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LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

EL ESTÓDIA.GO A.BTIFI'CI.&amp;L
BELLEZA IDEAL
NINON DE LENC_L_O S

A d~s~:i::ra

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joven y bella hasta más allá de sus 8o años, rompiendo una vez y otra su acta de nac1m1ento a l_a
Üiz del tiempo, que en vano agitaba su guada~a delante _de aquel ro_s~r? seductor sm poder mort~No basta. ser bella.; ee preciso ea.car partido de
ficarle.-Este secreto, que l:t gran coqueta ego1sta no quiso ~evelar a nmguno de sus co~temporala belleza. ldea.l!zándola.; la s.ldean~ hermosa tieneos ha sido descubi&lt;!rto por el doctor Leconte entre las lioJas de un tomo de la H,storza amorosa
ne en cutis vulgar Y ordina.rlo. ¿ Queréis consede la; Galias de Bussy- Rabutin, perteneciente á la biblioteca de Voltaire, y acmaJmente prop1ed~d
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.&amp;.:iio LIX. - lrúm. 30.
11

SUMARIO .
-.TEXTO. - Revista parisiense, por V. de Oastellldo.-Explicación de los gra.bados.-Losaltivos Montignac, continuación, por Silvia.-La Venus boba,porD. JoséCánovas y Vallejo.-La Rosa, poesia, por D. v. Holguin.
-Correspondencia particular, por D.• Adela P.-ExpÍicación del flgurin iluminado. - Explicación de los
dibujos para borda.dos contenidos en la. Hoja-Suplemento.-Sueltos,-Anuncios.
GRABADOS. -1. Traje estilo sastre para paseo ó excursión.-2 á 9. OueHos y corbatas.-10 y 12 á 14. Trajes
de marinero para muchachos de 10 a 12 y de 8 á 10 a.ñoe.
-ll. Traje de ca.sa para verano.-15. Cuerpo de tafetán con corbata nueva. - 16. Chaqueta para entretiempo.-17. Traje para chciteau.-18. Traje para ca.cerla..-19. Bata.~20. Cuerpo de batista bordado sobre
tra.sparente de color.-21. Traje para playa.-22. Blusa.
-23. Traje de fula.r para playa.-24. Sombrero redondo
pa.ra señora joven.-25. Cuerpo distinto de la falda.26 y 27. Cuerpo con adorno de pliegues.-28. Traje de
cachemir para. paseo.-29. Traje de lana pa.ra paseo.
-30 á 32 y 37. Uortinas de tul bordadas y tocador.-33
y 34. Peinado de novedad.-35. Peinador -36 Falda de
tafetán negro.

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recto.-Otro muy original. -La afición al automovilismo.-Sus ventajas y los peligros que ofrece.-Abrigo
· propio pllJ'a: carruaje eléctrico. - Los botones como
adorno preferido.

n

o ·obstante ha'ber entrado muy de lleno en 'la época en que todo aquel que
puede hacerlo abandona París para trasladarse á. los balnearios ó a las residencias
veraniegas, son tantas y tan animadas las
fiestas que este año se celebran, que parece haberse olvidado la antigua costumbre,
y por el momento nadie piensa en emigrar. ·
Por la alegría que en ellas reina y por
la elegancia de la concurrencia, merecen
entre todas especial mención las que han
tenido lugar en el Oercle de l'íle de Puteaux y en el Polo de Bergatelle. Los socios de estos dos círculos invitan a sus conocimientos, y el mayor atractivo de tales reuniones, en las que, como es natural, se baila de continuo, es el encontrarse siempre dentro del mismo círculo, ganándose en confianza lo que se pierde en
ceremonia.
Los banquetes celebrados en los pabellones extranjeros se han hecho notar por
la novedad de que las señoras acudieron
á ellos con sombrero y traje escotado.
Los trajes de moda son en el día los de

15 Caballero de Gracia 15

PATE EPILATOIRE DUSSER
------------- -------------------------de

Sd

destruye basta las RAl~ES el YELL9 del rostro de las damas (Barba, Bigote, etc.), si■
n,ngun peligro ])ara el cutu. 50 Año• de Z:itito, ym1llar,s de testimonios garantizoo la eficacia
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con solapas de seda del mismo tono,..guarnecida
con pespuntes blancoe. El delantero en ondas
formando puntas, bordeado de seda con pespuntes blancos, Falda. muy ceñida., con tres bandas de
seda con pespuntes blancos. El bajo de la falda
con pliegues cosidos,y banda también de seda con
pespuntes. Sombrero canotier de paja de Italia.
Diadema de mnselina de seda blanca sujetando
11na pluma.

;;r;,~

~·\;&gt;tre~: :...
1.-Traje estilo sastre para paseo ó excursión.

�L A M O D A E L E G .A

350

muselina con incru3taciones de Cluny ó de Valenciennes; y entre ellos son preferidos los blancos
vaporosos y ligeros. colocados sobre viso de tafetán
blanco y guarnecidos con entredoses ó medallones
de encaje.
La encantadora Condesa de P ... lucía días pasados uno de este género, elegante hasta lo indecible; para describirlo en las
menos palabras
posibles sólo
diré de él que
era un traje de
muselina color
cidra, adornado con rombos
de guipur incrustado formando tres órdenes, y con
cintas de terciopelo negro
que hacían este
.mismo dibujo,
puesto que estaban colocadas entre los
adornos de encaje.
También se
estilan mucho
los medallones
de Chantilly
sobre muselina
blanca, así como los de color crudo, pero
siempre sobr~
fondo blanco.

_:-.¡-

'r B I L U S T R .A D .A

Manga recta con bocamanga, adornada en el mismo estilo que el «bolero», y cuello Saxe, guarnecido por delante con tres órdenes de presillas, sujetas también por sus correspondientes botones.
En clase de abrigo, propio para automóvil, no
es posible pedir nada más nuevo, ni más en armonía con el traje usual de ciertos chauffeurs;

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Todos estos
trajes requieren abrigos
sencillos, mucho más ligeros que los de
invierno, tales
como las douil le ttes estilo
Imperio, ya
sean en tafetán negro, ya sean en tafetán de color.
El del croquis número 1 es de tafetán
tornasolado de un tono bastante claro,
mezcla de beige y de rosa.
La parte alta, completamente lisa, no
lleva más adorno que un ancho entredós
de guipur aplicado sobre el forro; desde
aquél continúa el abrigo á grandes pliegues y sin forro, hasta tocar el suelo.
Este mismo modelo en tafetán negro
resulta de tal modo práctico, que bien
puede decirse que es el bello ideal del
abrigo de verano, pues lo mismo puede
usarse para salida de teatro y para banquetes al aire libre, que en las reuniones
de Casino, en las carrdras ó en los puertos de mar.
Es evidente que durante el verano han
de usarse abrigos muy distintos de los
propios del invierno; los de la época actual han
de ser claros y ligeros, llevando impreso en todos
sus detalles el sello de la más refinada coquetería.
A este género corresponde el paletó recto, de
paño verde Nilo, representado por el croquis número 2. La espalda no tiene costura, y el delantero de la derecha cruza sobre el izquierdo con
dos grandes ondas ribeteadas de ancha tira bordada con lunares encarnados. El cuello, las bocamangas y el ribete del bolsillo situado á la izquierda son de paño encarnado, y á esto se debe
en gran parte la originalidad del abrigo. Sombrero
de paja color madera, guarnecido con dos ramos
de violetas, cuyos tallos se dejan levantados en la
misma forma en que se colocan las alas que sirven de adorno en otros sombreros.
Este otro modelo ( croquis núm. 3) está inspirado, sin duda, en los de Mme. Sans-Gene; pero si
así no fuera, llamaría la atención por su originalidad.
El abrigo, en su parte baja, está hecho á grandes pliegues fijos por medio de pespuntes; la
parte alta simula un «bolero» corto con talle Imperio, y lleva como adorno en los delanteros una
serie de presillas militares, sujetas con botones
de metal y colocadas en igual disposición que la
cordonadura en los dormanes de los húsares.

El furor por los automóviles continúa haciendo
progresos de día en día, y son muchas, ! de las
esferas más elevadas, las se~oras _que olvidan por
completo sus cab~llos, de _silla, a los _que ha suplantado el carraaJe electn~o mer,ce~ a las comodidades que proporciona y a lo practico _que resal;
ta. Sin olor sin ruido y con gran velocidad, ; que
'
mas pudiera
apetecerse?
No es, pues,
de extrañar
que con el automóvil se vaya
á las visitas y á
las comidas, y
llamaría la
atención de
quien no e!'!tuviera acostumbrado á este espectáculo el
ver ciertos
días, á la hora
de salida de la
Opera, un enjambre de lacayos cuidando
¡¡innúmero de
carruajes eléctricos.
Son carruajes á los que se
puede haceres•
perar impunemente cuanto
tiempo se quiera, y en cualquier estación
del año, sin temor á que los
caballos se impacienten ó se
enfríen. Aún
es fle mayor
aplicación
·cuando se trata
de excursiones
algo largas en
los alrededores
de París: en
tales casos se
ponen de acuerdo los dueños de dos ó
tres automóviles, invitan á sus amigos,
y sin dar lugar á que aburra el cansancio de un viaje pesado alcanzan el fin
de la excursión, cuya distancia á París
parece haberse reducido á la cuarta ó
quint! parte, á juzgar por el corto tiempo que se tarda en recorrerla.
A poco que la afición se extienda,
perderemos de vista por completo al
aristocrático mail-.coach; pero bueno
sería que se prohibieran terminante•
mente las vertiginosas velocidades á
que casi de ordinario marchan los tales
cochea: sería injusto obligará sus propietarios á prescindir de las ventajas
del nuevo invento, pero sería inhumano el con sen·
tir que su comodidad ó su capricho pusiera en constante peligro la vida de otros mil ciudadanos.

13 y 14.-Eapalda
de 101 dibujos 10 y 12.

2 á 5.-Cuelloa y corbatas.

. Hé aquí (croquis núm. 4) un levitón muy pro•
p10
el aut.~móvil._Este abrigo, d·e paño gris,
lla~ara la atención prmcipalmente por la originalidad del corte y por estar ribet8ado con una
ancha tira de strap pespunteado. El cuello estilo
18~0, tien~ también, un corte original q ne' le im•
prime caracter; en el se repiten los dientes del
borde del abrigo, con la diferencia de que tanto
en_el cuello, como en las solapas, el strap es de
pano celeste con un pequeño reborde. A los lados,
grandes botones de pasamanería.
Pocas veces ha sido tan general el empleo de
botones á guisa de adorno: se hacen de todas clases, y !}B preciso reconocer que de botones sólo
conservan la forma. Pu~de decirse que su utilidad
, es nula.; pero en cambio se confeccionan con los
géneros_más delicados que se conocen: unas veces
de enea.Je, otras con un bordado sumamente fino
no pocas con pañ.o de oro, y las más de terei.opa-:
Ntlms.l á 4.
lo, _rodeados de una onda de encaje; t-s tanta la
variedad, que no cabe describir las infinitas mo·
°:adas ~ue s~ hacen dándoles la forma de botones,
pues es bien sabido que esas cordonaduras son las sm. mas obJeto que el de servir de adorno á los
adoptadas por los maquinistas en la mayor parte traJes. ,
de los vehículos elegantes.
V, DE CASTELFIDO,

1

1

J
j

Pª:ª

Paris, 10 de Agosto de 1900.

mangas y cuelio de tela
azul. Pantalón largo de
paño azul.
Núm. 11.-De céfiro á
rayas azules y blancas,
con guarnición de bandas
de batista blanca. La espalda lleva un. pliegue
W11tte11u cosido basta la
cintura. Los delanteros,
rectos, cierran cruzando
al llldo izquierdo por medio de corchetes. El cuer-

Núms. 2 á 5. -Corbata de crespón de China con fleco.Cuello y corbata de seda ligera plissé con nudo.-Nudo de
muselina de seda blanca.-Cuello y corbata de inoiré.

o
• o

o
o o

351

LA MODA ELEGA:NTE ILUSTRADA

Núms. 6 á 9.-Plaslrón de cinta de fsya.-Corbata de
dos vueltaR de seda ligera plissé acordeón.-Corbatita de
nudo de batista blanca con lunares. -Adorno de cuerpo de
cinta del núm. 12.
Núms. 10

/

13.-B~~JMl;ilW~&amp;i ar&lt;&gt;'&amp; blanca con boca-

que hayas esperado á los treinta para dec~
te. Un bachillerato de quince años para to
el título de esposa, con una cara y un
que traían revuelto á Madrid, me parece
masiado.
MILAGR0S.- EI hombre se casa cuando quier
la mujer cuando puede.
CRISTINA.-Sí, sí; no me vengas con histol'.
eso se queda para nosotras, las del mon
pero vosotras, las que lleváis siempre d
el tonto nuestro de cada día, ¿cómo es qu
casáis después y peor que las pobres mort~
Porque no eres tú sola: casi todas las bd
zas célebres de mi tiempo estáis en ..... ex1
tación de embarque, ó recién casadas, y
llevo doce años de servicios conyugales.
MILAGR0S.-¿ Y de quién es la culpa?
'"
CRISTL.'U. - Hay que confesar que algunas os
néis muy tontas; pero la madre del corc
es que los hombres os tienen miedo. Lt dicen de nosotras que si entramos en las t'.
das, revolvemos, regateamo&amp; y nos sali
sin comprar nada. ¿Y ellos?
MILAGROS.-¡Pero, mujer!.....
CRISTINA.-¡Pues qué! ¿Ese chiquilicuatro
quien te casas es tu ideal? ¿Es lo que soña,
¿Lo que corresponde á una mujer cuyo b
se saben de memoria en los últimos rincc
de España por los bombos de Mascar il1
Monte-Gristo? ¡Tú, que por guapa has p1
dido novilladas, juegos florales y rifas bi
ficas! ¡Una celebridad que se enseñaba en
teatros á los forasteros, como diciendo: «¡i
se la clase de las madrileñas!», casarte
un..... buen chico! ¿No te merecías más I
eso? Los hombres no tienen perdón de D
tú eras una mujer para que un príncipE
pespunteara el cuello de perlas y brillan¡
¿Te ríes? Yo no soy envidiosa, y creo qli
ciertas mujeres debían declararlas monum
tos nacionales.
MILAGR0S.-¿Y casarlas por cuenta del Estado
CRISTINA. - Lo digo .en broma, pero es verd
....,.__-..:i~-ªl,1;i~~;et0 cí,:~Qe!~~~r:~ hombres. ¡(

6 á 9.-Cuelloa y corbatas.

1
po_, igera_mente escotado, se bordea con un encaje que se
ª~Jeta baJo una bau da de batista plegaqa Y un nudo de
mnta blanca. Mangas medio lar¡ras. .
.
. Se puede igualmente confecciona.r este traje con Janillu
hgera ó con cualquier otro tejido lavable.
N,
. ums. 12 Y 14.-Panta1ón corto y blusa marinera de cheviotte azul marino ; gran cuello á la marinera de satén azul
con bieses blancos.

,

,.

~~!!.!li~~~a
11.-TraJe ae

casa para verano.

W

'!~n~ m~,n-u-w~ u-e-o-pu-~eposaaa voz de mi
frustrado pariente repercutía en mi alma y
me hacía pensar y pensar. Como es natural,
no resolví nada; pero al día siguiente, al encontrarme mano á mano con Pepe en el gabinete que llamaban de los enamorados, en
casa de Mendoza, sentí las primeras efectivas
consecuencias del conciliábulo nocturno. No
sé qué mezcla de piedad y de aprensión sentía, que no acertaba á estar como siempre.
Hablaba maquinalmente, oyéndome más á
mí que á él, distraída, perpleja, y á veces
hasta con impulsos de decírselo todo..... Y
¡claro!, una vez encajó tan mal mi respuesta
eon su pregunta, que exclamó: &lt;qPero, mujer!
¡Pareces tonta!» Mira, fué una revelación aquella frase: me asaltó la idea extravagante,
inaudita, de parecerle tonta. ¿Era forzoso el
sacrificio de mis ilusiones? Pues eso era un
recurso. ¿Difícil? No y sí. En el trato social
no se conoce bien á las personas. Con poca
diferencia, en visita todos somos iguales: por
patrones parecidos nos vestimos y hablamos.
Parece que no, pero ca~a pieza de una casa
tiene su dialecto. Todos se entienden en la
sala, pero son asignaturas superiores la mesa
y el bourloir.....
Los novios, por mucho que se quieran, pasan por esa gradación: el alma más apasionada r ecibe en visita las primeras ideas del amante: el deseo de agradar nos induce á vestir
nuestro espíritu en traje de etiqueta, y sólo
mediante la confianza y el tiempo llegamos
al deshabillé del hogar compartido. Pepe y yo,
por la misma fuerza del afecto, estábamos en
la primera conjugación: el verbo amar. Era
tiempo: nos amáb11mot'I bien; nos conocíamos
mal. Yo había leído historias en que mujeres
bellísimas quedaban desfiguradas por un accidente ....., un incendio..... , una enfermedad. En
unos versos de Núñez de Arce que mi primo
Agustín me leyó muchas veces, había una tal
Blanca que tenía amores con un tal Raimun~~• :il ;~!L:,h1:r~!i~~~:; v:! :~!Zbf:a~~=g~

:{+;:::~:::::•~:::::+;:::~:::::+;:::::~:::::•~:::::•~::;::+~:::::~:::~;:::::~::~ ~;:::::+;:::::+;:~:::+;:::~;:::::+;:::::+;:::::+;:::::~:::::+;:::::+;:::::•~===~·~===~·~===~•;=::~•;:::~•~:::~•~===~·~===~·~===~·~==::•~!::~•~===~·~=::~•~!::'~•~===~~===~•;:::~•~===~~===~•):::~•)!:!~•~===~•)!::~•::::::.+~:::~::::.+~:::~~===~==:

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1

· LOS ALTIVOS· MONTIGNAC.

cua1;1-to ~ra capaz de ~~erer, y veía desaparecer la
reahzación del acariciado deseo del matrimonio
de su hijo, la señora &lt;le Montignac volvió á abisContinuac ión.
marse_ en su ant_iguo ~ilencio,, que disimulaba en
otro t1emp~ su rnsocrnbl~ egoismo y que revelaba
A joven, que sabía que estaba el Conlle baj~
ahora una idea penosa, siempre la misma.
el imperio de una cruel mo.rtificación de su
~ntre aquel~os tres seres que vivían en pie de
amor propio, y que todo lo esperaba del tiem- guerra, los füa3 pasaban pesadamente con una
po, contestaba 6 se callaba según las circunstan- monótomia sólo interrumpida por algunas visitas
cias, pero no perdía la serenidad ni en uno ni en 6 recepci~nes de
vecindad, durante las cuales
otro caso.
la educación poma su careta convencional sobre
' La Condesa se había resignado á a~eptar una ~oaa·
los rostros sombríos y apartaba momentáneamente
incomprensible para ella: la humillante negativa las espinas del camino.
de Claudia y la extraordinaria rriagnauimidad del
Un día había reunido á comer el conde Alberto
conde Alberto, que de ordinario desterraba de su á algunos nobles de los alrededores y á los oficiaaug-usta presencia á los rebeldes.
les de la guarnición de Tarbes. La tarde avanzaba·
:\foy triste en el fondo, porque quería á Claudia los convidados se ib:m retirando uno á uno; sól~

!ª

quedaban en el salón con los dueños de la casa lo,
oficiales y el señor de Barbazán, aquel cuyo nom bre había indignado tanto á. la Condesa en el principio de la borrascosa discusión que había tenido
tan tristes resultados.
El señor de Barbazán (Félix José Arturo), un
representante algún tanto degenerado de la antigua nobleza de la Bigorra, hablaba con el Conde y
con los militares.
Estos, que eran los convidarlos que más lejos vivían, esperaban para regresará Tarbea que el sofocante calor de la tarde cediese algo. Iban y venían de la sala de billar al salón y de éste á la sala,
en la que los tlhacos. encerrados en cajas entreabiertas mostraban sus irresistibles encantos. Las
espirales de hum'&gt; subían lentamente entre voces
y risas, mientras la Condesa escuchaba, y Claudia,

�LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

352

extraña en apariencia á la conversación, bordaba
junto á una ventana.
El señor de Barbazán, recibido siempre en el castillo, venía mis contento á él, según afirmaban
ciertas voces, desde que la casa señorial estaba iluminada por los hermosos ojos de la sobrina del
Conde. Este joven, de cara r ellena y pálida, con
facciones regulares pero insignificantes, cuya cabeza estaba colocada sobre un frágil tronco que
venía á apoyarse en unas piernas muy largas, tel
nía unasupremapreocupación, la de la distinción,
y una contemplación absorbente, la de la trascendental inteligencia de que el cielo había dotado á
Félix de Barbazán.
Todos los años por primavera pasaba un mes
en París, vistiéndose á la última moda, adoptando
como buenas las delirantes fantasías de sastres más
ó menos renombrados. Pero sobre todo traía de la
ciudad burlona un repleto almacén de frasecitas
en boga, frases que gozan de efímera popularidad,
en las que se estereotipan las impresiones de las
distintas clases y que él aprendía para estar al co.J
rriente, aplicándolas en seguida con imperturbable
aplomo cuando estaban más fuera de lugar. El señor de Barbazan tenía por añadidura un ligero conocimiento de literatura, accesorio oblig-.i.do de un
b1.chillerato conseguido á duras penas, que el hidalguete tomaba por enorme bagaje de ciencia y
filosofía.
E
Poseía además un nombre ilustre en la historia,
l
porque el valiente caballero Guillermo de Barba('
zán se había distinguiJo en las guerras contra los
ingleses; lo cual, unido á•una bien redondeada fortuna y á su excelente corazón, hacía perdonar
sus numerosos defectos, y sobre todo aquella in_ 3..J-.,=;A., JJft
· o ue es el más inso ortasiempre eobr!3
.
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fondo blanco.

