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                  <text>Aquí haremos referencia siempre a la institución espiritual dominante: entiéndase la Iglesia
0

Católica
de Roma
Virtualmente
el único ejemplo que tengo de ancianos de habla hispana. los ancianos a \os
7
que se referían por este término. es de\ resultado de algunas pláticas que sostuve con e\ Rabí
\ocal.
Dos Campos.
9 E\ término usado en espa110\ podría ser limpio o puro.
La palabra hebrea .. KashruI .. se refiere a \as leyes dietéticas judías. que se deriva de \a
10
palabra .. kosher". que significa apto o apropiado. A diferencia de \o que comúnmente se cree.
e\ kashrut no se refiere a un tipo específico de comida. sino que a un sistema de revisión de
alimentos d.: acuerdo al ritual judío y cuyo significado está determinado por un conjunto de
critc:rios religiosos precscritos en La Torá (Pentateuco). Dichas leyes buscan establecer un
régimen que beneficie al cuerpo y a\ alma. para lograr un equi \ibrio tanto fisico como mental.
Personas apartadas de \as normas religiosas del pueblo hebreo.
11
Confesión religiosa norteamericana que espera un segundo advenimiento de Cristo: su día

8

12

de guardar es el sábado.

Sección Quinta
RESEÑAS
y

COMENTARIOS

934

�CERNUDA O
LA EMANCIPACIÓN D EL DESEO
Dr. Víc1or ,vlanucl Pineda

UMSNH
:\forclia, México
No decía palabras
No deri,; palabras,
Acerraha r,m sólo 1111 o m pv imarog,1m r .
!'orq11e ig11orilh,: que el d1•;r11
e.,

I/11'7

p rtguu!ll

C11y,1 re,p11e,1,1 1111 ex1Jtf,
Una /,0¡11 (1/ )'i l ra111t1 1/0 rxisrt
Un mu rulo ru¡,o m ·lv 1w existe
f.o,

f.11 t, C.ú1tt11l,1·
pl,1a rr, proJ,ihlilo,

iQu é es el deseo? La s resp ues tas se puede 11 derrochar, pero
invariab le me nte q ueda h sens,1ción de que igno r.imos casi todo
lo que sign ifica. Lo ignoramo s y, sin emba rgo, es una de las
accion es huma 11as q ue puls:111 Lis 111:1s dclic.idas fibras de lo
probabl e, es el espo lón nLÍs ¡H1nz:i n tc de las fornlr.id cs h uma11as ,
la form a enc:rg ica en q ue 110s .Henazamos a la vida y nuestra
declin ación más rn isrcr iosa a11rc a h muerte . La constchció11 del
deseo es d poblada de nebu losas apócrifos, de espe ram:1s falaces,
de vuelos improbables. Sa lt a J la vista el carfrr er profund,rn1en rc
antin ómico de ro d.1s las rep rese11taciones q ue se d a el dneo .1 ,i
mism o : es io 111:ís pródi~o y lo 111:ís mi serable. el c iclo que 11m
ofrece la vol u ntad human:1 y el infierno de su rc .1lizaci cí n , el
pad ec im1e11to su rgido dl'. nuestr,1 !'i11 irud \' lm done ~ de l.1
cornucopia imaginariJ , es u11 veneno v un b:ílsa1110 . Una de l.1,

�confusiones más persisrenres en torno ,1 l.1 noción Je deseo ts la
de empalmarb con los instintos: n.tda r.111 alcpdo Je\ dtsto como
\a tendencia a rebajar J una obr.1 Je la cultu r.1 .1 los ciclos de la
naturaleza. El deseo no es u1L1 respuest.1 mtc,ínic1 a los estímulos
del mundo circundante sino un,1 clabor.1d.1 astucia con la que se
llegan a tocar los abismos del alm,1 hum,rn:i. El deseo apacienta
múltiples cri:ituras, ya p.ira la vid.1 indi\'idual, ya par:i la vida
colectiva: una de ellos es el erotismo . Un;1 Je las claves modernas
en las que se cifró el papel constirnyenre del deseo ha sido la
tendencia a darle u na vi ncu I ación cero na ,l lo) sen t idos, u na
tendencia a afirmar la hospitalidad del mundo; se puede dec ir
q ue el deseo fue una de las vías modernas que optaba por los
frutos. de la tierra, en agravio de una vis ión allanada por los
rrasmundos v po r la promesa de salvación . El deseo
constiruyenre es una clave de la modernidad, no só lo porq ue
liberó a los sentidos de la superstición rransmundana, sin o
porque desde sus potencias se fraguaron los estilos de vida q ue
hoy en día son reconocidos como posibles en el repertorio de los
carac reres éticos.
En el dominio hispanoamericano se puede decir que ha sido
Luis Ce rn uda quien ocupa el lug:u de un verdade ro
"reformador"; en su ob ra se emplazan muchos de los v:do res
consagrados por el panteón de la actualidad . No hace mucho,
Pierre Bourdieu insistía en que el valor de la intervención
del
1
campo del arte radicaba en la creación de estilos de vida • Tal
papel se acrediró desde el momerHo en que el arte conquisró su
autonomía frenre al dominio eclesiástico o frente al dom inio
político. Se conquista desde el momento en que el arte se
desprende de un seflorío centrado en los préstamos de moral que
le hacían los poderes y de aceptar el des t ino de su adherencia
norm ativa. Según este argumento, los ar t istas son nomo cetas
desde el rnomenro en que se deciden a romper con la impos ición
exrerna de fines al propio arre. El personaje cenera! de ese
espmtu disruptivo es, para Bourdieu, el poeta Charles
Baudelaire . En este punto no podemos hacer sino una pu ntual
comparación: Baudelaire es a Francia lo que Cernuda es a
Hispanoamérica. No estamos diciendo que desde el pun to de
vista formal o de la sustancia poérica nuestro auror sea heredero
del autor de Las ílores del mal. Aludimos, más bien, al brío

938

p recu_rsor que se encuentra en ambos '
l·
const1tu1r un cam
¡, .
. . · &gt; ;¡ •1 voluntad de
_
' Pº te 111rervenc1011 propio de h ) ,.·.
e e I n u da es n u es t ro no m ateca.. S .in d lit¡a ¡)arte d 1 , . ¡ o1es 1,1.
ceñi d a en romo a Cern d·
I
L
'
e a mico ogL1
.
u .1 -e poeta nomoscxual q
d f' 1
mora 1 eclesiástica de dcre c1a
1 e, IZqu
.. 1er
. d a el IIH
. ,
uc
esa Ja a
.
1 1·
b , ,d
. rans1gentc autor
d e poemas autobiográficos
'
, e 10m re e piel
d
or
ma
parte
de
rasgo,
d
-·d
·d
·
,
atormenta
a-.
f
. eu J amente modernos. Ser
,
.
.
poeta, poi
l o menos en nuestro tiempo e
pers onal.
, ons1ste en Invenrar una mitología
. UCna de dlas primeras nota. s que resa l tan en la personalidad d
Lu1s ernu a es su tendcncn' ª asum1r
.
. como públ1. d
l e
va 1ores por los que de inmedi t
I
cos to os os
tip o de "amo r que no se ueda o se be rc~,on_o ce: la elección de un
P
e nom rar E f
· l d·
de llevar una vida somet1'd ·1
l
.' n _renrn a isyuntiva
' a as cx1genc1as d
¡
convencional, o bien asumir abicrt
. d .
e una mora
con secuencia d
.
ª Y ,iu azmente todas las
L . C
s e exponer a Cielo raso su condición "excéntnc3."
u1 s _ernu a es, entre los escritores de len ua
- .
los pnmeros si no es
1 .
g
espanola, uno de
'
que e pnmero en a
.
.
icon oclasta frenre a la pasroral de las, bue~:um1r ~na ~ctHud
l1terarn ra en lengua espar-10!
,
s conc1enc1as. La
'
a va tenia una l
d ' ·, d
exc lusión fr ente a la diferenc ia; ,la de la, edad d;rga era 1c1on e
can afecto, siempre estuvo domin d
oro, a la que era
adopc ión de una moral exreri
a a p_or una tendencia a la
edad de oro v· v·
·' ·
or Y un.3 pnvada. Los autores de la
se sujetaba al t::º\:~c~t~-opulenc1a cre_ativa q~e, no obsrante,
h.
. d l
P
pc1ones de la 111specc1ón vicaria La
isto na e os esc ritores conversos está l
d d
. .
críptic o y generó la
b d
P aga ª e un lenguaJe
cosrnm re e no lh
. ¡
nomb re
E
'ma1 a as cosas por su
·
n esre como en o tros c
d
his roria de la litera rura con la d tos, no se pue e desl indar la
l , .
.
e a censura, con la mo ra l de l
p acorn ea guardia nocturna: el modo barroco d d .
a
elaborada form a de e vas10n
•, de los cont' l
e
ecir
es
una
d. · 1·
·
lenguaje .
ro es 1sc1p 1nar1os del

d

de UEn a ~ez que la república es derrocada, Cernuda es arroJ·ado
.
1ecruales y artistas A
.f spana
. d como muchos otros 1nte
d 1 eren c1a e José G
M , z
·
Salinas, su llegada :o~éx~:~a fu:~b~;.r~o, J oaquí_n Xirau ,º Pedro
primera oleada del exilio . Había
-1,c~a. l _Llego despues de la
dive~sa~ un iversidades de Escoci:n~e~ast;d~;e~~~~:ses~:ñ~la e~
senum1 ento de ser exiliado se padece de una manera
n e,más
e

939

�pertinaz: ser exiliado tuvo para él una connotac1on que padeció
también en el ámbito de la lengua . ¿Qué es la lengua y cómo la
vivió Luis Cernuda? No se limitó a reconocer en ella la primera
fuente de nuestro contacto con las cosas, sino, más aún, le
confirió el carácter de instrumento privilegi1do desde la que la
poesía se construye. Cernuda, que se reencontró con su lengua
después de su letargo americano, descubre en ella no sólo una
atmósfera de confianza sino la sensación de "estar como en casa" .
La lengua, más que ser el resultado de un contrato, es la
expresión más impetuosa de la vida del espíritu y de los pueblos.
Es una herencia construida por sucesivas generaciones y por u na
ardua construcción que cobija a todos los afectos y
conocimientos que una comunidad puede albergar en su culcu r~.
Así pues : "La lengua que h ablaron nuestras gentes anees de nace r
nosotros de ellos, ésa de que nos servimos para conocer el mundo
y romar posesión de las cosas por medio de sus nomb res,
importante como es en la vida de roda ser humano, aún lo es
más para el poeta. Po rque la lengua del poeta no sólo es mater ia
de su trabajo sino la condición misma de su existencia"'. Ahora
bien , (Qué es lo que nombra el lenguaje de Cernuda? Si
pode mos reconocer un objeto que atraviese íntegramente a roda
su escritura este sería el del deseo. No hay discurso sobre el deseo
que sea más legítimo que el que la poesía elabora. Antes que ser
un creador de valores que sirvan para transformar la vida,
Cernuda se remontó a la fuente más primaria de la vida y desde
ella desplegó sus inclinaciones más vitales.
Poeta de las entrañJs, resolvió darle lenguJje a las
inclinaciones mis profundas de la vida, esas que están
sed imentadas en un registro que la moral no puede gobernar . La
divinidad que instruye a los deseos de Cernuda fue Afrod ita
Pandemia: a la Afrodita U ran ia ya la habían dejado exhausta los
grandes poetas místicos españoles. Cernuda no estaba demas iado
entendido en las doctrinas psicoanalíticas puestas en boga por el
surrealismo: la única escuela que realmente tiene el deseo es la
que le aportan las pasiones y los impulsos que se despl iegan
desde las entrañas. "PoesL1 es vivir según la carne", había
~entenciado María Zambr:ino . Nadie como Cernuda supo asu mir
ese drama de una mane ra exaltada e inflexible: la carne no t iene
sabiduría y el deseo es una interrogación s111 resp uesta.

