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                  <text>LA MODA ELEGANTE, PERIÓDICO DE LAS FAMILIAS.

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sin dejar la menor huella de nmguno; su SorCllium espes:i,rá, alarga:_á y dará nuevo color á
vuestras ceJaS y pestanas; su Pa.sta de los Prelados destruirá los sabañones y las grietas, y os devolverá la mano lisa y mórbida, con Jas vena:.
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Reíase de las arrugas, que no se atrevieron nunca á señalarse en su epidermis, y. se. conservó
joven y bella hasta más allá de sus 8o años, rompiendo una vez y otra su acta de n:=,c1D11ento á 1_2.
faz del tiempo que en vano ag\taba su guadaña clelante de aquel rostro seductor sm poder mortificarle.-Este s'ecreto que la gran coqueta egoísta no quiso r~velar á ninguno de s~ c01_:temporáneos, ha sido desc:ubierto por.-el doctor L~conte ent~e ~as hoJas de un .tomo de la Hisfona am.orosa
de las Calias, de Bussy-Rab~tm, pertenec,~nt~ á la b1bhoteca de Voltaire y actualmente pr?p1edad
exclusiva de la Perlumersa ll'lnon {1Jfa1son.Leconte), 3~, rue du 4 Septemb~e,•31, Pans.
Dicha casa entrega el secreto á sus elegantes clientes baJO el nombre de Werltablc Eau de
ll'lnon y de Dube&amp; de ll'lnon, polvo de arroz que Ninon de Lenclos llamaba "la juven~ud en
una caja&gt;.-Es necesario exigir en la etiqueta el nombre y Ja dirección de la Casa, fiara ev1.tar las
falsificaC:iones.-L'a Pmfumerie Ninon expide á todas partes su:. pros~ectos y J?r~ctos. co.rnente,s.
Depósitos en Madrid: Pascual, Arenal, 2; Artaza, Ale.alá, 2,J, pral., 1Zq.; Aguirre y llfolmo, per•
fumería Oriental, Preciados, I; Federico, Gros, perfumería Urqu:ola, Mayor, I; Romero_Y, ~~e,ite,
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Vi5ente Ferrer.

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NINON ·DE LENCLOS

Decís Señora, que os faltan muchas cosas
para qu~ volváis á ser
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Año L-Núm. 6.

Madrid, 14 de Febrero de 1891.

Administración: AlcalA, 23, Madrid.
11

11

SUMARIO.
TnTo.-Revista pari~iense. por V. de Castellido.-Explicación de los ~bados.-Cortas á una maúre.·, por D.• Maria del Pila, Sinués.-El aria Casta D,va, por dona
Emilia des-.- Narraciones de Carmen Silva ( S. M. la Reina de Rumanía); La
madre de Esteban el Grande, por D.ª Faustina Saez de Melgar. - ¡ Hasta nunca!
J)OC'SÍa, por D. José Jaekson Veyan.-Los besos, poc~ia, por D. Mariano Ramirez.Una aventura (cuento inverosimil), por D. José A-.-Tres votos, por la Condesa d.: Camroblaneo. -Corrr~pondencia particular, por D." Adela P.-Explicación
del fügurín i\uminado.-Explicación de los dibujos para bordados contenidos e:i la
Hoja-Suplemento.-Sueltos.-Solución al salto de cabaílo publicado en el núm. 3.Anuncios.
GRABADOS.- 1. Sombrero Barbarroja.-2. Caballete adornado de bandas.-3 á 6. Tapete
para mesita.-7. Peto de brocado de oro y muselina dt: seda.-8. Peto de muselina dt:
seda -9. Cofia. de gasa de seda y cintas.-10. Adorno de co.rpino.-1 ;. Gorrit~ par,
niflOs peqúenos.-12 y 13. Almohadón -14. Cofia para sel\ontas.-15 a 17. TraJes d~
soirh.-18. Traje de calle para setloritasde 16 á 18 aftos.-19. Vestido de teatro para
i:eftoribls -zo y 21. Vesthlo para ninas de 10 á zz aftos -22. Vrs1i&lt;10 de soirh para
jó,·cnes de 15 á 16 af\os.-23 y 24 Trajes Ce e1lle. -25. Traje de vi~.ti.

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MANUAL DE LA MODA ELEGANTE
ESCRITO Y CONFECCIONADO

.

SUMAR JO.

Costumbn:s aristocráticas.-L:&lt;i. emigración de Parls.-Estaciones in\'ernales.-Sus \'Cntajas económicas.-Inconveniente.~ del eicclusivismo en materia de ,nodas;-Chaquetas cortas y chaquetas larfr,IS.-Los pafios de colores.- Un modelo de ,·es11do de casa..
-La hua1ina.-Pens.amientos.

POR

'
LA BEDACCION DEL PElllODICO

estación trae consigo su capítulo de costum"' bres de elegancia aristocrática, que la moda re.
~., ~ visa, aumenta ó varía todos los años, y al cual
·....,
hay que someterse, so pena de quedarse atrás
~ ~ -- en el movimiento del gran m~ndo.
~ ~-Este invierno, el fr!o glac1~l que empezó á
- ~ i fines de otoño ha proporc10nado a nuestras elega~,f''.;.;,i' ,..., tes patinadoras un pasatiempo q_ue t~ntos atra~ttt: vos tiene para ellas, y de cuyas penpecias he temdo
~ al corriente á mis lectoras.
J
Actualmente cumplidas ya las obligaciones de familia inherentes al año ~uevo, la traslación á las r~giones encantadoras del Sur es lo que está á la orden del d1a. La moda de
invernar fuera de París se acentúa de año en año, y no só'.o
entre los representantes de la Mgh life, sino de los diferentes
grados de la escala social en que la existencia pasa modestamente y sin ruido.
Sobre el placer de disfruta_r de un cielo esplendoroso y un~
naturaleza florida en un penodo del Almanaque en que Pans
sólo nos ofrece la tristeza é incomodidades del frío, las nieblas 6 las lluvias, la residencia en las regiones meridioi:ia.les
ofrece ciertas ventajas económicas á los que por ~u pos~c1ón
social se ven obligados á. sostener un tren de casa d1spend1oso.
En vez de dar en París comidas y recepciones, gasta~ e1;1 trajes en lujo de instalación y de personal, se pasa el mvierno
en 'una casa de recreo á orillas del Mediterráneo, sencillamente, sin ostentación, sin trajes vistosos; y _com~ no es~á
una en propia casa, sino acampada en una re~1denc1~ transitoria, pasajera, tiene d~rec~o á no ostentar. m su luJ? acostumbrado ni el tren ordmano de s~ casa. As1 es que, sin aparentarlo, al mismo tiempo que se tJen~ el placer de. pasar la
mala estación bajo un cielo azul y respuando un ambiente perfumado se hacen notables economías que, al cabo del año,
contrib~yen al equilibrio del P!esupuesto ~eneral. Todo lo cual
explica el movimiento de em1gr~c1ón h&lt;;cta 13:s costas del Mediterránéo, no ya de_ la clase aristocrática, smo hasta de una
parte de la clase media.
.
.
. .
El eco de las manifestaciones fastuosas de hospitalidad de
que son teatro ciertas mansiones semi•regias ! del refinamiento
de elegancia desplegado en Cannes 6 en Niza entrC? los que
pertenecen á la hi'gh life, ha dado pábulo á 1~ cree_nc1a de que
se necesita poseer millones para tener la satisfacción de pasar
~ADA

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1.-Sombrero Barbarroja.

•

�LA MODA ELEGANTE, PERIÓDICO DE LAS FAMILIAS.
una temporada en la Costa Celeste, como la llaman los
poetas. Error profundo. Las estaciones invernales del
Mediterráneo están al alcance de todas las fortunas.

carácter y un estilo determinado. A falta de esto, saldrán á la venta caprichos de escaso valor I hechos expresamente para adornos de sombreros.
'

Como siempre sucede, la moda se compone de con·
trastes.
•
Las señoras á la moda se han apasionado por las
chaquetas largas que llegan hasta media falda, de anchas aldetas que ondulan formando pliegues gruesos.
Muchas otras señoras de buen gusto, que desde la
primavera pasada habían adoptado la chaqueta Ia:ga
para su traje estilo de sastre, y que la habían segmdo
llevando todo el verano último, especialmente en los
paseos matinales, empiezan á dar preferencia á la chaqueta-corpiño, muy ajustada y con aldeta corta.
·

Entretanto, y mientras duran estos fríos que nos obligan á permanecer bien abrigadas, al amor de la lumbre,
el sueño dorado de las más elegantes es un vestido fácil de llevar, de mucho abrigo y muy cómodo.
Véase el modelo, cuyo dibujo publicamos, sencillo
como el que más, y que va hecho de paño blanco y
montado en torno de un canesú bordado de trencilla
blanca y oro y cuentecitas Teodora. Puede bordarse fácilmente este canesú. Las m1ngas son rectas, y van
guarnecidas de una pulsera de bordado. Para sujetar el
vuelo del vestido, que cae enteramente recto, se pasa
en torno de la cintura un cordón blanco, cerrado con dos borlas, y que se
anuda á voluntad. El canesú va forrado
de /malina, especie de franela preparada, de más abrigo que la seda algodonada, y sobre todo mucho más ligera.
Se han abandonado por comgleto las
sedas algodÓna-das ó huatadas, piefiriéndose esta J1uati11a, que- se coloca-entre
la tela y un forro de seda, y que tiene
la ve·ntaja de no abultar como la Seda
algodonada.

....

•••

Pensamientos:
Envanecérsé de su rango 1 es advertir
que es uno inferior á él.
El hombre no muestra nunca más dignidad ni rriás belleza morar que cuando
pide perdón, ó cuando perdona á su
vez.
Los límites de la ciencia son como el
horizonte: mientras más se acerca uno,
más se alejan.
Quien no se molesta, molesta al prójimo.
Se siente una inclinada á seguir las
opiniones de los que ama, sobre todo
cuando el espíritu no está aún suficientemente ilustrado.
V.

DE CASTELFIDO.

Paris, 8 de Febrero de 1891.

De esta suerte se ven en la actualidad tantas chaquetas cortas como largas. Levita, pelliza, carrick con
varias esclavinas, esclavina larga, etc., etc., todo se
lleva y todo esto está de moda.

EXPLICACIÓN DE LOS GRABADOS.
Sombrero Barbarroja.-Núm. l.

Una de las más bonitas formas de chaqueta es la chaqueta Orloff, hecha de paño amazona y forrada de
IN.atina. Los delanteros van muy abiertos y forrados de
piel, como las pellizas de hombre. Entre la abertura de
esta guarnición de pieles, que forma dos solapas, se ve
un peto de terciopelo ó felpa, abrochado en el lado izquierdo de una manera invisible, mientras que unos delanteros de forr.o, cerrados en medio, ajustan la chaqueta.
Para salir dé noche, no hay nada más cómodo y elegante que la pelliza larga, hecha de paño claro y forrada de raso blanco. Por único adorno, un cuello grande
y cruzado de piel de marta ó de zorro.

•••
Los paños son este invierno de colores delicadísimos:
rosas dulcísimos como los colores de carne; verdes ligeros y transparentes como las aguas de un lago; morados tan finos, tan sonrosados, que recuerdan los pétalos de los pensamientos más preciosos.
No sé si es la moda la que influye en mi opinión;
pero se me antoja que n'i sedas ni terciopelos tienen tonos tan finos ni tan suave¡ como los paños que se hacen en el día.

Vi noches pasadas una toque de teatro plegada con un
arte exquisito, y que estaba hecha de paño color de
e rosa moribunda&gt;, con reflejos aterciopelados de una
dulzura sin igual. Como adornos, dos tiritas de piel de
marta, con dos cabezas, que se encontraban en medio
por delante. No .es posible dar una idea del encanto
poético de este tocado y de su elegancia original.

•••
El oro y el azabache siguen siendo los favoritos de
la moda, y sirven para adornar casi todos los sombreros.
En la estación entrante es probable que se lleve mucho oro. Se hacen ya tules negros bordados de cuentas
de oro, -cuyos tules se fruncen sobre un alambre de oro.
El efecto que producen es lindísimo.
Veremos también probablemente la restauración: de
las antiguas joyas en los sombreros; pero no serán los
broches, los alfileres, ni otros objetos por el estilo de
que tanto se ha abusado. La joya á la moda para los
sombreros sed la sortija. Se escogerá, en cuanto sea
posible, una sortija un poco grande, que tenga cierto

Este sombrero se hace de fieltro negro, con ala arqueada y forrada de terciopelo color de esmeralda. Sobre el fondo, alas dt! mariposa de terciopelo color de
maíz, rodeadas 1fo esmeraldas y perlas finas. Lazo de
cinta de terciopelo color de maíz, y grupo de plumas
negras.
Caballete adornado de bandas.-Núm. 2.

