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INGos~

PAGINAS LIT·ERARIAS ·.DE

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1 J

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EONDO .oJ;. pi_¡TQb.J\

ME:XICO. Domingo 'J de Abril de 1889.
,.

Pequeñas habilidades.
EL cAso DE MR. TooLE.

•

Quise, á pesar de todo, llevar hasta
el fin la ventura, tanto más cuanto que
el mendigo me decía en ese instante
con su vieja voz humilde y quebrada:
-Esta es la casa, señor.
Deslizóse por la puerta entreabierta
de un edificio sórdido y se puso á franquear una e¡;calera rechinánt:I! con la
ligereza que había ya notado.
Me costaba trabajo s~guirlo en esa
oscuridad densa y ·nauseabunda. El ruido seco de sus muletas repercutía en los
escalones y me guiaba.
En el tercer piso el viejo mendigo se
detuvo: oi su tan_teo en la puerta, luego
el ruido de una llave que giraba en una
..:erradura.
-Un momento, buen señor, dijo la voz
cascada, voy á encendec una vela.
Trascurrieron algunos segundos. Des•
pues la luz incierta de un pédazo de se•
bo alumbró u_n cuarto que inmediatamente me pareció muy espacioso.
El mendigó se había deslizado detrás
de mí y había hecho sonar de nuevo la
cerradura: la puerta estaba cerrada.
Esperaba yo ver un cuartujo miserable, provisto de alguna silla coja y _de
un· jergon tirado por el suelo, en un nncon .... La pieza se hallaba amueblada.
con cierto lujo y el piso cubierto con una
alfombra elegante.
-¿Qué signilica esto? exclamé con
estupor. ¡Me ha engañado!
. Volvime hácia la puerta: El viejo había desaparecido: un hombre en la flor
de la edad, con una peluca blanca en.la
mano y con la cara· llena de arrugfts
pintadas, me miraba sonriéndose.
_
· -Parece sorprendido-, dijomc con tono burlon. Aun hay milagros en nuestros dias, como vd. lo ve; he rei::6brado
mis buenas piernas y mis muletas están
allí.
Señaló un ángulo de la. puerta.
-¿Y qué pretende de mi1 pregunté
por fin con bastante entereza.
-Que me preste su reloj, repuso el
hombre cínicamente. Casualmente el
mio lo tiéne el relojero y el de vd. me
ha parecido de algun valor. ... ha de
andar bien.
-¿De veras? ¿No desea 11ada más?
pr~gunté con ironía.
-Si, deseo tambien su cartera. Estoy
en est~ momento un poco escaso de recursos y no quiero abusar del crédito
gue tengo con mi banquero. .
~¡Miserable!-exdamé mTOJándome
sobre el bandido.-Abreme esa puerta
y dé)ame salir.
En suma, no era m::ts que un hombre
y una lucha de hombre á hombre no requiere un valor extraordinario.
Pero mi pseudo-anciano c:~trajo un
revólver jle~lsillo.
-No, ~nttlndome, el reloj y
la cartGra primero.
Retrocedí. La indignacion y la cólero
de haberme dejado prenáer en ese absm·do lazo me extrangulaban, pero ¿qué
podia hacer entónces contra aquel hombre armado?
De pronto ocurrióseme una idea ....
-iBribon, te he atrapado!-dijo de
súbito una voz ronca detrás del mendigo. .
Volvióse éste vivamente .... Aproveché ese momento para saltar sobre él y
arrancarle el revólver de las manos.
-Ahora me toca á mí-grité ponién:
dole el arma bajo las narices.-Abre esa
puerta ó te traspaso el cráneo.
·
El ladron me mir.aba con aire estúpido. Era un mancebo r~suelto, indudáblemente. Pero lo paralizaban el revólver y la voz inexplicable para él. Refunfuñando sordamente como un dogo
abrió la puerta y la cerró tras de mi
con ~iolencia.
Encontré la escalera y descenc!í á la
calle· de allí me encaminé con rapidez
háci; el Stand. Llegué con ·media hora
de atraso al teatro, donde era grande
la inquietud provocada por mi ausencia.
He conservado d r~vo\ver como tributo de guerra. Ya ve vd.-concluyó
Toole,-quc mi «pequeña habilidad• de
ventrílocuo, me salvó esa noche de un

Reunidos una noche en esa hermosa
taberna del Strand, el «Coal-hole,• en
Lóndres, nos reíamos de la divertida
escel\a de ventrilocuismo con que acababa de regalarnos Toule, el excelente
cómico inglés.
. .
Un periodista allí presente lo felicitó
algo irónicamente, por lo que él llamaba con desden sus «pequeñas habilidades de salon.•
-Esas pequeñas habilidades-r~puso
Toole en tono grave-tienen á veces
en la vida una gran utilidad, no lastrate con desprecio. A Menudo necesitamos una infinitamente pequeña y ninguna fuerza es improductiva en la tierra. Escuche esta sencilla aventura:
Hace algunos años descendla cierta
noche por Drury-lane, dirigiéndome al
«Gai~ty Theatre» en donde iba á represe·ntar.
.
Mi atencion fué de ~úbito .atra1da por
una voz lastimosa que pedía caridad.
' Me detuve. El mendigo era un sér informe, invalido aparentemente, y estaba acurrucado bajo la·bóveda que con•
ducia á uno de los numerosos patios tortuosos de ese barrio bien pobl::¡do. Las
barbas y los cabellos blancos, la vez
cascada, suplicante, me indicaban claramente que el pordiosero era un anciano.
-Una limosna para un pobre viejo,
señor-decía la voz insegura;-tengo
- frío y hambre .... mucha hambre, pues
no he comido nada desde ayer.
El aspecto de un hombre jóven ó en
la fuerza de la edad, por miserable que
hubiera sido, no me habría conmovido;
los viejos· cokneys como yo, estamos
acorazados contra· las miserias fingidas
de nuestra ciuJad, pero esa vej&amp;z y esa
deformidad espantosa me· llenaron de
compasion. .
- jQué miseria1-cxclamé J?irando r~l
vicjo.~¡Es posible que lo deJen mendio-ar á su edad! ¡No tien.e acaso hijos ó
"'hijas?
.
-Sí gentleman-respondió el mendigo co; vo.z sorda como ·aver.gonzadopero me han abandonado.
-¡Es una infamia!-agregué yo.
Y saqué de mi bolsa una media corona.
Al tendérsela al mendigo me asaltó
una sospecha. Tal vez fuese un estropeado y un anciano de ocasion. No só lo los actores se saben desfigurar bien
en Lóndrcs.
-Deseo auxiliarlo de una manera
.mál; efectiv;i,-dfu:lc clespu"": de un instante.-¿Tiene vd. un refttg10, una covachat ¿Dónde vive?
Sabría así á qué atenerme sobre la
autenticidad de mi mendigo: una negativa ó una excitacion me ilustrarían.
-A un cuarto de milla apénas de
aquí-repuso el viejo contrahecho.Puedo conducirlo á mi vivienda.
Despues de mi aventura re~ordé el
apresuramiento con que me hizo esta
respuest" y en aquel instante no noté
nada.
-Perfectamente, marche adelante, lo
sigo, -respondíle.
El mendigo movió sus muletas arrastrando los dos muñones de sus piernas
muertas, y con mil protestas d!! gratitud hechas con acento caluroso y sincer~ se puso á maniobrar rápidamente
sobr~ la acera pantanosa y resbaladiza
de Drury-lané.
Era una de esas lúgubres noches de
invierno londonenses. Una bruma espesa y húmeda flotaba pesadamente encima del macadam de las calles; á la
luz débil y amarillenta de los reverberos, los transeuntes tomaban aspe\:tos
de tantasmas.
Las callejuelas y las veredas que
atravesábamos mo·s traban en el umbral
de las puertas de sus casas desveucijadas caras lívidas y descarnadas ó rostro; patibularios de ojos lucientes en
la niebla.
.
A_¡iesar de hallarme habituado á las J}la] paso.. ALFREDO DE SAUVENIERE.
cosas tristes de Lóndres, no podía desprenderme de cierta inquietud, y me
decía qu~ no había de ser muy agradable cnzar ese barrio á media noche.
•
Sin embargo, debemos reconocer, que
CARTA ABIERTA.
nuestra policía metropolitana está ad¡Que hace tiempo que al diario
rg.irablemente organizada, pues consiNo mando alguna poesla?
derando que la miseria y el desamparo
·Qné quieres! Es uecesa, io
más absoluto son considerables en Lónf r perdiendo esa maula.
dres, es sorprendente que el número de
Oorren tiempos tan allyersos
los crímenes· y delitos no sea veinte veHoy
para loit consonantes,
ces mayor. •Pero no obstante esa e.nérQne cuantos hacemos versos
gica polícia, cuántos crímenes quedan
Vamos á quedar cesa.nteB.
ocultos, sepultados para siempre en los
Alguien llegó á proponer,
pantanos de nuestra gran ciud'ad.
Enemigo de la estética:
Obse rvaba á mi guía miéntras iormu
-¡ Debe elesaparecer
Jaba mentalmente estas reflexiones po9 no, la forma poétioa1Aún 'los más ostrafal»1 io•
co tranquilizadoras .... Decididamente
Planes, en que nadi~ pi~nsa,
era un pobre diablo, no podía dudarHallan siem¡,re partidarios
lo ... Hube de detenerlo para despedirm e
Dispuestos á su defensa.:
de él dándole algunos chelines. Tenla
Y los que á cosa de risa
casi vergúenza de mis sospechas; pero,
Pudieron
echar tal tema,
con la destreza que presta la costumOon
calor
y á toda prisa
bre , el mendigo se arrastraba rápidaPlantea.ron el problemá.
mente al propio tiempo que volviahácia
Aún diAcnti,!nclo,e está;
atrús la cabeza pura ver si lo seguía.
Y Ré de nlguu Ateneo,
Por fin cruzamos el mercado de CoDon&lt;ltl s~ han gritado ya;.
veflt-Garden y Lorig-Acre. Llegamos á
-¡dehe morir! !Yª lo creo! .
ese odioso barrio de los "seven-dials,"
Tomando en sério la. coaa
ó siete cuadrantes. La aventura comenNos demostrarán al fio,
Que valiera mlls en ¡;¡ros_a
zaba á no agradarme.
La vision de Fray lf[a;·t111.
-¿Estamos todavía muy léjos de su
Y que es inútil alardo
cuarto?-pregunté aproximándome al
Querer .,ue resn\lte grata,
viejo.-¡Me_falta el tiempo!
Ni décima de Velarde
Al decir esto saqué mi reloj, urta exNi
quintilla de Zapata
_
celente máquina de Dent de gran vaOomprendo que á voz en gr:to
lor.
Declamen 09ntra. esos vate~,
En ese momento sorpreg_dí un relámQue llevan de sn delito
pago de codicia feroz bajo la espeza ceja
La pena en sns diparates.
del mendigo.
Que obliguen, al que tala,lre
-¡Oh! ¡ohl-díjemc á mí mismo-hé
Sus oltlos, ~ -callar.
MaM ¡que porque alguno hulre
t ahí unos ojos jóvenes para un viejpl
Mis sospechas renacieron en tropel,
Dejen otros de cantart.
No hay tés is que mn 1er pu •da
pero á menudo nuestro amor propio
Refutarse, 1vive Dios!
es más fuerte que nuestrn prudencia.
¡Sólo hay prosa de Pereda.,
Además, en el barrio de los «sevenEmilia Pardo y Galdóal
clials• la vidá ruidosa y animada de
Mnoho el arte habrá ganado
Lóndres presentáb7se n~evamente. Oía
Cuando yo y otros {Poetas,
reir y aullar en las «pubhc-houscs.•

