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                  <text>ANUARIO DEL CENTRO
DE
, ES17UDIOS HUMANISTICOS
25

UNIVERSIDAD AUTONOMADE NUEVO LEON

1998

��HUMANITA~2

�~O DEL CENTRO
DE
10S HUMANISTICOS
25

lJNIVERS DAD AUTONOMA DE NUEVO LEON
.

1998

�HUMANITAS
Derechos Reservados ©
por el Centro de Estudios Humanísticos de Ja U.A.

responsabilidad den ada de los estudio contenidos en este Anuario,
corresponde , lusivamente a sus respectivos autores.

A UARIO DEL CENTRO D ESTUDIOS HUMANÍSTICOS
DE LA
NERSIDAD UTÓ OMA DE
O LEÓ

TRO DE E ODIOS HUM
ÍSTICOS DE LA
NERSIDAD AUTÓ OMA DE NUEVO LEÓ

Director
Dr. Agustín Basave Femández D I Valle

Jefe de la Sección de Filo ofía:
EGU DA EDI 10
Agosto de 1998.-500 jemplares.

Dr. Ricardo Miguel Flores Cantú

Jefe de la ecció11 de Letra :
Dra. Alma 1lvia R drígu z

Jefe de la Sección de Hi toria:
Profr. Israel Cavazo Garza

Jefe de la ección de Ciencias ociale.:
Lic. Ricardo Villarreal

HUM

1T S

Correspondenaa: Centro de Estudios
Humanísticos.- Dirección Biblioteca
Magna Universitaria.- A e. Alfonso
Reyes o. 4000 te. Col. del orte,
C. Postal 64440, Monterr y, .L.

rramb1de

�ÍNDICE

SECCIÓN PRIMERA
1

FILOSOFÍA
DR

AGUSTLN BASAVE FERNANDEZ DEL VALLE: Fundamento y
Esencia de los Valores -Signiftcaci6n y Sentido de la Axiología . . . 13

DR

RICARDO MIGUEL FLORES CANTU: Nicolás de Cusa y la
Docta Ignorancia -Consideraciones lústórico--.ftlosóftc.as- . . . . . .

25

EUDALDO FORMENT: El Legado Agustiniano de ur.a Ciudad
de Dios" . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

39

ALBERTO CATURELLí: La Sinderesis. Y el Relativismo ético
Contemporáneo . . . . • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

6.5

DR.

DR.
1.

DR.

DR.

DRA.

HENRICH BECK: Técnica entre sentido y contrasentido
Ln Co11trnriednil Complementaría e11fre los Hemisferios C11lturnles tle
Europa, de Africn y de Asia -En 111111!0 de partúla de América- . . . . . .

75

MARIANO CRFSPO: Fundamentos de una Teoría
Fenomenológica-Realista del Juicio . . . . . . . . . .. . . . . . . .

93

MATILDE JSABELGARCIA LOSADA: Un Filosofar
Existencial Fttn~nte de una Filosofta de la C11/h1ra . . . .

131 ·

MTRO. JOSE ANTONlO DACAL ALONSO: La Filosofía del Derecho
del. Kant . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . _..

145

MTRO. ENRIQUE l. AGUA YO CRUZ: La Muerte en la Filosofta de
Agustín Basave . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

171

7

�ERCERA

SECCIÓ
SECClÓ

EGU

DA

CIE

CIAS SOClALES

LETRAS

LIC.
DRA. ALMA SILVIA RODRrGUEZ: LA Sociolingüísticaante el

umbral del Siglo XXI

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 197

MTRA. EUGENlA HOVENAGHEL: La Estrategia Persuasiva de
Alfonso Reyes: Un Ensayo Representativo . . . . . . . . . .

. 213

MTRA. LAURA ESTHaA GARCIA ALV AREZ: La Enseñanza del

Inglés en el Programa de Educación Bilingüe en el Nivel Medio
Superior de la Univcrsitiad Autónoma de Nuevo León . . . . . . .

DR.

MTRO. GABRIEL VARGAS LOZA O: La Denwcracia Liberal y sus
Limites

357

MTRO. JOSE LUIS PRADO MAILLARD: Las Vías del Poder
Presídendal: Una Comparadón Franco-Me.:xicana . . . . . .

369

231

IV
~1ENDIOLA: El Amor en los Tiempos del Cólera
(Reflexiones Sobre 11r1 Discurso Amoroso) . . . . . . . . . . . . . 261

MTRO. JOSE MARIA INFANTE: Ap1intes para una Psicología en el
Siglo XX1 . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 391
LIC.

MTRA. SARA ALICIA ANCIRA ARECHIGA: Bilingual Educatíon
as Stt~h does not and canr,of Always Replace Second lAnguage
Teaclung far tf,e P11rpose of Developing Second Lmiguage Ski/Is
we Slwuld think of Bifing11al Education and Foreign or Seeond
Language Teaclúng as Natural Allies Rther tlian Alternatives
(Po/it:;er 1977 in Milk 1985:670) . . . . . . . . . . . . . . . . . .
DORA G0 ZALEZ CORTINA: Literatura f-fispm1oamericana
Contemporánea. Argentina, Colombia y Chile . . . . . . . . . . . .

JORGE MELENDEZ BARRO : l.Ji volució11 de la f.str11ctura
alarial del Area Metro¡x,litmm de Monterrey durrmte lo. Noventa . . . . 407

LIC.

ISABEL ORTEGA RIDAURA: Fomento lhd11strial y Definición
de Grupos Empresariales Monterrey 1940-1650 . . . . . . . . . .

441

269

LIC.
LTC.

RICARDO VILLARR:EAL ARRAMBIDE: La Constmcdón del
"Significado" en la Obra de Max Weber: Su Importancia para la
Comprensión de lo Sodal . . . . . . . . . . . . . • . . . . . . . . 349

295

ROGELIO CANTU MENDOZA: La Evaluación Instihtdonal
como Estrategia para el Mejoramiénto de la Calidad de la Educación
Superior en México . . . • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 457

LIC. GUADALUPE CH A VEZ GO ZALEZ: La Formación de

Profesores; Una Necesidad en Disettsión . . . . . . . . . . . . . . :
LIC. MARGARITA RIOS FARJAT: Cuando la Poesía es Bandera.
Una Introducción a la Poesía Soda/ de YevgLCeni Yevh,slienko

311

SECCIÓ

CUARTA

329

HISTORIA

LIC. ARL~D A AVTLA: Las Mujeres en la Literahtra Infantil y
f11ven1I

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • .• _ .

341

PROFR.ISRAEL C;AV AZDS GARZA: Algunas Fuentes para la Historia
de la Evangelizadón en el Noreste . . . . . . . . . . . . . . . . . 473
PROFR.TOMAS MENDIRICHAGA CUEVA: La Seg1tnda Universidad
de Nuevo León (Año Lectivo 1948 - 1949) . . . . . . . . . .
9

487

�ING.

TEODORO AMERLLNCK Y ZIRlON: "Origen_y Desarrollo de
la Ciudad de Monterrey" . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

MTRA. PATRICIA GUADALUPE ALFARO GUERRA: Francisco
Barbadillo y Victoria, Apuntes sobre su Historia . . . . . . . .
DR.

MANUEL CEBALLOS RAMIEZ: Monterrey y los dos Laredos:
Relación Bicentenario . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

513

523

547

Sección Primera

SECCIÓN QUJ NT A
COMENTAR I OS Y RESEÑAS

Comentario al ,íltimo Hbro del Dr. faJandro Agazzi "El Bien, El M.al y La Ciencia"
Las Dimensiones Eneas de la Empresa Científico-Tecnológica, Dr, Agustín Basa ve
Fernández del Valle, 559. --Palabras de Presentación del libro "Meditadón sobre
la Pena de Muerte" del Dr. Agustín Basave Fernánde:: del Valle, Dra. Mireille
Rocatti, 565. --Dr. J. Ramón Palacios Vargas, 571. ---Historia de las Grandes
Empresas en México, 1850-1930, Jorge Meléndez Barrón, 577. --Williams K
Meyers, Forja de Progreso, crisol de revuelta. Los Orígenes de la Revolución
Mexicana en la Comarca Lagunera, 1880-1911, Gobierno del Estado de Coahuíla,
Israel Cavazos Garza, 583. -Eb11er, Fcrdinand: La Palabra y las Realidades
Espirihtalcs, Dr. Alfonso López Qu.ú,tás, 589. -Orti:;-Osés, A. y P. Lanceros:
Dicdonario de Hermenéutica. Una obra interáisciplinaria para las ciencias
humanas, Dr. Alfonso López Quintás, 591. -Kancyper, Luis. La Confrontación
generacional, Walter J. Gamboa Sandoval, 593. --Marmel, Elaine. Microsoft
Excef 97 Visual, Sergio Eduardo González González, 595. ---La Profesión. 511
Condición Soéial e l11stit11cional, Alicia Olivares, 599. ---Zaid, Gabríel. Tres
Poet.as Católicos, Juan Caries Magallanes, 601. ---Srwaler, Fernando. El Valor de
Educar, Alejandra Treviño González, 605. --La Filosofía como Propedéutica de
Salvación, Matilde Isabel García Losada, 611. --Psicología Ed11catí11a. Anila
Woolfolk, Dora Gonz.ález, 6]9. --u? Inteligencia Emocional, Héctor lzaguirre
Rivera, 621. -"De 1111 Diario y 1t11a Guerra Constante", Angélica Hernández
Viera, 625. -La Frontera de Cristal pide la Vo:; y fa Palabra -Reflexiones en Torno
a la Frontera Norte-, Ramiro Alberto Rios Torres, 629.

lll

FILOSOFIA

�FUNDAMENTO Y ESENCIA DE LOS VALORFS.
- Significación y Sentido de la Axiología Prof. Jur. Dr. Phil. Agustín Basave Femández del Valle.
Director del Centro de Estudios Humanísticos de la
Universidad Autónoma de Nuevo León y Presidente
de la Sociedad Mexicana de Filosofía.

SUMARIO: 1.- ¿Que son los valores?; 2.- El modo de ser del valor;
3.- Gasificación de los valores; 4.- Significación y sentido final de la
axiología vivenciada.

1.- ¿Que son los valores?.

Hay valores como cualidades de un ente. Decimos entonces, de
una persona o de una cosa, que son valiosas. Todo ente en cuanto ente es
bueno. El contenido del ser del ente funda su valiosidad. Pero hay
también lo ónticamente valioso referido a un posible apetecer o a un
apetecer efectivo. No se trata, en este caso, de un ente real, sino de un ente
ideal. Contra el irradonalismo axiológico hay que afirmar resueltamente
que los valores son. Desde luego no son cosas reales con efectividad
tempoespacial, pero son entes ideales amables, apetecibles. Fritz Joachim
von Rintelen -quien dedicó gran parte de su vida al problema de los
valores- define el valor como "el contenido de sentido de una esenda, en la
medida en que realiza o·puede realizar un fin". (1). Del hecho de que los valores
sean algo irreal no quiere decir que carezcan de consistencia ideal y de que
escapen a la habencia. Resulta inaceptable a todas luces la dicotomía entre
ser y valor. Lotze y Scheler se empeñan inútilmente en hacemos creer que
• punto de vista, de
los valores no son sino que valen. Tratariase, según este
meras cualidades adherentes de contenido a las que conviene una "última
independencia del ser" y que son captadas emotivamente por un "a priori
axiológico independiente" en la realiz.ación del "sentir intencional".

Frente a esta postura dicotómica e irradonalista, me permito
formular las siguientes objeciones:
1.- Es insostenible el dualismo .entre ser y valor. Si los valores son algo
que se ofrece como contenido de un acto, ¿Cómo puede pensarse que este
algo no sea ser?, ¿ Cómo puede haber un tipo de objetos que no son?
2.- La intuición emocional "a priori", al lado del conocer teórico, es otro
dualismo inaceptable. ''Este sentimiento intencional, órgano específico de
13

�aprehensión del valor -expresa el Dr. Antonio Lmares Herrera-, o es un
conocimiento o no lo es. Si es un conocimiento no tiene más que un
sentido, el de ser una actlvidad, que aprehende espiritualmente objetos, y
esto solamente puede hacerlo una facultad de orden teórico. Si no es un
conocimiento, entonces tampoco puede atribuí-raele la propiedad de captar
o a pre hender objetos".

Aspectos objetivos de entes sustantivos que se ajustan a 1a ley o principio
de finalidad que satura todo el campo habencia. Aspectos de cosas o de
personas que presentan peculiares caracteres: Polaridad, diversidad
específica, rango jerárquico, normatividad.

2.- El modo de ser del valor.

3.- Si el hombre es el portador y el realizador de los valores, es un
contrasentido que se pase su vida afanándose por realizarlos para que a 1a
postre se le diga que los valores no son sino que valen. Esto equivale a
decirle que ha .realizado una pura nada.
4.- Si los valores pueden agruparse en clases diferentes- éticos, estéticos,
sociales, utilitarios, biológicos, re1igiosos- es porque sus contenidos
cualitativos están arraigados -o coordinados- en cosas, actos o sucesos del
campo de la habencia. El contenido cualitativo de los valores éticos se
coordina con determinado género de acciones humanas, mientras que el
contenido cualitativo de los valores utfütarios se coordina con determinado
género de cosas. Si el valor no es manifestació11 y expresión del ser real, no
podrá explicarse la conexión del contenido cuaütativo valioso con la cosa
real. ¿Por qué sólo a determinados conjuntos y ordenamientos de
cualidades sensibles les damos el ~aüficativo de valiosos?. Lotze y Scheler
no pueden dar razón de este hecho con su dicotomía: Entes-valentes.
De mí sé decir que no puedo concebir el valer sin algo que valga.,
¿Podrá hablarse de una existencia sin algo que exista?. Pues bien, tampoco
cabe divorciar la idea de valor de los valores reales particulares. El valor
tiene que incluirse en la estructura óntica de los entes, no en un mundo
etéreo esencias alógicas. Trátase de una manifestación activa ·del ser, de
una ordenación del ente fundada teleólogicamente. Dentro de m ¡
concepción metafísica, los valores son las importandas objetivas de /a htibenda
que sabemos estimar. Son los entes valiosos el fundamento del valor y no el
valor el fundamento de los entes valiosos. El "tipo ideal" de la naturaleza
de un ente servir~ en todo caso, para graduar el valor de su
desenvolvimiento. Solamente el ser puede complementar o perfeccionar a
otro ser. De la relación entre la formalidad actual del ente y la formalidad
actual de la tendencia natural surge el valor corno ''bien adecuado". La
potencialidad de perfección sirve d!? modelo ontológico. Cada ser
particular tiené comprimida una abtmdante riqueza de contenido potencial
valioso. En la realidad caben diversos grados de acrecentamiento de las
normas ideales. El supremo valor es Díos: Acto puro y actua1idad suma. A
mayor actualidad mayor valor; a mayor potencialidad menor valor.
.
Los valores son aspectos del ser de los entes. Aspectos de
tmporlancia, de notoriedad o jerarquía que nos mueven a estimarlos.
14

El reino del valor está ubicado en Ja categoría del ser ideal. El
hombre, que no sólo es sujeto cognoscente y sujeto comportante, sino
también sujeto valorante, se refiere intencionalmente a importancias
objetivas que le instan a realizarlas, a estimarlas o a admirarlas. No
confundamos ]a valoración-algo subjetivo- con el valor -algo objetivo-. Es
la valoración la que depende del valor y no el valor el que depende de 1a
valoración. Sobre un mismo valor caben valoraciones distintas. Un bello
cuadro pictórico puede ser valorado con un criterio económico, con
enfoque de documento histórico, o en pura contemplación estética. El
cuadro pictórico es el mismo y en él se apoyan las valoraciones distintas
que descubren diversas cualidades valiosas. Puede haber, desde luego,
errores en ]a valoración. El hecho de que sólo llamemos bellos a
determinados entes y no a otros, o buenas a determinadas acciones y no a
otras, nos está diciendo que los valores son objetivos. El hecho de que los
valores sólo existan para el hombre no quiere decir que sean subjetivos
sino respectivos. Es preciso distinguir entre el modo de ser del valor y el
modo de ser conocido.
La aprehensión sensorial o la emoción no formula juicios de valor.
En consecuencia, la esfera axiol6gica no es una esfera ateórica, como
pretende Scheler. El sentimiento del valor es posterior al conocimiento del
valor. El valor sólo puede ser aprehendido racionalmente · -para las
animales no hay valores- aunque en las regiones axiológicas más altas
entre en juego una forma de "respuesta de valor" -para utilizar los
términos de Oietrich von Hildebrand-, que Ja misma cualidad de valor
exige. El hombre introduce en la realidad un novum: Arte, ciencia, técni~,
moral Este novum introducido por el homb.re es valioso. Pero el problema
del valor no se reduce a los bienes de cultura.
La inseparabilidad del ser y el valor se expresa en los axiomas

"Omne ens est bonum" y "Onme ens est verum". Cuando no se entiende bien
el problema de las propiedades trascendentales del ser -que ya hemos
explicado en otro capítulo- se corre el riesgo de incurrir en toscas
interpretaciones como la de Augusto Pescador en su "Ontología": "Las
cosas no tienen ideas, puesto que carecen de la facultad de ideación. No
realizan operaciones de pensamiento. Luego no pueden dar ideas. Las
cosas no tienen intención ni facultad de elección, no pueden hacer el bien
15

�ni el mal; Juego .no pueden ser moraJmente buení)s. Las cosas no juzgan,
no dicen nada; luego no pueden ser verdaderas". (2). Cuando se habla de
que todo ente es bueno y de que todo ente es verdadero se está suponiendo
que _la verdad y la bondad de los entes so11 :respecto a los hombres que las
_ advierten. Porque son los seres humanos quienes integran el valor de lo
que hay en el campo de la habencia. Y me atrevería a decir que este
conocimiento del valor del ente es considerado "sub spede aeternitatis".
Porque si consideramos los entes "sub spede mortis" -como Jo hacen
Heide~ger, Sarte y Simone de Beauvoir- nada tiene valor. He aquí un
expresivo texto de S.imone de Beauvoír: "Puesto q:ue todo hombre muere,
puesto que todo acaba por terminar, nada de lo que sucede tiene
importancia; es tan equivocado esperar como desespenu'' (3).
Los valores no son cosas sino importancias, aspectos de los entes.
Como objetos ideales son intemporalesr inespaciaJes, inalterables. Al lado
de_los entes reales y de los entes ideales, están los entes posibles que no
ex:JSten pero que puedenJlegar a existir. Algunos valores -no todos- entran
en el mundo por medio de la acción humana. En este caso el valor se "
presenta como ser posible. Son los imperativos de actuar moralmente, de
hacer una ob_ra artística, de escribir un tratado fil?sófico, de forjar una obra
manual ... Tratase de ideales realizables, J,rincipios de la acción, normas de
con~ucta. Sin e_mbargo, el_~alor no debe reducirse al ser posible que puede
realizarse mediante la accton humana. Porque también hay valor en el ser
actual de UJla puesta de sol, de una gacela y de un orden cósmico.
.

3.- Clasificaaón de los va/o-res.

Los valores se clasifican en útiles (capaz, caro, abundante), uitales
(sano, selecto, enérgico, fuerte), espirih1ales (intelectuales --conocimiento
ex~~o, evidente-, '1:arales -bueno, bondadoso, justo, escrupuloso, leal-,
es_t~cos_ -beUo, graet~o, elegante, armonioso-), religiosos (santo O sagrado,
d1vmo, s~premo, milagroso). Esta clasificación orteguiana -más completa
que J~ de NicoJa-i Hartmann- tiene el defecto de hablar de valares positivos y
de valares_ negativos. Los que Ortega llama valores negativos será propio
Uamar dJSvalores. Porque una de las características esenciales de los
valores es su polaridad con los disvalores: Capaz-incapaz, caro-barato,
ab~dante-es~so, sano-enfermo, selecto-vulgar, enérgico-inerte, fuertedébit conocimiento- error, exacto-aproximado, evidente-probable,
bueno-malo, bondadoso- ~alvado, justo-injusto, escrupuloso-relajado,
~eal-desJ~aJ, bello-feo, gracioso-tosco, elegante-inelegante, armoniosomarmóruco, santo-profano, divino-demoniaco, supremo- derivado
milagroso- mecánico.
'

16

Existen otros criterios de clasificación: Vafores de cosas y valores de
situaciones. Según los tipos de bi~es creados: Valores morales que van de
persona a persona,, valores que elaboren objetos (materia espiritualizada),
valares técnicos, valores téoricos, valores estéticos. Las importancias objetivas que
suscitan nuestra estimación pueden ser posibles - (realizables) o actuales
(realizadas). En cuanto realizados, los valores son temporalizables,
individualizables condicionados por una circunstancia real y por una
existencia de un ser humano realizador, sujetos a la hore elección de un ser
personal.
Es indiscutible que en la vida humana hay que optar entre valores
diver~s- Es evidente que unos valores son superiores a otros. También las
capas de la realidad se ordenan jerárquicamente. La jerarquía de los
ví)}ores no sólo atañe a la valoración sino a su ordenación objetiva dentro
del campo de la habenda.

Axios en griego, significa "digno". La axiología en el noble y
profundo significado que derrama su etimología es una teoría de la
dignidad. La dignidad que se levanta sobre todas las núserias: ,rSiempre
creerá el hombre en lo sobrehumano. Llámelo lo divino o lo ideal Sin un
ideal por encima de sí mismo el hombre no puede marchar derecho, en el
sentido espiritual de la palabra. Eso sobréhumano que tiene caracteres de
modelo es·el mundo de los valores espirituales. Aún el más grande de los
hombres tiene a ese mundo por encima de sí, como también dentro de ·si
mismo. Pero estos v_alores, que guían la conducta humana y animan su
pecho, no son inventados ni se los vuelve a acuñar por transmutación; son
descubiertos y, como las estrellas del delo, se van haciendo visibles a los
hombres paulatinamente con el progreso de la cultura. No son viejos ni
nuevos valores; son los valores" . (4). ¡Magníficas palabtas! Añadamos, tan
sólo, que la visibilidad mayor de los valores no solo depende del progreso de la .
cultura sino también -y acaso más- del amor al valor infiní.to que es la absoluta e
infinita perfección del absoluto mismo.

17

�Después de estudiar críticamente varias clasificaciones de valores,
que se han propuesto en la historia de la Axiología, me ab:evo a proponer
u.na nueva y sencilla clasificación:

1.- DEL AGRADO (SENSIBLES)
A).-INFRAESPIRITUALFS{ 2.- DEL PLACER (HEDONI~OS)
3.- DE LA VITALIDAD (BIOLOGICOS)
VALORES

B).- FSPIRITUALES

q.- SOBREHUMANOS

CLASIFICACION DESDE EL
PUNTO DE VISTA FORMAL

1.- ECONOMICOS
2.NOETICOS
{
3.- ESfETICOS
4.-ETICOS
{ RELIGIOSOS

1.- VALORES rosmvos
Y DISV ALORES
2-VALORESPERSONALES
Y VALORFS DE COSAS
3.- VALORES PROPIOS
Y VALORES DERIVADOS

Mi criterio de clasificación estriba en la relación de los valores con

res~~to al hombre. Hablo de respectividad, no de relatividad. Hay valores
espmtuales que encaman los -~ombres; val.ores infraespirituales que
pertenecen al mWldo de la sensíbilulad, del placer físico O de la vitalidad y
valores sobrehumanos,. que el hombre no inventa ni produce, pero realiza ~
uxili
~ a . ~ que vtene de lo alto. En esta clasificación, los valores
infraespmtuales ocupan el rango más bajo en la escala axiológica. Sobre
esto~ valore~, encontramos los valores espirituales (económicos, noéticos,
estéticos, éticos) que el hombre descubre y real.iza en su vida·
la
ús "d d
, Y en
c p1 e e ~os los valores nos encontramos con los valores religiosos:
Lo santo o divmo, la adoración y la piedad.

4. • Significación y sentido de la final de la axiología vivenciada.
E~ta época _de subversión de los valores apremia la tarea de
reconstruir la tabla ¡erárquica axiológica. Toda ética se fundamenta en la
ontología. El valor se entronca en el ser. El mundo con sus componentes no
~ presenta ~omo algo neutro. La valiosidad la encontramos en las cosas
sm confundrrse con ~ - Las cosas son depositarias del valor; por eso se
nos presentan como bienes. Fenomenológicamente, el valo.r: se nos aparece
18

omo una ualidad ideal, residente en las cosas. Estos valores presentan
m dos o categorías de ser y de ofrecer: 1°. - Exigibilidad: Esto es, un
imperativo, con deber ser, que reclama cumplimiento; 2º.- Polaridad:
Siempre aparece el valor y el anti- valor; 3º.- Respectividad: Todo valor,
aunque no s r lativo, se nos presenta como respectivo al hombre, como
referido -directa
indirectamente- a las personas; 4º.- Objetividad: Los
valores n indep ndientes de las valoraciones hu.manas. No es valor el
que depende de la valoración, sino la valoración la que depende del valor;
5°.- Jerarquía: Hay valores superiores e inferiores, unos deben ser preferidos
en confrontación con otros. Se requiere reflexión filosófica para advertir las
jerarquías entre los valores; 6°.- Heterogeneidad: Los valores son
irreductibles los unos a los otros, impo ible cuantificarlos en cuanto a
valores. Lo que p demos uantificar -no sin ciertas dificultades- son los
bienes, los valores concreto de las cosas o de las personas;
7° .- Tncorporeidnd: Uno de los caracteres de los valores -en su acepción
fenomenológicala irrealidad o idealidad. Por eso hablamos de
incorpor idad; 8º.- Intemporalidad: Lo valioso. Las valiosidades que se
desprenden de las cosas valiosas, no sufren mutación en su ser incorpóreo,
ideal La historicidad tá en e1 descubrimiento o proftmdización de los
valores qu se dan en el tiempo y la historia; 9°.- Realizabilidad: El destino
de los valores es u encamación en los hombres o su incorporación a las
cosas; 10º .- Trascendencia: Los valores estánmás allá de las realizaciones
que de ellos se hagan en el mundo y en la historia; 11º.- Inespacialidad: Por
ser incorpóreos los valores no ocupan espacio; 12º.- Difusividad: El valor es
comunicativo, apela a otros valores.
La axiología que cada hombre reconoce y mantiene en su vida,
aunque no es fruto de su cosmovisión, está subalternada a ella.
El hombre es un sujeto cognoscente, un sujeto comportante y un
sujeto valorante. Experimenta valores en el desenvolvimiento de la cultura
y en la comunicación cultu.raJ entre los pueblos. En el aprendizaje cultural
- iempr con ingrectiente axiológico-, los hombres encuentran valores en
las cosas, n la naturaleza, en el arte y en las ob:as personas. Nuestro
contacto on la cultura favorece el descubrimiento de nuevos valores
culturales.
Aprendemos, recibimos y transmitimos valores. Pero
advertimos que esos valores no dependen ni de nuestra nación, ni de
nuestro tiempo. Nos limitamos a preferir, elegir, seleccionar, o criticar lo
que nos parece valioso o disvalioso. El hombre es, no solo un animal capaz
de experimentar valores, ino un incansable buscador y realizador de
valores. o podríamos entender la lústoria sin la infatigable búsqueda
axiológica. Los proyectos -políticos, económicos, o sociales- son siempre
criticables. A la luz de los valoTe , el hombre sueña y programa el orden,
la paz, la justicia, la libertad, la disciplina, la seguridad, el bien común ...
19

�Nuestras esperanzas religiosas de inmortalidad, de resurrección, y de
salvación, giran en tomo a los valores. Por eso tienen un carácter
universal. En el mundo del ser habita el valor.
El valor es algo digno, noble, perfecto en su orden. El vocablo
axiología que viene de la expresión TA AXlA significa dignidades, noblezas
y perfeccio11es en cosas, animales y hombres. En la cultura grecolatina, los
valores significaban los seres dotados de valía, de excelencia, de perfección
que los hacía dignos de estima. La axiológia contemporánea estudia las
cualidades que hacen valiosos a los objetos. Pero esas cualidades se
estudian en sí mismas, independientemente de las cosas. No hay grupo
humano, ni pueblo que carezca de un (núcleo axiológico). Todo hombre,
todo grupo, todo pueblo, presentan un estilo de vida, un modo habitual de
.valorar, jerarquizar y constelar valores. Se vive conforme a una pléyade de
valores que orientan en vidas humanas. Ya sea el valor-ser o el valor como
razón en la forma ,liel ser-valioso, los valores han sido y siguen siendo
objeto de la reflexión filosófica y de la praxis política.
[a esencia o modo de ser peculiar del valor tiene su génesis en el
mundo de los hombres. Pero en sí mismo no depende de ningún origen
g¡Joseológico: Todos los valores se real.iz.an de modo limitado. Todos los
valores, en última instancia, se fundamentan en el Espíritu trascendente, en
el Ser fundamental y fundamente. E1 hombre, desde una perspectiva
antropológica, es producto, sujeto, fin de los valores. Hay una autonomía y
una dependencia del hombre respecto al orden axiológico. Podemos
estudiar los valores en la práxis humana y en el depósito cultural. Si la
valiosidad es inherente al ser de los entes, la noción de valar es una 11odón
primera.. Advertimos el valor desde el momento en que advertimos la noindiferencia que nos suscitan las cosas, la desigualdad entre ellas. Unas
cosas nos ímportan más que otras. Nuestra intinúdad está en contacto con
la notoriedad, la importancia y la dignidad que les acaece a los entes que se
ajustan a su teleológia. El sujeto personal encuentra, en otros hombres o en
cosas, exigencias de actitud preferentes. En este dinamismo teleológico del
ser de los entes, observamos que las cosas o los sujetos valiosos tienen
todas las perfecciones que deben tener según su esencia. Ciertamente hay
una razón formal -el valor- que hace que los entes sean valiosos. Trátase de
valiosidades concretas que encontramos en entes físicos, en entes ideales,
en entes cósicos y en entes-personas.

Los valores son bienes propios del hombre, en cuanto se los apropia,
aunque la valiosiadad trasciende al hombre. No pienso que caiga, formalmente,
dentrq de la dimensión de lo "bueno", porque no podemos limitamos a
ningún sector del mundo de lo valioso. Sabemos que el dinamismo valoral
trasciende toda realización concreta de valores. Apuntan hacia un modelo
ideal infinito o ilimitado. Exigen plasmarse en la existencia humana,
20

conservarse
incrementarse dentro de ella. Son deseables porque son
valiosos. Su valiosidad nos atrae, nos complace, nos agrada No se trata de
proyecciones subjetivas, sino de estimaciones de objetos y personas. Los
entes no son constituídos valiosos por el ser humano, pero no se advertiría
su valiosidad sin el hombre. Los descubrimos y los realizamos en situación
y en circunstancia, aunque sabemos que trascienden todas las situaciones y
todas las circunstancias. En cierto sentido, la persona es correlativa del
valor. Pero el alor, per se se daría en la creación, aunque todavía no
hubiese personas. El hecho de que los animales no adviertan los valores, no
significa que los valores no existan. Tampoco cabe decir que los valores son
solamente bienes propios del hombre, aunque sea el hombre quien los
descubra. Los valares empíricos son realizaciones imperfectas de los valares
ideales. Cabe decir, en consecuencia, que los valores ideal.es son con.figurativos
con respecto al valar empírico. Pensamos en los valores ideales sin defectos
pero advertimos las limitaciones en los valores empíricos. Todos los valares
ideales se realizan de un modo supremo y perfecto en Dios: Valor de los valores,
fundame11to último del orden axiológico. Los valores empíricos participan e
imitan -de modo deficiente- al modelo super-emiente, a la suprema causa
ejemplar. Por ser Dios Ser Supremo, es también valor máximo en el que
están fundamentados los valores ideales. Hasta los más sublimes valores
empíricos nos producen una insatisfacción. ¿ De donde proviene esta
insatisfacción? De que solo imitan parcial e imparcialmente al valor
máximo. Toda experiencia de limitación axiológica nos insta a la
trascendencia. Las valiosidades ideales que el hombre descubre, no pueden
ser infinitas porque se mantienen en la línea de la oúsma esencia de esas
valiosidades. En las ciencias y las artes humanas se encuentran siempre
limitadas en su modo de realizarse. Sin la axiología no habría criterio para
distinguir los verdaderos progresos humanos en la historia. En este mundo
en que vivimos, los valores de toda especie son dignos de realizarse para el
bien de las p rsonas. Nuestra dignidad, nuestra perfecpón, nuestro
desarrollo requiere, exige, la existencia -no solo la esencia- de los valores.
Ciertamente sólo el Ser Absolutamente necesario es el Valor absolutamente
necesario para los hombres. Aún así, cabe hablar de modos convenientes
de necesidad en la experiencia valoral Por eso decimos que los valores
exigen ser realizados y conservados en la vida humana.
Se llama axiología la teoría de los valores y de su estimación o
valoración considerados como aspectos distintos de los seres que se ocupa
la "ontologíi' aunque realizados en ellos. Hay juiáos de esencia, juicios de
existencia y jui~ios de valor. Los juicios de valor insumen una posición
estimativa, no se refieren en absoluto ni a la existencia ni a la esencia de la·
cosa En el fuicio de valor aparece comprometido el espíritu humano,
puesto que la estimación es cosa esencialmente humana.

21

�La cien ia y la técnica no pu den regularse sobre la base de un«
pura ética interna sin soporte óntico-axiológico. Sólo de los valores en
sentido esbicto
originan auténticas normas. El hombre no puede ignorar
que sus achvidades son axiotrópicas; esto , que están siempre orientadas por
valores. Las ciencias humanas no pueden prescindir de los valores y de las
normas. Se justifican las reglas por los fines y las normas por los valores.

El hombre n su totalidad está al servicio de Dios, d los hombres

y de la haben ia como la totalidad de cuanto hay en el ámbito finito. &amp;te
servicio se presenta como valioso por sí mismo. Lo que es intencional en el
conocimiento de lo valores,
hace extramentaJ y es vida valiosa en un
comportamiento concreto. Entre el decir y el ha er Jo dicho, entre 1querer
y el obrar, debe haber oherencia.
En la interiorización mutua del amor, el yo y el tú se convierten en un
nosotros. En este sentido, cabe decir que el amor es una convivencia valiosa,

En
hum nISima in tisfa "ón qu todo hombre experimenta
en su vida, pese a los valor s que realiza, se vislumbra siempre un ideal
uperior, un bi n axiol gic d finitivo. Cuando hayamos encontrado ese
Bi n acian , la a pira i -n convertirá en posesión. Habrá l d anso de
un anhelo cumplido. En todo ser humano xiste una ci rta obscura
conci ncia del
r absoluto, infinito, perfecto. uestro afán de plenitud
subsistencial, onsume plenih1d relativas que no instan a buscar la
Plenitud Absoluta.
Nuestra vida, mientras v1v1mos terrenalmente, es una
autoconstruc ión tica que implora un auxilio que viene de lo alto. La
axiología vivida día a día, en su sentido más profundo, se nos presenta -así
lo pienso y así lo vi o- com una propedéutica d salvación. El r sto
silen io y sper
peranzada.

una compartición de bien s, una corresponsabilidad moral, un libre
compromiso d entrega generosa. En esta generosidad, los seres humano
que se entregan se encuentran a sí mismos en mejor estado axiológico.

Cada hombre tiene una especial disposición para encontrarse, en siritonía,
con determinada zona del cosmos de valores. Ningún hombre recibe en sí toda la
vasta constelación axwlógica. Cada poca establece su sistema de
importancias, de metas, de valores que aparecen siempre en primer plano.
La Edad Media se centra en 1a f r ligiosa, el Renacimiento otorga gran

importancia al arte, l siglo XIX se embelesa con el dominio científico... En
las épo:cas de transición se difumina esa dominante axiológica. La
comprensión histórica busca ompenetrarse con el carácter axiológico
determinante d cada poca, con su rico conjunto de ndencias varias.
"Una filosofía -advierte Fritz Joachim von Rintelen- sólo puede
ofrecer algo al hombr si proporciona un contenido d verdad que incluya
una estructura de valor, que se imponga vigorosamente y esté capacitada
para imprimir un significado interior a la existencia. La vida de los
individuos y de los pueblos está determinada, esencialmente, por los
valores". El que fuera ilustre Catedrático en la Universidad de Maguncia
{Mainz), habla de valores como "un contenido de sentido cualitativo y
objetivizable, que se afirma como finalidad positiva de una aspiración
consciente o inconsciente, en una toma de posición que, según los
diferentes grados de elevación individual, puede ser realizada en el
espíritu viviente (valor real). Dicho espíritu, en virtud de un contenido
interior (valor propio) puede acomodarse, exigiendo un orden ulterior
(valores de·relación, valor de utilidad) y una interior satisfacción, a mas de
suscitar en nosotros una alegria duradera" (5).
22

23

�NOTAS BIBLIOGRAFICAS

NICOLÁS DE CUSA Y LA DOCTA IGNORANCIA
--consideraciones histórico-filosóficas-

(1) Fritz Joachim von Rintelen: "Die Bedeutung des Philosophischen
Wertproblems", en Philosophia Perennis, Geyser, Festschidt, Regensburg,
1930; II pág. 933.

Dr. Ricardo Miguel Flores
Centro de Estudios Humanísticos - UANL

(2) Augusto Pescador: Ontología, pág. 83, editorial Losada, S.A.

l Antecedentes.

(3) Simone de Beauvoir: El Existencialismo y la Sabiduría popular, pág: 27,
Editorial Siglo Veinte.
,

Después de las tinieblas del siglo XIV -(guerras devastadoras, grandes
pestes, involución de la productividad agrícola, despoblamiento en el campo y en
las ciudades)-, en que nuevamente la posibilidad del conocimiento humano, y la
confianza del hombre en sus potencialidades había quedado comprometida,
habrá de corresponder a Nieklaus Otrypffs el laborioso trabajo de -restablecer
paulatinamente las bases para un nuevo despliegue de la razón humana; de
hecho se trata de una labor de reconstrucción. El nominalismo había dejado muy
averiados e inseguros grandes segmentos de lo que durante la Edad Media había
sido consíderado como saber. Pocas veces en la historia se han visto tan
seriamente amenazados los logros civilizacionales de los siglos precedentes -al
igual que ahora, en el tránsito del siglo XX al XXI-.

(4) Aloys Riehl: Friedrich Nietzsche, 17". Ed. Stuttgart, 1920, pág.165.
(5) Fritz J~ac~ von Rin ~elen: "Presentación de mi propia Filosofía'' , en el
vo~~en CnSts de Valores , pág. 82. Compilado por Jesús González López,
Ed1c1ones de la Universidad Católica de Quito, Ecuador, 1982.
1

En el ámbi:-o del pensamiento, la situación que a la sazón se presentaba
era la siguiente: al no ser posible partir de lo Infinito, porque por principio es de
suyo incognoscible, y quedar excluída la posibilidad de un genuino conocimiento
de lo finito, -ya que éste no puede derivar de su Principio-, aparece lo individual
como un irracional Jactum puro. Había entonces la necesidad de plantear el
problema en otro terreno, al lucir como inviable y sin sentido la noción misma de
conocimiento.
Se requería en consecuencia de un nuevo punt.o de partida para el
conocimiento natural, y será precisamente Nicolás de Cusa quien plantee en
primer lugar su problemática en términos filosóficos en e1 siglo XV. No se partirá
más de principios de suyo aprontados por la fe. Fe y conocinúento del mundo
habian quedado separados por 1a filosa navaja de Ockam.
Por otro lado, es esa una época de enfrentamientos de dos visiones de la
realídad que se oporúan tenazmente: «platonismo» y «artistotelismo». Ambas con
sus respectivas 'plazas fuertes'; los primeros nucleados en tomo a la (&lt;Academia
platónica de Florencia», y los segundos, operando desde su bastión en la
Universidad de Padua, con fuerte apoyo en su enclave veneciano.
El aristotelismo del quatrocento estaba cifrado ftmdamentalmente en clave
averroísta, si bien había versiones alternas como la llamada alejandrina. ¿Cuáles
eran entonces las tesis básicas de «el Comentador (de Aristóteles)», ante las que
25

24

�tuvieron que perfilar su pensamiento Nicolás de Cusa y los platónicos de aquel
entonces?

n. Aristotelismo averroísta.
Los grandes filósofos musulmanes coincidían desde luego en varias tesis
aritotélicas. Tanto Alfatabí, como Avicena, Abentofáil y Avempace afirmarán
con Averroes (lbn Rochd [1126-1198]) la wtldad del intelecto, así como la tesis del
alma como forma del cuerpo. Averroes añade que existe una razón -"ht1ica" la
denomina- que es eterna; y es por medio de ésta como el intelecto agente
separado (inmaterial) se habrá de poner en relación con el hombre.
Esto es, Averroes habrá de sostener 1a tesis de una Inteligencia agente
concebida como sustancia separada, divina e inmortal, que en todo caso puede
unírse a nosolros mediante la Imaginación -tesis posteriormente tan debatida
sobre todo en Occident - p ro a 1a vez rechazando la idea de que la inteligencia
humana en potencia quede reducida a una simple disposición producto de la
conformación orgánica del hombre; esta inteligencia humana, nótese, no es la
mteligenda del individuo ccmcreto, el cual, de lo único que al respecto está provisto
es de una disposición para percibir los inteligibles, disposición que a su vez
desaparece una vez que se da la existencia del cuerpo. Para Averroes el principio
de individuación habrá de residir en la materia, de tal suerte que, lo individual se
asimila a lo corruptible, y la inmortalidad devendrá puramente genérica. En el
individuo sólo hay una "eternidad potencial" 1a cual no le pertenece propiamente
a él, sino precisamente, a la Inteligencia agente.
En Averroes, "no hay creación ni procesión sucesiva sino simultaneidad
en un comienzo etemo" 1. Su cosmología, de núcleo aristotélico, admite un motor
inmóvil para cada una de las esferas celestes; esto es, se perfila 1a necesidad de que
haya actos puros sin mezcla de potencia. Estos ''actos puros" mueven por el mero
hecho de ser; además lo hacen desde siempre, puesto que "operan" por lo mismo
que son, sin haber tenido comienzo y sin que jamás puedan dejar de mover. De
esta suerte, encontramos que el ser-movimiento del mundo, es eterno.
En linea con el sistema aristotélico, postula Averroes que un motor
inmóvil mueve enla medida que "es deseado", ya que se trata de una virtud, una
energía finita "que adquiere una potencia infinita por el deseo que la mueve hacia
un ser qu no es ni uerpo ni potencia subyacente a un cuerpo, sino Inteligencia
separada, inmaterial, que inspira este deseo como causa final" 2• Lo anterior
nnplica de suyo que cada cuerpo celeste tiene entendimiento, por medio del cual
conoce a su motor y lo ama.
Corbin, Henry, Osman Yahia y Sayyed Hossein Nasr: La filosofía islámica desde sus orígenes liasta la
m,w-te de Averroes, en: Alain Michel et al., Histc,ria de la Filosofía, vol. 3: Del m"11do romano al Islam
medieual. Edit Siglo XXJ. Madrid, 1972. p. 356.
l

2

I'1id., P. 355

26

Pero así como hablamos lineas arriba de ser-movimiento como un todo
unitario, así tendríamos que referirnos aquí a una diversidad de cuerpos celestesconocimiento, ya que, estos no tendrían un ser que además conocería, sino que su ser
mismo consistiría en conocer a su respectivo motor. Ahora bien, los diversos
motores inmóviles tendrán que estar en una relación de unidad jerárquica donde
cada uno es causa de su inmediato inferior. En rigor, no es que lo mueva (ya no
sería inmóvil), sino que más bien produce o genera a su inmediato inferior, sólo que
e,temame11te; cada motor estaría así procediendo por toda eternidad de su
inmediato superior.
El discurso del aristotelismo averroísta no está exento sin embargo, de
«incrustaciones)) neoplatónicas: se remonta a fuentes de _esa índole la noción de
que todo motor inmóvil es una «inteligencia», y lo que esa inteligencia habrá de
conocer. El sist ma osmológico de Ibn Rochd se estructura sintéticamente de la
siguiente manera: Dios, motor inmóvil absolutamente primero sólo se conoce a sí
mismo; los demás motores también se conocen a sí mismos pero conociendo a la
vez su causa, siendo entonces cada inteligencia intelección de sí misma y de su
inmediata superior. El sistema se complica el especificar el número de
inteligencias y su respectiva procesión, asunto que rebasa este estudio, pero sí es
de mencionar para nuestros fines, que también las &lt;&lt;almas)) de los cuerpos celestes
proceden de las inteligencias respectivas.

El ya referido intelecto q,gente, como se asentó precedentemente, será en
Averroes único para todos los hombres, siendo 1a última de las inteligencias
separadas; al individuo no habrá de pertenecerle, como quedó establecido, más
que una posibilidad -en sentido puramente negativo- que tendr~ un papel
totalmente pasivo respecto de la intelección, la cual será por entero exógena. El _
entendimiento potencial fuúcamente tendrá lugar en el contacto con el intelecto
agente,. no siendo en absoluto, u.na propiedad del individuo en manera alguna.
En este sistemaj que será el eje de las cenadas discusiones renacentistas
entre aristotélicos y platónicos, el alma, si bien sí es la forma del cuerpo, no es
inmortal. La inmortalidad sólo puede ser genérica; la etenúdad potencial que hay
en el individuo no le pertenece en rigor a él, sino a la Inteligencia agente. Es
entonces 1a materia pr..incipio de individuación, sí, pero corruptible.

Una de las cuestiones más controve.rsiales suscitada en torno al pensar
averroísta es 1a famosa tesis de 1a doble verdad. Los especialistas siguen
discutiendo si real.mente dicha tesis le es abibuible o si es producto de
interpretaciones que no han sido del todo justas y/ o suficientemente inteligentes;
aquí no intentar mos desde luego dirimir dicho d.üerendo. Nos limitaremos a
establecer de qué se trata. Habría tesis en el sistema en cuestión incompatibles
tan.to con el Islam como con el cristianismo; el hecho es que en tales casos
Averroes reconocería como necesario 'por la razón' lo uno, pero a 1a vez
27

�sus~ntando 'por la fe' lo otro. Al parecer, nunca sostuvo explídtamente que
pudiera haber 'dos verdades'; al contrario, postuló qúe fe y razón 'telÚall que' ·
coincidir; que religión y filosofía habrían, en última instancia, de ser lo mismo.
En el último tema expuesto, por ejemplo, señaló que-filos6ficament.e no podía ver
cómo el alma podía ser inmortal; sin embargo, como creyente estaba convencido
de que sí lo era, y a la vez afirmaba que entre razón y fe no podría haber
contradicción. Lo menos que podemos decir es que, de alguna forma, no está
alejado de la verdad decir que, A verroes dio pie a esas interp.retaciones, al no
armorµzar explícitamente en su sistema religión y filosofía cuando aparecían esos
lemas controversiales. Fue parte de la complicada pero rica herencia que legó.

fil Humanismo y platonismo en el Renacimiento.
La Florencia del siglo XV va a contemp}ar cómo ante. sus privilegi~dos
se va a efectuar una genuina revoludón cultural por obra de uomini singolari.
dotados y sensible~ cuyo antiguo estatuto de artesanos devendrá en el de a~tistas;
pero este concepto va a connofár una diversidad de aspecto_s. Se trata de
intelectuales que cultivan las matemáticas, creadores de la «perspectiva
moderna» y de ideas originales en arquitectura; se rompe con los espacios
cerrados del Medioevo, para instalarse en espacios abiertos, saturados de 'luz
mágica', regidos por la . 'divina proporción' e impregnado!; de la nueva
perspectiv_a cientificij.
_

OJOS

Los filósofos habrán de explicitar las intuiciones de los artistas. En.medio
de un complicado juego de metáforas, platonismo y hermetismo son
vehiculizados simultáneamente en la avanzada del Humanismo. Proliferan los
tratados sobre la visión, pero alternan con obras de alquimia, de magia y de
astrología que incluyen elementos orientales. Se crearon estructuras súnbólicas
q~e. generalmente se entreveraban con simbolismos mágicos, ·experien~
nusticas del Uno -remonta.bles a Plotino-, matemática pitagórica y metafísicas
astrales. En realidad, mucho hubo de sincretismo en esa eclosión combinada de
tradicim1es medievales, árabes, griegas, romanas y egipcias.
Diferentes modelos de universo alternan y se suceden unos a otros
conf~~e van apareciendo las traduc.ciones, cuya secuencia será Ja que
condic1on~ las modas aut~.rales de pensamientos y cosmovisiones muy antiguos.
El humarusmo de Florenaa elabora su agenda: preeminencia del hombre, culto
de lo bello, universalidad de la religión más allá de cismas, sectas, "herejías y
11
1,eterodoxias.
Más que de un cuestionar sistemática y directamente al
cris~~o, se trata de una ambigua atmósfera, rica en fórmulas aterciopeladas,
tan inquietantes, a veces, en un Erasmo, que habla el lenguaje del apologista,
como en un Pomponazzi, que quiere ser simplemente profesor de «filosofía
natura1»"3 •
3 De

