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LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA
ó polvos KUNTZ desaparecen todos los mD.le&amp;de estómago por antiguos que sean. -Farmacias y droguerias del mundo entero,

NINON D 'i : LENCLos·

AGUAS DE COLONIA

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joven y bella hasta más allá de sus 8o años, rompiendo una vez y otra su acta de nacimiento á la
faz del tiempo que en vano agitaba su guadaña delante de aquel rostro seductor sin poder mortificarle.-Este ;ecreto, que la gran coqueta egoísta no quiso r_evelar á ninguno des~ comemporáneos, ha sido descubierto por el doctor Leconte ·entre las hoJas de un tomo de la H,stona amorosa
tú las Galias, de Bussy-Rabutin , perteneciente á la biblioteca de Voltaire, y actualmente propiedad
exclusiva de la Perfumería l\h1ou (Maiso,z Leco,zte), 31, rue du Quatre-Septembre, 31 , París.
Dicha Casa entrega el secreto á sus elegantes clientes bajo el nombre de , éritahle Eau de
1.Wlnon y de l)uve&amp; de l\h1on, polvo de arroz que Ninon de Lenclos llamaba &lt;la juventud en
nna caja•.-Es necesario exigir en la etiqueta el nombre y la dirección de la Casa para evitar las
falsificaciones.-La Parfumerie Nition expide á todas p artes sus prospectos y precios corrientes.
Depósitos en Madrid: Aguirre y Mo/i,zo, Perfumería Oriental, Carmen, 2¡ Perfumería de Ur1juiola, Mayor, I; Sixlo Romero, Perfumería Inglesa, Carrera de San ':ferúnimo, 3; Perfumería de
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ridad con la econoIQia en artículo de tanto consumo, estaba reservado al A.g-ua d e Colonia de Orive , ·la mejor y más barata del mundo. Por tales requisitos es preferida por los
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!gentes generales en la República mexicana: Sres. HERRERO HERMA No S , !venida del e·meo de Mayo, nlllll.
, 4, M'exico.
nei;cn-nC:os todos los derechos de propiedad art!stico. y literaria.

11

SUMARIO.

Depósito central: MONTERA, 25

LA

0-10f~lle)Jucnle
L.T. PBVER

MATÍAS
LÓPEZ
H•DRID-ESCGRt•L

se calman instantaneamente con las Got:os c:ll•
mantes de Sánchez O.c aña Fa.rm.• Atocha, 35.

Año LIX. - Núm. 33,

Madrid, 6 de Septiembre de 1900.

SUMARIO.

conteniendo -:,or!'1'1enoreft y ateataclon•ea.

¿ Teneis Canas?
¿ Teneis Péliculas?

'J'

A«Jminiatracióu., A.renal, 18, llaclricl,

TEXTO.-Revista parisiense, por V. de Castelfldo.-Explica.ción de los grabados.- De casa y de fuera, por
JConte-Ortsto.-Cuentos del día. Las dichas imposibles,
por D. Alfonso Pérez Nieva.-Cómo suefian las mujeres, por D. Alejandro La.rrubiera.-Los altivos Montigna.c, continuación, por Silvia..-ll1is tres Magdalenas, poesía, por D. Antonio Grilo.-Correspondencia.
particular, por D.• Adela P.-Explicación del figurín
iluminado.-Sueltos.-.A.nuncios.
GRA.llA.DOS.-1. Traje depaseo.-2. Ca.misa.de vestir, cuello postizo, puños y corbata para hombre.-3. Ca.misa
de dormir y calzoncillo para hombre. - 4. Repisa con
borda.do.- 5. Traje para comidas. - 6 y 7. Chaleco
adornado con bordado para bombre.-8 y 9. Traje de
crespón de la Cbina.-10. Traje inglés con falda de novedad.-11. Traje de comida y soirée.-12. Traje de vi- .
sita y de garden-party.-13. Elegante traje para visita.
-14 y lii. Traje para niñas de 3 á 4 años.-16. Traje
para niñas de 7 á 8 a.ños.-17. Traje para señoritas de
11 á 12 a.ños.-18. Traje de desposa.da.-19 y 20. Cubrecorsé y enagua de ba.ile.-21. Traje para reuniones.22.-Abrigo para baile y teatro.-23. Capa de otoño.24, Cuerpos de encaje de Luxeuil,- 25. Mantel de b¡iffet adornado con bordado.

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no olvidados los terribles calores

H de la pasada quincena, París no ha
podido menos de oir con gusto el ruido
del trueno, presagio ét~ las lluvias, largo
tiempo deseadas, que por fin han venido
á mitigar los rigores de la estación. A este
rápido descenso de la temperatura se debe
el que ahora se vea, como nunca lo estuvo, invadida la Exposición por una multitud que se apiña en los palacios y

Nú111. 1,-Este traje es de color gris hierro,
adornado con terciopelo gris obscuro. El fígaro,
formando cuello y solapas, se recorta delante de
manera que resulten unas caidas estrechas redon•
deadas en l11 parte de abajo y sujetas á un cinturón de terciopelo, con dos botones de acero. Corbata de terciopelo negro sujetando un cuello de
muselin&amp; de seda blanca.
Falda guarnecida en la parte de a.1::ajo con un
bies de terciopelo gris con pasamanería gris y
negra. Forma delante cinco tablas pespunteadas
hasta treinta centímetros del borde.
Manga ajustada hasta el codo; desde abi se
&amp;bre y cae sobre otra ancha de seda azul viejo,
con puño redondo adornado con tres hileras de
terciopelos.
Sombrero de terciopelo gris hierro drapeado,
&amp;domado con lentejuelas de tul gris y con una
e&amp;beza de pájaro.

1.-Traje de paseo.

�38G

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

ocupa, literalmente hablando, sus espaciosos jardines.
Los parisienses no son mas que una exigua mi•
noria de esta muchedumbre, que trae a la memoria la torre de Babel por la diversidad de dialectos y de idiomas en que se expresan provincianos
y extranjeros.
Sin embargo, aún quedan retenidas a las orillas
del Sena algunas lindas parisienses, cuya posición
les obliga á no separarse de la capital de Francia
y á figurar en las fiestas que se han celebrado al
concluir el luto que el mundo oficial vistió con
motivo de la trágica muerte del rey Humberto.
Para consolarse de esta forzosa quietud, las que
á ella se ven reducidas pasan el día en la Exposición, y sin grandes gastos ni molestias hacen interesantes viajes por todas las partes del mundo.
Se las encuentra en el Canadá, en Ceilán, en el
Cairo ó en A.rgel; se las ve recorriendo el Egipto
ó las Indias; todo las atrae, todo las encanta. Entre uno y otro viaje se detienen á probar alguna
golosina, saborean los deliciosos vinos de España
ó se deleitan tomando té ó chocolate allí donde es
fama que lo sirven m ejor, pues para ellas ni hay
rincón desconocido ni e3pecialidad sobre la que
no puedan dar su opinión.
o
o o

Tardes pasadas sorprendí á tres señoras jóvenes
de las más conocidas y de la mejor sociedad, que
a la vez que merendaban oían con marcada atención los cadenciosos valses de un'.l. orquesta rumana.
Sus toilettes no eran lujosas, pero sí elegantísim'.l.s, mereciendo especial mención la de gasa de

parte alta, que estaba plegada, abrochado á la iz.
quierda con pequeños botones de azabache; des•
pués, un bordado de lentejuelas simulando un «bolero» sobre otro cuerpo plegado solamente en la
parte de debajo del «bolero»; gran cuello recto
bordado de azabache; y, finalmente, preciosas mangas con un doble bullón de tul negro rizado. Alrededor del talle, un cinturón formado por una cinta
bordada de flores y una magnífica hebilla de estilo moderno.
Gran sombrero de crin negra guarnecido de plumas y de un drapeado de tul del
mismo color alrededor de la copa.
Un traje negro bien entendido y con
un adorno original es, sin disputa , el mas
elegante que puede apetecerse. Para lutos
de corta duración, para un día de mal
tiempo y en otras mil ocasiones, es en
extremo conveniente tener á mano una
de estas elegantes toilettes. Todo lo sal va
el negro: si el guardarropa. no está muy
surtido; si hay algún motivo de tristeza,
el traje negro resuelve el problema, pues
es de mucho vestir y hasta es capaz de
hermosear en los días en que, por cansancio ó por alteración de la salud, resulta
la cara algo ajada.
Tul de punto de espíritu, crespón de la
China, tul con lentejuelas ó con felpilla,
tafetán, todo viste, todo sienta maravillosamente.
No obstante su aire de sencillez, la toilette representada por el croquis número 2 es de aquellas que acreditan de buen
gusto.

¡ Cuanto se ha abusado del oro en estos últimos
tiempos! Paquin lo prodiga hasta lo increíble: en
galones, botones, broches, en toda clase de adornos, en fin, se encuentra siempre la misma nota,
aunque sea en formas bien distintas.
La toilette á que corresponde el croquis número 3
es también muy original, y está confeccionada con
paño muselina de un color mal va sumamente desvanecido. La falda no lleva más adorno que un ribete de terciopelo negro. El cuerpo, de forma &lt;rbolero», se cierra por
medio de dos correas
que se abrochan con
sus correspondientes
botones; bajo este
«bolero» aparece una
preciosa tira de tafetán blanco bordado
con aplicaciones de
terciopelo negro,
bordadas á su vez con
cuentecillas de acero.
Tanto el cuello como el cinturón son
de terciopelo anaranjado, y sobre uno
y otro se destacan,
colocadas horizontalmente, varias cintas
de terciopelo negro:
de este mismo tejido
es el do ble bullón
con que se terminan
las mangas, un tanto
acampanadas.
Los sombreros de
estas dos últimas toilettes son muy bonitos. El primero es un
tricornio de paja cruda; sus alas están levantadas con suma
valentía, y su adorno
consiste en escarapelas de terciopelo
negro y en una gran
hebilla colocada delante. El otro es una
capelina de paja de
Italia rodeada de terciopelo negro y guarnecida con una hebilla de oro, estilo antiguo, y al costado
con un gran ramo de
rosas amarillas.
Núm.4.

Núm.l.

Núm.2.

seda negra completamente plegada que representa
el croquis número l.
La parte alta de la falda estaba plegada a lo largo; debajo tenía un volante en forma plegado al
través y guarnecido con una doble guirnalda de
lentejuelas, finas y ligeras, simulando en su dibujo
un entrelazado de hojas de laurel. El adorno de
la parte de atrás del traje consistía en una banda
de cinta de tafetán negro bordada con grandes
flores de color.
El cuerpo se componía de varias partes: en primer lugar, el plastrón totalmente liso, excepto la

Núm.3.

Toda ella esta hecha de velo color beige y de
terciopelo de tono algo más obscuro. La falda,
completamente recta, lleva al borde una franja de
tafetán terminada con trencilla de oro. El cuerpo
se abre sobre un camisolín de ,:1eda blanca plegada, y está adornado con un ribete de terciopelo
recortado, bajo el cual se dibuja un chaleco de
guipur ribeteado de terciopelo azul.
Corselete de terciopelo color beige, mangas con
vueltas de terciopelo de este mismo color y bullón
de muselina blanca terminado por un puño galoneaao de oro.

387

LA MODA EL~GANTE ILUSTRADA

9.-Detalle del dibujo 8.

3.-Camlaa de dormir y calzoncillo para hombre.
2. - Camlaa de ves ti•, cuello poatlzo, puños y oorbata
para hombre.

Núm. 2.-Para la explicación y patrones, véase el núm. 2, figs. 55 á 63 de la. Hoja-Suplemento.
Núm. 3.-Para la explicación y patrones, véase
el núm. 3, figs. 64 :c\.'70 de la Hoja-Supleme,,to.
Núm. 4.-La fig. 73 y la 1 de la Hrrja-Suplemento pertenecen á este grabado.
Se ejecuta esta repisa con madera tallada
obscura. La tabla que sirve de repisa mide 80
centímetros de largo y 12de ancho. La repisa tiene 58 centímetros de largo y 7 de ancho. Los
la.rgueros ó tienen 41 centímetros de largo, y los
travesaños el tamaño necesario.
Se extiende sobre el tablero un bordado Gobelin ejecutado sobre un trozo de cañamazo
de Java que tenga 58 centímetros de largo y

21 de ancho. Para ejecutar la repisa tallada se pasa el dibujo sobre la madera según la fig. 73 de la Hrja-Suplemento;
se trabaja siguiendo las indicaciones del
grabado, y se rellena de obscuro el fondo liso. La parte alta lleva motivos de
estrellas siguiendo las indicaciones del gra·
bado. Se ejecuta el bordado con lana de
Hnmburgo sobre cañamazo Java (7 hilos
un centímetro de ancho) según el
dibujo fig. 1 de la Hoja-Suplemento; se
trabaja para cada cuadrado pequeño 2 puntos sobre 2 hilos del tejido después de un
hilo de intervalo. Se aplica en seguida el
bordado sobre una hoja de cartón guarnecida por el revés con rasete obscuro, y
se fija sobre el revés de la tabla por medio de puntas de París.

=

o

o o

En el día se estilan mucho los cinturones anchoe
de cuero ó de ante, blancos ó grises, abrochados
con una gran hebilla; en el mismo estilo se ven
también cinturones-corseletes drapeados ó plegados, de los cuales es una muestra el de la toilette
del croquis número 4.
Esta es de moaré gris, y se guarnece con souta,.
che estrecho del mismo color.
La falda tiene corte de levita, debido á los tres
pliegues que guarnecen el paño delantero; el resto de la falda es completamente liso y lleva como
adorno varios órdenes de soutache agrupados de
tres en tres y formando á su extremo un dibujo
semejante á una hoja de· trébol.
El cuerpo es una preciosidad : consiste en una
chaqueta que cae un poco más abajo del talle, y en
la que se'reproduce el mismo adorno de la falda.
Los delanteros se adornan con dos solapas forradas_de paño celest e, con botones grises cuyos tamanos aumentan en progresión creciente de arriba abajo. Por encima de las solapas lleva un pequeño cuello de encaje irlandés. El camisolín es
de muselina de seda celeste, plegado con pliegues
sumamente estrechos, y se esconde bajo un corselete de tafetan celeste; picos de encaje irlandés
caen sobro el cuello de muselina.
En la manga aparecen de nuevo los dibujos de
trencillas y trébol.
El sombrero de esta toilette es también un tricornio de paja blanca, cuyo adorno, por demás
sencillo, se compone de un chou de gasa blanca.
El favor alcanzado por esta forma de sombrero
no es un mero capricho de la moda; es más bien
una consecuencia del convencimiento adquirido
por toJas de que los tales tricornios sientan muy
bien á la cabeza: por tanto, no me parece aventu•
rado el predecir que durante el próximo invierno
hemos de ver muchos sombreros de este estilo.
V. DE ÜASTELFipO.
Pa.ris, 2 de Septiembre de 1900.

V

4.-Replsa con bordado.

Núms. 8 y 9.-Nuestro grabado representa un
traje de crespón blanco ~uarnecido con un rico
bordado Renacimiento. Se bordan los contornos
del dibujo á punto de festón, con picos en el borde inferior; después se corta la tela y se unen
los motivos entre si con bridas bordadas ( véase
el dibujo que representa una parte del trabajo,
mitad del tamaño en que se ha de ejecutar). La
falda, hecha con varias vueltas de frunces I se
rodea con un volante alto bordado que tenga 3
metros de largo. Pequeños pliegues van encima.
Cuerpo cerrado por detrás y ligeramente blusado. Canesú recuadrado por una écharpe anudada
delante, cuyas largas caldas se guarnecen con
pliegues y bordados. Cuello recto y cinturón
muy alto de terciopelo drapearlo color rosa. Mangas bordadas por completo. Se coloca la falda
libremente sobre raso de seda de color.

&amp;.-Chaleco adornado con bordado para hombre.
Véase el dibujo 7.

5.-Traje para oomlda1.

Núm. 5.-De seda rosa brochada y ador~os de entredoses de encaje de Cluny.
Estos guarnecen el borde inferior de la
falda formando cruz en el paño de delante y terminan bajo nudos de cinta color rosa. Falda con pequeña cola y pliegue hueco detrás. Cuerpo guarnecido de
entredoses cruzados figurando «bolero » y
que terminan con un nudo. Escote en
punta bordeado de muselina de seda plegada y encaje fruncido delante. Mangas
medio largas con entredoses. Se puede reemplazar el encaje Cluny por encaje de
Luxeuil, ó bien con cordados de lentejuelas.
Núms. 6 y 7.-Para la explicación y patrones, véanse los núms. 6 y 7, figs. 71 y
72 de la Hoja Suplemento.

8.-Tra)e de ore1pón de la China. Véase el dibujo 9.

�389

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

388

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

DE C.ASA Y DE FUERA.
El fln de la season.-Comienza. el desfile. - Una. boda. en Bia.rritz.Almuerzo y ba.ile.-Las reinas de la. moda.-Artistas veraneando.
- Cómo se escribe la bistoria.-Boda en proyecto.

~flij'
Klf
';)-,;

•

~

ERMINó

ya la gran s,mana, sem,na

monstruo, agitadísima, que no da
tiempo al d?scanso, ni concede tre~
~ gua al cromsta para consagrar algu._ nas líneas á sus lectoras: han desfila:
lado por el redondel taurino todos los
astros del toreo, Fuentes y el Bomba,
. Lagartijo y Machaquito; para todos• ha ha:
bido estruendosas ovaciones: sobre la escena
de la sala de fiestas del Gran Casino han vibrado
las notas de los grandes maestros, cuyas más ce•
le?radas creaciones han interpretado, ante un pÚ•
bhco numeroso y brillante, el pianista Raner,
otra notable artista cuyo nombre no recuerdo, y
la admirable orquesta que dirige el maestro Goñi;
se han quemado fuegos artificiales en prófusión
verdaderamente asombrosa; la Estudiantina Clásica Española ha tocado aires nacionales en el
Nuevo Circo, y hasta un prestidigitador notable
ha emulado los laureles de Hermann y de Cagliostro en una de las últimas noches del Casino.
Seguirá éste abierto todo el mes de Septiembre;
la orquesta seguirá ejecutando escogidos programas en el salón ó en la terraza; pero el desfile continuará en aumento, y sólo permanecerán aqaí las
familias que tienen sus villas _propias y que consagran esta temporada al reposo.

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o
o o

1.

Uno de los primeros que han levantado el campo, abandonando su encantador hotel de la Concha, donde tan deliciosas fiestas se han celebrado
este verano, es el Sr. Romero Robledo, que con
sus encantadoras hijas se trasladará al Romeral,
su hermosa finca de Antequera, después de dejar
á sus hijas menores en dos colegios de Londres y
de Vergara.
La Condesa viuda de Montarco se trasladará
muy pronto á Cestona, y después marchará eon
sus hijos á Madrid pflra hacer los preparativos de
la boda de su hija María con D. Mauricio de Melgar, joven oficial de Caballería, hijo de los Marqueses de Canales de Chozas, y cuyo hermano el
Conde de Villamonte esta casado con otra hija de
los Condes de Montarco.
No será ésta probablemente la única boda que
se celebre en plazo breve en aquella aristocrática
familia.
El Marqués de Monteagudo ha llegado ya con
el segundo de sus hijos a los Estados Unidos, donde se propone pasar una corta temporada consagrado al cuidado de los grandes intereses que tiene en aquella nación, mientras la Marquesa busca
alivio á una afección reumática en un· balneario
francés.
Los Condes de Vilana y su familia estan ya ins- .
talados en París, con el principal objeto de asistir
á la profesión de su hija Rosario en el convento
de Damas inglesas.
Otros muchos compatriotas se disponen á emprender su viaje a la capital de Francia pero no
lo harán hasta fines del mes actual, com~ la Marquesa de Squilache, los Marqueses de la Laguna y
los señores de Vargas-Machuca.
Los Condes de Esteban Collantes, con sus hijas,
se han trasladado desde Zarauz á Biarritz, y allí
se hallan tantas distinguidas familias españolas,
que me propongo detenerme algunos días en la
hermosa playa puesta en moda por la emperatriz
Eugenia, para desde allí escribir una Crónica para
las lectoras de LA MODA.
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La nota saliente del actual verano en Biarritz
ha sido el matrimonio de la bellísima hija de los
Marqueses de Castrillo con su pariente D. Pablo
Larios, de la rama de esta opuienta familia residente en Gibraltar; la ceremonia tuvo como brillante prólogo un magnífico baile, al que asistieron la reina Natalia de Servia y lo más distinguido de Biarritz; el almuerzo que se sirvió después
d.e la boda fué espléndido, y ofreció la particularidad de estar servido en pequeñas mesitas, cada
una de las cuales se hallaba adornada con un centro de rosas de color diferente.
El presente ofrecido á la hermosa novia por la
la reina Natalia (además de cederle para pasar la
luna de miel la preciosa Villa Sachino), ha sido
v.erdaderamente regio: c,onsistía en una gran mariposa formada con rub1es y brillantes de gran
tamaño.

Biarritz esta ahora en plElna season; allí están
ya todas las que dan la nota de la elegancia y tlel
buen tono, y entre nuestras compatriotas hay hermosuras tan notables como la señora de Castellanos, la Marquesa de Portago y la de Santa María
de Silvela.

CUENTOS DEL DÍA.
LAS DICHAS IMPOSIBLES.

I.

