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                  <text>LA MODA ELE-GANTE - l ·LU&amp;TlvADÁ.

60

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bra~o. Delantero medio ajustado por una pinza. El delan tero cerrado en m edio con una sardineta redonda con tres
boto~es, Cuello vuel to , con terciopelo. Solapas en punta,

adornadas con p espuntes. Pespu ntes en todas las costuras.
Manga ajust ada con el forro; el vu elo de arriba, con pinzas
pespunte_adas. Sombrero de fieltro, adornado con pluma F •
Ma teriales: 5 metros de paño, de un metro 30 centíllletros de ancho.

�LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

62
SUMARIO.

TEXTO. - Revista parisiense, pOr V. de Castelfldo. - Explicación
do los gro.bados. - S. 111. D.• Maria Amelia de Orleans y Borbón,
reina de Portugal por D. Alejandro Larrublera. - Siete veces feliz,
por D. José Ramón l\félida.-Corredpondencia particular, por doña
Adela P.-Explicación del figurín iluminado.- Explicación de los
dibujos para bordados contenidos en la Hoja-Suplemento. - Sueltos.-An uncios.
GUABADOS.-1 y 2. Abrigo para señoras jóvenes.-3 a 10. Fígaros hechura. sastre y de rantasla. - 11 y H. Traje para señoritas de 12
años.-13 y lt. Traje de baile para sejoras jóvenes.-15 y 16. Traje
de baile p.lra señoritas. -17 y 18. Vestido para niñas do 10 A 11
años. -IY. Traje de paseo y visita. - 20. Toque Edmée. - 21. Traje
de sotrt!e para señoras jóvenes 6 señoritas. - 22. Toqu, Ua.ding. 23. Traje de paño adornado con bordados.~24. Abrigo de pn.ño. 25. Traje hechura sastre. -26 a rs. DI usas sin mangas. - 29 y 30.
Abrigo para niñas do Oa 7 años.-31 y 32. V~stido para niños de 3
a 4 añus. -33 á 36. Trajes de paseo. -37. Capa para visita 6 salida
de teatro. - Retrato de S. M. D.• Maria Amella de Orleans y.
llorbón, reina de Portugal.

REVISTA P ARISIESSE.
SUMARIO .

Preparativos de tcllctll&amp; con mctlvo de la próxima Exposición.-Peinados de novedad. -Ideas originales. - Riqueza en los trajes de
baile.-Uno de tul negro bordado de lente¡uelos.-Otro de tul blanco con aplicaciones de bordado do oro. -Lujosa toilette de pana
bordada do oro y plata. -Acontecimiento del dia..

~~

medida que se acerca el día de la
apertura de la. Exposición, preocupa
r IY} má::1 la idea de que han de ser muy
,:. .-&lt;. numerosas las toilettes que para en_,, toncas se necesiten, y esta idea ca.si
se convl8rte en pesadilla. si se piensa en
~ ·
que la oleada de gente que de las provin;,J. cias y del Extranjero inundara París ha de
'&lt;f· dar uu'considerable aumento de trabajo á todos los talleres.
Lo mismo que en las vísperas de las grandes
festividades y en las cercanías de los cambios de
estación, no se podrá entonces contleguir aquello
que se necesite! y la mas _e;em~ntal prudencia
aconseja pravemrse con anticipación.
Esto era. lo qoe recientemente me decía uno de
nuestros más afamados modistos, quien añadía
que las parisienses obrarían muy cuerdamente si
con antelación tomaran sus precauciones.
Claro es que, al decir esto, no podía referirse á
las novedades, que sólo se pueden adquirir en
el momento que
aparecen, y sí á.
esas toilettes que

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bien pudiéramos llamar clásicas, á las que son
siempre necesarias, y en las que la moda apenas
introduJe variación sensible.
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sobre la falda mezclaban sus granos rojos con torza.das de tul graciosamente dispuestas.
Justo es confesar que esta novedad obtuvo un
éxito extraordinario.
o
o o

o o

Los peinados del día ofrecen una gran variedad y siguen siendo su principal adorno los peinecÚios de concha cuajados de brillantes, con los
que se sujeta el pelo por encima de la nuca.
Empiezan á decaer los adornos altos para la cabeza, que ahora se reemplazan con flores y con
hojas adosadas al peinado.
Sin más adorno á la cabeza que unos lirios rojos estaba tan en:cantadora cierta amiga mía noch~s pasadas, que llamaba la atenció?, aqu_í ~onde
á diario nos sorprenden con las mas ongmales
novedades. Dos de eatos lirios, á guisa de escarapela, estaban prendidos á los lados de la cabeza, y
les servía de lazo de unión una guirnalda de hiedra de otoño, de rojizos tonos y diminutas hojas:
así resultaba su peinado como ceñido
por una corona que .--~:---,:,
le sentaba á las mil
,,• ,;
maravillas.
Otra guirnalda,
compuesta con esta.s
l.
altivas flores de dora.dos pistilos, enlazadas con ramas de
hiedra marchita,
cruzaba su espalda,
partiendo del hombro izquitirdo y terminando poco más
abajo de la cintura.
Completamente
vestida de blanco,
otra preciosa parisiense adornaba. su
cabeza con racimos
de uvas encarnadas,
cual si fuera una bacante; pero su extrema distinción prestaba á este adorno
un aire de nobleza
qua de seguro no hubiera adquirido sobre otras muchas cab eza.s. Varios ele e.s·
tos racimoil
;,:
//,Y.
prendidos
"''

,.

¿Qué decir respecto a los trajes que en estos
días he visto?..... Preciosos, encantadores. Entre
ellos ocupa el primer lagar el que vestía la. hermosísima Mme. de C... Era de tul negro, con un
bordado de lentejuelas y de felpilla que se destacaba valientemente sobre el fondo de raso blanco.
Este traje, cuyo bordado era de gran riqueza, t&amp;nía por único adorno una écharpe de raso blanco
flexible, tan graciosamente colocada que por sí
sola realzaba el traje. Después de aprisionar la
parte alta del brazo, de pasar bajo la hombrera y
de rodear el escote, volvía á aparecer en el lado
izquierdo formando una gran escarapela, desde la
que bajaba al talle para desde allí convertirse en
dos anchas caídas que flotaban libremente hasta
el borde de la falda (fig. 1).
En esta combinación veíase tal
armonía y tal sencillez, que por
sí solas daban á. conocerá la gran
señora y á la. mujer de exquisito
gasto.
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Madama G... , que viste siempre de un modo inimitable, lucía
la misma. noche una preciosa toilette de tul blanco con aplicaciones de raso bordado con felpilla
y oro; este traje e3taba montado
sobre una falda de raso blanco,
guarnecida al borde con pequeños volantes 71lissés del mismo
tt1l, y llevaba al filo de las ondas
con que terminaba la fa.Ida de tul
una cintita de raso blanco estrecha y fruncida, una de esas cintas que en todo se colocan y que
tanto relieve dan al tul y a la
muselina. En la cintura, un dra•
peado de raso blanco afectaba la
forma de corselete, cubierto á.
medias por un «bolero» de tul
bordado del mismo modo que la
falda. El escote esta.ha rodeado
por un volante de tul plegado,
formando grandes picos, sobre
los que se destacaba en el hombro derecho un inmenso grupo
de amapolas rosa.
Orgullosa de la corrección de
líneas de su cuello y de sus hombros, é impulsada por un refina~ien to de su exquisita coqueteria, Mme. G... se guardó muy bien
de romper la pureza de aquellas
líneas ni aun con un sencillo collar de perlas.
Finalmente, sus cabellos, recogidos sobre la cabeza se mez1 claban con algunas lazadas de
cinta ( croquis núm. 2).

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:1-os traj~s s_encillos agradan poco en el día, y, por lo
mismo, es md1spens~bl~ adornar éstos con ricos y elegan•
tes bor~ados. Esta fue, sm duda., la idea que presidió en la
confección _d~l elegantísimo que vi no há muchos días y
voy á. describir ahora ( croquis núm. 3 ).
La falda estab~ hecha ~e. esa preciosa pana color oro, que
reluce con refleJOS metahcos al menor efecto de luz. Un
anc~o bord:1d~ en oro y plata y una serie de chispas encima
de el constituian el adorno de la falda, cuyos picos caían
sobre un volante de muselina de seda plegada del mismo
tono de color que la pana. Cuerpo de muselina de seda plegada, ceñido á. la cintura por un corselete de bordado, y en
el escote con grande;¡ picos similares á los de la falda uno
d~ los cuales sube sobre el brazo hasta cerca del ho~bro.
Cmt~r~n de pana sujeto por un broche y cordón de perlas sirv10ndo de hombt·era.
Este traje, como el antes descrito, se adorna al costado
con un hermoso grnpo de amapolas malva mezcladas con
lazadas de terciopelo negro.
'
' o

Una boda h~ sido el acontecimiento más notab_le durant~ los ~~timos días en el mundo parisi~nse, y bien qmsiera dar cuenta de las preciosas
toilette.~ qu~ con este motivo se lucieron; pero esto
me obhgaria á dar demasiada extensión á la Re~sta de h9y, y forzoso será. aplazarlo para la próxima.

V. DE CASTELFIDO.
Parle, 10 de Febrero de 1900.

3 • 10.-Flgaroa bechura aaatre y d1 fa■tatlL

tndillo debajo del hrazo; delantero cruzado y recortado en m:uzados y ajustados con una pinza¡ el borde, cruzado tamdillos debajo de brazo¡ delanteros cruzados y ajus~dos con la cintura, formando tres correas entrelazadas; manga aj us- bién, está recortado y forma festón, sujeto con botones¡
ooa pinza; la part.e cruzada está recortada y ter=a con ada por el forro.
cuello vuelto de solapas de t.erciopelo blanco cubierto con
botones¡ cuello y so.lapas hech~ra de sastre, forrados de
Núm. 6.-Sobre un forro ajustado se coloca un corseli- enrejado de terciopelos negros¡ manga ajusta'da con un enllo con costuras de pana malva con dos hileras de botones . tredós de paño enrejado.
terciopelo color nutria¡ manga aJustada por el_.forro.
" .)
Nú11. 4.-Espalda sin costura, dos costadillos¡ delan- ddante ¡ «bolero» corto de paño blanco, cubierto con apli- , N~m. 9.-Cuerpo ajustado, sin costura; los delant.eros
tero ajustado por una pinza y formando un pe~ en punta; caciones de paño malva¡ costura debajo del brazo, y delan- al _bies van ~peados s_obre el pecho¡ la parte de abajo está
botones sobre él· solapa de paño blanco ad.ornada con pes- tero formaodo uoas puntas muy pronunciadas; corbata abierta y deJa ver uo cmturón de terciopelo de lunares¡ se
puntes¡ cuello ~ecio, adorn~do también _con pespun~es de seda malva con fleco¡ manga de l" misma tela qoe el e~cota sobre un canesú de terciopelo¡ berta de terciopelo
y botones pequeños¡ manga aJustada con bieses de la nns- ' «bolero».
hso , cor~da en forma y anudada al terminar el~drapeado¡
Núm; 7.-Espalda sin costura¡ uo costadillo debajo del mao~a ªJustada.
ma tela.
-~
Núm. 5.-Sobre un forro ajmtado se.coloca un cint~rón- brazo¡ los delaoteros formando una punta y cruzados¡ cueNum. 10. -Espalda sin costura¡ costu~,- debajo del brazo¡
corselillo de terciopelo, cerrado á los la-dos_ con dos hileras llo alto forrado de chinchilla¡ solapas de piel igual¡ mangas delantero recto, un poco abierto y terminando en punta¡
de botones· canesú redondo y cuello de terciopelo¡ «bolero» haciendo jue~o.
solapas ~e paoa crema, ribeteadas con guipur; cuello alto¡
de pafio¡ 1~ espalda es sin costura y llega basta el talle¡ cosNúm. 8.-Espalda ajustada con costuras¡ los delanteros manga &amp;Justada.

Núm. 3. -Esfalda sin costura en medio, figurando coeta-

o o

Nums. l á·s.

-

�64

'

LA MODA E.liEGANTE ILUSTRADA
/.

S. M. D.1 MARÍA AMELIA DE ORLEANS Y BORBON,
REINA DE PORTUGAL.

un ángel tutelar siempre propicio á enjugar las
lágrimas del desvalido, á proteger todo aquello
que represente una buena obra ó un acto meritorio.

esplendor de su elevada jerarquía en las múltiples
ocasiones á que aquéll~ le obliga.
()

NOVELA,

o ()

o

Gracias á la educación se perfecciona el espíritu, se embellecen los sentimientos, adquieren
mayor fuerza los impulsos anímicos, se aquilata,
en fin, la sensibilidad, tesoro inmanente entre
los humanos, especialmente en la mujer, más propensa á cuanto tenga algo de tierno, á cuanto se
ofrezca con una nota delicada.
Esméranse los príncipes en educar á sus regios
vástagos de una manera excepcional, enseñándoles cuantos conocimientos están al alcance de la
humana inteligencia; y muchas veces ocurre que
este exceso de sabiduría ciega las naturales fuentes del corazón, á manera que el aluvión entorpece
la marcha del modesto arroyuelo.
Formar el corazón de una mujer es empresa
harto düícil, y mucho más el de una reina.
Sabido es que SS. AA. RR. los Duques de Montpensier educaron á. sus hijos de una manera democrática, si nos es permitida la frase en este
sentido.
A los varones, después de terminar sus estudios, hiciéronles aprender un oficio (el mismo
Duque era un excelente relojero); á. las hembras,
una vez desarrollada su inteligencia con conocimientos superiores y embellecidas con aquellos
otros de puro adorno, obligáronlas á llevar el peso
de la casa, de modo y manera que viniera á ser
como complemento de una educación brillantísima.
Y S. A. R. la Condesa de París siguió con su
hija Amelía la sabia conducta que con ella siguieron sus padres.
Así, pues, la joven Soberana de Portugal rige
su casa y sabe ofrecerse con tacto exquisito y el

SIETE VECES FELIZ.

o o

()
Lo recuerdo muy bien: hace unos ocho años, al
Aún están muy recientes los tristes sucesos
O' o
presentarse en el palco regio de la Plaza de Toros
acaecidos en Oporto con la terrible epidemia que
madrileña, vestida con la clasica mantilla espaEs indudable que ejerce una poderosa influen- ha puesto en conmoción al mundo entero; y en
ñola, el público en masa tributó á la joven sobe- eia la educación recibida en los albores de la pu- estos azarosos momentos la reina Amelia y su
rana portuguesa una ovación indescriptible.
bertad.
esposo han hecho cuanto podían para que el esY en toda la plaza se comentó, con
trago fuera menos terrible y la miseesa fraseología especial del pueblo, la
ria no clavase sus afiladas uñas en el
hermosura y la gallardía de aquella
proletariado.
princesa, que, emocionada ante el eso
truendoso aplauso de tantos miles de
o o
almas, correspondía con un expresivo
saludo al que tan sinceramente se le
Ardua labor es esta de trazar en c~ndispensaba.
tadas líneas el retrato moral y físico
Y más significativa y de mayor vade una dama que, como la reina Amelía era esta salutación si se tiene en
lía, ofrece al biógrafo rasgos tan sacuenta el carácter un tanto esquivo de
lientes y característicos.
la masa popular española hacia los perPorque la biografía no admite como
sonajes extranjeros: antes está en sus
estudio la limitación que en sus tralabios el epigrama y la frase zumbona
bajos impone necesariamente el pey picaresca, que la admiración y el en•
riódico.
tusiasmo.
Por eso nos vemos obligados á comNo fué sólo en la Plaza donde se mapendiar, bien á pesar nuestro, la muy
,,nifestó la simpatía de los madrileños:
interesante que podía escribirse de la
durante la corta estancia de los Reyes
Reina de Portugal.
lusitanos entre nosotros, fué el tema
Como mujer, tendríamos para ponfavorito, igual en la sala aristocrática
derar su hermosura que emplear los
que en la buhardilla, lo mismo en el
tropos más peregrinos, y aun así y
taller que en el arroyo ó en la plazuetodo, resultaría pálida la pintura en
la, el airoso empaque, el gracejo seduccomparación con el original.
tor y la belleza atrayente de la Reina
Como reina, sería más sucinto nuesde Portugal.
tro discurso si no echáramos mano á
-Debe ser española-decía lamalos múltiples rasgos de caridad que de
yoría de la gente, encerrando en esta
ella se cuentan, á. las muchas anécdofrase un si es no es orgullosa todo el
tas que retratan su genio expansivo,
cariñosa afecto que inspiraba la hija
gracia, modestia, talento y distinción
mayor de SS. AA. RR. los Condes de
exquisita.
París.
Educada cuidadosamente por sus paY si por el nacimiento no es espadres, ha enriquecido su espíritu con
ñola-puesto que nació en Twickenla mayor suma posible de conociham (Inglaterra) el 28 de Septiembre
mientos literarios y · artísticos, según
de 1865, -por la sangre sí, toda vez que
las necesidades de la época.
su abuela materna es la infanta María
S. M. D.A MARÍA AMELIA DE ORLEANS Y BORBÓN,
Aficionada á las Bellas Artes, es su
Luisa Fernanda, esposa que fué de su
elogio,
el más caro para el Rey, que
REINA
DE
PORTUGAL.
alt~za real el Duque de Montpensier.
entretiene sus ocios pintando muy her(De lotogra,fia.)
mosas acuarelas.
()

Hace poco tiempo tuve precisión de viajar por
la tierra del inmortal Camoens, y pude apreciar
en sinnúmero de ocasiones cuán inmensa y profunda es la simpatía de los portugueses hacia la
que, con su esposo D. Carlos I de Braganza y de
Saboya, rige los destinos de la nación hermana de
la nuestra.
No hice esta observación en los dorados salones de la aristoaracia; tal vez en ellos pudiera
atribuirse el elogio á lisonja cortesana, sino entre
la gente del pueblo: en ésta no cabe la adulación
hacia el astro lejano del cual no esperan, como los
magnates que rodean el trono, apropiarse de su
esplendor para brillar; sólo piden que llegue un
poco de calor que les conforte el ánimo haciéndoles menos áspera la vida: los pobres quieren ver
en los reyes, no un símbolo deslumbrante, sino
una esperanza consoladora: el calor que esperan
es aquel que en sus almas ha de producir el verse
atendidos cariñosa y misericordiosamente por
aquellos que, según antiquísimas afirmaciones, reciben de Dios la gracia de ir al frente de los pueblos para cuidarlos, guiándolos dulce y mansamente y atendiendo solícitos á sus necesidades
más perentorias.
Y en este punto, si el Rey actual de los portugueses cumple como bueno, no le va en zaga su
esposa, derrochando el inagotable caudal de bondad que atesora su alma, y procurando, ora con
obras caritativas, ora con sus virtudes, dulcificar
la existencia de los desgraciados y atender á cuantos llegan hasta el trono implorando una limosna
ó solicitando protección.
Por eso es tan querida de su pueblo: ven en ella

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

o o

Doña María Amelia Luisa Elena de Orleans y
Borbón contrajo matrimonio en 22 de Mayo de
1886 en Lisboa.
Dos hijos han venido á aumentar la felicidad de
este regio matrimonio:
S. A. R. Luis Felipe Carlos Amelio, príncipe
real y duque de Braganza, que nació en Lisboa el
21 de Marzo de 1887; y
·
S. A. R. Manuel María Felipe Carlos Amelio,
duque de Baja, nacido también en Lisboa el 15 de
Noviembre de 1889.
Doña María Amelia, como hija del jefe de la
familia de Orleans, está ligada por vínculos de parentesco con las principales casas reinantes, entre las que se cuentan las de España ( es prima de
S. M. el rey D. Alfonso XIII), Austria-Hungría,
Rusia, Italia, Inglaterra, Sajonia, Mecklemburgo,
Bélgica, etc.
o

o o

Persona conocedora de cuanto ocurre en el palacio Real de Lisboa me asegura que en la vida
privada la Reina es encantadora por la sencillez
en su trato, el gracejo y el ingenio que emplea en
su cenversación, la alegría de su espíritu y el cariño que dispensa á los que le rodean.
A sus hijos y á su esposo los quiére con verdadero delirio.
Tal es, trazada muy á la ligera, la biografía de
una de las soberanas más simpáticas de Europa.
ALEJANDRO LARRUBIERA.

I.
de una larga ausencia de Maf:., P.~'
drid, se me ocurrió una noche visitar
f
á la familia de Cienfuegos. Pensaba

1_1~·

ESPUÉS

~ e

encontrar solas, como en otro tiempo, á. la viuda y Jas hijas de mi buen
~
amigo Isidoro Cienfuegos, y me en' .., contré que tenían una tertulia casi casi
•, digna del ~emorable Cachupín. Antes d~
, que me abrieran la puerta de la casa percibí
los ecos del piano; y cuando asomé la c~ra á la
sala de aquel pis? sexto, aunque «:tercero» por la
nomenclatura, v1 que el pequeño espacio de la estancia, que parecía más reducida por lo baja de te.
cho, al cual podía tocarse con la mano, estaba lleno de amigos, que me abrieron estrecho paso para
que pudiera saludar á la dueña de la casa.
Estefanía me recibió afectuosa, como siempre,
pero sin poder disimular el ligero rubor de que yo
sorprendiera en su hogar tan supremo esfuerzo por
casar las niñas. Luego comprendí que de tal contrariedad de mi amiga debía ser yo culpable por
mi torpeza en dejar que mi súbito asombro se saliera por las ventanas del rostro con intempestiva
curiosidad. Me senté donde pude, y desde el primer momento me dediqué á examinar la concurrencia. No había concluído de advertir que, con
haber más gente que habitación, escasamente se
contaban catorce personas-las señoras de la casa,
dos amigas, una amiguita que tocaba el piano, y
algunos caballeros,-cuando reconocí entre éstos
al viejísimo D. Dimas de la Cruz, que por respeto á
la música me saludó por señas con su acostumbrada afabilidad. V arle en aquel lagar y ocasión,
fué para mí otro motivo de asombro.
Le observé mientras duraba la audición. Don
Dimas, á. quien no había yo visto desde antes que
él enviudara por sexta vez, estaba como cuando
yo le conocí hacia treinta años, siendo yo un chico. Aquel hombre era un prodigio. Habían pasado
por él seis himeneos y mas de setenta años, sin
haber dejado ni nieve en su cabeza, ni tristeza en
su rostro, ni debilidad en su cuerpo. Incólume á
todos los embates de su larga vida, allí estaba con
el rostro alegre, los ojillos animados y vivos, el
cutis encarnado, limpio, afeitado y reluciente
como se ven pocos, ein otras arrugas que las que
bajaban desde los pronunciados pómulos á la boca;
ésta fresca y sana con su dentadura legítima y
completa, cuyo marfil prestaba realce á la constante sonrisa; la nariz aguileña y muy fina; los
cabellos, que se habían retirado, es cierto, á respetable distancia de la frente, hacia la coronilla,
negros y lustrosos, con ondulaciones que recordaban las sortijillas de otros tiempos, sobre todo por
bajo de las sienes. Allí estaba tan enj1:1to y tan
firme como siempre. Allí estaba con su eterno
traje negro, de levita; su correcto lacito, también
negro, al cuello de la blanquísima camisa; todavía
con los botitos del tiempo de Mendizábal, y la
gruesa leontina contemporánea de Narváez. Sentado en una butaca, apoyaba las manos, surcadas
por finas arrugas, los dedos afilados, las uñ!s nacarinas en la muleta de marfil de una cana de
Indias que le conocíamos de siempre, como las
demás prendas de su característica indumentaria.
Daba gusto ver aquel viejo tan terne, tan vivaracho tan honradamente satisfecho de vivir, y me
rec;eé en él desatendiendo á. las demás personas
de la tertulia.
Cesó la música, estallaron los aplausos de rigo;,
y á poco se acercó á hablarme la menor y mas
linda de las niñas de la casa. Eran dos hermanas;
la mayor, Isidora, tení~ la _desdicha más grande
que puede tener una muJer Joven: era fe:i,, de ?s_a
fealdad pecada de viruelas que posterga irremisiblemente á, la triste hija de familia española, cuya
única carrera es el matrimonio. Resignada con
tan torcida suerte, veía rodar sus años hacia el
inminente paso de los tre~n~, y con la ma~a. sombra de representarlos anticipadament?. Mi mterlocutora Socorrito, era, por el contrario, un capullo que ¡nunciaba con delicados arreboles l,a pr~xima lozanía de los veinte. Su figura, todav1a aniñada 1 mostrábase gentil y elegantita, con una
falda azul y una blusa e~c?cesa; _su rostro de ovalado corte "cutis blanquisimo, OJOS grandes, azules, pero b~illantes, llenos de ~nimación Y_ de luz;
la boca muy pequeña, de labios pro~anciados Y
encendidos como una cereza; los rubios cabellos
levantados á modo de nimbo de oro en torno de
la purísima frente, y recogidos con gracia_ en lo
alto ~e la cabeza. Sin hacer punto me hizo un
cGii.:

1

sin fin de preguntas. Inspitábala viva cüriósidád
mi reciente viaje, los países que había recorrido,
los puntos en que había estado, las cosas raras y
bonitas que había visto. Satisfícela como me fué
posible, en breves palabras, y después de nuevas
preguntas sobre los mismos temas, y las correspondientes contestaciones, le pregunté á mi vez
por su hermano, á quien no veía por allí.
-¿Rodolfo?-contestó la niña algo desconcertada.- Bueno, está. bueno..... Pero no le busque usted. Como es tan independiente, dice que se aburre
al lado de su familia..... y se va.
Por estas palabras, y más aún por la indecisión
y el esfuerzo con que fueron dichas, comprendí
que el ausente era el punto negro de la casa, lo
que lamenté por tratarse del único varón de quien
madre y hermanas podían esperar algún apoyo.
Voló de mi lado Socorrito, solicitada primero
por D.ª Angustias, la inaguantable mujer de Prado, que era un bendito, ignorante de lo que es
voluntad propia, y después por el único fruto de
este matrimonio, el antipático Paquito, que se es- .
forzaba por tlecirle•gracias á mi amiguita.
Distrajéronme de ella la atención. Estefanía
me presentó á un matrimonio, vecino de la casa;
el marido un militar sin conversación; la mujer
una catalana guapota y habladora. Eran los padres
de la señorita que tocaba cuando llegué, la cual
observé que aprovechaba el tiempo: mientras yo
hablaba con su madre, hablaba ella con un galancete de poco pelo pero muy almibarado.
De pronto nos dejó á todos suspensos la voz del
niño de Prado, que alto y en tono petulante decía á Socorrito:
-Por mí, puede usted anunciarse en la cuarta
plana de los periódicos: a:Señorita especialista en
enfermedades del corazón. Sólo para hombres.»
De mal gusto me pareció la chanza, sobre todo
por la enfática ironía con que fué dicha. Nada
contestó Socorrito; nada dijimos los demás; sólo
doña Angustias rompió tan difícil silencio, exclamando con necia satisfacci_ón:
-¡Qué cosas tiene!
Y á. continuación, D. Dimas se dejó caer con
esta bromita:
-No las tiene, las dispara.
La carcajada fué general. Paquito quedó corrido, permitiéndose mirar de reojo con tímido desprecio al impá.vido viejo.
Isidora, con discreta oportunidad, se sentó al
piano y nos obsequió con una romanza vieja.
Aquella música lánguida me hizo el efecto de
un prolongado bostezo; y al tratar de distraer el
ánimo del tedio que le amenazaba, tropezaron mis
ojos en un sujeto que desde luego me interesó.
Era nn joven que, á pesar de hallarse sentado junto
al piano, tampoco atendía á. la música; su atención estaba en Socorrito, y la miraba con vaga
tristeza, que le vendió desde luego á mi escasa
penetración. ¿Amaba en secreto, sin esperanzas, ó
sufría desdenes? Cuál fuera su cuita, no era fá.cil leerlo en su rostro moreno, cetrino y como
sombreado por la amorosa melancolía y por los
riza(l9s y negros cabellos que llevaba amontonados sobre la frente en romántico desorden. Fijaba
en Socorrito miradas intensas que realzaban la
expresión de sus grandes y negros ojos. Su rostro
era hermoso; parecía el de un Cristo de Monta•
ñés; tenía correctas y bien acusadas las líneas generales; recta la nariz; la frente con ligera prominencia, frente de filósofo; la boca fina y dibujada con más pureza que las demás facciones; la
barba sedosa y rizada por sus extremos. Pero lo
que le daba mayor atractivo, más aún que su amoroso cuidado y el valor plástico de su cabeza, era
el sello de inteligencia que le ennoblecía.
Fuese que su pasión le hiciera indiferente á lo
demás, ó que no tratase de di~imularla, per~anecía en postura indolente, m~rando ~on_ sed1en_to
afán á la niña. Esta, por estudio ó por mdiferenc1a,
no le miraba, sino que miraba al piano, com~ si no
hubiese oído nunca la pieza que tocaba Isidora.
Hubiera yo querido que Socorrito le mirase, pues
cada vez me interesaba más aquel amador que se
ofrecía no se por quJ, como ?l hér~e de ~n drama
real y por lo mismo de palpitante mteres.
A;í que cesó la música, y aprovechando intencionadamente la ocasión en que el joven la miraba
con nuevo afán pregunté á. Socorrito quién era
él; y así, mient;as esperaba la respuesta, vi la mirada de ella cruzarse momentáneamente, y como
contrariada, con la del otro. ,
..
.
-Es un muchacho mallorqum-me diJo la mterpelada.-Se llama Segis~undo Moneada, y le
hemos conocido por las vecmas.
.
..
-Parece que le interesa usted un poqmto-d1Je
á, la niña.
.
á
,.
Ella me contestó con una sonr1~a m s ~ohtica
que orgullosa. Esto me, d?sconcertó como ,s1 fuese
yo el galá.n por quien subitamente «se habian pro-

65

nunciado» todas mis simpatías, y me dí á. hacer anticipados cálculos para darme cuenta de la situación. El eje de la cachupinada, no había que dududarlo, era Socorrito. Isidora no contaba. Las
vecinas subían porque venía el novio de la niña;
los de Prado, porque á Paquito le gustaba Socorrito. Por ésta venía también, con el corazón
traspasado, Segismundo. El que no encajaba era
D. Dimas. ¿Qué hacía en aquella casa de niñas casaderas y pobres, donde no ha°Qía otra diversió~,
un viejo tan viudo y tan rico? Su presencia deb1a
ser casual como la mía.
De pronto, vi que Socorrito se había sentado al
piano, sobre cuyo atril abría un libro de música,
y que se disponía á volverle la hoja el propio Segismundo, cuya figura vigorosa, sin delgadeces de
teno1·ino, lucía de pie más que sentado. Veía de
espaldas á la ejecutante y á su amador, y por
cierto que la pareja me pareció soberbia, y me
recreé en admirarla.
Pasó la velada sin nuevos incidentes.
Llegó el momento de las despedidas. Presencié
el nervioso apretón de manos del enérgico mallorquín á Socorrito; á continuación otra bufonada de
mal gusto de Paquito; y por fin, cuando la charla
de las mujeres llenaba el silencioso á.mbito de la
escalera, el adiós jovial y casi tierno de D. Dimas,
que reteniendo en su diestra la de la niña, le dijo:
-No haga usted caso de boberías. Rece usted á
aquel santo de que la tengo hablado, y verá. asted
cómo le dice lo mismo que yo. La miel no se ha
hecho para los zánganos; por eso es tan rica. Por
algo se llama usted Socorro y llevo yo el nombre
del buen ladrón. Vaya, adiós, Socorro, adiós.
Dijo todo esto á media voz, y se puso á bajar la
escalera apoyá.ndose en la barandilla.
Yo, que le había escuchado con curiosidad, y la
sentía mayor por la sospecha de que aquella broma, no dicha sin misterio, ocultara unas veras capaces de tirarnos á. todos de espaldas, me atreví á
decirle:
- No sabía que le gustaban á usted tanto las
niñas.
Se paró al oírme y me contestó impávido:
-Pero, hombre, ¿quería usted que á mi edad me
gustaran las viejas?
Le reconocí; era el de siempre. Aquel viejo no
lo sería jamás. ¿Y sería capaz de casarse con Socorrito? Al hacerme esta pregunta y atar todos los
cabos de lo que había presenciado arriba, decidí
no perder detalle del drama que comenzaba á desarrollarse.

