente- pocos
filósofos del derecho que han tratado de los derechos humanos, los han
caracterizado según esa previa noción.
Ahora bien, si el concepto de derecho no es un a priori, sino el resultado de
la observación de todas las realidades jurídicas, parece cl~ro que la vía hasta
ahora seguida es insuficiente, pues no debe aplicarse a los derechos humanos
un concepto previo de derecho, antes bien el concepto de derecho.debe tener
en cuenta, entre otras realidades jurídicas, los derechos humanos.
Claro inmediatamente nos encontramos con un problema crucial: los
derechos humanos, ¿son verdaderamente derechos?. A nadie se le oculta que
nos encontramos, respecto a esta interrogante, con dos datos de dificil
armonización. Si nos fijamos en el lenguaje utilizado, observaremos que nadie
ha puesto en duda la legitimidad del nombre derecho aplicado a los derechos
humanos. La terminología utilizada para designarlos ha sido muy variada:
derechos humanos, derechos del hombre, derechos fundamentales, derechos
naturales, derechos esenciales, derechos inherentes. Pero en ningún caso se
ha cuestionado que se les llame derechos. ¿por qué esa unanimidad?
El otro dato ya no es tan universal, ni unánime, mas no por eso deja de
merecer consideración: no pocos filósofos del derecho y juristas niegan que
los derechos humanos sean propiamente derechos; siguen llamándoles
derechos, pero entienden que se trata más bien ~aquí la diversidad de
opiniones se multiplica- de valores, de postulados políticos, de exigencias
sociológicas, etc. ¿Dónde está el origen de estas opiniones? Sin duda, el origen
reside -por encima de otros posibles rasgos de los derechos humanos- en
la nota esencial de estos derechos de los que estamos hablando: preexistir a
la ley positiva. Es, en efecto, rasgo común de esos autores negar que pueda
existir un derecho propiamente tal fuera de la concesión u otorgamiento de
la ley positiva, pues sólo la ley positiva es verdadero derecho, origen de
genuinos derechos de los sujetos.
No hace falta resaltar que, si bien estos tipos de opiniones no niegan que
existan valores, postulados o exigencias que la ley positiva deba tener en
cuenta, niegan que existan derechos humanos, aunque usen profusamente
esta terminilogía y sean defonsores -incluso ardorosos- de esos valores,
postulados o exigencias, que según ellos se llaman derechos humanos, pero
que no son derechos.
Si ahora nos preguntamos por la unanimidad con que los derechos
humanos se llaman derechos, la respuesta, que indudablemente debe ser
matizada para no caer en indebidas inexactitudes, es la siguiente: hasta la
generalización del positivismo jurídico en el siglo XIX, la conciencia jurídica
común -las excepciones fueron raras y estadísticamente irrelevantesadmitió la existencia de verdaderos derechos anteriores a la ley positiva -los
75

�juristas romanos los llamaron iura naturalia-, y esa conciencia, pese a la
extensión de las distintas formas de positivismo y posiciones análogas, sigue
existiendo. Es más, cuando la teoría de los derechos humanos surgió con las
características con que ahora la conocemos, en el siglo XVIII, se partió como
verdad inconclusa de que esos derechos son verdaderamente tales y por eso
así se les llamó. Durante más de veinticuatro siglos -con distintas fórmulas:
lo justo natural, ley divina, derecho natural, etc.- no se cuestionó la
posibilidad de verdaderos derechos preexistentes a la ley positiva
y en
14
nuestros días son muchos --entre los cuales me encuentro- los que no
ponen en duda tal pasibilidad.
Por otra parte me parece que negar que los derechos humanos sean
verdaderos derechos porque son preexistentes a la ley positiva es un apriorismo,
esto es, procede de adoptar un concepto de derecho elaborado sobre las leyes
positivas (estatales o no) sin que los derechos humanos hayan sido tomados
en consideración. Para convencerse de que esto es así basta leer los libros de
filosofia del derecho: ningún seguidor de las corrientes más generalizadas ha
tenido en cuenta los derechos humanos para elaborar la noción de derecho.
Este es uno de los principales problemas que a la filosofia del derecho
plantean los derechos humanos: ¿qué realidad debe tenerse en cuenta para
elaborar el concepto de derecho? ¿cuáles son los datos de los que hay que
partir? La respuesta es importante para nuestro tema: si la realidad a tener
en cuenta -no digo como punto de llegada, sino como punto de partida- es
todo aquello que la conciencia jurídica ha tenido y tiene como derecho, me
parece que los derechos humanos deben ser tomados en consideración, y en
este caso se impone eliminar como punto de partida la ecuación "derecho
igual a ley pasitiva" y reconocer -al menos como posibilidad- la existencia
de verdaderos derechos preexistentes a la ley positiva.
Quizás lo más resaltable, desde el punto de vista de los derechos humanos,
sea que la solución que reciba el problema planteado incide en la noción
misma de los derechos humanos y en su existencia en cuanto tales derechos.
Si negamos que los derechos humanos tengan verdadera naturaleza jurídica,
no sólo negamos su existencia como derechos, sino que además la idea en la
que se asientan se desvanece completamente, porque los valores, postulados
o exigencias -de los que hablan distintos autores- en cuanto dimensiones
del derecho, se transforman en valores, postulados o exigencias de la ley
(positiva) perdiendo los derechos humanos su condición de una dimensión
propia del hombre frente a la ley positiva. Y en ese caso, ¿qué queda de ·1a
idea de unos derechos inherentes al ser humano, contra el cual se comete
injusticia -se le priva de algo suyo- si no se respetan esos derechos? A mi

14

Vide J. HERVADA, Introducción critica al dereclw natural, (Pamplona 1981)

juicio, sólo si se admite una noción de de h
.
de un núcleo fundamental de derecho dis:ec
compatible c~~ la existencia
una teoría de los derechos humanos coher:to el derecho pos~tivo, es posible
con ella: que la ley positiva no es soberan:~ con lo que qmere expres~rse
posee unos bienes jurídicos inherentes ue
en~ al hombre, p~~que este
son medida de la justicia o iniusticia deql I pree":1~ten a la ley positiva y que
:1
a ey pos1uva.

°¿

3. EL FENÓMENO JURÍDICO ¿Es NATIJRAL O

CULTIJRAL?

En relación con lo que acabamos de ver
jurídico, en sí mismo considerado ¿es uns¡rge otra pregunta: el fenómeno
cultural? Aclaro inmediatamente q'ue , a111acer
enómeno
natural no meramente
esta pregunta
· t
d
a natural y a cultural un sentido exclu ente Q
'. o m ento ar
obra cultural es tan evidente
y
. ue el derecho tiene mucho de
El sentido de la pregunta es é~~;. m~rece !ª p~na detenerse en explicarlo.
¿es enteramente obra culturaP ~ ;i;::enc1a m~sma _del fenómeno jurídico
Pongamos unos ejemplos. La a~r~na ti contrar_10, ¿ue_ne una base natural?
el hombre no podría construir . u ca es una mvenc1ón humana; sin duda
leyes físicas, pero no cabe duda d:~~:f: J/º1.: con el!os si no respetase las
de la cultura. La comunicación oral
iact b~ es un mvento humano, obra
ciertamente, cada sistema de símb~I~:
10,.e~ un fenómeno distinto;
cultural, mas es natural y no cultural la exi
d~ id~oma- es un producto
oral: es la naturaleza la que ha dotado al h;te;cta m1s~a de la comunicación
etc., y el hombre es naturalmente un
m re de lan~ge, cuerdas vocales,
fenómeno comunicativo es natural ser que se comumca con los demás. El
de comunicación. Este es el sentido•J;¡°que sea cultural el código de símbolos
un !enómeno inventado por el hombr: ~~egunta antes hecha: ¿es el derecho
fenomeno connatural al hombre
, ra ente!am~nte cultural, o es un
sociedad se entienda de origen c Ít a~nlque la Ieg1s!a_c1ón concreta de cada
E
u Ul a , esto es posIUvo;:,
sta es una pregunta que la existenci d 1 ' d
·
necesariamente Recordemos
I t ,ª e os erechos humanos plantea
nació, en el con¡exto del pens~:/
":1º1derna de los derechos humanos
derechos precedentes a 1
. ~ ~ e s1g o XVIII, sobre la base de unos
contemporáneos antes sen~alsodoe a ; .Yb, por su parte, los documentos
os cono en los dere I
h
preexistentes a la ley positiva p
b.
c 10s u manos como
tentes a la ley ositiva sin
. ues ien, ¿cómo entenderlos como preexisSi el fenómeno)urídicoes ;~~ e~ fenóm~no jurídico sea natural al hombre?
algo jurídico inherente ;l l~~~;: y rad1c_a\mente, cultural, ¿cómo entender
atributos de la persona huma
. ' ~senc1a a él, cuyo fundamento son los
de la dignidad inherente a lana, mtnnsleco a todo hombre, que se desprende
persona mmana;i Porq e
.d
resultan in1·n te1·igi.bles sm
. una. relació
u es ev1· ente
derecIios humanos
•
1 1d que los
ua
quiera
que
sea
la
o
.
.
ó
n
esenoa
a erecho
e 1
derechos humanos -adm·t~dm1 n qu~ se t_enga sobre la naturaleza de lo~
tend erse como algo en sí 1 1. a su eXIstencia.
' no parece que puedan enmismo ªJeno al derecho, y, en consecuencia, su

7º

=

tº;~

·

ª

77
76

�4.

existencia pone en crisis -en la necesidad de replantearla- la concepción
del fenómeno jurídico como algo meramente cultural, como sólo invento del
hombre.
La cuestión podría obviarse afirmando que los derechos humanos son
únicamente un producto cultural. Pero, si no me engaño, tal opinión
equivaldría a negar la existencia misma de esos derechos. Dado que los
ducumentos antes citados dicen que los derechos humanos son esenciales,
inlu.rentes al ser del hombre o a la condición humana, que se fundan en los
atributos de la persona humana y se desprenden de la dignidad inherente a la
persona humana, una de dos, o tales documentos hablan de algo inexistente, o
los derechos humanos no son productos meramente culturales, sino que se
enraizan en algo jurídico connatural al hombre. Por lo demás, desde su
nacimiento hasta hoy, lo que late tras los derechos humanos es la antigua y
permanente idea de que existe algo -que llamamos derechos del hombre,
sean derechos naturales sean derechos humanos- poseído por el hombre
como tal, frente a lo cual la ley positiva o lo reconoce o es injusta. Si
entendemos los derechos humanos exclusivamente como algo cultural,
necesariamente los debemos entender como derechos (o bienes jurídicos), no
meramente reconocidos, sino otorgados y creados por la sociedad, sea
mediante ley o costumbre, sea mediante unconsensus social generalizado. Pero
esto no es la idea que, según vimos, caracteriza esencialmente los derechos
humanos. Esta es la cuestión. ¿cómo puede ser compatible entender el
fenómeno jurídico como meramente cultural y, a la vez, reconocer como
verdadera la idea de los derechos humanos? Personalmente no me parece
una solución correcta negar que sea adecuada a la realidad la idea de los
derechos humanos como preexistentes a la ley positiva y al consensus social.
Por lo mismo, entiendo que el fenómeno jurídico es, en su base, un fenómeno
natural -hay realidades jurídicas naturales-, una de cuyas expresiones son
los derechos humanos.
Mis palabras anteriores, en lo que sobrepasan al estricto planteamiento
de un problema, se fundan -&lt;:omo resulta fácil advertir- en admitir que los
derechos humanos no son resultado de una ideología -como entienden una
serie de autores-, no son un invento del hombre, sino una realidad. El hecho
psicológico en cuya virtud los hombres y las sociedades admiten esos derechos
como anteriores a la ley positiva y al consenso social -tal como reflejan los
documentos estudiados a las reacciones normales de los hombres- no es una
reacción debida a factores meramente culturales, sino a dictados naturales de
la razón natural. En otras palabras, la idea de los derechos humanos como
preexistentes a los factores positivos es verdadera, porque obedece a una real
conformación del ser humano. De ahí la necesidad, pienso; de que la filosofía
del derecho estudie el fenómeno jurídico teniendo en cuenta los derechos
humanos y que no se intente establecer una noción de derecho sin tomarlo
en consideración.
78

Los DERECHOS HUMANOS y

lA NOCIÓN DE PERSONA

. La nota esencial de los derechos huma
d l
.
plantea una cuestión no e ueñ
. nos e a que verumos hablando
rns compatible con los ler~cho:1::;:~~:ói° al c~ncepto jurídico de persona.
prevalece en la doctrina jurídica? La
a n~c1ón.de persona: que todavía
y obligaciones o también como sujeto c;::s~::;s efimd~ co~o SUJe!o de derechos
no es en este punto donde se plantea el
~~hosyob~igaczones.Smembargo,
notas del concepto de
pro ema, smo en dos caracteres o
.
persona que -en mucha
.
implícitamente-están presentes ' 1
s ocas10nes sólo
la doctrina científica y los jueces ye;.~ usolque del concepto de persona hacen
tes: a) ser persona está en relació n unla es. Estas dos notas son las siguien.
n con e status o rol social· b)
una rnnces1ón de la ley positiva o d" 1 d
' ser persona es
tal es tenido por la ley Exami~ te 10 e otro modo, es persona quien como
a) U d I .
.
emos por separado ambas notas
, . na e as ideas más inconscientemente arra. d
.
exphc1tamente puesta de relieveiga as -y, por eso, menos
virtud del papel o rol que el hombr: J:s:~~:~erechos debe~es se tie~en en
fundamento de los derechos y deb
, la en la vida social. El ongen o
.
eres sena e status o estado
. l
té rmmos sociológicos más modero
l
.
socia , o sea, en
social como origen de los derechos ;sdeeb:~s~~~1a~ Jarece aquí la condici6n
y deberes que están en relación
. . n u a hay muchos derechos
se da un paso que es el ue la1~;n la cond1~1ón y oficio sociales; pero de ahí
de que todos l~s derechos~ d!ere::.la cuesa¡n¡ este ~a.so consiste en la idea
en sentido jurídico es el hombre en u ima~~ -~ a condición; y por eso persona
conocida y antigua definición de pe na c . " zct social. Este es el origen de la
(como puede verse en Heineccio)·:o~a.frpersona es el hombre en su estado"
romana "por naturaleza se es ho~br; tases no menos conocidas como la
consecuencia bien conocida es la d
.' ~or ~~ estado se es persona". Una
d
d
escnmmac1on que al calor d
fi
e enten er la persona en sentido . 'dº
.
•
e esta orma
derechos se tiene - or .
l JUrt ico, se mtroduce: si la plenitud de
sta
hombres de las castas Pque :tcmp ~d po~ lfia ~a , ~erán discriminados los
. .
ons1 eran menores· s1 el c ·t .
l
. .
,
n eno es a raza, se
d tscnminará a los hombres de otr .
serán los hombres llanos t
as I azas, si es la nobleza, los discriminados
.
, e c.
Pnncipio fundamental de los derechos hu
deben su origen a la condición o rol de la
manos _es que estos_ derechos no
hecho de ser hombre· por e
l . persona, smo que son mherentes al
o con su dignidad· .
so se re ac~onan con los atributos del ser humano
.
• Y por eso también las decla ·
nacionales sobre esos derechos insist
'.
d
raciones y pactos ínterhombre con inde,,,endenc . de
. en r~1~era amente en que los posee todo
. , .
r
za cualquzercondici6n Esto ti
l
.
JUnd1co, una indudable trascend .
.
ene, cara a pensamiento
los derechos humanos sólo es en::1~~\¡°r~ue ese principio fundamental de
un núcleo básico de derechos -lo d i ehs1 s~ parte del supuesto de que hay
condición del hombre ni de ll ~ eredc os rnmanos- que ni nacen de una
,
e a epen en. Todos los hombres son titulares

r

79

�de esos derechos, independientemente de su condición, Porque esos derechos
preexisten a cualquier condición y son independientes de ella. Lo cual
significa que no se es persona, en sentido jurídico, en virtud de alguna
condición, sino Por el mero hecho de ser hombre.
b) La opinión de que se es persona por concesión de la ley positiva, o si se
quiere la proPosición "es persona quien dice la ley Positiva", plantea la
cuestión de su compatibilidad con la idea de unos derechos (o bienes jurídicos)
preexistentes a la ley positiva. Si existen verdaderos derechos humanos -esto
es, si los derechos humanos no sólo se llaman derechos sino que los son, como
pienso-, la incompatibilidad es manifiesta, Porque si el hombre es sujeto de
derechos con precedencia a la ley Positiva, en persona con independencia de
esa ley.
·
Si los derechos humanos no se entienden como verdaderos derechos, pero
se admite al menos lo mínimo para que la idea misma de derechos humanos
no se desvanezca completamente (bienes jurídicos inherentes al ser humano),
por lo menos habrá de aceptarse la presencia en el ser humano de algo que,
siendo inherente a él, preexiste a la ley Positiva como medida de su justicia e
injusticia. Ese mínimo no puede ser otra cosa que el reconocimiento del
hombre como portador y titular de bienes jurídicos inherentes a él, que lo
constituyen como sujete ante el derecho y no como mero objeto. Esta subjetividad jurídica -ser sujeto ante el derecho-ya constituye al hombre como
persona -&lt;:orno sltjeto- ante la ley.
Si, en cambio, no se admite ninguna subjetividad jurídica inherente al ser
humano, si se afirma que el hombre no es, de suyo, sujeto ante la ley, si la
personalidad jurídica se tiene enteramente Por creación de la ley positiva,
parece obvio que no pueden admitirse los derechos humanos, en cuanto
representan o verdaderos derechos o bienes jurídicos y valores objetivos
inherentes al ser humano. Los derechos humanos -tal como se entienden
en las declaraciones y los pactos- se desvanecen; se esfuma la nota esencial
de los derechos humanos de la que venimos hablando. Si la personalidad
jurídica no preexiste a la ley positiva, no existen los derechos humanos, sino
-acaso- otra cosa distinta.
De ahí la trascendencia del art. 6 de la Declaraci6n Universal de los Dereclws
Humanos, recogido en otros textos internacionales: todo hombre, dice, tiene
15
derecho en todas partes a ser reconocido como persona ante la ley. El
lenguaje es el mismo que hemos analizado al principio y tiene el mismo
sentido; pues bien, si ser persona ante la ley, si la personalidad jurídica debe
ser reconocida en todas partes a todo hombre y a esto se le califica de derecho

humano, la conclusión es clara: ser
. . , .
a toda le_y positiva, la personalid~~r~::í~?c:s~n~doJundico es preexistente
huI?ano mdependientemente de su c~ndición ~~;~~;n~ce~se a ~oddo ser
nacido-y allí donde no se reconozca rs
.
. , _n a e naci o o no
existente -e l ·
pe onalidad JUndica a un ser humano
ua qmera que sea su raza o casta 1
.
cualquiera otra condición- se com t . . .. , iaya nacido o no nacido, o
.

•

e e lDJUStloa.

Si las cosas son así, si el citado art. 6
.
teoría de los derechos humanos tal
y, en general, las ideas claves de la
nacionales, no son un inmenso'erro~º7~ nos aparece_n en los textos ínternoción de persona en sentid . , . ' c mo compa~i_nar_ todo esto con la
por la ley positiva?
o Jundico como una condición Jurídica atribuída
Por otra parte, e independientement d 1 fil ff .
.
aplicar a la vida jurídica el principio de e e.. a oso ia Jurídica que se siga,
Estado determinado, aquel a uien la l;ue e~ persona ante las leyes de un
como tal" consu·t
9
Y positJva de ese Estado reconozca
uye un notorio quebrantam· t d l
Universal de Dereclws H
ien
e art. 6 de la Declaraci6n
el Pacte Internacional deU:::.e":,:O;
el áp~?~to de los países que han firmado
su art. 16.16
l s y o ituos (1966), una contravención de

d:'f!le

5.

°

EL SER HUMANO COMO SUJETO DE DERECHOS INNATOS

Aunque
sondel
varios
más los problemas que l~s derechos humanos plantean
a la
filosoffa
derech
enunciar para mostrar c~ál:;a Pe~rece; suficien~es los que he tratado de
núcleo jurídico inherente a la persos:: 1:::aC:.:U~~ a todods e~los: si hay un
la ley positiva?
• c mo re ucir el derecho a

Jº

La cuestión reside en que ne
, 1 . , .
humano equivale a negar la exist ga~ es~ nuc
Jund1co inherente al ser
eso no se trata simplemente d enc1a misma. e los derechos humanos. Por
vez, de un punto clave de la te~r~:
~rued1tlo sohbre el derecho, sino, a la
E ti d
l
rec 10s umanos
n en o que os filósofos del derecho
: .
enfrentarse decididamente
-_y en _general los Junstas- deben
innatos o al menos es
con es~ cue~uón: cposee el hombre derechos
que enfr~ntarse a ¡lla ~~~:~:t;; :1enes Jurídicos i~herentes a su ser? y hay
mente equivale a negar ue , .
e su trascendencia: contestar afirmativasostener que sólo la leyios:~~ª;:1~:::~~a d~re~~o la ley positiva; ~ su vez,
derechos humanos talco
o sigm ca negar que existan los
su sustituci·ón mo aparecen en las declaraciones y en los pactos-en su caso- por otr
d' •
Y
insistir
en la razón· si algo
1 a cosa istmta. No hace falta, creo
.
parece c aro respecto a los derechos humanos e~

J;~:

15 El art. 6 dice textualmente en su versión inglesa:"Everyone has the right to recogrútion

everywhere as a person before the law". Traduzco esta versión, parque me parece más clara
que la original castellana: "Todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al

16

Recoge literalmente el art. 6 de la.Declaración Universal: cfr. HZ, 1424.

reconocimiento de su personalidad jurídica" (HZ, 239).

81

80

H umanitas-6

�que una nota esencial suya es la de que no provienen de una concesión de los
poderes sociales ni del consenso general, sino del propio ser humano.
Asi, pues, este es el reto que se plantea a los juristas y a los filósofos del
derecho: ,existen o no existen los derechos humanos? Cuanto dicen las
declaraciones, antiguas y modernas, y los pactos internacionales sobre
derechos inherentes, derechos esenciales, derechos fundados en los atributos
o en la dignidad de la persona humana, ,es vana palabreria, una idea
equivocada que se traduce en un lenguaje lleno de impropiedades? o, por el
contrario, ,expresa una sencilla verdad: el ser humano es portador de un
núcleo innato de derecho? Me parece fundamental plantearse la cuestión con
toda claridad y sin prejuicios. Sin resolverla, cuanto se diga sobre los derechos
humanos será un bello edificio sin cimientos, pues siempre quedará en pie la
pregunta fundamental: ,existen o no existen los derechos humanos?

PARA UNA ONTOLOGÍA DE LA MUERTE
DR.JOSÉ RUBÉN SANABRIA

Universidad Iberoamericana.

PARA UNA ONTOLOGÍA DE LA MUERTE.

"Toda la vida no es más que un caminar hacia la muerte" (Séneca).

