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11

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enfermedades de l a Uretra ó caño de la orina, p r acticamos todas las
:/JI
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trech amiento s de l a misma, empleando procedi mientos rápidos y
;,,
ec onomizando a l enfermo salud y tiempo.
1»
E n las e nfer medades de la Próst11.ta, emple amos el Procedimiento
°;/i
I tali ano, con las últimas r eformas que han sido hechas en los Es.l)J
tados U nidos po r un renombrado especialista.
j_l¡
L a s enfe r medades p or el agotamiento prematm·o son tratadas con ";/i
éxito e nteramente satisfactorio. Las enferme dades secretas las tra_l)J
tamos po r los p rocedimientos más modem os que en la actuaiidad
)
se usan en Europa. Las hernias son curadas sin o peración sangran~
te y sin ptlligro para el enfermo, si guiendo, cuando conviene, el mé?
todo Esclerógeno ó método francés. La Sítilis es tratada eu sus di- }
versas manifestaci ones; figurando en nuestra estadística más de
:/JI
1~,ooo casos curados con éxito, poP nuestr o procedimi ento. La Va- :/JI
ricoce1e es curada r adicalmente por un procedimiento propio del Dr.
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Se m and a r án g r atis, á quien los pida remitiendo un timbre de á 10 ?.ll
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AÑO IX. --TOMO II.--NÚM. 3.

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eminentemente curativos que contiene:

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tropical, tan OOII1Ún en nue,tros países, de enfermos de la mé- ~
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MUNDO ILUSTRADO

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DE JESÚS F. CONTRERAS
EN SU ESTUDIO
PARA ADIESTRAR LA MANO

IZQUIERDA

. &lt;

Y -l

�Domingo 20 de Julio de 1902.

TRISTEZA DE OTOÑO.
Varios amigos íntimos nos reunimos aquella noche en casa de María Suberseaux, que
celebraba su cumpleailoR.
Antes de las diez la conversación fué languideciendo por momentos; y entonceR ¡¡faría
se sentó al piano y tocó-corno sólo ella sabe
hacerlo-una romanza deliciosa que nos impresionó hondamente.
-Nada causa en mi ánimo tan extraüa
emoción como esa melancolía dulce y lúnguida de ciertas músicas, qu~ parece vasar, 3;un
después de muerto el ~~mdo, en loma~ !'econclito de nuestro ser, chJO una de las Jovenri;
allí presentes.
. .
Aquellas simples palabras lucieron en nosotros el efecto de una sugestión. 01 vi dando el
carácter de la velada familiar, cada cual habló de la hora de mayor tristeza por que había
pasado su espíritu, y de la m~sica &lt;1ue mús
perdurabl~mente hab~a logrado rn;ipres10narle.
Las muJ~res exp~s1eron las mas . rar~s. teorías los mas complicados caF0S ps1colog1cos.
Luego les tocó su ~ez {dos hom?res. Toclo:hicimos alguna sencilla confidencia, e\'ocando recuerdos lejanos.
Sólo Armando N:l&lt;'"'*- hermoso muchacho
de ojos luminosos y m,anos ducales, . ;1dorad?
secretamente por Mar1a-permanec10 en silencio como abstraído en un sueño de amargura. '
.
.
Viendo que todas las miradas se fiJaban en
él, comprendió que había llegado su turno y
dijo lo siguiente:
-Paseábame con la bella Isabel Stévenson
en una tarde del último otof10, á la orilla del
mar.
La había conocido en los primeros días de
mi llegada al puerto, y simpatizamos de, tal
modo, que poco tiempo d~spués no~ tratitbamos como si fuéramos antiguos amigos.
Ella habitaba un pequefio pabellón construído sobre las rocas, y en la_ hora de las mareas las olas lleoaban á depositar sus espumas
en el muro de piedra del corredor, pintado de
un azul claro y adornado con una colección
de acuarelas marinas.
Allí pasé horas inolvidables al lado de
aquella mujer encantadora, alrededor de la
cual parecía flota.r un velo de poesía y de misterio.
Vestía siempre de negro y era delicioso el
contraste del color de su traje con el de su
rostro su cuello y sus manos, de una blancura de;lumbradora. Su cabellera, de admirables matiees, caía graciosamente sobre sus
bom bros como una cascada de oro.
Era delgada y esbelta y podría tener veintiséis años. Creo que quien la viera una_ v_ez,
no podría olvidar jamá~ ~quella figura_~mna
de grandes ojos mela~colicos, qu~ ~~nc1aban
·los espíritus con una mtensa caricia 11npalpable. De mí sé decir que su mirada me hacía
el efecto de un beso dulce y terrible, dado en
mi mismo corazón por los labios ardientes de
una mujer querida.
.
.
De su vida no sabía smo que era mglesa,
que viajaba con su madre-una señora fi:U~ y
elegante, de cabellos blancos--y que partman
en el primer trasatlántico que llegara á aquel
puerto, que les habí~ gustado por su aspecto
pintoresco, por su clima y, sobre todo, por la
serenidad de sus noches, cuya calma sólo turbaba el sonoro clamor de las olas.
Aquella tarde. una inquietud sin nombre,
un hondo desconsuelo, se habían apoderado
de mí, sintiendo bajo mi brazo el suave cal&lt;?r
del brazo de mi amiga, que muy pronto, quizá dentro tle algunas horas, dejaría de ver para siempre.
.
.
Ella miraba el horizonte, poblado hacia P.l
sur de enormes nubarrones cenicientos; miraba la movible llanura del mar y el fulgor amarillo del ocaso con una eA.l_)resión desolada; y
envueltos en una como neblina de ensueño,
ebrios de emoción y de angustia, caminábamos como sonámbulos por la ancha playa solitaria, sobre la qu~ parecía descender de los
cielos azules una tristeza profunda. Nuestros
espíritus, impregnados de la doliente poesía

EL MUNDO ILUSTRADO
que había tradu~ido en músíca poética!_ !Cuánto debió trabajar en afinarlo, tesar y estuar sus
cuerdas basta hacerlas vibrar al fin con dulce
gemido!. .. Debió reconocer entonces la posibilidad de realizarlo todo en el mundo, menos
regir el pensamiento humano por la razón abstracta· allí donde esta razón no encuentra un
homb;e sano y equilibrado en quien germinar
y abrirse en flor, muere por no someterse á
la tiranía. El poeta egoísta, de acuerdo con sus
planes podrá hacer mover polichinelas, pero
no cre~r Yerdaderos Reres llenos de vida con
procedimientos mecánicos.
De aquella escena en que Goethe quiso crear
hombres fué arrojado al fí n por un"pudel&gt;,( 1),
ejemplo que hará meditar á todo rl que trate
ele ejercer desde ani ha u na autoridad artificial.
Allí doncle un (-loethc había fraeasatlo, fraea:-aban los clemús, por ser e~to de buen tono:
los poetas siguieron aún compon_iendo pie~as,
pero ya no para repres,_entarlas, srno p~ra 1111primirla,; i;olamente. bnto1H·eH aparec10 aquel
engendro monstruoc;o, inaudito: «¡ Dramas escritos para la lectura muda!"
En su "Wílhelm ¡¡Jfister," noctlw proce&lt;li6 .
como artista puro, al qur hasta el poeta niega
RU concurso para inventar un deRenlace consolado de la acción; rn sus \\'ahlverwandtschaften,,, el poeta, lírico y elegíaco se manifies0, como vidente ele a mas, :1unquc no como vidente de criaturas animadas.
Pero lo que Cervantes hahía percibido en
sus pesonajes "Don Quijote y Sancho Panza,»
se revel6 á la mirada universal y profunda de
( loethe, bajo la forma de :F'.w.sto y i\1e~st6feles; estos personajes perc1b1tlos partí_cularmente por él, acompañaron luego al artista en
sus investigaciones, como el enigma buscado
de un inefable sueño poético, en_igma del 9ue
Gocthe, por un esfuerzo muy poco artístico,
pero sincero eü absoluto, creyó haberse hecho
duefio en un «Drama» impoRible.
Para libr:n al mundo ele la maldición que
per-:a sobre fl, ~e deben buscar ejemplos efect\vos de estudios serios donde encontrar la pos1hi lidad de la salucl. Debemvs buscar los caminos que la na,turale;:a misma, con solicitud de
tierna y cuidadosa madre, ha trazado, adelantándose á nosnt ros para nuestro povecho. Este fné el objeto de las investigaciones de Goethe, y esto es lo que hizo de PI un ejemplo tan
consolador, tan confortante para nosotros. ~
hecho de que su Fausto, viejo y caduco, se viera precisado á recurrir al diablo pa1:a _Preparar
un refugio i't la libre y hurn_ana act1 V1dad, . ~o
nos permte, en verdad, considerar esta creac1on
como el definitivo asilo de los seres puros; pero por este solo hecho el alma del culpable lué
arrebatada á ese diablo, porque un alma celestial adoraba al infatigable trabajador.
.
El poeta hubo ~e h_uscar tambié~ c~n am•
mo sereno en los rnstmtos de asocrnc10n humana aquella tendencia conser~adora de formación descubierb1 en el trabaJO de la naturaleza. Así lo V(;mos claramente en las citas Y,
consideracio~es sacadas de un «\Vanderjahse•
por Henri de Stein · no puede dejar de re
nocer que Goethe s~ pre.:&gt;cupó vivamente co
FROILÁN TURCIOS.
tal pensamiento: la posibil~dad de fundaru
sociedad nueva sobre una tierra nueva. Con s
~·ecto sentido llegó á reconocer que no se I
esperar una gran cosa de una sencilla emigra-.
ción, si no era precedida, dentro del terrufi;,
materno de la vieja patria, por un convenCl
miento fundado en la educación intelectual 1'
Xo sé dónde dijo Goethe que en toda rn vimoral; y desde el puIJto de vista precisameJ?
da á pesar de ser fecunda en acontecimientos,
te de esta educación, intentó presentarn?~ ti·
no' había experimentado más que cuatro sepos ejemplares de sugestionadora expres1on.
manas de pura felicidad. En cuanto á los años
Rica.rdo WAGNER.
de mayor desgracia, no ~es concede especial
mención· los conocemos sm embargo. Fueron
[1] •·Pudel"'1 que en alemán quiere decir" gosq,ueoillJ":;.
1
aquellos 'en que trat6 de adaptar á su uso un
rro de lanae," significa taml?iéo hyerro, fracaso. Alu e
instrumento desafinado y maltrecho. 8u poeste juego de palabra e al pumer Fausto.
deroso espíritu aspiraba á librarse de la soledad silenciosa de la composición literaria por
la obra tle arte viril y sonora. ¿Qué mejor y
más segura mirada que la suya para abarcar
la vida y conocerla? Y una vez poseído de la
verdad, aquella verdad observada, pintada y
descrita por él, ¿qué más natural que el de~eo
de hacerla oír en ese instrumento? ¡Oh Dios
mío! ¡Cómo resonarían en sus oídos, desfiguradas y desconocidas, aquelliis concepciones

de la tarde sufrían un dolor intenso, y nuestros labios guardaban un silencio desesperado, en el que toda palabra, hasta la más leve,
hubiera sido inoportuna.
.
Caminamos así durante algunos mmutos,
mudos y trémulos, fr.,nte al mar infinito. Yo
aspiraba el tenue perfume que se exhalaba de
los cabellos, del seno, tle to&lt;lo el cuerpo de
aquella dulce criatma. Aro11;a sut~l. que me
embriagaba, que me enloquecrn, sugrnén?ome
una visión inaudita de belleza y de gracia ultraterrestrrs.
-¿.No habéiR amado nunca?-le pregu?té
de improYiso, casi instintivamente, 1mpe~1do
por una extraña fuerm interior, por un ardiente dei:,eo de conocer el misterio que rodeaba su
existencia.
]Wa me miró un instante, y ví en sus pupilas una luz nueva. DeRpuéR, (·on una bella,
Ronrisa en los labios hanuoniosos, dijo sencillm11ente.
-Sí. He amado mucho, una sola vez. Es
una antioua historia de mi primera juventud.
lTna leye~da de sangre y de lágri,nas. El mu;
rió trúgicamente, lamentablemente: he aqm
todo. Y o he jurado ser fiel á ¡;u memoria .1:
llevar, durante mi Yitla, en mi alma y en nn
traje, el luto de su amor.
.
l\lientras ella hablaba, sentía yo como s1 una
mano de hierro apretara mi corazón, como si
mi espíritu se llenara de lágrimas de flwgo.
Guardamos de nuevo u11 i;ilencio que entonces me pareció solemne ............ .. ........ ..
Un grito ronco y lejano, que_ venía de al~ú,
de las inmensas soledades marmas, nos lnzo
estremecer.
-Es el trasatlúntico-dije yo mirando en
el claro horizonte del ocaso, casi Ít flor de
agua, una pequeña columna de humo.
La hermosa joven me mirú un segundo,
muy pálida.........
.
.
Y contiuuarnos nncstro paseo, 111consc1entes, taciturnos, bajo l:t anguRtia de un silencio mortuorio ........ .
Llegaba á nosotros, de las últimas casas del
puerto el lánguido sollozo ele una guitarra, á
la que 'se unía una voz de mujer que cantaba
una balada melanc6lica, una de esas banales
canciones de un sentimiento tan vivo, que
nos hace sufrir, sufrir sin causa ó gozar con
un goce doloroso ....... ..
Aquella música lejana, en la agonía del_crepúsculo, bajo el cielo sereno, ~n el que brillaban, como flores de luz, las primeras estrellas;
el monótono ru1110T de las olas; el vuelo de las
aves marinas; el cúlido soplo de las brisas
errabundas· todo mezclado, compenetrado,
confundido' con una desolación íntima y suprema llegaron á producir en mí una tristeza des~sperada, honda, infinita;. una tristeza
ante la cual eran pequeños el cielo y el mar;
una tristeza tan inconsoln;ble, J-:an profunda,
tail extrahumana, que crei moru .............. ..
Morir allí con la postrera luz de la tarde, con
las mano; sobre el corazói1, con los ojos llenos
de lágrimas, con los labios sellados por un silencio terrible, más grande que la Muerte ......

GOETHE

======== = = == == = ====.,;;E~L;;,,;;MUN~;,;,;;;;D,,;;O;.,,;;IL;;;U,;;,,;;S,;T~RAD~~O~-=""

Domingo 20 de Julio de 1902.
- - =============

clesús

c7.

'8onfreras.

Cuando del seno de una raza como la nueRtra? ardiente, pero voluble; pasional, pero H'l'sátil ; generosa, pero inconstante; lúcida, pero
perezos~, surge un hombre á la vez inspirado
y enérgico, talc•ntoso y pujante, síntesis admir~ble ~e cerebro, c~rar.6n y músculos, de intehgencrn clara, Rentunientos nobles v voluntad
indómita, los amantes de la ciencia los entuRiastas del ª!-te, los adoradores de la' patria deben descubrir sus frentes en ¡.:efial de admin1ción_ y mirarlo corno un hijo privilegiado del
destmo.
La naturaleza humana cornpleJ·a.,,. múlti'
p 1e a' pesar d e su aparente
unidad,·' sólo se
acerca á la perfección por la armonía de Rus
facultades y la proporciún de sus diversas al'tividades. En el orden mental las potencia!:fundamentales son la inteliorncia el sentirnie::to v la vol untad
"'
'
E l talento solo, po;. grande que él sea 8ill
la nobleza del sentimiento, es antes pernicioso que benéfico, y odioso que estimable; y sin
1~ energía de la Yol untatl, es infeeu ndo y est(,.
n i. Los hombreR eminentes rn cienl'ia en arte, en políti?-'1.; los que han dejado tr;s ele RÍ
huellas lummosas en la historia los verdadl'ros benefactores ele la humanid~d, han sido {t
la ,:ez l~cidos, b~enos y enérgicos,y no puede
aspirar a constrmr monumentos duraderos y
ohras inm?rtales quien,á la vez que intelige11te,. no se siente noble y grande por el senti1mento, y pujante y poderoso por la voluntad.
I:?s sentimentales sin pujanza, son estérile~
plamderas,. capaces de grmir y llorar, de anhelar y aspirar; pero son los eternos vencidos
por la adversidad y las eternas víctimas en la
lucha por la
Sal_vo tal cual chispazo tk
talento, que b~1lla un rnRtante para extinguirse luego, su vida es oscura su oloria incier•··
· son' fanales,sonluciérº
=, su o braef'uuera. ?\o
1~agas; no son l_uchadores, son convulsionanos; no son ágmlas, son mariposas.
Los hombres pujantes sin sentimentaliF:mo,
S?,n, por lo común, grandes per\'ersos; la p1es1on de la voluntad los empuja á una acción
desbordante que el ideal no orienta, que el
amor no entauza, que la generosidad no atempera. ~on huracanes, aludes cataratas rau
~os y destructores, impetuos~s y arras~ntes.
Toman por asalto á la humanidad, se desbordan sobre las sociedades como los bárbaros
sobre Roma, y dejan en la tierra que pisan
huellas de sangre, en el camino que recorren
am ontonamientos de ruinas, y en la memori~
de los hombres, repugnancia y odio.
f &lt;? así los ~ere~ completos, acabados y arm om co~; é~~os t1en~n una brújula, el ideal;
una aspirac1on, el bu:m; un itinerario y un fanal, su ciencia y su inteligencia, y un· propulsor poderoso, su voluntad. ~on á la vez ala y
palan~; . e:ilor y luz; fecundos y prolíficos,
crean, 11:1c1an, reforman, regeneran y dejan
en la ciencia, principios; en el arte model~s; en la legislación, códigos; en la s~ciedad
';rtu?es; en la industria, mejoras; en la con~
c1enc1a, derechos;
, d en la política, libertades, J"
en e1 corazon e la posteridad, gratitud y
amor.
.
E n el dominio del arte, Jesús F. Contreras
fué uno de esos hombres privilegiados curn
m en!-3,lidad descansó sobre la trípode 'i11conmov1ble del talento, del sentimiento y de la
V&lt;?luntad. Luchador infatigable, nacido en humilde cuna, supo, á fuerza de eneroía de
;onstancia, de trabajo y de estudio :1e~arse
a una po_sición envidiable,y llegó á ~cuparlugar predilecto en el corazón de cuantos lo con oe1eron, en el mundo del arte y en la sociedad.
·

vi?ª·

E sta primera e~pa ~e su epopeya, sus combates c~mtra la m1sena y la ignorancia; sus
an&amp;ustias frente al múrmol rc,helde i't las evocaciones de su ideal; sus luchas utópicas cont~a el bronce candente y destructor que en
c~erta ocasión estuvo á punto de devorarle los
p1~s; esa lenta ascensión al Tabor por un cammo de Calvario, sus días sin pan, sus no-

ESCU L TOR JESUS F CONT RERAS, ·¡· el 12 del actual.

ches sin fuego, las crueles nostalgias de nue:-tro sol y de nuestro cielo en la boardilla extranjera y helada y en el taller brumoso, todos es_os dolores, todas esas miserias son poco
conocidas; pero sus íntimos Rupieron toda su
crueldad.
Xada pudo abatirlo; saltó obi:;tácmlos sorteó escollos, libr6 combates y alcanzó Yict~rias.
El d_e sheredado llegó al bieue,;tar, el aprendi½
se l11zo maestro,_ el artista surgi6 y se impuso,
y ante él ~e abneron todos los horizontes y para él sonrieron todas las esperanzas.
. En la cúspicl~ lo acechaba, tosca y despiadada, la fatalidad, y tras sufrimientos prolongados y crueles, perdió el brazo derecho
qu~ tan vigorosamente empuiiaba y esgrimí~
el cmcel.
. El _gladiador quedó inerme, el inspirado art1sJ-:a,11npotente;y otra vez los buitres de la misena y los buhos habitantes de las noches negras aletearon sobre su frente, amenazándolo
con el olvido y la mendicidad.
El atleta, tlesconcertado un punto recobr6
,
h'
'
t o .sus
µron
.
, . encrgias, re izo su educación , se
1mprov1so 111strume11tos de trabajo, se puso {t
la obra, y el vencido de la víspera alcamó la
más estupenda de las victorias con esa obra
p~o_digiosa que _él llamó "::\Ialgré tout!,,,símbolo
viviente y palpitante de su vida de luchas •·
'?-cto~·ias,y ejemplo inmortal para todos los pu's1lánnnes y para todos los descorazonados.

El tle:-:tino no podía perdonarle aquel 'triunfo y ú pc¡co se eel,ó en él cruelmente: lo maniató con la parálisis· lo aniquiló con el dolor·
~e robó hasta la palaÍn·a y lo empujó rahios~
a la tumba creyendo que iba á hundirlo en el
olvido.
«l\Ialgré tout!" ~1:,e es el grito de los hombres
fuertes; ése el lema de las voluntades pujant~s. «lllalgré tout!" sí, á pesar de todo! Con ese
signo se Yence hasta la muPrte misma. Con
«)Ialgré tout!" Contreras ha conquistado la inmortalidad.

Na_da más á ciertos genios es permitido tener ciert.::&gt;s defectos.-Yíc'rOR Ht:Go.

*

. ::\Iuchos artistas creen demasiado en su gen;o y no bastante en el trabajo.-Juuo BRETo:x.

*

Se comienza por hacer arte se acaba por
hacer obra.-F, BRUNE'l'IERE. '

�EL MUNDO !TJUSTRADO

Domingo 20 de Julio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO
su tribuna improvisada. ~na inmensa ~clamación respotide á este ardiente l~amamiento y
en un instante los árboles del Jardín qued_an
despojados de sus hojas, con las cuales los ciudadanos se hacen escarapelas.,,

-:-.. ,··......::? ;,.,:~··

.

'

La. tragedia comenzó,, á parti~ de esta pri mera explosión. Todo Pans se agita y se revue~ve como un mar proceloso, y el Trono experimenta una gran t repidación; de hecho e:staba
ya derribado. Al pueblo se unen algu~os destacamentos de los guardias franceses y se recorren las calles paseando el busto de Nécker; en el jardín de las

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JESU S CONTRERAS EN SU LE CH O DE MUERTE

14 DE JULIO
Camilo Desmoul1ns.
Camilo Desmoulíns era un desconocido que
entró á la Historia de un solo paso.
En los momentos en que, á moción de Mirabeau la Asamblea Nacional, fuerte y terrible de;de 'el solemne juramento del ce.Juego de
la Pelota.i&gt;, pidió á Luis XVI el retiro de París de los veinte regimientos extranjeros pagados por la Corona, y el Monare;a ~espondió con
la destitución de Nécker, el mmistro popular,
París era como una nube demasiado preñada
que d~bía descargarse muy pronto. El hambre
conturbaba todas las inteligencias, el odio convertía cada pecho en una fragua ardiente, la
desesperación hacía vibrar todas la~ 3:lma~. La
noticia de la salida de Nécker del mm1'lter10 de
las finanzas, cayó sob_re ese París,, ei: el cual
la vieja Francia se ag1ta_ba en sus ultimas ?Onvulsiones como una chispa sobre un barnl de
pólvora. El Palacio Real, especie de cuartel general de la Revolución, presentaba aquel día
memorable, el 12 de Julio de 1789, una fisonomía formidable.
He aquí cómo describe un historiador la entrada del jóven colegial:
«En aquel momento el día estaba en su media carrera. Entraba la canícula; un Sol ardiente &lt;lardeaba sus fuegos sobre las planchas
del gran monumento real. Rt•pentinam~n~,
un rayo hiere &lt;:l espejo colocado en el meridiano del jardín y prende fuego al pequeño cañón diversión habitual de los paseantes. Esto
fué ~omo una sefial. Un j6ven que no era para
la multitud más que un desconocido, pero á
quien la Historia llamará _c~n el nombre de Camilo Desmoulíns, se prec1 pita del café de Foy,
sube á una mesa con el vigor y la agilidad de
sus veinte años y pronuncia una arenga inflamada.
- «Ciudadanos! No hay un momento que
perder. Yo llego de Versailles, Nécker ha sido
destituído ... esta caída es el toque á rebato de
una San Bartolomé de los patriotas. Esta noche todos los batallones suizos y alemanes salarán del Campo de Marte para aniquilarnos.

( Apunt e

'fullerías una carga de dragones acomete sobre ellos derribando á algunos, y con esto la
indignación llega al colmo.
Camilo Desrnoulíns, que aún llevaba en la
ropa el polvo de las bancas del co~egio donde
acabara de disertar sobre los discursos ~e
Cicerón y las arengas de Demóstenes, solo, ~;n
mús apoyo que su entusiasmo y ~u gran J?asion
por la Libertad, lanz~ndo el pnmer g~1to de
"'uerra desafiaba las iras de la riionarqma Y de
los re);es, cosa que la misma_ A~a~blea, Nacio11al no se atreYió á hacer, m s1qmera a sostener leO'itimando el movimiento con su autorización~ Tampoco hacía falta.. El pueblo_obr~ba por sí y ante sí; con una soberana rnt mción comprendía que su salud est:a,ba en la guerra y ú ellfl. se lanzaba en un vért1go saludable.
·
Treinta mil hombres re-::--,..._
sueltos armados con fusiles en~ontra&lt;los entre la
paja de un hotel, lo más
florido de la burguesía,
de la juventud y de la c~ase obrera, la flor de la ciudad caminaban dos días
después hacia ~a :13astilla
como una ola fervida, P'.1·
ra ahogarla en su propui.
sangre y demolería entre
sus brazós
La prisión de las ocho
torres estaba preparada
para la defensa con muchos días deant1cipación:
un batallón
de suizos, la
guardia de
los inválidos, municiones, cafiones, víveres,
pólvora en cantidad suficiente fpara volar medio
París, y una muralla de
nueve pies de ,'spesor, reforzada con parrillas de
Album de Contreras.
hierro, hat:fan de este edificio la má~ formidable
ciudadela. Con todo, no resistió más que cinco hc,rflR de combate para quedar reducida á escombros.

Xo nos queda más recurso que correr á las armas y tomar «cocardes» (escarapelas) para reconocernos... Qué color elegís? El verde, que
es el color de la esperanza, ó el azul ~e los Cincinatos, color de la libertad de América y de la
democracia?
((-El verde.... ! El verde... !, grita la multitud, y entonces el jóYen, que ya no tartamudea
ni vacila al hablar, responde con voz clara y
vibrante :
"- Amigos! La señal ha ~i~o dada. Veo ~esde aquí á los espías y sateh~s de la policía
que en estos momentos me miran de frente ... ;
pero no caeré vi~o ~n sus manos. Que todos los
ciudadanos me imiten!»
«Y acto continuo agita dos pistola!", pone
una cinta yerde á su sombrero y desciende de

I

I

de Villasana.)

¿Por qué?, han preguntado los escépticos;
qué significación podía tener para el pueblo la
Bastilla, que era como la prisión de los patricios? ¿Por qué se dirigieron á éBta en vez de dirigirse á Yincetres, que era la prisión de los
pobres·?
Era un acto rle alta justicia. La Rastilla tenía algo de fatídico que la hacía un símbolo
de t"'rror ~' de crueldad inaudita; era la opresión en su forma más desesperante, en su último refinamiento de dolor llevarlo hasta lo inconcebible, más allá de toda resistencia humana. rn prisionero ei"cribía á una dama de honor de María Antonieta: «Hoy, señora, hace
cien mil horas que sufro ... !» Sin embargo, no
imaginaba que le faltaban doscientas mil más.
Entre los siete prisioneros que encontró el poeblo en los calabozos, á seis metros bajo el nivel del suelo, donde la humedad apenas permitía reRpirar, ó en lo alto rle las torres, donde
el frío del invierno ara álgido, dos estaban locos y uno de ellos, cuya barba estaba tan
crecida que le llegaba hasta la cintma, creía
vivir aún bajo el reinado de Luis XY y decía
llamarse «el mayor de la inrr.ensidad». Otro
exclamaba: «Durante los siete afi.os que permanecí encerrado por delitos que jamás llegué á
saber, en la bella estación no tenía suficiente
aire; para calentar mi cámara glacial, se me daban maderos sacados del agua; bebía, ó mejor
dicho, se me envenenaba con agua pestilente
y corrompida; mis alimentos no los habrían comido los perros más hambrientos.. . !»
La destrución de la Bastilla tenía, pues, una
significación grandiosa, humanitaria, para
aquellos bravos campeones de la Revolución.
Por esto la noticia fué recibida con gran regocijo, aun en las clases aristocráticas de pueblos
de tan diYersa índole como el inglés y el ruso.
La Francia libre nació el 14 de julio de
-1789, y con ella la libertad política del pensamiento, del hombre y del pueblo. La obra de
Voltaire se había consumado. En señal de ello
sobre el mismo lugar en que eRtaba la orgullo~
sa prisión de Estado, los republicanos levanta-

ron esa esbelta columna de bronce·en·cm·a cima el Genio de la Libertad parece comÓ que
quiere atraer bajo sus alas doradas á todos los
pueblos que sufren.

***

Pero... ¿.y Camilo Desmoulírn,?
.\h! el gran patriota, la figura más simpática rle la Revolución, después de combatir al
lado de l\lirabeau y de Robespierre, cuando
apenas comenzaba á 8entirse embriagado con
las primeras sonrüms de la gloria, fué, un día,
el 31 de mario de 1794, detenido con Dantón
y enviado con él, su último maestro, al cadalso seis días después. Alma sensible, casi femenina, amaba la vida porque comenzaba á encontrarla bella al lado de su idolatrada Lucíle y de sus hijos.
Al ser conducido en la carreta al patíbulo,
arengaba con desesperación al pueblo:
-Por qué consientes que maten á tus amigos; reconócemel Quién te llevó á la Bastilla?
Quién te condujo á la re,·olución?... Quién te
dió las «cocardes" en el jardín del Palacio
Real. .. ? Soy yo, tu amigo, Camilo Desmoulíns. ..
Funesta amistad... !
Isl\I..\EL MAGAXA.

EL CRISTO.
Conozco á los hombres, y digo que J eólÚs no
es horn bre. Los espíritus superficiales ven una
semejanza entre el Cristo y los fundadores de
imperios, los conquistadores v los dioses de las
demás religiones; pero esta semejanza no existe, porque entre el cristianismo y cualquiera
otra rel igión, media la distancia de lo infinito. ..
Todo _en Jesús me asombra: Ru espíritu me
!'lObrepuJa y su vol~;1tad me confunde; no hay
punto de comparacwn entre El y cualquiera

Domingo 20 de Julio de 1902.
otro en el mundo, pues es un ser aparte. Su
nacimiento, su vida, su muerte, la singularidad de su dogma, que supera la sima de las
profundidades y es su más admirable solución;
la singularidad de este ser misterioso, su imperio, su marcha al través de los siglos y los reinos; todo es para mí un prodigio, no sé qué
misterio insondable que me abisma en una meditación de que no puedo salir, müiterio que
está ante mis ojos, que no lo puedo negar y que
tampoco puedo explicar. En esto no Yco nada
del hombre... Finalmente, y éste es mi último
argumento: no hay Dios en el Cielo si un
hombre ha podido concebir, ejecutar con todo
éxito el gigantesco designio de arrebatar para
sí el culto supremo usurpando el nombre de
Dios Jesús es el único que se ha atrevido á
hacerlo, el único que haya dicho claramente y
afirmado sin perturbarse él mismo de sí propio: ce Yo soy Dios;» lo cual es bien diferente de
esta afirmación: ,eYo soy un Dios»... ¿Cómo,
pués, un judío cuya existencia está más averiguada que todas las de la época en que vivió
siendo sólo el hijo de un carpintero, se hizo pa~
sar desde luego como Dios mismo, como el ser
por excelencia, como el creador de todos los sere~? ¿Y se arroga toda clase de adoraciones, y
edifica su culto con sus manos, no de piedras
sino de hombres?. .. ¿Y cómo por un prodigi¿
que sobrepuja á todo prodigio, quiere el amor
de los hom_bres, es decir, lo más difícil de alcanzar en este mundo, y lo consigue al momento? De todo esto deduzco yo su divinidad. Alejandro, César y Aníbal fracasaron en esta empresa; conqu_istaron el mundo y no llegaron á
tener un amigo.
El Cristo habla, v en lo sucesivo las generaciones le perteneceñ ... Todos los que creen en
El, sien~en ese amor cuya fuerza no puede gastarse, m cuya duración puede limitar el tiempo, ese gran destructor. Yo, Napoleón soy
quien más lo admira, porque he pensado en
esto muchas veces, y es lo que me prueba absolutamente la Divinidad del Cristo.
NAPOLEÓN

BONAPARTE.

dosé cJJ(arla c1loa dlárcena.
. Nos_consagramos hoy al escritor notable y erudito historiador
Jalapeno D. José María Roa Bárcena, á quien la crítica ha juzgado ya y c?locado en el alto puesto á que se ha hecho acreedor
por sus escritos.
S~p~uagenario en l:i, actualidad, el señor Roa es uno de esos
ar:cianos altamente simpáticos, á quieues se les escucha con deleite y se les trata con veneración.
.!ecunda ha sido su labor literaria, y como dice uno de sus
biografos, en todas las obraR que el señor Roa ha dado á luz se
nota una_tendencja decidida á favorecer el desarrollo de las' letras mex1ca~as, a _serles útil cultivando diversos géneros que
pueden serv1r de eJemplo y de enseJi.anza.
. Con cleci~ida vocación ~ara_ las letras, las cultivó desde muy
Joven, pubh?3-ndo sus escntos en varios periódicos vera.cruzanos
Y en «El Umversali&gt;, «T_.a Cruz», ceEl Eco Xacional&gt;, y «La Sociedad», estos últimos de México.
, Su primer tomo de poeRías líricas fué publicado en 1858, y en
este, así como ~n sus «Leyendas» en verso, y en sus «Cuentos y
N~ve\as», desc~be con ~xactitud nuestras costumbres. nuestros
paisaJes y los diversos tipos de nuestra sociedad.
·
, El a~1o de 1860 pub!icó un c,~atecismo elemental de Geografia l!mversal», y tres anos despues su ceCatecismo de Historia. de
:\íéx1co» y sus «_L~yemlas ~Iexicanas«, en verso, que contienen
numerosa~ tra:11m01~es. cuadros y descripciones ele sucesos de
nuestra historia antigua.
Desde es~s ~ínei~i. em·iamos nue,;tro reRpetuoRo saludo al viejo
maeRtr? y_d1st1~g~u?o amdémico, cuyas ccLeyendas« han merecido el, sigmente ¡mc10 del notable literato español D. l\Iarcelin0
:\Ienendez y Pelayo:
ce .... -.... •·. Las ~e!1J:(O por las mejores. En las de asunto azteca
no hay men_o~ fac1h~ad y_ gracia narrativa, y hay, acaso, m{u;
~oesía de estilo y mas lu¡o y pompa en las descripciones· ero
tie:1~n algo de E.)x6tico é interesan menos, á lo cual cont;i6u e
qmz,t la rare~~ y áspera est1:u?tura ele los nombres indígenas ~a
falta de relac1on de las_trad1ciones y creencias de aquellos :eblos con to?o lo 9ue vmo después de la conquista. De dond~ resulta que s!endo 1g~al en unos y otros asuntos la habilidad d l
poet y qu~zá super~or ~n lo más difícil, es poesía menos hum!1:ª a ~e caracter ~n~10, a no ser_ en «La Princesa Papantzin» que
tiene cierta grand1os1dad profética.»
'

�Domingo 20 de Julio de 1902.

EL :MUNDO ILUSTRADO

Domingo 20 de Julio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

ea lluvia que por fin encharca el suelo;
besa el sol esos charcos
y hecho el llanto vapor asciende al cielo:
el vapor que a.si sube
llega aJ trono de Dios y se condensa
en pavorosa nube
que aprisiona en su seno
plegarlas, altiveces y desmayos,
extiende Dios la diestra, estalla el trueno,
la nube se abre, y de justicias lleno
desciende el Redentor envuelto en rayos!

18 DE JULIO.

finiversarío de la n¡uerfe del Eenemérifo Juárez
«La competencia 6 la libertad de
La gran obrn del ilustre Lic.
cultos depura la conducta social
Benito .Juárez, se agiganta en el
de los ministros del altar, eleva
corazón del pueblo á medida que
su
nivel intelectual y estimula su
los tiempo¡.¡ transcurren y el é\er
celo evangélico; en una palabra
moral ele la Nación Mexicana se
el régimen de la Ji bertad, en ]~
vigoriza, alimentándose con los
religión como en todo, no ofende
sabios principios que el Rdormani perjudica sino á los inhábiles
dor puso en el corazón de los buey perezosos, á los nociYos y conos ciudadanos, al cruzar como
rrompidos; y rsta es precisamenastro divino por los horizontes de
te la benéfica influencia de la Lila vida patria.
bertad en la obra de la civilizaAño por año concurre una leción humana. Y la I~leRia eR una
gión de ciudadanos al lugar en
inRtitución civilizadora, ó no tie&lt;JUe han quedado los reRtos del
ne razón de Rer.
Patricio, y conmemoran el 18 de
Julio, fecha negra en la historia
«Xo, las leyes de Reforma no
nacional. porque ese día la muerRon tiránicag, Rino redentoras ele
te ra~ró implacable sobre el amigo
la conciencia del hombre; sólo la
pr~dilecto (lt•l puehlo libre.
ignorancia fanática ó la mala fe
La manifeRtaciím efrduaela d
sectaria pueden proclamar lo condía ele antier fué solemne, grantrario.
diosa y conmorndora cual era juR«.Juárez es hijo del Partido Lito.
beral,
y ciertamente una de sus
Desde el ciudadano esc-larccido
glorias más puras y legítimas; pehasta el humilrle hijo del pueblo,
ro el Partido Liberal no le produfueron á cubrir con flores el lugar
jo para su uso exclrn;ivo, no. J uádonde reposa el il m,tre J uárez.
rez
pertenece á la Nación, y su
Desde la gr:m comitiva que f:e
obra para la Nación fué hecha.
organizó para que marchara de
Caben, pues, dentro de nuestras
laf: puertaf\ del Palacio ~acional
instituciones, con pleno derecho
al panteón de San Fernando, hasen lo religioso, todas las sectas,
ta el solemne momento en que
en lo político, todos los ideales.
el Primer Magistrado de la RepúSólo hay dos cosas intangibles en
blica fué á depo,-itar una corona
nuestra herencia: la Indepensobre la tumba del inl'igne comdencia de la Patria, como baf&lt;e
patriota, ·se sucedieron momentos
inconmovible de la vida naciode verdadera manifestación de panal, y la Reforma, como su amtriotismo.
biente vivificador, como su honComo notas salienteR, la crónira.
ca ha apuntado el notable cliscurRO que el Lic. Rosendo Pineda
«No hay, no puede haber ya
pronunció en el a.cto oficial.
un pueblo intolerante cuya indeNada menoR hubiera podido espendencia no esté destinadiL á peperarse de un orador de semejanrP.cer ó entre los horrores de la
te talla, de un verdadero «leadern
~uerra ó bajo la incontrastable indel Parlamento Xacional, que cofluencia del progreso. La Reforma,
~L LIC. PlNEDA PRONUNCIANDO SU BRH,LANTE DISCURSO.
muJga con las más sanas ideas del
puef', complementa y ampara la
liberalismo.
·
Independencia.
No resistimos á copiar algunas frases del
«Los extremistas de nuestra escuela murmulos ánimos, y ya podemos juzgar mejor de las
notable orador, que probarán la justicia con
cosas. La Iglesia bajo la Reforma vive mejor
ran recelosos por la suerte de la Reforma. ¿Por
que fué aplaudido:
para el cumplimiento de su misión cristiana
qué? ¿Porque el Gobierno de la República no
«Han pasado los tiempos, Re van Rerenando
que bajo el sistema del monopolio religioso.
se inspira en el espírit.u de la intolerar.cia y
de la persecución, característico de nuestro ·
enemigo tradicional? Pero eso sería declararnoR
vencidos, renegando ele la. virtud de nuestro
programa. ¿Con qué derecho habría entonces
vencido el Partido Liberal al Clericalismo?¿Y
con qué derecho conservaría en sus manos el
Gobierno ele la República•? Ko. El Gobierno
no puede ser intolerante, porque tiene que
amparar todas laR sectas, ni puede ser perseguidor, porque tiene que respetar todos los
derechos. La alta misión &lt;lel Gobierno consiste preciRamente en cohonestar, digamos la
palabra, en conciliar dentro de las instituciones todos los intereseR legítimos v todas las
aspiraciones sanas.. Por eso el Presidente de
la Repú~lica es conciliador, y ése será uno de
Rus glor10sos timbres en la historia. Xo; el
hombre que, joven, se lanzó á la vida pública
en las filaR de la Reforma, vertiendo su sang re por ella; el hombre que combatió con insuperable esfuerzo y con gloria insuperable
por la. Indepenrlencia, que· continúa con los
proceflirnientos de In Par., la ohra d~ .Juárez,
ese hombre, no es posible que comprometa los
destin°" de la Patria en vergonzoRas, cobardes
y estét'iles tram,accione:-.
·
«La Reforma eRtá asegurada en el sentimiento del pueblo, y sostenida en las manos del
( foliierno.
«Tengamos, pues, fe en el pon·enir )' eonfia.nz:~ en nuestra cansa ; y como el homenaje mfü.:
cltgno que podamos ofre&lt;'er á la. m emoria d1·
.Juárez, y como la. s uprema expresi6n ele todos nuestros anhelos patrióticos, sobre la tumLA UOMI'l'IV A EN L A A VENIDA JU ÁREZ ,
ba del Grande Hombre llamemos á la concor-

y

¡El choque fué terrible .... ! cuando a.l cabo
entre ruinas sangrientas y despojos
el vencedor se irguió; cuando 'IUS ojos
recorriendo los campos y la altura,
vieron en el confin del horizonte
los tintes indecisos de la aurora
después de aquella noche larga y frfa,
bendiciendo al destino. llenó su alma
de una suprema aspiración: el dfa;
de una indomable voluntad: la C'alma!
Y la paz y la luz al cabo fueron:
vió el arca derrumbarse el alto muro
que encerraba la tierra prometida;
y aquella pobre raza desvalida,
engeñdrada quizá.s por la mirada
despreciativa y seca,
que lanzó en la tortura

'·

dia y al olvido de nuestraR desgracias y rencores á todos los que con nosotros comparten
el nombre de hijos de México. Así y s61o así
consolidaremos la Paz y el imperio ·sereno y
jnsto de la Repúhlica. »

....

El aplaudido po~ta J mié Peón del Yalle pronunció una hermosa composición con trozos
tan brillantes como éste:
Aquellos fueron sfmbolos má.s que hombres:
Hostias por el destino consagradas,
carne y sangre de un pueblo,
en el altar augusto de un calvario,
Dios elevó aquel pan á. lo infinito
del asombrado mundo ante los ojos,
y el sacrificio resultó una gloria;
porque un esclavo comulgó de hinojos
y se Irguió sin cadenas una historia!
Lenta y oculta; acaso basta ignorada
por ellos mismos, germinó la idea:
toda revelación es imprevista,
surge á. la luz de pronto,
mas se elabora ttmida y despacio;
hasta que llega Abril, el campo ignora
que son las flores sus mejores galas,
y el á.guila no sabe que tiene alas
hasta que va á. engastarse en el espacio .....
El llanto que derrama el oprimido __
_

0

'l'RIBUNA EN EL A(;'l'O OFICIAL

a.l caudillo espaflol el héroe aztet'-8.;
en vez de avaro atesorar mllla1•9s,
trocó en yunques y fraguas los altares,
y erigió un templo á Dios : la bibl1-,teca.

¡Juá.rez! ¡Señor! levá.ntate y vé tu obra;
mira la obra de aquellos
Que á. tu lado lucharon y contigo
le dieron con sus leyes !l. la patria
puesto seguro y salvador abrigo;
despierta y mira: del taller, del aula,
venimos ante el ara de esa tumba
el cá.ntico á. entonar de nuestro credo;
venimos á. decirte Que has vencido;
nue el pueblo de sus labios nunca aparta
de tu enseñanza la sagrada forma,
y que soldados de la paz tenemos
un Pstandarte: nuestra Magna Carta,
y sólo un grito al combatir: ¡Reforma!

.....

LHs demás persona.&lt;i que ocuparon la tribuna tnvieron momentoR Yerdaclflramente feliceg, como que todaR ellas Ron de recoflocidas
ideaR de avnnce. y la obra del Patricio les
prestó elocuencia.
Rentimos no ofrecer en nuestraR columnas
inRtant/\.neas de &lt;'arla. uno &lt;le los oradores. L~
&lt;'Ú.mara fotográfica R6lo pudo traernos el momento en que el Lic. Pineda ocupaba. la tribuna.
Ha_v eTi el público la convicci6n de que en
este afio se ha. acentuado de brillante manera
la conmemoraci6n
la muerte de quien por
sus obras ha merec1do la altísima dignidad de

?e

RETIRADA DEL $);{, PRESIDENTE DE ¡,A REPÚBLICA

'

Benemérito de las Américas.

�Domingo 20 de Julio de 1902.

l&lt;}T,

MTTNDO TT,U8TRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

EL EDIFICIO DE LA SE(~H~:TAHÍA D~ JUSTICIA É INSTRUCCIÓN PÚBLICA.
Hace poco más de
un año, el Gobierno
adquiri6 en propiedad
el antiguo edificio que
se encuentra situado
en el ángulo que forman las calles primera
del Reloj y Cordoba ·
nes, y que como se sabe, es obra del inspirado arquitecto Tolsa.
Tal adquisici6n tenía
por objeto situar en
un edificio propio la
Secretaría de Justicia
é Instrucci611 Pública.
Con el prop6sito de
adaptar esta Roberbia
construcci6n al objeto
á que se la destinaba,
1
se tuvo la necesidad de
emprender obras de
gran importancia, las
cuales fueron h á b i 1mmte proyectadas y
acaban de terminarRe
hajo la act&gt;rtada dirN·ciún del f'eñor C1tpitáll
de I 11genieros D. Porfirio Díaz.
En el magnífico edilicio á que nos referimos, se ha logrado en su distrihuciúñ interior
una completa transformaei6n, tanto en la mayor belleza de su arquite&lt;'tura, como en comodidad para el público y los empleados de las
diversas oficinas que t&gt;n él van á instalarse.
Vamos á describir á gran&lt;les ra"gos la ohm
del sefior Capitán de Ingenieros Dí:iz, que de
una manera tan satisfactoria ha conseguido,en
un breve espacio de tiempo, transformar una
residencia particular en un suntuoso palacio.

nen desde la época en
que se construy6 este
edificio los balcones
del motivo central de la
fachada de la calle del
Reloj.
PLANTA BAJA.

A
1

,..,

~

1

"'!!

.
~

··- Fachadas del Edificio de la Secretaría.

LAS FACHADA!&lt;.

La fachada principal, ó sra la de la C'alle del
Reloj, conserva la disposición que se le diera
desde que fué construí do este edificio, sin otras
reformas que las indispensables para dar mayor luz y ventilaci6n á los nuevos departamentos interiores. En la parte central de esta
fachada SP le ha. construído, signiendo el estilo de su arquitectura, un Plegantc tímpano .v
un hermoso frontón. sobre el cnnl quedará
dentro de pocos &lt;lías colocado un helio grnpo
escultórico, en bronce, qne represenfa la Justicia y la Instrucción, obra del malogrado escultor .Jesús F. Contreras.
La fachada del lado Korte, ú sea la &lt;le la
calle de Cordobanes, no ha sufrido reforma alguna. ele importancia, y ta:ito en ésta' corno en
la anterior que hemos rlescrito, los antiguos v
toscos ha.rancfales d&lt;' fierro que tenían los balcones, han ;,ido suhstituídos por elegantes halaustradas ele canterfo, iguales ft las que tie-

Decorado interior de la Entrada Principal
del Nuevo Edificio.

Salón · de Recepciones del señor Ministro,

En esta parte del edificio se encuentran los
nuevo,; locales destinados al Archivo General de Notarías y Registro Público de la
Propiedad y del Comercio, así como á la
oficina pagadora de este ramo, constando estos departamentos de
varias salas y grandes
Aalones elegantemente
decorados, e o n sus
puertaR y 1am brines de
caoba roja, con artísticos tallados, teniendo
cada uno de los primeros su puerta especial
pam la calle, y los pa·sillos que dan acceso
al interior, lujosamente decorados con los
pisos de mosaico traÍ•
clo de Italia. E&gt;1tos departamentos también
están comunicados con los patios princ-ipales.
La gran puerta principal de entrada á este
palacio es de madera de caoba roja, y como
todas las demás del edificio, luce tallados de
gran mérito artístico.
El paRillo 6 cubo que co11dnee de esta puerta principal al interior, ~e halla lujosamente
decorado y ostenta en su elegante plafond varías figuras y trofeos alegóricos ele la Justicia
y la Instrucción; de éste se pasa al vestíbulo
de la gran escalera, el cual se halla también
ric1tmente decorado, siendo su pavimento de
mármol italiano negro y blanco.
La escalera que parte de este hermoso vestíbulo es verdaderamente monumental, sus
peldaüos sor, enormes bloks de mármol estatuario blanco y fué encargada á Carrara; su
barandal es sumamente artístico y elegante,
coneta de cuatro tramos y recibe lnz cenital
por una hermosa cúpula de cristales; frente á
ella se encuentra el local destinado á la Conserjería.
Consta el nuevo edificio de tres patios, y
tiene otras dos escaleras, una para Uf'O de los
empleados del l\Iinüiterio,y la otra para la azotea, lugar en donde tiene sus habitaciones
la servidumbre.
Todos estos patios están comunicados interiormente por pasillos decorados ron eleg,rncia. y pavimentados de mosaico italiano; en el
del fondo se halla instalada en uno de sn,; án.

Salón do trabajo del señor Ministro,

Sala de Juntas de la Subsecretaria de Instrucción Pública.

gulos una poderof;a homha eléctrim que ele,·a [1 los tinacos,que-se encuentran ú un/1. altura de dieci!&lt;iete metros, 1, HOO litros de agua por
hora.
EXTRERUELO.
El vestíbulo en que desemboca la gran escalera de 111ármol en este
piso, luce elegante y c-orrecto decorado, siendo también su pavimento
de mármol de Italia; por él se tiene acceso á las salas de espera del
sefior Su hsecretario de Instrucción Pública, al gran salón de recepciones, á RU Rala dP, trabajo ~' á la de su secretario particular, cu vos artísticos plafond, de PRtilo Renacimit&gt;nto, llaman desde luego hi: atención.
La. Sala de .Juntas, que ~e halla también en este departamento y
que se encuentra fit&gt;lmente reproduC'ida en uno de nuestros grabados
es quizíi uno de los salon~;; más bellos en este nuevo edificio· su ar~
tÍAtico deeorado es ele estilo Renacimiento; los lamb1ines y 'puertas
lucen ele¡mntes t~llaclos; su lujo~o tapiz es ele seda de color salmón, y
C'Ompletando la nqueza de su luJoso plafond.se w una buena pintura
alegórica, que representa la In~trucción. Ha~·, ademús, otros dos grandes salone_s, dos de ellos con vista á la calle, que se destinan á varias
ele las oficmas del ramo, r cuya decoración es muy semejante ú la de
los salones que dejamos descritos.
El gabinete de toilette y W. C. del señor Subsecretal'Ío se halla
también elegantt&gt;mente decorado.
'
Los muros de los corredores se encuentran estucados v sus pisos son
de mosaico italiano.
•

Domingo 20 de Julio de 1902.

sus grandes puertap, lle caoba roja, primorosamente talladas, cuyos
hermosos remates de la misma. madera, casi tocan la elegante cornisa
del hermoso plafond, en cuyo centro se Ye una artística pintura alegórica que representa á la Justicia y á la Instrucción.
.
El piso de esta suntuosa sala es de mosaico de maderas prec10sas y
fué mandado traerá Italia; sus lambrines son de caoba roja, con magníficos tallados.
Sigue después la biblioteca del sefíor l\Iinistro, lujosamente ornamentada,cuya rica estantería es de madera de nogal americano, obscuro, ricamente tallado, y sus grandes puertas estún formadas por cristales de una pieza. El piso de este local se encuentra igualmente tapizado de igual manera que el anterior.
La sala de trabajo del señor l\Iinistro constituye Yerdaderamente
una obra de arte; su rico tapiz de seda es de color oro viejo r ei'tÍt en
perfecta armonfa con la suntuosidad de su plafond de estilo Renacimiento, completando la belleza y lujo de n;te local ~us puertas y
lambrint&gt;s rle caoba roja, magníficamente tallada, así como una ele~ante chimenea de mármol bla11co estatuario, expresamente traída de
Carrara y que pref:enta esculpidos artísticos adornos en relieve.
Sigue clt&gt;spués el departamento del señor ~ubsecretario de .Justicia,
l:omput&gt;sto ele t.es amplias .r elegantes :::alas, la JIÍPza clel secretario
particular del ;,efü,r ~Iinistro, y otros grandes salones destinados á
varias oficinas de esta Secretaría. de Estado.
El gabinete de toilette r \V. C. de los se1iores Ministro y Subsecretario, lucen también elegante decorado.
Los corredores de este piso tienen sus mmos estucadoR, se hallan
cubiertos por elegantes marquesinas de criHtales, y sus pisos son de
rno~aico italiano.

*
El edificio á que noR hemos referido fué ocupado durante mucho
tiempo por la Lotería ~acional y por el ColPgio de Escribanos.

PLAX'fA SUPERIOR.

Desemboca la elegante eRcalera principal en un Yestíhulo decorado
con lujo y gusto artístico, el cual conduee primernmente á la;; salm:;
de espera del señor Mini~tro y ~el seiior SuhRecretario dr .J m1ticia; en
esto~ local;R _desde luego se advierte la belleza dr ~u;; tapices, el gran
mérito artist1co ~le sus plafouds y la rí,Jueza de suR pisos de mosaico
de maderas preciosas, los cuales fueron pedirlos á Itali1t.
Contigua á las salas de eRpe~a de que antN, nos ocupamo~, se encuentra la ~ran sala de recepciones del Rt&gt;ñor St&gt;cretario de .Justicia é
Iustruc-ciún l'ública, que o~tenta Ycrdaclera nrngnificencia en su decor:ido de estilo RenacirniPnto; del hermoso tapiz de st&gt;da &lt;le coloreR p:í.hdos que cubre sus muros, destácanRe, ~omo principal ornamentación,

Vestíbulo y escalera monumental.

Es la construc_ci6n más hermosa que se halla en toda la carrera ele
callt&gt;s que se extiende de~de la esquina N'orte del Palacio Nacional
hasta los límitf's del cacerío ú orillas de los terrenos colonizaclos de
l'erah·íllo.
La inaugmaci(m del suntuoso edificio está ya próxima.

Pinturas alegóricas en los Salones de Recepción y trabajo del Sr. Ministro.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 20 de Julio de 1902.

EL MUNDO ILUS'l'RADO

,,Ca Fiesfa de la &lt;!oloqia Francesa.

desaparecía bajo los millares de ramilletes que tramaban una
red y los focos incandescentes que asomaban de los lirios y
crisántemos que les servían de pantallas, trazando así un cuadro, en lo alto, para hacer resaltar los artísticos detalles y la
finura de la confección en su conjunto.
Los arcos del segundo piso ofrecían el mismo brillafite decorado, agregándose á éste haces de banderas, panoplias de
luces y palmeras, que en los ángulos de la brillante estancia mecían sus verdes penachos.
Tal adorno, senéillo, elegante v poético, atrajo tndas la1-;
miradas.
·
Antes de ganar la doble c;;C'alera. flanqueada de arbustos en
maceteros "artnonvean,'' Re eneontrahael saloncillo de honor, donde fué recibida )fada111e Blondel, la esposa del distinguido diplomático que rrprei-:enta á F'rancia en nuestra RepúhliC'a.
Cortinajes de seda amarillo paja, con flecos y franjas de oro,
haja ban en densos pliegues; mueble,; lujosos tapizados de riea tela rameada; p:antas exóticas en valiosos tiestos de mayólica, Robre columnillas de nogal tallado primorosamente, se
erguían en los á11gulos, )' por último, en el fondo, un espejo
biselado parecía solazarse en reproducir las escenas de la
fiesta.
En la planta alta, los corredores, las Ralas laterales el de
"toilette" de damas; el "fumoir" y demíu, departamentos estaban tan brillantemente iluminados eomo el patio descrito,
distinguién&lt;lose el salón de recepciones, en
donde atraían las miradas un busto en bronce, símbolo de la Francia artística y batallaclora, y nn retrato del Presidente Loubet.

14 DE JULIO.
El entusiasmo que reviste la fiesta
francesa en México, subió de grado este año. Todos los franceses residentes
en esta capital, se dieron cita durante
los días 13 y 14 del me que cun~a, hajo la arboleda frondosas del Tívoli del
Elíseo, y durante la
noche del 14 al 1.'5, en
1 os elegantes salonei$
del Círculo de la calle
dela Palma.
La principal avenida
de la ciudad , donde
abundan los establecimientos ele comercio
francés,se engalanó con
los vistosos colore,; de
la. gran República amiga.
Principiaron las fiestaH con una visita que
vario, miemhi-os prominentes de la Colonia
hicieron al señor Camilo Blondel, Ministro
de Francia en México.
Luego las puertas del
Tívoli se abrieron para
que los alegres -celebrantes de la gloriosa
fecha pudieran reunirse á presenciar las diversiones qne tenían
preparadas y que consistieron en carrera,; á
pie y en burro, en una «G)·mnaka»
curiosísima y presentada por primera
vez en México; juego de "La ponle au
pot)I, una gran kermesse con su respectiva batalla de confetti,y por último, el
baile familiar, organizado en los salones del Tívoli desde las primeras horas de la
noche.
La primera carrera fuf á pie. El punto de
partida estuvo á espaldas de la tribuna principal, y la pista recorrida formaba un semicírculo cuya terminación estaba en uno de los
extremos de la gran tribuna. En esta carrera
fué vencedor el jovencito Alberto Bourlón. A
continuación se efectuó la carrera en sacos,
que, como ,;iempre. provocó hilaridad gene-

/

El Ministro Blondel en la tribuna.

ral. En esta venció Eduardo Laborde, y obtuvo el segundo puesto el niño Echart.
La carrera en burro fué más divertida que
las anteriores. Cnando los jinetes iban en mitad de la pista, el joven Pedro Collantes cay6
de su cahalgadura, pero no sufri6 sino el susto. Los vencedores fueron Alberto Bourl6n,
primer,premio,y Luis Masser,segundo premio.

\

LA '•QIMN AKA, ''

La carrera de la «grenonille)I se efectuó entre aplausos, y en ella fueron
Yencedores los niños Osear :Manier y Rafael Ortiz.
Después se efectu6 la «C-:yronaka»,
(¡ sea una carrera de di versos animales,
conducidos todos por
señorita.~. Las guapas
conductoras de estos
aninmles, fueron la sciiora Blanca ( lómez, señorita J~nriqueta Aumprate, ,;eñorita Elena
)forales, &gt;'eflora F. Pellntier y señoritas Marga.rita ·Dulmlt, Elena
Paz)' Ernilia Gros, que
conducían, respectiYamente, un pato, una
gallina, un guajolote,
un cuyo, una tortuga,
una paloma y un conejo.
Este espectáculo, nne''º en México, llamó la
atenci6n de los concurrentes, que prorrumpiernn en aplausos para las hermosas señorik'ts que :;e disputaron
el premio.
Todos lo;; animales
estaban atados por el
cuello con nn delgado
cordoncillo ele seda, cuya extremidad libre estaba rn poder
ele las dama;;. Dada la señal de partida,
los animales fueron puestos en marcha.
La carrera result6 muy original y
graciosa. Salió vencedor el pato, ocupando el segundo puesto la gallina. Lit
_paloma qued6 u1uerta á mitad de la pista.
Terminaron las carreras con otras en hurro,
montados por los jóvenes de manera de dar
su espalda á la cabeza del animal. En e:ataincómoda posici6n partieron los "jockeys», ele
los cuales fueron vencedores los niños Cástulo
Vaca y Luis Mosser.
La kermesse que se efectuó el luñes, sobrepasó en animación á la que f1e hizo el día anterior.
Además de las familias francesas, vimos allí
á, muchas alemanas, españolas y norteamericanas, aparte de numerosísimas mexicanas.
Los «puestos", iguales en número y en adorno á los del día anterior, se vieron concurridos á tal grado, que las señoritas, dependientes y meseros, no podían cumplir con todos
los pedidos.
Las bandas de ar;illería, Estado Mayor y
14? batallón, se diittribuyeron en el interior
del Tí voli.
Una ligera lluvia comenzó á caer minutos
después de las cinco de la tarde, y esto bastó
para que la mayoría del público invadiera el
salón principal &lt;lel TÍYoli, donde !'le improvis6 un baile que terminó cuando la lluvia hubo pasado.
Puede asegurarse que muy pocas veces se
ha hecho derroche tal de coi ,fetti y i::erpentinas. Los papelillos multicolores tapizaron por
completo el piso de 1as calles y prados de los
jar&lt;linef1, al grado que en una comliderablc extensión del parque no se Yeía. un palmo de
terreno que no estuviese policroma&lt;lo. Las
serpentinas, colgando de los árbole.;; y detenidas en los toC'aclos de las señoras, completa~
ban el encank'l.dor aHpecto de aquel lugar.
La lucha continu6 hasta el obsc:urecer, hora en qne se iluminaron los saloneR, "puestos»
y_jardines con multitud de farolillos vene-,
cianns.
~lu&lt;'has familias ,;e. retira.ron y nna van
parte penetró al salón del baile, mientras
el 1·esto continuaba aún eu los cenadores y jardines del Tívoli.

Domingo 20 de Julio de 1902.

El 'flirt" del cofetti.

El salón de baile ostent:1 ba un ;;encillo adorno. BamlPras meximnas y francesas, colocadas entre guías de he-

no, formaban el decorado de aquel sitio rlonde ,se puso
una abundante ~illería.
·
Cuando terminó la fiesta de la maflann. el señor M1•
nistro de FranC'ia, a.compafiado del presidente~del Comité y al¡runoR miembros rlel mismo Re trasladaron al
hospital francéH cnn objeto rle hacer la Yisita anual qtw
se acostumbra á Ion asilados.
·
El señor Blon&lt;lel mandó lleYar de su casa un exqmsito lunch que se había preparado y lo distribuvó á lo~
enfermos. ~. .o~ mi_embro~ _del Co~ité y algunos otro:-franceses d1r-t111gmdofl, h1c1eron:obsequios á lm; pacirntes.
1

Las fiesta;; tuYieron como digno hroche el baile en el
Casino de la calle de la Palma.
El adorn? era una filigrana ele-arte y coquetería, y la
concurrencia tan numerosa como..distinguida.
Pasado el vestíbulo, el patio, punto culminante de la
fiesta, se ofrecía en toda sa belleza, envuelto en la claridad que derramaban los focos eléctricos suspeudidos
aquí y allá bajo los ar'
cos 6 entre las flores.
El «plafond» estaba cu,bierto por una gigantesca
adormidera que encarrujaba sus pétalos y de allí
brotaba como un raudal
de florefl que venía á terminar en la araña central,
convertida en guirnalda
exuberante.
Seguían las lineas de
los arcos, guías de flores
que iban enlazándose
pomposamente en loe basamentos de las columnas, y la parte media de
ésta contenía foquillos
que brillaban con los colores de las !bandera,; de
-;_
Francia y )léxico.
El cornisamiento casi

Guardia del Liceo Francés.

..

.: .-.·:

.•.

·.

Uno que cae entre dos fuegos.

...

Grotesca carrera en burros

-

Poco antes de las die1. se anunció la llegada
del Sr. General Díaz, que se presentó acompañado de su hijo el Sr. Capitán Díaz, y el Sr.
Capit{m Escandón.
.
La comisión del Comité recibió al sefior
Presidente en la puerta de la calle, y á la ent rada del salón el señor Ministro francés.
El baile comenzó con unos lanceros, y ya
en esos momentos había en el salón más de
doscientas parejas.

*
Se encontraban entre la flelecta concurrencia, los señores Ministros de Inglaterra, su
PHposa; el señor Ministro de Bélgfoa; el señor
Encargaflo de Negocios de Chile, el de España; los Secretarios del Japón y de Austria el
Cónsul General de los Estados Unidos el Gobernador del Distrito y su esposa.
'
A las doce de la noche, el i-eñor Presidente
fué invitado por el señor Ministro francés para tomar el lunch. El primer Magistrado dió
~l abrazo á la Sra. Blondel, y el sefíor Minist ro francés á. la del Sr. Greville.
A la hora del Champague el sefior ~Iinistro francés se
levantó de su asiento, y en correcto espafiol, clió las gracias al Sr. General Díaz por haber asistido á la fiesta
dando así una prueba mús de las simpatías á los francei::e~
y á su patria. Que esas pruebas de amistad no sólo se demostraban en esta ocasión, sino en la no muy lejana al dar
muestras del sentimiento por la catástrofe de la :Martinica.
PropuRo un hrinclis por el Sr. General Díaz y por el Presidente ele Francia.
El sefior Presidrnlc contcRt6 hacienclo nok'l.r la oran
estimación que el pueblo mexicano tiene por Francia~ l:1
nación que primero proclamó los drrechos del hombrr .

�Domingo 20 de Julio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

El Baile de los Viejecitos
XO\.EL\. CORTA.
(Traducción especial de "El Mundo Ilustrado.")
(Concluye)

TII
Yivaracho,;, tembloroso~, emocionados por
la escapada, los dos viejecitos habían bnjado
la escalera de la servidumbre. Mamá Peroux
se cubría la cara hasta debajo de los ojos con
la manteleta; papá Peroux llevaba el pañuelo
sobre las mejillas corno si le dolieran los dien•
tes; de este modo pasaron de prisa por frente
á la puerta del conserje sin ser mirados. La
puerta cochera estaba abierta de par en par y
por ella ganaron la calle sin hacer ruido.
-¿Tienes frío, madrecita·?
Sí, un poco, pero no mucho. Esto me impedirá caminar ele prisa. Dame Yeinte sueldos. Tu vas á la tienda y compras una botella de vino de á dieciséis, no de dieciocho
porque es muy caro, ¿eh?; dieciséis .¿lo oyes!?
- ¿Y si me conoce el dependiente?
-No tengas cuidado. ~unca ponemos los
pies en su casa. ¿Cómo quieres que se figure
que nosotros mismos venimos á buscar nuestras provisiones? Además, si nos reconoce será mucho rn{ts divertido. Anda. l\fientra~ yo
voy á comprar ocho sueldos de castañas. Total: veinticuatro sueldos; lo que sobra lo erastaremos en luz y fuego. ¿Hará calor allá trriba? Te volveré á encontrar aquí mismo ¿eh?
Diez minutos después los viejecitos ~e habían vuelto á reunir.
-Compré dos velas, dijo mamá Peroux.
Pagué h. leña y las castañas y no me c1ueda
un solo sueldo. Toma, ayúdame, esto estú
muy pesado y tengo los dedos helados.
•
- Yo, dijo papá Peroux, compré cuatro
brioches de á sueldo y un limón de á dos.
Tampoco me queda dinero.
Esto no ha sido prudente. Debimos guardar algo para lo imprevisto.
Se miraron sonriendo.
-Lo mismo que en otro tiempo.
-Lo mismo.
Iban caminando lado á lado, ayudándose á
llevar sus fardos. Delante de su casa se detuvieron y miraron hacia el primer piso. El brillo de la luz eléctrica se tamizaba en las cortinas de tul, resbalaba por entre las varillas de
las persianas arrojando hasta la banqueta un
reflejo de iluminación.
·-;--Eso está ~uy .«chic»; dijo el viejecito.
¡Mua! Esto esta meJor por fuera que por dentro ..... .
-¡Eh! ..... . á un lado, ¡imbéciles!-gritó un
c?chero agregando una sarta de juramentos.
1: rozando con las ruedas á los viejecitos penetró el vehículo por la puerta cochera. '
-¿Viste?, dijo la viejecita. Va adentro una
dama vestida de tul color de rosa. Ten cuidado, acércate; mira otro coche que va {i entrar,
y otro y otro. El agente del orden los pone
e!1 fila.. Ah!, en ese landó van dos chmas Yest1das &lt;le .blanco y acompañadas de un viejo
que lleva, el sobretodo entreabierto, dejando
ver toda una ,;arta de condecoracionrs.
-Y. todo es~ mundo su be á nuestra casal
¡Brom1stas! R1 nos reconocieran ..... .
Pchs! Con é,;tos corremos menos peligro
que ~on el tendero.-' _['ara reconocernos sería
prrc1¡.;o que eRta gen_t. .os conociera.
-Pero nuestra híjfí nu1:;stro yerno ..... .
Estiln ya arribn ltaci.endo los honores. To~o está nn~.v hien si!1 no,mtros. ¿,Cómo dndarian que tu co1; el v1110 y el leño bajo el brazo
y yo .ron ~a lmJÍa y las ca,;tafias en el faldón
de m1 levita, estemos aquí haciendo de pazguatos?
Y tener que pagar todo esto! ~e necesita
ser corno nosotros de bonachones.
¡Qué tontera! Siento un disgusto que no me
&lt;leJa reír.
-Oh! cállate, papacito, me vas á hacer reventar de risa. Me di:rie1-to como nna bendita.
-Y yo como un pilluelo.

Mientras tanto, eran más numerosos los coches que llegaban; vinieron más agentes del
~rden y la multitud se apretaba, se hacía dano por.ver. Entonces el papacito propuso:
-Mua, ya me empiezo á cansar· todo este
barullo me atui:de. Sin contar con'que el disg?sto me ha abierto el apetito. Si quieres, subuemos ya.
-Eso~ iba á decir. Hace un poco de frío;
el sexto piso está alto y yo no tengo mis piernas de hace veinte años. Y todavía no estamos en nuestra cafla.
-~ira, elijo el viejecito, precisamente el
conserJe vuelve las espaldas; éste es el momento. Toma .el pan y sígueme. Colémonos trai::
ele ~se «tro1t-quarts» que va (i entrar. X o nos
veran.
S~ hicieron lo más chiquititos posible y Re
deslizaron tras del coche; pasaron entre el inuro Y los caballos v ganaron rectamente la escalera de la servidumbre, sin ser vistos.
-qi Ya ~stá hecho, rlijoel anciano; ni viRtos 111 con?c1dos. Para atrapará papá Peronx
es ne';~sano ser más listo que mi conserjr.
. -:----8.m embargo, he tenido miedo, replicó la
v1eJeclta. :\1 pasar por el pmtal, me palpitaba el corazon con fuerza; pero e,;tos Rustitos
agradan ...... me gui;tan mucho.
. 'Treparon los .eRcalones al principio &lt;"011 n1p1dez, no por 1meclo ele encontrará los criados,
porque bien sahían que éstos estaban en el
vestíbulo y en el cuarto del portero viendo rl
desfile de fracs, de trajes y ele coches, sino porque ?e la calle y del patio subía. un ruido atroz ·
ele pia~ar de caballos, de rodar de carruajes y
de ~lmr y cerrar portezuelas, que les causaba
un mstintivo terror,
En el término de la escalera, frente á la puerta ele la cocina, se detuvieron para tomar aliento Y escuchar algo. Se oía el mismo resoplar
de las hornillas, los mismos golpes de las caserolas, .de los vasos y de las vajilla.e;. Luego
q~e. abrieron la puerta de la repostería, advirtieron que del fondo del departamento lle-

Domingo 20 de Julio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

gaba, como por oleadas, un rumor de multitud
que va y viene, y de voces que se cruzan por
entre las intermitencias de la orquesta.
-¡Qué movimiento, madrecita, y qué desorden debe haber allá.
-¡ No, ni hables papacito! Deben estar oprimidos como sardinas en lata.
- ¡Qué calor debe hacer en semejante estufa!
-Cuando pienso aue allí podía estar yo, me
da calofrío.
·
-Yo siento mareo ..... .
Volvieron á emprender la subida de la escalera, con un miedo atroz de que se abriera
la puerta. ~e la C?cina,y fueran atrapados al
paso, arroJados Vlvos a la hornaza. A medida
que subían, el piafar ele los caballos y los golpes ele las portezuelas se iban haciendo más
y más sordos. Arriba en el corredor desierto
y silencioso, el rumor'llegaba como el' ruido de
la ola de un lejano mar.
-Por aquí, mamá; dame una vela, dijo Peroux, y toma la botella mientras busco mis
cerillo:-.
~~cendió la Yela, sacó la llaYe de la boli::a,
abn?,l~ puerta y, tnn luego como entraPon,
volv10 a echar el cerrojo.
DespuéR, en l'&lt;Upremq dúo lanzaron un profundo sm;piro de libertad, ~orno si acabasen
de escapar de algún peligro.

IY
La buhardilla pequeña, aseada y provii::ta
tlr chimenea, tenía, en vez de trngaluz inclinado una ventana en el fondo.
1\Iientra,;· r¡ue papá Peroux coloraba el trozo
ele, leña entre los ~i::nillos y soplabn con todas
sus fuerzaR para avivar el fuego mamá Peroux
recor~-ía la habitación, recono~ienclo su lecho
nupcial, las dos flillas de caoba, el sillón de
reps verde, el aparador y la mesita plegadiza.
Al encontrar en semejante boardilla todo su
pobre y querido menaje, sentía en su coraz6n
un agradable sobresalto.

•

-Ah! qué bien has hecho, qué aiiorable
eres· por haber conservado todo este mobiliario viejo. Causa placer recordar su juventud!
-Sí, sí, ciertamente, mamacita-dijo el sefi.or Peroux abriendo el armario;-pero no es
éste el momento de charlar ni de enternecerse; ahora es necesario que reúnas tus recuerdos de cocinera. Mira nuestra caserolita de
entonces y nuestra primera sartén. Aquí está
lo mismo, el lim6n cortado en trocitos y la
botella descorchada. Asa las castañas y calienta el vino; yo pondré el mantel y los cubiertos.
Y con toda seriedad, ella con la manteleta
sobre la cabeza, á guisa de cofia, él con la servilleta bajo el brazo, se dispusieron á comer.
-¿ Ya acabaste, mamacita?
-Ya, papá.
- -Entonces vamos á la mesa.
- La mesa está monísima, Peroux, pero
monísima.
- Y con nada, ya lo ves. Por toda cristalería tenemos dos vasos; en cuanto á cubiertos,
encontré nada más una cuchara: nos la prestaremos uno al otro. Confiesa que no estoy
todavía tan empolvado, y que si fuera necesario volverme á ganar la vida de esta manera, me la ganaría.
-Yo también. Nadie hace mejor las cosas
que nosotros. Prueba este vino caliente tan
oloroso á lim6n y ¡chúpate los labios! A las
castañas les falta un poco de fuego.
-Están buenas.
-No, yo me conozco bien; tengo muy buen
ojo. Peroux, hemos sido unos artistas en nuestro género.
-¡Caramba! ¡A tu salud! ¡Felicidades!
-¡A la tuya, Esteban!
Y rompieron á reir; después la viejecita, gozosa, dijo:
-Es encantador esto de sentirse uno en su
casa, solos, como en este momento. En esta
boardillita con techo tan bajo, con mobiliario tan pasado de moda, se siente tibieza y
dulzura, ¿verdad?
-Y qué tranquilos! Esto conforta. Hay
más recuerdos en esta sencilla camarita, que
en todos nuestros grandes y suntuosos departamentos.
-¿Quieres que nos vengamos á vivir aquí?
- Sí, sí quiero. Pero no será fácil con la
presencia de los criados y la vigilancia de nuestra hija.
-Daremos otro baile. Tus castañas están
exquisitas, madre, me estoy deleitando. Dame ahora de beber.
-No te causes males.
-No hay cuidado: imagina todas las drogas que estaría tomando allá abajo; imagina
la cara que harían los mozos si les fuera á pedir un vaso de vino caliente!
-Y qué miradas de desprecio de mi cocinera, si mañana le mandara asar castañas!
-Y decir que hay ge11tes que se imaginan
que con ser rico se puede comer todo lo que
se quiere ..... .
- Y vivir como se desea. ¿Por qué te ríes,
papacito?
-Porque pienso que si tu hija y tu yerno
nos buscan, no nos encontrarán.
-Xo creo que nos busquen ... tienen otras
muchas cosas que hacer. No les hacemos mucha falta .
--'-Ninguna. Pero tú has dicho eso con cierta tristeza. ¿Acaso te arrepientes de haber subido?
-Oh Dios mío! Lo que me entristece es ...
la idea de bajar.
-Nadie nos corre.
-Felizmente. Pero, luego ó después, dentro de algunas horas, toda esa gente se habrá
marchado y será necesario que abandonemos
todos estos vejestorios que nos han hecho jóvenes, para volver á donde están los que nos
hacen viejos.
-Ah, sí! Eso entristece, suspir6 el viejecito. Y eso sin contar con que en el departamento grande nos vamos á sofocar todo el resto de la noche. Debe apestar la cocina el
musgo, las flores marchitas y la comidafrí~· y
cuánto polvo, cuánto desorden debe haber.'
-¡Qué suplicio dormir allá!
-¡ Uf! pero ...... dijo el papacito con la ca-

ra picarezca y el ojo en guiño, si para completar nuestra aventura no bajamos, y nos
acostamos aquí. .....
- Oh, amigo mio, si eso no es posible,¿para qué me alborotas?
-Es muy posible. Hay un par de sábanas
y una almohada; colchón y edredones. Todo
lo que nos falta es recordar c6mo se hace una
cama.
--Si no es más que eso, me encargaré de
hacerla.
-Ah! mamacita, me parece tenemos veinte años, que acabamos de casarnos y que estamos en una camarita de posada campestre,
en una noche de primavera..... .
-Bueno, bueno; creo que estás un poco
inspirado y vas á decir tonterías.
-¡Quién sabe! Abraza á tu viejito, abráza•
lo muy fuerte, con toda franqueza, como lo
amas. como no te atreves á hacerlo allá abajo
cuando tu yerno y tu bija y los criados están
espiándonos para burlarse de nosotros. ¿Quién
nos puede decir aquí que somos ridículos?
Nadie nos ve. Si nuestras caras han envejecido, nuestros corazones no!
Y la viejecita le dió un beso, murmurando
con voz dulcemente emocionada:
-Tienes raz6n, papá: el amor es como las
flores: siempre hermoso ......... hasta ruando
está marchito.
V
Al día siguiente, como á las cinco de la tarde, en el saloncito del gran departamento recién puesto en orden, los viejecitos estaban
sentados en el borde de sus sillones flamantes y nuevos, con los pies de punta, como si
no se atreviesen á posarlos sobre el mullido
peluche de la alfombra. Su hija entró.
-Bueno, dijo la elegante joven, después
de haberse desceñido el abrigo. Bueno, vuestro
baile ha tenido un éxito enorme.
-¡Oh, sí! dijo la viejecita, sonriendo con
cariño al viejecito, nuestro baile ha sido bueno, estoy enteramente de acuerdo.
-¡Mucho muy bueno! agregó papá Peroux,
con un malicioso guiño de ojos. Por nuestra
parte, anoche nos divertimos bonitamente.
-¡Sí, sí! muy bonito, confirm6 la mamá.
-Ah! Conque le tomáis gusto?, dijo la joven pasean&lt;lo la vista de uno á otro de sus padres, con sorpresa de advertirles regocijo en
el semblante. El caso es que todo ha salido
bien.
--Sí, muy bien.
-No hubiera podido ser mejo1·.
Después de un corto silen()io, el viejito volvió á hablar, dirigiéndose á su hija:
-:~fo somos nada disgustados; tu mamá y
yo nos contentamos con poco. Pero de ti que
te conoces mejor que nosotros, quiero saber si
realmente nada creeR que haya faltado en
nuestra fiesta.
-Narla, dijo la jo,,en con corrección; todo

--

ha marchado perfectamente. A mi llegada hice rectificar, en el sal6n de fumar, algunos detalles; pero insignificantes. Ya me esperaba
no haber visto á ustedes poco después de entrar á los salones, porque comprendí que, ocupados en tanto preparativo, no habríais tenido tiempo de acabar pronto vuestra toilette.
Iba á buscará mamacita á su recámara, cuando llegaron los primeros invitados.
Os vi muy poco en suma, pero lo bastante
para juzgar por mí misma que el sastre de mi
marido había transformado á mi padre y que
mi modista había hecho rejuvenecer á mamacita lo menos treinta años.
Se interrumpi6,algo disgustada por los guiños de ojos que se le dirigían.
-¿Pero qué tienen ustedes? ¿qué cosa ridícula he dicho para que tengáis gana de reír?
¿Os burláis de mí porque os alabo?
-Vamos, no te disgustes por tan poco, dijo mamá Peroux con ánimo conciliador. Estamos muy agradecidos, por el 0ontrario, de
las alabanzas que nos diriges. Pero nos reímos ...... porque no creemos merecerlas.
--¡Acabaremos! exclam6 la joven. Yo no
bago más que repetir lo que todo el mundo
decía en derredor mío: «Ah! ¡qué bien lleva
vuestro padre el traje, qué aire tan serio y tan
inteligmte! Y vuestra madre es encantadora
aún con esa deliciosa toilette de raso verde
tierno!»
-¡Qué divertida! decía riendo mam{t Peroux.
-¡Qué buena, qué buena! gritaba papá Peroux, golpeándose las rodillas.
-Qué pasa·? exclam6 la joven impaciente.
¡C6mo estáis de budistas!
-No tanto como tú, contestaron á una voz.
Y el viejecito agreg6:
-¿Conque encontraste que el traje me iba
muy bien?
-Sí, perfectamente bien.
-Y el vestido tierno de tu madre ... . . .
-Le quedaba á mara villa!
-Esto es demasiado; ¿,verdad, mamá'?
-Es el colmo, papacito ..
Y les costó tanto trabajo mostrar seriedad,
que la hija se incomodó.
-¡Por fin me disgustáis! 8i es por burlaros
de mí por lo que hacéis que os cuente lo que
mirasteis tan bien como yo ... . . .
-Nosotros no hemos visto nada, confesó
imperturbable papá Peroux.
-Me vais á hacer creer que no sabéis nada
ele lo que pasó en vuestro baile?
-Lo ignoramos todo, absolutamente todo.
-¿Cómo es esto? ¿Por qué?
-¿Por qué? ......... Porque no estuvimos en
él.
Y_ ante la cara de sorpresa ele su hija, no
pudiendo contenerse, papacito y mamacita se
ec~1aron á la boca los pañuelos y rompieron á
ren locamente.

-. .

�__________

,_
UN BUEN APETITO
UNA BUENA DIGESTIÓN
UN HÍGADO SANO
UN CEREBRO PODEROSO
V NERVIOS FUERTES

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riquezas, y podeis obtener estos benefieios por el precio de una botella de
Zarzaparrilla del Dr. Ayer, y un pomik
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Si vuestro apetito fuese escaso,
vuestra digestión tardía ó incompleta
y os sintieseis nervioso y falto de :fuel'
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•
•
••

La salud del cuerpo, en general, está ligada directamente con el
estómago, ó mejor dicho con el aparato digestivo, donde se prepara
el gran trabajo de la nutrición que ha de fortalecer, desarrollar y
sostener hasta los órganos más peque!lo&lt;J del cuerpo humano.
Este trabajo es universal. Lo mismo que el hombre los animales
y las plantas se nutren para vivir, y los que no lo hacen por falta d e
d
medio ó trastornos independientes de su voluntad ú orig,ina os por
ellos mismos, enferman, deperecen y mueren al :fin inrremisiblemeate.
El estómago debe cuidarse siempre, en cua!quiera época, evitando todo exceso que pueda da!larle cuando está sano atendiéndolo oportunamente cuando está enfermo.

No dejamos, pues, de recordará las víctimas de su estómago,
recurran á las

Píldoras del Dr. Huchard,
DE PARÍS,

Antisépticas Y Sifil1ticas.

•

Las propi edndes de estas píldoras e&amp;tudiadas y experimentadas
por multitud de médicos entre ellos distinguidos prefesores de la E11-

t

•
;

i!

LAS PÍLDORAS DEL DOCTOR HUCHARD, DE PARÍS.

•

t

.

---------------------------------

! Cuidar el estómago es el secreto de la buena salud.
i

i
•

Y NUESTRA SALUD

cuela Nacional de Medicina de México y de la Facultad de Paríf!, son
tales, que su efecto se siente inmediatamente en el enfermo que
las toma.

!
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Doradas para la• ca•0 • con Blarre6s, Plateada•
para lo• casos que están caracterizados
por constlpaoi6n 6 extreiflmlento•

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••
•
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---------Las Píldoras del Doctor Huchard se aplicarán siempre con éxito
en todas las afecciones intestinales, y sobre todo en

!
!•

Gastralgía, Dispepsia, Entero-colitis, Catarro húmedo y
seco del intestino, Dilatación estomacal,
Parecía del estómago, Infecci0nes intestinales,
t
Falta de apetito, Agrios, Malas digestionee-, Ulcera del ;
estómago, Disenteria, etc., etc.

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Medicina y Doctores Gutierrez, Ban&lt;le"a, Gavmo, Ramirez, de Are- •••
llano Garay, Parra, Ocampo y otrJsmuchos que han recetado enhos• •
pltales y á sus enfermos pacttculsres, según lo acredi1!an los certl:fi- •
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MÉXICO, JULIO 27 DE 1902.

ELIXIH ESTOMACAL
DE SAIZ DE CARLOS
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QeuerTado por el método d e M . Pasteur. Pre11cribese en la• molestia• ele
~ g • , la clorosis. la anemia 7 laa convalecencia•; este vine
~ n d a a las personas de edad, ~ las mujere■, jóvenea 7 • loa Jlllio.,

del

[L MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 4.

Y todas las enfermedades del Ea•
tómago é Intestinos por cr6tdca1
y rebeldes que sean, las cura radicalmente el famoso

Vlao fortlticante, c1ig est.,vo. tónico, reconstituyente, de ■aborexcel••te

Zarzaparrilla

"ECONOMICO"

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                </elementTextContainer>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
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                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Benemérito Juárez</name>
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        <name>Tristeza de otoño</name>
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                    <text>__________

,_
UN BUEN APETITO
UNA BUENA DIGESTIÓN
UN HÍGADO SANO
UN CEREBRO PODEROSO
V NERVIOS FUERTES

DISrErSlfl
6flSTRfl l,6l fl
~t,x,li

r

Mejores son estos que las grandet'
riquezas, y podeis obtener estos benefieios por el precio de una botella de
Zarzaparrilla del Dr. Ayer, y un pomik
de Píldoras del Dr. Ayer. Son las doa
medicinas más eficaces que pode.is com
pra.r.
Si vuestro apetito fuese escaso,
vuestra digestión tardía ó incompleta
y os sintieseis nervioso y falto de :fuel'
zas, deberíais tomar la.

EL MISMO
1

FERRUGINOSO:
Anemia.
Clorosis, Convalecencias, etc.

GflTflRRO
INTESTINfll,

¡

"'~oso

-

SIETE MEDALLAS

DE

ORO

P ARÍS

20, Rue des Fos&lt;és-St-Jaoques
1 en /as Farmacias.

FOSFATADO:
Linfatismo, Escrófula, se
Infartos de los Ganglios, etc.

1

Dr.Ayer
Expele todas las impurezas de Ja
tangre viciada, la. enriquece y la po•
10ja y da á los nervios fuerza y vigor,
Podeis halla.ros un poco enfermo ó enfermo de gravedad; podeis ser joven 4
viejo; rico ó pobre, no importa como
es encontreis ó sintais desde el u.mento en que la Zarzapa,rrllla del Dr,
Ayer devuh9 la salud á t.ode al

BELLAS ARTES

ESTOMAGO E IITESTIIOS

~••o MUY 1mpop;TANTI!. ,.ía.

El tJnlco VINO autln
RAF.í:iAEL, 01 salo qu, t11n1 ,, d,r1cho 11., /lamars, ast, 11111i
11 111/tllnoy da qui s3 hace m6ncttJn ,n al flf'fmularlo del Prof11
OUOBA.RDAT IS ,, CJ M'" CLEMENT y 0 1•, di Ya1,nc1 (Dr,m,,
rancla), - Cada s,talla lt6oa ta marca di ta11 Unión d• loa Fabrioutd
,n IIPIICUIZO un m1dal/Dn anunciando ,, CLETEAS ...
_.'
L08 tJ1ma1 ,on ¡¡rosaras y p111:rosas fatslllcacton,s.

u,

_______...__

La fama adquirida por eateElixir en todo el mundo lo ha hecho

tan popular, que hacen in6tilealoe
eloi:-ios.
f No dejen de tomar el BU.zlr ...

_____

_

tomaoal de Sáia de Carloa.
De ••nta en Droperfu., BeU-

El VINO de
PEPTONA CATILLON

restablece ,., ftlerzu
,., d/geat/onet, el apetito
Ea e/ mejor recon1tltuyented1
"-__.,~__, laa peraonaa debllltadat por
la edad, el oreclm/ento, /11 enfermedld11 del

ESTOIIIAGO
LANGUIDEZ, ANEMIA,eto.

Preparada por el
a,.J.fJ.Ay•r&amp;Ca., Lowell, Masa., i.UÁ.

8u trand/010 txlto ha dado orlt•n i muo/lu
lmlUolone,; debe, pues, exltlru la lrma
Cat1Uon.
,. IIGIL St••arttn, Parla J ..... raraallll.

Nunca se apliqueuVejigatorio

ompre Ud. el Moiino

f

sin haberie procu.l"ado el verdadero
coN FIRMA oE ALBEsPEYREs EN EL IAOO vEAoE

VEJIGATORIO de ALBESPEYRES

PAPELdeALBESPEYRES para mantener los Vejigatorios sin olor ni dolo,·.
FOIIOlJZE•ALBESPEYRES, 78, Faubourt. St-Den/1, PARIS, 711 IMulu,....,tlCloM.