Candil.la¡, Mau rice; Historia de la Filosofía, vol 5: La filosofia en el Renadmiento. Edit Siglo XXI

~~~-~n

28

.

El méto4o fundamental renacentista va a consistir en un retorno a los
prindpios, concepto neoplatónico que fue explícitamente, teorizado por Marsilio ·
Ficino y Juan Pico de la Mirandola. Dios aparece como el principio, y el genuino
cumplimiento del destino del hombre habrá de consistir en un retorno a Dios. Pero
no sólo. En el último autor citado se añade un sigtúficado humano e histórico, de
un retomo al propio principio, esto es, a sí mismo, como medio para la felicidad
terrena, y de renovación de las comunidades humanas.
Ello conlleva .
necesariamente también, un retomo al mundo clásico, co:iicebido este como
expresión privilegiada y lugar señero de encuentro y manifestación de los
mundos y las sabidurías arcaicas, anteriores a la Hélade y la Latinidad clásicas.
Mientras los profesores parisienses se enfrascaban en prolijas y
evanescentes disquisiciones lógicas, los humanistas van transitando de la
prevaleciente cosmología hacia una nueva antropología y nuevas concepciones de
la sociedad, en base a, y a través de, los saberes platónico-plotinianos
redescubiertos (Marsilio Ficino, presa de un «furor)) platónico, traduce completos
a Platón y Plotino, así como muchos ~xtos herméticos, a los que se estimaba
entonces como íntimamente ligados a dichos autores). Y todo esto se hallaba
impregnado de metáforas relativas a la luz, a espejos, sombras, claridades e
imágenes reflejadas. El aporte de Florencia se sintetiza en tres vertientes:
prelación y centralidad del ho.mbre, universalidad de la 1"eligión más allá ,de todo
divisionismo lústóríco en -sectas, y un vehemente culto por lo bello y sus formas.
En Mirandola, sorprendentemente encontramos una especie de «vanee de lo que
serán aJgunos temas reaparecidos en el siglÓ XX bajo el nombre de
&lt;&lt;existencialismo&gt;&gt;: w. gr.: la libre determinación por parte del individuo original, de
su respectivo lugar en la jerarquía de los seres y, por tanto, de las esencias, las
cuales en ,ningún moménto habrán de preceder a las existencias; todo ello
teniendo como t~lón de fondo una atmósfera de angustia (moderna desde luego,
dado que, ya en ese entonces, todo lo sólido se desvaneda en el aire), y desasosiego
moral y social, y por tanto, político, Pico no deja sitío a astrología, a diferencia
de los de Padua, porque esta a su vez no deja margen a la libertad; no sucede así
en cambio, en el caso de la magia, ya que esta investiría de poder al hombre,
incrementando su potencial, sus posibilidades, y afirmando su personalidad ante
el Hades adverso, el destino, el fatum, los astros y cualesquier limitantes de s:u
libre creatividad y expansión.

la

Saturaba a su vez el ambiente la idea de que una sola es la religión pero
que se expresa a través de una múltiple variedad de diferentes ritos. Con todo,
subyace una lucha por la preservación de la cristiandad ante -r_ebrotes de
paganismo más o menos camouflados, lucha presente ya en un Francisco
Petrarca, cuya oposición al averroísmo es patente. Después de todo, no hay que
olvidar que "Fue Francesco Petrarca, poeta y estaqista del siglo 14, quien sentó las
bases para la defensa de cada ser humano en tanto creatura e imagen viva de
29

�Díos, contra 1a id.ea aristotélica de que algunos hombres han nacido para ser amos
y otros para ser esclavos. Petrarca, pese a que no leía griego, fue el impulsor de la
restauración de Platón en la Italia del siglo 15, así como del proyecto de efectuar
traducciones de los diálogos platónicos, por ese entonces poco conocidos en el
Occidente latino. En su ensayo de 1368, De su propia ignoranda y la de muchos
otros, Petrarca, l más influyente de los intelectuales europeos, ridiculizó el culto
veneciano a Aristóteles; sostenía que Platón se acerca más a la fe cristiana . . .".4
Los pensador s humanistas de Firenze eran muy dados a amalgamas
sintéticas que yuxtaporuan ecléctica.mente elementos de distintas procedencias,
originados en diversas tradiciones y geografías, rasgo que repugnaría
marcadamente, como se sabe, a los partidarios de Ja vuelta "Et los Evangelios y a la
letra de las Escrituras, llámense Erasmo, Calvino, Zwinglio o Lutero. Toda
filosofía proveniente de la cultura antigua -no sólo la de Aristóteles- era
sospechosa a pnori de incurrir en herejía a ojos de los reformadores.

IV. Aristotelismo averroís~ y alejandrinista.
Por otro lado, los florentinos, como ya adelantáramos, habrán de
oponerse frontalmente a sus rivales paduanos. Maurice de Gandillac ha
documentado puntualmente el 11 &amp;ente 11 paduano: nLa Universidad de Padua, que
dependía directamente de Venecia, gozaba de ciertas libertades; teólogos
tomistas y maestros en Arte~ notoriamente averroístas vivieron allí con frecuencia
en un régimen de pacífica e incluso anústosa coexistencia. Como si el problema
de la individualidad del entendimiento de cada persona humana contase menos
que el problema de su inmaterialidad y supervivencia, averroístas y tomistas
formaron en ocasiones un frente común contra el «alejandrinismo» (la
interpretación de Aristóteles según los Comentarios de Alejandro de A&amp;odisia)" 5•
Pues bien, la escuela platónica de Florencia acusa al partido veneciano que se
había enseñoreado de la Universidad de Padua de atenerse exclusivamente a
Aristóteles, así como de postular tesis incompatibles con los dogmas del
cristianismo en lo referente a la inmortalidad del alma humana individual, dado
que, si se adscriben a la facción averroísta, admiten (vid supra) un intelecto único
para toda la humanidad, y si responden a la facción alejandrinista, aseveran que
el alma humana es mortal.
La coartada de los paduano-venecianos era, a fin de evadir la posible
acusación de herejía, la consabida argucia teórica de la doppia veritá o doble
verdad6 • "Petrarca, -afirma de Gandillac- veía sin duda bastante claro al
Hamerman, Nora; "Nicolás de Cusa y Pío O salvaron la civilización cristiana•, en: Bmengeli,
Revista de arte, ciencia y buen gobiemo; Volumen 9, número 2; Segundo trim.estre de
1994, p. 13.
5 De Ga.ndillae, Maurice. op. cit., p. 100.
6 Ya expuesta lineas a.rriba, a propósito de Averroes. Hay dos esferas separadas. Una se sirve de la
razón y sus métodos completamente; la otra, sólo toma como a.poya tura la fe, y no rinde cuentas ante
4

30

sospechar cierta hipocresía en la actitud de sus enemigos &lt;&lt;paduanos». No se
trataba, en efecto, de exponer el aristotelismo como simple documento histórico,
sino de presentarlo a la vez como la única respuesta &lt;qacional» a las preguntas
filosóficas y como &lt;&lt;U.!l error» desde el punto de vista de la religión. Al hacerlo
así, se favorecta de alguna manera el fideísmo -o al menos la ampliación de lo
simplemente ac ptado por la fe (los credibilia), ampliación que ya había
com nzado a aparecer con el escotismo y se había acentuado aún más con el
«probabilismo» ockhamista y con la perspectiva más mística de 1a devotio moderna.
En ciertos casos esta actitud podía llevar a una reinterpretación de la «letra»
dogmática, por ejempJo, en lo que atañe a la «creación de la nada» (ex nihilo),
como cuando el Maestro Eckhart, sin ser averroísta.,. juzga que no es incompatible
con la creación ex nilulo una cierta «eternidad» del mundo creado, con lo que se
anuncian ya ciertas posiciones del Cusano sobre el &lt;&lt;infinito contraído» (infinitum
contractum). La mayor parte de las veces era la idea misma de revelación la que
se convertía implícitamente en objeto de sospecha07•
·
Las ideas paduano-venecianas constituyeron un detonador, con
consecuencias e influencias posteriores bastante sinuosas; acudían estudiantes de
muchos países, los cual s se adherían ya a las vertientes más espiritualistas de las
enseñanzas, ya a las libertinas. Sus doctrinas aparentaban ser tradicionales, al
movilizarse exclusivamente en el marco del aristotelismo. Sin embargo, en
materia social y religiosa, presentan una faceta crítica e irreverente,
particularmente en lo que consideraban ser «mitos consoladores de los ideales
platónicosn. En 1516 el veneciano Pietro Pomponazzi8 escandalizó a toda Europa
con su obra De inmortalitate animae, donde concluye después de intrincadas y
farragosas argumentaciones en uno y otro sentido que no hay ninguna razón
natural aducible para sustentar la tesis de 1a inmortalidad del alma, y que incluso
resulta más meritorio el vivir virtuosamente, pero sin esperanza de una vida
eterna. A pesar de artilugios semánticos destinados a aplacar posibles censores,
el libro provocó numerosas reacciones encontradas, y las principales mentes de la
época pronto se encontraron tomando posición respecto de tan explosivo texto.
Hubo incluso quema de libros.

Pomponazzi ratificó sus tesis, y añadió otras, tan incendiarias o más, si
cabe. En Basilea publica De incantationibus donde afuma que los milagros son
pura imaginería, creencia apta para masas ignorantes; ese escrito "se convierte en
la razón. Salvaguardadas la autonomía de ciencia y filosofía, no temían conflictuar con la Iglesia, a la
que protestaban acatamiento y sumisión.
1 Op. cit., p. 99.
.
.
8 Pietro Pomponazzi (1462-1524), filósofo naci.do en Mantua, en el seno de una familia prolegi.da or
los Gonzaga, ti.ranos y luego marqueses de esa ciudad, donde fungieron como honorables mecenas;
estudió y ensefió primeramente med.icina en la Universidad de Padua. Posteriormente enseña.ria
1,filosofía nahnal» en 1495. Pomponazzi tomó como punto de partida a Averroes y, dicotomizando e,I
discurso en filosófico y religioso, argumentó que, según la razón, el alma debe morir con el cuerpo,
aunque aceptaba en base a las enseñanzas del cristianismo que era inmortal Se suicidó el 18 de mayo
de 1524.

31

�un arma de guerra contra lo sobrenatural cristiano desde su misma publicación
en 1556119 • En dicha obra, mediante interpretaciones forzadas de los textos
aristotélicos, pretende afincarse en los mismos en apoyo de su admisión de la
· acción de "fuerzas ocultas" presentes en el alma del hombre, el cual, por ser un
"microcosmos", se encontraría ubicado en la frontera entre dos mundos. Es así
·que acepta la posibilidad de la magi~ como tantos pensadores de la época; con
todo, se trata en Pomponazzi de una magia natural que no debe nada ni a ángeles,
diablos u otros seres espirituales. El problema, dejando de lado todas las
minucias relativas a espíritus sutiles y temas conexos, es que la línea divisoria que
establecía el autor entre lo admisible y lo inaceptable dejaba muy comprometidos
aspectos concernientes a la revelación cristianaJ al sugerir sin ambages la
conveniencia de aplicar al terreno de lo maravilloso cristiano el mismo escepticismo
que se impone de suyo en el caso de ciertas narraciones y relatos fantásticos de
autoria pagana. Todo ello lo hace siempre escudado en su calidad de 11físico 11, sin
referirse para nada a las verdades de la fe, a las cuales por otra parte,
ewlícitamente se adhiere.

Según este aristotélico paduano, el papel de la filosofía "no es transformar
las cosas e introducir un orden nuevo, ya que el mal no es más que una condición
de la armonía eternamente inscrita en los astros. Si hay cambio, ello sucede de
manera cíclica, siguiendo un ritmo que es el mismo de las religiones,
primeramente marcadas por prodigios, decadentes después, y condenadas a
morir cuando los oráculos se callan. Así finalizó el viejo paganismo y así, quizás,
{: se anuncie el fin del cristianismo, pues sus milagros son cada vez más raros.
Fórmulas éstas bastante ambiguas, que parecen anunciar el reino de la razón y
nuevos modos de actuación sobre la naturaleza; pero Pomponazzi resucita el
tema (tan estoico como aristotélico) de un «eterno retomo», que parece poco
compatible con el culto del progreso. "1º [cursivas nuestras].
Lo que ante todo pretendían Pomponazzi y los demás aristotélicos
renacentistas -ya fuesen averroístas o alejandrinistasu_ era afirmar el orden
inmutable y necesario del mundo; orden racional que excluye el milagro, como
acabamos de ver, y en general, la intervención providencial en los asuntos
mundanos, tesis que a la vez se erige en la base para una investigación puramente
natural del mismo. También es de destacarse en este orden de ideas, el estrecho
9

De Gandillac. Op. cit. P. 111.

º Jbíd. P. 114.

1

,n Bs muy ilustrativo al respecto el oportuno señalamiento de Nicolás Abagnano: ' Cuando, por obra
de Pedro Pomponazzi, nace el alejandrinismo que intenta volver en la interpretación de Aristóteles al

antiguo comentario de Alejandro, el mismo averroísmo resulta
modificado, y a menudo m.-ulta
difícil clasificar a cada uno de los pensadores aristotélicos en una u otra de las corrientes. En general,
puede deciJse q11e los averroístas -tienden al panteísmo, porque considei-an ]a inteligencia humana
única e idéntica con la inteligencia divina, mientras los alejand rinistas mantienen la trascendencia de
Dios respecto al mundo." En: Historia de la Filosofía, vol 2. Editorial Montaner y Simón. Barcelona,
t9'ls3; pp.
73-74.

32

margen que queda al libre arbitrio humano, comprometido por un determinismo
cósmico inexorable.

V. El platonismo cristiano de Nicolás de Cusa.
Hay caracterizaciones muy elocuentes del Cusano: "El renovador del
platonismo ... es Nicolás de Cusa.12, la personalidad filosófica más completa del
siglo XV"13; " ..•• pensador tanto tiempo olvidado y que, después de Eckart, es
juntamente con Leibniz y Boehme uno de los grandes nombres de la filosoña
alemana ... "14 • Y se podrian aducir otras aún más elogiosas como la de Dilthey;
pero será mejor centrarse en su pensamiento a fin de hacer patente dicha
relevancia.
Si entre el ockhamismo, la mística alemana y la teoiogía negativa a la
sazón vigente -heredera esta última del Pseudo-Dionisio- habían comprometido
para el espíritu hu.mano la pos10ilidad de alcanzar a Dios, dadas su
inconmensurabilidad y su infinitud, y dado que lo Infinito escapa a toda relación
con lo finito, ·y por lo mismo a todo conocimiento, el único «saber)) posible del
Principio será en consecuencia un «no saber», esto es, será entonces una docta
ignorantia, producto de sucesivas aJ&gt;oliciones de toda determinación y
especificación.· ~í, en lo subsecuente toda afirmación con pretensiones de
conocimiento habrá necesariamente de remitirse de lo que se pretende conocer a
algo ya conocido.
·

En los párrafos segundo y tercero de este escrito se estibleció, en
congruencia con estos planteamientos, la exclusión de la posibilidad de un
verdijdero conocimiento de lo finito -en el presente contexto-, al no poder este
derivar ya más de su Principio que, como vimos, es incognoscible. Así, prima
facie, estaríamos en presencia de, «un mundo justo a la medida de Guillermo de
u Bn la p. 53 de la última obra citada se establece que "nació en Cusa, cerca de Tréveris, Alemania,
el año 1401. Su primera educación le fue dada en Deventer por los 'hermanos de la vida común' que
cultivaban el ideal de la llamada devotio moderna, y que se inspiraban sobre todo en la mistica
alemana (vol J, § 327-29). Estudió en Heidelberg; luego, desde el 1418 al 1423, en Padua, donde
trabó amistad con Pablo Toscanelli, que más tarde fue médico y astrónomo famoso. Se había
orientado hacia los estudios juridicos; pero por haber perdido su primer proceso se dedicó a la
teología, y en 1430 fue ordenado sacerdote. Bn 1432 le llamó el Cardenal legado Juliá.n Cesarini, que
habla sido su maestro en Padua, pillll particicpar en el Concilio de Basilea; por el concilio, que debía
decidir,
.
entre otras cosas, la unión de la Iglesia latina con la griega, fue enviado a Grecia,
desde donde volvió a Italia con los pensadores y teólogos griegos más significados de la época.
Esto le permitWCQntraer una gran .familiridad con la lengua griega y con los clásicos griegos
y,
sobre todo, conocer directamente algunas obras de Platón, de las que extrajo su inspiración
fundamental, Nombrado cardenal (1448) y obispo de Bre;sanone (1450) chocó con ef duque del
• Tito!, Segismundo, que lo tuvo en la cárcel durante varios afios. Murió lejos de su diócesis, en Todi,
Umbri.a, el 11 de agosto de 1464. Bn el viaje de regreso, desde Grecia, tuvo la inspiración de su
doctrina fundamental, la de la docta ignorancia.. , . •
13 Abagrumo, Nicolás. Op. Cif., p. 53.
u De Gandillac, Maurice. Op. Cit. p. 23.
33

�Ockham» 15, dado que el .individuo sólo puede aparecer como un pW"o factum, en
último análisis, irracional. Ello debido a que, el pensamiento medieval habia
situado sus saberes en un espacio epistémico que ahora se habia tomado
problemáti o. Era necesario entonces ubicar el conocimiento en otro terreno,
puramente nahtrat y era preciso en consecuencia, dotarle de un fundamento
,n1rame11te filosófico. La proez.a del Cusano habrá de consistir justa.mene en
mostrar a un tiempo la inaccesibilidad divina a la par que la presencia de Dios en
todo. Se trata entonces de transferir el consabido método negativo a un plano más
general, introduciendo en este contexto la teoría de la coi1lddentia oppositorum;
habrá que encontrar una nueva visión que explique más adecuadamente que"el
Medioevo la trama de relaciones sutiles entre lo Uno totalmente infinito (Dios), y
lo ww múltiple, esto es, los seres por Dios creados. Trascendiendo las filosofías
emanacionistas y procesionistas, trata de explicitar cómo la unidad irúinita se
difunde en el todo de lo creado.
Resulta imperioso en el siglo XV establecer con precisión las posibilidades

y las fronteras dei saber humano, al cobrar conciencia de los acotamientos
conceptuales producto de la nueva 'episteme' protorrenacentista16• El kantiano
interrogante relativo a las condiciones en que es posible el conocimiento se
insinúa por doquier en las páginas de las obras de Nicolás de Cusa, el cual, si bien
es cierto que se hallaba -comparativamente- aún m.uy impregnado de teología,
estaba fundai1do en los hechos un racionalismo que intenta circunscribir los
limites del saber humano pero siempre en relación a lo infinito divino.
Al no estar ya más presente lo Infinito como tema, por no ser cognoscible,
está sin embargo presente, bajo la envoltura de lo finito. El mundo deviene
explicatio Dei, lo que implica la presencia oculta de lo Infinito; con todo, estas tesis
van a posibilitar justamente el conocimiento autónomo de lo finito.

vid. nuestro artículo «LA gtrosis moderna», en: Hu1111mitas; No. 24, 1997; p. 48.
Al respecto señala Edmund Husserl: «En el Renacimiento, como es sabido, la humanidad europea
efectuó en sí misma una conversión revolucionaria. Se volvió contra su modo de existir anterior, el
modo de existir med.ievaJ, lo desvalorizó, y quiso formarse libremente u.na nueva configuración. El
modelo que admira lo tiene en la humanidad antigua. Quiso reproducir en si misma aquella manera
de existir. «¿Qué es lo que concibe como lo esencial del hombre anbguo? Después de una vacilación,
no oha cosa que la forma 1 fil059fica" de existir: el darse libremente a sí mismo, a su vida total, su
legla sacada de la pura razón, de la filosofía. La filosofía teórica es lo primero. Quiere efectuar una
consideración superior del mundo, libre de Jas ataduras del mito y de Ja tradición en general, un
conocimiento universal
del mundo y del hombre con una absoluta falta de prejuicios, percibiendo finalmente en eJ mundo
mismo su razón y su teleología inmanente y su principio supremo: Dios. La filosofia en cuanto teoría
no sólo hace libre al investigador, sino a todos los hombres formados filosóficamente. A la
au,tonomía teórica sigue la autonomía práctica. En eJ ideal conductor del Renacimiento el hombre
antiguo es aquel que se forma radicalmente a sí mismo sobre la base de la rau&gt;n libre. Para el
'platonismo" renovado, de esto se deriva que se hala de configurarse de
nuevo éticamente no
.sólo a si mismo, sino al entero mundo humano circundante, a la existencia política y social de la
humanidad según la razón hore, según los principios de una filosofía unive,sal». Cnsis de las dencias
eurOp!'flS y la fenommología trasce11dental. Folios Ediciones. México, 1984; p. 13.
15

16

34

/\hora bien, 'st, rnnocimicolo dotado Je autonomía, en el istema
cusMlO, 111wn1 pll(' dl' r,m·.&lt;Jí de una lid z d. finitiva. En todo caso, lo que
put'de hau'r, l''i esl11hb:l'r hipótt sis (co11it' l11ra' 1 habrá d deaom.inar) qu
mum&lt;.•ntánca 11 Lransiloriam •nle -.;on v.Hida.; se tr&lt;1ta de crtezas relativas, que
nm•vos d,llns pued&lt;.·n (\Hüribuir a invalidar o a e nfirm r17 . Desde luego, las
••&lt;.o njeturn:-;» &lt;;1111 lc1il•s dl'hido ., que de algún modo remiten lo que ria la
•rd,1d 1111sm.i . Lo ~1u1.: ~ manifiesl, es una perenne prov1s1onal1dad d todo
nmocimicnlo ('&gt;i ' mpr, dt• lo finil 1, Sl.' entiende) que sin mbargo es signo de la
presen('ic d, lo Iníinito, «Verdad in. lcanzable,,, in mbarg conocida en la
all ridad inagl)(.ibJ&lt;., d' las 'conj lura 1 •
Abagnnno car eteriza a la conjetura como «un onocimiento por alteridad
o sea un conot'imienl que rerníte esencialm n~ a lo distino de sí, a la verdad
como tal, pero que, pre is, mente por tal referenci , e tá en relación 011 Ja misma
verdad y partici pa d ell . La alteridad del conocimiento respecto a la verdad
si1ve p~ra fundamentar el val r del mismo, que entra en relación e n ella
precisamente por esa alteridad. C.:m I qu reconozca sus límites y se funde en
ellos el onocimiento hurnano e ( por lo tanto, válido; y d jade serlo cuando no s
ignorancia docta,
es, cuando ol ida su prr;,pia alteridad respecto a lo
verdadero, que es su unica participación posible en lo verdader » 18 •
lo es posible establecer relacio.nes y proporcion s d finidas, escapando
tanto el máx,n,o absoluto como el 111í11i1110 absolutos al conocimiento humano, ya
qu este último e inscribe en el ámbito de la posibilidad y la potencialidad tan
sólo· e I dominio 'd I más v de l menos'. Así, lo que le es dable al hombre son
apr ximaciont' · ucesivc1s d~ conocimiento, cuyo modelo será el onocimiento
malemáti o -ql l' hace pn•s1.mtir •I &lt;&lt;misterio» de la oinciden i de los opue tos·,
al tiempo que lé.1 v rd, d, n tanto que algo bsoluto y necesado estará si mpr
má aU - d toda determinación cognitiva. De hecho, el fundamento de u
m ' todo t ma omo base analogía de origen matemático, extrapolando nociones
geométrica al :mbilo d la metafísi . P nsaba 1 «moderno» card nal que, a
diferencia de la lógica tradicional, a la que consideraba totalmente estancada y
&lt;&lt;maniatada» por 1 prin ipio de no contradicción, la matemática estaba en
condiciones d efectuar navega ione má audaces, abriendo nuevas rutas al
sab r, necesitando tan sólo de perfeccionar u m ' todo. Con este bagaje intent
seriamente i.ncluso r olv r 1 complicada u stiones de la cuadratura del
cír ulo. Se dibujan ya en él rasgos que in quivocamente pr nun ian actitudes
que preva lec rán en los siglos del racionalismo y la ilustración.
1

In lu el hed\O d postular una superación d las oposiciones en un
cierto tipo de i.ínle i ha dado pie a algunos a columbrar antecedentes de la
dial · ti a hegL·liana. Su manejo alterno y original de los conceptos de finito e
1"

18

Esto, cinco siglo~ illllt!s dt los l'opper, los Lakatos y los Fayerabend.
Op. cit., p. 55.

35

�infinito ha conhmdido a algunos, como por ejemplo Dilthey 111, para quien el
Cu.sano incurre en pa,nteísmo. No se percatan estos autores de que en realidad De
Cusa sutilmente distingue dos tipos de infinito: el infinito cüvino que, -como
venimos señalando- trasciende a nuestro entendimiento, y que es conceptuado
como un infinito negativo, y el universo «privativamente infinito» -así sea
ilimitado-, que no es propiamente ni finito IÚ infinito. Si bien Dios está en cada
cosa, el universo está de manera «comprimida» en todo. En realidad en el
Cusano encontramos una m zcla extraña -por lo demás, muy explicable- de ídeas
tradicionales, ntucbas de ellas impregnadas de teología y de la antigua
cosmología, así como precogniciones anticipatorias e intuiciones que constituían
verdaderos atisbos de nociones que siglos después habrían de ser «moneda de
curso común».
La cantidad y por ende, la matemática serán privilegiadas por nuestro
autor quien señala sin ambages: "El número incluye por tanto todas las cosas
proporcionales. Así, pues, no constituye el número Ja proporción en la cantidad
sólo, sino en todas aquellas cosas que de cualquier manera, tanto sustancial como
. accidentalmente, pueden convenir y diferir. Tal vez por esto Pitágoras pensaba
t que todas las cosas se constituían y eran inteligibles debido al poder de los
números. Sin embargo, el llegar a la exactitud de las combinaciones en las cosas
corporales, y a una adaptación adecuada de lo conocido a lo desconocido, es algo
superior a la razón humana. Por eso a Sócrates le pareció que no sabía nada . . . "

Que estas breves páginas sobre Nicolás de Cusa -que ni remotamente
pretenden ser exhaustivas- queden como incitación para estudios más acuciosos y
prolijos, y para contribuir mínimamente a la revaloración de su egregia figura, aminorada interesadamente con la finalidad de sobredimensionar otras, como la
de Descartes y aún la de los aristotélicos renacentistas- y cuyo verdadero valor (el
de Cusa) queda cada vez mejor firmemente establecido. Tan sólo todos su
brillantes esfuerzos en pro de la unidad de las iglesias cristianas, en el contexto
del Concilio de Basilea-Ferrara-Florencia serían más que suficientes para
depararle un $itial de honor en la historia de la civilización occidental.
Finalicemos con este comentario de Nicolás Abagnano: «Así, el último
resultado de la docta ignorancia, es decir, del reconocimiento de la absoluta
trascendencia de Dios, es el llamamiento divino al hombre para que se decida
libremente a ser de sí mismo, a reconocerse en la propia limitación, a aceptarla y
realizarla hasta el final. Tan sólo si no se niega a sí mismo, sólo si acepta
libremente ser lo que es, el hombre se sitúa en la auténtica relación con Dios, y
Dios es suyo como él es de sí mismo. El límite que la docta ignorancia reconoce al
hombre de este modo se convierte, no en la negación, sino en el fundamento del
valor humano» 23
23

Op. dL p. 58.

20

Pocas líneas más adelante señala: " ... y otro varón de espíritu divino
dijo que la sabiduría y el lugar de la inteligencia estaban ocultos a los ojos de
todos los vivientes. Si ocurre, pues ... que en la Naturaleza, en las cosas más
manifiestas, tropezamos con una tal dificultad, semejantes al búho que intentaba
ver el sol, y como, por otra parte, no son vanos los apetitos que hay en nosotros,
deseamos verdaderamente saber que somos ignorantes. Si consíguiérarnos
alcanzar esto plenamente, habríamos alcanzado la docta ignorancia" 21
Una ·cita más del Cusano no viene mal ante tanto neosofista infatuado con
aires de excelsilud enrarecida: "Así, pues, a ningún hombre, por más estudioso
que sea, le sobrevendrá nada más perfecto en la doctrina que saberse doctísimo
en la ignorancia misma, la cual es propia de él. Y tanto más docto será cualquiera
cuanto más se sepa ignorante"22

19 Dilthey, Wilhelm. O. C., vol. lf: Hombre y mundo en los siglos XVI y XVII.. Fondo de Cultura
Económica. México, 1978; passím.
20 De Cusa, Nicolás. lA docta 1g11ora11da. Trad. y notas de Manuel Fuentes Benot. Ed . Aguilar. Buenos
Aires, 1957. P. 24.

zt frkm. Pp. 24-25
22 Ibíd.

36

37

�EL LEGADO AGUSTINIANO DE "LA CIUDAD DE DIOS"

Dr. Eudaldo Forment
Universidad de Barcelona
l. La Iglesia y el mundo

En un libro reciente, publicado en Italia, dedicado a reflexionar sobre la
esencia del catolicismo se dice: "La lectura del Vaticano II como un repensar el
catolicismo, tal como había -sido construido desde el Concilio de Trento al
Vaticano f, ha puesto en discusión la identidad del catolicismo. Lo ha puesto a
nivel de la jerarquía, de los teólogos y de los fieles. Se ha producido un
pequeño cisma, como ha sido el de Econe, que ha sido un signo de una división
también entre los fieles, ciertamente mayor que las dimensiones del cisma. El
pontificado de Juan Pablo Ilha interrumpido una deriva que Pablo VI había ya
intentado detener. Pero muchos piensan que esta puede reproducirse después
de este extraordinario ponficado". 1
Como consecuencia de esta escisión se da: 11Una división entre la
religión del pueblo y la religión de los teólogos. La religión popular se ha
conservado mediante la devoción, especialmente en tomo a la figu ra de la
Virgen. La religión de los teólogos ha aceptado temas de la teología
protestante, los legados de la antinomia entre gracia y naturaleza, entre fe y
razón".
Si para estos últimos, el catolicismo no debe penetrar en lo terreno, en lo
mundano y cotidiano, es porque: 11El Protestantismo ha pensado un modelo de
Iglesia en la cual el lenguaje de la salvación ha sustituido al lenguaje de la
divinización y la trascendencia de Dios y ha estado pensada sin su inmanencia,
la alteridad divina sin la participación del creyente en la naturaleza divina. La
institución es así entendida como una estructura exterior de la vida cristiana,
una obra no significativa del don de Dios. La pertenencia de los cristianos a la
salvación es un acto de elección de Dios no cognoscible. La teología misma
deviene así una disciplina enteramente secular. Ha sido confiada
exclusiv_amente a los teólogos y depende sólo de ~llos". 2
Otro conocido pensador italiano, Massimo Borghesi, recogiendo esta
orientación, ha escrito: ºEl cristianismo, como forma de vida, prácticamente no
existe a finales del siglo XX. Existe la Iglesia, a la que se le ha prometido que las
puertas del infierno no prevalecerán sobre ella y por eso el depósito de la fe no
peligra. Existen las instituciones, la doctrina, los ritos, los preceptos, los
intelectuales e incluso la moral cristiana. Pero lo verdaderamente cristiano, un
acontecimiento sencillo que acompaña y determina &lt;:on su esperanza la
39

�existenoa real de un pueblo, por pequei'lo que sea este pueblo, paree haber
deSapare ido del mapt1' .~

Segw.1 el profesor Borghesi, a pesaI de los distintos intentos históricos:
"La dialéctica entre Iglesia y poder mundano permanece abierta, no se
resuelve. o se puede pretender solucionar dando una fisonomía cristiana a
los estados. Lo que cuenta (... ) es que el cristianismo vuelva a suceder como
una presenciaº. Aclara seguidamente que: "La 'presencia' no es el triunfo de un
proyecto, sino lo contrario de] proyecto; presencia es estar en el mundo con un
rostro nuevo, el descubrimiento de una a.mistad y un afecto diferentes,
presencia es el ser en el que la gracia se manifiesta. En este sentido la
'presencia' es distinta de la utopía, distinta del moralismo. Con el término
'presencia' se entiende lo específi amente cristiano, esa 'creación nueva' a que
sóJo la gracia puede obrar" (... ). Precisa, a continuación, que: "Esta gracia
'sucede', por ella el cristianismo se vu"elve 'acontecimiento', que puede
m~nifestarse 'nue o' hoy como hace dos miJ años, que se convierte en
'presencia "'.4Sostiene el Dr. Borgehese este "procedimiento" apostólico se encuentra
ya en san Agustín, no sólo en cuanto a ]a afirmación de la primacía de la gracia
-de este don maravilloso creado y dado por Dios al ser personal, inherente al
mismo como una cuaüdad espiritual, permanente o transeúnte-, sino también
con la famosa división de las dos ciudades, la terrena y la de Dios. "Si la gracia
es anterior, y es anterior como realidad nueva, rostros distintos con Jos que nos
encontramos, la coincidencia con la perspectiva agustiniana de las dos civitates
es evidente. Lo que separa la Civitas Dei de la civitas mundi, en efecto, no·es el
primado de la ética sino de la gracia, el reconocin1 iento o no de la acción de la
gracia en la historia. ·Es este primado de Ja gracia lo que vuelve a los que
participan de ella 'otros', 'diferentes', 'extraños' al mundo, lo que les vuelve
'extranjeros'."
Añade que: ''Como para Agustín, la Iglesia es aquí una 'comunidad de
extranjeros' dentro de los 'estados terrenos'. No una comunidad de 'alntas·
hem10sas'. Oscilaremos con eUo e11tre e] quietismo cínico de quien abandona el
mundo a su destino y el moralismo presuntuoso del escatologismo de
Orígenes".5
De manera que la Iglesia es: "Una comunidad ciertamente -'carnal'-, pero
cuyo fin no es una hegemo~a, s.ino hacer presente, en la historia, un
a ontecimiento de gracia (...). Una unidad así 'no tiene patria'. No obstante,.
una vez más, no es que 'no tenga lugar', no es utopía. Fs en una rusto.ria donde
sucede una unidad como ésta, o mejor, en una historia particular (... ) El
nrnentro con una historia particular en la que se revela, por gracia, el
significado de la ida: E.5to es(...) el cristianísmo".6

in embargo, la Constitució11 pasto.raJ obre la Iglesia en el mundo
actual, del Concilio aticano 11, indica laramente la soJución a este problema,
al recordar que la Iglesia está aJ ser i io de] hombre, porque quiere: "Poner a
disposición del género humano el poder salvador que la Iglesia, condu.cida por
el espíritu Santo, ha recibjdo de su Fundador. Es la persona del hombre la que
hay que salvar. Es la socíedad humana la que hay que renova~. Es, por
consigt.1iente, el hombre, pero el hombre todo entero, uerpo y alma~ corazón y
conciencia, iL1teligencia y voluntad"?
A este poder de salvación integral de la Iglesia, se refiere otra obra,
publicada recientemente en España. Su autor, el domínico Martín Gelabert,
precisa que. los cristia.nos. "Cuando hablamos de salvación no podemos hacer
presentaciones parciales. Es importante presentar una salvación que sea total,
integrando todas las dimensiones del ser humano e11 un proyecto de felicidad
completa y estable".8

La salvación debe alcanzar tanto la "corporalidad humana" como ''la
convivencia", que también "forma parte de la estructura de la identidad
personal", y "la dimensión social", q11e a su vez "forma part de nuestra
identidad":9 De manera que: "La salvación tiene que ver con todas las
dimensiones de lo humano, pues todas ellas conforn,an la única realidad del
ser humano. Si bien es posible distinguir en el hombre una dimensión 'secular'
y otra dimensión 'religiosa' no es posible separarlas, y, menos aún, oponerlas.
Ambas están íntimamente co.m penetradas. Esto nos permite comprender que el
destino del hombre se juega en su actual. realidad terrena, aunque no·se limite a
ella".

El motivo es porque: "El caniino del hombre n la tierra 110 es una
simple preparación para un 'mas aUá ' llamado cielo, sino el lugar en el que se
puede ya vivir una salvación que el cristiano espera continuar en el cielo de
forma estable, plena y segura. De lo contrario la religión se con ierte en un
consuelo para fracasados y la salvación en un producto de reemplaza a, iento o
en un sucedáneo de los bienes terrenos que no se poseen".'º
Por consigtüente: "En la útüca existencia hun,ana se e11tretejt&gt;n lo
terreno y lo divino, lo espiritual y lo corporal. Más aún: Lo di ino se manifiesta
en lo terreno, lo ~pi.ritual en lo corporal, lo eterno en lo temporal. Este es el
gran misterio de la encarnación que se prolonga en todo cristiano, en todo
aquel que es y debe ser 'otro Cristo'".1 1

-l1

40

�2. La paz
Esta actitud tan actual, desde que la recordó el Vaticano H, se
encuentra claramente expresada en San Agustín, en su teología política. Para
comprender su sentido último es muy útil partir de su concepción de la paz,
concepto nuclear de la teología de la historia y de la sociedad . En La Ciudad
dé Dios escríbe: "La paz de todas las cosas es la tranquiJidad del orden". En el
mismo lugar afirma: "La paz de una ciudad es la concordia bien ordenada en el
gobierno y en la obediencia de sus ciudadan"5".12

Sobre estas últimas palabras omenta Santo Tomás: "San Agustín habla
de la paz que ~s de hombre a hombre. Y dice que esta paz es concordia, no d e
cualquier manera, sino 'ordenada', a saber: por concordar uno con otro en lo
que ambos conviene. Pues si uno con uerda con otro, no de espontanea
oluntad, sino como coaccionado por el temor de algún mal inminente, tal
concordia no es verdadera paz, porque no guarda el orden de ambos
concordantes, antes es perturbada por lo que mfiere temor. Y por esto escribe
un poco antes que · ta paz es la tranquilidad del orden, la cual tranquilidad
consiste en que el indtviduo tenga apaciguados todos los m,pulsos
apet~tlvos". 13

La concordia implica, por tanto, el mutuo acuerdo en bienes útiles,
entre los miembros de la sociedad, de modo volUJ1tano. Esta paz e terior o
social posibilita una paz más plena, la paz personal o paz interior. A esta
última se refiere la pnmera definic10n de paz, que designa, además de la
concordia, la ordena ión y unificación de todas las tendencias impulsos de
cada persona. Explícitamente declara el Aquinate: "La conocordia dice umón
de apetitos de los d.úerentes apetentes; mas la paz, ademas de esta unión,
entraña tambien ]a unión de apetitos en un mismo apetente".H
La paz personal, por mcluir la paz exterior, es, por ta11to, más perfecta
que esta ultima, pero la necesita como uno de sus constitutivos. En cambio,
para que se dé la paz social no es absolutamente imprescindible la paz interior
de las personas, pero con ella más fácil y d-uradera. En onsecuencia: "La paz se
opone a una doble disensión: La del hombre consigo mismo y la del hombre
con otro. A la concorcüa se opone esta segunda".1 5 La paz remueve toda
disensión o disco1rdia.
·
En el Catecismo de la Iglesia Católica, después de citar la primera
definición de paz
San Agustín se die que la paz: "Es obra de la justicia (Cf.
Is 32, 17) y efecto de la caridad (Cf. GS 78, 1-2). 16

de

En el pasaje que remite esta cita de ]a constitución dogmática Gaudium
et spes, se lee "La paz es también fruto del amor, que sobrepasa Ja meta
indicada por la justicia". La paz es un efecto directo de la caridadJ porque la
causa inmediatamente. La paz es igualmente efecto de la justicia, tal como se
42

dice en el versículo, citado en el Catecismo , de Isaías: "La paz será obra de la
justicia" .17 Sin embargo, es un efecto indirecto, porque la justicia causa la paz al
remover los obstáculos, que impiden la existencia de la misma.18

La paz, por consiguiente, no puede lograrse inmediatamente. Es el
resultado de dos virtudes: la justicia y la caridad. La paz no es UJ1a virtud sino
un fi.n.19 Declara, por ello, San Agustín que: "Se puede ·decir que nuestros
bienes supremos consisten en la paz".20 El máximo bien es la vida eterna en
paz o la paz en la vida eterna. También en las cosa meramente humanas.
11 Quien conozca las cosas humanas y la naturaleza de las mismas
-añadereconocerá conmigo que así como no hay nadie que no quiera gozar así
tampoco no hay nadie que no quiera tener paz".21

3. Las dos nciudades"

En este proyecto divino de paz en el universo y en la historia, se da un
enfrentamiento dramático entre "dos ciudades", la terrena y la celestial. No se
identifican con la sociedad política y la iglesia. De ahí que, para San Agustín, el
estado o la sociedad no es algo que no tenga nada que ver con la salvación.
Es una clasificación de los hombres en dos grupos, según como hayan
ordenado su vida personal. "Al género humano lo hemos dividido en dos
clases: los que viven según el hombre y los que viven según Dios. Y lo hemos
designado figuradamente con el nombre de dos ciudades, esto es, dos
sociedades humanas". 22

Estas dos grandes clases de vida están edificadas sobre dos amores
contrarios. Como se indica en el conocido.texto: 11 Dos amores han dado origen a
dos ciudades: El amor a sí mismo hasta el desprecio de Dios, la terrena; y el
amor de Dios hasta el desprecio de sí, la celestial".
Añade seguidamente: "La primera se gloría en sí misma, la segunda se
gloría en el Señor".23 En la ciudad térrena se cae en la soberbia; en la ciudad de
Dios se sigue el camino de la humildad. En la ciudad de Dios, por estar
fundada en el amor de Dios, se vence el desordenado amor de sí mismo. En
cambio, en la ciudad terrena que nace del amor propio desordenado, del
cerrarse al orden supremo del amor a Dios y convertirse a si mismo en el fin
absoluto de la propia vida, en su valor supremo, puede llegar hasta la aversión
a Dios.
Aunque incluye en la ciudad terrena la sucesión de los imperios
gentiles, que aparecen contrastados con los patriarcas y reyes de Israel, de este
desarrollo histórico y concreto de las ciudades no puede inferirse que, para San

43

�Agustín la política y la cultura en general estén enfrentadas necesariamente a la
ciudad de Dios.
Estas dos clases de vida, que implican las dos ciudades, se comprenden
desde la metafísica del bien y del mal agustiniana. En ella se concibe el bien
como integridad y el mal como privación y desorden. El bien finito tiene como
tres dimensiones: el modo, la especie y el orden. La especie es la
determinación esencial, la consistencia. El modo . expresa la concreción
individual, la existenciaJidad y la eficiencia. El orden designa la aspiración y el
dinamismo comunicativo, la referenciaJidad teleológica. El bien de la criatura
es plenitud del modo, de la especie y del orden. El bien infinito está sobre todo
modo, especie y orden.

Si el bien finito es plenitud y orden, el mal, por el contrario, es
privación y desorden. El mal, deficiencia en la perfección debida, no obra sino
lo hace es por virtud del bien El bien en cuanto tal no es causa de lo malo; el
bien no causa sino el bien, según su. _perfección y bondad. Cuanto mayor es el
bien tanto más perfecta es su causación. Sólo en cuanto deficiente puede el
bien ser causa del mal; pero el mal causado lo ha sido en virtud del bien, ya
que la eficiencia no es propia de la deficiencia y privación en cuanto tales.
Desde esta metafísica del bien y del orden, se explica la constitución de
la ciudad terrena. Por no ordenarse a la paz eterna., a .la vida eterna, al
verdadero fin· último, le falta la plenitud del orden. Le falta el orden
trascendente, pero posee la bondad de lo temporal, que es en sí mismo bueno,
pero al que se ha privado de su última ordenación.
Diría por .ello, San Agustín. "No hay que creer que no sean bienes lo
que ama la ciudad terrena, antes bien es ella misma un bien y en su género de
las cosa humanas, el mejor. Por estos bienes inferiores desea la paz la ciudad
terrena, y quiere llegar a esta paz por la guerra. Cuando vencen los que luchan
por la causa más justa quien duda que su victoria debe acogerse con aplauso y
la paz con gozo? Son bienes y los bienes son dones de Dios11 •
·

No obstante, añade: "Pero si se ansían estos bienes inferiores, de
manera que se crea que son los únicos bienes, y abandonados los bienes
supremos que pertenecen a la ciudad soberana, son amados los bienes de la
ciudad terrena por encima de los bienes superiores, se sigue la miseria y el
aumento de la que ya se tenía" .24
Debe insistirse que la doctrina de Jas dos ciudades no conducen a la
pérdida de la esperanza y a la renuncia de los valores del mundo, sino que
enseñan a utilizarlos como medios para el fin trascendente, lo que supone
incluso una eficaz promoción indirecta de los mismos. Basta tener en cuenta el
célebre texto, en el que san Agustín,, contra los que sostenían que el
44

cristianismo no es compatible con los ideales civiles, decía: "Dennos un ejército
de soldados tales cuales los exige la doctrina de Cristo¡ dennos tales jefes de
provincias, tales esposos, tales padres, tales reyes, tales jueces, tales
recaudadores y cobradores de impuestos, como los quiere la doctrina cristiana,
y atrévanse a decir que es enemiga de la república. No duden en confesar que
si se la obedeciera prestaría una gran vigor a la república". 25
En la ciudad terrena, los miembros de la Ciudad de Dios, han de ser
como peregrinos, pero tienen que usar mismos bienes que utilizan los
miembros de la terrena, aunque con una orientación distinta. Estos últimos los
utilizan poniendo en ellos su último fin, buscando su .felicidad en los mismos.
En cambio, los hijos de la ciudad celeste, los disfrutan pero en orden a la vida
eterna.

La doctrina agustiniana de las dos ciudades expresa esta opción
fundamentan que se presenta a todo hombre. Escribe San Bernardo, en este
sentido: "Ora con el profeta y di: 'Señor aparta de nú el camino de la iniquidad'
(Ps 118). ¿De qué manera? 'Y ten lástima de mí según tu ley' (Ps 29), aquella ley
es a saber que has dado a los que se extravían del camino, esto es, a los que
desamparan la verdad. ¿Más qué? ¿Aquel que ha caído no podria volverse a
levantar? Por eso 'he escogido el camino de la verdad' (Ps 30), para subir
humillado al lugar de donde por mi soberbia descendí. Subiré, digo, y cantaré:
Señor, ha sido un grande bien para mi el haberme humillado tú (Ps 71); 'la ley
de tu boca es para mí un tesoro más estimable que millones de oro y de plata'
(Ps 72). Tal vez parecerá que David te ha propuesto dos suertes de caminos;
pero es menester, con todo eso, que no reconozcas más que uno, uno con dos
términos diversos y llamado con diferentes nombres: De iniquidad respecto de
aquellos que descienden y de verdad respecto de aquellos que suben".
Explica seguidamente, en este escrito de 1126: "Porque, en efecto, por
los mismos grados se sube y por los mismos se baja del trono; por un mismo
camino se va y se vuelve a la ciudad, y por una misma puerta se sale y se entra
en la casa. En fin, en una misma escala aparecieron los ángeles a Jacob
subiendo y descendiendo (Gen 28, 12). Mas ¿a qué fin estas cosas? Para que, si
deseas volver a la verdad, no busques un nuevo camino, desconocido, sino el
mismo por el que has bajado. De tal suerte que, sigu.iendo tus mismos pasos
por marchas recíprocas, subas, después de haber sido humillado, por los
mismos grados por los que descendiste dejándote llevar de la soberbiaº.26 Se
trata de un mismo camino, que se encuentra en la misma realidad creada, pero
que tiene dos direcciones: la de la soberbia, que aleja de Dios y el de la
humildad, que aéerca. El mismo camino, como las realidades temporales, en las
que se encuentra, aleja o aproxima a Dios. No hay que cambiar de camino, sino
de dirección.

45

�En nuestros días, el cardenal Martini ha llamado la atención, al
comentar la parábola del Buen Samaritano que: 'l.os hechos narrados en la
parábola tienen lugar en un camino, el que une Jerusalén, ciudad santa, con
Jericó, símbolo de la ciudad seglar, y el camino entre ambas ciudades es el
lugar de su distancia, pero también el espacio que las une. Por este camino
pasan los hombres, símbolos de cada una de las dos ciudades: pasa aquel al
que robaron unos ladrones, pasa e] samaritano, probablemente dos
comerciantes que viajan por cuestión de negocios; pasan el sacerdote y el levita,
hombres de religión. El camino es la realidad de la vida común donde todos se
encuentran, pero es también el lugar de los desencuentros, de los egoísmos de
grupo, que llegan hasta la violencia, como en el caso de los ladrones. Es el lugar
de los egoísmos privados, o quizá motivados por pre~s culturales, como en
el caso del sacerdote y el levita; el mismo camino es también el lugar de la
proximidad vivida, como en el caso del samaritano".27
El bien supremo de 1a paz, en el orden de las cosas terrenas por
consigui nte, no ha de ser buscado como el único fin, tal como hacen los hijos
de la ciudad terrena, sino que los hijos de Dios, peregrinos en el mundo, la
usan y disfrutan en orden a la ciudad de Dios. Afirma explícitamente San
Agustín: También nosotros usamos de la paz de Babilonia". Precisa que la
ciudad terrena: "No disfrutará de esta paz al final, porque no la ha utilizado
debidamente antes de ese final. Y a nosotros nos interesa también que durante
el tiempo de esta vida disfrute de esta paz". Y añade: "Ya el profeta Jeremías,
junto con el anuncio del antiguo pueblo de Dios de su .futura cautividad, y con
el mandato divino de que fuesen dócilmente a Babilonia, ofreciendo sus
mismos padecimientos como un servicio a Dios, les aconsejó también que
orasen por la ciudad, y les dijo: 'Porque su paz será 1a vuestra' (ler 29, 7). Una
paz todavía temporal, por supuesto, común a buenos y malos". 28

4. El encamacionismo
Para una mejor comprensión de esta doctrina enseñada por San
Agustín, que es la de 1a Iglesia, es preciso reflexionar sobre Cristo, como se dice
en la Gaudiu.m et spes: 11 En realidad, el misterio del hombre, sólo se esclarece
en el misterio del Verbo encarnado". 29 Según el misterio de 1a Encamación, 1a
Segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Hijo de Dios al encamarse
asumió la naturalez.a humana en su integridad, con todas sus limitaciones e
incluso con los efectos del pecado, como el dolor y 1a muerte, a pesar de no
tener el pecado, para reformarla también en su integridad.

Una posición que podría llamarse "encarnacionista" por su exageración
y unila~ralidad, infiere, como consecuencia, que lo humano, los valores
humanos las actividades temporales y sc,&gt;ciales, son el camino necesario para
llegar al "Reino de Dios". Su postura es optimista ante lo natural, que es
46

considerado autónomo frente lo sobrenatural, que no puede interferir. Se cae
así en un dual.tsmo. Un separatismo entre la naturaleza y la gracia, entre la
sod dad de los hombres y el Reino d Dios.
Esta actitud de buscar en lo natural la salvación, sin tener en cuenta la
donación sobrenatural de Dios, se encuentra en gran parte de la filosofía de la
modernidad_ in embargo, no es nueva. Está en las antiguas herejías
naturalistas y antropocéntri as, como en ]a desviación dualista del obispo de
Constantinopla, estorio. Afirmaba que existían en risto además de dos
naturalezas, Ja divina la humana, dos personas. Fsta división dE&gt; Cristo
estaba hecha con el pretexto de respetar la infinita tra enden ia y dignidad de
Dios, que no se podía rebajar ai1te lo humano. Se .rebaja a Dios el afumar que,
para salvar a los hombres su mismo Hijo se había hecho erdaderamente
hombre, lujo de María y habitado entre nosotros. Había que distinguir en
Cristo entre el hombre y el Verbo, entre el hijo de María y el Hijo de Dios.
Quedaba así establecido con suhl engaño la autonomía y autosuficiencia de lo
humano.
Se ha dicho que: ''La secularización de los cristianos procede de la
secularización de la misma figura de Cristo". La secularización sería aS1 eJ
trasfondo de la: "la herejía nestoriana, que sólo veía en Cristo un hombre, un
hombre elegido, pero no más que un hombre (... ) La desmitificación nestoriana
de la humanidad de Cristo trae consigo una desmitificación secularizado.ca de
toda la Iglesia, y de todo lo que hay en la lglesia".:'lO

Podría incluso afirmarse que produ e la misma modernidad, si se
entiende ésta como: "El proceso de secularización o laicización, es decir la
ruptura y el progresivo distanciamiento entre lo divino y lo humano, entre la
revelación y Ja razón, o, si se prefier , la lenta y sucesiva sustitución de los
principios y valores cristianos, que habían dado unidad y senhdo a los pu~blos
europeos durante al menos diez siglos, por Jos valores pretendidos de-la razón
pura".31
El Concilio de Efeso (432) definió que no había una unión ac identaJ
entre sus naturalezas, una unión de acercamiento o de contacto (synáfheia)
sino que, como dijo San Cirilo, el gran patriarca de Alejandría, -w1a "unión
físi a" (énosis physikée), una unión según la naturaleza no moral. Se trata de
una unión única, sin precedentes en las reaHdades humanas, entre el Verbo y
su naturaleza humana, defendiendo así la unidad de Cristo, Verbo hecho
carne, nacido de María, que era así Madre de Dios (Theotókos)32 y apuntando
ya a Ja teología de la unión hipostática o en la_peJSOna.
Después el ll Concilio de Constantinopla (553) condenó la cristología
de Teodoro de Mopsuestia, maestro de
estorio. El siguiente te to
condenatorio del Concilio refleja muy bien la posición nestoriana: "Uno es el
47

�Dios Verbo y otro Cristo, el cual sufrió las molestias de las pasiones del alma y
de los deseos de la carne, que poco a poco se fue apartando de lo malo y así
mejoró por el progreso de sus obras, y por su conducta se hizo irreprochable,
que como puro hombr fu bautizado en el nombre del Padre y del Hijo y del
Fspíritu Santo y por el bautismo recibió la gracia del espíritu Santo y fue hecho
digno de la filiación divina; y que a semejanza de una imagen imperial, es
adorado como efigie de Dios Verbo, y que después de la resurrección se
convirtió en inmutable en sus pensami nto y absolutamente impecable (,,.)
éste mismo dijo que la confesión de Tomás al tocar las manos y el co tado del
Señor, después de la resurrección : 'Señor mío y Dios mío' (loh., 20, 28), no fue
dicha por Tomás acerca de Cristo, sino que admirado Tomás de lo extraño de
la resurrección glorificó a Dios que había resucitado a Cristo".~
El nestorianismo era en realidad una nueva versión de los cristianos
judaiz.antes, o el "error Judío", n cuanto que concebían a Cristo como un mero
hombre al que se había unido como a "alguienM distinto el Verbo. Su origen
estaba en la actitud d I fariseísmo judáico, que había contagiado al cristianismo
judaiz.ante. Lo propio del fariseísmo consiste en gloriarse y esperar la salvación
d las propias obras . Lo fariseos creían que las promesas de Dios a Israel eran
debidas a su observancia de la ley. Confiaban, por ello, n la justicia divina.
Despreciaban así a las otras naciones, que, en cambio, no eran merecedoras de
la salvación.

m extremo fariseísmo originó la secta de los ebiorútas o los pobres. Se
caracterizaban por: creer que la elección divina del pueblo pobre de Israel se
fundaba en su pobrez.a y opresión. La salvación consistiría en la liberación del
dominio de los gentil s, que llenos de soberbia, poder y riqueza, 1 oprimían.
como poderosos y ricos. Se prometía la liberación de los oprimidos frente a las
naciones y a los poderosos. La el ción divina les era así motivo de orgullo,
por creer que mereóan ante Dios por falta de riqueza. o comprendían qu si
Dios elige al pobre, aJ que no ti.en nada , lo hace para patentiz.ar ante los
hombres que es El quien salva por su gracia. A cambio pide confianza en la
salvación de Dios, y humildad, o reconocimiento de que no se tienen méritos
para ser salvado. El sentido del ebionismo; era, por el contrario, creer que
nosotros, los judíos, los pobres, somos los justos ante Dios.
La actitud ebionita, por u.na parte, llevó al vicio de la soberbia. Aunque
pobres y el oprimidos tenían méritos, que habían motivado la el ci n de Dios.
Tal el ción l enorgullecía y les llevaba a la más profunda soberbia. Desde
ella., se rechazaba la gracia de Dios, porque en realidad los dones de Dios ya no
eran gracias sino y premio debidos. Este rror reviviría en el pelagianismo.34
En definitiva, supone el rechazo d 1 orden sobrenatural y una instalación en el
natural, un ideal rreno y mundano.

48

Por otra parte, el ebionismo llevó al milenarismo. Se entendió también
la elección divina como enriquecedora del pobre. De este modo los elegidos, en
el reino milenario, podrán vengarse, tendrán las riqueza de sus opresores y
entonces estarán a su servicio. De oprimidos por los gentiles pasarán a sus
señores tiránicos. Entre los cristianos prendió también el milenarismo. Lo
Padres que se enfrentaron a él citan textos en los que se interpretan las
bienaventuranzas como si prometiesen el ciento por uno en riquezas y
placeres como premio a la pobreza y a la renuncia.
Lo milenaristas cristianos esperaban la vuelta·de Cristo como rey de

un reino mesíani o par "do al que intenta an los primeros califas islámic .
Deformaban así la esperanza cristiana. Cristo quedaba reducido a ser rey de un
reino mundano y visible, del mismo tipo que los reyes de este mundo.

S. El escatologismo

Frente a esta actitud salvadora de lo natural hay que situar otra
"escatológica". Claramente se manifiesta en 1 que se ha d ominado
"cristianismo de trascendencia 11 • Para esta tendencia, el cristianismo está
orientado de tal modo a lo eterno, que debe considerarse todo lo terreno como
algo ya pasado, sin relación e incompatible con el ajeno el fin ~timo
sobrenatural. o tiene sentido el trabajo por una cultura o una sociedad
cristiana. m cristianismo no
de este mundo, que pasa. El cristiano es un
extranjero, un extraño. o debe esforrarse por un mundo ~ejor. El
es
un testigo del Reino de Dios, del cielo. Es una tentaoón sa~ca, creen
algunos, la aspiración al R ino de Dios 'así en la tierra como en el cielo.

C?5tian

El iru ·0 d
ta otra tendencia deformadora se encuentra en la herejía
m nofisita, Eutiques, abad de un monasterio de Constantinopla, fren~ a
estorio enseñaba que en Cristo no sólo existía unidad de persona, sino
también'una única naturaleza, resultado de la fusión de la naturaleza divina
con la humana. Se seguía a San Cirilo de Alejandría en su afirmación, contra el
error de los n torianos, de que Cristo sel Verbo de Dios, es el "Emmanuel" o
Dios con nosotros. N ob tante, para reconocer la presencia y la acción de lo
divino, en el orden d la salvación, se habían onta.minado del error gnóstico
del desprecio de la obra divirul, y de la dignidad de la naturaleza humana. De
ahí que e tableciesen la necesidad de considerar en Cristo al V rbo más que al
Hombre. o valoraban su humanidad, que consideraban que só)o fue
asumida en el orden salvador y en la actualidad y estamos más propiamente
en la ra del Espíritu más que en la del Verbo encamado.
El monofisism , en
pr tendida reac ión frente al peligro de dividk a
Cristo, cayó r u parte n la onfusión entre 1 divino y lo humano. ~n este
desorientado tem r, n realidad, limitaba y empequeñecía el poder de Dios, ya
49

�que se consideraba que para salvar al hotnbre, tenía que absorber o neutralizar
la naturaleza humana de Cristo. Sólo así se podía tener fe en su divinidad.
Con ello, se modificaba el misterio de la salvación. Esta consecuencia
de la cristología monofisita es parecida a la que resulta de la teología de la
"gracia sin libertad" y de la "fe sin las obras" del protestant:im.ismo. Ambos
pesimismos frente a lo natural -acrecentado en el protestantismo sobre los
efectos corruptores del pecado original-, no parecen tener en cuenta la
omnipotencia misericordiosa de Dios, que ha hecho que la gracia regenere
íntimamente al hombre, y le permita de merecer por sus obras ]a herencia
eterna de la que el mismo Dios se ha hecho deudor en virtud de su misma
promesa.
El cristiano protestante considera que: "Debe cumplir la misión de
custodiar al mundo en su esencial profanidad o secularidad, sin arrogarse de
ningún modo la misión de salvarlo; cosa que sólo Dios puede hacer y baria solo
al fin de los tiempos, sin llamar al hombre para que colabore mediante sus
