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                  <text>1C8

LA MODA ELEGANTE, PERIÓDICO DE LAS FAMILIAS.

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• Ve,-.tido para ninos de 2 an.os.-14 y 15. Trajes de baile.-16. Debntal para sel\orilas-17 :i. 20. Trajes de prima\·era.-21. Chaqueta de visita.-n. Corpif\o para traje de recibir.-23. Traje de
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dije en mi anterior, el Presidente de la República inauguró la
quincena pasada la temporada de
TG C) ~l fi.estas con un gran baile, .qu.e ha
sido un verdadero acontet1m1ento
'(
para el mundo diplomático y para
el mundo oficial de todas categorías
que á él se hallaba invitado, pues el
acio del Elíseo es un magnífico local
~',;:. que se presta admirablemente á las grane;: des recepciones, y sólo por admirar sus
salones vastos y suntuosos puede aceptarse la
invitación.
·
Por otra parte, la orquesta es excelente, y las
señoritas y no pocas señoras logran satisfacer sus
aficiones coreográficas, no obstante la falta relativa de espacio causada por la inmensa concurrencia.
Mme. Carnot, siempre afable y elegantísima,
11evaba la noche á que me refiero un magnífico
vestido de raso verde celedón, cubierto de punto
de Alenzón, con una cola de brocado blanco rodeado de plumas verdes. Plumas iguales en el
corpiño, con lazo de brillantes. Diadema de esmeraldas y brillantes, con cabezas de plumas verdes en los cabellos.
Mme. Floquet, esposa del Presidente de la Cámara de Diputados, lucía un precioso vestido de
raso de Génova color de maíz, con volantes de
punto de Inglaterra, sujetos con broches de
perlas.
La señora del 'Ministro del Interior, madame
Constant, vestía de azul pálido. Cola de tercio•
pelo listado de encaje de Chantilly calado, con
falda de raso, bordada de rosas matizadas, de
muy buen efecto. Diamantes soberbios en el corpiño y en la cabeza .

~c,(i

EGÚN

•••

Mme. Adam &lt;lió su primera malinée de recepción el viernes pasado, asistiendo á ella todas las
celebridades en artes y en letras que se hallan
actualmente en París.
J~lieta Lambert (pseudónimo de Mme. Adam)
hacta los honores de su salón con esa amenidad
que 1~ ha valido tan universales simpatías.
Hay que advertir que á esta maNnée no asistía
el ya famoso Atchinoff, para quien la directora
de La Nouvelle Revue tenía reservados sus tes rusófitos .. Sin pecar de curiosa, puede una preguntarse s1 este cosaco «á sensación• está satisfecho
de la inmensa publicidad que se ha dado á su
!1-Ombre: Indudablemente, no tiene de qué queJ":rse, st, c_omo se asegura, ha venido á París á
pie co!l ob,1eto d_e colocar una partida de pieles;
pero s1 ~u 10tenc1ón fué, como por un momento
se quena hacernos creer, negociar diplomática-

1.-Vestido de primavera.

�. LA MODA .EL"EGAKTE, PERIÓD~CO DE LAS _FAMILIAS.

j_.A MODA ELEGANTE, PERIÓDICO DE LAS FAMILIAS.

110

mente una alianza atchino-francesa, el pobre diablo no
tiene por qué felicitarse.
La verdad es que nadie se explica claramente los mo·
tivos de este viaje, y que la misma Mme. Adam-á
quien se había insinuado al principio que el tal Atchinoff se trasladaba á París para solicitar su mano-no
sabe todavía á ciencia cierta lo que pensar sobre los
proyectos de su huésped.

•••
Hay quien sospecha, y yo no estoy lejos de ser de
este número, no obstante lo grave de la suposición, que
bajo la schetchieff del joven cosaco se esconde una
nueva encarnación del impalpable Padlewsky, y lo que
autoriza suposición tan arriesgada es que desde que
este singular Atchinoff se encuentra entre nosotros, no
se ha señalado en ningún punto del globo la presencia
del asesino de Se\iverstof.
Sea como quiera, falso ó auténtico, nuestro Atchinoff
es, por el momento, uno de los hombres más agasajados de París; asiste á todas las recepciones, y es co mensal de todos los banquetes, si bien su conversación
no debe tener mayor atractivo para los convidados que
no hablen corrientemente el dialecto cosaco ó zaporogo.
. Las inglesas quieren á todo trance sobrepujar á las
parisienses en el arte de imponer la moda. Los primeros triunfos que .han obtenido en este terreno las
alientan.
Cítanse dos damas de esta nacionalidad que se han
propuesto hacer una revolución en el traje femenino.
¿Lo lograrán? Por lo pronto salen á la calle con polainas
abrochadas, falda corta, blusa y chaqueta ajustada. Un
verdadero traje de caza, cómodo indud1blemente y de
un aspecto muy juvenil, pero por lo mismo dudamos
que las señoras de edad y posición severas se presten á
reforma tan radical. Habría, pues, que inventar otro
traje para las señoras que han pasado de los cuarenta,
lo que equivaldría á llevar la edad inscrita en el vestido.
Así que, si la revolución de que voy hablando se efectúa, no creo que traspase el Canal de la Mancha.

Digamos algo de la moda corriente.
La diversidad sigue siendo la ley de la moda. No es
posible enumerar las combinaciones de adornos y va•
riedades de formas que vemos surgir todos los días,
Para. trajes de calle se hacen ahora unos vestidos de
piño 6 de cachemir, cuyos cuerpos llevan unas aldetas
hendidas en cuatro ó cinco pirtes, ó bien aldetas-carrick,
graduadas en anchura y altura, y que suelen ser tres
aldetas puestas unas sobre otras. Se hacen también corpiños de piel de Suecia de todos colores, bordados
completamente, y que acompañan por lo general á una
fald1 de p1ño del mismo color del corpiño. Las mangas
de éste suelen ser del mismo p1ño.
Estos corpiños, muy elegantes, pero de un precio
bastante alzado, se hacen con pinzas, que quedan perdidas en el bordado. No llevan forro, á fin de que tomen
fácilmente el molde del busto. Se les hace de talle redondo, sin cinturón, y se les cierra en el hombro y bajo
el brazo izquierdo. Las sisas van muy recortadas por
delante y en la espalda, y estos huecos se llenan con
tela igual á la de la falda, cuya tela va aplicada sobre un
primer corpiño, que suele hacerse de hilo ó de sed1, y
que se guarnece de ballenas.
.
Los corpiños-corselillos se hacen de todas formas y
alturas. La mayor parte de ellos van cortados en línea
recta á la altura de las pinzas. Otros se cortan en curvas y se completan con un camisolín de tela ligera, como
el surali ó la muselina de seda para los trajes de ceremonia, y de tela igual al vestido para los trajes de calle.
Estos camisolines suelen ir adornados de tirantes de
cinta, que pasan bajo el corselillo para reaparecer sobre
la falda, terminando en unas caídas largas dobles ó
sencillas.
Se hacen también, principalmente para señoritas, unos
corpiños más largos que la cintura, y cuyo borde inferior va escondido bajo la cabeza de la falda fruncida.
Aunque no se ha renunciado á las mangas de tela diferente de la del corpiño, se procede á la inversa da lo
que hasta ahora se había hecho: falda y mangas de la
misma tela y color, y corpiño de otra tela y de otro ca•
lo.r. Pondré varios ejemplos: corpiño de terciopelo color
de mirto con falda y mangas color beige; corpiño de terciop~ ne~ro con falda y mangas color granate; corpi~
ño de terciopelo encarnado, y lo demás gris, ó bien de
terciopelo zafiro con falda color de fuego. En el caio en
que el traje deba llevar encajes, se harán unas mangas
de encaje, y su forro será del color más claro empleado
en la composición del vestido.
""
. P_repárase para los primeros días de buen tiempo una
especie de manteleta-visita, ajustada en la espalda con
aldétas cortas, caídas largas por delante y manga~ peg1das. Se hará esta manteleta de terciopelo muselina
de seda brochada ó de piel de seda, con forro de sed~
clara listada ó brochada. Se la adornará con tiras de
plumas y con bordados,
Esto es todo lo que por hoy podemos anunciar sobre
la estación próxima.

-Es el Sr. AdagiJ.
La dama, con aire c·onoccdor:
-Encantador maestro, en verdad. Pero no sé qué
manía tienen estos músicos de tomar todos nombres es•
pañoles! .....
V. DE CASTELFIDO.
Parls, 8 de :'llariJ de 181p.

EXPLICACIÓN DE LOS GRABADOS.
Vestido de primavera.-Núm. 1.
Este vestido es de lanilla color beige y v.i. guarnecido
de pasamanerías del mismo color. Cuello y peto de
terciopelo color de nutria.
Cenefa para paño de altar.-Núms. 2 á 4.
Se hace esta cenefa de guipur sobre red. El dibujo
3 representa una p1rte de la cenefa de tamaño natural,
y el dibujo 4 representa el ángulo de la mi~ma cenefa.
Se hace el fondo del encaje con hilo grueso al punto
de red Ordinaria y en vario3 trozos, que se reunen después, antes de ejecutar las listas rectas que separan los
dibujos aislados. Se extiende cada trozo sobre un bas•
tidor y se bordan los dibujos con un hilo más fino que
el que se emplea para el fondo, al punto de zurcido,
punto de lienzo y punto de espíritu. Los ángulos se
ejecutan sobre un fondo cuadrado y se reunen al encaje,
del mismo modo que los trozos aislados de éste, Se
puede hacer este paño de altar más ó menos grande,
pero se añ1de siempre en los ángulos un dibujo estrecho.
Tapet,.-N,ms. 5 á 7.
Este tapete, que ti en.e 80 centímetros en cuadro, se
compone de 5 galones de cañamazo adornado con bor·
dados, uno de cuyos galones es crema, dos bronceados
y dos de color de cardenillo. Se guarnece el contorno
del tapete de una cenefa hecha al crochet. La tira crema del centro, así como las dos tiras exteriores de
color de cardenillo, van adornadas con dibujos grandes
bordados; y las tiras bronceadas, con dibujos más pe•
queños. Estos dibujos se ejecutan con algodones de diferentes colores al. punto de cruz y punto !!ano. Se les
rodea con puntos hechos con torzal de oro. El dibujo 6
representa los bordados grandes, y el 7 los bordados
más pequeños. El marco de estos bordados va hecho
al punto de cruz, cada punto sobre 2 hebras dobles de
altura y de ancho. Se les llena con puntos llanos. Para
las hileras al sesgo se hacen unos puntos de cruz, cada
punto sobre 4 p.ebras dobles de alto y· 2 hebras dobles
de ancho. Se ribetean los bordados llenos con algodón
azul y puntos prolongados de torzal de oro fino. Sobre
los galones de color de cardenillo se bordan los dibujos azules con algodón bronceado y los dibujos bronceados con algodón crema. Los galones van reunidos entre
sí con puntos transversales, y la costura de unión se
cubre con puntos hechos con algodón bronceado, form1ndo dientecitos.
Encaje al crochet.-Núm. 8.
• Se hace este encaje al través, y se guarnece su borde
superior con una vuelta ejecutada á lo largo. Se hace
sobr~ una cadeneta de 12 mallas, la
I.ª vuelta.-Se pasan las 3 mallas más próximas,-sobre
la malla siguiente, 2 bridas separadas por 3 mallas al
aire,-3 mallas al aire,-una malla simple sobre la 3.ª
m1lla siguiente,-media brida,-2 bridas,-una brida
doble,-una brida triple sobre las 5 mallas más próximas.
2.ª vuelta.-8 mallas al aire,-2 bridas separadas por
3 mallas al .aire sobre las 3 mallas a 1, aire que se encuentran entre las 2 bridas más próximas,-5 mallas al
aire,-una malla simple sobre la m1lla al aire siouiente
hecha sobre la brida más próxima.
"
:3.ª vuelta. Sobre las 5 mallas al aire más próximas, 8
mallas simples, cuyas 2.ª, 3.ª, 4.ª, 5.ª 1 6.a y 7.ª van separadas cada una por un punto ( es decir, 4 mallas al
aire y una malla-cadeneta sobre la malla simple anterior),
-una malla al aire,-2 bridas separadas por 3 mallas al
aire so"bre las 3 mallas al aire que se encuentran entre
las dos bridas más próximas, - 3 mallas al aire, - se
pasan 3 mallas, - una malla simple, - media brida, 2 bridas,-una doble brida,-una triple brida sobre
las 6 mallas siguientes¡-se vuelven á principiar siempre las 2.ª y 3.ª vueltas. Para la vuelta que guarnece el
borde superior se hace siempre, alternando, una brida
sobre el ládo de malla siguiente hecho sobre la triple
· brida más próxima, - 5 mallas al aire,

Sombrero de primavera.-Núm. 9.
Este sombrero es de paja de color y va adornado con
plumas del mismo color de la paja y terciopelo negro.
Bridas de cinta de terciopelo negro .

