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                  <text>. 13]

LA MODA Ei-EGANTE, PERIÓDICO DE LAS FAMILIAS.

ABRASADO EN SU PUESTO.
Hace muchos años que se prendió fuego á un
vapor del lago Erie en América.. del Norte, estando á algunas millas de la costa. Hallando
imposible apagar el incendio, el práctico James
Hazard dirigió la proa á la tierra más cercana.
El calor era tan intenso, que todos los pasajeros se vieron precisados á correr á la proa;
pero el práctico permaneció heroicamente en su
puesto. En media hora estaba rodeado por el
fuego , sufriendo hofriblemente. Muchas veces no
se le veía por causa del humo; mas cuando el

--=-=--~

viento lo disipaba, volvfa á aparecer á la vista,

1

1

firme á la rueda, para qne el barco continuase á
rumbo. Veinte minutos más y ya está encallado
junto á la orilla, y todo el mundo salvo menos el
práctico. El pobre Hazard, mártir de su deber,
había muerto en el último momento. En empresas grandes ó. pequeñas, éstos son los hombres
que merecen respeto y- admiración. Vamos á dar
un ejemplo en menor escala.
Un inspector del tráfico de ferrocarriles, un
día, hace diez años, atendiendo á su trabajo se
cayó y se hizo daño de mucha consideración. La
impresión causó tal efecto sobre el sistema nervioso, que tuvo que estar bajo el cuidado de ftln
médico más de un mes, y todo un año después
los nervios se contraían y pegaban sacudidas,
como en el mal de San Vito. Como d estómago
está lleno de nervios, el apetito y la digestión
empezaron á sentir el efecto maléfico del daño
sufrido. Dice que estaba tan malo qne apenas
¡1odía llevar á la boca una taza de té, y tan débil,
que andaba con mucho trabajo y dificultad. •Estaba en estado de que me atacase la indigestión
y se hiciese crónica, y no tardé en sentirme víctima de este horroroso padecimiento. Dormía
mal, 1a piel estaba seca y ardiente I tenía mal
gusto en la boca y me sentía muy pesado de
cuerpo y espíritu. Nada de lo que hacían los médicos daba resultado, y un día un guarda de tren
me aconsejó que tomara el Jarabe Curativo de
la Madre Seigel. A la primeras tomas ya me sentía mejor, y en diez ó doce dias se acabaron los
dolores de cabeza, se me arreglaron los nervio~
y empecé á tomar gusto á las comidas. Tuve
constancia, y t:l jarabe me curó según él me había
dicho. Las medicinas me llegaron á costar diez
dutos, y me encuentro perfectamente bueno. Por
mucho que digan los médicos, no hay medio dt
desmentir los hechos. Estaba medio muerto, y
ahora estoy tan sano y tan fuerte como cualquiera, y lo que uno siente es lo que uno cree.»
Mr. Benjamín Benson es jefe de Estación en
Wemeth, Oldham (Inglaterra). Esta es la primera
autoridad de una estación de ferrocarril, y todos
los demás empleados son subalternos. A este
puesto sólo se llega por medio de buenos y con•
tinuados servicios en una Compañia, pues en·
vuelve mucha responsabilidad. Hace poco 9.ue ha
dicho Mr. Benson: &lt;He sufrido mucho tiempo
de indigestión crónica y no he podido aliviarme
hasta que he hallado el Jarabe Curativo de la
Madre Seigel. El alimento más simple me oca
sionaba gran dificultad, y casi tenía miedo de
sentarme á la mesa. He tenido ocasiones de levantarme durante la noche á andar de un lado
á otro, porque no podía ni dormir ni descansar.
Esta medicina me ha curado. También puedo
decir que mi hijo Jorge padecía de neuralgia y
gran debilidad nerviosa, debidas á la indigestión
crónica. Estuvo doce meses bajo el cuidado de
un médico, sin aliviarse; pero viendo lo que yo
había conseguido del Jarabe Curativo de la Madre Seigel, Jo tomó y se ha puesto bueno. Lo5
dos estamos ahora buenos y fuértes.»
Et.!RA_LG IAS, jaquecas, calambres m el estómago
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Joven y bella hasta más allá de sus 8o anos, romp1eu-do una vez y otra su acta de m.cimiento á la
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ficarle.-~ste secreto. que la gra~ coqueta egoísta no quiso r~velar á. ninguno de s~ coctemporáneos, ha sido descubierto por el doctor Leconte entre las hoJaS de un tomo de la Htstoria amoro¡a
de las Galias, de Bussy-Rabutin, perteneciente á la biblioteca de Voltaire y actualmente propiedad
exclusiva de la Pt!rfumerín 11'.111011 (Maison L econte), 31, rue du 4 Septembre, 31, París.
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uba_ caja~.-Es necesario exigi7 en la etiqu~ta el nombre y la dirección de la Casa, :para evitar tas
fals1fic~c.1ones.-La ['atfumene .Ninon expide á todas par~es sua pros~ectos y 1_nec10s corrientes.
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CONSIDERABLE NÚMERO DE PATRONES

CRÓNICAS- NOVELAS, ETC., ETC.

SE PUBLICA EN LOS DIAS 6, 14, 22 Y 30 DE CADA MES

Madrid, 30 de Marzo de 1891.

Administración: Alcalá, 23, Madrid.
11

Año L-Núm. 12.
11

SUMARIO.

ria cuanto se adelanta en edad,

y sobre todo cuando siente una
Revista parisiense, por V. de Cas.
telfido.-Exp\icaci6n de los grabados.-

acercarse la vejez. Pero esta coquetería no es la de los veinte
años; debe consistir en un cuidado minucioso de la persona, y en
un esmero de elegancia que nos
hagan simpáticas y agradables á
la vista.

de s-•.-Libro de memorias (con1inua•
ci6n ),' por _Flmiic.-En Sabado de Gloria,
por · L. Rutz de Salas. - Oiga, por dona
lnés, B. - Correspondencia particular, por
D.• Adela P. - Explicac1611 del figurín iluminado.-Explicación de los grabados con.
tenidos en la Hoja Suplemento-Suelto.•.
-Solución al jero1tlifico publicado en el número 8.-Jerog!ifico.-Anunclos.
GRABADOS.-!. Capota de teatro.- 2 á 6. Ta·
pete la~o.- 7. Peto de cinta.-8 y 9. Papelera.- 10 y 11 Cesto de labor.-12 á 15.
Guantes, látigos y lxm, de arnazona.-16.
Corpino Enrique II.-17. Levita de prima•
vera para ninas de ti a 13 anos.-18. Vestido para nif'ias de 3 á 5 anos.-19 y 20.
Chaqueta de ~no.-21 y n. Trajes de
primavera.- 23 !t. 25. Sombreros de primavera.-26 y ~7. Trnjes de cal!e.-28. Traje
para nil'las de 3 i 4 anos.-19. Traje para
nil'los de 7 á 8 ano~.-30 a 37. Trajes de
paseo, de teatro y de baile.

•••
He conocido una señora de
mucho talento, y que, sin embargo, á los sesenta años se vestía como una joven; llevaba sombrer_os azules 6 color de rosa, y
vestidos de muselina; teñíase el
cabello, se pintarrajeaba las mejillas de color de rosa, y acentuaba con lápiz rojo 6 negro los labios y los ojos. · '
No sólo estaba repugnante y
soberanamente ridícula, sino que
parecía veinte años más vieja de
lo que era en realidad, pues no
era posible calcular con exacti- '
tud la edad que escondía aquella
restauración poco artística.
Por el contrario, hay señoras
que han pasado apenas de los
cuarenta, y se empolvan el cabello, para disimular algunas canas
demasiado tempranas. Estas no
ocultan su edad, sino que la exageran j y sus ojos llenos de vida
el brillo y la tersura de su tez y 1~
viveza les prestan un encanto un
atractivo que las hace cien v~ces
más seductoras que muchas señoras jóvenes. El gran talento de
estas jóvenes viejas es el saber
vestirse.

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.,
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,
·

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Modas de la edBd rnndura.-'Rl arte de vestirse á cierta cd:vl.- Una vieja ridicula y
un&lt;1.joven vieja -Tres modelos de e~,e arte
dificil. - Los ahrieos que convienen ;i todas
edades - Perdonen las jó,·enes.- Remedio
elicaz.-Percance de una nariz.

. Voy á reparar hoy _una injusticia que vengo cometiendo tiempo ha en estas crónicas, yá ocuparme muy particularmente de
las personas de cierta edad.
Es un error creer que la moda
no se ocupa nada más que de las
personas jóvenes, y dejamos arraigarse este error no dando 6 dando rara! veces modelos de trajes
para senoras de una &lt;edad seria»
Sin embargo, á esa edad, cuand~
ya no se poseen los encantos seductores de 1~ juventud, es cuand&lt;;i más necesidad hay de cuidados y de ata vio. No es posible ya
ataviarse con una fruslería, con
una ~or, con unos cuantos metros
de cmta, -6 con un pedazo de encaje. Hay que buscar refinamientos especiales de formas y de colores, arreglos difíciles de combinar.
¡Qué pocas señoras saben dejar de ser jóvenes y dará su peinado, á su traje, á su apostura
e~a calma, esa severidad que inspuan á la vez el respeto y la sim•
patía ! El mundo está lleno de
damas poco juiciosas que emplean afeites y tinturas para reernpl~zar el brillo y la frescura
de la Juventud, y se escotan más
de lo regular y toman un aire juvenil de cómlco efecto.
Estas obrarían con mucho más
acierto si tuviesen la discreción
de mostrar simplemente su edad
verdadera, dejar encanecer sus
cabellos y vestirse severamente
Es lícitQ redoblar de. coguet~~

•*•

l. -Capota d~ ieatro.

Citemos varios modelos de este
género particular.
Precio~o vestido de paño gris
yfaya hehotropo (croquis núm. 1).
Sobre la falda de faya, unas cintas de terciopelo más obscuro
~orma~ listas. Levita larga de pano, abierta sobre la falda de faya
y ribeteada á lo largo de los delanteros de un vivo ancho de terciopelo negro. Un peto de piel de
seda gris cubre el delantero del
corpiño, y forma transparente
bajo un segundo delantero de
faya heliotropo acuchillado. Mangas de paño, guarnecidas de faya
color de heliotropo. Una cinta de
terciopelo igual á las de la falda
rodea la cintura, desde las costuras de debajo de los brazos.Tocado de azabache, puesto de
plano sobre los cabellos, y rizado de terciopelo gris alrededor
del cuello.-Este es un traje de
recibir.
He aquí otro para visita 6 ceremonia ( croquis núm. 2 ).
Vestido de paño azulado, precioso color n.uevo que no se pa7

�134

i.A MODA ELEGANTE, PERIÓDICO DE LAS FAMILIAS.
.LA MODA ELEGANTE, PERIÓDICO , DE - LAS FAMILIAS.

rece ni al zafiro, ni al azul de Francia, ni al azul marino, sino que imita exactamente las lindas flores azules de los campos. Este vestido es de forma Princesa,
y va enteramente guarnecido de cordones finos de azabac h c, que caen
de los hombros sobre la falda, estrechándose en la cintura. Unos adornos
de azabache van
puestos entre estos
cordones, y forman
un rico bordado,
sobre todo en la cintura, donde figuran
como un corselillo.
Las mangas van
bordadas en lo alto.
La espalda se guarne ce simplemente
de un cordón de
azabache que figura
una V. Los adornos
de los hombros llegan hasta la espalda.
Como tocado, una
capota de encaje
negro, guarnecida
t1~ de una cinta ancha
de azabache y un
penacho de florecillas azuladas. Bridas
de cinta del mismo
color.
Para señoras de
mayor edad, cuyo
talle se halla deforNúm. 1.
rnado, se hacen unas
chaquetas largas,
que visten bien y
son muy cómodas, porque sólo se las ajusta á medias.
Pondré por ejemplo el siguiente traje ( croquis número 3).
Vestido de raso color de peonía. La falda va rodeada
de un volante de encaje de Chantilly. La chaqueta, semilarga, va guarnecida de un canesú de pasamanería y
un volante de encaje que forma berta en todo su contorno. Alrededor de la chaqueta va un bordado fino de
pasamanería.-Capota de encaje negro, guarnecida de
una aureola de azabache, y una serie de lazos de cinta
de terciopelo color peonía, escalonados sobre el fondo.

•••

'1
1

convidados. El efecto de estas mascaradas de comedor
es así completo y muy original.
Partiendo del principio de que las comidas más agradables son aquellas en que reina cierta intimidad, en
que la conversación puede generalizarse y el ingenio
de los convidados desplegarse con facilidad, el gran
mundo empieza á adoptar de una manera señalada los
cubiertos en corto número, diez á catorce convidados.
La Condesa de Mirepoix, la Marquesa de Hcrvey-Saint-

Núm. 3.

Denis, la Condesa de la Rochefoucauld y la Princesa de
Broglie, entre otras, han dado últimamente varias comidas de esta . clase, que figurarán como modelos del
género.

•••
Un periodista hacía antesala en casa de un médico
célebre.
Impacientado al cabo ·de muchas horas, llama á un
criado:
-Dígale usted á su amo que si no me recibe dentro
de cinco minutos ..... quedo curado.

Las levitas largas, las pellizas ~on canesús y hasta las
esclavinas un poca largas I convienen perfectamente á
las señoras de cierta edad. La chaqueta Luis XIII, hecha de terciopelo negro bordado de azabache, ó de
paño de color bordado de aplicaciones de terciopelo 6
de simple trencilla, es una prenda muy elegante, muy
agradable de llevar y que no envejece á la que la
lleva.
Para no parecer una abuela, hay q~~ evitar esas confecciones anticuadas, del género v!Slta ó manteleta,
guarnecidas de volantes largos de encaje ó recargadas
de pasamanería.
Tales son las noticias y consejos que se me ocurren
dar, por hoy, á las mamás en diversos grados¡ esperando que las señoras jóvenes no me guardarán rencor
por haberlas olvidado esta semana.

En las galerías altas de un teatro:
Un espectador se inclina de tal modo sobre la espalda
del que está sentado delante de él, que este último ,
después de habérselo hecho observar y viendo que no
hacía caso, saca el pañuelo del bolsillo y se pone á
sonar la nariz del imprudente. ·
-Hombre, ¿qué está usted haciendo ?-exclama éste
sorprendido.
-¡Ah! perdone usted, creí que era la mía.
V. DE CASTELFIOO.