1

1

Medalla de Oro xpoa t. olvera. 1900

~~~1f~tl½ili
" 1f /, .,,. Fl,ma r obre cada Cll,rri/lo

•·········································································································~
•

}• -NUESTRO=ESTÓMAGO=

!

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••
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i
•
•
••

La salud del cuerpo, en general, está ligada directamente con el
estómago, ó mejor dicho con el aparato digestivo, donde se prepara
el gran trabajo de la nutrición que ha de fortalecer, desarrollar y
sostener hasta los órganos más peque!lo&lt;J del cuerpo humano.
Este trabajo es universal. Lo mismo que el hombre los animales
y las plantas se nutren para vivir, y los que no lo hacen por falta d e
d
medio ó trastornos independientes de su voluntad ú orig,ina os por
ellos mismos, enferman, deperecen y mueren al :fin inrremisiblemeate.
El estómago debe cuidarse siempre, en cua!quiera época, evitando todo exceso que pueda da!larle cuando está sano atendiéndolo oportunamente cuando está enfermo.

No dejamos, pues, de recordará las víctimas de su estómago,
recurran á las

Píldoras del Dr. Huchard,
DE PARÍS,

Antisépticas Y Sifil1ticas.

•

Las propi edndes de estas píldoras e&amp;tudiadas y experimentadas
por multitud de médicos entre ellos distinguidos prefesores de la E11-

t

•
;

i!

LAS PÍLDORAS DEL DOCTOR HUCHARD, DE PARÍS.

•

t

.

---------------------------------

! Cuidar el estómago es el secreto de la buena salud.
i

i
•

Y NUESTRA SALUD

cuela Nacional de Medicina de México y de la Facultad de Paríf!, son
tales, que su efecto se siente inmediatamente en el enfermo que
las toma.

!
!

Doradas para la• ca•0 • con Blarre6s, Plateada•
para lo• casos que están caracterizados
por constlpaoi6n 6 extreiflmlento•

••
••
•
•••

•!•

---------Las Píldoras del Doctor Huchard se aplicarán siempre con éxito
en todas las afecciones intestinales, y sobre todo en

!
!•

Gastralgía, Dispepsia, Entero-colitis, Catarro húmedo y
seco del intestino, Dilatación estomacal,
Parecía del estómago, Infecci0nes intestinales,
t
Falta de apetito, Agrios, Malas digestionee-, Ulcera del ;
estómago, Disenteria, etc., etc.

i

i

Son recomendadas por los Profesores de la Escuela Nacional de •
Medicina y Doctores Gutierrez, Ban&lt;le"a, Gavmo, Ramirez, de Are- •••
llano Garay, Parra, Ocampo y otrJsmuchos que han recetado enhos• •
pltales y á sus enfermos pacttculsres, según lo acredi1!an los certl:fi- •
cados de tan respetables 1'.acultati vos y los enfermos cur ados con ellas

i

PIDANSE EN :LAS PRINCIPALES DROGUERIAS Y :BOTICAS
Donde eatán de venta con las lnatrucclane• necesarias para su uso-

·

;
!•

►·•·············••t•♦.•t•♦.•t•♦-•~•♦.!~•♦-•··············~•t••··············································••t

Subscripción mensual foránea, $1.50
ldem Jdem. en la capital,,, 1.25
Oerente1 UJll!t Rtltl!t &amp;PINNLA,

Director: LIC. RAt-AtL Rtltl!t l!tPINDOLA.

Los principales médicos de M6xico y de las naciones mú cirilizadas lo recetan ya como el mejor medicamento para el

aede.

C

MÉXICO, JULIO 27 DE 1902.

ELIXIH ESTOMACAL
DE SAIZ DE CARLOS
. . . etiou para las persona s debilitada• que los ferruginoaoa y laa qubaaa.
QeuerTado por el método d e M . Pasteur. Pre11cribese en la• molestia• ele
~ g • , la clorosis. la anemia 7 laa convalecencia•; este vine
~ n d a a las personas de edad, ~ las mujere■, jóvenea 7 • loa Jlllio.,

del

[L MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 4.

Y todas las enfermedades del Ea•
tómago é Intestinos por cr6tdca1
y rebeldes que sean, las cura radicalmente el famoso

Vlao fortlticante, c1ig est.,vo. tónico, reconstituyente, de ■aborexcel••te

Zarzaparrilla

"ECONOMICO"

,

BUENOS DÍAS

�nomingo 27 de Julio de 1902.

LOCOS SUBLIMES.
Dentro &lt;le algunos sigluf', cum1du el hombro ci,·ilizaclo se ha.va adaptado, f'i rs que 11'-~a á adaptarse, á las condiciones 110,·ír-imaR de
la vida nctua l. .v á las exigencias de su casi i mprovisarla ci\'ilización; cuando el torrentf·, ho.,·
desbordado _Y espumante, vuelva á su cauce y
lo recorra plácido .v. tral1(¡uilo entre frondas
colgantes y flore,; abintas, la humanidarl de
hoy va á ofrecer á la de mañana el más extraño·espectáculo, ~• loR pensadores fríos y serenos nos diagnosticarán una locura expansiYa
;· deRbordante y un convulsivo ataque de gran
histeria.
Ho.,· por hoy, .v ya hace más de un siglo de
esto, Yi\'imos en perpetuo clese&lt;1uilibrio ('On
nueRtro medio, )' nuestro estado habitual es
un elesenfrenado neurosismo. Del seno ele un
feuelafü,mo apacible y compresivo, pasamoR
brnscamente á fines del siglo XVIII á un régimen expansirn y de libt&gt;rtad; de la sumisión
pasiva del espíritu,á su emancipación completa; del reRpeto, á la reiYindicación; de la. actividad monótona. al trabajo multiforme y complejo; de la fe, al escepticismo; de la verecl.1,
al campo libre; de la madriguera del topo, al
ambiente del águila.
La ciencia )' la industria. con sus progresos,
han creado nurYaH formaR de trabajo y nuevos elementos de placer. Por el libro y el periódico estamos en comunión &lt;le ideas con todos los espíritus, y por los hilos del telPgrafo
en contacto con todos los pueblos. En los
grandes centros repercuten todos los ecos humanos; pensamos con todas las cabezas; sentimos con todos los corazones; queremos con
todas las voluntades. Cada uno de nosotros
está en espíritu presente en todas partes, lo
m ismo en los festiYales artísticos de Berrnth
que en los combates del Tran~ymi.J, que en los
misteriosos Y fecundos laboratorios de Pasteur
~- de Edison·, )' asistimos lo miim10 á los sepelio.s que á las coronacioneR dC' loR re.res lej:rno::-.
La instantánea y el cinematógrafo nos permiten asistir á todos los graneles Ruce::-os .,· ver
cómo se desenvuelven todm, las peri pccias &lt;le
nueRtra artividad; con el teléfono conversn.mos mano á mano con los auRentes; con el fonógrafo legamos á nuestros pósteros el reo ele
nuestros cantos como de nuestro~ gemidos y
hacemos vibrar las rnces de los desapare-:i&lt;lo!&lt;;
cou los rayos de Rocntgen miramos á través
de los cuerpos opacos y percibimos las palpita- .
ciones de nueRtras vfaceras v las a.Iteraciones
de nuestros órganos. Tenemos ,·acunas preventivas contra las grandes plagas,y cmativm-;
ele las grandes epidemias.
La química prepara artificinlrnentt&gt; los productos cuyo monopolio se había reHerrnclo la
~aturaleza, é inventa, y produce otros mil que
la Naturaleza no :-:oñó. .\ntes de n1ucho no
sembraremos, fabricaremos; haremos féculn&gt;&lt;,
azúcarn&gt;&lt;, fibrinai-; ,r :1lhí11ninas ·" p&lt;&gt;cliremos al
laboratorio y k la u1á4ui11a lo que &lt;·0111iemmn
{t ne¡.(arnm, las tiena.s ag,&gt;tadas y las tturestas
taladas; y la Plectricidad, e:&lt;a E:-;fi11ge tantos
:-:iglos im penetmhle .v 111 nda, &lt;·0111ie11m ya. (1 re,·elarnos sus mi:-:terios v á realizar á nurstra
\'ista sus múltiples prodigios, caldeándonor&lt;,
alu111hrú1ulono:-, curando nuestros aehaqt1&lt;'R,
cLindono.; energías inagotables r1ue explotar _y
l'(•\'elándonos mi.,,terios &lt;]lle podemos apro\'edrnr.
Yivimos hoy la \'ida de toda la humanidad;
nu&lt;istro sistema nervirnm r;e encuentra sometido :,;in descani;o á In ex&lt;"itación de todas las
:-enHaciont•s imaginables; aute nuestra \'ista
gira 1111 ca leidoseopio inagotable de formas .'"
C'olorr.,. X uestra ideación, atropdlada y turhulen t.1, forja, crea, inventa, aplica, explota;
uuei;tra &lt;•n1oti,·idad, a¡wna.~ fatigada., encuentrn p:'diulo ,r cxcitaciún en nne,·a:-: impresiones
y nuevaR aspint&lt;'ione:-:; nue;.tra. Yoluntml Ke ve
ú la Yez solicitada en multitud de Renti&lt;los diferentes~• hacemos cada uno el trabajo d e todo un Yiejo pueblo y de toda una antigua ci,,il ización.
l~Rte exc&lt;•so &lt;le actividad mental moral y
rísica, e,-tá en clt&gt;sproporción ('01) la ;.eHistencia
nrtt1al lle nuestro organi::;mo. Para t1ue llegue

EL ~!UNDO ILUSTRADO
{(ser-normal, fisiolbgica é'i nofensiva, son forZO!"OS Y11rios sip:los de adaptaci(m )' de selecci(m. El organismo, individual y colectivo,
no ,::oportn laR bruRcns tranRicionei,,.
IJoy no vivimo,:. urnt vida normal Y regular, i,:ino una vida de fiebre r de mareo; nuestros órp:anoR, adaptados á excitaciones menos
intensas, á impreRioneR menos rudas y á trabajos menoR fatigoRof'. se rei-ienten de un ,rsurmenagei, peligroRo á la salud física y mental.
TodoR somos neur6ticof-l. anémicoR, ~· vivimoR
en perpetuo estado de debilidad irritable.
De ahí nuestrai- deRgraciM y nuestros extravírn::; ele ahí tanta locura v tanto snicidio,
\' de nhí también tanto a.lcoholiRmO V tanto
morfinismo. Los unos sucumben en 1~ lucha,
abrnmadoR, imbécileR ó enajenado,;; lo:, otroR
buRcan en los excitantes una ficticia '" momentánea re!'&lt;istencia ú Jm, ar&lt;perezas de.la lucha y ú los agotamientos (lUC la deRmesuracla
tensión dE- las facultades ncn1Tea.
Xuestro camino de gloria )' de grandeza eRtú sembrado de víctimas &lt;le la enfermedad,
del vicio y del crimen. HemoR con&lt;]uiRtarlo
para la poRteridad bienef'tar, grandeza.. poderío, ). la hemoR pagado con fibras de nueRtra
carne .v lagoR de nuf'Rtra sangre. Romo:- locoR
tal vez, hist~ricos, r&lt;in duda; pero locos é hiRtéricos sublimes, que nos hemos ofrecido t&gt;n
holocausto al bien humano ~' al progrer&lt;o de
la ciencia. La posterirlad nos lo tendrá en
cuenta y sabrá, como C'risto á la Magdalena,
perdonarnos nueRtro deRequilihrio ? nuestro,;
vi.ci.os por lo mucho &lt;]lle hemo,; amado la Civilización y el ProgreRO.

El Ventisquero.
A los tres añ.os de matrimonio, el marqués
C'ltaha tan enamorado de su esposa como el
día antes &lt;le su casan,iento, lo cual podrán no
alC'anza.r á comprender algunos maridoi,:, pern
eRto no es llll inconveniente para que el a.mor
del marqués resulta,ra 1m hecho.
.
En cuanto á Elvira, que había querido á su
primo Arturo de esa manera especial con que
ama la mujer cuando lo hace por vez primera. parecía estar F&lt;atisfecha de su posición social.
Rin el consejo &lt;le amhaR familias, El vira y
Arturo hubieran concluído por ca¡;.:arRc; pero
como ni uno ni otrn C'onb1 han a.pPnas ,·nn lii1•·
neR elP fortnn:1, se &lt;011,·ino por parte ele_ torio,::
c&gt;n que aqurl matrimonio t'r1:1, nn diRpa.rate en
torl:1 la extensión &lt;le la palabra; qnr no hahí:1
11i ,-iquiera. que penr&lt;ar en rl, put&gt;,- «coi1ti¡1:"
pan )' celiolla", era una. frui-e \'HCÍa de tocio
Renticlo ~- cursi por aiia.elidnra; por lo r¡ue los
primos, a.tendiendo á loR sentimientos dr la
realidad más que {1 loR de suR corazones, hi cieron µunto y aparte en 811 mutuo ,v re('Íproco amor.
Y el 111arquéi-l de G.... .. ,que por lo ilu"tre
rle sus blasones, al par (lUe por su cuanti'osí,-ima fortuna,, había Ritlo el candidato sui,piraclo
por cuantas jówneR de la rnús encopetnrla aristocracia se encontraban en estado dP. merel'&lt;-'l',
~· del que se aseguraba, como cosa 1wn1elta, el
enlace con nna. joven algo RU parienta, modelo
de totlo género de virtudeR \' bella hasta ~er 111
admiradón rle los F&lt;alones ~ que por entonees
concurria. vió 'á Elvira, se enamoré, como un
loco de ella, y C'Onclu.vó, con ~rnn et--cándalo
de to&lt;lo!l, por dejar plantada {1. su futma, la
que dci,clr entonces no Yolvió á dejarse ver en
público.
P.:IYira, por 1m parte. no dudó un momento
en aceptar aquel ventajosísimo partido, y el
linajndo y an·himillonario marqués conclu.vó
por tener el mismo trágico fin que cuenta Yíctor Rugo cupo al capitán .Tehs.
El primer_año de mat,rimoqio1!ó Rea el con0

Domingo 27 de Julio de 1902.

EL MUNIDO ILUSTRADO
venido en llamar el de la luna de miel, se lo
pasaron los nuevos espc sos recorriendo las
principales capitaleR de Europa. Desgraciadamente para el marqués, durante este viaje
Elvira tuvo el capricho de que lf's acompañara una prima suya, la cual no YolYió á separarse de la nueva marquesa.
Aquella prima fué el primer punto negro
en la vida del t,1amorado marqués, porque el
11egunclo, ósea el examante y primo también
de Elvirn, más que punto negro,resultó punto
filipino.
La presencia de Arturo en la casa del marqués acabó por constituir para éste una verdadera contrariedad.
Las atenciones que Elvira dispensara á su
primo, las continuas visitas de éste, y otra
multitnd &lt;le detalles, nimios en la forma, pero no en el fondo, concluyeron por despertar
los celos del marido. Rr&lt;te no ignoraba las reJaciom•s amorosas habidas entre Elvira y Artmo hacía algunos años, pero hasta (lUe los
celos no llegaron á germinar en RU corazón,
aquello había pasado inadvertido. Pero desde
entonce,; no.
Las miradas que se cruzaran entre El vira y
Arturo, laR confianzas que mutuamente se permitieran, las coincidencias naturales, ó que al
menos había que confe¡::arse que debían serlo,
reRultaban para el celoso marido una serie de
supoRicione,- que comenzando por preocupar•
le, conclnfan por constituir su deResperación.
La figura imprescindible de aquella prima que
parecía multiplicarRe cuando Arturo se encontraba allí, era para el marqués el mayor
de todo:, los torceelores. Y procurando ocultar
en lo más recóndito ele su alma aquellos, para
él unas veces fundados y otras hasta criminaleR pensamientos; ncudi'endo á lo mejor á su
memoria la figura de a&lt;1uella otra de la que
había lahrado RU eterna infelicidad, y sumido
en el máR hondo de los dolores y en la más
acerha de las amarguras; mirando siempre
desvanPcerse las pruebas ele cuantas sospechas
concebía; en una palabra, f-ufrienclo todo el
horroroso martirio que experimenta todo &amp;.que]
que tiene la der&lt;gracia ctc que se apodere de él
el no sin razón llamado demonio de los celos,
el buen marqués irnfrfa espantosamente, sin
que á ef&lt;te Rufrimiento alcanzara siquiera el Je
nitivo ele la comunicación; hasta que la figura &lt;le Arturo desaparecía y, como consecuencia de esto, la de la imprescindible prima ;:e
restaba, y el enamorado esposo, al encontrarse
á solas ? en presencia de su mujer, comenzaba por olvidar y concluía por arrepentirse y
hasta avergonzarse de aquella serie ·de eludas
y sospechas.

ción del distinguido diplomático, por el Primer Magistrado de nuestra Nación:
.
Se cumplió el solemne ceremomal de estilo
pronunciando el señor Conde una alocución
muy correcta, que le fué contestada
de igual manera por el señor Presidente.
Al acto asisti6 casi toda la colonia
italiana que reside en la capital; todos los Señores Generales, jefes y
oficiales francos de la guarnición, y
Yarios particulares que gustan de
presenciar la respetable ceremonia.

do la imprevisión de no darles cuerda. Este detalle para un tronquista, cual lo era el marqués, no hubiera tenielo importancia alguna
al no tratarse de un camino tan estrecho como el que tenían que recorrer y al
cual rodeaban multitud de precipicios, en el fondo de los cuales se hallaban los ventisqueros.
En el momento de subir al carruaje, que sólo tenía cuatro asientos,
resultó una de aquellas coincidencias
que el marqués acababa siempre por
confesarse que debían ser naturales.
La imprescindible prima, bajo el pretexto de que en los de detrás se mareaba, se empeñó en ir en el asiento
delantero, y como no era cosa de no
complacerla, Arturo y Elvira ocuparon los asientos traseros.
Trataba el marqués con toda su
habilidad y pericia de hacer que los
caballos que tan pronto se iban hacia
la izq,iierda como querían volverse
á la derecha, entraran en camino,
cuando al fijarse en la sombra que
proyectaba el carruaje, creyó ver que
Arturo rodeaba il talle de su prima
y que ambos unían las cabezas en
actitud de darse un beso. , Y al levantarse como movido de un resorte y ver cómo la sombra no le había
engañado, abandonó las riendas, y
tendiendo los crispados puños, rugió: ,c¡miserables!»
Pero antes que el marqués acabara
de pronunciar esta imprecación, los
caballos, al sentirse sueltos hacia el precipicio,
rodaron por éste, y en uni6n del carruaje y de
cuantos iban en él, desaparecieron un instante
después en uno de los próximos ventisqueros.

***
Desde aquel día y siempre á la

misma hora en que ocurrió la catástrofe que acabamos
de relatar, sobre una peña desde la que se dom inaba todo el lugar donde se hallaban los
ventisqueros, se veía la figura de una mujer,
de la que ni- la distancia ni el amplio manto
en que iba envuelta, eran bastantes á ocultar
la juventud, la distinción y la belleza. Y aquella figura, al retirarse de aquel sitio, lo hacía
siempre por el camino que condu0ía á la finca
colindante de la l!Ue por ahi se sigue conociendo como propiedad de los marqueses de G ...

M.

GAYCÍA REY.

\

***

El señor Conde Vinci desciende
de una de las principales familias
de Italia. Nació en Termo y se educó en Roma. En el año de 1884 comenzó la carrera diplomática en
la Secretaría de Relaciones de su
paÍR.
Ha desempeñado los cargos de primer Secretario de las Legaciones de
Sui1.a, Holanda, Madrid, Wáshington, Berlín y, por último, en Londres, de donde partió para Roma con
el objeto de recibir las cartas credenciales de Ministro en nuestro país.
El señor Conde habla perfectamente el español.
Durante su carrera diplomática
ha recibido las condecoraciones de
Drákbrok, Alemania; la del Aguila
Roja, del mismo Imperio; la de Isabel la Católica, de España; las de
San Lázaro y San Mauricio, de Italia, y algunas otras.
E XMO. S R. CONDE JULIO CESAR VINCI,

Su Majestad el Rey de Italia acaba de enviar al Exmo. Señor Conde Julio César Vínci
para que lo represente ante nuestra República
en calidad de Enviado Extraordinario y 1\Iinistro Plenipotenciario.
El jueves próximo pasado, á las doce del
día, se efectuó en audiencia pública la recep-

El señor Conde de Vinci es un modelo de
elegancia y de afabilidad en su trato; se atrae
fácilmente la!:1 simpatías y Re advierte que es
de aquellas personas que saben acrecentarlas y
conservarlas.
Hablando con el diplomático, nos pintó en
pocas palabras la estimación de que goza nuestro pueblo allá en la suntuosa patria del arte,
y nos dijo mucho, mucho y muy grato acP-rca
de los artistas compatriotas que han marc.bado para nutrir el ideal en aquel su bello país.
Nos habló con entusiasmo y galantería de
la ciudad que lo contará por su huésped, y se
manifestó interesado por la marcha de nuestros adelantos.

Y sí: sois los arbustos; el tronco carcomido
cayó en tierra, ya seco, mutilado y herido;
pero las mismas aves en vuestras ramas duermen;
triunfó de los embates del viento y del olvido
el árbol que en los surcos echó de nuevo el germen.

«La muerte no esla gloria.de los que son osados,
no es el apoteosis de los que son malvados;
para ellos el estigma, para ellos el olvido:
para los seres buenos al arte consagrados
la muerte es como para los pájaros el nido.

***

«Entra, reposa, calla; arroja la paleta
~• los pinceles: duerme en la región secreta
donde la carne baja y el espíritu sube;
y, libre al fin, que vuele tu alma de poeta
como sutil fragancia que a.rriba se hace nube.&gt;

Nuevo Enviado ExtraOYdinario y Ministro Plenipotenciario
de Italia en México.

ITALIA EN MÉXICO.

***

Por primera Yez desde su matrimonio, al
concluirse lo,- mese,; de primavera, Elvim )'
su e1;poso dt&gt;ciclieron pasnr una temporada. en
una magnífica posesión que tenían en t&gt;l Pirillf'O v rle In &lt;'Ual colinda.han los terrenoi,; &lt;'ni!
una ·propiPdad ele loR padres c]p aquelln pri•
mera prometida del marqué:- ,I' en donde la
jo\'en RC había irn::talado desde poco después
del casamiento de aquél con El vira.
El tiempo continuaba, por no variar, en un
todo contrario á lo predicho por el almanaquP.
Hn rín ocho díaR que los marqueses se encontraban en su finca del Pirineo,Y oí uno solo se
hahía dejado ,·cr el sol, cuan'do se presentó
Arturo.
Pn ra el m:irqués resultó éste el mayor de todos los nublados.
Dos díaR cleRpués,amaneciú uno espléndido.
El contraste que preRentaban los rayos del
sol, al toear huyendo las capas dP nieve que
cubrían rl suelo. f'!'a realmente hermoso.
Despu(,s clt&gt;l almuerzo, se convino en dar un
paseo en earruaje, ~- en atención á cine el lugar en que el paisajP resultabH más helio y
donde la nieve debía e!lcontrarse en mayor
cantidad,cra el de los Yentisqueros, se decidió
ir por aquél.
Si el marqués,ála llegada de Arturo, no huhiera 1..stado tan preocupado, seguramente que
no habría dejado de fijarse en que de los cuatro caballos enganchadoR, á lm: dos delanteros,
que eran.muy j6venes y briosos1 habían teni-

Alos Discípulos del Maestro ReQull.
Leida en la velada que se
celebró en honor del insigne artista.

Rendido de cansancio por el sendero iba:
pero mostrando una serena confianza,
sobre el endeble cuerpo llevó la frente altiva
-dombo radiante donde brilló perenne y vi va
la luz de un largo sueño de amor y de esperanza.
¿,Lo recordáis? Cabeza de majestad ceñuda
cual si desafiara la iras del destino,
sin el mohín del odio ni el gesto de la duda,
mas sumergida siempre en una triste y muda
contemplación extática del ideal divino.

.... Y él iba lentamente, muy triste y muy sereno,
con rumbo hacia ese dulce palacio misterioso
que acoge á los rendidos de la vida en su seno.
Tocó la ruerta y dijo:-Yo soy un hombre bueno
que aqu ha llegado en busca de paz y de reposo.
Yo soy una existencia de luchador que un día
sintió flotar un aire de gloria en su cabello,
yo soy un pensamiento, yo soy una ene1·gía
gastados en la ruda y angélica porfía
de halla1· en todas partes las formas de lo bello.

Y atravesó la senda con plantas claudicantes;
El iba lentamente, vosotros no; de prisa
.
marchabais juntos, gárrulos, gozosos y triunfantes;
él iba solo y triste, v al veros tan distantes
os saludó, de lejos, con su postrer sonrisa.

Yo he puesto luz y sueños en todas las cabezas,
auréolas inmortales en todos los dolores.
inmaculadas• túnicas en todas las pure,1as,
co1,onas de luceros en todas las tristezas
y rutilantes alas en todos los amores.

Así, al ver los arbustos que bordan las praderas
el árbol carcomido, dice: Sois mis retoños,
son mías vuestras savias que al circular ligeras
os dan calor; y vuestras floridas primaveras
son las transformaciones de mis mustios otoños.

Abrid; traigo la kábala profética en mi acento;
yo me he ceñido el áureo laurel de la conquista;
'::,Oy un impulso firme y un alto pensamiento
gastados en la magna labor de dar aliento
al Bien y á la Belleza. Abrid; soy un artista.

Yo soy un árbol triste que resistió el eterno
combate del invierno con todos sus rigores;
mas antes de cubrirme las nieves del invierno,
cada uno de vosotros en mí fué brote tierno,
anunciación y símbolo de las futuras flores.

Y- ¡oh magia del conjuro grave y solemne!entonces
la puerta misteriosa giró sobre sus gonces,
ycuna vozqueveníade loalto,&gt;exclamó:cpasa;
tu vida tiene toda la fuerza de los bronces,
amaste la Belleza y el Bien; ésta es tu casa.

** *

Hacéis bien, los retoños, en venerar la santa
sombra ele! árbol viejo '}Ue crió vuestros abriles:
un ideal, el suyo, en vuestros pechos canta:
su gran amor al Arte, su religión, levanta
y anima vuestros nobles anhelos juveniles.
Sed como aquel artista, de majestad ceñuda
cual si desafiara las iras del destino:
'
sin el mohín del odio ni el gesto de la duda.
mas embargado siempre por una triste v muda
contemplación extática del ideal divino. •
Sed como aquel maestro que por la senda iba

y que mostrando una serena confianza

'
sobre el endeble cuerpo ]levó la frente'altiva
-dombo radiante donde brilló, perenne v viva
la luz de un largo sueño de amor y de esperanza'.
Julio 1902.

�Domingo 2?' de Julio de 1!)02.

EL MUiNDO ILUSTRADO

EL CONSEJO SUPERIOR
De Educación Pltblica.

Una ele las creaciones que ma.rnr utilidad
traerán, probablemente, á la causa de la Instrucci6n Pública, es sm duda el Consejo ¡.¡nperior de Educación Pública, que aun cuando
!lo está constituído definitivamente, ya Re han
hecho l os nombramientos de las perRonas yne
figurarán al frente de él, ." cuyos retratos damos en el vresente número.
Se nombró, en primer término, Serretario
del Consejo al Doctor Porfirio Parra, bastante
conocido ya en el mundo de la ciencia pnra
que pretendamos decir algo nuevo aeerca de
él.
El Sr. Parra nació en Chihuahua, ele unn
familia humilde, y desde su más tierna e&lt;larl
se dedicó á los estudios, distinguiéndose má:-;
LIC. JUSTO SIERRA,
Subsecretario de Instrucción Públir.-,.~

in, 1Jh~ho 11.T.:'.--'i'n.\ no
Domingo 2?' de Julio de 1902.
=-====----=-========~~~~~~=======---_:

tarde en la Preparatoria, donde fué el discí.
pulo predilecto del inmorta.l Gabino Barreda;
y más tarde en la Escuela de ~íedicina, donde
iüzo una carrera brillantísima.
En la actualidad es profesor de Anatomía
dei;criptiYa y obtuvo por oposición la clase de
Fisiología hace unos cuantos años. Ha repreRt&gt;ntado á Méxiro en multitud de Congresos
Científicos en el Extranjero, y es partidario
acérrimo de la educación de la juventud.
El segundo nombramiento, el de Oficial del
Consejo, fué hecho en favor del Sr. Alonso
).fariscal y Piña, actualmente Diputado al
Congreso de la Unión. El Sr. Mariscal se ha
distinguido por su afecto hacia la educación, y
á esto sin duda se d ebió su nombramiento.
El tercer empleo es el de Oficial Auxiliar, y
fste fué conferido al Sr. Antonio Revilla, periodista muy conocido y que desde las columnas de distintos diarios ha defendido siempre
la Instrucción de las masas y combatido por
ella.

1

1

Don Rafael Angel de la Peña.

LIC. ALONSO MARISCAL,
Oficial.

CUNOS VIEJOS.
Blas6n.

SR.

DR. PORFIRIO PARRA
Secretario

[Para Frias Fe rnán&lt;lez. l

Uh cincE&gt;l mu_,- hE&gt;roico fué E&gt;l que en lahor ardiente
Robre el batido acE&gt;ro de fúlgida coraza,
marcó con los veRtigioR de sn indomable diente
los épicos blasoneR de legendaria raza.
De una aqnilina raza de viejos luchadorE&gt;R,
que siempre &lt;leRpreciando rPYeReR y irnplicioi;,
á los combate;: iban en medio &lt;le looreR
lanzando en RUR clarineR sus roncos epinicio!':.
Rnrgiendo del escudo, caudn l águila abría
i;tls alm: como en lnrgo reYolotear Yiolento,
y cayéndole encima de la tei;ta, fulgía
como bafiado en llamas un corazón sangriento.
Dice la vieja historia que el cin&lt;'el me ha contado,
que un dfa cuya fecha ít precisar no llego,
·
murió la heroica mzn. clespuéi; ele h:i ber triunfado
sobi-e el águila altiva el corazón de fuego.
¿De qmén fn(· aquella her{ildica? ... Aca;:o en tu m Pmoria
aquel E&gt;mhlema muchoR rectwrrloi- te clei-pierta,
Y Yes en los blasoneR caducos ele mi hiRtoria
corazóñ triunfante sobre un ág11ila muerta!

un

Voy á la Justa.

Reñor:i, yo te juro que en la purp(1rea ar~na
ele la lucha Ít que tran&lt;'eR de amores noR onllan,
logra1·é en rudo esfuerzo lucir mi lanza llena
f&lt;nrt 111, 1111.nare de ~q,11111('! Q,U~ (\ t\11'1 riCll'I fin 1!9 hUmillatt,

ANTONIO REVILLA,
Oficial.

El triunfo.

Encima de mi potro de crin copiosa y i-uelta,
mnr&lt;'hC- á bui;&lt;'ar tm lnuro para tn frente hernwi-:n.,
siguiéronme tus ojoi-, y en la campal revuelta
triunfé, y aquí te traigo la palma victoriosa.
H eroico en la pelea. de todos fuí temido,
jni.té con 101, más bravos y ardi entes p;ladiadoref-,
y ~e cu brió de gloria mi acero enrojecido
en sangre de Pelayos y Cides Campeadores.
Rendición.

"\fas ante ti, señ ora., se rinde mi bravura,
y humillo nnte tus plantas blasones y armadura.
Homenaje.

Que i;i por hra,•o un elfo. r eté firme y Rereno
lcgioneR enemip;afl huscando desagravio,;,
nnte ti sólo ansío caer sobre tu seno,
vencido, pero cerca del fuego ele tus labioR!
Y:i Yei;, ante tu eximia belleza irresistible,
apriRionado (]Uedo por amorosos lazoR,
." lo!&lt; alientos púgiles ele mi raza invencible
se mtrnren en la cárcel marmórea de tus brazos.
El Emblema.

¿,Recuerdas el e111 !,lema c!Pl blasón acerado? ..... .
dice el cincel que 1111 día, que yo á fijar no llego,
murió la brava raza, después de haber triunfado
i;;&lt;lbrP. el águila alti va el corazón de fuego!

•

Pocas Ron, indudablemente, las personas
de esta capital &lt;jue no conozcan {t D. Rafael
Angel de la Peña, nuest ro notable gramÍltico
y atildado lingüist,1.
Maestro de toda una gcneraciún, no ba hithielo entre sus discípulos uno solo que no conserve gratos rl:'cuerclos del i Ini-traclo prnfrsor y
del caballero correctíi,imo. El respeto y eariiio
para el seiwr &lt;le la PE&gt;fü!, ~e ha l,1e&lt;'ho tra1icional en la E~cnela :'\ac1onal f repnratorrn,
dónde siempre• ha ocupado uno tk lo~ primeros pucstos entre los Pducndorl',; de l.1 ju\'ent u&lt;l.
Desde qu&lt;' ter111in(• ;;u c,trrera literaria, !"e
dedicó al µrofesora&lt;lo, hahie1Hlo "ido catedr:,tico de Latín y de Litenltura e11 el hoy extino-uido colegio &lt;le Han .Juan &lt;le Letrán, y de
Lógica, Gramáticn Uastella na y prit1H'r cur,;o
de Matemáticas en la Preparat::-ria.
En 186::l cuando el Relior de la PPiin contaba 32 aíi~s de edad, fu(, nombrado indi viduo ele número ele h «8ociedad Húmboklt,» y
más tarde perteneció al «Liceo Hidalgo,» ÍL la
«::locieda&lt;l de ProfeRores de Puehla,, y al «Aten eo Mexicano dc Cie11cia,- .\' Letras," ·en el que
fué presidente de la sección de Ciencias Filológicni;.
. .,
.
8u coni;tantc d ed1caewn al eRtud10 y RUR
profundos conocin~ientos ele nue~trn_ i_dioma,
le valieron haber s1Clo nombrado md1v1duo de
núm ero de la Academia Mexicana de la Leno-ua ·" correspondiente de la Real E spañola,
º ' J deHcle entoncei-, ._,ecretar10
u
· perpet uo &lt;l e
siendo,
la primera.
En junio ele 1897 rePibió el seiior ele la Pt•ña u11a comunicación oticial en que se le hacía saber que D . ~Ii~uel Antonio Caro, \'icepre;:idente pn ejercicio ele la Repú lilica de Cnlombia lo había designado para que desempeñara' en ~I{&gt;xico el cnrgo ele Címst~l Cie~1eral
de dicha República, pero, por rnotn·os mdepenclientes de su volurita&lt;l, no pudo aceptar
tan honrosa distinción.
Refiriéndonos á sus escritos, diremos que
«La Influencia de l os métodos lógicos en el
progreso de las ciencias," rn_1 «~iscurso sobre
la tendencia actual de la ciencia," otro sobre
«El Positivismo considerado como doctrina y
como método," ,,J;:xposición rar.onada de diver-

"ºs planes de estudios," y otros opúsculo:; mús,
le har. valido extraordinarios elogios á RU autor.
H a publicado, asmnsmo, extensas monogrnfías que forrnau parte de una (ira111ática
Fundamental, para lectura. de peri;onas y,i
formadaH en este linaje de conocimientos; una
Uramátita Teórica Prúctica de la Lengua Castellana para los alumnoH que cnrP-an est'l. matnin en la E:-&lt;cuela Preparatol'iit, y vario" estt:d ios lexirngl'áficos, a&lt;lemús de algunos ensa,·os de Crí tita Literaria, c·on10 el prúlogo ,1
;,:\furmnrios de la ~elY,l,, ele D. .Joaquín ArC'aclio l':1gaza; un estudio crítieo &lt;le ,,Angelina,"
otro d e «El .Bachillel'," ek. Finalmentf•, lui
eo mpuesto &lt;liscun;o", ctictúnu'n&lt;•s sol, rt• obras
de texto ,. numNosos artículo,..
Tal
&lt;·n bre,·e resumc11, la ohm liternri:t
de D. Rafael Angel de la Pe iia, eon cuyo retrato honrarno8 las columna¡; de este se11Ja11ario.

e,.;

--------------TRES SON.E.TOS.
[ l!e,tboven l

CLARO DE LUNA

En alta noche la canci{m serena
trae en su giro ,,agabundo el viPnto,
corno rúfoga triste de un lamento
qne allú en el fondo del pasado suena.

La cantiún del e:;píri tu :,;oiiada
que envuelta en nimbo tle triztez,1 liuta,
cual el nenúfar lúnguido, lllle lirota
en silente riber,\ abandonada.
Destacaba lit luna mortecina
perfil &lt;le pri!1cesa bizantina
tle antiguo marco en la brumosa tela;

Hll

y el viento :trl'ehataba un t riste canto,
l'OlllO

como

la vida que frcnnda el llanto,
1111 hondo suspiro &lt;le 8tradella!

EDGARD ALLAN POE.

De l:t hoguera en que su alma se consume
brilla en su frente re8plandor &lt;livi no,
y en torno al desolado peregrino
Lconorn exhala su inmortal perfume.
.Para que el Cue:·vo del dolor le abrume,
le refieren las sombra,; del camino
d e Ligeya el ·1am1:nto sibilino,
los palidos terrores de Ulalume.
Vaga en la noche de su eterna angustia
crispado el corazón, deshecha y mustia
su corona triunfal, el pecho inerte.

Y en la horrenda visión de su delirio
e~cuchit las Campanas del martirio
presagiando sus bo,1as con la ~Inerte!

cCeopoldo j)íaz.
Oh ¡ cuál traduce la profu1ida pena,
la am'asga soledad clel pensamiento,
la hre\'t' ditha, el hondo :-ufrimiento,
c·on fra,:e niga de misterios llena!
Sobre las teclas púlidas del piano,
desgranando su nota cristalina,
pareee una lihélnla tu mano,

Y tu frente ele anfrnona 1-1c inclina
al eYocar del rui,.l:'iior gernmno
la sollozantl:' vibraci ón divina.

PENSAMIENTOS
La tolerancia es una virtud clifíci 1: 11 uc•stro
primer Hentimiento, _y aun el segundo, es odiar
[1 quien no pirn:,;a igual á nosotros. -LE)IA 1'J"RE.

*

Los poetas son hombreR &lt;Jllf' han rnnservatlo t&lt;us ojos ele ni íio... · D.-1.uni,;•r.

*

Los pintores acaban haciendo rt&gt;tmtos, v los
poetas haciendo pniúdicos. - ROBER'l' o~ LA
VIEJA CANCION

t'.,!ZERAXXE.

Oh la vieja canciún, 11u1wa ol ridacla!
La canción vieja de doliente nota
que sollozar parece una harpa ignota
por vagabumlo céfiro agitada.

De lrL confideucia á la ind iscrcción, no har
mayor distancia que del oído á la boca.-P_1,:-

*

'rIT-8ENX.

�Domingo 27 de Julio de 1902.

LOS BEYES SIN CORONA.
Son los tiranos más terribles que conoce la
humanidad. Desde uh trono que en vez de
oros y terciopelos tiene espuma de encajes y
marfil y armiño, el rey dicta su vol~ntad en
un idioma que sólo comprenden sus iguales y
sus esclavas. Estas son de la más alta nobleza que se conoce en la corte humana1 son las
e13canciadoras de vidas las que encienden la
columna de luz que glria en el viaje por la tierra; las que dan su existencia y no m~eren,
son láa rimas de infinitos dolores y sonneas de
inefabLis alegrías, son legión y se llaman una,

EL MUNDO ILUSTRADO
bre la alegría de la corte. La esclava tiemb~a,
viénenle á la imaginación mil sinsabores, qwere que el monarca esté entre sus brazos ....... :.
¡nunca tirano alguno ha ideado peores castigos!
(Infunden miedo un niño que no ríe y una
mujer que no ama; son vidas enfermas de un
mal incurable: el extramundo.)

DON GERAIIDO LÓPHZ DEL CASTILLO.
Elj'.'decano de los ac~ores rnc~~canos,. pon
Gerardo López (lel Cast1llo, munu rl mH•rcoles de la ~rma.na que termina.
La populni-idacl ele Don nrrnrclo cm grnn-

Cuando el rey despierta, la esclava lo saluda con un beso sobre la mejilla tibia, un claror de penumbra entra por los encajes del trono y va á herir las pupilas del soberano, que
por lo brillantes parecen go?1s _de Juz_ en el
fondo de un capullo. Es estoico a las pmneras
caricias, parece que no oye el murmullo dr
las frases mimosas¡ despu~s de un_ rato se ~a
cuenta de que está en la vida y qmere_ ergmrse y caminará la luz. Entonces cambia todo;
es!necesario que se ocupe de los asuntos de su
reino llegan los ministroR: un polichinela que
va s~bre ruedas tocando unos platillof', un
Pierrot manco y con visibles señas ele maltrato en el semblante un automata con sorbete
blanco trián1rnlos'ctc bermellón en los carrillos y ~on el costado herido por el agujero de
la llave; después sigue el &lt;lescuart~lamiento
del ejército: se vierte de golpe la caJa de ?ªr
tón y ni en la más tremenda batalla pudiera
verse cuadro semejante: caen cien generales
confundidos con cien soldados¡ el dragón erguido sobre su cabalgadura se recarga sobrr
el filo de las espadas; caballos y peatones están en actitud de marcha, por más que Jamala suerte loR haga caer &lt;le cabeza entre las pa-

tas de las bestias y amagados por las pu11tas
de las bayonetas; ¡ah y las estaturas!. ..... provocarían una pesadilla épica: junto á un general que no levanta una pulgada sobre el peluche de la alfombra, está un soldado raso
colosal, tan grande, que apenas el rey Rerá
capaz de alzarlo con las dos manos..
Pero Su Majestad no da mucha importancia á eso de los cartabones, le es igual que el
abanderado pueda pasar por entre las pierna,;
de un corneta ó que un general á caballo tenque ordenar que los soldados se pongan en
~uclillas para hablarles al oído.
La revista comiefiza: sobre un rosetón de la
alfombra van poniéndose en pie los militareR¡
alaunos dan la espalda al Soberano, otroR lo
ai~enazan con las bayonetas, el de más allá
no guarda el equilibio y ~a con su persona en
pleno peluche¡ es m,cesano que pase ámanos
del rey: los deditos sonrosados ponen el remedio al acaso y el soldado puede pararse. En
esa revista no hay que llevar los uniformes
flamantes ni las espadas con brillo; el rey corrige todos los desperfectos sili incomodarse, y
en tal faena se encuentra cuando .... . ,

ªª

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-Vamos, niño, dice la voz de la esclava,
ya es hora.
Sí, es hora de que Su Majestad soporte la
toilette¡ de que lance gritos y manotee cuando
el jabón cometa el desacato de colarse por entre los párpados. Pero un momento después
el rey queda flamante y puede marchará 13:s
avenidas del jardín para adiestrarse en los dificilísimos sports del aro ó de la pelota.
Suele dar el Soberano con su persona en
tierra; las damas de la corte se ponen en movimiento, corren {t levantarlo y le sacuden, á
mano limpia, el polvo irreRpctuoso que se le
ha pegado á las regias vestiduras.
Le dan el alto tratamiento de «travieso,)) y
le suplican que suspenda sus interesantísimos
estudios.
El rey frunce el seño y se marcha silencioso á su palacio.
Cuando come, una &lt;lama &lt;le la corte se situa
tras del regio sitial y le lleYa hasta la boca el
alimento. Suelen caer las augustas manos dentro del plato y mojarse en los caldillos ....... ..
El consejo hace oir su voz:con el esquisito tratamiento de «sucio¡,, "cochino", se suplica á
la real persona que suRpentla la ejecución de
su augusta voluntad.
Se le ofrecen frutas exquisitaR, un trozo tlt
mango, por ejemplo: el re? adquiere unos hermosos bigotes rubios que para sí envidiara el
coronado Kaiser. Entonces la dama de servicio maltrata con sumo cuidado las reales comi$uras de la boca y borra el oro del mostacho de sobre la tersura sonrosada.
DespuéR, cuando la noche llega, el palacio
se silencia, la servidumbre camina de puntillas, la veladora hace penumbra en la alcoba
real y entre las espumas de encaje del trono
cae como un pétalo de rosa el monarca, el tirano, el poderoso señor......
Ya duerme, cesa el canto arrullador, la eRclava bosteza ......

Don Gerardo López del Castillo.

tl_e; la había formado s1~ paso en los ese-enanos ante cuatro generacrnnes.
Trabajó en todos los teatros de la capital,
desde el de mayore:- \·uelos en el arte, hasta
el humilde jacalón ele los barrios. Lo conocían
todos los públicos y todos lo aplaudían.
Don Gerardo tuvo genialidades que aumentaron su popularidad haciéndolo héroe de
multitud de anécdotas en que se le pinta como una personalidad simpática, apasionada
siempre por el arte y de su patria.
Trabajó mucho, muchí:simo, y nunca logró
adquirir el elemento ¡,ecuniario que merecía
su asiduidad en la labor. ~Iui'ió pobre, dejando hijos honrados, que él mismo educó para la
escena.
La muerte de Don Gerardo López del CastilJo hará eco en toda la República¡ probablemente no hay poblado en que falte un habitante que hayaLaplauclido al viPjo y simpático
actor.

Domingo 27 de Julio de 1902.

. ",~t

Al entierro concurriemn su:- eompañer¡os
de arte y entre ellos
ha :-;id~ u,uy sentida la
desa¡)a~·ición del decano artista.

El cofre de B11mbert.

***

funden todo un poema:en su:nombre, en nuestra lengua se les dice: Madres.
Lo primero que aprenden los labios del_rey
es á llamará éstas esclavas, cuando no deJahdo escapar un sonido, sí dibujando u~a sonrisa, porque los tales reyes s~n ~e lo ~as raro
que se conoce: frun?en el ceno a s~s iguales,
gritan hasta desgafütarse y se encienden en
blanca ira ante los que se acercan á reverenciarlos; pero con sus esclavas son todo lo contrario gustan de dormir en su regazo, abandona~ el trono por seguirlas, las imploran,
sienten nostalgia ele ellas ..... .
Estos tiranos pregonan sus edictos por sí
mismos en medio del máR desesperante de
' con muecas que provocan nsa,
. coi;
los ruidos,
pataleos que ponen en desorden el trono. )'
la obediencia debe ser inmediata so pena, dr
algún atroz martirio; ¡ah! los castigos Ron tre-

mendos: el rey pone cara triste, sus ojos Re
marchitan, ve con indiferencia el dominio de
sus cariños y pasa como un nublado por so-

EL MUNDO ILUSTRADO

a~unto TI Ulll bert
:-igue teniendo Pll Parí~ t1u1üt \·ida &lt;'11lllo Pl
¡,rinwr rlín que di11HJs ú
nuestro, ledores una
ncticia ilm,trada ele la
('Scanrlalusa t-stafn .
;,
%''
,,
El púhlit:o parisirn1-e es (·01110 el 1rnP1-tro¡
lt&gt; gusta e011&lt;•~·er los
\.,.:·
111Ú,-; lige•ros inr1&lt;l nt1•f:
de lo 1-ensaci,,11111, v la
prPn1-a seri:L 110 d&lt;"~dt:'ft a eéle gu,t ,.
Entre nota r nota dP
:1 rtP, a pareeP ;,11 lnél rel'i~tas ele mú,: nombre
la i nformaeión cletalhtcla é ilustracla cl&lt;c'l mo•
111e1ito en que fu(· ext.raíclo de la c;1,,-:a 11ú1111•r,, (i,) rlc la al'enicla de•
«':randt• Armfe., Pl fa'"º"" l'ofre de hiPl'l'O 1•11
i¡ , t" lt1s c·stntulorE'S deda11 tPn,·r guardados
l11s 111il ,u1u,•,.: dt• fr:111t.:u,,.
l 11~talúro11s(• grú11,-: y
a11dn11iiaj\'s para hac•e1· li:ij:ir la célt'hre caja v la sensacimrnl noti;ii1 \'Ol {¡ por tocia;; la~
c;dleR rereanas. En poco,- 1110111P11to~ se agolpC, ante la casa una multitud cu,io,-a.
,
En París, co1110 entre nosotros, las na,tler1as
se tornan &lt;'n grandes aeontec·imientoR. PaReante;:, hombres ele negocios. n•púrters, fotúgrafos, &amp;, &amp;. toun Re rnniú allí en &lt;&gt;spera del
grnn monwnto. f-;i cuando flota un _sombrero
Yiejo en la,. aguas del :-,lena, la multitud pa;;a
J1ora,; \' horas contemplúnclolo, ¿.qué no sc•ría
en f'stá ,·ez que se tri.taha de un objeto tanta,
Yeces citado en las c0Jumna1- de los periódicos? ¿cómo se habían de privar de decir: «¡ Lo
he visto!»
·
La gruesa fila dr espectadores se mantuvo ii
clistancia, contenida por agentes del orden público que parrrían rl Renicio lle honor del
rr_v de los cofres.

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El descenso del Cofre.

8u I\Iajestncl ele hierre, s&lt;, hiz11 esp&lt;•rar mu&lt;-110. De la pirz:1. que oc•upa ha en el Regundo
pi,-o, i,n rl lado opuesto :'t la fadiada del e&lt;lifil'io, J'n(, trnllf,ladacla poco á poco; pero una
masa qne pesa 2.000 kilos no puede moYerRe
fíwilnH'ntl'. Drspu?s de tres horas de trabajo,
el augu;;to rnuehlP enseñó \lit ángulo por una
Yentan:i ......
Lo n1i~r:10 •¡ui&gt; Pª"ª Pll &lt;'l teatro cuanuo ,;e
h•vnnta el telún &lt;IPRpnc~s de nn entreacto prolongado, ,-:uc•Pdiú Pn aquel e,;pectúculo. La
aparición h1f saludada rnn un rumor prol011gado ele la multitud impaciente. Despufs RÍ·
guieron las peripecias del descenRo. que los
eoncurrPntes conternphron con atención, prro
no sin lanzar gritos burlPRCos.
.\lgunos se &lt;'Ontentaron con &lt;lecir "mírenlo", con una &lt;'Rpecie de ingenuidad admirativa, por lllÍlR CJUP ese cofre se• parezca á tocios lm,
rnfreR; otroR dieron :-;uelta á la Rátirn qtw Ruele
8&lt;'r fr 1·eeeR la filosofía. .1· la ju8ti('i:t elrl Jlllf'·
hlo.
:i\1 ientras, el bloc im p01wntr efectua.hn 1--n ¡]p,-r-t'nso en tre el andiamnjP, lenta, majt&gt;stno~amentc•, hHsta rl pif'o clr In cfille.
l'n rano mrgó (•on l'I cofre haRta la l'asa de
Remates.

MENSAJE
Para una artista.

•

•

De tu arpegio ele notas cristalino
Irradia con tu voz em hriag:ulora.
Del Arte nnevo C'I eRplen&lt;lor cli,·ino.
Y ;;urge de tu hoen, flor roRatl.t.
En cascadai:; de luz, nial una aurCJra
El ~imún ele tu voz como una oleael;.

O e11 hori&lt;las vihracioneR van tus not:l,-:,
Airo,:as cual laR úguilas andina$,
O cual blanca hnnda&lt;la de ga.viotaR ......

La llegada á tierra.

Y surge clr tu boca, flor ro¡sada,
L'n arpegio c[p notas cri:-tnlim1R ......
Con relámpagos blondos de albor:ida!
J US'fO p AS'fOR füos,

��Domingo 27 de Julio de 1902.

Domingo 27 de Julio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

'11' MUINDO ILUSTRADO

m

feentenaric 6e cfllejan6rc ~umás.
Hay "rllndeR popularida1lei- que lleg,rn :t
borrar h~ nacionalidad &lt;lel individuo, dándole por patria el mundo entero. Así ha pasado
á Víctor Rugo, Khakespeare, Dumás y muchos otros.
Francia rn á celebrar el centenario dC"l nacimiento del popular novelista Alejandro Dumíis, y ef'a fiesta será unn nota para todoR los
paí¡;:es.
Dumíis nació el 24 &lt;le .Julio &lt;le 1802 en Villers-Cotterrts, encantador puelilccillo que guarda. por el fecunqo novelista un culto ferv~!·oso. Apenas se ahanduna_~l tre1! en la e¡,;tac-1~n,
Re mira la eRtatnn del J11JO mmiado, fnn&lt;lula
en bro~e, ;;onrit'nte, cnn su ~arn honnthon:i.

que abundan en «Angel Pitou," y que el autor
coloca en el poético pueblecillo.
.
Ji:n París también se celebrará el centenano
de Dnmús, pero será por los meses de octuhrr éJ noYiernhre, _v una &lt;le la,: ~randes fie1,tas

cos-y no pudo nprontarle nada en rnetúlfro,
pero lo citó para el ;;iguiente día c~m todo ~su c:irnara fotográfica. El protf&gt;g1d~ eshn·1,
puntual (1 la citn y encontró al novelista con
una crriReta del taller dr modas cercano.
--Retrátenos usted, elijo Dnmí1s haciendo
que lfl muc·hacha i-e le colgnra al l'Uello en actitud picaresca.
El fotúgrafo ol,edC'ti{, y obtuvo umi placa
casi cs&lt;·atHl:ilosa.
-Ahora t•xhilw usted ese retrato en s111&lt;
muestreroi- y lo 111anda vender ÍI hnrt.-idilla1&lt;
por los bulevares.
Aquella fotografía íntima obtm·o gran fxitn y t&gt;l fotógrafo i"C' creyó hastnnte proteµ1rl,,.

j (

[

PEDAZO DE UN ORIGINAL DE "EL VIZCONDE
DE
BRAGELONE.''
Autógrafo de Dumás que existe en México en poder de nuestro compañero Juan Sánchez Azcona.

Cuando el proceso iba (t terminar, Dnmús
,;e desistió de su acuRación, y el producto de la
venta de lai,, fotografías, que lleg6 á varios
cientos de miles de iran.::os, fué á poder del
fotógrnfo.

***

l'na &lt;le las excentri"idades de Dl1más, fué
hacer construir un castillo exactamente igual
al que ideó en su famosa novela «El Conde ele
~[ontecristo." Era un primor de arte. Y esta
nota de esplendor le duró muy poco tiempo:

✓

/_,_ -,-¡
--i ..:: ---~- ~ ::~;/

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1

...,_.,.-. -·· - 1

~~~\ ~:~

En el año de 1864, cuando volvió de Italia
á París, no tenía recursos y dió al teatro su
obra (&lt;Gardes Forestiers. &gt;&gt; Xo fué bueno el éxito, porque el cajero se marchó llevúndose el
producto de las reprcsentacionei-. Entonces
Dumás ideó la manera de allegarse recursos
uiilizando su popularidad. Formó una compañia dramática y la hizo recorrer varios departamentos ele Francia, recomendándole que
anunciara en todas sus funciones que asistiría el autor de la obra, Alejandro Dnmái-.
Contaba con poderse transladar violentamente &lt;le París á In población donde se encontrara
la compafiía. Así sucedió muchas veces y lo~
éxitos y el dinero estaban Íl la orden del día.
Pero una vez, estando la compañía en Laón,
se hizo el acostumbrado anuncio \' Dumás no
se presentó en el teatro. La furia ele los espectadores fué tremenda, como que se creían burlados. El primer acto de la obra pasú entre
silbidos y cojinazos, pero cuando sonaba la
campana para comenzar el segundo acto, se
escuchó un gran ruido
en el vestíbulo y Du
más hizo su presentación en el palco. Todo
el furor se tornó en
aclamaciones y los concurrentes g1·itaron ú
una voz:
-¡El primer neto;
queremos el primer ac-

jo de la clase más corriente; sobre esa mesa un
tintero, plumas y bastante papel azul. Tres
sillas de barrotes redondos ....... .. era todo el
mueble.
El único lujo que se asomaba por allí, era
una especie de vaso etrusco en que se bañaba
ya una rosa, un clave~ 6 un ramo de lilas.
DumÍls llevaba pocas prendas de vestir, aun
eH el invierno; con la c.abeza descubierta'y los
brazos desnudos, el ilustre novelista pasaba horas y más horas encorvado sobre las cuartillas,
como un buey sobre el surco, haciendo que
pasara de los puntos de la pluma lo negro sobre lo blanco, ó más bien sobre lo azul. Y á
su decir, aquel ejercicio de galero le producía ·
m1a acre voluptuosidad.
Las pobrezas de Dumás eran conocidas por
los dícerec;; nunca se le vió priYado C:e aquellos gustos dispendiosos que eran fácilmente
explicables en la opulencia.
Jamás clejó de tener mesa puesta para sus
amigos, ni abandcn6 la m·esita del café.

to!
Y no hubo remedio,

Ultimo retrato de Dumás,

jfontecristo comenzó á construiri:;e en 1840
jamás fn{, terminado· lo pusieron ú la venht
&lt;leRpués del fracaRO del 'l't&gt;iltro Histórico. La
revolución del afio de 1848 arruinó al castelfano director y tuvo que YOlYer á P~rís. ~na
mañana se le anunció la visita de F10rentmo,
el crítico de un peri6dico que se titulaba "El
Constitucional. » El novelista acababa de almorzar con su hijo Alejandro. El criado hizo
entrar al yif,itante al comeclor.
-Querido Fiorentino le dijo Dnmíis, no
se apure usted por que h~mos teTminado: tome una de estas frutas y cómala.
Y le pre11entó un plato con dos cereza_s arrugadas, casi Recas. Fiorentino no se hizo . ~le
rogar y Dumás lo miró sonriendo y )e diJO:
-Se acaba usted de comer cien rrnl francos.
-;,Cómo es eso·?
- Jluy sencillo: estas dos rerezas es todo lo
q~e me qu~daba &lt;;1.e Mon~ci:isto y Mon~ecnsto me ha costado doscieutos mil francos.

y

l
Dumás en el año de 1828.

L:i c,tlk principal &lt;lel pueblecillo &lt;le lo;; \'alúis, se llama ele Alejandro Dumús, y (i cien
paf-08 después de ha.her entra&lt;lo en elltt, se advierte una placa de mÍlrmol, incrustada. en un
muro, qu¡, señala la casa natal del novelista.
Ya Yillerfi-Cotterets celebró una original
fiesta conmemorando el centenerario de Dnmás. Fué preciso que la adelantaran algunos
días para que la estación de las Huvias no fuera un impedimento. Toda la fiesta se celebró
al aire libre, reproduciendo las descripciones

&lt;·onsi¡,tir{i f'll la «repri,ei, de ,1Enriqtw III y :-u
Corte," f'n el Tratro Francfs.

***

De pocos hombres se contarún tantas anécdot.-is célebre~ como de Dumás; una de las
menos C'Onocidas es la que narra la mariera
como el novelista enriqueció á un fotógrafo
que se le había acercado á pedirle protección.
Dumás se encontraba sin un sueldo-lo que
era tan común en él como tener miles de fran-

pero Dumás no [ué &lt;le la misma opinión y
completó su genno:-iidad acusando ante los
tribunaleR al retratista y exigiéndole una fuerte imlemnización.
El escándalo que produjo este incidente, fu{,
pasto de las conversaciones de todo París, y
nadie quería quedarse sin un ejemplar de aque
lla fotografía. Durnás sigui6 todo el juicio :l
la vez que fomentaba la venta de lof&lt; retrato;;,
que llegaron á inundar verdaderamente las calles parisienses.
·

l

tuvo que repetirse el
primer acto, y la fiesta
continuó bajo los mejores auspicios.
El té1:mino de esa jira fué en Villers-Cotterets, y para celebr~rse el triunfo de la Jira, Dumás ofreció á los
c6micos un banquete
con manjares gnü,ado~
por él mismo.

El gabinete tle tmbajo de Dumú8, cmu;·
do caía en la rna8
extremada pobreza,
cuando se puso ú redactar su periódico ''El
.:\Iosquetero, por ejemplo, tenía ~m aspecto
casi cenobítico.
Nada que fuera un
adorno, ni un cuadro
ni una estatua. Una
mesita de sabino cubierta con un tapiz ro-

))

EL CASTILLO DE MONTE-CRISTO

~~­

�Domingo 27 de julio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

=

__,.,......,._-------------

AÑO IX.--TOM0 11.--NÚM. 5.

MÉXICO, AGOSTO 3 DE 1902.

Subscripción mensual foránea, $1.50
ldem

Jdem. en la cai,itaJ, ,, 1.25

Oerente1 LUI&amp; Rttt6 6PINOOLA.

llrector: LIC. RAf',UL Rfl'f!; &amp;PINOOLA.

PUYS.-CA SA DON DE MURIO DUMAS.

El fin del célebre rscritor fu? triste. Pa.reer
que el destino se propuso someter á aqnC"l
hombre tltn espléndidamente dotado, á una
prueba más terrible que Íl C'ualc¡uier simple
mortal. Dum(ts tuvo diez meses ,Je agonía,
agonía intelectual que no puede enmpararse í1
la. espantosa penitencia que sufrió Xapolón en
la roca de Santa Elena. Durante diez mC'SPsf'l
maravilloso C'uetltista tuvo la sensación dC' su

impotenria ...... Su hijo All'jandro, c11ru1&lt;lo sobrevino la guerrn, lo llevú ni puf'hlo de Puy,
cerca clr Dieppe, ~· allí se extinguiú para rl
mnn&lt;lo aquel gigantesco rspírítu. un día de
invierno ¡.;umbrío, nebulo¡.;o, siniestro ....
IgnorÍ&gt; lar,; desg1·acias que le est.'tlian ocurriendo Íl su patria, _v súlo hasta el ,líri siguiente de Hit muerte, hasta d día siguientr, lo,;
Prusianos rntraron {1 Dieppt&gt;, eomo si para

rsa últim:1 jornada hubieran e:sperado 4ue
nquel gran coraz{m:=de~Llo,; franceses hubiera
df'jado dr latir.

POR EL JARDÍN.
(Cuadro de Toudouze).

CASA DONDE NACIO PUMAS EN VIL.L.ERS-COTTERETS,

SEPULCRO DE DUMAS EN PUYS

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1902, Año 9, Tomo 2, No 4, Julio 27</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Alejandro Dumás</name>
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        <name>Reyes sin corona</name>
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                    <text>Domingo 27 de julio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

=

__,.,......,._-------------

AÑO IX.--TOM0 11.--NÚM. 5.

MÉXICO, AGOSTO 3 DE 1902.

Subscripción mensual foránea, $1.50
ldem

Jdem. en la cai,itaJ, ,, 1.25

Oerente1 LUI&amp; Rttt6 6PINOOLA.

llrector: LIC. RAf',UL Rfl'f!; &amp;PINOOLA.

PUYS.-CA SA DON DE MURIO DUMAS.

El fin del célebre rscritor fu? triste. Pa.reer
que el destino se propuso someter á aqnC"l
hombre tltn espléndidamente dotado, á una
prueba más terrible que Íl C'ualc¡uier simple
mortal. Dum(ts tuvo diez meses ,Je agonía,
agonía intelectual que no puede enmpararse í1
la. espantosa penitencia que sufrió Xapolón en
la roca de Santa Elena. Durante diez mC'SPsf'l
maravilloso C'uetltista tuvo la sensación dC' su

impotenria ...... Su hijo All'jandro, c11ru1&lt;lo sobrevino la guerrn, lo llevú ni puf'hlo de Puy,
cerca clr Dieppe, ~· allí se extinguiú para rl
mnn&lt;lo aquel gigantesco rspírítu. un día de
invierno ¡.;umbrío, nebulo¡.;o, siniestro ....
IgnorÍ&gt; lar,; desg1·acias que le est.'tlian ocurriendo Íl su patria, _v súlo hasta el ,líri siguiente de Hit muerte, hasta d día siguientr, lo,;
Prusianos rntraron {1 Dieppt&gt;, eomo si para

rsa últim:1 jornada hubieran e:sperado 4ue
nquel gran coraz{m:=de~Llo,; franceses hubiera
df'jado dr latir.

POR EL JARDÍN.
(Cuadro de Toudouze).

CASA DONDE NACIO PUMAS EN VIL.L.ERS-COTTERETS,

SEPULCRO DE DUMAS EN PUYS

�Domingo 3 de Agosto de 1902.

LOS NIÑOS CRIMINALES.
NOTAS CALLEJERAS.
La noticia es ya poco alarmante, porque en
fuerza de la costumbre, nos hemos habituado
á verla con cierta despectiva indiierencia. Sin
embargo, es sumamente triste y se presta á
graves consideraciones del orden moral y sociol6gico.
Hace pocos días hablábamos de los niños
que beben; ahora, un acontecimiento de actualidad, publicado hace unos cuantos días
por los peri6dicos, nos obliga á hablar de algo tan doloroso como la embriaguez prematura: la criminalidad precoz; los niños que beben y los niños que matan; el anverso y el reverso de esa obscura medalla que esculpe en
las tinieblas del abismo la maldad humana.
Lo que los niños del pueblo ven, al abrir
los ojos, por primera vez, es una riña. Y conforme van creciendo, van asimismo dándose
cuenta de que la vida es una lucha en la que
vence el que tiene mejor cuchillo y sabe herir
más certeramente á su contrario. Las reyertas
del hogar, los escándalos de la pulquería, los
pleitos de los ebrios, las conversaciones de familia, las admiraciones y alabanzas á los valientes del barrio, forman en tomo del niño
del pueblo una atm6sfera de odio que poco á
poco envenena su espíritu débil y turba su incipiente raz6n.

***
No es raro encontrar por las calles de la ciudad, mujeres que riñen, hombres que pelean
tumultos de borrachos coléricos, y con ellos'
acompañamientos de muchachos que lloran'
de chiquillos que corren y vociferan también'
de hombrecillos que no levantan media var;
del suelo y que ya contemplan impávidos, como si fuese un espectáculo divertido, el combate de dos fieras humanas que por una causa baladí se hieren y se matan en el paroxismo de una rabia salvaje.
Como en los niños eorios, en los nifios delincuentes hay heredismos insanos, perversidades atávicas, rencores y venganzas que han
ido pasando de generación en generación. Son
niños que estuvien..111 amamantados con bilis
y que están educándose entre la sangre y la
blasfemia.
Esos miserables cuartos de vecindad, verdaderas espeluncas, sirven de refugio á iracundas
miserias y á furias' de alimaña. Estos seres
que viven en ei vicio y ,¡e revuelcan en el sombrío y pestilente fango de la ignorancia y el
crimen, no tienen hijos, tienen cachorros. De
su existencia golpeada, fustigada, inquieta·
de sus amores primitivos, rudos, brutales sa~
len estas vidas tristes ya contaminadas po'r un
anhelo selvático de destrucción y aniquilamiento. En estos niños se reproducen todas
las bajas pasiones. En esas almitas anidan cóleras. En esos blancos templos hay buitres.

***

La riña callejera es para ellos lo que el simulacro para los militares. Tienen en sus casas, en el arroyo, en la taberna, un continuo
y eficaz aprenJizaje. Reciben diarias lecciones de los padre:;, &lt;le los amigos, &lt;le los conocidos y de los desconocidos. El mundo para.
estas criaturas no tiene más que dos formas:
el pleito en cualquier parte, en el hogar en la
vecindad, en el barrio, en la pulquerí¡, y la
cárcel, allá lejos, un caserón siniestro donde
los hombres se perfeccionan para salir más
desalmados y más bravos.
Desde antes de entrar en la escuela, suelen
estos muchachos entrar en la comisaría, y antes que el profesor, tiene que ver con ellos el
gendarme.
Oyen, y con su infantil y vivaz imaginaci6n
abultan los h.echos que se les refieren: escándalos, robos,· raterías, asesinatos. Esas conversaciones aisladas, esas confidencias canallescas,esos diálogos obscenos y cínicos son las
lecciones orales que reciben perpetuam~nte los
alumnos de la perversidad y del delito.
El medio_ q~e ~es rodea los empuja fatalmente. La imitación, natural en los recién
venidos á, la vida, los estimula. Sus juegos son

lllt MUNnO ILUS'l':ttAnO
siempre riñas más-6 menos fingidas. Buscan
defensa ó apoyo en el cuchillo real 6imaginario que suponen llevar 6 llevan en la cintura.
Resultan criminales; pero su maldad no es
una planta de generación espontánea; la delincuencia se la enseflan los padres, la aprendieron de lai:, gentes entre las cuales viven; la
respiran en el aire como un miasma.
La perversi6n colectiva colabora en esta
obra IDOJJStruosa. Los niños delincuentes son
un producto del estado social de nuestro pueblo.

EL MUNDO ILUSTRADO
que enfriaba mis manos el antepecho de la ventana.
Miro en efecto lJ_arejas alegres que se esconden tras el seto onental para beber en honor
de los poetas, en la gloria del sol trasmontan.
te.
Suaves perfumes se escapan por las mangas
de seda.
Triste de mí, c¡ue me siento sin alma y sin
defe"!sa ante el áspero viento de Occidente.. ..
El_ viento que azota los crisántemos y los marchita, asemejándolos á mi coraz6n.

VÍ UNA FLOR DE LIS.. ~.
Las playas del «mar chapálico11 !'&lt;On un refugio para cuando Re hace insufrible el peso
de la Yida monótona de la ciudad lujosa. Allí
hay chalets encantadores, acurrucados en nidos ele frondas, y mesones destartalado~ en
donde se puede esconder la vida, conversando
con labriegos y pescadores sencillos; hay hotel con verandas qne se asoman á las aguas
rumorosas, barquichuelos que corren á lo lar•
go de la playa, remados por muchachas vera11eantes, de rostros risuefio&gt;', vestidas con el
vaporoso traje de campo, del que es ÍI modo
de clásico detalle el rebozo de colorPs fuertes,
cruzado sobre el pecho. Y ~•a sea desde el balc6n del hotel, 6 desde el corredor del chalet,
ya desde las arenas de la orilla snlitaria 6 en
la punta del embarcadero-formado con barro y piedras, que el golpe de las olas lustra
y derrumban,--el panorama es tranquilo, quizá un poco melancólico, predispone á los recuerdoR, provoca á los idilios; se Riente que
por la transparencia de los ojos se asoma una
tristeza, agradable porque es inclrfinida ......
Cuando se tiene humor de c01wersar con
los pescadores, se nota. la influencia r¡ue en
ellos han ejercido las horas lentas, que pasau
en la soledad, sin más compaflía que los peces moribundos arrojados al fondo del lanch6n; sin más idea que tirar hien ele la red
para que la presa no se escape; sin n1Íls entusiasmo que el de volver á la playii verde en
que se divisa la crucecita clavarla en lo alto
del campanario. como alguien que los espera
con los brazos abiertos.
La plática es sahro,:a: apuntando á un lugar
impreciso de las aguits, dicen que allí fué la
gran cat.ástrofe que llevó tanto luto{¡ la ciudad de Occidente; hacen advertir que ('\ pequeño mar es traidor, que tan pronto sus
aguas acarician como golpean, que por laima.fianas convida al trabajo y que por las noches despierta Ít la angustia. Allá lejoR está la
mancha de la. isla del Presidio; nni;,· pocos I ugareños saben su historia..... .

el loto rojo

UNA POETISA CHINA.
La gloria de los poetas no se forma en la
China del mismo modo que en las demás naciones. Dilátase largo tiempo en formarse,
pero así resulta más justa y más duradera.
::ialvo raras excepciones en los tiempos modernos, bajo la influencia del ejemplo extranjero,
nunca se ha dado el caso de que un poeta haya tehido la osadía de juzgar dignas de la prensa sus propias poesías y de publicarlas en volumen.
Cada poeta canta en las reuniones de los
amigos y de los literatos los versos que ha
compue:sto-en el País Amarillo los versos se
cantttn siempre al compás de una melopea tradicional; y si una de las poesías tiene la aprobación de los oyentes, éstos piden al autor el
permiso de copiarla. Y así, de mano en mano,
Ja poesía va circulando entre un público siempre más numeroso, y el nombre del poeta se
difunde fácilmente, espontáneamente, como
un perfume suave.
También algunas veces el autor, por carecer
de relaciones, se dirige directamente al público. De ahí las poesías, casi siempre anónimas,
que aparecen escritas en los muros de los eclihcios públicos ó en una que otra puerta. Los
que pasan se acercan, leen, y si la poesía les
parece bella, la copian y la hacen leer á los
amigos. A poco estas poesías resultan célebres
y populares.
Con frecuencia pasa más de un siglo antes
de que un Emperador dé la orden á. una comisión &lt;le literatos para coleccionar en volumen las poesías ya consagradas por la fama.
Entre aqu~llos cuyas obras fueron así recogidas y publicadas, perduran á través de los tiempos Jos nombres de Li-Tai-Pe, Thu-Fu y elde
una poetisa: Ly-y-Hane, quien vivió bajo la
dinastía de los ::;long, en el siglo XII de nuestra era, y de quien muy poco se sabe, fuera de
lo que nos dicen sus versos, altamente sentidos y personales.
Ly-y-Hane, que es muy admirada por sus
compatriotas, discurre siempre sobre un solo
asunto: la herida incurable de su corazón, que
i;angra en la soledad. Y el amor que atlige y
consume á esta Safo del Celeste Iruperio, aparece como ignorado de quien lo inspira. Acaso
ella no tuvo nunca el valor ele revelarlo. Tampoco se lo habría permitido su condición de
mujer ni las costumbres ni las conveniencias.
« Diríase una flor enamorada de un pájaro; una
tlor que, no teniendo voz ni alas, muere exhalando su alma, perfumada de amor,,.
A su dolor, Ly-y-Hane a:socia siempre en
sus versos el ambiente en que vive, el paisaje
que la circunda, lo que ella puede ver desde
su ventana.
He aquí algunas traducciones:

.Ca fiesta de los poetas
:Niebla ligera; densas nubes, largo el día, interminable el dolor ......
El perfume está por extinguirse en la dorada quimera.
¿No es el tiempo de la hermosa fiesta de los
poetas, el tiempo que retorna siempre? Sin
duda, porque ayer, por la primera vez, sentí

Una flor se abre en la superficie del agua
profunda...... Del agua profunda .........
Tomo el sedal y lo lanzo hacia aquella flor
de las raíces profundas ...... Hacia aquella flor
de las raíces profundas.
Turb~do ha sido el misterio de la tenebrosa
~rofun1idad, ceF:a el reposo, la agitación se extiende a lo lejos. Y trato con el sedal de atraer
el loto ...... como si allí estuviese su coraz6n ... .
El s?l sobrena_;1a en la extrema orilla del cielo: palidece; extrnguese; ¡ay! se hunde en la
noche...... Se hunde en la noche.
S~bo al piso superior. Deténgome ante mi
espPJO..... ¡Ah, el rostro triste y dei"trufrlo'
El rostro triste y destruí do.
.. · ..
Las plantas rev~rdecerítn ...... ¿Cómo yo, sin
esperanza, he podido llegar hasta este día'?

J)esesperacíón
Llama, llama.! Implora, implora!
Restaña! Duerme, duerme! Llora llora! Sufre, sufre siempre!
'
Apenas llegan los días cálidos retorna la
estaci6n del frío.
'
¡Cuán penoso es vivir.!
. Dos ó tres tazas de d~bil _viiio no b~stan paia poder soportar el agrio viento matmal.
Ya los cisnes salvajes repasan el río. Hace
~ucbo tiempo que los conozco, por haberlo'!
visto pasar y vol ver (t pasar.
¡M1 corazím está cruelmente herido!

***
Los crisántemos abundan pór to&lt;laR partes
c◊-n exuberancia suntuosa.
, Pero la flor que aquí se marchita ¿quitn
a desearla? ¿No soy yo la eterna guardiana de
esta reja?
¿Ct!ándo, pues, Re extinguirá el día en la
oscuridad?
l!na lluvia sutil baña las hojas ele las paulomas.
El crepúsculo llega lentamente· la. oscuridad
cae poco á poco.
'
Al fin la noche!
Y sin e~nbargo,. nada ha cambiado para mí.
Ah, qmén pudiera-destruir para siernpre la
palabra «desesperación"!

***

"ª

*
*'*
Nada sabemos de la vida de esta poetisa: ignoramos quién fuese el objeto de su amor- no
sabemos ta.mpoco en qué circunstancias se'haya des~rr_ollado esta &lt;.!olorosa pasión; pero si
una cromca pormenorizada nos lo diJ'ese , 11,,.
,
, b
,
' 1,1-'"
ganamos a sa er mas, acerca de su vida, que
lo que nos dicen Estos versos desolados?
«Con 111. más tiema admiraci6n-dice Judit
Gautier-he descifrado los Yersos de esta noble y conmovedora poetisa; y sintiéndome dichosa de haber sido la primera ei, hacer resonar, fuera de los _confines del Celeste Imperio,
el nombre armomoso ele Ly-y-Hane,,_

Domingo 3 de Agosto de 1902.

..

A esas playas del «mar chapálico» fní ú la·
var las desilusiones de una prolo:~gada. p!lr·
manencia. en la aparatrn::a ciudad-me comen1.ó á platicar un amigo mío que es FIOiiador,porque me las imaginé solitnrias, porque creí
que el invierno habría dejado desiertos los
chalE:ts y el hotel de rumbo. Tenía ilusión &lt;le
no encontrará gente alguna que hubiera pisado las calles de la ciudad que me hastiaba.
Y en verdad que loR primeros días pasaron
á medida de mi rnluntad. Era el único lrnésped del hotel, duci10 abRoluto de la vernncla,
del c:.,medor, de la sala de billares; cantaba,
silbaba, refa á solas cuando Yenía ú Yisitarme
algún recuerdo; nadie me irn portunaba con Raludos ni conversaciones ampuloRfü,; prohibí á
la servidumbre que me dirigiera la palahrn y
fuí muy feliz, muy feliz, cuando .......
Cuando vino á. turbar todo mi contento una
mujer extraordinaria. Llegué al comedor pa.•
ra almorzar, y precisamente en la mesa en
que acostumbraba instalarme, la encontré. Su
tipo era muy acentuado como oriunda del
Norte: ojos azules muy Yivos, tez blanca, pelo
rubio en que se esconclía tal cual hilillo de
plata.
Vestía una bata roja recargada de adornos
blancos. Este traje me causó hondo malestar,
porque me revelaba que la desconocida estaba
instalada en 1,mü, hotel, y no por pocas horas.
1\-Ie alejé lo más que pude y fingí no verla;
pero no había transcurrido un cuarto de hora
cuando oí que con voz insinuante se dirigía
diciéndome en correcto espafiol:
-Caballero ....... caballero, repitió, porque
no hice caso de su primer llamamiento.
-Usted me hablaba.
-Sí, para que tenga la amabilidad de informarme respecto á la vida que aquí se lleva.
-Señora, aquí hace uno su voluntad.
-Gracias.

Creí que había terminado la conversación y
me volví :t mirar el lago.
- 1Qué hermoso es eRlo, ¿ ,·erdad?
-Bí-contesté con indiferencia.
¿Me acompafiaría á pasear usted ei-ta tarde en bote?

¡.\cliós tranquilidad!
- ...... sí la acompañaré á t1F1ted; pero .......
el lago es traidor; tan pronto RUR aguas acarician como azotan ......
-Caballero, los peligros para mí son despreciables.
-¿.Cómo, c6mo es eso? Y acerqué mi silla
á la mesa de la desconocida.
-He vivido en plena borrasca; mi historia
ha &gt;&lt;ido una tempestad desencadenada. Contaré á usted algunos rasgos ahora que Ya.rnrnos al bote.
·
·
La mujer se levantó haciéndome un saludo
con la cabeza, y salió del comedor recogiéndose
el trajP de esa manera como lo hacen laH americnnas, ¿comprendes?

***
\'eíamos á lo lejos la playa con su opulenta
vegetaci6n; parecía un adorno rle plum6n verde pega.do á la ondulosa orilla de las agua,;.
ll:l bote que nos llevaba iba á la vela y por
momentos Re perdían todos los detalles &lt;le la
costa.
11i compañera había cambiado ele traje: llevaba una riquísima bata de seda rosa, con
mangas muy anchas; sobre el pecho tenía
bordada una flor de lis.
Charlaba describiéndome la sensación 1¡ue
le producía la inmensidad líquida; veía al cielo y se abismaba siguiendo con los ojos á una
nube. :Me resolví á decirle con timidez:
-¿Y los rasgos de la historia? ........ .
-Es usted curioso.-Y agreg6 después de
una pausa, esta noche sabrá uRted lo que ha
sido mi vida.
Luego se inclinó sobre un costado de la embarcaci6n y hundi6 una mano en el agua. Iba
mojando la orla de la manga y lo advirtió.
Con ingenuo impudor recogi6 la tela hasta el
hombro y me dej6 ver un brazo escultural y
sonrosado. De pronto ~quivé mis mirada,;,
pero luego ví que no le causaban molestia y
me fijé con todo descaro.
·
Cerca del hombro tenía una mancha azul;
mi curiosidad se animó y me acerqué para ver
mejor; era una marca de tatuaje, una flor de lis.
¡:Mujer más extraordinaria ó más ........ ordinaria! pensé.
La tarde iba cayendo, y la sombra comenzaba á subir de las aguas.

ir

-Nos voh·eremoR, p·erdatl'?
,
-~o, sefi.or; pienso esperaraqu, la noclw.
-Jle c¡uedf frío. Hice !-efia al hotPro el~
que arriara la vela con esperanza de que la,;
olas nos arrastra.ra:1 á la orilla. Momentos deHpués la sombra nos invadió.
.
.
N6s habíamos quedado en s1lenc10 por a!•
gún tiempo. Empecé á pensar:. una_ flor de hs
en el hombro de una mujer mister_10sa.........
Sonreí y palpé mi traje para cemorarme de
que era á la usanza modernn; no, no ll~vaba
yo e:spac!a al cinJo, no ern. un personaJe dr
Dumas o cosa as1.
Ella rompi6 el silencio:.
.
-Si mi juventud hubiera corndo a1 lado
de mis padres, mi pasado ~ería u_n ensueñ_o y
no una pesadilla, nunca unos OJOS me ~mraran con burh ni un cerebro se perdena en
' 6 menos p~nosas. n·icen que
conjeturas mús
eRtoy enferma del alma; el mundo_ es. el que
Pstá ao-onizanclo de imbP,cili&lt;lad. :Mis OJOS han
pasad~ por todos los panoramas, _miR labios
hablan todos los idiomas; he conocido á todos
los reyes y todos los reyes han doblado su rodilla ante mí. . .....
(El botero me clió con el codo y volví los
ojos para verlo: quería reir el muy imbécil.)
-Sefi.ora-&lt;lije creyendo que me contes
tarfa la extrniia mujer ......
Por fortuna. estábamos ya en un fondo bajo, el botero saltó al agua y comenzó á impulsar el bote rumbo á la orilla. Tocamos el desembarcadero. Un hombre estaba de pie á 111
orilla dPl agua. Luego r¡ue saltamos Íl ticrr~,
se dirigió apresuradamente ÍI nosotros. Me miró con ojos coléricos y tomando á la mujer
por un brazo, la ar~astrú precipitadamente
rumbo al pueblo.
lile 'luedé sorprendido. J~sa noche fuí á conYersar con los pescadores del mes6n y me aconsejaron que abandonara yiolentamente el puehlo.
Hace un momento que \'i pasar esa «flor
rlel isada. » en u na carretela a.hierta. Parece que
,·a rumbo á Chapultepec, ¿.quieres 'lUe la busquemos?

.Cuis Frías Fernande~.
EL SUEÑO DEL JAGUAR.
Bajo los negros árboles del bosque
se entrelazan las lianas florecidas;
en el aire pesado los in¡.¡ectos
Yan y vienen, ~· en curvas infinitas
se colnmpian los pájaros brillanteR,
los monos, laR aralias amarillas.
Es allí que, siniestro y fatigado,
entre los viejos troncos de marchitas
y musgosas cortezas lentamente
el cazador de be,;tia~ se aproxírna,
frotando !':US riñones musculoso,;
con su elástica cola v las mandíbulas
entreabiertas, seclie~~'l.R, arroj1111do
ronco y breve resuello. Sorprendidas
huyen las alimañas, los lagartos
cuyas escamas en la yerba brillan,
y los reptiles en la espesa fronda
se calientan al sol del mediodía.
Es un sitio del bosque donde nunca
penetra el rojo sol, allí reclina
el jaguar su cabeza en una roca;
pasa el áspera lengua humedecida
por sus potentes manos; luego entorna
sus ojos soñolientos y dormita.
En la ilusión de sus inertes fuerza~,
hace mover su cola estremecida
batiéndose los flancos; despuéi-1 ,;uefü1.
que en medio de las verdes .v escondidas
florestas mudas, las filosas garraR,
co11 sorprendente rapidez felina,
hunde en la carne de los recios toros,
que mugiendo, en tropel se precipitan.
LECOXTE DE LtSLE.

�EL :MUNDO ILUSTRADO

Domingo 3 de Agosto de 1902.

EL :\lU~no ILUSTRADO

et cJJ'(tnistro 6e. cJJ'(ézico en . Bu6a.

LA ZIRANDA DE LA QUINTA.
Era la celad li,;onjem en que el nlnm be),p
t'll la copa ele las prin11•ras emoeiones.
Fué esto al salir de la infanda, cunndnlampos c]p luz cierran el hori1.011te ele In ,·ida.

RECEPCION SOLEMNE

El Presi,le11le de Cuba, !:Ir. Estrada Pah1~a,
ha recibi&lt;lo en arnliencia, con l'I 1·1·rcmomal
&lt;le costumhre al :--r . I ngeniero D. &lt;3ilhcrto
Crespo y :\la/tínez, primer :\linistn1, l'll'nipo•
tr.ncia rio aereditiulo por n uestro paiH ante PI
( iobicrno de la naciente República antillana.
La recepci6n , dice una co~r?-;
ponden cia de la bla, "e Yenticu
en Palacio v fu(· de lo más i-ignificati\'o. A la llegtllla &lt;lel i--r. Cn•spo y l\Iartínez, lo" artilleros cnhnn os 1·on su hamh•ra, presentan&gt;"
am:as, ,. la banda J l u11i&lt;"ipal 1·j,·cutú ci' 11 i111no l\:tya111és. l &gt;&lt;"spués de la ct•rc1110~1i:1 diplo111úti1•a
!'lalió el nuevo :\[nustro, y al llrgar frente ú la b:rndera. t'Uh:~na,
hizo ú ésta una re\"erencrn, :-1enclo salu&lt;lailo· por los marcialc:aeordes &lt;lel ll im no :--acion al Jlcxit'ano; de ese h imno, 111ús hermoso cuanto m[1s lejos tle In. patria :se m;cucha. E l sef1or Cre:-;po
permanecií, un nrnm en to en la
puerta ele Palacio, emocionndo,
c:&lt;cuchando las ,·ihrantc:;not:1s ,lel
himno p atrio.
•\. l a audiencia :súlo concurri&lt;'ron las altas pcrsonali clacl1•s de lit
polít ica, entre las que estaban io,~ecretarios &lt;le l)e.o;pach o, el Ayudante del Presidente y el &lt;lel .J efo
ele la.,; fuerzas, el Te,;orero C:encral el Prei-ide ntc y el Fiscal ¡Jcl
T ribunal i--upremo. PI Yiceprr,;id ente de la Rep ública, el .\.lcalde
:Mu nicipal, Reetor 1lP la UúiYersida d (tobernador Ci"il, 1'resi&lt;lente d~ la .\.u1liencia, .Jefe de las Fuerzas, Pre·
sident e d el ~enaclo, Pre:;iden tc &lt;le la A1~1demia de Ciencias, Director !le PenaJr.:-:, y algunos 8enadores y Hepre~ent:111te~.
. .
Despu és de la ceremorna, el ~r. ~hm:stro
fué present:ldO por el Pr~sidcntc Estra~a P:~1nui á ca&lt;la uno de los citados persomtJe:,;. hn
la tar&lt;le' el scilor l're:spo,
ilcompafüulo
.
, . . del,
Címsul seflor l'alonnno , cstm·o a v1s1t:Lr a
cada uno de los Secretarios de Despacho, con-

\trri&lt;'ultura :-eflor 1\·rry, quien ll' hiw 111úl.ti "ples pn•!.(untas
'
' ·
.in t en•s;UH
' 1os&lt;·
'sobn· ~l t•x1t'o,
por n m•~tro ptiís.
],&lt;1:- discur,-o,- eambia,los entre PI H&lt;•pn·:-&lt;•ntante &lt;l&lt;· ~lí-xico y el :-;r. Estrnda l'nl n ia, ¡•,-tu\"Íerun llt•nos de afeduo,;:i:- frn,-;e,- para los dos
paí:::es, unidos de hoy. en ¡JeJanle,
no súlo por la c011rnnHlail d1• su
I1•11"ua y de su origen, sino ·tami,i(.~ po;· su:- in:;tituciune,; y tt&gt;ndrnl'ia,.;.

0

LA PB~:m:.a.VEBA..
t;"n &lt;lía se me ocnrriú-preYalido &lt;lcl perm iso superior de &lt;tue &lt;lisfrutaha 1h• inquirir
cuanto en µann me Yiniera- recorrer el !'ala•
cio de las fü,tal'ion es, c¡ue se l e,·anta e11 una
d e las regione:; mús agrndable:s del país ,le la
Imaginaciún.
Satisfice mi &lt;"t1riosi&lt;l1t&lt;l; pude contemplar ele
cerca las hahit:H:ioncs lujosas y tapizadns dt•
tri plealfom bra del In"'.ierno.•\. mi _sabor examin{ los janline!&lt; muranlloso,-, culnertos de flo- ·
res y frutos por los que pasea el \'ernno 1•n un
tmJé que n~&lt;la tiene que envidi:n. :, nuestro
p rogenitor ,\.dán, como no Kea la h~Ja &lt;~e parrn.
Me exta.o;ié bmm rato ante las halnt'lc1ones coq uetue~ai-_ del Otoño, y tra.h(&gt; c_~n ,•er:4aci~n ,c·on
el propio mterc:-;ido, com·en-ac10n ,ql!P qu~za algún &lt;lía rt•,·elarc en forma. &lt;le vend11·a «111tNview.»
Iba á salir ,·a 1lel Palado de las Estacion es satisfech;, f instruíclo, en lo que !'ahl',
cua'ndo :-;e me ocurriú preguntar á mi amahlt•
cicerone por la Primavera.
-?\o la he hecho pasar, porque nclualnwnte está la pobre muy atareada~- ten1n &lt;[Ue h !'S·
torbemos.
-¿,En ¡¡ué sr m·upa Psa i;rflnra·?- pn•gunl&lt;'·
asombrado.
-¿,Olvida uste&lt;l acaHo que dentro tlr bren·s
¡Jías ha de i,alir [1 1•¡,rena.
•
-Es yerthul; p&lt;•ro 110 quiero de;;aproYcdiar

º***
l'na corta distancia nos ,.;epnraha de Gruapan, ñ donde por priníern ,•ez se dirigínn 'mi,¡,nsos.
C:~1:iinaha apr~s\~raclo, ·11e~111 ya mi ima~in11c10n ch• Jo¡; p:nsnJe¡.; maranllo:-os que se hahrían de &lt;le::-arrollnr ú 111i Yistn. en múgico ealeiclmwopio.
Ya &lt;',-cncha:,a t·I mnrnH1rio ele tnntos mann11tialt•s y l'l moníitono, p&lt;'rO imp011ente zmn•
!&gt;ar clP las l'a,-1·adas; ya miral,n lo:- úrbol1•s cunpcl~1s el&lt;' sahro:;as frntns y las flores ele inlinitn
,·:11wclad 1 J\ll' lapizan &lt;·1 stwlo, y YeÍa los rojos
Íl'&lt;"hos de )a,; ca:-as clP,-tnc:1rs1• :-ohr~ !,¡., Yerdi•s
Y l'slwl~os Jl, at:!narcs lllC'cidos por el viento.
«¡,\ )11 e:&lt;ta l n111p:m!» Pxcla111í, í1 mi lado
u_na \'01. cuyo_ c•co, ;"ª mu_v lc•jano, resuena
:;1emprc en llll cornzon.
. En :·ano. s&lt;' dilatnli:m lns pupilaR de mi:s
ºJº"; l na lllllll'lha l'nrtina dr Colh,je me i111pcclia IIP~ar l'Oll la mirada hasta el edt:n flori'.lo. Hal~m algo l'OIIIO ~ma~c•l\'a olN·urn qne se
mterpoma llc•na clt• IIIH-teno,-a maj&lt;&gt;:&lt;t:1d.
«Co!1tt&gt;mpln &lt;'S&lt;' úrhol Honú ilP nueYo la
arn1&lt;&gt;l)lº"ª \'OZ _&lt;l&lt;' 111i p:ulre:-lus clías que Jo
han ,·,sto l'rgmrst• ,-ohrp la tierra, son at'a,-o
tanto: &lt;:01110 las hoj:i" que lo euhren. •
. .\ton1to clctm·e el paso para medir con 111i
\"l~tn aquPI l;(iirante &lt;le la Ycgetaciún, que 111e
había p:ir¡•~ulo un hoi-que enl&lt;&gt;ro..\c¡uella in111ensa rortrna qne nH• irnpedíaclivit-:ará t·ru:1pan, aqlwlla "cl\'a obst·urn que ocultaba el
lianorama, no &lt;"nLII, en eft:cto, mús que. nn solo
arhol, orgullo cfo la c·reaeiún!
¡ Era la «ziranda,1 ele la Quinta!

El sefwr lngPnicrn Crc:;¡,o y
~Iartínez cm•nt:1 1·n su nl,0110 los
111ús l1&lt;n1ro~o,- antc-ecclP11l1•s : l' n )Ií•
xil'o cll':-cmpcflú por alµ(m til·lll·
po la ~ub,;ccretaría dr Fomento.
rnpt[1nclose la e,;tinuwiím de cuantos lo trataron, por ,;u cnrúd&lt;'r
afable. espíritu c·o1wilindor _\' r&lt;•e·•
titml d1• mira,-. ,\ la mnerl&lt;• 1lt· D.
,\ncln'·!&lt; Clemente \'úupwz, &lt;·1 anti.,uo Cún,-ul &lt; ieneral de J [fxiro
e,~ l 'uha, fuí• nombrado para i;ul,stiluirlo, y rn ese nuc,·o 1•1wargo
trabajó sin de,-l':rnso para fortnlt&gt;•
cer las reln!'io1w,; nwrcantileH existenlt•,; entre nue,;tro ¡,ab y la 1'1•rla ele las .\.ntillas.
En e,;te senti&lt;lo, nuestro paí,.;
le µehe mu&lt;"ho.
Por lo demús, el primer Ministro de )léxil'o en l 'nha p,; generalmente estimado l'n la I sin, &lt;¡U&lt;' ·
c·onsidem como su ¡;pgunda patria.
Prueba muy clara dP esto ~on lo,.; elogios t'0ll
que la prensa de la Habau:1 1•11alteciú los mí-ritos del estimable diplomatico, al dar cm•nta de su solemne recepción por l·l &lt;;obierno Cubano.

..

.

SR. ING. GILBERTO CRESPO Y MARTINEZ.

versando a.mistos:L y cariñosamente con ea,la
uno el&lt;· ellos; sohre· todo con 1°1 St•cretario ,h·

ocaisún tan oportuna. Le rnego m&lt;· llern ú presencia de la l'rin1a\'era.
Echamos :'1 andar, y por el camino mi amable guía m&lt;' dijo:
Paréceme que se ha dt• arrepentir uste&lt;I de
su c-nriosidad.
- ¿,Por qu{·"?
-Pon1ue ya sabe ust&lt;·cl que analizando de
cerc-a las cos:u;, 1,;p pierden muchas ilusione,-.
- ¡Bah!
he Yisto acaso mil veces los
1•ncantos de la primavera? ¿,Querrá u¡.;ted hacerme creer 1¡uc la realidad no superar{\ {l la
ilusi6n'?
)li guía murmuró unas palabra:- qu&lt;: sin eluda le sugería su mal humor y, de pronto, :&lt;l'·
iialando Ull!\ puerta, me dijo:
-Puede usted pasar; ahí Pst.á la Primavera.
Penetré en una habit:1eión mús pnfum:ula
c¡ue tien&lt;la. de peluquero.
Hcntatla. en un diván , con un pincclito Pn l:t
mano iz,¡uic•rda y una borla de &lt;larsc• poho en
la derecha, estaba una viejecita, llenn la nm1
di' afeites y el t·uerpo de alifafei-.
- J&gt;ispenHe usted, seilora, dijt• dPspu&lt;~s ele
haberla examinado; sin duda nu• l'&lt;¡UiYoqu&lt;'·.
- ¿.l'or quifn pn·gunta"?
- Desea.ha ver{¡ la !'ci1orila Prima,·era, Y. . •
- ~cr\'Ídora ele u,,-trcl, cont,•stú la bruja. ti1w-.
dé de pie&lt;lra. Ella &lt;¡ue \'iÍI mi a,;mnhro, soltÍI
una c-arcajada y dijo:
- Ya, ya comprundo! Pero imagine u:;led,
hombre de Dio,-, qnc c-uento yn mucho,; .s iglos
de existencia, y que la juventud no dura cter-

.

