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444:

.

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

, LEO GAL
PETRO
.

antiséptico
r~comandado
porde
losperyu_me
med1cosexquisito_,
para la limpieza
diaria de la cabeza. Destruye la caspa
Y

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ficarle.-Este ;ecreto, que la gran coqueta egoísta no quiso r_evelar á •ninguno de su~ co1;1temporáneos ha sido descubierto por el doctor Leconte entre las hoias de un tomo de la Hzstona a1110,-osa
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exclusiva d; la Perfumería !lluou ( Maison úconte), 31 , rue du Quatre-Septembre, 31 , París.
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falsificaciones.-La Paifumerie Ninon expide á todas partes sus prospectos y precios comentes.
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AUMENTO COMPL
l' PE

NM DEBILITA D

1

Agenies generales en la República mexicana: Sres.

H E R R E R O H E R M A N o S, Avenirnt del Cinco de Mayo, núm. 4. México.

,t
Reservados todos los derechos de propiedad artística y literaria.

1.-Traje de calle.

PAftA NlÑOI

Ml.DRID.-Establecimiento tipolitográfico «Sucesores de Rivadeneyra. 11
impresores de la Real Casa..
(Proniedad de LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA y AMERICANA,)

N• 1 -Traje de terciopelo inglés verde esmeralda,
ado!'!do• con bieses de terciopelo pespunteado con _seda
blanca. El fígaro, con gran cuello vuelto r~dead~ de bieses
pespunteados, se sujeta á la falda por medio de trras cruza-

das de terciopelo negro abotonadas con botoncitos de strass.
Delantero de raso Liberty verrle Nilo y encaje cr~ma.
Corbata de terciopelo.- Falda recta con tres bieses pespunteados, que se colocan como delantal y rodean la falda.

Mangas rectas pespunteadas á lo largo del brazo hasta la
altura del codo, !fonde el vuelo hace bullonado.
Sombrer o de fieltro en dos tonos verdes. Gran nudo, que
sostiene una hebilla. de swass.

�LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

446
SUMARIO.

TEXTO. - Revista parisiense, por V. de Castelfldo. - Explicación de

los graba.dos. -La hija del tamborilero, por D. Ale¡andro Larrubieu.- Los altivos l\lontignac, continuación, por Sil na.-D_olores,
poesía, por D Rafael Fernández y Esteban.-Corr_espondcncia particular, por D.• Adela P.-Explicao1ón de lo~ dibu¡os para borda_dos
contenidos en la. Hoja-Suplemento. - Expl1cac1ón del flgurin ilumina.do. -Sueltos.-An uncios.
•. .
GRABADOS.-1. Traje de calle.-2. Abrigo y somb!ero de mv,e!no
para señoritas de 12 a 13 añps.-3. Abrigo para. mno deil a 10 anos.
-4. Traje de otoño.-5. Traje de ciclista.- 6 Cuerpo para te,atro
y reuniones.-7. Traje de terciopelo.-;--R. Toque_Germa.1ne.- ~- l'raje de ua.ile.-10. Traje de tea.tro.-11. Toque l_:rivolme.-12. .uerpo
de jersey.- 13. Tr..je hechura. s;stre pa.ru. senoi_:a joven. -14. _5)uerpo de catle.-15. •rra.je de ceremonia paru muas de 8 a 19 a~os.16. Cuerpo para visitas.-17. Traje de cer~mon,a-:- 18. l'ra¡e de
p,seo para niña.a de 5 á 6 años.-19. Yan11:a para t~¡e de ~1s1taJ-~0. Manga. para traje decomidas.-21. TraJC para. nma. de_6 a 7 a.nos.
-22. 8'1.bero en forma de cuello.-23 a %. Trajes de otono para señoras jóvenes - ~6. Gran cuello para bebé.-27. Cesta para Jabor.~8. Chaqueta hecburasa.stre.-29. Matinée de seda. rosa..-30. Cuerpo
elegante para ceremonia..-31. Cuerpo para de noche.

¿Quién discutirá á nuestras elegantes el derecho á seguir siéndolo á bordo lo mismo que en
tierra? Nadie, seguramente; pero tampoco es de
temer que ninguna de ellas cometa la tontería de
atestar las cámaras con excesivo número de cajas
de sombreros ó de mundos repletos de trajes.
Recuerdo á este propósito que una señora de la
más encopetada aristocracia francesa, que volvía
no há muchos días de un viaje de recreo del Havre á Tenerife, nos decía á ·varias amigas suyas
que en su equipaje sólo figuraban trajes hechos
exprofeso, salvo uno menos sencillo destinado
para los días en que saltaba á tierra.
Este traje (croquis núm. 1) se componía de una

REVISTA PARISIENSE.
SU.MARIO.

Excursión marítima a bordo del Namouna.-;-Orden Y con/ort.-Para.
saltar á tierra..-Tra.je práctico.-Elegant1s1ma tmfotte de ca~a.Dos modelos ori?inales.-Combinación con dos matices del mismo
color.-Recuerdos del pasado.

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estos espléndidos días_del otoño t~~scurre el
tiempo con indecible rapidez, suc~_diendose
unas á otras las partidas de caza, las Jiras y l~s
expediciones de toda clase. Tanto por la postción, social de los
pasajeros, como
por la acertada
elección del viaje
realizado, merece
citarse la excursión marítima que
por el Mediterráneo ha hecho an
la última quincena el lindísimo
yate Namouna, el
cual, llevando á
bordo á su propietario Mr. Gordon
Bennett, á monsieur Paul Deschanel, al almirante
Duperré, al Conde
de Kesjegu, á la
Condesa de Ganay, etc., etc.• visitó primero Sicilia, fué después á
Atenas, y más tarde fondeó en
Constantinopla.
C o m o algunos
otros de su clase,
el N amouna está
alhajado maravillosamente; en él
se disfruta de
cuantos refinamientos de confort
pudieran apetecerse; en los detalles más nimios se
descubre el buen
gusto que ha presidido a tan lujosa
instalación; parece que en todo ha
intervenido la varita mágica de alguna hada, y cuantos lo visiten no
podrán menos de
Núm.2.
preguntarse á sí
mismos si no es
un sueño el que en espacio tan reducido haya
tanta cosa, sin que por eso resulte un ridículo almacén de mobiliario. Y es que allí se aprovechan
hasta los más pequeños rincones, se utilizan los
mismos muebles con diversos fines, y no hay, en
resumen, un palmo de terreno sin su peculiar
destino.
Tales maravillas no llenarían, sin embargo, su
objeto si el propietario del yate no procurase en
todo momento, y con la mayor solicitud, que nada
faltara en la instalación particular de cada cual,
si no se desviviera para que la mesa fuese digna
de los convidados, y si no descendiese hasta el
detalle de reunir con exquisito tacto en la biblioteca las lecturas más interesantes para el pasaje¡
pero, en honor á la verdad, esto y a~n. mucho más
ha sabido hacer Mr. Bennett en el viaJe de recreo
á que ahora aludo.

Núm,l.

falda y de una chaqueta d~ corkscrew ·
color gris; la primera llevaba como adorno en la parte baja
una serie de pespuntes; la .segunda, bastante larga, se abrochaba por medio de
tres botones colocados á lo largo de la
abertura, y se ceñía
ligeramente al talle.
La serie de tres pespuntes de la falda
era el único adorno
que por todos lados
se repetía en la chaqueta. A este traje
correspondía un
sombr.iro de fieltro
Pierrot, del mismo
color gris, sin otro
adorno que un doble
lazo de terciopelo
amapola.
A bordo y en las excursiones vestía nuestra
amiga un traje sumamente practico, compuesto
de falda de paño azul, con una serie de pliegues
sobre cada coatura, y de una blusa del mismo estilo, ceuada por grupos de botones de turquesas.
El cuello y el camisolín eran de paño blanco,
igualmente pespunteado. Capeta plaid, de un hermoso tartán de dos caras, provista de su capucha
y de su correspondiente cordón de seda azul, terminado en ambas puntas con una gran borla. Cinturón negro de ante, y, como prenda de cabeza,
una verdadera boina vasca color cereza obscuro,
sombrero, si así pudiera llamarse, el más á propósito para desafiar el viento, y apto, cual ningún otro, para sujetarlo al pelo.
Esta toilette de doble uso ( croquis núm. 2) le ha
prestado, según nos dijo, excelentes servicios. Suprimiendo, como es natural, el bastón, propio para

44:7

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

ascensiones, resultaba un delicioso traje de yate,
con el que confiadamente se podían pasar dilatadas horas sobre el puente, sentada en una mecedora y res~uardándose del frío con la capeta. Con
este traje, una manta de viaje para abrigar las rodillas y un velo á la cara, se puede hacer por el
mar cualquier expedici6n de recreo, por larga que
ésta sea.

sobre otro de tafetán negro; la manga se compone también de dos partes: la más alta, de paño claro, termina en un bies pespunteado, y la
más inferior, del paño más ·obscuro y en forma de puño, se abrocha por medio de botones
de oro.
Sombrero de fieltro gris adornado con terciopelo granate y con una gran hebilla.
La novedad de este traje consiste, principalmente, en la acertada combinación de los dos tonos que armonizan á la perfección sin llegará confundirse.
El segundo modelo es de una elegancia típica,
debida á su pequeña chaqueta de bonito corte y
estilo muy semejante al Luis XV.
Todo el traje es de paño café, de un tinte casi
igual al del hábito de los carmelitas.
A la parte baja de la falda le sirven de adorno
unas franjas cortadas en forma y sujetas á pespun.te.
Chaleco de paño cerrado por botones del mismo
género, y chaqueta de igual tejido, que deja á la
vistá el chaleco y lleva botones en el delantero de
la derecha y ojales en el de la izquierda.
El cuello se abre sobre un camisolín de tafetán
negro plegado, con cuello alto, y está hecho de terciopelo negro sobre fondo de paño: la manga, algo
acampanada, cae sobre un bullón de paño color
café. Finalmente, el sombrero, en forma de tricornio, es de fieltro, está ribeteado con cinta café
y oro, y su adorno se reduce á un chou de terciopelo del mismo color.
Es indiscutible la elegancia de los trajes que,
como el descrito, tienen un colorido de antaño y
nos recuerdan las elegancias de otros tiempos, sin
que en manera alguna pueda decirse que son copia servil de aquéllas.

o

o o

Aun hay otro sport más agradable, sobre todo
para aquellas que por una ú otra razón son poco
aficionadas al mar, y éste es la caza: se sale del
castillo ó de la casa de campo en las primeras horas de la mañana, y casi sin darse un punto de
reposo se emplea el día corriendo el monte tras
las perdices, ó al acecho de los conejos, que, asustados y sin saber donde guarecerse, vienen a presentarse ante la boca de las escopetas.
Esta distracción requiere un género de toilette
completamente distinto, y de cierto sería difícil
encontrar un modelo más elegante que el representado por el croquis número 3, confeccionado
por Redfern expresamente para una de nuestras
mas atrevidas Dianas, que es á la vezel tipo de la
perfecta elegancia.
El traje, que, como se ve. es de una extrema
sencillez, está hecho de un paño burdo, pero lige•
ro; resistente, pero de poco peso. La falda se compone de dos partes: la más alta, con sus pliegues pespunteados, se ciñe al cuerpo y le sirve
de abrigo ; la inferior está cortada en forma y
unida al borde de los pliE~ues. El corte del
cuerpo recuerda
en un todo el de
la falda, si bien
los pliegues están
colocados á la inversa que en ésta;
la parte baja se
une á un canesú
completamente liso, y el cuerpo se
abrocha con aos
grupos de botones.
Cinturón liso,
manga ceñida,
cuello de terciopelo granate con
solapas del mismo
tejido que el resto
del traje, corbata
de piqué blanco y
cuello y puños de
batista blanca: el
complemento de
esta toilette lo forman las botas altas de doble suela,
los leggings y un
sombrero de fieltro flexible, bien
sujeto á la cabeza
con ¡?randes agujas. En realidad,
aún falta describir
lo más esencial;
pero no vacilo en
declarar que las
armas de faego
me son muy poco
conocidas.

,.

V. DE 0ASTELFIDO.
Pa.ris, 10 de Octubr., de 1900.
Núm 4.

Núm. 5.

ros abiertos sobre un pechero de muselina de seda blanca adornado con terciopelo~,

y termina bajo un cinturón de terciopelo negro; el pechero se guarnece con un cuellu
recto cubierto de encaje.
Mangas hechas con puños vueltos guarnecidos con cinta.
Sombrero redondo de fieltro gris adornado de terciopel~ y plumas de avestru:r.
grises.

o
o o

Además de estos trajes, que pudieran llamarse
especiales, se necesitan otros que
Núm. 3.
sirvan para la vida
ordinaria y para el
ir y venir propio de esta época del año. Los dos modelos que
voy á describir responden sin duda á esta nece•
si dad.
El primero ( croquis núm. 4) es de paño de los
dos ~atices ~e la planta herbácea llamada gladio,
y mas co~ocida por ,el nombre de espadaña, correspondiendo el mas obscuro al chaleco y á la
parte alta de la falda.
El chaleco va cerrado por una doble fila debotones de oro, y simula prolongarse por °la parte
alta de la falda, cerrada también por las mismas
dos hileras d,;i botones.
El resto de la falda y el «boleroD son de paño
en el tono más claro, y están guarnecidos con bieses pespunteados hechos con el paño mas obscuro: el « bolero l&gt; se abrocha á un lado con un botón
y una presilla al extremo de cada bies.
El cuello, hecho de paño blanco, está montado

\

\

2.-Abrlgo y ,o,nbrero de Invierno para aeñorltu
de 12 • 13 años.