•••

EXPLICACIÓN DE LOS GRABADOS.

•

Aunque tocamos ya al término del tiempo santo, digamos algo de la Mi-CarCme, puesto que en la semana

Kúm. :t.

q11e acaba de transcurrir nada podemos registrar en
materia de recepciones. La Mi-CarCme se ha señalado
este año por los banquetes de trajes. En las coniidas
donde los trajes proceden todos de una misma época,
los criados que sirven á la mesa deben estar vestidos
por el mismo estilo, en relación con su papel, _que los

París, 24 de Marzo Ue 189 1.

Capola de teatro.-Núm. l.
Esta capota se compone de una corona de rosas sin
hojas y de un fondo de encaje de oro y perlas. Por detrás va puesto un ramo de rosas sin hojas, y por delante
un lazo de cinta de terciopelo verde y un penacho de
plumas negras. Bridas de terciopelo verde.
Tapete largo.-Núms. 2 á 6.
La fig. 52 de la Hoja-Suplemento á nuestro núm. 1 I corresponde á este objeto.
Este tapete, que se pone en medio y á lo largo de
una mesa, va hecho sobre lienzo blanco, y tiene un metro 60 centímetros de largo y 35 de ancho. Va rodeado
de un encaje hecho al huso, con algodón blanco y encarnado, de 8 centímetros de ancho, y de un dobladillo
calado de 2 centímetros de ancho. Se le adorna con ramas bordadas, aisladas, y hojas. Se pasa primero el dibujo del bordado sobre el fondo, con arreglo á la fig. 52
y á las indicaciones de los dibujos. Se ejecuta la flor
grande con seda marrón rojiza de varios matices I al pasado y punto de cordoncillo. Se ejecuta la labor calada
de la flor del centro ( véase el dibujo 5 ). La labor calada
de las hojas que rodean esta flor va ejecutada del mismo moda que la de las hojas de costado de la flor grande. Se llena la flor superior de esta rama por el dibujo 6.
La flor grande y la flor pequeña se ejecutan igualmente
con arreglo á las indicaciones del dibujo, al pasado y al
punto de cordoncillo, con seda marrón rojiza de varios
matices. La flor grande va adornada con detalles ca•
lados.
Peto de cinla.-Núm. 7.
Para hacer eSte peto se toma una cinta de seda blanca, de un metro 16 centímetros de largo por 6 centímetros de ancho, guarnecida en uno de los lados largos
inferiores de un encaje blanco bordado y fruncido, de
9 centímetros de ancho. Se le adorna por detrás , encima del encaje, sobre 53 centímetros de largo, con otro
en,caje igual, y se le guarnece con lazos de cinta de
seda blanca. El encaje inferior va fijado por delante sobre la cinta, formando espirales.

135

Papelera.-Núms. 8 y 9.
La fig. 53 de la Hoja-Suplemento á nuestro núm. 11 corresponde á este objeto.
Esta papelera, hecha de cartón y montada sobre pies
de bronce dorado, va cubierta en parte de piel verde
gris, y en parte de papel cuero del mismo color. Se divide en tres departamentos con pedazos de cartón. Estos departamentos sirven para contener el papel de cartas, los sobres, las tarjetas, etc. La papelera va adornada por delante con un pedazo de piel guarnecido de
flores bordadas, puestas sobre un fondo de huata. El
bordado se ejecuta por la fig. 53, al pasado y punto de
cordoncillo, con sedas color de aceituna y rosa antiguo
de varios matices, y con hilos de oro. Se puede también
pintar el dibujo, en vez de bordarlo.
Cesto de labor.-Núms. 10 y 11.
Se hace este cesto de mimbre y bambúes dorados, y
se le adorna con tres bandas plegadas y bordadas. Una
de ellas es de paño color masilla claro, la segunda de
paño verde claro, y la tercera de paño color de rosa antiguo. El bordado, que se compone de ramitas, va ejecutado con seda color de aceituna y bronce y lentejuelas de oro. Se emplean para las flores de relieve unos
pedacitos de paño, cerrados en círculo y dentados en
el borde superior (véase el dibujo 11 ), de los tres colores designados, y se les fija con unos puntos d~ cadeneta. Para los estambres se cosen unas lentejuelas terminadas en un punto anudado. La parte superior de las
bandas va cubierta en los lados con una tira de felpa
color de rosa antiguo y aceituna, cortada al sesgo y dispuesta en dos pliegues. El borde superior va guarnecido de una tira de felpa color de rosa antiguo, de
3 centímetros de ancho, un poco plegada. Los picos
calados del cesto van adornados con rosáceas de felpa
color de rosa antiguo y presillas de seda- color de rosa
y aceituna. El cesto va forrado de raso.
. Guantes, látigos y bota de amazona.-Núms. 12 á 15.
Guantes de piel de gamo , con puño alto.
Dos láti_gos, terminados en cabezas de madera barnizada.
Botas de charol , guarnecidas en lo alto de una cordo~ ·
nadara de seda negra.
Corpiño Enrique 11.-Núm. 16.

9.- Bordado de la papelera. Véase el dibujo 8.

2.- Tapete largo.
Véanse los dibujos 3 á 6.

Este corpiño se hace de suralt color de lila de Persia.
Los delanteros van ajustados con una pinza y abrochados con corchetes en el centro, bajo un encaje color
crema, que forma conchas. La aldeta del delantero derecho continúa y pasa sobre la aldeta de la izquierda, y
va fijada sobre este último lado. La aldeta de los lados,
hasta la espalda, que forma chaqueta, va montada con
fruncidos en la parte inferior del corpiño. Cuchillos en
el pecho, que dejan ver unos fruncidos de muselina de
seda. Cuello Médicis, forrado · de raso color de oro y
bordado en el borde. Manga hecha de un entredós de
raso color de oro, bordado, y de suralt fruncido. Lazo
en el codo.

10.- C'esto de labor.
Véase el dibujo 71.

Levita de primavera para niñas de II á 13 años.

111 . .

--

Núm.17.
Esta levita se hace de paño ligero color de masilla.
Los delanteros van plegados, y cruzan de izquierda á
derecha. Abertura y vivO en los lados, adornados con
un fleco de bolas, como también el cuello arqueado y el
borde del delantero izquierdo. Cinturón de piel, pasado
por una hebilla. Manga bullonada, y que cae sobre una
parte inferior de manga, de terciopelo verde obscuro.
Vestido para niñas de 3 á 5 años.-Núm. 18.

Este vestido se hace de bengalina color de rosa antiguo y terciopelo negro. Tiene la forma de una blusa,
adornada en la parte inferior con un borde de plumas •
negras. El corpiño va abierto sobre un canesú de terciopelo, rodeado con un volante fruncido, que forma
punta en la espalda y baja como unos tirantes cruzados
por delante. Cinturón de terciopelo, cerrado bajo una
una rosácea de terciopelo. Mangas de terciopelo, adornadas con un borde de plumas, como fambién el cuello.
El vestido se abrocha con corchetes en la espalda.Sombrero de terciopelo negro, adornado con un grupo
de plumas negras.

5.-Detalle del tapete largo.
Véase el dibujo 2.

Chaqueta de paño.-Núms. 19 y 20.
Es de paño azul marino. Una pinza, que sale de debajo del brazo y termina en el bolsillo, pespunteada por
encima, ciñe cada delantero, que se abre sobre un cha- ·
!eco de piqué color crema, escotado en redondo sobre
una pechera de camisa de hombre. Solapas y cuello redondo, de moaré azul marino. Dos laditos ajustan la espalda; la aldeta se cierra en medio, y los lados se plie- •
gan. Manga no muy alta de hombro, con pespuntes en
el borde inferior figurando una tapa abrochada.-Cue- '
llo en pie, y corbata blanca.
Tela necesart'a: un metro 60 centímetros de paño, de
un metro 30 centímetros.
Trajes de primavera.-Núms. 21 y 22.
Núm. 21. Vestido de calle 1 de paño color de piel de
Córdoba, guarnecido de bordados negros. Fondo de
falda de tafetán y falda de paño con delantal plano ador·
nado con cuatro cordones de bordado. Corpiño de al•
detas largas, compuesto de espalda con aldetas planas
abiertas en el centro, lados de espalda y de delante,
delantero con pinzas y cruce sesgado que principia
en el hombro derecho y termina en la cintura. Una tapa
abrochada cierra el cruce. Manga alta de hombros, con
adorno grande de bordado en lo alto y adorno pequeño
en la parte inferior. Bolsillos bordados y añadidos en las
cad6ras. Cuello alto bordado. Un cordón de bordado de
trencilla rodea el corpiño, guarnece las costuras de los•
laditos hasta la cintura, y la· parte superior de la cos•

8,-Papelera. Véase el dibujo 9.

3. - Flor grande del tapete largo
(tamaño natural).

11.-Bordtdo del cesto de labor (tamaño natural).

Véase el dibujo 2.

Véase el dibuJo 10.

4.- Flor pequeña del tapete largo (tamaño natural).
Véase el dibujo 2.

6.- Detalle del tapete largo.
Véase el dibujo 2.

�136

LA MODA ELEGANTE, PÉRIÓDICO DE LAS FAMILIAS.
LA MODA ELEGANTE, PERIÓDlco·.nE LAS FAMiLIAS.

1

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tura del centro de la espalda.-7oque pequeña de cresp6n plegado, rodeada de un encaje de oro y adornada
con alas negras.
Tela necesaria: 5 metros de tafetán 1 y 9 metros de pañete,
Núm. 22, Vestido para sá'ioritas.-Se hace este vestido
de lana gris ratón, y va guarnecido de bordado ~e seda
negra. Fondo de falda de tafetán y falda de pano plegada en la parte superior del delantero; un bordado
termina la parte inferior. Corpiño de aldetas largas, que
se· compone de espalda y lados de espalda, con abertura
pequeña por abajo de las aldetas en la costura de los
Iaditos; bordado sobre la costura del centro de la espalda; lados de delante y delanteros con pinzas, y cruce
sesgado de izquierda á derecha. Sobre el cruce, bordado
que termina en la cintura, Cuello alto con hilera doble
de galón. Manga alta de hombros y terminada en tres
hileras de galón. Un galón igual rodea las aldetas.-Capelina de encaje fruncido, adornada con un liizo de cinta.
1 eta· necesaria: 5 metros de tafetán, y 8 metros 50 centímetros de lana, de un metro 20 centímetros de ancho.
Sombreros de primavera.-Núms. 23 á 25.
1
Núm. 23. 1oquejara se11oritas.-E1 fondo va formado
de tres barretas de cinta color de maíz, ajaretada. Bor_ae de plumas negras. Hacia atrás, ramo de plumas negras. Las mismas plumas por delante, y lazo de terciopelo color de maíz.
Núm. 24. Sombrero calañés.-Se hace este sombrero
de paja color de tabaco, con alas enrolladas, y lleva
una cinta de faya color de tabaco con lunares de felpilla mordorada que rodea la copa y form~ lazos. Por de lante y por detrás, ramos de plumas negras.
Núm. 25. Sombrero t"edondo.-Este sombrero es de
paja negra con alas enrolladas por detrás y formando
un pico por delante. En la izquierda, sobre el ala, va
echado un pájaro de pechuga amarilla y plumas verdes.
Por delante y por encima, lazos de cinta de terciopelo
color de piel.
Trajes de calle.-Núms. 26 y 27.
Núm. 26. Vestido de cachemir azul, guarnecido de bordados negros. Fondo de falda de tafetán y falda de cachemir abierta en la izquierda sobre una funda estrecha
de cachemir; la abertura y la parte irtfei;ior del delantero van guarnecidas de bordados. La parte superior
de delante va plegada, y la parte de detrás cae en pliegues rectos. Corpiño terminado en puntas y que se
compone de la espalda y lados de espalda, lados de delante y delantero izquierdo con una pinza que pasa bajo
el delantero derecho, que va ajustado con pinzas y forma un cruce ancho. Bordado en la parte superior de la
espalda y del delantero, sobre el cruce y en el centro
de las mangas. La parte superior de la manga va bullonada, y la parte inferior va ajustada... El forro de los delanteros se cierra en el centro. Cuello alto bordado.Toque de paja lisa guarnecida de plumas. Por detrás,
lazo de cinta de terciopelo negro que sujeta el grupo
de plumas.
Tela necesaria: 5 metros de tafetán, y 8 metros 50 centímetros de cachemir, de un metro 20 centímetros de
ané:ho.
Núm. 27. Vestido de pa,iele color de masilla guarnecido
de un galón bordado de oro y felpilla negra. Un cordón
plano de felpilla y oro forma alamares y llena el hueco
de los dientes, que van formados en el delantero de la
falda y que llevan un galón bordado¡ un galón igual
adorna los delanteros de la chaqueta, los bolsillos, el
cuello alto y las carteras de las mangas, que van abiertas en forma de V sobre el antebrazo. Parte superior de
. manga muy alta de hombros. Fondo de falda de tafetán
y falda recta de paño. Corpiño-chaqueta de la misma
tela, compuesto de la espalda, que forma una ·aldeta semilarga, y delanteros con pinzas, lados de espalda y de
delante, con aldetas añadidas, con bolsillos grandes y
puntiagudos. Delanteros abiertos sobre un chaleco añadido en cada lado sobre el borde de los delanteros y rayado con alamares y botones.
Tela necesaria: 5 metros de tafetán, y 6 metros 50 centimetros de paño.
Traje para niñas de 3 á 4 áños.-Núm. 28.
Este traje se hace de lana escocesa y pañete gris
polvo. Falda plegada y montada en el borde de un corpiño de forro abrochado en el centro por detrás. Chaleco de lana escocesa montado sobre el forro. Casaca
con aldeta recortada á todo el rededor en forma de correas. Canesú plegado de lana escocesa, ribeteado de
un volante plegado de terciopelo color granate. Cuello
vuelto de terciopelo. Manga de terciopelo y de paño
que forma bullonado. Cartera de bordado.
Traje para niños de 7 á 8 años.-Núm. 29.
Este traje se hace de paño gris. Pantalón corto y americana semiajustada en la espalda. Cuello redondo y
abierto so~re un peto de la misma tela que el cuello.
Manga estilo de sastre adornada con un galón así como
el borde de la americana.
'
Trajes de paseo, de teatro y de baile.-Núms. 30 á 37.
Ñúm. 30. Abri'go jara nitios jequeños.-Se Je hace de
tul bordado, plegado, sobre transparente de bengalina
blanca, y se compone de un cuerpo de douillelte con espalda y delan_teros de forma Princesa, que se cierran
en medio. E.sclavina larga de tul plegado I formando
manga y -bullonado en los hombros. Babero de piqué
rodeado de un entredós de bordado y de un volant~
igual.-Capelina grande de faya blan·c a, guarnecida de
plumas blancas.
Núm. 31. Vestido jara niñas de IO mios.-Este vestido
es de bengalina verde esfumino, y va guarnecido de
crespón liso color de rosa pálido y entredoses de bordado verde. Falda rasante, rodeada, exceptuando el centro de detrás, de un volante fruncido de bengalina, con