J ustamente
por ser un poeta del dese
b'
, ¡
sa ia que su puesto como
o y ae a carne , Ccrnuda
com
d
poeta estaba
¡
·
promete ora: los poetas d I
en a tnnchera más
comprometidos con ningú e
carne y del deseo no están
diversas morales , P ues ¡a carne
n va or . oficializado
,
. . por ¡as mas
que pacta con ella.
convierte en d1s1dence a todo el

t

No. hay. pa ra nuestro poeta un f }' .d
contenido sobrenatural: el jardín d eª e ic1 ad que tenga un
c~do_s . los apec;cos que cuelgan edcr;;~d~ csd·rá compu~sro por
a m1t1mos, como sostiene O-ctav10
. Paz y J·o- ee·la pasión · Si
que en roda la ob
d
a1me ¡} de Biedrn '
b.
ra
e Cern d
h
a,
auto .1ográfico, podemos su oncr
u a
ay un contenido
ex.p enencia poética a otro u~ro
con ello que no dirigió su
mismo a través de las
qdue no fuera el de revelarse a sí
as que ese a L
,
para escrutar los dominios
, , .'. a poes1a es un medio
hac 1
.
mas 1nt1mos d 1
e] a carne .Y para
d er os gemlí. La retórica d e I a carne
ep urar,
no
pasa
de
.
es
.
ser una expenen .
. a que no se 11 egJ.
precisamente, una experiencia huérf
c~~ .sin, concepto. O rn;Ís
Lo que roca el deseo tard
ana e imagenes.
El pes1rn1smo
· ·
eCO temprano
·
proverbial
d
en ceniza'·
1
'
e ernu d 'l to se ·convierte
pocas cosas que le pued
d·
.'
ca, inc.uso, una de l·
· ·¡
en ,lí sentido - 1 ·d
,ls
n111 0 crue que se despeña d 1 _·
a a v1 a: el amor es un
cad a uno. El ser pas:ido' eor ªlaum·1. a h, .si ma, que reinventa a
sob revivir al ob¡'ero d
P
·· s_ llamas del deseo no pa
.
f' d
e sus pasiones· C
l
, rece
10gra Ia el deseo co mo a 1go que
.,
crnu(_ a remire ·a 1·J
.
f'
b
pero que queda redu cido ,a c en1zas
.
se
a un soplo efímero ,
unJa Irrna
v , _
qu e a memoria de Cer d
ez consumado. Todo 1
b. 1 .
nu a recupenb
o
su ¡eu vidad del poeta la u111·d d d 1· ª.' no parece conferirle a h
d ¡
ª e o v1 , d · ¡
'
o orosos a partir de los cu·1l .
\I .º' sino os fragmentos
Cern uda es un e¡·erc ici J &lt;l, els se reconstituye: la anámnesis tle

cot

.

O OC

UC

o:

Yo fui.
Col111111w rlardiente
I
¡
.
Mard
. 'u1111r.epr1111avert1
. ora o, o¡os gr,lllrles.
B11sq11é lo q11e pe11saba·
p el/JI',
. ' C0/1/0
. ¡¡/ fllllíllll'CC/'
' NI 111 · ·
·
Lo que prnta el rhseo 01 / ' . lr!J tl1e 110 la11g111rlo.

, b'
eante, Slí

( 1,1,

¡

Fui Íllz

1111

o

l'SCC/1/CS
·

dia

Arrastrado en la llama
Co1110 11 11 golpe rle i •inllo
')/¡ 1

')/¡ ()

{/

�Que deshace la so111br11,
Cai 01 lo negro.
En el mundo insaciable.
He sido.
( Dondé ha hi r.: e I olvido, I\ ')

. e ,, ,,
Ccrnuda uru inclinació n
L polítiCJ. del yo r 1 11 '- ~ 11
·
¡·
a
encuentro consigo mismo . Esto no tmp _10
ermanente:
servir
al
P
. . .
ismo o encontrar en sí mismo un mouvo
co111c1d1r consigo m
.
nde la odisea de su
, .
N
por amor propio que cmpre
.
. d
esrer1co . o es
·
d
aso de una estrategia e
. . at uraleza: se trata, en to o c. '
.
d 1
propia n· · to de exp 1orac1on
. , de los resortes afecuvos e os
reconoc1m1en ,
.
l
d y con los otros.
, d
d
a relauonarse con e mun o q ue esta ora O par,
en el deseo una forma de
,
Cernuda se encuentra
As1 cbmo en
. e también oodemos recono ce r en
, ,
r
.
f
b uscarse, per de rsc v• encontrats
.
. I deseo nos arroja hacia uera,
su poesía una tendenc1ahopucsrl a. e
sed de exrerioridad. No se
• 1
·
\so acta e orro,
es un vio ento impu 1
.
de este poeta sin aludir a su
d
rende r e ero t ismo
I
pue_ e comp .
1O
·a fuera de su centro vital , que o
decid ido co raJ e _9 ue
.ª rf~o J
I otros se vuelve pedigüeño y
T d
op1a carne ienre a os
ex1 1a e su pr
' d'd
,
f nda que la que el ama nte
lo instala en una sole a mas p ro u
. ntó antes de un encuentro carnal.
, b'
expenme
,
d. d
I deseo pertenece al am ito
La fi losofía hab1a pre ica o que e
.
b
de
d
I Una trascendencia que, sin em argo, es
de lo rrascen enta ·
.
paflera de viaje de la
d
que funciona como con1
. 1
este mun o y
d
.
ernunentemente hacia a
y I rad y eseo empupn P
,
vo 1unta d . o un
•
no es algo que esta
.
1 O b.
d sus representac10nes
real idad: e
Je to. e
b
l dominio de la realidad con
reduido er: ellas ~ 1s;a:\t~o~ ~~r~~:eo tiene la particularidad de
el imperat1:o de ~nd
b _
do intangible y eva nescente pero
1
b1erto e in ererm 1na '
1
ser a go a
.
1 . d
desde que se levant a a pa rt e
es, al mismo uempo,l es a ·1p1ed r~o que está condensado en los
, , ·
de la cu tura . 0 0
·, 1
mas inuma. ·
I
l'
.
lguna
vez
perrenec10
a a
ora es o po 1t1cos, a
1
l
valores re 1g osos, m
d
. esencia más ligera, los
.
¿ ¡d
Por ser e una
mate ria l1gera e eseo.
·gor por el cielo de los
d
I
se con mayo r v1
d
deseos pue en esp aza_r, d 1
De Platón a Hegel,
.
1
la reg1on e os suenos.
impu sos y por_
Kant el deseo alternó en la mente de los
pasando po r Spinoza Y . . '
stá uesto al servicio de la
filósofos el impulso or1g1n,a l fue
Jisiones del espíri tu; la
sobrevivencia con las mas e eva as

I

942

cul tura se fragua , antes de realizarse en instituciones y en formas
de orientar la vida, en los talleres velados del deseo.
El binomio realidad-deseo tiene para Cernuda un significado
de continuidad pero también de ruptura. Continuidad porque el
trayecto desde el cual lentamen te se cocina la realidad de las
cosas se remonta a un lento proceso de decantación, de filtros
mi lenarios. Apelamos al deseo para imaginar a la realidad de otro
modo. Asimismo, el deseo tiene en la realidad un muro: la
realidad contrarresta al deseo y le interpone los lími tes de la
mo ral o de lo posible. Tienen razón Ortega y Gassec y María
Zam brano en representarse a la realidad como resistencia. La
solidez de la realidad se convierte una muralla para el deseo y le
ofrece a éste el misterio de su espesor, su intransigencia y su
unid ad . La real idad es para el deseo una voluntad inmovi li zada
por la certeza, la razón y todo lo que permite navegar sin
sob resaltos en el tiempo. El deseo promete demas iado; por el lo,
la realidad tiende a impugnar su ligereza. La obra de Cernuda
tiene, hoy en día, todavía un poder que só lo p ueden tener los
funda dores. Sin em bargo, estamos ob ligados a impedir que su
centen ario sea el m otivo para volverlo un autor domes ticado por
los el ogios y los homenajes: habrá que preservarlo de los
admiradores correctos que tienden a despojar a roda revue lta
moral d e su conten ido más profundo. Hacemos votos por que el
márm ol de los tr ibutos n o lo transforme en u n autor
embalsamado.

Notas Bibliográficas
1

I3ourdieu dice. en Las reglas del arte, Anagrama. Barcelona 1997. p. 91 : "una contribución
importante a la invención del estilo de vida del art ista. con la fantasía. el retruécano. la broma.
las canciones. la bebida y el amor en todas sus formas. se ha ido elaborando tanto en contra de
la existencia formal de pintores y escultores oficiales como en contra de las rutinas de la vida
burguesa. Convertir el arte de vivir en una de las bellas artes es predisponerlo a entrar en la
literatura .....
2
Luis Cernuda. i ·ariaciones sobre tema mexicano, seguido de Desolación de la quimera.
CONACULTA. México. 1990. p. 27.
3
Esta es .quizá. la opinión en que más insiste Octa\ io Paz en Fundación y disidencia. FCE.
México, 1994, p. 234: "La obra de Ccrnuda es una biogratia espiritual. es deci r. lo contrario
de una geogratia: un mundo humano. universo en cuyo centro se halla ese personaje -mitad
irrisorio, mitad trágico- que es el hombre": en páginas posteriores, vuelve sobre este
argumento al sostener que "La obra de Ccrnuda es una exploración de si mismo. una

943

�.
de Iwmi·¡J·id
.
d •pro\ 1sta
' · de su_ irreduct1bk
·
•
.ón al tin de cuentas. no es
i una biograt1a cspmtual.
1
orgullosa a irmac1 . '
. d
·l d ·seo puede , crse coml
~
't . .
.
?38)· --¡ a realida ' e e
• . · l. . · Puede s.:r poe 1ca
di fen:nc1a (p. . , . .d ,. r ·!Íe:-.ión so tire esas cxpencnc1as vita \.:S . , . • a ... ( p 139 )·
sucesión de momentos v1v1 os_: e , . . . n.:..:dotas se transmuten en poem s . • . ~ . .
b' afia~ Sólo a cond1..:1on de _que 1'1s ª_, .... · ismo p.:ro. con la m1sn1a intensidad.
una '10gr da la po~sía tenía por obJeto conocerse a_,1 m :t. ·a l ·1 r.-·ilidad \ el d.:sco es algo
--Para Ccrnu
~
•
ognl 1a po.: 1c - ,, _,
•
. por crear su propia imagen. i - ' ' .
.. lP 148) Fn el mismo tenor.
fue una tentativa
, . ·_
, 1 conocerse. sc transllgura
.- . .
. . . ·ne ue
más· la historia de un esp1ntu que. a
1·d t lrial Crítica Barcelona. 1980. p. 70 sost11; q
Jai~e Gil de Biedma. f/ pie de la /e1ra.l ch1 ·\tor,1a de su c.oncrcta e\pcricncia personal son una
"para Cernuda c_l sentl'do de Ia pocs1a
. .\ a is '
y la misma cosa -

1r

EL NARRADOR DETRÁS DE LA PROPUESTA
METAF!CCIONAL DE CARMEN VJNCENTI:
Y LA SOMBRA COMO SIEMPRE DETRÁS DES[ MISMA
Dra. Liduvina Carrera .
lJ nivcr,idad Cenrral And rt:5 Bel lo
Ca rac.1s. Venezueh

La novela de Carmen Vincenti, Y la sombra como siempre
detrás de sí misma (2001), ofrece una construcción textua l, que
parre de Íos acontecimientos ocurridos a
tres señoras
burg uesas, íntimas amigas desde n iñas y de vida incachable( ... )
reuniénd ose periódicamente para hab lar de las mismas
pendeja&lt;las o sumidas en enredos de telenove las que se pueden
ver cómodamente en la noche" (315 ). En cada uno de sus
encuentros, surgen nuevos elementos para la comprensión de h
fábula . Sin embargo, "sin una voz que narre es imposible
materi alizar la narración" (Barrera Linares, L. 1995: 89), y una
de las figuras más importantes denrro del h novela de Vin centi
es la del narrador, porque le v:1 a dar sentido narr:itivo al texto,
se involu crad de manera direcra en el :icto de conr:ir v
"org:inizad la histor ia". (Sfochez Reves, A. 2001: 17) .
El narrador de Y !t1 sombra romo siempre rletrris d e s! misma
cue n ta la fábula, d icho de otra manera, "es el sujero lingüístico
que se expresa en el leng uaje que constitLJ\'e el rexro" rBa l. M.
1990: 12 5) ; po r este mor ivo , su presencia en la obra es de gran
importan cia y lo inceresante es la manera diferente cómo se
construye el relato y no lo que se dice. Por eso, e l elerne ni o de

944

'J-1)

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, todos los
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.·, desde \a óptica e
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mise en abyme que se
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1011
n ,,
·
·1 ,u \C?.,
¿
narrJ.c . e.iones de las nes a~11gas qL~e. Í·,s cartas románticas . el
convers
- · to nor
Sus,un, e , . 1 cxpcot
, i·e11te nol1cta
• ,,1 . no escrt
r
r
diario 1nt11
. s del tío Cosme y e \,
o de Susana.
d Manuel, e espos
d
R og e\io ' \os escrito
. de \a muerte e ,
f . , correspon e
elaborado a parubr
o ficción den ero de la icc1on io o en las
L zise en a yme
io comenr.u
a n
.
del texto en SLl prop
99~. ,02). Con la
\ d doblam iento
'\\o C. 1 ). ~
.
a . es d
u desciframiento (Bustl ¡' f r•n·1 de construir los
c Iaves e s
e· · ,
e ex p l i e a a O ' '.
· ven t ·1 dos
d I mera11cc1011, .5
na es son in
•. ,
ayuda e a
. dos · en ellos, \os perso l
de una ficc ion
eprcscnta
•
.
· . se trata
\
mun d os r
\ .
·or de la historia,
d J~kobson a
· ropia
por otros en e •ntert
, .
el mismo sentl·¿ o que a "

que habla d_e sí :U1sst~;o~nC. 1998) y se cen t ~.: et~r:i\c~ática
meta\ en gua Je (
. r·1 c ·1 o par a replante ar . • rs fi c c ion a Ies
,
de art11
l'd d Los ¡ueoo
categorta
.
ficción y rea I a ·
b I
que los
ondenc1a entre
.
acios textua es
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ad infiniturn \os esp ,
s dentro de otros, a
muluplican
'se presentan texto
·mágenes
. en internamente )
f
v provectan 1
conuen
.
se re ractan .
,
d
d espe¡os que
mo ~
e
as ar, C. 1996: 13).
.
matriz rextual de la
cor.unuas (G ·Jer intento para o rganizar l_a del narrador quie n ,
En un pri
mar en cuenta la presencia
La importancia
obra, hay que dt~ d es el director de orquesdra. \, fichas de \a
ha in ica o,
ve to as as
corno se'
texrual estriba en ~ue m~e \ &lt;rrafía diferente que
de esta \ oz
. a es noronJ. des e a º¡
amigas para
resenc1
,
as tres
nove 1a, su P
. Cuando se reunen
.
·r? Es q ue
. su presenc ia.
d . ,, . Puedo interveni .
anuncia
\ voz del narra or. (
almorzar' surge a
946

aquí les trajeron los platos que habían ordenado un rato antes y
de berÍtln hacer una pausa. Se ven riquísimos" (29). Esta voz
texrnal está presente en todos los actos de las protagonistas y es
capaz de organizar el pensamiento de Susana: "Su sana piensa:
Los exámenes eran terribles. Después de una noche en blanco, la
página amenazante. Y después los interrogatorios. Implacables".
( 38) . Presenta comenta rios irónicos ante la actitud de Silvia y

