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LA MODA ELEGANTE, PERIÓDICO DE LAS FAMILIAS.

NINON DE LENCLOS

Decís, Señora, que os faltan muchas cosas
para que volváis á ser

JOVEN Y . BELLA

Pues p~didlas á la Perfu11uria Exótica, rue du
,f, Stptem6re; 35;m París, y quedaréis satisfecha
y encantada del resultado. '

Su Bris'"tl~ótua, en agua 6 en crema, os hará

. Reíase de las arrugas, que no se atre~ieron nunca á señalarse en su epidermis, y se conserv(
Joven y bella hasta más allá de sus So anos, rJ&gt;mpiendo una vez y otra su acta de m.cimiento á J~
faz del tiempo, que en vano agitaba su guadaña delante de aquel rostro seductor sin poder morti- ·
ficarle.-E_ste secreto que la gran coqueta egoísta no quiso revelará ninguno de sus cor.temponi neos, ha s!do descubierto por. el doctor L~conte entre las hojas de un tomo de la Historia amoroso
de las Ca!,as, de Bussy-Rabutm, pertenecient~ á la biblioteca de Voltaire y actualmente propiedao
excl_usiva de la PerlHmería ll'h1on (.Afaison .Luonlt), 31, rue du 4 Septembre, 31, París.
D1cha casa entrega el secreto á sus elegantes clientes bajo el nombre de \ 'érflable Ea11 ,11•
1111100. y de D!ibe&amp; d4: llh~o_n, polvo_de arroz que Ninon de Lenclos llamaba ,la juventud en
una. CaJa~.-Es necesano ex1g1~ en la etlqu~ta el nombre y la dirección de la Casa, rara evitar lat
fals1fic!c.10nes.-La .faifumeru Mnon expide á todas partes su:; prospectos y rrecms corrientCl&gt;.
.Dtp~s1/os _m Madrid:_ Pauual, Artttf]l, 2; Arlaza, Alcalá, 2.J, pral., izq.; Agu:rrt y Moli1to, ptr•
fumer,a {!_ru,tlal, PrtcUJdos, I; Fedtru:o, G_ros,peifumería Ur,¡uiola, Afayor, r; Romero y Vicmlt,
f':_,fumena I,,%1.:sa, Carrera de San J'erommo, ..J, y eH Barcelona, Sra. Viuda de .La/011/ i /l1j1s . .1
11

•

.,.,¡,, •f~rrer

volverá la hermos·a edad de-diez y seis primaveras
y os defenderá .contra las arrugas; su polvo dt:
arroz Flor de Albérchigo dará á vuestro cutis una
blancura diáfana que evocará á las rosas desvanecidas de vuestro rostro; su Anti-Bolbos extirpará los puntos negros que brotan en la nariz,
sin dejar la menor huella de ninguno; su Sorcilium espesará, alargará y dará nue.vo color á
vuestras cejas y pestañas; su Pasta de los Prelados destruirá los sabañones y las grietas, y os de,
volverá Ja mano lisa y mórbida, con las vena~

CABELLOS
largQs y espesos, por acción del Extracto c apilar de 108 Benedlellno ■ del Monte Majella,
que destruye la caspa, detiene la caída de los ca.
bellos, les hace brotar con fortaleza y retarda su
decoloración. E. SENRT, Am.lINISTRADOR 35
rut dtt 4 &amp;¡,ttmón, Paris.-Depósito en B~rce!
lona, Sra. Viuda de Lafont é Hijos.

3 Medallas en las Exposiciones de 1878 &amp; 1889

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crito por el distinguido cronista de salones y tea-

suavemente azuladas que antes, en vuestra primera juventud, poseiais; y toda e~a transformación se efectuará naturalmente, sin recurrir á
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{tumore1,ob8truccione11 humore, /)"io,,etc.),

atecctones contra las cuales son impotentes
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r liter.iria,

La piel de zorto ha aumentado
mucho de precio en estos últimos
años, merced á la moda, que ha
adoptado el zorro azul y hasta el
negro ó blanco. El precio de estas
últimas pieles es todavía más su•
bido que el de la marta; pero no
hay nada más elegante que el zorro azul.
Las pieles de marmota, de oso,
de lince, de lobo, y sobre todo de
petit gris, son objeto de un co·
mercio muy importante. Sólo de
pet# gris se hace un tráfico anual
entre China y Europa de más de
quince millones de pieles.
Una de las pieles más de moda
en la actualidad, y también de las
más caras, es la nutria. Las señoras la emplean en la ornamentación de sus vestidos y confecciones de invierno. Los diamantes y las piedras de color, principalmente la turquesa y el zafiro,
se armonizan admirablemente
con esta piel, sirviendo de broches de abrigos, de botones de
casacas, etc. De este modo se
obtienen combinaciones de un
lujo y una elegancia incompa•
rabies.

CORSETERAS Dlt LA RllAL CASA

EL SOL DE INVIERNO

Cl:lra

Turo.-Re\'ista parisiense, por V. de Castclfido.-Exr,licaci6n de los graba.
dos.-La Abadesa de Fonte\·rault (conclusión), por la Condesa de Campoblanco.- El beso de hielo, por D.&amp; Salomé Nútlez y Topete.- Un misterio,
por D.• Inés B.-La Coqueta., poesía, por D. J. F. Sanmartín y Aguirre.Corrcspondencia particular, por D.• Adela P.
-Explicación del figurín ilumihado.-Ex•
plica.ción de los dibujos para borda.dos con•
tenidos en la Hoja-Suplemento.-Sueltos.Anuncios.
GRA8ADOS.- I. Sombrero de \'isita.-2. Lam•
brequin de chimenea 6 cortinaje -3 y 4. Dos
-eolchas de cuna 6 cubrepiés (croch~t).-5.
Matinü tle franda.-6. Adorno de corpino.
-7. Traje de convitc.-8y 9. Tnijc para leatro.-10. Abrigo escocés para nittas de 6 :i
8 an.os.-11. Corpii\o de franela.-12. Falda
de cheviota.-13. Falda de pano.- l .. y 1 5.
Sombrero para seMritas.-16 :i I8. Trajes
de máscaras para senoras y senoritas.-19.
Traje para senoras jó,•enes.-20 y 21 . Abri•
go para ninas de 10 á u aMs.-u y 23Abrigo para jovencitas de 13 á i S aflos.24 Chaqueta de ,·isita.-25 y 26. Vestido de
recibir.-27 y 28. Abrigo para niMs de S á
7 aflos.-29. Vestido Grunaway Fara ninas
de 4 á 6 atl.os.-30 y 31. Vestido para jóvenes de 14 al'los.-32 á 36. Trajes de ma=ras para ninas y 11,1nos.

PECAS, LENTEJAS, TEZ ASOLEA.DA
SARPULLIDOS, TEZ BARROSA
~
ARRUGAS PRECOCES
tJ&gt;.
~ o~
EFLORESCENCIAS
..,0,(, ~
19
'd.o..."'ll
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ROJECES
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REVISTA PARISIENSE.
SUMARIO.
Un aftO excepcional para d comercio de picles.-lmportancia de este comerciu.-Las
_pieles más de moda.- La marta I el zt,rro
azul, la nutria.- Los mil.os i la moda del
día.- Mujercitas y hombrecitos.- Un modelo de traJe dd palmar.- L 'Obstadt , ca•
media en tres actos, por A\fon~o Daudet.TDtlttfts est:rcna.tlas.
0

El frío excepcional que ha se•
ñalado este invierno desde su
principio, ha favorecido, no sólo
á los patinadores, sino en mucha
mayor escala al comercio de pieles. ¿ Cómo luchar con semejante
temperatura sin envolverse en
pieles desde los pies á la cabeza 1
desde la piel del carnero, mejor
6 peor teñida, hasta la piel de nutria?
Sabido es que las pieles proceden1 en su gran mayoría, del Norte, donde cazan los animales de
manera que la piel quede intacta, procurando para ello herirlos
siempre en la cabeza. La marta
se cotiza como la reina de las
pieles, y su precio sirve de base
al de todas las demás. La marta
no tiene color uniforme, propia•
mente dicho, y varia desde el
negro al marrón claro, rojizo y
amarillento. Con todo, mientras
más obscura es, más se la estima
y mayor es su precio.
Algunos abrigos de marta cibelina valen hasta 100.000 fran•
cos. Adelina Patti usa en invierno
una pelliza de marta valorada en
más de 60.000 francos, la cual le
fué regalada en San Petersburgo
por los admiradores de ~u talen~
to, que la costearon por medio
de una suscrición.
La marta es la piel que se ofrece por regla general en las ca•
nastillas de bodas, y esta piel está

Año L-Núm. 4.

que fué muy admirado en el banquete dado por el Prehoy más de moda que nunca como adorno de vestidos.
sidente de la República en honor del Príncipe heredero
En efecto, nuestras elegantes vuelven á las costumbres
de las castellanas de la Edad Media, que adornaban el • y de la Princesa real de Dinamarca.
Las mejores pieles de marta proceden de Olkman y
delantero y la orla de sus vestidos con tiras de pieles.
de Oldam, y las ordinarias de Nerchinsk y de las islas
Así, Mme. Carnet llevaba un elegantísimo traje de terSaghallen. Evalúase en más de 50.000 pieles el prociopelo· color de rubí, guarnecido de marta cibelina,
ducto anual de la caza de marta
en Siberia. La causa del precio
considerable de un abrigo de esta
piel es que, siendo la marta tn
animal sumamente pequeño y
utilizándose sólo una parte de él,
hay que emplear á veces hasta
ochenta y cien pieles para un
ábrigó .

PERFUMISTAS EN PARIS

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Jos polvos
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dado tan buenos resultados,
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parisiense
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hoy m.is
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Pt1fuuó11 m la J1uhurn,
\--~:;;::_;
uos proCorsés para contrahechas, variedad en fa.
l1l los drtnlüs y duraálm .
'
,-c.:.:\.
duetos
Sl•
.dp,•obatlo por todas J~s ias y corsés !)ara novia .
guientes:
elegantes del mundo.
t•LaCJtEMADENTIFBIC..&amp;leJUGAUDc;e
remiten
a
provincias
y
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extranjero.
•1t. Unkmae Fal&gt;rlcantu.
Ytndidos ha~ta la fe-ch:
que, humedecida por el agua, forma un muclmlls r1c un millón pnr an,,.
Fvm,c4utioo de P1rl1, cafl• Bons.put,, fO
¡¡¡go untuoso muy agradable, !Impla los dientes
Pl'di,lr,~ hechos por c'omer•
con la suavidad de un lienzo flexible dandoles
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'~''"'"'
"' '"'~~:.
.......................

"J'i!t
.,
.': ;.
~ ~

!.-Sombrero de visita.

A muchas personas graves les
parece ridícula la manera como
hoy vestimos á los niños. Yo . no
soy de este parecer; primero,
porque es necesario que la moda
varíe, sin lo cual no tendría razón
de ser; y segundo, porque cuan•
do se trata de la turba infantil,
deben proscribirse las palabras
feo y ridículo; todo en estos seres
diminutos es lindo, gracioso, ele•
gante, hasta lo exagerado y estrambótico.
Es cierto que en la actualidad
los más preciosos bebes van ves•
tidos de largo como mujercitas,
y que al verlos por detrás con
sus vestidos largos, sus anchas
esclavinas y sus capelinas enormes, que les llegan hasta los hombros, se pregunta una si son niñas
ó son enanas; pero así y todo,
están siempre encantadores, y
tal vez más á causa de la singularidad de la vestimenta.

�•
LA MODA ELEGANTE, PERIÓDICO DE LAS FAMILIAS.

38

Hace pocos años la gran moda consistía en vestir, lo
mismo á las niñas que á los· niños, por encima de la rodilla, Hoy, el gran chic coñsiste en vestirlos hasta más
abajo del tobillo, y podría decirse casi hasta más abajo
de los pies.
Se ven chiquillos de cinco años, á lo sumo, que lle•

,,

gruesa~ y p_eludas de color de fuego. Una cenefa en el
borde inferior de la falda, acompañada de una tira de
pi~!. Chaqueta s_emi!arga. Boa de pieles, y tor¡ue. de lo
mismo.
·
Entre todos los trajes de patinar que he visto, es el
único que me ha parecido digno de reproducción. Lo.s
demás eran simples trajes de calle, un poco cortos.
Como colores, todos los tintes marchitos, esos lindos
colores medio desteñidos que se ven en las tapicerías
de la época de Luis XlII; verdes, rojos, azules y rosas,
que de esto han tom1do el nombre de antiguos .

.LA MODA ELEGANTE, PERIÓDlCO DE LAS FAMILIAS.

Mme. Pasea. Vestido de recibir, consistente en una
blusa larga de piel de seda negra, que se abre sobre un
vestido de debajo de raso verde. Mangas ajustadas de
e.aso verde, cubiertas por unas mangas perdidas de gasa
de seda negra. Collar de plumas. Cinturón de cinta de
terciopelo claveteada de acero. ( Croquis núm. 9.)