6. CONCLUSIÓN

Habiendo planteado las cuestiones que anunciaba al principio, creo haber
cumplido el propósito de estas líneas. Pero no quisiera terminar sin apuntar
lo que, a mi juicio, puede ser el camino más correcto de responder a la cuestión
planteada. Entiendo que las declaraciones y los pactos internacionales sobre
derechos humanqs expresan una profunda realidad humana y aquella idea
sobre los derechos humanos que responde a su genuina naturaleza: derechos
inherentes a todo ser humano, fundados en su dignidad de persona. Por eso
entiendo que la teoría de los derechos humanos debe asentarse en estos
postulados: a) los derechos humanos son verdaderos derechos; b)estos
derechos son preexistentes -y, en consecuencia, independientes- de la ley
positiva y del consenso social; c) estos derechos se fundan en el hecho de que
el hombre es persona, entendiendo Por persona a un ser dotado de dignidad,
dueño de sí y, en consecuencia, portador de unos bienes que son derechos
suyos.
Los derechos humanos son una realidad -no una ideología-, y en
consecuencia correspünde a la filosofía del derecho dar una noción de derecho
que se acomode a esa realidad, no a la inversa.

"La muerte es p~obl~ma únicamente del hombre ... Ha sido por

e_llo te~a de med1tac1ón y profundización en todo lugar y en todo
uempo (M.F. Sciacca).
"La mort.:. n'est pa~ une limite, une négation de la vie. Elle donne

au contraire, á la vte sa signification la plus haute" (R. Garaudy).'
1.- INTRODUCCIÓN.