Sabri na quienes recuerdan la muerte de Manuel, marido de
Susana : "Qué gracioso . -Después que no han hecho sino met er la
uña en la herida. Razón tiene aquello del tigre y el cuervo" (39) .
En el mismo orden de ideas, el narrador describe a Sabr i na:
"Sa b rina es más bien alta, delgada a la fuerza, ni boni t a ni fea
pe ro con grandes ojos negros y expresivos ( ... ) da la impres ión
de sa ber disfrutar cada movimie n to que sucede a su alrededor"
(46); también pone en evidencia el pensamiento de Silvia:
"Si lvia piensa: mira la ca ra de Sa brina ( ... ) la recuerd a sumida
en alcoho l y tr is teza, derrumbad a frente a la ven tana desde
donde - quizás- esperaba ver llegar de vuelta a armando" (55).
De la mism a forma, la voz textual relata diversos
aconte cimientos como la j uvenrnd de Sabrina, su mat rimon io
co n Armando, el n acimiento de su hijo Sergio, la existencia de
la co m pa ñía donde trabajaban los tres mari d os de las am igas,
ent re otros.
La historia sigue su ritmo por medio de los pensamientos
de Susan a, descritos desde la instancia de l narrador: "Susana
también piensa sobre el rostro de su amiga, pero recuerda otras
cosas...
(58) . La voz organizadora interviene con sus
coment arios: "Parece que definitivamente no nos enteraremos en
qué paró el encuentro con el ex de Sabrina" (64); añade refranes:
"Sabid u ría popular: Cuando las ba rbas de tu vecino veas arder... "

(70). E n gene ral, con su palabra: envuelve, distribuye,
interpre ta, comenta y va lora las palabras de los personajes y
llega a fu n dirse con ellas cuando, con act itud irón ica o
simp leme nte dándo les un a función caract erizadora, t raslada a su
propia exp res ión términos que son propios de la verba lización
de los personajes y que han sido marcados como tales (Boves, M
de l C. 1996: 305) . La presencia del narrador que rodo lo ve y
todo lo sabe, aunque a veces se limita a seguir el curso de los
acontecimie n t os y no los ade lan ta, finge desconocerlos: "Silvia
91¡7

�no es tan tonta como parece casi siempre. Quizás en el curso de las
acciones tenga ocasión de demostrarlo pero no les puedo asegurar
nada" (79).
La narración cexrual da cuenca de la casa de Susana por
medio del pensamiento de Sabrina: "S1.brina piensa: un
ambiente exquisito, lleno de flores como a Susana siempre le había
gustado" (89). No sólo se conforma con el espacio físico del
J.mbience, sino que describe a Susana: "Susana es muy buena en
eso de análisis y desmontajes y profundizaciones" (97); a Silvia:
"Mientras Silvia se detiene para organizar su historia, aprovecho
para describirla: peinado de peluquería, uñas cuidadas, mirada de
desconcierto ( .. . ) En este momento tiene la piel opaca y dos surcos
oscuros le marcan la frente" ( 136) y marca las acciones de las
procagoniscas: "Aquí las tres, casz al unísono, prendieron
cigarros".
Este narrador se muestra erudito cuando alude a cexros
literarios: "Susana piensa: en la escenJ. de la muerte por amor
de IsoldJ. ( ... ) pronto Meri sc ófeles desgarrará las imágenes ( ... )
Tristán y Sigfrido frente a Lady Macbeth ... " (98), o en los
momentos en que critica una novela: "Buena novela esa, por
C1erto me permito acocar, porque yo también tengo mi
cultura ... y de nuevo por el manejo del narrador: el lector cae
en la trampa de creer que el personaje es un hombre ordinario
cuyos sueños son perfectamente factibles" (188).
Como se ha podido observar, la voz del narrador tiene
posibilidades de introducirse en el mundo de los personajes,
para opinar acerca de sí mismo y de ellos, incluso lo que no
podría decir en una situación cara a cara. Este informador,
también puede interrumpir la palabra de las tres amigas cuando
lo cree conveniente, sin someterse a la al cernancia de los curnos,
pues le basta inmovilizar el dialogo, "todo esto es posible
sencillamente porque el narrador, como cal, participa en un
proc.eso de comunicación necesariamente alejado en el tiempo y
acaso en el espacio de sus personajes. (Boves, M. del. C. 1996:
307)

Con
codas escas licencias,
el narrador cont inúa
inmiscuyéndose en los pensamientos de las eres amigas:
"Sabrina piensa. iPor qué compraron esa cama tan grande?"
( 11 O), "Susana piensa: la sombra de los árboles reflejándose en
948

sus
ojos
f
. ... " (15)
8 ' " Susana (otra vez)
.
emen1nas vestidas de ne
c.l I
piensa: tres figuras
misma forma
.
gro e a cabeza a los pies " ( 161 )· d 1
"
.
, opina acerca del diálo o
' e a
Men[lra. Ambas están
g que ellas mantienen·
que se mueren
, 1 .
.
n a Igunos momentos .
1 h'
_por o1r e chisme" ( 118)
Ed
.
, ¡uzga a istona· "O
,
.
naª que interese" (151).Y, d es d e su · po eaquienadelante
·,
.
'
conoce os temas 1
.
s1c1on omnisciente
. 1.
' as conversac10
1
.
,
aconrec1m1entos: "Yo ,
,
. ,nes y e hilo de los
si se Qu1za d
. d
pro 61 ema. y organizar I
r'·
emas1a O, ése es el
as 1guras sep
¡
re 1evante, callarme cua d
d b ,
ara r o trivial de lo
"S.
n
e o hacerlo" (163)
comenta:
'ellas se supieran" (171).
) ; por eso

°

"

El narrador está consciente de ue de
.
pero, de eso me ocupo en ¡
q¡,
be organizar su relato :
Como está en un niv I
e dr~ng ,º~ correspondiente" ( 175).
.
e extra 1eget1co n
d .
necramente
en
los
d'
'}
d
,
o
pue
e intervenir
d
1ª ogos e las
·
"Aquí, de
ha. bher podido, hubiera int ervenz'do en la protagonistas:
conver . , L
ic o que ... Pero no
.
h
saCion . es hubiera
d
me quiero ace , I. d
bolsillo" ( 175). A
.
. ,r comp /Ce e tanta filosofía de
contJnuacion
elab
contradi ce los diálogos· "(
.
'
' ora acotaciones y
"
· ment1ra,seguroq
,
to d o) ; avanza en la narr-1, cion
. , d e Ios aco
.ue. esta enterada de
. e o cual se despidieron
.d.
ntec1m1entos: "-Después
d I .
rap1 ,to y Susana ¡ . ,
los libros que sol .
,
vo vio a prometer a sus
dos .amigas
I
uc1onarzan sus v1'd " (26
e1 f ina de la novela "Fin defi·
,, (
as
3) Y anuncia
El.
resta 3 16)
,
¡ucgo narrativo de Ca1·1n
.
. 1
'
en y·rncenti
nove 1a, 11 ega al extremo d,
S
, a autora de la
amigas critica a la "
be qdue ,us;;.na, la más aguda de las
, som ra er ras de ,
.
,,
narrador de la obra· "D b , 1 l
si misma ' o sea al
1 . d.'!
,.
e er1a 1a )er un narr d
'
os ia ogos, los gestos ¡ d
I
.
ª or que ordenara
,
.
' os esp azamiencos A 1 . . 1
arras, sin que nos de mos cuenta ( ... ) -·Q ,· d' ..o , me¡or
, . o. hw·
'.·
a observar y describir o se b 1 .'. d : ue ir1,1. ¿Se limitaría
ur a11a e nosor·
íl .
so b re Io que decimos' ·D _.
· -( ce irnos a 1go sob ..,as ¡Oo re exionaría
pena re íl cxionar? •Sal .' . . ¡
,
· ic
que valga la
h'
·
('' lil.l ,\gomas (j
istona s codas deshibchadas'' ( ) ) . uc nosotras sobre estas
locura" (163). "-s·
. , _ .. . 1 iopongo un tema
para él: la
.
, ' tuv1ci;1111os un n ·i · d
. ¡·
u iera puesto ranos
. ,1· .
, ir;1 or inte ,gente
no
h b
.
' Lr,1geu1as ¡11nt'ls - ~1' 1.
,
se aburrió de oírnos I b'I·
1 ' . ' as )len dche ser que
.u pen( c¡adas v ¡ , - ¡·,
13
poco de color al asunro " (206).
.
( euL io ponerle un
. Al_sentirse retado por las alabras de 1 . . .
o1gan1za las historia .~ según P '
"' a) ar111g.1s, el 11arrador
-~u gusto: 'y a LlllC me 11.111 rn,1do,
')/¡ &lt;)

�reco¡o el pailuelo. AJern,is, lo~ si;uiento e1H.: ucntros de csr:1s
damas fueron bascanres ,\bllrridos, por lo que no vc1le Li pena
transcribirlos en detall e ( .. .) estuvieron conscientes d e que hasta
vo, como narrador, me iba a fastidiar" ( 17 2).
'
En el mismo orden de ideas, el narrador, ,ll sentirse
cuestionado por las protagonistas protesta:
"¡Qué valor el de éstas.' No faltt1ba más que ahora
se dedicart1n a critict1rme. f.o peor del caso es que mi
contrt1to ht1blt1 de lt1 narración de un t1sesinato con algun a
que otrtl historia paralelt1 ( ... ) me pro1Joca dejt1rfos sofos ti
1Jer cómo se !t1s arregl1zn con tt1nto lz'o. Porque ahora es
cuando les ft1!ta " (206) .
U na vez abordado el narrador de la novela, se puede ro mar
en cuenta el segundo nivel de la narración, el de las eres amigas
que se reúnen de vez en cuando para continuar relatándose sus
vivencias: ''Tenemos la mal:i costumbre de siempre caer en
historias antiguas: lo que fuimos, lo que hicimos, lo que
tuvimos, lo que hemos dejado de tener" (63); "Lo que nos ha
quedado es reunirnos cada canco, ( ... ) ¿no es lógico que
eraremos de rescatar otros tiempos donde compartimos tantas
cosas?" (63). En esta instancia narrativa, se desarrollan las
histo rias de Susana, Silvia y Sabrina, la de
sus esposo s:
Manuel, Rogelio y Armando, de los hijos de las tres parejas y
del resto de los entes ficcionales que se dan cica en la
construcción del texto.
El n.nrador estructura el relato, pero es necesario tomar en
cuenta el uso de h foc.di zación; este concepto no sólo abarca al
narrador , sino que c.11nbi é n llega a los dem:í.s personajes del
rexco. Bajdn menciona la polifonLi en el rexco na rrativo, en es te
sentido se refiere a la multiplicidad de puncos de visea (Reyes ,
1984: l 39). Por eso, la diversidad de focalización de los
persona¡es.
Por la conversación de las tres amigas, se da el paso
temporal de la narración ; por ejemplo, el episodio de la muerte
de Manuel: "El solo recuerdo de aquella mañana, de tu voz en
el teléfono, me da escalofríos" (20). Se conocen ocros
acontecimientos por el re lato de Susana , la viuda: "He ev itado
ver a nadie de año en año, pero ya han pasado cantos ... " (2 1);
950