dos entredoses de bordado por encima. Cinturón plerácter de sorprendente magnificencia, y son á la vez
gado de cinta verde, que se cierra en la derecha con manantial inagotable de riqueza.
una rosácea de cinta en el nacimiento de una. guarni- ' Todos los árboles, mejor dicho, todos los vegetales
ción en forma de conchas de crespón festoneado. Cor- más enaltecidos por su belleza ó por las utilidades que
piño de cintura redonda, con espalda y delanteros su•
rinden al agricultor, están engalanados con leyendas ó
jetos en la cintura con el cinturón. Sobre el vestido con fábulas mitológicas; pero ninguno con tanta variecanesú añadido de crespón liso, terminado en dos vodad como la palmera, á la que desde tiempos remotísilantitos plegados formando esclavina. Cuello alto de
mos atribuyeron los pueblos un origen maravilloso y
crespón. Manga ajustada de bengalina.
celeste.
•
Tela necesaria: 9 metros de bengalina, y 3 metros 50
Los habitantes de la isla de Ceilán veneran la memocéntímetros de crespón.
ria del primer hombre que encontró la palmera, y he
Núm. 32. 1raje de jaseo.-Vestido de seda color de
aquí la leyenda que refiere el viajero inglés l\fr. Kerpiel, guarnecido de bordados negros, cuyo vestido se kowe:
compone de un cuerpo de vestido Princesa, con espalda
«Un día el poderoso príncipe Kottah fué invadido por
y lados de espalda que dan el vuelo de la falda, y de- una enfermedad cutánea, que le desfiguró horriblemenlantero de cierre invisible, con pinzas, costura en medio te, hasta el punto de ser rechazado por su propia es1
y lados de ;delante. B0rdado en la parte superior y en
posa y sus hijos.
la inferior de los delanteros. Un cordón doble de bor&gt;Oró á Dios, y tuvo una visión celeste que le reveló
dado rodea el borde inferior de la falda. En las caderas
la existencia de la palmera del coco, y le anunció t¡ue
jant"ers añadidos. Cuello alto Médicis bordado. Manga
para librarse de la enfermedad caminase cien leg.uas
ajustada, con la parte inferior bordada. Bullón en el hacia el Sud, y encontraría el árbol de la salud y la
lado. Los forros de los delanteros se cierran en medio. vida.
,
-1oque de paja cruda guarnecida de terciopelo negro
&gt;El Príncipe se puso en camino al amanecer de~ siy plumas beige.
guiente día, y después de largos y penosos viajes.enNúm. 33. Otro traje de jas,eo.-Vestido de bengalina contró cerca del mar el árbol deseado, que nunca había
azul Francia, guarnecido de bordado de acero y negro, visto sino en su celeste ensueño.
1Fondo de falda de seda ligera, y vestido compuesto de
&gt;Cogió uno de los frutos, le rompió, bebió su blanco
espalda Princesa y lados de espalda, que dan el vuelo liquido, y curó de su enfermedad casi instantáneamenpara la falda; delantero de falda añadido en la cintura, te¡ y reconocido á la Providencia, hizo plantar palcon delantero derecho dispuesto en forma de levita, y meras en todos los valles y montañas de la isla, prodelantero de corpiño con pinzas y lados de delante. El hibiendo bajo pena de muerte que se cortasen ó se
delantero derecho se dispone, como acabamos de decir, destruyesen. &gt;
en forma de levita, y el izquierdo se pierde bajo el deLos habitantes de Tahiti creen que las palmeras brorecho. La parte inferior del corpiño va atravesada por taron de los dorados rizos de una diosa; los de las islas
una faja ancha que sale de debajo del brazo y que se Marquesas suponen que fueron plantadas por Dios,
pliega en el lado derecho con una hebilla de acero y quien hizo arribar á la costa un barquichuelo carg;¡.do
de diamantes falsos. Un bordado adorna el borde de la de semillas; los de varias comarcas del archipiélagoiinlevita. Manga bullonada con puño bordado. Cuello alto. dico afirman que la primera palmera llegó á las pla'yas
Forro de los delanteros cerrado en medio.-Sombrero
de su país conducida por dos genios, que la plantaron
de tul salpicado de cuentas, bullonado y guarnecido de
en el huerto del sumo sacerdote, á la entrada de la pacintas color de lechuga y rosas.
pagoda ó templo principal de la corte del Rey.
Jeta necesart"a: 17 metros de bengalina, y 5 metros de
Y sin embargp, los habitantes de la isla de Madagastafetán.
car consideran á la palmera como árbol del mal: dicen
Núm. 34, Vestido de teatro y soirée.-Se hace este ves- los anales de aquella antigua comarca, que uno de sus
tido de terciopelo color de esmeralda y gasa bordada mejores caudillos, volviendo victorioso de una guerra
de color de rosa pálido. Delantero de falda de gasa contra los enemigos de la patria, quedóse dormido á la
bordada, dispuesta como un delantal levemente ple- sombra de una palmera de coco, y un enorme fruto,
gado. Vestido Princesa, con cola redonda, de tercio- arrancado por el viento, le cayó sobre la cabeza y le
pelo, abierto sobre el delantal y compuesto de es- produjo la muerte.
palda y lados de espalda, lados de delante y delanteEn las islas Molucas había, en 1640, una palmera muy
ros con pinza, que se adornan desde la cintura con una vieja y muy alta, con el tronco partido en tres ramas, y
guarnición de terciopelo forn¡ando conchas. La espalda que nunca daba frutos; y las tribus del país suponían
y el delantero van escotados en redondo. El delantero que su destino estaba enlazado á la existencia de aquel
va formado por un centro de corpiño de gasa plegada, árbol. Pues bien: cuando estalló la guerra, dos años
sujeta en la cintura con un cinturón de pasamanería después, gue promovieron los holandeses, codiciosos
verde bordada de esmeraldas, El forro de los delante- del país, éstos, que sabían la leyenda de la palní.era,
ros se cierra en medio, bajo la gasa plegada. Manga de
cortaron el árbol y lo redujeron á cenizas; y el rey interciopelo, larga y alta de hombros. Broche de pedrería dígena Kalkaoli, apenas lo supo, dijo: «Nuestra indeen la derecha sobre el pecho.-Collar de diamantes.- pendencia ha perecido con la palmera.• Y así fué, porPeinado griego con bandeletas de oro.
que los holandeses triunfaron, y las Malucas fueron
Tela necesaria: 3 metros 25 centímetros de gasa, y 18 desde ei.tonces una colonia de los Países Bajos.
metros de terciopelo.
Núm. 35. Vestido áe baile.-Es de terciopelo color de
paja y crespón de la China bordado. Adornos de plumas
En el pueblo hebreo, lo mismo que en el cristianismo
blancas. El delantero de la falda es de crespón bordado y en la Edad Media, las palmeras sirven de asunto á
y termina en una tira de plumas. Cola redonda de tercio- tradicion_es_bellisimas:
.
¡
pelo rodeada de plumas, cuya cola forma parte de una
La antigiledad clásica de Grecia y Roma comparaba
espalda Princesa; lados de espalda de terciopelo, esco- con el sol á la palmera, admirándola eternamente fresca
tados en forma de V, y delanteros de crespón, dispues- y joven, columpiándose sus flexibles ramas sobre un
tos en forma de fichú plegado y sujeto con un delantero tronco tan delgado y esbelto, que desafiaba, no obsde corselillo de terciopelo, terminado en una aldeta tante, á las tempestades más violentas á los huracanes
añadida I ribeteada de plumas y cerrada en el !:µlo iz- del desierto, y que sólo se doblegabaI con el peso de
quierdo. Una tira de plumas ribetea el escote d-e la es- sus dulces frutos.
palda, el lado derecho del fichú y la sisa izquierda.
En la mitología pagana la palmera se llamaba Fénix,
Tela necesaria: 14 metros de terciopelo, y 4 metros 50 y se la atribuía un origen semejante al del ave maravicentímetros de crespón bordado.
llosa que, según las mismas creencias, renacía de sus
Núms. 36 y 37. Vestido de baile.-Delantero y espalda,
propias cenizas.
Se hace este vestido de crespón de la China fondo azul
En la Sagrada Escritura se mencion~ con frecuencia
celeste con ramos Pompadour,yvaguarnecido de galón la Palmera, y en el Cántico de los Cdnticos el amado murde acero 1 claveteado de cuentas gruesas de acero. Fondo mura al oído de su amada: «Eres tan esbelta y gallarda
de falda de tafetán y falda redonda de crespón termi- como el tronco de las palmeras del deSierto. •
nada en un volante fruncido, con cabeza dentada, marLos poetas, los pintores y los escultores de todos los
cada con un galón de acero dispuesto en dientes gran- tiempos se sirven de la palmera para representar la vicdes y puntiagudos. Corpiño escotado en redondo, con toria y la derrota: la primera, matrona con una palma
espalda y delantero sujetos en el talle con un ramo de
en la mano¡ la segunda, matrona que llora y e_stá senpliegues y un cinturón de galón. La parte ,superior del tada sobre una palma.
corpiño va guarnecida de un bordado de acero y un gaHállanse palmeras grabadas pintadas y esculpidas en
lón que figura grandes sisas bajo los brazos. Cierre in- obras de arte de la antigüedad,I ya en monedas y pintuvisible en la izquierda por delante. Manga larga bullo- ras, ya en estatuas y relieves.
nada en los hombros y ribeteada de galón.
Eri las monedas cartaginesas figura la palma, unas
r Tela 1zecesaria: 5 metros de tafetán, y 15 metros de veces sola y otras con el caballo fogoso que aparece
crespón rameado.
grabado en casi todas las medallas y monumentos púnicos¡ en lós museos de numismática se custodian monedas romanas que tienen palmas en el reverso, y entre
ellas hay una del emperador Domiciano, acuñada en
LA MITOLOGÍA DE LAS PALMAS.
Nápoles en el año 86 de la era de Cristo; la palma fué,
y es todavía, entre los cristianos, símbolo de la virgini&lt;:,.~~~
~Cf,m..:'J OY á contaros' amables lectoras' la leyen- dad y del martirio.
Los dátiles de las palmeras de Jericó y sus alrededoda de las palmas, gallardas y flexibles ra~
mas que fueron bendecidas en las iglesias res eran muy celebrados en la época de las Cruzadas,
r ~!ir~ católicas durante la celebración de los porque los soldados de Godofredo de Bouillon recogie~-~~~
{.,1 divinos oficios del Domingo de RJ.mos, ron allí una leyenda piadosa: la Virgen María, en la
huida á Egipto para librar de la degollación de los inoconmemorando la triunfal entrada de Je,). ,~ sucristo en Jerusalén, y que hoy adornan los centes á su Divino Hijo, descansó bajo frondosa pal'-L,
balcones y las ventanas de vuestras casas, mera, y se alimentó con los dátiles del árbol, exclamando:
/'!';(. para demostrar que pertenecéis á una familia
-¡Oh rico fruto!
cristiana.
Y asegura la leyenda que la primera letra de aquella
~
Las palmas son árboles característicos de las
exclamación, la O, quedó señalada desde entonces en
regiones tropicales, como los abetos lo son de las frías,
y la encina y el olivo de las templadas¡ y así como és- , el hueso del dátil.
Las gentes piadosas creen ver, en efecto, esa letra O
tos dan al paisaje un aspecto risueño ·y aquéllos una
hermosura melancólica, las palmeras le prestan un ca- en la línea circular que aparece en uno de los extremos

•*•

' l'eíli
·
: . . ,':.(

W&lt;

del hueso de los dátiles, impresa allí en recuerdo de la
exclamación de la Virgen.

•••
Una de las más bellas y raras palmeras es la llamada
Espléndida.
Habita _e_n la costa oriental de Africa, y tiene un
tronco fims1mo, recto, elevado, que remata en magnífico penacho de hojas verdes, anchas, enormes, de más
de cuatro metros de longitud por dos de anchura· y es
tan reci:3-, _aui:ique parece débil y sutil, que no la 'tronchan, m s1qu1era la doblan los torbellinos y ciclones
del Océano índico.
'
La palmera nombrada Laodoi"cea también habita en
Africa, y ti~ne una leyenda extraña y curiosa: después
de ~a creación del mundo, un pájaro colosal, volando
rápidamente ltacia la tierra del sol, perdió una de las
plumas de sus alas, y cayendo en un oasis del desierto,
aquella pluma perdida echó raíces, y se transformó en
la palmera Laodoi"cea, cuyas hojas son parecidas á la
pluma que la engendró.
Est_a palmera da frutos enormes, negros, y de forma
tan bizarra que se asemejan de modo sorprendente al
torso de una mujer negra; y como vive en la costa, á
veces son transportados esos frutos por las olas del mar
hasta playas muy lejanas, dando origen á relatos maravillosos y á supersticiones.
Cuéntase que la esposa de un emperador de Alemania, habiendo oído la descripción de los monstruosos
frutos de e~ta palmera, quiso tener uno, y el monarca,
para cumphr los dese_os de su imperial cónyuge, pagó
por él la enorme cantidad de 4.000 florines de oro.
En los jardines y huertas de Murcia y Valencia, y singularmente en_ el delicioso verjel de Elche ( Alicante),
crecen las flexibles palmas que se bendicen en nuestras
iglesias y adornan los balcones de nuestras casas.
EMILIA DE

Sº*·

LIBRO DE MEMORIAS.
(Continuación.)

·~

16 de Diciembre.

~ ERMINIA se ha casado.