Este caballete, que tiene un metro 30 centímetros de
alto, es de madera de nogal, y va guarnecido de bandas
ó paños plegados de felpa color de cobre y aceituna,
sobre los cuales se bordan unas ramas y una mariposa
al pasado, con sedas de diferentes colores y cordón de
oro. En la banda superior, la curva y la caída larga son
de felpa color de cobre, y en la banda inferior, de felpa
color de aceituna. La caída corta e&amp; de felpa del otro
color. El borde inferior de los paños ó bandas va guarnecido de un galón de pasamanería terminado en borlas
y hecho de felpilla y seda color de cobre y de aceituna.
Tapete para mesita.-Núms. 3 á 6.
Este tapetito (género inglés) es de piel blanca, y va
hordado con algodón blanco y guarnecido de un fleco
hecho al punto de aguja. El dibujo 6 representa la rama
bordada que adorna la parte de encima¡ e! dibujo 4,
una parte de la cenefa, ejecutada al punto de cordón, y
el dibujo 5, el fleco hecho al punto de aguja, con el borde dentado. Se borda la rama al pasado, punto de cordoncillo, punto de espina y punto de festón. Para ejecutar el punto de cordón se levanta la hebra con la
aguja, y se pasa ésta (siguiendo la flecha indicada en el
dibujo) al través de la tela y sobre la hebra de la labor.
El fleco va hecho con hebras triples de lana blanca y
agujas de acero en el sentido transversal. Se montan 4
mallas, sobre las cuales se hacen:
r.ª vuelta.-2 veces, alternativamente, un echado,2 mallas al revés, labradas juntas.
2.ª vuelta.-Se toma un molde que tenga 3 centímetros de circunferencia ( se puede emplear también una
tira de cartón), y se enrolla la hebra en torno de este
molde,-después, 2 veces alternando, se echa la hebra
sobre la aguja, y se labran ~untas por el revés la malla
más próxima y el echado siguiente. Se vuelve á empezar, siempre alternando, las dos hebras anteriores. Se
puede emplear un fleco hecho de este modo para guarnecer tapetes pequeños, cabeceras y otros objetos análogos.
Peto de brocado de oro y muselina de seda.-Núm. 7.
Se emplean, para hacer este peto, dos pedazos de
cinta de seda blanca, de 6 centímetros de ancho por 64

63

LA MODA ELEGANTE, PERI ODICO DE LAS ·FAMILIAS.

de largo cada uno, sesgados en uno de los lados transversales. Se juntan los pedazos de cinta¡ se guarnece el,
peto en el borde exterior, incluso los lados transversales superiores, de una cinta de brocado de oro, de 3 centímetros de ancho, y se le cubre de muselina de seda
blanca plegada. Se completa la mitad derecha del peto
con un cuello l\lédicis, hecho de brocado de oro forrado
de seda. Se abrocha sobre el cuello la mitad izquierda
del peto.
Peto de muselina de seda.-Núm. 8.
El fondo del peto se compone de dos encajes iguales, que tienen cada uno 48 centímetros de largo. Se
dispone el borde dentado de este encaje de manera
que las puntas crucen una sobre otra. Se dispone el
peto desde el borde inferior hasta Ir centímetros de
altura en pliegues estrechos. Se dispone sobre el fond o
de encaje un pedazo de muselina de seda de 60 centímetros de largo por 38 de ancho, sujeto en el lado con
una rosácea de la misma tela. Se añade un pedazo de
muselina de seda, cortado al sesgo y plegado en la
parte inferior del peto. Se guarnece su borde superior
con una cinta otomana blanca, de 40 centímetros de
largo por 3 de ancho, sobre la cual se fija otro pedazo
de muselina de seda, dispuesto en pliegues huecos y
adornado en medio con una cinta otomana.
·
Cofia de gasa de seda y cintas.- Núm. 9.

El ala de esta cofia, que es de tul fuerte blanco, va
ribeteada de una cinta de seda color de salmón. Se la
guarnece con cintas de gasa de seda blanca, de 7 centímetros de ancho, festoneadas y adornadas con un bordado de seda blanca. Los demás adornos de la cofia se
componen de tres tiras de latón cubiertas de cinta de
faya color de salmón, de 2 ½ centímetros de ancho
adornadas con lazos de la misma cinta, y cuyos lado~
· transversales van fijados sobre la cofia.

4.-Cenefa del tapete.

3. Tapete para mesita. Véana, loa dibujo&amp; 4 á 6.

Véau el dibujo 8 .

5.-Fleco del tapete.
Véase 4/ dibujo 3,

Adorno de corpiño.-Núm. IO.
Cuello y borde d e mangas de pasamanería calada.
Gorrita para niños pequeños.-Núm. 11.
El fondo es de encaje bullonado; entre el rizado que
ribetea la gorra y el bullonado, va montado un entredós
calado, por el cual se pasan unas cintas cometa, terminadas por encima en una rosácea de cintas iguales.
Almohadón.-Núms. 12 y 13.
Este almohadón, cubierto de paño color de nutria,
va adornado con un bordado, que se ejecuta, con arreglo á las indicaciones del dibujo 13, Cfáln sedas de diferentes colores al punto de Esmirna. Se perfora el paño,
siguiendo los contornos del dibujo, antes de bordarle.
Se puede ejecutar también la labor sobre un cañamazo
cuyos hilos se sa.cao. El almohadón va adornado co~
una cordonadura de seda de color y unas borlitas.
8. •Peto de muselina de seda,

Cofia para señoritas.-Núm. 14.
Se hace esta coña de tul fuerte cubierto de crespón
color de rosa pálido con ~unares negros , y se la g11.arnece de volantes de enca1e blanco y lazos de cinta otomana color de rosa.

·

6.-Rama bordada del tapete. Véa81 el dibujo 3,

Trajes de soirée.-Núms. 15 á 17.
Núm. 15. Vestido PRra se1'/.orllas, de crespón Pompadour, fondo color de rosa con florecillas azules. Chaqueta de terciopelo color de coral guarnecida de bordados de oro. Falda recta de crespón. Delantero de
':orpiño plegado en la izquierda. y cruzado de crespón
hso color de rosa; se le pone sobre el forro de los delanteros, que se cierran en el centro y van ajustados
con pinzas. Delanteros de chaqueta abierta, de terciopelo, que se ponen sobre los delanteros de crespón liso;
se les forra de seda color de rosa, y van guarnecidos de
bordado de. oro. Cinturón redondo, carteras y cuello
alto. de terciopelo borda.do. Cuello Médicis de pasamanena de oro. Manga ancha ·y plegada por arriba, de
crespón bordado. Espald~, lados de espalda y de delante de chaqueta de terciopelo con dibujo bordado en
ef centro de la espalda.
Jefa necesaria: 10 metros de crespón bordado· ·un
metr_o 2 5 centímetr?s de crespón liso, y un metr~ 75
cent1metros de terciopelo.
Núm. 16. Vestido de terciopelo color de esmeralda y
raso color de paja; guatnición de bordado calado de
oro. Delantero de vestido dispuesto en delantal recto
de raso, guarnecido de tres tiras de terciopel&gt; bordad~
de oro, y que forman entredoses. Delantero de corpiño
de raso, estrechado en fruncidos en la cintura con un
centro de cinturón de terciopelo bordado; se le cierra
en el centro, y va puesto sobre el forro ajustado con
pinzas. Delanteros de terciopelo puestos sobre los lados
del delante~o de ras.o , van abiertos y bordados en fo rma de encaJe calado. Delanteros de levita añadidos en
la cintura y cubiertos sobre el delantal. U~ bordado de
pasamanería adorna los lados sobre la levita. Cuello Médi~is de bordado calado. Manga ancha por arriba, del
mismo bordado de terciopelo y oro. Espalda de vestido Princesa y lados de espalda que forman el vuelo
para la cola.
1 ela necesaria: 2 metros de raso y 20 metros de terciopelo.
Núm. 17. Salida de baile.-Manta de paño verde lechuga guarnecida de pasamanería calada y de fleco de
oro. Forro de seda color de rosa pálido. Un vivo de plumas negras adorna la parte ii:iferior y los delanteros de
la manta. Una tira de plumas forra el cuello Médicis y
f&lt;?rma un vivo. Cuerpo de manta recta montada en frun cidos en la parte inferior de un canesú redondo de pasamanería I terminado en una hilera de fleco y montado
á un cuello Médicis. Una pasamanería igual forma en-

11.-tlorrita para
niños pequeños.

10.-Adorno de corpiño.

13, - Bordado del almohadón. Véase el dibujo 12,

Explicación de los signos: ■ marrón broncead'? obscuro; C m3.rró~ bronceado
mediano; f2) marrón bronceado claro; D masilla;~ azul obs.curo.' ffi azu! Jl!,ediano; EE azul claro; ~ aceituna obscuro; !Q1 aceituna med1:rno, ~ ace1tun3
elato¡~ rojo obscuro; 0 rojo mediano; l!illll rOJO claro¡@) color de rosa, - fondo.
12.-Almohadón. t'ícue el dibujo 1S.

�64

•

•

•
LA MODA ELEGANTE, PERIÓDICO DE LAS FAMILIAS.

tredós en ta parte inferior de la manta, la cual va abierta
desde la cintura.
T¡cla necesaria: 3 metros 50 centímetros de paño I y
10 metros de seda como forro.

Trai•

de calle para señoritas de 16 á 18 años.-Núm. 18.
E"ste traje se hace de paño color de vincapervinca.
La:falda va ligeramente plegada por delante, y plegada
pro: detrás con pliegues redondos y estrechos. La parte
inferior va adornada á la altura de un dobladillo con
una. serie de plieguecitos pespunteados á la máquina.
Ei'corpiño va plegado sencillamente de la izquierda á
la derecha, bajo una hombrera de pasamanería negra.
Cuello alto de peto y cinturón de pasamanería; por detráa el cinturón form3. una aldetita que va recortada en
pu'nta. El corpiño se abrocha bajo el brazo izquierdo.
Manga alta de hombros, sin costura en el codo y abrochada por debajo.-Sombrero de fieltro negro, adornado con cinta de raso negro y plumas del mismo
color.

Vestido de teatra para señoritas.-Núm. 19.
Este vestido se hace de paño color d·e rosa pálido, de
terciopelo color de rubí y plumas negras. Fondo de falda de tafetán y falda de paño, con pliegues en la parte
superior del delantero. Corpiño de talle redondo, compuesto de espalda, lados de espalda y de delante, y delanteros con pinzas, ribeteados de plumas y abiertos
sobre un peto estrecho de terciopelo color de rubí, añadido sobre el forro de los delanteros, el cual va cerrado
en...el centro bajo el peto. Una tapa abrochada cierra el
lado izquierdo del delantero. Manga· de terciopelo ribetearla de plumas. Cuello alto de terciopelo.
Tela n cesaria: 5 metros 50 centímetros de paño, y
4 metros 2 5 centímetros de tafetán.

'Mstido para niñas de 10 á 12 años.-Núms. 20 y 21.
Este vestido se hace de paño color de avellana, y va
guarnecido de galoncitos del mismo color. Falda recta,
terntinada en cinco hileras de galón puestas en forma
de entredós sobre el dobladillo. Corpiño ·con cinturón
rayadb de galoncitos que figura una punta por delante;
una rosácea de paño cierra el cinturón en el centro por
detrás. El corpiño se compone de espalda y de delantero de una sola pieza, estrechados en la cintura con
un grupo de fruncidos; cierre invisible en la izquierda
bajo el brazo. Cuello alto. Manga alta de hombros. Unos
galones figuran un canesú, un cuello y unas carteras rayadas. El forro de los delanteros va ajustado con pinzas
y cerrado en el centro.

Vestido de soirée para jóvenes de 15 á 16 años.
Núm. 22.
Este vestido se hace de muselina color de rosa pálido bordada de lunares de plata; guarnición de muselina lisa festoneada de plata y de cintas de terciopelo
negro. Delantero-polonesa plegado sobre el pecho y en
las·caderas; lados de delantero que s.e pierden en las
bandas plegadas de la falda; espalda y lados de espalda
que terminan en una parte de detrás de falda ancha añadida. El forro de los delanteros es plano, va cerrado en
el centro y ajustado con pinzas. Cierre invisible en los
delanteros-polonesa, que van escotados en forma de V
y guarnecidos de un volante fostoneado que rodea la
parte superior de la espalda; cinta de terciopelo negro
que forma collar. La parte inferior del vestido va guarnecida de un volii.nte festoneado, que lleva por encima
dos cintas de terciopelo cerradas en la izquierda con
dos lazos de cinta. En el pecho, hebilla de plata que estrecha los pliegues. Manga fruncida con brazalete de
cinta de terciopelo¡ lazo de cinta igual en los cabellos.
lela necesaria: 12 metros de muselina bordada.
Trajes de calle.-Núms. 23 y 24.

Núm. z3. Vestido de paño verde acebo, guarnecido
de terciopelo negro y de bordados de seda verde, mezclada de plata. Fondo de falda de tafetán, y falda falsa
de paño liso. Sobrefalda de paño igual, bordada en forma de entredós y recogida en la cadera derecha. Casaca. eon al de tas añadidas, compuesta de una espalda
con. a:ldetas estilo de sastre¡ lados de espalda y de delante, y delanteros con pinzas y aldetas añadidas en la
cintura.; unos corchetes y corchetas cierran el centro
dd d"efantero. Parle superior de casaca, escotada en redondo sobre una parte superior de terciopelo añadida
sobre el forro del corpiño. Berta de paño alta de hombros. Manga con parte superior abierta en la costura del
codo sobre un bullonado de terciopelo. Cuello alto de
la misma tela. Un bordado rodea las aldetas, guarnece
el ñorde de los delanteros, las mangas y la·berta.-Sombrero de fieltro color crema, adornado con un sol de
terctiopelo y con un dibujo de azabache.
Tela necesaria: 4 metros 25 centímetros de tafetán¡
S metros de paño, y un metro 40 centímetros de terciopelo,
Nií.m. z4-. A/anta de paño color de piel de Córdoba,
guar.necida de pasamanería y de fleco del mismo color.
Cuerpo•de manteleta redonda sobre la espalda y puntiaguda sobre el delantero, y guarnecida de una hilera
doble. de fleco y de pasamanería. Sobre el delantero, la
primer:a hilera de fleco de pasamanería figura un fichú.
Cuerpo de manta plegada, añadida en la parte inferior
de la-manteleta, que termina hacia adelante sobre un
delantero de la misma tela, y que se pierde bajo la manta
plegada y figura una sisa de visita. Cuello Médicis guarnecidO•de pasamanería. Los delanteros se cierran en el
centro.-Sombrero de terciopelo color de nutria, adornado con cinta de terciopelo color de nutria, con cinta
de- t6.roiopelo color de maíz y con alas mordoradas.Guantes de piel de Suecia.
Tela necesaria: 5 metros 50 centímetros de paño.

Traje de visita.-Núm. 25.
Vestido de terciopelo color de reseda adornado con
un cuellecito Médicis de batista bordada y un bullonado
de batista formando corbata. Peto y falda de paño color
crema, bordado de palmitas. La polonesa, de terciopelo
color de reseda, va guarnecida de astraká.n en su borde
inferior. El cuerpo y las mangas van guarnecidos de
galones de oro. Cuando se quiere convertir este traje de
visita en vestido escotado, se quita el peto.