es -al menos en
P ~~ncia-contrad1ctono Porque parece que Epicuro tenía razón al afirmar
que a muert~, no es nada para nosotros, pues cuando nosotros existimos la
m~erte no existe, y cuando la muerte existe, nosotros no existimos No' es
naé a, por tanto, ~i Pª~?i los vivos ni para los muertos; para aquéllos n~ existe
in s~os ya no eXJsten . _En_ tal caso, tratar de la muerte es tratar de al
existente. y la ontolog1a nene por objeto de estudio lo que es n 1 g
no es-· y sin. emb
o o que
e.·
· argo, 1a muerte se da; es un hecho innegable.- Porque
"el
l x1s_~n~e es _vida y muerte, muerte Porque es vida, vida porque es muerte"2.
; v~ a implica la muerte, y la muerte implica la vida -al menos en el niveÍ
nt:lcdo-. Entonces hay una ont.ología de la muerte: hay una muerte la de cada
uno e nosotros.
'

~~~!EN_ PODRÍA PEN_SAR ~UE EL TÍTULO DE ESTE ENSAYO

¿

1
2

82

Carla
apud e. Ferná ndez, Los fila óso1os
,r. antiguos.
.
Madrida Menaceo
1974
870
Selección de te:dos La BAC
MF i
' n.
' P· 469. .
'
'
.. Sciacca, Muerte e anrnorlalidad, Miracle' Barcelona' 1962,p.15
.

�Los grandes filósofos -desde Platón a Heidegger- han tratad~ d~ la
muerte. y sobre todo, a partir del existencialismo, es el tema de meditación
de los que se dedican a filosofar. Pero es curioso advertir que "hasta estos
últimos tiempos, el fenómeno de la muerte parecía no interesar ya a la
filosofía ... Omisión idéntica en los manuales de filosofíua presentados como
tomistas ... Tal silencio tiene sus causas y probablemente sus consecuencias"
-afirma un tomista contemporáneo-3• Y es verdad. F. Gaboriau no dice
cuáles son las causas de este hecho. Pero pienso que la principal -si no la
única- es que esos filósofos están convencidos de que la filosofia es esencialmente especulativa y trata de esencias, que no mueren. Incluso se ha llegado
a la afirmación de que "la filosofia es siempre contemplación, no puede ser
'práctica', como una acción"4. Aquí habría que aclarar qué se entiende por
filosofía y, sobre todo, en qué sentido se emplean las palabras
"contemplación" y "práctica". Pero evidentemente no es este el lugar de

/

discutirlo.
Para realizar una rMditatio mortis sería preciso abar!=ar todos los aspectos o
elementos que la muerte conlleva -como la vida-. Porque "la muerte, como
fenómeno que afecta en forma singular a la corporalidad y espiritualidad del
hombre, se revela como un punto crucial donde se anudan preguntas
ontológicas, antropológicas, éticas e histórico-filosóficas, cuya solución es
todavía en gran parte tarea"5 . Sin embargo, en esta meditación m~ concreto
a lo antropológico y ontológico. Por otra parte, no hay que confundir el hecho
de morir con la muerte -a veces se entiende la "muerte" como los últimos
momentos de la vida o como el momento en que el viviente humano deja de
vivir-. Ciertamente ese momento es importante -filosóficamente-, pero
el verdadero problema filosófico es la muerte misma; más concretamente, la
naturaleza caduca del existente humano -su contingencia-. ¿Qué significa
para el hombre tener que morir? ¿Qué significa que le sea imposible eludir
este trance, inminente en cualquier momento? ¿por qué la muerte nos acecha
aquí y ahora? ¿Qué sentido tiene la muerte? _¿y la vida?-.
La muerte se puede considerar simplemente como un hecho. Y en este
sentido el hombre y el animal son iguales. Así leemos en Job: "Pues
bien sé
6
que a la muerte me conduces, al lugar de cita de todo ser viviente" • Y en otra

3
4
5

6

El hombre y la muerte, F. Gaboriau, A~tolado de la Prensa, Madrid 1969, PP· 15-16.
A. Caturelli, lA, Filosofía, Gredos, Madnd, 1977, p. 220.

H. Holz, palabra muerte en conceptos fundamentales de filosofla, Herder, Barcelona, t. II,

p. 599.
Job, 30, 23.

parte de la Biblia se dice: "el hombre y la bestia tienen la misma muerte el
uno como la otra... En nada aventaja el hombre a la bestia... T~dos caminan
7
hacia una misma meta; todos han salido del polvo y todos vuelven al polvo" •
La muerte se puede considerar como humana -es la verdadera muerte-, y
en este caso sólo el hombre muere. Por lo cual se ha dicho: "los seres que no
saben que mueren, no mueren, pcrecen"8 • Sólo el hombre sabe que va a morir.
Pero este conocimiento lleva consigo un esencial desconocimiento: -"m()rs
certa, hors incerta", decían los antiguos-. Es lo mismo que bellamente -como
de costumbre- decía S. Agusún: "entre todas las cosas de este mundo es la
, •
•
,..
.
9
umca cierta - incerta omnui, sol,a mors certa"- . O más ampliamente en otro
lugar: "Todo lo demás que hay en nosotros, lo bueno y lo malo, es incierto ...
El niño que _vemos nacer crecerá o no crecerá; quizá llegue a viejo, quizá no;
tal vez sea r_i:º• tal vez pobre; quizá venerado, quizá despreciado; puede ser
que tenga hlJOS y puede ser que no los tenga ... Ve enumerando todo lo bueno
que se te ocurra, pero no olvides también contar lo malo; en todo ello, en lo
bue_n~ y en lo malo, el quizá las unifica a todas: quizá sean otras. Pero ¿puedes
declf igualmente que ese hombre quizá muera o quizá no? Desde que nace
10
un hombre hay que decir de él que no podrá escapar a la muerte.
Para saber qué es la muerte es conveniente recurrir a la historia y ver
~l?t~nas opiniones acerca de ella. Tal vez nos ayuden a formar nuestro propio
JU1Cl0.

U.- ALGUNAS OPINIONES ACERCA DE LA MUERTE.

l.- En la Biblia la muerte es considerada como "el camino de todo el
mundo" 11 • y se recurre a diferentes comparaciones. Por ejemplo: "toda carne
como _un vestido envejece,_pues ley eterna es: hay que morir. Lo mismo que
las hops sobre el árbol tupido, que unas caen y otras brotan así la generación
de carne y sangre; una muere y otra nace. Toda obra corruptible desaparece
Y su autor se irá con ella" 12• La Biblia no dice qué es la muerte. Se limita~
describir _el hecho -el fenómeno- de la muerte y de acuerdo a las diferentes
concepoones populares. Así se dice que la muerte es una vuelta al polvo una
llamada que D!os hace al soplo vital, como un regreso del espíritu a Dio~ que
3
lo da, como salida de este mundo, como salir del cuerpo1 • Hay muchos textos,

7 Eclesiastés (Cohélet) 3, 19-20.
s M.F. Sáacca, op cit., p. 28.
9 Enamú. in Psáltn. 38, 19.
10 Sermones, 97, 3, 3.
11 los. 23, 14.
12 "Eclo., 14, 17-19.
13 Cfr. Gén., 3, 19; 35, 18; Sal. 104, 29; Ecles. 12, 7; Sab., 3, 1-3 9, 15; 2 Cor., 5-10.

85

84

�A~u·guo Testamento como en el Nuevo. Lo dicho baste para ver

tanto en e l .-~u
cómo la S. Escritura trata el tema de la muerte.
, d b
2.- Los filósofos griegos advirtieron que una verdadera antr~polog1a e e
tener en cuenta la muerte: el hombre real y concreto lleva consigo la muerltle.
.
b ·e todo prepararse para e a.
De ahí que se preocuparan Por defimr1a y, so r
'
"d de
Sócrates -tal vez mejor, Platón por boca de Sócrates-!f:gura :tro ::so
antiguo"lamuertees"laseparacióndelalmaydelcuerpo .Con. ~ g
.
6
-fo decadencia?- de la filosofía griega la idc.:a de la muerte adqum mayo1
.
"d d pero también produjo el intento de anular el temor a la muerte.
mtenst a ,
{,a ·
· tencia de la muerte o
Mu conocido es a este respecto el sofisma de m.exis
. '
sofi~ma de la no coincidencia, formulado Por primera_ vez por Eptc:o y
.
r Cicerón Lucrecio Marco Aurelio y posteriormente por onrereudo po l
' t 15 Cicerón escribe: "Convéncete firmemente de
tatgne y Bloc 1, entre o ros •
ºd d·
" 16 Lucrecio afirma con segun a ·
esto· tú no eres mortal, lo es tu cuerpo .
.
.
" .N. bes ue la muerte no dejará otro tú subsistente que pudiera, vivo,
c., o ~a
q
dá ;i,,17 También Marco Aurelio dice: "Quien teme a la
llorar Junto a tu ca ver. .
.
d
d
·t o teme una ausencia de sensaciones, o sensaciones . e or_en
mue1 e,
· á l
l· y st adqmere
diferente. Pero si ya no tiene sensaciones, no sent.J.r _e ma '
.
.
s de d·1cerente orden será un diferente ser vivo y no habrá dejado
sensac1one
1
. . ,,)8
d e vivir •
.
.
.. "La uertc viene: sería
El mismo Séneca estoico, uene esa idea y asegma.
m
de temer si ella udiera compenetrarse contigo; pero, o no ha_de al_canzar~e,
. . pd
. ,,19 Losestoicoscreenquelamue1tefo1mapa1te
o pasará s1gmen o su cammo . ello no hay que temerla. Además, no es fin
del todo --cosmos- ordenado • Por
1

•

? -5· d da al una -le replicó simmias. -Y que el estar
"¿Creemos q~e es algo la muerte .
m
g ado del alma, queda a un la&lt;lo sólo en sí
muerto consiste en que el cuerpo, una
par la sí misma ¿Es acaso la muerte otra
mismo, y el alma a otro, separada del cucrr,◊F, ydóso
¿y no ~
el no;bre d e muerte
6
cosa que eso.? - No- respandió-..
. es eso · e n·6 del' alma con el cuerpo? -5·m d ud
a eso precisamen~, 3:1 &lt;l~ ligan1;1ento y separac1 n
.
alguna -respandió Smmuas. Ibid., 67 dsber Experiencia de la muerte, Séneca, México,
15 Para el sofista cfr: nota 1, Cfr. P:L. Latalnidad terder Barcelona, 1970, P· 43.
,
•
1940, P· 108; J. p 1eper, Muerte e inmo~
II, 8~8.
16 De rerum natura, l. l _
5 8.
ta 30
17 Rejle&gt;.-iones p_ara cons1~ 1msmo, Vlll_,
145, ~ posset:
0
necesse est aut non perveniat aut
18 Cítado P?T P. L._Lanasberg, op. t : P·
19 "Mors ad te verut? Tunenda erat, SI tecum
transeat". Epist. ad Lucilium, IV.

14

v:z se

~:.¡.

cb.

ª

absoluto sino una transformación pues en el cosmos nada perece: "estas cosas
se van, mas no perecen" 2º. Recomendaron la meditación asidua de la muerte:
así se tiene dominio sobre ella. "Para no temer a la muerte piensa siempre
21
en ella" •
3.- S. Agustín considera la muerte como una ausencia. Así lo dice en el libro
IV de las Confesiones cuando la muerte de un amigo hace que todo le parezca
como muerte - "quidquid aspiciebam mors erat" 22• Pero con más frecuencia, y
como manifestación de su platonismo, habla de que "la muerte es el partir el
alma del cuerpo"; la muerte del cuerpo acontece cuando lo abandona el
alma23• Esta idea de separaci6n es clásica y aceptada por la tradición. Así, por
ejemplo, A de Hales, S. Alberto Magno, Sto. Tomás y en general los escritores
cristianos -"Den Vorgang des Todes bestimmte die Patristik als Trennung der Seele
vom Leib"24. Especialmente el de Aquino escribe: "la muerte en nosotros es la
separación del alma y del cuerpo"; "la muerte del cuerpo no es más que la
separación del alma en relación a él"; "ningún hombre se dice muerto sino
porque su alma se ha separado del cuerpo"; "en facto esse la muerte se
25
considera según que ya se realizó la separación del cuerpo y alma" •
4.- En la época moderna -se ha dicho- la problemática de la muerte tiene
fundamental importancia en la filosofia de He_gel26. Sea de ello lo que fuere,
lo cierto es que la relación finito-infinito.es un tema central en el pensamiento
hegeliano. Tanto que en una de las tesis de habilitación -27 de agosto de
1801-Hegel precisa: "La idea es la síntesis de lo infinito y de lo finito y toda
filosofia está en las ideas"27• Lo finito, para Hegel, es, por definición, lo
limitado, lo caduco, lo que debe terminar, es decir, lo que lleva consigo la
destrucción y la muerte. Así lo dice expresamente en La Ciencia de la L6gica:
"Cuando se dice, acerca de las cosas, que ellas son finitas, con esto se entiende
que no sólo tienen una determinación ... sino que antes bien el no-ser consti-

20

21

22
23
24

25

26

V

Id., ibúl. :"desinunl isla non pereunt",36
Id. ibid. 30 "Tu auJem mo1·te111 td numquam ti11ieas semper cogita".
Confes., IV, 9, 22-23.
Cfr. Opus iniperf., 6, 31. PL 45, 1585 De civil. Dei., 13, 2. PL 41, 396.
J. A. f"ischer, Studium zu,n Todesgedanken in der alten Kirclie, München, 1954, p. 25.
De Hales: "in ipsa separatione animae a corpore diciiur1rwrs", Summa, Quaracclú, 111, n . 213;
Alberto Magno: "Poena mo1tis, qwu est separatio animae a corpore", Summa Theol, Bourget,
Paiis, 1895, t. 33, p . 11, tr. 17. q. 113, p. 327.
"Mors autem in nobis est secundu1_11sefJaratione1nanimae acorpore", In III Sent. d. 21 , s. 3; "Mors
corporis nihil aliud esl quam separatio animae abipso", ComfJ. Theol., c. 229; "nullus homo dicitur
mortuus nisi ex eo quod a.nima ejus a corpore separata est", In III Senl., d. 21, a. 3; "in facto esse
1,wrs consideralur secundum q1wd ja.,n[acta est separa.tia corporis et anima.e", 3. 50, 6c.
Cfr. A. Koive,Introduction a la leclure de Hegel, Gallimard, Paiis, 19,17, pp. 536, ss
K. Rosenk:rans, Vita di Hegel, Vallecclú, Firenze, 1966, p . 165.

87

86

�tuye su naturaleza y su ser. Las cosas finitas exis~en... _pero la verda~ de este
existir (ser) es su fin. Lo finito no sólo se cambia ... smo que ~erece, y ~o ~s
simplemente posible que perezca, de modo que pudiese tam~1én existir sm
tener que perecer, sino que el ser (existir) de las cosas fimta~, como tal,
consiste en tener el germen del perecer como su ser-dentro-de-s~; la _hora de
su nacimiento es la hora de su muerte" -"die Stunde ihore Gelrurt ist die Stunde
1·¡
, ires Td"2s
o es - .

.

"

Si para Hegel, la filosofia es esencialmente idealismo y éste consiste en no
29
reconocer lo finito como un verdadero existente" , la tarea de la filosofia es
anular lo finito. Por lo que la muerte -superación de lo finito~ entra en los
fines de la religión "porque tampoco la religión reconoce 1~ fimtud coro? un
3
ser verdadero, como un último, un absoluto" º.La muerte'. signo ~e la fimtud,
es, pues, negatividad, nada que aniquila en tanto que acción. Y s1 el hombre
es acción y si la acción es negatividad que "aparece" como muerte, el hombre,
en su e~tencia, es únicamente muerte -"la hora de su nacimiento ~s ~a hora
de su muerte"-. La destrucción de lo finito -la muerte- es la umca que
permite concebir coherente al Infinito. Y el Espíritu "sólo conquistas~ verd.~~
cuando es capaz de encontrarse a sí mismo en el a~soluto desga_rram1ento
porque el Espíritu siempre tiende a negar lo particula_r, l~ fimto. Y todo lo
particular tiende siempre a universalizarse; todo lo ~m~o tiende a s~1pera_rse
- Aufgeben dialéctico- en el Infinito. Este es un mov1m1ento de la d1alécuca,
es decir, de lo Real que implica necesariamente la muert: ...
Véase que para Hegel la muerte es la condici?n d~ ~os1b1hdad ~ar~. que el
hombre se trascienda. Además, la libertad y la l11stonc1dad son sohdanos con
la muerte: sólo un ente mortal puede ser libre e histórico con tal que acepte
la idea y la realidad de su mue rte y pueda arriesgar su vida sin ninguna
2
necesidad sólo en función de un ideai3 . El hombre es verdaderamente
individuai porque puede morir, pero para realizar su ple~itud l~ individualidad y transformar la particularidad de la existencia en um~ersahdad humana
es necesario que el hombre salga de su hic et nunc, es deor, qu~ muera. ~on
la muerte r eal el universal penetra en el particular y éste llega as1 a la plemtud
de su finitua33. Por lo que el hombre no sólo es mortal sino que es la muerte
encarnada, es la enfermedad mortal de la naturaleza. Ser hombre es, p~ra
Hegel, poder y saber morir. Entonces, p ara vivir humanamente es pren so

realizar su propia muerte, es decir tomar conciencia de ella, afrontarla
voluntariamente: el verdadero ser del hombre es su muerte en cuanto
fenómeno consciente. Y sin embargo, la muerte produce angustia porque es
"lo más espantoso": "La muerte, si así queremos llamar a esa irrealidad, es lo
más espantoso", y la aceptación de la muerte es "lo que requiere mayor
fuerza" (fortaleza). "Pero la vida del espíritu no es la vida que se asusta ante
la muerte y se mantiene pura de la desolación, sino la que sabe afrontarla y
34
mantenerse en ella" •
Ante la muerte, el hombre -y no sólo el siervo- siente angustia "no por
esto o por aquello, no por este o por aquel instante, sino por su esencia entera,
35
pues ha sentido el miedo de la muerte, del señor absoluto" . Y es que el
hombre esencialmente es finitud, muerte. Por lo que sólo el miedo esencial
permite al hombre tomar conciencia de su ser. Ante la muerte -señor
absoluto"- el hombre siente angustia. Y sólo esta angustia esencial, sólo esta
conciencia de la muerte -el "desgarramiento absoluto"- pueden dar al
hombre su verdadera dimensión. Porque ."el espíritu sólo conquista su verdad
36
cuando es capaz de encontrarse a sí mismo en el absoluto desgarramiento" .
5.- 1). Los biógrafos dicen que J{. Marx solía repetir que "la muerte es una
37
infelicidad no para quien muere, sino para quien debe sobrevivir" . El amaba
apasionadamente la vida. Y sintió en carne propia el drama de la muerte
-sobre todo al fallecer su esposa Jenny-. Pero para ser fiel a su idea del
valor social del hombre escribió la conocida frase: "La muerte aparece como
una dura victoria de la especie sobre el individuo y parece contradecir su
unidad; pero el individuo particular es sólo un ser genérico determinado y como
38
' . texto d.irecto que dedica
· Marx al tema de la
tal mortal" . Este es e l umco
muerte. Bien es cierto que, por ejemplo, en El Capital se refiere varias veces
a ese tema, pero lo hace únicamente desde el punto de vista socio-económico
y no filosófico.
Si alguien preguntara el por qué de esta parquedad, quizá la respuesta sería
que Marx estaba convencido de que la muerte es un hecho biológico que no
vale la pena tratar filosóficamente. El texto citado, en sí mismo, indica que la
muerte no es contradictoria sino en apariencia. La realidad es la permanencia
y la unidad de la especie humana que está más allá de los individuos. Si éstos
desaparecen -mueren- , ella permanece; los individuos son simplemente

34

Ciencia de la Lógica, trad , A, y T, Mondolfo, Solar -Hachete, Buenos Aires, 1968, P· 115,
28

29 !bid,, p . 136.

~ ~:~~menol,0g(a del Espíritu, trad , de W. Roces, FCE., México, 1966, p. 24.
32
33

Cfr3, Koj~ve, op. cit ., p. 563.
Cfr. Fenomenologta ...p. 454.

Ibid., p. 24.
119.
Ibid., p. 24.
Carta ( l ~-III-1883)_de Engels a su ª IJ~go So rge,
Manuscritos econ611uco-fuos6f,cos, IJI. La propiedad privada y el comunismo", Apéndice I
de Marx ysu concepw del lumwre, E. Fromm, FCE., México, 1962, p. 139.

35 Ibia., p.
36
37
38

89
88

�función de la especie: el sentido de su vida y el sentido de su muerte se
identifican precisamente porque vida y muerte sirve~ por igual ~l ser
genérico -todos los hombres-. Sólo cuando el ser gené_nco se determ1~a en
el individuo surge la mortalidad. Por lo tanto, la mortahda~ es un predt~ado
de los individuos, mortalidad que está en función de la especte. A la mortalidad
individual corresponde una inmortalidad social -el género humano-. Por
lo que la muerte individual no tiene importancia.
.
.
El texto reconoce la dureza psicológica de la muerte, pero al mtSmo uempo
afirma que en sí carece de importancia: el individuo sólo tien~ ~mportancia
en el seno de la sociedad. La muerte realiza plena y defimt1vamente la
dimensión social -universal- del hombre. Esto no significa que para Marx
la muerte sea un simple hecho biológico, significa que la muerte en nada
compromete la gran empresa social del hombre -la humanidad-. Por lo
.
. 3~
que no es un problema humano d e 1mportanc1a .
.
2) Sabido es que F. Engels tendía a endurecer las doctnnas de M~rx. Por
lo que el (pretendido) humanismo de Marx en Engels se conv1e1~ en
naturalismo. Así se plantea el problema de la muerte a escala cósmica, y
afirma que la materia se mueve t:n un ciclo eterno, "un ciclo que únicamente
cierra su trayectoria en períodos para los que nuestro año terrestre no puede
servir de unidad de medida... un ciclo en el que no hay nada eterno, de no ser
la materia en eterno movimiento y transformación... ahora está firmemente
40
establecida la certidumbre de que la materia se mueve en su ciclo eterno" •
La muerte, según Engels, pertenece al juego dialéctico de_ la_natur~leza
biológica que es muerte porque es vida, que es muerte porque s~rve, mediante
el fin del individuo singular, para prolongar y renovar la especie; es, por ello,
un servicio a la vida y es recuperada radicalmente por la vida: "vida y muerte:
ahora ya no tiene valor científico -afirma Engels- una _fisiologí~ que no
conciba la muerte como un momento esencial de la vida (Enciclop., I,
152-153, nota), que no conciba la negación de la vida como esencialmente
contenida en la vida misma, de modo que la vida sea pensada siempre en
relación a su resultado necesai·io: la muerte que, en general, siempre está en
ella. La concepción dialéctica de la vida no es más que esto. Pero para quien
la haya comprendido, toda habladuría de in~ortalidad del. alma es~
eliminada. La muerte, o es disolución del orgamsmo que no deja tras de si

~ás qu~ lo~ c_01n~onentes químicos que formaban su sustancia, o deja tras de
s~ t~n pnnc1pio vital, más o menos alma, que sobrevive a wdos los organismos
v1v1entes... Por tanto, para eliminar, en este caso, una antiquísima
superstición, simplemente basta venir, mediante la dialéctica, sobre la
41
naturaleza_de la vida y de la muerte. Vivir significa morir" • El texto es largo
pero sufioentemente claro para ver que Engels resuelve un problema
filosófico recurriendo a la biología.
En definitiva, para el marxismo clásico el problema de la muerte carece
de importancia filosófi~a. La razón de esto la da el marxista M. Caveing: "El
hecho de que Marx deje el problema sin solución significa simplemente que
la muerte no es un problema en la perspectiva marxista. La cuestión de la
muer~e, como tod~ cues~ón_determinada, tiene sus raíces en la ciencia, y los
marxistas no podnan ser md1ferentes a una lucha contra la muerte. La muerte
tie~e causas biológi~as _que pertenecen a la biología, pero también causas
sociales como la m~s~na, la _guerra, la lucha de clases, que precisamente
pe1~tenecen al análisis marxista. Además es necesario considerar que la
soo~dad l~uma_na representa una realidad dialécticamente superior a la
reahdad biológica. Pero la solución de problemas que son específicos de un
c~mpo_ de lo 1~eal ~o p~ede abolir las leyes que regulan un campo
d1alécucamente mfenor. Sm duda por esto es que Marx ha dejado sin solución
42
el problema de la muerte" .
Si el problema de la muerte no tiene importancia en el marxismo clásico
no p~sa lo mismo en algunos marxistas contemporáneos que creen que eÍ
ma~xismo ~ebe dar razón de toda la realidad y responder a las siempre
anoguas _Y siempre nuevas preguntas fundamentales: ¿quién soy?, Me donde
v~ngo?, ca do~de_ voy?, ¿que me espera?. Precisamente E. Bloch empieza su
cele_bre Das PrznztjJ Hoffnung con estas preguntas: ¿Quién somos? ¿oe dónde
v_emmos? ¿A dónde vamos? ¿Qué esperamos? ¿Qué nos espera?. Muchos se
s1en~en c?nfusos tan sólo. El suelo tiembla, y no saben por qué y de iué. Esta
su s1tuac1ón es angustiosa, y si se hace más determinada, miedo" . Bloch
pretende responder a esas preguntas de siempre. Y admite que la muerte es
la más dura no-utopía y que es terrible. Ya desde Geist der Utopie (1923) se
muestra ~reocupado porque si la muerte no es desplazada la transformación
de la realidad es una utopía: si yo, como todos los hombres, tengo que morir
¿qué queda de todo lo que con tanto trabajo vamos construyendo? "Cuanto
más maduramos -dice-, más decrecemos. Muy pronto amarilleamos como

20, p. 534; trad. ital. Lombardo-Radice, Ed.
Riumtll, Roma, 1967, p. 303.
42 Leu,·e. a~ ~.P. Calvez, en "La nouvelle critique", IX, 1957, n. 90, pp. 39-49.
43 El pr111c1pw espemni.a, vers. esp. de F. Goniález Vicén, Aguilar, Madrid, t. I, Prólogo XI.

41 Di_ale~t~ der Natur, Marx-Engels, Werke, v.
39

40

Cfr. J. Gevaert, "L'altis1no di fronU al probleflla della 11wrle e deU'im1110rtalilá", en L'aleis!IIO
conlelnporaneo, S.E.l., Torino, 1969, t. Ill, pp. 513-514.
K. Marx, F. Engcls, Sobre la religión, S{gueme, Salamanca, 1974, PP· 296 Y310.

91
90

�44

las hojas y estamos en n·ance de pudrirnos bajo tierra" • Inevitablemente
surge la acuciante pregunta: si la vida es breve ¿vale la pena esforzarse y
trabajar por algo que nadie padrá ver como un todo? ¿Qué significa la historia
de la humanidad si pueblos o induviduos desaparecen y se extinguen? Se trata
de saber quién o qué puede vivir realmente la vida como vida entera45y no
como sucesión de fragmentos inconexos, torpemente mutilados . Es
necesario que la interioridad personal permanezca, que algo se salve del
naufragio total: "no nos sería posible sufrir asi por lo que es deficiente si no
latiese en nosotros algo que continúa creciendo, que resuena en lo más
profundo, que nos impulsa a ir más lejos y nos arrastra por encima de todo
lo corporal"46• Con estas palabras reconoce Bloch la teoria tradicional almacuerpo. Y acepta que debe haber algo en nosotros mismos que permanece
más allá de la muerte. El espiritu utópico osa proclamar
que por encima de
47
toda empiria y del mundo, non omnis e&lt;mfundar • Sólo asi tiene sentido la
aventura humana pues· si todo acabara con la muerte la vida sería un total
sinsentido. De todos modos Bloch admite que la muerte produce horror y que
está presente constantemente en la vida: "en el preciso
centro de la vida
48
estamos rodeados por una muerte siempre vecina" • Y distingue entre la
angustia ante el morir (Angst vor Sterben) y el horror de la muerte (Grauen des
Todes). Afirma tristemente que no hay un enemigo más central, ninguno tan
inesquivable, ninguna certeza en esta vida tan incierta ... que pueda ni siquiera
compararse con la certeza de la muerte... Las mandibulas de la muerte
49
aniquilan todo, y las fauces de la putrefacción eliminan toda teleologia" .
4) Por su parte el marxista-cristiano R. Gauraudy opina que "la muerte ...
no es un límite, una ne¡ación de la vida. Al contrario, ella da a la vida su
significación más alta" . Afirma, en oposición a Engels, que la muerte
humana difiere cualitativamente de la de los otros seres vivos, que no es una
simple descomposición biológica pues en la muerte humana está en juego "el
significado mismo de nuestra vida"51 • Por eso el temor a la muerte no es un
simple reflejo condicionado sino que "el verdadero miedo a la muerte es el
52
miedo de perder nuestras razones de vivir" . Y es que la muerte -según
Garaudy- promueve en nosotros la idea de la trascendencia: "mi propia
muerte es una constante evocación de que mi proyecto no es un proyecto

44
45
46

Geist der Utopje_, Frankfurt a Main, 197 ~, p. 309.
Cfr. ibid., p. 318 y SS.
[bid., p ._315.

pp. 309 y 313.
Atheismus 1111 Christenlum, Frankfurt a M. 1968, p. 338.
El
princif.io···
t. III,
p. 205.
Parole
dhomme,
Laffont,
Paris, 1975, p. 47; cfr. Del anatema al Diálogo, Ariel, Barcelona,

47 Cfr. iói.d.,
48

49

50
51

52

individual", pue~ en ~l caso con la muerte del individuo moriria también el
prorecto: Más aun, Sl una vida individual no tuviera que morir acabaría C
el d~nam~mo del individuo: "si yo no tuviera que morir nunc;, careceria ~:
5
la dimensión específicamente humana: la trascendencia" ~
. ?~raudy d~tingue entre hombre-individuo y hombre-pe~sona. El ho b mdividuo se nge
,
m rey
" Porel egoismo;
e1 hombre-persona, por la trascendencia
por el •amor.. La muerte es la muerte del individuo •·· La muerte no es
an~stio~a smo para quien se limita a su individualidad" porque todo lo que
es mduviduo será destruido por la muerte... y es que "el individualismo ha
e~ge~drado la angustia de la muerte ... La obsesión de sí ha conducido a la
o sesión ~.e la mue~te"54. En cambio, el reino de la persona es "inaccesible a
la mu_erte . Toda vida personal tiene eternidad: "mi vida tiene dimensión de
.
eternidad...
cuando soy un obrero responsable de un proyecto que metrasciende ... Sólo el amor nos salva de la muerte porque la muerte no
,
un
amor". Así la muerte nada tiene de absurdo, ni de repuls:::
"e ternble . Entonces, muere el individuo; la persona vive etername~te·
nosotros no form_amos_si~o un solo hombre, que no muere con nosotros"56.
~-- 1) En el existencialismo la muerte es un tema fundamental Así M.
Heidegger, cuya filosofía tiene como centro el ser, se sirve del te~a de l~
m~erte como contrapu?t~ para el est~dio del ser, por lo menos en Sein und
Zeit. U na de las caractensticas del Dasein es su ipseidad. Por lo que " d. pu d
tomarl.e a otro su monr
· ". y es que el morir es algo que cada "ser ahí"natiene
ie :e e
tomar· por
e
que
1d sí
1 mismo57. La dimensión mortal "das Sein zum ..,..,ode"
~'
1orma
parte
esencia" e ser del h~mbre; en su posibilidad más propia. Este "ser hacia la
m~erte" es, ~ara !feidegger, "absoluto", "cierto", "insuperable", "indetermmado . La idea mauténtica de la muerte se banaliza en las "l1ablad , "·
"se"
.
"
. ,,
unas .
m~ere, m~ere cualquiera ; pero esta interpretación de "ser hacia la
muert~ e~~ realidad es una fuga, una evasión, ante la muerte. En cambio el
auténtico ser hacia la muerte" decide no evadirse a la ángustia ante' 1
~uerte. Así se tiene "li~ertad ante la muerte": en la angustia el Dasein se hall:
ante la na?~ ~e la posible imposibilidad de su existencia". Porque la muerte
es
1 una
b posib1hdad constante del "ser ahí" ' es un modo de ser. Entonces el
iom re, al nacer, ya es suficientemente viejo para morir-"Tan pronto co~o

l''°

53

_grª:!

ll&gt;id., p. 47.

54 /bid., pp. 48 y 52.
55 lbid., pp. 57-58.
56 /~., p. 58.
57 Sein und Zeit, M. Niemeyer, Halle, 1958, PP· 237-241. En adelante: SZ.

1971, p. 89.
Cfr. El cristianismo es liberación, Sfgueme, Salamanca, 1976, p. 75.
Parole... p. 121.

93

92

�.
b
vie·o para morir"-58_ Esto significa
un hombre entra en la vida, es ya ~~:;: vida: ''la muerte es un modo de ser
que la muerte pertenece a la esencia
,,59 Por lo que el hombre es
que el Dasein toma-Sso~re sí ta;~;ont;sc;;i: :n ~r-para-la-muerte -Seinun ser-para-el fin
ein-zum-,
' .
. ,,60 El
a,,. de- Así "el Dasein muere fáctica mente mientras extste ·. ser-par
ZV-'TTlrl o
.
. p lo ue "la carrera hacia la muerte
la-muerte es esencial~eo~ angus?b~l-.do~ v\eva al Dasein a la simplicidad
expulsa toda casual e mtenna post t 1 a ... .
d . ,,61
de su es?no .
Sein und Zeit (1927) Heidegger continuó tratando Poste~~::::a:ente- el tema de la muerte en sintonía con lo ya
mebnl?s dsots y dice que la técnica es la constante negación &lt;l~ _la muertel.
pu 1ca .
.
ensar pos1t1vamente a
11 1
Entonces deviene algo insustanc1a~. Por e ~61~{62qpu;r~ que sea la puerta que
"l
1 palabra muerte sm negact n
muerte, eer a
. .6 de la verdadera esencia del hombre y
se abre "sobre 1~ exac~.~omp~e::~s n rofundidad afirma que, como cofre de
que lo lleva hacia el ser · Co
P.
b · 0 del ser- lo encubre
la nada, la muerte esconde en sí la esebnc1a delsertyo~csoaf1:~e la nad;". lo revela
. lé ·
nte Lo encu re en cuan
'
y lo revela d 1a ~ucame · .
d 11
bre la posibilidad de liberarse
or ue al aniquilar a los existentes, a a 10m
da
~e 1~ opresi?~ q~e le causan { de e¡con~:; ~l:;;;~.;::~e!:i:;~:::0~:les
en claro que s1gmfica ser: en ugar e no .
da venir a la muerte. Esta,
es una llamada de atención al mandato ... q~e man
de lo asible, sino el
:::e~::~~~:~:oete~:~:;:e~:::::c~::~:;d:i~:t~;io de la;·evelación que

ll

M

.

ama .
n varios untos de la filosofia sigue a Heidegger,
2) J-P. S~rtre, que -~ tanatoÍógica del filósofo alemán. Para Sartre la
rechaza la mterp~etac1 _n el absurdo total -"Il est absurde que nou.s soyons
mue1·te es la mamfestac16n d . «65 No se uede esperar la muerte porque
nées, il est absurde que 1wus 1nou.rwns. c.. . . P ·te Pero "la muerte que me
· ·bt p d ., esperarla s1 1ueia mi muei ·
es imprev1S1 e. o na
.
. ·t d personalizadora que sea particular
herirá ¿es la mía? ... no hay nmguna;n u
r a una muerte imprevisible.
a mi muerte"66. Por ello no me páue o ~:e~::ifestación del absurdo de toda
Además la muerte no es m s que
.
.
os
,o podemos esperar un acontecimiento determmado, que p1oces '
S61
espera.

5s
59
60

61

62
63
64

65
66

sz., p. 262.
sz., p. 243
sz., PP· 247,251.
sz.,
P· 384.
1953
279
Holzwege, Frankfurta M.,
, P·
·
Ibid., P· 28 0,

·

1954

lp·.256256. En adelante: EN.

Vortráge u.nd Au.fslUG'zeallim,
_PfüllidnJ~i'.s 194
L'Etre et le Néant,
ar ,
'
'
EN., pp. 671-618.

también determinados, están en vías de realizar. Pero la muerte pertenece a
la clase de fenómenos esencialmente fortuitos y, por lo mismo, no susceptibles
de espera pues lo propio de la muerte es sorprender siempre a quienes la
esperan en determinada fecha. En todo caso, llega demasiado pronto o
demasiado tarde, pero nunca a su debido tiempo. Sólo el azar decide el
carácter de mi muerte -y de mi vida- y ni siquiera la muerte más semejante
al final de una melodía puede ser esperada pues el azar, al decidir, le quita
7
todo carácter de fin armonioso6 • Así "esta perpetua aparición del azar en el
seno de mis proyectos no puede ser captada como mi posibilidad, sino, al
contrario, como la nihilización de todas mis posibilidades, nihilización que ya
no forma parte de mis posibilidades. De este modo la muerte no es mi
posibilidad de no realizar ya la presencia en el mundo, sino una nihiliwci6n
68
siempre posible de mis posibles, que está fuera de mis posibilidades" •
La muerte nunca da sentido a la vida; al contrario, le quita, por principio,
toda significación. Si tengo que morir, mi vida carece de sentido porque sus
problemas no recibert solución y porque la significación misma de los
problemas queda indeterminada. Además, la muerte no pertenece a la vida
pues si el hombre es su pro-yecto, su futuro necesita un después. Pero como
la muerte es la negación de este después es totalmente ajena al para-sí, no
pertenece a la estructura ontológica del hombre.
Sólo el otro es mortal en su ser: yo no soy "libre para la muerte"; soy un
libre mortal. Soy mortal para los otros, no para mL La muerte representa una
"total desposesión"; en ella mi ser se petrifica en un en-sí; es "el triunfo del otro
69
sobre nú"; que do como presa de los vivos •
La muerte es un puro hecho, como el nacimiento; nos viene desde fuera y
nos transforma en afuera; es un hecho contingente que pertenece originariamente a mi facticidad. Aquí se ve que la interiorización que Heidegger había
hecho de la muerte desaparece en Sartre que actualiza el viejo argumento
de Epicuro: cuando la muerte llega -dice- yo ya no seré; no es, por tanto,
un obstáculo a mis proyectos; es sólo un destino de ellos en otra parte. Porque
mi libertad sigue siendo total e infinita y la muerte está siempre allende mi
subjetividad que se afirma no contra la m4erte, sino independientemente de
ella. Por lo que no podemos ni pensar la muerte, ni esperarla, ni armarnos
contra ella pues es el absurdo radical. Y nuestros proyectos deben ser
formulados sin tenerla en cuenta. Ya no el heideggeriano -y cristiano"vivir para morir", sino el absurdo "la muerte es la ruina total, la sin razón

&amp;7
68

69

Cfr. ibid., p. 621.
[bid., p. 621.
Cfr. ibid., PP· 628 y SS.

95
94

�" ..~ es que para Saru·e "todo existente nace sin razón, se prolonga
b l ta - 1
asou
10
r debilidad y muere por casualidad" ·
.
Po 7 •• En el pensamiento cristiano se han dado varias posturas en relación a
la muerte. Lógicamente me voy a referir solamente a algunas.

l) Sabido es que M. Scheler trató poco el tema de la m~erte. Y es~ ~n
.
.
.
l"d d
El ambiente que viv16
relación a la supervivencia -mmorta i a -.
.
Scheler era reacio a la creencia en la inmortalidad. Si se b~s~a~ las
'lti. as razones del naufragio de esta creencia, tenemos que dmg1Tnos
u ..o~na Scheler- más bien a la manera principal có_mo el hombre
mo!erno experimenta su vida y su muerte' . y es extrano: lo quhe cabusa
.
l ·6 n la que se halla el om re
la falta de creencia no es la nueva re ao n e
á
ante el problema de si va a existir después ?e la muerte, qué su_cede~2
des ués qué destino le espera, sino su relación con la muerte misma
Ya ~o e~ vive "en vistas la muerte", el saber acerca de ella s_e reduce a
un puro juicio: "sabemos que vamos a morir". Por eso también falta
idea de una superación de la muerte. El hombre no h~ce caso de .ª
supervivencia, fundamentalmente porque, en el fondo, mega la esenoa

a

73

!ª

de la muerte .
. lo más importante de la tanatología de Scheler está en la idea de que
Peto
.
• ··
te· tenemos
la muerte es un hecho que conocemos inmediata e mtmuvamen . .
d la
certeza natural absoluta e inconmovible de que vamos a monr; es e
esencia de nues~ra experiencia de la vida hallarse dirigida a la muert~dPor lo
1
ticia "voy a morir no nos viene del hecho de que vemos m e que
;;ci:i:~s los síntomas de la edad. La idea de que la muert~ "pertenec~:s~:
forma estructura únicas en que nos está dada... nuestra vid~ ... y esto
dent ,,14 De modo que la muerte no se da al fin del proceso vital, no_ se h~lla
en ;otér~ino real de la vida, ni es una mera expectación de tal término, ~~no
ue acom aña la vida entera como un elemento de todos sus m?mentos . .
q Adviérfase que Scheler ha introducido la muerte en_la esenc~a de l~ vida.
Cada frase puntual del proceso de la vida consta de tres pecuhares dimensiones: ser resente, ser pasado y ser futuro, a las qu~ corre~ponden tres cla~es
de actos !ualitativamente distintos: percepción inmediata: ~ecuerdo m.
"ó . mediata En cada noticia de acontecimientos extermediato y expectaci n m
·
.
·d
nos, en cada experiencia interna de una vivencia psíquica, están contem as

70
71

72
73
74
75

LaNav.sée Gallimard, Paris, 1943, p. 1~4.
"d Í934
19
cfr. MuerÍe y supervivencia, Rev. de Ocodente, Madn ,
, P· ·
Cfr. ibid.
Cfr. ibid. p. 20.
]bid., p. 36.
Cfr. ibid., p. 44.

estas tres dimensiones con sus actos. O sea que en todo momento de nuestro
proceso vital sentimos y advertimos que algo se aleja y algo se acerca.
Y con el avanzar de la vida las tres dimensiones se van tendiendo sobre el
tiempo objetivo en una dirección característica: crece el pasado y el ámbito del
futuro decrece constantemente; vivimos "algo que escapa" y "algo que se
acerca". El ámbito del presente "se comprime" progresivamente entre pasado
y futuro. Así el conjunto de la vida vivida oprime su peso cada instante
presente y disminuye el conjunto de lo que podemos vivir, como existe en la
expectación inmediata de la vida76 • El constante decrecer de nuestra vida rios
da la sensación de que la dimensión del futuro se dirige a cero absoluto. Así
tenemos la intuición natural de la muerte. "La muerte no es, por tanto,
simplemente una parte empírica de nuestra experiencia, sino &lt;J.,ue es de la
7
esencia de la experiencia ... el hallarse dirigida hacia la muerte ..." •
De aquí se deducen dos consecuencias importantes: la muerte no nos debe
sorprender como algo accidental, como si fuera un "muro" contra el que
tropezamos en la oscuridad. Si así fuera, si fuera el desgarramiento del
viviente por fuerzas extrañas, no sería experimentable para todos. Y entonces
valdría el "discreto razoµamiento dialéctico" de Pródico y de Epituro _¿por
qué temer a la muerte? Mientras yo existo, ella no existe y cuando ella existe
yo ya no existo"-. El razonamiento falla precisamente porque la muerte se
nos anticipa en toda experiencia interior, de la que es elemento necesario: la
muerte acompaña todos los momentos de nuestra vida. La certeza intuitiva
de la muerte se distingue de toda otra vivencia que es secundaria y variable,
según los individuos; la certeza intuitiva subyace en el núcleo más profundo
de nuestra conciencia y es, de suyo, independiente de los sentimientos que
- Ia78.
.
puedan acompanar
La segunda conclusión es que "el morir la muerte es todavía, de alguna
manera, un acw del viviente mismo - "Das Sterben des Todes ist noch irgenwie
eine Tat, einActus des Lebewesens selbst"-. 'Morir su muerte' es todavía un acto
que pertenece al interior de la serie de los actos vitales, sea cualquiera la
manera como este acto se produzca por causas externas de índole
catastrófica"79• Entonces, la muerte es el cumplimiento del sentido de la vida
y cada uno debe disponerse a morir su propia muerte. Scheler cita el célebre
poema de Rainer María Rilke: "Señor, da a cada uno su propia muerte, el
morir que brota de su vida, para que tenga amor, sentido y urgencia. Porque
somos nosotros, la corteza y la hoja. La gran muerte que cada uno lleva en sí

76 Cfr. ibid.,
77
78
79

pp. 27-30.
Jb-úl., p. 36.
Cfr. i bid., pp. 36-38 y 44-45.
lbúl., p. 4 f.

97

96

Humanitas-7

�es el fondo en torno al cual gira todo. Porqu~ lo que hace extraño y dificil el
morir es que no es nuestra muerte; una muerte que nos arreba~ por fin, sólo
porque no hemos madurado ninguna en nosotros; por esto viene una tor80

