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LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

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(Prop~de LA-lLUS'rRA.CIÓN Eió!PA~'OU...Y..llEHTCANA.)

1 y 2. - Toilettes para Bxposiclones.

Las explicaciones en la página siguiente.

19 Y 21.

�SUMARIO.
T&amp;XTO--Explicaci6n de los grabados.--:-Revista parisiens~, por V. de
Castelfl.do .-La prima Lucia, conclus16n, novela traducida por_Sylvia.-Desde mi celda, cartas de Londres, por Lady B~lgr_av1a.Correspondencia particular, por D-~ Adela P.-Explicac16n del
figurín iluminado. - Sueltoa.- Anunc1os.
.
GRABAD0S. - 1 y 2. Toilettes para Expoaiciones.-8. TraJe de tarde
para seilorita ó señora joven.-4-. Blusa drap~~da.-5, Bon:i,breros
·de primavera para seilorita.-6. Blusa de louisme guarnec1d~ con
encaje. -7. Toca para señora joven.-8. _T raje pa~a eeñorita.:9. Sombrero para señora joven. - 10, Blusa_ de enca1e.-11. TraJ~
de sport para niño de 11 á 13 aiios.-12, TraJe de paa.eo.-18._ Toilette de tarde para seilora joven 6 de alguna edad.-14. TraJe _de
primavera.-ló. Impermeable 6 guardapolv0.-16. Traje ~ara niila
de 9 á 11 años.- 17 y 18. Sombreros elegantes para señorita ? señora joven.-19. Sombrero de prlmavera.-20. Eleg_ante toilette
para señora joven.- 21. Cuello con chorrera.-22. TraJe de calle.23. Traje para niña de 3 á 5 años.-24. Sombrero de verano para
señora joven.-25. Blusa de tul.----;-26 y 27. Sombreros, para primavera,-28. Traje de hechura sastre para señora de cierta edad.

1

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

158

Núm. 1. -Traje de corte sastre, de paño muselina
color marfil, adornado con tiras de paño pespunteadas.
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smoking abierta sobre chaleco de seda bordada.
Mang~, llamada japonesa, de u:na sola pieza con
grandes pliegues; bocamanga de piel de se~a adornada al borde con una tira de paño que ter1n:ma por un
volante de encaje.
·
Falda-campana con delantal, guarnecido con una
tira pespunteada sujeta' por tres botones.
Núm. 2.-Traje de paño amazona, de color azul gris
ceniza, guarnecido con trencilla ..
• Pelerina formando &lt;bolero&gt;, abierta al lado y guarnecida con galón y solapas de piel de Suecia, sobre
las que se destacan presillas que simulan estar abrochadas en un botón. Chaleco bordado. Fnlda de gran
vuelo formando pliegues, que se sujetan en las caderas por medio de bridas y botones.

REVISTA PARISI;ENSE.
EL SIGLO XVIII.- NUEVOS MODELOS.

Los

sombreros de esta primavera seducen
por el color, á la vez sostenido y atenuado en
que los menos iniciados advierten nn fiel reflejo
del siglo XVIII.
En realidad, no hemos visto nunca semejante
profusión de sombreros Luis XV y Luis XVI de
los que se pueda declarar con certeza indubitable: «Es un verdadero Luis XV» 6 «es un Luis XVI
le¡!itimo».
Es una certeza que se impone hasta á quienes
jamás han mirado un cuadro; de tal manera está
impreso el estilo en todas las novedades presentadas por las sombrereras, lo mismo en los sombreritos destinados á completar un sencillo traje
«sastre» , que en los grandes sombreros de tul 6
de tafetán con cintas flexibles, sombreros inmensos, algunos de ellos copiados exactamente
de grabados ingleses del siglo XVIII, y que son
como una compensación de la pequefiez de los
sombreritos de teatro.
Entre los colores preferidos, el verde ocupa
el primer lugar en toda la extensión de su gama,
comprendidos los verdes tornasolados en azul,
ciruela y hasta violeta. Si la paja es de otro color, la cinta, el tafetán del casco, es verde, 6 aparece este color en las hojas de las guirnaldas, y
aun en rosas verdes que se asocian y combinan
con otras encarnadas, rosadas 6 de té. Porque
los sombrereros encuentran menos dificultades
que los floricultores para crear flores del matiz
que les agrada, y las rosas verdes y las azules
son un éxito este año.
Apenas hay sombreros de un solo color: cuando menos tienen dos, y las tribunas del concurso
hípico parecían verdaderos jardines que la primavera hubiera hecho florecer con anémonas
del Mediodía, rosas encarnadas y blancas, violetas hechas y colocadas tan al natural, que parecían recién cortadas, y ramitos de taray y de
esparraguera que aligeraban las guirnaldas y
grupos de flores. En muchos sombreros de paja
lucían primaveras, lilas blancas y malva; en ·
otros, uvas de plata, ramas de hiedra con sus
bayas en racimo tefiidas en verde obscuro y
violeta y sus hojas azuladas, pizarrosas, que armonizan con la paja tornasolada en verde pálido
y azul lavanda.
Muchas de esas guirnaldas de follaje están moteadas con puntitos blancos, amarillos 6 rosados,
irregularmente distribuídos. Alegran estas guirnaldas un ramito de rosas en que se mezclan las
verdes, las azules y las de té, 6 bien una sola
rosa de Francia 6 Gloria de Dí\jon.

Fig. 1.

,Sabéis cuál es el estilo que va á reemplazar al
Imperió modernizado que lo ha ejercido este
invierno1 El Luis XV. Estilo Luis XV es lo que
se está preparando por los grandes modistos.
Claro es que no se trata de aquel Luis XV de los
famosos tontillos en que el vuelo de la falda
arrancaba del mismo talle, sosteniéndolo hueco
por medio de aros, juncos 6 ballenas, sirviendo

da, son de una misma pieza, sin costuras visible8,

•

••
No son únicamente nuestros sombreros lo que
en·el traje femenino se inspirara eh el siglo XVIII.

de verdadera peana á las lineas limpias y ajustadas del cuerpo. Ese aspecto levantado, hueco,
sostenido, de aquellas faldas, está muy lejos de
los drapeados blandos, flexibles y caídos que
hoy usamos. Pero se ha de notar, sin embargo,
el cambio, porque el estilo Luis XV es todo limpieza y precisión de líneas, en tanto que los trajes de vestir, de tarde y noche, que hoy se usan,
parecen un flexible drapeado en que se ha envuelto el cuerpo al azar y sin preparación. Ayudan á este efecto las mangas japonesas, y lo produce principalmente la supresión de las rayas,
porque hoy las damas más elegantes llevan la ·
falda sin forrar sobre un pantalón de seda flexible conocido con el nombre exótico de Kuickerbocker. Habrá, sin duda, una transición, y durante
ella surgirán las transacciones y acomodamientos que los modistos irán ideando para satisfacer á sus clientes. LlevaremQs, pues, un Luis XV
mitigado,, que nos parecerá encantador. Y si taI
pronóstico se realiza, los cuerpos serán ya más
precisos de líneas, más ajustados, y exigirán,
como nunca, el modelado perfecto de los corsés
Léoty; y las mangas, estrechas, cortas, ensanchando por abajo; vueltas, formando carteras,
adornadas con volantes.
No debemos olvidar que de esta época arrancan las mangas pagoda, y que los antebrazos se.
cubrían con mitones de tafetán ó de otro tejido
ligero. Para juzgar del partido que nuestros modistos pueden sacar del estilo de una época,
basta recordar los trajes Imperio de nuestras
abuelas y compararlos con las copias retocadas
que hemos llevado sus nietas.
De todos modos, de tal manera nos hemos habituado á la naturalidad y gracia de las faldas
flexibles, á los pliegues que caen y se extienden
alrededor del talle y de las caderas, sin nada
que los sostenga ni los abra, que probablemente mantendremos esta tendencia, y prueba de
ello es que he visto preparadas en dos talleres
de primer orden muchas faldas de pliegues libres, con telas tan ligeras que no engruesan las
caderas, sino que las envuelven, dejando lucir
la esbeltez del talle.
Alegran los cuerpos de los trajes de primavera petos y mangas blancas ó crema.
Todos tienen mangas cortas, que dejan asomar
bullones plegados, adornados con encajes, incrustados con Valenciennes 6 guipur. Esas mangas anchas y cortas recuerdan siempre á los kirumonos y á las dalmáticas, aunque con la esencial diferencia, respecto de las últimas, de que á
la rigidez de los tejidos en oro y de los gruesos
brochados de seda, sustituye la flexibilidad de
los tejidos ligeros, que caen en pliegues de una
gracia incomparable.
Con frecuencia las mangas, delantero y espal-

Fig. 2. .

porque si la dimensión de la tela exige algún
empalme, se tapa con el adorno, bajo un pliegue
6 nn entredós calado.
Unas veces el cuerpo es de una tela transparente, vaporosa y realzada aún más por la blancura de los encajes que la cubren; otras veces es
de tela gruesa, mate, opaca, que contrasta agra- .
dablemente con el encaje del peto y de los bullones de las mangas; si ya no es que el drapeado del cuerpo sea todo él de guipnr 6 de encaje
teñido, ya de gran relieve, ya de dibujos ligeros.
En la falda se ponen franjas de la misma tela 6
de otra diferente, como raso liberty, tafetán,
vuela 6 seda, cortadas con guipur 6 encaje. ·
Pero las personas de alguna edad que gustan
de los colores obscuros, 6 para las personas jóvenes que llevan nn medio luto elegante, se hacen preciosos cuerpos en blanco y negro; la hechura es la corriente: el pechero es blanco, como
los bullones de las mangas cortas; el drapeado,
mangas japonesas 6 manguitos que los reemplazan, son de gasa negra, de vuela de seda, de tela
prwnt d' esprit 6 de étamine transparente; en unos
la tela es lisa, en otros va rayada con plieguecitos verticales, al través, en ingletes ó en escalas;
incrustaciones de encaje 6 de guipur calan la
muselina negra. Sobre nn encaje ligero 6 un
fondo de tul se desarrollan finas guirnaldas
Luis XVI, unidas por lacitos, y avalora todo esto
un canesú y mangas de gasa blanca, sin más
adorno que sus pliegues. En otros modelos, grandes flores sedosas, bordadas en relieve, calan la
muselina, y su aspecto, un poco pesado, se corrige por el pechero y las mangas, verdadera ·
espuma de encaje hecha con . estrechos Valenciennes blancos, plegados, fruncidos, que se erizan en diminutas cabecillas y forman delicioso
contraste con las incrustaciones de guipur grueso, que adornan el vestido. Hay otros modelos .
en que alternan los encajes blancos y negros del
mismo dibujo y de igual valor, tan transparen-

159

para personas de más edad, y es de étamine de
color de pensamiento con un bordado de soutache y blusa de punto de Bayenx, de color crema
muy marcado, con adornos de terciopelo pensamiento.
El gracioso traje de mañana de la figura 4
tiene la falda y el «bolero» fruncidos de lienzo
de grana gris polvo, adornado con trencillas de
seda del mismo color; la blusa de tafetán mil
.rayas y de igual matiz.
Por último, la figura 5, representa nn precioso
traje Directorio, con falda de étamine de color
de pulga, adornado con entredoses de rosa co-