LA FORMA PQETJQA,

..

•
•

•

'

Por fuerza, si no de grado
Nos cortemos las coletae, '
M~s ¡Zorrilla! ¡Oampoamor!
Se v1ó mayor desatino
Que querer, del ruiseñor
Abogar el canto divino1
¡Perderse inspiraio estro
Que al.corazon enamora!
.- LRO?d.rle al teatro nuestro
La Joya qne lo a.va.lora!
Postrado el arte espallol
Sumido en trist.e desmayo,'
¡Hará en prosa su Himno al Sol •
Y su Oda al dos de Mayot
¡No cumple el arte su fin
Doquier que belleza.. ha.y?
Pues pe,lid prosa a\ Olarin
Y versos á Ecbagaray.

re traia las últimas noticias y mururaciones de la ciudad, y era además
a umca persona . que condeSc!!ndía en'
isitar la casa del arruinado Martín
ranc, á falta de otra cosa mejor era
considerado como un amigo.
En estas constantes atenciones el sac~istan t_enía sus motivos secreto~, que
m por pienso sospechaba Martin Fr::tnc·
pero la mirada penétrante de su espo'.
sa pronto descubrió dos rostros bajo 1a
capulla, aunque sin darse por entendida, ni hacer alto en las . galantcrfas que;
de vez en cuando dejaba caer nuestro
sacristan. De este modo Fray- Gtúdo·
fué t~nido á raya por largó tiempo, y
Martm Franc conservaba en el dia deL
infortunio y de la pobreza el consuelo
Muchos la~u.err
A las rim deo
á todas las aflicciones dé este mundoPorque,
un amigo. Pero al fin y al. capo el hon-¡Si no sirven p
rado ~◊-merciante abrió los ojos y se
ISooiedad ele eom,me~a.n
maravilló de haberlos tenido cerrados
Gentes qne saben vir
tanto tiempo, y sin más ceremonias puY que estudios y estndianteP;
so al sacristan de patitas en la calle.
Llegarán á &amp;oprimir;
Entre tanto las cosas iban de mal en
La oda. ven y el maclrigal
peor.
Una tras otra habían ido á Ju, caEn pugna con la .A ritmé tira,
sa
de
empeño las prendas y objetos de
Y encuentran muy natnral
la familia: e1 último vestido de séda h!l·
Matar la forma poética..
bía siclo empeilado, y la última cuchan\
En parte, llevan ra¡:on.
de pinta había sido vendida, hasta que
Para el giro y el balance,
al fin el pobre Martín Prime se vió reTiene alguna. aplioacioo
El malhadado romauce?·
ducido á la mendicidad. Pero ni áun
¡Qué inventos la Humani,IR1l
entónces desesperó la bella Margarita.
Debo á Homero y á Virgilio?
Ella ten/a fé compíeta en la intercesion
tPnede la. electricidad
de_los santos, y viendo que los remedios
Servir de asunto á nn idilio?
humanos nada podían, se determinó á
¡Noes lógico cine bnsqnemoa
pedir de todas veras la protcction del
Más útiles soluciones?
s~n_to
patrono de su marldo, y se diUn paso más y tendremos
ngió á la abadía de San Antonio, para
Novelas con eenaoiones.
encenderle una vela á San Martín.
El s61 estaba á punto de ponerse cuanMas no son estos se.flores,
do Margarita llegó á la iglesia, y los
,, Oomo ,verás ahora mismo
servicios vesp(,rtiraos á la Virgen· há~ Los enemigos mayores
Del Ms&lt;licbado lirismo.
bían comenzado. Se .arrodilló entre los
Un tnrhion de novelistas,
fieles, y cuando terminaron los serviY de antores de zarzuelas
cios, se dirigió á la capilla de San MarQae Ee precian de realistas,
tín, encendió su vela, y ie dirigió ferPrez de tadas las escnelás;
vorosas preces· demandando su auxilio.
Qon lo grande y con lo bel1&lt;',
En
esto oscureció por -completo; todo
Quizás por instinto, en pugna,
el
mundo
había part@o, y ·al levantarIlan dado en pintar aqne11o
se
¡¡ira
salir
de la iglesia, vió de pié á
Qne, aunque esi hnmano, repague
~u
lado
al
sac1istan
.
Encontrarol la verdad
-Buenas noches, bella Margarita, le
Sólo en la naturaleza,
dijo. San Martín ha oido vuestras oraY buscan 1a realidad
ciones y me envía -á remediar vuestra
Paca. copiar su impureza.
pobreza.
¡Y describen al beodo
Oon tal lujo de cleta11es!
-En ese caso el santo no se mira
¡Y estudian tan bien el lodo
mucho en l¡t eleccion de sus mensajeQne sal pica por las ca11esl
ros.
Frase ele alguna zarzuela
-¿Qué importa el mensajero si las
Hay, que sonrojarnos suele:
nuevas que trae son buenas? dijo el saY trozo en una novela
cristan sin darst por ofendido. ¿Cómo
Qae hasta. parece qne huele.
sigue
Martín Franc?
La per!frasis so velo
-Pertectamente·. Y si estuviese preYa no extiende pudorosa.
sente os daría las gracias por· el intePara t
aetrero
lo,
.. .que demoatr,ais á i;u esposa.
-Ha si,cto injusto conmigo, continuó
Ne
ueis la ill ra.cion
el sncristan, pero debemos perdonar á
En los pá¡a.ros cantores.
¡!,a, sala de diseocion
nuestros enemigos. Llévele vd. esto y díY las ropas interiores!
gale que siempre soy su amigo.
La hoja de parra el artista
Al decir ~sto sacó una bolsita y la ofreRasgue, si encantos le roba.
ció á Margarita. Esta pareció prestar más
Narre sin ella el prosista
atento oído á las pal,'!bras del sacrisran.
Los poemas de la alcoba.
Al fin dijo:
¡Basta. ya de hipocreafa!
-Guarde vd. su bolsa: hoy no puedo
¡Lo numano! ¡El lenguaje crudo!
darle
á mi esposo ni la bolsa ni el men·Reine la pornografia
sajé.
El
no se halla ·en casa.
E impere sólo el desnnclo!
-Entónces_
quédese vci. con ell(I.
Que mate, y rnode la bola, •
-No, replicó Margarita bajando los
Al lirismo, y su empalago,
. ojos; no puedo aceptar presentes de· esLa escuela de Emilio Zola
ta lbturaleza en este lu~ar. Llévemelo
Y Eduardo López Bago.
á mi casa si quiere.
Viendo el dominio absolnto
El sacristan guardó la bolsa, •y la
De la taberna. y la prosa,
conversacion continuó en voz baja. Al
Oiñóse manto de lato
despedirse dijo 111argnrita:
La donce11a ;mdorosa.
-Esta noche, cuando las campanas
Ya de so lira se apresta.
ele
la abadía den las doce, no lo olvide.
A romper !al! cuerdas d¿l oro:
A
la hora dicha, é impacientemente
¡Qae la Musa no se presta.
aguarfütda,
el sacristan se hallaba en
A cantar el inodoro!
la puerta del comerciante. La c:1lle es¡No ha de morir, ele! realismo
taba completamente desiertá, y penel&lt;,u·1os lfibricos alta.res,
trando en el portal de la casa preguntó:
Si la llevan con cinismo
-¿Ha vuelto Martin Franc?
·
A sus torpes lnpanaresi
¡Pobres Era.to y Taifa!
-No, respondió la dulce voz de su
¡No han &lt;le periler la batalla?
esposa. No volverá esta noche.
¡,No ha de morir la Poes\¡l
El sacristan fué á tomarle la mano; ·
Ona.ndo 81 Arte se encana.U
aT
.
pero Margarita le rechazó diciéndole:
-No olvide vd: las condiciones de
nuestro convenio.
JUARTIN FRANC
El sacrjstan se .detuvo un momento:
sa-:ó de sus bolsillos una pesada bolsa
de cuero, y la colocó sobre una mesa.
En el mismo instante resonaron unos
pasos detrás d~ él, y un füerte porrazo
Hace algunos siglos vivía&lt;!!! la ciu- aplicado á su cabeza le dejó tendido en
dad de Rouen, Francia, un comercian- el suelo. El vigoroso brazo de Martin
te llamado Martín Franc, quien, median- Franc fué el causante de aquello.
te una série de infortunips, había desComo se comprenden\, su ausencia
cendido de la opulencia á la pobreza. fué fingida. Su esposa inventó la histoPero ésta que por lo general convierte ria para atraer al sacristan, y librar á
á los hombres en humildes y laboriosos, su marido de la mendicidad, y al missirvió sólo en hacerle orgulloso y ha- mo. tiempo librarse elln de las imporragan; y cuanto más pobre se volvía, t1;1-mdades de un falso amigo. Al prin·
tanto más hnragan y orgulloso era. Se cip10 Mar_t1:1 ·Fwnc se negó á aceptar
dió, sin embargo, sus mañas, é iba arras- la ~ropos1c1on _de su esposa; pero al fin
trando la existencia, ya empeñando un ·cedió, Y cómbmaron un plan segun el
vestido de seda de su esposa, ya ven- cuaf, despues de dejar él sacristan su
diendo una cuchara de pinta, ó alguna boisa de dinero, !·ccibir!a una buenapaotr:t cosa salvada del naufragio de su hza, y se le hana retornar al convenforluna; y pasaba su tiempo lo mejor to, tal vez reformado, merced á la zuque podía paseándose por la plamela rra llevada.
del mercado ó por las calles de la ciuLa cosa, sir:i embargo, tomó un a.;dad.
·
pecto más séno; cuando trataron de leLa bella Margarita, ~u esposa, era ce-, vantar al sacristan dél suelo, vieron que
lebrada en toda la poblacion por su estabh muerto. El porrazo destinado á
hermosura, su ingénio y su virtud. Po- sus espaldas fué dado en la cabeza,. y
seía ojos muy negros, dientes muy blan- con mayor fuerza de la que intentó Mttrcos, y las mejillas más preciosas de la tin Franc. En medio de la consternacíon
Normandia; era de eleva'1a estat1.1ra, que les causó este descubrimiento la
con manos )" piés perfectamente forma- viva imaginacion de Margarita sugirió
dos, y en todos sus movimientos tenía
med10 de salvac1on. En el cinturon
una gracia exquisita. En tiempos más un
del sacristan vió un manojo de tlafelices había sido la delicia de sus ap:¡i; ves: se lo dió inmediatamente á su ma·
gos y la envidia de las damas más be- ridb, diciéndole:
llas de la ciudad.
----No piérdas tiernpo. Una de estas
Los amigos de Martín Franc, como
todos los qu,.e se han arruinado ántes y llaves debe abrir la puerta del jar~in
despues de él, le abandonaron en la hora del convento. Llévate el cuerpo y dé'
de la adversidad. De todos los que ha- jalo alli entre los árboles.
bian disfrutado de sus co1nidas, bebido
Martin Franc se echó sobre los hom·
de sus vinos y galanteado á su esposa, bros al muer.to sac1istan, y con ánimo
ninguno buscó la humilde morada del oprimido .se dírigió á la abadí::¡. Era
arruinado comerciante sino uno, y éste una noche clara y tranquila: las calles
era Fray Guido, el -sacristan de la aba -estAan solitarias, y nada perturbaba el
día de San Antvnio. Nuestro sacristan silencio excepto el ca11to distante de alera de pequefla estatura, alegre ije ca- gun gallo ó el melancólico graznido de
rácter, ~e faz rubicund~ medib bizco, y, algun buho. Este sijfncio pesaba cómo
para decir la verdad, go2!!lba de unarepu- una ~c11sacian s9oce la culpable contacion algo dudosa. Pero como era una ciencia il'e Mtirtm Franc.Todo le asusespecie de gaceta ambulante, y siem- taba; y si por casualidad un muré.iélago