menta para despojarnos de todo" •
•
El hombre moderno cree que la muerte siempre es algo externo.. Al mismo
tiempo pone en duda la creencia en la inmortalidad, más aún, su misma
posibilidad. Pero si la muerte es provocada desde afuera ¿se puede dar mayor
degradación de la muerte?. Por eso la primera condición para la fe e~ la
supervivencia del espíritu es la muerte misma. 'Supervivencia de la personalidad
espíritu-corporal'. "Estas palabras adquieren sentido solamente ~~n el
fenómeno, con la existencia e inexorabilidad del destino de todo ser viviente.
y la creencia en la supervivencia es solamente posible si se ha realizado ya la
posible sumisión espiritual a la muerte, esa espiritual reconciliación 81con ella
que llegó a anular el ilusionismo constitutivo del hombre moderno" 2} A la muerte de su madre, el niño Gabriel Marcel se preguntaba "¿A
dónde van los muertos?". Ese acontecimiento pesó grandemente
en su
82
vida: "ma vze entiire a eté dominée par ta mort de ma 171ére" -dice-. Los
temas fundamentales de su filosoüa: la comunicación, la fidelidad, la
esperanza y el amor, seguirán con el influjo dd tema de la muerte. El
intento de Marcel fue hacer una "filosofia concreta" en la que destaca
el tema de la muerte como contrapartida del tema del ser: "algunos se
podrán sorprender del lugar que ocupa la muerte ... en todos mis
escritos. Yo estimo que ese lugar nunca será demasiado considerable ...
En efecto, una cierta conciencia y ati·acción
del vacío
.
d es necesaria
1
.para
,,83
que el ser se pueda afirmar en su plenitud y con to a su ve 1emencia
La proximidad inmediata -asegura Marcel- ~s para mi la circunstan~ia
extrema por exelencia y nadie puede decirme s1 su muerte será o no inminente. En mi caso, la oposición entre condición extrema y condición
normal no se puede mantener. El filósofo debe mirar el mundo a la luz de la
amenaza constante: el estado normal es extremo. La filosofía no puede
prescindir de la muerte pues para afirmar el ser en toda su plenitud se necesita
cierta amenaza de la nada84• Pero la conciencia de la amenaza es sólo un
aspecto de la verdad. El ot1·0 es más importante, piensa Marcel: realizar la

so lb~- p. 55. "O Herr, gib jede.m eignen Tod, das Sterben, das aus jenem Leben geht ..."
s1 !bid., P.P· 69-70
·
7
302 , "Mon
82 Regara en Arriére, en E:..-ilentialisine chretien: G. Marcel, Plon, Pans, 194 , p.
83
84

enfance a. eté Q.S.!01nb1ie par la mort de ma ,ne-re, declaró a F.B. Carrnona.
Dú refus d l'invocation, Gallimard, Paris, 1940, p. 100.
Cfr. 1bid., pp. 100 y 105.

conciencia que debo vivir, actuar, amar, como si en cada momento estuviera
ante ~í la eternidad, y de !techo está ante mí. Y la actitud que debo asumir en
cada instante es la que debo asumir ante la vida eterna. Mi reacción frente a
cualquier prueba es la misma que debo tener frente a la última prueba que
85
es la muerte •
' No, puedo con~iderar mi muerte -dice Marcel- como un dato ·porque
todavia no se real_lZa y sobre todo porque tiene caractensticas tan singulares
que no me permiten confrontarla con ningún acontecimiento. Mi muerte
como mia, no es la de nadie. Además, 1~ muerte de la que hablo, de la que juzg~
eternamente, no puede ser la mía: "cuando hablo de mi muerte en realidad
no hablo de mi muerte. De lo que hablo es de mi vida86.
'
:l mi~teri~ de ~a muerte-Abe! en L'iconoclaste dice: "quizá sólo el misterio
reune. Sin misteno la vida sería irrespirable"-está íntimamente en conexión
con _el problema de ~a qdelidad, de tal manera que la muerte "es la prueba
sup1em~ de la fidelidad, el momento en que es necesario optar o por la
destrucción del amor o por su refhtjo en el misterio inverificable desde donde
desafia ~ la ausencia"87. Por_ misterio, en Marcel, no se entiende un vacío que
lle?ar, s_mo como una plemtud, como la expresión de una voluntad, de una
ex1genc1a ~n profunda que ella misma no se conoce88. Uno de los personajes
(A. Chartra1m) del ?rama La Soif pronuncia ·una frase que encontramos en
otra~ 0~ras marcehanas: "amar a una persona tquivale a decirle: tú no
monrás 1. El muerto pervive en mí no como recuerdo o como imagen sino
~orno presencia. De mi li~ertad depende conservar o no esta presencia:
aunque no pueda tocarte m verte, yo sé que estás conmigo. Sería renegar de
89
tí no te_ner tal seguri~ad" • :s decir, que la muerte no destruye lo que el amor
auténtico ha constrmdo. Asila muerte queda trascendida porque si la muerte
de la persona amada no es una aniquilación óntica sino la afirmación de su
ser en mí y conmigo, de igual manera nos es dado esperar que nuestra propia
muerte nos a_fiance en el se~00• Entonces, la muerte viene a ser "el trampolín
de una. espe1 anza absoluta, y representa, en comparación con la vida, una
~xaltación y no pura negatividad. Amor, misterio y muerte van unidos
mseparablemente: "el problema de la muerte -se pregunta Marce)- ¿de
verdad_ es un problema?. Como veremos esto es dudoso -no se plantea en
su_real~dad más que para el ser_ amado-; no es separable del problema (o del
m1steno) del amor. En la medida en que hago el vacío alrededor de mi, está

:
87
88
89
90

Cfr. ibidx&amp;. 105;_Le mrJ'stére de retre, 11, Aubier, Paris, 1964.
t:7-:J~---e:.~h
6;yue, .R.F. Pans, 1927, p. 199; El-e et avoir, Aubier, París, 1935, P· 13.
C(r. 1bid., p. 198.
Citada por M. Davy, Un f úósofo itinerante Gredas Madrid 1963 p 293
Du refus ... p. 224.
'
'
'
' ·
·

99
98

�. . me ara la muerte y prepararme como
bastante claro que puedo ad1esdtiar
Pd. e: entemente desde el instante en
- . d fi . d Suce e muy uer
para un suen~ m e m. o.
afirma verdaderamente más que allí donde
que surge el tu . La ~dehda~ no ~e f: de la ausencia, y en particular de esta
desafía a la ausenoa, don e tnu_n ~ d falazmente- como absoluta, y a la
ausencia que se nos da -acaso, sm u a,
91
qne llamamos muerte .
,
3) Michele Federico Sciacca, filósofoA extistetenrcniaald:~:o:i:o:u:;i~~t;:
.
de la muerte. es e
dejar de preocupars~
rtalºt, de 314 páginas la tercera parte de
Morte
e
im.nw
i a,
ll
l
vo umen " ..
,,
. ulla condizione umana, un fo eto

L'uom.o, questo sqwllbrato , saggw s
L'im.nw1talitá, y algunos artículos.

.

d. . l roblema de la muerte es aclarar y
Para Sciacca, aclarar y profun "d1za1 e ?.
ino1·1·r son dos aspectos de la
.
l
bl ma de la v1 a -vivir y
.
profundizar e pro e
. . oncreta vivir es un continuo monr
.
"d d
"enlaexpenenoac
,
misma reah a -pu2es
l
rte t1·ene siempre un sentido de
•
• • ..9
E todo caso a mue
y monr es existir . n .
.
'
p
tanto la solución filosófica del
misterio y de preocupación mtensa. ?r
~s también el sentido de la
roblema del sentido de la muerte en s1 -que
. .
P
. ,
ente la instancia rehg10sa.
.stenciaenvuelve
mtnnsecam
,
·
tamb·1e'n a los
eXl
·
·
ncer a si mismo Siempre ha habido quien se qm~e co~:\o vale la pena afligirse por ella.
demás- de que la muerte no es na a y q . el roblema esencial del hombre.
En cambio, otros han hecho dellla m~erted c1·Pr desinteresarse de la vida. Una .
rse por e a quiere e
.
En efecto, no preocupa
a eXI·stencia falsa inauténuca. No
.
.
·
en la muerte es un,
'
.
existenoa que no piensa .
b
1 q ie morir ni se puede vulganzar
se p~ede viví; exi~tiendo::u~;ªlae;o!~~e::Cra ;s vivir si:1 existir; es hacer de la
la vida. Ex~u sa~ a mu~1 ~
trivial e insi nificante "distracción". No
vida una d1vers1ón estup_1da, una
. T1~a pensar más intensamente
pensar en la muerte de mn~~n_a m~1::r:t~!1:t;ario, no pensar en la vida. y
en la vida y darle plena pos1t1vidadl, , ·t Hay un vínculo dialéctico entre
.
1 ida afirma a mue1 e.
qmen no piensa &lt;;n a v_
.
el existente es vida y muerte: muerte porque
vida, muerte yex1stenoa p01que
es vida, vida porque es mu~rte.
. .
~ás aún al vivir, como tal, le es
N
tan esencial monr como v1vtr y
.
l
o es
l l . dealismo al sustraer el pensamiento a a
esencial la" n:1uerte. Por l? cua ~ e~as ue m~rir"- lo sustrae a la vida misma
muerte - piensa como si no tuv1 . q
. o ue en definitiva es siempre
porque pensar sin sujeto es pen~ar sm pensar, 1 q , .. ste vivie~do; pero la
pensar. Por tanto, pensar es siempre saber que se ext

0------d O "d te Madrid 1959, PP· 172-173.
!bid., p. 199. Filosofla Concreta, Rev ·E e dcla:~ ~o cito ya pues me refiero a esa obra
91

92

Cfr. Muerte e 11rnwrtalida.d ... P· 11·
precisamente.

n a

conciencia de que se vive, necesariamente implica la conciencia de la muerte.
Luego no puedo pensar en vivir sin pensar en morir: la muerte es inherente
a mi vida. Por lo que hay que pensar y vivir pensando en que se muere. En
realidad no hay un problema de la muerte, sino ef problema de la vida más
allá de sí misma; que no es planteado por la vida o por la muerte, sino por la
muerte que es inherente a la vida, y por la vida que incluye a la muerte, por
el hombre integral, como problema de la inmortalidad de la existencia.
El problema se plantea así: si yo no fuera espíritu, la muerte no existida
para mi; existe sólo en cuanto tengo conciencia de ella, sé que he de morir.
Entonces, ¿puede morir el pensamiento para el que existe la muerte? Cada
hombre concreto y la vida como tal ¿son una condena universal a la muerte?
Por lo pronto hemos llegado a este punto: la conciencia hace que para el
hombre exista la muene. Todo nos hace c'lltrever que admitir el fin de la
conciencia pensante significa desafiar la contradicción y aceptar el absurdo.
Entonces se trata de saber si la muerte también afecta a la conciencia por la
que existe, o si es la conciencia de que el cuerpo muere, pero no la conciencia
misma que sabe de la muerte y para la que también el fin del organismo es
"muerte" y no sólo "corrupción".
Para Sciacca la muerte es: cósmica, sin contradicción, perentoria y
dogmática. Es c6smica porque alcanza a todos los hombres y porque es el
"orden" del universo. No se le puede contradecir. Ante ella no es posible el
escepticismo. Ningún escéptico ha dudado de que un día tiene que morir. En
el futuro de cada quien, todo es incierto, menos la muerte. Tiene tal fuerza
de persuación que suspende toda duda. El escéptico se desmiente a sí mismo:
duda de todo, menos de la muerte. Ella -igual que la vida- considerada en
su profundidad y evidencia desarma el juego de las argumentaciones abstractas: la muerte es incontrovertible. Es perentoria porque es fatal: es una
experiencia de la que nadie se puede librar; yo - y nadie más- tengo que
morir mi muerte; no la puedo delegar ni puedo hacerme representar. Hasta
tal punto es inherente a mi vida -a la de cada uno- que está presente donde
yo estoy. El problema de la muerte -afirma Sciacca- es tan perentorio que
me enfrenta a la nada o a la eternidad. No se le puede diferir hasta la última
hora, sino que es preciso plantearlo en cada momento de nuestra vida. Así la
sorpresa de la profundidad de la muerte ·s upera la del prodigio de la vida; si
es prodigioso vivir, es muy profundo morir porque la muerte sella la vida y
la convierte en destino.
¿Ultimo día? Sí, pero está presente en cada hora de nuestra vida; la vivimos
toda la vida y no sólo el último día. La muerte teje la trama de la vida: cada
día, cada hora, cada minuto, pueden ser siempre el último. Es dogmática
porque no admite discusión. Tiene tal profundidad que escapa al sondeo
humano. Es dogmática como una palabra de Dios; irrefutable, sin
101

100

�contradicción, como la justicia divina. Debe cambiar nuestras opiniones y
valoraciones porque nos pone frente a lo inevitable. Pensar cada día en el
"último día" es pensar de modo diferente a como se piensa ordinariamente.
¿por qué entonces el hombre no se resigna a morir? Porque quiere sondear
el sentido de lo que se le presenta -a primera vista- como un sinsentido.
Porque este análisis le deja esperar que no sea el absurdo que hace absurda
la vida. La no resignación implica una instancia metafisica positiva: la muerte
tiene un sentido conveniente a la vida y no es el absurdo que la hace del todo
absurda. Alcam:ar el sentido de la vida y viceversa. Hay una .implicación
necesaria entre vida y muerte, de manera que en el día del nacimiento de
alguien nacen juntas la vida y la muerte del que nace. Nacimiento y muerte
son dos límites de nuestra existencia terrenal: nacimiento es el límite que
abre; la muerte, el que cierra. ¿cierra definitivamente o también abre? Lo
cierto es que cierra definitivamente la vida en este mundo.
La muerte es todavía -afirma Sciacca- un acto del que vive: muere el
que vive. Por eso la muerte no viene del exterior, sino que es esencial al
hombre y es necesaria. Además no es contradictorio que la existencia humana
pueda tener una manera de existir distinta de la que tiene como vida en el
mundo. Por tanto, si es contradictorio que el hombre viva en el mundo sin la
muerte, no lo es, de ninguna manera, que pueda sobre-existir a la muerte
porque el hombre, a pesar de ser contingente, está constituido por algo que
no lo es. Entonces, si hay en él la presencia de lo infinito, constitutiva de su
mismo ser, resulta que la muerte es sólo una inherencia necesaria a todo lo
que en él es contingente.
Tenemos que aceptar la muerte -piensa el filósofo siciliano-. Aceptar la
muerte, vivir serenamente en su presencia y dispuestos a morlrla, significa
"vencer" y no "perder" el miedo de la muerte. Vivir pensando en la muerte,
como posibilidad de una existencia inmortal, es vivir según nuestra condición
humana, empeñados en modificar el mundo y en favorecernos utilmente a
nosotros mismos -y a los demás- para que la vida sirva a los fines de la
existencia y realice los valores por los que el hombre construye y se ordene a
93

sí mismo como cuerpo y como espíritu •
4) Por último, Agustín Basave advierte que nuestra época trata de perder
de vista el hecho de la muerte. En este siglo -dice- la muerte espanta
más de lo que naturalmente ha espantado en otros siglos "porque se
presenta de improviso ante los locos gozadores que sólo han pensado
en halagar sus pasiones"94 . Cada hombre tiene una relación especial

con su propia muerte No se trata d l
.
cada quien. Estoy cier¡o que voy a miria ;uerte_ de ot~o, sino de la de
acompaña siempre que está .
r. s una mcertidumbre que me
el saber de la mu~rte sus ám~erta en mi vida. El hombre alcanza en
m ximas posibilidades po
•
muerte podemos impulsar la ta
. 1
rque graCias a la
una amenaza constante como rea vita . ~ muerte está en la vida como
porque voy a morir ~o me u:::::s1ón ~on~nua. y precisamente
posibilidades que se presentan :
. .d ser md1ferentes las diversas
mi finitud95_
n m1 v1 a. Al aceptar la muerte acepto
La muerte no viene a limitar desde afu
.
.
principioydesdedentrolamuerte,está "d e;a, _la vida, smo que desde el
ella misma la produce y la alberga. "Sa~:~:;e:av1da,_ que ap~ntaa la muerte:
se va llegando se va ye11do En 1 .
.
s qmen advierte que cuando
•
•
as v1venCias que b
"d
la muerte. Desde el insta t
re osan v1 a se transparenta
• .
n e en que nacemos vie
1
•
pos1b1lidad de morir en cualqu1·e r momento Mi conci
ne, con. a misma
vida, la
d"
en acto y muerte en potencia y 1 . .
:
enc1a me JCe: soy vida
voy viviendo -en cie1·to mod. a ~ntic1par imaginativa mente mi desenlace
o- m1 muerte 'Q ·é
b
•
•
puede que la vida sea la muerte, la mue . u1 ~ s~.. ~-dice Eurípides-,
nuestra morada definitiva· pronto y ta
rte, la vida . Este mundo no es
,
es remos en el des pe ·ta lb
es necesario pasar antes por la ruptura brutal
. I r a . orozado. Pero
la muerte. y no sólo es ru t
d"
' por la d1sonanc1a más grande·
P ura Y 1sonancia es la
·ó
·
na a. En el momento de la
.
.,
opres1 n torturante de la
d
muerte se mamfestará n
d
en nuestra conciencia surgirá l
uestra na a ontológica.
Y
segundo
nacimiento?97_
a pregunta dramática: faniquilación o
E. .
.
xisamos abocados a la muerte. Ante ella
. ..
ponemos enJ·uego la totalida d de nuestro ser Por
' como
pos1b1hdad
personal'
ta t
.
tod as nuestras posibilidades s· 1
.
n o, monr no es agotar
posibilidad más personal e i~tr~:~e::~n~;e trata del cumplimi~nto de la
defendernos de ella. Todas las demás
·. . . podemos superarla m podemos
posibilidad suprema ·o e ac d
pos1b1hdades estan dominadas por esta
·
uer o con esto l
é ·
muerte habrá de ser una co11sta t
, a aut nuca aceptación de la
B
ne espera
asave confiesa que esta doctrina es la de Heide
,
apuntando los caracteres esenc· l d l
gger. y as1 es. y concluye
ia es e a muerte:

a) posibilidad
·
.
. . que siempre nos está present,e como una amenaza cierta y delimitante·
b) riesgo ineltminable que condicún
.
. ..
'
la fidelidad persmal y con Dios; ia cua~qu.ier posibilidad determi1iada y me incita a

95
96

93
94

La doctrina de Sciacca acerca de la muerte está tomada de la Introducción de la obra citada.
Metafísica de la mue1te,Jus, México, 1973. p. 55.

97

Cfr. ibid., pp. 56-57
/bid., p. 62.
.
Cfr. ióid.

103
102

�l día de su realizaci6n. Térmi?w
·e) término incierto. Incierto por lo que se r_e1·~re a. .
o •uturo pero de realtzaci6n cierta,
porque se trata de alg
· J'
'
,r;

d) conclusi6n única y definitiva;
.
.
. . bl Tiene además el carácter de opresi6n to1turante de la
e) desgarramiento inevita e.
'
'
nada;

f) definitiva medida de nuestro ser;
.
.
. l "d
rea su fin y configura definitivamente su trayectona; nos
g) inherente a .a vi a, rna
revela nuestro limite absoluto;
.
.
,
.
·tes de ,rwdos diferentes de ,rwrir, pero son ,rwdos
h) tiene sentido analogo. hay_ mil l
erte es un puro acontecimiento natural, para
hwnanos de morir; para el annna a mu . ..
el Jwmbre es un problema, un drama extrano y dificil,
,.
· no está abocado a la muerte,
i) la mue1te sólo afecta al cuerjJ~; el ~Jnntu, en su esencia,
sino a su pe1fecci6n en la eternidad •
, .
. .
uerte -dice Basave- ni ignorarla. Lo muco
No se puede desprec1a1 la m d d l "d Si la muerte es inhe1·ente a la
sensato es valorarla y ~cep_tarla_ e~ e -~s~~n~ialmente la idea de la muerte y
vida, el hombre auténtico m~of1poia ex l ·1er otra cosa podrá no realizarse,
··r En m1 uturo cua qu
.
se prepara para m011 : ,
.· , nente "Por eso su presenoa ausente no
pero la muerte se reahza1:a necesa1 ia1
: te y auténtica. En el momento
deja de acompañar a la vida humana cons.oe::sona será para mis familiares
. o en que la muerte se presente ... mi P
,
preos
.
.
,,99
y amigos, una ausencia.p~esente : de la muerte pueden .ayudarnos a
Estas difere?tes. opnuones ~ce1~: está esencialmente abocado al desenesclarecer el m1steno del homb1e q d la existencia- y por ello mismo
lace inminente -en cada momento e ,
angustiante.
111.- FENOMENOLOGÍA DE IA MUERTE.

uerte? Sabido es que desde Sócrates -y _at~n ~esde
¿Qué es, pues, la m
· .ó d
l a y del cuerpo. En el cnsuamsmo,
1
antes- se le define la separao n eá alm
rte aparece como la privación
•
rtir de Sto Tom, s a mue
especia1mente a pa
: "· " '. t privatio -vitae" "res viva per mmtem
de la vida: "1~rs est ~asii;;lg¡, vita , mo1S ::ás comunmente se le define la
jJerdit operationem vitae . Aunque

98 Cfr. ibid., pp. 65-66.
99 !bid., PP· 67-68.
le
100 3, 53, l, ad lum; Suf! m.,

75 3 sed contra y De anima, q. un., 10; 3, 89, 4c.
, '

separación de alma y cuerpo: "mors enim corporis nihil aliud est quam
separation animae ah ipso"; "nullus horno dicitur mortuus nisi ex eo quod
anima ejus a corpore separata est"; "mors in nobis est secundum
·
·
·
separauonem
ammae
a corpore ,,101 .
Esta descripción de la muerte es, desde el punto de vista teológico, ya
clásica 1°2. Y es definida actualmente por los teólogos y filósofos tomistas. Por
ejemplo, J. Pieper afirma: la muerte es la separación del alma y del cuerpo.
"En esto no se ha cambiado lo más mínimo, según yo creo, hasta el día de
hoy. Incluso para un hombre de nuestro tiempo, que tuviera reservas en
admitir que el alma sea separable en cuanto tal, saltaría rápidamente, como
lo primero de todo, aquel viejo principio de Sócrates, si ese hombre se pone
a pensar sobre el fenómeno de la muerte. El principio vital 'abandona' en ese
, v1v1
.. fi1cado ,,103.
momento a l cuerpo que 11asta entonces 11ab1a
Sin embargo, la definición o desc1ipción clásica provoca ciertas reservas.
En efecto, se le puede considerar en relación al cuerpo: "por separación se
entiende que el alma deja de informar al cuerpo, deja de darle el s~r (esse
sequiturfonnam) y el ser unwn... Esta separación ha de entenderse como una
corrupción ... Se trata, en definitiva, de que en el hombre la materia es privada
14
de la forma" º • La base de esta afirmación es el hilemorfismo aristotélicotomista. Pero ¿si el hilemorfismo fuera inadmisible? ...Se le puede considerar
desde el punto de vista del alma. En este caso se pone al énfasis ya no en el
cuerpo --cadáver- que deja de estar animado, sino en el alma que deja de
animar, y existe independientemente del cuerpo: es el "alma separada" de la
que hablan los teólogos.
Claramente se ve que esta doctrina de la separación de alma y cuerpo no
suprime cierto platonismo: cuerpo y alma quedan separados con ocasión de
la muerte. Por otra parte el "alma separada" plantea problemas serios a la
teoría hilomórfica pues, por definición, la "forma" no puede existir separada
de la materia. Además, el cuerpo no es la "materia primera". En todo caso la
muerte sería la separación violenta de este mundo en el que la persona vive,
actúa, sufre, espera y ama. Pero vengamos ya a nuestra descripción.
La muerte se caracteriza por ser: inevitable, cierta, personal, efectiva e
inminente.
a) Inevitable.

Es una realidad por la que todos tenemos que pasar. Nadie duda de esto.
Pero creemos que se trata de una verdad abstracta. Y, en todo caso, que se

101 Co,np. Theol., in III Sent., d. 21, 3; ibid y Com. Theol., c. 230.
102 Sentido teológico de la muerte, Herder, Barcelona, 1969, p. 19.
103 MW!rle e irmwrtalidad, p. 48.
104 L.F. Mateo Seco, " el concepto de muerte en la doctrina de Sto. Tomás",

pp. 193-194.

105
104

�aplica a los demás, pero no a mí. Y sin embargo, la conciencia acerca de105
la
muerte incluye la idea de necesidad: - "statiuum est hominibus semel mori" ,
de algo a lo que cada persona desearía sustraerse y que es imposible evitar:
la muerte es inevitable. Cuando alguien advierte que necesariamente morirá
reacciona espontáneamente con una actitud vital de rechazo, de horror, de
angustia, sobre todo porque no hay medio de evitar la muerte. El tiempo
devora inexorablemente la existencia humana. Cada día que pasa es un día
menos. El cuerpo resiente la decrepitud. O simplemente la debilidad y el paso
del tiempo -finitud esencial, contingencia-. Por lo que tenemos certeza
-absoluta- de que vamos a morir.
b)Cierta.
Conocemos la inevitabilidad de nuestra muerte. Y nos preguntamos con
angustia: ¿por qué? Y par más que procuremos olvidarla, ahí está escondida
siempre en lo más profundo de nuestra existencia. Su inevitabilidad surge de
lo más íntimo de nosotros mismos. Porque la muerte nos pertenece -lo
mismo que la vida- como propiedad inalieble. En nuestra vida muchas cosas
-quizá todas- pueden ser inciertas, menos una: la muerte -"incerta omnis,
sola mors certa"-106, escribe el genio de Hipana. Y S. Bernardo, en la misma
línea, asegura: "Quid vero in rebus humanis certius morte, quid hora m01tis inceitius
invenitur?". Y en otra parte añade: "Nil mortalibus vel morte certius, vel inceitius
lwra mortis" 107• Certeza absoluta: vamos a morir. Incert!idumbre casi absoluta:
no sabemos cuándo, ni cómo, ni dónde -mors certa, hora incerta "-. Saber e
ignorancia: he aquí la dificil y angustiante paradoja, la ambigüedad fundamental del misterio de la muerte. No se trata de una imprecisión accidental;
es una indeterminación esencial porque el momento de la muerte está más
allá de toda categoría. La respuesta a las preguntas cuándo, cómo y dónde es
la que queda indeterminada, como indeterminada es la aplicación concreta y
personal de la ley general -todo hombre es mortal-. La muerte es incierta
sólo como el momento definitivo y último. Por lo que más que indeterminada
es imprevisible. El día y la hora se revelan en el instante mismo de la muerte:
la muerte los determina. Pero entonces el hombre sabe el secreto de su muerte
cuando ella está presente, es decir, cuando el viviente deja de vivir -en este
mundo-. En cierto modo Epicuro tenía razón: cuando acontezca la muerte,
el viviente ya no es.
10!&gt;

106
107

"es destino de cada hombre morir una vez", Heb ., 8, 27.
33Enar in Psal. 38, 19.
opera, 1690, 1, pp. 484, 109 y 364.

c) Personal.

Nuestro conocimiento de la muerte es nocional -abstracto- y

::,d,::::,::~=::~;:,:n ~:en el que de prÓnto se nos re~el::i;•:i:
Illich: "Iván Illich se ve'
.: 1 ~uede_ succd~r lo que aconteció a lván
de
,
ia ~our y e mvad1a contmua angustia. En el fondo

::i1:1

1

1

aq1
~:a~ª~;0 ~:ed:~:::u:u~:~!~r~n~asó!~ :opoe~~!ªd:c~:~ugn_ibradoda
comprender.
'
un mo o
"Ebl ejemplo del silogismo que aprendió en la Lógica de Kisevater- 'todos 1
10m
res son mortales· c
·
os
1
1
1
es.mortal', le parecía ~pli:~~1:\~~ai:e::::
!:n~~~~{~;:~~nbié~
mismo. Allá se trata de Cayo de un hombre
o a s1
justo; pero él no era Cayo u~ ho b
como todo~, y es perfectamente
ser distinto a los demás
m rde cdomo todos; él siempre había sido un
... ayo es ver a eramente mortal
l' .
que muera, pero yo Ivá
.
.
. .
, Y norma 1s1mo es
. . .
n 111IC1i, con todos mIS sentumentos
.
yo ... 1D1stmto es el asunto! iNo es asible ue
y p~nsam1entos,
excesivamente terrible Pero
dp , d q yo deba monr! Esto sería
···
··· -se ecta espués- Pero O
N
ocurrir, pero ocurre Mas fró
l
.
.
curre. o puede
le era posible compr~nde; aqu:ºp ia ocu~ndo? ¿cómo comprenderlo? y n0
falso, mentiroso, enfermizo para :::a~up~anto,l y trataba de rechazarlo como
Pero v I ' .
' .
zar O por otros regulares, sanos
~ v1a, no como pensamiento, sino como realidad"1os p
.
mortalidad en general a la a P11cac1
. . n personal lván t · ara pasar
de
la
f .
6
angustia "mortal"· No se t1·ataba de una muerte imp • uvo
1 · que su nr una
propia, absurda si se quiere pero vivida a . 1. e1 sona , smo de la muerte
yo singular hay que franqu;ar un abism¿.
:~nt~. Del "todo hor?bre" al
a una intuición profunda. Se trata de al' ~ erso og1smo es necesar_10 pasar
en trance de muerte- de un a
. g_ p
nal -yo voy a monr, estoy
posible un sustituto. Quien mue~~n~:~1~::es~~ a~gu~tiable en el que es imse presenta ante las puertas de la n;che
d . ad1e puede ayudar a quien
p
--O eunamanecertemido
orque 1a ley universal de la mortalid d . d I
y nuevo-.
concreta en una tragedia ersonal _;m:i~º. o iombre es mortal- se
necesidad indeclinable. iLa iJuerte es el . ~1c1ón. personal?- y en una
to personal inevitable!
m1steno ternble de un acontecimien-

~:;~~;~!

C

a::

d)

Efectiva e inminente.

La efectividad está en que algún día
d
general de la mortalidad a la .
. d~pue e ser hoy- pasamos del saber
v1venc1a e a muerte y conocemos todo el peso

108

L. Tolstoi, Cuentos Escogidos, Porrúa, México, 1979. p. 104.

107
106

�del terrible misterio. La muerte de nuestros padres, parientes y amigos nada
nuevo nos enseña: sabíamos que tenían que morir, pero entonces lo sabemos
de otro modo, descubrimos una nueva dimensión, tenemos una experiencia
de otro orden. Esta experiencia es el descubrimiento de una profundidad
desconocida. Es algo que nos toca muy de cerca y que nos revela que tenemos
que pasar por este trance. Sé entonces por una experiencia especial que la
muerte es efectiva, que es inherente a mi vida. Es una urgencia de cada día,
de cada minuto. Es inminente en cada instante. "En cuanto nace un hombre
109
hay que decir de él que no podrá escapar de la muerte", escribe S. Agustín •
Y Heidegger corrobora este pensamiento cuando dice que tan pronto como
un hombre entra en la vida, ya es suficientemente viejo para morir pues la
muerte es un modo de ser que el Dasein toma sobre sí tan pronto como es 11°.
Esto significa que cualquier día es bueno para morir. Que cada día que vivo
es un día menos. Que cada minuto es un paso seguro hacia la muerte. La
muerte es urgente. No se detiene. Es terriblemente inminente. Vivimos
perpetuamente amenazados por la muerte -la espada de Damocles pende
sobre nuestra cabeza-.
2.- Mue1te, miedo y angustia. La muerte siempre ha sido-y seguirá siendodesagradable. El hombre no se resigna fácilmente a tener que morir, porque
ve en la muerte un acontecimiento aterrador. Cuando piensa en ella la acepta
porque sabe que no la puede evitar, pero también es presa de diferentes
estados de ánimo: preocupación, temor, miedo, t1·isteza, resentimiento, angustia, etc. La muerte es naturalmente angustiante porque simultáneamente
es fin y principio: fin de un período vital, fin de un mundo de realidades,
proyectos y esperanzas, fin de un modo de ser temporal 'Y humano; pero
también es el principio de una vida nueva totalmente desconocida, de un
modo de ser temido por incógnito. Se abandona un mundo y se penetra en
otro. Por eso el acontecimiento más grave, el acontecimiento supremo -por
- decisivo y por último-es la muerte. "De todos los sucesos de la vida-apunta
Sciacca-, el que suscita más miedo, temor y horror, es la muerte; lo suscita
e·n todo caso. No hay desprecio por la vida, burla o distracción suficiente para
vencer este temor y esta repugnancia; incluso, cuando se desea se teme ... Y
no es sólo miedo físico ... ; la muerte esconde un enigma ... ; es el comienzo de
algo nuevo, inédito, cuyo éxito es imprevisible. Este es el motivo verdadero
111
y universal del terror 'sagrado' que inspira" • Se trata de la "angustia ·
existencial" de que habla K. Jaspers pues hay también una "angustia física"

de" morir: Se trata d_e la "angustia sustancial" de que habla M. Heid

I
egger
nos inquieta, nos angustia nos amena
. orque a muerte nos preocupa,
'
za, nos acosa, nos tortura nos p . ·
y nos destruye. y aunque creamos en otra vida 1
,
e1s1gue
ante el hecho de la muerte: la supervivencia del;;; ;r~t:rna- nos revel_a ~os
la angustia ante la dest
º6 d
. P
no basta para d1s1par
ruco n e nuestra realidad humana
·
ºbºl"d
·
La muerte es la unpos1
I I ad de expresar en el mund
l l
b
ser-en-el-mundo- la vida tem
-e 10m re
1
de continuar las relaciones de :;~:taluedtanto amamos; es la imposibilidad
es la irreversible y definitiva ausenci; de ;mor ~on las p~rsonas queridas;
separación violenta de toda posibilidad de reeaml_ un_,º lespac10-temporal y la
.
1zac1on mmana En la
se mamfiesta la esencial parado.a del I
b
.
muerte
cuerpo, medio indispensable
acci~:m ~e: tener que ab_a ndonar el propio
acabable de permanencia y
y e autoperfecc16n, y hambre in-DasSeinzumTodetstwessenhaflAngst"- 112 p

°

Je

menos de producir temor. y a:;1:~;_t';:~ ~i~:::.:r1tal y ~iolen~, no puede
de la propia existencia, herida en sus estratos más póe:s~e vten;1ª_ y ruptura
que se expresa en la an ustia de la m .
na es e mtlmos, es la
necesidad irrevocable d! 1no1·1·r
~e1 te. Cuando un hombre advierte la
expenmenta una r b 1'6
aversión irrefenable que le inquieta
I
á I
e e I n espontánea, una
3 -M
.
en o m s iondo de su ser113
· uerte Yfinitud· La prueba más evidente d I fi ·
:
es naturalmente la muerte: en cad
d d I e .ª mtud de la vida humana
Vivimos a condición de morir ma ~-eco o e a ~ida está presente la muerte.
la última muerte desemboca y o11mo~da c~da mstante para vivir -incluso
i~tervalo de tiempo que nos a::r;an: : ;~::;~n¿~ral-. Cada hor~ es un
tiene razón cuando asegu1·a q I
lama. Por eso Heidegger
ue a muerte es la exp ºó
á
radical de la finitud. Tiempo .
.
, .
res1 n m s concreta y más
ol "d
1 .
y mue1 te van mtlmamente unidos No ha
' .1 ar que e tiempo no existe absolutament
. . y que
existencia precaria imperfecta
e, _o, al menos, tiene una
'
Y oscura pues ha sido
todavía no es. No queda más
•
. _ Y ya no es, va a ser y
tiempo, que está compuesto dqeue e1mstante fug1t1vo y brevísimo. Luego el
. .
no-ser, parece que no
d
partiope del ser1 i-1 El .
pue e ser algo que
. mstante apenas nace m
El
o el futuro ansía convertirse e
d , . uere. pasado devora al futuro
presencia, es esencialmente fug:;asad o.J"El mstan_te, única posibilidad de la
'se es iza en el tiempo y por el tiempo: "va

112
I
114

sz., P.· 266.

13 Cfr.
J. Cevaert, El problema del lw nb
Cfr. Aristóteles, Física, IV, 10, 211/e, Sígueme, Salamanca, 1976, P· 313.

109 Serm. 97, 3, 3.
1 JO Cfr. SZ. p. 243.
111 op. cit., pp. 126-127.

108

109

�de lo que aún no es, pasa por lo que carece de extensión y va a lo que ya no
.

Ag

,

IJ!i

es", como dice San ustln · .
.
.
ente
En realidad el tiempo no existe; existen tres uempos -pasado, pres · ,
porvenir- como tres modalidades, pero pertenecen al alma, afirma el de
Hiponal16_ Esto quiere decir que el tiempo, como tiempo, que parece escapar
del futuro hacia el pasado, por el presente, somos nosotros en cuanto v~~os a
la eternidad: la puerta a la eternidad es la muerte. Cada momento que viv~mos
. .
esente que se convierte
decimos adiós porque vivnnos un nuevo pr " . .
.d mente en pasado. Como dice el poeta: vivimos, y en perpetua
r á pi a
.
h' d" 117
despedida" -"So leben wir und nehmen immer Absc u ..
. .
.
m erte· En todo caso la muerte es la conversión del uempo en
T iempo y u
•
'
· ·· · d 1
eternidad. O, si se quiere, la muerte es el fin del tiempo Y e 1 ~m.cio e a
eternidad. Durante la vida el hombre se topa con innumerables lnmtes, pero
el último es precisamente la muerte: es el muro en el que s~ estrella~ t~dos
los proyectos y todos los compromisos; es el límite necesario. Esto significa
que con la muerte el hombre pierde todo poder.sobre_l~ :calidad y so?~·e su
ropio cuerpo. Especialmente se revela la total imposibilidad. -defi111t1~a~e realizar la propia vida. y precisamente la triste experienoa de qu~ tiene
uno que dejarlo todo nos indica que la vida_ hum~na es una dádiva. ~
capacidad de realización en el mundo y de relaciones mterpersonales -amistad, amor,-con los demás, es algo con lo que el hombr~ se em:uantra y en lo
que no tiene dominio absoluto. La pretendida autonomia ?el l~ombre se ba_sa
-velis nolis-en una fundamental heteronomía. La experiencia de _la mue1 te
nos p~ne necesariamente ante un límite real y concreto: la finitud d~ la
existencia humana -la propia finitud-. Todo l!ega. a su fin. E~ ~~a tnste
verdad. Por eso el hombre, en tal circunstancia, nene la posibihd~d de
reconocer que Alguien está en la raíz de su propia existencia, que Algmen le
regaló la vida con todas sus posibilidades.
4.- Muerte y sentido de [a vida. La muerte aparece como..el absurdo más
solemne de la existencia. Es conocida la frase de Sartre: es a~surdo que
muramos" -"il est absurde que nous nwurions"_ns. y para ca.si to~os los
hombres la muerte es en verdad un sin-sentido. y el problema exis~encial con
que se enfrenta el hombre al ver que la inuerte es inevita~le, .es, sm duda, e~
problema del significado: ¿por qué tengo que morir? ¿qué sigmfica la muerte.
·
· 'Uud
d iam
Confes., XI, 21: " ex illo ergo, qwd nondum est, per illud, qwd spat10 carel, m 1 , qw

ll!i

Si la existencia humana parece estar orientada al amor, a la comunión con
los demás, tiene así un hermoso significado. Pero ¿todo acaba con la muerte?
¿cuál es el auténtico sentido de la existencia humana? ¿permanece a pesar
de la muerte? En todo caso: ¿1a muerte da sentido a ia vida o la vida da sentido
a la muerte? Estos son problemas fundamentales porque en ellos va implícito
el problema -mejor, misterio- de la supervivencia personal.
Para los antiguos cristianos, la vida da significación a la muerte -"qualisvita, ftnis ita"-: se muere como se ha vivido. Para otros, en cambio, ia muerte
-coronación y cumplimiento- da sentido a la vida, ,No serla mejor pensar
y decir que vida y muerte son dos aspectos de la misma realidad, que es el
hombre? Si la muerte borra para siempre, y sin posible regreso, la existencia
personal, automáticamente queda comprometido el problema del sentido. Si
la vida tiene un sentido -y de verdad lo tiene-, también lo tendrá la muerte
porque se implican. ¿cuál es el sentido de la muerte?
No preguntemos a la muerte si nos trae una esperanza porque precisamente ella es la negación total de la esperanza -es más bien la prueba más
dura por la que debe pasar la esperanza-; hay que preguntarle: rnxiste en
mi vida algún fundamento para la libertad y para el amor, a pesar de la
muerte? ,Hay un verdadero fundamento para esperar con certeza un más
allá? Es decir, ,el significado esencial de la vida humana conlleva alguna
dimensión inmune a la muerte? y no se trata-como en el clásico latino- de
un puro deseo de quedar en la memoria de la posteridad -"non omnis
moriar''-119, sino de una realidad en la que mi yo siga existiendo. Porque si
la muerte es el último fin de todo, definitivamente la vida es un absurdo. Pero
si el sentido profundo de la existencia es la realización de la persona, entonces
la muerte es una perspectiva de esperanza: yo seguiré viviendo. Y es que la
persona es más que la muerte; es ciertamente histórica, pero su esencia es,
indudablemente, metahistórica. La persona, si es, está fundamentalmente
abocada a la eternidad. La misma libertad, para desarrollarse en plenitud,
necesita de la eternidad. ",qué libertad en su pleno sentido -escribe A
Camus-puede existir sin seguridad de eternidad?"120• Yo soy más que yo, a
pesar del límite irreversible que es la muerte.
5.- Reflexión. Sé que voy a morir. De ello no hay duda posible. Y sin
embargo, sé y no sé. No sé ni fecha, ni lugar, ni modo. Pero sí sé que será
-inevitablemente-algún día. La muerte sólo es experimentable en tercera
y en segunda persona. En tercera. cuando mueren l.os otros, los que yo no

nlobnidest'2'O· "Sunt enim haec in anima tria quaedam et alibí ,s non video... tria tempora video,

116

.,

,

f ateorque tria_ sun!''.

.

.

Rainer Mana Rilke, Dumesser Elegien VIII.
11s EN., P. 631.

117

119
120

Horacio, Odas, l. III, 30, v. 6.
El milo de Sfsi[o, Losada, Buenos Aires, 1970, p. 51.

111
110

�.
conozco·. En tal caso vale lo que dice Heidegger: "se" mueren ellos. El hecho
no me impresiona, a no ser que las circunstancias sean muy impresionantes.
En segunda persona, cuando muere algún familiar o amigo. Entonce~ sí el
hecho me impresiona y me hace experimentar mi inde~linable ~ortahda?.
Sé que mi tiempo terminará sin remedio. Hay un uempo físico ~mzá
mejor, astronómico-que es el tiempo uniforme de las cosas. Hay _un uemp~
vital biológico -mi tiempo, mi vida- medida de la duración d_e _mi
O
existencia: empezó y terminará. Mi tiempo vital durará lo que dure mi ~ida
terrenal. Hay un tiempo psicológico -personal- que depende fundamentalmente de la actitud de la persona, de su estado de ánimo. Sé que un día mi
tiempo se hundirá en la eternidad: "mi muerte para mí es ~1 fin de todo, el
fin total y definitivo de mi existencia personal y el fin del universo eterno, el
fin del mundo y el fin de la historia; el fin de mi tiempo vital es ciertamente
el fin de los tiempos, la trardia metafísica por excelencia, la incohcebible
21

tragedia de mi nihilización" •
.
Es-imposible experimentar la propia muerte -la muerte es pnmera
persona- porque cuando la esté sufriendo no podré decir lo que es.
.
Lo que me enseña la muerte de los demás es que la muerte es separación,
ausencia: ya no están presentes a sus amigos, a las cosas, al mundo. La muerte
es una ausencia presente a una presencia ausente. En la irreversibilidad de la
separación, en la inexpresión expresiva de la ausencia confirm? la caducidad
constante de mi vida. Mi tiempo va a terminar. Y no al final smo que puede
acabar en cualquier momento. Me lo indica la decadencia del cuerpo, la
contingencia de mi ser. Esto es lo que sé de la muerte. Sufro por mi condición
humana, pero lo que exaspera es la separación. Ya no estaré con los míos, ni
con mis proyectos. Habrá una ruptura de la presencia. Separación, caducidad,
finitud, angustia, intranquilidad. Parece que la muerte se anuncia con estas
pruebas. Pero tales significaciones tendrán su plenitud sólo a mi muerte.
La muerte es soledad. Es la suprema soledad. Moriré solo, aunque tenga
compañía porque "el problema de la soledad viene a ser el problema de la
muerte. Pasar por la muerte -asegura Berdiaeff- es pasar por la soledad
absoluta, romper con el mundo entero. La muerte es la ruptura con la esfera