obras con El. Cuando el creyente se comporta así hacia el mundo secularizado,
también su fe se conserva pura, no se. contamina, pues, mezclándose en la
profanidad del mundo, que Dios confía a la sola razón. Y así como la fe
permanece solo fe y el mundo solo mundo" .35

El IV Concilio Ecuménico de Calcedonia (451) estableció la dualidad
inconfusa de las naturalezas divina y humana en Cristo. La unión de la
naturaleza humana y la naturaleza divina en Cristo nd fue una unión esencial,
en la naturaleza, sino una unión personal. Sin embargo, para el monofisismo el
"Concilio maldito 11 de Calcedonia fue la recaída en el nestorianismo, en el error
que divide a Cristo. También se puede hacer un paralelismo con el
protestantismo. Al igual que le Concilio de Calcedonia fue para los
eutiquianos la caída de la Iglesia en el nestorianismo, así también el concilio
de Trento fue visto por los luteranos en la caida en el pelagianismo o
naturalismo por la Iglesia Católica.

igual que la secta gnóstica maniquea, fundada por el persa Mani, en el siglo m,
despreciaban la obra. de Dios CTeador y Legislador.

6. El poder político
Se manifiesta esta doble actitud encarnacionista y escatologista, el
optimismo sobre la bondad y la fuerza de la naturaleza y ala vez el pesimismo
en nuestra época.. Podría decirse que el optimismo milenarista se encuentra en
la modernidad y el pesimismo maniqueo en el movimiento postmoderno. La
falta de esperanza se da en ánimo de los hombres de hoy. Su pesimismo, que
recuerda el marúqueo, puede considerarse más profundamente anticristiano
que el propio optimismo de la modernidad.

El ataque desintegrador del orden natural mismo se ha ejercido por
medio de los sistemas políticos de la modernidad, que son así expresión
práctica de filosofías anticristianas. La politica ha logrado así más eficazmente
la desnaturalización y al mismo tiempo la descristianización de la humanidad
contemporánea.
En la encíclica Aeterni Patris, en la que se instigaba a la restauración de
la filosofía según la orientación cristiana de Santo Tomás, decía León xm, que:
"Si alguno fija la consideración en la acervidad de nuestros tiempos, y abraza

con el pensamiento la condición de las cosas que pública y privadamente se
ejecutan, descubrirá, sin duda, que la causa fecunda de los males, tanto de
aquellos que hoy nos oprimen, como los que tememos, consiste en que los
perversos principios sobre las cosas divinas y humanas, emanados hace tiempo
en ]as escuelas de los filósofos se han introducido en todos los ordenes de la
sociedad recibidos por común sufragio de muchos.36 El olvido por las grandes
masas de lo natural y lo sobrenatul'al es una consecuencia de las filosofías
encarnacioanistas y escatológicas de la mentalidad dirigente del mundo de hoy

La desestimación de todo lo natural de esta segunda actitud parece
tener una continuidad, en este aspecto con los gnósticos, Para los gnósticos
carecía de sentido la Encamación pues todo lo que hay sobre la tierra y en el
mundo visible es constitutivamente malo, efecto de un principio inferior, que
identificaban con el Dios de Israel. Cristo había venido a liberarnos de la
naturaleza y de la ley que había creado.

Las distintas filosofías antropocéntricas e inmanentistas del mundo
moderno el monismo naturalista de la substancia, el monismo dialéctico del
devenir de lo absoluto, el antiteismo postulativo negador de todo absoluto, la
inversión de valores, las filosofías de la muerte de Dios, personal y creador, y
de la muerte del hombre, ,imagen de su creador, y los distintos irracionalismosson ciegas para las múltiples y profundas dimensiones de la naturaleza y de
todos los dones de Dios.

La gnosis era hostil a todos los bienes terrenos. Este desprecio a toda
la naturaleza expresaba un odio a Dios, su creador. El "espiritualismo"
maniqueo hostil a la materia era en realidad expresión de Ja hostilidad al orden
natural, a los bienes creados. San Ireneo acusó ya a los gnósticos de los
primeros siglos de 'despreciadores de lo que Dios ha creado'. Los gnósticos, al _

Por este motivo, estas filosofías han llevado a establecer que el Estado
es la única fuente del derecho, de la moral y del religión. El estado tiene el
poder absoluto. Oaramente se advierte en Spinoza: "Los que tienen el poder
sobe.rano son guardianes e intérpretes no sólo del derecho civil, sino también
del sagrado, y que únicamente ellos tienen derecho a decidir qué sea lo justo y

50

51

�qué lo injusto, y lo que sea conforme o no a la piedad".37 Por ello, considera
que el régimen democrático es el más "absoluto" de los sistemas políticos.
Explícitamente declara Spinoza que la forma de gobierno democrática
está: "Caractertízada por su absolutismo" .38 La democracia afirma es "el más
absoluto de los regímenes políticos". Quiere decir con ello que el más
desligado, el más independiente. El estado con ella es el origen primero y
único de toda norma y valor moral De ahí que en la democracia se ejerce
propiamente lo que es el poder político, es decir, el único que determina
aquello que es legítimo, justo y bueno.
Todo ello es una consecuencia de sus presupuestos filosóficos, que
establece 1a emancipación del hombre respecto ~el Dios personal, creador y
legislador. la filosofía spinoziana se pone de este modo en práctica en la en la
vida de la sociedad y de la política.
·

11

En el pensamiento de Spinoza, una de las fuentes más decisivas del
_pensamiento de Rousseau en el Contrato Social, se advierte que es muy
oportuno y hasta conveniente de que el poder político conceda a los
ciudadanos el poder de expresar sus ideas con total libertad. Se basa, tal como
indica claramente, en que de esre,modo será el Estado siempre el único que, en
definitiva, decida acerca de todo, hasta de moral y de religión en la sociedad. El
permitir la libertad para el bien y el mal, lo verdadero y lo falso, es lo mismo
que no reconocer a nada como tal, y, por tanto, poder decidir sobre ello
únicamente desde el poder o la fuerza. El principio de que "cada uno piense lo
que quiera y diga lo que piensa.'139 que establece el estado spinoziano, no
obedece al respeto a la libertad del hombre, sino en la tesis de que sólo el
poder político, y en virtud de su propia fuerza, -en que en definitiva consiste
todo derecho- es la fuente de toda norma. El Estado con su fuerza, derivada de
la multitud, es la fuente y árbitro del bien y del mal, de lo justo y de o in~to.

El término 11democracia", por tanto, en Spinoza no significa úrucamente
el que tenía en el lenguaje escolástico como "la deseable participación en -el
poder por parte de todos los miembros de una comunidad". En una 11 sana
democracia" no se niega la ley natural u otra norma que trascienda la voluntad
del hombre. "Una sana democracia fundada sobre los principios inmutables de
la ley natural y de la verdad revelada será resueltamente contraria a aquella
corrupción que atribuye a la legislación del Estado un poder sin frenos y sin
límites, y que hace también del régimen democrático, a pesar de las apariencias
contrarias, pero vanas, un puro y simple sistema de absolutismo. El
absolutismo de estado no hay que confundirlo con 1a monarquía absoluta, de la
que ahora no hablamos, y consiste en el hecho, en principio erróneo, de que la
autoridad del Estado es ilimitada y que frente a ella, aun cuando da rienda
suelta a sus miras despóticas, traspasando los límites del bien y del mal, no
cabe apelación alguna a una ley superior que obliga moralmente". 40
52

El reconocimiento de la vigencia de una norma trascendente a la
voluntad humana de origen divino no atenta contra el pluralismo ni supone no
respetar la voluntad general, que se ha expresado en la voluntad de la mayoría,
sino que las fundamenta. La voluntad hu.mana puede legislar si se somete a la
suprema legislación divina impresa, con la creación, ~ el orden natural puesto
por Dios en el mundo, porque de lo contrario se pone como único fundamento
de toda norma. La omnipotencia ilimitada de la voluntad hu.mana. Se postula
así una autosuficiencia humana que invalida la teoría y la práctica, al igual que
la tesis filosófica de que en la multitud como tal esta el principio de la UllÍdad,

Las corrientes políticas, que, basadas a:i. esta filoSófía, han desterrado
cada vez con mayor radicalidad la ley natural y a su autor divino de la vida de
la sociedad, aplastada en muchos lugares toda hl,ertad personal y todo diálogo
humano. Mientras, invocan la libertad y el diálogo para luchar contra toda
ver&lt;i~d y contra el orden natural puesto por Dios en la naturaleza y en las
relaaones entre los hombres. -

7. La posición agustiniana
Tanto .la primera actitud encamacionista, como esta segunda
escatológica, no han sido nunca las propias de·ta filoso.fía cristiana. Ambas
son exclusivistas y unilaterales, aunque ofrecen una apariencia de verdad en
cuanto pretende completar la carencia de la posición contraria.

Así, por ejemplo, el escatologismo, po.r su orientación sobrenatural y
trascendente: Parece totalmente válida. Si se limitase a oponerse al
encamacionismo unilateral de horizonte mundano y antropocéntri&lt;;o y
mundano, no ~ una desviación. Pero con el pretexto de la primacía de lo
espiritual, de la unicidad exclusiva de lo divino en la línea de la finalidad y de
la effoacia redentora olvidó el v.alor de los bienes finitos y de los fin:es
subordinados, qu~ conllevan. Esta omisión de la bondad de lo natural consiste
en un desprecio y hostilidad al orden de la natural, querido por Dios como
soporte ordinario para la comunicación de sus bienes incluso de la misma
gracia. Por ello, es también ciego ante la acción de la gracia redentora sobre las
realidades humanas.
Esta ceguera de la modernidad ante la bondad de la creación y la
salvación por la gracia de Dios, pone de manifiesto el misterio de la relación
entre la naturaleza humana caída y desintegrada por el pecado y el don divino
de la gracia redentora merecida por Cristo. Enseña San Agustín que la
nah.ualeza sólo con su elevación misma al orden sobrenatural puede obtener la
restauración y sanación de sus deficiencias de orden natural producidas por el
pecado.
53

�Santo Tomás, siguiendo la doctrina de la grada de san Agustín, que
asumió y comprendió perfectamente, estableció como principio capital y
directivo de su síntes_is filosófico-teológica que: "La gracia no anula la
nattnaleza, sino que la perfecciona".u

Según esta fórmula, que es claramente antimaniquea la gracia no
destruye la naturaleza sino que la supone y la perfecciona. Lo natural en
cuanto tal es de suyo bueno, aunque ha sido herido por el pecado original. De
ahí que todas las realidades pueden ser utilizadas legfümamente y tienen
además la posibilidad de ser ordenadas al fin ultimo sobrenatural.H
El don divino de la gracia no sólo no es opuesto a la naturaleza
humana con sus bienes propios y sus imperfecciones, sino que las exige como
sujeto al que perfeccionar. Por ello, del primer, principio deriva Santo Tomás
este otro, que permite comprender la primera función de la gracia señaJada en
el mismo: "La gracia presupone la naturaleza, al modo como una perfección
presupone lo que es perfectible".-13
·
No debe olvidarse que la redención lo fue de la ·naturaleza humana en
su integridad. Cristo bajó de los cielos por nosotros los hombres y por nuestra
salvación. El hombre caído por el pecado es sanado por la gracia en su misma
naturalez.a., a la vez que es ésta elevada la participación de la naturaleza divina.
Al sanar y elevar la naturaleza, 1a gracia no la destruye, antes bien la supone y
la perfecciona.

De ahí que el cristiano lo íncorpora todo, desde lo natural a lo cultura],
como el arte, la filosofía, los adelantos técnicos, etc., y de todo se sirve. o los
rechaza con el pretexto que son utilizados mal. Todo es salvado por la gracia e
incluso es apto para oonshtuírse en instrumento de la salvación. o el maJ en
sí mismo, porque no es un valor humano que asuma la gracia, sino de una
herida del pecado que ésta tiene que sanar. Tal como se afirma en el otro
principio derivado del fundamental, aunque también se sigue del anterior: La
gracia restaura a la naturaleza en su misma línea. Enseña Santo Tomás que en
su situación el hombre: "Necesita del auxilio de la gracia, que cure su
naturaJeza" .44
Afirmación que implica que, sin la acción sobrenatural de la gracia, que
normalmente se distribuye en el Cristianismo, la perfección en todos los
ámbitos de la vida humana es de hecho imposible. El mundo sin el
cristianismo ha logrado auténticos valores de todo tipo, tanto científicos,
técnicos o filosóficos como humanísticos, artísticos y morales, e incluso .
sociales y políticos, pero no han podido llegar a su plenitud de bien, por lo
menos en cuanto a su ordenación a fines superiores. En este sentido, se puede
decir que han fracasado. La actual crisis de final de milenio, con la oposición de

modernidad posmodernidad, confirma por vía histórica esta tesis teológica.
Todo lo terreno no se Tealiza plenamente en su mismo orden si es cristiana
pues, o es cristiano o no se realiza ni siquiera en cuanto natural.
Todas las actividades humanas necesitan de la gracia para recibir su
acción sanante. La gracia penetra y se inserta, sin exclusión, en todos los
elementos y constitutivos del hombre y de su acción, para sanarlos de $US
desordenes y deficiencias. No todo lo que hace el hombre es bueno y tiene así
que ser redimido. En cambio, todos los bienes que hay en las actividades
humanas son respetados por la gracia. No tienen por sí mismos capacidad
redentora ni merecerla salvación sobrenatural, pero pueden ser asumidos por
la gracia.45 Todo lo humano puede ser salvado, e incluso movido por la gracia,
contribuir a la salvación.
Sobre esta necesidad de la gracia para que la naturaleza quede elevada
en el orden sobrenatural, y así el hombre pueda participar de la naturaJez.a
clivina, y también para poder superar el mal, así lograr su completa perfección
en cuanto naturaleza, indica Santo Tomás: "Como la naturaleza humana no
está de tal modo corrompida por el pecado que esté privada de todo bien de la
naturaleza, puede uno -también en el estado de naturaleza caída-, por virtud
de su naturaleza, hacer algún bien particular, _como edificar casas, plantar viñas
y otras cosas semejantes, pero no todo el bien que le es connatural, hasta el
punto de que en ninguna cosa sea deficiente; lo mismo que el enfermo puede
hacer algunos movimientos, aunque no con la perfección del hombre sano,
mientras que no se cure con el auxilio de la medicina". 46

La naturaleza humana es íntegra en lo ·esencial, y, por ello, sus
facuJtades actúan verdaderamente, pero, como consecuencia del mal, no está
corrompida o destruida esencialmente, sino que, por las heridas, que le ha
dejado, esta debilitada Sus facultades están desorganizadas en su
funcionamiento y son más débiles de las que tendría en estado de naturaJeza
sana o pura. Necesita ser sanada de la corrupción del mal y sobre todo más en
el obrar que en el conocer. En la acción moral haya una mayor deficiencia,
pues: ºLa naturaleza humana quedó más afectada por el pecado en cuanto al
apetito del bien que en cuanto el conocimiento de la verdad".47
Manteniendo siempre la primada de la gracia, Santo Tomás afirma la
bondad de la naturaleza, como creada por Dios, y al mismo tiempo la
necesidad de la gracia en el orden natural para ser restaurado en su perfección
propia, ya que es una naturaJeza caída por el pecado e impotente para ei bien
pleno. Tal naturaleza es sanable y apta para ser elevada por la gracia al orden
sobrenatural, e incluso todas sus dimensiones, incluida la social, son llamadas
a ser salvadas, y también a ser puestas al servicio de la salvación misma..

5455

�En la teología política de San Agustín, se condena la mundaneidad de
la ciudad terrestre, que ha reducido sus fines exclusivamente a lo terreno y
natural, pero es profundamente humanista. Se basa en la exigencia de plenitud
hu.mana del hombre en todas sus dimensiones, que es satisfecha por la gracia
de Cristo. No hay perspectiva dualista, propia del maniqueísmo, sino unitaria.
De tal manera, que las palabras iniciales de 1a constitu9-ón Gaudium et spes
expresarían su actitud: "Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias
de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos
sufren, sin a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos
de Cristo".

Se insiste seguidamente: "Nada hay verdaderamente humano que no
encuentre eco en su corazón." Y se @ña.de, las siguientes palabras, que
recuerdan La Ciudad de Dios: 11La comunidad 'cristiana está integrada por
·hombres, que reunidos en Cristo, son guiados por el Espíritu Santo en su
peregrinar hacia el reino del Padre, y han recibido la buena nueva de salvación
para comunicarla a todos. La Iglesia, por ello, se siente íntima y realmente
solidaria del género humano y de su historia". 48
Por consiguiente, los destinatarios de la gracia son todos los hombres,
pecadores. Pr~ente, Cristo fue enviado a salvar del pecado. La Iglesia
está destinada a toda la humanidad. La Iglesia no es, por ello, una institución
más, presente en el mundo de los hombres, que aporte una opción moral, que
sería un gran óien escoger. La Iglesia ha sido enviada para anunciar el
Evangelio de ~das las naciones, para enseñar a los hombres a guardar aquello
que Cristo les ha mandado para que puedan salvarse.

8. El diálogo
La enseñanza de San Agustín en La Oudad de Dios no es, por tanto,
de condenación d·e la sociedad civil y política, ni de sus bienes. Tal
interpretación es incorrecta. Tampoco, sin embargo, es una sacralización del
poder político, tal como hícieron algunos autores, por influencia neoplatónica,
y que en algunos momentos se vivió en la cristiandad bizantina Su mensaje de
restauración de la sociedad es el mismo que expresó Paulo VI en su primer
endclica Ecclesiam suam.

Escn1&gt;e el Papa en 1964.: 11 Si la Iglesia logra cada ve-z más clara
conciencia de sí, y si trata de _conformarse ~gún el modelo que Cristo le
propone viene a difer~ciarse profundamente del ambjente humano en el cual
vive y al cual se aproxima. El evangelio nos hace advertir tal distinción cuando
nos habla del 'mundo', es decir, de la hwnarúdad adversa a la luz de la fe y al
don de 1a gt1)cia, de la humanidad que se exalta en un ingenuo optimismo
creyendo que le bastan las propias fuerzas para lograr su expresión plena,.

estable y benéfica, o de la humanidad que se deprime en un crudo pesimismo
declarando fatales, incurables y acaso también como manifestaciones de
libertad y de autenticidad los propios vicios, las propias debilidades, las
propias enfermedades morales".
Precisa el Pablo VI que: "Esta diferencia no es separación. Mejor, no es
indiferencia, no es temor, no es desp}'ecio. Cuando la fglesia se distingue de la
humanidad no se opone a ella, antes bie-n se une. Como el médico, que
conociendo las insidias de una pestilencia procura guardarse a sí y a los otros
d_e tal infección, pero al mismo tiempo se consagra a la curación de los que han
sido atacados, así la Iglesia no hace de la misericordia que la divina bondad le
ha concedido un privilegio exclusivo, no ha(!e de la propia fortuna un motivo
para desinteresarse de quien no la ha conseguido, antes bien convierte su
salvación en argumento de interés y de ·amor para quienquiera que esté junto a
ella o a quien ella puede acercarse con su esfuerzo comtuúcati.vo universal".
Por consiguiente, se advierte que: "La Iglesia debe ir hacia el diálogo
con el mundo en el que "la toca vivir. La Iglesia se hace palabra; la Iglesia se
hace mensaje; la Iglesia se hace coloquio". Este diálogo, que parece ser
constitutivo de la Iglesia: "Indica un propósito de corrección, de estima, de
simpatía, de bondad por parte de quien lo inici.é!; excluye la condena
aprioristica, la ·polémiea ofensiva y habitual, la vanidad de inútiles
conversaciones. Si ciertamente no mira a obtener inmediatamente la conversión
del interlocutor, porque respeta su dignidad y ~ libertad, mira sin embargo al
aprovechamiento del otro, y querría disponerlo a una mayor comunión de
sentimientos y de conviccionesu.
.
Los caracteres esenciales del diálogo deben ser. los siguientes: "1) La
~dad ante todo: el diálogo supone y exige la inteligibilidad, es un
intercambio de pensamiento, es una invitación al ejercicio de las facultades
superiores del hombre; bastaría este sólo título para clasificarlo entre Jos
mejores fenómenos de la actividad y cultura humana( ...) 2) Otro carácter es,
además, la afabilidad, la que Cristo nos exhortó a aprender de si mismo:
'"Aprended de Mi que soy manso y humilde de corazón' (Mt, 11,29); el diáiogo
no es orgulloso, no es hiriente, no es ofensivo. su autoridad es intrínseca por~
verdad que expone, por la caridad que difunde, por el ejemplo que propone,
no es Wl mandato ni una imposición. Es pacifico, evita los modos violentos, es
paciente., es generoso. 3) La confianza, tanto en el valor de la propia palabr-a
como en la disposición p;.u:a acogerla por parte del interlocutor; promueve la
.familiaridad y la amistad. 4) Finalmente, la prudencia pedagógica que tiene
aún mayor en cuenta las condiciones psicológicas y morales del que oye (cfr.
Mt 7, 6): Si es un ruño, si es una persona ruda, si no está preparada, si es
desconfiada, hostil, y se esfuerza por conocer su sensibilidad y pór adoptarse
razonablemente y modificar las formas de la propia presentación por no serle

56

57

�molesto e incomprensible". En definitiva, hay que llegar a: "la uniófl de la
verdad con la caridad, de la inteligencia con el amor".
Reconoce el Papa, en esta endclica dedicada a las relaciones de la
Igfesia con el mundo, que: ''Teóricamente hablando la Iglesia podría
proponerse reducir al mínimo tales relaciones- tratándose de apartarse de la
sociedad profana; como podría también proponerse apartar los males que en
ella pu.eden encontrase anatematizándolos y promoviendo cruzadas en contra
de ellos; podría, por el contrario, acercarse tanto a la sociedad profana que
tratase de alcanzar un mfl.ujo preponderante y aun de ejercitar un dominio
teocráfico sobre ella, y así de otras maneras. Pero nos parece que la relación
entre la Iglesia y el mundo, sin cerrar el camino a otras formas legítimas, puede
representarse mejor por un diálogo, que no podría ser evidentemente
uniforme, sino adaptado a la índole del int-erlocutor y a las circunstancias
reales".
Además; advierte que: "Muchas son las formas de diálogo .de la
salvación". Cada cristiano deberá aplicarlas en la vida de los hombres de su
tiempo, de su situación social, de su determinada cultura. Es una actitud
arriesgada para el propio cristiano, para la iglesia, porque siempre se presentan
estos difíciles interrogantes: "¿Hasta qué punto debe la lglesia acomodarse a las
circunstancias históricas y locales en las que desarrolla su misión? ¿Cómo debe
precaverse del peligro de un .relativismo que llegue a afectar su fidelidad
dogmática y moral? ¿Pero cómo hacerse al mismo tiempo capaz de acercarse a
todos para salvarlos a todos, según el ejemplo del apóstol: 'Me he hecho todo a
todos para salvarlos a todos'? (1 Cor, 9, 22)"
~ que si deJó muy claro Pablo VI es que, por una parle: ''Desde fuera no
·se s~ya al mundo. Como el Verbo de Dios que se ha ·hecho hombre, hace falta
hacerse una misma cosa hasta cierto punto, con las form.as de vida de aquellos
a quienes se quiere llevar el mensaje de Crist-0, hace .falta compartir -sin que
medie distancia de privilegios o diafragma de lenguaje incomprensible- las
costumbres comunes, con tal que sean humanas y honestas, sobre todo de los
más _pequeños, si queremos ser oídos y comprendidos. Hace falta, aun antes de
hablar, oír la voz, más aún, el corazón del hombre, comprenderlo y respetarlo
en la medida de lo posible y cuando merece secundarlo. Hace falta hacerse
hermanos de los l10mbres en el momento mismo que queremos ser sus
pastores, padres y maestros. El dima del diálogo es la amistad. Más todavía, el
servicio". Por otra, que: "Sólo e] que vive con plenitud la vocación cristiana
puede estar inmunizado del contagio de los.errores con los que se pone en
contacto" .49

58

9. La presencia de la Iglesia

· Toda esta doctrina de la salvación hace que la presencia de los
católicos en la vida po~tica, y en todas las dimensiones humanas y su esfuerzo
por restamar el orden natural y reconquistar la verdad y el bien en todos los
campos culturales no sólo sea lícita sino también obligada. Ciertamente, como
ha dicho el Concilio Vatiac:no JI: "La comunidad política y la Iglesia son
independientes y autónomas, cada una en su propio terreno. Ambas, sin
embargo, aunque por diverso título, están al servido de la vocatjón personal y
social del nomb:re".so
. . Am~as están _ordenadas al hombre, a su felicidad. Sin embargo: 'l..a.
mJS1Ón prop:ra que Cnsto confió a la-Iglesia no es de orden político, econónúco
o social. el fin que le asignó es de orden religioso. Pero precisamente de esta
misma misión religiosa derivan tareas, luces y energías, que ·pueden servir para
establecer y consolidar la comunidad humana según la ley divina" .s1
El Magísterio de la Iglesia ha ido elaborando u.na doctrina dedicada a
todo lo referente sociedad. La ha ido formando, como ha indicado Juan Pablo
II en la encíclica Sollicitudo rei socialis: "Examinando su conformidad o
diferencia con lo que el Evangelio enseña acerca del hombre y su vocación
terrena y, a la vez, trascen~ente" Precisa además que: "La iglesia no tiene
sol~~ones ~écnicas (... ) no propone sistemas o programas económicos y
p~lít~cos, ru manifiesta preferencias por uno o por otros, con tal que la
digru~c;1d del h~mbre sea debidamente respetada y promovida, y ella goce del
espaao necesario para ejercer su ministerio en elmundo".52

. Lo que pertenece al perenne mensaje evangélico, la Iglesia lo ha ido
ofreaendo en las diferentes circunstancias de cada época. "Por fidelidad a
Cristo, la iglesia. se ha esforzado por conseguir que su mensaje abrazara todos
, los aspectos de la vida a lo largo de los cambios que se han producido a través
de :_los. s~glos, sacando de la herencia del Evangelio 'cosas nuevas y cosas
antiguas (Mt 13, 52). En todos los cambios de la marcha de la humanidad a lo
largo de la historia se han presentado nuevos retos que han afectado a la vida
de toda persona individualmente y de la sociedad ensu conjunto( ...) A lo largo
de toda_su historia, la Iglesia ha escuchado las palabras de la Sagrada Escritura
Y ha mtentado ponerlas en práctica en diferentes situaciones políticas
económicas y sociales".53
'
_
Esta doctrina de la Iglesia es optimista y esperanzada por fundarse en
Dios, Y concebir al hombre como "creado a imagen y semejanza de Dios y
Uamado a plasmar esa imagen en su vida individual y comunitaria".54

.

,

Por ello: ''La Iglesia es 'experta en humanidad' Populorum progressio,
1~), Y esto Ja mueve a extender necesariamente su misión .religiosa a los
diversos campos en que los hombres y mujeres desarrollan sus actividades, en
busca de la felicidad, aunque siempre relativa1 que es posible en este mundo,
59

�de acuerdo con su dignidad de personas" .55 Así se explica que en la
constitución Gaudium et Spes, se diga que: 11La Iglesia, en el transcurso de los
siglos, a la luz del evangelio, ha concretado los principios de-justicia y equidad
exigidos por !a recta razón, tanto en orden a la vida individual y social como en
orden a la vida internacional, y los ha manifestado especialmente en estos
últimos tiempos".56
En definitiva, como se dice en otro documento conciliar, en el Decreto
sobre el apostolado de los seglares: "La obra redentora de Cristo, aunque de
suyo se refiere a la salvación de los hombres se propone también la
restauración de todo el orden temporal Por tanto, la núsión de la Iglesia no es
sólo anunciar el mensaje y la gracia de Dios, sino también impregnar y
perfeccionar todo el orden temporal con el espíritu evangélico". 57 Más
adelante, se insiste en ello, al afumarse: "Este es el plan de Dios sobre el
mundo, que los hombres restau_ren concordemente el orden de las cosas
temporales y lo perfeccionen sin cesar (...) Es obligación de toda la Iglesia
trabajar para que los hombres se capaciten a fin de establecer rectamente todo
el orden temporal y ordenarlo hacia Dios por Jesucrist?" .58

Cada cristiano rea.liza esta misión,59 aunque tiene que aplicar esta
doctrina de la Iglesia de un modo concreto y caben, por tanto, actuaciones muy
distintas. El Papa Juan XXIII en su enóclica Mater et magistra, advertía al
respecto que: "Para traducir en realizaciones concretas los principios y las
directivas sociales se procede comúnmerite a través de tres fases: Advertencia a
las circunstancias; valoración de las mismas a la luz de estos principios y de
estas directivas; búsqueda y determinación de lo que se puede y debe hacer
para llevar a la práctica los principios y las directivas en las circunstancias,
según el modo y medida que las mismas circunstancias permiten o reclamen.
Son tres momentos que suelen expresarse en tres términos: Ver, juzgar obrarº.
En esta aplicación concreta de los principios que se ofrecen en la
doctrina de la Iglesia, como pueden hacerse de maneras distintas, y las
circunstancias van cambiando, pueden darse entre los núsmos católicos .
discusiones sin fin. De ahí que añadiese el Papa: "En las aplicaciones pueden
surgir divergencias aun entre católicos rectos y sinceros. Cuando esto suceda,
que no falten las mutuas consideraciones, el respeto recíproco y la buerut
disposición para individuar los puntos en que coinciden en orden a una
oportuna y eficaz acción. o se desgasten en discusiones interminables, y bajo
el pretexto de lo mejor y óptimo descuiden el bien posible, y por tanto
obligatorio".

religiosos, sino también de intervenir con su autoridad en la esfera del orden
temporal, cuando se trata de juzgar sobre la aplicación de estos principios a
casos_ concretos". 00 ~o hay que olvidar que, como no es la Iglesia la que
necesita del mundo, smo que, como enseña, San Agustín en La Ciudad de Dios
es el mundo el que necesita de la Iglesia.
'
1 Gianni Baget Bozzo, Il futuro del cattolicesimo. La Otiesa dopo papa Wojlyla, CasaJe
Monkrra.to, Edizione Pieoune, 1997, p. '1J11.
2

lbid.., pp. 207-208.

Massimo Borghesi, Posmodernidad y cristianismo ¿Una radical mutación antropológica'
Madrid, Edkiones Encuentro, 19&lt;J7, p. 10
.,

3

• lbid., p. 113.
5 Jbid.,

6

lbid., pp. 114-115

7

Gaudium et spes, Introd., 3

8 Martín Gelabert Ballester, Jesucristo, revelación del misierio del hombre. Ensayo de
antropologia teológica. Salamanca, Madrid, San Esreban-Edibesa, 1997, p. 253.

9 Ibid.,

60

pp. 253-255.

10

lbid., p. 251.

11

Ibid., p. 253.

12

SAN AGUSTIN, De Civitafe Dei, XIX, 13, l .

13

SANTO TOMAS, Swnma Theologiae, II-II, q . 29, a. 3, ad l .

1'

Ibid., Il-Il, q. 29, a. 3, in c.

15 Ibid.,
16

D.-11, q. 29, a. l, ad 3.

Catecismo, n. 2304.

Is ~2. 17. Se dice también en el mismo: •y el fruto de la justicia, la tranquilidad
la
segundad para siempre".
y

17

18

Cf. SANTO TOMAS, Summa Theologiae, II-Il, q. 29, a. 3, ad. 3 .

~

Cf. lbid., ll-II, q. 29, a. 4, in c.

20 SAN

Es preciso tener presente, sin embargo, que "Es obvio que cuando la
Jerarquía eclesiástica se ha pronunciado en la materia, tienen obligación los
católicos de atenerse a las directivas emanadas; puesto que compete a la Iglesia
el derecho y el deber no sólo de tutelar los principios de orden ético y

p. 114.

AGUSTIN, De Civitare De~ XIX, U.

21

Ibid ., XIX. 12.

72

lbid., XV, l .

Z1

Ibid., XIV, 28.

61

�~

~

lbíd., XIV, 4.

15 IDEM,

26 SAN

Esp~la, 138, 2, 15.

BERNARDO, De los grados de Ja hu.mildad y de la soberbia, c. IX, n. 27).

71MASS1MO CACOARJ - CARLO MARIA MARTINI, Diálogo sobre la. solidaridad,
Barcelona, Herder, 1997, p. 23. Concluye el conocido cardenal italiano: "Es por lo tanto en la.
vida cotidiana, en las relaciones de la vida de todos los días, más allá de i\ieologias y de roles,
donde ante todo se practica la solidaridad. Esta exige que abandonemos los roles, que
olvidemos las conveniencias, para damos cuenta de que somos simplemente, hombres o
mujeres, seres hDJllanos'. Añade: "la parábola dice todavía más, haciendo notar que e]
samaritano se detiene junto al herido, no pmque profese principios de solidaridad social o
teorías sobre la igualdad de todos los hombres (sobre este punto calla. el relato) sino porque
dice la palabra evangélica: 'Al pasar junto a él lo vio, y sintió compasión, le miró a los ojos y
escuchó su corazón' (Luc, 10, 34)".&lt;:f.&gt; (Ibid.).

E5PINOZA, Tratado teológíco político, Prefacio.

?11 !bid.,

c. XI.

3'J !bid.,

Prefacio.

10

PIO XII, "Mensa.je en la Navidad de 1944".

ll

SANTO TOMAS, Summa Theologiae, I, q. 1, a. 8, ad 2

28

SAN AGIBTIN, De Civitate Dei, XIX, 26.

12 C.omo observaba Ramón Orlandis, aplicando fielmente los principios más esenciales y
nucleares de la síntesis filosófico-teológica_ de Santo Tomás d~ Aquino: "El elemento
sobrenatural aporta (...) una fuerza o poder doble; a) un poder que podríamos 1lamn
elevativo o divinizador; b) un poder medicinal y roborativo• (RAMON ORLANDIS, •De la
sobrenaturalidad de la vida en los Ejercicios•, en Mantesa (Madrid), 46/XII (1936), pp. '1"1-125,
47/XII (1936), pp 217-218, p. 110. Véase: E. FORMBNT, m mag:istl:rio tomista del P. Odandis,
Apóstol del Corazón de Jesús, en "Doctor Communis" (Cittá del Vaticano), 47/1, pp. 43-71 y
47/2, pp. 155-174).

29

Guadium et spes, I, 22.

43 SANTO

JC5E MARIA IRABURU, Sacralidad y secularizació, Pamplona, Fundación Gratis Date,
1996, pp. 39-40.

:io

CARLOS VALVERDE, Génesis, estructura y crisis de la modernidad, Madrid, BAC, 19'76, p.
XII.

31

En esta expresión esta compendiada su cristología, porque si Maria es MadJe de Dios,
quiere decirse que en Cristo no hay más que una persona, la del Verbo, y a esta persona ha
dado María nacimiento en el tiempo. A este único sujeto se le predican, por ello, todo lo que
es propio de la naturaleza humana, el nacimiento, el sufrimiento la muerte. Dios nace, D.ios
sufre, Dios muere ya que era suya su humanidad, su cuerpo y su alma. Dios tiene madre.
Mari.a dio a luz a un hombre que era Dios y, por ello, es verdadera Madre de Dios.

32

DOz. 224.

'Se sabe, concretamente, cómo los pelagianos se vieron defendidos y acogidos por Nestorio
y por su .maestro, Teodoro de Mopsuestia. Y es que la cristologia nestoriana, dejando a Cristo
en puro hombre, se vincula bien con la negación pelagiana del pecado original, y la no
necesidad de la gracia. Todo entonces iba unido: devaluación de Cristo, negación de la
necesidad absoluta de su gracia, optimismo antropológico, admiración del mundo secular.
0C5E MARIA IRABURU, Sacralidad y secularizad, op. cit., p. 41).

:H

J05E MARIA IRABURU, SacraJjdad y secularizaci, op. cit, p. 38. En cambio, como
recuerda el Prof. Iraburu: "La Iglesia de Cristo ve las cosas de modo muy diverso. &amp;ta muy
de lejos de ei¡a5 dicotomías separantes, y tiene siempre un sentido integrador de naturalez.a y
gracia. La. razón debe servir a la íe, sin dominarla, y la filosofía racional debe crecer ayudada
por la fe, aunc¡ue atendiéndose a sí misma. La. teología católica no ha de ser fideísmo, sola
fides, sino que debe ser ratio fide illusl:r'ata (Dz 2829, 3031-3043) y el mundo secu.la.r de ningún
modo debe ser regido por la sola ratio, y en este sentido, abandonado a si mismo, a sus
propias luces y fuerza.s, sino que personas y pueblos, instituciones y culturas, deben ser

35

cristianiz.ados bajo el Evangelio de la gracia" (Ibid).
36

Aetemi Patris, 4-VDJ.1879, en Acta Leonis X1Il, Romae 1880, pp. 33-69, AAS 12 (1879), p . 109

TOMAS, Summa Theologiae, I, q. 2, a. 2, ad l .

« Ibid., l-11, q. 109, a . 3, in c.
45 Todo lo bueno y positivo del mundo es útil para recibir el cr.istíanismo. Basave Femández
del Valle ha .mostrado incluso que Ja filosofía, verdad· y bien humanos supremos para el
enn:ndimiento el hombre, tiene una función preparatoria para la salvación. Concibe la
filQSOfía como "propedéutica" de salvación. •ta filosofía, 1::on su camino ascendente de la
insatisfacción, nos ayuda a salvarnos -llevándonos al fundamento incondicionado- pe¡:-o no
nos salva. Puede mantener, encendido y vivo, el afán de salvación; pero no lo puede
satisfacer". De manera que, según el eminente y conocido filósofo cristiano: •La filosofía,
aunque abierta a la salvación, no nos salva. Esclarece fundamentalmente la realidad entera,
influye sobre la. vida del hombre y nos ofrece una sabiduria vital de los últimos problemas
humanos. Por eso hablo de la Filosofía como Propedéutiea de Salvación' (AGUSTIN BASAVE
FERNANDEZ DEL VALLE, Tratado de filosofía. Amor ala sabiduria como propedé:i,1tica de
salvación, Méxi~. Editorial L.imusa, Noriega editores, 1995, p.Zl; Véase: EUDALDO
FORMENT, Filosofía y salvación. El 'Tratado de Filosofía" de Agustín Ba.save Femández del
Valle, en "Espíritu" (Barcelona), XLV/114 (1996), pp. 183-199).
.

46 SANTO TOMAS,

SUJ11II1a TheoJogiae, 1-II, q. 109, a . 2. in c.

Dlbid., 1-II, q. 109, a. 2, ad 3.
411 Gaudium et spes, 1. Este mensaje esperanzado se encuentra en muchos textos actuales. Por
ejemplo, en el Prólogo de Diálogo sobre la solidaridad, se lee: •Es necesario, en fin, dar
cuerpo a la esperanza y volver a abrir el corazón a. la uropía, porque siempre es mejor morir
de utopía que de aburrimiento. No se trata, ob~ente, de soñar una imposible 'Ciudad del
sol', sino de no per(l,er la voluntad de empeñarse seriamente en construir una sociedad más
justa y solidaria, a sabie11das, como dice el Libro de la Sabiduría, de que 'Dios ha hecho que
también puedan curarse las naciones' .(Sabiduría, 1,14) y que 'en medio de la plaz.a de la
ciudad -&lt;:°mo reafirma el Apocalipsis- se encuentra un árbol de la vida cuyas hojas sirven
para CU.Jar a las naciones' (Apocalipsis, 22.2) de sus males'" (LUOANO BARONIO, Prólogo,
en MASSIMO CACClARI - CARLO MARIA MARTINI, Diálogo sobre la solidaridad, op. cit,
p.15).

62
63

�LA SINDERESIS. Y EL RELATIVISMO ETICO CONTEMPORANEO.
ti PAULO

VI, Ecclesiam suam,, ID.

!il Gaudium et spes, 76. En la misxna Constitución se reconoce que: "Se nos advierte que de
11ada le sirve al hombre ganar todo el mundo si se pierde a si mismo (Cf. Le 9, 25). No
obstante, la espera de una tierra nueva no debe 11JI1ortiguar, sino mis bien_ aviva.r, la
preocupació11 de perfeccionar esta tierra, donde crece eJ cuerpo de la nueva familia hu.mana,
el cual puede de alguna manera anticipar un vislumbre del sigl~ nuevo. Po~ ello, aUD'.111e ~y
&lt;¡11e distinguir cuidadosamenle progreso temporal y crecinuento del rem~ de Cnsto, sm
embargo, el primero, en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad hlllJ]llll.a,
interesa en gran medida al reino de Dios" (Ibíd., 39).

S:ZJUAN PABLO II, Carta encíclica Sollicitudo reisocialis, 1988, 41.

IDEM, 'A la población de Detroit (estados wudost, 19-IX-1987, 2.

5l IDEM.

515

o.;¡

•A los 'constructores de la sociedad', en Asupcil&gt;n (Paraguay), V- V· 88.

IDEM, Sollicitudo reí socialis, 41.

56 1bid.,

ARGENTINA

1.- El dato inicial del sentido común.

51Ibid~42

s:i

PROF. DR ALBERTOCATURELLI
DIRECTOR DEL CENTRO DE F.STUDIOS FILOSOFICOS
UNIVERSIDAD DE CORDOBA.

63

Decreto Apostolicaxn actuosilarem, Il, S.

ss Ibid ., 7. "Bl seglar se inserta profunda y cuidadosamente en la realidad ~ a del ~rden
temporal y acepta participar con eficacia en los asuntos de esta esfera, y al llllSIIlO tiempo
como miembro vivo y testigo de la Iglesia, .ha.ce a ésta presente y actuante en el seno de las
realidades temporalesº (Ibid ., 29). También se dice en otro docÚinento del Concilio respecto
de los seglares cristianos que: ºP.s propio de elJos, repletos del Espíritu Santo, el animar desde
dentro, a modo de fermento, las realidades temporales y ordenarlas de fonna que se hagan
continuamente según Cristoº (Ad gentes divinitus, 15). Esta misión propia de los seglares,
porque: "A eUos coaesponde iluminar y ordenar las realidades temporales a las que están
estrecluu:nente vinculados, de tal modo que, sin cesar, se realicen y progresen confoTme a
Cristo y sean para la gloria del Creador y del Redentor• (Lumen gentium, 31)

es

Según el Vaticano Il precisa que los laicos: "Bjercen el a~stolado con ~ trabajo para_Ja
evangelización y santificación de los hombres, y para la función y desempeno _de_los negOC1os
remporales, Uevado a cabo con espíritu evangélico, de forma que su labonOSJdad en este
aspecto sea 1lJI claro testimonio de Cristo y sirva para la salvación de los hombres" (lbid., 2).

$

611JUAN XXIl, Mater etmagistra, 1%1, IV.

San Agustín ha dicho, en una suerte de espontánea actuación del buen sentido,
que somos, que conocemos que somos y que amamos este ser. 1 Y, en verdad no es necesario
ser docto sino simplemente hombre para poseer esta hiple evidencia primera del ser,
del conocer (del ser) y del amor (del ser); ,por eso, San Agustín, al escribir aquellas
palabras, interpretó fielmente al hombre común y al modo común de juzgar propio de
la razón espontánea de todo hombre. El orden según el cual se ha hecho la triple
afirmación (que en el fondo es una) es también el que corresponde al buen sentido
cotidiano. En verdad, nada puede ser conocido; nada puede ser amado, si no existe; es
decir, si no tiene ser. Y aunque el hombre común no se haga de esto un problema crítico,
como hace el filósofo, es el supuesto de toda afirmación posterior. Aquella primera
evidencia se constituye en el dato inicial del buen sentido.

Decir, con Russell y el primer Wittgenstein, que no hay ser sino que "el mundo es
'8610) la totalidad de los hechos'' (acontecimientos transitorios), equivale a invertir el
dato inicial y a poner la confusión en el punto de partida. En el fondo, es un acto
volitivo arbitrario por el cual se quiere violentar lo que se nos presenta como la primera
evidencia, pues siempre será imposible hablar de "hechos" y de "totalidad
los
hechos'' si tales hechos no existen; y aun si fueran apariencias o puro engaño, sería
necesario admitir que say yo quien se engaña, que soy yo quien percibe sólo apariencias.
Y al mismo tiempo, el "hecho" más sólido (que no es hecho sino acto) no puede darse si
tales hechos no son. Ni siquiera puede decirse que el mundo es la "totalidad de los
hechos" sin la previa conciencia del acto de ser que es el dato inícial del buen sentido; es
decir que hay sólo hechos y que no hay ser, equivaldría a decir, simultáneamente, que
n.o-hay hechos. Y en verdad, lo absolutamente primero es lo que hay; es decir, el ser.

de

Se me podría acusar de decir lo obvio, sin percibir quizá que esto es,
Precisamente, lo que quiero decir; pues la triple evidencia del ser, del conocer (el ser) y
del amor (del ser) es lo que se encuentra delante, en el camino (obvia); o, mejor, es el
comienzo del camino del intelecto humano. En ese sentido, es realmente obvio el dato
inicial del sentido común: El ser es. Luego, el íntelecto, es un acto espontáneo primero,
conoce el ser y todos los demás entes que son po'r él; no puede decirse sin co11tradicción
que lo que hay (quÍzás el mundo) son sólo "hechos'' puesto que, simw.táneamente,
equivale a sostener que "son"; en verdad, se trata de la espontánea e inevitable
adhesión al dato inicial: El ser es, el no-ser no es. En este caso, se trata simplemente del
64

65

�primer principio del intelecto humano, indemostrable no porque trascienda la
"verificación empirica" (prejuicio neopositivista) sino porque es evidente por sí mismo.
Pero, aJ mismo tiempo, este dato inicial (el ser es) es lo que primeramente se ve, lo que
no podemos encontrar (obvio). Y lo que se ve es lo que se contempla (lo supuesto a
todo), una suerte de saber originario aunque confuso, supuesto a toda otra aprehensión
que no existiría sin aquella evidencia primera. Primer principio, en efecto, que se funda
todos los demás principios, evidencia del dato inicial afirmativo (el ser es) que excluye
su contrario (el no ser no es).

2.- El dato inicial del orden práctico y el relativismo actual.
En virtud de este saber inicial, sabemos del ser y le amamos. Como ha dicho San
Agustín en el mismo texto anteriom1ente citado: "Nadie existe que no quiera existir", es
decir, amamos ser. Y este es también un dato inicial del buen sentido. Si preguntáramos
al hombre común s1 quiere ser, éste se sentiría., quizá, sorprendido ante semejante
pregunta; lo más probable es que nos respondiera que sl como quien expresa lo obvio
declarando, en cierto modo, la innecesariedad de la pregunta. Pero este originario amor
deJ ser (querer existir) no puede ni siquiera formularse sin suponer que el acto de
existir, de ser, es bueno. Más aun: o sería posible si el ser no fuera idéntico con lo
bueno (ser=bien). Esto añade algo al dato inicial del orden teórico, porque esta noción
primera expresa la perfección del ser, lo más conveniente a nú naturaleza y, en cuanto
tal, supuesto aquel orden especulativo o teórico, mueve a la operación, a la acción
práctica. No puede ser de otro modo desde que el dato inicia] del sentido común es
v~to, ahora, como bien. La inteligencia no es sólo especulativa sino también práctica
porque, a partir de este dato inicial (el ser es buen.o, amamos ser) no se puede no
afirmar que se debe obrar el bien (que es lo que no podemos no querer). Luego, toda
operación depende de este dato inicial que afirma el ser (como bien) y, por eso, excluye
no sólo el no-ser (el no- bíen) sino la inadecuación de toda operación respecto del bien.
De ahí que este primerisimo principio se haya formulado así: Se debe obrar el men y roitar

moral. En este sentido, podría decirse que constituye el dato primero ineludible del
sentido común o del buen sentido práctico.
Alguien ha sostenido que "los dictámenes 'evidentes por si mismos' de la razón,
que tantos filósofos pretenden haber encontrado, parecen, al examinarlos, ser
dictámenes de sus respectivas razones (si es que lo son de alguna) y no de la mía"
(Stevenson). Esta .afirmación pueril el resultado de un reducctonismo consistente en
identificar de modo confuso lo "bueno" con el interés agregando a éste "el sigrúpcado
emotivo"; de modo que sólo entonces y al amparo de un subjetivismo enmascarado de
"objetividad" científica (o cientificista) se cree poder descalificar toda evidencia por sí
misma del intelecto reduciéndola al subjetivismo de la razón singular del filósofo; en
realidad, la "confusión" de que se habla respecto de la determinación de "lo bueno", es
la consecuencia inevitable del prejuicio empirista que cierra los ojos ante la evidencia
primera, sin percatarse de que ni siquiera le sería posible cerrar los ojos si no existieran
los "hechos'' que expresan por sí mismos el acto de ser. Como se ve, tampoco será
posible reducir el orden moral a una mera "explicación causal de la conducta moral", de
modo que únicamente la psicología ("ciencia empírica de las leyes que rigen la vida de
la psiquis") puede resolver el problema moral (Schilck); en tal caso, reducida la ética a
la psicología empírica, habrá que decretar la muerte del orden moral, lo que es,
precisamente, contrario a la experi~cia inmediata. Asi, la proposición "hay que obrar •
el bien y evitar el mal", lejos de ~r expresión de un anticuado "residuo metafísico"
,constituye el metafísico dato inicial ineludible, no reducible a los meros "datos
contingentes" de la conducta de un grupo social como quería cierta "soeioloSí::1
empírica" fisicalista. Por el contrario, este rápido examen crítico me ha convencido
todavía más de la verdad de la afirmación agust:inia.na coincidente con la espontánea
del sentido común: "somos, conocemos que somos y amamos este ser y este conocer" .
Esta triple y en el fondo única ~videncia (del ser, del conocer, del amor del ser) es el
fundamento del orden moral.
·

el mal.

3.- La sindéresis reaparece a pesar de todo.
En cuanto eJ entendimiento mira, ve o contempla el dato inicia], es especulativo;
en cua11to contempla este dato inicial (el ser como bien) para obrar, es práctico; por eso,
a partir de la primera evidencia" el ser es", el entendimiento no "deduce", no " infiere"
esta norma primera ("hay que obrar el bien") porque ésta es evidente por sí misma. De
modo que la célebre objeción de Hume (reactualizada hoy por el relativismo ético)
quien sostenia que no se puede pasar, por inferencia lógica, de] "ser" aJ "deber ser" , cae
en el vacío; como bien dice Carlos Massini: "El ser funda el deber ser en cuanto hace
posible la evidencia de sus nonnas primeras y en cuanto otorg_a contenido a las
proposiciones normativas.
Pero no hay inferencia lógica de las proposiciones
enUJ1ciatjvas que expresan Ja reaJídad hacia las proposiciones normativas que expresan
un deber u obJigación".2 Por consiguiente, si el bien es lo primero que aprehende el
mtelecto práctico y la voluntad no puede no querer e1 bien, la proposición "hay que
obrar e] bien y evitar el mal" es por sí misma evidente y está en el fundamento del orden
P6

El texto agustiniano del que me he servido como testimonio del buen sentido que
expresa el primer principio del orden práctico, encontró su más docto expositor en Santo
Tomás de Aquino y es, hoy, más actual que nunca. Todo el relativismo ético
contemporáneo -desde la ética de la "comunicación" a la ética "del discurso" y desde

ésta a la ética de la "interpretación" - es como un continuo y continuado esfuerzo por
eludir el primer principio del orden moral. El relativismo contemporáneo da coces
contra el aguijón porque, allende, la a veces complicada herméutica (esa "koiné" del
inmanentismo actual) no puede eludir la evidencia del sentido cotidiano: Hay que obrar
el bien.
·

La simple presencia del ser al ente autoconsciente, conlleva la afirmación el ser es
como acto primero ineludible del intelecto especulativo; la simple presencia .del acto de
ser querido en cuanto bueno, conlleva, en el orden práctico, la afirmación hay que obrar

67

�el bien como originario e ineludible imperio del intelecto práctico. Como se ve, no se
trata de afirmar que existe en el hombre una suerte de potencia distinta del intelecto, ni
menos aún que semejante afirmación primera sea un resultado·de la razón raciocinante.
Así como la simple presencia del acto de ser a la mente pro-voca la afirmación
espontánea "el ser es", del mismo modo lo bueno (el ser querido) pro-voca la
afirmación espontánea "hay que obrar el bien". Y es así porque esta afirmación primera
es la expresión de algo "tenido" o "poseído" por naturaleza: El participio pasivo de
habeo (yo tengo) es habitus (habido) y corresponde al verbo habere que significa "tener
asido" o simplemente "tener". La expresión clásica ''hábito" expresa exactamente lo
que quiero decir. En cuanto persona, es decir, en cuanto ente autoconsciente que tiene
por naturaleza conciencia del ser (en el orden especulativo) y del el bien (en el orden
práctico), tengo el hábito (expresión en realidad redundante) de esta ineludíble
afirmación primera: "hay que obrar el bien"; en cuanto originaria y por tanto norma
última de todo acto libre, es prindpio; dicho reduplicativamente para expresar de modo
absoluto su primeridad, es primer principio. El sentido común lo descubre desde el
primer contacto con lo real y ante su evidencia se estrellarán siempre todos los
relativismos éticos antiguos y contemporáneos. No es algo "deducido" por la razón o
algo con lo que "me encuentro" al cabo de un argumento, sino una presencia primera
"habida" por el simple hecho de ser hombre.
Decir, como se dice hoy, que la filosofía debe "captar el ser como evento, como el
- configurarse de la realidad particularmente ligado a la situación de una época" es,
simplemente, no decir nada; el relativismo ético que se llama a si mismo
postmoderno", no puede no proponer sino una suerte de ontología nihilista" sólo en
el sentido de "interpretación de eventos". Para semejante "nihilismo" no se puede a
firmar un primer principio (hay que obrar el bien) que supone la objetividad del mismo
ser que se niega: Sólo eventos ligados a una situación. Pero es menester afirmar que
"hay'"' eventos: Si los "hay" al menos este haber resulta ineludible y re-aparece el ser del
evento.
II

11

No es posible eludir que el evento sea y el no-evento no-sea: Semejante
afirmación es primera. Lo es también que como tal (si es) sea bueno y jamás podré
eludir la re-aparición de la intuición que expresa espontáneamente esta presencia y será
menester afirmar que "hay que obrar el bien''. De ahí que, con aparente paradoja, el
relativismo ético contemporáneo ha reactualizado un tema muy antiguo: El del primer
principio del orden práctico (o sentido moral) que los pensadores medievales llamaron
la sindéresis. Cuando San Jerónimo empleó el término syntéresis y fue adoptado luego
por el pensamiento escolástico, no quiso significar otra cosa que aquella primera
"chispa" ~ luz que nos hace afirmar -al primer contacto con el bonum- que hay que
obrar el bien. Y esto 1~ sabe, con saber primario, primero y elemental, todo hombre de
todo tiempo y de toda cultura.

68

4. La sindéresis como hábito natural.
Adquiere, por todo lo dicho, sorprendente actualidad, la doctrina de Santo
Tomás de Aquino sobre la sindéresis y bien el esfuerzo de estudiarla y meditarla.
Para el Aquinate se trata, como para el hombre .común, de este "haber'' natural
que inclina simplemente al bien (synderesis ... ad bonum tantum indinat);3 no es, como ya
dije en el análisis anterior, una suerte de facultad o potencia especial, sino un hábito
natural que, como tal, es propio de todo hombre por el solo hecho de ser hombre, sea
antiguo o moderno, docto o indocto, de ésta o de aquella cultura; con prioridad de
naturaleza y de tiempo respecto de cualquier herméutica, todo hombre sabe que debe
obrar el bien.
Con extrema agudeza desarrolló este tema Santo Tomás al observar que este
hábito natural participa, por un lado, del carácter intuitivo del conocimiento angélico y,
por otro, del carácter racional del conocimiento humano. El Pseudo Dionisio había
enseñado, en texto expresamente comentado por Santo Tomás, que la sabiduría divina
siempre el término de cuanto precede con los principios de cuanto sigue" ;4 es
decu, en un orden de cuerpos contiguos, el inferior, en su parte más alta, toca al
superior en su parte más baja; en ese sentido, la naturaleza inferior alcanza o
- imperfectamente participa, en su vértice, de algo que es propio de la naturaleza
superior; algo análogo pasa entre la naturaleza. angélica y la naturaleza humana; Es
propio de la naturaleza angélica conocer sin búsqueda ni argumentación sucesiva, es
decir, intuitivamente, mientras que la naturaleza humana conoce imperfectamente la
verdad discurriendo de una cosa a otra. Por eso, piensa el Aquinate, la inteligencia
humana, respecto de ciertos principios supremos, logra algo de aquello que es propio
de la naturaleza superior porque puede tener conodmiento directo e inmediato de algunas
verdades, sin búsqueda alguna.s

"un:

Tal es el easo de la intuición del primer principio, tanto del orden especulativo
cuanto del práctico. Los lectores agnósticos no necesitan creer en la existencia de las
naturalezas angélicas porque la argumentación se mantiene indeme con o sin ellas. He
aquí el texto: "Consiguientemente, también en la naturaleza humana, en cuanto alcanza
a la angélica, es necesario que exista el conocimiento de la verdad sin búsqueda, sea en
el orden especulativo como en el práctico, y es menester que este conocimiento sea el
principio de todo el conocimiento que le sigue, ya sea práctico, ya especulativo, puesto
que los principios deben ser los más ciertos e inconmovibles. Y, por lo tanto, es
necesario que también este conocimiento se encuentre naturalmente en el hombre
,uesto que este conocimiento es como el· semillero de todos los conocimiento;
:iguientes -y en todas las nahualez.as preexisten como las semillas naturales de las
ubsiguientes operaciones y efectos; es por otra parte necesario que este conocimiento
~a habitual, ·para que de él se pueda hacer uso prontamente no bien se tenga necesidad
e él"
• •6 Pues, así como tenemos el hábito natural propio de las ciencias especulativas
el ser es"), también poseemos el hábito natural del primer principio ("hay que obrar el
.en'') de las operaciones, es decir, de los principios universales del derecho natural?

69

�Lo que importa principalmente retener es que, con prioridad tanto de tiempo cuanto de
naturaleza, existe en el hombre -en todo hombre- un conocimiento intuitivo natural
(hábito natural) que ilumina y regula toda libre operación humana. Ya se vio también
que este principio inevitable surge simultáneamente -como enseña San Agustín- con
aquel saber inicial que se expresa diciendo que "nadie existe que no ame existir". El
buen sentido cotidiano supone esta evidencia cuando afirma que se debe obrar el bien.
No es el resultado de una irúerencia lógica, sino una proposición evidente por sí m.i,sma
que hace posible toda otra argumentación de orden práctico, incluso aquella que la
niega.

5. - La infalible rectitud de la sindéresis.
Anterior a toda elección o a las elecciones en el tiempo sucesivo, es claro que la
sindéresís posee una rectitud inmutable e infalible. Sabemos también (hasta por
experiencia cotidiana) que existe en nosotros cierta inclinación al mal, aunque también
sabemos que no es posible un mal sin mezcla alguna de bien (el mal absoluto); por eso
mismo hemos descubierto que existe aquello que nos inclina siempre al bien ("hay que
obrar el bien"); sin este principio, no fuese inmutable pues así como todo lo moviente se
reduce a una primera realidad inmóvil, así todas las operaciones humanas " para que
puedan tener cierta rectitud, es necesario que exis~ cierto principio permanente que
posea una rectitud inmutable, a cuya luz sean examinadas todas las operaciones
hu.manas; así, aquel principio permanente resiste siempre a todo mal y asiente a todo
bien" .8 Por lo tanto, en la sindéresis no hay ni puede haber pecado. Como es obvio, no
es este primer principio virtud mortal alguna, pero es el preámbulo al acto de la virtud,.9
No será posible la creación de las virtudes morales (hábitos operativos adquiridos) sin
la anterior luz de la sindéresis que es su condición.
·
Condición sine qua rnm del crecimiento moral, este primer principio no solamente
no admite pecado (aunque sea la luz por la cual discierno espontáneamente el pecado)
sino que, absolutamente, jamás se borra ni se extingue. Los escepticismos filosóficos y
los relativismos éticos se estrellan ante la primera evidencia del primer principio, sea el