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Volviendo á San Sebastián, es de notar que estas playas son el sitio predilecto para el veraneo
de muchos artistas eminentes. Todos los días se
ve paseando por la terraza del Casino, luciendo
su espléndida melena aplomada, al ilustre Sarasate; todas las noches la notable diva señorita
Paccini y su madre pasan algunas horas en la
sala de recreos, dejando no pocas pesetas en el
ferrocarril ó en los caballitos; el aplaudido barítono Tabuyo descansa aquí de sus trabajos artísticos, disponiéndose á cantar en Sevilla durante
el invierno; el tenor Trabadelo, hoy retirado de
la escena, pero consagrado en París á la enseñanza del canto, habita un bonito hotel cercano á la
Concha, y pasea en lujoso carruaje, acompañado
de su señora, que es una espléndida hermosura;
Quinito Valverde, el popular compositor del género chico, ha dado aquí principio á sus trabajos
para el invierno, entre los que se cuenta una zarzuela de López Silva y otra de Arniches, obras
que aplaudiremos muy pronto-así lo espero-en
la Zarzuela ó en Apolo.
Y puesto que de artistas hablamos, también he
de citar al poeta Grilo, artista de la palabra, cuya
musa, siempre fresca é inspirada, ha producido
aquí algunas notables creaciones.
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En la prensa de esta ca~ital se ha dado un caso
que ocurrirá seguramente en la de todas partes
con más frecuencia de lo que podemos figurarnos'.
Días pasados celebraron un almuerzo en Rentería
varios amigos, en número de treinta, del Sr. Romero Robledo; un hecho tan sencillo fué suficiente para que al siguiente día todos los periódicos de
la localidad aparecieran con sendos artículos, en
los que se aludía al citado almuerzo, haciendo
cálculos sobre su alcance político.
Con decir que los comensales eran: los Marqueses de la Laguna, con sus hijas la Condesa de Requena y la Marquesa de Tenorio; la Marquesa de
Aguiar, la señora de Idoate, las señoritas de Ro•
mero Robledo, los inseparables amigos de este
ilustre hombre público Sres. Ordóñez y Eulate,
los distinguidos sportmens sevillanos Sres. D. Diego y D. Manuel Benj umea y D. Pedro de León, y
los clubmens madrileños Sres. Príncipe, Delgado,
Franco (D. Alfonso), Buguera, Carvajal (D. Rafael)
y Bermejillo (D. Eugenio), con mas un notable
aficionado al cante flamenco, el Sr. Bombín, y dos
ó tres señores completamente ajenos á la política
está dicho todo.
'
Toda la política que allí se hizo fué brindar por
el notable orador parlamentario, y luego mucho
cante y mucho baile flamenco.
¡Y á esto pretenden darle alcance político!
Así se escribe la historia.
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Entre la distinguida sociedad que aquí veranea
s~ da por segura la próxima boda de un Marqués
vmde, que es senador del reino, con una señorita
muy bella y perteneciente á una de las casas más
aristocráticas de España.
No puedo ser hoy más explícito.
MONTE-CRISTO.

La dulce Reina de Moldavia, una jovencita
en la plena expansi6n de la juventud, recorre la
Academia militar de Jassi. La Soberana dificilmente alcanzará los veinte años, y ·su figura suave y reflexiva de rubia del Norte, como oriunda
de estirpes germánicas, forma un extraño contraste con los magnates que la rodean: el Presidente de su Consrjo de Regencia; el Ministro de
la Guerra, el héroe de la independencia del Principado, dos ancianos venerables; los Generales de la
guarnici6n, la mayoría viejos, todos con sus uniformes verdes y sus charrete1·as de oro. Fuera de
la Reina, no se distingue allt otra mvjer que la
dama de honor. Por privilegio de la Academia, guía
al cortejo el alumno más aplicado, el número uno,
un muchacho ruma~o "legítimo, moreno, impetuoso,
de grandes ojos negros. La Reina sube la amplia
escale1·a principal hablando con el alumno.
LA REINA.-¿De modo que es usted el primer
alumno de la casa?
EL ALUMNO.-Sí, señora; gracias á la bondad de
mis superiores.
LA REINA. ( Complacida de la modestia del estudiante.)-Y de su trabajo. Proverbial es el que
cuesta en la Academia Militar de Jassi el
ganar el sable de honor al salir á teniente. ¿Le
falta á usted mucho?
EL ALUMNO.-Un año, señora, que ansío que pase
en un minuto para derramar mi sangre por
V. M. y por la libertad, los dos grandes cultos
de mi vida.
LA REINA. (Sonriendojovialmente.)-¡Hoial ¿No
soy yo la única que ocupa el altar de su patriotismo? ¿Tengo una rival?
EL A.LUMNO.-No, señora. Vuestra Majestad y la
libertad son la misma cosa. Del trono erigido
por vuestro augusto y difunto padre sobre
nuestros valles de rosas balsámicas, ha descendido al subir V. M. una brisa de amor generoso, q_.:ue mantiene hasta el delirio el entusiasmo de todos sus súbditos.
(La soberana es joven y es mujer, y no puede por
menos de sentirse halagada por las palabras de fuego del alumno. Hay una pausa mientras la comitiva continúa subiendo la monumental escalera
en derechura al sal6n de armas, en que ha de ser:
vfrse el lunch.)
LA REINA. (Sonriendo, pero disparando bruscamente sus palabras.)-¿ Le agradaría a usted,
caballero alumno, pertenecer á mis guardias
de á caballo?
EL ALUMNO. (Sonrojándose de emoci6n.)-¡Oh señora!..... ¡Quién lo duda!
L.A. REINA.-Pues en recuerdo de mi visita á la
Academia, transcurrido el año de prácticas,
cuente usted con una plaza de teniente en el
escuadrón.
. , (lpl alumno se detiene un segundo temblando de
1ubiw, y se contiene, en obsequio al uniforme para
no postra1·se á los pies de la Soberana. El Ministro
de la Guerra se ha ace1·cado, y en el acto la Reina
l,e da la oi·den para el porvenir. Ha llegado al sal6n
de ai:11!-as la comitiva, que, rodeada del alto el,emento militar de gala, un oleaje de cordones de oro y
de plumeros blancos, penetra en la estancia entre
ocho guardias de á pie gigantescos, con sus gorras
de J?elo '}/ su guerrera escarlata. Alli el alumno se
retira a un segundo término. La música del batallón de la Academia toca en el patio. Con los acord~s _sube el murmullo de las damas invitadas á Za
v,isita, q_ue pueblan las galerías del edificio para ver
a la senom: El agasaj_o es co:to, una mera f6 1•.
mula palCf,tina. L_a Reina moJa sus labios en una
copa de vino nacional, del Danubio, y deja luego
la ~es~ cargada de pastas y de plata. Antes de
salir 1 sin darse cuenta, busca instintivamente con
los OJOS la fi{fura marcial 1el alumno, cuadrado
con a7:regw a ordenanza mientras la Reina parte
Y. haciendo resaltar su apostura con su marcial actitud.)
II.

Han_ pasado dos años. La Reina de Moldavia,
como siempre1 con su grave y sencilla belleza alemana de mu1er d~ Goethe, sal,e del sal6n de Minist,:os de su ?alacio, encaminándose á sus habitaciones parttcula,r~s. Anda con firmeza, con la frente
alta; pe1·0 ya palida y con extraño brillo en los ojos.
Su Cons(!Jo la acompaña hasta la puerta de sn
cua1·to: Al pasar por la galería, el zaguanete de
guardias forma en dos filas. El oficial saluda con

la espada. Es el alumno que gui6 á la Sobemna en
la Academia de J assi. La Reina le ve sin mirarle,
JI las pupilas de la egregia joven se animan con un
fulgo1· apenas advertible.
LA REINA. (Dejándose caei·, al encontrarse sola,
en un diván de su sala de confianza.)-¡Durísima ley la de los tronos! La salud de la patria exige el terrible sacrificio. ¡Todo por su
santa prosperidad! ..... Ahora mismo acabo de
dar mi consentimiento para mi boda con ese
Príncipe ruso. No le conozco más que de haber
bailado una vez con él en Berlín el rigodón
de honor. Parece que es de blando carácter y
caballeresco espíritu. Nuestra unión aportará
la ventura ámis Estados. Pero, ¿y yo? ¿Yo no
tengo el derecho de disponer de mi corazón
como la última aldeana de Moldavia? ( Pausa.
Instantes de abatimiento, en que casi asoman
las lágrimas á los ojos de la .Reina.) Parece que
la casualidad ha hecho que esté de guardia ese
hombre. Cuando respondí afirmativamente al
Presidente del Consejo asintiendo á la boda
real, creí desfallecer. ¡Acababa de ver al teniente al entrar é iba a verle al salir! El Gabinete estaba bien lejos de sospechar que mi
aquiescencia significaba el martirio aplicado
por propia mano. ¡Oh! ¡Porque nadie lo sabe
fuera de mi conciencia!..... Yo entregaré mi
diestra á ese Príncipe, é inspirándome en el
alto ejemplo de las más puras reinas que la
historia me ofrece, guardaré incólume mi
virtud, permaneciendo digna de mi pueblo;
pero..... , sin que lo pueda evitar, mi corazón ya
no es mío, no me pertenece, y con toda la ternura de que es capaz ama á ese oficial que me
guió por la Academia de Jassi.

III.
EL GENTILHOMBRE. (Anunciándolos.) - Señora.
Los señores de Galatz.

caso es que anoche me acosté más tarde de lo
acostumbrado. Habíamos ido á la Opera..... Vimos
( Los novios salen inclinándose, y la Reina re- Lohengrín..... Rendida por el cansancio, me quedé
pronto dormida..... Y soñé..... ¿á que no sabes?.....
frena una mfrada profunda que se la escapa.)
Que yo tenía un novio..... Y que este novio se parecía á Lohengrín, no el de la ópera, sino otro
más guapo, más arrogante. Y aquí me tienes á mí
IV.
convertida en una Eisa..... Pero lo chocante del
Apenas ha caído la c01·tina de terciopelo, aban- caso es que mi Lohengrín no iba vestido como el
donan las fuerzas á la Reina, y ~ola, sin testigos, Caballero del Cisne ..... Vestía como todos los jóveprorrumpe en un llanto silencioso y discreto, des- nes que tú y yo conocemos, pero ¡ si vieras
ahogo mudo de su dolor, y se desploma sobre el di- qué simpatico! ..... ¡Cómo me hablaba de nuestro
ván, permaneciendo en actitud de suprema deso- amor!... .. ¡Con más apasionamiento que el otro en
el famoso dúo!..... Y yo, yo le quería mucho..... Y
lación.
LA REINA. (Entre lágrimas.)-¡Y pensar que, de pasó el tiempo-en los sueños no hay cronología
no haber nacido en un trono, podría ser mía posible-y me vi esposa de aquel Lohengrín de
frac, y me sentía una Elsa felicísima ..... Mi mariesa ventura!
¡Ruin poder el de una reina, que por serlo do me adoraba, satisfacía todos mis caprichos....•
no puede ser feliz! Sólo una grandeza queda Yo era su reina y él mi esclavo ..... ¡Gracias que
á la majestad de mi trono, y yo la guardaré, sus cadenas eran de rosas, sujetas fuertemente al
Dios mío, con vuestra ayuda: la grandeza de hilo de oro de mi cariño..... ¡ Qué sueño más hermoso! ..... ¡Si se realizara!
la virtud que acepta y consuma al sacrificio.
Dios de a ustedes pródigamente la dicha a que
son acreedores 1

ALFONSO PÉREZ NIEVA.

CÓMO SUEÑ.AN L.AS MUJERES.
Á

LOS DIEZ A....~OS.

~1~YE, Pepita, te tengo que contar una
¡¡íf'~~~ cosa que anoche he soñado..... ¡Si vie~
, ras!.... Mama y papá me llevaron la
otra tarde á un bazar muy grande.
~
Yo nunca había visto una tienda tan
bonita, tan lujosa..... Sus vitrinas ha1 llábanse atestadas de objetos y chucherías como yo no imaginé existieran..... :Mamá
se detuvo en una sección en donde no había
más que objetos de cocina..... Te confieso que
papá y yo nos aburríamos un poquitito viendo elegir a mamá cacerolas, fuentes, platos, marmitas .....
Aquello no tenía fin ..... ; es decir, sí lo tuvo: dió
papá una tarjeta y nos fuimos á otra sección, «OBJE'ros FOTOGRÁFICOS», y aquí sí que las aburridas
resultamos mamá y yo..... , que no sabemos una
palabra de máquinas, clisés, objetivos, placas y
otras mil cosas de nombres tan raros, que se me
borraban de la imaginación apenas oídos. El señor
papa tardó tanto en elegir sus cachivaches de fotografía como mamá los de cocina. Y con esto está
dicho todo..... Pues señor, que nos metimos en otra
sección, y, chica, no puedo decirte lo que sentí al
ver las estanterías cuajadas de muñecas. ¡Qué bonitas eran todas! ..... ¡qué lujosamente prendidas!.....
Las había con un letrero en el que se leía:
«DICEN PAPA Y M.AMA.l&gt;
De ésas, de ésas quería yo una: mi sueño dorado, una muñequita que dijese lo mismo que mi
hermanita Sole, que no dice más que Papa y
Mama ..... ¡Y tiene ya año y medio!..... «¡Si me comprarais una!», me atreví a suplicará mis papás.....
Y ellos, que son muy buenos, se sonrieron, y papá
me dijo: «Te compraremos una.» Mira, oir esto y
coger las manos de papa, y llamarle rico, y darle
muchos besos, fué cosa de un segundo..... Y salí
del bazar saltando de alegría, con mi hijita aprisionada contra mi pecho..... ¡Si vieras qué preciosidad de muñeca! Iba vestida de raso, y parecía á
las reinas que salen en los teatros; la apretabas un
botoncito que tenía en el pecho, y decía más claro
aún que mi hermanita: ¡Pa-pa!..... ¡Ma-ma! ..... Te
digo que fué un sueño deliciosísimo ..... ¡Si vieras qué
triste me quedé cuando, al despertar, no oí más
que el Papa y Mama de mi hermanita! ..... ¡Yo no
sé por qué los sueños no han de ser de veras!.....
¡Qué fastidio! .....

En la estancia regia, siguiendo la. indicación
hecha en la puerta por el magnate, penetra la juvenil par(!J·a, dejando un 1·astro de V'ida espléndida
y feliz. Ella es una, morena dálmata, esbelta y
alta, vestida aim con el blanco traje nupcial, de
enajenados ojos; él un a1·rogante teniente de la
Guardia de á caballo, con su guerrera roja, su
pantalón gris y su casco con llorón grana, en el
brazo. La Soberana l,es espera de pie en el fondo
del salón, resaltando su, figura suáve en et acolchado perla de la tapicería. Está sola. Su boda re•
gia se ve1·ificará dentro de cinco meses. Al verá.los
novios se adelanta á ellos, tendiéndoles la mano,
que ambos besan respetuosamente, como cumple á
la más elementctl etiqueta palatina.
LA REINA.. (Sonriendo bondadosamente.)-No les
esperaba tan pronto.
EL TENIEN'rE. (Con su · vehemencia habitual.)En cuanto ha terminado la ceremonia religiosa nos hemos precipitado al coche para
venir á dar las gracias á Vuestra Majestad,
por haberse dignado apadrinarnos. Vuestra
bondad, señora, rebasa ya de tal modo los límites de la benevolencia, que no encuentro
otras palabras con que expresar mi agradecimiento que las que dije a Vuestra Majestad
gniándola por la Academia de Jassi: ¡Disponga de mi sangre hasta en su última gota!
( La Reina, muy pálida, procurando dominarse,
escucha silenciosa estas palabras. La recién casada , á su vez, con acento que la dicha hace trémulo, disp6nese á manifestar su gratitud á la Soberana.)
LA NOVIA. (Con ingenua y tiei·na sencillez.)-¿Y
yo qué he de decir. señora, que no resulte
frío para expresará Vuestra Majestad mi agradecimiento? Mi vida es inútil á Vuestra Majestad; pero, si no lo fuese, no vacilaría en
ofrecérsela á la magnanima persona que ha .............................................
-¿ Sabes, Pepita, una cosa?..... Papá me ha traíhecho la ventura de mi existencia permitiéndome unirme para siempre al hombre á quien do una muñeca que también habla; pero ..... ¡era
más bonita y mejor la da mi sueño! .•...
amo.
La Reina, sonriente y conmovida, invita á sentarse á los novios, y entabla con ellos un animado
Á LOS DIEZ Y SEIS AÑOS.
coloquio. Se entera ~e ~ón:de van á pasar la luna
de miel, dónde van a vivir luego. Les espera en los
CARTA DE ISABEL Á PEPITA.
saraos de Palacio. El título nobiliario drtdo al teNo te sonrías desdeñosa, ni me llames «tonta
niente en regctlo de boda le aut01·iza para asistii·.
de capirote», como solías decirme en el colegio
¿ Y los Condes de la Dobruscha, los padrinos?
¿Por qué se queda1·on en la antecámara, puest'J cuando te contaba alguna de esas cosas que te haque hasta allí. acompañaron á los nuevos cónyu- cían reir a mandíbula batiente..... Ríete ahora,
ges? ¿Para qué entraron solos? Por algo los bueno1&gt; paro no me lo digas. Lo que voy a contarte es
·condes son el esp~jo de la aristocracia moldava, muy serio..... Se trata de mi porvenir..... Ya ves
delicadeza ensalzable. Al cabo la Sobe1·ana termina tú, ¡mi porvenir!. .... ¿Tú crees en los sueños? .....
la audiencia; se levanta; y saludando con suprema Yo..... estoy indecisa..... A ratos creo que son avisencillez, con una reverencia majestuosa, tiende su sos providenciales, y á ratos recuerdo lo que nos
decía la Superiora, que eran sólo imaginaciones
mano á los novios, que vuelven á besarla.
LA REINA. (En acento que quiere ser sereno.)-¡Que producidas por una sobrexcitación nerviosa ..... El

............... ........... ...................

Esta línea de puntos suspensivos indica una visita que acaba de marcharse en este momento.....
las de Lucanda: las he contado mi sueño, y se han
reído de él, ¡las muy tontas!, y Amparito, lamayor, me ha dicho en secreto que acaso fuera su
hermano Alfredo el Lohengrín real de mi sueño..... , porque el pobrecillo no hace más que suspirar por mí..... No he replicado palabra; pero mi
Lohengrín de anoche vale un millón de veces más
que el chico de las de Lucanda.....
Á

LOg VEINTE AÑOS.

DE LA MISMA Á LA MISMA.

................................... ...... ...
,

Y aquí tienes, querida mía, que la señora de
Lucanda es todo lo venturosa que en mis condiciones puede desear cualquiera mujer..... ¿ Te
acuerdas de aquel Lohengrín famoso que soñé?.....
Pues mi Alfredo me quiere tanto como en sueños
vi yo que me adoraba mi fantástico marido..... No
es tan.arrogante ni tan guapo, ni canta dúos, no,
señora; pero tiene un corazón hermosísimo, y sá
que en él ha levantado un altarito donde adora á
su mujercita•.... Bueno; pero..... aqb.í otra vez de
mis quimeras. ¡ Si el cielo nos concediese un
hijo!..... un hijo como el que yo vi anoche en
sueños, tan bonito, con unos ojazos muy grandes,
que me tendía sus manecitas y con una voz dulce
me llamaba: ¡Mamá!, ¡mamá mta!, te digo que
me lo comía a besos..... ¡Y era yo tan dichosa, que
no me cambiaba en aquel momento soñado por
mujer alguna, aunque esta mujer fuese una emperatriz..... ¿Qué mayor imperio para mí que un
hijito como el que forjó mi fantasía?.....
Pero todo ha sido un sueño....
Á

LOS CINCUENTA AÑOS.
DE LA l\llSMA Á LA MISMA •

Abandónalo todo y ven á nuestro lado..... ¡Se
trata de vestir a Mariíta de corto, y esto nos trae
revueltos á mis hijos y á nosotros..... queremos celebrar espléndidamente tan fausto suceso..... ¡Ven!
Te advierto que si no vienes nos enfadamos todos, incluso la señora Mariíta, que con su media
lengua pregunta si vas á venir á verla.
Antes de terminar esta carta, voy á confesarte
que sueño..... Ya no hay Lohengrines ni hijos.....
Hay solo una muñeca. Puedes comprender de lo
que se trata..... De ella, de nuestra Mariíta, que
nos trae embobecidos..... Anoche soñé que íbamos
á un bazar y que la comprábamos una muñeca Iujosísima, automatica y parlanchina ( esto es una
exageración, porque no tiene resortes más que para
media docena de palabras). ¡ Cómo gocé contemplando _1_~ alegría con que la pitusilla se apoderaba
de la hIJita que yo temblorosa y emocionada le
ofrecía ..... ¡En fin, querida, que cuando somos niñas, lo mismo que cuando somos abuelas no so' que con..... muñecas!
'
namos
mas
Á

LOS SESENTA AÑOS.

DE LA MISMA Á LA MISMA.

¡ Ay, Pepita de mi alma, y cómo nos cambian los
años!..... Te digo esto, porque seguramente te reirías al verme con las gafas puestas para escribirte.
¡Me cuesta ahora un trabajo el coger la pluma!.....
Por eso no me taches de perezosa, ¡no!..... De tan(Continúa en la pág. 392,)

�390

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

Núm. lO.-Las figs. 11 á 19 de la Hoja-Suplemento pertenecen á este grabado.
Este traje, de pafio ligero color beige, ee guarnece con
pliegues pequeños. La falda, cu.yendo libremente sobre la
de forro, se hace por delante con un gran paño prolongado
por encima de las caderas para figurar aldetas, y termina
detrás debajo de la tabla: los paños de los ]arios se colocan
en tres grupos de tres pliega.es estrechos sujetos á dos tercios de altura.
El cuerpo, cerrado delante con botones dorados, lleva
pliegues todo alrededor, de manera que forme un corselete; los delanteros se abren &lt;:on solo.pns pequeñas sobre un
peto con cuello recto de paño.

L1s mangas, de tafetán pintado, est.-ín guarnecidas con
carteras de tafetán liso ribeteado con rizado. Se completa
el traje con un cinturón-corselete de tafetán drapeado color
rosa. viejo, cerrado á un costado.
Núm. 13.-De crespón de la China rosa pálido, adornos
de encaje de Uhantilly negro y bordado de seda negra.
Falda plegada, con bordado todo alrede~or, abre_ sobre uno.
quilla cubierta de encaje; la p~rte supen~r, f~unCiday guarnecida con entredoses de encaJe. El lado izquierdo del cuerpo se cubre con crespón de la China drapeado, y el derecho, que cierra cruzando, se adorna, como la espalda, de encaje de Chantilly negro. Canesú de muselina de seda negra
guarnecido de bordado. Volante plegado de crespón de la
China, bordeado de felpilla y sujeto bajo un pequeño drapeado de muselina de seda negra, que se coloca desde el
lado derecho hasta el talle. Mangas con varias vueltas de
fruncidos en el codo y en el puño. Trozos de seda cortados
en dientes en la parte superior.

