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LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

;!llllllllllllllllllllllllll lll llllllllllll lllllllll ll lllllllll lllllll lll lllllllll lllllll lll llll lll lllllllll lllllllllll!l

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LA ILUSTRACION ESPAÑOLA
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REVISTA DE BELLAS ARTES, LITERATURA Y ACTUALIDADES

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de cada mes.

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Consta cada uno de sus números de una cubierta y diez y seis páginas, varias de ellas con selectos grabados,
debidos al lápiz y al buril de los primeros artistas.
Consecuente con su título, que es al propio tiempo su programa, La Ilustración Española y Americana reproduce, por medio del grabado, del fotograbado y de otros procedimientos modernos, los sucesos importantes del mundo entero que atraen la atención general; cuadros y esculturas notables de todas las escuelas; monumentos arquitectónicos antiguos ó modernos; retratos de los personajes de reconocida notoriedad, etc.
La sección literaria, confiada á los más distinguidos escritores, contribuye eficazmente á hacer de esta publicación una verdadera enciclopedia de nuestra época. Cuando la abundancia ó el interés de los asuntos artísticos
y de actualidad lo reclama, se distribuyen Suplemenfos, gratis para los Sres. Subscriptores.
A las personas que deseen conocer esta .publicación se les facilitan números de muestra gratis en las principales librerías y por su

ADMINISTRACIÓN: CALLE DE PRECIADOS, 46, MADRID.

1.- Toilette de tarde.

3.- Toilette para paseo.

Núm. l. - De shuntutt.g color rosa viejo de dos to•
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lla; chaleco de raso Liberty negro.
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impresores de la Real Ca.ea.
(Propied&amp;d de LA ILUSTRA.CIÓN ESl'A..~OLA Y Al(1!:R10A.NA .)

Núm. ~--De granadina verde musgo,
guarnecida con plissés e Tom•Ponce &gt; de
seda del _mis~o color; mangas y chorrera de aplicac1on de Inglaterra.

2.-Traje de Indiano.

�LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

86

87

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA
SUMARIO.

TEXTO,-Explicación de los grabados.-Revista parisiense, por V. de
Castel6.do.-El puente, continuación, novela traducidá por Sylvia.
-Desde mi celda: Cartas de Londres, por Lady Belgravia,- Co·
rre~pondencla particular, por D.ª Adela P.-Explieación del figurín duminado.-Sueltoa.-Anuncioa.
GRAB.U&gt;os.-1. Toilette de tarde.-2, Traje de Indiana.-8. Toilette
para paaeo.-4. Traje para otoño.- 5. Peinado para seilorita.-6 li
8. C~ello y corbatas.-9. Toile tte para reunionea.-10. Toilette para
com1d81!1,-11. Traje guarnecido con trencilla, propio para señorita.
-12. Traje para niña de 5 á 7 aí'i.os.-13. Traje con falda plisaée.Traje para seílorita.-16. Traje paranii'i.a de 5 ti 7 años.-16. TraJe de calle para entretiempo,-17. Traje para niila de 8 á 10 ail.os.
-18. Traj~ de hechura csastre•.-19. Chaleco de franela.-20. Traje
de paseo.-21. Traje para niña de 5 A 7 años.-22. Carrick plissée
para señorita.-23. Traje de paseo.-24.. Traje con falda-túnica de
corpiño.-25. Traje con Ievitón.-26. Traje para oasino.-27. Blusa
de concierto! ~ropia para señorita.-28. Cuellos y corbatas.29. Blusa de eohen:ne.-30. Traje de chei»otle.

!'·

parados de trecho en trecho por una línea obscura que da al traje un aspecto sobrio y permiten llevarlo en toda ocasión. Tratándose de tel~s gruesas un P?ºº pesadas, que son á propósito para l?s abrigos grandes, es preciso que la
falda sea lisa, y hasta hay quien copia enteramente e! c?rte y plegado de las prendas de hombre. El ~meo defect'? de ".Si:"s faldas es su precio
elevado, p~ro sus d1spos1c10nes son muy variadas. Es evidente que una hechura complicada
~aria á las faldas de esta clase de telas un peso
mtolerable. A lo sumo, se podrá adornarlas con
straps cortados al bies en la misma tela ó con
franjas de piel flexible, de Suecia ó de cabritilla de tono leonado, á las cuales un refinamiento de elegancia decora con pespuntes formando
grecas 6 arabescos regulares.

•

••
REVISTA PARISIENSE.

El empleo de la piel se generaliza cada vez
más; pero no deja de ser de perfecta distinción.
A ello contribuye, sin duda alguna, el no estar

SUMARIO.

tSe acaba la chaqueta semilargaf-Abrigos grandes ~o:n faldas iguales. - Los adornos de piel.- Blusas de franela. -Trajes de sa al
encarnado. - Nueva to~ma del paletó Imperio. - Las túnicas:'_
Fracs rayados y de terc1opelo.-Trajes de terciopelo.-Todavía la
lucha entre las m~ga&amp; cortas y las largas. - Encajes y pasamanerías en forma.-li_'1c/1us-tiran~s.-Adornos de faldas.- Pasamanerfas y bordados r1cos.-Senctllez y arte en la combinación.

~ ERSONAS

bi".n informadas anuncian el próximo fin del tra¡ e «sastre• de chaqueta semilarga. Las aldetas de las chaquetas llamadas Luis XV
se harán, ó m~cho ~ás )argas ó mucho más cortas. Nada de d1mens10nes medias.

donado ó un cuellecito de lienzo liso orlad
con calados, y una corbata muy ancha, forman~
do laz'? grande y chorrera, de muselina lisa
Valen~10nnes ancho. En realidad, la muselinr
sólo sirve para sostener el encaje.

•
• •
Para los días de calor que suelen sobrevenir
~l final del otoño se adoptan muy bonitos tra:
¡es de sayal encarnado, tan franco que hay quia
lo. encue'!tra demasiado crudo. La falda es d!
phegues o tablas; la chaqueta es de aldeta lisa
corta, que pasa unos tres dedos del talle; la mal.
ga es d~ hechura «sastre»; e_l cuello y las solapas
de terc10pelo negro, Jo mismo que las carter
de los puños y los botones de la chaqueta
S?n muy pequeños. Estos trajes, aunque 'mu e
vistosos, son verdaderamente elegantes.
y

q;s

•••
El paletó corto de estilo Imperio cuyo uso S&amp;
ha ext~ndido demasiado para que' no se ha a
vulgarizado algun tanto, apenas se ve de ot~o
modo que reducido á ¡¡na sencilla chaquetilla t
la que se adaptan aldetas plegadas extremadamente largas. Con frecuencia, la parte alta 119
cuaja de soutaches ó de pliegues. A veces sin embargo, se corta sin pinzas, con una sola' costura
en el hombro, y ajustada sencillamente por pliegues drapeados sobre el pecho, bajo uu lazo ¡¡80
de tafetán ó de terciopelo.

• •

I

Para los trajes de vestir se usa mucho la túnica, que da ocasión á nuevos efectos de las telas
rayadas.
Sirva de ejemplo el traje de la figura 4 de
lana gris_ ratón, con frac de lana rayada en' do&amp;
tonos grises, adornada con pafio gris liso bor•
dado con soutache.

• •
Y )a última palabra, para el regreso en automóv1\ después de una cacería, y también para
el tra¡ e de calle, de poco vestir, muy de otoño ó

•••

La combinación de telas es aquí bien clara y
se asegura que este será uno de los caracte;es

Fig. 2.

Fig. 1.

de invierno, se~á, seguramente, el gran abri 0
de_ forma ampli~, con una falda sencilla de 1a
m1~ma tela. Seran muy á propósito para estos
tra¡es l~~ hom~pun barreados y flexibles de
tonos ro¡1zos ó mruela, caramelo, corteza de casta~a, etc., y los chev~ottes de cuadros verdes
grises muy desvanecidos, bastante claros y sl..

al alcance de todo el mundo la adopción de esos
chalecos delicadamente bordados: unos en matices claros, como arena ó tilo sobre Suecia blanca; otros con hilos de oro de plata ó de acero
formando enrejado. Algu~os grandes modisto~
han adoptado la piel-terciopelo, que es un cuero
prep~ado de tal manera que toma un tono
aterctopelado y mate, como de pastel. Con esa
piel hace~ chalecos, cuellos, carteras y hasta est?las, ap)rnadas _sobre un abrigo de vestir. La
p1el-te~ciopelo tiene la buena cualidad de teñirse adm1ra~le!llente en todos los colores. Se borda con d1bu¡os de gran relieve y sedas lasas
gruesas. Pero la piel así bordada no convendría
para los trajes sencillos de que os venía hablando, Y por eso el único adorno que en ellos cabe
es el de \os straps pespunteados.
El abrigo grande se corta en forma y produce grandes cañones en la espalda y por delante. Sus mangas, ó son de forma raglán ó japonesas, ó amplias y recogidas bajo ancha; cart~ras de_ ~erciopelo ó de piel pespunteada, hamenda ¡uego con el cuello «sastre&gt;, sencillamente vuelto y de puntas redondas.

•••
B~jo estos abrigos se llevan blusas de hechura
camisero, de franela lisa de color claro que
contr~ste !'ºn el del abrigo, cuando éste ~s de
mezclilla o de cuadros; pero si es liso entonces
la franela de la blusa es rayada ó cuadriculada
En uno y otro caso se imponen el cuello almi~

bles, para que no se arrolle sobre sí mismo al
cabo de pocos d!as.
En las telas de rayas el paño de delante debe
ser sumamente estrecho y casi igual por arriba
y por abajo. Se ha de cortar en sentido diferente
de el deh·esto de la falda, y debe llevar ingleteados de trencilla ancha ó un sencillo soutache
muy fino que recuadre el delantal. También se
emplea el soutache en las faldas, cuyos paños laterales se aplican en dientes agudos sobre el de
delante. ·EI soutache suele también acompañará
las trencillas y galones de lana un poco anchos
(dos ó tres milímetros), siguiendo aquél y éstos
los mismos dibujos, ya en las faldas ya en los
paletós sueltos.

dos de manera que parezcan formar pieza. Estos
fracs, de seda rayada, tendrán por rivales los
de terciol/elo planchado ó estampado.
El terc10pelo marfil con dibujos persas azules, el de color de limón con rameados de tono
rosa de primavera y, en mastic menos claro, el
azul-acero ó verde trébol planchado, son los
preferidos.