'' Si. me pongo
,J Pe ns H que ,\ es ta h
.
~
1. . , .
"
\ a L u t s M ,rn u e I t , , .
.
o Ll , u l e q u I n ce ú1 os ( 39 ) .
"D. . .
e n 1,1 q u t ne e \ 11 os , T"
"
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1ec1sé1s aüos O aloo _ . , ,
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~
111.1 trece
(8 7 ):
"
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,1s1 tenumos ·no' (88 ) · "('
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En
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. :, t1es 11¡,1s despUL:s"
( 139 )
mayor carga de ];¡ personaje de Susan;'. es quien lleva la
.
n,1rració n, des pues (¡,,¡ 11 :1rr-,,d&lt;i i·
extra d 1egécico.
,
. ,
En Ios en e u en t ros de Si 1\' i ''
·1
S LI s.,ll1,l. V S·1brt
.
.
d
o bservar
na,
se pue e
. una parodia de enrreo-as novel d · ., 1 '
.
sus historias a maner d r,
1
a as, as mu¡ercs cuentan
'
ª e nove a follecín· "P
tenemos que ve!'nos a
_ d
·
ero en ronces
.
rnes
e un m
cun~sidad" (121); "La a enda de
e,s, yo no aguanto la
empieza?" (123); "Y I g d ,
h_oy es apretada . ¿Quién
a es ten re not1c1as sob
I
l
pero, por lo pron ro veamos ,1
, 1
re a re e novela
más ha pasado?" (133)· ".5· el cap1tu o de la de Silvia. ¿Qué
, ,, 1 se os hago pe
· d
van a escuchar?" (164)
E .d '
rsonaJe e novela me
·
v1 encemence
l
re pro d ucen cada episod .
l d
, os encuentras
.
to nove a o de las vida d 1
con la existencia d 1 .
,
s e as tres
d amas,
.,
e 1nteres por \a
d I
reun1 on. De todo esto
1
f'
·1
.
.
espera e a nueva
.
' resu ta ac1 imao-1
1
f
.
. , b nar ,a recuenc1a del
d is curso o ral dentro d e l a narrac1on
· "Y
reconstruyendo cuentos" (69 ) · "P
·
a que estamos
(65); "Me imagino que qu · , hor eso se las esroy contando''
d
ieres a ora un de
.
f
e personajes y aconcecimienros" (9 7).
smontaJe pro undo
"

Este segundo plano de na, rrat1v1
. 'd a d de la
.
vez, contiene otro que se
,d
s t res amigas, a su
.
'
corres pon e con s. .
escritos: el expediente olicial &lt;
.,
1gu1entes texros
Manuel: "Tres balas e~ 1
d1ue sde labno c~ando la muerte de
e me 10 e corazon A
. Estado del cadáver · en
.. , h .
·
quemarropa .
(...
)
.
d
'
·
pos1c10n orizo
l
d
piso el baño el rose
.
n ca ' cruza o en el
'
ro contors1onado 1 O·
en con erado
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los
.
,,'
' os Jos cerrados: fue
1110
14
me ta fi e e i o na 1e de 1a
vele
s .. ;
( )·
O t ros es e r i ros
5
.
nove a, esran prese
1
os por el Tío e
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nres en os papeles
d eJad
.• d
osme, ª cuyo estudio s h
·
·
e ª apasionado la
h.lJª e Susana: "se ded ·tea a b uscar
en los pa l d l • .
s1 en cuentra algo que 1
d
pe es e v1eJo a ver
O pue a ayudar ( )
.d d
pape les escritos durante
h
... una cant1 a de
•
.
mue os anos y q
.
I b
mterrn rnable invesr1·g . , d j . .
ue t eve a an una
ac1on e vieJO al
p
es que las últimas , ·
respecto. ero lo curioso
pao-1nas
parecen h a 6er d esaparec1do'
. , (6)-)· "El
·· d
b
acert1J
O
e
aquellas
pá
·
·
d
h
"T·
.
g1nas cas i es echas por el ti
" (,66 )
in a revisando lo s pape l es d e l vteJO
. . tío Cosme "e rnpo
1 ;
(66); "Fue
951

�poniendo por escrito, con una memoria privilegiada para datos
y fechas, y con una obsesión que definitivamente traspasa las
páginas" (81); "Yo misma siento un enorme placer descifrando
las páginas" (82) .
El rol metaficcio nal de los pape les de Ro gel io ca nsti tu yen
un misterio para las aes amigas; estas cartas de amor mantiene n
ce losa a Silvia, la es posa, pero al final, ayudan a desenvolver la
fábula textual: "Una caja llena de papeles escritos por el mismo
Rogelio, no a máquina sino de su puño y letra. H abía cartas,
sin fecha pero algunas con la huella de tener años guardadas, de
no habe r sido enviadas nunca ( ... ) Todavía me acuerdo d e
algu n os títulos: &lt;En los bordes de tu mirada&gt;, &lt;Un animal
errante&gt;, &lt;Cristal de tinieblas&gt; y no sé cuántos más" (119). La
celosa Silvia se refiere a estos papeles en los siguientes términos :
traté, también, de quemar interiormente los malditos papeles,
de borrarl o s de mi memor ia" ( ... ) aquellos papeles me vuelven a
bailar f rente a las pestañas" (143).
Al término del relato, estos papeles contenidos en el terce r
nivel me t aficcio n al ayudan a desentrañar la hist0ria; sobre
ro do, dos de ellos: el primero, una larga carta , escrita por
Rogclio y enviada por Susana, la viuda de Manuel, a Silvia,
dejan al descubierto la identidad del amor platónico del marid o
de S ilvia.

Entrega uno
(Para Silvia)
f.1i amor: te quisiera aquí conmigo (.. .) Será un secreto, mi diosa. El
nuís hermoso. Domo tu rostro en este momento, tampoco te dije (268) En
espera del barco que te traerá a mi orilÍII ( .. )dormiré abmmdo a tu irrwgen
(271) (.. .) Susarut, mi diosa, mi amor... ( .. ) te penetro pero no esttÍs (276).
Orro escrito revela nueva sorpres:1 textual, Susana cnv 1a a
Sabrina su di:uio:
Entrega dos

(Para Sabn'na)
Tengo que hacerlo este donllngo. (... ) Sólo que 11~y r1 nuar1r a mi
mt1ri,w (Qui:liÍ deba escnbirlo muchm vm·s parfl conuencmnt de qut
puedo hacerlo" (277) "/¡¡ noche rtntts tendré que dejarlo todo pre¡wado"
(282) "Cuando miga al suelo no uoy ti desperdicútr un solo instrmte.

Borronear las hue¿•,__
.
ta.s con e¡ mismo
- w"i
Desapareceré" (29l).
pano n 1286) ''Después me Iré.
Co~ lo cual, se da cu en ta en f
,
p remed1tado de Manuel
d orma tard1a del asesinato
, por parte e SL
•
ocurre "la marav1·11
b . J propia esposa. De esra
fo. r ma
.
,
osa com ina , d l
, •
e ion e as hojas de l
d1ar10 íntimo [y] la poer1ca
carra de Ro ¡10
· ,, (
es su f icientemente explícit y I
ge_ _ 305). "La carra
·, más completa Lo ª·, e aro , el d iarto. e onsci t uyen la
vers1on
Ev· d
.
mas cercano la verdad,, (315)
1 entemenre aunque I h.
.
.
StJ gesriva, lo aso~broso da I istol rta relarada no deja de ser
.,
e re ato es la f
d
presentac1on.
El narrad
e su
.
' ' or ¡1a esta d o ·
d o r ma
hi storia; además, es un
.,
siempre errás de roda la
.
·
.
pcrsona1e consciente d
a alguien a u "d
.
.
e que cuenta su
h !Storta
.
.
'
n
esr1natarto
•
iversos
niveles
d
e
abst
.
.
,
"
,
caracrertzado
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rrera !nares, L. 1995: 89)
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.
.
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.
.
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narrador, l .a som b rd derds de la m1s111.1 n.irrauon.
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Venezuela·· Alfaguara.
misma.
v

SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ
A TRAVÉS DE: PRIMERO SUEÑO

Lic . Graciela Verdín Alvarado
Facu lt ad de Filosofía y Letras

UA\TL

Entrar al mu n do de Sor Juana es enfrentarse a una libertad
de co nocimiento difícil de entender, dadas las circunstancias
en las que vivió en su época. No tuvo otra opción más que
dedi carse a la vida rel igiosa si quería penetrar en la ciencia, la
filo so fía y la literatura, ya que su condición Je mujer no le
permi tía acerca rse a este mundo; pero ser mujer no fue un
imp ed imento para Sor Juana, ella, muy diferente al
pensa m ien t o de las mujeres de su tiempo, decía que su alma
'no tenía sexo', por lo tanto, ser mujer para ella no significaba
el ten er que rech aza r el mundo que deseaba alcanzar, por el
con t rario, e ra enfrentarse con mayor valen ría a la sociedad y al
pensa miento de su tiempo.
Sin duda, Sor Juana representa uno de los máximos
expon e n tes de la literatura del siglo XVII y más aún, una
precu rsora de la poesía actual que sigue vigente hasta nuestros
días p ese a los muchos prejuicios por los que ha tenido que
pasar su obra. Su vida y su obra (muy ligadas como si
formas en una dualidad) han sido objeto de muchas
esp ecul aciones y ha creado diferentes opiniones en los críticos;
much as preguntas surgen en torno a su vida: ,Estaba

954

955

�enamorada?, ¿tenía contacto con mujeres? Tal vez estas
preguntas trastornen nuestra curiosidad, pero no tlenen canta
importancia como muchos creen. Su obra está relacionada con
otras cuestiones que no tienen nada que ver con el amor carnal
o el amor hacia otra persona. Muchos de los poemas de So r
Juana están dedicados a gente ilustre.
En los conventos de México, las monjas gozaban d e
mayores privilegios que en otros países: la servidumbre e ra
mayor q ue el número de monjas, lo cual les permitía manda r
presentes; incluso en los conventos había grandes y lujosas
habi t aciones para hospedar a alguna persona importante y
agasajarlo con platillos y regalos. Es por eso que Sor Juan a
tenía una estrecha relación con diferentes personalidades que
la apreciaban, a quienes, en agradecimiento, les escrib ía
versos, de hecho, ella misma afirma que codos sus trabajos so n
por encargo.
Pero en la obra de Sor Juana hay más que eso . Es a
rnencalid:id que se enfrenta con su condición de mujer y la
socied ad, no podía tener sólo la teoría de hacer vers os
"bon icos" conforme a las reglas imperantes. No, su obra es
mucho más.
La esencia de su pensamiento y la cocalidad de su obra se
resume en su poema cumbre Primero sueño, que en la mayoría
de las ediciones aparece como Primero sueño, que asi intituló y

compuso la madre Juana Inés de la Cruz, imitando a Góngora.
No se sabe la fecha exacta de cuándo fue escrito el poema,
pero fue un poco antes de que Sor Juana entra ra en cuarente na
y en el silencio. Debió haberse escrito alrededor de 1685. Si
digo que el poema resume la esencia de su obra es porque es

«una verdadera confesión, en la que relata su
intelectual y la examina." (Paz, 1998).

aven t ura

Mucho se ha comparado el estilo de Sor Juana con o eros
grandes poetas de la lengua española como Quevedo, Garcilas o
y más frecuentemente, con Góngora. Sin duda, el cítulo del
poema Primero sueño, &lt;le entrada nos remite a Góngora, ya q ue
en la poesía de ambos esd presente la micologfa grecolat ina,
t ambién tienen en común el uso del hipérbaton para crea r su
discurso, pero entre ellos existen gran&lt;les diferencias, como lo
veremos más adelante conforme se analice el poema.
956

El poe~a es una silva, esco es
.
cuya combrnación
, .
' una composición poe'c1·ca
metnca se e.
vers?s_endecasílabos y heptasíl baracEc_enza por ser libre entre
escnb1ó y e¡ d e mayor perfe ª . ,os. sel poe ma mas
, ¡argo que
personal, el que en c·
fcc1on, quizá también sea el
,
1e rt a
O rm a ·
·
111 a S
P 1urna, pero no de su pe
.
Jusu ique el callar de su
d ec·d
.
nsam1enco en el
i_ e retlíarse en las profundidad
_momento en que
m orlí. Por eso, creo q ue e
es del silencio y después
ste poema es .
en su o b ra como e n su vida
importantísimo tanto

r·

,
-En el poem
¡¡ a se habla d. e como
el al
· .
~eno_ pa ra egar al conocimient
1
~a v1a¡a a través del
s1 gn1f1ca lo que para los surrealiso, e sueno_pa ra Sor Juana no
fre ud1anas
del sueñ o como m anif
. t~s, no .se
,
, inse rt a en las 1·¿ eas
estac1011 de l inconsciente
Seg u n Octavio Paz en el
de I s u e ñ o . S - ,
P o e m a a Pa re e e n c u a t ro s . . f. d .
. . « ueno como do rmir · s
1gn1 ica os
no ment irosa sino como .. , ' ueno como ensoñación pero
· •,
v1s ion · s ueñ
v1s 10n; y s ueño como ambic1·0, 'd
o como nombre de esa
11 ,
Ese os dist
· tn
· tos sentidos
e
seo
o J ¡us1on
· , no realizada
,
.
.,
esra n encerrad
.
un a cesac1on casi coral de la
os en otro: el sueño es
~a ~_ividad estimula la actividaJ !~~ct~nes co r porales; esta
_1a c1ona,l y espi ritual.» (Paz, 1998)
a ma . .. es una visión
As1
. , . e 1 a1ma se desprende del ·cu
con oc 1m1enco, es en el sue- d d erpo para escala r hacia el
. no on e la
.
cump 1e su función n ,
, imaginación se desata v
El
. us pura y hermosa.
.
- poe m a com ienza cuando
. , .
d e l.1 ti e r r· ',
a d e ¡,ro11t
u n a PIr :i m I d e d e s o 111 6 ras nace
0
e.1 sueiio se
·
m undo, todos duermen nad
d . . empieza apoder:i r del
es cuando e l cuerpo d;sci a pduel e tnt~rrurnpir ese silencio·
A ,1
. nsa e crab-i¡o
1 1
,
q ui, a poetisa describe I as t· unciones
.
d ' 1 Y e ª ma es libre .
segu n sus descripciones l
h
e as partes del cuerpo
el o r m I·d o ha ee n q u e ha \"'l' os umores
I
q u e s u r ge n de I c u e r Po'
,
, .. u n en ace
. l
es e n esta donde se conccnt
I
entre e cuerpo y el alma·
e on oc1rn1ento
. .
rae pens:im1e1
1
1 l
'
.
,
1 o y a ,úsqueda del

s

Después apuecc otr1,, p 1· r a, 1111. (¡e f) e
1
:l
representa la pidmide m. , 1 . 1 ,
ro a 1or.1 te luz. Ésta
·
·¡
ent.1, \ a comp
.
1
.
eg I Pc I as. E saber es r;í en Io a lt ~ 1 ,
ar ,l e o n ;¡ s P' d mi el es
di cha altura donde se , .
, e alm.1 trat.1 de llegar ll'lci·1
encuentra el
.·
. .
. :-· '
to Ser.
prime, conoc1rn1cnco del