Al cabo de un par de días volví por la tarde á,
casa de mis amigas , que me recibieron con regocijo. Allí estaba el mallorquín, entristecido por su
aureola romántica. Quise hacerle un favor: dar
conversación á la madre y á Isidora; pero durante
mi charla, que duró bastante, Moneada y Socorrito permanecieron en prudente y correctísima
actitud, ambos silenciosos y atentos á mi discurso.
Hablé primero de la sorpresa y el placer que
me había causado la noche de marras el encuentro de D. Dimas, y sin pensarlo referí la verídica
historia de tan interesante personaje. Por él mismo la conocía, pues varias veces me la había referido, y de algunos capítulos había sido yo testigo.
-Don Dimas-dije-nació para casado como
otro~ naci?ron para inventar_ la pólvora ó p~ra ganar imperios. Cada hombre tiene su vocación y su
fin que cumplir en el mundo. Don Dimas se casó
por primera vez á los diecinueve años en el de
1846, al tiempo que la reina D.ª Isabel II con don
Francisco de ~sís. Ya se comprende que la boda
de nuestro amigo fué prematura, como que aún no
había él concluído la carrera, no se había recibido de abogado. Parece que por esta circunstancia
lo l~evó muy á mal su padre; pero el muchacho
hab1a levantado de cascos á la novia que era una
madrileñita de quince abriles, y se dasaron. Siete
años nada más duró su felicidad; pues ella, que
se llamaba Laura, era rubia como la amada de Petrarca, y, según la expresión de D. Dimas a:parecía una pintura»: se murió del modo m~nos romántico posible, de un cólico miserere.A.laño siguiente de este triste acontecimiento, ósea en el
de 1854, cuando la sublevación de Vicálvaro-porque es de notar que todos los casamientos de don
pimas han coincidido con algún acontecimiento
importante de nues~ra historia política,-celebró
sus segundas nupcias con Pepita, una huénana
gallega a:d_? muy bu~n parecer y de muy buen
dote» , segun referencias. Don Dimas no habla de
su segunda mujer con tanto entusiasmo como de
{Continúa en la pág. 68.)

�_,.,.

¡_'

...J

Sombrero de fieltro color nutria claro,
guarnecido con un rizado de tafet.'m y plumas de avestruz obscuras, sujetas con un"
hebilla de strass¡ el casco está rodeado de
cintas de terciopelo adornadas con botones
de strass.

Núms. 11 y 12.-Este traje es de rico cachemir
escocés. Túnica redonda y rodeada de un fleco que
cae sobre un volante en forma, de terciopelo de
un color que armonice bien con el escocés de la
falda. Se arma ésta sobre otra que se plegará un
poco por la parte de ntrás.
Cuerpo-blusa abierto sobre un chaleco de terciopelo liso gu_arnecido y atravesado por unas
trenzas pequeñas de raso y terciopelo.
Los delanteros se adornan con grandes solapas,
á las que se pone fleco, que cae sobre un bies de
raso claro.
El cuerpo se monta sobre un forro ajustado,
compuesto de espalda, costados de la espalda,
costados de delante y delantero.
Manga de codo con vueltas de terciopelo ribeteadas de raso y guarnecidas en la parte alta con
dos torzadas.
Cinturón y cuello de la misma tela que el chaleco y adornado con pespuntes.
Tela necesaria: 4 metros 50 centímetros de lana
escocesa y 3 metros de terciopelo.

Núm. 20.-Toque de tela color biscuit,
adornada con tiras de terciopelo mordoré,
formando cocas por delante y por detrás.
.En las de delante se coloca un cuchillo del
mismo color, con terciopelo mordoré.
Ejecución del sombrero. Sobre una forma
hecha con alambre Rembrandt se coloca un
trozo de paño de 50 centímetros, doble. .El
paño viene por un lado á convertirse en
unas tiras de 35 centímetros, adornadas
con tres terciopelos superpuestos; la otra
punta va desde la entrada del sombrero, y
forma tres grandes eocas, colocadas en el
fondo una detrás de otra; la más alta se
coloca delante y se atraviesa con un cuchillo color biscuit. Este cuchillo es una gran
pluma sujeta con un terciopelo que haga
juego con lo demás. Debajo, la cinta se
adorna con pluma fina.

Núms. 13 y 14.-Este traje es de crespón de la
China liso y crespón con dibujo.
Falda-túnica, cortada en forma y abierta sobre
un delantal de crespón con dibujo. El delantal se
monta sobre una falda de tafetán que se une á la
túnica. Esta se adorna con un fleco.
Cuerpo escotado, que se colocará debajo de un
cinturón de terciopelo color heliotropo, cerrado
por una hebilla de pedrería.
Berta de crespón con dibujo rodeando el escote,
bajando basta la cintura y rematada por un pequeño fleco. Collar de perlas. Aigrette en el pelo.
Núms. 15 y 16.-Se puede confeccionar este traje con gasa de seda y bengalina rosa. Sobre una
falda de tafetán color rosa se monta otra con pliegues cosidos basta mitad de la falda. La parte de
abajo queda de este modo suelta. Al borde, unos
bullonados pequeño~ de muselina. Cuerpo ajustado y_que entra debaJo de un cinturón de tercio11 y 12,-TraJe para aeilorltaa de 12 •ñoa. Delr..ntero y eapalda. pelo negro.~Escot( cuadrado, abierto por delante
6')bre un plastrón fruncido
de muselina de seda rosa.
Cuello Luis XIII de piel de
seda crema bordado de lo
mismo. Manga corta de bengalina, con un volante plegado de gasa. Collar de perlas. Rosas en el pelo.
Núms. 17 y 18.-Es de lana escocesa. Falda de forma
con granrles pliegues detrás.
Cuerpo con espalda lisa y
13 Y 1,.-Traje de balle para uñora1 Jóvenea. Dela!ltero y espalda.
delanteros abiertos sobre un
cha!eco de seda blanco con pliegues y fruncido; cuello recto con bordado. Este
cue1 po, nrmRdo sobre un forro compuesto de espalda, costadillos de la espald:-i, costadillos de delante y delanteros, está adornado con un gran cuello
marinero de terciopelo negro, bajando por delante en forma de solapa~, y
guarnecido con aplicaciones de guipur; manga de codo, adornada en la bo •
camanga con una aplicación de guipur, y al borde un volante de seda blanca.
Una band11 de crespón de la China, terminada con un fleco deshilachado que
se anuda al lado izquierdo, cae graciosamente hasta el borde de la falda.
Materiales: 4 metros 50 centimetros de lana escocesa; 60 centimetros de
terciopelo negro, y un nietro de seda blanca.

Núm. 21.-El traje que representa nuestro grabado e3 de muselina rosa sobre un
trasparente del mismo color. La falda se
hace en forma con un grupo de tres pliegues cosidos á cada lado, que parten de las
caderas y se van ensanchando hasta abajo.
Entredoses de bonito encaje la adornan por
&lt;lelante, y entre los grupos de pliegues de
los costados se colocan unas flores de encaje, encima y á cierta distancia de los entre&lt;loses.
Cuerpo un poco fruncido por delanto
escotado en redondo y al cual rodea de un
fi.cbú drapeado que termina con un volante y que se anuda con un gran lazo que
baja en chorrera basta la cintura; unas solapas pequeñas, forradas de
encaje, cubren el fichú por
los dos lados.
Manga medio larga, terminada con un volante de
muselina con cabeza fruncida.
El forro ajustado se compone de espalda, lados de la
espalda, lados de delante y
delantero.
Cinturón de tafetán color
rosa, abrochado con un ador15 y 16.-TraJe de baile para nñorltaa. Delantero y espalda,
no artístico de pedrería.
Tela necesaria: 18 metros
de muselina de serla; 12 metros de seda de ,forro; 5 metros de entredós, y
30 centímetros de eniaje en pieza.

Núm. 19,-Es.e traje es de paño color nutria, guarnecido con terciopelo
mordoré. La túnica, recortada y entreabierta sobre la falda de debajo guarnecida con terciopelo , está sujeta con cintas cruzadas de terciopelo del mismo
tono qne el paño y sujetas con hebillas de strass.
El cuerpo de terciopelo, drapeado en el borde inferior, se termina con un
cuello Médicis con bies de piel de marta; está en parte cubierto con a: bolero»
corto, entallado y adornado del mismo modo que la túnica. Las hombreras y
las mangas ajustadas están guarnecidas con cinta de terciopelo.

19.-Traje de pano y vlalta.

'

20.-Toque Edm61.

21,-TraJe de aolrél para a~ftoraa Jóvenea 6 11ñor:taa.

17 y l8.-Y11tldo para nlñu de 10 á II años. Delantero y espalda.

Núm. 22. - Toque de plumas de cerceta sobre una forma de tafetán cebellina. Delante un lazo de terciopelo, adornado con tres hileras de pespuntes,
que bordean también las cocas y los lazos.
Núm. 23.-La falda, con un poco de cola, de este traje de paño verde malva, está adornada con bordado hecho con hilillo de oro y seda¡ se hace de
manera oue forme túnica.
El cuerp:&gt;, cortado por delante y por detrás con un canesú de seda crema,
adorna&lt;lo con bordados de seda negra y perlas de oro, está recuadrado con
aplicaciones do paño bordado; la parte superior de las mangas está guarnwida con aplfo,ciones iguales, colocadas sobre seda crema; el puño cortada en curva.
El cuerpo se tarmha con un cuello recto y cinturón de seda crema drapeado,
ccrrancb det:áo con caliecillas.

22.-Toque Hadlng.

23.-TraJe da paño adornado con bordados.

�71

LA MODA. ELEGANTE ILUScrRADA

68
la primera; verdad es que su himeneo fué
muy breve, pues á la hacendad~ gallega
se la llevó inopinadamente el primer so-

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA
sus ojos, que manaban silenciosas lágrimas en cuanto veían á cualquiera de nosotros. Ocurrió la desgracia á principi~s
de 1871, y el 73, al comienzo_de la Repu•
blica nos sorprendió D. Dimas con la.
nuev~ de que le eran intolerables la tristeza y la soledad, y para remediarlas se
casaba. Entre él y su confesor habían buscado la novia y negociado con buen éxito
la boda. Aquello era, pues, un matrimonio
de conveniencia. La quinta esposa de don
Dimas fué de todas ellas la única que había estado ya casada, la única mayor qu&amp;
él, la única fea, á no ser que se cuente
como belleza una obesidad basta y coloradota que metía miedo.
A.l oir tales referencias de la quinta esposa. Isidora soltó la carcajada; su madr&amp;
lo rió también. Sólo Socorrito y Moneada
se mantuvieron en la grave compostura.
con que venían escuchando todo mi discurso. Sin duda, D. Dimas les merecía
los mayores respetos.

plo que en Madrid se sintió del Guadarrama por el otoño de aquel año, cuando sólo hacía tres meses de la boda. Durante
su segunda viudez se hizo procurador
D . Dimas, y pareció no preocuparse de
nueva coyunda, hasta que le inflamó el
corazón una sevillana llamada Elvirita,
cuya mano pidió nuestro amigo él _día
mismo que se declaró la guerra de Africa,
y obtuvo, por virtud de las be~diciones
que les echaron en la parroquia de San
Martín el día memorable de la toma de
Tetuán, el 4 de Febrero de 1860. A lo que
alcanzo de toda esta historia, Elvirita fné
la mujer qne supo hacer completamente
dichoso á D. Dimas. Ella era la alegría de
la casa, que llenaba de fl.or?s, y _don~e
sólo se oía su voz, que parec1a el risueno
murmurar de una fuente, y que no se empleaba sino en cantar coplas «c?n ~oda ~a
sal de la tierra». En aquellos d1as molviJOSÉ RAMÓN MÉLIDA.
dables hizo D. Dimas su clientela, su reOontinuaril.
putación, sus mejores negocios, y por consiguiente su suerte. «Entonces, suele decir él en algún momento de desahogo,
deseé tener un hijo; pero el hijo no llegó
á nacer, porque á la madre se la llevó el
terrible cólera de 1865. »
Pasa nuestro amigo su tercera y desconsolada viudez, y en ella se desarrolla
ANTIOUADA J. B.-1.• No tiene usted motivo
la novela de D. Dimas-puQB cada hompara temer presenta.rae con esa toilette¡ está perbre tiene en su vida una página que consfectamente, y puesto que tiene cuatro varas más
tituye su novela.-A.quí ya el acontecide tela y su único defecto es que la col&amp; es pe•
miento político no coincide solamente
queña, puede quedar la falda de última moda
cambiándole los paños de detrás y haciéndola
con el amoroso, sino que le provoca. Ello
con arreglo á. los últimos figurines de LA. MODA,
es que estalló en las calles de Madrid la
que son sumamente nuevos y escogidos.
temida revolución, el22 de Junio de 1866,
2.• El mejor medio de adelgazar y el único que,
y cuando al final de la refriega venían los
á mi modo de ver, no perju\lica á la salud, es el
leales barriendo á los revoltosos, llamade madrugar, hacer dos horas de ejercicio, priron en casa de D. Dimas, y vió éste envarse de sustancias farináceas, tales como las patrar á un amigo suyo que traía medio
tatas, los garbanzos, las judías secas, habas, etc.;
acongojada á una joven hermosa, la que
comer poco pan, beber poca agua, comer carnes
fné menester auxiliarla con refrigerantes
asadas sin salsas ni grasas, y observar mucho
método y mucha higiene.
y tónicos. El amigo pidió por Dios á don
Por lo demás, no creo que elsiatema de que me
Dimas ocultara á la joven y á sus protechabla, que es el vegetalismo, conduzca precisatores (pues padres no tenía), que él pr~mente á los resultados que desea. Desde hace alcuraría conducir allí secretamente. l3ll
gunos iiños hay una gran.tendencia en favor del
cuanto calmase la tormenta. Como D: '.Dirégimen conocido con ese nombre, cuyos adictos
mas no se metía para nada en pofitica,
se alimentan única ó casi únicamente de vegetasu casa no podía ser sospechosa, y por,lo
les; pero dentro del método existen diferencias ó
mismo ofrecía absoluta seguridad. Estre~
grados: los vegeta.lío.nos moderad-Os admiten la lechóle tanto con sus ruegos el amigo; y
che, huevos y algunos pescados; los avanzados se
contentan con legumbres, frutas y agua como
con tal vehemencia la asustada joven, en
bebida; y, últimamente, los exaltados comen exquien descubrió con este motivo el viudo
clusivament.e frutas frescas y secas, sin beber
unos ojos magníficos, persuasivos por su
una sola gota de liquido.
solo fulgor, que D. Dimas accedió1 á. desEn esto consiste, por regla general, el sistema.
empeñar de pronto el papel .de ocultador
á que usted se refiere; pero no oreo deba adoptar
de revolucionarios. Verdaderamente, uno
ningún método sin consultarlo previamente con
24. -Abrigo ae pafio,
sólo lo &lt;:ira: el protector de la joveI). En
el médico que mejor conozca su naturaleza y temaquellos aciagos momentos ignorábase su
peramento.
Núm. 24,-Este abri~o es de paño color marrón, y lleva al borde, en las solaparadero; á busli11J,rle y ponerle en salvo
3.• Sin entremeses; éstos se sirven en los alpas,
adornos
y
cuello
tira
de
marta.
Los
botones,
de
nácar
de
color.·
Debe
cubrir
muerzos.
había ido su mujer, desafiando todo peli4.• El vino tinto, aunque sea Burdeos, se sirve
gro, y el amigo debía esperarlos en un todo el traje y puede, ó !!,justarse por completo en la cintura, ó indicar sólo el
talle; de todos modos el delantero debe ser recto y cruzar mucho por encima de en jarras de cristal estrechas y altas, destinadas
sitio convenido para conducirlos al ya las solapas.
·
precisamente á este uso.
encontrado refugio. Para que este plan se
5.ª Salmón, langosta ó _lubina.
cumpliera, menester fué que la mucha6.• No hay regla fija; lali dos formas están
cha se quedara confiada á. la caballeresca
igualmente de moda.
protección de :Q. Dimati, que aún era
7.ª Tenga la bondad de leer la contestación
joven y no sé si conquisf~dor. Don Dimas estu- Prim, y presenció con júbilo la Gloriosa, que que di á M. M. en el número del 30 de Octubre último.
vo á la altura de tan ,ne:velescas circunstancias: cambió la faz del país en 1868. Regresaron los exUNA llADRILB:RA.-1.ª Toda ella á pliegues á lo largo.
se enamoró perdidamente de la joven. Verdad que patriados, y al calor de los vivas á la libertad que
2.ª De tafetán ó glasé.
ésta era capaz de enloquecer á cualquiera, no sólo entonces se oían por todos los ámbitos de la na3.• Si se ha fijado en la Revista P arisiense del número
por su belleza, sino por su vi va charla, que delataba ción, se casaron D. Dimas y Hortensia. Yo la co- anterior, de seguro tendrá ya resuelta la duda que me ex•
un temperamento nervioso. Se llamaba Horten- nocí. Era muy pálida, con ojos de Dolorosa; la pone. La hechura que mejor sienta es la de plieg ue doble
sia, era poetisa y valisoletana, esto es, paisana del voz patética. No sé sifué esta interesante mujer, en el paño de detrás. También tiene un bonito modelo en el
gran Zorrilla, que le tenía perturbado el seso. que sólo adolecía del numen poético, el amor que grabado 17 de LA. MouA del 6 de Febrero.
UNA PENSATIVA.-!.ª Tales ceremonias deben ser cortas,
Huérfana, recogida por aquel matrimonio amigo, D. Dimas registra como más grande en la histosufría con él las contingencias de la candente de- ria de su corazón. Con todas las esposas que le he y no pueden sujetarse á fórmulas generales y precisas, pormocracia, sobre cuyo ·volcán vivíamos entonces. conocido le he visto proceder lo mismo, con un que, como es natural , dependen de las circunstancias que
en las familias interesadas, y éstas no pueden
Ocho días fueron Hortensia y sus protectores hués- cariño correctísimo, complaciente y solícito en concurren
menos de ser distintas en cada caso.
pedes de D. Dimas. Pudieron huir á Portugal, y
todo momento y ocasión. Don Dimas es un modelo
En el de usted puede contestar diciendo que por su parte
D. Dimas, como si la estancia de aquella joven de maridos. No sé si hay otro mas obsequioso e.on tiene sumo gusto en acceder á la petición, y en que su sobajo su techo· hubiese sido una aparición de la su mujer y mas satisfecho de serlo. Lo único 9-ue brina vaya á formar parte de familia tan respetable, siendo
diosa felicidad, tan tenazmente perseguida por él no ha estado nunca en su mano es impedir a la para usted garantía de la futura dicha de su sobrina las
desde el año 46; se quedó cruelmente derido de muerte que se las arrebate. ¡ Y de qué modo más prendas morales que adornan á su pretendiente. Estas frapunta de ausencia», como el gran amparador de trágico le fué arrebatada Hortensial La pobre es- ses, y algunas otras, siempre agradables, y sin que en ellas
doncellas Don Quijote de la Mancha. Pero no se taba tísica. Soñadora, romá.ntica, su lúgubre vena se aborde por parte de usted ningún asunto relativo á inteestilaba como en los tiempos de éste arrancar las poética parecía un producto de su enfermedad. reses, pueden ser el tema principal de la conversación, cuyos detalles quedan á la elección de su buen criterio.
doncellas de los brazos de sus protectores, y don Componiendo versos, en los que soñaba con días
2.• El cambio de los regalos tiene lugar después de veriDimas hubo de resignarse á esperar ocasión favo• plácidos de inolvidable felicidad, expiró en los ficada la petición.
rable para obtener de grado aquella mano que con brazos de su marido en Málaga, adonde habían
3.ª El mayor ó menor adorno y, por lo tanto, valor de
toda su nerviosa fuerza había oprimido las suyas, ido en busca de saludable clima. Volvió D.Dimas los regalos que se hacen, depende de la posición y fortuna
mientras los labios de la interfecta le recitaban anonadado, caído como no lo está hoy; parecía un de las familias de los novios.
En general, ambas alhajas están adornadaR de algunas
versos de amor. Nuestro amigo, que nunca se ha- viejo, y no tenía cincuenta años. Me acuerdo que
bía metido en política, hízose liberal; soñaba en- los amigos, al hacer conversación del caso, con- piedras, como, por ejemplo, un brillante grueso en medio, ó
tonces con el triunfo de la revolución, seguía con veníamos todos en que aquella v iudez de D. Di- bien un zafiro ó turquesa en forma de cabochon, y un briinterés los movimientos del sublevado general mas sería la definitiva. Así parecían anunciarlo
(Continúa_e'!_la pág. 71.) _

CORRESPONDENCI! PARTICULAR.

Uante más pequeño á cada lado: repito que esto depende
del gusto de los que ?~recen los regalos.
4.ª Sí, señora , sort1Ja y brazalete.
Recibí su carta cuando estaba ya en prensa el número
anterior.
Dos RIOJANAS.-En la contestación dada á Tres tiradora• al blanco, en el número del 14 de Febrero del año 99,
hallará. usted explicado el modo de hacer esencia de violeta.
Si fuera u~ted suscriptora moderna ó no conservara
.aquel número, tenga la bondad de decírmelo y con mucho
gusto repetiré la receta.
· 2.• La pregunm de uste_d está ya co~tesk.da en las respuestas ~a~us á Una fen,r1fe1ia en el numero del 6 de Septiembre ultimo, y á M. M. en el del 30 de Octubre.
3.1 Sí, pero con la cifra aún má~ pequeña.
UNA NAPOLITANA. -Tenrlré verdadera satisfacción en
-0ontestar á sns preo-untas si se toma la molestia de acreditar su cualidad de s~scriptora á la l.• ó á la 2.• edición enviando la faja con que recibe el periódico. No me es posible contestnr á cartas anónimas.
Si vive en Madrid, basta con que mande las seiias de su
.casa.
UNA QUE ESPERA F.N SAN ANTONJ0.-1.• EL novio no
asisto al acto de la petición, que debe ser hecho por su padre á los do la novia.
Tenga la bond8d de leer las contestaci?nes dada~ á._ Lejos
¡J,,, mi patria en~¡ númern del 22 de Jumo y A mi vida en
el riel 22 de Septiembre últimos.
2." Esti muy admitido el hacer regalos en ?asos como el
que usted eita, y de n_iagún mod? puede considerarse como
una ridiculez esta dehcad&gt;L atención.
.
Un breviario. un crucifijo bueno, ornamentos para decir
misa ó un misal.
.
.
3." Si tiene capricho en llevar esa ma~t1ll_a no veo in.conveniente en que así lo haga, pero prescmd1e~do de toda
·clase de viso ó forro. Sin emhargo, debo advertirla que no
es esto ni Jo usual ni lo más elegante.
.
4." Las flores de tela son un adorno que resulta muy ~nticuado, y m:is aún c~1briéndolafl con fanal; me penmto
.aconsejarle que las sustituya_ con flores ó plantas naturales.
5." Las iniciales de la novia, colocadas á los dos )~dos de
la almohada . á una di,tancia de cuatro dedos del ]"retón.
6.0 Si.
.
7.ª Con tarjeta de matrimonio, aiiadiendo, como es natu.ral, el apellido del marirlo al suyo.
..
8." Tenga la bondad do lem; la 13.• contestac1on. dada á
La P i/arica de aldea, en el n umero del 14 de No':1ernbre,
y allí encontrur:i explicado detalladamente en qué forma se
.aco~tumbra á dar los partes de boda.
T,mgo muchísimo gus:o en complacerla.
UNA CUlD.!.DOSA.-1." Nadie mejor que un joy~ro pod~á
.de vol verle su brillo natural, y hustn me at_revena á dec1~
que sólo él ó un lapidario sabrán hacerlo. Sm embargo 1 s1
.el coral está poco deteriorado, es muy probable que cons1¡!'a
su objeto frotando las cuentas con una franela empapada
en aceite natural.
.
2." Sust.ituyendo el hilo por una cu_erda muy fina de gu1tarrn, y si ésta no cupiera por el ogu¡ero de las cu.en_tas, de
5 eg-uro quedaria muy fuerte ~ngarzán~olas en un h_ilo me.tá.lico. Finalmente, si no tu viera me~10 de proporc_1onar~e
-éste, no veo otro recurso que el de aumentar la resistencia
del hilo encerándolo.
3.• No d&lt;.:be encender la estufa hasta de8pués de ~vaporarse el plltróleo y la trementina: una vez seco el piso, no
creo haya pelirro, suponiendo que,. como es n~tural, tenga
debajo de la e.tu fa una chapa de zrnc ó de laton.
4 • Noª" estilan.
5.• No sólo no es una indiscreción por par~e de usted la
.advertencia que tiene la bondad de hacerme, smo que agru..dezco muy de verns sns indicaci(}~es, y. ~e ellas haré uso
si fuera tan amable que l11s amplura, d1méndome el _porqué y el cómo han de emplearse esas dos clases de azucar.
MARÍA LuisA.-1.ª Por el nombre co_n que usted lo _de~io-ua no conozco ese modo de confecmonar ~as castauas.
Sise reliriera á los m.ai·rons glacés ó á las ca~tau11s acar&amp;mela bondad de decírmelo y tendré sumo gusto
Jadus ' tencra
o
en dar :i usted la receta.
.
d l·
2." Bacalao á la vizcafoa. -Se comienza por esa ar
1)ien un trozo de bacalao de Escocia, ~uy blanco Y d~lg~do. Pura hacer esta operación se necesitan d!)ce horas • ~eis
horas con ª""Ull. tibia y otras seis con agua fr!a, cambiándose el a!('u~ cuatro veces; si'después de este tiempo no estuviera bien desalado, se le pone durante un cttarto de
.hora en agua caliente.
d. ·
l
Póngase lue"O en una sartén aceite en ~bun ancia, a
.que se le quita;;_ el gusto, y en el que so freirá°: tres gra~des.cebollas que con anticipación se habrán picado. Qwtense bien las pepitas á tres pimientos ~nc~rnados, que se
partirán en tiras y asarán como de or~1nario, Y prepár1~e
un kilo de puré de tomate. U na vez dispuesto todo, co d ·
quese en una cacerola en la forma siguiente: una ?ªPª de
.cebolla unas tiras de pimiento, la cantidad prop~rc~ona1 e
tomate' sazonado con la correspondiente s_al Y p~mienta, Y
encima una capa de bacalao, después de bien en3u~ado entre unos paños y superpónganse después en el_ m1~mo 0 ~den otras capas' bast&amp; 11enar l a cacerola•, en la mted11gencm
1
de que la capa que quede en la parte de arriba ha e ser a
de cebolla y tomate.
¡
mento de eroSe pone la cacerola á la lumbre, Y en e mo
A
pezar á. cocer se retira del fuego y se mete en e11iorno. .
falta de éste déJ.ese la cacerola al lado de la lumbre, Y cu. . encima
de la cual se cobrase con una tapadera de h1eiro,
.
locarán unas brasas de carbón de enema. .
El bacalao á la vizcaína se sirve en la misma a.acero1ª en
que se haya condimentado, colocándola dentrQ e uno~ reeipientes de níquel 6 plateados que se venden con e stEe obJ:º·
3.ª En fa tercera de las contestaciones dadas ~ . sper n·
dole de Oznajo, en LA MODA del 30 de Octubre ult1!11°, encontrará usted lo que desea,saber.
ADELA P.