. Ffg. 3

te, tan ligero, tan blando el uno como el otro.
No es empresa fácil la del análisis de los trajes de primavera, en los que sólo se hace notar
la gracia del conjunto; sólo cuando se miran de
cerca los pecheros, bullones, mangas, brazales 6
puños, es cuando se ve con sorpresa la variedad
de materiales que en ellos se reunen, y el trabajo que revelan. Muchos pecheros son de tul
ligero de algodón, con diminutos pliegues de
lencería, á lo largo, al bies, al través 6 en ingletes; forman medallones, cuadrados 6 rombos de
encaje, 6 se unen con hileras de Valencienes lisas
6 apenas fruncidas. En otros se mezclan el tul y
el entredós, y los del primero producen graciosas rayas mate en un enrejado transparente que
deja ver al aire el encaje. Hay pecheros formados con una sucesión de entredoses estrechos,
todos del mismo dibujo, cosidos unos á otros;
los hay en los que entredoses de Valenciennes
alternan con bieses de gasa oro mate, 6 de tú!
de oro; en otros, el Malinas se combina con entredoses de guipur, pero los más nuevos 6 son
~ompletamente de tul, 6 tienen un fondo de tul
mcrustado con bordado de encaje.
Unos canesús 6 pecheros quedan al aire; otros
se forran con gasa y modelan la linea del busto
extendido en su frunce, y sin un pliegue. Se ven
canesús redondos, cuadrados 6 en punta; unos
son pequeños, lo bastante no más para servir de
J..&gt;retexto al cuello recto, cuya blancura va bien
a la cara; no llega tampoco al medio de la es~alda, cuya mayor parte está cubierta por los
tirantes 6 el drapeado del cuerpo; otros, por el
contrario, descienden hasta la pegadura, muy baja, ~e la manga, y no se hacen de una pieza,sino de
varios encajes, entredoses de Cluny y de Irlanda, 6 de Irlanda y Valenciennes, 6 sencillamente
de dos malJas de Irlanda, una muy fina, cortada
c?n rositas formando rombos, y otra de anchos
dibujos en relieve, de trébol, pensamientos ú
hojas. Con frecuencia, los canesús que llegan ya
á ciertas dimensiones, se hacen de dos colores,
d~jando el encaje blanco cerca del cuello, y teñ\dO después del color del vestido, sobre un
viso blanco que da relieve á sus dibujos.
Consagrada esta Revista á daros á conocer la
probable evolución general de la moda, no he
de terminarla sin ofreceros, según costumbre, ·
algunos nuevos modelos. El tea-gown de la figura 1, es de ehuntung de color de fresa, adornado
con tul bordado crema y cuello chal y lazos de
raso fresa.
La~ figuras 2 y 3, representan trajes de tarde:
~l primero, para personas j 6venes, de vuela rosa
¡amón, adornado con bieses de pana, de igual
color, á los que acompaña un plegadito de tafetán, y con gran cuello de punto de Milán y canesú de Irlanda; el segundo, es más á propósito

Flg. 4.

LA PRIMA LUCÍA.
Conclusi6n,

XXVI.
La naturaleza de la tía Anita triunfó una vez
más de la muerte. Como ella misma habia dicho,
pertenecía á una raza que no se dejaba abatir
por el primero ni por el segundo golpe;
pero los pronósticos del doctor resultaron
ciertos: la inteligencia de la anciana se
había extinguido para siempre.
Tenía, sin embargo, algunos momentos
de relativa lucidez, durante los cuales reconocía de una manera confusa á las personas que la rodeaban, y continuaba haciéndolas victimas de absurdas
exigencias y de fantásticos
caprichos.
Pero cuando la sefiora de
Berry se hubo convencido
de que no estaba ya aquella
enferma, casi moribunda, en
disposición de modificar su
testamento; cuando Eugenia
se persuadió de que su a.1!istencia y sus cuidados eran

Fig. 5.

absolutamente innecesarios,

ral, bordados con soutaches ciruela y chaqueta
de faya, color de pulga, con cuello y solapas de
seda, bordada como los entredoses de la falda.

•
••
Nunca se recomendará bastante el cuidado del
cutis. La Verdadera Agua de Ninon es el secreto
de la juventud y belleza legendarias de Ninon
de Lenelos; embellece la piel, impide y borra
las arrugas, botones y manchas rojizas. Para
evitar las falsificaciones hay que exigir el nombre de la Perfumería Ninon, de París (31, rue
du Quatre-Sepltmbre). Esta época de vida al aire
libre pide, más que otra alguna, estos cuidados
higiénicros de tocador.

V.
París 10 de Abril de 1907.

DE

C.lsSTELFIDO,

aunque la vida de la tía Anita se prolongara todavía por algún tiempo, decidieron una y otra abandonar aquella casa, no
sin haber celebrado antes con Lucia una conferencia, á la que asistió Enrique de Go~smeur.
-Puesto que el estado de la tía no nos permite, desgraciadamente, abrigar ninguna esperanza; puesto que ha perdido por completo y
para siempre sus facultades intelectuales, y puesto que, en una palabra, no tiene ya necesidad de
tu compafiía y asistencia, me parece, Lucia, que
debes recobrar tu libertad - dijo la señora de
Berry, mientras colocaba algunos objetos en su
saco de viaje.
-Los cuidados puramente materiales que su
situación reclama, puede, en efecto, prestárselos
cualquier enfermera 6, mejor todavía, una Hermana de la Caridad- agregó Eu¡;:enia, contemplando con bondadosa mirada el pálido rostro

�161

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

160

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

de Lucia, en el que se reflejaban la resignación
y el sufrimiento.
Lucía se volvió involuntariamente hacia Enrique, y encontró sus ojos fijos en ella con intensa atenéión.
-He sido aquí tan feliz, y de tal manera me
ha distinguido la tía con su cariño y sus bondades, que no puedo pensar ni por un momento
en abandonarla.
.
-No agradecerá tus cuidados más que los de
cualquier otra persona- dijo la señora de Berry.
-Aunque ni me los agradezca, ni siquiera se
dé cuenta de ellos, no debo retirárselos.
-Haz lo que gustes, querida; pero te impones
una tarea demasiado penosa; aunque inconscientes., continuarán cada dia más acentuadas sus
. exigencias, y además Magdalena, á quien ya no
ha de refrenar la autoridad de su ama, llegará á
ser absolutamente insoportable.
- Y, sin embargo, debo quedarme aquí- repitió Lucía con dulzura.
La joven miró de nuevo á Enrique, en cuya
actitud claramente se adivinaba una absoluta
aprobación, pero no exenta de dolorosa contrariedad; comprendiendo cuál era el deber de Lucía, no se le ocultaba la exactitud de las observaciones de la señora de Berry.
- tSabes si la tía ha adoptado en su testamento
algunas disposiciones á tu favorY- preguntó la
señora de Berry en voz baja, llevando á Lucía
al otro extremo de la habitación.
-Ni me he ocupado de ello, ni jamás he sabido nada ni nada he querido saber. Me habría
avergonzado á mis propios ojos si alguna vez
me hubiera pasado por la imaginación la idea de
que mi cariño y mis servicios pudieran serpagaüos con dinero.
-Todo eso me parece muy bien; pero ten,
además, presente que cualesquíera que sean en
lo sucesivo tus sacrificios, la tía Anita no está
ya en situación de reconocerlos ni de modificar
sus anteriores disposiciones.
- Si en el estado de debilidad mental en que
la tía se.encuentra tratara de hacer un simulacro
de testamento, yo cuidaría de no estar sola con
ella.
La señora de Berry, persuadida de que tal cosa
no babia de ocurrir, hizo un gesto de indiferencia y se acercó á Enrique.
-Cada vez son más raras tus visitas. tNo irás
alguno de estos días á comer con nosotros?
-Siempre es para mí un motivo de satisfacción ir á Cosquer, querida tía; pero actual- .
mente absorbe todo mi tiempo una clientela
tal vez demasiado numerosa; .además la tia
Amelia empieza ya á poder andar 'y casi
todos los dias necesito acompañar!¡ en sus
paseos.
,
Llegó !ª ~?ra· de la salida. Enrique había
buscado rnut1lmente la oportunidad de cambiar con Lucía algunas palabras. Por fin en
~¡ último momento consiguió acercarse á la
¡oven.
.
-No puedo ni admirarme de la resolución que ha adoptado· usted, ni combatir la
a~negaci.ón y la generosidad en que se inspira, y, srn embargo ..... , veo que de nuevo se
aleja mi felicidad; ya sabe usted que el matrimonio de Ana es asunto resuelto.
-No procedería bien si abandonara·á esta
· pobre anciana- contestó Lucía, dirigiendo
a la cama de la .enferma una triste y cariñosa mirada.
- Y n~n?a, ni el más pequeño y disculpable senhmiento de eg01smo ha podido penetrar en su corazón-dijo Enrique con
acento de ternura y de orgullo.-¡ Si usted
s~piera !3uánto la re!:uerda mi hermana, mi querida y virtuosa mon¡1ta! Yo creo que gracias á sus
piadosas oraciones he logrado conquistar el carill.o de usted.
-Si así es, ruéguela que continúe orando
p~ que Dios me haga digna del dichoso por'.
vemr que me reserva-respondió Lucia con los
ojos anegados en llanto.

.... ........ .......................... ........

.: ........................... .. ............. .
Aquel día comenzó un nuevo período cuyas
contrarie~ades rio había previsto Lucia ~n toda
su extensión, pero durante el cual ni desfallecieron sus energías ni rehuyó el cumplimiento
d~ sus penosos deberes. Por '?ºY triste que hubiera sido hasta entonces su vida, hacíala soportable la compañía de una anciana, algún tanto
exigente y voluntariosa, pero simpática y sociable. Ahora sólo le quedaba un cuerpo inerte que
exigía constantes cuidados; la ·parte más dulce
y atractiva de su tarea no existía ya. Era preciso
ocuparse de la enferma cual si se tratara de un

3.-Traje de tarde para señorita ó seilora Joven.

Núm. 3.7 De cachemir gris humo; falda-campana;

cuerpo drapeado en forma de flchú bajo el pliegue

redondo del delantero, al que adornan pequeiios grupos de botones de sotana; mangas y canesú de muselina de seda.

niño, y luchar con resistencias y con caprichos
que representaban las últimas manifestaciones
de una inteligencia casi muerta.
Como la señora de Berry babia previsto, Magdalena, á quien ya no se imponía la autoridad
de la tía Anita, daba rienda suelta á su carácter
siempre agresivo, y la pena sincera y profunda
que experimentaba por la enfermedad de su antigua- ama se traducía en incesantes é injustificadas recriminaciones.
L!lcia sufría cruelmente, y, sin embargo, la seguridad de que estaba prestando servicios útiles y caritativos le servía de eficaz consuelo.
Además, las frecuentes cartas de Amelía de Goasmeur y las visitas raras, pero de inapreciable
valor, de Enrique reanimaban sus fuerzas.