•••
¿ Qu é podre decir á mis lectoras del acontecimiento
teatral de la temporada , del Obstacle , comedia de monsieur Alfonso D,1.udet, estrenada en el teatro del Gimnasio ? Toda la prensa se ha ocupado de esta obra not able , y la ha juzgado, por lo general, .de un modo
bastante favorable. Me limitaré, pues , á describir las
toilettes estrenadas , que fueron bellísimas.
Acro PRIMERo.-Estamos en Niza , en pleno carnaval,
y los vestidos están en armonía con el hermoso ci elo
d el Sur , que se ve por las ventanas abiertas .
. Mlle. Darlaud saca un vestido de p ekín gris guarnecido en el borde del deb.ntal de un volantito de crespón.

Nú m.

1.

NUin. 7.

van el pantalón de hombre , el cual doblan por abajo de
una manera varonil cuando llueve ó hay barro. El .. pardesús&gt; es de paño beig e, como el de los cocheros ingleses, y les llega. un poco más arriba de las rodillas. Añ i dase á esto el cuello en pie con peto, el sombrero melón y el· bastoncito, y se tendrá la estampa más gracios:i
de un elegante minúsculo·.
En cuanto á las niñas, tan pronto como echan
á andar se les pone ~¡ vestidQ rasante , el carrick
de tres esclavinas y la capota Greenawa,1.
Y de aquí pua arriba, todas las edades están
sujetas á la misma ley. Vestido Imperio, con el
talle corto, la falda fruncida y guarnecida de pliegues en redondo, y á veces de un volante fruncido 6 un volante de encaje. Una cinta rodea la
cintura I y una escarcela pende del lado izquierdo .

•••

2.

Núm. 3.

V.

N úm. 4.

cer favorito. Así es que por mañana y tarde hay afluencia en el gran lago del Bosque de Boulogne y en el Club
de los patinadores.
He aquí un traje que llevaba días pasados una señorita rusa ( croquis núm. I):
Vestido de vigoña azul marino 1 bordado de pastillas

DB CASTBLFIDO.

Paris, z4 de E nero de 189 1.
N ú:n.

Según ya hice observar en anteriores crónicas, las
aficionadas á patinar no han tenido nunca un invierno
tan propicio como el presente para entregarse á su pla-

N úm.

Mlle. Sisos. Precioso traje de bengalina gris guarne•
cido de un volante fruncido. Corselillo fruncido de ben•
galina, que deja ver un peto de guipur. Dos paños de
escla vina pasan sobre los hombros y forman confección.
- 7 or¡ue de beogalina ribeteada de astrakán y
guarnecida de plumas. ( Croquis núm. 10.)
Se explica fáci lmente , aun prescindiendo del
mérito de la comedia de Daudet, que una colección tan rica y variada de elegentes toz"letles ha•
bía de atraer al Gimnasio lo más notable y distinguido de la sociedad parisiense.

Nú:n 6.

EXPLICACIÓN DE LOS GRABADOS.
F~lda_ redonda. Corpit'í.o-frac , que se abre sobre un cam1sohn de crespón sujtto en la cintura con tres galones
d e acero. Manga. plegada del mismo pekín .~ Sombrero redondo de paja mordorada, guarnecido de plumas. (Croquis
núm. 2.)
Mlle. Sises. Vestido de pekin color
de rosa , ribeteado de marta cibelina.
Corpiño plegado con una tira de marta,
medio cubierta de muselina de seda color de ·rosa. Manga de pekín cubierta
de muselina. de seda y plegada. bajo
unos lazos de cinta de raso color de
rosa. ( Croquis núm. 3. )
Mme. Pasea. Vestido de raso color de
plata, de forma Princesa, guarnecido
por delante de una tira de plumas y de
dos volantes de encaje blanco formando
quillas. Dos volantes del mismo encaje
adornan la esclavina. Collar de plumas.
( Croquis núm. 4. )
AcTo SEGUNDO. - Vestido de visita de
Mme. Pasea. Este vestido es de paño
morado con falda larg:i. Casaca larga
del mismo paño, recortad-1. en aldetas
largas á todo el rededor. El delantero
se abre sobre un peto plano rodeado de
una guarnición de encaje de Venecia.
Mangas cubiertas de gasa negra. ( Croquis núm. 5.)
Mme. Desclanzas. Polonesa de brocado color de palo de rosa, abierta sobre una falda de seda color de rosa antiguo, que va v.e lada de crespón color
de rosa y atravesada de cintas de terciopelo del mismo color. Mangas del
mismo terciopelo. Fichú de crespón , el
cual rodea el escote y llega hasta la
cintura. ( Croquis núm. 6. )
.
Acro TERCERO.-Mme. Desclanzas
Saca un vestido de paño color de ros¡
té, cruzado de izquierda á derecha y
bordado de azabache imitando plum'as
Un borde estrecho de plumas ribetea el contorno deÍ
cruce. En el lado derecho va un enrejado cubierto de vivos de azabache. Mangas bordadas.-Sombrero de paja
guarnecido de plumas color de rosa. (Croquis núm. 7.)
Mlle. Sises. Vestido de velo blanco, sencillo como el
vestido de una comulgante. (Croquis núm. 8. )

Sombrero de visita.-Núm. l.
Este sombrero se h1ce de terciopelo color de m1íz,
y se compone de un ala de terciopelo estirado, ribetea•
da de un galón de perlas finas. En el centro de delante,
adorno pequeño, qu e forma un sol, un centro de perlas
y rayos de brillantes. Fondo flexible, de terciopelo color de maíz. Una banda plegada de terciopelo color de
esmeralda rodea el fondo, y forma un lazo hacia adelan•

5.-Matlnée de franela.

Núm . 8.

6.- Adorno

te. Bridas de cinta de terciopelo del mismo color. Un
penacho de plumas pequeñas va puesto por detrás.
Lambrequín de chimenea ó cortinaje. (Punto de Hungría Y
punto pequeño.J-Núm. 2.

. Se ejecuta este lambrequín sobre cañamazo no dividido, con sedas de diferentes coloi::es y torzal de oro.

3.-Colchll de cuna ó oubrepiés

(crochet).

de corpiño.

4.-Coloha de cuna ó cubrepiés

(crochet).

�LA MODA ELEGANTE, PERIÓDICO I¡E LAS FAMILIAS.

40

5e· hace el marco al punto de Hungría con seda marrón
obScura, parte en hileras simples y parte en hileras dobles, Se hacen entre estas últimas unos puntos con seda
bronceada, y se llena la parte dentada del borde superior con seda color de aceituna de varios matices, haciendo alternativamente, una sombra con seda clara y
otra c~n seda obscura. Los tres dientes inferiores van
hechos al punto de Hungría, con seda marrón clara.
El dibujo, compuesto de ramas, va ejecutado al punto
pequeño ( cada punto se hace sobre una hebra de al-

4 mallas al aire ,-una malla simple en el lado de malla
que cae por encima de las mallas reunidas en una;-se
echa la hebra sobre el crochet 1-una malla levantada
sobre la misma malla sobre la cual se ha levantado la
última malla ,-2 mallas levantadas sobre las 2 mallas
más próximas. Todas las mallas que están en el crochet
van reunidas en una malla,-4 mallas al aire,-una malla
simple en el lado de malla que está por encim~ d~ !as
mallas reunidas antes en una.-Se vuelve á pnnc1p1ar
desde*, y se termina haciendo una malla-ca?eneta sobre la primera de las 4 primeras mallas al aue de esta
vuelta.

!ante. Unas alas de color beige van echadas sobre el
fondo y puestas en forma de penacho, con un lazo de
raso azul y otro de terciopelo beige.

Otra colcha de cuna ó cubrepiés.-Núm. 4.
Se hace esta colcha con lana crema ( de diez hebras)
y un crochet ó gancho grueso. Se hace una cadeneta
que tenga el largo necesario, sobre la cual se la~ra,
siempreJendo (la labor debe serjloja),-2 mallas al aire,
*-se prolonga un poco la última malla estir~ndola,-~n
echado sobre la primera de las 2 mallas al aire antenores ,-se levantan 2 mallas, que se prolon~an y se separan con un echado,-un echado,-2 mallas iguales, levantadas sobre la segunda malla siguiente de la cadeneta,
-todas las mallas que están en el crochet y los echados van reunidos en una malla que se termina;-vuelve
á empezarse desde * 1 pero á cada repetición ~e levantan las 2 primeras mallas separadas por medio de un
echado sobre el lado de malla que está por encima de
las mallas y de los echados reunidos antes en una malla.
Se vuelve á empezar siempre la vuelta anterior, pero al
principio se ejecutan antes las 2 primeras mallas al aire
y siempre una malla-cadeneta sobre la 2.ª malla de la
vuelta anterior,-y se levantan las 2 últimas ~alias de
cada división del dibujo separadas por medio de un
echado, sobre la malla con que se han terminado todas
las mallas reunidas en una malla, inclusos los echados
de la división más próxima del dibujo de la vuelta anterior.
Se ribetea la colcha de una vuelta de mallas simples
y de una cenefa también al crochet.

Matinée de franela.-Núm. 5.'
Se hace esta matinée de franela estampada, y se la
guarnece de tul bordado.

Adornr&gt; de corpiño.-Núm. 6.
Este adorno se hace de crespón blanco, cinta blanca
y encaje.

Traje de convite.-Núm. 7.
t,;Um. 9.

tura y de ancho)¡ se emplea para las hojas y los tallos
seda ve::de obscura, y para las flores seda marrón de
varifils matices. El dibujo va ribeteado de hilillos de oro
al pWltO pequeño. Se ejecuta el fondo al punto de Hung;ría Cli'.Ul secla gris. El fondo que se halla entre los dientes va. hecho con seda azul gris de varios matices. Se
llenan.fes dibujos de debajo de la rama con seda verde.
e.tclia tfe

cun1 ó cubrepiés (crochel).-Núm. 3.

Nuatro modelo se hace con lana vaporosa color crema, de diez hebras, de un dibujo que imita el punto de
cruz. El' contorno exterior va guarnecido de una cenefa
estrecha. Se hace una cadeneta que tenga el largo necesario, sobre la cual se labra, siempr~ yendo:

Vestido de crespón de la China azul pálido, bordado
de lunares de plata. Adornos de muselina de seda listada de azul y blanco. Fondo de 1falda de tafetán y falda
lisa bordada de lunares. Corpiño de la misma tela, con
espalda y delanteros abiertos sobre un peto escotado y
ribeteado de un entredós bordado de plata. :Manga ancha, semilarga y estrechada con una serie de plie~ues
formando brazalete á la altura del codo. La parte inferior de la manga forma volante. Un volante plegado va
puesto á cada lado de la abertura del corpiño y forma
tirantes. Cinturón de muselina, plegado en forma de
faja.
Tela necesaria: 4 metros 25 centímetros de tafetán¡
10 metros de crespón de la China, y 4 metros 50 centímetros de seda.
Traje para leatro.-Núms. 8 y 9.
Vestido de seda Ofelia, guarnecido de pasamanería
de plata. Delantero Princesa, cuyo borde superior se
esconde bajo una banda plegada, puesta sobre el pecho
y sujeta en medio con una hebilla de plata. Cuello Médicis de pasamanería, cuyos extremos desaparecen bajo
un fichú plegado. Adorno de pasamanería, formando un
corsclillo recortado por lo alto y abierto por delante.
Otro adorno de pasamanería en lo alto de la espalda.
Manga corta y ancha, y terminada en un brazalete de
pasamanería. La espalda del cuerpo va terminada en
una falda añadida.
lela necesaria: ¡6 metros de seda Ofelia.

Abrigo escocés para niñas de 6 á 8 años.-Núm. IO.
Cuerpo de douil!etle, de lana escocesa color de madera, gris y verde obscuro, compuesto de un corpiño
recto de cintura redonda con falda plegada, que va
montada en el borde inferior del corpiño. Manga de
codo, y esclavina semi!arga de la misma tela, ribeteada
de un fleco de los mismos colores del escocés. Lado
recto de esclavina, que forma un faldón largo, que se
pliega y va fijado en el hombro izquierdo. Cuello alto y
enrollado.
Tela necesaria: 4 metros 25 centímetro:; de lana escocesa, y 2 metros 7 5 centímetros de fleco.

Corpiño de franela.-Núm. 11.

Núm.

10.

r.ª v"uetta. (La labor debe hacerse _jlo;a.)-Una malla
simple sobre cada malla; pero al levantar esta malla
simple, se la toma con el crochet sobre la hebra de la
labor, y se la saca para formar una presilla.
2.ª vuelta.-Una malla simple (como acaba de explicarse) sobre cada malla de la vuelta anterior. Se vuelve
á empezar siempre la vuelta anterior. Se ribetea la colcha con una vuelta igual I y para hacer el ribete se labra, continuando esta vuelta, de la manera siguiente:
Se echa la hebra sobre el crochet,-2 mallas levantadas sobre las 2 mallas más próximas. Todas las malJas
que están en el crochet van reunidas en una !11-ªUa,-

Este corpiño es de franela estampada de lunares, y
va guarnecido de terciopelo y botones en forma de
bolas.
Falda de cheviola.-Núm. 12.
Esta falda es recta, y va guarnecida de botones.
Falda de paño.-Núm. 13.
Se hace esta falda de paño color de reseda, y va
adornada con un bordado de pasamanería negra y una
tira de piel.