***

1&gt;_ehajo d~ ~lla r!'ina si1:n1prc la :-01ubrn. con~·crtHla &lt;'11 t~mel,las, cle tal ¡.;uerte. qtu• 1w deJan ,k~('ubr:r el tronl'o qu&lt;', 1·01110 E&gt;i cimiento
el&lt;&gt; una torn•, soporta la &lt;':-tu penda 1¡10Ie de

----- -

Y&lt;'nlura: janiús han pe1wtra&lt;lo por sus rama;;
el du(c¡• centellt·o'tlt• las 1•stn•lln,;, la argentada
rlaridacl de la luna, los elhwios del astro re,·
,h·l clía!
·
El cielo-.\guanda, » como le dicen pol'ticarnente los ,qmrépecha »-l'ir\'e de ca¡wlo con :--u l'ristal
purísimo ú la nncha
fronda. al tallo cn•
Jo,-al, :í la:-; nlHlosas
raíce;;, r¡u&lt;', éomo
hrazo,- clPI ri-c¡uelctn
dr 1111 titún, agnrran
al :-ut&gt;lo en una exkn,-iún l'nnsic!Prahll'.

3° de

Agosto de 1902.

En política, la inconstancia t•s una opinión :
e:-; la de todos los hombre¡.; de negocios. -R.,m·,-sox.
La caridad obligatoria CH el cur:-;o forzado de
la nwndiciclad.-vALTOt:R.

**,:·
E"

IJll&lt;' e•n
tie111 pos anti~uos,
la tribu cntna ,1u;,
¡,ohlal,a á l "rna¡,an
iha allí. :'1 :a hora
&lt;'n que,;¡ i-;ol l':,;lá Pn
·d (·enit, ú rendir
e·ulto al geni,, dc• la
norhe!
¡( 'uúntas ,·&lt;'ces 1111
&lt;-jí•rcito &lt;le Yalien!t•s tarascos 1h•:&lt;&lt;':lll"ªría de :;u¡.; fatigas
tlehajo ele aquclla
cleliciosa hín·edn!
¡C'uúnt~s_,·l·cc,- yo rni,-mo \"Í &lt;·n lo,; &lt;lías ele
nuestras &lt;'(ll&lt;':\H ludias ú un c-;cuadrún con1•
J~ldo ele guerrili&lt;•ros oculto 1·11 a, 11wlla oliscurnlacl, pro11to Ít can con10 el ran1 soltrf' t•l
l'riemigo atrinl'hcraelo en lTruapanº!
¡Y c·uúnt.11,; c•sr. recinto ~omlirío ,. místico se
ha tr0&lt;·ado en templo ,lel rlios dc• los idilio:-'.
f:1111:1

.

¡Q~1í· h~rmosa, q~ie imponente ~- qu{, llrna
clr_nrn-tenos l'."' la ;manda ele la Quinta!

Eut·.\trno Hnz.

nn.mente. Como todai-, hu, co,-as, &lt;•:;toy i-mjeta
:1 ca111l&gt;im:, ~- en 111í, romo en todo, la ilusión
de los demás es lo que me pn•st:t 1•ncai1tos.
Y al decir 1·sto, "onriú y su ,-omi:a:a resuití,
honible muec·a d&lt;' ,;u hota desdentada.
:--o q uise Yer ni oir niús. Y clesde entontes
miro con lle:-wonfianza los encantos de la !'rima ,·c•ra.

***

;."º

SALOMÉ.
B:.ul:t :;obre el marmí,reo ¡,a,·imentn
y su forml\ impeta hh· 1wrcgrina
1•n una ll'Ye on,lula&lt;·ií,n felina
puehla &lt;le aromas l'i clonni,lo yi,•nto.

••

Entorna la, pupilas sofladoras,
su caht'll&lt;'f:t fú lgid1t d1·"·lta;
y &lt;'11 la gl oria inmortal &lt;le· i-11 l1t•lll'za
Y&lt;· al lPrminar sus 1lanza::- tentaduras
una fuente de hruilida ¡,lata
dPl H:rntista la pt1licla &lt;':tl)(•1~1.

&lt;'ll

. . ~·-·

UN RECUERDO .
[ Traducción de Loopoldo D ia• ]

Eu..\ miraha fijamente el suelo.
En el hondo silencio los imtnntf's
abi~mos eran ele dolor y duelo.
¡Oh_, ~í po~ siempre juntos, anhelantes,
un 1mprev1sto golpe nos hiriera!
'Lentnrncnte cla,·úme "US brillante:-;
ojo;;..\ un miro su conn1lsa boca
hahlúndome palabras, \' e,·ocando
una rojiz:t"_llaga, &lt;1ue s:ingrando.
pareee que salpica á quien la toca.
(; ,\BHIEL D' .\X~V:\ZlO.

Lo ,;obrcnalural dt&gt; ho_r, pur.1h• sl'I' lo naturnl de mafüma.-.JE.\'.\ H.urn,\.S.
Em·idiar 1•,; &lt;l1·s&lt;·enJ.,r. - .Tm,E,- llll'.\ltll.

Florece &lt;le pasiún su moYimi(•ntn,
,-;onríe de p lat·er su faz clivina,
y su trúgiro ps¡,írtu ilumitn
Pi fulgor &lt;11· un rl'lúmpa~o :-,mgri L•nto.

Domingo

!-l,ly_ARJ;;S PI NTQRE~COS,-TeziytJfo,

�Domingo 3 de Agosto de 1902.

flrfisfas jóvenes.~----.Joven y consagrada por completo al estudio del piano, Artemisa Eliwnrlo :-urge Pn la actualidad como una risueiia promei-a del arte.
En esta pianista y compositora se reúnen &lt;lotes ,·aliosisímas, como son la per!'everaricia, la
modestia, el buen gusto y, antes que todas, el acendrado empeño por el triunfo netamente ar~
tístico, sin mezcla de atribÜtos que en algo pue&lt;lan deslucirlo, pues Artemisa ni ha pensado 111
piensa dedicarse {t la euseñanza para medrar con ella.
, .
.
Desde los primeros años de su infancia, nuestrn hermosa artista comenzó, ron ex_1to enndiablt&gt;, los estudios de piano y composición: aquéllos ,lirigidos por .Julio ;\forales y .Julto lttHtrte y los últimos al lado del notable maestro D. :\Ielesio :\forales.
' Terminados ambos, Artemisa se hnz6 á la vicia clel concertista y en ella continúa recogiendo
aplausos _v formanclo, poco á poro, la iomarce!'ihle corona de laureles que en tiempo no lejano
ha de ceñ,r.
El teatro del Conservatorio, la Sala Wágner, el «Círculo Católicon de Puehla y otros centros donde el arte se reftÍgia, atestiguan los legítimos éxitos que Artemisa ha conquistado en
sus audiciones.
Como compositora ha revelado poseer valiosas dotes de ternura y de sentimentalismo m11rcadamente religiosos, con insinuaciones de sabor simbólico, y de ello dan clara n1nestra sus
ocFugas» y sus «Cánones.»
Ho1uamos hoy nuei;tras columnas public,indo el retrato de la joven y bella pianista mexicana, que ha. logrado colocarse, en temprana edad, á una envidiable altura de conocimiento;;
y reputación.

Domingo 3 de Agosto de 1902.

RT. MUNDO TLUSTRADO

RL MUNDO ILUSTRADO

Rl incendio del Teatro Princí¡al
EN PUEBLA

ocEl Imparcial» ha da&lt;lo cuenta pormenorizada del terrible incendio ocurrido en el Teatro Principal de Puebla en las primeras horas
del último lunes, y que tanta sern,ación produjo en aquella &lt;:iudad.
Las proporciones del siniestro fueron tales,
que no hay, en la capital del vecino Estado,
memorias ele un aeontecimiento semejante:
todo el edificio quedó reducido á cenizas y escombros en unos momentos, perdiéndose con
la completa destrncción de los archivoR de la
Compañía de Zarzuela que en él trabajaba y de
los guardarropas, el patrimonio ele muchas
familias,qne han quedado reflncidas á la miseria.

***
Xo f-ie f'abc á punto fijo cuál fué la causa
determinante del siniestro: se decía primero,
que la fusión de un aJ11m bre de la luz eléctrica hizo que el fuego invadiera poco á poco el
teatro; pero fué desechada esta versión como
inverosímil, debido á que el circuito se apaga
á la una de la mañana y el incendio se declaró

EL TEATRO ARDIENDO.

horas después. Se considera como probable
que el fuego tuvo origen en el departamento
de los coros. Esta versión se funda en que,
por la falta de la luz incandescente á la hora
en que los artistas abandonaban el teatro para
dirigirse á sus habitaciones, muchos hicieron
uso de velas,y en que no es remoto que alguna de éstas quedara encendida en los cuartos.
Las autoridades no aceptan tampoco esta versión, en vista de que el fuego i;,e declaró por
distintos puntos á la vez.

***

La imaginación popular se ha dado vuelo
discurriendo sobre las causas posibles del siniestro, y no ha faltado quien lo atribuya al
diablo.
Nuestras ilustraciones dan perfecta idea de
la magnitud del incendio, que represenh para los propietarios de.l teatro una pérdida com- '
pleta.

Hay en las jóvenes adorables pudores: te_
men dejarse adivinar los secretos que tienen,
y guardan cuidadosamente cerrado el libro en
que no hay nada escrito.--G. M. VALTOUR.
Las mujeres, eü su mayor parte, no nos
a,man: no eligen á un ~ombre porque le amen,
sino porque desean ser amadas por él. KARR.
• #t '

DOS SONETOS
LOS PAJAROS
En los huertos desiertos de turcos v alhanesef\
los pardos ruiseñoreR sus arnore:- mm'.mullan,
en tanto que las tórtolas 8e acarician y arrullan
en las rígidas copas de los yerto,; ciprefles.
En las dormidas naves se posan las gaviota:;
á de~pedir del día las ~xánimes luce&gt;',
v en torno ele las Siete Torres los avestruces
van midiendo á zancadas los campos rnmeliok-i,i;,.
Do el arte muestra ruinas y primavera galas,
se oye trinar cadente, se oye batir de alas,
más que la cauta orquesta del céfiro 8Uaves;
Y al caer de la tarde y al despuntar del dfa,
ociosa como un hijo de Agar la fantasía,
por_el espacio inmenso vaga en pos de las aves.

NARGHILE
En rnga8 reflexiones el fumador se abisma,
en un C'afé del muelle. viendo el sol que se pone.
y en el cristal del límpido narghilé descompone
al:1nu-tir, los matices policromos del prisma.
Orla blanco turbante 1&lt;u faz de tintfs rojos
y del «tornbekii&gt; envuelto en la humareda densa,
¿.cómo acertar que siente, ni presumir que piensa
á través de las turbias pupilas de sus ojos?
¿Es tal vez un satélite de la Joven Turquía,
un~fanátíco ulema ó u:i miserable espía,
que recompensa pródigo el imperial erario?
¿Saborea Husiones ó le amarga el estío?
Ni él lo sabe; y á solas, en medio del gentío
con el ~umo celebra s~ coloquio diario.

Fotograffaa tomadas expresamente para "El Mundo Ilustrado".
ANTONIO m,; ZAYAS.

�Domingo 3 de Agosto de 1!)02.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILU8TRADO

Domingo 3 de Agosto de 1902.
el Sr. Mayor Escandón, han sido. objeto de
i:iumero sas felicit~ciones de sus amigos y com})aiieros•

SAN A NGEL

Las fiestas En~San Angel

"

La expof'irión de planta", flores y fruta¡;; wrificada el último domingo en Ran Angel, ha
sido, sin duda, la nota más Raliente de lastradicionales fiestas del Carmen.
Se escogió como local para la exposición
el lado norte del jardín de San .Jacinto, dividiéndose el certamen en tres secciones: la primera, que era la &lt;le las plantar;:, se encontraba
cerca de la entra&lt;la; la segunda, de fruL'lr&lt;, 1&lt;eg uía á la portad a q ne daba aeceso al jardin, y
la tercera, de flores, ocupaha una de las calles que desembocan en el kiosco central.
La sec&lt;'ión ele planuis tPnía en pri mer t?rrnino un lote que representaba un pequefio
jardín. Entre las plantas que figuraron e11 él,
se er.co11trahan ejemplareR de cloradendro notarlaha.liaR, gl usineas, begonins de dahalias y
horknsia~.
Seguían &lt;kspués otros lotri::, de cfüitintos expo~itores, en que podían Yerse las plan1as má;;
raras for mando caprichor-os grupos y un conjunto que ofrecía el mejor golpe de vista.
En cuan to á los pn&lt;'8tos de frnws, llamaron
tnmhi én la aten ción por lo va riado del contingente exhihido y la riqueza de los ejemplareR.
La sección de flores fué muy interernnte:
entre las pieza~ que se ex h ibían figuraban un
«hote de pes&lt;'adores,&gt;, que era una obra de ar' t&lt;&gt;, una «jitrdineht,» un «laurel,, _v una "c~trclla», trabajadas con el mejor gusto.
Duran te toda la F:xposición, la banda de la.
Escuela ~iwional de Ci &lt;')!OS ejecutó Yarias pi&lt;•zas, instalándose en el pabellón qu e pa ra la
apertura s.i le,·antó en el recinto de la kermesse.
La entrnda fué entcrnmPnte lihre;_v para evitar desórdener- y atro¡wllami cnlos, por u11O de
los extremos del janlín i;e Pntraba y por las
t ref&lt; er-quinas restantes se :;:alía.
El acto de apertura, verificado en la n a"iana, r-e vió muy concurrido. Por la tarde buho
una a.nimada kermer&lt;~e e n que tomaron parle
las fami lias mns distinguidas.
Para hoy estahn anuncia&lt;h la distribución
de rpcompen&gt;as á los expositorei::, conforme al
dictamen del jurado cnlificador, que integran
Iris Rritas. Teresa Glisson, Dolores Cortina.
V értiz, María Rangel y .Anila y Carmen Zu1,iría.

EL ESTADO MAY!JRDRL SR. PRESIDEHE.
l,ln ~r1,1pg lle 11cñoritas.

.

• 1

-

. _.;,:- , • .,, ~~ cxhibl&lt;;l~n d,e plantt~i .·:

L.otc de frut~11

'..: ;·"'t~~',\ ·

.l.Jni

, El Jurado c¡ilifi~ador,

plCZJ floral, :,:,-.. ,l

'

.', ..

,;,;;,:;it.'ii:;:¡~, . ·,.

1:

i\ota recibidn. ·eon ,aplaui-io ('ll Jo,-: CÍr&lt;'ulos
militares ha sido el ascensc,, ú TenientP Coro•
ne!, del Sr. :!\Iayor Félix Dfaz, tlUe por algún

tiempo desempef1ú el cargo de .Jefe interino
del :b;sLndo ~l ayor c]p] Sr. Prer-iclente &lt;lt la República. m Sr. Capitán Primero, .A_yudantc,
D . Pablo Escandón, fné agraciado igualllH.'nü•, ('Oll el d&lt;•spacho de ::\Iayor; :· en virtud dt• haber feneciao el plazo de la liceneia
que tenía. ('on.:edida, ha vuelto á haceri-e c,ngo de su p uesto de .Jefe del miRmo Estado
Mayor, el 8r. Coronel Fenrnnclo González.
Tanto el Sr. Teniente Coronel Díaz rnn1O

J

Sr. M ayor Pablo Escand ón.

EL ESPÍRITU LIBRE.
Xuestras conviccion&lt;'s m:is elevadas deben
parecer in:c:en~at&lt;'ces y aun crímenes á. la&gt;'
inteligencia,- de aquellos que no ei::tán preparados ó que no ~on capares. El exoterismo y
el e~oterismo, tan en U:-0 entre los i 11dios, los
µ-riegos, los pE'rr-as y los rnn~ulmnnP¡:, y dondequiera qn&lt;' hay jerarquía y no igualdad, no
se diHting11e11 por que el filó1-ofo exotérico wa
IM cosas ~xteriormente, i:;in juzga.rlai&gt;, ni estimarlas 111 pc•netrarlas; lo ei:;encial es que las
,·e de bajo en alto, mientras q11e el esóterico
las \'e jDE ALTO gN EA.JO!
Ha_v alturas en el alma de,:cle las cuales la
tragedia mir-nm cle~a dr parecer tragr&lt;lia; y :;:i
iodo el mal drl nm,·er,:o 1-'C concentrara en un
, olo mal, ¿.qnifn osaría de&lt;'iclir si la vista de
&lt;&gt;~Je mal pr'?du~irín nt"cesnriamente Ja compas10n y ,lu plic:i na clP &lt;&gt;~te modo Pl mal mismo?
. ..... Lo que sin·e den limf'nto y fortaleza á loihornhrcR superiorP:-, &lt;lehP- 1-er casi un veneno
pnra los ho111 hrrs i nferioref:, que Ron de una
el'lpeeic m11v difrrl'lltl'. LnR virtudeR de un
hom hre orclina río i n&lt;I icarían tal vez en el filóeofo flaqueza_s _v :·i?ios, y rs posible que un
homhrr de d1~J&gt;OR1&lt;·10•1es snperiores, si degP-nera :' se arrm11n., l l&lt;·rru&lt;· {1 posrer por esto mismo, en el mnnclo infe rior (•11 que ha. caído, l~s
cualidad&lt;'R de un santo.
Libro¡.; hay qne tif'n1,11 vnlor im·er~o, i-egún
(JllQ los IC'a un alma i:-u¡ wriut' ,. furrte ó un n.1mn. inferior .v débil; ('11 rl prii'1wr &lt;'fli&lt;O ;.on hernl&lt;lo8 que aun1entn_n 1n hnin1r:i &lt;le los lml\·oi::;
en el ~rgnn&lt;lo i-:on hhr'.&gt;s 1-'edu&lt;'!Or&lt;'f-&lt;, corruptores, d1soh·er1ter&lt;. Los libros que ú todo el mm ido l(lll't:111, t-on libros qur Rit&gt;mpn• huPlen mal:
el olor de la ple he se IE's ad hirre. , Donde la
plebe_come y bebe, :' tamhifn &lt;loncle venern,
har Rlempre mal olor.

..
~r.

Teniente Coronel F~llx Día;,

l"1,µ1m1m .\'rnTr.;;rm:,

�Domingo 3 de Agosto de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

LA. LEGA.ClÓN DEL PERÚ
A raíz de la reunión de la segunda Conferencia Internarional Americana, el gobierno
del Perú comisionó al distinguido juriscowmlto D. Yíctor ::\I. Maurtua para que, con el carácter de cónsul general de aquella República
en nuestro país, estudiara la mejor manera de
establecer entre los dos países una corriente
de francas y sólidas relaciones.
El Sr. Maurtua se dedicó con todo empeño
al cumplimiento de su encargo, y poco tiemJ.io
después quedó establecida en .México la Legación del Perú, figurando como jefe de ella el
Dr. D. Manuel Alvarez Calderón, ministro
pleuipotenciario acreditado cerca del gobierno
de Wáshington por la misma República.
En ausen cia del :-;r. Ah·arez Cal&lt;lerón, quedó al frente de la Legación el Sr. )Iaurtua, estableciéndose las oficinas respectivas en el número 3 de la 11.t calle de la Industria. El edificio está decorado á todo lujo.
Para dar una iden de la s untuosidad de esa
residencia, publicamos algunas fotografías tomadas expresamente para nuestro semanario,
en los momentos 1•11 que allí se celebraba. el
28 del pasado, el aniversario de la Independencia del Perú, con un magnífico banquet«•.
Los invitados á esta fiesta fueron los Señores Coronel Francisco Orla, )Iinistro de Gua-

y á través de la noche se adelanta.Confiar podemos en su lnz benigna
tJUe ha ele llevarnos á i-egura playa.ronfiar debemos en su luz tranquila
que, á trav~s de la noche, al cielo arnnza!"

Y de Psiqué Yenciendo los terrores,
tomó á su pecho la perdida calma,
v la induje, wnciendo i-u tristeza,
~-en&lt;'iendo ,;us temorei-; y hesándola,
[1 i,;eguir hasta e I fin- cuando &lt;le pronto,
ele la avenirla al fin- 11ue,:tra mirada
detúrnse en la puerta de una tumba,
la puerta de una tumha legendaria:
;.Q11e hay escrito-la dije,-qué hay escrito
de esa tumba en la puerta, dulce herinana?
"l.:Jalume!. .. l:la.lume! ... ella repuso;
"tu perdida Ulalume idolatrada!. ..... "

LEGACION DEL PERU ,-EI Comedor.

El patio de la Legación.

ULALUME.

NOCTURNO.

1
• .
L__,
-

¡-

Forjé el ideal más bello de poesía:
De patria, amor y fe;
Y junto á tu calada celosía,
De amor me moriré.
¿Quién en el mundo me dará consuelo
Para sufrir y amar?
~Ie otorgará la compasión del cielo
La Virgen de Kevlaar.
Como el soldado la sangrienta lanza,
Del pecho en mi aflicción,
Arrancaré este amor sin esperanza:
¡No ti«&gt;nes corazón!
Mísero amante, nítida camelia.
Que floreció en abri l,
No habrá de ser la enamorada Ofelia,
Margarita gentil.
¿,Que importa la ilusión desrnnecida,
Que se rompa el laúd,
Y de este suéño despertar sin vida
En el frío ataúd?

Detalle del Salón de Recepciones.

tema.la; Sr. Encargado de Kegocios &lt;le Espafüi; (+Pneral D. Rafael Reyes, de Colombia;
Lic. D . .Tosé López Portillo y Rojas, Lic. Balhino Dávalos, D. Pedro Snntacilta, Ingeuiero
D. Fiacro Quijano, D. Enrique 1Iillan, clis
tinguid.9 peruano, é Ingeniero D. Luis González Obregón.
El Hr. 1\faurtua atendió á los in vitados con
la ma.vor cortesía y los hizo pasar á la elegante sala de recepción, que He encuentm al fo11do del chalet.

El cielo estaba gris, mustias las hojas,
encogidas las hojas y abrasadas.
Era, del solitario mes de octubre,
noche sombría, en época lejana,
próximo al lago d e Auber, en la obscura
tierra de \Yeir, brumosa y encantadajunto al ciénago de Auher, en la triste
región de \Veir, vam pírica y extraña.
Por la inmensa avenida silenciosa
de cipreses titánicos, vagaba_por la inmensa aven ida de cipreses,
rngaba junto con Psiqué, mi alma,
cuando mi corazón era volcánico
romo los ríos de encendida lavacomo los ríos de encendida escoria
que su corriente sulfurosa ar rastran,
v de la cumbre del Yanek descienden
allá del Polo en la regió11 heladaque gemebundos, del Yanek descienden
del 'Polo Norte en la región ingrata.
Nuestro diálogo fué breve y tranqu ilo,
graYes fueron también nue;;tras palabrasmás quedó el pensamiento adormecido.
y la memoria soñolienta y lánguida.
Que era noche de octubre no advertimos.(¡Ah! noche de las noches ... Xocheinfausta! )
ni el triste lago de Auber recordamos.(Annque, en otro momento, ?asta él llegara. )
Xi el t riste lago d e Auhcr, 111 la ohscum
región de \r eir, Yampirica y extraña.
Y mientras que la noehe envejecía,
anunciaban loi-; astros la mañana,
~. augnraha el cuadrante su venidafin de la arboleda solí ta ria
fulgor opaco .,· nebuloso vimo1&lt;, .
del que surgió la mcdiit luna n1ág1ca-l:i, luna de Astarté, con doble cuerno,
con clohlc cuerno dialllantino _r chno.
Y

ni

El decorado ele esta 1-1ala es estilo Luis XYJ,

y d mobiliario de lo más artístico.
A la una)' media los invitadoti pasaron al
comedor. La mesa estaba a&lt;lornnda con multitud de flores y ofrecía el mejor golpe de Yii-:ta. Hohre el aparador se encontraban uno de
Jo,; n1ejore¡.¡ rdrntm: del Benemérito .Juárez y
alguna,; piezas d(' la rnjilla del llamado 1~111perador )litximiliano.
l're,;idicron la c-on1itla los cction•s Coronel
Orla y Dr. :'lfnurtna y durante ella reinó la
111ás franm animación. ,\ h horn, del c..1.mpahña se brin&lt;lú por el P erú, por su Presiclente y
por el tlistinguiclo representante ele aquel
país.
Terminado el ha1H1uete, los concurrentes pasaron de nuevo al sal6n de recepciones, en
donde we sirvió el café.

Domingo 3 de Agosto de 1902.

"Ru ~&lt;la á tran~s &lt;le un éter rle Rnspiro:::
y es--&lt;lije- mns ardiente, rnú~ que Diana.-

El llanto ,·i6 correr por las mejillas
don de rl gusano, sin morir, se arrastra
por moi-trnrnos In ruta de los cielo,;la paz Lctt1•a ele los cielos, marcha:
la!'! estrellas &lt;l!:'I León ha tra1-1pat-:ado la gnaricla del León dejú á i-u t•spalclay á despecho del León brillan sus ojos
y el amor r!'\'erhera en su mirada. ' '

Despacho del señor Maurtua.

)la~ Psiqu~ elijo lrvantanclo el índice:
" Tiene aquel astro palidez extrañ.a,hondo recelo inspírame... :¡alejémonos!

Huy:u11os pronto de su luz nefa¡;;ta!
Oh! volemos? .... volemm;" .-Y en el polYo
rozaron los extremos de sus ala.&lt;:y me hahló, de terror estremecida,
y en el polvo caer dejó sus alas.Sollozó con angustia tristemente
arrastrando las plumas de sus alas.
"¡Delirios son!-le respondí. - Sigamos
á traYéR de esta luz trémula v diáfana!
Su esplendor !-libilino está ir1:adiando
ií un tiempo la Belleza y la Esperanza!
)lira! El camino de los cielos buf:ca,

MONUIINTO ALA JIPEBATBJZ ISABEL.
Hace poco se inauguró en 1lontreux (Ruiza) el monumento erigido por subsrripc-ión
pública á la Emperatriz Isabel de Austria.
Cuando ocurrió rl
repugnante crimen &lt;¡ne
arrebató la vida á la
Emperatriz, se pensó
en dedicarla un perdurable recuercoen ac¡uello~ lugares dond e «&gt;n
repetidas temporadas
había pai-:ado los último!'! clías felices de su
exü,tencia. Parti ó la
iniciativa de una diHti11p;uifla dama inglesa,
y no solamente los hahit.antes de )Iontreux,
sino los de otras part!'s
ele Suiza v los extranjeros, cooperaron al
pensamiento.
El monumento fu{,
encomendado al escultor :-;trizo .\ ntonio
Chiattonc, que ha acer
taclo ÍI repre~entar en "t&gt;I
111úrn10I de Carrara las
faedoneH de la Emperatriz con la exprfsi',n

Quedó mi corazón mw&lt;tio y sombrío
como las hojas secas y crispadas&lt;'omo las hojas secas y encogidas.y "fué octubre, sin duda, murmurabaen «esta» misma noche, cuando vine
aquí, trayendo abrumadora carga.Del año que pasó fué en esta noche,
en esta noche, cual ninguna infausta.
Ah! Qué demonio me empujó á este sitio
y me condujo á esta región fantástica!
Bien conozco esto mudo lago de Aubery ei-ta tierra de Weir, fosca y nublada:
reconozco el obscuro lago de Aubery de \reir la región brumosa y áspera:
es el ciénago de A uber, es la triste ·
región de \reir, Yampírica y extrafia."
EnoARDO Pm:.

*
.\ctividad v amor á los hombres, es la última palabra &lt;le la vida privada, y también de
la social.-~L BERTHELOT.

de dulzura y de tristeza que conocían cuanlos la contemplaban ele cerca. Los menores
drt.-'lllef: dC&gt;l traje están labrados con gran primor.

�Domingo 3 de Agosto de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL l"\UNDO ILUSTRADO

LAS GB.A.Jl'.A.D.A.S "BARDEN" COXTB.A. INCE:NDIO.
UN INVENTO MARAVILLOSO.
Con resultados Yerdaderarnente notables se
efectuaron hace poco en esta capital las pruebas de las granadas extingnidoras de incendio, cuyo inventor es Mr. !farden. Las experiencias se hicieron por los :-;res. Pascal:· .facq ueminot, Agentes en la República,cle las mara,·illosas granadas A que nos referi mof'.
La Secretaría de Guerra nombró á los i-;rer&lt;.
Coronel C+ustaYo ~Iaffs, tle la )Iaestranza ¡\acional de Artillería, y Tenientes Coroneles Rafael Dúvila y Luis Gil, de los Cuarteles de Ar-

·-

AÑO lX.--TOM0 11.--NÚM. 6.

los almacene;; e~tán HituacloH,se colocó un cuarto de madera cuyo ta.maño era como de tre:,;
metros de alto por dos y medio ch.: anl'ho y G
Una granada "Harden."
de largo; la entratla quedó para el lado por
donde soplaba el Yiento con mayor rapidez.
A las tres de la tarde del jueves :2-1 del ccrrientillería, para que concurrieran á las pruebas
te, y en presencia de 1n. Comisión )Iilitar, que
que los Agentes iban á practicar,y presentaran
después un informe acerca de los resultados · no perdió ningún detalle, se efectuaron las
pruebas. Antes de ellas los Agentes hicieron
obtenidos. La misma Becretaría designó {t los
dar un baño con alquitrán, petróleo y aguaconcesionarios, para que se efectuaran 11:1,s pruerrás ií, la parte interior del CLtarto; el .Jefe de
bas, la Casamata (Almacenes generales de
la Comisión :\[ilitar hizo qne en el lugar en
Artillería), y allí, en uno de loE patios inte

que iba á dcsarrolhrsc el fuego se 1rnsiernn
como comhustihle algunas ramas secas ~· tahl:ts delgadas. El fuego comenzó á produtirse en presencia, no s6lo de los militares de la
('omisión, sino también de algunos otros que
rc¡;iden en los almacene,;, y dr algunas otras
per~onas que habínn acudido á presenciar las
interesant.es experiencias.
.
Las granadas consisten en vnas botellita:;
de cristal azul, muy delgado, para que puedan romperse fácilmente al chocar contra algún objeto, despedir los gases que encierran
:' contener los a,·antes del incendio apagan,lo
las llamas instant{uwamentr.

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peapuét del lncenctlQ, 1-1\l~ll• de una ~ran¡¡da "Hard~n,"

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Subscripcióo meosual furáoea, $1.50
ldem Jdem. en la carital,,, 1.25
6erenle: LlJI&amp; Rtl'I&amp; &amp;PINDOLA,

lllreclor: LIC. RAf'AtL Rtrt&amp; &amp;PINDOLA.

Comisión militar. Agentes y espectadores en las pruebas.

riores, y sin abrigo &lt;le ningún gfnero tontra
el aire, que es muy ÍUE't'te en las lomas en 11uc

MÉXICO, AGOSTO 10 DE 1902.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 3 de Agosto de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL l"\UNDO ILUSTRADO

LAS GB.A.Jl'.A.D.A.S "BARDEN" COXTB.A. INCE:NDIO.
UN INVENTO MARAVILLOSO.
Con resultados Yerdaderarnente notables se
efectuaron hace poco en esta capital las pruebas de las granadas extingnidoras de incendio, cuyo inventor es Mr. !farden. Las experiencias se hicieron por los :-;res. Pascal:· .facq ueminot, Agentes en la República,cle las mara,·illosas granadas A que nos referi mof'.
La Secretaría de Guerra nombró á los i-;rer&lt;.
Coronel C+ustaYo ~Iaffs, tle la )Iaestranza ¡\acional de Artillería, y Tenientes Coroneles Rafael Dúvila y Luis Gil, de los Cuarteles de Ar-

·-

AÑO lX.--TOM0 11.--NÚM. 6.

los almacene;; e~tán HituacloH,se colocó un cuarto de madera cuyo ta.maño era como de tre:,;
metros de alto por dos y medio ch.: anl'ho y G
Una granada "Harden."
de largo; la entratla quedó para el lado por
donde soplaba el Yiento con mayor rapidez.
A las tres de la tarde del jueves :2-1 del ccrrientillería, para que concurrieran á las pruebas
te, y en presencia de 1n. Comisión )Iilitar, que
que los Agentes iban á practicar,y presentaran
después un informe acerca de los resultados · no perdió ningún detalle, se efectuaron las
pruebas. Antes de ellas los Agentes hicieron
obtenidos. La misma Becretaría designó {t los
dar un baño con alquitrán, petróleo y aguaconcesionarios, para que se efectuaran 11:1,s pruerrás ií, la parte interior del CLtarto; el .Jefe de
bas, la Casamata (Almacenes generales de
la Comisión :\[ilitar hizo qne en el lugar en
Artillería), y allí, en uno de loE patios inte

que iba á dcsarrolhrsc el fuego se 1rnsiernn
como comhustihle algunas ramas secas ~· tahl:ts delgadas. El fuego comenzó á produtirse en presencia, no s6lo de los militares de la
('omisión, sino también de algunos otros que
rc¡;iden en los almacene,;, y dr algunas otras
per~onas que habínn acudido á presenciar las
interesant.es experiencias.
.
Las granadas consisten en vnas botellita:;
de cristal azul, muy delgado, para que puedan romperse fácilmente al chocar contra algún objeto, despedir los gases que encierran
:' contener los a,·antes del incendio apagan,lo
las llamas instant{uwamentr.

•
peapuét del lncenctlQ, 1-1\l~ll• de una ~ran¡¡da "Hard~n,"

I

'

Subscripcióo meosual furáoea, $1.50
ldem Jdem. en la carital,,, 1.25
6erenle: LlJI&amp; Rtl'I&amp; &amp;PINDOLA,

lllreclor: LIC. RAf'AtL Rtrt&amp; &amp;PINDOLA.

Comisión militar. Agentes y espectadores en las pruebas.

riores, y sin abrigo &lt;le ningún gfnero tontra
el aire, que es muy ÍUE't'te en las lomas en 11uc

MÉXICO, AGOSTO 10 DE 1902.

~a dleina

�Domingo 10 de Agosto &lt;lt .... .,02.

--

==--

EL MUNDO ILUSTRADO
Domingo 10 de Agosto de 1902

EL 110'NDO ILUSTRADO

OTRO MILAGRO AMABLE
híase alejado «más allá.» ¿Pero dónde era «más
En aquel tiempo .Jeims at,., no había salido
all:í.'?»
EL esenio, con un gesto brusco, indicó
de Galilea, de las orillas del lago de Genezavagamente las montañas de Judea, Engaddi,
ret; pero la nueva de sus milagros había lley las fronteras purpúreas del reino de Asket,
gado ya á Siquem, ciudad rica, entre viñedos,
donde se levanta, siniestra sobre una roca, la
en el país de Samaria. Una tarde había paRa.ciudad
de .Makaur. Pero en vano lof' siervos
do un hombre, con los cabellos al viento, dianhelantes buscaron hasta el país de .Moab.
ciendo que un nuevo rabí, un nuevo profeJesús no estaba allí. Un día, _va á la vuelta,
ta, andaba por las verdes coli~1as que van de
un escriba que Re recogía á Jericó, paAÓ junUagdala á Cafarnaum, an unciando la llegada
to á elloR montado en su mula. Los siervos de
del reino de Dios y curando todos los males
Obed, rodeáronle p reguntándole si había enhumanoR. Mientras descansaba junto al pozo
contrado un profeta de Galilea que hacía mide Jacob, el hombre cont6 también que el ralagros. EL hombre de la Ley gritóles que ni
bí en un campo al pie de Cafa.maum, había
había. profetas, ni bahía milagros fuera de Jecu'rado al siervo de un centurión romano,
rusalén, y que s6lo Jehová era fuerte en su
desde lejos y sólo con murmurar suavemente
templo; y aun persiguióles á pedradas, en
una palabra; y que otra tarde, habiendo atranombre del señor de Israel. Los siervos huvesado en una barca de Galilea á la tierra &lt;le
yeron á Siquem. Y grande fué el desconsuelo
los Geraseniofl, donde se hacía la colecta del
ele Obed porque sus rebaños perecían, sus vibálsamo, había resucitado Ít la hija de Jairo,
flas se secaban-y á ese tiempo crecía en Sahombre importante que leía en la Sinagoga.
maria, consolador y lleno de promesas diviY como la gente puesta al rededor le pregu1,1nas, el nombre de J esús de Galilea.
tase si era ése el Mesías, y qué dulzura habia
Entonces un ce!&gt;turión romano, Publio Sepen sus palabras, el hombre irguióse, tomó el
tilnio, mandaba el fuerte que domina el valle
cayado, y sin beber siquiera del pozo donde
por donde se va á Cesárea. y al mar. Publio
Jacob había bebido, desapareci6, con los caera hombre próspero y goz,iba los favores de
bellos al viento, entre las rocas, por el camiFlacco, legado imperial en Siria. Pero destle
no que conduce á Betania. Pero una esperanhacía mucho tiempo, su hija única é infinitaza, deliciosa como el rocío del Hermón, quemente amada languidecía de un mal extraño,
dó refrescando las almas; y al momento la
imcomprensible aun para los esculapios y patierra pareció menos dura, y toda carga parera los magos que bahía mandado consultar á
ció menos pesada ..... .
Sidón y á Tiro. Blanca y triste como la luna,
Entonces, en Siquem, vivía un viejo llamasin quejarse y sin hablar á su padre, dejábase
do Obed, señor de rebaños, señor de viñas,
acabar, sentada en la explanada del fuerte,
de una familia pontifical, que, desde los antibajo un toldo, mirando melancólicamente los
guos cultos de I srael, sacrificaba en lo alto del
lejos azulados del mar de Tiro, por donde h amonte Ebal. Pero un viento abrasador, ese
bía venido de Roma, en una galera, con solvie1;to. de desolación que viene, á la voz irridados. Algunas veces, á su lado, un legionatada del Señor, del fondo de las tierras de
rio desde las almenas disparaba lentamente á
Asur había matado las mejores reses de RUS
lo alto la flecha y atraYesaba una grandeúguila,
grandes rebaños; y, en las vertientes, donde
volando con ala serena en el azul. La hija de
habían crecido mil pies alegres de viñas, neSeptimio seguía un momento el ave que revogreaba ahora solamente la esterilidad de los
loteaba, hasta golpear muerta. sobre las rocas;
brezos. Obcd, con la cabeza escondida en el
después, más triste y más pálida, conti1111aba.
manto, Jamentábase á la orilla de los camimirando al mar.
nos.
Septimio, habiendo oído aquellos hechizos
Después, oyenC:o en Siquem hablar del radel rabí, tan poderosos sobre los espíritus
bí de Galilea que alimentaba las multitudes
que curaba todos los males, destacó tres decuy sanaba todas las desgracias humanas, Obed,
rias de soldados para buscarlo por todas las
hombre leído, pem;Ó consigo que el rabí seciudades de la Decápolis, en la Pcrea, y á lo
ría uno de esos hechiceros que maravillaban
largo de la costa hasta. Ascalón. Los soldados
á Judea, como Apolonio, el de la yoz de bronmetieron sus escudos dentro de los sacos de
ce, y el sutil Simeón de Samaria. Estos, aun
lona, y partieron haciendo resonar las sandaen las noches obscuras, conversaban con las
lias ferradas sobre las losas de la!&gt; tres estradas
estrellas, y sabían las palabras que ahuyentan
romanas que se cruzan en Samaria. De noche
de las mieses los moscardones negros, engensus armas brillaban en lo alto de las colinas,
drados en los lobos de Egipto. Jesús, más poentre el resplandor de los hachones. De día
deroso que Apolonio, más sutil que Simeón,
penetraban en las casas, rebuscaban en la esdetendría la mortandad de sus ganados y hapesura ele los huertos; y las mujere:a;, inquiería reverdecer sus viñas ...... Ohed llamó á sus
tas, traíanles hijos y vasijas llenas de vino de
siervos, y ordenóles que fueaen á buscar al
8afed, que ellos bebían, cogiéndolas con amrabí á las ciudades de Galilea.
bas manos, de un trago, sentados en el suelo,
Los siervos ciñéronse los cintos de enero y
á la sombra de los sicomoros. Al pasar por
partieron corriendo hacia el Norte, por el calos puestos romanos, otros legionarios ú hommino de las caravanas que conduce á Damasl,res de ias cohortes sirias, oyendo el nombre
co. Una tarde a,·istaron, hacia el poniente rode Septimío, juntábanseles, llevando en el casjizo, las nieYes del monte Hermón. Después
co una rama de olivo. :Mas poco á poco, estas
el lago de Genezaret resplancleci6 ante ellos
marchas inútiles en busca de un rabí judío,
cristalino, azul celeste y tranquilQ, en la fresirritá.banlos; entonces detenían las caravanas,
cura de la mañana; un bando sereno de ciacometían brutalmente á la gente en las algüeñas blancas cortaba el cielo claro volando
deas, clamando por el nombre de Jesús. Al
hacia la parte de Safed; la ciudad nuern de
avistarlos·los pastoreR de Idumea, que dan las
Gama.la tenía un suave brillo de mármol, e1.reses blancas para el Templo, refugiábanse de
tre los verdores; y el agua, transparente y .:in
prisa en los montes; y desde el borde de las
murmurio, bañaba los pieR de las yerbas altas
azoteas de las ciudades, los viejos sacudían
y ele las adelfas en flor. Un pescador que en
sobre ellos las manos llenas de malos presaaquel Jugar desamarraba perezo,iamente Hl bargios, invocando la cólera de Elías. En los alca, díjoles que el rabí había dejado Galilea
rededores de Hebrón arrastraron fuera de las
y se había encaminado con sus di1&lt;cípulos hagrutas á los solitarios para arrancarles el nomcia la parte de Galaad, por donde baja el
bre del desierto ó del palmar donde se esconJordán.
día Jesús de Galilea; y la ignorancia de los
Los siervoR siguieron, corriendo, sin repomercaderes, que venían de Jope con una carso, hasta el sitio en que el Jordán forma un
ancho remanso y duerme un instante, inmóga de betel y que jamás habían oído el nombre del rabí de nalilea, cont6seles como un
vil y verde, á la sombra de los tamarindos.
delito y pagaron veinte dracmas al clecnrión.
De la entrada de una choza, hecha de ramas,
.\.sí prosiguieron hasta Ascalón; no encontraun esenio, cubierto tle pieles &lt;le cabra, taciron á Jesús, y retrocedieron á lo largo de la
turno y salvaje, gritóles que Jesús, solo, ha-

EL PRIMER OBISPO DE AGUASCALIENTES.

costa, enterrando las sandalias en las arena
ardientes. Una madrugada, junto á Cesárea,
avistaron, sobre un fresco otero, un bosque clP.
laureles donde blanqtrnaba recogida.mente el
frontón liso de un templo. Un viejo de luengas barbas, vestido de hilo blanco, aguardaba
allí, grave y religimiamente, la aparición del
sol. Los soldados, desde abajo, preguntáronle,
agitando las ramas de olivo, si sabía de un
profeta de Galilea que hacía milagros. El viejo, sereno y sonriendo, cHjoles que no había
profetas ni había milagros, y que sólo Apolo
Délfico conocía el secreto ele las cosas. Al oír
esto, los soldados, muy despacio, con la cabeza baja, como en una tarde de derrota., recogiéronse al fuerte de Samaria. Y grande fué
la desesperación de Septimio, porque su hija
se moría, sin quejarse y sin hablar á su padre,
y la fama de Jesús de Galilea iba subiendo,
alumbrando toda Samaria, como la aurora
cuando se levanta por detr~s del monte Hermón.
Entonces junto á Siquem, en una casucha,
vivía una viuda, desgraciada entre todas, que
tenía el hijo enfer mo con calenturas. El suelo miserable no estaba enea.lado ni había en
él jergón. En la lámpara de barro encarnado
habíase secado el aceite. El grano faltaba en
el arca: el ruido durmiente del molino casero
había cesado, y ésta era, en Israel, la eviden•
cia cruel de la infinita miseria.
La pobre madre, sentada en un rincón, lloraba; y extendido sobre sus rodillas, envuelto en harapos, pálido y temblando todo,
el niño pedía.le con una voz débil como un
suspiro, que fnese á llamar á ese rabí de Galilea de quien había oído hablar junto al pozo de ,Jacob, que amaba los niños, alimentaba las multitudes v curaba todos los males
humanos con la cai·icia de sus manos. Y la
madre decía llorando:
-¿Cómo quieres, hijo mío, que te deje y
vaya á buscar al rabí á Galilea? Obed es rico y tiene siervos, yo los ví pasar, y en vano
buscaron á .Jesús por arenales y ciudades,
desde Chorazin hasta el país de Moab. Septimio es fuerte y tiene soldados, yo los ví pasar preguntando por .Jesús, sin encontrarle
desde el Hebrón al mar ...... ¿Cómo quieres
que te deje? Jesús está lejos, nuestro dolor está con nosotros. Y sin duda el rabí, que lee
en las sinagogas nuevas, no escucha las quejas
de una madre de Samaria, que sólo rabe ir á
orar, como en otro t iempo, á lo alto del monte Gerazim.
E Lniño. con los ojos cerrados, pálido y como muerto, murmuró el nombre de Jesús.
Y la madre decía llorando:
-¿De qué me serviría, hijo mío, partir é ir
á buscarle'? Largos son los caminos de Siria,
corta es la piedad de los hombres. Viéndome
tan pobre y tan sola, los perros saldrían á Jadrarme á la puerta de las casas. De seguro
Jesús murió; y con él murió, una vez más,
toda la esperanza. de los tristes.
Pálido, y desfallecido, el niño murmuró:
-:\ladre, yo quería verá Jesús de Galilea.
Y en seguida, abriendo despacio la puerta
y sonriendo, Jesús dijo al niño:
-Aquí estoy.
E&lt;;A DE QUEIROZ.

Fray José }YTarla J&gt;orfuga/
La semana pasada tomó poses1on
de su car~o, como primer obispo de
Aguascahente,i, el Ilustrísimo D.
Fray José l\Iarfo Portugal, prelado
que por algunos años gobernó la diócesis de Binaloa y que, posteriormente, fué 1ransladado á la de Sal tillo.
E l Sr. Portugal naci6 en l\Iéxico
el 24 de enero de 183 ·; hizo los estudios de latín y filosofía en e] Seminario de Guadalajara, y habiendo ingresado como novicio al convento de
Zapo¡,anos,se ordenó pocos años después, nombrándosele cura de Asientos.
Fray José María es miembro de
una familia distinguida que contó
entre sus varones prominentes al
cékbre obispo de )Iorelia D. Juan
qayetan? Port,ugal_, único de la Iglef;1a l\Iex1cana a qmen se ha conferido
el capelo cardena!icio. D. Juan Cayetano había muerto un mes antes
de la fecha de su nombramiento y
éste no tuvo efecto.
El primer obispo de Aguascalientes fué consagrado en Guadalajara el
8 de Diciembre de 1888, y desde ese
a-qo hasta el de 1898. en que pas6 á
8altillo, estuvo al frente del obispado &lt;le Sinaloa.
En la capital de la nuern diócesis
ha sido objeto de numerosas manifestaciones de simpatía

MEDIO SIGLO DE VIDA PÚBLICA.
LORO SALISBURY.
Calmadas las turbulencias de la política inglesa, despejado el horizonte que durante más
de dos años estu,·o encnpotado á causa dt&gt;l
conflicto sudafricano, acaba ele retirarse de la
vida p(1blica. una de las figuras mús respeta-

***
cuento

Publicamos este
que ha aparecido
en diversas revistas europeas, corno un homenaje al insigne l'Scritor portuguéR E9a de Queiroz, muerto recientemente en París. En opinión de la crítica contemporánea, este cuento
constituye una de las joyas más preciosas de
la literatura moderna.
LORD SALISBURY.

bles de Inglaterra, uno Je los luchatlores mús
tenaces, que durante muy cerca ele medio siglo fué uno de los más fieles servidores ele su
país y de su partido: Lord Salisbnry.
El último primer ministro de la Gran-Bre-

ta ña, cuenta en la actualidad setenta y dos
años. Hace cuarenta y nueve, cuando el ento~ces senci!l11;men~e :\.fr. Salisbury acababa de
salir de la 1 rnvers1dad de O.xford fué á. ocupar un sitio á la Cámara de los C~munes. como representante del distrito de Sta.mford.
Desde el princip_io en la Cámara baja, y mús
ta~cle en la de los 1ores, donde fué á ocupar el
asiento de su padre, luchó ardientemente como uno de los miembros más convencidos del
1iartido conservador, cuyaR principales figuras,
a la sazón, eran Derby y Disraeli.
Como conservador ha trabajado siempre,
represe11tanrlo á esa fracción interesantÍRima
de la naeión inglesa que desempeña notablemente el papel á qne debieran sujetarse todos
los partidos conservadores: el papel de moderador de la acción impulsiva del elemento reforma.dor.
. Así, lord Sali~~ury, opositor ardiente &lt;le!
sistema democratico, enemigo de toda reforma política, colosal adversario de aquel coloi-o que se llamó Glad;;tone y que era :a;encillamente llamado el gran v-iejo; lord Salisbury
foé el más rudo obstáculo con que ha tropezado el liberalismo inglés; pero á todos los intereses ha opuesto siempre el interés de Inglaterra.
Y a. fuera en el Parlamento en los bancos de
la oposición; en la prensa d¡sde donde en los
.
'
' mucomienzos
el e su. carrera política,
logró
chas veces sacudir al país en una inmensa
coumoción; como miembro del gabinete Dilraeli, ó cor, la inmensa responsabilidad de director ~e la _rolítica ~~glesa, lord Salisbury
combatió la mtroducc1on de reformas liberales en Irlanda, combatió también el ultraimper~alismo .c~mo sistema; abop;ó siempre por
el h~re cambio; se apegó, al pie de la letra, á
sus ideas conservadoras; pero jamás transigió
en aquell? 9ue p~diera. disminuir el poderío
y el prestig10 del 1mpeno británico.
La única vez que estuvo de acuerdo con el
ministerio Gladstone, fué cuando dió su voto
firme en pro de la conservación de la influencia inglesa en Egipto.
·
Como ministro de Relaciones y como enviado del gobierno británico, concluyó numero-

sos tratados y asistió á importantes conferencias internacionales.
Seguramente que Salisbury, como hombre
de Estado, tuvo muchas menos simpatías que
GladKtone, &lt;lespert6 m~nores entusiasmos y
brilló con luz menos viva. l\fas el inmenso
prestigio que nadie podría negarle, se debió á
dos de los ra¡.,gos principales de su vida pública: una firme moderación y una excesiYa pru&lt;leneia, hijaR quizá de la fecunda experiencia
qur debe haber sido el frnto de una de las· carreras políticas más largas que cuenta la hi~toria.
Ese prestigio y esa experiencia fueron, sin
duda a lguna, facto1·eR &lt;le primer orden para
que el gobierno britúníco pudiese re1&lt;olver mejor el tremendo conflicto de Sudáfrica. Es
bien :-ahido que lord Salisbnry se esforzó en
evitarlo; y bajo la guía del prudentísimo estadi;;ta, el pueblo inglés marchó confiado á la
guerra.
El retiro de Sali.:bury ha sido lamentado
por la prensa continental, que veía en él un
espíritu conciliador.
Pero, si bien lord Salisbury se retira, puede decirse que SUR principios conservadores seguirán rigiendo la política inglesa: su sucesor,
y sobrino, 1\1r. Balfour, se ha distinguido ya
por el acierto de su labor como «leader" del
gobierno en la Cámara de los Comunes,- es puede decirse, hechura de su ilustre a~te~esor
cnyas ideas ha secundado brillantemente. E;
el famoso orador que, en ocasión solemne
lanzó al mundo las siguientes frases de grai;
trascendencia política:
'
«He oído, dijo al recibir á la Liga en favor
d~, la paz, rechazar con rnz indign~da la noc1on de _gue, cuando una coRa perjudica á los
que llamáis vuestros rivales, debe forzosamente aprovecharos. Toda la historia del mundo
e~~ ahí para probar la falsedad de ese princ~p10. Todo lo que puede ayudar á la prospendad de otro país, ayuda indirecta, pero se-

/

M R. BALFOU R, Jefe del Gabinete inglés.

gura y realme:ite, á vuestros propios intereses.
Pensar que el mundo está dividido en cierto
número de comunidades, de las cuales cada
una no gana sino lo que pierde su vecina es
la superstición máR hefasta y más grotes:ia á
que puede obedecer una nación.»
. Fórm1;1Ja. supre~a y positiva del altruísmo
mtemac1onal. iÜJa1á que pudiese -ser repetida '
f~eeuente~ente fuera del convencionalismo
diplomático; y ojalá que pudiera ser evocada
para resolYer los conflictos entre pueblo y
pueblo!

~r. .C• .Cara !I }&gt;ardo.

�Oomingo 10 de Agm;to de 1902.

ET, MUNDO ILUSTRADO

tL :i\IU1--UO ILUSTRAnO

LA BELLBZ:A FEMENINA.
La alta filosofía, á través de sus lucubraciones profundai;, de i-ui- i1n-estigaciones complexa,; .Y ele su8 razonamientos complicados,
pro¡,ende :í la rel-'olución de treR grandes cmes,tionN, y á la definición de tres grandes hechos.
La.'&gt; tr,:s preguntas á que quiere dar completa
y exacta rf'f'puesta, so11: ¿']ué PS lo verdadero?
¿,qué es le, bueno? y ¿,qué es lo bello?
Lo \'erdaclero, lo bello y lo bueno han siclo
las tres esfinges, impasibles y mudas, Riempre
er&lt;rui&lt;las v v¡¡Jndas ante la mirada del in vestigador. Toda la ciencia converge á _reso_lver
el primer problema, toda la moral á d1luc1dar
el srgundo, toda la estética á esclarecer el tercero.
El prodigioso desenvolvimiento ele la ciencia hmnana; b variedad inmensa de los medios materiales y mentales ele investigación;
el microscopio, que ncrecienhi lo infinitamente
pequefio; el telescopio,&lt;Jue aproxima lo infinitamente lej:wo; rl análisis, que disocia los
co111rn1estos; la síntesis, que los reconstituye;
el escalpelo, que diseca; el calor, que funde y
volatiliza; la electricitlacl,&lt;Jue anima lo inerte;
h lógica, que templa~- aquilafo. el criterio; el
razonmniento, que escuclrifia lo desconocido;
l.'l e:1l&lt;"11lo,que reduce los frnómenos á fórmulai-. todo ha co11trihuíclo á definir más claramente y 111(•jor para el homhre qué es lo que
dehr entender por Yerdtul y eómo distinguirla
del errnr.
La Yida humana diaria con todas sus peripe('iai-, la hü,toria con todas sus epopeyas ,\·
todas sui- C'at:istrofes, el irn,tinto con todas sus
sugei-t iones .Y la nrcrsidntl con todos sus a premio!-', nos han ilustrado sohre In, naturalezn,
el origen _v la sanción de lo hueno. En esfas
dos materias mucho sabe el hombre y mucho
ha aprendido; si no alcan7.a nún las solucio11es t·ntrgiiricns, entre\·é por lo menos i-us printipalc&gt;J" li1wamit•11tus; 1-'i no se ha a¡,oclernclo
de todo e,) do111inio, ha c1mquistado al menos
prm·1n&lt;·i:1s t•ntt&gt;rn:-- ." ant1•i- &lt;le mucho el eon&lt;'t&gt;pto de lo YPrdadc&gt;ro ,r de lo huenu será sati faelorio v estará liie11 drfinido.
:,¡opas:; lo mismo co11 lo lit&gt;llo. La hellezii,
di:--eernililc en cacl,teaso concreto ron fmficien1&lt;' dnridad, rehm;a tena.mwnte re\·elarnos su
prnfun&lt;lo y fundamental 111i1Sterio. Como una
ninfa juguetona, coqtH'tea con el hombre, ;;e
le ofrecr, lo esquiva, se le a&lt;"erca y huye;
y ctmndo el hombre c1'ee tenerla entre sus brazos, de un salto 1ie escapa.,· se esconde en las
profundidades impt-netrahlPH de la i-elva.
Todos !:'abemo,; que es bello el firmamento
inundado de 1101 í, t11chonaclo ele ascuas de oro;
todos sentimOl-4 la belleza profunda y apacible
del mar en calnm,y su sublimidad imponente
cuando st&gt; &lt;'nere11pa r se agita en el seno de la
tempestad; hella es la luz y hella es la noche;
la lwlleza llt•na los espacios inmensos _v se hace morauas de clinmentP. en las gotas de rocío;
es lwlla la eordi llera colosal é inmutable, y lo
t'S el in,;ecto imperceptible ,v 1wrccedero; son
helios el desinto interminable y el Yalle floriuo; la mujer y el a,·e, la nube y la joya, la
roc•n y la espuma, el fuego y la nieve.
La belleza es po!:&lt;ible en todm, las circunstancias _\· e11 todas las condiciones; puede ofrecer:--c _v ostentar,-e en todas las coRas; cabe en
igual grado ann en las más opuestas _v contra1lictoriasi en ,;u amplísima órbita puede
n1ovPrse c&gt;l unirerso entero, cosaR y sereR, fnerzai- v feñómenos.
Esta heterogeneidad de las cosas bellas, ei-a
frecuente contradicción entre tipos indiscutibles &lt;le bellelm, i111pide al hombre orienta.rHC, enco11trar el hilo, explomr el laberinto ,\'
llegará formular un concepto de lo helio, enpaz de abrazar en su generalidad todai; lascosas hellas ." todas las múltiples formns y modos en yue pueden fler bellas.
Pero si no es posible llegar ft formar una
idea general y fumliimt&gt;nfal de lo bello,sí puede serlo el llegar á definir en qué consisten
ciertos g~neros de belleza, y C'l pon¡ué de ese
atributo en grupo" e~pecialei,; ele eosas y rn
forn Hls especiales de lo bello.
Tal:pasa1 á nuestro juicio1 con una de sus
0

forma" supremas, con una &lt;le&gt; sus 111:í1- pr1:f&lt;'eta,; nrn11ifest:1eionrs, con la belleza ft,1111•11111:1.
Complex,1. variada, múltiple, c,1111prenclida ~11
una escala inme11sn que ni tles&lt;le la gracia
hasta la maje1;tad, la LPlle;m feme11i11a es red11ctihlr, sin embargo, ÍI c·omliciune:-- mpit:ilc-,;
ÍI requisitos i111prl.'•ei11dil,IPs, :t all'ihutos fu111l:rnw11tnlc,si¡u1·, &gt;'e!.(ÚII i111pert'n en 1111:1 ú otrn
proporción ,\' según :--t' ('Ollil&gt;illC'll lllÚ&gt;&lt; {, lllf'llll:-armonio,-amente, pniducen todos :--us 1,n-acl11,-; y
todas su:-- 111oclaliclatbs.
E:&lt;tos atributoi- fund,u11entalc" ,:011 :'t llllt'"·
tro 111rnlo ,lp \·er, frp;,;: la ,;alud, la grn&lt;·ia .r
cil.'rto g-01wro do fuerza, de nptitud ú 1·:qmt"itlad l'II nrn1011ia et n t·l dPRtino y l:1 111i:--i{n
runda111l'ntal de la mujer en ln ti;·na.
Para que u11,1 mujer &gt;'t·a Ju,Jla, •!ehe ('llllH'II·
zar por ser sana. Todn dl•fm111idnd, trnh 111util:u·iú11, todo tras1111to t•xterim ú nsil,1,• d1·
u11a alt1•raciún or¡¡;:u1i('a, dl' 1111 trn~torno fun ·
ciomtl, dP 1111:1 enf1•n11t&gt;dad, t•11 fin, 111Ít11 {, llll'·
no,; t·anwtrrizada, afra, tl1,:.;ligura _\· PX&lt;"IU_\'P
rnú" í, rneno~ t·o111pll'la11H•11t&lt;' la liPllt•za h11111ana y t'SJll'&lt;"ial111e11t(• In fc111eni11:1.
Este t·onc1'pto por sí :--llln, i111pli1•;t ú t•ntr:1ñ:i in II umern 1,IPs 111,\ll ifc,-:taeion,•,; n&lt;·&lt;·P:&lt;nrin" t'·
inevitalilrs di' l,1 lwlleza femt-'11i11:1. '.\i11g1111:1
deformidntl drl t•sqtwieto, ninguna ntr111i:1
musenlnr, ninguna 111n11ifo,-1nciún exterior 1•,:t:'ttica ú di11{n11i&lt;"a clt&gt; un tra:a-torno {¡ lllal i11t1·rior, deja de intluir 111:b {, 111c11t1R rn la li('l11·z:1
de la nllljer,y e~as n11rnil'P,.;t:1eiont•s ,:011 inro11taliles. La ,;alud completa _v vigornm !4e n•1·t'l:1,
no sólo por h ar111011ía _\' proporción dt• J:i,_
formas _v la integridad _,. correcto fu11C'io11a111ie11to de los 111il'mbro,-, sino t:unl,ién poi·
111ultitud de otro;- C'arncteres ri:-ibll's que l.1
tlenuncian v rc&gt;rclan.
La ¡,id tlebl.' HPI' kr:-a, sin manchaR ni Ineras ni cicatrieeH 1·e\·1·lacloras de malt&gt;s {¡ dt· n&lt;'cidentcs ndunles ÍI p:isndo:-. La sangre. rÍ\'ll.
ardiente y genero,-a, debe colorearlo, y las \'I'•
11a1i deuen \'etearl11 _v jaspeada li¡!ern y lo,·almente. Los ojo,: deben ,:er brillantes y lí111pitlos; la pupila pura; la 1111rntln dehe refit·ja1·
;;in emhara7.o y con tidt•lidatl la,: paf;io11,-,; y
las idl.'ns. :-\011 tolerables en la piel cie1·t;1H I'"·
li&lt;leces que llamamos intere:-:antes, y t•n la 111irada cierl.llR languideces \'Oluptuosn,;, _\· sut·l, 11
110 serlo cie1taH exprei-ionesaud:wes {, in,¡ui,.i
doras, por razone:; que no so11 del 111rn11ento y
que anali1~'lre111os e11 su llportuniclad; pern la
hPlleza supre111a e" i1wo11ciliahle con las p:tlideeei:; de la nialaria ú del e:incer, &lt;'on l.1s n1:111chas y liicras reveladoras de !ns co11:-titucio1w,;
enl'ermizas, y con las tlaxidcl'e:, y arrugaR pP·
culiares ele los 1:&lt;ere;; dfl,ilt-'s.
Una eabellera alrnmlantl.', Redo~a y rngamentt• 11ncluladn, es ele111&lt;·11to funrl:1nw11tnl di'
belleza, pon¡ue P:--111a11ire:-;t,1ci611 de la :--alud fi11rccie11te. El pelo rna1chilo, e:--ca:&lt;11, n1orlt•ci1111,
es peculiar tle los :&lt;ere:-- enfermizos, eo11w la
cal vi,:ie de los agotados.
Los labios rojos, la dentadura hlaiwn y 1-ana, el aliento puro, la piel h:ilitosa, In urC'ja
pequefia, bien cortada _y a ¡,licada easi n I C'l'H·
heo, la 11ii:t i:sonro:--.ufa y recta, trn&lt;lucPn \·igor,
organización nor111al, y constit11y1•n ele1,1entol-l
i11&lt;lispe11saLleR &lt;le la l1t•lleza fen1e11inn.
Pero la :-:alud y pm c·om,iguientP la hl'lh·za
se traduc~n tn111bié11 por .-.ctiLudes y nw\·imiPntos. ]~! tro11co erguitl11, hi c:i he;1,a recta,
el andar firme y rít111il'o, el nde111Ítn desparpajado y a111plio, cierta ligera on1lulaciú11 dt•l
talle que renila la nornialid,id de la P,-trndura
anntúuiica; una re!-'pirncifo1 at·o111pa:a-ndn, n111plia, profunda; \'OZ clarn, sonora, 1,ien ti111l,rada, que da i 11dicios de&gt; la intl'wi.tad y \'Í¡.?:or
de los órgnnos crn-respo11dirntes _\' liasta b 111:ino tibia y :--et·a, todo, ú ht vez que ele111e11to t•stético, es condición fisiolúgica. _v todo t•~o y
mucho míi:--, que 0111itimo,; por 110 ser dif11,o~,
nl'cesita una 11rnjer parn Sl'I' l,elln.
De ahí unaconsPtiueneiapri'tt-tic:t importante: la n1ujer, para ser helln, del1l' prncurnr :--1·r
sana, ~: como en Esparta, :--i 1,ien C'on 111i'ts pu
dor y mesura, debe procurar C'Oll la gin111:1,.,Lica, la hidroterapia y la higit&gt;ne, conserrnr t·on
la salüd la belleza, \' acrecentar la hrll ..1,a
con la salud.
·

2Jr. )Yf. Flores.

bomingo 10 de Agosto de 1001

�Domingo 10 de Agosto de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

La coronación .de Eduardo VII.

llajo las naves de la gran
Abadía de Westminster, acaba de ser solemnemente coronado por el Arzobispo de Cantorbery, y de otorgar el jurament¿ d séptimo de los
Eduardos de Inglaterra, el sucesor de la venerable reina Yictoria I.
Xuestros lectores si.ben que, debido á la repentina enfermedad del Rey, hubo de
transferirse la coronación, y pJr fin el estado satisfactorio ilel soberano permitió fijarla
para el día nueve ele Agosto.
Desde que se fijó la fecha, los preparativoi::, temporalmente suspendidos, se reanudaron. Los periódicos ingleses nos dieron anticipadamente, descripciones minuciosas
del decorado que ostentará la brumosa Londrei,, para una sola de cuyas calles se gastó en adorno la sumn. de mil libras esterlinaf:, ó sea m[1s de diez mil pesos en nuestra
moneda.
Las arcaicas ceremonias :1,trajeron, además de los representantes de los gobiernos de
todos los países civilizados, á multitud de visitantes de todos los lugares de la tierra,
que presenciaron, en los albores del siglo XX, desfiles y actos iguales á los que se efectuaban hace tres ó cuatro siglos.
Porque, si bien por atención al estado fü,ico débil del rey Eduardo, se resolvió modificar unas ceremonias y aun suprimir otrafl, en lo general el ritual seguido fué copia
fiel del que la tradición conserva para casos semejantes. Y la nobleza de Inglaterra, una de las más apegadas á la tradición, se preparó á tomar parte en lrus
ceremonias, desempeñando á conciencia el papel que le correspondía.
Casi todas las calles recorridas por la proseción real, fueron limitadas por un cercado, para impedir que la aglo~eración perjudicara el

El adorno en las avenidas principales de Londrea

Domingo 10 de Agosto de HÍ02

EL MUNDO ILUSTRADO

huen orden del desfile; fste [ué ensayado repetidas veces, enganchando
los troncos á carruajes sobrecargados
hasta que tuvieran el peso de las carrozas realeR. Ningún detalle se olvidó.
La procesión debió ser suntuosa,
contribuyendo á su brillo la presencia de Lord Kitchener, la primera figura militar del Reino en e~tos momentos, que desfiló seguido de su
eRtado mayor.
Otro de los detalles del desfile que
indudablemente llamó la atención,
fué la concurrencia del contingente
indio que marchó al frente &lt;le todos,
lo cual es una distinción honrosa hacia los representantes &lt;le la principal
de las posesiones británica1-.
A la solemnísima ceremonia. de
ayer en la A ha.día. de \\'estminster
no concurrieron más que las
altas personalidades de In......
glaterra y &lt;le las naciones
amigas, que enviaron sus representantei:;. Las ceremonias fueron l,rcves para comodidad del rey; se suprimieron laR letanías y algunos
otro,; detalles. Las sillas del
trono, que 1lehían Pstar en
una gran plataforma, para
que pudiesen ser vistas de
todos los eRpectadores, se
pusieron al nivel del ¡;uelo,
parn evitar al rey la fatiga
de subir los peldaño¡;_
La víi-pera de la ceremonia, la Abadíit de Westminster recibió la. riquísima colección de joyas reales
fJUe se conservaba, hacfa
mucho tiempo, en la Torre
de Londres, y que fué usada
en la Coronación. rna. guardia especial qued6 encargada de su custodia hasta el
momento en que vueha á
depositarse en la Torre.
El Soberano ha conferido
á las personalidad.es más encumbradas asistentes á las
fiestas, insignias de las principales Ordenes del Reino.

Posición de Eduardo VII al dar el juramento.

Los trenes llegaban
materialmente llenos
de pasajeros ávidos de
presenciar el desfile de
la regia comitiva, y no
había punto de los que
tocó: en su trayecto el
desfile, que no se viera
invadido por la muchedumbre. :Muchasde
las graderías que en
junio hicieron construir algunas empresas, para a 1q u i I ar
asientos al púhlico, y
de las que i,e levantaron por los clu h,-, ful'ron i,,uprimidas. E11
las que qu0daron, 1, s
asientos se alq ui Ja., cm
á elevados precio~.
A la. hora en que
entra en prensa nuestro semanario, la colonia inglesa, residente
en la capital, celel,m la
Coronación de Eduardo VII, uniéndose al
regocijo de sus nacionales, que se desborda
en to&lt;lo:; lus_lugares del
mundo donde flota el
pabellón inglés, ó en
aquellos en que, como

E/ rey Bay Farina, de Kaway y el Prín•
cipe Pamayangba,
concurrentes á la coronación,

aquí, se agrupan los súbditos de la Corona de
Inglaterra para estrechar los lazos que los
unen.
La nota más saliente de los festejos preparados pot la colonia briünica, fué, sin duda,
el gran baile efectuado la norhe del viernes en
el Circo Orrin, y que superó en lucimiento,
elegancia. y animación á lo que se esperaba.

*
*'*

;

1

El entusiasmo con que en toda Inglaterra se
ha celebrado la coronación del Rey, no tiene
precedente en los anales de los grandes regocijos de Inglaterra. En Londres, horas antes
de la ceremonia, las multitudes recorrían las
calles en medio de las mayores demostraci011es
de júbilo, y millares de olm,1'os se ocupaban
en dar la última mano ú la decoración de las
avenidas y de los edificioi,. En algunas partes
el adorno Iné menos rico &lt;le lo que se espera.ha; pero en otrai,, se hizo mucho mús valioso
con las instnlacio,ws de luz que ostentaron por
la noche los l'alaeios principales de la populosa. ciuúa&lt;l.

Los Arzobispos y Obispos de Inglaterra que tomaron parte en la ceremonia.

VESPERTINA.
~ritos clásicos.
..... ~Iás, ap6yate más .... Que sienta el peso
de tu brazo en el mío; c&gt;stás cansada
y se durmió en tu boca el postrer beso
y en tus pupilas la última mirada.
¡Qué fatiga tan dulce la fatiga
que precede á los éxtasis; pereza
del cuerpo y del espfritu que obliga
á mezclar el amor con la tl'istezal

El contingento indio,

Se va la luz. Y la naturaleza
parece que nos dice: ((Soy amiga
de todos los que se aman; los amparo¡

ya os dí lechos &lt;le flores; os dí asilos
rnistcrio~os; reposad tranquilos
en la estrellada sombra que os preparo.
Gracias, amiga! El alma de las cosas
sigue de nuestro espíritu las huellas;
primero, para amar, nos diste rosas·
después, para soñar, :1os das cstrell~s.

La luz se extingue en el zafir, lo mismo
que en los profundos ojos de mi amada·
'
pero queda un fulgor en el abismo
y un toque de pasi6n en la mirada:
sutil y delicioso panteísmo ........ .
·····.Más, apóyate más; vienes cansada ..... .

.Cuis ~- Urbit¡a.

�BEBE
CUADRO DE JORDAEN&amp;

--,'
..

�Domingo 10 de Agosto. de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ÍLUSTRAbO

RESIDENCIAS DIPLOMÁTICAS.
LA LEGACIÓN DE AUSTRIA
Reanudadas las relacioneR diplomáticas entre México y el Imperio Austro-Húngaro, hace algunos
meses quedó definitivamente instalada en nuestra
metrópoli la legación respectiva, figurando al frente de ella, como Ministro Plenipotenciario, el Sr.
conde de Hóhenwart Gérlachstein.
Las oficinas ele la legación estuvieron provisionalmente instaladas en uno de los principales hoteles de la capital, trarn,ladándose después á la
suntuosa finca de las calles de Bucareli, en que se
encuentran ahora establecidas.
La residencia del señor ministro de AustriaHungría, es una de las más lujo~as: todo en ella
es de ·un gusto exquisito, y difícilmente se encontrarán salones en que, como al:í, se hermanen la
riqueza y el arte para formar un conjunto tan
bello.
Al penetrará la legación,se advierte, en primer
término, el magnífico decorado de la escalera, construída con mármol de Carrara; un guardapolvo de
finísima seda de colores, con bordados y flecos .:!e
oro, cnhre la parte del fondo, haciendo resaltar la
severa elegancia de la obra arquitectónica. Este

Domingo 10 de Ag9sto de 1902

EL HUMO.

'ff·

1~

Fumaba mi pipa, recostado sobre la hierba,
con la frente levantada hacia el cielo; y con
los párpados entrecerrados dejaba flotar mi
espíritu en la deliciosa languidez del sueño
que comienza.
En mi pipa no había tabaco de Cuba• ni de
Oriente. Había recuerdos, e,iperanzas; besos
de ayer, sueñoR de mañana; besos que no se
realizaron y sueños que no han de efectuarse
nunca, y de mi pipa salía una nube de humo
que subía, se vaporizaba y se desvanecía antes de llegar al cielo.
Y me dije: «Esta nube de humo son mis
sueños.». Después,melancólicamente cerré los
párpados y me dormí.

1

Fachada de la Legación.

cuuos españoles y atributos reales; hay también un par de grandrs
i;;illones del tiempo de Carlos V. El señor ministro los obtuvo en Sevilla cuando fué representante de su país en España.
El salón {&lt;blanco» está decorado á t0tlo lujo. Pertenece á la señora
condesa y allí recibe á sus amigas íntimas. Sns cortinas y muebles
son de felpa blanca,y multitud &lt;le objetos de plata tapizan los muros:
allí se ve una colección de primorosos objetos traídos de Tánger, en
la que figuran braseletes, collares, pulseras, etc. En uno de los ángulos está un altar con ca,,delab~os y otros adornos &lt;le plata antiguos
y muy valiosos.
En el ala sur de la finca se encuentra el despacho del señor ministro. Este departamento es amplio y está adornado con cuadros de esculturas debidos á los mejores arti8tas antiguos. Su decorado es estilo
oriental,y sus muebles, tales como sofás, mesas y estanteR, son de estilo
morisco. Sobre la mesa &lt;lel señor ministro se ven retratos de soberanos y nobles de Austria, acuarelas y gobelinos.
El comedor está situado al lado oriente; sus muebles son estilo ro-

Salón de recepciones.

Cuando despert(en-el- cielo - esplendoroso
del ::\Ieuiodía irradiaba triunfalmente la luz
tlel sol y las nubes doradas _¡mrpurinamente
corría~ sobre el azul. Había una sonrosada,
páli&lt;la y frágil, que atrajo mis miradas. La seguí con los ojos y con el pensamiento hacia las
paradisiacas glorias del sol, y sentí que la
amaba yo con todo mi corazón .... .•... porque
aquella nubecilla sonrosada se había formado
con el humo de mis esperanzas y de mis en._ _J
sueños.
J

CATULLE MENDES.

mano, y la vajilla, de plata primorosamente trabajada.
Entre las ,•arias obras de arte que decoran la legación de Austria y que hacen &lt;le
ella una de las más suntuosas residencias
diplom{iticas, se encuentran algunas debiclas [i pintoreR mexicanof-.

Las armas más poderosas dr la mujer
Ron las lágrimas; las mfü, tiernas, lo~suspiros, y la más terriblt&gt;, la lengua.

Despacho del Sr. Ministro.

Todo golpe es fecundo: el de la azada
hace la flor resucitar del suelo;
el del cincel traslada del modelo
la línea por el mármol indicada;
triunfa en la li&lt;l ardiente el de la e8pada;
el del llanto, en la tierra da consuelo,
y el de la gota que desprende el cielo,
deja la verde espiga elaborada.

Escalera principal.

guardapolvo fué ttaído de Tánger por el señor ministro y está trabajado con verdadero derroche de buen gusto. Al terminar la escalera,
t&lt;e extiende un amplio corredor, pavimentado con mosaico y mármol,
y en los ·m uros, que ilumina un tragaluz de cristales de colore~, se
ven cuadros muy valiosos &lt;le distintas épocas y escuelas.
_El salón de recepciones 6 sea el «amarilloi,, es de lo más elegante
que pueda imaginarse. Sus muebles son &lt;le madera preciosa y están
tapizados de raso finísimo,que hace juego con el color de las cortinas
y de la alfombra. En el fondo hay dos retratos muy bien ejecutados
del señor ministro y su esposa. Constrastando con el estilo que domina en el salón, se encmentran otros muebles, tan valiosos desde el
punto de vista histórico, como ricos en detalles de arte.
Estos muebles, finísimamente tallados, que pertenecieron á la condesa Momfanser, de la época de-Isabel la Cat61ica, tienen grabados es-

Labran los de las fábricas grandio$aR,
forjando las figuras luminosas
cuando en lmi yunques el martillo bate;
y al entablar la lucha por la vida,
es el alma por golpes combatida
la m{ii, dura y mejor pam el combate.

El Comedor

Sala de rocl~ir do la señora Hohonwart.

�::s

bomingo 10 de Agosto de 1902.

-·~[arr!
1
El poeta v ió llegar una joven c..l(' un rincú_n del jardín,_ hern10Ra,
triunfal, sonriente; y no quiso tener t iempo smo para meditar e11 que
son ndorahle¡,. los crrlwllos Jorados cu:Lndo flotan sobre las nucas marmóreas, y en que hay ro:-tros que vnlen bien por una alba.
.
Lufgo todo era. del icioso. Ac¡uellos quince n~us, entre la;; ros~~ qmnce aiios, sí, lo ef'tithan pregonando unas pu¡nlas serenas ele 11rna, u11
sc,no a.penas ergui&lt;lo y una frescura primaYeral; aqurllu,- ro-s:tle,-; tfl11hlorosns que hacía,r. ondul:1 r sus arcos ,·er.\P,s, aquellos c..l1_1rnzneros con
sus ramilletes rrle&lt;rre" domle se detenían al paso las ma r1 po:-as errantes llenas de polvZ de oro, y las libélulas &lt;le alas cristalinas é iri&gt;'adas;
aquel cisne en la ancha taza, ei,ponjando el alabastro ele su:-\ plumas,
zambnyéndose entre e,-;pumajt•os _,, burh11ja1&lt;, ron volup~nosida,l, en
la trasparenria del ao-1111 la c;H;ikl. limpia, pintrrda, apar1ble, de don' de feliei&lt;lacl; y en la. puert;i l n ancia~1a,_
.
.te emergía corno unaº onda
u!1
i1wierno en medio de tocia nl1uella vida, cerca 1le '.\[ar.v, una vngm1dad en tior.
Ricardo, poeta. líriro, que anJaha á ra.i:a de cuaclr?~, e;;tabn. allí con
la satisfacción de un goloHO que paln.&lt;lca cosa:- exqu1s1ta~.
Y la anciana y la joven.
-;.Qué traes?
-Flores.
l\Im,tra.ha Man· su falda llena romo iriR hecho trizas, que removía.
co11 una de Rus ,·11anos grúcil&lt;'H ele ninfa, mientras ~muiendo su linda
boca purpurnda, RUR ojos abiertos &lt;'ll redondo dejaban Yer un color de
lapi"'lázuli y n na humedad nuliosa.
Rt:REX

D.\JUO.

PENSAMIENTOS.

C'onfieso que esas existencins ni:&lt;laclas hajo techos ignorado;:, 111,•
han causndo siempre el ef&lt;•cto de ri!lternas ;;iempre cerrndas en que
duermen las aguas y en las que 1-&lt;e reiapira un aire malsano. Todo lo
que es olvido en la tierra, tiene algo c..le la muerte.--..\. Dt:: )[l;SSl~T.

***

Lo que el amor empiez t, sólo puede ser acaba&lt;lo por Dios.

***

Si iaoil'l pieura, seu imán; si planta, sensitirn; si hombre, amnr.\'wroR

Hl'GO.

EL MUSEO DE ARTILLERÍA

EL MUNDO ILUSTRADO

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"J-·.

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"QUO

TRES CRUCES.
I.
VIRIATO.
De Ga.lba la matanza pretoriana
inicua y rnín \Jlle de;:yai;tó la tierra,
'un puehlo de pa,:toreis, á la guerra
lanzó una Ycz allá en la lusit.1na
región feraz, poé-tica y lozana
do tesorns de hien el campo encierra:
guerra feroz que al Cniverso aterra ......
pérfüla, y cruel, y hárhara .,· tirana!
Y \'i riato ~e a Izó. Y con la testa
ceii ida. ele hure!, un lustro entero
siempre al combate con tesón ise aprei-ta.
y en el combate yérguese el primero,
y cae al fin con la cabeza e11hiestii
mártir de f'll deber, Ruhlime y fiero!

II.
KOSOIUSKO.
Sin esperanza alguna., cual existe
el barco sin timón ni arbola&lt;lura
entregado :í la negra desventura
en océano colérico que embiste..·....
Como el hombre infeliz que se resiste
á sepultar HU Yida en la tristura.
&lt;le un in1placable ma.r, tumba segura
en cuya perdición nadie le asiste;
así el polaco aquel, vistió la ma.lla

RETRATu DEL GRAL. MARIANO ESCOBED0.
La Secretaría &lt;le ({nerrrr acnba &lt;lr rrmilir nl Museo Nac-ional &lt;le
Artillería un retrato al úlPo &lt;lel ilu;;tre General D. ~lnriano EscoLedo,
:'.í qui&lt;'n la ltPpúhli~a del_ie, eomo se f&lt;nl~e, t~11t&lt;!S y t1111 _:'aliof&lt;os ,er\"Ícios en ¡,ro d(• "ll 111tpgnclad y de sns rnstitt1&lt;·101ws. ]ti n·trato, cuya,
copirr fologrídka lomada ex¡,ref&lt;anwnle para. 11t1cf'tro srmanario ofrecemos lw.\', sná coloeado en lugar prl'ferente cid 1\1 us&lt;'o, como un
homenaje :'t los merecimientos del patriota eximio.
8ep;ún f'aben1os, Pn el mi,;mo }luf'eo y en &lt;lepartamcnto _especial,
~Pr{u1 colo&lt;·ada"' ,·lll'ia,; reliquiaR que pertenecieron ¡¡] héroe de 13anta
Gerlrudis, tales &lt;·orno laR nn111erosns condecoraciones que conRtelnhnn
el peeho clel &lt;listinguiuo militar, el uniforme, la banda, el esradín y
c•l bastón que U!-'aha en l:1¡.; g1andes formacionef', y algunaR de las
prendas que porta.ha cuando mandó c,l ej(,rcilo de operaciones sobre la plarn de Queré.taro en 1867.
El ch•pnrtanwnto ei-pccial dt'ilicado al Genernl Es1·ohedo donde se
guardar{u1 e!-'as rnlirn,as prendas, formará uno de los que con más interf:- pue&lt;lnn visitar::-e en el Mm;eo &lt;le Artillería, tan riro en objt'tos
hi:;tóricoi-.

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1

VADIS?"-Grupo de hadas.-Grupo de sacerdotes.

del defensor de su Polonia un dí,t
y á todo~ los Yillanos por muralla
i-u pecho preRentó ...... y Europa impía
«¡ Fin is Poloniae!,, O,\'Ó trai-: la batalla:
el adióR postrimer del qne moría ...... !

KRU6ER.
En brega desigual, la frente al rielo
el Yiejo león asiste á su destino,
homérico, inmortal, casi divino ........ .
como germen exótico del suelo.
Xo tiene allí el titán para su anhelo
más que las lobregueces del ramino,
más que las veleidades de su :-sino
y su hihlia y su Dios como consuelo;
). sin cuartel, y al borde clel abi:-1110
"e crece el león en el com hate rudo
sin arredrarse nunca al cataclismo ......
pero ...... ¿por qué, Señor, por qué 110 pudo,
morir como los otros, siempre el mismo
por su patria y su i10nor, sobre el escudo?
.i.D..\LBEHTO CARRíEDO.

ACUARELA.
Había rfrra nn lwllo jnnlín, con mít"' flores que awleas ." n1ús \'iolt--las qui· ro--as. Cn bi&gt;llo ,Y prqut'íin j,ird(n con janune&gt;', pern sin &lt;'Rtat nas; con una pila bl:11H·n. pero sin i-urtidurPf:. Ccr{'a una C'asita con111 hecha para t111 cuPnto dulr•e y feliz ........ .
l~n la pila un cisne se cliapu1~;tba, ren,IYi1•ndo el agua., ,;acudiendo
la~ ala;; cl1• un hla11&lt;·or d&lt;&gt; nie,·r, enarcando el &lt;'Uello en la forma &lt;lt--1
br,L1.o de una lirn ú el asa de una ánforn, y n10\'ienc..lo el pico húmedo
\' con tal luf&lt;trc, eomo si fue1-e lahrndo con una gota de color ele ro:-:a.
· En la puerta &lt;le la cnf'a, como extraída.de una 110,·ela de Di1·kenR,
ei;taba una de esas viej:ts inglef'as, únicas, solas, clíu-,icaf', 1·on la cofia.
encintada, los anteojos ;;obre la nariz, el cuerpo encorvado, las mejillas arrujada1-, más un color de rnanzanrr marlura y 1-alml rira. Sobre
la suya oh,wur:1, (•I cll'lantal.
Llamaba:

••~uo
LA 1:aSPINA.-(Eatudlo fotogrAfico de L"perclo),

Domingo 10 de Agosto de 1902

VADIS?"-Banquet~ d~ N~r9n.-EI tri\lnfQ,

LA PESETA DEL PÚBLlOÓ.

Es cosa a,·eriguada c¡ue á medida que loo
espectáculos baratos i-on más numerosos en la
capit.1,l, la afición del público á las di,·ersiones teatrales ha ido creciendo gradualmente.
Desde el jacalún, que arrniga en los barrios y
se sostiene á coKta de nuestra:-; clasei; ínfimas,
haHta el «teatro &lt;le la tanda)), donde se exhibe
lo má8 tiamante clel «género chico", realizan
ahora lo que hace YeintP aiios no hubieran
realizado lo:; teatro" de entonce;;: ,·ersc llenos,
ele hote en hot&lt;-', por una concurrencia ansiof'n,
más que &lt;le emocione!:' profundas, del cosquilleo que &lt;lespiertnn el libreto salpicado de equívocos y la mú,-ica intencionada y retozona.
De aquí que la 1wseta del público, que cae
á las arcas de la üH¡uilla como una gota continua, ba:-tc para que las ohra1:&lt;, corno lo hemos
Yisto en esto,; último:- díaR, sean llerndas á la
escena, no i::óln eon propiedad, Kino con Iujo
cof'a á que no ei,túhamos acostumbrarlo;; v qu~
el género chico haya echado en }léxi'co raíces tan honda~.
El ccQuo Vadis)), zarzuelita cu,·o éxito consiste principalmente en la suntu~sidacl del decorac..lo y de los traje,-, es una prueba de lo
que significa la afición ele lo¡; t.'lndófilos á esta
clase ele espectáculos, para las empresas: la.
obra se montó, en el primero ele lo;; teatros de
la tanda, ¡;in omilir gastos, .v h,'1. qt1e&lt;lado en
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á peseta, llena ú reYentar las taquillas, de donl~e :-alen trajes y decoracione1-, y música y artrntas.

�Domingo 10 de Agosto de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 7.

MÉXICO, AGOSTO 17 DE 1902.

Subscripción mensual fo~nea, $1,~
Idem ldem, en la capital, .. 1,
Cierente1 LUI&amp; Rt'l't&amp; &amp;PINNLA.

alrccton LIC. RAf'A(L Rtn&amp; &amp;PINDOU.

HERMANAS.
(Estudio fotográftco de P. Torres y P. Lavillett-.)

CAZA DE UN TORDO ·
Cuadro de Gárate

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 10 de Agosto de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 7.

MÉXICO, AGOSTO 17 DE 1902.

Subscripción mensual fo~nea, $1,~
Idem ldem, en la capital, .. 1,
Cierente1 LUI&amp; Rt'l't&amp; &amp;PINNLA.

alrccton LIC. RAf'A(L Rtn&amp; &amp;PINDOU.

HERMANAS.
(Estudio fotográftco de P. Torres y P. Lavillett-.)

CAZA DE UN TORDO ·
Cuadro de Gárate

�Domingo 17 de Agosto de 1902.

Cleptómanos Modernos
Jfofas Ca/1,jeras.
Los diarios de información se han entreter,ido durante la semana en pormenorizar dos
sucesos, no originales ni extrafios siquiera,
pero sí interesantes: el proceso de unos ladrones de cincueh ta mil pesos, y la aprehensión
de otros, que, con hábiles eombinaciones, engañaron á un rico espaüol para robarle algunos miles.
Estas noticias serían de una aburridora insignificancia, si en ellas no apareciera el tipo
del héroe novelesco, de folletín, hecho con un
poco de Rocambole y otro poco de Conde de
Montecristo. Hablo del ladrón de levita, del
misterioso personaje que se presenta en sociedad con los aparatosos modales de un actor,
de un galán joven que viste con elegancia, come y bebe con esplendidez, sabe bailar boston,
y habla del honor como de un ideal ya conquistado y seguro.
En las sociedades e.xquisitamente civilizadas
se presenta este caballero con bastante frecuencia y sus proeza.'l hallan en ellas campo libre
y rico. La vida de estos hombres delie de ser
interesante y curiosa por extremo; debe de estar compuesta de escenas y episodios jocoserios como las memorias de Casanova, con un
gran fondo de filosofía callejera, pervertida y
amarga, en cuyo vulgar pesimismo no palpitará otra cosa que una gran sed de placer y un
sensualismo encanallado y brutal. La educación les ofrece poderosos recursos para llevar
á cabo sus fechorías; y la moda y la urbanidad
ponen á su disposición agradables disfraces
para ocultar sus intenciones y malevolencias.
Son hábiles prestidigitadores, comediantes de
buena escuela, y andan por esos mundos urdiendo planes y fraguanao asechanzas entre e_l
estruendo de una orgía inacabable, como si la
sociedad fuera para ellos lo que para los romanos de Petronio fué la casa de Trimalci6n.
No era común entre nosotros este peligroso
embaucador. Nuestro era y henchía las cárceles el tipo del ladrón miserable que, por las
noches en las calles solitarias, hurtaba, pufial
en mano, y echaba á correr con el reloj y la
bolsa á su lejano escondite, á su tenebrosa corte de los Milagros. Xuestro E'ra el haraposo, el
hambriento, el vagabundo, que, ignorante y
estúpido, arrebataba á la existencia, para poder vivir, lo que ella no le daba de buen grado.
Pero este malhechor era fácil de conocer, y la
policía lo atrapaba con facilidad entre 1ms mil
y tres tentáculos.
Mas al ladrón refinado, al elegante, al que
flanea por el «bulevari&gt; del brazo de los amigos
aristócratas, al que asiste á teatros y «clubsi&gt;,
juega al bacará, va en carruaje al paseo, galantea á las perdidas de moda y desafía á los
que se atreven á poner en tela de juicio su nobleza, á ese autor de estafas y engañifas, {i ese
flamante Picolet, no le veíamos aparecer sino
de cuando en cuando, en los anales del presidio.
Hoy, quizás por primera vez, nos damos
cuenta de que nos invadi6 la plaga y de que
la propiedad tiene un nuevo enemigo, más terrible y_ue el pobre ratero que va entre la multitud, avispado y audaz, buscando la punta
de un pañuelo que extraer, y que el legendario salteador de caminos, que, antaño, iba por
escarpaduras y vericuetos, exponiendo la vida, en persecución de algún convoy imaginario.