Trajes para niñas de 6 á IO años.-Núms. 10 y 11.
Núm. 10. Tra;es para ntWas de 6 d 7 a11os.-Este traje
se hace de vigoña btt/{e. Delantero plegado en forma de
ondas, cuya parte inferior se abre sobre unos pliegues
de terciopelo verde obscuro. Falda fruncida en los lados
y por detrás bajo un cinturón de terciopelo que termina
en el delantero. El vestido se abrocha con corchetes en
el hombro derecho y sobre los alamares. Manga plegada
en el hombro y abierta sobre una manga de terciopelo.
Núm. 11. Tra;e para niíias de 9 d ro a11os.-Este traje
En el concierto.
se hace de sarga azul antiguo. Falda fruncida y ador·
Una señora á su vecino:
nada con un galón bretón. Casaca pequeña con aldeta
-¿ Podría usted decirme, caballero, quién es el autor añadida bajo un corpiño-blusa que cae á todo el redede la pieza que acaban de tocar?
dor sobre la a\deta y cuyos delanteros van abiertos
El caballero, con mucha gravedad, después de haber . ancha.mente sobre un chaleco bullonado y abrochado
leído el program1:
.~. ·
-· con corchetes bajo el delantero izquierdo. Manga ple-

gada que cae sobre un puño de terciopelo. Bolsillos pequeños ei:i la aldeta, que va rodeada de un galón.

V.estido para niños de 2 años.-Núms. 12 y 13.
Este vestido es de lana blanca, va guarnecido de un
bordado de seda blanca, y se compone de una falda.
ancha con bordado dispuesto en forma de entredos
sobre el dobladillo. Corpiño de talle redondo y escotado, con vuelo sujeto en el escote y en la cintura. Volante fruncido que cae en forma de berta sobre el es•
cote. Camisolín de lana formado de pliegues redondos
y de pliegues planos I con punto de bordado sobre cada
pliegue redondo. Manga corta, bullo nada. y estrechada
de modo que forme una cabeza fruncida sobre una manga recta sujeta con un puño con cabeza doble fruncida
y punto de bordado. Cuello alto con punto igual. Cinturón de cinta, cerrado en el centro de la espalda con
una rosácea. Una tapa abrochada cierra la espalda.
Tela necesaria: 2 metros 25 centímetros de lana.

•

Trajes de baile.-Núms. lf y 15.
Núm. I4. Vestido largo de crespón color de rosa, bordado de seda color de rosa y de oro. Guarnición de
pluma negra; cinturón de galón de oro y cuentas gruesas. Cola redonda que forma un delantero plegado y
doblado de modo que descubra una parte del delantero de la falda recta. Corpiño de talle· redondo plegado
en el escote y estrechado con el cinturón. La espalda.
y el delantero se pliegan sobre un forro plano, compuesto de espalda y lados de espalda, lados de delante
y delanteros con pinzas cerradas en el centro. Cie rre
invisible en los delanteros de crespón. La parte superior va escot,;1.da en redondo y ribeteada de .Pluma._
Manga "bullonada de crespón bordado y ribeteada de
pluma.
Salida de baile corta I de terciopelo negro, ribeteada
de pluma negra. Se compone de un canesú dentado de
galón de oro, que va montado con vuelo en una especie
de fi.chú puntiagudo y muy alto de hombros, y un cuello
Médicis guarnecido de pluma. Forro de seda color de
rosa.
Tela necesaria: 19 metros de crespón bordado de
flores con cenefa bordada en la parte inferior; 2 metros
de terciopelo, y 2 metros de forro para la salida de
baile.
Núm. r5. Vestido de baile de seda brochada color he•
lietropo, guarnecido de pluma del mismo color. Este
vestido ·va esC!'Otado en cuadro, y se compone de un delantero Princesa·con pliegues en la parte superio r ; las
pinzas se forman sobre el forro; los pliegues suprimen
las pinzas en el delantero de seda brochada; lados de
delante y de espalda de corpiño ordinario que se pierde
bajo los pliegues de la falda, los cuales van dispuestos
de mo.do que figuren un vestido Princesa. Espalda
Princesa, enlazada en el centro y que forma el vuelo
para la cola. Unas tiras de plumas con una especie de
penachos ribetean el vestido. En la parte superior del
delantero va un volante alto de seda brochada que
forma banda plegada; en los hombros, volante formando
cresta. Una tira de pluma ribetea el escote y la sisa.
En la derecha, grupo de plumas y collar también de
plumas.
Te!a mctsaria: 20 metros de seda brochada.
Delantal para señoritas...:....Núm. 16.
Este delantal, que tiene 59 centímetros de ancho, se
compone de tres tiras de suralt blanco, de 12 centímetros de ancho cada una, adornadas con costuras ca.ladas estrechas, y cuya tira inferior va un poco fruncida.
Estas tiras van reunidas por medio de dos entredoses
de encaje de 13 centímetros de ancho cada uno, cuyo
borde dentado va puesto sobre la tira de surak. Se
añade á latir.a inferior un encaje de 13 centímetros de
ancho. El borde superior del delantal va fruncido hasta
7 centímetros de distancia de los lados, de manera que
quede reducido á 13 centímetros de ancho. Se añade
un cinturón de suralt plegado y forrado de 4 1/'! centímetros de ancho, el cual forma punta por delante.
Trajes de primavera.-Núms. 17 á 20.
Núm. 17. Toque para se,1orilas. -Esta toque se hace de
tul color de maíz plegado y bordado de lunares de oro.
En el borde, turbante plegado de terciopelo negro. Por
atrás, penacho de plumas negras.
Núm. 18. Abrigo para salodtas.-Manteleta semilarga
de paño verde salpicado de cuentas gruesas de az,aba·
che. Es alta de hombros, con una .costura en el hombro
y un bullonado que pasa en redondo por encima. El
borde va ribeteado de un vivo de plumas, Cuello alto
enrollado de paño.-Toque de crespón de seda yerde
claro, que forma un la cito· orejas por delante. Turbante
plegado de terciopelo color de mirto con lazo bullonado
por detrás.
1 ela necesaria: un metro 75 centímetros de paño.
Núm. 19. Vestido de viaje, de lana cok,r café claro,
guarnecido de bordados negros. Fondo de falda de tafetán y falda recta ribeteada de un bordado alto negro.
Corpiño-chaqueta de aldetas largas, que ~e compone
de la espalda y lados de espalda, lados de delante y de•
lanteros con una pinza que se abre en el centro sobre
un peto que termina en la cintura con un adorno de
bordado dispuesto en forma de cinturón. Adorno en la
parte superior del delantero. Cuello alto bordado. Man~ª recta con vuelo estrechado con un puño alto bor·
dado. Una tapa abrochada cierra el lado izquierdo del
delantero. El forro de los delanteros se cierra en el cen·.
tro.-Sombrero de paja mordorada, adornado con ter·
ciopelo beige.
1 ela·ntcesaria: 5 metros de tafetán I y 9 metros de
paño. •
·
Núrñ~'io, Abriio para niñas de 5 a1ios,-:--Pelliza larga
de paño' co'lo:r·d!'!' palo de rosa, guarnecida de galones
de platª y de botoneslb()Jas también de plata. Se com ..

.

.

,.

'

.

2.-Cenefa para paño de altar, Ouipur sobre red (tamaño reducido). Véanse los dibujos 3 y 4.

7.-Dibujo del tapete.
Véase el dibujo 5.

Explicación de los s~os: ■ marrón obscuro; ~ crema; l2J amarillo; ~ azul;

.1 rondo.

8.-Encaje al crochet.

4,-Ángulo de la cenefa para paño de altar (tamaño natural),
Véase O dibujo 2.

5.--Tapete. Véanse los dlbujos 6 y 7

111

�J

113

LA MODA ELEGANTE, PERIÓDICO DE LAS FAMILIAS.
LA MODA ELEGANTE, PERIÓDICO DE LAS FAMILIAS.

112

pone de espalda y delanteros rectos cerrados en el
centro con galones de plata dispuestos en · Josanges
sobre el borde de los delanteros: estos galones forman una especie de entredós fijado con botones. Manga
recta con puño estrecho. Esclavina doble formada con
dos volantes fruncidos. Cuello alto formado por la cabeza fruncida de la primera esclavina.-Capelina de
paño color de rosa pálido antiguo, con lazos de terciopelo blanco. Fondo flexible de terciopelo igual.
Tela necesaria: 2 metros 50 centímetros · de paño.
Chaqueta de visita.-Nlim. 21,

Esta chaqueta se hace de terciopelo color de esmeralda y va guarnecida de plumas negras. Espalda y lados
de espalda, lados de delante y delanteros con pinzas y
lados de delante con aldetas semilargas. Tira de plumas
en el centro del delantero, y tapa abrochada. Cuello alto
Médicis ribeteado de plumas. Manga alta de hombros y
ribeteada de plumas.- Vestido de seda gris plata.1 oque de paño blanco plegado, con borde de plumas negras. Por delante, penacho color de oro y esmeralda, y
por detrás, grupo de plumas negras.
lela necesaria: 5 metros de terciopelo.

Corpiño para traje de recibir.-Núm. 22.
Este corpiño se hace de paño color de lirio y muselina de seda color de paja. Va muy abierto por delante,
y en la espalda en forma de cuadro sobre un camisolín
plegado de muselina de seda abrochado con corchetes
en la izquierda, bajo un volante de muselina de seda que
forma conchas. La aldeta va abierta en forma de co•
rreas en todas las costuras y bordada de una guiinalda
ligera de oro. Tira estrecha de plumas del mismo color
del paño en el borde. El corpiño va sujeto en la cintura
con un galón ancho de oro. Cuello alto de galón, abrochado en la izquierda y ribeteado de un borde de plumas, como también la parte inferior de la manga, que
va abierta en forma de correa sobre un volante de muselina de seda.

Traje de entretiempo.-Núm. 23.
Este traje se hace de paño color de almirante. Sobre
un fondo de falda de tafetán va montado un delantal es•
trecho plegado, sujeto en los lados con la falda, que
forma una quilla plana, rodeada, lo mismo que la falda,
de tres galones 0e oro. La falda de detrás va formada
de dos pliegues redondos y huecos que dan el vuelo
necesario. Corpiño de aldeta muy puntiagudo por delante, ceñido con una pinza y muy abierto sobre un
peto de paño color crema abrochado como una pechera
de camisa de hombre (se le puede hacer igualmente de
batista blanca). Este peto va seguido de un cuello del
mismo paño, que pasa bajo un cuello recto y vuelto,
adornado con galones de oro. Aldeta añadida y recortada en forma de correas anchas por delante y en el
lado. Manga muy alta de hombro, ancha en la parte superior y adornada con una serie de galones y botones de
oro.-Sombrero de fieltro color de almirante, ribeteado
de un galón de oro. Lazo de cinta de terciopelo y plumas del mismo color del sombrero. Por delante, lazo de
cinta de terciopelo color crema.
Tela necesaria: 4 metros So centímetros de tafetán, y
5 metros 8 centímetros de paño, de un metro 30 centímetros de ancho.

Traje de desposada.-Núm. 24.
Este traje se hace de crespón de la China y raso. Sobre un fondo de falda va dispuesta, en la izquierda, una
quilla de crespón, cuya tela va plegada y sujeta tres
veces bajo unos ramos de flores de azahar. Esta quilla
termina bajo un lazo de muselina de seda, bajo el cual
se abrocha con corchetes el delantero Princesa de crespón, plegado en la derecha y cruzado sobre un peto
listado de muselina de seda y ramo de flores de azahar,
que cae sobre dos cintas que principian en la sisa y se
pierden bajo el ·1azo. Volante de muselina de seda bordada I que forma conchas en el borde del delantero derecho y del delantal en el cierre del vestido. Toda la
espalda, de forma Princesa, es de raso, incluso los laditos de la espalda y de los delanteros. La cola es semilarga y va adornada solamente en la parte inferior con
un tableado de linón blanco. Collar de crespón plegaclo
en el escote. En el hueco de la abertura ramo de flores
de azahar. Velo de tul ilusión, echado por detrás y\ujeto con una corona de flores de azahar.
1eta necesaria: 5 metros de tafetán; 3 metros 50 centímetros de crespón, de 60 centímetros de ancho, y
7 metros 50 centímetros de raso, de 60 centímetros
también de ancho.