Sombreros para señoritas..-Núms. 14 y 15.
Núm. 14, Sombrero Romeo.-Es de fieltro beige, y va
guarnecido de terciopelo color de nutria, de encaje
blanco y de dos penachos de .Plumas rectas. Bordes de
terciopelo cubiertos de encaJe plegado. Por delante y
por detrás lazos de terciopelo.
Núm. 15. Sombrero 0/eiia.-Es de terciopelo y castor,
y tiene la forma de una toque. El ala va plegada por de-

41

LA MODA ELEGANTE, PERIÓDICO DE LAS FAMILIAS,

Trajes de mascaras para señoras y señoritas.
Núms. 16 á 18.
Núm. 16. Campesina rumana. -La falda, que es de
crespón de lana blanca, va adornada en el borde inferior con un bordado de 8 centímetros de ancho, hecho
al pasado y punto de cadeneta con seda negra, algodón
encarnado y amarillo é hilillo de oro. Se bordan en los
lados de la falda unos dibujos que la sobrefalda y el de•
tanta! dejan ver. La segunda falda, puesta sobre la primera por delante y por detrás, se compone de un pedazo de lana.negra, tejida de dibujo.s de colores, cuyo
pedazo se phega en el borde supenor y ~e provee de
un cinturón. El delantal, que es de la misma tela, va
dispuesto en el borde superior en varios plieguecitos y
fijado sobre la falda. L'l camiseta-blusa, de crespón de
lana blanca, va adornada I por delante y por detrás, en
los hombros y en las mangas, con bordados. Se la frunce
en el borde superior. Un cinturón bordado, terminado
en borlas, va cruzado por detrás y se trae hacia delante. En la cabeza se pone un velo de gasa de seda
blanca bordada, cuyos extremos, cruzados por delante,
se echan hacia atrás.
Núm. 17. Campesina bretona.-Este traje se compone
de una falda corta plegada I de lana negra, fruncida en
su borde superior y guarnecida en el inferior de varias
hileras de cinta de terciopelo verde y encarnado. El
corselillo, que es de paño verde, va guarnecido de cin•
tas de terciopelo negro, y cerrado por delante sobre un
peto de paño encarnado con una cordonadura y botones
de oro. Las mangas, largas y fruncidas por abajo, terminan en unos puños de terciopelo. La abertura del
corpiño va ocupada por un fichú cruzado de batista
blanca. Cofia bretona de lienzo blanco. Delantal de lo
mismo, adornado con tiras bordadas de color y cintas
de terciopelo.
Núm. 18. Ar.meniana.-Se compone este traje de un
vestido Princesa liso, que se hace de franela blanca,
bajo cuyo borde inferior se fija una tela de seda listada
de color para figurar una sobrefalda. Las mangas, an•
chas y abiertas, y el peto, son de seda listada. Las man•
gas van terminadas en un galón estrecho de oro¡ se las
pliega en el borde superior y se añaden unas mangas estrechas de franela blanca. El vestido, cerrado por de•
!ante, se completa con una franja de faya color de cereza, terminada en un fleco de oro y anudada por detrás.
La capl, abierta por delante, es de lana de color listada
y tejida de oro, y va guarnecida de un galón de oro.
Su borde exterior va recortado en curvas. Se completa
el traje con un collar de medallas, una corona de rosas
y un gorro encarnado con bordados y una borla de oro

Traje para S;eñoras jóvenes.-~~úm. 19.
Este vestido es de faya color de rosa pálido bordJda.
La falda de debajo, que es de tafetán color de rosa pálido, va guarnecida en el lado derecho con un pt:dazo de
tul plegado del mismo color, sobre el cual se pone una
tira de faya bordada. El resto de la falda va cubierto de
faya con una cenefa bordada con seda color de rosa pálido. La parte de detrás va dispuesta en pliegues de
abanico. El corpiño, corto y en punta y cerrado por detrás, va cubierto de tul plegado 1 al cual se unen unos
pedazos de faya bordada. Cuello y cinturón bordados.
Mangas de tul forradas de faya.

Abrigo para niñas de 10 á 12 años.-Núms. 20 y 21.
Se hace este abrigo de paño color de cuero de Córdoba. Los delanteros se abren sobre 4n chaleco de ter~
ciopelo rojo obscuro que forma por arriba un canesú.
Dos esclavinas siguen á este canesú. Tres aldetas de
delante salen de un cinturón de terciopelo que rodea
toda la cintura. Cuello alto de terciopelo. El chaleco va
abrochado en medio con corchetes. Manga rech, con
un puño alto de terciopelo.

tura, y la parte superior va abierta en forma de V. Unos
fruncidos estrechan el delantero del vestido en la cintura, y un volante de encaje ribetea el delantero cruzado, y guarnece las mangas. Lazos de cinta en la cintura y en las mangas. Estas son anchas con carteras de
encaje.
Tela necesaria: 7 metros de lana, de un metro 20 centímetros de ancho.
Abrigo para niños de 5 á 7 años.-Núms. 27 y 28.
Este abrigo se hace de paño azul claro. Es recto, con
una sola costura bajo el brazo, cruza por delante y va
abrochado con una tapa. Cuello-chal, de astrakán negro. Manga e~tilo de sastre, con cartera de astrakán.

Vestido Greenaway para niñas de 4 á 6 años.-Núm. 29.
Este vestido se hace de paño color de turquesa. La
falda es larga, plana por delante y fruncida por detrás¡
el lado izquierdo se abre sobre un vivo ancho de terciopelo negro que ribetea la parte inferior, y varios
pespuntes por encima. Corpiño-blusa, fruncido en la cintura, la cual es bastante corta; la parte inferior va doblada sobre sí misma formando un bullonado. Solapas,
peto y cuello recto de paño blanco. Corbata á la marinera de terciopelo negro. Manga recta bullonada y que
cae sobre un puño alto y pespunteado. Cinturón de piel.
Gorra á la vizcaína de terciopelo negro y adornada con
plumas.

Vestido para jóvenes de 14 años.-Núms. 30 y 31.
Se hace este vestido de tela de lana azul marino, y se
compone de una falda terminada en cuatro pliegues y
un corpiño redondo, sobre el cual va montada formando
un cinturón ajaretado. Corpiño cerrado en medio de la
espalda, y compuesto de espalda y delantero abierto sobre un peto bullonado añadido sobre el forro de los de~
Jan teros, que se ajusta ~on pinzas. Manga recta, terminada en cinco ajaretados, formando un puño que termina
en una cabeza fruncida. Una correa abrochada termina
el puño. Sobre las sisas va un bullonado añadido. Un
bies ribetea la abertura del corpiño.
7 eta necesaria: 7 metros de tela de lana, de un metro
20 centímetros de ancho.
Trajes de máscaras para niñas y niños.-Núms. 32 á 36.
Núm. 32. El Amor, traje para nitlos de 3 á 4 aí"ios.Se hace de raso azul celeste. Corazones bordados y
atravesados de flechas. Una guirnalda de rosas atraviesa
el pecho. Corona de rosas en los cabellos. Flechas, aljaba y ballesta.
Núm. 33. Pomona, traje para nnlas de3 á 4 mios. -Se
hace este traje de raso color de rosa. Falda adornada
con un volante de seda rayada y con una guirnalda de
manzanas y de peras; cerezas por encima. Collar de
esta misma fruta. Corpiño y mangas fruncidos. Cinturón
de cinta encarnada, anudado por detrás.
Núm. 34. Proserpina, fra;epara nüias de5 d 6 aiios.Fa\da de raso encarnado recortada en dientes puntiagudos y bordada de diablillos. Corpiño de terciopelo
negro recortado del mismo modo en la aldeta. La escotadura va adornada con dientes de raso encarnado.
Núm. 35. A,ifitrite ,traje para ni1ias de 6 á ¡mios.-Falda de raso blanco, bordada de peces encarnados y de
algas . Túnica de seda ligera de cuadritos imitando red.
Una cuerda hace las veces de cinturón y va anudada
con un lazo. Ancla en el lado izquierdo. Como tocado,
una barquilla con su vela.
Núm. 36. Palas, traje para niiias de 7 á 8 a11os.-Fa1da
azul, adornada con una tira sobre la cual van bordados
unos tambores y trompetas. Coraza de raso blanco,
adornada con galones de oro. Casco de raso y galón
de oro.

LA ABADESA DE FONTEVRAULT.
(HISTORIA E~ SIETE JORNADAS.)

Abrigo para jovencitas de 13 á 15 años.-Nú:ns. 22 y 23.
Es de paño azul antiguo. Su forma es la de una levita
ajustada por detrás, cuya falda va plegada en pliegues
redondos, y el centro en tablitas. Los delanteros son
rectos v van abrochados en medio con unos cordones.
Cinturón hecho de un galón trenzado anudado por delante, cuyas caídas van adornadas con borlas. Adornos
de astrakán.

Chaqueta de visita.-Núm. 24.
Esta chaqueta se hace de paño gris mercurio; ,,a
guarnecida de plumas verdes matizadas, y se compone
de espalda, lados de espalda y delanteros con aldetas
planas formadas con el cuerpo de chaqueta. El delantero se abrocha en la cintura, y va abierto sobre un
chaleco de paño blanco, que se ajusta con dos pinzas y
termina en unas aldetas de plumas, añadidas en la cintura. Unos botones cierran el centro del chaleco, que
va ajustado con pinzas y añadido á la chaqueta en las
costuras de debajo de los brazos y de los hombros.
Cuello alto de paño; cuello estilo de sastre, y solapas de
plumas que van puestas sobre la chaqueta. :Manga de
plumas.-Sombrero con ala amazona de terciopelo negro; fondo plegado de terciopelo gris, que figura una especie de lazo por delante. Plumas por detrás sobre el
fondo.
1ela necesaria: un metro de paño gris y 45 centíme•
tros de paño blanco.
Vestido de recibir.-Núms. 25 y 26.
Vestido Princesa, de lana color de chocolate, guarnecido de encaje negro y cintas de terciopelo negro. Espalda con centro de espalda formando un pliegue doble
redondo, de donde sale una capucha. El delantero _va
cruzado al sesgo, cuyo cruce llega tan sólo hasta la cm-

( Conclusi6n.)

14

DE AGOSTO DE 1792.

1$

las plegarias de la tarde han ter
minado; las religiosas se retiran á sus
celdas.
Pero la noble abadesa de Fontevrault,
Julia Gilberta 1 está orando todavía en una
capilla lateral de la iglesia, donde las tinieblas de la ancha nave parecen más pro' fundas á la luz vacilante de la lámpara del
santuario y de dos blancos cirios que arden sobre
o., la mesa del altar mayor.
f
¿ Qué ha sido de la brillante y poderosa Se,iora
de cincuenta y dos monasterios y setenta pueblos,
aquella cuyo báculo era un cetro y cuya sede abacial un
trono? ¿Es, en verdad, ella misma la rdigiosa que está
orando allí, en labrado reclinatorio gótico, madre de
dolor que no puede salvar á sus hijas, pastora de un
rebaño que no puede defender contra las fieras hambrientas y crueles?
¿ Por qué ha escogido para su amarga meditación el
ángulo más obscuro y solitario de la gran basílica? ¡ Ah!
Es que allí puede contemplar mejor la miseria de las
grandezas humanas; es que allí, bajo las frías losas del
pavimento, yacen les restos de poderosos de la tierra,
polvo de reyes y cenizas de conquistadores..
Allí mismo, cuatro siglos antes 1 « fué castigado por
Dios ( según la leyenda) el fogoso Corazón de León, á
los pies del padre que le había maldecido&gt; 1 y la estatua
colosal de Enrique II y la de su esposa Leonor de Aquitania, la Vengadora, parecían, por su rostro ~e?udo y
sus brazos extendidos, lanzar otra vez la maldición paterna.
NOCHECE;

J!t.