LA ORUGA.
Sale de entre las hierbas que la ocultan durante el calor, y atraviesa la avenida arenosa,
haciendo grandes ondulaciones.
En una huella de pie de jardinero, parece
perderse.
Llega á las fresas, allí descansa y parece aspirar el aire¡ después vuelve á emprender su

EL MUNDO ILUSTRADO
camino, y sigue, ya sobre las hojas, ya bajo
las hojas ...... Ahora sí sabe á dónde va.
¡Hermosa oruga, gruesa, velluda, con puntos dorados y ojos negros!
Se guía por el olfato, se estremece y frunce
como espesa y rizada pestaña.
Detiénese al pie de un rosal!
Agárrase, tienta la corteza lisa, balaucea su
cabecita de perro recién nacido y se decide á
trepar.
Ahora, parece que se traga penosamente cada centímetro de camino transcurrido.
En lo alto del rosal ábrese una rosa coloreada como las mejillas de candorosa niña.
Sus perfumes la embriagan, no desconfía de
nadie, y deja que suba por su tallo la primer
oruga que llega, y la recibe como rico regalo.
Y pre8intiendo que la noche será fría, se
siente feliz al echarse una boa en derredor del
cuello.
JULIO REXARD.

LA GOLONDRINA HERIDA.
Al pie de mi ventana ha caído esta tarde,
en el jardín de la fonda, una golondrina herida.
Yo no supe hacer nada por ella: la acaricié,
la sostuve entre mis manos, pero se me murió.
Y es que estos seres, sanos 6 dolientes, corren
sólo por cuenta de Dios, y los hombres nada
sabemos de ellos sino que andan por el aire y
que parecen más felices que nosotros.
Pensando en el que dispar6 sobre la golondrina-el cual es, á no dudar, un hijo de
Adán y, por lo tanto, hermano mío,-me he
sentido un poco avergonzado ante ella. El linaje de esta pobre ave me aparece en estos
momentos harto más noble y principal que el
nuest.ro. En efecto, ella viene en línea recta
de aquellas piadosas avecillas que consolaban
á Cristo en la cruz, arrancándole de la frente
las espinas, y el cazador y yo venimos de los
que se las pusieron.
Este impío Nemrod habrá recorrido eú vano, durante todo el día, estos montes vecinos,
y no se ha resignado á no disparar su escopeta. Ya se ve: compromete á mucho esto de salir de casa arma al brazo. ¿Cómo volver sin
haber hecho sangre? En cambio, ese mismo
no se avergonzará de volver muchas noches
sin haber dado limosna á un pobre.
La cosa ya no tenía remedio; el tiro fué certero, y lo único que yo he podido hacer, para
no dejar en tan mal lugar al género humano,
ha sido dar á la golondrina piadosa sepultura
en un rincón del jardín.
La he enterrado al pie de una palmera, como ella hubiera deseado descansar, si es que
pem16 en esto, que nada se sabe; y alegran su
tumba, en torno del suelo removido, una opulenta mata de geranios y un rosal blanco.
Poca tierra he tenido que sacar para hacer
la fosa. ¡Pobre animalillo! ¡En qué poco espacio cabe! Y sin embargo, mandaba como
soberano en los aires, y de Africa se venía á
España, como yo voy del comedor al salón.
¿Habrá en el mundo quien no las haya envidiado viéndolas volar? Si hay alguno, te'ngamos lástima de él, porque eso es que se encuentra á gusto en la tierra. ¡En la tierra,donde viven los ingratos!
¡Qué pena causa ver en el suelo lo que tuvo
alas y se cerni6 altivo en el espacio! Por eso
son cosas tan tristes un pájai-o muerto y un
alma caída.
En los otros seres, los que andan atados á
la tierra sin poder dejar nunca su impuro contacto, no parece caso tan lastimoRo verlos caer
sin vida. No bajan de tan alto, y ya en su actitud mientras viven, con la mirada hacia el
suelo, los pies palpándole cautelosamente, parece que andan buscando el mejor sitio para,
echarse y morir.
El hombre mismo, que apenas ha conseguido otra ventaja que empinarse un poco sobre
los demás pobladores del mundo, le recorre
de un extremo á otro en busca de algo que él
no sabe lo que es, y que no es más que la
tumba.

Pero el hombre lleva dentro un pájaro á
cuyo vuelo no alcanza ningún otro.
Sube el alma humana, guiada por la oración, ó por el recuerdo 6 por la esperanza, y
tan alto sube, que no hay en el mundo alas
que la sigan. El ruiseñor desde la copa del
árbol, la golondrina en la espadaña de la iglesia y el águila en su altísima rocrt, se preguntan asombrados cuando pasa: ¿A d6nde irá
tan alta?
Y, á pesar de ello, si no hay alas que la alcancen, el alma tiene también sus cazadores.
No la tiran cuando está en lo alto, que no la
dieran entonces. sino que aguardan una de sus
impensadas caídas, un breve descanso en
tierra.
En esta caza s6lo hay un cazador que tenga
licencia de armas. Es uno que usa flechas; da,
al parecer, sin saber en d6nde, porque se finge ciego; pero da siempre en el blanco.
No os guardfis de él, almas nuevas que ahora ensayáis el primer vuelo. Dejaos prender
en sus redes 6 herir por sus tiros, porque es
muy triste la vida de aquel á quien Amor perdona.
Dejaos herir, y si morís de la h erida, mejor.
Aprended de esta pobre golondrina, que volaría á su nido sin reparar en el riesgo ni en la
distancia.
Dejaos herir, y guardaos bien de hacer vuestro nido sin pedir permiso al cazador de las
flechas; porque no basta, no basta, como hoy
se cree, con amontonar muchas pajas.

-

EL MUNDO ILtrS'l'RAbO
UN BUSTO

DEL GHAL. ESCOBKDO
La Secretaría de Guerra,yreviencto que, tar&lt;le o temprano, ha.brá
de erigirse en b República un monumento
que perpetúe la memoria del ilustre general
Don 1Iariano l~scohe&lt;lo, encomendó ú la
Escuela de Bellas .\ rtes el nio&lt;lela&lt;lo de un
busto, en yeso, lJtie
pueda Rervi r de hase
para la ejceuci6n ele la
('Statua, IIE&gt;gado el raso.
El busto á que nos
referin10R fué hecho
por el ::ir. Arnulfo Domínguez, quien tuvo á
la ,·ista las mejores fotografías del vetPrano
y la mnscari !la sacada
á 1,u muerte. La obra
repre~enta al vencedor
de Santa Gertrudis en
la plenitud de su vida.
Desde el punto de
vista artístico , tudoi;
los detalles están tratados con la rninucioi;i&lt;lad que requieren las
obras de esta naturaleza.
La encina que adorna
el busto, es del mejor
efecto.

ENRIQUE MENÉNDEZ y PELAYO.

EL PRELUDIO.
Siempre á igual hora y un breve instante
junto á los hierros de mi ventana,
todas las noches no sé qué mano
preludia un arpa.
No sé qué aliento tan misterioso
siente el arpista siempre que pasa;
no sé qué impulso mueve sus dedos
para tocarla.
¿Es miedo acaso lo que le impele?
¿es alegría que le entusiasma?
¿6 algún recuerdo que le atormenta
ó que le halaga?
¿Qué es lo que inspira su fantasía?
¿cuál es el móvil, cuál es la causa?
¿por qué las notas del instrumento
hieren mi alma?
¡No sé, Dios mío! mas me figuro
que acaso el pobre sufre la carga
dura y terrible de una existencia
desventurada.
¡Cuál me conmueven esos sonidos
dulces y vagos que me regala!
¡ay! ¡quién pudiera darle consuelo,
paz y esperanza!

LAS SEÑOdlTAS ESTRELLAS.
Las sefioritas estn•llas estuvieron en el baile, donde danzaron locamente toda la n oche,
y ahora, mientras vuelven á su hogar al través de los jardines azulei-; del éter, bailan todavía. Atado el resplandeciente cintillo y sueltas
atrás las largas cabelleras. vf&gt;stidas de una vh-ida tela de diamante, cogiendo .por los caminos pálidas flores de pedrerías, y sin resignarse
á andar tranquilas como setioritas delicadas.
¡X o! Bai Jan y ba ilan sin cesar. Las innumerables comparsas forman ya la figura de un
Carnero, (¡ de un Escorpión, 6 de una Lira, 6
de una Balanza, 6 de un Arco que dispara, ó
de un Pez, 6 de un Pavo, 6 de una Ballena, 6
de un Fénix, 6 de una Grulla 6 todas estas figuras á la vez, y el inmenso collar que se desparrama no se modifica, y todas estas frentes
de diamantes alumbran y blanquean lainn1ensidad azul.
-¡Yamosl-dice la grande Aldebarán á la
pequeña Proci6n,-apuremos el paso, por fa-

Yor. ¿Xo ves que se acerca la terrible, la espantosa Aurora, que avanza vestida de rojo y
c¡ue ya nos va á quemar la extremidad de los
cabellos con la llama rosada de su antorcha"?
-¡Ah!-dice Proci6n,-semeha caído uno
ele mis escarpines de cristal y te sigo como
puedo, un pie calzado y el otro desnudo.
-¡Qué importa!-;responde 13: señoritagrande.-Apresúrate, y s1 es necesano arroja también el otro en el camino, en alg~na caverna
de oro. Si no te cuidas de lo que te dije vamos á tener que pisar luego las rosas de¡¡ mafiana, salpicadas de sangre. ¿Y qué dirá el seíior Camilo Flammarión si nos ve todavía en
el cielo á la hora en que es de reglamento que
las honradas estrellas estén en cama?
TEODORO DE BANVILLE.

N.UlIVO OBISPO D! CHIAPAS.
La semana pasada se efectuó en la Colegiata de Guadalupe la consagración del Señor

bomingo 17 de Agosto c1e 1902.
Doctor D. Francisco Orozco y Jiméne1,, nombrado últimamente obispo de Chiapas.
El señor Orozco es en la actualidad el más
joven de los obispos mexicanos; naci6 en Zamora el 19 de noviembre de 1864, habiendo
comenzado sus estudios en el colegio establecido en .Jacona por el padre Plancarte· allí
permaneció dos años; en 1876 se dirigió á
Roma, ingresando al Colegio Pío Latino Americano, en donde siguió sus e~tudios hasta ordenan;e, y en 1888 regresó á l\léxico nombrúndoscle vicerrector de !a Escuela Cat61ica de
Arte!&lt;, en Zamora, puesto que desempeü6 por
mús de cuatro afios. Fué agregado á la Universi&lt;lad Pontificia y nombrado catedrático
d~ hit-toria eclef'iústica, filosofía y Sagrada Escn tura.
Pocos años después se translad6 á esta capital, e11 do1:ide por algún tiempo desempeñ6
el cargo de vicerrector &lt;lel Seminario Conciliar.
:El :.:!9 del pa'3ado julio recibi6 el «brevei, pontifical en el colrgio del Sagrado Coraz6n. El
St'ñor Orozco posee una \'asta instrucción y
!&lt;U nombra111iento se ha recibido en Chiapn;;
con beneplácito.

SR. DR. OROZGO Y JIMENEZ, OBISPO DE CHIAPAS-

Infinidad de personas le han enviado sus
f~licitaciones, y muchas otras de Zamora y de
d~erentes par:es del Estado de ~Iichoacán, vimeron á México para asistir al acto de la
consagraci6n.
Ten:1-ina&lt;la la ceremonia, el nuevo Obispo
Í?é obJeto de numerosas demostraciones de
simpatía, o~sequián&lt;losele con un banquete á
que con?urneron el Sr. Arzobispo Alarcón y
otros miembros del alto clero.

El adivina sin conocerme
cuánto deploro su suerte infausta,
y agradecido, con un arpegio'
me da las gracias.
Yo también triste paso la vida,
yo también sufro penas amargas
y me consuelo cuando en mi reja
preludia el arpa.
CAROLrnA DE SoTO y

ÜORRO.

-Nada sucede en la vida ni como se espera ni como se teme.

.

***

Los OJOS del espíritu son como los del cuerpo, se fatigan cuando quieren ver más allá de
cierto límite.-ALFONSO Iú.RR.

***

-Se ha dicho que ya no hay nifios...... Es
que no se cuenta á los ancianos. - ALFONSO
D.A.UDET.

PUERTAS DE MEXICO.

LAS CALZADAS DE LA P !EDAD y TACUBAYA.

�EL .MU N lJO lL US'l'HAlJO
Domingo 17 de Agosto de 1902.

Domingo 17 de Agosto de J 902.

EL MUNDO ILUSTRADO

LA BELLEZA FEMENINA
La gracia es condici6n de tal modo necesaria de la belleza femenina, que basta en ocasiones para constituirla. Y no s6lo es condici6n necesaria de este género de belleza, sino
de la belleza en general. Nada dotado de gracia deja de ser bello, y se impone un estudio
especial de la gracia para formar cabal concepto de lo bello en general y de la estética femenina en particular. Intentémoslo.
Si todo lo gracioso es bello, no todo lo bello es gracioso. Hay cosas y fen6menos que
dentro de una incontestable é imponente belleza, están totalmente fuera de la gracia.
El indefinido azul del firmamento; la masa
deslumbrante y agobiadora del sol; los horizontes infinitos del mar; los imponentes lineamientos y las rocas abruptas de la cordillera;
el huracán, la tempestad, la tromba, son incontestablemente bellos, sin lliezcla alguna posible y asignable de gracia. Este género de
belleza es grandioso, imponente y monumental; suscita admiraciones extáticas; despierta
emociones profundas, produce espanto, terror,
dolor.
La gracia no penetra tan hondo ni abarca
tanto espacio en la sensibilid.. d; la gracia no
sacude, acaricia; no impone, alhaga¡ no atormenta, recrea; no hace estremecer, sino sonreír.
Para esto es indispensable, desde luego, que
lo gracioso no se presente en masas confusas,
ni revista formas monstruosas ni ocupe espacios desmesurados. Lo gracioso ha de ser pequeño, relativamente al menos; armonioso
siempre; m6vil y ágil en general. El mar no
es gracim;o, decíamos, siendo bello; pero pueden serlo un lago y una fuente. Los grandes
mamíferos; los árboles gigantescof', contrastan
á este respecto con las aves, con los insectos y
con los arbustos. El colibrí, microsc6pico,
multicoloro, ligerq, ágil y juguet6n; la mariposa, esmaltada é inquieta; la nube, diáfana
y ligera; la espuma, blanca y perecedera; h
gota de rocío, la flor,encarnan y simbolizan la
gracia, porque son pequeños, movedizos y armoniosos.
La gracia se caracteriza de preferencia por
el movimiento. Un paso lento y torpe; un
movimiento pesado y difícil; una traslaci6n
rectilínea y mon6tona, excluyen totalmente
la gracia. Entre Hércules luchando y una ninfa jugueteando; entre el proyectil brutal y rudo y las volutas del humo; entre la avalancha·
que rueda y el ave que vuela, median difere:1cias profundas que emanan de los caracteres
fundamentales de la gracia.
Dondequiera que el empuje necesario al
movimiento es considerable,y sobre todo, dondequiera que es claramente perceptible, la
g_:acia desaparece y se evapora. Para que 1a
actitud, el ademán y el movimiento sean graciosos, es necesario que sean fáciles, espontáneos, y que pneda11 tomarse 6 ejecutarse siu
esfuerzo aparente. Sentarse á plomo, echarse
de bruces, andar cojeando 6 arrastrando los
pies, gesticular con vehemencia, moverse c011
lentitud 6 con embarazo, son, todos, actos que
excluyen la gracia.
La mujer verdaderamente bella, debe moverse rítmica y cadenciosamente; debe ser ágil
y vivaz, sin extremar su movilidad; su mímica, su gesticulación y su ademán deben ser
fáciles, c6modos, armoniosos. Todo lo que

puedan tener de extremado, de torpe, de fatigoso, afea á la mujer, le quita el garbo, la soltura, la agilidad, y la convierte en masa inerte, difícilmente movible, 6 en aut6mata chocante y ridículo, movido con alambres ó accionado con resortes.
La gracia en el movimiento supone en la
estructura condiciones y requisitos indispensables.
..
La esbeltez, desde luego, y la flexibilidad
del talle y de los miembros. Importa, en efecto, para que los moYimientos y las actitudes
puedan ser graciosos, que las masas huesosas
y musculares no produzcan impresi6n de pesadez. La osatura debe e.er fina y ligera, las
coyunturas proporcionadas y suficientes. Importa igualmente que no sea muy acentuado
el relieve de los músculos, ni lo sea tampoco
la saliente de los tendones. Cuando, como pasa en los ath:tas, el relieve muscular se dibuja
á cada movimiento ó su acentuación es permanente; cuando los tendones revelan perceptiblemente su tensión bajo la piel que los cubre, el esfuerzo que el movimiento exige, es
directamente visible, y por no estar disimulado 6 atenuado, excluye toda impresión de
gracia. Por eso el Hércules Farnesio 6 el Torso del Belvedere, que parecen tener bajo la
piel una cordillera muscular, no serán jamás
modelos de gracia y sí de ese otro género de
belleza que se llama la fuerza; y por eso será
inmortal símbolo de gracia la Diana Cazadora, eternamente bella, de Hans l\fackart.
De esta necesidad de que el esfuerzo quede
disimulado, nace el que exijamos á la belleza
femenina cierta uniforme y torneada morbidez, que rechazamos en el hombre, símbolo
estético, para nosotros, no de la gracia, sino
rle la fuerza.
La gracia radica, no tan sólo en el cuerpo,
sino en el alma, y trasciende de ésta á aquél.
La respuesta fácil, la réplica viva, la fácil movilidad de la atenci6n, la metúfora adecuada,
traducen la facilidad y la acomodaticia variabilidad del poder mental y disimulan el esfuerzo del pensamiento y de la reflexi6n. Lo
mismo las emociones: todo lo que las haga
aparecer desmesuradas en su manifestaci6n 6
lentas en su aparici6n, les quita la gracia revelando su fuerza 6 su torpeza.
Los OJOS, espejos del alma, la boca, la fisonomía en fin, así como la mímica y el ademán, deben, pues, traducir la espontaneidad,
la adaptabilidad á las circunstancias, la rapidez de aparición y la mesura en la expresi6tt,
características de la verdadera gracia. Ni la
mueca acentuada, ni el grito estridente, ni la
carcajada histérica ni el ademán convulsivo
son compatibles con la gracia, como no lo son
tampoco la mirada fija y opaca, la fisonomía
inexpresiva, la inercia indolente ni el silencio fúnebre.
La mujer, en suma, para ser plenamente
bella,debe encarnar y simbolizar la gracia. La
gracia puede ser su abso1uci6n estética, porque no exigimos á la mujer fuerzas, sino
atractivos; ni empuje, sino delicadeza, y porque, en suma., fuera de la maternidad, que es
su trabajo hercúleo, s6lo le pedimos sea el ornato y el encanto de nuestra existencia.

(1Fot01nfla• de la coleoo1511 J!'elludl11!,J

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 17 de .Agosto de 1902.

Domingo 17 de Agosto de 1902.

eCa ecrcnación 6et c!iteg e6uar6o.
~u oele6raoión en cJ&amp;izioo.
El entusiasmo con que la eolonia inglesa residente en :México celebró
la Coronación del Rey Eduardo VII, efectuada en la populosa Londres el sábado 9 del corriente, hizo que las fiestas organizadas en honor del soberano por la Comisión respectiva, dejaran entre nosotros
los más gratos rPcuerdos.
La serie de festejos se abrió con el suntuoso baile dado en la tienda
de Villamil la noche del 8. El espacioso local, adornado con verdadero derroche de buen gusto, presentaba un aspecto encantndor. El
plafond de la espaciosa sala &lt;le
baile imitaba un a enorme
«Union Jack» en cuyo derredor se veían, enrolladas, draperías de los colores mexicanos.
En los antepechos de los palcos había cal'tones con los nombres de las distintas colonias del
Imperio Británico, y, arraucando de las columnas,arcos de follaje que formaban un primoroso conjunto. Las graderías
desaparecieron bajo una capa
de flores y de verdura.
Dno de los éxitos del adorno
fué la decoración del fondo
que cubría el foro. Era un lienzo qne representaba la regia
mansión del Wíndsor Castle,
cuyos torreones se dei-tacaban
!iObre un cielo opaco, y cuyos
muros se mojaban en una coniente que ,·enía á terminar en
una cascada de admirable efecto. Ladecoración era muy hermosa.
En el:vestíbulo y en el salón
tk dl'saho_go, el i-ir. Bourclwl'.

ville, :Ministro de Iriglaterra, se presentó en el local acompañado de su
esposa.
Al presentarse el señor Presidente de la República, tanto el señor
Ministro, como los sefiom, Anclerson, Foot y Jerome, 8alieron á recibirlo hasta el vestíbulo. El señor Gene1al Díaz ocupó el palco especial
que se le había señalado, y donde le acompañaban los señores )linistro inglés y señora; Embajador Clayton y señora; General Bernardo
Reyes, Ingeniero Lean&lt;lro Fernández y señora; señora Barran de Rin-

[Fot. Schlattman.

EL DECORADO DEL FONDO.

A la hora del champaña,el Sr. Ministro inglés pronunció un corto, pero entusiasta brindis que fué escuchado por los comensales con
el mayor interés. El Señor Ministro Greville tuvo frases de exquisita cortesía para el Sr.
Presidente de la Repúblics. y para el pueblo
mexicano. El Primer ::\Iagistrado correspondi6 á este brindis con el que últimamente dió
&lt;rEl Imparcial,i á conocer. Las palabras del
Sr. Gral. Díaz produjeron en la concurrencia
la más grata impresión.

EL SALÓN DE BAILE.

cún Gallardo y algunas otras
personas distinguidas.
Dc~de ese momento la fiesta
desplegó toda su animación.
El golpe de vista que ofrecía
la sala era indescriptible. Telas
vaporosai- de colores claros en
su mayorí&lt;t, encajes, flores; todo irreprochable y ceñido á la
más exqttisita elegancia.

SALA DE DESAHOGO.

que fué el e!1cargado del adorno, hizo también derroche de su buen
gu~t?· Multitud de banderas, piezas florales y plantas de las más exqms1tas completaban el decorado.

***

La fiesta comenzó cerca de las diez de la noche, hora en que el Sr. Gl·e-

A media noche se sirvió la
cena, á la cual fué invitado el
señor Gcnen,l Díaz.
La mesa oficial estuvo instalada en el foro del Circo, que
estaba adornado con banderas
mexicanas é inglesas. El señor
Presidente tomó asiento en el
centro y á suR lados las sefioras
de Greville y &lt;le Azpíroz. Frente al Primer }lagii-trado, estaban los Reñorcs :\Iinistros de
Inglaterra, Francia é Italia y
señoras, siguiendo á sus lado.-;
[Fots. Schlattman J
los señores Embajador amPri •
.
cano, Lic. Jlanuel Azpíroz, Ingemero Leandro Fernández, Gobernador del Distrito v señora sefiorita. Halfetf', señora Dolores B. de Rincón nallarrlo, L°ir. .Tos{, '.\lgara
R~nor
y señora H.
e1mlH', señora Chytou, selior Encargado 11P Xego-'
c1os de Espafta, Wálfo.nt y señora, Teniente Bartlei- señor }lcC.:nry
Encargado de. N'egocios del .Japón, Conle Stadniki ;. Kilmasegg, ·
otros caballeros y damas distinguidos,

y

tantes de las demás naciones y á los miembros más encumbrados de la Administración.
El terrible aguacero que se desató sobre la
ciudad á la hora que señalaban las invitaciones, no fué obstáculo para que la Legación se

viera concurrida por lo más selecto de nuestra
sociedad. Una buena orquesta estuvo tocando
piezas escogidas, y tanto el Señor Greville como su esposa, atendieron á les invitados con
toda cortesía.

El sábado por la mañana se verificó la ceremonia religiosa dispuesta por la Comisión
de la Iglesia de Cristo. El templo, de moderna arquitectura, fué adornado con verdadera
elegancia.
En el altar se colocó una cruz formada con
gardenias, que tenía á sus lados coronas de
laurel en cuyo centro estaban las iniciales E.
R. y A. R., y en las ventanas, grupos de plantas y flores exquisitas.
En el presbiterio tomaron asiento las personas que componían el coro, y en la nave los
miembros del Cuerpo Diplomático, los altos
funcionarios y multitud de damas pertenecientes, en su mayoría, á la colonia inglesa.
En representaci6n del Sr. Presidente de la República,asistió el Sr. Secretario de Relaciones,
Lic. D. Ignacio :Mariscal.
La ceremonia consistió en u11 sermón predicado por el Rev. Forrester, y en la entonación de algunos coros, principalmente.

-.

Por la tarde, el Sr. :Ministro de Inglaterra
ofreció una suntuosa recepción á los represen-

SALIENDO-DE LA CEREMONIA RELIGIOSA.

��...

Domingo 17 de Agosto de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

EL DEPENDIENTE.
Todos los afanes de las primeras horas del
día se dedicaban á él.
Luego que se oía el martilleo penetrante y
prolotigado del despertador, la señora abandonaba el lecho-con cuidado, con sumo cuidado, para_no mover al muchachito, que dormía el s~eno sabr?so de la mañana, -y tras
de ver si E&gt;n la cocma estaba todo listo para la
primera faena, entraba á la recámara del esposo, entreabría la puerta del balcón y se acercaba á verá su buen hombre que con la cara
hundida en las almohadas, descabezaba todavía el último sueño.
- ¡Eh, las siete!
No obtenía respuesta.
-Ramón, Ramoncito ...... Ram6n Ron las
siete dadas, hijo.
'
-¡Voy, voy, voy!
Media vuelta y á saborear otro jironcito de
reposo.
Ya sabía la señora que aquello duraría poco, y su afán tomaba otro rumbo. Abierto de
par en par el ropero, buscaba los pantalones
planchados la víspera, tomaba el jaquet que
estaba en la armaz6n de alambre, volviendo
la _esp3:lda. á l°: escena de la alcoba; luego hacía
m111uc1osa revista de cuellos, i ba hasta el balc6n para que la luz le ayudara á patentizar las
nitideces y los brillos; igual cuidado con los
p uños, y mucho más al ponerles las mancuernas de chispitas; pañuelo, calcetines Todo
era colocado sobre una silla junto al lecho, y
la sefiora salía llevando en la mano el par de
zapatos empolvados.

BN E1 C1UE EBITANICO.

1 '

EL CONCIERTO DEL MARTES.
Cor.i broche ~e oro, puede decirse, se cerr6 la serie de
festeJos organizados por la Colonia Inglesa para celebrar la Coronaci6n del Rey Eduardo VII
. Los s,:1-lor~es_ del ~lub Bi~tímico, uno d~ los centros de reum6n mas d1st!ngmdos de nuestra Capital, abri6 sus puertas
el mart;s úl~11110, para ~f~·e_cer á la crónica de la semana la
nota m~s i-ahente. ~ l ed1fic10 se veía engalanado, en su parte exterior, cor, multitud de focos incandescentes, de diversos
colores, que formaban una C?:ona imperial. A uno y otro Ja&lt;lo estaban, formadas tambien con focos, las iniciales E R
Y la fecha de _la Coronaci6n. Completaban el adorno del~ fa~
chada haces de banderas inglesas, escudos y piezas florales
artísticamente distribuídos.
En el interior el
adorno era sencillo
pero de buen gusto'.
La entrada se decoró con guías de flores y cedro, y las
escalera:;: estaban tapizadas con fina alfombra. A los lados
había tiestos con
plantas de-ornato y
en el primer desca'.nso una gran corona de gardenias. En los corredores
se veían piezas florales del
mejor efecto, guirnaldas y
banderas.
. El sa16ri. en que debía verificarse el concierto anunciado, es uno de los más elegantes del Club. Su puerta
P:incipal está formada por
vistosos cristales de colores.
En el fondo había dos grandes retratos del rey y la reina, los cuales estaban rodeados de un doble marco de
~lR. GEOROE GREVILLE, ll1INIS'l'RO DE
flores finas, blancas y rojas.
lNGr,ATERRA.
En el remate de la puerta se
, ¡ S 1
puso un cuadro que repre:,;en ta a os oonanos en el trono; El reti·ato d e 1a rema
· ,,.1ctor111,
· est a. b a med'10 cu b"1erto con un ,crespon
negro, y ador nad o con fl ores 11
&gt; anl
d
cas. E
de corti·nas
· l esas
l n caet a. puerta
h elb'salon servían
.
, band eras 1n¡1;
y en os en rep~nos, a 1a ()omtas figuras de flores. Del candil dei
centro,
focos de luz,, pai·t'ian guí as d e fl ores
L
1que
d tema
b ·¡ mas ·ele veinte
,
asa a e · a1 e contigua
a la de conciertos luci'a un ado
d' d
rno parec1·d o.·
-:..\_ 1as. nue, e ~ ~1e 1~ e la noche, hora en ue se resent6 a
panaddob defisu d1stmgmda esposa, el Sr. l\Iinist;o Gre~lle co~en~~1~
agra a 1e esta.
'

***

Ya se hacían los preparativos para que la
v itla del comercio se agitara. Los mozos sacudían las fachadas, descorrían las cortinas de
acero.y á. la mirada &lt;le 101- escasos transeuntes
se iban presentando los maniquíes lujosof-1,que
habían pasado la noche en su cárcel de vidrios
con la mi!'ma postura incómoda en que los
vió la multitud que paseó ayer por el bouleYard. Los ei-ca1-ai·ates ele las joyerías mostra
ban nada más sus zócalos de peluche; los brillantes estaban todavía durmiendo sus luces
en las tinieblas de las cajas de fierro. Las joyas son como los hombres que hacen gran papel en la política ó en las finanzas: no pueden
estar donde quieren, á su antojo: si d uermen,
se les vela; si llegan á un sal6n, atraen las miradas; si sufren demérito, se les relega á. lai- capas i nferiores y se les olvida ... .. .

if

1

1

CLUB BRI'l'.\NICO.

SALÓN PRINCIPALIY CORREDOR.

La «Imperial _Overture,,, ejecutada ror la orquesta fué el primer
número _del cone1nto. Después los «Aires britániGos:,, que acabaron
con el himno «Go&lt;l ~a~e the King", cantado por el coro.
f fe lo~ números siguientes, uno de los más brillantes y aplaudido¡
~ el hu~rno ''.Loyalty", cantado por el coro con acompañamiento de
piano. ~ste h1m_no fué compuesto para esta ocasi6n por el señor
Bruce Bailey, qmen lo dedic6 á la señora Greville esposa del "\finiRtro Inglés.
'
·
A las on?e se suspendió el concierto para
tomar un ligero lunch. Después fueron ejecutados una fantasía, por la orquest:! y el coro «Long life to a boston's name".
La fiesta terminó con un baile improvisado
que se 1;&gt;rolongó hasta las dos rle la mañana
en medio ele la más franca animación. La
sala esta?ª adornada, como la de concierto¡;,
con sencillez y buen gusto.
La concurrencia fué muy numerrn,a y cscogida.

C~mpletamos nuestras ilustraciones relativas a las fiestas de la Colonia inglesa con los
retratos del Sr.. Ministro Greville y' de Mr.
Anderson, Presidente de la Comisión encargada de organizarlas.

Ma,, J, M . ANDERSON,

Ya en los relojes públicos han sonado las
tres campanadas que anuncian la proximidad
de la hora. Los dependientes que han madrugado forman corrillo delante de la puerta cerrada y chicolean con las muchachas del gremio, que no son esquivas con ellos, quizá _por
la igualdad de sus luchas, de sus cansanc10s,
de sus sinsabor.es y ele sus alegrías.

***
El último beso, allá en lo alto de la escalera. La esposa le alcanza todavía para quitar de
la solapa una imperceptible mancha de polvo,
y el flamante señ or baja de p risa. E n el último peldaño se detiene para Yer una vez más
á la compañera y agitar la mano en son de
despedida.
- Vienes temprano, hijito, ya sabes .. ... .
E l esposo hace u n signo afirmativo con la
cabeza, por más que no sepa ese «ya sabes,"
pero se imagina que será un platillo de su gusto que lo espera, 6 el descorche de u na nueva
botella de coñac ó un beso, en último caso.
El es un dependiente de joyería, y á. esa
clase de establecimientos conviene concurrir
con tal 6 cual acicalamiento. AJ!í se trata con
la riqueza sobrante, con el capricho exquisito,
con uno que otro oropel 6 con el último cartucho de oro, que por «último,» es el más vanidoso, el más exigente, el que quiere más solemnidad para quemarse; es como algunos
r eos sentenciados á muerte: aceptan un banquete pocas horas antes de ir al cadalso y qui1•ren champaña seco, porque el dulce puede
hacerles daño.
Y como es tan poco agitado el comercio e11
las joyerías, Pl dependiente pasa muchas horas en reposo, reflexionando acerca &lt;le la última comprarlora, que iba con cara de paRcuas,
el último mozalbete, que estando todavía en
tutela,se aventura á solicitar alhajasácrédito.
De pronto. recuerda á su ei-posa, á la compañera que desde el peldaño alto de su casita
humilde le grit6 que «no tardase, que ya !labia»
¿Qué sabía él'? ¡Y que aquel ángel de
bondades no lucirrn l'Ohl'&lt;' &lt;•l lóhulo de la oreja

Domingo 17 de :Agosto tle 1902.
n i el más raquítico solitario de los que él tomaba diariamente á puñados para ofrecer á
las elamitas perfumadas que quizá valían menos que su gran señora!
)Iientras que arreglaba en el estuche un soberbio aderezo, venía. á Ru imaginaci6n la hermosura de la espmia iluminada con los dardos
&lt;le luz de aquellos brillantes. E l sofrnclo rostro se coloreaba con el rubor ele la alegría y se
le aproximaba más y más hasta dejarle un beso de cariño y de agradecimiento.
-Has t.rabajado mucho para traerme una
alhaja!. ..... te adoro y la adoro ..... .
La hermosa visi6n se borraba brnscamente.
Un señorón seguido por una aya cubierta de
cintas blancas y llevando en los brazos á un
sonrosado capullo de vida, se presentó pidiendo :
- Un juguete para este chico, cualquier cosa, algo que le impida llorar de aquí á casa.
Y al decir esto, puFo sobre los cristales del
mostrador un billete de alto precio.
Se le dió al bebé una sonaja de plata y marfil. Con lo que aquello valía, el dependiente
hubiera cumplido la mitad de sus compromisos mensuales...... ¡iba á ser para qne un niño no llorara durante algunos momentos!. ... ..
El hijo del dependiente nunca había tenido, ni en sueños, una alhaja semejante.
Su hijo .. . aquel niñito encantador que tan•
to lo besaba ..... .
Resueltamente era un hombre desgraciado,
y desgraciada la esposa y desgraciado el hijo!
Y hundido en una ola de desesperación,apuraba y apuraba más aquella pena,cuando acertó á volYer la vista hacia la puerta del establecimiento: allí Yió á un niño harapiento que
contemplaba con ojos de profunda t risteza la
suntuosidad de la tienda de alhajas.

.Cuis Frias Fernánde~.
LA SEÑORA PROFESORA
ANA RAMIRO DE FIGUEROA.
El 12 del corriente dej6 ele exi:.:tir en la capital la &lt;listinguida profesora cu.r o 1w111 hre Pllcabeza estas líneas.
La i-eñora Ramiro
nació en Acapulco é
hizo sus estudios de
profesora en est:t
ciudad, donde obtuvo el título y e~ta, Q
bleci6 un colegio
particular. Algún
tiempo después fué
nombrada directora
üe una escuela no&lt;'turna, pasando más
tarde á. servir una
municipal. Su matrimonio la hizo sc-·
pararse Je i;;u empleo, pero al enviudar, volvi6 á desempeñarlo, poniéndose, ademá~, al frente de un
plantel dominical.
En 1889, el gobierno de Oaxaca la llam6 á
organizar y dirigir la Escuela Normal para
profesoras, creada en la Academia de Niñas
por el gobierno del ge1wral Zertuche, y desde
1896, en que volvi6 á :\féxico,estuvo encargada de las escuelas nacional primaria superior
núm. 2 y nocturna núm. 4.
. Durante el gobierno del general D. Gregor10 Ch~vez, en aquel Estarlo, reorganizó la Esc~ela Normal s~hre las bases de la pPdagogía
e1entífica, contribuyendo á la formación de la
ley reglamentaria que aun rige en aquel plantel, y con RU clara inteligencia y su espíritu ele
progreso, elevó á la Academia á un grado de
esplendor notable.
Por lo demás, ~a seiiora ~inda de Figueroa
i-ostnvo ? clefend16 con ahrnco la conveniencia de adoptar en las eRcuelas primarias de
esta capital los n:iétoclos modernos , e~tre
ello;- el de la escntura-lectura, que ha ido
nbnéndose paso debido á sui; constantes esfu¡,rzos.
La muerte de la estimable profesora ha sido
muy sentida.

,e

�Domingo 17 de Agosto de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 17 de Agosto de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

METRÓPOLI MUERTA.
Los museos son los cementerios del arte: no muestran, evocan .
. Las grandes galerías claras y silenciosas, como salas &lt;le hospital,. nos sumergen e1: sonambulismos extrafios. Et guardián
dor!111ta, sentado al pie de una columna. Por los vidrios pol~•or~entos se filtr~ la luz del sol. Los escasos visitantes pasan
111?1ferentes, haciendo i&lt;onar sus gruesos botines sobre los mosaico~ y ~e detienen ante las mismas obras, con un gesto de
aburrimiei:ito, porque ha~ venido, máR que por venir, por
poder decir que han venido. Desde la calle sube el vaho de
la vida: gritos de mercaderes, ecos amenazantes de multitud
que pasa. Por la ventana, abierta como un marco se ve un
recorte de cielo-la mejor de las telas. L~s muros
ennegrecidos, abren sus grietas como arrugas de ve:
jez.. Los chapiteles, las cornisas y los bajos relieveR,
cubiertos de años y de recuerdos, sonríen con sus
egoísmos de historia. Parece que vivieran todavía su
época en la nuestra, por un contra.sentido de los senticlos. Y todo nos. habla de la muerte. El artista que
pai-a, parece seguir un convoy por una avenida de
cipreses. Su sombra se alarga en las galerías como
un mástil,y se rompe contra el muro.
Se piensa en el eterno contrasentido de las artes
/
obstinadas en i_nvadirse .Y arrebatarse entr~
sí sus prerrogativa!'&lt;. El pintor busca el relieve de sus cuadros, el escritor quiere pintar
escenas, y el escultor se empefia en hacer
hablar á sus estatuas. Quizá fué para conciliar estas ambiciones que los romanos aven, turaron la pintura sobre los mármole8. La
tentativa ful\ grotesca. Pero si una mano sobre
humana consiguiera amontonar en un solo
rayo de luz todo lo divino de todas las artes,
estaría resuelto el problema de los Dioses.
¿,Qué pensaríamos de un ((Prometeo» esculpido por Miguel Angel y pintado por Velásquez, que dijera palabras de Hugo entre el
torbellino de una música de Wágne~?
Son divagaciones. La atmósfera helada
tle las galerías inmensas; el silencio interrumpido
de largo en largo por el ruido de un objeto que cae
ó una indicación del guardián que repercute en to:
das las salas; la misteriosa pasividad de los retratos
cuyos ojos siguen al visitante como si le repro:
charan la fantasía de vivir cuando ellos descansan
detrás de la tela; la resurrección de las lecturas· el
atcwi!'mo de las supersticiones, y un sentimie~to
extr~fio que nos invade ante el esfuerzo de tantas
voluntades victoriosas, inspiran al visita:JAte inge•
nuidades de Pierrot y gestos incongruentes.
Pero por la fúnebre solemnidad de las salas, paFa á veces una pareja joven con trajeR alegres y ojos de domingo.
Son dos enamorados que desdefian las telns y las estatuas
y buscan una cueva ignorada y un rincón solitario para
Reguir hilando hermosos l?royectos de mentira. Pasan ajenos ú todo, con una sonrisa r un beso en los labios. Los
personajeR de las pinturas se asoman para verlos. Un caballero de Yelásquez que baja por una escalera de piedra
Je¡: ¡:aluda ceremoniosamente coii un sombrero emplumado'.
Pero los enmorados es~i: aturdid?s de felicidad y no ven
nada. Cuando encuentran el s1t10 tranqmlo que huscan se sientan Robre la banqueta roja y hablan atropellada y caprichosamente, en pelotones rle alegría, hacienda caricaturas con las palabras. ¿,Qué tienen ellos que ver con :Murillo y con Rembrandt?
Si Goya surgiera de improviRo ó Delacroix bajara de su retrato, habría una obra maestra máR. Con cuatro pinceladas decisivas fijarían el grupo sobre el muro, dándole una auréola de estrofa. Los colores tendrían ironías de Rabeláis y antítesis de
Rugo: en el museo, en la metrópoli muerta donde los cuadros
parecf'n lápidas sepulcrales que hacen el elogio de los artistas
que fueron, el extrado de dos almas locas que ignoran los dei-tinos y corren detrás de una quimera, empujadas por un contra8entido risible que hace nacer la vida de la muerte.

]Ylaque/ ligarte.
SUICIDA.

I
AftTIITAI DIL. TIAT,io HIDAL.QO

De pie sobre la tumba de un suicida,
Exclamé con voz ronca y dolorida:
«Cobarde, no mereces descansar;
No supiste vencer vanos dolores?»
Y hollé rahioso las abiertas flores
Que atlí mismo empezaban á brotar.
Eso fué ayer. ... más hoy, ya fatigado
Y de sufrir y de luchar cansado,
Ya me parece atónito escuchar
Que alguien pisa mi tumba de ira loco
Y me grita.: ~Cobarde! tú tampoco,

Tá tampoco merecea deacanea.rl»

JULIO FLOlUlZ,

JU ANITO .
La madre pasó la noche junto al niño, pálida, con los ojos hundidos y el cabello destrenzado. En su rostro, fresco antes como la
rosa que acaba de abrirse, se adivinaban las
sombras de un dolor incurable y de una tristeza que lentamente se infiltraba en su espíritu.
Juanito, el chiquitín de cuatro años, de pupilas azules como el cielo, estaba enfermo,
muy enfermo desde aquella tarde de octubre
en que salió con él á pasear por el campo lleno de cañas tostadas por la nieve, de troncos
desnudos &lt;le follaje y de yedras marchitas.
Ella recordaba, hundiendo ia mano descolorida en la onda. negra de su cabellera, como
para impedir que la memoria se le escapara
de improviso, que el chiquitín no había, como
otras tardes, correteado gozoso, alegre, hasta
rendir:;e. Otras veces saltaha, iba al río, y
sentándose á la margen, revolvía con sus manecitas incansables la húmt-da arena que brillaba á loi. rayos del sol como un reguero de
piedras preciosas.
Huraño, retraído, i¡¡in aquella sonrisa que
lo hacía ta.n hermoso, no quiso apartarse &lt;le
ella; reclinó la cabecita rubia en su seno y por
primera vez quedó J uarúto como absorto ante
el crepúsculo que daba á las cimas cambiantes de ópalo.
-¿Qué es aquello, mamacita? murmuró inquieto y medio turbado. Se quema el cielo;
mira la lumbre...... Y como si aquel espectáculo le infundiera pavor, vol\'ió su carita de

ángel para ocultarla con las ropas de la mujer,
que le besaba con ternura.
La madre sonrió dulcemente, y acariciando
la sedosa cabellera del niño, le dijo: Esa lumbre que ves, es la lumbre con que Papá D10s,
que está en el cielo, castiga á los niños que no
son, como tú, obedientes y buenos.. .... Más

arriba-¿ves la estrella que está más arriba?
-está la gloria donde Dios pone á los que
quieren mucho á sus padres, como tú me quieres ...... Allá está tu hermanita; es aquella estrella...... Las estrellas son los angelitos ..... .
Crecía la sombra y J uanito vió que el cielo
se llenaba de luceros ..... .

***

en vela y el recuerdo de todas las tristezas
que marchitaban su corazón de veinte afios,
hicieron que la madre quedara largas horas
sumergida en profundas meditaciones.
¿En qué pensaba? Pensaba en el esposo
que encaneció en plena juventud sentado á la
mesa de trabajo y que murió dejándole, como
única herencia, á Juanito; en la nifia que le
mandó el cielo cuando la primavera enfloraba
los campos, y que le arrebató el aire helado
de una mañana de noviembre; en el hijo que
se le maría, y en su desgracia ..... .
Hubo un instante en que reprimió los sollozos que se agolpaban á su garganta y, sin
ruido, se acercó al lecho en que el chiquitín
se consumía. Juanito sintió una mano helada
sobre su frente y abrió los ojos. Un sudor extraño empapaba su cuerpo; sus brazos no se
alzaron ya como un reclamo á las caricias maternales, ni en su boquita aleteaba el beso
casto, inocente ...... el beso más puro de todos
los besos!
-¡Quiero ver las estrellas!. .... . quiero verlas!. .. . .. ¡rnamacital, dijo el niño con voz apenas perceptible.
Y la madre corrió .... .. aturdida, sin sentido, abrió la ventana y se puso á contemplar
el cielo ...... el perfume de las flores invadía
la estancia, y allá, lejos, muy lejos, brillaba
la última estrella.
Juanito había muerto.

Desde aquella tarde la fiebre consumía al
chiquitín de ojos azules. Las noches pasadas

RENÉ DE

RoY.

Srito 6e cZe6enci6n.
¡Almas inermes que lloráis cautivas
del vicio ó del error; almas incultas
que, á. todo anhelo de grandeza esquivas,
vivís por siempre bajo el mal sepultas,
sin que la vida en su batalla inmensa
os haga altivos levantar la cara
y comprender que de la turba ignara
surge á la luz la multitud que piensa!
¡Almas enfermm,, que del fuerte esclavas,
marcháis á la ventura
sin que arda nunca en vuestras turbias frentes
el sueño augusto de pisar la altura
en donde agitan su gloriosa tea
de espíritus videntes
aquellos que con armas refulgentes
combaten por el triunfo de una idea!
¡Seres obscuros, la existencia os llama!
'.rrocad ~a bruma que os envuelve, en lampo
que radie á vuestr0s ojos
y os ilumine el anchuroso campo
donde se ven los estandartes rojos
que ostentan los que en pos de la victoria,
luchan con fe sin t'xhalar un grito
y se arrebujan en la luz de gloria
que sobre ellos refleja lo infinito.
La inercia que os domina es un estado
de mísera agonía;
es la faz angustiosa del nublado
que á vuestros ojos obscurece el día.
Sabed que es tiempo de que alcéis con brío
en vuest1:0s puños la triunfal palanca
con que la vida intelectual nos lega,
en vez del nublo que á la acción estanca
y del error que al pensamiento ciega,
el haz ele lui que al pensamiento arranca
de la inacción para decirle: brega.

Mirad: hacia lo lejos
se descubren las bélicas milicias
y se perciben los sonantes dejos'
de a&lt;¡uellos que alentando á. las caricias
que hace la Fama á su actitud heroica
llevan la luz á. la conciencia obscura '
y van marchando á la guijosa altura

con paso firme y voluntad estoica.
Oíd cómo se escuchan
rumores &lt;le mareas
y explosiones de recios alaridos:
es el épico hervor de los que luchan
agitando el pendón de sus ideas
sobre el grupo sin fe de los vencidos.
Mirad: sobre la cumbre
de brillos esplendentes
alzan al cielo su fulgor de lumbre
las incansables, pensadoras frentes.
Y esa luz, y esos bélicos clamores
y ese ol¡;aje de fuerzas superiores '
que yerguen el proscenio
de su labor, sobre la egregia altura,
forman la olímpica expresión del genio
la faz más amplia del esfuerzo humano '
que todo lo adivina,
'
que sin cesar nuestra existencia explora
y á la voz de los rayos que fulmina,
hace del caos despertar la aurora.

con la expresión de una existencia informe
vitalidades que el error sepulta
'
bajo el dominio de su fuerza enorme.
Quizás penséis que el heroísmo brota
de una celeste inspiración arcana
que empuja al hombre y que le dice: flota
sobre el nivel de la conciencia humana.
Pero mentira. En la eternal batalla
en donde el hombre con lo arcano brega
nadie á triunfar predestinado se halla· '
ta1~ sólo t riunfa y á lo heroico llega '
qmen marcha en pos de la verdad aug11sta
llevanclo en su sendero
'
la voluntad como radiosa fusta
y la razón como tajante acero.
BENITO FENTANES.

STELLA,
(DEL ITALIANO.)

¡Seres que á trágico dolor sujetos
atravesáis la tierra
sin la conciencia de los mil secretos
que en su pasmoso mecanismo encierra!
¡almas sin luz! la humanidad consciente
la que trabaja en la labor pensante
'
estalla en gritos de dolor inmenso '
al comparar vuestra actitud doliente
con la actitud radiante
de los que elevan el sagrado incienso
de su razón ante el altar sublime
en donde oficia la verdad y en donde
se alza un~ voz que á nuestra voz responde
y nu~va vida ~ nuestro ser imprime.
Amáis lo heroico y en la fe sencilla
que os enardece, se vislumbra el rastro
de un culto que se humilla
ante el ara rle todo lo que brilla
sea virtud, inteligencia ó astro. '
Amáis al héroe sin saber que el germen
del heroísmo en vuestro ser se oculta
sin comprender que en vuestra masa duermen

Del árido peñón la bruma vacra
corre su velo de volutas rotas " '
y entre nn vuelo furtivo de g~viota8
tiembla la luz que en el conffo se apaga.
E~ disco arg~nteo de la luna, indaga
la triste obscundad. Yibran las notas
d: un harpa que han templado las ignotas
mnfas que Apolo con su lira embriaga.
¡Crepúsculo Rin fin! El alma aduna
con el beso plateado ele la luna
el casto beso de la novia muerta·

'

y en medio del silencio y la agonía
ya próxima á morir el alm·a mía
'
al borde de la tumba se despier~!. .....
MIGUEL

***

C. NovARO.

-La libertad es incompatible con el amor:
amar es ser esclavo.-MME. DELAU~AY.

�[L 'MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 8

MÉXICO, AGOSTO 24 DE 1902.

Subscripción mensual foráoeñ, $1.50
lctem Jdem. eu la ca1•1tal, ,, l.~r,
Oerenlf!l LUl6 Rt'l'l6 6PINDOLA.

Dlrf!clor: LIC. RAf'AfL Rr'l't~ ~Pl"IOOL4.

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LAS CONSENTIDAS.
(De la coleccl6n Pellandlni.)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1902, Año 9, Tomo 2, No 7, Agosto 17</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Belleza femenina</name>
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        <name>Busto General Escobedo</name>
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        <name>Cleptómanos modernos</name>
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        <name>Francisco Orozco y Jiménez</name>
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        <name>Golondrina herida</name>
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        <name>Señoritas estrellas</name>
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                    <text>[L 'MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 8

MÉXICO, AGOSTO 24 DE 1902.

Subscripción mensual foráoeñ, $1.50
lctem Jdem. eu la ca1•1tal, ,, l.~r,
Oerenlf!l LUl6 Rt'l'l6 6PINDOLA.

Dlrf!clor: LIC. RAf'AfL Rr'l't~ ~Pl"IOOL4.

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LAS CONSENTIDAS.
(De la coleccl6n Pellandlni.)

•

�nomingo 24 de Agosto de 1902.

E L VIEJO.
Decrépito, sucio, macilento, apoyando en
un grueso bast6n el corrorndo c~erpo,q~1e por
instantes amenazaba caer; carmnando a rastras con un temblor senil en las piernas, que
denotaba el supremo esfuerzo del movimiento· deteniéndose á ca1la paso para contemplar,
co~ mirada entre distraída y estúpida, lo que
á Ru alrededor sucedía, ÍI sumergido en ensimismamiento caxiloso, como atenaceado por el
recuerdo así cruzabii las calles de )léxico hace quinc~ ailoR, un hombre enveje.cit~o á la
vez por el pen!-amiento, por el Rufr11mento y
por el vicio. Los transeuntes pasa.han ante él
con desdeñosa indiferencia. Xatlie le saludaba, y, sin (•mbargo, todo el mundo lcconocía.
En torno ele aquel horn bre, inerme ya en la 1ucha por la existencia, giraba la multitud, pleº t6rica de fuerzas y ambiciones. Algunos, al
pasar junto {t él,· pensaban: ¡pobre «v.iejo))!
Una compa.--ión rúpida. y tladacomo de limosna por unos cuantos corazones buenos! ~ra e,1
único sentimiento que arrancaba el «VIeJ0" it
aquellos que en otras fpocm, le conocieron y
trataron.
Yo, en distintas ocasiones, pude Yerle de
cerca y notar la profunda huella, el surco indeleble que en aquel rostro habían dejado las
ideas las Hv•rimns y el alcohol. Entre una
barb~ hirl'!uta de canas amarillentas y lacias,
gestic~aba con dolorosa expre."lión la. boca desdentada· sobre la palidez &lt;le los pómulos asomaba la' mancha cárdena, denunciadora de la
fiebre alcohólica, y traR los opacoR vidrios de
unos anteojos de vnrillas torcidas, chispeaban,
baj•&gt; las cejas ásperas y blancas, los o~cur~s
ojoR, inteligentes, viYos y de extraordrnar1a
energía.
¡Qué minado, qué ruino~o ?-e• encontraba
aquel organismo! ¡Qut abatido y qué tri~te
aquel espíritu!
•
E l «Viejo,)) á semc&gt;janza de Edgard el americano bajaha lent:unentc el antro obscuro de
lúgub;es fantasmagorías, é iluminado Íl trechoR por la llama verde del ponche. Cuando
le conocí, lle&lt;raba rn al último peldaño; había dejado todo e11 su pa,·oroso dei;cendimiento· la inteligencia, la fuerza, la fantasín, y sólo
le 'quedaba la vaga conciencia de una vida fecunda en clolores y desilusiones.
¡Y ese hombre in válido del combate social;
ese ¡;er triplementc herido por el infortunio,
por la abyección y por la miseria, había sido
poeta, filó?-ofo, novelista; hahía cantado n?bles ideales, se bahía sentido lleno de i-ent1mientos altos, que hicieron explm,iún de entusiásticas estrofas ataviadas con ricas imúgenes y verba fulgurantu!
El «Yiejo» fué poeta lírico: sus versos son
tristes y se arrodillan ante las enamoradas de
veste blanca v nimbo sobre la frente, como la
Beatriz de la ·Divina Comedia; fué humorista&gt;&gt; notable: sus humorismos están impregnados de fina ohsen·ación, y fueron escritos en
ese estilo vibrante y · «cortado» que tantos
triunfos valió á Alfonso Karr; fué filósofo á
la manera de los viejos románticos: con cierta
mofa sangrienta y cierto doloroso esceptici!nno
que á las veces ríe y á las veces blasf~ma.
El «Viejo11 tuvo su cortejo de adnnradores;
se impuso {t su época; saboreó los manjares
del triunfo. y oyó d eco prolongado de los
aplausos. Tuvo en su juventud veladas de sabio; estudió y produjo; entró con brillantes
armas á luchar por hi exist1:ncia,y se sentó en
la me.cm de los poderosos, y en lot-1 e8cailos del
Congre.r,o.
Cuéntanme que, no obstante, vivió una vida libre, ligera, con algo de misantropía y
extravagancia. De joven habitaba en una boardilla obscura, en la cual, á decir de un literato contemporánro suyo, habfa por único
mueblaje una cama revuelta, algunas sillas
y, colgados en la pared, un machete suriano,
y un cántaro, almac(n de las producciones literarias.
«El .,.iejo,» conforme avanzaba Pn edad, y
por circunstancias que no conozco, pero que
me parece adivinar, fué acentuando su carácter de bohemio, hasta convertirse en un tras-

ET, MlTNDO TT,TT8TRAD0
nochador de café. Ninguno me lha confiado
los detalles de esta existencia tan brillante y
prometedora en el principio, y en el fin tan negra y tan infortunada. ¿Empujada. por quif,n
fué cayendo aquella alma en el abismo? ¿Como fueron desvaneciéndose la~ esperanzas,
muriendo lai; energías, y aflojáulose, poco á
poco la voluntad de este hombre superior'?
Y 'sólo sé lo que necesito: que el «viejo» fué
un vencido de la suerte, un hombre que iba
dejando la vel'ltidura de su talento y de su genio en los zarzales del camino.
¿En el naufragio de esa vida flotarán algunos libros hai-ta alcanzar la playa lejana'? Creo
que sí. . .
.,
. . t ¡·
.
.
El «v1eJo• mur10 ya sm m e 1gencrn, sm esperanza y sin nmigos ...... ¡Pobrecillo!

DIONISIO.
:'.\Ir. )Iarambot abrió la carta que le entregaba su criado Dionisio, y se sonri(&gt;.
Dionisio, que servía en la casa desde hacía
veinte años v que pasaba en to1la la comarca
por Ull criado modelo, preguntó:
-¿Ha recihido el señor una buena noticia'?
::\Ir. )Iarambot no era rico. Antiguo boticario de aldea, jamús había t¡uerido casarse,
y vivía de la modesta renta adquirida ven&lt;liendo droga:o á los campesinos.
A la pregunta del criado contt-stó el farmacéutico:
-Sí , Dionisio. El tío )Ialóis retrocede
- ante.
el pleito con que le amenazo, y manana recibiré mi &lt;linero. A un solterón como yo, nunca
le viene mal el ingreso de 5.000 francos.
Y )Ir. Marambot se frotaba las manos de
gusto.
Al día siguiente, á las nueve de la mañana.
el cartero entregó á Dionii;io cuatro cartas para Ru amo, una de las cuales pesaba mucho.
:'.\Ir. )Iarambot !:'e encerró inmediatamente
en su cuarto hast.-i el mediodía, y despufs confió á Dionisio cuatro sobres pam el correo.
Uno &lt;le ellos, dirigido {t :'.\Ir. :'.\lalóis, era indudablemente un recibo.
Llegó la noche; )Ir. Marambot se acostó á
la hora de costumbrr y se durmió como un
bendito.
De pronto le de~pertó un ruido extrailo.
Sentóse en la eama y escuchó. Pero de repente Re abrió la puerta y se presentó Dionisio en
el umbral, con una bujía en una mano y un
cuchillo de cocina. en la otra.
::\Ir. Marambot supuso que su criado se había vuelto Ronámbulo, é iba á levantan;e para
dirigirse á él, cuando Dionisio apagó la luz y
corrió hacia el lecho.
Su amo tendió las manos para detener el
golpe que le derribó de eApaldas, y trataba
de ap~deran;e &lt;le los brazos del criado-á quien
creyó loco,-ÍL fin de evitar las terribles acometidas que le dirigía.
El pobre boticario fué herido primero en
un hombro y luego en la frente y en el pecho,
mientras· agitaba sus manos en la obscuridad
y gritaba con toda la fuerza de sus pulmones:
-¡Dionisio! ¿Te has vuelto loco, Dionisio?
Pero el otro continuaba hiriendo sin cesar,
hasta el momento en que ::\Ir. :'.\Iarambot exclam6:
-:Xo he recibido el dint•ro, no he recibido
nada. )Ir. :\Ialóis ha retirado su protesta y
voy ÍL pleitear con él. Para eso has llevado las
cartas al correo.
Y haciendo un supremo esfuerzo, cogió de
la mesa de noche una caja de fósforos y encendi6 una luz.
El infeliz esta.ha cubierto &lt;le sangre, y al ver
tan terrible espectáculo, se creyó muerto y perdi6 el sentido.
Rcanimóse al rayar el alba, pero cerró los
ojo~ para no ver nada. Al cabo de algunos minutos amenguóse su espanto y reflexionó.
No estaba muerto y podía volverá la plenitud de la. vida.

EL MU:t-..""DO ILUSTRADO
¿Qué había sido de Dionisio? Probablemente habría emprendido la fuga.
De pronto oyó )Iarambot abrir la puerta.
del cuarto, y su coraz6n dt•jó casi de latir. Al
ver á Dionisio, cerró los ojos y contuvo la respiración, para que el asesino creyese que su
obra estaba tennina&lt;la.
Sintió que le &lt;¡uitaban la sábana, que le
palpaban el vientre y lJUe le lavaban con
agua fría las heridas.
Indudablemente trataban &lt;le Ralvarle, y con
gran&lt;les precaucionee se atrevió á abrir los
ojo~.
Vió á Dioniiüo junto á él y volvió á cerrarlos con espanto.
-¿,Qné hada allí aquel hombre·? ¿Qué nuevo proyecto abrigaba?
-¡Jl),toy perdido!, pensaba :Mr. iiaramhot,
poseíclo de indefinible terror.
Pero no tardó en com·encer::;e de que i;u criado, dc•spué'- de haberle querido matar, se empeñaba en salvarlo.
El boticario abrió de nuevo los ojos y notó
que no había ya san¡tre en el lecho y que le
habían mudado las sábanai...
-¡Jfas cometido un crimen horrible!-exclamó )lr. :\Iarambot.
-Pero voy ~ repararlo-contestó Dioni~io.
-Si ui-;ted no me denuncia, continuaré sirviéndole fielmente como antes.
Xo era oportuno disgustar en aquel momento á su criado, ~· )Ir. )Iarambot exclamó cerrando los ojos:
-¡.Juro que no te denunciaré!

***

Dionh,io salvó á su amo, y por espacio de
muchos días v mu chas nocheR, no i-e separó ni
un instante del lado del paciente.
Aunque el boticario pensaba despachar á
su criado tan pronto como t:stuviese rcsú.ll1lecido. iba aplazando de continuo la realización
de su propósito.
Creía que el miedo á la denuncia contendría
á Dionisio, y le anunció que había hecho testamento ante Xotario, en el que revelaba su
crimen á la ju~ticia por si voh-ía á cometer
otro atentado.
Dionisio siguió siendo un criado incomparable, y )Ir. Maramhot, al ve~e curado y tan
bien asistido, resolvió no despedir nunca á i;u
sirvie11 te.
Pero un día, de.-,pués de· almorzar, oyó un
e~pantoso ruido en la cocina.
Corrió hacin ella y encontró á Dionisio entre &lt;los gendarmes.
Tan pronto como Dionisio viú á su amo,
exclamó:
-¡:'\le ha denunciado usted, y eso es una
infamia después de lo prometido!
:\Ir. '.\Iarambot conteAtó:
Te juro ante Dios que no es así y que ignoro cómo la justicia ha conocido tu tentati rn
ele asesinato contra mí.
rno de los gendarmes dijo entonces:
-¿,Cómo, señor"? Ese hombre ha querido
matarle?
-Sí-murmuró el boticario, sin darse cuenta de lo que ocurría.
-La justicia, repuso el gendarme, tendrá
en cuenta ese crimen; pero ahora, señor :'\Iaram bot, detengo ÍL e:;e pillo por el robo de dos
pavos en casa de )Ir. Duhamet.
Y volviéndose á su compañero, le dijo:
-¡ En marcha!
Y los gendarmes se llevaron á Dionisio.

***

El abogado apeló al recurso de la locura,
apoyando uno en otro los dos delitos para robustecer su argumentación.
El Presidente, vol\'iéndose hacia )Ir. ::\Iarambot, cuya declaración hahfa sido excelente para su criado, le preguntó:
-Pero aun admitiendo que no tuviese UEted á ese hombre por loco, no se explica cómo
ha podido usted consentir que continuar-a. {,
su servicio.
-Qué quiere usted, señor Presidente!, contestó el farmacéutico. -Cuei-ta tanto encontrar
un buen criado en estos tiempos!
Dionisio fuó absuelto y destinado, á costa.
de su amo, á ser encerrado en un manicomio.
GuY DE )lAcPAss.-1....'\T.

Domingo 24 de Agosto de 1902.
dículo v 1¡11e tau1hié11, l'Uando ele sus derechos
se trat~; sabe defenderlos heroicamente, ho~
no deja de aprovechar la excelente opor~u~udad para llenar los boulev~rcs con el cstrcpito
de sus grito;; y de sus canc10ncs, de re,·.~l\'erse
y agitar:;e; pero en el fond?, en 1~ acc10n, ~o
se deja arrebatar por los gritos béhcos de quH!•
nes Je quieran levantiu- en armas en contra de
la autoridad legítima.
:,,i acaso, las sencillas mujeres del pueblo,
.
los c:unpe:-inos y los rudos obreros, s1e1~te1~
ulgu como un dejo &lt;le tristeza al despedir a
los religiol'o,; lfUe se desbandan; como el al&lt;le11110 que marcha del lugarejo natal, en busca de horizontes mfü; amplios, siente que asoma una lagrima á sus ojos cuando, al traspom•r la colina, mira perderse á lo lejos la mancha blanca del ca111pa11ario de la aldea.
Y a,-í la Ley, la augusta reguladora de las
sociedades, va cumpliéndose fielmente, firme.
uwnte, co1110 toda ley de progreso!

j)r. .C. .Cara!/ })ardo,

RONDEL.

La manifestación de las madres de familia en la plaza de la Concordia.

LA REBELIÓN CLERICAL
EN FRANCIA.
Desde l1ace muchos días Franeia PS teatro
&lt;le una al-(itación, bulliciosa Pn ~us ma11iíestacioncs, aparatosa l'n :sus proc:edi111ientos, pero
que, en el fondo, no ofrece gravedad alguna
ni llegarÍL ú a&lt;ll¡uirir lns proporciones &lt;le un
alboroto político.
De tiempo atrús exi!-tía un concordato entre
el gobierno franci:s y el \'atieano, nwdiant1:
el cual, la primrra de las parteH contratantes
se rescrnd,a el 1lerecho de sujetará determi•
nadas rel-(las el establecimiento de m;o&lt;:iaciones religiosas, y In facultad de negar autorizaci(m ú las co11grcgaciones que no :-e sujetaran
Íl esas le,·t!s.
Xo oh~tante el concordato, htt-1 asociaciont•s
se extralimitaron; continuaron organizúndose
sin autc1Üa&lt;'ión. El ilustre jefe del Gabinete
francéi.., :'\l. \\'al1h•ck Rousseau, hizo pa!-'ar un
decreto para la di:,;olueión de las eo11grPgacioncs que no hubiesen cumplido con la ley.
En virtud de r:--r decrl'lo, fueron notificadas
las a:-ociaciones infractorns de que dchínn
dispen-;anw. Buen númern de dichas asociaciones obedecieron al mandato h•gal, pero muchas otras resoh·ieron resi:::tir 6. cuando ml!nos,
hacer ruido y atraer i-;ohre ellas la atención
pública.
.
Para conseguir esto último, c¡ue parece haber sido el verdadero fin de todos los sucesos
recientes, las asoeiaciones reunieron á sus ami·gos, entre los cualeA hay alborotadores de profesión; los que tenían á su cargo ei&lt;cuelas, citaron á una extcmporúnea distribución de
premios, para congregar Ct los padres y, sobre
todo, {1 las madres rle familia.
Reunidas estas sencillas gentt·s, no faltaba
un «leadt•rn eloem•nte c¡uc las exhorta?-e ÍL defender Jo que llamaban los derechos de la divinidad, y resistir [i los manclntos de la lev.
A!-Í se formaron grupos numerosos: sabido
es cuún fácil ha sido en todo tiempo afiliar
manifestantes en el bando de la opoRiciún; y
en los &lt;lías señalados para la clausura forzosa
de los establecimie11tes rnarcadü,- por el decreto legal, se reunían millares ele gentes ansiosas de gritar y de hacer C'std·pilo. Había entre los jefes del movimiento tiguras muy populares: Francisco Coppée, !-acado de quicio hace tiempo por su misticisn10, y un hermano de
Guerin, el famoso por habl'l'se t•ncerra&lt;lo en
el in!provisado «fort Chanol,» donde hizo una
cómica resistenciii á la policía.
Hay allí, al frente del movimiento popular
oposicionistas de oficio, &lt;le aquellos que tie:

111•n la furia antigobiernisl:;t, semejante ú la
furia anticlerical, y que lrs im¡mba á asociarse ÍL cualquier movimiento de cualquier naturaleza. que sea, y 111oti\'ado por 110 importa
qué pretexto, con tal
i¡uc sea un movimiento de protesta y de oposición al mandato de
Joi,; gobernant&lt;s.
•\sí se ha visto la
paradoja de que, aquellos 1¡ue defienden acto~ hostilt'.'i de quienes
han sido acl ver~arios
eternos de la libertad,
,·an ahora por los houlevnres de l'arís gritn nclo «mueras" al Gobit·rno y «viYas• :L la lil&gt;t:r•
t.•uli

:\[artillaré mis laminas di' oro
para o-rabar su imagen ¡wregrina
1·uun&lt;lo llegue hasta rní, blanm y 1livina,
murmurando mi virgen: ¡Yo te adoro! ...

Y vok1rí1 en mi alma su tesoro
su voz angelical y cristalina,

***
El movimiento lia
tmido su lado instru&lt;·ti,·o, en medio de todo.
lJa daclo una ptuehl
palpable y c·onsolaclom de que las instit11eiones de la gran Hepú blica, cuna de• i:1,lihertade1-&lt;,son cada día
más firmes. Ha demostrado cúmo, á lll&lt;'·
di&lt;b que los tic&gt;mpos
pasan, son mfü, y 111:'ts
difíciles las tremeJHlns
reacciones contra e i
j&gt;rogre:&lt;o, que en otro
tiempo y en otros ¡iaíses han lwcho indispensable que cada ley
lihertatlom, cada ¡•a~o
civilizador, sea sellado
con sangre.
)[as esos tiempos
han pasa.do ya. Los
clericales franceses lanManifestación
zan grito:; de guerra,
&lt;le rebeliím furiosa contra la lev y In. autoridad 1·onstituí1la. «L'Cniveri:1, » qt1c es el órgano mús caracterizado de
ese partido, ha publicado las mús atroces injurias contra ~L Combes, el sereno ejecutor
de la ley; ha amenazado {L las autoridades y
predicho el exterminio de todos los instrumentos del Gobierno.
Y sin embargo, el pueblo francú;,que acude
á todos los RitioK builicio~os, que ama todo
aquello que le dn pretexto para gritar, parn.
moverse, para lanzar la ironía, herir con el ri-

frente á una escuela de religiosos.

y por grahar su imagen peregrina
iirnrtillaré mis láminas de oro .....

Y volcarú mi lira su tesoro;
y su sonante estrofa auriargentina
cantará su hermosura y mi te1;oro;
¡y por grabar su imagen peregrina
martillaré mis lúminas de oro! .....

R. ,M.

RUBIO.

�Domingo 24 de Agosto de 1902

EL :MUNDO ILUSTRADO

Domingo 24 de Agosto de HJ02.

EL 1IU:KDO ILUSTRADO

I-IORAS DE MEXICO.
Ya la ciudad ha quedado flamante, acepillada por las máquinas del
barrido, sacudida por el
pompón &lt;le orülo, bien trigueños los asfaltos
por el lavado ú grande agua que van haciendo
el abanico cristalino de las regaderas y In
cuadrilla de aseo público.

el arrabal y se reúnen todas las del rumbo para comenzar la labor ú un mismo tiempo.
Cuai1do llegan al taller, ya «madame)) está en
su puesto y da las primeras órdenes «egeandou
que es un primor.
Las costureras son un gremio alegre, quizá
porque casi todas ellas tienen la hermüsa safü,facción de estar entregando la vida para
llevar un pedazo de pan á una madre anciana, ú un padre imposibilitado para el trabajo,
ó al hermanito huérfano, chiquitín adorable
que ~e queda en la carn de la buena verina
mientras la luchadora va á hacerse sangre en
la yema de los dedos con la punta de la
aguja.
Las ronquistas del feminismo han creado
un nuevo grnpo ele laboriosas. Ko llevan el

mo barrendero, el flojo11a1.o, les echa polvo en
las faldas y las apremia con malos modos para
que le dejen el campo libre.
En los jardines hace iris el chorro del agua
del riego,q11e se convierte e11 mil gotas al azotar las ramazones cubiertns &lt;le hojas brillantes. Va y viene el hombre de la manguera,
siendo diversión &lt;le muchachos desocupados
y ele fuereñ0s que por primera vez visitan la
ciudad populosa. lBl musgo de los camallones
y la arena de laR callecitas se refreRcan y entra
en alegría el jardín que por la noche fué teatro de !&lt;Ole&lt;lad y &lt;le sombras.
La estatua de bronce tnmbi~n recibe su bailo y da al sol sn color toRtado con un fuego
de brillo y un 1\•shalar &lt;le gotas que fingen
diamantes sol.&gt;re piel africana.
Y la promesa de la patria, los hombres del
porvenir, van apresnradus á emprender la
faena del &lt;lía:cn_los salones &lt;lel colegio, todos

HEYJ&lt;.:S Y NOBLES AZTECAR.

EN HONOR DE CUAUHTEMOC.

Ya el sol vierte HU luz de vida en la espléndida mañana; lm1 campanarios son centros
de la onda ritmica que llama con sus sonoridades á las prácticas del templo.
¡Las ocho!
Los relojes pó blicos martillean con monotonía, como un aviso sarcástico á ese enjambre que momentáneamente se derrama por la
ciudad y corre á escomlerse en la vida interior ele los almacenes, de las casas &lt;le modas,
en los escritorios, en los colegios, en los edificios públicos.
Es la costurera, la que escribe en niáquina,
el burócrata de ínfima categoría., el mocetón
extranjero que pasa la vida tras el mostrador,
la empleada en los c.&lt;tfés y en las dulcerías
elegantes; es todo un jirón de actividades que
corre á mover la gran maquinaria del comercio.
Las costureras caminan;•en grupo, Yiven en

humilde chal, ui dejan caer la falda para y11e
no se exhiba la bota &lt;le tacón chueco ni con
indiscreciones del cuero que publican el color
de la media; 110, éstas so1: todas unas da.mitas
de sombrero emplumado y que se ciñen el traje á la manera de las hembras del Norte, hablan~algún idion1a, teclean con habilidad en
la máquina de escribir ó saben empacar con
maravilla de gracia los d.ulces y pasteles, disponer la mesa de refreEcos y ofrecer con exquisita coquetería un ramo de flores.
Los jóvenes burócratas, por lo general, oyen
la hora de entrada á la oficina á varias cuadras del pupitre, y aquello sí que es correr: se
agolpan á las plataformas &lt;le los eléctricos, y
apenas sienten que el movimiento cesa, se
apresuran á bajar con precipitación atropellando cuanto encuentran, tropezando en el empedrado, y, jadeantes,. cubiertos de sudor, llegan con tiempo·limitadísimo para garabatear
una firma en el libro de los registros de asistencia.
:Mientras tanto, en las puertas de las sornbrererías se dan el apretón de manos las oficialas, prometiendo verse á la salida, y el últi-

El jueves por la maiiana i&lt;e ,·erific6 ante la estatua ele Cuauhtemoc la ceremonia. qtH', aílo
por afio, organiza el Ayuntamiento para honrar la memoria del último emperador aztecn.
La significatiYa manifeRtación, que tiende :1 mantener incólume en el pueble el culto al valor y al patriotismo, revistió en esta vez un lucimiento y solemnidad poC'o comunes. Con anticipación se dió principio al adorno de la glorieta y del monumento, c¡uo oster,tal,a multitud ele
banderas y lazos de flores artísticamente com binadoi,;, invitúndose á laR escuelas nacionaleR para que concurrieran al acto.
Comenzó éste con una pieza de música ejecutada por la banda, ,Y después ab&lt;Jrdó la tri h¡1na el señor Presbítero Rirn&lt;loval para leer un cliRclll'i\O en ((nahnatl,,, que luego tradujo al castellano; una pec¡ueiia niña leyó en seguicla un corto diRcurso, 4ue le fué nrny aplaudido por la
desenvoltura l'.On que lo pronunciú. El Rr. .Juan R. Orcí cerró fa parte literaria recitando unos
bonitos verso!'.
·
A continuación subieron al kiosco ,·arios niño;;, vestidos todos de aztecas, .v entre los cualeR se veían sacerdotes, guerreros, nohleR, etc. E!'tos nifi.os entonaron algunos himnos y cánticm: de guerra, dirigiéndof:e despuéR nl monumento en vistosos grupos. Algunoi- indígenas ele
los puebloR cerc.1.noR rcmcurrieron á la manifestación lle\'ando flores, que regaron en los pelclafios que dan acceso á la plataforma.

PAISAJES PARISIENSES.
ELFRlO

il uminadoR por ese alegre rayo &lt;le sol de la
mafiana.
A las puertas del plantel charlan los buenos
camaradas esperando la hora. ¡juena la campana: ¡8on las ocho!
JAYIER DE UL)IA.

•

Los jardines públicos, las plazas y los deRem barcaderos de los ríos, están cu hiertos de
nieve. La ciudad tiene un aspecto hostil. Grandes caravanas de harapientos peregrinan al
acaso por las avenidas. Y los diarios refieren
la aventura de los que, acosados como bestias,
no se resignan á morir sin haber mordido.
Hoy es la historia de la mujer flaca, vestida
de verano, que arrebata nna cartera al transeunte; mañana el epü,odio del profesor desgraciado que sustrae un abrigo de un escaparete; y pasado, el drama de los hambrientos
que asesinan á un hombre por robarle el /l,lfiler de la corbata.
El gendarme y el juez no amedrentan á nadie. Hay muchos que cometen el delito con
el fin de dormir algunas noches bajo techo.
Los asilos están colmndos , y tratan de hacerse admitir en las prisiones.

*
*'*

Los paisajes de París son contradictorios.
Los lagos del bosque de Boulogne se hielan á
veces y se cubren de gentes felices que patinan envueltas en abrigos de pieles. Los carruajes agunrdan al borde de la avenida y como los jardines, los caminos y los árbole~ están muy blancos, todo parece dispuesto para
una boda. Los caoallos se impacientan y piafan, pretegidos del frío por mantas gruesas que
llevan coronas en las puntas. Las damas se
pasean con perros diminutos, de patas muy
finas, que envuelven en mandiles de lana ó
es~onden en el hueco de! «manchón». Las pareJas se anudan y se aleJan Robre un pie escribiendo jeroglíficos con el patín sobr~ el
hielo. Otros se calientan junto :í los braseros,
apurando vasos de licores finos. Y hay tanta.
felicidad en torno nuestro, que el paisaje pa•

reoe_:_f~av_er~l, ~un en medio de 11\ nieve, Pe•

ro al caer la tarde, cuando todos se precipitan
en tumulto hacia la ciudad, la a,·enida e,ná
llena de hon1breR pálidos y mal rnsti&lt;los, que
corren detrás de los carruajes, ú riesgo ele perecer entre las ruedas, y se encaraman sobre
los estribos, para ofrecer un ramo de flores y
LA CHCRCMiA. y EL TEPO:-lAXFLE.
pedir una limosna.
Por las noches, los
cafés se encienden v
hrillan con reflejos de
oro. Al través de los
Yidrios empañados se
,·en mesas muy blancas, salpicadas de luces de colores. Las parejas se despojan de sus
abrigos y comen á boca llena. con grandes
risas holgadas, de gente sin inquietudes.
La espuma del champ~ña rebosa y humedece los manteles. Las
hermmias se vigilan eri
los espejoR, ofreciendo
labios muy rojos y manos llenas de diamantes. La música arrulla.
Pero cuando los grupos
salen, siempre les detiene una mujer an. .
drajosa, con un niño
Nllil'OS CONCURRENTES Á LA CEREMONIA.
en br~zos, que extiende la mano sin llorar, porque se le han helado las lágrimas.
lil fiío subrayva todots ]dos c?i:trastes. Los t~atros rebosan de multitud curiosa. Se ei-trenan
obras nuevaR.
e1 au or ramntico, que se retira t1iunfante después de haber encant d ,
úblico con
bl
. l' . ' 1
d
.
. a o a RU
P
d
d d t ., u~
ema s1cEolog1co a amo a, encuentra, al entrar á su casa, un nifio aban
ona _o . e rns e a puerta.
verdader_o problema, que no es posible resolver con frases raras m giros de a~coba elegante, es ~l destmo de ese desgraciado. Pero como parece haber huído
la mo~a ele Renbr, y c~mo el público se enfada con el que interrumpe sus di gestione~ el 1t
'.1ra~át1co vuelve la hoJa de su día y reanuda al siguiente su eterno juego inofensi.~o deª~ _or
mtngas al redeclor de una mufieca de «bondoir.i,
eJer
Que la nieve r.Jg_a cayendo sobre los techos y 1:1obre las esperanzM. El Rer humano Re n&lt;la tn í,
todo. Loii que tu!tan, acabará_n por encontrar una ext:ai'ía_ voluptuosidad en su tortura,
110
fal~rá un hllmbriento que gl'}.te, con cuello en la gu11lotinll,:-¡ Viva el frío!

Píº

ª:

y'

Jrf•nu,1 v,art,.

�Domingo 24 de Agosto de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO
~VUELTA en el copo de humo que se deja escapar de entre los labios cuando se &lt;¡uiere aYivar el
claYillo sofocado por la ceniza, va una sensación,
un recuerdo muy lejano ........ .A1&lt;í, así fné la primer fumada que dimos al cigarro hurtado á nues•
tro señor padre; así, sin que el humo bajara á la
laringe á producir ese dejo amargo &lt;¡ue hoy estimamos magnífico, sabroso, necesario, i nsubstituíble.
La escend se recon-truye con pa:::mosa fidelidad:
el cigarro e1-taba abandornlClo sobre el bufete, &lt;le·
i,;ertó de la cajetilla y allí estuvo mucho tiempo,
hasta que fué advertido por nuestra mirada de
pilluelo, que pasea y pasea sin cesar por todos los
rincones, por todos los muebles, sin dejar un solo
sitio, un solo adminículo, un espacio por pequeño que sea.
El tal cigarro había caído sobre un papel escrito y parecía una oruga atacada por un ejército de
hormiguillas negras. Se nos ot,urrió salvarla de
aquel trance y, con la cara vuelta hacia el sitio
por donde podía ocnrrir una
sorpresa, tendimos la mano,
atrapamos el cigarro y con am,ie&lt;lad lo hundimos en el bolsillo.
Allí fué iÍ hacer compañía á un pedazo de pizarrín, á una media docenn
de huesos de chabacano, al pañuelo anudado en forma de conrjo, á........ .
á todo un nido de baratijas que atiborraban el bolsillo hasta darle fa apa•
riencia de una deformidad corporal.
Luego ahandonamos el lugar de la tremenda hazaña
y recorrimos la casa para m,egmarnos de que la aYentura podía seguir sin peligros.
Qon la cara Yuelta ú un rincún,examinamos detenidamentr la cilíndrica enYoltura. Ii:n aquel entonces la indu~ti_'ia estaba en pañnles; los papelrs nrn.tiza&lt;los eran
rans1mos,_v por loi-i extrrmos de la «canal» no asomaban
las marafias del tabaco cortado en hehrn1&lt;.
Xo, aquello era todo un proceso de laboriosidad: dentro de la hojita blanca, la hoja arom{ttica se apretn ha
conYertida en fragmentos;y para dar solidez ú la en vol•
tura, en las extremidades 1&lt;e hacía un dohlri1 &lt;¡u&lt;', observado desde los distintos puntos de vista posibles, i-e antojaba uu ojo haciendo un guifio,
un muñón de pierna ampntada, la mitad de una boca c]p
vieja ...... Y deshaciendo aq ncl
pleguje, "Jescabeza ndo"- con1,,
se decía,-estaba á
la vista una cola
tura por andarse rode gallina.
sando con los huesos
El cigarro hury el pizarrín y con
tado pas6 varias
toda aquella ráfila de
horas en el bolsibamtijaF. qtlfi viajallo, perdi6 su blanban por innurne,ables manos infantiles,
que g01,an &lt;le mala fama en cuestiones de aseo. La. «canal» se ajó, el
t~haco se puso en movimiento, quiso escapar y
d1ó al traste con la esbelta figura cilíndrica.
Fué preciso ,·iolentar los arontecimientos pr•
ro sobrevino un imprevisto incidente: ¿con' qué
encender aqnel cigano? La hornilla de la cocina era peligrosa por aqul'llo de lai-i delaciones
maritornianas; la caja de cerillos del buró no estaba libre &lt;le acarrear una Rorpresa que huhiern dado fnne~to fin á la aventura; !.qué hac,·r·?
¡.Ah! - magnífico
ro·cuer&lt;lo, -en la n piRa del santo que hahía en el cuarto dr
la.criada, ardía 1111a
lámpara: la. dificu 1tacl esta ha reRucl t:1.
C'c&gt;1, no poco trabajo Re logró trepar hai-;ta tener al a.lnrn('e la
111ístira Anma; pero
un nuevo tropiezo i-;o
nos pone cn el cami-

no: «era un sacrilegio-al decir de la vieja sirvienta-encender cigatTOS en las lámparas dedic'.1-clas á los i:-antoiu Momento de vacilación;
caR1 tenemos deseo de abandonar la a.ventura.
HaRta podernos creer que la borrosa cara de
la imagen está nielta hacia nosotros y sentimos una mirada de reproche.
De pront'.) viene una sorpresa agradable:
hay una cabecita de rerillo al pie del Yaso de
las floreR. ¡ Magnífico!
La casualidad protege la aventura y podemos seguirla á nuestro a,,tojo. Todo depende
_va de elegir un sitio seguro; que sea á la vez
de escondite y de observación. Yamos resueltamente.

Las inocencias de la niñez ;;on los medios
ele defensa que velan en todos los peligro-; en
que la coloca la irreflexión. en niño toma
mil precauciones para hacer algo que le está
prohibido, y al cabo de esa gran !abor viene á
incurrir en un detalle que sería de péi;imas
consecuencias para lo proyecta.de.
Nada se oponía ya á que fuésemos á fumar
nuef-tro primer cigarro; pero sobrevino la idea
de que ,iaquello» no tendría interés si no era
prer;enciado por alguien que nos diese ocasión
de envanecemo~ por la hazaña.
¿.Quién podría ser el elegido·? Precisamente
el que menos: nueRtro hermanito menor, un
chiquitín que hahla mús dP lo necef-ario, que
de buenas ú primeras espetará la hiRtoria á
nue,:tros padres y que será irremisiblemente
creído..
Sí, él nos acompaña, comprende bien la
rnorrnidad &lt;le la a,·entura y también guiña rn
ojo en son de malicia.
La realiznción del delito va á ponerse en
planta. Lasmanostorpes, pequeñas y tembloro!-:t",comienzan la faena. Re deshacen las «ca1,ezaf'» y se intenta el movimiento de «toreen,
que hemos visto en otros dedo~: la rebrldía
del tabaco e:, deResperante, tan pronto se logra
aeomodar en nn extrnno como se ei:,capa por
el contrario; la 1&lt;C.'lnah estiÍ hecha un imposible de macnlacionei,, ajamientos y roturaf'.
Cotwencionalmente admitimos que aquello
está arreglado.
Las miradas del hermanito han seguido
nuestra farna; ya se le advierte e::-.~ocionado,
ya nos f'Omíe como queriéndonos decir que le
causa placer estar en la aventura.
Es indescriptible el momento de frotar la
&lt;'abecita del cerillo en la pared del rincón es-

cogido para teatro de los acontecimientos. ¡Si
se apaga! ........ .
Brota la llama dejando escapar una corona
de humo. En la penumbra, aquella luz da á
nuestros scm hiantes un tono de lividez. La
mano temblorosa acierta á colocar entre los
labios unn extremidad del cigarro, mientras
la otra baila un movimiento de miedo en la
flama azul del cerillo.

Se escapa el primer copo de humo ...... Así,
así nos supo, como cuando ahora queremos
avivar el clavillo sofoc:1do por la ceniza.
Las funrn.das se repitieron sin interrupción.
evitando que el hernrn.nito observara que nos
producía. n,al efecto el 1-ahor amargo de la. nicotina. Luego le tendimos la colilla y él también fum6, escupiendo y pas/Ín&lt;lose el dorso
de una mano por los labio!'.-, mientras que con
la otra se restregaba un ojito que el humo hizo llorar.

La hazaña está cumplida. Pasa el tiempo, y el mal sabor de la boca persiste. 11:n los alimentos
y en las golosina!' ""e' halla un amargor penetrante que recuerda, como la intranquilidad de la conciencia, la consumaci6n del delito.
De pronto sentimos como que alguno nos clava los dedos en las sienes: el estómago protesta;
necesitamos la cama, el reposo, la obscuridad.
Y nuestra madre, inquieta, se acerca á preguntarnos lo que sentimos; nos pasa la mano por la
frente sudorosa, y en un momento de suprema angustia acerca sus labios á nuestros labios y nos
besa....... . .
Todo está descubierto.
-¡Qué bonitas gracias, muchacho pillo: has fumado!
Y una Yocecita aguda agrega con alegría:
- Y yo tam bié11, mamá.
Imposible toda defensa: ¡ay de nosotros cuando llegue nuestro señor padre!

Otro primer cigarro de gran fama es el que se clava á los labios de las elamitas que so pretexto de
un dolor del alma, apuran humo para hacet· nubes al cielo del ideal.
Es increíble que una mujer se resuelva á envolver las cadencias de una frase rariñosa en ambiente
de sala de fumar.
Todo lo hien que parecen unos bigotes cabalgando sobre un veguero, se ven mal unos
labios que besan el extremo nicotinoso de
un cigarro: son pétalos (h, una flor loca.

Domingo 24 de Agosto de 1902.

�Domingo 24 de Agosto

ne 1902.

EL :ivIUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

LA BELLEZA FEMENINA.

•

Existe una correlaci6n íntima y necesaria
entre la estructura de cada ser, su forma y sus
proporciones, la distribución y contextura de
sus 6rgano3, y sus instintoR, sus hábitos, sus
necc1;id:i.&lt;les y su misión ó destino en la vida.
Ei,a correlación es doble. De una parte, se establece entre el Rer mismo y el medio y las
circunstancias en medio de las cuales se desenvuelven y se suceden las peripecias ele su vida; y de la otra, se ostenta en la armonía de
los cli\·ersos órganm:, en la subordinación de
los accesorim, ú los principales, en el equilibrio, digámoslo así, que entre ellos Re establece, y en la nece!&gt;id;1d ó fatalidad que determina y enlaza sus condiciones, de tal suerte que,
dado un órgano, pn&lt;'den preverse los demás,
;,' que, á semejanza de Cuvier, conocido un
Jiente, puede con la imaginación reconstruirse todo un animal.
Tiene garras y eolmilloR el león, alas el águila, aletas el pe;:, chupadores el· pulpo, ei;pinas
el 1&gt;riw, concha la tortuga. :-;E'gún el animal
\"ive y ;;egún donde ,·ive; según se alimenta,
s&lt;'gún se 1wrpetúo, s&lt;'gún posee instintos de
combate ó tienr necesidades de defensa, así
ei;tá organizado, a:-i po:=1ee armas ó coraza y
a~í se desc1wuel\'en sus fauces, sus miembros,
sus eentidos, su organif'mo todo. .Aquí el múi-culo :-e vigoriza, allá el tendón se flexibiliza,
mús allú los tegumentos :-;e endurecen, las garras se afilan, los dientes se aguzan.
Hay más: de ei&lt;a rorrelación, de esa congruencia, de esa lógica inflexible que eslabona ine,·itablemente los tejidos y los órganos
y los adapta ú las necesidades ele! animal, nal'e hL estética &lt;le los seres Yi vos. La helleza,
c¡ue no es 111ás que una forma de la lógica,
consiste to&lt;la, al menos en los seres &lt;¡ue ,·iren,
en esa adaptación admirahle y en esa completa coordinación de los órganos, traducida en
formaH y en proporciones exteriores y visible!'.
Tanto es así, que pueden ser igualmente
hermosos, aunque diver~amente conformados,
el tigre y el ciervo, la paloma y el cóndor, el
crustíiceo y el insecto.

En la belleza humana se coniprueba el mis-

no sea nunca musculada, ni, por consiguiente,
angulosa ni de irregulares contornos. La musculat~ra debe en ella quedar disimulada bajo
una ligera ca¡,a de morbidez, que da torneado
á las formas y las desenvuelve en curvas amplias y armoniof'as. Debe la cadera ser amplia, volada, y no estrecha como en el hombre. El muslo, en Yirtud de esa necesaria
amplitud de la cadera, tiene que ser ligeramente oblicuo; las rodillas, que estar juntas;
la pierna, á partir de la rodilla, que ofrecer
una cierta divergencia; el vientre debe ser
más abo,,edado que en el hombrn, y la cintura estar colocada más alta.
,.\ fin de asegurar la inmovilidad y el reposo de ciertos órganos, la respiración en la mujer se hace principalmente con la tabla del pecho, lo que da mayor amplitud á la parte Hnperior del tórax y hace más saliente el esternón
y míis abovedado el pecho. El seno firme y
turgente completa eRte conjunto estético.
Si en la aclold1cencia y la juventud deben
predominar la gracia y la esbeltez en la estética ÍClllf'nina, en la edad madura deben preponderar la majeRtarl y los indicios visibles &lt;le
la fecundidad. Diana y Yenui- pueden ser
flexibles como juncos, gracioi-as como ná vades, úgileR como ciervas; Juno y Minerrn del)en i-er majestuosas, vigorosas y reposadaR.