A los veinte años, el camino de la vida que
falta que recorrer parece muy largo, y un corazón generoso consiente gustoso en santificar los
primeros pasos con el voluntario sacrificio de
algunos meses de felicidad.
Pero la tía Anita no sometió á larga prueba
tan generosa y sincera abnegación.
En el momento en que la familia de .Berry se
disponía á anunciar oficialmente el casamiento
de .A:na, y algunos días después de haber llegado
Lucía á la mayor edad, la señora de Goulven
dejó de existir.
Lucía la lloró amargamente, sin que ningún
sentimiento mezquino, ni la más leve sombra de
idea ó esperanza interesada desvirtuaran su profunda pena; la lloró con gratitud por el recuerdo del cariño que había inspirado á la tía Aiiita,
con esa emoción casi maternal que experimentan las Hermanas de la Caridad hacia los enfermos á quienes asisten, y que, criaturas inconscientes ó ancianos que en cierto modo vuelven
á la infancia, han dependido por entero durante
algún tiempo de sus cuidados.
La familia se reunió una vez más en aquella
casa. Lucía puso formal empeño en que la señora de Berry se encargara de las funciones directiv:as, y ésta, después de una débil y fingida
resistencia, sucumbió á la tentación de desempeñar, siquiera fuese por brevísimo tiempo, un
papel tan en armonía con sus aficiones autoritarias, y recorrió la casa, inspeccionó todos los
servicios, registró cómodas y armarios, organizó
la fúnebre ceremonia y la comida de duelo, y,
como era inevitable, sostuvo con bravura escaramuzas que llegaron á convertirse en verdaderas batallas con la indómita Magdalena.
Lucia, discretamente apartada de todas estas
cuestiones, hubiera querido consagrarse por entero durante aquel día á pensar en su tia y á
encomendarla á Dios; pero no pudo sustraerse
á la repetición del tradicional espectáculo que ·
tan profundamente había herido sus sentimientos cuando murió Elena: el de la espléndida comida, cuidadosamente preparada, á que asistieron todos los invitados al entierro, y en la que,
ya que no estrepitosa alegría, no faltó cierta regocijada animación.
Momentos después de haberse retirado los invitados, los presuntos herederos se dispusieron
. á escuchar la lectura del testamento de la tia
Anita.
Lucía y Enrique, siempre nobles y generosos,
la esperaban c·o n tranquilidad y sin la menor impaciencia.
La señora de Berry pasaba mentalmente
revista á todos sus hijos, especialmente á
los dos mayores, cuya situación podría resolver en sentido favorable ó adverso lo consignado en aquel importante documento. Su
marido, que era el hombre más desinteresado de la tierra, temblaba ante la idea de que
su mujer sufriera un desengaño, cuyas consecuencias habría él pagado en una ú otra
forma.
Eugenia, alma de pensamientos elevados
y de acendrada caridad, sólo pensaba en los
beneficios que podría .r ecibir su piadosa
obra. Ana, que con la energía de su carácter
había desechado en absoluto quiméricas aspiraciones, y con su buen sentido práctico
empezaba •-' dar valor á las cualidades recomendables de su prometido, deseaba, tanto
por afecto como por amor propio, aportar
una dote razonable. Para Jorge se iba á ventilar un asunto que decidiría su porvenir,
pendiente hacía dos años de este suceso.
El notario empezó á buscar el testamento,
que, según todos suponían, debía estar guardado
en la mesa de despacho.
Y, en efecto, no se necesitó mucho tiempo ni
mucho trabajo para encontrar en el fondo de
uno de los cajones un pliego de papel timbrado,
doblado en cuatro partes y encerrado en un sobre lacrado, en el que se leía: Este es mi testamento.
El notario examinó rápidamente el documento, qne constaba de muy pocas lineas.
-El testamento-dij o-es de fecha muy reciente. Está otorgado el dia primero de Enero
del año actual.
Todos los individuos de la familia Berry cambiaron miradas de ansiedad.
- Lea pronto, señor notario-dij o la señora
de Berry, tomando asiento y en tono decidido.
- No hay nada peor que la duda; salgamos de
ella cuanto antes, y sepamos á qué atenernos. El testamento, cuya redacción había precedido
tan pocos días al· último ataque de la señora de
Goulven, estaba concebido en los siguientes térJD.inos:

En el día de l¡,. fecha .mi fortuna .es, próximante, de ochocientos crncuenta mil francos, en
rras.
.
ta
Es mi voluntad que cua1qm!'ra que sea es
ra á mi fallecimiento, se destme:
, 1.º Una suma de dos mil francos para que se
ebren misas por el eterno d_escanso del alma
mi marido y por e.l de 1~ mrn.
.
2 o Una suma de cien mli francos, que se d1sb~irá en partes iguales entre la Obra de las
cuelas el dinero de San Pedro y los pobres
'
.
mi parroquia.
.
3.º Un capital de veinte mil francos para m,
¡ y antigua criada Magdalena.
4.º Una suma de diez mil francos para el CO'}nto de Carmelitas donde ha profe~ado Man~
Goasmeur, pidiendo que encomienden m1
a á Dios Nuestro Seño.r.
_ .
.
,5.º Lego trescientos mil franco~ a m1 sob~rn•
cía Arte!, tanto como testimomo de gralltu~
r su carillo, como. en recuerdo de su padre, a
ien profesé espema~ afecto. _ . . ,
»El resto de mis bienes sera d1str1bmdo en
tes iguales entre mi so~rino Berry, su ':°ujer
a Arte! mi sobrina Lucia Arte!, Eugema Raau, A~elia de Goasmeur y Enrique de Goasur.»
eguían fa fecha y la firma. El documento estaajustado á todos los preceptos legales, y nahubiera podido impugnarlo fundadamente.
urante algún tiempo reinó profundo silen; el notario se complacía en observar la actide todos los presentes, leyendo.en sus rosps impresiones que en aquellos primeros mo~ntos ninguno trataba de disimular.
~ cifra de la fortuna de la tía Anita había
oducido un movimiento de satisfacción; pero
desagradable sorpresa de ver
1
a prima pobre tau ~spléndi¡nente favorecida, y la sospe~ de que tal vez había inspiao ella misma aqu.e l testa~nto determinaron un sentiento de amargura en la famil'Ílerry. Aua y Jorge miraban
\;: prima con hostilidad manita; el Sr. Berry estudiaba•
inquietud el rostro de su
jer, y ésta, trémula y despuesta, trataba de recobrar
habitual tranquilidad y el
·nio de si misma antes de
nunciar una palabra.
nrique observaba á Lucía
mezcla de satisfacción y de
iedad, mientras la joven,
fundamente emocionada,
ecia esperar que hablaran
demás.
ugenia fué la primera que,
ntándose de su asiento, se
gió á Lucía y la tendió la

4,-Blusa drapeada.

Núm. 4.- De tafetán escocés, guarnecida alrededor
con bieses de pana de tono más obscuro y de 1 ½cen•
tímetros de ancho. Los delanteros y la espalda .se disponen formando tablas y se cruzan ligeramente por
delante. Las mangas-pelerina están hendidas en la
parte de arriba y sujetas por patas de pana, cayendo
después sobre bullones de tul, y reduciendo su vuelo
dentro de puilo~ de guipur y bieses de pana; el escote
deja al descubierto un pechero de tul y encaje; los
puños se guarnecen al borde con volantes de encaje.

Completa la blusa un pechero alto de tul.

Núm. 5,....;... Sombrero campana de paja fina color
amarillo obscuro; la copa es baja y queda rodeada
por una guirnalda de cerezas con su correspondiente

1

o.

Te felicito muy cordialmente, querida. Essegura de que harás buen uso de esa fortuna
ha recaído en la menos favorecida de todos
otros.
u cía estrechó la mano de Eugenia, mientras
con mirada suplicante parecía invocar el
,ilio de Enrique.
Mi tía, me atrevo á afirmarlo, se alegrará,
o me alegro yo, de la parte que en la herena correspondido á usted-dijo Enrique en
algo enigmático, y sin darse, al parecer
ta de la suplicante mirada de Lucía.
'
señora de Berry consiguió, al fin domie, y tendió á la joven su robusta ma~o.
No he de ser yo, querida, quien lamente tu
na, aunque, á decir verdad, habría deseado
er á mis hijos en una situación de inferiorirespecto á ti; pero, en fin, la tía era muy
a_ de hacer lo 9-ue ha hecho, y comprendo,
as, que tus cmdados y tus servicios mereúna recompensa.
hora reconocerás que mi madre solamen°:s°:ltó ti: interés particular al aconsejarte
.,meras a e~ll! casa-agregó Ana en tono
1vo y con r1dicula solemnidad .
cía no pudo ya contener ni el llanto ni la
nación.
e conoces muy mal Ana, y usted, tía, me
e muy mal, y me conoce muy mal todo el
e crea capaz, en la situación en que .me enr?, de ª?epta~ un legado tan considerable.
riño, ~1s cuidados, mi adhesión, mis serhan sido completamente desinteresados
avergonzaría si por ellos recibiera algun~
pensa. Yo no tomaré más que una parte
la de los otros parientes. ¡Señor notario!

que se lo ruega de ~?do corazó':' ':'na sobrina 6,
mejor dicho, una h1¡a que ha v1V1do bajo su techo que ha compartido sus penas, que conquistó
un puesto preferente en el cariño y en la ternura de Elena. ¡Tía! Mi afecto, mi gratit.ud, hasta ·
mi dignidad están en ello comprometidos. Por
nada del mundo tomaré más que lo que con
arreglo á mi parentesco me corresponde.
La señora de Berry, profundamente conmovida .ante tan nobles y elevados sentimientos,
abrazó apasionadamente á su sobrina.
-Bueno, ya hablaremos de eso ?uando pase
algún tiempo. Tu conducta es subhm~; pero la
nuestra sería indigna si nos aprovecharamos de
este primer y generoso m'?yimiento ..
-Es justo. en efecto-;-d1¡0 el not~r10,~que la
señorita de Arte! reflex10ne tranqmlamente respecto al notable cambio que podría determinar
en su porvenir el sacrificio que .....
-Su porvenir no la preocupa en estos mo •
mentos-dij o Enrique, con simpática sonrisa.Con el auxilio de Dios, lo tiene ya asegurado, y
lo tendría hace mucho tiempo, si á ello no se
hubiera opuesto obstinadamente la delicadeza ·
en que inspira todos sus actos. El prometido de
la señorita de Artel-agregó Enrique, tomando
la mano de Lucía-aprueba con orgullo y sin
restricciones ní salvedades lo que acaba de hacer
en favor de sus primos.
·
·
Lucía lloraba y reía á la vez, dichosa por haber sido, al fin. comprendida.
La señora de Berry y sus hijos permanecieron
algunos instantes dominados por la sorpresa;
después rodearon cariñosamente á la joven.
- Ya se acerca el momento de tu felicidad,
Jorge - murmuró Lucía, respondiendo al. elocuente apretón de manos de su primo.
Ana la abrazó confusa y avergonzada.
- ¡Lucía! ¡Prima querida!
¡Eres muy buena, muy buena!
¡,Hace mucho tiempo que .....?
-Si, hace mucho tiempo; pero no he querido casarme antes
que tú-contestó Lucía, con los
ojos llenos de lágrimas de felicida~ y alegría.
·
XXVII.

5.- Sombreros de primavera para 11ñorlta.

follaje: la parte de abajo del ala se adorna con lazos
de cinta de terciopelo color castaila claro.
, Núm. 5 bis.-Sombrero de paja blanca de fantasfa,
guarnecido con un drapeado de seda liberty color
blanco; delante se destaca un lazo de cinta de terciopelo.