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Todos estos
trajes requieren abrigos
sencillos, mu,
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cho más lige·• é&lt;''t,· . .
ros que los de
iinvierno, tales
la
como las douiéll e tte s estilo
el
Imperio, ya
isean en tafe•
0
tán negro, ya sean en tafetán de color.
El del croquis número 1 es de tafetán
tornasolado de un tono bastante claro
con
mezcla de beige y de rosa.
'
ués
La parte alta, completamente lisa, no
'1..,ida
lleva más adorno que un ancho entredós
se
de guipur aplicado sobre el forro; desde
aquél continúa el abrigo á grandes pliegues y sin forro, hasta tocar el suelo.
Este miscno modelo en tafetán negro
resulta de tal modo práctico, que bien
puede decirse que es el bello ideal del
abrigo de verano, pues lo mismo puede
uusarse para salida de teatro y para ban- /
quetes al aire libre, que en las reuniones
de Casino, en las carraras ó en los puertos de mar.
orEs evidente que durante el verano han
de usarse abrigos muy distintos de los
propios del invierno; los de la época actual han
de ser claros y ligeros, llevando impreso en todos
. ón
sus detalles el sello de la más refinada coquede
tería.
le~ este gén~ro corresponde el paletó recto, de
bo
pano verde Nilo, representado por el croquis núpo
mero 2. La espalda no tiene costura, y el delan:,.¡0
tero de la derecha cruza sobre el izquierdo con
lla
dos grandes ondas ribeteadas de ancha tira boran
dada COD 1"fie~";s de"r;;,aut~nJr~ pata' coi{-aqi.101 níño gran&lt;!-8.
En su inmoderado &amp;seo de ser moderno, el Jo;
ven Barbazán había tomado en los últimos meses
una nueva cantilena.
Después de algunas conferencias oídas en su
anterior viaje á París, había leído, sin entender
~
una palabra, las sabias obras de varios filósofos.
De todo aquel fárrago científico, en el que inútilmente braceaba, sólo había retenido tres ó cuatro
frases con las cuales esmaltaba a diestro y siniestro
los discursos, y la certidumbre de que la inteligencia del hombre moderno debe desembarazarse de
rancias creencias.
Por consiguiente, el señor de Barbazán quería
olvidar las plegarias aprendidas en las rodillas de
su madre ; ya no creía en nada, y así lo decía en
voz alta.
Este era el tema que desarrollaba entre las sonrisas del auditorio, entretenido en tenderle emboscadas que él notaba después de haber caído

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en ellas á medida que se introducía en las difusas
explica~ionee en que él mismo se perdía.
-Sí señores-decía lanzando de vez en cuando,
y a tr~vée de su monóculo, una mirada de triunfo
al sitio de Claudia;-he renegado de todas las falsas teorías que esclavizan al alma humana y la encadenan en un círculo muy restringido.....
-Vaya, querido-replicó el conde Alberto con
la fría burla que le era habitoal,-explíquenos usted claramente una vez, si quiere usted convencernos á nosotros, infelices sumidos todavía en los
errores de que usted ha abjurado, lo que debemos
admitir y lo que debemos rechazar. ¿Debemos
creer, por ejemplo, en el alma?
-¡El alma! ¡Bah, bah! ¿Pero aún está usted en
eso, mi buen amigo?-articuló el señor de Barbazán con un tono de profunda conmiseración.
Claudia dejó el bordado y vino á apoyarse en
un mueble enfrente del señor de Barbazán.
-¿De modo que usted no cree en el alma ni en
su inmortalidad?-preguntó con acento ligeramente burlón.
-Pero, señorita-respondió el señor de Barbazán, orgulloso de haber al fin llamado la atención
de Claudia,-yo no soy el único que no cree en
ella. Unsabioilustrehadicho: «¡He disecado muchos cerebros, y jamás he encontrado en ellos el
alma!».
-Sí-replicó Claudia tranquilamente,-el autor
de esa conocida respuesta ¿no es Brussais? No ha
encontrado el alma en los cerebros, como no ha
encontrado la mirada en los ojos muertos que ha
estudiado.
-¡Bravo!-dijo uno de los oficiales.-¡Le han
hundido á usted, señor de Barbazán! ¡A ver cómo
contesta usted 1
-¡Dios mío!-dijo el señor de Barbazán desconcertado-las pruebas no me habían de faltar ..... si
yo quisiera.....
-Pero no quiere usted. Entendido -interrumpió el Conde, siempre burlón.-Su exquisita galantería le veda la más mínima contradicción al
discutir con esta señorita.
-¡ Eso es! ¡eso precisamente! -se apresuró á
contestar el señor de Barbazán.-Por tanto, mantengo mi opinión: el alma es una ficción del vulgo.
-Mi buen amigo-replicó Claudia con gra&lt;.:ia,como me gusta instruirme, y el mejor medio para
lograrlo es aprovecharme de su eruditísima conversación - Barbazán no cabía en sí, - yo le ruego
que me explique qué diferencia hay entonces entre el hombre y el bruto. Siento mucho decirle que
si no tiene usted alma, no veo diferencia ninguna
entre usted y cualquier animal.
-¡Oh!... .. ¡señorita!..... -dijo Barbazán sofocado.
Una risa loca se apoderó de los oyentes, viva•
mente interesados por esta inesperada digresión.
-En cuanto á eso, señorita-dijo por fin Félix
de Barbazán,-abundan los argumentos victorioª?s: En primer lugar, el hombre por su estructura
fis1ca .....
-Tan parecida-continuó Claudia-á la de cualquier mamífero, que son precisos conocimientos
anatómicos mucho más profundos ele los que usted y yo tenemos para distinguir nuestro esqueleto del de un perro ó del de un ternero, por ejemplo. La estructura es la misma; dos extremidades
en el tórax, dos .....
-¡ En fin, señorital-interrumpió muy excitado
Barbazán -existen diferencias esenciales. La inteligencia humana reside en el cerebro; por tanto,
al hombre se le distingue por la inteligencia y por
el cerebro.....
- Que es muy parecido al de un perro, para servirme de la misma comparación-dijo riéndose
Claudia.
- ¡Es mucho más grande, señorital - repuso el
señor de Barbazán, gozoso de haber descubierto
un argumento de fuerza.
- .B,t\óy-conrórnre ~uljo--..,,"l-!t,:cdJ:; vü'7'a'¾.?!g'R.i¡,
dulcemente burlona, aumentaba en razón directa
de la agitación de Barbazán.-Pero el más y el menos no muda la especie. ¿Qué prueba eso? Una
anomalía que se encuentre en algunos animales,
no basta para justificar una especial clasificación .
La jirafa tiene un cuello desmesurado; también
lo son la cola del canguro ó la trompa del elefante,
y no por eso se ha creado, que yo sepa, el reino ele
la&lt;1 jirafas, de los elefantes, ni de los canguros.
La hilaridad del auditorio aumentaba al ver el
aire triste del pobre Barbazán. Sólo el conde Aiberto se ponía serio, sorprendido desagradablemente por la lógica cerrada de aquella menospreciada colegiala, lógica que dejaba entrever una instrucción verdadera y sólida, cosa que molestaba
al Conde y encontraba fuera de lugar en las mujeres, que eran para él s~res inferiores.
-Sin embargo-volvió á empezar el señor de
Barbazán, desesperado y agarrándose á todas las ra-

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

mas,-el hombre es el único de quien se ha d~pho
que puede mirar de frente al cielo.
- ¡ Oh !-respondió Claudia sonriénd?se maliciosamente-eso se dice en un verso latmo, muy
mediano por cierto; pero los versos latinos se equivocan á veces, como todo lo que es poesía, y et1
preciso no citarlos más que á beneficio de inventario. Algunos insectos, la araña entre otros, tienen los ojos colocados en la corona de la cabeza.
¿No le parece á usted que esto es mucho más cómodo para mirar al cielo de frente?
El pobre Barbazán quedó confundido, y las ri•
sas se desbordaron, sin compadecerse de la humillación sufrida por el desgraciado paladín de aquellas doctrinas.
-Vamos, querido Barbazán-dijo uno de los oficiales presentes, el capitán Ravenay,-no tiene
usted más remedio que inclinarse ante las teorías
que la señorita de Romeuil acaba de defender de
una manera tan clara y competente, ó bien admitir que si el hombre no tiene alma, no es un sér
excepcional en la Naturaleza. .
-Renuncio á luchar con esta señorita-murmuró desanimado Barbazán.-Verdaderamenteañadió con no disimulada admiración y con el énfasis que le era peculiar-es usted, señorita; la primera persona que puede envanecerse de haber vencido á Félix de Barbazán en un torneo científico.
-Pues bien-dijo Claudia volviéndose á la
ventana y recogiendo el boruado;-déjeme usted
valerme de esta humilde victoria para aconsejarle
que vuelva á sus antiguas creencias, que no tendrán el relumbrón de algunas novedades filosóficas,
pero que son las únicas consoladoras y verdaderas.
- Señorita, yo creeré todo lo que usted creae

,,

'

,..,.,~.\!

LA VENUS BOBA.
Hablan...• ! CRISTINA, casada.
i MILAGROS, pedida.

CRISTINA. -'Pues sí, chica; el otro día desde las
sillas de arriba, en Price, no hací~ más que
mirarte: no tenía gemelos, y me parecía verte
una pulsera de pedida. Fué la cosa de más
chiste que puedes figurarte. Junto á mí estaban las de Peláez, y se acHrcó á saludarlas un
petimetre muy monín, de esos de la nueva
emisión que parecen un confite; y al poco
tiempo hablaron de ti, diciendo una de las
chicas: «¿Se casará Milagros? Lleva pulsera
de pedida, pero me choca que no hayan dicho
nada los periódicos.-No han tenido tiempo
(interrumpió el muchacho) , porque la han pedido hoy.-¿Quién?-Yo.» Le miré de arriba
abajo asombrada, y cuando las de Peláez, en
broma, le cantaron aquello de
¡ B nena chica te llevas,
¡ picaronazo!

~~- .¡,.,~~o

ra, y en cua quiei:_ ee~ción
del a~o, sm temor a que los
caballos se imv
·
pacienten ó se
~
enfríen. Aún
es lle mayor
aplicación
·cuando se trata
de excursiones
algo largas en
ri
los alrededores
g
de París: en
i
~~s casos se
~nen ele acuerdo los dueños de dos ó
P'es automóviles, invitan á sus amigos,
msin dar lugar á que aburra el cansan) de un viaje pesado alcanzan el fin
la excursión, cuya distancia á París
rece haberse reducido á la cuarta ó
intá parte, á juzgar por el corto tiemp~ que se tarda en recorrerla.
01~
. , se extienda,
.
d poco que 1a a fic10n
d~deremos de vista por completo al
t E~tocrático mail-coach; pero bueno
. ª·1a que se prohibieran terminantemmte las vertiginosas velocidades á
~~ casi de ordinario marchan los tales
Il&lt;,h
, • .
d , e~: s~na
mJ ~st º. obl'1gar a, sus pro1tar10s a prescindir de las ventajas
mto, pero sería inhumano el consenc~didad ó su capricho pusiera en consvida de otros mil ciudadanos.

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oquis n_úm. 4) un ~evitón muy pro•
Yit~móv1l._ E~te abrigo, de paño gris,

nc1ón prmc1palmente por la oriaifi'.orte y por estar ribetea.do con u;a
d,stra:'f! pespunteado. El cuello, estilo
dmbien, un cort~ original que le imr; en el se repiten los dientes del
_!pº¿ con la difer~~cia de 3-~~}"~n~&lt;?,.
escritorio con la frente apoyada en una mano.
Volvió la cabez~ al oir abrir la puerta.
-¡Ah! ¿eres tM-dijo á Claudia.-Haz el favor
de sentarte.
Y señaló á una silla que estaba al lado de · Ja
mesa.
-¿Me esperaba usted, tío?-respondió Claudia.-S_iento no haberlo sabido para haberme dado
prisa.
-¡No importa!-contestó el Conde, que dejaba
errar la mirada distraídamente por las verdes enramadas del parque que se veían desde la ventana.-Tengo que darte una noticia. El señor de
Barbazán me ha hecho hoy una visita matinal;
¿tú adivinarás, sin duda, con qué objeto?
-Una petición de matrimonio probableruente-dijo Claudia con tranquilidad. '

--~~---r-

SILVIA.
Continuará.

no me pude contener y exclamé: ¡Ya lo creo!,
dando motivo á que tu hombre, haciéndome
cortés saludo, se metiera en conversación conmigo. ¡Te cortamos un vestido regular! porque
si él te quiere, yo ... ya lo sabes, y tenía unas
ganas horrorosas de darte un besazo muy
fuerte y mi enhorabuena con toda el alma.
Por eso he venido á que me cuentes todo, porque todavía no salgo de mi apoteosis.
MILAGROS.-¿Tanto te choca que me case?
CRISTINA.-Rija, no, al contrario; lo chocante es
que hayas esperado á los treinta para decidirte. Un bachillerato de quince años para tomar
el título de esposa, con una cara y un talle
que traían revuelto á. Madrid, me parece demasiado.
MILAGROS.-El hombre se casa cuando quiere, y
la mujer cuando puede.
ÜRISTINA.-Sí, sí; no me vengas con historias:
eso se queda para nosotras, las del montón;
pero vosotras, las que lleváis siempre detrás
el tonto nuestro de cada día, ¿cómo es que os
casáis después y peor que las pobres mortales?
Porque no eres tú sola : casi todas las bellezas célebres de mi tiempo estáis en ..... expectación de embarque, ó recién casadas, y yo
llevo doce años de servicios conyugales.
MILAGROS.-~Y de quién es la culpa?
CRISTINA. - Hay que confesar que algunas os ponéis muy tontas; pero la madre del cordero
es que los hombres os tienen miedo. Luego
dicen de nosotras que si entramos en las tiendas, revolvemos, regateamo1:1 y nos salimos
sin comprar nada. ¿Y ellos?
MILAGROS.-¡Pero, mujer! .....
CRISTINA.-¡Pues qué! ¿Ese chiquilicuatro con
quien te casas es tu ideal? ¿Es lo que soñabas?
¿Lo que corresponde á una mujer cuyo busto
se saben de memoria en los últimos rincones
de España por los bombos de Mascarilla y
Monte-Cristo? ¡Tú, que por guapa has presidido novilladas, juegos florales y rifas benéficas! ¡Una celebridad que se enseñaba en los
teatros áloe forasteros, como diciendo: «1Véase la clase de las madrileñas!», casarte con
un..... buen chico! ¿No te merecías más que
eso? Los hombres no tienen perdón de Dios:
tú eras una mujer para que un príncipe te
pespunteara el cuello de perlas y brillantes.
¿Te ríes? Yo no soy envidiosa, y creo que á
ciertas mujeres debían declararlas monumentos nacionales.
MILAGROS.-¿Y casarlas por cuenta del Estado?
CRISTINA.-Lo digo 13n broma, pero es verdad;
da grima ver cómo eligon los hombres. ¡Cuidado! ¡Con lo guapa que eras! .....
MILAGROS.-¿Era?
CRISTINA.-Y lo eres aún; pero, desengáñate, casarse ahora contigo es como levantarse al medio día. ¡ Se ha perdido una mañana tan hermosa!
MILAGROS. - Pues yo te aseguro que estoy contenta y espero ser feliz.
0RISTINA.-Ni yo lo dudo, porque él está hasta
las cachas. Sólo en el modo de nombrarte se
conoce que te adora: te pronuncia de un modo
especial. Y es más, llega su idolatría á decir
que la belleza es el menor de tus encantos,
que vales más tratada que vista, y que tienes
mucha cabeza.
MILAGROS.-¿Y qué?
CRISTINA.-Supongo que no te ofenderás; pero
eso es ya exagerar.
MILAGROS.-Ya sé la fama y aun el mote que tengo: me llamaban la niña boba, ¿no?
CRISTINA.-Algo más fino: la Venus boba.

MILAGROS.-¿Y sabes la causa?
CRISTINA.-No, pero sé que sin ser boba no eres
una Pardo Bazán tampoco, y me asombra oir
á tu querubín .....
MILAGROS.-Es lógico: lo inesperado agrada mas
que lo ya sabido. Le gusté, y me quiso á pesar de suponerme tonta; me trató luego, y ..•..
me hizo alguna más justicia que todos y que
tú misma, porque mi reputación de tonta
es..... obra mía.
CRISTINA. - ¿Cuentecito?
MILAGROS.-No, historia. ¿Te acuerdas de la boda
de Carmita Muñoz? Allí conocí á Pepito Argüelles, uno de esos que llaman buenos partidos, y que, aparte su fortuna, se hacía simpático por sus maneras finas.
CRISTINA.-Y era guapo.
MILAGROS.-¡Ya lo creo! y bueno, el pobre. En
cuanto cruzamos dos miradas, me dije: «Ese
se me declara, y le digo que sí á escape.» Dicho y hecho. De la boda salimos apalabrados
para coincidir en todas partes. A los tres días,
novios: al cabo de la semana, tuteo, carta diaria y promesas decisivas. Pero vivía entonces
mi padre, y era para él un tormento compaginar mis gastos con sus deberes y sus achaques. El sueldo de general á secas no da para
misses, y cuando él no podía acompañarme,
tenía que pegar la gorra con las amigas. Así,
todos los primeros pares iba al Real con las
de Yáñez, los miércoles con las de Reyes, á
casa de Serrano, y los sábados me recogían al
paso las de Cañero para irá casa de Montalvo. Me acompañaban luego hasta la puerta,
me daba el sereno una cerilla de escalera, y,
con el gran mieditis, subía sola.
Una noche, al pasar por el principal, donde
vivían los de Moreno, tíos de mi novio, se
abrió la puerta, y el Sr. Moreno, un hijo suyo
y Perico Argüelles, mi presunto cuñado, me
dijeron casi á la vez: «Milagros, ¿tiene usted
la bondad de pasar? Tenemos que hablarla.»
Tres hombres juntos son una garantía; pero
la hora y el procedimiento no eran de recibo.
Y por eso repuse: «Si ustedes me lo permiten, avisaré á mi padre que me espera.-¡ No!,
me contestaron; es asunto que por abora debe
ocultársela: no tenga reparo en oir un momento á tres caballeros que la estiman y respetan, y que ojalá pudieran darle mejor nombre que el de amiga dignísima.»
Entré sobrecogida por un presentimiento
súbito, y el Sr. Moreno, el más viejo de aquel
tribunal fatídico, me dijo: « Es raro este paso
que damos, y tan sensible para nosotros como
pueda serlo para usted: nada más honroso ni
lisonjero para nl).estra familia que cierta encantadora alianza que usted y mi sobrino
Pepe proyectan: Pedro, hermano de Pepe,
acaba de confirmarme, y se lo dirá lo mismo
á. usted, la verdadera contrariedad que es para
todos el que no puedan ni deban llevarse adelante esas relaciones. Aprecian todos en la
familia de Pepe las excelentes dotes de usted,
y las virtudes con que renueva la memoria de
su madre; pero Dios no permite que se logren
los justos y dignos deseos de Pepe y de usted,
que, según parece, le quiere de veras..... Un
triste presentimiento se ha confirmado: una
ley hereditaria se interpone en el camino de
su felicidad ..... Por mucho que á usted le cueste oirlo, más nos cuesta á nosotros tenerlo
que decir..... Tal vez habrá usted notado la
respiración de Pepe algo fatigosa, débil... ..
Llore usted, llore, me decía, que nosotros
le acompañamos; p()rO ayúdenos á salvarle.
Es tiempo todavía. E l se siente mal, pero ignora la sentencia que han confirmado tres
médicos. Está loco por usted, y hace bien,
porque más que él se merece usted; pero
llevan ustedes tan de prisa el quererse, que
cualquier día querrá casarse, y como no hay
impedimento visible y su posición es suficientemente sólida para tomar eE1tado ..... será condenarse á muerte y cometer un crimen, legando á la posteridad una prole desgraciada.
Esto, señorita, no suele decirse: nadie se fija
en estos pormenores; pero ¿ se casaría usted
con un pobre de la calle? ¿Con un pordiosero?
Pues él lo es físicamente: no tiene capital de
vida para tomar estado. ¿Por qué no dar tiempo al tiempo á ver si hace carrera su organismo? Considere que la vida de Pepe está
en sus manos; que, aunque abrigue usted
esperanzas de vencer al mal con los cuidados de una amante esposa, irían tan juntos
el veneno y la medicina, que á mayor ternura
de usted seguiría mayor riesgo..... Al padre de
nsted sería impertinente hablarle de esto: á
él una crueldad•....

-¿Y á mí?, dije estallando en sollozos.A usted, me replicaron, es cruel, pero necesario. Nuestra triste misión ha concluído:
nada más lejos de nuestro ánimo que imponernos, ni conminarla, ni todo lo que pueda
interpretarse como veto de una familia para
la cual sería un blasón recibir en su seno á
una mujer tan hermosa. y tan digna como usted. Hemos creído oportuno advertirla. Obre
como le dicte su conciencia, ó según le pidan
sus sentimientos. Perdónenos por todo, y
permita á este viejo que, besando su frente,
ratifique los respetos y las simpatías que nos
inspira y nos merece ..... ))
No sé lo que dije: sé que lloré mu~ho, ¡que
lloramos!, y que prometí poner de mi parte
cuanto pudiera para tomar una resolución
pronta, eficaz y decorosa para mí.....
Subí atribulada á mi casa y pasé la noche
en claro. Tan pronto me parecía sencillo darle
unas calabazas con cualquier pretexto, como
me aferraba á la idea de mandar á paseo á la
familia. Yo no podía poner tierra de por medio: él no se iría ni á tres tirones. Reñir con
él sin causa, era para mí un papel odioso.
Dar tiempo al tiempo, era exponerse á que
Pepe un día viniese con los papeles bajo el
brazo..... ¿Y por qué no? me decía entonces; y
esta idea era entre todas la más chillona, la
que más se oía dentro de mí. ¿Sabe uno, cuando se casa, lo que se va á vivir? ¿Es preciso
para el amor que se le asegure una larga contrata? No: lo que dos almas necesitan es.....
llegar, juntarse, vivir una misma vida, un solo
insmnte que sea. Después venga lo que viniere. Así pensaba yo, como te digo , hasta que
un minuto después la reposada voz de mi
frustrado pariente repercutía en mi alma y
me hacía pensar y pensar. Como es natural,
no resolví nada; pero al día siguiente, al encontrarme mano á mano con Pepe en el gabinete que llamaban de los enamorados, en
casa de Mendoza, sentí las primeras efectivas
consecuencias del conciliábulo nocturno. No
sé qué mezcla de piedad y de aprensión sentía, que no acertaba á estar como siempre.
Hablaba maquinalmente, oyéndome más á
mí que á él, distraída, perpleja, y á veces
hasta con impulsos de decírselo todo..... Y
¡claro!, una vez encajó tan mal mi respuesta
eon su pregunta, que exclamó: ,q Pero, mujer!
¡Pareces tonta!» Mira, fuéuna revelación aquella frase: me asaltó la idea extravagante,
inaudita, de parecerle tonta. ¿Era forzoso el
sacrificio de mis ilusiones? Pues eso era un
recurso. ¿Difícil? No y sí. En el trato social
no se conoce bien á las personas. Con poca
diferencia, en visita todos somos iguales: por
patrones parecidos nos vestimos y hablamos.
Parece que no, pero ca~a pieza de una casa
tiene su dialecto. Todos se entienden en la
sala, pero son asignaturas superiores la mesa
y el boutJoir..•.•
Los novios, por mucho que se quieran, pasan por esa gradación: el alma más apasionada recibe en visita las primeras ideas del amante: el deseo de agradar nos induce á vestir
nuestro espíritu en traje de etiqueta, y sólo
mediante la confianza y el tiempo llegamos
al deshabillé del hogar compartido. Pepe y yo,
por la misma fuerza del afecto, estábamos en
la primera conjugación: el verbo amar. Era
tiempo: nos amáb~moe bien; nos conocíamos
mal. Yo había leído historias en que mujeres
bellísimas quedaban desfiguradas por un accidente ..... , un incendio..... , una enfermedad. En
unos versos de Núñez de Arce que mi primo
Agustín me leyó muchas veces, había una tal
Blanca que tenía amores con un tal Raimundo, el cual, horrorizado al ver incurable llaga
en el pecho de su amada, se metió fraile ó
cosa así. ¿Por qué no produciría análogo efecto la desfiguración de mi alma, el descubrimiento de una incurable tontería interior?
Era como si por dentro hubiera tenido unas
viruelas. Y o misma califiqué la idea como
tremendo disparate, pero me ayudaron á cometerlo los avances ya visibles del mal en
Pepe; y fué una obra de arte para mí deslucir
mi entendimiento, tan difícil como á otros les
sea aparentar luces que no tienen. Hice y dije
tales y tantas bobadas, que, juntándose al mal
humor y desabrimiento que los males llevan
consigo, hicieron al fin efecto en Pepe, y por
si algo faltaba, llegó la época de baños, se fué
á Panticosa, como tantos, á curarse cierta propensión á los catarros ..•.. , y aunque nada al
parecer habían variado las cosas, desde allí
me escribió poco, yo menos, y sin ruptura
(Continúa en la pág. S56.)