Núm. 11.-Las figs. 30 'á 37 de la Hoja-Suplemento pertenecen á este grabado.
.
·
Este traje, de faya malva, se guarnece con _encaj~ de
Cluny negro; pero se puede reemplazar por enca3e ordinario ó tul bordado.
La falda, con tabla detrás, se guarnece con encaje que
llega hasta la cintura, á los dos lados del paño de delante y
de los costados.
El cuerpo, con escote cuadrado, se abre sobre un peto de
muselina de seda plegado, ribeteado con un rizado y a,lornado con un lazo de cinta cometa de terciopelo; lo.a delanteros se cortan de manera. que formen un adorno drapeado,
con encaje, ribeteado con riz11do de muselina de seda. Cinturón de faya malva drapeado. Las mangas se terminan con
un volante plegado de muselina de seda con rizado estrecho.

Núm. 12.-Eute traje, de tafetán blanco, adornado de
una ligera pintura á la aguada representando ramas de rosa,
está hecho con un volante de encaje de Cluny, ribeteado de
rizado de muselina de seda; este volante sube hacia el lado
izquierdo, dispuesto en frunces sujetos con un entredós de
encaje.
El &lt;rbolero», corto, de tafetán blanco guarnecido de encaje, se abre con solapas adornadas con rizados de muselina de seda sobre un pechero con cuello recto hecho con
muselina de seda de color rosa viejo, cubierta de muselina blanca.

39t

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

Núms. 14 y 15.-Las figs. 25 á 29 de la Hoja-Suplemento
pertenecen á este grabado.
Este traje es de muselina guarnecido con entredós y encaje sobre trasparente de color. La falda se guarnece con
dos hileras de entredós de 3 centímetros de ancho, montando
por delante hasta el canesú con solapas de entredós y galón
ribeteado con encaje. El borde inferior lleva dos volantes
de muselina de 3 centimetros de ancho y 3 metros de largo,
guarnecidos con encaje de 6 centimetros de ancho; se unen
á la falda con entredoses. Las mangas, cortas, bullonadas,
guarnecidas con dos hileras de entredoses, se ribetean con
volantes de muselina de 60 centímetros de largo y 1 ♦ metros de ancho. El canesú se guarnece con cintas blancas,
fijas delante y detrás, debajo de clwux con caídas hasta los
volante~.

cuadrado, cierra detrás. Mangas cortas hechas como el cuerpo, con bandas de muselina plegada y entredoses de encaje.
El escote se rodea con una berta de muselina que tenga 1,70
metros de largo, guarnecida de entredoses y de encaje. Los
pliegues de las mangas se abren sobre 5 centímetros de altura, de modo que formen volante bordeado de encaje. Falda
compuesta por bandas de muselina que t&lt;ngan 15 centímetros de ancho, dispuestas en pliegues de lencería sobre 10
centímetros de altura, y de entredoses de encaje. El contorno inferior va rodeado de una banda plegada, que debe
tener 6 centímetros de altura. Volante de muselina bordada
que tenga 3,50 metros de largo, adornado con entredoses de
encaje. El cuerpo y las mangas se guarnecen con nudos de
cinta de raso rosa. Cinta igual rodea fa cintura y cierra detrás bajo un nudo con grandes caídas.
Núm. 17. - De muselina blanca sobre viso de seda ázul
claro. El cuerpo-blusa se hace con canesú y cuello recto de
muselina plegada, recuadrado con una berta, con entredoses de Valenciennes y bordados. Vola.nte de encaje, que
tenga 2,90 metros de largo. Mangas dispuestas en pliegues
de lencería, con vueltas de encaje bordeadas por un volante. Falda de 2,30 metros de ancho; entredoses de Valencienues figurando una túnica. El paño de delante se monto.
liso sobre la cintura. El de detrás se frunce ligeramente.
Volante de encaje de cuatro vueltas de ancho. Se completa
el traje con una écharpe de cinta de raso azul celeste.
Núm. 18. - Las figs. 1 á 10 de la Hoja-Suplemento pertenecen á este grabado.
Es de seda color marfil y adorno de muselina de seda y
encaje.
La falda, con larga cola, se rodea de un entredós de mu-

Núm. 16.-De muselina blanca borrlada sobre viso de
color, pliegues de lencería y encaje. El cne~po, con escote
10.-TraJe lngléa con falda de ■ovedad.

16.-TraJe pua niñas de 7 á 8 ailca.

;

. ·.·

-----:.

17 -Traje para aeñorltu de II á IZ añoa.

.- - _...,

- ---~-~-15.-Eepalda del
Glbujo "·

19 y 20.-Cubrecoraé y enagua de balle.

selina. de seda bordada y abierta á un lado, dejando ver la falda de debajo, que va guarnecida
con i.n volante alto plegado ds muselina de seda
y ruches al borde.
Cuerpo hecho con un gran canesú de muselina de SJ:lda bordada. Encaje bordado y ramo de
azahar á. un lado. Mangas lisas con bullones de
mus3]ina de seda, terminadas con un volante de
etca;e.
Uinturón muy estrecho y ramo pequeño de
azahaT.
Velo muy largo de tul sujeto con una corona
pequeña de azahar.

11.-TraJe de comida y aolrée.

12.-TraJe de visita y de garden-party.

13.-Elegante traje para vl1lt•.

Núms. 19 y 20.-Para la explicación y patroneR, véaae los núms. 19 y 20, figs. 44 á 49 de la
H oja-8-uplemento.

�392

I:.A MO-DA ELEGANTE ILUSTRADA

393

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA
usted esta mañana, tío Alberto-dijo Claudia sentándose al lado de la mesa sin que nadie se lo hubiera dicho, con una osadía de que ella misma estaba asombrada.-Crea usted que lo he sentido,
porque me gustan sobre todas las cosas nuestros
paseos á. caballo. Pero el Sr. Rocamier me ha
echado en cara que le abandonaba, y no he querido
disgustarle; bastante ha sufrido el pobre. Estoy segura-añadió con monería-que usted lo comprenderá y no se ofenderá por ello. Solamente
que reclamo una indemnización ..... ¿Quiere usted
montar esta tarde?
-¡Ya lo creo! Con mucho
gusto- respondió el Conde, que
había ido serenándose durante
este hábil discurso.
Al mismo tiempo llamaron
discretamente á la puerta.
-¡Adelantel-gritó el Conde
con impaciencia.
Era Germán, queveníaá anunciar que el almuerzo· estaba servido. El aviso puso fin á una conversación que había empezado
con ·buepos ~uspicios..
-Vamos-dij.o el Conde con
aire de :resignación.
E inclinándose delante de
Claudia con burlón respeto, exagerado á propósito, la ofreció el
brazo.
Claudia lo tomó, mirando con
satisfacción el hermoso semblante del que, una vez más, había
necho desaparecer las señales de
mal humor, y así llegaron ambos, después de atravesar el vestíbulo, al comedor.
Un relámpago, apagado al punto, brilló en los ojos del buen
Rocamier al verlos tan amistosamente unidos. Sonrió á su vez, y
los tres se sentaron á la mesa; la
Condesa, que tenía jaqueca, había avisado que no bajaría.
El almuerzo tuvo todas las apariencias de una cordial intimidad. Claudi!t se acordó del compromiso contraído con Justo Ca.............................
birou, el guarda despedido, y
pensó en aprovecharse del buen
ALEJANDRO LARRUBIERA.
humor del Conde para presentar
la demanda. Pero tampoco ella
estaba segura de que fuera tomada en cuenta, y temiendo comprometer la tregua de que gozaLOS ALTIVOS MONT1GNA C.
ba con delicia, lo aplazaba de un
momento en otro, prometiéndo
se hablarle cuando estuviesen so(Continuación.)
lo~ y fuera, por consiguiente,
AYA, señorita Claudia-termas oportuna la ocasión.
minó el anciano llevándose
Después del almuerzo, el seá los labios un retrato de la niñor Rocamier desapareció; Clauña,-esos momentos no se olvidia y el Conde pasaron al salón
dan eu toda la vida..... Así es que,
v la joven, reprochándose su fal'.
al que en aquellos instantes tienta de valor, no se decidía á abor•
de una mano redentora, -se le
dar la difícil cuestión.
guarda una gratitud eterna. Y por
. Germá~! al traer el café y los
el que, como el conde Alberto,
licores, d1Jo que da señora Condevuelve los objetos que más se
~esa rogaba á la señorita y al se·
aman en el mundo, ¡ ah I por ese
nor Conde que la excusaran en
que ha reunido á mi alrededor
casa de la señora de Pontecouestas preciosas reliquias, en las
Iant y ~el Sr. Salluze, porque no
que se pueden fijar mis pobres
se sentia con fuerza para ir)).
ojos antes de cerrarse para siemCuando Germán cerró la puerpre, ¡ créalo usted!, daría con
21.-Traje para reunlon&amp;1.
ta tras de sí, el Conde dejó el pegusto la vida..... Debe usted, pues,
riódico que estaba leyendo.
perdonarme-añadió con humil-Es verdad-dijo.- Ya no
Núm. 21,-De crespón de la China color malva que es de terciopelo ne¡¡;ro. El cuerpo se cubre
dad el botánico - que no pueda y adornos de encaje Cluny crema. La falda con en parte con un «bolero » de encaje Cluny.
me acordaba de la comida. Hoy
Tiras de terciopelo unen los delanteros.
soportar el que se diga delante pequeiia cola, se adorna con un bordado ancho de
no podemos montar juntos Clauencaje. Este, que se prolonga disminuyendo á lo
Toque de felpilla malva con un nudo del mis- di~. Ahora ~ace mucho c;lor, y
de mí que no tiene corazón.
Claudia, emocionada profunda largo del lado izquierdo, sube hasta la cintura, mo color.
mas tarde, a la hora ordinaria
y suavemente, tendió la mano al
de pa_seo, tend:ás que arreglarte
Sr. Rocamier.
para u· al castillo de Pontecou•
- Yo soy la que necesita ser
lant. Cuida del vestido, ¿ eh ?
perdonada. Estaba en un error.
Se levantó y salió dejando á
Esto me enseñará. á no juzgar por las apariencias. movedizo que, si presentaba obstáculos inespera- Claudia aturdida p,or aquella_ recomendación, por¡Oh, ~íl tiene usted razón, tiene corazón; ¡y qué dos, no dejaba de tener también oasis deliciosos que ?unca pareci? parar mientes en el traje. Se
corazonl-murmuró al salir, pensando en lo dicho- en que reposar.
sentia turbada, triste, y con el corazón oprimido
sa que sería la que supiera Hogar hasta aquel coEntró en el gran salón y lo encontró vacío. Pre- ~l pensar en, aquella co°;lida, á la que tendría qu;
razón escondido, comprenderle y hacerse querer. guntado Germán, respondió que la Condesa no ir. sola con el, forzada a afrontar las desdeñosas
Se encerró en su cuarto hasta la hora de almor- había salido todavía, y que el Conde estaba en la miradas de la bella Margarita.
zar, para meditar y rezar, feliz con el descubri- biblioteca. Claudia miró al reloj, asegurándose de
miento que acababa de hacer, asustada ante la idea que faltaban algunos minutos para el almuerzo, y
XII.
de las mil contradicciones que se disputaban aque- se dirigió, no sin cierta emoción, á llamará la
lla alma que trataba de ganar, y que cualquier co- puerta de la biblioteca, en la que nunca entraba
síta sumía en las profundidades de su orgullo y de sabiendo que iba á encontrar en ella al conde AJEl cond~ Alberto, en.traje de etiqueta, paseaba
su aislamiento altanero. La empresa estaba erizada berto.
por el salon esperando a su sobrina.
de dificultades, y eran precisos mucha habilidad y
Estaba éste escribiendo, y al oir llamar volvió
~levaba el frac con esa soltura que no se admultitud de detalles delicados. Así es que, descon- hacia ella la cara ceñuda.
quiere, Y aunque le hubieran sentado mejor dada
fiando de sus propias fuerzas, imploraba Claudia
- Vengo á pedir perdón por Úo haber salido con su altura, los ricos trajes de otras edades,' como

tas pasiones queridas como antes embellecían mi
existencia, sólo me restas tú y mis hijos..... Los
demás..... He dejado la pluma y he tenido que quitarme las gafas para enjugar los ojos, nunca más
propicios que en la vejez para nublarse al recordar
seres y cosas que constituyen nuestra historia íntima..... Ya no vivimos más que de añoranzas de
lo pasado, y pasito á pasito nos disponemos para
emprender el gran viaje del cual no se vuelve.....
Anoche tuve un sueño hermosísimo, Pepita mía:
figúrate que me veía en un sitio que no podría explicarte aunque lo intentase: era
algo así como un turquí inconmensurable bañado de luz..... Allí
se encontraban los hijos..... luego, de repente, enajenada aún
de un goce que tampoco sabré explicarte, desfilaron ante mi vista, como en un cinematógrafo
mágico, todas las escenas más
culminantes de mi vida: niña,
me vi aprisionando una bellísima muñeca; jovencita, escuchaba palpitante de emoción las palabras que Alfredo murmuró á
mis oídos declarándoseme entre
tímido y apasionado; más tarde,
me vi vestida de novia, resplandeciente de ventura, y á esto siguió el bautizo de mi Paz, el nacimiento de Mariíta, ¡todo el
compendio de la existencia
mía! ..... Cuando desperté , sentía
en mi sér un consuelo, una placidez inenarrables..... Los recuerdos, aun soñados, son como amigos cariñosos que animan nuestra soledad, que dan algo de
calor; son hijos de nuestro espíritu que nos acarician de continuo•.... ¡ Y una es tan buena madre suya que jamás los olvida, y
se complace en verlos desfilar,
ora alegres, ora tristes, según el
origen que tuvieron en este valle
de lágrimas..... nunca mejor denominado así, cuando vemos que
la vida va desvaneciéndose como
humo! .....

el apoyo del cielo, docruzan instintivamente las
manos, como el niño que eleva una plegaria hasta
el trono del Señor.
Cuando salió de au cuarto al primer toque para
el almuerzo, todo vestigio de lágrimas había desaparecido de su semblante, pálido por la emoción
bienhechora que había elevado tanto el concepto
que tenía formado del Conde. Sonreía sabiendo
que «un santo triste es un triste santo», más resuelta que nunca á perseverar, á vigilar, á conducirse con prudencia y cariño por aquel terreno

V

•

los de sus atléticos antepasados que en los marcos rara. Le parecía á ella que al entrar así, cogida de
le miraban complacidos, viendo en él un descen- su brazo, en aquella casa, en la que era un enemidiente no degenerado, tenía con el vulgar traje go, tenía algo de irrevocable y de solemne.
Un gran espejo que había en el vestíbulo repronegro y la clasica gardenia una elegancia y distindujo su imagen. La hermosa cabeza morena del
ción supremas.
Claudia entró. Había obedecido fielmente la re- conde Alberto se_destacaba más vigorosa sobre la
comendación del conde Alberto, poniendo un cui- blancura brillante de la pechera que se veía bajo
dado especial en su toilette. Lo que no impedía, el abrigo, y Claudia volvió á recobrar valor al
porque ignoraba si le habría dado gusto, que tu- verse apoyada en aquel hombr·e tan fuerte y tan
viese miedo de presentarse ante su tío, pues sabía altivo, que en definitiva ·tenía el deber de sostenerla y defenderla.
que era jaez severo y crítico implacable.
La señora de León Salluze se levantó con viveHabía escogido un traje sencillo, de seda tornasol gris, con reflejos rosa, y había estado acerta- za, con un brusco movimiento que no se acomoda en la elección. Efectivamente, nada hacía re- daba con la gracia felina de sus menores gestos,
saltar tanto la delicadeza de su piel y su exube- cnando la voz sonora de un criado anunció al
rante belleza como aquellos colores pálidos. La Conde de Montignac y á la señorita Romeuil.•Dió
Condesa, que debía tener sus razones para querer algunos pasos hacia ellos.-..A, quien la éonociera
que Claudia eclipsara á la bella Margarita, la ha- bien no se le pasaría-como no se le pasó al conde
bía regalado un chal de encaje, cuyos hilos impal- Alberto-un movimi,e nto de músculos que conpables habían tomado, con el transcurso del tiem- trajo su semblante marmóreo, y cerró sus pequepo, una ligera apariencia de marfil. Cesarina, con ñísimos labios al ver á su lado, como una paloma
su talento de parisiense, había colocado artística- que fuese á buscar refugio entre las alas de un
mente sobre los hombros de su dueña aquel tesoro aguila, á aquella criatura diminuta, tan distinta de
de inapreciable valor que tantos envidiosos iba á ella, toda gracia y finura, infinitamente seductora
tener aquella noche, y que, sujeto sobre el pecho con aquella toilette tan sencilla en apariencia, tan
con un grupo de rosas iguales á las que llevaba en rica en realidad, que Margarita apreció en una
el pelo rubio, hacía de la joven, con la sencillez mirada con amargo pesar.
Aquel pesar debía acrecentarse aún por otra rade la seda y la nota alegre de las flores, una especie de aparición celeste, digna de los cuentos de zón. El conde Alberto, muy correcto, presentó á
Claudia. Después preguntó á la señora de Salluze
hadas.
por su salud; en loá términos consagrados en soEsta fué la impresión del conde Alberto.
ciedad, cuyas fórmulas, empleadas siempre para
-Estás encantadora, Claudia-dijo.
El corazón de Claudia latió con fuerza de ale- manifestar su altanera cortesía, denotaban una
indiferencia que de ninguna manera desmentía la
gría; era la primera flor que la dirigía.
-Sin embargo-prosiguió el Conde,-esa toi- calma sonriente impresa en la cara, en lugar de
lette, de exquisito gusto, no es completamente per- la expresión de dureza y mal humor que esperaba
la bella Margarita.
fecta.
Ella había sufrido, pero sobre todo había deClaudia, helada, le dirigió una mirada de ansieseado hacer sufrir. Vió desde el primer momento
dad. ¿Qué sería lo que encontrara censurable?
No, no veía nada por lo que pudiera reprender- que no había conseguido su objeto, y se arrepinla. El peinado era de última moda; los estrechos tió del matrimonio estúpido hecho para satisfacer
zapatos de raso encerraban un pie irreprochable; un amor propio ofendido prematuramente.
Durante el cambio de fórmulas mundanas, Claulos guantes, de inmaculada blancura, subían por
el brazo sin hacer un pliegue, y no habiendo en- dia, por su parte, examinaba á la señora de Sacontrado las modestas joyas de soltera dignas de lluze. Estaba bellísima, á pesar de la dureza de la
los encajes, Claudia creyó que no debía ponerse mirada, con un traje de raso azulado, parecido,
ninguna para que no desentonase nada de la per- sobre el busto delicado, á una coraza de acero. Se
había puesto en la cabeza por único adorno una
fecta armonía de su vestido.
El conde Alberto extendió la mano hacia un es- rosa de té, cuya palidez aumentaba el brillo del
tuche de terciopelo azul, deslucido, contemporá- pelo, y Claudia se decía que era muy difícil, si no
neo, sin duda, de los encajes de su madre, colo- imposible, la lucha con tan formidable enemigo.
A pesar de sus recientes resoluciones, la joven
cado en un velador, y se lo tendió á Claudia desse batía contra una irresistible desanimación, al
pués de abrirlo.
.
. .
La joven lanzó un grito de admiración. Sobre el tomar asiento al lado de León Salluze, el marido,
terciopelo del estuche brillaba un collar de perlas á quien trataban como á un comparsa insignifide tamaño poco común y magnífico oriente, que cante, al extremo de la mesa, en el centro de la
cual estaba su tutor, sentado á la derecha de la sese cerraba con un enorme rubí. .
ñora de Pontecoulant, no lejos de la bella Mar-¡Qué hermoso!-dijo.
-Sí-replicó el conde Alberto;-estas perlas, garita.
Esta última no escatimaba los recursos de su fáque pertenecen á la familia desde hace siglos,
como se puede ver por la montura antiquísima, cil ingenio. De ordinario manejaba muy bien las
son muy hermosas. Y-añadió sonriéndose-el te- mil perfidias mundanales; el disimulo era su arma
soro de Montignac tiene un gran número de pie- favorita, y sabía llevar una conversación de modo
dras preciosas antiguas todavía más bonitas y de de saber los secretos de los demás, pero ocultando
más valor que éstas, que por esa misma razón no los propios. Aquella noche no estaba tan en posesión de sí misma; cierta agitación nerviosa se traspueden ofrecerse á una señorita.
Cogió el collar y lo col~có él mismo al:e~edor lucía en sus palabras y en la animación que demosdel gracioso cuello de la Joven, cuyo nacimiento traba al sostener con el conde Alberto una de esas
se veía entre los encajes regalados por la Condesa, escaramuzas que constituyen el triunfo de las mu•
los cuales, al lado de las perlas del conde Alberto, jeres ·coquetas. El Conde contestaba á aquellos
constituían un adorno que una reina hubiera en- saetazos con una indiferencia irritante, que desconcertaba á su hermosa contrincante y la desbavidiado.
Un estuche más pequeño contenía otras dos per• rataba el juego.
Claudia, hablando siempre con sus vecinos, no
las, que Claudia se colgó de las orejas, en las que
hacían aquéllas el efecto de dos gotas de leche. la perdía de vista, y observaba también al conde
Después se envolvió en la salida de baile que la Alberto con una verdadera atención. Tenía éste
presentó Cesarina, que esperaba en el v~stíbu_lo, y un aire tan indiferente en la cara, desdeñosa y
subió, seguida del conde Alberto, al cupe, arrima- tranquila; estaba tan por encima de los que la rodo á la escalinata, cuyos hermosos caballos fran- deaban, despreciando las mil pequeñeces de un
quearon en una hora la distancia considerable que salón; era tan superior, que Claudia se creía olvidada y desesperaba de vencer.
les separaba del castillo de Pontecoulant.
En aquel momento, los ojazos obscuros del conRestaurado éste á conciencia después del matrimonio de la bella Margarita, tenía aquel día de Alberto se separaron del círculo brillante y
aire de fiesta. Las enormes ventanas abiertas de- fueron á buscar á Claudia en el destierro y el oljaban ver en el interior el brillo del raso y de los vido, y se fijaron en ella con aquella llama de dulmetales. El gran portal, cubierto de arena fina, zura de que tanto gustaba, y que vino como una
rayada ya por los coches d~ l~s, que les habían caricia á reanimar su corazón.
Claudia permaneció tranquila desde entonces.
precedido, estaba en _comumcac10n con el parque
y adornado con terciopelos, sobre los cuales se Conocía lo bastante al conde Alberto para comdestacaban multitud de flores raras y algunos pa• prender que el poder de la bella Margarita había
vos reales, que se movían lu~iendo su ~agD;ífico cesado, y que ni los encantos de su ingenio, ni las
ropaje, y respondían con estridentes gritos a las seducciones de su sabia coquetería llegarían á recarcajadas que de vez en cuando llegaban del mover las cenizas bajo las cuales yacía sepultado
hasta su recuerdo.
salón.
Entonces recobró Claudia la plena pesesión de
Temblando tomó Claudia el brazo que la ofrecía el conde Alberto, que no bromeaba como por sus facultades, alteradas un momento; empezó á
la mañana. Era la primera vez que se presentaba hablar, y se mostró ingeniosa y amable. Dirigió
sola con él en una reunión mundana, y aunque la un saludito de amigos al señor de Barbazán, colocosa no tuviera nada de particular, pues_to que~;ª cado en el otro extremo de la mesa, que se aprotío y tutor suyo, experimentaba una 1mpres10n vechó de él para pedir permiso para leerla un so-