••

.

Jel Eacristan.ae ~an Antonio.

agitab~ cerca de él sus pesadas alas, se y_ ninguna p~rsona en las cercanías; y
detenía y su L'Orazon palpitaba violen- sus compañeros empezaron á darle zumtamente lleno de terror. Llegó al fin al bas, diciéndole que se había asustado
,nuro del jardin _de la abadía, abrió la, de su misma sombra en la pared. Entónpuerta con la llave, é introduciendo eD ces uno se echó el saco al hombao, sin
cadáver del sacristán en el jardín, lo abri~ar la más leve sospecha del camsentó sobre un banco de piedra al la- bio efectí.tado en su contenido y los tres
do de la fuente, redinándole la cabeza desaparecieren.
Sucede que á la sazon se hallaba inen ·una, columna. Puso el manojo de llaves en el cinto del sacristan, y retornó festada la buena ciudad de Ronen por
á su casa con ·toda la ligereza posible. tres ladrones callejeros, que hacüm sus ·
Cuando el prior del coavento, que es- correrías á favor de las tinieblas:: y lletaba muy al corriente de las repetidad vaban su· botin á una tabernilla nomfaltas del sacri~tan, vió que•no había bt'ada "Téte de Breuf," situada en una
asistido á los rezos di! media noche, se de las callejuelas más oscuras y estremolestó en sumo grado, y envió en su chas de la ciudad. El dueño de la taberbusca á un monje que no le profesaba na entraba en todos los planes de los lamuy buena amistad al delincuente. Pre- ·drones, y participaba de una parte de
sumiendo que éste había ido á alguna sus excursiones noctui·nas.
En la noche de la desastrosa aventude sus &lt;,orrerias se dirigió á la puerta·
del jardin: al pasar por la fuente se de: ra .del sacristan Guido, esta partida de
tuvo para apagar su sed con un trago merodeadores había reeorrido la ciude agua; y estaba á . punto de salir, dad hasta una hora muy avanzada de
cuando observó la inmóvil figura del la noche sin hallar nada que recomsacristan, sentada· muy derecha y recli- Pl!tiSara sus afanes. Al fin encontraron
un c,e rdo que colgaba á la sombra en
nada en la columna de piedra.
- ¡Qué significa eso, fray Guido? ¿Es· el patio de un carnicero, ya listo para
este el lugar de dormir á media noche enviarse al día siguiente al mercado;
y como no eran muy escrupulosos en la
cuando' todo el convento está rezando?
El sacristan Guido no respondió ni e1eccion .de sus rapiñas, sino que ponían
mano en todo Jo que hallaban al paso,
una palabra.
- 1Arribal ¡arriba! eterno dormilon. El el cerdo fué encerrado en un gran saco
prior te llama
su celda, continuó el y enviado á la t¡¡.berna «Tete de Breuf»
monje sacudiendo. al sacristan como pa- en hombros de uno-de la partida: miéntras los otros dos continuaban su ronda
ra despertarle. ·
nocturna. Fué di&lt;;ho -portador el que de
Pero el sacristan permaneció mudo.
-Pues si esto no basta, yo te desper- tal modo se aterrorizó á la vista de Martín Franc y el saci'istan muerto; y como
taré ahora.
Y diciendo y haciendo le arrimó un este encuentro había impedido toda otra
par de pescozones.' El cuerpo de.! sa,- operacion posterior de la partida, y el
cristan se dobló, é inclinándose hácia dia empezaba á alborear, los tres laadelante cayó de cabeza á la fuente. El drones se dirigieron á su refugio en la
monje aguardó unos cuantos minutos, citada taberna. El dueño les estaba esesperando ver al sacristan salir de su perando con impaciencia; y pregutánbaño improvisado; pero en vano espe- doles qué botín traían, procedió sin deró, pues permaneció inmóvil en el fondo mora á abrir el saco. La pimer cosa
de la fuente. Con sobresaltado corazon, que se presentó al afloja1· la cuerda,
el monje se inclinó, • y ¡tsiendo el borde fué la capuc.ha del sacristan.
-¡'El diablo que cargue con ello! ex.de la sotana del sacrístan, consiguió sacarle del agua. Todos sus esfuerzos pa- clamó el tabernero. ¿Qué significa esto?
ra volverle á la vida fueron inútiles. El ¿Vuestro tercio llevaba capucha?
-Tal vez se desengañó del mundo y
monje se llenó de terror, creyendo que
el Sdcristan babia muerto á causa de se hizo sacristan, añadió uno de los lalas bofetadas que le aplicó para des- drnnes.
;-¡SaÍiBenitonosvalga! e;xclamó otro
pertarle; y corno todo el convento sabía la enemistad que entre eUos reinaba, al abrir por completo el saco y hallarse
:emió le achacarían el asesinato. Por con el catláver del sacristan. ¡Un monje
·
lo tanto pensó en un expediente para muerto!
- 1Un monje muerto! dijo el tercer
desembarazarse del cadáver, y la mala
reputacion que gozaba el sacristan le ladron moviendo la cabeza con aire de
sugirió uno. Determinó llevar el cuerpo duda. ¿Cómo puede ser esto? Yo he oido
á la casa de la belleza más notable de decir que Satan:l.s puede;tomar la forma
Rouen, y dejarlo en la puerta, para que que más le agrada; y de seguro que
las sospechas del asesinato recayeran Satanás ha asumido la forma de un
sobre algun marido celoso. La fama de monje para que nos ahorquen á todos.
-Entónces, dijo el tabernero, deshala hermosura de la esposa de Martín
Franc habla penetrado hasta en el co11- gá.moHos cuanto antes ael ·a,ablo, pues
vento de San Antonio, y de c0ñsiguien- pronto se hará de dia.
-Mi consejo es, dijo unQ de los late el cadáver del sacristan fué llevado
á su puerta, y reclipado contra ella. El drones, que inmediatamente le llevemos
monje dió unos cuantos aldabonazos al patio del carnicero, y Je colguemos
bien fuertes, y se deslizó por una calle- donde hallamos colgado el cerdo.
Esta proposicionfué aprobada y ejejuela retornando á toda prisa á su concutada sin demora
vento.
Cuan.do al fin fué de día, se levantó el
Sus inquietas conciencias no permitían á Martin Franc ni á su esposa ce- cal'nicero y calculando lo que le prorrar los ojos, sino que despiertos _sc ha- duciría el cerdo que había beneficiado
llaban lamentando los tristes aconteci- el dia anterior, dirigió una mirada al
mientos de aquella noche! Los gQlp~ sitio en que IQ dejo cblgado; y cuál sedados á la puerta resonaron á sus oídos ría su asombro al reconocer en su lucomo los dobles de una campana quG gar el cadáver del sacristan Guido!
-¡Válgame San Dionisio! exclamó el
toca á muerto. Al fin Martín Franc,
armándose de valor y resolucion, bajó carnicero. Yo siempre temí que este
á ver quién llatnaba; seguido de su sacristan tendría un mal fin; pero nunca
esposa que llevaba una lámpara en la me imag4té que se ahorcaría en mi
mano: pero no bleµ hubo enl:reabierto misma casa. Esto no puede quedarse
la puerta, cuando el cadáver del sa- así. Dirán que yo le )le asesinado, y
cristan cayó en los brazos del marido. tal vez me cueste basta la vida. Es preciso
-¡Jesus, Maria y José! exclamó Mar- deshacerme de él.
Y diciendo esto llamó á su ayudante
garita haciendo la sella! de la cruz. ¡Ahí
y mostrándole· lo sucedido le dijo que
está de nuevo el sacristanl
-Sí, y goteando como si acab¡\ra de se deshiciera del cadáver de modo q uc
no se le pudiera aq1sar de asesinato. El
sirlk del río.
-(Estamos vendidos! dijo Margarita ayudante; que era de imaginacion viva
reflexionó un instante, y respondió:
'
llena dé espanto.
-Este es u~ asunto delicado, pero
-Entónces el diablo en persona nos
ha vendido, replicó su ll)arido, pues no para todo hay remedio en este mundo ..
ví alma viviente: la ciudad estaba tan si- Lo montarémos á caballo!
lenciosa como un sepuJcro!
-¡Cómo! Un hombre muerto á caba-¡Socórrenos, San Martín! exclamó llo! ¡Imposible! interrumpió ~¡ carnicero
la acongojada esposa.-¡Mira! no pier- ¿Quién ha visto jamás :un muerto á cadas tiempo; arroja el cadáver al río ó ballo?
somos perdidos.
-óigame vd. primero. Lo pond1·émos
Martín Franc ,se echó de nuevo á á caballo lo mejor que podamos, atáncuestas el cuerpo del sacristan, y lleno dole fuertemente con cuerdas; y despues
de tristes presentimientos se encaminó soltarémos el caballo en !acalle, y correá cumphr con su lúgubre comision. lba remos detrás ~e ~l diciendo que el saá lo largo de las calles aprovechando cristan se ha robado el caballo. Todos
la sombra de las casas en cuanto le era los que pasen le:arrojarán piedras ó paposible, y ya se encontraba cerca del los, y se creerá que así le han· matado.
río cuando de repente cfeyó oír pasos
,Aunque al carnicero le pareció este
detrás
de sí.
.
. Se detuvo para prestar proyecto el deun loco, como de momenme1or atenc1on: no era vana supos1c10n. to no se le ocurría otro, lo aceptó y se puOyó distíntamente el ruido de unos paen ejecucion . Montáronle, pues, en el
sos que cada vez se acercaban más y so
caballo
carnicero; le ataron fuertemás. Martín Franc trató de apresurar mente, ydel
con
mucha dificultad le hicielos suyos, pero-en vano. Le temblaban ron_mantenerse
derecho. El Carnicero
las rodillas, y lo único que pudo hacer dió entónces unos
cuantos latigazos al
fué reclinarse en la pared de una casa: caballo, que se dirigió
galope· tendido
d cuerpo del sacristan se deslizó y que- por la calle, y en unioná de
su a'yudantc
dó ae pié apoyado casualmente en la
corrió
en
pos
del
animal
glitando
de voz
espalda de ~ portador. En este momen- en cuello:
to dobló la esquina 11n hombre encor-¡Detengan al ladron! ¡Detengan al
vado bajo el peso de un gran saco. Como tenía 1a cabeza ínclinada, no vió á ladronl El sacristan se ha robado mi caMartín Fr_a nc sino cuando ei¡tuvo 'muy ballo!
cerca de él; y al alzar la cabeza y noComo ya era dia claro, las calles estatar las dos figuras inmóviles en la ban llenas de trabajadores, que al ver al
sombra, creyó que estaban al acecho y sacristnn á caballo y á todo escape emsin pérdida de tiempo soltó el saco y pezaron tambiená gritar: «¡Detengan al
.echó á correr á todo escape. El saco ladronl ¡Detengan al ladron!» ·Muchosde
cayó á los pies de Martín Franc; y 111 los circunstantes que !trataron de coger
caer se rompió la cuerda que lo cerra- la brida al.caballo á todo escape, fueron
_ba y salió la cabeza ensangrentada, no arrojados al suelo y pisoteados; otros se
de un monje asesinado como al princi- unieron á los perseguidores y á la gripio se figuró la excitada imaginácion tería: pero esto sólo servia á aumentar
de Martin Franc, sino la de un ce.cdo la rapidez del asustado caballo que atramuerto. Cuando cesaron el terror ·y la vesaba las calles coh la velocidad del
sorpresa causados por este suceso sin- viento. Al fin llegaron á la plaza del
gular, se 1e ocurrió á Marlin Ftanc lo -mercado: las personas que allí estaban
que á casi todo el mundo se le hubie- se apartaron apresuradamente á derera ocurrido en iguales circunstancias, cha é izquh,rda; y caballo y ginete
Y fué sacar al cerdo del saco, meter en prosiguieron hácia adelante, atropellansu lugar el cadáver del sacrístan, atar do cuantoenconrrabaná su paso hom. efectos, mercancías
'
.
de nuevo el- saco y correr á su casa bres, muj'éres, mños,
con su presa. Y así lo hizo.
.como si fuera un remolino, dejando á
Apénas se habla ausentado cuando una gran distancia ttás sí á los que
retornó el hombre del saco acompaña- los perseguían. Llegaron á la orilla del
do de · otros dos individuos. Grande fué rio; uu salto; y ¡catapluml caballo y gisu sorpresa al ver el saco en .el suelo; nete se hundieron ensu rápida corrien-

a

...

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EL TIEMPO.