CARTAS Á UNA MADRE.
X.

~~

•

terminar mi carta ;nterior te dije, mi
querida Luisa, que volvería á hablarte
del asunto principal de ella, es decir, del
k
porvenir de tus hijas;_asunto im~ortante
·.
sobre todos los &lt;lemas que pudiéramos
•. ~
tratar. Te aconsejé que les procurases
(C.V/ ~ una instrucción acorde con sus disposicio. ."5.2-",L , nes, y que de ninguna manera te empeñes en
que sobresalgan en estudios que les sean antipá,¿.~ ticos y que llegarían á serles aborrecibles.
~
Si propenden por la pintura, ya te he aconsejado, y volveré á hacerlo ahora, que á la que tenga vocación por tan noble y hermoso arte la lleves á los museos, á las exposiciones, á los templos, donde su imaginación pueda dilatarse y formarse su gusto. Cuando
hay vocación y disposiciones para una cosa, los estudios son breves y aprovechan mucho. Si se advierte
lentitud extrema en los progresos, morosidad y pereza
para el trabajo, cansancio del mismo, es que la vocat;ión no es verdadera y que un entusiasmo pasajero ha
engañado á la pobre niña que creía poseerla; de modo
que ante esas señales evidentes es preciso retroceder,
y dejar de gastar dinero y de mortificar á la, aspirnnte
á artista.
Podrá. suceder también que -alguna de tus dos hijas
manifieste afición y aptitud para la literatura: en este
caso no la desanimes, ni creas con el vulgo que es un
mal el que tu hija piense y sienta¡ so::i. mente busca
quien dirija ese joven espíritu por el camino que le conviene, que no es el de saber mucho, sino el de sentir
hondamente y el de expresar con claridad y con elevación lo que sienta. Una mujer debe escribir, ante todo,
libros honrados, libros que puedan penetrar en el hogar doméstico, libros que sean amigos de la familia, que
con dulces y sanas verdades muestren el camino de la
felicidad á las pobres almas ignorantes que lloran dolores cuyo consuelo no saben dónde buscar; libros que
enseñen y expliquen las grandes verdades de la reli·
gión, que digan á la mujer que el infierno y el cielo no
son palabras vanas, y que Dios mismo asegura en los
libros sagrados que existen: que para llegar al más allá
á que el alma aspira con sed inextinguible, para habitar un día las comarcas celestiales, es preciso amar y
servir af Atnigo divino, que nos amó hasta morir por
nosotros; que todo pecado es atentatorio contra Dios y
ofende uno de sus atributos: la impostura ofende su
eterna verdad, el odio su caridad, la cólera su dulzura,
la impureza su pureza infinita; la duda, la impiedad,
ofenden su esencia misma; y esto que muchas mujeres
ignoran, porque nadie se les ha enseñado, deben aprenderlo en los libros que escribe la mujer.
No es esto decir que tu hija escriba solamente libros
místicos ó devotos; no son éstos los que más bien hacen, porque la arcilla humana no se ablanda más que
al contacto de las pasiones, y éstas se agitan en la esfera de la vida social; pero por alto y profundo que sea
el talento de una mujer, la idea del bien supremo, que
es Dios, ha de dominar en él, y la luz de la fe cristiana
ha de iluminar sus escritos.
No hay alternativa en los libros producidos por una
pluma femenina, ni pueden pertenecer más que á. una
de tres categorías: ó ·es cada uno un beneficio y una
buena acción, ó s&amp;n acciones criminales el producirlos,
ó son del todo inútiles, porque ni enseñan, ni alivian;
los primeros tendrán vida eterna; los segundos serán
temidos y detestados; los últimos caerán en el olvido
más profundo.
De tus dos hijas, infiero que es Laura la que ha de
tener vocación literaria, por los libros que me encargas
para ella, y cuya elección demuestra ya tendencias nobles y delicado gusto: los que últimamente le he enviado harán un gran bien á sus sentimientos y á. su
inteligencia: son de una autora, poco célebre en Francia, su patria, y casi desconocida aquí, ó para hablar
con más propiedad, desconocida en absoluto: yo misma, que siempre ando buscando obras escritas por señoras, ignoraba su existencia, hasta que hace poco
tiempo, en una remesa de libros que me enviaban de
París, encontré un pequeño volumen con este título: Lo
r¡ue no puede el dinero, por M. Myrian.
Una vez empezado, ya me fué imposible dejarlo de la
mano; conocí al instante que estaba escrito por una
mujer: tal delicadeza de percepción, tanta ternura de
sentimientos, tanta elegancia en la forma, tanta gracia
para engalanar el heroísmo y hacerle amable, no podían
ser de un hombre: empecé á buscar catálogos, á mirar
cubiertas de libros, y. hallé por fin otro título, Ka/e, por
Mme. Myrian: había adivinado, y al instante encargué
todas las obras de tan insigne autora, parte de las cuales remito á tu hija.
Mme. Myrian y Mme. Bourdón, que murió en París
hace poco más de un · año, son, á. mi parecer, los dos
primeros talentos femeninos de nuestros días, á. pesar
de no haberse internado jamás en cuestiones científicas , políticas ó psicológicas; pero no hay un corazón

~Jlc)
~

r

L

LA MODA ELEGANTE, PERIÓDICO DE LAS FAMILIAS.

herido una alma descreída, una conciencia turbada,
una de~esperación oculta 1 que no se alivien, que no renazcan, que no crean y amen si_ han tenid~ la dicha de
conocer uno de esos libros sencillos y admirables.
Y esos son los libros que la humanidad doliente necesita: poco bien hacen á un enfermo d_evorad~ por la
fiebre los manjares cargados de especias excitantes;
una bebida dulce que refresque su sangre y calme sus
nervios le salvará. la vida, y aquellos manjares perniciosos le traerán la muerte.
Nadie mejor que tu marido puede sond~r y «:studiar
la índole de la inteligencia de Laura. Manano tiene un
talento sólido y profundo, y dii¡,jgirá el de la niña: él la
ama, y no aprobará. los desvaríos ?e su imaginaci?n, ni
permitirá que produzca más que hbros buenos_, dignos,
libros amigos de la mujer. A nosotras nos importan
poco esas graves cuestiones que cambian lo~ gobiernos
y agitan las naciones: para nosotras, la más importante
es la dicha del hooar, la paz del alma, la calma de la
conciencia, con lobcual nunca hay tristeza, ni desaliento, ni quejas, ni rencores. Nosotras no tenemos más que
un código con muy contados artículos: amar á. nuestra
familia y amigos, adorar y servir á Dios, y P?r su amor
hacer cuanto bien podamos, moral- y matenalmente, á
los pobres, á los desvalidos, á. los desheredados de los
bienes de la tierra.
MARÍA DEL PILAR

•

arrimado al tabique, procurando averiguar las ocupaciones de su hermosa vecina.
Como los ciegos, que sólo por el tacto perciben exactamente la forma de los objetos, Santiago averiguaba
lo que hacía Carlota por el roce del vestido en un inueble, por los pasos que resonaban cerca Q lejos, por el
mismo silencio de la estancia.
-Ahora está limpiando el polvo de la máquina de
coser-se decía sucesivamente.
-Ahora coge una silla.
-Ahora se sienta.
-Ahora cose.
Y parecíale al infeliz que estaba él sentado enfrente
de ella, y admirándola en delicioso arrobamiento.
Siempre á caballo en su vieja silla, cerraba los ojos y
fantaseaba de este modo:
-¿En qué pensará? ¿quizá en que estoy aquí, tan
cerca de sus claros ojos, y sin verla? ¡Porque es imposible que no piense en mí! Cuando vuelve á su cuarto,
ya de noche, tiene que ver la lu,z del mío ..... y será curiosa, como todas las mujeres: .... y se preguntará qué
hago, cómo no la espero, por qué no la saludo ..... ¡ Tal
vez ha adivinado que la amo, y aguarda mi declaración
de amor!.. ...
Y el pobre tímido sentía viva tentación de hacer
ruido para que Carlota hablara.
Pero ¿cómo declararse á ella? ¿Echando un billete
por debajo de la puerta? ¿No le rompería la pudorosa
muchacha, al leer la primera palabra de amor?
-Nada-concluía Santiago ;-lo mejor es •aguardar,
aguardar. ....
Pero ¿hasta cuándo?

1

SrNuÉs.

EL ARL\ «CASTA DIVA».

....

•••

,;:e,l~-&gt;::
..,:;.t-11 ANTIAG0 rnbió rápidamente hasta el. quinto
;..:--w

l~

piso de la escalera de su domicilio , y en
llegando al último, donde había dos puertas , una á la derecha y otra á. la izqqierda, quedóse parado algunos momentos;
después sacó del bolsillo una llave, dirigió la mirada á la puerta de la izquierda, suspiró reciamente, y·abrió la puerta de la deba; cuando pasó por los umbrales de su cuarvolvió la cabeza, miró otra vez á la puerta de
· enfrente, suspiró con más fuerza que antes , y
entró con resolución en su domicilio.
Y apenas había entrado , quitóse la levita callejera,
vistióse la blusJ. de trabajo, arrimó una silla á la pared,
sentóse, encendió un cigarro ..... y permaneció algún
tiempo mirando el humo que lanzaban sus labios y apli·
cando el oído al tabique divisorio de la habitación inmediata.
¡ Oh felicidad! Al cabo de media hora de espera, su
rostro se iluminó con radiante alegría.
-¡ Ha vuelto !-exclamó Santiago en voz alta.
Y en efecto, oíase á través del tabique rumor de pasos y ecos de una voz deliciosa.
Pero ¿quién había vuelto ?
¡ Su vecina, su hermosa vecina Carlota!
¡Qué felicidad oirla! ¡qué ventura vivir cerca de
ella!. .... ¡ Pero qué desdicha no poder verla, no poder
hablarla!
Porque el enamorado Santiago tenía poca suerte:
preparaba el medio de encontrar en la escalera á Carlota, y aun la esperaba en la calle horas enteras; mas
cuando la veía pasar ante sus ojos, grave, gentil, pudorosa, el pobre enamorado, tímido como un colegial,
contentábase con quitarse el sombrero, y no se atrevía
siquiera á. mirarla de frente.
Habíase jurado muchas veces mostrarse menos tímido,
ensayaba saludos graciosos, inventaba pretextos para
dirigirla una declaración elocuente. ¡Tiempo perdido!
Sus juramentos, sus propósitos fracasaban en el momento psicológico ..... y cada vez que veía á. Carlota, la saludab3. con más timidez, con rubor más invencible.
Y luego, desesperando de dominar esa timidez que le
embargaba toda resolución en el momento anhelado, y
temiendo producir en el ánimo de la joven una impresión desffl,vorable, se había decidido por no volverá
verla .....
-Y sin embargo-pensaba-¡la amo!

•

11

l

( S. M. LA REINA DE" RUMANÍA.)

LA MADRE DE ESTEBAN EL GRANDE.

IN
'·re

e-:\~,
-.
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=
el hm1te del Norte de Moldan, entre P1a1's\ ¡í'¡'i¡ • troy Folticini, se encuentran, en una co·;,;1

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lina cerca del río, las ruinas del castillo de

~:~d:~; ~;:;~;:i:i:i~i íi~n}ii :~;1
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7

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•••

¡La amaba, sí!
Habíala conocido á poco de habitar en la casaj vióla
muchos días salir por la mañana, muy temprano, y volver ya entrada la noche; averiguó que era huérfana,
honrada, laboriosa, y que pasaba largas horas de la noche cosiendo con máquina ..... y Santiago sentía admiración, más que amor, hacia aquella hermosa niña, sola
en el mundo, que sabía resistir á la desventura y á. las
tentaciones con la fortaleza, con la virtud que da el
trabajo á las almas honradas.
¿Cómo se había enamorado de Carlota?
Sabiendo que era virtuosa, y la primera vez que la
vió, pareció le bella: ni más ni menos.
La adoraba desde entonces, y estaba convencido de
que la adoraría siempre .....
Si hubiese logrado hablarla, si hubiese tenido el valor
de hablarla, aquel hombre tímido, pero locamente enamorado, la habría dicho: «Señorita, os amo¡ ¿queréis
ser mi esposa?•
Mas para ofrecer el corazón á una mujer amada, es
necesario ofrecerla al par los medios de vivir con decoro, según su clase; y Santiago, pintor poco afortunado, no podía ofrecer entonces á Carlota sino un millón
de. esperanzas: el infeliz sólo tenía en su cuarto, sin contar los utensilios del arte, un modestísimo lecho y una
silla de Vitoria, vieja y desvencijada.
Y sobre ella estaba entonces á caballo I y con el oído

N..\RRACIONES DE CARMEN SILVA.