�354

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA
LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

355

•

15.- Cuerpo de taf.,ttn oon corbata nueva.

el
ti

d
el

20.-Cuarpo de batlfta bordado ■obre trasparente de color.

Núm. 15. -Este cuerpo se confecciona con tafetán azul claro, y se
adorna con bieses estrechos de tafetán igual, bordados con seda azul
obscuro. El canesú, de tafet&amp;n plegado, se corta en dos puntas sobre
la espalda, y se prolonga por delunte hasta el talle. El cuerpo cierra
delante bajo un pliegue hueco, guarnecido con bandas de tafetán bordadas.

Toque cubierta de lrojns y de flores color malva. Sombrilla
de encaje crJma.
Afateriales: 16 metros de fular f'ncnrnado¡ 2 metros de tafet.ln blanco; 40 centímetros de guipur en pieza, y 2,50 metros
do encaje.
19.-Bata.

Corbata de cinta de raso negro, y volantes plegados de mnselina de

-

galón y entredós de guipur : se sujeta
con un lazo de terciopelo negro; lazus
iguales en el canesú y la cintura .
.llateriales : 12 metros de fular rosa,
10 de galón y 5 de terciopelo negro.

.. -"":"'."-"· -:-

Núm. 20.-Este cuerpo, de batista
blanca y entredoses de Vnlenciennes,
se lleva sobre otro cuerpo con mangns
hecho de muselina rosa.
Los delanteros van adornados de entredoses.
Las mangas , cortadas en punta y
hechas con una sola costura, van también adornadas con entredoses, lo mismo que los delanteros.
El cuello recto, hecho de batista do18.-TraJe para caoerlL
ble y adornado también con entredoses.
Se completa esta elegante toilette con una corbata de nudo de muselina. y
un cinturón de cuero con broche de esmalte.

~ y - ~"

lti,-Chaqueta para entrttle111po.

seda negra. El cuello recto se hace con
trozos vueltos de tafetán plegado. Las
mangas con hombreras de tafetán, plegadas y recuadradas con bandas bordadas.
Cinturón de tafetán pespunteado,
17.-TraJe para cUteu.
que cierra por delante cruzando.
Sombrero redondo, de paja de arroz blanca. Guirnalda de pensamientos de
colores variados. El ala levantada al lado izquierdo. Chou.J: de muselina de
seda.

Núm. 16.-De paño negro, con adornos de terciopelo y faya blanca en el
cuello, ondas de la chaqueta, vueltas de la manga y bolsillo. Cuello peqceño
de faya blanca.

Núm. 17.-De étamine gris con adorno de pliegues y de vainicas. Cuerpo
guarnecido lo mismo. Canesú con cuello de encaje Je Irlanda, y otro redondo de linón encarnado bordndo con lentejuelas grises. Galón g ris y encarnado en el borde del cuerpo.
Falda recta con pliegues y vainicas en llls caderas, que sujetan los pliegues cosidos basta cierta altura. La falda, rodeada de galón gris y encarnado,
se abre sobre un delantero del mismo tejido. Mangas adornadas desde h1 sangría hasta el hombro con pliegues alternando con vainicas.

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9',,;;

-/ll

Núm. 18. -De tejido mezclilla de boja seca.
Chaqueta con canesú recto por delante, bajo un pliegue ligeramente ajustada en la espalda y adornada con dos pliegues huecos en el pecho y uno sólu
en medio de la e~palda.
Cinturón de cuero.
Falda con pliegues pespunteados, sostenidos bajo una banda de tela igual
con pespuntes alrededor y sujeta á un iado con un botón.
Sombrero canotier de fieltro color hoja seca. Pluma de faisán. Polaina~ de
piel de gamo y calzado fuerte de cuero amarillo.

21.-Tr3Je para playa.

Núm. 19.-De fular ro~a. El delantero cruzado va plegado en la parte de
o.rriba · se ribetea asi como la parte de abajo de la falda I con dos galones de
seda ;egra y pu~to ruso; en la espalda pliegue Watteau. Cnello-pelerina
guarnecido con galones, y cuello vuelto de guipur. Manga ancha adornada con

"

Núm. 21.-De jerga blanca. Falda cortada en la parte baja en anchas almenas pespunteadas y abiertas sobre pliegues de fular encarnado con puntos
blancos colocados sobre un fondo de falda. Blusa fruncida, de fular encarna lo con puntos blancos, cubierta con un «bolero» muy corto por la espalda,
abierta en almenas por las pinzns. Delanteros con pespuntes, lo mismo que el
bajo del «bolero». Gran cuello de guipur. Manga de corlo cortada en punta, &lt;'on
pespuntes y dos grupos de botones pequeños dorados, que adornan la parte
de encima, lo mismo quo los delanteros y los lados abiertos.
Cinturón drapeado de fular encarnado, que se anuda detrás y lleva grandes caídas.
Toque de tafemn crema d.r apeada con adornos de flores. Sombri!Ja de tafetán blanco.
Materialts: 7 metros de jerga blanca; 4 metros de fular encarnado con
puntos blancos.
Núm. 22.-De tafetán azul pastel. Lleva en el delantero una tabla ancha
en medio, con dos mis estrechas :i. los lados, adornadas con botones de fanta~ia. L~ blusa se monta sobre un cinturón con hebilla. Doble cuello vuelto de .
guipur amarillo. Manga recta con puiio de guipur.
Falda grid.
Jlate, iales: 4 metros de tafetán.

22.- BluH,

Núm. 23.-De fular encamado con puntos. Falda en forma, entallada en
la parte nlta todo alrededor. Cuerpo blusa entallado corno la fnlda. Escote
redondo sobre un canesú de guipar bordeado con un volante de encaje.
Manga de codo abierta en la parte alta. Todo el traje lleva tirns de seda
hlanca.

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11

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I

23.-TraJ• de f•lar para playa.

�356

acabaron nuestras relaciones por consunción..... , ¡lo mismo que su vida meses después
en Alicante, que es para los tísicos la estación
de empalme!..... ¡Pobrecillol Le llevé luto tres
meses, y te aseguro que ni antes ni después
me gustó nadie como él. Sólo le guardo rencor porque sin duda le debo la fama de tonta
que adquirí.
CRISTINA.-A mí me chocaba, porque en el colegio no eras así ; pero como nos veíamos poco,
y yo he vivido tantos años fuera, creía de
verdad que te habías alelado.
MILAGROS.-¡Pocas rabietas que me ha hecho pasar la bromita! Algunos domingos, al pasar,
á vuelta de misa, por los corrillos de hombres
que se forman á la puerta de la Peña y esquina del Suizo, llegaban a mí, junto al aroma de
las flores que me echaban el veneno de las
pullas insolentes..... «Vaya un pedazo de gloria.» «Pero es más tonta que una mata de
avi.» «Es una mujer de una vez.» «Tu cabeza
es hermosa pero sin seso.» Y un día oí á uno
decir: «Me cargan las Venus por lo incompletas: á unas les falta un brazo y á otras..... la
cabeza.»
CRISTINA.-¿Sabes después de oírte lo "que se me
ocurre?
MlLAGROS,-¿Qué?
ÜRISTINA.-Que quien á hierro mata á hierro
muere, porque tu novio de ahora, ó se finge
tonto, ó lo es .....
MILAGROS. - ¡ Qué exagerada eres! Es sencillo,
pero no tonto; y en último caso, que lo sea
que no .....
CRISTINA.-Eso sí, no lo sueltes: el viajero no
debe esperar que toquen la última campanada..... antes que se marche el tren y quedarse
á pie ..... ¡aunque sea en tercera!
JOSÉ

ÚÁNOVAS Y

VALLEJO.

LA ROSA.
VALS DE COWPIIR

e_

J.•

La rosa oscilaba, la lluvia caía,
Y al peso del agua su tallo inclinó;

Cogíla, temblaba, llorar parecía
Al tierno capullo diciéndole adiós.

II.
Sacudí sus hojas con fuerza, queriendo
Del agua la suave corola librar;
Mas ¡oh desventura! por tierra cayeron
Los pétalos bellos que qnise aspirar.

.m.
Tal vez con las almas lo mismo sucede
Si son tan sensibles como era Esa flor:
Con una palabra colérica puede
Hacerlas el hombre morir de dolor.

IV.

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Moviera la rosa la mano de u·n niño,
Pudiera su pecho con ella adornar:
La lágrima pura que enjuga el ca.riño
En una sonrisa. se puede trocar.
V. HOJ.GUÍN.
(Colombiano.)

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CORRESPONDENCIA. PARTICULAR.

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La muestra que me remite me parece un poco obscura;
la tela más propia es el dril de espiguilla, color crudo ó
blanco, y la trencilla del mismo color que tenga el decQrado
y la sillería del gabinete.
3.ª En vista de que no conserva usted ese número, repetiré la receta de la Pasta de hojaldre. Se tamizan sobre la
mesa 500 gramos de harina, y se huce en medio del montoncito un hueco de 6 centímetros, que se llena con 10 gramos de sal y decilitro y medio de agua. Se amasa la harina
con agua, añadiendo otro decilitro, rociado en muchas veces y mezclándolo hasta que la masa quede bien lisa y no
se agarre á las rn~nos ni á la mesa. Se recoge en una bola y
se aplasta después hasta dejarla de una altura de 4 centímetros. Se ponen en medio de la masa 350 grnmos de manteca en pella, teniendo cuidado, en invierno, de trabajar la
un poco para hacerla más pegajosa, y después se aplasta la
masa y la manteca hasta formar un redondel de 30 centímetros.
t:e doblan los extremos sobre el centro para encerrar bien
la manteca y formar un cuadrado; después se extiende la
pasta hasta la longitud de un metro, y luego se redobla una
tercera parte sobre la del centro, y la otra tercera pute sobre las dos primeras. Esto se llama dar una vuelta. Se deja
descansar la pasta diez minutos y se repite la operación, extendiéndola. y doblándola como la vez primera, ó sea dándole una segunda vuelta. Todas estas operaciones de descanso, doblado y extensión se repiten cinco veces. Un nuevo
clescanso, y con la pasta se puede ya formar pastelitos, cailutillos ó cualquier otro género de pastel.
4.ª Desp,1és de extendida la tela en un bastidor, se le dan
al menos dos capas de cola-pergamino por cada lado.
Si la pintura se hace en muselina, se ribetea ésta con una
cinta de hilo, y después de mojarla se estira en un bastidor
de bordar. Se pone en agua en infusión, duraote doce horas,
goma alquitira coitada en pedacitos¡ en ese tiempo se habrá
hinchado y absorbido toda el agua: se le añad,, ·m poco más
y se la calienta hasta obtener una disolución perfecta y un
poco clara; se retira, y cuando está tibia, antes que se congele, se aplica una capa en la muselina con una brocha ancha, y se deja secar.
También se emplea la gelatina ó cola de pescado, poniéndola á fundir en agua como la goma alquitira, después
de hacerla pedazos. Cuando la cola de pescado está empapada, se la machaca en un mortero, reduciéndola á una gelatina transparente, que se derrite con facilidad. El encolado
con cola de pescado es más caro, pero es mejor.
Si la pintura es en SE&gt;da, generalmente no se encola esta
tela para no quitarla. brillo, sino que se estira bien en un
cuadro y se pinta, ya con colores á la aguada engomándolos un poco más, ya con colores transparentes molidos con
agua de goma y hiel purificada ó dextrina y alcohol, ó con
colores al óleo desleídos en nceite de trementina. Para la
pintura Kensington se le da á la tela por el revés una capa
de magnesia.
5.ª :h:n la tercera contestación dirigida á C. C. de
en LA
MODA del 22 de Febrero, está explicado con todo detalle el
modo de hacer los petit choux.
Las capuchinas se hacen separando dos docenas de huevos muy frescos, que se ponen en una cacerola muy fün pia. Se baten perfectamente con una escobilla de mimbres,
y después de media hora de batir, que ya habrán tomado
consistencia, se les nñade una onza de polvo de almidón
tamizado, y así que se bayn hecho bien la mezcla se echa
ésta en un molde de hoja de lata un poco aceitado, se pone
al baño de María 6 bien se cuece en el horno algo fuerte.
Si se cuece en el horno, se dejará sobre una media hora
sin tocarlo, á no ser que se vea que necesita algo más de
tiempo, cosa que depende de la fuerza de calor que tenga el
horno. Se retira, y cuando se haya enfriado se Eaca sobre
un papel blanco y se cortan pedacitos de la forma de un
dado.
Después se da al azúcar clarificado que se considere suficiente el punto de vela fuerte, y cuando e~té frío se introducen con cuidado los pedacitos en el perol que contiene
el almíbar, cuidando de picarlos antes con un alfiler para
que penetre el liquido con facilidad. Cuando hayan pasado
r1iez ó doce horas, se sacan con un tenedor á una rejilla de
junco con esparto para que se escurran y no se espachunen, y después se les da ó no, según se preliera, un baíio
de azúcar.

C. C. DE C. -1.• En verano se puede perfectamente recibir visitas en un salón cuya sillería tenga fundas puestas, siempre que éstas sean de la forma y tela que se usn
generalmente.
2.• Los tapiceros las cortan holgadas, siguiendo la forma del mueble y con una trencilla que cubre las pestañas
clo la costura que quedan por la parte de fuera, resultando
de este modo un vivo que adorna todos los contornos del
mueble.

UNA JRAGONESA DE\'O'rA DE SAN JosÉ.-1.ª Cuantos depilatorios conozco, tienen el inconveniente de que tarde 6
temprano vuelve á. aparecer el vello; pero, sin embargo, el
que tantas veces se ha recomendado en LA MODA y que
viene anunciado en la última página, es excelente y no
perjudica. Hay que usarlo una vez al mes.
'l.'enga la bondad de leer la última línea de 111 contesta&lt;-ión dada á Una Torañesa venezolana en LA MODA del 14
de Mayo de 1899.
El tratamiento que lo be.ce desaparecer con más eficacia
es el de la cauterización ; pero es operación que necesita
hacerla un médico dedicado especialmente á ello.
2.• Hay diferentes modos de tratar el cutis, según que
éste sea grasiento ó reseco. En el primer caso, enrnye á
seguir, una vez á la semana, el siguiente procedimiento:
se echa una cop~ de jugo de limón fresco en un cuartillo
de agua de lluvia, y por la noche se lava la cara con ésta,
sin secársela después. Por la mañana se debe lavar con
agua templa.da.
Si su cutis es reseco, después de lavarse extienda con un
pañito mo¡ado un poco de cold-cream de cohoC1bro.
l'ara las manchitas rojas de la piel use:
Alcanfor triturado . • • • • • . . . • .
Aceite puro de oliva. • • . • . • • • •

14 gramos.
56

Se mojan las manchas con este linimento por espacio de
cinco noches; se deja descansar una semana, y se vuelve á
repetir.
La leche, recomendada en la segunda contestación da.da
á Una china regalona en el número del 6 de Octubre, es el
mejor especifico para el cutis¡ pero de esta clase de produc-

357

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

:::.., A l\I O D A. E L E G A N TE . I L U S T R A D A

blanca, y guarnecido de pliegues que tengan el ancho
de un alfiler dispuestos á un centímetro de intervalo. Los
delanteros, ligeramente fruncidos, se abren sobre un pechero con cuello recto de encaje, que se guarnece con
puntas vueltas (se sujeta el pechero y el cuello al lado
izquierdo). Las solapas, que se prolongan hasta la espalda figurando un cuello, se componen de bieses de seda
reunidos con puntos cruzados de costura (véase el grabado que loij 1·epresenta). Los delanteros se adornan con
un nudo, para el cual se cortan dos tro-zos de tafetán que
tengan 13 centimetros de ancho y 42 de largo, guarnecidos del mismo modo que las solapas. Mangas lisas, con
1iras de tafetán sujetas con puntos cruzados. Cinturón
de tafetán, de 2 ½centímetros de ancho.

tos hablará á usted con nombres y detalles la Sección- de
encargos, mandando ~ello para la contestac!ón.
3.ª y 4.ª Use ron-quina. La receta se d~ó _en la Correspondencia Pa1·tic_ular ~el 6 de Mayo, en la ultima contestación dada á Pasionaria.
.
Para que el peinado quede bien es necesario qu~ el pelo
esté desengrnsado, para lo cual debe _lav:arse la cabez~ á
fondo todos los meses, empleando el s1gu1ente schampoing:
Jabón negro................. !iO gramos.
Bórax...................... 20
Agua. de lavanda. . . . . . . . • . . . .
5
Disuélvase en un litro de agua caliente.
Se emplen próximamente 1!1-edio cuartillo cada vez. ~eniendo cuidado ele ta pon arla bien, se conserva esta solución
durante bastante tiempo.
.
.
5.• Ese licor se usa como otro cualquiera, en copitas después del café ó té, ó en agun~
.
6.• Jarabe de nara-n_ja.-Se exprime el zumo de_una ó
varias docen11s de naranjas y se tiltra por un tamiz ; por
cada docena de naranjas, Fe toma la corteza d~ dos naranjas. Se pesa el zumo obtenido, y p~ra ca.da,k1logram.? se
cuece á la bola kilogramo y med10 de azuca.r; se auade
después ei zumo filtrado y se cuece el jarabe hasta 32 grados. Al fin de la operación se añad:n las cáscaras l~vadas;
se deja enfriar; se pasa por un tamiz finj&gt;, y se encierra. en
botellas.
El jarabe de limón se hace por este mismo proc~dimiento · solamente se aíiaden 100 gramos más de 11zucar por
cada kilogramo de zumo de limón.
CaANTILLY.-1.ª Tnntc el novio como todos los demás
caballeros, deben vestir fr11c.
2.' Debe entablarse correspondencia epistolar entre ambas familias, correspondiendo á la del novio el tomar la
iniciativa.
3.• Otro de los mejores ; generalmente regala el negro de
seda ú otro de vestir.
4.ª Una sortija, ahora que tan de moda están.
5.• Las dos cosas están bien; pero ya que desea conocer
mi opinión, le diré que es más elegante unos pendientes de
gruesas perlas: éstas adquieren cada vez más valor.
AMALJA.-1.ª Para saber el coste de la tel11 que desea
comprar será necesnrio que se dirija usted á nuesl.ra. Sección de encargos, pues á mi no me es dado contestar estas
consultas.
Para que ese sombrero armonice con los dos trajes que
me describe, será meior que lo haga de paja de Italia negra
con guirnalda de rosas y choux y torzada de tul negro, ó bien
canotier encarnarlo ccn dos tornadas retorcidas alrededor
de la copa y gran lazo al frente, todo ello de cinta ancha
de t afetán encarnado.
Estos sombreros son sumamente adecuados para comple•
tar las toilettes de piqué ó de la tela cuya muestra me remite.
También lo son los sombreros que me describe.
2.ª Si, señora; eR siempre indispensable el remitir la faja,
y á falta de ésta un volante del corresponsal, en el que se
haga constar que la suscriptorn sigue siéndolo al hacer el
encargo.
3.ª Esos broches su ·etan muy bien los ca.bellos cortos.
4.ª Es más elegante la peineta ó peinecillos con pie de
brillantes.
Desde luego no es la peineta de teja, sino las dedicadas
á sujetar los pelos cortos.
UNA ENTUSIASTA DIIL MAR.- l.• Hac~ unos cuantos años
se introdujo la costumbre de principiar la carta por la cuarta
página¡ pero ahora se empieza por la primera.
2.ª Pocas y en el pecho.
3. • Repetidas veces he nombrado el agua que mejor tiíie
el pelo de negro; pero encomendados ha tiempo estos asuntos á 111 Sección de encargos, no puedo nombrar especificos.
Tenga la bondad de leer la primera contestación dada á
Chilú en el número del 6 de Octubre de 1899, y la quinta
contestación á La mas hermosa, en el número del 28 de
Febrero de este año.
4.ª Poco ejercicio, alimentación en la que predominen
las sustancias farináceas, beber leche en abundancia y dormir mucho.
5." No tengo fe en la eficacia de ningún procedimiento
para lograr lo que usted desea; pero si con alguno ha de
obtener buen resultado, será seguramente dedicándose á
t-jercicios gimnásticos bajo la diret:ción de un médico.
EN LA LAGUNA.- 11ª Si la traspiración de las manos es
exce_siva, aconsejan que ant:s de ponerse los guantes se sumerJan las manos en una disolución de alumbre (una cuc~ara_dita de ~as de café en dos cuartillos de agua). Si la traspiración pe1s1ste, frótese la palma de la mano varias veces
en el dia con
Agua de Colonia... • . • • . . . . • . 35 gramos.
Tintura de belladona ....... _ 7 ½
2.• Le quedarán su~ esponjas perfectamente limpias lavándolas con agua caliente, á la que adicione carbonato de
¡¡.,~a cristalizado.
3.ª El luto por. una suegra es exa._ctamente igual al de
rnad!e; se lleva seis meses el _cre8pón rngl_és , y cuando pase
ti a.no se puede llevar pendientts de bullantes y perlas·
pero no de piedras de color.
'
UNA ASTURJANA.-1.~ La no~ena pregunta que me hacia
usted en su carta anterior era s1 se servian los postres alrecledor, como los demás platos de la comida· y la oncena. si
se coloca en la mesa un ealerito para cada pereona.
'
2.ª Se colocan de la manera que usted describe, pero
es más moderno poner los tres á la derecha· la cuchara
recta, y el tenedor y el cuchillo encima de el1a. formando
aspa.
3.ª El criado que sirve lleva en la mano derecha el plato
y el cubierto limpio, y coloca él mismo ambas cosas; al co(Oontinúa en la pág. 359,)

Núms. 26 y 27.-Este cuerpo, hecho con un canesú
redondo, se compone de bandas de tafetán que tengan
un centímetro y medio de ancho, reunidas las unas á las
otras con puntos de cretona cruzados y ejecutados con
cordón negro. Se colocan alternativamente plegadad y
adornadas con pequeñas cruces borda.das de seda negr11.
Los delanteros se abren sobre un pechero estrecho de
tafetán plegado y tiras de tafetán que termina1;1 con presillas y botones dorados. Mangas de tafetán hso. Hombreras y puños con adornos iguales á los del cuerpo.
Cuello con dos picos, de tafetán bordado. Cinturón de
galón de oro y hebilla de pedrería.
25.-Cuerpo distinto 11. la falda.