Y desde ayer, pensando en ella se me
ocurre_n pensa~ientos graves: pi~nso en
\G1. -.. ella, s1 1 y tai:n,~1én en la señora de Pere'
\
das; en He!¡n1ma, hoy tan contenta y feliz,
~
y en la senora de Peredas, también con~~ tenta _y fel~z haée quince años, cuando salia
_ de la 1il~s1a co~ su esposo, después de reci{f..;., btr la bend1_ción nupcial, y luego abandonada, y
j
m.ás tarde vmda, y ahora consolada en su viudez.
't
¡Consolada! Paréceme que esto es lo más triste
de su historia.
Cuando yo _era niña figurábame que las personas casadas eran siempre muy dichosas, y hoy empiezo á
creer que sucede con frecuencia lo contrario.
_Pero ¿por qué? ¿ por qué?
_~o quiero pedir explicaci~nes á mamá, porque me
d.1,na seguramente: «¿Qué te importa? Eres demasiado
niña para saber esas cosas ..... y además, las señoritas
bien educadas no deben hablar de asuntos tan escabrosos ..... ,, por la sencilla razón de que las señoritas bien
educadas se casan también como las demás señoritas .....
Pero j si yo no hablo de tales asuntos! Busco indago
re~exiono, y quisiera ser, cuando llegue el ca~o, com~
m1 mamá: ella hace lo que quiere, porque papá no se
mete en nada_, como se suele decir, y sólo cuando él
prepara sus discursos nos obliga á callar, para no distraerle.
Y por, cierto q~e est_a obligación es fastidiosa: no me
a¡;radana que m1 '!lando fuese diputado, sino que tuv!era otras ocupaciones, porque nada hay más desprec1a?le que un hombre ociosoj pero ocupaciones más
senas, f~rmales ..... Como D. Ricardo, por ejemplo.
¿Habna de contentarme yo con verle dominar su caballo asustadizo, ó recorrer los salones á la hora de los
jive o' dock, ó ir al Círculo ó al Casino hasta las tres de
la madrugada?
Además, cuando estemos bien instalados en nuestra
casa, cad.a uno tendrá sus ocupaciones particulares, y
nos re1,muemos á las horas de comer, y entonces le
c~:&gt;ntare t_odo lo _que suceda en casa, para darle buen
e~emplo i t~emos JU~tos á paseos y á visitas, porque se
disfruta mas de la dicha de estar reunidos cuando no se
ab~sa de ella; co_nservaremos algunas relaciones de
amistad, porque siempre conviene tener amigos afec tuosos y francos; nos quedaremos en casa un día á la semana, para recibir, para conversar, para hacer música,
para leer. ....
i Q_uisiera que mi marido leyese tan bien como lee
D, Ricardo!
Y ¡ qué felices seremos!

f.A1

22 de Diciem bre.

Mam_á no ha tenido nunca mejor inspiración que Ja
de enviarme á seguir el curso de literatura francesa el
cual es ahora el placer que más codicio durante la ~emana.
En pri1;11er lugar, porque allí nos reunimos las verdaderas amigas, allí está nuestro círculo.
Procuramos ll_egar antes de 1~ _hora, para hablar un
buen rato, contandonos las noticias del día, formando
el catálo~o de ~uestras soirées, murmurando de nuestras pareJas de rigodón ó de vals, sin contar con que mi

amiga Luisa de Valleza interrumpe .á menudo para recordarnos la c_uestió': del traje, qut: la preocupa mucho.
Desde el J?nmer_ d1a d~I curso nos manife~tó que era
muy convemente 1r vestidas de sociedad para asistir á
las ~onferencias de D. Ricardo, y aunque nosotras no
hab1amos pensado en ello, comp_rendiiñós al punto que
el golpe de vista _s~ría en~onces más agradable, y aceptamos su propos1c1ó1: ¡ as1 es que todas llevamos trajes
elegantes, pero sobnos, como conviene á señoritas que
estudian el curso del doctorado .....
Las otras señoritas de la clase, las que nosotras Ilamamos en conjunto Torre de Babel, han querido imitarnos, y no pueden lograrlo.
Forman la 7 arre de Babel cinco señoritas madrileñas,
tres provincianas, dos francesas, una gorda alemana y
dos inglesas muy graves y rígidas 1 de admirables cutis
y hermosa cabellera rubia; y todas son de nobleza auténtica, de legítima sangre azul, porque la señora de
Peredas es muy severa para la admisión de alumnas en
su select college.
En nuestro círculo somos seis: arle.más de Juana, Susana y yo, las tres inseparables, amigas de la niñez, están ahora las dos hijas de la Baronesa de Valleza, Luisa
y Clara, y la siffipática Teresa de Lubiero.
Por derecho de sabiduría y de prudencia, Susana es
la que preside nuestro círculo. ¡ Tanto queremos todas
á esa ama,ble y buena Susana!
Al verl,a , no se piensa en preguntarse una si es linda
ó no lo es, porque desde luego atrae con irresistible encanto, y el que una vez contempla su dulce sonrisa, algo
melancólica, y su mirada clarísima y franca, experimenta siempre el anhelo de volver á verla y contemplarla.
Sus~ha no es triste, no; pero sue le tener una alegría
tan fo"rmal, tan seria y tranquila, que comunica á todas
nosotras el deseo de imitarla y de ahogar nuestras ruidosas:voces y nuestras sonoras risas.
Su madre es viuda, y está enferma, y sus dos hermanos, uno teniente de navío, y otro attaclié á una embajada, no habitan en Madrid; pero Susana sostiene con
ellos activa correspondencia, les envía preciosas cartas
(que algunas veces me permite leer), finas, espirituales,
llenas de sentimiento y dulzura, como si llevasen á los
dos ausentes el suave perfume del hogar doméstico.
Y además, ella sola dirige la casa, piensa en todas las
necesidades, distrae á su madre con escogida lectura
española y francesa, confecciona para ella exquisitos
platos de dulce, cose camisas para los pobres, borda
riquísimos ornamentos para la iglesia del barrio, y todavía tiene tiempo de sobra para estudiar sus lecciones
de piano y de literatura francesa.
Es tan buena mi querida Susana, que á veces me
asalta el pensamiento de que pronto cambiará sus lindos trajes por las hu.mildes tocas de Hermana de la Caridad; y acaso los habría cambiado ya, si su madre no
necesitase de los asiduos cuidados de hija tan amorosa.
Y siempre está contenta, siempre. ¿Por qué no aprenderá este secreto nuestra amiga y condiscípula Teresa
de Lubiero, que pe rpetuamente repite, como el r'1y
Fernando VI á sus cortesanos: « ¡Me fastidio! ¡Me fa~tidio!•
Pues tales son los caprichos del destino: Teresa tiene
dos millones de dote, una madre excelente, un padre
que iría al fin del mundo por satisfacer los deseos de su
hija única¡ y ésta, sin embargo, es la persona más aburrida que se puede concebir. ¡Diríase que está cansada
de ser dichosa!
Buen cuidado tengo de no hablar delante de ella de
asuntos que me interesen mucho, porque con su fria ldad y escepticismo considera á las personas de corazón
sensibl_e como seres de una especie particular, y sus observaciones producen el efecto de una ducha de agua
helada.
Y sin embargo I á pesar de mi cuidado, suele decirme
c_on frecuencia: «¡Dios mío! Tú, Julieta, eres tan sentimental y generosa, porque tienes pocos años! &gt; ¡Bah!
¡como si ella hubiese vivido ya la edad de Matusalén!
Mi amiga Juana no se fastidia como Teresa: es nerviosa, vibrante, alegre, con ojos , que brillan como estrellas &gt;, según ha escrito el poeta de las Rimas, y con
negros cabellos que se enlazan á la garganta más linda
que yo he visto; adora el ruido, el movimiento el fausto, y sería capaz de concurrirá cinco ioirées diferentes
en una sola noche y de cotillonner hasta las seis de la
mañana, para estar dispuesta á las ocho á pasear á caballo por el Retiro ó la Casa de Campo .....
Es franca,_ muy cariñosa, un poco burlona, y tiene
mucha _experiencia, y estoy persuadida de que no daría
una hoJa de las rosas que adornan su cintura al más seductor y rendido de sus adoradores, no obstante su conversación independiente y libre, que suele escandalizar
á la buena Clara de Valleza y más todavía á su hermana
Luisa.
Tales son las muchachas de mi drculo, las que charlamos ~o más posible hasta el momento en que aparece
D. Ricardo.
Entonces el silencio reina en absoluto 1 aun en las filas
de las mamás y de las miss de compañía; el orador hace
u!l _saludo general, y desde las alturas de su cátedra nos
dmge una mirada serena é indiferente, como si mirase
á humildes colegialas que acababan de llegar de las Ba.
tuecas ..... y empieza á hablar.
j O_h ! Entonces yo le perdono su frialdad, su indiferenc1~, su atrevimiento de juzgarnos indignas dé su
a_tenc1ón; mejor dicho: ni siquiera pienso en perdonarle,
smo en escuchar, sólo en escuchar, y olvido todo lo demás; entonces, sí, mi espíritu se ensancha súbitamente y
se rem&lt;'.!nta hasta las ideas que expresa el docto profesor
como si tuviese alas misteriosas para seguirlas en po~
de sus palabras. Cuando habla no es frío, sino más vibrante que la misma Juana, y tiene una manera de expresarse tan original, tan viva, y á la vez tan sencilla ... ,.

137

Si yo le escuchase con más frecuencia, comprendo que
me transformaría en mujer inteligente, porque me enseña á reflexionar, á pensar en muchas cosas serias en
las que jamás había pensado, y de las cuales sólo tenía
ideas vagas, confusas.
Luisa y Clara de Valleza escriben las principales frases del profesor; Juana se entretiene en . arañar caprichosamente el papel con un lapicero; Ter.e sa' le admira
sorprendida, como si no creyese en la posibilidad de
existir un hombre dotado de tan vivos sentimientos.
Susana y yo no tomamos notas de las leccionCS/Por
temor de olvidarnos de alguna frase importante; "per;o
yo, de regreso en casa, busco en los libros de texto el
período que D. Ricardo ha interpretado en su conferencia, y observo si la impresión que me produce la lec1tura de aquel período es igual que la desenvuelta por
el profesor en su discurso¡ y cuando esto acontece, ¡qué
feliz soy!

•••
2

de Enero de r88 ...

El día de Año Nuevo ha pasado como todos los días
de Año Nuevo: tarjetas, cumplimientos, cajas de pulces
y de bombones, elrennes, y la eterna leyenda: «Felicito
á usted, y la deseo buena entrada y salida de año.&gt;
A las once, mamá me envió á misa, con miss Lucy,
alegrándome de que no me acompañara, porque me
hubiera impedido poner en ejecución cierto proyecto:
desde el día en que Juana me dijo que «el nombfe del
primer pobre á quien se socorre en el día de Año Nuevo
es el nombre que ha de tener el marido de la muchacha
que da la limosna &gt;, todos los años he procurado hacer
el experimento.
1
El primer año, mi pobre se llamaba Luis ..... ¡Luis! Un
nombre que no me gusta, porque me hace recordar la
frase pronunciada ..... ¡no sé por quién!. .... al caer bajo
el cuchillo de la guillotina la cabeza del Rey de Francia:
«¡Hijo de San Luis, subid al cielo! ,
1
En el año anterior mi pobre ya no se llamaba Luis,
sino Antonio ..... y mi amiga Juana me hizo saber\ que á
la tercera va la vencida.
Precisamente llegábamos cuando se daba principio á
la misa, y no pude hacer mi experimento antes de entrar á la iglesia; pero durante el Santo Sacrificio me
z1;1,mbaban en la cabeza estos tres nombres: Luis, Antomo, y..... ¡llamémosle ahora X 4 **!
Salimos, y con rápida mirada busqué al pobre que
me parecía más correcto, para darle mi limosna de Año
Nuevo, y solamente vi en el atrio del templo cuatro ó
'cinco mujeres muy gordas y coloradas, pero vestidas
de andrajos, y otros tantos viejos de mala cara, de arrugado y torvo ceño.
·
Pero ya en la calle distinguí un muchacho de ocho á
diez años, que con la mano derecha se agarraba á la
falda de una anciana, tal vez su madre, y alargaba la izquierda hacia los transeuntes, diciendo con voz quejumbrosa el estribillo de los mendigos callejeros:
-¡Una limosnita, por amor de Dios! ¡Aunque no sea
más que un centimito !
-¿ Cómo te llamas ?-le pregunté vivamente.
Y el muchacho, en vez de contestarme, repitió:
-¡Una limosnita, por amor de Dios!
Entonces miss Lucy se acercó á mí, y mis hermanitos, que se habían alejado bastante, me llamaron con
sus argentinas vocecitas.
-¿ Pero cómo te llamas ?-volví á preguntar al pordiosero.
Y éste, repitiendo el eterno estribillo, miróme con
asombrados ojos, sin responderá mi pregunta,
Yo estaba desesperada, porque vi que la Baronesa de
Valleza, su hija Luisa y mi amiga Susana salían de la
iglesia en aquel momento y se dirigían hacia mí.
-Dime tu nombre, y te daré limosna-dije con mal
humor al muchacho.
-Ricardo, señorita-contestóme entonces.-Me llamo Ricardo.
-¡ Ah l ¿ Con que te llamas Ricardo?- exclamé.Bueno ..... Pues toma la limosna prometida,
Y puse en su mano postulante una monedita de plata.
La Baronesa, Luisa, Susana, Herminia y su marido
Carlos,_toda nuestra colonia habitual de misa de once,
se reumeron con nosotras en la acera contigua al templ~, y durante cinco minutos hablamos del mal tiempo,
mientras una vendedora de flores nos ofrecía por diez
céntimos, un ramito de violetas y narcisos bla~cos.
Per? mis hermanitos Eduardo y Luisita se quejaban
d~I fno, y al punto volvi_mos á casa, repitiendo yo entre
dientes el nombre de mt pobre de Año Nuevo.
-¡Ricardo_! ¡Vaya una ~asualidad! Porque no conozco más Ricardos que m1 adusto profesor de literatura francesa ..... Y es nombre inglés ..... ¿Si estaré destinad_a á ser esposa de algún flemático hijo de la soberbia
Alb1ón? ..... Bueno, bueno; pero que no me lleve nunca
á su país, que no quiero ver noches de niebla á las doce
del día.
~¡- lle~ar á casa, vi en la antesala varias tarjetas de
fehc1tac1ón sobre una bandeja, y en una leí: Rt"cardo
de X.*, p_rofesor de literalura francesa.
Parec1óme entonces que mi corazón daba un salto en
el pecho. ¡Ah! ¿ Con que el adusto D, Ricardo se acuerda de mí?
Esl?eré á que mamá _viese las tarjetas, y al leer aquélla, hizo una exclamación semejante á la mía, diciendo
de este modo:
-¡Ah! ¿También nos felicita tu profesor D. Ricardo?
-Per?_ si tú no le conoces, mamá, ni tampoco mi
papá-d1Je con apagado acento.
-Es verdad ..... Enviará la tarjeta para saludar á su
discipula..... -contestó mi mamá.
Y _entonces la supliqué, aparentando mucha indiferencia, que_ me permitiese guardar aquella tarjeta que
habían remitido para mí, para mí sola .....