neto que había compuesto en su honor. Claudia
concedió .riéndose la autorización pedida; y el
conde Alberto, que lo había oído, suplicó al señor
de Barbazán que lo leyese en alta voz.
-Sería muy triste-dijo con gravedad-el que
nos viésemos privados de admirar los primores de
esa obra maestra, que indudablemente pasará á la
posteridad.
EL c'ándido Barbazán se puso muy hueco, sacó
un trozo de papel del bolsillo del frac, tosió para
aclarar la voz, y de pie, delante de la chimenea,
en medio de un círculo burlón pero benévolo,
leyó con énfasis unos versos ampulosos, en los que
se comparaba á un dios marino desesperado por
los rigores de una náyade juguetona.
Esta obra poética produjo una risa loca. La señora de Salluze se enteró al mismo tiempo de lo
que no era un secreto para nadie: la perseverancia
del buen Barbazán en su inútil demanda. Como
era de aquellas mujeres que se creen en ridículo
cuando un homenaje, por insignificante que sea,
no se dirige á ellas, experimentó un verdadero
despecho.
-Es usted muy joven, señorita-dijo con tono
agresivo,-para haber inspirado ya un amor desgraciado.
-Es verdad-respondió el conde Alberto en
lagar de Claudia.-No le es dado á todo el mundo
el obtener un resultado que tanto se envidia generalmente.
Ante aquel ataque directo, la bella Margarita
cerró los labios y escondió las garras; pero deseosa de reinar en un terreno en el que no podría
seguirla la pobre colegiala, se olvidó de su habitual disimulo. Con imperturbable seguridad se
lanzó á discutir con el conde Alberto y algunos
otros de sus huéspedes masculinos varias cuestiones científicas, que trataba con aires de doctora.
Claudia, que sabía á qué atenerse, callaba y no
quería tomar parte en la conversación, acordándose de que al conde Alberto « no le gustaban las
pedantes».
Además no fijaba la atención. Los nombres
científicos, á cual más raros, sonaban en sus oídos
sin que se tomase ningún trabajo por averiguar su
significado, pero pareciéndola que estaban fuera
de lugar en labios femeninos. Aspiraba el aire
puro de la montaña, que venía de fuera, mientras
la luna, como argentado disco, se elevaba lentamente por detrás de los árboles del parque en
aquella noche clara, llena de paz, que parecía penetrar en el alma.
SILVIA,
Continuara,

MIS TRES MAGDALENAS.
(Á

MAGDALENA DE MOULÍN BONNAL,)

Blanca como el cisne,
Como la paloma ,
Eres, Magdalena,
Toda luz y aromn.,
No hay alma en el mundo
Que tú no aprisiones,
Porque echas ralees
En los corazones.
Si al cielo levantas
Las miradas bellas,
¡ De envidia y de celos
Huyen las estrellas!
Y si al suelo bajas
Tus cándidos ojos,
En flores conviertes
Espinas y abrojos.
A tu f az divina
Le da la inocencia
El candor sereno
Con la inteligencia.
Tu nombre á mi casa
Llevó la alegria,
¡Que también fué el nombre
De la madre mía!
Huérfano en el mundo,
Llorando de pena,
Al morir mi madre
Dije: «¡Magdalena!»
Al nacer mi bija,
Bella cual ninguna,
«¡Magd11lena!ll dije
Besando su cuna.
Y al verte á ti luego
Tan hermosa y buena,
Puesto de rodillas
Digo: «¡¡Magdalena!!»
A NTONIO GRILO.

San Sebastián. Agosto, 1900•

�39!

LA M O D A EL E G A N T E I L U S 'r R AD A

..

montarse sobre viso de color claro , y se
confecciona con étamine crema adornada
de encaje de Luxeuil, ejecutado con trencilla estrecha, color crema, de medio centfmetro de ancho, adornada á uno de los
lados con un galón estrecho.
El encaje forma un gran canesú, y con
él 8e a1oroan loa delanteros, la espalda y
las mangas, simulando en estas últimas
hombreras y bocamangas.
Se ejecutan los puntos del encaje con
hilo color crema, y se bordan á punto de
festón las hileras de ojetes que adornan
los delanteros del cuerpo.
Para hacer loa bordados se calca el dibujo sobre papel-tela; se aplica la trencilla
á lo largo de loa contornos; se bordan los
milanos y las ruedas, y se rellenan los dibujos á punto de costura cruzado y á punto de lazadas.
E l bordado del primer modelo se ejecuta pasando un hilo de torzal á Jo largo del
medio de los puntos de cost•1ra cruzados;
después se une con puntos al bies: es preciso, además, aplicar sobre alguno de los
dibujos tul de seda fina y bordar en el
centro unos l unares de seda negra.

CORRESPONDENCIA PARTICULAR.
F&amp;LA.-En el número de LA 1'!oDA correspondiente al 6
de Oct11bre último se dió la receta para hacer bw1uelos de
viento¡ pero por si aquélla no satisficiera sus deseos, le daré
-0tra cou h que obtendrá un exquisito postre.
Buiiuelos de crema.-Se pone en una cacerola 250 gramos de harina, 100 gramos de azúcar, cuatro yemas de
J1uevo y seis huevos enteros; se amasa y deslíe todo con
un litro de leche cocida y fria; se pasa por el tamiz y se le
añade un trocito de corteza de limón, medio palito de vainilla, un grano de sal y 100 gramos de manteca. Se trabaja
esta masa al fuego á fin de ligarla, y se retira de él en el
momento en que se vea que empiezan á formarse grumos;
después se t rabaja de nuevo con la cuchara hasw que esté
lisa; entonces se vuelve á poner al fuego; se deja hervir, y
se cuece durante algunos minutos , teniendo la precaución
.de que aquél no sea vi vo; después se retira; se añade una
.cucharada·de manteca y un poco de azúcar aromatizada con
corteza de liruóo ó vainilla; se echa en seguida en una plan.cha pequeña, engrasada. y con rebordes; se extiende en una
.capa de un centímetro de espesor; se cubre con un papel
.engrasado y se deja enfriar.
Uorta-ios los buñuelos con un cortapastas de 4 á. 5 centlmetros de ancho, se igualan con la hoja de un cuchillo ;ioibre una tabla enharinada; después se mojan en huevos bien
batidos y empanan con miga de pan ralla.do. llecho esto, se
-van poniendo á hervir en aceite, y cuando se presentan de
buen color, se ponen á. escurrir, se hacen rodar sobre azú-car en poi vo y se sirven.

Núm. 25.-La fig. 9 de la Hoja-Suplemento pertenece á este grabado.
Este mantel, para gran bu/jet, se hace

22.-Abrlgo para baile y teatro.

23.- Capa de otoño.

Núm. 22.-De muselina de seda color rosa, plegada,
y forro de seda 1·osa.
Canesú recuadrado con una ruche de muselina de seda
y guirnalda de margaritas.
El contorno inferior, cortado en dientes, con ruches y
volante de muselina plegada , que se prolonga á todo lo
largo de los delanteros hasta el cuello Médicis, cubierto
de muselina plegada y bordeada de ruches. Se cierra el
abrigo bajo un nudo de muselina de seda.
Núm. 23. -Para la explicación y patrones véase el
núm. 23, figa. 20 á 24 de la Hoja-Suplemento.'

Núm. 24.-El primer modelo, para señoras de cierta
edad, representa un cuerpo de encaje de Luxeuil negro
sobre viso negro ó de color. El encaje se ejecuta en tul
negro con trencilla fina de seda ó con torzal negro bastante fuerte.
El segundo modelo, propio para señora joven, ha de

U.- Cuerpos de enoa]e de Luxeull.

de cañamazo Java verde obscuro. Se guarnece de un
bordado ejecutado en colores claros con lana de Jlamburgo y seda.
Los motivos pequeños se bordan á puntos largos de
un lado al otro con lana negra, y se recuadran con punto
llano; los otros motivos se hacen de grupos contrarios
sobre 4, 6, 8 y 12 cabos, y se rellena el borde exterior
amarillo oro con hileras de puntos al bies (véanse las
indicaciones del grabado).
E l mantel tiene 2 metros de largo y 80 centímetros
de ancho, pero se puede hacer de 1,30 metros no repitiendo el dibujo. Se puede utiJizar también el dibujo sin
el motivo de en medio, para bordarlo á punto de Smyr•
na ó de cruz: en éste casi se hace el mismo dibujo para
los lados largos _qµe para los ángulos. Se hace el bordado
según el dibujo núm. 9 de la H oja-Suplemento; se bordan
para cada c~adrado dos puntos sobre dos hilos, dejando
uno en medio. Se hacen las aberturas necesarias para la&amp;
columnas, se forra con rasete y se ribetea con un cordón
gordo de lanl\ verde obscuro.

395

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

LUNAR AZUL-1.ª Puesto que no conserva ese n úmero, le
repetiré la receta de cocimiento fortificante para el cabello.
En un litro de buen vino blanco se echa un pn!lado rle
ttigo, otro de romero, dos de clavo de especia y un poco de
.abrótano.
Después que el liquido se haya reducido por la cocción á
la mitad, se deja repo~ar basta el dla siguiente, en que se
pasa por uo papel de filtro doble.
Se pone en una botella y se usa empapando en el líquido
una esponjita ó cepillo suave y dándose con ello en el cuero
.cabelludo.
.
Este cocimiento debe usarse un dla si y otro no, temendo
c uidado de hacerlo en seguida de levantarse de la cama,
para que, dejando el pelo un ra_to bien extendido, teoga lugar de secarae bien antes de pemarse.
,
2.• El traje á que corresponde el grabado numero 45 de
LA Moo.\ del 6 de Agosto es muy adecuado á la figu ra de
usted, y propio para concierto al aire libre; con la tela cuya
muestra me envía, y adoptando la be?hura que acabo de
indicarle quedar~ una toilette muy bomtn.
3.• Au~que conteste cun reserva , no deje de hacerlo con
amabilidad.
UNA GRANADA. -1.ª Si las manchns son recientes, bn~tará
poner la tela por ~l_g-_ún tiempo en remojo en agua fri_~; s1 son
añejas ó han res1st1do al Invado, expóngase el te31do mojado al' azuframiento. El azufre no ataca mucho los colores
y destruye las manchas d~ lo~ zumos vegeta!es, aunque su
.acción no es tao perfecta como la d~l cloro diluido en a~ua
y combinado con potasa p11rn los ~e31dos de algodón ó hno.
2.ª En carta dirigida al Sr. Director de LA MODA, ha.ciendo la lista de los encargos que desea y mandaod_o un
-sello para la contestación. La Sección de encargos le dirá el
precio del pedido que usted haga.
Me:u.-Tenga la bondad de leer las 3.ª y 4.• conlestacione~ rladus á U,ia ai·agonesa devota dd San José en LA i\looA
rlel 14 rle Agosto, y ia receta que reco1;1iendo á Lunar azul
en la Correspondencia de este mismo numero.
LI!JOS DE MI ADORADA. PATRIA.- l.ª C_o~testa?a ya p~r
las secciones correspondientes de la Adm1~1strac1ón la primera parte de su carta, con sumo gusto ~at,sfago yo los deseos que en la última de aquélla me !ºª:ufiesta
.
Una colcha de piqué bu~oo con d1bu.10 rle flores y gmr-

A LAS MADRES

naldas sobre fondo blanco, rosa ó celeste y encima un cubrecama. de encaje Richelieu ó Renacimie1_1to con viso _de
cualquiera de los colores nombrados, de batista con enca3es
de Valenciennes , rosa ó damasco, ó también de la tel a con
que esté tapizado el dosel si lo tiene.
2.ª Su carta está. perfectamente dirigida; pero tri en. lo sucesivo me honra con sus consultas, y deseosos c!e satisfacer
cuanto antes sus deseos, tanto en lo relativo á encargos
como en lo correspondiente á esta sección del periódico , le
ruego que trate de cada uno de ellos en carta separada, aunque después las envíe todas bajo un mismo sobre.
J. B.-1.• Lis almohadones se marcan á uno y otro lado,
de modo tal que el nombre resulte paralelo á sus lados
meuores ó sea á linea de los jaretones. La parte inferior de
las letra~ debe quedar á 5 centímetros de distancia del jaretón.
2.ª Los manteles se marcan en medio, ó con dos cifras
que vengan á caerá la terminación del camino de mesa, y
de modo que éste no las cubra.
.
3.ª La explicación detallada de cómo se e1ecuta una labor se sale fuera de los limites señalados á la Correspondencia Pai·ticular sin que, por otra parte, fuera pertinente
ocuparse de estos asuntos en la referida sección, puesto que
LA ~[ODA publica mensualmente dos pliegos de labores con
sus correspondientes explicaciones, además de las que con
frecuencia se intercalan en el texto.
E l g rabado núm. 6 de la Hoja-Suplemento al número ?B
del 30 de Julio de este año corresponde á una labor estilo
Luis XVI, cuya explicación encontrará usted en la página 335.
ADBLA P.

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está guarn~cidu con una guirnalda bordada de la misma
tela, que sube por delante en di_mioucióo, y recuadra el
delantal de beogalina azul del mismo tono. Este delantal
se abre por la parte inferior sobre una punta de r~so brochado color crema, que lleva sobrepuestas cuatro abrazaderas compuestas de cinco terciopelos cometa con un chou
eo el centro.
El cuerpo, de forma figaro, der\ ver un cinturón de terciopelo negro clr,1peado, y está adornado, como la falda, con
bordados todo alrededor y con unas tiras plegadas de bengalinn azul que se abren sobre el plastrón de raso crema,
cruzado por cinco abramderas de terciopelos cometa. Termíoase el plastrón con un cuello alto de terciopelo negro
drapeado. La manga. ensancha y concluye en el codo, desde
&lt;lonrle parte otra floj1L de raso crema que termina en la
muñeca con un puño de terciopelo negro.
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haciendo juego con la toilette. Se adorna al frente con tres
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vedad de estas man.
gas exige que llame
sobre ellas la atención
de nuestras lectoras.
El cuello estaba fo.
rrado de terciopelo
verde marchito y
guarnecido al bo;de
con una ruche de muselina de seda. Finalmente, los delanteros
llevaban como adorno
una guarnición de muselina blanca encerrada dentro de un bien
entendido dibujo de
fino guipur, que daba
al adorno el aspecto
de un chaleco.
El sombrero correspondiente á esta toilette era de paja cruda,
Y su adorno consistía
en grupos de hortensias y en un gran chou
de terciopelo al lado
izquier.do.
Este mismo abrigo
hecho con terciopelo
resultaría sumamente
elegante y muy propio
para usarlo de noche·
bastaría para ello ele:
gir cualquier tono de
los de moda, poner al
borde del cuello una
piel y forrarlo con esta
misma piel ó con seda
de color claro.
A toda señora prestará grandes servicios
un abrigo de esta clase
pues le servirá en to'.
das aquellas ocasiones
en que no necesita
componerse mucho.
Las capas de paño
de moaré y de tafetán'
t~rnasol, son las propias p~r~ automóvil y
para v1aJe; pero su uso
en la ciudad setá siempre muy limitado, porque resultan muy embarazosas.

1

o
o o

Reíase de las arrugas, que no se atrevieron nunca á señalarse en su epidermis, y se consen-6
joven y ~ella hasta más allá de sus 8o años, rompiendo una vez y otra su acta de nacimiento á la
faz del tiempo, que en vano agitaba su guadaña delante de aquel rostro seductor sin poder worti•
ficarle.-Este secreto, que la gran coqueta egoísta no quiso revelará ninguno de sus contemporáneos, ha sido descubh:rto por el doctor Leconte entre las hojas de un tomo de la Historia amorosa
de las (?alias, de Bussy-Rabutin , perteneciente á la biblioteca de Voltaire, y actualmente propiedad
excl~s1va de la P4!'rlumería 1'h1ou ( Maison Leconte), 31, rue du Quatre-Septembre, 31 , París.
Dicha Casa entrega el secreto á sus elegantes clientes bajo el nombre de \ érilable Eau de
!Wloo~ y de Duvel de 1\11100, polvo de arroz que Ninon de L enclos llamaba cla juventud en
una_ CaJa~.-Es necesario exigir en la etiqueta el nombre y la dirección de la Casa para evitar las
falsificaciones. -La P_arfumerie Ninon expide á todas partes sus prospectos y precios corrientes.
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&amp;!uandía, ,:[renal, 2; .Y en Bar~el?na: Sra. Viuda de Lafont i Hijos, y Vicente Ferrer; Salvador Vi'1/es.perfumista, Pasa;e Baconti; .Salvador Banus, perfumista, calle :Jaime I, núm. 18.

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a traves del pintoresco
valle de Auge, se hace de todo punto n ecesa.rio un abrigo que
sea a la vez elegante y
práctico.
Ninguno, quizás
aunará mejor en sí es:
tas dos condiciones
que el que llevaba para
una excursión campestre la Cpndesa A. de
J ... (croquis núm. 4).
Era de paño color
castaña claro, de ese
color llamado « octubre», porque recuerda
el de las bojas marchitas que durante este
mes alfombran el sue1~ de bosques y dejardmes.
En la parte alta del
abrigo, un canesú liso
en forma de «bolero»
pero prolongado po;
delante á todo lo largo
del abrigo; después
una serie de pliegues
que dan vuelta á la
espalda y sirven para
proporcionar á la
prenda su correspondiente vuelo.
La misma idea ha
presidido en la confección de las mangas
pues están hechas d~
una sola pieza, plegadas en la parte alta del
brazo, ballonadas á la
altura del codo y de
nuevo plegadas para
formar el puño.La no-

v. ae casternao.
Paris, 10 Septiembre 1900.

Núm. 2.-Traje de jerga. El cuerpo es completamente plegado, con solapas .Y bordes de encaje.
CairUseta de seda.
En el cuerpo, cintas
deLterciopelo negro atravesadas y terminadas con lazada
as mangas se adornan con cintas iguales entredoses .
plegado en la parte ?e arriba y de abajo. Caída de muselin~
de seda bordada, suJeta en el puño.
Cinturón blanco de
seda.
Falda guarnecida con
cintas de terciopelo entredoses de encaje plegado en la parte dtJ abajo.

y

en el ramo, y fabrica 9.000 kilos de

chocolate al dia. - 38 medallas de
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que, 35, rue du ~ Septembre, París que,
blanquea y suaviza la. epidermis mas áspera..-Depósltoa en Medrid: pe!!umeria. Oriental, Carmen, M,
perf1:tmeria. de Urqu1ola, 1&gt;:tayor, 1; Aguirre y Molino,
Preciados, 1; Romero y Vicente, per!umeria Inglesa,.
Ca.rr.• de S. Jerónimo, 3; y en Barcelona Sra.. Vindw
de Lafont é Hijos; Vicente Ferrer y C.•, perfumista&amp;

Núms. 3 á 6.-Nuestro grabado representa
tres pañuelos, el primero
de los cuales es de fular
blanco, de 30 cent!me- ,
tros de lado, al que recuadra un bordado á

blado por el derecho, bor?eado con un festón y suJeto al pañuelo por medio
de un pespunte.

2.-TraJe para oasa.

'd
Núm. 7.-De linón guar
punto llano y p~nt? de litografía con seda filadiz de color
con &amp;~egl1 al dibuJo, que representa un~ parte del bordad¿ ne_c1 o con un fichú pequeño de bordado entrecortado con
pheg~es de lenceria; se ribetea con un volante bordado
y un ngu o. Se bordan las flores á punto llano con una. he
también y a~udado delante. La parte de abajo del delantal
bra de seda blanca, el corazón con seda amarilla I h . .
y los tallos con stida verde claro en d.is tonos Lds ~s ~Jas está guarnecida con gruse bordan con seda blanca.
·
es nes pos _de pliegues. Manga
~em1larga, fruncida y suEl segundo ~odelo, que tiene 20 centlmetros en cuadro
se _h~ce de batista blanca, recuadrado con un dobladillo¿ Jeta por un entredós borterminándola por
varn~ca que teng,1 un centímetro de ancho y al borde un dado,
un volante.
enc~Je estrecho de Valencieanes.
'
Materiales: 2 50 meEl te¡cer model~ es de batist.1fina, y tiene 32 centímetros .
en cua ro. DoblJd1llo de centimetro y medio de ancho d - tros de linón; metros
de v?lante bordado, y 50
'
'
' o
cent1metros de linón bordado. ·

4

Núm. 8. - Se
pasa una goma
pequeña en un
bullonailo de seda
rosa. Volante de
encaje guarnecido
con lazos á cada
extremo.
7,-0elantal de alfia.

~IHIL NOVUI SUB SOLE

la b~gaseq~e1fiuy cierto, pero _la humanidad padeció hasta el 1870 muchas enfermedades de
oy so1amente tiene el que no usa á diario el Licor del l"olo de Orive.

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3,-Bordado del dibuje núm. 4.

Reservados todos los derechos de J)Topiedad artística. y literaria..

liADRID.-Estab!ecimiento tipolitográllco «Sucesores de Rlvadeneyra&gt;
imprésores de la Real Casa.
IProniedad de LA ILUSTRACIÓN ESPAfi'OLA, y AMERJOANA.)

4

li 6.-Paftueloa de novedad.