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del medio es de batista, y tanto la i~scr:ipción como el festón que la rodea y el contorno del d1bu¡o se bordan á cordoncillo fino.
.
Una vez concluido el bordado se recorta la batista al
filo del dibujo, dejando el tul como fondo del morlo que
indica el grabado, que representa la labor por entero Y en
su tamaño naturnl.
Se puede también bordar esta palia á punto de cadeneta
ó á festón, rodeándolo de un piquillo.
.
5. CU, enluce con corona de conde para serv1ll_etas.
8 y 14. JB, IB, enlaces para pañuelos de seiiontB:l·
9 y J3. MA, EA, enlaces para almohadas y servilletas.
12. LP, enlace para ropa de casa.
.
17 Angulo de bordarlo moldavo. Tapetito pm·a coloc 11r
band~jas.-Se hace de tela granítica y mide el cu~dro 32
centímetros cuadrados; el borde se adorna con un Jaretón
y un ancho calado.
El bordado se ejecuta con algodón verde de dos tonos
para las ramas y las hojas; con azul de _dos tonos para l~s
tlores y también en dos tonos de amanllo para los motivos r~stantes. Los tonos obscuros se empican en las barras
de dentro, y los claros para el contorno de las tiores Y los
puntos lanzados.
.
_
21 y 22. Trajecito para niña pequen.a, en _tela de lana Y
seda. - La falda se frunce y se une por medio de una cabecilla á un canesú cuadrado y guarnecido con unas pequeüas solapas que, parti~ndo de los hombros, se separan en
el centro del pecho. Estas solapas están_ adornadas con una
pequeña ruche de muselina en el borde rnferior, y con u°:~
cinta de raso drapeada por la parte que las une al canesu,
esta cinta forma graciosas lazadas en los hombros Y en el
hueco que separa las dos solapas, y sigue por la espalda en
l&lt;1. misma disposición que en el delantero.
.
.
La falda v,\ bordada hasta la mitad con rarrutos eJecutaclos al punto de tallo y á punto lanzado con sedas crema,
ª"ul y rosa, colores con los cuales deben hacer juego las
cintas del traje. Estos mismos ramitos se bordan en las so1.. pus y en los puños. En el cuello un punto ruso y motas al
plurneiis.
._
El detalle del dibujo bordado está dado en sn tam11uo
natural.
29. Bordado para corporal. -Se hace este bordado al
plumetis y punto de sable, con algodón blanco sobre una
tela fina, y p uede también ejecutarse sobre sed~ lavable
color crema, retocando el bordado con unos puntitos amarillos en las flores de lis.

37,-Capa para vlalta II salida de teatro.

Núm. 37.-;-De paiio cuero gris, ~orrado ~e s~da, adornado con una capa pequeña de terciopelo gris hierro sobre
los hombros, y un bies dtil mi_-mo terciopelo por d~lante y
en la parte de abajo con una ~r11 ~e skungs ; e~tos bieses de
terciopelo se adornnn con aphcac10nes d~ pauo recortado.
Cuello alto de terciopelo, ribeteado con piel. Falda e_n for1na, de paño gris perla. Toque drapeada y guarnecida de
terciopelo gris.
MaterialeR: 2 metros de paño para la capa; 3 metros de
terciopelo; 5 metros de piel; 3 metros 50 centlmetros de
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EXPLICACIÓN DEL FIGURÍN ILUMINADO.
Núm. 6.
correaponde á las ae6oraa 1u1orlptora1 á la adición de lujo.

TRAJE DE PASEO I DE PA!ÍO VERDE SAUCE.
La falda, con pliegues redondos to~o alrededor, lleva
incrustado en el bajo un entredós de &amp;'111pur y _desarrolla &amp;l
horde un vuelo de seis metros y medio. El ~hegue redondo de )a parte de detráR está colorad_&lt;' ni hilo; los demás
deben disponerse de modo tal, que la flllda quede bastante
ajustada.
•
b"
El cuerpo se compone de un forro cornente, ?U 1erto ~or
dehnte con una mutielina de seda blanca frunmda 1 con_ m-.
cru•taciones de guipar creml\ y sujeta por _una cmturilla.
Faja ó corselete de paño. «Bolero» ?e la misma tela_. muy
abierto y adornado con solapas cubiertas de muselina de
seda bl~nca con incrustaciones de g_uipu~ crema_y lazos de
cinta de terciopelo negro. El borde mfenor termma con_ un
entredós de guipur crema. Manga toda ella plegada y a¡us •
tadl\ á. un forro Iiso.
Toque de lofóforo.

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éxito contra las enfermedarles del aparato digestivo ( dispe_p-

sias, inapetencia, pérdida dé fuerzas). París, 6, Av. Yict-.

INFORMACIONES PARISIENSES.

¿Qué diremos de la Velulina Fayi¡ue no se haya dicho? Por•
que no se trata de una recién Jlegada al ~eino de la elegancia,
sino que tiene detrás de sí una honrosa carrera y delante un
EXPLICACIÓN DE WS DIIlUJOS PARA BORDADOS
brillante ponenir.
CONTENIDOS EN LA HOJA-SUPLEMENTO.
La VeluUna Ch. Fa.y es un producto exquisito.
Tenía razón Ster11 al hablar de la influencia del nombre, lo
mismo en las personas que en las cosas. Afortunado estuvo
Correaponde á lu aeñoraa ausorlptoru á la edlolón da lujo
Ch. Fay (9, ruede lal'aix, París) al llamar átal producto Velu•
tina, porque este nombre resume sus deliciosas propiedade3. Es
y á las de la 2.• edición.
indispensable su uso á diario, porque es el único de perfecta ad•
1 7 10 q 15 16 18 1 19, 20, 23, 24, 25, 26, 27 y 28. herencia que se incorpora á la epidermis y la defiende de las Taatmosféricas. Por esto las fieles clientes de la Velutina
FD 'Mil, TE,'PG: EE, LH, Anita , JA, María, FO, llde- riaciones
Ch. Fay se distinguen entre todas por su piel blanca y fina, de
.r.
'
CU
Petra
MN
JR
enlaces
y
nombres
para
pa1 onso,
,
,
,
•
llil1I. encanta.dora pureza, sin manchas ni g~nos, y-con el rlnísimo satinado que es propio y natural de la Velutina, .porque la
ñuelos.
b
t
l
Velulioa..... alerciopela (veloUcte).
2 y 6_MA, EA, enlaces para sá anas y man e ~s.
· Desconfíese de _las -falsificaciones., J.l.&lt;&gt;.!4.ue_son deplorables J
3. PS enlace con·corona ae ~árqués para toallas.
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Be remiten pedidos • provincias.

Pasta gJara~e ªª Hafé

. Reíase de las arrugas, q~e n o se alie':'._ieron nun_ca á señalarse en su epidermis, y se conservó
Joven y bella h asta más alla de sus So anos, rompien do una vez y otra su acta de nacimiento á la
faz del tiempo, q ue en vano agitaba su guadaña delan te de aquel rostro seductor sin poder morti"'"'""' DELANGRENIER '""""
ficarle.-E_ste secreto! que la g ran coqueta egoísta no quiso ~evelar á ninguno de sus contemporáneos, h a sido descubierto por el doctor Leconte entre las Lo3as de un tomo de )a Historia amorosa
los más a¡;radables y eficaces d e los
de las Galias, d e Bussy-Rabutin , pertenecien te á la biblioteca de Voltaire y actualmen te p ropiedad
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ensayarlo es decidirse á. usarlo siempre. »
,,,

,

o

.

'O O

Es tanto lo que he podido admirar en estos díaé,
que no puedo 'fnenos ·'de describir aún unos cuantos modelos más: 1 i
, '
Uno de ellos está. hecho de tejido de lana color
violeta de Parma: La paite' inferior de la falda está.
dispuesta con ·varios pliegues,' y bajo cada uno de
ellos apar~ce'un bies·de terciopelo pespunteado y
de tono algo más obscuro que el color del traje.
El cuerpo, ·b ordado~con caladós, se abre sobre'un
plastrón ·de tafétan créma· plegado y bo.r dado con
un pequeño·agrément •de' seda Parma ó de galón
de lentejuelas, y un 'bies de terciopelo ribétea los
bordes del escote hasta fa cintura. Cinturón de tafe"tá.n -blaaóo . . Soinb'réi o en-fo:cma de pamela hecho de bieses de tafetán y de terciopelo Parma; y
adorn·ado eón-grá.n'.dés·crisaniemas amarillas, veladas con· tul malva (croquis núm. 1).
El ci;oquis número 2 represénta un traje de paño
gris humo: El bajo de la-•.falda está. dispuesto en
forma ~e p_a ntalla .en los costados, bajo unos bieses pe!!punteados: es ésta ·una idea sumamente

Óriginal, pues debe· notarse que el delantero y el facción del cuerpo, que se adorna también con enpaño de detrás caen rectos y que el vuelo no tredoses y pliegues, y tiene un cuello en forma de
'aparece más que en los lados. El cuerpo es una muy bonito corte. ,Camisolín de ml!selina de s~da
especie de «bolero1&gt; abrochado á. un·costado y he- plissée y corbata anudada de tafetán verde Nilo.
En resume!f , un traje tan elegante como típico.
cho con tres telas superpuestas.
'
o
El escote del traje se abre sobre un canesú de
o o
Irlanda con 'incru.s taciones de terciopelo negro.
Más sencillo, pero muy distinguido también, es
Se adorna la manga en 'su parte alta éon tiras pespunteadas, y en el bo¡;de con ondas también pes• este otro, de paño color ladrillo. La falda se abre
·punteadas. Pamela de terciopelo n egro drapeado, á. la izquierda con 'una muesca originalísima, y asecubierto por un encaje ' blanco, plumas colocadas meja ·e star alír~chada hast~ abajo con una serie ~e
en todos sentidos y ' un ramo de capullos de rosa botones. Oaboclwnes del mismo color que el traJe.
· En el «bdle·r o :o aparecen de nuevo las mismas
•_algo aproximado á la cara.
muescas originales, y en el cuello se deja ver el
oo o
pechero de táfetá.n plegado. Pequeña pelerina en
. ,De terciopelo miroir mny fino, muy flexible y forma de cuello, que parece no estar sujeta á. los
,
·
,
de preciqso · color de alm~ndra tostada' es la ele- · hombros.
Sombrero ·grande de fieltro y terciopelo, adorgahtísima toilette para recibir, representada por el
croquis ~úm. 3. El adorno' de la falda lo oonstitu- nado por·delante con un drapeado de raso flexible
yé un hermoso entredós de encaje de Brujas ri- blanco, del que' arranca una cola de ave del Paraibeteado de oro, que serpentea cerca del borde. . so de este mismo color• .A. la izquierda, y cayendo
Sobre él se fijan unos pequeños adornos formados sobra el pelo, grandes capullos de rosas ( croquis
por pliegues hechos de la manera que da á enten- núm ~~o 4).
der el dibujo: dicho se está. que estos pliegues son
V. DE 0ASTELFIDO.
del mismo terciopelo de la falda.
Parle,
18
de
Febrero
de
1900.
La misma idea es la que ha presidido en la con-

1

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Núm. 8.- La falda de este ti·aje, de muselina de seds, se
adorna con 12 pliegues, de unos 2 centimetros de alto.
E l cuerpo·, plegado, se abre sobre un peto de muselina
fruncida , adornado con entredoses y recuadrado con dos
bandas de rico bodaiio.

8.-TraJe oon pliegues para primera comualón,

�I

76

,LA M O D A EL E G A N T E

~ L U S T RADA

77

LA .MODA E.LEGAN TE ILUSTRAD A

DE CASA Y DE FUERA.
La. gran fiesta. de la quincena.- El palacio de Denia.-Notable lllueeó.-El cuadro de Moreno Carbonero expuesto en el Salón de
flesta_s.-La. concurrencia.- Banquetes diplomaticos.- Fiestas su-p_endtdas - El Duque de Medina Sidonia.- El cotillón de los Pnnc1pes de Wrede.-Una hermosura argentina.

~

;)"
-¡,,·

~

~

..... o sólo ha sido la gran fiesta de la quin-

~ fr¿ cena la celebrada el miércoles 7 dol

l~l fr~

corriente en el ~unt~oso palacio de los
Duques de D.enia, amo que, como to~
das las organizadas por la ilustre dama,
fJ , hará época en los fastos del gran mundo.
'
No es tan general que se abran todos
los salones de un palacio y, espléndidamente
1;
iluminados, sirvan únicamente para rendir
un tributo de admiración al arte. Este caso
excepcionalísimo requiere una cultura también
excepcional en la organizadora de la fiesta: las
damas aristocráticas que sienten aficiones artístic~s suelen ser enamoradas platónicas, que apenas
si ~e tarde en tarde se acuerdan de que existen los
artistas que con las creaciones de su genio embell.ecen sus espléndidas morada1,. Desde que la egregia Condesa del Montijo sentaba á su mesa todos
los domingos á los literatos y á los artistas en el
palacio donde corrió la juventud de la hermosa
emperatriz Eugenia, hoy convertido en Casino
Militar, muy contadas han sido las damas elegantes que han cultivado la amistad de poetas, pintores Y escultores: hubo una ilustre Condesa de V elle
(madre del actual Conde de Pinohermoso), cuya
muerte fué llorada en tiernas elegías por los poe~B Y sentida con honda pena por los artistas, que
s1e~pre hallaron en ella protección y amparo: no
Reria_justo olvidar tampoco á la ilustre Marquesa
de Vistabella, que durante su breve estancia entre
nosotros supo rodearse de cuanto más brillaba en
e~ mundo artístico y literario; pero cerrados para
s10mpre esos salones-y alguno que otro que quizás olvido,-tan sólo el de la duquesa Angela, en
el palacio de la plaza de Colón, sigue las tradicio•
nes que arraigara la ilustre dama en el derruido
palacio de Lerma, antigua residencia de los Duques de Medinaceli.
Para embellecer ese palacio admirable, en el
que Be juntan todos los esplendores y riquezas del
ª:te moderno con todas las suntuosidades y mag•
r:IBcencias arqueológicas acumuladas por una estirpe de opulentos próceres, la Duquesa de Denia
se aconsejó de los mas preclaros artistas españoles: por esto, los que por primera vez penetraban
e~ aquella residencia regia no se cansaban de admirar la proporción de líneas de su magnífica escalera, la grandiosidad de sus hermosas galerías y
la amplitud y riqueza de sus estancias. En los mer:ores detalles de aquella casa se admira el exquisito gusto de quien la ha dirigido. La galería, con
grar: columnata de piedra labrada, contiene una
admirable colección de cuadros, entre los que se
desta~a la notable Mujer barbuda, de Ribera;
t~mb1én se exhibe allí una colección de bajos relieves antiguos de extraordinario mérito.
_La mejor obra del malogrado Susillo, El lazarillo de '!'orme~, ocupa también lugar preferente en
el pal~c10. La sala de armas, no terminada aún ; el
orat?rio, obra maravillosa de Mélida, de estilo bizantino, y el gran salón-teatro, son las estancias
más notables.
~gúrense mis lectoras todas esas estancias ilumm3:das espléndidamente y circulando por ellas
lo mas granado de la sociedad de la corte con el
solo objeto de admirar el hermoso cuadro que Moren? Carb_onei:o destina á la Exposición de París,
Y &lt;ligase s1 artista alguno ha merecido entre nosotros un homenaje semejante.
t

L

r.l},j

o
o o

El cuadro de Moreno Carbonero, de que hablamos en una de nuestras últimas crónicas es un
prodigio de ejecución; mas como no es de ~uestra
mcumbencia hacer un examen detallado de la
obra, dJremos sólo que ésta parecía aún mas hermosa v1~ta en el. escenario de la Duquesa que en
el estudio del pmtor; como que aparecía iluminada por magnífico foco eléctrico que al reflejar
~obre e~ azul del cielo que finge el' cuadro, daba á
este su Justa entonación. El suelo del escenario se
hallaba enteramente cubierto de flores.
El efecto era sorprendente.
o
o o

L~ concurren?ia que mereció de la Duquesa de
Den1a la atención de ser invitada era selecta
pero no 1;1-um~rosa; la Duquesa, vestida con ele~
gante traJe gris perla que hacía resaltar su arrogante figura, rodeado su cuello con dos hilos de

gruesas perlas y envuelto en un boa de plumas .de
cisne, recibió y acompañó amablemente á sus invitados, á quienes el Duque de Denia servia de
galante cicerone en aquel verdadero museo.
Figuraban entre los invitados S. A. lt la Infanta
D.ª Isabel, que se presentó acompañada de su camarera mayor la Condesa de Toreno y de su dama
particular la Marquesa de Nájera; las hijas de la
Duquesa de Denia, Duquesa viuda de Uceda, con
sus hijas la Duquesa de Almenara Alta y las dos
solteras, que ostentan ya los títulos de Duquesa
de Medina de Rioseco y de Condesa de Peñaranda
de Bracamonte, y la Condesa de Valdelagrana,
Marquesa de Mudela. La Marquesa de la Laguna
asistió con su hija Mencía, que ostenta ya el título
de Marquesa de Viana, con grandeza de España, Y
sus hijas solteras; la Duquesa de Nájera; la Condesa de Luna; la señora de Moreno Carbonero; el
Embajador de Francia y Mme. Patenotre; el de
Alemania y Mlle. Marilise Radowitz; el de Austria-Hungría; los secretarios de la Embajada francesa Vizconde de Corunlier-Luciniere y Barón de
Viliers-Terrage, con sus señoras; el ministro argentino señor Quesada; el Presidente del Consejo de
Ministros, y gran número de literatos, artistas y
críticos.

Descanse en paz el que fué en vida un modelo
de caballeros.
o

o o

La llegada á Madrid de los Príncipes de Wrede
.ha hecho concebir halagüeñas esperanzas á la ju.
.ventud aristocrática, pues al mismo tiempo que
la ilustre familia extranjera se instalaba en su
elegante hotel de la calle de Villanueva, circulaba por los salones la noticia de que dos cotillones
espléndidos, como hace muchos años no se habían
visto entre nosotros, pasaban en cincuenta cajaa
por la aduana de Irún con destino á los Príncipes.
La noticia es rigurosamente exacta; pero acaso
los Príncipes de Wrede aplacen la celebración de
sus fiestas para cuando llegue á esta corte una hermosura argentina, la señorita de la Roca, hija del
Presidente de aquella República, á la que se pre. para suntuosa hospitalidad en el hotel de la calle
de Villanueva.
La hermosa americana no llegará, sin embargo,
hasta la primavera, y su presencia entre nosotros
será un atractivo más de las fiestas mundanas
aplazadas para entonces.
MONTE-CRISTO.

o

o o

Los banquetes diplomaticos, que otros años se
verificaban en Cuaresma, este año han comenzado
ya, siendo el Presidente del Consejo y Ministro
de Estado uno de los que han contribuído á esta
innovación, celebrando algunos muy espléndidos
en su elegante y nuevo hotel de la calle &lt;le Lista.
Los ha habido también en la Embajada de Austria, en la de Italia y en las de Francia y Rusia;
los jueves se han verificado algunos en la Legación
de los Países Bajos, que ha vuelto á animarse con
la llegada de la amable Mme. Wede, ausente largo
tiempo de la corte; los miércoles en la Legación
de Bélgica, que desde el matrimonio de Mr. Verhaeghe de N aeyer con la distinguida Condesa de
Monceau se ha convertido en uno de los centros
más animados de la sociedad aristocrática.
También el ministro de la República Argentina
Sr. Quesada ha convidado, como siempre, á sus
banquetes á las damas más hermosas y elegantes,
y en el palacio árabe del Ministro de Méjico se
han celebrado algunos, seguidos de pequeñas reuniones.
o

o o

La muerte del jefe superior de Palacio, Sr. Duque de Medina Sidonia, ocurrida en la mañana
del 15 del corriente, sumiendo en honda pena á
sus numerosos deudos y amigos, ha sido causa de
que se suspendan algunas de las fiestas anunciadas, contándose entre éstas los bailes de la Embajada de Italia y de los Marqueses de Hoyos.
Será, pues, mucho menos animado de lo que se
había previsto el Carnaval que se aproxima.
Con el fallecimiento del Duque de Medina Sidonia d~saparece uno de los más genuinos representantes de la antigua grandeza española. Era el
difunto Duque D. José Joaquín Alvarez de Toledo
y Silva, Pérez de Guzmán el Bueno, Osorio, Pimentel y Fajardo, Gonzaga y Caracciolo, Moneada y Aragón, Requesens, Luna, Cardona, Zúñiga,
Portugal, Silva y Mendoza, 18.0 Duque de Medina
Sidonia, 14.0 Marqués de Villafranca del Bierzo y
de los Vélez, tres veces grande de España de primera clase, Duque de Fernandina, con cuyo título
se le conoció durante su juventud, y se hallaba
casado con su prima hermana D.ª Rosalía Caro y
Alvarez de Toledo, dama de S.M. la Reina, de la
Cruz estrellada de Austria, hija del 4.0 Marqués
de la Romana.
Hereda sus títulos y grandezas su único hijo varón superviviente D. Joaquín, Marqués de Molina, casado con una hija de los Condes de Catalbuturo.
Deja además dos hijas: D.ª María, Condesa de
Adernó, casada con el Duque de Castro-Terreño
y D.ª I1;1.és, casada con el Conde de Villariezo.
'
Su hiJa política es D.• Trinidad Caballero y Muguiro (hija del difunto Marqués de Somosancho)
Condesa viuda de Niebla y Marquesa de los Vélez'
dama de honor de S. M. la Reina.
'
Una hermana del Duque que acaba de morir estuvo casada con el Príncipe Juan Andrés ColonnaDoria, Duque de Paliano y de Tursi de la más
alta nobleza de Italia; otra estuvo ca;ada con el
Duque de la Alcudia D. Adolfo Rúspoli Godoy y
Borbón_, ~ieto del Príncipe de la Paz; y, en fin,
eran asimismo cercanos parientes del ilustre prócer los Marqueses de Martorell y de Valdueza
.C_omo se ve por estos ligeros apuntes, poca~ fa.
mil~as ~abrá. en España que conserven más puro
su hnaJe que la que acaba de perderá su jefe.

SIETE VECES FELIZ.
Continuación.

~~ OXA

Rosalía-continué-parecía una
vaca. Era catalana, viuda de un coro:
nel de carabineros, y como buena co•
ronela, mandaba con un imperio que
~
yo temí por la felicidad de D. Dimas,
~ á quien ella siempre llamó por el apellido, Cruz. Pero Cruz, con el solo encanto
de su natural obsequioso , supo hacer la feli-;; cidad de D.• Rosalía y la suya, recobrando
su espíritu el equilibrio y el bienestar que le había
hecho perder la última desgracia. A pesar de tener
tan sanota fachada, D.ª Rosalía no disfrutaba de
buena salud, y eu busca de ella tenía que ir constantemente á la Puda de Montserrat. Pero las aguas
de este salutífero manantial le fueron al fin contrarias, y al regresar, el año 1880, falleció. Don
Dimas sobrellevó como buen filósofo su nueva viudez, y tomó la sexta esposa, justamente cuando
vinieron por primera vez al Gobierno de la Restauración los liberales, en 1881. De esta boda fuimos
testigos su marido de usted, Estefanía, el pobre
Isidoro, y yo.
•
-Ya me acuerdo de la boda-dijo Estefanía.
-¿Se acuerda usted?-repnse.-¡Qué guapa estaba la novia! Lo único que tenía feo era el nombre, Librada; y por cierto que no le hizo honor,
es decir, no dejó sucesión. Y era joven, tenía
unos.....
-Treinta años-afirmó Estefanía.
-¡Por Dios! ¿No le aumenta usted algunos? ¡Si
representaba veinticinco 1
-Esos le daban ustedes.
-En fin, ella estaba hecha una rosa, y tan satisfecha como el día de la boda la vi siempre al
lado de ese excelente viejo, que tiene el arte de
no serlo nunca de espíritu y hacer felicísimas á
eus mujeres. Parece que la estoy viendo : era navarra, muy garrida; tenía la voz fuerte, y la lucía
cantando de mezzo soprano. De lo que nada puedo
decir es de su muerte, porque ocurrió durante mi
ausencia.
-Murió do una gástrica hace un año-dijo Es•
tefanía.
-;--~s de todas sus mujeres la última la que por
mas tiempo fué compañera de D. Dimas. Diez y
oiete años, más del doble que la primera y la quinta,
que son las que más le vivieron, le vivió Librada.
Y á pesar de esto, y de que no puede ponerse en
duda que D. Dimas la quiso, y que fo. habrá sentid? ~omo á todas,? puede ser que más, me atreve•
ria a apostar que a nuestro amigo no se le ha concluido todavía la cuerda. Lo verán ustedes: el día
:i_n~nos pensado D. Dimas toma la séptima esposa,
umc_a que ya le permite la Iglesia.
I sidora soltó de nuevo la carcajada.
En cambio Socorrito dejó escapar de sus ojos
dos rayos momentáneos, que me desconcertaron
un poco y me infundieron remordimientos de hab~r. tratado de burlas al simpático y bonísimo
Vl0JO, Para arreglarlo exclamé:
.- Per?, hablando en serio, la verdad es que don
Dimas, s1 se ha casado tantas veces no ha sido por
tener ~ujer, no h~ sido por tener quien le cuide,
no ha sido por ego1smo, sino porque es tan generoso su c~razón que neceslta tener al lado una per·
sona á qruen querer y en cuya felicidad recrearse.
"'

'

Sin hijos, sin allegados, para él la mujer propia es
una necesidad, es el cariñ-0, es la vida.
Con esto terminé mi discurso.
Al poco rato me despedí y salí con el mallorquín.