Abril r; de 1819
l·

de la ropa,
te y fueron arrastrados por ella sin orilla fatigado &lt;;Pll ·~
y
pude
contem¡llar,
tcmbla~o
aún, el
que jamás sé les volviera á ver!
paNoroso cuádro q.ue pri::,cntab~el r!o,
H E NRY W. LONGFELOW.
desfallecí de tristeza, y ~¡ cor zon se
retorció moribundo como 11/t aris a que
envuelve el fuego de un incendio.
Á. NUESTRA SEilORA
Visiblts apénas, ~ agitaban bMo 1as
revueltas olas· los cuerp-os de los náu•
fragos, en cónfuso remolino se perdían
en el fondo, y de cuando en cuando
Tú que el espaoio brev:e de la tie!ra
asomaba á la superficie un rostro des•
Pasar lograstes sin que rnmunilo meno
Jamás tocase tu virgíneo seno
compuestp__ Yu illt. Jq1ilJlí.:l ~ rJ.}~~Y9 sin
Donde tesoros el amor encierra.
articular'Úrtá""jmtallr~ sin ~ ¡.rát los
Tú que rpmpiste en bendecida gnerra
.. ojos; y flotaban aquí y allá los sombreros
La frente de Satan tinta en veneno,
y las trenzas, y asoma_b an para no verse
Y de Jehová en el cielo ves sereno
más un pié, una mano, ó un giron de
El rostro augusto qué al m:l.lvado aterra; _un rico traje.
Virgen ·de Nazaret, deslie la altura
Las canoas llegaban al buque _ que
Donde este valle miras de hondo llanto,
asomaba
aún el silbato y la chimenea,
Salpicado de tu Hijo en sangre pnra
como llegan los bulliciosos pececillos al
Pide para esta Ouba, donde tant&lt;J
c~dáver inofensivo de un món~truo ma·
Gime la búmanidad en noche oscura,
nno.
De la gracia divina el raudal santo.
EUSEBIO GUITERAS.
IV
Cuando' la noche amontonó sus eres•
pones sobre aquella espantosa hecatom·
be, y los buzos extraían del fondo del
r.io los cadáveres de los náufragos; cuan·
'
(RECUERDOS DE OCOTLA~)- do los lamentos se habían apoderado del
espacio y las familias corrían en masa,I
Ignoro aún cuál fuego era más in• á cada ahogado que se sacaba, para
tenso si el que agitaba nuestros cora- !)use.ar en el rostro descompuesto los
zone; en el momento de partir, ó el que rasgos de una fisenomia adorada; cuan·
arrastraba la inmensa mole de los tre• do pensé en mi esposa y en mis hijos que
nes· sólo recuerdo que el silbato gemía, amorosos me esperaban en el hogar,
ebrio de placer, que los é~bolos simu- me arrodillé en la playa y vi .en la are·
laban la danza de las orgias, que re- na las huellas de Dios.
Guadalajara, Márzo 30 de 1889.
concentraba el organismo sus fuerzas
FrLOMENO T. Y EJES.
todas para envofver~e. en deleites_ inde·
cibles · como la 'vert1gmosa máquma se
envol~ia en inagotable atmósfera de hu•
LOS B.EOUEB.DOS.
mo. Y á cada silbido del gigante, Y á,,
I
cada estremecimiento de su poderosa ca•
Todo en el mundo perece,
Todo en la vida se acaba,
rrera, se desprendía de los láb~os una
Sle agota el placer, la dicha,
bendicion al progreso y se levantaba del
Y se extingue la esper!nza.
corazon una plegaria para que Dios no
Huye la ilusion ligera,
no~ arrancara la existencia, ántes de
Muere la gloria so~ada
ver siquiera una adquisicion más de la
Se olvida el amor, se olvida,
anhelante humanidad.
Y
tienen fin •las desgracias.
Y así caminábamos cruzando las plaQue el sufrimiento se agota
nadas feraces del camino, de sorpresa
Aunque desgarrando el ahpa,
en sorpresa, rodeados siempre por tri·
Y todo muere en el mn•do
gales que· ondulaban con el viento coY todo en la vida acaba!
mo si se inclinaran á su pesar ante los
II
orgullosos· trenes, pqr garbanzales ya
Mas ¡ay! por nuestrafortnna,
Hay algo qne nunca pasa,
marchitos que morían después de cumN nnca mueren los recuerdos
plir la inevitable ley de todo lo creado,
En los qne deveras aman;
rodeados siempre pcr el agua que feSe aresor,n en el pecho,
cunda aquellas fértiles planicies .. . . ¡oh,
En
el cerebro se graban,
el .agua, el agua! ipor qué temblamos
Se
Jijan
en la memoria,
aún á su recuerdo, si en continuo mt¡r·
En
el
corazon
enraizan.
mullo simuló á n4estro oÍdo un canto
Y se riegan cen el llanto,
que cada uno interp.retó, si d_esplegó á
Y dentro el alma se guardan,
nuestra vista, y en cada Capqchosa on·
Y cuando ésta vuela al cielo, .
dulacion, todas las lineas, todas las forAl cielo van con el ah¡ia.
mas todos los ensueños que en confuso
ESTHER TÁPIA. DE ÜABTELLANSO.
gén~sis tomaban cuerpo y bebían la vida
en los oscuros antros del cerebro?
Si hubiérais estado alli, habríais visto
HISTORIA
la pupila alumbrada con desconocida
luz, el corazon batir furioso contra los
inquebrantables muros de su c~rcel, la
expresion extá~ica de la fison_omu, y ~u~tituir la sonrisa al lengua¡e: habna1s
Escriben de Menton al "Fígaro.:"
sentido la inspiracion, habríais oído mo·
«Durante algunos meses aproximada·
dular á aquella naturaleza indescriptible mente han figurado en la lista de ex•
el himno' con que la creacion.entera se tranjeros de Menton Mme. y Mlle. Loiaduerme sumisa á las plantas de Dios. singer.
.
La juventud que toca apénas los di·
Pasaban en un pequeño hotel, una vificiles escollos del vivir y se funde en da bastante retirada. Todo lo que se saideas y sentimientos bajo la influe!lci~ bía es que la jóven, cantante en el teadel organismo exuberante; la _anc1an1- tco Darmstadt, tenia una salud delicada
dad doblada ya por el peso de la nieve que plmsaba rest.ablecer en el corto pe•
que se ha aglomerado en su cabeza, que riodo de tres semanas. Aconsejada por
cansada y estóica por los resabios del su m~dico, se decidió á no entrar en
fatigoso peregrinar, no aparta la mira- Alemania sino en la primavera. Sin ser
da del último asilo del -mortal: todo, to• precisamente bella, su porte de diosa, y
do vá alli: el opulento banquero, el que sus cabellos rubios ceni'cientos le · hatoma parte en la administraciou del Es· bría.n, á falta de un príncip~ destrona·