�LA MODA ELEGANTE, PERIÓDICO DE LAS FAMILIAS.

138

LA MODA ELEGANTE, PERIÓDICO DE LAS FAMILIAS.

139

18.- Vestldo para nlñu de 3 t 5 año,.

23 d. 25.- Sombreroa de primavera.

16. - Cor,lño Enrique 11.

'

.

¡,

17,- Levlta de primavera para niñas de 11 á 13 añoa.

·~

\ \,,
~

28.- Traje para niñu de 3 á 4 añot,

..,

26 y 27.--Traju de calle.
19 y 20,- Chaqueta de paño. Espalda y delantero.

21 y a .-TraJes de primavera,

29.-Traje para niños de 7 á 8 añoa •

�LA MODA ELEGANTE, PERIÓDICO DE LAS FAMILIAS.

140

Y mamá no vaciló en dármela, y yo la guardé ..... en
la caja de mis recuerdos de cotillón.
¿Luis? ¿Antonio? ¿Ricardo? He ahí los nombres de
mis tres pobres de Año Nuevo.
¡ Me gusta mucho el nombre de Ricardo!
FLAVIO.
(Continuará.)

EN SÁBADO DE GLORIA.
•~~AscuA de Resurrección! Es el primer ~omingo de primavera, aunque los domingos anteriores, los de Pasión y de Ramos,
,&lt;?-..,
vengan después del 20 de Marzo; y es que
;'([
la· Pascua de Resurrección inspira al cris';J e,.;
tiano ideas alegres y sentimientos gene•~
rosos, se anhela ver el cielo azu\ y el dorai:lo
•'-,
esmalte de los rayos del sol~ y se anhela también aspirar el aire tibio y suaveme.nte perfumado
con los aromas de las primeras florecillas del
campo.
¡Pascua de Resurrección! ¡Cuántas memorias despierta! Vuélvese la mente hacia el pasado, á recordar
las alegrías de la niñez, las dulzuras de 18; casa paterna,
las caricias de una madre que ¡ay! no existe ya en este
mundo¡ y se siente e~ !º más h~ndo del alma como un
eco de emociones deliciosas y lejanas.
¡ Ya llegó la fiesta solemne de la Iglesia, y también la
hermosura de la Naturaleza! ¡Ya las campanas tocan á
vuelta, y los jardines se ~lfombran de flo~es ! ¡Ya resuenan en el templo las ma1estuosas armomas del órgano 1
y en los bosques el dulce gorjeo de las enamoradas
avecillas!

•••

En la Semana Santa del año 18..... encontrábame eri
una linda villa de la costa del Cantábrico; eh ·casa de
una familia de pescadores, gente honrada y de :iobles
sentimientos, que oponía á la pobreza el trabajo y la
economía.
Cuatro personas habitaban en la casita del pescador
Pablo: éste, bravo marino, su mujer Inés, que parecía
una antigua matrona vasca, su hija Catalina, hermosa
niña de doce años I y su hijo· Pepito, un rapazuelo de
diez.
Era la víspera de Pascua, y después de oir el toque
de gloria en la parroquia ~de la villa, busqué al patrón
Pablo para invitarle á echar su barca al agua y dar un
paseo' por ~I mar, sosega.do, terso y brillante, cual un
inmenso cnstal de Venecia.
Pero Pablo no estaba en casa, ni su barco en las amarras del muelle: tenía por costumbre aquel bravo lobo
de mar salir á pescar todas las mañanas, y después de
una jornada de rudo trabajo, volvía contento á su casita, donde le esperaban las sonrisas y los abrazos de
su mujer y sus hijos.
A \as once de la mañana apareció en el lejano horizonte una nubecilla gris; media hora después el cielo
se cubría de negros nubarrones, y el viento, antes dormido empezaba á soplar con furia y levantaba gigantesca's olas que se rompían en los peñascos de la costa.
En el semblante de Inés, siempre risueño, y en el
de Catalina, siempre dulce y candoroso, observé ~.na
expresión de ansiedad y de acerbo dolor: ellas me dije·
ron que Pablo había echado su barca al mar, y que le
acompañaba su hijo Pepito.
.
Y el viento se desencadenaba cada vez con más vio•
lencia, lívidos relámpagos surcaban. el espacio, y bro•
taba en la altura el pavoroso rugido del trueno, cuyos
ecos repercutían en las montañas y en los valles de la
comarca.
-¡ Dios mío! ¡ tened pie.dad de nosotros !-exclamó
llorosa Inés.
.:......Ru_ego á usted, caballero-me dijo la niña Catalina-que no nos deje solas en este momento.
-No os abandonaré, no-respondí dulcemente, estrechando las manos de las dos pobres mujeres ;-pero
¿porqué afligirse de ese modo? La mujer y la. hija de
un bravo marino como Pablo no deben tener miedo de
una racha de viento y de un relámpago .....
Y aunque esto decía yo, procurando mantener la esperanza en el ánimo contristado de las dos mujeres,
también el dolor invadía mi corazón, y un funesto pre•
sentimiento me helaba la sangre.
-¡La galerna!-murmuré.-¡La galerna les ha sor•
prendido en alta mar! ¡Desdichados!

•••
Pasaron las horas, y Pablo y Pepito no volvían; pero
el huracán seguía silbando con voz siniestra, y mar y
cielo aparecían como llenos de cólera y saña.
Cerca del anochecer volví de la playa, y encontré á
Catalina en los umbrales de la puerta de la casita, destacándose su esbelta figura con el rápido fulgor de un
relámpago.
La estreché la mano, que estaba fría, y aunque la
niña quiso preguntarme algo, de sus labios trémulos
apenas salió un sollozo.
-¿Padre y Pepito no vuelven todavía, señor?-me
preguntó después.
·
-Espero que volverán pronto, Catalina.
- ¡ Y hoy es Sábado de Gloria!
-Por Dios, niña: no aumentes con tu llanto el dolor
de tu madre.
Entré en la casita, y vi á la piadosa Inés arrodillada
ante una imagen de la Virgen de Begoña.
La borrasca pasaba lentamente; las nubes empezaron
á rasgarse, y alguna estrella resplandecía en la altura¡
un silencio sepulcral reemplazó· de pronto al fragor de
los truenos y al silbido del viento.

Pasaron más horas, y Pablo y su hijo no volvían.
Antes de media noche dirigíme otra vez á la playa, é
interrogué á varios pescadores que estaban allí, atei:n,«;&gt;rizados todavía por la espantosa borrasca; y un v1e10
que había pasado toda su vida en el mar, siempre luchando con las olas I movió la cabeza y me contestó á
media voz:
-Si Pablo ha sido sorprendido por la galerna, temo
que .no volvamos á verle. ¡Dios tenga piedad de su
alma!
-¿Por qué decís eso?
-Porque no iba solo, sino con su hijo Pepito ..... Los
vi pasar esta mañana cerca de mi barca.
-Es verdad; también iba su hijo.
.
-Bueno ..... Pues ¿cómo queréis que la presencia d.e
su hijo, el peligro que corría el pobre niño no haya qmtado fuerzas á sus robustos brazos? Y ¿cómo creer que
do·s remos han logrado resistir al empuje de las olas Y á
la saña del huracán?

LA MODA ELEGANTE, PERIÓDICO DE LAS FAMILIAS.

y cómo un día de fiesta solemne y grandiosa en ~odo eF
orbe cristiano, por conmemorarse la res~rr~:ción de
Jesucristo, puede ser un día de luto. y tnst1s1mos recuerdos para las víctimas del infortunio.
¿Qué español no se acuerda qe la terrible galerna en
la costa cantábrica, pqcos años hace?
En aquel doloroso acontecimiento' está inspirada la
verídica narración que acabo de contaros.
L. Rurz nE SALAS.

OLGA.

1f~~" '" , ""

l.

º'"'ª ,,

"""después de los
,ooque
,,
~~ ~m , esos dolores ae
morales

ITT

·:,Z

parece que no queda más que morir. Todo
~
me faltaba, aire, sol, vida.
.
Sólo una gran fe t:ristiana da la fuerza
Hacia el alba del siguiente día las desventuradas mu~ y la resignación necesarias para soporjeres Inés y Catalina estaban todavía de rodillas ante la
tar estos males, y sin duda yo carecía de fe,
sp.grada imagen, y no osaban mirarse de frente por te•
pues no tenía fuerza ni resignación para la
mor de leer en sus miradas uñ mismo pensamiento, el
sgracia que pesaba sobre mí. Unicamente en
cruel pensamiento de la muerte de aquellos dos seres
soledad podía ~n:ontrar ~lgún ~onsuelo, y dequeridos.
cidí abandonar mis libros, mts amigos, cuyas fraY cuando la esperanza había muerto en sus corazones resonaron en la calle recias pisadas, y al punto se ses de conmiseración me parecían blasfemias, y Madrid,
cuyas tumultuosas alegrías me pare:ían in~ult?s, y aleoyó una voz que gritaba:
jarme de la sociedad en que tan fehz hab1a sido hasta
-¡Inés! ¡Catalina!
Las dos se levantaron rápidamente, y vieron entra: á
entonces.
Era el mes de Mayo; después de largos viajes había.
Pablo, lívido, lacrimoso, vacilante, sin aliento, envejefijado mi r~sidencia en &lt;;iinebra, c1;1ya situación encancido cual si hubieran pasado sobre su cabeza más de
tadora tema gran atractivo para mi.
veinte años en un día.
Una hermosa mañana salí dando un paseo por el ca·
-¿Y Pepito? ¿y mi hijo?-gritó la pobre madre, que
mino que conduce al lago 1 y que se extiende á lo largo
no se consolaba con la salvación de su marido.
Pablo se dejó caer en una silla y no res¡w:mdió, com? de Ja falda del Jura. Mi imaginación, perdida en pensamientos incoherentes, é incapaz de apreciar los objetos.
si la suerte de su hijo le pesara en el corazón y le opn7
que me rodeaban, los confundía. todos, haciendo una
miera la garganta.
Entonces la gentil Catalina corrió hacia su .padre, le
horrible mezcolanza.
Cansado de cuerpo como de alma, sentí necesidad de
estrechó frenéticamente en sus brazos, le mundó el
reposo, y me senté, absorto en mis sempiter~as medi·
rostro, curtido y pálido , con dulcíslma!i lágrimas de
taciones á la sombra de un árbol en un montlculo que
filial ternura.
-¿ Y Pepito? ¿y mi hijo ?-continuaba gimiendo la había á 1~ izquierda del camino. Hubi~ra acabad_o por
dormirme, á no haberme sacado de m1 abstracción el
pobre madre.
..
.
ruido de un carruaje que se aproximaba rápidamente.
Pablo, dominado por el dolor de Inés, dtJO as1 con voz
Era un lujosísimo milord, tirado p~r dos mag°:íficos.
débil:
- Yo habría muerto con él si no me hubiesen salva- caballos de raza inglesa. El que los gmaba era un Joven
do ..... Volvíamos con la barca muy cargada, y el viento de noble y elegante aspecto. Su c~~a pálida tenía una
nos empujaba hacia las rocas; en un instante el cielo_ se expresión de gravedad que sólo m1t1gaba la dulzura de
cubrió de nubarrones, y el mar se levantó en montanas su mirada. Sentada á su lado iba una joven, C':JYª bede aoua y espuma, que azotaban la frágil barca; com- lleza y juventud se manife~taban en el más ~~to grado,
y por último, sobre sus rodillas un hermoso nmo de dos
prendí en seguida el peligro, y primero pensé ~n vos•
otras, pobrecitas, y luego miré ~on dolorosa ans1edad_ á á tres años. No podría decir cuál de los dos era más
mi inocente hijo ..... Estaba Pep1.to muy sereno, _de pie hermoso más blanco, más adorable, si la madre ó el
en la proa, contemplando la funa de~ mar;.le gnté que hijo; ambos parecían contentos; ~1 ~equeño '. á quien su
madre sujetaba con amor, esgnm1a el látigo que su
viniese á mi lado, y no me oyó; le gnté con más fuerza,
dominando mi voz et rugido del mar alborotado, y padre le había dejado, y creyendo·', después de grandes
cuando el pobre niño bajaba hacia la popa, una «;&gt;la esfuerzos, haber pegado muy fuerte á los caballo~, en
enorme pasó rápidamente sobre la barca, y ..... ¡Pepito cuyas relucientes grupas apenas tocaba, prorrump1a en
estrepitosas carcajadas, que su madre reprimía con dulhabía desaparecido !
.
.
Inés cruzó las manos, y fijando la muada en la ima- ces besos.
Cuando pasaban por delante de mí, el látigo se es·
gen de la Virgen, sólo dijo estas palabras:
_
capó de las manos del niño, y los caballos se de~uvieron
-¡Oh Virgen Santísima! ¡En Sábado de Glona!
Pablo prosiguió, después de limpiarse el sudor de la en seguida; pero antes que el lacayo saltase á tierra, yo
había recogido del suelo el látigo y le devolví á aquellas
frente:
-¡Dios me p·e rdone! Sin pensar en vosotra~, ~?lté
manitas que se tendían suplicantes hacia mi.
los remos, y me arrojé al mar para salvar á mi htJO 6
El padre me hizo un profundo saludo, mientras la m~morir con él... .. ¡Perdóname, Inés! ¡Perdóname tamdre decía al niño, al mismo tiempo que con su propia
bién, Catalina, hija de mi alma!.. ... Y habríamos pere- mano apoyaba la manita de éste sobre sus labios de
cido los dos si la barca del práctico del puerto no me coral:
hubiese salvado, sacándome de las olas medio muer•
- T01zi, dale un beso á ese caballero.
En vez de uno, el niño me envió mil.
to ..... ¿Y mi hijo? ¡Ah! ¿ Y mi hijo Pepito?
-¡Qué bueno es Toni, Luis!-dijo la madre, acoro·
-¡Está en el cielo!-exclamó Inés con voz dulce,
besando la frente á su marido y llenando de consuelo
pañando la frase con una mirada de inefable t~rnur~.
El coche partió al galope, y cuando le perd1 de .vista,
el corazón apenado del pobre padre I que sólo pensaba
caí al suelo¡ me parecía que una nueva desgracia pe•
en el hijo perdido.
saba sobre mi.
-¡ Oh !-pensaba, mientras con las manos opnm1a
Pasaron diez años, y en uno de los últimos días de
mi cabeza-para este hombre hay felicidad, riqu~za,
Marzo volví á la villa.
amor..... y para mí desgracia I abandono, desesperación.
Mi primera visita fué á casa de Pablo I y el buen viejo
estaba ausente ..... ¡ Habíase reunido en el fondo del mar
11.
con su hijo Pepito!
Inés y Catalina me abrazaron, con el amoroso anhelo
Diez años transcurrieron desde la escena que aca•
que las almas nobles sienten hacia el amigo. de las hC?ras
de desventura: Inés, resignada con su tnste destino, bamos de narrar. Fatigado de los viajes, y convencido
tenía los cabellos blancos¡ Catalina, más hermosa que de que era inútil buscar el consuelo cuando el corazón
está herido de muerte, resolví volver á Madrid.
antes, llevaba de la mano un niño de dos años.
Una hermosa tarde del invierno de 18..... al regresar
-¡Oh! ¡ qué lindo niño !-exclamé, dándole un beso.
-Se parece mucho á tí... .. y también á tu hermano Pe- de mi acostumbrado paseo por el Retiro, llamó mi atención en una anunciadora de la calle de Alcalá, el carpito .....
tel r~jo del teatro Real: en él se leía con letras gordas
-Es mi hijo, y lleva el nombre del muerto.
el nombre de una artista rusa, á la sazón de paso en
-¡Ah! ¡Dios le bendiga!
-Gracias, señor ..... Mi marido es un joven honrado España, que debutaba con La Africana. Decidí asistir
á la representación.
que me ama y me hace feliz.
La sala estaba completamente llena. Todo el mundo
-¿Pescador?
-¡Él pescador! No, no, señor; no queremos ya nada se manifestaba deseoso de conocer á la nueva artista, y
con el mar, que es muy cruel... .. Mi marido es capataz la impaciencia era tan grande, que el principio de la
ópera de Meyerbeer pasó inadvertido para el público.
en el arsenal.
En el momento en que Sélika y Neütsco aparecen en
-Quisiera conocerle, porque tengo buenos amigos
escena un murmullo de aprobación saludó á la debuentre los jefes del arsenal, y le recomendaré para que
tante, Pero este murmullo fué de poca dur~ción: un
progrese en su carrera.
.
grito desgarrador partió de las butacas.y_atraJo la aten-Otra vez gracias, señor ..... El también lo desea,
porque ¡si usted supiese cuántas veces le hemos ha- ción de los espectadores, que precipitadamente se
agruparon alrededor de un hombre, que se agitaba con
blado de usted!
·
violentas convulsiones.
-Pues vendré mañana.
Esta escena tenia lugar cerca de la butaca que ro
-¡Ah, sí! Mañana es Sábado de_Gloria, aniversario
ocupaba, y, gracias á tal circunstancia, P.ude f~ctlde la muerte de mi hermano Pepito ..... Venga usted,
mente ll~gar hasta aquel pobre hombre. Al mismo t1em·
que mi madre y yo se lo agradeceremos en el alma.
po que esto sucedía en las butac.as, la debu~ante se ha·
-Tienes razón Catalina; vendré.
bía detenido en la escena, al 01r aquel gnto, y con la
Y fui; y pude observar cuán extraña cosa es la vida,