III.
En fuerza de ir por las tardes á casa de mis amigas, donde tan asiduo como yo era Moneada me
hice amigo de éste. Siempre salíamos junt~s y
me acompañaba buen rato. El muchacho me fué
desde luego muy simpático. En toda su persona
había un sello de superioridad intelectual. Era de
fogoso temperamento; discurría de un modo vivo
sobrio y casi siempre acertado, que denotaba pri~
vilegiado golpe de vista. Era instruido, amaba el
estudio, adora~a nuestra l~teratura clásica, y pronto de~c~brí en e~ á un escritor en ciernes y que por
su merito se baria famoso. Cursaba con entusiasmo
la. carrera de Filosofía y Letras, y tenía flema para
leer á. Homero en griego. El Romancero le electrizaba; el fuego de L ope le daba calentura, y recitaba las décimas de su homónimo, el Segismundo de L a vida es sueño, poseído de una especie de
delirio que io identificaba con el héroe calderoniano. Y daba gusto oírselas con la voz fuerte y
sonora que tenía. Le saqué del cuerpo todo esto
en casa, adonde le hice ir por gusto de charlar
con él. Le enseñaba libros, se loB prestaba; le recitaba ó leía versos y se los hacia recitar. Pasábamos horas deliciosas. Moneada era de un tempe•
ramento enérgico¡ era un titan con alma de niño;
sentía con suma delicadeza, y su fondo moral era
generoso, noble como pocos.
Cobré en breve tiempo grandes simpatías á mi
joven amigo. Sii me lament:J.ba una tarde de la rebeldía de su memoria para retener un trozo literario interesante, y poniéndole la mano sobre los
hombros y sondeándola con mi persistente mirada, le dije:
-Tiene usted ahora el pensamiento muy distraído. Le tiene á usted pertnbado quien yo me sé.
Moneada suspiró, que fué tanto como confesar su
cuita, y dijo:
-Pero todo es liempo perdido.
Nada le contesté; pero me intrigó la respuesta.
Deseoso de aclararla, pues cada día me inspiraban mayor interés Socorrito y su adorador, en
cuanto tuve ocasión de hablar á Estefanía con la
conveniente reserva, le hablé de Moneada, cuya
apología hice con entusiasmo, y pregunté si á la
muchacha le gustaba ó no, y si tenían ó no relaciones.
-Relaciones no tienen-dijo Estefanía,-al
menos que yo sepa; porque ha de saber usted que
Socorro es muy reservada. Me pasa con ella lo que
con ninguno de mis hijos. Isidora me lo cuenta
todo, vi ve identificada conmigo, no tiene el menor
secreto para su madre. Rodolfo..... -al pronunciar
este nombre Estefanía suspiró con pena y conti•
nuó-también se explaya conmigo. Pero Socorro,
sobre todo de poco tiempo a esta parte, esquiva contestarme cuando le pregunto, y lo mismo
hace con Isidora. Para hacerme ver que no trata
de engañarme dice: «No hay nada, no hay nada;
sólo te quiero á ti.» Y me da un beso. Pero no me
abre su corazón. lsidora. dice que Moneada ronda
á Socorro, pero que Socorro evita que le declare
su amor. El pobre muchacho suf.re, yo lo co~ozco,
Hay ocasiones en que me da lástima ~er la ~r1~teza
con que la mira. Ella, en su presencia, esta siempre muy seria. Ya lo habrá usted notado. El _da
muestras de una constancia que merece un premio;
y seguramente titme usted razón, es un excelente
muchacho y hombre de mérito. Pero mi hija, si
le encuentra de su gusto, le quiere pro?ar.
-Es extraño-repuse-que esa chica sea tan
reservada con su madre y con su hermana. .
-Pues así es. Cuidado que no tengo queJa d.e
ella. Es la que lleva con más resignació~ l~s privaciones y la tristeza que nos rodea. ¡Ah, s1 viviera
su padre, el pobre Isidoro!.....
. .
Al ver que Estefanía se me confiaba y se mchnaba por el lado patético, le pregunté resueltamente:
-Diga usted: ¿ y Rodolfo, qué hace? ¿Observa
buena conducta?
..
Estefanía se quedó algo desconcertad~ ~l recibir
estas que debían ser estocadas, y :1'epomendose al
momento , murmuró, no sin trabaJ.o:
. .,
-El pobre, ya ve usted, es tan Joven, vemtmn
años; trabaja, sí; ahora se prepara para Aduana~.
Toda la contestación, el modo con que fué dicha y el ahora del final, me hicieron comprender
que ·Rodolfo debía haber salido un punto notable,
de los que cada año emprenden una carrer~ y no
siguen ninguna má.s que ~a de la bue~a. vida, á
costa del sosiego y del bolsillo de su fam1ha, y so-

bre todo de su madre,·cuya preferencia por el hijo
varón lleva siempre este pago.
Comprendí el interés de Estefanía en ocultar
su debilidad, que hallé disculpable, y varié de
tema.
Al poco entró Socorrito, tan linda. Su rostro,
lleno de vida, mostrábase un tanto serio, y obse~vé que no me manifestaba aquella franca alegria con que me recibió cuando mi primera visita. Efectivamente, aquella chica guardaba secretitos.
_Yolví ~ los dos días á la tertulia, que ofrecía el
mIBmo pmtoresco cuadro que tanto me impresionó. Sólo que Segismundo aquella noche se mostró
menos sombrío y preocupado, y habló conmigo
casi ~oda la velada. Paquito en cambio se despachó a su gusto, diciendo simplezas en conversación
general con las muchachas, y D. Dimas estuvo al
principio de la noche un tanto taciturno y callado;
después habló mucho con Isidora, lo que me dió
qué pensar.
Aprovechando ocasión favorable, Estefanía me
llamó aparte, y me encargó le hiciese el favor de
averiguar, por medio de mis conocimientos, antecedentes de familia, posición, etc., del mallorquín.
Por cierto que á mi amiga le sorprendió mucho mi
contestación, que fué ébta:
-Ya me estoy ocupando de eso.
Le pregunté qué motivaba su encargo, si la. niña
se había franqueado.
-Al contrario-me dijo,-está más reservada
que nunca; sospecho que le quiere, y por eso me
importa estar prevenida.
Los tertulios no nos dejaron seguir hablando;
pero yo tuve bastante con lo que había oído para
uar en mi cabeza vueltas al asunto.
Me interesaba Socorrito cada vez más. P or una
parte, el afecto que me inspiraba era casi paternal, por ser hija de mi inolvidable amigo; y de
otra parte, sentía por ella análoga solicitud á la que
nos tomamos por las flores lozanas, que cuidamos
de preservarlas de todo lo que pueda matar su
frescura, y procuramos que brille más hermosa su
juventud. En toda inclinación desintertsada hay
un móvil estético.
Examiné despacio el estado de la cuestión. Don
Dimas no parecía preocuparse ya de la niña; acaso
lo había pensado, y había desistido al comprender
que su lucha con la juventud de Segismundo era
imposible, y acaso, acaso, se inclinaba á Isidora,
lo cual me parecía muy bien. Paquito había tonteado demasiado aquella noche; pero no debían ir
más allá. de este tonteo sus aspiraciones, pues conociendo á la lagarta de su madre no había que
pensar en que pretendiera casarse con una muchacha cuyo valor positivo estaba en su linda cara; y
que no la quería, ya lo demostraba con sus simplezas. No quedaba, por consiguiente, otra. solución
lógica que la de Segismundo. Sin duda el asedio
producía su efecto, y la plaza capitularía de un mo mento á otro. No podía ser de otro modo.
Por el pronto, la contestación que al día siguiente llevé á Estefanía era poco halagüeña desde el
punto de vista de la realidad de las cosas. Mi breve discurso fué éste :
-Amiga Estefanía: de buenas intenciones esta
empedrado el mundo, como el infierno. Me han
dicho que Moneada es, en efecto, un excelente
hijo, hijo único de un sefior cargado de años, honradísimo, de noble alcurnia, persona respetada y
querida en Palma de Mallorca, donde reside; pero
tan pobre, que á duras pena:i puede costear á Se gismundo los estudios, con lo que el muchacho
tiene que labrarse un porvenir antes de poderse
casar. Crea usted que esto me causa un verdadero
di1,gasto, pues quiero mucho á Socorrito, y él me
ha conquistado en pocos días. Lo comprendo, no
hay remedio; ese hombre no es el marido que usted desea para su niña.
-:Me lo había figurado - contestó la madre.Pero si levanta de cascos á mi hija, figúrese usted
los disgustos que me esperan.
- Ya lo evitaremos-dije yo por decir algo.
Y como quien indica desde luego un camino,
añadí:
-Diga usted, ¿y el chico de Prado, qué tonteos.
son ésos?
- ¡Por Dios l - exclamó Estefanía; - no me
nombre usted á semejante mequetrefe. Pero¿ ha
podido· usted pensar que yo ó la niña le encontramos aceptable?
-No, señora; ¡Dios me libre de tan horroroso
pensamiento!
- Estamos de él hasta el pelo.
-Pero es inofensivo.
-Eso cree usted..
-¿Cómo?
-Si escribió á Socorro una carta de declaración muy pretenciosa, dándoselas de protector.
Cosas de la madre, ¿sabe usted? Y porque Socorro

le contestó de palabra que por ahora no pensaba
en casarse, le dijo con petulancia: «¡Oh, ya lo pensará usted bien! Tengo la seguridad de triunfar, y
le advierto á usted que he de emplear todos los
medios.&gt;
-¿Qué me cuenta usted? ¿Y cuando fué eso?
-Pues hará dos meses. Todas esas cosas que
dice es de despecho. Yo no sé cómo ha tenido cara
de volver. Sabemos que se ha dejado decir: «Que
no piense Socorrito en casarse más que conmigo.
Cuantos pretendientes tenga se los he de espantar
yo.&gt; ¡Con que figúrese usted qué porvenir 1
-Nada tema usted. Paquito es el enano de la
venta.
-Pero enredará, ya lo verá usted; y con sus
padres, que son consecuen\es con nosotros, no podemos regañar.
Compadeciendo á la pobre Estefanía, cuya situación no era envidiable, salí de la casa. Decidido cada vez más á ayudarla, examiné de nuevo la
cuestión y hallé un punto inexplicable. ¿De dónde provenía el empeño de Paquito? Su fatuidad,
su vanidad herida, no eran suficientes causas para
tan tenaz empeño; y el amor no lo era, porque el
amor nunca inspiró amenazas, sino ruegos. ¿Qué
interés guiaba á los de Prado?
Aquella misma noche fui á su casa de visita, no
sin hacer acopio de paciencia para soportar el triste espectáculo de unos padree que vivían en adoración de su hijo.
IV.
La casa de Prado era digna de estudio. En ella
llevaba los pantalones D.ª Angustias. y á ésta la
manejaba con sus omnímodos caprichos el hijo,
Paquito, que nada tenía que ver con el inventor
de la pólvora. Prado era un raro ejemplo de mansedumbre. No puede retratársela bien con decir
que era un marido complaciente. Aquello no era
complacencia: era la sumisión absoluta del entendimiento y de la voluntad. Yo creo que, en el fondo, aquel hombre se daba cuenta de su esclavitud
moral, y que de buen grado hubiese querido en
ronchas ocasiones bríos para sacudirla y rebelarse. Pero pesaba mucho la garra de D.ª Angustias,
qae, como las panteras nacidas en las colecciones
zoológicas, había perdido la ferocidad, pero conservaba la astucia felina, y sólo era mansa con el
domador, ósea Paquito, el cual desempeñaba sin
saberlo el papel de vengador de su padre. Tenía
éste más pesquis que el chico; era laborioso, como
creo que no habrá otro empleado en el ramo de
Hacienda; su bondad hacíale simpático, y por
ella se le disculpaba su falta. de carácter.
Doña Angustias era el prototipo de la necedad
humana. ¿Por qué se creyó hermosa? ¿por qué se
creía dotada de superior inteligencia, de exquisito
tacto y adornada con el mas encantador dón de
gentes? Por salir hueras tales demasías de su vanidad, hasta su basta figura, que parecía de muñeco
de barro, habíase desfigurado con gorduras elefantinas; y en lo intelectual parecía que la avisaban
con timbre para ser la madre de todas las inoportunidades y ridiculeces que estropean y perturban
una conversación.
Así sucedió aquella noche. Después de hablar
de cosas indiferentes, hablamos de la familia
Cienfnegos. Lamentaba yo la temprana muerte de
mi amigo y compadecía la viudez de Estefanía,
tan buena, aún joven y con hijos, el varón sin carrera, las hembras sin casar.
JOSÉ RAMÓN MÉLIDA.
Continuará.

EJ'E:?:-1.CF LO.
(PENSAMIXNTO DE HAF IZ.)

Si la escabrosa senda de la vida
Cruzas sembrando el bien con dulce anhelo;
Si con los ojos fijos en el cielo
Ambicionas vencer en lid reñida,
Cuando la envidia torpe y fementida
Te hunda en los mares del amargo duelo;
Cuando te agobie pena sin consuelo
Y salte rota el alma dolorida,
No abrigues del rencor ansias fatales,
Resígnate á morir y sufre y muere;
Que hay alma que en las luchas desiguales
A la venganza y al rencor prefiere
Imitará las conchas orientales,
Que dan perlas al brazo que las hiere.

M. R.

Bu.Neo BELMONTE,

�,I

76

, LA

DE CASA Y DE FUER.A..
La gran fiesta. de la, quincena.-El palacio de Denia..-Notable Muee6.- El cuadro de Moreno Carbonero expuesto en el Salón de
flestas.-La concurrencia..- Banquetes diplomáticos.- Fiestas su•pendidas -El Duque de Medina Sidonia..-Elcotillón de los Principes de Wrede.-Una. hermosura argentina,

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-~-.o sólo ha sido la gran fiesta de la quinfr¿. cena la celebrada el miércoles 7 del

corriente en el suntuoso palacio de los

{2Str.i~ Duques de Denia, sino que, como to-

das las organizadas por la ilustre dama,
hará época en los fastos del gran mundo.
No es tan general que se abran todos
los salones de un palacio y, espléndidamente
iluminados, sirvan únicamente para rendir
un tributo de admiración al arte. Este caso
excepcionalísimo requiere una cultura también
excepcional en la organizadora de la fiesta: las
damas aristocráticas que sienten aficiones artísticas suelen ser enamoradas platónicas, que apenas
si de tarde en tarde se acuerdan de que existen los
artistas que con las creaciones de su genio embellecen sus espléndidas morada¡:,, Desde que la egregia Condesa del Montijo sentaba á su mesa todos
los domingos á los literatos y á los artistas en el
palacio donde corrió la juventud de la hermosa
emperatriz Eugenia, hoy convertido en Casino
Militar, muy contadas han sido las damas elegantes que han cultivado la amistad de poetas, pintores y escultores: hubo una ilustre Condesa de V elle
(madre del actual Conde de Pinohermoso), cuya
muerte fué llorada en tiernas elegías por los poetas y sentida con honda pena por los artistas, que
siempre hallaron en ella protección y amparo: no
sería justo olvidar tampoco á la ilustre Marquesa
de Vistabella, que durante su breve estancia entre
nosotros supo rodearse de cuanto más brillaba en
el mundo artístico y literario; pero cerrados para
siempre esos salones-y alguno que otro que quizás olvido,-tan sólo el de la duquesa Angela, en
el palacio de la plaza de Colón, sigue las tradiciones que arraigara la ilustre dama en el derruido
palacio de Lerma, antigua residencia de los Duques de Medinaceli.
Para embellecer ese palacio admirable, en el
que se juntan todos los esplendores y riquezas del
arte moderno con todas las suntuosidades y magnificencias arqueológicas acumnladas por una estirpe de opulentos próceres, la Daquesa ~e Denia
se aconsejó de los más preclaros artistas españoles: por esto, los que por primera vez penetraban
en aquella residencia regia no se cansaban de admirar la proporción de líneas de su magnífica escalera, la grandiosidad de sus hermosas galerías y
la amplitud y riqueza de sus estancias. En los menores detalles de aquella casa se ad.mira el exquisito gusto de quien la ha dirigido. La galería, con
gran columnata de piedra labrada, contiene una
admirable colección de cuadros, entre los que se
destaca la notable Mujer barbuda, de Ribera;
también se exhibe allí una colección de bajos relieves antiguos de extraordinario mérito.
La mejor obra del malogrado Susillo, El lazarillo de Torme..•, ocupa también lugar preferente en
el palacio. La sala de armas, no terminada aún; el
oratorio, obra maravillosa de Mélida, de estilo bizantino, y el gran salón-teatro, son las estancias
más notables.
Figúrense mis lectoras todas esas estancias iluminadas espléndidamente y circulando por ellas
lo más granado de la sociedad de la corte, con el
solo objeto de admirar el hermoso cuadro que Moreno Carbonero destina á la Exposición de París,
Y dígase si artista alguno ha merecido entre nosotros un homenaje semejante.
!..

¡

'

o

o

o

El cuadro de Moreno Carbonero, de que hablamos en una de nuestras últimas crónicas, es un
prodigio de ejecución; mas como no es de nuestra
incumbencia hacer un examen detallado de la
obra, diremos sólo que ésta parecía aún más hermosa vi~ta en el. escenario de la Duquesa que en
el estud10 del prntor; como que aparecía iluminada por magnífico foco eléctrico, que al r eflejar
~obre e~ azul del ciel? que finge el cuadro, daba á
este su Justa entonación. El suelo del escenario se
hallaba enteramente cubierto de flores.
El efecto era sorprendente.
o

o o

L~ concurren~ia que mereció de la Duquesa de
Dema la atención de ser invitada era selecta,
pero no numerosa; la Duquesa, vestida con elegante traje gris perla que hacía resaltar su arrogante figura, rodeado su cuello con dos hilos de

.

MODA
ELEGANTE
ILUSTRADA
..
.
.

Deseanse en paz el que fué en vida un·modelo
gruesas perlas y envuelto en un boa de plumas de
cisne, recibió y acompañó amablemente á sus in- de caballeros.
o
vitados, á quienes el Duque de Denia servia de
o o
galante cicerone en aquel verdadero museo.
La llegada á Madrid de los Príncipes de Wrede
Figuraban entre los invitados S. A. lt la Infanta
D.• Isabel, que se presentó acompañada de s~ ca- _ha hecho concebir halagüeñas esperanzas á la jumarera mayor la Condesa de Toreno y de su dama _ventud aristocrática, pueii al mismo tiempo que
particular la Marquesa de Nájera; las hijas de la la ilustre familia extranjera se instalaba en su
Duquesa de Denia, Duquesa viuda de U ceda, con elegante hotel de la calle de Villanueva, circulasus hijas la Duquesa de Almenara Alta y las dos ba por los salones la noticia de que dos cotillones
solteras, que ostentan ya los títulos de Duquesa espléndidos, como hace muchos años no se habían
de Medina de Rioseco y de Condesa de Peñaranda visto entre nosotros. pasaban en cincuenta cajas
de Bracamonte, y la Condesa de Valdelagrana, por la aduana de Irún con destino á los Príncipes.
La noticia es rigurosamente exacta; pero acaso
Marquesa de Mudela. La Marquesa de la Laguna
asistió con su bija Mencía, que ostenta ya el título los Príncipes de Wrede aplacen la celebración de
de Marquesa de Viana, con grandeza de España, y sus fiestas para cuando llegue á esta corte una hersus hijas solteras; la Duquesa de Nájera; la Con- mosura argentina, la señorita de la Roca, hija del
desa de Luna; la señora de Moreno Carbonero; el Presidente de aquella República, á la que se preEmbajador de Francia y Mme. Patenotre; el de . para suntuosa hospitalidad en el hotel de la calle
Alemania y Mlle. Marilise Radowitz; el de Aus- de Villanueva.
La hermosa americana no llegará, sin embargo,
tria-Hungría; los secretarios de la Embajada francesa Vizconde de Corunlier-Luciniere y Barón de hasta la primavera, y su presencia entre nosotros
Viliers-Terrage, con sus señoras; el ministro argen- será un atractivo más de las fiestas mundanas
tino señor Quesada; el Presidente del Cousejo de aplazadas para entonces.
Ministros, y gran número de literatos, artistas y
MONTE-CRISTO,
críticos.
o
o o

Los banquetes diplomáticos, que otros años se
verificaban e-n Cuaresma, este año han comenzado
ya, siendo el Presidente del Consejo y Ministro
de Estado uno de los que han contribuido á esta
innovación, celebrando algunos muy espléndidos
en su elegante y nuevo hotel de la calle ue Lista.
Los ha habido también en la Embajada de Austria, en la de Italia y en las de Francia y Rusia;
los jueves se han verificado algunos en la Legación
de los Países Bajos, que ha vuelto á animarse con
la llegada de la amable Mme. Wede, ausente largo
tiempo de la corte; los miércoles en la Legación
de Bélgica, que desde el matrimonio de Mr. Verhaeghe de N aeyer con la distinguida Condesa de
Monceau se ha convertido en uno de los centros
más animados de la sociedad aristocrática.
También el ministro de la República Argentina
Sr. Quesada ha convidado, como siempre, á sus
banquetes á las damas más hermoEas y elegantes,
y en el palacio árabe del Ministro de Méjico se
han celebrado algunos, seguidos de pequeñas reuniones.
oo o

La muerte del jefe superior de Palacio, Sr. Duque de Medina Sidonia, ocurrida en la mañana
del 15 del corriente, sumiendo en honda pena á
sus numerosos deudos y amigos, ha sido causa de
que se suspendan algunas de las fiestas anunciadas, contándose entre éstas los bailes de la Embajada de Italia y de los Marqueses de Hoyos.
Será, pues, mucho menos animado de lo que se
habia previsto el Carnaval que se aproxima.
Con el fallecimiento del Duque de Medina Sidonia desaparece uno de los más genuinos representantes de la antigua grandeza española. Era el
difunto Duque D. José Joaquín Al varez de Toledo
y Silva, Pérez de Guzmán el Bueno, Osorio, Pimentel y Fajardo, Gonzaga y Caracciolo, Moneada y Aragón, Requesens, Luna, Cardona, Zúñiga,
Portugal, Silva y Mendoza, 18.0 Duque de Medina
Sidonia, 14.0 Marqués de Villafranca del Bierzo y
de los Vélez, tres veces grande de España de primera clase, Duque de Fernandina, con cuyo título
se le conoció durante su juventud, y se hallaba
casado con su prima hermana D.• Rosalía Caro y
Alvarez de Toledo, dama de S.M. la Reina, de la
Cruz estrellada de Austria, hija del 4.0 Marqués
de la Romana.
Hereda sus títulos y grandezas su único hijo varón superviviente D. Joaquín, Marqués de Molina, casado con una hija de los Condes de Catalbuturo.
Deja además dos hijas: D.ª María, Condesa de
Adernó, casada con el Duque de Castro-Terreño,
y D.ª Inés, casada con el Conde de Villariezo.
Su hija política es D.ª Trinidad Caballero y Muguiro (hija del difunto Marqués de Somosancho)
Condesa viuda de Niebla y Marquesa de los Vélez'
dama de honor de S. M. la Reina.
'
Una hermana del Duque que acaba de morir estuvo casada con el Príncipe Juan Andrés ColonnaDoria, Duque de Paliano y de Tursi, de la más
alta nobleza de Italia; otra estuvo casada con el
Duque de la Alcudia D. Adolfo Rúspoli Godoy y
Borbón_, ~ieto del Príncipe de la Paz; y, en fin,
eran as1m1smo cercanos parientes del ilustre prócer los Marqueses de Martorell y de Valdueza.
_C_omo se ve por estos ligeros apunte·s , pocas famil~as ~abrá en España que conserv~n más puro
su lmaJe que la que acaba de perder a su jefe.

77

LA .'.MODA. E .LEGANTE ILUSTRADA

SIETE VECES FELIZ.
Continuación.

~~ OÑA

Rosalía-continué-parecía una
vaca. Era catalana, viuda de un coronel de carabineros, y como buena coronela, mandaba con un imperio que
yo temí por la felicidad de D. Dimas,
~ á quien ella siempre llamó por el apellido, Cruz. Pero Cruz, con el solo encanto
de su natural obsequioso, supo hacer la feli-.¡cidad de D.• Rosalía y la suya, recobrando
su espíritu el equilibrio y el bienestar que le había
hecho perder la última desgracia. A pesar de tener
tan sanot.a fachada, D.ª Rosalía no disfrutaba de
buena salud, y eu busca de ella tenía que ir constantemente á la Puda de Montserrat. Pero las aguas
de este salutífero manantial le fueron al fin contrarias, y al regresar, el año 1880, falleció. Don
Dimas sobrellevó como buen filósofo su nueva viudez, y tomó la sexta esposa, justamente cuando
vinieron por primera vez al Gobierno de la Restauración los liberales, en 1881. De esta boda fuimos
testigos su marido de usted, Estefanía, el pobre
Isidoro, y yo.
-Ya me acuerdo de la boda-dijo Estefanía.
-¿Se acuerda usted?-repuse.-¡Qué guapa estaba la novia! Lo único que tenía feo era el nombre, Librada; y por cierto que no le hizo honor,
es decir, no dejó sucesión. Y era joven, tenía
unos.....
-Treinta años-afirmó Estefanía.
-¡Por Dios! ¿No le aumenta usted algunos? ¡Si
representaba veinticinco 1
-Esos le daban ustedes.
-En fin, ella estaba hecha una rosa, y tan satisfecha como el día de la boda la vi siempre al
lado de ese excelente viejo, que tiene el arte de
no serlo nunca de espíritu y hacer felicísimas á
eus mujeres. Parece que la estoy viendo: era navarra, muy garrida; tenía la voz fuerte, y la lucía
cantando de mezzo soprano. De lo que nada puedo
decir es de su muerte, porque ocurrió durante mi
ausencia.
- Murió de una gástrica hace un año- dijo Estefanía.
-Es de todas sus mujeres la última la que por
más tiempo fué compañera de D. Dimas. Diez y
oiete años, más del do ble que la primera y la quin ta,
que son las que m ás le vivieron, le vivió Librada,
Y á pesar de esto, y de que no puede ponerse en
duda que D. Dimas la quiso, y que 1.1. habrá sentido como á todas, ó puede ser que más, me atrevería á apostar que á nuestro amigo no se le ha concluído todavía la cuerda. Lo verán ustedes: el día
menos pensado D. Dimas toma la séptima esposa,
única que ya le permite la Iglesia.
Isidora soltó de nuevo la carcajada.
En cambio Socorrito dejó escapar de sus ojos
dos rayos momentáneos, que me desconcertaron
un poco y me infundieron remordimientos de haber tratado de burlas al simpático y bonísimo
viejo. Para arreglarlo exclamé :
- P ero, hablando en serio, la verdad es que don
Dimas , si se ha casado tantas veces no ha sido por
tener mujer, no ha sido por tener quien l e cuide,
no ha sido por egoísmo, sino porque es tan gene•
roso su corazón que ne cesita t en er al lado una persona á quien querer y en cuya feli~idad recrearse.
"'

·

'

Sin hijos,. sin allegados, para él la mujer propia es
una necesidad, es el cariñ.o, es la vida.
Con esto terminé mi discurso.
~l poco rato me despedí y salí con el mallorqmn.