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LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

IDILIO.
1-'~ESDE que allá, en los más encumbra-

dos picos de Sierra Morena, la señá
Frasquita estuvo asistiendo al Requejillo, durante penosa enfermedad, databa aquel amor que divertía grandemente á los vecinos de la aldehuela.
Que para los zafios gañanes y para las
no pulidas mozonas era motivo de diversión
ver cómo todas las tardes, á la hora del crepúsculo, señá Frasquita subía chocleando
por la trocha que conducía derechamente á la
cabreriza donde habitaba con sus chotos el Requejillo.
Y ee que el vulgo nunca pudo comprender las
delicadezas y sublimidades de algo muy hondo
nacido entre dos seres que, aislados y sin familia,
miraban el mundo desde el borde de la cuna del
expósito y desde la entreabierta zanja del campo
santo.
Cuando los peludos mastines guardadores del
aprisco ladraban alegremente, anunciando la llegada de la abuelita, Requejillo soltaba la honda,
con la cual se entretenía en apedrear los copudos
pinos, y saltando por entre jarales, lentiscos y
madroñeras , corría presuroso á recibir á su
novia.

Luego, entre los cantuesos, mejoranas y romeros, teniendo á la vista á los cabritillos triscadores, sentábase á descansar la viejecita; agasajábala
el rapazuelo con frescos recocios, blanco queso y
sabrosos frutos campestres, y en aquellas cum•
bree vecinas del cielo charlaban anciana y muchacho con la pura suave ingenuidad con que al
Angel de la Guarda hablan sus patrocinados.
Después, las brumas precursoras de la noche
comenzaban á surgir del fondo del valle y á trepar por las vertientes de los ásperos cerros; señá
Frasqu.ita cogía su báculo y acariciaba al pastorcillo.
Despedíase la luz y apuntaba la sombra, y se
despedía la senectud triste de la infancia alegre,
o

o o

Una tormenta otoñal sorprendió cierto día á la
anciana en las alturas fragosas de la sierra.
Aquella noche pasóla el Requejillo escuchando
absorto, al amor de la lumbre, las maravillosas
consejas que su vetusta huéspeda le refirió.
¡Y vaya si eran interesantes y entretenidos los
cuentos que narraba señá Frasquita !
Al chiquillo se le caía la baba y se le saltaban
las lágrimas oyendo, ya embebecido, ya gozoso, la
relación de «Caperucita encarnada1&gt;, las portentosas aventuras de la pobre «Cenicienta1&gt;, las des•
comunales hazañas de «Pulgarcito1&gt;, ó los pintorescos y accidentados episodios que se desarrollaban en el encantado castillo de « Irás y no volverás1&gt;.
Entre todos los cuentos hubo uno que conmo•
vió hondamente al Requejillo, cautivando por entero su atención.
Era la sentida historia de un hijo y de una madre, separados de por vida por las malas artes del
hada Mel usina.
Madreé hijo, caminando siempre, buscándose
á toda hora, andando sin descanso, habían cru•
zado la tierra, habían llenado los mares con sus
lágrimas, habían despertado con sus lamentos á
la diosa Eco, que duerme en el fondo de ignoradas cavernas, y al fin de larga peregrinación por
los desiertos del mundo, desgarrado el cuerpo y
rota el alma, la madre amante y el hijo bueno lograron arribar al marfileño alcázar de la Dicha,
donde eternamente moran confundidos en dulce
abrazo.
-¿Aónde está ese alcázar?-preguntó ansiosamente el zagal.
-Arriba, muy arriba-contestó la anciana señalando al cielo, donde el alba principiaba á fingir arreboles y brillanteces matutinos.
En aquel instante, una estrella fugitiva pasó
por el zafir, yendo á juntarse con el lucero de la
mañana.
-Es el hijo-murmuró señá Frasquita-que va
á reunirse con su madre.
o

o o

¡Cualquiera es capaz de adivinar la relación misteriosa que el Requejillo estableció entre él y el
niño sin madre, y entre señá Frasquita y lamadre sin hijo 1
Lo cierto del caso es que el pastorcillo habló

aquel día con el cabrero, el cabrero con el capataz, el capataz con el amo, y a vuelta de reparos
y distingos, se convino en que la desamparada
abuela tuviese amparo en el chozón de la cabreriza..
-Cuando quieras puedes traerte á tu noviadij o el cabrero al pequeñín; - así como así, buena
falta nos hace quien cuide la olla y remiende las
angorras y las zamarras.
A Requejillo le dió el corazón un vuelco.
¡Por fin iba a tener madre I Tantas veces había
llorado y rezado por ella, que el tener ahora,
junto a sí, quien le prodigara maternales caricias,
lo diputaba por milagro de los grandes.
Al día siguiente era domingo. El chicuelo bajó
a la aldea, oyó devotamente misa, regaló una vela
a la bendita Virgen patrona del lugar, y, dando
el brazo a señá Frasquita, tomó con ella trocha
arriba, camino de la cabaña, más alegre que unas
castañuelas en día de bautizo.
Las gentes de la aldea, con grosera rusticidad,
hicieron blanco de sus necias cuchufletas á aquel
tronco caduco que se inclinaba amorosamente sobre la tierna ramita de un afecto filial.
El tiempo destrozó más y mas al carcomido
tronco.
El tiempo robusteció y vigorizó más y más al
brote rebosante de vida.....
Y el tiempo, que sombreó el labio del mozo y
echó nieves en la cabeza de la anciana, determinó
bruscamente la separación de aquellos infelices.....
¡ tan felices 1
Horas antes de separarse, la abuela con los
ojos enrojecidos, y el mancebo con las pupilas
arrasadas, se despedían, sentados en la cima del
monte.
Señá Frasquita, señalando á un arroyuelo saltador que brincaba despeñándose, y señalando á
otro arroyo que mansamente se deslizaba al pie
del monte, le decía al Requejillo:
-Así es la vida. Unos la toman arrollando por
todo, saltando por encima de todos, y al cabo, despeñados, mueren.
Otros, los humildes, van sin ruido por el cauce,
con el alma limpia como el cristal, copiando las
grandezas del cielo.
Sé de los últimos; así reflejarás soles y astros y
verás dentro de ti cómo luceros y estrellas se
confunden, al modo que la madre y el hijo de mi
cuento se juntaron en la eternidad.
Ca.lió la anciana; calló el mozo; y al partir, llevóse el Requejillo un beso en la frente, un pesar
muy hondo en el alma y un escapulario sobre el
pecho.
Beso y escapulario eran de señá Frasquita.
La pena era de ambos. No rompe el azar impunemente los lazos que la desgracia y la nobleza de
sentimientos tejen entre los tres veces bienaventurados.
Bienaventurados son los que lloran , y los pobres de espíritu y los limpios de corazón.
Partió el Requejo. Los aldeanos, por exceso de
rustiquez ó por sobra de malicia, sólo tuvieron
burlas para despedir al mozalbete.
o
o o

Como fugaces corrieron los días felices, deslháronse lentos, con la lentitud del dolor sin consuelo, los días de ausencia y de pesadumbres.
Se fueron las zanconas cigüeñas; tornaron las
golondrinas de las alcazabas y morabitos tetuaníes; otra vez florecieron los almendros, amarillearon las espigas, verdearon los pampanos y
rodaron abarquilladas las hojas del a.lamo de
plata.
Todo iba y todo volvía. Sólo el dolor no quería
irse. Sólo el ausente no tornaba.
Compasiva la muerte, puso fin a la agonía de la
infeliz abuela.
¿Murió de pena?..... Tal vez. ¿Murió de hambre? ..... ¡Quién sabe!... ..
Por entonces se dijo en la aldea que Requejo
había sucumbido en la guerra peleando por la patria.
El galeno del lugar, con gravedad de asno y
sonrisa seudo volteriana, apuntó que la vieja había muerto de amor senil.
Y los alcornoqueños patanes y las zafias mozonas repitieron, riendo gansamente, que señá Frasquita se había muerto de amor..... á los ochenta y
seis años de edad.
¡Como si el cariño, cual los rayos del sol, no
pudiese besar con sus ósculos de oro la añosa corteza del roble centenario y la hojuela de la humilde hierbecillal.....

M. R. BLANCO-BELMONTE.

SANTA MARÍA..... COSTURERA.
I.

"l!:.,&lt;2.« r"-•
~
'MAGINÁOSLE

como queráis. Era un
vestido digno de una princesa; un
~'
~ vestido ideal, maravilloso, de colo~ .,_.,-'....,..._
res frescos y risueños. Estaba la niña
tan contenta con él y le lucía con tan
graciosa é ingenua satisfacción, que hubiera sido un majadero, un dómine antipático y gruñón el que intentara reprenderla filosofando sobre la eterna é innata co'
quetería femenina.
Salió de casa con los ojos chispeantes de alegría.
La criadita no pudo bajar la escalera tan de prisa
como ella, y al llegar al portal vió que estaba la
niña rodeada de seis ú ocho admiradoras, críticas
y comentaristas. Eran sus amiguitas, sus compañeras del colegio. Maria Isabel, muy esbelta, muy
fina, con un vestido vaporoso y un mirar regio
solemnemente velado por la suave caída de los
párpados..... No hizo más que mirar á la niña y
volvió la cabeza sin decir palabra.-lba ella mucho mejor.-Pero Angelines y Pilar y Carmela, y
sobre todo Solita, que era un diablillo blanco y
rubio, miraron y admiraron é hicieron tantas exclamaciones y preguntas, que el portal parecía
una pajarera á la hora del alpiste.
En la calle se volvió la niña para decir adiós á
mamá, que estaba en el balcón. Toda la turba saludó también.-¡Adiós, adiós!¡ Que seáis buenas!
-Y á la muchacha:-¡Que no beba cuando esté
sofocada; que no vayáis á la orilla del río!
Doblaron la esquina bulliciosamente, y pronto
salieron al campo. No iban al río, sino á la fuentecilla. Suave y olorosa brisa • descendía de las
montañas y acariciaba las humildes margaritas
silvestres y las pomposas amapolas, y hacía cabecear en los sembrados las espigas, corriendo sobre ellas en apacibles oleadas. ¡Qué salud, qué
alegría se respiraba allí I Corrieron y jugaron
como locas, y la niña se olvidó bien pronto de
que llevaba el vestido nuevo.
•

&lt;&gt;

,

II.

¡Ay! ¡Le olvidó, sí! Le .olvidó tanto, que á la
vuelta venía la pobre con la cara triste y compungida de un ángel que perdiera sus alas. Había roto
el vestido de arriba á abajo. ¿Cómo? ¿Qué sabia
ella? En el suelo, en las peñas, en las zarzas, en
las manos de sus amiguitas..... en cualquier parte
y de cualquier modo..... El caso era que volvía con
el ceño fruncido, haciendo con los labios un mohín trágico y llevando en los ojos, pronto á romper el dique, un río de lágrimas.
Tan triste estaba, que sus amigas, sintiéndose
culpables de no sé qué especie de complicidad,
fueron abanaonándola una á una. Se quedó sola
con la criadita mucho antes de llegar á su casa.
- Y ahora ¿ qué hacemos?- preguntó la mu•
chacha.-Teverá mamá. Verá que te has roto toda.
Y nos va a regañará las dos, y á mí más que á ti.
Esto la dió un valor heroico.
-Pues no lo verá. Yo no la digo nada.
Hizo que la muchacha sujetara con alfileres el
rasgón de la tela y entró en casa muy tranquila,
muy digna, y besó á mamá que estaba en visita
con un aire de inocencia candorosa. Luego escapó
de un vuelo, sin atenderá nadie, y demostró una
prisa terrible por acostarse sin cenar.
-La niña está mala- decía la cocinera. - La
niña no ha querido cenar.
Y acusó á la criadita de descuidada y torpe, y
vino la mamá a la cabecera de la cama para preguntar á la niña si se sentía mal, y la niña con•
testó ~mosamente y cerró los ojos en seguida,
acometida por un sueño repentino bastante sospechoso.
No dormía; tardó mucho en dormirse. La remordía la conciencia y se sentía culpable. Agitaban su cabecita rubia pensamientos muy negros.
Repetía maquinalmente sus oraciones.....
..... La Virgen Maria,
Que está junto á mi cama.
Me dice muy quedo :
-No tengas miedo
De ninguna cosa.....

;Al fin pudo más el cansancio que el remordi•
miento, y se quedó dormida.

III.
Soñó que entraba en su cuarto una claridad de
aurora. La Virgen María estaba junto á su cama.
Venía con ella Juana la cocinera, haciendo gestos
Y manoteando, y Santa María, madre de Dios, la

hací~ callar llevándose ~l d_edo índice á los labios.
Detrae de Juana no veia bien si entraba alguien·
pero le pareció que entre Solita, Carmela Ange:
li~es y Pila; traían una de cada punta dna tela
brillante. 1S1, eran ellas I Y lo que traían era su
vestido nuevo. ¿Cómo no había de conocerle? Detrás de la puerta estaba Maria Isabel rabiando
por entrar. Pero no podía ser, ¡por pr~sumida y
por orgullosa! Y Dolores, la criadita se colaba
por una rendija, trayendo en la mano' una aguja
y un carrete de seda.....
Y aquí tienes á Santa María, madre de Dios,
sentada en ua.a nube, con el vestido nuevo sobre
su regazo, cosiendo, cosiendo, lo mismo quemamá. Toda l_a corte _celestial,. desde los ángeles
hasta la cocmera, miraban el 1r y venir de la aguja, que relucía como un rayo de luna. Luego ext?ndió e~ mano_ ?lanca como el jazmín. ¿Qué quer1a? Quena las t1Jeras. Dolores se las dió y la niña
vió al darselas que la muy despreocupada llevaba
irrespetuosamente en la otra mano, un pedazo de
pan. Merecía que la echaran de allí.
Pero la Virgen acabó su labor. Todas se abalanzaron á verla como bandada de palomas. Cuando
la niña quiso verlo también, sintió que la fig.ura
celestial la besaba en la frente, y luego todo se desvaneció y el cuarto quedó á obscuras. 1Santa María se fuél

_Y e.gobiados los dos, victimas ambos,
Hice un supremo esfuerzo de vencido
Y la tomé las manos temblorosas
'
Y, sin voz casi, murmuré á su oido:
-¿Por qué para el amor no ha de haber dicho.?
{~rá al buscarla nuestro empeño vano?
Sm contestar, me señaló á lo lejos
De un cementerio el escondido llano.
-Pero hay flores all!, g rité anhelante;
Del corazón sobre las tumbas crecen
También.-SI, respondió, las flores
De todos loe ensµeñoe que perecen.
Otras mi corazón dar no podría;
Sólo ellas han brotado en mi camino.....
- Yo te amo, sollocé. Taw bién te amo;
Pero ¿cuándo el amor vence l\l Destino?
Sentí el frlo mortal de los que pierden
Amor y fe, cuanto la vida encierra;
Y murmurando «Adiós]) se alej ó sola,
Y asl nos despedimos en la tierra.
SoríA C ASANOVA.

Julio, 1900.-Señorio de Drozdowo (Polonia Rusa).

LOS ALTIVOS MONTIGNAC.
Continuación.

IV.
~SCHE ! - decía la voz imperiosa de

Despertó la niña y sintió un peso sobre su corazón. Era el remordimiento que volvía. Muy bulliciosa y muy alegre Doloritas, venía á vestirle
el delantalillo de mañana. Debajo de él traía la
criadita el vestido nuevo que mamá había cosido
por la noche muy cuidadosamente. Y al ver que
estaba más nuevo y más hermoso que antes, la
niña saltó de la cama y la dijo á su madre:
-¡Mama, el vestido se rompió ayer, y no sabes
quién ha venido á cosérmele esta noche. Yo la he
visto. Ha venido Santa María, madre de Dios.
LUIS BELLO.

VENOIIJOS.
Á ELA BALICKA, EN ZACOPÁN.

Paseábamos las dos. Llanura inmensa
Ofrecía á los ojos sus verdores,
Y en las ondas del trigo se mecían
.l!'lores azules y encendidas flores.
En las praderas húmedas los ánades
Llego.han lentamente hast11 el remanso,
Donde las quietas aguas les ofrecen
Con la frescura el plácido desc11nso.
Y el rebaño paciendo en la llanura,
Y en los nidos el cántico amoroso,
Y en el aire las músicas del viento,
Y en su cabaña el labrador gozoso,
Entonaban el himno que precede
A la rosada aurora del estlo ,
Que siembra la abundancia en los eriales
Y la alegria esparce en el vaclo.
-¿Alegria? me dijo.-Y en su boca
La escéptica sonrisa vi posarse,
Que es la huella inequivoca en su rostro
De un dolor que no quiere revelarse.
¡Ay! mi alma, que en trasporte de entusiasmo
Con la Natura en flor se confundía,
Y la belleza y la. bondad eternas,
Mirando el cielo, entonces, se fingía,
Cayó, abatido el vuelo poderoso
De aquella frase al penetrante acento,
Y al unisono puestas nuestras almas
Vibraron en un mismo sentimiento.
Juventud, primavera, amor, belleza,
Todo entre sombras funerales vimos
Ante nosotros, y detrás tan sólo.
Restos de cuanto amamos y perdimos.
De cada flor d e cada piedra brota
En inextinto U:anantial la vida,
Y en cada nube azul se oculta el rayo,
Y en cada corazón sangra una herida.
Lloran de amor las flores olvidadas,
Solloza de hambre el huérfano en la aldea,
Y un anciano sobre el polvo peregrino
Soñando &lt;:&lt;&gt;n la muerte se recrea.....
Se aspiran en la brisa de la tarde
Los sutiles efluvios de lo muerto,
El enervant.e soplo de lo. lu~ba_
Y el misterioso soplo de lo mc1erto.....
En nuestro corazón repercutía
El eterno dolor de cuanto empieza,
El eterno dolor de cua.nto cambia,
De la eterna Natura la tristeza.

la señora de Salluze.-¡Todo eso no es más
que mecanismo cerebral! Es algo pa~
recido a la imposibilidad de distinguir
los colores..... el..... ¿ cómo se llama?
e ¿ Hace usted el favor de recordarme ese
nombre?-continuó dirigiéndose a Claudia, impacientada por el silencio de la joven
• y queriendo a toda costa obligarla á. poner
de manifiesto su ignorancia.- Recién salida
del colegio, se acordará usted perfectamente de él.
-Creo que el daltonismo, señora-respondió
Claudia modestamente.
La señora de León Salluze experimentó tal sorpresa, que perdió por un segundo el uso de la palabra.
-Se ha quedado usted asombrada-dijo el implacable Conde con gracia é intención.-¡Ohl, no
lo niegue usted. Yo he sentido la misma impre~
sión que usted, y á costa mía he aprendido á no
burlarme de la instrucción de los conventos. Esta
niña, educada muy á la moderna, es una verdadera enciclopedia; lo cual-añadió viendo que
Claudia se ponía colorada-tiene sus encantos
cuando no destruye, como sucede con mi sobrina, la sencillez de la joven.
Esta vez Claudia se puso colorada de felicidad,
y dirigió al conde Alberto, á quien no reconocía,
una mirada de gratitud.
La señora de Salluze tuvo que llamar en su
ayuda á toda la ciencia mundana para no dar á
conocer la rabia que se desbordaba, y dirigió á
Claudia un cariñoso cumplido, al que respondió la
joven con reserva, como si adivinase a la serpiente oculta por las flores.
Y~,■,IIW"u,

XIII.
-Cuando quieras que nos marchemos, ha~10.e
una seña, Claudia-dijo el Conde á media voz.Estoy á tus órdenes.
-¡Oh! entonces ahora mismo, tío Albertocontestó Claudia con ansiedad.
Desde la última escaramuza se había quedado
muda.
Estudiaba, movida por intensa curiosidad, a
aquella mujer bella, inteligente, indolente y vaporosa como una oriental, pero ambiciosa y fría,
á. la que había amado el conde Alberto, y que, celosa del prestigio dé su belleza, se empeñaba en
reconquistar al olvidadizo gentilhombre con vanos manejo'", cuya inutilidad no le permitía advertir su ciega fatuidad.
Y Claudia pensaba que todo estaba en su lugar.
El conde Alberto, á. pesar de sus defectos y su
indomable carácter, merecía algo mas que aquella
criatura escultural. En efecto, las brillantes cualidades de la bella Margarita podían halagar el
amor propio masculino; pero, muy preocupada de
sí misma, debía ser impotente para proporcionar
la dicha que anhela el hombre, que sólo da la esposa cristiana á fuerza de cariño y desinterés.
- Bueno -respondió sonriendo el conde Alberto.- Vamos a tratar de marcharnos á la inglesa.
La señora de Salluze adivinó el proyecto y trató
de deshacerlo. Como no perdía de vista al conde
Alberto, le vió hablar bajo con su sobrina, y no
quiso dejarle marchar sin hacer antes una tanta-

401

tiva para recobrar algo de su influencia ya desaparecida, cosa incomprensible y que la humillaba
profundamente.
-Pero, Conde, ¿piensa usted dejarnos ya?-preguntó con voz acariciadora.
Se acercó, apenas formulada la pregunta, con felinas ondulaciones, resbalando sobre la alfombra
y balanceando el airoso talle con estudiada gracia, que no produjo ningún efecto en el conde Alberto.
- La experiencia del colegio y de las colegia•
las le ha.bra enseñado á usted, señora - dijo el
Conde con mal disimulada impaciencia, - que la
atmósfera de los salones es malsana para sus tiernos pulmones, habituados á respirar aires menos
viciados. Permítame usted, pues, que use de mi
autoridad de tutor para llevarme á la señorita de
Romeuil.
-¡ Seal-respondió Margarita con voz dulce y
una mirada más dulce aún.-Siento el apresuramiento con que me deja usted después de la larga
ausencia que ha interrumpido nuestras amistosas
relaciones; pero, puesto que se trata de la salud
de su encantadora pupila, me resigno..... por esta
noche ..... y tome mted, para que vea que no me
enfado.
Cogió de un florero una rosa amarilla, parecida
á la que adornaba sus cabellos, y la colocó en el
ojal del Conde, en lugar de la gardenia que empezaba á ajarse , y que arrojó l ejos de si con un
movimiento digno dG una reina.
El Conde se inclinó y arrastró á Claudia, que,
con el corazón oprimido de nuevo, sólo pronunció
algunas palabras ininteligibles en contestación a
una frase amable que la señora de Salluze la dirigió, expresando la esperanza de verla á menudo
por el castillo.
Apenas salió el coche á la carretera, iluminada
por la luna y bordeada con hermosos árboles, el
Conde arrancó del ojal la rosa, graciosamente re•
galada por la señora de Salluze, y la arrojó al
campo con un desdén que no había previsto la
bella Margarita. Después se volvió hacia Claudia,
que en cuanto vió este movimiento respiró con
más facilidad.
-Tengo excitada la curiosidad- dijo sonriéndose-por la profunda atención que has otorgado
a nuestra vecina. Tú eres más indiferente de ordinario. ¿Es que su belleza, su elegancia y su ingenio te han cautivado hasta tal punto?
-No ..... -murmuró Claudia turbada.
-¡Ah! Pues eso me extraña más aún. Tú no eres
de esas mujeres que estudian a las demás para
eclipsarlas en seguida porque las tienen envidia.
Pero si no es eso..... ¿te puedo preguntar la razón
de ese detenido examen?
-Pues bien-dijo Claudia sacando fuerzas de
flaqueza, - sí. La examinaba porque quería descubrir lo que le había seducido á usted en ella.....
porque me han dicho que usted la había.....
-Que la había querido- acabó el conde Alberto.-Te han dicho mal-añadió al cabo de algunos
segun_dos, en los qu~ estuvo reflexionando, y que
parecieron eternos a Claudia, cuyo corazón latía
con violencia. -No; no creo que el sentimiento
mezcla de orgullo y de curiosidad que yo experimenté por esa felina criatura, disimulada, hábil
para explotar e@pléndidas cualidades de que el cielo
la ha dotado, como el jugador se aprovecha de las
ventajas que el azar le proporciona; no creo, repito, que tal sentimiento sea digno del nombre de
amor..... Y no eres tú la que puede resolver la
cuestión-añadió inclinándose hacia Claudia con
intención evidente de discutir-porque, por muy
vasta que sea esa famosa instrucción que dan en
el convento, Y.º dudo mucho de que os hayan
mandado defimr la palabra amor, ni buscar los
sentimientos diversos que entran en su composición.
-No recuerdo ninguna lección sobre un tema
tan singular-contestó Claudia tambiJn riéndose.-Además, esa palabra de que usted habla está
proscrita de los conventos.
-Sí, sí-dijo el Conde con amistosa chanza.¿No es Fen~lón, en la Educación de las Mujeres,
el que prohibe pronunciarla? dí, sabia chiquitita.
-No sé, tío-dijo seriamente Claudia.-Como
no he leído mas que algunos extractos del Tratado
de la educación de las jóvenes , no puedo dar á usted noticias de esto como de tantas otras cosas.
Per~ lo. que sí sé es que para amar á alguien es
preciso Juzgarle y hablar de él de un modo completamente distinto de como usted juzga á la señora de León Salluze y habla de ella.
-¡Tomal..... -dijo el Conde sorprendido.-Tengo curiosidad por saber la manera que tienes de
v?r este asunto, sobrinita. ¿Qué es preciso, según
tu, para amar?
(Continúa en la pág. 404.)