Soy mayor de edad, y en uso de mi perfecto derecho declaro que renuncio al legado especial
que se me concede, sin que esta renuncia disminuya el agradecimiento inmenso que siempre
conservaré á la generosidad de mi excelente y
querida tía.
La expresión de misteriosa reserva de Enrique se trocó en otra de profunda satisfacción y
franca alegría.
- He aquí un sentimiento tan hermoso y tan
sublime como raro y hasta inverosímil. ¡,No es
cierto, señor notario? Pero yo á mi vez declaro
que, por mi parte, estoy completamente satisfecho de lo que, con arreglo al testamento, mecorresponde, y no acepto ninguna mejora como
consecuencia de la renuncia que ha hecho la señorita Lucíil de Arte!, y hago la misma declaración en nombre de mi tia Amelia.
-Lo que pretendes es una niñeria, querida
sobrina-dijo la señora de Berry; verdaderamente emocionada. -No se debe renunciar con
tanta facilidad á una fortuna, y, en este país al
menos, tu legado representa una verdadera fortuna. Si la manifestación poco meditada y hasta
involuntaria de mi contrariedad ha contribuido
á tu resolución, lamento muy de veras no haberme podido dominar, y á mi vez declaro que
tampoco nosotros aceptamos lo que nos ofreces.
-¡Oh, si! Usted lo aceptará, querida tia, por-

Muy pocas palabras faltan
para concluir esta historia .
Lucía, la prima pobre, había
logrado, por fin, conquistar
aquellos corazones, que, agradecidos al sacrificio que en su
obsequio había hecho, comprendieron también la abnegación y
el desinterés con que siempre
había procedido, aunque tal vez
su falta de cultura y la vulgaridad de sus ideas no alcanzaran
á apreciar en todo su valor las
delicadezas de aquel sér privilegiado.
Eugenia rehusó generosamente la parte que
le correspondía del legado de Lucía, y realizó
verdaderos milagros con su herencia.
·
Pero ni la alegría de Jorge al conducir al
altar á su prometida, ni la orgullosa satisfacción
con que entró Ana en el castillo·de Pleunien podían compararse á la felicidad de los tres dichosos seres que, unidos en la antigua casa de Langasnou, inauguraron, en la más dulce intimidad,
una vida llena de ternura, de cariño, de comunidad de aspiraciones y de nobles y elevados
idMles. Allí se rendía culto á la memoria de la tia
· Anita.
·
-Aquella anciana supo conocerte y apreciar- ·
te, y por eso es para mí doblemente grato su
recuerdo-dijo Enrique á Lucía, mientras contemplaba los rojizos reflejos del sol poniente;pero no olvides que no es á ella á quien debes
lo que te complaces en llamar la felicidad de tu ,
vida. La prima Lucía, abandonada y desconocida, fué la que conquistó mi corazón.
- Sí; tú me buscaste cuando. yo era pobre,
cuando de todos dependia, cuando todos me humillaban; pero á la generosidad de la tía Anita
debo una de mis más íntimas satisfacciones: la
de haber llegado · á ser querida y apreciada por
la familia Berry.
•
Amelia de Goasmeur interrumpió su lectura
. y sonrió dulcemente.
-En la historia de tu corta vida se registra
una noble venganza y un desprendimiento ge- · ·
neroso, y, gracias á la tíaAnita, todos reconocen
ya la delicadeza de tu corazón y las sublimidades de un alma cristiana.
FIN.

�161

LA MODA ELEGA _NTE ILU-STRADA
LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

160

de Lucía, en el que se reflejaban la resignación
y el sufrimiento.
Lucía se volvi6 involuntariamente hacia Enrique, y encontr6 sus ojos fijos en ella con intensa atención.
-He sido aquí tan feliz, y de tal manera me
ha distinguido la tía con su cariño y sus bondades, que no puedo pensar ni por un momento
en abandonarla.
.
- No agradecerá tus cuidados más que los de
cualquier otra persona-dijo la señora de Berry.
-Aunque ni me los agradezca, ni siquíera se
dé cuenta de ellos, no debo retirárselos.
-Haz lo que gustes, querida; pero te impones
una tarea demasiado penosa; aunque inconscientes, continuarán cada día más acentuadas sus
exigencias, y además Magdalena, á quien ya no
ha de refrenar la autoridad de su ama, llegará á
ser absolutamente insoportable.
- Y, sin embargo, debo quedarme aquí- repiti6 Lucía con dulzura.
La joven miró de nuevo á Enrique, en cuya
actitud claramente se adivinaba una absoluta
aprobación, pero no exenta de dolorosa contrariedad; comprendiendo cuál era el deber de Lucía, no se le ocultaba la exactitud de las observaciones de la señora de Berry.
- ¿Sabes si la tía ha adoptado en su testamento
algunas disposiciones á tu favor1-preguntó la
señora de Berry en voz baja, llevando á Lucía
al otro extremo de la habitación.
-Ni me he ocupado de ello, ni jamás he sabido nada ni nada he querido saber. Me habría
avergonzado á mis propios ojos si alguna vez
me hubiera pasado por la imaginación la idea de
que mi cariño y mis servicios pudieran ser pagaüos con dinero.
-Todo eso me parece muy bien; pero ten,
además, presente que cualesquiera que sean en
lo sucesivo tus sacrificios, la tía Anita no está
ya en situación de reconocerlos ni de modificar
sus anteriores disposiciones.
--;- Si en el estado de debilidad mental en que
la tia se.encuentra tratara de hacer un simulacro
de testamento, yo cuidaría de no estar sola con
ella.
La señora de Berry, persuadida de que tal cosa
no había de ocurrir, hizo un gesto de indiferencia y se acercó á Enrique.
-Cada vez son más raras tus visitas. ¿No irás
alguno de estos días á comer con nosotros?
- Siempre es para mí un motivo de satisfacción irá Cosquer, querida tía; pero actualmente absorbe todo mi tiempo una clientela
tal ve~ dema~iado numerosa; .además, la tía
Ameba empieza ya á poder andar, y casi
todos los días necesito acompañarla en sus
paseos.

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1

Llegó )a ~'?ra· de la salida. Enrique había
buscado mutilmente la oportunidad de cambia_r ".ºn Lucía algunas p~labras. Por fin, en
~l ultimo momento consiguió acercarse á la
¡oven.
-No puedo ni admirarme de la resolución que ha adoptado· usted ni combatir la
abnegación y la generosidad en que se inspira, y, sin embargo ..... , veo que de nuevo se
aleja mi felicidad; ya sabe usted que el matrimonio de Ana es asunto resuelto. .
-No procedería bien si abandonaraá esta
· pobre anciana-contes_tó Lucía, dirigiendo
a la cama de la .enferma una triste y cariñosa mirada.
- Y n!lll?ª• ni el más pequeño y disculpable sentimiento de ego1smo ha podido penetrar en su corazón-dijo Enrique con
acento de ternura y de orgnllo.-¡Si usted
s?piera !3Uánto la re~uerda mi hermana, mi querida y virtuosa mon¡ita! Yo creo que gracias á sus
piadosas oraciones he logrado conquistar el cariño de usted.
-Si así es, ruégnela que continúe orando
par~ que Dios me haga digna del dichoso por~
vemr que me reserva-respondió Lucía con los
ojos anegados en llanto.

..............................................
... . . . . . . . .. . .. .. . . .. .. . .. ... . . . .. . . . . . . . ... .

Aquel día comenzó un nuevo período, cuyas
contrariedades no había previsto Lucía en toda
su extensión, pero durante el cual ni desfallecieron sus energías ni rehuyó el cumplimiento
de sus penosos deberes. Por muy triste que hubiera sido hasta entonces su vida, hacíala soportable la compaliía de una anciana, algún tanto
exigente y voluntariosa, pero simpática y sociable. Ahora sólo le quedaba un cuerpo inerte que
exigía constantes cuidados; la ·parte más dulce
y atractiva de su tarea no existía ya. Era preciso
ocuparse de la enferma cual si se tratara de un

A los veinte años, el camino de la vida que
falta que recorrer parece muy largo, y un corazón generoso consiente gustoso en santificar los
primeros pasos con el voluntario sacrificio de
algunos meses de feli-Oidad.
Pero la tía Anita no sometió á larga prueba
tan generosa y sincera abnegación.
En el momento en que la familia de .Berry se
disponía á anunciar oficialmente el casamiento
de A:na, y algunos días después de haber llegado
Lucía á la mayor edad, la señora de Goulven
dejó de existir.
Lucía la lloró amargamente, sin que ningún
sentimiento mezquino, ni la más leve sombra de
idea ó esperanza interesada desvirtuaran su profunda pena; la lloró con gratitud por el recuerdo del cariño que habíli inspirado á la tía Ailita,
con esa emoción casi maternal que experimentan las Hermanas de la Caridad hacia los enfermos á quienes asisten, y que, criaturas inconscientes ó ancianos que en cierto modo vuelven
á la infancia, han dependido por entero durante
algún tiempo de sus cuidados.
La familia se reunió una vez más en aquella
casa. Lucía puso formal empeño en que la señora de Berry se encargara de las funciones directiv.as, y ésta, después de una débil y fingida
resistencia, sucumbió á la tentación de desempeñar, siquiera fuese por brevísimo tiempo, un
papel tan en armonía con sus aficiones autoritarias, y recorrió la casa, inspeccionó todos los
servicios, registró cómodas y armarios, organizó
la fúnebre ceremonia y la comida de duelo, y,
como era inevitable, sostuvo con bravura escaramuzas que llegaron á convertirse en verdaderas batallas con la indómita Magdalena.
Lucía, discretamente apartada de todas estas
cuestiones, hubiera querido consagrarse por entero durante aquel día á pensar en su tía y á
encomendarla á Dios; pero no pudo sustraerse
á la repetición del tradicional espectáculo que ·
tan profundamente había herido sus sentimientos cuando murió Elena: el de la espléndida co- ,
mida, cuídadosamente preparada, á que asistieron todos los invitados al entierro, y en la que,
ya que no estrepitosa alegría, no faltó cierta regocijada animación.
Momentos después de haberse retirado los invitados, los presuntos herederos se dispusieron
.á escuchar la lectura del testamento de la tía
Anita.
Lucía y Enrique, siempre nobles y generosos,
la esperaban con tranquilidad y sin la menor impaciencia.
La seliora de Berry pasaba mentalment,
revista á todos sus hijos, especialmente :
los dos mayores, cuya situación podría re
solver en sentido favorable ó adverso lo con
signado en aquel importante documento. S
marido, que era el hombre más desinteres,
do de la tierra, temblaba ante la idea de qt
sn mnj er sufriera un desengalio, cuyas coi
secuencias habría él pagado en una ú ot
forma.
Eugenia, alma de pensamientos elevad
y de acendrada caridad, sólo pensaba en 1
beneficios que podría .r ecibir su piad,
obra. Ana, que con la energía de su carácl
había desechado en absoluto quiméricas
pira•c iones, y con su buen sentido práct
empezaba á•dar valor á las cualidades re
mendables de su prometido, deseaba, ta
por afecto como por amor propio, apo,
una dote razonable. Para Jorge se iba á,
tilar un asunto que decidiria su porve
pendiente hacía dos años de este snces•
El notario empezó á buscar el testam,
que, según todos suponían, debía estar guar&lt;
en la mesa de despacho.
Y, en efecto, no se necesitó mucho tiem¡
mucho trabajo para encontrar en el fond
uno de los cajones un pliego de papel timb
doblado en cuatro partes y encerrado en t
bre . lacrado, en el que se leía: Este es mi

3.-Traje de tarde para señorita ó señora Joven.