III.
En fuerza de ir por las tardes á casa de mis amigas, donde tan asiduo como yo era Moneada me
hice amigo de éste. Siempre salíamos junt~s y
me acompañaba buen rato. El muchacho me fué
desde luego muy simpático. En toda su persona
había un sello de superioridad intelectual. Era de
fogoso temperamento; discurría de un modo vivo
sobrio y casi siempre acertado, que denotaba pri~
vilegiado golpe de vista. Era instruído, amaba el
estudio, adoraba nuestra literatura clásica y pronto desc_nbrí en é~ á un escritor en ciernes que por
su mérito se ha ria famoso. Cursaba con entusiasmo
la carrera de Filosofía y Letras, y tenía flema para
leerá Homero en griego. El Romancero le elect:izaba; el fu~go de Lope le d~ba calentura, y recitaba las décimas de su homonimo, el Segismundo de La vida es sueño, poseído de una especie de
delirio que io identificaba con el héroe calderoniano. Y daba gusto oírselas con la voz fuerte y
sonora que tenía. Le saqué del cuerpo todo esto
en casa, adonde le hice ir por gusto de charlar
con él. Le enseñaba libros, se los prestaba; le recitaba ó leía versos y se los hacía recitar. Pasábamos horas deliciosas. Moneada era de un tempe•
ramento enérgico; era un titán con alma de niño·
,
sentia
con suma delicadeza, y su fondo moral era'
generoso, noble como pocos.
Cobré en breve tiempo grandes simpatías á mi
joven amigo. Se me lamentaba una tarde de la rebeldía de su memoria para retener un trozo literario interesante, y poniéndole la mano sobre los
hombros y sondeándole con mi persistente mirada, le dije:
-Tiene usted ahora el pensamiento muy distraído. Le tiene á usted pertubado quien yo me sé.
Moneada suspiró, que fué tanto como confesar su
cuita, y dijo:
-Pero todo es tiempo perdido.
Nada le contesté; pero me intrigó la respuesta.
Deseoso de aclararla, pues cada día me inspiraban mayor interés Socorrito y su adorador, en
cuanto tuve ocasión de hablar á Estefanía con la
conveniente reserva, le hablé de Moneada, cuya
apología hice con entusiasmo, y pregunté si á la
muchacha le gustaba ó no, y si tenían ó no relaciones.
- Relaciones no tienen-dijo Estefanía,-al
menos que yo sepa; porque ha de saber usted que
Socorro es muy reservada. Me pasa con ella lo que
con ninguno de mis hijos. Isidora me lo cuenta
todo, vive identificada conmigo, no tiene el menor
secreto para sn madre. Rodolfo..... - al pronunciar
este nombre Estefanía suspiró con pena y continuó-también se explaya conmigo. Pero Socorro,
sobre todo de poco tiempo á esta parte, esquiva contestarme cuando le pregunto, y lo mismo
hace con Isidora. Para hacerme ver que no trata
de engañarme dice: «No hay nada, no hay nada;
sólo te quiero á ti. &gt;&gt;Y me da un beso. Pero no me
abre su corazón. Isidora dice que Moneada ronda
á Socorro, pero que Socorro evita que le declare
su amor. El pobre muchacho sufre, yo lo conozco.
Hay ocasiones en que me da lástima ver la tristeza
con que la mira. Ella, en su presencia, está siempre muy seria. Ya lo habrá usted notado. El da
muestras de una constancia que merece un premio;
y seguramente titme usted razón, es un excelente
muchacho y hombre de mérito. Pero mi hija, i,i
le encuentra de su gusto, le quiere probar.
-Es extraño-repuse-que esa chica sea tan
r eservada con su madre y con su hermana.
-Pues así es. Caidado que no tengo queja de
ella. Es la que lleva con más resignacióD: la_s privaciones y la tristeza que nos rodea. ¡Ah, s1 viviera
su padre el pobre foidoro !.•..•
Al ver'que Estefanía se me confiaba y se inclinaba por el lado patético, le pregunté resueltamente:
- Diga usted: ¿y Rodolfo, qué hace? ¿Observa
buena conducta?
Estefanía se quedó algo desconcertada_ ~l recibir
estas que debían ser estoc'.1das, y !epomendose al
momento murmuró, no sin trabaJo:
-El p~bre, ya ve usted, es tan joven, veintiún
años; trabaja, sí; ahoya se prepara para Adua;1a~.
Toda la contestacion, el modo con que fue dicha y el ahora del final, me hicieron comprender
que ·Rodolfo debía haber salido un p unto notable,
de los que cada año emprenden una carrera_ Y no
siguen ninguna más que
de la bue~a. vida, á
costa del sosiego y del bolsillo de su familia, y so-

y

!ª

bre todo de su madre,·cuya preferencia por el hijo
varón lleva siempre este pago.
Comprendí el interés de Estefanía en ocultar
su debilidad, que hallé disculpable, y varié de
tema,
Al poco entró Socorrito, tan linda. Su rostro,
lleno de vida, mostrábase un tanto serio, y observé que no me manifestaba aquella franca alegría con que me recibió cuando mi primera visita. Efectivamente, aquella chica guardaba secretitos.
Volví á los dos días á la tertulia, que ofrecía el
mismo pintoresco cuadro que tanto me impresionó. Sólo que Segismundo aquella noche se mostró
menos sombrío y preocupado, y habló conmigo
casi toda la velada. Paquito en cambio se despachó á su gusto, diciendo simplezas en conversación
general con las muchachas, y D. Dimas estuvo al
principio de la noche un tanto taciturno y callado;
después habló mucho con Isidora, lo que medió
qué pensar.
Aprovechando ocasión favorable, Estefanía me
llamó aparte, y me encargó le hiciese el favor de
averiguar, por medio de mis conocimientos, antecedentes de familia, posición, etc., del mallorquín.
Por cierto que á mi amiga le sorprendió mucho mi
contestación, que fué éi,ta:
-Ya me estoy ocupando de eso.
Le pregunté qué motivaba su encargo, si la niña
se había franqueado.
-Al contrario-me dijo,-está más reservada
que nunca; sospecho que le quiere, y por eso me
importa estar prevenida.
Los tertulios no nos dejaron seguir hablando;
pero yo tuve bastante con lo que había oído para
J.ar en mi cabeza vueltas al asunto.
Me interesaba Socorrito cada vez más. Por una
parte, el afecto que me inspiraba era casi paternal, por ser hija de mi inolvidable amigo; y de
otra parte, sentía por ella análoga solicitud á la que
nos tomamos por las flores lozanas, que cuidamos
de preservarlas de todo lo que pueda matar su
frescura, y procuramos que brille más hermosa su
juventud. En toda inclinación desintert:sada hay
un móvil estético.
Examiné despacio el estado de la cuestión. Don
Dimas no parecía preocuparse ya de la niña; acaso
lo había pensado, y había desistido al comprender
que su lucha con la juventud de Segismundo era
imposible, y acaso, acaso, se inclinaba á Isidora,
lo cual me parecía muy bien. Paquito había tonteado demasiado aquella noche; pero no debían ir
más allá de este tonteo sus aspiraciones, pues conociendo á la lagarta de su madre no había que
pensar en que pretendiera casarse con una muchacha cuyo valor positivo estaba en su linda cara; y
que no la quería, ya lo demostraba con sus simple;,ias. No quedaba, por consiguiente, otra solución
lógica que la de Segismundo. Sin duda el asedio
producía su efecto, y la plaza capitularía de un momento á otro. No podía ser de otro modo.
Por el pronto, la contestación que al día siguiente llevé á Estefanía era poco halagüeña desde el
punto de vista de la realidad de las cosas. Mi breve discurso fué éste :
- Amiga Estefanía: de buenas intenciones está
empedrado el mundo, como el infierno. Me han
dicho que Moneada es, en efecto, un excelente
hijo, hijo único de un señor cargado de años, honradísimo, de noble alcurnia, persona r espetada y
querida en Palma de Mallorca, donde reside; pero
tan pobre, que á duras pena:i puede costear á Se.
gismundo los estudios, con lo que el muchacho
tiene que labrarse un porvenir antf.ls de poderse
casar. Crea usted que esto me causa un verdadero
di~gusto, pues quiero mucho á Socorrito, y él me
ha conquistado en pocos días. Lo comprendo, no
hay remedio; ese hombre no es el marido que usted desea para su niña.
-Me lo había figurado-contestó la madre.Pero si levanta de cascos á mi hija, figúrese usted
los disgustos que me esperan.
- Ya lo evitaremos-dije yo por decir algo.
Y como quien indica desde luego un camino,
añadí:
-Diga usted, ¿y el chico de Prado, qué tonteo~
son ésos?
- ¡ Por Dios 1 - exclamó Estefanía; - no m e
nombre usted á semejante mequetrefe. Pero ¿ha
podido·usted pensar que yo ó la niña le encontramos aceptable?
- No, señora; ¡Dios me libre de tan horroroso
pensamiento 1
- Estamos de él hasta el pelo.
- Pero es inofensivo.
-Eso cree usted..
-¿Cómo?
- Si escribió á Socorro una carta de declaración muy pretenciosa, dándoselas de protector.
Cosas de la madre, ¿sabe usted? Y porque Socorro

le contestó de palabra que por ahora no pensaba
en casarse, le dijo con petulancia: «¡Oh, ya lo pensará usted bien I Tengo la seguridad de triunfar, y
le advierto á usted que he de emplear todos los
medios.»
-¿Qué me cuenta usted? ¿Y cuándo fué eso?
- Pues hará dos meses. Todas esas cosas que
dice es de despecho. Yo no sé cómo ha tenido cara
de volver. Sabemos que se ha dejado decir: «Que
no piense Socorrito en casarse más que conmigo.
Cuantos pretendientes tenga se los he de espantar
yo.» ¡Con que figúrese usted qué porvenir!
-Nada tema usted. Paquito es el enano de la
venta.
-Pero enredará, ya lo verá usted: y con sus
padres, que son consecuentes con nosotros, no podemos regañar.
Compadeciendo á la pobre Estefanía, cuya situación no era envidiable, salí de la casa. Decidido cada vez más á ayudarla, examiné de nuevo la
cuestión y hallé un punto inexplicable. ¿De dónde provenía el empeño de Paquito? Su fatuidad,
su vanidad herida, no eran suficientes causas para
tan tenaz empeño; y el amor no lo era, porque el
amor nunca inspiró amenazas, sino ruegos. ¿Qué
interés guiaba á los de Prado?
Aquella misma noche fuí á su casa de visita, no
sin hacer acopio de paciencia para soportar el triste espectáculo de unos padres que vivían en adoración de su hijo.
IV.
La casa de Prado era digna de estudio. En ella
llevaba los pantalones D.ª Angustias, y á ésta la
manejaba con sus omnímodos caprichos el hijo,
Paquito, que nada tenía que ver con el inventor
de la pólvora. Prado era un raro ejemplo de mansedumbre. No puede retratársela bien con decir
que era un marido complaciente. Aquello no era
complacencia: era la sumisión absoluta del entendimiento y de la voluntad. Yo creo que, en el fondo, aquel hombre se daba cuenta de su esclavitud
moral, y que de buen grado hubiese querido en
muchas ocasiones bríos para sacudirla y rebelarse. Pero pesaba mucho la garra de D." Angustias,
que, como las panteras nacidas en las colecciones
zoológicas, había perdido la ferocidad, pero conservaba la astucia felina, y sólo era mansa con el
domador, ó sea Paquito, el cual desempeñaba sin
saberlo el papel de vengador de su padre. Tenía
éste más pesquis que el chico; era laborioso, como
creo que no habrá otro empleado en el ramo de
Hacienda; su bondad hacíale simpático, y por
ella se le disculpaba su falta de carácter.
Doña Angustias era el prototipo de la necedad
humana. ¿Por qué se creyó hermosa? ¿por qué se
creía dotada de superior inteligencia, de exquisito
tacto y adornada con el más encantador dón de
gentes? Por salir hueras tales demasías de su vanidad, hasta su basta figura, que parecía de muñeco
de barro, habíase desfigarado con gorduras elefantinas; y en lo intelectual parecía que la avisaban
con timbre para ser la madre de todas las inoportanidades y ridiculeces que estropean y perturban
una conversación.
Así sucedió aquella noche. Después de hablar
de cosas indiferentes, hablamos de la familia
Cienfuegos. Lamentaba yo la temprana muerte de
mi amigo y compadecía la viudez de Estefanía
tan buena, aún joven y con hijos, el varón sin ca:
rrera, las hembras sin casar.
JOSÉ RAMÓN M É LIDA.
Continuará.

( PE N SAllIIBNTO DE HA F IZ.)

Si la escabrosa senda de la vida
Cruzas sembrando el bien con dulce anhelo ·
Si con los ojos fijos en el cielo
'
Ambicionas vencer en lid r eñida,
Cuando la envidia. torpe y f em entida
Te hundo. en los mares del amarg o duelo ·
Cuando te agobie peno. sin consuelo
'
Y salte rota el alma dolorida,
Ko abrigues del rencor ansias fatales
Resígnate á morir y sufre y muere; '
Que hay alma que en las luchas desiguales
A la venganza y al rencor prefiere
Imitar á las conchas orientales,
Que dan perlas al brazo que las hiere.

M. R.

B L ANCO BELMONTE,

�LA M O D A EL E G A N TE I L U S '1' R A n·A

78

· Para la confección de esta

corbata se emplean 2 metros de
cinta de seda rosa, de 16 centi•
metros de largo. Se cortan para
la vuelta del cuello dos trozos
de seda doble según la figu. ra 132, y un trozo entero eegún
la fig. 131 1 que no representa
más que la mitad, y se bordan
con nudos de seda blanca el
centro, y los lados con festón
de seda igual. Se fijan los trozos en el cuello, cortado de seda, uniendo loe números iguales, de modo que el trozo pequeño quede en medio, y los
otros dos á un centímetro de distancia de éste. Se reparte en dos
trozos el resto de la cinta; se
adornan los extremos con nudos de seda blanca y una franja, también blanca; ~e fijan en
el cuello por la parte de detrás,
se traen después delante y se
anudan dos veces.

Núms. 11 y 12.-Para la explicación y patrones, véanse los
núms. 11 y 12, figs. 102 á 108
de la Hoja-Suplemento.
9,-Pelnado para aeñorltaa.

Núm. 9.-Para este peinado, muy propio para señoritas, se necesita
bastante pelo. Se divide éste de oreja á oreja, y después de peinado el
pelo de delante se reune atándolo al de detrás, y todo reunido se hace
una gran coca; .:;egún indica claramente el grabado. Se riza ligeramente el pelo que cae sobre la frente, y con tenazas muy gordas el
resto.

Núm. 13.-Para la explicación y patrones, véase el número 13, figs. 127 y 128 de la
Hoja-Suplemento.

Núm. ID. - Las figs. 130 á 132 de la Hoja-Suplemento pertenecen á
este_grabado,

-

...

.

10.-Cuello y oorbata
adornado, con franJaa.

-

.

Nilm. 14.-La figura 129 de la Hoja-Suplemento al
presente número pertenece.á este grabado.
Este cuello, de seda color rosa, adornado con soutache fino negro y blanco, constituye para blusas y
cuerpos sencillos un elegante complemento.
Se corta el cuello de seda y muselina según la
figura 129 de la H oja-Suplemento; se adorna todo
alrededor con bordado y se forra con seda blanca.
Se fijan en el cierre de detrás dos tiras de seda
bordadas como el cuello, que tengan 10 centímetros
de ancho y 65 de largo; se truen hacia adelante y se
anudan.
Núm. 15.-Para la explicación y patrones, véase
el núm. lb, figs. 93 á 101 de la Boja-Suplemento.
Núm. 16.-Para la explicación y patrones, véase
el núm. 161 figs. 84 á 92 de la Hoja-Suplemento.
Núm. 17.-Este traje es de paño gris perla, con
media cola y aplicaciones de chinchilla y de encaje
color marfi.l. La falda cierra á un lado con adornos

'

'. LA MODA . E LEGAN TE I L U S T RADA
de chinchilla y encaje, y se monta sobre otra que
lleva o.l borde varios volantes. .Ambas faldas quedan separadas una de otra.
El cuerpo, redondo por la parte de detrás y en
punta por delante, se adorna con una tira de paüo de
2 centímetros de ancho y con aplicaciones de guipur.
Los tlelnnteros se abren sobre un peto de muselina
bullonuda d·e seda color mnrfi.l. .El cuerpo de forro
cierro. por clelante debajo del peto.
qinturón de terciopelo gris más obscuro que el
traJe.
Uuello recto de muselina.
Mangas ajustadas, con dos volantes de muselina
de seda al borde y tres tiras de piel en la parte alta.
Se puede perfectamente reemplazar la piel con
cualquier clase de pluma.

guipur crema y gran cascada de encaje. Se puede llevar con falda de raso negra,
ele lana negra ó de color.
Nuestro grabado representa
una falda de cachemir color
fresa.
Sombrero de terciopelo
color fresP, guarnecido con
un d1apeado de muselina de
seda. Pluma de nvestru;,;
blanca cubre casi por completo el casco, y completa el
adorno un gran ramo de
flores.

Núm. 18.-Para la explicacióu y patrones, véase
el núm. 18, figs. 34 á 46 de la Hoja-Suplemento.

Núm. 20,-La blusa de
este e legan te traje color de
tierra va dispuesta en pliegues verticales pespunteados. Se
hace con un canesú de seda blanca, adornado con pasamanería del color del traje. Se recuadra el canesú con un
cuello 1 guarnecido de bieses de seda color tierra. Cierra á
un lado con botones de cristal, y termina con un cinturón
estrecho y una hebilla de cristal. Las mangas, con hombre•
ras y bieses de seda en la parte baja. La falda, que cae libremente sobreotra de forro, lleva un gran volante plegado y cuatro bieses pespunteados de seda.

Núm. 19. -Este cuerpo es de seda color fresa,
guarnecido con grupos de lencería, entredoses de

,

'.13.-Cubrecorsé para a,ñorltu.

Núm. 21.-Este-traje es de paño azul guarnecido con
guipur color marfi.l. La falda .d~ forro, con un ancho volan~e
de paño se cubre con una tumca adornuda con una franJa
con enr~jado y dos entredoses de guipur puestos al aire.
Cuando la falda de forro es de lana, se colocan los entredoses sobre una cinta azul. La falda va dispuesta p:&gt;r detrás en un pliegue doble.
El cuerpo, de terciopelo azul, se abre dejando ver un
peto de seda gris azul, plegado á
lo anclo, y que termina con un
cuello Je ,to bordeado con perlas.
La abertura del cuerpo queda
adornada con un cuello de guipur
color crema que se prolonga hasta
la cintura.
l\Iangas muy ajustadas, guarnecidas de guipur.

14.-Cuello
oon corbata larga.

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17,-TraJe ,ara r1oepolon11 y vl1lta1.

21.-TraJe para recepolonea y vlaltu.

79

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25.- Espalda del traje de baile,
Véase el dibujo 29.

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Núm. 22. - Est.e traje, de paño
raso negro, se compone de una
falda ajustada y un et bolero» corto. Parte del cuerpo se cubre de terciopelo pespunteado. La. falda,
abierta á los dos Indos sobre terciopelo pespunteado y bordado. Un
bordado igual ribetea el et bolero»
en punta por delante y por detrás,
y le guarnece sobre el cuello y los
hombros. El cuello recto tiene unas
puntas vueltas de tafetán blanco y
encaje. El cuerpo y el et bolero»
cierran en el lado izquierdo.
Núm. 23.-Para la explicación
y patrones, véase el núm. 23, figuras 1 á l 6 de la Hoja-Suplemento.

--

Núm. 28.-La fulda de este traje, de paño azlll guarnecido de astrakán, se adorna con soutache negro según indics:·el grabado.
'
El cuerpo se abre con solapas de nstraká:n sobre un peto
con cuello recto de terciopelo azul. L'.ls delanteros se adornan con soutache, y el cuello Médicis con astrakán.

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Núm. 27.-Este traje, de paño azul pastel, lleva «bolero»
corto con solapas pequeñas de terciopelo color rosa, abiertas sobre un peto con cuello recto de muselina de seda plegada color crema. Uno y otro se adornan con trozos de terciopelo pespunteados .
El «bolero», cerrado á lo largo del costado y en el hombro izquierrlo, se guarnece de cintas de terciopelo negro
terminadas con boton;es dorados..Dos cintas 1igaales .rodean
el borde inferior.
L~ mangás se adornan lo niismo eñ la pl\rtie inferior.
La falda lleva al borde dos órdenes de. cintas .de torcio· '
pelo, y termina con un cinturón•corselete drapeado de seda
crema, cerrado pot detrás con un nudo y largas caldas.
Sombrero de fieltro negro, con el borde ligeramente levantado y guarnecido de un drapeado de teroiopelo color
pastel y,plumas de fantasía.
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La falda se iíclorna-. con bandas iguales figurand-0 de•
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La chaqueta forrada de seda clara, ajustada por delante
'f h ~ y adornada en los pliegues del pecho con bandas de paño
blanco pespunteadas.
Las solapas se cubren de paño blanco adornadas de pespuntes de seda color gris acero.
Las costuras-de la espalda van igualmente adornadas con
bandas de paño blanco pespunteado.
Las mangas ·con hombreras y puños de paño blanco.
Sombrero redondo de fieltro blanco, con plumas de fantasía y flores encamadas.

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Núms. 25 y 29.-El cuerpo escotado de este traje de muselina de seda blant:a se•rodea de un '\&gt;Olante-de terciopelo
negro :fruncido, que se prolonga hasta la cintura.
El cuerpo, cerrado por, detrás, se hace con trozos de muselina para figurar «bolero».
La manga derecha se compone de una hombrera de cintas de terciopelo negro, t.erminada con un drapeado de muselina de seda, y la izquierda se hace con un bullonado rlo
muselina de seda, terminado igualmente con un drapeado
y un ramo de margaritas blancas (véase el dibujo que representa la espalda). La fa!d'.l. lisa, que cae libremente sobre
otra de forro, está dispuesta en pliegues.

.

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:l].-Tra¡o de primavera.

26.-TraJe de primavera para aeñorltu.

dead11s, cuello recto, bolsillo en la parte inferior y en medio del delantero.
·
La falda, con un volante en forma, sube por detrás y se
~uarnece con trencillas que marcan la unión del volante y
bandas estrechas.
Sombrero de fitiltro beige, ad~rnad.9 _con seda drapeada
del mismo color, plumas de fantasía y una hebilla de strass.

Núm. 26.-Este traje, de paño gris acero guamecido de
bandas de paño pespunteado, se compone de una falda lisa
dispuesta por detrás con pliegues pespunteados, y de un
cuerpo-blusa cerrado á un lado y que termina con un cinturón de terciopelo negro y una hebilla de acero.
Cuello vuelto de terciopelo negro, guarnecido de una
banrl a de paño blancQ pe~punteado..

Núm. 24.-Para la explicaoión y
patrones, véase el núm. 24, figs. 17
á 26 de la Hoja•Suplemento.

22.-TraJe de luto para señoritas

23.-TraJe con t~nloa.

CORRESPO~DENCIA PARTICULAR

UNA HIJA DEL TURIA.-1.• Ambos deben vestir traje de
frac.
2. ª Hágame el obsequio de leer la contestación que di á
JI. J,1. 1 en el número correspondiente al 30 de Octubre pasado, y en ell11 verá aclarada su duda.
3! Encontrará nsted contestadas sus dos preguntas referentes á las mantelerías si tiene la bondad de leer la segunda y tercer respuestns darlas A orillas del Cantáb1·ico
en LA. MODA del 30 de Noviembre último.
4." Lo más elegante es el traje de raso blanco adornado
con encajes ó muselina de seda.
UNA TORANCESA.,-Del modo que lo ha hecho, está perfectamente justificado que es usted suscriptora á LA MODA,
y siempre que mande la foja del periódico contestaré gustosa á cuantas preguntas desee hacerme.
l.ª El uso de las recetas dadas á A. Ll., en LA MODA del
14 de Octubre, y á Una.de las costas del Cantábrico, en la
del 14 de Diciembre, es un excelente medio de contener y
prevenir la caída del pelo. Además de estas recetas hay varios específicos que dnn muy buenos resultados, y de ellos
podrá dar á usted cuenta la Sección de encargos enviando
un ~ello de 15 céntimos para el franqueo.
El primer procedimiento de los que me habla, y que han
recomendado á usted para la conservación del pelo, es, en
efecto, muy bueno, y con él conseguirá su objeto; pero
respecto á lo del zumo tle la uva no puedo contestarla, porque nunca lie oído hablar de ello.
Usando el primero, tendrá que lavarse la cabeza con agua
y jabón de vez en cuando, porque ensucia bastante el pelo.

!

.

2l.-Tra)e de luto para aeiiorltas.

2." De cabritilla negroi! ó de piel de Suecia negros; pero
estos últimos tienen que ser de una piel riquisim11 para que
den buen resultado.
Los blancos se usan de cabritilla, y en verano de punto
imitando piel, pero nunca visten tanto como los primeros.
Para limpiarlos, le ruego se entere de las recetas dadas
á. Caridad, en el número correspondiente al 30 de Mayo; á
Curlota, en el de 22 de Agosto, y á Tres banderas, en el
del 6 de Septiembre últimos.
3! Siendo la visita de mucha confianza y viéndose ustedes con mucha frecuencia, puede seguir haciendo labor,
pero no seguir dando la lección de piano á p1esencia de la
visita, porque es molesto para las persolltls que hablan. Si
no tiene con ella esa intimidad, debe dejar todo y atender
exclusivamente á la visita.
4." Depende de las costumbres de cada localidad; en el
caso de que ee dedique á estudiar con seriedad el piano,
ese luto no la obliga á interrumpir la~ lecciones más que
quince ó veinte d[as. Pero hasta que pasen tres meses no
debe tocar delante de gente, ó sea para procurará personas de fuera de su casa el agradable solaz de oir la música
que usted haga.
5.• L~varse dos ó tres veces al día con agua boricada
bastante templada, ó bien con agua algo caliente en la que,
con anticipación, baya diluido un puñado de sal gorda.
6.• Al año.
7.' Cheviotte, jerga y paño para invierno; y paño fino,
cachemir y velo de religiosa para entretiempo.
8.' Los adornos de cintas, galones, trencillas y bieses
pespunteados son los más propios para luto.
9.' Vea las hechuras que representan los grabados 21, 22
y 35 de LA '.\1ooA del 6 de Febrero, que son bonitos y que
podrá adoptar para su traje.
10." Lávese con agua de Vichy templada, ó use el específico recomendado en la 6.• contestación á Una sevillana,
en el ní1mero del 14 de Diciembre pasado.
UNA D:&amp;VOTA DE SAN J osÉ.-1." Disolución clara.
2." Se debe aplicar antes de acostarse, y á la mañana siguiente lavarse como de ordinario.
3.ª El especifico á que usted se refiere es líquido.
4.• El uso del especifico está muy generafü:ado, y las
personas que lo emplean . están satisfechas de sus resulta.

rlos; los efectos del zumo del limón para hacer desaparecer
las arrugas me son menos conocidos , si bien eé de personas
qur1 Jo emplean con éxito para suavizar el cutis.
También le daré uua receta que leí hace tiempo, cuyo
uso se recomendaba para recuperar por completo la jugosidad y elasticidad del cutis.
Leche de rosas ••...••....••• 300 gramos.
L?cbe espesa de almendras .•••
75
Sulfato de alúmina.......... .
6
Disuélvase y fíltrese.
5." Aunque es asunto completamente ajeno á mi come~ido, trasmitiré sus deseos á la Administración, la que, de
cierto, complacerá á usted tan pronto como le sea posible,
si bien debo advertirle que en esto son tantos los diferentes
pedidos, que se .guarda un riguroso turno para satisfacerlos.
M. J. V. DE P. P. S.-Mil gracias por los deseos que me
manifiesta, á los cuales correspondo sinceramente del mis•
mo modo.
l.• Aquí se lleva con pantalón del mismo género y color
ó con pantalón negro.
2." El forro de raso del mismo color que el de los almohadones. La guarnición debe ser un volante hecho de un
bies del mismo género y tono que el forro, de una tercia de
ancho, doblado por la mitad y fruncido con cabecill&amp; por
ambos extremos, de morlo que una de ellas baga marco al
lado derecho da! almohadón, y la otra al lado del forro.
3.• No conozco ninguna cola especial para pegar etiquetas en botes de hoja de lata; pero no dudo que obtendrá
buen resultado si emplea la que se usa para pegar etiquetas sobre vidrio ó sobre porcelana, y por lo mismo no vacilo en dársela á continuación:
Goma arábiga..... . ...... . . . 100 gramos.
Goma trngacanto.. • • • . • . . . • .
25
Aceite de tomillo.. • • • . . . . . . .
3
Glicerina....... .. .. ... .. ... 100
Dilúyase todo ello en agua destilada en cantidad suficiente para que la mezcla tenga la consistencia de la goma
liquida.

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29.-Traje de baile para señoritas.
Véase el dibujo 26.

30.- TraJe de reunión para señoras
de cierta edad.

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Núm. 30.-Este traje, de seda .color fr~sa_, está confeccionado con una pequeña coia y pliegues al bies para figurar delantal.
.
El cuerpo enteramente plegado al bies, se abre con solapas cuadradas bordeadas de guipur color crema, y pequeños pliegues cruzados, sobre un. peto ne cre~pón bullonado.
El cuello recto guarnecido de.pliegues Y gmpur. .
.
Las mangas, plegadas al bies en la parte superior, ternunan con guipur.
El cinturón de seda plegada.

28.-TraJe de primavera adornado con aoutaobe.

( Continúci en la pág. 88.).

.

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Núm. 31.- El cuerpo o.justado de este traje, de paño
beige, adornado con.tren.cillas negras, lleva solapas redon-

r. ';
31,.:..Traje de •Primavera.

....: .. ':

�L A M O D ,A. E L E G A ,N T E

82

I L U S 'r R A DA

33 y 31.-Pantalonea adornados oon tira bordada para aeftorltaa.

Núm. 36.-fa ·fig. 135 de la Hoja-SupleTMnto pertenece
á este dibujo.
Esta bolsa, de estilo moderno, se hace con paño azul claro
eléctrico. Se pasa e1 dibujo á un trozo de paño según la
fig. 135, salvo los bolsillos; se borda el contorno con puntos
largos, con lana fina encarnada clara, los adornos del borde
superior con color amarillo claro, y los restantes con verde
aceituna. Se recuadra todo con punto de litografía con lana
negra. Después se corta toda la tela que sobre al borde, completamente al canto del bordado.
Para. el bolsillo se corta un trozo de paño de 42 centimetros de ancho y 17 i de largo, sobre el cual se dibuja
según la fig. 135 ,.á 4. ½centímetros próximamente de los
bordes trasversales, y se ejecuta el bordado, según hemos
indicado ya, con lana encarnada y verde, y recuadrado todo
con negra. Se redondean ligeramente los ángulos del borde
superior hasta el bordado, lo mismo que en medio, y se re-

a5.-TraJe oon olnturóa-oorae:ete.

32.-Traje con cuerpo da encaje.

unen los dos bordados, haciendo un pliegue bue•
co, 9ue_ se :pespuntea como indican el grabado y
el d1bu30. 8e forra con raso, intercalando un trozo de cartón fino , y se ponen anillas para colgar
la bolsa.
Núm. 37.-La falda de este traje, de paño rosa
viejo, cae libremente sobre otra de forro y va
dispuesta en pliegues t odo alrededor. El borde inferior se adorna con pequeños pliegues, y un cin-

Núm. 32.-El cnerpo es ne seda verde claro cubierto con encaje bordado de perla.s. El escote cuadrado se guarnece con un~ berta ~e encaje, prolongada en puntas hasta la cintura. Cinturón de terciopelo verde obscuro. Gran lazo de encaje rodeado de
cinta estrecha verde obscuro.
'
Falda con pequeña cola, de seda del mismo color y
adornada de trecho en trecho con terciopelos verdes.
Núms. 33 y 34.-Para. la explicación y patrones
véanse los núms. 33 y 34, tigs. 67 á 70 de la Hoja'.
Suplemento.
Núm. 35.-Este traje, de paño azul húsar, se compone de una falda recta de 3 metros 80 centímetros
de ancho I enteramente dispuesta en pliegues verticales, suJetos hasta 35 centímetros de distancia del

36.-Bolsa para oepllloa.

borde , formando volante. La pa1te de abajo se guarnece con tres bandas de paño blanco con pespuntes
azules.
El cuerpo cr bolero l&gt; termina en un cinturón-corselete de raso azul obscuro cerrado á un lado con un
nudo de largas caldas guarnecidas de franjas.
El «bolerol&gt; , corto, ea de cachemir enteramente
plegado y con bandas de pafio blanco pe~punteadas
de_ seda azo!. Los delanteros se abren sobre una. carruseta ds seda blanca adornada de encaje y de cintas
de seda blanca, con cuello recto igual.
Mangas enJeramente plegadas, terminadas con
vueltas de pano blanco pespunteado.

38.-Enagua adornada oon volantea.