EL PRIMER AMOR.

~s'-i.

lf2,~:M.
~

~ UE

.

empeño tan tenaz, y hasta cierto punto
tan absurdo, ponían anoche los tertulianos
~
~ de la amable cuanto bellísima Marquesa
.::_~,
$•, de B... , por convencerme de que el pri0)'{¡ - _, me~ amor es generalmente la primera ton~
\•
tena de todo hombre y de toda mujer.
~ e; 0
-El primer amor siempre se recuerda con
• ~J
burla-decía uno de ellos.
-¡Cuántas bobadas inspira!-exclamaba otro.
r::;
No faltó quien añadiese:
'f
-Es un mal ensayo.
Ni escasearon los que se avergonzaban de recordar tales niflerfas.
Como también hubo quien le llamara , sarampión del
alma &gt;, y quien sostuviera la imposibilidad de pensar en
él con verdadera y agradable emoción.
Y nuestra anfitriona, la elegante Marquesa, dijo:
¡~

:f

-Esas sandeces no deben recordarse nunca.
A lo que varios contestaron:
-Es verdad; sólo las evocan los atacados de sensiblería, tos pocos románticos que van quedando, los cno
comprendidos &gt;, para quienes ni este reino, ni el otro,
ni el de más allá son el suyo.
Y los demás añadieron el siguiente coro, á voces
solas:
- Justo, cabal, esa es una gran verdad.
Yo, en cambio, no dije &lt;esta boca es mía ». , por !o
mismo que mi opinión no era la de ellos. Mas no hay
que atribuir este silencio á exceso de prudencia, sino
á deseo de venganza, con premeditación y alevosía.
Uno de los más bellos pensamientos de Banville vino
en mi auxilio. Por esto, cuando todos me preguntaron
si tenía algo que decir, contesté que más adelante, no
entonces, ni de palabra, sino por escrito y desde este
sitio, lo haría.
Mas no fué esa sino esta la más negra: ¡ me encuentro
ahora sin el original de Banville, y con la circunstancia
agravante de mi mala memoria, y de que no tengo que
perder; por lo que, reclamando la indulgencia del público, y según Dios me dé á entender, desarrollaré dicho
pensamiento cual si fuese exclusivamente mío, exponiéndome, sin duda alguna, á que de este modo resulte
un mal pensamiento; pero no importa, allá va.
Procuraré ser breve.

... . . .. ... . . .. . .. . . . . . . .. .. . . ..... .. . ... . . .. .. . ....

Esto que voy á referir sucedió hace ya muchos años .
La escena, un colegio de Madrid. Colegio aristocrático, distinguido.
Entre los condiscípulos reinaba la mejor armonía;
pero ninguno de ellos se estimaba, consideraba y admiraba tanto, como se estimaban y consideraban y admiraban Juanito González y Pepe Ríos, dos inseparables
amigos, que tendrían poco más ó menos la misnia edad,
quince años.
González era rubio y de facciones muy finas.
La vanidad de su madre le obligaba á usar el cabello
demasiado largo, á fin de que todo el mundo elogiara
su precioso ensortijamiento.
Ríos, en cambio, lo llevaba cortado á rape, y la expresión de su fisonomía era varonil é indómita.
Tal amistad, que parecía inquebrantable y eterna,
adquirió después contrario aspecto.
Vais á saber por qué.
González estaba triste; su corazón sentía la necesidad de confiar á otro corazón la causa de su pesar; ¡ se hallaba perdidamente enamorado de la costurera del colegio, una joven llamada Luisa, y ésta le era
infiel!
La ingrata, por cierto no muy agraciada y sí delgaducha y morenilla, pero vivaracha, alegre y coquetuela,
de ojos negros, expresivos, labios muy rojos, pelo castaño, más bien baja que alta, y que contaría á la sazón
unos diez y siete años, manejaba á las mil maravillas, no
sólo la aguja de coser, sino la de marcar.....
¡Oh! no en balde se ha dicho siempre que la mujer
más inculta I la que tiene por alfombra las mieses y por
abanico la hoz, sabe de artes diabólico-amatorias tanto
como Mme. Maintenon.
-¿Y desde cuando estás tan enamorado?-preguntóle el compañero á quien se confió.
-Desde una mañana en que fui á pedirle ropa limpia y repasada ..... Ella me miró con bastante insistencia; yo la miré también con más insistencia aún, sintiendo que el corazón daba en mi pecho tales brincos
que parecían saltos mortales¡ y me flaqueaban las piernas, y me faltaba la voz, y hasta la saliva ..... Después, á
ella se le cayó un alfiler; me arrodillé para recogerlo
del suelo, donde lo vi brillar, y..... cuando se lo entregué, ella ..... tomando mi cabeza con sus dos manos,
me dió un beso en la frente. Creí en aquel momento
que era amado, y creí por tanto que no había en la
tierra hombre más feliz que yo. Y todo ello, como comprenderás , bastó y sobró para que le declarase mi cariño y mi predilección, y para que ella me correspondiese.
Seguimos viéndonos á cada instante; y nos hubiéra•
mos visto más y mejor, á no haberlo impedido el viejo é
insoportable inspector, que, cual otra sombra de Nino,
siempre se nos aparecía, y cada vez con menos oportunidad.
González se expresaba con singular vehemencia; su
voz era entrecortada i su adolescente y encantadora
fiebre le llevaba hasta el delirio.
Así es que los esfuerzos de su amigo por calmarle
eran inútiles.
Parecía un loco en miniatura.
-Pero aun no me has dicho qué es lo que motiva tu
desesperación-repuso el confidente.
-Que Luisa me engaña, y que el traidor, el infame,
el mal caballero, el que me ha desbancado, es mi íntimo
amigo Pepe Ríos. Y lo que más me indigna es que ella
le haya dado una hermosa trenza de su precioso cabello, recuerdo que á mí me negó, á pesar de mis reiteradas súplicas I de mi deseo de poseerlo. Estoy decidido:
ó yo mato á Pepe, ó Pepe me ·mata á mí.
-¡Hombre, no seas bárbaro!
-Lo que oyes; pero advierte que es como si nada
oyeras. Has de saber, y cállalo, repito, que el duelo
está concertado para mañana, sin falta, durante la hora
de recreo , en que los profesores duermen la siesta, los
colegiales menores juegan en el otro patio, y sólo sali•
mos los ma~•ores á este jardín, donde nos guarda el bruto
del pasante, que está siempre papando moscas y no ve
tres sobre un burro. Los mayores, pues, seréis nuestros
testigos.
Firme en su propósito, el exaltado colegial no atendía á razón ninguna.
A los prudentes consejos de su compañero contestaba
siempre:

-¿Y mi honor?
.
Y dejando que cayeran libremente por su rostro algunas lágrimas, añadía:
-No; no es la idea del honor la que más me obliga á
buscar la muerte¡ es la seguridad de que Luisa no me
quiere, la evidencia de su engaño, la poca conformidad
que siento, pues yo la quiero mucno y ..... esto, esto es
lo que me hace detestar la vida.
Ninguno de los colegiales osó delatar á los adversarios.
-Estos lances de honor deben ser respetados-decían
dándose mucho tono.
Y aunque parezca extra"ño, y hasta inverosímil, el funesto plan de los obcecados niños se realizó.
Había que verlos sobre el terreno.
En mangas de camisa, y blandiendo sendas espadas
que hurtaron de la sala de esgrima, mandoble por aquí,
mandoble por allá, bravos, furiosos, bañados por los rayos de un sol furioso también, sol espléndido cual sus
bríos, parecían dos ángeles exterminadores. La lucha
era cada vez más reñida, más atroz, pues como las ignoraban, no podían ~ujetarse á regla alguna. Ni sentían
que estaban heridos, ni reparaban en la sangre que ya
teñía la pechera de sus respectivas camisas. Esta trágica escena parecía interminable. ¡Pero al cabo tuvo fin!
González I víctima de un golpe tan fuerte como certero, cayó al suelo sin sentido.
La herida, muy profunda por cierto, fué en la frente,
y le produjo bastante hemorragia.
En la frente, sí, donde recibió el ósculo de Luisa.
Los demás colegiales, en extremo asustados, dieron
la voz de alarma.
Presentáronse los profesores, el director, la familia de
éste, y cuantos individuos había en la casa.
Fácil es concebir cuál y qué grande sería el asombro
de todos, asombro que rayaba ~n espanto, cuando ya
una vez en la enfermería, González fué acometido de
un síncope tan profundo, que los médicos no respondían
de su existencia.
Después de dos meses de enfermedad y una vez res•
tablecido, marchó á América al lado de su familia.
En cuanto á Ríos, el mismo día de la catástrofe fué
devuelto á sus papaítos, que residían en Andalucía.
Pues sepan mi amiga la Marquesa y mis contertulios
todos, que González, después de treinta y ocho años de
ausencia, regresó á Madrid; que González conquistó
honra y provecho en lejanas tierras, llegando, por sus
admirables conocimientos, á ser .. célebre viajero &gt;; que
luchó y sufrió mucho; que en Africa se halló amenazado
de muerte, no sólo por el furor de los indígenas, sino
por el rigor del clima; que vuelve con el rostro curtido
por el sol y el corazón destrozado por las amaguras,
pues perdió en un naufragio á su mujer, y en la guerra
á su hijo. Y sepan, en fin, que González, al encontrar un
día en el Casino á aquel camarada que fué su confidente, se apresuró á decirle:
-Tengo que advertirte una cosa.
-Tú dirás.
-¿Te acuetdas de la famosa trenza del cabello de
Luisa que Ríos poseía?
-Si.
-No ~ué un reg~lo que ella le hizo, sino un robo que
él cometió.
..:_¿Cómo lo has sabido?-preguntó el antiguo confidente, pudiendo apenas contener la risa.
-El mismo Ríos, á quien encontré en Buenos Aires,
me lo confesó.
Y González, al decir estas palabras movía con orgullo
la cabeza que antes adornaron rubios cabellos, blanca
hoy por el polvo del camino de la vida, y levantaba con
altivez la frente, aquella frente donde recibió el primer
beso de amor, y con la primera herida la primera maldad del mejor amigo.
Los recuerdos de otros tiempos, esas imágenes que,
según Heine, pasan por el corazón como los torbellinos
del vals por delante de un espejo de Venecia, pasaron
por su mente, alegraron su alma é iluminaron su mi•
rada con expresión indefinible.
¡Fué una corona de siemprevivas dedicada al recuer•
do del primer amor!
SALOMÉ NúÑEZ y TOPETE.

LIBRO DE MEMORIAS.
(NOVELA . )

f!J~i
)'¡ti)~·
c¡

27 de Octubre 188 .....

~ , : ' ~,•

ut ~icha! ¡ Ya estamos de regreso en l\Ja..
1 !.11 ¡_el &lt;, dnd!
f:~ C'! La verdad es que hacía un tiempo de•
~ f testa.ble en Guipúzcoa, y no hemos es' per~do á la apertura de las Cortes para
~... vemr á nuestra casita de la calle de Se ..
rrano.
r
i Y qué mortales horas de hastío he pasado
'!J' en.la qui!lta ..... es decir, en el cha!eau (porque así
~
_qmere m1 papá), en el Cliateaudelas Rofos!l\1e can•
saba de todo: de estudiar nocturnos, sonatas y
sonatinas; de leer nove litas inglesas llenas de jlirtation
~ de hipocresía; de romper agujas en mis labores de

~

crocite!.....
Y sin embargo, no hacía nada de provecho, porque el
cielo gris y la lluvia monótona del otoño me daban
sp/een, que es enfermedad, ó cosa así, británica, y por
lo tan~o m?y de 1!1º~ª· ¡ Como que algunas veces, pa~a
sacudir m1 aburnm1ento, me puse á jugar á la lotena
con los niños!
·
Y lo más irritante era que sólo yo me aburría: entre

los aguaceros que parecían diluvios, mis hermanitos
Luisa y Eduardo corrían por el campo con su inseparable miss Lucy; mi mamá descansaba de todos sus afanes del estío, y estaba contenta; mi papá, encerrado en
el despacho en compañía de su secretario particular,
pasaba días y noches preparando discursos, enmien?a~,
proyectos de ley ..... ¿qué sé yo? ..... ¡Ah! y en escnb1r
cartas á sus electores ..... á los electores influyentes en
su distiito natural.. ... porque se susurra que pronto ha
de haber nuevas elecciones generales.
He ahí una cosa que me asombra: que mi papá esté
siempre tan ocupado. ¿Pero no dicen por ahí que los
padres de la patria no tienen nada que hacer?
Aunque esto debe de referirse á los de la izquierda ...;.
y mi papá es de la derecha, y uno de los hombres pohticos más notables de su partido.
En fin, que mi ocupación más positiva en aquellas
mortales horas consistía sencillamente en contemplar
los retratos de todas las personas que amo, y que estaban colocados en fila sobre el mármol de la chimenea
de mi gabinete: primero, los de papá y mamá; después,
los de mis amigas queridas Juana y Susana; luego, los
de mis hermanitos Luisa y Eduardo, este último con su
traje marino, su primer traje de hombre .....