Madres, hijas, hermanas de reyes, dormían allí el
sueño de la muerte, después de haber llorado sus desdichas ó ~xpiado sus culpas en las angostas celdas del
monasterio.
Julia Gilberta, francesa y española, porque en sus
venas se mezclaba la sangre de los Epernon y de los
Montemar, valerosa y á la vez resignada, comprendía
exactamente los peligros de su perturbada época, y sabia que caminaba por un suelo sacudido con las palpitaciones formidables de cien volcanes¡ y escuchando
los siniestros rugidos de la revolución, y presintiendo
la final catástrofe, luchaba sin esperanza.
·
El mal estaba ya en todas partes, aun en el interior
de la santa abadía: el espíritu mundano había penetrado
en Fontevrault, y el eco de los festejos de París llegó á
turbar .el recogimiento del claustro.
Y por otra parte, el odio de raza estallaba con ruda
violencia entre los religiosos de San Juan, reclutados
en las clases populares, y sus penitentes, que pertenecían todos á la sociedad más aristocrática .... .
•¡Hijos queridos! (escribió á los monjes de los monasterios que dependían de ella, en una memorable
carta fechada el 1. 0 de Enero de 1792) ¡ Hijos queridos
y bien amados! Nuestro dolor es inmenso á la vista del
triste espectáculo de la disipación y relajación que reinan en la mayoría de nuestras comunidades ..... ¿Ignoráis que un edificio se desploma cuando falsean los grandes pilares que le sostienen?&gt;
¡Ay! ¡cuántos grandes pilares habían falseado, cayendo con estrépito hechos pedazos!
Julia Gilberta veía resplandecer en cifras de fuego,
sobre los muros de la abadía, las fechas amenazadoras
de los días nefastos que anunciaban el fin de todo: el
2 de Noviembre de 1789 abrió la era de las espoliaciones, de las cobardes infamias, y los bienes de las comunidades religiosas, confiscados y vendidos á ruin precio1 tentaron la codicia de las clases inferiores de la
sociedad.
¡ Oh dolor!¡ Hasta el párroco de Fontevrault dió ejemplo de villana apostasía!
¿Por qué no decirlo, si la Historia es la verdad y la
maestra de la vida?
Aquel desdichado prestó el juramento cívico, se hizo
nombrar maire ó alcalde del pueblo, instaló su consejo
municipal en una capilla de la iglesia, invirtió el dinero
de la parroquia en muebles para aquella improvisada
casa de ayuntamiento ..... y arrojó de su monasterio á los
hermanos de San Juan de la Penitencia, después de ultrajarlos y despojarlos.
El corazón de la desventurada Abadesa estaba desfallecido de pesar, de disgusto, hasta de repugnancia.
Durante algún tiempo, Julia Gilberta alimentaba esta
esperanza:
-El Rey ha hecho abdicación del poder, es verdad;
pero el Rey es rey ..... y él nos protegerá.
¡Vana esperanza! La honible jornada del 10 de Agosto
de 1792, aquella en que las turbas asaltaron el Real palacio y la Convención decretó la caída del trono, rompió de golpe los últimos lazos que unían á la abadía de
Fontebrault con el palacio de los Reyes de Francia.
Por un prodigio de energía, y también por un resto
del cariño que la población de Fontevrault profesaba á
la Abadesa, quien tanto la había favorecido, Julia Gilberta consiguió prolongar por espacio de algunos días
la ruina de su santa casa; y las pobres reliofosas cistercienses, sus hijas queridas, más valerosas 'y más dignas
que los apóstatas de otros monasterios, esperaban resignadas, aunque temblando, la suerte que las reservaba el cielo.
Y después de la suspensión del bondadoso Luis XVI
y del desaliento que entonces abatió el ánimo de la valerosa reina María Antonieta, fué necesario inclinar la
cabeza, y declararse vencida.
En la sombría noche del 14 de Agosto de 1792, cuatro días después de la caída del Monarca, no quedaba
un relámpago de esperanza en el corazón de la Abadesa de Fontevrault.
Y no quedaba tampoco un mendrugo de pan en el saqueado refectorio de la abadía.

4

DE AGOSTO DE

1792,

¡Mirad la sala capitular de la abadía de Fontevrault!
Allí, en el marmóreo pavimento, bajo las altas bóvedas
de finas aristas, que se apoyan en arcos ojivales adornados de encaje de piedra, de labrada crestería, setenta y tres religiosas de rostro apenado se agrupan
alrededor de la Señora, de su Madre, de su noble Abadesa, de Julia Gilberta de Antín.
Y esta infeliz, pálida y triste, con el cuerpo quebrantado y el alma torturada por la aflicción, de pie, en medio de ellas, fija la mirada en el soberbio fresco de la
Cntci/ixion ( pintura magistral de Rubens) que decora
todavía el muro principal de la sala, y pide á Dios en
ferviente plegaria el valor que la falta para dirigir lapa~
labra por última vez á su grey amada, á las religiosas
que durante veintisiete años han vivido de su vida de
sus consejos, de su maternal afecto, y cuyos dere¿hos
ha defendido, ante la corte y ante el pueblo, hora por
hora y palmo á palmo.
¿Qué va á ser de aquellas desdichadas en el mundo
que desconocen, en aquel mundo que entonces se asemejaba á un navío sin timón y sin brújula, á merced de
las ondas alborotadas~
Las que tengan padres, hermanos, amigos cariñosos
les pedirán un asilo¡ las que no los tengan, ¿á dónd~
volverán sus ojos, y cómo se librarán de los escollos?
¡Y no las protegerá su blanco hábito cisterciense ni
su velo sag!ado, ni su cruz bendi_ta ! ¿Por qué? Porque
se las prohibe, en nombre de la libertad, vestir el traje
de religiosas .....
Y Julia Gilberta, ahogando su acerba pena, repri•
miendo los latidos de su corazón, bebiéndose las lágri-

mas de sus ojos, las exhorta cá tener confianza en Dios,
que da fortaleza á los débiles, y á tener caridad cristiana, que da el perdón á nuestros deudores y enemigos&gt;.
Y Juego las bendice, las abraza y las besa una á una,
y murmura sollozando:
-¡Id, hijas mías! ¡Id, y que Dios os ampare!
25

DE SEPTIEMBRE DE

1792.

Las setenta y tres religiosas recibieron de la autoridad civil la orden perentoria de salir de la abadía, y el
claustro fué allanado al punto por los funcionarios cívicos, que precintaron y sellaron las puertas de las celdas
ya solitarias.
La Sáiora permaneció en el monasterio hasta el último instante, hásta que las bayonetas de los municipales
la arrojaron del sagrado recinto.
¡Julia Gilberta, que tenía en sus venas sangre española, fué en la abadía de Fontevrault como el capitán
de un buque náufrago, que permanece sobre cubierta
hasta que se salva el más humilde de los tripulantes!
Subió á su celda, postróse ante un Crucifijo en la
grada de su silla abacial, y dirigió al cielo una ardiente
plegaria por la salvación de sus amadas religiosas; y en
seguida, quitándose el hábito blanco que tan dignamente había llevado por espacio de tantos años, la nieta
de grandes de España, la hija del Duque de Epernon y
Conde de Valflor, vistióse humilde traje de a1deana,
clavó una mirada de eterna despedida en los muros de
su celda, y salió para no volver, con el corazón desgarrado, pero altiva y firme, de la abadía de Fontevrault,
¡Ya no existe esa ilustre abadía! El silencio y el abandono se apoderaron de la casa donde tuvieron sede
gloriosa catorce abadesas de sangre real; donde consagraron á Dios sus aspiraciones y su vida las hijas de las
principales familias de España y de Francia.
Y Dios no permitió que la infortunada Julia Gilberta
viese aquellos claustros en que flotaron como alas de
ángel los blancos velos de las religiosas sus hijas, ni
aquellas bóvedas en que resonaron cánticos de amor y
alabanza á Jesucristo, profanados y vilipendiados por
las orgías y las blasfemias de los revolucionarios.
Porque las fieras del Terror invadieron la abadía,
quemaron los altares, violaron los sepulcros de seis si
glos, aventaron cenizas venerandas, devastaron el tem•
plo, el monasterio, _los jardines, las dilatadas huertas;
y Fontevrault, ai:ttes riquísima joya de la corona de
Luis XIV, quedó transformado en montón de calcinadas ruinas.
30 DE NOVIE:\18RE DE 1820.
4

Una larga sala en el viejo Hotel-Dieu de París; una piadosa hija de San Vicente de Paúl orando con recogi~
miento á la cabecera de angosto lecho blanco¡ silencio
profundo en toda la sala, turbado á veces por tristes
ayes que el dolor arranca á la cristiana resignación .....
¿Qué lugubre escena es aquella? La Hermana de la
Caridad sabe que el alma de otra Hermana llega á la
presencia de Dios, y ora por la que no existe ya en est~
mundo.
Allí, sobre la humilde cama, está el cuerpo rígido de
una mujer, cuyo semblante representa la edad de setenta y cinco años, y la muerte ha impreso una majestad
dulcísima en sus nobles facciones.
Y si nada la distingue de los infelices desheredados
que ocupan otros lechos de la misma sala, un observador atento quedaría impresionado del carácter de aquel
rostro, de la finura aristocrática de aquellas manos que
sostienen un precioso crucifijo de marfil.
Y en la peana de este crucifijo hay un escudo de armas delicadamente cincelado en oro, y otros escudos
iguales adornan el rosario de gruesas cuentas de n.kar
y el libro de horas, encuadernado en tafilete negro, que
el mismo observador podría ver en la mesita de la cabecera de la cama.
Y si éste fuese perito en la ciencia heráldica, reconocería al punto en aquellos blasones los cuarteles no•
biliarios de Epernon y Valflor, de Rochechouarty:Montemar.
Porque la anciana que acababa de morir en humilde
lecho del hospital 1descansando en el Señor después de
tantos años de dolores y desventuras, era Julia Gilberta
de Antín.
¡Allí, allí concluyó la vida de aquella que fué saludada
por toda la nobleza de Francia y España, en 1765,
cuando el Papa y el Rey la nombraron alta y poderosa
Setlora abadesa de la Real abadía de Fontevrau\t!
A las glorias de entonces y á las acerbas penas de la
época revolucionaria, la Providencia divina quiso añadir la palma del martirio.
Para que se cumpliera el vaticinio:
-Serás abadesa, hija mía; pero ¡cuán desventurada!
CONDESA DE ÜMPOBLU"CO.