•

••
Los trajes completos de terciopelo obscuro se
llevan siempre y serán por largo tiempo los tras
jes de vestir, de día, por excelencia. Los hermosos reflejos de sus profundos pliegues envuelven
la silueta femenina en uua gracia majestuosa, de
la que no hemos de privarnos voluntariamente.
Si lo que se desea es uu traje de medio vestir,
se puede escoger un terciopelo inglés de canutillo muy grueso, y agregarle, no la chorrera de
encaje de pre~io, que es el forzoso complemento
de un traje de terciopelo muy de vestir, sino un
gracioso y sobrio adorno, hecho, por ejemplo
con esos plegaditos de tafetán que se adopta~
muy á menudo para los trajes de paño ligero,
de los que es muestra el modelo de la figura 2.
Es un traje de tarde ó noche, cuya falda es de
raso mate azul porcelana, y la blusa de tul crema moteado, con tirantes de Venecia crudo, bordados con sedas azules.

•••

Pero ¡qué distantes están tan sencillos adornos
de los maravillases bordados de soutaches con
que se enriquecen algunos vestidos y abrigos!
Hay para tales adornos telas nuevas que llenan la
mano con su blanco espesor, que se drapean con
gran facilidad y que no se entrapan. La estación
próxima ha de ver y celebrar el triunfo del bordador y del pasamanero. Eso al menos es lo que
dice la vista de las colecciones y modelos nuevos, en que la pasamanería juega brillante papel,
y en los bordados se asocian felizmente los finos
soutaches con las sedas lasas, produciendo efectos sobrios, armoniosos y elegantísimos .

•

• •
Sigue en pie la cuestión de las mangas largas
ó co:tas, y si .º'?ns_ultáis sobre ella á los grandes
modistos, rec1b1ré1s las más contradictorias respuestas. Uno defiende la manga corta, otro aboga por la larga, un tercero, y éste es el más prudente, estima que cada una de ellas tiene sus
ventajas y sus inconvenientes. La manga larga
es la más á propósito para el traje «sastre• que se
Jleva desde por la mañana, á pie, en c¿che á
tiend~s, á visitas de intimidad ó de caridad. En
camb1?, la mau~a corta es irreemplazable para
un tra¡e de vestir, completado con guantes irreprochables y dejando entrever la línea armoniosa del antebrazo.
Deseemos, pues, que esta división ponga de
acuerdo á los dos primeros, aceptan(j.o el prudente parecer del tercero. Mientras esto se dedde, siguen las mangas japonesas y las sobremangas cortas sobre bullonados de encaje ó de
tul bordado, combinación de la que no parece
que estemos hastiadas. Cuando el bullón es de
encaje ligero ó de tela muy ftaa como muselina
ó tul point d'esprit, se puede adornar la blusa
co_u tir!ntes, con un canesú ó gran cueJlo de enca¡e mas grueso, como el guipur, Craponne ó
Irlanda, ó con una berta como la de la figura 3
perteneciente á un traje de étamine de color d~
tabaco, cou chaleco y quilla de la falda de terciopelo de igual color, cou soutaches y blusa de
tul malla, bordado con seda Jasa realzada con
oro. Ese adorno del cuerpo se hace á veces con
g~lones orientales ó con bordados rumanos, servios ó bretones. Yo prefiero la sencillez de un
bonito encaje blanco.

•••

Fig. ,.

rededor de las faldas anchas almenas, ó para
subrayar las costuras, en una altura de 30 centímetros, desde el borde de la falda.
Adorno nuevo es también, no el bies sino la
manera de colocarlo, cosido solament~ por el
centro. Es necesario para ello que el bies sea
doble, que se apoye sobre tela de algún cuerpo
y que sea mantenido por algunos puntos invisi-

Pero quedémonos por hoy en los trajes senciJlos, y ved de ellos dos modelos en las figuras 4
y 5. Es la primera un traje de paño ligero verde
angélica, adornado con plegados de seda de
igual matiz y lunares de soutache. La blusa es de
seda moteada verde y ciruela. La segunda es un
traje sastre de shuntung violado con golpes de
pasamanería, chaleco de paño gamuza y botones
de terciopelo verde.
El gran arte consiste en llegar con elementos
v!l'iados á una extr~ma armonía. Tal detalle, que
aislado parece capr10hoso, al ponerlo en su sitio asegura el equilibrio de las líneas ó de los
colores. No elijáis, pues, por separado telas y
adornos; vedlos reunidos y haceos bien cargo
del efecto del conjunto. Nunca fué más necesaria que ahora esta precaución.

•

• •
El calor altera el cutis si no se le preserva de
sus efectos. Los evita, y ya producidos los disimula, el Duvet de Ninon, polvo de arr oz invisible, adherente á la piel y que comunica una
blancura diáfana. Existe en cuatro matices: blanco, rosado, natural y moreno, y para evitar falsificaciones hay que exigir el verdadero nombre.
Lo mejor es dirigirse á la Perfumería Ninon (31,
rue du Quatre-Septembre), en París.
V. DE CASTELFIDO.
Parls, 24 de Agosto de 1907.

•

••

EL PUENTE.

Es también muy elegante y nuevo colocar sobre _una blusa de encaje un adorno de pasamaneria de oro empañado, muy calada y hecha en
forma. Es un capricho bastante caro pero muy
bonito. El encaje hecho_ en forma, y; de Irlanda
ó Cr~ponne, ya de grupur ó malla bordados,
permite obtener mangas japonesas como las de
la figura 3.

Continuación.

XV.

•
••
Para c'?mpletar una blus~ de encaje ó un traje
de tela ligera acaso demasiado sencillo para la
m~d:' ~ctual, os hago notar una fantasía que adqrurira todo su valor sobre un traje negro de
granadina de vuela ó de gasa. Es un ancho fichutirantes que envuelve lo alto del brazo hecho
con tul griego de malla grande. El fich'u tiene
tre_s pliegues planos, regutarmente separados
de¡ando entre ellos espacios lisos, cuya trans'.
parencia contrasta con la opacidad de los pliegues.
Fig.

s.

predominantes de los trajes de vestir, así de día
como de noche. Se llevan, eu efecto, muchos
fracs de seda rayada, combinados con faldas de
buenos encajes, como los de punto de I nglate·
rra y de AlenQon. L~s encajes, ligeramente drapeados, forman detras anchos recogidos. Etdra·
peado permite emplear anchos volantes, r eunl-

•
••
Las faldas lisas se hacen amplias, á veces entreabiertas por abajo sobre uu pafio en punta de
o_tr_a tela, lo cual exige repetir la misma dispos1c1ón en el cuerpo. A veces, auu la costura de
delan!e está acompañada por una pasamanería
que simula una abertura cerrada por una multitud de botoncitos cascabeles. Las pasamanerías
de bellotas se emplean también para dibujar al-

•ll'Jg. r;,

. María Teresa amaba entrañablemente á su padr~, que era_pers?nificación de la bondad .y de
la mdulgencia; as, es que, por vez primera experimentab_a, pensando en él, una especie d~ temor ó de timidez. Votvfa caminando con lentitud, preguntándose en qué actitud se colocaría
el señor de Marmennes al penetrarse de la situación que se había creado respecto á sus vecinos. Tan pronto daba por hecho que la mutua
simpa~ía, los :recuerdos agradables, y sobre todo
el_ car1ñ? hama ella, ta'! mimada hasta entonces,
trmnfarian del resentimiento de su padre así
como de las positivas dificultades de vecindad·
~n. pronto temía, por el contrario, una infl.exi~
b_1hdad que hasta entonces no había tenido ocasión g.e comprobar en el señor de Marmennes
pero de 1~ cual le ~onsideraba susceptible po;
obra ~e c1rcuustancias determinadas.
Segun se dejaba llevar por la esperanza ó por
el temor, _se trazaba una vida nueva, deliciosam~nte ammada y llena de interés inusitado, 6
ca1a en _verdadera desesperación ante la idea de
renunciará una amistad que, aun siendo de fecha muy reciente, había echado hondas raíces
en su corazón.