del ser, sea del obrar; en este último plano (que es el que interesa para nuestra reflexión)
si no existiese o si se extinguiera totalmente, entonces las éticas de la situación, del
consenso, de la interp.retación y otras semejantes tampoco podían discernir lo que es
bueno o malo moralmente en tal siJnación cambiante o en tal estructura de eventos
históricos: La extinción o la no existencia del sentido moral o sindéresis nos dejaría a
oscuras también en tal situación o en tal estructura de eventos históricos y ni siquiera
podríamos fundar una ética relativista. Los relativismos utilizan la sindéresis que
niegan la que de algún modo se "filtra" subrepticiamente en cada situación.
Santo Tomás recuerda el texto de 1saías en el cual el ~ñor, refiriéndose a los que
se rebelaron contra Él, dice que "su gusano nunca morirás" (ls.66.24) y señala que para
San Agustín se refiere al gusano de la conciencia de la conciencia o remordimiento
causado por la sindéresis que aparta del mal.10 Porque, en efecto, el sentido moral no se
70

extingue; ni siquiera se extingue en la desesperación, como es el caso de Caín. Que la
sindéresis no se extingue, puede entenderse de dos modos: Respecto de la misma luz
habitual, es siempre imposible porque pertenece a la naturaleza del alma; respecto del
acto, podría extinguirse en un doble modo: Cuando el acto se extingue o elimina
totalmente en aquellos que acaecen del uso del hore albedrío y de la misma razón a
causa de un impedimento producido por alguna lesión de un órgano del que tenga
necesidad nuestra razón (causa patológica); o porque el acto de la sidéresis es des~do
hacia lo contrario; pero aun en este caso extremo es imposible que el juicio de la
sindéresis se extinga totalmente. Luego, sólo se anula el sentido moral en algún caso
patológico por una alteración grave de la natúraleza CO!J&gt;Oral. Agrega Santo Tomás
textualmente: "En el particular operable, sin embargo, se extingue todas las veces que se
peca en la elección. En efecto, la fuerza de la concupiscencia o de otra pasión, absorbe la
razón de tal modo que, en la elección, el juicio universal de la sindéresís no es aplicado
al acto particular. Pero no es esto un extinguirse de la sindéresis absolutamente, sino
sólo bajo un cierto aspecto" (secundum quid tantum).11 El fino análisís de Santo Tomás
· no pude ya ir más leJos: Es menester aceptar 'que, absolutamente hablando (simpliciter)
la sindéresis jamás se extinguen. Ella es la condición requerida y el .fundamento (en
nuestra inteligencia) del mismo orden moral. Siempre el hombre sabrá que "hay que
obrar el bien''.

6. - La elección originaria y el fenómeno moral.
El dato inicial d el sentido común que ha sido mi punto de partida, consiste,
simultáneamente, en una originaria, primera y primaria elección a la que prefiero
llamar libertad originaria: Elección primera o amor del ser como bien que es p erfección
del ser. No se trata, por lo tanto, de una inferencia lógica sino de la afirmación de una
evidencia primera. Semejante evidencia justifica una descripción de lo que poaría
llamar (provisoriamente) el ienómeno moral. Aceptado aquel pi:imer principio del
orden práctico válido para todo en hombre cuánto es hombre, resulta posible descubrir
(por ahora extrinsecamente) lo que apareee y se manifiesta como fenómeno moral.
Porque saber con un saber inevitable e inextinguible que es menester obrar el bien y
evitar el mal, conlleva espontáneamente la obligación.de orientar toda operación libre al
bien que hay que realizar; es decir, de dirigir al bien como fin todo acto libre. De ahí el
sentido común no solamente no se cuestiona (ni puede) esta evidencia inicial, sino que,
en virtud de ella misma, se dice a sí mismo "obré bien" o " procedí mal". Esto implica
cierta aprobación o reprobación interior, aunque también es exterio_.r, ya social, ya
absoluta de parte del Legislador-creador del ser finito. Dicho de otro modo, el hombre
común sabe espontáneamente que debe obrar el bien (con el ser) y debe evitar el mal
(contra el ser) y adquiere, por consiguiente, la noción de falta moral. La norma inicial
(dato primero y primario del buen sentido) provoca el análisis inmediato de la
conciencia que nos dice "está bien'', "está mal". Y esto no exige un estudio previo de una
serie de normas abstractas porque simplemente sabe-, desde el principio de su acto de
pensar y de querer, que debe obrar el bien y evitar el mal, aunque, posteriormente,
COlilpruebe la existencia de las discrepancias teóricas acerca del sentido del mismo
71

�obrar moral. Lo que aquí importa de veras es que todo hombre, a p~rtir _del inevi~~e-e
inextinguible dato inicial del sentido común, adquiere la expenenoa de su JWªº
interior que, en cada opción en el tiempo, dice "sí", "no", "justo", "injusto". ~
todavía: Estos actos van acompañados de cierto talante moral, sea el gozo o la alegria
que se sigue del bien obrar, sea la tristeza que acompaña a la conciencia después del
mal obrar. De ahí las parejas de nociones, satisfacción-reprobación, justo-injusto,
bueno- malo; ciertos estados de ánimo como la vergüenza, el remordimiento o el
arrepentimiento que su.elen preceder al restablecimiento del orden vulnerado.

Será siempre posible disentir en el modo o en los modos de obrar; siempre será
poSible el desacuerdo a~erca de la naturaleza del fin del operar; pero lo que no será
nunca posible es rechazar, sin contradicció~ que se debe obrar el bien y evitar el mal.
Este dato inicial es suficiente para descubrir el orden moral objetivo, no reducible
absolutamente al ámbito de la subjetividad o de las situaciones. El relativismo se limita
a comprobar que existen "morales" diversas entre sí y hasta contradictoria e,
inmediatamente, absoluti;a las diferencias y extrae, contradictoriamente, una conclusión
en sí misma absoluta: No existe ni puede existir una moral objetiva de valor universal.
Semejante afirmación erige el relativismo moral en absoluto y, por eso, se niega como
relativismo. Parece más lógico sostener que las diversas "morales" que han existido y
existen, suponen un orden objetivo (aunque lo nieguen) y la exigencia (no aceptada) de
una moral también objetiva.

Esta descripción, ciertamente elemental, del fenómeno moral, pone de manifiesto,
junto al dato inicial del sentido común que es también libertad originaria, la evidencia
de que yo puedo obrar o no obrar; conlleva, pues, la afirmación primera de la libertad
de la cual dependen las otras formas de la libertad: Puedo obrar o no obrar, puedo obrar
Naturalmente, esta conclusión implica el desafió dirigido a la reflexión filosófica,
esto o aquello; de modo que el acto de la libertad emerge del mero análisis de la · de r~escubrir y re-fundar la filosofía moral q·ue en cuanto supone, expresa y
conciencia que es, que sabe que es, que ama el ser que es el bien. Este orden
desarrolla el dato inicial del sentido común, es la única moral objepva y verdadera.
originariamente impuesto a la conciencia, implica, para el sentido común, un también
originario estar obligado (obligatus) que conlleva la propia capacidad de dar respuesta,
1 De Civ. Dei, 11,26.
es decir de ser responsable; ante todo, libertad primera o inicial y, por eso, obligaciónresponsabilidad; análogamente, emergen lo recto (derecho) y el deber y así
2 "Refutaciones actuales d e la 'falacia naturalista'", Sapientúz, XXXIX, 152, p. 117, Bueno Aires, 1984.
sucesivamente todas las nociones comunes de la vida moral como mérito-demérito,
3 STh, I,79,12.
culpa-castigo, etc. Se trata, pues, de consecuencias espontáneas y objetivas de una
evidencia inicial las que deberán extenderse, por un lado, hasta el último fundamento
1 De Div. Nmn., 7,3 in fine.
del orden práctico y, por otro, a la vida moral de la sociedad y de todas las sociedades.

7.-Inconsistencia del relativismo ético y la moral objetiva.

5

Quaestiones Dispu.tatae De Veritate, q. 16, a l.

6

De Ver., q. 16, a le.

' Op. Cit., loe. Cit ·

Admitido el dato inicial, éste constituye la norma originaria evidente por sí·
misma y obligatoria para todo hombre de todo lugar, de todo tiempo y de toda cultura.
El sentido común simplemente lo sabe, lo sabe siempre y no puede no saberlo. Est;a
norma originaria ("hay que obrar el bien") no se nos impone nunca desde fuera
(heteronomía) sino que se nos promulga en y desde la interioridad de la conciencia que del
ser (orden teórico) y quiere el bien (orden práctico). De ahí que la negación de esta
norma originaria (nuestro dato inicial inamovible) sólo sea posible, paradójicamente,
con posterioridad a su evidencia y gracias a ella misma; semejante negación constituye
una suerte de acto contra-natura que la afirma precisamente cuando la niega. Decir que
esta norma primera no existe y que, por eso, no hay normas objetivas, no tiene
consistencia alguna (sólo puede "decirse") y, en el fondo, como ya lo vimos, este decir
se niega a sí mismo. Tampoco tiene sentido sostener que, si se admiten algunas normas.
éstas sólo existen en cuanto relativas a una determinada circunstancia (que cambiará) o
respecto de algunas costumbres pasajeras o simplemente propias de determinada
cultura. Si tales normas verdaderamente existen relativamente a una situación
cambiante, solamente son posibles en cuanto expresan y se fundan en la non.na
originaria, trascendente a toda situación y esencialmente objetiva.
72

8

De Ver., l . 16, a 2c.

9

Op. Cit., q. 16, a 2c.

10De

Civ. Dei., 21, 9.

u De Ver., q .16, a 3c.

73_.

�LACONTRARIEDADCOMPLEMENTARIAENTRELOS
HEMISFERIOS CULTURALES DE EUROPA, DE AFRICA Y DE ASIA
- En punto de partida de Amérlca1

-

Heinrich Beck
Univ. de Bainberg

Alemania

Introducción:
América como encuentro cultural

Primera parte:
La relación de la cultura con la naturalez.a y la
contrariedad entre los hemisferios Europa y de AfroAsia.

Segunda parte:
Ulterior elaboración de las disposiciones básicas de las
culturas.

l.
2.

La contrariedad espiritual entre Europa y Afro-Asia
La subcontrariedad entre África y Asia

Tercera parte:
Interpretación onto-antropológica de estas disposiciones
como estructura dinámica (biádica-dialéctica) -

Conclusión:
¿El futuro como síntesis cultural creatíva?

/

75

�Introducción:
América como encuentro cultural

América y América Latina, en su identidad ~ c a , marca en.
cierto modo un convenio de las culturas de Europa, Africa y Asia (y hay
que tener en conciencia que en viejísimos tiempos los indígenas
inmigraron de Asia). En América, estas culturas capitale~ del mundo
mutuamente se penetran, cuasi como una mezcla quínúca de .elementos
generativos (p.e. de hidrógeno y oxígeno). Bajo 1a presión de las
circunstancias, esta mezcla es provocada de cambiarse en una nueva
materia - la estructura molecular más compleja del agua -, la cual significa
una síntesis e integración de sus elementos y una nueva estructura del ser.
Sus reacciones químicas, sus propiedades del comportamiento de sus
elementos no se pueden deducir simplemente, sino el agua es algo
cualitativamente nuevo. Semejantemente, en América las culturas de
Europa, África y Asia se experimentan provocadas a integrarse y
constituirse en úna nueva estructura del ser y de la conciencia humana, la
cual significa algo cualitativamente nuevo.

Seguro que

hasta ahora estas

culturas, de gran parte, no han
entrado en un encuentro real y viven - una al lado de las otras - casi sin
nínguna comunicación y participación, o en parte aún aconteció y sigue
aconteciendo un mutuo desprecio y choque cultúral destructivo y
humanamente indigno. Pero hay también signos de mejoramientos: como
ya ha sucedido varias veces en el pasado, así aún más va a suceder en el
futuro, que las circunstancias de presión econónúcas, socia1es, políticas y
espirituales "claman" urgentemente por un cambio esencial del ser
humano. Quizá, la evolución de la vida está aquí en la necesidad de hacer
un "salto creativo" a un ser humano más rico, más integral, más humano.
¿Será América la" fábrica" de un nuevo tipo del ser humano, más complejo
y humanamente rico?. 2

Vamos a proceder en tres pasos.
En primer lugar núramos a 1a relación esencial de la cultura con la
naturaleza que a ella subyace y preguntamos, en cuanto la cultura es
precuñada por sus condiciones naturales y en qué medida estas difieren,
hasta un cierto grado, en Europa y en el hemisferio afro-asiático. Se insinúa
la hipótesis, que ambos ámbitos culturales desde su fondo óntico son
típicamente distintos, pero, con todo eso, pueden complementarse en un
sentido humano.
En la segunda parte queremos probar y diferenciar esta hipótesis
por fenómenos empíricos, poniendo así más de relieve las características
distintas y contrarias de las culturas al respecto. En ello se muestra, en
primer lugar, un opuesto contrario entre las tradiciones culturales de
Europa y Afro-Asia; entonces se destaca un opuesto subcontrario entre
África y Asia.

Tercero preguntamos, en una reflexión ontológica, si en la
diferenciación cultural de la humanidad se expresa una estructura
dinámica global de sentido, posiblemente dialéctico-triádica, que pueda
dar impulsos y orientaciones para la interculturalidad, su entendimiento
concreto y desarrollo ulterior.

A entender desde la raíz esta oportunidad y, por decirlo así, la
tarea histórica de América y América Latina, de servir al mundo como
ejemplo y lugar privilegiado del encuentro cultural creativo, hay que
preguntar por ]as propiedades características de las culturas originarias.
Por lo visto, en este contexto será auxiliatorio utilizar como principio
hermenéutico un concepto integral de la realidad. Pues· según este
concepto el ser cultural del hombre y las culturas parciales geográfica- e
históricamente distintas se comportan como la melodía y los tonos
singulares o, dicho más absrractamente, como el todo y las partes. De allí
nuestra tesis dice: Existe una contrariedad complementaria entre los
hemisferios culturales de Europa, África y Asia la cual significa la
disposición onto-antropológica a una tal integración creativa.
76

77

�Primera parte:
La relación de la cultura con la naturaleza

Y la contrariedad entre los hemisferios de Europa y de Afro-Asia
La cultura, como expresión y realización de la vida humana, ·
depende de las condiciones ñsicas de vivir, lo dice ante todo: de la
estructura de la superficie terrestre y del clima En este contexto, las cultura
es cuasi la reacción del espíritu humano a las exigencias, desafíos y
provocaciones de la naturaleza: la "respuesta" del espíritu humano a la
"llamada" de la naturaleza.

Este diálogo del espíritu con la naturale.za, del cual la cultura es
resultado y parte, de vez en cuando tiene éxito, de vez en cuando, sin
embargo, fracasa. Porque este diálogo siempre se realiza por el concurso de
dos componentes: por un lado la naturaleza acciona y habla al hombre, y él
tiene que recibir y escuchar. Pero entonces, por otro lado, el hombre puede
1 re-accionar y re-sponder, en cuanto él se pronuncia a la naturaleza, la
forma y la determina, expresando, objetivizando y realizando sus ideas y
su voluntad. Así la autoexpresión y representación del espíritu humano en
la naturaleza por las obras de la cultura, supone la expresión y
representación de la naturaleza en el espíritu humano, y a ella, en cierto
, sentido, re-sponde.
En esta perspectiva, los ámbitos espaciales capitales de la ti.erra, los
continentes en cuanto manifiestan diferencias significativas en el carácter
de la naturaleza, provocan reacciones y respuestas del espíritu humano,
correspondientemente distintas y así se realizan creando diferentes ti.pos
de cultura.

En primer lugar, el hemisferio afro-asiático se presenta como un
gigan_te bloque de tierra firme, cohesivo y relativamente poco fraccionado,
como un inmenso continuo de contrastes, y determinado por un así
l.laJ:p.ado clima de gran espacio, rico en fuerzas. (Se piensa, por ejemplo, en
los vientos monzones y alisios que abarcan vastas regiones de Asia y
África). Al contrario, el continente Europeo muestra un rostro de paisaje
finamente diferenciado e interrumpido y marcado por numerosos mares y
lagos de tamaño mediano; domina aquí un clima moderado. Por eso no
debe sorprendemos que en África y Asia la conciencia humana sienta la
realidad como unidad ilimitada de contrastes, desarrollando una
capacidad y un hábito básico sensitivo-intuitivo correspondiente. Sin
embargo, en Europa, la conciencia de la gente intenta ante todo distinguir
y estructurar la realidad racionalmente, y busca por definiciones y claridad
diferenciada. La primera disposición de la conciencia humana parece más

78

inmediata y originaria en su relación con 1a realidad, la segunda, es decir
la diferenciación racional, significa más distanciamiento y reflexión
abstracta. Las dos disposidones de conocimiento y conciencia parecen ser
opuestos y contrarios hábitos y proporciones al ser, y así podrian
complementarse mutuamente en un encuentro íntercultural, al enriquecer
la vida espiritual de 1a humanidad.
Es claro que la pescrita vinculación de la estructura de la
conciencia y de la estructura de la naturaleza, no implica ningún
deduccionísmo monocausal de lo psíquico-espiritual desde lo físico
material. La opinión según la que lo espiritual y cultural no es más que un
efecto solo de sus condiciones físicos y materiales, no atentería
suficientemente a la libre autodeterminación del espíritu humano y a su
autorresponsabilidad para sus actos y disposiciones. Por eso, en este
contexto no se habla de una determinación total, sino mucho mejor, de una
disposición inicial de la conciencia de parte de la realidad ñsica. La
naturaleza de la cual el hombre procede y en la cual vive, le fija a éste una
provocación y una tarea, a la que él intenta responder y adaptarse por un
desarrollo correspondiente de su conciencia y actitud.

Segunda parte:
Ulterior elaboración de las disposiciones básicas de las culturas
Queremos explicar, primero, aún más la contrariedad espiritual
fundamental entre el hemisferio europeo-occidental y el afro-asiático, y
segundo una ulterior distinción, sub-contraria, entre el africano y el
asiático.

1.- La contrariedad espiritual entre Europa y Afro-Asia •

Mientras que en el opuesto contradictorio los dos juicios predicados
totalmente se tienen una base común por la cual·pueden mediatizarse. En
este sentido, en lo siguiente, vamos a mostrar que la conciencia europea y
la afro-asiática forman ll11 opuesto contrario.
Como ha sido mencionado, la conciencia europea se inclina a una
distinción racional y, así, acentúa y exhibe la pluralidad de los entes dentro
de la unidad del ser experimentádo: mientras que la conciencia afroasiática más originariamente intuye el contexto profundo del todo y así
mantiene y subraya la unidad del ser dentro de la pluralidad de los entes.
Lo que se manifiesta en múltiples fenómenos culturales y a través de la
historia

79

�Así, en el Occidente la relación con la realidad se caracteriza por la

intención de objetivizar las cosas, de determinarlas y tomarlas
directamente por conceptos racionales. Al contrario, el espíritu original de
los hemisferios de África y Asía, no intenta dominación, sino dominación e
integración en la intuible esbuctura de sentido de la naturaleza. En la
conciencia europea, la unidad de la realidad emerge y se sepai:a en una
multiplicidad de diferencias; el acento va de la unidad a la multiplicidad.
En la conciencia europea, la tuúdad de la realidad emerge y ~ separa en
una multiplicidad de diferencias; el acento va de la uni~ad a la
multiplicidad. En la conciencia asiática y africana, la multiplicidad y lo
distinto no se demarcan explícitamente frente a la unidad básica, sino que
permanecen en ella o regresan a ella. Frente a la pluralidad y diversidad se
acentúa aquí la unidad. En el espíritu europeo, la fuerza originaria se
encuentra en el análisis de las relaciones y en mantener separadas las
diferencias; la debilidad, empero, se halla en el peligro de una separación
de las diferencias y de 1.\1\ extrañamiento. En el espíritu africano y asiático,
la capacidad particular se halla en la conservación de equilibrio y la
armorúa de los contrastes en la un.idadJ la debilidad quizás en una
insuficiencia de diferenciación. El interés del europeo se dirige más hacia
fuera; él busca su libertad por medio del dominio científico y técnico de la
naturaleza material. La orientación del africano y del asiático se dirige, en
cambio, claramente hacia adentro; ellos anhelan su liberación por medio de
la integración en la naturaleza o en la unidad espiritual del ser.
Generalmente, pues-, se puede decir que la conciencia europea más
subraya y acentúa la pluralidad de los entes diferentes; mientras que el
espíritu afroasiático más insiste en la unidad del ser mental o natural. Esta
tipificación se observa en la relación de la cultura respectiva a la
naturaleza, al hombre y a lo divino. ¡Vamos a dar algunos ejemplos de
estas conexiones!
·
La. relación a la naturaleza en el occidente está caracterizada por la
idea moderna de ciencia la que - no por casualidad - se originó en Europa.
&amp;ta ciencia intenta un análisis y disección racional de la realidad en partes
distintas, de la unidad de la experiencia inmediata en unidades más
pequeñas, para que de estas se puedan construir técnicamente nuevas
unidades más complejas, las cuales corresponden a las intenciones
creativas del hombre. Por actos de la ciencia y técnica disuelve las
estructuras de la naturaleza dada en sus elementos y funciones
elementales, y compone de estas nuevas estructuras según los fines de su
espíritu. Así, se mediatiza la evidente intención del espíritu europeo de
dominar la realidad. Al contrario, en África la conciencia humana siente la
realidad directamente como unidad ilimitada. Por eso la medicina afroasiática no tiene un método explícitamente lógico-analítico (como la
europea); no intenta curar singulares enfermedades o singulares órganos
80

del hombre. Más bien observa al hombre entero, su organismo entero o
también su ámbito social. Según la medicina africana, por ejemplo, la
enfermedad significa un aflojamiento de la fuerza vital la cual emana
continuamente desde la fuente divina al organismo entero. Si los "canales"
de aquella fuerza están "obstruidos" deben "purificarse". La terapia,
pues, ante todo consiste en la "eliminación de las perturbaciones",
causadas por la enfermedad en el enfermo con respecto a la naturaleza
desde cual vive, a sus prójimos con los cuales vive, y también al invisible
"trasfondo" divino en la cual vive.
Resumiendo podemos decir: Un opuesto contrario el que tiene que
mediatizar en dirección a una medicina "integral" se halla entre la
medicina europea que más se dirige a las partes distintas y menos al todo,
por un lado, y la medicina afro-asiática que más se ocupa del todo y menos
de las partes, por otro lado.
El concepto de lo real contrario-complementario de las culturas
occidental y afro-asiática se pone de relieve especialmente en su relación a
los prójimcs: Muy típica de la cultura europea es su vigorosa acentuación de
la persona individual frente a la conexión
del todo real (hasta la
degeneración en un individualismo egocéntrico). Con eso están vinculados
, varios fenómenos históricos: la proclamación de los hechos individuales
del hombre como fundamente del "estado de derecho", la exigencia de la
libertad de conciencia, por la cual simultáneamente está pedido el respecto
a la decisión individual de la conciencia, aún cuando ésta se opone a la
opinión común. Estos derechos básicos del hombre, sin duda, representan
una contribución muy importante de la cultura occidental a una
integración mundial y a un orden de la paz (no están conocidos paralelos
de tal contribución desde otros círculos culturales). Esta tendencia a un
destacarse del individuo produce evoluciones sociales las que - porque
parcialmente representan exageraciones de lo individual - permanecen
discrepantes con respecto al valor del ente humano: en la economia los
"ltbres empresarios" (para los cuales es verdadero solamente el principio
capitalista del máximo provecho individual), en la política la idea
democrática de la "autodeterminación " del pueblo
(la que puede
interpretarse también• en el sentido de un relativismo absoluto con
respecto a los valores morales y jurídicos), en la ciencia el dogma de la
"libre
investigación" (la cual puede inducir al particularismo e
individualismo ideológico) etc.
Asia, en cambio, no ve en la acentuación del individuo un valor
deseable; más bien el yo individual debe ser superado y eliminado (tal
como lo expresa el objetivo de una vida COII!Pletativa en el Hinduismo y
en el Budismo), o totalmente integrado en lo colectivo, o bien, en la
armorúa del todo. El axioma de la preponderancia del todo enfrente de las

81

�partes' es valedero también en los indígenos africanos. Aquí el individuo
está, por así decirlo, definido exclusivamente por su relación a los otros
miembros de su b:ibu. Una cierta forma de vida está atribuida también a
los antepasados, en cuanto (y solamente en cuanto) están presentes en la
conciencia de sus familias y de la comunidad.
Por tanto, en la cultura afro-asiática el sujeto individual siempre
queda "oculto" y cubierto en el todo concreto, lo que parecidamente
sucede en las artes. En la música africana, por ejemplo, es desconocido un
"concierto" del tipo europeo. No hay ningún distanciamiento entre
músicos practicantes y el auditorio solamente - ¡y críticamente! - oyente,
sino que todos los presentes están incluidos en el todo del ritmo de los
tambores como actuantes. Es muy significativo en este contexto que
ninguna cultura musical fuera de Europa (ni la asiática IÚ la africana) ha
generado una polifonía real, - una polifonía en la que las voces singulares
son plenamente diferenciadas y - a través de la plétora de sus
diferenciaciones - al mismo tiempo plenamente relacionadas a la armonía
primigenia pre-establecida. A lo que parece con este fenómeno
corresponde que, en el arte pictorio, la representación de la "perspectiva",
proyección d~ la "tercera dimensión" y definidora del espacio, es un
"invento" europeo (introducido por Leonardo da Vinci). La perspectiva es
desconocido en la "pintura de la superficie" china original, sobre la que
está omnipresente el "medio indelimitable".
La referencia a lo real contraria de las culturas se muestra
básícamente en la proporción a la naturaleza, se aumenta en el
comportamiento con los prójimos y culmina en la relación a lo absoluto y
divino. Mientras que en la cultura occidental la diferencia del ser divino,
ilimitado y absoluto, se destacó como "trascendencia" frente al mundo
espacio-temporal, limitado y contingente, en la espiritualidad afro-asiática
ambas dimensiones tanto no divergen; allá la cercanía y la "inmanencia"
de lo divino son más acentuadas.

En· la religiosidad africana los antepasados mismos están entrando
paulatinamente en la dime~ión de lo divino. Y aún eso divino a veces se
comprende como el origen de la serie de antepasados. Así, por ejemplo,
según el cristianismo específicamente africano, Jesucristo está interpretado
como el primer antepasado, omnipresente y todopoderoso, como
omnipotencia inmanente en todos los entes.
En la religiosidad asiática igualmente 1a trascendencia está menos
acentuada que la inmanencia de lo absoluto y divino, sea que la vida
humana está totalmente determinada como destino ("kismel'') por su
fondo divino y entre ambos no existe ninguna distancia por lo cual se
posibilita la libertad (como en el Islamismo}, o sea que lo divino (según la

82

comprensión hindú) se manifiesta siempre de nuevo y de manera limita.da,
básicamente con igual rango en los distintos tiempos y lugares, como en
los llamados" Avatares".
Por eso el hombre asiático no se encuentra por trascenderse
"verticalmente'' a sí mismo y sus condiciones espacio-temporales {como es
típico de algunos místicos europeos), sino que por entregarse
"horizontalmente" a sí mismo en el todo común. Compárese en este
contexto el 'mandamiento de la sabiduría' en el Taoísmo: fundirse a sí
mismo serenamente sin 'sí mismo' con la corriente de la naturalez.a y del
destino; o el principio ético del Confucianismo: ordenarse totalmente en la
estructura de la soci~dad ..

En contraste con este hábito más "femenino" (más receptivo y
respetuoso) aparece la cultura europea en primera línea "masculina", es
decir determinante y dominante. Tal mentalidad se expresa - y culmina en la religión cristiana, tal como ella se ha interpretado en Europa en una
comprensión 'típicamente europea' de 1a religión, Aquí el ser divino no se
entiende tan inmanente con la naturaleza, sino más trascendente, no como
madre que da a luz y trata con amorr sino como padre que crea el mundo y
se coloca frente a él (que el mundo se 'objetiva'). Él es su "Señor y soberano
todopoderoso", lo que puede aún acrecentarse, en la reflexión trinitaria,
como un "triumvirato". Al contrario, en la espiritualidad asiática se
adoran diosas y, con ellas, la feminidad y lamatenúdad.
. Está claro en este contexto que un concepto de lo divino más
completo y más adecuado no se puede obtener, si uno (el europeo o el
asiático) está preferido en perjuicio del otro. Es más bien necesario una
combinación integrante de ambos, es decir una combinación, actoteóricamente fundada, tanto de la espontaneidad como de la receptividad.
Pues de tal modo las unilateralidades en las disposiciones mentales
occidentales o orientales pueden superarse en la perceptiva fructífera de
un encuentro abierto.
2.- La subcontrarl'edad entre África y Asia
El 'opuesto contrario', ejemplificado por las aclaraciones
anteriores, no excluye grados intermediarios o transiciones continuadas.
Así incluye el 'opuesto subcontrario', cuyos polos expresan una mayor
cercanía que los del opuesto contrario. A lo que parece ahora, aquel
opuesto subcontrario se puede introducir en la reflexión del
interracionarse de África y Asia. Pues, según las caracterizaciones arriba
presentadas, las esferas culturales de África y Asia concuerdan en la
desvalorización de la racionalidad analítica y abstracta. Aprecian más
bien la conciencia intuitiva de la "unidad del contexto", la armonía y el
83

�equilibrio de los opuestos. Pero dentro de estas comunidades algunas
diferencias significantes se ponen de relieve, representando el opuesto
subcontrario. Así el ensayo de comprender onto-lógicamente la estructura
geográfica de la cultura del género humano se perfila aún más.
Sin duda, la culturalidad africana y asiática ambas a dos acentúan
la armonía y la unidad integral; pero lo hacen en una manera
cualitativamente opuesta: la espiritualidad africana desde un impulso del ser
natural, la asiática desde la tranqut?idad distanciada y setena. Estas
caracterizaciones, vamos a explicarlas bajo el triple aspecto de la relación a
la naturaleza, al hombre y a lo divino y absoluto.
La mentalidad africana se expresa propiamente por movimientos
ríbnicos. La música, la danza y la drama penetran en toda la vida y en
todas las regiones de la existencia. El ser de la naturaleza material se
experimenta como un acontecimiento totalmente ribnico. Este movimiento
se continúa por medio de una 'identidad eidética' hasta lo espiritual y se
presenta perfectamente por las obras culturales. La mentalidad asiática, en
cambio, muestra un hábito más contemplativo, el cual puede
profundizarse en una mística -filosófica, como en el Budismo. La unidad, la
armonía y el equilibrio se basan en una
"in-sistencia" comunitaria
enfrente de la naturaleza y en un dejar venir y suceder todas las cosas.

Según la concepción asiática, en cambio, la individualidad se
define como algo que tiene que superarse a causa de sus limitaciones. Se
encuentra condicionada por el hundimiento del espíritu en la materia, el
que por su multiplicación espacio-temporal sufre una limitación de su
unidad. Así, en la espiritualidad asiática, el deseo por unidad y armonía
ilimitadas implica la superación de la materia así como de la
individualidad humana. .Estas concepciones diferentes de la individualidad humana se
continúan, en cierto modo, más allá de la muerte. Según el concepto de la
cultura africano las almas de los difuntos viven en la comunidad de sus
familias; las ayudan, las inspiran y protegen como sus "buenos espíritus"
Según el concepto asiático es, por ejemplo en el Hinduismo, un mal y un
signo tanto de falsa detención como de falta de libertad, si las almas de los
4ifuntos aún permanecen entre los vivos. Conforme a eso, los cadáveres en
la cultura africana se entierran (deben devolverse a la unidad inmediata de
la naturaleza material). En el Hinduismo, empero, se incineran (a fin de que
puedan terminar su superación de la materia).

cambio, el espíritu se retira de la materia, en cuanto busca traspasarla,
incluso superarla, como en el Hinduismo.

Una expresión ulterior, típica de la diferencia entre la
espiritualidad africana y asiática con respecto a la relación al prójimo y a la
comunidad puede verse en la diferente manera por la cual la cultura se
transmite: En África es la tradición oral, la que a través de la palabra ~va
lleva una expresión directa de la vida de las generaciones. En cambio, en
Asia se prefiere la tradición escrita, la cual muestra frente a las
generaciones intermediarias un cierto "estado propio" y una cierta
II distancia" .

Conforme a eso, en la cultura africana al unidad del ser espiritual se
encuentra en y con la pluralidad de los entes materiales, en medio de ellos;
es inmanente a ellos. En la cultura asiática, por el contrario, aquella unidad
se busca más allá de los entes materiales; es transcendente a ellos. La
"armonía africana" procede del ser; se realiza por una vitalidad primigenia.
I:.a "armonía asiática'' procede de la conciencia; se realiza por la tranquilidad
distanciada espiritual.

La concepción de unidad y armonía, diferentemente acentuada en
los espacios culturales de África y Asia, se manifiema finalmente en la
relación á lo absoluto y divino. Mientras que, como arriba
ya fue
mencionado, en la mentalidad europea la diferencia y la trascendencia del ·
ser divino están elaboradas racional-agudamente enfrente del mundo
limitado y contingente, en los espacios culturales de África y Asia se
acentúan la unidad de ambos y la inmanencia del absolutó y divino

La relación a la naturaleza, en la cual el espíritu intenta no d o ~
la naturaleza científico-técnicamente, sino vivir con ella consonantemente,
se prolonga hasta la relación al hombre. En eso, quizás, las diferencias típicas
de las culturas pueden destacarse más distintamente. Mientras que en la
cultura occidental el individuo humano está distanciado por estrictos
limites frente a los otros, según la concepción africana la individualidad
humana consiste exclusivamente en sus relaciones a los prójimos, al todo
del tribu y de la naturaleza. En ello se ve el sumo valor de la
individualidad humana.

Eso, de una manera más inmediata,.ocurre en la cultura africana: Lo
divino aquí está concebido co~o el origen de los antepasados, por el cual
la corriente vital emana. Así lo divino es efusivamente junto al género
humano y a la naturaleza y permanece en ello creativamente eficiente. En
la espiritualidad asiática falta tal inmediatez de la inmanencia vital de lo
divino; más bien aquí se realiza un distanciamiento espiritual, causado
ante todo por un tender a la superación de lo material "adentro". Por eso
podria hablarse de una 'inmanencia de la transcendencia como

"En la cultura africana el espíritu entra, por así decirlo, en la materia,
"vibra" con ella, se" encama" en ella y la satisface. En la cultura asiática, en

84

85

�transcendencia'. Así en el Islamismo, oriW1do de Asía occidental, el dios
uno y absoluto se concibe en verdad como trascendente frente a .la
multipbcidad de acontecimiento mundial, pero de tal manera que este
acontecimiento -por él e,tá totalmente determinado y una distancia del
encuentro libre apenas se concede. El Hínduismo sud-asiático conoce una
multitud de manifestaciones de lo dívíno en la naturaleza y la fustoria de
modo que la unidad de lo divino parece ser sumergida en la diversidad
del mundo, pero sin entremez.clarse con él absolutamente. En 2\sía del Este
el Budismo, el Taofsmo y el Confucionismo conciben lo absoluto no como
un "tú" personal, transcendente enfrente del mundo y del géner0 humano,
sino - de manera diferente - como base inmanente de mesura. De allí
resulta el hábito ético de una específica "tranquilidad serená' y
"sabiduría"

T ettera Parte:

Interpretación onto-antropológica de estas disposiciones como

Estructura dinámica (triadica-dialéctica)
A fin de prevenir posibles mal entendidos sea indicado aún lo
siguiente: Las disposiciones ·culturales arriba descritas deben ser
coro prendidas como objetivaciones no solamente de una facticidad
empírica, sino que de una disposición espiritual fundada en el ser humano.
Por eso pueden evitarse no solo 1a posición rrwnistica, según la cual las
diferencias no seria más que "variaciones" arbitrarias de un "tema"
cultural úrúco e idéntico, sino también la posición pluralística, según la cual
las culturas parciales no tendrían ninguna base común y quedarían - sin
vínculos humanos - en una simple e infructuosa ce-existencia. Se insinúa
en este contexto más bien una interpretación de los extremos en el sentido
de una. sentejanza graduada o de un arganísmo espiritual

Según tal interpretación los miembros individuales muestran una
cierta autonomía e independencia así como u.na relativa necesidad de
complementación reciproca. Pues no es sino en la i11teracción de la
complementación que logran alcanzar la "totalidad del ser", hacia lo que
están predispuestos, y en cual encuentran su propia y completa identidad.
A diferencia· de un organismo puramente biológiCCJ, cuyos miembros están
en cierta medida determinados en su función por algo distinto, aquella
identidad es, por la unidad trascendente del todo, un organismo espiritual,
el cual cons5te de miembros que reciben su determinación de su propia
decisión libre y responsable, la cual pueden tomar como respuesta a
exigencias reconocidas de mayor sentido. Es decir. Las personas humanas

86

no son puramente "objetos", sino sobre todo "sujetos" de] dinamismo de la
comunidad hu.mana y de la paz mundial..

En esta perspectiva onto-antropológica la cultura en genetal
aparece como resultado de un continuo encuentro entre naturaleza y
espíritu. Esta relacionalidad óntica se manifiesta, sin embargo, de manera-·
diferente en cada cultura parcial: En la cultura europea-occidental - lo que
se destaca especialmente desde los principios de la edad moderna - . el
espíritu sobre todo está dirigido al orden racional, a la dominación técnica
de Ja natutaleza y a la asinúlación de elJa con respecto a su provecho para
el hombre.La naturaleza no se comprende como un valor y un sentido
subsistente, lo que implica un parcialmente agresivo y destructivo hábito.
El espíritu: aquí se comporta a la naturaleza como una antítesis
En cambio, en la tradición cultural afro-asiática el espíritu busca
primeramente armonía y unidad, es decir participación e integración. En
cuanto en ello no solamente la unidad, sino también 1a diferencia de
espíritu y naturaleza proc,eden (pues de otro modo no se podría hablar
explícitamente de una unidad ·de ambos), aquí se significa un hábito de

síntesis
Una 'síntesis', sin embargo, se basa en la reunión de una 'tesis' y
'antítesis'. Tiene, por lo tanto, su base tanto en la una como en la otra. En
vista de esta doble raíz de la síntesis, se entiende que en .la cultura africana
se realiza Ja vida en cuanto el espúitu fluye de y en la naturaleza material
(en el sentido de participación directa): la cultura africana marca Ja
procesión de la síntesis a partir de la tesis. En la cultura asiática, en cambio,
se realiza la unidad espiritual más por medio del distanciamiento y de la
confrontación con respecto a la naturaleza material Así la cultura asiática
acentúa la procesión de la sfutesis a partir de la antítesis.
Con eso se manifiesta el perfil concreto de una interpretación
integralontológica de la unidad entre naturaleza y cul,t ura en el sentido de
un concepto del ser triádico-dialéctico: La naturaleza (la cual procede a toda
elaboración cultural como el s:ubyacente original "Ser -en-si") se comporta,
por así decirlo, como 1a 'tesis', enfrente de Ja cual la cultura europeaoccidental se destaca agudamente como la antítesis (el "Ser-enfrentando-así"). Las culturas de África y Asia representan
- de una manera
respectivamente diferente - la sfutesis y Ja armonía del espíritu humano
con la naturaleza (el "Ser-regresante -a-sí" o la Reín-sistencia del Ser).
Así se abre 1a mirada a la posibilidad de un "con-cierto" armónico
creativo de las culturas mundiales. A lo que parece, en ello están puestos el
desafió y la tarea de hacerse permeables - una cultura para la otra -, de
marcar las unilate.ralidades y limitaciones hu.manas como tales y de
87

�ensayar de común de eliminarlas. De tal modo, quizás, podrá desarro~se·
- por medio de una complementariedad reciproca - una humamdad
llenamente viva, es decir culturalmente diferenciada y universalmente
integrada
Nuestro ensayo de interpretar la unidad actual de naturaleza y
cultura en un sentido dialéctico-triádico podría recordar, en ~gunos
aspectos, el principio de pensar de la filosofía hegeliana. Pero no comparte
las presuposiciones idealísticas. Por la designación de la naturaleza como
'tesis' está prescindida de la concepción que la naturaleza sea una
"posición" del espíritu absoluto. Con la naturaleza en nuestro contexto se
concibe solamente al ser inmediato y relativamente indiferenciado, el cual
precede y subyace a la elaboración espiritual y a la cultura. La designación
de la cultura occidental como 'antítesis' tampoco implica una agresividad
esencial, sino más bien un enfrentarse, lo que como tal representa un
proporcionarse constructivamente a la na~aleza (aunque, es ver~ad,. esta
potencia y capacidad originariamente positiva, en el curso de la histona de
parte se ha pervertido en un hábito y actitud negativo y destructivo).
Tampoco aceptamos que la antítesis, en cuanto e-s un estado malo,
negativo, destructivo e hiriente, siempre y necesariamente emboca a la
síntesis, es decir al bien, la armonía y la paz; y tampoco que no hay otro
camino al bien que por antes producir .el mal. Un idealismo dialéctico, que
justifica un racionalismo filosófico, no correspondería ni a la experiencia de
la historia ni a la liberta~ y autorresponsabilidad del hombre.

L

La terminología hegeliana, la cual arriba hemos usado (con
algunas restricciones) puede concebirse como la versión moderna-occidental
de un concepto triádico de lo real. Una versión antigua-occidental se
encuentra, por ejemplo, en la doctrina platónica de la "tricotomia del
alma":

Conforme a esta doctrina está considerada primeramente un
"Alma de los Apetitos", el cual funciona como la base de la vida y
corresponde al bajo vientre. Contrariamente opuesta a ella está situada el
"Alma-Espíritu", el cual es el lugar de la intuición y participación de las
ideas y corresponde a la cabeza. Entre estas dos mediatiza el "Alma del
Temperamento", el que representa el asiento de la valentía y corresponde
al pecho o al corazón.
Con respecto a estas atribuciones se puede decir que la mentalidad

europea se refiere especialmente a la "cabeza", mientras que en la cultura
afro-asiática se acentúa el "corazón", desde el cual el hombre se dispone y
vive. En ello según las explicaciones anteriores - la cultura africana está
motivada más por el "vientre", la cultura asiática, en cambio, más por la

El concepto triádico de la realidad en la filosofía occidental se ha
elaborado sobre todo en el neo-platonismo (en Plotino, en Proclo y en
Pseudo-Areopagita). Pero puede encontrarse también en otros círculos
culturales de modo que se insinúa aquí la presunción que por el concepto
triádico se representa un "ar-quetipo" interculturalmente válido.
En el espacio cultural africano está conocido aquel arquetipo
trládico. Según una tradición mitológica egipcia, por ejemplo, la unidad de
lo divino se diferencia en sí núsma por la tríada de los dioses principales
Re (=Dios Creador), Ptah (=Dios Palabra) y Amun (=Dios Espíritu). El
primero puede comprenderse como la fuerza primigenia vital
(especialmente del sol), el segundo como la conciencia la que se realiza
distanciándose desde el origen, el tercero como una indicación de la alegría
amorosa por la cual todos los entes están reunidos.
En el espacio cultural asiático se encuentra primeramente la
"Trinidad" hindú (Trimurti) de los dioses principales füahma, Vishnu y
Shiva: El ser primigenio e ilimitado se ocupa como "Dios Creador"
(Brahma) al emerger en una variedad de seres limitados. Esta pluralidad es
evocada por el "Dios Sustentor'' (Vishnu), pero luego es replegada por el
"Dios Destructor'' (Shiva) en la unidad ilimitada del comienzo. A estos tres
conceptos mitológicos de dioses se les asocia los tres momentos filosóficos
del Ser: Sat - Out - Ananda: a Brahma corresponde con particular
efectividad el "ser reposado en sí" (Sat), en Vishnu resalta, sobre todo, la
conciencia o, bien, el Lagos (Chit), y mediante Shiva, finalmente, debe
sobrevenir la armonía voluptuosa (Ananda).
Por tales indicaciones del carácter transcendental y transcultural
del pensamiento triádico nuestro ensayo de un entendimiento
ontohermenéutico de la conexión integral entre naturaleza y cultura, sin duda,
puede confirmarse y ponerse en una base más amplia.
Va,mos a concluir nuestras explicaciones por una vista a la posible
continuación de la interpr~tadón presentada en el sentido de una "Analogia
et Participatio Trinitatis", como lo que se ofrece por una visión cristiana
filofófica-teológica. Eso aparece en este contexto especialmente significativo,
porque el fundador del cristianismo ha vivido en un lugar en el que las
culturas de Europa, África y Asia se entrecruzan.
Conforme a aquella visión la realidad primigenia divina se concibe
como unidad tri-personalmente estructurada: La divinidad, esto es, el ser
ilimitado en que se basa toda limitación y multiplicidad del ente, está
consciente de sí mismo en una palabra esencial ("Logos"), donde coloca, al
frente de sí su esencia más intima y la "contempla". Así se conduce el ser

"cabeza".
89
88

�divino respecto a su. palabra, que es su. imagen viva e igual, como_ un
"padre" respecto a su. "hijo" en una confrontación personal. En la plerutud
amorosa de su encuentro los "anima" un espíritu común, en el que se
reunen y se gratifican mutuamente. En ello cada dualidad y oposición
están traspasadas (no "borradas" o "extinguidas'', sino "llenadas" Y
"levantadas").
Partiendo de allí, se puede formular que la cultura europea, en tanto
que muestra en su historia, de manera particular, el surgimiento Y
enfrentamiento del pensamiento conceptual concerniente a la naturaleza
material, participa preferentemente en el nacimiento del Logos de Dios
(aún cuando aquí, con vistas a la alineación del "'Logos europeo" frente a la
naturaleza y al origen divino, en términos cristianos se trata, seguramente,
más bien de una participación en el "logos divino crucificado").
La cultura asiática, en tanto que ella busca la unidad del espíritu en
el distanciamiento y confrontación respecto a la materia, hay que
entenderla especialmente en relación con la procesión del Espíritu divino a
partir del Legos divino, que emergido de su origen "pate~-maternal'' se
encuentra distanciado y confrontado con él La cultura africana, en tanto
que acontece en ella la unidad vital-espiritual de todo ser directamente en
la naturaleza material misma, que se experimenta como espiritualidad
consumada y en movimiento, parece participar en la procesión del
"Espíritu Santo" divino del" Dios Padre" (o bien "Dios Madre") y "vibrar''
en ese acontecer divino.
'I
11

De esta manera, se presentan los tres espacios culturales de la

tierra: Europa, África y Asia, partiendo de su origen divino común,
motivados por su sentido y "convocados" a una cooperación significativa
en la realidad cultural estructurada de la humanidad.

Conclusión
¿El futuro como síntesis cultural creativa?

Desde su fondo ontológico las culturas por principio configuran
una contrariedad complementaria; son dispuestas y, en cierto modo,
destinadas a interrelacionarse entre sí en un sentido dialéctico-triádico
profundo.
Pero en realidad, empero, este sentido se ha alienado y en parte
pervertido de vez en cuando hasta un contra-sentido. Especialmente a
causa de eso las culhlras sufren por experiencias dolorosas de mutuos
desconocimientos, frustaciones, violencias y desconfianzas.
Esto implica: Las culturas singulares tienen que superar sus
unilataralidades tradicionales y las varias limitaciones y deficiencias
humanas. La interrelación entre las culhlras tradicionales, entre tanto
globalizadas (por ejemplo por "intemet"), fracasaría globalmente y u.na
oportunidad histórica se desaprovecharía, si las diferencias culturales no se
compensasen en un sentido positivo-complementario. Para toda 1a
humanidad, no hay otra posibilidad de sobrevivír. Esto es verdadero, ante
todo, con respecto al poder destructivo enorme de la técnica moderna, que
se mostraría en el caso del abusado de la energía nuclear o de la ciencia
bio-técnica
Hoy, las culturas de Europa, de África y de Asia, ya se han
penetrado mutuamente, lo que acontece también ejemplarmente en
América. Como ya hemos dicho, se podría compararlo a una mezcla de
elementos químicos generativos: Bajo la presión de las circunstancias
actuales (cuales como tales son resultados de procesos lústóricos, a veces
muy complicados) las culturas tradicionales están provocadas a originar
nuevas cualidades humanas del c0mportamiento. Las culturas tienen que
generar Ul,1a conciencia humana integral con elementos desde Europa,
África y Asia, pero elevada creativamente a otra cualidad humana.
Posiblemente, los sufrimientos actuales de la humanidad en cada
nivel del ser - en el ámbito religioso y moral, económico, social y político los cuales se aumentan ante todo en América - se pueden entender como
'dolores de parto' que llevan a un nuevo ser humanoJ más integrado~ más
libre y responsable, más humano y amoroso. Cierto, el "nacimiento"
podría fallar, podria no encontrarse la base pai:a una paz que asegure la
continuación de la existencia y la ulterior evolución culhlral de la
humanidad. Podría ser que la formación de una identidad más integral y
humana, se malograra por falta de receptividad y por falta de una
disposición a la co-operación con el manantial divino permanentemente

90

91

�FUNDAMENTOS DE UNA TEORÍA
FENOMENOLÓGICO-REALISTA DEL JUICIO

creativo. Podría ser que el género humano se perderá en una catástrofe
cósmica. Seguro que por medio de la filosofía no se puede predecir, si la
historia del mundo se realizará y cumplirá en la dirección de una identidad
siempre más profunda, o si está condenado a fracasar por desorientación y

Mariano Crespo

Aauiernia Internacional de Filosofía

negación humana.

Liechtenstein
Pero en lugar de un pesimismo y fatalismo, los cuales justa.mente
evocan y causan lo d~ que se angustian, y en lugar de un o p ~ o
desconsiderado que cree que todas las cosas van a mejorarse
automáticamente, hay que abrirse la alternativa de una esperanza
metafísicamente fundada. En esta esperanza
se encuentra la
responsabilidad auténtica frente a la historia humana, la responsabilidad
que no exige el saber anticipado de acontecimientos futuros, sino más bien .
el riesgo sensato que - según un dicho del filósofo Peter Wust - por un
'mínimo de entendimiento en el sentido' arriesga un 'esfuerzo máximo'.
¿Podemos, de este sentido, quizás decir que estamos ante un salto
creativo de la evolución?.
1 Una veraión muy amplificada de esta conferericia el m1tor presenta en el artículo alemán
intitulado: "Europa - Afrika - Asien. Komplementaritiit der Weltkulturen" . En· Erwin
Schadel (ed.), Ganzheitliches Denken. Festschriff für Amulf IUeber zum 60. Geburfstag. Con
un Prólogo de Heinrich Beck (Schriflen. zur Triádik und Ontodynamik. Vol. 10), Frankfurt13eTlin-Bem-New York-Wien 1996, p. 51 - 82.

Cf. Del autor el artículo trilingüe: Weltfriede als dynamische Einheit kultureller Gegensiitze.
Onto-heanenentische Grundlangen zuro Strukturverstandnis der Kultur der Menschheit als
Perapektive eines "dialektisch-triadischen" Wirklichkeitsverstiindnisses. Bn: Heinrich Beck /
Gísela Schmirber (edd.), Kreativer Weltfriede durch Begegmmg de.r weltkulturen (Scluiften
zur Triadik und Ontodynamik Vol. 9), Bd. P. LANG,Frankfurt-13erlin-Ver- ew York-ParisWien 1995, p. 17 -69; Paz mundial como -unidad dinámica de contrastes culturales.
Fundamentos onto-hennenéuticos para una comprensión de la estructura de la cultura
humana, como perspectiva de una comprensión "dialéctiro-tirádica" de la realidad. Bn: H.
Beck / G. Schmirber (edd), Paz creativa a partir del encuentro de culturas del mundo, Ed. De
la UNIV. de ZUUA, Maracaíbo 1996, p. 21 - 88; World peaee as dynamic mrity of cultural
contrarieti.es. The onto-hermeneutic basis for an understanding of the structure of the culture
of mankind as a perspective for a "dialectic-triadic" conception of reality. En; Beck / G.
SchmirbeT (edd.), Creative peace tluough encounler of world cultures (Sri Garib Das Oñental
Series, No. 200), INDIAN BOOI&lt;S CENTRE, Delbi 1996, p. 19- 65; además H. Beck, Das ekinsistentielle Verhaltnis von Natur - und Gei.steswissenschaften in dec abenndliindischen
Kultur. En: H. Beck / l. Quiles (edd.), Entwicklung zur Menschlichkeit durch Begegnung
westlicher und ostlicher Kultnre. Akten desN. Intetlcontinenralen Kolloquiums zur
philosoplúschen In-sistenzanthropologie, l .- 6. Sepl 1986 an der Univ. Ba:mberg (Schriften zur
Triadík und Ontodyna.mik. Vol. 1), Fra.nkfurt-Bem-New York-Paris 1988, p. 171 - 186; id.,
Transkulturelle Aspekte menschlicher ldentitat Bin knltur - und evolutionsphilosophischer
Beitrag zur aktuellen Neuorientierung. Bn: H. Matis (et al, edd.), Festschrift fü.r J. Hanns

1

En el presente trabajo nos proponemos esbozar los fundamentos de una
teo~a. fe~omenoló~co-realista del juicio. Para ello partiremos de la
delimitaaon de. las esferas del acto de juzgar y la de Ja proposición de la de los
estados de cosas. Ello no quiere decir que obviemos las relaciones evidentes
que existen entre estos tres ámbitos, a las que también dedicaremos nuestra
atenció~ No o ~ e , una exacta delimitación de estas esferas puede
contr~u~ ~ una me_Jor caracterización de en qué consista en sentido propio
esa obJetiVJdad estructural que denominamos estado de cosas.
·
Por otra parte, el té~ino 'JUicio" encierra una cierta ambigüedad,
puesto que unas veces se util~ para referirse al acto psíquico de juzgar y
~~s ~ra mentar la propos1c1on, esto es, el contenido ideal de la vivencia
¡ud1cativa.
.
Comenzaremos con un anál.i.s.is de las principales notas del acto de
}UZgar para p~~ a continuación a mostrar las caracterísbcas más importantes
de la propos1c1on como wtidad ideal y c-0mpleja de significación Para ello
e~pondremos las líneas básicas de la teoría husserliana al respecto así como las
cnticas efectua~as a ésta por los fenomenólogos realistas. En el transcurso d
~ta ~~~!ción introduciré un excursus: el dedicado a la crítica de 1:
iden~caaon entre proposición y estado de cosas que se encuentra en WlO de
los ~osofos contemporáneos que más ha reflexionado sobre este tipo de
cuestiones, a saber, R.M. Chisholm.

1.- El acto de juzgar

. _ Brentano Y alguLlOS de sus seguidores habían hablado del juicio
como un "reconocer" (Anerkennen), y del juicio negativo como un
"rec~~r" (Verwer~). ~in embargo, estos tém1inos presentan una gran
am~1guedad y multwoc1dad que necesita ser esclarecida. Un primer sentido
posible de "reconocimiento" y "rechazo" es el que se refiere a una estim · ·
a b ··
..
aoon o
pro acton positiva o negativa1. Así, por ejemplo, cuando alguien nos invita 0
positi O

lL.Phro
. Fsta l pm. i&lt;:an1,•nlt•
'" inlt•rpreta&lt; iún ,mp J..,fr,ndió W WindelL·--d
art·icwo
- ·' •13e·llr&lt;1ge
.. zur
•
.•
•
,·
lJcUI en su
Cel: V011 ncgallven Urteil , ro ~frllR.&lt;blu-ga Ab/11mdhmge,1 ::ur PlniCl!'Olillle. Eduard ZeUer zu seinem
:&gt;urtstage, J.C'.B. Muhr (Paul 5 ~ ) , Freiburg und 1ubingl'l1, pp. 167-195.

Pichler, 13etlin 1996 [en prensa].

92

93

�propone determinada activjdad, ésta suscita en n~tro_s un sentin1~to de
aprobación o rechaz.o que traducimos en frases afirmativas o ne~tiva~.
juicio negativo no seria, pues, más que el rechazo del cor.respond:tente JUICIO
_positivo. El juicio negativo "A no es B" equivaldría al juicio doble "el juicio 'A
es B' es falso". Este segundo juicio ya no podria ser pensado como una
vinculación sea de un predicado con un sujeto o sea de dos rep.reseritaciones,
sino que se trataría de un acto totalmente distinto: un "enjuicíam~ ~to"
(Beurteilung, en términos de Windelband) cuyo resultado es1 en ultíma
instancia, un "rechazo", o con otras palabras, un modo de proceder de la
concie11cia que consiste en la desaprobación del intento de vincular un
determinado predicado a un sujeto o de unir dos representaciones. Por
consiguiente, a la función ''teorética" del representar o de la unión de
representaciones se le añadiría una segunda función "práctica'': la estimativa o
desestimativa del contenido de la representación. Este momento de
· "aprobación" o "desestimación" constituiría la clave de la distinción de los
juicios según la cualidad. Esta segunda función seria separable de la "teorética"
sólo en la abstracción, puesto que en la realidad son momentos fundidos entre
sí de uno y el mismo indivisible acto psíquico. Las demás cuestiones
relacionadas con el juzgar como, pcr ejemplo, sj el objeto de ]a estimación o
desestimación es una representación "simple" o una síntesis de
:representaciones, son secundarias. Por tanto, los momentos de "estimación" o
"desestimación" no serian ex.elusivos de los fenómenos de amor y odio, sino
que tambjén entran en la esfera judicati a. De este modo, la diferencia entre
los fenómenos psíquícos de la segunda clase (los juicios) y los de la tercera
(fenQmenos de amor y odio) - según la clasificación de B:rentano - queda
desdíbujada2. Por otra parte y corno onsecuencia de Lo anterior, Ja
"estimación" admitiría una diferencia gradual. Podriarnos "aprobar" o
"desestimar" con mayor o menor intensidad una detem1inada combinación de
representaciones o la adscripción de un determinado predicado a un sujeto.