entera del ser, la interrupción de todos los lazos y de todos los contactos, el
aislamiento completo... Lo que constituye la muerte es justamente
122 que todo
lazo, que todo contacto son cortados, que la soledad es absoluta" • La muerte
es soledad. iY estamos hechos para la comunión, para el amor!

iCuántas :eces he leído las bellas y exactas frases de Agustín -digo leído,
que no meditad_?, pues i~conscientemente el temor rechaza el pensamiento
de la muerte-: D:sde el instante en que comenzamos a existir en este cuerpo
mortal.' . nunca dejamos de tender hacia la muerte. Esta es la obra de la
mutabilidad ~urante todo el tiempo de la vida (si es que vida debe llamarse):
el tender haoa la muerte. No existe nadie que no esté más cercano a Ja muerte
después de un año que antes de él, y mañana •más que hoy, y hoy más que
a_yer, Yp~c? después, m~s que ahora, y ahora, poco más que antes. Porque el
tiempo v1V1do es un pellizco dado a la vida, y diariamente disminuye ¡0 que
3
resta: de tal forma que esta vida no es más que una carrera hacia la muerte" 12
muerte no existe -en esto tenía razón Epicuro-. Existo yo que voy ~
monr.
•
• La muerte es un acontecimiento absolutamente personal, "f:atal" • y 111·
siqu~era es un puro acontecimiento. Mi muerte es mía; es inexorable irrevcrsible._Como mi nacimiento. Como mi vida. Al pensar en ella me enet:entro
ant~ lo i_n:xplorable, ante el misterio. Lo único que capto es su absoluta
venfi~abihdad -con su incertidumbre esencial-. Pero aún cuando pienso
en_ mi _muerte i~e- afin~o, como contingente sí, pero me afirmo existiendo.
Mas ~un, es la ultnna orcu~stancia q~e me permite captarme siendo pues si
mi! pienso, so~ a la vez _sujeto y obJeto de mi pensamiento. AJ pensarme
muerto'. el objeto cambia, pero no el sujeto que piensa -yo me pienso
muerto, no estoy muerto-. Incluso, se puede decir que es imposible pensarse
muert~. Lo .más q~1e puedo hacer es imaginarme muerto. Ni siquiera esto.
Puedo imagmar mi agonía o mi cadáver que yo veo con la imaginación pero
no puedo verme "no s~endo ya". Me es absolutamente imposible im;ginar
que no soy porque prec1Samente al imaginar, soy. Puedo imaginar que no existo
p~ro no que no s~y. Esta contradicción me lleva a concluir simplemente: sól~
se q~e voy a monr. Pero no lo sé como un acontecimiento pues todavía no se .
reahza. Tamp~i~ lo pue~o captar como un no-ser-de mi yo porque el yo es más
qt~: la n:iuerte . Es decir, la p_ersona no ~uede morir porque es la sllprema
exigencia del ser. Esta afirmación provoca serios problemas ontológicos que
125
n? pu~do trata~ ~quí • Pero esto no es más que el problema de la supervivencia -trad1c10nalmente
inmortalidad del alma- . ,Sé que voy a monr
·
.
pe~o tamb~én sé qu no moriré del to~o- el "non omnis 11Wriar" horaciano ~
el et nos nnmutabmrnr" de S. Pablo"-. Sé que soy más que la muerte. Sé
que la muerte no es la nada. Sé que el valor absoluto de la persona exige la

L:1

7

r·

123 La Ciudad d~ Dios, l. XIII, c. 10, BAC., Madrid, 1958, . 871-872
124 gr. Onuson, l11; toort... et
aprés? Fayard Paris !&amp;8 p 34 .
125 pp.~2~x:: en 1ru articulo 'la persona", Revista de' Filo~fi~ U/A. México, 1981, n. 40,

121 V.Jankelevich, la mort, Flaromari;on, París, ~967, p. 22:

.

tuis

.

122 Cinco meditaciones sobre la existenaa, Casa urud. de l'ublicaoones, México, 1948, P· 115.

113

112

H umanitas-8

�supervivencia. ¿Cómo lo sé? Filosóficamente no tengo respuesta. Pero lo sé.
La esperanza que me alienta me dice que el misterio de la muerte -y de la
supen•ivencia- me enfrenta al misterio ontológico -y religioso- de mi
existencia.

6.-Hacia una ontología. ¿Qué es, pues, la mue1·te? Pienso que es el tránsito de
un modo de ser a otro modo de ser. Ahora que vivo, soy tiempa, o si se prefiere,
estoy en el tiempa; soy contingente y devenir constante. Cuando muera seré
eternidad, quii.á mejor, viviré en la eternidad. Y estaré en el mismo estado.
Ya no habrá cambio posible. Verdaderamente en la muerte se da la última
opción.
La muerte es el tránsito doloroso del tiempo a la eternidad. Amamos nuestro
tiempo porque es nuestra vida, pero estamos orientados a la eternidad -el
tiempÓ es sólo un momento de eternidad- porque estamos hechos para la
eternidad: Alguien pensó, desde siempre, en cada uno de nosotros y nos
destinó a la eternidad.
La muerte es la transformación 1nisteriosa -y angustiante- de la persona: paso
de 11na dimensión a otra dimensión. Y este· cambio radical preocupa, inquieta,
duele , angustia -alguien decía que quiz.i lo que duele es pensar en la muerte
y no el morir- porque la muerte nos lanza a lo desconocido, a lo inseguro
-&lt;lesde acá-. Y preferimos lo seguro a lo incierto. Preferimos esta vida a la
otra. Y aunque la deseamos -lej_anamente a veces y a más no poder- de

en ella-'• 127 &lt;'·o
l
. de algunos , •
.
. .
mors pro doctore
qa advertencia
1
m1sucos cnsuanos
que decían: "sil

.,
, ue a muerte te ensefie a vivir"::&gt; Nad·
d ·á
aceptac1on de la muerte can1b1ºa la muerte misma
..
a ie po 1 negar .que la
natural oposición a ella· La angusu·a ante 1a muerte nos
' unque
¡ no supn me la
a la tendencia más profunda e inext"
ºbl 1
reve a que es contraria
Muere y deviene -stirb und we dmgm e&lt; e ~rnestro ser : la permanencia.
r: e- , se nos dice y es
¡ ¡
muerte es la culminación paradó .. d 1 l
.
un 1ec 10 porque la
la" fatalidad" de que te
~1ca _e a ucha y de la rebelión interna ante
nemos que monr La , ·
· d
que cada día, cada hora cada . .
. umca act1tu sensata es no olvidar
La
'
nunuto, nos muestra que nada somos l28
muerte es la nada -se ha dicho- Per
.
.
la nada -meontología-. ¿o tendre
.
o n~ es posible una ontología de
¿y, por lo mismo que la d
. mosque dec!T que la muerte es una nada?
.
,
na a existe o es? La muerte e .
bl
.
piensa
es
siempre
en
relac1'ón
a
la
ºd
El
.
s
impensa
e.
y
s1
se
•
.
'
v1 a. • tiempo
· ·
.
ex1stenc1a brumosa --decía Aristóteles-129
-~1 tiempo- tiene una
recuerdo- mi mafiana ¿t d ,
- porque m1 ayer ya no es -es sólo
'
'
- en re manana::&gt;- tod ,
:::ente, pe'.,º pmnto se ~onvie,te en pasad; , Po, e;~•: 1; ~ ; : ;
es Mm'.
po, un 110. No se detiene por ue s d .
po. 1
"que es el morir" La
I
q
_u estmo es desembocar e n el mar
.
.
noc te me aprox11na a la mt .
,
morunos para resucita1· al d' . .
,
ie1te porque cada noche
1a s1gu1ente Pero m .·
--d
.
esperanza de la luz· y la luz 11 b . .
o1 imos
ormunos- con la
'
os auuza cada ma 1
El
la muerte. Pero ven&lt;l1·á
_' ' I a na. sueno: semejanza de
una vez un sueno - la
taremos en otra dimensión, en otra vida.
muerte- del que desper-

~~:

todos modos le tememos.

Dr. José Rubén Sanabria.

La muerte es la transfiguración de la persona. Algo así como acontece en la

oruga que se convierte en bella mariposa. Para ello tiene que perder el
capullo. Nosotrns tenemos que perder nuestra dimensión corporal para que
la dimensión espiritual adquiera la juventud y la belleza que están más allá
del espacio y del tiempo. Vida que es muerte y muerte que es vida. Paradoja
suprema del hombre. Por eso exclamamos con Agustín: "O '11W'listr1.~m vitae et

11wrtis prof unditas".
7.- Conclusión. ¿cuáí será la conclusión de todo esto? Si el hombre
contemporáneo esquiva el problema -misterio- de la muerte y rehuye, por
todos los medios posibles, pensar en ella, adopta una actitud necia y ficticia
porque la vida lleva consigo la muerte. Si no pensamos en la muerte no por
eso la vamos a evitar o vamos a vivir más tiempo.
¿Tendremos que vivir el consejo de Sé neca: "Tu autem mortem ut numquam
.
.
tnneas semper cogi..ta,, 126 - •p ara no temer a la muerte l1ay que pensar s1empre

126

1 Cor., 15, 52.

127 Epist, ad l uciliwn, XXX.
128 Cfr. Sén eca, Epist. 101.
129 Cfr.1:ísica, IV, 10, 2 17b,

33.

115

114

�HEISENBERG: FÍSICA CONTEMPORÁNEA Y FILOSOFÍA CLÁSICA
JE. BOLZÁN
Centro de Investigaciones Filosófico-Naturales*
La Plata-Argentina

"Oyendo a Beethoven me confirmé en la certeza de que, pensando
según la escala humana de tiempo, siempre seguirán adelante la
vida, la música, la ciencia; aun cuando sólo podamos cooperar en
ese avance poco tiempo".
(W. Heisenberg, Der Teil und das Ganze)
NO POCAS VECES SE HA EXAGERADO en lo que a la escisión cultural
contemporánea se refiere. Cierto es que la actual explosión científico-técnica
parece haber hecho empalidecer a tal extremo toda otra actividad cultural
que la denominada "cultura clásica" acaba apareciendo cual una antigualla
heredada de tiempos en los cuales pudo resplandecer precisamente porque
el hombre no tenía otras motivaciones, ni había descubierto modos más
precisos de referir las cosas. Pero no menos cierto es que, para equilibrar el
equívoco, hay quienes continúan abroquelados en aquella cultura clásica
como la única digna de denominarse "cultura" dejando de lado, sea por
comodidad, sea por ignorancia, y hasta por desprecio y temor, el enorme
campo, también cultivado por el hombre, de la ciencia y de la técnica.
Existe, sin lugar a dudas, aquello que Snow denominó, con frase que se
haría rápidamente popular, "las dos culturas"; duplicidad fáctica de lo que
necesariamente debería ser uno, la cual, si no se le pone remedio, nos llevará
a aquella "barbarie del espccialismo" profüticamente referida por Ortega
hace varias décadas, y que, preciso es reconocerlo, nos amenaza a todos, con
sus más y menos. Mas como el énfasis suele ponerse --con razón- en la
parcialización extremada que se cierne sobre el especialista, y éste suele

• Centro de Investigaciones Filosófico-Naturales depende del Consejo Nacional de
Investigaciones Científicas de la Rea. Argentina, teniendo su sede en la Facultad de
Humanidades de la Universidad Nacional de La Pfata (Argentina).

�LA ESTRUCTTJRA DE LA MA:TIRIA: PLATÓN y ARISTÓTELES

hallarse -también con razón- más bien en la zona del saber científico, es
de justicia hacer notar ahora que por la habitual autorregulación providencial
de las situaciones históricas, es precisamente en esta época de ultraespecialismo que nos toca vivir, donde florecen hoy grandes nombres que, habiendo
acelerado casi hasta lo increíble el desarrollo del saber científico, ahora, en la ·
madurez de sus vidas, se vuelven hacia la cultura "clásica", hacia aquel cauce
que siempre le ha servido al hombre para volcar en él su espiritualidad; y la
hacen, nuevamente, el troquel en el cual acabar por conformar lo científico.
en lo humano. Es así que ya no nos sorprenden las incursiones de científicos
de primera agua en campos qne no son los de su "especialidad"; y cuando esta
apertura lo es hacia lo filosófico -y aún a lo teológico- es sencillo caer en
la cuenta de que se trata siempre de escapar a la angostura del "especialismo",
para lograr una visión panorámica qne permita injertar armoniosamente: lo
específico en lo genérico, lo "especialmente" alcanzado en lo clásicamente
"sabido". Citar al caso los nombres de Planck, Einstein, de Broglie, Bohr,
Jordan, Schrodinger, Nedawar, Monod, Jacob, Von Wei:zsaker, etc., es ya
moneda corriente. Y todos se muestran acuciados por esa inquietante
situación que tan bien retrata von Weizsaker al decir que "la situación actual
es más rica en saberes positivos que la anterior, pero más pobre en unidad
1

interior"
Pues bien: de entre tan ilustre familia de sabios queremos ahora referirnos
con algún detalle a uno de ellos, y cuyo nombre hemos diferido hasta aquí:
aludimos a Werner Karl Heisenberg, creador &lt;le la mecánica cuántica, Premio
Nobel de Física para 1932, y recientemente fallecido (1 de febrero de 1976)
a los 75 años. No nos detendremos hoy en sus notables valores científicos sino
que nuestro cometido se circunscribirá a mostrar su decidida y sostenida
apertura hacia lo trans-fisico; hacia aquella faceta de la realidad que su fisica
no podía darle pero que, no obstante, su espíritu le
reclamaba como fun2
damento último de cuanto científicamente conocía.
Hablaremos, pues, del Heisenberg filósofo. Y para no disiparnos en
vaguedades o ditirambos, centraremos nuestra exposición bajo dos acápites
fundamentales: su recurrencia a motivos clásicos del filosofar como fundamento de su explicación profunda de la estructura de la materia; y en
segundo lugar, las repercusiones filosóficas de su "principio de incer-

· b erg lo relata autobi
"LaTal
. como el mismo H e1sen

, fi
imagen de la naturaleza en I fi .
ogra icamente en sus obras.
t, · ,,
a 1s1ca actual"
"D" ' l
·
a om1ca ' fueron sus estudios clási
d 1
, y
ia ogos sobre física
finalmente hacia el estudio de las ~os . e ~e~undario los que lo impulsaron
imponderable que, en definitiva s c1e~c1as lSlcas a través de esos detalles casi
complejo vivir: un manual de '. on. os ~lue nos suelen ir llevando en nuestro
.
c1enoas 1 ustrado
,
provistos de ganchos y anillos com
con atomos absurdamente
la lectura de Platón con sus
o para representar las uniones químicas·
fil 1 ,
,
cuerpos elemental
'
o ogia en la Universidad de M.. h
.
es; su padre, profesor de
•
une en s1tuac ·ó
1
matemático de entonces· Lind
,
1 n que o acerca a un célebre
.·
·
emann y a un . fi .
p111nero, un purista de la mat . á . '
gran SICo: Sommerfeld El
.d ,, .
em tlca que lo de 1
.
·
perd1 o al JOven Heisenberg
l
e ara sumariamente "caso
We~I; el segundo, benévolo co'n~~-:;.ue 1a est~1d~ado una o~ra de Hermano
teónca.
J o que lo 1ec1be y conqmsta para la física
Yya a qm,' en este temprana eta ad
.
detalles, que darán al cabo sus f P e s~1 vida, es necesario reparar en dos
.·
rutos: el Joven b I ·¡¡
su g1 iego con el Timeo de Phtó11 e tab
ac u er, que perfeccionaba
..
, s a ganado t. 1
·
por 1as concepciones geométrica
11' , , a vez sm darse cuenta cabal
ya desde su primera entrev1·sta es qtS1e a I pudo hallar, por un lado· por ot1:o,
00 ommerfeld
·d
J · ·
'
'
sentJ o que debía comenzar st1s est d"
: a a md1cación de éste en el
1d
u 10s por lo s1m 1
ª ~ momentineamente las grandes
. P e Ypequeño, dejando de
decididamente: "Pero a mí las
. especu1aoones filosóficas, responderá
san quizá aún más que las peqtcu':stlones filosóficas del trasfondo me intere
1enas tareas parti ¡
,, 3
•
.PI.at
.
, por Jo m ta
cu fíares
1 o mteres
, Ón,. pues, y un sosten·d
• .
.
esta1an siempre en el trasfiondo d
f
, e - 1s1co (en senado general)
e su ructifer b ·¡¡
y qu: Io llevará al Premio Nobel de 193 • a y n ante carrera de físico,
sufioentemente la intimidad d I á
2. Epoca para la cual la física conocía
de~ecI1ar d ec1d1damente
. .
e
tomo
como_, para que I-Ie1senberg
.
una herencia cierno
pudiera
y 1eparará, más bien, en Platón:
CI itea, que ya nada podía aportar,
"Hasta entonces habíamos venido ere
de Demócrito, que se puede res . . yendo en la antigua concepción
el át
"
umu con esta frase· "E 1 . .
orno . Se suponía que la
.· . .
. ne pnnopio era
pequeñas unidades y si la vam mre_1 VISlble estaba integrada por
por último, a las unid~des míni;:s 1v1c iendo un_a y otra vez, llegamos,
:hra se llamarían "partículas e1e~d1~1~~:~~ócnt~ llama átomos, y que
e ectrones". Pero acaso toda está !i1 rr ' por eJe mplo: "protones" y
&lt;
1 oso ia era falsa. Tal vez no exIBtian
,· ,
.

t

tidumbre".

1

Carl F. Von Weizsacker, úi, imagen física dd mundo, trad. castellana, BCA, Madrid, 1974,

2

p.3.
Una bibliografía completa de las publicaciones de Heisenberg puede hallarse en el volumen
de homenaje: Danken und Umdenkcn. Zu Werk und Wirkung von Werner Heisenberg,
herausg. von heinrich Pfeiffer, Piper Verlag, München, 1977.

3

W

·
.
. HeISenberg, Diálogos sobrefilsica
. al ó1111ca,
. trad. castellana BAC M d 'd
.
.
'
' a n ' 1975, P· 24.

119
118

�pequeñísimas piezas o "ladrillos" susceptibles de ulterior división. Quizá
se podía dividir aún más la materia; pero, llegados a un límite, ya no se
darían propiamente más divisiones, sino la transformación de la materia
en energía y el que las partes no sean ya más pequeñas que lo partido.
Pero, ¿qué es lo que había en el principio? mna ley de la naturaleza,
una razón matemática, una simetría? "En el principio era la simetría".
Esto tenía resonancia de la filosofia platónica del Timeo, por lo que me
vinieron otra vez a la memoria las lecturas que hice en(... ) el verano de
4

1919".

Esto lo dice Heisenberg hacia 1933. Pero las resonancias de que allí se habla
se concretan en el período que va desde 1933 a 1958, fecha ésta en que la
recurrencia explícita a la geomeuización de los "cuatro elementos" que hace
Platón, le lleva a una afirmación osada:
"El descubrimiento de Planck contiene la demostración de que la
estructura atómica de la materia puede concebirse como expresión de
imágenes matemáticas ínsitas en las leyes naturales (...) de este modo
volvió a introducirse en las ciencias naturales el pensamiento de Platón,
que atribuye la estructura atómica, en definitiva, a una simetría
5

matemática".
En efecto, la atribución que en su diálogo Timeo (55 d ss.) hace Platón de
ún cuerpo geométrico regular a cada elemento: el tetraedro al fuego, el
octaedro al aire, el icosaedro al agua, y el hexaedro a la tierra, en secuencia
de estabilidad mecánica creciente, le atrae a Heisenberg no tanto en su
significación directa y como si los elementos últimos de la realid&lt;;1.d fueran
determinados cuerpos geométricos sino, en última instancia, por la
matematización qtie ellos comportaban:
"La teoría definitiva de la materia se caracterizará de modo semejante
a la de Platón, por una serie de postulados de simetría fundamentales.
Estas simetrías no podrán expresarse, simplemente, por figuras e
imágenes, tal como era posible en tiempos de Platón, sino por
ecuaciones"

6

.

refiriéndose
rqleza",
dirá ya
quemás amPliamente a la buscada "ley fundamental de la natu"la respuesta definitiva estará más ró ·i
.
como fue expuesta en el ""r..
dp xl ma a la concepción filosófica tal
.
i imeo
e p atón q
l d
.
matenalistas"; 7
' ue a a e los antiguos
refiriéndose, con la mención de los mate~ialis
. .
desecha .nuevamente cuando h abla de sus átomos:tas, a Demócnto, a quien
"Las partículas elementales de la fis. .
emparentadas con los cuer os I ic~ actual se encuentran mucho más
crito (...). Para la mode1·11apc1·enpc·ªtómcoslque con los átomos de Demó1a natura en el · · ·
no la cosa material sino la form 1 .
,,
pnnop10 se
8 encuentra
ª· ª s,metria
matemática"
De este modo, continúa atrayendo a H .
.
. .
de Platón y, por consiguiente la t. . d eis&lt;:nbe1g_el trasfondo matemático
lo fís.
, 1 aseen enoa que ello m .
tco-experimentable·' con le
. lac,.6 n a la matena
. sensible
arca con respecto a
"Los átomos, según Platón -dice en una
. '
propiamente, materia·· eran cons,·deradconferencia
de 1964- no
os como formas
é eran,
.
como 1os cuerpos regulares de los mat , .
geom tncas,
las ideas, que sirven de Íl. d
emattcos (... ) eran, en cierto modo
m amento a la estruct
d 1
,
caracterizan el comportamiento físic d
ura e a materia y
corresponden".9
o e los elementos que a ellas
N~,se tr~ta de tomar a Platón}' repetirlo, porque, al cabo,
Las sunetrías de Platón no eran las a
.
al creer, al fin de cuen.tas q
1 prop1adas; pero Platón tenía razón
.
, ue en e centro de la t 1
e Ias umdades últimas de 1
.
na ura eza, en el seno
dcas"_
10
a materia, se hallan simetrías matemátiPues, en efecto
"Las unidades mínimas de la materia
.
sentid~ ordinario de la palabra: ~on fi nos son Objetos fís~cos, en el
el sentido de Platón- d 1
ormas, estructuras o ideas -en
e as que sólo puede babi
·
e11enguaje matemát1co"11
arse sm equívoco con

Esto fue expuesto ante la Sociedad de Físicos Alemanes; en los conocidos
"Encuentros Internacionales de Ginebra", en el mismo año 1958,
W. Heisenberg, "Eldescubrinúentode Plack 1
~I hombre y el álamo. Renconlres lnle,,;a;i:~:rble:~filosóficos de la fisica atómica"
s
arram~, ~laclricl, 1959, p. 99.
es e eneve 1958, trad. castellana'
escubmmento ele Plank " p 99
'
... ' . ·
9 Más allá ..., p. 174-175.
10 Más allá..., p. 183.
11 Más allá..., p. 182.
~1

"El~

45

Diálo1;0s
... , p. 166-167.
W.
Heisenocrg,
Más allá de la f!sica, trad. castellana, BCA, Madrid, 1974, p. 23 y 16.

6

Más allá ..., p. 32.

·

121
120

�y en los que podemos considerar momentos de la máxima madurez de su
. t
a mediados de la década del 60- aclara:
pensam1en o d
pararse con los cuerpos
"Las partículas elementales pue en com
. ,, 12
regulares del Timeo: son los prototipos, las ideas de la matena .
Ahora bien: como se recordará, los mentados cuerpos regular~s d~ ¿lattn
se descomponían, según este filósofo, en triángulos -rectánr os IS sc:ee:
para el cubo, y escalenos para lo~ demás cu,erpos~;e~~~::~~~/ p:~o e~
pod~·ían se descompuest0s_. e~ ~:tá~~~~1~::;lí:mo de la realidad física,
1
llevando al extremo e1 P1 mctpt
11 s
acepta Heisenberg pasar allende todo triá~gulo -a pesar de estar ya con e o
fuera de toda materia- llegando, como dice,
"~ una estructura de nuestro pensamiento mucho más fundamental que
13

el tn'á ngu1o" .
Es altamente llamativo este reclamo hacia un más allá de los triángulos;
en el cual i·eclamo vuelven a coincidir_ 1-Ieisenbe~g y Pla~ón: ~te, c?n dsu
apelación decidida a la divinidad; He1senberg, por motivos e meto o,
buscando una razón matemática. Para Platón:
•
'á
11 ) sólo Dios los
"En cuanto a los principios supenore (a l~s tn ng~ ~~14
conoce y, entre los hombres, el que sea amigo de Dios .
Para Heisenberg:
"Si ueremos acercanos al "uno" con los conceptos de un le~gu~je
. q'fi
. .
debemos tener presente el centro de las ctenctas
ctentt ico p1ectso,
l
. tr' f n
. naturales descrito por Plató11, en el que se hallan as s1~e tas . u damentales matemáticas. En el modo de pensa~ d~, este engua.Je __es
necesario aceptar la afirmación: "Dios es matemático , pues volunta1 tamente se ha restringido la mirada sobre el área ~~l ser que pu,~de ser
comprendido en el sentido matemático del verbo comprender ' y que
.
l
nl5
puede describirse raciona mente •
Vale decir que en punto a la estructura de las partículas elementales, se lt
deci~ido Heisenbérg al extremo tal por Platón que ambos, ;ras a
profundización cabal de sus propios modos de pensar y sus metodolog1as, han

12
13
14
15

Diálogos ..., p. 297.
Diálogos ... , p. 303.
Platón, Ti11ieo, 53 d.
Más allá ..., p. 187.

alcanzado a Dios cual justificación final e inapelable de toda realidad. Esto es
algo para meditado.
Hasta aquí, pues, nos hemos restringido a exponer -cuánto deben al
pensamiento de Platón la lucubraciones de Heisenberg; más, paralelamente
a esta línea de exposición se puede constatar muy fácilmente la declarada
influencia que ha tenido Aristóteles en su pensamiento, y en un sentido
claramente complementario. Existe aquí - y valga el paralelismo- una
suerte de "principio de complementariedad" entre ambas influencias. En
efecto: así como hasta ahora ha aparecido Platón con exclusividad, y en tanto
hemos ido revisando el pensamiento de Heisenberg en cuanto se refiere a los
_elementos últimos de la realidad material considerados desde el aspecto
corpuscular, así aparecerá Aristóteles cuando del aspecto ondulatorio de esa
misma realidad se trata. A primera vista esto parece bastante inc&lt;rngruente
puesto que, en todo caso, el realismo aristotélico es más aproximable a un
estudio de corpúsculos -más densamente fisicos éstos- que a uno de ondas
y probabilidades, entidades estas más definidamente matemáticas. El tema
merecería un estudio aparte. Mientras tanto, veamos cómo se las arregla con
Aristóteles el genio de Heisenberg.
Aristóteles entra, decididamente en el horizonte filosófico de Heisenberg
en una serie de conferencias pronunciadas en 1955 y recogidas posteriormente en un libro que titulara sugestivamente "Física y filosofia", y en el cual
se trasluce paladinamente cuán atractiva le resultaba la noción aristotélica de
"potencia". Como se sabe, Aristóteles, en polémica con Parménides, para
quien entre ser y no-ser no cabía tonalidad alguna, insistirá en la analogía de
la noción de "ser". Para Aristóteles, ser no es un concepto único y clauso, sino
un concepto que se aplica proporcionalmente a los diversos modos en que el
"ser" se presenta; y el aparentemente férreo dilema de Parménides: "El ser
es, el no-ser no es", se resuelve admitiendo que "ser" se dice tanto del ser "en
potencia" cuanto del ser "en acto": lo que puede llegar a ser algo en concreto,
ya es en algún sentido (precisamente: en sentido potencial) ese algo.
Así las cosas, Heisenberg apelará a Aristóteles por primera vez al encarar
el problema, central para la física cuántica, de las ondas de probabilidad que
aparecen como compromiso entre la imagen corpuscular y la imagen ondulatoria de la materia. En 1924 publican Bohr, Kramers y Slater un trabajo
en el cual proponen el concepto de "onda de probabilidad"; comenta Heisenberg:
"La onda de probabilidad de Bohr, Kramers y Slater significaba más
que una mera probabilidad: comportaba una tendencia hacia algo. Era
una versión cuantitativa del viejo concepto de Potentiade la filosoffa de
123

122

�Aristóteles. Introduda algo situado a mitad del camino entre la idea de
un acontecimiento y el acontecimiento real, una rara clase
de realidad
16
fisica a igual distancia de la posibilidad y de la realidad" •
Esta relación entre "posibilidad" y "realidad" quedará aún más clara en
otro paso, cuando afirma que
"la transición entre lo "posible" a lo que está "en acto", se produce en el
momento de la observación(...) porque el término "sucede" sólo puede
aplicarse a la observación, no al estado de cosas entre dos observaciones.
(...) y podemos decir que la transición entre la "potencia" y el "acto"
tiene lugar tan pronto como se produce la interacción entre
17 el objeto y
el instrumento de medida y, con ello, el resto del mundo" •
Mientras no acontece tal interacción entre objeto e instrumento, el objeto
"no existe en acto" para el fisico; pero, mientras tanto, tampoco es una mera
nada: posee una existencia "potencial", es una tendencia "hacia el acto", "va
hacia" el momento de su efectiva aparición dinámica, hacia su manifestación
"aquí y ahora". Y aun cuando todo ello debe expresarse en función de

Repárese
con cuidado en que esta" pos1"bTd
lidad"
en el sentid
11 ad " de ser no es mera "posibi0 en que se trata de algo q
...
.
~nvuelve contradicción: se trata de una "
unpos~ble::, que no
Justamente del ~-uva¡m ov de Aristót l
pos1 1 1 a tenden~10sa al acto,
responsable del cambio e~ los seres n:;s·_ ~n ~ste era_ la potencia el prin~ipio
principio regulador, pues
uta es, en He1senberg es también un

~\~º ;s

" no es e11iecho en sí sino la posibilid d d
diría Aristóteles- lo que está t ª1 e que ocurra -la potencia, que
naturales"20_
es reciamente sometido a rígidas leyes
iNada menos! El paso dado a uí o H .
justificado si no se pierde de v·;ta P r_ e1senbe1:g es audaz, pero genial y
probab!li~ad, y _la necesaria rec~rre1:~a1:t;:;~1;1~I~~:i!:icia¿ d~ la onda de
Un ulumo eJemplo del uso de la " o
. "
. cu nuca.
convencido del valor de esta noción p tenc1a p_or He~senberg: tan está él
corazón mismo de la nueva met d I ' ~ue ir _vacila en mtroducirla hasta el
das cuánticas:
o o ogrn en a mterpretación de las experien"La interpretación teórica de
.
distintas: 1º) la traducción de lam~t ex~óenmento_ requiere tres etapas
s1 uac1 n expenmental · · • 1
.
·
.,
m1c1a en una
fiunción de probabilidad· 2º)
3º) el establecimiento de,una ~:~:: :e~-f~nc1on en el curso del tiempo;
resultado puede ser calculado
d.
món que habrá de hacerse, cuyo
me 1ante aquella función p
1 .
~aso, es condición necesaria el cumplimiento de I
l . . ara e P:1mer
adumbre· el segundo
d
as re anones de mcer,
paso pue e ser descrito
d"
clásicos·(... ) sólo en el t
me 1ante conceptos
'
ercer paso volvemos de lo
tá "
a lo que está "en acto"21
que es en potencia"

probabilidad, esta función
"contiene afirmaciones acerca de posibilidades, o mejor dicho: tendencias (la potencia, en la filosÓfía de Aristóteles), y estas afirmaciones son
completamente objetivas y no dependen de ningún observador; y contiene afirmaciones acerca de nuestro conocimiento del siste·ma, las que,
naturalmente, son subjetivas en la medida en que difieren según el
18

observador" •
Significativo paso, donde se ve hasta qué punto es importante la "potencialidad", al ver declararla "objetiva", al menos en cuanto opuesta a la
subjetividad que marca la presencia apreciativa del observador.
Todavía más: por cuanto
"Si uno desea dar una descripción precisa de la partícula elemental-y
el énfasis está en la palabra "precisa"- lo único que puede dar como
descripción es una función de probabilidad, y entonces se ve que ni la
cualidad de ser (si esto puede llamarse una "cualidad") pertenece
a la
19
partícula: ésta es una posibilidad de ser, una tendencia de ser" .

W. Heisenberg, Física y filosoffa, trad. castellana, La Isla, Buenos Aires, 1959, p. 27.
17 Física yfl!.osof!a, p.39.
18 Ffsica ff!!osófi.a, p.37-38.
19 Ffsica y Füosofía., p. 52.

16

EL PRINCIPIO DE I NCERTIDUMBRE

Hemos mostrado, un tanto rápidamen
.
.
dos pensadores clásicos por él
d te, a He1senberg en su relación con
b"
,
rescata os para la actual fi .
·¡
sa iamente, sin decidirse exclusivame11 t
.
ISlca; y osc1 ando
cido
e por nmguno de ellos pero conven-

"de que sólo un verdadero conservador
.
revolucionario. Sólo quien am l . d. . puede ser un verdadero
a a ua món y conoce su fuerza puede

20
21

Más allá..., p. 21.

Ffsica y Filosofía, p. 32.

125
124

�.
ara ser capaz de hallar una
. tanto baio sus puntos flacos como P
sufr1f
~
,,22
.
brecha real hacia lo nuevo.
.
.
.
otros
.
en el tintero sus referencias preC1sas a
e no deJamos
Y conste qu
. Kant O Descartes.
os tales como Heráclito,
euºdos el cual mostrará, en
filósofi
i
,
d
to de los prom
,
.
d
asemos
ahora
al
segun
o
pun
.
ºón
ahora del pensamiento e
P
. .
·so· la repe1cusi ,
,
cierto sentido, el cammo mve1 . fi .
al tema de la causalidad, repre.
fil fi Nos re enmos
"
"de
Heisenberg en la i oso a.
" . i io de incertidumbre o
sentado concretamente por. su lp1d·mc Jmina. Denominación que sacada
. . , " mo también se o en
h 11 do por
indetennmaC1on , co
. ºd a la relatividad- a eva '
o
le
ha
aconteCl
o
.
dº
las
de su contexto -tal com
dºd de la misa m la me ia, a
no han enten 1 o
u
obra de divulgadores que
tamente en lo que respecta a s
.
tadas
muy
concre
·
afirmaciones más d ispara . ' . . a tal extremo llegó esto que e1 mis_mo
pretendida relación con la hbe1tad,
·e unr.a"do en una reunión de mvel
Heisenberg se vió obligado a aclla:arr,npa~i!nales de Ginebra"' de 1958-que
.
1 "Encuentros 11Le
internac1ona1- os
.
. . ación y la libertad ha
• , ntre la 111dete1 mm
.
.
1
"El problema de la re aoon e
d
do demasiado nnpreoso
la
prensa
e
un
mo
.
sido tratado, sobre todo en &lt; •
, l rinci io de indeterminación en
·fi . No se puede deC1r que e P
P
y supe1 1c1a1.
fí . ,,23
.
fi re sino a la !SlCa ·
fisica no se re ie
e acudir a esta aclaración; pero para_
Hoy puede parecer risueñ~ te1:er q~ ti ó acerca de la "libertad" de las
entonces hasta algún sesudo oenufico esa n
partículas elementales.
.
Veamos, pues-, de ~ué se u ata._
descansó segura en el 1"iguros? deter~
L-. física clásica gahle_o-newtom~na miento matemático de los feno~e~1~s,
. . mo q·ue le proporC1onaba el u ata
d .
nociendo su estado nuoal
m1ms
.
odía pre cor, co
ado un sistema físICo, se p •
. t del sistema v con una
d
11
en e a,
f
. omportam1en o
' . . .
' las fuerzas actuantes, e1 utuio c
e se conocía aquel estado n11c1a1.
) ci·s·10'n del mismo orden, al menos, con q\1 ta te dado las coordenadas de
pre
.
·das en un 111s n
Según la mecánica clásica, conoc1 io las correspondientes al imp~1ls?, s~
posición de un cuerpo en el espa~ta:niento dinámico del cuerpo. Exisua as~
odía fijar exactamente el compo1
ºd concatenación de causa a efecto,
pl1na amplia confianza en la ininterrum_p• ~ ·10 l1echo carne en la mentalidad
. l "era un p1mc1p
.
"natura non faot sa tus
. ºd d acabó por desmorona1se
y el
.· · ·0 de cont111u1 a
•
del fisico clásico. Pero ese pnnc1p~ . t más revolucionario de la física
obra y gracia del descubnm1en o
, d scubierta por Max Planck
~~:temporánea: la cuantificación de la energ1a, e
. .
.

23

ed. español~, ~976, XdI~¡;~Jk
" P· 102 y 116.
1 ••• '
"El descubnnuento e

"Debemos, pues, considerar el estado presente del universo como el
efecto de su estado anterior y como la causa del que debe seguirle. Una
inteligencia que en un instante dado conociera todas las fuerzas que
animan a la naturaleza y la situación respectiva de los seres que la
componen y que, por otra parte, fuera suficientemente amplia como
para someter estos datos al análisis, abarcaría en la misma fórmula los
movimientos de los cuerpos más grandes del universo y los de los átomos
más ligeros; nada le sería incierto tanto el futuro como el pasado
estarían presentes delante de ella."2

l

Es este paso una perfecta ilustración de la mentalidad del físico-matemá tico
precuantista, legislándolo todo po un riguroso determinismo válido aún
cuando las limitaciones actuales sólo pueden comprobarlo a través del cálculo

oria" en U1úversitas.

bereg-Discurso en su mem

22 Carl. F. Von Weizsackcr, '!Warner Heisem

a las puertas mismas de nuestro siglo; cuantificación que marcaba 'de_finidamente el carácter discontinuo de los procesos energéticos. No haremos en
detalle la historiad.e este descubrimiento; baste al caso decir que esta absorción o emisión de energía "por saltos" y no en forma continua, como se había
aceptado hasta entonces, dio lugar a una imagen del mundo físico ta.n
increíble que el mismo Planck vaciló largo tiempo en llevar hasta sus últimas
consecuencias su idea primera; y en realidaó fueron ciertas experiencias e
interpretación de las mismas por obra de Einstein, las que decidieron la
cuestión.
Esta cuantificación energética trajo como consecuencia un ataque formalmente diferente de los procesos físicos. µi física clásica había reconocido él
carácter discontinuo de la materia; por ejemplo, sabía que en una gota de un
líquido o en un cristal de un sólido, existía una enorme catidad de pequeüísimas partículas denominadas moléculas, átomos, iones, etc.; y precisamente,
de la imposibilidad práctica de describir el estado dinámico de un sistema tan
complejo nace la mecánica estadística clásica, la cual consideraba que todas y
cada una de aquellas numerosas partículas cumple con las leyes newtonianas
del movimiento, y sólo es necesario apelar al cálculo de probabilidades por
una imposibilidad de facto de tener en cuenta el movimiento de cada una de
las partículas individualmente consideradas. Vale decir que aceptar esta
necesidad no significaba una renuncia al cumplimiento riguroso de las leyes
mecánicas que regulaban las partículas: es sólo la complejidad práctica la que
obliga al uso de ese tipo de cálculo, y no la ignorancia de la causa actuante y
de su modo de hacerlo. Todo aparecía regulado por las conocidas palabras de
Laplace:

,

24

Pierre Simon Laplace, Ensayo filosófico sobre las probabilidades, trad. castellana,
Espasa-Calpe, Buenos Aires, 1974, p. 13.

127

126

�áp · Llq = O

(I)

f

.
d be sólo al defecto del sistema o
. Que ello "Je ~:~~~ii: !:~c~~di::1d; ser teóricamente perfeccionado
mstrumento
'
b bT d des se convierta en un recurso
sin límites, hace ~ue ~l cálculo d\r:t: :1 ic:so en la f15ica cuántica: aquí la
accidental y prov15ono. Pero_~ºencial definitiva. Nada puede decirse
recurrencia al cálculo probab1_hst1cdo es ~s b b"l.Ydad como debe haber quedado
diga en ténmnos e p10 a 1 1 ,
..
en e11a que no se 1
l 'd sen la primera parte de nuestra expos1C1ón.
. de paso por os textos e1 o
.
.
d
c1a10,
.,
. 1
"bTdad de la super-intehgenc1a postu1a a por
Aquí ya no-uene cabida a posi l i
.
. os·ibi·1·1dad Jrráctica
.
, · l q 1e mega es no una unp
Laplace, pues la física cuai~uca o \ . a la imposibilidad te6rica de hacerlo.
de conocer ex~ctame!1te, si~10 q~e_a.im e aplica al estado final del sistema,
En la estadísuca clásica la impt~~is! ns 'ntico abarca tanto el estado final
mientras ~u: _en el cálculo estao~!~ro~u;or una nebulosa que sólo permite
cuanto el micial, a~bo~ como, r
e la partícula considerada, pero sin
afirmar que en su mtenor esta y se muev
.
tá bien cómo se mueve.
po~;J;e;;s::t:n::éa~;i~~ ;s ft;i~damental que por razone7~5dEe esrc~o lo
. .
. b
su famoso artículo de 192
n e nusmo
1
~l~c~nf~::; J~n~~1~!::s:~r:~i~ntíficamente, una exprcsi~n s~~~~~antc
la ~n~erior (I), pero con una modificación esencial, pues ahota va t .

~f

~

ª

(II)

. "fi
e el producto de los errores cometidos en la fijación del
Esto s1g111 ica qu_ .
. , ula no uede ser cero, como quería la
impulso y de la poSiCión de una paiuc
p
fi" ¡, (la co11stante de
.
.
•
1 . fiio como que son IJOS •
física clásica, smo un cierto va o1 :i , • • • ,
d
1 .ón (II) ya
e esa re aci
PIanc k -- 6 ,55xl 0-27 erg·seg)' y II. El análisis mtnnseco
"bTd d de precisar exactamente 1os va1o res de las coorde1 .
m:~:::: ~1~mr~;:1 ~~e:to, si suponemos plenamente ?efinida la coor~enada
11
•• J g d · . · Ap ➔ o deberá entonces venficarse Liq ➔ a, lo que
de posicion,
es ecir. si o
,

25

128

W H . ber "Ueber cten anschaulichen Inhaltcler quantentheoretischen Kinematik
w~d i::;~anJ:,, en Zeitschrijl Jür Physik, 1927, 43, 172.

significa que el valor del momento será completamente desconocido; y
viceversa. Ahora bien: fruál es la contrapartida fisica de este ejemplo matemático? Veámoslo con una experiencia ideal, propuesta por el mismo Heisenberg: Supongamos que con un microscopio suficientemente poderoso y
operando en condiciones ideales, pudiéramos observar un electrón; para
verlo y fijar su posición, será menester iluminarlo y con luz de muy corta
longitud de onda (rayos gamma). Pero la disminución de longitud de onda
significa aumento de frecuencia o, lo que es equivalente, aumento de energía.
Como consecuencia, pues¡ de esta iluminación con rayos gamma el electrón
sufrirá, por efecto Compton, un impacto suficientemente poderoso como
para desviarlo notablemente, haciendo imposible conocer exactamente su
trayectoria. Si se aumenta la longitud de onda como para no afectar el
movimiento del electrón, ya no podremos observar su posición con exac.titud.
Se han aducido otros ejemplos al caso, pero todos concluyen en que existe,
por el modo mismo necesario de operar, una interacción entre el sistema en
observación y el observador, que .termina por provocar en el sistema una
perturbación esencialmente imposible de evitar y aún de valorar adecuadamente. Aparece una incertidumbre o indeterminación en cuanto respecta al
conocimiento riguroso que puede lograrse de una partícula subatómica en su
trayectoria y dinamicidad: "lo que acontece", el modo de presentarse o de
"ser", simplemente, una partícula para el físico, no es independiente de éste
y de su instrumento; y "lo que se observa" no es sino el resultado de la
interacción entre las dos entidades fisicas que son el corpúsculo y el instrumento.
Hasta ahora no hemos salido de los dominios de la física. Pero en el mismo
artículo citado, luego de exponer Heisenberg los resultados experimentales
y sus explicaciones físicas, incursiona en el terreno filosófico con las siguientes
~~~u:
.
"Si se admite como correcta, al menos en sus puntos esenciales, la
explicación de la mecánica cuántica aquí intentada, debiera ser permitido concluir en pocas· palabras sus principales consecuencias. No
hemos supuesto que la teoría cuántica, en contraposición con la teoría
clásica, sea esencialmente una teoría estadística en el sentido qué de
datos exactamente dados sólo pueden sacarse consecuencias estadísticas(... ) Pero en la formulación precisa de la ley de causalidad: "Cuando
conocemos suficientemente el presente, podemos calcular el futuro",
no es falsa la consecuencia sino la premisa. En principio no podemos
conocer el presente en . todos sus mínimos detalles. Por ello toda
observación es una selección entre una multitud de posibilidades y una
restricción del futuro posible. En consecuencia, el carácter estadístico
de la teoría cuántica está ligado a la imprecisión de toda observación
que uno podría sentirse inducido a suponer la existencia, detrás del
mundo estadístido percibido, de un mundo "real", donde rigiera la ley
129
H umanitos-9