•••

•••

t'l

vista extraviada y las facciones descompuestas, pare-cía presa del más terrible espanto.

Mientras prodigaba mis cuidados al enfermo, procu•
Taba yo recordar dónde y cuándo había visto aquella
,cara I que no me era desconocida. Al fin vino á mi memoria el recuerdo del encuentro que diez años antes
había tenido á orillas del lago de Ginebra, y reconocí
en aquel desgraciado al distinguido joven que tan sólo
una vez había visto en Suiza. ¡ Qué transformado estaba!
La cr'isis fué terrible¡ cuando volvió en sí trató de
desasirse de nosotros, mientras con voz ronaa, y oprimiendo fuertemente un pequeño revólver, gritaba:
-¡Dejadme, dejadme que la mate!
No póco trabajo nos costó hacerle salir del teatro.
Las pocas personas que me ayudaron en esta empresa
nos fueron abandonando, y ya en la plaza de Isabel II
nos en contramos casi solos.
-Caballero-le dije-¿me permite usted que le
acompañe?
Luis, que así recordé haberle oído llamat en Suiza,
no respondió á mi pregunta, pero apoyándose en mi
brazo continuó andando.
Así llegamos á la calle del Olivo, donde se detuvo delante de una casa de mezquina apariencia.
Subimos lentamente hasta el cuarto piso, y entramos
-en la habitación de Luis. Un desorden indescriptible
reinaba en ella. Algunas sillas cubiertas de polvo, y
cuya tapicería, así como los dorados, manifestaban ser
el resto de un mobiliario lujoso en otro tiempo, estaban
esparcidas por la habitación. Sobre las mesas y butacas
se veían confundidos libros, prendas de vestir y algunos
cuadros. En e1 fondo, la alcoba, cuya puerta abierta dejaba ver el lecho todo descompuesto, aunque sin deshacer. Sobre la chimenea de la habitación un magnífico
reloj formaba juego con dos preciosos candelabros, en
los cuales sólo había una vela, que Luis encendió al instante. A la triste luz de aquella bujía, y como resultado
de mi inspección, comprendí cuánta desesperación de•
bía haber en el alma de aquel hombre, que, con lamayorindiferencia, vivía en medio de tanto abandono.
Después de haber retirado de un sofá dos ó tres libros y un gabán, Luis hizo seña de que me sentase.
-No-le dije-mañana volveré; ahora está usted
más tranquilo, y puede usted dormir y de1,cansar.
Luis cruzó los brazos, y de pie delante de mí, mientras movía tristemente la cabeza, me dijo:
-¡ Cómo se conoce que usted no ha sido desgraciado
nunca! ¡ Si usted conociera la desgracia, no me hablaría de dormir!
Tomé cariñosamente sus manos, y le hice sentará
mi lado. Luis me dejó hacer, y mirándome con tristeza
me dijo:
-¡Ya lo ve usted, caballero, estoy loco!
-No-me apresuré á responder-no es lo mismo
desgracia que locura.
-¡Oh! si, ya lo sé; pero la locura siempre proviene
de una desgracia.
-Tal vez-le repliqué-y algunas veces hay que reconocer que es preferible al dolor.
-Sí: cuando la locura trae consigo el olvido de los
males ó el de la persona que los causa, es una bendición
del cielo¡ pero cuando en vuestro delirio veis constantemente á los ser~S queridos, castos y puros como los
conocisteis, ó miserables y envueltos en lodo, como lo
son al presente, crea usted, caballero, que entonces la
locura se cambia en una maldición del infierno.
Cuando Luis terminó estas palabras dejó caer la cabeza sobre el pecho y exhaló un profundo suspiro.
-¿No ha procurado usted distraerse?-le dije.
-Sí, todo, todo: viajes, juego, vino, orgías..... pero
inútilmente.
-¿Y el amor?
-¡El amor! Para eso sería preciso no quererla ..... ¡Y yo
la quiero tanto!
-Entonces, {es una múj"!r la causa de su dolor?
-¡Oh, caballero! sí, sólo ellas hacen sufrir.
-¿Y acaso esa mujer ha muerto?-dije, comprendiendo que iba á provocar una confidencia.
. -¡Muerta!-dijo poniéndose bruscamente de pie.¡Ojalá hubiese muerto! Entonces habría sido feliz en
medio de mi dolor; entonces hubiese llorado sobre su
cuerpo yerto, le hubiese prestado el calor de mi corazón, la hubiera implorado como se imploraá una santa .....
pero no: mi mujer es ..... cómica-dijo prorrumpiendo en
una estrepitosa carcajada¡- sí, cómica, cómica.
Y á medida que repetía esta palabra su risa se hacía
más estridente y nerviosa.
Cuando pasó su acceso, le pregunté tímidamente:
-¿Entonces no le ha querido á usted?
-Sí-me respondió;-un solo día, el día que me
abandonó .
-¡Qué rareza!
- Sí, una rareza¡ pero va usted á juzgar por sí mismo. Contaré á usted mi historia, y verá usted la perfidia
de aquella mujer para quien solo tuve amor y lealtad
en el corazón.
Y diciendo esto, volvió á sentarse en el sofá, á mi
lado, y empezó la historia de sus sufrimientos.
III.

-Tendría yo diez y ocho años cuando á la muerte de
mi padre, y después de una corta temporada que pasé
al lado de mi madre, volví á continuar mis estudios á
Bélgica, donde seguía yo mi carrera de ingeniero industrial.
En uno de mis viajes de vacaciones, y á fines del mes
de Agosto, pasaba yo una noche por la plaza de Bilbao,
de vuelta del teatro, cuando de en medio de un corro
de gente oí salir una voz angelical que cantaba una can•
ción muy en boga en aquella época. Su acento era ex•
tranjero. Me acerqué y vi un grupo formado por un an•

141

El flequillo queda muy bien rizándosele con las tenacillas de un cañón algo grueso, pero cuidando de que
estén en buen temple para que no quemen el pelo y se
ponga amarillo, como dice.
Si resulta en pico I será por la manera de arreglarlo
sobre la frente.
Esas horquillas se llaman !torr¡uillas rizadoras.
No es bueno el zumo de limón.
Á MANUELA y CoNCEPCIÓN.-El peinado más á propó•
sito para jovencitas de esa edad consiste en dos ó tres
tirabuzones gruesos, cogidos por un lazo que armonice
con el color del traje.
A O.a M. DE S., Jlfálaga.-Voy á darla, según desea, la
receta de macarrones á la t'laliana. Se prepara medio
kilo de macarrones italianos, partiéndolos en dos, de
manera que queden bastante largos, y se ponen á cocer
con agua y sal en una cacerola grande, para que estén
bien holgados. Después de cocidos, pero no mucho á
fin de que nQ se deshagan, se escurren en un colador, y
se refrescan con agua fría¡ se ponen luego en una cacerola, se espolvorean bien con queso italiano, ó, á falta
de éste, con queso de Parma, bien rallado; se vierte
encima una salsa de tomate ( que á continuación explico) y se mete en el horno hasta que se dore.
Para hacer dicha salsa de tomate se pone á dorar en
manteca, en una cacerola, una cebolla muy picada, y
cuando ya está dorada, se añade un kilo de tomates
partidos en pedazos, sal, pimienta, un diente de ajo y
un ramillete surtido con perejil y tomillo. Se deja cocer
lentamente, y antes que el agua del tomate esté consumida del todo, se pasa por tamiz.
Se vuelve entonces á poner al fuego y se deja cocer,
añadiéndole poco á poco caldo muy bueno, para que
no se espese demasiado, pues la salsa, para echarla en
los macarrones, debe estar algo clara.
A UNA CoQUETA.-El peinado á la griega es el más á
la moda, y adapta varias formas. Voy á tener el gusto
de explicarle cómo se hace.
Se reune todo el cabello en la nuca, donde se ata
fuertemente; se hace un ocho al través, un asa hacia
arriba y otra hacia abajo; se arrolla luego la punta del
cabello alrededor del asa superior, de manera que resulte un poco separada de la cabeza, es decir, aislada;
el cabello corto de la frente se riza, y prende con horquillas invisibles, de modo que haga un tupé algo alto,
del cual se avanzan sobre la frente algunos rizos. Este
peinado es para señoritas.
Las señoras jóvenes se ondulan todo el cabello, que,
una vez sujeto sobre la nuca, se divide en buclecitos,
rodeando la parte sujeta. Para baile y soirée, estos bucles van divididos con-aros de terciopelo del color del
traje, ó de oro, plata ó pedrería.
Y por último, otras vects, después de atado el pelo,
se pone formando un rodete redondo que debe quedar
en el centro de la cabeza.
Á CoLOR DE ROSA.-Es demasiado atrasado el figurín
á que se refiere, y creo que debe reformar el vestido
guiándose por la figura primera del figurín iluminado que
publicaremos en nuestro número del 6 de Abril próximo, pudiendo aprovechar así las cintas de terciopelo
con que está adornado aquél, y supliendo el estampado
~e la tela con aplicaciones de pasamanería negra muy
ligera.
Sí; puede usar el velito blanco.
A una señora casada se le pone en el sobre: Seiiora
.Doiia etc.
Á JovITA.-La cofia á que~usted se refiere, debe ha•
ce ria de encaje y cintas azul pálido, porque es más va(Concluirá.)
porosa y elegante.
A D.ª ANGUSTIAS P. DE L.-La mantilla de Chantilly se
llev;a hasta la cintura, y como las hombreras altas están
CORRESPONDENCIA PARTICULAR
de moda, no importa que abulten.
.
\
Siento mucho no darle á tiempo contestación á su
Exclusivamente serán contestadas en este sitio las
consulta, pero ha escrito usted con poca anticipación.
consultas que, sobre asuntos propios de las secciones
Á M. A.-La olla podnda se hace de la manera sidel periódico, se sirvan dirigirnos las Señoras Suscrito•
guiente:
ras á las ediciones de lujo, demostrando esta circunsPóngase á cocer ( en una olla) garbanzos, berza, cho·
tancia. con el envío de una faja del mismo periódico, ó
rizo, tocino, jamón, _gallina, peras y manzanas; se cupor cualquiera otro medio.
bre de agua y se deja cocer lentamente hasta quedar
Las consultas que se nos dirijan en carta anónima, ó
ésta completamente consumida.
que vengan firmadas por personas que no demuestren
Entonces se sirve.
debidamente ser suscritoras, no serán conte~tadas.
Á UNA MAMÁ JOVEN.-Los trajes á la marinera son tos
más prácticos y más bonitos para los niños.
Á D.a MARTINA DE A-Para limpiar el marfil del teSe pueden hacer muy elegantes, con el chaleco y
clado se hace una masa ligera con polvos de blanco de
España y agua i se embadurnan las teclas con sumo cui- cuello de seda, faya ó surali.
Para colocar la envoltura prepárese una corbeille fo.
dado, á fin de que no caiga nada dentro, y después que
esté seco se frotan bien con una franela, y quedarán rrada de franela ó raso muy elegante. No hay más que
comprar un cesto de mimbre ordinario, y forrarle de
perfectamente limpias y brillantes.
La toquilla negra de pelo de cabra quedará muy bien una de las dos telas que he indicado, guarnecerle á todo
el rededor de encaje, y ponerle en los extremos lazos
lavándola con cerveza templada, y planchándola desde color rosa, azuló malva.
pués entre dos paños, bien prendida todo alrededor.
En breve tendremos el gusto de publicar los enlaces
Á RosALINDA.-Los manguitos fantasía empiezan á
que desea.
reemplazará los de piel, y se adornan COn lazos, plumas
y flores naturales.
.
Á D,a A. F.-EI adorno que indica del vestido gris, no
También en los sombreros de invier'?io empiezan á
solamente está bien, sino que es de rigorosa moda, y
trocarse los adornos por las flores. La capota de encaje
puede, por lo tanto, servirle para vestir.
Para el adorno del traje de faya negra de esa seño• es muy á propósito para este entretiempo.
Los cuellos Médicis están bien á casi todo el mundo,
rita lo más propio son las aplicaciones 9e azabache.
Las blusas marinas de lanilla sujetas con un cinturón siempre que resulten bien hechos.
son á propósito, como traje de casa, para señoritas.
Á LIRIO DEL VALLE.-El amarillo se lleva mucho, sobre
Creo que su pregunta se refiere á esto.
todo para forro: el amarillo mimosa, limón 1 corazón de
azucena, mandarina y paja hacen un contraste bellísi•
Á UNA JovE~ ELEGANTE.-Sí; están de moda los boas
mo con los colores malva, heliotropo, rosa, gris, etc.
largos, y puede usarlo para salir del teatro, pues hace
En la próxima estación, las niñas pequeñas seguirán
aún bastante frío.
Para que no se le forme paño en la cara con el aire llevando grandes cape!t'nes, que en vez de ser de telaS
del mar, debe darse vaselina blanca y sobre ella polvos fuertes, serán de gasa ó encaje, forradas de seda con
de arroz, y además, llevar siempre velito en el sombre-- clioux y lazos de cinta.
ro protegiendo el rostro.
ADELA P.