•••
8 de Noviembre.

Si no se divirtiese una en el invierno, ¡ qué estación
más insoportable!
Pero ¡ cuánto se divierten las personas de la buena
sociedad!
Y sin embargo, no sé todavía si mamá se decidir.á á
presentarme en los salones, _aunque ya he cu~ph~o
diez y seis años, porque precisamente ayer la 01 decu,
hablando consigo, y como respondiendo á algún pensamiento que la asaltaba: .. ¡No, no! ¡todavia es muy
niña!»
Y esto lo diría porque soy baja de estatura, porque
dice que .. tengo la desgracia de ser baja ..... &gt; ¿Pero es
culpa mía?
Además, no soy tan baja como se cree, sobre todo
cuando no estoy al lado de mamá, que es muy buena
moza, con un talle de reina ..... de reina que tenga buen
talle, por supuesto .....
Interrumpo mi escrito para mirarme al espej'o, y en
verdad afirmo que he crecido mucho en seis meses .....
Ahora soy tan alta como la estatua del Pilar que hay
sobre mi reclinatorio .....
Y he observado (no importa que·lo escriba en este
libro de memorias, porque nadie le verá) he observado
que estoy más linda que antes: mi busto se ha redondeado, no mucho, aunque sí lo bastante para suavizar
líneas y contornos, y mis ojos negros, que parecían demasiado grandes para mí, como si no hubieran sido
destinados á un rostro de niña, ahora son como yo de•
bía tenerlos, ni más ni menos, siempre negros, siempre
húmedos y brillantes, iluminando mis sonrqsadas mejillas.
El verano último llegó á nuestra Quinta de las Rosas
un caballero de edad, muy amable y muy cortés, con
esa antigua cortesía castellana que, según dice mamá,
desaparece de nuestra patria día por día¡ y una tarde le
oí decir cierta frase que recuerdo con delicia.
Hablaban papá y el caballero, y éste, designándome
con una mirada, dijo al autor de mis días:
-Cualquiera diría que la adivinó aquel poeta del siglo pasado que dijo á una dama de la corte de Carlos IV
y María Luisa: .. su cutis hace pensar en una hoja de
rosa caída en una taza de leche. &gt;
¡ Hermosa comparación! Por eso la recuerdo, por lo
bella ..... y también porque me füonjeaba.
Una cosa tengo que amo con delirio, que amaría con
delirio aunque yo me juzgase fea: mis cabellos.
¡ Qué cabellos! Son rubios, dorados, como si los rayos del sol les dieran color y brillo, suaves, ligeros, naturalmente rizados: en este momento los peino según
Jo exige la moda, estilo griego, y forman en mi cabeza
un conjunto delicioso. ¡Diríase que son un manojo de
doradas espigas!
Pero¿ qué es esto? ¿hago, sin querer hacerle, mi retrato físico?
Y ¿por qué me olvido de mi retrato moral?
¡Ah! este será más difícil, y acabaría con una confesión humillante ..... porque ¿lo diré? soy un poco ..... ¡un
mucho!... .. voluntariosa y coquetuela, como niña casquivana y mimada.
Pero también creo ser una honrada criatura que
anhela transformarse en persona prudente, juiciosa, razonable ..... y que no diga ni haga tonterías.
¡Ah! ¡ cuándo vendrá para mí ese tiempo dichoso!

peranzas, se me relega á la clase de las niñas que no
han terminado todavía su educación literaria.
Contaré lo que ha ocurrido.
Acabábamos de almorzar, y papá, que estaba en uno
de sus ratos de buen humor, preguntó á mamá, con su
acento más amable:
-¿ Qué piensas hacer hoy, Teresa?
Creo firmemente que, en la sinceridad de su alma,
cualquiera ocupación le importaba poco, y mamá debió
de creerlo también, porque le miró sonriendo, y dijo:
-Iremos á casa de la modista para que Julieta se
pruebe el vestido.
-¡Ah! ¿es lindo ese vestido?-me preguntó papá ..
-¡Precioso! Ya le verás: de paño de seda, color gns
acero, guarnecido de pieles ..... ¡Me dará el aspecto de
señorita mayor de edad!
¡Pobre señorita mayor de edad! ¡Pobre de mí, que
ignoraba lo que iba á seguir!
Porque mamá, que nos escuchaba sonriendo, con•
tinuó:
-Después ..... iremos á verá D.a Simona, á propósito
del curso de francés para Julieta.
Miré estupefacta á mamá.
-¡Un curso de francés para mí !-dije.-¡Ah, mamá!
Y mi acento debió de ser muy lastimoso, cuando
papá, dejando su taza de café, resp&lt;;mdió:
,
-¿Un curso de francés para Juheta? Pues yo cre1a
que la niña había terminado ya sus estudios.
¡Querido papá! ¡cómo venía su autorizada voz á socorrerme!
Pero en balde, porque mamá, sin aturdirse ante la
extrañeza de su esposo, añadió:
-Entiendo que esta niña es muy joven todavía para
no ocuparse en algo serio, y tiempo tendrá más adelante para perderle en cosas frívolas ..... El curso de
francés, además de ser fácil, es necesario para completar .la educación de una señorita.
Yo conocía que mi causa estaba perdida, porque ¡era
tan juiciosa y oportuna la opinión de mi mamá!
.
Y papá la escuchaba ya distraído, porque había mirado al reloj y vió que era la hora de encaminarse al
Congreso, donde quiere estar sin falta desde el principio de la sesión, cosa rara, según se CUinta, entre los
señores diputados.
Levantóse, y dijo á mamá:
- Como siempre, también ahora tienes razón, Teresa.
Y al pasar por mi lado, para sc1Jir_ del comedor, de_slizó una mano entre los bucles de m1 cabellera, me d1ó
un fuerte beso y me dijo con acento cariñoso:
-Vamos, hijita; á ver si eres razonable.
Y salió.
¡Yo habría llorado si me hubiese atrevido!

•••
17 de No\'iembre.

No siento, no, haber emprendido el curso de fran~és,
porque mis amigas Juana y Susana le siguen conmigo;
y ¡ nos encontramos tan bien las tres inseparables!
Y luego que Susana, la mayor de las tres, me ha reñido poco animado mucho y obligado á hacer formal
promesa de respetará nuestra superiora, la buena doña
Simona.
¡Cuánto te quiero, Susana mía! Si mamá me encuentra, desde hace algún tiempo, más sentada, como ella
dice, á tí, sólo á tí lo debo.
El hecho es que nuestro colegio es el selecto de la
coronada villa, una especie de academia en la que excelentes profesores ( casi todos viejos, por supuesto)
explican la ciencia y la literatura que debe saber una
muchacha bien educada ..... á la moderna ..... aunque á
mí no me importa ninguna clase, por fortuna, sino la
mía, las conferencias literarias en francés, que están á
cargo de un D. Ricardo, el más joven de los profesores,
hombre muy sabio, según se cue!1ta, que será algún dí~
ministro de Ultramar y académico de Bellas Artes, s1
continúa vigente en este país la ley de los viceversas.
La buena D.ª Simona se complace en dar á mi mamá
todos estos detalles, añadiendo que D. Ricardo es también un periodista de punta, que escribe artículos de
fondo y estudios sociales, que nunca se ha ocupado en
dar conferencias literarias en francés, y que las dará en
el presente curso por condescender á la _atenta invitación de la Sra. Peredas, verdadera orgamzadora de estas clases superiores para señoritas.
Y ¡ qué desgraciada ha sido la Sra. Peredas! Su marido fué agente de cambio, muy rico y honrado, y de la
noche á la mañana arruinado por malísimas operado•
nes de Bolsa, hu1ó al extranjero y la dejó con siete hi•
jos menores ..... ¡ (Jué cobardes son los hombres cuando
se empeñan en serlo!
.
.
, Así es que me parece una buena obra segmr m1 curso
de francés literario en el colegio que dirige la señora
Peredas¡ y si yo hubiese tenido tales antecedentes, no
habría mostrado ninguna resistencia en aceptar desde
14 de No\'iembre.
luego la proposición de mi mamá.
¡Estoy de mal humor, de malísimo humor!
Y es que las buenas obras son la pasión de mamá:
Desde nuestro regreso de Guipúzcoa vivía en un ver- nunca las rehusa, y siempre las hace con toda su alma,
dadero paraíso: no hacíamos visitas de cumplido, sino con ardiente deseo de hacerlas bien.
visitas de cariñoso deseo á mis amigas Juana y Susana;
¡ Querida mamá! Tienes razón I y yo procuraré imiíbamos á tiendas, cosa que adoro, y mamá también,
tarte.
aunque no lo confiesa, porque dice que es un gusto frí•
volo; preveía un invierno encantador, sin ninguna clase
de estudio, reservándome la música y la pintura como
24 de Nodembre.
ocupaciones serias .....
Mi amiga Herminia ha encontrado el mejor medio de
Porque tengo ya diez y seis años, repito, y suponía
no asistir al curso de literatura francesa: se casa.
contar con el permiso de mamá para formar lo que en
Se casa con un capitán de Caballería, y está encanParís se llama un atelier.
Y además soñaba con algunas soirtfes, no muchas ..... tada de pensar en que dentro de p~ca~ semanas tendrá
¡ eso no! ¡ es menester ser razonable!.. ... ni tampoco que meterse en una capital ~e pr1:&gt;vmc1a y for_mar parte
anhelaba espléndidos bailes, con tal que mamá los re- de la guarnición de un distn~o, leJOS de Madnd.
..
emplazase por un palco en el Real.
A mi mamá le ha sorprendido mucho esta boda, y d110
¡Ay de mí! En vez de cumplirse estas mis dulces es- anoche á mi papá:
1

••

-Puedes creer que no la había previstoj al ve~ _á esos
dos muchachos el verano último en San Sebastian, nadie hubiera dicho que eran novios.
-rBah!-murmuré yo, escuchándola.-Los padres se
olvidan de que ellos también han sido muchachos y novios.
Al contrario, querida mamá: Herminia y Carlos se
entendían perfectamente, aunque se hablaban poc? ;_ y
además ..... yo lo vi la víspera de la marcha de Herm1ma,
y ahora que ellos se casan, puedo referirlo ..... en mi libro de memorias.
Después de comer, en una noche de luna esplendente
y atmósfera perfumada, estábamos en el terrado d~ la
Quinta de las Rosas, y una señora, no recuerdo quién,
dijo así:
-¿ Saben ustedes que sería delicioso escuchar en
este momento la marcha del Sueiio de una noche de verano?
Y como todos sabemos que Herminia es una verdadera aitista, la invitamos á que la tocase en el piano.
Ella consintió muy gustosa, pero expresando que no
tenía allí sus papeles de música, y que tal vez no la recordase con exactitud¡ y tú, mamá, ¿note acuerdas? la
dijiste:
- Yo tengo la partition, para cuatro manos.
Y entonces Carlos, que es muy bu~n músico (una·rareza en un militar), se ofreció inmediatamente á acompañarla.
Pasamos al salón, y vosotras permanecisteis en el terrado .
Mi hermanita se situó al lado del piano para volver
las hojas, y yo, que tenía un fuerte dolo_r de cabe_za, me
instalé cerca de la puerta abierta, medio escondida entre la porti&amp;re, mirando y escuchando.
¡ Qué bellísima es la marcha del Sueño, en una noche
transparente y tibia, y bajo el inmenso pabellón del
cielo l Así es que cuando acabaron de tocarla resonó en
el terrado estrepitoso aplauso, y este grito general:
-¡Otra! ¡bis! ¡que se repita!
Desde mi escondite oí decir á Herminia en voz baja:
-¿ Quieres que toquemos el vals Il bacio?
Seguramente Carlos quería todo lo que quisiera Herminia, y ésta dijo á mi hermanita:
-¿Serías tan amable que nos trajeras el papel de El
Beso? Está en mi cuarto, encima del velador.
Mi hermana salió; yo continuaba escondida¡ Herminia, sentada en la banqueta, presentaba un perfil hermosísimo, destacándose en el resplandor de las bujías;
Carlos, que se había levantado para dar gracias por los
aplausos, estaba de pie al lado de Herminia.
De repente, con movimiento algo brusco, '"Se inclina
hacia ella, y veo que casi roza con sus labios los dorados bucles de Herminia, y oigo que la dice muy bajito:
-¡Cuánto te amo!
En aquel momento volvía mi hermana con el papel
de música, y los dos tocaron con amort el brillante vals
de Arditi.
Al día siguiente Herminia y sus papás regresaron á
Madrid, y ocho después se anunciaba la próxima boda
de los dos enamorados jóvenes.
¡ Así acabó aquella comedia del Sudio y del vals!
FLAVIO.