Núm. 2. -Abrigo recto de paíio azul forrado con franela y adornado ~oµ bordado
de trencilla y suut11che de seda negra;
contornos ribeteados con pespuntes. El
bordado guarnece los delanteros, las mangas y las solapas; cuello Médicis cubierto
con nutria en el interior. Botones de nácar.
Sombrero redondo de fieltro azul, adornado con lazos de cinta de tafetán del
mismo tono.
Núm. 3.-Abrigo de paño azul obscuro,
forrado con lanilla á cuad'ros. Cuello vuel •
to, con solapas pequeñas. Los bolsillos se
tapan con carteras de paño pespunteado de
6 centimetr;,s de ancho.
Núm. 4.-La falda de este traje, de laua
gris de mezcli lle. hecha. con pliegujls cosidos sobre los lados, está a.dor¡¡ade. co;n cintas de terciopelo negro, dispuestas en forma
de pico. Cuerpo-chaqueta cortada con solapAII encua~das CQ~ cíntas ~e terpiopelo,
:i,···un cuello guarnP..cido con cmta. Delante-

3.- Abrlgo para niño de 9 • 10 año,.

4.-TraJe de otoh,

&amp;.-Traje de olollsta.

Núm. 5.-Traje hecho con cheviotte azul
ma.rino, guarnecido con pe.ño blanco y gal?n de moaré b)anco. El cuerpo, ajustado,
cterra por medio de botones pequeños y
se abre un poco sobre un pechero con cuello
recto de paño ble.neo, adornado con un nudo
de coi bata hecho con batista blanca. La
abertura del cuerpo se rodea con un cuello
vuelto de paño blanco adornado oon pespuntes de seda blanca.
Falda corta unida al cuerpo por medio
de botones de presión; cierra por delante
por medio de unas carteras hechas con paño
blanco; el contorno inferior se rodea con
hileras de pespuntes hechos con seda blanca que suben por cada lado del delantero
figurando delantal. Se completa el tra.je
con uaos pantalones de ciclista de cheviotte azul, botas altas de cuero y sombrero
canotier de fieltro gris claro guarnecido
con terciopelo azul obscuro y plnma3 de
fantasla.

�448

LA MODA F1'.."EGANTE ILUSTRADA

Ll HIJ! DEL TAMBORILERO.
l.

Tr
Nasio, el tamborilero de Vi•
llabrín, tenía un humor de todos

m

podía emular la celebérrima de Carracuca, y aunqo,e trabajaba hasta echar el pulmón, á duras penas si cubría el miserable gasto que entre él y su
madre hacían de alubias para el puchero.....
No foé lo de la pobreza cosa mayor para Na.ti:
aceptó las r elaciones que la propuso Manolín el
de Pasos, y á él y á ella vióseles siempre alegres
y contentos; que no hay como juventud y amor
para embellecer aun las más negras realidades de
la loca fortuna.
Muchas, muchísimas veces, Nati y Manolín trataron del casorio; pero, ¿ y con qué dinero iban á
pagar los gastos precisos en tal lance?.....
Esta era la muralla formidable que se levantaba
ent re ambos, y por m ás qu Manolin duplicaba el
trabajo y el ahorro, res ultaba que al mes sólo poseía unos cuantos ochavos más en vil calderilla.....
Y para casarse, como para otras muchas cosas, se
necesita tener reunidos muchos mileil de ochavos.
Y por tamaño inco nveniente agonizaban los
pobretucos, y veían su boda lo mismo que un sediento puede ver el agua que brota en un lugar
inaccesible.
Y la madre de Manolín y el padre de Nati lamentibanse mutuament'3 de su desdicbada suerte,
que no les permitía r ealizar la ventura de los
chicoP.
Mirad si será. triste que dependa de un puñado
de duros la felicidad de dos novios.

los demonios desde que se vió atacado por el pícaro reuma, que le
obligaba á pas·u se los días enteritos en una Billa sin poder mover
piernas ni brazos.
El pa,ralís-como él denominaba ásu enfermedad-no tenía trazas de ceder en mucho tiempo, y el pobre hombre,
el más alegre del término villabrinés, estaba más
tristón que guitarra sin cuerdas, y entretenía sus
forzados ocios en recordar melancólicamente los
buenos días en que, colgado el tamboril del hombro, iba de fiesta en fiesta manejando con sin ignal
maestría los palillos..... ¡Por las barbas de San Pedro Apóstol, qué vida más risueña y placentera
la suya, siempre de bureo, ya en las romerías, ya
en las bodas, ya en los bautizos, ya en la plaza del
pueblo los días de solemnidad, reuniendo en derredor suyo á la gente moza y obligándola á bailar lo que á él se le antojaba que bailasen!. .... Ti
Nasio y su tamboril eran famo.,os en ocho leguas
á. la redonda, y chicos y grat.des, y ricos y pobres, le trataban como se trata !Ji.empre al que nos
divierte, proporcionándonos grato solaz y contenIII.
to..... Y ahora el paralts habíale atado las manos,
y allá colgado á. la cabecera de la cama, junto á un
Pasaban los días sumando meses, y los meses
cuadro de San Juan Bautista, veíase el tamboril
con su parche ennegrecido por el continuo gol- años, y continuaba el no.,iazgo, y pro:,eguía la espear de los palillos..... Ti Nasio, al verá. su alegre peranza de trasformar éste eu matrimonio: y Nati
compañero cubierto de polvo, suspiraba sin po• estaba pálida y delgaducha del mucho sufrir y
darlo remediar..... y se enfurecía ..... Y lo que más trabajar, y Manolín el de Pasos parecíase al Homle llegaba á lo vivo, era el trueque que se había ope• bre flaco de las aleluyas, por el poco pan y el exrado en todos sus convecinos.... Antes, mucho &lt;íTi ceso de trabajo y cavilaciones á que su mísero esNasio por arriba», &lt;íTi Nasio por abajo», y mucho tada le traía; ti Nasio tenía aún colgado el tambopasarle la mano por el hombro y convidarla á va- ril á la cabecera de la cama, y la madre del novio
sos de vino y á merendonas y á holgorios, y ahora no podía ya ni manejar las agujas de la calceta
de higos á brevas metía la cabeza en su casa algún por el temblor perlático de las manos: me parece
vecino para preguntarle con hipócrita conmisera- que la situación de nuestros personajes no era ención: &lt;í¿Qué tal va lo del paralís, ti Nasio?..... » Y vidiable, ni mucho menos.
nada más: se acabaron lus halagos y las convidaHallábanse aquella noche los cuatro reunidos
das y el interés y el cariño ..... ¡ Oh ingratitud hu- en casa del tamborilero, cuando oyeron á la puermana!. .... Había cesado el hombre de divertir al ta de la cocina una voz cascada y'fatigosa que decía:
prójimo, y el prójimo le volvía la espalda..... Y
-¡Ave María Purísima!
con el diantre de la enfermedad fueron a parar á
-¡Sin pecado concebida!-repitieron los cuaotras manos las alhajas, los vestidos, los muebles, tro, volviéndose hacia el que se anunciaba con say cuanto tenía algún valor en la casa; se habían lutación tan piadosa.
hipotecado los cuatro pedazos de tierra, malvenY vieron á un pobre, ya viejecito y encorvado,
dido una vaca.: lo que se dice un desastre de los que se apoyaba en una recia cayada y que dirigía
gordos. Y gracias aNati, la bija de ti Nasio, no se miradas codiciosas hacia la lumbre que chisporrohabía visto éste precisado á irse á morir de pena teaba en el lar.
al hospital..... Nati, la mozuca más garrida y pin- ¡Pase, hermano, pase!-dijo Na.ti, yendo al
turera, la que tenía labios rojos como las cerezas encuentro del mendigo, - y siéntese cerca de la
maduras, manos de reina y pies de princesa chi- lumbre y cene de lo que haya.
na, iba á destripar terrones desde que Dios ama- Loado sea Dios, hija mía, que hallo en este
necía hasta que anochecía, y formaba á la cabeza pueblo almas caritativas que me r ecojan..... La node la cuadrilla volante de obreras del campo como che está tan fría, que hasta los lobos del monte
la más sufrida y trabajadora..... El tamborilero, han bajado al pueblo en busca de alimento y alquietecito en la silla, pasábase las horas bobas bergue..... Con el permiso de ustedes, señores.....
pensando en aquel ángel que tenía por hija, y
- ¡ Usted lo tiene 1- dijo displicentemente ti
cuando la veía entrar gallarda y risueña como si Nasio.
viniera de una fiesta, alegrábasele el alma y murY haciendo una seña á Nati, murmuró á su oído:
muraba para su camisa de algodón crudo:
- ¡Pero, mujer, conque no tienes que comer y
-¡Bendita sea mi hijuca de mi vida!.....
admites huéspedes!
Calle usted, padre, Dios nos lo premiará.
Y muy contenta por lo que acababa de hacer,
II.
dispuso la cena, y al amor de la lumbre y en santa paz despacharon los cinco ]a frugal colación;
Antes, las señoritas de Villabrín tenían á gala el mendigo, que no abandonaba ni aun para comer
ir en compañía de Nati; ahora, casi si la saluda- la caya'la, lamentós-e de que 'en casa de los más
ban; antaño, cuando el padre batía el parche, sus- ricachones del pueblo los criados no le habían
piraban por la hija todos los mozos; hogaño, era di- dado albergue por aquella noche, la más cruda de
ferente el suspiro y más aviesa la intención; que invierno que recordaba haber sufrido en su larga
no hay verdad más terriblemente gráfica que la y prP.caria existencia.
de que del á.rbol caído todos hacen leña. Nati, al
Después de un rato de palique, Manolin el de
ver tanto desvío y tanta falsía, experimentaba el Pasos recogió un farol, encendióle, echóse la anmismo dolor que si la clavasen una saeta, y recon- guarina, y armado de un chuzo faése consumacentraba en su padre toda la efusión de su alma dre á su casa.
llena de ternura.
N ati y s u padre entraron á descansará sus cuarUn domingo, Nati, á la salida de la iglesia, fué tos respecti,os, y el pobre viejo acnrrucóse como
requerida cortésmente por Manolín el de Pasos, pudo en el banco que había en la cocina, cerca de
para tratar de un asunto mti serio, como, entre la lumbre , y quedóse dormido.
confuso y res uel to. dij o el mozo.
El cual asunto, señores míos, no era otro que
IV.
de amores, pero de esos muy hondos y muy firmes que, si son correspondidos, hacen la ventura
Ya hacia rato que Febo esparcía sus rayos por la
de dos seres.
Nati escuchó lo del asunto entre alegre y aver- tierra cuando ti Nasio, apoyado en un bastón, bajó
gonzada: Manolín el de Pasos era conocido en la á la cocina.
comarca por ser un buen chico en toda la extenY el hombre no pudo reprimir un gesto de dissión de la palabra: formal, cariñoso, trabajador, gusto y de impaciencia al ver que aún permanecía
modelo de hijos, y uno de los pocos mozos en cu- el mendigo tumbado a la larga en el banco, y que
yas manos jamás se vió un jarro de vino ni una Nati, su hija, hallábase charlando con él en voz
baraja..... pero Manolín el de Pasos, en pobreza, baja.

LA M O D A

-Se ha tomado cariño á la casa, ¿eh?-preguntó irónicamente el tamborilero.....
Nati, al oír esto, corrió hacia su ~adre,
después de darle un beso y los buenos d1as, le d1JO en
voz baja:
-¡Callese usted! ¡Pobrecillo!....
-Pero mujer, ni que fuera esto _una posada.....
Anda, dile que se largue ya con viento fresco .... .
-Yo no s e lo digo .....
-¿Que no?..... ¿Por qué?.....
-Porque..... se ha puesto malo .....
-¡Otra te pego, hija!.. ... Pues esto nos faltaba .... 1Bah, bah!..... será un mal de conveniencia
para quedarse un día ~ás.....
,
- No, no, señor; acP.rquese usted y vera cómo
tiembla .... lds manos le arden.
-¿Y qué?..... ¿Vamos á ser nosotros sus e_nfermeros?..... ¡Avisa al alcalde para que lo recoJa!.. ...
- A quien voy á avisar es al médico, que es el
que debe venir..... ¡Ea, padre, no arrugue usted el
ceño! ..... ¡Dios nos lo pagará! .....
Y sin aguardar contestación, Nati salió a la
calle, y el ti Nasio quedóse refunfuñando..... á propósito de la caridad de su hija.

r.

. .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . .
Don Blas, el médico de Villabrín, después de
examinar al enfermo. salió de la alcoba adonde
le había transportado Nati, ayudada por Manolín
el de Pasos, y dijo a los novios:
-Ese pobre hombre no necesita nada..... se
muere.... Avisad á D. Telmo, y preparadle para que
reciba al Señor.
Ti Nasio, así que se hubo ido D. Bias, encaróse
con Nati:
-1Lo ves!..... ¡Ahora se nos muere! ..... Y tendremos que enterrrarle..... y tú verás con qué dinero-gruñó el del tamboril.
-No se apure usted, padre; para ·tan poco no
ha de faltar.....
-Quiá: si es preciso, doy yo mis ahorros, ti
Nasio-añadió Manolín.
-¡Muy bien! ..... EntonceEI ya os casaréis pronto..... Para el año de la Nauita .....
-Mire, padre; quien ha esperado lo mas puede
esperar lo menos.
-1Bienl ¡bien! ¡Allá vosotros!..... Yo no me
meto en nada ....
Medio pueblo fué á casa del tamborilero en pos
de su venerable parroco.
Terminó éste su sagrado ministerio, y el viejecito, con voz muy débil, le rogó que se quedase,
suplicandole que ti Nasio, Nati, M:anolín y dos
personas más entrasen en la alcoba.
Cumplidos los deseos del moribundo, éste llamó
á Nati.
- Hija, siento que muy pronto iré á dar cuenta
á Dios de mi vida, y quiero antes demostrarte mi
gratitud por la generosa hospitalidad que he recibido de ti.
En la habitación reinaba un solemne silencio.
- Voy á regalarte lo que en más aprecio tengo.
Este cayado. Cógelo; es tuyo.
Y haciendo un poderoso esfuerzo, alcanzó el palo
que tenía colgado de uno de los barrotes de la
cama.
Hubo un murmullo bastante expresivo por parte
de los concurrentes.
-¡Anda, hija,_anda!-masculló ti Nasio;-¡buen
regalo!.. ... ¡Ya tienes para apalear este invierno
los nogales! .....
Nati volvió sus ojos hacia ti Nasio como reconviniéndole.
Don Blas, en aquel momento dijo poniéndose
de r odillas:
'
-Recemos 1&gt;orque Dios acoja en su seno el alma
de este pobre hombre.