En la matrona, cierbi corpulencia, cierta robustez, cierto grado de «e111bonpoint,,, la cintura ,·asta, son altamente estéticas. La expresión de ·1a mirada debe ser serena v augusta
el porte arrogante, el andar lento _; firme. E,:
Oriente t&gt;stiman en tanto la gordura de la mujer, que le rnutilan los pies para obligarla. al
reposo, ~- casi la ceban para acumularle gra~a
hajo la piel.
En la nrnjPr .ra he&lt;·ha, la fri ,·olidad, la ,·oluhilidad. lm; rnanifeRtaciones turbulentas de
la idea ó de la pasión, i-on el"t&gt;ncialmente antiestétical", _,. con ellas las actitmlei-, ademanes
y porte cot-reRpondientes. La madre dehe, ante todo, ol"tentar ternura, que es el sentimiento m:tternal por t&gt;Xrt&gt;lencia, y debe, asimismo,
en toda RU persona &lt;lar muei-tras de valor para el sufrimiento, de heroísmo para d efender
á su prole, de abnegación a hsol uta á los suyoR; y mal se compadecen esas grandes dotes
con la 1110,·ilidad )' la coquetería de que tanto
gustan algunas matronas y que tanto desdicen
de su verdadera misión en la vida y de los
altos fines ú 1¡ue estrm llamada~.

mo principio. El hombre, naci&lt;lo para el tra-

bajo y para la lucha, destinado al esfuerzo perenne, ú la labor mua, ú afrontar peligros y
ÍI. V&lt;'ncer ó subyugar adversarios. tiene por
fondo estético la fuerza. Para ser bello, ha de
ser alto, rnbusto; sn musculatura debe ostentarse bajo la piel en vigorosos relieves, y los
tendonC's dibujarse poderosos y elásticos; su
e;;queleto debe ser rígido, resi~tente y vigorosamente articulado; anchas sus espaldas, y amplio y levantado el pecho.
La misión de la mujer, su destino 1,atural,
es otro. La misión suprema de la mujer es la
maternidad¡ nació. principalmente, para madre y para nodriza, y su organización toda ha
de revelar que es capaz c1e l lenar su misión.
:Qe una manera general, la. maternidad supone el nido, el hogar, la vi&lt;la sedet1taria; la resistencia más que el empuje; la acumulación
de la fuerza en 6rganos determinados, y no su
dispersión en el reRto del organif'mo.
Pe ahí que la mujer verdaderamente bell!l

***
Salud, l"iempre; gracia en la juventud¡ majestad en la edad madura¡ tal es la trípode en
que descansa toda la estética femenina. La
gracia es, por su naturaleza, transitoria¡ la
majestad es y debe ser el atributo estético definiti,·o y permanente. Si yo fupra artista plástico, no esculpiría Venus, ni Dianas, ni náva&lt;les, ni ninfas; esculpiría á la madre de los
Gracos, que encarna las formas más nobles de
la belleza femenina: el vigor fecundo y la no_
bleza majestuosa.
0

Domingo 24 de Agosto de 1902.

�ET, ~ruNno IT,U8TRADO

EL )tUNDO ILUSTRADO

nomingo '2-l rle •\go~to tll' 1 !)0'?.

NUESTROS ARTISTAS.
Joaquir¡ 2). Casasús.
En nuestr:t ~alería de literatos mexicanos prominentes, toca hoy
turno al Sr. Li&lt;'. D ..Joaquín D. Casasús, personalidad de las más
distinguidas en nuestras letras y cieneias y en la política, y que ha
demostraclo &lt;le una. manera evidente que el ardoroso y fructífero culto del gay saber, por ningún modo está reñido con 11:3 au~teridacles
de la ciencia ni con las activida&lt;les inherentes á la viua moderna.
Casasús'. figurando, como decimos, en los míis altos peldaños
de la intelectualidad mexicana, ofrece principalmente &lt;los fases á
que ha dedica.do sus gr:~ndes energ~a~ me!'tales: e~ al propio !iempo un eminente economista y un d1stmgm&lt;lo y muy erudito literato. Como economista, ha pre,-tado importantes servicios al país y á
la ciencia, y su bibliografía económica es conocida y e~comiada por
el mundo intelectual de todos los paíseFt. BástenoH copiar lo que al
Lic. Casasús decía el ilustre Ftahio Emilio Levasseur, Presidente de
la Socieclael de Economíii Política de París y Profesor en el Colegio de
Francia, al opinar sobre el importante libro «La_ Cuestión de 1~, Plata
en México:» •ÚH agradezco el haberme proporcionado la ocas10n de
leer vue:-tra obra sobre la cuestión de la plata en )léxico. Es una
de las obras mejor hechas que conozco, acerca de las razones que militan en fosor de la libre acuirn.ción de la plata. He citado la obra en
mi cun;o del Colegio de Francia, en donde he tratado, durante el primer semestre, de la moneda en los Estados Unidos. Sobre esta materia tengo una opiniún que difiere de la vuestrt1; no estoy convencido de que los Est.'\dos Unidos adopten el tratado cuyo proyecto presentáis; pero siempre se h~lla instrucción leyendo una obra compu&lt;•:&gt;ta
como la vuestm,,,
Una declaración semejante, hecha por un hombre de In. talla &lt;le
Lernsseur, no s{ilo honra altamente á Casasfü,, sino á nuestra patria.
Además del libro citn&lt;lo, CasasÚH ha publicado otras varias ohras
en que con profnndida&lt;l trat.'\ intere:-:antísimos asuntos económicos,
tales como: l(La Demhi contraída en Londrei"," «La Cuestión ele loR
Bancos• «Ln,; InstitucioneR de Crédito,» «El Problema )Ionetario,»
«La C¿níerencia I nternaeional ele Bruselas,1 ( conferencia &lt;lada en
francés en la t--ocicdad de Economía política y social de Lyon), t&lt;lliR•
t-0ria de los impuestos sobre el oro y la plata,» «La Depreciación &lt;le la
Plata y sus remedio:-:~ y «El Peso )Iexicano.» El señor Casasús ha
ocupado prominentes pnestos públicos y ha desempeñado honrosas y
delicadas comisiones. obteniendo siempre ,·aliosas distinciones. El
primer eargo público ,¡ué de:-empeñó, á la edad de 22 años, fué el de
Secretario General dl' Uohierno en el J&lt;);tado de Tabasco. Después
ha sido, sucesivamente, miembro ele la "Gran Comisión de Crédito
Público• que en 1884 e,-tudi6 la delicada cuestión &lt;le la Deuda IngleBa, Diputado al Congres0 de la Unión descle 1886 hasta. la fec.ha, Presidente de la Comisión del Código del Comereio y de la que presentó
el proyecto de Ley de Instituciones de Crédito, Profesor propietmio
de Economía Política en la Escuela ~- de Ingenieros, Delegado de
:México á la Confcrentin Internacional )Ionetaria de Bnu,elas, miembro del Congre:-:o ele Ynlores )[obiliarios de París en 1000, Delegado
de México y Secretario General en la 2 1~ Conferencia Panamericana,
y miembro de la Socie&lt;lad de Economía Política &lt;le París.
RU

***

Esta ha sido la carrera científica y política de Casasús; en cuan•
to (t sn obra literaria, á la que él suele dedicar sus más caras é íntimas atencione.-., ha sido parca., pero ele valor sólido, que le ha lle•
vado á ocupar u n sitial de Académico &lt;le la Lengua. Hu tra.dureií111
dl' la «Ernngclina» &lt;le Longfcllow es una de las mejores ()Ul' se l'Ollo·

cen; su traclucciún de las odas &lt;le Jloracio le ha valido grandes aplausos de los mÍls eminentes humanistas, eomo D . .To,;é Rufino Cuervo,
que ha escrito que dicha traducción le «i;atisfizo de ~a manera míu,
cumplida;» y el Obispo de Yeracruz, D. Joaquín A~C.'\lhO Paga1.a~ que
c:-:cribió al conocer la traducción de Casasús: «Conozco un poeo a Horacio y le soy muy devoto, tanto que aun me ?isponfa á "dar á la estampa algunas Yersiones nuevas; pero ahora desisto enteramente, porque creo que sale sobrando.»

CANTO PRIMERO.

-Ah! Habla hajo. "\o lo d('spiertes. Es n1i
gran padre Xetzahuakorntl.
-\'ámonos.
·
-\'nmonos.

l ~YOC,\CIOX.

I:a ~ivin~ v_irf!Pn india acaba de enjugar:-:t:
la ultnua lagmna. Lo:-: estremecimientos dl' su
l;º&lt;!erosa volu ntad se han extinguido va en el
ultimo ~emb!or de sus labios. Ya no lfora ......
ya no t1cmb!~ ....... :4u cara 1•s una mÍlscara &lt;h•
bronce ...... I mhaJa ...... trabaja...... Es la ineansable ohrcrn de un manto lH'cho c·on plu1n~s llen,ns de luz. Estl' manto es el que llernrÍl
m1 poesia.
l&gt;i\'ina Yir¡:!en, 1,ija de Xetzahualco,·otl tú
la &lt;le 13; Pº!leros~ rnlunt.'\&lt;l, óyeme: Qiiierd qu~
me guH•:- a la (,rut.'\ cfo las Flore:-; con Alma
porque te!1go de hacer una corona para la frcn~
t_~ de la ''.1~ge11 &lt;,1uc c.~tú l?Íllicla &lt;id mucho peni,;,1r. ~~a di\ ma Y1 rg&lt;'n mdia, l lena de screnirlacl
Yolno la cara, nie mirú fiJ'ament,• v &lt;liJ·o· ·'",'&gt;
t
ll ' ?
•
. t,•'
l'lll &gt; arn,;. ~·a e,; la horn en qu&lt;' las cosas no se
ven, en_i-1 aire hay mucha,; brujas\' en el bosque e:-;ta ,·ciando PI dia l,lo; el sudo·estú empapado de sangre .,· hay nrncho,- guerreros sobro
(•I c¡ue duermen &lt;'I suetio de la muerte. Ya es
la h~ra en que lns eosas no se ven, ·no tem-

~rn~

6

\:amos, señora, quino c¡ue me guíes.
- \ amos.

CANTO SEGUNDO.

El ~r. Casasú,; tiene concluídas las traducciones de las obras de Tibulo y de Catulo, ,v está concluyendo las ele Virgilio.
.\demás de las traducciones citadas, Casasús ha escrito numerosas y bellas composiciones originales en prosa y en verso, algunai; de
las cuales publicart&gt;mos próximamente.
.JoYen aún, pues cuenta cuarenta y cuatro años de edad, todavía
pneck espcrars1• mucho de sn talento, de sus conocimientos y de su
laboriosidad, sostenidos por una voluntad férrea, la «volunta&lt;l condem;&lt;1da y dilatada• de
que habla N'ietzHche.

EL IDEAL.
Y luego, una torre de marfil, una flor mii-tica, una estrella ú quien enamorar ... Pasó, la
ví como quien viera una alba, huyente, rápida, implacable.
Era una estatua antigua con alnrn que se
asomaba á los ojos, ojos angeli&lt;'nle,:, todos term1ra, todos cielo azul, todos enigma.
Sintió que la he!&lt;aba eon mis miradas y nw
e,1..,tig6 con la majestad de su helleza, y me viú
como una reina y como una paloma. Pero pasó arrebatadora, triunfante, como una visión
que de.~lumhra. Y yo, el pobre pintor de la
:Naturaleza y de Psiquis, hacedor de ritmor-; y
castillos aéreos, ví el vestido luminoso del
hada, la estrella de su diadema, y pensé en la
promesa ansiachi del amor hermoso. )las de
aquel rayo supremo y fatal, s6lo qued6 en el
fondo de mi cerPbro un rostro de mujer, un
sueño azul.

La virgen y yo, de camino, atrave:-anclo el
bo~c¡ue de las graneles sombras.
-¡,Ve,;, sefiora'?
-¡.Dónde'!
-Allá ...... en _el fondo del bosqi¡e, hay un
gra,n amonton:nmcnto de lnz opaiinal&lt;eniejante a la que \'emos en suetios, y en el fondo de
esa luz, ~u.1 gran tlncatzin; míralo, parece que
estab~ ~1e1e!~do palabrar-; llenas de misterio \'
de ach_\'Jnac1un ,V t&lt;e ha quedado adormido.
cara tiene algo dPI misterio de los c¡ue 1-':then
sae.,r. lois n1alos espíritus del ctH:rpo. t--us manos tienen ~n terrible gesto, parecen creadmi
para empunar las armas c¡ue 1&lt;iemhr:rn In
lllUl'rte.

Ru

CANTO TE:RGERO.
l..\

1;ut•T.\

IIE L.\,-; FI.OIU:-; l'OX .\t.,I.\.

~eñora, ;,cuál e.-&lt; e.--ta flor tan blnnca·?
-Una \'irgen india vino á llorar penas dt•
amor al hor,le de cista&lt;; ª"'U:ts ,. cuando &lt;•I Gra. 11
" \'iú' ya
.1
" '
( ,a 1&gt;a11ero I tojo nació, la
muerta flotando sobre esta.-. aguaFt.
lo- ,
-Señora, ¿,eu:'d e,; estotra flmecita hla11ca
elr. bordes ,·ioletas, quc tiem hhi elnl&lt;'rmentc•
&lt;'Oll las lnn1inosas got.1s &lt;le agua ,·er,h• que
caen de las ¡wñas ,;obre ella·?
Es ~l alma ,_Jt, una virgen extranjrra. ;-;ien1pn~ Yolna :-ns ºlº~ haC'ia :-11 patria ele donde la
trnJeron; 1•1::~ &lt;Id J~a.ís de las &lt;·osas que no se
t~:an; murru cant1rn. Fué la !':-:posa siempre
\ _11gen ele un guerrero...\1 morrr. en esa flore•
etl:t hla~1ca &lt;le h~rdes violetas dc·jú su alma.
-Rcnorn, ¿cual es esta flor d&lt;&gt; tonos Yario,;
y npagado,,?
-Durante t'.ulo el día \'in• encrrraela, sP
l't_nplea l'll ;ttaviar:-:e, y Íl la caí&lt;l:t de· los saturmnos 1·n:p11scnlm, llena el&lt;&gt; pompa,. s(•nstialidacl, '-C c•nt~Pg-a &lt;'ll Jo;. brazos d,·l Lu.f'ero ele lo:Jl\wrtos. hs su l 1 terna clC'l-lpO!-acla. Es PI alma
ch• las c·osas sin remedio.
::-t--eñora, ¿cu.íl e•s eR~a. tlor tan roja que se
le,.111la altanera,\' &lt;lesp1aelacla sobre todas sus
hermana,;'?
-E,; el alma ele! guerrero do lo;; terrible:brazos que eon 1-l~t macana hacía masa la cabeza el_e f-m•.~nenngos. .\1 mcirir, en esa flor
tan roJ:t deJo su alma.
-¿.).' esh florecita pomposa'?
-~,sel alma de un grn~ioso niiiito príncipe;. Era h:rrnano mío; por _eso es la flor ,¡ue
mas ~mo .\ 0 ; pero ha'.' rle prisa tu coronu, porque ya l~ac·e n~~who tiempo qne el Gran Caballero HoJ~ na~io. Ya las aves sr hatian en las
aguas, Y a nn mr qtwma PI dP:-eo ele seguir mi
manto hecho con plm11as llena~ ele luz.
C'1usÍ&gt;FOHO

I B.~ ~~:z.

Domingo 24 de Agosto de 1902.

�Domingo 24 de Agosto de 1902.

Et MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

de Agosto de 1902.

la Empresa Bieni-Larnbardi ef'crituró por cuatro meses forzosos, pagándole un precio excesirn. Miguel Sigalcli, rnntajosamente conocido
en :\Jéjico, Augusto Balhoni y Artmo ::\Iacentelli son los ot1 os tenores.
El resto ele la Compañía, barítonos, bajos,
etc., etc., estú constitnído por los mejores elementos y contrilmye ú qne el cuadro, tal como
SP. anuncia, sea de lo más completo que pueda
veriie en nuestros teatros.
Por lo que hace al repertorio, Guillermo
1:,ell, Aída, Lohengrin, Ebrea, Don Giovanni,
::"\avorese, Tosca, ~Ia.:!beth, .Sanson~ é Dalila
?_ Bella Fanci ulla di Perth, f-on las obras pri nc1pales. Anclrea Clwnicr, Poliuto, l\Iefistoft&gt;le
y algunas otras completan el archi,·o.

Han comenzado á circular los
elencos del cuadro de ópera que ocupará durante la próxima temporada
de invierno el Teatro del Renacimiento, y del cual son empresarios
lm1 Sres. Sieni y Lambardi, tan conocidos de nuestro público como infa
tigables en su empeño de ofrecerle
norndades dignas de notn.
La Compañía, en efecto, está formada &lt;le artistas &lt;le primer orden á
quie11es la crónica extranjera ha tributa&lt;lo calurosos elogios, _y el archicon que cuC'nta es de lo más notable del repertorio antiguo y del moderno.
Como primer soprano dramático
absoluto, figura A velina Carrera, de
la Scala de ~Iilán y del Real de Madrid, que viene precedida de envidiable forna; y como soprano lírico,
Chalfo Herrera, «la Chalíai• que dejó
entre nosotros tan gratos recuerdos
con su Feclora. inimitablf'.

"º

De Li ncla Bram billa, soprano ligero del San Carlos de Nápoles, se sabe que es artista de veras y que ú
sus dotes de cantante aduna todos
los atractivos de la mujer hermosa.
En cuanto á Conceta Dahalander,
la primera mezzo-soprano, ha hecho
una buena carrera.
Al lado de estas artista~, estú Ya •
lentín Duc, tenor dramútico absoluto de la Gran Opera de París, ú, quien

Domingo 24

GOTICA.
Niña de la testa alll'ina
Y nariz &lt;le Roxelana,
De tez cual la porcelana
Y labios ele cla,·C'llina

~

'

,Jj J;

Tremola en tu mandolina
'
Asomada á tu ventana,
Alguna dulce parnna
De la corte parisina.

'

,

, .

t

~

¡Que tus ojos soíiadores
Viertan dulces sus ful.rores
,., . '
-Dardos que Cupido ase:-;t.a
Y tu radiosa hermo~nr'a
Desvanezca mi tristura,
Sifia _de la aurina testa!

, ~ ~ i lvesfn

JosÉ D. VELAsco.

�EL MUNDO
AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 9.

ILUSTRADO

MÉXICO, AGOSTO 31 DE 1902.

Director: LIC. RAl'AIL Rflt&amp; :!IPINDOLA.

Subscripción mensual (nránea, $1.:,0
l dem

J dem. en la cai•it.al, 11 1.25

Cierent e: LUl:!1 RU'f:!I &amp;PIND0L.\.

...

..,

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,.;

..

·-

..,

ISOLA !
(De l a colecc ión de Pellandln i.)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1902, Año 9, Tomo 2, No 8, Agosto 24</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EL MUNDO
AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 9.

ILUSTRADO

MÉXICO, AGOSTO 31 DE 1902.

Director: LIC. RAl'AIL Rflt&amp; :!IPINDOLA.

Subscripción mensual (nránea, $1.:,0
l dem

J dem. en la cai•it.al, 11 1.25

Cierent e: LUl:!1 RU'f:!I &amp;PIND0L.\.

...

..,

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..

·-

..,

ISOLA !
(De l a colecc ión de Pellandln i.)

�nomingo

:-n

de Agosto de 1902.

et

,.

c7atalismo.

El fatalismo no es un estado de espíritu peculiar y propio d&lt;&gt; los pueblo;; orientales.
Creer en la fatalidad inexorable y en el implacable destino; imponer que no hay posibiliuad de modifkar loR decretos del hado; admitir que á día fijo y á hora fija lmi sucei-orhun de verificarse i-in que nnda pu!'da impedirlo ni evit:irlo, r reconocer que la acci6n
huma.na es impotente para conjurar cat{1;;trofes ya decretadai- y para esquivar males predeterminado;;, es una tendencia univerrnl y un
pecadillo filosófico de que nadie está exento y
en el 4ue todos incurrimos más ó menos.
«Le llegó su hora,» decimos de una persona
que ha muerto, .v r:,i inquirimos la t.rascendente Rignificación de la fraRe, descuhrimoR que
traduce la convicción profunda de que la persona no podfa haber muerto en otro momento, que ya al nacer tenía marcado el término
fatal é irrevocable de su vida,y que no hubiera habido manera de anticipar ni de retardar
un segundo el suceso.
Según esta doctrina, puPde el hombre exponerse impunemente á mil muertes, precipitarse de una altura, arrojarse al mar, apurnr
veneno, y todo impunemente; si no ha f:Onado
su hora,saldrá incólume de todos los peligros,
como la ;;alamandra del fuego.
Llegada la hora, por el contrario, no hay
precauci6n que baste ni recurso eficaz; encerrado en un relicario, al abrigo de todo riPsgo
y alejarlo de todo peligro, el hombre sucumbirá 1,in que nada ni nadie pueda evitarlo.
Llama desde luPgo la atención que el fatalismo, que teóricamente se aplica á torla clase
de sucesos y que comprende en su doctrina
lo mismo lo favorable que lo adverso y lo mismo la dicha que el dolor, en la práctica no se
profese sino relativamente á los sucesos lúgubres, siniestro,;,amenazadores, y á los acontecimientos de8graciaclos y &lt;lafi.oso,;.
l\adie cree sino muy débilmente que la fortuna., la prosperidad, la dicha, sean suceso,;
fatales é inexorahlPs, que han de ,;obrevenir,
quiérase ó no, á día y hora&amp; fijas, á personas
determinadas. \' ense estos hecho;;. por el contrario, como mudables ó camhiadizos, como
caprichosos y volubles, corno sm1ceptihles de
no i;er al menor cambio de las circuni;tancia;:,
y como influenciados por las má;; efímeras
condicione,; ambiente;,. En cambio, la enfermedad, la ruina, rl dei-!'ngaño, nos parecen
Fometidoi- á una ley fatai, irremiRibl!' f irresi,;tible, que nQ hn de varinr por nuestra influencia ni por influencia alguna.
El origen de la doctrina. fataliFta radica en
un error ele ohservación y en un mal procedimiento de investigaci6n. El fatalista juzga
siempre de hechos con;;umados va de 11contecimientoH renlizadof:. dr Rucef'o8 'verificado,;.
~Juert,t una ¡wr1&lt;ona, el fatalish1 formula ,:u
«ya estaba escrito»,~· trabajos le manda á quirn
quiera hacerle ramhiar de opinión. En vano
eerá hacerle ver que el F11ceso ha tenido una
causa, que ésta, como mnt•1.f: otrnR ef&lt; rn
principio, modificable, ~- qne, moclifiracl~ en
tiempo hábil, el 11contecimiento no se huhiera
realizado; que si la persona no se hubiera expuesto al contagio ó á la intemperie, ó no ,;e
hubiem encontrado en el sitio de la cat.'1strofP,
viviría aún. Inútil será pretender drtnostrarle que eF.a. mii;ma enfermedad 6 accidente hubieran podido ca.usarle la muerte antes del
momento que él llama fatal. El fat:i lista contestará que precisamente se reuni6 el conjunto de coudiciones que causaran la. muerte, porque «ya ett'l.ba escrito» que la persona había
de morir; que si no se reunií1 en otra ocasi611,
es porque no era en ese momento, sino en el
otro cuan&lt;l? tenía qu~ sucumbir, y que si es1
capo
antes a otros peligros, acaso mayores, es
porque no había sonado su hora.
El fatalista, en suma, es una anguila dialéctica, fle~ible y. escurridiza que no ha.y manera de SUJetar 111 de reteuer y que se escapa
de las manos.
Y, sin embargo, el fatalismo es la neaaci6n
de toda la ciencia y de todo el progre~o hu-

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

mano1&lt;. La cirncia, descubriendo la causa de
todos los fenómenos, establee·iendo cómo i-e
pueden modificar y cómo sur, variaciones y
modalidadeR anticipan, retardan ó impiden
los Rncesos, ha dado golpe de murrte al fatalismo; y la industria y el trabajo humanol",
alejando las causas de enfermedad, de muerte ó de ruina, lo han enterrado bajo una montaña de inventoR útiles y ele descubrimientos
prorli¡doi-;os r á diario eiplotacloR.
Contra la. fatalidarl del rayo ha in\'entarlo
el pararra:vo; contra la del naufragio, la hélice-:,· la hrújula; contra l11s del hambre y la desnudez, la indu;;tria y el comercio; contra. la
ele la enfermedad, la hi¡i:iene y lll, terapéutica;
contra la de la ignorancia, la imprenm y la
escuela; contra la del crimen, la autoridad y
la ley.
Cada dfa, á medida que más se estudia,
que más se emprende, las inexorables fatalidades que pesaban sobre la. humanidad, se
atenúan, se aplazan, se modifican ó se conjuran: á las fatalidades que aparecieran inevitables del espacio y del tiempo, el hombre
ha opuei-to el ferrocarril y el telégrafo; contra
la maldición del trabajo, cuentlt ron la míiquina, y nadie sabe aún si llegará á conjurar otras
mayores y más implacables.
El fatalista es un género ele filósofo en perpetua. contradicci6n consigo mismo. De ,;er
consecuente con su doctrina, su vida no sería
máR que la más complet.'1. y perenne inacción. El fata.lista « pur sang n no debía. comer, ni beber, ni dormir, ni trabajar, ni emprender ni lograr. ¿ Para qué? La actividad
y el trabajo tienen por objeto precisamente
conjurar famlidades, conservar y mejorar la
vida propia y la ajena.; y si todo es fatal, y si
todo ha. de verificarse irremecliahlemente en
dfas y horas determinados, no hay para qué
molestarse en bre¡rar, en aspirar, en luchar.
No por no comer el fatalista ha. de morir más
pronto; ni por no luchar ha de dejar de lograr;
ni bregando y penando ha de conjurar los males que lo amenazan.
El fatalismo es un gfncro de filo,;ofía que
no vale la pena de refutar ron considerandos
ni con razonamientos. La mejor refutación
consistiría en probar á los fatalistas, y ellos se
han enr,.argado de hacerlo, que toda su vida y
RU conducta toda es una negación de sus principios, una refutación de sus doctrinas; que,
rn una. palabra, es filosofía que muchos profe~an, pero que nadie practica.

PÁGINA BLANCA.
l,M dioses de Provenza 11nclahan rrr::i.ntei-.
Ellos. los im:nirarl.orrfl del amor Y la. noe;;fa
habían dicho á los bardos: «Cantad á la;; da~
mas. IIE•vad á ;;us ca;;tillos vuestros enf:llf'ños,
trjidofl nor los hilos de oro de vuPstro;; laúdes:
no rlej/'.i,; que resuenen en suR oído;; los ecofl
flolos drl clllrín guerrno entre el fra¡ror del
trueno, ha.crd oír al ruiseñor del hoRque. »
;.A oui~n quHéis qui' rant~mM?-contestó
Rugo dP. Mata.plan::1.--En Be1le::iguart nos congregó Yiolante, y Barcelona ovó nueRtrnR «corranda.s. » )fas ¡ay! que :í la englantina le faltaba una hoja. La arrancó con sus labios Gast6n rl.e Roca.mora de los rizos ele Violante.
Clemenci11 Isaura nos lla.m6 á Montpeller.
Cinco trovadores tomamos plaza en las «Cortes de amor». ¡:N"uestros cantares arrullaron el
suefi.o de Jaime de Foix v de su dama! «No
nos pidáis «endrecasn,_ s6lo hay pureza en el
n:ianto de San Jorge y en la nieve de los Pirmeos. »
Y Jo;; dioses de Provenza andaban errantes.
Del Ter al Llobregat, de éste al Garona, del
Garona al R6dano, los castillos se sucedían

'

con sus torres almenad1u;, sus \'entanas góticas
y sus fosos floridos; pero en cada almena se
agitaba una banda, en cada alféizar se asomaba una doncella, y en cada kso un caballero
armado alargaba 8U mano cubierta de guantelete de acero á la escala de seda que del muro
pendía..
Y eternos peregrinm;, los dioses seguían las
cornisas que dominaban el golfo y la «Costa
azul».
Al fin, junto á ::\Iarsella, vieron un lugarejo
de casitas blancas, cubiertas por los jazmines
y naranjos; y un moscardón que sobre el río
tiraba de un pétalo de rosa guiado por maripo::&lt;as de alas tornasoladas, lo,; condujo á Beauca:re, t:l paraíso de los insectos de color y las
cigarras.
Los dio;;es se dijeron: «Ya que en Provenza
no existe, haremos la mujer ele los ¡,oeta!l.» Y
cogieron una paloma blanca que agitaba sus
alas en el techo de una choza, la bel'aron en
el pico y la transformaron en mujer.

***
¡Qué hermosa era Colombina! Sus ojos eran
azulados como las olas que traen los besos de
Beaulieu á PortvendrPs; sus cabellos rubios
como las mieses de .Aviñón y Pera.lada; sus
labios rojos como las auroras de Montserrat y
Bellegarde, sus manos blancas como los lirios
del Canig6 y Cerdeña.
El pobre Pedro, Pierrot, como le llamaban
en la playa, la vió un día cogiendo fresas. Las
golondrinas, los pardillos y los jilgueros se las
disputaban, y Pierrot se quit6 su larga blusa
y ahuyentó los pájaros. De ent-0nces, Pierrot
y Colombina se quisieron. Almorzaban nenúfares del río y comían la flor de los naranjos.
Por la noche Colombina se sentaba en una roca y se resguardaba del frío, envuelta en los
rayos de la luna, y Pierrot la adormecía cantándole canciones al compás del ruido de las
olas.
Otra vez la Provenza renacía; las cuerdas de
las liras podían sin rubor cantar amores; Colombina y Pierrot eran dichosos, y puros y
blancos sus corazones, como el lino transparente de sus trajes.

A H0RACIO

A TI S

.Cuis ))laf/as de 7averne.

LA SIESTA DE PAN

Donde ahora un pastor indiferente
Trepa ligero con segura planta
Si alguna de sus cabras se adelanta
Al subir del collado la pendiente;

Cuando Atis, ya mujer, en la ribera
Del mar ele Frigia se lamenta en v·ano,
Uno de sus leones soberano
Cibeles suelta en rápida carrera.

Demos punto al certamen, Melibeo;
Ya no suene tu flauta, que en la siesta,
Harto ya de vagar por la flc,resta,
Pan descansa en los brazos de Morfeo.

Entre el bosque de olivos, do la frente
Del ameno Lucrétil se levanta
' v canta
Y más que el Hebro pura, brota
De aguas salubres cristalina fuente·

«Ve y castígalo tú», dice; y la fiera
El cuello enarca, y con furor insano
Ruge, salta, destroza, cruza el llano,
Difundiendo el espanto por doquiera.

Y le placen las grut.'\s del Liceo,
Y ésta es la hora y la guarida es ésta,
A donde viene y á dormir se acuesta
Sobre un lecho oloroso de poleo.

Allí Horacio vivió; y allí tendido
A la sombra de un álamo frondoso
'
'
Coronada
de rosas la cabeza,

Atis mira al le6n, calla y medrosa
Huye hacia el bosque. El címbalo sonoro
Y el atambor re,menan; de la diosa,

Frente á su antro crucemos; débil rayo
Del sol alumbra el 16brego retiro,
Y al pasar le veremos al soslayo.

De asirio nardo con la esencia ungido,
Llenas las copas de falerno humoso,
Cantó el amor, y el vino y la belleza.

Marcha hacia el templo, por la selva, el coro;
Y á Atis llevan en triunfo, delirantes,
Coronadas de yedra las Bacantes.

l\Ias calla, Melibeo, que un suspiro
Del viento basta á despertarlo. Acecha ...
¡Qué hermosa Ninfa en su regazo estrecha!

1Jl!1 ABBOL BOTABLE.

de árboles gigan~escos, se extienden en toda
la comarca, ofreciendo á los ojos del tomista
panoramas en que la Naturaleza ha derrochado, á manos llenas, sus primores.
~ada, sin embargo, hay en el Istmo que
llame tanto la atención como el árbol que representa el grabado que hoy publicamos. El

rarísimo ejemplar es una higuera «Chumbe»
que semeja. un arco enorme cubierto de «bejucos" y enredaderas. Este árbol único en
aquellas regiones, por su configura~ión, se en~uent~a en una finca de campo perteneciente
a particulares, y se conserva como nna positiva curiosidad.

'

Es sabido que el Istmo de Tehuantepec estÍI considerado, por su espléndida vegetación,

Llegó el invierno; cuando el sol se oculta,
Provenza se despoja de sus galas y los nidos
ele a.mor cierran sus puertas con las hojas secas que caen de los árholes temblorosos.
Colombina se aburría, Pierrot ya no cantaba y el Mistral mugía, llevándose muy lejos
los suspiros de amor que ellos lanzaba~.
Hay tierras tan mala8 que por castigo el i;ol
las abrasa noche y día; allí las flores s~n color de fuego, las hojas &lt;le sus árboles se doran
con reflejos lívidos que hacen daño.
Allí el amor no e8 brisa que acaricia, es vendaval que abrasa y seca.
Arlequín amaba á Colombina: una golondrina atravesó el estrecn6 y le cont6 las perfe~~iones de la inocente niña, y Arlequín cubr10 su cuerpo con todos los colores de sus
campos, todos los matices de sus luces.
Colon1bina al ,·erlP alargb las manoi-. Pierrot estaba. fuera; había ido á buscar una luciérnaga para alumbrar el nido de su amada.
Cuando volvi6, la puerta estaba rerrada · él
' canto' hasta e1 amanecer; la nieve le cu'
canto,
bría, y al resbalar por srn; m&lt;&gt;jillas, dióle ese
color con que lo habéis conocido.
Al despuntar la aurora, las persianas de yeclra se entreabrieron, y Arlequín aflomó la
cabeza.
Pierrot huyó. ¿D6nde"? no se sabe. Tan sólo al despertar la primavera, le veréi:; en las
riberas dando serenatai; á la luna.
Está un poquito loco. ~o lo extrañéis· la
nieve ele una noche ha enfriado su mente'soñadora.

Domingo 31 de Agosto de 1902.

como una de las regiones más fértiles de nuestro país. Botaques casi inaccesibles, poblados

�Domingo 31 de Agosto de 1902.

EL :MUNDO ILUSTRADO

-

]}L 1ItJNbO lLtJS'l'RAbO

Domingo 31 de Agosto

de 1902.

APOTEOSIS DE UN BENEMÉRITO.
El último ele julio se hizo en Cam¡wclw, .í
iniciativa !lel «Círculo Liberal Campec-hano,"
la apoteosis del Sr. Lic. l'nblo t+arcía, fundador y benemérito de aquel Estado, fallecido
en .Méri da en la misma fecha &lt;lel ali0 de 18!}3.
'l'od:1s las clases sociales se aprestaron Íl secundar la iclea, &lt;le la agrupación illiciadorn
resultalldo una nu,nifestación \'erdaclerament~
suntuosa, c.¡uc har(t época ell los anales de la
historia campechana.
En representac16n del Sr. Presidente de la
República, presiclió el acto en..iobernador del
Estado, :-,q.José Cai:tellot, /los ·sres. ~ecre-

El vestíbulo de l teatro.

ANT ONIO F ABRÉS,
Publicamos do,; fotografím, que muestran al Sr. Fabrés (nombrado recientemente por el Sr. Presidente de la Repú hlica Profesor de dibujo en la
.\cademia X. de Bellas Artes, ensustitución del Sr. Rehull) en su hermoso
taller ele ParÍR, taller c¡ue es un primoroE&lt;o museo de arte.
m Sr. Fabrfs es muy reputado en Europa, 8obre todo como habilísimo
dibujante y como opulento colorista. Su inspiración complácese de prefE&gt;rencia en nsuntos orientales, en tipos españoles del pueblo pintoresco, E&gt;n
todo /lfllll'llo ')ttl' :1(111 a la pompa del color á la poesfa de la expresión, y hay
en su manera de pintar mucho ele aquella magia y conexi6n de Mei,;sonier.
D. Antonio F"lbrés se sinti6 primero llamado á la escultura y logró darse á conocer con
bellas estatuas; pero un día el lienzo venció al
mármol: el color atrajo con irresistible atracci6n al )Iaestro, )' desde entonces éste, dejando el cincel, hizo ele los pinceles-iy con
qué acierto!-su heredad y RU gloria.
El pintor Fal,rés es un formiclahle trahajauor, y Ml influencia en nuestra Escuela Rern
tan rápida como benéfica. El l\Iae8tro quitará &lt;;U taller eRtahlecido en París, ¡&gt;ara aproYcchar en )I!!xico sus rnliosos elernentoR.

Sr. Jos é Castellot, Gobernador de Campeche.

tarios ele Hacienda. y d,, Guerra y )farina,
fueron representados por los Sres. Dr. Tomás
Aznar Cano y Cayetano \'illa,;eñor, respecti.vamente. El{Gob(:'rnador de Yucatiin eiwi6
u na comisión especial fonuacla por los 8rC's.

Decorado del fon do.

Lic. D. Rodolfo G. Can tón, D. :'.\1 anuel Irigoyen Lara y D. Jo~é I. Xovelo, á quienes acompañó la Banda de )IúEica clel Estado. Igualmente todos los Partidos, Municipalidades y
Corpora~iones públicas del Estado de Campeche, tuvieron su representación oficial.
El programa fué de lo más escogido. Hablaron en prosa los 8res Lics. Santiago i\lartín~z Alomia, :Manuel Irigoyen Lara, Felipe
Rmz Flores y Br. Arcadio Escobedo Guzmán,
y en verso los Sres. Lics. Pedro Rodrícruez
Palmero y Antonio Cisneros Cámara y
Salvador ::\Iartínez Alomia y Felipe Bueno
quien recit6 una composición escrita por el
Dr..Joaquín Carvajal. La parte musical fné
de;;empeiiacla por las
&lt;himas campechanas
Carlllen }Ing:iñaJe R.,
l\fargarita Rojas, Jesús
Dondé r .\.delaida Riva;; y lo~ ProfPsores An
to11iu del Río Carlos
' CárI',eri&gt;z y Abelarclo
d:1111s .:II. G., q uieneR
efectuaron a I piano
hnmo$aS piezas ele concierto.
Damos fotografía:;
del Te::itro «Francisco
de P. 'l'oro,,, en el que
se ve!'ificó la ceremonia, y cuyo adorno re:;ultó notable por su
elegancia y buen gusto artístico. Al pie del
monumento que aparece en el fondo del
teatro, se depositaron
numerosascoronas, llamando la atenci6n entre otras, lá.s de lo; Gobiernos de Campeche
Y Yucntán, la del Sr.
l\linistro de Hacienda
ofrE&gt;cida por su repre'~entan te. la del Cluh
«Pablo García," la c!E&gt;I
«Círculo de Estudiante:,;,". ele Yucatán, y un
precioso mmillete ofrecido por el Agente
C'm~~ular francés, Dr.
.Jultan E. Quintero, {t
nombre de la Francia
Republicana.

Brs.

iOH LOS BESOS .... !
Oh! qué dulces los besos, los hondos
los que brotan clel alma que adora,
'
como surgen los pájaros blondos
cuando rasga sus vestes la aurora :
Oh, qué dulces lo,; besos los hondos!
Oh! qué puros los bes~R, los suaves,
los que llevan aroma en sus alas,
agitanclo al pasar, como aves
su plumaje de nítidas galas '
Oh, que puros los besos, lo; suaves!
Oh! qn_é ardientes los besofl, lostiernoi;,,
los que vibran cual notas de lira
los que lloran dolores eternos '
de la e~erna_ pasión que Auspira,
oh, que anh~ntes los liei-os, Jo:; tiernoi-:!
Oh, que tr114es lo&gt;&lt; ltpsos, los pMido~
los que adoran dolientes quimeras
'
y se eHtnmpan en ro:-trn8 eAculiliclos
?unndo mu~ren las dichas po¡,¡treras,
¡ Oh. que tristes los besos los pálido,11
Oh! qué a!ados lo,o be~os, los bes~~
que han nacido al nacer los amores
lo:&lt; que brotan de labios oprnsos
como brotan temulanclo las florei:,
¡Oh, qué ala&lt;l&lt;,s los besos, los beso!&lt;I. .....
FEDERICO UHRBACH.

MENSAJE.
Sei'lor~:
tus ojos arcaoos,
i:i-ue fingen paisajes de eosas c!ivioas,
,.son_ lagos ele menta, profundos, callado~
ó abismos lucientes de oodus maricas~ ·
Señora:
tus pálidas manos,
~ue ofrecen caricias pia~lnsM y leves,
r;s~n pétalo~ s~ave, de lt~s _sitgr·atlos,
u 1osas rnu~ blaneas de ful¡ndas nievE&gt;., ~
Senora:
tus fénidos labios.,
~~e a~n'!'nte-; 1·edt~u helios madri:,rnles,
r.son LOJa~ ¡;ardeo1as, claveles extral!os
6 ánfon1~ neas de r·ojos coralesi'
·'
Señora:
hay dulzuras a1nortecidas
en la nob_!e palidez de tus maoos
)' luz radiosa de pasiones descon;,cirlas
de larg~s confidencias adormecidas ' '
en el cristal azul de tus ojos arcan~s!
J. M. VARGAS VrLr,A.

•

�~~~~~~~~l;!~=======,,!E~L~M~U:N~D:0::1L=U~S~T~R~AD~O~===::::::::=:::•Domingo 31 de Agosto de 1902.

dominar mis nervios, por tener la segu~idad
de que era ésa la única manera de sahr del
tormento me hizo servirlo de nuevo una, dos,
veinte ve~eR, siempre con ((la idea», nub!ándome la vista, martirizándome, enloquec1éndome hasta la última vez, en que de pront?,
'
' n i c6mo
sin saber
cuán&lt;lo, 111· por que,
. ' sm
.
que ((la idea» me nublara la vista m me hiciera enloquecer, me ví rodeado de gente, sujeto por dos manos de fierro y desplomado en
el sillón á mi cliente, con la vena &lt;lel cuello
destrozada de un navajazo, de la herida manando un río de sangre que formaba un charco en el suelo. ~!iré al hombre y no me e~tremecí ni intenté huir. Debo de haber abierto
mucho los ojos, porque distintamente oí decir con espanto á alguien:

·...~,,.~· :~'
~

,:.e ~-.

~·

-r.. •

,.

... .
~

'l ·. . . :•~~:: ..

."·./:~:\

El muerto iba á asearse á la peluquería cada jueves y domingo. Era un señor gordo, muy
gordo, excesivamente rojo. ,ere? que debe de
-¡ Está loco, está loco!
haber sido rico, porque vestia bien; usaba _una
y no estaba yo Joco, señor. No, ni estoy.
gran cadena de oro, y en las buena~ pr~pmas
Dejé
de sufrir. ?lle puede infinitamente la
no era parco. Siempre me buscaba~ m1. ......
muerte
del pobre viejo, un buen hombre. No
¿Por qué me buscaba, señor, por que me bussoy
asesino,
amo el bien, me conmueven los
~ba? ...... Me hacía charlar y reía de mis ocuniños.
¿Por
qué lo mate? .. .. .
rrencias como un niño.
El prisionero clavó su cabeza en las manos
Un día.... ¡Ah, señor, qué horrible, qué hoy no volvió á hablar.
rtiblel Con la navaja en la mano, le con~ba
no me acuerdo qué mentira, cuando me -~111~
Esperé un ;ato; continuó el mutismo. Le
«la idea,,. La deseché angustiado, se cubno ~1
dí una palmada cariñosa en un hombro y sarostro de un su&lt;lor frío y el corazón me palpilí de la celda, de la cárcel, de la obscuridad á
tó con fuerza. Se fué el señor y «la idea&gt;&gt; se
la luz, á la plaza, abrumado, triste, eniermo.
fué con él. Creí que no vol vería á perturbar~
me más y riendo de la idea como chusca e
imposible, me llamé imbécil; per? volvió :1
En la plaza, unos rapaces que salían delcoseñor y «la idea» volvió ~on él, y siempre asi,
legio jugaban locamente; una parva~a de ~o~on él se iba y con él regresaba la maldita, 1~
londrinas atravesaba el cielo; la multitud distorturante, la tremenda idea. Luché, luche
curría indiierente, y el sol caía augusto Y sodesesperadamente y bebí más, señor, hasta
berano sobre todo aquello envolviéndolo en
el exceso, hasta el delirio. La ahogué;. ;s deoro.
cir, creí ahogarla, pues C&lt;la idea,, volv10 ira-¿Qué debo decir en la defensa?
cunda ' terrible, machacándome el cráneo,
triturándome el corazón, destrozándome la
1902.
JosÉ ,J. GAMBOA
vida ..... .
El alcohol era mi único refugio. Hubo vez
en que pensé que «la idea» no, ;ºl~erí~ ya
nunca, en que era yo feliz. Serv1 a m1 clien~
con toda tranquilidad; reíamos los dos; casi
llegué á quererle. Una de tantas veces, cuanfo
más ajeno estaba á la tortura de antes, solo
vi de su cabeza el enorme cuello, el cuello rojo, que me atraía, que me llamaba'. fuerte:
mente horriblemente. Solté la navaJa, cerrc
los ojo~ y me dejé caer desplomado en el _silló1~
de junto al tocador. Ya repuesto, suph'1 ué a
un compañero que continuara lo. tarea
m:
fuí á mi casa. En el camino me pregunte que
era eso, ¿por qué me iba á mi casa? No sentía
nada ya en la calle, era yo el de antes, y regresé al trabajo.
.
.
Decidí excusarme de segmr trabaJando con
el muerto; pero un pensamiento imbécil de

lLUST:l?.AbO

E

L VERTIGO ele las n.lturas es un
pretexto pn.ra poner en acción la
nervio8idad. Es mfü; que atrayente, repulsivo, es má~ que dominador, Jo1~inado; tiene mucho de voluptuoso,
porqu~ s1 en el momento de estar bajo Ru influencia se tiene la curiosidad de cerrar lmi
ojos, se puede experimentar la sensación de
la caída, y sabido es, por relatos que están en
tela de creencia, que en tales momentos suele
parecer r¡ue se está flotando Robre nubes verdes y rojas.
Esto necesariamente es bellísimo, y más
cuando el senRacionista «vuelve en síi, ,. se encuentra de codos en el barandal de un· halcón
de cuarto piso y siH más novedad que haber
trabado una pierna entre las rejas y no poderla libertar sin algún sacrificio dolo1oso.
Luego, pueden abrirse i111pl.nemente los
ojos¡ la vida de la ciudad pasa ante ellos con
lm, detalles más inesper.1elos. Todos m11even
á risa porque se antojan una fiesta de caleidoscopio grotesco.
Todo el volumen de un hombre puede en-

cerrarse en ese círculo de media vara de diámetro, y si el sol hiere la figura con rayos
oblicuoi;, la hace proyectar una sombra r¡ue
se arrastra i"Obre el asfalto y i-e ve á manera
de una cauda de eometa que tuviera por núcleo un sombrero.
La tersura del piRo empolvado eR una tim
ele esos ciclos grises que cobijan,como capelos
de vidrio opnco, el paisnje de la tarde de estío.
En esa tira pasa la sucesi6n de per-.ipectivas.
A lo largo de la mirada que cae, está la cruz
que sostiene los hilos del telégrafo; pa1•ece el
puente de un violín enorme. Y Jo¡; hilos rayan &lt;le tal n1anera el suelo, que producf'n la
misma i-ensación que cuando se mira el bol'de
de la yfa féirea desde la ventanilla de un tren
en violenta marcha. Debajo de e!'a r&lt;'d se ven
las figuras caminando con Pnervante lentitud:
s6lo desde lo alto se puede apreciar lo poco
que avanza el paso ele los hombres y de las
bestias. La mirada sigue con cansancio el
movimiento sincrónico de la marcha; la visual persigue á lo lejos una figura que Yaría
paulatinamente hasta que se pierde en el extremo ele una raya que traza.

•••

De entre los defensores de oficio fui el degido.
Condujéronme á la celda del reo Juan Linares, peluquero, veintiséis años, prvcesado
por homicidio.
El preso me miró fijamente, muy fijamente. Era un joven delgado, alto, de frente despejada, mirada dura, ojos hundidos, rómulos
salientes, las fosas nasales un poco dilatadas,
los labios gruesos, la barba muy aguda.
-¿Usted es el licenciado X. -.... ?
Después de mi contestación: _me hizo sentar
en el poyo de la celda y me d1Jo:
«Sí, sí, señor, á usted es al que he elegido.
Tal vez me comorenda usted. Yo soy bueno,
siento que soy bueno; pero siempre nervioso;
ahora más que antes, porque bebí, señor; yo
no bebía.-¿Que por qué bebí. ..... ? Por lode
siempre, por ahogar un ~olor, por matar una
pei1 a. He i,ido muy nerv10so, mucho, desde
niño. Los médicos dijeron que tenía «ne uras ... »
quién sabe qué. Padecía miedos infundados,
terrores, algunas ideas que me atormen~ban.
Si estaba en una altura, deseos de arroJarme
desde allí; ganas de matar..... Eso era lo m~s
espantoso señor ...... ¿Usted nunca ha sent1,
.
d
do esas cosas? Dominé mis nervios, que, e
esa manera por lo general me molestaban en
l 1 me
temporadas' cortas. Me enamoré', ¡caro.,
toc6 enamorarme de una mujer coqueta, que
me engafi.aba. Sufrí, sufrí lo indecible y bebí.
¿Por qué? No sé; bebí sin darme cuenta, el
vino producía en mi ser un gran consuelo. _L&lt; s
compañeros de trabajo- soy peluquero, senor,
para servirá usted,-los compañeros de trabajo me lo advirtieron:-,Nas á volverte loco,
Juan;» pero no los escuché.- - Usted, señor,
perd6neme, nunca se ha curado una pena bebiendo? ...... Pasó lo natural, que me echaron
de una peluquería, y de otra y de otra, hasta
el delito.

!

de

~L MUNDO
:bom1ngo :H
Agosto c1.e 1902.
~ __,¡a:::!!!!!!,=::===!e==================,,,,,;==;,,,,;,=,;,;:,:;,,;:,,,~=============,,,,;;;,,,,,,===~=====
Cuando es el momento en que la mirada
ene perpendicularmente, la sensaci6n extraña
llega al colmo. Un paraguas es una flor negra
que carnina; el coche que par-a, es un pinacatP; el foco eléctrico es una cabeza calva que
tiene calado un grotef:co r-orhete.
La mirada pasea ele vez en cuando por el
manto acci&lt;lentaclo de las azoteas, para clescan;;ar de las sern,aciones extraña;.; se ponen de
tú Ít tú con el tercer cuerpo de un campanario; vuela á la campiíia y sorprende un tren
de ('arga que marcha culebreando por entre
las arboledas, que la lejanía convierte en césped.

Vuelve á caer en la franja gris de asfalto.
Par-a un ciclista á toda máquina y cleja la sensación de que va en el aire, al modo de esas
golondrinas que vuelan muy baje y &lt;1ue hacen violentas quebradas para no chocar contra lo que invade la calle. La golondrina y el ciclista tlehen de sentir el mismo v~rtigo; deben
de llevar el mismo torrente tle aire en los oídos,la mi1&lt;mamonstruosidad de impresiones en
la retina ;quizá los aguarda una misrua muerte
......... Aunque no; _ro ví este caso: traía la
golondrina su vuelo bajo, vertiginoso, tremendamente fugaz; de pronto fué á chocar contra
un poste de hierro; el golp&lt;l fuG formidablr;
de haberlo sufrido el cuerpo de un hombre,
quizá huuieran sido incontables los fragmentos de huesos en c¡ue se habría co1'iYertido el
esqueleto.
La golondrina pareció lanzada por aquel '
chor¡ue á recorrer el mismo camino que había traído¡ esto duró un momento, y de la
manera más brusca abandonó el vuelo bajo y
emprendió uno de ascenso vertical; se remontó mucho; luego, parece que se detuvo; después, el cuerpo del a,·e se precipitó en el vacío, con las alas impotentes, voltejeando ......
seguramente había muerto!
Parece q ne el ave quiso ir un último instante á sentir h espléndida grandeza de r-us dominio~; quizá haya clavado la mirada en aquel
rincón del cielo por donde llt'gú ......
El cicli8ta muere de la manera mús prosaica: cae hajo las ruedas de un carro, el asfalto
~e tiñe el~ sangre, E&lt;e ngolpan loR curiosos y
una camilla pone fin al espectltculo.

***

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Pero ha pasa.do el ciclista nuestro Rin no,·edad algunn. A su vértigo, le sigue otro: el del
1ctrolley1,, ruidoso, ca,;i terrible.
D;sde la altura, el tren eléctrico parece un
coleoptero c¡t_ie huye, escapado de un gabinete de naturalista, con el alfiler clavado PU el
lom?. Pasa chi_rriando¡ la gente se aparta de
la v1a; los pasaJeros que suben, parece &lt;¡Ue entra1! á gua_rclarse en una caja.
Una últ1_ma sorpresa: he visto todo el proceso d~l Cl'lmen n1lgar. El ratero echó mano
al reloJ del trarn,eunte; éste echó mano á la
m:i,no del r~tero, y el guardián del Ol'den público puRo a todrn; á mano1 conduciendo al la&lt;lr6n_ á la Comisaría. ¡Oh, si aquellos hombres
que JUz~an de los actos &lt;le la vida pudieran
Yerlos E&lt;iempre desde un cuarto piso!. .....
E~ hora de ab:1ndonar el balcón, he ar-pirado a1r~ sano y v1~to mucho; sé que el vértigo
del_ ab1srn_o es una pamplina y ...... echo una
última mirada al vacío desde la má'l alta meseta de la escalera..

Javier de lllma

.

.

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. _,;:~)~?{i:t~~~·-.

�figosfo 31 de 19()2.

"el J(fundo j/usfrado"

HOSPICIO DE POBRES.
Desde hace algunos años viene h:i.ciéndose Roberto Gayol y Don Mateo Plowes. Los
sentir la urgente necesidad que hay de trans- trabajos de albañilería se encuentran muy
Ja&lt;lar del local que actualmente ocupa en la avanzados; y con el fin de que nuestros lecex-Acordada, el Hospicio de Pobres, á un tores puedan formarse idea de la magnitud
edificio que reúna todas las condiciones que del nueYO Hospicio, pasamos á describirá
grandes rasgos el proyecto respectivo.
requiere tan útil y benéfica institución.
El nueYo edificio, por su disposición esEl Señor )linistro de Gobernación, en vista de esto, propuso la compra de un terreno pecial y por encontrarse completamente aislado, tiene una fachada principal
que tt1Yiera la amplitud necesaria
•
i
que ve á la Calzada de San Antonio
para construir en él un moderno ediAbad, y cinco secundarias,. habiénficio, encomendando el levantamien\TI[
&lt;lose adoptado para la primera el
to de planos y la ejecución de las
~
Estilo Escolar; consta ésta de dos
obras á los señores Ingenieros Don

~la.
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i 1_

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;,~~~ ~

cuerpos, y su costo resulta relativamente económico, pues
los materiales que en ella se han empleado son: mampostería
para los rimientos, ). cantería para las mochetas, moldurai1,
salientes, balaustradas )' remate~; d resto &lt;le la construcción
es de tabique.
El piso del nuevo edificio se eleva á dos metros !-iObre el nivel del terreno en que se ha construido y se halla sobre bóveda de sistema cohesivo, siendo ésta nna de.las
primeras construcciones en que se emplea este sistema.
Al frente hay
tres grandes jardines que corresponden, el del
ala Sur, á la Escuela :para niños;
el del centro, al
patio de Honor,
=c=-::ir , r ,

UII QRAII EDIFICIO.
y el del ala Xorte. al departamer..to para Escuela de Xiíias.
En el j:udín del Patio hay una fuente, y hacia el fondo,
en la. parte central de la fachada, una &lt;&gt;scalinata t1ueconduce
á la. puerta principal del e1lificio. En el Yestíbulo i-;e halla. la
escalera de honor, qm· da acceso á la plnntt, alta.
La techumbre del ,·estíuulo estará formada por una gran
bóYeda de tabique, que se reformó posteriormente y que se
construirá tal como a parece en el cliché que publicamos por 1,;eparado.
En la parte sur del edificio i;e encuentra la Escuela de ~iños y el departamento de Párvulos,
formados por grandes salones destinados á clases,
ejercicios físicos y
recreo, etc. etc habitaciones para los
empleados, pie1,as
para los vigilantes

y serdclumbre, y eHca.leras para la partr

alta.
Rn &lt;&gt;Sta. misma planta ¡:e encuentran la
Dirección, oficinas, almacenes, comeclorei,;, eocina, despensa y otras clependenciai,;,
Al fondo del edificio estarán la la,·andería, rodeada de grandes patios. La parte norte del local está destinada á la. Escuela de Xiñas, rasi igual en su clistribnción á la que antes hemos descrito, y los Talleres de bordados,
modas y confeccionei,, flores artifi•
ciales, cajas de cartón, etc.
En el ala sur de la planta alta se

encuentran otros salones destinados á diveri::as
clases, amplios y bien ventilados dormitorios,
lavabos, un mirador, baíios y otras dependencias de la misma escuela.
La parte central la ocupan un Hall, en el
cual desemboca la escalera de honor; sigue el
Gran Salón ele Actos, la i-ala &lt;le recibir del Director y las habitaciones de éste.
·
l~n el costa&lt;lo norte, y correspondiendo á la escuela de .Xiña:a;,
hay otros locales destirn\dos á clases, dormitorioR, vestidores, y lavabos, mirador, \\'. C. y otras dependencias.

EL CANÓN BAN E, DE TIRO RÁPIDO.

El Coronel Mondragón describe el mecanismo de los cañones.

dilatado de la carga. En seguida pasó el innovador á describir la
pi.,za transforma.da, indicando que en ésta, para efectuar la carga,
sólo son necesarios tres movimientos.
•.
Continuó la descripción por el montaje, que difiere totalmente
del antiguo, pues ahora el caS1ón tiene un aspecto moderno y se
halla montado sobre un trineo que resbala á lo largo de una cuna,
la cual encierra en su interior un freno hidráulico, de forma entera.mente nueva, que rinula el estuerzo de retroceso y da inmo,·ilidad al sistema; al exterior hay un resorte
que recupera al cañón en batería cuando ha termina.do el retroceso sobre la cuna. El sistema
de un mecanismo de puntería en dirección, y
otro de fren :&gt; de camino.
·
El mástil de la cureila ha sido alarga.do dotándose de una azarla que mordiendo el terreno, presta un punto de a.poyo al caíión en el
momento del ti ro.
Como cosa notable presentó el Coronel un
sistema de miragoniométrica, provisto de un
anteojo qne permite hacer las punterías con snn_ia facilidad, gran claridad, y hacer referenciai::
Rm que el apunta.dor camhie de posición, sino
que por una combinación ópticas~ llega al resultado de referirse, ya sea á derecha, izquierda.
ó retagun.rdia, con toda precisión y claridad.
Este aparato, en el cual no hay necesidad ele
la intervención de un guión, permite hacer perfectas punterías por cualquier persona,sin necesidad de que sea apuntador.

El domingo anterior se verificaron en el polígono de
San Lázaro las pruebas del cañón sistema Ba.nge, transf~rmado en cañón de tiro rápido en la Maestranza Nacional, conforme á un ingenioso mecanismo ideado por
el coronel D. Manuel )Iondragón.
Sobre una plataforma de cemento se colocaron dos
c~ñone~, uno del antiguo sist~ma y otro del moderno,
d1spoméndose todo lo necesano para las experiencias á
las cuales había sido invitado el Sr. Presidente de la
República.
A las diez de la mañana se presentó en el polígono
el Primer Magistrado, á quien acompaíiaban entre
otras personas, los Sres. Ministro ele la Guerra 'y capitán Porfirio Díaz.
El Sr. Presidente se dirigió desde I uego á !a plataforma en que se habían instalado las dos piezas 1-mjetas
á prueba, y el coronel 1Iondragón hizo en a.Ita voz la
descripción de la antigua y de la nueva arma interesando á todos los concurrentes.
'
El viejo cañón Bange tiene, entre otros defectos propios de su si~tema, el fuerte retroceso, que hace perder mucho tiempo para volverá dispararlo, la dificultad que ofrece para obtener una buena puntería, y lo

75 m1m que acaban de estudiarse en concurso con una rapidez de
19 disparos por minuto.
'
Lus resultados fueron espléndidos: la dirección del tiro no cambió.
Solamente la altura varió en razón de que el terreno cedía.
Lo~ blancos colocados á 1,000 m., en los que las granadm, obraron
por tiempos, estaban literalmente acribillados de bahl.s.
Despm'.·s se pasó á hacer una prneba &lt;le resistencia y estabilidad,
e111plazamlo el cafl(,_n e1í una plataforma de cemento, sin aplicar el
freno de ruedas; y con sorpresa de los concurrentes, el cañón no se movía, prueba que ninguno de
los cañones experimentados que vinieron &lt;le Europa, pudieron resistir.
Por último, se &lt;lispu~o el tiro r(1piclo á 1,000 m.
::,· se ejrcutú con la rapidez (•norn1c de Yeintidí s
dispai·os por minuto, dejando altamente ~atisfechos (1 los el'pectadoref&lt;.
El eoro1wi )Ion1lragón fué felicitado por sus ~l'periores ,Y por sus compafieroR de arn1ai,.

***Ban1,1;e se coni-idern d,·
La refonrnt dc•l raiiúii
tra~cP1Hl1·nta.l importancia, pues con muy poc,
coi-to para la .Xación, ésta po~eerú un número co11i-iderahle de cañones, eon todos los adelantos moden,os, obteniéndose una eco11omía &lt;le más de ..
400,000 pesos, porque los gastos de la trn.nsformaciún del sistema solo llegarán á 50,000 pesos, y
comprados, no se conFeguirían en menos de ......
500,000 pesos los cañones que se de~ea transformar.

El señor General Díaz presenciando los efectos de los disparos.

Todas las nuevas ~fezas de gue se ha dotado el caiión Bange en su transforma~1on, han sido construídas en la maestranza, por obreros mexicanos y bn.jo la. dirección del señor coronel )londragón.
LA LLUVIA

La ta~·de gris su cabellera afloja
&lt;le luz ciñendo pálida guirnalda,
y al. echar sus cabellos á la espa Ida
llu':ias ele perlas nítidas arroja.
Con cada ¡,~rla se descuelga una hoja,
cua\ desp1:end1do adorno ele una falda
haciendo _mcru~taciones de esmeralda'
sobre la tierra que la lluvia moja.
, La noche que ~?n túnica de nieblas
a los bo~ques cob1Ja, en las tinieblas
los :"caricia con RU aliento el frío.
Y amane.cen temblando en Ja montaiin,
sobre los hilos de la agreste araña,
frescas sartas de gotas de rocío.
Un disparo con el Ban¡¡e transformado
Antes de las pruebas.

ROBERTO BRE:iES ME~Jo:X.

�Domingo 31 de Ágosfo

de

i902.

Et MUNDO ILUSTRADO

Domingo 31 de Agosto de i90i.

EL .MUNDO ILUSTRADO

Edificios que desaparecen.
EL COLEGIO DE LAS BONITAS.

..

Uno de loi- más viejos edificios de la capital acaba de f'er dnribado por la piqueta demoledora del embellecimiento de la población,
dejando una brillante historia de su existencia.
Eu la época del virreinato, el lugar que ocupa el edificio quedaba fuera de lo que en aquel
entonces se llamó la «traza de ~Iéxico" y que
ei,taba limitada hacia ei,e lado por la calle del
Puente del Zacate, situado en el barrio de la
Concepción Cuepópam.
m origen del edificio mencionado es por
demás curioso: en aquella época, la constante
promiscuidad de españoles é indígenas trajo
consigo el aumento de hijas que, generalmente faltas de ilustración, rodaban al fango del
vicio perdiéndose en él.
Un virtuoso sacerdote de Guanajuato, el Sr.
D. Manuel Bolea Sánchez de Tagle, teniendo
en cuenta eso, ideó conRtruir un edificio en
donde recibieran educación todas las niñas
bastardas que nacieran en México y en algunas
ciudades de la entonces Nueva España, hijas
que por su hermosura corrieran el riesgo de
prostituirse; de ahí la denominación del «Colegio de las Bonitas" que desde luego se le dió.
El padre Bolea propagó entre los ricos de
entonces la idea que tenía, y que fué aprobada con entusiasmo, resultando de ahí que
poco después se habían reunido para emprender la obra ciento cincuenta mil pesos que
empleó el Sr. Bolea, desde luego, en la construcción.
Aun no terminada ésta, llegó la época de la
Independencia y hubo que suspender la obra,
que pasó,á la muerte del padre Bolea,á poder
del clero, quedando el edificio á medio construir, Rin que llegara, por lo tanto, á alojar
una sola de las bonitas á que estaba destinado.
El tiempo pasaba y entonces la Señora Ana
l\laría Gómez, condesa de la Cortina, ideó la
instituciún de las Hermanas de la Caridad,
para lo cual le hacía falta un edificio especial,
y no encontrando otro mejor que el principiado Colegio de las .Bonitas, se lo compró al
arzobispo, y de su propio peculio y de acuerdo con su esposo, concluyó la obra, instalando en él á las Hermanas.
La condesa cedió el edificio á la institución;
pero en el documento de ce,iión extendido por
ella, figur6 una cláusula por medio de la cual
se decía que, cuando el edificio por cualquiera circunstancia dejara de pertenecer á las
Hermanas de la Candad, aquél pasaría á poder de los herederos de Ja condesa de la, Cortina.
Esto fué lo que sucedió más tarde cuando
la desamortización de los bienes del clero;pero
aquellos, mediante convenios , lo hicieron

-Cuánto lo siento!
-¿Conque te gusta Margarita?
-Es tan bella!
-Seguramente; no creo que haya media docena en el pueblo corno ella. '.fodos los extranjeros se detienen, durante la estación, delante de mi casa para r,ontemplarla ...... Mas
para qué he de retardar el golpe; querido pastorcito, aque~ que quiera el bouquet, ha de
traerme el florero ...... l\Ie comprendes?
-Es que tengo algún dinero.
--Sí, algunos cuantos escudos con que hacer hervir una olla durante ocho días.
-Estoy cierto que habrá mús.
-Bah! todo eso son historias. Déjame tranquilo y vete con tus ovejas ....... Cuando tengas el florero, hablaremos del bouquet.
Y el zapatero empujó dulcemente al pastor
hacia fuera.
Lentamente, con el corazón oprimido por
la decepción, el pobre pastor subió la colina
en dirección á su ranchería. Allá, sobre los
flancos de los crátnes extinguidos, sentado
sobre lm, brezos ó sobre los haces de retama,
en tanto que su rebaño pastaba, él había acariciado mucho tiempo la idea de que l\Iarg~rita fuera algún día su mujer. Y la l\1argar1ta lo había entretenido con esta esperam.a. Se
conocían de fecha muy atrasada, agradábanse mutuamente, y se amaban de una manera
sencilla, sin decirse muchas frases.

•

Un ángulo del edificio.

pasar á propiedad de la Beneficencia Pública.
El edificio es célebre por los incendios que
ha sufrido, pues en el último período de diez
años, éstos ascienden á más de doce, entre los

cuales figuran como notables el de una trapería que ocupaba varios departamentos que
fueron enteramente consumidos, y que duró
toda la noche.

PEDRO
La trompa del pastor resonó en lo alto de
la aldea.
Una á una, las bestias fueron juntándose
en la sombra crepuscular de los establos y de
las caballerüas; Jai, vacas, lentas y dóciles; los
carneros, más recalcitrantes, poco individualistas; las cabras, caprichoras, fantftsticai,, dibujando á veces piruetas retrógradas, como
esa&lt;: muchachas que están con tanta cara en
el momento de entrar nuevamente el internado.
Una vez que estuvo enteramente reunido el
relJaño, el pastor silb6 á su perro Labri, y juntos descendieron al valle. l!;ra una tarde de
abril con una frescura exquisita. El agua cristalina de los manantiales, formando pequeñas
cascadas á través de las rocas graníticas que
bordeaban el camino, daban la ilusión de pequeñas esquilitas que repicaban á lo lejos. El
aroma de las violeta!'! impregnaba el aire, y
de los álamos inclinados sobre el río, salía el
triuJ dulc-l y ¡ut:r nte de los ruiseñores.

ras enteras el valle que se e~tendía á sns pie~,
el valle soberbio, en un rephegue del cual l~e
movía la sombra amada; pero no er:i el va e
lo que veía eran los ojos de l\fargauta.
Ahora h;bía que perder toda esperanz3:. ...
El carácter obstinado del padre Mateo le impediría cambiar su decisión.
,
, .
Margarita se casaría con otro galan mas :'.co que él, porque no podía pretender hace1se
rico en el oficio de pastor ... •..

*** .

Una tarde que soñaba tristemente en :'.\Iaraarita reclinado sobre un lecho de anémonas
~ilvestres, vió un coupé que pasaba por la carretera en tanto que la hermoea dama que lo
ocupal;a lo miraba fijamente._
.., Repentinamente, a, una senal d~ la_ dama.
se· detiene el coche. La joven salto v1 vamente-á tierra v seºdirigió hacia el pastor.
Intimidado y estupefacto, se levanta, pone
su sombrero bajo el brazo y espera.
-Buenas tardes, Perico.
-Buenas tardes, señora.
-¿Xo me reconoces ...... ? María la hija de
tus amos.
,
y Je tendió la mano, una man.o mas blanc_a
que el marfil, en cuyos dedos. bnllab~n s~rt1jas que lanzaban fuegos semeJantes it relampagos.
Seguramente que la conocía...... siendo los dos
pequeños habían cuidado
sus cabra~ lado á lado. Hacía de esto quince años.
La nifia había hecho su fortuna....... ... Se decía en el
país que hab~a casa~o con
un barón m11lonar10...... .
'._
~ " ... -,.
¡Pero también qué voz! A
los diez años nos lanzaba
trinos capaces de despertar
á todos los volcanes de la
cordillera...... Parece, pues,
\11
que María tenía una mina
.in.
"',
de oro en la garganta.
~"- .
-Y bien, Pedro, siempre pastor?
t.~"
-Siempre, murmuró.
-~o te has casado?
1
- X o. El padre ~Iateo
me ha rehusado á :Margarita, diciendo que me faltaban recursos.
-Debt:rías tomar seis-de
..
las mejores cabras é ir á
tentar fortuna á París, du.....
rante la bella estación. Ahí
tienes mi dirección: 84 bis,
boulevard Enrique IV. Si
quieres, seré yo la primera
á quien veas. Tomó la tarjeta y la envolvió delicadamente en un billete &lt;le á
cien francos, dándolo á Perico, y partió de nuevo en
el coche.
Pedro quedó boquiabierto, anonadado; aspirando
el delicioso perfume que la
damadejó á. su paso.
Luego púsose á palpar
El Templo de las Bonitas.
el billetito azul......... El
era para él la sensatacto de este papelCi
•
• 1 ·Sus cabellos eran
con
Oh! hermosa cnatma. l'los hilos de la Virci6n de
una caricia...... en 1rancos:, Eh' ~bl.
negros, largos Y finos com·~no· más vivo que
Con los escudos que tenfa en el bols1 llo, bie~1
ti t de un morse
'.
odía tentar la aventura. Haoía oído. decir
gen; e1 n e,
decen
ciertas
veces
en
~uchas veces que los cabrero!'! reahzab~n
esos reflejos qu1 resp1~n1te· sus dientes, más
randes beneficios paseando sus cabras. á t1 ael cielo sobre e Pº~tri. ' ~111• cuello fusado
~és de las calles, sil ba~do, un tema, siempre
blancos que los de
'nta torneada y ro.
flauta de
que emergía de una gr~ás ligera presi6n lo
1 obre un acordeon O en una
igua'
·¡
. t
Pan ys esto no era muy d'f'
l 1c1 por cier o.
busta; manos en que ª. 0 delirado esbelto,
·Po;
qué
había
de
lograr
lo
que
ellos?
El
110
hacían temblar; un curpn annoniz~das; pero
bién teñía una hermosa flauta ~e Pan que
cimbrador, de formas 1\a de Margarita, sus
h~ía hecho él mi!,mo; y en mater~a de t?t&gt;ar,
de toda es~ belleza mordro el más grande de
estaba seguro de que no lo superanan los caojos constituían r,ar~?n~es eran esos ojos Y
los encantoR..Qube g
e1-as profundidades
breros de París.
. .,
.
qué flamas bnlla an en .
Durante ocho días lo pers1_gu10 esta idea.
delante
de
negras!
\ ' ac1.1a ba, ya sintiendo el vfrt1go
.
•,
taba sob re e1 dorso de aleste formidable punto de mterrogac1on que
A veces se recos d 1 a y contemplaba hogún grueso bloque e av,

-~....

.?
.,..,

\

ifr

A la entrada del pueblecillo, contra las ventanas ya cerradas de una casita baja, cuya fachada estaba decorada por un sueco gigantesco, tocó el pastor.
Se abrió la puerta, y en el dintel apareció
un robusto viejo, con mirada hostil.
-Ah! eres tú, Pedrn, dijo dulcificándo~e
un poco al reconocer al pa:stor ...... ¿Qué Yienes á hacer á. esta hora?
- •.\. hablarle á usted de Margarita.
-¿Y qué quieres referente á :\Iargarita'?
-Deseo hacerla mi esposa.
Pedro dijo esto con resolución, pero azorado, bajando después la vista y dando rueltas
al sombrero, que tenía en las manos.
-Bien estamos! Acaso es hora ésta oportuna para venir á pedir á una niña en matrimouioi' Sabes ante todo si )Iargarita consiente?
- Oh! en cuanto á eso ...... tengo completa
seguridad. Llamaclla.
-Se ha ido á pasar la noche en casa de su
abuela.

~

',

ta

RESTOS DEL COLEGIO,-Aspecto general.

constituía París, ó ya conmovido, angu1-tiado
al solo pensamiento de abandonar su, aldea.
Consultó con Margarita y tsta lo alento en su
proyecto.
.
..
Al día siguiente, Perico cond~JO 1~s se!s
mejores cabras del puebl? á la gan~a m~1s proxima, y partió con Labn para 1:1 gian c1~dad:
La primera miiñana que Penco se v1ó en
las calles de París con sus ca~ras Y su _per:0,
la emoción fué tantii,que hulnerafl podido JUgarle una mala partí?ª·
,
Lo primero que h1zo fué correr ~- la casa
de la hermosa dama 1Jaría, y le sub~o. un cubilete de leche por la e;;&lt;'alera de serv1c10. Una
camarera salió á abrirle.
-¿,Qué querfo?
_
..
-Traigo esta leche para la senora l\1a1í,t.
-La señora no se ha levantado.
-Decidle que es Pedro el pastor de Fontanas quien la trae; pero haced que le llegue
aún caliente.
.
,
La camarera soltó una nsota.da, tomo la taza y volvi6 al r.ab?. de un. instante.
-l\Iuy hien. d1Jo deshzando en las_ manos
del cahrero una moneda blanca. La !-en ora me
ha dicho que traigáis todas las mañanas una
taza igual de leche, y que os dé por ella dos
francos.
dí d"
-Dadle en mi nombre lof! buenos as, lJO
Perico, radiante de alegría. Para un estreno,
no está mal.
y lleno de valor su flauta resonó de una
' Obreras Jovenes,
.,
manera maravillosa.
cama;
r&amp;ras nodrizas le tendían su vaso 6 su taza o
le pedían prestado su cubilete. Su éxito lo
aturdía le hacía subir vapores á la cabeza.
Pero lo' que más placer le causaba, eran las
atenciones que se tenían por s~s cabras. El
frutero les arrojaba grandes hoJas de col, los
niños les daban frutas y terrones de azúcar.
¡Oh! estos parisienses ... ¿Pero es que pens\
ban alimentar sus cabras y pagarle su leche.

r

Lle(l'ado el otofio Pedro contó por última
vez st~s ahorros. L¿s dos francos diarios de la
bella dama, habían aunmentado consider~1.)lemente. Tenía más de- ciento cincuenta hnses. Era el momento de hablar al padre Mateo y de casarse con l\Iargarita.
.,
No bien hubo saltado del tren, corno á la
casa del zapatero con ,un heri:noso florer? ?culto bajo su bluf'a; habia querido ser espmtual
á su manera.
Margarita enrojeció al verle, y el goce del
pastor fué tan grande, que no pudo reprimirse y la abrazó. Luego sacó el florero de su hlusa y vaci6 su contenido sobre la mesa.
Los luises sonaron agradablemente, esparciéndose sobre la mesa, y fulguraron ante los
ojos del padre Mateo, atónito delante de esta
avalancha de oro.
-¿Me concederéis ahora la mano de Margarita? preguntó Pedro.
~l padre l\Iateo juntó uno por uno los luises de Pedro, contándoloe:, los colocó en el
florero guardó el florero en un armario, con
llave
tendiéndole la mano al :pastor, díjole:
-1Iuchacho ... Tómala. Es tuyo el bouquet,
pero el florero es mío.
.JEAN RocHON.

y

PENSAMIENTOS.
El sabio debe inquietarse de lo que se diga
de él en un siglo, y no &lt;le los elogios ó injurias de un día. - L. P ASTEUR.
Un poco'de pedantismo,y se hace reputación
de profundo; un poco de amargura, y se pasa
por moralista de altos vueloR. -EM. AUGUR.
El tiempo no es dinero, ei, esperanza.-A.
GODARD.

Se dice: «Todo viene al que sabe esperar. »
Se puede también decir: «Todo se escap&amp;. al
que eRpera demasiado.»- E. THIAUDJERE.
Museo: hospital de obras de arte.-A. HALLAYS.

�Domingo 31 de Agosto de 1902.

Et MUNDO lLUST:1:iA})ó
ET, 'MUNDO TT,U8'1'RA no

La Opera en el Benacimisnto.
(Del poema dramático "E I Pastor," por E. Marquina.)
DIMAS

?llAGDALENA

Mujer! estoy cansado.
MAGDALENA

el camino hasta aquí:&gt;

decir satisfacción, y decir ¡:roce,
y decir hermosura y clerit· vida!

Quieres beber ~lel agua mía?
¡,Ha sido largo

DL\fAS

.
Largo y peooso.
Las piedras_\' carnbroños de la sierra
estorban el camino á cada paso
y es difícil andar por esas sendas
para seguir á un lobo.
MAGDALENA

;,A •rn lobo?

[Pe use.)

Sí, Magdalena, veo entre las otra~
tu casa roja, con las tlores blancas,
y me parece hun dfrme allí, como árbol
en el hoyo en que duermen sus raíces.
Mis pasos, hasta. ahora malgastados,

DIMAS

Quiero
beber el agua del Jugar hermoso
recogida en el fresco de tu herrada.
(Bebe J

i Bendiga el cielo el agua, hermana nuestra,

su buena voluntad y su frescu1·a!
i ?endiga el cielo á la mujei·.que llega,;sm preguntarle el,nombre, al caminante
y le tiene carifio y le socorre
con don sencillo, sin poae1· orgullo
en el socorro que le da!

En nuei-tro número anterior publicamos fo.
tografíaR &lt;le algunos de los artistas principales del cua&lt;lro de Opera que ocupará el Renacimiento durante J:i prúxima temporada.
Hoy ofrecemos Jo¡;; retratos del maestro director .Alfredo Donizetti, &lt;lel primer tenor dramático absoluto, Augusto Balboni, y del bajo
~azareno Franchi, así como de los barítonos
Ramón Blanchart y Alfredo Pei. De estos artistas se han hecho en los teatros de Europa
los mayores elogios. Blanchart, que es el pr{
mer barítono absoluto, tiene una carrera
brillantísima.

DIMAS

EL LOCO.

Al mismo
que devoró, hace días, un chicuelo

En la oSCltrida&lt;l del cuchitril, inYadido por
la sombra, el viejo carpintero veía á Yeces surgir una polYareda de historias viejas.
El fantasma de la mujer que le había abandonado, pasaba por su imaginación, con una
muera de deE&lt;dPn. riendo y cantando. Pasaba

Domingo 31 de Ag-osto de 1902.

ra ver pasar la vida. A la hoia en que el taller
comenzaba á poblarse de i-ombra y los muebleR dibujaban siluetas Yagas que parecían
trepar por los muros para agazaparse en los
rincones, el carpintero esforzaba una sonrisa
para acariciar á un chicuelo enfermizo de ojos
muy grandes y muy abiertos. Era su hijo.
La historia fué corta. DeEde mi ventana v
cuando el chiquillo cedió á la enfermedad, se
echó e11 brazos cle],,padre y murió, dándole un
viejo abrazo prometido. Luego, el entierro mi.
sera.ble, que se perdió al volYer la esquina, en.
tre la indiferencia de todos. Y después, durante muchos días, el cuchitril cerra¿o y muelo, con un papel de bordes negros pegado á
la puerta.
Fué un incidente que se olvidó muy pronto. Bastaron mios días para que todos se habituaran á Yer la puerta cerrada. Pero, cuando al caer de una tarde lluvio¡;;a se abrió otra
vez el tugurio. la primer Ye0ina que se acercó
á la puerta, rrtrocedió espantada.
El taller estaba atestado de at.aúdrs pequrfios, de ataúdes para niñn". ,lp nb1ú,lcs negro&gt;'

carne tierna, y brindando su estuche á lapodredumbre del cuerpo, con ademanes voraces
ele monstruos á la entrada &lt;le un bosque.
Ha pasado mucho tiempo ? el carpintero
no descansa. Hu martillo i-igue dando cabeza-

-- - ..... .....
,

)

Nazareno Franchi, bajo absoluto

1

dispe1·so_s, como cabras de un rebafio
que no tienen pastor, se hacen acordes
se o:d_enan todos harmoniosamente, '
se dirigen á un fin; son como notas
de un ruido musical, que se hacen canto
Y expresan el amor cuando las juntan
en un solo cantar labios cantores!

das sobre la madera, como una Yoluntad sobre un obstáculo. Cuando el sol declina y empiezan á brillar las luces tras los escaparates
de las tiendas, abandona la labor y se sienta
á meditar. Pero así c¡ue apunta el alha, n1el-

[Pausa.]

¿Qué tienes, ::\Iagdalena? ,.no me escuchas~
MAGDALENA

MAGDALENA

.
.
Quisiera,
siempre que siento, en mis entraílas mismas
deseos de ofrecer, encontrar dones
'
como este don del agua, que no tiene
más precio que el amor con que se ofre&lt;'e!;
DIMAS

de aquel pueblo de allá, sohre el camino.
Tres noches le he buscarlo: hov finalmente
mordiendo Pl hambre en él, ha sido necio'
para venfr en busca mía: ¡µobre!
;_con_ qué J:rnrnildad venía y qné obligado
a mis ant1g-uas atenciones! Tristes
de co_mp~!dón los ojo~; afilado
el~ m1ser1a ~l hocico: despeinado,
srn pretensiones, el modesto pPlo
que ha~e toscos sus flancos, y las patas
protegiéndose él mismo con la cola
Toda una buena bestia, que, al pri~~¡'pio,
me ha hecho reír de buena gana. Apuesto
4ue me la han enviado á estas montañas
para ponerme alegre; yo le he abierto
lo~_brazos, con dulzura: no me habría
remdo con el lobo, si me hubiera
pagado mi cariño; pero el necio
me ha hecho traición: el animal pequeño
coba:de al hombre, ha pretendido binca1'.
l?s dientes largos en mi propio cuello:
si no le rompo el corazón, me mata
y con la lucha, deliciosamente
'
se han llenado mis miembros de fatiga·
parece que la vicia doblemente
'
me ab:aza ahora, y quiere coa más fuerza
por mis venas correr, aunque me ahogue.

.Porla primera vez, desciendo al llano
y hago descanso en él, y cobro fuerzas :::J
y doy pasto á mi sed, y no deseo
vol ver {L andar ni abandonar el llano.
En esta tarde, abriéndosp á mis ojos
como una flor, la placidez del valle
mt: IIPna ~e perfumes: yo, que nunca
de¡é los picos de la Sierra mía
ni entré en la calma de las tierras quietas
más que para nutrirme, hoy he sabido
cosas hermosas de I a tierra vieja:
hoy sé que hay otras fuprza;; por encima
de la necesidad; hoy sé que agrada
sentarse sin fatiga, y conversar
s!n pedi(· nada y en~ontrar mujeres
srn abatirlas .... ¿.donde vives, niña:&gt;
porque la casa que te guarde, quiero
co?templarla, _de hoy más, desde mis cumbres
ro¡a, con el aliento a,ml del humo
'
1~ p_uertecita abie1·ta desde lejos, '
dimmuta en el valle, quieta inmóvil
atrayéndome á ella, ingenu~mente '
com~ querida cabritilla, joya
'
de mi rebaño, sola entre las yerbas
y echando aliento azul al aire frío!'
¿Cuál es tu casa y cuál tu nombre? dime
cosas nada más tuyas; necesito
reducir sólo á ti todo el cariño
que siento por las cosas de la tierra!
MAGDALENA

MAGDALENA

Mi nombre es Magdalena, y la más grande
de las casas de allí- ¿la ves:- a.quella
con 1·osas que se ríen, por encima
de las tapias del huerto, es donde vivo!

Siéntate aquí; descansarás!
DIMAS

,.l'onoces

p._tos Iugat'P~ tú:

MAGDALENA

Desde chiquilla
l'Ort•o por ellos y me entt·ego á ellos.
Dlll1AS

m cielo copia bien las placideces
de tus ojos de nii1a.
1 SentAudos e.)

Estoy rendido!

DIMAS

Uomo si toda el agua de las nieves,
en un día de sol de nuestra Sierra
se juntara en un hoyo y allí quieta
la fina luz del aire recogiera',
'
me parece que todas las pal abras
con que expresamos hermosura de algo
se Juntan en tu nombre y alH toman
~flor de luz y trascendencia de aguas.
Iu nombre romperá, cuando las ansias
de dat' al mundo mi deleite puncen
mis_ labios torpes, la torpe~a mía,
y diré «Magdalena&gt; cuando quiera

Ni una sola palabra de tus labios
~e _apartará ya más de mi memoda.
&lt;,Piensas que no ~ escucho? Tus palabras
me p_arecen tan bien, que estoy muriendo
de oirte habla1:, desde que estoy contigo,
Y te escucho, s10 pena de moril-me!
DIMAS

Morirte tú? ;,por qué? ¿porqué amor•mfo•,
¡cuéntale á tu pastor las penas tu vas •
·
que tu pastor salurá con su cayado '
a tu defensa!
~1AGDALIJ:NA

. ¿,Cómo hablarte? ;,Quieres
que con nns propias manos te destroce
PI corazón querido ·t ;,que mis ]{Lo-¡-imas
apaguen para siemp1·e tu aleg-l'Ía
co1110 la arena el fuego ele una hÓo-uera''
N ad~ te he de contar: ta1·de te he ;isto ·
Y meJor fuera no eocontra1te nunca:
toma del cuerpo el alma mía, amor,
como has tomado el agua &lt;le mi herrada
Y vuélvete á tus curn bres, y uo baje,,
'
Y no vuelvas al llaoo, donde nad1.i
fuera de mí te mira. cou cariño!
0

Alfredo Donizettl, maestro director

como una obsesión y huía, corriendo tras
el placer, con los cabellos ,;ueltos, el corpiño desceñido y los labios hún1edos, calle abajo, calle abajo, hasta. perderse en la
noche.
Yo observa ha el drama desde mi halcón
c·11ando apoyaba los ojos en los Yirlrins pa-

--

.

Augusto Baltoni, tenor dramático

DIMAS

¡Mi Magdalena!

ve al trabajo. Cua1Hlo los vecinos se acercan,
les mira con ojos extraviados y les rechaza.
-¡Hay qne trabajar!-dice siniestrame1,tr.
Y sigue fabricando ataúdes pequefio:a;, como
si estuviera acechando el cadáver de todos loiniños.

MAGDALENA

Sí, tu Magdalena
9-ue no quiere arrancarte de tu Iglesia,
imagen milagrosa, parn hacerte
puntal de árboles viejos ea el llano
Vuel Vt&lt; á las cumbres con la luz y uéj ame
en la noche del mundo y del espíritu.

(_

DIMA

DOLOROSA.

[Cou cahna la abra.a y se disp0oe á partir.J

Yo trae1·é luz al valle.
l\L~GDA LF.N .\

Y yo la espel'O
con las ventanas de mi casa abiertas!

Ramón Blanchart, baritono absoluto

[Sale Dimas, firme de anclar. y sin volvers ~ á verá Magdale!'"· que le sigue, coi,
los o¡os J leoos d" lágrimas, hast" perde,le
de vist1&lt;.

Alfredo Pei, barítono

de tela y de caoba, de pino pintado y &lt;le cedro oscuro, que abrían sus bocas vacías, aguardando la presa codiciada. Los cajones fúnebres se amontonaban en grandes pilas y avanzanan hasta la puerta, im·adiendo casi la calzada y ofreciéndose al caminante con una sonrisa y un guifio &lt;1ue recordaban un desastrr
posible y un desenlace ine,•itable. Parecía r¡ue
todos estaban pidiendo [1 voces su ración de

Flotan en el silencio del santuario
fervorosos murmullos de oraciones
y pinta en el asfalto sus manchones
el trémulo fulgor del himpadario·
Chocan las frías cnenta.i, del roiario ·
el a.rmónium solloza roncos i,:one¡;;
'
y 8e elevan las turbias nublazone;
que vierte por su boca el incensario·
La Virgen Dolorosa, en la hornacina
con un nimbo de gloria que ilumina '
el do~or de su faz clemente y bella,
DeJa asomar en su pestaña obscura
una gota de llanto que fulgura
como en la. noche el brillo de una estrell:i

J. l\L FACHA.

�Domingo 31 de Agosto de 1902.

Et

EL MUNDO ILUSTRADO

MUNDO ILUSTRADO

AÑO lX.--TOMO ll.--NÚM. 10.

MÉXICO, SEPTIEMBRE 7 DE 1902.

Dlrector1 LIC. RAl'AtL Rfl'f&amp; &amp;PINDOLA.

Oerente1 LUI&amp; Rtl't&amp; &amp;PIN90L4.

LA Vur:LrA D~L SOLDAUÜ.

UNA PARTIDA DE CARTAS.

(Cuadro de Melssonier.

Sub,cripción mensual foránea, $1.50
luem Jdem. en la ,cai•ital, ., 1.25

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 31 de Agosto de 1902.

Et

EL MUNDO ILUSTRADO

MUNDO ILUSTRADO

AÑO lX.--TOMO ll.--NÚM. 10.

MÉXICO, SEPTIEMBRE 7 DE 1902.

Dlrector1 LIC. RAl'AtL Rfl'f&amp; &amp;PINDOLA.

Oerente1 LUI&amp; Rtl't&amp; &amp;PIN90L4.

LA Vur:LrA D~L SOLDAUÜ.

UNA PARTIDA DE CARTAS.

(Cuadro de Melssonier.