Núm. 3.-De cachemir gris humo; falda-campana;

cuerpo drapeado en forma de flchú bajo el pliegue
redondo del delantero, al que adornan pequen.os gru.po~ de botones de sotana; mangas y canesú de mu-

selina de seda.

niño, y luchar con resistencias y con caprichos
que representaban las últimas manifestaciones
de una inteligencia casi muerta.
Como la señora de Berry había previsto, Magdalena, á quien ya no se imponía la autoridad
de la tía Anita, daba rienda suelta á su carácter
siempre a¡:i-esivo, y la pena sincera y profunda
que experimentaba por la enfermedad de su antigua ama se traducía en incesantes é injustificadas recriminaciones.
L~cía sufría cruelmente, y, sin embargo, la seguridad de que estaba prestando servicios útiles y caritativos le servía de eficaz consuelo.
Además, las frecuentes cartas de Amelia de·Goasmeur y las visitas raras, pero de inapreciable
valor, de Enrique reanimaban sus fuerzas.

mento.,

El notario examinó rápidamente el dom
to, que constaba de muy pocas líneas.
-El testamento-dijo-es de fecha m•
ciente. Está otorgado el día primero de
del año actual.
Todos los individuos de la familia Berr
biaron miradas de ansiedad.
- Lea pronto, seij.or notario-dijo la
de Berry, tomando asiento y en tono de
-No hay nada peor que la duda; salga
ella cuanto antes, y sepamos á qué ate
. El testamento, cuya redacción había pr
tan pocos días al- último ataque de la s,
Gonlven, estaba concebido en los siguie:
:µiinos:
·

«En el día de la fecha mi fortuna .es, próxima. mente, de ochocientos cincuenta mil francos, en
tierras.
.
sea esta
»Es mi voluntad que cua1qm~ra que
cifra á mi fallecimiento' se destme:
1 º Una suma de dos mil francos para que se
ceiebren misas por el eterno d_escanso del alma
de mi marido y por el de la mia.
.
»2.º Una suma de cien mil francos, que se dis·tribuirá en partes iguales entre la Obra de las
Escuelas, el dinero de San Pedro Y los pobres
de mi parroquia.
.
, 3.º Un capital de veinte mil francos para m,
fiel y antigua criada Magdalena.
»4.º Una suma de diez mil francos para el co~vento de Carmelitas donde ha profesado Man~
de Goasmenr, pidiend~ que encomienden mi
alma á Dios Nuestro Senor.
• .
.
»5.º Lego trescientos mil franco~ a m1 sob~1na
Lucía Arte!, tanto como testimomo de gratitu~
por su car\ño, como. en recuerdo de su padre, a
quien profesé especia~ afecto. • . . ,
»El resto de mis bienes sera distribmdo .en
partes iguales entre mi sobrino Berry, su ~u¡er
Ana Arte!, mi sobrina Lucía Arte!! Eugema Ramean, Amelia de Goasmeur y Enrique de Goasmeur.»
Seguían fa fecha y la firma. El documento estaba ajustado á todos los preceptos legales, y nadie hubiera podido impugnarlo fundadamente.
Durante algún tiempo reinó profundo silencio; el notario se complacía en observar la actitud de todos los presentes, leyendo.en sus rostros impresiones que en aquellos primeros momentos nin.,uno trataba de disimular.
La cifra de la fortuna de la tía Anita había
producido un movimiento de satisfacción; pero
la desagradable sorpresa de ver
á la prima pobre tan espléndidamente favorecida, y la sospecha de que tal vez había inspirado ella misma aqu_el testamento determinaron un sentimiento de amargura en la familia Berry. Ana y Jorge miraban
á su prima con hostilidad manifiesta; el Sr. Berry estudiab•
con inquietud el rostro de su
mujer, y ésta, trémula y descompuesta, trataba de recobrar
su habitual tranquilidad y el
dominio de sí misma antes de
pronunciar una palabra.
Enrique observaba á Lucía
con mezcla de satisfacción y de
ansiedad, mientras la joven,
profundamente emocionada,
parecía esperar que hablaran
los demás.
Eugenia fué la primera que,
levantándose de su asiento, se
dirigió á Lucía y la tendió la
mano.
-Te felicito muy cordialmente, querida. Estoy segura de que harás buen uso de esa fortuna
que ha recaído en la menos favorecida de todos
nosotros.
Lucía éstrechó la mano de Eugenia, mientras
que con mirada suplicante parecía invocar el
auxilio de Enrique.
-Mi tía, me atrevo á afirmarlo, se alegrará,
como me alegro yo, de la parte que en la herencia ha correspondido á usted-dijo Enrique en
tono algo enigmático, y sin darse, al parecer,
cuenta de la suplicante mirada de Lucía.
La señora de Berry consiguió, al fin, dominarse, y tendió á la joven su robusta mano.
-No he de ser yo, querida, quien lamente tu
Jortuna, aunque, á decir verdad, habría deseado
no verá mis hijos en una situación de inferioridad respecto li. ti; pero, en fin, la tía era muy
duelia de hacer lo que ha hecho, y comprendo,
además, que tus cuidados y tus servicios merecían una recompensa.
-Ahora reconocerás que mi madre solamente consultó tu interés particular al aconsejarte
que vinieras á esta casa-agregó Ana en tono
agresivo y con ridícula solemnidad .
Lucía no pudo ya contener ni el llanto ni la
indignación.
· -Me conoces muy mal Ana, y usted, tía, me
conoce muy mal, y me conoce muy mal todo el
que me crea capaz, en la situación en que me encuentro, de aceptar un legado tan considerable.
Mi cariño, mis cuidados, mi adhesión mis servicios han sido completamente desinteresados
y me avergonzaría si por ellos recibiera algun~
recompensa. Yo no tomaré más que una parte
igual li. la de los otros pa;ientes. ¡Señor notario!

4,-Blusa drapeada.

Núm. 4.- :be tafetán eScocés, guarnecida alrededor
con bieses de pana de tono más obscuro y de 1 ½cen•
tfmetros de ancho. Los delanteros y la espa1da .se disponen formando tablas y se cruzan ligeramente por
delante. Las mangas-pelerina están hendidas en la
parte de arriba y sujetas por patas de pana, cayendo
después sobre bullones de tul, y reduciendo su vuelo
dentro de pui1oij de guipur y bieses de pana; el escote
deja al descubierto un pechero de tul y encaje; los
puilos se guarnecen al borde con volantes de encaje.

Completa la blusa un pechero alto de tul.

Núm. 5,-=- Sombrero campana de paja fina color
amarillo obscuro; la copa es baja y queda rodeada
por una guirnalda de cerezas con su correspondiente

que se lo ruega de todo corazón una sobrina 6,
mejor dicho una hija que ha vivido bajo su techo que ha ~ompartido sus penas, que éonquístó
un puesto preferent~ en el carif!o yª':' la ternn- .
ra de Elena. ¡Tía! Mi afecto, m1 gratitud, hasta
mi dignidad están en ello comprometidos. Por
nada del mundo tomaré más que lo que con
arreglo á mi parentesco me corresponde.
La seliora de Berry, profundamente conmovida .ante tan nobles y elevados sentimientos,
abrazó apasionadamente á su sobrina.
-Bueno ya hablaremos de eso cuando pase
algún tiempo. Tu conducta es sublime; pero la
nuestra seria indigna si nos .ap~ovecháramos de
este primer y generoso movimiento.
-Es justo, en efecto-dijo el notario,-que la
señorita de Artel reflexione tranquilamente respecto al notable cambio que podría determinar
en su porvenir el sacrificio que.....
.
-Su porvenir no la preocupa en estos momentos-dij o Enrique, con simpática sonrisa.Con el auxilio de Dios, lo tiene ya asegurado, y
lo tendria hace mucho tiempo, si á ello no se
hubiera opuesto obstinadamente la deli?adeza ·
en que inspira todos sus actos. El prometido de
la señorita de Artel-agregó Enrique, tomando
la mano de Lucía-aprueba con orgullo y sin
restricciones ni salvedades lo que acaba de hacer
en favor de sus primos.
·
·
Lucía lloraba y reía á la vez, dichosa por haber sido, al fin, comprendida.
La señora de Berry y sus hijos permanecieron
algunos instantes dominados por la sorpresa;
después rodearon cariñosamente á la joven.
-Ya se acerca el momento de tu felicidad,
Jorge - murmnr6 Lucía, respondiendo al. elocuente apretón de manos de su primo.
Ana la abrazó confusa y averg-onzada.
- ¡Lucía! ¡Prima querida!
¡Eres muy buena, muy buena!
¿Hace mucho tiempo que .....?
-Sí, hace mucho tiempo; pero no he querido casarme antes
que tú-contestó Lucía, con los
ojos llenos de lágrimas de felicidad y alegria.
·
XXVII.

5.-Sombreroa de primavera para señorita.

follaje: la parte de abajo del ala se adorna con lazos
de cinta de terciopelo color castaña claro.
. Núm. 5 bis.-Sombrero de paja blanca de fantasía,
guarnecido con un drapeado de seda liberty color
blanco¡ delante se destaca un lazo de cinta de terciopelo.

Soy mayor de edad, y en uso de mi perfecto derecho declaro que renuncio al legado especial
que se me concede, sin que esta renuncia disminuya el agradecimiento inmenso que siempre
conservaré á la generosidad de mi excelente y
querida tía.
La expresión de misteriosa reserva de Enrique se trocó en otra de profunda satisfacción y
franca alegría.
-He aquí un sentimiento tan hermoso y tan
sublime como.raro y hasta inverosímil. ¿No es
cierto, señor notario? Pero yo á mi vez declaro
que, por mi parte, estoy completamente satisfecho de lo que, con arreglo al testamento, mecorresponde, y no acepto ninguna mejora como
consecuencia de la renuncia que ha hecho la seliorita Lucía de Arte!, y hago la misma declaración en nombre de mi tía Amelia.
-Lo que pretendes es una niñería, querida
sobrina-dijo la señora de Berry, verdaderamente emocionada. - No se debe renunciar con
tanta facilidad á una fortuna, y, en este país al
menos, tu legado representa una verdadera fortuna. Si la manifestación poco meditada y hasta
involuntaria de mi contrariedad ha contribuido
á tu resolución, lamento muy de veras no haberme podido dominar, y á mi vez declaro que
tampoco nosotros aceptamos lo que nos ofreces.
-¡Oh, si! Usted lo aceptará, querida tía, por-

Muy pocas palabras faltan
para concluir esta historia.
Lucía, la prima pobre, había
logrado, por fin, conquistar
aquellos corazones, que, agradecidos al sacrificio que en su
obseqniohabíahecho,comprendieron también la abnegación y
el desinterés con que siempre
había procedido, aunque tal vez
su falta de cultura y la vulgaridad de sus ideas no alcanzaran
á apreciar en todo su valor las
delicadezas de aquel sér privilegiado.
Eugenia rehusó generosamente la parte que
le correspondía del legado de Lucia, y realizó
verdaderos milagros con su herencia .
Pero ni la alegría de Jorge al conducir al
altar á su prometida, ni la orgullosa satisfacción
con que entró Ana en el castillo·de Pleunien podían compararse á la felicidad de los tres dichosos seres que, unidos en la antigua casa de Langasnou, inauguraron, en la más dulce intimidad,
una vida llena de ternura, de cariña, de comunidad de aspiraciones y de nobles y elevados
ideales. Allí se rendia culto á la memoria de la tía
Anita.
·
-Aquella anciana supo conocerte y apreciar- ·
te, y por eso es para mí doblemente grato su
recuerdo-dijo Enrique á Lucía, mientras contemplaba los rojizos reflejos del sol poniente;pero no olvides que no es á ella á quien debes
lo que te complaces en llamar la felicidad de tu vida. La prima Lucía, abandonada y desconocida, fué la que conquistó mi corazón.
-Sí; tú me buscaste cuando. yo era pobre,
cuando de todos dependía, cuando todos me humillaban; pero á la generosidad de la tía Anita
debo una de mis más íntimas satisfacciones: la
de haber ll~¡!ado á ser querida y apreciada por
la familia Berry. ·
·
Amelia de Goasmeur interrumpió su lectura
y sonrió dulcemente.
-En la historia de tu corta vida se registra
una noble venganza y un desprendimiento ge- · ·
. neroso, y, gracias á la tíaAnita, todos reconocen
ya la delicadeza de tu corazón y las sublimidades de un alma cristiana.
FIN.