(Continuará.)

VISlÓN MARAVILLOSA.

¡.s

( HISTORIA DE NUESTRO TIEMPO.)

l'.~I

"-;,¡ {J~ ~ •

una de las calles más desiertas de la
histórica León, capital del antiguo reino
~
·~ de los Alfonsos y Bermudas, había una
\:.; ~
.I'. iglesia de paredes ennegrecidas por los si~ glas, de ventanales angostos y heterogéneos, ·de ancho pórtico adornado de bajos
relieves y estatuas.
El interior del santuario presentaba desolar aspecto : los cuadros estaban hechos pedazos,
gando los jirones de las pintadas telas, desgarradas por el viento, y balanceándose en los muros, como si las figuras de los santos y de los caballeros formasen un desfile de pálidos fantasmas¡ la nave,
embaldosada con piedras sepulcrales, rotas, hundidas,
Ji, cuyos epitafios y blasones habían sido borrados, era
lugar de bullicioso recreo para los muchachos díscolos
del barrio; el altar de piedra; tan ricamente esculpido
como d retablo mayor de la iglesia de San Nicolás de
Burgos, sólo tenía en ojival hornacina una imagen de la
Virgen María sonriendo con delicia á su Divino Hijo y
en actitud de presentar al pueblo fiel de Judá el Dios
salvador que se había hecho hombre por amor al género humano.
Pero nadie iba á doblar la rodilla al pie de aquel altar,
nadie entonaba himnos de alabanza, nadie quemaba
oloroso incienso ante aquellas abandonadas aras; y la
imagen de la Madre del Amor Hermoso y de la Divina
Esperanza estaba solitaria en aquel lugar santo profanado por la incuria de los hombres.
Antiguamente el noble pueblo de León, y también los
millares de peregrinos que por allí pasaban á Santiago
de Compostela para postrarse ante el sepulcro del glorioso Patrón de España, agrupábanse en la veneranda
iglesia, porque se decía que un caballero castellano, al
regresar de la primera cruzada, había traído de Jerusalén aquella imagen de la Virgen, ante la cual se habían
realizado asombrosos milagros; pero en la guerra de
Sucesión, y más tarde en la funesta de la Independencia, los soldados franceses habían entrado á saco en el
templo, robando los vasos sagrados y los ornamentos, y
mutilando las estatuas y los cuadros, sin respetar el
venerado simulacro de la Virgen.

�115

LA MODA ELEGANTE, PERIÓDICO DE LAS FAMILIAS.
LA MODA ELEGANTE, PERIÓDICO DE LAS FAMILIAS.

114

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11.- TraJe para niñas de 9 á 10 años.

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12 y 13.- Yestido para niñot de 2 años.
Delantero y e1palda.

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17 4 20.-Trajes de primavera.

U y 15.- Trajes de baile.

15.-Delantal para aeñoritu

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LA lléODA E,..EG},XTE, PERIÓDICO DE LAS FA~ILIAS.
LA MODA ELEGANTE, PE R IODICO DE LAS FAMI L IAS.

Y luego, entre las revueltas políticas, las convulsiones de la primera época constitucional, los furores de
la guerra carlista, nadie pensó en restaurar el templo
ni la imagen ..... y las tristes arañas tejieron sus telas en
las antiguas esculturas del artístico retablo.
¡Ah! El recuerdo del esplendor de aquella iglesia no
se conservaba sino en la memoria de los vecinos más
ancianos, que habían oído á sus abuelos contar la historia de la imagen, y que suspiraban con desaliento:
-¡En nuestros días se deja en olvido á la Santa Madre de Jerusalén!

•••
Años hace vivía ~n León una piadosa familia, cuya
morada no estaba leJos de aquel abandonado santuario:
constituíanla los señores de Ruilópez y su hijo Claudio
niño de siete años, objeto del único amor de SU!, pa~
dre~, de sus tiernas inquietudes y de sus fervientes pleganas.
Porque Claudio tenía la belleza, la inocencia y la piedad d~ l_os ángeles, y veneraba á la Virgen María con
un rehg1oso afecto muy superior á su edad casi infantil.
Solía acompañar á sus amigos, cuando salían del colegio, á la solitaria iglesia, para buscar nidos de pájaros en los árboles del pórtico y en los huecos de las
esculturas y de_ las paredes; pero un día, cuando supo
que el santuano estaba dedicado á la Madre de Dios
interrumpió sus juegos, arrodillóse ante el altar y cantÓ
en ~ltávoz el _Ave lilaría, en acción de desagravios por
las urcverenc1as que antes había cometido inconscientemente.
Y cuando volvió á casa, separándose de sus díscolos
c~mdiscípulos, rdirió á su madre que en la capilla había
visto una estatua de la Virgen, cubierta de polvo sin
coro .. a, sin luces, sin flores, sin fieles que orasen ~nte
ella con piadosas plegarias, más gratas que la brillante
claridad de los .cirio~ y el aroma del incienso y de las
rosas; y en el mismo mstante la m1dre de Claudia formó
un soberbio ramo con las flores más bellas de su huerto,
t:ompró dos velas de cera y se encaminó con su hijo á.
la solitaria capilla.
Claudia subió al empolvado altar, y limpió con el mayor respeto las capas de polvo que le cubrían, y luego,
ayudado por su buena madre, colocó los cirios y las flores alrededor de la imagen.
La Virgen parecía sonreir con aquellos homenajes de
amor?sa fe, tan sencillos y tiernos, y madre é hijo se
arrodillaron en las gradas del altar, cantando el niño con
pura argentina voz los himnos que su madre le había
enseñado cuando ella misma los cantaba al mecerle en
la cuna.
Todos los días la madre y el hijo hicieron desde entonces una visita á la capilla, para ofrecer á la Virgen
nuevas flores y oracicn:s siempre fervientes¡ y los mu•
chachos del barrio no se atrevieron ya á profanar con
sus juegos aquel sagrado recinto.
Poco á poco el templo fué restaurado á expensas de
los señores de Ruilópez: un día los cuadros aparecieron
colgados en los muros; otro día un vidriero colocó los
cristales en las ventanas rotas; al mes siguiente una
cuadri ll a de albañiles arregló el pavimento de la nave
juntó las piedras sepulcrales que estaban desunidas, Y
lavó las esculturas y las paredes.
Y cuando la antes abandonada casa del Señor ofrecía
e) grato aspecto de un nuevo templo, el altar fué cu•
b1er~o de blanca sabanilla, y adornado con un crucifijo
y seis candeleros con blancos cirios.
T~das las tardes resonaban en aquel santuario los
cánticos de_l fervoroso Claudio, según las festividades
que la Igles1a celebraba: ya era la dulce Salve, plegaria
de los tristes hijos de Eva á la Madre de la Esperanza;
ya el gozoso Regina cali de los días de Pascua, el Stabat
Mater de la Semana Santa, ó el Ave maris slella de los
míseros navegantes abandonados al furor de encrespa•
das olas.
Y el corazón de la señora de Ruilópez se fundía en
dulcísimas lágrimas cuando resonaba en las bóvedas del
restaurado templo los himnos de su hijo Claudia, cantados con. voz tan melodiosa y pura que hacía soñar con
los cánticos de los querubes ante el trono del Altísimo.

•••
Pero todas las alegrías de este mundo son de breve
término.
Un día Claudio no apareció en la capilla, y por la tar•
de, su madre, con los ojos encarnados por el insomnio
y el llanto, llegó presurosa ante el altar, encendió una
vela y se alejó rápidamente, como si hubiese dejado á
la temblorosa luz del cirio el encargo sublime de presentará la Virgen misericordiosa las angustias que afli•
gían su corazón de madre.
Claudio estaba enfermo: un mal repentino terrible
le había abatido, como el huracán abate la flor ~ás bell~
de los jardines.
Durante cuatro días, por la mañana y por la noche la
desolada madre fué á la capilla para encender nue~os
cirios; mas en la tarde del quinto día ya no fué: Claudio
estaba agonizando.
Y el pialloso niño, después de una lucha dolorosa
con su mortal enfermedad, tranquilizóse un momento
volvi~ los apagados ojos hacia sus padres, que estaba~
arrodillados á la cabecera del lecho, y extendiendo ha•
cia ellos sus manitas, les dijo:
-¡Padre mío! ¡Madre mía! No lloréis por mí 1 que la
Santísima Virgen me llama y me espera ..... ¡ Aue, Maria
ave!.... .
'
Y la voz se extinguió con el último aliento de la vida
del pobre niño; aquella voz armoniosa calló para siem•
pre en este mundo.
¡Pobres, pobres padres! Cayeron desvanecidos sobre
el pavimento, como si un ángel les hubiera tocado con
sus alas al volar á los cielos; pero el ángel se llevó con-

sigo toda la terrenal alegría que palpitaba en sus cora•
zones.
Y no se les vió sonreir en lo sucesivo, y sus ojos,
cuando se encontraban en triste mirada 1 sólo tenían lágrimas¡ para siempre había desaparec ido de aquella
morada el rayo del sol, el gorjeo de la canora avecilla,
la flor. hermosa .Y perfumada que antes la embellecía¡
para siempre remaban allí las tinieblas el silencio la.
tristeza que no puede consolarse con nada.
'

•••
Pero la pobre madre continuó visitando como antes

su querido y venerado santuario y arrodillada á los
pies de la imagen de la Virgen l¡mentábase del rigor
del golpe fatal que la había traspasado el corazón.
-Vos también, señora-decía-vos también habéis
llorado, en soledad angustiosa la muerte de vuestro
divino Hijo; pero ¡oh Virgen sa~ta! ¡oh Madre afligida!
¿por qué no habéis intercedido por la salvación de mi
dulce Claudia?
Y un día, r~ndida por el insomnio y el dolor, quedóse
postrada al pte del altar .....
Y de repente, en visión de esplendidez maravillosa,
ya no vió los pardos muros de la capilla, ni la hornacina
del altar, ni la imagen antigua y venerada, sino un inmenso espacio de luz, campos sin límites y más brillantes que el fulgor del sol, en los que se agrupaban co•
hortes de figuras resplandecientes, ca be zas de ángeles
de belleza incomparable, vírgenes hermosísimas con
palmas y lirios, mártires ceñidos de laureles, profetas y
apóstoles, y doctores de mente inspirada, todos llenos
de alegría inefable, de felicidad que no es de este
mundo perecedero.
Y aquellas innumerables cohortes rodeaban á una Se•
ñora ..... ¿ quién describirá su belleza?..... á una señora
que se elevaba sobre todos como la aurora naciente, bella
~omo la luna y brzl/a11te como el sol, y que, revestida de
mmortal esplendor, dignábase fijar su mirada amorosa
en la madre afligida y siempre creyente.
-¡Oh Santísima Virgen!-exclamó en éxtasis lama•
dre de Claudio, elevando sus manos trémulas hasta la
celeste aparición.
-¿Por qué lloras?-preguntó la dulce voz de Ma•
ría.-¿Por qué te lamentas, oh madre cristiana? No
llores más, porque tu hijo está conmigo en la gloria, y
mi amor le ha libertado de los peligros que amenazaban
á su alma ..... Escucha, y en este lugar donde tu hijo
cantó mis alabanzas, oirás todavía su voz.
Y la voz de Claudia, la voz de aquel hijo idolatrado
resonó otra vez en el ámbito del templo, cantando armoniosamente el Ave Maria .....
Y de repente desapareció la maravi!Iosa visión, y la
capilla volvió á llenarse de las sombras del crepúsculo¡
un pálido fulgor del sol poniente entraba por los venta•
na les del templo, iluminando la imagen de la Virgen; la
voz celeste, la purísima voz de Claudia reflejaba toda•
vía sus argentinos ecos en las bóvedas y en los muros
de la ancha nave.
Levantóse la madre, temblorosa de emoción, y buscó
á su hijo querido .... .
¡ No le encontró! ..... Y cayó de rodillas en éxtasis de
esperanza, mientras se extinguía la dulcísima voz que
cantaba las alabanzas de la divina Consoladora de Afligidos.