26.-Cuerpo con adorno de pliegues.

Véase el dibujo 27.

el waba.do. Cuello-solapa cubierto de guipur, con pequeño volante
ple.rado. Man¡¡-a de codo rodea.da de pespuntes, con botones en la parte
alt; Corbata de tafetán negro, y cinturón lo mismo.
To_gue tricornio blanco y negro. Ramo de cerezas.
Materiales: 7 metros de cachemir Parma.

24.-Sombrero redondo para señora joven.

Núm. 24.-El a.la de este sombrero, de paja negra
y crema, va ligeramente levantada por un lado. El
casco se rodea con un drapeado muy ancho de glasé
color maíz, cubierto en parte de muselina de seda.
del mismo color. Este drapeado, dispuesto á unos 10
ó 12 centímetros de altura por el lado izquierdo, se
sujeta en el derecho bajo un nudo de seda de muselina de seda (véase el sombrero visto de frente). La
parte baja del ala levantada se adorna con flores
negras.
Núm. 25.-De tafetán color rosa, fomi.do de seda

27.-Bordado del dibujo núm. 26.

Núm. 28.-De cachemir Parma. Falda en forma, redondea.da, con dos volantes en forma, también montanos en otra falda. Cierra á un lado, y se rodea en la
parte alta con pespuntes figurando tiras que se o.boto·
uan. Cuerpo-blusa, adornado de pespuntes, como indica

Núm. 29.-De lona á cúadritos nutria y beige. Falda lisa por delante y por los lados. El vuelo queda recogido por la parte de detrás en
dos pliegues redondos. Pespuntes señalandQ el dobladillo. Cuerpo
ajustado, que queda dentro de un cinturón de moirée que cierra con
una hebilla.
Espalda sin costura en medio.
Delanteros abiertos sobre un chaleco plegado de muselina de seda
crema. Solapas puntiagudas de terciopelo cubiertas con guipur. Manga
ajusta.da con adorno de terciopelo y guipur.
Sombrero redondo de paja adornado con plumas de avestruz, y chou
de tul blanco en medio.

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28.-Trale de oachemlr para paseo.

29.- Traje de lana para paaeo.

�358

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

locar.el plato, deja al lado derecho de éste el tenedor y el
-0ucl11llo.
4.ª C~ando se pide pan, el criado lo presenta en un plato, ó mCJOr en u1;111 bandeja pequeña de plata, y lo toma la
,persona que lo pide; pero cuando se pide una cuchara ó un
te~etlor, después de llevarlo el criado en plato ó en b11nde.1a hasta llegará la persona, él mismo lo coloca al [,.do
del plato. (Excusado es decir que el criado dtberá usar guantes para servir.)
5.• Se sirven rlespnés del primer plato, colocadas las conohas de los difere~tes variantes en bandeja, y en cada una
do a1uéllas el cu b1erto propio para servirle.
. ~-• Ahora Re suelen poner los lavafrutas desde el princ1p10 de la comi~a, con objeto de limpiarse si con alguna
eal~a se engrasaran los dedos; pero no es costumbre gene-

rahzada.

31.-Cortlnu de tul, bordadu, par• el tooador núm. 37.

Núm. 35.-EI p ~inador, de nansuc, so hace c.,n mangas anchas
Y ?uello _v1;1elto, nbeteado con volantes bordados co~idos por deb~JO á v111n1ca. El cuello se gua, nece con calados á cuadros. Se hacen
pliegues en los delanteros y tres tablas &lt;le 3 centlmetros, pespunteadas !ns unas so~re las o·ras, en la espalda. Volante en la parte
de a1:&gt;aJO. Se comp.eta el peinador pasando una cinta de color por
debaJo del cuello y atándola delante.

.30. - Detallo del bordado
de IH oort1na1 n~m i1.

Núms. 36.;--Falda de tafetán neg o, adornada con encaje ne-

33.- Pelnado de novedad (vl1to de
Upald1). Vla8e el dibujo 84-.

gro Y tafetán brochado; en el interior un volante estrecho recortado. La falda se hace con un volante de 40 centim tros de ancho
compuesto de tiras de taft tán negro de 13 centlmetros de anch~
&lt;:?locadas en pliegues, y tiras igual s de ta· etán brochado, que se
ribetean con un encaje negro de 10 centlmetros &lt;le ancho· el volante se une á la falda por debajo de un bies de tafetá11 negro. El tafetán brocha'!o se puede cambiar por tafetán negro pintado :í la
aguada.

Los cubiertos nunca se deben servir en el plato, sino colocarlos el criado que sirva.
Plato de postre, con servilleta de idem colocada encima,
y aparte el lavafrutas.
7.• Se r etiran las grandes y se usan las pequelias.
8.• Debe servirse encima de la servilleta, y ésta encima
del plato.
9 • Sl, señora.
10.• La jícara sobre su platito correspondiente; los bizcochos en una bandejita entrelarga de porcelana ó plato de
capricho, y la copa de agua, sola; todo ello se sirve en una
barrdeja de plata.
11.ª Los criados deben siempre pedir permiso antes do
entrar en los cuartos de dormir y vestirse, aun en el caso
de acudirá una llamada. Cuando se les llame desde otras
habitaciones de la casa de uso menos reservado, no necesitan pedir permiso para entrar.
E N!MIOA DEL INVIERNO. -1.• Ese sombrero está perfectamente de mod,i para vestir. No tema que el racimo de
u,as no esté bien; ha sido una de las novedades para los
l!Omhreros de este verano.
2.• Entre dos platos de car ne se debe poner uno de pescado. Si no hay más que uno de pescado y otro de carne,
primero se servirá el pescado.
CERCA DE LASARTE.-1.• Precisamente en LA MODA del

22 de Julio ha venido un ~rabado señalado con el núm. 23,
que l'epresenta 110 traje elegante y p ,opio para señora mayor; por él puede usted gu1ijrde para conf eccionar el de su
11eñora madre. LJL tela quti debe emplearse strá un crespón
fino de lana ó velo, y si lo quiere al~o más fue,te, un ca&lt;:hemir de la India: chorrera de encaje ó gasa y chaleco de
glasé negro ó morado.
2.• Para cubrir algo el cuerpo sin dar calor , nada mejor que los boas ó 11:olas rizadas, que acompañan mucho
y dan cierto aire de distinción siempre que estén bien hechos. Tiene usted dos bonitos modelos en los que representan loR números 9 y 12 de L.&amp; MODA del 30 de Julio.
3.• Puesto que espera mi consejo para hacerse esa toilette, le recomitindo que copie l11 lindi~ima que viene en LA
MODA del 6 de Julio con el mímero 21. Está perfectamente
:adecuada á su edad de usted; hágala de batista blanca, rosa
ó celeste, con encajes y entredo~ee de Valenciennes, grupos
de j Rret~s muy estrechas y cabos de terciopelo negi;o. Viso
de e,-lasé blanco, rosa ó celeste.
El sombrero puede hacerlo de forma de capelina si ésta
le sienta bien á su cara , y adornarlo con grupo de flores y
gran drapeado de muselina.
ADELA

P.

EXPLICACIÓN DEL ~IGURÍN ILUMINADO.
Núm. 30.
CorrHpoade , laa aeñoraa tuaorlptoru • la edlolón de luJo.

TRAJE DI CAIIPO.

32.-Detalle del bordado de laa oortlnu núm. 31.

re
te
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de

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da
Se

Núms. 30 á 32 y 37.-Este tocador, de estilo moderno se
hace ,con madera blanca. Se pinta la mesa con pintura bla~ca
!~ca u esmalte y ad~rnns azules. Se puede también hacer en
prrograbado ó en p ntura laca ó esmalte de cualquier color.
E_l tocador se guarnece co~ un trozo de paño azul celeste cubierto con una placa de en-tal bastante fuerte y sujeto con
tomillos de metal. El delantero y los lados de la mesa se
guarnecen con cortinas de tul borda:lo con arreglo á los
dibujos núms. 30 á 32, colocadas sobr; raso ó seda co!or
azul celeste. Se cortan para estas cortinas tres trozos de
tul, de unos 75 centímetros de alto y un metro de largo y
dos trozo 3. del mismo alto, y de 80 centlmetros de largo p~ra
loe de arriba, y se bordan unos y otros como indican los
respectivos dibujos; se ribetea el borde de la parte de abajo
con festón,. recortando la tela que sobra, y las de los lados
con dobladillo. Se ponen en la parte superior anillas de
me!al que se pasan por un cordón de seda azul terminando
en borlas; estos cordones se sujetan á las patas ~n clavo• de
bronce. S~ drapean las cortinas de arriha sujetándolas con
c ,rdone, iguales. ]_l:~ el ~oc.1rlor debe haber: un espejo con
marco de pl~ta v1eJa cincelada, cepillos, peines, caja de
polvos, espeJo de roano, de marfil, y frascos d i cristal.
. Núms. 33 y 34.-Este peinado, p · ra señora joven, conviene á una persona que tenga el pelo ondulado.
Se parte el cabJllo de una. oreja á otrn; se sube h parte
de de~rás y se ata con una cinta. Se r za la de delante con
tenacillas gordas y se une con la &lt;le detrás. Una vez unido
el pelo, ee rizan las puntas en forma dd bucles y se coloca
entre ello~ una serpiente (véase el dibujo visto de espalda)
El flequillo se rizl sobre la frente.

359

LA MODA EL~GANTE ILUSTRADA

Este traje, de piqué blanco, se compone de una falda Ji.
geramente al bies, cuyo delantero es liso y forma. un ancho
pliegue redondo, y cuyos costados llev•n otros pliegues más
estrechos: con dos redonios de esta clase se reduce el vuelo
de atrás. La parte baja se adorna con entredoses de bordado color crema. , y la falda se monta sobre un forro.
Cuerpo-blusa de nansuc crema montado sobre nn forro
ajustado; la espalda y los delanteros van fruncidos alrededor del cuello, que está hecho con guipnr crema calado.
El vuelo se recoge en el talle con un cinturón blanco, que
ee abrocha delante con una hebilla de oro mate: la manga,
de nanquc, fruncida, termina con un pequeño puño.
El fígaro es de la misma tela que la falda; no lleva costura en la espalda, pero si una en loe costados; los delanteros son sueltos y se abren 'Sobre la blusa; cuello vuelto
con dos filas de pespuntes cerca del borde. Manga semicorta hasta más abajo del codo, desde el cual ensancha algo
para dej ar ver el bullón de la blusa: estas mangas se ajustan por medio de un forro y se adornan al borde con pespuntes.
Sombrero redondo de paja, cuyos adornos son un drapeado de muselina de seda azul pintada de aciano y un lazo
al lado izquierdo.

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EXPLICACIÓN DE LOS DIBUJOS PARA BORDADOS
CONTENIDOS EN LA HOJA-SUPLEMENTO,

CorreapHdl , lu aeñoraa au1orlptora1 , la edloldn de luJt
y, laa de la 2.• edlolón.

1 y 10. Dos ángulosparapañuelos.--Se bordan en blanco ó con sedas lavables, á realce y festón.
El festón que forma picos se borda con un solo color, y
el que forma conchas puede hacerse alternal)rlO varios colores, que deberán repetirse en la guirnalda. ERta se hace del
siguienta modo: las llores, una rosa páli,lo. y otr.. celeste;
las hojas, con dos tonos de verde muy suavti. Los botones,
color cereza y amarillo.
La otra guirnalda se puede bordar con estos mismos colores, haciendo el festón con el color 111ás obs uro.
2 y 3. Bolsa para lab1&gt;r.-Se hace de tela l('ru&amp;Ea azul, de
aspecto antiguo, que le da especial carácter. Está adornado
de modo original, con unas cinta~ de algodón amarillo bordadas con estrellas de serla rosa viejo. Uno &lt;lelos lados lleva
por adorno un ra1110 de flores de cretona, rodeadas de punto
de Bolonia del colorido de cada flor, y con toques de punto
de tallo en los sitios más claros; los tallos y las hoj11s se ro•
de11n de un hilillo de oro con to,1ues marrón.
En el lado opuesto lleva un caprichoso lazo.
Una vez hecho el bordado, se exii,m,ie la tela azul sobre
otra más consiste11te, y se forra con satinete color oro viejo:
despué3 se dobla la tela por la mitad á fin de forn,nr el
saco, y los costados se cierran á punto por encima. El asa,
bordRda con galon&lt;s de la misma clase, se monta sobre tela,
se forra de amarillo y se coloca en el sitio conveniente, introduciéndola entre la tel.. azu I y el forro. Después se añade
una bolsa de seda amarilla, que parta de la pnte superior
del cabás y del alt-i del asa, cuya parte ali a se cierra por
medio de una jarnta que se frunce con pequ1-fü1s cintas azules, haciendo juego con la tela. Sti concluye J,. 1..bor añadiendo afextromo un volantito de cint&gt;t 11mari'la. y debajo
otro de cinta azul, y se cubre el pie &lt;le este último volante
con un galoncito de oro, que debe ocultar todas las costuras
del saquito de seda.
,
4, 5, 6, 7, 8, 19, 20 y 22, GE, TA, BD, Eugenio, Raimundo. LH, Paulina, CU, enlaces y nombres para pañuelo.
9. Tapetilo para debajo de iarras de comedor. - Es de
encaje de Lnxeuil y de estilo Rt-nacimiento. 8e hace congalón de hilo calado, con el cual se siguen los contornos del
trazado; se dobla el galón eu los áni(ulos y se frunce en lus
curvas por la parte interior. i:ie reune ca ta motivo de dibujo al otro, por medio de un punto por encima que cuja
el hilo exterior del calado q ne tiene el borde del galón, y
los huecos se rellenan con hilos lan1.udos y milanos.
Las h..jas del centro se rellenan de hilos , haciendo una
serie de ziszás, uniéndose todas en el centro por medio de
un ojete,
Este tapete se puede forrar de seda de color, haciendo
juego con el camino de mesa.
11. R, en bordado füchelieu, para mantelerías de granité.
12. GH, enlace para servilletas.
13, 14 y 15. D,bujos de bordado Colbert para juego de
ropa blanca.-Se é•lnpune: 1.0 De un volante para pantalón, del rniHmo dibujo que el precedente y montado á. un
puño, en el cual se borda un punto de fantasía.
2.0 De un canesú de camisa de nansuc, con bordado
Colbert.
g1 dibujo representa la cuarta parte de su tamaño natural. L, delantera y la espalda tienen el mismo escote.
3.o Volante pa,a enHgua, del mismo dibujo que el de la
camisa y pantalón, pero t-n tamaño mayor.
16 y 17. Cro1uia clel canesú de camisa y bajo de pantalón con bordado Colbert.
18. VL, enluce para manlelerin~.
21. Cor ..11a de laurel hecha co11 cinta tJerde pálido.-Se
hace coa dos tonos de verde sobre fondo de seda rayada ó
brochada, ó sobre pana lisa. Se ejecutan las bojas de la corona con cinta e~trecha de faya, de un centímetro de ancho,
empleando de 13 á 15 centimetros para cada una. Con esta
cinta se hace una presilla, que se cierrll pasando un hilo que
encoja los dos extremos; se tirn rlel hilo para fruncirlo un
poco ; se da la vuelta á la presilla, y después de formada
por este medio la hoj11, se fija ésta á la seda c:on punto pequeño y seda fina del mismo color. Para hacer loe talli•s se
emplea la misma cinta, y se remeten las orillas de modo
que ee reduzca á un ancho de roeriio centímetro. Los tallos
se hacen después de colncadlill todas las hojas sobre la tela.
El lazo que sujeta las p&gt;1lm11s ee color rosa viejo ribeteado
de hilillo de oro, y las hellotas son grandes lentejuelas cosidas á la extremi dad de un tallo rle seda. verde pálido. La
disposición de este modelo re lucido da loR suficientes detalles para que se pueda ampliar al tamaño que se quiera
esta labor de verdarlero gusto artístico.
23 y 24. Envuelta ó estuche para papeles de música. -&amp;
cubre de seda Liberty color de paja, con amapolas ma.lva
esta•upadas. Los ángulos se adornan con punto de Hungria,
bordado en étamine color maíz con seda oro viejo, y matz
de cuatro matices para el motivo del centro, y violeta y
malva para el resto.
El estuche se hace de una tela ordinaria fuerte, de 45
centímetros de largo por 38 de ancho.
Esta tela se cubre primero de muletón de algo-Ión, y después se extiende encima la seda Liberty, volvitmdo las

orillas por el lado del forro y cubriendo luego éste con satinete color oro viejo. Se hace en el intdrior un pliegue de 7
centimetros, que sirve de cartera y que se cose á punto por
encima. Después de colocadas las puntas de ltami11e en sus
respectivos ángulos, se ribetea todo el estuche con una trencilla ó cordón que armonice con el resto. Unos cordonPe, cosidos algo distantes del extremo de los costados, sirven para
colgarlo, y una goma sujeta con un botón de cristal, para
cerrarlo.

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·oven bella hasta más allá de sus 8o años, ro_mpiendo una vez y otra su acta de n_ac1m1ento á 1~
~az· deÍtiempo, que en vano agitaba su guadan_a delante _de aquel rostr? seductor sm poder morti•
ficarle.-Este secreto, que la gran coqueta ego1sta no qUJso ~evelar á mnguno de su~ co1:1temporáneos, ha sido descubierto por el doctor I:econ~e en~re _las boJas de un_ tomo de la H:stona am_orosa
de /as Galias de Bussy-Rabutin , perteneciente a la biblioteca de Voltaire, y actualmente prop1ed~d
exclusiva d;la Perfume l'Ía l\10011 (Maison Lec~nte), 31_, rue du Quatre-SeP,tembre, 31, Pans.
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ROJAL·wnsoR

.

363

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

ñolas, pues si algún país hay en el que
la mujer conozca a fondo el arte de agradar, éste es España. Las españolas saben
componerse, saben engalanarse, saben
aromatizarse, y conocen, en una palabra,
el secreto para agradar.
El perfume delicado y discretamente
empleado es uno de estos secretos, y basta
para lograrlo emplear constantemente el
jab6n de leche de violetas, de la Sociedad
Higiénica (calle de Rívoli, 55, París).
Merced a este aroma persistente y de
real atractivo, dejaran á su paso, en todas partes, esa impresión delicada y grata que producen siempre la distinción, la
elegancia y el buen gusto; y si prestan
alguna atención á lo que á su alrededor
pasa, no dejarán de oir entre la multitud
a alguien que repetirá a sus oídos :
&lt;rToujours les beautés espagnoles
Ont su plaire aux admirateurs.»

2. -Chambra para enfermo.

V. DE CASTELFIDO.
París, 18 de Agosto de 1900.

Núm. 4. -De paño ligero gris claro con 11plica·
ciones bordadas sobre viso de tafetán azul oeleste.
Dos bandas anchas bordadas recuadran el delantal de la falda, rodean las caderas y ensanchan
para figurar un cuerpo sobre el &lt;1:bolero». El bordado termina detrás bajo un pliegue hueco; oste
pliegue se prolonga sobre el cuerp&lt;&gt; y desaparece bajo el guipar. Los delanteros se abren.con
solapas grandes cortadas en punta y guarnecidas
con muselina de seda azul y rizadas sobre un pe·
chero con cuello recto hecho de muselina igu11l.
Mano-as con bordado. Cinturón azul celeste. Sombrer~ redondo de paja de arroz. Sombrilla de seda
blanca con bordado y encaje.
Núm. 5.-Se confecciona recto con dos puntas
á los lados, cerrando detrás, y se cubre con muselina de seda, encaje negro y un rizado de cinta
de muselina de seda. Se corta para la caída un
trozo de muselina de seda que tenga 25 centimetros de largo y 94 de ancho adornado con dos
vueltas de entredoses de encaje recuadrados de
rizados de muselina de seda; se pliega este trozo,
se reunen los bordes y después se monta.n al
cuello. Se cortan para el nudo dos trozos de muselina de seda, que tenga cada uno 10 centímetros de largo y 54 de ancho, guarnecido con encaje
y rizados reunidos con una tira.

gante
Eminenten:entepur,
y curati va, lo

qu~•nQ sneede c·on l as
otr..,. Cura el escrofu.
lismo, las herpes I enfer_med~d~s biliosas y
p r eviene estas &lt;10IPnr1A-Q. No·1rr 1tA..

Depósito: Jaroines , 15,

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LA .FETIDEZ

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ALIENTO.

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~ECON ·o 11 A E HI G,1E-NE

El m.;rito y los adelantos en higiene d~ tocado~ consisten en poner .al '.11c~ñ.ce 'de todos 1o
que hasta ayer estaba reservado á la ar1stocracU1. Tal sucede~con la i:1qms11;na Agua de
~lo,lla de Orive , la más b~ra~ é higiénfoa del mundo. Por. e~to alcanzó el prill!-er pre•
mio en la Exposición F_armaceutica Ye. en el IX Con~reso_de _Higiene. Frascos corrientes y
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English spoken.

4.- Tr•Je Prlnoesa oon bordado.

6.-TraJe de fular.

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PATE ·EPILATOIRE DUSSER
l.

d

s

RAl~IES el YELL9 del roslr? de las damas (Barba, Bigote, etc.), 11a
para.d culil. se .11..ño• de EziW,JIDlllar,rde leslimoniosgarantlza~lUft(ada

d~truye hasta las

IW!gnn peligl'O

de esLa prep¡r.n;on. (Se nade en ujaa, para b barba, y en 1/2 oajaa para et bigote ligero) Para
loa brazos, empléueel PJIJ. f'IIII.Ji:. DUSSER. l,rueJ.•J ••Rouueau. P:UU.

lgenit.s generales en la ~pública mexicana : Sres. HE. R R E R O H E R MA N n S •
-=!.:=.::.....:=.:....:.:-----=:...,__-------------'-. Beservadoe t.odoe los derechos de propiedad artístical' litera.ria.