�162

' ,1,fjf. ',7)

~

163

LA MODA ELEGANTE !LUSTRADA

LA MODA ELEGAN'l'E ILUSTRADA
Núm. 9.-Estemodelo es de paja de arroz negra, forrada con paja crema; el casco está formado por una
boina de tul: la guarnición se reduce á un gran pájaro del paraíso.
Núm.10.-Esta lujosa blusa, forrada con semiseda
es de guipur de Irlanda, compuesta de flores de gra:r:.
relieve sobre fondo de piquillos y mallas al aire· los
contornos se guarnecen con e~caje estrecho; la Parte
que ·forma cuello-estola se ribetea con encaje más
ancho, y sirve de marco á un crespón de guipur y seda
b?rdada; ésta se emplea también en la ejecución del
cinturón drapeado. Los pequeños faroles de las mángas de muselina están cubier.tos por volantes plissés
de muselina, y reducen su vuelo dentro de pui'ios de
se~a bordada; se guarnecen con un gran entredós de
gmpur.
·
Núm. 11.-La hechura de este traje se presta á que
sea ejecutado de lana ó de cualquiera otra tela lavable: nuestro modelo es de tennis con rayas blancas y
azules; el cuello y las bocamangas, de satinete blanco, se guarnecen con sovtache azul y con bieses de satinete azul. Los delanteros de la blusa se disponen for-

.~

@í

%

mando plieguecitos; se cierra por delante bajo un plie•
gue hueco, reproducido tambi~n en la espalda_; la p~rte
inferior de la blusa queda su1eta por una cmturilla,
cubierta, á su vez, baJo un cinturón de _tela de 5 centímetros de ancho; la corbata, de satmE:te azul, i:;e
anuda formando lazo marinero. El pantalon recto se
adorna por abajo con un grupo de botones.
Materiales: 3 m. de lana, de 80 cm. de anc~o; 25 centfmetros de satinete blanco¡ 25 cm. de satmete a~ul,
de so cm. de ancho cada una, y 4 m. de soutaqie,.
Núm. 12,-De lana escocesa azul y gris. Este modelo
es muy propio para sen.oras algo gruesas. La falda,
sobre forro de tafetán, mide 4,50 ro. de ancho. en la
parte inferior; se dispone formando cuatro phe~ues
huecos, que se pespuntean en unos 70 cm. de longitud;
el-borde inferior se guarnece con un grup~ de pespuntes. El «bolero&gt;,.corto y adornado por abaJO con un
bies de lanaplissé, termina en~ cuello-sol~pa, al que
realzan unas sardinetas con vivos de terc1opelo, en
las que se destacan botones; los delanteros se abre?sobre un chaleco de paño blanco, adornado con apbcaciones de terciopelo azul: completa el «bolero&gt; un

9,-Sombrero para 1eilora Joven.
7.-Tooa para señora Joven.

peto de encaje, sujeto por un cinturón de terciopelo drapeado. Mangas semilargas, que
concluyen por dos volantes superpuestos,
que se montan valiéndose de unos puñitos
guarnecidos con una pata.
Materiales: 6,75 m. de tela y 20 cm. de paño
blanco, de 1,20 m. de ancho cada uno, y 1
metro de terciopelo.
Núm, 13.-Falda-justillo de paño fino negro;
blusa de encaje crudo sobre muselina de seda
blanca; berta de guipur antiguo negro, rodeada de un bies de moaré negro ; chaleco
de entredós de Irlanda apoyado en un diminuto drapeado de tul negro.
Núm. 14.-De pailo amazona azul sevres; se
adorna con estrechos bieses de tafetán unidos por medio de calados de cordoncillo.
Núm. 15. - La hechura de este modelo se
presta á ser adoptada para un guardapolvo,

Núm. 7.-De paja ligera color verde esme-

ralda: se guarnece con tafetán tornasol verde y lila, que forma cocas, y se drapea alrededor del casco; Ja parte de delante se adorna con una gran hebilla de acero.
~tm. 8. - Traje de lana de fantasía, guarnecido con bieses de tela de 4 cm. de ancho.
La falda es redonda y se dispone formando
delante dos pliegues huecos; en los pailos de
los costados se superponen dos pliegues postizos. El traje se adorna con bieses, en los
que se destacan botones de tela. El cuerpo
tiene hechura de blusa y se corta con unas
sisas sumamente grandes; la tela se dispone
formando pliegues hasta el talle; los delanteros se abren sobre una camiseta de hilo y
se guarnecen con botones; rodea al escote un
bies, que adorna también la parte alta de las
mangas. Cinturón de terciopelo.

~:

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U.-TraJe de 1port para niño de II á 13 año1.

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1

1

Núm. 6.-Esta blusa,de louú'ineverde agua
forma delante un gran pliegue hueco y s~
dispone á cada lado en dos pliegues pespunteados en un largo de 25 cm.; éstos se repro•
ducen también en la espalda. El cuello recto
de encaje se corta en punta y se coloca sobre
el pliegue hueco: completan la ~uarnición
dos cafdas de encaje que pasan a través de
ojales festoneados. Las mangas están fruncidas y se disponen formando un gran pliegue hueco que se prolonga sobre los hombros hasta el cuello; el bajo de las mangas
se guarnece al borde con encaje.
Materiales: 4,50 ro. de louisine; 60 cm. de
encaje para el cuello; 60 cm. de encaje, de
35 cm. de ancho, y 2 m. de 3 cm.

~:

·'

13.-Tollette de tarde para 11ñora Joven 6 de alguna edad,

14,-TraJe de primavera.

15,-lmpermeable 6 guardapolvo

16,-TraJe para niña de 9 á II años.

caso en el cual éste se hará de hilo ó de tus·
sor. Si lo que se desea es un abrigo para lluvias, se hará de lana ó seda gris impermeabilizada. La falda se dispone formando un
pliegue hueco (véase el croquis), sujeto en
el talle por medio de un cinturón cruzado.
El abrigo se monta sobre un canesú, ador·
nado con patas pespunteadas; el cuello está
recubierto de seda pékinée, y los delanteros
se adornan con patas pespunteadas.
Materiales: 4 m. de tela, de 1,30 m. de ancho, y 20 cm. de seda.
Nim. 16.-Este traje, de vuela blanca so•
bre viso, se guarnece con bieses de seda y
con encaje de Valenciennes; se frunce la falda en el talle y se adorna alrededor con va-

�164

LA

MODA

ELEGAN'rE

ILUSTRADA

rias
líneas de pespuntes; después se col
terminados
monta en el ~or valenciennes fruncidiº';:1 los bieses
da. El cuerpo ui::;po bajo el cinturón da' se~ falda se
en lila parte i:dfer!~ f~unecido y con hechuraªd~r~fuea01.,e o recto de
• . monta sobre un
• sa

Núm.
rado
· se20.-Falda
ad
Ymangas de fa
·
c_as. El bora";J! :on soutache de 8~~:ºJ?~ ~astaña dotl.l'antes. Berta L:i:~ sobre el cuer;o uiand? grede encaje de Al
, de Venecia
• a gmsa de
. ci_opelo realzad:;~on gua~necido con ~r'¡;,camisolfn
bies de terciopelo ~rolmed10
somach,n d eies
or azul de
desvahfd
orodeyterun

~;~

~::~?lf~~~~::f

;s;;t~:.~i~:•i,,1i~~1ai~t1~::r~
para los_puños d! f.ªra la tira que rodea' e{sg¡s1c~on
40Materiales: 2,50 ros ':f!ngat que son2 semilar;:;u y
s ;;.~ed:n~!J!~sta,
anc.ho¡
· de ·60 c;,~~."ai:h~'.' mm.· dde
eseda,y

Núm. 21.-Este c 11
o.
muselina de sed ue_ ? recto se com o
.
guarnece con af • unidos por medfu ~•debieses de
dos piezas de !u~~!ª ded guipur. La cas;a3alados_; se
e40delon it d· na_ e .seda,de30
areqmere
dtean con en!.j:d, ;' b1esean estas pi~m. de ancho y
de guipur· se . e alenciennes col zas Y se ribeotro bajo ~n
~¡ trozo inf¿riorocado bajo galón
Mai,eriales: 2 :Jedto en ~l cuello r!ctse drapea el
1.
ancho· 3
d '
· e galon d
tímet~os i:u:~t1:,dde
1 ½0 ; .
~~~hge
Oe
e seda.
, Y2 4cm.
O cen-

g

~¡~·ta!~·

1 Núm. 17,-Sombrero de .
.1
d':.fi~t
_de tercY~i!fon;r1~ i~sris. Rodean
breada
ras se coloca un 1
uro i se o.n' que cae por detrás sobre p urna ~ris somNúm 18 S
e cubrepemeta.
· .• color b ·
con cinta
p ombrerO d e crin
la cinta q,:'em~agour y manojos de
S( guarnece
vuelve á los lad~s ªba¡~~ calsclo forma
~osa;
azo.
e a a y termina p or un gran
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22.-De paño mglés
.
N'um.realzad
tonos
rayasvf;Jses
.
compuesta
deº por algunos áhilos
de distintos
Paletó corto b~~¿ued~s pafios con plfe musgo. Falda
verde
solapall:~lrº~tizos.
. musg¿, Chafeª:o ~ená?ar
piquéy blanco.
c10pelo

19.-El
se Núm.
ribetea
con ala .d e este sombrero d
.
de abajo se cu;º bies de terciopelo de;0 pa¡a
0
blanca,
la que se prend~•
!"us~Iina de seda r; 1~ parte
blancas. La parÍeada 1zq1!1erda, un manojun;ida, en
nwhe de muselina e encima está adornadº e rosas
nos desvanecidos · y con un pájaro del Paraªrscodn
una
o eto-

P?

1f!"'ª
si

"--

·-

Num. 23.-E 8t e t ra¡e,
.
blanca
lana !1• de tela de algod. ·
, se guarnece eu eldeba.
JO y en el cane su- con un1
on

~,I:
25,-Btusa de tul.

23,-Traje para niña de 3 á 5 a-nos.

17 y 18.- Sombreros elegantlB para señorita ó aeñora Joven.

27.-Sombrero para primavera.
26--Sombrero para primavera.

bordado
,le
dos tohecho ª• punto de cm
hotones d~º~;i!!/rfje se abroch:º,;;r~godón pe~Iado
con un doblad" . as mangas se
s por medio de
tros de distan;f!º' por cima del c~fne¡en al borde
Materiales: 2 'sde forma una ¡·aret ' y 2 centfmem. e tela d 80
a.
Núm. 24.-Este
' e centímetros de ancho.
ral, tiene 1
sombrero de .
alta; se g:.::e~!mamente peqiie~:s en su color natumarchita, el cuai°ºndun drapeado de
bastante
manera qu f
ro ea la co
t • ~ color rosa
lado izquie;dir:r lazos que 1~!:.lt!" ª dispuesto de
brero se prende e dala. En este mis.:' ) sostengan el
de el castaño hant
s alas
ad_o del soms ao_
el
rosa.de fantasfa
• omatiza4as
des-

de
monuez·
col ' se guarnece con un dra
tizadasº:/d~f ~na serie de plm~,.!!d~ie ~ni ~•! misN,
m os tonos del verde 'metillamco, maf um. 28.-De moar·
co.
ª1antasía; cuello, solape~s•ygrbo guarnecido con trencill
nea y mo are- negro realzado
ocamangas, de tela de hilo
as
b
con soutache.

DESDE MI CELD·A

~~~pa

19,-Sombrero de primavera.