. .... ... . . .. . . . . . . . ... . . . . ..... . .. . ..... . .. ... .. .. .

•••

. Pocas semanas después, los esposos Ruilópez adqui•
neron en forma legal la propiedad de aquella iglesia, y
fundaron en ella un convento de religiosas que todavía
existe.
Y en la misma nave, allí donde la madre de Claudio
fué regalada por el cielo con aquella visión maravillosa,
duermen los cff&gt;s, en modesto sarcófago, el sueño de la
muerte, esperando la resurrección y la vida.
Y día y noche se elevan en el santuario sentidas ple•
garias, voces argentinas de vírgenes del Señor que celebran las grandezas de Jesucr!sto y de su divina.1ijadre.
CONDESA DE CAMPOBLANCO,

EN TU LIBRO DE MISA.
Versos te ofrezco en tu día

Y espero que me perdones.
¡ Si es para tí, madre mía,
Bien cabe una póesía
En un libro de oraciones!
Entre imágenes levanto
Hasta tí mi dulce canto.
Si es el libro celestial,
También el amor filial
Es bendito y sacrosanto.
No profano el libro así
Y mi nombre encierro aquí:
¡ Dios y yo, juntos los dos,
Que no ha de ofenderse Dios
PQrque yo te cante á ti!
Cuando en el altar postrada
Reces con ferviente anhelo,
Junto á tí, madre adorada,
Compartiré con el cielo
El fuego de tu mirada.
¡ Si soy toda tu ventura,
En el libro que bendijo
De la fe la luz segura,
En vez de otra imagen pura
Guarda el nombre de tu hijo!

Jost jACKSON

VEYAN.

117

A .....
De tu álbum en las hojas de colores
Y después de admirar tu póesía,
¿ Quieres que escriba, con la musa mía?
Pudiendo ver la flor de los amores,
¿Quién la del desengaiio miraría?
SOLEDAD l\'fARTÍNEZ

Y

ÜRTIZ DE LA TABLA.

Llc!l'na (Badajoz : .

LA MUJER DEL NÚMERO UNO.
(RECUERDOS.)

~•~i~
ABf.1s leído en los periódicos de noticias
~ ( ; que actualmente se efectúa en Madrid y
r

~

\G1.

C'

'f!)

?,i,~;)

i~

en las provincias el :·ngreso en caja ( frase
técnica) de los quintos del último sorteo?
Pues voy á contaros una Jiistoria que yo
.he presenciado hace algunos años.

•••

Hallábame una mañana en el vestíbulo del ele~
gante palacio de la Diputación provincial de X•••
\ ( permitid me que oculte el nombre de la capital
de provincia donde ocurrió este suceso), cuando llegó
una joven aldeana muy linda, con el semblante apenado
y lleno de lágrimas.
·
Al verme, arrodillóse á mis pies, y antes de que yo
pudiera levantarla, cubrió de apasionados besos mis
manos y mis vestidos.
-¡Madre bienhechora!-me dijo sollozando.-¡Salvadle, salvad le, y os bendeciré toda mi vida!
El dolor de aquella mujer, casi niña todavía, era tan
sincero, que me conmovió profundamente.
-¿A quién he de sa,lvar,"infeliz?-la pregunté, pro•
curando tranquilizarla.
-¡A mi marido!-gritó.-Quierenque sea soldado, y
si le llevan, moriré.
-¿Pero quién es tu marido?
-Andrés-contestóme, sin dejar de llorar.
Andrés era hijo de uno de nuestros colonos, y mima•
rido, el coronel encargado de ultimar las enojosas operaciones de la quinta en la capital de la provincia, le
estimaba por su laboriosidad y honradez.
Pero la ley estaba terminante, y no había esperanza
de salvación para el pobre mozo¡ éste había sacado e n
el sorteo el número uno; tenía la talla, y la salud y ro•
bus tez necesarias para el servicio militar¡ detrás de él
había dos hermanos suyos, que trabajaban y mantenían
con el producto del trabajo á su madre viuda .....
El dolor de la joven tenía, por lo tanto, causa legítima.
-Hija mía-contesté-por desgracia no puedo hacer nada. en favor tuyo; nada, sino prodigarte consuelos. ¿ Qué quieres? Así es la voluntad de Dios.
-¡Madre bienhechora!-repitió la linda aldeana.
Y cuando yo iba á abrazarla, observé que palidecía,.
cerraba los ojos, se estremecía .... . y cayó desmayada.

•••
Pedí socorro, y se transportó á la joven á la portería..
del palacio, donde en breve recobró el conocimiento; y
como el llanto alivió su angustia, sentéme á su lado, y
la rogué que me contara su historia.
He aquí lo que me contó, una novela tan conmovedora como la de Pablo y Virginia.
-Tengo diez y seis años-dijo-y estoy casada con
Andrés hace seis meses..... Me conoció en la fiesta del
pueblo, nos amamos y nos prometimos ser esposos
cuando yo llegase á mayor de edad, porque soy huérfana¡ pero como esto era muy largo, conseguimos que
el cura párroco nos diera la bendición nupcial seis me•
ses antes de cumplir yo los diez y seis años..... ¡ Qué felicidad, madre bienhechora! Vivíamos tan dichosos
como los ángeles en el Paraíso, y tuvimos pronto el
triste presentimiento de que nuestra ventura no habría
de durar mucho tiempo: ¡ Andrés ha sacado el número
uno! ¿Hay desdicha como la nuestra? ¡No, no tendré
fuerzas para resistirla!
-¿Y qué dice tu marido?
-Llora, señora, llora todo el día ..... Pensó en huir,
en esconderse en los bosques de la montaña ..... ¿pero y
si le hubiesen cogido y sentenciado á dura pena por desertor? Entonces determinamos venir á ver al coronel,
y á usted, madre bienhechora, que sois tan buena .....
Y otra vez se prosternó delante de mí, suavemente ,
sin estremecerse como antes, llorando, tapándose el
rostro con las manos, sin voz, sin fuerzas, anona.dada
en su dolor de amante y de esposa amada.
Y aunque yo estaba persuadida de que todas mis gestiones resultarían inútiles, prometíla interceder por su
marido, hablar á mi esposo el coronel I hacer en su favor tanto como hubiera hecho por una hija¡ y la des·
pedí con un abrazo, infundiendo en su afligido corazón
una débil esperanza.
Naturalmente, mi esposo rechazó, como yo suponía,
mis súplicas, y la infeliz Mariana y su marido Andrés no
debían esperar nada, nada, sino el cumplimiento exacto
de la ley.
-Ese caso-me contestó el coronel-no es más digno de interés que otros semejantes que pueden ocurrir.
¿ Sería oportuno dejar sus maridos á todas las mujeres
que vinieran á reclamarlos?
-Pero tales caso~no son frecuentes-le repliqué-y
para una como la pobre Mariana, que viene llen a de
dolor y de lágrimas á suplicar por su marido, encontrarás mil que deseen ardientemente librarse de sus res•

pectivos esposos, borrachos, holgazanes, discolos, y
miserablemente indignos de compasión.
-¡ Daría un ejemplo muy deplorable!
-Pero, hombre, por Dios, ¡si es una infeliz recién
casada, que adora.á su marido!
Mi esposo el coronel sonrió, pero se mantuvo infle xible.