:U."

Ahora bien, es difícil pensar que conceptos tales como "estimación" o
"desaprobación" sentimentales tengan cabida en la teoría del juicio. ¿Qué
sigtúfi.caría que el juicio ''la suma de los ángulos de un triángulo es 180 grados"
es "aprobado" ·y el juicio "la suma de los ángulos de un triángulo es 360
grados" es "desaprobado'1? Ya Brentano y Marty se refirieron al doble sentido
conteiúdo en la expresión apreciar (billigen), que unas veces se re fiere al
asentimiento positivo del entendimiento que juzga (urtl'ilende Bejahtmg,
Zustimrmmg des Vcrsfandcs) y otra al sentir o querer (Z11ncig111mg ím Gemüfc)'.

z. Plt'Cisall1él11c.&gt; WindeJband nili&lt;.a a Hn.'l1l&lt;mt1 ,&gt;I hc1l ' r d ~Lmgmdn cntl1:' ¡ui, 10s y fonúmm -.s Jt,
amor y odio cua11do, en n.&gt;aliddd, en ellos hay más '-]Ue unc1 simpl&lt;' c1nak1gkl, sino, por as1 th 1r, wm
"comunidad dP gi&gt;nero". Cf. Windt&gt;lbanJ, art.&lt; il., p. 178.
3. a. f. Brentano, F., Vom Ur:;immgsittlu:111:1 Frker111h11s, l)und wr und Hw11hloll, li•1pziy, l!W7 (h•lix
Meiner, Harnburg 195&amp;. (Sobre el origc11 tic/ Ctlll()CUIIÍi11t,n1111m/; TraJ. Je M. Gdr, id Mon-nh'. lntni.l. y
preparacióri de la edición por S. Sán&lt;.hc1.-Migallún, ({Pd l Sot"i&lt;"1c1.I h on1,rni, a Mc1trilPrn;,• ti•• Amigo•;

Sin embargo, cabe habJar con Reinach' de un :reconocimiento que no

porta en sí ninguna carga "sentimental" y que puede caracterizarse más
exactamente como un "asentimiento" (Z1rstimmung). Así cuando escucho el
juicio "A es B lo entiendo, medito sobre él y digo asintiendo: "sí''. Este ''sí",
este asentimiento no se refiere al correlato objetivo del Juicio ''A es B" - el
11,

estado de cosas ''ser-B de A", sino al juicio "A es B" mismo. Ahora bien, el
juicio al cual asiento (" A es B") también puede ser caracterizado. como un
reconocimiento. Sin embargo, en este caso éste se dirige al estado de cosas
mismo.
os encontramos, pues, ante dos sentidos de reconocinüento
(A11erkenn11ng) que es necesario separar ruidadosamente: el reconocimiento en
el sentido de asentimiento y el reconocimiento que juzga. Así podríamos decir
que 11el reconocinliento en el sentido de asentimiento es reconocimiento de un
reconodmie11to que juzga"5 . Es el segundo tipo de reconocimiento, el que se
refiere a un estado de cosas, el que nos interesa en la teoría del juicio.
Una vez que, en la línea iniciada por Reinach, hei:nos excluido
reconocimiento y rechazo - en el sentido de una estimación positiva y de una
desaprobación negativa - llegamos ahora a la cuestión de cuáles son los
sentidos de ''.ju.icio" que tieuen cabida en Wla teoría filosófica del mismo.

Para ello, representémonos la siguiente situación. En estos momentos
es_toy escribien~o sobre un papel blanco. Estoy ante él y veo que es blanco. Al
darseme su ser blanco nace en mí la convicción de que es de ta] color.
Su~~gamos que por cualquier motivo interrumpo momentáneamente mi
actividad y salgo de la habitación en que me encuentro. Una persona me
pregunta por el color del papel en el que escnbo y yo respondo: "el papel es
blanco". De este modo, la convicción que había obtenido anteriormente ante el
se~ b~co del papel "en peISOna" continúa, aw,que no lo tenga de hecho ante
nu. Sm embargo, cuando ante la persona que me interroga formuJo el juicio "el
pape~ (~bre . el que escribía) es blanco", en éste no solainente tengo tma
conv1coon, smo que me estoy dirigiendo aseverativamente a un estado de cosas
concreto, Wl modo de dirigirme al estado de cosas distinto del modo
del País, Madrid 1990)

p. 56.; A Marty, U11tersru:lumge11 zur Gnurdlegung der allgemeine Gramatikw1d Spradrphilosaplúe, Bd. (.
Max Niro1eyer, Halle/ S. 191'»3.
p. 233. Vid todo el §47)

A

4. Reinacb, "Z.ur Tht.&gt;orie des negatlven Urteils", en Sllmflidu: Werke. Textkri.ti&amp;'.he Ausgabe in 2
Blinden. Hrsg. von K Sdiuhman und B. Smith. Philosophia Verlag. Mü.nche:n Hamden Wien ]989 p
96 ss. (fetJTÍll del /uido Negativo, Trad de M Crespo, Excerpta philosophica 22,.'Facultad l&lt;ilosofía,~
la UnivelSi.dad Complutense, Madrid 19CJ7)

de

5. lbid.

95

�interrogativo en e] que la persona que me preguntaba se dtrigí~ ~ _él. Este
momento de poner aseverativamente es característico de todo 1u1c10 y lo
distingue de otro tipo de actos. Falta en aquellos casos en que yo, por ejemplo,
repito un juicio efectuado por otra persona sin comprenderlo_ (com?. cu~do
repito una proposición juclicati:va en otro idioma sin saber_ que s1gi1~ca). En
los dos casos es mentado el mismo estado de cosas, pero solo en el pnmero es
puesto él$eVerativamente'16 •
Lo que aquí nos interesa notar es la necesidad de distit??uir
claramente dos sentidos del término ''juicio", a saber, juicio como conVIcaon y
juicio como aseveración. La confusión de ambos sentidos estarla: ~~1
Reina.ch, en la base de la temía del juicio de Brentano. Esta falta de distinaon
le habría llevado a hablar en la Psicología desde un p11nto de 1.1ísta empírico de 1a
intensidad del juicio en analogía a 1a intensidad del sentimiento, aunque
posteriormente en E/ origen del conocimiento moral modíficara esta concepción7.
También Windelband 8 había hablado de una "escala gradual" del sentimiento

de convicción o de certeza.
Resulta claro que esta "gradación" del juicio no puede aplicarse a éste,
si por juicio entendemos "aseveración". Un estado de cosas no puede ser
"más" aseverado que otro. Sin embargo, la situación es completame11te
diferente en el casó de la convicción. En ella sí que podemos hablar de grados,
de modo que podemos estar "más o menos" convencidos de algo.
Esto último nos muestra - además de una primera diferencia entre
aseveración y ronvicción - que cuando Brenta110 hablaba de "grados" del
juicio, lo que tenía "in mente" era la convicción. Ello indica, asimismo, la
ambigüedad del concepto de "reconocimiento" (Anerkennung).
Una segwida diferencia entre aseveración y convicción se refiere a su
orí.gen. Mientras que la convicción puede ser descrita como tm estado o
disposición de conciencia, que, por así decir, nos ''surge" ante un determinado
estado de cosas, la aseveración tiene un papel activo, es "realizada" por
nosotros y es totalmente d~ta de cualquier sentimiento o estado de
conciencia. Dicho con otras palabras, tiene el carácter de un acto espontáneo9 •
6. A. Reinach, op.cil., p.W.
7. Cf. F. Brent.ano, Vom Urspnmg siHlíd1er Erkermtnis, ed.cil., pp. 21., 2.S-26,nota 2.8.
8. Op. ci1. p. 186.
9. Por su parte, Dietri 'h von l::lildebra114 UJl estudiante de Adolf Reinach, insiste en el carácter
de "respuesta" que tiene la convicción. F.sta "has Ül no way a vohmtary character, much less a
capriaous one... Nevertheless is always the accompl.ishment of my response to the ex.istimce of
an object" (D. v. H:ildebrand, Wliat IS philosophy? 3rd. edn., with a new introdu tory essay by J.

En tercer lugar, tanto la aseveración como la convicción tienen una
naturaleza temporal. Ahora bien; mientras que la pr.imera es un acto pw1htal,
no admite una extensión temporal, la convicción puede durar en el tiempo.

Aunque, como hemos puesto de manifiesto, aseveración y convicdón
son esencialmente distintas, ello no quiere decir que no exista ningún .tipo de
relación ~tre ellas. Por el contrario, están tan estrechamente relacionadéfs que
"no es posible ninguna aseveración que no fuera acompañada de tena
convicción que le sirva de base"1º. Sú1 embargo, no es necesario que toda
convicción dé lugar a una aseveración. Yo puedo adquirir una convicción ant.e
cierto estado de cosas sil1 por ello darle la forma de un juicio (en el cual
asevero el estado de cosas) y, por tanto, permanece esta convit:ción en mi foro
interno.
Una objeción pos.ible a estas explicaciones de Reinach, y que él
mismo, se planteó puede aducir el caso de ciertas aseveraciones carentes de
convicción, como podrian ser la mentira y la pregunta cuya respuesta
conocemos. Sin embargo, un examen más detenido muestra como en ellas 110
puede hablarse de un auténtico aseverar. En el caso de la mentira se trata de
un aseverar _aparente, mientras que una pregunta cuya respuesta sabemos no
es una auténtica pregunta~ pues "el preguntar auténtico excluye 1a convicción
acerca de] ser de aquello que es preguntado exactamente del mismo modo
que la auténtica aseveración excluye la no-creencia en lo aseverado"ll
¿Cuáles son, por tax1to, los rasgos fundamentales del acto de juzgar?
Seifert, London/York: R?ulledge, 1991, p.21. Este cará ter de respuesta está totalmente
ausente en ~einclch: 'Dje ~r~ugung .is\.(...) meineStellungnahme zu dern - meine Quítt.1.mg
so~sagen über das, was mu die Erkenntnís darl&gt;ietet• ("Zur Theorie des negativen Urteils",
ed.at., p. 120). J. Seífert, Erkelmtms objekliver Wahrheit, Die Trm,szendelulenz des Mensche11 in der
Erkem,1111s_, 2 verbesserte und erweiterte Auflage. Anlon Pustet. Salzburg 1976, p. 101 ofrece
una soluaón que combina las dos posi iones. Para ello distingue dos "pasos" o elementos de la
nmvicdón: en primer lugar, y romo consecuencia ne;cesaria del conocimiento de wi estado de
cosas, hay un "dejazse convencer :por él". El segundo elemento hace referencia al carácter
espontáneo de ésta, al "sí" que doy como respuesta teórica al estado de cQSas que se muestra
ante mi

10. ~- Reinach1 op.cit., p . 100. Una de las figuras emblemáticas del circulo fenomenológico de
M~~1~ y de la cual, desgraciadamente, no coI1Servamos ninguna obra, Johannes Daubert,
cntJ:o la tesis de Reinach según la cual toda aserción está fundada en . lll\a convicción.
Basand~ en algunos manuscritos que de este autor se encuentran en Ja Bayeriscbe
Staatsb1b~oth:k, K. Schuhmann ("Johannes Dauberts Kritik der 'Theorie des negativén Urteils'
von A~oli Remach", en Mulligan (ed.) -Speech Ad ami Saclwerhalt. Reinach and /be Foundations
of Realist Phenomenology, ~~rtinus Nijhoff, Dordzecht 1987,pp. 227-238.) reconstruye las líneas
~~amentales de esta cnlica. Para Oaubert la convicción _pertenece a un ámbito totalmente
dis~mto al _de _la aser'.1ón, a saber, al de lo psíquico individual F.s "mi seguridad interna", "un
residuo pstqw o del Juzgar en la función cognoscitiva•.
11. A. Reinach, op.ci.l, p. 100.

97
96

�La concepción fenomenológico-realista del acto de juzgar, en el
sentido de aseveración, se enmarca dentro de una teoría, más general, que
versa sobre 1a esencia de los actos. Fsta teoria parte de una d..irunción,
absolutamente fundamental, entre cuatro elementos12:
a) Las vivencias singulares.
b) •Los actos (las vivencias "in speci.e"). Así _a las vivencias s~gulares (de
determinación, juicio, de pregunta, de orden, etc.) se opone aqw el acto (de
determinar, de juzgar, de preguntar, de ordenar, etc.) que en ellas se .realiza.
e) La proposición. Ésta presenta una objetivación peculiar del acto y no
coincide con 1a formulación gramatical que pudiéramos darla. Así, en sentido
estricto, es 1a misma proposición 1a que se puede expresar en alemán, inglés o

castellano.
d) El contenido de los actos (lo determinado, lo juzgado, lo pregw,tado, 1o
ordenado, etc.) Éste se distingue de los actos y de las proposiciones,
respectivamente. Es justament-e en el modo en el que los actos "desarrollan" su
contenido en el que aparecen las principales diferencias entre ellos. Podemos .
distinguir, pues, entre tres tipos fundamentales de actos: los juicios ("actos de
adaptación"), las preguntas y los actos de "determinación".
Los juicios se caracteriz.an por "reproducir" en su posición algo
existente. Incluso si se afirma un estado de cosas no existente se halla en el
sentido de la afirmación el tenerlo como existente. Junto con el "poner como
existentes" - en actos de juicios llevados a cabo por peJSOnas -hay un existir en
sí de los estados de cosas ai que intenta "adaptarse" la posición

...

.En el caso de la pregunta ocurre algo completamente d.i,5tinto.
Aunque ésta también se refiere a un estado de cosas no reproauce un carácter
existente en sí, sino que, por así decir, lo "pone libremente". En el caso de la
duda acerca de -un estado de cosas sucede algo semejante. Aquí, como señala
Reinach, el "acto de adaptación" no es la duda misma, sino la aseveración de la
"dudabilidad" del estado de cosas.
.
Por su parte, en un acto de determinación - el que, por ejemplo, da
lugar a cualquier proposición del Derecho positivo -se pone algo como
debiendo ser. Fste carácter de posición pertenece al acto en cuanto tal sin que
exista paralelamente a él en la esferá objetiva un en sí al que "adaptarse". Aquí

no tenemos la nota característica de Jos jukiosr a saber, la posición de·un ser
que pudiera juzgarse como verdadera o falsa en virtud de que exista o no este
ser. Más bien, nos encontramos ante un acto de determinación que se
encuentra más allá de la contraposición entre verdadero y falso. De una
proposición del Derecho positivo podemos decir que es 'Justa" 0 "injusta",
"vigente" o "no vigente", pero no que sea lógicamente verdadera o falsa13 •
Relacionado con lo anterior, Reinad, señala que toda teoría acerca de
la esencia de los act,os ha de tener en cuenta toda una serie de posibles
atributos de éstos. El se refiere tan sólo a tres: la corrección lógica, la
fundamentación y la eficacia,
La primera de estas notas la poseen exclusivamente los "actos de
adaptación" en tanto que lo que ponen como existente exista en realidad . Por
lo que se refiere a la fundamentación,

"Una pregunta está fundamentada en tanto que el estado de cosas que
pone en cuestión es objetivamente dudoso; una detenninación lo está en tanto
que realmente y en sí deoe ser lo que pone como debiendo ser según la
determinación"••
Por último, y a diferencia de los "actos de adaptación" y de las
preguntas, las determinaciones poseen la nota de la eficacia. Se trata de actos
~ue a través de su ejecución quieren efectuar y eventualmente efectúan un
cambio en e] mundo.
Unaaproximadónmás detenida a.la esencia del acto dejuzgar revela
el carácter adivo que, a diferencia del contacto cognoscitivo, éste poseels. Un
juicio, en el sentido de aseveración, es un acto específico en el que, a través de
una proposición, nos referimos a un estado de cosas. Éste es ''puesto de
relieve" por nosotros por medio de los concept?5 y palabras. En este juzgar no
obtenemos propiamente conocimiento, sino que más bien objetivamos un
conocimiento que ya poseíamos. Por ello, podemos decir que el juicio
constituye el "punto final" del proceso del conocimiento que no pertenece a
éste, sino que se trata de wi acto en el que el conocimiento "desemboca•'16.
13. Aquí no podemos entrar en las diferencias que existen entre detemúnaciones y órdenes a pesar de
que ambas pertenezcan a la rategoría de los actos sociales. Sobre este punto d. A. Reinach, op. dt., p.
24.1ss.

14. A. Reinad,, op. ciL, p. 245.
12

a.A. Remad,, A., Die aprionsche11 Gnmdlage11 des biirgerlichen Red11es, eu Sitmtliche Werke, ed.ciL, p.

243ss.

15.Sobre las diferencias entre juzgar y contacto cognoscilivo, d . D.v. Hlldebrand, Vobiat is Plúloscphy?,
cap. l y J. Seifert, Erkennt11is ciJjekfroer Wahrlleit, p. 98-100.

98
99

�Podemos resumir, con Hildebrand, las diferencias entre juzgar, en el
sentido de aseverar, y conocer del siguiente modo:

rec!~'

(1) Enel conocimiento un objeto se "revela" ante mí,
de al_gun~ _manera,
el conocimiento de un objeto. Sin embargo, ~n el 1u1c10 la , dtrecno~ de la
intención es inversa. Ésta va de mí al objeto. Este no me esta dado, smo ~ue
afumo que éste existe o que es de tal o cual modo. El conocimiento del ob:ieto

está, par tanto, supuesto.

(2) Objetos de conocimiento pueden ser objetividades de todo tipo: esta~os de
cosas, cualidades, sucesos, personas, valores, etc. Por el contrano, los
correlatos objetivos de los juicios son siempre estados"de cosas.
Asimismo, podemos resumir así )as diferencias entre juicio, en el sentido
de convicción, y contacto cognoscitivo:

(1) La convicción posee un carácter espantáneo mientras que _el conocimiento
es, en el sentido más amplio del término, esencialmente receptivo.

(2) En la convicción el objeto no se "revela" ante mí, sino que más bien yo
tomo una pastura ante él. Este punto alude al carácter de respuesta que la
convicción posee.

(3) El objeto de una convicción sólo puede ser un estado ~e cosas, el "~r~b de
un a", mientras que, como veíamos anteriormente, el obJeto del conocmuento _
no está restringido al ámbito de los estados de cosas.
(4) Por último, 1a convicción se dirige "directamente" al estado de cosas y no a
través de la proposición como lo hace la aseveración. "La ronvicción es, más
bien, el tener por verdadero de un juicio o más bien 1a creencia de que un
estado de cosas existe"17

representaciones.
Por otra parte, representación, contenido representativo y juicio
constituyen algunos de los términos más equívocos en la historia de la filosofía
y necesitan, por ello, de 1Ula clarificación especial como, por ejemplo, mostró,
entre otros, Edmund Husserl18 .

El eje de la crítica de Reinach a la teoría de B.rentano reside en la
ronstatación de que "lo que es verdad del juido como con'llicción no necesita en mpdo
alguno ser verdad del juicio como aseveradón"19, aunque ello no quita que pueda
darse algo que sea verdad para los dos sentidos de juicio. Así, por ejemplo,
tanto la aseveración como la convicción poseen un carácter intencional, esto
es, se refieren a algo objetivo distinto de ellas ntismas. &amp;to último significa
que lo objetivo está, por así decir, "a la mano" de la rondencia. Representado
es, pues, todo aquello que está "ante mí", que me es presente. La cuestión,
sumamente interesante, que Reinach plantea es si este "estar ahí" ant-e mí de
todo objeto intencional lo está siempre en el modo de la representación. Su
respuesta es clara: "( ... ) este no es el caso en ningún modo"20 •
Así, la hoja de papel que estoy percibjendo en este momento, la
catedral de Toledo que ahora imagino, el recuerdo de una experiencia pasada ·
de tristeza, el paisaje que .imagino en la fantasía, etc. tienen todos ellos, aunque
de diferentes modos, la característica común de estar "ante mí". Sin embargo,
este concepto de representación no se limita a la esfera de 1a percepción
sensible, porque como Reinad, afuma "también la belleza de una obra de arte,
como algo que experimento, está ahí para nú como lo está también, por
ejemplo, el número 2, cuya naturaleza me hago presente en relación a dos
objetos individuales cualesquiera 1121 _

Lo que Reinaéh crítica propiamente es que el concepto de
representación agote todos los diferentes modos en que el sujeto consciente se
refiere intencionalmente a los objetos. El rep~ntar es, segán Reinach, una
clase de las ''intenciones a lo objetivo". Esta clase comprende la percepción, la

2-Elmentar
Dentro del esfuerzo por distinguir entre aseveración y convicción,
Reinach propone una critica de la conocida tesis de Brentano de que los
fenómenos psíquicos que llamamos juicios están fundados en

a.

18.
el parágrafo 44 de la quinta bwestigridón lógica (l..ogische Untersuc/nmgei,. Zweitel' Band:
Un~ chwtgen _zur Phiinomenologie und Theorie der Erkenntni&lt;J, Hua. XIX/1 y "XJX/ 2, 1984.
lnvestigr1ac11es lógicas. Tradúcdóo de.la segunda edición por Manuel García Morente y José Caos,

Re~

de Occidente, Madrid 19'29.

19.a. Reinach, "Zw Throriedesnegativen Urteils", p.100. L.acursivaes mía.
16. a. D.v. Hildcbrand,., op.cit., pp. 17-18.
20. A. Reinach, op.cil., p.102
17. J.Seifert, op.cit., p. 101.
21.A. Reinach, op.cif., p.101 .

100
101

�fantasía., etc. A estos actos les es común el q_ue todos ellos son una "representación". Junto a este tipo de actos existe una clase diferente que,
ciertamente, intienden algo objetivo, pero que no es, en modo alguno "representado". F.stos son los actos de ''mentar".
Por consiguiente, de las breves indicaciones de Reinach al respecto,
cabe deducir que existirían una serie de actos que se dirigen espontáneamente
a lo objetivo, pero que en ellos no se puede hablar de una presencia de estos
objetos, de una representación de ellos. Reinach pone el ejemplo de- la
enumeración de una serie de nombres por alguien que desconoce
absolutamente el idioma en el que éstos aparecen. &amp;ta persona se limitaría a
recitar la serie de los nombres, pero sin comprenderlos o, lo que es lo mismo,
sín mentar los conelatos objetivos de ellos. En este caso no se puede hablar de
una ":representación" de esto,s correlatos por la sencilla razón de que no están
en modo alguno "presentes" al sujeto que prommcia las palabras.
General.izando, en la conveJSación normal nos encontraríamos con ciertas
aseveraciones que se refieren a lo aseverado sin, por ello, representarlo.
Ciertamente, tiene que existir una cierta relación con lo que afirmo o niego
para poder aseverarlo. Lo que Reinach cuestiona es que sólo la :representación
pueda consideraise como esta relación.
Los actos de mentar, pues, acompañan al hablar comprensivo y a
ellos les pertenece esencialmente lllla "vestidura lingüística~. Cuando
· hablamos o leemos romprehensivamente, el objeto al que nos referimos no
nos es "re-presentado" por regla general. Incluso si nos fuera representado a
través de la percepción, del recuerdo o de la fantasía, el acto de mentar es un
acto completamente diferente del acto de ~presentar.
·

Las indicaciones de Reinach al respecto no ofrecen mucha más
información acerca del punto aquí di.5cutido. Por otra parte, el problema que
aquí se plantea escapa aJ propósito .fundamental de nuestro trabajo: un anális~
fenomenológico de los estados de cosas. Sin embargo1 puede resultar
interesante completar las "breves" sugerencias de Reinach con algunos de los
puntos que otro de los miembros del círculo de Gotinga, Theodor Comad,
ofreció en su artículo ''Sobre Ja _percepción y la representación". El artículo en
cuestión pretende ser una investigación aceoca de las semejanzas y diferencias
esenciales que existen entre los dos tipos de vivencias ·q ue denominamos
representación y _percepción. Para ello se parte de la constatación de los dos
modos diferentes en lo que lo percibido como tal y lo representado se dan ante
la conciencia. Mienf:ras que en el primer caso lo percibido da la impresión de
estar inmediatamente ahí, lo sólo representado no provoca esta impresión,
sino que, si cabe hablar así, "tenemos una vaga idea ace.rca de ello'122 •

Ahora bien, si utilizamos un sentido ampüo de -representación de
modo que íncluya a ésta en sentido estricto (la comúnmente denominada
"mera representación") y la _percepción, podriamos decir que lo propio de ésta
sería la "visibilidad" del objeto representado. Ahora bien, piensa Conrad, sería
posible "apuntar" a un objeto sin que éste sea "visib1e", pues el sirr\ple "estar
ahf" de un objeto no convierte a la vivencia en representación. En estos casos
habría que l1ablar más que de -representación simplemente de vivencias
intenciqnales2'.
Por su parte, Re.inach di.stingue.2-l entre los actos de representación y
los actos de mención. _En este sentido, podemos destacar tres diferencias de las
cuales la tercera es la más importante:

(1) Mientras que la representación es un acto que puede tener una mayor o
menor duración y es un "tener simplemente receptivo", el acto de mentar tiene
siempre una naturaleza temporal puntual y es un "dirigirse a" espontaneo.

(2) Los actos de mentar están siempre ''vestidos lingüísticamente". Los
representativos 110 necesariamente.
(3) Los actos en ·los cuales los objetos son representados son absolutamente
drrerentes según el tipo de objetividades a las que se dirigen. Así,

"los colores son vistos, Jos sonidos oídos, las cosas del mundo extemo,
perciliidas sensible.mente, los números, pensados, los valores, sentidos''25.

friilierenSchüllem,Johann Amb.rosius Barth, Leipzig1911, p.52.
23. F.xisten, pues, tres ~dades:
1. "ein Gegenstand kann intendiert sein, ohne "da" zu_sein und zwar ohne sichtbar oder aucn
unsíchtbar da zu sein; hier sollte man nicht von Vorstellung, sondem voo intenLionalem .Edebnis
spredten (Beispíele beím Besinnen).
2 ein Gegenstand kann da se.in, gleichgültig ob als ziel einer lntentioo oder nichñntendiert.
~er kann man von Voist.ellung (in erweil.ertE_m Sinne) reden, indem man den Vorstellungsbegriff an
dieiern 'Da'-sein orientiert. lkr Gegenstand ist dann da, aber eventuell .noch gew:is5ennal?en
'verdéd&lt;t' oder 'ttnsichtig'.
3. ein Gegenstand kann 'da' sein und zugleich 'sichtbar' sein und zwar entweder
wahmehmungsmli8ig .oder in der Wei&lt;;e der bloBen Vorstelltmg. Die Gegentiberstellung von
Wahmehmung und blo8er Vorste1Jung ist nur mogliéh in dem du.rc:h die ichtbarl&lt;eit'
ausgezeichneten Bereiche". (T. Conrad, art.dL, p. 6:1-65).

24. CJ'.. A Reinach, op.ciL, p. 102s.s.
25. A. Reinach; op.cít., p. 101.

22. T. Conrad, "Über Wahrnehmung und VorsteJlung", en A. Pfiindet (ed.) Münchener
Philoscphi.sche Abha11dlungen. Theodor Llpps zu seinem seduigsten Ceburtstag gewidmet von

103
102

�,

No obstante, a estas diferencias cualitativas en los objetos no les
corresponde ninguna diferencia cualitativa en los actos de mentar
correspondientes. Es cierto que el mentar un color se diferencia del mentar un
número precisamente en que en un caso se mienta un color y en otro un
número, pero en ambos casos se trata de un mentar. Aqw no hay ninguna
diferencia entre el ver y el pensar como sí la encontramos entre representar un

color y representar un número.
o obstante, podría pensarse que la distinción entre los actos de.
mentar y los actos de .representar es la que existe entre los diferentes grados
de plenitud intuitiva. De este modo, las representaciones serían actos
intuitivamente plenos mientras que las menciones se caracteriz.aría11 por su
"vaciedad" intuitiva.
•
Sin embargo, esto no puede ser así, puesto que plenitud y vaciedad
de intuición se encuentmn tanto en el representar como en e1 mentar. Un
representar carente de plenitud intuitiva no es, por ello, un mentar y,
viceversa, un mentar ''pleno" intuitivamente no es una representación26•

Reinach admite que en la esfera de la representación es difícil
encontrar intenciones totalmente no intuitivas. Veamos qué sucede en el caso
de la representación con un ejemplo tomado de Ja percepción sensible y
aducido por el propio Reinach:
"Un libro está ante nú. El libro me es representado y, sin embargo,
sólo algunas partes de él son representadas intuitivamente. La parte posterior
del bbro, por ejemplo, no se me da, de ningún mogo, intuiti.van1ente. i la
percibo, ni nom1almente, suelo crear wia .representación intuitiva con la
memoria o la fantasía. Con respecto a esta situación quizá se diría que sólo la
parte representada intuitivamente del libro es de hecho traída a la
representación. Pero lo que está ante mí es el libro todo y no el reverso de wi
objeto"27 .
La representación dirige su intención al objeto todo incluyendo la
parte posterior no dada intuitivamente, de modo que podría suceder que al
dar la vuelta al objeto, experimentáramos un "conflicto" entre lo primeramente
representado no-intuitivamente y lo ahora representado intuitivamente. Por
consiguiente, dentro de toda percepción de cosas encontramos este
componente no intuitivo de la representación que, en téwinos de Husserl es
meramente "escor:zado".

Por el contrario, en el mentar son habituales los actos no intuitivos. A
~eces ~ mentar suele ~ acompañado de algunas imágenes intuitivas, pero
estas tienen una funcron completamente distinta a la que tienen en el
representar. En este último me presentan el objeto al cual e.apto en eJlas. En el
mentar, por ~I contrario, falta to~a función representativa; acompañan al acto·
pero no son mmanentes a él
Una v~ asegurada la distinción entre actos de mentar y actos de
representar, Remach vuelve a la cuestión de si todo juicio está necesariamente
fundado en una representación. Con respecto al juicio en el sentido de
aseveración la respuesta de nuestro autor es claramente negativa. Ciertamente
he de estar relacionado de algún modo con lo que afumo para poder
aseverarlo.
_ "Pero es falso que sólo la representación, en nuestro sentido, pueda
cons1_d erarse como esta relación. También en el mentar no representativo me
relaaono con algo objetivo"W_
Por lo tanto, puedo efectuar aseveraciones en las que de ningún modo
me represento aquel1o a lo que estoy asevérando.
&amp;to último lleva a Reinach a sostener que, de hecho, la aseveración
está compuesta de dos momentos, ninguno de los cuales es una
representación. Se trata del momento específico de la aseveración y del
componente del menta.r29. El momento de la aseveración adquiere su .relación
con el estado de cosas merced al componente del mentar, esto es, se funda
necesariamente en él Por el contrario, es ímposíble que una convicción se
funde e~ ~ mentar_semejante. Si esto es así, swge Ja cuestión de en qué modo
la convicaon adqwere una relación con su correlato objetivo., (un estado de
cosas). Cuando.observo un esta.do de cosas surge en mí una convicción. En
est~ ~do, a ésta subyace una representación. Por tanto, podria decirse que
el JUlCl.o, en cuanto convicción, está hmdado en una representación. Sin
embargo, la convicción puede peonanecer aunque la representación no exista.
An~ 0 hay que notar que (1) aquí se trata del juicio como convicción y no
del ~~o en general y (2) que aquí se puede hablar de una posible fundación
del JWCLO en la reptese(ltación, pero no de su estar necesariamente fundado de
este modo.

:5~

28. Op. dt., p.107.
26. lbíd.

29.Ibid.

27. Op. Cit., p.105.

105

104

�la de los actos de juzgar, la de los juicios o proposiciones y la de los estados de
cosas. Así cuando hablamos de "actos" de juzgar podemos referirnos a ellos o
bien desde el punto de vista de la psicología descriptiva o bien desde una
óptica lógica. Podríamos, incluso, decir con Reinach que ]a teoría del juicio
constituye un ámb:ito en el que lógica y psicología se "solapan". Ahora bien,
ambas disciplinas tienen tareas, fines y métodos completamente diferentes. A
diferencia de la psicología (que estudia actos de juicios "realmente" llevados a
cabo) la lógica considera el acto de juzgar con independencia de en qué
esencia se dé éste y si se realiza efectivamente-30.

realistas sostienen es, a mi juicio,. el mi5mo que el de Husser~ a saber, el
En la primera Tnvestigación lógica
Husse,rl plantea el estudio de los témúnos expresión y signo, los cuales se
suelen utilizar frecuentemente como smónimos, aunque no siempre comciden
completamente. ''Todo signo es signo de algo; pero no todo signo tiene· una
significación, -un 'sentido', que esté 'expresado' por el signo'132. Por consiguiente,
es preciso distinguir, según Husserl, una doble acepción de este término: los
signos indicativos o señalativos (señales, notas_, distintivos, etc.) y los signos
significativos o expresiones. Los primeros no "expresan'' nada a no se.i: que
además de su función indicativa cumplan u.na función expresiva. La función
indicativa es realizada por ciertos objetos o estados de cosas que indican a
alguien que tiene conocimiento de ellos "la existencia de ciertos otros objetos o
estados de cosas - en el sentido de que 1a convicción de que los primeros
existen, es vivida por dicho alguien como motivo (motivo no basado en la
intelecdón) para la convicción o presunción de que los segundos también
existen•G$_ Por su parte, el modo en el que los signos signíficativos o
expresiones designan lo designado por ellos es distinto de Ja forma en la que
los signos indicativos remiten a lo señalado por ellos.

En este orden de CóSaS, no pienso que este segundo tipo de
consideraciones sean meram.~ psicológicas, sino que corresponden a un
análisis fenomenológico de los actos de juzgar en cuanto parte esencial de una
fenomenología de las vivencias en general, -cma fenomenología, pues, que no
tiene nada de psicológico y "que se refiere exclusivamente a las vivencias
aprehensibles y analizables en la intuición,-con pura universalidad de esencia,
y no a las vivencias aperabidas empíricamente, como hechos reales, como
vivencias de hombres o animales vivientes en e] mundo aparente y dado
como hecho de experiencia. La fenomenología expresa desaiptivamente con
expresión pura, en conceptos de esencia y en enunciados regulares de esencia,
la esencia aprehendida directamente en la intuición esencial y las conexiones
fundadas puramente en rucha esencia'131 •

El término "expresión" se suele utilizar equivocamente para referirse o
bien a aquellas vivencias psíquicas que convierten a la expresión en expresiól)
de algo, o bien a la significación misma o bien a la objetividad expresada. Es
cierto que a las exp:res.iones le suelen estar unidas ciertas vivencias. Sin
embargo, el hablante no tiene normalmente el propósito de expresarlas. Por
consiguiente, es de la esencia de la expresión el poseer una intención,
significativa. En este sentido, podemos decir, por ejemplo, que ciertas
exterio.riz.aciones como gestos y ademanes que se producen involwitariamente ·
al hablar o que maniliestan de algún modo el estado de ánimo del hablante,
no son expresiones, puesto que el sujeto carece de la intención de presentar
unos pensamientos en modo expresivo. Por ello, podemos decir que estas
exteriorizaciones carecen de significación.

3. El juicio como unidad ideal y compleja de significación_(proposición)

Los análisis husserlianos de Ja expresión son muchos más amplios de
lo que aquí tan sólo hemos esbozado. En ellos adquiere un papel fundamental
la consideración de los actos que dan significación y los que, eventualmente, la

Hemos visto romo Reinach insiste en que es esencial a todo acto de

mentar el poseer una "vestidura lingüística" a diferencia de la representación.
Sin embargo, esto no parece del todo claro, pues parece evidente que en
muéhas ocasiones de la vida ootidiana queremos mentar algo y, no obstante,
no encontramos en ese momento la expresión adecuada. Fs el oorri~tísimo
fenómeno de ''tener algo en la punta de la lengua".
Por otra parte y, por lo dicho anterio:rmente, hemos puesto de
manifiesto la necesidad de distinguir entre tres "capas" de la teoría del juicio:

3.1. Expresión y signiftcacwn.
El punto de partida de la teoría del juicio que los fenomenólogos

análisis del fenómeno de la expresión.

cumplen. Aquí nos interesaba poner de manifiesto que lo que una expresión
expresa no son las vivencias psíquicas asociadas a este fenómeno, ni la
objetividad, sino la significación. A la lógica no le basta, pues, oon distinguir
entre el signo físico y las vivencias que le p~tan sentido, sino que esta
disciplina es fundamentalmente una "ciencia de las significaciones".

30. O. A. Reinad,, •Einleitung in díe Philosophle", en Sitmtliche Werke, p. 460.
31. "jedes 2.eichen .ist Zeichen fiir etwas, aber nicht

jedes hat eine 'Bedeutung', einen 'Sinn'"- (E

32. Ver nota anterior.

_HusserL.lnvestigaciones!ógims, p. 2'3.)
33_ E. Hassed, lnvestigacwnes lógims, p. 25.

106

107

�3.2.

La peculiaridad ontológica de las praposicianes.

Una fum1a relativamente común de comprender las proposiciones es
pensar que las significaciones, en general, están co~tituid~s por .imágenes
ilustrativas de la fantasía coordinadas con la expres1on. As1, por eJemplo, el
Russell de 1919-1921 defendia una concepción semejante cuando a~aba,
dentro de su teoría general del significado, que una "creencia" constaba de_tres
elementos: (1) el contenido en el que recae la creencia (y que cu~1do se
expresa en palabras es denominado "proposición"), (2) la ~Laaon del
contenido con su "objetivo" (Objektiv, Saclrverl1alt), aquello que existe fuera ~e
]a creencia y que hace que ésta sea verdadera o falsa, y _(3) lo ~,ue es la creencia,
el acto de creer en cuanto diferente de la mera cons1deraaon, la duda, o el
deseo dirigidos al mismo contenido (lo que en términos fenomenoló_gicos
podríamos denominar la "cualidad" del acto de creer). Por lo que se refie~-a
(1), Russell señala que 1a pasición que se adopte ~~e~ca de esta cu_estion
depende de qué se entienda por ''idea" o "representaaon 13-i. Fste contemdo dé
La conciencia puede estar fum1ado solamente por pa~ab_ras o por _imágenes, o
bien por una mezcla de ambas o bien por palabras o m1ag~ mud~s con una
0 más sensaciones. Se trata, pues, de una unidad comple¡a que mcluye no
solamente ciertos elementos constituyentes, sino también relaciones definidas
entre ellos. Cuando este contenido de la conciencia se expresa en palabras ~
'110 mismo (o casi lo mismo) que lo que en lógica se llama 'proposición"135 .
Ahora bien, no toda serie de palabras constituye una proposición, sino tan
sólo aquellas que tienen "significación" o, en la terminología de Russell,
"referencia objetiva".
En esta consideración russelliana resulta deci.sivo clarificar qué se
entiende por ''imagen". Según Russell, existen, al menos, dos posibilidades: (a)
considerar que se trata de representaciones sensibles de carácter privado o
bien (b) reproducciones de una sensación, las cuales son radicalmente
diferentes de las sensaciones y que, por consiguiente, a diferencia de éstas, no
están sujetas a las leyes de la física
Prescindiendo de la vaguedad de esta distinción, lo que aquí nos
interesa retener es que, según Russell, "pensar en el significado de una palabra
es evocar imágenes de lo que ésta signilica 1136 • Para descubrir este significado
no es necesario ningún "intermediario mental" (ideas), sino tan só1o atender al

34. B. Russell, "Sobre las proposiciones: qué son y qué significan•, en Lógica y conodm1ento,
Tecnos, Madrid, p. -128.
35. B. RusseU, "Toe Belief", en Tire Analysis efM ind, George Allen, Lonson 1921. p. 265.
36. B. Russell, op.ciL, p. 420.

uso que de la palabra en cuestión se hace37.
Sin querer entrar en un análisis detallado de esta teoria, no creo que
sea correcto deducir de la presencia de ciertas imágenes ilustrativas que se
suelen presentar al pensar el significado de una palabta o enunciado, el que
éste consista precisamente en estas imágenes. Ello - como ya señaló Husserl,
fundamentalmente por dos razones de orden psicológico: (a) porque estas
imágenes cambian aunque la significación sea 1a mi5ma y (b) porque, a veces,
cuesta trabajo, e incluso se malogra, Ja provocación de estas imágenes (como,
por ejemplo, en e] caso del significado de proposiciones de la matemática.
¿Cuáles serían aquí las ~imágenes"?) En resumen, estas imágenes pueden
desempeñar, tansóJo, el papel de "auxilios de la comprensión", pero no e] de
significaciones o depositarias de éstas'38.
También cabria pensar que la proposición se ve afectada, de algún
modo, por el modo de expresión. No obstante, tampoco esto parece cierto
como se muestra en eJ hecho de que comprendemos a un extranjero a pesar de
que viole una regla del uso lingüístico. En u11a situación semejante, Reinach
sostiene que"en todo caso se le objetarla que no se está expresando en el modo
habitual, pero nunca se le podría reprochar que lo que dice es falso solamente
en virtud de su modo inusual de exp.resaise y que cuando se expresara de
otro modo sería verdadero'139
Por otra parte, toda proposición suele tener una "vestidura
lingüística" (ya sea o:ral o gráfica) a la cual Uamamos enunciado. Es a través de
~ como se nos manifiesta una proposición. Sin embargo, se trata de
entidades totalmente diferentes como lo muestra, por ejemplo, el que en
muchas ocasiones la significación se presenta a la conciencia antes que la
palabra (el corrientísimo "tener Ja palabra en la punta de la Jengua")4º.
7. Aqu1110 podemos entrar en ]d chstusió n acerca de la importa ncia q ue la reglas del "uso• de
~na p.ifabra ~ ~e un~ Ordción tienen a iin de determ inar su ignifaado. Sobre esto d ., por
eJl'mplo, el las1to .utículo_de P. Strawson "On .referring" (Muuf 59 (1950), pp. 320..3'14; reimpr.
en P:F. St rnwson, LIJg1cv-l.111gmshc Papers, Methuen and Co. Lid., London 1971 .Ensm¡os l6gicolmgm_·hc&lt;~. Trad. dt&gt; A-_ uárez y L.M. ValJ és, Ternos, Madrid 1983) en el que para ~ le autor
m~ncrom, r o ~acer relerend a .ª a lgo es una caraclerística de un uso de una expresión
Asinusmo e'\ mle rt.'Sd11le la re1o rmu.lau on que de la lE&gt;Orid de la ve rdad como a decuación
Prr&gt;pildeutik, Redam,
sllevdll a caho E. Tugendhat Y.• U Wolf en u obra Logii:ch-sema11h¡i;c/w
.
- ~uttga rt 1983,. p. 235ss. t&gt;mpleando este rilerio J el •uso• de tma expn.&gt;sión. in embargo,
tlrrPmos tan solo qu e no nos parece ,yue el "uso• de un enunliado referido a un estado de cosas
11E't~ rio ¡_up,gi.1t&gt; un pa pel esenc ral para tleterm.ina r su significado.
38. CI. el § 17 o.11" la primera lm 1cshgacrti11 Lógica dC&gt; Hu rl. Zubiri también se refiere a este
punto Pn su ll!Sis doc. to ral: Ensayo de 1111a te&lt;1ria femm11mológ1ca del jmcio,
•ieda&lt;l de Estudios y
Publt a, iones. Mc1 drid 1923, pp. 139-1-lO.
39. A. Rd nach, "/u.r llworit.&gt; des npgaliven Urtcils", p. ] 13.
-lO. X. 7uhiri,op.ot., p. 1-11 .

108
109

�Antes de abordar directamente la idealidad de la-proposición veamos
algunas diferencias entre ésta y su "vestidura gramatical", a saber, el
enunciadoi'. Un emuriado es un producto del lenguaje que consta de
palabras y éstas, a su vez, de letras, mientras que una pro~ición no COffita
de palabras, sino de conceptos y algunas formas conectwas como, poT
ejemplo, la cópula. En segundo lugar y como tendremos ocasión de ver ~ás
detenidamente, a los enunciados se les denomina verdaderos o falsos tan solo
en un sentido traslaticio. En realidad, sólo pueden ser correcta o
incorrectamente formados según las reglas del lenguaje. Por su parte, las
proposiciones son Los portadores de la verdad y de la falsedad. En tercer
lugar, se muestra que en un mismo enunciado pueden expresarse
proposiciones diferentes (por ejemplo, "el gato está sobre La mesa"
dependiendo si en este caso con "gato" nos referimos al animal o al aparato de
levantar pesos) y, a la inversa, una proposición puede expresarse con
enunciados diferentes. En cuarto y último lugar, como señala P.fander, pueden
formarse enunciados sin que ellos contengan proposición alguna mientras que
no es de la esencia de esta última poseer una 11vestidura lingüística". Puede
haber proposiciones no expresa"das en enunciados.

Estas diferencias entre la proposición y el enunciado no impiden el
que exista una relación entre ambas, fundamentalmente _porque la proposición
se manifiesta a través del enunciado. La relación que se establece entre
enunciado y proposición es completamente -peculiar y se realiza en la
conciencia de los seres pensantes, pues solamente ellos son capaces de mrmai:
y "vestir lingüísticamente" las proposiciones. Dicho con otras palabras, la
proposición es sentido, inteligibilidad. El sentido es lo que .se entiende por un
intelecto. Pero de este modo, no se ha determinado e actamente en qué
consiste esta relación entre enunciado y proposición. No parece, como señala
Prander, que se trate de una relación de asociación, pues, por ejemplor una
frase puede recordar un pensamiento que no esté expresado en ella y que, por
el hecho de ser recordado no se convierte en el sentido de este enunciado.
Si at~ndemos a la estructura de las proposiciones, podemos distinguir
con Pranderl2 tres elementos esenciales, a saber, el concepto suj~to, el concepto
predicado.y la ·cópula.
(a) El i;oncepto sujeto es aquel elemento de la proposición que .se refiere al
--11 . C(. por ejemplo, A. Pfander, Logik, eu /al,rbuc/1fiir l'/11/,i:,.ip/11c 1111,l p}liim,111011ai,Jgr,d1c fvn;c/11mg,
Bd.lV, Ma¡c Ni(&gt;meyer 1921, pp. 139-494. (Puhlí aJ0 'i&lt;'llitrddanl&lt;.&gt;nte , oom lA1gik t&gt;Ll Ma Ni&lt;&gt;meyer
1921. Tercera ediciÓll, M Nieireyt&gt;r, Ttiblngen 1963 (fo~'lm, trad. d, J. Pi&gt;rf'z &amp;:m«&gt;s, Rt&gt;visla de

objeto al cual la proposición se relaciona. Si prescindimos de este concepto, ]a
proposrción queda mutilada, le faltaría, por así decirr el ''soporte" objetivo. A
pesar de que se trata de un elemento necesario paia la proposrión, él sól~ no
es sufi iente para formarla .

(b) El amcepto predicado. Una proposición no se refiere simplemente a un
objeto, sino que afinna aJgo sobre éste. Por consiguiente, en toda proposición
ha de estar presente nec;esariamente un segundo elemento, el concepto
predicado. Sin embargo, ní el concepto sujeto ni el concepto predicado son
suficientes para la fom1ación de un a proposición, sino que requieren w1 tercer
eJemento.
(e) La cópula. No basta; pues, con poner el uno jw1to al otro los dos elementos
anteriores, sino que tiene que haber también un elem~nto que les ponga en
conexión. Así el concepto predicado no mienta simplemente una
determinación, sino que al mismo tiempo tiene la función de adscribir dicha
detemlinadón al objeto. El elemento proposicional que pone en conexión al
con epto sujeto y al concepto predicado y que refiere la determinación
predicativa al objeto es la cópula.
Pfander señala que la lógica tradicional ha solido concluir sus análisis
acer:a de los elem_e ntos de la proposición señalando Jos tres que aquí hemos
resenado, pero pasando por alto un elemento más, también necesario para la
formación de un juicio y al que, de algún modo, ya nos hemos referido en
parágrafos anteriores: el momento aseverativo. Se trata del momento que hace
que un mero pensamiento sea un juicio y no, por ejemplo, una pregunta, w 1a
duda, una conjetura, etc.
Podemos vei:-, pues, _que la cópula desempeña dos funciones en el
juicio: por -un lado, ejerce Ja .función de referir la determinación predicativa al
objeto (Hinbezielumgsftmktion) Yr por otro, real.iz.a al mismo tiempo la función
asev~i:ativa. La peculiaridad de esta segunda función de la cópula se pone de
m~esto su comparamos un juicio con una exigencia. En la exigencia de que
un obJeto deba tener una propiedad, por ejemplo, no solamente se adscribe
ésta al objeto, sino que también es exigida. En cambio, en el juicio la pretensión
es que 1a adscripción de la determinación predicativo al objeto coincida con
una exigencia del objeto mismo43.
..
Podríamos señalar una tercera función de 1a cópula, no señalada por
Pfander, pero puesta de -relieve por Conrad-Martius44: la función ontológica.

&lt;xcidente, Madrid 1933)

43.CT. los lPxloo '!adosen la nola8().
42. A. Pfürtder, op.dt., p. 38ss.
44.

a. H. Coruad--Martius, Das Sei11, Kosel, München 1960, p. 19:ss.

110

111

�Esta función e presa el puro ser "estado de osas". Mediante la cópula el ju1 io
asigna al estado de cosas su modo de ser propio antes de que lo pueda
afirmar. Se trata del ser estado de cosas, del ser a de un B, o el no-ser a de un

B.
En conclusión, el Juicio no consiste de objetos a los que se reÍiere ni se
refiere a conceptos de los que consiste. Fsto con eptos que onstituyen los
elementos esenciales de todo juicio son el concepto sujeto, el con epto
predicado y la cópula con su doble función.
¿En qué consiste, pues, la ú1dole ideal de las proposiciones?
hnaginémonos que llevo a cabo el jui io "el cu.adrado de la suma de
los catetos de un tna.ngulo es igual al cuadrado de la hipotenusa". Cuando
realizo este juicio el que me oye se da cuenta de que lo que mí enwiciado
enuncia no es mi vivencia psíquica, mi acto de juzgar rn ninguna otra
actividad o función mía45, sino algo que es siempre lo mismo, sea quien sea
quien lo fom1ule y sean cuáles sean las circunstancias en que sea fom1uJado.
Sea cual sea el momento en el que llevamos a cabo el juicio se repite un quid
idéntico, a saber, la significación o pensamiento judicativos4~ . Fs de esta
45. "Von &amp;&gt;n Akten (b~... dE'll Sau.en) unlers,. heiden ,vír garu ctllgemein dl'll In.hall, ~uf wekhen sie
beziehen, vom dem Lrtt&gt;1I (un dem Urteilssalzf&gt;) dasC.eurteilte, vnn dem &amp;&gt;fhl&lt;' (und Befehlsatze) das
Befohhlene ust" (A. R&lt;&gt;inach, n,e a¡miln.&lt;c:hen Gnmdlageu des b11rgcrl1cl1e11 Rechtl:f., en Samtliclic Wcrke, p.
243). De w1 modo más daro incluso que Reinach, lngarden St&gt; n&gt;iiere también a este pw1to ron w1
texto que podria ser asumido romo el programa de nuestro trabajo: "Wn nehmen die Satz.e nicht aJs
Ausdrückweisen icgendwelcher konkreter psy&lt;luscher Erlebnisse, noch als einen Ausdruck
ugendwt&gt;kher 'C.edanken', die durch irgPndt&gt;m Subjekl im Moment der Aw prarhe des Satz.es
vollzogm werden, sondem wir neh.men si aJs e1Jl(&gt; gew~ ideale begriffliche Einheil, die t&gt;inem
beslimmten Gegenstand (--) zugeordn&lt;&gt;t isl. lndem wir diesen 'Gegenstand' analysieren, erreichen wiT
emerseits die B&lt;'seiligung der subjektiven Untrschiede, ru1dererseits eíne objektive Hinwe.isung
darauf, welche Bedel,tung &lt;&gt;in Satz haben mt.ill, wenn er adaqual den hetreffenden 'Gegenstand'
bez.ekhnen soU (--) Die Aufklarung lllld die Begründw1g bestimn1tt&gt;r logiSche Agt&gt;legenheiten
hetreffs der essent.ialen Fragen wollen wir durch Aufklarung bestimmter ontólogischer Sachlagen
erreichen, diP die GegenstÁnde wahrer und WlS bekannter Bea:ntwortungen der genannten Fragen
hilden" ¡¡:_.,se.nliale Fragen", /nlrrbud1 fiir Plnlosoplnc w1d phti11m1m10/ogi..q;Jie F'o~lnm3, 7 , Halle aS.
19'24, p. 145).
-!6. "fs (el juicio m el SP11tido de wnten1do ideal del acto de ju7.gar) soll im Sinn von Husserls
'&amp;-deutung' aJs CRhalt einer Behauptung gefa&amp; werden. Fs soll das Allgemeine des U.rteils (nicht das
Generelle) genannt werden. Die Billigung oder Verwecfung heziehl ich auf das Urteil in diesan
Sinn" (A. Reinad,, "Über impersonale Urteile", en Siimtliche Werke, ed.dt., p . 343). "Der Sal.7~ nicht der
grammatische, sondem die Bedeutung d r Wortgruppe, der GeJanke, J.er ihr z:ugnmde liegt. Der
Satz isl unabhangig voñ Urtei.Js&lt;.,rl&lt;.'hnissen, von faktisdlen Fallen. Er isl ideell und auBerz.t&gt;jllich" (A.
Remadl, "Notwendigkeil und Allgeow.inheil im Sachverhalt", en Samtlid,e Werke, ed.dt., p. 351).
"Ot&gt;r CedankP ist immer ideel, sein gegenstiindlichl'S Korrelat kann natü.dich real oder ideel in.
Auch im letzteren Falle ist der Gedanke vom Gegenstand zu trennen (gemeinte zwei - die 2.ahl zwei).
Dem gedankl.ichen Gehalt zugeordnet sind gewisse Worte" (A. Reinad\, "Einleitung in die
Philosoph1e", p. 420).

112

wudad de las proposiciones verdaderas de la que fiJóso.fos como Bolzano,
Husserl, Frege y otros concluyen la existencia atemporal de éstas. Fsta unidad
es posible sólo si las proposiciones no dependen esencialmente de los actos
humanos de pensar.

. , Es cierto que no podríamos haber manifestado esta significación si no
hub1eramos llevado a cabo lU1 acto psicológico de juzgar. Sin embargo, "acto
de j~gar" Y "contenido judicativo" (proposició11) son enti~ades - aunque
reJa~nadas - completamente heterogéneas. El acto de juzgar es algo concreto,
realiza~o en un . tiem~ determinado por una persona mientras que el
contenido d~I Jllleto no tiene nada de psicológico o subjetivo. Frente a] carácter
t~mporal, efímero, de las vivencias judicativas, lo que el enunciado enuncia es
s1emp~ lo m_ismo, algo idéntico de naturalez.a ideaJ47. Por consiguiente, es a
~ta w11dad 1deaJ ª. la que aludimos cuando hablamos de "proposición". Es
Justamente el estudio de la esencia y las especies de estas wúdades ideales, de
l~ elementos que las constituyen, de las leyes de construcción de sus
diferentes clases así como las diversas relaciones en que puedan halla.ise unas
c?n ~~as el objeto de la lógica entendida como una "ciencia sistemática de las
s1gnificaciones 146.
Jw,t~ a 1~ unidad de las proposiciones, un segundo aspecto que
mu~ _su idealidad es su universalidad, esto es, el hecho de que las
propos1C1ones verdaderas no son patrimonio de ningw,a persona como sí lo
son 1~ .asentimientos dados a ellas. Dicho con otras palabras, si )as
proposioo~es fueran "productos" de los sujetos pensantes, entonces éstas les
pe~en~enan de algún modo. Sin embargo, dif-erentes vivencias en diferentes
~uJetos JUZgantes pueden tener el mismo contenido judicativo, la misma unidad
1deal de significación. A Ia· misma proposición, pues, pueden corresponderle
t~da una ~e de "vivencias judicativas", en cuanto hechos psicoJógicos de
diferentes SUJetos. Esto último supone Ja posibilidad de distinguir en las
47. ~-

hwarz (Der lrrhun 111 der Pl11loscp/11e, U11tersricl11mgt:11 uher da!&gt; Wei;e11, die Fonne uud dfr

11
ZC wlogiselu:
Genese d~ lrrhmzs im Bereid,e der Philosoplu.e
emem Uberb/ick iibcr die GescJuc/,tc
lrrhm1sproble111atik 111 der abe11dlanáLSChen PlnfoS&lt;Jphie, Aschendoríf Mwiste 1934
11111

8-1)

alude a la heterog neidad de Urteifrakt y Urtei/.sinhalt en lo que se reüere a sur
.li:P· • .
E'S&lt;'n ·al (l&gt;\ri
• ,IJ.
•
ons 1uoon
_._:~
. ~ 1Sffl'Jvtlll), pero, al nusmo tiempo, senala l&lt;1 rela ión "t.--slruchual" que entre
a,u1-,a:, objetividades existe.
48 - CT.~ por tjem.plo, el siguiente texto de la primera /Jroe,iigaei611 lógu:a de Husserl: "1st aJle gegl'bene
l:heo
. re~lie Einheit ihrem Wesen 11ach 6edeutungseinhei1 und · t cüe logik die Wissenscha ·
der
theo......._
__.__ Ei h .
rl
II von
übe"

•~....,,.-:,..,., n eil
1aup1; so ist ruglekh evídent, da8 die Logik Wissenschaft von
~!ungen als solchen, von iluen wesentlichen Arten und Untersc.hiedem sowie
íhnen ·· dend also.
.
'-""' rem ll1
Logik, ~
~(
tdealen) Geselzen st&gt;i.n mul.s".(p. 9'2). Por su parte, en la introducción a su
ueHulander sen~ la g';".1 ~ d de especies de "pensamient • (témuno con el que alude a lo
sserl deilOllllllaba Slgn.ificaoooesj que existen. Por lanto,según este autor, la lógica no puede
. . rse al ~~JO de .una dase de pensamiento,, los enunaativa., ino que habría &amp;, t&gt;xistir,;i
1m ~ ~ logtca de la pcegunld, de la suposición, de la valoración, de! ruego, de la aJ.vertencia de
os man...,.mientos, de las órdenes, etc.
'

"'ºº -•- · ·

tinüta

113

�vivencias entre su contenido ideal y su, por así decir, "vivir" este contenido.

Resumiendo con palabras de Husserl:

"La esencia de la significadón no 1a vemos, pues, en la vivencia que
da significación, sino en el 'contenido' de ésta1 conte~~~ que represe~~ u~
unidad intencional idéntica, frente a la dispersa multiplicidad de las viv~naas
reales o posibles del que habla y del que piensa '149 •
Asimismo, una caracterisbca importante de las proposiciones es el ser
los portadores primarios de la verdad y de la false~ad. La. verdad de la
proposición es comprendida en la fenomenologia realista c~mo la
conformidad entre, por una parte, la proposición y, por otra, la realidad (el
estado de cosas al que la proposición se :refiere). Fsta versión fenomenoló~
de la teoría de la verdad como adaequatio estaría, por otro lado, en consonanoa
con la máxima que manda volver a las cosas mismas, una máxima que
constituye no solamente el "principio de los prioci~ios" , del mét~do
fenomenológico, sino también el hilo conductor de toda filosofía que qwera
atenerse a lo dado. Por consiguiente, no pcdemos constatar la verdad de un
juido sin nmar al estado de cosas que le transciende. Dicho con otras palabras,
la verdad del juicio consiste en un encuentro entre él mismo _Y. el
"comportan:Úento" de las cosas, el estado de cosas. La verdad del JUIªº
depende, pues, de la existencia del estad~ de cosas afirmado por él50• Tan sólo
en sentido traslaticio podemos hablar de estados de cosas verdaderos. En
resumen, sólo las unidades complejas de significación que llamamos juicios
pueden ser verdaderas en sentido propio.

3.3.

Algunas consideraciones criticas.

La teOiía de la idealidad de las proposiciones que acabam~ de
exponer y que sigue .las líneas fundamentales de la interpretación husserliana
no está libre de críticas; criticas que se han ejercido incluso dentro del mismo
movimiento fenomenológico afirmando, por ejemplo, que ésta no es más que
el resultado de un "ir demasiado Jejos" en la crítica del psicologismo y de
pasar por alto la evidente relación que existe entre las proposiciones y los
actos mentales. A continuación me referiré a cinco dificultades que podrian
presentarse al respecto.

En primer lugar, cuando hablamos de la unidad y univeISalidad de las
proposiciones ¿nos :referimos sólo a las proposiciones verdaderas o la
proposición en cuanto tal y, por consiguiente., habóamos de admitir que
también las proposiciones falsas existen ideal y atemporalmente del mismo
modo que las verdaderas? De este modo, dos o más personas pueden creer
erróneamente una y la misma proposición como, por ejemplo, que Platón
escribió la Crítica de la Razón Pura.

En segundo Lugar, ¿qué sucedería con las proposiciones contenidas en
una obra de arte 1iteramt? Se trata de entidades atemporales que el autor se
limita simplemente a "descubrir" y a darlas, si cabe hablar así, "vestidura
lingüísticah? ¿No estamos, de esta manera, privando de todo poder creador a1
autor? Dicho con otras palabras, ¿ tienen todas las significaciones una
existencia ideal?
En tercer lugar, podría decirse cop Reinach que no deberíamos hablar

11

.¡_ 9.

E. Hl.1$(?rl, fnvestigt1c1011es Lógicas, p. 96-'17.

'I

so. Indicaciones sobre Los juidos

mo portadores primarios de verdad en los íenomenólog_os
realistas se encuentran, por ejemplo, en A. Pfander, A., l..ogik (cap. 2), D.v. Hildebra~d, W11at is
PJ1ilosopl1y?, p. 17, A. Reinach, 'William James Uíld der Pragmatismus", en Sltmt~íche Werk~,
ed.cit., p. 49 (dentro de una rílica a la teoría pragmati ta de 1.a verdad), E. Stein, E~ifühmng 111
,üe P/1ilosophfo, Werke Xlll, Herder, Freiburg 1991.p . 10lss., J. Seiie rl, Erkenntms ob¡ekhi•er
Wa/,rlu:11, ed.cit., pp. 98-102. Sin embargo, esta posición no es exclusiva del realismo
fenomenológico, ino que también íue d efendida, entre otros, por ej(&gt;mplo, por G. Frege, el cual

en su artículo "Der Gedanke" se expresaba en los siguientes terminos; "El pensamiento
expresad por el teorema de Pitágoras es 'atemporalmente verdadero~; ve rdadero
independientemente de que alguien lo tome por verdadero. No necesita portador. No es
verdadero solamet1te desde que fue descubierto; al igual que un planeta, ya antes de qu e
alguien I hubiese visto estaba en interacción con otros planetas• (G. Frege, "El peni;antient.o ~,
. m Reitnige ZUT Philosaplúe des denlsche11 lcit'ltlism11s, 1, 1918/1919, pp. 58-77. (Trad. cast.: "fJ
pensamienlo. Una investigación lógu-a" t'l'I G. Frege,lrwestigacume;lógicas. Ed. de~- Valdés,_Madrid
1984., págs. 69-70). Con anterioridad Bou.ano había distinguido un tipo de Siitze mi sich cuyo
contenido es diferente de lo que pertenece al objeto como propíedad suya y a cuya validez le es
indiferente el que sean pensadas por algu:iell (d. W1sse11schajtsielue, Sdentia Verlag Aalen, Dannstadt
1970, § 25). De ESte modo, Bolz.ano Uega a hacer la siguiente afirmación que recuerda la discusión que
tiene lugar en el E11tifr611 platónico: "Fs ist nicht etwas wahr, weil es Gott so erkennt, soodem im
-Gegenteile Gott erkennl es.so, weil es so ist• (loe. d L).