Núm. cubierta
25 ....:..La cbiusa, de tafetán blan
mente
.
entredoses de ?n tul fino bordado co, está totaltredoses de m gu1pn.r; se dispone el't gfarnecido con
abrocha en la anera que forme plie u entre los enlantero tiene u!ªpr.t e de atrás bajo ~;s, Í" la blusa se
ordado y seg equeño canesú de
p ,egue; el deb
m~tivo de ni aarnece con un gran
111tlarg
p~r. Las mangas , sez· · as , gtermma
:e~&amp;, que se adorn!~por volantes
s Y guipur.
con entredo.lfaleriales· 4 50
m~tros de e~tr~d __m. de tul; 4,75
gu1pur.
os, y 3 motivos de

Nú11, 26
S
iz canoti~-deºTobr~ro
de maña" 1asson color
a nueva, de
dos grandes plu castaña dorada.
ven de adorno. mas-~uchillo le sir:

~ 8

20.-Elegante
, . Joven.
· tollette para Hnora

...

21.-Cuello con chorro

22.-Traje de call~.

~ú■.
27.-Somb
paJa
fina
y flexibrero elegante, de
e color cáscara

CARTAS . DE LONDRES.

tui::

Rosemary e0 tt age, Kensington.
London w

Os ha gustado el des

·
vtrd~d, leotora?:~:i• leche de Londres,
s, amando un pa é 1· .
os voy á convidar á
r n es1s un tanto lar
hace un dia deliof~:o
t~rde, en vista gd~
s un saseo por el ca
primavera, nos de

~~

8J!ª

t\til~.!i~ tT~~=i~\;!~:~~r::ii:o!rl~r:::i
Hl

flnai8 que '\:'abamos de visit~~ e
despacho d~
de l¿s ~~~ao':[• en nuestra visita d~ª?'ºs pu!1to
y
nes; vamos á
mspecc1ón
sta1fo:l ,rrimer tren que .:!!ªd! toma~ el lunch,
vám ( ua de las varias esta .
Charmg-Cross
onos á Kent.
c10nes de Londres)
En un monte de
•
h~lla la Dairy Farm (~te hermoso condad
n~mero 1, de los inflnit~anja Lechera). El rá~iJ~
8
mmutos, todo lo á
que salen (cada
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c¡aErltoEsscorial.
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cli~t!re'!),
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ui~~n::
. ncia como de Ma-

t~1

~º~ª,!:r

�166

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

Nos bajamos en un apeadero, pues la Gr~nja modelo de limpieza, y donde las gallinas se
se halla en pleno campo, y ¡qué campo, amigas cuentan por cientos; nos dan permiso para que
mías! ¿Os figuráis todas las bellezas de Galicia y cojamos para la merienda huevos recién puesde las Provincias Vascongadas reunidas en un tos, y calentitos, calentitos los sacamos de los
solo cuadro? Ahí tenéis el que se presenta á nidales. Visitamos los hornos donde se ha cocido
nuestros ojos.
el rico pan moreno, del cual hemos de comer; la
Praderas verdes, cuya frescura parece et~rna; mantequilla también nos la ofrecen de la recién
las violetas pueden segarse; bosques de pmos, hecha.
arbustos en flor, y en medio de este fondo de
Depositamos todas estas provisiones en una
luz, de oxígeno y alegría, hermosas y enormes mesa que nos han puesto en medio de la pradevacas suizas y holandesas, mezcladas con las pe- ra: una muchacha viene con una fuente de bequeñas de raza Jersey, cuya cantidad y calidad rros recién cogidos, un gran tarro de mermede leche tiene fama, pastando á sus anchas. Al lada de grosella negra (¡superior!), y nos sentamirarlas tan cuidadas, tan cepilladas, tan lim- mos á untar rebanadas de mantequilla mientras
pias, no puede uno menos de exclamar: «¡Lo que nos traen el té, la leche, la nata y los huevos pahay que ser es vaca en Inglaterra!.. ... »
sados por agua.
·Entramos en la Dairy. El encargado de ella, á
¿En qué consiste que en el campo se abre
quien hemos anunciado nuestra visita por telé- tanto el apetito? Somos muchas y todas devorafono, sale á recibirnos y nos hace con exquisita mos, verdad que el té está exquisito; en todas
finura los honores de la finca. No es un pobre parles se toma buen té aquí. El pan moreno, la
pasiego inculto y escaso de aseo el que dirige mantequilla y los berros forman nna trinidad
esta Granja; es, por su aspecto, sns modales, sn deliciosa, y las rebanadas de pan, mantequilla y
cultura, todo nn caballero. Entiende á la per- black current jam (jalea de groselJa negra) otra
fección, porque ha · hecho estudios sobre el par- deliciosa combinación. Y para que la fiesta sea
ticular, todas y cada una de las cosas que trae completa, tenemos su miajita de concierto y
entre manos, y está poseído, como todos sus todo. Cuando estamos acabando nuestra merienpaisanos, de que la limpieza y la higiene son, no da, entran en la Granja unos aldeanos escoceses:
digo ya media vida, sino la vida entera. Daspués un padre aun joven y dos hijos, chico y chica,
de cambiados los saludos de ordenanza y de de doce y diez afias, respectivamente. Son highpreguntarnos si deseamos tomar el té antes de landers (de las montañas del Norte de Escocia)
visitar la Granja, á cuya pregunta contestamos y van vestidos á usanza del país, con sus faldas
á coro que después, pasamos, precedidas de él, plegadas. Aquí no se pide limosna: éstos, qne
á las cuadras. ¡Estas son cuadras!... ..
son pobres, se limitan á preguntarnos si quereLos pesebres numerados y con el nombre de mos que toquen y bailen.
.
cada vaca; el pienso tan bien servido, que está
-¡Ya lo creo!-contesto yo, orgullosa de que
diciendo ,comedme&gt; (á las vacas les dice esto, forméis una idea de lo que es la música y el
se entiende); el agua que han de beber filtrada y baile de aquella tierra, para mí querida, puesto
esterilizada; la paja en que han de echarse se que es la de los ascendientes de mi marido. Emmuda todos los días. Los animalitos parecen te- pieza el buen hombre á tocar su pipe (especie de
ner cuerpo glorioso, pues ni una basura se ve en gaita gallega), y de elJa saca una música triste,
el suelo; tal es el cuidado con que el stable boy plañidera y extraña, que el que no está jecho á
( muchacho de cuadra) aparece á limpiar todo des- ella califica de desafinada y salvaje, pero que es
cuido. Las cadenas y herrajes brillantes de lim- hermosa y llena de poesía cuando el oído la copieza; no huele á nada más que á limpio, á fres- noce de tiempo. La música escocesa es como la
co, á campo. ¡Por todas partes ventanas, aire de Wagner; al principio no se digiere bien, y
puro, luz!.. ...
luego encanta. Los chicos bailan un reel y otro
Nosotras, extasiadas, acariciando á las vacas, y otro, y luego la danza de las espadas, que conespecialmente á las marcadas Nursery, que son siste en formar con éstas una cruz en el suelo y
las amas de cria de estos niños ingleses, tan her- hacer figuras entre elJas sin moverlas. Le pido
mosos, tan robustos, tan sanos, que parecen án- á la chica que cante nn cántico de sns montes, y
geles bajados del cielo. Estas ama, no piden entona en su dialecto unas estrofas, en las cuasueldo, ni trajes, ni pendientes, ni collares, ni les debe decir cosas muy buenas, que siento no
propinas: se dejan fregar todos los días, no se poderos traducir, pues no entiendo una palabra.
pelean con las criadas, ni traen ni llevan cuen- Este dialecto es por ahí, por ahí, como el vastos, ni faltan al respeto al señorito ni á la señorita, cuence: dicen que el diablo estuvo en las Pro¡que purgan todos sus pecados durante la lactan- vincias siete años y sólo aprendió á decir etecacia del nene! Cuidadas y tranquilas en su her- rrikasco ('l'racias). No cuentan las crónicas el
mosa misión, á diario mandan su leche para criar tiempo que su merced infernal pasó en los
los niños que hoy son el orgullo de sus madres Highlands, pero supongo que saldría con el rabo
y mañana serán el orgullo de una nación .....
entre piernas y más corrido que una mona.
Cuando estoy en lo más sublime de mi orato- ¡Cualquiera entiende aquella jerga! Sostienen
ria fin de siglo; cuando ).!le estáis escuchando, ri- los escoceses, como los vascongados, que su
suellas las solteras, con?novidas las casadas que lengua es la primera que se habló en la tierra,
tenéis ama, suena una campana ..... ¿Es Canalejas y en la que echaban sus parraflllos Adán y Eva.
que me llama al orden? No: aunque lo merezco Mucho sostener es, pero no tengo el menor empor lo muchísimo que hablo, no estoy en el Con'. peño en contradecirlos.
groso ..... y lo siento, os digo la verdad, porque
Obsequiamos á los highlanders con unas moallí no vamos faltando ya más que nosotras para nedas y los restos del té, volvemos á los estaque sea verdad la copla que dice:
blos, donde están ya instaladas (y tomando también
su té) las vacas y terneritas. Nos despedimos
Cuatrocientas mujeres,
de ellas con unas caricias, y salimos encantadas,
Quinientos loros,
y, ¡sin embargo, suspiramos! Nuestros suspiros
Arman un alboroto
llegan á Madrid; allí se detienen y ..... ¡allí se
De mil demonios.
quedan! .....
La campana que suena nos anuncia que van á
Está la tarde tan hermosa que nos da pena toordeñar. También esta operación es digna de mar el tren.
verse. Se me olvidaba daros un par do detalles.
-¿Vamos andando hasta Chislehurst?-os proA las vacas las reconoce á diario el veterinario; pongo. Todas estáis de acuerdo: subimos una
á los mozos de cuadra, á diario también, el mé- pequefia colina, bajarnos otra vez, y allí, en un
dico.
alto, el pueblo más bonito de los pueblos: ¡lo
Se bañan estos jóvenes todos los días, para lo quiero tanto! Alli he criado á mi primer hijo, y
cual tienen en la Dairy su sala de baños; se mu- como sé que escucháis con cariño cuanto á mi
dan de ropa todos los días y van á ordeñar las vida se refiere, os voy á contar algo qne tiene
vacas vestidos de dril (que está refiido con los cierta analogía con la relación que hoy os he
microbios) con sus manos lavadas y desinfecta- hecho de las vacas.
das. Son todos jóvenes, robustos, guapos, como
Yo he sido vaca también. Entendámonos, os
son los hombres generalmente aquí: entran en voy á dar la explicación. Mi hijito había nacido
los establos á paso militar, y en grandes barreños hermoso, pero tan sumamente nervioso en su
de porcelana blanca, marcados &lt;mük», extraen temperamento que apenas dormía, y cuando llela exquisita leche que en ninguna de las cinco g-aba á hacerlo, el menor ruido le despertaba.
partes del mundo se toma como aquí ..... De allí Culpábamos de ello, y con razón, á penas por mí
nos vamos á la creamery, donde un par de doce- pasadas, pues poco antes de su venida había yo
nas de muchachas, vestidas de dril también, es- tenido la inmensa desgracia de perder un hertán unas envasando la nata, y haciendo la mante- mano queridísimo y tener á mi padre graveca otras, en máquinas especiales, en que todo es mente enfermo. Yo lloraba constantemente,
porcelana; de allí vamos al departamento de atada como me veía esperando de un momento
limpieza de vasijas, y vemos á las freganchinas, á otro á mi hijo, ¡sin poder ponerme en camino
como dicen en Andalucía, escaldando en agua para ver á mi padre 1
·
hirviendo y sosa cuantos utensilios han .de usar-Señora-me decían todos,-no llore usted;
se. Nos llevan después al gallinero, que es otro su hijo lo pagará.