Sub,cripción mensual foránea, $1.50
luem Jdem. en la ,cai•ital, ., 1.25

�Domingo 7 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

~

han de halagar la vanidad ó la alegría de los
tituciones monárquicas y cuando se consolidó
EL HOMBRE
hombres.
la vida cortesana, el hombre acabó por volCierto que el ciprés es triste y su tronco f:Uverse mujer. Su piel se suavizó y se sonrojó, su
be recto; perc la pena que el ciprés simboliza
mano se afil6 y emblanqueció; su pierna, anno es ya del mundo, es el dolor purificado que
tes vigorosa, se hizo fina y vagamente nervio~a no busca consuelo en la tierra, que nada
sa; sus ojos se.agrandaron; á la barba poblada
tiene ya con ella. Por eso tiende sus ramas y
é hirsuta se sustituyó el bigote sedoso y riza.,, Cáda raza, cada época, cada pueblo encarna
pone tan altas las hojas, donde no alcanza la
do. Dejáronse; crecer las cabelleras, usaron
·· -' y se condensa, por decirlo así, en un tipo, en
mano ni casi la vista.
corsé, tacones altos y rojos, dieron de carmín
una personalidad determinada bastante á reu•
Se inclina de un lado mi sauce, del opuesá los labios y recamaron y bordaron sus vesnir y condensar sus caracteres predominantes
to á la casa á cuyo arrimo vive. Xo será intiduras, y llegó á ser difícil distinguir un abay esenciales y á caracterizarla por completo en
gratitud, porque sus ramas besan amorosas el
te de una conventuala, y los petimetres del
lo ~oral, _en lo intelectual y aun en lo físico.
viejo balcón de madera, que alegra un cajón
duque
de
Enguién,
como
los
«mignon»
de
EnY'f
· •
D~l .J'w'ísma
manera que á cada clima y á cacon geranios rojos. No será. ingratitud sino
rique III, acabaron por llegar á ser el tipo de
d~~oca géológica corresponden una fauna,
más bien la sublime resolución de algu~os inla especie. Sin el espíritu caballesco peculiar
uda flora y una estratificación &lt;.::sperial del teconsolables: huir de la multitud sin negarla
de la época, las mujeres hub;eran acabado por
rréno, as1, en lo social y en lo humano,· hay
su amparo; no vivir junto á ella, pero sí con
revestir la coraza y cefiir la espada, como lleflore,s y faunas caractel'Ísticas y diferenciales
ella.
garon á hacerlo los obispos, y Mad. de Londe fas épocas y de las razas.
gueville gustaba de disparar cañones.
;Lá palmera, el naranjo, el limonero y el
Vino la época industrial, el intelectualismo,
El espacio que abarca la sombra &lt;le este sautamarindo; la luciérnaga, el cucoyo, el mosla lucha por la vida en el trabajo, y todo el
ce es muy grande. Bajo su caído toldo caben
q t1ito, el chacal y el jaguar, caracterizan la zohombre se concentró en la cabeza. Despejósele
muchos tristes, muchos hermanos huél'fanoi,:
na¡, tropical húmeda y exuberante; el jaray arrngósele la frente, se le hundieron los ojos
todos los adoradores de una hermosa sin alma.
mago y el camello, las regiones cálidas y se•
y adquirieron un brillo febril; encalveció. Si
Crec~n las ramas desiguales y tortuosas, cocas; el oso blanco y el zorro azul, las hiperbóen V ~rsalles todos parecían mujeres, en la
mo qmen en su pena no puede cuidarse de su
reas; los cereales, las frías; el llama y la caBolsa, en la Academia, en el laboratorio y tras
compostura y bien parecer; mas, á pesar de
bra, .las montañosas. Y si en vez de considedel escritorio, todos parecemos viejos. El cuerello, forman abajo un contorno casi exactarar el espacio, consideramos el tiempo, compo es un pretexto, un peor es nada; en los
mente circular. ¡Qné graciosa y tristemente
probaremos que el iguanodon, el megaterio,
balnearios no se ven sino esqueletos raquíticaen sus hojas, hasta tocar algunm; la menula amonita, caracterizan igualmente determicos ó torcidos, tendones gráciles, sobre huesos
da hierba! ... ¡Oh, estas hojas de sauce, finanados, períodos geológicos, y que se pueden fiy eczemas, pechos hundidos y e:;paldas estremente lanceoladas, son lágrimas que alauien
jar no mE:nos bien por las impresiones que
cha8, bíceps atrofiados y pantorrillas ausentes.
llora;
tienen su forma y su «caer," su h:tlago,
han dejado las hojas, los ta:llos y las raíces de
La belleza humana moderna, en el hombre
en
fin!
... Cuanto más se mira el árbol de las
las di versas plantas prehistóricas en las enal menos, no es ya de forma y de proporciotumbas,
más encantos se le encuentran. Así patonces blandas arcillas que han acabado por
nes, sino purameute de expresión. Hay luz
sa
con
el
pensamiento de la muerte.
convertirse en durísima:;; rocas.
en los ojos, brillo en las frentes, ondulaciones
Une
á
las
ramas entre sí el lazo más fuerte
El tipo humano es también regional y crosugestivas en el cabello. Tenemos cráneos de
el
de
la
pena
común, y así, cuando el vient~
nológico, El esquimal, diminuto y obeso;
pensadores ó de poetas, entrecejos de filósofos,
pasa y en la robusta é insensible cajiga cada
el ab_isinio, negruzco y musculado; el sueco,
rugas de meditativos; pero ya no tenemos forr~ma se mueve por sí, con total independenbla\.nco, rllbio y pecoso; el beduíno, ojinegro y
mas de atletas ni proporciones de giro nastas,
bairbudo; nuestro fronterizo, alto, esbelto y
cta de las otras, y del álamo orgulloso se ve á
ni caras de efebos. Somos hidrocéfalos sostenicada hoja temblar por su cuenta, el sauce muevi~oso y nuestro indio del sur, amarillento,
dos por popotes.
enjuto y raquítico, son frutos especiales de cliye todo entero y á conipás su lúnguiclo ramaje.
Ko es ya en el bafio donde podemos admim~ -s?nos ó enfet·mizos, de regiones frías ó
, ¿Por qué crece siempre á orillas del ano yo
rar nuestra plástica, como antes los romanos·
o muy cerca de él'? ¿Es que las lágrimas que
.
.
'
cál1&lt;ias~ de terr~tori?s secos ó pantanosos, de
para Juzgar de nuestra belleza, no tenemos más
llora el árbol formaron el arroyo y le alimenla tJi,\ldes altas o baJas.
elementos que la fotografía, que nos represen;ltÍ tiem,po iufluye también poderosamente ta con actitudes y expresión de iluminados ó
tan diariamente, ó es que, como todos los tristes, ama el sauce la vista y el rumor del agua?..
en1&lt;l.~ r .~ello y carácter á la personalidad 111:1con posturas y gestos de inspirados ó de viEste querido árbol no vela aquí sobre tummaná, ~9,on excepción del chino, que es idéttdentes.
tico-y aparece incam biable desde hace veinte
ba ninguna, y todo en su derredor aparece riSi llega á ser un hecho, que no lo será, la
suefio y viviente: picotean las gallinas entre
mil años, como son idénticos á los de e11tonfotografía espirita, ella, que trasmitirá á la
el cés?ed, canta en el balcón contiguo una cace¡3 su clima, sus usos, sus costumbres y sus
posteridad nuestra alma, si posible ed con tolandria, florecen en él los geranios y hacendoleyes ele hoy, los hombres han cambiado y
dos sus anhelos y todos sus ideales, será la
sea una mujer de sa1,o color entorno de la ca•
cambian progresivamente con el transcurso
única institución capaz de dar idea del único
~ª· !odo sonríe, y, no obstante, parece estar
de-1 tiei,ip-o.
,
género de belleza á que podemos aspirar.
Justificada la presencia del sauce; aspírase aquí
;El;.n,tigttÓ espartano era alto, esbelto, vi¡ Lástima grande que nuestra alma haya decomo la calma que sucede al dolo( después de
goo:oso, musculado, tipo de la belleza mascuvorado nuestro cuerpo! ¡Se llevaban tan bien
consolado, q como el perfume que dan las meliiía'q_ue nos legó aquella heroica antigüedad.
.el cuerpo y el alma en la antigüedad clásica!
morias tristes luego que el tiem1~0 las quit6 su
E~ :i~Q roman?, que le ,suced_e e~ ~l orden crocrudeza.
nQ~og~co, comienza ya a dar rndicios de flaxi'
. Parece que vela sobre algo, muerto hace ya
d~¡(_&lt;le' obesid~d cada vez más acentuadas,
tiempo. ¿Qué habrá aquí enterradci? ¿Serán laa
ali ~ti:emo de que i,i Rómulo y Remo son
esperanzas de algún otro soñador , que vino á
d~en~ientes de loba y secos y musculados
sentarse una mafiana donde yo estoy sentado?
CO!n,º~~~.wadre, T.i berio y Calígula ·resultan
¡Qué hermoso sauce! ¿Quién le plantó aquí?
hijo~ de·cerdo por lo grasosos, por lo pesados
y por lo glptones.
E. l\IJ&lt;~SÉSDI~Z Y f'.EL.\ YO.
En la Edad Media; como nadie come, como
los que no orari hacen penitencia, y como el
resto de las gentes vive del bandolerismo miComo la mujer d e Lot, toda sociedad que
litante 6 luchando contra él, todo el mundo
'ELSAUOE•
se d etiene para mirar hacia atrás, se convierte
está flaco, pálido, ojerudo, al grado que el aren estatua y se petrifica.--AXATOLIO LEROY
te1 bizantino nos parece, y con justici&lt;1., una
¡Qué hermoso sauce saludo-todos los días
BEAULIEU.
plasttca 'dé hospital y dé anfiteatro. Había sin
en mis andanzas por estos lugares!
dud~ hombres fuertes; pero no por el móscuHasta su tronco llora, que no son sólo las
lo, smo por el nervio, ni tampoco por la sanCuando la bondad de loR demás sobrepasa
ramas
y las hojas. Se inclina de un lado lo
gre, sino por el alma.
1í. la mía, no tardo en llamarla debilidad.
cua! no ha de ser tacha de su h ermosura e~ un
Cuando se constituyeron gradualmente las
PABLO Ro:mLLY,
tronco de sauce; séalo en los otros árboles, que
randes nacionalidad el" á la som hra de las ins-

.- -

EL MUNDO ILUSTRADO

.

DBL TIRMPO Y DRIL RSPACIO

r

~~~~~O&amp;:'~

El vuelo de las sombras azotaba
el abrupto peñón como castigándolo
~orla osa?ía de sentar pel"adamente
su n~ol~ a la; vera del camino de los
~b
fantast1cos giganteR.
Cortado á pico, como un muro
enorme que se hundía en el infinito
azul, _no era creíble que aquel
penon ~ud1era ser hollado por pie alg_uno, 111 c¡ue cerebro humann resist1er~ el ,vértigo tle su cima.
.·) ft~e,. sin embargo, que un atre' ido vrnJero emprendió !:'l ascenso,
ruando las Rornbras incrustaban su
ne~rnra en todos los resquicios de la
penn,_ en t_odos los angostos i&lt;enderos,
en !ns grietas profundaf:, abiertai&lt; á
n1~nera de cRpr ntoi"as ~onrisas del
nb1~mo.
El valiente que intentaba la avrnturn, parecía Her un vagabundo ent~:f!ndo _á l?s caprirhos &lt;le la suerte.
Q
N_1 alforJn 111 callado, ni piele1;;, quizá
,~1 rumho..... Emprrn&lt;iiú la marcha
Kll1 vacilaciones. desprecinndo la
som lira Y apoyando con firmna la pi:sadn, que no dejaba huellas en la
.
.
roca.
l na mirada que huhieKe dominado todo a,1uel e1-1 '
1 •
·idivin ' '
'
·
'
P un no rnb1em
• . . ~()O n &lt;¡lle i-:e encan11nnbnn los pasos &lt;le) iWenturern' El a~ccns•0
ern mutil_ para ganar los can1pos opuestos; nada había en ·aqt 11· .- ·
que .pudt~m co111peni-:ar las fatigas de la atrevida excursión le a cuna
Í can11naba, y más caminaba, bordeando las grietns ~- siguiencl 0 0,
1lmH1onan do. n ,·ol untad, los angostos senderQf'......
·

"ª:í?

~

~~

~

:/j o

.
f 0mmgo
7 de; Septiembre de 1902

'

ª

*** tiPll1J10 f Oº pn '()S ele) · '
liahía durado al!!LII~·
, Ya
·1 1el aseem,o
J)
"
· ' ·' .. :s
,·rnJe1·0 no
'ac,i a 13,11. e pronto, i-:f' paró ni borde dt'. una arieta rolo~al
¿.Salina que; ern aquello'?
,.,
,' ·
Difíci lme11 te Ke a lt-anzaban lns tli rncnsionP~ &lt;]p )a ora,1 1.
1
suntuo· .
, ·
&lt;l
.. ,
·
, ·
,.., , uoca· era e
so I om p11mento e u na ,·1i-:10n dn ntesca.
'
~e &lt;letU\'O para contemplar el prodi"io· y al ,·oher la vista¡. · 1
rer111to tJne eo 1&gt;JJa
.. 1&gt;a 1a ptP&lt;
· ¡rfL, 1111ro
. , :í 111"' pálida
• • luz de un J'irún
• clealb
H1c1a 0e _
rada, qut• un n1omstruo
gigantesco tlormitaha
en actitud de descanso.
La emoción clel cami nante debió de Rer
terrible; parecía que el
terror lo privaba dctodo movimiento.
Y naturalmente: el
audaz se encontraba en
el palacio de uno de
esos seres que la naturaleza ha hecho en un
refinamiento de concepción horrenda. Era
gris el monstruo; cla-

vábai:isele al cuerpo cuatro patas cortas, armadas de arra .
amanllenta se posaba en su lecho sembrado de brillos d g d s,/ª panza
ca_uda asquerosa, de forJ:?a triangular, apuntaba á la 11 pr::ed ª Y una
~~!;onbtrlaasnlao cdabelza,l semia_plastada, parecía hundirse co~ fr~ciinª~!r~Í
J
e e a uz naciente.
. E_l, viajero contempló un rato al monstruo ue
vut10 la presencia de aquel imprudente hué~p1d.' en su sueno, no ad-

!

a; lnu;r~·dadh gdue e:a ~wprudente y ha~ta temerario. Otro en su lug '
ra UI 0, siqmera para no sufrir aquell
' .. ,
pesadilla; pero él a\'anzó penetrando en el
l . a espantosa v1S1on de
J , . h
pa aCJo.
0
1
&lt;lo ;i;o;s~~b~
1:~~::~~~!~~~c~ad~ ~~1~tuosidad semejante: tomisma, pero tallada con caprichos que 1 ie11a, los m~ros eran la roca
dido conceuir· eñ algunos lu ares se e so o un gran ai:t1sta hubiera poforma, con taÍlos finol-' y ere!~s.
rguían vegetaciones de rarísima

:i

:t~i;$

~r

La sombra, que, á manera ele cortinaje ser f. 1 1
cio, prestaba una sensación fantástica al ~onj:~:/ª a fondo del pala-

:1

*

El monstruo seguía Jurmiend:
via· .
d .
.
.
contemplando todas las innumerai;ies f 1rio pu o ieco1rer el recrnto,
y a 1 l .b 1 . d
Je ezas.
a uz I a Htcien o irl'll!JCIÓll y bañaba má &lt;l
d'
~ugusto y horrible morador. La audacia del visi~mt: TI1e ,1º }cuerpo al
e pascar con ]Jaso tranquilo en denedor &lt;l l
.,
ego a extremo
atentamente en todos sus detalles.
e monstruo y observarlo
A proximóse á una de la:. "anas y s
. 1, d .
de ellm;, Más atento estaba ;;l la ·ttre:is~l!-0 a a ll1!!'ª1' la agudeza y filo
&lt;le un choque formidable se h1'zo' o1'1· r¡ 1 obstend
' ac10,n, cuando el rnido
t,
,
, a en ra a ( el pal ·
L
ose una nube de polvo el rnon"tl'Uo h'
. . aCJo. evan1,;en}~• la terrib!e garra ~obre el ~'1:1jero. izo un movmnento rápido y
Estaba perdido. Pagaba con h \'ida a
1
. .
arrastró á la más loca de las cur'iosidade~.ue temerano impulso que lo
La _garra era pesaclísirna y temblaba sobre el cu .
, .
h u~&lt;l1énclola más y más en el suelo bla11d &lt;l 1 1eI po de la victnua,
:-..; h
·,
o e pa acio
• o ay eT?oc10n comparable ú la t}UC estab
.· .
mentos sentrnescar&gt;ársele la ,, 1·&lt;la· 1,,
. ~,expeumentando; por mo.
'
" resp1rac10n se h ' f ·
to perdió to&lt;la esperanza la luz"~ txti11gui'0 l
acia at1go:;n; pronno ~riuufo de la angu;:tüt...... ~
, ª muerte llegaba eu pleUna nue\'a detonación conmovió el sil .- &lt;l 1
.
polvo rní1s densa cubrió la atmúsl .. ·
enc10 e palae10; otra nube &lt;le
&lt;liú u11 salto 1&gt;rot11·~'1ªu·,-u
.. y...s·al·,
,
.Elc1·monstruo
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o "
1uaesca1&gt;e
el e l·,L gneta,
.·
p1 en 1en&lt; o una carrera vertigiuo .
. l·
.
ernEl viajpro !&lt;ú sintió libre de la g;:;\t;11u;i 1~11p1_1,1alíl~.
mon~ña. .
opi 1111 ;i, wov10 los nnern-

r----------------------~-----, /
/

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bro~. y :-e !'segurú con SOr!Jresa &lt;le que llO
tei~~,i clanu alguno.
·~º pudu4.explica1'i-e ÍL &lt;¡ué &lt;leb''lU su sa·· l\'ll(' IÚII.

***
cubierto ce
¡ musgo
y ···· .. •Era un carn1Jo
b
. e_n e1 pasta an tranquilamente unas
11veJas.
en la roca, un''ª
t .-t
·ete 8enta&lt;lo
,
J:' s orc1 o se
Cl1tl nia en torturar una la a -i·. .
.el monstruo!, mientras hajabf
~~~
ner por J~s a_rrugas de la peiia
una_ h?rm1gmlla negra: - ..... .
el naJero audaz!

í: :t~~-

.Cuis Frias

FRAGMENTO.

PUERTAS DE LA CIUDAD,-Caludas de Guadal upe,

1

r.

1

san

. y Tacuba
Antonio

Fernándu.

�.'

EL MUNDO ILUST!tADO

L-,mini.to 'l' Je Sepfo,mbN' de 1902.

LOS ÚLTIMOS INCENDIOS
et dealro
~ el corto período de
seis día:; se han registrado en el país tres notables in&lt;'endios: el del teatro Acuña, de Sal tillo,
ocurrido el 24 del pasa&lt;lo;
el &lt;le! meren.do &lt;le Puebla, que He d&lt;·claró el :W
por la noche, y el de u11a
parte de la fabrica de hilados de Río Blanco, que
se produjo el mi,mw tifa
en la madrnga&lt;la.
Ln. frecuencia con que
ei;;tos lamentahles sucei:;o;;
vienen repitiéndose, es
alarmante:en BaltilloacaFachada del "Acuña".
baba de ser consumido
por el fuego un cajón de
ropa, cuyos dueños perdie~·on m{~s ~e cu~r~nta mil pe~os, y en Puebla
estaba aún cuando sobrevmo el ultimo siniestro, pal¡ntante la consternación producida. por la completa dei&lt;trucciún del teatro Principal.
EL incendio del Ar.uña, hrrmof&lt;O edilicio del estilo moderno, se
declaró á las siete v media de la mañana, hora en que las campanas ele los templos toca.ron a \arma. Mom€11tos de1,pués, una e~pesa.
nube de humo envolvía todo el teatro, y el
fuego se propagaba con suma n~pidez.
Las llamas se eleYaron á considerable altura, y fué tal el calor desarrollado por E&gt;lla~,
que los árboles ele la plaza di' los Hombres
Ilustres quedaron en parte carbonizados. Al
derru111 bar,:e el techo del teatro. Yin o por tierra la torre del reloj, desplománcloi,e tamhién
parte del pórtico.
.
.
Perdida la esperanza de Hofocar el mcend10,
poi: la carei1cia de los elernclltos llel'e:mrío,;,
las autoridades pusieron toda f&lt;u n tenci11n e11
sah•ar de las llama:; los establecimientos nwrcantiles contiguos. La gendarmnía y los sirvientes de la!:l tienclai; acudieron con toda eficacia á las maniobrns de desocupación de lm;
almacene;;, y con cubetas y cánfaro:&lt;, se logró
refrescar los 111uro;; y n rmazo11es r¡ue el fuego,
con toda facilidad, ltul,iern invn.dido, sin la
oportuna intervención de la policía.
A las ocho ele la mafiana se de!:lplomú lo que
~un estaba en pie del teatro Acufia, quedando reducido á cenizas y ef'combros en mcnois
de una hora. La co1111;añía dramática que actual&gt;a en el coliseo, sufrió la pérdida de tocio
su archivo y atrezzQ.

***

Acerca del incendio del mercado de Puebla,
el fuego no dejó en pie más que los muros de

Domingo ~ de Septiembre de 1902.

BL .\IUKDO lLUS'I'IlADO

"cllcuña."
m'lmposteria que, ennegrecidos por el hum,), encerrnb m ú la n!afiana.
siguient&lt;: un lrncinamiento de vigas, muebles y trastos c_arbornzados.
La noticia del siniestro cundió con rapidez por toda la ciudad, Y la~
calles vecinas se vieron en un instante llenas de gente que acudía a
prestar auxilio.

i..l

***
Sin alcanzar las colosales proporciones de los incendios á que acabamos tle referirnos, el que se declar? en_ la fúbr~ca_ de .H\o Bla~1co, produjo, sobre todo en Orizaba, un pá.mco rnde:;cript1ble. ~,e ~.ec1~ q:1e el
voraz elemento había acabado cou una gran parte ,&lt;le_ la fabnca,pei o no
tardó en rectitkarse la noticia, dando por hecho, ~mcamE&gt;nte, qt!e las
llamas sólo causaron algunos desperfectos en el salon de telares. El administrador de la negociación y los operarios ocurrieron con toda oportunidad al punto en que el fuego se habfo decla:ado, y pronto . pudo
extinguirse, sin que los trabajos llegaran á paralizarse. La vers~on de
que el incendio se debía á t!na ~·0nganza. ?e yarte de lc,s operan_os, se
ha desmentido por los prop1etanos &lt;le la fabnca, como un «canard» de
los alarmistas.

II ustramof; esta página con algunas fotografías relafü·as al incell&lt;lio
del hermoso teatro &lt;le Saltillo •que acaba de desaparecer.

El incendio del teatro.

De ,~Primavera Sentimental"

.,..
0::\10 si la metrópoli, Hospital de Terceros, edificio que ha pl'ISAclo
&lt;le algunos años á est" ft la historia rodeado de :inécdotas y tradi!'ioparte, no hubiera su- nes, como tantos otros. En las nuevas cal les
frido la 111ás leve trans- del Cinco de l\Iayo, abiertas casi en toda su
formación, del uno al extenFi6n, se com,truyen actualniente las
otro extremo ele la ciü- primeras fincas, y pronto lo que ahora rR un
dad f'e echan ele ver, hacinamiento ele escombros, será herm11:::a
en el día, el empeño prolongaeión de una de nuei&lt;tras nwjoreR aYeconstante por dotarla nidas. En cuanto al HMpital, no querla rasde nuevas calles que tro dei edificio: columnas de hiP1To, cabrins,
favorezcan el tráfico, montones de materiales y un ejército de opede jardines que la her- rarios se ven en el sitio donde Re levantara.:
mo~een y ha¡?nn agra- allí se pone mano á una obra. dr utilidad púdable y amena. á 1,us blica, que reclama el desarrollo tic la pohlavisitan teR. y de edifi- ciún: á la nueva caRa de Correo1,. ::\Iás allú
cios con que la. higiene se ve, cerc.ado, el campo en &lt;Jne ha de conf&lt;y el ornato resulten ga- truirse el teatro más suntuoso de la. Repúnanciosos.
blica, y por todos los rumLos sopla u11 vienEsto que ha &lt;lado en llamarRe «fiebre de re- to propicio á la hermosura y ensanche de
construcción» y que no es más que una de n urstra metrópoli.
tantas manifestaciones de la época bonanci hle
Para un observador, hay en todo esto puntos muy dignos de estudio:
por que atrave1-amos, va, poco á poco, hacirn- ~r:i, J'Or ejemplo, el sistema, tan distinto del antiguo, con que se construclo cambiar el aspecto que
ye actualmente. Al pie de esta página publicamos
de población antigua conseruna fotografía. de la armaz6n de hierro de la Casa de
vó por muchos años la capiCorreos: quien recuerde cómo se levantaba una casa
tal. La easucha de pei&lt;adas
ha.ce veinte años, se quedará.asombrado; todo es ahopuertas cede su puesto al
ra diferente, los métodos han cambiado de manera
~
airoso "chalet" de amplias
notable, ajustándose no sólo á las condiciones de la
ventanas por donde penetra
belleza arquitectónica, Rino á las más estrictas de la solidez y de la buena disla luz á torrentes; el caserón
tribución.
poblado de leyendas desapa•
Los techos pesado8, la,&lt;; ventanas estrechas, los pisos hundidos, todo esto Ya,
rece envuelto en nubes de
con
la rutina, proscribiéndose para ahrir ancho campo á estilos que se compolvo, y por todas partes, copadecen mejor con las exigencias de la cultura moderna, y con las condiciomo por encanto, las consnes especiales del terreno.
trucciones modernas se multiplican con una 1·apidez
asombrosa.
Las colonias en los suburbios y las avenidas principales en el centro, estnn enDebido es, por lo demás, consignar que el Ayuntamiento corresponde al
fermas de esa ,,fiebre." No
empeño de reconstruir que trae fuera de casillas á los propietarios, con la imhace mucl.io, la piqueta del
plantación de mejoras de tanta utilidad como los nuevos pavimentos, los merembellecimiento demolía la
cados que están en vía ele edificarse y la apertura dt calles donde el tráfico y
última pared del Nacional, y
la comodidad lo reclaman. Ji:! Gobierno General, por su parte, contribuye
hace unos cuantos meses estambién á la obra, ya con la. construcción de locales para e8cuelas y casas de
taba aún en pie con SUR ambeneficencia, ya con la de aquellos que, como la Casa de Correo", están llamaplios salones y conedores el
En el Cinco de Mayo
das á prestar al público servicios importantE&gt;s.

¡Cuán feliz es el sol! En lns mañanas,
por verte, su carrera precipita,
,i tuR balcones llega y en tu alcol,a
penetra por la abierta celosía.
Retoza en los encajes &lt;le tu lecho,
á tu hermoi:;ura da calor y \'ida;
tórnase ritmo en tu1, azules venas
y epigrama ele luz en tus pupilaR.
Mas yo no em·idio a I sol, sino al espejo
en donde ufana tu beldad se 111ira,
que te ama. alegre, cuando e:-tús delante,
y al punto que te rns, de ti se olvida.

F ABIO FIA.LLO.

Después del siniestro

EL hombre estudia {t la n1ujer más que á
las mujeres; éstas ¡.;e inquietan rnenoE de conocer al hom hre que á los hombres.
Supersticiones: debilidade;; del espíritu en
las cmtles frecuentemente el corazón agota sus
fuerzas.-G. :M. VALTOUR.

Armazón de la nueva Casa de Correos

�Domingo 'i' de Septiembre de 1!)02.

EL l'iIUNDO ILUSTRAbO

EL MUNDO ILUSTRADO

DOS ÁRBOLES VIEJOS
LEYENDA BRETONA.
Esto aco11teeía en Plougmmou, no hace todada mucho tiempo.
Había allí, c:11 una pobre quint,i agrh:ola,
un huen hombre.,· una mujer que, no teniendo
medios para limpiar f'U trigo á máquina, lo
hacían al trillo. Dei;&lt;le el alba hasta la puel-'ta
del sol, trabajaban &lt;le c0ncierto, el hombre
conduciendo la,; espigas,y la mujer arreglando
las e1as.
Pensad si, concluí&lt;la la jornada, encontrarían el lecho con placer, aun cuando la cama
fuese de pajn de aYena y las aábanm; de ruda
tela de cáñamo. Apenas se buscaban tiempo
de cenar algunas patatns y de recitar tmn om-

-\·amo!-', Rnclegornla!. ....... l'or esta sola
,.l,,d ..... .
E11to11ce•s ella, cntri,:teC'ida:
--~oy sien1pre denial-'iado necia en (·un1plir
tus ,·einticuatro c;q1rieho:&lt; ...... En fin, ;;ea! ...
\'e .v haz lo 11oi,;il,le por eswr aquí pronto &lt;le
vuelta, si no quieres que me Lluenna aquí,
ve:&lt;t ida, en el int...rvalo.
No hahín terminado la fr:uie, cuando el
hombre estahn fuera, bajando á graneles pasos hacia el molino. En tnnto que vió claro
en su eamino. corrió más bien que anduvo;
pero en u11 f'itio en que el sendero parecía hundin;e en tierra, entre dos altos taludes desplo-

I

r

ción: un instante &lt;lesµués, estaba11 tend idu::;
roncando á cual más y mejor.
La última noche el marido habló de esta
manera á su mujer:
-Radegonda, entre los ricos es costumbre,
cuando agosto ha terminado, haya en la noche banquete para los limpiadores. Por mí, si
me diera~ el manjar que tanto me gusta, ra
sabes que preferina pnsteles, esos ricos pastelitos de trigo 1wgro que sabes hacer, Radegonda.
La mujer, que caía de fatiga, exclamó:
-¡Pasteles, mi pobre hombre! No sueñes;
tengo los brazos cortados. Yo he trabajado
tanto como tú, ¿no es verdad? Y como no tengo la fuerza tuya, estoy que no puedo má~.
Cómo quieres que encuent1 e valor para ponerme á prender l'l fuego, ú amasar la haiina y á
preparar la pasto:? Y adPmÚf,, nrn1 cuando encontrara eRte Yalor, no podría contentar tu antojo, porque no hay una brizna de harina en
la alace11a. ¿Ko recut&gt;rdas que hace más de una
semana e¡ue hemos estado e11 la coi::echa ,. qut&gt;
no has ido á caRa del molinero?
•
· -¡Oh! si no es mús que harina, yo me encargo de traerla.
-¿Qué irías hasta el molino? ...... ¿.Después
Lle haber sudado tanto, de tanto trabajar? ¿Tu
P:-tómago es un amo duro é intransigente
Hervé l\Iingam?
'
Hen-é l\fingan1 contestó suplicante:

nmcl11s, preciso le fué ir mús
despacio. Hen·é avamaba á
tientn~, porque tenín. sol,re fl,
mlemás ele la so111 brn e.le Jo¡¡ tal udeR, la
df:' tres vit-jo~ úrl,olC's. 11 a, p11e,:, con
pree·aucib11, sujetnndo ea.da uno de ;;us
paf.O!-&lt;. En medio del Hilencio, que era
profunclo,y á pesar d,· que el aire t&gt;Staba
inmóvil C'omo RuceJe gPnernli11ente un
las noches ti biaf' &lt;le ngo~to, oyó que
el follaje, arriba de ~u en.heza, c·ornenzó
á hacer ntido de un modo bizarro é
inesperado.
-Di rntre, t'S cosa muy particular, pensó.
Levantó los ojo:-, y á p&lt;'Har de la obscuridad, reconoció en la hlancurn plateada de la
corteza cuyo ramaje sac-udía de esa suerte, que
eran dos hnyas de a1-pecto venerable, que se
hacían e-ara vanas, ele un talud á otro, y mezclaban su:; r:i.mas como para abrazarse. Se hubiese creído que _eran largos brazo" des&lt;:arnados que se nnían. Lo r¡ue había dP mús extra-.
ño, era que su murmurio, m11.v ligero, se parecía á un cuchicheo de voces humanas. Hervé l\lmgam Fmspenclió su paso y puso oído
atento.

Xo había eluda, las dos hayas com·er,-ab:m
entre sí. K UPstro hom hre, poi: escuch:trlas, ol,·it!ó molino, harina y pa:-telef'.
El primero de los dos· Ítrhule", el de la derecha, decía:
-Creo que tieneH frío, ;\foharit. Tiemblan
todos tus miembros.
Y el 1,wgunclo árbol, el de. la izquierda, re~po11día tirit&lt;tnrlo:
-~í, GelveRtr, estoy helada, helada hasta
ln médula. Siempre que cae la noche,es esto;
la frescura me penetra á tal grndo, que es como una segunda muerte ......... Ft-lizmente,
esta noche hacen pasteles en casa de nuestro

hijo; habrá u11 hnen fu¡,go, y tan _luego c,01110
Hll mujer.'" él se hayan nco;;taclo, iremos a calentarnc s junto al hra,ien•.
fü1tonct•s el primer árbol:
- Yo te acom paiiaré parn no dejarte ir sola,
;\faharit. Ma", i,;i tú me hubieses obedecido
cuando éramos Yi vos, no estarías en la necesidad de espPrar ít r¡ue hicieran pasteles en
casa de nuestro amado hijo parn sentir un poco ele calor. ¡Cuántas Yeces no te pedí que
fueras má!'&lt; caritativa hacia los pobres! Bajo
pretexto de que posefas poco, no querías dar
narla, y ahora tienes que sufrir el castigo. Porque has tenido el corazón frío, tienes que hacer una penitencia dura. Y yo, porque fuí
demasiado débil hacia tu pecado, soporto el
castigo contigo. Pero al menos no sufro. lo
que tú. Los pobres qu11 rechazabas, yo los mdemnizaba cuando 1-alías; por ejemplo, les daba en cuaresma. pedazos de mantequilla en vueltos en hojas de col; en los días grandes,
pedazos de lardo envueltos en pa.pel, y aho.ra,
estas hojas y e:-te papel me hacen un ve4tldo
que me tiene siempre caliente'.
--¡Ay!. ..... exclamaba siempre e~ seg~ndo
árbol, con una tristeza que se hubiese dicho
que se le salía el alma ..... .
Hen-é Min~am no quiso oír más. A riesgo
ele hncerse prdazos veinte veces la cabeza, tropezando con las piedras del camino, clescenclió
hrincanclo la pendiente hasta la tienda del
molino de Trohir.
De reo-rern tomó un camino dos veces más
lar¡!&lt;', p~r no' pnsnr 1,ajo los vetustos árboles.
-A fe mía, le dijo :-u rnujf:'r, creí que no
YO I,·erías.
Y notando su aire hosco:
--¿Qué te ha pasado·? Tienes el rostro lívido.
.
-Es que estoy en el colmo de mis fuerza1-.
Traigo los miembros roto:-. ~e,;pués d~ la ruda jornada. esta carrera ha fl!clo clemasmdo.
-¡Cuando yo lo decía!. .... En fin, consuélate. Pc1e1:1to que has traído la harina, vas á
comer los pasteles.
-Sí, murmuró, ahora mús que nunca es
preciso qnP. loH hagas.
Pensando c1ue con b espera hahría at1mentado su ansia, Radegonda se creyó en el deber
de servirlo diligentemeute. Por lo general,
doce golosinn'l de sartén no eran cosa de
causarle miedo. pero esta vez, desde. la tercera se declaró satisfecho, y hasta ah1to.
'-Decididamente, siento más necesidad de
dormir que de comer.
-¡Ah! muy bien; si lo hubiera sabido, no
habría pueRto tanto fuego, dijo i-u mujer.
Disponía.se á npartar los tizone¡,., despuéi:; de
haber quitado la cacerola., pero él la detuvo.
-Deja arder t,Hlo eso y ncostémonos.
Esperó á que estuYiese desvrstida y, en el
momento en que se puso de espaldas para
meterse en el lecho, arrojó una nueva hrnzada de viruta en la flama. Radegonda quedó
rlormida en el acto. Pero él permaneció con
los ojos abiertos.
Desde el lecho, colocaclo justamente frente
á la ventana., se veía claramente por los postigos entreabiertos el rielo y la campifla, pues
había claror de luna.

***
La noche estaba silenciosa, como sucede
por lo regular en pleno estío. Sonaron las diez,
las once, y nndie venía. El hombre comenzaha á dudar ...... Pero &lt;:eren. de las once y media oyó un ligero rniclo como de ramas que
arrastran y que sacuden; después, poco á poco el ruido aumentó, fué un rumor parecido
al de los bosques agitados por la brif;a, y
Hervé vió claramente las sombras movibles
de dos hayas que se dirigían hacia la cas;1.

Marchaban tan cerca una de la otra, como era
posible, en la misma línPa; se hubiese dicho
que la tierra las llevaba. Yeíanse, á la. luz de
la luna, brillar sus troncos argentados bajo
rns follajes inmensos. Atraveimron al fin la
cerca.
«Fru ...... u! ...... u! Fru ...... u!. .... u!. ....... !,,
gemían sus Yastos ramajes.
Bajo las sáhanas, el hombre castañeteaba
los dientes. Jamás había creído que dos árboles pudieran por sí ¡:o]os hacer todo el murmullo de una selva. El ruido estaba luego alrededor de él, por arriba, por todas partes.
- \'an á &lt;lerri bar la rasa, se dijo.
Escuchó el frotamiento de las grandes ramas contra Joi:; muros y sobre el rastrojo del techo. Por tres ,·eces las ha vas dieron la vuelta
á la morada, sin eluda buscando la puerta.
Hervé se ocultó la cabeza entre las manos para no ver lo que iba á pasar. Pero al cabo de
tres ó cuatro minutos, no oyendo más ruido,
atrevi6 á mirar. Y he aquí lo que vió: su padre
y su madre estaban sentados sobre las escabelas de leña, de cada lado de la hoguera, tales
como eran cuando vivLm. Los reconoció claramente, eran ellos los que habían venido bajo la forma de árboles.
Hablaban entre sí en voz baja. La vieja habfa levantado un poco su falda de fustán roja
para calentarse los pies, y el viejo le pregunVtba:
--Sientes uu poco de calor?
-Sí, respondía ella. Nuestro hijo ha tenido la precaución de agregar al fuego una nueva brazada de virutas.
El hombre entonces despertó á su mujer.
-Mira!
-¿Qué? ¿dónde?
-Allí, en la hoguera, á aquellos dos viejos.
¿:No los reconoces?
-Tú sueñas ó tienes ataque de fiebre, mi
pobre marido. No hay en la hoguera más que
el fuego que chisporrotea,
-Pon tu pie sobre el mío, Radegonda, y
Yerás lo mismo que yo.
Puso el pie sobre el suyo, como se lo indicaba, y vió á los viejos.
-Dios perdone á los difuntos! ...... Pero si
es tu padre y tu madre! balbucía juntando las
manos trémulas de estupor y de espanto.
-Por merced, no digas ni hagas nada que
pueda turbarlos.
-¿.Qué nos quieren?
- Ya te explicaré la cosa cuando se hayan
marchado.
Entre tanto, el viejo decía á la vieja.:
-¿Te has calentado, ~faharit"? Se acerca
nuestra hora.
Y la vieja decía al ,·iejo:
-Sí, ya no tengo frío, Gelvestr. Pero tengo vehementes deseos de que mi dura penitencia se acabe.
En esto, el reloj sonó el primer gol pe. Los
viejos ,:e levantaron; luego desaparecieron. Y
entonces, el gran rumor de follaje comenzó ú
lo largo ele la casa.
Fru... u .. . u ... ¡Fru ... u ... u ... !
Después el ruido se alejó á medida que se
alejaba también la sombra de los dos árboles
bajo la luna. En su lecho, Radegondn temblaba, no comprendiendo na.da de estas cosas extraordinarias. Cuando todo Yolvió á quednr
desierto y silencioso, el hombre contó lo que
había visto y cómo había sorprendido el secreto de los dos muertos.
-Está bien, dijo Radegonda., mañana darem9s una torta de unto para los pobres de la
parroquia que no tienen ni siquiera lo poco
que nosotros tenemos, y manclaremo'l decir
misas á la iglesia.
Así lo hicieron, y desde entonces las dos
hayas no volvieron á hablar.

EL FIN DE LA. BA.TALLA
&lt;PÁGINA DEL 8 DE SEPTIEMBRE)

Domingo 7 de Septiembre de 1902.
Ruedan al foso: piérdese conciencia
Del amor y la vida y queda iner~e
La razón. ¡Es la lúgubrP demencrn.
Del fuego .r de la muerte!

I

III

Llegó el supremo instante. Batallones
Inquebrantables sostenían el fuego
Tras los lejanos matorrale,:. Trágicos,
Con salvas fragorosas los cañoneR
Rimaban la epopeya, exterminando,
Demoliéndolo todo,
Em·olviendo en espesas humaredas
La angustia y el horror, la snngre, el lodo,
Y entre las calcinadas arboledas
El épico fermento del combate;
En tanto que, más cerca, en las praderas
Que se tienden al frente,
Tras las sólidas líneas de trincheras,
El grueso del Ejército, potentE&gt;,
E1-peraba la carga, redoblando
El fuego de su atroz fusilería,
Mientras á retaguardia, como un trueno
De tempestad, se oía
El rodar de furgones galopando
Para ir á abastecer la artillería.

II

Y entre los gritos que el furor desgrana
En la refriega, vibra en los confines
Del negro campo triunfadora diana.
Resonando en un himno de clarines ........ .
Cesa la. enrojecida hayoneta
Y el fusil en su lí1gubre trabajo,
l\Iientras los enemigos allá abajo
Huyen al triste toque de retreta.

T_.entamente calló la artillería,
Y allá sobre el tumulto, y en lo alto
De la que fué trinchera,
Desplegó sus colores la bandera
Del batallón que consumó el asalto!
HERIBERTO

FRIAS.

PALACIO DE GOBIERNO.

Ved: pecho á tierra un batallón heroico
Se bate á fuego rápido. :'lletralla
Enemiga le diezma ferozmente
¡Y su gallardo Coronel, estoico,
A caballo se yergue frente á frente
De la muerte y la gloria en la bntalla !
A toda brida llega un ayud:mte,
Le dice:-,qya!ll-Dermparece luego ........ .
El jefe alza la espada y, arrognnte,
Dominando e] corcel, que se encabrita
Al reclohlar del fuego,
Con ,·oz fulmínea á sns soldados grita:
"¡Valiente bnta.llón: en un instante
Tendremos el honor de dar la carga,
Y el enemigo nos verá en la gloria
De llegar á sus fuertes posicionrR
Y arrancarle de firme la victoria!
-¡Y á nuestra diana torarán retreta
ERos acobardados escuadrones!
Alto el fuego ¡y calad la bayoneta!"
Dice; el tnmbor redobla fulminante,
Al par que vibra rcataqm,,, la corneta;
De1&lt;pidcn mil clestellos
-Pre,mgios clel terror de la matanza,\ 1 sol las armaR, y ei-1 aqu,~I instante
El batallón como un alud Re lanza
-«¡Aellos!&gt;J-gritando sin cesar-«¡á ellos!"La sombra., el rno1;, un exterminio inmern,o
Al pie de la trinchera cobran vicla ........ .
-Y la trngerlia. hajo el humo denso
l'11lpita enfurecida........ .
En el tremendo campo
Todo se enciende y todo se estremece;
Crepita formidnhle la metralla;
El olor de la pólvora enardece
La lucha CUPrpo á cuerpo, entre rugidos
Que subrayan el trágico episodio
Y hacen surgir sobre la :\Iadre Tierra
La venganza y el odio,
Las c61eraR sangriPntas de la Guerra!
Re deia;morona el parapeto; eRtalla
Ln granada en peclazos; los cadá verrs

Se ha comenzado á construir en Chilpancingo el Palacio de Gohierno que substituirá al
que, antes de los últimos temblores, ocupaban las Oficinas principales de la Administración de Guerrero.
El nuevo edificio obedece á un plan bien
meditado; es de mampostería, de un solo piso,
y la distribución de todos los departamentos
f'e ha hecho de manera que no carezran ni de
la amplitud ni de ventilación suficientes. La
fachada principal es de bonito estilo y se emplearán en su construcción los mejores materiales.

Como sueño tenaz surge en mi mente
Una mujer que amo y que me adora,
Que no siendo In. misma á cada hora
Otra tampoco es indiferente.
Mi corazón, para ella transparente,
No es problema, á su sabor lo explora,
Ella tan sólo puede, cuando llora,
Refrescar los ardores de mi frente.
¿Es morena? .. Tal vez.¿lti.ibia? Lo ignoro.
¿,Su nombre? Evoca mus cal, sonoro,
Los nombres de las muerta~ preferidas.
Por sn mirli.r recuerda la escultura
Y ha_v en su voz el tÓno y la dulzura
De las amnclas voces extínguiclnF&lt;.

fi,¡afo/e le ]Jraz.

EL PALACIO DE CHILPANCINGO.

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�Domingo 7 de Septiembre de 1902.

Domingo 7 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

El Institnto de Ciencias de Oataca.
Hace alguno:- años que con el objeto de
asegurar ,m estabilidad y n1Pjorar SUf&gt; condiciones materiales, se peu¡:Ó en la reconstrucción uel a11tiguo edificio del Instituto de Cienciag de Oaxacn,que se encuentra situado en el
:111¡¡:ulo que fo rnrnn la ,'! calle de 111 .\ venida
de la J ndep&lt;•11&lt;lencia. y la 1'.1 (le Benito .Juárcz,
&lt;•n h capital &lt;le! Estado.
El edificio de que noi- oc·upamoi:- redstegrnn
interés pnrn la hi -.torin. Fué inaugnrndo el día
8 ele enero de 18:27 con el nomhre de «Irn,tituto ele Ciencins y Artes del J~¡::ta&lt;lo,» y su
creación ~e dchi6 ÍI un decreto del Primer Con
greso Constitneionnl.
·
El acto de su instalación, que revistió la
mayor solemnidad, fué pre,idiclo por el Gobernador del Estado en nqnella. éporn, acompañado del Consejo, principales autoridades y
numerosos vecinos de la importante entidarl
federativa.. S u primer Director fué el distinguido Fray Francisco Aparicio, y más tarde
estuvo al frente del Establecimiento ,..J señor
Juárez.
En ei Instituto de Ciencias y Artes del Estndo de Oaxaca se formaron hombres tan notables como el Benemérito Juárez y su ministro de Justicia, el célebre jurisconsulto D."
1Ianuel Ruiz; los abogados D. Manuel Dnblán, D. Félix Romero y otros muchos que
sería largo enumerar. Alumno del mism:1
plantel fué el actual primer magistrado de la
República, quien cortó su carrera para seguir
la de las armas, ponifndose al servicio ,'ie la
Patria en d efensa de las instituciones democráticas.

***
El antiguo Instituto era d e sólida con strucción y muy amplio; pero se h acía ya n ecesnria su reconstrucción, debido al estado de deterioro e n que se encontraba á últimas fech as.
Por iniciatin1. d el Jefe Político, Coronel D.
Prisciliano Benítez, se emprendiero n las obras,
siendo autor del proyecto que se ha ejecuta&lt;lo, el Sr. Ingeniero D. Rodolfo Franco.

J

La comitiva regia

El Arzobispo de Canterbury unge á E:.duardo V 11

Bah! tú seráR el exclusivo tema
de mi próxima epístola ..... .

ECOS DE LA CORONACIÓN
DEL REY EDUARDO.

ENRIQUE

ToRJir..;

ToRJ.JA.

Junio 1902.

El antiguo edificio

En los grabados que hoy publicamos se'encueutran la fachada del antiguo edificio y la
del moderno. Esta última consta de dos cuerpos, y los materiales empleados en ella son
mampostería en los cimientos y cantería en
el resto ele la construcción.
La distribución interior del moderno edi ficio ,está arregla?~ á los preceptos de la peclagog1a y de la h1g1e11e, y ofrece en cuanto á comodidad, las mayorc,; ventaja~.
En la planta alta se encuentran grandes salones clotados de suficiente luz h1en ventilad os; y en uno de slls departa~entos se halla
el )luseo del EHtado.
La planta baja está destinada á las clases,
y e:1 la parte 8 ur del edificio está instalarla la
Bibliotrca PúblicA,
á la que da accern
una puerta que ve á
la calle de Benito
.Juúrez.

establecimientos de beneficencia. Al volver á
Guadalajara, se le nombró canónigo de la Catedral y rector del Seminario, y durante su
rectorado, se comenzó la construcción del nuero edificio que ocupará el vlantel.
En 12 de febrero de 1899 fué consagrado
obispo de Sinaloa, diócesi en donde atendió

Las revi8tas europeas vienen llenas de detall~s acerca de laR suntuosn,; fiestas con que
la c1Udad ele Londre:s celebró la coronnción de
Eduardo VII. y de los relativos á lns ceremonias que se ver°ificaron en la Abadía de Wei::tminster.
La infornrnción gráfica que ofrecemos en esta plnnn, es de lo más importante que se ha
publicado en Europa. En nuestros clichés pueden ver,:e represen lados, tnnto los actos de
coronación clrl Rev v de la Reina, como los
hrilln11teR d&lt;'~fil&lt;'8 ·de.la regia comitiva el día
de In ceremonia.

Pero el acento rnag1co y sonoro
De una voz celestial llegó á mi oído.
Y un beso de tus labios desprendido
Me despertó diciendo: ¡yo te adoro! .. ... .
¡)Ientirosa!. .. ¡después Rintió mi alma
Algo terrible que robó su calma
Y que le dió la muerte de improviso!. .....

EL PRIMER BESO.
Era un sueño de h adas-sueño de oroCon que los genios del Edén florido
Arrullahan mi pecho dolorido
Cansado de verter su nmargo lloru.

¡El beso que me diste estaba lleno
De letal y mortífero reneno
~[ezclado con la miel del Paraíso!
E~RfQl.8

POST SCRIPTUM.
Te hablé ele mis tristezas: enferniitas
que sufren un mal crónico;
el doctor asegura que no tienen
remedio,
lo deploro!
Te hahlf en párrafo aparte
de las incertidumbres de mi alma,
de nnn 1111gustia infinita que me oprime
y una aflicción inmeni::a que me nrnta.

NUEVO OBISPO
Te conté mis insomnios; esas noches
que me pnso sin sueño,
con los ojos rai::gando las tinieblns
terriblemente abiertos.

DE CHILI\PA
Para cubrir la vaca nte qnc dejó como obispo d9 Chilana el Dr. D. Ramón ·
Ibarray GonzálezAl
h¡icerse cargo de b
dióceRi de Puebla,
ha Rielo nombrid.o
por S. ft León XIII
el Sr.. rDr.
José
·, Hom6bono A nava,
1
a.étual obispo de ·si,, na.loa.
,é . El señor A!laya
,.:nació en GuadaiaÍ jara el 13 ·'de no, --cviemhre
ele 1835.
• ituy joven aún, in-.
--º~~1 ~ dé rnria~
gres6 al seminario - á lá r~nstrucci ' •
c~2pelits y est:~b
1tqsJ'le~hc;á~~s. al culto,
de aquella ciudad
para seguir la ca- . fundando vanas':éasa-s, rle -~enefü!encia. Poco
de~pu~s de su coni-ngraciún arrrgló u11a pererrera eclesiástica, y ·
g_nnac1ón á Roni::f y loi, Santos Lugnl'es, asísalgunos iiños dest1enclo ni Coneillo Plehario Latino american o
".Pt1és recibi6 la borconv?,ca&lt;lo por R. ~- el ~apa, y en su apertnr;
1a &lt;le doctor en dfungw de 8ecretano. !,lizo despué,; un viaje á
nones.
Rollla, en rrpresentacwn ele los catéili&lt;'os meFué cura de vaxica11os, con moti,·o dPI jubill'O pontific¡L[ del
rios puntos, y en
l'npn.
las parroquias donm señor Anaya irá próximamente á hacerde ejerció, procuse cargo de su nueva diócesi.
ró fundar escuelas
y proteger siempre

Te elije que lloraba; para muchos

éstm, son nimiFdndrs;
te &lt;lije qui:' llorn hn, como un niño,
no, como un nifío no, como un cobard e.

... Y no te haulé de ti! ¿qué olvido es éste·?
¿Por qué fiOY egoísta? ..... .

:n..

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•
1

•

La nueva construcción

, \~.Í~,.•[·~¿ir.::~~~~- .

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' 1.--líJlJ!ii ~¡, ~t"'~ !~.tM ~-~
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Coronación del Rey.

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!al desfile.

Coronación de la Rei na Alejandra.

C.

ÜLIYER:\.

�EL MU!-;t&gt;O ILtJS'l.'RAOO
Domingo r;- Je Sepfümhre de 1902

EL MUNDO ILUSTRADO

TUNQUILLA
Abril C:aba placer á la tierra y á las gente¡;,
En Jn, aldea, encaramada en lo alto de la colina, las cabañas, cercarlas y con techo &lt;le cáñamo, parecían de oro con los rayos a.l~gres
del sol· una Yerdadera nube &lt;le rPtoños prntaba los ~rboles en las ramas dei:mudas, y á lo
largo del arroyo parlero destacábanse manchas de flores rojas sobre un manto de verde
terciopelo.
Un pequeño sendero ascendía en tanto que
el arroyo hacía un descenso, 6 más bien, Junquilla subía lentamente por el sendero, con
tanta mús lentitud, cuanto que Juan, su
amoroso galán, la lleYaba del brazo, y los dos
se detenfon con frecuencia para cortar aquí
una anémona y allá rnn prima1·era. Camina-

Formal é ingeniosa, llevaba á las casas el contingente de sus talentos sobre toda clase de
asuntos del hogar, que bien pro11to estimaro11
en su justo valor. Al poco tiempo, tenía que
abandonar su cnsita desde por la mañana para Yolver á ella. al caer b noche. L::i mañana
entera del domingo y algunos ratos todo,; los
días, á prima hora, los dedicaba á su jardín:
plantaba, injertaba, aderezaba con deliciosa
minuciosidad los prados, y muy en breve, su
vida era la más llena de trabajo, h más tranquila y la más sabia que se pueda imaginar.
De tiempo en tiempo iba á unir sus cortas economías al modesto te8oro que tenía depositado la señorita Didier.
Así vivía en paz con todos, cuando la llamaron á la casa de la señora Loif'f:eau. Fué precedida por su reputaci6n de buena trabnjadora y de señorita juicio;:a y ordenada. La señora
Lois~eau era de mal carácter.

no lo querí::i. Sola, sí, pero sola con la buena
amü,ta&lt;l de to&lt;los.
Y dijo en tono firme: «.Juan, tienes raz6n. »
.Juan la &lt;lió un abrazo y partió lleno ele valor.
Guando lleg/&gt; á casa de su madre, díjola con
timidez:
--1\fadre, no piensas que haría bien en tomar estado?
La sefiora LoiRseau respondió sobresaltada:
-Tú! ... pero apena" tienes veintiún afio;,!

-

l /--~
ban pensativos, silenciosos, sintiéndose en
plena posesi6n del presente; pero el porvenir,
¡cuán incierto!
J unquilla, dos veces huérfana, no era partido para el hijo único de la anciana sefiora
Loisseau, que disfrutaba de los bienes que son
necesarios para f:er «rico» en una aldt&gt;a. Ella,
J unquilla, se decía en el pueblo r¡ue había sido encargada en la casa de unos jornaleros,
los ~Ia.thurín, quienes la recibieron como á
una bija; la mujer murió cuando la niña tenía apenas doce años. Mathurín entonces pidi6 consejo ú la institutriz del pueblo, porque
Junquilla era su discípula predilecta.
Fina, dulce de carácter, y de espíritu más
franco que el de sus compañeras, era para la
señorita Didier una niña de confianza, y la
institutriz, un poco aislada, se interesaba por
el misterio de esta víctima de algún drama ignorado. Mathurín dijo que, en los primeros
meses, recibía diez luises de oro que guardaba
para dotará la niña, pero ¿qué podría hacer
con esto? Tendría la pequeña casita &lt;l.el jornalero, jardín, y esto era todo.
Junquilla era hermosa; delgada, tierna, esbelta, lo que le había valido su sobrenombre.
¿Qué iba á hacer ii. la ciudad, sin previsi6n,
sin experiencia'? No era mejor prepararle en
su casita una vida tranquila?
La buena institutriz aconsejó ii. Mathurín
que guardara á la niña,que podría servirle admirablemente para el manejo del hogar. Preocupada por su suerte, la enseñ6 todos aquellos
conocimientos útiles y hasta agradables: á jardinear de modo que supiera aprovechar de la
tierrn y ele las estaciones; platicaba con ella, le
daba á leer algunos libros útiles, y hacía que
la acompañara en sus paseos.
De esta manera, J un quilla había llegado ii.
f'er una muchacha instruída, avisada, entendida en multitud de cosa;,, y al mismo tiempo sencilla é ingenua. Acababa de cumplir
dieciséis años cuando ~lathurín, á consecuencia de una jornada fatigosa, cay6 enfermo y
muri6.
Esta vez, la hufrfana se sinti6 profundamente inquieta por su vida; pero la buena señorita Diclier vivía; fortific6 las buenas disposiciones de trabajo que conocía en su desventurada &lt;liscípula,y depositaria del pequeño tesoro que Mathurín le había entregado al morir, lo guardaba piadosamente, tomando muy
poco, lo justamente necesario, para evitar que
Junquilla se creyera en la mendicidad· le bus'
co, queh aceres en la aldea y en las casas
vecinas.
Poco á poco la joven se hizo á la nueva vida.

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Ninguno, ni rn hijo Juan, sobre todo éste. ,·· ~
que conocía muy bien la mano, Rl'Ca como un
nervio enjuto, de f:U madre, se había arriesgado j::imás á resistir. La Junquilla, con su
talle d.ilgado y suave, y su firmeza innata, era
un viyo contraste con 1n. ruda paisana, y Juan,
por instinto, buscaba en ella un refugio.
Junquilla era demasiado prndente pam irá
-Es verdad, pero estoy fuerte, y sería'tan
la casa de la señora Loisseau, cuando vi6 que
feliz en familia ...... 1
,Juan la cortejaba; pero Juan venía :í buscarla,
La Reñora Loisseau hizo un gesto. El pobre
iha á esperarla á la hora &lt;le entrada, la acomchico había soñado un poco de ternura, cosa
pañaba á menudo con cualquier fútil pretexque jamás había encontrarlo sitio en la vida de
to. El, por su parte, se mostraba dulce, reserla paisana. ¿De d6nde venía á Juan este devado, casi tímido, con esta joven en quien, sin
seo de c,vivir en familia"?
explicárselo, encontraba un encanto irresisti-Pues bien, ¿y cuál es la nuera que quieble. Ella lo acogió primero como camarada,
res darme?
rlespués ... palabras muy tiernas se deslizaron
.Juan sinti6 que el momento supremo había
hasta su corazón; y he aquí c6mo, aquel día,
llegado y contest6 en voz baja:
Junquilla subía lentamente por el Rendero del
-Yo quierJ á la Junquilla.
riachuelo cortando flores, en tanto que su amiLa señora Loisseau se levantó violenta.
go .Juan la acariciaba el talle silenciosamente.
-¡ .J unquilla! Esta hija de nadie, que no se
sabe siquiera de cl6nde ha venido, y que no
tiene tres escu&lt;lmi!
Al cabo de un instante, Juan levant6 la caJuan se defendi6 y defen&lt;li6 su idea.
beza con resoluci6n y dijo:
- Pero nosotros tenemos bastante y ella e8
- Mira, Junquilla mía, esto no puede conhacendo8a, tiene granrles virtudls, y eso te lo
tinuar ar,¡í. Después de todo, mi madre ... no
he oído d ecir.
soy su hijo único? ¿Por qué había rle querer
--Sf, para el trabajo: pero para formar una
mi desventura?
familia ...... Pues, hombre, r.o faltaría más que
En el fondo no es mala; voy ii. pedirle que
eso.
nos casemos.
-Pero ......
Junquilla mene6 la cabeza. No se hacía las
-Basta! Ko h::iblemos más &lt;le tal asunto.
mismas ilusiones sobre el carácter de la seño.Juan, desesperado, exclam6:- Está bien,
ra LoisReau. Pero pensaba como Juan: «esto
madre&gt;; entonces prefiero irá la ciudad. No
no puede continuar así". Las gentes del puepuedo permanecer aquí! Sí, me iré, me iré,
blo someían con indulgencia viéndola pasar
repetía el pobre joven comprendiendo que tocon Juan; pero si se podía pensar que no em
do se estrellaría contra esta paisana cabezuda.
para matrimonio, se pensaría mal de ella, y
Juan sali6 para irá contarle á la señorita

boming-o ~• de Septieruh-e de 190~

lo que no osaba decir tí. la Junquilla. Sumadre lo siguió hasta la ciudad, y antes de u11
mes supo el chico que, hijo único de viuda,
pero, según declaración de la madre, inútil
para la casa, lo reelamab:rn para hacer sus
tres años de servicio militar.

***

Había transcurrido más de un año. El carácter de la señora Loisseau se había agriado
má8 y rnás, al grauo de que en el pueblo casi
todos la aborreeian por t,ll dure,m, tanto eomo
.unaban tl la .J unqu11Ja por :su bondad.
Lrn día de plaz,~ en el pueblo, la paisana
vo1,·íú co11 un fuerte tlolur Je ealJeza. Había
epidemia de virnela¡ la señorita l)idier lo supo, y mundo al lloetor, &lt;¡uwn preserituú la vacuna general.
Fué un «::,úh·ese quien pueda». -Xo qucJú
servidor en esta casa conta11111rn&lt;la; solamentt.:
una vieja que no tenía &lt;londe vivir, permanl'ció allí encendiendo el fuego, calentan&lt;lo d
agua, pero incapaz de prestar ningún cuidado.
¿~u1{•J1 a~istiría a la enfl'nm\'t ~o había en todo el pueblo!
La señorita Didier fué en el acto á ver {t la
Junquilla:
-Hija mía, le &lt;lijo, es un deber. Tu vacuna lm sido &lt;le lal mas eficaces; observarás la¡;
reglas de higiene, que eomprenderás tú mejor
que las otras,y podrás cui&lt;lar sin peligro á esta pobre mujer.
-Pero ...... la señora Loisbeau me detesta.
-En cuanto á eso, no tengas temor alguno:
tie11e los ojos en tal e¡;ta&lt;lo que no puede abrirlos, y una liebre que la hace delirar á toda hora, para t¡ue pudiera reconocerte. \' e, no arriesgas nada.
Asegurar que Junquilla entró allí con una
man sed u111 lne perleeUt, i:lena &lt;leci r demasiado;
fué vor deber e hizo :m &lt;leuer. :::iecu n&lt;lú al doctor a uiarnv1Jla, y la i:lefiora, a pesar &lt;lt:: su euad
avanzada, se repuso l1•11tame11te, conservando
idea:; eoniusa:s, pero, eu el fo11do, la u11::;1tut
nrroganeia. :::iu 1,1riuier acto de gratnud, apena::; ::;e s111t1ó lllCJor, fuf motill'al'le la ¡,uerta it
la eufel'luern, pagaudole t-illi:l ::.ervicio:&lt;. Deb¡,uf:.; 1ua;1du a bu:;car una JUUJcr del paí¡;; la.
1u UJer \'lllo ex pre::;ame11te cerca de la. ¡,uena Ít
gritar:
-¡Quiéll! yo Yen irá cuidar ú ei;ta Yit·ja venE¡"nol Diaut1e, 11ue be u1ue1a y que nos deje
Íl todos en paz ...... !
Eutonees corn preudiú que .J unq uilla, resigna&lt;la y trnl\\1u1la, va11a 1wt:;¡ pero disimulo,
hasta que un atayue de ¡,arali:s1s la po:;tró sobre una silla. 1~st:: día la :sirvienta vi no á ;;uplicar huuultle111ente á Juuquílla que fuera;
t)Sta ntciló pnuiero, ¿no :-,errn mejor irse y ol •
vidar·t l'eru pen::;ó t.u~1 u1é11 en Ja pobre vieja.
:;ola.,alm11Jo11a&lt;la, lejostle su hijo, &lt;1ue,t,;in duda, ignoraua el e:-,tatlo de :m_rnadre,.y _accedió.

DE LOS ESTADOS.-Jardín de San Francisco (Guadalajara).

.Juan había e:-:crito ,·arias cart::iR, pero la. Reiiora l:is ocultaba Cl'lo!'amente, ,v renunciaba
ÍI leerlas por 110 dejar que Junqnilla las viese.
Esta, dócil, paseaba á la paralítica, la. acostaba, le administra ha los alimentoi:', y así la Yida tranRcurría.
Una tarde, Juan, sin ser e!'lperado, pas6 la
puerta del jardín; la madre Loif'seau entraba
apoy::ida sobre .Junquilla y le decía:
-Hijn, quiereR darme mi tabaquera?
La. e11fern1a palideci6 y .Junquilla t11mhié11.
-Cómo! ¿Eres tú, Juan'? Y dirigiéndose Ít
.Junqnilla, la dijo:
- lJ ija, puecleH irte-, no te neceHi to _ya; mi
.Junr, me ayudaní.
Pero .Jnan, rúpido:
-l\fndrr rnín, o,; rreía rnúH mala; pueKt11
que podéis andar, me "ºY á ,·cr á mis camarachiF.
Y Haliú, pero f:U mirnda hn.hía dicho ú Junquilln. un mundo ele pen:-amiento:&lt;.
Juan venía lo menos pof:ible á la. cm,a. La
vieja d&lt;-'jaba, que .Junquilla la cuicl11!'le con picda1l, y Habe, Dio,; hasta cuándo hu hiera durado e!üo, si la !nena seJiorita Didier no hubiera intervenido.
l.:n día de invierno Yino Íl ,·er á la Refiorn.
Loi~8e::iu y delantE' de .Junquilla le dijo:
- El doctor tiene ncceHidad ele una pen,ona para cuidar á uno de sus rico¡; clienteR· me
¡,i&lt;le á Jnnquilla, á quien ha apreciado v'iva.mente aquí. Hija mía, e,:pero que aceptaráR.
La paralítica exclam6 con sentimiento:
-Qué! ¿Llevar¡:e á .Junquilla·?
- Es en su interés, señora Loisseau; hay
que dejarla partir ......
Por la noche entr6 .Juan sin decir á su maclre nada. ,Junqnilla se había. marchado clPsde
bacín al~unas horas.
La. ,,i;•ja llamólo:
-~o me has vuelto ú hablar de Junquilla;
¿a&lt;'a~o ·"ª no la amas?
-8eñorn, para que me mauléis otros tres
afio!&lt; ni Tonkín! Muchas gracial-'!
-Oh, no! Es una buena muchacha... y este dottor quiere quitárnosla; nadie rne cn¡'darÍI
como ella ......... Deberías hacerla tu eP-po~a !

***

***

.Junn, sin oír m•&gt;s. Rflliú y corrió como un loco á busc-ar
[t .Juuquílla., ÍI pe;inr dt•l frío
y ele la hora a ,·ai1¿ada. La encontr6 en casa de la. Heñorita
Didier....... .
-Al fin, ,·amos á Sl'r dichosos!
[Trnduccióo de "El Mundo llnstrado."J

TEMPLOS DEL PAIS.-Parroquta de Lagos.

- Ln. hellcza del euerpo humano desarrolla
un fluido magnético que escla1·iza las p('J'so-

nns &lt;le limita.da cultura socinl; pero la hnnda.&lt;l
del almn, con sus brillantes tleRtello's, ilumina
el camino que noH conduce al templo de la
felicidad.
·-Los tontos nos hacen reir; los ,:abios nos
hacen pensar.
-l\Iejor que Pxplotar lo pa:-:a&lt;lo, es rotmar
el &lt;·ampo donde potlrún cultivarRe las ideasd¡,
lo porl'enir.

Quiero ú todo el mu1Hlo,
yo ú nadie deteRto.
¡Si hay· un hombre que me odie en la tierm
tmnbih1 yo lo quiero!
Con mi frente altil'a,
muy cc&gt;rca. del delo,
siempre "ºY por la altura, y no escucho
los odios protervo,;.
Es mi alma un a,·e
de conRtante nielo ...
porque teme al posarse en la tit•rra
mancharse con cieno.
Tengo un numen triste,
soñador y bueno;
tengo un numen qi1e grande en mi carnP
no vi ve en el suelo.
Xo anidan en 111i alma
los odios rastreros,
que en loH puros y nol,leR altare:;
110 vivet1 los ruen'0f:.
Despertar mis iras
es un vano empeño;
eR mi alma mi broquel que rE&gt;chaza
los danloH iHfectos.
:-liga el odio infame
P-U l'llin clamoreo
mientras "ºY por l'I mu1'ido ca ntando,
cantando y riendo.
~Ii patria es el mundo
mi mundo es el cielo. '
::\[is hermanos son todos los hombres
tle todos los pueblos!

José )rl Col/antes.

�EL MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO ll.--NÚM. 11.

MÉXICO, SEPTIEMBRE 14 DE 1902.

Subscripción mensual foránea, $1.50
Idem ldem. en la.capital, ,, 1.25
Oerentet LlJI&amp; Rtl'f&amp; &amp;PINDOLA,

8lrector1 LIC. RArAU Rtn&amp; &amp;PINDOlA,

UNA MALA PARTIDA

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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          <name>Título Uniforme</name>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1902, Año 9, Tomo 2, No 10, Septiembre 7</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EL MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO ll.--NÚM. 11.

MÉXICO, SEPTIEMBRE 14 DE 1902.

Subscripción mensual foránea, $1.50
Idem ldem. en la.capital, ,, 1.25
Oerentet LlJI&amp; Rtl'f&amp; &amp;PINDOLA,

8lrector1 LIC. RArAU Rtn&amp; &amp;PINDOlA,

UNA MALA PARTIDA

�Domingo 14 de Septiembre de 1902.

LOS CONFETTI.
El primero, decía Voltaire, que comparó á
las mujeres con las flores, fué un poeta; el segundo, un tonto. Parodinnclolo, podríamos
decir: el primero qne discurrió amenizar una
fiesta con confetti, fué un artista; el segnndo,
no merece perdón de Dio!'.
Como vistm;oi-, in&lt;ludablemente que los confetti lo son. Xnda mt1;: pintorei::co que esa JI uvia de partículaR multicolorei::, girm1do y revoloteando cnmo mariposas y simulando insectos pintaclos y jnguetone;:. Cuando la lluvia
de ::igasajo;: se desprende de una altura y cae
sobre una comitirn ti un desfile, parece un arcoiris pulverizado. Esparpajado en la atmósfera es una c::ii::cada de pedrería.
T~do lo esmalta v todo lo decora. Como el
copo de nie\·e, _el con_frtti acaba por fija~·se en
los relic\·es y hneam1entos ele las arquitectura¡.; realzándolas y matizándolas; sabe dibujar
aqt;í una corni;:n, allá un capitel, mns allá un
bajo rr.lieve. Sobre las hojas de los árbo~es,
entre el ramaje, remeda flores; entre los hilos
de las cabelleras ó los pliegues de las faldaFt,
simula pedrería; regado en el pavimento, imita rica tapicería oriental.
De tiempo en tiempo la ráfaga de viento lo
arranca de st1 momentáneo reposo .v lo arremolina en tromba sólo arrebata en enjambres pintados y deslumhradorei,,.
Hasta ahí todo Ya bien y el confetti es un
elemento decorativo, gmcioso, ágil, variado y
delicioso. Pero el confetti, como la flor, tiene
una vida efímera; &lt;lura, como las ro;:as, un::i.
mafüma; como la chiRp::i., brilla un instante y
se extingue luego. :\fomentos después de. haber surgido, revoloteado y girado, y aunantes, el confetti se marchita y se aj::i.; conoce el
polvo y se empaña, toca el fango y se mancha.
El confetti, como l::i. abeja. es vistoso; pero
importuno. Zumba, se insinúa, tiene la fuerza y el avance ele penetración del poh·o; to'.10
lo invade, de todo se ::i.podera, todo lo conquista. . A semejanz::i. del mosquito y de la pulga,
para él no hay intersticio pequefio, ni puerta
cerrada ni lugar inaccesible.
Después de una verbena ó un combate de
flores, hay confetti en todas las soperas; se
les encuentra adheridos á todas las alfombras;
pasan á través de nue;:tros Yestidos ~- llegan á
nuestras ca:-nes; se insinúan en el canal nasal,
en el árbol aéreo, en el concluc:to auditivo, bajo lo¡; párpados, en las víaR lacrimales, y los
encontramos entre las tapas de nuestros libros
favoritos ó de nuei,,tras obr&amp;s de consult::i.. Tres
días clespués estornudamos ó tosemos confetti, y 'durante semanas, nuestros peines, m:iestros cepillos, nuestros implementos todos ele
aseo y ele ui-o común, están impregnados ele
esa ei;pecie de microbio.
Y no es eso lo peor; hay toda una patología «confettil,» si vale l::i. p::i.labra. La conjuntivitis) el exniza, la otifo,, y hasta la neumonfa
v la gastroenteritis y, sobre todo, "la fiebre»
confMtil, se padecen hoy corrientPmente y se
estu&lt;;l.ian con detenimiento en las obras clásicas, «El conffetti como vehículo de todos
los cont::igios», C'S una ohrn que si no se ha escrito¡ debería ef'cribirse y que «revolucionarfa,,
to&lt;la.la medicina y fecundaría tod::i. la clínica.
¿,Cuantas veces, de regreso de la Covarlong::i. ó
elel 14 de Julio, noR sentimos acometidos de
croup ó de viruela sin sospechar siquiera que
1111 confetti insinuado en la gargaut::i. ó que
logró abriri::e paso hast::i. el i-ii-tema circulatorio, nos inoculó tan feo~ mnles.
Sin contar los traumatismo:&lt; que oc::i.siona,
ú mejor dichc:&gt;, que lo hacen ocasionar. Suelen las bolsas de confetti lleYar guijarros, agujas, alfileres y otros instrumentos vulnernntes
que Ron ocm,iona&lt;los á contusiones ó picaduras emponz01i111las como E:! confetti mismo.
Agréguern;e á esto las crisis que ha ocasionado en el servicio doméstico. Al acercarse
una tempornda fecnnd::i. en confettis, las recam::i.reras piden su baja, los camaristas presentan su renunci::i., Jo;: emple::i.dos de la liinpi::i. y los carretoneros de la basura, ;;e declaran en huelg::i. por el exceso de trabajo qne les
o~asiona.

EL 11UNDO ILUSTRADO
Digúmoslo ele un::i. yez: se impone la abolición del confetti. Hay que perseguirlo com_o
á l::i. chinche, que desterrarlo c.01110 al mosquito, que destruirlo como al miérobio. Como las
ilusione:-, deslumbra nh rato, halaga un pun
to y deja tras si molei-tias, penns y trabnjo;:.
Xo vale lo que cuesta y cue,:ta mús en afaneR
póstumos y labores i-uplementariai;,, que en
dinero. Et&lt; riqueza lanza&lt;la al Yiento y origen
de males incontnbles. L::i. supresión del cl,nfetti mejoraría mucho la condición humana.
A esto conte~tan los economistas: el confetti es una industria considerable, que «alimenta» muchos brazos y ocupa rnuchns boca;:.
Centenares de millones de proelucción y otras
tantas ele consumo; una maquinarin. perfeccionada y costosíRima; poblaciones enteras levantadas á la som brn del confelt.i, nada de esto
puede aniquilarse ;;in gra\'e daño del trabajo
y ele la riqueza humanos.
De lo cu::i.l se deduce que el confetti ei::, como la guerra, una industria que nos 11utre
aniquilnn&lt;lonos y que, como el ~Iinotauro, crece y engorda á costa de nuestra i-;angre ó po.r
lo menos á costa de nuestra tranquilidad, de
nuestro reposo, den u estros plac:eres y den uestra i-alud.
Evví vano i confetti !

PREMIO DE AMOR.
Tenía Yeinte años, su p::idre le hal,ía dado
el nombre de Aurora y era la mujer más hella ele toda la rosta del Languedoc. Sus cabellos eran tan obscuros como las zarzas que cercan las viíias. SP cuenta que cuando Aurora
con la falrla corta y suelto el cor,ié, iba á la
playa á recoger sus redes, apenas dejab::i._ marcadas sus huellas sobre la aren::i.: tan ligeros
eran sus pies.
Muchos ga.lanes enamorados perseguían á
Aurora con i-us galanterím, y sus declaraciones
amorosas. L::i. encontraban tan hermosa, que
pernmban que á su costa enriquecerían y harían gmndes cosas.
lin domingo los reunió en la playa y les habló de esta manera:
- Formáis todos Yosotros al rededor de mí
una brillante corona de az3 hares á quienes
quema el Rol de las campiñas vereles donde
trabajáis. Tiempo es ya de que piense en mis
nupcias. Las hijas de esta tierra no son gazmofias como las de J::i. ciudad y no tienen miedo á los hombres. Deseo, en tal virtud, saber
ahora el destino que preferiría para mí cada
uno de vosotros, si le concediese mi mano.

- Yo, dijo Pedro, quii,iera ser rey, mandar
ejércitos numerosos; tú, Aurora, serás la primera en todo el Languedoc, la soberana del
pueblo y de mí mü,mo. Te daré mantos recanrndos de oro, Yestidos de púrpura y de sed::i..
Mandaré .edificar palacios expresamente para ti.
.
-Yo, dijo .Jacobo, no te importunaré con
la curiosidad d e las multitude$; serás la m1,1jer mús rica clel mundo, y yo tu Creso, tu
servidor; podrá,: derramará torrentes opulencia y felicidad. Sólo para. ti, haré abrir cana.les bordados de praderas embalsamadas y de
bosques sonoros, y tus yate,;, como cisnes en
el puerto majestuoso, llegarán hasta el pie de
tu mansión opulenta.
- Yo, dijo Enrique, peeliré A Dios para ti
la inmortalidad. Serás eternamente joven y
bella, mi pensamiento y mi vida estarán siempre en ti.
· •-Yo, dijo Armando, querría tener la lira
de los trov::i.dores que seducían á las castellanas de antaño, y cantar en poesías muy raras
tn belleza y nuesti:o suelo del Languedoc, la
cuna donde sor.reíste por primera vez, tu fren-

Domingo 1.J ele &amp;pliembrr de 1902.

EL MU~DO ILUSTRADO
te de virgen. Cantnré tu nombre, tus ojos llenos de estrella~, tu ho&lt;·a roja como una granada entreabierta, trni ligeroR Yestidos tle campesina y tu corazón de reinn, los campos de Yic!es en donde platicábamos juntoi- de nuestras
rsperanzas. Yo, tu esposo, te hnría así inruorbil y dichosa..
_:_Yo, dijo Luis, con pinceles y coloreR glorificaré tu inrngen. Robre telns tan numero,;as
como las olaR del mar, repetiré tu heller.a, tus
ojof; ne~ros, tus hthioi- sensualeR, tu cuello
moreno, en donde, por la. noclw, dE•scienden
&lt;lei-ata&lt;los tus cabello~, inundados ahora ele
luz. Venderé estoR cuadros, ei-tos pasteles, estas pinturas; gracias á tu imagen, haremos
prontamente fortuna, y Yi virfüi inmortal, adorada por lnr; generaciones que \'engan dPspués
tle no,:otroR.
--Yo, elijo Antonio, querría ser el ei-pejo
en quP, por las mañanas, se reproduee tu ra&lt;Jia nte imap:en con purez::i., corno el sol se mira enYuelto entre gasai- d&lt;' aurora en los flote;;
platea.doR de nuestra mar latina ...... DeFpués,
ctrnndo tú dejes dP exi~tir, yo me romperé, y
Hólo yo, esparci&lt;lo en fragmentos olYidados,
conservaré el recuerdo de tu juventud y de
tus enc::i.ntos.
Otro galún, tímido y ;:encillo, que se ma.ntPnía á cfü,tanci::i. contemplando con htasis la
frente hermosa ele Aurorn, no pensalm en hablar, porque, en su humildad, no tenía la menor esperan1J1.
-¿Y tú, Eduardo? le prrguntó Aurora.
Al oir e$ta \'Oz encantadora, el galán cobró
ánimo y exclamó:
-Yo no quiero riquezas; no ;:ería rey, ni
pintor, n i ei-pejo, ni poeta ni millonario; quiero perm::i.necer tal cual RO.Y, en mi choza, al
hulo de mis ancianos paelres, cerca de nuestro
mar azul, en donde tanto tiempo sus olas me
han mecido como á un hijo, este mar del que
conozco y amo sus tristezas y sus cóleras.
Quiero Yivir siempre en mi honesta condición
de pescador y de labrador, según las estaciones.
Re calló, tuvo un momento de vacilación;
despuPs continuó mirando con resolución el
rostro radiante de Aurora.
-Si tú me quisieseR por marido, serías más
rica en nuestra cabafia que en ef'OR palacios
donde te arrull::i.rán músicas, donde te adulará un pueblo de servidore", porque yo te amaré
con todo mi corazón y con todas mis fuerzas.
Trabajaré mucho para que no padezcas, sobre
todo en tu vejez, y para que en todo el transcurso de tu P.Xistencia no tengas que envidiar
á ninguna de tus compañeras.
Yo seré el que trabaje, y tú serás libre en
tu país, en el nuestro, donde hemos conocido
la dicha y l::i. humildad. Nuestra casa será la
más alegre, la más feliz, la más sonriente de
estas tierras.. ..... ¡Oh! en tanto quenoset.iene
la desgraci::i. de ir á mendigar el pan de puerta en puert::i, tiene uno derecho de contar con
la felicidad, Aurora ..... .
El viento, balanceado en el mar, murmuraha dulcemente. El sol caía en el borde del
horizonte, espléndido como una rosa.
Cuando todos los jóvenes habían hablado,
Aurora Re levantó, v deteniendo su mirada sobre el humilele pescador, hizo conocer su
elección.
- TodoR me amáis, pero Eduardo me ::i.ma
más que todos. El es el único que me quiere
por mí, por lo que valgo, en mi país y en mi
destino. En el carnaval próximo celebraremos
la boda. m poeta recitad sus versos, el pintor mostrará sus cuadros........ nosotros do,;,
Eduardo, elijo ella sonrienilo, pensaremos en
nuestra dicha y en nuestro porYenir.
. Después de lo cual, todos se retiraron á la
aldea, y la brisa dPjú de murmurar.

--

~

~~

-

-

.

--~_!&gt;,_..,..-;:,._ - ~

~

',..____...... ~~~:-

2a ceremonia del día 8 •
eremonia que, ano por m1o, organiza 1::i. Asociación del Colegio :\Jilita,_- como 1~n justo
nenaje á la rnemori::i. de los héroes que combatieron contra la intervención a.men?ª1~ª en
Churuhui-co, :Molino &lt;lel Rey y Ch::i.pultepec, revistió en esta ocasión un luc1m1ento ·
extraordinario. El acto, como es costumbre, se verificó el 8 por la mañana, ante una concurrencia numProsísima,y fué prei,,idido por el primer Magistrado de la República.
Como local, se hizo uso por primera vez de la hermosa plataforma que se construye en el l?os~
que y que se desti1rnr{i exclusivamente para la celebración anual de la significativa ceremoma a
que nos referimos. "C"n amplio toldo, con franjas de .oro y borlas, daba sombra ú l::i. gradería, ·y
prendidos {¡ los tahleros del muro, había festones, escudos ? elrapp1·ías. En lo alto ele lai- pilai-tras se pusieron les retratos de los héroei- niños, )' á la entrada caiiones y otros atributos de g~:?rra que completaban el adorno.
El Sr. Presidente de la República, á quien acompañaban los senores Recret::i.rioP de Estado, Lir.
Don Ignacio Mariscal, Lic. Don .José !Yes Umantour. Gel1ernl Don Bern::i.rdo Re.ves, General
Don :M anuel Gonziílez Cosío, Lic. Don .Justino Fernánclez é Ingeniero Don Leandro Fern!indeZ,)'
los miembros &lt;le su Estado Mayor, se presentó en el bosque á las chez de la mañana, ocupando
el lugar que/se le tenía preparado.
El oficial de la ..\rmacla Xacional, Rr. Enrique Beltrfrn, fué el primero que abordú la tribuna
para pronunciar un magnífico cliscnr;,o que escucharon los concurrentei- con el más vi Yo interéR.
El poeta .JoRé .Juan Tahlacla rrcitú en seguida una. hrrmosa poesía, y el alumno del Colegio, ::\[iguel A . Fortuño, cerró la parte literaria con una a.locuciún que fué tan aplaudida como lo habían
·
sido las &lt;los piezas literarias ante======~==
riorei-.
Lo más notable ele la parte mn;:ical consistió en el himno á los
mártires de Chapultepec, que cantó un grupo de alumnas de la Escuela de Artes y Oficios y que fué
escrito expre;,amente para l,t fiesta. Una salva de aplaui::os premió la buena labor ele los autores
J' de las señoritas que lo entonaron.
Las bandas del Estado Mayor y Zapadores cubrieron los demás número~ del
programa con piezas eRcogidas.
Terminada l::i. ceremonia, se depositaron ante el monumento cons::i.o-rado á los
alumnos del Colegio muertos en defensa de. ln patria, numerosas co~onas. De
éstas, llls que llamaron múi- la atención por su buen gusto
fueron laF siguientes: ele la A~ocü1ci6n del Colegio Militar, del
señor coronel l"rancisco Orla, ministro de Guateniala y de
las Escu~las lndu~trial de. Hué!fa1_1os, Kacional I'repar;toria,
ele Ing&lt;'111eros, &lt;lP Comerc10 y ¡'\ac1onales Primarias.
En el solemne acto estuYieron representados muchos e.-tnblecimientos d e)nstrucción y agrupaciones particulares.

.JORGE BE,\U)fE.
'Frarhtcriún ,;le "'El Mundo Ilustrado,'

/
El señor Presidente y sus Secretarios.

La concurrencia.

�Domingo 14 de Septiembre de 1902.

~t :M:tJNt&gt;O 1LtJST1UbO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 14 de Septiembre de 190i.

cedes Ferrer, ((pasiega;» Blanca Soto, c,asturiana;» Pa~ Pardall, ~manola;)) y Andrés Y Carmen
Jumen, ((catalanes.,&gt; De lo,; grupos regionales, obtuvieron premio el vascona.varro y la rondalla de aragoneses y riojanos.
.
El Tívoli despleg6 toda. su animación cuando los distintos grupos se entre~ron al biule al
ia;on de gaitas y tamboriles. De todos estos bailes, el ((Aurresku» se llev6 la pmnacía por lo pre·
ciso de los movimientos y lo llnmati,·o de i'US figuras. .
. . ,
,
. .
La tarde del lunei,, el señor PresidPnte de la República v1i,1to el T1voli, siendo cortésmente
ltendido por el señor Encargado de X egocios de F,spaiia y yor los miem hros
la Junta de Cuvadonga. El Primer l\Iagistrado penetró al sa!6n &lt;le recepciones, dopde ~e ~Jecutaron alguno11
baileR regionales. l~n seguida toc6 algunas pieza¡.; el ccTerceto Catalan,,, ~1rvil:ndose despué~ un
((lunch,, que ofreció el Reñor Encargado de Negocios con un _brindis lleno de frase_s d? afecto pnra el señor General Díaz y pam nuestro pnís. El seflor Preindente contestó al bl'1nd1s con_ una
pequeña alocución que fué escuchada con vivo interés por todos los concurrentes y estrepitosamente aplaudida,

?e

***

Adorno del Elíseo.

Las Fiestas de la Covadonga en México
ON mayor entusiasmo que en
años anteriores, la Colonia espaf1ola residente en la capital celebró en esta ocasión las tradicionales fiestas de la Covadonga.
A hacer los números del programa más abundantes y variados y á darles inmütado ln:limieuto, contribuyó la circ~mstancia de
haberse dividido en dos agrupaciones distintas el círculo de iberos, tornando una la denominación de ((Junta Espaiiola de Covadong~,,, y otra la de ((Jóvenes
Espaiioles.,, Tanto ésta como
aquélla, no se dieron punto de
reposo en la organización de las
fiestas que iudependientemente
preparaban, y con muchos días
de anticipación estuvieron empeñadas en preparativos y ensa,yos que no:podían menos que influir en
el extraordinario esplendor de las fiestns_ mencionadas.

***
El Tívoli del Elíseo, donde se verificó el concurso de trajes recrionales y la romería dispuesta por la Junta de CoYadonga, presen~ba el
domingo un aspecto Yf'r&lt;laderamente encaiüador. Frente á la puerta
principal, en primer término, se le,·antaron dos graciosas portadas entre las que, simulando un arco, había piezas florales del mPjor
gusto. El retrato &lt;le D. Alfonso XIII ocupaba el centro. Los pilares
y remates de las portadas estaban cubiertos de musgo y flores en su
totalidad, y en las callecillas del parque, sujetos á los troncos, había
haces de banderas, coronas y escudos que formaban maravilloso contraste.
A las diazde la mañana el Th·oli estaha lleno d e numerosísima concurrencia.

Concurso de bicicletas adornadas.

Ansiosos de Yer los trajes regionales, los concurrentes se acrrupaban
en los amplios salones que se habían improvirndo al efecto~ Muchos
fueron los eRpaiioles
quevestíaná la usanza de las dii,tinías
provincias de la Península, contándose
entre ellos damas y
chiquitines que
Yaban ropas costosísimas.! Los vasconavarros, con su vistosa indumentaria,
llamaron altamente
la atenci6n, aHÍ como los jóvenes, sefioritas y nifios que
romponían la rondalla de aragoneses
y riojanos.
Los primeros ejecutaroH en un local
dispuesto con ve nientementeladanzn
"Aurresku," y los segunclos, bailes y piezas musicales que les
conquistaron ¡bravos! y aplausos.
1 El Jurado calificador, compuei,to de
PETIT VERSAILLES,-España y México.
los Sres. Telesíoro
García, Quintín Gutiérrez, l\Iig1;1el Llanos, L~ssé y A.m pudia, distribuyó los premioR acordados, consistentes en obJetos de arte, en su mayoría. La niña Nieves
Soto fué la que primero recibió su recompensa: llevaba un hermoso
t1:~je de salamanquina, de ra~o y seda y bordado con lentejuela. El
mno Juan Galleg_o~, que vest!~ de an~aluz, Y, Elena Noriega, de manola, recibieron tam bien premio. Ha bia otros muchos rhicuelos artísticamente vestidos, y de los cuales citaremos á l\Ier-

lle-

Xotn r,;aliente (le
lns fiestas del domingo fueron el desfile de hicic l et a s
adornadas que organizó la .Junta d&lt;•
Covaclonga, y la cnbalgata que clispu1&lt;0
la de «.Jóvenes Ei,;pañoles.,; Los ciclistas partieron tl e 1
San Bernardo.
frente de Palacio¡ ,ara el Elíseo llevanclo sus máquinas primorosamente adornadas. El ,Jurado otorgó el premio al «Club Mercurio,,, entregando í1 su president.
un eRtan&lt;larte de raso blanco. Hnho. a.clPmá«, otra8 recompensa!' lJU se distribuyeron entre aquello,-; que más
se habían ,fü,tii1guido por el adorno &lt;le
sus máquinas.
La. cabalgata salió &lt;le la plazuela ele
San J rnm en el orden siguiente:
Descubierta por el
club cicliRta To\'ar.
ün trono que oc11paha la Sri ta. Ele--

Aragoneses y riojanos.

na. Fern(mdez. Individuos
de la guardia amarilla. Heraldos montados. Varios andaluces á caballo y un coche que reprcscntalm esa región española. Dentro iban
luciendo In clfüiica mantilla. las Rritas. Dolores
Téllez y Lucrecia Arenal, acompañadlls tle Doña
Carmen González de Téllez y Doña Josefa González. Era un cuaclro de gran efecto.
De las señoritas que ocupaban los carruajes representando diversas regiones espaiiolas, llamaron la atención por lo bien acabado de sus trajes, Laura Ruso y Dolores Ranta 1faría, c,asturianai,;,, María López, :María Luisa Tresarrieu {,
La jota.
Isabel Zúñiga, «madrileñas;» Adela y Juana Curc•t, «murcianas¡,, Ernestina Arthenack, ((gallega¡,, Sofía Garro, Asunci{m, Ana y Josefina i::,aenz. «altleanas.,, Los demíts carruajes fueron ocupa&lt;los por otras señoritas que vestían igualmente traje~ regionales. En
uno de los últimos iban Rosa Carri6 y Josefa Xavarro, representando
{1 España y Jiéxiro.

** *

Los vasconavarros.

la para el servicio religioso, 1u cía un adorno floral de buen gusto.
templos numeroc;a y escogida.

La parte religiMa
de las fiestas fué d1·
io más suntuoso, ~obresaliendo en rsplendor la función
organizada por la
.Junta de Covadong11
y que se verificó el
lunes por la mnñnna en Santo Domingo. San Bernardo,
templo escogido por
laJu ventud EspañoLa concurrencia fué en ambos

Durante todo el lunes los Tí vol is se vieron invadidos por multitud de visitantes. En el Elíseo pasaron de doce mil las invitaciones recogidas á la entrada, y e11 el Petit Versailles donde la Juventud Española celebró su romerí&lt;t, difícilmente se encontraban asientos de;ocupados. Por la tarde huho carreras en bicicleta y batallas de conf etti.
Estas fueron, e!1 resumen, las fiestas organizadas. por los españoles en el vresentc afio, para
conmemorar el trmnfo de la Covadonga. De la corr1 ua de toros dada el domingo por la tarde
y del baile ccblanco y negro,» hablarnos en otro lugar.
'
Sin temor &lt;le incurrir en una inexactitud, puede asegurarse que el lucimiento qne en esta
vez revistió la Covadonga, super6 á todo lo que se esperabu. La animación más franca y el entusiasmo más grande, reinaban en dondequiera que un grupo de iberos se había reunido para honrar á la patria y enaltecerla.
Un grupo de ciclistas,

l-a cabal9ata en B11careli,

Santo Domingo.

�Domingo 14 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingn 14 de Septiembre de 190'¿.

Mater Saeva Cupidinum.
Venus,· que en Chipre reinas, de Cinara
Haz tú que el duro pecho en blanda cera
Para mi bien se torne, ú que esta hoguera
Se extinga do en amores me abrasara.

€1 baile en el J&gt;rinclDal

Con vivo césped el altar prepam,
Esch.vó; torna ya la primavera;
Pon aquí incieui-o y vino; la corllera
De rojo tiña con su sangre el ara.