Al

�Cuando el alma llega arrib:1 qued.1 ceg:ida por l.i lu,. de
rodas las cosas que se le present3n, y c3e; el enu.:nd irn iento no
puede abarcar todo ni aprehenderlo, pero el alma no se da por
vencida y trata de escalar nuevamente la pir.ímide poco a poco,
donde un pensamiento lleva hacia otro, hasta alcanzar lo rn:is
airo. Así, Sor Juan3 se refiere a un mérodo de conocimiento .
La luz representa el conocim iento, e l sJber, pero el alma
fracasa: es la imposibi lidad del hombre para lle gar al
conocimiento. El hombre está condenado al cJs tigo por la
osadía, como fe3ro que sucumbe en la fuerza del so l:
" ... l ibre,tendió por todo lo cri"ado:
cuyo inmenso agregrtdo
cúmulo incomprensible,
aunque a lrt vistrt quiso manifiesto
dar señales de posible,
a !a comprehensión no, que entorpecida
con la sobra de ob;etos, y excedida
de la grandezrt de e/Lo rn potencia
retrocedió cobarde. »
( Przmero rnnío, 11crsos 4/45-453 )

El alma, par:1 llega r al conocimiento debe primero conocer
una parre, después, esa parte le llevará a otra, y así
sucesivamente «El almez se propuso subir peldaño tras peldaño,
del reino minera! a! vegeta! y de éste al animal, es decir, por
categorías. La idea de !as categorías se funde aqui en otra, afin
pero distinta: '!a de la gran cadena del ser'.. . que va de Dios a lo
inanimado pasando por las inteligencias angélicas, el hombre, los
animales y las plantas,,(Paz, 1998) .
Después de entrar en es t as categorí as el alma int ent a
penetrar en !a forma más bella de la vida, la de los sentidos y
aún más allá; la fuerza imaginativa , porque es ésta la ún ica
capaz de aprehender los objeros y pe lear con las fuerzas
comunicadoras del conocim iento:
«... y-ésta ya investigadaforma incular más bella
( de sentido adornada,
y aún más que de sentido, de aprehensiva
fuerza imaginativa),
958

que justa puede ocasionar querella
-cuando afrenta no seade fa que más lúcida centelfea
inanimada Estrella . .. ,,
( versos 639 - 648 )

Las cosas son creadas por D ios , pero el hombre es el punt o
de_ convergencia de la creación ". . . es el eslabón entre fas
criaturas mortales~ los espíritus inmortales." (Paz, 1998). Por
es~ Sor Juana defiende las ciencias profanas (estudio de los
m111~rales, la botán ica, la física y las matemáticas ) como el
camino para llegar a Dios . Y ésta es la d iferenci·a
h
que av enrre
Sor J uana y los poetas místicos .
,
Recordemos a San Juan de la Cruz en el Cántico espiritual
donde el alma preten_de as_cender a los desposorios espiritua le~
y, ,por medio de la vida virtuosa, llegar a D ios corno el grado
mas al eo al ~ue pu_ede llega r el alma , a través de la vircud y no
del conoc1rnicn ro inte lectual:
,
«A!lí me mostrarías
aquef!o que mi alma pretendía,
y luego me darlas allí tú vida mía,
aquef!o que me diste el otro día.»
(San juan de la Cruz , verso 38-42)

So,r Ju ana po_ne &lt;le ejemplo a Faetón como signo de
val_en t1a pa_ra_ ,aspirar al conocimiento, éste, hijo de Sol y
Cl imena, pidio a su padre que le dejara guiar su carro duranc~
el d í~. _Incapaz de sostener los caballos, el arrogante j oven
acerco imprudentemente el carro a la Tierra, donde los ríos
comenzaron a secarse. Júpiter detuvo esta loca carrera
fulm in ando al j oven con s u ravo. Los versos en donde se
en c ue ntra este pasaje son de los más hermosos que
enc ontramos en el poema porque revelan la intensidad del
~lma Y de la propia Sor Juana por escalar el conocirnienro, sin
importar el castigo, es arriesgar su vida para volar:
«Otras - más esforzado-,
demasiada acusada cobardía
el lauro antes de ceder, que en la lid dura
haber siquiera entrado;
959

�y al ejemplar osado
del claro joven la atención volvía
-auriga altivo del ardiente carro-,
y él, si infeliz, bizarro
alto impulso, el espíritu encendía:
donde el ánimo halla
-más que el temor e;empfos de escarmientoabiertas sendas al atrevimiento ... "
(Primero sueño, versos 781-792 )

Por último los rayos del sol empiezan a asomarse; el
mundo despierta y el alma deja incompleta su búsqueda q ue
sólo en el sueño se puede dar; "el mundo !fuminado, y yo
despierta". El poema no termina en una revelación sino en la
no revelación (según Ocravio Paz), lo cual no quiere decir qu e
ya no exista la posibilidad de seguir buscando. En el poema es
solo una noche, pero en realidad es la experiencia de roda u n a
vida: la vida de Sor Juana.
Ahora haré una breve comparación entre la poesía de So r
Juana y la de Góngora -ya que tan to se le asocia a la poetisa
con este ilustre poeta-, y afirmaré por qué Sor Juana llega más
allá de la imitación y niega, en cierta forma, las normas
literarias de su época. Los puntos en común entre Sor Juana y
Góngora ya se mencionaron al principio, ahora pasaremos a las
diferencias.
El ambiente que crea Sor Juana en Primero sueño es de
oscuridad, de sombras: ,,Piramidal, funesta, de fa tlerra nacida
sombra», mientras en Las Soledades de Cóngora codo es lu z,
embellecimiento de la realidad a través del lenguaje, sobresale
la descripción de figuras, seres y paisajes, diferencia cap ital
en rre dichos poetas:

«Muda la admiración, habla callando,
y, ciega, un río sigue, que -luciente
de aquellos montes tJljocon torcido discurso, aunque prolijo,
tiraniza los campos útilmente;
orLandas sus orillas de frutales,
si de flores tomadas no, a La aurora,
derecho corre, mientras no revoca,
960

los mismos autos el de J.U S ( /'/ S t tl ¡es ·
Juye
. il.canza
/
'
d
' un trecho
b de si' Y Je
fueoo·
esvwse, y' uscando SI'S
· ,
ó ,
• d 1'51'!0S
errores
dulces
dulce5·
d
,
.
J,
'
tSll flrtOS
Jacen
sus
aguas
con
f
,,s
. j'uego
,
,
" Ctvo
/

(e ongora, pp. 244;

· · ·"

En estos versos de G,ongor·1 q

vemos cómo la d - . , '., ue pncenecen
5o/edad,
j
escr1pc1on o re .,

primen
,
exce ente, con esa metáfora d l .
creac1on de un río es
grandeza de su lengua¡·e s
eb ,¡rlto,_ p~ldemos ejemplificar la
d f
.
.
, uem e ec1m1ent y
,
1 erenc1a capHal enrre
d
o . aqu, esrrib:i l 1
El
estos os poetas.
,
poema
de
Sor
J
.,
..
uananoesunad .· ·,
ex per1enc1a esptr itual y st j
.
,
escr1pc1011; es un·1
•
1 engua¡e
¡
l
'
por su parre, no pone en &lt;l d l
es nte ccrual; Góngora
.
j
u a a real,d d l
'
cam b 10, e la ve un mundo
, ·1·· f ,
a ' a transfigura en
mas al a ue d l
'
poema de S
J
'
ra e os sentidos
.El ,
or uananoe·'
bll . . .
rea l1dad, es la 'ép · d l
. s cm e ec1m1ento de l·
zca e pensamiento' (Paz
a
qu e Sor Juana Inés de la C
, .
' 1998). Es por eso
ruz es un1ca
nor mas establecidas de l
,
, porque transgrede Ía.&lt;,
·
a poes1a ncg ·,
d l
negación de su época.
, ,
ac1on e barroco, v
,1 L1

Sor
después de h-a b er escnro
. su
.
. Juana
d
P .
se re t ira e las letras y se f .
. poema rimero sueño
re ug1a en el silencio

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. j Re1..

961

�UN PARAÍSO SIN TREGUA

I

Lic. Raúl Sil"ª Mauricio
Facul rad de Filosofía y Letras
UA.Nl..

Los aconrec1m1entos sociales son regisrrados por la Hisroria con
cierra objetividad, la de un grupo (si romamos en cuenra que la Historia
la escriben los ganadores) o bien por aquellos que tienen la voz y la
posibilidad de dejar un restimonio que no siempre concuerde con el
discurso oficial (si remamos, por ejemplo, un par de libros de Francisco
Bulnes: Las grandes mentiras de nuestra Historia). A medida que avanza el
riempo se puede volver hacia los sucesos anreriores para observar y
proponer un panorama más amplio, siempre buscando la objerividad en
función de visualizar y prever a fururo. Esto sucede en la Hisroria. No así
en la Lirerarura. En ella nos enconrramos con u entramado de elemenros
donde se desafía a la realidad. La lirerarura restifica y a la vez sugiere,
propone y se deslinda, dejando al lecror con un panoramJ que si bien
pudiera ser el detonante par:. visu:.liz:.r a futuro, en esencia nos conduce a
la comprensión humana .
Cabe lo anterior para abordar una obra que sugiere y a la vez
testifica, que da fe y al mismo tiempo desafía al discurso 011cial con una
serie de hechos recurrentes, con acontecimientos que se han suscitado en
nuestro país desde la caída del Porfiriaro hasta hace algunos afias: los
movimientos armados. El libro Guerra en el paraíso parte de la
insurrección y nos acerca a la lucha guerrillera de los :.ñas 70. el rema de
la novela es parre de un hecho social que cabe analizarse desde la ficción
literaria, o bien desde el envés de la información que se conoce en la
acrualidad. Pero por encima del c:.rácter documental o hisrórico no deja

�.•

de ser una obra literaria de 1mpon,111cia rclc\',ll1tt par.1 comprcnd&lt;.:r el
siglo que hemos dejado atrás.
_
Public1da en 1991, la no\·cla abord,1 los convulst\'OS 1110111&lt;:ntos &lt;l&lt;.: la
década de los 70, cuando b presencia csrndiantil y la guerrilla rtsurgian
luego de una brutal represión en aí10s anteriores. La dcrvescencia
mundial del comunismo v el activismo de Li juventud como uiu parte
determinante del rumb~ social, vinieron ,1 detonar los impulsos
progresistas de una sociedad que aún resentía el _de_rrumbe de tabúes
familiares y de roles sociales de género, que se rc.:s1sw a la apertura de
nuevas idciologías. En aquel entonces ya el gobierno l1.1bía aceprad_o la
responsabilidad en la represión del 2 de Octubre de 1968. la imp~1~1dad
reinaba al interior de la administración feder.1I. Grupos parairnlrtares
lidereados por profesores rurales hicieron de la se lva su guarida,
reaccionando ante la represión de que eran objeto por p.irre de las
autoridades. Así es como surgen en Guerrero la Liga Revolucionaria del
Sur Emiliano Zapara, que comandó Genaro Vázquez Rojas, y El Parrido
de los Pobres, cuyo líder fue Lucio Cabañas.
La rebelión, se gestaba a partir de las desigualdades étnicas, los
conflictos por la tierra y la dominación inhumana de los terratenientes
con el campesinado. Los campesinos apoyaban de múltiples maneras, con
una presencia activa en los operativos de ataque . y desar~,e, o bien
participando de manera más discreta, filcra~do rnformacio~ en las
comunidades, abasteciendo de alimentos a los rnsurrectos y sirviendo de
contacto para nuevos adeptos. Por otra parte, en varias_ ciudades de la
república se manifestaba b actividad subversiva por medio de at_enr~dos,
secuestros , donde la licra
comunista 23 de sepuernbre desestabdrz.o. por
b
mucho tiempo la tranquilidad y la conciencia colectiva de empresanos y
funcionarios de gobierno.