167

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

Pero yo segnía sufriendo y, por lo tanto, llorando; porque algunas mujeres, y yo soy de
ésas, tenemos las lágrimas detrás de las orejas,
y porque esos consuelos de calma son más fáciles de dar que de seguir.....
Vivíamos en Londres, y me aconsejaron que
me trasladase al campo, y me fui á Chislehurst
con mi hijo y .su niñera. Como las madres primerizas, y sobre todo las madres españolas, somos tan extremosas en nuestros cuidados y cariño hacia el fruto de nuestras entrafias, er:
cuanto me instalé en The Cottage, así se llamaba
mi casita, fui á ver al médico: era un doctor habilísimo y muy entendido, pero un tanto brusco
en sus maneras.
-¿Cree usted, doctor-le pregunté tímidamente, - que mi leche puede ser perjudicial al
niño? ¡Estoy dispuesta á todo sacrificio! ¡Y Dios
sabe si lo es para una madre no criar á su hijo!
-Nonsense! (¡tontería!)- me contestó indignado.-¿Por qué ha de ser la leche de una madre,
sana y robusta como usted, perjudicial para su
hijo?..... ¿Que está usted nerviosa y el niño se
resiente? Hágase usted cargo que en estos momentos no es usted ni hija, ni hermana, ni madre siquiera. Usted, hoy por hoy, no es más que
un ama, juna vaca criando su chotito!.....

Tnve que cogerme á la mesa para no caer
en cuatro pies y embestirle, os lo aseguro, queridas lectoras.
-Como una nursery con, ( vaca lechera; lo digo
en inglés porque me suena menos bárbaro) saldrá usted al campo con su hijo desde por lamañana á las ocho, y andando .6 sentada, pasará
usted el día al aire libre.
-¿De comer, qué?
-Pues todo lo que usted apetezca y quiera,
aalvo alguna determinada cosa que le haga daño
al niño. Le repito á usted qne una mujer qne cría
no es ni más ni menos que nna vaca. (¡Gracias,
D. Bárbaro!) ¿Se priva nna vaca de hierbas y
flores? ¡Todas las come, todas le sientan bien! .....
Mi consejo le parecerá á usted un tanto áspero;
ya apreciará usted la verdad de él con el tiempo.
· Le pagué mi chelín (cinco reales), precio de la
consulta en el pueblo, y vaca, niñera y chotito
salimos de la casa del doctor poco menos que
haciendo ¡mu!..... Aquel doctor, á pesar de su
corteza áspera, era nn sabio, y ha sido y es uno
de mis buenos amigos.
Seguí sn consejo. Desde el día siguiente las
ocho de la mañana me daban en el campo, ya en
el monte, ya en la pradera. Allí pastábamos
(quiero decir, comíamos). Nurse y yo llevábamos
costura, libros, para matar las horas. Antes de
una semana Baby dormía como un ángel, sin
despertar casi más que para comer. ¡Qué hermoso
estaba, gordo y sonrosado, en su perambulator
(cochecito), que la niñera se entretenía en adornar de violetas y margaritas. Y esta pobre vaca
llevaba su pena-¡cómo no!,-pero con más calma, hasta que el Señor, en su infinita misericordia; puso á mi padre bien. Ya veis que á vuestra
Lady Belgravia le ha tocado hacer de todo en
este mundo ..... ¡Hasta pastar!.. ...
Nos paramos delante de un cottage color de
rosa, lleno de flores: ése le llamo yo siempre el
mio. No quiero tirar de la campanilla, porque si
me ven sus amos, que tanto me quieren y quieren á mis hijos, será el cuento de nunca acabar,
y deseo rezar una oración en la iglesia católica,
que está á dos pasos del cottage, y quiero que
lleguemos á Londres esta noche; 1que nosotras
cuando nos reunimos, como nos pasaba en España, perdemos toda noción del tiempo! .....
Al salir de la iglesia se detiene á la puerta de
ella un landeau elegantísimo; de él se apea una
augusta y aun bellisima dama, que me aal'!da
afectuosisimamente, y á cuyo paso me inclmo
con respeto y cariño.
-AQuién es? ¿Quién es?-preguntáis todas.
Es S. M. la emperatriz Eugenia, nuestra compatriota. Ha vivido muchos años en Chislehurst,
donde se enterró á Napoleón y á su hijo. Ahora
vive en Farnborough, y allí ha trasladado los
queridos restos de los suyos; pero ama est_a
io-lesia donde tantas veces ha llorado y ha pedid°o, y á menudo viene á orar en ella; pues Farnborough está sólo á unas millas de Chislehurst.
Tenemos que bajar á escape la colina para llegar á la estación. ~l tren de las ocho y quince
está para llegar, y aun hay tres cuartos de hora á
Charing-Cross y un cuarto de hora á Kensington. iQué dirán en mi casa? ¡Que la señora ha
huido para siempre!
1 • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • •• • • •••• • . •

•• • • • •• •

............... ............................. .

- ¿Qué te ha pasado?-me dice mi marido,
ue me espera á la puerta de la casa.
q -Pues nada- respondo sonrién~ome, -que
e be reunido con unas cuantas amigas españo:::s y hemos ido al Dairy Farm, y ya sabes, charlando charlando.....
.
-Me lo figuro sin que ·me des detalles-responde en tono de guasa,-y tú habrás llevado la
batuta.....
.
- ·Qué hombre, Dios mío, qué hombre! ¡Qué
· opinión tiene de vuestra
LADY BELGRAVIA!

feorrespon~encia particular.
MARGARITA R. P . ....!.. (.ª Pásese por la cara, después
de lavarse, un pailito mojado en
Agua de Col!m~a..... .. .. .. . . . 100 gramos.
Esencia de hmon . .. • . . . . . . . . .
5 2 a Los de arroz.-3.ª Se ponen en un cazo con baño
de i,orcelana y se les echa agua y jabón raspado, se
colocan al sol hasta que blanqueen ó se cuecen en la
lumbre. Después. se aclaran mu_y bien _Y se prenden
con alfileres sobre una 1!1-esa, bien esbrad?s, .Y pro curando sacar bien los prnos y ondas del d1buJo. Una
vez secos, se quitan.
UNA DEVOTA DEL C~N.-Tenga la bpndad ~e 1eer
la contestación dada a Narda en este mismo numero.
UNA DEVOTA DE LA VIRGEN DE LOURDES.-1." La venden en las droguerías. Se machaca y se aplica sobre
el cutis poniendo encima un pañito. -2.ª Tenga la
bondad 'cte leer la 1.ª contestación dada á ..... es para

,,.¡, en L• MODA del 6 de Febrero.-3.• Como le dije

en mi anterior contestación, no está presente en el
momento de la petición, pero deben llamarla inmediatamente después de hecha.
ELENA.-1.ª Sí, señora.-2.ª La vuela, batista y se rlas ligeras. Las telas rayadas están muy de moda.
Todos los colores claros, y sobre todo el gris.-3.ª
Los negros, sí; los de color, no, señora.-4.ª Con algo
1le cola.-5.ª El encaj~ de Irlan&lt;la.-6.• Sí, seilora.7.ª Sin ningún inconveniente.-8.ª Efectivamente, ha
decaído.
Espero haberla ·c omplacido, y me pongo con grandísimo gusto é incondicionalmente á su disposición.
PENsAMIENTOS.-Para blanquear instantáneamente
las nianos de modo brillante y duradero, la Poudre
d68 Pr6lats, de la Perfumería Exótica, de París.

. Por falta de espacio en este sitio, continúa la Co""8p0tldencia particular en la Hoja-Suplem,nt-0.

e1 puonfo

del inventpc J.

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el más vivo interés en los. lectores; el carácter
de sus personajes, perfectamente humanos, _se
mantiene con vigor en toda la obra; las descripciones son brillantes, llenas de luz y de color;
las escenas pletóricas de vida y de nfovimiento,
y el asunto por todo extremo c)]rioso y ameno.
Esta novela ha sido expresamente traducida,
con todo esmero y fidelidad, para LA MODA ELEGANTE, por nuestra distinguida colaboradora
Sylvia.

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tan conocidas de nuestras lectoras, se ajustan
maravillosamente á sus gustos é interpretan con
toda fidelidad sus sentimientos;

e1 puente
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3.-Traje para señorita.

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Lu npllcacionea en la plgina airuiente.

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            </element>
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                <text>La Moda Elegante Ilustrada. Esta revista tiene sus orígenes en 1842. Su antecedente fue un pequeño periódico femenino titulado La Moda que empezó a publicarse en Cádiz en 1841, de la mano de don Francisco Flores Arenas, escritor andaluz y periodista conservador de El Globo. Unos años más tarde, en 1849, el editor don Abelardo de Carlos Almansa compra este pequeño periódico de modas, entonces en crisis, y lo convierte en una publicación de gran éxito y con beneficios. Tuvo tanto éxito que se vendió por toda España. En 1861 cambió su formato y adoptó el nombre de La Moda elegante ilustrada y a partir de 1871 comienza a publicarse también en Madrid. La moda elegante es una de las publicaciones “femeninas” más longevas, pues continuó su larga vida hasta finales de 1927, sobreviviendo a De Carlos.</text>
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              <text>La Moda Elegante Ilustrada. Esta revista tiene sus orígenes en 1842. Su antecedente fue un pequeño periódico femenino titulado La Moda que empezó a publicarse en Cádiz en 1841, de la mano de don Francisco Flores Arenas, escritor andaluz y periodista conservador de El Globo. Unos años más tarde, en 1849, el editor don Abelardo de Carlos Almansa compra este pequeño periódico de modas, entonces en crisis, y lo convierte en una publicación de gran éxito y con beneficios. Tuvo tanto éxito que se vendió por toda España. En 1861 cambió su formato y adoptó el nombre de La Moda elegante ilustrada y a partir de 1871 comienza a publicarse también en Madrid. La moda elegante es una de las publicaciones “femeninas” más longevas, pues continuó su larga vida hasta finales de 1927, sobreviviendo a De Carlos.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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