�.
eculación nos parece, insistimos, estéril y sin
de causahdad; pero tal esp
d
.b. c.ormalmente relaciones de
.
fí •
debe sino escn ir 1•
senudo. La isica no
terizar mucho mejor el estado
observaciones; más aún: se puede carac . entos caen bajo leyes de la
de cos~s así: ~u~sto que ~~d~: ~º~:xfue~;aldad (II), así se constata
1
mecámca cuanuca, y P .
l
á . cuántica la invalidez de la
definitivamente, gor medio de a mee mea
'
,
6
ley de causalidad" - .
ocas líneas nos lleva desde una
Texto es este que se las trae: puesfíe!1 P temáu·cas a la invalidez de la
..6 d
nclusiones sico-ma
'
solicitud de a d m1si n eco
l
d'd de precaución aconseja, antes de
ley de causalidad. Una elem~n~ :~: :o:ce tos en juego. He aquí, como lo
pasar más allá, aclarar los pnnop.
l
P claro de la repercusión que en
decíamos al incoar este tema, un eJemp o ~uy_ Ac. ptado el diálogo veamos
la filosofía pu~de tene: el deslarrolloie_la ~~:;gi~iam: la Kausalgesetz, '1a ley de
cuál es el senudo preciso de o que eise
causalida~.
.
Término que debe entenderse en toda
. y en pnmer luga~, e~ térmmoc~usa. " rinci io de ser del cual depende
su amplia significaoón y generah?ad d~ dp n enpte contingente"· vale decir,
era la existenoa e u
'
realmente de a1guna man
. 11 existencia sino que le es dada. Causa
de todo ente al cu~l no le es _esencia. ~ . sobre 1~ exis,tencia y sobre el modo
es, pues, "una reahdad q~e eJerce su _m UJº. del ser proclamada con justicia
•de ser de otra rearidad."2 Esta conungenc1a
,
.
l
sión fisica cuando se considera