-¡Oh, mamá! es Esteban; dejadme irá su encuentro, y dad la orden para que alcen el rast,:illo¡ sin dud a
le persiguen.
La anciana la detuvo con movimiento nervioso, e,
gió su mano, y bajó con mucha calma hasta el puer~
-¿Quién llama?_-preguntó desde dentro con ~
fuerte.
-.......
-So.y Esteban, tu hijo; ábreme.
-No es verdad. ¡Mi hijo!... .. imposible; las puertas
del castillo del príncipe Esteban el Grande no dan entrada á gente extraña.
-Madre, ábreme, soy tu hijo; me han vencido, perdí
la batalla, y los turcos vienen persiguiéndome; es¡oy
herido, y sufro mucho.
-El que me habla así no puede ser mi hijo, es algún
desconocido¡ mi hijo sólo vuelve vencedor ó muerto¡ le
oigo todavía combatiendo hasta dispersar los enemigos
de su país con su brazo poderoso; pero si tú, extran•
jero, pretendes engañarnos, te advierto que aquí no
entras. Si no puedes alcanzar la victoria, muere envuelto en los pliegues de tu bandera; mi hijo morirá . ,
siempre en el campo del honor, y su madre irá á poner
flores sobre su tumba.
...
La joven esposa cae de rodillas con las manos juntas,
implorando clemencia á su inexorable suegra, que la
miraba con desdeñosa a ltanería, rechazándola.
La Princesa lloraba á gritos, y la anciana, con un mo•
vi miento enérgico, la impuso silencio, y aun dijo á los
de fuera:
-No hay aquí cuartel para los vencidos.
__ _,,,,,,
Esteban, con los ojos bajos, con un sentimiento ·
vergüenza y de dolor, apartaba sus largos rizos de la
cara, empapados en sudor, y aproximando la trompeta
á los labios, dejó resonar el eco marcial de guerra muy
conocido, el mando de ataque; y al oir esta señal el
ejército, que se volvía huyendo tras él y estaba en la
colina tomando aliento, bajó de nuevo como un vendaval, cayendo sobre el enemigo, que, juzgándose due•
ño del campo, celebraba con gran regocijo su victoria, viéndose sorprendido de repente por Esteban el
Grande, que iba el primero, sembrando por doquiera la
muerte y la desolación, secundado admirablemente por
sus valientes soldados, que hacían milagros de heroísmo.
Pronto oyeron las dos mujeres los gritos del combate
desde las murallas, estremeciéndose su corazón, primero de temor, y después de alegría al resonar las
trompetas con aires de triunfo.
El mismo Esteban se aplicaba á los labios la bocina
anunciando la victoria, dirigiéndose hacia el castillo.
cuyas cúpulas iluminadas se veían á través de la niet:-·
y de la obscuridad de la noche.
La valerosa madre mandó ilun11ila1 -!:odo el casf:t
dando los órdenes para que se celebrase tln.:i magnít
fiesta. Otra vez se oyeron los cascos de los ca·ha.llí.{
la colina, que subían á galope, adelantándose Est&lt;
el primero hacia las murallas; pero al llegar 1 ya ha~
bajado el rastrillo, y las· puertas estaban de par en p
Su madre, su mujer y toda la servidumbre le es()\
raban. Esteban echó pie á tierra, y soltando su cabal/&lt;.._
fué hacia su madre, y arrodillándose ante ella, la be
saba la mano diciendo:
-¡Madre mía, os debo esta victoria!
Por primera vez se llenaron de lágrimas los ojos de
la anciana señora, y temblaron sus labios, mientras ta.
joven esposa reía con júbilo.
- Tú has querido abrirme ..... -murmuraba el Príot
al estrecharla entre sus brazos.
-Es que yo te quería tanto y temblaba por tu vi
le decía la joven, estrechándose más contra su Pf
Esteban exclamó en voz alta:
-¡Mi madre me quería más que tú!... ..
..l.

tiempos remotos tenía fama de invencible,
ando le habitaba Esteban, el poderoso príncipe de Moldan.
Había salido victorioso en cincuenta batallas, siendo
he:ido en todas ellas, y en acción de gracias mandó
edificar por cada batalla una iglesia, siendo el más firme
sostén de su país, proyectando y llevando á cabo gran•
des empresas para hacerle independiente y rico. Había
formado un tratado con la poderosa República veneciana contra los turcos, secundado por los cristianos
que entraron en la alianza, la cual los turcos pretendían romper.
Era muy difícil en aquellos tiempos reinar en el Danubio, porque el país se componía de turcos, polacos,
húngaros, cosacos y tártaros, que no dejaban descansar
al ejército de Esteban ni de d.ía ni de noche; pero éste
era de un valor indomable, y hacía frente á todos los
peligros.
Una de las batallas se dió tan cerca del castillo, que
se veía desde las torres el movimiento de las tropas.
Esteban llevaba algún tiempo contrariado, sufriendo
111Al1 ! ¡s'rglifom qui .' ,
reveses y desastres que le acongojaban después de las
-¿Pero quién es él? - estuvo á punto de exclamar,
pasadas victorias, creyéndose que la suerte le abando•
azuzado por los celos, el enamorado Santiago.
naba.
Y las horas transcurríao, y el concierto vocal de
En el castillo se habían quedado dos mujeres: la esCarlota, con acompañamiento de máquina de coser y
posa Y la madre de Esteban, de distinto temple cada
de crujidos de silla rota, no cesaba.
una; la joven esposa lloraba amargamente, contemplanMas luego, las notas languidecieron, y Santiago, siemdo llena de angustia y de terror la escena que desde
pre en la silla, dominado por el sueño, empezó á dar
al!í se divisaba; mientras que su suegra, fija la ardiente
cabezadas ..... mientras Carlota, para no dormirse, y demirada en la batalla, permanecía inmóvil y silenciosa,
cidida á concluir su obra, entonó con dulcísima \'OZ la
siguiendo todas las peripecias de la lucha. Era una muincomparable aria Casta Diva, de la siempre admirada jer de altivo continente, de ojos obscuros y grandes
Norma.
que brillaban como fuego bajo sus arqueadas y espesas
Las sublimes notas del aria fueron para Santiago un
cejas, nariz aguileña muy curvada como la del gavilán,
despertador maravilloso: acompañólas in tempo de vals,
Y cabello negro azulado, que cubría con un espeso velo
y la silla, no pudiendo resistir aquellos giros vertiginoocultando sus mejillas y su barba, pero que no podía
sos, rechinó siniestramente y cayó al suelo rota en cua - menos de conocerse sus enérgicas facciones; su boca
tro pedazos, arrastrando en su caída al enamorado
contraída por el despecho que sentía al ver tan indemancebo.
cisa la batalla, no la dejaba ni hablar; sin embargo, en
El estrépito fué espantoso, y Carlota lanzó un grito• algún momento dejaba al descubierto dos hileras de
de terror.
magníficos dientes que parecían perlas primorosas. EsANÉCDOTAS DE ESTEBAN EL GRANDE.
¡ Pobre Santiago! No pudo responder al grito de su l:.aba vestida con un traje de rica seda obscura y enamada, porque se había herido gravemente en la ca- vuelta en su velo, contemplando la lucha, sin haberse
beza, y quedó desmayado en el pavimento de su huacordado en todo el día de tomar alimento ni bebida
LA COLINA DE BURCEL.
milde y solitaria morada.
alguna i de vez en cuando ponía su mano sobre el hom•••
bro de su nuera, que desfallecía, reanimando sus fuerEra un viernes: el sol brillaba iluminando el mil
.
.
zas y qu_eriendo
comunicarla
su valor y su d'
energía, sin
entero; todo resplandecía, pero más brillaba en su '
A la mañana siguiente, cuan d o e 1 Joven
pmtor
reco1
d
bró el conocimiento, encontróse acostado en su lecho
consegmr o, ~orque ca ª, vez que r~troce ian 1astroel _duque Esteban, el nunca vencido, que acabali
b
d d
pas de su mando se la ve1a caer en tierra con la mayor
ba1ar la escj!lera de su palacio montando en su b
1
y con a C?" eza v~n ,ª a. .
angustia, derramando un :fr r1.-. •~fr•-:~ci•1P caballo para irá b L~
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Una mu1er le as1st1a can~osamen_te, ~entad_a á la ca- con las-ruhi:i.,
/:::&gt;\_ci-- 1e"~
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~ &lt;--,..._,,, -~,.. . ._-.: ~-!-iglesia; pues no so1á~?.te era un
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becera de la c_ama en unas l~a,~de Vitona • s~hda, n~e':,ª·
pechr
...,.-"'3 trenzas de sus cabellos, caídáS~obre su
h ~ n pia_doso cab_aller.o que babia mandado
-¿Cómo} _e usted
_ . • ~~
.Ou1
v.
construir más de cincuenta 1gles1as.
/
· ' ,,~" "
. m, senon a ?-exc
Esteban se veía perdido, cercándole por todas partes
Al presente había establecido sus reales en Vazlim,
/
rcnno, frotándose los OJOS.
.
.
los enemigos.
.
por estar más cerca de los tártaros, que en aquella
-Sí, señor; yo aquí.. .. Anoche, el rmd&lt;? de la cil:ida
-¡Oh, mamá, me Je van á. matar!-exclamaba la joépoca molestaban al país promoviendo continuas escade usted me hizo pensar en una desg~aC\a repentma,
ven Princesa.
ramuzas en las selvas cercanas.
porque fué un estrépito como si el p~vuhento se hun-Esteban saldrá victorioso antes de ponerse el sol,
Era la mañana de un día de fiesta¡ las campanas re diera; entré, sí, señor, entré en .seguida, Y encontré á
ó no será digno de su nombre-decía con firme acento
picaban con ecos alegres¡ se izaban las banderas, que
usted ensangrentado Y desvanecido.....
. .
la anciana.
se inclinaban á su paso ; los caballos piafaban tascando
Santiago se llevó las ma~os á la cabe~a, donde Smttó
La confianza y la seriedad con que dijo estas palael freno, y la gente apiñada al paso de la comitiva, luentonces el dolor de la her_1da yla pre s1 ón de _la venda.
bras secaron las lágrimas de la joven Princesa, infuncía sus camisas bordadas, tan blancas como la nieve,
-Pero ya está usted me1or ..... _Mt buen médico acab~
diéndola nuevo aliento.
saludando á su amado Príncipe y gritando: e¡ Viva su
de salir de aquí, habiéndome ~icho que sól~ que.dara
Sin embargo, el ruido de la batalla se oía más cerca,
alteza!•
de la herida, dentro de pocos d1as, una le\·e cicatnz en y la tarde iba declinando, obscureciéndose el horizonte
Cuando se detuvo á la puerta de la iglesia, donde ya
la frente.
y subiendo de la tierra una espesa niebla hasta el castile esperaban los sacerdotes con la cruz alzada y los in-¡ Gracias, señorita C~rlota!
_
llo, que las impedía distinguirá lo~ombatientes.
censarios que repartían el místico aroma, resonó á lo
-Pero ¿cómo fué la caida? ¿por q_.tié ex.trano modo?
Poco después, la obscuridad era completa; el sol se
lejos un grito agudísimo; era una voz humana muy po¿ qué hacía usted en aq1:1ella desvenci1ada silla?
había ocultado tras las montañas de Occidente, dejando
derosa, que decía:
Santiago no respc:,n?1ó, Y para .ser consecuente con
en tinieblas los valles donde luchaban los dos ejércitos.
-¡Ay! ..... ¡hola!.. ... ¡Tata!. .... ¡ta! ..... ¡ta! ..... ¡haz muy
sus tradiciones de ttm1dez, rubonzóse haS t a lo blanco
Llenas de la mayor impaciencia prestaban atento oído
profundos los surcos!.. ... ¡anda!... .. ¡anda!. ... .
de los ojos.
. .
las dos mujeres, ya que su vista no alcanzaba á distinEl Duque se quedó parado escuchando.
¿Qué importaba á c_arlota aqu~lla timidez del enam~guir lo que sucedía en el campo, poniéndose furiosa la
-¿Oís?-preguntó;-por aquí cerca hay alguno que
rado joven? Las mu1eres ad1vman al punto e~ senti·
anciana cuando el crujir de la seda del vestido de su
trabaja en día de fiesta; id y traédmele al momento.
miento que inspiran, y Carlota leyó como en un hbro en
nuera la hacia perder algún detalle. Y aun sin ver ni
Los lacayos, con sus libreas encarnadas, gorras de
el corazón de Santiago.
f
oir, la enérgica señora adivinaba lo que estaba papiel bla~ca y anc~as cap~s, montados en cab~llos blan•
-¡Te amo, te amo!-pudo exclamar és~e _ervorosasando.
cos, subieron hacia V~zhm, lleg~ndo á una colma donde
mente, por fin, y después de ~u~has vacilaciones,_esDe repente se oyen los cascos de los caballos que
estaba arando un anciano, y gntaba fuertemente á sus
trcchando las manos de su caritativa Y hermorn vecma.
subían á galope la colina, y poco después grandes golbueyes, excitándolos al trabajo.
• ••
pes llamando á la puerta del castillo.
Los lacayos reconocieron al hombre que llal1l-9 la
Y entretanto el tiempo corría, y el reloj de la Trinidad ( porque Santiago y Carlota habitaban en una casa
de la calle de Relatores) daba las doce.
¡ Las doce de la noche!
Carlota, en su cuarto I velaba: quería acabar una labor empezada, para entregarla en la mañana del siguiente día, y á fin de engañar al sueño, mientras cosía
á toda máquina, cantaba.
Santiago velaba también, siempre en la misma postura, á caballo en la silla, escuchando el cántico de su
linda vecina, y acompañando maquinalmente con movimientos de cuerpo el ritmo indicado por la cantante.
Cuando este ritmo era grave, menos mal; pero cuando
la cadencia le animaba, el balanceo de Santiago se hacía peligroso, porque la desvencijada silla estaba sometida á una gimnástica muy superior á su fuerza de resistencia.
Carlota reveló en poco tiempo un vasto repertorio:
arias de Rigoletto, del Barbero, de Favorita, de Linda .....
y aquella dulce frase de Fausto:

{ C U ENTO.)

Hoy Carlota y Santiago rnn esposos, y ella no cose
ya parafttera, porque la venta de los bellos cuadros que
pinta su marido (á quien la fortuna empezó á mirar con
semblante risueño desde la noche de su caída) produce
bastante para que el matrimonio viva con holgura y
habite en un lindo cuarto de la. calle de Claudia Coello.
Y dos objetos maravillan á los amigos íntimos del
matrimonio, si éstos reciben el honor de pasar, previa
invitación, al salón principal de la casa:
Un precioso retrato de Carlota, de tamaño natural,
pintado al óleo por Santiago y ceñido en el fondo por
la letra y la notación musical del aria Casta Diva;
Y una feísima , vieja y desarmada silla de paja, que
Carlota ha adornado con cintas azules y Santiago ha
pintado con alegres colores.
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22.-Vutldo de aolrée ,an J6 venea de 15 t 16 aic,.