tado el que gasta su vida buscando los do, asegurado algunos adoradores.
secr~tos de la naturaleza ó estudiando
A fines de Enero llegó al mismo holas fuentes del derecho, el comerciante, tel u_n hombre grande, elegante y que se
el artesano, los representantes todos de hacía inscribir bajo el nombre de M.
la sociedad; y todos con el corazon hen- Ernest, de Heidelberg, fabricante de
chído de alegría, y todos con los ojos arra- indianas. Habiendo llegado sin criado
sados de lágrimas de pl11cer y todos e°' y en un momento en que el hotel estaba
pos de nuevas impresiones y ansiosos de lleno, tuvo que contentarse ·con un cuarllamar á las encantl!das puertas del pa• to al Norte. Comiendo en la mesa coraíso. . . . ¡Ah, es horrible sentir la he· mun, platicando con los vecinos, sobre
lada garra de la .muerte comprimir un todo con los pintores italianos, se consa•
corazon que ta rito ·anhela y congelar un graba á• largos paseos en los valles socerebro que tanto sue11al
litarios, en compailía de la bella actriz.
n
Los conocidos de M. Ernest le decían
Tendía el lago sus olas perezosas co• que se parecía al príncipe de Battem·
mo el pescador tiende su red; el sol, al berg y que el fabricante· de calicot era
quebrar sus rayos en ta inseg_ur~ super- aún más guapo que el soldado. De todas
ficie le daba un color sangumo,ento y maneras, no se sorprendió poco al oir
trlst~, y las ave_s acuáticas, todas ne· á M. Muller. antiguo cónsul de Rusia en
gras huían lentamente del bote á que Darmstadt, llamar "Durchlaucht" "Alconfiáramos nuestra vida. A lo léjos, ba- teza,• al comerciante á quien hacía retidos por las incansables olas y medio petidas visitas. Pero estaba acostumbra•
ocultos por la rojiza bruma del lago, do á no vei: ahí más que una chanza.
alzaban los pueblos sus blancos campa•
Un hecho tambien no dejó de asom•
narios y sus humildes caseríos; y casi brar á los comensales de M. Ernest.
apiñados, sofocados por el calor, ha?tia· Este entró un día, sin llamar en la aldos ya de la lentitud del bote, .empren• coba de la jóven, á la hora que recibía
dimos el regreso. ¡Felices los viajeros á á los arn_igos, y habiéndoledado noticia
quienes una casual imprudencia dejo en M. Muller de la muerte del archiduque
Jamayró no tom.aron la embarcacion en Rodolfo, se le vió ,echarse en un sofá,
el fondeadero .de Ocotlan!
presa de los piés á la cabeza de un
Mas nuevos factores se presentaron temblor convulsivo, é incapaz de pro·
á completar la dicb.a que soñáramos: la nunciar una palabra durante algun tiem·
cerveza encendió los rostros, Y CQnges- po.
tionú los cerebros, la música templó los
A algunos kilómetros de Menton se
r esortes de la expansion, y todos en in• encuentra, á la mitad del bosque ~ li·
menso coro, prorrumpieron en cantos moneros; 1'tl pequeña ciudad de M ... Su.
populares. Y cada vez que la· música coqueta iglesia y el contraste entre la
difundía sus armoniosos torrentes y se verdura y las rocas áridas, son el fin de
tocaba, casi exclusivamente «Sobre las excursion de todos los visitantes. Aqui
olas» la tripulacion estalla'?a en aplau- es donde, el 2 de Febrero, ha sido cesos ~erviosos, incorregibles, casi en ala- lebrada la union de M. Ernest, álias con·
de de Hartenan, álias Príncipe de Bat·
ridos.
Ill
temberg, con 'Ml.le Loisinger, cantante
Al frente estaba Ocotlan; una multi- del teatro de Darmstadt. hija del ayudan·
tud de curiosos ocupaban el fondeadero te:de cámara del feld-maúscal lugarte·
y el J?ªb.cllon mexicano era saludado por niente austríaco Signorine.
No habiendo podH!o ~l príncipe unirlos habitantes todos con vivas y aplause
.en una iglesia · evang-élica de Men•
sos, con expansivo carií'io y frenética
ton
·cuyo pastor no autorizaba el acto
alegría.
. Todos nos preparábamos á saltar á sin~ despues de muchas formalidades,
ribera, á abrazar á los compañeros de ltabía ~ecidido que el casamiento tuvie•
viaje por tierra que se habían -quedado; ra lugarsegun la religion católica, que
á invadir los hoteles, á asaltar los trenes, .es la de su mujer.
El cónsul Muller, '.su mujer, y uno ó
cuando un sacudimiento te'rrible nos hizo
lanzar un grito de terror; y el buque, in· dos amigos íntimos, acompañaron á la
clinado á babor, se bambol&amp;ó como un novia, que disimulaba con una "landeau"
su vestido blanco bajo un largo manto
ébrio ' miéntras el silbato gemía
y gemía
.
.
como si su dolorosa expres10n anunciara de terciopelo negro.
La jóven pareja ha partido inmedia·
la agonía de un mónstruo.
En vano buscaríais la sangre en el tamente para Milan; pero Mme. Loisin•
semblante, en vano pediríais al corazon ger no ha dejado á Menton sino al cabo
jalisciense su temple de acero, en va:~o de dos dias.
oiríais aquellos aterrorizados gntos sm · Añadirémos que si la union que el
que el pecho se os partiera de angustia, prlncipe ha contraidq en la pequefl:t
Una sacudida tan violenta comQ el iglesia de M .. .. con Mlle. Loisinger no
lucir del rayo, tan irresistible como el es seguida del matrimonio civil, el ca•
estremecimiento de un cetáceo, nos lan· samiento es .nulo. La ley italiana permizó á la ·mitad del rio en espantoso "des- te que el matrimonio r_eligioso preceda
órdén. Y hundióse el mónstruo, siemp1 e al civil, pero este último és, como en
gimiendo, y arrastnmdo en la inmensa Francia, absolutamente obligatorio.
vorágine ó llevando bajo sus techos á
los viajeros que no tuvieron tiempo para
defenderse.
•
¿Qué sucedió despues?
Cuando á fuerza de nadar gané la

En su Inmaculada. Concepcion.