�88

•

,¡

i

i
1

LA MODA ELEGANtE ILUSTRADA

Se quitó el sombrero y entró en el comedor,
donde preparaba todas las mañanas el desayuno
de su padre.
Desde hacía algún tiempo ponía verdadero
empeño en introducir la mayor suma de agrado
y de comodidad en cuanto les rodeaba; había
bordado servilletas, cuyos vivos colores resaltaban armoniosamente sobre el roble ennegrecido
de la mesa, y había sacado el servicio de plata,
bastante autiguo y delicadamente cincelado. Artista por naturaleza, experimentaba de ordinario cierto placer en ordenar estos objetos, restos de un lujo desaparecido, y no era raro que
añadiese algunas flores, que su padre miraba con
complacencia.
Pero aquella mañana estaba distraída, nerviosa, y echó en la tetera una dosis de té exagerada.
Se estremeció cuando su padre abrió la puerta.
Esta comidita íntima resultaba generalmente
muy agradable al señor de Marmennes y á su
hija. En aquella hora el sol entraba á raudales
en el amplio comedor, algo obscuro durante el
resto del día; María Teresa volvía sonrosadísima
de-1 paseo matinal, y traía casi siempre alguna
noticia recogida en el pueblo ó algún recado
del señor Cura. Era también la hora de la llegada del cartero: cartas y periódicos proporcionaban agradable distracción á la monotonía del
campo, y el padre y la hija se detenían gustosamente leyendo ante el mantel bordado de rojo,
sobre el cual lucía el primoroso servicio de plata antigua, las tazas vetustas de forma cilíndrica
y las tostadas, doradas cuidadosamente por Matilde.
El seilor de Marmennes entró con aire satis fecho; pero apenas había posado los labios en. la
frente que su hija le presentaba, cuando le observó alguna alteración en el semblante.
-iQué ha ocurrido esta mañana, querida hija?
-preguntó con cierta inquietud.-Me parece
que estás pálida .....
-¡Oh! No; estoy únicamente algo excitada,
porque he tenido un encuentro inesperado por
completo ..... Voy á contárselo á usted ..... Pero
antes déjeme servirle .....
También tenía alterada la voz, y retrasaba
instintivamente el momento de hablar. Vertió
el agua en el té con torpeza en ella no habitual, dejó caer el azucarero, después se disculpó con cierta ligereza por haber hecho el té
demasiado cargado. Su padre la observaba con
sorpresa no exenta de inquietud: Al fin, la jovencita se sentó y tomó una tostada; pero inmediatamente la dejó en el plato y miró al señor
de Marmennes, intentando sonreir.
-Adivine usted á quién he encontrado al salir de la iglesia .....
-tUna compañera de colegio? tLos Artibes?
¡,No? Casi nunca logro descifrar enigmas; es preciso que me ayudes, mi querida niña.
-Bueno, pues he visto á Cristina Dncey.....
El rostro del señor de Marmennes expresó
asombro, unido á visible satisfacción.
-¡Cómo! tSon vecinos nuestros? ¡Cuánto me
alegr o! tPor qué has tardado tanto en decírmelo?
tSupongo que te habrás mostrado hospitalaria,
como es costumbre en el campo, y que los habrás invitado á comer?... ..
María Teresa agitó nerviosamente su té; después intentó, sin conseguirlo, tomar un bocado
de pan.
-Nomeheatrevido..... Queridopapá, es tan .....
tan extraño ..... ¿Sabe usted dónde viven?
El señor de Marmennes, no pudiendo explicarse la emoción de su hija, la miró con sorpresa.
-Viven en La Ribera ..... , en la otra Ribera .. :..
-dijo débilmente María Teresa.
·
-tEstá alquilada La Ribera?-exclamó estupefacto el señor de Marmennes.
-No..... Es de ellos, delseilor Ducey-respondió con esfuerzo.
El señor de Marmennes intentaba en vano
comprender.
- Entonces, ¿ha sido vendida esa hacienda?
-Hace algún tiempo se la regaló al seilor
Ducey el señor de Sallis ....
El señor de Marmennes se estremeció; después, levantándose bruscamente, dió algunos
pasos por la habitación. Su hija corrió á colgársele del brazo.
-Papá, los volveremos á ver;¿no es verdad?
-preguntó con acento suplicante.-¡Ignorában
el nombre de ·usted, nada sabían de lo que ha ,
ocurrido, ni del daño que le ha hecho el señor
de Sallis!
.-¡Volverlos á ver, María Teresa! ¡Ir otra vez
allá, 6 recibir aquí á los parientes de mi peor
enemigo! ¡No piensas lo que dices, hija mía!
.
-El es enemigo de usted; pero usted, papá,
no odia á nadie.

4.-Traje para otoño.

Núm. 4.- La falda de este traje, de cachemir color
ciruela, se adorna con un bies de terciopelo, y después con otros dos, formando ondas y dispuestos de
manera que simulen dos volantes. Peto de malla bordada, chaleco de terciopelo color ciruela y cinturón
drapeado de terciopelo. Las mangas, de hechura japonesa, se adornan con bieses de pana y caen sobre
faroles de guipur sobre malla.

-No, gracias á Dios; puedo perdonar, y hasta
sentirme por encima de la ofensa ..... Pero el
más elemental cuidado de mi dignidad me veda
las re\aciones con la familia del hombre que me
ha perseguido con su odio.
-Entre los Ducey y su tío no hay comunidad
de sentimientos..... Cristina ha quedado consternada, desoladisima, al enterarse de lo que ha
ocurrido ..... Su hermano le escribirá á usted para ·
pedirle que subsistan nuestras buenas relaciones de Amélie .....
Le flaqueó la voz, porque vió en la cara de su
padre expresión de inflexibilidad absoluta. El
señor de Marmennes la condujo hasta una silla,
se sentó á su lado y le dijo con aparente tranquilidad, aun cuando su acento acusaba leve
temblor:
- tHan roto con él... .. , con el señor de Sallis?
-¡Oh! No; le profesan profundo reconocimiento, y cuando nos abandonaron repentinamente fué para ir á cuidarlo.
-Entonces, iquién puede asegurar que no recibirán su visita?
María Teresa bajó la cabeza con pesadumbre:
ya sabía que esa visita era inminente.
-Lamento-continuó el señor de Marmennes,
dominando siempre la agitación que se habla
apoderado de él, -lamento profundamente que
un descuido, en verdad inexplicable, nos haya
hecho ignorar mutuamente nuestras relaciones
de familia ..... Quisiera no haberlos encontrado .....

Pero esta situación es difícil de despejar y no
pue_do, á pesar. de la simpatía personal q~e experimento hacia el señor Ducey y hacia su hermana, reanudar con los parientes del señor de
Sallis relaciones de amigos y de vecinos.
María Teresa rompió á sollozar, y su padre la
miró con angustia manifl.esta. ¡Era tan cariñosa
tan poco exigente! ¡Había aceptado su vida seri~
y hasta triste con tanto valor, que resultaba
realmente duro negarle el único deseo que hasta
entonces habla expresado, la única satisfacción
que pedía!
-Lo lamento, te lo repito, mi pobre niña .....
Haría muchas cosas por serte agradable, por ll evará tu vida elementos menos tristes de los que
la componen ..... Pero hay en esto una cuestión
de dignidad .... .
María Teresa continuó llorando. Su padre paseó agitadamente por la estancia; después se
aproximó á la ventana. Soplaba el céfiro; el Pajarito formaba remolinos espumantes contra el
pilar roto del puente, y más allá doblábanse
blandamente las ramas. ¡Cuántos recuerdos felices se Jlsociaban á aquellas umbrías avenidas· á
aquellas avenidas, invadidas hoy por los heÍechos y las flores silvestres; á aquella vetusta
granja, cuyas paredes grises surgían á lo lejos
entre los troncos de los árboles! ¡Cuántas sinceras emociones despertaba todo aquello en este
momento! Pero aquel lugar parecía fuuesto.....
¡Y después de haber apurado tantos dolores,aun
debía ver sufrir á su hija! Las lágrimas de María Teresa corrían también por obra del mismo
enemigo malvado; su nombre, su sólo nombre
caía como sombra implacable entre la pobre
niña aislada y los inocentes goces que había entrevisto .....
El señor de Marmennes reñía interiormente
ruda batalla contra la cólera que le invadía el
alma; después volvió hacia donde estaba su hija,
que seguía llorando. Ésta alzó la cabeza y dejó
ver la mirada afligida.
-Mucho siento disgustará usted ..... He sufrí•
do un desengaño muy duro ..... Nunca tuve amigas, y al lado de Cristina me sentia más dichosa
y más buena .....
El señor de Marmennes titubeó un instante:
luego, hablando precipitadamente, como si su
corazón tu viese prisa por empeñar su palabra ·
para consolará su hija, exclamó:
-Escucha, hija mía: yo no puedo ver al señor
Ducey, y tampoco puedo permitir que pises los
umbrales de su casa ..... Este tranquilo riachuelo
se ha convertido en auxiliar inconsciente de
una obra de odio, y por culpa de Luciano se ha
transformado en abismo infranqueable. Pero no
te prohibo que te veas con la señorita de Ducey
en cualquiera parte, no siendo en la casa de so
hermano 6 en la nuestra.
María Teresa exhaló un grito de júbilo , y saltó al cuello de su padre.
-Espera~continuó éste, sintiéndose ya tranquilizado,-ha:r. ciertas condiciones..... Desde luego cuento con que la señorita Cristina tiene
mucho tacto y tú suficiente instinto de las con·
veniencias sociales, para no hacer extensiva l
su hermano la especie de autorización que te
concedo. Además, deseo que estos encuentros
no llamen mucho la atención, porque resultarian
motivo de asombro para la gente de la comarca.
. -¡Oh, padre mío! ¡Qué alegría, 6, por lo menos, qué consuelo!
-No te regocijes tan pronto ..... Acaso á la se·
ñorita de Ducey le moleste mi negativa á recibirla y á vol ver á ver á su hermano ..... También
ella debe velar por su dignidad, y quizás rehuse
admitir una tolerancia que, lo reconozco, tiene
algo de mortifl_cante.
.
.,
-tElla? tCr1stina ceder á una consideramon
personal cuando se trata de complacerá alguien?
¡Oh! Papá, ¡usted no la conoce!
Maria Teresa estaba verdaderamente consolada; pero á medida que su fisonomía iba tomando expresión alegre, la del señor de Marmennes
se tornaba pensativa é inquieta; seguramente
empezaba á arrepentirse de su imprudente con•
cesión. Sin embargo, no se sentía con fuerzas
para retractarse.
- Después de todo, es una temporada que pa•
sará pronto - se dijo · suspirando, -y me falta
valor para afligir á mi pobre hija.
María Teresa esperó con ansiedad al mensajero que debía llegar de La Ribera. Le vió avan·
zar por la alameda, en la otra orilla del río; era
uno de los hijos del colono. El chico costeó el
Pajarito hasta el puentecillo rústico, que se ha·
liaba á algunos centenares de metros; desp~tls
llegó corriendo á La Ribera, y sacó del bolsillo
la carta de Juan al señor de Marmennes.
·
Empleó éste largo rato en escribir la res·

89

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA
sta. María Teresa obsequió al niño con duly después se escabulló para cortar por lo
las reflexiones de Matilde, que s~ mostraba
curiosa que de costumbre. Pero acechaba al
ueño mensajero, y cuando el señor de Marnes, después de llamar, encargó á la anciana
iente que le entregase la respuesta, también
ovencita le confió una esquela.
Es para la señorita de Ducey.
l muchachito sonrió, mostrando los blancos
tes, é introdujo con precaución el sobre en
olsillo de su chaqueta.
Tendré cuidado con ella-dijo;-la señorita
uy buena.
partió, llevando un zueco en cada mano para

Núm. 5. -Nuestro grabado representa un peinado
bajo con moño trenzado. Se riza el pelo, se divide en
dos partes por medio de una raya, de oreja á oreja;
se pone el crepé que ha de formar los bucles, se echa
el pelo hacia atrás y se sostiene por medio de peinecillos¡ se disponen las puntas formando bucles, que
adornan la parte de encima de la cabeza; se tren~a
en seguida la mata de pelo, se forma un moño baJO
y se prende en él un lazo de terciopelo negro.
Núms. 6 á 8. - Cuello de batista blanca. Se adorna
con puntos anudados de seda azul, calados, y bieses

de batista.

rer más de prisa,

iéndolo alejarse, una angustia repentina se
deró de María Teresa: tuvo la vaga intuición
pesar que la carta de su padre iba á producir
an, y ese pesar encontró eco simpático en su
azón. ¡Quién sabe! Tal vez, justamente ofeno, influiría para que su hermana se abstuse de las entrevistas toleradas únicamente
el señor de Marmennes. Pero no; Cristina
ía que su presencia era grata á una jovencita
madre, sin amigas, abrumada ·por deberes
teros y á menudo abatida por el desaliento y
edio; J\O rehusaría llevar, aUí donde se le pira, el bálsamo de su afecto y de su estímulo.
María Teresa se dispuso á esperar el siguiendía con firme confianza.