realmente de proposiciones atemporales, sino más bien de estados de cosas
atemporales a los que estas proposiciones se refie~. Fstos estados de cosas
pueden ser conocidos actualmente en propos:i,ciones verdaderas, sin embargo,
ello no es necesario para su existencia. Lo atemporal e independiente serían
pues los estados de cosas y no las verdades de las proposiciones que apuntan
a ellos y que son formadas en el tiempo. Dado que la respuesta a esta cuestión
supone la tesis reinach:iana según la cual la lógica no. es otra cosa que
ontología, esto es, relaciones entre estados de cosas, posponemos su
tratamiento hasta que hayamos analizado este punto.

En cuarto lugar, y recogiendo de algún modo todas las observaciones
anteriores, ¿cómo pasar por alto que Ja verdad consiste en una cierta
correspondencia entre el intelecto y la realidad (estados de cosas) y que, por
tanto, la verdad implica la existencia de dos polos: el de la mente y el dé la
realidad? l.a verdad, en cuanto propiedad de algo "en" la mente - las
_ proposiciones - seria imposible sin una concie:ncia personal. Podríamos

115
114

�formular esta objeción de otro modo: la proposición es sentido, inteligibilidad.
El sentido es lo que se entiende. ¿Cabe un intelligíbi-le desligado de toda
relación con un intelledus? Relacionado con esto, podría afirmarse que las
significaciones (conceptos y proposiciones) presuponen siemp~ UM
conciencia v que, por consiguiente, no existirían sin actos de abstraer YJUZ~Volviendo ~ la cuestión de la verdad de las proposiciones, si aquella cons.LSte
en una propiedad de éstas, la verdad deberla su ser a la mente del hombre.
Dicho con otras palabras, la verdad dependería de la mente humana.

cambjos que se producen en Ja significación de una oración cuando en ella
cambia la posición de una palabra no son, en modo alguno, cambios psíquicos
que experimenta el sujeto que usa estas significaciones. Una teoría que
sostenga la idealidad de las significaciones respondería que lo que en estos
casos sucede es que las significaciones son sencillamente diferentes. Fs
justamente este pw1to el que es rechaz.ado por lngarden, que sostiene que Jo
que realmente tiene lugar son operaciones subjetivas de producción de
proposiciones.

La respuesta a la primera objeción (la cuestión de SI existen falsedades
eternas) depende, a nuestro juicio, de qué se entienda propiamente cuando
hablamos de "unidad de las proposiciones". Esta unidad puede entenderse de
dos formas: o bien (a) como una mera identidad lógico-formal (en este
sentido, podríamos hablar de unidad de las proposiciones falsas) o bien (b)
como unidad intema (cualitativa) en el sentido de no-contradk:toriedad y de
unidad de todas las proposiciones en su complementación mutua. Aun
poseyendo w1a cierta fonna de existencia ideal, las proposiciones falsas
carecen de la unidad y mutua complementariedad que se da entre las
proposiciones verdaderas. Éstas últimas, en virtud de su UJÚdad matei:w o
cualitativa, están unidas entre sí de tal modo que e 15ten toda una sene de
relaciones esenciales entre ellas. Por consiguiente, la existencia ideal que se
atribuye a las proposiciones verdaderas es una jdealidad mucho más
significativa que la mera unidad lógico-formal o identidad de sentido también
encontrable en las proposiciones falsas. Estas últimas se caracterizan más bien
por la confusión, la superficialidad, la falta de conexión entre ell~s y por to~a
una serie de imperfecciones5 1. Sin embargo, nos referiremos mas
detenidamente a este punto cuando consideremos la cuarta objeción.

Si se admitiera una teoría de las idealidad de las proposiciones, ello
supondría, según lngarden, aceptar que el mundo se nos poblara de una
multitud de significaciones equivalente al numero de usos distintos de una
misma palabra. o solamente se llegaría, así, a una multiphcación de las
significaciones, sino que también sería imposible indicar en qué consiste una
significación, puesto que ello sólo podría realmuse con la ayuda de otras
significaciones. Además este mundo de múltiples significaciones sería un
mundo de objetos acabados, existentes atemporalmente, de modo que, en el
caso del autor de una obra de arte Literaria, éste no crearía propiamente su
obra, .sino que se limitaría a descubrir conexiones de proposiciones ya
preexJStentes.

Por lo que se refiere a la segunda objeción, constituye uno de los ejes
de Ja crítica de Roman lngardeñ a la tesis husserliana acerca de la idealidad de
las signifí_caciones. El filósofo polaco parte de la consideracjón de que los
SL bre este inleresantísimo problema ontolót,rico de la lógi d vé-ase el articulo de M. Roberts:
"Timeless Trulhs and Falsities" así como la réplitd a éSte por parte de Seifert, • Are There
Timeless Falsities. 0n the Difference between Truth and Falsity with respect to the Ideal
Existence of Meaning- Unils" (ambos artkulos están publicados en Alet/rem VI, 199-1).
Apoyándose rílicamente en el artículo de Seifert escrito en 1982 ("Is lhe Exist nce of Truth
Dependent Upon Man", en Rev1ew ef Mctaphy!'ics 35 (Marzo 1982), pp. 4.61-481 .), RoberlS
piensa que I argumentos a Javor de la existencia alemporal Je las proposi&lt;'iones verdaderas
(uiúdad y universalidad de ésta ) son aplicables igualmente a las proposiciones falsas. &amp;to
lleva a Roberts a sostener que, a diferencia de lo que Seifert creia, existen actualmente
pr~posiciones ideales falsas. Por u parte, Se"ifert reconoce que la proposiciones falsas han de
tener algún tjpo de existencia ideal (al menos orno ob¡etos de proposiciones verdaderas) pero
"their ideal existence ouinot be tompared in lerms of aduality and propec mode of ,deal
extStenre with Lhe full-fledged and far superior ideal exislence ol !he infinitely many and
perfect proposilions which are lhe bearers of trulh itsélí. 1 express lhis by simplying: in
contrast to the actual ideal existence of truth, the timPlessness of ali false propositions might
be regarded as a cosmos of merely possible false propositions" (art. ·1., p. 289).

116

_
En resumen, según lngarden las proposiciones que aparecen en una
obra literaria tienen la apariencia de proposiciones reales (por eso, los
denomina "cuas.i-juicios"[pro~iciones]) y pueden ser verdaderas o falsas en
el mundo_ fictici~. Exist~, pues, una coherencia dentro de la obra literaria que
nos ~mute deor, por ejemplo, que fue don Quijote y no Sancho Panz,a el que
lucho contra lo~ molinos de viento. Sin embargo, estas proposiciones no son ni
verdaderas ni falsas con respecto al mundo real ni son proposiciones reales
que se refieren actualmente a estados de cosas.
Por consiguiente, estas proposiciones, producidas en la obra de arte
lite~ria, poseen la misma unidad e igualdad de las significaciones, en el
sentido descrito por Husserl. De este modo, las proposiciones contenidas en el
Qu_ijote tienen una cierta autonomía que nos permite saber cuando alguien se
refiere verdadera o falsamente a algún suceso contenido en esta obra. Ésta
pu:de ser leída por millo~es de personas. Sin embargo, estas proposiciones no
deJan de ser crea ión del genio de Cervantes y la cuestión que se plantea es si
sobre la base de esta "w1idad e igualdad de las proposiciones" contenidas en la
obra maestra de este autor, podemos mantener que ésta e iste
atemporalmente desde Ja eternidad.
. . . En definitiva, según lngarden habría que buscar otro tipo de
o_bJet'.vtdad entre lo "ideal" y lo "real" (en el sentido husserliano de estos
term1'.1os) que hiciera justicia al estatuto ontológico de las significaciones. Lo
esencial, en todo aso, es que cada palabra tiene una significación a través de

117

�la cual se mienta intencionalmente un objeto. Este mentar np es una propiedad
de Ja palabra qua palabra, puesto que es de una naturalent diversa a esta. Esta
heterogeneidad es -precisamente la que hace imposible que la palabra "porte"
la significación. Esto solo es posible sí esta función le es proporcionada, por así
decir, "desde fuera•t, por un acto de conciencia que le presta la referencia
it1tencional a w,a significación. De este modo, este acto "crea", de alguna
manera, algo que antes no estaba presente y cuyo ser no es n.i real ni ideal, sino
algo análogo al "aparecer" y que, por tanto, no tiene una existencia
autónoma 52 •

verdad subsiste en una forma atemporal y resiste cualquier intento de
interpretadón que le adscribe un ser que emerge en el tiempo y que pasa. La
verdad no puede eXM:ir parc.iabnente (...) La verdad es un todo ordenado de
una sublimidad, estructwación y orden que contiene todas las conexiones
Jógicas y todas las dependencias entre las diversas verdades del juicio.

Por lo que se refiere a la cuarta objeción, y que como decíamos
comprende al resto, su respuesta está relacionada con los argumentos de la
unidad y UIÚversalidad de las proposiciones verdaderas que hemos
mencionado en aras de probar la idealidad de éstas. En este sentido, habíamos
. afirmado que la verdad de la proposición posee una unidad en virtud de la
cual pueden participar de ella juicios realizados por personas diferentes y en
tiempos distintos. Por tanto, de aquí se sigue que la verdad no depende del
pensamiento humano, no es una creación de éste. Si un juicio correcto que yo
produz.co ahora en mi pensamiento fuera el único portador de verdad y esta
verdad fuera engendrada por mi acto de juzgar, entonces podrían crearse (por
mí y por otros sujetos pensantes) toda una multitud _d e verdades del mismo
contenido. &amp;tas verdades dejarían de existir cuando el sujeto pensante
muriera, se volviera loco, etc.

Ahora bjen, esta .independencia de la verdad con respecto a 1a menté
humana es pJenamente compatible con la afirmación de que la verdad está
ordenada a la persona, que ésta supone conceptos y actos de pensar del
hombre. La clave de la conciliación de estas dos afirmaciones pasa, a mi juicio,
por mostrar, como, por ejemplo, ha llevado a cabo últimamente Josef Seifert,
que la verdad supone ciertas significaciones (proposiciones) de las que es
predicada. Sin embargo, los rasgos de la verdad que mencionábamos más
arriba (univexsalidad, atemporalidad_, etc.) hacen imposible identificar las
proposiciones que son portadores de la verdad con los pensamientos que la
mente humana produce, los cqales muchas veces son confusos y equívocos.
Es, pues, tan sólo de un ámbito de proposiciones ''puras" - del que nuestro
pensamiento puede participar tan sólo imperfectamente y que exceden·
nuestra comprensión plena - del que se puede predicar la verdad e:n sentido
propio. No obslante - aunque, a nuestro juicio, el estatuto ontológico de estas
significa.dones, que son los auténticos portadores de la verdad, no se agota en
su relación con Wlél conciencia personal- éstas no pueden existir aisladas en sí
mismas en un mando de Sat:e mr sich ta- Bolzano ,que, sí cabe hablar así,
están "suspendidas en el vado". Por el contrario, se relacionan siempre con
una conciencia pezronal que las aprehende de modo que ésta se refiere a Ja
realidad •~r medio" de ellas. "En última instancia" - volviendo al problema
de Ja verdad - '"la verdad' no puede ser una totalidad estática, infinita, de
proposiciones ideales sin-vida e intelecto'G.5.

¡11
:.J

Por tanto, si reflexíonamos cuidadosamente sobre la e-xperienda de Laverdad, ésta nos revela una universalidad, atemporalidad, infinitud, claridad,
profundídad, consistencia interna, armonía y "perfección ideal" que
sobrepasan cualquier juicio particular fom,ado por la mente humana y que,
por ejemplo, no posee la falsedad (las proposiciones falsas). Por consiguiente,
la consideración de la esencia de la verdad nos muestra que ésta no puede
depender del pensamiento humano contingente. Así puede decirse que
"~ perfección ideal de la verdad implica la atemporaljdad de la
verdad misma y su wlidad interna perpetua, la cual nunca puede ser
alcanzada por inedio de l.lfl crecimiento exterior del número de proposiciones
verdaderas pensadas y fonnuJadas por el hombre""53 .

"La verdad que hace verdaderas a Jas proposiciones fonnadas por el
hombre es más que la correspondencia de las proposiciones humanas con la
realidad, e.e., con los estados de cosas que existen independientemente. La
52. C[ R. Inga.id~. Das literaril;cb.: 1-:unslwerf... Einc l lnt.ir.mchung aus dcm Gr.:nzg.:bict d~T Orll\•logj.:.
Logik und Lileratmwíssen.-d'Jall 4. Aull. Max Ni""1le)'&lt;'r. T0bingcn 1972. § 19.
53. J. Scifat. J.. "{$!he F.xi!tdireofTrulh ~0011 l 'pun ~tan·. p. 475. (l.atrndua:ioo e; mía).

118

En esta perfección ideal 1a verdad 1,1W1ca puede ser encamada_
plenamente en la mente humana o producida en pensamientos por el
hombre"~.

a

En resumen una significación o pensamiento (se.él un concepto o una
proposición) independiente del pensar, de la conciencia, conduce a una
contradicción en sentido lógico. ¿Cómo pensar en un "sentido" que no lo es
para nadie? Este objetivismo extremo no es en modo alguno defendido por Jos
fenomenólogos realistas, los cuales no obvian el que las significaciones
presuponen siempre -un intellech.ts para el cual son intelligibille y, por ello,
podemos decir mm gran11 satis que "dependen" de él o, incluso, son
54. J. Seifert., &lt;Jp. cit- p. 478-479.

55. J. Señert, op. di., p. 480.

119

�"producidas" por él. Ahora bien, y aqw res1d l componente real1Sta, estas
significaciones no son "productos" arbitrarios del pensamiento, sino que su
"norma" es la realidad a la que el sujeto se refiere por medjo de ellas. En el
caso de los conceptos éstos se refieren a las esencias m [entras que las
proposiciones remiten a estados de cosas56 • El punto decisivo en esta uestión
es darse cuenta de la falsedad que supondría pensar que "ser pensado" y. "ser
dependiente de la conciencia" son lo mismo57 •

Hasta ahora hemos venido hablando de la existencia de los estádos de
cosas como condición de la verdad de los juicios o proposiciones. · Sin
embargo, cabe preguntarse sí ésta es la unica condición o si, por el contrario,
una proposición ha de reunir alguna condición más para que se Ja pueda
llamar verdadera. Esta cuestión también fue abordada en el seno de la
fenomeno}og:ia realista, en particuJar por Edith Stein en su obra Einjiilmmg i11

3. 4.

La ,tiferencia e111're la praposición y la objetividad expre;ada (el estado de

cosas).
a) Lcls diferencias principales.
. ~entro de nuestro esfuerzo por clarificar en qué consJSle la
pro~1c1~~ en cuanto unidad ideal de significación, queremos fijamos a
co~tinuaaon en la diferencia entre esta entidad y el estado de cosas al que se
refiere, entre lo que la expresión judicativa significa o dice y aquello acerca de
lo ~al lo dice. Por otra parte, a falta de un amilisis detallado de en que
consJSta un estado de cosas aquí es suficiente dear que se trata de un objeto
estructural de la foru1a 11ser-b de A", que, en temünos de Hildebrand expresa
,
'
un.· " c?mo
es t1' o " que es n y que estas estructuras son para Reinach los correlatos
objetivos de Jos juicios60.

die Pliilosoplúc.
En este escrd:o Stein se refiere a las condiciones fom1ales de I verdad,
esto es, a las leyes formales en las que lo mentado por un ju.ido, el estado de
cosas, ha de ser expresado. El estudio de estas leyes o, lo que es lo mismo, el
estudio de las posibles formas de proposiciones verdaderas, y de sus
miembros constituye la tarea de la lógica formal 58 • Se trata del estudio de las
categorías significativas. Estas leyes hacen :referencia, pues, a la corrección de
la forma de un JUicio. Sin embargo, estas condiciones formales no garantizan
ellas solas la verddd deJ juicio y, por ·onsigu.iente, no es posible separar la
esfera de los juicios o de las proposiciones de la esfera objetiva a la que se
refieren. Dicho de otra forma, las condiciones de posibilidad de un juicio
verdadero no atafien exclusivamente a su forma, sino también al darse del
objeto sobre el que juzgan, esto es, a la existencia de un estado de cosas, que
en el juicio es mentado59. De esta forma, la ontología formal y la "teoria formal
de las significaciones" son disciplinas correlati as, de modo que el nombre de
"Jogica formal" - piensa Edith Stein - puede ser usado para ambas.

.
Los fenomenólogos realistas consideran que los estados de cosas son
entidades "~era" del juicio, trascendentes y, por consiguiente, con elementos
totalmente diferentes. Ciertamente a todo Juicio pertenece w1 estado de cosas
pero este pertenecer no significa que se trate de una parte del juú ío.
'
. . ~fander señala una clase especial de juicios que, a su vez, se refieren a
otros JUJ tos y conceptos. Se. trata de los juicios lógi os. En ellos los estados de
~osas corre.pondíe1~~-contienen, a su vez, juicios y conceptos. Pero, U1Cluso
n estos ca~, los JUICIOS y conceptos que se contienen en estos estados de
cosas son diferentes de los ju idos que a ellos se refieren.
~na diferencia fundamental entre las proposiciones y los estados de
cosas resrde- omo hemos tenido ocasión de ver - en que las primeras son las
portadoras primarias _d e Ja verdad y de la falsedad mientras que a los
segundos se les denomina erdaderos (o falsos) sólo en un sentido traslaticio.
.
Ahora ~ien, el que nos encontremos con planos absolutamente
diferentes no quiere decir que no e, ista 1úngu.na relación entre los enunciados
las proposiciones Y los fSlados de cosas. A pesar de su diferen ia, estos ~
elementos - cuyo estudio ha de ocupar a toda teoría del ju ido _ están
mhmamente relacionados. Los enunciados e presan . 0 constituyen la

56. En sus me&lt;litos •rrobll!IIIS oí wgi • (dos rursos de lecciones impartidas durante los 1l'Stres ~
y de wrilno de 1944) Dietnch von Hildebrand se ¡('{ien&gt; a ~e carádei
"n&lt;lrmalivo• de la realidad con respocto a las sign.ifkaciooes.

mVll'.'mo de 1913/44

Sl. U. A Reinada, "Einleitung 1n me Philosophie", p. 380.

58. E. Stein, Einfuluw1g mdre Plt.ilosaphi,:, p.103.
59. E.

ein, E., op.ci.Lr

60.
., 1-..irtl-', Y, omo muy dcertad,unente seoald
K.. n V H1ldl'l,mnJ' WI,,,, '"· P/111,,,.,,,/11''
· ' •' ' r · 17· ror {dil
, unrw l'n -;u c1rt11. ulú "1l1I.' lnt(&gt;nhondlity 1ll Thinkíng. TI1f" Oillt'f\&gt;t, e t Lwren Sldte of Affair and
l n,p,."" 111•~nd.l M.-.11tt, r", l,&gt;n MuUigan (~,t.)&lt;.&gt;p.ut., p. 18-1. 'Rí-in.-.1&lt;.h is helpt&gt;J Lo avo1d the 'Austrian'
uinl\1~1;111 ("flln• prop,.llSK 1011 y ,~1c1dn dP «"&amp;Is - llt'l·,1u~ he -'-- -11 ··• ll~ lL 1 -1
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'-'"'"' '-" =~ 11&lt;1-&lt;.: auses as 1:iames ol
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\rm In lnrm., ~1gn1h&lt;111L 5"nli'll&lt;l'º
P
JS

p. no

121
120

�"vestidura Lingüística" de las proposiciones, de modo que la comprensión de
un enunciado nos remite a la proposición expresada por él Pero, al mismo
tiempo, nos remite, a través de la proposición, al estado de cosas que
cormituye el correlato objetivo de esta última. De esta manera, las
proposiciones son comprendidas como "conduciendo" al estado de cosas. o
obstante, hay casos especiales, como señala Pfünder61, en los que el enunciado
puede ser concebido de modo que ya no esté por el estado de cosas al que., a
través de la proposición, remite, sino por la proposición misma, que en ella es
expresada. En este caso, nos encontramos ante el enunciado en suposidón
lógica o formal. Así, para indicar que un enunciado es tomado en este tipo de
suposición se le suele encerrar entre comillas.
Otro punto en el que se puede notar la diferencia entre la proposición
y el estado de cosas es que ninguno de ]os elementos que componen éste es
elemento de aquélla 62 • En la proposición "el azufre es amarillo", el "azufre",
que es una materia determinada, en tanto que es mentado como parte del
estado de cosas, no es un elemento de la proposición. Tampoco lo es el
"amarillo". La proposición no consta, pues, ni de esta materia ni de aquella
cualidad de color, sino de otro bpo de elementos totalmente diferentes.

b) Excursus:
La identificación entre estado de cosas y proposición en la
ontología de R. M. Chisholn,.

Uno de los filósofos contemporáneos que mas ha reflexionado sobre
la problemática de los estados de cosas ha sido R. M. Ch.isholm6\ A
continuación e pondremos las Lineas básicas de su ontología de los estados de
cosas para después llevar a cabo un e amen critico de ésta.

1,,

La ontologia de los estados de cosas de Chisholm se basa en la idea de
que las proposiciones y los hechos ("facts") no son otra cosa que "s ubespecies"
o clases del género estados de cosas. Chisholm funda la verdad de su posición
en dos premisas de orden metodológico. En primer lugar, considera que las

61 A. Píiintlc&gt;r, A., op., il., p. 17.
62 A l'íiimlN, &lt;&gt;/I.Clt, p. 15.
63. f. R. M. Gusholm, PL'n-&lt;111 a11t/ ()ey.-c:t A Mdt1pl~r.;ic1ú Sh1,~¡. ( -.wg&lt;' Allt'll &amp; Unw in I ttl. Tl rqu.iy
1976. (ca p. IV) y la reformulad ón y dmplkl&lt; ifo ,k• t&gt;'il1' ,apítuln 1'n 1&gt;1 d rtk uln "Fvmts, t&gt;nipo silioru,
and Stales o( Affans". WeingartnN, P.,/ F- Mor,dwr, r)11hilog11: mu/ /;&gt;;,,'!l., Ounki&gt;r und Humblot,
Rerl rn 1979.

teorías que contradicen su postura son incapaces de resolver ciertos
problemas_filosóficos y, en segundo lugar, éstas son más complejas que la
suya propia.

Chic.holm considera que los estados de cosas son entidades abstractas
que existen necesaria y eternamente, y son de tal modo que algunos de ellos,
pero solo a l ~ de ellos, tienen lugar, suceden o subsisten ("tak~ place,
occu.r or obta.in ). De este modo, nuestro autor pretende hacer justicia a lo que
R Camap entendía por proposidón6'. En cuanto asu ser, los estados de cosas
de~d_en en modo alguno de las cosas individuales concretas. Ahora bien,
s1 oo existieran cosas concretas individuales, habría indefinidamente muchos
estados de cosas. En cualquier caso, el propósito fundamental de Chisholm es
mostrar que si su posición es correcta, no habría por qué asumir que junto a
los estados de cosas existen proposiciones y hechos.

°?

En este orden de cosas, Chisholm confiesa que lo que él denomina
estado de cosas se parece a lo que tradicionalmente se ha denominado
"propos~?.ón". As~ismo en el artículo publicado en 1979 y que constituye una
adaptaCJOn del capitulo N de su hbro Persona y objeto, publicado tres años
antes, .reconoce sin ambages que utiliza el termino "estado de cosas" para lo
que Frege denominaba "pema.m.iento" (Gedanke)M.
.
Pe~ veamos más de cerca algunas de las características más
tmportantes ~e los estados de cosas se~ Chisholm. La primera que nuestro
autor ~~na es la posibilidad de que alguien los "acepte". Esta
carac:tenstica de los ~dos de cosas junto con el concepto de implicación
~entm~ment) de estados de cosas, Je permite e1 establecimiento de un criterio de
1dentidad ~ estas entidades. Un estad~ de cosas p "implica" un estado de
c ~ q eqwvale a decir que p es necesariamente de tal modo que (a) si el
~ubs~te, ento~ q subs_iste y (b) quien acepte p acepta q. El criterio de
identidad menaonado a.fuma que si un estado de cosas p "im lica"
n·
)j "
1
p
q Yq
imp ca p, entonces e estado de cosas p es idéntico con el estado de cosas q.
Hasta ahora hemos venido ut:iliz.ando los términos "existencia
n ~ " Y "subsistencia" aplicándolos a los estados de cosas. Chisholm
sostiene que los estados de cosas "existen necesariamente" al igual que las
64 - "I believe lhat lhe informal thin.king of lhe great maJO· rily of philosophers and scient:ists
proceeds in terms O f rntE&gt;ntions,
·
·
· and propositions. lt is true tha t the ·entists
e.g., properties
usually do n~t use the term 'pro~iti~n• in lhis sense, b u! when they speak of possible cases,
;ents, expenmenta l _resul~, dlstribuhons oí lhe electric field or Lhe Hke, they the reby mean
. hat we cal! propos1tions (R Camap, "Replies and ystematic Exposil:ions" en p Schil
The Philosoplry of Rudolf Canurp, The Open Courl Publishing Company, ~ Sall~

196t::

~_&gt;,

~-a. R. M. Oli.sholm, Persa,15 mul Objeds, p. 117-118 y del mismo autor "Even1s, Propositions and

-=ites of Affaus•, p. '57.

122

123

�prop.iedade.s y los atributos. Aho_ra bien, decir d.~ un ~tado de ~~ .qu~
existe no es lo mismo que dear que ocurre ( occurs , o que subs~
("obta.ins"). Para e plicar qué significa ~~ un ~do de cosas subsiste
Chisholm recurre a la e plicación de la relaaon que existe entre los estados.de
cosas y las propiedades o relaciones:

"Para toda propiedad o re]acíón G hay un estado ~e ~ s p Y un
estado de cosas q tales que p subsiste si y sólo si G es eiemplificada Y q
subsiste si y sólo si G no es ejemplilicada1to11
Este principio nos permite decir, pues, que los estados de cosas son de
dos clases: aquellos que subsisten, suceden o t.ienen lu~ Y ~os que no
subsisten, suceden o tienen lugar. A su vez, podemos ~gutr entre
estados de cosas que subsisten necesariamente como, por eJeffi plo, el no
existir cuadrados redondos" y aquellos que, posiblemente, no pueden subsistir
como es el caso del "existir cuadrados redondos". En cualquier caso, ambos
estados de rosas, subsistan o no, puedan subsistir o no, "existen
necesariamente" o existen en todo mundo posiblefl7.

}os

Al principio de esta caracteriución de la posioón mantenid_a por
Ch15holm hemos afirmado que su intención fundamental es constnur una
ontología en la.que la categoría fundamental sea la ~~ estado de ~ s. De este
modo Ch.isholm intenta probar que las propos1C10nes - al igual que los
suc~ _ no son otra cosa que estados de cosas. Veamos brevemente cuáles
son los puntos principales de esta argumentación.
1

1

Si tomamos este termino en lo que suele llamarse su "sentido
filosófico correcto", con él nos referi.mos a un objeto abstracto que existe en
todo mWldo posible68• Por io tanto, las proposiciones - SI es que hay tales rosas
- son muy semejantes a los estados de cosas. Sin embargo, Chisholm reconoce
que a ambas entidades se les suelen asignar notas diferentes.
de las
proposiciones se dice que son verdaderas o falsas y no que !;ubsisten o no,
mientras que ]os estados de cosas subsisten. En segundo lugar, las
proposiciones son eternamente verdaderas o eternamente falsas mientras que
los estados de cosas - algunos de ellos - pueden subsistir en ciertos momentos
y dejar de s ubsistir en otros.

1:5í

1.,

0

obstante, y aquí reside el

estados de cosas y propos.10.ones, Chisholm considera que estaríamos
"multiplicando los entes sin necesidad" si dijéramos que entre las cosas que
existen eternamente en todos los mundos posibles se encuentra el estado de
cosas del ''ser mortal de Sócrates" y, asimismo, la proposición ''Sócrates es
mortal'l().9. Por consiguiente - y a modo de aplic.ación de la "navaja" de Occam Chisholm afirma que utl estado de cosas es una proposición que es
necesariamente taJ que o siempre subsiste o nunca subsiste, o, dicho de otra
forma, una proposición es un estado de cosas que no puede subsistir en un
momento y dejar de subsistir en otro70• De aquí se si81;le una definición de
pro1X&gt;5ición verdadera como aquella que subsi5te y de la proposición falsa
como aquella que no subsiste. A una proposición verdadera se la denomina
también "hecho" ("fact").
Recuérdese que uno de los rasgos fundamentales de los estados de
osas es la posibilidad de que alguien los aceptara. ,in embargo, parece que
hay proposiciones que no son objetos posibles de aceptación, por lo cual no se
podría igualar sin mas las proposiciones con los "objetos de aceptación". Dicho
con otras palabras, 11 un objeto de aceptación puede ser un estado de cosas que
no es tal que subsista siempre o no subsista nunca. Un ejemplo seria 'El cree
que mañana lloverá'""' .
Antes de pasar al examen crítioo de Ja postaon de Chisholm,
pennítaseme unas breves palabras acerca de lo que este filósofo ent.iende por
"sucesos" ("events"). Los sucesos, al igual que Jas proposiciones, constituyen
una clase o subespecie de los estados de cosas, a saber, aquellos que subsisten
en ciertos Jugares y momentos. Pero, ¿no se había dicho anteriormente que los
estados de co,sas existían necesaria y eternamente? Para salvar esta aparente
contradicción Ch.isholm recurre. al concepto de "concreción" de un estado de
cosas:
"e (un lado d cosas) es concretado por A en un ti mpo l = Df e ocurre
("occursn); para toda rrorLedad P, SI e "enlails" p y si p es teruda sólo r
cosas contingenl , e nton('CS algú n miembro d A tiene p en t; y no hay un
subconjunto S de A tal que para toJo P algún mi(&gt;fllhro de S tenga f&gt;"72.

Dado este con~pto de concreción, podemos decir ahora qué es para

paso deci;ivo en la identificación entre
69. R.M. 0 1isholo1, Pcn.111 m1st ai¡a:t, p. ID y "F.vents, Prof

66. R.M Chisholm, "Persons and Objectº p.119..
70. R M. Ch.isholm, art.dt., p. -12-43.

67. Ci . R M. Olisholm, Pen;(JII mul Ob¡ect, p. 119 y del nú&lt;;mo autoc "Evenls, Propooitions and Stat

of

Affairs", p. 32 O. nola 2

71. RM .Ousholm,arl. t, p.-13.

68. R. M. Otisholm, Perso11 mu1 Ob¡ed, p. 122 y "Events, Proposilions alldStates oí Affails", p. -12.

n. R.M. C11isholm, P.cr,;,,11,md Ol.~oct, p. 125.

124

125

itions an\l lates oí Affaus•, p. 142

�un estado de cosas que pueda ocurrir e:n un tiempo y en un lugar dados. El
que Wl estado de cosas ocurra en un tiempo t significa que hay un conjunto A
tal que es concretirado por A en el tiempo t. Que un estado de cosas ocurra en
un lugar quiere decir que hay un conjunto A y un tiempo t tales que e es
concretizado _por A en t y todos los miembros de A están en el lugar P en t.
Finalmente, los sucesos son aquellos estados de cosas que ocurren en eiertos
lugares y tiempos. Por tanto 2 + 2 = 4, 2 + 2 = 5, etc. no son hechos. Por
consiguiente, los sucesos no pertenecen a la clase de los estados de cosas que o
subsisten siempre o no subsisten nunca o, lo que es lo mismo, no son
proposiciones73•

Después de 1,aber analizado las .líneas fundamentales de la ontología
de los estados de cosas de R.M. Chishohn, quisiéramos ofrecer aJgwias
consideraciones críticas al respecto. En primer lugar, no me parece que el
hecho de que -una teoría sea mas "simple" que otra constituya una nota de su
verdad. En este sentido, habría que precisar qué es lo que se entiende
propiamente por un termino tan vago como "simplicidad" de una teoría. En
cualquier caso, n&lt;;&gt; parece que simphcidad sea sinónimo de verdad.
No obstante, el punto más problemático es el de la identificación de
las proposiciones con los estados de cosas. En este sentido, no creemos que el
problema se reduzca a una mera cuestión terminológíca que se resuelve
sustituyendo por "proposición" el temlino "estado de cosas" en los escritos dé
Ch:ishol.m. Así, sus análisis-parten de la con.5ideración de w, ejemplo: sabiendo
que el autor de Waverley era la misma persona que el autor -de Mamrion las
expresiones "el ser armado caballero del autor de Marmion" y "el ser armado
caballero del autor de Wllllerley" expresarían dos estados de cosas diferentes.
El fundamento de esta diferencia residiría en que el primer estado de cosas no
existiría en un mundo en el que no existiera Mamtion y el segundo no existiria
en un mundo en el que no existiera Waverley. Sin embargo, la formulación de
Chisholm es.equívoca. Si con "estado de cosas" se refiere a1 contenido ideal de
un acto de ju.+gar, esto es, a la proposición, es cierto que estamos ante dos
estados de cosas diferent~. Ni uno ni otro podrían haber sido fonnuJados en
mundos en que no se supiera de la existencia de Wcwerley y de M.am1ion, o
simplemente no Jos habría formulado una persona que desconociera en este
mundo la existencia de estas dos obras hterarias. Ahora bien, el uso del
temúno "estado de cosas" es equivoco debido a la formulación "el ser am1ado
caballero ... ", una fonnulación que parece referirse aJ correlato objetivo de un
acto de juzgar, esto es, a 1a objetividad que hace verdadera a una proposición.
Vistas así las cosas, nos encontraríamos ante dos proposiciones díferentes que

se refieren al mismo estado de cosas, el cual si exi5te, existe con independencia
de su ser reconocido por un sujeto a través de una proposición. Lo que sucede
es que, a través de ésta, el sujeto ''pone de relieve" este acto y Je trae, por así
decir, a su presencia consciente.
Por otra parte, si se acepta la visión de Chisholm, queda sin resolver
cuáles serian las objetividades que hacen verdadera a una proposición. En este
sentido, afuma que todos los estados de cosas (proposiciones en nuestra
terminología_) existen necesa.r.ia:mente, pero tan solo algunos de ellos
"subsisten, ocurren o tienen lugar". Estos últimos serían aquellos que
"ejemplifican" una propiedad o atributo. Prescindiendo de la vaguedad del
temt:ino "ejemplificación", no resulta claro cuál es la novedad .radical de los
estados de cosas que subsisten. Ello es fruto de la falsa identificación entre dos
entidades absolutamente distintas. Un análisis del problema - en las claves de
la fenomenología .realista - muestra que 1a situación es bien diferente.

Lo que ocurre,es que es preciso distinguir entre las proposiciones, en
cuanto contenidos ideales de los actos de juzgar, y los estados de cosas a que
se refieren. De este modo, w,a proposición es verdadera cuando aquello a lo
que se refiere, a saber, un estado de cosas, un determinado "comportamiento••
de la realidad, exi5te. Así la verdad consistiría en un "encuentro" entre lo que
la proposldón formula acerca de la realidad y la realidad misma. Siguiendo el
ejemplo de Chisholm acerca de la "no subsistencia" del estado de cosas "el ser
redondo de los cuadrados") lo que tma consideración cuidadosa muestra es
~ue si por "existencia
y atemporal" entendemos "existencia ideal",
esta corresponde a las proposiciones, a las unidades significativas ideales
complejas. Por su parte, los estados de cóSaS ''subsisten" o no y precisamente
en virtud de ello, 1'hacen" que una proposición sea verdadera o falsa. la
idealidad de los estados de cosas dependería del tipo de componentes de éste.

necesaria

En todo caso, no .resultan daros los motivos que impulsan a Chísholm
a llevar a cabo esta identificación a no ser una suerte de "économía" ontológica
qu~ no consideramos justificada, pues estados de cosas y proposiciones son
entidades absolutamente diferentes no susceptibles de ser reducidas unas a
otras.
Otro punto de apoyo de la tesis de Ch.isholm es de carácter rustórico.
Así cuando se refiere a la "existencia necesaria y eterna" de los estados de
·cosas compara su concepción con la de Husserl, según el cual - en la
~rpretación de Chisholm - ]os Stu:Jwerhalte son "unidades jdeales'; que 110

tienen comienzo ni fin temporales74'. Para probar esta semejama con Husserl,
74 - a .- ~ ~ Peison and Object, p. 119·y nota 6 en p. 215 y RM. Chlmolm, "Evenfs,
l'ropa¡itions and States of Affam/', p.32

73. Cf. RM Chisholm, 11p.ol., p .127.

126

127

�no al estado de cosas ~n cuestión.
remite a la página 44 de la edición de las Jnvestigadones Lógicas publica~a en
1928 por Max Niemeyer y que correspande al parágrafo 11 de la pnmera

lmiestigación lógica. Allí se afirma:
"Der objektiven Geltung eines Sachverhalts glaubteo wir vel'Sichert zu
sein und gaben ihr als solcher in der Form des Aussagesatzes Ausdruck. :oer
Saclwerhalt selbst ist, was er íst, ob wi.r seine Geltung behaupten oder rocht.
Er ist eine Geltw1gseinheit an sich. ("Hemos creído estar seguros de la validez
objetiva de un estado de cosas y le hemos dado expresión en la forma ~e la
proposición enunciativa. El estado de cosas m.ismo es lo que es, ya afumemos,
ya neguemos su validez. r.s w,a unidad de validez en sí'175 •
Aunque el modo en el que en este pasaje Husserl utiliza el termino
''Sachverhalt" no es suficientemente claro, sus esfuerzos están encam.inados a
distinguir entre la expresión misma, su sentido , y la objetividad
correspondiente. Sin embargo, como es sabido, Husserl no lleva a cabo una
consideración sistemática de los estados de cosas, limitándose tan sólo a
señalar algunos de los rasgos característicos de éstos. Sin embargo, creo con K
Mulligan7ó, que Husserl modificó profundamente las consideraciones sobre
los Saclwerhalte de los alumnos de Brentano - entre los cuales era habitual
hablar de los estados de cosas, como de hecho haáa, por ejemplo, Anton
Marty, en tanto que contenido ideal del juicio77 y como también lo hace el
propio Chisholm - preparando así el camino para la primera reflexión
sistemática sobre los estados de cosas, tal y como fue expuesta po.r algunos dé
sus disápulos (fundamentalmente Adolf Reinach, pero también Roman
lngarden, H. Conrad-Martius, Dietrich von_Hildebrand, etc.).
En todo caso, los estados de cosas eonstituyen la objetividad que es
significada a través de ·una proposición y, por ello, se trata de entidades
totalmente diferentes. Por consiguiente, es necesario distinguir
cuidadosamente entre el acto de juzgar, la proposición a través de la cual nos
referimos al estado de cosas, y el estado de cosas mismo. F.9-de la proposición
de la que predicamos la verdad o Ja falsedad dependiendo si corresponde o
75. E. Husserl, l1weshgacia11es lógicns, p. 43. Li tradul'Ción es de la edición de M. García Morente y J.
Gaos &lt;.' 00 la salvedad de que he sustituido la versión que estos autores dan al ténnino Sadruerlialt, a
saber, "situación objetiva", por "estado de a:;sas•.
. 76. K Mulligan, "Las situaciones objetivas en las lnveshgaao11es lógials de &amp;!mundo Husserl", - "Las
situaciones obJet:ivas en las hweshgacwnes Lógims de Edmundo Husserl", en Revista de Filosofía, 3.
época, vol ffi, págs. 2348, Editorial Complul~, Madrid 1990, p. 23.

77. A. Marty, U11tersud11mgm zur Gnardlegung de1· allgemeinen Grnmahk 101d Spmchpllilosophie, pp. 288362 En te sentido ..--reemos que Ch:i.sholm comete la ºconfusion austriaca" referida por Künne en su
articulo "'The lntentionalily of Th.iriking: 1l,e Oifference between State of Affair and Prop(lSitional

En resumen, la capa de los estados de cosas es radicalmente distinta
de las proposiciones que se .refieren a éstos. Ciertamente a todo juicio
pertenece un estado de cosas pero este "pertenecer" no quiere decir que se
trate de una parte del juicio.
c)

¿Crean las proposiciones los estados de cosas?

Hasta ahora hemos visto las principales diferencias entre e] acto de
juzgar, la proposición (el juicio) y el estado de cosas. Hemos puesto de
manifiesto como todo juicio se caracteriza por "aseverar" o "poner
aseverativamente" un estado de cosas. Ahora bien, ¿en qué consiste
propiamente este "aseverar"? ¿Se trata de una creación del estado de cosas par
parte del sujeto que juzga?
"Al proyectar el jwcio el estado de cosas distinto de él mismo, Lo
detem1ina a partir de s.í, y, en esta medida, e1 juicio es, pues, lo primario y el
estado de cosas lo secundario. En tanto que exclusivamente proyectado
~entworfen) por el juicio, el estado de cosas es completamente nomdependiente .respecto de éste. E's proyectado por él como Ja imagen en la
pantalla es proyectada por la lámpara. Y los enunciados, pertenecientes al
dominio lingüístico, vienen a ser sólo algo así como el armazón que soportan
las lámparas deproyección'173 •
No quisiéramos convertir nuestro análisis de este importante
pro~lema ~n Wl~ mera consideración terminológica, pero gran parte deJ
~ntí~o de estese Juega en lo que en el texto citado quiera decir Pfünder con e1
térmm~ "proyectar". A nuestro juicio, es daro que "proyectar" no posee aquí
Wl sentido creativo, sino que, más bien, se refiere a la relación intencional que
se establece entre el pensamiento y su objeto (en este caso entre la proposición
y el estado de cosas).
.
El j~cio "pone" w1 estado de cosas pero como si lo creara o produjera,
~":'~ en l!l forma del "poner aseverativo". Por consiguiente, es de la esencia del
JU1ct0 el aseverar que un estado de cosas subsiste. En su aseveración el juicio
tiene la pretensión de coincidir con el modo en que las cosas se "comportan
e~tre sí'' y, por lo tanto, de ser verdadero. &amp;ta pretensión de verdad,
vm~da necesaria.mente con el jujcio como aseveractón, puede verse
cump~~~ o no. En resumen, es preciso comprender, por una parte, la
especifia?ad de, la función aseverativa del juicio y, por otra parte, la
autononua ontologica propia del estado de cosas. De este modo, es la realidad
8. A. Pfander, op. d i., p. 36).

7

Matter".

128

129

�mJSma la que se constituye en "nom,a " para nu tros conceptos y Juicios
al t:ontrano""'.

no

UN FILOSOFAR EXI TENCIAL FUNDANTE
DE U
FILOSOFIA DE LA CULTURA

Matilde Isabel Car ía Losada
lnv hgadora - iembro de la Carrera del
Investigador del Consejo a ional de
lnveshgac1ones Científicas y Técmcas (Comcet)Buenos ires, Argenhna

Desde un filosofar exist ncial -el que aspira a la verdad no
meramente pensada sino real.izada n la e astencia- esto es, el que aspira a
la verdad encarnada -un filosofar integrador, -abarcador y superador- que
se desenvuelve en y desde el desarrollo de un pensar metafís1 o -y
axíológ1co- fundante, s ofrecen los fundamentos de una Filosofía de la
Cultura que se despliega como proyección práctica de d . ho pensamiento
al ual ratifi a.

79.

t · ur1-·'
J..,¡aJo sin rrensar J'd~ alr.is Y
r,n su /¿•~~k. pf;ind&lt;'í ,,, l,trd"' &lt;at&gt;nliUl) d . tllf"&lt;l't7/tll &lt;l~l' h.' ~l)Jd
J.t"t"'ell wud I.K'I An.spnll..h
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rus.1mm&lt;•1vulwffm mJI f'mt•r h;r.l,mmg J...., ( .egl'llSl,~es,,n ,uwid.&gt;r dem SubJektgegenstanJ
M,1&lt;.htspru, hu r J..&gt;tl l,t'f.&lt;'ll!&gt;lanJ, t., ~I u1&lt;&gt;n1 c&gt;tgen..~~ \VdS er ni&lt;hl ~ &lt;ll aus íor&lt;l&lt;&gt;rt.
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lnlt&gt;rplV'I J..., gt•w.ahltt•n e "'f,nt..,ldnJ..'5 .,.,,n un .,~ •
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k 1 . .,,¡ &amp;.Jru, kung J..-s l.eg&lt;'llSldn..,.,., u ,m ,
J1kt,1lori."l lw (..e,.IP, JE'C- c.&gt;~ • "
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Man muB wher ,ius &lt;lem
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rn•

•

Desde su busca del Fundamento, desde u a pira ·ón al "Grund",
a la Unidad, al Uno, el filósofo sujeto integrador, desde la int gra ión como
actttud y queha er, integra su ser y queha er filosofantes -y desde la
mtegración de su e tstir como libertad despliega un pensamiento senhdo y
senttmiento pensado. Pensamiento sentido y sentimi oto pensado desde el
cual ofrece un pensar probo, honrado, un pensar que se qesen uel e en y
desde su verdad existen ial; y desde un filosofar e 151:en i.al -el que
persigue la verdad encarnada, es decir, no la erdad meramente pen da
sino la verdad r ali.zada en la e isten ta-.
i "] filosofía promete la razón ro al a o poqm imos" 1 enton es
el filósofo. -que como persona- asptra a aborear2 -saber- un saber
liberador-sal íf¡ o, propone la integra ión de la Filosofía a otras formas de
saborear el "Grund". La filosofía se muestra asa int grada a la 1íst· -y si
queremos- a la Religión- y a la P ía.

Porqu ofre er un pensar prob , honra o es la fun 1ón social y -más
aún- el "servic10 social"' del filósofo- ést fr e como ftló fo a la persona
lo que es resultado de su ser y qu ha er f tlosofantes.

'••

1 )

Ahora bien, si la u.Jtura tarea humanct, r a ión /o r rea ión de
valores, ellos han de crearse / o re,rearse desde u géne IS tSten ,al,
esto es, desde el ex · tente -que es en su raíz última Iibertad- el que al
encarnarlos revitaliza la fuente de los alor . O mejor, revitaliza a los
131

�valores fw,dantes de la Cultura; a los que vemos en la síntesis VerdadAmor.

es un juego. Un "juego cordial", el
juego existencial es un juego que eJ existente juega desde lo entrañado. 4 Al
La existencia como Libertad

jugar su e istir como juego cordial la persona revitaliza los valores
fundantes Verdad-Amor.
Se consideran valores fundantes de la Cultura a la Verdad y el Amor
en su síntesis;
y como paradigmas al genio y al santo. Ellos
respectivamente encarnan el valor intelectual y el valor moral en grado
sumo.
Valores que han
sido encarnados y encamables

espaciotem pora lmente.

Al genio, al santo y al héroe, y en su síntesis5 se les propone como
encarnadores, esto es, iluminadores y vivificadores de la Cultura en su
desenvolvimiento.
·Desde el desenvolvimiento de un pensar metafísico -y axiológicoabierto a la dimensión vertical que se proyecta en el orden práctico como
Filosofía de la Cultura, el filósofo que despliega un filosofar existencial
·mtegcador ofrece los fundamentos de dicha Filosofía de la Cultura como
iluminación y vivíficación de la cultura en su desenvolvimiento. Una
cultura de mtegración - de síntesis creativa-creadora-.

El filósofo-desde su búsqueda del Fundamento y en su aspiradón
a él, al Grund-Verdad-Amor-Libertad-Presencia- Gran lntegrador-UnoJugador Cordial 1ayúscuJo-6 se integra. integra su ser y quehacer
filosofantes, y en y desde la integración saboreada como actitud y quehacer
despliega -desde un filosofar concebido como juego cordial- la propuesta
-teoréticamente fundada- de un exJSti:r omo juego cordial también.
Dada la existencialidad de la Filosofía, el filósofo que asuma que la
"Filosofía promete la razón pero salva a _poquísimos"; acaso despüegue un
filosofar mtegrador de otros modos de saborear el "Grund" .
Si acaso todos los existencialistas tienen la obsesión de Dios, para
afirmarlo o para negarlo como "Grund" han necesitado integrar la
Filosofía a la Mística y/ o a la Religión y a la Poesía, para poder expresar lo
que desde la sola Filosofía no habrían podido e presar en su "necesidad
sapiencial", en su busca del Fundamento. -"Grund" -;7 en su necesidad de
saborearlo afirmándolo o negándolo.

112

El filósofo, sujeto integrador, desde un filosofar saboreado como
fuego cordial propone jugar la e istellcia como "juego corrual'' también.
Juego a) que la persona es vacada y con-vocada por su "Grund" . El
existente en y desde 1!! libertad que es; es llamado y !Jamado "con" Uamado con el otro. Así el existir como juego cordial es juego de
Libertades con-jugadas - jugadas y jugándose- como respuesta al "Grund"
--el jugador-Cordial Mayúsculo--.
Si es que las reglas del juego son propuestas por quien propone el
juego8; entonces es el 11GTW1d 11 , el "Jugador Cordial ayúsculo" -que es el
que invita a la persona a jugar su existir como "Juego Cordial" - el que le
propone como única regla de este juego, la cordiahdad, la generosidad, el
Amor, sin medida, el Amor sin más. Así la persona -que es en su raíz
última libertad- juega su libertad, se juega, juega juega con, el juego de
su libertad con-jugada atendiendo a la única regla de este juego: la
cordialidad, la generosidad, el Amor sin más. El juego e istencial como
juego cordial es un juego de Con-cordia, de con-cordancia. Un juego que el
existente juega en y desde lo Cordial -en y desde lo cual quedan asumidas,
integradas -abarcadas y superadas- las diferencias -en respuesta al
"Grund" - lo Cordial sin más.

Se considera importante destacar que si es desde su propio
fundamento, "Gnmd" que el hombre, ·el existente, es fundado como capa:
de Dios, entonces, es desde su propio fundamento que el ~xistente está
llamado a jugar su existir, su juego ex~tendal, como jugador de un "juego
a lo divino".
Al responder a la mvitación de su "Grund" a jugar su e istir como
"Juego cordial" el hombre, o mejor, la persona, asume su ser ca-pa.z de Dios,
Y como tal desarrolla su existir como un desafío en el que desenvolverse
desde su existir saboreado como "juego cordial" es al mismo tiempo
desarrollarse como j1tgador de un juego a lo divino. En efecto, desde su existir
saboreado desde la integración de sentir y pensar, el hombre que se asume
como ser capaz de Dios, se propone desenvolver su existir como "Juego a
lo divino" como juego a desplegar -desde la integración- la Verdad y el
Amor en grado máximo; juego que tiene como modelos -acaso como
supremos ganadores- al genio, al santo y al héroe en su síntesis.

.
En su busca, en su aspiración al "Grund"; el filósofo, sujeto
mtegrador -en cuanto existente- desde su ser consigo como libertad
creativa -creadora- amante y libertad creyente, Juega su existir como juego
cordial, con el otro -h1 cordia/-.9

133

�El juego existencial, el juego de la libertad, es un juego de hbertades
con-jugadas, jugadas y jugándose. Juego que el eKistente juega desde la
esperanza10 en el "Grund" - Concordia Suma- y en el otro -tú co.rdialpresentific.ante de la Concordia Suma-. El otro-tú cordial -también esperacomo libertad creativa-creadora- amante y übertad creyente-.

El yo y el tú -que son en su raíz última libertad- se juegan. Es decir,
la libertad que son la juegan y la c_omprometen en el juego existencial- en y
desde el presente que saboreadamente aspiran "presente eterno". Y desd~
el concebir y el sentir -es decir el saborear- el presente como síntesis de lo
temporal y lo eterno. 11
El compromiso que el yo y el tú asumen en su "juego cordial" es el
de su propio existir como bbertad. Compromiso que asumen en plenitud,
en y desde el saberse fundados en su "Grund" -Concordia Suma, que los
invita a jugar su existir como "juego cordial"- un "juego de sustento"-;
(-comojuegode Amor-. ElAmoralimenta). Un "Juegoalodivinó'.

Consideramos importante destacar lo que sigue:

Así, de esta manera,. desde un filosofar existencial e integrador, el
filósofo desde una propuesta metafísica -y axiológica- ofrece los
fundamentos de una Filosofía de la Cultura -como iluminación y
vivificación de 1a Cultura en su desenvolvimiento- que tiene como sujeto de dicha cultura- al hombre integrado como libertad, es decir, desde la
übertad que el existente es (considerado el existente en el orden
metafísico); y al hombre probo, honrado (considerado el existente ~n el
plano axiológico).
Desde el exi&lt;.tir concebido -y sentido- saboreado como juego cordial,
es posible fundar una Fi1osofía de la Cultura que -ilumine y vivifique una
cultura de integración, una cultura de con-cordia, que desde la justicia -o
mejor desde 1a equidad- como condición de la Paz- aspire a la Paz. Una
cultura de con-cordia, que se despliegue desde la visión del otro como tú
cordial en tanto presentificante de la Concordia Suma.
Siendo el Amor, la única libertad creadora de libertad; la persona
como líbertad-creativá-creadora-amante se funda en el "Grund" -VerdadAmor-Llbertad-Presencia...(anonimia y polionimia). En esta anonimia y
polionimia destaco el Amor- Lo CoxdiaJ.-el Jugador Cordial Mayúsculo-Ja
Concordia Suma- Amante Sustentante-...

El "Grund" que es quien invita a jugar el existir como juego cordial -

un juego de sustento- se juega como Sustento. El "Grund" es así, sustentador
sustentante. Y el existente que también juega "el juego cordial" -como un
juego de sustento- se juega -éJ mismo- como sustento. Y como sustento
sustentado y sustentante. Es sustentador sustentado; como sustentado,
sustentase y sustenta.
En su "juego cordial" -cordial- porque se juega en y desde el
corazón, en y desde lo entrañado- el yo y el tú son redp:rocamente
amantes sustentantes present:ificantes de la Concordia SullJa -"Gnuid"Sustento-Sustentador-Sustentante-Amante-Sustentante...
(El
Amor
alimenta...).
En y desde su "necesidad sapiencial" -necesidad de srwarear al
"Grund"-Concordia Suma.Amantes de amantes- el existente siente, saborea
al,tú -al tú cordial- como presentificante de la Concordia-Suma.
Porque el filosofar es también "un servicio social", el filósofo -sujeto
integrador- desde la integración saboreada como su actitud y quehacer y
desde un filosofar concebido como juego cordial, propone el existir como
"Juego cordial" tambien. El existir es ofrecido por el filósofo como un
"Juego cordial". Un juego de libertades conjugadas, jugadas y jugándose.

134

"La Filosofía promete la raz.ón pero libera a poquísimos"

-insistin,,,os en ello- entonces un quehacer filosófico integrador -abarcador
Y superador- de la mJSDla Filosofía -por vía del filosofar- propone un
quehacer hheradpr, salvíf:ico en cuanto se ofrece mtegrado a otras maneras
de acceso al Fundamento; La Mística, · -y si queremos la Religión- y la
Poesía... (Se trata de otras maneras de acceso al Fundamento a las que un
quehacer filosófico integrador, como el propuesto, abarca y supera en sus
diferencias).
·

Ante la libertad sólo cabe la esperanza.
Porque el Amor es la única libertad creadora de übertad; si la
persona, el existente es libertad creativa -creadora-amante y libertad
creyente; su desphegue~como .libertad entonces supone la esperanza. El
esperar en eJ otro como tú cardial. Esperar .fundado en la Concor:dia-Suma
que nos funda libres-amantes. La esperanza se funda en el "Grund"
· concebido y expetiéncrado -saboreado- eu y desde un pensamiento sentido
Ysentimiento pensado- como lo Cordial, sin más.

135

�La persona que acepta jugar su existir como Juego cordial, desde su
ser capa:: de Dios, juega su "juego a lo divino". Un juego con-jugado en el
que sabiéndolo o sin saberlo -saboreándolo o no- el otro- como tú cordial es
presentificante de la Concordia-Suma-el Jugador Cordial MayúsculoAmante de amantes- Amante Sustentante ...

Si acaso el existente se endiosa para que Dios, su Dios se encame ...;
el Juego Cordial, su Ju.ego a lo divino -acaso también- sea el modo
de traer y atraer al "Grmld", su "Grund" a la presencia existencial.
12entonces,

Y es que si el sustento es lo que nos hace vivir, existir; entonces, el
existir-juego cordial- supone el "Grund" Sustento- SustentadorSustentante-Sustento fruitivo-.
Sí, Sustento fruitivo- ¡acaso no lo son los amantes!- presentificantes
de Jo Cordial sin más -.

de este juego es asumir al convocante, su "Grund", el "Jugador cordial
mayúsculo" -la Concordia-Suma-.
Jugar el "Juego a lo div.ino" es con-concordar e] existente -en el
despliegue de la libertad que él es -con la Concordia Suma en y desde el
asumirla como tal- dimensjón vertical del juego existencial como "juego a
lo divino"-. Yjugar el "Juego a lo divino'' es también concordar el existente
co11sigo mismo y -desde su concordar- jugar su existir como libertad conjugada con el otro -tu cordial-libertad-creativa-creadora-amante y
libertad creyente-. Dimensión horizontal del juego existencial como "Juego
a lo divino" .

El existente es go:::ne de su Juego Cordial, de su juego existencial
como jugador de un juego a lo divino. Y lo es en cuanto es él, quien articula
su juego existencial -el juego que es su existir como libertad- su juego
cordial, en la doble dimensión de este juego -la dimensión horizontal y la
dimensión vertical.

Ahondemos aún más.
¿Cómo responde el existente a la invitación de su "Grund" - "el
Jugador Cordial Mayúsculo" - "Concordia Suma" -... a jugar su existir
como juego cordial?.
Responde asumiéndose como jugador de 11n juego a lo divino; un juego
de libertades con-jugadas, jugadas y jugándose -en las dimensiones
horizontal y vertical del juego-.
En su juego e istencial, en el juego que es su existir como juego
cordial, el hombre, la persona, es elgozne.13

El existente es el que responde al "Grund". En y desde su "sí", ~n y
desde su respuesta afirmativa a su "Grund", e] existente se d~ifica.
Se considera importante profundizar, ahondar, en el "juego a

Sabiéndolo o sin saberlo, saboreándolo o no, el existente
-que
acepta la invit~dón, el convite, 15 al que es invitado, convidado por su
"Grund", a jugar su existir como juego cordial, como "juego a lo divino" ve como valores fundantes a la Verdad y al Amor en su síntesis; y, en y
desde su juego cordial aspira a desplegarlos, desarrollarlos, encarnándolos
en su existir- asumiendo como supremos ganadores de este juego al genio,
al santo y al héroe en su sin tesis, quienes han encamado y encaman el
valor intelectual y el valor moral en grado sumo.

lo

divino".14
El hombre, o mejor, la persona es el gozne del juego que es su existir.
En otras palabras: El existente es el gozne de su juego eri.tencia] como
juego a lo divino. El existente es quien articula su j-uego a lo divino, su juego
existencial en la doble dimensión de este juego -la dimensión horizontal y
la dimensión vertical-. Juego al que es invitado, vocado y con-vocado por
su "Grund".

Jugar el existente su juego existencial, desplegar 1a persona su juego
existencial como jugador de un "juego a Jo divino" en la dimensión vertical

136

En su juego existencial el existente juega la libertad que él es como
despliegue de la Verdad y el Amor en su síntesis, a los que aspira a
e~1~mar en grado máximo, creativa - cradoramente. Los modelos que el
existente anhela asumir en este juego y que se le muestran acaso corno
supremos ganadores son el genio, el santo y el héroe.

Ahora bien aspirar a encarnar el valor intelectual y el valor mo.ral en
grado sumo de un modo creativo-creador ¿no es -de algún modo- asumir
la con-vocación del "Grund" al existente -desde su ser capa:: de Dios- que
en cuanto tal lo llama a jugar desde si -como libertad- un "juego lo
divino", un juego a deificarse?.
Si acaso el hombre se endiosa, se deifica, para que Dios, s11 Dios se
encarne -o dkho de otra 01anera: Para traer y atraer a su Gmnd a ]a
presencia existencial. Y si, además, " Dios quiere dioses";l6 entonces "el
Gran Juego Cordial" aJ que el ex1Stente es invitado, convidado por su

137

�"Grund" -Ja Divinidad-Concordia Suma- que lo ha fundado, romo ser
capa:: de deificarse, en y desde su fw1darlo- es un ju~go qu~ el fugadar
Cordial Mayusculo Juega como convocante y que el existente Juega orno
convocado en elsentido antedic.ho.

DesarroUemos más.
El juego cordial, el "Gran Juego Cordial" . e~ un jue~ ~ue el
existente -el jugador de un j11ego a lo divino-juega endiosandose, deificán~ose.
y es un juego que el Grund -d fugador Cordial , Mayusmlo- . Juega
encarnándose, entrañándose, en el existente-. De ahí que el exJStent~
sabiéndolo O no saboreándolo o no, al desplegar la libertad que es desde s1
,
mismo y así afirmarse
como libertad- al afirmarse des d_e su "Grun d" Concordia urna entrañado en él- se afirme concorde, cordial

Sabiéndolo o sin saberlo, saboreándolo o no su juego existencial es
un "Juego a ser genio a ser santo y a ser héroe".
Desplegar la libertad, el juego existencia], en y desde la aspiración' a
encamar la erdad y el amor en grado máximo
-es, en y desde el
existente, asumirse con-vocado -en la mediada en que como libertad se
despliega revitalizando, en amando la Verdad y el Amor- a la genialidad,
a la santidad y en su síntesis.
Ahora bien, esta con ocación a ser genjos, y a ser santos, que vemos
implícita en la con ocación al "juego a lo divino" -convocación a la síntesi&lt;:;
y a su encarnación, y más que encarnación, entrañamiento -es una
convocación a la heroicidad, a ser héroe.
El "Grund" llama, y llama con. Llanta, convoca al existente a
encarnar la erdad y el Amor en su swtesis, desde su ser .libertad-creativacreadora-amante y libertad creyente espaciotemporaJmente situada.