:.~!~:::~::~~:~~~:~~~~~!;~::;;:;!:~:,:~;~";:!ºe~
e~::

y mejor conocemos esta iea 1 a '
d"
n autor "para explicar un ser
interralación ent~e los seres ~u~,
c1::~Io el ord~n de los seres"2s
. particular es preoso dar la exdphc~
. u· o de los seres naterales, que cada .
es tal el or en mtetac v
y esto, porque .
d l
de todas las líneas relacionantes del resto
uno puede ser considera o e cruce
modo
del universo. Dicho en otros tédrminos: cada asesrunearttem;: :~;::~~=isªdesde el
d l
mos· ca a ente es un
de un resumen e cos
'
.
. el cual todo el cosmos conduce.
cual todo el cosmosyued~ s~~ re~o:nd~J hac~osófica de dar razón del ser y
Pues bien: esta impos1b1hda cie?ti
y
or hacer a cada

~~

:ª

del obrar de cada uno ;o~ s;;;;~:;co;s::~~ai:::~:b~[pendiente: una
uno de ellos una rea i a .
'
Considerado ahora el cosmos
realidad con~ngente Y ~~cesitante :: e:t;:~smo que decir: la totalidad de
como la totalidad de lo existente~
t al sentido más profundo y propio
lo contingente- se llega perento1 iamen e

26 "Ueber ...", P· 181.
fi d 1 trad castellana. Gredos, Madrid, 1956, P· 367, nota l.
L. de Raeymaeker, filoso a e ser.
·
Raeyrnafker, o.e., P· 366.