Avenida del Cinco de Mayo, núm. 4, México.

lUDlUD.-Estableeimiento tipolitográfl.co «Sucesaree de ruvadeneym»,
impresores de la Real Casa.
(Propiedad de LA ILUSTRAOIÓN ESPil!OLA Y AllERIOANA.)

Núm. 2.-Para la explicación y pg.trones, véase el número 2, figs. 26 á 30 de la Hoja •Suplemento.
Núm. 3. - Se corte. par11 esta gola, hecha con crespón plegado un trozo que tenga 9 centímetros de ancho y 10 metros de largo, bordea~o de un11 fr11nja de seda de 2 centlmetros de ancho. Se dispone el borde en frunces muy apretados para formar un riz11do, que se monta sobre una cinta
de raso de 3 centímetros de ancho y 41 de largo, ponien-

do además corchetes para cerrarlo. La parte de delante se
guarnece con caldas de crespón liso para las cuales se corta
un trozo en triángulo, cuyos lados deben tener un metro, y
se adornan con entredoses de encaje de 3 centímetros de
ancho y franjas al borde. Se corta este trozo en dos partes
en el largo de en medio; se h11cen dobladillos y se sujetan
las dos caid11s sobre el cuello, disponiéndolos en pliegues
huecos profundos, siguiendo las indicaciones del grabado

Núm. 6. -De forma Princesa, con canesú redondo guarnecido de guipur. Delanteros fruncidos en el talle, dej11ndo
ver los lados del cuerpo cubiertos de guipur. Espald11 con
pliegue Watteau, sostenida por un cinturón de fular guarnecido de cintas de terciopelo. Varias vueltas de cintas de
terciopelo rodean el cuerpo. Mangas de guipur. Hombreras
de fular con cintas de terciopelo. La fald11 lleva seis vueltas de cintas de terciopelo.

�•

..
LA MODA ELEGANTE

364

DE CASA Y DE FUERA.

bre los que despedía vivos destellos un precioso
collar de turquesas y brillantes.

A caza. de noticias.-La corte en verano. - En el Casino de San Sebastian. - Ls. Paccini. - Su campaña artística. -En
Zarauz.-Máa veraneantes.

l!i veraneo -

~ ESPUÉB de apurar hasta el heroísmo el

verano en la corte, hube de emprender mi viaje y comenzar mi veraneo,
a trueque de privar a mis lectoras de
las noticias de la quincena. A caza,
pues, de noticias y de asuntos para
estas crónicas, salí un domingo de la villa y corte para trasladarme á esta otra
-, corte veraniega, donde en torno al palacio
de Miramar agrúpanse, entre San Sebastián y
Zarauz, gran número de aristocraticas familias.
He llegado a la capital donostiarra en esa época
que se conoce por la gran semana, en la que se
suceden casi sin interrupción las corridas de toros, los conciertos y los cotillones en el Cásino,
los indispensables fuegos artificiales y todos los
demás números del programa de todas las fiestas
de provincia. Por eso era punto menos que imposible hallar un cuarto en los hoteles, repletos de
viajeros que vienen de todos los puntos de España, unos en busca de agradable temperatura y de
las bienhechoras auras marítimas; otros buscando
algunos días de solaz y esparcimiento; algunos,
muy pocos, para gozar del apetecido descanso; y
muchos, los más, idólatras de la fiesta nacional,
para llenar el circo taurino y admirar y aplaudir
las gallardías de Fuentes y de otros matadores célebres.
'/
'

o
o o

"

Una visita á la terraza del Casino en noche de
concierto-casi todas son aquí noches de concierto-da idea al visitante de lo numeroso y distinguido de la colonia veraniega de San Sebastián.
Acuden las damas aristocráticas luciendo muy elegantes toilettes, en las que predominan los tules
bordados de lentejuelas, con grandes sombreros
adornados de gasas y plumas, y collares de perlas
y brillantes.
Vense allí con frecuencia, entre otras muchas
damas, a la Condesa de Valdelagrana, que, cual su
madre la Duquesa de Denia, muestra predilección
por el color blanco para sus trajes; a la Condesa
de la Quinta de la Enjarada; a la de las Quemadas, con su sobrina la señorita de Castellones; á la
Marquesa de Aguilar de Campoo, con sus hijas; á
las señoritas de Romero Robledo; á la Marquesa
de la Laguna, con sus dos hijas, la Condesa de Requena y la Marquesa de Tenorio; á las dos Duquesas de Noblejas; á la Condesa de Madión, con
sus dos hijas; á la encantadora hija de nuestro
Cónsul en Burdeos; á la Marquesa de Aguiar; Vizcondesa de Torre-Luzón, y señoritas de Barrenechea; á la Condesa de Muguiro, con sus hijas Condesa. de Casal y señora de López Roberts; á la señora de Liñán y su sobrina la de Delgado; señorita
de Fonte; Marquesa de Castell Florite, y muchísimas más.
Circulan unas por la terraza, y á los resplandores de los focos eléctricos tornan poético aspecto
las arrogantes figuras de algunas damas, que se envuelven en amplios gabanes ingleses para preservarse de la humedad de la cercana playa, y aparecen radiantes y hermosas, como la señora de Bermejillo, que tanto briUó durante el pasado invierno en los salones aristocráticos; visitan muchas
las salas de recreos, dejando tímidamente su dinero en los caballitos, en el ferrocarril y en las
pelotas, y se refugian otras en el gran salón de
fiestas, para ver á las juveniles parejas deslizarse
rápidamente sobre el parquet lustroso á los acordes de la orquesta.
o
o o

Figuran entre las asiduas concurrentes al Casino la eminente diva señorita Paccini y su madre:
la aplaudidísima artista acaba de recorrer triunfalmente los principales teatros de América; en
Buenos Aires, sobre todo, ha tenido grandes ovaciones, actuando allí al propio tiempo que nuestros compatriotas María Guerrero y Fernando
Mendoza.
Ahora descansa aquí de su provechosa campaña, y se prepara á cumplir sus compromisos para
el otoño y el invierno próximos.
Primero cantara en Barcelona, y acaso en alguna otra provincia española, y después irá á Rusia,
donde está contratada para el invierno. La pregtrnté si tendríamos el gusto de oirla pronto en
Madrid, y me contestó con pena negativamente.
lfüitá muy linda; su gentil figura aparecía entre
encajes y tules negros bordados de azabache, so-

ILUSTRADA

o

o o

El ilustre hombre público D. Francisco Romero
Robledo es aquí una institución: siempre rodeado
de sus fieles amigos políticos, y de los muchos que
sin seguirle en política cultivan su ameno trato,
tien-e su corro en la terraza del Casino , en donde
hace pocas noches le acompañaban los Sres. Dato
y Villa.verde; á la caída de la tarde se ve concurridísimo su precioso hotel de la Concha, adonde
acuden casi diariamente los Marqueses de la Laguna y de Aguiar, y algunos amigos de las encantadoras hijas del batallador ex ministro; no faltan
allí, naturalmente, los consecuentes Ordóñez, Eulate y otros de los que forman su estado mayor, y
es también asiduo contedulio el Conde de Garay
y otros políticos, que en amena charla pasan las
horas discurriendo sobre los sucesos de actualidad,
oyendo los juicios y las acerbas críticas que brotan de los labios del elocuente orador parlamentario; su palco de los toros esta siempre ocupado
por damas ilustres y elegantes, y, en fin, el señor
Romero Robledo es. con el alcalde Conde de
Torre-Múzquiz, uno de los que más obsequian y
agasajan á los forasteros en San Sebastián.

Ante todo venid, venid conmigo a nuestra casa,
á nuestro p;lacio de la Exposición..... ¡Qué lindo
estuche y qué joyas tan delicadas las que allí tenemos!
El Palacio de la Muje1·, situado al pie de la Torre
Eiffel, es una bombonera,. un nido de hadas. El ~xterior es gallardo, es gramoso: de blanco revestido
cual zagala en fiesta; coquetón y risueño como manojo de quince abriles apiñados en un sér lleno
de promesas que sera mañana la piedra angular
de una nueva familia .....
Una gradería semicircular, un pórtico con estatuas, y dos graciosas jóvenes que pi~e~ con amabilidad..... de mujer-que es la amabilidad suprema-los billetes de entrada, forman la del Pala-

LA MODA

no estoy presentable. Podría molestar con el olor
del éter y de la creosota.
La pobre muchacha se echó á llorar y me pidió
mil perdones.
-¿Pero usted le ha explicado su error?
- No me he atrevido..... ¡ Quién sabe si muy
J?ronto nos surtirán los sabios de teléfonos en que,
a la vez que las ondas sonoras, se trasmitan los
olores y hasta se vean los rostros 1
MARQUESA. DEL VALLE.

LOS ALTIVOS MONTIGNAC .

cio de la Mujer.

Un salón en rotonda es la primera estanr.ia: en
el centro un piano, varias sillas y cinco atriles: en
todo el salón estatuas, grupoB y bustos, todo es•
culpido ó modelado por manos femeninas: á la
izquierda el salón para el té-afternoon tea;-á la
derecha la entrada interior de un restaurant que
abre sus puertas principales sobre el recinto de la
Exposición; en el fondo, á derecha é izquierda, la
escalera, por cuyas cajas suben hasta el piso superior dos ascensores.
Aquel salón del piso bajo, amueblado con gusto
exquisito, inundado de luz, invadido por el talento de las artistas que han expuesto allí sus obras
escultóricas, é idealizado por la ejecuci6n impeo
o o
cable de las seis encantadoras señoritas que ameMás tranquila es la vida de la colonia de Za- nizan la estancia con deliciosos trozos de música
rauz: tresillos y paseos campestres constituyen su de un escogido repertorio, es un lugar de reposo
habitual diversión, y únicamente para las corri- bienhechor y de deleite espiritual para los que vidas de toros viene aquí la colonia en masa, para sitan nuestro palacio.
En el primer piso no hay sino un saloncillo
regresar por la noche.
La Marquesa de Esquila.che nos ha invitado á central, con vistas sobre el salón bajo: en esta
una merienda, que se verificará en sus salones del meseta está la exposición de miniaturas hechas
Gran Hotel de Zarauz á fines de la presente se- por mujeres.
En el piso segundo hay, en el centro, un lindo
mana; con la Marquesa de la Laguna iremos á Zarauz, aceptando la amable invitación de la distin- teatro con 640 asientos para espectadores; una biguida dama, varios amigos de los que frecuenta- blioteca y sala de trabajo á la izquierda, y un samos á diario el hospitalario salón de la plaza de lón á la derecha: en estos salones laterales está
la exposición de pintura, en donde hay cuadros
las Cortes.
Mi veraneo hará escala en aquella deliciosa pla- que hablan muy alto del genio femenino, tan poya; después escribiré desde Biarritz mi próxima · tente como el del hombre y mas gracioso que el
Crónica, que acaso contenga noticias de modas , y, de éste..... ¡ Esta apreciación, mis queridas lectopor último, buscaré en París, en el mes de Sep- ras, leedla bajito, bajito' ; así, entre dientes, si
tiembre, nuevos elementos para que no me tachen cuando leáis estas líneas están delante los hombres de la casa! .....
de monótono mis amables lectoras.
¡ Son tan envidiosos esos que fuertes se apellio
dan!
.....
o o
El Palacio de la Mujer es un interior delicioso
Además de las personas antes citadas, ocupan que todos los hombres deben mirar con ojos de
en la capital de Guipúzcoa su::i casas y hoteles: la envidia. Aquella alegria, aquella luz, aquella graDuquesa viuda de Bailén, los Duques Monteleón cia con que allí se acoge al visitante; aquellas esy su familia, los Marqueses de Villamayor, el ge- tatuas, aquellos cuadros, aquellas miniaturas,
neral Echagüe y su señora, la Marquesa de Casa- aquella música embriagadora que brota de los ins•
López y sus hijas, la Condesa de Monta.reo y las trumentos diestramente manejados, y que invade
suyas, la de Martorell, los Duques de Aliaga, Ba- el salón y sube y se esparce como humo de in•
rones del Castillo Genovés, los Vizcondes de Torre- cienso que satura la atmósfera de perfumes, dan
Almirante y Barones de Monte-Villena, la Con• idea tan cabal del encanto que la ·mujer sabe podesa y el Conde de Caudilla, á quien en gran parte ner en su morada, que el más difícil de los homse debe el éxito de la Exposición de miniaturas y b,es tiene que ~onfesar que donde las gracias feporcelanas, que es uno de los atractivos que ofre- meninas despliegan sus alas, parece como que el
Creador lo ha divinizado todo con una mirada de
ce á los forasteros la capital donostiarra.
Con los nombres apuntados, a los que habría su bondad suprema.
¿Detalles? ..... No, no creo que deba citar aquí
que agregar otros muchos que seguramente omito
por no haberlos aún encontrado en las pocas ho- nombres de artistas si no he de escribir los de to•
ras que aquí llevo, queda justificado el título de das; y como la lista de las que allí han llevado el
corte veraniega que se da á San Sebastián, no sólo fruto de sus talentos sería más larga que el espapor dar albergue á nuestros Reyes, sino por alber- cio que aquí podría ocupar, me concretaré a decir
gar asimismo a lo más linajudo y brillante de la que si un crítico gruñón entra allí dispuesto á ensañarse con las obras malas, saldrá del Palacio de
sociedad madrileña.
la Mujer sin haber encontrado ni cuadro ni estaMONTE-CRIS1'0.
tua, ni tapiz, ni miniatura donde descargar el puñetazo del despecho.
Tenemos, pues, en la Exposición un palacio que
se cuenta entre los mas lindos y entre los más
NOTAS DE LA EXPOSICIÓN.
visita.dos; tenemos, diseminadas por allá y por
acá, varias instalaciones de trajes femeninos; teprincipios de Abril último recibí yo una nemos un Palacio de T·r ajes que ..... ya os descriamable carta de la inteligente Dirección biré con detención; tenemos, en fin, muchas co•
de LA. MODA ELEGANTE. « Mándenos usted sas que yo os iré detallando, segura de que han
revistas si en la Exposición hay asuntos á de despertar en vosotras interés estas Notas de la
propósito para este periódico», me decían los ce- Exposición, porque ha y en ella muchas cosas prolosos vigilantes de complacer á sus abonadas.
pias de nuestro sexo y dignas de estudio.
Yo medité, asistí á la inauguración del gran cerPara acabar, os contaré lo que ayer me refirió
tamen, y deduje que, por entonces, no había nada mi amiga la Condesa de CMteau-Bleu en el salón
de prueba, donde nos encontramos al ir ambas á
para LA MODA..
Poco á poco fueron abriéndose pabellones y sa- ensayar unos vestidos:
las, descorriéronse cortinas de escaparates, colo_-Figúrese usted, Marquesa, que al salir dije á
cáronse preciosos maniquíes en lujosas estancias m1 doncella: «Si alguna de mis amigas me llama
figuradas, exhibiéronse telas riquísimas..... pero al t,eléfono, diga usted que he salido, pero que es¿á qué enumerar? Punto por punto os he de dar tare en casa toda la tarde.-¡ A.h, señora! me contestó desolada, ¡yo no me atrevo á hablar hoy con
noticia de cuanto os interesa.
¡ Oh, yo os prometo horas agradables de distrac- las amigas de la señora por teléfono 1..... - ¿ Por
ción, cuidado asiduo, esmero avizor en mis notas qué, Marie? - ¡ Porque..... (y entonces vi que su
para vuestro embeleso, y ..... ya veréis, ya veréis carilla graciosa estaba convertida por un flemón
que..... nunca es tarde si la dicha es buena l.....
en una pelota de goma) dispénseme la señora si

J.

..

Continuación.

-~, ffi ¡• Conde
hizo un signo afirmll,tivo.
-¡Claro! Estaba previsto - conti8] ~ ~ nuó Claudia en el mismo tono.-Tenía

(,A~&lt;;)J

L

·~¡

1

.

-~'( que llegar un día ú otro.
- .l&lt;]s verdad-dijo el Conde con
amarga ironía.-Pero la ciencia de que
ayer diste muestra ha debido acabar de
rear al pobre Barbazán, darle el golpe de
acia y precipitar la ejecución de sus proyectos matrimoniales.
-Tal vez hubiese hecho mejor callando-respondió sencillamente Claudia. -Sin embargo, al
refutar las teorías del señor de Barbazán obedecía
al sincero deseo de detener el mal que esas falsati
ideas causan en las almas cándidas, y no, como parece que usted cree. al de lucir una ciencia vana.
Además, no hace falta mucha-añadió sonriendo-para discutir con el señor de Barbaza.u, y á
pesar de todo, me hubiera sido difícil sostenerme
mucho tiempo. Mi intención era recta-terminó
con aire serio;-el resto es accidental, y cualesquiera que sean las opiniones de los demás, desde
que estoy en Montignac he aprendido á no hacer
caso de ellas y á contentarme con el testimonio de
mi propia conciencia.
El Conde había escuchado aquel discurso con
más paciencia de la que de él podía esperarse. La
peroración no era para disgustarle, dado que á él
las apreciaciones de los demás le importaban muy
poco. Con la justicia en el razonamiento que le era
peculiar, cuando el orgullo ó la cólera no le cega•
han, creyó que no podía negar tal privilegio á
aquella rubilla, en la que empezaba á notar, un
poco tarde, que si en lo físico no tenia nada de
los Montignac, se les parecía notablemente en lo
moral.
-Está muy bien-dijo con voz más dulce, porque aquella certidumbre le inspiraba una especie
de consideración para con su pupila.-Pero no se
trata de eso ahora. Hay que contestar al señor de
Barbazán. ¿Necesitas reflexionar?
Claudia lanzó. una franca carcajada.
-¿ A usted le parece que tendría alguna utilidad?..... Yo creo que no. No me figuroá mí misma
casada con el señor de Barbazán.
E l conde Alberto sonrió á su vez.
-Ni yo tampoco, si he de ser sincero-respondió.- Sin embargo -añadió gravemente ,-he querido darte cuenta de esta petición, á despecho de
su inoportunidad, para tener ocasión de repetirte
una vez más que siempre serás libre para elegir el
marido que quieras.....
-Gracias, tío-murmuró Claudia con involuntaria emoción.
Hubo un corto silencio.
-No hay de qué; me comprometo á muy pocoreplicó el Conde con la amabilidad de otros días.
-Yo sé que tu elección será dictada por un sentimiento de recíproca conveniencia..... , y que será
digna de ti y de nuestra casa..... Supue,sto esto, hay
que reconocer que el señor de Barbazan no es precisamente el ideal. ¿De modo que tengo que en·
viarle una contestación negativa?
- Naturalmente -respondió Claudia.
- No encontrará él la cosa tan natural-dijo el
Conde medio sonriéndose.-En tesis general, no
duda nunca de su excepcional personalidad, y está
persuadido d e haber hecho multitud de conquistas,
de las cuales la mayor parte permanecen ignoradas. Por tanto, y aunque tú lo dudes, va á ser esto
para él un verdadero golpe.
- i Oh! no tanto - replicó Claudia con aire me•
ditabundo.-Las heridas del orgullo ó del amor
propio son por el momento muy crudas, pero no
son tan profundas como los verdaderos pesares del
alma.
El conde Alberto, abismado en sus reflexiones
no contestó.
'
-En fin, tío-siguió alegremente Claudia,-usted conoce mejor que yo los convencionalismos
usados en casos semejantes. Que estoy muy reco~

j

•&lt;