EL BESO DE HIELO.

~~~ LGO así, por este estilo, refiere IUss Bradoa:

~-::..-". ~Érase un joven alemán llamado Alberto,
bien parecido, afamado pintor, y, según de
r ' ~ cían, bastante escéptico y falto de corazón.
Desde muy niño quedó huérfano de pa·
dre y madre, y vivió siempre con d her•
mano de aquél, el tío Guillermo, que le educó
, al lado de su única hija Gertrudis, y socedió
lo consiguiente; que los muchachos concluyeron
por tenerse amor.
Ella le adoraba. ¿Era correspondida? Él, al me•
nos, juraba que si.
Hermosa época de las ilusiones, cuando Alberto,, los
diez y nueve años, salía del estudio, é iba, con R Ger-

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LA MODA ELEGANTE, PERIÓDICO DE LAS FAMILIAS.

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7.-Traje de convite.

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8 y 9.- TraJe para teatro. Delantero y espalda.

19.-Traje para señoras Jóvenes.

16 A 18.- Trajes de mA1earas para señoras Y señoritas .

11.-Corplño de franela.

10,- Abrlgo escocés ~•ra niñas de 6 á 8 año a.

�4!

LA MODA ELEGANTE, P ER IÓDICO DE LAS FAMILIAS.

trudis, á pasear por los pintorescos alrededores de
Bnmswick , bien al ponerse el sol, durante las poéticas
noches de luna, ó aprovechando las alegres mañanas
de estío.
Aquel amor tenía el doble atractivo del misterio que
era forzoso emplear, á fin de que el tío Guillermo, hombre ambicioso é intransigente, no se apercibiese de ello¡
mucho más cuando tenia ya muy pensado buscar un
ricacho para marido de su hija.
¡Visión espantosa es la avaricia para quienes sólo ambicionan cariño!
Pero lo cierto es que son novios, que se quieren .....
que no pueden vivir sin verse ..... Y para afianzar más la
unión de sus almas, él mismo colocó, en uno de los delgados y pálidos dedos de su amada, el anillo de alianza,
que había pertenecido á su madre, y dijo:
-Lo tengo en tal estima, que es para mí una reliquia;
ciego habría de hallarme, y lo reconocería entre mil
nada más que con tocarlo.
Júranse eterna fidelidad, y confian en que el tío Guillermo consentirá al fin que se casen.
-Sólo la muerte nos podrá separar-exclamó ella.
Y él, á pesar de su escepticismo, subyugado por tanta
poesía y tanto entusiasmo, repuso:
-Ni aun la muerte: yo saldría de la tumba para irá
tu lado , Gertrudis; mi alma volvería á esta vida para no
separarse de tí, amor mío. Y..... si murieras antes que
yo, también tú renacerías, y esos encantadores brazos
enlazarían siempre, como ahora, mi cuello, ¿no es
verdad?
Ella le contesta fijando, en los de él, sus azules ojos, y
á. más le dice:
•
-Los que mueren en gracia de Dios son dichosos en
el cielo, y no vuelven á este miserable mun ~o ..... Sólo el
suicida, ¡ ser miserable y abandonado, al cual los ángeles cierran ias puertas de la gloria, es el único cuyo espíritu maldito vaga siempre entre los vivos!
Un año haría que eran novios, casi esposos, y ya está
ella sola, casi viuda. El ha ido á Italia por cuenta de un
ricacho, su Mecenas, para copiar un Rafael, un Ticiano
ó un Guido, en la galería de Florencia. Fué en busca de
gloria, ¡ pero se fué !
El anciano Guillermo, bastante afectado por la ausencia del sobrino, cree tan natural como la que él
siente, la tristeza de su hija Gertrudis, y nada sospecha.
Pasan semanas, meses. El novio escribió á menudo al
principio, luego de tarde en tarde, y al fin nada.
¡ Qué de motivos forjábase ella para excusarlo! ¡Cuántas infructuosas idas al correo! ¡ qué esperar en vano
¡qué desesperación, y al mismo tiempo, cuántas esperanzas!
Y ahora, ¡qué martirio! Llegó el temido y terrible conflicto: un potentado aspira á casarse con Gertrudis, el
mismo en quien tenía Guillermo puestas sus miras; y,
por consiguiente, lo acepta gustosísimo, sin consultar
con ella, sin atender siquiera á sus ruegos, á su llanto y
desesperación.
Ya está fijado el día de la boda, 15 de Junio, fecha
grabada con fuego en el cerebro de la desgraciada Gertrudis, que no cesa de exclamar: &lt;jlS de Junio! &gt;
Y si resiste semejante tormento, es porque vislumbra,
como remo tia esperanza, un remedio, gracias al cual
vive.
&lt;Aun hay tiempo, dícese; estamos á mediados de
Mayo; la respuesta de Florencia puede llegar oportunamente, ó él venir á Brunswick, llevarme consigo ..... y
nos casamos á despecho de la voluntad de mi padre y
de todo ..... "
¡ Pasan días y semanas, y él ni escribe ni llega!
¡Pero si llegó el 14 de Junio!
Gertrudis, cuya desesperación es completa, va por
última vez al correo, hace la consabida pregunta, y por
última le dicen:
-No hay nada para usted.
El día siguiente es el fijado para la boda. Guillermo
s igue sin atender á razones; el imbécil prometido no
quiere tampoco escuchar los ruegos de la infeliz mu•
chacha, y uno y otro niéganle hasta la menor dilación.
Entonces piensa:
e Todavía hay algo que me pertenece en el mundo,
algo muy mío¡ soy dueña absoluta de esta noche; sus
horas son para mí. Voy, pues, á disponer de ellas.&gt;
Y bajo esta impresión encaminóse hacia el lejano
puente, donde tan á menudo había contemplado con él
la puesta del sol. Sintió renacer la vida en su espíritu .....
Revivió con los recuerdos¡ todos aquellos parajes le
hablaban de lo mucho que allí había sentido.

... ............. ... .. ..............................

En cuanto á él, justo es decir que, no bien recibió
la carta aquella, más que con tinta, escrita con lágrimas, abandonó Florencia para dirigirse á Brunswick.
Pero también es preciso confesar que ya no amaba tanto
á Gertrudis. Una hermosa florentina, que Je servia de
modelo, era á la sazón su capricho.
Pensando en su prima, se decía: e Si tiene un pretendiente rico, tanto mejor, debe casarse¡ esta es la determinación más acertada que puede tomar i yo no he
de ligarme á mujer alguna, ni aun á ella; no me pertenezco, soy del arte; la pintura es mi eterna prometida."
Y dominado por tales reflexiones, consideró como lo
más acertado, llegar á Brunswick después de la boda
para no hacer más que saludar á Gertrudis.
Promesas de amorosa constancia hasta para más allá
de la muerte, sublimes ideas, encantadoras ternuras,
¿ dónde estáis? ¡ En el olvido, que es el fin de todo lo
que da vida y felicidad!
Alberto entra en Brunswick el 15 de Junio. Cruza e¡
mismo puente donde estuvo ella la noche antes; llega á
la orilla del río, seguido de un hermoso perro; va fu-

mando; lleva bajo el brazo el álbum de pintura, que abre
á cada instante para copiar en él todo cuanto habla á

sus artísticas aficiones. Y al terminar, contempla su
obra, pone más tabaco en la pipa, entona alegre canción, no al amor, sino al vino, acaricia al perro y sigue
su ruta.
No bien había andado algunos pasos, detiénese á
abrir otra vez el álbum, con objeto de volverá trabajar:
había divisado algo que juzgó digno de estudio.
e Pero esas gentes, ¿qué hacen ahí?, se pregunta. No
parece entierro, nadie va de negro; y sin embargo, lo
que llevan sobre esa especie de parihuelas, y tan cubierto, debe ser un cadáver. Esos hombres que lo conducen parecen pescadores.
Estos se hallarían á cien pasos del intrigado artista,
cuando depositaron su carga junto á la orilla del río. Colocóse uno de ellos á la cabecera de la camilla; el otro
quedó á los pies, y todos formaron un cuadro muy inteteresante.
Escogió entonces Alberto un buen punto de observación, y trazó á grandes rasgos el diseño, que pudo terminar antes que los del grupo se movieran.
Como los oyese hablar acaloradamente, y se hiciera
más vivo su deseo de saber qué les sucedía, fué á reunirse á ellos y les preguntó:
-¿ Es un cadáver lo que llevan ustedes ahí?
-Sí; lo hemos reco.;ido hace apenas una hora junto
á la orilla del río.
-¿Se trata, pues, de un ahogado?
-¡De una ella, muy hermosa por cierto!
-De las suicidas siempre se dice que son hermosas-repuso irónicamente el pintor.
Quedó luego pensativo durante unos instantes. No
cesaba de contemplar el contorno del cadáver aquel,
oculto bajo los pliegues de tosca lona.
Joven, ambicioso, feliz é foteligente, la vida es vida
para él i así que i11/orlunio y muerte parécenle palabras
borradas del libro de su destino.
Al fin dice:
-Ya que, según ustedes, la suicida es tan hermosa,
quisiera hacer su retrato.
Y como los pescadores titubearan, dióles algún dinero, y, claro está, consiguió su deseo. El cadáver fué
descubierto.
-¡Jesús! ¡es ella!-exclamó horrorizado.
¡Ella, sí, la mujer que dió vida y calor á sus sueños
juveniles, que iluminó el hogar donde pasó su niñez y
su adolescencia; su prima Gertrudis, su prometida!
Pudiendo apenas contener el acelerado latir de su
corazón, contemplaba la rigidez de los hermosos brazos, las blanquísimas manos, ¡ en uno de cuyos dedos
brillaba la sortija que fué de su madre, aquel anillo venerado que él conocería entre mil, aun cuando fuese
ciego!
¡ Pero el verdadero dolor no parecía haberse hecho
para aquel espíritu despreocupado y egoísta!... .. No es,
pues, de extrañar que su primer impulso fuera el de
huir, sin saber dónde, pero huir, lejos de la funesta po blación, del maldito río, y más lejos aún, si esto fuese
posible, de todo recuerdo y remordimiento!
Sin darse él mismo exacta cuenta, se va alejando de
Brunswick. Sólo·se apercibe de lo mucho que lleva an•
dado y de la fatiga que empieza á dominarle, cuando su
perro, rendido antes que él, se echa jadeante á sus
pies.
No podía olvidar el grupo de los pescadores, con su
fúnebre carga i cuadro lleno de melancolía é interés que
él mismo había trasladado al papel, y cuyo diseño con templaba de vez en cuando.
A medida que más avanzaba la noche, más cuerpo
tomaba en su acalorado cerebro el recuerdo del trá gico suceso que, cual temible fantasma, le perseguía.
Después de haber descansado, mientras maquinal•
mente acariciaba al perro y fumaba, aparentando hasta
consigo mismo la indiferencia del hombre que no se
rinde á. las penas, aun cuando la escena de la mañana
se hallara latente en su memoria, procurando recobrar
la calma que por unas horas perdió, se decía:
&lt;Mi posición, mi inteligencia, son las mismas de
siempre; aquí, en la cartera, llevo el dinero ganado en
Italia; soy libre, puedo irá donde se me antoje i ¡ viva la
libertad y mueran los pesares!"
En esto pasó la diligencia que hace el trayecto de
Brunswick á Aix-la-Chapelle, y en un santiamén introdújose en el cupé, acompañado siempre del perro.
Ni pudo durante la noche conciliar el sueño, ni quiso
al principio cruzar palabra alguna con los demás viajeros.
Mas luego, al amanecer, tornóse tan comunicativo y
locuaz, que parecía loco.
Cuando fué completamente de día y aspiró el aire
puro de la mañana, al oir el canto de los pájaros y ver
aquel paisaje tan hermoso, que parecía cobrar doble
belleza al perderse en las revueltas del camino, sintió
vivas, desconocidas sensaciones¡ y recordando su pasada é incoherente charla, cayó de nuevo en profundo
abatimiento, al que sucedió prolongado síncope; primeros síntomas de la fiebre que después le retuvo en cama
durante seis semanas en un hotel de Aix-la-Chapelle.
Ya restablecido y, como siempre, acompañado de su
perro, emprendió, nada menos que á pie, el camino
hasta Colonia.
Vuelve á ser el de siempre; no quiere sentir sino para
gozar; se deleita fumando en la invariable pipa de espuma; no tiene más canción que una en honor á Baco, ni
otro cariño que su perro; y se embelesa dibujando, para
buscar con ahinco provecho p rimero, luego gloria.
Y ya es completamente dichoso: ha conseguido olvid~r el s~icidio de su prima¡ ha llegado á Colonia, y no
piensa smo en ver sin demora la catedral, aun cuando
no sea más que por fuera.

La luna ilumina la soberbia fachada del gótico y ad-mirable monumento, que Alberto contempla extasiado.
La campana, con imponente sonoridad, da las once ..
Reina profundo silencio.
El perro duerme tendido á los pies de su amo. Este
sólo vive para el arte.
Mas de pronto, siente que alguien, colocadoá su es•
pllda, enlaza su cuello ..... ¡ Son unos brazos fríos como,
el mármol, cuyas manos descansan sobre su pecho ..... Y
detrás de él no hay nadie; en las baldosas, iluminadas por
la claridad de la luna, no ~e reflejan sino dos sombras,
la suya y la del perro ..... Siente, mas no ve, los helados
brazos que le sujetan ..... Trata de desasirse de ellos,.
apartando con sus convulsas manos aquellas otras invisibles y frias que no le abandonan. Palpa, y son unos
dedos largos y delgados los que toca, en .uno de los.
cuales hay un anillo, ¡el de su madre! ¡el mismo que reconocería entre mil, aunque fuera ciego! .....
Y quien así le abraza es su prima, ¡la suicida!.. ...
-Led1t, aquí-grita.
¡ No sabiendo á quién llamar, llamaba al perro!
El terranova, de un salto, se abalanzó á la espalda de
su amo, pero apartóse en seguida dando lastimeros.
aullidos .....
Y en el momento en que uno de los vigilantes, alarmado por los alaridos del can, se presentó, Alberto
dejó de sentir aquel glacial abrazo.
Huyendo de esa impresión aterradora, hace cuanto