'1:1
2s

130

de causa cual causa absolutamente primera del ser y del obrar de tooo ente
que ya hemos descubierto como dependiente o contingente.
En efecto: una vez explicado el conjunto de los seres en base a una relación
interdinámica esencial, expresable en función de una relación de causa a
efecto en cada caso en concreto, se arriba a un conocimiento interno del
cosmos que es, en última instancia, relativo en tanto lo son las relaciones
causales establecidas, puesto que lo que· es efecto en una determinada
circunstancia, será causa en otra; y viceversa.
La causalidad se presenta de este modo como recípr&lt;?ca y circular y el
universo, cerrado sobre sí mismo, queda, como totalidad, sin explicación. Se
tiene, sí, un sistema explicado en su marcha, pero no en su origen, pu.es
siempre, frente a la más amplia legalización que se quiera o se pretenda en
este cosmos, ante toda concepción científico coherente del ser y hacer de este
cosmos, quedará, como aspiración final incumplida, la pregunta por su origen.
La explicación interna causal lleva, tal cual lo hemos dicho, a la concepción ,
de los entes naturales como dependientes recíprocamente; la inquisitoria no
ya por sistemas aislados de entes naturales sino por la totalidad de estos entes, '
lleva necesariamente a un concepto no relativo de causa: desemboca en el
concepto de causa in.causada como origen primero y absoluto del ser de los
entes cósmicos; apareciendo así, concomitantemente, la noción, también
absoluta, de ente contingente.
Esto es mucho más que considerar la causalidad como una mera sucesión
de fenómenos, donde rige una simple secuencia antecedente-consecuente,
sin mayor necesidad ni posibilidad de probar que el consecuente o efecto
depende esencialmente, y no accidentalmente, de un antecedente o causa.
Para los nominalistas medievales," así como para los modernos empiristas,
sólo se trata de admitir aquella sucesión de fenómenos que conduce a la
conclusión simplista: "post hoc, ergo propter hoc": después de ello, con. siguientemente debido a ello; simplista, decimos, porque como hemos visto,
causa se refiere a un orden que supera la inmediata constatación empírica,
para enraizar en la más íntima intimidad de toda realidad, transformándose
en la razón de ser de la existencia del efecto. Y el "post hoc ergo propter hoc" se
debe conformar con señalar, más superficialmente, sólo un orden sucesivo.
Hay en la nocjón de causa mucho más que en la de antecedente, pues en
la primera hay estricta necesidad, como razón que es de la existencia de todo
ente contigente, de todos los entes naturales ciertamente. De aquí que pueda
formularse un "principio de causalidad" el cual, un tanto paradojalmente, no
es sencillo de formular sin caer bajo la acusación de tautología; y esto es
explicable, pues cuando de las primerísimas realidades se trate (aquí, del
origen del ser) siempre acontecerá así: siempre nos debatiremos entre la
primordialidad y simplicidad de lo que queremos expresar, y la complejidad
Ypoquedad de nuestro modo de conceptualizarlo y expresarlo. Habida cuenta
131

�de todo ello, no extrañará que haya más de un modo válido de expresar ese
principio de causalidad (de paso, casi todas las fórmulas han sido discutidas);
así, "todo efecto tiene una causa"; o "lo que se produce tiene una causa"; o
bien "todo ente contingente es causado", etc. En todos los casos se expresa
una relación esencial entre aquellos términos; y sin poder darse una prueba
directa de la realidad de este principio, pues intentarlo sería caer en un círculo
vicioso, ya que precisamente si el principio es absolutamente válido, como se
sostiene, toda demostración debería suponerlo: y asf acontece. Se trata, pues,
de lo que habitualmente se denomina un "principio primero" cuya evidencia
surge de la comprensión misma de los términos con los cuales se expresa.
Más bien, si se desea, hay que argumentar a contrario sensu o por el absurdo,
demostrando que negar su realidad equivale a caer en contradicción interna,
pues de tal negación se sigue la necesidad ide un negador como causa de la
negociación!
Tal el principio de causalidad. La llamada "Ley de causalidad" no pretende
expresar sino la aplicación del "principio" a los procesos de la naturaleza
irracional y, más adecuadamente aún, al reino de lo inanimado. Puede
formulárse asf: "Si en un determinado momento se conocen las magnitudes
correspondientes a los estados de todas las cosas que toman parte en un
proceso natural, su curso ulterior está con ello ~ompletamente determinado"29; más brevemente dicho: "la misma causa, en idénticas circunstancias, produce el mismo efecto". Si, para nuestro cometido actual, consideramos este enunciado desde lo que puede denominarse "principio de
determinismo físico", enunciaremos esa "ley de causalidad" así: "Conocido el
estado actual de un sistema de cuerpos y las leyes que lo regulan, siempre es
posible, en principio, prever los sucesos futuros que ·se produzcan en ese
sistema". Repárese con cuidado en lo que quiere expresarse aquí, porque esto
es crucial para la comprensión del "principio de incertidumbre" de Heisenberg: el "principio de determinismo físico" viene a decir que, puesto que
estamos en los dominios de lo puramente material, esto es: de seres desprovistos absolutamente de libertad de acción o de elección, sometidos rigurosamente a una legalidad que en realidad es la que los determina como tales en
su ser y obrar, el conocimiento de esta legalidad equivale al conocimiento total, ahora
y siempre, del ~istema: la ley nos dice cómo son y evolucionan en todo instante
los seres materiales.
Se trata, es claro, de un determinismo relativo a la existencia y operación
de seres sin libertad, y de causa que actúan necesariamente, ciegamente, y
donde el efecto logrado -el nuevo estado del sistema- dependerá de la
concurrencia de aquellas dichas causas, ocurriendo como una composición
de causas, al modo de la conocida composición de fuerzas. Cada causa actúa

29 Brugger, Diccionario ..., s.v . "causalidad, Ley de".

de por sí e indefectiblemente (si no
,
dependerá tanto de su actividad co;n:º;e~ia cau~a_), pero el resultado final
las demás caus
e as acuv1dades concomitantes de
as presentes. Esta es la razón por 1
1
determinada causa esté presente en
fi .
a cua aun cuando una
el esperado: la causalidad parece h~~:r uf:~;:;:s, el resultado_puede no ser
tecido es precisamente el res ltad d
.' pero_en reahdad lo aconO e una pluncausahdad
Es .
u
amamos que así entendidos tanto la
·
.
causalidad"
d b
fi
'
causaztdad
cuanto
el. "principio de ·
e en ser a 1rmados con anteriorid d
conclusión experimental so pe d
a y prevalentemente a toda
y así como hablamos de ~na d::o:r°º l?°derdecirnada de cuanto acontece.
causalidad" así podemos l1ace 1 1 ración por el absurdo del "principio de
'
r o a 1ora con el " · · · d
diciendo que negado han'a
.
p~mopio e determinismo",
'
,
necesano otorgar libertad
d ..
entidades con que opera la füica s·
b
' auto eos1ón, a las
de Heisenberg a la "ley de causaii;:d~~E~:1º• recordemos la c~·ítica explícita
de su artículo de 1927, decía:
paso que hemos citado a la letra
"En la formulación precisa de la le de cau .
.'
suficientemente el presente pod y
1 salhdad. Cuando conocemos
,
emos ca cu ar el futuro'
f. 1
consecuencia sino la premisa".
, no es asa la
Pues bien: existe en este texto una dar
f.
.
..
falsedad de la premisa no es tal
. a y atal. 1mprec1S1ón, ya que la
temente -y aquí está la cues¡ip:es e;lc1erto que si con?ciéramos suficienoperante, de un sistema podría;
presente legalizado, ciegamente
1
d...
,
nos conocer su futuro· rec , d
IJlmos supra acerca del sentido valor
" .· . . .
uer ese o que
fisico". Lo que quiere decir Heisenier
d~l p1 i_nc1p10 de determinismo
toda y del modo de formular
" _g, ~e~un s~ s1gu~ de la teoría cuántica
su prmc1p10 de mcerudumb . "
pod emos conocer exactamente el
ie 'es que no
esta no afecta el "pr· . . d d pres?n.te estado total de un sistema; pero
mcipto e etermm1smo fi · "
posible recurrir a lo que denomina
1" . si~~ : en todo caso no sería
respecto a la exacta evoluci·ó d l _mos e pnnc1p10 de previsibilidad" con
n e sistema y ello por
•
.d
el punto de partida, que ha e·em lificad .
una mceru umbre en
füica, el mismo Heisenbe1_J P
1 o correctamente, en el terreno ele la
g, como iemos visto· se
fi
matemática, sea en su recurrencia al ex e.· .
'. a en su ormulación
y la interacción observador observ d pp um~nto ideal de los rayos gamma
traspaso desde una conclusi~n fisi a o. _ero 1T más allá comporta un claro
traspaso? La respuesta es
. . ca a ot1a de orden absoluto. ¿Es lícito este
Heisenberg d d
pe1 unente, porque recordando otro paso de
' on e muy acertada mente dice que
:;;i::;:! no debe sino describir formalmente relaciones de obser'
frómo puede él concluir que
133

132

�erimentos caen ba~·o las leyes de la
..mecánica
"Puesto que todos 1os exP.
d II
constata así defimuvamente,
cuántica y por ello de ~a iguald? &lt; ): se r dez de la ley de causalidad"?
or medio de la mecámca cuánuca, 1a mva i
.
p
e de causalidad está más allá de, es anterior
lNo quedamos ~,? que es~ leJtal? ¿No hay una discordia manifie~ta entre
a toda comprobaoon expenm
d
.b. e malmente sino relaciones de
,
ló · d "no escn 1r 1or
la clara regla metodo g1ca e . d 1 1 de causalidad? Hay aquí, sin
•
"
ta condenación e a ey
H ·
observaciones ' Y es
ción de conclusiones. y sin embargo, ~1sendudas, una abusiva ~xtrapo~a
u·do que no le pertenece de iure, y
.
ó
p
lo uene en un sen
.
berg uene raz n... erO
1
d de lo ha expresado por escnto.
d fi to al menos 1asta on
d
que no ha pensa o e ac , .
lamosa la indulgencia d_e l lector, pues
Para demostrar lo que decuno~, ape
1 de la fundamentación ontoló. t rpretac1ón persona
. 1
ahora pasamos ª. una ~n e .d b " Heisenberg no tiene razón en decir o
um rde .
1·dad"· pero existe razón para
gica del "principio de mcertl
la "ley e causa 1
,
.
que dice con respecto a .
.d b " con fundamentación ontológica,
proclamar un "principio de mcer~1 ~t:n::no Veámoslo.
vale decir: desde lo qu~ es ~l ser e d d. · izar a tal extremo la realidad
Es evidente que la c1enc1a ha ll~ga o a ~~ª~ablar de "materia inerte": la
física que ya resulta totalmente_macep~ _e ~ente la famosa ecuación de
prueba más "palpable" la co~1S,t1~uye, p1ec1sa
,
Einstein, ligando masa y ene1g1a.
~E

= ~m · C2

(III)

. .
l o ue está exigido mucho antes que
Pero esta dinam1odad del ente es afíg q
a reflexión absolutamente
.
.
tá por la filoso 1a, por un
. d b
por ·la c1enc1a: 1o es
.
d " er" Una ontología realista e e
primordial acerca del conc~p~ 1;is7:i: eu:"se~ y ser dinámico es una misma
proclamar como una neces1da a so . q resencia es actividad. Un ser que,
e inescindible realidad." Ser es pr~senoa, y Pe1··r·1gurosamente "inerte"' sería
dinamismo un s
d
por absurdo, no poseyera .
ible· orque sólo podemos conocer e
una entidad absolutamente mcogno~~ ~ P se pongan en interacción con
las cosas en tanto ellas ~e nos ma:1n::a1:S': en tanto sean dinámicas. Este
nosotros; en otros térmmos más g u·t ente esencial de todo ser, de todo
.
.
,
cebido es un cons uy
dinamismo as1 con
.' .
una realidad ara nosotros. y es 1o que, a
aquello que pueda consutuirse en
d l . opde la "natura" un principio
Al_.1stóteles cuan o uz
•
su modo, proclam~r~ ya
. oso del ;er ue, por ello mismo, denommó
intrínseco del movumen~o ~ d_el 1ep ontaneidad de acción y reacción en el
"natura" esto es: un pnnop10 de esp
.d . d de "ser" con esta
,
. 1
tar con esta espontanet a
'
ser físico . Tan es es?n~1a con
. como criterio apreciativo, establecer
"natura"' que es lo umco ~ud~ ~er;1tqe~e a mayor espontaneidad, a respuesta
e
Una escala de "valor de. ser , · 1oen °ser más per1ecto.
más variada y compleja, meJor ser,

En fin, que siempre habrá dinamismo en habiendo ser, siempre existirá
natura, respuesta; la cual, dicho sea de paso, podrá ser tan pequeüa y desvaída
como se quiera (podrá acercarse asintóticamente a cero), pero nunca será
nula. De todo esto se siguen dos consecuencias importantes: en primer lugar,
que pudiendo tener esa natura valores sumamente pequeños, podrá acontecer que su "expresividad" sólo se aprecie cuando la "pregunta", la
interacción, pueda llevarse a un alto grado de sutileza o sensibilidad; en
segundo término, esa respuesta no podrá ser realmente avasallada, acallada
jamás, porque su existencia es la existencia misma del ser.
Tiremos ahora el puente hacia la ciencia, pues aquellas dos consecuencias
tstán inmediatamente relacionadas con el tema del indeterminismo o incertidumbre cuánticos, que nos mantiene ocupados desde hace un rato.
¿cuál es la significación profunda del determinismo clásico, luego de lo
dicho en perspectiva ontológica? No otra que suponer la posibilidad, teórica
al menos, de ftjar desde fuera el estado dinámico de un ente; porque afirmar
la completa cognoscibilidad de un ente comporta su estabilización total, su
plena inmovilización, en fin; vale tanto como decir que momentáneamente
al menos se lo tiene estatizado tras una compulsión que dependería absolutamente de la voluntad del observador: si ello no acontece ahora, lo hará
después; todo es cuestión de ingenio y paciencia.
En cambio, la fisica cuántica vendrá a decir, en buena cuenta, que esto no
es posible, ni aun teóricamente; que precisamente es la teo1:ía la que niega
esa posibilida~; que hay que perder toda esperanza de lograr, en un futuro,
todo fijismo absoluto del ente natural: a éste sólo se lo puede conocer
parcialmente, porque tal ente se guarda siempre algo de su intimidad. Y esto
es profundamente verdadero pues no es más que un reconocimiento, a la
medida de -la fisica, de aquella esencia e indisoluble relación que hemos
afirmado a la cabeza de toda interpretación de la realidad: ser y ser dinámico
es una misma e inescindible realidad. Claro está que es comprensible intento
"ftjar", "detener", un ente, porque, al cabo, es nuestro modo mismo de
conocer lo que nos impele a ello, ya que tanto mejor conocemos algo cuanto
más "quieto'! e inamovible lo tenemos en tanto ésta siendo estudiado: esto ya
lo sabía Platón. Pero todo ello no es sino un amor imposible, una aspiración
absolutamente destinada al fracaso, pues si una realidad natural dejara de ser
dinámica, dejaría de existir, simplemente; y así, por exceso de celo científico,
llegaríamos a destruir, cual Otelos gnoseológicos, eso mismo que amamos.
Por consecuencia, la pretensión de la ciencia clásica comportaba, aun sin
proponérselo, la posibilidad de aniquilar el objeto mismo que pretendía
estudiar, y el reconocimiento de la fisica cuántica marca un paso decisivo hacia
un realismo onto1ógico que está más allá, es cierto, de la misma física, pero
que ésta ha sabido captar, perspicazmente, en sus dominios, precisamente
cuando fue capaz de una adecuada sutileza o sensibilidad en la inquisitoria,
135

134

�también esto de acuerdo con una de las premisas ontológicas que establecimos
antes.
En suma, y sea lo que fuere de nuestra crítica, de lo que se trató siempre
para Heisenberg fue de llevar originalidad a la fisica en su mejor y correcto
sentido, volviendo, cuando ello era menester, a los orígenes mismos del
filosofar; lo cual significó para él una real ruptura de moldes con relación a
la física establecida. Se mostró Heisenberg siempre cual un real amante de la
verdad, trabajando, en su ámbito, por ella y aceptando su persistencia a través
de los siglos. Ello le hizo respetuoso de la tradición real, pero decidido contra
las deformaciones posteriores. Y su amor lo fue por una verdad que, a la
postre, lo llevó mas allá de la física, y de la filosofía, y de toda ciencia, para
culminar en una sabiduría. Relata von Weizsacker que visitándole unos pocos

bien lo que decía. El hablaba a los astró
inventores de máquinas. Nosotros
tºb7os, a los geómetras, a los
sabemos lo que decimos".
, que ia amos al hombre, también
Nos gusta suponer que Heisenberg sonre· ,
.
.
acabar nuestra exposición con esas
fu
ma complacido s1 nos oyera
nd
que fuera Juan de Mairena.
pro
ad palabras del apócrito sofista

días antes de su muerte, le dijo Heisenberg:
"La física no es ya ahora propiamente tan importante. Esto me maravilla. Los hombres que estaban allí, esos son importantes(...). Lo central:
el cristianismo. Si alguien dijera que yo no he sido cristiano, no tendría
razón. Por cierto, si alguien dijese que yo he sido cristiano, ése tal vez
3
diría demasiado" º
A quien ha dicho:
"leer los griegos significa ejercitarse en el uso de la más poderosa
31
herramienta intelectual que el pensamiento de occidente ha logrado" ,

nada mejor que presentarlo mostrando el uso que de ese pensamiento ha
hecho. Para quien ha escrito expresamente un libro titulado "Física y filosofía", demostrando que
"Esta modernísima parte de la ciencia, la física actual, se relaciona en
muchos aspectos con muy antiguos problemas desde una nueva dirección"32,
,
nada será más adecuado que analizar, precisamente, sus ideas filosóficas,
mostrando coincidencias y disidencias con muy clásicas posiciones ontológicas.
"El libro de la Naturaleza -nao1a Galileo- está escrito en lengua
matemática. Como si dijéramos: el latín de Virgilio está escrito en ·
esperanto. Que no os escandalicen mis palabras. El pisano sabía muy

31

Carl F. Von Weizsacker, "Werner Heisenberg-Discurso...", p. 127.
W. Heisenberg, la imagen de la naturaleza en -la física actuaJ, trad. castellana. Seix Barral,

32

Barcelona, 1957, p. 58.
Física y filosofía, p. 158.

30

137
136

�</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </file>
  </fileContainer>
  <collection collectionId="305">
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="3234">
                <text>Humánitas : Anuario del Centro de Estudios Humanísticos</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="479096">
                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </collection>
  <itemType itemTypeId="1">
    <name>Text</name>
    <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
    <elementContainer>
      <element elementId="102">
        <name>Título Uniforme</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="144696">
            <text>Humanitas</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="97">
        <name>Año de publicación</name>
        <description>El año cuando se publico</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="144698">
            <text>1990</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="54">
        <name>Número</name>
        <description>Número de la revista</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="144699">
            <text>23</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="98">
        <name>Mes de publicación</name>
        <description>Mes cuando se publicó</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="144700">
            <text>Enero</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="101">
        <name>Día</name>
        <description>Día del mes de la publicación</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="144701">
            <text>1</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="100">
        <name>Periodicidad</name>
        <description>La periodicidad de la publicación (diaria, semanal, mensual, anual)</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="144702">
            <text>Anual</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="103">
        <name>Relación OPAC</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="144720">
            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1784592&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
    </elementContainer>
  </itemType>
  <elementSetContainer>
    <elementSet elementSetId="1">
      <name>Dublin Core</name>
      <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="50">
          <name>Title</name>
          <description>A name given to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="144697">
              <text>Humanitas, Sección Filosofía, 1990, No 23, Enero</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="39">
          <name>Creator</name>
          <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="144703">
              <text>Basave Fernández del Valle, Agustín, 1923-2006</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="49">
          <name>Subject</name>
          <description>The topic of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="144704">
              <text>Ciencias Sociales</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="144705">
              <text>Filosofía</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="144706">
              <text>Historia</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="144707">
              <text>Letras</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="144708">
              <text>Humanidades</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="144709">
              <text>Publicaciones periódicas</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="41">
          <name>Description</name>
          <description>An account of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="144710">
              <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="45">
          <name>Publisher</name>
          <description>An entity responsible for making the resource available</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="144711">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León, Centro de Estudios Humanísticos</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="37">
          <name>Contributor</name>
          <description>An entity responsible for making contributions to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="144712">
              <text>Estrada Jasso, Andrés, 1917-</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="144713">
              <text>García Gómez, Alberto</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="40">
          <name>Date</name>
          <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="144714">
              <text>01/01/1990</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="51">
          <name>Type</name>
          <description>The nature or genre of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="144715">
              <text>Revista</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="42">
          <name>Format</name>
          <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="144716">
              <text>tex/pdf</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="43">
          <name>Identifier</name>
          <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="144717">
              <text>2015891</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="48">
          <name>Source</name>
          <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="144718">
              <text>Fondo Universitario</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="44">
          <name>Language</name>
          <description>A language of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="144719">
              <text>spa</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="86">
          <name>Spatial Coverage</name>
          <description>Spatial characteristics of the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="144721">
              <text>Monterrey, N.L., (México)</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="68">
          <name>Access Rights</name>
          <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="144722">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="96">
          <name>Rights Holder</name>
          <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="144723">
              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </elementSet>
  </elementSetContainer>
  <tagContainer>
    <tag tagId="14207">
      <name>Acto humano</name>
    </tag>
    <tag tagId="14205">
      <name>Alberto Caturelli</name>
    </tag>
    <tag tagId="14204">
      <name>Alfonso López Quintás</name>
    </tag>
    <tag tagId="14203">
      <name>Ontología de la historia</name>
    </tag>
    <tag tagId="14208">
      <name>Ontología de la muerte</name>
    </tag>
    <tag tagId="14206">
      <name>Relación inter-personal</name>
    </tag>
  </tagContainer>
</item>