�68

LA MODA ELEGANTE, PERIÓDICO DE LAS FAMILIAS.

atención del Príncipe¡ echaron pie á tierra, y montándole atado en un caballo, le llevaron á escape delante
de su amo.
. El Príncipe, al verle tan azorado, le tranquilizó, di~ í e con bondad:
-No tengas miedo, y dime cómo te llamas.
- Al reconocer, e~ vos á mi señor, ya no temo nada,
~arque el gran pnnc1pe Esteban tiene fama en toda la
t~erra ~e no haber _otro tan bueno ni tan magnánimo.
'o, senor, soy Choimar Burcel, descendiente de héroes
y de honrados patriotas.
- Y dime, siendo así, ¿cómo te atreves á trabajar en
día de fiesta, sabiendo que es un pecado enorme? ¡y
más aún durante la misa!.. ...
-Señor-:-dijo el aldeano poniéndose la mano en el
corazón;~¡Juro que voy á decir la verdad! ..... Antes de
verme obhgado á trabajar para ganar mi pan, montaba
m pode~oso potro y estaba en el ejército. Manejaba
na. ternble maza, de ~na sola pieza, guarnecida de
tla\OS, y ~on ella, maneJada á derecha é izquierda, me
abna cammo por entre las filas de los enemigos. Recuerdo haber muerto ocho hombres una vez, y muchos
paganos cayeron ante el poder de mi brazo, mayormente_polacos, húngaros y tártaros. En la batalla de
Resboten (1) se me cayó la maza de las manos al sablazo de un pa gano, pero no sólo la maza sino la mano
que no soltó el instrumento.
'
'
Y el aldeano mostraba su brazo mutilado.
.. -D~spués de.e~to, me ~ncontré pobre, no tenía ni
C:G •a, 01 hogar, !11 tter~as,.m bueyes¡ todo lo había sacrificado por servir á m1 pa.1s, y en vano pedí á los ricos;
pero al fin pude conseguir un arado que les cogí á los
tártaros.y unos bueyes que me prestaron para trabajar
los domu'!gos solamente, y por eso trabajo; sus dueños
los necesitan los demás d1as de la semana.
El Príncipe le escuchaba atentamente.
-Escuc.ha-le dijo;-yo mandaré que te den un
a~ado y sets bueyes, terreno, y granos para sembrar, y
dinero _para que edifiques tu casa. Te regalo además
esa colma, donde estarás de centinela perpetuo· y siempre fi~me como 1;1-na encina, vigilarás desde aÍli á los
enemigos del pats que pretendan hacerme la guerra:
cuando los veas llegar, entonces gritas como hoy: c¡Hola!
Esteban , ven á la frontera con tu espada.• Tu voz será
tan fuerte que yo la oiré desde Vazlim ( 2) y vendré
como un dragón á destruirlos , hasta que n~ quede un
tártaro en mi reino.
Co~o había dicho E steban, Burcel fué nombrado
,arci1án:de la frontera, cuya voz poderosa se hizo muy
'
t&lt;tual que cuando manejaba su robusto brazo la
,ri1erro. Su f&lt;;&gt;rtaleza era tanta, que quemó mu,. nungaros enemigos, y á los polacos los colgó del
.jello á los árboles, tanto, que se les prohibió por sus
es el llev_ar los cabellos largos¡ también los engan1aba &lt;letras del arado par.1 surcar el campo siguiendo
s órdenes del príncipe Esteban.
'
. ~a colina de Burcel tomó su nombre, siendo un fuer 4
t1s11no baluarte y un defensor constante de Esteban el
Grande.
F AUSTINA S,\Ez ns MELGAR.

Aunque baile la vecina,
Ya no hay nada entre los dos.
¡Adiós! ¡Para siempre adiós!
¡Hasta la tumba!-jOAQUINA.
Posdata. Mi carta aleve
Rompe. Te amo con pasión.
Pepe de mi corazón,
Ma1lana en misa, á las nueve.
11.

Joaquina del corazón ,
¡ Mi único amor verdadero!
¿Tú juzgarme friolero? .....
¿ Tú dudar de mi pasión ?
Falté á la cita, ¿y recelas
Que fué por estar nevando? .....
Pues fué por estar echando
Á las botas medias suelas.
El zapatero bribón
Las detuvo un dia entero.
¡ Palabras de zapatero
Ya sabes tú lo que so~!
Recibo tu carta llena
De insultos ..... ¡Joaquina ingrata!
¡ A no ser por la postdata
l\'le hubiese muerto de pena!
¿Asustarme la nevada? ....
¿ Frío yo ?..... ¡ Ni por asomo!

¡ Si yo en invierno no tomo
Más que leche merengada!
¡ Si es fuego todo mi ser,
Y el volcán que me asesina
Arde en mi pecho, Joaquina,
Como se me puede ver!

Tuyo es mi afecto seguro,
Y que son tuyos declaro
el pantalón caJi claro
Y el hongo casloi'io obscuro.
Rompo tu catta cruel,
Bien mío, que en broma tomo,
Y enamorado me como
Los pedazos de papel.
Aunque me diste un julepe,
Porque rabie la vecina
Ha de ser tuyo, Joaquina,
Hasta la tumba , tu-P.e:PE.

•

Postdata. Pensé mejor
Lo que te escribo de prisa,
Y no voy mañana á misa
Ni te hago más el amor. '
Por la cop:a,

Josf: jACKSON VEYAN.

¡HASTA NUNCA!
LOS BESOS.

l.

-

Pepe falso y fementido:
De olvidarme busca el modo,
Porque entre nosotros todo
Para siempre ha concluido.
En vano ayer tu Joaquina
Se asomó amante á la reja:
¡ No estabas con la pareja
De Orden público en la esquina!
¡ Qué amargura pasé allí

Ese beso que ardiente deposita
Febril amor con impaciente anhelo
En puros labios que al tocar marchita ,
Ese ..... lo da el deseo.
Ese beso de paz, mística ofrenda
De universal amor, que los humanos
S~ 1dan, falaces, de concordia en prenda,
Ese ..... lo dan los labios.

Sin ver toda una mañana
Ese b~so que el triste en su agonía
Tus negros guantes de lana
Da á la imagen de Dios con labio yerto
~i el gabán azul turquí!
'
Porque /su omnipotencia se confía,
j . ! r J ! ' i . . h a I apuro
-i"~ante
Ese ..... lo dicta el miedo.
-Sm ver de mi Pepe car
Ni el pantalón café claro:
- - - ~ ~ ~~~-de a~~r, sant.o y profundo,
Ni el hongo castaña obscuro!
'LU~ u~-¡~~ al..-- 'jO que idolatra,
Umco que no mlente en--e.ste mundo ,
Mi Vf:C~na remilgada,
¡Ese brota del alma!
¿Qué dm:i, Dios piadoso,
Al no verte hacer el oso
Aguantando la nevada ?
¿~I frío te has asustado? .....
¿ No juró tu amante afán

Que llevas siempre un volcán
Dentro del pecho encerrado ?

UNA AVENTURA.
(CL'ENTO INVEROSÍMIL.)

Olvida mi loco amor
Y huye de mí, Pepe mio ;
¡ Amante que teme al frío
No ha de inspirarme calor!
Necias disculpas no des
Y ¡adiós! pues que tú lo qu ieres.
¡Hasta nunca! ¡No me esperes
El domingo en San Ginés !
1

1No hagas indigna comedia,
Porque en el templo no cabe
Un amante que no sabe
De la misa ni la media!
r) Se dió uta terrible batalla en Resboiffl el a!M&gt; 1776 eombaf ndO E
teban contra todo el ej~rcito de Mahonwt.
'
,e
s(1) Dista le¡ua }' mWia.

,.

(1) Poeta ~panol qu, murió en la Haba.na h lcc ro:osa.Jl.os.

cana ¡ y en su traje no revelaba demasiado esmero ni
pulcritud.
Pregunté á mi amigo quién era, y sólo pudo decirme
que aquel tipo, español injerto en americano, era comisionista de unas casas de Buenos Aires y Montevideo ..... ¡ Un ente raro!
Grande fué mi sorpresa cuando á la mañana siguiente
el criado de la casa de huésp edes me anunció una visita , y vi entrar al tipo del café, pero con el traje más
desaliñado y un poco más sucio que en la noche an 4
terior.
-Te sorprenderá mi visita-dijo, entrando desde
luego en materia y con tan extraña familiaridad;-pero
entre personas que se conocen desde el año de gracia
de 1835, no pueden durar ceremoniosas etiquetas. Yo
asistí contigo á la escuela, y si no recuerdas mi persona , lo cual no es de extrañar, porque he cambiado mucho, de seguro recordarás mi apellido, como yo recordé
anoche el tuyo y el de nuestro buen maestro D. Eduardo ..... además de que fuimos muy amigos. Me llamo Cortázar. ¿Te acuerdas?
Y sobre mi respuesta, ni sé á punto fijo si afirmativa
ó negativa, me habló con gárrula locuacidad de mil cosas que ~ada imp~&gt;rtaban¡ me instruyó en alguna circ~nstanc1a de su vida, al parecer harto varia y desgraciada, en cuya narración solamente admiré muchas reti~enc~as, m~chas desigualdades de fortuna, y cierto
m1steno y tnsteza que prestaban al extemporáneo relato de Cortázar un interés difícil de definir pero también difícil de evitar.
'
La frialdad con que le escuché, á pesar de todo, tal
vez pecó de exagerada¡ mas no fué obstáculo sin embargo, para que me citase en el café aquella no~he 1 á la.
salid~ del teaJro, porque tenía que hac erme una c onfidenc1a y pedume un consejo.
-Porq?e te conozco muy l&gt;ien de reputación -dijo
al despedirse ,-y algo puede confiarse en una amistad
de la infancia, empezada hace cuarent~ años.
No sabré decir por qué causa me dejó profunda.mente afectado la visita de Cortázar: y conservaba, en
efecto, ~n vago re&lt;:uerdo de ~u nombre¡ pero esto no
era mottv~ para disculpar , m menos para justificar la
preocupación que me produjo durante todo el día.
Cuando terminó la (,mcic'n dt moda en el Circo de
Price, me dirigí maquinalmente al café. Ya estaba Cortázar en un rincón, enfrente de un er.orme vaso de hor4
chata.
EstJba "'!ás pálido y descompuesto que por la mññana, y sus OJOS azules brillaban más.
Después que me sirvieron chocolate, y pasados al&amp;unos momentos de silencio, Cortázar acercó su cabeza á
la mía, y en ,·oz baja , y al parecer conmo\rida, según
era de trémula, me habló así:
•
-Hasta el verano de 1873 no había vuelto á pisar el
s~elo de E~paña. Cuatro 6 seis antes vine de Buenos
A~r~s á Pans como representante de varias casas, com1s1ón que acepté por estar más cerca de mi patria.
i Er~ vehementísimo mi d ese o de regresar 1 de tener
noticias de mi familia!.....
A: la verdad, mi historia era bien triste. Hacía más de
trem~a años que ni aun podía usar mi apellido. Ese
apelhdo que tú conocías, que te he repetido hoy por la
mañana, hace medio siglo que nadie lo sabe nadie le&gt;
pronuncia, nadie lo escribe ..... Yo respond~ á otro
firmo con otro, t~ngo otro en mis documentos, soY
ot_ra persona ..... ¡ Tiempo ha habido en que he olvidado
m1 nombre verd.adero.!.. ... Porque el nombre supuesto
es un eco d_emas1ado lugubre ..... Te asustaría, y por esote descubn el verdadero.
Mi padre se vió obligado á salir de España por causas políticas, y dejó á mi madre y dos hermanas, con
los e~casos resto.s de nuestra fortuna, en un pueblecito
próximo á Madnd, y marchó á Cádiz, donde se embarcó conmi~o para América. Yo contaba apenas nueve
~ños, y al pisar e! suelo mejicano murió mi padre .....
t Qu~ pasó por m1? ¿De qué manera conservé la vida,
c.re~1, y, llegando á los diez y ocho años , me encontrésirviendo en un _pueblo de la República Argentina? .....
Es aquél un penado tan nebuloso de mi existencia que
nunca he ~odido aclararlo: .... y tampoco he querido,
porque nadie puede tener mterés en conocer mi vidaalle~de los mares. ¡ Es una gran felicidad no tener memona !... .. Por eso, cuando algún rato la recobro procuro perderla.
'
Y con una risa indefinible tomaba grandes sorbos dd
lill''i:§~ 1 ~ue ':!1~quel momento quedó compl~tamentP..,.......
vac10.
'..., ---. otra
- -horcnata!-gritó
-, -¡ '!
1• ozo.' ¡eh
. ¡tráeme
Cortázar.
El ?1ozo acudió, miró con arnmbro el varn vacío, y
pa~ecióme que nuestro grupo le causaba extrañeza. Al
r~ttrars~, después de haber servido otra horchata, volvió á i:mrarnos de particular manera.
-Sm duda Cortázar-pensé - es antiguo plrroquiano de ese camarero.
-;A.1 cabo de veinticinco años-prosiguió Cortázarhab1~ JUnta_d? algunos.bien~s; escribí á Madrid, y nadie
me d1.ó noticias de m1 familia¡ y establecido en París,
cambié por completo mi método de vida, queritndo
gozar un poco_ de la (o~tuna á tanta costa ganada, con
tan g_ran tr3:b~Jo adqumda. Durante el día me ocupaba
en mis com1s1ones de América; la noche era pira ti placer, para el lujo, para la ostentación. ¡ Qué relaciones
adquirí! ¡cómo me introduje en el gran mundo! ¡cuinto
fi~ur~! ruánto ruido pr~duje en aquella moderna Bab1l001a ....... Mu~bles capnchosos, magnificos trenes, joyas, pal_acios, Juego y amores ..... ¡Ay! las mujeres de la
alta. sociedad de París tienen el sentimiento del lujo, la
p_as1ón de. lo extraordinario ..... Entre ellas conocí á
cierta rubia misteriosa, hija de una dama española y de
un general francés ..... ¡ Era tan hermosa! ¡ Estaba siempre tan callada , tan pensativa!.. ... ¡Qué horrible recuer-

69

LA MODA ELEGANTE, PERIÓDICO DE LAS FAMILIAS.