5,-Pelnado para aeñorlta.

La corbata núm. 1 es de seda chinée, guarnecida al
borde con un bies de seda.
El segundo modelo es de seda pongée á rayas.
Núm. 9. - De muselina de seda blanca fruncida y
adol"nada con muselina Pompadour. La falda termina
por un volante de muselina Pompadour; la unión de
este volante y el jaretón del bajo quedan disimulados
por un bullonado de muselina; el de arriba sujeto por
lazos de muselina. EL traje se forra con seda blanca,
interponiendo una primera falda ligeramente fruncida. EL cuerpo se abre sobre un (ichu de encaje, al que
rodea un drapeado de muselina, el cual lleva al borde un volante de encaje. Cinturón-corpiño de seda

Liberty blanca.

Núm. IO.-De shantu-ng azul pastel con grandes luna•
res azules y blancos. Se guarnece con tafetán negro
y tafetán pékinée negro y blanco. Uin turón de tafetán
negro, peto de tul y canesú dé guipur con cuello recto. El chaleco es de shantung, adornado con vivos de
tafetán y abrochado por medio de presillas y botones
antiguos. Mangas de tul realzadas por motivos de
guipur.

Continuará.
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6 .6. 8.- Cuello y corbatu.

Espalda del dibujo 9.

Espaldt del dibujo IO.

9.-Tallette para reunlon&amp;1,

10.-Tallette para oomidu.

�88

LA MODA ELEGAN'¡'E ILUSTRADA

Se quitó el sombrero y entró en el comedor,
donde preparaba todas las mañanas el desayuno
de su padre.
Desde hacía algún tiempo ponía verdadero
empeño en !ntroducir la mayor suma de agrado
Y de comodidad en cuanto les rodeaba· habia
bordado servilletas, cuyos vivos colores ~asaltaban armoniosamente sobre el roble ennegrecido
de la mesa, había sacado el servicio de plata,
~astan te antiguo y delicadamente cincelado. Arti,sta por naturaleza, experimentaba de ordinario merto placer en ordenar estos objetos restos ~e un lujo desaparecido, y no era rar~ que
añad10se alg_unas flores, que su padre miraba con
complacencia.
Pero aquella mañana estaba distraída, nerviosa, y echó ª'! _la tetera una dosis de té exagerada.
Se estrememo cuando su padre abrió la puerta.
Esta comidita íntima resultaba generalmente
II!?Y agradable al señor de Marmennes y á su
h1¡a. En aquella hora el sol entraba á raudales
en el amplio comedor, algo obscuro durante el
resto del día; María Teresa volvía sonrosadísima
del_ ~•seo m~tinal, y traía casi siempre alguna
not101a recogida en el pueblo ó algún recado
del señor Cura. Era también la hora de la lleoada del cartero: cartas y periódicos proporcio~aban agradable distracción á la monotonía del
campo, y el padre y la hija se detenían gustosamente leyendo ª?te el n_iantel bordado de rojo,
sobre _el cual luma el primoroso servicio de plata antigua, las tazas vetustas de forma cilíndrica
Y, las tostadas, doradas cuidadosamente por Mat1lde.
El selior de Marmennes entró con aire satisfecho; pero apenas había posado los labios en la
frente que su hija le presentaba cuando le ob servó alguna alteración en el se~blante.
-¡,Qué ha ocurr)do esta maliana, querida hija?
-preguntó con Cierta inquietud. -Me parece
que estás pálida .....
-¡Oh! No; _estoy únicamente algo excitada,
porque he temdo un encuentro inesperado por
comple~? .... , Voy á contárselo á usted ..... Pero
antes de¡eme servirle .....
. T~m.bién tenía alterada la voz, y rekasaba
mstmt1vamente el momento de hablar. Vertió
e\ agua en el té con torpeza en ella no habitual, dejó caer el azucarero después se disculpó ~on cierta ligereza por h~ber hecho el té
demasrndo cargado. Su padre la observaba con
sorp~esa no exenta de inquietud: Al fin, la jov~nmta se sentó J'." tomó una tostada; pero inmediatamente la d~¡ó en el plato y miró al señor
de Marr_n~nnes, mtentando sonreir.
. -Ad1v:me 1:1sted á _quién he encontrado al sahr de la 1gles1a .....
-;/Un~ compañera de colegio? ¡,Los Artibes?
/.~o. Casi nunca logro descifrar enigmas; es preciso que me ayudes, mi querida niña.
-Bueno, pues he visto á Cristina Dncey .....
El rostro _del _se~~r de Marmennes expresó
asombro, umdo a visible satisfacción.
-¡Cómo! ¡,Son vecinos nuestros? ¡Cuánto me
~legro! ¡,Por qué has tardado tanto en decírmelo?
¿Supongo que te habrás mostrado hospitalaria
com~ es_ costumbre en el campo, y que los ha'.
brás 1~v1tado á comer?.....
Ma~1a Teres~ agitó nerviosamente su té; después intentó, sm conseguirlo tomar un bocado
de pan.
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-No me he atrevido ..... Querido papá, es tan .....
tan extraño ..... ¡,Sabe usted dónde viven?
El señor?ª Marmennes, no pudiendo explicarse la e_moc1ón de su hija, la miró con sorpresa.
- ..Viven
déb 'len La Ribera..... , en Ia o tra .R'b
i era.....
- d1¡0 • i mente María Teresa.
·
-¿Está alquilada La Ribera?-exclamó estupefacto el señor de Marmennes.
. -No..... Es de ellos, del señor Ducey-respondió con esfuerzo.
El señor de Marmennes intentaba en vano
comprender.
- Entonces, ¿ha sido vendida esa hacienda?
-Hace algún tiempo se la regaló al selior
Ducey el señor de Sallis ....
El señor de Marmennes se estremeció; después, levantánd?se . J_&gt;ruscamente, dió algunos
pasos por la hab1tac1on. Su hija corrió á colgársele del brazo.
-Papá, los volveremos á ver;¿no es verdad?
-preguntó con acento suplicante.-¡Ignorában
el no?I-bre ~e ·usted, nada sabían de lo que ha
ocurrido, m del daño que le ha hecho el señor
de Sallis!
,-;-¡Volve;l?s á ve;, María Teresa! ¡Ir otra vez
alla, ? remb1r _aqm á los parientes de mi peor
enemigo! ¡No piensas lo que dices hija mía!
-E_l es enemigo de nsted; per¿ usted, papá ·
no odia á nadie.
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•