ciano que acompañaba con un violín la canción que una
preciosa niña de unos doce años cantaba, y cuya voz me
había hecho tanta sensación. Terminada la tanción,
aquella hermosa niña pasó por delante del escaso pú•
blico una bandeja en demanda de limosna; no sé lo que
la dí, pero sé que fué cuanto llevaba. Cuando terminó la
colecta ambos se fueron, y confieso que les seguí con la
vista cuanto pude.
Al día siguiente hablé largamente á mi madre de la
compasión que me inspiraron el anciano y la niña, y, lo
confieso, esperé con impaciencia á la noche para volver
á la plaza de Bilbao.¡ Allí estaban! Así continué bastantes días¡ pero el término de mis vacaciones se aproximaba, y sin saber por qué, sentía yo regresará mi escuela de Bruselas.
Mi madre, á quien incesantemente hablaba de la niña,
y cuyos buenos sentimientos yo explotaba, sin darme
cuenta, en favor de mi protegida, me propuso que la
llevase á casa para conocerla y á su vez protegerla, así
como al anciano.
¡Con cuanto entusiasmo fuí yo aquella noche á la plaza! Le dí al acompañante de la niña mi tarjeta, y quedamos en que á las once de la mañana siguiente estarían en mi casa.
Lleno de orgullo presenté á mi madre aquella pobre
criatura, cuyo angelical aspecto le agradó muchísimo,
y el anciano, que era abuelo de la niña, nos refirió su
historia.
Ambos eran polacos. El padre de Oiga, que así se
llamaba la niña, pereció en una revolución que había
estallado en su país, y el abuelo huyó, para librarse de la
dominación rusa, llevando consigo á Oiga, y viéndose
precisados á mendigar para atender á su subsistencia.
Tal era la historia de los pobres emigrados.
Tanto interesó á mi querida madre el relato del an •
ciano, que les propuso quedarse en casa¡ con lo cual
ella no estaría tan sola como se quedaba cuando yo partía para Bruselas, y al mismo tiempo atendería á la educación de Olga. En cuanto á su abuelo, se le daría una
plaza de mayordomo, y de este modo dejaba de tener
el carácter de limosna la protección que mi madre les
concedía.
Un año después el abuelo de Oiga moría, encomendando á mi madre el cuidado de su nieta y colmándonos de bendiciones.
Apenas terminados mis estudios y establecido defini·
tivamente en Madrid, me dediqué á completar la edu•
cación de Olga, que ya era una encantadora joven, y
como yo era muy aficionado á la música, la dí una instrucción musical superior á la necesaria para hacer
buen papel en sociedad.
¡Nunca lo hubiese hecho! Con esto empezó la ruina
de mi felicidad.
~
Apenas tendría Olga quince años cuando tuve la desgracia de perder á mi adorada madre. Hacía mucho
tiempo que mi amor no era un secreto para.,ella: con ese
instinto prqpio de las madres, había adivinado lo que
yo me obstinaba en ocultarla. Comprendía. la diferencia
que existía entre los sentimientos de Olga y los míos;
conocía lo superficial y v,oluble de su carácter, y lo sentimental y hasta novelesco del mío. ¡La pobre anciana
trataba de protegerme contra los peligros que amenazaban mi futura felicidad!
Debí oir sus últimas palabras como un aviso que me
venía del cielo¡ pero ciego por la pasión, no vi en sus
consejos más que los temores exagerados de su ternura
hacia mí, y sólo respondí cubriendo de lágrimas y besos "
la mano que me bendecía.
INÉS B.

•

�· 142

LA MODA ELEGANTE, PERIÓDICO DE LAS FAMILIAS.

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30 á 37.-Trajes de paseo, de teatro y de baile.

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143

LA MODA ELEGANTE, PERIÓDICO DE LAS FAMILIAS.

EXPLICACIÓN DEL FIGURIN ILUMINADO.
Núm. 12.
Corresponde á las Señoras Suscrltoras de la 1. 1 edición de lujo.

.;·1

"

Traje de desposada. - Vestido de piel de seda. El vestido Princesa, que cruza por delante de derecha á izquierda, se abre sobre una quilla ancha de raso brochado
de pastillas y lazos de cinta. La cola, que va plegada
solamente en medio por detrás, va rodeada .de un volante de punto de Alenzón, dispuesto en lambrequines
-sujetos en cada punta con un ramo de azahar. Un cuello
irande de encaje cae formando cascadas eh el borde
&lt;lel delantero cruzado. Delantal plegado en la izquierda
bajo un ramo de flores de azahar. Collar de capullos de
.azahar y ramo en el cuello. Este va plegado en lo alto.
Manga larga montada con fruncidos y formando ondas
en la sangría y en el lado. La parte inferior de la manga
va redondeada sobre un puño alto. Ramito de flores de
azahar en el extremo de la manga.-Velo largo de tul
de ilusión, echado hacia atrás y sujeto en forma de
Potif en la coronilla. Ramito de flores de azahar en los
cabellos.-Guantes blancos de cabritilla.-Medias blancas de seda y zapato de piel glaseada.
Tela necesaria: 5 metros de tafetán, un metro 10 centíi:netros de raso brochado, y 12 metros 50 centímetros
de piel de seda.

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EXPLICACIÓN DE LOS GRABADOS
CONTENIDOS EN LA HOJA-SUPLEMENTO,

Corresponde á las Señoras Suscritoras de la 1.• y 2.• edición.

Abanico guarnecido de encaje.-Núm. l.
El varillaje es de laca del Nilo en Iós costados. Como
país, una figura y varias flores sobre un fondo de paisaje.
A todo el rededor va un encaje del Nilo con hebras

sultana.
Orla de encaje Richelieu.-Núm. 2.
Esta orla sirve para ropa de cama, mantelerías de
té, etc. Se traza en primer lugar el dibujo con algodón
grueso, y el resto con algodón más fino. Se hacen las
barretas con piquillos, y después se pasa el algodón sobre los contornos de los dibujos. Se pueden hacer también. con este encaje unas cabeceras con interior de
felpa.
Encaje para volante de vestido. -Núm. 3.
Este encaje se ejecuta sobre tul de Bruselas; las hojas
son de aplicación; calados y puntos de fantasía con
hilillo núm. 100.
Media cortina almohadillada.-Núms. 4 á 7.
Sirve esta media cortina para dos fines. Colgándola en
los tres bastidores de un balcón ó ventana, á cierta altura, impide que los rayos del sol hieran directamente
la vista, sin interceptar la claridad; y poniéndola más
abajo, de modo que llegue hasta el suelo, como indica
el dibujo 4, intercepta el aire frío que suele pasar por
las rendijas. En ambos casos es un objeto útil que conviene hacer lo más agradable que sea posible.
En lo alto va una especie de almohadilla que tenga el
ancho del balcón ó ventana y que irá forrada· y algodonada. Esta almohadilla forma una especie de cartera
,grande, representada de tamaño natural por el dibujo 5.
Se hace el bordado sobre un pedazo de paño color de
bronce obscuro, con aplicaciones del mismo color, pero
de matiz más claro. El cordón que recorre el dibujo es
de raso encarnado. Puestas las aplicaciones en su lugar,
hay que coserlas primero y después hacer un punto de
Boulogne con dos agujas y lana color de bronce, sujetas con dos hebras de seda del mismo color. Un cordoncito termina la labor en el borde.
El dibujo 5 representa las palmas del fondo de la
parte inferior. Van bordadas al pasado con lana verde
aceituna de cuatro matices.
El dibujo 7 representa el encaje-fleco que adorna la
almohadilla. Se le hace yendo y viniendo, con lana encarnada, y principiando por la segunda hi[.era. Se hace
la cabeza del encaje cuando el diente está terminado;
montando una cadeneta del largo que se quiera dar al
encaje.
1.ª ltilera.-Una barra simple en cada malla de la cadeneta de apoyo.
2.ª ltilera.- 5 mallas de cadeneta al aire. Se continúa
ta cadeneta tomando consecutivamente 3 mallas sobre
un solo hilo de las barras de la vuelta anterior, - 5 mallas al aire, -3 mallas sobre las barras siguientes·, etc.
3.ª llilera.-Se toma en la presilla de la cadeneta: una
.barra simple,-una barra doble,-2 barras triples,-

30 de Marzo de 1891

[L~ ~ @lW ffi\

~[!JE®~~ TI' [ íl [L M~TI'Pa ~ illl ~

Administracion, Al cala, 23
MADRID

CONTRA
los Catarros, loa Resfriados, la Grippe,
N" 12

poseen una eficacia clerui. y Ju11tlfü:adn por los
M.Icmbro11 de In Acndémla de Medlclna de Franct.e..
Sin Opio,Morfilla ni Godeina. So les daeon é.nt.o
y seguridad á los Nino11, a.tacadoa de Tos almple ó
de Coqueluche ó Tos ferina.
Efi PARIS, CALLE VlVIENNE. 158
DEL MUNDO E!-'TERO.

OLUCION
CUNAUDª ~::o~tii~~t~ ~~~al
C.hae'rmu -Toa rebelde, Bronquitis, Catarros

S

1

antlgo1,Tieis y enfermedades del Pecho. 1'.uus,

L'w. larohan d, f3,r.6rmcr-S'-luur,1 lodufuaela1A111eriw.
T

CELEBRIDADES PARISIENSES.
Es preciso hacer constar que las señoras comprenden perfec•
tamente que la elegancia del talle no consiste sólo en su esbeltez, sino también en su delicada flexibilidad y en que tenga las
proporciones naturales.
Mmes. De Vertus, 12, rue Auber, en París, han creado excelentes corsés destinados á esta nueva manera de vestirse; corsés que ofrecen una flexibilidad maravillosa, y permiten moverse
al talle según le acomode, dejando al pecho sus naturales movimientos; así es que no hay señora elegante sin estos corsés
incomparables, y que no esté verdaderamente maravillada de
su uso.
Cuanto á 1os trousuaux confiados á la inteligente y cuidadosa
confección de Mmes. De Vertus s(l!urs, tienen todo el poético
encanto que exige su destino.
Nada superfluo; nada de esas diabólicas invenciones que
siempre debe rechazar una mujer comme il Jau/, ¡ Qué encant¡i.dora distinción! ¡Qué elegancia severa y de buen tono!
Y no olvidarse de que un corsé firmado por Mmu. De Vertus
S(l!urs es un diploma, un breve/ de elegancia y exquisito gusto.
1

EL PROGRESO.
Nuestro siglo es el siglo del progreso. Hoy, en el centro de
Aírica, en medio de comarcas apenas exploradas, es donde
nuestros industriales buscp.n y encuentran las primeras materias
necesarias á sus preparaciones.
Entre los productos más distinguidos, los que logran el éxito
más incontestable, se debe citar en primera linea el 7abó1i dd
Congo, cuyos perfumes delicados y fabricación cuidadosamente
ejecutada atraen la atención de las damas de todos1os paises.
Jabonería de Víctor Vaissier, en París.

-----------

por modo especial á nuestras lectoras las meRecomendamos
dias y los caketines negros de la marca DI.,, Troy es ( Aube ),
1

Francia.-Esta casa, inventora de dicho uegro, es indudablemente la que mejor le produce.-Como sucede con todos los
buenos productos, tiene ya numerosas imitaciones, más ó menos
felices; y por Jo tanto, se debe exigir siempre la marca: twolr
'1.',.

••L. .,,.t';K,

PTYCHOTIS, Victoria, Lila blaneo,e1G.
0/orer nuel'll8 muy co11ce11tr1dos para el Pa.l!uelo

AGUAdeCOLONIAREALmuyaprec.ia.d.1

ASMA Y CA.T ARRQ
1l

Cur~dos por los cigar_rillos
Esp1c. 2 francos la caJa,

'l'lno doble dl,r-estlvo de Cbassaln,r contra las digestiones difíciles, padecimientos del estómago, pérdida del apetito, etc.