encontró palabras para darme gracias me cogió las ma•
nos y me las besó cien veces.....
'
L!egó la hora del reconocimiento, y me dirigí con
Manana á la sala donde se hacía el examen de los re clutas.
¡ Qué sala más triste, más llena de sollozos y gemidos!
Madres, esposas y hermanas de los quintos estaban
s~nta.das en banco~ de madera, y en un estrado, presidiendo el acto, ve1ase al coronel y á los médicos.
Mariana tomó asiento en un banco, y yo me senté á
Al día siguiente, cuando Mariana fué á saber el re•
sultado, la transmití -con precaución la respuesta del su lado, con un frasquito de sales en la mano y en previsión de otro síncope de la muchacha.
coronel.
Dos ó tres reclutas pasaron por delante del coronel,
No lloró, sin duda. porque no tenía ya lágrimas; pero
miró me corr tristeza. infinita, me saludó inclinando la dieron sus nombres, no presentaron exención de nincabeza, y dirigióse vacilante á la puerta de la sala, ha- guna clase, sufrieron un reconocimiento muy sumario,
y ..... resonaron sucesivamente estas palabras:
ciendo un ademán de febril desesperación.
-¡Util! ¡Soldado!
-¿Adónde vas?-la pregunté, corriendo hacia ella, .
Llegó el turno á Andrés.
y deteniéndola..
-¡Ten valor!-dije á Mariana al oído.-Yasabesque
Y me señaló con un movimiento de cabeza el hondo
río que pasa cerca del palacio de la Diputación, y cu- esto es una fórmula para tu esposo.
Ella me miró con expresión de angustia, y en seguida
yas aguas reflejaban la. espl~ndente luz del sol.
-¡Cómo, ingrata! ¿No temes á Dios?-la dije, sa• clavó la mirada en Andrés.
El muchacho estaba de pie ante el estrado, y respon·
cudiendo con fuerza su brazo.
-¡No quiero ver que se llevan á mi marido!-res• día con voz serena, aunque gruesas gotas de sudor respondió en voz apagada.-Dios me perdonará, porque balaban por su frente y mejillas.
-¡No ttngas miedo!-dije á Mariana, que temblaba.
soy muy desgraciada .....
Y Mariana, sin hacer caso de mis palabras, contiY aunque se apoyó al punto en la puerta de la sala,
nuaba mirando á Andrés, escuchando sus respuestas,
cayó inerte sobre el pavimento.
-¡ Venga usted! ¡corra, por Dios!-grité desespera- siguiendo sin pestañear siquiera todas las terribles pe·
ripecias de aquel drama en un minuto.
mente, viendo pasar por una inmediata galería al mé·
De pronto, concluido el reconocimiento facultativo,
dico de la casa.
pronunció un médico estas palabras:
Y en seguida me dirigí corriendo á la sala donde
-¡Util para el servicio!
estaba mi esposo ordenando las listas de los reclutas
Y resonó al punto la voz del secretario, exclamando:
declarados y de los que faltaban todavía, y re dije con
-¡Soldado!
acento de desesperación:
El coronel se levantó como impulsado por un resorte,
-¡Ven conmigo! ¡ven al instante!
y guiñó imperceptiblemente su ojo derecho para indi·
Me siguió en el acto al verme tan agitada¡ y cuando
hubimos entrado en la sala, mostrándole el cuerpo in- carme que confiáramos en él... ..
-¡Mariana! ¡Mariana!-dije á la muchacha.-Vámoanimado de la joven esposa, le dije:
nos, que Andrés te espera.
-¡Ahí tienes tu obra!
Mariana no respondió.
El coronel miró largo rato á la desgraciada mucha•
La toqué en el hombro, y no hizo ningún movi•
cha, belleza casi infantil, que se asemejaba á una flor
segada prematuramente, y cuyos hundidos ojos, som- miento.
-¡Mariana! ¡Vamos, vamos pronto!-grité.
breados por círculos de color de violeta, eran más eloAndrés llegó entonces, terriblemente pálido y vaci·
cuentes que mis apóstrofes.
Llegó el doctor, prestó sus buenos servicios á Maria- !ante: miró á su mujer, lanzó un grito, la estrechó en
na, y ésta no tardó en recobrar el conocimiento¡ mas yo, sus brazos, hizo un esfuerzo poderoso para levantarsin consentir que la infeliz muchacha saliera de nuestra la ..... y la dejó caer inerte.
La infeliz esposa había muerto súbitamente de dolor
casa, hice llamar á su marido Andrés I y en seguida invité á mi esposo y al doctor á que pasaran conmigo á y espanto, al oir la siniestra declaración del médico:
-¡ Util para el servicio!
otra sala inmediata.
-¿ Qué opina usted de esa mujer?-pregunté al mé·
dico.
l\fi esposo deploró tan sinceramente el triste deseo•
-Que tiene una complexión nerviosa muy delicada, lace de este drama conyugal, que una semana después,
caso raro entre las campesinas .....
terminadas las operaciones de l reemplazo, pidió su
-¿Y de sus frecuentes desmayos?
retiro.
-Q ue producirán la muerte si se repiten á menuEl viudo Andrés (ué á visitarnos pasados algunos días,
do ..... Detrás de ellos hay una grave enfermedad car• vistiendo el uniforme y los galones de cabo segundo de
díaca, y á esa predisposición morbosa debe la joven cazadores.
-Saqué el núm. 1-nos dijo con resignación-y la
su excesiva sensibilidad y el amor apasionado que tiene
voluntad de Dios era. que yo marchase á servir al Rey y
á su marido.
Sin detenerme á pensar en el concepto de escepticis- á la patria ..... ¡ El nos ha castigado por no someternos
mo que envolvía esta última frase del médico, dirigíme
humildemente á sus divinos designios!
al coronel, diciendo:
ALICIA DE CASTRORRUBIO .
-¿Y tú qué opinas?
Encogióse de hombros, y no respondió.
-¿Luego quieres matarla? Pues te haré responsable
de su muerte.
CORRESPONDENCIA PARTICULAR.
-¡ Permíteme, querida esposa l - respondió entonces
el coronel.-No seria yo en ningún caso el responsable,
Exclusivamente serán contestadas en este sitio las
sino la ley, de la cual soy concienzudo· intérprete.
consultas que, sobre asuntos propios de las secciones
-Veamos, coronel-repliqué fríamente.-La ley po· del periódico, se sirvan dirigirnos las Señoras Suscrito•
drá ordenar que sea sentenciado á sufrir duro castigo, ras á las ediciones de lujo, demostrando esta circuns•
hasta la muerte, el marido de esa mujer, si es desertor tancia con el envío de una faja del_ mismo periódico, ó
ó no se presenta al llamamiento¡ pero la. ley no alcanza
por cualquiera otro medio.
por ningún concepto á una mujer, ¿entiendes? ¡ á una
Las consultas que se nos dirijan en carta anónima, ó
mujer!. .... Ya no se trata de Andrés, sino de su esposa que vengan firmadas por personas que no demuestren
Mariana, y si ésta muriese al vel" que se llevan á suma• debidamente ser suscritoras, no serán conte~tadas.
ridQ, según ella dice, tú la habrías matado con golpe tan
mortalmente certero como si un pelotón de soldados la
Á D.a CAROLINA G. DE M.-Voy á tener el gusto de
hubiese metido en el cráneo doce balas.
-¡Un pelotón de soldados! ¿Sabes, esposa mía, que explicarle la manera sencilla de hacer pastillas de café.
Se pone en un cazo la. cantidad de 300 gramos de
ves las cosas por un lado muy triste?
-Querido coronel: nosotras, las mujeres, por for· azúcar molida y pasada por un tamiz, á la que se va incorporando café con leche hasta formar una pasta bien
tuna estamos libres de la ley militar, y supongo que tú
no serás más realista que el Rey..... Doctor, ¿ le habéis trabada; se remueve en seguida sobre la lumbre con
una espátula, y al primer hervor se retira, se vierte
dicho que Mariana morirá?
-¡Perdón, señora !-contestó el médico.-Yo no he sobre una placa de mármol untada de aceite de almen•
dras dulces, se forman las pastillas y se dejan enfriar.
dicho que seguramente morirá, sino que podría morir.
Haga el favor de leer mi contestación A I. S. C. Pal-¡ Lo mismo da!-eXclamé vivamente.-Si esa muma, en nuestro número del 30 de Enero de 1891, y verá
jer muere de pena después de la marcha de su marido,
la receta de los bombones de cllocolate. Igualmente puede
el coronel y usted, ante Dios y los hombres, serán resver en mis contestaciones A Ciriaco, A/merla, y á do,1a
ponsables de su muerte.
-Perdón otra vez, señora: yo no represento nada en A. G. de B., en nuestros números del 6 de l\larzo y 6 de
Febrero de este año, dos postres de pastas, y si quiere
este asunto ..... El coronel... ..
-¿El coronel? ¿Luego eres tú solo, solo?-grité, tomarse la molestia de leer la Correspondencia particular
del periódico aprenderá á hacer muchos y muy varia•
acercándome á mi esposo.
dos postres, pues raro es el número en que no publica•
Y mi buen esposo, retrocediendo un paso, empezó á
pensar, lo cre,o así firmemente, en que era más fácil mos alguna curiosa receta.
La mantilla de blonda quedará perfectamente laván•
mandar un regimiento de caballería que resistir á una
dola con cerveza, y después de bien exprimida, planmujer obstinada.
Porque entonces me prometió que Andrés sería so• charla entre dos franelas.
Para la enfermedad que indica en la cabeza, lo mejor
metido al reconocimiento facultativo, como todos los
reclutas, y que con un pretexto cualquiera los médicos es el vino de quinina ó de ron y quina: dése todos los
Je declararían inútil para el servicio militar.
días a1 peinarse.
¡Me faltó tiempo, creedme, para anunciar tan grata
Á D.a A. C. B.-Voy á describirle el traje de caza que
promesa á los desconsolados cónyuges!
desea.
Falda. lisa muy corta, de pañete, mezcla gris ó beige,
ó de paño escocés á cuadros grandes.
Nadie muere de alegría, dígase en contra lo que se
Casaca con solapas, bastante larga, y abierta sobre
quiera, cuando Mariana no tuvo el más leve desmayo al un chaleco de gamuza.-Bota. alta de gamuza ó piel
recibir aquel grato anuncio: mirábame en éxtasis, no clara, y sombrero de fieltro de alas semianchas y una

•••

pluma de ave coloéada al través en el lado izquierdo
con un broche de plata oxidada.
AD.a CARMEN C. G.- Siento nó poderle complacer
en su indicación, por no serme conocida ninguna señorita que reuna las condiciones que usted desea.
Á D.ª Lu1sA R.-En nuestro número del 28 de Febrero
último hemos publicado un artículo explicando detalladamente el Peinado á la griega.
Este peinado llevan las señoritas de la. edad que usted
indica, y lo mismo lo usan para paseo que para reunión
y baile.
Á PíA. -Las franelas y merinos blancos se lavan con
agua templada en la que se ha cocido antes regular
cantidad de patatas, partidas en pedazos y mondadas,
y salvado. Se restriega bien la franela ó el merino en
dicha agua, se aclara y se tiende donde no le dé el sol
ni el aire.
Con los cuatro abecedarios de mayúsculas y minúsculas que venimos publicando en las Hojas -Suplementos del
periódico se puede formar el nombre que desea, pues
se publican t"Xpresamente en dos tamaños, á fin de que
sirvan para sábanas y almohadones.
Voy á darle la receta del cold-cream.
Se ponen á fundir, al baño de María, 20 gramos de
cera virgen y 50 gramos de esperma de ballena en
200 gramos de aceite de almendras dulces, y todo se
mueve y tritura bien hasta que forme una crema perfectamente mezclada.
Se retira entonces del fuego, y se le va incorporando
poco á poco, sin dejar de batirlo, 20 gramos de agua
de rosas dobles, otros 20 gramos de glicerina y 10 gotas
de esencia de rosa para perfumar. Debe batirse el co/dcream lo menos media hora, pues cuanto más se bate,
más blando y fino resulta. En seguida se echa en los tarros y se deja enfriar.
· A D.ª AMPARO S. -Los peines de concha, lo mismo
que los de búfalo, se lavan con un cepillo en agua templada, en la que se echa media copita de amoníaco. Se
les da dos aguas y se secan bien, frotándolos con un
paño de hilo.
Á UNA EcoNÓMICA -Los grabados 20 y 21 de nuestro
número del 14 de Febrero último son modelo de un
traje á propósito para niñas de la edad que usted me
dice. Debe adornarlos, mejor que con terciopelo ó surak,
con trencillas de seda dispuestas según se indica en el
figurín .
A LucíA. - Las manchas de grasa, quemaduras, etc.,
en el mármol, se limpian perfectamente de esta manera:
se disuelve en poca agua una dosis de cincuenta gramos
de cloruro de cal y se embadurna bien toda la piedra,
dejándolo así durante media hora. Pasada ésta, se aclara
con una esponja y se seca bien.

A D.ª MARÍA S.-El adorno que mejor sentará á los
trajecitos de tela, de la muestra que me envía, es faya del
mismo color, ó de un tono algo más obscuro.
Á D.a EusA C. DE C.-Aunque la moda indica los vestidos largos en las niñas, aun no se ha hecho general;
y tanto es así, que en su mayoría llevan los vestidos
cortos.
SRA. D.a BALDO;o.tERA H.-Para baile, las señoritas llevan
los vestidos con adornos sumamente vaporosos y lige•
ros, y por lo tanto ninguno de los dos que me indica es
á propósito.
Lo que más se usa son tules, gasas bordadas ó eres•
pón, lazos de cinta ó grupos de flores menudas¡ y las
gasas en el crespón I dispuestas en rucltts, coquil/és, volantes, fichús rodeando el escote, etc., etc.
Lea mi contestación Á ,ma Ribereña, en nuestro nú•
mero del 28 de Febrero de 1891, y verá explicada la.
manera de llevar las señoritas las flores en los trajes de
baile.
Á UNA MuRCIANA.-En nuestro número del 28 de Febrero Próximo pasado hemos dedicado un artículo á
describir el Peinado á la griega, ósea el que más llevan
las señoritas de la edad que usted me indica.
Sí, es costumbre que las señoras y señoritas vistan de
negro el día de Viernes Santo, y claro es que llevando
sombrero, éste debe ser también negro ó muy obscuro.
Las tarjetas de felicitación no llevan nada escrito.
Sí¡ en las presentaciones es suficiente hacer una inclinación de cabeza.
La fecha en las cartas se pone esquinada en el lado
derecho, pero un poco más alta. que usted la ha puesto.
El papel de cartas para señora debe ser inglés, blanco
ó color pergamino, con las iniciales timbradas muy pequeñas.
Se ha generalizado en los vestidos de calle el uso de
llevarlos 10 ó 12 centímetros rozando el suelo.
Las señoritas no llevan más pulseras que aros ó cadenas estrechas, con pedrería de poco valor.
Á u~A JovENCJTA.-Puede asegurarse que los trajes
de primavera y las manteletas de encaje llevarán el
cuello Médicis, tan de moda en esta temporada, así
como se seguirá llevando las mangas muy fruncidas y
que suban mucho del hombro.
Todavía se puede llevar hasta fin de Abril el traje
de paño; y para la primavera, las lanillas rayadas y de
mezcla en fondos grises y bei'ge serán la gran moda.
Ciertamente seguirán llevándose las faldas lisas, plegadas en abanico por detrás¡ mas ya empiezan á dra•
pearse, y se han puesto muy de moda los paniers.
Las mangas de tela diferente de la del traje, los bor•
dados y la pasamanería serán los adornos más aceptados en esta primavera.
Para perfumar los vestidos se pone entre ellos, cuando
estén colgados, un sac/Jet de íris y heliotropo.

ADELA P.

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22.-Corplño para traje de recibir.

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.diCO •Madrid,
23,-TraJe de entretiempo.

24.-TraJe de desposada.

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calle de Alcalá·, núm. 23.

._. BuE~os-ArnEs,Demarchi b...,.MoNrt.:vua:o,Lutun.-llu1co,lanDe11Wiag_aert.

�119

LA MODA ELEGANTE; PERIÓDlCO DE LAS FAMiLIÁS.
te recomend9:da á. la gente de buen tono, que aprecia~': una
m1n1era particular la finura J suavidad de estos deliciosos
J&gt;olvos.
Medalla de Oro y Cruz de la Legión de Honor en la Exposl•
ción Universal de París de 1878.

EXPLICACIÓN DEL FIGURIN ILUMINADO.
Núm. 10.

~-~~....:..~-

Traje de soiree. -Este traje se hace de raso color turquesa y tul bordado negro. Tiene la forma de un vestido princesa, de raso, escotado e_n cuadro por delante
y en la espald_a. El vestido va cubierto en parte con tul
bordado y plegado en forma de ondas por delante y en
el pecho. En la izquierda, el ~elantal de tul va rem~tido
bajo un pliegue redondo que forma parte del vestido y
-va bordado de oro en la parte inferior. El delantal va
-recoaido bajo dos rosáceas pequeñas. La espalda va
t)leg:da del mismo modo que el delantero, pero los plie,gues van más estirados. Rosácea de tul en la parte inferior del talle. Volante de.encaje en la parte inferior de
la falda por detrás. El vestido se abrocha con corchetes
.sobre el hombro izquierdo y bajo el brazo; y la falda
bajo el plie~ue. Manga de codo de raso, sobre la cual va
1&gt;uesta una manga de tul bordado, cuya altura va dispuesta en forma de ondas fijadas sobre la manga transparente. Cuello de tul plegado; este último forma una
t'osácea pequeña, dispuesta en ondas en la izquierda.
Tela necesaria: 10 metros de raso y 5 metros de tul , de
un metro 20 centímetros de ancho.