37.- TraJe con falda plegada y bolero

.

\

83

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA.

turón estrecho de te,-ciopelo de igual color, cerrado á un lado, termina la falda.
El cuerpo se hace con un peto y cuello recto deraso color r?sa viejo , gu:irnecido con pespuntes
crema, y ba¡o el cual se cierra el cuerpo rle de bajo, cubierto por un crbolero» corto de pajjo bordeado de varios pespuntes. Los d elanteros seguarnecen con unas puntas de pniio blanco bordado con sed.a rosa é hilo de oro y sujetas con un
nudo de terciopelo negro. Las mangas, ajustadas
con pespuntes en el borde inferior.
Núm; 38.-Para la expliclación y patrones, véase el num. 38, figs. I á IV de la Hoja-Sup l§mento•

4.ª Sí ; estarán perfectamente.
5.• Si la mantelería es, como usted dice, de buena calidad, no tiene que hacer más que lavarla con agua y jabón,
como si fuera blanca, é inmediatamente deja.ria un par
de horas en agua y sal , poniéndola después á secar á la
1:1ombra.
Nunca me molesta con sus preguntas.
UNA ENAMORADA DR AsTORIAS.-En el número corresp;;;.
.diente a.16 de Febrero, primero publicado después de recibir su carta, habrá usted le! io la contestación á su anterior,
y no puedo decirle si es que a1uélla sufrió retraso, pues
.uare;:ía de fecha.
t.• Contestada en el citado número.
2.• El agua. boricada algo ca.lienta da excelentes resulta.dos. L a glicerioa suaviza., pero obscurece algo el cutis.
3.• El específico á que usted alude es ui;i perfume sin influencia alguna para el crecimiento del pelo; también sirve
para limpiar la ~beza.
.
4.• Bien pudiera ser debilidad; pero sólo un médico podrá explicará usted satisfa.ctoria.mente la causa. de esa mo lestia.
FABIOLA.-Muy satisfecha de cont.arle en el número de
il.as primeras, y muy agradecida á qne usted me incluya en
el de las segundas.
l.• Se pueden usar tal y como las venden; pero claro es
.que siempre resultarán más adornadas añadiéndolas fleco ó
~ncaje.
2.• Le agradeceré se tome la molestia de leer la contestación dada. á Una antigua suscriptora en LA MODA del 6
de Septiembre último. No se estila ni he visto nunca esa.
hechura. de fundas. Se ponen mucho los dos almoha.dones
largos, abiertos á los dos lados, pero nunca llevan más
aberturas que estas dos, ni más guarnición que en esos dos
extremos.
. -3.• Si quiere usted poner un almohadón largo y dos cua&lt;lrados encima, éstos deben tener de 75 á 80 centimetros en
cuadro, según el ancho de la cama, é ir guarnecidos de en~aje ,todo alrededor. Se ubren por uno ó por dos lados.
4.• No es indispensable el que hagan juego entre si las
distintas prendas de ropa blanca que constituyen una muda;
es requisito que sólo se necesita en la destinada á usarse en
el día de la boda.
UNA MANCBKGA DE DlEZ y SIETR Aios. -1.· Es bonito y
se usa para ropa de diario, pero para ropa de más vestir es
más elegante el festón todo blanco.
2." Si es bastante ancho, se rellena; si no, no se hace más
que empasillarlo con un algodón algo grueso.
3.• Teng-a la amabilidad de leer la tercera contestación
,¡ue dí á Una colombiana en el número correspondiente al
6 de Octubre último, y encontrará la explicación detallada.
de lo que desea saber.
4." Para bordar al pasado sin poner la tela. en bastidor,
13e coloca por el revés del dibujo un cuadro de hule que
mida todo alrededor 2 centímetros más que el dibujo; se
i;ujeta bien á la tela por medio de hilvanes cortos y puntadas sueltas entre medias del dibujo, con objeto dd que
,quede bien estirado y no quede luego encogido el bordado,
y des pué, de esto se procede á bordarlo, teniendo cuida.do
de que las puntadas no calen el hule.
f&gt;.• Conozco personas que están satisfechas de haberse
,lecidido á ponerse postizos los que les faltan; pero no he
de oculta.rle que no eon pocas las que, á pesar de la operación, han visto defraudadas sus esperanzas, si bien, en mi
concepto, esto depende de la habilidad y práctica del dentista, por lo cual me permito recomendarle se cerciore bien
de que posee ambas cualidades aquel á quien usted encomiende el arreglo de su boca.
PACJENCIA Y CONFIANZA. -l.• Tenga la. bondad de leer la
receta que para hacer esencia de violeta di á 1'res tii-odoras
ol blanco, en el número correspondiente al 14 de Febrero de 1899.
2.ª Sin duda alguna e3tá usted obliga.da á levantarse
cuando éntre en la sala ese sacerdote, á quien debe usted
ofrecer uno de los sitios de preferencia.
UNA ENEMIGA DEL lNVlRRNO.-:Xo me dice claro si lo qne
desea que le explique es el almohadón ó una funda pa.ra él.
El almohadón puede hacerlo de raso de lana y seda del
mismo tono de color que tengan los muebles del despacho
y bordarlo en sedas guiándose por cualquiera de los dibujos
,que represen tau los grabados 13 y 14 de la Hoia-Suplemento
del 30 de Julio de 1898, 11 y 12 de la del 30 de Junio
de 1899, y 13 de la d:31 14 de Noviembre del mismo año.
Tenga también la bondad de leer la contestación que doy
A M. J. V. de P. P. S. en este mismo número.
Si á lo que ss refiere es á una funda elegante pa.ra un almohadón, puede hacerla con tela de seda cruda ó hilo crudo, bordada con algodones ó sedas lavables, y siguiendo
los mismos dibujos arriba indicados. El a.domo, un volante
doble de la misma tela.
LADYSMITII.-La falta de espa.cio me pone e:i la alternativa de no CQDtestar en este número á todas sus preguntas,
,6 de hacerlo con cierto laconismo, y opto por este último
extremo con la esperanza. de que de este modo quede usted
m:'ls complacida.
t.• Quinta contestación á Herminia Du1·án, en el número
del 30 de Enero.
2.ª Unas flores ó un motivo alusivo á la clase de carrera.
,que se celebre.
3.• Creo que deben ustedes regalarlas.
4.ª Aceptar si suq padres lo estiman oportuno.
ó.• En caso de rehusar, dar el pretexto ó exponer el mo,tivo en que se funden sus padres para declinar la. invitación, que eo todo caso debe ser muy agradecida..
6.ª Traje de calle claro, y mantilla blanca, ó negra de
madroños.
7 • Sí.
Pna .!l&gt;ªfqrera d~ p!ata., un Jp.pi_e;er.9 de o:r:o, una. petaca
elegante, etc., pues en el caso de usted no debe rega.lar
~ada que sea ó parezCll una alha.ja.
.
Después de J~muerte dE}l to_!.o. _ _ _ _________. _

s.•

No.
!J.• No.
Indiferente. Resultará muy bonito el llevar un escote
cuadr~do ó en form~ de corazón, abierto sobre una guimpe
ó _cam1solin de encaJe antiguo, punto de Venecia, etc., sobre
viso crema ó salmón.
10. Corresponder con una inclinación en señal de agradecimiento.
11. Moño alto, con bucles y peinecillos para teatro y
moño bajo para sombrero; en ambos casos debe lleva.re: el
pelo ondulado.
12. Sl; pero no se acentúa más .
lil. Muy bien; los pespuntes están muy de moda.
14. Perlas, turquesa.s y esmeraldas.
15. Desde luego debe quitarae los ~uantes.
16. No es indispe~sable, sobre todo para señoritas.
17. Tenga la bonel.ad de leer la sext.a contestación dada
áºUna sevillana en LA MODA del 14 de Enero.
18. No hay más variedad de confetlis que los corrientes,
más ó menos yequeños, y los hechos con papel dorado, que
son muy bonttos.
19. Si; se estila mucho ese papel.
. AMIGA.-SI; se ponen por lo geoeral, aunque hay opiniones, sobre todo de médicos, que aconsejan que en las alcobas haya los menos cortinajes posibles.
Si, como supongo, además de los stores ó brise-bise tiene usted puestas cortinas iguales á la. sillería, la guardamalleta deberá ser del mismo género que éstas.
U~A SUSCRlPTORA.-~.ª Las mancha.a en la pana ó en el
terciopelo son muy difíciles de quitar por lo delicado del
tejido, y más aún en el caso1á que usted alude, pues desconozco cuál será el tinte que ha producido la m,mdm. Por
lo mismo me permito aconsejarla que ensaye con pruden~ia á quitar las mancbaH frotándolas suavemente con un
trozo de frane 1a empapado en el específico llamado &amp;rubb's
A_mmonia, pla.nchando después la prenda por el revés y al
aire.
2.• Espárragos en conserva. - Elíjanse tiernos y muy
frePcos, y déseles un solo hervor, de modo que resulten á
medio cocer. Después se meten en frascos de cristal y se
rellenan éstos con el caldo en que ha.u hervido; se tapan los
frascos herméticamente y se ponen al baño de ~laría durante media hora.
Aunque parece este procedimiento muy sencillo, no es
raro que deje de producir lt,s buenos resultados que se esperan; pues si no se him destrnldo todos los gérmenes de
fermentación, 6 si los frascos se dejan mal cerrados, poco
tiempo después se descompone el caldo é inutiliza la conserva.
J. M. S.-El arte de que las camisolas queden bien plenchndas,.blancas y con mucho brillo no depende del conocimiento de ningún secreto; estriba tan sólo en la destreza y
práctica de la planchadora, si bien es indispensable que
é;tn disponga de planchas buenas y sin filos, que son las
que no rayan la prenda al sacar el brillo. Sin embargo, trataré de explicar á usted el procedimiento que se sigue para
planchar camisolas. En dos litros de agua bien limpia se disuelven 250 gramos de almidón de la mejor calidad y 25 de
bórax; en esta mezcla se mojan, con seis horas de anticipación por lo menos, las-prendas que hayan de plancharse, teniendo cuidado de restregarlas macho dentro del a.lmidón,
á fin de que las telas lo tomen bien. Después se dejan arrolladas hasta el momento del planchado. Este se hace primera•neute como de ordinario, y cuando esté bien seca la parte
á la que se quiera dar brillo se saca éste con la. punta de la
plancha bien caliente y dándole á ésta un movimiento rápido de vaivén y apretando con mucha fuerza. Finalmente
se p:isa la plancha de plano para que la prenda quede bien
sentada.
Me parece excusado advertir que sólo se mojan con almidón las pecheras, puños y cuello.
Este es el procedimiento; pPrO repito que no basta conocerlo y que se necesita práctica y destreza para conseguir
buen resultado.
C. C. DR C.- l." Los pasteles de Chantilly se hacen uti !izando dos clases de pastas: la de hojaldre, cuya explicación di en el número del 22 de Marzo de 1899 á Esperanza
curiosa; ó bien la pasta para choux, que es la que generalmente se usa.
Puesto que no desea usted la rPceta del Chantilly, sino la
de la pasta, con mucho gusto voy á dársela.
Pasta para choux.-Se necesita medio litro de ª"'ua,
una cáscara de limón raspado, 130 gramos de manteca~ 60
gramos de azúcar y un poco de sal.
::le pone todo á la lumbre en una CI\Cerola, y desde el momento en que rompa á hervir se incorpora tanta harina
como pueda embeber el agua, haciendo bien la mezcla con
una cuchara de palo. Después de obtenida una pasta consistente, 83 aparta del fuego, se deja enfriar, se le añade un
huevo, revolviendo la pasta para que la mezcla sea lo más
completa posible; se añade otro huevo, que se deslíe del
mismo modo, y así se continúa hasta incorporar cuatro, seis
ó más huevos. Al estar blanrla la masa y desprenderse lentamente de la cuchara. se la puede emplear para choux á la
crema, al chantilly, á la vainilla, al limón, etc.
Los choux deben cocer á fuego lento y servirse bien secos
y de color algo tostado, pero sin que estén quemados.
2.ª Como le digo anteriormente, esta explicación se ha
dado; si no conserva el númer.o, tenga la bondad de decirmelo y tendré mucho gustil en repetirla.
3.ª Los petits-choux se hacen con la misma pasta que acabode explicar. Se divide en trozos del tamaño de un huevo
cierta cantidad de esta pasta algo firme, y se da á cada uno
la forma redonda. Se guarnece la parte superior con pistachos ó almendras dulces en pedacitos, ó bien se glasean con
azúcar gruesa; se dejan cocerá fuego lento, y luego se les
introduce en el interior la crema gla.seada. ó la cenfiture. que
se quiera,espolvoreándoloscona.zúcar pa.sada por el tambor.
4.ª Merengues dobles á la española. -Se ha.ten bien seis
_ cle.IAS de.huevos frescos, y se van echando poeo á poco en

media libra de azúcar cla.rificado á la. pluma, algo templa.do
y bien emblanquecido, con unas raspaduras de limón ó naranja. Se mueve sin cesar basta que esté en su punto, lo cual
se conocerá en que, tomando algo de la masa con la. cuchara y dejándola caer, debe ésta quedar encima. de la pasta.
Luego se distribuyen en papel , dándoles la. hechura ó
forma que se quiera; se espolvorean con azúcar en polvo
fino y pasado por el tambor con una. servilleta algo clara, y
ee ponen á cocer con la cobertera del horno encima, á fuego ni fuerte ni lento. Cuando estén bien cocidos y con color
dorado se dejan reposar, y se concluye juntando dos merengues, con alguna fruta en medio, si así se desea.
5. • Los primeros trajes de corto para los niños se hacen
de un largo que cubra los pies, y no se les pone más corto
hasta que principian á andar.
Indudablemente no se ha contestado á la carta que usted
indica porque se trataría en la misma de asuntos relacionados con la. Administración, en donde ha debido sufrir extravío. Para evitar estos contratiempos, rogamos de continuo á las señoras suscriptoras que nos favorecen con sus
consultas q lle en sus cartas Re refieran solamente á lo que
puede ser contestado en la CorrFspondencia particular, no
involucrando en ellas cosas relacionadas con la parte administrativa.
J. V. C.-1.• No estando de luto, lo más general es llevar esos días traje de seda negro. Si usted quiere que sea.
de lana, las labradas, ósea de lana con dibujos de rayas,
In nares ó rameado de seda, son las más adecuadas para su
objeto. En esto hay mucha variedad, pudiendo, si usted
de~ea tener más detalles, dirigirse á la Sección de encargos.
2.• L os adornos más de moda son bordados de seda y
azabache, adornos de felpilla y lentejuelas, galones de pasamanería, etc.
3.• El modelo que representa el figurín iluminado de este'
número, hecho todo en negro, y el grabado núm. 23 de LA
MODA del 14 de. Febrero, son muy á propósito para trajes
de Semana Santa.
4.• $e llevan mucho los «flgaros», y en el número correspondiente al 14 de Febrero encontrará una gran variedad de grabados de prendas de este género.
ADELA P.

EXPLICACIÓN DEL FIGURÍN ILUMINADO.
Núm. 7.
Corre1pond11. laa 11llora1 eu1orlptoru da la edloldn di 11)1
1
y á IH de la 2. • adición.

.TRAJR DE CEREM O~IA .
Este traje es ele raso negro y crema. Se monta sobre una
falda con cola, en la. que van colocarlos un delantal y un volante en forma, de raso color marfil. Túnica de raso negro
cortada en forma; los costados caen lisos, el vuelo de detrás hecho pliegues echados y pespunteados, y la parte inferior cae haciendo gode/8. Al borde de la túnica se coloca
un hermoso bordado de seda y azabache forma.ndo ondas.
Cuerpo fígaro, montado en un forro ajustado de tafetán
crema; chaleco de muselina plegada y ligeramente floja ó
colgante en el talle. crBolero» de raso negro, sin costura en
la espalda y un costadillo debajo del brazo; los delanteros,
que son aj nstados con una pinza, se abren sobre el chaleco
plegado. Cruzados de guipur crudo sujetos con artísticos
botones, que retienen los delanteros guarnecidos en todo
el borde que rodea. la cintura, con el mismo bordado de azabache de 1~ falda. Cuello de raso, alto y li!go abarquillado,
y mang-a aJustada con un forro y adornada con bordado de
azabache.
Toque de tul bhnco, adornada de amazonas blancas y un
chou de cinta cometa armado en al11mbre.

LOS TltNUlilNTOS
por fuerte y crónloa que se':J_ tomen las

PASTILLAS DEL DOCTOtt ANDREU.

Remedio prodi¡ioao y ripido . a O

ano■

de 4xlte.

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COKó I/JU/IJr¡;,nf)J L

EN TODA BU E NA

/rr·, · n

Las Dos Palabras
Hllff:t~~titi ~~Rz~~~TI

JULlA »E zunAsn

Relase de las arrugas, que no se atrevieron nunca á señalarse en su epidermis, y se conservó
joven y bella hasta más allá de sus 8o años, rompiendo una vez y otra su acta de nacimiento á la
faz del tiempo, que en vano agitaba su guadaña delante de aquel rostro seductor sin poder mortificarle.-Este secreto, que la gran coqueta egoísta no quiso revelará ninguno de sus contemporáneos, ha sido descubierto por el doctor Leconte entre las hojas de un tomo de !a Historia amorosa
de las Galias, de Bussy-Rabutin , perteneciente á la biblioteca de Voltaire, y actualmente propiedad
exclusiva de la t•erfumería 1'11100 ( Maison Leconte), 31 , rue du Quatre-Septembre, 31 . París.
Dicha Casa entrega el secreto á sus elegantes clientes bajo el nombre de \ érllahle Eau de
-ll"lnon y de Uuve&amp; de 1'11100, polvo de arroz que Ninon de Lenclos llamaba cla juventud en
una caja&gt;.-Es necesario exigir en la etiqueta el nombre y la dirección de la Casa para evitar las
falsificaciones. -La Parfumerie l\,111011 expide á todas partes sus prospectos y precios corrientes.
..,Depósitos en Madrid: Agui,n y Afolino, Perfumeria Oriental, ºCarmen,
Perfumeria de Ur-

1

en varias Exposiciones

Inventado hace años el

Corsé-faja de salud, que h&amp;
dado tan buenos resultados,
pueden hoy ofrecer los deLAS DOS w
otros sistemas más moder1, HORTALEZA, 1 nos p&amp;ra disminuir el volumen del cuerpo y tener más agilidad.
1 ,Corsés para contra~echas; variedad en fajaa y corsés para novia.
Se remiten. á provincias y al Extranjero,

PAL ,1&gt;RAS

•·····•"·"•·"·

:);J.;_

Raco~IB~DADAS

VINO

oE

CHASSAING

Bl·DIGESTITO

Contra las AFFECCIONES de las Vias Olgestlvas

OOMPAAIA COLONIAL

Supra Viol,ta

T0D41 Lü P&amp;JNOIP.lLBB •.lnll.lOJil

...,~ .. '¿

CHOCOLATES Y CAFÉS
l&amp; cua que 'P&amp;2a mayor contribución ind119tria.l en el ramo, y fabrica 9.000 kilos de
ohooolate al dia. - 38 medallas de oro y
&amp;ltaa reoompeneaa indDBtria.les.

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,. blanca.

Núms. 8 y 9.-De lana azul porcelana. Falda campana con pliegue redondo detrás. Se cubre en parte con una
túnica de la misma tela. terminada en punta y por detrás
en forma de delantal. Bordado soutache alrededor. Cuerpo
entrando en un cinturón. Espalda 11in costura formando un
pliegue; un costadillo debajo del brazo. Por delante forma
blusa con plie,rue redondo. El cuerpo se escota por delante
y por detrás sobre un canesú plegado en chal de raso azul.
Cuello alto. Manga ajustada por el forro, adornada con
pliegues_en los hombros y bordado en el puño.

5.-TtaJe de paseo para niñas de 8 alioa.

Núm. 10.- Vestido de paño encarnado. En el cuerpo y en
la falda, guipar de paño recortado sobre trasparente de
moaré encarnado, ribeteado con astrak~n verdadero. Forro
de seda del color que se prefiera.
Núms. 11 y 12.-Es de paño beige claro. Falda
de una pieza, cruzada delante. El borde redondeado, y pespunte en los contorno~.
Chaqueta de la misma tela. Espalda sin costura ell' medio y dos costa.dillos. Delantero ceñido y
abierto.
Bies pEspunteado alrededor.

Núm. 6.-Se hace el vestido r,c,n pliegues y un
gran canesú cuadrado adornado con un volante

LA CAJA

LEA USTED

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y barba blancos el color de la juventud. No perjudica.
ni mancha. absolutamente la. piel.
Venta: perfumerfas y droguerías.

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SA'LU'D

Núm. 3.- Vestido marinero de cheviotte azul; falda con
medias tablas guarnecida con tres galones de lana blanca.
Chaqueta.-blu;a. Gran cuello marinero y corbata.. Manga de
codo.
Núm. 4. - Vestido de terciopelo gris beige; forma de
blusa con tablas y un canesú cuadrado. Cuello recto. Manga
de codo.
Materiales: 4 metros de terciopelo gris, y 6 metros de
galón.
Núm. 5.-Traje de paño azul gris, con fal~a en forma, fruncida ligeramente_ por detr:l.s, guarnecida de dos
galones con pespuntes encima y colocados de modo que_parezca una túnica. Cuerpo-blusa, montado sobre foiro ªJustado compuesto de e8palda, lados de la espalda, lados de
dela~te y delantero. Se cruza á un lado con botones de fantasía y se adorna la parte de delante con t~es vuelt!1s de
pespuntes. Se escota, dejando ver un canesu de terciopelo
negro con cuello recto, y el escote se guarnece
con galones y pespuntes como la falda. Manga de
codo con galón en el hombro en forma de corazón y tres vueltas del mismo galón en la parte
baj~. Cinturón de terciopelo negro. Gran sombrero de fieltro gris con bullonados y escarapelas de
tafetán color rosa.

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8 y 9.- Traje para ntñu de 11 , 13 añoa.
Delantero y espalda.

11 y 12.-Vutldo de paseo para niñas dB II A 12 año1 .

Delantero y espalda.

fruncido formando berta. Este canesú se guar·
nece con trencilla de seda blanca; las de abajo
van onduladas, así como lss del volante. Cuello
recto guarnecirio C()n tren•~illas; manga de codo
con puños vueltos y ribeteados con trencillas.

Núm. 7.-Es de lana blanca c~n lunare~ grises· forma blusa sobre un canesn de terciopelo
gri~ adornado con ,pasamanería blanca. Un vo-

10.-Traje de oomlda para aeñoru jóvenu 1) aeñorltu.

Cuello vuelto y soiapas.
Chal de paño cremti; aplicaciones de paño de
tono más obscuro. Manga forma de S&amp;stre. La
chaqueta. está abierta sobre un chaleco de paño
blanco, cerrado con unas sardinetas entrelazadas
con botones. Cuello cerrado de la misma manera,

�_LA M~ DA ELEGANTE I L !J S~ R_AD~

89

LA MODA ELEGANTE ILUSTR ·A DA
abrigo que Mlle. B... lució en el primer .five o'clock
del Fígaro, y que, por cierto, es tan lujoso como
sencillo: un entredós de encaje de Venecia sobre
terciopelo crema y colas de cebellina.
De intencionada alusión y de pleito homenaje
tributado al dueño de la casa, pudiera calificarse
el capricho que tuvieron varias señoras de lucir
en este día chaquetas de estilo Primer Cónsul,
con sus correspondientes solapas, sujetas con botones, en un todo iguales á las del retrato del Emperador que atraía las miradas de todos en la suntuosa biblioteca.
Todos y cada uno de los departamentos se veían
animados por indescriptible bullicio, al que contribuían grandemente los espectáculos organizados en diferentes sitios; pero nunca tanto como el
atractivo que á la fiesta prestaban nuestras más
encantadoras actrices, encargadas de hacer los ho•
nores del buffet, de vender programas y de dis•
tribuir los billetes de la tombola.
Fué, en resumen, una fiesta espléndida y perfectamente organizada.
V. DE CASTELFIDO.
Paris, 24 de Febrero de 1900.

SIETE VECES FELIZ.
ConlinUMión.

~ OÑA Angustias saltó de pronto:

~

·
,
~·

-Tiene ella la culpa.
-¡Culpa!
-Sí, señor. El hijo todavía no tie&lt; • ne carrera; rodando por los billares
y los cafés, y creo que hasta por las ta'
bernas, l e tiene usted todo el día. En si·, tios tan bajos se le podrá encontrar, en su
casa nunca , y creo que no duerme en ella
muchas noches, ni le ven el pelo durante
semanas enteras.
-¡Qué espanto, pobre Estefaníal-exclamé yo.
-No creía que ese chico llegase á tanto. Mal pleito es para una madre sujetar al hijo varón.
-Desengáñese usted, Estefanía es lo más soso
que Dios ha echado al mundo; no tiene esos arranques que t enemos otras. Si son las hijas, ¿en qué
piensa esa madre que no las ha casado ya? Vamos
á ver, diga usted: ¿no se le ocurre á cualquiera
cazar a D. Dimas para marido de Isidora? Porque
esa chica, si no, condenada se queda á vestir imágenes toda su vida. ¿Le parece á usted que no es
una falta muy grande de Estefanía el estarse de
brazos cruzados? Nada, desperdiciando esa ocasión, ¡única, única, única! Y no crea. usted que
ha faltado quien le apunte la idea. Pero Estefanía
es así, muy poca cosa. «¿ Qué voy á hacer yo?
dice. ¡ Qué voy á hacer yo I» Yo ya sé lo que hubiese hecho. Le digo á usted que á estas horas
D. Dimas se había ya dado otra vueltecita por la
Vicaría. ¡Vaya si se la había dado si la hija de mi
madre estuviese en el pellejo de Estefaníal Señor,
¿para qué tiene una pesquis? ¿Para qué tiene una
perspicacia? ¿Para qué tiene una su poco de tras•
tienda? ¡A.y! yo crea usted que me consumo. Pues
á Socorrito ..... ¡vamos, á ésa es no quererla casar!,
porque, como es la que vale algo, no le faltan pretendientes, y muy buenos que los tiene, ¡y muy
buenos, y muy buenos!
Doña Angustias tenía la costumbre de repetir
las frases cuando quería estar elocuente. Sentí comez?n de oponer á su dialéctica mi argumento
Aqmles, esto es, la pobreza de las chicas de Cienfuegos. Pero me abstuve de hacerlo por parecerme inoportu~o entonces, y luego me alegré por
lo que se vera.
Quien usó de la palabra fué Paquito, la lumbrera de la casa, escuchado con delectación por sus
padres y hasta coreado por la madre. Su discurso
versó so~re !ª perversidad de Rodolfo Cienfuegos,
que, segun el, era memo, incapaz de sacramentos
y de títulos universitarios. Luego cambió este
tema por el de la tertulia de las de Cienfuegos, de
la que se burló á su sabor.
-¡Van allí algunos tipos!-dijo.-¡Hay noches
que se pone aquello apestoso! Con estudiantes
pr?vin~ianotes y ~a plaga de D. Dimas, ¡uf! no
hay qmen pare alh. Por eso me divierte a mí tomarles el pelo. Hay que espantar aquellas gentes.
La madre lo reía con delirio.
-:Oye, niño-le dijo de pronto, con el tono
melifluo !}ue empleaba para hablarle.-Imita al
mallorqum. ¡Ayl le imita muy bien; ya vera
usted.
Paquito se pus? e~ pie, y tomando un aire muy
zumbón ~rató de imitar con gestos ridículos y exagerados a Moneada, cuando, indolente y enamo-

13.-TraJe para aeñoraa Jóvenea.