Las huellas de Dios.

DE UN MATRIMONIO.

.

V'LTlk.a. H03' .a..
DEL ALDUM: DE -UNA JOVEN DESPOSADA,

I

El mundo te abre su~ncantada 1-erta,
Y de lnz y perfumes inundada
La hermosa juventud, tn planta incierta
De rosa cubre en tan feliz Jornada·Miéntras qne yo, con vacilante paso,
De ti y del mundo con pesar me alejo,
Oomo rayo del sol qne ya en sn ocáso
Llorar parece en en postrer reflejo.
II
No temas que uná. lágrima te deje
En esta, q110 es im/igen de la mia
Ultima hoja;-ni esperes que me'qneje
Porque me a~edie la vej~z som br!a:Aqu! ~ deJar~ con religiosa
Evangélica. n1.1c1on, ydi1lc11 calma,
En cada verso, una esperanza hermosa,
Y en todos ellos encerrada .,¡ alma.
R. M. DE MENDIVE,

EL DEDAL
· Desde luego_confieso y conmigo creo
que todos los lectores estarán de acuerdo, que el dedal es uno de los elemen•
tos más indispensables y poéticos de la
mujer.
Poco importa que ésta sepa manejar
con elegancia deslumbradora el abanico
de rizadas plumas que tantos recuerdos
y suspiros guarda entretejidos en sus
sedosa;&gt; fibras, los nacarados gemelos de
teatro que tantos deseos pueden inspt•
rar, ó los aristocráticos lentes con un
mango de concha y armadura de oro
que se han dado en llamar, no sinfun•
damento, '•impertinentes•, y todos esos
mil ~aprichos de moda y c_onfeccion
vienesa ó londonense, si no sabe manejar
el dimirruto d~al que la acredite como
laboriosa y útil á :ios ojos más investi•
gadores ·de lo que mucho suponen, de
sus adoradores.
Un costurero sin dedal podrá resultar
un mueble elegante, pero nunca podrá
ser considerado como lo están los costu•
rcros, por aquellos que detrás de este
moderno Y:-caprichoso mueble adivinan
á la mujer que puede con entera COI).•
fianza ser elegida para esposa.
El dedal no ha faltado nunca en las
ranciils canastillas . de la ·1abor de nuestras abuelas, y si bien no estaban fabri·
cados de los metales preciosos con_ que
hoy se presentan, coquetones como las
joyas, en:estuches de ra_so y piel, esta·
banmás generalmeme apreciados y aten•
clidos. Hoy que las corrientes de grandeza hacen desatender muchas obligacione3 con(Ias:cuales se consideraban en plena delicia las -señoras que gastaron bi·
soflé con •cocas y :vestidos :Con mariñaque, han contribuido no poco..¡. que
al dedal se [mire como instrumen~ ple·
beyo é fo digno de ser usado por las mismas manos que aplauden al jocke'y vencedor . en las carreras de caballos, y distribuyen los caprichos que son el ama de
los cotillones. •
To¡l.a mujer, -sin embargo, debe guar•
dar recuerdos cariñosos para un dedal
el primero que se pusieron para hacer
las primeras labores en él colegio.
Este primerdedal llevará á lamemoria- de las mujeres oleadas de recuerdos
de la niilez y los ericantos que al pasar
por eUa no supieron apreciar; las recor·
dará la época feliz en que libres d!
asedios y aspiraciones cifra_ban toda s
ventura en perfeccionarse en la vainic
y el bordado, y las hará comparar las
diferentes felicidad·es que existen, y tal
vez determinarse por la que ya no pueden obtener por haberla hecho imposible
los al'l.os.
El dedal de colegiala, debían conservar]~ las mujeres al lado de la prime•
ra comunion, lo mismo que conservan
la primera carta de amor que recibie·
ron.
El dedal para muchas es un objeto
de adorno, al que seria proíano toca_r.
Resulta m:u barato y más cónedo el·
mandar coser la ropa, que el sufsir pin·
chazos cada cuarto de hora, que las
haga manchar de sangre el bastidor y
la holan¡l.a, y estampar de amapolas la
costura que alguna vez son de iniciales
y coronas,
Las máquinas de coser, por otra parte,
han despreciado el:valor del dedal, como
las Marimonis lo han hecho con el de los
amanuenses y las máquinas de cortar
el pelo ·con las tijeras antiguas y pesa·
das para ser manejadas.
El escudo protector de los dedos de
las mujeres contra las malas partidas
de las empavonadas agujas, tiene, como
todo lo que á ellas pertt!nece, su historia
su leyenda y su poesía.
El dedal, si la tradicion, como frecuen•
temente sucede no engaña, es de origen
breton,,
Una bella y honrada costurerita de
Quimper llamada Anita, partía ordina•
riamente -sus ganancias con los pobres
peregrinos que fatigados, cubiertos de
polvo y llenos de- fe, desde la Tierra
Santa, lugar de tantos recuerdos y tnn,
tas ilusiones, se dirigían al monte de San
Miguel: en cambio de sus beneficios
aquellos le regalaban las conchas con
que adornaban sus sayales toscos, y que
durante mucho tiempo ha caracterizado
en union de ;tas largas melenas y el bá·
culo sujetando la calabaza, la humilde
indumentaria de los pob.res peregrinos.
Un dla en que el sol brillaba con más
fuerza y e} cielo estaba más· puro y el
aire más emQalsamado por el aroma de
las flores que rendían tributo á la ·her·
mosura y la bondad de Anita, el diablo,
que en su maldad no podia ver con in•
diferencia la virtud de la jóven, se propuso extraviarla, y para conseguirlo
hizo pasar por delante de sus ventanas
festoneada de claveles y campanillas
azules, á una porcion de hermosos pa·
jes, de seductores bardos de ojos de
cielo y melenas rubias, que cantaban
tiernas y apasionadas canciones ensal· ·
zando como se merecían sus gracias Y
sus encantos.
Pero todos sus recursos fueron inú·
tiles: Anita no levantaba sus párpados
angelicales ni separaba la vista de su
costura y dejaba pasar á los enamora·
dos donceles sin hacer caso de ellos Y
sin escuchar sus cánticos.
Para vengarse de su indiferencia el
susodicho diablo, que podía encantar
las agujas, se valió de las que usaba la
jóven y le obedecían de tal suerte, que
no· daba una sola puntada sin clavárselas. Sus d~dos, finos como eJeaso1""'"s·
taban lastimados y no sab[a ya que'!l'a·
cer, cuanco llegó á la puerta de su casa, tapizada de ramos y lirios, un nuevo
peregrino quel,.e como todos, esplénd_i·
aamente socorrido1 dándola, en cambio
dé aquellos beneficios, una. concha ·más

pequeña que las~más yqueporsuforma cónica s~ amoldaba perfectamente á
los dedos de la campesina jóven. Una
i•a lumiJ;osa y fugaz como el relámpa·
go que cruzó por la imagin"acion cando·
rosa de Anita, la impulsó á cubrir su
dedo herido ccn la concha bendita, y
desde entónces no sólo cesó de sufrir,
sino que el diab!Q tuvo que irse con la
música y sus malas intnnciones á sitio
donde no hubiera niñas tan virtuosas
como Anita, pues alli había perdido el
tiempo.
.
Hasta aqui lo que cuenta la tradicion.
Por mi parte no sé hasta qué punto acep·
tará la vigorosa Academia dé la Histo•
ria la version apuntada.
Aunque sea doloroso, hay que confe•
sar que en la actualidad carecemos de
Anítas no en lo que set.efiere á la mo·
dosidad con que despreciaba aquélla la,¡;
pretensionesde sus apasiona.dos tlíbremc
Dios de pensarlo así!, sino en io relativo
en su aficion á coser.
Sólo la moda, que á fnerza de hacer
cos¡¡s malas suele hacer alguna buena,
coloca el dedal en las manos aristocrá·
ticas, cuando aquélla hace un llamamien·
to á la caridad de las verdades cortesa•
nas, para que confeccionen ropa para
los niños ,pobres.
Entónces, en. su honor sea dicho, re·
cardando las leccionés que la monja pa•
cientemente las dió acerca del manejo
del dedal y la aguja, hacen salir de en·
tre sus sonrosados y finos dedos de espi•
ritual hada, abrigo para los desnudos
cu;irpecitos de los '.nil'l.os que, ménos fe·
tices ql!e otros, tienen su existencia
pendiente de la voluntad de las personas
caritativas.
¡Con cuánto placer entónces darán
por bien empleados los apuros que las
costó saber hacer uso del dedal !
Hay un de&lt;f¡¡l que tiene para mí to·
das las simpatías, el de las costureras
de oficio. Pobres niilas que encierran
e¡i él ~us ilusiones y su sustento, sin
ambicib\ms posiciones que á menudo no
saben que existen; y con él viven con·
ten tas y honradas, cuando sólo con aban·
donarle podrían triunfar de)a:suerte y gozar del mundo entero entre sus dorados
vapores.
Pero hacen bien. Si el tiempo que. el
deilal las consume pudieran dedicarlo á
la lectura, habrían visto que en "El de·
dar de plata• que escribió Reina, ff. una
diosa del placer y el lujo al revolver los
recuerdos que amantes desenfrenados la
regalaron principes y magnates á cambio de sor¡risas ·y galanterías, sólo la
impresiona hasta el extremo de arrnn·
cárla lágrimas de sus ojos de fuego que
parecen sólo nacidos para la orgía y las
biwanales, un sencillísimo dedal de-plata
que su noviQ pobre mancebo, la regaló
en la aldea.
Para aquella vénus de encajes y terciopelos y cama_rines de perlas y rosas
de Aléjandria, sólo es capaz el modesto
dedal de plata de hacérla despertar sus
sentimientos y su cora_zon dormidos .
y esqueel dedal la r ecordaba sus diasde inocencia.
Y la inocencia vale mucho.
C ARLOS 0SORIO Y GALLARDO.