puede por distraerse y no estar solo nunca; temor que
le lleva á entablar conocimiento con todo el que encuentra, y aun á compartir con cualquier otro individuo
su vivienda.
Estas excentricidad~s llaman de tal modo la aten ción, que comienzan todos á temer si estará rematadamente loco.
A despecho de aquellas precauciones, llegó á verse
solo una noche en el mismo salón del hotel en que vivía; horrorizado, ganó la calle, que estaba desierta también, y poco tardó en volver á sentir que le oprimían
los mismos brazos ..... Llamó al perro, y, como la vez
anterior, el animal se alejó aullando .....
Tan extraños sucesos le obligaron á salir de Colonia.
Era tal su terror, que reuníase á cuantos viandantes
hallaba al paso. Llegada la noche, solicitaba compañía
en las posadas¡ ni aun así lograba evitar e).hallars~ en
varias ocasiones solo, y entonces, como siempre, le
acariciaban los mismos helados brazos.
Hace ya algunos meses que Gertrudis murió.
Alberto no es ni su sombra; carece de salud y también de recursos. Dirígese á París; cuenta llegar en la
época de Carnaval, y esto reanima su decaído espíritu.
e París, piensa, la más alegre ciudad; Carnaval, mi
fiesta favorita; allí no estaré solo nunca, no ,·olveré á
sentir esa terrible caricia; recuperaré la salud y la alegria; volveré á mis trabajos, á mi arte, y alcanzaré aún
mucho provecho y mucha gloria. "
¡ Con qué afán trata de acortar el trayecto que todavía le separa de la capital de Francia! Y lo peor es que
se siente cada vez mis exh1usto de fuerzas.
La odisea, al fin, llegó á su término: ya está Alberto
en París, que se le figura, de noche, inmenso caos de
luces, música y algazara; luces que deslumbran su vista,
músicas que aturden sus oídos, y confusión que trastorna su cerebro .....
Llega al teatro de la Opera, quiere asistir al baile de
máscaras. Le queda aún lo suficiente para comprar el
billete de entrada y un dominó que cubra su desarrapado traje. Es víctima de completa obsesión, de febril de lirio.
-No más obscuridad-dice en voz muy alta-ni más
soledades. Aléjate I tristeza; venid á mí, alegria, dicha,
carcajadas; así me gustas, humanidad, así te quiero ver,
en el desenfreno; eso, eso¡ alborota, canta, baila á más
no poder..... No te vayas, máscara; oprime bien mi brazo,
así. Prométeme que al fin me dejarás saber si eres hermosa ó no ..... ¿Por qué no contestas?
Y gritando desaforadamente, añade:
- Vuelva á mi la alegria, la verdadera, la del alma.
Este delirio, sin embargo, no le impide oir que alguno
de los concurrentes comenta la innoble conducta, la
embriague2. repugnante de un pintor célebre; y que le
señalan á él... ..
&lt;¡Por no beber, ni el agua he podido probar, á pesar
de tener los labios secos y la garganta ardiendo!" exclama tristemente para si.
Enronquece su voz; resultan incomprensibles sus pa•
labras¡ sufre mucho ..... ¡y sin embargo sigue en la creen•
cia de que eso que siente es la alegría del alma!
El brazo de la máscara continúa oprimiendo el suyo.
La sala va quedando desierta¡ con la gente vase también la luz ..... Amanece; los albores del día, penetrando
por las entreabiertas ventanas, dan á la sala aspecto
sombrío. Ni es de noche ya, ni es de día aú n.
No queda en el espacioso salón más que el pinto r,
quien se cree siempre ac0mpañado de la misma máscara, é imagina que la ve sucumbir, que se extingue el
brillo de sus ojos; y, según él, no puede apartar la vista
de aquel rostro que palidece por momentos ..... Sueño
que va quedando reducido á la sombra de una imagen
muy bella, cuya mirada, fija en la suya, es lo último que
se extingue ..... Después, rostro, sombra, mirada, todo
desaparece para él. Y queda solo, completamente solo
en el vasto salón, sin escuchar más ruido que el de sus
propias y convulsas pisadas ..... Entonces, los helados
brazos vuelven á enlazar su cuello, sin soltarle ni per·
mitir siquiera que intente desasirse ..... Mira á su alrede•
dor, y, como siempre, nada ve¡ ¡está solo! Palpa, y sobre su pecho descansan los mismos delgados dedos, en
uno de los cuales está la sortija que perteneció á su
madre .....

LA MODA ELEGANTE, PER IÓ DICO DE LAS FAMILIAS.
Quiere hablar, y no puede ..... Pero ya no puana Por
,evitar el abrazo¡ al contrario, lo busca. Y hasta ;ree re•
•cibir un beso, que pide con ansia infinita .....

mer mirada fué para la desconocida quedando como
petrificado á la vista de su belleza. '
-¡La llave, caballero, la llave!-repitió ésta con mar. . . . . . . . . ................ ........... .... .. .. . cada impaciencia.
Al fin la encontró Guille rmo entre sus papeles, y
Cuando los dependientes del teatro entraron á hacer
la limpieza de la sala, iban acompañados de un perro corrió á la puerta para abrirla: en aquel momento una
•que se resistía á separarse de allí, y al que habían en- detonación sonó en los jardines del parque. La joven
dió un grito y se apoyó en la mesa para no caer.
contrado aullando en la calle.
-¿ Qué es eso, señora? ¿ Qué le ocurre á usted?Junto á. la entrada principal hallaron, tendido en el
preguntó asustado Guillermo.
,suelo, el cadáver de un hombre.
-¡ La puerta, por Dios, la puerta!. ....
¡ Era el de Alberto! ¡El escéptico murió de pena!
El artista la abrió, y la extranjera desapareció preciSALOMÉ NóÑEZ y TOPETE.
pitadamente por ella.
Guillermo la vió atravesar el paseo y correr derecha
á la estatua de Prim, que estaba enfrente de sus balcones; llegada. allí, la vió arrodillarse, inclinarse sobre un
UN MISTERIO.
bulto obscuro que había tendido en el suelo. En seguida
bajó él al jardín, y vió que el bulto que desde su balcón
distinguía, era el cuerpo de un joven que yacía sin
l';f '~ A tarde declinaba; sólo un vago re~plandor no
:ti~ permitía ver algunas estatuas diseminadas movimiento.
-¿ Qué ha pasado, señora?
t;:;t17; ¡~
por el estudio del joven escultor Guillermo
-¡Socorro, caballero I socorro!
1
\~
Rus, que, falto de luz para continuar su
Guillermo se inclinó para ayudar á su desconocida á
J trabajo, cubría un busto á medio termi- levantar
aquel cuerpo inerte, á tiempo que ella dió un
nar, mientras su compañero Ernesto, más grito horrible al ver un mar de sangre debajo de la ca~ pronto en dejar el trabajo, se ocupaba en desbeza del herido.
~ migajar un pedazo de pan que le quedaba de
-¡Muerto!- murmuró la joven, que abriendo los
su· merienda.
se dejó caer sobre el cadáver.
-¿Has acabado ya, maestro?-preguntó Er- brazos
Guillermo estaba loco¡ la vista de la sangre, la con&lt; nesto al escultor dándole un golpecito en el templación
de aquella mujer llena de dolor, le daban
·hombro.
vértigos ..... Miró á su alrededor con espanto, sin saber
-No, no me ha alcanzado el día, y sin embargo, ma- qué hacer; un paso acompasado se dejó oir: volvió la
ñana tengo que entregar el busto.
cabeza, y apercibió una pareja de municipales que se
-¿ Entonces tendrás que trabajar esta noche?
dirigían á aquel sitio.
-¡Ya lo creo!
La idea de pasar por criminal cruzó por su imaginaErnesto movió desdeñosamente los hombros, di• ción, y cogiendo el cuerpo inert_e de la joven, se ocultó
ciendo:
detrás de la estatua ..... ¡Ya era tiempo!
-¡A qué tiempos hemos llegado! Antes eran los ar-Aquí está, Antonio; corre á la Prevencióri de la
'tistas los que imponían la ley, y ahora ..... ahora por un calle de la Princesa, y avisa que vengan¡ yo me quedo
puñado de cuartos cualquiera se la impone á ellos..... aquí guardando el cadáver.
¡Oh, amigo! ¿Por qué no habremos nacido en aquella
Uno de los municipales se alejó con precipitado paso,
-época?
mientras el otro quedaba allí, liando lentamente un ci-¡ Qué le hemos de hacer, paciencia !
garro.
-¿Luego estás contento con tu suerte?
Guillermo aprovechó aquel momento, y oculto por la
-No; pero ¿quién me asegura que hace cuatro siglos sombra que proyectaba la estatua, fué corriéndose poco
hubiese sido más feliz?
á poco hasta alcanzar su casa. Una vez en ella, dejó á la
-¡Palabra de honor que no te comprendo! Cualquiera joven sobre un diván, y corrió al balcón para cercio-diría que no eres artista.
rarse de que no había sido visto. El municipal fumaba
Guillermo sonrió con tristeza¡ conocía muy bien á
Ernesto, y sabía que serían inútiles cuantas argumenta- tranquilamente.
Cuando volvió al lado de la extranjera, ésta empeciones le hiciese para demostrarle lo contrario. La ex- zaba á volver de su letargo.
periencia. le había hecho perder todas esas ilusiones de
-Tranquilícese usted, señora; aquí está usted se•
artista que aun conservaba su compañero. Para evitar
.....
una discusión inútil, cambió de conversación y le habló gura
A estas palabras ella fijó una mirada extraviada en su
de su nuevo estudio.
interlocutor, y empezando por pronunciar palabras in-Mira, hai:.ta el balcón llegan los árboles; ¡si vieras coherentes, su voz fué aumentando en intensidad, hasta
cómo me gusta por la mañana al despertarme oir cantar terminar por dar horribles gritos que hicieron temer al
á loS pájaros que revolotean por ahí! Además, tengo
artista que los municipales la oyesen.
otra puerta especial que da al parque¡ así es que todas
El joven cogió las manos de la extranjera: estaban
las mañanas bajo á pasearme, y créete que hay momen - heladas. Sus labios estaban manchados de sangre, y su
tos en que creo que esos magnificas jardines son mios. cuerpo se agitaba con una fuerte convulsión ..... Una
-¿Piensas pasar aquí el verano?
idea pasó por su imaginación. Recordó que á pocos pa-¡Ya lo creo!
sos, en la calle de la Princesa, á donqe daba la otra
-¿Y tu proyectado viaje á Italia?
puerta de su casa, vivía un médico amigo suyo. Co-He desistido de él.
rrió en su busca, y pocos momentos después estaba en
-Haces mal.
casa.
-Puede ser, pero ahora me encuentro aquí muy su-¿Qué
le ocurre á usted, amigo Guillermo?-dijo el
bien.
doctor al ver su rostro descompuesto.
La conversación fué languideciendo, y poco después
- Venga usted, venga usted corriendo-dijo aquél.
Ernesto salió para dejarle trabajar é irse á oir La Afri-¿ Adónde?
cana al Liceo.
-A mi casa.
Guillermo quedó pensativo al balcón con la cabeza
-¿ Qué ha ocurrido?
baja y el corazón entristecido por el recuerdo de su
- Un accidente ho rrible ..... vamos .....
proyecta~o viaje á Italia que Ernesto le había evocado.
-¿Algún herido?
¡ Tiene Italia tantos atractivos para los artistas!
-Sí.
Du rante largo tiempo permaneció en aquel éxtasis,
Ambos corrieron á ca:sa de Guillermo; éste subió la
hasta que el reloj de la ciudadela dió las diez. Guillermo
contempló un instante el cielo sembrado de estrellas, escalera precipitadamente y penetró en su estudio .....
¡ la extranjera no estaba! Buscó por to~a la casa, pero
y haciendo un esfuerzo para dejar de contemplar aquel
todo fué inútil; salió á la escalera, abnó los armarios,
hermoso espectáculo, se volvió y dió algunos pasos en
levantó las cortinas, pero nada¡ allí no había nadie; los
la habitación. Sentóse en un sillón y miró en su derreporteros tampoco habían yisto á nadie sali r ni entrar
dor. Todas las estatuas parecieron animarse; á su tristeza sucedió el terror, terror que no era sino otra ma- en la casa.
Guillermo, abatido, se dejó caer en el diván que poco
nifestación del abatimiento de su espíritu.
De pronto un paso ligero dejóse oir en el corredor; antes había ocupado la extranjera.
Balbuceó algunas palabras pidiendo al médico perdón
la puerta se abrió, y en el umbral se detuvo una mujer.
Guillermo se levantó pálido y turbado; la mujer pare- por haberle molestado tan innecesa~famente, y éste se
ció buscar en la obscuridad, y apercibiendo al artista, alejó, temiendo por la razón de Guillermo y recomen•
gracias á la débil luz que proyectaban los faroles de la dándole el reposo.
Al día siauiente la prensa de Barcelona se ocupaba
calle, se adelantó hacia él.
-¿D. Guillermo Rus?-dijo con voz temblorosa la del cadávetde un joven encontrado en el parque, cuyo
nombre y nacionalidad eran desconocidos. .
desconocida.
Guillermo esperó más datos sobre aquel cnmen, pero
- Yo soy, señora.
- Usted tiene una puerta qu e da al parque, ¿ no es fué inútil· pronto cayó en el olvido, y nadie más volvió
á ocupar;e de aquel asunto. Sólo en el alma de l artista
cierto?
quedó un profundo recuerdo de aquella no:he: _lepa•
-Sí, señora.
-¡Gracias, Dios mío! ¡Por favor, ábrala usted, ca• reda imposible que la aventura de que tan rnopmadamente había sido también él actor, quedase en el ol•
ballero !
Guillermo hizo un movimiento de sorpresa.
• vido¡ era el principio de ~n li_bro cuya _continuación
-Yo se lo ruego: ¡por Dios, no me niegue usted este buscaba en vano en su imagmación de artista.
Una tarde en que Guillermo trabajaba en la termifavor! Le deberé á usted .... . más que mi vida.
Todo esto fué dicho en correcto español, pero con nación de una preciosa Purifima, entró en su estudio
Ernesto, acompañado de ud caballero á quien él no
marcado acento extranjero.
Por un movimiento inconsciente Guillermo corrió á conocía.
-Continúa tu trabajo-dijo Ernesto-que trabajando