En aquel momento, el comisionista francés, que paHabía allí dos caballeros, uno español y otro francés, seaba en su cuarto de la fonda esperando á su com·
&lt;lo! ¡ qué catástrofe! ¡Oh! ¡ la horchata! Nos amábamos
y los dos viajantes ó comisionistas de comercio, que
de verdad, y ..... murió asesinada ..... ¡ Qué desgracia es
pañero, sintióse acometido súbitamente de una idea
tener memoria! La horchata es el remedio ..... ¡ pero continuaron la conversación interrumpida por la llegada penosa.
del
campesino,
después
de
mirar
á
éste
con
no
poca
Buscó la cartera en los bolsillos y en el saco de viaje,
también es la causa!.. ...
sorpresa y mucho desdén.
Y cambiando bruscamente de tono, alterándose viy no encontrándola, pálido, tembloroso, víctima de
-En
verdad-decía
el
español-que
no
conozco
país
siblemente sus ojos, inyectados de rojo y lágrimas, exmortal angustia, desplomóse en una butaca, gritando:
tan rico y hermoso como las Provincias Vascongadas.
-¡Me han robado! ¡me han robado!
clamó:
-Pero-respondía el francés-¿ cómo sucede que la
-¿Crees que si voy á Roma, si logro ver al Papa, se
Acudieron á sus gritos el comisionista español y el
mayorfa
de
las
gentes
sean
pobres,
ó
aparenten
serlo?
calmará mi conciencia, se ahogarán mis remordimiendirector de la fonda, y cuando hablaban de pedir el au 4
¿qué
hacen
del
dinero?
tos? ¿Crees que podré volver á vivir? ..... ¡Oh, no, no!
xilio de la policía, para que fueran arrestados, por sos-¿ Qué hacen del dinero? Pues voy á decíroslo: como pechas, dos ó tres criados, resonó en el vestíbulo una
O vuelvo á. América, 6 me vuelvo loco¡ decididamente
son tan religiosos, lo gastan en misas y novenas. ¡ Las
voz recia que preguntaba por el dueño de la fonda, y á
volveré á América .....
Después apuró de un solo trago el segundo vaso de iglesias y los curas se lo guardan!
poco se oyeron en la escalera los pasos de un hombre
-Exageráis.
horchata y pidió el tercero; pero el mozo tardó mucho
-No, por cierto: mañana mismo podréis ver una pro- que subía.
en servirlo.
Era Gaspar.
cesión
religiosa digna de la Edad Media, y esto, no preEl café, en tanto, se iba quedando desierto, y las luComprendió al punto lo que ocurría, viendo la palicisamente
en
un
pueblo
de
poca
importancia,
sino
en
ces menguaban en intensidad, dejando puntos obscuros
dez del francés y el aturdimiento de los que le rodeauna
ciudad
tan
culta
como
Vitoria.
y anchas sombras que prestaban á todo un tinte fanban; mas quiso cerciorarse de que era aquél, y no otra
- Pue·s á fe mía que me agradará verlo.
persona, el dueño de la cartera y del tesoro, y le diritástico.
-¡Oh!
¡no
veréis
gran
cosa!
Una
efigie
toscamente
Cortázar, desde una eXaltación febril, caía en el ma 4
gió varias preguntas acerca del color de ésta y de la
esculpida, llevada en andas por cuatro sacristanes .....
cantidad y los papeles que contenía.
yor abatimiento.
Yo le observaba con tanto cuidado como terror ..... Pero ¡escuchadlo bien! será necesario que os descu·
Y se la entregó en seguida, al oír sus respuestas sabráis
ante
esa
efigie,
porque
si
no
lo
hicieseis,
podría
,! Qué iba á suceder? Me convencía de que tenía que
tisfactorias, diciéndole con la mayor serenidad:
sucederos
algo
muy
desagradable.
habérmelas con un loco; pero en la incoherente histo- Ved si falta algo.
-Lo haré, porque las conveniencias lo mandan .....
ria que escuchaba de sus labios entrevía una verdad
El francés, conmovido hasta derramar lágrimas, tomó
horrible, aterradora, que por una parte me atraía á co- ¿ Cómo se nombra la efigie?
la
cartera, y exclamó:
-Virgen de la Vega .... Los ignorante~ campesinos
nocer sus detalles, y por otra me causaba involuntaria
-¡Oh! ¡Vuestra acción es admirable!
de las cercanías de Victoria, de Miranda de Ebro, de
-Ved si falta algo-repitió Gaspar.
repulsión y pavor.
Comprendía yo que la curiosidad era indiscreta I pe- Haro, ¿ qué sé yo cuántos más? suponen y creen firme•
-¡Nada, nada !-respondió el francés, contando los
mente
que
las
lluvias
y
el
buen
tiempo
dependen
de
la
billetes.-¡Aquí están mis treinta mil francos! ..... Graligrosa ..... , y sin embargo, quería saber, quería escuvoluntad de Dios y de los ruegos de la Virgen ..... y los cias, gracias; pero permitidme .....
char más, adivinar .....
curas explotan esas creencias para hacer su agosto en
Gas par no le permitió nada: saludóle con la boina, y
Cortázar había puesto sus dos brazos sobre la mesa,
todo tiempo.
y descansaba en ellos la cabeza en actitud de dormitar,
se dirigió á la puerta.
-¡Mentís
1
¡mentis!-gritó
con
voz
ronca
el
aldeano
-¡Eso no lo consiento!-replicó el francés, cogiény el mozo del café, apoyado en una columna de hierro,
Gaspar, cuyos ojos c.entelleaban con rayos de cólera.
dole por un brazo.-Os ruego que tengáis la bondad de
nos miraba con sonrisa incalificable. Yo no sabía qué
Los dos interlocutores, que habían olvidado al cam- aceptar esta pequeña compensación .....
partido tomar.
pesino, volviéronse bruscamente á mirarle, y el espaY le presentaba al mismo tiempo dos billetes de cien
Con la voz muy borrosa, y sin levantar la cabeza, proñol, á quien Gaspar había lanzado aquel enérgico y dosiguió Cortázar, después de aleunos minutos:
francos.
ble
apóstrofe
miró
le
desdeñosamente
en
silencio,
y
I
-Perdonad, caballero-contestó Gaspar, rechazando
-¡Qué tremenda pesadilla! ¡Qué dolor tan inmenacabó por decirle:
bruscamente los billetes -He cumplido mi deber, y no
so!... .. Y sin embargo, ¡era verdad! ..... Delito, crimen,
-¿ Quién os da permiso para meteros en nuestra
puedo aceptar recompensa por no haber sido un laignorancia , fatalidad ..... y siempre fatalidad ..... ¡En qué
ocasión supe quién era mi madre I y quién era mi her- conversación?
drón.
¡ Buenos días!
4
Y Gaspar, levántándose y dirigiéndose hacia él, ex
Y salió al punto, dejando asombrados á los comisiomana, tantas veces, tanto tiempo buscadas!.. ... ¡ Herclamó
con
fiereza:
mana de este monstruo! Pensaba siempre en su padre
-El permiso lo tomo yo, para exigiros que en el nistas y al due11o de la fonda.
ausente, en su hermano perdido, y por eso estaba tan
acto
os retractéis de la calumnia infame que habéis
triste ..... ¿ Fué crimen de la fatalidad, del' destino? Sonó
mi nombre en los tribunales y en las cárceles como ase- dicho.
Pero el francés, lleno de admiración por la noble
El español balbuceó algunas palabras de explicación,
sino ..... Pe10 nadie sabia que era mi familia; nadie lo
conducta
de Gaspar, no sosegaba hasta encontrar el
sospechó, ni yo lo dije ..... ¡Huí! ¡corrí muy lejos! ¡Salvé y el francés, sospechando acaso que una enorme navaja
medio de mostrarle su reconocimiento.
estaba
á
punto
de
salir
de
las
calzas
ó
de
las
ligas
del
los Pirineos!.. ... Pero ¿cómo podía dejar atrás mi conUna cristiana señora, que se hospedaba en el hotel,
aldeano vasco, abrió la portezuela del vagón, y comenzó indicóle
ciencia? ¿Porqué medio olvidar los recuerdos? ¿Dónde
ese medio: aquella misma tarde los dos comiá
llamar
con
grandes
voces
al
jefe
del
tren.
ocultarme al remordimiento? La voz de mi madre grisionistas concurrieron á la procesión de la Virgen de la
Precisamente
aparecía
entonces
en
el
compartimiento
tab1 sin cesar en mis oídos: e ¡Mal hijo!•¡ la voz de la
de los tres alborotados viajeros un revisor de billetes, y Vega, cumpliendo el voto que habían hecho en los morubia resonaba después, diciendo: « ¡Mal hermano! ..... •
mentos de angustia por la pérdida de la cartera.
entonces el comisionista español empezó á declamar
¿ Quién describirá la alegria de Gaspar, que caminaba
¡Mozo, horchata!
contra el fanatismo de su país, y también contra la EmNo pude sufrir más¡ levantéme trastornado, huyendo
en la procesión al lado de la sagrada imagen (esperando
presa
de
los
Caminos
de
hierro,
la
cual,
por
no
llevar
de aquel infeliz demente, y entonces el camarero del
el tren bastantes coches de tercera, exponía á los via- con impaciencia su turno para llevar las andas ) , al ver
café se acercó á mí, y con su inexplicable sonrisa me
jeros que pagaron asiento de primera á ir en compañía á los dos comisionistas devotamente incorporados á la
dijo en voz baja:
religiosa comitiva?
de gentes mal educadas .....
-Esta noche ha sido usted la víctima, señorito.
-¡Oh, Dios mío!-exclamó.-Ninguna recompensa
Pero Gaspar continuaba reclamando enérgicamente
humana
me hubiera dejado más satisfecho, que et ver
-¿Qué quieres decir?
respeto á su país y creencias religiosas, y replicaba al
-Pues nada: que siempre cuenta lo mismo á. quien
á los dos sáiores rindiendo públicamente su homenaje
comisionista:
quiere oirlo ..... La joven rubia que le grita á todas ho-Os prohibo, ¿entendéis? os prohibo repetir la ca- de amor y gratitud á. la santa Virgen!
ras: e¡ Mal hermano!... .. &gt; Pero tienen la culpa los vasos
Y después de la procesión, el francés compró un
lumnia que antes habéis proferido¡ porque si no .....
enorme cirio, encendió le en la lámpara del santuario de
de horcl,a/a .....
Y levantaba su garrote, amenazando á los dos comila Vega y le colocó á los pies de la imagen de la Virgen.
-¿Porqué?
-Porque esa horchata, que él nombra malarrec1urdos, sionistas, mientras el revisor de billetes, que al princiY Gaspar no se daba descanso por referir á todo el
pio
tomaba
parte
en
favor
de
aquéllos,
conmovido
acaso
no es horchata: es aguardiente con pequeña parte de
por la firme convicción del campesino, y procurando que quería oirle su viaje con los comisionistas, la dispu•
ta en el tren, el hallaz~o y la devolución de la cartera,
agua.
Salí del café, deseando respirar el aire puro de la tranquilizarle, declaraba que éste tenía el derecho de
y la milagrosa conversión de los dos viajeros.
hacer
respetar
su
país
y
su
re~igión.
Aquel cirio, cuyo cabo guarda cuidadosamente lamamadrugada, y murm~rando:
-¿Loco? ¿alcohohzado?
dre de Gaspar, se llamó de los tres votos.

•

•••

•••

Han pasado muchos años, y todavía no he podido
persuadirme de que el relato de. Cortázar fuese producido por el delirio.
Alli había un drama, aunque el alcohol obscureciese
la verdad, poniendo sombras á lo cierto¡ y aquel drama en cuyo areumento se destacaban las figuras de
un¡ esposa abandonada, de una niña infeliz y de un
hombre manchado por la podredumbre de todos los vicios, podía titularse de este modo: Constcutncias dt la
mala educación.
Yo, que no he vuelto á. saber _de .cortázar_, le distingo
entre mis recuerdos con el s1gu1ente ep1grafe: Una
avmlura.

TRES VOTOS.
' ~ A locomotora silba, y en el momento de
arrancar de la estación de San Sebastián
1
~ un tren para Madrid, un campesino vas~
cangado aparece en el andén y se lanzó á
I'!
escape hacia los vagones.
Llevaba en la mano derecha un grueso
garrote y un envoltorio en rojo pañuelo de
~ seda y en la mano izquierda mostraba un
billete d~ tercera clase; mas los viajeros, asoma 4
dos á las portezuelas, rechazaban al pobre diablo
retrasado, gritando en español y en francés: «¡Está
ocupado! ¡Au complet!•
.
-Entrad aquí-le dijo un empleado, abnendo la portezuela de un coche de primera.
y GaspJ.r, que así el aldeano se 1;1ombraba! subió presuroso al carruaje, sentóse en un rincón, deJÓ el ~nvoltorio en el asiento inmediato, colocó entre sus piernas
el garrote, y empezó á mirar con asombro el confortable y elegante coche.

tl

'

•••

El tren llegó sin novedad á Vitoria, y los tres viajeros
descendieron del coche, para dirigirse á sus respectivas
moradas, no sin que el aldeano saludase, quitándose la
boina, á los dos comisionistas, exclamando:
-No quita lo cortés á. lo valiente.
Pero aquéllos, que se hospedaron en la mejor fonda
de la capital alavesa, no pudieron sosegar un momento,
recordando el fanatismo del paisano y los movimientos
amenazadores de su garrote.
Y por su parte, el fiero Gas par, envanecido de haber
hecho callar á un enemigo de su religión, no solamente
durmió con la mayor tranquilidad sobre sus laureles,
sino que, en la mañana del siguiente dia, refirió á.
su madre el lance que le había ocurrido con aquellos
dos señorts que hablaron mal de la procesión y de los
curas.
-¿Pero eran judios?-exclamó la buena mujer, cru4
zando las manos y levantándolas sobre la cabeza.¿Y qué hiciste?
-¡Toma! Pues defenderá la Santa Virgen.
-¡ Bien hecho 1 bien hecho!
- Y si no llega tan á. tiempo el empleado que hace
agujeros en los billetes ..... ¡ por vida mía, que les doy
una paliza!.. ... Y se bajaron del coche, cuando llegamos
á. Vitoria, con tanta. prisa, que uno de ellos dejó allí olvidada esta cartera.
Y mostró á. su madre, efectivamente, una cartera que
encontró en el carruaje, después de alejarse los dos co 4

CONDESA DE CAMPOBLANCO.