-Escúcheme Vd._y lo verá: Vd. ha de
saber que estoy abonado á su -periódioo y
que leía yo con particular empeño los artfcnlos de V d.
-¡Ah comprendo ahora! ¿le gustaban /i
V d. mis art!cnloe.
-Ciertamente, y con ellos me hizo Vd.
un bien muy grande, como le explicaré en
segnida.-Vd. hablaba repetidas veces de
los preteudidos milagros de Nuestra Señora de las Victorias.
-SI, señor.
-Pues bien, yo no los crela, lo mismo
que le sucede á Vd. Pero al ver qne Vd.
volvla tantas veces á tratar del mismo
asunto, me dije por fin á pesar de mi incredulidad que algnn motivo sério debla
haber para esto; y quise convencerme por
mí mismo ele lo qné babrfa de cierto eu el
asunto.
~tY fué Vd. á la iglesia?
-Sf, señor, faf el domingo pasado.
-Y se-encontró Vd. con que todo eran
tonrerfas.·
-No pnedo decir esto precisamente, señor! Sucedió que. llegué justamente ¡¡ la
hora de las Vísperas y ¡qné quiere Vd.?¡me dejé coger!-Vd. -podr6. burlarsedemf,
pero la Santfsima Vírgen me ha convertldo. Ac.abo de cumplir .con mis obligaciones de cri11tiano confesándome y comulgando, y á más de eso, estoy Jirmemenre
resuelto lí seguir •en e~te camino, porque
francamente me siento muy feliz y esto no
me ha costado ni nn centavo.
-¡lifaml ¡bum! murmuraba el "redactor
que había esperado oir otras explicacioues
muy distintas.
-Ahora señor, continuó el visitante,
en tono mny tranquilo y afable, ahora nada más he venido á darle á V d. las gracias
y á avisarle qu11 se trama una conjnracion
contra Vd.
-¡Una conjuracion contra mi? exclamó
mny azorado el redactor. Y por qníén1
-¡La conjuracion está hecha por mí y
por mi confesor!
.
-Vaya un modo . de ~er agradecido le
dijo tiéndase el redactor, ty me quiere Vd.
decir el por qué de, esta conjnmcion1
·
-Sf, señor, y le diré que, probablemente yo sólo no me hubiera ooupado de ella,
perp despues de haber "arreglado yo piis
cuentas con-mi confesor ·éste me dijo: "Oigame Vd. amigo mio, me parece que podría Vd. hacer nna buena obra, trayendo
por acá á este redactor cuyos art!cnlos
fueron la causa de que Vd. hubí(l!le venido
. cenmigo."
A esto he venido justamente ahora, en
agradecimiento del servicio que Vd. me ha
prestado, y le snplico á Vd. 11ncarecidamente pruebe personalmente el remedio
qne á mi me lia cansado tan admirable
efecto.
.
·
-Estas son tonterías, conrestó el redactor.
-Míre Vd., señor, que ya van tres veces
qne emplea ese epíteto tonterías y no me
parece qne esta.palabra quiere decir gran
cosa. ¡Acaso temer!á V d. el hacer la prueba?

-¡Qué dice Vd.! ¡qne yo habré de tener
miedo á estarme medi_a hora en la iglesia?
acaso poclía ser esto, porque me füsMdiaran tantas oosas de idolatría qne me tocarla ver allf. ... Pero en todo caso, esto me
podría servir para asunto de un nuevo artfcnlo.
- tOonqne irá Vd.?
-Sí, señor iré, y adios.
-Quédese V d. con · Dios seíior ó más
bien, hasta dentro de pronto.

····-·· ............................ ---·

~: hijo humilde, quisiera rener mucha glo•
ria para aliau,r á ta corona una flor• pero
tengo al ménos nua alma sensible y 'te doy
el amor de ella. Ya estoy en tf p~tría mfa·
t _a ea t oy en tf, Y respiro tn aife y míro t~
melo, y soy feliz. . . .
'
¡~elizl ¡Qué palabra se escapó ele mis
1alJ1osT ¡Hemos conocido p0r ventura uosotros lo que es felicidad?
Fantasma qne al abrazarla se disipa flor
q~~~e marchita al tocarla, sombra quJ bny
perseguirla. ¡Qué sabemos nosotros
lo qne es felicidad?
V~nid, amigos mios, Y rodeadme todos:
con mo~os los secretes del corazon. ¡O~
sentfs íehces por ventura,
Léjos·de ntiestra patria, suspiramos por
tornar á sn ~eno, Y al tornar á ella suspiramos tamlnen, porque nos aqueja en el
fo nd del alma un rnstinto viajador ....
tTendremos por dicha otra patria!
·
. ¡Hom?re! tu patria es el logar donde na- •
m~te; cristiano, mira el cielo: esa es ·tu pa.
tria.
¡Qué es el mundo, sino lugar de tránsi ~• que echó Dios entre la nada y la etermdad?
· ¡Qué somos nosotros, ~ino pobres desterrados que andamos gimiendo por entre
sombras, en busca de esa patria de luz y
de arm.onfa?
No me digais que esto es hermoso· todo
lo sombréa la muerte.
'
Ese arroyo bulle, sonríe ella flor· pero
dad ·nu paso, y el arroyo se ha secad~ y la
flor marcbitóse.
'
Mirad atrás...... ¡ruinas! mirad adelante. • . , ¡todo ~st/i cayendo!
La muerte es la reina del mundo nuestro esplritn no puede vivir en esta' region
de la muerte.
¡Aire! aire! que se aboga el alma• dadle
paz, qne· est/i cansada de gemir y de relu-

º

char.

Réyes son los- hombres, y se arrastran
p~r el lodo;_ hermanos, y se despedazan;
b1¡os de Dios, y blasfeman, miéntras se
hunden en el aepalcro.
:A-rrancadnos á esta region de miseria:
mugan rotas las cadenas, y vnele el alma.
Alma mía, ¡no sabes que sobre esa atmós~era tempestuosa hay nna region, dende v1\'e la paz, y no anocbéce la Iuz, y es
inacabable la vrdaf
Ali!¡ alma mía, podrás en medio de nn
s~lencio divino, sumergirte en las profundidades esplendorosas de la eternida4; allí
vivir vida eterna ele amor en el seno de
Dios ....
Esa región, alma mía, es el oielo; ese olelo, alma mía, es tu patria.
ANT!)NIO ÁPARSI Y GUIJARRO.

MONTEVIDEO.
¡Es el Plata! Es e!Plata!-kncha llanura
De bruñido metal qne nanea acaba
Parece el río cnya diestra lava
'
De Búenos Aires el soberbio pié·
Onfa izquierda rendiendo hácia-~l Oriente
De anajóven beldad la falda toca;
Beldad guardada por gigante roca,
Qne el Plata inmenso desde léjos Té.
Y es fama qqe esa rona. majestuosa
•
A la bella cindád pusiera nombre,
Onandoen mediodel mara! verlann hombrn
¡ Monte 'Oeo! ,~el mástil exclamó.
En frente de ese monte nació un pueblo,
Oon nn cinto de muros y cañones;
Do clavaron tre3 reyes sus pendones;
Que colérico el Plata contemp!ó.
Te envidiaron los reye~, rica joya,
Y un día en sus coronas te ostentaron,
Y al mirarte otro dia, sólo hallaron
En vez de joya duro pedernal.
Entónces adornaste la diadema
De la jóven república de Oriente,
Que te muestra /i los pneblos en sn frente
Desde el Oerro, su eterno pedestal.