II
La novela se desarrolla en el marco de la agitación social de la que ya
hablamos, con retrospectivas que acentúan el ambiente político que se
vivía en el momento. Sin embargo, más allá del contexto en que aparece,
es de suma importancia ubicar una constante en la estructura del libro. A
través de ella la trama se edifica desde dos líneas de análisis que se vuelven
inseparables eras su excelente enlace. Una de ellas 1~ constituyen los
diálogos, en donde mayormente se desarrollan las acciones; la otra, nos
describe más los ambientes y la conciencia de los persona¡es. A craves de

964

comunicados
, · .. v reumones
·
de
..
. de
. prensa ' de conversaciones relee1onicas
md1tares o civiles es como se edifican los espaci·os l . . · , e
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alt1ba1os emotivos que nos transmite h obra E
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. ncon tr,1111os que estos
recursos lrreranos posibilitan una vuelta a la e'poca . d ¡
·
c. · ¡
.
, a ec aracICrnes
onc1a es v estrategias de combate que se emprei1 d1'an a
·
·,
.
·
nre una s1tuacion
beligerante en las comunidades rurales del sureste de México.
?r~a- de las rutas que magistralmente emprende el autor para darle
veros1mrl1tud a los acontecimientos es la vasta do
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b
¡
. .
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cumentac1on so re e
tema. Especialista en problemáticas relacionadas con los g
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rupos rn 1genas
y con 1as act1v1dades md1tares y de las guerrillas Carlos M
¡
,
,
ontemayor
toma os capm:los c~mo catapulta para afianzar una posible veracidad.
Cada uno de estos tiene por subtítulo una serie de dí
e ¡
·
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as v rec 1as que
msertan a ector en el período histórico en que suceden los Í1echos. Ante
esto, el lector se deja llevar por la otra verdad p
¡ d"
d ¡
, or e 1scurso e os
sublevados.
Los
subtítulos
e¡·ercen
una
doble
cunc·o
,
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d
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i n, a e rn 1car el
nempo hmonco existente, y a la vez la de afianzar una conc.1
·, d
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1Irmac1on e
verosimt itu so re lo sucedido en el discurso novelístico.
Por otra parte 1~ retórica que nos presenta la novela, si la vemos
desde el entramado simultaneo y el efecto de simultaneidad no
· ·
¡ ¡
, s pue de
mvitar a eer a como quien observa un discurso cinematooráfico. Piens
en El acoraz¡¡do ~otemkin y Octubre, de Sergei Einse~stein, dond:
observamos lo antenormence dicho. El desplazamiento súbito que hay en
~ad,a uno de los _aparr~dos en los capítulos propone una superposición de
1'.11agenes del eme, sin que por esto se extravíen las bondades de la
!Ite,ratura. Por el c?ntrario, este recurso ensalza la maestría narrativa en las
1~agenes que sugieren y definen. Son valiosos los ejemplos del capítulo
prrmero,_ donde muest:a una de las masacres sobre los indígenas, sin dejar
de apreciar la sugerencia de los hechos como una revelación literaria
Y con su vientre de embarazada, pequeña, pegada a la
espal~a que olía a srzlado, a sudor, hundía un pequeño
prcahrelo una vez y otra. No vio que el otro agente se
incorporaba del suelo. No vio que desenfundaba. Sólo sintió
que algo caliente, muy rápido, la surcaba por dentro y le
'"!pedía gntar. Inclinó ligeramente fa cabeza, se tomó ef
vientre con fas manos oscuras, sintiendo por dentro la
cnatura que se movia y fue cayendo suavemente, como si
pensara en algo propio, íntimo, y fuera a sentarse para mirar
algo simple, bueno. la sangre le fue manchando la ropa con
prisa, a borbotones, saliendo de su cuerpo, de su boca, junto
965

�al cuerpo amorfo de su marido, sin oír Las detonaciones del
arma que la había derribado, que La había dejado así,
quieta, silenciosa, mirando con Los ojos vacíos el oleaje de la
multitud que trataba de huir" (Montemayor, Carlos, 1991,
p.19).
Una amplia cantidad de aposiciones y una larga cadena de oraciones
subordinadas circundan el cuerpo de la novela. Esto fortalece la
incertidumbre e la que está inmerso el personaje de Lucio Cabañas y su
grupo subversivo. Los espacios en donde se desenvuelve la guerrilla, aún
al aire libre, resultan intimistas y nos llevan a comprender las
motivaciones y acciones de los personajes. El ejemplo mas claro lo
encontramos en los capítulos finales. En esa parre el transitar de la lectura
se da en dos espacios, el perteneciente a la selva, donde la guerrilla lucha
por avanzar a otros pueblos, y por otra parte el de los militares , que
intentan a roda costa acabar con el levantamiento. Es importante ver
cómo se desata las acciones a partir de los constantes diálogos de la
milicia, y cómo a partir de éste recurso vemos el avance en la selva, el
movimiento del depredador que va sitiando, cercando a su víctima. Aquí
la escritura se vuelve más dinámica. Fluye. Mientras que en el lado
opuesto, en la selva, el recurso narrativo de las descripciones y la
contemplación en que está inmerso el personaje, denotan al animal
herido, a la presa que en su lento andar no vislumbra ya una nueva
huída. La lectura en coda la novela gira alrededor de ésta bipolaridad. El
discurso de los marginados se detiene gradualmente, incapaz de hacer
frente a la vodgine del autoritarismo, a la velocidad de represión y de
extinción que tienen los mecanismos oficiales. Así, la dialéctica narrativa
nos lleva al final de la novela, donde el personaje yace acorralado y se
refugia en sus pensamientos, vulnerable, a merced de lo que desde tiempo
atrás se presencía: su muerte.

III
Si nos deéenemos a observar Guerra en el Paraíso como una obra
testimonial de la li teratura mexicana, estaremos en lo cierro. Si acaso
optamos por una lectura sobre la recurrencia de las sublevaciones en el
siglo XX, acertaremos en nuestro juicio. Y si nos detenemos a contemplar
las desigualdades sociales, los abismos en que nos ubica la diversidad
geográfica de México, la 111¡ust1c1a que pre\'alece hacia las clases
966

marginadas, y sobretodo la habitual z·nd·c
.
1rerenc1a
con q ue rransttamos
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l
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erec o a ser, aunque
emno pre ecz le
,
termia siendo el peor de los de t.
.
' u parazso que se aleja y
s tnos post 61es.

Bibliografía
Bulnes, Francisco, Las grandes mentiras d.
.
Nacional, México 1951
e nueSt ra Historia, Ed.
Montemayor, Carlos, Guerra en e/para/so Ed 0·
M, .
'
· 1ana, exzco 1991.

�EL HOMBRE Y LA CULTURA EN THE KAIZ0

1

Fernando Robledo Isaac.
Centro de r.scud10~ Humaníscicos
Soc1cc.hd Rcg1omontana de Filosofía.

Corresponden al libro que rese110 aquí, una se ri e de arrículos
preparados por el magíster Husserl a la revista japonesa The Ka izo.
Durante 1922 y 1924 se sabe que la fenomenología tenía bastante
aceprac1on en Japón; incluso desde entonces los filósofos
japoneses asistían con frecuencia a las clases y seminarios de E.
Husserl y M. Heidegger. Aclaro que por esta época, la producción
fil osófica (a saber muy fecunda) &lt;le! fenomenólogo , se orientó
hacia los signos del tiem po de la Europa de aquel momento'. El
tema de los artículos se inspira en el nombre de la revista The
Kaizo' que se entiende como Renovación, en el sentido filosófico
ético ~- religioso.
El libro está formado por cinco ensayos: I Renovación. El
probl ema y el método. 11 El método de investigación de esencia.
II Renovación como problema ét ico individual. IV Renovación y
cien cia. V. Tipos formales de la cultura en la evo lu ción de la
hum anidad.
El último ensayo nos permitirá co nocer la obra global y el
sentido de reno vación al que se refería Hu sserl: "mi rema se refería
al título de la revista Renovación. Renovación en el sentido de
conversión ética y de configuración d e una cultu ra ética universal
969

�de la humanidad".' Esca reílexión conduce a la imperiosa
necesidad de una metanoía originada en H usserl a causa de la
guerra. "Lo que ha puesro al descubierto la guerra es la
indescriptible miseria, no sólo moral y religiosa, sino filosófica de
la humanidad." \ La guerra lleva a Husserl a comprender lo que
sign ifica un a d eg rad ación de los auténticos valores culturales,
"Toda, ci en cia, arte, y cuanto siempre ha po:iido ser considerado
como bien espiritual absoluro, se conviene en objeto de
apologética n acio nalista, de merca do y de mercancía nacionalista,
de instrumenro de poder." Es la guerra el pecado más universal y
profundo de la humanidad en toda su historia , pues ha puesto a
prueba codas las ideas vigentes en su impotencia e inautenticidad.
La guerra del presente, convenida en guerra del pueblo en el
más esrricco y horroroso sentido de la palabra, ha perdido codo su
sentido ético. Aquí es donde apunta Husserl la urgencia de una
"renovación ét ica-política". Esca aportación de la fenomenología,
sobre el contexto de una sociedad con necesidades reales (valores,
religión, co mpromiso mor,d de las personas como responsables de
la transformación renovaci ón constante de la cultura, que
determina el ser y las formas de vida de dicha sociedad).
La cultura filosófica va a apostar por procesos de educación
que formen éticamente ciudadanos que fortalezcan la sociedad
civil y humanizar en todo momento los avances de la civilizaci ó n.
En base a la obra tardía de E. Husserl (La criús de las ciencias
europeas; y las últimas public.tciones de sus inédicos) podemos
re al izar el desarrollo de \Js ideas contenidas en estos artículos que
componen Renouació11 del Hombre y La Cultura.
El punto de partida de escas lecciones es su diagnóstico con
respecro al olvido de la tradición filosófica po r causa del
positivismo científi co: " El dominio de esta fi losofía [la del
idealismo} sobre los espíritus fue remplazada por el dominio de las
nuevas ciencias exactas y de la cultura técnica determin ada po r
ellas"·, la ciencia de la época hace exclamar a Husserl: "¡Q ue
inoportuna es la farisaica justificación de las cien cias exactas, que
injustos los juicios despreciativos ;icerca de la filosofía por parte
de quienes han sido educados en las ciencias riguro~as &lt;le nuestro
tiempo!"
Husserl se inte resa por la diferencia que luy e n tre naturaleza y
espíritu; en part icu lar sobre la diferencia entre naturaleza y

ciencias del espíritu • ,,tn
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u~serliana
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�pr,1ccic.1 comun11.ir1.1 y sociJl. 1..1p.1L lle llc\',lf .1 L.1bo un.1
renovación del hombre y de "1 c11lt11r,1; rpoc,u Jiloioji',z) pu,·rlrn
logr,ir este cometido) Fn est.1 rcI101•,1n o 11 ~e 111.111d1e,t.1n l.1s
posibilid.1des in-finit.1s del ser hununo. no ,óln 1.01110 indi\'1Juo:
sino como miembro de un,t culrnr.1. pue,10 que en ell.1 se ob¡et1v.1
l.t unid.id de l.1 v1d.1 ,11.Ci,·.1, Je l.1 hum.1n1d.1J. de un,1 epoc.1. de un.t
nJción en gener.11. del mundo de l.1 \'td.1.
Es por tJnto neces,rno un.1 ct11.J com11cuid.1 .1 p.1rcir de un.1
in cencional idad fu nd.1cion.d en hu 111.1 n id.1J. i ust ici.1 como e4 u1d.1d
y racion.1lidad en los diversos .1mh1cos de l.1 vid.1. bte scr1.1 el
sentido pleno de un.t rnlturrt flosof,úz donde se des.u rolle un.1 1&lt;le.1
celeológica de n:nov.tción conrinu.1.
H~1sserl termina los ,trtículos prcvi~1os p.1r.1 l.1 rcv1,r.1 Fhe
Kaizo con un .1pret.1do resumen sobre l.1 cvoluuón de l.i cullllr.l de
Occidente, comenzando por las religiones n.1cur.1les. p.1s.1ndo por
el cristianismo y su dcs.1rrollo en la Ed.1d ~1edi.t. observ.1 este
problema desde l.:i filosofía como cicnci.t c\trict,1; en este senti do11
es un vtistrtgo perenne de l.1 llus1r.1t.ió n y los ide.1lisc.1s .1lcrn.111es.
"L1 acción sigue al conoc1rn1enro .1utencico. ',-\l conocimie nto
,rncénc ico', es decir: sólo quien por su propio estuerz.o teórico
sobre la razón ha ganado p,Ha sí b perfrcc.1 cl.rnd.1d de la norma,
sólo él posee ese conocimien10 auténtico que motiv.t re.tlmcnre a
1
la volunrad." :
Y es que ob~ervar \Js normas generales o mejor dicho las
formas activas de los actos de la concienci.1 alr,1menre desarrollada
es desde la religión; ya que "La Religión no sólo es el conjunto de
los aconrecimienros regul.idos de la exiscenci.1, de los precepros, de
los cultos, ere. l... ] significa más bien el estadio superior de la
cultura mítica." 1' La religión en cierrn sentido se c,1r.1cteriza por el
hecho de que de ella dcYiene un poder ~ocialmente org,rnizado,
que además no se circunscribe a algunos aspecrns de b vida, si no
que aspira a tomar ca rgo de l.1 vida encera. ' La peculiaridad de
una culrnra ccocrácica escriba justamente en que la religión no es
un dominio particular de la cultura, sino la norma que informa la
cultura y la vida en su conjunro, pues consideradas en concrero,
canto la vida sujeta a norm.1 como b vida religiosa coinciden.
En la figura de la conciencia religios.1 medieval del encuentro
de los dos movimienros culrnralcs que he diferenciado (cufrura
griega y expansión planetflrirt de la rel1g1ó11 cmriana). Ahora coda
972

norma de ~alide1. ha de interpretarse en sentido reli .
. ,
,
lo teocentrzco necesita de la are· 1 . , . 1
g1oso, aun as1
1 f "I
icu ac1on tnce eccual del le
. d
a e; · a teología
deviene a caus ª d e e 11 o en c1enc1a
. .
ngua¡e
e
·
·
1
rn d a. c1enc1a soporta un índ1'ce ceo Iog1co
' . ,. 1, L
u111versa
y
· d
d
hacia
, . espec111ca
,~
a acucu
. . la fe da lugar a una critica
de
1
, mo, .erna
religiosa, que debe fijar las formas esenciale 5
a ra_zon et1ca y
de esca razón. "Esca acritud mo d erna h ac1a
. IY las
f posibles
· ·e-.límites
rechazo de la fe como e
.
.
¡· . a e no s1gnmca un
xpenenc1a re 1g1osa com
rechazo de los contenidos e senc1a
. 1es d e 1a ,f s· o ·e-.tampoco
pretensión de libertad de deci· ,
I
e. ignwca una
.6
r si o no a a fe
1
errad
de
decidir
frente
al
aceísmo."16
'
'
Y por tanto una
1
De
.
.
. esta
. . forma se conserv·i' y cr,0 menta cierta
pno
·d d 1 , .
ye-.· 1a ¡ust1c1a; por lo canto som os responsa 61 es m' n 11'a da l al'er1ca
.
r1Jado por una ley ob¡·eciva N
as a a e imne
H
1
,
. . o nos corresponde el señalar E
usser
de .meS1as, funcionario de la h uma01·d a d O m ¿· d ª d ·
•
e 1a or e
Orzente-Occzdente.