.......................... . ..................

V.
Pasaron unos ~uantos meses, y apenas recorda-

~a~ los protagomstas de esta historia al pobre vie-

Jecito.
Unicamente ti N asio, que utilizaba el recio cayado del mendigo para apoyarse en él cuando se
levantaba de_ la silla, traiale a la memoria, pen·
sando c?n tristeza que acaso el día menos pensado fina.na como aquel pobretuco.
Las cosas continuaban cada vez peor en casa de
Manolín Y en la __de Na.ti, y en el pueblo se mur·
muraba que la hiJa del tamborilero sería enterra•
da con palma.
Cierta ~añana ti Nasio, que cuidaba de la olla
de la comida en ausencia de su hija vió que un
gat~ d_e la vec~ndad, saltando por la 'ventana, se
hab1a mtroduc1do en la cocina .....

Quiso ahuyentarle; pero el felino que d b' te
Il:er hawbre ,_ no hizo caso de las vo~es del ~a:bo:
rilero, Y bom_tamente se dispuso á meter el hocico
en una
escnd11la,
en la que babi'a u n poco d e carne
·
T 1. Na~10,
malhumorado, le tiró la cayada
.
¿Y cual no seria su asombro al ver qu é ·t
1
caer a~ suelo, se había abierto á todo lo ª1a: ~• :n
dos mitades, . y que en el inten·or bab'ia unos gpape1es muy bo~ntos,
como de estampas chiquitas
.
rollados cuidadosamente!
• en
Con grand~s, trabajos recogió las dos mitades de
la cayada, Y vio que los papeles bonitos que ésta
g~ard~l)a eran billetes de Banco por valor de
seis mil pesetas.

EL E G A N T E

I L U S T R A DA

449

Sólo la _Gen~rala, una . mujer joven amabilísima
no b.ab1~ c~ido en el error de la ~ayor parte d~
las irovmcianas elegantes. Su traje de terciopelo
azu obscuro, se distinguía por la' sobriedad de
;~!~f-ºs, Y la q~e lo llevaba se adelantó hacia la
18 de Mont1g1:1ac con esa soltura sencilla que
re-.el~ un~ educación perfecta y una consumada
experiencia del trato mundano.
Hasta la bella Margarita, á pesar de su impecable_gusto, habí~ caído en el error. Los amplios y
maJestuosos pliegues del traje de raso amarillo

~in embargo, los minutos pasaban los salones
se len~b~n cada vez más: la excelente música de
uu :eg1m1ento daba las primeras notas de un preludio, Y el conde Alberto no se acercaba y su alta
estatura se ?-estacaba aún en el quicio de' la puerta
que le servia de refu-?io.
De repente los violines, las flautas los oboes
1anzaron torrentes de armonía; fas pa;ejas empe:
~~ron á moverse en cadencioso torbellino y Claul ia, s~ntada en la silla, pálida de angustia, bajo
as m~radas que la contemplaban con curiosidad.
l~r1tada, no vió el inmenso asombro que se
pmtó en los ojos del conde Alberto al ver éste
......... .................................
q,u~ se quedaba sentada, después de ser tan so........... ...............................
licitada en ,aquel primer vals; pero Claudia no
pensab~ mas que en su situación, que era muy
Si; se ~elebr~_ la boda de Manolín el dEl Pasos
cruel, ) esperaba con ansia un salvador.
Y de Nat1, la h1Ja del tamborilero.
En aquel momento un grupo compacto de
La Providencia, indudablemente quiso que
h?mbres que ocupaban la mampara que comutan bueno~ _muchachos fueran felices, y por
mc~ba con ~~ escalera, se dividió para dejar pamanera origmal les hizo un espléndido regalo
~o a,un rec1en llegado. Claudia respiró: aquél
de boda.
ib~ a socorrer!a, á sacarla de la soledad que ella
misma se habia formado, y desdeñada la había
ALEJANDRO LARRUBIIIBA.
colocado_ e~ una situación tan desairada.
El ~apitan de Artillería Barón de Ravenay
era, ª!n. duda, el oficial más distinguido de la
guarm~nón, Y al ~ismo tiempo el mejor partido
LOS ALTIVOS MONTIGNAC.
de la ciudad. T_ema estatura regular, era elegante Y l_lev~ba ~1rosamente el severo uniforme;
sus OJOS mtehgentes y el pelo negro, cortado al
Continuación.
r~pe, le daban el aspecto de un árabe. Con esto
r~co, de una antigua familia del Norte, un ca:
QUEL bloque de hielo que ella creía desracter franco, excelente militar, de muy buehecho para siempre, se había convertido en una
nas costumbres y resplandeciente de limpieza
muralla espesa, infranqueable.....
desd~ las estrechas botas d,3 reglamento hast~
Llegó Noviembre, y con él los días melancólas unas de sus aristocráticas manos cuidadas
licos _del otoño_. Las golondrinas, amigas de
con esmero, ~onstituía el tipo del h é~oe romaClaud1a 1 se ha~ian marchado, llevándose toda
110 que ~e forJan, co~ armas y todo, muchas jósu alegr1~; los arboles del parque se despojaban
venes. Era el y_e~no ideal escogido por todas las
de las b.oJas, que secas y amarillentas tapizaban
madres de fannha para marido de sus hijas el
los caminos, de los cuales las levantaba el vienpunto cen~~al en que convergían las aspira~ioto, dispersándolas á lo lejos, cumo las juvenines de l~sJovenes tarbesas, que frecuentemenles esperanzas de Claudia introducidas en el
te le veian en sueños.
alma con la brisa de primavera deshechas y
Pero hasta entonces las miradas de las madisipadas ahora.
'
dre~ Y las gracias y monadas de las hijas no
Un día vió un rayo de e"speranza. Con el inhab1an conmovido al Barón, que pasaba entre
vierno empeziiban las recepciones• la señora
ellas con la impasibilidad característica de los
de Salluze, que había vuelto de un viaje á Suiza
hombres del~o rte. Después se notó que iba con
que la había impedido asistir á las cacerías de
más
frecuencia que antes á Montignac, en don6.-Cu1rp1 para teatro y reunlonu.
Montignac, abr1a sus salones. Los nobles vecide su no~bre Y, título le habían asegurado desnos, no queriendo dejarse eclipsar por la bella
de el primer d1a una acogida excepcional por
Núm. 6.-Este c?erpo, de tRfetán azul turquesa adornado con parte del orgulloso dueño de la casa. Las conjeMarg~rita, ~~nzaban invitaciones, quién para enti:_edos:
s de encaJe, está guarnecido con grupos de pliegues peun baile, quien para una comida, invitaciones quenos chspuestos sobre los delanteros para figurar «holero», y se- t~ras avanzaron. y también se notó que aquel
declinadas con insistencia en Montignac.
ano el Barón había sido uno de los más asiduos
parados los unos de los otros P"! un entredós ele encnje. Los bordes
La Condesa, siempre con miedo al frío, pre- de los delanteros estáa gu~rnec1dos ron un enMje ba~tante ancho, concurrentes á las cacerías. Habían concluido
fería con mucho el ri~co1:1cito confortable que cl?blado en el borde _superior en forma de solapa~, sujetas por me- que los e~cal?tos de Claudia no eran ajenos á
se arre~laba todos los m viernos entre las hojas dio de unos cordonc1llos estrechos hechos con taft:t4n azul turque- aquella a~1dmdad; y las suposiciones llegaban
de un biombo, por el que no penetraban los ai- sa, por los cuales se mete ~m alambre _muy tino. Las solapas en- hasta la fecha probable de un matrimonio del
res colados y en el que podía libremente entre- cu_adran un pechero peQueno de musehna de seda rizada que ter- que todo el ;filUndo hablaba en secreto. Las' sol1rna con un cuello ~ecto de e~caje, fijo bajo un cordoncÚlo de tateaerse con el collar de Pucky.
teras del pa1s. se decidieron poco á poco á abanetan .. _EI cuerpo esta guarnecido además con botoncitos de Rtrass
El conde Alberto estaba muy sombrío para y presillas de soutache.
donar 1~ partida, _no sin suspirar muy fuerte
recon_oc10ndo la imposibilidad de luchar cor{
tratar de vencerse y de son reir; huía sistemá. Las manga~, dispuestas en grupos de plieguecitoe y cortndas en
ticamente de las reuniones que le obligaban á pico en el puno, están_ adornadas, asi como el ciuturón con hileras ~ont1gnac' que se habían acostumbrado á con'
poner una careta convencional en el semblante de punto de escapulano.
s1d~rar en todo y por todo en primera fila.
altanero.
- S1 alguna .duda quedaba, se disipó al ver al seClaudia, presa de una indiferencia melanc5º?~ d_e Ravenay recorrer la sala con los ojos y
d1r1girse á Claudia, que seguía sentada. Indulica, no deseaba ningún placer. Además, aquella
d_ablemente, la sobrina del conde Alberto era
educación tan ridiculizada por el conde Alberto estaban casi cubiertos por infinidad de encajes de
la había enseñado, al menos, elevando sus ideales, gr~n valor, desgraciadamente para ella mucho .nov11\l del· Barón. ' y como tal le bab'1a reservad 0
,1qn? pri1?1er baile tan solicitado. Claudia no se
la superficialidad de lo.s goces mundanos.
mas modernos que los que había visto á Claudia
Sin embargo, como no hay regla que no tenga cuyo recuerdo la quitaba el sueño.
' habia eqmvocado al creer que la llegada del señor
excepciones, se hizo una para la invitación que el
.f:a se~ora de León Salluze contaba, siguiendo de ~avenay .P?~dría fin ~ su penosa situación. El
General comandante del cuerpo de ejército de su mvanable costumbre, con ser la reina del bai- capitán se dmg!ó ~ ella, e incl_inándose, dijo:
-¡Cómo, senor1tal ¿no baifa usted? ¿Un raro
Tarbea dirigió á Montignac con ocasión de un 1~. Así ~s que palideció de rabia, y eu sus negros
gran baile que daba todos los años á la entrada o~os brillaron fulgores de envidia tan resplande- favor de la ~uerte habra hecho que le quedara lidel invierno. El conde Alberto estimaba al ancia- cientes como los de la estrella de brillantes que br~ estE: primer vals, mientras yo maldecía las
no militar y sostenía con él amistosas relaciones. ll~vab~ en la cabeza al oir el ligero rumor de ad- ex1_g~ncias del servicio, que me impedían venir ,
a
Una mañana, al llegar á almorzar, dió la invita- ~mra?1ón que se. elevaba al paso de Claudia, y vió sohc1tarlo?
Cegada
por
la
cólera
violenta
que
la
agitaba
ción á la señora de Montignac, y la dijo con voz a la Joven, preciosa con un traje blanquísimo de
de dejar cuanto antes la silla 01 di y
breve que pensaba aceptar en nombre de toda la tul blanco, adornado con capullos de rosas. Una el ti.deseo
· ó
1
, au a no
familia.
sola flor se balanceaba en la rubia cabellera· las re ~x1on en a trascendencia del acto que ib '
No había más remedio que inclinarse cuando el p~rlas del éo~de Alberto rodeaban el cuello 'gra- reali~ar, Y le ense~~ sonriéndose el carnet.
-¿Me atrevere a pensar-dijo vivamente el
Conde decidía una cosa. La Condesa hizo un gesto cioso, Y la Joven se deslizaba por la alfombra
afirmativo, y Claudia, palpitante de espet·anza por- como una hada; su vaporoso traje comunicaba á su ~aróncon una emoción no fingida- ue ha uerido ust~d reservarme este vals?
q
q
que creía que se presentaba una circunstancia fa. esbelto cuerp? algo de impalpable y de aéreo.
Cl~ud1a, ª?ismada en su pensamiento, no resvorable para hacer olvidar al Conde el desagradable
Nunca hab1a estado más seductora, y el dimiincidente de la boda de Cesarina, telegrafió inme- nuto carnet de marfil se llenó en seguida de los pondió._ Inclmó maquinalmente la cabeza y apoyó
diatamente á :Magdalena de Lambilis para que la n?mbres de aquellos que por ser los primeros pu- su man1~a en la que le tendía el dichoso Barón
enviase un traje que fuera una maravilla.
dieron obtener el verse suscritos. Claudia conso- que, ~ad1_ante de alegría, la arrastró al remolin~
La Vizcondesa había cumplido concienzuda- laba á l?s perezosos disgustados con una frase de ba1larmes, en el que se metió ella sin mirar al
, mente el encargo. Claudia, á pesar de su modes- amable ? una sonrisa, sin dejar de mirar á una lado donde es~ba el conde Alberto. Si hubiera letia no tuvo duda de la significación del murmullo puerta_ distante, contra la cual, huyendo de cou- va~~adi los OJOS hacia la cortina de terciopelo
qu¿ se levantó entre los _convidados al entrar ella ve_rsac1ones, estaba apoyado el conde Alberto que r \ l so re la cual Pe destacaba vigorosamente la
ca eza morena del Conde, se hubiera quedado es
tras la sei'iora de Mont1gnac y el conde Alberto miraba con indirerencia á su alrededor.
'
pantada de la lividez de su semblante
•
en los salones del hotel del General.
- Ses:ura~ente, pensaba Claudia, que comprenPero Claudia no veía nada, y ni siq~era oía las
Su traje, de exquisita, sencillez, se distinguí_a der~ ~ delicado penPamiento, y vendría, iba á
notablemente de los demas, que eran muy bom- vemr a reclamar aquel primer vals que había re- palafrasófª su compañero, porque se dejó llevar
tos, pero demasiado complicados, demasiado ~i- s~rvado para él, rechazando á veinte que lo soli- por a c ?ra, que es siempre mala conse·era
por la rabia que se agitaba en el fondo des~ aldil.
cos, verdaderos mouelos de costureras del pa1s. citaban con insistencia.

H

ªª

(Continúa ~ la pág. 452.)