�400

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

IDILIO.
?;':&gt;[
~~!~~t,fflDE que allá, en los más encumbrados picos de Sierra Morena, la señá
Frasquita estuvo asistiendo al Requejillo, durante penosa enfermedad, databa aquel amor que divertía grandemente á los vecinos de la aldehuela.
Que para los zafios gañanes y para las
no pulidas mozonas era motivo de diversión
ver cómo todas las tardes, á la hora del crepúsculo , señá Frasquita subía chocleando
por la trocha que conducía derechamente á la
cabreriza donde habitaba con sus chotos el Requejillo.
Y es que el vulgo nunca pudo comprender las
delicadezas y sublimidades de algo muy hondo
nacido entre dos seres que, aislados y sin familia,
miraban el mundo desde el borde de la cuna del
expósito y desde la entreabierta zanja del campo
santo.
Cuando los peludos mastines guardadores del
aprisco ladraban alegremente, anunciando la lle•
ga.da de la abuelita, Requejillo soltaba la honda,
con la cual se entretenía en apedrear los copudos
pinos, y saltando por entre jarales, lentiscos y
madroñeras , corría presuroso á recibir á su

novia.
Luego, entre los cantuesos, mejoranas y rome•
ros, teniendo á la vista á los cabritillos triscadores, sentá.base á descansar la viejecita; agasaja.bala
el rapazuelo con frescos recocios, blanco queso y
sabrosos frutos campestres, y en aquellas cumbres vecinas del cielo charlaban anciana y muchacho con la pura suave ingenuidad con que al
Angel de la Guarda hablan sus patrocinados.
Después, las brumas precursoras de la noche
comenzaban á surgir del fondo del valle y á trepar por las vertientes de los ásperos cerros; señá
Frasquita cogía su báculo y acariciaba al pastorcillo.
Despedíase la luz y apuntaba la sombra, y se
despedía la senectud triste de la infancia alegre.
.,o o

Una tormenta otoñal sorprendió cierto día á la
anciana en las alturas fragosas de la sierra.
Aquella noche pasóla el Requejillo escuchando
absorto, al amor de la lumbre, las maravillosas
consejas que su vetusta huéspeda le refirió.
¡Y vaya si eran interesantes y entretenidos los
cuentos que narraba señá Frasquita 1
Al chiquillo se le caía la baba y se le saltaban
las lágrimas oyendo, ya embebecido, ya gozoso, la
relación de «Caperucita encarnadaJ&gt;, las portentosas aventuras de la pobre «Cenicienta:», las descomunales hazañas de «Pulgarcito:», ó los pintorescos y accidentados episodios que se desarrollaban en el encantado castillo de « Iras y no volverá.a:».
Entre todos los cuentos hubo uno que conmo•
vió hondamente al Requejillo, cautivando por entero su atención.
Era la sentida historia de un hijo y de una madre, separados de por vida por las malas artes del
hada Melusina.
Madreé hijo, caminando siempre, buscándose
á toda hora, andando sin descanso, habían cruzado la tierra, habían llenado los mares con sus
lágrimas, habían despertado con sus lamentos á
la diosa Eco, que duerme en el fondo de ignoradas cavernas, y al fin de larga peregrinación por
los desiertos del mundo, desgarrado el cuerpo y
rota el alma, la madre amante y el hijo bueno lograron arribar al marfileño alcázar de la Dicha,
donde eternamente moran confundidos en dulce
abrazo.
-¿Aónde esta ese alcázar?-preguntó ansiosamente el zagal.
-Arriba, muy arriba-contestó la anciana señalando al cielo, donde el alba principiaba á fingir arreboles y brillanteces matutinos.
En aquel instante, una estrella fugitiva pasó
por el zafir, yendo á juntarse con el lucero de la
mañana.
-Es el hijo-murmuró señá Frasquita-que va
á reunirse con su madre.

aquel día con el cabrero, el cabrero con el capataz, el capataz con el amo, y á vuelta de reparos
y distingos, se convino en que la desamparada
abuela tuviese amparo en el chozón de la cabreriza.
-Cuando quieras puedes traerte á tu noviadijo el cabrero al pequeñín; -así como así, buena
falta nos hace quien cuide la olla y remiende las
angorras y las zamarras.
A Requejillo le dió el corazón un vuelco.
¡ Por fin iba á tener madre 1 Tantas veces había
llorado y rezado por ella, que el tener ahora,
junto á sí, quien le prodigara maternales caricias,
lo diputaba por milagro de los grandes.
Al día siguiente era domingo. El chicuelo bajó
á la aldea, oyó devotamente misa, regaló una vela
á la bendita Virgen patrona del lugar, y, dando
el brazo á señá Frasquita, tomó con ella trocha
arriba, camino de la cabaña, más alegre que unas
castañuelas en día de bautizo.
Las gentes de la aldea, con grosera rusticidad,
hicieron blanco de sus necias cuchufletas á. aquel
tronco caduco que se inclinaba amorosamente sobre la tierna ramita de un afecto filial.
El tiempo destrozó más y más al carcomido
tronco.
El tiempo robusteció y vigorizó más y más al
brote rebosante de vida.....
Y el tiempo, que sombreó el labio del mozo y
echó nieves en la cabeza de la anciana, determinó
bruscamente la separación de aquellos infelices.....
¡tan felices 1
Horas antes de separarse, la abuela con los
ojos enrojecidos, y el mancebo con las pupilas
arrasadas, se despedían, sentados en la cima del
monte.
Señá Frasqnita, señalando á un arroyuelo saltador que brincaba despeñándose, y señalando á
otro arroyo que mansamente se deslizaba al pie
del monte, le decía al Requejillo:
-Así es la vida. Unos la toman arrollando por
todo, saltando por encima de todos, y al cabo, despeñados, mueren.
Otros, los humildes, van sin ruido por el cauce,
con el alma limpia como el cristal, copiando las
grandezas del cielo.
Sé de los últimos; así reflejarás soles y astros y
verás dentro de ti cómo luceros y estrellas se
confunden, al modo que la madre y el hijo de mi
cuento se juntaron en la eternidad.
Calló la anciana; calló el mozo; y al partir, llevóse el Requejillo un beso en la frente, un pesar
muy hondo en el alma y un escapulario sobre el
pecho.
Beso y escapulario eran de señá Frasquita.
La pena era de ambos. No rompe el azar impunemente los lazos que la desgracia y la nobleza de
sentimientos tejen entre los tres veces bienaventurados.
Bienaventurados son los que lloran, y los pobres de espíritu y los limpios de corazón.
Partió el Requejo. Los aldeanos, por exceso de
rustiquez ó por sobra de malicia, sólo tuvieron
burlas para despedir al mozalbete.
o
o o

Como fugaces corrieron los días felices, deslizáronse lentos, con la lentitud del dolor sin consuelo, los días de ausencia y de pesadumbres.
Se fueron las zanconas cigüeñas; tornaron las
golondrinas de las alcazabas y morabitos tetuaníes; otra vez florecieron los almendros, amarilleal"On las espigas, verdearon los pámpanos y
rodaron abarquilladas las hojas del a.lamo de
plata.
Todo iba y todo volvía. Sólo el dolor no quería
irse. Sólo el ausente no tornaba.
Compasiva la muerte, puso fin á la agonía de la
infeliz abuela.
¿Murió de pena?..•.• Tal vez. ¿Murió de hambre? ....• ¡Quién sabe!.. ...
Por entonces se dijo en la aldea que Requejo
había sucumbido en la guerra peleando por la patria.
El galeno del lugar, con gravedad de asno y
sonrisa seudo volteriana, apuntó que la vieja había muerto de amor senil.
Y los alcornoqueños patanes y las zafias mozonas repitieron, riendo gansamente, que señá Frasquita se había muerto de amor..... á los ochenta y
seis años de edad.
o
o o
¡ Como si el cariño, cual los rayos del sol, no
pudiese besar con sus ósculos de oro la añosa cor¡Cualquiera es capaz de adívinar la relación mis- teza del roble centenario y la hojuela de la huteriosa que el Requejillo estableció entre él y el milde hierbecilla!.....
niño sin madre, y entre señá Frasquita y la madre sin hijo!
M. R. BLANCO-BELMONTE.
Lo cierto del caso es que el pastorcillo habló

SANTA MARÍA ..... COSTURERA.

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I.

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MAGINÁOSLE como quera.is. Era un
•
•
vestido digno de una princesa; un
0
vestido ideal, maravilloso, de colores frescos y risueños. Estaba la niña
tan contenta con él y le lucía con tan
graciosa é ingenua satisfacción, que hubiera sido un majadero, un dómine antipático y gruñón el que intentara reprenderla filosofando sobre la eterna é innata co'
quetería femenina.
Salió de casa con los ojos chispeantes de alegría.
La criadita no pudo bajar la escalera tan de prisa
como ella, y al llegar al portal vió que estaba la
niña rodeada de seis ú ocho admiradoras, críticas
y comentaristas. Eran sus amiguitas, sus compañeras del colegio. Marra Isabel, muy esbelta, muy
fina, con un vestido vaporoso y un mirar regio
solemnemente velado por la suave caída de los
párpados...•• No hizo más que mirar á la niña y
volvió la cabeza sin decir palabra.-Iba ella mucho mejor.-Pero Angelines y Pilar y Carmela, y
sobre todo Solita, que era un diablillo blanco y
rubio, miraron y admiraron é hicieron tantas exclamaciones y preguntas, que el portal parecía
una pajarera á la hora del alpiste.
En la calle se volvió la niña para decir adiós á
mamá, que estaba en el balcón. Toda la turba saludó también.-1Adiós, adiós! 1Que seáis buenas!
- Y á la muchacha:-¡Que no beba cuando esté
sofocada; que no vayáis á la orilla del riol
Doblaron la esquina bulliciosamente, y pronto
salieron al campo. No iban al río, sino á la fuentecilla. Suave y olorosa brisa descendía de las
montañas y acariciaba las humildes margaritas
silvestres y las pomposas amapolas, y hacía cabecear en los sembrados las espigas, corriendo sobre ellas en apacibles oleadas. ¡Qué salud, qué
alegría se respiraba allí! Corrieron y jugaron
como locas, y la niña se olvidó bien pronto de
que llevaba el vestido nuevo.

íl

hací~ callar llevándose el dedo índice á los labios.
Detrae de Ju~na no veía bien si entraba alguien;
pero le pareció que entre Solita Ca.rmela Angeli~es y Pila; traían una de cada punta i{na tela
brill_ante. ¡S1, era~ ellas! Y lo que traían era su
ve,st1do nuevo. ¿Como no había de conocerle? Detras de la puerta estaba María Isabel rabiando
por entrar. Pero no podía ser, ¡por pr~sumida y
por orgullosa! Y Dolores, la criadita se colaba
por una rendija, trayendo en la mano' una aguja
y un carrete de seda.....
Y aquí tienes á Santa María, madre de Dios,
sentada en uaa nube, con el vestido nuevo sobre
su regazo, cosiendo, cosiendo, lo mismo quemamá. Toda l_a corte _celestial, desde los ángeles
~asta la coci1;1era, miraban el ir y venir de la aguJa, q~e relucia como un rayo de luna. Luego extendió su mano blanca como el jazmín. ¿Qué quería? Quería las tijeras. Dolores se las dió y la niña
~ió al dárselas que la muy despreocupada llevaba
irrespetuosamente en la otra mano un pedazo de
pan. Merecía que la echaran de allí'.
Pero la Virgen acabó su labor. Todas se abalanzaro~ á ve!la como bandada de palomas. Cuando
la nma qmso verlo también sintió que la fio--ura
0
celestial la besaba en la frent~, y luego todo se desv~neció y el cuarto quedó á obscuras. ¡Santa Maria se fuél

..... La Virgen Maria
Que está junto á mi ca~a
Me dice muy quedo:
-No tengas miedo
De ninguna cosa.....

;Al fin pudo más el cansancio que el remordi•
miento, y se quedó dormida.

III.
Soñó que entraba en su cuarto una claridad de
aurora. La Virgen María estaba junto á su cama.
Venia con ella Juana la cocinera, haciendo gestos
Y manoteando, y Santa María, madre de Dios, la

SOFÍA CASANOVA.

Julio, 1900.-Señorio de nrozdowo (Polonia Rusa).

LOS ALTIVOS MONTIGNAC.
Con tin nación.

-~~

IV.

~~SCHE !-decía la voz imperiosa de la señora de Salluze.-¡Todo eso no es más
~
que mecanismo cerebral! Es algo paíC: e--.:
recido á la imposibilidad de distinguir
'f¡
los colores..... el..... ¿cómo se llama?
•·
¿ Hace usted el favor de recordarme ese
nombre?-continuó dirigiéndose á Claudia, impacientada por el silencio de la joven
• y queriendo á toda costa obligarla á poner
de manifiesto su ignorancia.-Recién salida
del colegio, se acordará usted perfectamente de él.
-Creo que el daltonismo, señora-respondió
Claudia modestamente.
La señora de León Salluze experimentó tal sorpresa, que perdió por un segundo el uso de lapalabra.
-Se ha quedado usted asombrada-dijo el implacable Conde con gracia é intención.-¡Oh! no
l? niegue usted. Yo he sen~ido la misma impresión que usted, y á costa mia he aprendido á no
burlarme de la instrucción de los conventos. Esta
niña, educada muy á la moderna, es una verdadera ?ncicloped,ia; lo cual- añadió viendo que
Claudia se poma colorada-tiene sus encantos
cuando no destruye, como sucede con mi sobrina, la sencillez de la joven.
Esta vez Claudia se puso colorada de felicidad
y dirigió al conde Alberto, á quien no reconocía'
una mirada de gratitud.
'
La señora de Salluze tuvo que llamar en su
ayuda á toda la ciencia mundana para no dar á
conoc~r la rab_i~ que se desbordaba, y dirigió á
~laudia un carmoso cumplido, al que respondió la
Joven con reserva, como si adivinase á la serpiente oculta por las flores.
I!

, Despertó la niña y sintió un peso sobre su coraz~n_. Era el remordimiento que volvía. Muy bulliciosa y muy alegre Doloritas, venía á vestirle
el delantalillo de mafiana. Debajo de él traía la
criadita el vestido nuevo que mamá había cosido
por la noche muy cuidadosamente. Y al ver que
e~~ba más nuevo y más h_ermoso que antes, la
nma saltó de la cama y la dijo á su madre:
-¡Mamá, el vestido se rompió ayer, y no sabes
quién ha venido á cosérmele esta noche. Yo la he
visto. Ha venido Santa María, madre de Dios.
LUIS BELLO.

II.
¡Ay! ¡Le olvidó, sí! Le .olvidó tanto, que á la
vuelta venía la pobre con la cara triste y compungida de un ángel que perdiera sus alas. Había roto
el vestido de arriba á abajo. ¿Cómo? ¿Qué sabía
ella? En el suelo, en las peñas, en las zarzas, en
las manos de sus amiguitas..... en cualquier parte
y de cualquier modo..... El caso era que volvía con
el ceño fruncido, haciendo con los labios un mohín trágico y llevando en los ojos, pronto á romper el dique, un río de lágrimas.
Tan triste estaba, que sus amigas, sintiéndose
culpables de no sé qué especie de complicidad,
fueron abanaonándola una á una. Se quedó sola
con la criadita mucho antes de llegará su casa.
- Y ahora ¿ qué hacemos?- preguntó la muchacha.-Te verá mamá. Verá que te has roto toda.
Y nos va á regañar á las dos, y á mí más que á ti.
Esto la dió un valor heroico.
-Pues no lo verá. Yo no la dio-o nada.
Hizo que la muchacha sujetar~ con alfileres el
rasgón_de la tela y entró en casa muy tranquila,
muy digna, y besó á mamá que estaba en visita
con un aire de _inocencia candorosa. Luego escapó
de_un vue_lo, sm atenderá nadie, y demostró una
prisa terrible por acostarse sin cenar.
-La niña está mala-decía la cocinera.-La
niña no ha querido cenar.
Y acusó á la criadita de descuidada y torpe, y
vino la mamá á la cabecera de la cama para preguntar ~ la niña si se sentía mal, y la niña con•
testó ~imosamente y cerró los ojos en seguida,
acometida por un sueño repentino bastante sospe•
choso.
No dormía; tardó mucho en dormirse. La remordía la conciencia y se sentía culpable. Agitaban ,su cabe~ita rubia pensamientos muy negros.
Repet1a maqumalmente sus oraciones....•

.Y agobiados los dos, victimas ambos,
Hice un supremo esfuerzo de vencido
Y la tomé las manos temblorosas
'
Y, sin voz casi, murmuré á su oldo:
- ¿Por qué para el amor no ha de haber dicha?
¿Será al buscarla. nuestro empeño vano?
Sin contestar, me señaló á lo lejos
De un cementerio el escondido llano.
-Pero hay flores alll, grité anhelante;
Del corazón sobre las tumbas crecen
También.-Si, respondió, las flores
De todos los ensueños que perecen.
Otras mi corazón dar no podría;
Sólo ellas han brotado en mi camino.....
- Yo te amo, sollocé. Taw bién te amo;
Pero ¿cuándo el amor vence 111 Destino?
Sentl el frlo mortal de los que pierden
Amor y fe, cuanto la vida encierra;
Y murmurando ({Adiós:» se alejó sola,
Y asi nos despedimos en la tierra.

VENOIJJOS.
Á

ELA BAL!CKA, EN ZACOPÁR.

Paseábamos las dos. Llanura inmensa
Ofrecla á los ojos sus verdores,
Y en las ondas del trigo se meclan
Flores azules y encendidas flores.
En las praderas húmedas los ánades
Llegaban lentamente hasta el remanso,
Donde las quietas aguas les ofrecen
Con la frescura el plácido descanso.
Y el rebaño paciendo en la llanura,
Y en los nidos el cántico amoroso,
Y en el aire las músicas del viento,
Y en su cabaña el labrador gozoso,
Entonaban el himno que precede
A la rosada aurora del estlo ,
Que siembra la abundancia en los eriales
Y la alegria esparce en el vacío.
-¿Alegria? me dijo.-Y en su boca
La escéptica sonrisa vi posarse,
Que es la huella inequl voca en su rostro
De un dolor que no quiere revelarse.
¡Ay! mi alma, que en trasporte de entusiasmo
Con la Natura en flor se confundía,
Y la belleza y la bondad eternas,
Mirando el cielo , entonces, se fingla,
Cayó, abatido el vuelo poderoso
De aquella frase al penetrante acento,
Y al unisono puestas nuestras almas
Vibraron en un mismo sentimiento.
Juventud, primavera, amor, belleza,
Todo entre sombras funerales vimos
Ante nosotros, y detrás tan sólo
Rest.os de cuant.o amamos y perdimos.
De cada flor, de cada. piedra brota.
En inextinto manantial la vida,
Y en cada nube azul se oculta. el r~yo,
Y en cada corazón sangra una. henda.
Lloran de amor las flores olvidadas,
Solloza de hambre el huérfano en la aldea
Y un anciano sobre el polvo peregrino
'
Soñando &lt;;nn la muerte se recrea.....
Se aspiran en la brisa. de la tarde
Los sutiles efluvios de lo muerto,
El enervante soplo de la lucha
Y el misterioso soplo de lo incierto.....
En nuestro corazón repercutía
El eterno dolor de cuanto empieza,
El eterno dolor de cuanto cambie.,
De la eterna Natura la tristeza.