Notas Bibliográficas
'. Edmund l lusserl, Renomción del lfombre v f I .
.
Edilori~I. 13arcdona. 2002. 106 pp. En cocdic,i: a ( 11l111ra c_mco t.~nsayos. An!hropos
l luman1dadcs, Universidad Autónoma \I.
1 con la D111s1on de C,enc,as Sociales ,
,r.
.
' l.:lropo 11ana-l11apalapa M, ·. r·
.. ·
, 111¡sat:e 1111d I ortrci"e (191?-19) 7) //
/
.
' '· · c,1co. llulo ong1nal·
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Para este comcntar"tl&gt; la, Ira ducc1on
. , del . prpp.
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.. ¡.. ¡ hr un/ :I ufsat:e uber
icnomenologo cspat1ol Agustín Serrano de l laro ..:1 e.
. ocn e ' ro corresponde. al
fenomenológica. tamhii:n ha !raduc ido al ca•t ·II.'
s. lprolundo conocedor de la filosofia
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·' e .ino a a gunos fcnom •n0· 1
d. ·
, : ~ ogo~ ) 1sc1pulos
d irectos e 1mponancia pruna. Su más reciente.: traba· Lecct0nes de f-'e110111e11oloiía de la Con.,,
I . JO sobre Ldmund l lusscrl son· Las
Madrid 2002. 173 pp. Es importante mcnc,'o~~~wt1 ' 11,_e,
del 7,empo en l·.ditorial ·¡ rolla.
(t) Miguel García-Barú Ja1 icr San ~1 ·1r1· • 4 _e rS.ira el .\!1111do lberoamencano José Gaos
•
•
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• ' In . .-,l!uSlm . c.:rrano d, 11
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Y Guillermo l lo, os Vál.quc, Son las r ·rso . ~ . .
t: aro. nton10 7mon Qu, ano
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Y su obra. entre nn 11· poco, /\li•llllllS 'l&gt;ll 111
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.
' · ,•·n "•¡.cm,1n1a
, Ru,n , los ca 111 h
.
ad··ni·ts
d.e 1J muerte d · s · h · \\'
' · •lf ·
ws rost.:nores a
1a Pnmcra Guerra \ tund,· •il
' •
'
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perdido la, ,da en esla misma guern , \1 ·I ll· -~ . u IJO o gang l lusscrl. que hab,a
. .
'
. , ,gu~
,m;1a-Baro 1/uvs1,rl l'á, 11 1 d .
· ·
·
'g. . ·. ,c,ones dd
Orto.. [3 1bl101cca filosólica. Espaiia. 1997
3
Gu11lcrmo l ln)OS Vúquc,. "l.a i'-1,ca Fenomcnol ·
.. .
'
Hombre\' de la ( ·u1t11ra. Cinco cns·1, os ¡: 1 /\ ti
ogl1,ca . Pag \ 11. en Re11ornuó11 del
4 Hovo
O e
,
.'. .. t . n iropos- A\1 llan:dona "'O0•
. . s. p. H.. pag. VIII. llu. serl c11ado de una car!
\lb S - citada por los edHorcs de 1/usser/,ana XXVII
' a a' ert. ch11c111cr (28-7-1923).

"ª

5

lb1d .. Pág.. XI
!bid .. l'á11. XV
1
lbid Pág. XI V

6

�8

lbid., Pág XVI.
G. van der Leeuw. Fenomenología de la Religión, Pág. 642. Ed. FCE México. l 964.
10 E. Husserl. Ideas Relativas a una Fenomenología Pura .., Pág. 82. Ed. FCE México. 1949.
Trad. José Gaos., lª Edición.
11
Fichte principalmente.
12
Ibid., Pág. XXV.
13
lbid., Pág. 66.
.
.
14 El manantial filosófico de Hegel había explicado ya ampliamente que los puc:blos hab1an
dado forma a la conciencia de la civitas dei que acompañaba armónicamente su devenir
histórico. En el mismo sentido Husserl acompaña a Hegel en las manifestaciones de la
religiosidad y la vida del espíritu helénico y todo lo correspondiente al mundo hebráico.
15
Ibid., Pág. 77.
16
!bid., Pág., IOl.

q

LA CONCIENCIA INTERNA DEL TIEMPO

Pedro Cort~s Rodríguez
Círculo L:icino:imcricano de Fenomenología

Ser - 111111 cosa, pero n,1d11 ente.

Tiempo - u11,1 cos,1, pero nada temporal.
Tiempo v ser
\1. Heidegger

Martín Heidegger estuvo al cuidado en b edición de las Lecciones de
fenomcnologla de la conciencia interna del tiempo que Husserl publicó el
año de 1928, no obstante, tales Lecciones ya habían tenido exposición de
aula en Gotinga por p:me del filósofo de Moravia durante el semestre de
invierno de 1904 y 1905. Allí, Husserl se refería a las Lecciones como una
parre complementaria de las Investigaciones lógicas. Las Lecciones llegan a
ver luz pública, justo cuando había trascurrido un año de la aparición de
Ser y tiempo en el volumen VIII del Anuario de ji!osofta e investigación
fenomenológirn fundado y dirigido por Husserl. Además de lo
significativo de esta comparación, cabe apuntar que en la preparación de
las Lecciones tal y como las conocemos colaboraron con esmero: desde
1917, Edich Stein en la sugerencia de subtítulos y ordenación de los
aparatados en parágrafos; y durante 1926, Ludwig Landgrebe en el
1
tratamiento de los índices analítico y de contenido.
La clásica interrogante de qué sea el tiempo, nos involucra de
manera inmedi:ita en la categoría central para el análisis del ser histórico

,..

974

()75

�pues representa la categoría ineludible al hacer y al pensar la historia
vivida o relatada. En el análisis fenomenológico de la conciencia interna
del tiempo realizada por Husserl, la cuestión predominante de su
reflexión consiste en cómo se llega a constituir la conciencia interna del

1

'

nempo.
El tiempo se constituye en la conciencia, y al saber que es así, nos
confunde el origen del tiempo. Entramos en la paradoja que Husserl
identifica entre el tiempo objetivo y el tiempo subjetivo. Mientras el
tiempo objetivo es aquél que cuantifica nuestros actos; el tiempo
subjetivo es en el que la cuantificación desaparece. Los instrumentos con
que contamos para medir el paso del tiempo como el reloj o el
calendario, son una muestra de nuestro modo de asumir el tiempo
objetivo. El tiempo subjetivo se nos da en la conciencia, cuando
reflexionamos sobre él, pues la reflexión es inmanente, y en este sentido
el tiempo objetivo discurre sin importar su cuantificación, su carácter de
más allá -de exterior a lo inmanen te- implica que su ocurrencia aparezca
de modo trascendente.
El cuestionamiento del tiempo objetivo pone de relieve el ámbito de
la duración como el horizonte subjetivo en que pensamos las tres
dimensiones de b temporalidad: pasado, presente y futuro. Si el discurso
historizante dentro de sus eres paradigmas teóricos, privilegiaba en la
antigüedad el pasado, en la modernidad el futuro y en la
concemporaneid:id el presente,
la sobrescimación de un:i. de bs
dimensiones resub junto a Husserl alc:i.mente cuestionable :i partir de la
consideración subjetiva de la temporalidad.
En el orden segmentado de la temporalidad configuramos con
ingenuidad desde la unidad mínima a la unidad máxima de medición. En
este esquema vivimos regidos por una crónica cadena de la antecedencia a
la secuencia: de los segundos a los minutos, de los minutos a las horas; de
bs horas, los minutos y los segundos a la nuñana, de la mañana a la
tarde, de la carde a la noche; de la mañana, de la tarde y b noche al día
del día a la semana de la semana al mes; de los días, las semanas y los
meses a la primavera de la primavera al verano del verano al oroño y del
ctoño al invierno; de la primavera, verano, otoño e invierno al año del
año al siglo y del siglo a la época.
En la cadena objctiv;i de la anrecedenci:1 y b secuencia no se
contemplan más que dos &lt;lirncnsioncs de la temporalidad, el pasado y el
furnro, en ellas no se pierde la linealidad del tit.:mpo ni la circularidad,
más bien por ellas se unen. El segmento temporal se cnlaZJ. por su
') ] {,

carácter
.
. 1 de periodo , momento ' 1apso, era insta
t P . ·¡ .
c1rcu ar al pasado Y en lo 11·
1 l e:
'
n e. nv1 eg1ando en lo
Ah
. .
nea e ruturo.
ora bien, la dicotomía natural que sur d d'
.
reclama el recurso de la inruicz·o· d I .
ge e tcl1a 111genuidad
.
n e tiempo· sea
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que es el tiempo o que no se sab 1
.
para sa er que se sabe lo
,
.
, e o que es, o se sabe l
sa be como, o bien, la intuición d 1 .
o que es pero no se
e
d'
e tiempo como al
rorma irecta sin ambages o n11·stenos
. La d'JCot , go, que
• dse nos da de
e
asumir
lo
rempóreo
se
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.
.
om1a
t1p1
ca e este modo
d.
,
ractenza por opone
simple y sencillamente por inclinºr·s h .
r una cosa a la otra, o
.
. .
" e ac1a uno de su
¡
. .
o d isconr111u1dad, tradición o
.,
s po os: conr111u1dad
P
rcnovac1on, coyuntura o ru t
ero, ¿_p or qué no considerar la reflexión sobr ' · p ura.'
todas sus dimensiones y dicot
, , ·P
,
e el tiempo incluyendo
.
.
om1as. &lt; or que no
1 .
a
mtu1ción
y
la
subJ.ctividad'
p
pensar e nempo desde
1
. ,
· ongamos entre
'
· d
m1remos!o desde su per.fii! c
. .
,
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onst1runvo ·como
.
descartamos que el ser del .
(
v1venc1amos el tiempo? Si
.
.
,
tiempo no se agota
1
.
.
en os paradigmas
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.,
'
e o Jeto 111 del l
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tam b zen que se constitu '
, .
'
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1 .
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. .
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.
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J v1 a e conc1enc1a actual
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: L~ss~r sena a que estos
'
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es e un entonces y después
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.
. . , ,l o, presente-presente v
..
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11 o 1,l· C\'0C'lCton
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.
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1a temporalidad se '·ios ¿.'ll
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Tanto así, que la histori1 \' e··] 11·
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.
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1
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.
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, &lt;:rJ. nos queda de ma11d1cm&gt; u11 ur1'ct
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1 e
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·
..
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· \.·iene• d ad. o
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.,
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. .
·epuon onn1na11a. - ·
. .
. lo que se denon111u perc
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::, 1 i· l· . h conc1enoa como un
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reproducida desde los onzontes
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lo suceden. Las intenciones vaCias a
al suceso srno que
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\(ante»ce den
¿· . ·ones opuestas» .
.
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·Cómo entender esa d¡r~ccwn o_p,u d
«haber sido-percibido»
'
1 gnif1caC1on e un
.
a si
pre"ente. Al devenir presente
Presente lo pasado'l toma
d
modo se torna
.,
.
pues el recuerdo s.o o e ese\ b , de ser percibido» pues la expectanva
lo futuro concebimos un " a ra
978