�LA . MODA FT~"&amp;GANTE ILUSTRA'DA

448

L!

mu DEL TAMBORILERO.
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Tr Nasio, el tamborilero ·de Vi-

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llabrín, tenía un humor de todos
los demonios desde que se vió atacado por el pícaro reuma, que le
obligaba á pas·u se los días enteritos en una silla sin poder mover
piernas ni brazos.
El paralts-como él denominaba á su enfermedad-no tenía trazas de ceder en mucho tiempo, y el pobre hombre,
el más alegre del término villabrinés, estaba más
tristón que guitarra sin cuerdas, y entretenía sus
forzados ocios en recordar melancólicamente los
buenos días en que, colgado el tamboril del hombro, iba de fiesta en fiesta manejando con sin ignal
maestría los palillos..... ¡Por las barbas de San Pedro Apóstol, qué vida más risueña y placentera
la suya, siempre de bureo, ya en las romerías, ya
en las bodas, ya en los bautizos, ya en la plaza del
pueblo los días de solemnidad, reuniendo en derredor suyo á la gente moza y obligándola á bailar lo que á él se le antojaba que bailasen!. .... Ti
Nasio y su tamboril eran famo,ios en ocho leguas
á la .redonda, y chicos y gra'1des, y ricos y pobres, le trataban como se trata siempre al que nos
di vierte, proporcitmándonos grato solaz y contento..... Y ahora el paralís habíale atado las manos,
y allá colgado á la cabecera de la cama, junto á un
cuadro de San Juan Bautista, veíase el tamboril
con su parche ennegrecido por el continuo golpear de los palillos...•. Ti Nasio, al verá su alegre
compañero cubierto de polvo, suspiraba sin poderlo remediar..... y se enfurecía..... Y lo que más
le llegaba á lo vivo, era el trueque que se había operado en todos sus convecinos.... Antes, mucho «Ti
Nasio por arriba», «Ti Nasio por abajo», y mucho
pasarle la mano por el hombro y convidarle á vasos de vino y á merendonas y á holgorios, y ahora
de higos á brevas metía la cabeza en su casa algún
vecino para preguntarle con hipócrita conmiseración: «¿Qué tal va lo del paralís, ti Nasio?.....» Y
nada más: se acabaron lvs halagos y las convidadas y el interés y el cariño ..... ¡ Oh ingratitud humanal...•. Había cesado el hombre de divertir al
prójimo, y el prójimo le volvía la espalda..... Y
con el diantre de la enfermedad fueron á parará
otras manos las alhajas, los vestidos, los muebles,
y cuanto tenia algún valor en la casa; se habían
hipotecado los cuatro pedazos de tierra, malvendido una vaca: lo que se dice un desastre de los
gordos. Y gracias á Nati, la hija de ti Nasio, no se
había visto éste precisado á irse á morir de pena
al hospital..... Nati, la mozuca más garrida y pinturera, la que tenía labios rojos como las cerezas
maduras, manos de reina y pies de princesa china, iba á destripar terrones desde que Dios amanecía hasta que anochecía, y formaba á la cabeza
de la cuadrilla volante de obreras del campo como
la más sufrida y trabajadora..... El tamborilero,
quietecito en la silla, pasábase las horas bobas
pensando en aquel ángel que tenía por hija, y
cuando la veía entrar gallarda y risueña como si
viniera de una fiesta, alegrábasele el alma y murmuraba para su camisa de algodón crudo:
-¡Bendita sea mi hijuca de mi vida!.....

podía emular la celebérrima de Carracuca, y aunq~e trabajaba hasta echar el pulmón, á duras penas si cubría el miserable gasto que entre él y su
madre hacían de alubias para el puchero.....
No fué lo de la pobreza cosa mayor para Nati:aceptó las relaciones que la propuso Manolín el
de Pasos, y á él y á ella vióseles siempre alegres
y contentos; que no hay como juventud y amor
para embellecer aun las más negras realidades de
la loca fortuna.
Muchas, muchísimas veces, Nati y Manolín trataron del casorio; pero, ¿ y con qué dinero iban á
pagar los gastos precisos en tal lance?.....
Esta era la muralla formidable que se levantaba
entre ambos, y por más qlie Manolín duplicaba el
trabajo y el ahorro, resultaba que al mes sólo poseía unos cuantos ochavos más en vil calderilla.....
Y para casarse, como para otras muchas cosas, se
necesita tener reunidos muchos mileil de ochavos.
Y pol' tapiaño inconveniente agonizaban los
pobretucos, y veían su boda lo mismo que un sediento puede ver el agua que brota en un lugar
inaccesible.
Y la madre de Manolín y el padre de Nati lamentábanse mutua.menta de su desdichada suerte,
que no les permitía realizar la ventura de los
chico11.
Mirad si será. triste que dependa de un puñado
de duros la felicidad de dos novios.

II.

le
CI

ti
g

el
el
81

Antes, las señoritas de Villabrín tenían á gala
ir en compañía de Nati; ahora, casi si la saludaban; antaño, cuando el padre batía el parche, suspiraban por la hija todos los mozos; hogaño, era diferente el suspiro y más aviesa la intención; que
no hay verdad más terriblemente gráfica que la
de que del árbol caído todos hacen leña. Nati, al
ver tanto desvío y tanta falsía, experimentaba el
mismo dolor que si la clavasen una saeta, y reconcentraba en su padre toda la efusión de su alma
J.lena de ternura.
Un domingo, Nati, á la salida de la iglesia, fué
requerida cortésmente por Manolín el de Pasos,
para tratar de un asunto mu serio, como, entre
confuso y resuelto. dijo el mozo.
El cual asunto, señores míos, no era otro que
de amores, pero de esos muy hondos y muy firmes que, si son correspondidos, hacen la ventura
de dos seres.
Nati escuchó lo del asuuto entre alegre y avergonzada: Manolín el de Pasos era conocido en la
comarca por ser un buen chico en toda la extensión de la palabra: formal, cariñoso, trabajador,
modelo de hijos, y uno de los pocos mozos en cuyas manos jamás se vió un jarro de vino ni una
baraja..... pero Manolín el ~e Pasos, en pobreza,

L.A. MODA ELEGANTE

"

Quiso ahuyentarle; pero el felino que d b' t
n_er haw bre '· no hizo caso de las vo~es del ~a:b~:
nlero, y bom_tamente se dispuso á meter el hoci
en una escudilla, en la que había un poc &lt;l
co
·
1
o e carne
T l. N as10,
ma humorado le tiró la ca d
.
,
'
ya a.
e·Y cua' l no seria
su asombro al ver que ésta 1
caer al· tsuelo,
se había abierto a' todo l o 1argo' en
ª
d os mi a d es, .y que en el inter1·or hab'ia unos
pape1es muy bo~ntos , como de estampas chiquitas
.
rollados cmdadosamentel
'en
Con grand~s,.trabajos recogió las dos mitades de
la cayada, y vio que lo,i papeles bonitos que ésta
g~ard~ba eran billetes de Banco por valor d
861B mil pesetas.
e

-Se ha tomado cariño á la casa, ¿eh?-preguntó irónicamente-el tamborilero.....
N ati, al oir esto, corrió hacia su ~adre, ~. después de darle un beso y los buenos dlas, le diJO en
voz baja:
-¡Cállese usted! ¡Pobrecillo!..•.
-Pero mujer, ni que fuera esto una posada.... .
Anda, dile que se largue ya con viento fresco .... .
-Yo no se lo digo .....
-¿Que no?..... ¿Por qué?.....
-Porque ..... se ha puesto malo .....
- ·¡Otra te pego, hija l..... Pues esto nos faltaba ...• ¡Bah, bah!..... será un mal de conveniencia
para quedarse un día más.....
- No, no, señor; acP.rquese usted y verá cómo
tiembla .... las manos le arden.
-¿Y qué?..•.. ¿Vamos á ser nosotros sus enfermeros?..... ¡Avisa al alcalde para que lo recoja!.. ...
- A quien voy á avisar es al médico, que es el
que debe venir..... ¡Ea, padre, no arrugue usted el
ceño!..... ¡Dios nos lo pagará! .....
Y sin aguardar contestación, Nati salió á la
calle, y el ti Nasio quedóse refunfuñan~o..... á propósito de la caridad de su hija.

III.
Pasaban los días sumando meses, y los meses
años, y continuaba el no.,iazgo, y proseguía la esperanza de trasformar éste eu matrimonio: y Nati
estaba pálida y delgaducha del mucho sufrir y
trabajar, y Manolín el de Pasos parecíase al Hombre flaco de las aleluyas, por el poco pan y el exceso de trabajo y cavilaciones á que su mísero estada le traía; ti Nasio tenía aún colgado el tamboril á la cabecera de la cama, y la madre del novio
no podía ya ni manejar las agujas de la calceta
por el temblor perlático de las manos: me parece
que la situación de nuestros personajes no era envidiable, ni mucho menos.
Hallábanse aquella noche los cuatro reunidos
en casa del tamborilero, cuando oyeron á la puerta de la cocina una voz cascada y fatigosa que decía:
- ¡Ave María Purísima !
-¡Sin pecado concebida!-repitieron los cuatro, volviéndose hacia el que se anunciaba con salutación tan piadosa.
Y vieron á un pobre, ya viejecito y encorvado,
que se apoyaba en una recia cayada y que dirigía
miradas codiciosas hacia la lumbre que chisporroteaba en el lar.
- ¡Pase, hermano, pase!-dijo Nati, yendo al
encuentro del mendigo, - y siéntese cerca de la
lumbre y cene de lo que haya.
-Loado sea Dios, hija mía, que hallo en este
pueblo almas caritativas que me recojan..... La noche está tan fría, que hasta los lobos del monte
han bajado al pueblo en busca de alimento y albergne..... Con el permiso de ustedes. señores.....
-¡Usted lo tiene!-dijo displicentemente ti
Nasio.
Y haciendo una seña á Nati, murmuró á su oído:
- ¡Pero, mujer, conque no tienes que comer y
admites huéspedes!
Calle usted, padre, Dios nos lo premiará.
Y muy contenta por lo que acababa de hacer,
dispuso la cena, y al amor de lá lumbre y en santa paz despacharon los cinco 1a frugal colación;
el mendigo, que no abandonaba ni aun para comer
la cayarla, lamentóse de _que 'en casa de los más
ricachones del pueblo los criados no le habían
dado albergue por aquella noche, la más cruda de
invierno que recordaba haber sufrido en su larga
y prllcaria existencia.
Después de un rato de palique, Manolín el de
Pasos recogió un farol, encendióle, echóse la anguarina, y armado de un chuzo fuése con su madre á su casa.
N ati y su padre entraron á descansará sus cuartos respecti,os, y el pobre viejo acurrucóse como
pudo en el banco que había en la cocina, cerca de
la lumbre, y quedóse dormido.
IV.
Ya hacía rato que Febo esparcía sus ray os por la
tierra cuando ti Nasio, apoyado en un bastón, bajó
á la cocina.
Y el hombre no pudo reprimir un gesto de disgusto y de impaciencia al ver que aún permanecía
el mendigo tumbado á la larga en el banco, y que
Na.ti, su hija, hallábase charlando con él en voz
baja.

. . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . .. . . . ... . .. . . . . . . .
Don Blas, el médico de Villabrín, después de
examinar al enfermo. salió de la alcoba adonde
le había transportado Nati, ayudada por Manolín
el de Pasos, y dijo á los novios:
-Ese pobre hombre no necesita nada ..... se
muere.... Avisad á D. Telmo, y preparadle para que
reciba al Señor.
Ti Nasio, así que se hubo ido D. Blas, encaróse
con Nati:
-¡Lo ves!..... ¡Ahora se nos muere! ..... Y tendremos que enterrrarle..... y tú verás con qué dinero-gruñó el del tamboril.
-No se apure usted, padre; para ·tan poco no
ha de faltar .....
-Quiá: si es preciso, doy yo mis ahorros, ti
Nasio-añadió Manolín.
-¡Muy bien!..... Entoncefl ya os casaréis pronto..... Para el año de la Nanita .....
-Mire, padre; quien ha esperado lo más puede
esperar lo menos.
-¡Bien! ¡bien! ¡Allá vosotros!..... Yo no me
meto en nada ....
"

Sólo la ,Generala
• Joven,
.
,
, una m UJer
amab"l'
1 1sima,
no habi~ c~1do en el error de la mayor parte de
las provmcianas elegantes. Su traje de terciopelo
azul obscuro, se distinguía por 1a' sobriedad de
ado~n_os, y la que lo llevaba se adelantó hacia la
f am1ha de Montignac con esa soltura sencilla que
rev-el~ un~ educación perfecta y una consumada
experiencia del trato mundano.
Hast a la bella Margarita, á pesar de su impecable_gusto, habi~ caído en el error. Los amplios y
maJestuosos pliegues del traje de raso amarillo