la puerta que se le pedía que abriese: estaba cerrada.
-Perdón, señora-dijo buscando á tientas por la es como se debe ver al artista para poderle apreciar.
Te presento á lord Browcard.
mesa;-busco la llave.
Guillermo saludó con timidez.
-¡Oh! gracias, caballero, gracias ..... ¿No la encuen-Un gran admirador de tu talento-prosiguió Ertra usted?
nesto-y cuya galería de estatuas habrás oído nombrar
-Sin luz no puedo .....
mucho, seguramente.
.
.
-Enciéndala usted.
-Sí, recuerdo efectivamente haberla 01do citar por
Guillermo salió á la habitación próxima, volviendo
su riqueza art;ística.
á los pocos instantes con una bujía en la m1no. Su pri·

.. . . .

'f'~

45

Y diciendo esto, ofreció un asiento al nue\·o visitante,
que apoyado en su bastón, paseaba la vista por las diversas estatuas que había esparcidas en el estudio.
Terminado su detenido estudio, se volvió á Guillermo
y le dijo, señalando con el bastón un grupo:
-¿Está vendido?
-No, señor.
-Ofrezco á usted cien libras.
Guillermo levantó bruscamente la cabeza.
-¿ Acaso no puede usted darle por ese precio?
-¡Oh! ya lo creo que sí.
Browcard sacó su cartera, y mientras entregaba á
Guillermo un billete de Banco por valor de la suma propuesta, le decía:
-Hoy mismo mandaré por él¡ y ahora tengo una
proposición que hacer á usted. Desearía tener una copia perfecta de algunas estatuas y grupos cuyos originales existen en el Louvre de París; ¿querría usted encargarse de su reproducción?
-¡Ya lo creo! con mucho gusto.
El lord volvió á sacar la cartera, y le dió algunos billetes, diciendo:
-Tome usted, esto no es más que un anticipo para
que usted pueda. subvenir á los gastos del viaje é instalación en París; por lo demás, cada estatua le será á usted pagada á su recibo en cuatrocientas libras. ¿Acepta
usted?
Guillermo aceptó las proposiciones que se le hacían,
pero quiso rehusar la cantidad que Lord BrO\\"Card le
anticipaba.
-No-dijo éste¡-es mi costumbre; esto me da el derecho de exigir su trabajo de usted.
Fué preciso que Guillermo aceptase y firmase el
recibo de las cuatrocientas libras que le había entregado su providencial protector. Hecho esto, el lord in glés salió, dejándole las señas de su galería de Lon•
dres.
Apenas hubo partido, Guillermo abrazó á Ernesto
loco de alegría.
-¡Ya soy rico, mira qué fortuna! ..... Pero ..... ¿por qué
no te has encargado tú de este trabajo? ..... Este dinero
sería tuyo .....
-¡ Qué loco eres, Guillermo!-le interrumpió su amigo.-Ese dinero no sería nunca mío. Lord Browcard te
buscaba á ti, y á tí solo te lo hubiera dado.
-Bien, conformes¡ pues entonces vamos á celebrar
esta fortuna que me llueve del cielo-dijo, saltando y
bailando de alegría.-¡ Y pensar que nunca he podido
aguantar á los ingleses, los que nos robaron á Gibraltar! ..... ¡Oh! comprando estatuas son los mejores del
mundo ..... Pero-se interrumpió-¿ cómo has conocido
tú á ese señor?
-Chico, una casualidad. Estaba yo en el taller del
maestro viéndole trabajar en una estatua monumental,
y se presentó ese señor preguntando por tí i informóse
de tus señas, y como hacía tiempo que yo no venia á
verte y él es extranjero, me ofrecí á acompañarle; en
el camino me habló de su proyecto y de la magnífica
colección que tiene en s:1 ga lería ..... llegamos 1 lo demás
ya lo sabes.
-Gracias, amigo mio; tú eres quien ha abierto mis
puertas á la fortuna; te voy á hacer una estatua ecuestre representando la Fortuna; ¡vas á estar bien con las
alas en los pies !-dijo riendo.
-Estás loco, Guillermo, loco de atar.
-Bueno, como quieras¡ pero ahora vámonos al restaurant hlartin á celebrar mi fortuna, y luego á un palco
al Liceo. ¡ Qué feliz soy, Ernesto! Ya me veo hecho un
Miguel Angel... .. El porvenir es mio ..... Anda, vamos á
comer.
Pocos días después Guillermo se embarcaba para
Marsella, donde tomaría el tren para ir á París. Su loca
alegria se había calmado, pero había sido sustituida por
un deseo de viajar y ver obras de arte.
En el momento de su llegada, había gran afluencia de
extranjeros en París, á causa de la próxima apertura de
la Exposición universal. Inútilmente Guillermo recorrió
diez hoteles sin encontrar habitación¡ así llegó al hotel
de las Qua/re Nalüms, y, según había hecho en los anteriores, preguntó á un dependiente que salió á su encuentro:
-¿ Tiene usted habitación?
-No señor, no hay ninguna.
-¡Vayan al diablo París, la Exposición y los hoteles!
Y después de reflexionar un poco, volvióse al camarero y le dijo:
-¿ Y de comer, hay algo?
-¡Oh! eso sí; puede pasar el señor al comedor.
Guillermo se disponía á hacerlo, cuando al pasar por
un corredor que daba acceso al gran comedor del ho·
te!, vió á lord Browcard hablando con una señora cuyo
rostro cubría un espeso velo. Nuestro artista se apresuró
á pagar al cochero y volver al encuentro de su protector; pero éste ya no estaba en el corredor.
Tan pronto como vió á Guillermo, dejó escapar una
exclamación de disgusto, y haciendo un gesto salió del
hotel con la señora del velo, mientras aquél saldaba sus
cuentas con el cochero. En vano Guillermo Je buscó
por todas las salas; ya desesperado, fu ése al encargado
del hotel y le preguntó:
-¿ Cuál es el cuarto de lord Browcard?
-Ya ninguno; hace un momento se ha despedido y
abonado la cuenta.
-¿Hacía mucho tiempo que estaba aquí?
-Sólo dos días-respondió el encargado.
-¿Sabe usted á dónde va ahora?
-A Londres, según ha dicho.
-Bien, pues me q_uedo con su habitación.
-Perdone usted, pero acabo de ofrecerla á otro via•
jero; puedo ofrecer en cambio á usted la que ocupabJ.
la sobrina de lord Browcard.
-Bueno, sea; vamos á verla,

�LA MODA ELEGANTE, PERIÓDICO DE LAS FAMILIAS .

•

•

-~--=-~

.--::::-=--=-=
27,-Abrlgo para niños de 5 á 7 años.

Espalda.
Véau el dibujo 28.

~-..;.::;.

.

28. - Abrigo para niños de 5 á 7 años.
29. - Vestido Oreenaway
para niñas de 4 á 6 años.

Delantero.

..

Véas e el dibujo 27.

25 y 26.- Vntido de reoibir. Delantero y upalda.

32.- EI Amor, traje para niño, 3 a 4 añct.

.
3-1-.-Proserpina,
traje para niñas de 5 á 6 años.

\
\

'

~\\.

\

•

30 y 31,- Veath!o para Jóvenes de 14 añoa. Espalda y delanterr.

35.-Anfítrlte, traje ¡,ara niñu de 6 A7 años.

36.- P11las, traje para nlñu de 7 á 8 años.

�•
LA MODA ELEGANTE, PERIÓDICO DE LAS FAMILIAS.
En el tocador, espejo, candelabros y grupos de figuras de porcelana de Sajonia harán elegante y rico aspecto.
Á HELIOTROPO ROSA.-Para salir del baile aconséjola
que lleve abrigo corto, á fin de no estropear el ligerísimo traje que indica, y que es muy de moda y á propósito; mas para salir del teatro, comidas y excursiones1 son más cómodos, y de uso más propio, los abrigos largos.
INÉS B.
Sin embargo, más elegantes son las grandes capas,
(Concluirá.)
que cubren por completo las totleltes, de seda clara,
guarnecidas de pluma bordadas de oro, acero, perlas, etc., y forradas de pieles.
LA CóQ·UET A.
El azul favorece mucho á las morenas, y sobre todo
el azul pálido.
SONETO.
Á UNA SEÑORA JOVEN MUY PRESUMIDA. -Puede hacerse
P3ra muchas mujeres es el E,·1n.
bata de terciopelo, color marfil, abierta sobre una degelio aque: refrán ,m la t•aricdad
lantera de encaje antiguo; mangas con cuchilladas de
está el gusto.
encaje; gola ó cuello.Médicis completará esta elegante
(AUTOR .A.NÓNIM!;!. ).
bata, qu~ es de precioso efecto.
También los trajes de casa se hacen de paño rosa,
Voluble cual ligera mariposa
a.zul ceniza, v.erde gris, verde ágata, heliotropo, etc.,
Que va de flor en flor siempre volando,
aunque no !ói0n de tanto lujo.
Risueña la coqueta anda cruzando
_Para traje negro son indispensables las medias negras.
La senda de la vida bulliciosa.
.A E11-nLtA.-Sí., ta1,nbién para baile y comida se llevan
Sin sentir nunca amor, vive dichosa
muchísimo las pieles y los adornos de pluma. Por ejefn•
Corazones amantes conquistando,
plo: es de un efecto encantador traje brochado blanco
Que luego poco á poco va matando
Luis XVI, guarnecido de piel negra ó de marta cibelina,
Con su sonrisa fría y desdeñosa. ~
con mangas y chorrera de encaje antiguo.
Si la vieses, lector, breves instantes
El traje blanco para esa señorita debe hacerlo de tul
En alguna soirée, siempre indecisa,
blanco, la falda bot,dada en rosa y perla, y el cuerpo de
A los hombres decir frases galantes
tul liso, y aplicadas en él rosas pequeñas con follaje
. Que amor brindando están, suelta la risa;
verde naciente.; iri un poco escotado; y formando coQue esa mujer sin fe muda de amantes
raza que aprisione las caderas. Gqirnaldas de rosas
Lo mismo que quien muda de camisa.
iguales parten del cuerpo y recogen los pliegues de la
falda.
J. F. SAN:',tARTÍN y AGUIRRE.
VIOLETA RUSA.-Para pasar al comed;r, el señor de la
casa da el brazo á la señora que va á tener á su derecha, y sale el primero, invitando así á los convidados á
que le sigan; y la señora de la casa cierra la marcha con
CORRESPONDENCIA PARTICULAR c•i.
el convidado que se ha de colocar á su derecha. Para
volver del comedor al salón, la señora es la que va deÁ UNA MoRENA.-Un traje elegante para visitas es el lante, y el señor el que cierra la marcha.
modelo núm. 5 de nuestro número del 22 de Diciembre
Se sigue adornando las mesas con flores naturales
último; y la aconsejo que le haga de las mismas telas y alrededor de un espejo, sobre el cual se ponen candelacolores, y resultará un vestido elegantísimo.
bros de bronce dorados con bujías.
Cuanto al otro traje de cuya tela me envía muestras,
ADELA P.
ninguna hechura tan á propósito como la del grabado
núm. 1 de nuestro número del 6 de Noviembre de 1890,
haciendQ con tela de la muestra lisa lo que es cte paño
EXPLICAtlÓN DEL FIGURIN ILUMINADO.
liso, y lo que es de paño bordado con la tela brochada.
.Cintas y cuello de terciopelo negro.
Es demasiado pronto para poder asegurarle si las
Núm. 4.
confecciones de la próxima primavera serán iguales á
Corresponde , lat Señora• Suacrltoru de la 1.• edlollln de luJo.
las de la pasada.

Y subió con su interlocutor al primer piso, qui~n
.abriendo la habitación núm. 23 le dijo:
-Esta es; perdone usted que aun no se haya limpiado; pero acaba de salir la señora, y no ha habido
tiempo: ahora mismo subirán.
-Está bien; disponga usted que suban mi equipaje,
y ahora bajaré á comer.
-Será usted servido.

Á D.a SoFiA l\·I .-Para saber los grados que tiene él
almíbar hay que comprar un graduador ó pesajarabes,
.que se vende en los establecimientos de aparatos de
física.
Los bizcochos llamados vulgarmente manguitos se
hacen así:
Se cascan seis huevos, separando las claras de las
-yemas¡ éstas se ponen en un perol y aquéllas en una
.cazuela.
Se añade á las yemas 250 gramos de azúcar en polvo,
batiéndolas con una cuchara durante cuatro minutos.
-Se baten las claras fuertemente hasta ponerlas á la
nieve, se mezclan con las yemas y se añaden 125 gramos de harina. Se forra un molde ó cacerola con papel
blanco de barba, se vierte en ella la masa, se espolvorea de azúcar y se pone á cocer en horno suave.
I. S. C. PALMA.-Voy á tener el gusto de explicarla
.cómo se hace el chocolate á la crema.
Se cuecen 100 gramos de azúcar hasta la consistencia
.de liga, con la cuarta parte de una vaina de vainilla y
-dos cucharadas de nata.
Se deja enfriar, se retira la vainilla y se trabaja mucho ·
basta que el azúcar forme una pasta. Se divide ésta en
-porciones del tamaño de avellanas pequeñas. Se derrite
en un cazo de repostería chocolate á la vainilla, con almíbar de azúcar de 20 grados, para que el chocolate
-tenga la consistencia de una papilla espesa. Se sumergen las bolas de crema una á una en el chocolate, y se
-van sacando con un ten_edor y colocándolas sobre una
-placa y después en un cedazo para que se acaben de
enfriar.
Á D.ª JosEFA B.-Excelente guiso es la lengua á la

,alsaci·ana.

K~
30 de Enero de 1891

~@[ID~ [~_
~®~íl1J[ íl~lW~1í~ffe1[IDffi1
Alcala 23 _ MADRID

Se quita el pellejo á ll:na lengua g_rande .de vaca, y se
mecha á Jo largo con tiras de tocino y Jamón: se envuelve después en lonchas de tocino y se cuece. en un
mirepoix; se añade vino blanco, caldo y dos pies de
ternera; se deja cocer á fuego lent~, y cuando la le~gua está ya tierna se saca, y se de1a cocer lo &lt;lemas
11asta que la salsa esté bastante reducida.
Se coloca la lengua en una fuente, y se adorna todo
alrededor con zanahorias y guisantes rehogados en
m1nteca, vertiendo luego la salsa por encima.

Nº 4

A UNA LABORIOSA.-Es preferible que los almohadones,
.en vez de hacerlos bordados en cañamazo, sean de raso
negro con un ramo, al pasado, de claveles ó flores silvestres matizadas, porque así estarán más elegantes.
En el salon¡:ito de c~nfianza debe pon_er otr~s cuatro
"5illas volantes, todas diferentes y de esttlo Lms XVI.
(i) Excl11Sivamente senl.n contestadas en esta O,,,,,npondeneia, Pa,rlicultlr
las consulta.s que, versando sobre asuntos propios de las. ~ocion_es d~l periódico. !le sirw.n diri1rimo~ lu Seftor,ui Suseritoras A las ediciones ~ ln10, y por