Núm. 13.- Este traje es de paño color zinc. La falda de
tres ó cinco paños, se guarnece con festón, terminadd en
lazadas pequeñas hechas ccn seda blanca.
El cuerpo, corto por delante y largo por detrás, como las
chaquetas de caza, lleva aldetas bien lisas. Se ribetea la cha,
queta con bieses de seda blanca. Una trencilla de seda blanca, colocada en cuadrados, cuhre las solapas.
Materiale8: 6 metros 50 centímetros de paño; 3 metros de
seda, y 12 metros de seda para el forro.

rado, volvía la hoja del libro de música á Socorrito.
Prado sonreía y rue miraba resignado.
Para poner término á tanta simpleza hablé al
fin; hablé con libertad, sin pasión y sin dar lo
que decía como impugnación de lo que había oído;
p~ro ello ~s que hice, como correspondía, cump~do elogio de la prude,ncia, la rectitud y la dignidad con que Estefania se estaba conduciendo·
hice notar la difícil y desventajosa situación d~
una viuda para mantener á los hijos bajo su férula, y por fin señalé el punto más delicado, terrible, agravante de la situación de mis amigas: su
falta de bienes de fortuna. Aquí quería yo escuchar a D.ª Angustias; y, con efecto, a pesar de su
perspicacia, cayó en el garlito.
-Es cierto-repuso de primeras un tanto coar•
tada.
Varió ella misma la conversación. Hízola recaer
de nuevo sobre las de Cienfuegos, y no sin habilidad se me dejó caer con esta pregunta:
- Y, diga usted, ¿ha vuelto usted á oir hablar
de Mariano Rebolledo, el hermano de Estefanía?
-Nada sé-dije.
- Ya sabe usted que está en Buenos Aires hace
muchos años. NosotraB supimos de él por un amigo
que regresó de allá.. Nos dijo que es riquísimo y
que, desde que supo que su hermana había enviudado, hablaba de venir. Ya ve usted, para ella se-

ría un buen apoyo. Como él sigue soltero, hasta
podrían vivir juntos. ¿Pero ella no le ha dicho a
usted nada?
-No, señora; ni palabra.
-Pues pregúntele usted, pregúntele usted. ¿Por
qué no se lo pregunta usted?
-Sí, lo haré; no se me había ocurrido.
-Figúrese usted qué nos importa; pero estamos intrigados de saberlo, porque muchas veces
hemos hecho conversación. ¡ Como Estefanía nunca dice una palabra!.....
En cuanto D.ª Angustias me preguntó por Rebolledo (de quien realmente yo no me acordaba),
descubrí lo que ella quería, esto es, el punto a
que se dirigía la pasi6n de Paquito y la puntería
de su madre. No se trataba, no, del palmito de la
niña, sino de la herencia del tío en Indias.
Mentalmente convine con D.s Angustias en que
ella, en cuanto a doble vista, tenía gran superioridad respecto de la pobre Estefanía.
Cuando s&amp;lí de casa de Prado, dueño de la clave
que deseaba poseer, y conquistada más pronta y
fá.cilmente de lo que yo había imaginado, recapitulé de nuevo la cuestión de Socorrito, pues la
suerte de esta muchacha mirábala como la de una
hija.
Rápidamente concebí un plan sobre la hipótesis de la fortuna, regreso y soltería de Rebolledo.
Ya que D.ª Angustias misma me había puesto en
posesión de tan precioso dato, era menester aprovecharle. Ella tenia que llevar su merecido; y
puesto que me facilitaba el camino con el encargo
de la averiguación capciosa, había que darle una
contestación negativa, había que decirle que Rebolledo•no daba un cuarto, y así los espantados
de casa de Estefanía serían ellos. Dueño yo del
campo, alentaría la pasión de Segismundo, por
supuesto sin hablarle de posibles herencias de la
niña, pues así se alimentaría de más puros móviles aquel amor. Y cuando más imposible creyeaen
los novios la realización de su sueño, era menester dar el golpe de teatro, de facilitarles el camino, con la dote que daría ó enviaría Rebolledo.
El plan era soberbio. Me entusiasmé. Mi papel
filantrópico me pareció admirable.
Pero no dejé de reparar en
que Estefanía para nada me había hablado de su hermano. Aca•
so por no tener aún seguro aquel
beneficio, le sellaba los labios la
delicadeza. Yo estaba dispuesto
á preguntárselo y plantearle la
cuestión. Había que ayudar a
aquella pobre amiga, animarla,
facilitarla el camino é impedir
que necias codicias impidieran
la feli~idad de aquellas muchachas.
Cuando llegué a casa, poseído de tan buenas intenciones y completamente resuelto a ponerlas
por obra, comenzando por celebrar con Estefanía
al día siguiente una conferencia de la cual dependía todo, me encontré sorprendido por una carta
de D. Dimas, en que éste me rogaba fuese al día
siguiente por la mañana a su casa para hablarme
de un asunto que le importaba mucho. ¿Qué podría querer de mí un hombre que durante nuestra antigua amistad sólo una vez la había utilizado para que fuese yo testigo de su sexta coyunda? Por el momento me chocó; pero luego
pensé que me llamaría para cualquier asunto sin
importancia.

V.
Sobre las diez de la mañana del dicho día siguiente me encaminé a la casa de D. Dimas su
casa propia de la calle de las U rosas. Subí aqu;llos
antiquísimos y gastados peldaños, me detuve ante
aquella puerta de cuarterones, tiré del cordón de
la camp~nilla-único cordón campanillesco que
en Madrid se conserva, -la cual campanilla llamó
con débil y gangoso sonido. Acudió á este llamamiento, y dejó ver sus negros ojos tras de la reja.
del ventanillo, una criada que, al franquearme el
paso, me dejó ver por entero su rozagante porte de
lugareña, su agraciado rostro, adornado con arracadas salamanquinas, y el aseo de su persona y de
1a casa, a~eo que s~ observaba desde el portal , y
que parecia un refleJo de la pulcritud característica
de D. Dimas. Me introdujo y ofreció asiento la
l?~areña en el despacho de mi amigo; estancia altisima de techo, con balcón á la calle y en donde
contemplaban la mesa de ministro, las librerías de
caoba y la sillería de gutapercha las seis mujeres
que, sucesivamente habían alegrado aquel hogar.
Alh estaban reproducidas a distintos tamaños y por
muy diversos procedimientos, en cuadros qu'e ocupaban todo un testero, de modo que desde su mesa

pudiera D. Dimas, sin mas que alzar la vista, repasar todos los capítulos de la historia de su felicidad. En el medio se destacaba la última cónyuge,
Librada, retratada al óleo, de tamaño natural y
casi de cuerpo entero. Me miraba con sus ojazos
garzos, y yo recordé al repasarlos sus bellas fac•
ciones, su encendido color, su garrido talle. Estaba con sombrero, cuyas anchas alas servían de
nimbo a la cabeza; vestido de seda de moda reciente, ceñido de modo que acusaba las pronunciadas formas de pecho y caderas. Debajo de este
retrato, dentro de un óvalo pequeñísimo, había
otro, hecho al daguerreotipo, ya casi borrado. Me
acerqué a examinarle, pero no supe de cual de las
primeras difuntas se trataba, hasta que tropecé,
á la izquierda, con el retrato de la primera, al óleo
y de busto, menor que el natural; mas el de El virita de medio cuerpo, y grande. La del daguerreotipo era la segunda mujer, Pepita. Estaba muy
joven, sin duda de soltera, con el pelo bajo, como
su antecesora, cuya efigie era una pintura amanerada y sosa. El retrato de Elvirita valía mas, campeaba en él cierta fantasía semirromá.ntica; la retratada aparecía en un jardín, y a lo lejos se veía
medio Sevilla con su Giralda. Aquel cuadro , de
tonalidad dorada, representaba bien su época ;
pero lo que le quitaba atractivo, salvo que el rostro de Elvira era precioso , con u• a boca saladísima, era la indumentaria; el peinado de cocas, el
vestido de miriñaque. Al contemplar tan ridícula
moda, no pude menos de considerar que en la
historia del gusto estético hay páginas irredimibles que merecerán eterna execración.
Haciendo ju ego con este retrato, se veía el de la
penúltima mujer de D. Dimas, la catalana Rosalía, cuya basta obesidad hacía mal papel, por cierto, junto a la gallardía de las otras. Con sus tirabuzones, su promontorio de pelo ( la mitad postizo) sobre la cabeza, su vestido de sobrefalda,
adulterado por el polisón, y con sus cincuenta
años cumplidos, me miraba con aquel rostro de
coronela que yo había examinado tantas veces sin
adivinar cuáles fueran sus atractivos. También
hacía mal papel este cuadro como tal, pues era
uua ampliación de fotografía iluminada.
Debajo de este retrato e3taba el que, sin duda,
contemplaba D. Dimas con más emoción que ninguno: el retrato de Hortensia. Era un cuadro pequeño, largo y estrecho; un dibujo hecho con gran
libertad y soltura. Entre los tiznones que representaban una especie de manto, se veía, apenas
trazado con cuatro rayas, pero con mucha expresión y parecido, el afilado rostro de la poetisa.No
parecía aquello un retrato, sino una Dolorosa, con
el pelo suelto, los ojos levantados hacia el cielo,
ojos patéticos, suplicantes. El artista, sin duda,
obedeciendo un capricho poético de la retratada,
la había representado como heroína de un poema
que podía ser el del Calvario.
Considerando estaba yo que este retrato, por
diferenciarse tanto de los otros, debía ser el más
grato a la imaginación de D. Dimas, cu~ndo apareció éste tan tieso, tan saludable, tan vivo, como
si tuviese' veinticinco años menos. Venía tras él
un hermoso gato, atigrado y blanco, que por lo
visto le seguía dentro de casa como un perro, y
que avanzó majestuoso hasta mí; se con~o_neó, r?zando suavemente mis piernas, para solicitar mis
caricias hasta que, al ver que, su amo se Eentaba
en una butaca él se posesionó de la de enfrente.
Don Dimas' me hizo sentar junto a él, en el
sofá, y desde sus primeras palab_ras de cortesía ~e
encontré grave, serio. Rabia huido de él su ~abitual jovialidad. Pero pronto ~e aclaró_ el emgma
con este discurso, que pronunció, al comienzo de un
modo muy premioso, después con inusitado ardor:
- Pues, amigo, le he hecho venir porque, ¿ qué
quiere usted?, ca.da cual tiene á lo mejor su tropiezo, y le hace falta pedir que le den la man~
para sacarle del atolladero. Usted_ ya ~onoce mi
historia. Solo no me hallo. Necesito siempre alguien a mi lado. Pero, ya se ve, á mí me ha veni:
do siempre corto el hilo con que he atado á m1
brazo derecho las mujeres, y las pobres, ya lo sabe
usted me han ido dejando. La última, ¡mi inolvidable'Libradal.. ... ¿Se acuerda usted? ¡ Q~é _á~gell
¡ Qué ángel! M,e dió diez y siete_ año~ de fehc1dad.
¡Diez y siete, si señor! ¡No lo olvidare nunca! Cuando la perdí dije: «No mas, Dimas; ya no te queda
más dicha que la eterna.» Pero..... el hombre propone..... ¿Quién me lo había de decir? Porque aquello que nos parece más imposible, ~quello que nos
parece mentira, aquello, aquello, JUSta~ente, es
lo que sucede. ¿Qué quiere usted? el amo. _S~be
usted que yo he tenido siempre mu~ho espintu,
mucho corazón. Siempre bogando, siempre adelante, ¡adelante!, tan sereno. Cuidado que he sufrido averías. ¡Cuántas veces he encallado~ ~ero
yo siempre sereno, y he salido á flote tan divma•
mente. Es que no me ha faltado nunca la fe en·lo

po(venir. Pero sea.... por lo que sea..... ello es, ¿qué
quiere usted ? nada, amigo, nada; que se me ha
entrado el gusanito en el corazón y que no quiere
salir, y que no me deja hablar, y que tengo que
hablar ó reviento, y que si no me ayuda usted a
soltar el ultimátum, ¡me muero sin remisión!
Vi reflejarse en el discurso y en el ademán del
viejo una inquietud, y en las últimas palabras un
ardor angustioso que me le trasfiguraban. No le
conocía. No parecía el mismo. ¡A.yl D. Dimas perdía aquel admirable equilibrio de sus facultades
que parecía anunciar en él la inmortalidad. Aquel
envidiable y venerable patriarca vacilaba. Indudablemente le había llegado su mal cuarto de hora.
Me quedé estupefacto, y por serenarle un poco le
dije:
-Pues no hay que apurarse, aquí está la mano; agarrese usted bien, y vamos a ver hacia qué
parte he de tirar para que alcance usted su puerto
de salvación.
-Mire usted-me dijo algo recobrado - en estos casos siempre he hablado yo solito. Nunca he
necesitado intérprete. ¡Jamás! Pero esta vez, para
que todo sea nuevo en mí, aquí me tiene usted
que he querido por dos veces desplegar los labios
y ha sido imposible. Y es que ..... vamos, este n e•
gocio hay que tratarle previamente por la via diplomá.tica. Por eso quiero que sea usted mi embajador.
-¡Su embajador!-exclamé yo algo arrepentido de haberme mostrado tan solícito.
Aquello de las intentonas declaratorias me había dado qué pensar.
-Pero, vera usted- prosiguió,- tenemos que
hablar previamente. Me precisa consultar con usted algunos extremos. Usted conoce perfectamente
la casa de Cienfuegos, y por eso es usted la persona
más a propósito para tratar tan delicado negocio.
-¡Pero D. Dimas!
-Sí, señor. El favor que le pido es el mayor
que se me puede hacer, y cuente usted, por adelantado, con mi agradecimiento eterno.
-Explíquese usted.
-La persona que me causa estos desvelos se
halla, bien lo conozco, en situación poco favorable en su casa. Doña Estefanía debe en este punto
ver tan claro como yo que esa hija le plantea el
más difícil problema. Porque la otra tiene el camino más seguro.
Aunque el discurso de D. Dimas era un tanto
vago de sentido, entendí que «la causa de sus desvelos&gt; era Isidora, con lo cual materialmente se
me quitó un peso de encima, pues mis recelos habían nacido de la sospecha de que «el gusanito que
le roía el corazón» al viejo conspiraba contra la
felicidad por mí soñada para Socorrito y Moneada. Asentí á sus apreciaciones, y continuó:
-Por eso creo yo, mejor dicho, espero, que
tanto la muchacha - que tiene el entendimiento
hasta en la punta de los dedos-como D.ª Estefan ía, que es tan sesuda y prudente, espero, digo,
que han de comprender que mis propósitos nada
tienen de descabellados. Que yo no soy un niño,
ya lo sé; pero que estoy tan firme en mis trece
como el día de mi primera boda, sin un alifafe,
con mi dentadura cabal, mi vista de lince, mis
bríos de siempre y mi alma en mi armario, ya lo
ve todo el mundo, y no sé si muchos mozalbetes
nneden decir tanto. Pero no se me oculta, no sen'ór, que aquí hay una incógnita que aclarar.
JOSÉ RAMÓN MÉLIDA.
Conlinuarll.

SECCIO~ DE ENCARGOS.

carta, que supone un nuevo franqueo, el importe
del dibujo y el del porte ó franqueo de nuestra
remesa.
Resultan de aquí gran pérdida de tiempo, may?res molestias para las señoras y dos franqueo_s mas
de los indispensables, que recargan el precio del
dibujo. Hemos tenido grande empeño en evitar
nuestras amables abona.das estos inconvenientes
por medio de la publicación de una tarifa; pero,
al hacerlo, hemos querido llegar a precios excepcionalmente ventajosos, y lo hemos logrado celebrando un convenio especial con uno de nuestros
dibujantes de labores, muy práctico en ellas, y
renunciando por nuestra parte, como lo hacemos
en todos los encargos, á todo beneficio. Seguros
estamos, y esto nos basta, de que será. reconocida
y apreciada esta nueva mejora, con la cual no hacemos sino continuar la marcha progresiva que
nos hemos impuesto, de aumentar los atractivos
y ventajas de nuestra publicación a medida que
aumenta el número de nuestras favorecedoras, y
con él nuestro deseo de demostrarles que somos
agradecidos.
Como la tarifa especial de dibujos, que hoy publicamos, sólo ha de regir dentro de nuestra Sección de encargos, claro es que sólo tienen derecho
á utilizarla nuestras suscriptoras acreditando que
lo son, y dirigiéndose por carta al Director de LA
MODA ELEGANTE ILUSTRADA, Arenal, 18, Madrid.

a

TARIFA DE PRECIOS.
PAÑUELOS.

Una letra. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dos letras separadas.... ... .... ...... , . .. . .
sencillos... . . . . . . . . . . . . . . • .
Enl
adornados. . . . . . . . . . . . . . . . . • .
aces.. · · · · sencillos con corona. ... ... ..
1adornados con corona.. . • . . . .
N b
I sencillos . . . . . . . . . . . . . . . .. . •
.i: om res .. · · ¡ adornados.. . .. . . . . . . . . . . . . ..

PESETAS.

0,35
0,60
0,65
0,90
0,90
2,00
0,80
1,75

MANTELERÍAS, DOS TAMAÑOS.
Juego de dos letras separadas... . . . . . . . . . . . 2,50
Juegos de en-\ sencillos.......... .. ........ 3,00
laces grande ador:'1ados.. . . . . . . . . . . . . . . . . . 3,75
y chico.
sencillos con corona. .... .... 3,75
adornados con corona.. . . . . • . 4,00
Juego de ¡sencillos.................... 3,75
no m b res. adornados... . . . . . . . . . . . . . . . . 4,00

¡

ROPAS DE CAMA, DOS TAMAÑOS.
Juego de dos letras separadas... . . . . . . . . . . . 3,50
sencillos... .. .... . . . . . . . . . . . 3,50
Juego de en•1adornados.. .... .......... ... 4,50
laces.
/ sencillos con corona... ...... 4,50
, adornados con corona.. . . . . . . 5,00
Juego de sencillos .................... 4,5Q
no m b res. adornados... . ...... . . . . • . . . . 6,00

l

NOTAS. Todos los dibujos llevaran las indicaciones para el bordado que requieran.
Como los anteriores precios son los de los dibujos, es preciso agregarles el importe del franqueo
de nuestra remesa, y el del certificado si se quiere
esta garantía.

A O V E RT EN CIA.
Con el presente número recibirán gratuitamente las sefloras suscriptoras de la
edición de lujo (primera edición) un patrón cortado de una chaqueta de pafiete
cuero, con aplicaciones de pafio pespunteadas.

DIBUJOS DE LETRAS, ENLACES
Y ESCUDOS PARA BORDAR.
Entre la multitud y diversidad de encargos que
recibimos en esta Sección, y que nos complacemos en desempeñar tan pronto y tan bien como
alcanzamos a hacerlo, figuran en primer término
los de dibujos de letras para bordar. Antes de establecer nuestra SEcción de encargos se nos rogaba
la inserción de esas letras en los pliegos de labores; pero solían acumularse, y era preciso guardar
un turno que r etrasaba mucho la publicación. Por
esta causa, sin duda, desde que establecimos dicha Sección la mayoría de las señoras prefieren,
aun haciendo algún desembolso, recibir esos dibujos por carta, como tales encargos. Mas como el
pago de éstos ha de ser siempre adelantado, vense
obligadas á escribir y franquear su primera carta
pidiendo precios, á enviar sello para nuestra primera contestación, y á remitirnos en una segunda

CORRESPONDENCIA P ARTICULA.a

)
A. LL. -1.ª Se anuncia como inofensiva para la salud
pero no puedo garantizar á usted su resultado, porque e~
producto nuevo y no conozco á nadie que se haya servido
de él.
Puede usted aplicárselo por sí misma; dicen que no manchan nada.
Si quiere enter11rse con más detalle diríjase al autor,

{Continúa en la pág. 92.)

�90

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA
Núm. 14.-Esta toque es
de tul azul celeste, graciosamente drapeada en pliegues
que van de derecha á izquierda. Alrededor de la copa una corona de rosas pequeñas encarnadas y blan •
cas, cerrada á la izquierda
con un gran ramo de las
mismas flores completado
con bojas verdes.

de codo con adorno y farol
de la misma tela. El vestido
se cierra invisiblementeá un
lado.
.Materiales: 2 metros de
paño; 4 metros 50 ceotlme•
tros de gui pur; 4. metros el.e
volante; 50 centimetros de
trencilla de moaré ; 3 botones y un cinturón.
Núm. 24.-Traje de paño
color 1uorado, con un bolero
corto de g111 pur crema y
aplicaciones también de guipur en la falda. El bolero se
confecciona con grandes solapas muy puntiagudas. Se
puede ha&lt;Jer en pana blanca
con aplicaciones de paño ó
de guipur gordo color crema;
en pana gris perla con guipur de paño más obscuro, ó
bien en paño verde con aplicaciones de euraj e.

Núm. 15.-Vestido de pa•
ño gris tórtola. Falda lisa
con dos pespuntes á la altura de un dobladillo. Chaqueta medio ajustada, con pinzas delante, cruzada un poco
y cerrada en medio con botones de nácar. Cuello y solapas estilo sastre, ribeteados con pespuntes, asi como
las aldetas. Manga de codo,
con pliegues, y adornada con
pespuntes. Sombrero redondo de fieltro gris, adornado
con un drapeado de tercio•
pelo rosa y con alas.
Ma/eriales: 7 metros de
paño gris.

14.-Toque RéJane.

Núms. 25 y 26.-Este traje es de piqué azul. La falda, plegada por detrás, es
lisa y cruzada por delante,
siguiendo el corte del cuerpo, que cruza también bajo
un cuello marinero. A éste
se le hacen unas almenas,
que se rodean de un galón
blanco, saliendo. de ellas un
plegado de piqué blanco. El
mismo plegado á, la manga,
que se recorta como al cuello. Cinturón de cuero, con
hebilla que abrocha delante.

Núm. 16. - Vestido estilo
sastre, de paño raso azul obscuro. Falda en forma con
galón pe~punteado, formado
con ocho pespuntes. Delantal y pliegue W atteau. Chaqueta estilo sastre, con cuello-chal de terciopelo escocés. Solapaa de paño. Se
cierra con dos hileras de botones. Pespuntes alrededor
del vestido.

Núm. 17.-Se confecciona este elegante collet con rico raso blanco bordado, dos volantes de
tafetán color mal va pálido y rodeado todo de plumas grises. Dos grandes caídas de muselina
de seda con terciopelos negros salen del cuello y llegan basta casi el borde de la falda, adornadas en la parte de debajo con un enrejado de felpilla negra, cuya pegadura queda tapada por
plumas grises. Terminan las caidas, lo mismo que el collet, con dos volantes plegados y borde
de plumas. ·Cuello alto y gran adorno rle p!nma~.
15 y 16.-Veatldoa hechura aaatra para sefiorlta■•

Nli111. l!.-Test.icfo hechura sastre, de paño gris azulado.
Falda en formn, a·:!ornad11 á los lados con unas correas que
bajan basta el borde, hechas con trencilla de seda.
Chaqueta ajustada con aldetas recortadas y ribeteadas
con la misma trencilla; cierra por delante cruzando un poco;
las pinzas de los lados se adoroan con pespuntes. Cuello y
solapas redondos, pespunteados y cubiertos con terciopelo
escocés.
Manga de codo con un gran pliegue en medio y adornada
con pespuntes formando puño.
Sombrero tricornio amazona, de fieltro gris, adornado con
un drapeado de terciopelo azul y una aigrette.
Materiales: 7 metros de paño giis azulado; 7 metros de
trencillas, y 30 cenlimetros de terciopelo escocés.

22 y 23.-Veatldo para nlñoa de 2 añoa.
Delantero y eapalda.

21.-Traje para oere.11O0,.,

91

LA MODA F.LEGANTE ILUSTRADA

Núm. 19.-Vestid? de paño verde gris. Falda en forma,
adornada con un bies de paño todo pespunteado con seda
blanca, colocado por delante y alrededor de la falda formando túnica.
Chaqueta medio ajustada, un poco cruzada al lado abotonada y adornada con dos hileras de botones de cristal· la
aldeta es ondulada, ribeteada con pespuntes de seda bla~ca.
U nas correas pespunteadas se coloc,m sobre los costadillos
de delante, que llegan hasta los hombros. Cuello y solapas
ribeteados con pespuntes. Manga de codo pespunteada formando puño y adornada con hombreras.
'
Sombrero redondo de fieltro blanco, adornado con drapeado y alas.
Materiales: 7 metros de paño verde gris.

11.-c,11,t de

ra■

novedd,

18 y 19.-Veatldoa heohura'aaatre para señoritas.

Núm. 20-El casco es de fieltro negro, flexible, ae l-ecbura muy distinguida; está adornado con u~a escarapela
de tul sobre el ala, sostenida con una hebilla de pedrerla
antigua; plumas negras, con otra blanca en medio, completan el adorno. Debajo del ala, otra escarapela colocada al
lado izquierdo sobre el pelo.
Núm. 21.- Este traje, de jersey negro enteramente bordado, se confecciona con una falda en forma y tres pliegues
delante y detrás. El cuerpo un poco flojo y la espalda ajustada con pliegues lo mismo que la falda. Cuello y pequeño
canesú de paño blanco bordaclo con perlas.
Se monta sobre un forro ajustado compuesto de espalda,

Núm. 27.-De paño. Falda en forma, muy ajustada
2O.-Sombrero de fieltro,
en la cintura y costura al
bies detrás; el delantero, cruzado. Bordado de seda adornando los bordes. Chaqueta con
o~palda ajustada por costuras, y costadillos. Los delanteros, cruzados al bies y cerrados
cun una hilera de botones. Cuello de terciopelo, y solapas adornadas con bordado. Se
adorna con el mismo bordado la falda, el delantero y las mflngas. Bolsillos á los lados.
Manga ajustada por el forro. Chaqueta abierta arriba sobre un peto de muselina de seda.
Sombrero de fieltro guarnecido con plumas.
Materialss: 7 meti:11s de paño, de un metro 20 cenbimeiros lle aacbo.

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~,,;·--

..

26 y 28.-TraJe para nlñoa de 3 11 S añoa.
Delantero y eapalda.

lados de la espalda, Indos de delante y delanteros. Hom·
brera en forma de jockfy abierta sobre una rnan¡1;a de codo
de paño blanco igual al cuello. Cinturón de paño blanro.
Gran sombrero de fieltro negro, levantado con un nudo de
terciopelo negro y con adorno de plumas negras.
Núms. 22 y 23.-Blusa de paño azul, sujeta por un cinturón blanco de cuero, cerraclo por una hebilla. Se compoz;e
de la espalda de una sola pieza, con pliegue en medio, y del
delantero formando un pliegue á carifl lado, y pliegue en
medio. Este último pliegue tiene arriba un canesú adornado ,con trencilla blanca y un volante de gaipur de Venecia, y gran cuello abierto guarnecido de lo mismo. Manga

27 y. 28.-Tr•J• eatllo aaatre para Hñoraa. Delaatero y eap1lda.

�92

tA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

L'A MODA ELEGANTE IL USTRA DA

quien le remitirá un pro8peato que es á la vez sucinta explicación del modo como se ha de emplear.
2.ª Tenga. la bondad de ver los peinados que representan los grabados 27 y 28 de LA MODA del 6 de Enero.
3! Si tiene buen pelo, no necesita ningún postizo para ellos.
4.' De raso Duquesa ó de paño de seda.
M. A.-1.ª Su primer pregunta ha sido contestada por
la Sección de encargos.
2.ª En el número correspondiente al 14 d? Febrero de
1889, y en la contestación dada á Una montillana , encontrará la receta de mantecadas de Astorga que desea conocer.
Si no conservara este número, tenga la bondad de decírmelo y tendré mucho gusto en repetirla.
3.• Flan de leche.-Se separan docena y media de yemas
de huevo de las claras y se baten bien; á ellas se les incorpora 500 gramos de azúcar blanca molida y una cucharadita pequeña de almidón, y se mezcla bien con ia espátula hasta que
quede perfectamente incorporado.
En una cacerola á propósito se pone
á derretir al fuego 100 gramos de
azúcar, sin echarle agua , y cuando
esté convertida en caramelo claro
se unta con ella toda la cacerola.
Hecho esto, se eaha en las yemas
cuartillo y medio de leche, que precisa sea pura para que no se corte
el flan, y se mezcla bien todo, muy
lentamente y sin dejar de dar vueltas con le. ouchara de madera. Cuando esté todo bien mezclado se le
añaden unas gotas de esencia de limón ó un poco de vainilla, y se
echa en la cacerola, poniéndolo á
cocer al baño de María durante tres
ó cuatro horas á fuego bastante activo, y poniendo encima de la ta~
padera algunas brasas. Se conoce SI
ha cocido suficientemente cuando,
metiendo una pajite. ó una aguja de
hacer media, sale ésta compltotamente seca· entonces se puede retirar
el flan de la lumbre; se deja aún
éste un cuarto de hora en el agua
caliente, y al cabo de este tiempo
se pone el_ molde en agua !ría, teniendo cU1dado de cam brnr éste.
muy á menudo. No se debe sacar del molde hasta que esté bien
frío.
1l1ostachones dealmendra.-Se necesita media libra de almendra tostada, otra media de azúcar quebrada dos huevos frescos, dos adarme's de canela fina molida y un poco
de clavillo molido. .Primero se machaca la almendra en un mortero,
añadiéndole, cuando esté hecha una
pasta, el azúcar, huevos, clavos y
canela, prosiguiendo el maClhacado
hasta que esta pa!;ta sea bien homogénea.
Se saca después del mortero, y
con las manos untadas de clara de
huevo se van tomando porciones
de la masa, dándoles la forma de
huevo. Se colocan después sobre
planchas aceitadas, y con una brocha se les dará huevo batido para
darles lustrn. Se les pone á cocer al
horno, y después que estén en su
punto se les da un baño de azúcar
y se secan.