Pero esta situación es difícil de despejar, y no
puedo, á pesar de la simpatía personal que experimento hacia el señor Ducey y hacia su hermana, reanudar con los parientes del señor de
Sallis relaciones de amigos y de vecinos.
María Teresa rompió á sollozar, y su padre la
miró con angustia manifiesta. ¡Era tan cariñosa
tan poco exigente! ¡Había aceptado su vida seri~
y hasta triste con tanto valor, que resultaba
realmente duro negarle el único deseo que hasta
entonces había expresado, la única satisfacción
que pedía!
-Lo lamento, te lo repito, mi pobre niña .....
Haría muchas cosas por serte agradable, por llevará tu vida elementos menos tristes de los que
la componen ..... Pero hay en esto una cuestión
de dignidad .... .
María Teresa continuó llorando. Su padre paseó agitadamente por la estancia; después se
aproximó á la ventana. Soplaba el céfiro; el Pajarito formaba remolinos espumantes contra el
pilar roto del puente, y más allá doblábanse
blandamente las ramas. ¡Cuántos recuerdos feli ces se ;isociaban á aquellas umbrías avenidas· á
aquellas avenidas, invadidas hoy por los helechos y las flores silvestres; á aquella vetusta
granja, cuyas paredes grises surgían á lo lejos
entre los troncos de los árboles! ¡Cuántas sinceras emociones despertaba todo aquello en este
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momento! Peró aquel lugar parecía funesto .....
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debía ver sufrir á su hija! Las lágrimas de Ma,,¼
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ría Teresa corrían también por obra del mismo
enemigo malvado; su nombre, su sólo nombre
caía como sombra implacable entre la pobre
nília aislada y los inocentes goces que había en:¡¿
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El selior de Marmennes reñía interiormente
ruda batalla contra la cólera que le invadía el
alma; después volvió hacía donde estaba su hija,
que seguía llorando. Ésta alzó la cabeza y dejó
¿ ver
la mirada afligida.
-Mucho siento disgustará usted ..... He sufrido un desengaño muy duro ..... Nunca tuve amigas, y al lado de Cristina me sentía más dichosa
y más buena .....
El señor de Marmennes titubeó un instante:
luego, hablando precipitadamente, como si su .
corazón tuviese prisa por empeñar su palabra
para consolará sn hija, exclamó:
-Escucha, hija mía: yo no puedo ver al señor
Ducey, y tampoco puedo permitir que pises los
umbrales de su casa ..... Este tranquilo riachuelo
se ha convertido en auxiliar inconsciente de
una obra de odio, y por culpa de Luciano se ha
transformado en abismo infranqueable. Pero no
te prohibo que te veas con la seliorita de Ducey
4.-Traje para otoño.
en cualquiera parte, no siendo en la casa de su
hermano ó en la nuestra.
Núm. 4.- La falda de este traje, de cachemir color
María Teresa exhaló un grito de júbilo, y salciruela, se adorna con un bies de terciopelo, y des- tó al cuello de su padre.
pués con otros dos, formando ondas y dispuestos de
-Espera~continuó éste, sintiéndose ya tranmanera que simulen dos volantes. Peto de malla bor- quilizado,-ha:r. ciertas condiciones ..... Desde luedada, chaleco de terciopelo color ciruela y cinturón go cuento con que la señorita Cristina tiene
drapeado de terciopelo. Las mangas, de hechura japonesa, se adornan con bieses de pana y caen sobre mucho tacto y tú suficiente instinto de las.con·
veniencias sociales, para no hacer extensiva á
farolee de guipur sobre malla.
su hermano la especie de autorización que te
concedo. Además, deseo que estos encuent~o•
no llamen mucho la atención, por que r esultanan
-No, gracias á Dios; puedo perdonar, y hasta motivo de asombro para la gente de la comarca.
sentirme por encima de la ofensa ..... Pero el . -¡Oh, padre mío! ¡Qué alegría, ó, por lo me·
más elemental cuidado de mi dignidad me veda nos, qué consuelo!
-No te regocijes tan pronto ..... Acaso á la •~las re\aciones con la familia del hombre que me
ñorita de Ducey le moleste mi negativa á r~ciha perseguido con su odio.
-Entre los Ducey y su tío no hay comunidad birla y á volverá verá su hermano ..... También
de sentimientos..... Cristina ha quedado conster- ella debe velar por su dignidad, y quizás r ehns&amp;
nada, desoladísima, al enterarse de lo que ha admitir una tolerancia que, lo reconozco, tiene
ocurrido ..... Su hermano le escribirá á usted para · algo de mortificante.
..
-tElla? ¡,Cristina ceder á una considera1:1on
pedirle que subsistan nuestras buenas relaciopersonal cuando se trata de complacer á algu1en1
nes de Amélie .....
Le flaqueó la voz, porque vió en la cara de su ¡Oh! Papá, ¡usted no la conoce!
María, Teresa estaba verdaderamente consopadre expresión de inflexibilidad absoluta. El
señor de Marmennes la condujo hasta una silla, lada; pero á medída que su fisonomía iba tomanse sentó á su lado y le dijo con aparente tran- do expresión alegre, la del señor de Marmennes
quilidad, aun cuando su acento acusaba leve se tornaba pensativa é inquieta; seguramente
temblor:
empezaba á arrepentirse de su imprudente con·
-¡,Han roto con él... .. , con el señor de Sallis? cesión. Sin embargo, no se sentía con fuerzas
-¡Oh! No; le profesan profundo reconoci- para retractarse.
miento, y cuando nos abandonaron repentina-Después de todo, es una temporada que pa•
mente fué para ir á cuidarlo.
sará pronto - se dijo· suspirando, -y me falta
-Entonces, ¡,quién puede asegurar que no re- valor para afligir á mi pobre hija.
cibirán su visita?
María Teresa esperó · con ansiedad al_ menssMaría Teresa bajó la cabeza con pesadumbre: jero que debía llegar de La Ribera. Le v1ó avan·
ya sabía que esa visita era inminente.
zar por la alameda, en la otra orilla del río; era
-Lamento-continuó el señor de Marmennes uno de los hijos del colono. El chico costeó e1
dominando siempre la agitación que se habí~ Pajarito hasta el puentecillo rústico, que se h:apoderado de él,-lamento profundamente qne llaba á algunos centenares de metros; desp~ s
un descuido, en verdad inexplicable, nos haya llegó corriendo á La Ribera, y sacó del bols1llo
hecho ignorar mutuamente nuestras relaciones la carta de Juan al señor de Marmennes.
de familia ..... Quisiera no haberlos encontrado .....
Empleó éste largo rato en escribir la res-

•:
~-

89

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA
puesta. Maria Teresa obsequió al niño con dulces, y después se escabulló para cortar por lo
sano las reflexiones de Matilde, que s~ mostraba
más curiosa que de costumbre. Pero acechaba al
pequeño mensajero, y cuando el señor de Marmennes, después de llamar, encargó á la anciana
· sirviente que le entregase la respuesta, también
la jovencita le confió una esquela.
-Es para la señorita de Ducey.
El muchachito sonrió, mostrando los blancos
dientes, é introdujo con precaución el sobre en
el bolsillo de su chaqueta.
-Tendré cuidado con ella-dijo;-la señorita
es muy buena.
. Y partió, llevando un zueco en cada mano para
,correr más de prisa.

Viéndolo alejarse, una angustia repentina se
apoderó de María Teresa: tuvo la vaga intuición
del pesar que la carta de su padre iba á producir
á Juan, y ese pesar encontró eco simpático en su
corazón. ¡Quién sabe! Tal vez, justamente ofendido, influiría para que su hermana se abstuviese de las entrevistas toleradas únicamente
por el señor de Marmennes. Pero no; Cristina
sabía que su presencia era grata á una jovencita
sin madre, sin amigas, abrumada ·por deberes
austeros y á menudo abatida por el desaliento y
el tedio; J:\O rehusaría llevar, allí donde se le pidiera, el bálsamo de su afecto y de sn estímulo.
Y María Teresa se díspuso á esperar el siguiente día con firme confianza.

5.-Pelnado para aañorita.

Núm. 5. -Nuestro grabado representa un peinado
bajo con modo trenzado. Se riza el pelo, se_di!ide ~n
dos partes por medio de una raya, de oreJa a oreJa;
se pone el crepé que ha de formar los bucles, se echa
el pelo hacia atrás y se sostiene por medio de peine~
cillos; se disponen las puntas formando bucles, que
adornan la parte de encima de la cabeza; se tren~a
en seguida la mata de pelo, se forma un moño baJO
y se prende en él un lazo de terciopelo negro.
Núms. 6 á 8.-Cuello de batista blanca. Se adorna
con puntos anudados de seda azul, calados, y bieses
de batista.
La corbata núm. 1 es de seda chinie, guarnecida al
borde con un bies de seda.
El segundo modelo es de seda pongé6 á rayas.
Núm. 9.-De muselina de seda blanca fruncida y
adoi-nada con muselina Pompadour. La falda termina
por un volante de muselina Pompadour; la unión de
este volante y el jaretón del bajo quedan disimulados
por un bullonado de muselina; el de arriba sujeto por
lazos de muselina. El traje se forra con seda blanca,
interponiendo una primera falda ligeramente fruncida. El cuerpo se abre sobre un fü;hu de encaje, al que
rodea un drapeado de muselina, el cual lleva alborde un volante de encaje. Cinturón-corpiño de seda

Liberty blanca.

Núm. 10.-De shantung azul pastel con grandes lunares azules y blancos. Se guarnece con tafetán negro
y tafetán pékinée negro y blanco. Uinturón de tafetán
negro, peto de tul y canesú dé guipur con cuello recto. El chaleco es de shantung, adornado con vivos de
tafetán y abrochado por medio de presillas y botones
antiguos. Mangas de tul realzadas por motivos de
guipur.

Continuará.

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6 i. 8.-Cuello y corbatas.

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Espalda del dibujo 9.

Espald• del dibujo 10.

9.-Tollette para reunlonet.

10.-Tollette para oomidaa.

�LA MODA

90

ELEGANTE ILUSTRADA

91

LA MODA ELE.GANTE ILUSTRADA

•

•

Eapalda del dibujo 13.
Espalda del dibujo 14.

15.-Traje para niña de 5 á 7 años.

12.-Tra]e para niña de5 á 7 añoa.

16.-Traje de oalle para entretiempo.
11.-TraJe guarnecido con trencilla,
Propio para aen'orlta.

:;;&gt;dir -14.-Traje para eeñora.

13.-Traja con falda plissée.

seda; peto y man~as también de guipur, terminando estas en puños de lana plissée.
Núm. 15.-Traje marinero de jerga
azul, guarnecido con botones dorados¡
cuello de cutí blanco adornado con
bieses de cutí azul.

Núm. 11.-De bengalina color gris
obscuro, adornada con trencilla de 2
centímetros de ancho, y formando
todo alrededor pliegues planchados.
La falda cae libremente sobre otra interior. EL cuello, redondo por detrás;
el cinturón, las mangas y el peto, se
adornan con soutache.
Núm. 12.-Traje sencillo de tela de
lana color gris, adornado con pequeños bieses de tafetán y guipur de Ir•
landa.
Núm. 13.- De lana á cuadros blancos
y negros. En la falda se forman trece

[,

pliegues huecos, pespuntead.os por delante en 35 cm. de su longitud, y por

detrás sólo en 20 cm. El e bolero• se
ciñe al talle por medio de un cinturón
cortado al hilo, y se guarnece con solapas de pana blanca ribeteadas con
trencilla negra; también son de pana
blanca las pequeñas vueltas de los fa!•
dones y de los puños. Chaleco cruzado
de tafetán negro.

17.-Traje paraniiia de 8 á 10 años.

18.-TraJe de fleohura aastre.

Núm. 14. - De lana de fantasía gris
verde, adornado con bordado. El fondo de la falda es de tafetán, y se guar
nece con un volante de lana de la altura necesaria; se aplica el paño delan
tero sobre el fondo de la falda y des
pués se coloca la túnica. El cuerpo se
adorna lo mismo que la falda: solapas
de guipnr, ribeteadas con un bies de

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Núm. 16.-De sarga azul marino. Falda sin forro, formando delante dos
pliegues huecos que constituyen el delantero y dos pliegues; el borde inferior se adorna con un gran bies de tafetán negro. La chaqueta se forra con
seda blanca, y se completa el traje
con crespón de la China blanco.
Núm. 17. -Falda de jerga color madera clara; blusa de seda Liberty del
mismo color, adornada con volantes
de la misma tela y puntos á la inglesa.