,
PIANOS
FOCKE
V',ctor
83, Paris.
'
Rugo,

IIIED.-LLAl!il DI! ORO.
Alquiler y venta. 83 1 Avmue

CARPETAS PARA «LA MODA».
Con objeto de que las Sras. Suscritoras á LA MODA
ELEGANTE puedan conservar en buen estado los números de esta Revista I sin que se deterioren al hojearlos, esta Administración ha hecho construir unas
carpetas especiales que, por su baratura, estén al
alcance de todas las sellaras que nos favorecen con
su concurso.
Estas carpetas unen á su buen aspecto suficiente
solidez, y resultan muy á propósito para contener,
en forma cómoda y elegante, los números últimamente publicados; su precio, 2 pesetas en Madrid,
3 en Provincias y 4 en América y el Extranjero, incluso los gastos de franqueo, certificado y de embalaje entre cartones.
Diríjanse los pedidos, acompaliados de su importe,
al Administrador de LA MonA ELEGANTE, Alcalá,
23, Madrid, ya directamente, ya por mediación de
los Sres. Corresponsales.

SOLUGIÓI AL JUOGL!FIGO DIL Hhno 8.
El más a-.tufo vence siempre al más fuerte.
La han presentado las Sras. y Srtas. D.• Manuela G6mez y Brallas.-Dona
Consuelo G6mez.- D.• Encamación Garcla.- D.ª Consuelo García Revenga..
-D.• Enriqucta Aguado y S'!r~a.- D.• Maria Dolores Fernández de Mavoral.-D.• Emi!ia Cancio de Couto ....,:..rj.• Maria del Rosario Mayalde Tolosa.
-Srta. D.• Dolores L6pez Saavedra.-D.• Joaquina Mata V1gil.

JEROGLÍFICO.

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merced al empleo de la Crema Simón, del Polvo de arroz y del
:Jabón Simón. Evítense las falsificaciones extranjeras, exigiendo
en dichos productos la firma de Simón, ruede Provmu, 36, París.

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:Bronquitis, cte., el .Tarabe y 111. Pasta
Pectoral de N' a:fé de Delangrenier

Y EY TODAS LAS BOTIOAS

9k . y/)ffo'/"/u:«á,&lt;0~~, -/S , u,,e,c0&amp;,~ ~ 0
GY;r"g;¡jl,n,2,!lfJ~~d,_s;/~,¿,¿.,/("'% '' f?~a.~'4Úr,~

2 mallas al aire,-2 barras triples,-una barra doble,
-una barra simple,-una malla simple entre las barras. Hecho esto, se toma el lado del encaje opuesto al
. diente ú onda y se hace una hilera compuesta de: una
barra doble,-una malla de cadeneta, -una barra doble, etc., dejando entre las barras una malla sobre el
encaje.-Para hacer las borlas del fleco, se cortan 8
hebras de lana de 8 centímetros de largo; se las pone
dobles y se las ata sólidamente con una presilla de lana,
una de cuyas puntas se remata. Se mantiene la otra
punta, se rodea la lana para formar la cabeza, se la ata
bien y se la corta, dejando la hebra que sirve para atar
suficientemente larga á fin de que pueda perderse entre
el fleco. La hebra que sirve para atar debe pasarse
antes por el centro de cada onda del encaje.
Estas borlas pueden hacerse de los mismos colores
del bordado.
Tira para muebles.-Núm. 8.
Esta tira va bordada. al pasado sobre raso oriental
verde almendra. Las florecillas son de color de rosa
antiguo, de tres matices; las hojas verdes, grises, y los
tallos, color de madera.

de

co """"-

~m-,
POLVOS DE ARROZ,

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11

Año L-Núm. 13.
11

SUMARIO.
Tx:a:ro.-Revista parisiense, por V. de CasteJfi.
do.-Explicación de los grabados.-Crónica de
Madrid, por el Marqués de Valle-Alegre.-Olga
(conclusión), por D." Inés B.- Notas al aire,
poesía, por D. José Jaekson Veyan.-A una
mujer, soneto, por D. Angel Corujo Valvidares. -Libro de memorias (conlinuaciónl, por
F/a11io.-Correspondencia P"rticular, por dona
Adela P.-Explicación del figurín iluminado.Suellos.-So\ucióp. al salto de caballo publicado
en el núm. 10.-Anuncios.
GRAaAOos.-1. Traje de soirü para ~enori:as.2 y 3. Traje d,:: desposada.-4. Vestido para niItas de 4 á. 6 a1\os.-5 y 23. Abrigo para ninas
de 9 á I I anos.-6 y 20. Abrigo de lana ne¡r.a.
-7 y 18. Esclavina de \·igon.a.-8 y 17. Mante-,
leta.--,9 y z1. Fichtl doble de pano claro.- J:&gt; y
19. Paletó con aldetas anadidas -11 y 24. Man·
telela-esclavina de seda de canutillo.-12 y 13.
Vestido de lana l&gt;dgt',-14. Camisa de dormir.
- J ( . Delantal para ninas de 5 á 7 anos.- 16.
Esclavina de pano con canesú.-~2. Chaqueta
para sen oras jovenei.-2 5 á 32. Grupo de lencería.-33 á36. Sombreros de verano,-37. Som
brero Dalila.

REVISTA PARISIENSE.

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rostro una maravillosa y delicada belleza, y Je dan un perfume de exqai.sila su~vida~. Ademas de: su col~r blanco,

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Pues pedidlas á la Perfumería Exótica, rue du
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ficarle.-E_ste secreto_ que la gran coqueta egoista no quiso revelará ninguno de su~ c01_uemporá- y encantada del resultado.
neos, ha sido descubierto por el doctor Leconte entre las hojas de un tomo de la H:.stona amorosa
Su Brisa Exótica, en agua ó en crema, os hará
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y os defenderá contra las arrugas; su polvo de
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lll~on_ y de llub~&amp; d4: 1'1non, polvo de arroz que Ninon de Lenclos llamaba e.la juventud en blancura diáfana que evocará á las rosas desvauna. CaJa~.-Es necesano exigir en la etiqueta el nombre y la dirección de la Casa, rara evitar las necidas de vuestro rostro; su Anti~Bolbos extirfalsific~c!ones,-La ,faifumen·e Ninon expide á todas partes su:. prospectos y precios corrientes.
pará los puntos negros que brotan en la nariz,
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suavemente azuladas que antes, en vuestra pri•00000000000ouooo9
mera juventud, poseíais; y toda esta transfonnación se efectuará naturalmente, sin recurrir á
ningún artificio.
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ThérCse FEDOU, Sucesora
gratis y franco de porte, á quie n le pida.
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Depósitos m Madrid: Artaza, Alcalá, 23, prinPARIS, 33, Rue Vioienne, 33, PAR/S La mejor recomendación de este ameno libro, cipal, izq.; Pascual, Arenal, 2; úrquiula, .Afa..
para nuestras lectoras, es manifestar que está es• yor, I; A.i ruirn y ltfolino, Preciados, I, y en Bar•
crito por el distinguido cronista de salones y tea- ~clona, Sra. Viuda de La/011t é Hijos.
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bellos, les hace brotar con fortaleza y retarda su.
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r------------------•. 1decoloración. E. SENET' ADMINISTRADOR 1 35,
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Sra. Viuda de Lafont é Hijos.
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PARA BL PAJvUELO

· La enfermedad empieza con una ligera relajación dd estómago, pero si se descuida, afecta
con d tiempo á toda la economía, riñones, hígado, páncreas 1 todo el sistt!ma glandular, y el enfermo hace una vida miserable, hasta que la
muerte le libra de sus padecimientos. Esta enfermedad se equivoca con otras muchas veces; pero
si el lector ::.e hace las siguientes preguntas, podrá dc:terminar si él es uno de los afligidos.
~ S,iento yo incomodidad, dolor ó dificultad al
respirar, después de las comidas? (Me siento yo
desanimado, pesado ó soñoliento? ¿ Tienen los
ojos un tinte amarillo?¿ Siento en las encías y en
los dientes por la mañana una mocosidad espesa
y pegajosa q'ue tiene mal gusto? ¿Tiene sarro la
lengua? ¿ Tengo dolores en la espalda y en los
costados? ¿Siento yo en el lado derecho como si
el hígado aumentase de volumen~ ¿Tengo estreñimiento? ¿Siento vértigos ó mareos, si me levanto repentinamente de una posición horizontal? tEs escasa la secreción renal, de color subido
y deja sedimento? ¿Fermenta el alimento á poco
de comerlo, produciendo eructos ó flatulencias~
¿Me palpita con frecuencia el corazón? Estos
síntomas pueden no presentarse todos de una
vez, pero atormentan en turno al paciente, según
adelanta la horrible enfermedad. Si la enfermedad ha durado largo tiempo, hay una tos seca,
acompañada más adelante de expectoración. En
casos muy avanzados la piel toma una apariencia
morena, sucia, y los pies y las manos tienen un
sudor frío y pegajoso. A medida que enferman
el hígado y los riñones, aparecen dolores reumáticos, y el tratamiento usual contra esta cruel
enfermedad resulta inútil. La indigestión crónica
da origen á esta enfermedad; pero una pequeña
cantidad de la medicina necesaria la cura si se
toma al principio. Es de la mayor importancia
que la enfermedad. se combata pronta y eficazmente desde el principio. Un poco de medicina
la puede curar entonces; pero aun cuando ya haya
pasado tiempo, se debe acudir á la medicina conveniente, y tomarla hasta que haya desa arecido
todo vestigio del mal, hasta que vuelva e apetito
y los órganos d~ la digestión hayan recobrado la
salud. El remed10 más seguro y más eficaz contra
esta cruel enf~rmedad, es el Jarabe Curativo de
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vende en toda:. las farmacias del mundo. Este jarabe ataca el verdadero origen de la enfermedad
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es expedido franco de porte y de
derecho!I de aduana á todas Jas Iocalldades de España servtdas por ferr'?;
carril, mediante un recargo de 22 Al
sobre el Importe &lt;le la factura.
Las expediciones son nechas Ubr es
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habitada por el cliente y contra reembolso, es decir, á pagar contra recibo
de la mercancía ; los clientes no tienen pués que molestarse en lo más
mlnlmo para recibir nuestras remesas
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Las telas de la euadón entrante.-Modas de primavera.-Los bordados.-TRATRO DEL VAUDE·
VILLE: Liliane, comedia en tres actos, de los seflores Champsaur y Lacour.-TEATRO DEL Gy:,i.
NASE: .llusd!t', por Guy de Maupassanl.-Las
toihtta.-Pensarnientos.

Aparte de las telas que llaman de
canutillo y de los pañetes, adoptados
ya para los trajes de primavera, veremos en la estación entrante muchos tejidos de aspecto rústico, pero
flexibles y sedosos al tacto, tales
como la vigoña de mezclilla, cardada, salpicada de medias lunas, de
lunas ó de almendras enormes, formando sobre el fondo una especie
de relieve, ó bien la misma vigoña
listada, pero con unos ramitos que
interrumpan la monotonía de las
listas.
Todas estas telas se mantienen en
la escala de los colores suaves, que
principian en el gris para terminar

eñeh-n"r.:-~_-:, ;· ~::.'.!.

el Catálogo general ilustrado encerr.lndo todas las modas para la
ESTACIÓN de VERANO, a quien
lo pida á

de P ARIS -

SUMARIO,

-

MADRID. - Establecimiento tipolitognifico «Sucesores de Rivadeneyru,

!;"'

=..,11~t!..&lt;i~!-

'"·

nadas á. hacer resaltar, al mismo--:--]'~
tiempo que lo atenúan, el brillo de
1
los galones de oro, plata ó acero,
f
que adornan los vestidos hechos de
,::
telas lisas.
Las telas gruesas de lana, de pelo
largo, entre otras, irán guarnecidas
de galón de metal, al paso que la
vigoileta, de cenefas afelpadas, compuestas de rayos de colores neutros,
irá adornada con terciopelo ó cachemir de colores vivos, con los
cuales se hará el chaleco, las solapas, las mangas y los bolsillitos de
las chaquetas.
Los tejidos con cenefas no son, ni
mucho menos, una novedad; pero han
sido renovados, y se emplearán para
los trajes sencillos que no se quieran adornar con pasamanerías costosas. Al mismo uso se destinan las
lanillas de cuadritos azules y blancos, con una cenefa ancha, también
de cuadros, pero de tamaño mayor,
y á veces mezclada de un tercer color. He aquí un traje que será muy
lindo, si se le ejecuta con tela de
este género:
Levita larga y ajustada, hecha de
tela de cuadritos, ribeteada de cuadros grandes azules, blancos y color
granate, los cuales se emplean también para adornar el delantero de la
falda . El cuello en pie se hace con

2.- Traje de desposada. Espalda.
VhSE EL DIEUJO 3.

Explic. y pat., núm. 111,jigs. 14 d 17 de fa. Hoja-Suplemento,

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                <text>La Moda Elegante Ilustrada. Esta revista tiene sus orígenes en 1842. Su antecedente fue un pequeño periódico femenino titulado La Moda que empezó a publicarse en Cádiz en 1841, de la mano de don Francisco Flores Arenas, escritor andaluz y periodista conservador de El Globo. Unos años más tarde, en 1849, el editor don Abelardo de Carlos Almansa compra este pequeño periódico de modas, entonces en crisis, y lo convierte en una publicación de gran éxito y con beneficios. Tuvo tanto éxito que se vendió por toda España. En 1861 cambió su formato y adoptó el nombre de La Moda elegante ilustrada y a partir de 1871 comienza a publicarse también en Madrid. La moda elegante es una de las publicaciones “femeninas” más longevas, pues continuó su larga vida hasta finales de 1927, sobreviviendo a De Carlos.</text>
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            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752064&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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              <text>La Moda Elegante Ilustrada, 1891, Año 50, No 12, Marzo 30</text>
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              <text>Flores Arenas, Francisco, 1801-1877 </text>
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              <text>La Moda Elegante Ilustrada. Esta revista tiene sus orígenes en 1842. Su antecedente fue un pequeño periódico femenino titulado La Moda que empezó a publicarse en Cádiz en 1841, de la mano de don Francisco Flores Arenas, escritor andaluz y periodista conservador de El Globo. Unos años más tarde, en 1849, el editor don Abelardo de Carlos Almansa compra este pequeño periódico de modas, entonces en crisis, y lo convierte en una publicación de gran éxito y con beneficios. Tuvo tanto éxito que se vendió por toda España. En 1861 cambió su formato y adoptó el nombre de La Moda elegante ilustrada y a partir de 1871 comienza a publicarse también en Madrid. La moda elegante es una de las publicaciones “femeninas” más longevas, pues continuó su larga vida hasta finales de 1927, sobreviviendo a De Carlos.</text>
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              <text>Carlos, Abelardo de 1822-1885, Propietario</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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      <name>Capola de teatro</name>
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      <name>Chaqueta de paño</name>
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