s·n
b
• em argo, los minutos pasaban los salones
se llen~b~n· cada vez más: la excelente música de
fn !egim1e:nto daba las primeras notas de un preudio, y el conde Alberto no se acercaba y su alta
estatura se ?estacaba aún en el quicio d; la puerta
que le servia de refu~io.
De repente los violines, las flautas los oboes
1
anzar~n torrentes de armonía; fas pa;ejaa empe:
l~ron a moverse en cadencioso torbellino, y Clauiaf s~ntada en la silla, pálida de angustia, bajo
,. las m~radas que la contemplaban con curiosidad.
Ir_ritada, no ~ió el inmenso asombro que se
prntó en los OJOS del conde Alberto al ver éste
................ .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
~u~ se quedaba sentada, después de ser tan solicitada en _aquel primer vals; pero Claudia no
................... ....... ................
pensaba mas que en su situación, que era muy
Sí; se ~elebr?_ la. boda de Manolín el d~ Pasos
cruel, y esperaba con ansia un salvador.
Y de Nat1, la h1Ja del tamborilero.
En aquel momento un grupo compacto de
La Providencia, indudablemente quiso que
h?mbres que ocupaban la mampara que comutan bueno~ _mnohaebos fueran felÍces, y por
lll~:1ba con!~ escalera, se dividió para dejar pamanera or1gmal les hizo un espléndido regalo
~o a_un recien llegado. Claudia respiró: aquél
de boda.
1b~ a socorrer]a, á sacarla de la soledad que ella
misma se habm formado, y desdeñada la había
ALEJANDRO LARRUBIERA.
colocado_ e~ una situación tan desairada.
El ~apitan de Artillería Barón de Ravenay
era, s~n. duda, el oficial más distinguido de la
guarm~nón, Y al ~ismo tiempo el mejor partido
LOS ALTIVOS MONTIGNAC.
de la ciudad. Tema estatura regular, era elegante Y l_lev~ba ~irosamente el severo uniforme;
sus OJOS rntehgentes y el pelo negro, cortado al
Continuación.
r~pe, le daban el_ aspecto de un árabe. Con esto,
r~co, de una antigua familia del Norte, un caracter franco, excelente militar, de muy bueQUEL bloque de hielo que ella creía desnas costumbres y resplandeciente de limpieza
hecho para siempre, se había convertido en una
desd~ las estrechas botas dG r eglamento hast~
muralla espesa, infranqneable.....
las unas de sus aristocráticas manos cuidadas
Llegó Noviembre, y con él los días melancócon esmero, ~onstituía el tipo del hé~oe romalicos _del otoño,- Las golondrinas, amigas de
no que ~e forJan, con armas y todo, muchas jóClaudia, se habian marchado llevándose toda
venes. Era el y_e~~o ideal escogido por todas las
su alegrí~; los árboles del parque se despojaban
madres de fam1ha para marido de sus hijas el
de las hoJas, que secas y amarillentas tapizaban
punto cen~~al en que convergían las aspira~io,
los caminos, de los cuales las levantaba el viennes de l~s Jovenes tarbesas, que frecuentemen·
to, dispersándolas á lo lejos, como las juvenite le veiau en sueños.
les esperanzas de Claudia introducidas en el
Pero hasta entonces las miradas de las ma:
alma con la brisa de primavera, deshechas y
dre~ Y las gracias y monadas de las hijas no
disipadas ahora.
hab1an co~ovido al Barón' que pasaba entre
Un día vió un rayo de esperanza. Con el inellas con la impasibilidad característica de los
vierno empezaban las recepciones · la señora
hombres del Norte. Después se notó que iba con
de Salluze, que había vuelto de un viaje á Suiza
más frecuencia que antes á M'.ontignac en donque la había impedido asistir a las cacerías de
6.-Cuerpo para teatro y reunlonea.
de su no~bre Y, título le habían asegu;ado desMontignac, abria sus salones. Los nobles vecinos, no queriendo deja.rae eclipsar por la bella
Núm. 6.-Este c_uerpo, de tafetán azul turquasa adornado con de el primer d1a una acogida excepcional por
M~rg~rita, ~~nzaban invitaci?nes, quién para entr_edos~s de encaJe, está guarnecido con grupos de pliegues pe- farte del orgulloso dueño de la casa. Las conjeun baile, quien para una comida, invitaciones quenos dispuestos sobre los delanteros para .figurar «holero» y se1:ras avanzaron• Y también se notó que aquel
declinadas con insistencia en Montignac.
parados los unos de los otros p ri~ un entredós ele encaje. Los bordes ano el Barón había sido un.o de los más asiduos
concurrentes á. las cacerías. Habían concluído
La Condesa, siempre con miedo al frío, pre- tle los delanteros están g-uarnec1dos con un encaje baijtante ancho
fería con mucho el ri~co~cito confortable que d?blado en el borde _superior en forma de solapaR, sujetas por me'. que los e~ca~tos de Claudia no eran ajenos á
se arreglaba todos los m viernos entre las hojas dio de unos cordonmllos estrechos hechos con tafoun azul turque- aquella a~1dmdad; y la~ suposiciones llegaban
de un biombo, por el que no penetraban los ai- sa, por los cuales se mete un alambre muy tino. Las solapas en- hasta la fecha probable de un matrimonio del
cu.adran un pechero peQueño de muselina de seda rizada que ter- que todo el m d h bl b
'
res colados y en el que podía libremente entre- II!.10ª con un cuello recto de encaje, fijo bajo un cordoncillo de ta, un
a a a en secreto. Las solteaerse con el collar de Pucky.
fetán.__El cuerpo está guarnecido además con botoncitos de strass teras del pa1s_ se decidieron poco á poco á aban•
donar 1~ partida,. no sin suspirar muy fuerte
El conde Alberto estaba muy sombrío para y presillas de soutache.
.
Las
manga~,
dispuestas
en
grupos
de
plieguecitos
y
cortadas
en
recon_ociendo
la Imposibilidad de luchar
'
tratar de vencerse y de sonreir; huía sistemáticamente de las reuniones que le obligaban á pico en el puno, están_ adornadas, asi como el ciuturón con hileras ~ontignac, que se habían acostumbrado á c~~~
'
sid~rar en todo y por todo en primera fila
poner una careta convencional en el semblante de punto de escapulano.
=~ - S1 alguna ~udá quedaba, se disipó al ver ~l se-altanero.
-. =------=----.-,.~-- -- -- -- - nor de Ravenay recorrer 1asa1a con los ojos y
Claudia, presa de una indiferencia melanc..)dmguse á Claudia, que seguía sentada. Indulica, no deseaba ningún placer. Además, aquella
d_ablemente~ la sobrina del conde Alberto era
educación tan ridiculizada por el conde Alberto estaban casi cubiertos por infinidad de encajes de
la había enseñado, al menos, elevando sus ideales, gr~n valor, desgraciadamente para ella mucho ~ovia d~l Baro!l_, Y como tal le había reservado
mas modernos que los que había visto á Claudia
,iqu?l pril?er baile tan solicitado. Claudia no se
la superficialidad de los goces mundanos.
' habia eqmvocado al creer que la llegada del señor
Sin embargo, como no hay regla que no tenga cuyo recuerdo la quitaba el sueño.
1:,a se~ora de León Salluze contaba, siguiendo de ~~venay .P?°:dr~a fin á su penosa situación. El
excepciones, se hizo una para la invitación que el
General comandante del cuerpo de ejército de su mvariable costumbre, con ser la reina del bai- capitan,se dmg~ó ~ ella, é incl_inándose, dijo:
-¡Como, senor1tal ¿no baila usted? ¿Un raro
Tarbea dirigió á Montignac con ocasión de un 1~. Así ~s que palideció de rabia, y en sus negros
gran baile que daba todos los años á la entrada o~os brillaron fulgores de envidia tan resplande- favor de la ~uerte habrá hecho que le quedara lidel invierno. El conde Alberto estimaba al ancia- cientes como los de la estrella de brillantes que br~ est~ primer vals, mientras yo maldecía las
no militar y sostenía con él amistosas relaciones. ll~vab~ en la cabeza al oir el ligero rumor de addel servicio, que me impedían venir á
Una mañana, al llegará almorzar, dió la invita- ~mra~ión que se_ elevaba al paso de Claudia, y vió
c d
ega a por ~a cólera violenta que la agitaba
ción á la señora de Montignac, y la dijo con voz a la Joven, prec10sa con un traje blanquísimo de
breve que pensaba aceptar en nombre de toda la tul blanco, adornado con capullos de rosas. Una :!a~e;f:n~e det\cuanto antes la silla, Claudia n~
sola flor se balanceaba en la rubia cabellera; las
.
en ª rascendencia del acto que iba •
familia.
a
No había más remedio que inclinarse cuando el p~rlas del co~de Alberto rodeaban el cuello gra- reali~ar, y le ense!i~ sonriéndose el carnet.
Conde decidía una cosa. La Condesa hizo un gesto cioso, y la Joven se deslizaba por la alfombra B -lMe atreve.re a pensar- dijo vivamente el
_ar ncon una emoción no fingida- ue ha ue
afirmativo, y Claudia, palpitante de espei·anza por- como una hada; su vaporoso traJ·e comun1·caba a· su
ndo usted reservarme este vals?
q
q que creía que se presentaba una circunstancia fa. esb elto cuerp? algo de impalpable y de aéreo.
Cl d
·
Nunca hab1a estado mas seductora, y el dimí~u ia, ª?ismada en su pensamiento, no resvorable para hacer olvidar al Conde el desagradable
incidente de la boda de Cesarina, telegr11:fió inme- nuto carnet de marfil se llenó en seg-uida de los pondió._ Inclmó maquinalmente la cabeza y a o ó
p óyn
diatamente á Magdalena de Lambilis para que la n_o mb res d e aque11 os que por ser los primeros
pu- su mamta
, d. en la
d que le, tend1'a el d'1ch oso Bar
dtero~ obtener el verse suscritos. Claudia conso- que,:ª i_ante e alegria, ·la arrastró al remolin~
enviase un traje que fuera una maravilla.
La Vizcondesa había cumplido concienzuda- laba a l?s perezosos disgustados con una frase de ba1larmes, en el que se metió ella sin mirar al
mente el encargo. Claudia, á pesar de su modes- amable ? una sonrisa, sin dejar de mirar á una ~:~~~on1~ est~ba :l conde Alberto. Si hubiera letia no tuvo duda de la significación del murmullo puerta. distante, contra la cual, huyendo de conb' b
OJOS acia la cortina de terciopelo
qu~ se levantó entre los _convidados al entrar ella ve_rsac10nes, estaba apoyado el conde Alberto que ru i so re a cual Ele destacaba vigorosamente la
'
cabeza morena _d~l Conde, se hubiera quedado estras la señora de Monttgnac y el conde Alberto miraba con indiferencia á su alrededor.
-Se~ura~ente, pensaba Claudia, que compren- pautada de la hVIdez de su semblante
en los salones del hotel del General.
Pero Claudia no veía nada, y ni siq~iera oía las
Su traje de exquisita sencillez, se distinguía der~ 1;11 delicado pen~amiento, y vendría, iba á
notableme~te de los demás, que eran muy boni- vemr a reclamar aquel primer vals que había re- palafras,fe su compañero, porque se dejó llevar
tos pero demasiado complicados, demasiado ri- B?rvado para él, rechazando á veinte que lo soli- por a co ?ra, que es siempre mala consejera
por la .r abia que se agitaba en el fondo de su al~i
cos', verdaderos mouelos de costureras del J&gt;aÍs. citaban con insistencia.

°

~ ~-====:=,,,====~=-====i==:=s:~=-=c:=::z==

·¡

...

.

: -i~~1-:a~;~~

............ ................ ................. .

v.
Pasaron unos ?uantos meses, y apenas recorda?ª~ los protagomstas de esta historia al pobre vieJecito.
Unicamente ti Nasio, que utilizaba el recio cayado del mendigo para apoyarse en él cuando se
levantaba de_ la silla, traíale á la memoria, pen·
sando con tristeza que acaso el día menos pensado finaría como aquel pobretuco.
Las ?osas continuaban cada vez peor en casa de
Manohn y en la. _de Nati, y en el pueblo se mur·
muraba que la hiJa del tamborilero sería enterra·
da con palma.
Cierta ~añana ti Nasio, que cuidaba de la olla
de la comida en ausencia de su hija vió que un
gat~ d~ la vec~ndad, saltando ,por ia 'ventana, se
habia mtroducido en la cocina .....

449

H

..................... ................ ...... .

Medio pueblo fué á casa del tamborilero en pos
de su venerable párroco.
Terminó éste su sagrado ministerio, y el viejecito, con voz muy débil, le rogó que se quedase,
suplicándole que ti Nasio, Nati, Manolín y dos
personas más entrasen en la alcoba.
Cumplidos los deseos del moribundo, éste llamó
á Nati.
-Hija, siento que muy pronto iré á dar cuenta
á Dios de mi vida, y quiero antes demostrarte mi
gratitud por la generosa hospitalidad que he recibido de ti.
En la habitación reinaba un solemne silencio.
- Voy á regalarte lo que en más aprecio tengo.
Este cayado. Cógelo; es tuyo.
Y haciendo un poderoso esfuerzo, alcanzó el palo
que tenía colgado de uno de los barrotes de la
cama.
Hubo un murmullo bastante expresivo por parte
de los concurrentes.
-¡Anda, hija, anda!-masculló ti Nasio;-¡buen
regalo!..... ¡Ya tienes para apalear este invierno
los nogales!.....
Nati volvió sus ojos hacia ti Nasio como reconviniéndole.
Don Bias, en aquel momento dijo poniéndose
de rodillas:
'
- Recemos porque Dios acoja en su seno el alma.
de este pobre hombre. ·
·

ILUSTRAD ·A ' ,

I

1

1

(Continúa dn la pág. 452.)

�451

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

el forro. Toque de paja adornada con un drapeado de tul
con choux delante y rosas.
M_ateriales: 7 metros de raño, de 1,20 metros de ancl:o.
Num. 14.-De lana marrón. Sobre un forro ajustado se
monta un cinturón corselete de tafetán marrón drapeado,

de 13 centímetros de ancho, fija por detrás con una hebilla
de acero cincelado; las extremidades fruncidas de la cinta
se sujetan por delante con hebillas pequeñas de acero, bajo
las cuales ee paea la cinta rosa de 3 centlmetros de ancho,
haciendo, por último, un nudo.

12.-Cuerpo de Jer11y.

7.-TraJe de terolopelo.

Núm. 7.-Eete traje, de terciopelo negro, se guarnece
lentejuelas y perlas de azabache. El adorno cubre los
l,c,mbroe, formando nn gran cuello cuadrado, que se prolonga delante en punta hasta la cintura.
Núm. 8. -De terciopelo verde liceituna; los bordee van
cubiertos con un pájaro azul y beige, con la cabeza delante.
Unas alas que armonicen bien á los lados.
NÚDI, 9.-'l'raje de tul blanco bordado sobre transparente de tafe1án rosa. Se drapea el cuerpo escotado¡ ee
guarnece en el lado izquierdo con un gran moño de tul rosa;
las mangas cortas bullonadas.
Falda ligeramente fruncida, rodeada de una ruche de tdl
rosa; el talle se rodea de un cinturón de cinta de raso rosa

t.-On

t1

4

11

3
d
r
n

11.-Toque Frlvollne.
8.-Toque Germalne.