Núm. 18.-De dril color gris nfquel,
adornado con botones chatos de la
misma tela. Capelina blanca de paja
de arroz guarnecida con plumas y con
un pájaro, y alrededor de la copa con
terciopelo gris.
Nlim. 20.-De shuntung claro, guarnecido con volantes de la misma seda;
en la manteleta solapas de guipur antiguo.
Núm. 21.-Traje marinero de jerga
encarnada, guarnecido con trencillas
encarnadas y botoncitos de madera
encarnada.

20,-TraJe de paseo.

21.- Traje para niña de i á 7 año,.

�LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

92

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

93

Núm. 24.-De lana de fantasfa color gris, tono sobre
tono; la falda-corpifio cae sobre otra interior de tafetán, que termina por un volante de lana pékinée.
El e.bolero, es corto; su escote y las bocamangas se
adornan con terciopelo gris. Completa el traje un
peto de encaje.

Núm. 22,-De palio color champagne, guarnecido alrededor con bieses de tafetán de tono más obscuro.
En el medio de la espalda se forma un pliegue hueco.
Las mangas se componen de dos piezas y se adornan
con bieses de tafetán, uno de los cuales se prolonga
á lo largo de la costura del hombro.

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~úm. 27.-De éolienne color rosa pálido¡ peto y mangas de
~mp~r crema con f~rro. de muselina de seda rosa. Se adorna
uon tiras de seda, ribeteadas con guipu.r crema.

;,

Núm. 28.-De hilo blanco, adornados con bordado á punto
llano. L&lt;?s lazo~ que completan las corbatas son de sedapongée1·
los demas de cmta de seda.
El rabat ~s de linó~ plissée, ribeteado con encaje y adornado
con un motivo de gmpur.
·
La corbata estilo Lavalliere es de muselina de seda; sus bordes, festoneados, descansan sobre encaje fruncido.

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Núm. 23. -Este traje se compone de falda de pallo
color verde aceituna y cuerpo de tafetán pékinée
verde y blanco; le sirven de complemento una blusa
de encaje y una chorrera; la falda se adorna con tres
bieses, y termina bajo un cinturón de seda verde.
El cuerpo se forra con seda blanca y se ribetea con
trencilla de seda verde. Del mismo modo se adornan
las mangas.

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Núm. 29.-~e éolienne color azul pálido. Los delanteros se
un~n por med10 de patas, que se destacan sobre el peto de musel_ma de seda. La blusa se adorna con bordado y motivos de
gwpur.
.

Núm. 25.- De lanilla color gris azul. El levitón se

forra con tafetán azul, y se adorna al filo con un bordado hecho con soutache negra¡ chaleco de pana azul
con vivo de paiio blanco y abrochado por medio de
botones azules. A cada lado del cuello de pana bordada se fija una cinta de pana. Las mangas terminan en
bocamangas bordadas; la costura de los hombros
queda disimulada por el bordado: completa el traje
una blusa de linón bordado.

27.- Blusa de conclerto, propia para señorita.

Núm. 30.-De cheviotte blanco, guarnecido con botones de
nácar de for_ma de aceituna y con vivos de seda verde almendra. Falda s10 forro, formando grupos de pliegues pespuntead?ª. hasta mitad de altura. Chaqueta guarnecida con patas, que
d1~1mulan las costuras y llegan' hasta el borde, en donde se
suJetan con botones. Mangas japonesas, postizas y pespunteada_s sobre la _chaqueta; en la costura de la sangría forman dos
phegues horizontales que desaparecen en la parte de encima
de la manga; cuello-chal, cubierto de seda con vivos de seda
verde almendra, adorno que se repite en el borde de las
mangas.

. 26.-TraJe para casino.

t .úm. 26.-De vuela gris per~a; se stdorna con vulla del mismo
co ;&gt;r, sobre }a que se ~estacan grandes fu.nares de color gris obscm o. Canesu de encaJe, adornado alrededor con seda de color
claro; chaleco de seda.

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;~;;'!..¡.-;,

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29.-Blusa de éolienne.
23,-TraJe de paaeo,

24.-TraJe con falda-túnica de corpiño.

25.-TraJa con levitón.

-7

•

t&gt;·Espaldas de los dibuja.
26, 27, 29 y 30.

30.-TraJe de ohevlotte.

�LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

94

muerzo bueno, abundante y variado, compuesto
de carne, jamón y aves, fríos y calientes, pescado, frutas y queso, qne todo acaba por ser obsequio para los peces, pues el paso del canal es
CARTAS DE LONDRES,
pistonudo, y necesita tener el estómago de pieMaison Ucuru,
dra el que no lo pierda. Afortunadamente, mi
Boulevard du Prince Albert.
niñera y yo de piedra lo tenemos; pero, en camBoulope-But•Mer.
bio, mi marido se marea, como decía aquél, sólo
Agosto 1907,
de mirar el coche del Ministro de Marina, y mis
hijos,
aunque ellos se oreen unos lobos de mar,
Queridísimas: Decididament!) voy á tener que
primer vaivén del barco comienzan á cambiar
variar el título de estas cartas y llamarlas «Car- al
tas de todas partes&gt;, pues eso de llamarlas &lt;de la peseta y no cesan hasta llegar al punto de su
Londres&gt;, cuando están escritas desde Boulogne- destino.
En este tristísimo estado desembarcamos en
sur-Mer, no pega ni con cola.
Boulogne,
que es una población antigua, cuya
Perdonad por hoy, y para la próxima crónica
parte vieja, muy parecida á Bayona, es horroroprometo la enmienda.
Me despedí de vosotras la víspera de tomar el sa de fea; pero cuya parte nueva es alegre y pinTiene esta ciudad, como todas sus oomtren para Folkestone, donde se coge el vapor toresca.
pail.eras
de Francia, cuantas comodidades puepara Boulogne. Este paso del canal es algo más
largo que. por Do ver; pero, en cambio, es menos dan apetecerse, y sus precios moderados, su
agitado que por aquel puerto, pues hay menos magnífica playa, sus exquisitos alimentos, hacen
que sea un punto de reunión de numerosos incorrientes.
Como me decís, las que me conocéis, que lo gleses y de buen número de franceses: españoque os gusta es que os &lt;cuente mi vida», os la les es raro encontrar.
Tomamos un cochecito, que nos conduce á la
contaré desde mi salida de Londres.
Ya oshe dicho mil veces que mi posición finan- Haute Ville (parte alta de la ciudad), y allí, al
ciera es modesta, y aunque le doy mil gracias pie de las antiguas murallas, en medio de . un
á Dios porque no me falta nada de lo necesario, precioso paseo llamado Boulevard del Príncipe
tengo que vivir cuidando mucho de mis gastos Alberto (nombre puesto sin duda por galantería
para que no excedan nunca de mis ingresos. En á los ingleses, que son los que más favorecen esInglaterra hay un proverbio popular que dice: tas alturas), se encuentra situada la casita donde
Mind the pennies; the pounds will mind themselves. viene vuestra amiga á descansar unas semanas
(Tened cuidado de los peniques (moneda de diez de limpiezas, ropas, cocina y demás vulgaridacéntimos), que las libras esterlinas (moneda de des de las pobres amas de casa, cuya abnegación
cinco duros) se cuidarán ellas solas). Con esto sin constante pasa bien inadvertida. La casita, comduda nos quieren decir lo mismo que un prover- puesta de cuatro pisos, es monísima. En el sousbio francés: Sois honnete dans les petites choses, tu sol (piso bajo tierra) tiene la cocina, cuarto de
le seras dans les g,-andes (sed honrados en las oficios, despensas, etc., etc. En el bajo hay una
cosas pequeñas y Jo seréis en las grandes), que familia inglesa, que viene, como nosotros, todos
yo les he hecho aprender á mis hijos y he trata- los veranos y pasa aquí seis meses. El principal
do de inculcarles siempre. Es muy verdad que lo ocupamps nosotros: tiene un saloncito moníel que tiene cuidado de no pecar en Jo poco, simo, con su correspondient~ buen piano; este
tampoco pecará en lo mucho. Lo propio sucede salonoito es el de los dueños de la casa, pero
con los gastos: si un ama de casa se acostumbra nos lo ceden para recibir visitas. Nuestros domiá no hacer presupuestos, á no apuntar lo que nios son un buen comedor, bien puesto, y tres
gasta, á no sujetarse á lo que tiene, pronto la hermosos dormitorios, amueblados con senciruina derrumbará el edificio de su hogar. Tener llez y exquisito gusto; todo limpísimo.
En el piso segundo hay otra familia inglesa, y
poco dinero podrá ser una desgracia, porque
realmente en la vida va haciendo oada día más en el tare.ero tienen sus habitaciones los dueños
falta; pero no es una vergií.enza, y es mucho me- de la casa. Se compone esta familia de un major vivir modestamente y con tranquilidad, á trimonio, aun en bueua edad, y de un hijo y una
vivir con apuros y deudas. Sentado ya el prece- hija jóvenes. El chico cursa sus estudios en Padente que vuestra Lady Belgravia no es rica (y rís; la muchacha, después de estudiar aquí en el
no por eso la queréis menos, 1,verdadY ), no os Couvent de la Solitude, pasó á Inglaterra á
chocará que saliera de Londres con su marido, perfeccionar su educación, y es por su finura,
sus hijos y su niñera en un vagón de tercera cla- su instrucción y sus modales una señorita. Tienen una sola criada, una aldeana joven y robusta
se, vía Folkestone .....
-¡Que horror!-dice una elegante lectora que para el trabajo fuerte de la casa. Os doy todo;
no me conoce, no me quiere y le suena muy mal estos detalles con mi cuenta y razón. ¿Qué haesto de tercera.-¡ Qué manera tan ordinaria de ria en España un matrimonio burgués como
viajar] 1,Qué especie de mujer será esta Lady éste, dueño de una casa como ésta y de buen
Belgravia? Yo para viajar así me quedo en casa. número de francos ahorrados? Pues pretender
-Permítame usted, señora, que me defienda que el chico olvidase su humilde origen y si-le contesta vuestra Lady Belgravia, que, por guiese, por lo menos, la carrera de diplomático·
más que la juz~ue con desprecio esa lectora des- que la chica, cruzada de brazos y sentada en un~
conocida, es fina, . y, sobre todo, tratándose de silla, esperase que un título arruinado viniera á
contestar, no queda jamás en falta.-Los vago- pretenderla, y los papás, llenos de orgullo con
nes de tercera en Inglaterra son infinitamente sus proyectos, dejarían correr los días y las pesuperiores á los nuevos coches de segunda de setas. No así estos franceses. Voy á contaros
España, á esos que llaman de corredor. ¿No le cómo viven.
Monsieur Lécuru, el marido, va diariamente
parece á usted que bien puede, por lo tanto, viajarse en ellos? Los de segunda en Inglaterra son al mercado y compra y se trae él mismo en su
superiores á los de primera en España, y los de grau cesto lo mej orcito de cada cosa. Cuenta de
p~i!"era son superiores á toda comparación; no él es el cuidado de los postres, de la bodega de
via¡an en ellos más que los Reyes, Príncipes y la despensa; él limpia los pescados y las ave;; él
magnates. Los vagones de tercera del South-Eas- limpia plata y cuchillos, y él-¡oh marido motern (línea del Sud-Este), que es la que meco- delo!-desciende á ayudará su mujer hasta en
rrespondía tomar, están·barnizados de color cao- la confección de determinadas salsas, tan exquiba, capitonés con terciopelo de algodón, con su sitas, que los huéspedes, después de comerlas
cuartito de tocador para cada vagón, en el cual nos chupamos los dedos. En cuanto á Mme. Lé'.
hay un water-closet, un lavabo y agua filtrada en curu, no pierde el tiempo. Guisa para las tres
una botella, q:ue, en compañía de dos vasos, hay familias que nos reunimos, que comemos aparen una bande¡a; el compartimiento es para ocho ✓ te, y cada una con un menu distinto. Parece que
personas, pero como en todos los países del lo hace jugando: si vierais su cocina, es una
mundo «poderoso caballero es don dinero», un taza de plata; á ella no se le ve una mancha y
chelin ( cinco rea)es) dado á tiempo al guarda guisa que es un primor; es lo mejor de la i:iejor de las cocinas. Su hija no se está quieta tamdel tren obra prodigios.
Nos colocamos los cinco, y el hombre echa la poco: acompañada de Gracy, la criada, que limllave del vagón, con lo cual vamos solos hasta pia lo más fuerte de las habitaciones, hace camas, limpia poi vo, sirve mesas, no desdorándose
Folke tone Pier (puerto).
~l vapor que hace la travesía nos espera al pie de nada, y ayudando á sus padres en todo y por
mismo del tren, y el billete de tercera incluye todo. Cuando ellos hablan de casarla el día de
el de segunda en el vapor. Cinco duros ida y mañana, no sueñan con coronas y pergaminos
vuelta á Francia, valedero el billete por un mes, no; piensan prácticamente en un hombre des~
y mediante media corona (tres pesetas próxima- clase, bien educado, que sepa ganarse la vida
mente) se pueden prorrogar los billetes por otro y conservar el dote que le dejarán sus padres.
¡ Qué felices son! Distraídos con su constante
mes, y asi sucesivamente hasta que se quiera.
En el vapor, durante la travesía, suena la hora trabajo, siempre están alegres y contentos. Los
del lunch (almuerzo). Este es á precio fijo: me- domingos van todos juntos á Misa mayor y por
dia corona, y las bebidas aparte; pero es un al- la tarde á paseo; nadie diría, al verlos ta~ bien