El Grund llama, convoca, el existente acepta.
¿Jugar el existir como juego cordial cada existente, no es -de algún
modo- creativamente, asumirse convocado a ser genio, a ser santo, a ser
héroe -un juego a lo divino-? .

AJ jugarse como libertad en un juego a lo divino, el existente se
deifica, y através de su al1ondamiento en este _juego, se crea Y se ~e-crea
como libertad -creativa-creadora-amante y libertad creyente. Libertad
que espera en Ja persona -como libertad- y en el pres~nte -concebido,
saboreado, como síntesis de lo temporal y lo eterno. El existente espera en
cuanto se advierte fundado en su "GruJ1d" - Concodia-Suma.

En y desde su "Grund", la persona se asume concorde -y así
asumida como Hbertad concorde, ord ialmente juega su juego existencial juego de con-cordia- con el otro- tu cordial- y con su "Grund" .
Cabe destacar que la genialidad, la santidad, l&amp; heroicidad -en su
síntesis- a que el e istente -en y desde su "Grund" - esta vócado y convo ado han sido encan,adas y son encarnadas y encarnables,
e paciotem poralmente.
El istente se despliega desde la libertad que es -y se despliega
como libertad creativa creadoramente- en su aspiración a en arnar la
Verdad y el Amor en su síntesis -. Y en ese despliegue de su juego
existencial como juego creativo, creador, el existente en y desde sí afirma génesis existe,zcial del valor- y revitaliza a la Verdad y al Amor como valores
fundantes.

138

En este llamado que el existente asume desde su ser capa:: de Dios, el
existente se deifica, se planifica. Al asumir a su "Grund" como Concordia
Suma se asume, desde su ser consigo se juega como libertad conjugada
con el otro, el "tú cordial". Como "jugador de un juego a lo divino" el
e istente asume a su "Gnmd", su ustento como "Concordia Suma'' y se
asume sustentado, fundado como libertad concorde -con- ocado a jugar
su "juego a Jo divino'' como libertad creativa-creadora-amante y libertad
creyente-.
El existente -sustentado por su "Grund" - que espera en el tú aspira- en y desde su aspiración a en amar ]a Verdad y el Amor en grado
máximo -que, en su ju.ego de libertades conjugadas con el l'ú -también el
tú despuegue su übertad como encamación de la Verdad y el Amor en
grado sumo. En el tú cordial el existente ve una libertad que en cuanto es
capa:: de Dios, es capaz de jugarse es su aspiraaón a encarnar a la Verdad y
el Amor en su síntesis. En el tú cordial el existente ad vierte un co-jugador
en el sentido expuesto.
.
Sustentado por su "grund" el existente juega un "juego a lo divmo"
-JUego a ser genio, a ser santo y a ser héroe.

Si se considera la etimología, "héroe", está Ligado a la acción.17 Cabe
preguntarse entonces ¿no es - de algún modo- encamar la heroicidad
asumirse libertad concorde consigo m.:ismo desde ella desplegarse en y
desde la aspiración a encarnar la Verdad y el Amor en grado Sumo?.
139

�Con ideramos que sí lo es, en cu nto ello conlleva a la probidad, la
honradez, del pensamiento. Y el pensar con probidad supon ~ onlleva,
una aristocrllCla de la conducta. Afirmaciones que hacemos 1lummando los
términos en cuestion -es dear- probidad y aristocrarta desde u t1IDolog1a. •3
El "Grund", "Gran integrador" "Jugador Cordial 1ayúsculo" · a
con-voca al e istente como "Jugador de un Juego a Lo di ino",
el
existente respond al "Grund" de un doble modo. Asunuendolo omo
"Grund", "Concordia Suma" y asumi ·ndose • asumiendo al otro, tu
cordial, como "Jugador de un Juego a lo dh-100", en cuanto el otro
sabiéndolo, saboreando/o, o no- también a~eple Jugar est Juego.

Cada exJ.Stente, recíprocamente, Juega su Juego e. tStenctal que
juego a ser geruos, a ser santos y a er héroes. Que as, como gemo, como
santo, y como héroe en su smtesís, la persona, el existente 0010 capa: d~
Dios puede presentifícar su Dios, a su "Grund" presentif• arlo al otro- tú
cord.icll- presentificante -también- de la on ordta urna-.

En , desde su aspira ión a encamaI la erdad y el mor el hombre
O si queremos, en y desde su aceptar el e istenle, Jugar su
existir como "juego a er geruo, a ser santo a ser héroe", se plenifi a y
omo taJ se deifica; se asume orno capa: de Dios- su "Grund" qu lo voca y
con- oca a ser- y ser con el otro, tu córdial- genio, santo, heroe.

se deifica.

El ''Grund", voca y con- oca al e istente a jugar su e istir orno
Juego a ser geruo, a ser santo, a ser hérQe. El e tStente se plerufica como
tal se detfi a, se asume capaz de D,os que lo con oca en y desde su
cronotop1a -aqm y ahora- a d splegarse on el otro creatt acr adoramente como genio-santo hero ...
El "Grund", vaca y con oca orno Concordia Suma- omo ustento.
el e · istente amo libertad responde. El hombre se endiosa para que Dios,
su Dios, se en arne.
En su neces1dad de fundamento, en su necesidad de saborear el
"Grund", el exJStente Juega su e JShr como "Juego a ser genio, a ser santo y
a ser b roe -con el otro-tu cordial- como modo de traer d atraer u
"Grund" a la presencia e istencial.
El gozne de este Juego -no interesar marcarlo- es el existente. El
Juego e istenc1al como Juego cordial, 111ego a lo divino - Juego a er geru , a
ser santo, a ser héroe- se arhcula en una doble dimensión~ horizontal y
vertical. El punto de infle 1ón es el hombre -libertad concorde concordada
y concordante- que como hombre íntegro, probo es el SltJeto de una cultura
de integra 1ón, de 01 ordia

lnslStamos en algo qu ya hemos señaJado.

El sujeto de la Cultura -una cultura de integra tón- de concordia desde un filosofar e. ist nc,al e int grador- abar ador y superador- es el
hombre, 1existente mtegrado
-como libertad que es {considerado el
e ist nte en el plano metafísico).
Y
el hombre probo, honrado
( ons,derado el e IStente en el orden ax,ológico).
El punto de infle ión del "juego a lo di ino" es el e istente, la
persona-libertad con-corde que con-cuerd con su "Grund", "ConcordiaSuma"; y que en d de su con-cardar consigo concuerda, acuerda, con el
otro -tú ordial- como übertad- creativa-creadora-amante y libertad
creyente- presentifica.nte de la Concordia - Suma. Y, quien- en y desde la
Concordia- se despliega como su1eto de una cultura de integración, de
sínte is creativa-creadora. Una cultura de on-cordia.
Desde un filosofar e istencial e integrador -considerado el filosofo
como SUJeto integrador , la integración como u actitud y quehacerhemos desen uelto, desde un filosofar con ebido y sentido-saboreadoomo "juego cordi I", la propuesta del exJStir como "juego cordial"
también. Un "juego de sustento"; un "juego a Jo divmo". Cuestión que
hemos e plicitado.
En y desde un pensar senhdo y un sentir pensado hemos ahondado en
el e tstent "go::ne" de su juego e istencial como "1uego cordial" -un
"juego de sustento" - "ju go a lo djvino". Y hemos ahondado asimismo en
los d, tmtos jugadores de ese "juego cordial" con los que juega el e i.stente
de de la libertad qu ·¡ es. Es d cir, hemos indagando, profundizado -o
me¡or h mos ontinuado indagando, profundiz.ando- en el "Grund" -el
"Jugador Cordial ayúsculo"-" on ordia uma"-"Sustento ustentador
ustentante" ... en el otro -fu cordial- en cuanto juega su existlJ' -como
libertad- desde el
razón y, aun más, desde lo entrañado; y también cordial- en cuanto presentificante de la Con ordia uma.
í, desde nue lra. propuesta metafísi a -y a iológi a- fundante que sed pliega d sde la c1Sunc1ón de la dimen 1ón espaciotemporal ha ia
la _T rascenden ta- hemos ofrecido- y omo proyeccion prcicf a de ella- un
a dummac,ón -y 1v1f1 a 1ón- de la ultura n su desenvolvimiento -e to
es, una filosofia de la ultura que -en su despliegue- ratifica nuestra
propuesta metafis1 a -y a 1ológica-.

En efecto, desde un filosofar exlStencia.l e mtegrador - como
proyec •ón pr.í ica d nue tra propue ta metafí i a- se ha desenvuelto un

140
141

�pensar senltdo y sentir pensado que ílumina.-y Vt~ a- a la ult~ra en su
de arrollo. Así, de sta manera, se ha ofrecido un filosofar tlummante -y
t ificante- de una cultura de integra tón, de intestS creati a-creadora,
una cultura de concordta. Cultu.ra uyo sujeto
el e istente mtegrado
-desde la libertad que él es- (oonsid rado el exJStente en el orden
metafísico)-.; el hombre probo, honrado- (considerado el e istente en el

plano a iológ~ o)-.
J

Augustinus. Prt r&gt;r1lí11e, TI, 16. "I hilosoph.ia rdlionem pronulhl t vix pancissim liberaL ..
Agustín (San): ,)bra;; 0711,plt!,JS, Fd1u n . BUmgu (promovida por la Fed ' ídHon

hah(d o r1 •nsa" En I prt"!l?nlt• anal 'JS n
Expresi · n rnyc1 igníli lión SP J
nvuelve,

usam

el término " lr " como "tu cordial".

'º

l..i l'SperdnU-con ·1dt&gt;rada 11
íkarnent
orr
ndl' a U11 ambito, a una regí n mediaentr,· l.i es-p,.•ranz.t "natural" y la '"sohrenalur.il'' Como lcl.l la
per.tnu, -aill'nd1da
f1los.&gt;fi•·am nlo&gt;- n,, • ig,• lc1. lr.iru.1ción al plano teológi,o. La
ran7.a, .:&gt;bjeto legdimo d
• n~1J ra jon ftk16&lt;•1Jtd, ,l um un sigmfüad t&gt;Spe&lt;."Jal n la onfronta i()n con las fomtas
nthili.std,, Je l.i íiJosofia Cf Otto Friedrich BoUnow, F1l~fta di: ÚI espaa,i=a Buenos Arres,
Arg•ntm.i, 1962.
mJli.lnia (,t&gt;neral fabril Jit Td, 224 p,igs. (Titufo original aleman: Nem:
Gd111rg~1,hrtt 1955, Veilag W. Kohlhrunmer).
•
u C t Matilde Isabel Garcia Losada, Op. Cit., en ~ial, C'aps. lli Y IV.

•.q

Agu tiniana branola -F.A. -) Eds. B.A

• Madnd Espana, 1988.

n

J
M.ttilde (s.ihel Gan.ia I .o',cld.t Fi11l!'ofi.1 e Integra ·ón. F.l Fil
far i; mo Vía, 1 .B. 950751-0%-6. Ed'&gt;. Almagrsto, Bu n Air . , Argenitna, 199-1, U'\ pdg ., en
ial f.'I ap. IX.
1
os 111 teresa senalar la elmlologiil de "entranad " "F.ntrana" (d l l.dt. "lntenmea" neutro
lural del ad¡.: "mteran u "="111temo'') ''enlranar": tr. "lnlroducir en lo mas hondo, llevar
~,mtro J ,"; de-;igna m tal n&lt;arnente '"lo m.i · ulto y . ndid ~," 1 pen trad ha ld lo
mas ultimo Jet ..:orazón. Cf J. Coromina , J. Pascual. [)1cc1011arrC1 Crrhc Ett111111dgicr1 Ca~tdl1mr1 e

u f.s1a c:u tión hd qu J.aJo pldnteada en nueslr hhro ya 1tado

CJ

Cap VU., 111 fimt.

u Nos mterL- desta ar la riquez..i que en, ,erra PI térrnin&lt;1 "go::ne• del qu hacemos uso en
'it'nl1J n, 1.tl rirn. ·¡ Cl1.:ciommo de la Ltm 11t1 .&amp;-pa,1"1a. ReaJ Academia Española, vig · uno
primera edtli ·n, M Jnd, 1992, Ed!
pas.t .ti . Madrid, f.spana; "g11we"· de gonce ·=
'"gozne o perno/2) art ukl I n d LO!&gt; huesos" {d l latm "g,mrplms#-i) (sust. n,asc) "Herraje
arlilulc1Jo Lon que se ÍiJan id hojas d la puert y ventan .il quicial para que al ,1brirla o
•rrarJa giren. tir aquél..."; "tambit'TI
aplican los gozn a la tapas d :aja , baul y
otros ob¡t&gt;tos que n
ildn tem&gt;r un movimient gir;¡ton "
n ampl.i,i&lt;; e mte

e, rh

d(ÍOnL&gt;s.

H1s¡,a111ct1 Madrid, f...c¡pdna, ,reJos, la. 1980, 3• reimpres1on, 1991.
lnsp1ránJonos en Vi ·ente Fatone (1903-1962) - w1 autor representante d la filosofía
x ·tennal argentina- que n se e playd PO el tema pero 1git&gt;re su sentido - nO!, pr ponemos
desarrollar, explayand nos en este punto pr fundizando lmeamient que h mos e pu to
m1oaln1entl' n nu tro llhro F1lo,;oft¡¡ e l,1tegram111 -Fl Frlt&gt;sefar co1111&gt; Vra- ddta &lt;.il En especial
en l l,1p1tul,1 VU
11

~ Cf. J. Corominas

J.

Pascual. n,cao11ano Cnhct&gt; Etmwfogico Ca~tdlím,1 e Hr..~1M111co, data fil.;
R~l c¡d mia
pañoloill. fl1c"1.-,011,mo dt la /,en 11a bpmí la, M,1drid, f.spana, E
.ilpe,
21• ••d., 1992; "h roe": Tomad del lal., /1t-ros, hi:r1&gt;1S, y esl Je; griego [J[IO[ m.
riv.
heroico- ca adt. u u-,o se generali.7..ú antes que
Jt' h roe) 1.. "A pi 11. ase a las
rson.ls
famOSd por
haz.a,, o virtudes y por extension, din ldmbien d la,; acciones, 2//
pl'rlenl'&lt;.,ente a ella '' on esd,uaedores dt'Sdrrollus. 1o h roKo perlen -e di orden dt&gt; la
"'C"ión on-.idero que s1 h1en el gem&lt;&gt; y l &lt;;anto ncarnan r
tivan\mlr el valor mtel tual
y el valor moral, en grado unm,
'" am.:1dót1 lOnlleva , on la pr puesta del l'I m delo d 1
he.roe ;¡sociada a la d I gen111 1 !,dfltO, · •{ll.l red -tarar l.-1 unportanna Je la a , 1 n.

e

An nunia y poli nimi.t: ingún nombre
I nombr y toJ l\llS n&lt;&gt;mbres n el nombre Je
la realidad ul/111,a l.a muhiplicid.:id d los nl mhres no ntradr&lt;e la au n •ia Jr todo Mmbre
·in

la orr,

r.i

y t&gt;n R Rilbe y se si 11tea Lra és Je él
sobrecugid
Ío grado CI. Vicentellatone, Fi/,.,.,,{út11 P&lt;Ja-111. 1•. 195-1, ~..me&lt;.e; 2" · retc1r1&lt;1
de 'ulturc1 Je l.i Na, 1ón on Fds. B1blos, nº ,15, ( olen 10n "ldenhdad a, tunal" But&gt;l\l)S
Air , 1994, 131 pags. Prólogo, selec 10n y n 1.i J F,a11n:-c.·• García lla:m,
• Asi, M. He.idegy,er J;,us.:a 1 1rrobora, ,on 11) HdlJerlin

po;

e CL Craciela l. Scheines, /11 •1ut.-s y 111xaJ,,,~ Flueno" Am&gt;s Argentma, Ed1tonal d Bt&gt;lr,rano,
1981, 317 ¡&gt;&lt;íg ., / os JII~~ ,1, la ,,¡.fu c,il1di111111 Flul'm~ Airt'!,, Editorial Universitdri&lt;1 J. Ruemos
Aires, 1985, 1
p,ig . Prólogo, 1ni roJu, ¡ ion y Comp1l&lt;'1&lt; 10n J Craciela cheines a qu u:-n
pertenece ldmb n el u.huno , .ip11ulo: · fug.u ~ lun&lt;lar un orJ •n" - pp 127-112- • on
inter~nl!'l&gt; &lt;lPsdfrollO!!.

~ Se ha e tu.1. en el tem\ino "otro" J ·Je su c•limologia. Cí oromína J. rascu,d, J. P1r:x11&gt;1111110
CriJu:o Et111wlóg1co C,1. tdla110 r H1s11,m1L",&gt; Mc1d.rid Espcina, hls. l,reJ,~, l .--,1 191!0, 1 '
reimpresión 1991: "otro• (Jl•I LdlJO c1lli'r-&lt;'rd-erum) "el otro entn• d•,.,•·.
Pnm ra
Jocuménta, ¡ · n, orig nes J.el hli mc1; aJ 01c1 .. , t. Prcoo11anú .le In L.i1¡:w1 b¡•ml,w Real
Aademu Esp,ulola. 21• f.J.. MadnJ, 1992, F.'ipas.t. Calpt.•, &lt;1dnJ, F. p.ln.t "'t1/r,&gt;-a" (ad¡.) Fn
la a epción 7) de 1'!,le /.l1ct-,m111rio ... Se lt&gt;1.' "Apl aw a e u,1lqu1er pnscma d1'illnt,l Je 1,, qur

142

comnl~ a fin de ignili ar el lar.kter -aca
festivo y p.ir.t resaltar el
nlleva lc1 inviladón del u rund". Cf Drccumarro de la Le11gua
E.,pa,iaia. Real Academia p.añota· data at., "com,1I.:" . u tanhvo masn1hn (de la prov. y al.
·\onvíl " y este del lat01 ,.rnnvictus") m ··a d · n y Jecto d ronvid..ir /2 "Función y
es
ialment e: mida
banquete a que uno
onvidadon. O. ad m.i , Coromin.a , J.
Pasru;i.l, J. D,ccwnnno CríhC/1 Etu1111/ógu:oca~tel/Jmo t Hrs¡,rimco: data it.
15

d la.-a la t&gt;Xpr

ofrerum

1• a

kl df' :'11Mento que

t• Expr ·· n de
o alis (Georg Friedkh on Hardenber-g). P la alem.an nacido en
W,ed rstedt (Sajonia) el 2 de mayo delm. muerto en We· nfel (Sajonia) el 25 de marzo de
1801 F. c:onsui rado "el ma. · p1ritual Je los poetas románlteos a.lem
. u udónim ovale d trad.i oón familiar. En 1790 se u1atriculó en Jas farultad(&gt;&lt;; de FU
lía y de
LPye. tJ la Uruv r.;id.td de Jena Jond trat per.;onalment a hiller a quwn admiraba como
úeducad r del siglo íuLuro"
ovalls vivia en We.issenfe~ , en c:asa d
padres, y ha
via,ar a Jena W,_:,1mar, donJ tuvo OC&gt;4Si · n de con t&gt;r d Goelh . La producci ·n de Novalis
acumula en el rnrto espa ·o de tres anos. l. Fragmente cfragmo1toJS), 1.-uy,1 prunera p.irte
ap.ireci · en la R.:v· ta ~ Athenaeum", en 1798, bajo
titulo Bl1U,:ustn11ll (Poi"' dt Flores),
H&gt;rogl'll divt'rsicL.id de escritos en qut&gt; ov.il.1.&amp; rnndensa en forma afonstica su peni;amwnto
sobre los mas variados tem .
n rnmo el breviario de su (ilosoíía romanlira, Uful fil
fía
dmgidc1 -;obr todo a la int rforiddd. La ldrea d I hombre es LI gar d la prop,.:i pert 1 · n.
Hasla alcan1..ar esa meta la t · ruca de Id exislenüa es la anorana, fuent de Id poesía. Cf
" l&gt;vahs"_Cra11 cm:1do¡1edta R1alp. t XVII. Madrid, 1981 pag!&gt;. 60-61.
17

f. Nota 5.

143

�1s Hdu Jo luz en 1 • termmos Jesd su etmmlo&amp;ld ( 1 Coromiru J. Pa ua~ J. f1iccw11'.1~w
Crillct1 Etrmolugzco Cnstella11t&gt; e HL-f%IIIIC, MaJnd. b.pan.i, (,wJos, l.i ed. 1980, 3 n•1mprt"&gt;10n,
1991) "pr,iNdnd" nos condu&lt;e d "rroh1tao;..att~•· f ''h nrddt&gt;z ralltud Jp.i.numi/wlegn,fmf &lt;'11
J obr.u" . Ahora bien, l.i J agu.i grll'ga nos orienta a KttAOV Tt&gt;muno ~,u,vdlente .i
., robus.. honrado. B término
ulov ~ Vinc.·ula al lt•rmm,, -tamb1en gn •&gt;..:piat0Kfl(J.nu"=arishicrncro (f), entre cuya.s a~ puones se &lt;•ncuentr.i· ·· Jase 1wblt dt• UJ1.1
na~ mn, provín ia, ele. Por !'lCIPns1on, dase nonle q~; it&gt;resalP J_~ nlre l11i. de ma~ por ~lgu~a
drnmslan •ia: Arist rada Jel sal'l!r, J I dinero (d S(ibashan Yo1rza, P1ccw111mo Cmgu
Es¡&gt;miol, B.uwlona, f pana, Sopena, 1988),

LA FILOSOFÍA DEL DERE HO DE J. KANT

José Antomo Daca! Alonso
E uela de Fuo ofía
Univer idad la ali

Mé

ICO,

D.F.

lnfrod11cción

lnmanuel Kant (1724-1804)
uno de lo mas grandes filósofos de
todos los ti mpos, pues con él se tní id la F.scuela del Idealismo Alemán,
ademá de que on su pensamiento pro oca una de las mayores
revoJu tones intelectuales a trav de su postura critica o jui 10 a la razón,
de acuerdo al paradigma de las cien ias rnat málí as y fís • as de su época.
Su filosofía discurre por dos grandes líneas de reíle 1ón: una es la de la
cien ia y otra es la de la ' tica. La primera tien r ladón con la natura]ez.a o
el fenómeno; la segunda con la líbertad o el ámbito de lo nouméni o, que
es la metafi ica desde otra perspecti a diferente a la tradictonal.
uestro pensador aborda la m yona de los problemas y temas de
la filo ofía on profundidad, objetiv1dad y ra ionaltdad, in luyendo el
derecho. A lo largo de u e itosa carrera docente llllpartió numerosos
cursos sobr la ética y el dere ho, que se tradujeron n obras rete antes
omo se erá a largo de este trabajo.

!º

onsidero que la reflexiones de Kant sobre el derecho no
solamente e apoyan en los conoctmiento del jun ta, sino que en su obra
subya e una filosofía del dere ho, en cuanto e presa el por qué, el qué y el
para qué de esa ciencia normativa, que en ultima instancia anda en la
libertad y por lanto po ee una ra1z ética, si.n confund i.rs ambas esferas.
El obJeti o del trabaJ es e poner los puntos medulares de la
filosofta kantiana del de ho, que se ons1dera es una lave para entender
en pdrte las propu tas o orn ntes a lual en derecho, polítt a, en
parti ular las de insptra 100 liberal. Para tal propos,to se desarrollan los
ll1 ISO s1gu iente : 1. ntropologia, éti a y der ho, 2. ¿ Qué es el derecho?,
3. El dere ho privado, 4. El der ho públi o y S. Apreciación critica y
c-on lu 1011 •

l+l

Celda punto onlle a otros ompJementario para la mayor
lOmpren 1011 J e 1o enunciado, con énfa is n la estructura de carácter mcis
filosófico llue estn lamente Jundi o, pr p10 de otros espeetalistas.

�1. Antropolog,a, Elica y Derecllo

de los obj t de nuestras representacion m1Smc1s. La f, cultad qu posee
un ser de obrar segun us representa iones se llama v1da 111 •

Para un conocimiento de la filosofía del der ho de Kant, e
mdispensable r ferITSe a su obra La Metajisica de las Coshmzb-res, publtcada
en 1797, la ual, segun él, debia ser una
ición s1Stemáti de otras ~~
obras muy importantes sobre tema éticos: Fundame11taao11 de la metaftsica
de las cosh1mbrcs de 1785 y nhca de Ju ra;;ó11 prá Hca de 1788, y ambas eran,
con respecto a la primera de las citadas, una especie de propedeúti a.

El pensador prusiano ons,dera que eJ desear es una facultad del
espíritu humano que viene a ser ausa de los objetos di rso que nos
representamos. Obrar conforme a esas repre entaoones se Uama t11da.
tas definiciones abstractas con que comienza u e posicion
pueden sorprender a los lectores en rela 1ón c1J derecho. Sin embargo,
hablar del deseo es fundamental, lo mismo que de otros aspectos que a
continua i n se e pondrán, en la medida que esto responde a la
con epción antropológica de Kant. En efecto el hombre es persona porque
tiene conci noa de sí mtsmo, descubre su egoísmo, sus representaciones,
se obs rva a s1 mismo. Además es un ser sen ible e intelectual, por tanto
siente pla ero dolor, imagina apetece2.

Es necesario aclarar que la e presion "Metafisica en Kant", alude a
un conjunto de prmc1p1os y onocim1entos que no son obJeto de
demostrac1on 1enhfica por cuanto no aben en el ámbito de lo fenomemco,
ino de lo noum meo, es decrr, de la libertad, por tanto de la ·tica y su
demostración es subJ twa (lo que e d prende de la estructura ra íonal
del SUJ to humano}. El que Kant estime que la Melafi ica n es w,a 1enc1a
conforme al paradigma geométn o-matemáh o-fís, o, no significa que no
e isla como aber moral exigen ia inelud1 le para 1 r humano, el cual
e defme y signili a frente a todo lo demas orno un er moral.
ética,
basada en la libertad, es fmalmente el oporte y püca 1ón de lo moral, el
derecho, la sociedad, la polít· a, la historia, en pocas palabras del hombre
no unicamente como ser material, sino como ser racional, libre y espiritual.
La obra 1etajisim de las
·tumbres, se di 1d en dos partes. La
primera se refiere a los Prindpios meta¡,- icos de ta doc~rina del d~rec/10. La
egunda, a los Principios mrtafísicos de la doctrma dt• la v,rfud, relahvo a los
deberes o irtudes. mbas son parte del tslema de le 'es de la libertad. s
leyes de la libertad s refieren a las a 10nes e terior y se rigen
r el
prin ipio de la legalidad (derecho); o
refieren a las ac 10n s inte~1or~s se
rigen por el pnn 1p10 d la moralidad ( irtudes). qui,
anahzaran los
prin ipio del derecho ) por tanto lo que
la filosofía del der ho para el
célebre pensador prusiano. La obra compr nde en sus lrneds g neraJes una
mtroducc1ón al dere ho. Una primera parte d dicada al dere ho privado,
unas gunda rei nda al dere ha publico.
ue tro filósofo, en I prologo a u trabajo, afirma que la 1en 1a
del derecho en uanto stStema ranonal pu de llamarse 1etaffsim del
dC'Tec/10, es dectr, búsqueda de prin ip1
racional , por tanto úni os,
umversaJes
necesanos para ser aplicados a Jo empínco y contmgent
pudiendo normar o regul runa ondu ta xter10r del hombre.
En la inlrodu

1ón Kant e amma algunos aspecto d

la r la tón

fa ultades del esp1ritu con las I ye morale , en esp ic1I el deseo, la
z1ida, el placer, el dolor el se11timir11to: ~m desecU e la facultad de r ausa

de I

146

El jercicio de la Ubertad, fundamento último de la éh a, el
derecho, la políti , la soci dad · la hlStona no solo está l1m1tada por las
n cesidades naturales, smo por fines de Ja razon práctica, la cual recibe el
unpa to de la facultad de desear o representase objetos dt ersos en el ivir
otid,ano en íntima inculación on el enlimi nto.
El deseo puede ir acompañado del placer o disgusto, que en el
hombre
el setttin11ento. Pero el placer o el disgusto no siempre se
acompañan del deseo o aversión (puede haber pla er sm deseo del objeto).
El placer o el dolor pu den ser efecto d un obj to y no causa.

1sentinuento es 1a capacidad de experimentar pla ero dtSgu to
on la 1d a de una osa. F.s lo "subjeti o puro" para Kant, ya que pla er y
dolor no pueden pb arse por I mismos. n tenden ias del hombre: "El
sentuniento comprende l efe o de la representación ( ens1ble o
intelectual) sobre el suj to,
pertenece a Ja sensi ilidad, aunque la
representa ión m,sma no puede perlen er má que aJ ntendimiento, o a
la raz · n .
El sentimiento tiene su base en la sensibilidad pero los ont nidos
de su representación pertenecen en e lusiva al entendimiento o a la raz.ón.
Esto significa que el contenido de la r presentación será obj to del

1

lnmañuel Kant, Prmnpii MttnfisiCJ):. ,le la doctrma dd dt:reclto. Trad. Am !do 6rdova, .d1t.
~M. Mé 1 o 1~ , p. 7. l..c1 obra mprmd en su pmn .i part : 1 prim ip1os mt&gt;Wísi&lt;
Jr Id J,l( tnnc\ dt&gt;I del't'( ho. F.n la SPgUnda parte: l
prín ·¡,¡ 01 t.tfis1cos de la doctrina d Id
virtud A&lt;¡u, nos rel rim a la primera parte
2 Vr • lnmt1nul•I Kan1 . Antrtlpofogía. tn St'nlulo pragmnhco. Trad. J C.aos, Alianz.a Fdit rial,
M.tdriJ. 1991 pp. 15 a 15 y lihros segundo y ter er .
3 1, Kant . La 111.-tn(l!óim di las c,~lw11l,res. edi&lt;ion cit. p . 8.

147

�ent ndinuento al buscarse en ella los prin 1pios unkos, umversales y
ne esarios; y obJ to de la razon, uando esos principios sean examinados o
se formule un Juicio por parte de la razón a s,tuaaon empíri as en el
campo moral tanto n el orden terno (derecho) como en el orden interno
( irtud s). Por tanto no cualquier representa 1ón de la facultad de desear o
del sentum nto sera válida o legitima.

El filósofo de Kómg berg ha e otras distm iones que son útiles. El
pla cr práctico es I que se une al deseo del objeto afectclndo el senbmí nto,
e indifer nte que el placer sea el efecto o la causa del deseo. Placer
inactivo, el que se obtiene con la representa 1ón del objeto, su razón no se
encu ntra en )a e JSt n ,a del obJ to. La representa ión deJ obJeto es lo que
llama gtt to.
Al placer practi o lo precede el apetito habitual o m linación.
Cuando el entendlDltento e la umón deJ pla er y de la fa ultad apetiti a, y
la Juzga válida• por una regJa, llama interés. El placer práctico es interés
de la in linación. uando el placer viene despues de una determina ion
antenor de la fa ultad apetíbva, es un pla er intelectual, y el interes, que se
manifiesta al obJeto es un interés de razón. Puede hablarse de una
in linación intelectual, que es un deseo habitual, que r sulta de un interés
ra 1onal pu ro.
distingue el deseo de la conc11pisceneta. Esta ultima es una
determtna 1ón sensibl del alma, pero no convertida aun en un a to de la
facultad apettti a. La co11rnpiscenoa o ,1eletfaho es I deseo de pJa er por
bienes puramente espmtuales o que pertenecen al alma y al cuerpo. Fs en
este senhdo que se toma habitualrn nte.
uestro autor va a pr isar aspecto de la facultad apetiti a y de la
voluntad en este deslinde de pnncip1os éti os
es ribe: "La facultad
apehbva, segun nociones, en cuanto a su principio d detem1inacion se
encuentra en 1 nusma y no en el ob1eto, se Uama la fa u1tad de hacer o de
no hacer a discreción, en cuanto va uruda a la on 1en ia de la facultad de
obrar para producir el obj to, se llama arbitrio. Pero, s1 no va unida a ta
conci ncia su acto no es más que un 1:iolo una a pira 1ón"~.
El apetito es el pnn 1pio de acción ultima como pensaba nstóteles.
F.s lo que impu1sa a un ser 1vo para satisfacer una n
1dad o un des o.
Puede dingirse al bien aparente o al bien real o ser contrario a la razon )' al
deseo. Los escolastJ os distinguieron entre el apetito concupiscible que
persigue el bi ns ns1ble y el apehto irascible que se opone a lo nocivo. Para
Kant e] apetito se relaetona con la facultad de hacer o no hm:r:r, el arbitrio y la

i,ot,mt,u1: "La oluntad es, pues, la fa ultad apelih a onsiderada menos
con relaciona la a ion (como el arbitrio) que con reladon al prin 1p10 que
detem1ina el arbitrio a 1c1 ac 1ón; no a pre edída de ningun principio de
determinc1 1011; por el contrario es, puesto que puede determinar al
arbitrio, la razón prácti a misma' .
El arbitrio para Kant está en r lación a la ac 1 - n, n cambio la
oluntad determina al arb1tno, eUa no va precedida de nmgun pnn 1p10 de
detem1ina ion por eso la razón prácHca misma.

La oluntad puede omprender el arbitrio, as1 como el deseo, la
razón puede determinar en general la facultad apehh a: "El arbitrio que
puede ser determinado por ra:.ó11 p11ra se Uamcl ubre arbttno. El arb1tno que
no es determmabl más que por i11clinación (mó il sensible, sltmulus) es un
arbitrio animal (arb1trum brutum)"0•
El arbllTio detem1mado por razon pura es libre arbitrio, en cambio
el inculado a los ns1ble puramente dice Kant que es el arbitno o elecc1on
del arumaL El arbitrio humano, es tal que puede r afectado por movtles,
pero no determmado, únicamente puede ser determinado a la acción por
una voluntad pura.

La lib rtad -no el arbitrio- tien un todo pos1ti o, otro negah o
se11ala el pensador alemán: "La lib rtad del arbitrio es esta independen ia
de todo impulso sensible n cuanto a su determina 1ón; tal es la noctón
negativa &lt;le la libertad'"'.
El sentido positivo de la libertad cons te en que la razón práctica
solo es posible, uand se omete a las ma un para poder engir una ley
supr ma o unos imperativos. Las le ·es de la libertad se llaman mQTa/es.
uando e r f1eren a las acciones externas y su legitimidad se les llama
j11ndicas. i e igen que la ley s mtsmas s dn I prmcipios determinantes
d la ac ion se llaman étJ as. La conforma ·ón de u1,a
otras se llaman
lcgahdad moral,dad.
nali.za Kant, po;teriormente, la lden 11ea idad de una melafísica
de la co tumbres. Fsto ig111fi a que la fuerza de las leyes morales no
d n a más qu en uanto tán fundadas a priori y ne esanamente, a e to
lo Uc1ma metafís1ra. La busqueda de pnn 1p1os a pnon para una leg1slaaon
un1versaJ es propiam nte la m ta~s1 a de la costumbre .
La anlropolog1a no funda una metafísica de la co lumbres, pero
lh,d p. JO.
'" lh,d I' 10.

- '"'"· p. JO.

148
1-19

�puede aplicarse a la misma. Se trata de la antropología pragmática o de la
e periencia. En cambio una antropología mora! contendría las ondiciones
del cumplimiento de las leyes de la primera parle de la filosofia moral, es
decir, las ondiciones subjetivas, favor-dbles o contrarias, y de otros
prinapios para juzgar de la e periencia. Fsta antropologia es indispensable
pero no debe preceder a la metafísica de las costumbres, ni confundirse on
ella, ya que correría el ri go de establecer leyes morales falsas (las
sub¡ettvasY,.
Al establecer una división de la metafísica de las costumbres, Kant
a.firma que toda la legislacion se compone de dos partes: una ley objetiva,
es decir, que hace de la acción un deber; y n segundo lugar, de que la ley
haga del deber un motivo: "La ley representa la acción como deber; lo cual
es un conocimiento puramente teónco de la deterounación posible del
arb1tno, es decu, de la regla prá tica. El moti o rela 1ona la obligación de
obrar de tal manera con el principio det-erminante del arbitrio en general
en el suJeto 119 •
La le moral en sentido am püo re pres nta la a 1ón como deber en
su aspecto teóriq&gt; de toda posible determinación del arbitrio, s omo una
regla práctica para el obrar. El motivo vincula obligación de obrar
conforme al pmlcip10 deternunante del obrar. Entramos en el ámbito de la
legislación y el deber: "La legisla íón que de una acción hace Wl deber, y
que al mismo tiempo da est deber por motivo, es Ja leg1Sla 1ón moral.
Pero La que no
e entrar el motivo en la ley, que por consiguiente
permite otro motivo que la idea del deb r mismo es la legislación
juríd1 a" 1º.

na

juridi a es Jaque puede ser externa también"12•
La l gíslac1.0n es interna en la moral, los deberes también, aunque
puedan ser también en ocas1ones externos. La legislación jurídica al igual
que sus deberes es e terna aJ regular la conducta de los hombres en
sociedad, sin atender o exigir que entre el cumplimiento de la norma y
intención del sujeto se correlacionen. Basta su cumplinuento y no el saber
si se qwere cumplir por convicción o deber o en todo caso por coacción de
una obligación o el temor a] castigo.

]a

La libertad, dirá Kant, es una noción que no puede tener obJeto
alguno adecuado en una experiencia posible. En otras palabras la libertad
no es una cosa, objeto o fenómeno es dunensión nouménica o espiritual
Las leyes morales son im perahvas y no imperativas técnicas (reglas del
arte), ciertas acciones son pemütidas y otras prohibidas y otras resultan
indiferentes. Las leyes jurídicas igualmente pemuten, prohiben o no
regulan. Sin embargo, en el caso de las leyes morales su incumplimiento no
es exigido directamente, lo cual sí sucede en el caso de las jurídicas. Por eso
se vinculan obligaciones y deberes: "La obliga ión es la necesidad de u.na
acción libre bajo un imperativo categóri o de la Razón"13.

Kant establece en su libro Metafísica de las cosh1mbres, la comunidad
de las acciones que aqw vamos s ñalando tanto para el derecho como para
las virtudes pues se trata de imperativos categóricos de ]a razón práctica y
afuma: rre.1 imperativo es una regla práctica, en irtud de la cual una acción
en si misma contingente se convierta en necesaria" 14. Esto s1gnifica que e]
individuo en sus múlttples acciones guiadas por deseos, sentimientos,
apetito , pla res, dolores p necesidades diversas tiene que someterlas a
principios e imperativos de su razón práctica y en ese momento lo
puramente contingente puede con ertirse en algo necesario desde el punto
de vista éti o.

En el ámbito de la líbertad el obrar conforme a principios conlleva
a una legISla on que tablee deber
on motivos, mó iles o motores de
ese obrar. Esa legisla ·1ón asume dos modalidades. na que establ e
deberes que hacen entrar el motivo en u cumplimiento y es la legislación
moral y otra que establece deberes cuyo cumplim1ento no requ1e re la
inserción del hlotivo en eUas y son las leyes jurid1 as. Todo los deberes
pertenecen a la moral: "Pero su legislación no por esto e tá siempre
comprendida enla moral; un gran numero de Uos le son e tral'los" 11 .

Una a c1ón es lícita (licit11m) cuando no es contraria a la obligación;
Yesta libertad, que no está circunscrita por ningún imperativo ontrario, se
llama facultad (facultas mora/is). De aqu1 se deduce fácilmente lo que es una
acción ilícita (i/licitum)l5.

La distu,ción entre intención conducta ta presente en la mente de
Kant. El motivo en uno y otro tipo de legisla · t011 es diferente. La pnmera
es interna, la segunda es e t rna: "La legisla ión moral es la que no puede
ser e tema aun cuando los deberes pudieran serlo siempre. La legisla ión

Por lo dicho Ullas acciones son lícitas en la medida que no son
contrarias a obligaciones, deberes que derivan de i.mperati os morales,
aquellas opuestas a lo anterior son ilícitas. Por eso el deber es la acción a
que una persona se encuentra obligada. El imperativo categórico manda o

a Cfr. lbid. p. 15.
º lh1d. p. 17

u !bid. p. 19.
Ibid. p. 22.
i• Ibid. P· 22.
15 lbid, p. 23.
13

'º lbiJ. p. 18.

11

JbiJ. ~- 18.

1O

151

�positivas"18 .

prohilie una acaon; una acción que no está mandada o prohibida, es
permitida o indiferente. A este respecto, se puede preguntar, si hace falta
una ley facultativa, para hacer o no hacer según interese, con
independencia de una ley preceptiva o una ley prohibitiva. En tratándose
del derecho no puede plantearse una ley de esa naturaleza, ya que las
acciones le interesan o no le importan al derecho conforme a sus fines. .
En íntima vinculación con lo anterior Kant nos habla del hec~o y la

persona. El primero es una acción en cuanto se somete a leyes de la
obligación según el arbitrio del sujeto. El agente es el autor del hecho
material; y el hecho y la acción, pueden serle imputados.
Una persona es el sujeto cuyas acciones son susceptibles de
imputación. La personalidad moral, no es más que la libertad de un ser
racional sometido a leyes morales. La personalidad psicológica es la
conciencia de sí mismo en los diferentes estados de la identidad de su
existencia. Persona es~ ser que se impone a sí misma y otras la ley16•

Kant está señalando la existencia de las leyes naturales del cosmos
o del mundo físico que son exteriores, más no se confunden con otras
exteriores propias del derecho, y que se denominan positivas.
Tratándose del mundo moral las leyes proceden de la voluntad y
las máxunas del arbitrio. E1 arbitrio es libre. La vohmtad es necesaria y no
susceptible de violen.da. Sólo e] arbitrio puede ser llamado libre. Kant
desde la Critica de la Razón Práctica19 señala que la libertad es indefinible.
Tampoco la líbertad de arbitrio puede definirse (libertas indiferentiae), ya que
esto re.basa lo purament-e sensible (fenoménico) y en cambio la libertad
pos~tíua o real (nouménica) no es sensible, ni comprensible, pues, el sujeto
racional no puede adoptar una decisión contraria a la razón legislativa,
aunque la experiencia demuestra Jo contrarioW.
La ley que obliga a priori e incondicional01el1te por nuestra misma

razón es propia de un legislador supremo, que no tiene más que derechos
Analiza Kant a continuación otros temas como las cosas, la
transgresión y el conflicto de 1os deberes.

y ningún deber (Dios).

Una cosa no es susceptible de imputación. Lo justo y lo injusto es
un hecho conforme o no confom1e con el deber. Un hecho contrario al
deber se llama transgresi_ón.

e. 1mputables: ''La imputación (imputatio), en moráJ, es el juicio por el cual
se dedara a alguien como autor (causa lt"bera) de una acción, la cual toma el
nombre de hecho (fach1m), y que está sometida a las leyes 1121_

La transgresión no premeditada, pero imputable, es una simple
falta (culpa). La transgresión dehberada, (se llama delito). Lo que se
conforma con las leyes externas se llama justo, lo contrario se llama injusto.

La imputación puede implicar consecuencias jurídicas, morales 0
criticas (imputatio dij11dicatcrria). La im patadón se hace por medio de un
juez o tribunal (i11dex oforum).

El conflicto de los deberes sería· una relación entre éstos, tal, que el
uno destruyera al otro (completa o parcialmente). Pero esto no es posíble.
Lo único cierto es que un sujeto, en una reg]a que él se prescriba, no puede
fijar dos principios de acción para lo mismo y no pueden obligar al mismo
tiempo. Entonces uno de ellos no es deber y 110 podrá subsistir, y sí el
principio de obligación más fuerte 17.

En estrecha vinculación con la imputación se encuentra el mérito
que consiste en hacer ~go co~orme al deber. Si se cumple 0011 lo exigid~
se pag~ una deuda (deb1t11m); s1 se hace menos hay delito moral, demérito
(demmh1m). El efecto jurídico del delito es la pena (poena), el de Ja acción
meritoria es la recompensa (premittm)22.

.

La vida ética y jurídica del hombre se regula a través de leyes
dive.ISas. Las leyes obligatorias se llaman leyes exteriores. A estas
pertenecen aquélla~: "cuya obhgación puede concebirse a priori ·por la
· raz.ón sin legislación exterior, las cuales no por ser exteriores pierden su
carácter de naturales. Por el contrario, las que no obligan sin una
legislación exterior real (sin la cual no serían leyes) se llaman leyes

16 Cfr. lbid.
17 Or.

p. 24.

Jbid. pp. 24-25.

152

Las leyes serían inútiles si no hubiese personas libres, responsables

_ Finalmente las consecuencias buenas o malas de una acción que
deb1a tener lugar en derecho y las consecuencias de la omisión de una
acción meritoria, no se pueden siempre imputar al sujeto. En cambio las
buenas consecuencids de una acción meritoria y las malas consecuencias de
JA

füid. p. 25.

19

Ve~ lnma nué l _Ka nt. Crítirn de In Ra::ó11 Práctica. Trnd . E. Minana y Villasagra y Manuel
~ affrn Mo re n te~ F.d1t. r orrua, Méxi( o, 1980, p. 91. y siguientes.
l Kant . Métaps1cn Je l11s C,,sh1111br11S, edición c it. p. 28
21 fuid . p. 29.
.!l ( fr lhid. p. 29.

15.1

�una acción injusta, son imputables 1 suj to. El grado d imputa ión debe
hacerse tomando en uenta las ondiciones del su1eto23•

2. ¿Que es el derecho?

Al referirse al derecho, la primera pr gunta qu formula Kant es
qué es el derecho orno cien ia? Lo define así: "El conjunto de las leyes
lu
phbles de una legisla ión e terior, se llama Teor,a del deredw, o
simplemente derecho (jus)'124 •

El filósofo germano considera qu el dere ho no es sólo una teoría,
también es una ci n 1a de la leyes relabvas a una reguladon externa ntre
los hombres sobre diversos asuntos.
o parece muy afortunada la
presion "conjunto de las leyes s
ptibles de un legisl ción e teríor",
por eso indi amos que es una regula 1ón e tema entre los hombres
onforme a prm ipios que se examinan. Oaro que Kan on las palabras
"Conjunto de las leyes", alude a los prin ipios o fundamentos de la
oluntad en cuanto a la onducta juridtea.

Cuando esta legislac1ón e iste, form la ciencia del derech_o
posih o. Al versado en esta den ia se llama p1r_isc~11 11/to. ~uando _I c1_e 1a
del derech
aplica a los casos e teriores es 1unsprudenc1a La 1 neta del
der ho (j11ris scienha) es la ien 1a de lo JUsto y ~n ien . el té~n_1ino de
Jurisprudencia cuando se produce un cono inuento s1Stemallco del
derecho natura] (ius natura/e).
·Qu · es el derecho en si? Una respu ta a ertada
muy difiol, ya
que ten:mos que decir algo diferente a Jo que señalan los sentidos. Habrá
que buscar en la razon esos prm ipios que informan ~I dere ho. K~~t
c;eñala un principio universal de derecho y escribe: "Fs 1usta toda c1on
que por sí, o por su ma ima, no es un obstáculo a la conformidad de la
libertad det arb1tr10 d todos on la libertad de ada uno segun I yes
uni ersal s".25-.
Toda a ión que por lla misma o la má ima que la msp1ra es ¡usta,
en la medida que no uln ra la libertad de todos
cada un
un
pnnctpio universal del derecho. Kant no da 1 m plo pero es d uponerse
que s trata de condu tas qu se aJu tan a prin ipios o leyes u111vers les de
elevado aracter moral o de santidad 11T prochabl .

v

fr. tbi&lt;l r -30.

La ac ton del derecho no
propone enseñar la virtud, m esta ley
del derecho puede presentarse como un motivo de ac 1ón ruque yo deba
sujetar m1 libertad, simplemente se señala e] límite asignado a la libertad
por su idea o concepto, es decir, la norma ¡undica tutela el mínimo de
conducta e igible para que cada uno goce su libertad. Por eso el derecho es.
inseparable de la facultad de obligar y die Kant: "Por consiguiente el
der ho es mseparable, egun el prmcip10 de contradicción, de la facultad
de obligar al que s opone a su libre ejercí io"26.

El qu no respeta I norma egal es susceptible de ser obligado
coactivamente para prot don de los deredlos de los otros. Kant afirma
que e] dere h puede tambt n: " oncebirse orno la pos1bilidad de una
obligación mutua, uni ersal, conforme on la libertad de todos según
le_ es"27.
ignifi a la posibilidad de conformar la obligación general
reaproca con la libertad de todo . El derecho y la facultad de obligar son lo

m1Smo.

El pensador prusiano estima que el derecho otorga a cada uno lo
suyo con precisión matemática, muy düerente a la moral que tiene que
obrar con cierta I itud
emplea una analogia: "EJ derecho (directum
rech1m), como lo directo, se opone de un lado a lo curvo, de otro a lo
obhquo. En el primer caso, es la cualidad esencral de una línea, en términos
que entre dos puntos dados no puede haber más que una oJa de esta
espeae. Pero en el segundo caso, el derecho resulta de la posición de dos
hneas que e cortan o se to an en un punto, de las cuaJes solamente una
puede ser perpendicular, no inclinándose mas c1 un lado que a otro y
formando dos angulas 1guales"28•

El filósofo alemán habla de un derecho equívoco (,¡us., aequivocum).
Sucede que ha' ocasiones en que la ley no puede determinar los casos en
los uaJes obHga y apai e la duda. te derecho en sentido lato, falso o
verdadero, se resuel e mediante la equidad y el derec'1o de necesidad.
La equidad (aequitas) para Kant es una contradi ión y sólo se da en
la condenoa deJ juez, y no bene fuerza en eJ lribuna1 et il. Se apega al
lema "El dere ho mu estricto es una mjusti ia mu grande". Para nuestro
autor la equidad queda fu ra de Jo establecido n un contrato
no s
e igible estrictamente hablando. ría w,a especie de com pensac1ón a una
de las partes en Ltigio por la aplicación d lo pactado.
b• Jh,d. r-:\&lt;!
r, fh1d. p. ".\-1
~ lbrd. p. :i6.

lbid p. 30.
is lhid. p. 32.
2•

154
155

�EL derecho de la necesidad (j11s necessitatis) es un pretendido derecho
consistente en la facultad moral de dar muerte al agresor que atenta contra
:mi vida: "La máxima del derecho de necesidad es ésta: la necesidad carece
de ley; y sin embargQ, no puede haber necesidad que haga legal la
injusticia 1129.

deriva del primero como derecho positivo, lo mío y lo tuyo naturales,
también pueden ser externos, como en fo natural son internos. Por eso se
estable.ce una correlación entre el derecho natural (razón humana) y el
derecho positivo (reglamentación). Sólo existe un derecho natura] o innato,
que se relaciona con la libertad y la igualdad. La libertad (independencia
del arbitrio de otro) es la que cada uno tiene por el soJo hecho de ser
hombre. La igualdad natural consiste en ser dueño de sí mismo y de ser
hombre irreprensible, es decir justo, mientras no se demuestra lo contrario.
Por eso el derecho positivo en Kant se refiere al mío y h1yo exteriores.

Tanto en el caso de Ja equidad como en el derecho de necesidad Kant
estima que se confunden los principios metafísicos que regulan el derecho
con circunstancias empíricas y contingentes. En ocasiones en dos juicios de
derecho, aparece la ambigüedad, proveniente de confundir los principios
objetivos del derecho con los pnncipios subjetivos del ejercicio deJ derecho.
De allí eLrechazo de Kant a esas dos modalidades jurídicas.

En estrecha vinculación con lo anterior se encuentran los deberes.
Todos Jos deberes son: o deberes de derecho o deberes de virtud.

Al examinar la división de la ciencia del derecho Kant parte de la
división de los deberes. Estos deberes tienen una base moral y son los
siguientes:

Los primeros son exteriores; los segundos interiores. La relación
objetiva de la ley al deber, da una tabla asi, según Kant
Deberes respecto de otro llamados de Derecho o perfectos que se
dividen; 1º. en derecho de Ja naturaleza humana en nuestra propia
persona. 'Z'. Derecho de los hombres.

1º. Sé hombre homado (honeste vive). La honradez en derecho
(honesta jurídica) es .reconocer la dignidad de todos, tratándoselos como un
fin (ley justa).

Deberes respecto de sí mismo imperfectos o de lo natural y que son:
312• Fin de la naturaleza humana en nuestra propia persona y 4º. Fin de Los

'2'. No hagas dai1o a terceros (nominen, loede).

hombres32.
3º. Entra (si no .puedes evitarlo) con los hombres en una sociedad
en que cada uno pueda conservar lo que le pertenece (suum cuique trilme).
Kant rechaz.a. la fórmula "dar a cada quien lo suyo" por absurda, y
la sustituye por la última. Estos son los principios del derecho que Kant
hacesuyos30.
La. división general del derecho para el filósofo germano se
fundamenta en considerarlo como ciencia y como facultad moral y afirma:
"lº. El derecho, como ciencia sistemática, se divide-en derecho natural, que
se funda en principios puramente a priori, y en derecho positivo
(reglamentario), que tiene por principio la voluntad del legislador.

'2'. El derecho romo facultad (moral) de obligar a los otros, es decir,
como título legítimo (titulum) contra ellos, de donde se deriva la división
precedente, derecho natural y derecho adquirido" 3l.
El primero se refiere a lo que a cada uno corresponde por su
calidad de persona con independencia de todo acto de derecho. E1 segundo
p. 39.
Cf.r. !bid. 40.
31 Jbid. p. 41.

Los deberes a que se aluden en el número tres se refieren a siervos
Y esc~avos y en el número cuatro a Dios pues no tiene deberes y sí en
cambio todos lds derechos, al cual deben venerar los hombres.
Por último establece Kant una división de la moral como sistema
del~ deberes en general que comprende u.na moral elemental que a su vez
contiene: deberes de derecho y deberes de t.7irhtd. El análisis del derecho
privado (natural) y el derecho público (civil) y una metodología que
comprende una didáctica y una ascética.

3. El derecho privadp
Este derecho que pai,a Kant puede llamarse nahtral por ser el que le
pertene e al hombre por su condición de persona es incluso anterior al
d~recho público o civil, tiene por obj to determinar de manera general
co~o 1?e obtiene una propiedad y las modalidades que posee. El autor
defme la propiedad así: "Lo mío en derecho (meum j11ris) es aquello con lo
que tengo relaciones tales, que su uso por otro sin mi permiso me
perjudicaría'"'·

29 Jbid.

i2

• 30

1

156

lhíd. p. 45.
lhi.t. p. 51 .

157

�El asegurar el uso y djsfrute de lo que se posee es el fin
fundamental de la propiedad y fin de la tutela deJ derecho pri: ado. La
voluntad del sujeto como razón práctica es el supuesto a la base del
derecho de propiedad. La posesión puede ser nominal&lt;&gt; real o si se quiere
física o fenoménica o bien inteligfble o nouménica.

En cuanto al derecho reaJ no lo entiende Kant en el sentido
trad 1cional de posesión de u.na cosa y lo define así: "El derecho a una cosa
es el derecho del uso privado de una cosa, respecto de la cual estoy en
comunidad de posesión (primitiva o subsiguiente) con los demás
hombres'136 •

Las proposiciones de derecho son a priori por cuanto son leyes de
la razón. La proposición de derecho a priori es analítica respecto de la
posesión física, pero las cond1c10nes restrictivas a la propiedad originaria y
comunal la hacen sintética. Por esto la posesión jurídica se funda en este
postulado de la razón práctica: "Es un deber de derecho obrar respecto de
otro de tal modo que lo exterior (lo útil) pueda llegar a ser suyo'™.
Lo mío y lo tuyo, por tanto el derecho a la posesión se remiten a lo
inteligible, en cuanto se apoyan en la libertad y la razón práctica.
La noción de derecho que es puramente racional, no puede
aplicarse inmediatamente a objeto de la experiencia, ni a la noción de una
posesión física, SÍ!\O a una posesión en general sin referencia a una forma
de ocupación, sino al haber o tener independientP de toda condición espacial
y temporal. En realidad las cosas se tienen que poseer en sociedad. Lo mío
y lo htyo sólo son posibles en esa situación porque debe existir una
voluntad colectiva_, general o común capaz de obügar a todos en el uso de ~
lo núo y lo tuyo.
Los momentos de la adquisición son según Kant tres: 1°.
aprehensión de un objeto que 110 pertenece a nadie, posesión actual,
fenoménica, de algo que pertenece a otro; 'Z'. la declaración de posesión,
sustrayendo el objeto a los otros; 3°. la apropiación como acto de voluntad,
como acto de voluntad exterior (idea) que legisla universalmente y a la
cual todo mundo debe conformarse35.
Se pasa de la posesión sensible fenoménica de un estado natural a la
legitimación de la propiedad como expresión inteligible o nouménica que
emana de la razón práctica.

En e) derecho privado son importantes otros componentes orno el
derecho real, el derecho personal, el contrato y sus modalidades y la
adquisición a los cuales me refiero en lo esencial desde la prospectiva
jusfilosófica.

!bici p. 60.
35 C'fr. lbtd. p. 69.

34

Kant insistirá que la justificación de la posesión

y propiedad de

una cosa sólo es posible en una sociedad y mediante una ley: "En efecto

sólo según este principio puede haber conformidad del libre arbitrio de
cada individuo, es posible un derecho general, y también por último 1~
tuyo y mío exterior"37.
De alli que la adquisición en el estado de naturaleza es provisional
y sólo es perentoria o exigible en el estado social o de derecho. La voluntad
racional necesaria es el título del derecho. Kant entiende que la cantidad y
cualidad de lo adquirido y su determinación es de lo más con, plicado en
una sociedad. Esto supone un acuerdo primitivo -que no es un acto
juríd1co- de la voluntad general de los hombres para que la sociedad civil,
se re ista de forma jurídica y por tanto de obhgación y derecho.
En cuanto aJ derecho personal posee unidad indisoluble a
diferencia del real que puede ser dividido en formas múltiples. Dice Kant
que la posesión del arbitrio de otra petsona como facultad de determinada,
según leyes de 1a libertad (lo mío y lo tuyo exterior con relación a la
causalidad de otro) es un derecho personal: "El acto de Ja voluntad
conjunta de dos personas, a fin de hacer pasar lo suyo de uno a otro, es el
contrato 1138•

Los contratos sirven para la adquisición de bienes y servicios, sin
embargo, necesitan ser perfeccionados con la entrega de las cosas y la
obtención de los servicios. Tienen diversas modalidades que.Kant analiza,
pero que aquí no serán :referidas.
El filósofo prusiano habla de un derecho mixto o derecho realpersonaJ: "B.te derecho es el de la posesión de un objeto exterior como de
una cosa, y de su uso como d~ una peisonaff39.
Kant de conformidad a la ideología de su tiempo se refiere a
relaciones de personas entre sí, que se asemejan a una relación con una
cosa.
·

36 lbid.

p. n.

lbid p. 76.
38 Ihid. p. 86.
39 lbid. p. 93.
37

159

�Este derechos produce en und sociedad libre que no se constitu e
ni por un he ho, ru por un ontrato, smo por una ley y la jurídt a. Es una
comunidad libre. Por esa le; se produ e en nuestra propia persona el
d recho de la sociabilidad.

El derecho real-personal ti ne un triple objeto n cuanto:· "El
hombre adquiere una mujer, la pareja adquiere hijos · la f¡imilta
sirvientes'14

º.

Estas situaciones susceptibles de adquisi ion no lo son por
enaJena ión y el derecho del poseedor es eminentemente personal.
Kant habla de un derecho domestico que di tde en der ho conyugal,
entendido como: "La comumdad sexual (commercium sexuale) es e] uso mutu
de los órganos y de las facultades se uaJes de un md1viduo de se o
dtferente1141 •

El uso dice Kant es natural (entre personas de diferente se o) o
ontra naturaleza, entre persona deJ mismo se o o con anima.les de otra
especies. En los dos ultímos casos no cabe e cepaón y on reprobables
universalmente estas desvtaetones.
El comercio sexual tiene lugar, s gún la naturaleza animal pura

(Jonucatío), o según la ley. Esta ultima especie de comercio es ~l casam~entomatnmoruo- entre persona de diferente se o para toda la ida. El ftn del
matrimonio es la procrea 1ón la educación de los hijos
placer o satisfacción entre los cónyuges·n.

n

el mero

Sólo por el casamiento es posible legitimar el pla er sexual y que el
aspecto de cosa, en que se con\ ierte, el SUJeto para el otro, por la mutua
entrega satisfacaón restablez.ca el marco de humanidad personahdad
que debe e isbr en esa rela tones. Este es un derecho personal y también
real, porque si uno de los cónyuges se escapa el otro tiene dere ho de
hacerlo regresar a su lado4 3•
La rela 'ón entre los con ug es de 1gualdad dice Kant pero sólo
en ]a monogamia, porque en la poligamia una de las pecsonas se convierte en
osa. El concubinato y la fornica ión no pueden ser elevados a contrato, no
pued exigirse el cumplimiento a una d las partes si se arrepiente. o
existe lesión al derecho de las partes; lo mismo puede decirse del
asam1ento morganati o o con restr,caones en sus efectos. Era el que se
p. 94
lb1d p. 9-1.
o Or lbid. pp. 94 -95.
., Cfr lh1d. p 96.
10 !bid.

daba entre un futuro rey · una pi be a.
Por eso el nbato de casam1 nto
rfect por la habitac1on
matrimonia) (copula cama.lis). En lo demci casos e in istenle, e cepto
que Id impotencia de alguna. de las partes sobre enga después de
celebrado el matrimo11io.ti.

Otra forma de derecho real-personal es el erecho d los padres
¿En qué co 1.ste? Al traer a t mundo una persona sin u consentimi nto
y de manera ar itraria, los padres quedan obbgados a uidar del hiJO y
hacerle la ida soportable en cuanto
pueda.
les conf I re por le · a los
hijos e d re o, sin un a to jurídico particular;,.
Por eso los padres pueden dmg1r y educar a su hijos tanto
pragmaticamente (ganaISe la ida) como moralmente, hasta que se
mdependi el hqo. J 11 gar a ese momento lo padres renun 1an a todo
derecho de mandar, y a todo r mbolso por los g-astos o mdemmza i · n por
los sufrimt ntos padecid . Lo h1¡os tienen únicamente obligación de
reconocer lo realizado por los padres.

El derech de los padre de po er us h IJOS no e un derecho real
puro (n es naJ nabJ ) smo personal, aunque tampoco puro personal, por
lo tanto es mudo.
Finalmente, como part del derecho domé ti o anahza. l&lt;dnt el
derrc/10 heril. Este consiste en las rela iones enlre el amo la s rvidumbr ,
también es ~n derecho m1JCto en vtrtud d qu el amo tiene e igencias
obre la persona del s1 rvo, como ha erlo regresar, s1 se escapa, despedirlo,
et ., pero no on c1bsoluta , a que I otro es p rsona no puede renun iar
absolutamente a su J,b rtad.
En uanto a la figura jurídi a de la adquis1 ión esta permite al
individuo el e,e iao tanto d su derechos reales como p rsonales
mixt , d ir, reaJ-personal o \ ic ersa como e pr s1ón de su ltb rtad n
un mareo et1 o.

4. El dcrcclto puhlí o

F.sta rama fundam utal del dere 'ho es factible por la e 1Stencia
prev1dmen deJ derecho prt ado. El pa o del derecho privado al públi o
es posibl medjante el est.ado jundi o, el cual permite a todos los hombres

41

u&lt; Ir. lb1d p. '17 98.
•• &lt; Ir. fl,íJ. p. llXl.
160

lol

�disfrutar de su derecho. El principio formal de un estado de derecho, se basa
en la idea de una voluntad uru ersalmente leg1Slatr a que se llama justicia
p1íblica. La jushcia asume tres grandes modahdades. La protectora, se refiere
a la conducta intrínsecamente justa, la conmutativa,. señala lo que se puede
poseer juridicamente, y la distributiva, mdtca mediante una sentencia Jo que
es confonne a la ley.

En el estado natural no existe justicia dtstributíva. A ese estado le
s:igue el soda/ en el cual tarn poco propra.mente se da la justicia distnbutiva,
esta únicamente se logra en el estado civil o de derecho ptíblico. Los dos
primeros son estados de derecho privado, y solo el último lo es de derecho
público. Las leyes del último se refier na la vida en común a través de la
Constih1ción. La relación del soberano y el súbdito, es de subordinación,
pero no de coordinación, estima Kant'".

El derecho publico tiene un postulado básico para el pensador
alemán que Jo enuncia así: "Tú debes juntamente con los demás, en la
relac1on de una coex1Stenc:ia ne esar.ia, alir del estado natural, para entrar
en un estado de derecho, es decir, estado de una justioa distributi a"-t7•
Mediante el estado de derecho se abandonan las formas de
violencia y abusos que la Libertad de todos provoca en el estado natural.
Esto será posible gracias al convenio o contrato original. Sólo de esa manera
se con.figura un estado de derecho mtegrado por ciudadanos: "El conJmll:o
de las leyes, que sigue una promulgación gen ral para producir un estado
jundko, constituye el derecho público"i8.

para que disfrute cada uno de lo SJyo49•

El estado natural era nás bien una justicia negativa y no
necesariamente la carencia de toca justicia, ya que las adquisiciones en el
estado natural eran provisionalesal carecer de sanción púplica. B estado
civil tiene que reconocer las adqúsiciones del natural de lo contrario no
podría operar.

El Estado
Al -paser Kant a examinare} Estado, lo hace en consideración a la
ciudad. Esta se entiende como la -eunión de un número de hombres bajo
leyes de derecho. Son leyes a prior y necesarias, mediante normas.
La ciudad encierra en sí tres poderes: "El poder soberano
(soberanía) en la persona del legisador, el poder ejemtivo (según la ley) en
Ja persona del gobierno, y el pode1j11dicial (como reconocimiento de lo mío
de cada cual según la ley) en L: persona del juez (potestas, legislatoria,
rectoría et j11diciaria)'!;i().

El primero de los podees afirma Kant representa la ley; el
segundo, el precepto y el tercero, e principio de la subordinación a la ley, la
con lusión o enten ia.

El Poder Legislativo
El derecho publico se mtegra por leyes generale , promulgadas por