Núm. 10. - De crespón de la China heliotropo claro,
adornado con bordaclos hechos con felpilla y seda tono so•
bre tono y con hilillo fino de oro; se puede reemplazar el
bordado con aplicaciones ó guipur. «Bolero&gt; escotado eo
redondo, sujeto sobre el pechero fruncido de muselina de
seda blanca con tiras de cinta de teráopelo de un tono más
obecnro que el traje. Las mangas medio largas, y abiertas
sobre un transparente de muselina de seda, ee sostienen con
cintas de terciopelo dispuestas á
lo largo de loe bordes y cruzada
9.-Traje de baile,
en medio; ee terminan con un
gran volante adornado con bordado. Falda compuesta de tres volantes sobrepuestos, que ee
montan sobre la falda de forro y se guarnecen con bordado.
r
Se completa el traje con un cinturón y un collar de terciopelo.
Núm. 11.-De terciopelo castor de dos tonos. El casco liso
1l.:. ',,
y el borde drapeado con hebilla de stras.3, Aigrette delante.
(i-"";'
Núm. 12.-::--uestro grabado representa un cuerpo de tela
iersey muy práctico para casa¡ te debe escoger del mismo
color de la falda. Los delanteros y las mangas se guarnecen
.:.~_

terminándose con una cabecilla de cada lado del delantero,
abriéndose sobre un trozo liso. Canesú y cuello recto de
seda plegada con pliegues pequeños. Alzacuello de seda
encuadrado con pe•puntes. Figaro corto de lana. Espalda
sin costura une debajo del brazo. La parte de abajo del
fígaro se recorta en medio con dos aberturas. Los dela11teros se cortan también del mismo modo que la espalda, y
cierran en medio con botoncitos
y presillas de pasamanerla. Unos
pespuntes encuadran el borde
del flgaro. La parte alta se escota y se adorna con dos bertas
10.-TraJe de teatro.
cortadas en forma. Manga ajustada, ensanchándose en la parte inferior y abierta sobre un
bullón ajustarlo por un puño.
Núm. 15.-De su1·ah azul pálido. Falda de ~urah fruncida
alrededor del talle. La parte baja se adorna con bieses de
tafetán bordeadas, con pliegues de lencería. Cuerpo-blusa
sobre un forro ajustado. La espalda y el delantero llevan
cuatro vueltas do frunces, montados 111 borde de un canesú
rle tafetán negro. Cuello de taf.:tán. Gran nudo, que se co-

un bu llonado del mismo tejido y de terciopelos. Volante de
terciopelo.
Num. 17.-De piel de raso azul y oro. Falda cortada en
paños; á cada lado del delantal dos pliegues echados. En
las costuras se deja un plegado del mismo tejido. Dos pliegues redondos detrás. Cuerpo-blusa de muselina de seda,
plegada sobre viso que armonice bien. Cinturón drapeado
de la misma tela que el traje. l&lt;'lgaro corto abierto en el escote¡ deh1Dtero, espalda y talle. Bieses de 1 L misma tela
rodean el flg-.1ro. Tiras de terciopelo sostienen la parte de
delante. Manga plegada, con tres pequeñas solapas en la
parte baja de1 codo. -Toque drapeada de tul azul y oro.
Jfaterioles: 14 metros ue seda, de 0,60 metros de ancho.

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l&amp;.-Cu1rpo para vlaltu.

loca en el canesú á la izquierda y cae sobre la falda. Manga
de taf1:tán abiertn sobre otra hueca de surah azul, fruncirla en
el puito. 80111 brero grande de pnja negra. Guirnalda de flores.
Jlat,enalt•: 6 metr&lt;'B de surali azul, y 3,50 de tafetán.
Mi■, ¡¡,-De Clc'1;hemir Ofelia. Sobre un forro ajustado
se moota un gran ~Jete de terciopelo negro. Chaleco de
la mieroa tl'la COI\ p\fegues de lencería. Cuello recto con
ter~iopeloe. Flguo 11\py i:orto de cachemir. Espalda sin costura. Se cortan doa ~J(fetas con pequeños enrejados de terciopelo. Los delanteros y el cueUo se adornRn del mismo
modo. Manga ajustada oon forro. Se abre en el codo, bajo

14.-Curpo de oalle.

13.-TraJ• heobura aaatre para adora Jovu.

con pliegues cosidos formando picos; delante tira estrecha
con botones para el cierre. La espalda se corta con aldetas
largas (véase el grabado visto de espalda). Cuello recto con
pliegues.
Num. 13.-De paño heliotropo. Falda en forma, con plie•
¡z-ue Watteau detrás. El delantero se &amp;dorna con cinco tiras
ele paño pespunteadas. Chaqueta de paño igual al de Ja falda.
Biese➔ pespu?teados tapan~o las costuras; dos costadi los.
Delanteros aJ ustados con prnzas. La ch&amp;queta se cierra delante. con tres gr~pos de botones. Los bordes, el oaello y las
aolnp'ae llevan bieses pespunteados. Mangas ajustadas por

15

-Traje•• llrl.... ,ara nlftaa dt 1, 10 ailo1.

17.-TraJe de oeremonla.

�LA MODA EL.EGANTE ILUSTRADA

452

LA MODA EL~GANTE ILUS'rRADA
XVIII.
Claudia se despertó tarde la mañana siguiente,
con ese cansa.ncio inseparable ul día que sigue
al de una fiesta mundana, cansancio aumentado
aquella vez por el dolor moral insoportable desde
la víspera, contra el cual el orgullo la aconsejaba
no luchar.
Se puso un peinador y se dirigió distraídamente
á la ventana. El cielo radiante del mediodía había
desaparecido bajo una cubierta de nubes grises; la
espesa niebla ocultaba las montañas y llegaba á
envolver en su humedad los árboles del parque;
caía una lluvia fina, fría, penetrante, continua,
que llenaba todo u.e la tristeza que acompaña siem•
pre á los primeros días del invierno. Claudia volvió la cabeza con desesperación: la desolación de
fuera era ima~en fiel de la desolación interior. Torrentes de amargura y de cólera la invadían, y
como no lo procuraba, no llegaba á hacer revivir
la voluntad desfallecida.
Se vistió perezo:iamente, escogiendo un traje
triste como el tiempo y el hum~r. Después, como
atravesaba uno de esos malos momentos en los
que la con"'!ersación aburre y todo mol~st~, no
quiso bajar a almorzar y mandó que la s1rv1esen
en su cuarto.
Cuando acabó el almuerzo, Germán la dijo que
«el señor Conde rogaba á la señorita, si no estaba
mala, que fuera á hablar con él».
Claudia apretó los dientes. ¡Ah! ¿quería hablarla, tal vez para tener, una. explicaci~n? ..... :f'.ues
bien, ya era hora; habia tenido demasiada pacien•
cia, se había doblegado mucho ante aquel gran
señor orgulloso, irónico, altanero, que cuando se
discutía si Dios ha dado alma á la mujer se pronunciaba' por la negativa. Ahora estaba ya cansada de sus desdenes, de sus desigualdades de humor, y, ¡ya lo creo!, le iba á decir todo lo que
merecía.
Claudia, á pesar de la dulce fisonomía que había
heredado de su padre, era una Montignac, y por
tanto violenta. La regla del convento y los consejos de Magdalena de Lambilis habían podido suavizar el carácter, pero no vencerlo. Ayudada por
su profunda piedad, Claudia ªI?rendió a domin~:se, á veces con verdadero hero1smo, para ser h1Ja
diona de aquel que dijo : «Bienaventurados los
m~nsos..... » Además, la innata distinción y el medio en que había vivido la impusieron la necesidad de ser correcta, de dignidad exterior, que
Uégó a ser una segunda natural~za, y,'que más tardé ayudó á la sobrina del conde Alberto á luchar
con ventaja contra su enigmático tu.tor, y oponer
su frente serena á sus extravagancias. Pero en
aquel' momento, infl.~íd~ por el doloroso ~olpe que
había herido el sentimiento que ella deJÓ crecer
en su corazón, y que creyó bastante poderoso para
triunfar de toda clase de obstáculos, la fogosa naturaleza, que sólo e~taba d_ormida, se. despert~ ~o~
fuerza, y la paciencia fingida y trabaJosa se disipo
como por encanto.
Tocada en lo vivo, la parecía que ya estaba colmada la medida, que no podía aguantar más, que
sólo respiraría cuando abandonase aquel castillo
maldito en el que había sufrido tanto. Con.salvaje
energía se dijo que sabría arr~1;1carse_ aquel corazón que destilaba sangre, y baJo corriendo las escaleras resuelta á terminar de una vez.
El c~nde Alberto, con el semblante pálido y
contraído, se paseaba á lo largo en ~a bi~lioteca.
Cuando Claudia entró, se detuvo. Sm mirarla la
señaló una silla, y se sentó él delante de la mesa
con aire de abatimiento.
Claudia fijó en él los ojos, turbados por la masa
confusa de ideas que se agitaban en el cerebro,
que se habían vuelto casi verdes, indicando la cólera que reprimía difícilmente.
-Perdóname el que te haya molestado-dijo el
Conde apoyando la frente en la mano larga y
fina q~e Claudia hubiera querido romper como si:
se t;atase de una caña.-Tengo que hablarte de
cosas serias.
-¿De veras?-respondió Claudia, queriando ser
también irónica.
.,
-Sí-continuó el conde Alberto, que parec10
no .notarlo;-tengo que hablarte de dos cuestiones
importantes.....
-Bastaba con una-dijo Claudia, con el mismo
aire de burla desdeñosa.
. ,
-Así no podemos hacer nada-replico el Conde con una voz cuya brevedad advirtió a Claudia
que era prudente poner fin a aquel peligroso juego;-te agradecería mucho que no me interrumpieses. En primer lagar, tengo que darte las cuentas de la tutela....
Claudia, sorpre?dida, hizo un gesto de neg~ción y un movimiento con la mano, que quena
decir: Dejémoslo.
-Me dirás-prosiguió el conde Alberto, sin

presta!' atención a la mímica-que me he retrasado, porque va á hacer dos meses que has cumplido
la mayor edad. Lo sé perfectamente, y si lo he diferido hasta hoy ha sido con intención, para darte la parte que te corresponde de los arrendamientos pagaderos por San Martín, á los que tienes
derecho, y desde mañana puedes disponer libremente de la fortuna de tu madre.
-M&amp;alegro-respondió fríamente Claudia.
-¡Ahl-exclamó t'l Conde con sorpresa; pero
en seguida se repuso y continuó, presentándola
un voluminoso paquete:-Aquí encontrarás todas
las cuentas en regla y las explicaciones de lo que
te queda, y que consiste, en vez de tierras, en dinero y títulos, para seguir la tradición de la fa.
milia, que no consiente que se divida el dominio
de las tierras, que deben quedar intactas..... Además, ya volveremos 00n mas detención sobre esta
materia, y eso, indudablemente, dentro de poco.....
Sólo me resta rogarte que te enteres de esa carta
que me ha enviado esta mañana por un propio el
Barón de Ravenay, y cuyo contenido-añadió con
triste sonrisa-no debe serte desconocido.
Una rapida tentación atravesó :µor el hirviente
cerebro de Claudia. Probablemente se declararía.
el Barón. Podría casarse con él, abandonar, cogida a su brazo, como su madre lo había hecho,
aquella casa inhospitalaria, en la cual había esperado encontrar la dicha y el cariño familiar, y
que sólo le había proporcionado lágrimas y ofrecido helada indiferencia, de la cual no había llegado a triunfar por ningún medio.
Pero Claudia era muy leal para detenerse a reflexionar mucho tiempo en los consejos del orgullo, del amor propio ajado, para consentir en entregar al Barón de Ravenay un corazón que pertenecía á otro por en tero.
Prosiguió con la misma frialdad, rechazando la
carta sin mirarla siquiera:
-¿ Cómo voy á saber yo lo que dice el Barón de
Ravenay? Ni lo sé, ni me preocupa.
El conde Alberto dió un salto en la butaca.
-¿Qué significa esto?-gritó.-¿De quién te estás burlando, de él ó de mí? Le has autorizado suficientemente para que me pida, como lo hace, tu
mano, y ese fingimiento está fuera de lugar.
-Yo no me rebajo hasta el punto de fingirrespondió Claudia con altivez.-Si la actitud del
señor de Ravenay ha podido hacerme presentir
una petición de esa naturaleza, ignoraba en absoluto que fuese tan inminente, y de ningún modo
le he autorizado, como usted dice.
El conde Alberto la miró con una expresión
singular, mezcla de incredulidad y asombro, Claudia no bajó los ojos, verdosos y sombríos.
-No podras hacerme creer que no tenías conciencia-dijo el conde Alberto al cabo de un instante,-que no conocías la trascendencia del acto
que realizabas á la vista de todos, reservando el
primer vals al Barón de Ravenay.
SILVIA.
Continuará.