DESDE MI · CELDA.

•

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

vestidqs, que de lunes á sábado no volverán á
descansar un minuto. ¡Trabajo, bendito seas·
cuánto bien haces en el mundo! Mirando á es~
familia, siguiendo día por dia su vida modelo
no puedo menos de acordarme con pena y ris~
al mismo tiempo de un matrimonio muy humilde que yo conozco en España, tan humilde que
ambos han sido criados de servir toda su juventud.
· Estando yo en Madrid en una ocasión, vinieron á verme los papás y los hijos. La chica venia de sombrero, blusa calada, guantes al codo·
tan pomposa, que parecia un ave del paraíso· eÍ
chico con un cuello de tres varas de alto, c~rbata de moda, etc., etc.
-¿Qué se hace?-les pregunté yo, por decirles algo.
-Pues Faustinita-me contestó el papá,-después de haber terminado sus estudios de maestra, se ha dedicado al piano, á la pintura y á los
idiomas; sobre todo el inglés la tira ciegamente.
Anda, hija, dile algo á la señorita, que vea cómo
lo posees.
La pobre chica comenzó á dejar escapar unos
sonidos extraordinarios, medio aullidos, medio
palabras, de los cuales no logré entender nada,
y no saqué más consecuencia que un ataque de
risa que me obligó á fingir una repentina hemorragia por la nariz y á desaparecer del público
para reírme á mandíbula batiente. ¡Pobre idioma de Byron, qué asesinatos cometen contigo!
Repuesta de mi hemorragia, sali de nuevo, J
dirigiéndome al chico, le dije:
- Y tú ¡,qué vas á ser?
-¿Yo?fugeniero militar.
El angelito es un alcornoque, como sus papás;
excuso deciros la carrera de espinas que le espera.
En el curso de mi conversación saqué la dolorosa consecuencia que aquel par de polluelos
cursis se avergonzaban de sus padres; que los
padres se privaban hasta de lo más necesario
por darles carreras tan diametralmente opuestas
á su posición, y que la casa aquélla debía ser la
antesala del infierno.
Las gentes pobres se desdoran del servicio;
no quieren oficios, que son tan honrosos, y aspiran á todo, menos á trabajar, y así anda la
cosa .....
Lady Belgravia recuerda en este instante que,
con su afición decidida á las divagaciones, ha
dejado en el mayor abandono el asunto principal de su carta ..... Estoy oyendo una voz que me
dice:
-Vamos á ver, y por todos esos prodigios de
que disfrutas, 1,qué te lleva al mes Mme. LécuruY
Cuéntanoslo, que buen pico será.
-Amiga mía -le contesto yo, que en el tono
de su pregunta la he conocido, - ¡qué chasco te
vas á llevar! Acostumbrada á los precios de los
puertos del Norte de España, te sorprenderás
cuando te diga que por este pisito, con su luz
correspondiente, ropa limpia de mesa, camas
y toallas, lumbre en la cocina y servicio, pagamos durante Julio y Agosto á razón de ~
francos al mes; si nos quedamos en Septiembre,
nos dejan el piso en 150, y si permanecemos en
Octubre, en 100; es decir, que el pasar cuatro
meses en Boulogne-sur-Mer, en una casa monl•
sima, admirablemente servidos, nos cuesta 650
francos. ¡Cuándo copiarán este ejemplo nuestras
patronas espail.olas, y se convencerán que resultaría mejor negocio para ellas tener á la gente
cuatro meses seguidos en su casa, y, pür lo tanto, haciendo gastos en la pol;,lación, que no du·
rante un mes desplumará cuanto incauto forastero cae entre sus manos, y luego en invierno
quedarse las poblaciones y las casas convertidas
en el desierto del Sabara!
¿Que qué me dan de comer?
Bueno; está visto que la vida de Lady Belgravia en sus detalles más íntimos ha de ser del
dominio público (¡es lo que nos sucede á los
personaies!) Pues nos dan de comer lo siguiente:
Por la mail.ana, á las ocho, un gran bol de c~fé
con leche y unos c,-oissants (pan francés especial
para el desayuno) y una mantequilla que resulta
una delicia. A mediodía una sopa variada, un
plato de pescado superior, una verdura Y. un
plato de ave, caza ó carne; un plato de cocma,
postres y café, con su copita de licor. De noche,
para cenar, un plato de verdura, uno de pescado
ó frito y uno de ave (pues no tomamos nunca
carne de noche), queso, fruta y compota.
.
No, no me sube un dineral, te contesto, amiga
repliconcilla, que eres como Santo Tomás, que
no hay quien te haga creer las cosas. Me ponen
la cuenta de la comida por semanas: el sábado
por la noche la pago. Como ya os he dicho que
todo lo ajusto prilliero, le dije á Mme. Lécurn

•

que no quería que las cuentas excediesen de 15
francos al día, y eso es lo que suben un día con
otro, quince francos; somos cinco, salimos, pues,
á tres francos por cabeza, y mi niñera, que come
con otras dos criadas inglesas que hay en la casa,
me dice que la tratan admirablemente; y ellos
han de ganar, como es consiguiente; pero tienen
el negocio tan divinamente arreglado, que ese
es el secreto de sus ventajas y economías.
¿Que qué vida hago?
Pues os la contaré otro día: hoy ya me he excedido de los límites convenidos, y temo que
nuestro distinguido Director nos expulse á todas
por charlatanas. Sin querer, charlando con vosotras vuela el tiempo para mí, lleno cuartillas y
cuartillas, y me olvido que LA MODA ELEGANTE
no se hace exclusivamente para imprimir las
epístolas de vuestra muy elocuente y muy afectísima
LADY BELGRAVIA.

fitorrespon~encia parlicufar.
ME RÍO DEL

QUÉ

DIRÁN.-1.ª Sin sombrero.-2.ª En-

caje torchon de 10 cm. de ancho.-3.ª La idea de la jar-

dinera me parece muy bien; debe decorarse en negro.- 4. ª Si es por la tarde, con sombrero ; por la
noche, sin él.
UNA FEA QUE QUIERE SER GUAPA.-1.ª Frótese por la

maílana y por la noche con unas gotas de la siguiente
composición:

Agua de rosas ............. 100 gramos.
Glicerina neutra.. . • . . • . . . • 25

Tanino....................