La nota salient,, de los fe-tl:'jos dl' Con,donga fué l:'l baile ,Je blanco y tH'¡.(l'O efectuado la
noche del rnart&lt;·s Pn el Printi¡,al.
]i_;l adorno del ,·iejo colüwo l'!'tu,·o encomendado al :-ir. .Jane y resultó n•rua&lt;leramcnte
hermoso. La faehada ,;e decorÍ&gt; ron guías de
heno, y los medios puntos de lm; puertas se cubrieron con «paneaux» de rosas blnncas y amarillas; de los halcones del edificio pendían
banderas cspafiolai;, luciendo en el centro el

Y o habré de hacer, en tu loor, ca&lt;la año
'L'n sacrificio igual¡ y la primicia
Tendrás tú de mis campo,;, las mejores
Ovejas te da.ré de mi rebaño¡
~fas Yence su ri~or; séme propicia,
¡Oh Yenus, madre cruel de los amorrR!

En el ,·estíbnlo, tapizado con una alfomhrn
hlnnra, f'e colocaron espejo,; de marcos dorados y columnntn::- de alabastro que sostenían
jarrones con planta¡;; ele 01·n:1to.
Las puertns interiores y lo,- barandales ele
las escaleras Iu cían tamliién un adorno artístico, coni-istcnte en cortinajes &lt;le SP&lt;la, guirnaldas y mn:::go. Innumerables foco.➔ de luz
daban al ,·estíbulo una elariuad meridiana.
En rna.nto al s.1lón, el a;:pecto que pnisentaha era de lo m(u, lliunatirn. A la entrada se
pusieron gramle8 espt-jos y bronces adornados
con tlorefl exquisitas. En las columnatas de
las platea¡; había "paneauxn de rosas, y los bara.ml:iles lle los palcos primeros y segundos y

La fachada del teatro.

"paneauxn &lt;le musgo y flores. Del roset6n del
centro pendían bambalinas blancas, que remataban en los cornisamientos de la galería,
entre guías de heno y margarita,-.
Lo que mús llamó la atención fué el derorado del foro.que se convirti6 en una mezquita. árnhe. Las puerta.!'\ del fondo y las laterales lucían en sus medios puntos hilera!:' de focos incandescentes, y en el techo, cubierto por
un manto de seda, se Yeía un gran rosetón
formado con luces y un escudo de las arruas
es¡ 1aiiolas.
A la &lt;lerecha del foro se inst.al6 el tocador,
destinándose para la orquesta el anfiteatro.

PRIAPO.
En las báquicas fieHtas, Priapo un &lt;lía
De una ninfa prendúse; clesdf-iiosa,
Ella burló la súplica amorosa,
Y él redobló con ansia su porfía.

Al antro do la ninfa se escondía
Príapo entró con marcha cautelosa,
Y ante él vi6 un cuerpo de alabastro y rosa
Que desnudo en el césped se extendía.

***
Inclínase y la besa¡ y Íl su seno
Iba al punto á estrecharla, cuando oyó,-e
Un rebuzno del asno de Sileno.
La ninfa de su sueño despertóse,
Y al verá Priapo de lujuria lleno,
:·faltó y al bosque alígera escapóse.

FAUNALIA.
r-;-=-=-=-=--...::----,-,,...-....-.;.;;.;;~::::.:::-;;;:::;;:.;~;:;:::;::;;.;_::~

.

El sa16n de baile.

Vuelve ¡oh Fauno! al Lucrétil; por los prados
Ya el coro de las Ninfas se pasea;
Ven, recorre mis campos y que sea
Tu retorno propicio á mis ganados.

escudo de armas de la nación lbern, y multitud de lienzos de los colores mexicanos.

de la galería, estaban cubiertos con vistosas
colgaduras de seda blanca, festones de heno y

La concurrencia fné numerosa y el estusia.smo no llegó á decaer un solo momento.
Las damas 1ucieron vistosos y ricos trajes blancos y negros, conforme á la orden de la fiesta.
Había. algunos de confección verdaderamente
artística.
El combate de flores que se entabl6 á la media noche, estuvo animadísimo, haeiéndose
general á los palcos y las galerías.
A las tres y media de la mañana termrnó el
baile, dejando entre los invitados gratos recuerdos.

Alzan, en honor tuyo, en los collados
Altares los pastores de la aldea¡
Y en los. altares el incienso humea,
Ya á recibir las hostias preparados.

Errantes vagan 11.l azar las greyes,
Van ociosos en roQda los pastores,
Del aprisco 11.l calor ,·ense los bueyes
Luciendo todos en los cuernos flores,
Y al son del caramillo melodioso
Baila en el campo el labrador dichoso.

El pórtico.

Decorado del fondo,

�BELLAS A RTES.

Compoaici6n alegórica de Paul de Qu1nsao,

�Domingo 14 de Septiembre de 1902.

ASCB:NSOS B:N RL B:JERCITO

Jlnfigua usanza Española.

NUEVOS GENERALES

LOS TOROS DEL DOMINGO

m i-eñor PrcRid¡•1tte de la Repúblira acaha
de acordar se expirlJl nombramiento &lt;le generales de brigadr, efectivos :1 los ~l'ñores Brigaclierei-; .José ~laría l'(,n•z y .Juan \'illc&gt;O'as v de
Brigadier al :-;eflor coronel :.\Tanuel Pl;ta.' .
El (ha\. Pére1. empc&gt;zó su carrera como soldnd~ 1:aso en l SGS. ingr&lt;·sa.Hlo después al Co\pgio
::\l 1htar, en donde la krrniuó par.1 salir en ca-

.r

d
conjunto lleno de novedad v &lt;le lujo;
nos y cuadrillas &lt;le l.il m ores, un . &lt;l d
e tro público ,, alguno1-1
por la suerte del «reJoneo•, no conoc1 a e n~ s
' •
otr JS detalles. l
d
l desfile suntuoso que hizo desbordar la
Así fué el on en e aque
,
·
11\egría general:
. .
monturas v trajes época del ,.i.
Üescubierta tle alguac1hlloe, con i,us
J
glcT~~·t1~1~&lt;lós enflomtlos, en c¡ue las reinas hacían su entrada triunfal.

r

El l!l'ñor coronel Plata es hijo también del
Colegio ::IIilitar. Sirvió en la Plana Mayor Facultativa de Ingenieros hasta obtener el grado
de mayor, pasando á la caballería permanente en 1S86 como teniente coronel. Posteriormente ha sPrvido empleos ele importancia y
de~empct1aclo distintas comisiones con acierto. En la actualidad es jefe del Departamento
de Ingenieros 1\e la :--ecretatfa de t;nerra.
Por veinticiuco años &lt;le ~en·icios le ha si1\n
conferida la cruz y placa &lt;le Constancia de (Prcem clai-e.

LOS BATELES DE LAS TULLERÍAS

l~scolt~s tle \&gt;~jes y macert\ 1t los «caballerns en plaza• en sus resA. co11tmuac1~n se l&gt;res.en .ai _.
· .
¡ 8 de ni uaciJe,; ¡¡eguidos
sus pad11nlo!-I, precle( !e o le 1J·r1·tl" los caballo!!
l &gt;ect1,•os carruaJes,con
•d
¡ ¡ 1 • e 111 e · cum uc·um &lt; .. u •• · '
·
de sus s~n·1 or~,;, los.( e.º~ c:iballos con j11eces ricos y &lt;leslumhrantes.
&lt;1ui,~e~\~i~n::t~~~1;:~r~~:e;~~:edondel Ja,- cm\llrilla,; con sus trompetero!,!

y

Hacia el fo1Hlead¡•rn &lt;le lus Tullerias, un harc¡ uillo Ilota al acaso. Tan pronto, lanzado por
una brisa lo&lt;'a, hincha sus vela~, ~e indina y
a,•anza dejan&lt;lo tras &lt;le sí un clébil surco¡ tan
pronto el viento se calnui y detiéne~c entonc•ps
inmúvil, flotatl(IO inciertas sus velas como
las alas de una are l!Ul' procura ocult..rse inútilmente. Mas &lt;le improvüm, un i-o¡,lo de la
brisa intla. el ,·elnmen, &lt;'tt.hc("ea el harco dulcemente Y bala11cean1lo Robre las minÍtsl'ulms olas
de esa ·capa de ngua que el vi(•nto riza apenas,
march:1 ~ra,·e y orgullo,-o. como un inmenso
huque :-;obre el mar.

y ~mboriler~~ í~í:[~:~l~.I entu~iasmo de la concurrencia ú la hora del
• o reconocw
' ~ • e uiso d·u á f:ote el aspecto de los que se han
1
1
~
1/gr~~t~es f1estas.~e r~al carácter, direm_?s algo so1
bre el ptwticuhu·, con auxilio de hi lrn;torut ..

~~;! :i/,!~;~;~~ ~~

***

F1 &gt;rinci )al üistinti,·o de Ia8 funciones 1·eale:o de toros, .e~ el de la
" 1t · , l l ¡ s c·ihallero!-1» en el coso pues no hay noticia d¡, q ue
prcsen acwn &lt; e O " ' '
•
•
' •
l , t
Tanto es a~í
"e ha "lll ,·elebrado aquéllas sin la. mnstencia le l·s º"· ,
, . ... '
·
')' ¡ · t"
¡ c·iballeros y gente principal no teman mm; s1t10
que en o an .1gulo ti&lt;?s .,'. '
ei coso ó redondel donde permnn&lt;'cÍan Íl
¡nr-1 prcsencmr a ei-i.J.t que
·
'
1
1 ·
c~h'.1110 tomando ú no parte en la lidia, pl'ro sin ocupar o,; nl1H a~rnl0!,1
' lcone~
'
á las 1wrsonai: rea es,¡ a ni;
v• b·i
que su, ¡o q•ted·i'·an
, u, destinados
·
~lai:ias \' ;,iflo,;. Lu&lt;'go que los cahall.eros ~(·ababan de al~ncear .?~. to:
ros y en ¡0 " ticmp9 s moderno,- ?e reJonear,os, dt~ocu¡!ab,~n ei u~co {
la ¡ilebe pam de:-3arrettu· otras re:-;es. \a en e iu o&lt; e
(.,1 'éi &lt;¡ued•tba
'
l ¡']..:,, los ' rnmle1::
y senorcs
&lt;¡ e l a coi•te t l e.I re.'• D . Feli pe ·ocuparon
. .
• es.
.
¡
v
u~lo
s«¡&gt;resentaron
en
la
arena
hnlalgo~
y
cahalle1m;
que,~p,1•
t r,11 os, .,l · ·
,.
·
·¡¡
honor dp u;ta
drinados por la real per:oona, queuraron reJunc1 os e1~
',.; ,
mereciendo el nomhrnmi(•tlto de cahaller.iz?s¡ t, lo m1s111c! ~u~eu~o. en
1,6.:, con lo;; caballeros que tomai;on p~rt1c1pac1011 en las hesta~, cuando las hodas de Carlos IY y :\lana Luisa.
. .
. .
.
,\.ntiguamentP, pam alancpar y rejouear en~ reqms1w 11~d1spensal,l~
· st•r hi,ial"o, cuarnlo numos de noblem reco.nt_&gt;c1da, y de_aln_ e! ~~0~1~,rc
de cal,all~rm;¡ y si bien luego nos~ han er1g1&lt;lo pergnnunos _)MI,\ .'.ic.r,editar el li,rnjc tiiernpr" se han elegido &lt;le entre ~os que por HU po1,n~1t 1
,. c\al, carrer; militar ó sen·icios públicos an~eno~ei-, se \e;; ha cons1&lt; e0
nulo digno,; de representar á los grandes de Espnna.
.
~mhnllo el tiempo se democratiz.6 un tanto la suerte de reJ?near,
ej¡cu¿ndola inclividu'os &lt;le regular condición con el apoyo y padrrnazgo
lle los ayuntamientrn;.
•
f
· ·t ¡
Ultimamente en la fiest..'1. del rey .\.lfonso XIII, ueron rn,·1 a.&lt; os ca.balleros portug~eses para rejonear, y así se ha hecho en com&lt;~:1s de
mucha nwuos solemnidad, como son las am!alei; de .heneficenc1,t, lo
ue quiere d(•cir que en Espaf1~_no tiene ya nda propm la su;rt~ que.
; 0 r primera vez quizá, pre1:-e1.1c10 una gran part_:e d~ n,u~stro publico. _.
1 ~o ha sido nue:otro propósito liacer una, rcsena Jm;tor1c1~ 1le la,- coruclas reales, ni mucho menos. Sirvan tan. so.lo estas cort~s lmeas de com plemento á ¡0 y_ue ha dicho la pre~sa &lt;luma sobre la fie,-ta &lt;•n que lucieron su arrojo y su apostura aficionados «pur Rang».

Sr. Brigadier José María Pérez.

el barco salta alo~ado, se oculta, mécese en
medio (le furiosas olas! ¡ Derin1, se acerca, va
ú perecer! ¡Ahora, mis valientes marineros!
¡Pronto todo:-; ¡.;obre el puente!
¡:\Iira&lt;l, mirad cómo se dispersan en todos
s&lt;•ntidos córno corren por todas partes donde
hay peli~ro! ¡Y el capit~m, con su ~ran traj&lt;•
de rojos ribetes, los re,·ulYers al cmto y su
portavoz en la mano, qué henno~o, qué digno! ¡Y el viejo piloto, con su gruesa casaca
oh:,;cura y 8U gorro de piclc:; grises hundido
hasta los ojos, qué sereno, qué majestuoso!
¡Bravo! i bien por mis valiente."! !Un esfuerzo mfü; v nos hahremos sah·aclo!
Y t&gt;foctimmente: se ha virado :, bordo r el
lnH[Ut•, voltearnln su ¡,roa en plt&gt;no mar, 1Írnrd111, uoiando ,-ohrc oleadas lwrml'ja~, á lns
c11ran1adas orillas del Pab d&lt;• los ~ueiws.
¿.\'eis, 11.llá, en e,-as nuhes de púrpura y de oro,
tierra cuyos clentellone,- capricho,-os de,-lu111hran como las joyas"? De una parte, l:u;
mnripo$as de mil L·olores y lo:,; ¡,újaros mnrnYi liosos revolotean en tomo del barco; de otra,
en 111" tmsparcnte,- profumlida,lcs tlel aliismo,
aparecen del fondo del 111ar los contle,-, las
e,-,trella:,; y las llore::: riril'nt&lt;·!&lt;. Dl· pronto s¡•
pl'rcibc ú la orilla una pimgua ele ~alvajes¡
distiende sus velas de junco y se dirige, rápida, á nosotros.
El dento ~opla rle rep('ntc y el batPI :-e dctienr por un mo111e11to, gira sobre 8Í tllif&lt;mo,
liínchatbt• otra Yez sus Yela,-, ,·acila \' se dispone ú un nucrn Yiaje; y la escena e,imbia toda da, y camhia ~iem¡,re ..... .
¡:--ueña, suefü\ aún, &lt;¡tll'rido niño! Cn día,
cu1111do ~PHR viPjo, cuan&lt;lo Ja¡.; penas hayan
surrn&lt;lo tu fr&lt;'nte y emblanquecido tus cabello~. te detenclríis pt•nsatirn Íl orilla:., ele es&lt;•
foudeadcro que tt• lrnrú r&lt;'cordar las hora¡; fr.
lires de l:i infatwia ¡ y 1nientras otros niños
comienzan en este mil"tnO lugnr, con otro;; b11.r&lt;¡Uil'huelos, un viaje imaginario t·orno el qlll'
has hecho hoy, no ,·erú,; ya en ello::-, ahantlonndos sin brújula en medio del oceáno sin

""ª

lidad de teniente de lti Plana )favor Faculta

tivl\ de Artillería, cuerpo en c¡ue· ha obtenido
todos sus a~censo:; por rigurosa escala.
Entre otros cargos y emplern, de importan•
cia, ha clc:&lt;em¡,eflado los de director &lt;le la Fundición de .\rtillcría, jefe del primer 1,atallón
&lt;le Artilleros, llircctor de la l❖-icuela ele Aplicación )lilitar y, actualmente, el de jefe del
Departamento del Cuerpo Especial de Estarlo
~layor en la Secretaría de Guerra.
Por último, el set1or general Pérez ha publicado varia~ obras sobre artillería, y ha sido
catedrático del Colegio ::\Iilitar; tiene la ~ruz
de Constancia de tercera cla~c y la cruz y placa de Constancia de stgunda, que correspondm respectivamente :1 veinticinco y treint1i
años de :-;crvicio,-. El gobierno en distintas
épocn:-; le ha encomendado importantes comisionE&gt;,- científü·a", y ha('e poco fué condecorado por la l{epública francesa, con la cruz de
Comeu&lt;lador &lt;le la. Legión de Honor.

***

En cuanto al señor general \'illegas, comenzú :;u carrera en Hi69, como alumno del Colegio ::\Iilitar; en 187,:, ingresó á la Pinna ::\fayor
F11cult:ltim dé Ingenieros y en ella obtuvo todo~ sus a~censo,; hasta el de general. Ha servido en In Plana :.\lnyor l•'acultati,·a de Ingenieros, en el lmtnlló11 de Zapadores y en el
Colegio antes 111encionado, donde desempeñó
con gran acierto el difícil cargo de director,
pasando después á ocu¡,ar el ele jefe del Departamento &lt;le Artillería en la 8ecrctaría &lt;le
Guerra.
Entre las distint&lt;ts comisiones y trabajos
que se le han cncomendado,se cuentan la formación v delinenmiento ele la Carta de la República )' el estudio ele dcfemm de 111 población de Paso llcl Xorte ,. el:it:thlecimiento de
una fortiticación pernuu;ente.
lliw el proyecto y dirigió las obras del actunl Colegio :\[ilitar de Chapultepec, y ha formado parte del Congreso de la Unión como
diputado por el distrito de Otumba, del Estado &lt;le )léxico. Las co11dccoracio11es que se le
· han conferido :,;on las cruces de tercera y segunda clase y la placa respectiva.

L as reinas en el palco.

8TAS españolas sin toros, habría siun &lt;lc¡-acato.
Por esto la junt:i patriótica de Covadonga entre lo mucho organizado pam celebrar c~n :ilborozo el aniversario ele! triunfo de
Pelayo, dió la preferencia ~1 cspectú.cnlo qu~
se registrú m la J!h~za 11:\l~x1con, q~er1e~.do ~~í
elaborar una re1rn~iscE'lH'IU de la ccle~rc cor11da que sPefectnú E'll )Indri&lt;l &lt;'º!1 mott,·o ele la
coronacií,n de :--. :\I. Alfon:,.o XIII.
..
Tanta activi(hul derrocharon las com1s101wR
,. tanto se ,lijo del espectlll'ulo., c¡ue éste 1'11
~·erclarl re:-;ultó luci,lo por el bn!laute :~do~no
&lt;le la pla1.a, por la hermos~ira d&lt;! las se11ont..:s
reinas, ata.dadas con la mro~a blanca mantilla (le la «manola», que aprisionaban haces espléndiclos de gayas flore~¡ por h algarnbí.a de
la jubilo~a concurrencia en palcos y ~end1&lt;los,
por el aparatoso desfile de e::;colt..'ls r.:ales, c3:rruajes enflorados, caballeros eu plaza, padn-

Domingo H d•· S.·ptiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

...

•

Sr. Brigadier Juan Villegas.

Xo tiene brújula ni timón; i-;Jbre el puente.
en In arholndura, ningún marinero v en ese
li~tón multicoloro que le sirve dd 1·1abell(m,
mnguna &lt;le las naciones del globo er.contrnrín
su escarapela. f-u puwte es rojo y su ca~co
verde: la arboladura v suH avíos no son más
que simulacros infantiles hecho~ de fragmentos de hilo y viguetas ·de madera ... Y no obstante, i,;ohre e~ta nave imaginario, hay más vida, más e!&lt;pernnza, mús porvenir, más riqueza que sobre el más poderoso galeón de la
Compañía de lns Indias, porque tiene para
conducirlo un capitán &lt;1ue se llama Fantasía,
y para maniobrarlo, la tripulacií,n maravillo~a
de los suefios &lt;le la infancia.
•
¿.\'eis allá abajo, al lado opuesto clcl fondead_ero, e;;e hen~1oso niño que, baja la cabeza, sigue con ardiente y sofladora mirada las
evoluciones del bntclillo? .\.llí estú el poema·
allí la imaginación y la gracia gozan á trav&lt;&lt;
ele los hueles blondos de la cal,ecita juvenil
haciendo surgir frente por frente los mil inci~
dentes de un viaje fantústico c¡ue comienza
siempre y no ll'rmina jnm{1s.
Y poco á poco, á la luz feérica de la ima,rinación, esa miniatura Ya á convertir~e en océano. Se adivinan 11hüm10s prnfundos, poblados de monstruos de todas formas; l'sa orla
de piedm, e,; una costa ei;carpada doncle los
peíiascos dirigen SU\ aristas ¡,ara desgarrar los
flancos del navío, donde !ns tribus salrnjes
esperan dc,-de lo alto ele lns rocas Jo,; naufragim; que prc!mete hi próxima trmpestad.
¡Ah, el nento se eleva, ln mar se hincha,

Sr. Coronel Manuel Plata.

orilla, más que la imagen de un pobre corazón
desamparado que se abate {t merced de lascorrientes y de las te111pcstadei-.-E. )IorTox.

INVIE:S.BO
Los copos como alondras virginales
crisántemos heraldos de elegancia,
'
retornan á la Italia. y ú la Francia
cunl perPgrinoK t(·mimnos glaciales.
Hay humo en el hogar; sus e:-pirales
recorren voluptuosos por la e~t:mcin
y embriagan con su aliento ch• fragdneia
lo!-! nardos en lo:; va~os de cristales.
l'na dama elegante como un lirio
pálida trh,temente como un cirio
'
hace la lli~ección de su:- arnon•s·'
Sollozan en u~ piano los allegros;
y surge ~e ~us OJ0::1, que son 1wgro~,
una lluvia ideal de azules flores.

,JuA.., UuERRA Xc;5lF.z.

�Domingo 14 de Septiembre de 1902

lnL M:UNbO 11,tJSfRAn0

- r

T7i2

EL ~fUN'DO ILUSTRA DO

rCos '8onsejos 6e un lla6re.
Toda grnntl&lt;'7.::t ncaha: las montañas c;e clesnrnrnnim v hec:ha,- polvo, van al fomlo del
mar-101-1 ii'npt:rio,; se derrihnn,y hechos pedazos,
vnn 'al fondo de la hiE-toriit; la~ glorias se apa•
gan v npenns dejan chispas en las lejanías de
lo ¡;a~ado; el sol se apagará también, todo es
cuestión de tiempo, y no dejnrií. más que una
osamenta frí1i rodando por el espacio.
¡Qué mucho que «el le6n,,, el rey ele las selvas, a~onimrn en el hueco de su caverna!
Fué poderoso; le lleg6 su hora y empezaron
las boqueadas de su agonía.
A su lado eRtaha su hijo. el «nuevo le6n",
el príncipe heredero de lo,; bosques, el rey futuro de todos los animales.
El monarca moribundo, y más que el monarca el padre, le cla,ba penosamente el último
consejo el más importante:
-Ht;ye del hombre-ledecía,-huyesiempre; no pretendas luchar con él.' ,
.
Eres seíior absoluto &lt;le los demas n111malei:,
no les temas¡ domínalos, castígalos, devóralos
i;i tienes hambre.
Con todos puC'dl'S luchar, ít to,los puede!'!

,

vencer· pero no pretendas luchar con el hombre: te' ~11.ría muerte y sin piedad, porque es
cruel más cruel que nosotros.
-¿Tan fuerte es el hombre?-preguntó el
hijo.
-No e1· fuerte, no-replic6 el padre.-Y
continuó diciendo:-De un latigazo de tu cola, Je podrías lanzar por los aires como al más
miserable animalejo.
-¿Sus dientes, sus colmillos, son poderosos?
... Son despreciables y ridículos: valen m€no1S que los de un ratoncillo.
.
-¿Sus uñas son tan potentes como mis zarpas?
-Son mezquinas, ruines y á veces_las lleva
sucias; no, por las zarpas no consegmría vencerte.
- ¿Ten&lt;lrá melenas como estas que nosotros sacudimos orgullosos?
-No las tiene, y algunos son calvos.
Aquí el león moribundo abrió enormemente la espantosa boca: ó fué que quiso reir y no
pudo, ó fué que empezaba el ~stertor.
.
-Y las hembras de ese ammal ¿son temibles?
El leonazo hizo un movimiento corno para
levantarse· pero no pudo y se quedó pensativo entorn'ando los ojos y respirando penosam~nte con el hipo de la agonía.
Hizo un esfuerzo y dijo al fin:-La hembra
del hombre ¡es una real hembra!; pero es más
temible que el macho.
-¡,Es mucha su fortaleza?
-Parece que no; pero es grande.
-¿Y tiene uñas, colmillos y dientes?
- - ¡Vaya si tiene colmillos y uñas!
-¿Y melena?
-¡Ah! ¡Hermosísima! Y el le6n lanzó el
último rugido.
Después sólo pronunció esta:s palabras:
-Mi consejo, mi último consejo: no luches
con el hombre .. .. ..... huye......... huye tlel
hombre......... y sobre todo de la mujer.
Abri6ln. bocaza; quiso tragar~ire;r!o pudo¡
se estremeció su cuerpo; doblo maJestuosamente la cabeza y murió el león padre.
Empezó el reinado del león hijo.
Cuando éste comprendió que su padre había muerto, no lloró, porque los leones no lloran· pero se tendió junto á él, acercó su cabeza ~norme á la enorme cabeza del león difunto,
y así se quedó un rato. Los dos hocicos se

unieron: el ardiente y el hP-lado. Las dos me•
lenas :-;e 111e1.claron, couw si doR llorones de
ce111cnterio i:e enredasen, ú dos agunceros de
lágrimas se confundieran en uno imlo.
Al fin el hijo se levantó, !"acudió rola y mPlenas y rugió; yn. no queclnba mí\s que un
león: el león era él.
Salió de la caverna; á zarpazos hizo rodar
unos cuantos pedrusco~, hnsb rt&gt;nar e o mple-

tan de~preciable, tan ;-.~n,lrndo, tan ridículo!
¡ Un ser que Re parece al borrico por el entendimiento, á la serpiente por lo rastrero r venenoso, al mono por la figura, y á quien el
zorro le come las gallinas! ¡A él! ¡A él!-rugió el le6n cou poderosos rugidos.
Otro animal le cerró el pasó; le dei:nfió valiente; le la&lt;lr6 furioso.
-!\o hahles mal del hombre, animal, bárbaro y salYaje. El hombre es bueno, es nohle, es llli cornpaíiero; parte coll.IDigo RU pan,
duermo ú los pies de su cama. Si le ofendes,
me ofendeR á mí; si luchas con él, lucharé á
sn lado; mi cuerpo será ti-cudo que pare tus
r.arpazo~.
-Eres rnliente, dijo el león.-Quien cuenta con tan buen amigo, algo bueno tendrá.
-El hombre no tiene nada bueno. como
no sean sus· gallineros, refunfutió el zÓno.
Pero un águila real llegó desde un picacho
y tomó parte en la disensión.
-Calla, animalejo ruin; el hombre es un
animal de cuenta; lo digo yo, que miro las
cor,;as desde muy arriba.
-Lo dices y lo defiendes porque te adula,
poniéndote por gala y vanidad en su? escudos
de piedra.
-Lo digo porque lo sé, y porque un día
me lo reveló J ove en confianzn..
El león levantó la cabeza y preguntó:
-¿El hombre vuela como tú?
--El no vuela; pero en su cabeza, como en
jaula misteriosa, lleva un ave que vuela más
que yo y que sube más alto.
-¿.Cómo se llama?
-El pemamiento.
- Ko le conozco.
-Tampoco yo.
El león se quedó pensativo. ¿Qué sería el
hombre'? Los borricos hablaban de él con desprecio, las serpientes con envidia, los zorros
con burla, loR monos le imitaban; pero el perro le defendía y el águila le respetaba, y su

-Sigue este valle, salva esa montaña y &lt;]llizá lo encuentres al otro iado.
El león solt6 ..1 borrico y siguió i:u ca~ino.
De pronto 11Jgo se le en:E&gt;d6 á una J:ierhll:
era una serpiente. Con v10lenta sncuch&lt;la In,
arroj6 á distancia; dió un F1alto y la sujetó con
la pata.
-¿Eres el hombre?-la pregunt_6.
-No soy el hombre, soy la i-erp1ente.
--¿Se parece á ti?
-Algunos á mí se part&gt;Ct&gt;n; como yo, se
arrastran, ~' como yo,son venenoRos.
¿.Dónde enco11tra1 é al ho01bre_?
-Sigue por la montaña; ai haJar &lt;le ella,
:ica~o lo encuentres. Pero déjame, que pesas
llltH'hO.

padre, el más pudero,;o león cl0:: los bos&lt;1ue1',
mostrÍJ temor al hablar del homhre.
¿Qué debería hacer·? ¿,Respetar la (1ltima
voluntad del león moribundo, ó buscar resuelto y domar valeroso al que pretendía ser rey
de la creación?
Vaciló, pero el zorro le dijo:
-Eres el animal más fuerte que existe, eres
nuestro soberano, ¿,y vas á huir cobardemente
ante el hombre, de quien me burlo yo así todos los días y por de contado ladas las noches?
¿.Quién como tú? ¿Quién se te iguala'?
-¿.Y el consejo de mi pa&lt;lre'? ¿Y su memoria que yo respeto'? ¿Y su experiencia'?
--Tu padre estnba chocho; los años apagaron su entendimiento y gastaron su fuerza.
El león se decidió á buscnr al hombre y á
co111l1atir con él.
Continuó caminando por el bosque con el
zorro al lado, el perro delante, el mono de árbol en ítrhol y el águila por los aireR.
Al fin, el zorro le dijo:-:\fira, allí está.
Aquel que va á caballo con arco y flechas,
aquél es el hombre.
-Pero aquel animal que cruza á lo lejos es
mu_\' grande y tiene cuatro patas, y tú me dijiste que el hombre i:e parecía al mono.
-Es que el hombre, ít veces, tiene cuatro
patas ó las merece, replicó el zorro con sorna.
-De todas maneras, has de saber que aquel
hombre va ít caballo.
-¡ Pues á él! rugió el león, y avanzó potente y valeroRo.
Empezó la luchn,.
El hombre á veces huía, á veces disparaba
una flecha; y en retiradas y acometidas y e,·oluciones, atrajo al león hacia unos matonales.
De pronto, al dar el león un salto, le faltó
tierra y cayó en un foso profundo.
Quiso salir r sintió que unas fuertes lio-a0
duras le sujetaban manos, y pies y todo el
cuerpo.

La Agitación Clerical en Francia.

tamente la entrada. El león muerto tenía ya
su tumba, ni más ni menos que un faraón.
El león vivo se alejó por el monte y tromp~te6 el nuevo reinado con tres poderosos rugidos; pero aquella noche no devo_ró á ningún
animal: no tenía hambre. Dur1rnó poco, y lo
poco que durmió fué soñando con el último
consejo de su padre. ¡El hombre! ¡El hombre! ¿Por qué'? ¿Sería él hombre tan temible'?
A la mañana sig1.1iente despertó y se ech~
por el mundo. ¿Encontraría al hombre? Y si
lo encontraba, ¿debería huir cumpliendo la
última voluntad de su padre'?
De pronto sonó algo estrepitoso y terrible,
algo á modo de rugido. Debía de ser el hombre, que rugía.
Pero no; era un borrico que rebuznaba con
rebuznos formidahles.
El león por impulso que no pudo contener,
acometió ~l borrico, le derribó y lo sujetó con
sus poderosas garraR.
-¿Eres el hombre?- le preguntó.
-No-contestó el pobre animal.-No soy
el hombre, ¡aunque he oído decir que algu_nos
se parecen á mí! Es un burro, es un borneo,
es un pollino, se dice de muchos.
-¿Y tú eres fuerte?
-Ya ves que no: me tienes sujeto, me clavas las uñas y no me muevo.
-Sin embargo, tu rugido es potente; no me
di6 miedo, pero me alarmó.
-No te fíes, hay muchos que reb1:1znan
fuerte, y en el fond_o son unos pobres diablos
como yo, unos pollmos.
- ¿Dónde encontraré al hombre?

Y forcejeó la serpiente y quiso_ ~11)r&lt;le~le. •
-Eres un animal muy feo-d1JO el lean.A un borrico se le perdona; á un mal bicho
se le aplasta y se le destroza.
Y aplastó y desgarr6 al reptil.
Continuando su camino, pasó la cresta de la
montaña y empezó á bajar.
De pronto vió un animal que corría, Y. sa}tando sobre él, sin es[uerzo alguno lo suJeto,
porque era pequeño y poco robusto.
-¿Quién eres? ¿Acaso eres el hombre?
-8oy el zorro-dijo el ani!rntlejo,-y valgo
tanto como el hombre por 1111 travesura, aunque los hay muy zorros: entro en sus corralPs
y me como sus gallinas, y él sólo aprovecha
las que yo le dejo.
-¿Pero le conoces?
-Mucho y desde hace mucho tiempo.
-Pues ven conmigo.
Y el león y el zorro echaron á andar y pronto penetraron en el bosque.
En esto saltó un mono, se subi6 á un árbol
y desde arriba hizo gestos burlescos á su dueño y señor, el rey de las selvas; ?asta llegó á
rascarse en forma indecorosa reg1onea retrospectivas.
-¿Qué animal es ése?-preguntó el león á
su acompañante el zorro,-¿es acaso el hombre?
-Xo es el hombre¡ pero se le parece mucho.
Algunos suponen que son hermanoi:, ó, por lo
menos, primos.
-¡Que el hombre es asi!-dijo el león, y
lanzó un rugido á modo de formidable ~rea·
jada. Pero entonces mi pobre padre deliraba.
¡El hombre, temible?
¡Temible ese engendro ridículo? Yoy á buscarle,siquiera por el gusto de cortarle la ~o~a.
- Ya no la tiene-dijo el zorro con maltcia;
-se le ha ido consumiendo.
-¡Adelante! ¡A buscar al hombre! iA c~omar su orgullo! ¡Orgulloso un ser tan rum

...

Domingo 14 de Septiembre de J 902.
Había caído en una trampa; estaba perdido. Después de bregar un rato, lo comprendió
y murmuró con roncas voces:-::\fi padre tenía razón, debí huir del hombre; pero ya es
tarde; y se dispuso á morir con dignidad, que
es lo que todo el mundo debe hacer cuando se
convence de que la muerte llega.
El león se quedó inmóvil y dobló la majestuosa cabeza.
Al borde del hoyo se asomaron con curiosidad el hombre, el perro, el zorro y el mono;
el águila se puso á plomo y miró desde arriba.
El hombre le arrojó una piedra al león á
ver si podía aplastarle la cabeza.
Pero el león le dijo:
-No me pegues ni me hieras en la cabeza,
que la tengo muy dura, y tampoco es ella la
culpable. Hiéreme con una de las flechas EN
LOS omos¡ ((los culpables son ellos, que no oye«ron el consejo de mi padre; hiéreme EN EL
cccoRAzóx, que no le quiso ni respetó como de((bfa,,,
Y volviéndose el león, presentó el noble pecho.
El hombre, que á veces es compasivo, atendi6 á su ruego, le disparó una flecha y el león
quedó muerto en el fondo de la fosa.
El hombre se inclin6 gozoso, pensando:Hermosa piel; se la arrancaré en cuanto me
asegure que ha muerto.
El zorro se desliz6 mirando al hombre de
reojo y diciendo para sí :-Ahora que estás
entretenido, voy á comerme tus gallinas.
El moho saltó sobre el perro, y en él se
montó imitando al hombre; caballo perruno
y caballero cuadrumano, salieron corriendo
por el bosque.
El águila se remon:,ó diciendo:-El hombre mató al león; hay que subir mucho para
que no me alcance; ¿quién sabe si alg(m día
me alcanzará'?

José €chegaray.

En nuestras acciont&gt;s, debemos depender de
nosotros mismo:-; y no esclavizarnos á la alabanza 6 censura de nuestros semejantes.

Hernos hablado ya de las causas á que obedece la agitación clerical en Francia, presentándola como uno de tantos incidentes ele la
vida del gran pueblo, incapaz &lt;le acarrearle
dificultades invencibles y trastornos sin remedio.
En Bretaíia es donde la resistencia á lo mandado por las autoridades se manifiesta más
ruda y tenaz: grupos de hombres y mujeres
Jel pueblo se reunieron en calles y plazas para oponerse á la clausura de las escuelas clericalei:, armando escándalos que la fuerza pública se vió obligada á reprimir.
Los grabados que publicamos son de lo rnús
i_-eciente, y representan las escenas más importautes &lt;]Ue se registraron en Bretatia.

EL GALLO.
Firme y erguido en la escamosn. pata,
el pescuezo encendido y al desnudo
lleva por arma el espolón agudo
'
e~te rey de corona de escarlata.
Mientras vi\-e, con ímpetu desata
las dos pasiones
. de su instinto rudo,
y como srno mcontrastable y mudo
del animal y el hombre, engendra y mata.

.

Ama y lucha¡ su tiempo se reparte
en victorias de Venus y de l\Iarte.
Sultán de su &lt;'omarca, le es vai:allo

La primera parte del amor es la ilusión; ln.
Regunda, es el cariño, y la tercera el olvido. La
primera es la puerta por donde Cupido entrn;
la segunda, la columna que le sostiene; y la

el rival que. le canta y que le e1widia,
y es tenono fecundo en el sen:allo
r gladiador u1ortífero en la lidia.
.

l\f.\XUEL

Cómo fueron recibidos los gendarmes por k ...
defensores de una escuela.

tercPra el rayo que la destruye ...... aunque resultan casos en que, cual el ave Fénix renace
de sus cenizas.
'
La mujer debe tener siempre la. suficiente
dignidad para despreciar al bom hre que no sepa estimar sus méritos.

•

Abriendo una puerta.

...

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1

El auior es una gran ninlad que muéhos
ignoran cuánto vale.
Salida de religiosas.

•

�Domingo 14 ' de Septicrnhrc de l!l02

EL MU.N"DO ILUSTRADO

UNA HACIEN D A HENEQUENERA.

AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 12.

Sub•cripción mensual foránea, $!.SO
ldem Jdem. eu 1a,Cai•it.a1,,, t,::!r,

MÉXICO, SEPTIEMBRE 21 DE 1902.

Oerente: LUI~ Rt'l't~ !IPINDOLA.

Dlrecton LIC. R,U 'A I L RU'llt !tPINDOLA.

H acienda de Subinkancab.

I'

Yucatán, cuya tierra árida se presta bien poco á lograr filones para la riqueza pública, se
ha engrandecido prácticamente y con pa~os
tan rápidos, que en estoi- momentos es por
demás oportuno considerar cuán grandes ,;acrificios ha costaclo y seguirá costando á quienes se clediean con ahinco á labrar su prosperidad. De aquel suelo pedregoso, seco, calcinado puede decirse, por los abrasadores rayos
del sol, los hacrnda&lt;los y loR jornaleros han
llevado á la Yida un manantial de biene!'I y
procuran empefloi-amente rom\el"\'arlo para
que nadie pueda ta.char de incuria á los que
poseemos con orgullo el nombre de mexicanos.
Este manantial &lt;le riqueza, el henequén, tan
solicitado en los mercados extranjeros, y cuyos pingües rendimientos parecen fabuloso1-,
es una buena pruel&gt;a de cuánto pueden realizar el amor al trabaje). la hábil dirección que
Íl la diaria labor se infunda.
~o se ocultó al trabajador yucateco rsfa Yerdad, y cuando descubrió que en los pedregale;; mismos con c¡ue la naturaleza quiso cubrir
la tierra de su Estado, se podía sembrar la
planta bienhechora, dedicóse con imponderable tesón á ohtener frutos sazonados y ricoR.
Por esto se ve que en la faena de explotar 1a
fibra henequcnera, ha puesto Yerdadero amor
para facilitar la dura tarea, y no se cansa ele
conceder recompensas á quienes con su inteligencia le ofrecen el medio de confleguir esta
facilidad.
Dan testimonio &lt;le ello las numerosas máquina¡.; desfibradoraR hasta hoy inventadas,
los tranvías y ferrocarriles c¡ue cruzan los plantíos de henequén, el embellecimiento que, Ít
costa de mil Racrificio,:, se procura en las tii,cm; de r•n111po. El cRpíritu del hijo de Yucatún no ha rn,cilndo un instante: isa.he que pa-

Don Emi l io Peón Cisneros, acaud alado
henequenero.

ra plantar cada úrbol, está obligado ít \·encfl·
la resistencia que le oponen capas enormes de
piedra; que para ronstruir caminos, necesita
salvar todas las asperrzas c¡ue los terrenos

incultos ofrecen al trabajo humnno; por último, que careciendo de sufkientc 11úmero de
jornaleros, cada dificultad se torna en inYencihle. Y todo lo ha vencido: la resistencia de
los pedregales, la aspereza ele sus terrenos; .\.
sufriendo pacientemente los rigores de su clima y substituyendo con máquinas la carencia
de brazos, se puede envanecer de que ha lleirado, si no al triunfo clefi11itirn, sí á Yictorias
mu v estimables sobre la naturaleza misma.
Ofrecemos hoy á los lectores ele EL :\Iurmo
lLusTRADO una prueba irrefutable de cuanto
dejamos dicho: los cloR grabadoR qt..e se publican en esta página y que repi-ese11tan dos viRtas tomadas de la hacienda Suhinkancab. de
la cual es propietario el distinguido caballero
_vucateco Don Emilio Peón Cisneros.
El primer grabado representa la caRa principal de la hacienda, seguidii ele una frondosa
huerta, y el segundo un plantel ele henequfn.
partido en el centro por un camino, el cual se
puede recorrer, corno se ve en el grabado, hasta en a.utomóvil. Esto cli-mucstra Ít qué grado
de adelantamiento ha podido llegar el ei;fuer•
zo de los hacendados yucatecos: han convertido en amplias y bie·n pavimentadas calles
los caminos que á sus fincas conducen, y ahora disfrutan de una facilidad de comunicaciones poco adquirida en otros Esuulos &lt;le la República.
Carruajes de suyo delicadoE, hechos para
cruzar por las ciudades ele las cultísimas ca•
pitaleR del mundo, pueden emplear!'!:', y con
el éxito ciue proporcionan la rapidez y la comodidad, han llegado á facilitar el transporte
en los úridoi- plantíos de heneciuén; y, de esta manera, han comprohatlu que la peri&lt;everancia en el trnhajo lo \ ºt'llCC todo y c•s digna
de toda recompensa.

Á ORILLAS DEL LAGO.
(C uadro de

Un plantio de henequén.

w.

Menzler.)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 14 ' de Septicrnhrc de l!l02

EL MU.N"DO ILUSTRADO

UNA HACIEN D A HENEQUENERA.

AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 12.

Sub•cripción mensual foránea, $!.SO
ldem Jdem. eu 1a,Cai•it.a1,,, t,::!r,

MÉXICO, SEPTIEMBRE 21 DE 1902.

Oerente: LUI~ Rt'l't~ !IPINDOLA.

Dlrecton LIC. R,U 'A I L RU'llt !tPINDOLA.

H acienda de Subinkancab.

I'

Yucatán, cuya tierra árida se presta bien poco á lograr filones para la riqueza pública, se
ha engrandecido prácticamente y con pa~os
tan rápidos, que en estoi- momentos es por
demás oportuno considerar cuán grandes ,;acrificios ha costaclo y seguirá costando á quienes se clediean con ahinco á labrar su prosperidad. De aquel suelo pedregoso, seco, calcinado puede decirse, por los abrasadores rayos
del sol, los hacrnda&lt;los y loR jornaleros han
llevado á la Yida un manantial de biene!'I y
procuran empefloi-amente rom\el"\'arlo para
que nadie pueda ta.char de incuria á los que
poseemos con orgullo el nombre de mexicanos.
Este manantial &lt;le riqueza, el henequén, tan
solicitado en los mercados extranjeros, y cuyos pingües rendimientos parecen fabuloso1-,
es una buena pruel&gt;a de cuánto pueden realizar el amor al trabaje). la hábil dirección que
Íl la diaria labor se infunda.
~o se ocultó al trabajador yucateco rsfa Yerdad, y cuando descubrió que en los pedregale;; mismos con c¡ue la naturaleza quiso cubrir
la tierra de su Estado, se podía sembrar la
planta bienhechora, dedicóse con imponderable tesón á ohtener frutos sazonados y ricoR.
Por esto se ve que en la faena de explotar 1a
fibra henequcnera, ha puesto Yerdadero amor
para facilitar la dura tarea, y no se cansa ele
conceder recompensas á quienes con su inteligencia le ofrecen el medio de confleguir esta
facilidad.
Dan testimonio &lt;le ello las numerosas máquina¡.; desfibradoraR hasta hoy inventadas,
los tranvías y ferrocarriles c¡ue cruzan los plantíos de henequén, el embellecimiento que, Ít
costa de mil Racrificio,:, se procura en las tii,cm; de r•n111po. El cRpíritu del hijo de Yucatún no ha rn,cilndo un instante: isa.he que pa-

Don Emi l io Peón Cisneros, acaud alado
henequenero.

ra plantar cada úrbol, está obligado ít \·encfl·
la resistencia que le oponen capas enormes de
piedra; que para ronstruir caminos, necesita
salvar todas las asperrzas c¡ue los terrenos

incultos ofrecen al trabajo humnno; por último, que careciendo de sufkientc 11úmero de
jornaleros, cada dificultad se torna en inYencihle. Y todo lo ha vencido: la resistencia de
los pedregales, la aspereza ele sus terrenos; .\.
sufriendo pacientemente los rigores de su clima y substituyendo con máquinas la carencia
de brazos, se puede envanecer de que ha lleirado, si no al triunfo clefi11itirn, sí á Yictorias
mu v estimables sobre la naturaleza misma.
Ofrecemos hoy á los lectores ele EL :\Iurmo
lLusTRADO una prueba irrefutable de cuanto
dejamos dicho: los cloR grabadoR qt..e se publican en esta página y que repi-ese11tan dos viRtas tomadas de la hacienda Suhinkancab. de
la cual es propietario el distinguido caballero
_vucateco Don Emilio Peón Cisneros.
El primer grabado representa la caRa principal de la hacienda, seguidii ele una frondosa
huerta, y el segundo un plantel ele henequfn.
partido en el centro por un camino, el cual se
puede recorrer, corno se ve en el grabado, hasta en a.utomóvil. Esto cli-mucstra Ít qué grado
de adelantamiento ha podido llegar el ei;fuer•
zo de los hacendados yucatecos: han convertido en amplias y bie·n pavimentadas calles
los caminos que á sus fincas conducen, y ahora disfrutan de una facilidad de comunicaciones poco adquirida en otros Esuulos &lt;le la República.
Carruajes de suyo delicadoE, hechos para
cruzar por las ciudades ele las cultísimas ca•
pitaleR del mundo, pueden emplear!'!:', y con
el éxito ciue proporcionan la rapidez y la comodidad, han llegado á facilitar el transporte
en los úridoi- plantíos de heneciuén; y, de esta manera, han comprohatlu que la peri&lt;everancia en el trnhajo lo \ ºt'llCC todo y c•s digna
de toda recompensa.

Á ORILLAS DEL LAGO.
(C uadro de

Un plantio de henequén.

w.

Menzler.)

�Domingo 21 ele Septiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL, JfUNDO tT,USTRADO

***
Oye, puee, una de mis mejores aventurasla primera en orden cronológico, que fué seguida de otras muchas-y después atrévete á
hacer burla de mi fatalismo. Perdí á mi padre e11 el afw de 1885. Me dejó de herencia
una treintena de escudos de á cinco francos y
dos tíos célibes ..... y ricos. El mayor, que
era mi tutor, después de su juventud y de
una edad madura bastante tumultuosas, i;e
convirtió en un infortunado viejo bestia. No
tenía ni voluntad, ni memoria y casi ni palabras con que expresarse.
Día por día olvidaba un nuevo vocablo y
sucedió que al cabo de poco tiempo se vió reducido Ít hablar el más primitivo de los lenguajes. El otro tío, que sobrellevaba á sumayor como un fardo, era un hombre taciturno,
rencoroso y malo. Había visto siempre á mi
padre con cierto odio de Caín burgués y conservaba este odio para mi inocente persona.
Al principio trató de ejercitarlo reteniéndome
en su casa y alimentúndome con pan de avena f;in sal. Pero la presencia de los amigos de
la familia le inquietaba y resolvió enviarme
lejos, á. la casa de «un horu bre seguro» que
debía utilizarme según mis méritos.
Con este fin hizo á su hermano que escribiera una carta de recomen~ación, y agregando 1:na pos&lt;lata. de su propia cuenta encerró
el pliego bajo triple sello y me mandó á que
viese al señor Trela, director de una fábrica
de vidrio, en Chateau-Dampierre. El fin deseado era bien claro: quería hacerme tomar
como simpl~ aprendiz, s~guro de que los pesados trabaJOS del v1dnero arruinarían mi
constitución delicada. Contaba yo entonces
dieciocho años y era tan inocentón como el
ilustre Frise-Poulet. Creí sinceramente que el
tío se desembarazaba de una carga y me regocijé de buen grado: todo me parecía preferible á la tiranía de aquel hombre malvado.

***

,

El ferrocarril, primero, y después un carricoche me condujeron á. Chateau-Dampierre.
Me presenté en la fábricit de vidrio durante
un hermoso mediodí,a de septiembre, y la
primer persona que v1 fué un hombre anciano con barba militar y una mirada tan viva
que me intimidó al grado de vacilar desde el
principio de mis explicaciones. Pero me había comprendido:
- El señor Trela, me dijo, salió para un
largo viaje; yo lo suplo, soy su socio.
Le alargué la carta sellada. La toml, y durante algunos momentos le dió vuelta entre
los dedos; después:
- Es una carta de recomendación ........ .
para un empleo en la fábrica? me preguntó.
-Sí, le contesté, es una carta de recomendación.
-En ese caso, repuso, no es personal.. ....
Rompió el sobre, leyó el plieo-o
me miró
0
con atención y dijo con tono de ;ingular viveza:
-Amiguito, es una carta de Bellérophon_

Guardó silencio. A pesar de mi candor,
comprendía suficientemente que mi digno tío
maquinaba alguna infamia.
E l anciano se paseaba á lo largo de la pieza
con aire agitado y acabó por decirme:
-Xada hay que hacer, pobre muchacho,
m6s que regresar al lado de aquellos que te
enviaron ..... .
La idea de volverá. verá mi tío me llenó
de terror y exclamé:
-Yo le suplico á usted, señor, que cualquiera que sea el empleo que pueda usted darme ...
Pareció dudar, me miraba con ojos compasivos, pero tomando una resolución brusca:
-~o! dijo ...... es evidente que no estás hecho para estos trabajos. Oirte sería una tontera. Todo lo que puedo hacer por ti, si no
tienes dinero, es dártelo para que regreseH .....
Era un hombre de resoluciones firmes. Sacó dos napoleones de los bolsillos, los puso
dentro de un sobre y me lo alargó. No me
atreví á rehusar, le dí las gracias inclinándome y salí de la fábrica.

***
Cuando me encontré en el campo, sentí desesperación; me parecía imposible volver á la
casa de mis tíos. Caminé al acaso, con una
exaltación tal de tristeza, que la muerte me
hubiera sido preferible; caminé durante mucho tiempo.
Atravesé un bosque y me encontré al borde de un r iachuelo que rodaba suavemente
entre las riberas de terciopelo verde. Iba llegando el crepúsculo; las sombras lilas se mezclaban á las rosas, después un poniente azufrado apareció entre los sauces. La fatiga me
hizo sentar sobre la hierba, y mientras pensaba qué hacer, oí que crepitaban las hojas secas bajo un paso precipitado. Volví la cabeza
y ví á una muchachita como de siete á ocho
años de edad que avanzaba cojeando. Era un
ser exquisito, luminoso, color de luz y de hortensia, con bellos ojos azorados. A mi vista,
se detuvo turbada. Pero mi cara pareció inspirarle confianza, y viniendo hasta colocarse
cerca de mí, dijo con voz melodiosa y fresca
como la voz del riachuelo:
'
- Me he perdido en el bosque!
Después, con volubilidad, me contó que, ¡ugando, se había alejado de su cuidadora y
que luego no había podido encontrar el camino.
S_us piernitas estaban temblorosas, sus pies
heridos ......... Seguramente no podría caminar por más tiempo, porque el miedo la agotaba. Le pregunté á dónde sería necesario llevarla, y me indicó que al castillo Noiré. Entonces la levanté entre mis brazos y me puse
á caminar al acaso. Nos encontramos, felizmente, con una vieja pordiosera que nos indicó el sendero; más tarde, un carrero nos llev6
en su pesado vehículo.
Ya era muy entrada la noche cuando llegamos al castillo. Reinaba allí una agitación
extraordinaria. Los dueños habían partido
en busca de la niña, y algunos criados viejos
recorrían los alrededores con aire asustado.
X uestra llegada fué saludada con gritos entusiastas y, según habían convenido con el castellano, se tocó la campana de la gran torre.
Después de media hora de espera, fué anunciada la llegada de los dueños. Se precipitaron á través del gran patio; yo estaba estupefac.to, pero reconocí, en el padre de mi compañerita, al hombre que me había recibido en la
fábrica de vidrio.
-Ah! exclamó estrechándome las manos
con fervor, no hay que resistirse á la Providencia; ella es quien te vuelve á enviar á mí.
Te encontraremos un puesto conveniente y
no te separarás de nosotros n un cal ....... ..

* **

Como en la leyenda antigua, prosiguió Fon-

taine, la carta de Bellérophon había salvado
á quien debía perder. Pero yo no tuve necesidad de cabalgar sobre Pegaso ni de derribará la Quimera; me bastó encontrar á una
muchachilla al borde de las aguas. El viajero triste y desesperado y la niña de los pies
heridos, cuando se. vieron á la luz del crepúsculo, simbolizaron la felicidad.
Porque desde entonces estaba escrito en el
libro de los destinos que Irene, crecida en
cuerpo y en belleza, llegara á ser mi esposa é
hiciera perfecta nuestra felicidad.
¿Con aventura semejante, querías que no se
volviera fatalista el más inquieto de los hombres?

J. H. RosNY.
(Traduoci6n de "El Mundo Ilustrado.")

ANHELOS.
Y o quisiera besar tus dolores,
hundirme en tu alma,
revivir un instante en tus sueños.
temblar en tus ansias,
descender al abismo insondable
do me espera, soberbia y huraña,
con la frente cargada de sombras,
tu vida tan triste, tan negra, tan rara;
descubrir tus heridas ocultas,
medirlas, tocarlas,
y verter mi ternura infinita
como un baño de amor en tus llagas!
Y o quisiera encenderme en tus ojos,
como una mirada,
un instante no más, y que luego
fugaz me apagara;
pero habiendo dejado en tus ojos,
la visi6n de estas cosas aladas
que sueño contigo
y son tan hermosas, tan tristes, tan pálidas!
Yo quisiera.. . quisiera en el nido
que piadosa me brinda tu alma,
descansar un instante ... y entouces
para siempre morirme en tus lágrimas.
DULCE MARÍA BoRRERO.

E l Zócalo.

Jirones da una noche y un día.
NOTAS DE FIESTA NACIONAL
El tafiiuo Je la campana histúrira provoca
el movimiento. La 111ultitud,que había estado
quieta, bañada por el reguero de luz que parece brotar de los muros de los palacios ó rodar como una cascada lellta sobre la enorn1e
arquitectura de las torres basiliaca:a:, se agita,
se mece como una onda que despierta, azota
la arboleda, destroza el mundo de las vegetaciones pigmea_Q, da mutrte á las flores, murmura con un mgente rumor y estalla el primer ¡vi val á la Patria.
Es elmomento del paroxismo cí,·ico. Las
bandas dan al viento notas marciales y cantos
del p ueblo; á lo lejos el caiiím rermena, los
campanarios mueven alegremente su charla de
bronce, y el espacio se puebla de luces que
vuelan.
La guitarra comienza á rasguear; la fiesta
hace eclosión de entusiasmoi,, y el nombre de
los héroes corre de boca en boca, con epít1,tos
carifwsos, con la gloria de la aJmiración que
despierta todo lo que es grande de por sí y el

tiempo va tomando en ingente con esa su labor de ini-ern;ii&gt;le crecimiento.
El_ puehlo sie,nte el patriotismo con voluptuo,nda&lt;les de bera, suele no pensar en el aire
de bienes en que re:::pira la Patria, v sí en la
atmósfera de horrores en yue ha· ele morir
quien la vulnere. Por t&gt;so en Jas fechas de los
grandes :riunfos entona cantares que le recu&lt;'r1l;in el, hogar y prorrnmpe en gritos que le
traen a la memona los c:m1pos de combate.. ..
Y va por e:::as calles cmpaveRada:, &lt;·on lienzos tricrornos y que velan el sueño de la gran
nocl\e con miríadas de luees, marchando al
hornsono toque de lai, cornetas callejeras entre el clamoreo frenético, lanzando g/itoR,
amenazante f&gt;n su alegría, espléndido en la
pobreza &lt;le su sensación, atrayendo respetos y
prorncan&lt;lo burlas ..... .
A!lí va como un hiio que i-c escapa de la
cor~·iente 1~rnn~ay labra un cauce por entre las
gu1Jes p\1hclas -~le, la ci u&lt;lad :fc¡.:tejosa; allí va
p,u-a v11•1 r el ¡1ron de noche 11 Jt,gre y ver llegar la alborad¡t del día de la libertad.

Se forman grupos que son como núcleos del
júbilo; si falta en ellos el tañedor rumboso y
ntarendo, el jlOpular organillero ocupa su lu-

OJOS DULCES Y CLAROS ....
Ojos dulces y claros, de gracia peregrina,
Más bellos que los ojos cantados por Cetina,
Ojos dulces y claros, de gracia peregrina;
Mano exangüe y sedeña, mano sedeña y breve
Donde duerme la casta blancura de la nieve,
Mano exangüe y sedeña, mano sedeña y breve;
Labios rojos cual pétalos de rosa purpurina,
Labios rojos que uh claro resplandor ilumina,
Labios rojos cual pétafos de rosa purpurina;
Ojos que sois fanales en mi noche, ojos claros,
Labios rojos y manos cual mármoles de Paros,
Dejadme de rodillas y en éxtasis besaros.
Is~rAEL ENRIQUE

1

1!)0·}.

gu .v mueve el manubrio con la peregrina
creencia de una superioridad artística innegable.
Las populares parejas hacen de las callejurlas del parque un salón de baile, ,,valsan» de
la manera más groteRca, con contorsiones y
saltos que provocan la ilusión de que aquellas
arenillas queman; el compañero nt recostado
en el hombro de 1'1. dama y éRta vuelve la carn y la muestra con cierta exprefül,n del can!-'ancio &lt;¡uc provocara una obligada faena. Dan
ganas de pedir una tregua en aquella fatiga ...
De pronto, sobre el pedestal de un jarrón
ele ornato se escamma el omdor; por lo general es un estudiante entusiasta, dispuesto á
hacer derroche de elocuencia y que pide entonación á un sorbo de coiiac del país.
La ,·oz impetuosa se escuclm un momento;
pero ¡ay de ella si no interpreta el sentir de
aquellas masas!: surge la protesta, estalla el
,silbido estridente; sólo se ve que el orador
111anotea, pero la voz no camina mús allá dr
,-us propios oídos.
El derrotado tribuno abandona el pedestal;
, lcRciencle como estatua de dios pagano que no
Ita dado gusto ú sus devotos.
Y los organillos vuelven á entonar su confusión de cantos, y un momento después las
callejuelas del parque parece que tiemblan ....

LA CARTA DE BELLEROPHON.
-Soy fatalista, dijo Rolando Fontaine, lanzando una bocanada ele humo del cigarro hacia el techo. Es necesario que la desgracia «me
queme» para llegarme á inquietar......... y todavía, ámenos que no se trate de un sufrimiento físico ó de la pérdida &lt;le un ser amado, mi pena no es muy viva. Ah! era un verdadero sabio el viejo musulmán que acogía
todas las malas noticias con aquel flemático:
«Sólo Alá sabe si será esto un bien.»
Tal filosofía no ha llegado á mí por sí sola; en cierto modo, la vida me la ha impuesto. Es verdad que me ha causado angustias;
pero vegetar sin angustias, ¿no es prueba de
un detestable carácter?

bomingo -¿t ck 8cpticmlm el&lt;'

ARcINIEGAS.

Plateros y San Francisco

en l os granctes días.
4

La alborada saluda el campo de la alegría
con una risa de Iu ces blancas.
La multitud está demacrada, sobre el asfalto Re pisan vidrios rotos ..... .
La cuadrilla del aseo de la ciudad emprenbe la faena más dura del año; pero poco á po
co todo queda en orden.
Las fachadas se cuajan de rosas, ondea una
miriacla ele pabellones, !ns oriflamas juegan
con el viento desde lo alto de los mástiles.
8pena en los cuarteles el toque &lt;le diana, v al
acorde de lo marcial, se ve prender la en;efia
de la Patria en lo alto de las astabanderas.
A lo lejos resuena el estampiclo del cañón ........ .

***
rnas horas despué~, la ciudad está intransitable. La 1.:olumna militar se encamina á hacer su fiesta en los campos, que el sol haf1a
con una luz que parece que está aplaudiendo
,tl gloriof'o triunfo.

�Domingo 21 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO I LUSTRADO
Don,ingo 21 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO
La ccnstrucción quedará completamente
aislada, siendo su altura de 28 metros. El sistema e.le armadura de acero que Re ha empleado para la cimentación y la:,; paredes, es de
lo mejor que se conoce y pondrá el edificio á
cu bierto de los más fuertes temblores. Además, la casa estará hecha á prueha de fuego.

***

Ln, arquitectura, tan to interior como exte-

Al apoyar de nuevo la cabeza en el esqueleto del molnsco, vuelve á 1-entir el mismo mro
sonido. Se sienta, examina el caracol y lo
ausculta como lo hiciera un mono. Ahí dentro está. Es un animal que canta y que estará
enfermo, porque no se mueve. La inmov)lidad,
como negati rn del instinto e.le conserrn016n, es
el signo de la muerte.
A la observación sigue el análisiR. Lo hace
pedazos contra otro caracol. &lt;]Ue cede también

•

'tuvo escribiendo versos griegos con la punta
de su bastón en la arena de la misma playa,
ausculta un caracol.
«Ah! qué hermoi;,o es esto! ¡Qué melodía
sin notas y sin ritmo y con cuánta tristeza!
Conserva en su seno el canto &lt;le las onda1como el cráneo guarda el canto de los recuerdos!"
Ayer en la misma playa, un niño que cur!'a ei último grupo del bachillerato, explicaba
á su compañero, mientras sostenía en la mano izquierda un Ronrosado caracol, las leyeR
de la acústica, la teoría de las cajas ele resonancia, la hélic~, en un discurso que empezó:
«·Molusco gasteropodo pulmonado ...... n

***

Y yo mirando hacia adentro, lloraba al pobre riii{o heredo-tuberculoso capaz para laR
ciencias é imposibilitado para atrapar una maripo1-a, y envidiaba al indio salvaje con s~1 ~spíritu ancho para alojar todas las 8Uperstlc10nes y todas las quimera1-!
MENDO MENDEZ.
Habana, 1902.

El Consejo de Edncación Pública.

DESPUES DE LA CEREMONIA.-Sa lida del se ñor P r es idente.

FAC HADA PRIN C IPA L.

La nueva Casa de Correos.
COLOCACIÓN DE LA PRIMERA PIEDRA.

,

El último domingo, por la mañana, se verificó la ceremonia de colocación de la primera piedra del edificio de correos, que se levan tará en la esquina de las calles de San Andrés
y Santa I sabel.
El local en que va á construirse el suntuoso
edificio, estaba convertido en un amplio salón primorosamente adornado con guías de
flores y lienzos que se enredaban á las columnas de la armazón que substentará la finca, presentando magnífico golpe de vista. En el fon•
do se improvisó la plataforma de honor: un
dosel de terciopelo i ndicaba el sitio que debía
ocupar el señor Presidente de la República.
A uno y otro lado se colocaron los asientos para el Cuerpo Diplomático, comisiones de las
Cámaras, Poder Judicial, Regidores, Gobernador del Distrito y otros m iembros prominentes de la Administración.
A las once en punto, un aplauso unánime
anunció la presencia del primer :Magistrado
en aquel sitio. La concurrencia se puso de pie
para saludarlo con demostracioneil de simpatía,y las músicas tocaron el Himno Nacional.
El señor general Díaz iba acompañado de los
señores Secretarios del Despacho y de loR
miembros de su Estado Mayor.
En seguida dió principio la ceremonia con
la ejecución de una obertura por la música de
artillería. El señor director general de CorrE&gt;os,
D. Manuel Zamacona Inclán, abordó luego la
tribuna para pronunciar un d iscurso que la
concurrencia escuchó, no sólo con agrado, por
lo correcto del estilo v lo elevado de 1-us conceptos, sin o con positivo interés, por la multitud de e.latos de importancia que contiene y
sus atinadas observaciones.
El orador hizo la historia del Correo en nuestro país, citando el sistema empleado por los
aztecas, primero; después, la época en que el
ramo, por subasta pública, estuvo reducido Ít
un simple negocio particular. y por último
su incorporación á la Corona; y Ía Ordenanz~
General de 1794, que fué, hasta hace poco la
reguladora del servicio en el paía.
'
Para hacer resaltar más los progresos realizados por la administración pública en este

sentido, hal,ló el fü. Zamacona del empeño
con que el Gobierno acude á todas las exigencias del ramo, y ponderó la influencia que la
unión Postal C"ni versal ejerce en el desarrollo
y civilización de los pueblos y que tan benéfica
ha sido para nosotros.
El discurso terminó con estas palabras:
«El Correo, ejército del trabajo, con millares
de operarios en sus filas, guardián celoso de
los secretos más íntimos del hombre, arteria
Yital del comercio, medio eficaz é indispensable para. la administración y gobierno de los
pueblos, vehículo de la idea, apóstol de la
fraternidad humana, necesitaba en nuestro
país un cuartel general, un taller, un templo
donde desempeñar su elevada misión, y á tal
objeto se destina el edificio cuya primera piedra va á colocar el señor Presidente de la República."
Cerró la parte literaria, con una hermosa
poesía, el señor Agustín Alfredo X úñez. Los
dos oradores fueron muy aplaudidos.
En tres mesas distintas se firmó entonces

el acta relativa, por más de 200 personas e.le en
tre los concurrentes al acto.
Ayudado de una grúa, el señor P1·esidente
procedió á colocar la primera piedra, casi en
el centro de la que será fachada principal, correspondiente á la calle de San And rés. Dentro del block fué guardada una caja de hierro couteniendo el acta de la ceremonia, fo.
tografías del proyecto del edificio, números de
los periódicos que se publican en la capital, y
las distintas piezas que componen nuestro sistema monetario.

***

A.cerca del proyecto general del edificio, nos
parece oportuno dar á conocer los siguientes
datos.
La superficie que ocupará es de 3,735 metros, y todas las oficinas, repartidas en cuatro
pisos, miden uaa superficie total de 13,400
metros cuadrados.
La fachada de San Andrés es de 45. 72 metros, y la_de Santa Isabel, de~74. 22

La concurre nc ia á la ceremonia.

rior, está modelada en la interpretación libre
y m odernizada de las formas &lt;le la arquitectura española, anterior á la época de las conquistas.
No puede decirse que es un verc.latlero estilo en el rigor C:e la palabra. Es más bien el
h ermanamiento de las formas góticas con la
influencia árabe y oriental reamoldadas en el
espíritu del renacimiento cláflico.

al choque. AmboR están muertos por inmóviles
y Yacíos. Xo es un animal que canta. El aná•
lisis, cuando no resuelve, extravía.
Duerme. Al día siguiente,con caracoles por
trofeoR, marcha á la cueYa y en lenguaje toscamente i mitatirn explica. á la hembra el fenómeno. Y en el si lencio v la o;:curidad de la
vi \'ienda Rll hter:ánea, do~de no corre el viento,
el caracol tam b1én cirnta.
El no contestado «porqué», entonces como
ahora, engendra el mito, y de almohada en la

El 13 del corriente, en el Salón de Actos de
la Escuela de In~enieros, se verificó la solemne apertura del Consejo Superior de Educación Pública.
El acto fué presidie.lo por el Primer Magistrado de la Nación, contándose entre los concurrentes multitud de hombres de letras, altos
funcionarios de la Administración Pública y
los Directores de la.'l principales escuelas de la
capital.
Ocupado por el Sr. Presidente y sus Ministros el lugar &lt;le honor, el Sr. Subsecretario de
Instrncción, Lic. Justo Sierra, dió lectura á
un importantísimo discurso, en que, con m:tno maestra, trazó el vai:;to programa que el
Gobierno trata de llevar á cabo para favorecer el dei&lt;arrollo ele la cultura entre las ma,ias,

E l interior del edificio reunirá todas las condiciones de comodidad y amplitud que requiere el i mportante objeto á que Re le destina.

CARACOLES
Llegó el sal\'aje á la orilla del mar al c:wr
la tarde, ~·a poniéndose el sol detrás de la inmensa llan ura líquida, á la hora del crepúsculo, cuando nacen hu; Romlm1s y tornan cuerpo las HU persticiones.
La abundante ear.ri de la jornada le tenía
alegre y Rin hambrP, con toda la eseasa I ncidcz· del espíritu. El haml,ri1•1110, civilizado ó
i:;alvaje, no pueLle sentir la i&gt;eller.a, corno el
miope no ¡,ue&lt;le e"cruta r si no cuando usa
buenos lentes.
La playa, tén&lt;l ida y fresca, rumorosa por el
monótono i;on del mar, cantaba con el terral
el dúo del sueño .v brindaba, húmeda y movediza por In. resnca, blando lecho al &lt;lesca11so. Y el salYaje desnudo sintiú por primera yez el voluptuoso contatto de la arena en
la piel curtida por las púas y los guijarros.
La reeompen~ad:i fatiga del día azaroso. Pl
Rusu1-ro del mar, la i-;oledad, la ah,;ol uta soledad como gtwnlia segura, convidál,anle al
sueño.
Un caracol sonro:;ado, grande, vuelto hacia
arriba, ofreció la almohada, porque el salrnjc
como el civilizado y por sim¡ le cuestión mecánica, necesita, aun en el 9ueño, alta la cabeza.
¡Espléndida tarde!
La felina oreja aguzada al rugido de la fiera, al ?3-nto lejano del pájaro, al leve crujir de
las hoJas secas en el rastro, percibió por primera vez el misterioso murmullo del coracol.
Levantó el salvaje la cabeza: nada, excepto el
mar, se movía; la playa estaba.desierta.

La

apertura

orilla del mar sube á ídolo en la cueya el pob:e ped~~o de carbonato de cal,que para el incho es h1~0 de la. _mar, gue llora !'lU pérdida en
el canto igual é mtermmable.; hijo, 1-in duda
alguna, de aquella enorme charca que ya ha
visitado cien veces y la ha encontrado ha•blando siempre, unos días como habla él cuando está descansando y contento, y otras como
cuando lucha con el hambre ó con la fiera
Veinte siglos después1tm viejo poeta que ·es-

del

Consejo.

por medios eminentemente educativos. La notable pieza oratoria, que publicó integra "El
Imparcial", fué escuchada con profundo iñterés por la concurrencia, que saludó al Sr. Subsecretario con nutridos aplausos.

***

El Sr. Gral. Díaz declaró irn,talado el Cons~jo, disolviéndose la reunión antes de 111,s
cmco de la tarde,

�Domingo 21 de Septiembre tlc 1!)02.

EL MUNDO ILUSTRADO
l&lt;jL ~1U.ND0 ILUSTRADO

Domingo 21 de ~cpticmbrc ele HJ02.

•
Tropas en movimiento.

Llegada del señor Presidente á La Vaqu,ta.

Las fiestas de la Patria

***

EL ACTO OFICIAL EN LA VAQUITA.

rntusia~mo que rlP'-pierta en Pl
,,l,lo In r·onmP:-,,nr:wi(,n del lwcho
111:'i, gln1ioso clP 1111&lt;•:-lrn historia, H•
Y&lt;&gt;rifirarn11. &lt;•n f•st:i YPZ, las firstn,; onrn11izndnipor Pl .\ym '-1n1iPnto parn honrar l,_1 n1&lt;•moria
ele los r·,111di)Jn,- ele ln J11&lt;l,.¡e11clene1a.
,\ ln,- fc"t&lt;:os c]p c:Hi:c•t&lt;·r nfic·ial, "&lt;' H!!l"&lt;'!!ll1"011 )ns r¡m· d Círculo &lt;IP .\111i!!os dd Rr. Uc•nrrnl Dí 1z dispu,o rn oh,,•qnio &lt;lrl Primer
:.\In!.!i,-t rado. y '!llf' &lt;·011sist ieron en fu11&lt;·in11Ps
1&lt;-:1tr:1l""· 1111 rn1wiPrto y m1n fi,.sla e:&lt;colnr,
princi¡,:ilmentP. E,to co;1(riliu_,·{¡ Pll !!J":111 manera ú &lt;lar ú las fi&lt;•stas rnn ,·or Iuci mÍPnto.
La serenata del 1-\ or_ga1;izacln tmnhién pnr
el Círculo de .\migos, no estm·n tan concurrida como Pra &lt;le esper:Hi':f', &lt;ldii&lt;lo al mal tiempo, que ohligú ú la cornisibn ú suspenderla.
~in Pmbar_go, á la hora del Grito, la multitud
Re agolpaba frente ú Palacio, prorrumpiendo

en Yivas á la Patria y á sus héroes. Cuando el
Sr. General Díaz apareció en el balcón central,
el entusiasmo no tuvo límites: un aplam,o
unánime saludó al señor Presidente; las músicas tocaron el Himno, y la alegrí:i, estalló en
todns los corazones. Fué un acto nnponente,
conmovedor.

'1;- ¡,]

El General Vélez y su Estado Mayor.

El 16 por la mañana, se verificó en la Va.
quita el' acto oficial.
Al Poniente del campo se levantaron las
tribunas di\'ididas en tres series: la central,
que se cl~c,tinó á lm; funcionarios_ p~blicos .Y
sus familias, y las laterales, á los mv1tados.
Cuando las anchas plataformas estaban ya
henchidas de concurrentes, un punto de atención marcado por el clarín de órdenes del Colegio Militar, indicó la proximidad del señor
Presidente de la República y &lt;le su numerosa
comitiva.
El señor General Díaz ocupaba un landó
abierto1 en compañía de los señores Secretarios de Relaciones, Guerra y Gobernación. Los
demás carruajes fueron ocupados por los señores Secretarios de Hacienda, .Justicia y Fomento, Representantes de las Cámaras, RegidoreP, etc.
Leída el acta de Independencia por el Secretario del Ayuntamiento,ahordaron la tribuna los señores Lic. Manuel Calero y Sierra y
Juan B. Delgado, para pronunciar, el primero, un di~curi:;o lleno de hermosas imágenes, y
para recitar, el segundo, una hermosa composición poética.
Pasados ei-tos números, el señor Presidente
impuso á algunos jefes y oficiales del Ejército,
las condecoraciones que les fueron últimamente conferidas y entregó sus despnchos correspondientes á varios aspirantes á reserYistas.

mr ate notables por su precil'&lt;ión y muy vi~tosos. Tanto el Colf'gio ~Iilitar _y los ruraleR, como la nrtillería v la infantería, demostraron
su alto grado de.instrucción.
El desfile frente á las tribunas, llam6 mucho la atención.
La DiYisión estuYo al mando del señor Comandante l\Iilitar, General D. Francisco A.
Yélez.
Al retirarse del campo el señor Presidente
de la República, el pueblo le tribut6 una ruidosa ovaci6n.

La casa l'vlosler.

das y paniers de flores. El aspecto de la casa era soberbio.
Otro tanto puede decirse ele la Casa ~lo~ler.
Estaba decorada con tal arte y riqueza, qur
llamaba la atención de todos. Los entrepaños
de la fachada y los antepechos de los balcones ostentaban primorosas obras de t apicería
formando un conjunto encantador. La .pr~fusi6n de florei- escudos y banderas, d1stnbuídas en los ~arcos de las puertas y en los
salientes del edificio, era del mejor efecto.

***
iiientras el señor Presidente hacía la imposición de condecoraciones lns fuerzas ,le las
distintas armas que componían la División,
ejecutaron algunos movimientos YerdadernLa Droguería de La Profesa.
ADORNO DE 1'::DIFICIOS.

El señor General Díaz y su comitiva en la tribuna centra).

Después del desfile.-Salida del señor Presidente

Las calles más céntricas de la ciudad presentaban, el l 6, un aspecto verdadera_mente
hermoso. Casi todos los edificios se veían empavesados ')On banderas y, muchos de ellos,
cubiertos por riquísimos cortinajes y piezas
florales de artística composición.
En Plateros el adorno fué espléndido. La
Droguería de la Profesa, que tanto se distingue en ocasiones como ésta, estaba decorada
con gusto exquisito. Cubriendo la p uerta central se veía un cuadro de la Campana de la
Independencia, y en el remate de la fachada
un gorro frigio, al que formaban resplandor
multitud de focos de luz incandescente. Las
demás puertas y los balcones lucían primorosas telas de los colores nacionales y franceses, y, completando el adorno, había guirnal-

El Palacio de h,erro.

La suntuosa finca en que están instalados
los almacenes del Palacio de Hierro, lució
también un adorno vistosísimo: El .edificio,
bello de por sí, estaba empavesado con multitud de banderas francesas y mexicanas. La
marquesina ostentaba una bonita compostura.
Esta fné una &lt;le las casas comerciales que mfü,
se distinguió por su buen gusto en el adorno.

�¡NADIE I E MUEVA!

�Dl)ming-o 21 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MU:.N1&gt;0 ILUSTRADO

EL "QUO VADIS?" EN HIDALGO
lfr¡ aconfeclmíer¡fo f~afra/.
El acontecimiento teatral d,~
las última¡: semanas, ha sido
la repre~entación en el teatro
de la. c,tlle de Corchero, del
drama tomado de la célebre no-

---,

Doming-o 21 de Septiembre de

rnoi.

si son del género serio, dur;-.n
poco en los carteles, y el producto de las representacione,;
que alcanzan no es, en la mayoría de los casos, suficiente
para que el empresario se reembolse fas canticlacles invertidas
en montarl11i;. Apenas una que
otra piececilla del génPro chico
realiza en )IfaiC'o el milagro de
corrcsvonder con pillgües utilidades á las Compañías que
la llevar. á la e8cena con relati rn elegancia .

•••

Sr. Alberto Michel, autor del liureto.

vela ele Sienkie1ricz por el conocido escritor Alberto .:\Iichel,
y que llcYa el mism.o tiombrc
de esa obra tan leída y comentada.
«Quo Yadis?» triunfó en to-

La orgía en el Palatino.

taciones &lt;le uha misma obra,
esa propiedad y ese lujo pasarían, como moneda común y
corriente,casi inach·ertidos;son,
aquéllo;:: públicoB. acostun1brn&lt;los lÍ ver la costosa indnmenta-

En este punto, la Empresa
FábregaR ha demostrado tener
fe en el éxito de sus afanes, y
la mejor prueba que ele ello
nos ofrece es el «Quo Yadis?"
Las fotografía,; de los princi pales cuadros del drama que publicamos hoy, darán á nuestros lectores cabal idea, no Rólo
de la hermosura de las decoracionc;::, sino también de la
escrupulosa atención que se
ha puesto en que loR trrjes resulten, á la par que ricos, ajustados en todo ú la usanza de la
época en que se de~arrolla el
drama. E:sta corrección, nada
común en los excenarios de ;\léxico, &lt;&gt;s digna ele elogio, no sólo por la ia;uma de esfuerzos que
representa, sino también porque con ella rcimlta ganancioso el arte
en graclo sumo.
Creemo;:: que los lectores de «El ;\fondo Ilustraclon ,·crán co11 gusto
los clichés que aparecen en estas páginas, por tratarse de un acontecimiento teatral de tanta importancia corno el que nos ocupa. Publicamo1&lt;, a&lt;lemá1&lt; el retrato del Sr. :\Iichel, nntor del lilm-to, PI del Director de e1&lt;cena'c¡ue ha contribuído en mucho al éxito de Qno Yadi!&lt;"?", y
el del pinto/ e~eenógrafo D.-.Juan Menarini, ú quien !&lt;e deben las hermosns d1•coraciones estrenachtR.

LA ONDINA DEL LAGO.

Sr. Juan Men:lriui, e:scenógrafo.

ria v el decorado esplénclido
en la escena, y las em pre:;as
tienen, de antemano, asegurada la ganancia.
Entre nosotros no sucede lo
mismo: las ohras, sobre todo
da la línea

y es justo dC"cir
que el trit11~fo, porque sí lo hu:
ho, se debe, en gran partP, a

la compañía,que montó el drama con un derroche de lujo~una. propiedad que no tienen
precedente can nuc~tros tPatros.
Para otra» ciudadei-, como
París \' X uc-va York, &lt;lonrlc :--e
dan 1i:1sta qninic·ntas r&lt;'¡,rcsC'n-

Es el lago transparente y dulce; sus aguas se extienden en ondas caprichosas que, enr,;anchándose cada vez más y rná;::, van á expirar en la
orilla, de la misma mabera que 11:rneren las
ilusiones concebida" en la edad primera ..... .
Es el lago trasparente y puro; la 1u na riela en su brillante superficie, dibujando arabescos luminosos.
Trepado en un gigantesco sauce, cuyas
frondosas ramas llegan hast~ el medio del
lago Pedro el pastor está en acecho.
E~ la hora en que la ondina, asomando r,;u
cabeza por entre las azuladas aguas, deja wr
su faz hermosa, sus cabPllos dorados, su cuello blanco, blanco como el de un cisne.
Pedro notó que las aguas del lago se agitaban levemente, produciendo un murmurio
apenas ¡ erceptible. _.
La ondina, allí, á dos paRos de él, tendida sobre la i-uperficie, le contemplaba envol
viéndole en una mirada de amor y tE:rnura-

El Circo.

El pastor Rinti6 algo como un vútigo, y cerró los ojos para no cncontranic con aquellas pupiia¡:; fnscinadoraR, euros efluvios magnéticos
empezaban ú turbar RU mente.
·
La ondina sonreía siempre, enseñando i-us pequeños &lt;lientecillos,
más pmos y más blancos que los copos de nieve que caían en las flore:;tas en lai-&lt; tardes invernales.
-\'en á mis hrnzos ¡oh Pedrt,!-decía la ondina con voz dulcísimay r-;erús el rey del lago. ~o tardes, ven, y juntos recorreremoR mis dominios; \'Críts mi palacio compuesto de coralinns _v de perlas de ignorado;:: mares ...... \'en, no tardes más, será~ mi ducíio y laR aguas te obedecerán como á su único señor ..... .
El pastor, subyugado por el acento de la ondina desde el árbol se
dejó caer al lago.
'
No bien su cuerpo tocó las agua;::, éstaH se arremolinaron precipitándole en el fondo......
'
En el lago sonorof-o y puro, en la dorada arenilla de RUS már¡!ene8,
lo;:: pastores encontraron el cadáver de Pedro
con un collar en el &lt;·ncllo, compursto de perlas y corales, regio pre:;ente, sin duda, de su
amante de una hora ..... .

Sr. Coss, Director de escena.

Muerte de Petronio,

Grupos de artistas que toman parte en "¿Quo Vadis?"

Lorrnxzo Y. CRE~Po.
EEcncha, mirn, picn~a, duda y calla.
Cuando se cli~cuta con una mujer y ella
conteste con Yalor, ha.y confianza en ganar·
pero si se pone á llorar, ha ganado ella.
'

_,_*,,

"'i"

r¡•

Decía Cicerón que las tres cosas más difíciles en este mundo, son: guardar un secreto, perdonar un inf'ulto y emplear el tiempo
cuerdamente.

�1

Domingo 21 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL :MU~TJ)O ILUSTRA DO
Los años pasan; pero no el encanto.
Cierta noche, rendido por la lucha,
En la yentana de su celda escucha
C,rntar un ruiseñor.

EL VIAJERO.

Loco de ei;panto,
El monasterio inútil abandona,
Y en busca del olvido que ambiciona,
Ya cruzando campiñas y ciudades.

t-

Del dei-ierto en las mudas soledades
Dormir tranquilo espera; ¡ilusión vana!:
Al claro alborear de una mañana,
Mientras canta de Dios las maravillas,
Cubierto el prado ve por florecillas
De hojaR menudas de color de grana ......
Veloz huye del prado, y en profunda
Caverna se guarece:
Uu peñascal escueto la circunda;
)l'inguna planta en derredor florece.

Desfile y formación frente á Palacio.

LA SEGUNDA RESERVA
DESFILE FRENTE Á PALACIO

Publicamos hoy dos fotografías que repreRentan los grupos de aspirantes á cabos y sargentos de la segunda Reserva del Ejército, que
organizados en columna, desfil:i.ron el último
domingc, frente al Palacio Kacional, y el aspecto que, momentos después de la marcha,
ofrecía la Plaza de la Constituci6n.
La columna Re organizó en los campos de
La Yaquita hajo la vigilañcia del Sr. Gral. José ~Iaría Pérez; Riguió por las calles que conducen desde el terreno hasta el Z6calo, y al
llegará la esquina. de Flamencos, hizo, por grupoR. una correcta com·ersión para situarse frente á Palacio. DPsrle el halcón priiicipal, el Sr.
PreRidente de la República, acompañado de
loR SreR. Secretarios de Hacienda y· de Guel'l':i,
preRenci6 el paso de los reserviRtas, á quienes
el pueblo aplnmlía, llenando las acerns . y el
jardín de la plaza.

Terminado el dei-file, Re toc6 «/1 dispen,ión»
v en esos momentoR los aspirantes &lt;lesplega~on multitud de banderolas rojaR, que agitaban
lanzando virnR al Primer MagiRtraclo de la Nación. El pueblo salud6 también con aplausos
y aclamaciones al Sr. PreRidente, repitiéndose la ovación cuando en rompañía l'ie sus Secretarios de Estado ahanclonó Palacio.

EL BESO.
Nathán el justo cometi6 un pecado.
Vanamente sus ojoR lo han llorado,
No borra la quietud del monasterio
El recuerdo tenaz rle un beRo rlarlo
A traición, de la noche en el misterio.
En la huerta, en el coro. de rodillas,
K'o olvida el cuadro el monje penitente......
::\lientras ella dormfa, dulcemente
Cantal,a un ruiseñor en la ventana,
Y había en su cahello florecillas
De hojas menudas &lt;le rolor ele grana.

En un rinc6n, cercano al lecho duro
Que con ramas tejió, se a.lza severa
Una cruz de madew,
Y á su pie, reluciendo allá en lo obRcuro,
Sonríe una mondada calavera.
Pero no ahuyenta el bendecido leño
La visión importuna
Y no es tranquilo ele ~athán el sueño.
············ ····························
Esparce por el antro silencioso
Su cenicienta claridad la luna.
Todo allí, menos él, yace en reposo.
De repente, con golpe misterioso
Del altar se desprende y en la roca
La calavera choca:
Hacia :Xathán rodando se desliza,
Se acerca sin rumor pausadamente
Y al duro lecho salta ... El monje siente
Que sus cabellos el terror eriza.
La sangre de sus YenaR paraliza
Cierto roce de huesos en su oído ......
Luego, una voz de timbre conocido
Así le dice con rnsurro quedo:

(:'.

1'
r(~h.
~I

-Xo me recuerdas ya? ... Te inRpiro miedo? ...
Te qnería besar, pero dormido.
La carne &lt;le mis labios ya no existe;
:;\Ias &lt;le Dios por decreto soberano
\'engo á p!lgarte el beso que me diste ......
El me pui-o al alcance de tu mano
Cuando del santo monasterio huías ......

Temblanclo aún, al despertar la aurora,
El monje, en un rincón de la prader.-i
Sepul~a la adorada calaYera
Y una pl&lt;'garia con su adiós murmura.
Con t'lla entierra todo su pai-aclo! ......
Sin \'C1lver la cabeza, Fe aprl'surn
A regresar á su apa rtndo aHi lo
Y ante la cruz se postra resignado.
Desde entonces Xathán duerme tranquilo.
RIC'ARDO GIL.

~

Tanta vida infunde el amor, que en los momentos supremos olYidamos que viYimoR.
De la inocencia nace el amor espontáneo y
también frágil: pero si lográiR inspirar amor
á un corazón herido por los desengaños, éste
será firme hasta el sacrificio.

(.l

persona &lt;lignísima y muy señora mía, tiene el
maldito vicio de llegar retrasada, por lo cual
sólo sirve para amargar gustos y adobar remordimientos. La reflexión de l\larta se había quedado zaguera según costumbre, y el
impulso ele la piedad, el primero que salta en
el corazón de la mujer, hizo que la doncella,
al través del postigo, preguntase compadecida:
((¿Quién lla.ma?" Voz &lt;le tenor dulce y vibrante respondió en tono persuasivo: «Un viajero.»
Y la bienaventurada de Marta, ·sin meterse en
más averiguacionef:, quitó la tranca, desconió
el cerrojo y dió vuelta á la llave, movida por
el encanto de aquella voz tan vibrante y tan
dulce.
Entró el ,·iajero saludando cortésmente· y
quitándose con gentil desembarazo el ch¡mbergo, cuyas plumas goteaban, y desembozándose la capa, empapada por la lluvia, agradeció la hospitalidad y tomó asiento cerca de la
lumbre, bien encendirla por )!arta. Esta apenas se atrevía (, mirarle, porque en aquel punto la consabida tardía reflexión empezaba á
hacer de las suyas, y Marta comprendía que
dar asilo al primero que llama, es ligereza notoria. Con todo, aún sin decidirsé á levantar
los ojos, vió de soslayo que su huésped era
mozo y de buen talle, descoloriclo, rnbio, cara
linda y triste aire de seiíor
aeostllmbrado al mando y
á ocupar alto puesto. Sintióse l\larta encogida y llena
de confusión, aunque el viajero se mostraba reconocido
y la decía cosa halagüeñas,
que por el hechizo de la voz

t: t•

MONUMENTO A JUÁREZ

.,,.

La iniciativa particular, en Veracruz nos
o~rece _u~ _ejemplo. prec~oso de lo que p~ede,
!)len d1ng1da y meJor onentada, la constancia
en la empresa. Nos referimos á los resultados
que 1~ ~unta encargada de colectar fondos para eng1r un monumento al Benemérito de
Amfrica, ha obtenido tras algunos años de lucha constante, de pesquisas para arbitrarse
los fondos necesarios.
El monumento que representa nuestro grabado,está en vías de ejecuci6n y no cabe du&lt;la que all_í, en Veracruz, cuyos moradores
fueron ~st1gos &lt;le la grandeza de Juárez, se
l~vantara dentro de poco la primera estatua
digna, como obra de arte, de inmortalizar
el nombre del apóstol.
La i:iin~a, para hacer más significativo el
cump.1mient_o de ese deber del patriotismo
mexicano, hizo un llamamiento -al pueblo y
desde el comerciante adinerado hasta el humilde obrero, han en \'eracruz contribuído
cm~ su óbolo para la realización de la idea.
LeJOS están los organizadores &lt;le haber reunid_~ hasta ahora la suma que importa la erecc1_on de la estatua; pero sin que la suscripción
pierda Sl~ carácter _d e eminentemente popular, contm~an pomendo en juego todos sus
esfuerzos, a fin ele que pronto puedan llevarse
á término loR trabajos.

..~J

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'1 Cit ¡'~,) ...r·
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el alma de través y el corazón á dos dedos ele
la boca, maldecía el fatal momento en que dió
acogida á su terrible huésped. Lo malo era que
cuando justamente Marta, apurada la paciencia, iba á saltar y á sacudir el yugo, no par{'ce sino· que él lo adivinaba, y pedía perdón
con una sinceridad y una gracia de chiquillo,
por lo cual Marta no sólo olvidaba instantúneamente sus agravios, sino que, por el exquisito goce de perdonar, sufriría tres veces
las pasadas desazones.
¡Qué en olvido las tenía puestas cuando el
huésped, á medias palabras y con precauciones y rodeos, anunció que c&lt;ya» había llegado
la ocasión de su partida! )!arta se quedó de•
mármol, y las lágrimas lentas que le arrancó
la desesperación cayeron sobre las manos del
viajero, que sonreía trÍ!;temente y murmuraba
en voz baja frasecitas consoladoras, promesas
de escribir, de \'Olver, de recordar. Y como
Marta, en su amargura, balbucía reproches,
el huésped, con aquella voz de tenor dulce y
vibrante, alegó por vía de disculpa: «Bien te
&lt;lije, niña, que soy un viajero. ~[e detengo,
pero no me estaciono; me poso, no me fijo.»
Y habéis de saber que sólo al oir esta declaración franca, sólo al sentir que se desgarraban las fibras más íntim&amp;s de su ser, conoció
la inocentona Marta que aquel fatal ,·iajero
era el .Amor, y que había ahierto la puerta,
sin pensarlo, al dictador cruelísimo del orbe.
Sin hacer caso del llanto de :'.\Iarta-¡para
atender á lagrimitas está él!-sin cuidarse del
raf&lt;tro de pena inextinguible que dejaba en
pos de RÍ, el Amor se fué, embozado en su capa, ladeado el chambergo-cuyas plumas secas ya, se rizaban y flotaban al viento bizarramente, -en busca de nuevos horizontes, á llamar á otras puertas mejor trancadas y defendidas. Y Ma1ta quedó tranquila dueña de
su hogar, libre de sustos, ele temo~es, de alarmas, y entregada á la compañía de la grave y
excelente reflexión, que tan bien aconseja
aunque un poquillo tarde. No sabemos lo qu~
habrán platicado; sólo tenemos noticias ciertas &lt;le que las noches de tempestad furiosa
cuando el viimto silba y la lluvia se estrell~
contra los vidrios, Marta, apoyando la mano
sobre su corazón, que le duele á fuerza de latir apresurado, no cesa de prestar oído, por si
llama á la puerta el huésped.