4.ª Se ejecuta sin formar el jaretón.
5.• Si, señora; seguramente quedará preciosa la colcha de
encaje Renacimiento ó Richelieu, que son muy parecidos,
sobre vi,o azul porcelana, salmón ú oro viej(), Se hace con
hilo de encaje más ó menos grueso, según sea el ancho del
galón de encaje.
6.• Se estilan más los entrelargos con el mismo encaje ó
bordado de la sábana en los dus extremos.
UNA MUY FELIZ.-1.ª El grabado número 1 de LA MODA
del 6 de Septiembre me parece muy á propósito para que
le sirva de modelo en la confección del traje cuya muestra
me remite. El terdopelo del adorno estará mejor neg.ro, haciendo juego con el colorido de las flores.
2.• La chaqueta que repreRenta el grabado número 13 y
los paletós señalados con los númuos 20 y 2t de LA MODA
del 30 de Septiembre, aun de última novedad; puede guiarse
por cualquiera de ellos.
3.ª Estos paletós de que acabo ele hablarle, las chaquetas
de estilo sastre y las capas de paño, serán los abrigos que
se llev~n.
4.ª Siempre sufren alguna variación; tenga la bondad de
fijarse, por Ri le pudieran servir para dar.e cuenta del corte, en los patrones re,lucitlos señalados con los números
28, 32, 33 y 34 de LA MoDA el el 14 de Septiembre, y 30 y 31
de LA MODA del 30 del mism() mf:s.
Para los géneros gru•sos ee adoptan, por lo general, for ·
mas lisas, de hechura sastre con adornos de pespuntes.
ME GUSTA BAILAR.-Son varios los ]Jrocedimientos; primero repetiré el que di en otra ocasión:
Manchas de tintu en el paño.-Se toma leche fresca y caliente, se echan unas gotaR sobre la mancha, se frota después con una esponja hasta que desaparezca la tinta, y ·se
termina frotando con una muñequilla de tela, mojada en
agua clara.
También se quitan por medio del ácido oxálico y, en
caso necesario, con el cloruro de cal. Hay algunas tintas
cuyas manchas, se lavan perfectamente con sólo pasarlas
por el ácido muriático diluido en agua.
Siendo la mancha de tinta muy reciente, basta con jabonar y lavar la mancha deepnés en una solución de ácido
sulfúrico ó clorhídrico muy diluidos; si es añeja, hágase la
solución más cargada.
·
UNA SUSCRIPTORA PROVINCIANA.- l.• Mejor colgadas.
2.• Las tres clases de va)ij á 'l ue usted alude se distinguen
con los siguientes nombrds: Bloston, de tres tiempos y corrido; Casino, de Tabuiro, y The Belle of New York, de
Charles Coote, son los más elegantes y tienen bnen éompás.
Entre éstos , el primero es el que actualmente está más de
moda.
3.ª Si, señora; se llevan puestos, sobre todo en los casos
que me cita.
,
4.• Aunque la molicie y el amór al lujo hayan presentado
como novedad la clase de tela á que ee refiere, nunca será
moda que acojftn como limpia y cómoda las pnsonas de·
verdndero sentido práctico. Las ropas de hilo son las únicas
propias para cama.
·
5.• Debe presentarle su señora madre, y, como en otro ,
caso cualquiera, hacerlo del siguiente modo: «Presento á usted nuestro amigo, ó nuestr,, buen amigo, el Sr. Tal»; y si ,
desea enterar á esa persona de las futuras relaciones de parentesco que van á contraer, esta conversación formará capítulo aparte.
ADELA P.

EXPLICACIÓN DR WS DIBUJOS PARA BORDADOS

Los goces y los placeres
Suelen durar po~o rato
Aqui 1 donde la sonrisa
Es precursora del llanto.
RAFAEL FERNÁNDEZ

Y

EN LA HOJA-SUPLEMENTO.

Correaponde • lae aeiloraa 1U1orlptora1 • la edlolOn de luJa
y • laa de la 2.• edición.

Me río, pero es mi risa
Máscl\ra de mi dolor:
Cuando hay sonrisa en mis labios
Hay llanto en llli corazón.

ESTEBAN.

CORRESPONDENCIA PARTICULAR.

U ll A soRADORA. -1.• Encontrará usted contestada esta
pregunta en las diferentes respuestas dadas í1ltimamente,
y que se hallan anotadaq en la segunda dirigidaá Una santanderina en LA MODA del 22 de Agosto.
2.• La holanda y la tela fioa de algodón; hay prendas;
como peinadore•, cubrecorsés, etc., que suelen ser·siempre
de algodón; pero las (•amisas deben ser de hilo.
3.• El encaje Ricbelieu resulta mucho más rico; pero también resulta muy elegante el bordado de este mismo estilo.
'

para traJe

,e visitas.

20.- Nanga para traJe
de oomldaa.

debajo de los pliegues. Gran cuello de piqué con
volante plegado. Manga ajustada.
Sombrero redondo de paja adornado con choux y
r·nchil los:
18.- TraJe de paseo para nlilas de 5 li 6 años.

Núm.18.-De lanilla encarnada. Falda en forma, adornada con dos hileras de ~erciopelo negro; el vuelo se recluce
detrás con frunces. Cuerpo-blusa montado sobre un forro
ajustado; escote en pico delante y detrás sobre 110 cnnfsú
de sella crema con terciopelos negros y punto de escapuJ •.
río. Doble berta cortada ea forma
y ribeteada con terciopelo.
Manga recta plegada cerca del
hombro y reducida con pliegues ea
el puño.
.
Cinturón drapeado de terciopelo.
SoJDbrero redondo adornado con un
lazo.
!'/
.MatP.riales: 4 metros de lanilla,
de 1,20 metros de ancho.

Núm. 22.-De nansuc. Forma redonda. Se festonea todo alrededor y se bordea con un volante de
encaje.

Núm. 23.-0haqueta de paño attrakán.-Espalda ajustada por tres costuras; dos costadillos.
Delanteros cruzados y ajustados por una pinza; dos hi-

1, 2 y 3. O(lpucha para niño p,queño.-Es de franela
blanca, adornada con una guirnalda bordada á punto de
tallo, punto anudado y punto lanzado. Se ejecuta con seda
blanca, rosa ó celeste, y el corazón de las tlores en umari•
!lo pálido. L •s cintas son del mismo color que el bordado.
El patrón representa la mitad de la capucha, y asimismo indica la mitad de las medidas; de suerte que para cortarla deberá colocarse sobre la tela doble y dejando la
orilla de ésta hacia la p~rte baja de la capucha.
DebJ cortarse un centimetro más grande todo alrededor,
contando con que el festón va perfor11do á máquina,
Después de cortado todo el festón del borde y de hecha
la guirnalda cuyo dibujo se indica, no queda más que formar la base de la capucha por donde señala la linea de puntos (27 centímetros), qne terminan en el bordado. Frúncese
también la parte de arriba, y se adorna con un lazo de cinta
igual al que se coloca en la línea de frunces, con objeto de
poderlo cerrar. Un lazo detrás y otro en las extremidades
de las caídas terminan la capucha.
4 y 5. .,Palia ó bo 1sa estilu antiguo. -Se hace en aplicación de terciopelo morado sobre tul de encaje dorado con
pincel. L1s aplicaciones, pegadas sobre el tul, se .rodean
después de un cordoncillo de oro fino é invisiblemente cosido. El centro de la cruz, de raso oro viejo, se destaca sobre el fondo de terciopelo violeta sobre el cual está aplicado; todos los contornos van cubiertos con cordón de •oro,
así como el lilo de la palia. Este género de trabajo se adapta también á la estola y á otros diversos objetos ·del culto,
haciéndose las aplicaciones según las circunstancias, en
blanco, encarnado ó negro, sobre fondo de oro.
6, 7, 8 y 9. Douillette para niño pequeño.-Este trajecito se hace de lana blanca con dibujo de relieve y forrado
de franela; lleva una eRclavina de dos volantes adornados con
una pequeña guirnalda bordada en sedas y con un encaje
a1 borde. El cueilecito y el canesú redondo tienen el mismo

Núm. 19.-De lanilla lisa, ajusy sujeta. en el codo con ~olapa
de lo mismo.
Media manga de seda crema con
luna.les, formando dos bullones y
sujetos en los drape11dos.

(Continúa en la pág. 454.)

leras de botones. Cuello vuelto guarnecido con terciopelo.
S?lapas hechura de sastre. Bolsillos de los lados, y m1.1ngas
ªJustadas por el forro.
Jlateriales: 2,50 metros de paíío 1 de 1,30 metros de
ancho.

26. - Gran oue llo para bebé,

22.-Babero en forma de ouello.

1

Núm. 20.-De seda Pompadour.
Plegado de seda sujeto ha.jo un
drapeado con lazo en el codo.
Bullón de encaje sujeto con un
drapeado. Volante de encaje en el
borde.
Núm. 21.-De velo azul lavanda.
Fulda con tablas alrededor de la.
cintura; la parte de abajo se adorna con un entredós y pliegues de
lencerla.
Uuerpo plegado de la misma manera que la falda y entrando en un
cinturón decuero;ae adorna con@
entredós y pliegues.
Este traje cierra en la ~spalda

21.-TraJe para niña de 6 • 1 añoa.

Núm. 24. - Chaqueta de paño
morcloré. - Espalda sin costura en
medio; dos costndillos.
Delanteros ajustados por una
pinzn y cruzados con dos hileras de
butunes.
Cuello y solapas adornadas con
bordados.
Bolsillos á los lados.
Manga hechura sastre con una
pinza; pespuntes en la parte de
abajo.
Jíaierioles: 2,50 metros de paño,
de 1,30 metros de ancho.

ta 'a

CONTENlnOR

DOLORES.

19.- ■ anga

, Núm. 25.-Capa depaño gris.Se corta en forma con una costura
,d bies detrás; dos pinzas sobre los
hombros.
Delanteros adornados con motivos de paño recortado.
Cuello alto. Sardineta cerrando
el cuello.
Materiales: 2 metros de paño ,
de 1,30 metros de ancho.

23 • 26.-Trajea de otoño para aeñoras Jóvenea.

~úm. 26.-De nansnc. Se adorna
con un entredós de encaje y bordado.
Volante de encaje todo alrededor.

�454

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

Núm. 27.-La fig. 59 de la Hoja-Suplemento de nuestro
número anterior pertenece á este grabado.
Esta cesta, muy práctica para contener labores de gran
tamaño, se hace con mimbres y cañas de bambúes, parte
color de paja y otra parte dorada, de 50 centímetros de
alto, por 48 centímetros de largo y 29 centímetros de
ancho.
La tapa es de madera bordeada de ligeras trenzas de paja,
y va rehenchida y adornada con aplicaciones bordadas.
Las paredes de la cesta v_an tapizadas con paño ligero
color de fresa y aceituna obscuro. Los ángulos están cubiertos con graciosos choux, terminados en pequeñas bellotas
hechas con paño pttrecido.
Para hacer los choux se cortan ocho ped•zos de paño redondos terminados en picos y que tengan 8 centímetros de
diámetro, y luego se fruJ}cen para disponerlos en forma de
chow,;. En cuanto á las bellotas, se hacen cortando una faja
de paño color de aceituna claro y otra de paño también color
de aceituna obscuro, de 7 centímetros de ancho cada una; se
enrollan estas fajas alrededor de una fajita más estrecha
de paño y se cubren con una rodajita de paño color fresa,
de 12 centímetros, cortada formando cinco lengüetas ó pi
cos, y después con otra segunda rodajita igual á la anterior,
de paño verde aceituna; se replieg.m los picos verde aceituna fijándolos á la pequeña tira que une la bellota al chou.
Se reporta el dibujo del bordado según la fig. 5\l de la plancha sobre un trozo de paño verrle aceituna obscuro, siguiendo las indicaciones del grabado, y se corta la tela al largo
de los contornos.
Se ejecuta el ramo de flores á punto llano y á punto de
litografía I en sedas de colores; se bordan las bojas en verde de tonos variados, y se adorna el centro de las flores con
pequeños nudos de seda verde y amarillo. Se 'pega el bordo.do sobre un trozo de peluche verde que tenga aproximadamente 7 centímetros más que el primero, y en el cual
se ha recortado el centro tanto como sea necesario. Despuéq
se repota el dibujo•ae las flores y de los arabescos del contorno sobre un -trazo de paño verde aceituna claro; se recor·
tan los motivos y se pegan sobre el pedazo grande con arreglo
á las indica?iones del grabado. Se encuadra el motivo del

centro y las flores con una trenza fina de seda amarillo oro;
los otros motivos con una trenza amarillo bronce, y se salpican puntitos aislados de seda verde clara sobre los pétalos;
se bordan los cálices á punto llano con hilo de oro torcido,
y se ejecutan, entre los arabescos, puntos de cadeneta prolongados de seda amarilla oro.

27 - Ceata para

labcr.

Núm. 28.-De chwiotte mordoré. Espalda sin costura en
medio; dos costadillos. Delanteros ajustados por una pinza
cerrados en medio. La pinza se abre y se redondea para for-mar dos ondas en medio. Bieses de paño en los bordes.
Cuello y solapas hec:hura sastre. Manga ajustada por el
forro. Bullón de fular con lunares y puño ajustado.
Materiales: 2 metros de cheviotte, de 1,20 metros de
ancho.
Núm. 29.-Deforma completamente suelta, está fruncido
delante y detrás sobre un canesú cuadrado y adornado con
un entredós bordado. Chorrera de encaje color crema, que
cae á lo largo de los delanteros rodeando la parte de abajo.
Volante de encaje recuadrando el canesú, que cierra con_dos
lazos de cinta. Un encoje formando el cuello. Manga aJustada con forro; la parte de abajo se guarnece con un entredós, un volante de encaje y lazo de raso rosa.
Núm. 30.-De muselina de seda negra y encaje de Luxeuil. Se monta el cuerpo plegado de muselina sobre forro
ajustado de seda negra. Espalda que forma canesú cuadrado; ancho entredós de encaje atiaviesa la espalda por en
medio. La muselina de seda parte del encaje y concluye en
el talle. Delantero en punta, plegado. Entredós adornando el
pecho. Enrejados de ciuta crema y sujetos con botones de
cristal. Cuello drapeado. Manga eemilarga de tafetán, cubierta de museliui. de seda. Drapeado de seda en el codo, y
volante de encaje.
Núm. 31.-Cuerpo de seda de Pekln á rayas negras y
blancas, adornado con encaje de Chantilly y terciopelo negro. Los delanteros, rodeados de encaje y adornados con
puntas de terciopelo, se abren sobre un peto de crespón
plegado, terminado con un cuello de terciopelo negro; la
abertura del cuerpo ll tva un cuello de encaje. El cuerpo
lleva además tres cintas de terciopelo negro colocadas al
bies; la de arriba S3 prolonga sobre las mangas para figurar hombreras, y termina con un lazo. Las mangas, recortadas en el borde inferior, se hacen con bullonados de crespón y paños de terciopelo negro.
La falda de ben;;alina bla~ca, colocada libremente sobre
otra de forro, se hace con pliegues profundos detrás; á los
lados pliegues pequtños sujetos á mitad de altura.

{

•if
- ~- _;

(Croquis del figurín iluminado, visto de espalda.)

y de la estrella del centro; los enrPjados son amarillos con
retoques oro viejo; la línea que rodea éstos, color morrloré,
'

y Ta.base cerez&gt;i y rosa. Los hojas que sobresalen del motivo f!On verde musgo y verde corriente; las ramas. mordoré,

y las florecillas, rJsa. Todo ello se ejecuta á punto lanzado.

EXPLICACIÓN DEL FIGURÍN ILUMINADO,
Núm. 38.
Corr11ponde 6 IH aaitoru auaorlptoru 6 la edloló• de luJr.