EL~GANTE ILUSTRADA

nocida por su solicito d, por el honor que me hace .....
-Y que lo declinas-terminó riendo el Conde.
-¡ Pobre Barbazánl Está bien; para no dejarle
acariciar por mas tiempo una quimérica esperanza, le escribiré hoy mismo.
-Perfectamente-dijo Claudia.-Y ahora--añadió, deseosa de aprovechar el buen humor del Conde-tengo yo que presentar á usted un memorial, tío.
-¡A. míl-replicó amargamente el Conde, que
se puso serio de repente.-¿Qué puedo yo concederte de que ya no goces? Creo que no soy un tutor molesto. ¿No te dejo hacer cuanto quieres, sin
ejercer sobre tus actos la menor vjgilancia?
-Es verdad, tío-respondió Claudia con dulzura, sorprendida por la sorda irritación que se
traslucía en aquellas palabras y cuya causa no podía averiguar;-no trato de quejarme. Le estoy á
usted muy agradecida, créalo, por la libertad que
me deja y la confianza que me demuestra .... Lo
que voy á pedirle no se refiere en nada á mi situación en su casa de usted, de la cual estoy muy
satisfecha. Deseo sólo obtener una cosa sin ninguna importancia, pero que me gustaría mucho .....
-¿Qué es?-preguntó el Conde, que había vuelto
á serenarse.-Basta que sea gusto tuyo para que
esté concedida por adelantado.
-Gracias, tío-repitió Claudia con alegría.Oiga usted: cuando le veo á usted salir por losanchos paseos sobre Black -Prince me da en vidia, porque tengo la debilidad de que me guste
con locura la equitación, y no me he atrevido sin
permiso de usted á coger un caballo de las cuadras.
-¿Pero también sabes montar?-preguntó el
Conde asombrado.
-¡Yalo creol-exclamó Claudia.-Desdeque en
el colegio me consideraban libre, Magdalena de
Lambilis me llevaba dos veces por semana al picadero del Jardín de Aclimatación, que es muy
bueno, ¿sabe usted? y los días de salida daba largos paseos con ella, con su marido y con su cuñado, muy buenos amigos mios. ¡Qué hermosos resultaban aquellos paseos en primavera bajo las
floridas acacias!
Y su voz clara resonaba armoniosamente, y S'llS
brillantes ojos parecían contemplar aquellos dichosos tiempos en los que galopaba á la fresca sombra del oasis parisiense, entre aquellos queridos
amigos, que siempre ocuparían el primer lugar en
su corazón.
Al pensar esto, la frente del Conde se anubló de
nuevo.
-¡Qué idea-dijo con animación-haber esperado tanto tiempo para decírmelo!..... A pesar
de la libertad que te dejo y de la cual te muestras
satisfecha, te empeñas en considerarte como extraña en una casa en la que todo es tuyo, y no te
atreves á coger un caballo de mis cuadras sin mi
permiso. ¡ Verdaderamente que es inaudito I Escribe á París-añadió bruscamente levantándose
- encargándote una amazona. Luego puedes escoger el caballo que quieras, sin que yo me mezcle
más que para aconsejarte, si quieres.....
- Pero óigame usted, tío Alberto-dijo Claudia,
que sonreía y puso la mano en la manga del Conde
para detenerle;-si ya tengo amazona en el equipo
de que usted se burlaba..... en el salón del convento, ¿se acuerda usted?
-¡Tanto mejor entonces !-exclamó el conde
Alberto.-¡Ya no te falta más que la cabalgadura
y mi autorización, tan difícil de obtener! Vamos,
acompáñame á las cuadras.....
Salieron y se dirigieron hacia ellas.
-Pasea á Black-Prince-dijo el Conde con voz
breve al pasar delante del palafrenero que le tenía de las riendas.
Las cuadras, instaladas á la inglesa, eran uno de
los lujos de Montignac; venían á visitarlas de muchas leguas á la redonda. El conde Alberto quería á sus caballos, y no había ahorrado nada en su
alojamiento, que, como ocurre en muchas casas
grandes, era may superior en lujo, espacio y ventilación á muchísimas casas pobres.
En las espaciosas salas, en las que entraban á
raudales la luz y el aire por altas ventanas enrejadas, se alineaban los nobles animales, instalado cada uno delante de un elegante pAsebre de madera barnizada, cuyos adornos de níquel brillaban
como la plata y encima del cual, en una placa de
porcelana, estaba escrito el nombre del poseedor.
Claudia y el Conde marchaban por en medio, por
un pasillo perfectamente limpio, a los lados del
cual se amontonaban simétricamente las camas
de los caballos. Desde allí iban examinando uno á
uno los departamentos de las distintas cuadras,
divididas en dos partes iguales, viéndose en todas,
hechas con arte, una corona de conde y las armas
del dueño.
Claudia examinó más detenidamente que á los
demás á un hermoso caballo alazán , de pelo sua-

l

365

ve, de patas finas, que volvía hacia ella sus ojos
inteligentes y alargaba la preciosa cabeza con aire
mimoso, pero vilmente interesado.
-No tengo nada que darte por el momento,
amigo mio-dijo lajoven.-En cambio, si te adop•
to, te trataré á cuerpo de rey. Coriolano-siguió
leyendo la placa del testero.-Tío Alberto, ¿ hay
inconveniente en que coja á Coriolano? .....
-Como tú quieras-respondió el conde Alberto;-sin embargo, no me atrevo á aconsejártelo. No
te fíes de la estampa. Este caballo tiene en gran
escala el más grave de los pecados capitales, que
es, á mi entender, la gula, y espera que tu visita tenga buenos resultados para él. Ahí tienes
por qué toma ese aire amable, para dejar que te
acerques y poder olfatear los bolsillos, por si encuentra azúcar ó cualquier otra golosina. ¡ Pero
para montarle ya es otra cosa! Coriolrmo es de
Tarbea y, corno todos los de este país, tiene mala
cabeza.
-Razón de mas-dijo Claudia con tono decidido.-A.hora que conozco el flaco, tengo ya poder
sobre él; escojo á Coriolano. Quiero -terminó
riéndose-hacer conquistas, como el señor de Barbazán.
-Temo-respondió el Conde riéndose tam•
bién -que con Coriolano no vas á salir mucho
mejor librada. En fin, montaremos juntos, y si ocu.
rre cualquier cosa..... Aún nos quedan dos horas antes de almorzar-añadió mirando el reloj;-vé á
ponerte la amazona; en el parque te espero.
Claudia, radiante de felicidad, echó á correr
como un pájaro.
Algunos momentos después, la señora de Montignac, asombrada por el retraso de su hijo, salió á
la terraza para preguntar al criado que paseaba a.
Black -Prince. Este, impaciente por la tardanza,
piafaba levantando la cabeza. La Condesa vió con
sorpresa al conde Alberto pasear con lentitud delante del castillo, y al mismo tiempo á Coriolari o,
que conducido por'un mozo llegaba de la cuadra,
dando señales de impaciencia, causada sin duda
por la silla que sentía en las redondeadas espaldas.
En el momento ~n que la señora de Montignac
abría la boca para llamar al conde Alberto, Claudia apareció en la escalinata.
Su esbelto cuerpo estaba encerrado en una amazona de paño negro, de corte irreprochable, cuya
severidad estaba en parte atenuada por la corbata
de hombre, azul turquesa, y por un capullo de rosa
que empezaba á abrirse. Los ojos azules sonreían
bajo el velo blanco que rodeaba el sombrero de
copa; llevaba guantes de piel de perro, y con una
mano se recogía con gracia el vestido, mienti;as
en la otra tenía una diminuta fusta con mango
de marfil.
Al verla, la sorpresa de la Condesa llegó al
asombro, y aquel asombro no tuvo límites ante la
actitud del conde A.lberto.
Este, al ver á Claudia, la envolvió en una rá•
pida mirada, que terminó en un movimiento de
satisfacción. La quitó la fusta, que entregó á un
criado.
-Permiteme-dijo-reemplazar esa fusta por
esta otra. Era yo muy niño cuando se la recra]é á
tu madre el día de su santo..... Aquí se la dejó olvidada, y yo la he guardado cuidadosamente .....
Hoy debe pasará tus manos.
-¡Oh! tío Alberto..... -murmuró Claudia, con
los ojos llenos de lágrimas, cogiendo con respeto
como una reliquia la fusta de puño incrustado de
brillantes y turquesas que el Conde la presentaba.
-¡Vamos, en marcha!-dijo éste bajando la
escalinata.
Claudia le siguió silenciosa, con la garganta
oprimida por aquella grata emoción tan du lce
como inesperada.
'
La Cond?sa, ~on los ojos muy abiertos, la vió
poner un pie primorosamente calzado en la mano
del conde Alber~o, saltar, y caer con ligereza en
los lomos de Corwla no,acariciando cariñosamente
su nervioso cuello.
Sin apoyarse en los estribos, saltó el Conde sobre B lack-P.rince , que manifestaba deseos de insubordinación, inmediatamente reprimidos por la
sabia y firme mano de su jinete, ocupado en atender al otro caballo.
Este hermoso animal, practicando una táctica
común á todos los caballos que sienten la mano
de un jinete nuevo, tanteaba á su joven dueña
para saber quién de los dos séría el más fuerte
C~audia m~n~aba muy bien_; se puso en guar:
dia y examino un momento a Coriolmw que bailaba en su sitio moviendo la elegante ;abeza de
un modo que no dejaba de inspirar inquietud al
conde Alberto, el cual no perdía de vista las
riendas.
(Continúa en la pág. 388,)

�366

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

367

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

24.-lmpermeable del núm. 2?,
•lato de frute.
23.-Eapalda del traje núm. 22.

10.- Toque l'Algl11.
17,- D1tall1 del

■ úm.

16.
11.- Eapalda del dibujo 12.
13.-Traje de medio luto para niña,
de 8, 9 año,.

7,- TraJ• ,ara niloa di 1, 2 afio,,

8.-Traje de otollo para aeñorltaa de 11 , 12 añoa.

Núm. 7.-Para la explicación y patrones, véase el núm. 7, figuras 44 á 50 de la Hoja-Suplemento.
Núm. 8.-De cheviot/e azul marino, adornado con soutache
blanco.
La falda se rodea con soutache y se dispone en pliegues en la

9.-Tr•J• ,ara 11lorltaa d1 14, 15 aloe.

.,

12.- Chaqueta para luto rlguroao. l'iase el dibujo 11•

_¿__:~~
.· -.
. '\'
1',;é:: I

parte de detrás. Cinturón guarnecido lo mismo. El cuerpoblusa, con pliegues delante y en la espalda, lleva un gran
cuello con aoutache. L:&gt;s delanteros abren sobre un pechero
con cuello recto de ,urah blanco y un rizado que tenga 5 centfmetros de ancho.

/'

Núms. 16 y 17,-Para la explicación y patrones, véanse
los núms. 16 y 17, figs. 104 a 108 de la Hoja-Supl~nt,o.

Núm. 9.- Para la explicación y patrones, véase el número 9, figs. 84 á 93 de la Hoja-SuplerMnt,o.
Núm. 10.-La forma de este sombrero, ejecntado en tul,
se cubre por completo de crespón inglés dispuesto en frunces pequeños. El ala levantada ee guarnece con una banda
de crespón. El lado izquierdo se adorna con un rizado hecho
con una banda de crespón dobladillado. Pluma de crespón
da vuelta á todo el casco.

14.-Traje de luto rlguroto para allaa
de 10 , 11 añoa.

,

Núm. 18.-De jerga blanca, pliegues y guipar crema.
La falda, dispuestn por delante y por detrás en grupos de
pliegues. El borde inferior se guarnece con un volante alto
plegado y un entredós de guipar. El cuerpo, cerrado por
delante, se adorna con grupos de pliegue3 y ee abre sobre
un pechero p ?quello con cuello recto de batista plegada, y
un cuello redondo de guipur crema. Mangas con el mismo
adorno. Se completa el traje por un cinturón de tafetán drapeado, largas caldas y guipar colocado de manera que figure un corselete.

El cuerpo, en forma de blusa, se abre sobre un pechero plegado en los bordes superior é inferior y guarnecido con botones y cintas de terciopelo; el cierre se disimula bajo una tabla
hecha on diagonal L18 mangas, guarnecidas con pliegues, se
adornan con unas carteras guarnecidas de cintas de terciopelo
y botones.

Núm. 19.-EI cuerpo y 111 falJa de este traje, de fular
encarnado con dibujos blancos, se dispone todo alrededor
en pliegues huecos, disminuld.1s en el talle, y qno terminan
bajo un cinturón plegado de seda blanca.
El escote, cuadrado, se llena con un pechero plegado de

Núms. 11 y 12.-Para la explicación y patrones, véanse
los núms. 11 y 12, figs. 78 á 83 de la Hoja--Suplenumto.
Núm. 13.-La falda de este traje, de chedotte blanca, se

16.-Abrlgo para alfioa de 1 , 2 aioa. l'las, ,1 dibujo 11.
21.-Abrtao de otoño para niña de 2, 3 año,.

guarnece con trencillas negras, y se dispone la parte de deseda blanca, y se recuadra con un cuello ancho de guipur.
Delanteros abiertos basta el talle dejan ver el pechero
guarnecido de encaje.

trás con dos pliegues huecos cerrando á nn lado. El cuerpo

15.- Bata forma Imperio.

se abotona en la espalda por medio de botones invisibles, y
va ligeramente fruncido en el talle. Los delanteros, dispuestos en dos anchos pliegues huecos adornados con trencillas, abren sobre un pechero de cheviotte guarnecido con
pliegues pequeños sostenidos por medio de puntos cruzados de costura y cordón negro. Gran cuello, que termina
delante en solapas, y tanto este cuello como el recto, las
mangas y el cinturón, se adornan con trencillas.

Núm. 21.-Para la explicacióa y patrones, véase el número 21, figs. 109 á 113 de la Hoja-Suplemento.

Núm. 14. -Para la explicación y patrones, véase el número 14, figs. 94 á 103 de la Hoja-Suplement,o.

Núms. 22 á 24.-Las figs. 31 á 33 de la Hoja-Suplemento pertenecen á este grabado.

Núm. 15.- Para la explicación y patrones, véaae el número 15, figs. 72 á 77 de la Boja--Suplemento.

La falda de este traje, de diagonal azul obsouro, está
dispuesta basta la tabla de detrás en plieguecitos pespunteados; el contorno inferior se guarnece con cintas de terciopelo negro sujetas con botoncitos.

Núm. 20. - Para la explicación y patrones, véase el número 20, figs. 66 á 71 de la Hoja-Suplemento.

IS.-TraJ1 di Jerga oa■ Jllegu11 para lliorlta.

1

19.-Tr•J• •• flller.

20.-TreJe oon clnt•rda-bude,

2t.-Treje unolllo oon liap1r11eabl1. Yians, lo8 dlbq/oa 231124.

�..
3.68

LA MODA. ELEGANTE ILUSTRADA

t

369

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA
tecoulant? Pues la señora de León Salluze es su
hija, á quien ahora llaman la hermosa Salluze,
como antes de su matrimonio llamaban la bella
Margarita de Pontecoulant. Estaba haciendo el viaje de boda, y por eso no la conoce la señorita. Ha
llegado hace algunos días, y Polidoro, el ayuda de
cámara, me ha dicho que ha venido para invitar
á la Condesa á una gran comida que va á dar dentro
de ocho días. Aquí está todo el mundo muy contento-continuó la doncella tan parlanchina como
todas las de su oficio-de que hayan venido á instalarse en el país, porque es una señora muy lista que
sólo se ocupa de divertirse; así hará que haya un
poco de movimiento en este desierto y que el comercio gane. Solamente al señor Conde-añadió
con intencionada sonrisa-no le agradará.....
-¿Qué le importa al Conde?-respondió desdeñosa.mente Claudia, con el corazón oprimido sin
saber por qué é impelida por una curiosidad que
ella misma se reprochaba.
-¡ Cómol-exclamó la doncella, encantada de
poder soltar el discurso.-¿No lo sabe la señorita?.... ¡Pero si nadie ignora en el país que el Conde
X.
estaba perdidamente enamorado de la señorita de
Pontecoulantl Sólo que..... el señor Conde es tan
-La señorita no ha estado en una elegante vi- soberbio que cree hacer un honor al dirigirse á
cualquiera, y tardó mucho en declararse. Al verlo
sita-dijo Cesarina á su dueña.
Volvía ésta, al anochecer de un hermoso día de la señorita Margarita se picó, perdió la paciencia
Agosto, de uno de aquellos largos paseos á caballo -demasiada había tenído-y aceptó al señor Saque la ocupaban entonces la mayor parte del día, lluze, que tal vez sea tan rico como el señor Conde,
pero que no tiene tan buen tipo. ¡Qué hermoso tipo
que así pasaba sin sentir.
el del señor Conde! Luego, el nombre ..... y di-¿Sí? ..... respondió Claudia distraídamente.
Estaba pensando en la bóveda de ramaje de los cen ..•.•
- Ya basta, Cesarina-dijo severamente Claubosques, bajo la cual cabalgaba en el ya dócil Ou1·iolano, en compañía de su tutor, que otra vez se día.-Lo que digan me es indiferente; hago el
mostraba amable. Dominó, el gran lebrel, les acom- mismo caso de los chismes de pueblo, que de los
pañaba, destrozando en sus locas carreras las flo- cuentos de brujas. Venga usted á peinarme.
Mientras que la doncella, muy mortificada, arreres silvestres y lanzando á los cuatro vientos alegres ladridos que llegaban á los oídos de los jine- glaba sin decir una palabra los hermosos cabellos
tes mezclados con los infinitos ruidos del campo, de su ama, Claudia, con el corazón oprimido por
el cacareo de las gallinas en las granjas, los gor- secreta angustia, pensaba que la presencia de aquegoritos de los pájaros en los árboles, los cantos de lla mujer, a la que tanto había querido, según delos labradores, todo formando un concierto de ju- cían, pondría de nuevo al Conde de mal humor.
Y tristemente reflexionaba que, á pesar de todos
ventud y alegría.
El buen Rocamier y la Botánica estaban c~si sus esfuerzos, sólo se aclaraba un instante el cielo,
abandonados. El conde Alberto, antes obstinada- para volverse á cubrir de nubes que se precipitamente solo, esperaba ahora á que Claudia estuviese ban en tropel.
Con una minuciosidad que no le era habitual
en disposición de unirse á él, bien para la cabalgada matinal, bien para dar largos paseos por la examinó, antes de bajar al salón, su pálida cara y
tarde en el coche guiando un fogoso tronco. Na- se preocupó de los menores detalles del traje. Desdie podía quejarse de este estado de cosas, y me- pues, modesta como toda la que ignora su propio
nos aún Claudia. En efecto, el Conde parecía ha- valer, hizo un gesto de desanimación. En fin,¿iba á
ber olvidado el incidente penoso que había dado perderse el terreno ganado á fuerza de dulzura y
tonos tan negros al horizonte de Montignac, y su de paciencia?
Claudia bajó lentamente la escalera, en la que
frente estaba menos anublada.
Tampoco parecia que echaba de menos el paseo ninfas cazadoras la sonreían entre el follaje de la
solitario, puesto que era para Claudia un compa- tapicería.
De repente se detuvo; una violenta conmoción
ñero cortés. Por su parte, la ingrata joven no sentia ningún malestar por la privación de las leccio- se apoderó de ella, respondiendo al pensamiento
nes de Botánica, ni la de la compañía del buen que cruzó por su cerebro.
El conde Alberto había querido casarse con ella,
Rocamier, prefiriendo con mucho á unas y otras
los interminables paseos á caballo y las frases bre- con la pobre Claudia, para vengarse del humillante
ves que se escapaban de los severos labios del con- desdén de la señorita de Pontecoulant; indudade Alberto, considerándose feliz el día en que adi- blemente, el responder con su matrimonio al de
vinaba en el fondo de sus ojos negros aquel re- la hella Margarita, había sido la causa de que el
lámpago de bondad que vol vía á aparecer algunas altanero señor hubiera puesto los ojos sobre ella
y hubiera querido disponer de un sér inocente
veces.
La vida común se hacía menos difícil; una espe- como si no tuviera corazón y voluntad.
cie de intimidad aproximaba á aquellos tres seres
que vivían bajo el mismo techo; y si era verdad
que un velo ocultaba el porvenir, también lo era
Continuo.ra.
que se iba fundiendo la muralla de hielo que
durante algún tiempo parecía irse espesando.
En todo esto pensaba Claudia al quitarse la
amazona, teniendo aún fijos en la retina los ver; DIOS DE LOS CIELOS !
des colores de la campiña, y los pulmones impregnados del aire puro de la montaña.
-Ni siquiera me pregunta la señorita quién es
Fuerte como los robles que resisten
-dijo picada la doncella, mientras extendía sobre
Al ímpetu furioso de los vientos:
Rudo como las rocas de granito
la cama el traje de seda azul pálido que Claudia
Que saltan al empuje del barreno;
iba á ponerse para la comida, á la cual había muHonrado cual buen hijo del trabajo
cha gente convidada.
Era Juan , el minero.
-¡Qué l ¿quién?-dijo Claudia, volviendo bruscamente a la realidad.-¡Ah!.. ... esa visita....• Bueo
o o
no, ¿quién es?
-¡Oh, señorita! Una señora preciosa, muy eleFalaces y malévolas doctrinas
Turbaron su razón y su cerebro,
gante..... ¡Mucho más elegante que todas las que
Y escuchando discursos exaltados,
vienen por aquí !- exclamó Uesarina, con el desQue torcieron sus nobles pensamientos,
deñoso acento que merece á la criada parisiense
&lt;J:iNo hay Dios! )) , mil y mil veces repetía
todo lo que tiene la desgracia de ser de «provinEl infeliz obrero.
cias)).
-Con eso no adivino su nombre-replicó Clauo
o o
dia sonriéndose.
Cuando al hogar del hijo del trabajo
-La señora de León Salluze.
Asomó 1a miseria el rostro negro;
-¿La señora de León Salluze?-dijo Cl_audia h~Cuaudo, falto de pan y sin abrigo,
ciendo memoria.-No la conozco, Cesarma. Sera,
Cayó Juan en el lecho.....
siu duda, la mujer de algún oficial que acaba de
Murmurando blasfemias espantosas
llegar á Tarbea.
Renegaba de Dios el triste enfermo.
-¡No es esol-volvió á exclamar Cesarina.-¿La
,..
señorita conoce al Barón y á la Baronesa de Pono o

Claudia le hizo una seña, aflojó la mano y se
lanzó por los enarenados caminos, al lado del
Conde, á galope tendido, que poco á poco fué calmando las energías de su cabalgadura.
La Condesa sonrió y entró, confiando muy bajito á Pucky que en este mundo no se debe desconfiar de nada, mientras los dos jinetes. salían á
campo raso y tomaban el galope corto de caza.
El conde Alberto no dejaba de observar á Claudia con el rabillo del ojo. Montaba bien, sin rigidez; sabía seguir los movimientos del caballo, y
apenas levantada de la silla volvía á caer en ella
con gracia y ligereza.
Algunos caprichos de Ooriolano acabaron de
convencer al Conde de la habilidad real de Claudia. Sus prevenciones fueron desapareciendo una
á una, y cuando los dos paseantes volvieron alcastillo reflexionaba, suspirando, que aquella despreciada colegiala tenía sólida firmeza, tanto en las
condiciones innatas como en las adquiridas.

Junto á una cuna de modesto pino
Lloraba amargamente el rudo obrero;
Un trozo de su sér, un pobre niño,
Agonizaba en el camastro estrec~o.
Y aquel minero, duro c1;al gran_1to,
Firme cual roble que resiste al viento.....
Lloraba acongojado de rodillas,
Y el enltado ateo
Murinuraba gimiendo esta~ palabras: .
¡Salvatllo..... por piedad, Dios de los c1elGs !

l lenan los motivos de soutache con puntos de
fantasía variados, hechos con cordón negro.
Nuestro modelo representa un cuerpo guarnecido de un «bolero», que se ejecuta del
mismo modo.
Pechero con cuello recto de cre8pÓn plegado y cintas estrechas de terciopelo negro, que
se fijan bajo unos choux de cinta.
Mangas de tafetán plegado y cintas de ter ciopelo haciendo enrejado.
Bullones ligeramente drapeados, sostenidos con un botón de pasamanería.

"

M. R. BLANCO· BELMONTE.

CORRESPONDENCIA PARTICULAR.

Núm. 29.-Para la explicación y patrones,
véase el núm. 29, figs. 34 á 43 de la HojaSup lemento.