XIII.
-Cuando quieras que nos marchemos hallr.ae
una se~a, Claudia-dijo el Conde á media voz.Estoy a tus órdenes.
-¡Oh! entonces ahora mismo, tío Alberto contestó Claudia con ansiedad.
Desde la última escaramuza se había quedado
muda.
Estudiaba, movida por intensa curiosidad á
aquella mujer bella! inteligente, indolente y ~aporosa como una oriental, pero ambiciosa y fría
á la que había amado el conde Alberto y que ce~
losa del. prestigio de su belleza, se em'peñab~ en
reconquistar al olvidadizo gentilhombre con vanos manejo~, cuya inutilidad nole permitía advertir su ciega fatuidad.
Y Claudia pensaba que todo estaba en su lugar.
. El conde Alberto , á pesar de sus defectos y su
m~omable carácter, merecía algo más que aquella
criatura escultural. En efecto, las brillantes cualidades de la bella Margarita podían halagar el
ª!11º: propio ~asculi?o; pero, muy preocupada de
s1 m~sma, debia ser impotente para proporcionar
la dich~ ~ne ar;hela el hombre, que sólo da la esposa cristiana a fuerza de cariño y desinterés.
- Bueno -respondió sonriendo el conde Alberto. - Vamos á tratar de marcharnos á la inglesa.
La señora de Salluze adivinó el proyecto y trató
de deshacerlo. Como no perdía de vista al conde
Al?erto,. le vió hablar bajo con su sobrina, y no
qmso deJarle marchar sin hacer antes una tenta-

401

tiva para recobrar algo de su influencia ya desaparecida, cosa incomprensible y que la humillaba
profundamente.
-Pero, Conde, ¿piensa usted dejarnos ya?-preguntó con voz acariciadora.
Se acercó, apenas formulada la pregunta con fe.
linas ondulaciones, resbalando sobre la aÍfombra
y balanceando el airoso talle con estudiada gracia, que no produjo ningún efecto en el conde Alberto.
- La experiencia del colegio y de las colegialas le habrá enseñado á usted, señora _ dijo el
Con~e con mal disimulada impaciencia, - que la
atmosfera de los salones es malsana para sus tiernos pulmones, habituados á respirar aires menos
vicia~os. Permítame usted, pues, que use de mi
autoridad de tutor para llevarme a la señorita de
Romeuil.
- ¡ ~eal-respondió ~argarita con voz dulce y
u°:a mirada más dulce aun.-Siento el apresuram10nt~ con que ~e deja usted después de la larga
ause~c1a que ha mterrumpido nuestras amistosas
relaciones; pero, puesto que se trata de la salud
de su encantadora pupila, me resigno...•. por esta
noche..... y tome usted, para que vea que no me
enfado.
Cogió de un florero una rosa amarilla, parecida
á_ la que adornaba sus cabellos, y la colocó en el
OJal del Co_nde, en lugar de la gardenia que empeza?a. á aJar~e, y que arrojó lejos de sí con un
moVImiento digno de una reina.
El Conde se inclinó y arrastró a Claudia que
con el corazón op:i~ido _de nuevo, sólo pron'unció
algunas palabras mmtehgibles en contestación á
U?,a frase amable que la señora de Salluze la dirigió, expre~ando la esperanza de verla á menudo
por el castillo.
Apenas salió el coche á la carretera, iluminada
por la luna y bordeada con hermosos árboles el
Conde arrancó del ojal la rosa, graciornmente'regalada por la señora de Salluze, y la arrojó al
campo con ~n desdén ,que no había p:revisto la
bella Margarita. J?,espues se volvió hacia Claudia,
qu_e en .c_uanto v10 este movimiento respiró con
mas fac1hdad.
-Tengo excitada la curiosidad-dijo sonrién~ose-por la profunda atención que has otorgado
a _nue~tra vecma. Tú eres más indiferente de ordm~r10. ¿Es que su belleza, su elegancia y su ingemo te han cautivado hasta tal punto?
-No..... -murmuró Claudia turbada.
-¡Ah! P~es eso me extraña más aún. 'l'ú no eres
de _esas muJeres q_ue estudian á las demás para
echpsa_rlas en seguida porque las tienen envidia.
Pero s1 no e~ eso ..... ¿te puedo preguntar la razón
de ese detemdo examen?
- Pues bien-dijo Claudia sacando fuerzas de
fla9-ueza, - sí. La examinaba porque quería descubrir lo que le había seducido á usted en ella
porque me han dicho que usted la había
.....
-Que la h~bía querido-acabó el coU:a; Alberto.-Te han dicho mal-añadió al cabo de algunos
segun_dos, en los qu~ estuvo reflexionando, y que
pareci~ron ~ternos a Claudia , cuyo corazón latía
con violencia. -No; no creo que el sentimiento
mezcl31 de orgullo _Y de curiosidad que y 0 experimente por esa felma criatura, disimulada, hábil
para explotar ePpléndidas cualidades de que el cielo
la ha ~otado, como el jugador se aprovecha de las
ventaJas que el azar le proporciona· no creo r ·
t
t 1
. .
'
, epio, que a sentimiento sea digno del nombre de
amor.,
..... Y no
eres
tú
la
que
puede
re
1
_ d'ó .
. ,
so ver l a
enes t ion-ana
1 me1mandose hacia Cla d'
· t enci' ón ev1'dente de disc?tir-porque, por
u iamuy
con
m
vasta que sea esa famosa mstrucción que dan en
el convento, yo
. dudo mucho de que Os h ayan
man_d a.d o d efin~r la palabra amor, ni buscar· 108
sentimientos diversos que entran en su
·
ción.
compos1-~o recuerdo ninguna lección sobre un tema
tan smgular-contestó Claudia tambiJn riéndose.-~demás, esa palabra de que usted habla está
proscrita de los conventos.
. -Sí, sí-dijo el Conde con amistosa chanza.e No es Fenelón , en la Educación de Zas Mvje
el que prohibe pronunciarla? dí sabia chiqu·t7:tes,
, t'
d. .
.
'
i i a.
- No 8 e , 10 - IJO seriamente Claudia -C
no h e l e1'd o mas
, que algunos extractos del. T 1·atado
orno
de la ed!t~ación de las j6venes' no puedo dar á usted noticias de
esto como de tantas
· • otras cosas.
P ero 1o que si, sé es que para amar
á algmen
·
. .
es
preciso Juzgar1e y hablar de él de un modo e .
!_)letamente distinto de como usted juzga a 1aº:.
nora de León Salluze y habla de ella.
-¡T?m~l..... -dijo el Conde sorprendido.-Tengo cur1os1dad por saber la manera que tienes d
v?reste asunto, sobrinita. ¿Qué es preciso segu':
tu, para amar?
'
( Continúa en la pág. 404.)

�402

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

:

dran con pespuntes, y el vuelo de detrás
se recoge en dos pliegues redondos. Cha•
queta de paño. Esp'llda sin costura en medio · dos pequeños costadillos. Delanteros
aju~tados por una pinza y cerrados en medio de delante. Bies pespunteado tapa las
costuras. L :i chaq neta st1 corta en punta
delante y en la espalda, sobre una aldeta
redonda, g uarnecida de pespuntes. Pequeñas tiras con botones cierran la parte de
delante. Cuello de fantas!a; solapa11 de
seda crema, todas pespunteadas y recuadradas de seda lisa. Manga ajustada por
un forro. En la parte baja, bullón de muselina de seda crema. Tricornio de lieltro
con plumas amazonas.
Materiales: 7 metror. de paño, de 1,20
metros de ancho.

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LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

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clavina en forma, con solapas. Cuello recto,
con terciopelo negro. Manga con puño vuelto
sobre bullón de la misma tela, con puño de
terciopelo. Sombrero de paja gris con drapeado
de tul y flores.
Materiales: 5 metros de lanilla escocesa, y
25 centímetros de terciopelo negro.

Núm. 19.-Traje hechura sastre, de alpaca
azul p'9tel.
~'ald.:. ~ecortada abajo , sobre un volante
plegado unido á. una falda de abajo¡ bieses
con pespuntes blancos adornan la parte de
abajo de la falda, y suben en los costa.do!!
adornándolos.
Chaqueta ajustada, guarnecida oon bieses
pespunteados y con aldetas recortadas. Cuello y solapas vueltos. Peto de raso blanco.
lllanga de codo, con puños vueltos. Sombrero redondo, de paja blanca, adornado con
tafetán.
Materiales: 10 metros de al paca azul pastel.

Núm. 16.-Traje de alpaca negra. Falda
con delantal abriendo en la parte de abajo
sobre un plegndo¡ se adorna con soutache
negro y botones dorados. Cuerpo «bolero»,
recortado delante en forma de onda sobre
la parte adornada con soutache¡ un peto
guarnecido de la misma manera adorna la
parte de delante; éste se escota sobre una
camiseta de muselina blanca. Manga recortada sobre bullón de muselina blanca.
Gran sombrero de paja blanca y negra,
guarnecida con muselina blanca y negra.
Materiales: 10 metros de alpaca, y 2 met ros de muselina blanca.

·~~ l
~-

Núm. 20.-El delantero íorma estola de
muselina plegada adornada con rizados. Lazo
de moseliua y encaje.
Caídas de encaje.
Núm. 21.-L&amp; montura de este abanico es de
madera tallada ligeramente obscura. El país,
de gasa verde claro , se &amp;doma con una guirn:1lda de flores de iris pintadas en tono verde

n • 13.-Sq,.,re,01 oara nlha.

{•

11.-Capa ,,q..ña.

.,. ..-.."'-

Núm. 11.-Se hace con un volante ancho

9

r 10.-Collet pequefto cor1o.

Núms. 9 y 10.-Enteramente hecho de bullonados de muselina de seda malva sobre viso de seda que armonice bien.
Se bordea con ruchu fruncidas de la misma muselina. Dos
grandes caldas, de museli11a también. Volante rodeado de
ruchu. Cuello bullonado, que termina con muselina plegada
y ruchu.
Materiales: 4 metros de muselina de seda mal va.

de encaje, cubierto por uo ,olante hecho
con felpilla de terciope'.o negro guarnecido
con lazadas de la misma felpilla¡ el escote
se ribetea con otro volante fruncido de
encaje, que cae eo chorrera delante.
Materialu: 5 metros de encaje ancho, y
3 metros de encaje más estrecho.

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íflll~..::....:..:s~·-..':"'~
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.,..-S-:"'--°i/.~..... ~.,-: ... ..,,:- .......
~ \ /~..,·-;: .¿.

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-:,..l_:~

Núm. 12.-Capota para bebé de tres á.
cuatro oños. De raso blanco con guipur
gordo crema. Volante del mismo guipur
forma el ala, apoyada sobre un triple volante de muselina de seda blanca. Los vo•
lactes iguales c-onstituyen el interior del
ala. Nudo de moaré marfil y bridas de seda
blanca del número 20.
Núm. 13.-Sombrero para seiiorita
rle 12 años. De paja
bluet y blanca. Gran
nudo de tafetán escocés azul y blanco,
haciendo torzada
todo alrededor. Dos
grupos de blu.ets á.
un costado debajo
del ala.

15.-TraJt beohwra 1&amp;1tr1.

Núm. 15 .-De
paño color morado.
Falda co rtada en
forma. La parte de
&lt;lelante abierta sobre un delantal estrecho de la misma
tela. Los borde.s de
la falda se recua-

tura se adornan
con una flor de
iris ta.liada y pinta.da después.

Núm. 22.- L"l.s
figs. 38 á 43 de la
Hoja-Suplemento
á. nuestro último
número corresponden á. 'este
cuerpo.
Este cuerpo, de
t11fetán azul pastel, se compone de
canesú y de hombreras bordadas
con trencilla fina
de med11llones y
con trencilla lisa:
también puede
hacerse de batista,
muselina ó de
cualquier otra clase de tejido ligero.
La tig. 42 representa el dibujo
del bordado del
canesú, y la 43 el
de las hombreras.
Laa hojas grandes
se rellenan con
puntos de costura
cruzados hechos con torzal fue~te ¡ las margaritas se e3ecuta.n con trencilla de medallón, y se
bordan loe tallos con
torzal.
Tanto el cuello, que
es recto, como las mangas, no llevan otro bordado que el de unaa margaritas iguales á las que
adornan el cuerpo.
El cinturón que rodeo.
el ta.lle consiste en u na
banda de seda anudada
al costado izquierdo.
Se corta el. forro con
arreglo á. las figs. 38 á 43
de la Hoja-Sup~ento
y los coetadillos segú~
1111! indicaciones de ¡as
mismas figuras; pero ha
de tenerse en cuenta la
diferencia de cont ornos
para las mangas y de
proveerse al cu e 11 0 de
una muselina rígida.