1. T·raje de diario para señorita de 16 tí 17 añoR. - De

29.-Matlnée &lt;le seda rou,

adorno bordado, que se recuadra con un grueso vivo que
sirve de cabecilla al volante. Una guirnalda más ancha
adorna la fálda, que está montada sobre un canesú cuadrado por medio.de dos grandes pliegues huecos por la parte
de delante y tres por detrás. La manga es recta y tiene al
final un puñito adornado de una pequeña guirnalda. Este
bordado se ejecuta en seda blanca, rosa ó celeste, á punto
de tallo ó á punto lanzado. El lazo que guarnece el delantero se pone del color de la seda del bordado.
• ~.
10, 11, 12, 17, 19, 22, 24, 25, 28 y 29. AM, GA, .Anita,
PJ, LB, Gregario, Soledad, .Antonia, PS y FM.-Letras,
enlaces y nombres para pañuelo.
13. TM, enlace para servilleta de té.
14. SN, enlace para toalla.
15. MT, enlace para ropa de casa.
16. Bordado de estilo Luis XVI para sachet de paiiuelos,
cubierta de libro, BStuche de gemelos, etc., etc.-Este dibujo
se puede continuar por los dos lados y constituir un elegante almohadón. Se borda sobre fondo de raso verde agua,
con sedas oro viejo y oro pálido, á punto de tallo espeso y
ancho para la linea más gruesa, y á punto de tallo ordinario para la otra línea. El enrejado es de seda del mismo
tono. Las flores, violetas y rosas se hacen matizadas con
malva y amarillo para las primeras, y rosa para las segundas. Los cálices y las h·ojas son de cinta color verde amarillento y verde corriente; el primero para las violetas, y el
'segundo para las rosas. Las ramitas se bordan en seda de
los mismos tonos.
18~ HR I enlace para pañuelo, en estilo Richelieu.
20 ·y 21. Continuación del abecedario para sábanas y almohadas. (Véanse las Hojas-Suplementos al núm. 34 y anteriores.)

23. SR, enlace para camisa de caball~o.'
. 26 y 27. Bolsa para «.m.a rrom glacés».- L-i. parte infenor es de raso negro, adornado en los ángulos con motivos
bord8'.d?s con torzal; la part~ alta va fruncida, ·y es de raso
oro v1eJo , forrado de paño negro perforado á máquina, y
que sobresale 2 centímetros todo alrededor.
Para hacer la parte del fondo del saco se corta un trozo,
de raso de 3i! centímetros en cuadro y se bordan los ángulos siguiendo las indicaciones del g~abado. Este cuadro se•
forra de una tela fuerte y se monta sobre un ca,tón algogrue_so, cortado en forma de octógono, según las siguientes
medidas; 12 centlmetros d~ costado, 7 ½ para los ángulos.
achaflanados.y 6 para los picos, componiendo un largo total
de 24 i centimetros. El cartón, guarnecido por encima de·
paño en~arnado, se coloca en medio del cuadro de raso, que
d~be umrse á esta forma; esto se obtiene haciendo los dos
pliegues en forma de V vuelta, como indica el croquis dobla_ndo las dos esquinas de los costados 5 centlmetrds, y
umendo los dos onlJas p:,,ra cerrar el saco, dejando, sin embargo, 3 centímetros reservados para introducir en la costur¡i. el paño negro que ~obresale y rodea la parte fruncida
del saco, E~ta parte mide 17 ~ centimetros de alto por 3~.
de ~ncho, sm contar con el borde de paño negro; se frunce
ab~JO y sube basta cerca del borde del saco negro; cubre la
u~.!.ón de los ~os un cordón de seda y felpilla haciendo juego con el conJunto, cordón que rodea toda la parte baja del
saco y se anuda ~n el centro y en los costados. La parte alta
se frunce Y se c10r_ra con un cordón color oro viejo con
borlas de color; la Jareta, de 2 centímetros de ancho,.est:í
pespunteada por am boa lados.
El bordado se eje~uta con torzal azul azulina obscuro .
azul mediano y azul pálido para el contorno de las palma'~.

31.- -C11erpo para de noche. • ,

'

455

1ana gris claro. Falda cortada en forma, formando pliegues
por detrás y con delantal liso; los pliegues de los lados son
pequeños, y los dos de detrás huecos. El borde de la falda
y el delantal están adornados con un bies de terciopelo es.cocés. El cuerpo es del mismo tejido; la espaldi. lleva dos
pliegues h~ecos dispuestos en forma de tir~n tes ; un cos:a.d.illo debaJo del brazo; delantero con dos phegues pequenos
y abierto sobre un plastrón de terciopelo escocés. Pequeña
esclavina cortada en forma y recuadrada de un bies de ter.ciopelo escocés Mangi. semi larga, de lana, con bocamanga
y puoo de tercio pelo escocés. Sombrero de fieltro blanco,
guarnecido con un chou encarnado.
2. Abl'igo largn para niña de 8 á 10 a11os.-De paño verde aceituna y forma recta, lleva una costura debo.jo del
brazo. Los delanteros se cruzan ligeramente á un lado y se
.abrochan con una hilera de botones. Esclavina cortada en
forma, ajustada~ los hombros por dos pinzas; cuello grande, que llega hasta los hombros; cuello vuelto de astrakán;
manga ajustada y adornuda con bocamanga de astrakán.
Los bordes del abrigo y de las esclavinas están guarnecidos
.con tres ge.loncitos de oro. Sombrero redondo de fit:ltro gris,
adornado con choux de terciopelo rosa viejo.
3. Abrigo para «bebé» de 3 á 4 años.-De paño blanco y
forma recta· en la espalda lleva un tablón, y en los co,ta.dos pliegue~ pespunteados hasta In cintura, donde se terminan bajo un cinturón de la misma tela cerrado á. un lado
.con un botón. Los delanteros son rectos, y se cruzan á un
lado por medio de unas patas que se abrazan con un botón.
Cuello vuelto. M,rnga recta, cogida á pliegues pespunteados en el puño, que termina con vueita de piel blunca. {fo.
rra de paño blanco.
4. Traje de diario p'lra jnunc:ta de 12 á 13 años.-De

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lana fantasía color beige. Falda cortada ligeramente en
forma;.el vuelo de arriba está reducido por medio de plitigues de lencería. Por abajo tiene dos jBretas bastantt, anchas. Cuerpo que se oculti. bajo un cinturón de terciopelo
nutria; espalda ceñida por mt:dio de do3 pliegues, un &lt;:&lt;,Stadillo bajo el brazo y delunteros sujetos con dos pliegueH
huecos; el centro del cuerpo se abre svbre un pequeñisüuu
chaleco de terciopelo nutria, que lleva varios botones y se
escota en cuadro sobre un camisolín de 111uselina ueleste.
Cuello fanta~ía de guipur crudo, ribeteado de terciopelo
marrón. La manga ensRncha en la pttrte buja sobre un bullón de terciopelo marrón, que á su vez 4ueda ceñido por
un puño de terciopelo. Tricornio de fieltro celeste, adornado
con alas y con un clwu.
5. T,-ofe para niña de 9 á 11 años.-De bengalina escocesa. Falda cortada en forma; dos pliegues rtidondos á. lo
largo de las costuras del dela.otero, y otrvs dos, redondos
también, en el paño de atrás. Cuerpo sjastado, sujeto por
un cintu ón drapeado de ter0iopelo azul vi~jo. ~:spulda con
dos pliegues huecos. Delanteros abiertos en punta sobre un
plastrón, y cuello de tafetán crema; solapas puntiagudas
de terciopelo azul viejo. Corbata regata, dti seda crema, pasando bajo las solapas y terminada en lazo. Manga aj ustuda
por medio de un forro. Sombrero redondo de terniupelo
azul viejo, adornado con un lazo de terciopelo de la mismi.
clase.
6. Oha.queta de invierno para señ01·ita de 14 á 16 años.De paño color beige muy claro. Espalda si¡i costura en me
dio, con dos costadillos; los delanteros, ajustados con pinza,
están en parte ocultos por una pieza de paño terminada en .
punta y recuadrada por un bies pespunteado; lleva además
á la izquierda una hilera de botones, y á ambos lados boldillos pequeños. Cuello vuelto y solapas de piel de bisonte.
Manga ajustarla por forro y bocaman!.\'aS de biMonte. Mang-uito de la misma piel. Falda á pliegues sujetos con cintas
de terciopelo, &lt;¡ue, después de atravesar cada uno de los
pliegu«¡s, terminan delante con dos lazadas. Sombrero de
fieltro negro guarnecido de una amazona y choux de terciopelo.
7. Abrigo para niña de 8 á 10 años. -De pafio azul verdoso, de forma saco y con pliegues echados; cada uno de
éstos está pespunteado al borde y terminado por una flecha
bordada con se la del mismo color. El delantero es liso, cruzarlo á un lado, y lleva como adornos dos hileras de botones
y un borde de piel. Cuello vuelto de piel. Manga ajustada,
con bocamanga de piel, y sombrero de terciopelo guarnecido
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lie...:r, auos todos Jo,¡ de,-ecbos de propiedad IU'tistica y literaria.

Madrid, 22 de Octubre de 1900.

Afio LIX.- Núm. 39.

11

TExTO. - Re-nsta parisiense, por V. de
• Castelfldo.-Exphcaeión de los grabados.-De casa y de fuera, por M011üCristo. - Los propios y los ajenos, por
D. Roberto de Palacio.-Los altivos
.Montignac, continuación, por Silvia.Correspondencia particular, por doña.
Adela P.-Explicación del figurín iluminado.-Sneltos.-Anuncios.
GRABADOS.-1. Abrigo paraniña.-2. Salida de teatro para señora joven.-3 y 6.
Traje de reuniones para señora joven.5. Trajeparaniñosde5á6años.-7. Truje
para niñas de 7 á 8 años.-4 y ~. Traje
de terciopelo para niñas de 8 á 9 años.
-9. Traje inglés para niñB.s de 6 a 7 años.
-10. Traje de otoño.-11. Abrigo medio largo para señora de cie1 ta edad.
-12 it.16. Objetos para tocador.-17.
Traje para joven de 10 á 11 años.-18 y
19. Traje para señorita de 11 á 12 años.
- 20. Carpeia.-21. Abrigo para niñas
de 3 á 4 años - 22. Capa adornada con
bordado para señora de cierta edad.23 y 24. Traje de lan•llay terciopelo con
dibujo. - 25. Traje adornado con pespuntes.-26. Traje con chaqueta de encaje. -27. Traje adornado con volante
ancho - 28. Traje para señoritas.-29.
Cuerpo de seda adornado con tiras de
paño.- 30. Chaqueta y sombrero de invierno.- 31. Tapete y agarrador para
plancha.-32. Cuerpo de pana.-33. .Matlnée con solapas bordadas. -34 y 35.
Enaguas de paño adornada con bordado y de seda.-36y 37. Arreglo de medias.-38. Capa de terciopelo guarnecida de astrakan.-39. Traje con falda de
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modistos están hoy en plena
actividad, confeccionando
trajes para el invierno, para
la estación de las pieles y de
los tejidos gruesos: por este
año la moda se ha decidido
en favor de las telas peludas
y foscas. Esto no obsta para
que se siga utilizando el paño;
pero se dará preferencia muy
marcada á las tramas gruesas, á las cibelinas y á todas
esas mezclillas en las que parece acaban de caer menudos
copos de nieve.
El paño «celta» es una de
las novedades del día. También se verán muchos tejidos
peludos, de aspecto original
y muy elegante, á los que, con
verdadero atrevimiento, se ha
bautizado con los mismos
nombres de los personajes de
la antigüedad célebres por su
cabellera: Sansón, Absalón y
Clodión.
Entre la interminable serie
de paños citaré, por hoy, los
siguientes: el Javotte y el

1.-Abrigo para niña.
Núm. !.-De raso negro forrado con raso blanco. Cuello con solapas
y esclav1_na formando h,1mbreras de raso negro.
El abngo cierra á un lado con dos botones de fantasía, y se adorna
todo alrededor con un cordón de raso negro. Sombrero de fieltro negro,
forrado con tul negro adornado con plumas negras y rosas blancas.

2.-Salida de teatro para señora joven,
Núm. 2.-De raso Liberty incrustado con puntas de Cbantilly negro, adornado con un volante de muselina de seda blanca y encaje
negro.
Sobre los hombros un bullonado de tul negro sobre muselina de
seda blanca, sujeto con terciopelos negros.

'

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                <text>La Moda Elegante Ilustrada. Esta revista tiene sus orígenes en 1842. Su antecedente fue un pequeño periódico femenino titulado La Moda que empezó a publicarse en Cádiz en 1841, de la mano de don Francisco Flores Arenas, escritor andaluz y periodista conservador de El Globo. Unos años más tarde, en 1849, el editor don Abelardo de Carlos Almansa compra este pequeño periódico de modas, entonces en crisis, y lo convierte en una publicación de gran éxito y con beneficios. Tuvo tanto éxito que se vendió por toda España. En 1861 cambió su formato y adoptó el nombre de La Moda elegante ilustrada y a partir de 1871 comienza a publicarse también en Madrid. La moda elegante es una de las publicaciones “femeninas” más longevas, pues continuó su larga vida hasta finales de 1927, sobreviviendo a De Carlos.</text>
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              <text>La Moda Elegante Ilustrada. Esta revista tiene sus orígenes en 1842. Su antecedente fue un pequeño periódico femenino titulado La Moda que empezó a publicarse en Cádiz en 1841, de la mano de don Francisco Flores Arenas, escritor andaluz y periodista conservador de El Globo. Unos años más tarde, en 1849, el editor don Abelardo de Carlos Almansa compra este pequeño periódico de modas, entonces en crisis, y lo convierte en una publicación de gran éxito y con beneficios. Tuvo tanto éxito que se vendió por toda España. En 1861 cambió su formato y adoptó el nombre de La Moda elegante ilustrada y a partir de 1871 comienza a publicarse también en Madrid. La moda elegante es una de las publicaciones “femeninas” más longevas, pues continuó su larga vida hasta finales de 1927, sobreviviendo a De Carlos.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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