......

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LA MODA.
Preocupan á todas las señoras los cuidados para conservar su
belleza y el empleo de los medios que pueden aumentarla.
Sobre este delicado asunto no bay detalle despreciable, y
todos los que concurren á colaborar en aquella interesante obra
tienen por lo mismo responsabilidad muy estrecha.
Precisamente eso es lo que ha comprendido con _perfecta
nactitud el perfumista Vaissier, quien, creando su Ja/Jó,i del
Congo_, ha inventado un producto de tal manera inimitable que
inmediatamente ha sido adoptado por la sociedad elegante de
mundo culto.-Perfumería Vaissier, Parls.
El Tluo doltle dta-e ■ ,lvo de CbaHalnl'
fué objeto en 1864 de informe favorabilísimo en
la Academia de Medicina de París, y desde aquella época se halla universalmente prescrito contra
las digestiones difíciles, la dispepsia y enfermedades del estómago. Devuelve el apetito y repara
las fuerzas, facilitando la asimilación de los alimentos. Desconfíese de las falsificaciones. París,
6, Avenue Victoria, y en todas las farmacias.

SALTO DE CABALLO

i:ONTBNIDOS EN LA HOJA-SUPLBMBNTO.

PRESENTADO POR DOÑA CONSUELO OLMEDO

Y PLAZA.

Coir3Jponda i. las Señor.1.s Suscritoras da la
1.• y 2.• edición,
t y 10. Letras R L, para mantelería de
diario.
2. Enlace de LP, para pañuelos.
3. Aurora, nombre para pañuelos.
4. Enlace de JM, para pañuelo.
5. Guarnición de encaje Richelieu, para
pañuelo.
6. Enlace ST, para pañuelo.
7. Croquis de un abrigo de terciopelo,
para niños ~e cuatr? á seis años.¡ co_n cuello
de encaje inglés a1ustado, y tira igual en
las bocamangas y alrededor de la falda.
8. Parte de cuello de encaje para el
abrigo anterior. Este se hace con _trencilla
.á propósito y barretas de c':lrdonc11lo ..
9. Parte de la tira del mismo encaJe.
11. Natalia, nombre para pañuelo.
12. Enlace de G A, para pañuelo.
13. Concepción, nombre para pañuelo.
14. Enlace de FA, para pañuelo.
15 y 16. Afaría y A/iagracia, nombres
-para pañuelo.
17, 18 y 19. Enlaces de AP, MS y TA,
¡para pañuelo.

ADVERTENCIA.
Los frecuentes abusos que vienen cometiéndose por individuos que falsamente se
atribuyen el carácter de representantes de
esta Empresa en las provincias, nos ponen
en el caso de recordar nuevamente: 1. 0 , r¡iu
no respondemos mds que de aquellas suscri·
ciQ11,es que se hayan formalizado )' satis/eclw
en nuestras oficinas; 2.0 , que el público
debe acoger con la mayor reserva las instancias de personas que, á la sombra del
crédito de la Empresa, y atribuyéndose
una representación que de ningún modo
pueden justificar, abusan de su buena fe,
y 3.0, que siendo en gran número los libreros, impresores y dueños de establecimientos mercantiles que en todas las capitales
y poblaciones importantes del Reino reciben suscriciones á LA MooA EnGANTB y á

1

LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA y AMERICANA, CO·

rrespondiendo con honradez á la confianza
que en ellos deposita el público, no nos es
posible estamP.ar aquí una lista tan numerosa, ni es tampoco necesario¡ porque conocidos como son en sus respectivas localidades por el crédito que su comportamiento les haya granjeado, nada es tan
fácil, para las personas que deseen suscribirse por medio de intermediarios, como
asesorar se pre'Oiamenle de la resp¡msa!Jilidad
1 garanHa que puede ofrecerles aquel d quien
entregan su dinero .

NUESTROS ENE!tllGOS en
;SOn la humedad y el frío.

la estación presente
Pues también se les
debe oponer la prodigiosa Crema Simón, el Polvo
.de arro: y el 7ahJn Simó11, cuya eficacia está. probada contra fas gritlas, asperezas, sabañones, etc.
Evítense las falsificaciones exlranjtrns, exigiendo
en aquellos productos la firm:i. de Sjm(m, rue dt
Prov.:11(e, 36, l'aris.
. P•lv•• de arroz. E. COUDRAY, 13, rue
.d' En-gin,, Parls. -Nueva creación, especialmen-

)
Decís, Señora, que os faltan muchas cosas
para que volváis ó. ser

JOVEN Y BELLA

N~ 1716

14- de Marzo de 1891
•

Admmistracion, Al cala. ~3

Pttes pedidlas á la Pe,fumaía. E.xólim, nu du
4 $¿plemóre, JS, e.,i.Paris, y quedaréis satisíccha
y encantada dd resultado.
.
S11 Brira E.xJ#ca, en agu:i. ó en crema, os hará
"Volverá la hermosa edad de dit:z y seis primRveras
y O!&gt; d~femlerá contra las arrugas; rn poho de
arroz Flor dt Alóirdúgo dará á vuestro cutis una
blancura diáfana que evocará á las rosas desvanecidas de vue.,tro rostro; su A11ti-L'olbo1 extirJ)ar:.\ lo;; puntos negros que brotan en la nariz,
5in dejar la menor huella de ninguno; su SorriJium espesará., alargara y dará nue,•o color ó.
vu.estro.s ct:jas y pestañas; su Pasta dt los l'rdador dt!struirá los sabañones y las grietas, y os devolverá la mano lisa y mórbida, con las venas
su:i.vemente azuladas que antes, en vuestra primera juventud, poseíais; y toda esta tram,formn-ción se efectuará naturalmente, sin recurrir á
ningún artificio.
E\ Ci.,tálo.~o de la P~1fuvuria Exóti(n se remite,
,,,....mtir y fr,11uo de porte, á quien le pida.
D1pJsil11r tii ,.lfitdrid: Ar/11:a, Alcalá, 23, pri,:cipnl, i.z&lt;¡.: Pauual, Are11nl, 2; úrq11iola, .Afavor,. r; A,:uirn y ,lf.,/i110, Padndos, J, )' en Bar~d,ma, Sra. Viuda de Ln/011/ é Jfijvs,

EL SOL DE INVIERNO

MADRID

diyr.wnew.,,, ¿o/':fJ«dau,,, /.5. tuc /4 ,{;. k Yk.,
•~,~,,4,,_;J!J&lt;t:,ue:.,(;,b,,f,_r.:t,,n,;,, ,¿,¿,__~,.¿_ ·Pero,,,,a.-ua, ,¿~_~,,_,,,

'º'

_DOÑA MARIA DEL PlLAR SINUÉS.

NINON DE LENCLOS

Reíase de las arrugas, que no se atrevieron nunca á. señalarse en su epidermis, y se conservó
joven y bella hasta más allá de sus So años, rompiendo una vez y otra su acta de nt.cimiento á le.
faz del tiempo, que en vano agitaba su guadaña delante de aquel rostro seductor sin poder mortificarle.-E.ste secreto. que la gran coqueta egoísta no quiso r~velar á ninguno de sus cor:.temporá- [ - - c - - - - - - - - -1- - - -1~ - neos, ha sido descubierto por el doctor Leconte entre las hoJaS de un tomo de la Historia amorosa
~i~~~~ j ~!~ª'
de las Ga/ias, de Bussy-Rabutin, perteneciente a la biblioteca de Voltaire y actualmente propiedad
C,l1ct"n,m -To• rebelde, Bronquitis, Catarro•
1
exclusiva de la Pei'fun1ería 1'iinoo (Afaison ,l,e(onle.), 31, rue du 4 Septembre, 31 , París.
ant~oa,Tisls J enlermedadea
del Pecho. P.u,.,
4
Dicha casa entrega el secreto á sus elegantes clientes bajo el nombre de , •érttaltle Eau de
hu Mr&lt;r a~d. U,r.Cmitr-S •bm ,1tidufudel11Hfrius.
!llnoo y de Dubel de 11:luon, polvo de arroz que Ninon de Lenclos llamaba cla juventud en
una_ caja~.-Es necesario· exigi~ en la etiqut:ta el nombre y la dirección de la Casa, {)ara evitar las
fah1fic~c.1ones. -La !'arf.ume.ne Ni1101t expide á todas par!es su:; pros~ctos y erectos corrientes.
DE
.Dtp~11to1 .e" Afndnd:. Pauual, Are,~/, z; Arla::.a, Alca,_la, 2.J, pral., ru¡.; Agu,Mt y Jlfolúto, ptrPara rcemplcir el chocolate, cuya dJges...
f ununa O,ne.11tal, Pru,ados, J ,' Fedenco. Gros, pe,fumena Urquwla, Afayor, I; Ro11ltro y J/icmle,
Uou
es
a
veces
dificultosa,
y el ca!é con
f'~rfunurza lngllsa, Carrera de San 7ero11imo, .J,ytn Barcdo,ia, Srn. Viuda d~ Lnf,mt i /fijos, y
leche, cuyos erectos debilitantes son tan
Vicmle Ftrrer.
nocu;10$ a la salud. de las scfioras, muchos
médicos recomiendan el Racabout ns
DBLANGRBNIER, alimento muy agrada.ble y
eoooooooocxxxxxxx,e
sumamente nutritivo, que recetan ya á los
ANTIGUA CASA
ulños, :i las personas de edad Oauemlcas y

SDLUCION CUNAUDª

DESAYUNO SEÑORAS

DE PLUMENT-FEDOU
Tbér~e FEDOU, Sucesor,.

PARIS, 33, Rus Vioienne, 33, PARIS

El mefor dentrillco,
mas agradable y, sobre
todo, mas Higienico:

Corsé-§ultane
,orse-~írectoire

Agua1,Philippe
empleada con la
Odontalina

Pr/rilagf1da S. G, D.O. -

fl,hrca dapo~lt11ds: P. P.1

V

?ROVEEDOR DE LA CORTE DE MADRID
y de la• principalf.!I• cor tea de Europa

2.J.-TraJe de deaposada.

PARIS: Hermelin, 24, r. d'Enghien

Preciosa novela original, con interesante arguMEDALLA DE ORO
m~nto, cuadros de costumbre~ familiares, episo- " LA J:xPOSICION. µMIVER.SAL DB fARIS
dios muy dramáticos, y brillando en todo el libro JOOOOOOOOOOOOiOC)OiO•
la más profunda moralidad.
------------------'--------~-------BRONqUITIS CRONICAS, TOSES PERTINACES, CATAR~CS,
Un volumen en 8.o mayor francés, que se vende,
Curación por11 EfflULSION MA.RCHAIS.-11&gt;.liRID,lelthor G:mi~
a4pesetas, en la Administración de este perió•
BUEN os-,\\ RES, Demarthi b." .-ll ONTE\' 1DEo,LuCue1.-llEX.IC01l U Den Wingaert.
dice, Madrid, calle de Alcalá, núm. 23.

TISIS

23.-Traje de entretiempo.

•

ce uno palabra,
fortificantes.
DEPÓslTOS en 13.

todos los que no.;csitau

:i

-Vtvienne,

Ruo

53, PAR18.

T -~ LU F.l.~&amp;cu• !&gt;EL )IUXDO 11:KTUO,

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120

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la !mea.
~
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'S!',
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trajes. Describiré algunos de ellos.
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ceñido como el de la reina en Ruy-Blas. Una tira
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del corpiño, y un galón ancho de oro bord~do de
'cuentas de muchos colores rodeaba la cintura,
terminando en dos caídas.
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de la falda. Corpiño de talle redondo apns1onado
en un cinturón de cinta blanca. En torno del escote, un volante ancho, igual al de la falda, c:e
sobre lo alto del brazo como una manga.
t:" i
Otro vestido de faya color de ma_íz, ligerament~
plateado. Corpiño-coraza, guarnecido de un fichu
plano de punto de Venecia formando punta por
delante y en la espalda. Una especie de _:_orsellllo
sin hombreras. Para completar el corpm_o, unos
galones de oro fino, dispuestos muy hábi~mente.
Muchos otros trajes merecerían también ser
descritos; pero me limitaré á_ decir que la fiesta
era de las más espléndidas, sm_ que taltase nada
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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