14. -Tr

~~~~:!! ::acen las pinzRs de los delanteros, que
guiendo las indi~n _bordarlo; se hace el fruncido si•
espalda en pliegu:~1one_s d;1 grabado; se dispone la
nen los trozos al fo u~ien
con • Y se superporro, después se une el cuerpo¡ se
88

°+

Núm. 14.-De
paílo gris azolado.
Falda cortada en
forma. Lleva pliegues basta1,te separados unos de otros
y terminando en
costura en la eintu•
ra. Bieses pespunteados sobr e cada
pi i eg ue. Detrás
pliegues echados.
1Chaqueta de la
misma tela; espal da
con costura detrás
y dos costadiUos.
Delanteros con pin•
zas que su ben basta
el hombro. Se adorna todo el traje con
bieses. Tri ple esclavina en forma y ribeteada con pespuntes. Cuello vuelto.
Manga ajustada por
el forro¡ la parte de
abajo sobre bullón.
Sombrero redondo
de paja con plumas.
Materiales: 7 metros de lanilla, de
1,20 metros de
uncho.

403

•J• beohura 1aa1re.

dobla la espalda hacia fuera, detrás y á lo lnrgo de
la linea q uebrad11; se ponen cor.:hetes ocultos bajo un
estrecho pliegue hueco. Se une al escote el cuello recto, se forran las mangas, se las frunce entre las * •
se las une, y finahnente se cosen á las sisas.

~16, 19.-Tri)ea y abrlgoa fl vial• para aeñoraa Jdvenu.

Núm. 17. -Abrigo largo de paño color beige
UD poco entallado detrás y recto delante; «bol~
roJ&gt; corto, cruzado delante con dos botones de
fantas!a: est.e «boleroJ&gt; se adorna con una esclavina y un cuello alto. Bieses pespunteadoe adornan el abrigo. Manga adornada ron bieses y re-

cortada sobre bollón de muselina. Bombn:ro marinero, de paja beige, con el
casco en forma de gorra rodeada con terciopelo negro.
Materia.lea: 4 metros de pafio beige.

Núm 18 -Ab · f ta ¡ de 1auilla escocesa gris azulado y blanco; es
· • ta rigo an s ª' á UD Jedo con tres botones de fantas!a. Esde f orma
rec , y rrnza un poco

20.-0ola de muaeuna de aeda
WHGaJt.

claro, de-~de cuyo centro .Pª:te una flor de i:ie
en capullo ejecutada en distintos tonos de violeta desde el obscuro al claro y en diferentes
matices encarnados y bl11ncos. Al lado izquierdo aparece un adorno hecho en color gris
azulado; las dos varillas extremas de la mon•

21.- Abanloo ooa pala pintado,
111110 mOltl'II0,

22,-Cuarpo co■ ador11oa di bordad,.

�404

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA
LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

añadió, acordándose de lo que pretendía-en que
-Ante todo-exclamó Claudia con fuerza- alturas á que se había elevado, haciéndose una he- se ha comprometido; lo que yo deseo es muy dison precisas la estimación y la confianza ....• ¿Qué rida dolorosa.
.....
El silencio reinó mientras el coche avanzaba fícil
-¿De veras?-replicó sonriendo el conde Alsignifica, le pregunto yo á usted, tío, una afección por el camino, cruzado por las sombras que en él
basada, como usted acaba de decir, en la curiosiberto.-¡Vamos á ver! ¿Qué tienes que pedirme?dad, en el orgullo y los dones físicos, tan vanos proyectaban los árboles.
Claudia, pronta siempre á desechar aquellas im- añadió con el aire del que busca algo muy distancomo todo lo que pasa? ..... ¿No es un capricho que
presiones malsanas para el alma, que paralizan, y te.-¿La mitad de mis dominios? -No - response lleva la primer ráfaga de aire? ¿Cómo va á dlll'
dió Claudia riénun hombre su codose,-no soy tan
razón á la mujer
voraz como eso.
que tiene por maPiense usted, tío
la y disimulada?
Alberto, en que
¿Tiene el derecho
me hará usted dide esperar un solo
chosa.
momento, de
-Veo-dijo el
aquella criatura
Conde-que desfrívola, la fideliconfías mucho del
dad, el respeto, el
éxito de tu solicicariño, la obetud cuando yo la
diencia, el cumconozca. No es
plimiento del decosa de que sean
ber, sin los cuales
inútiles todas esas
no hay esposa
precauciones oracristiana, ni
torias; te prometo,
unión santa dura¡ya ves si soy ge•
ble en el tiempo y
nerosol, conceen la eternidad?
dede lo que piClaudia se detudas, sea lo que
vo sofocada, áversea. ¿Estás ya
gonzada de haber
tranquila?
mostrado tan to
- Sí-dijo grasus ideas y las asvemente Claudia,
piraciones de su
-estoy tranquila
corazón amante.
porque tengo su
-Pequeñapalabra de usted.
murmuró el conV ea usted de lo
de Alberto, - la
que se trata. Y o
lealtad y la piedad
estaba esta mañate elevan á muy
na detrás de la ta•
altas regiones. Te
pia del parque, y
has acercado al
le he encontrado
poeta. Oye la deá usted muy sevefinición del gran
ro, tío Alberto,
Shakespeare.
con el pobre guarY el conde Alda. Déme usted la
berto recitó á mesatisfacción de dedia voz, con un
cirle que usted le
tono que ella no
perdona y le dele conocía, estos
vuelve la plaza, al
versos que vibramismo tiempo que
ban al penatrar en
el pan para su mael corazón de Clau•
dre y sus hermadia, como si hunitos.
biesen despertado
Cualquiera que
una nueva cuerda,
hubiera oído en
dormida hasta enMontignacun distonces, que sonaba en aquel inscurso semejante,
tante melodiosahubiese temblado
por la imprudente
mente:
« Amar es estar
que se atrevía a
pronunciarlo. Pecompuesto de suspiros y de lágriro la cólera que,
mas, de fidelidad
seguramente, huy sacrificio; no tebiera estallado en
ner más que imaotra ocasión 6 enginación, quepafrente de otro insión, que deseos:
terlocutor, no se
ser todo adoramanifestó, y el
ción, deber y resconde Alberto
peto, todo humilrespondió esta
dad, todo pacienvez con mucha
cia é impaciencia,
tranquilidad:
todo pureza, resig•
-¿Y qué quie23 , 27.-Tr•J•• y aombreroa elegutH.
nación y obedienres que haga? Me
cia.:»
Sombrero azul pastel con drapeado de muselina de seda y guir• has cogido la
Núm. 23.-Sombrero de paja azul.-Se levanta en la pnrte de
Claudia callaba,
palabra, joven
oprimida por des- delante y se adorna con muselina de seda del mismo color y un nalda de rosas.
astuta.
Núm.
26.-Tro}e
de
t~la
rosa.
-Cuerpo
formando
a:bolero&gt;
con
conocida impre- gran ramo do rosas blancas con bojas.
Claudia empezó
Núm. 24. -Sombrero de paja verde pastel.-Se adorna con dra- triples solapas abiertas sobre un peto plegado con pliegues al tra- á reirse.
sión.
vés. Corbata de encaje. Sombrero de paja, levantada á un lado con
-¿ Ves?-siguió peado de tul y cerezas con hojas. Gran pluma á un lado.
-No sabía yo
alas de fantasia y tul.
el Conde-el gran
Núm. 25. -Traje de paseo.-De velo azul pálido. Cuerpo con
que
era astuta. Lo
Núm. 21.-Traje de novedad. - De muselina cruda sobre viso
poeta entiende pliegues formando a:bolero».
rosa. Cuerpo con pliegues al través; peto de guipur. Ohou de tul cual prueba que
CuP,rpo de guipurcon bieses de tafetán azul.
por amor casi lo
negro á los lados. 11angas cortas plegadas y con volante de encaje. nadie se conoce á
Falda adornada en la parte de abaJo con guipur y bieses de
mismo que tu cesí mismo, empeFalda con tabla detrás.
rebro de colegiala tafetán.
zando por usted,
cándida, lo mistío Alberto. Usted
mo que tu alma de
es muy bueno, y ...
niña, que igno- Yo no soy bueno-protestó el Conde.
dañosas
para
el
cuerpo,
al
que
hacen
languidecer,
ra todas las fealdades y las ambiciones mundanas.
-1.:-sted es muy _bueno-repitió Claudia,-sola-«Ser todo adoración, deber y respeto»-repi- pensó en que había llegado el momento de abogar mente qu~ se lo t1ene usted muy guardado y lo
por
la
causa
de
Justo
Cabirou.
tió Claudia en voz baja.
Apoyó la mano enguantada en la manga del oculta cuidadosamente como si fuera una mala
-¿Entiendes tú así el amor? - preguntó el
acción. Se lo agradezco á usted con toda mi alma,
Conde, que pareció despertarse de un sueño.
Conde.
y mañana por la mañana iré á casa de Victoria
-¿Qué
te
pasa?-dijo.
-Sí, pero si hay reciprocidad-contestó Clau- Una súplica que quiero dirigir á usted, tío Cabirou, la madre de Justo .....
dia con firmeza.
- ¡A sec~r las lágrimas y disipar las tinieblas
Alberto.
¡Una cosa que me gustaría tanto, tanto!
El conde Alberto movió los labios como si fuera
con la gracia de tu sonrisa !-interrumpió el conde
-Entonces,
concedido
por
adelantado-dijo
á hablar, luego los cerró y se calló.
Alberto divirtiéndose.-Me has colocado en una
Claudia, que por un momento había sentido que éste con finura.
¡
Oh,
qué
contenta
estoyl-ex.clamó
Claudia.el corazón se abría á una dulce esperanza, sintió
(Continúa en la pág. 407.)
que se le cerraba, y le pareció que caía desde las ¡ Qué bueno es usted, tío Alberto! Piense usted-

•

21.-Falda ■loaela.

"ca• •I croqu/1 34,

32.-Falda Fr6gola.

11,2., e/

roqul• 38.

29 i 31.- Ropa lnttrlar: Camlea di dla, oa111laa de noche y ,antalda.

Núms. 28 y 34.-Falda de ceremonia para sefiora de cierta
edad. El delantal de encaje se pone sobre viso de color,
Dos palios se hacen con pliegues COBidos y se unen al del
lado que empiEza la e&lt;:,la, cuya costura está completamen-

j

. -'

'
I' o'
' '

Núms. 29 á 31.-Estas prendas, de batista fina, se ador·
nan con volantes pleg11dos con encaje al canto, entredoses
bordados ~e un centlme!ro de ancho y entredoses de encaje.
La cam1s~ de dia se cierra en los hombros y tiene el delantero cubierto de pequeños pliegues; el escote es redoodo
Y se a_dorn 1, lo mismo que las sisas de la manga con encaje
fruncido.
'

'

'

r

La camisa de noche tiene tres pliegues hueoos en la espalda y otros tantos dt:lante, y se monta sobre un canesú
cuadrado, hecho de entredoses y recuadrado con un volante
plegado, ribeteado de encaje. Los entredoses del centro del
canesú están colocados al bies á guisa de plastrón. El cuello
vuelto y las mangas están igualmente adornados."con entredoses y volante. El pantalón es muy corto, hecho ;in canesú ¡
~e frunce detrás por el centro de una tira que Eirve de
Jareta. Se guarnece, como las otras dos prendas, con entredoses de encaje, terminados con un volante plegado.

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Ooia ~

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¡
-11/. ~

te al bies. El vuelo de
losladossereducecon
una pinza, y el de detrás con dos tablas
echadas en medio.
Confección de la
falda: Sobre un del antal de seda lisa,
con volantes abajo,
se pone el encaje.. El
resto de la falda de
seda se corta en el
sentido de las rayas,
y el pafio de detrás al
bies.
La cola se corta al
hilo en loe lados y al
bies en medio. El
borde del paño que
empieza la cola se
une á los de los lados
y se adornan con
grandes bot.ones.
Esta falda no se
forra, se pone sobre
-Otra que se monta al
mi~mo tiempo, casi
tan larga como la pri .
mera, y se guarnece
&lt;ion volantes plegados.

('

Sobrehilado de la
2.• abertura.

Sobrehilado de
la l.• abertura

í;

f

1

: .8

:/''. ·...
1

: l\

~-------'º
34.-Croqul, di la falda

■IOHII,

¡

-

•.:J/_

Núms. 32 y 33.Falda de paño hechu ra sastre. Su formo
se sale de lo ordinario por llevar aberturas, pero no deja
por eso de ser práctica y sencilla.
El delantero sin
costura en medio se
ciñe con tres pinzas•
la part.e de abajo s;
abre sobre fuelles de
paño del mismo tono
6 más claro. El vuelo
de detrás se reduce
con una tabla W atteau; se une el de delante con un bies pespunteado.
Ejecución: Esta
fa 1da va completamente forrada; los
foelles se sujetan con
pespuntes que recuadran las aberturas y
la parte de abajo de
la falda: se puede hacer de tela de fantasia. Barred era de
seda.

�LA MODA ELEG A N T E I L U S •r R A D A

406

L A MODA ELEGANTE ILUSTRADA
situación desagradable. ¿Sabes lo que va a pasar?
¿No? Pues te lo voy á decir. Los aldeanos, que
hasta ahora andaban en un pie, van á saber esta
deplorable concesión. Resultado inevitable: harán
todo lo que les parezca bien, y vendrán luego á
buscar á la señorita Claudia Romeuil, á la cual co ·
nocerán dentro de poco en toda la comarca con E\l
nombr e de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro,
l a cual inter cederá por ellos; y como yo tendré la
debilidad de dejarme convencer, Montignac mor irá de una m'.l.nera vergonzosa.....
-Estoy muy tranquila por lo que se refiere á
Montignac-dijo Claudia, encantada del buen humor del Conde y de la promesa tácita que se en.cerraba en aquellas palabras.-Y si me promete
ust ed que atenderá á mis memoriales, yo le prometo á mi vez n o presentar más que los que sean
razonables.
-¡Ya ves hasta dónde me arrastras!-exclamó
.el Conde con cómica desolación.-Ya no es sólo
uno, sino que serán diez, ó veinte, ó t reinta, los
criados culpables que me vas á hacer perdonar.
J Cuinta razón tienen los que dicen que es preciso
n o caer la primera vez! Ya me has puesto en una
pendiente fatal.
SILVIA.
Continu3rA.

EXPLICACIÓN DEL FIGURÍN ILUMINADO.
Núm. 34.
Corr11pond1 , lu Hiloru 1u1orlptoru , la 1dlol61 de luJ1.
«:TOILETTE]) DE

\"JSITA.

Este traje es de seda fantasia color gris Ofelia. La falda
se corta en forma con paños al bie3, y lleva á los lados grandes pliegues echados, que terminan detrás en uno de est~lo
Watteau. El cuerpo, njustado, llega al talle y cubre la cmtura de la falda; la espalda no lleva costura en el medio, pero si dos costadilloa. Los delaoteros, ajustados por
una pinza abierta y sujeta por un lado con botones, y por
otro cortada en punta, dejando ver el chaleco fruncido de
muselina de seda rosa y ligeramente blusado el talle. C°:ello recto cubierto de muselioa plegada, y corbata de lo mismo. Solapas dobles de seda crema, sujetas en el pecho con
una barreta abrochada en los dos extremos con botones de
f•ntasia, y de la que parten dos caldas de muselina drapeada que terminan en la pinza .
Manga semilarga y ajustada por un forro; desde el codo
concluye con pliegues de lencería y un volante plissé al
borde.
Sombrero grande hecho de bieses de tafetán lila claro,
adornado de plumas de gallo grises y chou de muselina de
seda. Boa de pluma gris.
Tela necesaria: 16 metros de seda, de 60 centlmetros de
ancho.

OONTENIDOS

21 y 22. Continuación del alfabeto para rop9: blanca.
(Véanse las Bojas-Suplementos al núm. 2.! y anteriores.)
23. l. H., para ropa de casa.
.
2! y 2.&gt;. Bolsa para servilleta.-Es una labor fácil para
niñas, que se ejecuta con bordado de Moldavia calado, con
algodón lavable ó con hilo Lu.ciole: Las flores_ son nzules,
amarillas ó encarnadas de dos matices¡ las hoJaS y tallos,
verdes. Si las flores se hacen azules ó rojas, las barras se
harán amarillas; si las primeras son amarillas, las segundas
serán azules. La figura 25 da, además del dibujo del bordado en tamaño n11t ural, las dimensiones de h\ bolsa y su
forma de sobre. El dibujo del cierre se repite en el revers~.
Para adornar más l I bolsa se puede rodear con un encaJe
de hilo, y si la hace una niña, puede ella mi~mo hacer el
encaje al crochet, con lo cual tendrá el mérito de haber
hecho por si todo el trabajo.

LA BOCA SANA

fuerte, limpia y el aliento perfumado tenjrá siempre
el que use la
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Cura el dolor de muelas.Libritos gratis. En las boticas.

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EXPLICACIÓN DE LOS DIBUJOS PARA BORDADOS

0 0 RRESPONDENOIA P ARTICULAR.

407

tAU o·HOUBIGANT ~~t~rc;~ªf:Sb~::

EN LA BOJA·SUPLEKENTO.

Corr11po■ de , lu 1eñora1 au1orlptora1 i la edlolda de luje

y , la1 de la 2.• edlolón.

Hooblran&amp;. perfumist.a, Paro, 19, Fanbonrg St Honoré.

. de BOtOt l~º~e ~ ~-..rc~s~~
Pasta O80t1'frlCa
~UPl!AIORIDAO AECONOCIOA

3a.-TraJe para 11ña1 de 7 doa.

35.- Abrlgo Imperio de peño para alfiu
o 5 • 6 añoa.

1 falda enteramente plega&lt;l11. Cuerpo recto
;;egado como la fal da. Camiseta de muselina blanca, guarnecida con unl\ chorrera de-

Núm. 35.- De paño color beige. Se confecciona con un cuerpo, género a:bolerol&gt;,_ corto,
después del cual se monta la parte baJa formando falda. El cuer po se cruza un poc~ de
lado con graneles B&lt;llapas cubiertas de gmpur.
Un drapeado da vuel ta alrede~or de los
hombros formando capucha, y baJa d? cada
l ado delante haciendo nudos en la cm tura,
para continuar en grandes catdas bordeadas
.
y f orradas de fular grosella.
Manga
.
d egu1pur
de codo. Gran capelina de muselina rosa, ro•
deada de U!l terciopelo negro. Plumas blanc~s.
Materiales: 2 metros de paño color beige
y 30 centlmetros de g uipur.

Múms. 36 y 40. - De laoli
color beige á rayitas. Se compone de una falda coa un ancho pliegue detrás y de un
cuerpo-blusa. Cinturón de
cinta ancha de moaré blanco
y caidas J.etrás. Cuerpo con g randes sol apas de seda blanca ~uarne•
cidus de guipur, que a~re sobre u~
pechero cubierto también de gm~
pur y recuadrado con un fic h o
drapeado de seda blanca ( véase ~l
grabado que representa el traJe
visto de frente).
.
-:'.f ongas guarnecidas con pliegues
y ligeramente fruncidas al borde
inferior.
Vuel tas de seda guarnecidas de
guipur.
Núm. 37.-La falda de este traje,
hecho en diagonal color rosa y adornado de pespuntes, se dispone en
la parte de detrás y los lados en
grupos de pliegues. El talle se ro .
dea con un cioturón ancho de_ seda
d l mismo color que el traJe, y
cierra á un lado bajo frunces pequeños.
d
,
Cuerpo hecho con tela. plega
Se monta sobre un canesu com
pletamente pespunteado, y se rodea con una baud11 de tela, cerrando por medio de tiras y botones.
Delanteros con solnpas pequrñas redondeadas que abren sobro
un pechero con cuello recto de
tafetán brochado de color.
Mangas cortadas en punta con
adorno de pespuntes.

a:

ª·

•
38. _ De lana verde con
Num.

1. Objetos para canastilla: Chambra, camisa, botita y
zapato.
2. Mitad del zapato del núm. l.
3 y 4. Gnirnaldas pua adornar la chambra y camisa
del núm. l.

lante.
Gran cuello de guipur adorna el cuerpo.
Manga de codo.
Materiales: 1,50 metros de lana.

Núms. 39 y 41. - Para ejecutar estos do&amp;
objetos se pueden utilizar restos d? !elas de
seda, y se obtienen efectos muy on gmales y
artlsticos siempre que Pe coloquen _con gusto.
Se unen los trozos segun el tamano' pr&lt;&gt;?u•
cando reunir los colore• que meJor36 Y 37.- TraJea de otolo para aeftorltu de 16' 17 y de 15 , I&amp; año•. Vlaat ti dibujo 40 •
armonicen. Se puede realzar mucho el trabajo bordando flores encima de a l gunos de lospedazoe,
teniendo siempre cuidado de que
los colores vayan bien uoos con
otros.
E l tapete debe tener 52 centimetros en cuadro, y se hace con un
fondo compuesto de fragmentos
de sedas' recuadradrs con pe!uche
color fresa. Se tapan las umones
con galón fino de oro; se da un
gran efecto g uarneciéndolos c?n
puntos de cadeneta, de Eeda de distintos colores, y con v u e Itas ~epuntos de coi1tura cruzados, de hilo
de oro fino. L1s pedazos mayores
se guaroecen con una rama de
40.- v11ta de frente del
dlbulo 37.
flores estrellas y mariposas (ver el
graoo'do que reprttenta la mariposa.
bordada).
La circunf ereocia del trozo de
tafetán azul obscuro es de 17 centímetros· los otros se cortan det
'
. el
tamaño necesario
para cu b nr
fondo.
Se forra el tapete con Eeda,
ó bien con satineteco'or fresa.
E l almohadón debe tener 48 cen
tlmetros de largo Y 31 de ancho,
bordeado con un volante doble de
·
seda y se ejecuta lo mismo
q ue el
tape~e. Se unen l os distintos trozos con puntos de coftura cruzados
1
con v:1rios tonos de seda~; dóblase
el borde de la tela sobre el forro;
despnés se guaroecen eOn Puntos
·
"éndode f antasia variados, d1spom
los sea en vueltas, s ea sobre e1

41.-Pequefio tapete y almobadda. Viase el dtbuJ: 39.

trozo entero.
.
borPara terminar el trabaJO se .
dan arabzscos con hilo- de oro Jª·
ponés.

5. Mitad de la botita del núm. l .
6. ~litad de la vuelta del zapato del núm. l.
&lt;,hambra.,._Es de muselina blanca guarnecida delante
con plieguecitos pespunteados y adornada en el centro con
una guirnalda bordada. El mismo bordado, en una banda
¡,espunteada, sirve para recuadrar el canesú, que se termina con una imitación de Valenciennes, formando escote,
en la cual se pasa una cinta azul. De i~ual modo Re adoroan
los puños. El bordado se hace con seda lavable, á realce ó
á punto de litograffa.
Botita.-De paño blanco, ribeteado con raso blanco pespunte.1do y adornado con seda blanca, á punto bouclé para
las flores, y litografía y punto 11largado para las ramas y
hojas. Botones azules y ojales de seda blanca. Un chou do
cinta cometa con un botón azul.
Zapato.-De franela blanca con vuelta bordada al pasarlo ó en litografía ó punto bouclé, en blanco ó azul pálido.
Las dos mitades se reunen por una costura de pespuntes á
11111bos lados. J&lt;'orro de muletón blanco. La vuelta se forra
también de muletón y se pega uniendo A B con A B. La
suela, de piel blanca, tiene forrado el canto con una tira
do raso pespunteado.
Se cierra el zapato con dos botones de seda azul, y se
adorna con un chou, como la botita.
Cami,a.-Es de muselina y se guarnece con una tira bordada en litografla y punto alargado, que se rodea con un
pequeño bies pespunteado y con un encaje abajo y otro
arriba, con calados por donde pasa una cinta. Igual adorno,
sin bordado, llevan las mangas. C hou de cinta cometa, color de rosa. en los hombros y en el centro del escote.
7. M. M., para pañuelos.
8. Maria, pa•a ídem.
\l. A. V., para ldem.
·
10 y 11. 1''011do para fuentes de pescado.-Se hace de granité festoneado en color rosa, en un tono ó en dos alternados. Las flechas se hacen á punto alargado y de color verde
ó rosa de distinto matiz. Los dibujos se hacen con punto
alargado verde pálido¡ el contorno del pescado en verde
mis intenso; las escamas, rosa; las agallas y la boca, bronceadas: todo en litografía ó punto alargado. Las espadañ11s
en color verde intenso, y las bayas de color castaño con un
remate amarillo.
12. l\l. B., para pañuelo.
13. Luisa, para idem.
14. L M., para ldem.

APRE)1SIVA. -Los trajes de noche, para casino, teatro,
reunión en jardines. se hacen ahora de gasa, muselina de
seda, crespón de la China, raso Liberty, LOdo ello realzado
c&lt;&gt;n iocrustaciones de encaJes combinadas con aplicaciones,
vola ntes, ruches , etc.
Las plumas flojas, flexibles , vaporosas, son las que convienen á esta clase de telas trasparentes y ligeras.
Le aconsejo haga esa falda toda ella plegada á. pliegues
m uy finos hasta la altura de la cadera; la parte baja suelta
y guarnecida con cinco ó sei3 volantitos plisiés muy finamente, y adornados al borde con una diminu'.a ruche de
muselina de seda.
El cnerpo está bien como me lo ha descrito.
Las sombrillas más elegantes son las de pekin de seda
hlancas y negr11s; esta combinación de colores es distinguidisima. L3.s bl,mcae por completo se adornan con incrustaciones de encaj,~ de Ch11ntilly y volantes de muselina de
6eda.
Mucho se llevan también las de tafetán blanco pintadas
J¡, la acuarela.
No es ése mi parecer, pues jamás la peraona altanera pos eerá una verdadera distinción; esta actitud es una irrecus11ble prueba de vulgaridad; lejos de eso, una tisonomia de
expresión benévola, el cuidado constante de jamás mortificar ó rebajar al prójimo, comunican á las personas que
,e.;to practican la distinción que usted quiere adquirir.
UNA QUE SE PASEA..... EN L.l PL!YA.-~o es nada ele-gante colocar los almohadones en la forma que me describe. Usanse encima de los sofás y butacas, y colgados de la
parte superior de los respaldos de sillas.

J. S.- l.• Tenga la bondad de leer la segunda contestación dada á U= rosa en LA MODA del 22 de Diciembre último, en la que se explica detall!damente el modo de pa.sar los dibujos á las telas; si no conserva el número, digamelo y lo repetiré con mucho gusto.
2.ª Tres meses de luto riguroso y seis semanas de alivio ; pero esto ssgún las costumbres de la localidad. El
mayor ó menor cariño, ó el trato más ó menos intimo, hace
.6 no que se alargue algún tiempo más.
J . C.-1.• Si quiere seguir tratando á esa familia, corresponde á usted el visitarla en cuanto vuelva de veranear.
2.• Es un color tan marcado, y, precisamente por ser de
h.íbito, tan fuera de m&lt;&gt;da, que le acoasejaria tiñera el traje
en negro ó en azul marino; pero si prefiere dejarlo del mismo color , el adorno que le sentará mejor para invierno será
el de terciopelo de un tono más obscuro que el color del
traje.
3.• Las telas de seda no se apolillan, pero con el tiemoo
.suele pasarse la seda y cortarse; para esto no hay remedio
hasta el dia . Se guarda entre telas de hilo.
4.• Ese adorno se estila lo mismo para entretiempo que
pua invierno, sobre todo si se trata de encajes grueiros.
ADELA

•

P.

GUA ro~CHES

'""º"'"" •wx" ~
BUEaCALINA
11 pre/,r/do
O ENTIFRICO

,,., 11mundo ,1,go.11t, .
Perfumer1as y P'amAcias.

15 y 16. Almohadón L uia XVI, con bordado rococo.El almoimdón es de raso color martil, y el dibujo se compone de medallones formados por un óvalo de lentejuelas doradas, dos trencillas de seda blanca y una guirnalda de florecitas d~ cinta rococo verde obscuro, azul y verde muy pálido. El lazo de esta guirnalda y la flor del centro del medallón se bordan al pasado con los colores de la ciota, añadiendo alguoos toques ~ivos de color rosado ó maiz. Forma
el fondo un moteado de florecitas de cinta rococo. Se l!"UU·
nece el almohadón con un gracioso fleco de cintas iguales á
las del bordado.
17. E. C., para pañuelo.
18. M11.rl\'arit11., nnra ldem.
19. J. T., para idem.
20. Luclu, para idem.

DE

1~argarita

a

•

Cuantas personas usan la VelutinaCH. FAY aseguran que
es la reina de todos los polvos de arroz; pero en realidad,
¿debe clasificarse entre éstos un producto diáfano, suave,
indeleble, que se incorpora á la epidermis y no aparece sino
como el florido aterciopelado de los más hermosos frutos? Por costumbre, se la incluye entre los polvos de arroz,
por más que difiere esencialmente de los productos similar es. Preparada con especial esmero con materias escogidas,
de una incontestable pureza y aséptica completamente, la
VeluU1&gt;a carece de todos los inconvenientes de la mayor parte delos polvos de arroz.
Es perfectamente adherente, de una suavidad delicada,
no se empasta, deja á la piel su transparencia y la pr eserva
de los rigores del viento y del sol. Es r~almente precio~a.
Se encuentra la Veluti1U1 Ca. F AY en Pana en casa de su inventor, 9 1 r ,w de la Pai;c, y en el Extranjero en todas las buenas peluquerías y perfumerias.

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S1-.1s ME.SES, 9; TRES llP:SES, 4,50;
UN lll.ES, 1, 50.

UN ~o. 18 PESETAS;
SEIS llESES, 9; TRES KBSIS, 5.

CUARTA EDICIÓN
UN A~O, 12 PESETAS;
SKJS llKSES. 6; 'fRES ll&amp;SES, 3¡
UN llES, l.

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Afio LIX.-l!Hm. 35.

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                <text>La Moda Elegante Ilustrada. Esta revista tiene sus orígenes en 1842. Su antecedente fue un pequeño periódico femenino titulado La Moda que empezó a publicarse en Cádiz en 1841, de la mano de don Francisco Flores Arenas, escritor andaluz y periodista conservador de El Globo. Unos años más tarde, en 1849, el editor don Abelardo de Carlos Almansa compra este pequeño periódico de modas, entonces en crisis, y lo convierte en una publicación de gran éxito y con beneficios. Tuvo tanto éxito que se vendió por toda España. En 1861 cambió su formato y adoptó el nombre de La Moda elegante ilustrada y a partir de 1871 comienza a publicarse también en Madrid. La moda elegante es una de las publicaciones “femeninas” más longevas, pues continuó su larga vida hasta finales de 1927, sobreviviendo a De Carlos.</text>
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            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752064&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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              <text>La Moda Elegante Ilustrada. Esta revista tiene sus orígenes en 1842. Su antecedente fue un pequeño periódico femenino titulado La Moda que empezó a publicarse en Cádiz en 1841, de la mano de don Francisco Flores Arenas, escritor andaluz y periodista conservador de El Globo. Unos años más tarde, en 1849, el editor don Abelardo de Carlos Almansa compra este pequeño periódico de modas, entonces en crisis, y lo convierte en una publicación de gran éxito y con beneficios. Tuvo tanto éxito que se vendió por toda España. En 1861 cambió su formato y adoptó el nombre de La Moda elegante ilustrada y a partir de 1871 comienza a publicarse también en Madrid. La moda elegante es una de las publicaciones “femeninas” más longevas, pues continuó su larga vida hasta finales de 1927, sobreviviendo a De Carlos.</text>
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              <text>Sucesores de Rivadeneyra</text>
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              <text>Carlos, Abelardo de 1822-1885, Propietario</text>
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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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