40

-

2. ª La primera el cabello completamente ondulado,
hueco de los lados y de delante; la parte alta de la

cabeza adornada con bucles cayendo sobre el tupé, y
toda la parte de detrás trenzada, formando corona alrededor de l'a cabeza. La segunda con el cabello también ondulado y hueco, formando un moño en la parte
de arriba, y con lo de detrás una trenza doblada ó bucle sujeto con un gran lazo negro.-3. 8 Lea la 3.ª contestación dada á 6 &lt;k Julio en LA MODA del 22 de Junio.-4.ª Sf, señora.
UNA GITANA.-No es necesario que se baje del coche.
G. P.-1.ª Puede ir sin él.-2.ª Con las iniciales de
Iosnombres.-3.ª Los de la alcoba y gabinete.-4.ª Dos
para cada cama.-5. 8 Una de piqué para de noche, y
otra buena para ponerla de dfa.-6.ª A las personas
que regalen.-7.ª Debe hacer ese señor las veces de
padre.-8.ª No, seí'iora. No me está permitido contestar
por carta.
UNA QUE LE GUSTAN LOS OJJLLOS..... -1.ª Helad-O de
naranja. En un perol se ponen dos litros ! medio de
agua con un kilo de azúcar y ocho naranjas exprimidas; la cantidad de zumo de naranja varía según la
calidad de éstas; si son jugosas, se ponen las ocho, y si
no, se aumenta el zumo hasta que se comprenda que
tiene un buen paladar; se mezcla bien todo, se pasa
por el cedazo y se pone á helar. - Leche helada. Se
ponen á cocer dos litros de leche con 600 gramos de
azúcar blanca en polvo y un bastón de vainilla ó esencia de ésta, cuando está fría se pasa por el tamiz á la
sorbetera de máquina; se pone á helar, y cuando empieza á cuajarse, teniendo consistencia, se agregan
ocho claras de huevo montadas á la nieve, se mezcla,
&lt;lándole poco á poco al volante de la máqui.n a para
que quede lisa.-2.8 Dirija la carta á la Sección de encargos enviando el justificante, con sobre puesto al
Sr. Director.-3.8 y 5. ª Le aconsejo que no haga nada.
-4.8 La alcoba y el gabinete.

A.

AL

S. C. DEJ.-1.ª Plantas &lt;kestufafria: núms.1,

EXPLICACIÓN DEL FIGURIN ILUMINADO.
Correaponde i la1 aeñoraa 1u1orlptoru á la edlolón de lujo.

•
VI
OLE
T
T
E
I
D
E
AL Ep::-::::,:::::::·'
Uoublgani,
perfumista, 19, Faubourg St Honoré.
París,

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1. T,:_aje de lana blanca para niño de 4 á 6 años.-

Pantalon corto y recto con bolsillos. Blusa que se mete
en el pantalón, cerrada por delante. Cuello malva y
corbata regata. Cinturón drapeado que abrocha detrás.
Mangas con puiios.
Maúiriales: 1,50 m.
2. Traje de vuela rosa para ni11a de 4 á 6 años.Falda de talle cor.to, fruncida y cortada en forma con
doble franja de pliegues, entredoses y borde cte' guipur. Cuerpo fruncido en el talle y ple~ado en 'el escote. Entredós de ~ipur delante y &lt;letras, cortado por
dos correas de gmpur en los hombros. Moña de cinta
con caídas. Mangas bebé.
Materiales: 2 m.
3. Traje de lana blanca y verde para niña de 7 á 11
mios.-Falda cortada en for:rna con delantal que retorna por abajo en franja horizontal. Cuerpo fruncido
en el talle con delantero que prolonga el delantal y
forma el escote. Cuellos recto y vuelto de guipur.
Mangas bebé, con puño.
Matsriales: 3 m.
4. Traje de lana escocesa para niña de 8 á 12 años.F!ilda cortada al bies, que cae sobre dos volantes también al bies. Cuerpo-pelerina al bies, abierto sobre
otro de fular verde, blusado, bajo un cinturón dra-

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5. Vestido de bordado inglés y abrigo japonés &lt;k paño
beige.-Grandes sisas con correas que estrechan por
abajo y terminan en una bellota. Adorno de soutaches
y bordados. El abrigo es cerrado por delante.
Sombrero con gran rizado de tafetán.
Materiales: 1 m.
6. Traje de lana rayada para se,iorita de 15 a,ios. Fal~da recta de pliegues .flexibles, con adornos de tafetan encarnado. Cuerpo fruncido bajo un cinturón
Y montado sobre un canesú de encaje. Tirantes del
talle á los hombros. Junto al escote pasa una cinta de
tafetán qµe forma lazo delante. Mangas bebé con puiios y adornos como la falda.
Sombrero negro con cinta.
Ma'teriales: 6 m.

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Loe que coil el presente número recibirán nuestras
suscriptoras son:
Dieclonario de •IA Moda Elesante,. (Vo·
cab1'lario &lt;k la Saltld.J-Pliego 74, contenien~o 1~ defl•
nición, usos y explicación de las palabras s1gw~ntee:
Pan de gluten.-Panacea.-Panad~:-Panad~o.Panarizo. -Pancreatina. - Pancreatihs. -Pandiculación.-Pantanos (Fiebre &lt;k los).-Paño.-Pap_alna.Papaverina.-Papaya (Carica).-Papeles medicinales.
-Papera. - Papiloma. -Pápula. - Paquidermatocele.
-Paquimeningitis.-Paracentes~:-Parac~~-.- Pa- ·
raldehido.-Pardlisis. -ParapleJt-a, - Parasdicidas.Parásitos.-Parclte.-Parencefa1.-0C6le.-Paresia. - Parestssia.-Parietaria.-Par6tida.-PMoxismo.-PdruUs.-Pasmo.-Pasta .,..,Jicinal.-Pastilla.-Patala._Patogenia. -Pato¡¡nomónico. - Patologia. -Patológico
(Estado).-Peca.-Pectoral.

PRIMERA EDICIÓN

Sumarlo del núm. 31, correspondiente al 22 de Agosto.
TEx,ro.-Crónica general, por D. Jos~ Fernández Bremón.Frn de mes, por D. Alejandro Larrubiera.-Un monumento en ruina, por D. Isidro Gil.-Andalucia, poesía, por don
Pablo Cavestany y de Anduaga.-Desde París: Celebridades contemporáneas: Antonio Lavergne, por D. Carlos de
Batlle.-La rehabilitación del Príncipe de la Paz, por don
Juan Pérez de Guzmán.-Informaciones, por '".-Sueltos.
-Anuncios.
GRABADos.-Marruecos: Los sucesos de Casablanca. Bombardeo. Una calle de la ciudad. Puerta del palacio del Sultán
ocupado por el Bajá. Baterfa desde la que los moros hiele~
ron fuego sin proyectiles. Tánger: Embarque de tropas con
destino á Casablanca.-De Pekín á Paria en automóvil:
Llegada á Paris.-Francia: La catástrofe ferroviaria en
Ponts-de-Cé.-Burgos: Iglesia de San Nicolás de Bari.Valencia: S. A. R. la infanta D.ª Isabel en casa de los Marqueses de Cáceres. -Retrato de Antonin Lavergne.-La
costa meridional de Inglaterra.
SUPLEMENTO.-Choque de trenes en Otzaurte (Guipúzcoa), dibujo de Pedrero.-Los sucesos de Casablanca, dibujo de
M. Alcázar.-Vistas deMazaglin y de Mogador, dibujos de
A. de Cauta.

El colmo de la ignorancia: Desconocer que el único
Polo fácil de explorar es el de Orive.

La Florida, novela original de E. Marcel, traducida expresamente para LA MODA ELEGANTE, por Ara-

wi.-Pliego 10 encuadernable de esta obra.
Pa1r6n eortado de un bonito carrick para seño-

rita.

Fiarurin ilumbtado de seis precioso trajes para

niñas y niños.

Gran 811plemento de Iallore■ , que consta de
cuatro grandes páginas, conteniendo:

Almohadón bordado para salón.
«Bolero» al crochet.
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puede poner un grupo de rosales no trepadores y al-

. La Florida, novela original de E. Marcel, traducida expresamente para LA MODA ELEGANTE, por Araceli.-Pliego 10 encuadernable de esta obra.

gún arbusto de hoj.a permanente; para tapizar las parerles, rosales trepadores de té. -3.8 Para conservar
P,Stas plantas es necesario una galería expuesta al saliente 6 mediodía; también puede ponerlas dentro de
una habitación, con bastante claridad, durante los
meses fríos, regándolos solamente cada tres ó cuatro
rlfas. -4.8 La tierra de brezo, ó mantillo de bosque,
se recoge, no en la superficie del terreno, sino á una
profundidad de 25 centímetros. -5.ª Las de colores
claros se limpian con bencina¡ las negras con café;
Jas encarnadas quedan perfectamente disolviendo un
poco de protocloruro de estaño en buena cantidad de
agua; séquese á la sombra.-6.ª La cala se conserva
mejor dentro de una habitación ó galería. - 7.ª Semperflorens blanca.

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La sección literaria, confiada á los más distinguidos escritores, contribuye eficazmente á hacer de esta publicación una verdadera enciclopedia de nuestra época. Cuando la abundancia ó el interés de los asuntos artísticos
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                <text>La Moda Elegante Ilustrada. Esta revista tiene sus orígenes en 1842. Su antecedente fue un pequeño periódico femenino titulado La Moda que empezó a publicarse en Cádiz en 1841, de la mano de don Francisco Flores Arenas, escritor andaluz y periodista conservador de El Globo. Unos años más tarde, en 1849, el editor don Abelardo de Carlos Almansa compra este pequeño periódico de modas, entonces en crisis, y lo convierte en una publicación de gran éxito y con beneficios. Tuvo tanto éxito que se vendió por toda España. En 1861 cambió su formato y adoptó el nombre de La Moda elegante ilustrada y a partir de 1871 comienza a publicarse también en Madrid. La moda elegante es una de las publicaciones “femeninas” más longevas, pues continuó su larga vida hasta finales de 1927, sobreviviendo a De Carlos.</text>
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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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