la autoridad, on validez para Lodos, a fin de que puedan disfrutar de sus
bienes y libertad. Se trata de Jeyes para todos los miembros de un puebJo.
Cuando los particulares se reunen bajo el con epto de pueblo, esa relacion
se llama estado ci il; y el todo de ese estado con relación a sus propios
miembros se Llama ciudad (emitas). La ciudad se Llama cosa pública ' con
relación a otros pueblo es una potencia. Un pueblo con relacion a otro se
llama nación. Por eso el derecho público se divide en derecho de gentes (i11s
genti11m) y derecho cosmopolílico o de d11dadar10 del mundo (¡11s cosmopolilicmn)
por razón de que la tierra no es mfmita sino lioutada · y en principio
pertenece a todos.

Este poder pertenece a la \Oluntad colectiva del pueblo. Las leyes
de él, no deben ser injustas.
Los miembros de una socedad civil, tienen según Kant, ciertos
atributos j~rídicos inseparables desu calidad de ciudadanos. En primer
Jugar la lrbe:tad legal,_ ~e no obececer más leyes que las promulgadas;
segundo, la igualdad (Wtl de no recmocer más superior que el que tiene la
facultad moral de obligar y ter en la independencia, en ser deudor de su
pro~•~ ex_istencia y conservación, :orno miembro de Ja república, no al
arbitno, smo en sus propios derech&lt;s y facultades5•.

Kant afiro1a que no hemos tomado de la e periencia el estado de
vioJencta entre los hombres. in embargo, para que puedan establ erse
pueblos, Estados, y naciones, es indispensable entrar en un estado ívil,
4b Cfr.

41

lb1d. pp. 113-13-1 .

"' lh1d p. 1-10.
,,, lhlll. p. H2.
' 1{ 1r lh1&lt;l. p. I H .

fbid . p. 134.

~ lbi&lt;l.

p. 139

162

�Esos tres poderes del individuo son d1gmdades políticas,

La sed, ión y la rebelion aj rnngun pr te,to pdra Kant, on
justtfi bl
lo delito de sa naturalez.1 d b ns r ast1gc1dos l n la pena
de muerte. EJ rcgiod10 gun Kant, e un rimen 111e,phcable e 1rrem1 ibie.

comprenden una relación de superior uni ersalidad al integrarse mediante
un Jefe (imperans} y subordinados (s11bditus). El acto por el cual el pueblo se
constitu •e en audad es mediante el contrato primitivo, por medio del cual
todos renun ian a su libertad, para recobrarla al instante de constituuse
como sociedad civil.

EJ autor estima ~ue la modif, anones a una -on_tit11do11 , 1ci0Scl,
no puede ha rse más que por el sober,rn mismo ¡ r medí de una
refomld · nun a por una revoluc,on. , esld aparece, no pu de al c11v..ar
más qu al poder eJecuh o y nunca al I g lati ~

El contrato original

Estos tres poderes e om plementan subordinándose entre sí,
haciendo po ible establecer el derecho de c.ada sujeto. Kant ~íbe "... la
voluntad del legtslador (legtslatoria) on respecto a lo que onoeme a lo
nuo lo tuyo e tenor es irreprensible; qu el poder ejecufü10 del gobiem~
(summi rectoris) es u-resistible, que la sentencia del jue= supremo (supremi
judicis} es sin apelación'152.

El Poder Ejecutivo
El gobernador del Estado (re pnn eps) es la persona (moral o
.físi a) investida del poder ejecutivo (poleslas execuforia) . .Es el agente del
Estado, instituye magistrados, da al pueblo reglas para onser ar lo suyo.
Considerado como persona. m~ral se Uama gobienio (directori11m) ' sus
órdenes al pueblo y a los magistrados encargados de la administraoon del
.Estado (gubc&gt;rnatio) son ordenan:za5 o decr tos (no leyes} ya que pueden
cambtar. Un gobierno al mLffllo tiempo legtslador es despótico; por
oposición al gobierno patriótico que no es paternal.
El legtslador no puede ser gobernador. EJ que mdnda
el que
gobierna no puede Juzgar. La salud publi a constste en í ir bajo un
régimen de derecho, no tanto de lograr una fehcidad 5'.
Kant, afirma que el ongen del poder upremo es mescrutable, es
decir, el súbd.Jto no debe razonar sobre ese ong n, como s1 se tratara de un
derecho controvertido, sin de algo qu d be a eptar conforme a n mldS.
Cierto tipo de d u.si nes sobre el contrato pnmit1 o, la le , la oluntad,
etc., son vana ante el poder constituido.
Al respecto Kant c1Ílm1a qu la max101a: '1"oda autoridad viene de
Dios" no enun ta un pnn 1p10 htstorKo, smo una idea omo prm ip10 de la
razón practica, apoyada en Id sanlidc1d de la ley, por lo que se debe
obedecer al poder e1ecutivo, sea cual sea su ongen51 •
lhíd p. 146.
fr. tl,¡J, pp 14ó d l4R_
54 Cír lb1J. p. 150.
s.?

La actt\. tdades de un gobernante pueden
negati a del pueblo, med,ant el parlam nto.

Forman parte del derecho pubhco otro temas omo lci relación
entre el territorio
I Jefe d un Estado, los empleos y dignidades, el
derecho de castigar, el d r ho a] mduJto, el derecho d gentes • la paz
perpetua. Urucamente me o a referir a los dos ultimo puntos por su
actualidad y s1gi1ificado.
El derecho de gentes o derecho de los pueblos deb ría llamarse derecho
publico de los Estados. Este derecho trata de reguJar las relaciones entre lo
diferentes estados, que por la fuerz.a de su soberarua ví en una situa 1ón
conflictí a o de guerra esté declarada o no.
Los Estados tienen el derecho de ha er la guerra para sostener su
derecho por la fuerza, ya que ca.recen de un medio (jund1co procesal) para
hacer respetar su justas pretensiones.
Kant estima que si bien los Estados pos en el derecho de realiz.ar la
guerra, ésta no puede tener el carácter de e ten111mo ni de conqu1Sta. En
principio no todos lós medios de defensa son legítimos, pues son
rechazables el espionaj , el asesinato, el envenenamiento y otros
instrumentos fraudulentos. Si e licito imponer al enemigo venndo
suministros y contribuciones, pero no aquear los bienes de los parta ulares
a no ser por reqwsiciones con motivo de deudas, pues ello s áa
bandolerismo, ya que e trata de conflictos entre F.stados56.

tr, lbíd. p.p. 11 53-.r .

"'lh1d . p.p. 1117-1118.

164

por la

Insiste I autor en qu I rey al r destronado puede esp rdr una
contra re olucion e mduso la ayuda de pot n ,as e lranJeras . el d r ho
de gentes determ mara en úlhma mstanc1a eso a poyos.

;s e

!a (

r penada

�La guerra debe llevar a un tratado de paz, que gaTantice la
segurjdad y neutralidad de otros .Estados, beligerantes o no, así mismo
preserva las condiciones de paz concertadas ron los encidos ya que eJ
vencedor no puede exigir que se le reembolsen los gastos de guerra, pues
eso sería declarar il1Justa la guerra del enemigo, igualmente se deben
intercambiar los prisioneros sin pago de rescate. Los mdividuos del país
vencidos no deben perder su libertad civil, por cuanto la ervidumbre
repugna. El tratado de paz implica amnistiaSl.

que sea puede ser adquirido por otro mediante herencia, cambio, compra,
donación, o contraer deudas para sostener su poütica exterior, o
inmiscuirse por la fuerza en el gobierno de otro. Por eso crítica a ]as
potencias extranjeras que so-pretexto de vísitar otros pueblos su interés es
la conquista. Por paradójico que parezca es necesario armonizar el derecho
y la poütka en bien de la humanidad60.

5. Apredad6n crítica y conclusiones

En relación a la paz perpetua como un ideal del vin ulo entre
personas y pueblos, Kant lo hace depender en el fondo de la propiedad
privada, por cuanto lo mio y lo tuyo exteriores, que se onservan
ónicamente por la guerra, tienen un valor provisional y para que lo
adquieran defmitivo o perentorio es necesaria la umón universal de las
ciudades: "Así una paz perpetua (último fm de todo derecho de gentes) es
sin duda una idea nnpracticable"58 •
Kant es consciente que el fin del derecho de gentes debe conducir a
una paz perpetua, mas como idea o concepto regulador no resulta factible.
La reunión de todos los pueblos en una confederación universal para
resol er sus querellas los hombres de Jos diferentes pueblos de una manera
legal y no por la fuerza es un ideal al que sin duda tiende el género
humano según Kant.
En la última secaon trata Kant del Derecho cosmopolítico. En
particular la idea racional de una sociedad de paz entre todos los p1,1eblos.

La reunión de todos los ·pueblos aunque difícil afirma Kant, no es
un principio filantrópico o moral, sino de derecho. Ello es así porque
"... todos los pueblos están ongmariamente en comunidad del suelo; no en
comunidad jurídica de la posesión (connmnio), y por tanto, de uso o de
propiedad de este suelo; sino en reciprocidad de acción (commercium) física
posible ... "59 .
Precisamente la unión posible de todos los pueblos con relación a
ciertas leyes universales de su comercio, puede llamarse dereclw

cosmopolitico.
Kant señala que no pueden establecerse los hombres para
comerciar en otros países sin el consentimiento de sus primitivos
habitantes, pues el fin de] derecho es la paz perpetua. En el breve Libro La
pa;; perpetua de 1795, se indica que ningún Estado por pequeño o grande
p.p. 189-190.
lbid. p. 192
5Q lbid. p. 194.

La obra de Kant analizada me parece que es muy rescatable para la
refle 'Ión en los campos de Ja ética, el derecho, la sociedad, la historia, la
política, la importancia de los elementos antropológicos subyacentes en el
ejer icio de la libertad, la cual fmalmente pemlitiría juzgar determinadas
conductas del hombre.
En efecto, los deseos, apetitos, tendencias, placeres, dolores,
sentimientos forman el entramado de la vida humana y repercuten
positi a o negativamente en las acciones susceptibles de ser valoradas
moral o jurídicamente como se señaló oportunamente.

La trascendencia concedida por Kant a la esfera de la libertad, y al
arbitrio, es fundamental para juzgar de las acciones humanas en las esferas
de la ética, el derecho, la política, la vida social y la historia, ya que de otra
manera no se podría exigir responsabilidad, a quien no fuese más que un
ser puramente natural o mecánico. La libertad se manifiesta, no se define,
tú es objeto de tratamiento científico, por cuanto es expresión del lado
inteligible, espiritual o infinito del hombre. La unidad de la libertad se
bifurca en dos lados: uno interno o moral y otro externo, jurid ico o legal.
Por tanto sólo las personas son imputables.
La idea de Kant de que el derecho privado se vincula estrictamente
al ongen y justificación de la propiedad privada, restringiendo sus temas al
estado de naturaleza, incluso previo a la vida social, no deja de ser una
hipótesis cuya base es el contrato original y el acuerdo de voluntades,
cuyos antecedentes se encueJltran en Thomas Hobbes y Jean J. Rousseau y
que Kant con sutileza suscribe. La tesis del contractualistno como hoy se Je
denomina a esa hipótesis ha tenido tanto éxito que llega a nuestros días en
el jusfilósofo liberal John Rawls y~ Teoría de la j11sHda.

57 IbiJ.
~

60

Véase lnmannel K.mt.1.A Pa;; Perprhw Trad F. Rivera Pastor, EdiL Porrua, Me,ci,co, 1980, p.

217 y s1g1lientes.

166

167

�Kant mismo r conoce que la extensión de la propiedad privada
sólo al anza su aplicación en el derecho público o sociedad civilJ sancionada
por Jeyes gen ra1es y un estado d derecho. o obstante, ad ierte los
obstáculos para obtener una adecuada justi ia distributiva.
Discutible resultan las afirma ion de Kant on respecto a la
equidad que suele considerarse como un prin ipio general de derecho para
su interpretación y aplicación por eJ juzgador. Otro tanto puede decirse del
derecho de necesidad o capacidad de recha74r o pri ar de Ja vida al injusto
agresor lo que equivale a la condena de la legítima defensa. Kant se aferra
a los principios - erdaderos- p ro no a epta las condi iones empíricas que
sin menoscabo de los principios tienen que restringir u aph a 16n rígida o
pu r ment ideal.

y reales, que si bien no eran previsibles para Kant, hoy están cuestionadas
como por ejemplo la soberanía de Jos Estados o realizar la guerra con
apego a normas legales.
En con lusión en su filosofía del derecho Kant nos m uestrá la
nece aria unidad de la ética, el derecho y la política, sin confundir sus
contenidos, porque ante todo el hombre es un ser libre, con espíritu cuyo
entendimiento y razón le descubren no sólo la dimensión metafísica, sino
también la esfera de su Libertad y en onsecuencia la ley; la obligación, el
deber y tiene que responder de sus acciones en relación a una voluntad
santa, o Sumo Bien tal es su perenne lección para todos.

En cuanto a su concepc10n del derecho real-personal y su triple
objeto: matrimonio, hijos y servidumbre, si bien en su planteamiento se
trata de sobreguardar los principios de la vida se ual, la edu ación de los
hijos las relaciones on lo trabajadores domé ticos, Kant está inmerso en
la ideologia de un patriar ado on fuerte dosis del derecho romano que ve
las relaciones personales con Ja mujer, los hijos o los trabajadores
domesticas bajo una situación de dominación y posesión por ser inferiores
en algun grado, a pe r de ciertas matizaciones de su parte. Una especie de
on epcion patrimonialista subyace en su is1ón de esas relaciones de amor,
sangre o vínculo de servicio.
En su tratanuento del derecho público que Kant vin ula
directamente con la socied d civil y el Estado es donde propiamente el
,hombre trasc.Jende su condición natural para ingresar en Ja vida urbana,
civilizada y de conexión global con otras ciudades, pueblos y naciones, que
aspiran a una federación y a una paz perpetua. Aquí, Kant, también se
mue tra como un defensor a érrimo de la autoridad real, soberana, que no
puede ser fá ilmente restringida ni en el caso de una Constih1ción viciosa, si
antes el príncipe, jefe o rey no la acepta. Por tanto toda revolución es
condenada, no así una contrarrevolución de un soberano para retener el
poder.

En toda esa parte de su filosofía juridico-política Kant defenderá el
poder real así absoluto, de allí su rechazo aJ regicidio y la revolución, algo
que en pnncipio habían admitido teólogos como Francisco Suárez, bajo
ciertas cond1ciones y restricciones. Sin embargo, el pensador de
Konigsberg, sigue en buena parte el esquema de Montesquieu y otros
ilustrados sobre el Estado, la división de poder, el ejerc1 ·o de la soberanía,
la guerra y los tratados de paz. Puede afirmarse que en su obra Kant trata
de justificar estos principios y lo Jogra por cuanto al fondo ético que los
sustenta, pero su ngorismo conceptual se sesga ante ituaciones históricas
168

169

�LA MUERTE EN LA FILO OFIA DE AGUSTIN BA A E
Enrique l. Aguayo Cruz
E uela d Filo ofia
Universidad La lle
lntroducctán
Agustm Basave ha elaborado, a lo largo del tiempo, un SJS{ema
filosófico que es -en nuestra opinión- sólido. us meditaciones se han
dilatado hacia diversa regiones de la realidad, desla ando dos: la
haben ~ia y el hombre, analizados por el autor profundamente.

De la habencia -su intuición propia y onginal-, Basave ha
e ammado su relación con el ser y con el ente, su anterioridad ontológica
al er, sus pnnc,pios, etc.

E11 cuanto al hombre ha estudiado la estructura óntica, int grada
por Ufi&lt;'t pluralidad de elementos como la contingencia, la finitud, la
d1aléct:icd, etc., dos de las cuales asombran mas a la gente: la muerte y la
mmorta!Jdad, pues dependiendo del concepto que d ambas se tenga el
modo como se viva. Así, si algui n cree que la ida continua después d la
muerte, se abstendrá de realiz..lr ac 10nes ilicitas, pues Liene conciencia del
pr mio o deJ castigo al que se hará merecedor.
Tanto la muerte orno la inmortaJ1dad pueden ser abordadas o por
la fe o por la razón, dando paso a la filosofía, en el primer caso, y a la
teología, en el segundo. Las reflexiones basa ianas son de epa filosófica.
pondr mos las refle iones tanatológicas basavianas atendiendo
a seis asuntos: l. biografía del autor, U. sistema filosófico, lll. ubicación del
hombre y de la muerte en la habencia, f . elementos de antroposofía, . la
fiJosofta de Ja muerte. Añadimos una breve con lus1on.

FF
FH
f'P
IF

MM
MU

SM
TF

T1

"Filosofía y filosofar".

Filosofía del Hombre.
"Filosofía como propedéutica de salvación".

Ideario Filosófico.
Metafis,ca de la Muerte.
Miguel de Unamuno y fose Orl.ega y Gasset.
La Sinra::ón Metafísica del Aleismo.
Tratado de Filosofía. Amor a la Sabiduría como
Propedéutica de Salvacion.
Tratado de Meta.ftsica. Teoría de la Habencia.
171

�l. Biografía

lntegralismo, porque el autor onsidera que en la persona todos los
elementos que Ja constituyen forman una unidad, un equilibrio, orno es el
caso, por ejemplo, de la dialéctica humana.

Agusb.n Basa e Femández del Valle nació en GuadalaJara, Jalisco,
el 3 de agosto de 1923. Obtuvo dos doctorados: en derecho, por la
Universidad Complutense de 1adrid y en filosofía, por la Universidad de
Yu atán.

Metañsico Antroposófico, porque estudia el ser y el modo de ser
del hombre. En el sistema filosófi o basaviano la antropología se denom ma
antroposofía o sabiduría del hombre.

Entre us act1v1dades destacan la de notario publico, cLplomático,
profesor, corúerencista y fecundo escritor.

La filosofía es propedéutica de sal ación porque sólo enseña el
camino a seguir para sal arse, mas no salva3.

Ha publicado varios libros, los cuales pueden clasificarse -a
nuestro entender- en uatro grupos.

111. Ubicación del hombre .lf de la muerte en la habencia
a) Obras filosófi as que
ontienen, e dusi amente, su
pensamiento: Filosofía del derec/10 internacional, Filosofía del hombre, Filosofa

Para Basave, el objeto de estudio de la metafísica no es el ser sino
la ltaber,cia.
'

del Quijote, Ideario filosófico, LA sinrazón metafis,ca del ateísmo, Metafísica de la
muerte, Meditación sobre la pena de muerte, Teona de/ Estado -fundamentos de
filosofia pol(tica-, Teor,a de la democraáa, Tratado de metaJisica -Teoria de la
Habenáa-, Tratado de filosofía. Amor a la sabiduría como propedéutica de
salvadon, Vocación y estilo de Mexico. Fundamentos de mexicanidad.

Etimológtcamente, la habencia es un sustantivo que deriva del
verbo haber. Significa "todo cuanto hay, ltubo y ltabrti'll.
En su defú1ición real, la lzabencia debe entenderse como oferm,idad
cont~xhtal, como presenda sintádica plllral e ilimitada, como urdimbre
omnienglobant1.• de entes reales, entes ideales, entes posibles y entes ftctidos con
todas s11s real,::ac,ones, implicaciones, complicaciones y co11{111enciasS.

b) Biografías: La escuela íusftlosófica española de los siglos de oro, La
cosmovisión de Fran: Kajka, Pensamiento y trayectoria de Pascal, Sam11el Ramos,

Miguel de Unan111110 y José Ortega y Gasset, fose Vasconcelos, el hombre y su
sistema.

Nuestro pensador ha descubierto cinco principios metafísicos de la
haben 1a, a saber: ·

) Te. los: Brez•e historia de la filosofía griega, El romanhcismo aleman,
Ex1slenáalistas y existen,wlismo.
d) Otros estudios: Fisonomía de llernán Cortés ante la juventud ach1al,

Ser y quehacer de la Unwersidad, Visión ,le Andaluda, Visión de los Estados
Unidos -vocación y estilo del norteamericano-.

11. istema jilos~fico
El sistema filosófi o d Basa ve hállase mscrito dentro de la filosofía
cristiana. Por eso -para él- la filosofía es propedéuh a de salvación 1• La
defín como, "muz expl1cacio11 fundamental de la realidad miera y 1111a sabidur(a
vital de los u/timos problemas l111111anos" 2• El sistema filosófico se denomina
i11tcgral1smo metafísico antroposoftco dmtro de 1111a ftlosofta como propedéutica de
sahraoon.

r-21.

1

nr 11-

1

lh,d. pp. 11

1. "Principio de prese11c1a: todo cuanto hay está de algún modo presente",
porque reemos nosotros- la e 1stencia e ige presenta 1ón: la osas sólo
se de ubren e ilumman en tanto están ante alguien. La presencia -dice el
autor- l1e1Je .inco fom1c1s de darse: respectiv1dad o orrespondencia d
personas y cosas, taleidad o naturaleza genérica, alidad o índole
específica, modalidad o forma de pre ntarse, y ualidad o atributos 011
que se presenta el ente.

.
~; "Principio de participación: ÍT1c/11s1011 de las partes en el todo por 1mt1
lllnculaaon espado-ten,poral, y entes que s011 en la medida en que se parecen
pamalmmteal er Absoluto''.

'Cfr. Ff. p41, FP. p. 95.
Cfr TM p. 32. , ub. del autor
· lbid p. 28; TF. p. (15. Suh. J..t &lt;1utor

1

y125; / M. p. .2&lt;&gt;9. Fn Sllllt'SI" h,,11.ist• PO FH. r-11.
172

ub. del .iutor.

�3. "Prindpío de sentido: todo cuanto ltay es pensable con disposidón
tendendal y conexa", ya que se puede reflexionar sobre el cosmos sobre sí

absoluta de ser y la necesidad absoluta de ser'19•

mismo (afán por intentar expli arlo todo).

Por nuestr-a parte creemos que "la imposibilidad absoluta de ser" es
la ausencia total de realización pues lo que no e iste tlo puede actuar; de
nada es causa, de donde se sigue que el hombre, per se, nunca existí.ria.
Luego "contingencia es nula posibilidad". Empero, existe, mas por otro, ya

4. "Principio de co-ntexto: todo manto hay se ofrece en marco lógico y en
marco eristendal", es decir, los seres tienen cierta unidad o trabazón entre

sí.

que es p05ihle que así suceda. La posibilidad necesariamente se encuentra
en una reahdad y el hombre, en última instan ía, e iste porque Dios le ha
dado el ser. Con relación a El, se aleja, por así decirlo, de la imposibilidad
per se para hallarse en la posibilidad per aliud. En este aspecto, en cuanto
existente real se ha distanciado de la posibilidad de ser; está fuera de ella y,
consecuentemente, no puede regresar y permanecer allí para que
nuevamente comience a ser. Po.r ende, ya siendo, la persona no puede
hallarse en la lDl posibi1idad absoluta per se ni en 1a posibfüdad per afiud.

S. "Principio de sinttuis: todo cuanto lzay se presenta artiatlado en
función de algo", o sea, todo posee una razón de existir {aunque la gente, a

veces, la desconozca), por lo que la habencia hene y es dadora de sentido,
rechazando así eJ absurdo6 •
Por abarcar todo, la habencia envuelve seres ideales, ficticios, etc.,
de los cuales mterésanos destacar los reales, entre los que se encuentra el
hombre, que primero vive y después muere. Así que la muerte se ubica,
dentro de la habencia, en 1os seres reales.

La "necesidad absoluta de ser" es la exclusión total de posibilidad y
de contingencia. La necesidad absoluta es de Dios: Él es el Ser necesario, el
Ser por sí, y por experiencia el hombre no puede predicar de sí mismo esa
necesidad.

l . Elementos de antroposofía

2. Composición c,wrpo y espíritu

Dependiendo del concepto que se tenga de hombre será lo que se
piense de la muerte. Así, s1 el hombre es cuerpo pero no esp1ritu, cuando
muera, desaparecerá completamente. 1 el alma es más importante que el
cuerpo, la tda sera ascética, d la manera, v.gr., platónica. Si el hombre está
integrad~ por uerpo espíritu, la muerte destruirá a uno pero no al otro.

El ser humano está integrado por cuerpo y esp1ritu, o sea, es un
espíritu encarnado 10. La e istencia del cuerpo es obvia, la del espiritu no,
por lo cual Basave la analiza tanto en su e istencia como en su
itunortabdad. Fslo lo muestra en su propío argumento.

El filosofo regiomontano tiene su propta concepción del hombre.
La mtegran diversos temas, de entre los cuales e pondremos tres, a saber:
l. la contíngen ,a, 2 la com po ición de cuerpo y espíritu, 3. la dialéctica
humana.

Dicha prueba está fundada -dice- en el afán de plenitud
subsistencia! ínsito en la naturaleza humana que desborda los límites
;pacio-temporales. EJ quid del argumento es esta afirma ión basaviana:

1. Contingmc,a

todo ser h11ma110, en c11a11l0 es, no sólo tiende a perseverar t'II su ser, como fo
afirmó Spino::n ,te/ ser en general, sino a ser más, a ser en plcnitud"II. De aquí

La busqueda del origen de la vída conlleva la consideración de que
el hombre es contingente, i.e. "un ser que de por sí es capaz de ser o no
ser"7.

qlU! perdurar en la existencia le es connatural al hombre; está inscrito en su
ser. Muestra de ello es su deseo de vida, cada ez más y mejor vida. in
embargo, en esta ida unicamente obtiene plenitudes relativas, por eso se
afana onstantemente.

La
ontingencia significa "indiferencia, nula posibihdad,
insuf1den 1a radical para empez.ar a ser y seguir siendo'13; por eso, "nuestra
pos1 ión de contingentes está entre dos extremos, entre la imposibilidad

Ahora bien, la persona e perimenta la ne esidad de una plenitud
absoluta y no se conforma con sus logros reldtivos. Porque vi e estd
confrontación (la plenitud absoluta frente a la plenitud relat1 d) intuye que
Cír. TM. pp. 384.-385; FH. pp. 78 y 81 .
mCír FH • pp. 12, 33, 72·, TF. pp. tiS-69; MM. p. 35; fM. r 14, .282, 32.'l hl,1s
put&gt;S E'S.l d lini jón s,• enc1u•ntra en l&lt;Xld u o hra.
11 ~fr T
• F. p. 148; MM. rP-7 y 161 . Sub. del dutor. Citd ~pino¿,1 r ilen lll

q

• lb,J. pp. 38 y 9&gt; 110; fF p t&gt;6. Los ,omenlan
- Clr l M. p. 258.
3Clr 1/-. p.78.

son nu

Iros. Sub. del i\utor.

,

17-t

175

'

'á;)O

,1lg11nas l il.ts
'

�uerd de ste mundo puede obtener totalmente la plenitud des ada, pues
de lo contrarios na ab urdo qu sintiera algo que jamás iba a al anzar.

H

dlJUI

fom1a omo alguien actúe y e comporte durante su e

Nucslro csp,ri/11 e11ca111ado se aJima ppr la pler11t11d sttbsislencral. Este
afá11 dcsbtmta los Jí1111tc:s del ~paao y di'/ tiempo. La relatiz•a ple111h1d logr~da es
,;n aciailt• paru alca11:ar la plenitud absoluta. Fuera de la Plemtud de plenitudes,
nada ah {11cc est' a{tm dt• plemtud s11bs1ste11c1t1l. sta trascende~na del hempo
m,11uiat1al y finito rt"llel11 la csp1ril11a/1dad inmortal ~el alma. _Mds aim : nuestro
ron&lt; reto afiin de plt&gt;mtud s11bsislmdal ':I las relativas ple111h1des lograd_as se
1111tre11, e;, cierto modo, de la Plenilud ,le plemtudes. Nuestras plen1t1'.des
singulares expresan y ro11s11me11, m la medida de sus posibi/,da~es, la ~lemf11d
absol11ta. Las ple11it11des c:ir1 u/ares consunum, sm agotar, la P_lemh1d !1111versaf y
absoluta Cousig111c11lemenlc, esa potencia humana de plcmlud untversal,_ 1"e
tiesborda los /mutes cspa io-lemporales, e.\/ge, por su misma cstmchtra ontolog,ca,
la i11motfalid11d pt•rsonal 12•

En nuestra opimon, la metafís1 de la muerte ba a\ 1ana consta d
siete temas, a saber: l. ublca 1ón d la muerte n la ida, 2. defmi ion de
mu rte, 3. estructura 1deo-exJStencial de la muerte, 4. au s de la mu rte,
5. a la muert se la en e por el amor, ó. prepdra ion p,ua la mu rt · 7 el
"mas allá".

1. Ubicacion de la nmerll' rn la
Desde que el
queremos decir con
he1deggenano; tampo
que la muert se halla
puede d parecerl~.

3. D1alcct1ca J111111a11e1

O la reflexión sobre la d1aléct1.Ca humana se sigue el lugar que
ocupa el hombre en el cosmos. Al respecto, Basa e piensa .que "entre el
espuitu v la materia, entre la eternidad} el tiempo, el hombre ocupa una
posic1ón,de equtlibno con ierlo difícil, pero necesario" 1• .

V. Fil()S()f{a de la muerte

La persona está abocada a una realidad última e in vitable: la
muerte. El hombre, por ser contingente , )mutado, tiene que monr.

con

Cara a la muerte, la ida humana cobra s1gnifi a ón, pues del
pto que se tenga de ella, será el sentido que se le dé a la vida; será la

ilÍda_

hombre comienz.a a 1 1r a esta muriendo. o
ello que s a un
r-para-la-muerte, aJ modo
o que, stneto sc11s11, la este I iendo. 101 plem nte
polen ialmente n la ida y en cualquier momento

De aU1 la ub1cac1on de la muerte en ld \ida: "la muerte le su ede a
la \ ida [... J 1archamos ha ia adelante, en ten a agoma, deJando Jirones de
la propta e tSten ta [ •..] Ld muerte, mientras ivm1os, e td siempre
despue "111_

Vdiga una analogía, ubi ar la muerte en la ida es orno ubicar una
meta, un punto de Uegada dentro de un camino. 1onr es el fin de un
cammar.
Por ello -a nue tro JUICJO- s falso dectr: mañana sera un d1a mas
por v1vtr; el presente e un año mas de ida. Estas e presion n ha en
pensar que la mayoría de las personas que suelen decfrlas consideran Ja
nda orno un aJendario, sil venia verbo, aJ que le van añad1endo ho¡as.
1 ada más falso• Es al revés, se le estan quitando; se e ta ·• i ndo un d1a
menos de un determinad numero de cuas de ida posible , por l:dnto, e
esta, a cada momento, dejando de ser; se está a tualJZ.ando la muerte.

La finalidad e importan ia de ubJCar la muerte dentro d la vida
para tomar on iencia de que algún día e habra de morir; es orientar la
propra e 1Stencia h da act1 idades "ªliosas que onduzcan hacia Dios.

11 ír. MM. pp. 173-174; TM. p . 328. . ub. J l ,lutor.
1•

H

rr. Tf rr 122.12-1 .
&lt;-Ir. MU. r /!O.

176

ten Id .

Dado que olo muere una vez, el mdi 1duo deb pr pararse para
morrr, para lograr su plenitud ubstSten ial en el mas alla. Por eso, las
reíle iones tanato)ogicas adquieren vil:dl importancia.

I silogismo:

Es la inílu n ta reciproca de dos realidades coe istentes
enhtallvamente en el hombre, a la manera del contrapunto mus aJ. Dichas
reahdades son: desamparo ontológi o y anhelo de plenitud subsistencia!,
amba on su orrespondiente p I ológ1co: angustia, para el primero y
esperdnza, para el s gundo. Las dos son opuestas, per~ e presupon n
mutuamente. Por 1 de amparo eJ hombre onoce su afan de plenitud y
éste exISte sólo en fun lÓn de uperar a aquél 11.

I

1\

Ctr. 1M. p. 22.

lb

lli1J. 1'· 8.

177

�recibirla, puede truncar proyectos exJStenciaJes, etc.
B) Riesgo ineliminable

2. Definición de muerte

Pensamos que el oncepto que Ba ave tiene de la muerte es el
siguiente: la "conclusión de nuestro porvenir temporal" 17. En efecto, porque
el individuo es movimiento, es temporales. El mo imiento se da entre su
concepción intrauterina y su muerte. Cuando fenece, conclu e su
movimiento y, en consecuencia, su tiempo.

3. Estmch1ra ideo,nisteucial de la muerte

La e periencia que la gente tiene de la muerte la adquiere no en la
propia, smo en la aJena, viendo morir al otro. Por eso, Basave denomina
ideo-existencial el conjunto de elementos que se hallan implicados en
cualquier hecho de morir.

Expone nueve características de Ja muerte: A) posibilidad que está
siempre presente, B) nesgo inel1mú1able, C) término in ierto, D) conclusión
del yo•programa; E) desgarramiento y soledad, F) adopción de la propia
medida, G) inherente a la vida, H) tie..,e sentido análogo e 1) no afecta al
espíritu.

Al respecto nuestro filósofo di.ce que la muerte es riesgo
inelimmable que condi iona cualquier posibilidad determinada (por
ejemplo ser arrebatado a la familia, a los amigos y a mí mismo en mi actual
situación de espíritu encamado) que me mcita a la fidelidad conmigo
mismo y a la fidelidad con Dios 19 •
Creemos que la muerte es un riesgo porque trw1ca proyectos de
vida; acaba con relaciones familiares, laborales, etc., cuando más se las
estima o cuando mejor se encuentran.
Tomando en cuenta que Ja muerte es riego, la persona debe actuar
como si fuera el último día de su vida; debe realizar su vocación; debe vivir
rectamente; debe ser fiel a sí misma, a su dimensión axiotrópica y
teotrópica. La fidelidad a sí misma la conduce hacia la fidelidad a Dios,
pues actúa según la recta razón, con lo que morirá en relación amigable
con EJ (en este sentido la existen ia es preparación para la muerte).

C) Término i11cicrto

A) Posibilidad q11e está siempre presente
El autor dice que la muerte es "posibilidad, actualizada n tanto
que posibilidad, que nos está siempre presente, como una ame11aza 1erta y
delimitante 018 •

La muerte es "término incierto. Término, porque se trata de un
a ontecinriento futuro y de realización cierta. lncíerto, por lo que atañe a la
época de su realiza ión'120•
El término se refiere a que la muerte es el fin de la vida. Esto

La posibilidad no se refiere a elegir entre morir o no mo,rir, sino a

que la muerte se actualizará de tal o cual manera, pues se halla latente e
inherente a ld ida y "de repente" aparece. En este aspecto, Ja posibilidad la
refie~e Basave al tipo de muerte, a la fom1a omo e ha de morir.
En sentido estricto no se puede e perimentar lo que es en sí la
muerte:; cómo se le va a presenta a ada quien y ómo se reaccionará ante
ella. Consiguientemente, es Uldeterminada. Ta.m poco se puede saber,
stricto sens11, el día. la hora y el lugar en que se ha de morir, lo que la hare
in ierta.
Sin embargo, las personas saben que la muerte es una menaza
cierta que implica nesgos, ya que pueden ec¡uivocarse al prepararse para

17
18

fbid. p. 109.
ttlld. r-65; r M

dimana de 1a esencia humana: el hombre es un ser finito, limitado, por lo
cual, forzosamente debe llegar, algún dia, a su fin, o sea, perecer.
Precisamente, el fundamento antropo-ontológico de la muerte es la
finitud 1
La muerte es incierta porque los individuos no saben cuándo y
ómo fallecerán, dónde estarán, se hallarán solos o acompañados,
dormidos o desp(ertos, será muerte dolorosa o no, estarán preparados o
no, etc.

En uanto término es cierta, indudable y evidente. En cuanto a su
modo, hora, lugar, día, es incierta.

178

r-

ll•iJ. p. 65; TM . .N4.
lh1ú. l'P· t&gt;S-nt,; 1'M. p. 29.f.
11 lhid . p. 78.
1•

r- 294.

179

�D) Conc/11 ión del yo-.programa
Pensamos que Basa
e refiere a Ja plenitud ub JStencial, a
volver al Origen o Fuent que le participó la e isten a al ser humano.

Esta aracteristi a es la " on lus1ón únjca y definitiva -sm posibles
adi iones ni r formas- d I yo-programa''21 .

Caben, úni amente, dos posturas: morir amando o morir odjando.
Si aquella, el individuo e encontrara cara a cara con Dios. i el odio, puede
quedar ex luido de la presencia d 1vma. Elegtr uno u otro ólo se ha e
mi.entras se vi e. Por o la vida e prepara ion para la muerte; ésta es el
acto defimti o en e] cual cada quien eltgtrá u situa 1011 hnaJ. A este
respecto Basa e dice que con la muerte con lu • el "status viatoris". Y con
el "status viatons" tem1ma el tiempo de merecer y desmerecer. Cesan las
posibihdades de arrepentiouento y con ersión. El alma parada pierde su
mo ilidad y se fija, defirulivamente, en el estadio finaJ 25.

o hay que nfundir: el inLiso anterior se refiere a la terminación
o fm (con Jusión) de la vida. Est m iso alude a la terminación de las
act1 idades que la gente Ueva a cabo en su e istencia temporal
En efecto, ada ser humano tiene un programa, una tarea personal
por desempeñar. Esa act1v1dad 1tal e individuaJ es lo que nuestro fiJósofo
denomina yo-programa.

A nuestro ju1 ío, el estad to final es doble: por un lado, el fin ultimo

E) Desgarramu•11l0 y soledad

Basave afuma que la muerte s "desgarramiento inevitable
soledad devoradora del trance. A más de ruptura dtSonan Ja, la muerte
tien un caracter de opresión torturante de la nada,.23•
Es desgarradora porque destroza al individuo tanto en sus
relaciones
proyectos como en su propio r: separacion de cuerpo y
espíritu.
Soledad devoradora del trance (de la vida a la muerte y de esta a lo
que ha a despué ) n virtud de que es un acto pe onal, pues los
índ1 iduos tienen on 1encia de que tarde o temprano morircin. La muerte,
cuando se actualiza, es experimentada por ada quien, nadie puede morir
en lugar de otro. ada sujeto la e perimentara de man ra única y distinta a
la de los dema .

En cuanto persona, el suieto se disuelve en la muerte, aunque una
parte de ·J sobre ,va. Por eso es "opresión torturante de la nada".

particular escogido por ada qujen; por otro, el fin últuno omun, al qu
todos lo seres humanos estan abocados: la feL 1dad en Dios. Pero la
elección del objeto supremo de felJ idad es una dec1Sión 10d1vidual. En
consecuencia, alguien pued cambiar a Dios por la nquez.a, los placeres, el
poder, et ., del cual a no podrá separars el alma.

G) Es Íllherenle a la vida

Hemos d · ho antes que la muerte se ubica después de la ida.
demás, los hombres están sujetos a múltiples peligros que amenazan su
e isten Jd: nadie puede asegurar, por ejemplo, que en un movimiento
telun o no e le aiga en irna el techo a algu1 n, o al alir a Ja alle no lo
arrolle un camión, etc. Por ello afirma Basave: "la muerte e inherente a la
vida. Marca su fin y onfigura definitivamente su trayectoda. os re ela
nuestro limite absoluto y nos muestra lo abierto, puro y simple''26, es decic,
muestra a Dios.

H) Tiene senhdo analogo

F) Adopción de la propia medida
ignifica que en la muerte nuestro ser adoptara defínm amente su
medida: monremos con amor, en comunión on los otros y abiertos a Dios,
o con odio, e cluyendo a los demas
replegandonos sobre nosot:ro
mismos. En e sentido, la vida s pr pardción para la muerte2t.

Z2
!l
JI

e

lbu1 p. tio; TM . p. 29; .
lbiJ p. 6'1; TM . p. 29-1 .
lb1d. p. 6o; TM. p. 29-1.

180

Al respecto die el filósofo reg,omontaJio qu la muerte, n lo
hombres, no tiene un s ntido u1ú oco, sino análogo. Hay miles de modos
diversos de monr. Y sm mb,ugo, todo ello conservan una umdad o
cone jón fundam ntal: son modos de morir humanos. 1i ntras que para
los animales la muerte es un puro acae er naturaJ, para los hombres la
muerte e un problema, u.n drama e ·traño d1ficiJr.

r-en.

2&lt;

fbid.

26

(b¡J p. 66, TM. p. 29-1.

21 JbjJ_

p. 66; TM pp.

-295.

181

�,n ei o, n uanto que la muerte es d l s r v1 o, se presenta on
un caracter uní &lt;Xo: todos tien n que monr. En el aso humano, la mu rte
l1 ne un sentido anál go, pue será en diversos lugares, momentos, por
distinta ausas, etc., i.c. "hay mi.les de modos d morir".

¿cuál es la causa inmediata de la muerte? La falta de
funcionamiento de algunas células e enciales trae consigo, en mu breve
plaz.o, la muerte del individuo. Las neuronas de los ntro más mferiores
reguladoras de la acti idad organica
-las situadas en el bulbo,
específicamente- pueden into icarse. En es supue to, la mu rte
sobreviene mmedialamente. Acaece lo m ísmo con la detención del
corazón:30.

1hombre no se le p
nta la muerte como algo nonnal natural,
a que es un r que anhela vivir siempre d la mejor manera. Por eso el
morir es un drama e traño y d1fic1I.

La causa eficienl pro ama e trinseca
la a ción de agentes
e teriores (a idente, enfermedad) que. d ruyen al hornbre3 1• De alli que,
pese a todos los andados por tener siem pr un estado saludable,
necesanamente hay que morir.

J) No afecta al espin/11
Basave tiene la convi ión de que el hombre E!!&gt; inmortal. De alli
que "la muerte orporal no puede afectar al espíritu. M1 person no está, en
su propia
en 1a, abocada a la muert
ino a su perfe ión en la
et rmdad"28 .

b) a11sa primera

La causa efi ienle primera está a nivel metafísico, porque brota del
modo de ser, dentro de todo cuanto hay en el ambito mtramundano, del
hombre. El autor la enun ia de la siguiente manera:

iendo el espintu de naturalez.a inmaterial no e afet.-tado por la
propiedades d la materia ( ntre otra la orrupcion que onlle a Ja
destru ión). , ndo inmaterial, el e pintu sólo ta abocado a la plemtud
sub 1Stenc1al.

la ida humana es intrínse a y trascendentalmente limitada,
porque no es un "ens a se", porqu a.rece de sufi 1en ia plenaria respecto a
la realidad. En te ntido metafísico, la causa fi i, nte de la muerte no es
la enfermedad sino la constitutt a limitación d I ser fuuto-'2.

4. 1111sas ,te la 11111 •r/e
u tro autor pli a I h ho de morir recurr1 ndo a las aus
ar1Slotél1c-a : ) 'ef,n nte, B) mat ria 1,
fom1aJ y 0) final.

) e 1111sa cjfric111t•

Expliquemo at nd.J ndo al
desarrolla,
reprodu e
muer
dinami 1dad, tá puesto a la su
cambiando de lo que
a lo que
movimiento.

1gui nte proc : 1 hombre na e, se
. Esto no e 1den 1" que, por su
10n, es de tr, a la lransformac1ón: ir
e ra. En te sentido el hombre es

"el fundamento e tenor op rant que produ e el efe to"29.
d1 ide, entre tras, en pnmera
egunda, pró ima • r mota. Basa e
reíl iona sobre la ausa efo.:i nte pró 1mc1 prim ra.

Ahora bien, todo lo qu se mueve ti ne un punto de partida y uno
de ll gada, .aunque, n el caso de t ull1mo, no sed d fmittvo eslatí
como la mu ,:te humana. Así, d, e nuestro filosofo:

a) misa pro.\ima

el fundamento de la mu rt esta en el mismo ser finito del hombr .
Trátase de un "llegar a u fin" que no s1gnif1 ·a, n e arta mente, perfeccion
o plerutud. Y este "U gar al fm" del hombre pone de reli e su ser I m pre
ya-e istente que es, tambien, un ya-e11-ordcn-al-morír33.

pera en lo fis1co-b1ologi o. La d1v1d1mo n do : intnns
e tnn rn. Aquella
refi re a I órganos qu constilu n el cu rpo:
orazón, nñon , pulmones, arteria , el
ualqu1er organo
1 idl que
ufra un dano irrepMabl , a orto o largo plazo, pro
ar la muert :

MM . pp. 91-92.
lb,d p. 10.
lb,d. p. 2.2..
" íh,d. p. 711. ub. d •I dutor
10 Cfr

11

lhrd. Jl· l&gt;o; 1M. p ..295.
·'&lt; Ir IM. p. 191

182

18.1

�B1 Causa material

Dicha separación no

otra cosa má qu un despedida, un decir

acLos.
El sujeto de la causa material es la corruptib1ltdad mtrínseca del
cuerpo". La muerte aparece cuando 1 cuerpo humano pierde sus
propiedades fis • o-&lt;¡wm1 a .
La corruptibilidad le es mtrmse a al cuerpo -segun reemosporque no es e tah o, mo dinámico. En cuanto dinámico esta en
movm11ento, · al moverse esta deiando de ser lo qu era para s r otra osa.
En este sentid har transito de era no-ser, en el que se va desga tando el
uerpo hasta morir.

) Causa formal
La esencia humana es el alma racional. Cuando se separa del
cuerpo, e opera la muerte: "cuando el alma deja d ser forma sustan 1al o
prm ipio vital del propio uerpo, se opera su muerte D) La muerte carea· de causa final

La muerte no tiene a usa fmal porque es pn\.d 1ón de la ida
P..riva ión "care e de ausa finaJ"'.lt,.

una

Ll desp dida revist do modos: temporal y defm1lt a. a cual
fuer su tipo, lo seres que se ep ran e d an lo mejor;
d n, para
re rda e, algun presente sígnifi ati o.

alejan

Cuando
trata de una des
dan mutuamente amor.

ruda definitiva, las persona que se

Una despedida definití\a es la muerte. Cuando se avecina, los
homb
no pueden d jarse en
uerdo mas qu su amor. Por ello, de
alguna om,a, p ra Basave la muert se puede ncer por el amor: "nada
puede la muert ontrc1 el amor". O, como dice en otra parte. "hay que
salirse d si mism , por I amor, para darse a los demas. · to as1 podremos
e perar erenamente la muerle'138•

Y e que uando realmente e ama, ha ' atrae ion y afinidad on el
amado, atra 10n en la que Ja persona entra u aLención en el otro v se le
a a unir, a fusionar hasta que los dos configuren un solo ser. P~r eso
Basa e define el amor como ''un estado afectivo i o, benevol nte y
promociona! del hombre, que se profesa a D10s al ser humano' "'·

E pl1 amo e to de la 1gu1ente man rd: el hombre "en uanto es,
tiende a
r en pi mtud". En este asp o es un ser-para-la-~ ,da, para
sub 1Sl1r pl namenle. La fmalidad del UJelo es, por su espíntu, s r en
pl n1tud , no morir. Por llo la muerte no t1 n ausa final.

El amor s e penmenta como "una fus1on de almas que intenstf1 a
la ida espiritual") en la que el hombre sale de sí mismo para dars al s r
amado, de suerte que l amor perman e en el! aun uando n se hall n
físt a y geograf1camente cer anos. En este a pe o nuestro autor habla de la
trascend n 1a t mporal del amor:

o obstdnl -a nue lro juicto- se puede cons1derdr omo finalidad
de la muerte lo efector, inmediato que produ e lant en el cuerpo: su
redu c1ón al polvo; omo n I alrna: su ÍIJd 1011 defimti a en el ultimo fu,
parltCular el g,do.

cuando se ama, se exp rírn nla I enl11n1 nto de una f-u 10n de
almas que mtensif1 a la ida espmlual, hasta el grado dt&gt; \ 1 u la durc1uon
en un senti~o absoluto que apunta a unc1 verdad ra termdad'º·

5. A la muer/e se la l'Cllll' ¡1or el ,mw,

El amor, acti idad an1m1 ·a, d l rda al cuerpo. Por e o la
maruf: tac1one amor sas del hombre on msu iu ntes, \d que no s1 mpre
e presan lo qu s1 nte por la persona nMda

La muerte de un indnilduo, con r p do a u
meJant
cel'ldnos, l1 ne un Mader de "desg.uram1 nto me\.1labl "porque es "una
separa 1ón o ruptura.
p,Hdc1on d nuestros res t:¡uendo , rupturd del
alma y uerpo. Desc1par cemos \ 1 1blem •nt "17
lh,d r
lbul. r
•· lh,d. p
. 11, .. , 1
1

JO.
111.
IO .
51

Porqu el mor s ef t espmlual, perman ce en el recuerdo que
ha e penmentar nue amente, uanta \l'\es r, d~ee, lc1
ns,K1 n de
r amado, aun u,rnd un d los c\nldnter, ya no isl . n e l
ntido,
por el am r s enle a Ja mu rte, pu la pre rn.1c1 de- los c1mante s ra
lb1J. pp. 72 _ 77
Ir. º1f . p. 225.
10 &lt; Ir. fH, p. 2ó9.
l" (

U4

IX~

�permanente no a en un plano Ílsico,sino en uno

p1ritual:

deoamos qu la muerte es desgarramiento [...)
trata de una
sepMaoón o ruptura [... ] de nuestro se~ quendos, ruptura d alma _Y
cu rpo. Desclpar emos \.isiblemenl . Sólo quedara nuestra presencia
espmtuaL Por eso e dice-} con razón- que la muerte es la gran prueba del
amor 1•

6. Prqiarndon para la muerte

Tentendo en cuenta que la vida es un caminar ha ia la muerte es
n esario que la g nte va 'a, paulatü,ament , preparándose a encontrarla.
par e que Ba ave habla de tres modo d prepara 1ón para
monr, a saber: A) xpenencia de la muerte propia en la muerte ~el
prójimo, B) e •penencia de la muerte propia por su ant1c1pac1ón
m1 agmahva
) Jer 100 de la virtudes cardmales.
0

A) faperiencia de la 11111crtc propia c11 la m11ufr del projimo
El filósofo regmmontano habla de esta e penencia basándose en el
cap. 1v, 6, de Las 011fes1011es de n Agu un, aJ modo como lo omenta P.L
LandsbergL'. Creemos que el comentano no se refiere al momento en que
muere el otro. Por eUo, amos a d,u nue tro punto de 1sta al respecto.

La preparación conuenza o debe comenzar cuando el hombre toma
con iencia d que algun d1a monra. Esta erdad la d
ubre al ver perecer
a los ser VJVO • D estos la desapart ión que más l duele es la de un
meJant amado.
Al perder a un ser querido la p rsona, 1pso facto, formula la
pregunta ¿por qué terua que monr7 1 manli ne su inqu1 ud aun despues
d que el dolor de apareció , la en auza cor tamente.~ratando de darle
respuesta, estara en camino de lf considerando que tamb1 n monra.
D be ver en el prójimo lo que rodea a I hecho de morir, hasta dond
su ntendm11ento · nodmíento se lo pemlitan;
trata de que, de las
diversas ctr un tandas en que han muerto lo demás, el hombre pueda
anticipar la uya, reonentando su vida, constan mente, hacia I vaJores
mas altos.

B) Experiencia de la muerte pro¡na por su anHci7'adon imaginatil1a
Invitado por Unamuno, Basa e tmagma cómo ha de
mom nto d monr:

la luz se me apaga, las cosas enmudecen
no me dan onido,
envolviendom en silencio; l objetos asideros se m d rrilen entre las
manos, el piso se me escurre debaJO de los p, , los re u rd : se me
desvane en como un d smayo, todo se me a disipando en la nada y yo
mismo me voy dtSjpando n ella; ni aun la conc,en ia de la nada me
queda s1qUJ ra como fantástJco aganad ro de una sombran.

Al situars imaginativamente en u agonía, el individuo piensa
que es un ser mortal, on lo cual podra on ntar su ida ha ia normas
a tologi as, ha iendo de lo material y mundano tan solo un medio para
v1 ir • n un fin de la e IStencia.

C) Ejercido de las llÍrtudes cardinales

AJ r pecto d ,ce Ba

186

e:

nu existencia debe tener un sentido de prepara ión [...] e1erc1tada
bajo la disaplina de las uatro clásicas irtudes cardmales: Fortalez.a en Ja
ta rea, templanza n mis movun iento orporales o espíritudles, justi a en
m1 vida de relación, prudencia en todas I cada una d mJS ac 10nes

Anali emos. Pnmero, la fortaleza en la tarea, es p rseverar en la
aJiz.ac1ón paulatina de la ocación individual, condu ente
hacia la propia salva ·on.
gundo, la templanza
el dominio de los
deseos o p siones inferiores sometiéndolos a la razón; es e itar la amdad
y el orgullo por ser más o tener mcis que otros (templanza en el espíritu)
proceder siempre con humildad
endUez. Tercero, la JUSti ia se refiere al
recto, responsable y armoni
proceder del hombre con su semejantes,
dándole a cada qu.i n Jo su o. Es la virtud de actuar dentro de) orden
moral. Cuarto, la prud ncia
la ordenación de !a conducta mediante eJ
e_¡ r io d la recta razón.

a ión, en Ja

u lbid. p. 243. No da l.i cita
39.
44
r. MM. p. 9.

u ir. MM. p. 53.
11
Ir. FH. rr, 242-243; IF. p. 78.

er el

~ Unamuno, pero la t

1 7

mó dt&gt; l)d 1,;,:ntu111mtc1 tragico de In v1,da, p

�7. El "mas allá"

su constante afán de pJenitud, por tanto ha de obtenerlo en otra, d istmta a
la actual en el mundo.

El hombre muere, ni duda cabe. El alma es inmortal, es mnegabJe.
Pero ,qué hay después de la muerte? ¿Qué sucede con el alma al s pararse

del cuerpo? Ante todo -para nue tro autor- el alma al separarse del cuerpo
"cambia de estado":
el espmtu, desligado del cuerpo, no ocupa lugar. Se trata de un
amb10 de estado, no de un cambio de ubica rón. Un cambio de e~do
posible desde el momento en que ''la" ida psíqu, a es mucho mas rica que
todas la posibles combinaciones de Jos movtm1entos cerebrales"45•

La ultmld parte nos parece un tanto obscura y él no la comenta, por
lo que proponemos una explica ion.
Que al monr cambia de estado el alma y no de ub1cac1ón se
entiende porque la ubteación implica lugar, y lugar lo ocupa solamente la
materia. El alma es de naturaleza umiaterral, es decir, esptritual. AJ ser tal
no ocupa un lugar en el espacio. Por eso sólo "cambia de estado". Pero ¿de
qué estado a qué estado cambia? De espíritu encamado a esp1ritu libre,
desencarnado, cambio que LDlphca la mod.ifi ación del hombre. Esto es
pasible porque "la vida psíquica es mu J,o mJs rica que todas las posibles
ombinac1ones de los mov1m1entos cerebrales". Mas ¿por que la vida
psíquica es mu ho má nea que todas las pos1bles combinaciones de los
movimientos cerebrales? Porque trasnende, en su acti\idad, a] cuerpo.
Para ello basta ver la elaborac1011 de las ideas universales que el cerebro,
matena, no puede hacer, pues de lo material no sale lo inmaterial; las
funciones del recuerdo y el olvido son e · lus1vos del alma, te.

J cambiar de estado, el sujeto, por su espíritu, obtendrá aquello
que en su candi ión en amada buscaba y esperaba afano!¡amente, esto es,
según hemos venido diciendo a Jo Jargo de nuestro estudio, ser n
plenitud, ya que "todo hombr , en cuanto es, hende a ser en plenitud", par
lo que, a la vez, espera su salvación:
por de pronto esperamos segUtr siendo, no dejar de ser, y ... ¿algo
más? 1. Esperamos en nuestro "stalus viatons", una perfe ción, una
plenitud, de la cual arecemos por ahora. Somos, pero no somos
plenamente. Somos seres hacia la sal ación, no somos seres sa]vadosli,.
Ahora bien, el hombre no puede ser en plenitud y estar alvado en
su condición de espíritu encarnado, pues en la ida terrena no Jogra colmar

fS

lhid. p. 169.
p. 168.

iendo el ahna inmortal y el uerpo orruptible, al mom el
10di\,iduo su alma cambia de estado: trasciende sus l.tmites espaciotemporales que le aprisionan en su condición de espíritu encarnado, para
estar en el "más allá":
el más alla de nue tra espera no está en el espacio eu el t1em po.
Por eso, justamente, le denominamos mas allá. 1as allá del hem po y mas
allá deJ espacio pensamos en una vida perdurable que nos representamos 0
imaginamos imperfectamentet7_
La convicción basaviana de la e. isten ia del mas allá liene un
fundamento moral:

el pensamiento del premio y del castigo &lt;oronac1ón del
sentimiento fuhmo de nuestra bbertad- fundamenta, moralmente
hablando, la certeza en el más allá. i existe un D10 personaJ omnisciente
-justiciero supremo de la ida moral- tiene que hab r una correspondencia,
en la allendidad, entre servicio y fidelidad eterna43_
.
Esto lo entendemos así: qué sentido tiene que el hombre se porte
bien_o mal si no habrá después un premio o un castigo justo. S1 no lo
hubiera, entonces ada quten haría Jo que le miera en gana. Empero, los
ho~bres (muchos de ellos) no lo hacen porque tienen la certeza de que sí
e ISte un premio o un castigo, según sea el caso personal, después de la
~u.e~e, el cual lo da un ~r Superior, de acuerdo a una justicia perfecta,
mfalible. Ese ser es Dios. El conoce todo uanto hace y deja de hacer la
gente.
.
Por ello, Él es quien ha de proporcionarle a la persona una sanción
JUS~a _en la otra vida, en el más allá, después de que haya terminado sus
actividades como espíritu encarnado inmersa dentro de todo cuanto hay
en el ámbito de lo finito y limitado.

8. El hombre-ser-para-la-salvación

Si el hombre sigue vjviendo, después de morir, en una vida mejor
a la terrena, entonces no es un ser-para-la-muerte, ino para-la-salvación.

◄ c Jbid.

p. 168.
ca fbid. p. 169; 7 M. p. 329.

&lt;b !bid.

188

1 9

�Por saha :ion, ftlosófi am nte hatilando, l autor entiende abal
cumplimiento de la vocación personal, fidelidad a nuestra dunension
a 1olrop1 a, e lar ,miento y realiza on del dínam,s010 a en 1onaJ de
nuestro spiritu encamado, abertura y ncammam1ento a la plenitud
ubsisten iaJ 4 •

Ahora bi n, porque la presente prueba ti ne a Dios como ausa
eH iente final del afán de pl nitud 51 , con id ramos que su fundamento
también es la partidpadon, pue el er humano
cr ado por Dios · sus
per.li ciones pro ien n d El.

La persona descubre a Dios cuando si nte el d samparo
ontológi o, cuando se da cuenta qu tiene un vado deJado por aJguien.
Dicho aoo no lo puede llenar con osas materiales porque son
efímeras imperfectas. El desamparo mueve al deseo de Henc1r el propio
ser, aJ deseo de al anza.r una pl nitud. En e te momento, el sujeto de ubre
aJ ser que pu e satisfacer sus deseos de plenitud: Dios.

xphquemos su mtamente.
A) El cabal umplimi nto se refiere a que da h mbre debe realizar sus
propios proyectos de acuerdo a sus ~os · aptitudes, rarácter •
t mperamento, etc.¡ debe configurar y actualizar sus facultades para que
llegue a er lo que quiera ser. Mas debe ten r en uenta que todas la
personas tienen una vo ación um"ersal, por la cual henden a poseer el
Bien. Consecuentemente, cada ind1nduo tiene que esforzarse por
compagmar su \'OCacion personal on la occ1 1ón universal, de uerle que
todo lo que haga lo lleve a obtener su salva 1ón.

En la estructura de lc1 ía baSc1 Id.na encontramos tres elementos:
A) un he ho sacado de la realidad humana: la I encia del d amparo
ontológt o y el afán de plenitud ub istencial. B) La e. 1gen ía obietiva de la
realidad que el espíritu humano descubre: la necesidad de una ausa
suprema qu e püque totalmente ese anhelo que tiene el hombre de
subsisttr, ya que esa plenitud en la presente situa ión de espmtu
en amado sólo
obtien relah am nte , por nde, no salisfa e de modo
defmfü o. C) La ondusión: sm una Plem~ud de pleniludes (Dios) lo
afanes on retos de da vez más y me1or ida no se danan.

B) La fidelidad E'S I desarroJlo personal de los alores. El, a ,otropismo
onsiste n I afan humanos por lo \'ah050: la erdad, el b1 n, la JU t 1a,
la paz, et . 1 Valor de vaJore
D10 . Por so I ax1otropismo da paso aJ
teolrop1Smo u onentactón ha ta D10s.
C) El esdaret. m11ento consiste en la lenden ·ia humana a la plenitud
ubsisten-ial, a la feli iJad suprema que on iste n ont mplar ara a ara
a Dios.
D) La abertura radica n sólo en poseer
e deseo d infm1tud ,
lra ndencia, moque, ademas, cada quien tiene qu fectuarlo, tiene que
salisfa erlo d la m ¡or man r : dirig1éndos hacia 10s.

5. Die
La alvaci · n proviene d

1oc;.

Para m trar u
tsl n ld, Basa\!
ha formulado su propi
argum nto, 1 ual ta fundc1d -d1l · en la nalidad, porque -a nu tro
JUKIO- lo qul' el hombre siente t.omo espíritu ncarnado (de amparo
onlológt&lt;.o y ,rnht'I d pl 111tud) debe lener una resolu&lt;.·tón ultenor que es,
pr isc1m nt , n Di :;o_

1~(

Ir. I M . p. 117, 1 ~

Escu hemos a Basav :
A) H ho sa ado d la realidad humana:

Q111siera en ayar par mi parle una 111/C'l'a l11a dt• rleercan11e11fo a Dios.
Descubro, en mi ser, 1111 desfiladero hada la 1111,"1 y 1111a esrnla hada lo ,1b o/uta
port¡,~e soy una mister_i~ _amalgama _de 11/ma y rnerpo, bmto y angel. Hcmpo ;
elern_1dad,. nada_ preh!sfar,ca y deshno s11pralempoml. Mi afrm de plt'mlud
s11bszstenna/ ex, _t~ solo en fimc,011 de superar 1111 dt'sa111p.1ro 011/ologico. ) m,
desamparo_ anlolog,rn ~ hace lan sólo patente porque lcngo 11t1 ajim 1k plc111tud
s11bs1ste11aal. La plr111t11d lograda es siempre rclahz1a y esta a11u'tm:ada por l'f
d&lt;!5_'1mparo. ~ero, a su_ve=, el desamparo sc• z,e t-orn•g1da, amparuda ett pa, te ¡1or el
afan de plemlud ~11bs1stc•11twl que se proytcta ca11 toda su iuttmíó11 s1g11iftcatim.
~ste afan de plemtud 11bsiste11áal, a1111q11c se de ,•11 el ht'lllpo, 110 1.:sta omehdo al
hempo. Trátase de 1111 lesli111011io irrewsable de la cgreg10 ,,ocad&lt;m l111mana. de
un~ l111n11/de s1m11s1011 del hombre intrgml a su inleriorüfad abier/t.1 al ser y 11 la
D('ldad.
B) Exigencia obJ tiva de la realidad, d
necesidad de una causa suprema:

Mi afán de

l'I' 1.i 15.

''( tr. ~H 1 157, I ' ¡•p

.!&lt;)~)

\lll ; .,

p -17 "tb J, l .iutnr

Sl

ubierta por el e ptrilu humdno: la

plemtud subsistmcwl,

(fr. TM. p. lO'J

L90
Jll)

l°OTI

ft)da

II

s1gm_firatwn

�"ml'iahisfórica" participa de In plenitud am:oluta, primera y frascendeute. En otras
pale1bras: mi afán de plenitud 11bs1stmcial, q11e se me presenta coex1sti~ulo
orgánica 1/ dialéctirnme11le con rm desamparo ontológico, con mi insufidenaa
radical, e,; _fim11a ¡1aredd11 al amtrapunto musical, implica la Plenitud ubsistente
e l11Jittila dt• do11d1• prolt;enc, precisnmenle, mi concreto afan de plemt11d que se ~a
en el hempo,
C) Con Ju 1ón: sm una Plenitud de plenitudes ese afán de ada
vida no se hubiera dado:

ez más

i existe nuestro afan de plenitud subs,sfenna/ -y esto es 1111 hecho
e111dr11le- eúslió 1e111pre 1111a Plenitud s11bs1sfe11tc, porque si no hubiera existido,
no se danan nues/ros concretos afanes de irida y de mas vida52.

011clt1 ió11

La filosofía de la muerte d BaSd e haUa
estrechamente
mculada a su antroposofía, cuyo quid -a nuestro ju, m- es poner de rel1 ve
el afán hu.mano de plenitud ubsistencial.
Uno de los meritos de] autor es demo trar que di ho anhelo no
ilusorio, no nos lo i.n entamos los hombres, sino que responde a nuestro
modo de ser. F.se des o de p rfección de inmortalidad sólo encuenlra
total satisfacción en Dios, mas no n la ida terrena, sino en el mas aJlá. De
alh que Él no es un ser iJusono ni inventado por los hombres, sino que, r al
y efecti amente, existe con supenondad y dignidad absolutas.
Por lo anlenor, eJ filósofo reg1omontano tt ne una vJSion
esperanzadora de la muerte, que onsiste en ue, porque D10 e 1ste,
somos inmortal . D alu su afirmacion: el hombr -es-un-ser- para-lasalvación.
Mas para sal arse, cada quien debe reahza.r c1 rtas actividades
durante su ida, dos de las cuales son a) el ejerci 10 de la
irtudes
cardinales, cuya ac ión propor 1011a beneficios tanto al individuo como a la
sociedad, pues la vutudes se traducen en a iones aritah as. Y b) el abal
cumplimiento de la vocación personal en la que lle emos a la práctica
dl\·erso
alo
que nos perfec íonaran. Ambas actJvjdades nos
encaminarán hacia Dios, máximo satisfa tor de nuestro anheJo de plerutud
substStencial.
Quien se eJe11 1te en las J.rtudes y sea fiel a su oca ión estará
preparandose para morir, pero obre todo para encontrarse on Dios, con
lo ual logrétTá su felicidad absoluta.

!12

fr. MM. pp. 82 y 125.; T.M pp. 390-391; FH. p. 256; IF pp.

lllle&lt;ns TM p. 294 , JF. pp. ~

&gt;- ; , M. pp. 47

• 188. b1

- Sub del dulor.

192
193

�Bibliografía
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Sección Segunda

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