CORRESPONDENCIA PARTICULAR&lt;•&gt;.
A P1RÁMmEs.-Es mejor para el caso que indica una
confeccíón de seda y encajes, pues desde luego hace
más de vestir.
En nuestro núm&amp;o del día 22 del actual publicare 4
mos ( en el figurín iluminado) una muy elegante, por la
que podrá guiarse.
Sin duda no ha mirado bien nuestro número del 22 de
Octubre á. que me refería, pues efectivamente en el
pliego de dibujos para bordados encontrará el modelo
del malinie que desea.

A UNA GALLEGA,-Siento decirle que me está completamente prohibido dar ninguna contestación que separezca á. anuncio, y por esto me veo privada de complacerla en su primer pregunta.
Ese luto es de dos años; pero como falta tan poco
para cumplirse, yo le aconsejaría que no arreglaran los
trajes y sombreros de medio luto I sino que retrasaran
cuanto pudieran el usarlo y anticiparan algo el quitarse
el luto.
Á UNA FIEL SusCRITORA -Es mucho más elegante y
magnífico para ese regalo una vajilla de porcelana de
misionistas.
Sajonia, en lugar de la de porcelana con iniciales doraAbrióla, y ante las miradas ató!'itas de madre é hijo
das, que es más vulgar.
apareció un abultado legajo de billetes de Banco.
Generalmente los trajes de baile se adornan más con
-Es preciso buscar á su dueño, hijo mío, y devo1 4 pluma
y bordados de oro, pedrería, etc.. que con
vérsela intacta-dijo la madre.
flores.
-Eso mismo pienso hacer, m~dre mía-contestó el
aldeano, volviendo á. meter los billetes en la cartera.(1) E,;clusi.n.mente ~ contoltadu en esta Ow,u;.m.dt•t:ia Parti,•'Voy á. buscará los dos viajeros
lu con51Utu que, versando sobre asuntos propios de tu seoc:iones del perilt
dion. se sirvan dirllrimm1 l•s Senoru So.scritor., l lu odieionefl d" lo.lt&gt;, y pnr
ningún eoncc;,to lo serán las consulw que se hagan en cartas an6oimas.

•

�70

LA MODA ELEGANTE, PERIÓDICO DE LAS FAMILIAS.

25,-Traj~..de visita.

Le dtaré comó ejemplo un traje elegantísimo de sz.:ralt coral rosa pálido para señorita.

Falda drapeada en bies por delante y al hilo por deffás, formando dos gruesos pliegues.
Cuerpo también drapeado y sujeto en el talle con un
cmturón de plata. Mangas cortas formando un bullón.
Otro galón de plata bordea la falda.
Peinado á la griega, ondulado I y traspasando el rodete un pasador de plata.
También puede cpmbinarse crespón de la China malva con galones de oro y amatistas, azul con oro y per-

las, etc., etc.

A UNA BiLBAÍNA,-El lengu:uh con vino blanco se hace · caldo del lenguado en la salsa I se deja hervir un moasí:
mento y se retira.
.
Se pone á cocer, después de limpio, con 35 gramos
Entonces se añaden 30 gramos de manteca de vacasde manteca, 4 decilitros de vino blanco 1 dos polvos de y una cucharada de perejil picado I se remueve la salsa,
sal y dos pizcas de pimienta.
fuera de la hornilla con una cuchara de m1.dera, Y
Se le mantiene cociendo durante 20 minutos.
cuando la manteca e~tá enteramente derretida. se vierte
Se hace una salsa, en,cacerola de cabida de un litro,
por encima del lenguado y se sirve.
con 25 gramos de manteca y 25 gramos de harina; se
Á LucfA.-Empieza ya á saberse que para esta pnmezcla , y después se añaai! un polvo de sal, una pizca mavera se llevarán mucho trajes completos con chade pimienta y 3 decilitros ct.:; agua, dándole vueltas cir- quetas largas de faldones lisos, 6 (para las delgadas)
cularmente hasta que empie~ p. á hervir.
fruncidos alrededor del talle.
Al cabo de veinte minuto~ de cocción, se vierte el
Las vigoñar , cheviots 1 chinés, telas de rayas menudi-

�7l

LA MODA ELEGANTE , PERIÓDICO DE LAS FAMILIAS.
Crema Simón, el Polvo de arro$ y el Jaó611 SimJn, cuya eficacia.

tls y pañetes-sastre serán las telas preferidas para ·esos un poc_o jugo de carne, '.( en el momento en que está es prodigiosa contra las grietas, escoriaciones, sabañones, etc.
todo_ bien mezclado, se s1rve para no dar tiempo á que
Evitad las falsificaciones extranjeras, exigiendo la firma de Sitrajes.
món, ruede Provm,e, 36, en París.
Cuanto á. los abrigos, se anuncian preciosas confec- los nñones se endurezcan.
J:.. CLAVEL R?Jo.-Má:_ que nunca se llevan, para reciones de paño de verano.
Le explicaré dos modelos de este género.
um?n, los trajes de pano claro, rosa, azul, gris, blanco,
l'
MED .t.LLAl!i 011 oa•.
ll
, Alquiler y venta. 83 1 Avnuu
El primero es una chaqueta algo larga, de pañete gris
heh~tropo, etc., bordados de oro, plata, acero y perlas
Jr~l4rHugo, 83 Parú .
mastic, con almenas postizas, cuadradas y pespunteadas multtcolores.
en todo alrededor, á. un centímetro de distancia del
. Con el traje . de teatro, color ciruela, sentará muy
Pelv•• tle arre&amp;. E. COUDRAY, 13, nu &lt;IEngim, París.
bien una capohta de terciopelo rosa, bordada de oro y
borde. El cuello es alto y cortado en almenas, lo mismo
-Nueva creación, especialmente recomendada á la gente de
p!umas y con esprit.
que el borde de las mangas.
buen
tono, que aprecia de una manera particular la finura J
El segundo es de paño color beige, con cuello vuelto
Voy á explicar el traje de calle que desea para señosuavidad de estos deliciosos polvos.
rita. Falda de paño gris perla, con una ruc'!te al borde
y solapas cruzadas de moaré del mismo color.
Medalla de Oro y Cruz de la Legión de Honor en la ExposiUn triple pespunte rodea los faldones y las boca- de terciopelo gris¡ cuerpo-coselete abrochado á un lado: ción Universal de París de 18¡8.
con
almen_as
de
paño
gris
forradas
de
raso
blanco;
cuemangas.
Las dos chaquetas se abrochan al lado: la primera llo y vueltas de las mangas de galón de plata; esclavina
Pe,fttmaia /1!11011, Vr: LECONTE ET Ci', 31, rue du Quatre
con estola de terciopelo gris, forrada de raso blanco,
con botones de nácar, y la segunda con botones de
Septembre. ( l~:am.! los ,mu11d:1:J
cobre oxidado.
Á MANOL1TA -Los trajes de viaje se hacen mucho en
l~r/11n!_uía u:Jtira ~E~ET, 35, rue du Quatre Septembre,
Á UNA cFR1LEUSE•.-Se llevan muchos abrigos de tertelas escocesas á grandes cuadros, en tonos neutros. El
Pam;. ( 1 ,:auu los mumciosJ
sombrero Enrique II es preferible para viajes y excurciopelo y felpa.
.
Los guantes de Suecia malva, Suecia natural ó gris siones al sombrero de anchas alas.
El vh10 ,lol,le ,lla-estl,·o 1lc Chassalng fué objeto en 1864
Si es propensa á tener espinillas, no debe lavarse ni
perla son los más adoptados.
El papel de cartas debe ser sencillo, gris perla, verde con cold-cream ni con nada que tenga grasa, sino I por de informe favorabilísimo en la Academia de Medicina de París,
y desde aquella época se halla universalmente prescrito c:ontra
agua, ó azul pálido; y una cifra Renacimiento ó un lema el contrario, con agua tibia, en la que eche· unas gotas las
digestiones difíciles, la dispepsia y enfermedades del estóde agua de Colonia ó de otra agua alcoholizada.
es lo más elegante.
mago. Devuelve el apetito y repara las fuerzas, facilitando la
El verde esmeralda está de moda: se pu_ede hacer el
asimilación
de los alimentos. Desconfíese de las falsificaciones.
ADELA P.
cuerpo y la cola del vestido del raso que usted tiene, y
París, 6, Avenue Victoria, y en todas las farmacias.
el delantero y las draperi,s del cuer(YO, de encaje. El encaje de Druselas se emplea siempre; pero el punto de
CARPETAS PAllA «LA MODA •.
EXPLICAtlÓN DEL FIGURIN IL\!MINADD.
Venecia es más de moda.
Á usA SEÑORA HACE:-.-oosA.-En el saloncit0 de confianza
Con objeto de que las Sras. Suscritoras á LA MODA
Núm. 6.
no puede ponerse armario de luna, ni CJ1aisse-/011gue. Al
ELEqA~TE puedan consen·ar en buen estado los núta&lt;lo de la chimenea se p~ un sillón para la señora de
meros de esta Revista, sin que se deterioren al hola casa, y enfrente otro sillón y un canapé para· las visiCorrHponde , lu Señoru S111orltoru de la 1.• edición de luJa.
tas. Sobre una mesita inmediata, un tintero, libros, aljearlos, esta Administración ha hecho construir unas
Traje· de soirie. - Vestido de musen.na de seda color carpetas especiales que, por su baratura, estén al
bums y un portatarjetas lleno de éstas. Sobre la chimede rosa y raso blanco bordado de crisantemas encarnanea, una corbcille de flores, una figura ó un objeto de
alcance de todas las se11oras que nos favorecen con
dos. Guamició.n de plumas del mismo color de las flores.
arte.
su concurw.
Delantero
de
falda
de
raso
blanco,
con
parte
inferior
borMás que los tapetes, se estila poner horizontalmente
Estas carpetas unen á su buen aspecto suficiente
dada de flores y de guirnaldas; una tira de plumas ribetea
sobre 1as chimeneas ó las mesas un pedazo de pebtclre ó
la parte inferior. En el lado izquierdo, quilla puntiaguda solidez 1 y resultan muy á propósito para contener,
tela antigua.
de muselina de seda, fruncida en el centro, de modo que en forma cómoda y elegante, los números últimaÁ uNA· CAsT~LLANA.-Los encajes, en todos los anforme unas conchas dobles. Gola redonda de muselina
mente publicados; su precio, 2 pesetas e:n Madrid,
chos, se llevan cada día más¡ los de 30, 35 y 40 centíde seda, que termina en un volante ancho dispuesto en
3 en Provincias y 4 en América y el Extranjero, inmetros se emplean para adornar las faldas, dispuestos
forma de lambrequín plegado con crisantemas. Corpiño cluso los gastos de franqueo, certificado y de embaen quillas, guarniciones,pa11iers, etc.¡ los de un ancho
de talle redondo, con espalda escotada en forma de V
mediano sirven para bertas, draperies y jockeys, y los
laje entre cartones.
y delantero cuadrado. El centro del delantero forma un
Diríjanse los pedidos, acompaflados de su importe,
más estrechos se utilizan para las cabecillas de los vopeto plegado¡ delanteros abiertos y fruncidos con calantes y las rttcltes.
beza en cada ládo del peto¡ espalda plegada, cerrada al Administrador de LA l\.looA E LEGASTE, Alcalá,
El encaje blanco y negao no se ha llevado nunca tan23, Madrid, ya directamente, ya por mediación de
de modo que forme un cruce sesgado de izquierda á
to, ni se ha empleado de una manera tan encantadora. derecha, el cual principia en el centro de la espalda y
los
Sres. Corresponsales.
Para el traje de soirie, la seda adamascada ó brova á unirse á la banda plegada del lado. Cinturón estrechada con terciopelo bordado y encajes, cayendo sobre
cho y plegado, que termina el delantero del corpiño.
la cola de manto, es muy elegante.
La espalda va remetida en la falda. Manga plegada, que
SOLUCIÓN AL SALTO DE CABALLO
termina en el codo, y deja al descubierto la parte supeÁ JuANITA.-Para indicar e.l sitio de cada convidado
PUBLICADO EN EL NÚM. 3.
rior del brazo. Esta manga se compone de dos piezas:
se escribe su nombre sobre un lazo de moaré rosa de
Chi.na, verde agua, azul turquesa ó crema, prendido en de. una especie de lazo-mariposa y de una banda plegada.
Joyas de oro y brillantes en el pecho y en el centro de
la servilleta con un alfilerito de oro. A su lado se pone
, A. Í A,
i::-- .J'.'
un pequeño bouittet, y aquel alfiler sirve para sujetarlo las mariposas.
Tela
11ecesaria:
3
metros
50
centímetros
de
raso,
y
'
en el ojaló en el cuespo del vestido de los convidados.
'&gt;
") .
~'~ '&lt;
&lt;
20 metros de muselina.
Sobre la mesa se ponen dos ó cuatro candelabros,
•¡, ( ~
y
V
/,
\,
con pantallas pequeñas de encaje sobre transparente
V A 1&gt;.
I&gt;
de gasa rosa ó maíz.
.Á ,-1
A. &gt;
A.
0
Exruc1cw\N DE 1,0S DIBUJOS PARA BORDADOS
El servicio de cristal más elegante es el tallado y sal&lt;
1 '"
--..
-t'
CONTENIDOS BN LA HOJA-SUPLEMENTO.
picado de labores de plata.
&lt; 1\.
&lt;
t&gt; '-"' ~ •
&lt;
A D.ª A. DE C. SEvILLA.-No se deb.e confundir el
, A ~
V
rs,
V
.....
1A
~
~
\;
V"
&lt;
Corruponde, lu Sru. Su1crltoru de la t.• y 2.• edlol6n,
traje de casa con el de interior. El primero no se lleva
-A \
'~ • )
sino p,or la mañana, y no es admitido para el almuerzo,
&lt; "&lt; ..... ~ &gt;
á menos de ser muy elegante; pero el traje de interior
i. Motivo al so11/ac/1e, para la espalda de la chaqueta.
¡, 'A }
-,, &lt; ,-. . f
se puede tener puesto todo el resto del día, y ha de sér -(Véanse los dibujos I y 2 de la Hoja-Suj/emenlo del
i' A ")
&lt; &lt;
lo suficientemente sencillo para que una buena ama de
núm 4.)
-,, ( • I&gt; ....,- ., i .' i" ¡. A }
&lt; &lt;
casa pueda ocuparse en sus deberes domésticos, y al
z. Continuación de abecedario de minúsculas, para
( '( l . ./
mismo tiempo bastante elegante para poder recibir vi-._¿:
..&gt; ¡.
sábanas. -(Véase la Hoja-Suplemenlo del núm. 1.)
)
&lt;
'
3. Continuación de abecedario de minúsculas, para
--sitas.
)
'/1
V
,\..
·.¿
Una señora elegante no debe tener puesto, en casa, almoha.das.-(Véase la Hoja-Suplemento del núm. 1.)
tf /' &lt;
&lt;
'-..
'
ningún traje de ca1le, ~í como no puede salir en traje
4. Cuello Afedicis (mitad), para la chaqueta mencioV A 'i ~
~
~
&lt; "&lt; Á
nada.-(Véanse los dibv.jos 1 y 2 de la Hoja-Sttj/e,ne,do
de interior.
¡.
e,
t'
A UNA ELEGANTE.-El peinado bajo se lleva, pero por del núm. 4, y el dibujo 1 de_la presente.)
&lt; v ' , r-....,!!.• "le N f.../ Ar,,,
5. Lucia, nombre para pañuelo.
l,,
excepción¡ el peinado alto, sin nada en la nuca, tam\
'.x
&lt; r.¡_
'~
6. ER, enlace para ropa blanca.
bién se lleva todavía¡ mas el prefe~ido es el peinado d
,,__
7. Angulo de pañuelo, en batista, bordado al plumetis
¡.
\... '&lt; "l~
I&gt;
&lt; \..
la gri.ega.
Ya creo haber dicho otras veces que la manera de
y encaje Richelieu.
~
vc_¡
~
'
-....J
t V ..J
V '-l
que los cepillos de la cabeza queden mejor, es limpiarÁ UNA AMIGA.
los con polvos de almidón: se extienden éstos sobre un
papel, y se frotan con ellos bien los cepillos, renovando
EL HOGAR.
Me preguntáis, querida amiga: ¿ Cuál es el más delicado perlos polvos cada vez que se ensucien, hasta que resulten
fume para el pañuelo?»-Y os contesto que no conozco nin·
-lQu'= es el ho¡-ar?- me prc~nt6 mi nloo.guno más suave, más pem:trantc, más dhtinguido que el del
completamente blancos.
¿Qué c1 el hogar, mamita? Dimclo.
Co11go-extra ( de medalla de oro ó de plata): si usáis en vuestro
De este modo se les quita toda la grasa.
-No puedes comprenderlo, mi carl'i5o;