UNA CUDJLLKRENSE 1.• -1.• En este tiempo se u~a poco
esa clase de adornos; puede transformarlo cambiando la
pasamanería por pespuntes 6 bieses pespunteados. Si la
clase de lana lo permite, puede adornarlo con glafé negro.
Debe estrechar las mangas, y si tiene suficiente tela, reformar la chaquet a guiándose por los grabados 14 y 21 de
LA MODA del 6 de Agosto, que representan trajes de sastre
propios para señoras gruesas.
2. • También juzgo que es algo claro para usted.
3.ª Que usen las dos la receta que rloy á Una cudillerense 2.ª en la Correspondencia Particular de este mismo número: creo que á arubos les dará excelente resultado.
Si prefiere específico,s, ruég9le se dirija á la Sección de
encargos, mandando sello para la contes: ación, y ébta le remitirá los informes que desee.
UNA CUDILLERKNSE 2.•- l.ª Creo que se to mejorará
mucho el cutis usando la siguiente receta, que por sí misma puede confeccio•ar.
Pasta p ara blanquear el cutis y las manos.- En un mortero de piedra se muelen 250 gr,.mos de almendras, des•
pués de mondarlas con cuidado; se cnlocan en una vasija
nueva al baño de María, y se les añade 64 gramos de esperma de ballena y 16 de cera blanca, 32 de agua de rosas,
8 de agua de Colonia y 6 ú 8 gotas de benjuí; deFpués
que está todo derretido y bien mezclado, ~ara lo cual se
debe mover mucho con una cuchara de madera, se dfja fnfriar; lueg-o se vuelve á moler todo junto, basta que
qu€de hecho una crema, que se colocan en botes, tapándolos
perfectamente.
.Cespués de lavarse con agua clara, Ee extiende una ligera
capa de esta pasta sobre la cara, y se quita con un paño
fino al cabo de una hora, que ya habrá hecho el efecto apetecido de refrescar y blanquear el cutis.
2.ª Tenga la bondad de enterarse de la quinta contestación dada á Herminia Durán, en L.1. MODA correspondiente
al 30 de Enero.
3.ª Está explicada esta pregunta en la séptima respu~sta
dada á B. G. en el número corre,pondiente al 6 de Agosto
d a 1899.
4.3 ~1, señora, siempre que no se esté gruesa; en cuyo
caso siempre favorecen más los colores algo obscuros.
Azul lavanda, azul lino, remolacha, blanco y negro.
Sí, señora; muchísimo. Tómese la molestia de mirar el
representado en el grabado 9 de La MODA correspondiente
al 22 de Febrero.
Alto, y para sombrero bajo.
5.• L!I explicación del dulce de cabelln de ángel se dió en
la segup.da contestación á Marina, en LA MODA del 30 de
Junio.
·
6.ª Confitura de cerezas. - Después de esco"'er las mejores cerezas, se despojan de los rabos y de 1~ huesos por
medio de una tirita de hoja de lata con la punta redondeada. Se pesan y se toman 350 gramos de azúcar por cada 500
de cerezas. Se cuece el azúcar al gran baño· se echan las
cerezas en el jarabe; se espuma después y' se retira del
fuego. Se deja reposar durante cinco ó seis horas en una
vasija limpia, y pasadas éstas se escurren las cerezas sobre
un tamiz, y se agrega al jarabe 500 gramos de zumo de
grosella, haciendo cocer 1n nueva mezcla á la oran bola
Después de e~pumada ésta, se echan las cerezas· se la~
hace hervir ocho ó diez veces; se espuma otra vez { se retira del fuego, y después de frío se echa en los tarros sin
llenarlos; finalmente, se concluyen de llenar con jalea de
grosellas preparada de antemano.
. UNA JEREZANA.-1.ª, Supongo que es el grabado 44 ( me
dice uste~ el_ 14) del numero del 6 de Septiembre de 1900.
En él va rnd1cada una manera de colgar la cortina con una
barra adornada que se sale de lo ya vulgar. También puede
colocarla ?ºn galeri~ forrada de tela que haga juego con la
de la cortma, ó me1or _formando ancba band,1 con algunos
florones bordado , _lo mismo que los de la cortina, y con cenefa est_recha arriba, como la que te1mina dicha cortina
por ~ba30, y un fl_eco ~strec)io en la parte inferior. Esta
s?luc1ón será la me3or s1 se dispone de altura de techo encima de la puerta.
2.• Por procedimientos exactamente iguales á los explicado~ á Una enamorada de un moreno en LA MODA correspondiente al 22 de }Iarzo, sin más diferencia como es
consiguiente, que el cambio de flores.
'

UNA SANTAND~RINA.-1.ª Le ruego detalle algo más su
pregunta y me diga á qué clase de deberes se refiere• mientras tanto, le diré que al mismo tiempo que el novio' entre-

(Continúa en la pág. 371.)

25.-Cuerpo oon pasamanarla.

27.-Cuerpo con bolero de paaamaneria.

Véase el dibujo 28.

Núms. 30 y 31.-De chaconada blanca con
puntos color rosa y adornos de entredoses,
encaje blanco y cint as de raso rosa.
La espalda, ligeramente fruncida en el talle; una cinta rosa que se anuda delante tapa
los frunces.
29.- Traje de verano para niños de 6 á 7 años.

Véase el dibujo 28.

Núms. 25 y 26.-De lana con
dibujo gris, de paño gris claro
y adornos de pasamanería, ejecutados en tafetán y encaje recuadrado~ de soutache negro y
blanco. Estos motivos se disponen sobre un gran cuello cortado de paño liso, que se recua dra con un pechero hecho de
tela igual. Sus delanteros llevan
unas bandas lisas pespunteadas,
que se ajustan al pechero por
medio de una tira.

Los delant eros, bordeados con
volantes de encaje, se adornan
con una guarnición estilo Imperio, compuesta de tiras de encaje, por las cuales se pasa una
cinta ancha d e raso rosa, cuyas
caídas llegan hasta mitad de la
falda. Escote pequeño, con un
gran cuello adornado de entredoses y de encaje.
Mangas medio largas con un
volante de encaje.

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26.-Detalle del dibujo 26.

31.-Eapalda del dibujo 30.

La parte alta de las mangas,
con pliegues superpuestos; la
parte baja, hecha con paño liso,
se adorna con motivos de pasamanería. El mismo adorno en el
cueI;o. Dos de nuestros grabados representan modelos de estas pasamanerías, que se pueden
igualmente entrelazar como
guarnición para enaguas.

Núms. 27 y 28.-Las guarniciones de pasamanería , tan
en moda, son de un efecto muy

32.-Camisa de ala
con manga oorta para niños
de 8 á 9 años.

Núm. 32. -Para la explicación y patrones, véase el número 32, figs. 51 á 56 de la H ojaSup lemento.
Núm.· 33.-Para la expliClJ.ción y patrones, véase el número 33, figs. 57 á 63 de la HojaSuplemenlo.

30 .- Bata para señora joven. Véase el dibujo 3 1.

Núm. 34. - Para la explicación y patrones, véase el número 34, fige. 126 á 13:.! de la
Hoja-Suplemento.

33.- Camisa de dla para joven
de II á 12 años.

elegante. Se colocan sobre tafetán y sobre encaje, rodeados
je soutache fino, y con adornos de encaje Luxeuil, ó bien se

35.-camlaaa de dormir para Jóvenes de 10 á II y de 13 á ll añoa.

34.-Trajea de noche para niños.

...
)l.:

g .. '"·~ \ ..

N6m. 35.-Para la explicación y patrones, véase el núm. 35, figs. 116 á 125 de la Hoja-Suplemento.

�370

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

-¿Cómo no viene Lolilia á besarme la mano?
Sor Juliana añadió:
-¡Es muy extraño! Esta tarde no he tenido
que secar sus lágrimas y mandarla que juegue.
La organista dijo:
-No ha estado á pedirme que le cuente el cuento de o:Cenicienta» .....
La gordinflona morenita voceó agudamente:
- Hoy no nos ha dado su merienda••.••
Las que recolectaron azahar decían:
- ¡No ha estado con nosotras!
Y las que dieron de comer a los peces repitieron:
-¡Ni con nosotras! ¡Ni con nosotras!
Las mayores aseguraron formalmente que Lolita no había regado aquella tarde los tiestos de
alelíes y geranios.
Y todas, atropellándose, gritando, corrieron á
buscará la niña, en la clase, en los dormitorios,
en el lavadero y en las cocinas.
Alma de mujer en cuerpo infantil, jaramago
que el destino hizo florecer entre las negruras y
amargores de la orfandad que ignora lo que son
cariños y que no sabe lo que son sonrisas, Lolita,
la friste, como la llamaban en la casa, no parecía
por parte alguna.
Al fin Narda, haciendo pucheros, balbuceó al
oído de sor Juliana:
- Mi chacha se queó llorando•...•
-¿Dónde?-interrogaron todos.
-En la glesia-acabó Narda, soltando el trapo
a llorar.

38.-Cubrecorlé.

41 á 47. - Dttalle■
del tapete bordado.
Vla,e el dibujo 40.

36 y 37.-Funda de almohada y dbana para ouna.
Vlass el dlbu/o 49,

48.-Detalle de la cenefa del tapete bordado.
Véue el dibujo 40.

Núms. 36, 37 y 49.-La fig. 133 de la Hoja-Suplemento

pertenece á este grabado.
Estos objetos de tela fina se guarnecen con enC1Lje Richelieu, que se ejecuta. con algodón de bordar blanco muy
fino.
Se pasa el dibujo de la funda de almohada sobre un trozo de tela del tamaño necesario según la fig. 133, que no representa más que la mitad. Se bordean todos los contornos
á punto de festón muy apretado; se ejecutan las bridas
adornándolas de un redondel en el centro de las
flores; después se corta la tela entre los motivos,
lo mismo que el borde exterior; se aplica este
trozo por medio de un pespunte sobre el trozo
de debajo, cortado todo lo pequeño que haga

39.- Cuerpo-corlé para niño de 6 á 7 años.

falta.

La sábana debe tener de 1,10 metros á 1,20
metros de ancho, según el tamaño de la cuna, y
1,45 metros á 1,65 metros de largo. Se hace un
dobladillo; el borde superior se guarnece con un
bordado, que se trabaja según el grabado número 49 y del mism9 modo que la funda de almohada.
Núm. 38.-Para la explicación y patrones, véase el núm. 38, figs. 114 y 115 de la Hoja-Suple-

mento.
Núm. 39,-Pnra la explicación y patrones, véase el núm. 39, fi.g. 64 de la Hoja-Supleme11to.
Múms. 40 á 48.-La fig. 65 de la Hoja-Suple-

pertenece á este grabado.
Este tapete, de 65 centímetros en cuadro, de
tela blanca bastante fuerte, se ribetea con calado
y se guarnece con un bordado á punto llano y
punto de fantasia con seda malva é hilillo de
oro; algunos pétalos se adornan además con ca·
lados.
Se hace el dibujo, según la fig. 65, sobre un
trozo de tela de 70 centímetros en cuadro; se hacen los calados de las flores con hilo blanco muy
fino, pero se tiene cuidado de ribetear los contornos de los pétalos con cadeneta antes de sacar los hilos. Para la flor inferior de la derecha se
sacan y se dejan, alternativamente, cuatro hilos,
según el grabado núm. 47; se borda á punto por
encima muy junto, después se pasa un hilo de oro
al bies yendo y viniendo y se hacen los milanos.

1nento

40.-Tapete bordado. Vlanse los a/bu/os 41 á 48.

Para la flor inferior del angulo de la izquierda se sacan,
alternativemente, cuatro hilos para formar un cuadrado con
puntos por encima con hilo blanco, y se bordan con varios
puntos con seda, cuadrados, formados de cuatro en cuatro.
Para la flor, al lado de la de en medio, se sacan y se dejan
sucesivamente ocho cabos, que se bordan cuatro á cuatro á
punto de zurcido con hilo de oro; se llenan los cuadrados
con milanos y se bordan con hilo de oro los cundrados del
tejido. Los calados de la flor de en medio se hacen de la
misma manera que el bordaio publicado en el
núm. 27 de este año. Los calados de la flor superior se hacen según el núm. 44.
El bordado se hace con seda malva según las
indicaciones del grabado que representa el tapete, sirviéndose de los puntos indicados en los
grabados núms. 41, 42, 43, 45 y 46, asi como de
los grabados representando diferentes puntos
para el tapete que publicnmos en el núm. 27 de
este año; además se guarnecen algunas hojas con
hilo de oro y litografía.
Se hace al lado del borda.Jo el recuadro calado
sobre 6 t centímetros de ancho, según las indicaciones del grabado núm. 48, que representa una
parte del trabajo ligeramente reducido· para facilitar el trabajo se coloca el borde del tapete sobre hule, y se trabaja con hilo de los núms. 30
y 40. Se ribetean primero los contornos de los
ángulos á punto de cadeneta muy apretado ejecutado sobre cuatro hilos; después se sacan los
hilos á_ lo l~rgo del tejido y se borda para el cuadrado rntenor d~l ángulo cada vez cuatro [hilos
á punto de zurcido. Se borda el borde exterior á
punto cruzado con seda, trabajando sobre tres hilos
de altura, y tomando sucesivamente un punto de
izquierda á derecha sobre nueve hilos á lo ancho
y un punto de derecha á izquierda sobre seis hilos. Después se ejecutan, primero los ángulos y después l~s bordes según indica el grabado. Se bordan
las hoJas de los ángulos yendo y viniendo á punto
de festón; se hacen 19 puntos en la primera hilera.
y se van disminuyendo de dos en dos para las demás. Se bordan á punto de zurcido con seda de un
cabo los motivos de en medio, enlazando varias veces los hilos horizontales. Se ribetea el tapete con
un dobladillo y se forra con raso malva.

o
o o

¡ Qué escándalo el de las niñas 1
¡ Qué asombro el de las Hermanas 1
¡Qué impresión la sufrida por el padre capellá.n l.....

Las niñas dijeron:-1Qué tonta!
Las Hermanas murmuraron:-¡Pobrecillal
Y el bondadoso capellán, enternecido, exclamó:-¡Angelitol
.
. Y la tonta, la pobrecilla, el angelito era lapobre pequeñuela expósita: Lolita.
Lolita, que, al terminar las otras niñas de ofrecer flores á la Virgen Santa, quedóse en la iglesia,
y, gateando por las gradas y trepando por el altar,
llegó hasta el camarín, donde radiante y bella
abría a.morosamente sus brazos la efigie de la Señora del cielo y de la tierra.
Abrazada. a la imagen con anheloso afecto, besando con ternura inmensa los pies de la Santa
Virgen, encontraron a Lolita, que gritaba, cuando
pretendieron separarla de aquel sitio, apodándola
sacrílega:
-¡Dejadme, dejadme que la bese, si es nuestra
madre ..... si es mi madre..... y jamás la besé! .....
-¡Sacrílega! ¡sacrílegal-volvieron á decir las
chicuelas.
Y cuando la ntñita abandonó el templo, al débil
resplandor de una lámpara, afirma el capellán que
vió á la Virgen acariciar con sonrisa dulce como
beso materno á la pequeñina que se alejaba balbuciendo entre sollozos:
«Que madre nuestra es!•... 1Que madre nuestra
es!..... »
M. R. BLA:YCO-BELMONTE,

CANTARES.
I.
Á ti la luz te hace daño,

Y á. mí la sombra me asusta:
Somos la noche y el día
Que no han de juntarse nunca.

II.

Dentro de un fuerte castillo
Que mi juicio fabricó,
Meti el corazón rebelde,
Pero no me aprovechó.
Porque al mirarme tus ojos
Dió el corazón un latido,
Y se hundió la fortaleza
Cogiendo debajo al juicio.
III.

Me han dicho que de mis males
Tú misma sientes pesar.
¿ Si ser&amp; cruel mi herida
Que ha hecho mella en el puñal?
IV.

Como nada debo al mundo
Lo dejaré sin dolor,
Cuando me llegue la hora
De darle el último adió11.
U.-Borddo de

la aábana para

cuna. Viaae el dibujo 37

V.
Ábranme la sepultura,
Que es la casa verdadera
Del hijito que no tiene
Otra madre que la tierra,
PEDRO LAGUNA.

LOS ALTIVOS MONTIGNAC,
POR

JEAN DE MONTHÉAS.

é-1~1
BJ J
·&lt; rffl

~ 1'~ '1.

.7. L Barón y la Bat·onesa de Pontecoulant tienen el lwnor de participar á

1 usted el

.(i)

~,
W

efectuado enlace de su Mfa

~c. Marga,rita,. de Pontecoulant con don

León Salluze.
-1Ya me lo ~mía yo!~exclamó 1~
~ ,
Condesa de Mont1gnac, deJando caer a
sus pies el parte de boda.
Miró luego alrededor consternada, como
si quisiera tomar por testigos a los objetos
que la rodeaban y anunciarles la catástrofe. P ero
en el silencioso salón nada pareció impresionado
por
' el acontecimiento que contrariaba a la anciana señora. El antiguo reloj no interrumpió su
tic-tac monótono; los rostros coronados por empolvadas cabelleras de las que fueron señoras de
la casa, conservaron dentro de sus blasonados
marcos su traviesa é inmutable sonrisa; el retrato
del difunto Conde seguía fijando en su viuda aquella terrible mirada que tantas veces la había hecho temblar.
Sólo el perrito de la Condesa, Puclcy , se incorporó en el almohadón en que dormitaba; estiró
temblando sus diminutos miembros, y respondió
á la exclamación de su dueña con un doloroso gemido.
-Sí, Pucky-continuó la Condesa, muy satisfecha de tener á quien hablar, poniendo sobre sus
rodillas á su habitual confidente;- siempre lo
temí; tenía que acabar así, a la fuerza. ¡La única
mujer con quien tenía gusto en hablar! ¿Comprendes, Pucky? ¿No es esto triste?
-¿Qué es lo que es triste?-preguntó una voz
masculina.
La Condesa levantó los ojos hacia el r ecién venido.
Era éste un hombre de treinta á treinta y cinco
años, de elevada estatura, que cuadraba perfectamente con el aire de altanera distinción que se
notaba en toda su persona. La cabeza, alta y erguida, y la cara reproducían fielmente los hermosos
rasgos del cuadro que estaba colgado delante de
la anciana señora, pero más afinado, con una indefinible dulzura que algunas veces aparecía, como
una luz al instante apagada, en el fondo de sus
ojos obscuros y profundos.
No era éste el gesto habitual de aquella orgullosa fisonomía; realzaban su enérgica expresión
una selva de cabellos negros cortados militarmente, y una espesa barba, negra también y muy cuidada, que encuadraba varonilmente la cara.
El conde Alberto de Montignac parecía un sér
anacrónico, nacido, por error de la Naturaleza, en
una época de anemia y degeneración. La sangre
azul que corría por sus venas, y de la cual estaba
tau orgulloso, no había perdido nada de su riqueza
primitiva. Tal como estaba allí, destacándose su
elegante y atlética figura sobre los palidos tonos
de la antigua tapicería que servía de cortina, mas
parecía formado para llevar el yelmo y la coraza,
como los n obles caballeros cuyos retratos se alineaban en las paredes, que la chaqueta y el moderno sombrero de paja, complemento de su traje
de montar.
A.l ver a este hombre se adivinaba en él un carácter y una voluntad de hierro, habituados á que
todo se inclinase á su paso, y unidos á un orgullo
no doblegado nunca.
La señora de Montignac se puso a mirar el retrato de su marido, y quién sabe si por la milésima vez suspiró al contemplar el parecido del
hijo con el padre. Su tímida naturaleza se mantenía en un perpetuo temblor, por el contacto con
aquellos homl:ires que, al lado de su frágil personalidad, parecían de otras edades.
En honor a la verdad, desde la muerte del Conde, su marido, gozaba de una preponderancia en
su propia casa que no había conocido hasta entonces. Pero si el conde Alberto la trataba con deferencia, como cumple á todo hijo respetuoso, no
por eso dejaba de ser dueño incontestable y autoritario.

d~')tr

245

Hacía una vida completamente independiente;
sus sentimientos, sus ideas, sus acciones eran en
absoluto extrañas a su madre. No soportaba ninguna intrusión en el terreno que se reservaba para
sí; la Condesa lo sabía, y no intentaba inmiscuirse; además, su caracter débil y su limitadísima
inteligen.cia se acomodaban a maravilla á aquella
existencia tan poco familiar. Ocupada sobre todo en conservar a su alrededor una temperatura
igual, se pasaba la vida huyendo de las corrientes
de aire, agazapada en el fondo de una gran butaca, donde ponía y quitaba sin cesar chales de todos tamaños.
Tenía en mucha estima su tranquilidad, y
evitaba cuanto pudiera turbarla; así es que si deseaba tener un poco más de influencia sobre su
hijo, no movía, en cambio, un solo dedo para adquirirla.
La señora de Montignac no entablaba nunca sin
miedo una conversación con el conde Alberto.
Conocía su cara.cter entero, que no admitía la
contradicción, y a pesar del verdadero cariño que
les unía, como nunca eran del mismo parecer por
su distinta manera de ver las cosas, hablaban muy
poco. La Condesa se daba por muy contenta con
que no se alterase la atmósfera de dulce quietud
de que disfrutaba.
Aquel día, impresionada desagradablemente por
la noticia que acababa de recibir y que temía comunicar a su hijo, la señora de Montignac no
pudo decidirse a responder.
¡Y precisamente él estaba de buen humor! Medio sonreía, cosa poco común, mirando asumadre, que, resguardándose del frío, apenas aparecía
en el fondo de la butaca bajo los chales acumulados, que no dejaban ver más que dos cabezas: la
de la Condesa, delicada y fina, artísticamente cubierta con un antiguo encaje, y la de Pucky, que
movía el temblón hociquillo medio oculto entre
la falda de su d ueña. La brisa tibia de Mayo hacía
entrar por las entreabiertas ventanas los suaves
aromas primaverales, y un rayo de sol caía, como
una caricia, sobre los cabellos de plata de la Condesa y sobre el lustroso pelo de su querido Puclcy.
El conde Alberto no acostumbraba á esperar
mucho tiempo.
-Bueno, mamá, ¿qué pasa?-preguntó con impaciencia.
.
La Condesa se agachó, recogió el parte de boda
y se lo alargó sin responder. El Conde lo recorrió
con los ojos. Al momento surcó su frente un profundo pliegue, y una ligera contracción nerviosa
se le notó en la cara. Pero sólo fué un relampago.
Acostumbrado á contenerse y á dominar sus impresiones, demasiado orguJloso para hacer confidente suyo a quienquiera que fuese, el conde Alberto recobr6 en seguida esa máscara de impasibilidad y sangre fría, debajo de la cual ocultan su
pensamiento las gentes de su esfera.
- ¿Qué es esto?-dijo, arrojando con desdén la
tarjeta, que volvió a caer al suelo;-¿el matrimonio de esa coqueta le entristece a usted?
La señora de Montignac hizo un gesto afirmativo.
-¡Qué buena es uste.dl-continuó, subrayando
sus palabras con una sonrisa sarcástica, cuya ironía pareció a la Condesa un poco forzada.-1Ya le
he dicho a usted que no es más que una coqueta!
Puede usted decirla cuánto deseo su felicidad .....
- ¡Pero Albertol-exclamó la Condesa asombrada,-yo creí que.....
-Creyó usted mal-interrumpió secamente el
Conde.
Un silencio profundo reinó de nuevo en el inmenso salón, que ocupaba la mitad de la fachada
del castillo. La Condesa acariciaba á Pucky maquinalmente, y miraba, sin ver, una nube demosquitos que danzaban entre el polvo, iluminado por
el sol, con penetrante zumbido, mientras que el
señor Montignac, mirando con cólera á sus abuelos, r ecorría rabiosamente la estancia, cuya. alfombra apagaba el ruido de sus pasos.
- ¿Y cómo se llama ese afortunado mortal?preguntó el Conde, volviéndose hacia su madre.
La anciana señora recogió el parte de boda
y lo volvió á leer después de haber ajustado a la
nariz sus anteojos de oro, a través de los cuales
examinaban sus ojos de miope las cosas y las
personas.
-León Salluze-dijo.
-¿ León Salluze? ¿Quién es ése ?-articuló el
Conde con soberano desprecio.-¿De dónde ha salido?
. -No sé-respondi6 la señora de Montignac.Sm embargo, me parece recordar.•... Espera •...• Sí,
~í, he oído hablar de él..•.. me parece que a la senora de Pontecoulant. Es hijo de un industrial
muy rico, según dicen.