A continuación doy á usted la receta de una pomada completamente inofensiva, cuyos buenos resultados me son coDO!)idos, y que debe usarse extendiéndola en la cara antes
de acostarse :

1í~it:. z_i~~::::::::::::jaa

5 gramos.
Acido bórico.... . . . . . .. . . .
2
Vaselina... • . . • • . . . . . . . . .
15
Mézclese.
Por la mañana debe lavarse con una disolución al uno por
mil de agua sublimada y templada.
.
Espero que con el uso de estas dos recetas consiga curarse el cutis, que es á lo primero que, en mi concepto, debe
atender: una vez logrado esto podrá ocuparse de la extirp~ción del vello, para lo cual no conozco hasta ahora procedimientos distintos á los que esa señorita ha empleado.

una pequeña repisa de unos doce ó quince centinietros de
ancho, para colocar bandejas y platos de plata, objetos de
arte, pequeñas plantas y d!lmás adornos propios de comedor.
UNA QUB QUIERll: Á sus PRIMAS.-Siento mucho deairle
que pam que puedan ser contestadas las preguntas que hagan las señoras suscriptoras es condición indispensable que
éstas lo sean á la l.ª ó 2.ª edición.
BERTOLDO, BBRTOLDINO y CACASll:NO.-Celobro muchísimo que se haya decidido á consultarme, y deseo poder serle
útil.
1.• La más joven debe aternerse á la linea de conduct:l
que siga la de mayor respeto. Si ésta no entabla conversación con usted, limítese á saludarla cuando termine la visita.
2.• Basta con una inclinación de cabeza.
3.ª Las que entran de visita son
las que deben tomar la iniciativa en
el salurlo.
4.• Levantarse.
5.ª Según su estatura; si es bastante alta, debe llevarlo recogido
con un pequeño moño de bucles colocado sobre la nuca; si es baja,
debe dejar sueltos los bucles.
6.• Si, puede usarlo sin estar de
largo.
7 .ª Si.
8.• Es consulta que debe dirigir
á sus padres, cuyo cariño y cuya
discreaión será la mejor garantía
de acierto.
También depende en gran parte
de las costumbres de la localidad;
pero si en algo puede influir mi opinión , me permito aconsejarle que
mientras esté de corto no baile más
que en reuniones muy intimas. Esta
línea de conducta no puede en ningún caso dar lugar á críticas.
ADELA P.

-EXPLICACIÓN

DKL FIOURIN ILUMINADO.
Núm. 8.
Correaponde

á

laa aefforu auacrlptoraa

á la edición de lujo.

BLUSAS Y CUERPOS D&amp; TEATRO PARA
SERORJTAS Y SEffORAS JÓVENES.

l. Blusa de raso verde agua,
guarnecida de dos grupos de pliegues de lencería. que la rodean, y
adornada de un gran cuello recortado en dientes redondos, que desciende por el pecho y por la espalda.
en figura de plastrón, terminando
en forma de corazón en la cintura.
Este plastrón está adornado con flores pintadas y rodeado de un bies
de pana rosa y de un bordado estrecho; el cuello recto sube en punta
por los dos lados, concluye con el
mismo bies de pana rosa, y queda
todo él cubierto por un hermoso encaje de guipur. Manga de codo,
adornada en la µarte superior con
UNA VIEJA FASTIDlOSA.-1.ª Es
dos grupos de pliegues, adorno que
tela que siempre se estilará, por la
se repite en la bocamanga, la cual
bonita caída que tiene y por lo
se ensancha al final. Cinturón del
práctica.
mismo raso, ribeteado de pana rosa
2.ª La hechura más apropiada es
y cerra.do con una hebilla, cuyo
la de sastre.
adorno es una hermosa turquesa.
3.' Es demasiado pronto para poFalda de raso gris , con ancho
29.-Sombrero
para
aeñoraa
Jovenes
ó aeñorltaa.
der darle notiaias respecto á las tepliegue detrás.
las que se estilarán este verano;
2. Blusa de muselina color lila,
pero supongo que se seguirá lleNúm. 29.-Toque de paño morado, adornada con terciopelo del mismo color, alas de pájaros y una
completamente fruncida en bullovando esa de que me habla, porque
gran hebilla de pedrerfa.
nes, escotada sobre un c:mesú de
es siempre muy propia para señoraso plegado que termina en un cue,
ritas.
llo recto, igualmente plegado. Esta
4.• La combinación de tela y adornos que ha elegido us2.' Se pide Brillantina crema.
blusa se adorna con un segundo cuello vuelto formando soted para las blusas es, en efecto, muy bonita.
En el número de 22 de Diciembre, y en la cuarta contes- lapas de raso blanco cubierto de hermoso encaje de Brujas..
Un gran lazo de raso azul, prendido por una hebilla, sujeta.
V10LETAS ROJA~.-1." Las colchas buenas de piqué se tación á Una rosa, encontrará una receta de brillantina. para
el cuello y continúa en dos caídas que se esconden bajo eh
adornan con encaJes gruesos de torchon ó de Almagro, de el pelo.
3.ª Haga el favor de leer la quinta respuesta dada á M. M.
cinturón. Manga fruncida sobre un forro de raso del mismo.
unos 10 á 15 centímetros· de ancho.
tono que el del cuerpo, acampanada en la parte inferior y
2.' Esa crema es muy buena. Tenga la bóndad de leer en el número del 30 de Octubre último.
De seis, doce, diez y ocho y veinticuatro cubiertos.
terminada en punte. con una apliQación de guipur igual a.L
mi c,ontestación á la quinta pregunta de Una sev-illana en
4." Doblada una de las dos esquinas d~ la parte superior.
del cuello.
L~ MODA del 14_ de Diciembre último, y la dada á Una susRecibida su segunda carta y la faja del periódico que en
Cinturón de terciopelo negro, y falda de muselina lila so.-.
criptora en Santiago de Cuba, en el número del 6 de Enero
bre trasparente del mismo color.
del año actual. En la última encontrará una receta agrada- ella incluye.
3. Blusa de muselina celeste sobre viso de raso blanco.
ble y fácil de hacer.
UNA DUDA.-1.ª La suya quedará resuelta si se toma la
Fruncida toda ella y rodeada cerca de le. cintura de dos ór-3.' Le ruego se tome la molestia de leer la. contestación molestia de leer, en el número corre~pondiente al 6 de Noá Siempre esperando, en LA MooA del 14 de Noviembre, y
viembre, la cuarta contestación dada A bordo del Buenos denes de ruches de la misma muselina, dispuestos eu forma de ondas; esta blusa va montada. sobre un canesú de
A. P. en la del 14 de Julio último, y encontrará en ellas
Aires.
dos consejos para evitar y extirpar la caspa de lu, cabeza.
2.' A todas sin excepción; pero nunca antes de que tras- hermoso guipur crema, elegante motivo que se repite desde
4.• Azul pastel, verde guisante, gris perla; éstos son los curra el primer mes, excepto las de aquellas personas de la el último rizado hasta la cintura. Cm,llo recto de guipur,
colores más elegantes para trajes de vestir.
familia con quienes, por la intimidad del parentesco, se sos- ribeteado de muselina celeste.
Manga de codo, plegada á lo largo y adornada con dos
UNA ENTUSIASTA DE A. P.-1.ª Enterada de los varios tiene continua correspondencia,
filas de rizados en la parte superior y otra en la inferior
procedimientos que sin buen resultado ha puesto en prácUNA SBVILLANA..-1.' Le ruego me explique con más de- sobre la bocamanga de guipur. El cinturón, que es de raso
tica esa señorita, no me atrevo á recomendarle ningún espe- talles á qué género de escudos ~e refiere: si á un trabajo en celeste con un bies de raso blanco en las orillas, se abrocha..
cífico, tanto más, cuanto que entre ellos hay algunos que piedra, madera, lienzo, etc.; una vez aclarada esta duda, con una hebilla.
pueden considerar~e- como. los. mejores para el objeto que tendré sumo gusto en cont~star á su pregunta.
Falda de paño beige.
u:1tedes persiguen.
2." Zócalo alto de madera de nogal, y á su terminación
( Contin'IÍ,a, en la pág. 95.)

32 y 33.-Chaqueta bolero. Delantera y espalda.
30 y 31.-Cuerpo para teatro. Delantero y eapalda.

·34 y 35.-Cuerpo-bluaa.

Delantero y eapalda.

Núms. 30 y 31. - Este cuerpo es de terciopelo. Espalda
sin costura. Delanteros ajustados y cortados del lado de las
pinzas. La. parte alta está escotada de una manera muy original, y deja ver una blusa plegada de tul color c~ema sobre viso de seda igual. El centro del cuerpo se suJ eta con
un cinturón metálico. El borde del escote se adorna con un
bordado de seda color crema. Cuello drapeado y corbata de
muselina de seda. Manga ajustada y adorno en la parte de
abajo.

Núms. 37 y 38. -E~ta chaqueta es de rico paño color
acero, cerrada á un lado con una gran tira delante, redonda por abe.jo y con grandes solapas en la parte alta. Cuello
estilo sastre.
Manga de codo con vueltas. Cintas de terciopelo adornan el cúello las solapas , el delantero y laM mangas. Se
anudan y co~~inan con arte, ateniéndose al grabado.

Núms. 32 y 33. - La chaqueta &lt;r bolero» se confecciona
en paño acero y la componen la espalda, lados de la espalda lados de delante y delanteros, con una pequeña aldeta
detrás y con un pico por delante _que ene sobre _la falda.
U na gran solapa de paño blanco, ribeteada de pano encárnado que baja hasta el fin de la chaqueta, adorna la parte
de delante. Dos grandes botones de metal y strass se colocan en las solapas. Cuello recto y vuelto después, guarnecido de paño blanco en ondas. Manga de codo, hecha de
una sola pieza con vueltas de paño blanco.

Núms. 39 y 40. - Este cuerpo, que forma blusa por la
parte de delante, es de seda_ brochada y se mon~ sobre un
forro ajustado. La espalda sm costura; una deba.JO del brazo y todo el delantero recogido en un cinturón de seda de
un' solo color, rematado con una hebilla de pedreria.
La parte alta del cuerpo queda escotada y dejando ver
un camisolin de seda hecho con pliegues de lencería. Cuello igual y muy alto.
Los bordes del escote se adornan con un galón de fantasía y el cuerpo queda cerrado sobre el hombro ó debajo
del'brazo. Manga ajustada con un doble volante en la parte
de debajo, hecho con pliegues de lencería.

Núms. 34 y 35.-Este cuerpo es d_e tafetán col~r cereza,
enteramente cubierto por bies.es haciendo ondas nbeteadas
de raso blanco sobrepuesto y cosido á un forro liso. Este
forro se compone de espalda, lados de la espalda, lados de
delante y delanteros. Cuello alto y recto, adornado con pespuntes blancos. Corbata de tafetán color rosa, con larg~s
caídas adornadas de pespuntes anudadas al cuello y ha.Clla
la mitad de las caídas.
.
Manga de codo, adornada en la parte alta con tres bieses
sobrepuestos como indica el grabado.

Núms. 41 y 42.-Este cuerpo de sedá color turquesa se
cubre por completo de guipur crudo. Espalda recta sin costura· costura debajo del brazo. Delanteros flojos y cruzados.
La parte alta va abierta en p~nta sobre_ un_ canesú peq?eño
de terciopelo. Cuello guarnec!do de aphca~1ones de gu~pur.
Solapas puntiagutlas de terciopelo con pliegues y gmpur.
Al borde, un nudo con caídas que rematan franjas de seda
color turquesa. Manga muy ajustada oubierta de guipur.

36.-■ atlnde

de crespón de aeda oolor paJa.

39 y 40.-Cuerpo par&amp; visita. Delantero Y espalda.

37 y 38.-.Elegan,te chaqueta. De!antero y espalda.

Núm. 36. - Canesú cue.drado guarnecido de bullones de
muselina y rizado de seda blanca, y al borde un volante de
encaje. En el delantero dos tablas. Manga bullonada adornada con rizados de muselina de seda blanca.

41 y 42.-Cuerpo para teatr11. Delantero y 11apalda.

�94

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

-t. Blusa de tafetán brillante rosa. Se cierra delante y se -siempre alternativamente, una brida triple sobre la segunda malla al aire más próxima,-3 mallas al aire; al teradorna en los dos lados y ea la espalda con grupos de pliegues de lencería y con un escote en ondas, rodeado de un ' minar, una malla-cadeneta sobre la 5.ª de las 8 mallas al
aire.
-bies, sobre uu canesú plegado de raso verde; una cascada
3.ª vuelta.-Como la l.'; pero en vez de la l.ª brida,
.del mismo raso y unos grandes botones de acero y strass
-3 mallas al aire, y se pasa una malla entre las bridas.
.e.doman el delanterl). Cuello recto de raso verde, plegado y
cubierto de encajes, y man~a de codo guarnecida de bieses
Butaca-mecedora con tira bordada.- Núms. 4 y 5.
,e~ forma de V, muy puntiaguda por arriba y por abajo.
La tira que cubre esta butaca va adornada con flores es.Cmturón y falda de paño arrasado gris.
tilo Luis XV, bordadas en colores claros sobre un fondo
crema. Se la completa con un fleco de pompones de 10 centímetros de ancho, hecho de los mismos colores del bordado. Se puede ejecutar este último eobre cañamazo de Java al
punto de presilla ó al punto de Esmirna.
Nuestro modelo tiene un metro 55 centlmetros de largo
y 42 centlmetros de ancho. Se ribetea el cañamazo por los
PRECIOS DE SUSC!ilPC:ÓN
lados con un dobladillo estrecho cubierto de un galón de
lana.
EN MADRID
EN PROVINCIAS
Cabecera.-Núm. 6.

la Moda Elegante Ilustrada
EDICION" DE LUJO

EDICION DE LUJO

(ÚNICA COMPLETA)

(ÚNICA COMPLETA)

UN A~O, 36 PESETAS;
t6:&amp;IS lt!ESE8, 18¡ TRES .lt[ESES, 9;
UN lt!XS, 3,

UN Afro, 40 PESETAS¡
SEIS MESES, 21; TRES MESES, 11.

EDICIONES

EDICIONES ECONÓMICAS
( Súlo para Espaila II Portugal.)

ECONÓMICAS

SEGUNDA EDICIÓN
UN ASO, 24 PESETAS;
i6:&amp;IS lt!ESES. 1 2 j TRE~ lllE.sES, 6¡
UN l!ES, 2,

SEGUNDA EDICIÓN
UN A.Ro, 24 PESETAS¡
SEIS llll!SES, 12; TRES lllESES, 8,

TERCERA EDICIÓN
TERCERA EDICIÓN

UN ARO. 18 PESETAS;
.Sl!.ISltlESK.~, 9; TRES lllESES, 4,50;
UN MES, 1,50,

UN AÑO. 13 PESETAS;
SEIS MESES, 9; TRES lll!SS&amp;S, 5.

45.-Toque Maroelle.
CUARTA EDICIÓN

43 -, 44,- Chaqueta de terolopelo para uñorltu.
Delantero y eepalda.

UN A..~o. 12 PESETAS;
SEIS ltlXSES. 6¡ TRES MESES, 3¡
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con solapas de piel de zorra plata; con esta misma
piel se ribetean todos los contornos. Una pasamanería rle relieve, colocada en forma de fígaro, completa el adorno. Cuello Valois, dejando ver l a corbata
de encaje. Sombrero Fontenailles, adornado con alas
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Y • fu de la 2.•

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Cortinas adornadas con bordadas.-Núm. l.

48.- 0orra para beb6.

&lt;lose con grandes botones de nácar. Solapas de terciopelo color amaranto en forma de&gt;; bieses estre chos de raso blanco haciendo presillas en medio.
Cuello recto y doble cuello de
color amaranto adorn11.rlo con
bieses de raso blanco. Todo el
abrigo está cubierto de bieses
del mismo paño, haciendo ondas
y terminando en presillas Manga
de codo cubierta de bieses y con
unas carteras de terciopelo igual
al del cuello y folapas.

U.-Oorra para bebé.

Núm. 52.-Falda de paño color de malva; solapas
y cuello de guipur de paño que armonice con la fal-

da, colocado sobre seda blanca. Forro de rnda.
Núm. 53.-Se confecciona en
paño azul pi?..arra: solapas y chaleco de piel de gamo. Forro de
seda.
Núm. 54.-Esderaso blanco,
El casco y el borde son de mu .
selina de seda fruncida. Entre-

49 , lil.- eotita y u pato, para bebé,

r,r, y 56.-Chauuon y botlta
para bebé.

Núm. 48. -Esta gorra es de
muselina de seda y sumh. El
casco se compone de entredoses
y muselina de seda, con forro de
szirah blanco. Al borde un rizarlo
de muselina de seda, y un l11zo
con cocas en medio.
Núm. 49.-Botita de piqué. Es
al ta y adornada con piel en la

dós de encaje. Encima dos plumas con algunos lirios de los vaHes y un lazo de cinta.

li2.-Tr-.Je para aañora, Jovu11.

li3 -Tr1Je heohura 1a1tre.

95

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA.

Núms. 55y56.-Chaussonde
piqué rosa, abierto y rodeado de
una cinta rizada. Moños de cinta estrechita.
Bota de raso blanco adornada.
con tres nudos y correas.

Esta decoración ó cortinaje, que tiene un metro 50 centlmetros de ancho próximamente, se compone de dos cortinas de 3 metros 33 co,atímetros de largo y un metro 40 centímetros de anchf). Se disp,me en pliegues el borde superior
y se fij11n los plie:rues sobre unns anillas, por las cuales se
pasa una varilla ne cortiaajA. Se dobla el borde superior
del lado de 10 centímetros. P,m1. la cortina derecha se dispone en pliegues la linea del meiio, y se fruncen las líneas
de los áa~ulos disJonienrlo la tela ea una rosácea, después
de lo cual se fijan las anillas necesarias de manera que esta
,cortina cruce li.5eramente sobre la cortina izquierda. Se fija
la roslcea con na clavito puesto en la varilla, y se fija i~ualmente sobre la varilla uno &lt;le los extremos de la cordonadara, q11e tiene na metro 13 centímetros de largo. A 35
centímetros de di:1tancia se fija por detrás, sobre la varilla,
el otro extremo de la cordonadura, que sirve para drapear
la cortina. Los contornos de estas cortinas van ribeteados
de una tira bordada.

Adorno de pantalón.- N jms. 2 y 3.
Esta guarnición, adorna&lt;ia con cintas de sed11. de color,
se compone de una tira de tul griego blanco de 75 cent!metros de largo por O rle alto, bordada á 3 centimetros de rlistaacia del borde superior con algodón grueso. Se reune la
tira en clrcnlo; se la borda en el borde inferior con una hebra doble y se recorta el tul. Se rodea la hebra doble de
mallas sencillas; se hacen en las puntas de los dientes 3 piquillos, y a&lt;iemás se terminan juntas 2 mallas sencillas en
todos los huecos. Se dobla el borde superior sobre 1 ½centímetro de ancho, y se hace en la 3.ª y última hilera de mallas una vuelta de m·lllas-c~deaetas, para las cuales se dirig-e el crochet de:1de el borde superior al través del tul doble, y despué:1 la hebra puesta b11.jo la labor va sacada como
malla. Se hace después una vuelta de mallas sencillas sobre
la hilera superior de mallas, y luego, tomando estas mallas
-sencillas, una vuelta igual sobre la hiler11. de mallas que están por debajo. Se hace con algodón torcido núm. 50.
l.• 1•uelta.-Siempre alternativamente. una brida sobre
la malla más próxima,-una malla al aire;-para terminar,
una malla-cadeneta sobre la l.ª brida.
2.ª vuelta. (Se pasa la cinta por est11 vuelta.)-Una malla
-cadeneta sobre la malla al aire siguieate,-8 mallas al aire;

Esta cabecera, hecha con cañamazo fino y batista, va
adornada con un bord,ido muy liudo. Se recorta el cañamazo
por el interior de ciertos dibujos, de manera que se vea la
batista. Se pasa el dibujo agrandado á un pedazo de cañamazo de un metro en cu11dro, bajo el cual se fija un pedazo
igual de batiijta, y se ejecuta el bordado sobre las dos telas
con algodón torcido brillante color de maíz. Se bordan primer o al punto de festón apretado los contornos rle los dibujos
á los cuales se ha recortarlo el cañamazo; se bordan los contornos de los demás dibujos con hileras estrechas al punto
llano, y en el interior de loH dibujos se hacen unos puntos de
costura cruzados y ptrntos de espina. Los pétulos van bordados con puntos aislado~, y los dibujos en forma de presilla, así como los cálices, con puntos de cadeneta. Se recorta
el cañamazo en el borde exterior y entre loe dibujos indicados.

Canastilla con fondo bordado.-Núms. 7 y 8.
Esta canastilla, de mimbre amarillo, tiene 31 centímetros
de largo por 17 de ancho, con un borde arqueado de 8 centímetros de alto en medio y 5 ½á cada lado. Las hebras de
mimbre van dispuestas para rlej&lt;1r unos calados, por los
cuales se pasa uoa tira de lienzo color de rosa de 7 centimetros de ancho. El interior del borde va cubierto rle una
tira de lienzo verde clnro, di8pnesta en bullones, que.sobresale 2 centillletros del borde exterior, doacle se Je lija,
formando unos rizados estrechos. ~¡ fondo de la canastilla
va cubierto de un tapete pequeño de cañamazo color de
rosa rle 23 centlmetros de largo por 14 de ancho, bordado
al punto llano con algodón de color, con arreglo al dibujo
que representa una parte del bordado de dos tercios del tamaño natural. El tapete va ribeteado de un dobladillo ca•
lado de 1 ½centímetro de ancho. La• asas de la canastilla
van adornadas con lazos de lienzo color de rosa y verde pálido. Se ejecutan los cuadro&amp; del bordado, como indica el
dibujo, con algodón de 4 hebras, principiando á 5 centímetros de distancia del borde exterior y labrando sobre 2 y 4
hebras de la tela. Se bordan las flores por el interior de estos cuadro~_con algodón blanco muy g rueso sobre 2 y 8 hebras del te11do, y después se rodea el borde con una hilera
de puntos de costura cruzados, que se ejecutan con hilo
brillante blanco. Por debajo de esta hilera se sacan 7 hebras
de la tela, teniendo en cuenta los ángulos, y se ejecuta el
dobladillo calado con algodón de bordar color de rosa labrando siempre sobre 2 hebras dobles. Se pasa por las'bebras dobles de este dobladillo un hilo doble brillante, cruzándole como indica el dibujo , y se guarnecen los ángulos
con cuen teci tas.
Ramas de aplicaciones de galón ó de cintas cometa,
para adornos de vestido,etc. - Núms. 9 á 12.
Estas ramas, empleadas para guarnecer vestidos, blusas, etc., ~ueden aplicarse sobre tul, batista, seda ó cañamazo. Se eJecutan con algodón fino los puntos de encaje
los tallos y los anillos.
'
Cuadro al crochet para cobertor de cuna.-Núm. 13.
Este cuadro, ejecutado al punto tunecino con lana ó algodón DMC núm. 1, puede emplearse también para cobert?r rle coche de niños. Se ejecuta al punto tunecino ordinario, con algodón ó lana blanca, un pedazo del tllmaño necesario; se le termina con una vuelta de mallas-c11denetas
sobre las presillas verticales de delante de las mallas, y se
le guarnece con dos vueltas de curvas de mallas al aire
ejecutadas primero con lana azul y después con lana blan~
e~, para las ?uales se hace una mf\lla sencilla,-3 mallas al
aire; se ternuna con una vuelta de piquillos ejecutada con
larn\ azul, p11ra la cual se labra, siempre alternnnrlo una
malla sencilla sobre la curva más próxima de mallas al 'aire
-un piquillo, compuesto de 4 mallas al aire y media brid~
sob~e 1~ l.~ malla al a_ire.. Se guarnece el cnlldro, siguiendo
las rnd1camones del d1bl1Jo. con unas margaritas bordadas
C?n lana azul , para las cuales se ejecutan, á partir rlel medio. 4 puntos-cadenetas sobre la presilla vertical de las
mallas.
Dos hebillas de metal plateado y de acero.-Núms. 14 y 15.
Núm. !1· Hebilla cuadrada de metal plateado, adornllda
c?n un lmo dorado que serpentea en el lado izquierdo. Una
cmta dorada forma la continuación del lirio.
Núm. 15. llebilla pequeña para calzado. Es de acero oxidado, de una gran sencillez y de un uso muy frecuente.
Encaje de guipur sobre red para cortinae,-Núm. 16,
Se ejecuta este encaje con hilo blanco ó grk Im fondo de
r?d se hace.sobre un molde 1 i centímetro de circunferencia. Se extiende este fondo sobre un telar, y se ejecuta el
bordado con arreglo á nuestro dibujo. Para el borne grueso
bord~do al punto de lienzo, se extienden cada vez cuatr~
cuac!ros en cr~z; ~e ejecuta en el centro una rueda y se pasa
el hilo, como rn,hca nuestro dibujo, en torno de las barretas de la red. El borde inferior va festoneado.

Bandeja.- Núms. 17 y 18.
El dibujo núm. 18 representa el bordado de tamaiio natural; un bonito bordado de flores azules y rosas, con lentejuelas doradas en medio; se ponen también lentejuelas en
varias partes del bordado. Los lazos de cinta son de seda
Mul, y las bojas verdes. Se borda sobre moaré crema. El
fondo de la bandeja se cubre con un cristal para que no se
manche.
En el dibujo núm. 17 se ve la bandeja terminada.
Cenefa de pasamanería.-Núm. 19.
Se ejecuta esta cenefa con trencilla de seda ó de lana, ancha y estrecha.
Cortinas drapeadas. -Núm. 20.
Este drapeado es fácil de ejecutar con arreglo al dibujo.
La decoración de la ventana tiene un metro 50 centímetros
de ancho; se compone de dos cortinas de un metro 36 centimetros de ancho y 3 metros 70 centímetros de largo. Se
traza, hil vanando con hilo grueso la forma ovalada, asl
como las dos lineas curvas indicadas, y se disponen las cortinas en pliegues sobrepuestos y muy apretados. Se les
frunce á lo largo de la linea redonda del ángulo; se dobla
la tela hacia fuera en este punto, enrollando la punta en
torno de los fruncidos para formar las rosáceas fijadas en
la varilla. Se montan las cortin11s cruzándolas como indica
el dibujo, y se fijan unas anillas de madera para pasar la
varilla del cortinaje; se frunce la tela sigtliendo las lineas
hilvanadas, de manera que se las disponga en rosáceas.

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SE ENCUENTRA EN TODAS LAS FARMACIAS: l fr. 25 LA CAJA

Agenres generales en la República. mexicana: Sres. HERRERO HERMANOS, lvenida del Cinco de M&amp;yo, núm. 4, Mélico.
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.,

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tmpresoreo de la Real Cua..

(Prop•edad de LA lLUS'l'lUCIÓN EePASou. y A.l!::¡JUCANA.)

1.-Traje de primavera con chaqueta griega.
Núm. 1.- Las figs. I á. III de la Hoja-Suplerr.ent,o al
presente número pertenecen á este grabado.
E ste t raje es de sarga av.ul pastel, adornado con pan&amp; de
terciopelo fondo azul con dibujos de fantasia; fnlcla á pliegues, cuerpo con canesú, y un cinturón-corselete de pana de
térciopelo. El cuerpo , cortado en redondo por detrás y en
punta por _delante, se cubre de p11nn de te_rciopelo , cortada
al bies y dispuesta de modo que figure un crnturón•corselete.
Se completa con un&amp; chaqueta cerrndn á un lado y rodeado
de cuatro pliegues de un centímetro de ancho. La parte su-

2.-Traje de primavera y de viaje.

perior se /l'Uarnece con bieses de terciopelo para figurar un
gran cuello recuadrando un canesú de pana. Se coloca un
nndo de terciopelo con una hebilla al lado izquierdo.
Las mangas estrechas, guarnecidas de bandas de terciopelo en la parte de abajo y hombreras en la de arriba.
Núm. 2.-La falda de este traje se confecciona por detras con una tabla, y se adorna por la parte de delante con
bieses de seda del mismo punto de color, separados en el
borde foferior y sujetos con botones de seda.
El cuerpo, con aldetas redondas guarnecido con bieses y

3.-Abrigo de primavera con capucha.
botones, de la misma manera que la falda, El delantero
cr11zndo y con botones. Se abre con cuello vuelto y solapas
con bieses de seda sobre una camiseta de seda, terminada
por un cuello recto drapeado y un nudo de corbata. Las
m~ngas, gua.mecidas de bieses de seda y de botones, termman en punta. Se pueden reemplazar los bieses de seda
P?T tiras pespunteadas ó trencillas. Sombrero-toque de terc1op~lo; dos plumas de fan_tasi~ y un moño de terciopelo._,.
,Num. 3. - Para la exphcac16n y patrones véase el número 3, figs. 72 á. 81 de In Hoja-Supleme11t,o.'

!

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                <text>La Moda Elegante Ilustrada. Esta revista tiene sus orígenes en 1842. Su antecedente fue un pequeño periódico femenino titulado La Moda que empezó a publicarse en Cádiz en 1841, de la mano de don Francisco Flores Arenas, escritor andaluz y periodista conservador de El Globo. Unos años más tarde, en 1849, el editor don Abelardo de Carlos Almansa compra este pequeño periódico de modas, entonces en crisis, y lo convierte en una publicación de gran éxito y con beneficios. Tuvo tanto éxito que se vendió por toda España. En 1861 cambió su formato y adoptó el nombre de La Moda elegante ilustrada y a partir de 1871 comienza a publicarse también en Madrid. La moda elegante es una de las publicaciones “femeninas” más longevas, pues continuó su larga vida hasta finales de 1927, sobreviviendo a De Carlos.</text>
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