FOCKÉ

PIANº

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Á MAMÁ Luc1ANA.-Los cuellos grandes de encaje que
parecen esclavinas, y á los que se les da el nombre de

I

~11 í)lODA IlI~ANJI J1JJBJJ1AD;1
14-de Febrero de 1891

Alcala 23 _ J\ilADRlD

Nº6

Luis Xl/Ió Ana de Á.JJ.S/ria, se llevan mucho para los
niños, y1es sientan perfectamente.
No sólo se les pone en los trajecitos, sino también en
los abrigos y redingotes.
Los encajes y bordados blancos se emplean mucho
con gran éxito para cinturones, guarniciones, cuellos, etc.
También la pluma se impone, y se hacen trajecitos
encantadores de siciliana blanca, bordeados de pluma
también blanca ó de faya rosa, azul ó gris plata, guarnecidos de pluma gris ó piel.
A UNA HACENDOSA.-Los riñones de carnero están exquisitos con vino de Champagne, y voy á decirle cómo
se hacen:
Partidos en rajitas se echan ~n agua muy caliente, y
se tienen dos minutos¡ en seguida se pone Ill.anteca en
una cacerola y se rehogan en ella los riñones durante
cinco minutos¡ se retiran del fuego, y se espolvorean
con una cucharada de harina, dándoles vueltas, y entonces se les echa una copa de Champagne, perejil picado, sal y pimienta. Se pone todo al fuego, y se añade

tocador e~e maravilloso jabón, vuestras manos, vuestra ropa y
vuestra misma persona t:xhalarán un perfume delicioso.
Los productos fabricados por el célebre jabonero Vidor Voissier se venden en todos los comercios.
PTYCHOTIS, Victoria,

Lila b\UM,e\e,

0/orH nUfl'OI muy cone1ntr.1do, par1 ti P,1f111elo

AGUA o.COLONIAREAL m,Jopr,ciJd&amp;
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r:el frío. Por lo tanto, conviene indicar t'i todos la maravillosa

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Ea, puea, en balde te lo diga yo.
-¿Ea co1a fea cuando no la dices?
- ¡Oh! no, ml bien , no ca co1a mala, no.
-¿Porqué no me la explicas, puea?-¿Lo quieres?
Oye me atento y vaya de 1ccd6n:
El hoitar es la caaa de los padres,
Es la familia cual la quiere Dloa,
Unida en loa momento• de ale¡ria
Y am.6.ndosc en las horas de dolor.
Niño del alma mla, al crea bueno
Y no desprecias to que Dios te di6 ,
Y crea amigo de l oa gocea puros,
Y amas aquello que tu madre am6,
Scrb bendito. vivlrb tranquilo,
Jam.6.1 el vicio empañar! tu honor 1
Y en las horas amargas de la vida
El dulce hogar aer.6. tu salvador,
DORA DI Gt:AOIIU.

La han presentado las Sm5. y Srtas. D.• Maria M. Rcvuclla.-O.• E lisa
Martincz Sarmicnto.-D.• Josefin:i. Pcrianuida y Barrantes.-D.• Consuelo
Olmcdo.-D." Otilia Polo.-O.• Bucna\·entura de Sierra.
También hemos rcetbido la solución al salto de c&amp;ballo p11blicado co el
mim. ◄~, por las Sras. y Srtas. D.• Julia Jalón de Ruii: (Habana).-D.• Marfa. Dau. de Benitu (l,léjico).-D.• Natalia y D.• Juana de Echevarrla y
Maisonnave (Puerto Rico).
Igualmente hcmoa recibido la soluci6n al salto de caballo publicado en el
núm. ;9, por D.• Maria Quintana.-D.' Josefa'" O.• Dolores Plá.
Asimismo hemos recibido la solución al !13lto de ca.bailo publicado en el
núm. ~S, por D.• Ascensión A5lort¡uiu L. (Chile).

�72

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blancura diáfana que evocará á las rosas de~va- una caju.-Es necesario exigir en la etiqueta el nombre y la dirección de la Casa, {&gt;ara evitar las
necidas de Vuestro rostro; su A11/i.Bolbos extir- falsificaciones.-La Pa,fumffle Ninon expide á todas partes sus prospectos y {&gt;recios corrientes.
pará los puntos negros que brotan en la n:i.ríz,
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MADRID. - Establecimiento tipolitográfico •Sucesores Je Rh-ader.eyrat,
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11

SUMARIO.
TnTo.-Revista parisien!e, ¡ior V. de Ca~telf.do.-Elll:plicación de los grabados.Clónica de Madrid, por el Marqcés de Val!e-Ale-ire.-Cora1.ón Ce madre, por don
J. Pérc,: ~;ves.-Historia Jritima, por D.• Inés B.-Palabras perdidas, por d&lt;m
Eduardo Pércz del Villar.-Remember, poesía, por D. Narciso Díaz de Escobar.La fiebre del poeta, poesía, por D. Julio Valdelomar y Fábregues.-Explicación del
figurin iluminado.- Correspondcncia particular, por D.ª Adela P.-Sucltos.-Salto
de caballo presentado por D. J. de Mateo, de Tafalla.-Anuncios.
GRABADClS.-1. Vestido Ce bailc.- 2 y 3. Tape1e para piano.-4. Bolsa colganle para
papeles.-5. Gola con chorrera.-6 y 7. Saco-rid!culo.-8. Vestido rurn para ninos
de 3 ñ 4 a.rios.-9. Ve~tido de J)ai'lo con ca~aca.- 10. Vestido de com·ite.- II )' 1 2.
Vestido para ninas de 10 a 12 ar.os.-13 y 14. Traje para ninos de 11 ñ 13 anos.-15 y 16. Corpino•blusa.-17. Peto de gasa listada.- 18 á 20. Vestido de tela rara•
da.- 21 y 22. Vestitlo Ce rano y seda.- 23 y 24. Vei,tido de cJ.ie\·iola bordada.25. Vestido para ninos de 3 anos.-26. Capota Bianca.- z7 y 2fl. Vestido para ninas
d-: S á 6 ar.os.- 29. Vestido de pafio con pacamaneifa.- 30. VC""Stk~o de pano bordaCo y guarnecido de tuClo;:elo.- 31 y 32. Ve~tid::, de manana.- 33. Delantal para
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• húngara.-Abanicos de fl.ores.-Té para una ciega.- Un padre de~graciado.

" J~...r.), c
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2

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~~~~;~~~r~t~t~;

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ID

~ 7. nunca. Es verdad que la espesa niebla que nos

·1

envuelve hace una semana como un sudario I y
la humedad que nos penetra hasta los huesos,
no predispone el espíritu á la alegria ni convida
~ á las diversiones; y la miseria, que se propaga y
l.'J
extiende como una lepra, embarga y entristece to:¡
dos los ánimos.
Por otra parte hace ya años que va acentuándose esta
diferencia del público por las bromas y placeres carnavalescos. Diríase que la locura tempora l ha desaparecido de las costumbres francesas, tal vez porque se ha hecho
constitucional y permanente. La multitud, indiferente y correcta se admira antes que se divierte con los :pocos pierrats
y arlequines, tristes y alicaídos, que transitan por calles y plazas, y éstos, despechados al ver el poco efe&lt;:to que producen,
renuncian á disfrazarse y se pasean como simples burgueses.
H asta los• incoherentes&gt; se han vuelto clásicos, ellos que,
cinco años ha, aturdían á las gentes con su originalidad y extravagancia.

&gt;}-J~. ~
t/J
"-'

•
••

Casi todos los bailes están desiertos y silenciosos. En los
establecimientos más favorecidos, el frac negro domina en la
proporción de las nueve décimas partes. Las .damas se pre•
sentan en traje de calle, 6 cuando más de dominó. El antifaz,
la tradición del antifaz de terciopelo, que tanto brillo daba á
los ojos y que hacía resaltar tan bien la blancura de la tez y la
finura del cutis, ha desaparecido. La mantilla echada sobre el
rostro lo reemplaza desventajosamente, y da á las que lo adoptan el aspecto sombrío de penitentes. No dudo que algunas
-tendrán más de un pecadillo sobre la conciencia¡ pero esa no
es una razón para llorarlos, cuando se trata de renovarlos .....
venialmente.

•
••

Los teatros han abandonado la tradición de las comedias de
Carnaval · lo que parece lógico, puesto que el Carnaval no
existe. S~ca r á la escena procesiones de máscaras y variedad
de disfraces sería demasiado retrospectivo.
y entre lo~ espectáculos dramáticos el más digno de mención es Tlrermidor, drama original del académico Sardou, es•
trenado en la Comédie-firan¡aise con extraordinario aplauso
la noche del 25 de Enero y prohibido por la autoridad cinco
días más tarde, sin duda por las escenas tumultuosas que su
representación origi~aba_.
¡ Lástima que el mtehgente público de París sea de peor

l. - Vestido de baile.

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                <text>La Moda Elegante Ilustrada. Esta revista tiene sus orígenes en 1842. Su antecedente fue un pequeño periódico femenino titulado La Moda que empezó a publicarse en Cádiz en 1841, de la mano de don Francisco Flores Arenas, escritor andaluz y periodista conservador de El Globo. Unos años más tarde, en 1849, el editor don Abelardo de Carlos Almansa compra este pequeño periódico de modas, entonces en crisis, y lo convierte en una publicación de gran éxito y con beneficios. Tuvo tanto éxito que se vendió por toda España. En 1861 cambió su formato y adoptó el nombre de La Moda elegante ilustrada y a partir de 1871 comienza a publicarse también en Madrid. La moda elegante es una de las publicaciones “femeninas” más longevas, pues continuó su larga vida hasta finales de 1927, sobreviviendo a De Carlos.</text>
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    <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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              <text>La Moda Elegante Ilustrada, 1891, Año 50, No 6, Febrero 14</text>
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              <text>Flores Arenas, Francisco, 1801-1877 </text>
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              <text>La Moda Elegante Ilustrada. Esta revista tiene sus orígenes en 1842. Su antecedente fue un pequeño periódico femenino titulado La Moda que empezó a publicarse en Cádiz en 1841, de la mano de don Francisco Flores Arenas, escritor andaluz y periodista conservador de El Globo. Unos años más tarde, en 1849, el editor don Abelardo de Carlos Almansa compra este pequeño periódico de modas, entonces en crisis, y lo convierte en una publicación de gran éxito y con beneficios. Tuvo tanto éxito que se vendió por toda España. En 1861 cambió su formato y adoptó el nombre de La Moda elegante ilustrada y a partir de 1871 comienza a publicarse también en Madrid. La moda elegante es una de las publicaciones “femeninas” más longevas, pues continuó su larga vida hasta finales de 1927, sobreviviendo a De Carlos.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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      <name>Adorno de corpiño</name>
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