.-iingún concepto lo serán Ia.s cons11\tas que se hagan en cartas anónimas.

TRAJES

DE

PASEO.

lela necesaria: 4 metros

25

centímetros de tafetán;

7 metros de paño; 5 metros de terciopelo, y 6 metros

centímetros de piel.
Núm. 2. Abrigo de terciopelo &lt;Cabeza de negro•, guarnecido de bordados de oro estilo árabe. Espalda de
levita y lados de espalda que forman al vuelo para una
falda semilarga, ribeteada de plumas de 2:allo. Delantero
recto, cerrado en el centro y montado por un canesú
de bordado¡ canesú igual en la espalda. Un adorno puntiagudo del mismo bordado va puesto en cada lado sobre las caderas. En la espalda y sobre el brazo, esclavina con tres costuras y hombreras de bordado. Unas
plumas ribetean la parte inferior. El delantero de la esclavina va doblado de modo que envuelva el brazo.
Cuello Médicis, de bordado.- 7 oque pequeña de oro,
con ala encañonada y ribeteada de felpilla. Grupo de
plumas por detrás. Manguito de plumas.
Tela necesaria: r5 metros de terciopelo.

40

EXPLICACIÓN DE LOS DIBUJOS PARA BORDADOS
CONTENIDOS EN LA HOJA-SUPLEMENTO.
Corresponde á las Sras. Suscrltoras á la 1. 1 edición de lujo .

al soutaclte para manga de chaqueta.
para el delantero de la misma chaqueta.
(Los dibujos para el bordado al soutache de la espalda y el cuello Médicis de esta chaqueta se publicarán
eJT la Hoja-Suplemento del núm. 6.)
3. TA, ·enlace para pañuelos.
- 4, Cou"suelo, nombre para ídem.
5. Continuación de abecedario para servilletas (véase
la Hoja-Sttp!enw!lo al núm. 48 del año anterior.)
1. Bordad
2 • . Motivo

MEDALLA.

Todo el mundo conoce y aprecia el popular Jabón dt los PrincY,es dtl Congo, pero la, marca favorecida por la lúg/l lije es el
L':'nio-Extra, c~ya pasta y ~uyo per,fume so.n ~l resultad? de hé.btles manipulac10nes del qulm1co Victor Vatssier, de Pans, creador de ese producto excepcional.
Los Congo-Extra, que se distinguen por sus cintas de seda,
color de fuego y amarillo, limbradas con una medalla de oro ó
de plata, se encuentran en todas las buenas perfumerías.
CELEBRIDAD P-ARISIENSE.

Para asegurar la perfección del talle y la de las lineas del busto
se recomi.end;¡. el corsé de MMES. DE VERTUS sO!urs, 12 1 rue
Auber, en París .
Llámesele por un nombre ó por otro, y cualquiera que sea el
que se escoja en el museo artístico d~ la Casa DE .VER'.f'US
sou:urs, siempre resultará que el mencionado corsé 1mpr1me
gracia elegancia y distinción á la persona, sin las cuales cuecen absolutamente de cachet los más bellos atavíos.
La Casa DE VERTUS sou:urs ha ten}do presentes las exigencias
y aun las diversas edades de una muJer elegante, y de esta previsión es prueba evidente su colección de modelos, todos de
distinta hechura.
.
Para las personas robustas, 9ue tienen nece.sidad de un. tutor
sólido, el Corsé~Ana de Austna, severo y maJestuoso, se impone; mas µara las. personas delgadas y flexibles, para las señoritas,
hay en dicha Casa un mundo de corsés y de cinturas de variadas
formas, y todos de una coquetería y una gracia que no admiten
comparación ni paralelismo con otros.
PTYCHOTIS, Victoria., Lila blanro,eto.
O/orea nuevos muy concentradoa para el f'allue/o

.AGUAdeCOLONIA REALmuyaprtti&amp;da.
Perfume. e,quitilo y duradero para el TocadDI'

JABONDULCIFICADO0loressurieriD
De una acción saludable IObro fa PJEl

(' QPHELI l\l perfume.
adhmntes in.isihles, exquisito
Boublgant, perPOLVO
fumista,
Faubourg
Honoré,
el
pP.rEA.u O•HQUBIGANT para los banas. Houbigant,
l.)

París,

St

19,.

muy apreci!da para

tocador y

fumista, París, 19i Faubourg St Honoré.

La perfumería e8peelal á la f.,aetelna, recomendada
por Jas notabilidades medicales de París, ha valido, en la Expo-

sición Universal de 1878, á su inventor, M. E. COUDRAY,
13, rt1e d' Enghien, en París, las más altas recompensas: la CnP
de la Legión, la Medalla de Honor y de Oro.

('tl FOCKÉ ,
PIANO
V'icto,. Hug-o, 83
1

(Croquis del figurln iluminado, visto de espalda.)

Núm. 1. Vestido para señoras jóvenes.-Este vestido
es de paño gris, guarnecido de piel de marta cibelina y
de bordados de oro y plata. Chaqueta de felpa azalea
encarnada obscura, guarnecida-de pieles. Fondo de
falda de tafetán y vestido Princesa de paño, compuesto
de espalda y lados de espalda, que dan el vu~lo necesario para la falda. Delantero de una sola pieza, con
pinzas de pecho y pinz~ qu~ indica .el lado de delante;
cierre invisible en la 1zqmerda baJO el brazo. Manga
alta de hombros con parte inferior ajustada. Una tira de
cibelina y . un entredós ancho de bordado ribetean la
parte inferior del vestido. En e l pecho y en los lados de
los delanteros bordados dispuestos en forma de quilla.
Chaqueta de t~rciopelo, abierta, y compue~ta de es~alda
con aldeta abierta en el centro y gua_rnec1da de pieles;
delantero con pinza que in~ica el. lad1to. Cuello alto de
cibelina y una tira de la mtsma piel adorna el borde de
los del~nteros. Manga semilarga, que termina en el
codo.-Sombrero de terciopelo negro con ala ancha,
plegada y guarnecida de un grupo de plumas. Manguito
de cibelina .

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�48

LA MODA ELEGANTE, PERIÓDICO DE LAS- FAMILIAS.

ANUNCIOS.
NINON DE LENCLOS

eooooooooooooocc~

PAºTA
1 JARABE DE CARACíllrn
Ü

Reíase de las arrugas, que no se atrevieron nunca á señalarse en su epidermis, y se conservó
joven y bella hasta más allá de sus 8o años, rompiendo una vez y otra su acta de ne.cimiento á h.
faz del tiempo, que en vano agitaba su guadaña delante de aquel rostro seductor sin poder mortiP asta.,! f.; jarabe. 2 f. Toda.s farma.cs.
ficarle.-Este secreto que fa gran coqueta egoísta no quiso revelará ninguno de sus cor.temporáneos, ha sido descubierto por el doctor Leconte entre las hojas de un tomo de la Historia amorosa Decís, Sdora, que os faltan muchas cosas
de la.s Ga!ia.s, de Bussy-Rabutin, perteneciente á la biblioteca de Voltaire y actualmente propiedaa para que volváis á ser
exclusiva de la Perfumería 1'11100 (Maison úc,mle), 31, rue du 4 Septembre , 31, París.
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fJerfu,,urla Inglesa , Carrera de San Jerónimo, .,J,yen Barcelona, Sra. Piuda de Lnfout é Hijos, y volverá la hermosa edad de diez y seis primaverasVicente Ferrer.
y os deíenderá contra las arrugas; su polvo de
arroz Flor de Alóérdu'go dará á vuestro cutis una
blancura diáfana que evocar! i las rosas desvanecidas de vuestro rostro; su Anti-Bolóos extir-

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pará los r,untos negros que brotan en la narfa,
sin dejar a menor huella de ninguno; su Sordlium espesará, alargará y dará nuevo color á
POR
' vuestras cejas y pestaiias; su Pa.1ta de los Prdad"
destrni,álos sabañones y las grietas, y os deD. ANTONIO DE TRUEBA volverá
la mano lisa y mórbida, con las venas
suavemente azuladas que antes, en vuestra pri.
· d ¡ mera juventud, posefa1s; y toda esta transforma. Es una d~ las mejores obras 1iteranas. e ción se efectuará naturalmente, sin recurrir á
ilustre Anton el de los Cantares, moral, ms- ningún artificio.
tructiva y amenísima.
El"Catálogo de ta Pe,fumeria Exótica se remite,
Forma un elegante volumen en 8. 0 mayor patis y fran,o de porte, á quien le pida.
francés, y se vende, á 4 pesetas , en la Ad- . .Dep~si/01 m JJfadrid: Artaza, Alcalá, ~.J ,· prinministración de este periódico, Madrid, ctpal, izq.; .[&gt;auual, 1,renal, ~•· llrqu,ola, .Afacalie de Alcalá núm. 23 •
yor, r,· Aguzrrey Mo/mo, Pn~zndo_s, I,Y en Bar-

MARI-SANTA

PllIS

1

1a ■■

Partle1pando de las propiedades del Zodo
y del Blerro, estas Plldoras convienen es.
peciaJ.mente en las enfermedades tan va.riadas que determina el gérm.en escrofuloso
(tumore.s. obstrucciones 1huttUJre1 frlOs, etc.),
atecctonescontralas cuales son impotentes
los simples ferruginosos; en la Ol6ro■la
!-

J' de las principales cortes de Europa

A

1

co
E
•

Farmac4utloo de Parf1, callé Bonapartt, fO
Z&gt;ZSCOHFiEsE Z&gt;E LAS FALSlFICACIONIIS

:··········--··
;:@&gt;erfumería

•

ESCRITO Y CONFECCIONADO

riii.fui.ili

•

I

del · J aJ)6n

de China

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En cuanto á las mamás de estos adorables bebés, continúan
fieles á las elegancias de la estación I que he descrito tantas
veces.
Sigue llevándose mucho paño
y no poco terciopelo de canutillo ,
para los trajes de calle. Las fal•
das van guarnecidas generalmente en su borde inferior, ora con
un ribete de astrakán puesto por
debajo y que tiene 2 centímetros
todo lo más 1 6 con una tira de
marta ó de skung.s. Por encima
va un bordado estrecho ó varios
galones de oro ó negros. Si no se
quiere hacer el gasto de la piel,
se pone en el bajo de la falda un
borde de paño de color subido,
y sobre el paño algunos galones
de metal 6 de lana.
Los abrigos que más se nevan
son las chaquet~s larga~ y las esclavinas también un poco largas.
Se ven algunas levitas, pero son
raras.
Una de las más lindas que he
visto era de seda brochada color
marrón sobre fondo negro. Los
delanteros, cruzados de derecha
á izquierda, iban guarnecidos de
un entrepaño de terciopelo de
felpa negra, con aplicaciones de
pasamanería mate y ribete de
plumas negras. La espalda era
muy sencilla, enteramente ajustada. Las mangas, de felpa, iban
guarnecidas en el borde inferior
de aplicaciones de pasamanería.
Cuello Médicis, de felpa, forrado
de plumas.
Muchas señoras elegantes, de
las que no siguen las modas de
una manera servil, sino que se
visten á su gusto, llevan chaquetas cortas, pero de un estilo especial. Las hay de paño blanco,
enteramente bordadas de hojas
de trencilla negra, con mangas
de terciopelo negro. Otras son
de terciopelo color de amatista,
con mangas bordadas de cabocltons de azabache.
Para renovar las chaquetas de
felpa del año pasado, se emplea
una felpa negra, de muy bonito
efecto. Se hacen las m~ngas de
esta felpa á la moda, y se guarnecen los delanteros de una tira
igual. No hay nada más desagradable que tener una prenda que
ha pasado de moda de un año á
otro I y se considera una feliz
cuando puede transformarla á
poca costa.
Con las levitas hechas hace un
año 6 dos se tiene el recurso de
cortarlas á la medida de las chaquetas largas que ahora se llevan, y de la parte inferior de la
falda se cortan las mangas altas,
al sesgo.

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Alegre.-Un mistrrio (conclusión), por don~
foés B.-Páginas del arte: .F ilippo Lipp1,
por D.• Josefa Pujo} de Col!~do.-Alegorfas
y cuentos, por D.M. Ossono y Berna.rd.Correspondencia. particular , ~r ~-• A:dela P.-E,:p\icación de los figunnes ilumrnanados. -Sueltos. - Solución al jer~glifico
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más interesan hoy á las personas
que de modas se ocupan. Todos
los días se inventan nuevas combinaciones, á cual más originales,
en honor de nuestros encantadores b.ebés. Los niños, con sus camisas de cuello en pie, con el
pardesús corto, el sombrero en
forma de melón y el junco están
graciosísimos.
En cuanto á las niñas, no acabaría nunca si hubiese de enumerar las preciosas galas que lucen
diariamente . Citaré un modelo
entre mil.
Sobre un vestido, que no se
ve I va un abrigo de terciopelo
color de esmeralda, que llega
hasta el suelo, y que es recto por
delante y plegado por detrás, estilo Renacimiento. Como adorno,
dos tiras de piel de chinchilla
puestas por delante. Las mangas,
bullonadas por arriba, van ajustadas desde el codo.
Acompañaba á este traje una
capota enorme del género Greenaway, del mismo terciopelo verde, con bavolet muy ancho y ala
levantada, bajo la -cual se veía un
grupo de plumas de avestruz color de rosa.
Por este orden van vestidos
todos los niños y niñas. No se ve
de ellos más que un montón de
trapos elegantes, de donde sale
una carita fresca y riente como
una mañana de Abril. Los pies,
las manos I todo desaparece, excepto la cara, que en aquel marco de pieles ó encajes expresa la
admíración y el regocijo,

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              <text>La Moda Elegante Ilustrada. Esta revista tiene sus orígenes en 1842. Su antecedente fue un pequeño periódico femenino titulado La Moda que empezó a publicarse en Cádiz en 1841, de la mano de don Francisco Flores Arenas, escritor andaluz y periodista conservador de El Globo. Unos años más tarde, en 1849, el editor don Abelardo de Carlos Almansa compra este pequeño periódico de modas, entonces en crisis, y lo convierte en una publicación de gran éxito y con beneficios. Tuvo tanto éxito que se vendió por toda España. En 1861 cambió su formato y adoptó el nombre de La Moda elegante ilustrada y a partir de 1871 comienza a publicarse también en Madrid. La moda elegante es una de las publicaciones “femeninas” más longevas, pues continuó su larga vida hasta finales de 1927, sobreviviendo a De Carlos.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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      <name>Adorno de corpiño</name>
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