adviene justo cuando se hace presente. Algunas palabras más atrás
insinuaba una toma de postura ante la parcialización de una sola de las
dimensiones de la temporalidad con respecto al discurso histórico.
Retomando un poco esa insinuación, y siguiendo en gran medida la
fenomenología husserliana, afirmaba que no hay motivo justificable para
exceptuar alguno de los horizontes de la temporalidad cuando nos
dedicamos a pensarla, pues al cuestionar el primado de cualqu iera de las
dimensiones temporales en la concepción lineal y circular -a fin de
cuentas geométrica- se esfuma del supuesto de entender exclusivamente
de esa manera el mundo temporal y por ende el mundo histórico . Nos
damos cuenta que al dirigi r la mirada, y al enfrentarnos en intuición
directa con el decurso del tiempo, se nos presenta esencialmente como
una fusión de horizontes en la que confluyen pasado, presente y futuro.
La figura de la que me valgo para expresar este punto de vista es la de una
catarata en la que desembocan dos ríos fluyendo en dirección opuesta.
Uno de ellos representa el pasado como el horizonte de las vivencias y el
ot ro el horizonte del fu turo en que surgen las expectativas. El presente
por su parce quedaría representado por esa catarata como un punto en el
vacío donde se jun tan y desembocan vertiginosamente el fluir de las otras
dos dimensiones. Con este orden de ideas descartamos coda línea o
círculo temporal que nos obligan a concebir funestos Apocalipsis o la
monotonía del Eterno retorno.
El argumento que juzgo más convincente para desacredi tar las dos
posturas citadas, radica en que al considerar el ser histórico como un
ámbi to de sentido jamás agorado en una de las dimensiones de la
temporalidad, afirmamos un marco de significación que reconocernos en
el andamiaje del mundo cultural donde entran en conflicto lo explosivo
de sus diversas formas junto con todos sus contenidos de canonicidad y
de crisis.
El ser del tiempo no es esto o aquello, no se dice de muchas
maneras, no es primero testimonio, luego objeto o únicamente lenguaje
corno lo presume el historiógrafo. El ser de lo temporal lo
experimentamos cada cual en nuestra conciencia para darnos cuenta de
que tenemos una historia vivida y cuya intencionalidad no podernos
asumirla corno una cadena de antecedencias y de sucesiones imbricadas
en fatal y divertida obstinación, o como arrojamiento supersticioso al
infinito.
La imagen ageomérrica de las dimensiones de la temporalidad
representada por una catarata, se apoya en alguna medida en la
979

�fenomenología husserliana que entiende el tiempo como un fluir de la
vida perceptiva\ "las fases de ahora de la percepción -señala Husserlexperimentan continuamente una modificación; no se conservan sin más
tal cuales son, sino que fluyen. Se constituye así lo que llamamos
hundirse en el tiempo."- La percepción así como la evocación articulan la
corriente de vivencia en el fluir de un ser histórico que reflexionamos
desde aquí y ahora sin desconsiderar su antecedencia y su secuencia. El
hundimiento en el tiempo remite a ese vacío en el que los ríos vienen
apretujados desde el pasado y desde el futuro a precipitarse, para
conformar una visión en la que nos abrimos panorámicamente a
subjetivar cómo sentimos y pensamos el mundo acorde a su
temporalidad.
El tiempo actual en particular, y los tiempos históricos en general,
son signos que articulamos sintáctica, semántica y pragmáticamente. En
la esfera sintáctica porque percibimos lo ya andado dentro del entramado
de su formalidad. En el sentido semántico porque implica
responsabilidad ante el mundo en el que nos desenvolvemos. Y en
dirección pragmática, porque demanda b valoración acerca del telas de la
humanidad.
Pero una semiótica del los tiempos se quedaría corta si no asumimos
que el vivir individual renga que renunciar a dejarse atrapar por las redes
de una lógica en la que se sobrestime a grado absoluto cualquiera y una
sob de las dimensiones de la temporalidad. O peor aún, inclinarse por
una de sus posturas optando por la salida de emergencia hacia el umbral
de la irreflexión para remedar a perpetuidad el ritmo automático de la
historicidad.
Así es como cada experiencia individual en el orden de la
temporalidad, nos exige subjetivar el tiempo como una correlación
intencional entre pasado, presente y futuro de tal manera que configure
otras posibilidades de poner en cuestión b concepción del tiempo lineal y
circular. Nos relacionamos con lo que vivimos en el pasado ¡nra aprender
a olvidar y no para atormentarnos con un mejor conocimiento de
nosotros mismos. os relacionamos con el presente porque el deseo de
gritar que nuestro ser histórico experimenta su vida propia con
intensidad. Presagiamos el furnro para asegurarnos las condiciones de
posibilidad de un mundo en donde la duración es nuestro ensueño.
Parafraseando el inicio de La prosa del mundo de Mcrlau-Ponry se
afirma que hace mucho tiempo que se habla sobre la cierra, y las eres
cuartas parces de lo que se dice pasan inadvertidas. Por ello nos resulta

indispensable no deJ·ar inad
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:~:o~co, asume los prnblemas ,:;;~;::ala cultma en emicto sentido

~:~o~

recla:aª
,cara~terizado aprendiendo ;/1~/~mp?ralidad encendida
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ex1011 mrnarcesible
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co_mo u1:1anos.
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porcun1srno histórico sino
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hacia lo distinro PEl v1v1dos d_esde nuestra sensibilidad
consd1~er~r la
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oporru111srno tien
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y enten 1rn1enro
Idens~;1enro se apropia ilícita menee d/ l su ugar allí donde la falta de
enn icar y señalar las farsas d I
o que no le corresponde e
quehaceres reflexivos y al o d I e ser, con~ticuye uno de n~e p ro
resuelve pensando nuestro ~empeo que. g~~u111a e individualmenttºs
Sll1 preJ UICIOS.
se

~

Notas Bibliográficas
1

Estas lecciones se pub! icaron . .
llu_sserl. aparecieron con el o~1gmali~ente en el volumen IX del
..
Ze11be1r11ss1se1ns (hsg M r¡ . !!lulo I orlesungen ::ur PI
Anuario dirigido por
•
· 1 • r e,dcgger) ·I
wnomenoloo · d
.
e,gcr (Munich)· Alexandcr Pla~~d . e Anuario
con1aba con corres 61e ¡· es mneren
.
G ,
erlin) ) corno edit 1\1 . . n er (,\ilun,ch). Adolf Re· h
_ponsa ,a de Morit1
(8
t d
..
or ax N1emcvc 19?8
inac (Gotmga) J\,I
ra ucc,on de ellas corno r.
• r.
.
En
castellano
19 r enomenoloa · d
•
contamos co· ax Scheler
.
) y traducida Otto E L
i
.,,10 e 1a conciencia del'
. .
n una primera
9
tiempo
en Husserl \" e~ 1~ng dder,-_ en CSla versión se inclu\'el:mpo 1:1maneme publicada en
traducción a la q .
e1degger de (1 onne Picard B •
ma_n~ra de introducción ··El
ue nos refcnre
· uenos Aires Ed. ·
enomenologia de la c
. . mos en este comentario corr .
. - llonal Nova. La
finotas del fenorneno' lo onc1encta 111/erna del llempo d1.: la rcc· esponde a las Lecciones de
eo español A
• .
·
1cnte tradu · ·
otras obras de Husser~ también h· gustm _Serrano de Haro. quien a an.cc,o,n. presentación)
La versión de las leccio11 . d S a traducido al castdlano a Jan p. t pck e de haber traducido
basada en Zur PI
e~ e errano de Haro. 173 pp " d .d ª. º. ª_) a llannah Arendt
wnomenolo . d
·• .v1a n Edito I T
.
{lusser/wna. ed. Rudolfl3ohcrn:g,~I- es inn~ren Ze11be1rnsstsei11; (!89;1a¡9/tta. 2002. está
Husserl. Lecciones defi
. , Mtmes l\ ,_¡hoff. Den Haag 1966
/ torno X de
J ~I
enomenolo~i
.
·
.
0 d I
1
usserl. Op. cit. . r&gt; . -., ~
e a conciencia ill!erna de liem1-?o
.
_
4 lb . f
r&gt; ) ·'
6
/( .. p. 68.

· ·

981

't.

�CANJE
Alemania
1

/bid.
77. idea destacamos con Landgrebe. el enigma de la subJ.:ti, 1dad hasta entonces
Sobrep.esta
oculto en.:\ sentido de su radicalidad a la tradición filosófica occidental. pues no es sino hasta
con el pensamiento de Husserl cuando la subjeti, idad se rc~eta como unidad de significación
que arroja inéditas expectati,as acerca del entendimiento ) la sensibilidad: ~ en particular.
como lo señala Landgrebe: sobre el jl111r de la r1da. Es de este modo como surge también la
tarea de pensar la historia y su concepto de temporalidad como problema fenomenológico. Cf.
Ludwig Landgrebe. Fenomenología e /11stona. tr. Mario A. Presas. Caracas. :vtonte A,ila

6

Editores C. A .. 1975.
, Husserl.
cit. 84. carres,anas. p. 41. 1a ed .. tr. ) pról. José Gaos {Primeras cuatro
Husserl. Op
.\feditac,ones
8
meditaciones). Fondo de Cultura Económica. 2a. ed. revisada y aumentada {respecto de la de
1942). cd. y tr. Meditaciones 1-IV José Gaos. pról. ··Historia ) significado". tr de la
Meditación V Miguel García-Baró. México. FCE. 1986. Otra tr. y pról. Mario A. Presas.
Clásicos del pensamiento. Madrid. Editorial Tecnos. 1986. la misma traducción con not. e
introd. en Salamanca. Ediciones Paulinas. 1979.

Ku!tur Austausch
l nsti tur fü r
Auslandsbcziehungen

o 52: 2102, 3102, 4102
No: 5.3: l /03

Argentina
Sapimtia
Pontíficia Universidad
c:itólica Argentina
Fac. de rilosofía V
Lerr.1s

Vol. LV, f-ascículo: 207/2002

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Chile
/ l11nt{l/l/(tlS

'o. 27/aíio: V]!··'No · _,
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Católic:i de Chile

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Colombia
Boletín de l,1 ,lrnrlmw1 Co/0111Ú1,111t1,

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2001

Cuba
Casas de las Am/rrrn.i

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11&lt;) , OCH¡·IC 20()1•
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España

Anales
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Estudios Sobre Educic1ó11

982

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�Universid:id de N:iv:irr.l
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Lspír1rn
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lnstiruto Filosófico
de Balmesiana

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México

No. :16. 2002.

FI Jerec/10 de 111111
Dn11ocmcit1 cos111opolit11
Universidad de Gr.und,i

No. 9"&gt;. \ 'o\ .2.2, 2002
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Lerrf/s de Deusto
Universid:id de Deu 5 t0

Esudos Unidos
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¡v[ichiga11 Awde/1/iárni , .
~1 ichi¡:;an Acadcm\' of Sc1rncc
Am&amp;lencrs

Analogía Filosófica
Centro de Estud ios de la
Provincia de Santiago
de México de la Orden
de los Predicadores

No. Especial 1O, 2002; 11, 2002.
Año XVI, No. 1, 2002; No. 2, 2002

Andmneús
Frayles Dominicos
de la provincia de
Santiago de México

Ario XII, No. 1, 2002; No. 2, 2002

Armas y Letras
Universidad Autónoma de
N uevo León

o. 38, 2002; No. 39, 2002;
No. 42, 2003

Cathedm
Facultad de Fi losofía
Universidad Autónoma de
Nuevo León.

It alia
Instituto Venero di .
Scienze Lettere ed Am
Francesc1 Rossi,
Mill'Altre Mamv1glie
Risttrette i11 i1ngwtissimo
Sp,:cio

\'ol. 98, 200 1

Luc:i Azzena,
.
Ordi11ame11ti, Provvisio111
e Riformagio 11i del Co11111ne
di firenzeVolganZZIW __ ~ _
da Andrea Lancia (13))- }))l)

\'o\. 99. 2001

Vol.%

María Oarío:
A11dré Sal/1/oll
María Oarío
André Salmon
..
Afie origini deffa 111odenuta
Poerica
Romr1nica Gandmsia

fondo de Investigaciones
Científicas, Flandes

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...............No.;XXX

984

Año 2, No. 4

Ciencia
Universidad Autónoma de
Nuevo León

Vol. V. No. 4, 2002
Vol. VI. No. 1, 2003
Vol. VI. o. 2, 2003

!11vestigación
Universidad de Monterrey
La demoacracia directa en Suiza
Universidad de Monterrey

2001
2000

Logos
Universidad La Salle

No. 88, 2002; No. 89, 2002;
No. 90, 2002

Memoria
De la Primera Semana
de Human idades
Universidad de Monterrey
Trayectorias
Universidad de N uevo León

2001

Año lV, No. 1O, 2002
Aí10 V, No. 11, 2003

985

�Vera H11ma11iras
Univers1dad La Salle

Vol. XV\l, No. 32, Año XVI. 2002
\'ol. &gt;-.'\'11, 10. 33. Año XVII, 2002
\'al. &gt;-.".'lll, ~o. 34, Año XVIII, 2002

Portugal

Vol. LX.'\'Vll, 2001

Boletim da Faculdade
de Direito

e llÍ\'eíSldade de Coimbra
No. 19, 2002

Revrsta cla Farnltlade
de Letrm
Filosofia
Universidade do Parco
como XXXV, 2002

Revista Portuguesa de
/,wórica
f aculdade de Letras
da Universidade de Co1mbra

Es1e libro se irnninó de imprimir en el
rrn:~ de scpriembre de 2003 en 1 .
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986

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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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              <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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