El sig:iiente domingo en la noche el redactor entró como una bomba en casa de
su antiguo visitante y se le hecbó al ene.
llo exclamando lleno d~lo: "rlle caiclo
A ps~I:~~~~scx~CION •.
yo tambien amigo mi~do!"
LUIS L . DoMINGUEZ.
El redactor habfa cumplido su palabra
Sobre la fúlgi&lt;I.B luna,'
asistiendo
al
templo
de
Nuestra
SeñoM
de
Y de estrellas 'lloronada
las Victorias y Dios le habla tocado tamLa frente serena y pura..
bien el corazon con su Divina Gracia.
Está, la cándida virgen,
En seguida. abandonó so puesto de reLa antoróha que nos alumbra,
Fragmento de un libro inédito.
clactor,
se despidíó del mundo y entro á
•
La agraciada del Eterno,
Ya
ocultó
el sol sn faz en Oecidente,
nn
convento,
clonde
todavía
hoy
dia
sirve
Madre llena de venturas,
de ejemplo edificante á todos los que lo brilla en el cielo el astro vespertino,
Mlís olorosa qne un ramo
y la campana del cercano t,emplo,
tratan.
De lirio~; con más frescura
nos llama á la oracion.
Que aquella aura 'Vagarosa
-Reza, hije mío.
VESl'EB.TINO,
.
Qne entre las flores susurra;
"El ángel del Señor dijo á María:
La tarcle elltá mny triste;
• Más blanca qne los celajes
Por Dios tu puro seno está bendito;
Onal vfrgen desposada
Oon que la anrorá despunta,
carne
tomará el Verba en tus entrailas,
La
luna
est{I
velada
Envnelta en sn régio velo,
madre
virgen s111ás."
e De argentadfsima espuma,
Pensando en Endimion:
-Reza, hijo mio.
Sólo en tu dulce piano
Más brillante que los rayos
"La Virgen prosternóse reverenre,
Despiértase el sonido,
Del rojo sol que fulgura
y con humilde voz al ángel dijo:
Oomo eselavo dormido
En la bóveda del cielo;
"Yo soy la esclava del Sel'l.or, y cúmplase
Qne
llama
lí
sn
señor.
Y as! como él nos fecunda,
en
mi su voluntad."
La idea, .mariposa ·
Tal la fnenre de en gracia
~Reza, hijo mio.
De bull icloras alas,
En el corazon se oculta,
.Bl que formó los mundos y los cielos,
Al peso de sus galas
Derra~ndo en nuestras almas
por nuestro amor se hizo hombre y dió su
Adnérmese en mi sien:
La copa de sn ternura.
[vida
No
sueñan
los
lnceros,
¡Oh! flor de sagrado aroma,
en afrentosa crnz .... "
Los vientos 110 palpitan,
Blanco jazmin que perfuma
-Roza, hijo mio.
Ni !118 flores meditan
Los jardines.de los cielos,
"Haz
¡oh
Señor!
q
ae
así cual conocemos
Amando
en
el
verjel.
Las regiones de la altura;
la
enca.rna~iou
bendita
de tn Hijo,
:tos plíjaros del bosque
Santuario de fé precioso,
por
sn
pas10n
y
muerte
dolorosa
Sns
cantos
no
modulan;
Arbol de esperanza suma,
gocemos
de
nu
gloria
en
el empíreo.
Los árboles no ondolan
Guyo fruto es el amor
¡Oh
Virgen
pura,
de
salud
venero;
Bañadoij
por
la
laz:
Que 11' caridad endulza;
por 1~ hora diehosa·eu que el espíritu
¡Por qné respira el alma
Doblemos ambas i;odillas
d\l Dios soure tu seno desoendiera,
En lánguido desvelot
Ante esa régia hermosura,
bendecidnos,
Se!iora, bendecidnos."
.
¡,Por
qué
estlí
triste
el
q,ielo,
Ante ese sol de justioi;l,,
As!
dice
la
madre, y reverente
Y estás enferma t(i?
De castidad blanca. lnna,
la_piadosa
oraoion
repite el niño;
!11.
SANOHEZ
PESQUERA,
·
Y-en nu himno humilde y santo
mira
á
su
madre
y
6 los cielos mira,
Nuestra voz al cielo suba,
ta.
1
vez
buscando
en
los confusos ¡¡iros
Proolam/indola incesante
ele
las
ligeras
vagarosas
nubes,
. Siei;nl!re bella y siempre pura.
del
arcángel
Gabriel,
nuncio
divino,
. JULIA PEREZ MONTES DE OCA.
la blanca veutidnra y la aur~ola
.
•
qne orna sn frente con celest~ brillo;
Mirad, ¡ya lo divisol mirad ese cielo tan: y sol'l.ando en el cielo, en el regato
poro, tau gracioso, tan amplia y bellamen- ele su II\Bdre, feliz dnérmese el niño.
t,e desplegado.
Ese cielo es el cielo de mi patri11,: manto
Vamos /i referir /i nuestros lectores el
Anre el hermoso cuadro que prese11.ta
caso de nn redactor ele uno de los periódi- hermosísimo de azul, qne embellece una la madre orando con en tierno hijo,
cos radicales de Paria que habla tomado á luz florida.
cuadro de seductora poe~fa
¡Patria mía! eres mny bella: Dios sonrió digno de los pinceles ele Murilla,
su cargo la tarea de atacar por fa,;i ó por
nefas á, la religion católica. Parece que te- al formar tu suelo .. vistiólo de flores y el esposo á la puerta de la estancia
nemos delante 11. esre individuo en cuya ft. mandó /i los céfiros mlís suaves, qne lo per- ee detiene turbado y conmovido.
sonomhl, se revelaba la expresion de un fumasen.
¡Tambien sn buena madre le enseilara
hombre que se siente satisfecho con la taFresca y gentil, te reclinas en ese jardin pü,dosas oraciones cuando niíio,
rea qne se babia impuesto y /i la que le da- deleitoso, como virgen graciosa y pnra, y tambien se elevaba hasta los cielos
ba el títn!Q enfático &lt;le: ".Ataques contra que tija por vez primera en uu amante una como ángel puro sn infantil espirito!
tfmida mirada.
la Religion."
Tambien de las campanas comprendfa
Los asuntos que más aguijoneaban su
Eres grande, patria mía;-esa~ tórres qne la misterioua voz; y eco bendito
espfritn barlesco contra l&amp; religion, eran tocan lll¡J! nubes, lo proclamaB. Tus brazcs hnllab1m en sn alma, qne piadosa
las narraciones que se hacían de los mila- son, qne levanta.a orando á lo~ cielos.
sabía responder á sus t11,ñidos.
l(ros y gracias de Nuestra Señora ele las
Envuelta en los grandes sonidos de las Mas ¡ayl que largos años han pasado
Victorias, en el mismo Paria.
campanas, desciende á conmover los cora- de indiferencia y de culpable o!Tido . ... .
Hé aquí el oorn:
zones la voz de la religion .... músioa su- La copa del placer apuró en ellos,
Oierto dia acababa de escribir el siguien- blime en la region de los aires.
tY qué halló al fin1 .... Dolor, cansancio,
te párrafo:
(bastfol
¡Patria mía! ¡Patria mial yo te amo cual
"Son las 8 de la noche del domingo, ho- se ama 1\,eaposa gentil; donde vaya te lle- La duda siempre, cual espectro horrible
ra ea la que el cnm de la iglesia de Nues- vo en ml oorazon, y al pensar en tf me sal- siguiéndote do quiera,. de continuo,
tra Señoca de laR Victoria11 suele referir tos tan las llígrimas.
hielo en el corazon, hielo en el alma,
milagros verificados en esta iglesia, y no
En ti, por vez primera, vi esa lnz que triste el presente, el porvenir sombrío.
faltan gentes suficientement,e cándiclas que nos envía e,! cielo para q'!e miremos sn her- Más ahora, ante el cuadro que presenta
no se retraen de ír á. oir y dar crédito á mosura; en ti oomencé á mnrmnrar tiernas la casta esposa orando con su hijo;
toda la plática insnlsa que les espeta allí oraciones qne me enseñabl) mi madre; en la olvidada oracion vuelve á sus !libios,
el reverendo cura."
ti habló mi alma á otrau almas un lenguaje siente nn placer consolador, dnlcfsimo;
Se hallaba, pues, nuestro redactor GCU· misterioso y divino; en ti besé por fütima y as! como el sediento caminante,
pado en parafrasear sobre este asunto vez la. mano de mi paclre, y la &lt;meta frenre al hallar nn arrollo cristalino,
cuando entraron /i avisarle qne un sello; de mi hermana.
se refrigera en él y a.liento cobra,
deseaba hablarle. Pasó dicho seilor ~ le
En tí, oh patria mía, tengo lo qne hay así tambíen el celestial rocío
más puro en la vicia y más sagrado en la de la fé sin la cual no hay luz ni dicha,
dijo:
-Annq¡¡.e no rengo el honor de haber muerte: la cuna de mi" niñez y el sepulcro da vida nueva á sn cansado espirita.
sido presentado á Vd., sin embargo, le de- de mi pa,lre.
La misteriosa voz de las ca.mpanas
bo un favor muy grande.
Por eso léjos d.e ti me sentfa triste, pero halla en su corazon eco bendito;
-tOómo, seilor? conwstó nuestro redac habla en aquella tristeza encanto secreto: la olvidada oraoio11 vuelve á BU8 lábios
tor. No comprendo cómo dice Vd. , ..
era como rncnerdo vago y confnso de ale- siente un placer oonsolador, dulcísimo;
-Oh sí, se!íor, hace algnnos dias que grfas y dolores que pasaron.
jamás los que llamara nn di11 ¡-oces
Vd. me ha hecho un.servicio muy ¡-rande
Me suntfa triste, y me decía: ¡cuándo le ca.usaron placer tan peregrino.
y he venido á darle las gracias.
volveré á V07 aquellos campos tan hermc- Una lágrima brota ele sns ojos ....
-Tengo mncho gasto en haber podido ses{ aquella luz tan suave, y recorreré las ¡Oh llanto bienhechor, llanto bendito!., ..
servirá V ~ pero debo decirle que en Jo cal es conocidas, y encontraré á mis ami- Gozoso su ángel bueno, en copa de oro,
11bsolnto no puedo recordar en que podré gos, y los estrecharé sobre el corazonf
para mostrarlo á Dios, lo ha recogido.
haberle sido útil, contestó el redactor.
Ya estoy en tf, patria mía, ya estoy en
JOSEFA ESTEVEZ DE Q. DE UANTO.

~~s

LA ORACION.

La Patria y el Cielo.

Cogido en sus prop1as redes.

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                <text>El Tiempo: diario católico. Fundado y editado por Victoriano Agüeros. Fue un diario católico, que presentaba las noticias más relevantes del mundo católico en México y el mundo. Contiene las secciones Boletín religioso, editorial, documentos parlamentarios, gacetilla, además de noticias sobre arte y literatura.</text>
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              <text>Agüeros, Victoriano, 1854-1911, Fundador, Director y Propietario</text>
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              <text>Política y gobierno</text>
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              <text>El Tiempo: diario católico. Fundado y editado por Victoriano Agüeros. Fue un diario católico, que presentaba las noticias más relevantes del mundo católico en México y el mundo. Contiene las secciones Boletín religioso, editorial, documentos parlamentarios, gacetilla, además de noticias sobre arte y literatura. </text>
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              <text>Imprenta Victoriano Agüeros</text>
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              <text>Fondo Historia</text>
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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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