(Continúa m Za pág. 248.)

�24.6

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA
LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA
en la ¡,arte superior. El contorno de la falda lleva encaje de guipur crema, dispuesto en dientes. Cinturón
de tafetán blanco. Cuerpo
ligeramente blusado. Canesú
redondo de tafetán blanco
plegado, que se prolonga
hasta el talle. El delantero
se guarnece con una chorrera
de muselina de seda crema
plegada, y adornada con ruches pequeñas. El cuello reo
to y la guarnición del cnerpo cortada en dientes, ee Jje·
cutan en raso azul y pespuntes haciendo cuadritos. Ona
tira abotonada sobre el canesú termina el cuerpo.
Toque de paja crema. Nudos de cinta blanca y pluma
de fantasía azul.
Som.brilla de tafetán cremo, guarnecida con ruchts
de muselina de seda azul.

6 y 6.-TraJet ■encllloa para nlñu de 1, 2 y de 2, 3 añoa.

Núms. 5 y 6.-Para la explicación y patrones, véanse los
01ims. 5 y 6, figs.112 á 118 de la Hoja-Suplemento.

Re guarnece con dos bandas
pespunteadas, de raso encarnado (véase la figura que
represento el traje visto de
espalda). El «bolero», escotado en redondo, se corta al
borde inferior en dientes redondeados, y se adorna con
bandas de raso encarnado y
botones de oro. LnR mangas
se adornan lo mismo. üinturón de cuero con hebilla de
oro.
Sombrero canotier de paja
blanC&amp;. Drapeado de muselina de seda blanca. Grupo
de amapo l as encarnadas.
Sombrilla lisa de seda
blanca.
Núm. 15. -Para la explicación y patronee, véase el
número 15, figs. 97 á 101 de
la Hoja-Suplemento.

Núms. 14 y 16.-Este traje, de piqué blanco con dibujos encarnados, se compone de una falda y un «bolero» muy corto, y se completa con una camiseta sin
mangas de batista blanca,
plegada. La falda, sin forro,

Núm. 7.-Para la explicación y patrones, véase el número 7, fige. 13 á 21 de la Iloja-Suplemento.
Núm. 8.-Para la explicación y patrones, veáse el número 8, fige. 102 á 111 de la Hoja-Suplemento.
Núm. 9.-Para la explicación y patrones, véase el número 9, figs. 45 á 52 de la Hoja-Suplemento.

8.-Tra)e OH m11111 moraa ■edlo larga,.
7.- Tra)e para nlñaa
de II á 12 añoa.

11.-Traje para nlñaa
de 4 A 5 año,.

Núms. 17 y 19.-El cuerpo
de este traje, de jerga azul
marino, se guarnece por delante y por la espalda de
vueltas de bieses pespunteados, formando una punta en
modio ( véase el grabado que
representa el traje visto de
espalda). El borde superior,
9.-Abrlgo de piqué y capotita para nllu
de I t 2 doa.

10.-TraJe eacotado para ■lñu
de 2 á 3

19. - Eapalda del núm. 17.

escotado en redondo
y con cuello redondo
también, se guarnece
con anclas bordadas
en seda blanca, y se
abre sobre una cami seta con cuello recto
de batista blanca con
puntos encarnados.
Corbata de seda azul.
Mangas con bieses al
borde inferior.
Falda dispuesta
por detrás en un pliegue hueco é igualmente adornada con
tres bieses pespunteados, salvo el pliegue
hueco. Cinturón de
seda azul. Hebilla artistica.
El casco del sombrero redondo, de
paja color beige , se
rodea con cintas de
terciopelo negro. Delante tres clioux de
seda beige.

14.-Eapalda del ítm. 16.

Núm. 10.-Para la
explicación y patrones, véase el número
10, figs. 53 á 58 de la
Hoja-Suplemento.
Núm. 11.-Para la
explicación y patrones, véaSfl el número 11, figs. 119 á 121
de la Hoja-Suplemento.
Núm. 12.-Para la
es:plicación y patronea, véase el número 12, figs. 122 á 124
de la Iloja-Suplemento.

13.-Tr•J• de verano en tular.

Núm.13.-Este traje es azul con dibujos crema, y va guarnecido de guipur, de
muselina de seda crema y de raso azul.
Falda con forro de
tafetán blanco. Pliegues pequeiioe detrás, pespunteados

Núm. 18.-Para la
explicación y patrones, véase el número
18, figs. 87 á 96 tle
la Hoja-Suplemento.

15.-Tr■JI ae■olllo para 1eñarlta.

247

Núm . 20. -Este
'raje de forma Princesa, de terciopelo
encarnado, ea muy á
propóai to en una

afi••.

12.-Delantal de nanauo para
niñas de 3 á 4 añoa.

ceremonia de casamiento para la madre de la novia. Se ejecuta con un delantal de moaré con dibujo adornado con
flores bordadas. El cuerpo escotado se rodea con solapas de
terciopelo, que se prolongan sobre la espalda guarnecidas con
flores bordadas con lentejuelas de oro. Se pueden reemplazar los bordados con moti vos de pasamaneria. Mangas entalladas en el borde inferior. El contorno de la falda, lo mismo
que los delanteros, se adorna con guirnaldas bordadas. El
paño de detrás ee dispone con un pliegue hueco. Los delanteros del cuerpo se abren sobre una chorrera de encaje.

�248

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

-¡Naturalmente!-dijo el Conde con amargura.
-El fin principal está logrado. ¡La aristocracia de
los escudos! ¡la nobleza del dinero!. .... L~ única
que persiguen algunas almas que no conocen otra.
¡ Seamos del siglo! ¡ Seamos modernos!- prosiguió, mirando con aire amenazador á un caba •
llero de Malta que se sonreía dentro de su armadura.
El caballero no pensaba responder; la Condesa,
si bien no tenía las mismas razones,
se calló también, y bajó la cabeza
asustada de la borrasca que se presentaba. Su silencio impacientó al conde
Alberto; atravesaba uno de esos momentos en los que todo enfada, la palabra y el silencio, y en los que se desea la contradicción que, dando una
ocasión de disg_usto, sustituye á las causas secretas con motivos plausibles, y
sirve de derivativo á un mal humor
que pugna por ser conocido.
Volvió á ponerse delante de sumadre.
-Bueno, ¿y qué más?-dijo golpeándose nerviosamente las botas con
la fusta.
Se detuvo notando que los ojos de
la Condesa estaban llenos de lágrimas.
- ¡Aseguro-exclamó con impacien•
cia - que no la comprendo á usted,
mamá! ¿A qué viene esa aflicción? Me
parece que es inoportuna en absoluto ..... ¿ Quiere usted decirme por qué
le interesa tanto el casamiento de la
señorita de Pontecoulant?
La Condesa reunió todo su valor.
Era muy poco inteligente, y no se distinguía por su oportunidad; pero su
instinto femenino la hizo comprende ·
que aquél era el momento á propósit ..
para abordar la única cuestión que l, ·
llegaba al alma. Así es que, con un a
porción de precauciones oratorias, Fo
internó por los vericuetos de la fras,•
más larga que pronunciaba desde su
casamiento.
- ¡ Por Dios, hijo mío 1-murmuró-es verdad, estoy triste; sin embargo, yo no pensaba cansarte con el
relato de mis pesares..... Pero ya que
lo deseas puedo complacerte..... tal vez
sea lo mejor al fin y al cabo..... En sí,
el matrimonio de la señorita de Pontecoulant me es indiferente. Pero es
una mujer hermosa y de talento, y,
¡no te enfades!, yo había creído notar
que te gustaba su compañía, ó por lo
menos-se apresuró á rectificar al ver
un movimiento del Conde-que te era
menos desagradable que la de las demás mujeres. Pues bien..... yo esperaba

.,

por ley de sucesión, era orgullosa, independie~te,
dura como las montañas natales que les habian
dado el nombro.
Y la Condesa se puso á mirar con melancolía á
través de sus anteojos los altos picos de los Pirineos, que se destacaban con fuerza sobre un horizonte trasparente y que asemejaban una decoración fantástica vistos por un boqu~te que dejaban
los grandes árboles del parque.

Traje de visitas de tafetán negro con encaje incrustado.

II.
Al dejar á su madre, el conde Alberto atravesó
rápidamente el abovedado vestíbulo y penetró en
una gran biblioteca con artesonados de roble, que
hacía las veces de despacho. Tiró bruscamente la
fusta al otro extremo de la habitación, y se dejó
caer en una butaca, delante de su mesa-escritorio,
que ocupaba uno de los entrantes de los cuatro
ventanones de vidrios sujetos con plomo, y se puso á reflexionar en actitud
sombría.
El conde Alberto sufría bajo el peso,
no de un dolor agudo, pero sí de una
gran decepción de su ,a mor propio,
ante la cual el orgullo se revelaba.
Aunque en principio estaba resuelto
á casarse, el señor de Montignac no
había, hasta entonces, pensado en ello.
No quería á las mujeres, á las cuales
consideraba, siguiend·o á Schopenhauer, como animalitos ininteligentes,
caprichosos, llenos de todo género de
vicios y altamente dañinos. Así es que,
tratándolas con la exquisita cortesía
de hombre de mundo, bajo la cual se
encubría un desdeñoso desprecio, revelado á veces en epigramas sangrientos, se alejaba de ellas sistemáticamente, y no hacía nada que pudiese revelar que sn existencia tenía alguna relación con la de él.
Las mujeres tienen especial empeño
en hacer que se incline ante ellas aquel
que se quiere emancipar de su yugo.
Atraídas por su varonil belleza, preocupadas con su irónica cortesía y sus
burlas constantes, á todas gustaba el
conde Alberto, y más de una, considerando que el hecho constituiría una
gran victoria, soñaba con enganchar
á su carro á aquel rebelde.
Todas las tentativas resultaban inútiles, porque el Conde ponía en escaparse tanto empeño como las mujeres
ponían en conquistarle. A cada ensayo
infructuoso, el señor de Montignac se
contentaba con una sonrisa cuya impertinencia apenas tenía el cuidado
de disimular, y se volvía más escéptico.
Solamente Margarita de Pontecoulant, mujer hermosísima, perteneciente á la más rancia nobleza del país,
pero cuya familia estaba completamente arruinada, parecía haberle caído en gracia,

Modelo de Za casa WALL ES, 30 , .-ue Lot&lt;is·le·Gratid, Pal'is.

:!::~•:::::::+;:::~;:::~~;::::~:::~;:::~•;:::~+;;::~+;:::~;:::~•~:·:~~ ~::::::+;:::~~:::~~:::~+;:::~;:::!:'+:::::~•;:::~:::~:::~+::::!~;:::~~:::~;::~

que un día..... No me interrumpas,
querido Alberto - suplicó, viendo que el Conde
iba á hablar;-es preciso que oigas siquiera una vez.
Sí, lo confieso y tú lo sabes, mi deseo más vivo es el
de verte casado. Yo quisiera, antes de morir, verme rodeada de algunas cabecitas rubias que llenaran con sus gritos y su alegría este silencioso caserón y perpetuaran nuestro nombre. Tu padre,
Alberto - añadió la anciana con verdadera dignidad en el tono y en la actitud, señalando al retrato del conde Hugues,-se casó segunda vez sólo
para que no se extinguiera el glorioso nombre de
sus antepasados, y tú, á quien ha legado ese nombre, tienes el deber de trasmitirlo á tu vez.....
Piensa en ello, hijo, que ya es hora; vas á cumplir treinta y cinco años.
La Condesa se detuvo sofocada; en su vida había hablado tanto.
En el fondo de su discurso faltaba tacto. Permitirse recordar al conde Alberto sus deberes, era
exponerse á ser rechazada por una de aquellas
altaneras respuestas exclusivas suyas.
-Conozco-respondió fríamente-los. deberes
que me impone el nombre que mi padre me ha
legado, y nadie mejor que yo-continuó levantando su cabeza orgullosa-puede saber cuándo y
cómo los debo cumplir. Sin embargo, tranquilícese usted, mamá. Pienso casarme, y considerando mi avanzada edad, que usted ha tenido la bondad de recordar, reflexionaré sobre ello. Deboterminó, con una ironía en la que se reflejaba
la borrasca de su interior-poner á usted sobreaviso por las decepciones que va á sufrir con este
acontecimiento; no tendrá usted cabezas rubias;
los Montignac son morenos por ley de sucesión.
Después de estas palabras salió, y la Condesa se
quedó suspirando.
¡Ah! sí, por ley de sucesión eran morenos aquellos Montignac soberbios, como su alma, también

En fin, se decía á sí misma, ha prometido casarse, y ya es bastante lograr de ese terco que
nunca cede. Cambiando de postura, la señora
de Montignac se atrevió á mirar frente á frente,
con satisfacción, el retrato de su difunto marido,
que siempre le inspiraba un respetuoso terror. No
se podría decir que, durante·su vida, hubiera cedido el conde Rugues, en nada, ni por nadie; su
mujer, sobre todo, sabía muy bien á qué atenerse
sobre este punto. ¡Siempre había estado temblando ante aquellos ojos negros, zumbones y despiadados que se burlaban de su timidez sin lograr otra
cosa qull aumentarla! Ni con la muerte desapareció su suplicio, porque los ojos permanecían allí,
en el lienzo, como viviente realidad; y la Condesa, en continua obsesión, creía moverse siempre
bajo el imperio de su desdeñosa mirada. Por primera vez miraba r..l retrato bien de frente, orgullosa con la victoria obtenida al fin sobre aquella
raza indomable.
Su triunfo no fué de larga duración. Pensó con
desconsuelo que, una vez casada la señorita de
Pontecoulant, no se encontraría en el país ninguna otra que tuviese abolengo suficiente para pretender asociarse al antiguo nombre de los Montignac. En cuanto á un casamiento desigual, casarle con una Salluze ó cosa por el estilo: ·
- Eso jamás-exclamó la anciana señora con
un altanero movimiento de su cabeza blanca.
Pero, entonces, se aprovecharía de ello para
no casarse; ¡tenía tal horror al matrimonio! jamaba tanto la libertad! Y no nacería el nuevo Montignac encargado de mantener el esplendor de su
familia, que terminaría así.....
Y la señora de Montignac, aterrada por esta
desoladora perspectiva, acariciaba con rabia á
Pucky, que gemía lamentablemente como si comprendiera lo horrible de la situación.....

PEPJÚDICO ESPEQAL DE SEÑORAS YSEÑORITASJ INDISPENSABLE EN TODA CASA DE FAMILI~
A«Jmjniatraoión, Arenal, 18, Madrid.

1

Madrid, 22 de Agosto de 1900.

11

Año LIX. - l!J11m, 31.

SUMARIO.
TnTO.-Revista. parisiense, por V. de CasteUldo.-Explioa.ción de los grabados.- De casa. y de fuera, por
Jlon~Crlsto.-Notas de la Exposición, por la. :rt:Ja.rque8&amp; del Valle.-Losaltivos Montignac, continuación. p~r
Silvia.. -1 Dio~ de los cielos l. poesía., por D.M. R. Bla!'co-Belmonte. -Corresponden~ia. particular, ¡ or dona.
Adel~ P.-Explica&lt;:ión del llgurin ilumina.do.-Sueltos .
-Anuncios.
ORABADOS.-1. Traje de paseo.-'?. Chambra para enrermo.-3. Gola. con ca.idas.--4. Traje Princesa con bordA.do.-5. Cuello-corbata..- 6. Traje de fular.- :?- Traje
nara. niñoa de l á ~ años.-8 y 9. ·rrajes de otono para.
señoritas de 11 á 1~ y de 14 á 15 años. -10. Toque l' Aiglon. - 11 y 12. Chaqueta. para luto riguroso.-13 y 14.
Trajes de medio luto y de luto riguroso p~ra ni_ñas de
8 á 9 y de 10 á 11 años.-15. Bata._ forma. Im~rw,-;-H
y 17. Abrigo para niños de I á 2 ano•.- 18. Tra¡e de ¡erg&amp; con vliegues para señorita..-19. Traje de fu~r.-20.
Traje con cinturón-banda. - 21. Abrigo de otono para
niña rle 2 a 3 años. - 2~ á 24. Traje sencillo con impermeable. -25 y 26. Cuerpo con pa.samanerla. - 27 y 28.
Ouerpo con «bolero, de pa•amaneria.-29. Troje d'.: verano pa.raniños deff :i 7 años.-30 y 31. Bata para senara.
joven.-32 y 33. Ca.misas de dia para niños de 8 ~_u y
Joven de 11 á 12 años. - 34. Trajes de noche para nmos.
-35. Ca.misas de dormir para. jóvenes de 10 a 11 y de
U á 14 a.ños.-36, 37 y 49. Funda de almohada y sábana
vara cuna.. -38. Cubrecorsé.-39. 0uerpo-corsé para
niño de 6 á 7 años. -40 y 41 á 48. Tapete borda.do.

REVISTA PARISIENSE.
SUMARIO.

Trajes de casa.-Camisas y pantalones.-Necesidad de
un buen corsé. • Sus ventajas.- Corsés largos.- Lu io
inusitado.-. Enagul\&gt;I. - Cubrecorsé Récamier. - Ena guas de tafetán, - Tollttle de moaré rose.- ¿Por qué
saben a.gradar las españolas?

HL

Continuara.

CORRESPONDENCIA PARTICULAR.
FLOREs.- 1.ª Contesto á usted con sumo gusto; también
lo tendría en dirigirme directamente á sus amigas : ¿por
qué no las inclina usted y ellas no se deciden á figurar en
el número de las que me honran con sus consultas?
Con el traje ~e piqué blanco resultará muy elegante el
sombrero de paJa negra, de forma de capelina, adornado
con buenas plumas de avestruz negras y dos choux de tul
:osa! por el estilo del sombrero representado en el figurín
1lummado de L A. MODA del 14 de Mayo. También es bonito
el correspondiente al croquis número 4. de la R evista Parisiense del 22 de Mayo.
Para el traje crudo y sombrero de paja clara adorne usted éste con una corona de rosas grandes alrededor de la.
copa y un lazo de terciopelo negro cerca del pelo y cubra
todo él con encaje crudo.
'
2." De cre~pón d? la China gris p_erl~, si quiere que resulte
muy de vestir , y s1 no, de cachenur hgero del mismo color.
3." Es completamente indiferente; pero, si cabe, es más
elegante la morada.
4." Si tiene mucha amistad con él, no necesita añadirá
su nombre los 11p11llidos ; si no es así, estará mejor la firma
entera.
5.ª No se usan generalmente sino cuando se está de luto
ó medio luto.
Mi opinión es que lleve guante de un medio color como
es cualquiera de los amarillos ó mastic.
'
6.ª Es tan bonita una cosa como la otra, y se debe emplear la combinación que mejor armonice con las toilettes
que se lleven con ese sombrero.
UNA. CAMELIA.- 1.•Después de trascurrido el primer mes
y antes de que pasen los tres meses después de la desgracia.
2. ~ Tenga la bondad de leer la contestación dada á Merced,u en el n_úmero correspondiente al 6 de Agoato último:
en ella se d1ó la receta que me pide, suponiendo que se
trate de helado. Si no fuera así, tenga la bondad de decirme algo más detalladamente su deseo, y tendré sumo gusto
en complacerla.

(Continúa en la pág. 251.)

f•

mismo tiempo que la estación nos
impone los trajet1 ligeros, nace _la, preocupación de los elegantes deshabilles que
necesat:iamente han de acompañar á
aquéllos.
¡Qué campo tan á propósito para lucir
loe refinamientos del buengustol Sin embargo, en muchas ocasiones el gaje_es ~
muselina, y está plegado eencilfamente
como el de una.niña que va á hacer su
primera comunión: apenas si _se ad,ivin_a
nh viso de seda de color que v10ne a ammar el traje, y si en éste se deja ver algún que otro lazo que le sirve de adorno
y recuerda las galas del mundo.
Pero con la nota de sencillez que domina en estos trajee forma verdadero
contraste el lujo, cada vez más marcado,
de las ropas interiores.
· Las camisal!I, de finísima batista, son
ahora más cortas que de ordinario, y se
adornan al borde con un volante guarnecido de pequeños pliegues y de una hermosa tira de encaje. En la parte alta,
incrustaciones en forma de canesú, enu-edoses, algunas veces un encaje cayendo en forma de berta, y siempre, cualquier~ que s~a el a¡:lo_rno, todo ello de lo
m1ás fino que se conozca, de modo tal que
resulte de tiba marcada aistinción.
A este mismo género corresponde el
el!ltilo de los pantalones, y parece excusado decir que el corsé no 'p uede menos
de salir d~ una casa acreditada.
-' En manera alguna debe aceptarse como
buena la idea de que cualquier forma de
corsé· puede sentar ?ien á todo~ los. bustos· muy al contrarro, se necesita cierto
ari:i y no escaso in6enio para saber e-Iegir aquella forma que, disimulando los
defectos del cuerpo de cada cual, preste
AsaS'líneas la mayor perfección posible: ..

1.- Traje de paseo.
J(úm. !.-Chaqueta de paño. Solapas de terciopelo gris
adornado con aplicación de guipur con pespuntee ble.neas;
se abrocha con tres bot.ones de cristal; un borde, de otro tono
al.rededor. Mangas éon·· pespuntes exi la parte de arriba y

pu.ño :d~ guipur. Falda con cintas de raso de dos tonos for.mando una punta y terminada con encaje. .
¡ Toqlf6 .d e fieltro f.oda pesp~nte¡lda y guarn,eci~a con ro-. ;
sas y una pluma amazona.
·

�</text>
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                <text>La Moda Elegante Ilustrada. Esta revista tiene sus orígenes en 1842. Su antecedente fue un pequeño periódico femenino titulado La Moda que empezó a publicarse en Cádiz en 1841, de la mano de don Francisco Flores Arenas, escritor andaluz y periodista conservador de El Globo. Unos años más tarde, en 1849, el editor don Abelardo de Carlos Almansa compra este pequeño periódico de modas, entonces en crisis, y lo convierte en una publicación de gran éxito y con beneficios. Tuvo tanto éxito que se vendió por toda España. En 1861 cambió su formato y adoptó el nombre de La Moda elegante ilustrada y a partir de 1871 comienza a publicarse también en Madrid. La moda elegante es una de las publicaciones “femeninas” más longevas, pues continuó su larga vida hasta finales de 1927, sobreviviendo a De Carlos.</text>
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