€milia }&gt;ardo ]Jazán.

~\

Y::.. no verás i:obre laR trenzas mías
Las florecillas de color de grana,
Borrada se::i. por tu horror de ahora
.\quella imagen sensi.ial y mna! ... -

Aspecto de la plaza después del desfile,

RIA, glacial era la noche. El viento silbaba
medroso y airado, la
lluvia caía tenaz, ya
en ráfagas, ya en fuertes chaparrones; y las
dos ó tres wces que
Marta se había atrevido {¡ acercar~e á su
.__,,..
Yentana por ver si se
aplacaba la tempestad,
In deslun1hró la cárdena luz de un relfimpago
y la horrorizó el rimbombar del trueno, tan
encima de su cabeza, que parecía echar abajo la casa.
Al punto en que con más furia se desencadenaban los elementos, oyó Marta distintamente que llamaban á su puerta, y percibió
un acento plañidero y apremiante que la instaba á abrir. Sin duda que la prudencia aconHejalm á ::\Iarta d&lt;'soírlo, pues en noche tan
CHpanto::;a, cuando ningún verino h0nrado Re
atre,·e á eeharsf' ú la eálle, l"Ólo los malhechores y los penfalo1&lt; libertinos son eal'aces de
arrostrar viento y lluvia en hu~ca: de a yen turas y presa. :'!Iai-ta debió haber reflexionado
que el que posee un · hogar, fuego en él, y á
su lado una madre, una hermana, una esposa
que le ronsucle, no s,ile e11 el mes de enero y
ton u11a tormenta de~atacla, ni Bama á pue1:tnR aj&lt;'rnu•, ni turba 1n. tranquilidad de Ja¡; donlcdas:hone;;tafi y rec-ogidai,;. Mas :a reflexiún,

lo parecían más; y á fin de disimular su turbaci6n, se dió prisa á i-ervir la cena y ofrecer
al Yiajero el mejor cuarto de la casa, donde se
recogiese á dormir.
Asustada &lt;le su propia indiscreta conducta,
::\larta no pudo conciliar el suef10 en toda la
noche, esperando con impaciencia que r.a.yase
el alba para que se ausentase el huésped. Y
sucedió que éste, cuando baj6, ya descansado
y sonriente, á tomar el desayuno, nada habló
de marcharse, ni tampoco á la hor~ de comer,
ni menos por la tarde; y :'.\Iarta, entretenida y
embelesada con su labia y sus paliques, no tuvo Yalor para decirle que ella no era mesonera de oficio.
Corrieron semanaR, pasaron meses, y en casa ele Marta no había más dueño ni más amo
que aquel viajero á quien en una noche tempestuosa tuvo la imprevisión de acoger. El
mandaba, y :'.\Iarta obedecía sumisa, muda,
veloz como el pensamiento.
No creáis por eRo que ~Iarta era propiamente feliz. Al contrario, vivía en continua
zozobra y pena. He calificado de amo al viajero, y tirano debí llamarle, pues sus caprichos despóticos y i-;u inconstante humor traían
á :\Iarta medio loca. Al principio el viajero
parecía olm:liente, afectuoso, zalamero, humilde; pero fué creciéndose y tomando fueros,
hasta no haber quien parnse con él. Lo peor
de todo era que nunca podía l\Iartaadivinarle
el deseo ni precaverle la desaz6n; sin motivo
ni causa, cuando menos debía temerse ó esperarse, estaba frenético 6 contentísimo, pal"ando, en menos que se dice, del enojo al halago y ele la risa r~ la rabia. Padacía arrebatos
&lt;le furor y berrinches injustos é imern,atos
que á los dos minutos se convertían en trans~
portes de cariño y en placideces angelicales·
ya se emperraba como un chico, ya se deses~
peraba como un hombre; ya hartaba á l\Iarta
de improperios, ya le prodigaba los nombres
más dulces v las ternezas más rendidas.
Sus extravagancias eran á veces tan insufribles, que Marta, con los nervios de punta,

Domingo 21 de Septiembre de 1902.

.

Como obra artística el
mo!-'lumento será, si
el
meJor, uno de los más notables de la República, tanto
por la hermosura del conjun~o, como por lo bien estudiado d e sus detalles.

u¿

Proyecto de monumento á Juárez,

�!Jomingo 21 de Sepliembre de 1902.

EL

EL MUNDO ILUSTRADO

MUNDO ILUSTRADO

AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 13.

MÉXICO, SEPTIEMBRE 28 DE 1902.

Director: LIC. RAfAfl Rtl't&amp; &amp;PINDOLA,

Subscripción mensual fon\ueü, $1.~lll
[dem ldem. en hl,.Ct1.)•ILt1l," 1.~;¡
Qerentei LUI&amp; Rtl't&amp; &amp;PINDOLA.

LA PESCADORA Y EL PASTOR
ESTIO

(Cuadro de Charp1ntior-Bo1io.)
(Cuadro de Kaemmer-er.l)

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>!Jomingo 21 de Sepliembre de 1902.

EL

EL MUNDO ILUSTRADO

MUNDO ILUSTRADO

AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 13.

MÉXICO, SEPTIEMBRE 28 DE 1902.

Director: LIC. RAfAfl Rtl't&amp; &amp;PINDOLA,

Subscripción mensual fon\ueü, $1.~lll
[dem ldem. en hl,.Ct1.)•ILt1l," 1.~;¡
Qerentei LUI&amp; Rtl't&amp; &amp;PINDOLA.

LA PESCADORA Y EL PASTOR
ESTIO

(Cuadro de Charp1ntior-Bo1io.)
(Cuadro de Kaemmer-er.l)

�Domingo 28 de Septiembre de 1902.

NEVANDO.
Aquí dentro, fuego; ahí afoerR, nieve ...... .
Así eres tú, como clijv aquel poeta que tan
bien te quiso:
«ruego en el corazón, nieve en el rostro ... •"

,

Fuego como éflte, calor de hogar, manso,
tranquilo, no enervante como el del sol ele estío, que ata el ingenio,)' _pára la fantasía, y
entraba al par los movimientos &lt;lel cuerpo y
del pensamirnto; fuego tranquilo_, del que n.o
hay que temer que suba á incendio, fuego ahmentado ele excelsas materias, de troncos generosos que un día tuvieron flores y cuando
ya no las tienen privados de alegrarnos con
ellas los ojos, se' dan en pasto á la pama para
yolver á ser útiles y prestarnos abrigo y consuelo ..... .
Tal hubiera sido tu amor, e~toy seguro.
Primero flores, l'Jego luz y calor.
.
Si la vieras esta noche qué bomta, tú á
quien tanto gm;ta la nieve!_
.
Si pudiera yo verla contigo, yo á qmen tanto gustas tú!
Ha caído de repente y durará un momento.
:Xo es la nieve frecuente encanto de estos
e-limas, como en el mundo sois raras las muchachas como tú.
Aparece siempre ú. nuestros ojos como espectáculo nunca visto y viene á herir nue¡¡tra
fantasía con la intensidad y la fuerza de un
pensamiento nuevo.
Así á través de uno y otro año, de uno y
otro dolor verdadero y de una y otra ficticia
ventura viene blanca como la nieve, tu me·
moría á ' llenar ' de poético y tnste
encan to el
pensamiento. Baja sobre él mansamente, como bajan sobre el agostado jardín esos copos
y le van form;i-nclo esta blanca vestidu.ra que,
con ser tan fria, parece que ha de abngarle y
protegerle.
Como es tan raro que nieve, hasta la luna,
esta esqufra de quien apenas conservábamos
memoria, se ha dignado salir á verlo.
Yo la he saludado con la misma alegría que
á ti cuando pasado un luto apareces en una
fiesta y pensando en ti me he puesto á contemplar el maravilloso espectáculo de sus reflejos sobre la nieve.
Qué luz tan melancólica, tan hermosa! Qué
musa!
La nieve, que es triste, parece sonreír ante
las caricias del astro, como se sonríe tu rostro
pálido al sentir sobre sí la luz de unos ojos.
Si pudieras verlo, tú á quien tanto gusta la
nieve!
Durará un momento, pero la impresión de
esta blancura, de esta delicada belleza de la
nieve, vivirá aún largo rato en mis ojos, como
en mi memoria la de tu hermosura, con que
me alumbro entre las nieblas y oscuridades
de la vida.
A mí me gusta la nieve porque te gusta á
ti, y á ti te gusta porque es blanca.
Y repara que quizá no he dicho una simpleza. Blancos son tus pensamientos, y. tus
sueños, y tu alma y tu rostro, y blanco tiene
que ser todo lo que te guste, y por ser blanco
es por lo que tiene que gustarte, porque lo
blanco es la pureza, lo inmaculado, lo no vulgar, y tú no puedes encontrar be1lo nada que
no sea así.
En el jardín del mundo, del que sois vosotras las floresL-y nosotros pudiéramos ser los
árboles, quién el fuerte roble, quién el laurel
glorioso, quién ¡ay! el ciprés tristísimo,-las
hay de todos colores y aspectos. Prefiere uno
los claveles, porque son alegres; otro los encuentra vulgares y elige la rosa de té, por lo
triste, por lo aristocrática; hay quien escoge
los pensamie~tofl, por lo que significa!&gt;, y no
se paga de exteriores encantos ..... .
Pues bien, en ese jardín tú eres la rosa blanca, la que todos admiran, aunque sin atreverse á aspirar á ella, la que no se disc:ute, la que
no admite comparaciones ni rivalidades.
:íi;l blanco es la suma de todos los colores,
de todas las bellezas d1tla vista, por lo tanto.
La pureza, que es el blanco entre los mati-

EL MUNDO ILUSTRADO
ces del espíritu, es la suma de todas las virtudes de todos los afectos tiernos y generosos ...
\\.istas á través de tu alma la vida y la naturaleza humanas, se transfiguran y em bellecen; bajo ella ocultan sus asperezas la una, su
flaqueza y miseria la otra. En lo cual eres todavía igual que la nieve, que cubre con una
inmaculada alfombra el lodo y sucio aspecto
de la calle ó el camino.
Celestemente hermosas sois tú y la nieve!
Parecen estos copos pétalos de rosas blancas
que alguien se entretiene en deshojar desde
arriba ........ .
Diríase que ibas tú á pasar por debajo.
Y eso parece tu rostro; no blanco, sino nevado. Pálido, no por falta de color, sino por
sobra de blancura...... Hermosas sois tú y la
nieve!
¿Por qué va á ti mi pensamiento siempre
que veo nevar? También es blanco el sol y no
se te parece sin embargo.
¿Será que son trif:tes la nieve y tu recuerdo?
Ello es que de tal modo os asocio yo en mi
mente, que no parece sino que eres tú la que
nievas ........ .

E.

MENÉNDEZ Y PELA YO.

BiBLICA.
...... Cuando tú llegas, se van iluminando
poco á poco las colirnts y los. cárm~n~s.
,
Viendo tus pupilas, se ale¡a el vie¡o hast10.
Con todo el oro de tus cabellos, podría forjarse un ánfora.
Anfora es tu seno donde habita la miel de
un panal raro.
Anfora es tu nuca donde dormitan lánguidos los besos.
Con lai, camelias de tus mejillas, podrías
asustar á la vendimiadora implacable.
La muerte sentiría tristeza inmensa viendo
la púrpura de tus labios y el marfil de tu cuello.
Hay en t1 triunfo de tus cari~es, un beso
misterioso de la sangre y de la meve.
Tus ojos tienen fulgores del misterio; tus
ojeras son dos violetas marchitas por la escarcha.
Tus manos son dos lirios largo:; con franjas
violáceas.
Son dos estrellas tus ojos que disipan la negrura de la ruta de los tristes.
Vas marchando hacia la tumba lentamente; sin darte cuenta......
.
Tu juventud se apaga, va á tenmnar el clamor de tu apoteosis.
El clamor de la gran multitud que saluda,
se esfuma y languidece.
Y todavía, oh estatua, sigues adorándote á
ti misma, y vas cerrándole el paso á los que
en peregrinación van á tu encuentro.
Afrodita se hace trágica, inclemente y enferma ........ .
Yo quisiera saber en qué piensas en tus nochE:s de dudas é insomnios.
La.,.gran victoria será de los gusanos y de
la podredumbre.
El sepulcro con sus fauces- de piedra, se
tragará una Venus que tuvo miedo á la infinita sensación de un beso ........ .
JuA~ D'SoLA

EL HAZ DE CAÑAS.
Había en una aldea un mocetón fornido,
bruto como un alcornoque, que no sabía que
las fuerzas sirven para trabajar y no para reiiir. Su brutalidad nativa inducíale á pelearse de continuo vera el terror de los demás
mozos y el escándalo de hombres y mujeres.
Un día que el alguacil quiso reprenderle, trab6 conocimiento con sus puños de jayán y
desde entonces campó por sus respetos.
En el mismo pueblo habitaba un chico muy
listo, muy bondadoso, muy querido de sus
iguales y de sus superiores.

==
Quejábanse un día en su presencia de los
desafueros del jayán cinco ó seis muchachos
á quienes había dado un soberano pie de paliza por un quítame allá esas pajafl. Tocios
convenían en que aquello ern intolerabli,, pero convenían también en que era preciso sufrirlo, bien así como se sufre una epidemia ó
una sequía.
-¿Creéis que el mal no tiene remedio?
-Tal creemos.
El chico listo, que era quien había hecho
la pregunta, dirigiéndose á los demás f i,efla~
!ando un haz de cañas que bahía Junto a
ellos, dijo:
,
-Coged una de estas cañas y probad a
romperla.
.
Hizo la prueba uno de los oyentes y sm
esfuerzo rompió la. caña.
--¿Cuál es el más forzudo de ,·osotros?
-Yo.-contestó uno.
-Bien. Coge seis cañas á la vez y rómpelas.
-Ya está,-contestó &lt;le allí ú un rato el
que hiciera la prueba, rojo y jadeante aún,
por el esfuerzo que hiciera.
-¿Te atreverías á romper doble número ele
cañas á la vez?
-No.
-¿Y á romper el haz entero?
-N'i por pienso.
-Pues ahí t,méis el remedio que buscáis.
El que os aterroriza y os doma, lo hace porque sabe que puede pelear con vosotros uno Ít
uno. Tomad ejemplo del haz de cañas. Preste
cada uno de yosotros á los demás su fuerza;
uníos para un fiu común y no habrá quien se
atreva con vosotros.
Surtió efecto el consejo y, en lo suce!&lt;ivo,
el matamoros se convirtió en mansa oveja.

***

CANTARES.

Yino, sentimiento y poesía
hacen los cantares de la patria mía ..
Cantares ........ .
Quien dice cantares, dice Anda! ucín.
A la sombra fresca de la Yieja parra
un mozo moreno rasguea la guitarra ...
Cantares ........ .
Algo que acaricia y algo que desgarra.
La prima que canta~· el bordón que llora ...
Y el tiempo callado· se va hora traR hora.
Cantares....
Son dejos fataleR de la raza mora.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 28 de Septiembre de 1902.

cJ&amp;assenet.
UN TRIUNFO ARTÍSTICO.
Siempre nos ha parecido que los técnicos
exageran al asegurar que el público debe concunir á las a11dicioneK musicales armado de
las reglas y preceptos &lt;le! arte para juzgar confor~1e á ellos .la¡; obras que se le presenten.
Es tem!e!1c1a ¡,res~nt.uosa y ridícula, f~ta
de los cnticos especialistas, de 111ostn.r por
todas partes que su 1mperioridad sobre la mai&lt;a
comú, estriba en que ellos analizann, desmontan .v desmenuzan la obra de arte, y que
por ello se dan cuenta exacta de la función
m~cúnica, ei1 tanto que los otros, la multitud
«d1le~tan ten, sólo sabe sentirla en su ignornncia
y de¡arse arrebatar por una emoción en la
cual parn nadn ú para n1u1· poco entran la reflexión .r pJ aníllisi:;.
m público hnce hien, ú eRo rn, á experimentm la impresi(m (:',it.ftica pura, :;in :ípicf' ni
n~e~cla de e,;tndio; no ,·a :'t rcsoh·cr prohlcmai-:,
•~1 a apl1;ar conocin1icnto;;, ni ú discutir teonas; ,·a a una 1-'0la cosa grand&lt;': Íl s(:'ntir.
Rn buena hora que los niédico;; se preocupen ante his Ve11ns de :.\Iilo, de ob:,ervarlas &lt;lef;de el punto de \'Í~ta de la anatomía &lt;le laR formas; en buena hora que lo:; dúmineR aiiejos
no~e•~ que los ':ersos dt' Regnier faltan ú la
retorica de Blair; Jwro lo~ que tienen la i11~uiciún del arte y vi:,;it:111 la sagrada y pequena Rala del Loune, ú leen en el silencio de
SIi!:&gt; •~1e&lt;lit:iciones los ,cl'ri111Pr08 Poemas», no
necesitan para deleitarse sino de la educación
del buen gusto y del refinalllicnto del ~entido
estético, ~¡ue suelen encontrarse mejor en la
constanc1a, en la ¡wrsfwerancia de la oh~ervación, natural y espontáneamente guiada, que
t'n_ las. profundas filosofías y en las áridas exphcac1ones de la té&lt;'nica.
Todo esto no quiere det·ir que la crítica
sena y grave no tenga papel; lo tiene y muy
tia.scende~t.al, .,:ob~·e todo en la época prei-ente;
pero la cntic:L esta fuera de Iugar cuando el
g_rupo huma1~0, 1·o!npie11do_ la,; vallas preceptH;tas, y ])ORe1do t,e entusiasmo, aplaud,., sin
resen·a una obra tic arte porque hn sacudido
lo~ espíritus con una intensa emoción,. les ha
hecho entrever el idea l.
•
La cdtica podrít decir cuanto quiera de la
leyenda de ~Ias!;enet: si e.:; reliaiosa si 110 lo
.
o
'
es; s1. carece e1e originalidad
ó la
po1-ee;
si es
alta y nohle hasta la altura y la nobleza del
asunt0; nues~ro público, en cambio, que]no

puede decir nada de eso, no ha experimentado una sensación más honda y máf' sincera
que la que le produjo la inspirada múRica del
maestro, fr~ncés. Es música hecha con pasión
y ?º!1 lagnmas, .amasada con amor y dolor;
11; us1ca g_ue pal pita de tern urn y brilla de poc•
1:-1a; música que desc1ibe el paraíso de N'azaret, la gris y tri;;te calle de la Amargura y
que luego deRcribe y pinta con todos los c~lo·

nas pmtorescaH;u sabínmos que maneja la orquesta con una genial habilidad; sabíamos que
es 1111 gran poeta, un soñador excelso; ahora
nos h~ convencido de quP. es un hombre hueno. Solo_ un bueno puede concebir y escribir,
e!1 las le¡anías de m1 éxtasis ei::a música unc10sa y divina, que humede¿e el coraz6n como
un rocío y lo perfuma como un húlsamo.

***

EL MAESTRO MENESES.

res de_!, iris e} _rompimiento de gloria de la
Asunc10n; mus1ca que ora con los labios ele
María, canta con el coro de los úncreles llora
º el' ,·ino
con 1os 1amentos aposto'l'1cos, ríe con
en las bodas de Canaan; es l(wubre
en la tem0
p.estad, épica en las trompeta s de los centuriones, voluptuosa en la danza oriental, so·
lemne y l'anta enel «Magnificat.,1
Conocíamos á Massenet como un erran sinfonista; nos habíamos deleitado con :us «esce-

:Xo importa la vida, que ya está perdida;
y después de todo, ¿qué es eso, la vida? ......
Cantares........ .
Cantando la pena, la pena se olvida.
Madre pena, suerte; pena, madre, muerte,
ojos negros, neg~os, y negra la suerte ..... .
Cantares ........ .
En ellos el alma del alma se vierte.
Cantares. Cantares de la uatria mía;
cantares son sólo los de Andalucía.
Cantares ....... .
Xo tiene má~ notas la guitarra mía.
MADRIGAL.

Y no será una noche
sublime de huracán, en que las olas
toquen los cielos .. . Tu barquilla leYe
naufragará de día, un día claro
en que el mar esté alegre.
Te matarán jugando. Es el destino
terrible de los débiles ...
:'lfientras un sol espléndido
sube al cenit hermoso como siempre.
)fAxuEL :i\L.\rHADO.

Conjunto de ejecutantes.

El público se ha sentido una Yez más subyugado por el talento del compositor, y ha
agradecido ele todas veras al maestro l\lenesei;
este rasgo de filantropía artística este esfuerzo su1?re1110 tan desinteresado y tan noble. }l~l
nos hizo conocer estas bellezas·; justo es el tri?uto de homenaje t1ue le hemos rendido. Su
11:J~tilso ha estado á la altura de la obra. Y,
?1gamoslo con benepl~;ito, los elementos que
se ha allegado, tambien. El señor Malda
que co~ab?ró en la traducción del libreto, me'.
rece as1m1srno un elogio.
La voz pura y suave, y el alma sere1~ª Y contemplatoria de la eminente cantante
~•:a, ~cho?, y la garganta pri\'ilegiada ele la
::ita. Galvan de Nava, y las excepcionales fact~ltacl~s c~e la ~rn. Cejudo de lintiérrez, y e1-a
g1a_n espe1anza del arte que se llama :\!arfa
~ursa Esc~har, y lo~ Sres. XaYa, García .\belo, Y ~Ian~, han sido factores importantísimos del éxito.
'\ la altura de estos factores han (:'~taclo los
con¡untos, el orquestal y el vocal, al grado de
4~1e podemos afirmar que en l\léxico no fle haLian escucha~o nrnsas tan seguras, tan numero~as Y ta•~ ~ien dirigidas.
. Las authc10ne~ d_e ((La Yirgen" !"on el Rugurio de un resurg1m1ento lírico de gran alc.1 ncf'.
Así lo deseamos para bien del Arte.

Debido á la falta de luz y á lo numero;;o uel
¡ierso~~al que tomó parte en la ejecución de
«La \ irgen_,u no fné posible obtener una buena fotografia d_el conjunto de artistas. El grabado .&lt;Jue publicamos, dará á nuestros lectore~, ~lll embargo,. una idea del aspecto que
of1e?1~, el escenano del Arbeu al concluir la
au lic10n.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 28 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

IDILIO Y TRAGEDIA
HI va ahí va, gritó á lo lejos iln pelotón de chiq_uillos, corriendo pecho arnha
por uno de los campos del
pueblo, detrás de una bandada de perdigones.
En los peñascos de las cuencas y en el fo.ndo de las gargantas del terreno, el eco repite
desde cien sitios «¡ahi va, ahí va!", de un modo desvanecido y aéreo, como si otras cacerías
se verificaran en diversos sitios del monte.
¡Qué vistosa y qué bizarra partida de cazadores!
El hijo de la «Chirrina," Andrés, general
en jefe del antlante escuadrón que escasamente llega á los doce años, reparte ~rdenes y pedradas en todas direcciones y anima al tropel
con su actividad y la dirige con su b~en golpe de vista «trapacera.)) Le ha prometido una
buena su patlre pero sabe el muchacho que
el hosco autor de sus días está en el pueblo
inmediato, y al verse el rapaz libre, estalla

nos diversas actitudes, y la l"iente plasticidad
y la gracia más pt~ra y fresca, seducen en el
lienzo vivo y caprichoso.
El cuadro se descompone cuando se persu~den los chiquillos de que no pasan los perdigones.
-Puez eyo e que hay que buscarlos.
- Eso digo yo.
-Puez yo no. Yo digo que ez mejó ir á
arcanzá er nío e cigüeña que hay e no arto e
la atalaya.
-Mejó é jezo, clama la mayoría de las voces, y allá va la risueña partida entre la~ llamas vibrantes del sol, que arranca chispas
de las piedr&amp;s.
La atalaya era una torre en ruina? 1;1na altísima edificación de moros, un prochg10 de vetustez con su manto de hilos de arnña, sus
anfractuosidades llenas de germinaderos de
reptiles, sus matorrales á media obra, que no
se sabe de qué jugo beben, y sus troneras, por
las que se veía la lista del mar azul y las
arenas.
Una especie de espuerta de broza, un nido
colosal hecho á trompicones, dejábase ver en
la cima, y cerca de él, sostenidii por milagroso equilibrio sobre un pie, una cigüeña castañeteó el largo pico al ver acercarse á la torre
el tropel de libres muchachos, y se elevó á
grande altura.
Se echó la «china" para ver á quien le tocaba hacer la ascensión al nido; hubo disputas,
bulla, gresca, arreglos, desarreglos, y, por fin,
Andrés, Andresillo, el más denodado, el más
valiente, el más simpático, fué elegido para
el caso.
-Bueno, dijo, pero no matamoz los pájaro
zi los tiene; ná más que velos, ¿eh?
Se remangó el único jirón de manga que tenía su camisón, lió en un e~tropeado papel
un cigarro de pámpanas secas, describió varios brincos y zapatetas antes de aferrarse á la
obra, y por fin se agarró, en actitud de ~ana,
al edificio. Ascendió por aquella escala inverosímil; gan6, trazando culebreos, algunas Yaras C:.e altura, arañó, sintió el escal~frío del
riesgo varias veces, y en un htwquecillo maaantas y los pedruscos de las cuencas devuelvor que los demás. puso un instante el ciga~en las sonoridades fantásticas y repiten muy
para hacer descansar á los pulmones. Fudébilmente: «¡Ayí va! ...... ll
mó de nuevo, tornó á saltar la pajuela, hizo
Ladera arriba los granujas huyen como deen el aire unos garabatos de alegría con una
monios· uno tropieza, otro quita la vez al depierna libre, y apechugó de nuevo con la
lantero' éste da una voltereta para caer de pie
torre.
como l~s gatos. En un recodo, los perdigones
Ya estaba cerca del nido, y forcejeaba, canse acoclan rimando el color de sus plumas con
sado
de la lucha,á una altura vertiginosa.Ateel de la tierra, y el escuadrón de cazadores parrados los espectadores, ni proferían palabra
sa &lt;le largo.
siquiera. De pronto sintió Andrés un colosal
Entonces los animales se remueven, inspecaletazo en el rostro, á la vez que oyó un grazcionan el terreno alzándose sobre sus patitas,
nido feroz de ave furiosa; llevóse el rapaz amy viendo el campo libre, toman la ruta del
bas manos á la cara, perdi6 con el punto de
monte.
apoyo
el equilibrio, y cayó al espacio; volteó,
Rendidos de nuE:vo los chiquillos por e1 sol
rebotó, grieteándose el resonante cráneo cony la carrera, dan en tierra bajo unos parrales,
tra una peñn. La punw. del cigarro tard6 más
rojos los carrillos, las frentes sudoros3:s, el
en bajar, y por un capricho del aire fué ~ caer,
aliento jadeante y desollados maaos y pies.
encendida y humeante, en la desportillada
-¿Sabei que pica bien el sol? clama el reboca del muchacho.
voltoso ,,jefe,, con los ojos encandilados.
El idilio se había trocado pronto en trage-Jaremos sombreros con las pámpanas.
dia,
en tragedia imponente y horrible.
-Bien pensao, miá tú.
La primera idea ele los chiquillos fué la &lt;le
Y las guirnaldas flotantes de la vid, los sar•
salir huyendo; algunos ni volvieron la cara
mientos vestidos de hojas, caen trcnchados al
atrás hasta entrar en el pueblo, yendo á refusuelo en haces hermosos. Un rapaz traza de
giarse en el seno de sus madres; otros dieron
un periquete una corona y se la planta¡ otro
parte de la desgracia ..ntre espasmos d~ mt~e~combina un círculo de verdura y lo ajusta á
te
y castañeteamiento de dientes, y la noticia
sus sienes· el de más allá teje una trenza de
voló como un río de p6lvora por el pueblo.
pámpano; y la rodea al cráneo hirviente; éste
Salieron á recibir el calláver, que era conduarre~la la más graciosa diadema de Baco y
cido en hombros, viejos, mujeres, niños y toengalana su cabeza con ella; todos se adornan
cto el vecindario en masa.
como dioses griegos, y son de ver las caras suUn plañido fúnebre, compuesto por gritos
cias, los carrillos dados de obscuras pincelade
den locos, por exclamaciones de pena de
das, los torsos de color de bronce empavo:iacien labios, y por los retorcimientos de dolor
dos por el sol, bajo aquellas coronas egregias,
de la madre, llegaba al alma con el trágico
bajo aquellos adornos clásicos.
aparato de las grandes desgracias.
Grita uno de los chiquil~os«¡Por ayí van!»,
-¡ ¡Mira, mira! !-decían las mujeres á sus
y las profusas figuras del cuadro, fijas en el
hijos.-Pa que te sirva de escarmiento, pa
suelo, se inclinan hacia un mismo punto; comque no güervas á andá por ezos ~mpoz. ,
binase una aucesión de perfiles, revuélvanse
Los niños veían con agrandamiento. de OJOS
de modo distinto los cuerpos, adoptan las ma-

Sobre ésta caen infinitas filtra0iones babeando sus hilos sonoros, y cada gota, al caer, parece llevar el canto de una lírica orquesta. U11
nutrido repicar de sones armoniosos hal.aga
dulcemente los oídos con efectos de músicas
extrañas. Los muchachos callan un momento seducidos por esta sinfonía, y se ponen á
cdntemplar los círculos, rayas, rizos y_ ondulaciones que arrugan la «tez&gt;&gt; susceptible del
agua. ¡Qué misterios! Allá abajo, en .el hond.o
de aquella sima transparente, una v10len~ísima mancha de fuego, un relámpago de vivas
tremulaciones, ofusca y pin?ha los ojos con
mil espadas de oro: es la copia del sol.
-¡Mira, y no se apaga! dice uno de l~s chiquillos al verlo lanzar sus llamas de tnunfo.
-Porque está ma abajo del agua y no le
yegan laz gota.
.
-¿Y á cuántas brazas estará de nosotros, tú?
-¡Anda! Lo menos á veinte.
- ¿V amo á cogé una caña pa pincharle?
Los perdigones surgen de pronto, bruscamente, del matorral, y dejan cortado el diálogo de los cazadores.
-¡Ayí van, ayí van! repiten de nuevo los
chiquillos, lanzándose en polvoroso tropel,
como dice Virgilio, y los peñascos de las gar-

de alegría, como si fuera el graneado de un
fuego de artificio. Le siguen pisándole los talones Periquín, hijo de la Tarasca; Anselmo,
nieto' de la Cantimplora; Lorencillo, sobrino
de la Porcuza; J usepo, hijo de Trincacopas;
Celedonio, ahijado de Matapenas; Robustiano, nieto de Orinaduros; Pantaleón, primo de
Piernascomhas, y hasta las docenas de desarrapados, que, cuando llegan las postri~erías
de a~osto, ee lanzan á las cacerías de p~Jaros,
y no dejan en todo el contorno árbol sm pedrada huerto sin avería, lagarto sin ser acosado 'culebra sin ser perseguida, y charco ó
poza' sin que reciba sus cuerpos denegridos.
Congestionados los rostros bajo el potentísimo sol que cae de los cielos, descalzos de pie
y pierna sin montera ni cosa que resguarde
el cráne~ del calor, y reuniendo entre todos
un traje hecho jirones, pues el que lleva un
pernil, caree~ de lo demás, y el q.ue enseña un
tirante no tiene calzones que suJetar, van comunic{mdose en atropelladísimos diálogo~,
rendidos ya y asfixiados por la carrera.
-¡Por ayí se han metío, miales! gritaba
Andrés, ayí san acurrucao junta la aberca;
vamos á eyos.
Y cautelosamente, inclinando los cuerpos
para ofrecer menos ?lancos á l~s. perspicac~s
miradas de los perdigones, se dmge la partida de chiquillos al boscaje que pone techo de
grefias á la superficie del estanque.
¡Qué vaho de frescura al entrar bajo aquella tupida bóveda! El enzarzado pabellón deja dibujarse en el suelo una azulad.,ll, randa de
sombra taladrada de lunares de oro, que se
deslizan sobre el agua cuando el viento mueve mansamente el ramaje. Los chiquillos
muestran, salpicados de esos lunares de luz,
piernas, brazos: rostros, manos y cabezas. A
veces, el fantástico encaje sacude su tapiz aéreo, y entonces los millares de pupilas oro
corren sobre los cuerpos de los muchachos con
precipitación deslumbrante y vertiginosa ..... .
Después de buscar inútilmente los perdigones, se ponen á mirar los rapaces, echados sobre los muros del estanque, la copia de los
cielos; de las raro-as, del musgo y de todo el
bosque, allá en el fondo misterioso del agua.

rro

el cuerpo muerto, v retrocedían espantado~.
En la humilde casa de Andrés fué colocado el
cadáver, y la noche cay6 8obre el espíritu de
la ma&lt;lre como un océano de sombra. Todos
los vecinos del pueblo acudieron al velatorio;
en el regazo de las mujeres los niños· en grupos cabizbajo¡;, los de igual' edad á la' ele Andrés; los viejos, acostumbrados á los dolores,
con una tranquila resignnción al lado de otros

Por la tarde, en medio de la quietud excel,;a de los campos, 8e dió principio al entierro.
El cura, revestido de negro, llegó con ,;u acompanamiento sagrado á la puerta de los padres
del muerto, y les pidió al hijo de su alma. La
madre arrojó un inmenso grito de sorpresa
que dejó rotas sus entrañas. El canto fúnebre
lo pidió con nuevos clamores, escudriñando
el corazón para estremecer sus más leves fibras.
Cogieron los que fueron amigos de Andrés
la caja, y estalló esa sinfonía terrible, tri&gt;menda, de aullidos de almas que se retuercen y
despedazan de dolor, de cong&lt;&gt;jns que rompen
en lágrimas, de voces profundas que entouan
el canto de la muerte, de aroma de las rosas
ajadas, de jazmines marchitos, de clamore8,
de besos, de llantos.
Es la inmensa frase de pena con que se despide al que fué: la tierra cae sobre la gracia
segada en flor; las piedras insensibles retumban en la caja dando golpes de cólera; los ojos
que quedan bajo tierra, no verán más rayos
melancólicos del día, los misteriosos simulacros de Iuz de la tarde, el ajamiento de tintas
de los cielos, el mar azul que no lejos de la
tumba canta su estrofa eterna.
Hay que decir adiós al muerto. Pretendió
subir donde los pájaros y cayó por falta de
alas. píos se las puso al cuerpo de las aves, y
no qmso prenderlas al cuerpo de los niñoR
que son más bellos que los pájaros.
'

Salvador lf ueda.

AL LAGO DE CHAPALA.

viejos; las mujeres con el alma en cruz, clavada por la pena.
Cuando el ~adr~ de Andrés volvió del pueblo cercano, bien mternada la noche, vió el
pueblo de luto, gentes á la puerta de su casa
resplandores de cirios que salían de su habi~
tación, y por último, como quien es presa de
una pesadilla, á su hijo muerto. Hubo una
explosión inmensa de lágrimas, un valiente
triunfo del sentimiento.
Se tiró el padre contra el suelo, diciendo
que quería morir como su hijo; pensó desgarrarse de pena. estallar.
La tensión del dolor lo redujo al cabo de
algunas horns. En el velatorio imperaba un
silencio absoluto, roto sólo por algún recru\lecimiento de lágrimas.
En las profundidn&lt;les del silencio. allí donde los seres que asisten á un velatorio oyen
terribles músicas ,megras,» palpitaciones de
cajas destempladas, compases repetidos de
duelo, andares de muerte y voces de Yisiones
el alma humana formula, traza la interroga:
ción eterna, y espera con el oído puesto en la
sombra. Todas aquellas músicas extrañas no
pueden concretar una frase, no pueden cuajar una palabra.
Las armonías pasan y vuelven; tan pronto
preludian marchas lúgubres, tan pronto imitan sollozos y rezos, ya remedan ruidos de
mantos que se arra~tran; los cirios restallan y
dejan una línea de ceroso humo en el aire· las
almas sienten inmovilidades de piedra· ;ólo
, .
, añade su 'músiel gran mecamco,
el corazon,
ca involuntaria á las misteriosas que paRan
por el fondo tenebro~o del silencio ..... .
Amaneció, )' vino una luz de muerte á manchar de palideces los rostros; las miradas parecían despertar de una noche eterna.
Durante el día vinieron los chiquillos compañeros de ~ndrés, á .~char lágrima~ y jazmines en su caJa. Una nma, como de cmco años,
llegó con un brazado de rosas, las ech6 sobre
otras rosas, se arrodilló y movió los labios como vió que hacían las mujeres. ¡Oh divina
oración la suya, tan pura como la luz de una
aurora de mayo!

¡Qué serena quietud y qué divina
la paz de tu ribera soñadora
á la luz del crepúsculo que dora
el agua con la lumbre vespertina!
¡Cuánto adoro tu calma peregrina
al fulgor de esta tanle encantadora
oyendo la cadencia arrulladora
'
con que canta la onda cristalina!
Aquí está, suspirando hajo el cielo
mi corazón, que triste y sin consuelo
llegó hasta ti, cansado y dolorido; '
la calma de tus ondas es la calma
que anhelan los ensueños de mi almn
en sus profundos éxtasis de olvido!
FRAXCISCO lZÁBAL lRIARTE.

La Noche estaba azul azul obscuro
1:;'na amati.sta enorme y 'transparente '
Eran los c1elo8, en que el brillo puro
De los engarces de ai,tros dulcemente
Cir:itilaba; las lámparas de gemas
TeJían 11111 fulgores como hielo
E"11 l1!-s ramas y ,abriéndose
'
'
las yemas
Crepitahan los arboles tranquilos.

Li;. Noche estaba azul; en la serena
Divagación de la nocturna amante
De prnnto murmuró la cantilena '
De un lejano y nlegre caminante ..... .
Lentamente, distinto se hizo el canto,
Como un chorro de fuerza y alegría ·
Que .se desborda ~n. ~itmos, y al encanto
La Noche con fru1c10n Re estremecía:

II.
,,~ací con una aurora, soy de Oriente
Soy ge~elo del Sol, llegué á la vida
'
Con mi robusta carne estremecida
Por un soplo de fuerza armipotente,

Domingo 28 de Septiel::nbre de 1902_

La Luna.
Leve bruma de plata descenél.ía
del triste ocaso de color de hielo
cual un sudario de profundo dt,¿1 0
sobre el cadáver pálido del día.
Vagué en la noche misteriosa. frí
dejando á mi alma remontm Sll Jue1:•
por la serena bóveda del cielo,
colmada de fulgente pedrería.
Tras la curvn de un monte, l~
d •
. , 1a 1una, trá g1ca,
.
Fmrg10
cub.ierta, gen aria
de una intensa blancura fnnerat-1·a.
La ví errar espectral. Su luftl.b . .
, t
. bl
. .
re mc1erta
se apago en re 1a me a v1s10nal:'i
Y soñé el poema de la luna ~uª··
er·ta···.
FROILÁ~ TURCIOS

AZUL Y!EGBO.
Azul la blusa, la enagua l'l
Negro el sombrero .. .. Cuán befrª, tá'
Todo lo encanta, todo lo al~ e ª es ·
Con su sonrisa por donde _, gra,
a.
Su porte regio los ojos ktl•b
Turba los ojos y el corazón, a,
Porque en su cuerpo canta l
El himno ardiente de la p?'~•,ion.
... :l, curYa
Sobre RU frente morena y T
Es su cabello noche ;;in luz pa ic1
Y hay en sus ojos la lumbt-~ r. •
Del esplendente cielo andah, c,llid11.

ª

stZ.

Su boca es fresa, flor pu,..
.
Su talle esbelto, breve su Pi purrna;
Y ii I ver su garbo cuando e...e, .
p
, t d d .
,,mma
rovoca a o os ecir: "iÜlé!»
'
1:e azul y ~1egr~; .. Mi m&lt;l Cuán bella!
Pas.. y se a1.eJa... i en 1oco afán
Todos los OJOS se van tras e]1
Todas las almas tras ella vanr'
ls:1rAEL ENRIQUE

A...,.-nCINIEGAS.

***

- X o se puede tener mavor
de sí mismo.
•
~eñoría que la

Desprecié la canalla envilecid
Que ante cualquier señor dob1 1
E, incorruptible, fecundé á la a d.frente,
Circe inmortal, que me adoró ar 1~dnte
Venci a!

ª

«En la paz de la farde á mi h
Hice aprender los himno$ de l eredero
Y consagré su espíritu á la g¡ 0 .P:uerra
Llego á ti, Xoche augusta, so ria.··:·· .
Dame tus brazos v mis ojos guenero,
Con un beso &lt;le amor y de vinlter~a
•
•
'- or1a!ll

ª

t

III.
La X o-:he estabii azul pero
De resplandores blanco~ abrió Una.aurora
A la Luna, bellísima sefiora el cielo
Del ideal y el infinito anhelo.

Y la Noche fué blanca. El 8 • •
Fundi6 su alma en un beso siJ°h~no
Y la Luna tendió como un S\lqen?10so. · · · •·
Su blanda claridad sobre el ea ano
R G
Poso ..... .
.
OMEz RoB}:LO.

�Domingo 28 de Septiembre de 1902.

EL MITN"DO ILUSTRADO

EL :MUNDO ILUSTRADO
como todas;
Y madre·' ésta ' cariñosa y buena
' e'l nunca 1o
aquél. ..... quién sabe cómo sena,
vió más que en silueta, á la luz de una lámpara que iluminaba el pecho oropelado de una
santa que conmovía á un culto traducido en
flore; y en mecha alimentada con aceite. Luego el paso de la vida siguió.
:Xunca Tom sufrió de ese hermoso mal de
las educaciones; fué un chico que en su campo persiguió ch,apuline.'!, y, a~tes de tiempo,
ilusiones. Jama:; se deJo &lt;lommar por el ronrón de los regaños maternos, y resultó que un
bello día, día- bello en Ye:dad, el camino del
campo al pueblo se le hizo corto y con tan
buen motivo, d ió el ccadiós,, al hogar pater1:10.
Tom no era ccTom,,, era ccTomási&gt;; pero algmen
comprendió que aquel nombre era largo para
los vuelos del mozo y resolvió acortárselo. Por
eso como «Tomn llega este héroe á nuestra historia.
Y así es el prólogo.

. 1

su buena preparación y estudiar sus propiedades.

***
Las veloci~lades i niciales de los proyectiles
clel l\Iaü!"er se toman en instrnmentos electrobalísticos, admirables por i:;u precisión y mecanismo. Los oficiales en instrucción concurren también :í esta prúctica, con el fin &lt;le conocer el manejo de los curiosos aparato,;.

P ENSAMIEN TOS.

Cuan to más pide el místico para sí al elevar su~ oraciones, menos propicio se manifiesta para ser genero?o con sus semejantes.
Cuan to más adula al poderoso, más mortifica al necesitado.

***

LA EMPACADORA DE CHIHUAHUA.
Terrible Incendio.
Los periódicos de información han dado
cuenta pormenorizada del terrible i ncendio
ocurrido en la Casa Empacadora de Chi huahua, la noche del 19 del corriente.
La noticia del siniestro causó profunda sensación en los círculos comerciales, no sólo por
lo inesperado de ella; sino también por la suma que representa el capital puesto en juego
por la negociación. En un principio, las pérd idas se hicieron ascender á m~a suma creci•
dísima; pero, rectificados los datos, se supo
desp ués que el importe de ellos montaba,
aproximadamente,á quinientos mil pesos,cantidad que alcanzan á cubrir las pólizas de seguros que 11mparan á la compañía.
E l incendio se inició en el departamento de
refrigeración , y fué sofocado desde luego por
la policía; pero como algunos materiales no
qu edaron bien apagados, las llamas Yoh-ieron á invadir el edificio, determinando la destrucción, C.'l.Ri completa, de la Empacadora.;
pues á pesar de los esfuerzos desplegados para contener el avm1ce del fuego, sólc pudieron
salvarse las oficinas, la casa de los empleados
y u na que otra der,endencia de menor importancia.
La casa será reconstruída á la mayor brevedad.
-Grandísima gracia de sombra y de luz se
une á ios rostros de aquellos que permanecen

en las puertas de las habitaciones que están á
obscuras.
-Donde hay:más:sentimiento, allí hay más
martirio.
-Si estás solo, serás todo tuyo.

Ds la vida da un Payaso
"SE MURlu EL MONITO...."

Sonaba un aplauso estruendoso cuando Tom
y RU cctití» abandonaban la pista.
El payaso entraba todavía sonriendo, con
el animalito sobre el hom hro -el animalito
que tenía una cara de ccpuchero»;-después lo
aproximaba á la puerta de la jaula, y el «tití»
saltaba para ir á acurrucarse en un montón de
trapos que le daban calor y a rrullo para pasar
la noche.
Tom iba luego á quitarse el colorete, los
pantalones anchos, la peluca de treFt mechoneH,Y de,;pués de veRtirse de calle, con cierto
aliño, salía á donde estaba el público, mostrando un aire de triunfador, algo como lasatisfacción del que ha dado gusto con su trabajo.
Tom y su «tití,, figuraban en todos los programa!'!; el acto que desempeñaban hacía reir
y llevaba al circo á un puñado de rosas de alegría que batían palmas á la manera que una
brisa hace chocar los pétales flojos de una
flor.
Y Tom,en sus soledades, solía preocuparse.
¿Qué era él?........ .
Allá en un tiempo muy lejano tuvo padre

Los amos dejaban morir de hambre, olvidados por completo, aquel pobre ccti~í,,..Llegó á
pasar los días hecho una rosca, tristísimos los
ojos redondos, inmóviles los remos, presa de
parúsitos. Tom en un día de humor, lo bañó· le clavó los'dientes del peine, á cambio de
yai'.ios clavares de dientes del ccmonito,,,que no
estaba acostumbrado á los achaques del aseo.
Pero por esa ley de las superioridades, Tom
le perdonó todo y llevó sus buenos instintos
hasta conserrnrle las mondaduras de fruta que
dejaban los amos, proporcionándole así un
buen festín. Luego, cuando hizo frío, lo lleYÓ
á dormirá su cuartucho y ... de ahí nació todo.

Los concu rrentes al banquete de los chiapanecos.

La anexión de Chiapas á México.
Con grande entusiasmo celebraron los chiapanecos residentes en la metrópoli el 78 aniversario de la anexión ele sn Estado natal á la
Rep6 blica 1Iexicana.
El día 12, fecha en qne se conmemora la
an exión, se verificó en la Cámara de Diputados una velada literaria, á la cual asistieron
e~ Sr. Presidente de la República y.sus Secretarios de Estallo, así como numerosas famili:ts
y caballeros diRtinguidos.
El ban&lt;1uete organizado como parte del
programa, se dió el último domingo en el
Elíseo. Entre lo~ i nvitados se encontraban lo~
:-\res. Lics. Emilio Pimentel, representant&lt;·
del Gobierno de Chiapas, Em ilio Rahasn,
\'íctor Manuel Castillo, Fausto ~Ioguel y alg unos otros miembros prominentes de la colonia chiapaneca.

***

«Titíi&gt; saltaba, hacía maromas, maniohraha
militarmente; si hubiera hablado, se le h ubiese ten ido por una persona modelo de correccioneFt y rntendederas.
E~to.fué lo que hizo á Tom robará ,,Titín de
la casa de los amos y echarse á vagar por las
ferias y después por" las calles.
.
,,Tití» lucía sus habilidades por algún dmero, y nunca Tom vol vió bajo techo sin la bolsa
repleta y sin los vicios cumplidos.
En todos los seres que luchan ejerce su poder ese ánimo &lt;le progre:=:o que ya hunde como
levanta; pero que ccmueve)), mueve y constituye la era nueva.
Así fué con Tom: no se. conformó con la_
vida de las ferias y de las calles; hizo de ccTití» un prodigio, y la existencia tomó un movimiento diverso.
((Tití,, fué un sabio,y no faltó un explotador
en grande escala que vaciara mucho dinero
en la bolsa del educan te afortunado.
La barraca, de l:t feria se tornó en carpa l ujosa; Tom vistió de raso para exhibir á ((Titín.
Y así fué como ........... .

***

J avier de Ulma.

Una de ellas representa, en primer término,
á los profesores á quienes está encomendada la
enseñanza de los oficiales de las distintas zonas, que vienen periódicamente á estudiar en
la Escuela todo lo relativo {t fabricación de
explosivos y construcción de petardos regla-

)luchas veces entramos alegremente en los
templos consagra.dos al culto de una positiva.
religión ; pero siempre en tramos en la Necrópolis ó ciudad de los mu ertos, donde reposan
los huesos de aquellas personas que nos fueron muy queridas, con tristeza en el semblante y tirofundo dolor en el alma.

LA ESCUELA DE TIRO.
IMPORTANTES PRACTICAS

Ilustramos esta p:ígina con algunas fotografías tomadas especialmente para nuestro
semanario en la Escuela de Tiro de San Lázaro, establecimiento que regentea el Sr. Teniente Coronel Enrique Monclragón, durante
las clases práctiras que se dan :í. los oficiaks
del ejército.

.

.. .... Sonaba un aplauso estruendoso cuando
Tom y su ((Titín abandonaban la fiesta.
El paya!!o entraba todaYÍa sonr!end? cori el
animalito sobre el hombro-el anunahto que
tenía una cara de ,cpuchero»,-ct:ando una peRada barra cayó sobre ellos-¿Quién puso
aquel peligro tras de la puerta"? ,,Tití,&gt; &lt;lió un
gritito agudo; Tom hizo un gesto, c¡ue acentuó más lo grotesco del colorete.
Aquella noche, el monito saltó con meno~
agilidad para acurrucarse en el montón de
trapos que tenía en la jaula; el p~y~so aliñó
menos su traje, y el percance paso sm mayores prote:=:tas.
·
Tom llegó muy tarde y casi beodo al cuarto que en la misma tienda del circo le habían
señalado; se tendió en la cama, arrojando á
los rincones las ropas de payaso que se había
puesto
en la hora de la fiesta. Después dur.,
mio ..... .
A la mañana siguiehte, un mozo del circo
fué á despertarlo, diciéndole con cara estúpida:
ccSe murió el monito ....... i&gt;
El payaso abrió desmesuradamente los ojos,
se puso pálido, muy pálido; y sin contestar
palabra, vió con horrible mirada las ropas de
ra¡¡o blanco y los pompones rojos que, estrujados, parecían hacer gestos en los rincones.

Domingo 28 de Septiembre de 1902:

- ,,
Los Profesores de la Escuela de Tiro y la ofic ia lidad.

mentarios y provisionales. Paia que la instrucción sea mús sólida, los practic.'l.ntes, por
sí mismos, ensayan si:'! preparacionee en ..la
destrucción de obstúculos di versos,
adiestrÍLndose, además, en el tiro de
fusil y de cañón, en
el manejo de armas
portátiles y en la fabricación de material de artillería.

***de nuesE11 otro

,

.¡

P reparación de explosivos.

t ros grabados se ven
Yarios oficiales que,
bajo la dirección del
.Jefe de la Escuela,
preparan d iverRas
mel initas y otros explosivos. En hornillos próvisionales se
efectúan después las
pruebas respectivas,
para cer ciorarse de

_.

�BELLAS ARTES.

NAPOLEON,Y LA VIEJA GUARDIA.

(Cuadro de Ernest Crofts.)

•

�Domingo 28 de Septiembre de 1902.

La fiesta de los Italianos.
La colonia italiana celebr6,el 20 del actual
el aniversario de la ocupaci6n de Roma po~·
Víctor =',Ianuel, uno de los acontecimientos
más trascendentales de la historia contemporánea.
El local señalado para las fiestas organizadas con este motivo, fué el Tívoli del Elíseo
lugar que durante los días 20 y 21 lució u~
primoroso adorno consistente en piezas florales, ef&lt;cudos y banderas graciosamente clistri-

EL MUNDO ILUSTRADO
huidos en las callecillas del jardín y en los
amplios i:;alones de la finca.
La kermesse anunciada comenz6 á las tres
y media de la tarde, hora en que la concurrencia era ya numerosa. En general, los pues~s estaban deco~ados con guías de flores y
cintas verdes, róJaS y blancas, distinguiéndose, e11tre _todos, el de confetti, que era á cargo
ele las Sntas. Pedrazzi. El de floref:, que simulaba una concha cubierta ele gardenias
llam6 mucho la atención por el arte con qu~
fué adornado.
La mayor parte de las ¡;eñoritas encargadas
de los puestos, vestían trajes regionales: ha• hía grupos de calabresas y napolitanas y de
tí picos florentinos, nota bles
por la correcci6n del corte de
las ropas y la originalidad
ele los bordados de éstos. Como una galantería para México, algunas damas de la
Colonia se presentaron Je
«chinas poblanas."
Por la tarde se &lt;lió un baile en el sal6n mayor del
Tívoli.
A estos festejos concurrieron el Sr. Ministro de Italia,
los miembros prominentes
de la Colonia y multitud de
familias de nuestra sociedad.
La kermesse se prolongó
hasta las primeras horas de
la noche.

Flor de Invierno.
Mi espíritu agoniza y deseRpera
porque ve que el invierno
-huésped de los abrojos-se aproxima
y que \'016 fugaz la primavera
'
y ni un rayo de sol hay en la cima!
La negra noche empieza
á enYoh·er en Rus sombras mis despojos,
retornan los recuerdos á la mentf',
lágrimas de dolor brotan mis ojos,
y mi pálida novia, la tristeza,
su ósculo de dolor posa en mi frent&lt;'.
::\li espíritu agoniza
y, como una ave, acongojado vu&lt;'la,
á mirar en tus labios la sonriRa
y en tus ojos la luz fascinadora
que ilumina 11us noches como aurora,
que calma su dolor y le consuela.
Despierta, Primavera!
retorna con tus dichas y tus flores,
retorna con tus besos, Primavera,
y haz que renazca mi ilusi6n primera,
que se ausenten de mí tantos dolores! ......
Vuela á tu nido tierno
mi acongojado espíritu, bien mío;
va huyendo de las garras del invierno
quiere besar el dorso de tus galas:
'
ac6gelo, mi bien, que siente frío!
dale calor, mi bien, bajo tus alas!

&lt;:!arios €. Vllla11ueva.

.,

..

.. .

El señor Ministro de Italia en el Tívoli.

La entrada al jardín,-Adorno de las portadas.

Domingo 28 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

;

.,
t

Grupo de "chinas poblanas."

•

EGLOGA VII
Del libro I.
Hunc cecinere diem Parcae fatalia nentes
stamina, non ulli dissoluenda deo:
bunc fore, Aquitanas posset qui fundere gentes,
quem tremeret forti milite victus Atax.
evenere: novos pubes Romana triumpbos
vidit et evinctos braccbia capta duces:
at te victrices I a uros, l\Iesalla, gerentero
portabat ni veis currus eburnus equis.
non sine me est tibi partus bonos: Tarbella Pytestis et Oceani litora Santonici,
(rene
testis Arar Rbodanusqueceler magnusque GarunCarnutis et flavi caerula lympba Liger. (na,
ante, Cydne, canam, tacitis qui leniter undis
caeruleus placidis per va.da serpis aquis,
quantus et aetherio contingens vertice nubes
frigidus intonsos Taurus alat Cilicas?
quid referam, nt volitet crebras intacta per urbes
alba Palaestino sancta columba Syro,
utque maris vastum prospectet turribus aequor
prima ratem ventis credere docta Tyros,
qualis et, arentes cum findit Sirius agros,
fertilis aestiva Nilus abundet aqua?
Nile pater, quanam possi~ te dicere causa
aut qui bus in terris occuluisse caput'?
te ropter nullos tellus tua postulat imbres,
arida nec Pluvio supplicatberba Iovi.
te canit atque suum pubes miratur Osirim
barbara, Memphiten plange1·e docta bovem .
primus aratl'a manu sollerti fecit Osiris
et teneram ferro sollicitavit humum,
prirous inexperta.e commisit semina terrae
pomaque non notis legit ab arboribus.
bic docuit teneram palis adiungere vitem,
hic viridem dm·a caedere falce comam:
illi iucundos primum matura sapores
exp1·essa incultis uva dedit pedibus.
illi liquor docuit voces infl.ectere cantu,
movit et ad certos nescia membra. modos:
Baccbus et agricolae magno confecta labore
pectora tristitiae dissoluenda dedit:
Baccbus et adflictis requiero mortalibus adfe1·t,
crura licet dura compede pulsa sonent.
non tibi sunt tristes curae nec luctus, Osiri,
sed chorus et cantus et levis aptus amor,
sed varii flores et frons redimita corymbis,
fusa sed ad teneros lutea palla pedes
et Tyrire vestes et dulcis tibi-a cantu
et levis occultis conscia cista sacris.
huc ades et Genium ludis Geniumque choreis
conceleb1·a et multo tempora funde mero;
illius et nitido stilleut unguenta capillo,
et capite et eolio mollia serta gerat.
sic venias hodierne: tibi dem turis honores ,
liba et Mopsopio dulcia melle feram.
at tibi succrescat proles,'.quae facta parentis
augeat et circa stet veneranda senem.
nec taceat monumenta viae, quem Tuscula telln~
candidaque antiguo detinet Alba lare.
na.ruque opibus congesta tuis bic glarea dura
stemitur, hic apta iungitur arte silex.
te canit agrícola, magna cum venerit urb~
serus, inoffensum rettuleritque pedem.
at tu, natalis multos celebrande per anuos,
candidior semper candidiorque veni.

- ~ --1
':?

1

.¡
,-,,
1

'

!

Este día las Parcas predijeron
Hilando sus estambres y anunciaron
Que él de Aquitania el vencedor sel'Ía,
Terror sus huestes del Atax lejano.
Y sucedió; la juventud romana
Nuevos triunfos ya vió; ya encadenados
Miró pasar á los vencidos jefes
Y, á tí, ciñendo victoriosos lauros,
De pié, Mesala, sobre el cario el úir.10
For 1us níveos corceles aira sil ado.
Tu gloria e en rartí; fuo on tfs1igos
Las playas del Eantónico Cceano,
Tarves, el loira azul, el gran Ga1oca,
El Ród ano ligero y el Araro.
¿_Y el Cid no canta1 é, de ondas calladas
Que arrastra su agua azul por los pantanos;
Al que toca las nubes, Tauro frío,
Que alimenta al intonso Ciliciano;
A la blanca paloma, que de Si1·ia
Va, intacta, la comarca atravesando;
A Tiro, que ve el mar desde sus torres,
Y dió naves primero al viento alado;
Y al Nilo fértil que al Egipto inunda
Cuando abre Sirio los sedientos campos?
;,Por qué y dónde tus fuentes ocnltaste,
Padre Nilo, podré decir acaso·~
Por tí es la lluvia inútil á la tierra,
Nunca á Jove las yerbas la imploraron.
Los Egipcios, que lloran al buey A.pis,
Como á Osiris venérante; del carro
Fué el inventor Osit-is; de la tierra
El abrió con el hierro el seno blando;
L!;n el suelo no usado fué el primero
Que a1·rojó las semillas, y del árbo l
Desconocido 1·ecogió los frutos;
El al hombre enseñara, sobre palos
A apoyar la vid tierna, y á podarle
La verde cabellera de sus pámpanos;
El fué quien á las uvas, con pié inculto
Exprimidas, les diera sabor grato,
Y su licor quien enseñó á los hombres
La danza muelle y la inflexión del canto;
Y el vino fué quien la tristeza un día
-Disipó al labrador, de a1·ar cansado;
Y el vino fué quien el descanso diera,
Aun sujeto con grillos, al esclavo.
No ama Osiris el luto y la tristeza,
Sino amor, canto y danzas; tirios mantos,
Guimaldas de uvas y de flores varias,
'1'1·aje amarillo hasta los piés flotando,
La canasta que oculta sus mistedos,
Y de l¡¡,s flautas el sonoro cauto.
~l Genio á celebrar ven de 11Iesala
Con juegos, danzas y licor preciado.
Lleve él guirnaldas en su cuello y sienes,
Destilen sus cabellos rico nardo,
Que he de ofrecer en su loor incienso,
Pan con mieles Mopsopias preparado.
Que nueva prole á tu alredor se agrupe
Tus proezas, Mesa.la, acrecentando;
Que no callen las vías de Alba blanca,
Que te honren las del suelo Tusculano,
Que allí se hizo el camino á tus expensas
Y el sílex fué con arte trabajado.
Que el labrador, que con los pié;, ilesos
Vuelve de la Ciudad, te eleve un cauto;
Que cada vtz más bello y con más lustt-e
Tu natal se celebre muchos años.

�Domingo 28 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

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LA QUIETUD DEL BOSQUE.
Q'hosqne está solo. :Ko eR su hora oficial, no su día de recepciú~,
en que las alegres parvadas de paseantes lo invaden y las sonoras fanfarrias de la banda acallan el gorjeo armónico de las
:wes. El bosque está solo, entregado {i su augusta melancolía......
Arriba, como un sempiterno y gigante guardián de la metrópoli, el
alcázar af&lt;oma sus alburas por sobre la mancha sombría de las frondas,
r el sol parece detenerse al toc~rlas, como si en ellas encontrase una rei;istencia invencible. Pero sus dardos de oro alcanzan siemp:·e á penetrar á través de la arboleda y, como pasados por un tamiz, juegan veleidosos sobre la arena de las calzadas,siempre inconstantes, Riempre movedizos, convirtiéndola, por la irregularidad de sus dibujo8, en una'piel
de zebra 6 en una reflexión acuática.
El calor asfixiante de fin de eRtío, que parece recrudecerse como para
dejar en los hombres una ardiente remembranza de su paso, cede ante
el abanico multifolio de la selva, y á la 8ombra de los ahuehuetes milenarios se percibe la frescura de las catedrales.
Si el bosque es hermoso cuando lo animan una invasión de vida y un
desgrane &lt;le risas femeninas y de carcajadas infantiles, es más hermoso
aún cuando, envuelto en su quietud, se entrega á su augusta melancolía. Entonces vive el bosque su vida íntima y serena, entonces tiene to-

L..f-

do su poder inspirador y evocativo, entonces se le ama "por él mismo y
en él mismo,,, y la urna de la abstracción y de la poesía abre sus tapas
rebeldes y, cubriéndolos antes con un velo tejido de ideales y de ensueños, deja escapar bandadas de recuerdos, exúberos racimos de emocio•
nes, inmaculados rebaños de esperanzas ..... .
Yo adoro la quietud del bosque.La íntima poesía selvática no puede
florecer si los hombres la perturban; ha menester del silencio sólo intensificado por los trinos de una ave; exige la intensa ctmtemplación y el
íntimo recogimiento; rechaza todo artificio .Y choca con todo atavío que
no sea el suyo natural y propio.
A lo lejos, se mira por entre un blanco de las frondas, que es como un
bostezo del bosque. el blanco caserío de las poblaciones circunstnntes,
apiñado y estrecho cual conviene á una residencia de hombres. Y al
sentirse entonces lejos del caserío y de la turbulencia, el bosque pre,;ta
la i;eminción preci~a de un gran malito protector, de n!'!a enorme encuhadora de idiHos, de un templo conservador de la emoción romántica,
de un vasto asilo ele amor y de dulzura ......
En estos tiempos ardorosos ele fin de estío, id al bosque. Pero id cuando esté solo, cuando podáis sorprender los inefables misterios de su quietud, cuando pueda consolaros y fortaleceros, cuando se entregue mansamente á su augusta melancolía!
HUEMAX.

EL ARRECIFE DE CORAL.
El sol bajo las aguas del mar. como una aurora
alumbra las florestas de corales ramosos,
que meicla entre sus grutas y huecos misteriosos
la bestia formidable con la viviente flot·a.
Todo lo que las sales ó que el yodo colora,
equinos, alga, anémonas y musgos temblorosos,
cubre de obscura púrpura con dibujos suntuosos
el fondo que la pálida madrépora decora.
Con su espléndida escama, que visten de celajes
purpúreos los reflejos, por entre los ramajes
con lánguida indolencia navega un gran pescado;
De p1·onto hace, en un golpe de su encendida espalda,
por el crista.! inmóvil, sombrío y azulado,
correr un temblor de oro, de nácar y esmeralda.
JOSÉ MARÍA DE EEREDIA.

~~
La Sortija del Capitán.
Hará como cincuenta años, un navío extranjero naufragó sobre la costa de Bugueles, en
Penvenan. Fueron recogidos una docena de
cadáveres. Como se ignoraba si eran de cristianos, se les enterró en la arena, en el mismo
sitio en que se encontraron. Entre ellos estaba
el cuerpo de un hombre hermoso y robusto,
vestido más ricamente que sus compañeros,
razón por la cual se pem:ó que sería el del capitán. En el anular de la mano izquierda llevaba aún una sortija de oro sobro la cual estaban grabadas letras de una escritura desconocida.
Bugueles está habitada p.:-r gentes honradas. Se le enterró sin despojarlo de su sortija.
Transcurrieron los años. El recuerdo del
naufragio se había ido borrando poco á poco.
Sin embargo, en la velada, algunas orasiones,
esperando el regreso de los hombres que habían partido al mar, l:;1.s mujeres solían charlar toda vía de aquel á quien llamaban «el capitán extranjero» y de la gruesa sortija que
llevaba en el dedo.
La primera vez que Elisa, una costurera de
un pueblo cercano, oyó platicar la historia, no
hizo más que soñar esta joya, que se decía era
tan bella. Al día siguiente pensó todavía en lo
mismo, al otro persistió aún y todos los siguientes. Llegó á ser para ella uria obsesión.
Era pasablemente coqueta, como lo son casi
todas las costureras, y pensaba que una joya
se había hecho para brillará la luz del sol bendito, y no para enmohecerse en las tinieblas
de la tumba.
Por mucho tiempo, debo confesarlo, rechazó la tentación. Pero su oficio mismo la exponía incesantemente. Cuando iba á coser en
las casas de Bugueles, cosa que sucedía casi
diariamente, se veía obligada á sentarse sobre
el banco, cerca de la ventana, y todas las ventanas en este país miran hacia la playa.
Al fin la desdichada no pudo más.
Una noche, después que hubo terminado su
Jornada, volvió á su casa; permaneció encerra-

.

H

.,;'

Ct,

-,.

Domingo 28 de Septiembre de 1902.

•

da algunos momentos, pero cuando estuvo segura de que nadie la veía, se dirigió á paso largo hacia la playa.
El lugar de la sepultura de los náufragos estaba marcado con una gran cruz, hecha toscamente, y estaba colocada en el. sitio donde
yacían los restos mortales del capitán. Al gran
señor, gran honor.
La noche estaba en su plenitud y todos los
pescadores habían vuelto á sus chozas. Elisa
no tenía por qué temer que alguien viniera á
i-orprenderla. Se arrodilló v púsose á remover
la arena furiosamente con las uñas.
No tardó mucho en llegar 1,. descubrir una
de las manos del cadáver, la izquierda. El anillo estaba siempre allí. Trató de hacerlo resbalar sobre el dedo, pero la piel endurecida formaba gruesos pliegues. Ensayó la operación
con un pequeño cincel. Trabajo perdido. Entonces, exasperada, cogió el dedo,y empleando
toda su fuerza, lo cortó de un solo gol pe. Después hizo entrar la mano, niveló la arena y
huyó llevándose la sortija.
Al día siguiente volvió á su trabajo ordinario. Sofamente que llegó envuelta en un «tichú» de lana; estaba completamente pálida.
-¿Qué tienes, Elisa? le preguntó la señora
de la casa.
-Oh! no es nada; un poco mala de la cabeza, pero creo que pasará pronto.
Y sé entregó á su costura.
Pero en lugar de pa!&lt;ar el mal, aumentó al
grado de obligarla á abandonar el trabajo.
Apenas desaparecía al voltear el se,1dero,
cuando se levantó un gran tumulto en la aldea.
Los muchachos que jugaban en la playa habían venido súbitamente y gritaban á vor. en
cuello:
-\'enid á ver!. ..... venid á ver!
-Lo que hay en el cementerio de los ahogados!
Todo el pueblo, hombres y mujeres, corrieron tras ellos al mar. Al pie de la cruz alquitranada, una manga ele saco salía de la arena
y de la manga salía una mano, y los dedos de
esta mano estaban horriblemente crispados,
excepto uno, el anular, que tenía una posición
rígi&lt;la y amenazante. Hubiérase dicho que señalaba á alguno con cólera, hacia un sitio,
entre la8 pequeñas chozas esparcidas de los
pescadores. En su base se podía ver una desgarradura profunda que formaba una llaga
circular.
Una de las mujeres que estaban allí, habló
de esta manera:
-Es el dedo de la sortija: se le ha robado
y la reclama.
-Volvamos á enterrar la mano, dijo uno de
los hombres.

Y en seguida la cubrió de arena.
La asistencia se dispersó, haciéndose mil
comentarios. Cuando por la noche, los que
habían ido al mar, volvieron y se les contó la
historia, fueron de la opinión común: se había cometido un sacrilegio.
Al salir el alba, los más impacientes corrieron al cementerio de los ahogados. De nuevo,
el dedo fatal se levantaba sobre la arena lisa.
-Vamos á probar hasta el extremo, dijeron. Y volvieron á enterrar el dedo de la mano, como se había hecho la víspera. Luego
fueron á buscar enormes rocas que echaron
encima.
Dos horas más tarde, el dedo reaparecía;
las piedras parecían haberrn apartado por sí
mii;mas respetuosamente, y formaban círculo
{1, distancia. Entonces hubo ele recurrirse á
otros medios. El cura del pueblo, acompañado de un chantre y de un niño de coro, vino
á conjurar la muerte salpicando en aquel sitio agua bendita.
Pero el guapo capitán no era probablemente cristiano, porque no obedeció al conjuro.
-Quiere su sortija, repetía la mujer que
habló la primera vez.
Toclo el mundo pensaba como ella. Pero....
¿dónde encontrarla para devolvérsela?
En ese momento, por un sendero que conduce de las casas al mar, apareció Elisa la costurera. Al menos, varias señoras la reconocieron en su ropa blanca y en sm andares rítmicos y elegantes.
Avanzaba lentamente exhalanelo una queja
sorda á cada paso que daba.
Cuando llegó al sitio que ocupaba el grupo,
suplicó, más bien con el gesto que con palabras, que la dejasen pasar. En una de las manos, entre el pulgar y el índice, tenía una
gruesa sortija de oro ...... Fácilmente se adivina el resto ...... !
Los hombres quisieron jugar una mala partida á E lisa la costurern .
Entonces Elisa deshizo las ligaduras que
cubrían su mano. Se aproximaron y pudieron ver que esta mano había crecido considerablemente, casi de una manera desmesurada
y horrible: había llegado á ser una mano
monstruosa, un dedo sobre todo el anular
enorme y flaco, parecía el dedo de un caelá~
ver gigante. Todos huyeron de ella como de
una leprosa.
La han encontrado más de una vez vagando por los caminos, siempre con la mano envuelta en harapos. ~o puede hablar, pero gime de una manera lúgubre.
En cuanto al capitán extranjero, eluerme
otra vez en paz con su bella sortija en el dedo
y yo no puedo &lt;lejar de pensar en la novia qu~
se la habría dado.

_jlr¡afo/e lt ]Jraz,
[Traducción de "El Mundo Ilustrado" J

�bomingo 28 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO lLUST!iADO

EL

MUNDO ILUSTRADO

AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 14.

Subscripción mensual foránea, $1.50
Idem ldem. en la.capital, ., 1.25

MÉXICO, OCTUBRE 5 DE 1902.

Gerente: LUI&amp; Rfl'f&amp; &amp;PINDOU.

atrectori LIC. RAl'AfL Rfl'f&amp; &amp;PINDOLA.

'

LAS ÚLTIMAS FLORES.

.

(Cuadro de M. Czachorsti.)

en¡ilio 3ola.
'·

t

en Pa,ris el 29 del pasado.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>bomingo 28 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO lLUST!iADO

EL

MUNDO ILUSTRADO

AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 14.

Subscripción mensual foránea, $1.50
Idem ldem. en la.capital, ., 1.25

MÉXICO, OCTUBRE 5 DE 1902.

Gerente: LUI&amp; Rfl'f&amp; &amp;PINDOU.

atrectori LIC. RAl'AfL Rfl'f&amp; &amp;PINDOLA.

'

LAS ÚLTIMAS FLORES.

.

(Cuadro de M. Czachorsti.)

en¡ilio 3ola.
'·

t

en Pa,ris el 29 del pasado.

�Domingo 5 de Octubre de 1902.

:tt MUNDO íLtrSTitADó ·

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo

5 de

Octubre de

i902.

DÍAS DE ROMA.(*)
SAN PEDRO
Nos habíamos tropezado con un guía en
quien la. hizo para mí, previsi6n que le agraColiseo &lt;¡ue,quieras que no quieraR, Re con
Revelo negativas en el fondo &lt;le mi memodezco mucho, nos detuvimos antes de entrar
tuyó en unas cuantas horas en nuestro ci
ria para encontrar mi primera imprei;ión &lt;le
al pórtico y volvimos la cara. Para curarme,
ne. Pura ver rítpidamente, ¡ay! rápidamen
Roma, y encuentro poco, nada caRi; busco en
por momentos siquiera, de mi invencible inlo que debe yerse, mejor dicho, palparse,
las cartas á mi mujer, que son mi verdadero
conformidad co11 la vida, me he recetado ei;riciarse con los ojos palmo á palmo, no es
libro de viaje, y veo que en ellas me cuento á
pectáculos como éste; nada más que la botica
dad que baste Baedeker; la lectura del lib ·
mí mismo en preflenc1a de «la Ciudad Eteren que se despachan ci:,tas recetas suele no esrojo le quita á uno la Yista de parte de
na» ¡vieja costumbre de dejar \'er mi alma á
tar á mi alcance. ¡Pero qué bello! Entre los
monumentos, como la fachada de San P
la que únicamente la conoce y la i:ahe! :\li
celajes glaciales de enero, del !lol como de un
se necesita el guía,que ahorra el tiempo y
primera impresión resulta, puei-i, una nebuloenorme mascar6n de oro pálido, bajaba una
ne al viajero en el sitio .que corresponde. ~
sa; puedo re11olverla á fuer1.a de intensificar
cascada de luz que llenaba media plaza y colen seguida que se calle, que no &lt;liga más,
mis recuerdos, viéndolos con larga y concenmaba buena parte dei círculo de columnas y
no cuente la historia de Roma, que no eu
trada atenci6n dentro de mí mismo, en algunas
bafiaba la aguja (la •guglia», como los ro::.1ala. historia &lt;le los papas, de los cí·sares, de
sensaciones parciales que han persistido y
nos Jicen) el elegantísimo obelisco cruzado
cardenales [ésta es muy &lt;fü·ertida ÍI vecesl ¡
acaban por definirse. San Pedro es una de
del centro, y se rompfa en frises en los cholo deje á uno !&lt;olo entrar en contacto fnti
ellas: lenta, grave, inmensa.
rros de agua que brotaban, que hacían exploy lento con las cosas. Nuestro guía era lo
Fuimos allí, pasando por encima del metósión, mejor dicho, en las dos gruesas fuentes
trario de todo esto, era un joven charlata
dico Baedeker, en nuestra segunda mafiana
colocadas en el eje mayor del óvalo magnífimo, buen mozo, que (;hapurraba el inglés,de Roma. Siento mucho que ~apole6n no
co de aquella plaztt incomparable, y que por
alemán y el castellano [todoR los peregri
haya tenido tiempo de deshacer el macizo
lo fuerteR y lo augustas parecen hechas por
mexicanos acahahan de i-ier sus clientes] ,Y
de casas que está entre el Tíher y la plaza
~Iiguel Angel. La di\•iflión de la plaza, en
había in\'entado una historia romana, las
de San Pedro. ¡Qué perspectiva, qué vii;ta
cuyo medio preciso el obelisco hace las ,·eres
Romas, para el uso particular &lt;le sus favo
habría resultado! ¿Qué no ejPCutarán los edide gnomon, y que terminan en dos galerías
dos, tan fantástica. y tan singular· y la co
les italianos el proyecto del último César?
que divergen hacia. la escalinata y parecen
ba. con tanto aplomo, que al principio
Pasamos un puente sobre el Tíber, vimos
paralelas, todo retiene, abi;orbe, embarga; sócoraje y acababa. por hacer reir; ¡oh! lo
el Palacio de Justicia, inmensa mole de pielo los edificios superpue,;tos, amarillentos, ineste hombre sabía de Mesalina, de :Ma
dra y granito encajada en su emparrillado de
artísticos á pesar de sus dimensiones y i:us
de la papisa .Juana, de Paulina. Borgh
andamios y que será un suntuoi;o edificio; el
galerías vitradas y la horizontalidad sin grade otras muchas pecadoras [ eran su flaco
Castillo de San tangelo ( ex tumba de Hadriacia de sus cornisas larguísimas bajo los tejapecadoras], era tanto, las hahía tratado
no) de cien veces trágica historia.; corrimos
dos casi planos que componen el Vaticano y
tanta familiaridad, que pai;maba. Con este
á lo largo de una calle transteverina descabeque surgen por encima de las nobles balausloto, medio guía y medio rufiÍln, aborda
zando otras callejas infectas en donde la Yen us
tradas decoradas ele estatuar; de la columnata
la nave de San Pedro, después de una CM
suburbana tiene mugrosos santuarios, y al dar
de nuestra izquierda, me parecieron una inno poco larga en el pórtico, en que admi
vuelta á una e¡:;quina en donde florece una
felicidad. Ya no se pueden tocar; por dentro
mos, por encargo de todos los conocedorea,
taberna de quinto orden, nos encontramos en
los defiende el mundo de·arte y de historia
mosaico &lt;le la rnavicella• de Giotto, que ya
la admirable plaza encerrada en su clohle coque yace entre sus muros, pero yo los habría
tiene de Giotto m{ts c¡ue el nombre, á• fu
lumnata circular. Aquí entra el púrrafo que
mimdado tirar para dejar absolutamente libre
de restauracione!•\ la puerta del jubileo,
puse al principio: siento mucho que Napoleón,
la Basílica, si fuese un Julio II, un Urbahacía. pocos días hahía cerrado León XI
etc. Ténganlo por repetido los lectores. "Cna
no YIII; éi;te era un Barbcrini y dice el dilos relieves de la puerta ce11tral de bronce.
observaci6n que tuve oportunidad de hacer
cho romano: lo que no hicieron los bárbaros,
expliearnos las mitologías de aquella pu
frecuentemente: todo ei;to es enorme, es cierlo hicieron los barbarinos. Bien, pero para
santa: Europa. y el toro, Ganimedes y el
to, pero nada se ve deforme, nada desentona,
que no me tuviesen por un bárbaro completo,
la, Leda y el cisne; nuestro conductor se
todo es proporcionado; las columnas de este
habría encargado la demolición á Bramante
verdadero· atrio de la Basílica son formidavuelo: impacicnt&lt;'s ya, entramos.
( «il rovinantei&gt;, como le llamaron en su épo-Verá V., me había dicho una inteli
bles; pero en conjunto, en comparaci6n con
ca) ó á Miguel Angel, y estos caballeros haamiga mía, el día anterior; verá Y. qué
el obelisco, con lns fuentes, con la fachada
brian hecho con los escombros alguna marapresión; aquél sí que es el templo &lt;le J
del templo, se ven regulares, no son mayores
villa.
ni menores de lo que debían ser. Este
cristo; es materiafü.ada, &lt;lígamoslo uf;
Allí tienen ustedes: si Julio II, este homiglesia cristiana, la asamblea. de los fieles
:Miguel Angel presuntuoso y amanerado que
bre colérico que convirtió en clavas de guerra
se llama Bernini, lo sabía hacer á veces. ¿Y
creen que Cristo es Dios y el Papa su
las llaves de San·Pedro y machacaba. con ellas
la cúpula'?
rio.
las cabezas de las ciudades que combatían por
-Verá Y., me había dicho un dip
La cúpula, la dominadora de la Roma de
su libertad, pero que era un formidable artisitaliano, en Génova, verÍL Y. un templo
los Papas-reyes, la tiara de la moderna ciuta, porque casi inventó á Bramante, á Rafael,
gano, todo lo más pagano que puede ha
dad pontifical, que, vista desde algún sitio de
á Buonarroti (á quien oblü~ó á ser pintor en
-No, amiga mía, tan distinguida como
la campifia romana, parece la colosal campala Sixtina); si este adorador del arte clásico,
&lt;losa; no, sefior diputado, «ni l'una
na de sombra de un mundo muerto, la cúco~ el que forzó á los artistas á crear el arte
l' altra.11
pula, está allí; hay necesidad, para verla bien.
nuevo, hubiese visto concluir su iglesia, apuesMi primera impresi6n fué ésta: una
de tomar en el eje principal de la plaza un
to á que no habría permitido que la cruz griepunto de vista fuera de ella; entoncPs se ve
claridad.
ga del plan primitivo de Bramante, prohijado
Había más luz dentro que fuera; una
surgir en todo su esplendor el triple pensadespués por Miguel Angel, se hubiese converclaridad,
el ampo del mármol, que i
miento de Bramante, de Miguel-Angelo, de
tido en cruz latina, prolongando las naves haluz
blanca,difundida
en la atm6sfera. Ha
Giácomo della Porta, que tuvo la genial
cia la plaza, lo que alejó la cúpula de la fadelicioso momento de ánimo embargado
idea de transformar el domo de hemiesférico
chada y le quitó ei-a esbeltez en lo enorme,
mundo olvidado cuando se entra en la
en elíptico. La linterna, que es otro templo
esa gallardía en lo colosal, esa. gracia en la
lica por vez primera [y lo mismo en la
con su magnífico cilindro columnado y la cruz
fuerza, que gracias al tambor de Miguel Angunda y en la cuarta] que sólo puede
mondial de su remate, la linterna cierra magel y á la curva ovoide de su discípulo,la saca
rarse á la impresión que se siente ante
ravillosamente la obra maestra, que, á fuerza
fuera de par entre todas las cúpulas del mungran
ruina yuca.teca 6 ante el Niágara 6
de bien distribuida en sus gajos y soberanado, como si tuviese la ambición de cubrir con
termas de Caracalla [ vayan ustedes ri
mente asentada sobre el inmenso anillo decosu sombra á toda la. cristiandad; «ampla. da
de estas asociaciones]. En fin, poco i
rado de columnas pareadas, pierde en grandecoprire con sua ombra. tutti i populi toscani11
volví en mí al rumor del monótono
za abrupta lo que gana en artística majestad
como dijoAlberti (apudKlaczko) dela cúpu:
guía.
«Están ustedes parados en la ru
y en sere.1a finneza.
la de la catedral florentina de Brunellesco.
pórfido en que se ponían los emperado
Volvimos á la plaza, y á medida que nos
¡ Y qué fachada I No, la fachada es muy
dioevu.les, Juliano el apóstata, Carlo
acercamos al obelit co central, la fachada tribuena; clásica, regular, grande, grandísima·
para ser ungidos»; ¿y Constantino? p
vialmente hem10sa agregada, por orden del
¿pero qué hace allí? No es la fachada de Sa~
indiscretamente al oir aquellas graci
soberbiazo hombre de mal gusto y enérgico
Pedro, es el fondo de la pla1,a de Bernino con
giversaciones. Y mi hombre se lanz6
amor al arte que fué Urbano VIII, siglo
ella sí que consuena admirablemente, co~ sus
disertaci6n sobre Constantino que por
XVII, en el extremo de la na.\'e proloninmensas procesiones de columnas, con su
acaba. Yo creo que lo confundía v
gada que convertía en.cruz latina. la. cruz griepueblo de estatuas decorativas........ Es muy
con Luis XIV y con :Marino :Falier.
ga de Bramante y Miguel Angel, eim fachada
grande: sus 112 metros de ancho y so.s 45 de
guía: «Estos angelones que se ven aq
se traga la cúpula; ya en el obelisco no se ve
alto, parecen inventados para. dejaren segunprimera pilastra sosteniendo la pila de
6 se ve poco.
do término al domo. Pero como yo no puedo
bendita, son de mayor tamaño que V
Ascendiendo por la dulcísima escalinata,
D'l;andarla quitar, porque no soy ni un Rovere,
aquellas palomas que están sobre loe
mandadahacer por el arquitecto Maderna 6 por
m un Borghese ( éste la mand6 poner) ni un
de las pilastras en bajo relieve, están
Barberini, la ·veo, más aún, la contemplo y
tas que ustedes.»
entro
en
el
p6rtico.
1
[•] De mi libro "Bnla Europa latilla.

La Plaza de San Pedro.

Del «baldaquino• al disco rojizo en que es~ibamos par~dos y entre la doble línea extenor de las p1lai1trr.... que sostienen la nave centm_l, es~b~~ tncerradas las naves de la Basíh~ .l!r1m1t1va, la que, según la
tr:ad1c10n, Co_nstantino y el papa
Silvestre halnan construí&lt;lo en el
siglo.IV. Todo desapareció en un
11iglo á medida que los artistas del
Renacimiento le\'anta.ban sobre
los escombro!! de aquel vetusto y
suntuoso y como pocos interesante relicario del arte de la Edad Media, el nue\'O templo, que pare•
cía, como el templo de Salomón,
construí do con la secreta a.m bición
de poder conce11trar en él el culto
católico del mundo, el culto universal. Y comprendí ó creí comprender entonceR: aquél no es un
templo cris~iano [allí se comprende la pluvial de oro v la tiara de
pedrería del pontífiel;, no .a burda túnica gri!:! del ~azareno] ni
pagano [el templo pagano e1a un
altar en frente de un ~antuario en
que apenas cabía 1~ imagen, el ,
f~olo; fuera, la multitud presenciaba el sacrificio bajo la cúpula
&lt;lel cielo]. Xo, San Pedro es el templo católico, el templo latino no
el de la religión l{Ótica ele' las
abruptas ra1.ns del Xorte, rc·ligión
de penumbra y &lt;le cr&lt;'púsculo &lt;le
sollozoR comprimidos y de l;imn~ &lt;loloroso!l, de angu~tia y mist~no; no, aquí la religión es precum, clara, lumino!'a v humana·
este arte C!! una mar.wiila. de gra;1~
dios!dad '! de forrua, esta cúpula
es un milagro de audacia sublimemente bien calculada• pt&gt;ro le
!alta i:iiebla, y vaguedad som hra.
mdec1sa; le faltan nimbo y en-

das d_e nichos, de relieves, de medallones, de
mosaicos y ca.paz de abrigar 1:1endas capillas
dentro de su mole de mármol y cristal, (L peRar de que casi por la fuerza. no,- detenía, echa-

:s

to de piedra, suc;;pendido sohrfl nuestras cabey _cer?do por otra cúpula (la linterna) del
m·tVº e un templo. Si nos hubiera sido
pos1 ' e, pero no era posible, colocar una de
las torres de la catedral de )léjico
exactamente debajo del domo
Rentados 11ohre la cruz que la re:
ll?ata, habríamos ,·isto, cerca de
cincuenta metros Robre noi;otros
el r~Rtro de mo!!l\ico del Padre ete~:
no, mcrustado en el cielo de la lin~mha. Todo esto es para a.plastnr
a ombre, escierto; pero obra. e!:!
del hombre y esto lo yergue de
nuevo; el hombre-individuo aquí
e~ una hormiga, el hombre colectivo es un creador; me diréis: no,
el cread?r no es hombre colectivo
es el gemo, eR'Bramante es l\ligueÍ
A_ngel. Sí, es cierto p¡ro es también la pirámide h~mana de que
esos hombres
. fueron el ve'rt'ice;
pero es t:,tmlnén la corriente huma~ª que ,l t!11vés de los siglo!! llegó
,t ellos. )' o me figuro así á 1
hombres de genio en el tiem;~
he aquí un Nilo, corre del Ecua~
dor y salva el trópico y cae en el
:ª11~ que lo lle,va al Mediterráneo·
¿qt~e r~~• que accidente de tierr~
~~ 1mp1~h6 tomar el camino del
ar RoJ,º y transformar por este
!-'.ll? _fen&lt;:'~neno topogrÍlfiro tocla la
c1\'lh1.ac1on
humana?
u t os a&lt;·ci.
.
, r,11
l l enteR dirertorc.s
.
. de ln.. Corriente
1n11nann, cono&lt;•J&lt;los 6 no
Ja
·
, porque
. mayor parte han quedado an6mmrn,, cuando f.On un alma repre!lentan el papel &lt;le! genio. '

r-~------=----=. . .._"""".____________
•

y

suefio.
¡Pero qué bella ef'l, que música

de priorciones en la forma colo- ,,L_!~!!!!!l!!..J~::!a:.:3!5!!!!!.....!!!!
salid¡ cóm?, gracias á ella, á peLa cúpula.
sar e sentirnos tan pequeños al
lad
o de lamasa g1gan
·
tesCR, nos sentimoR en
relaci6
mos á andar hacia a.delante hasta llegar á. los
sar
n con ella, en acuerdo con ella! A pearcos de ~~ramante, al Baldaquino, ÍL colocarde~de los esfuerzos dP.sesperaclo8 del guía por
nos de?ªlº de la cúpula. Es inefable, no puenernos en tomo de cada pilastra, decorade decirse el efecto que causa eRte firmamen-

***
.Junto ele no~otro!', delante del
altar mayor, dt&gt;l «baldaquino "
dentro de una balaustradacle 1 '
ce d
•
&gt;ron) 'ar ~n sm cesar ochenta ó cien
fmpanl~as; se abre la balaustra&lt; a 1Il;ed1ante una lim ó dos •
,
se baJa por una es
marm&lt;?l, entre cuyas ramas haces°: i~ata de
nuflex16n la estatua. de no recuerd0 e r~a geclerno papa ob
.
que mora exactís1ma realísima d
a.nova, que s1 no ha deJ·ado' su gemo
. o, sue

r

c

' .

')

�EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 5 de Octubre de 1902.
medio genio á los actuales escultores italianos,
si les ha le¡?ado su «savoir faire;JJ dígalo la per-

fecta estatua de Monseñor Labastida en nuestra colegiata guadalupaúa, que recordábamos
viendo la que está de rodillas ante el sepulcro

tro «cicerone» nos tenía habituados-Los escudos son unos óvalos de mármol con las
abejas de los Barberini (Urbano VIII, primer
tercio del siglo XVII). Bajo la tiara y las llaves que los coronan magníficamente,~una de-

Interior de la Basílica.

1

1
1

Domingo 5 de Octubre de 1902.

de S. Pedro, la nConfesi6n&gt;J,qt1e es su nombre
oficial. Delante de una de estas estatuas (y
allí cerca estaba una de Can ova también, que
es una maravilla) dice uno: ¡qué bien hecha
está! Delante de la «Pietá» 6 del «A polo,» no
se dice nada.
Entramos en la cripta, obscuridad; en un
altar el sepulcro del santo. ¿Quieren ustedes
ver bien? decía nuestro risueño sacristán . Ecco, y se encendió una lámpara incandescente;
Edison tenía la antorcha de la fe. Muy hien,
yo no creo que éste sea el sepulcro de S. Pedro, ni qne sea su si11a aquella que está dentro del f-{il}ón de bronce de Bernino, allá en el
suntuosísimo altar de bronce que sirve de fondo al ábside. Pero como si lo creyera, porque
este sepulcro está hecho con la fe de los siglos
y los pueblos allí objetivada. Sí, es ése el sepulcro de S. Pedro, hecho con algo más duradero oue la piedra y el metal.
Subimos. Ya os he dicho, y si no, entendedlo bien, lectores míos, que tengo gustos
depravados; cierto,el suavísimo é imperceptible doble cono de uni. columna del Parthenón, que, á la vista, parece derecha, musical
y pura como el alma pensante de Platón, es
lo más bello que hay, y las columnas corintias del vetusto Panteón que acahamos. de Yer
en nuestra caminata del Quirinal al Vaticano,
con sus capiteles destrozados y sus estrías embadurnadas de reflejos cobrizos por mil quinientos años cie (rpose, )1 son más bellas que las
col mnnas de Bernino, pero estas enormes son
bellas también: salomónicas de bronce dorado torcidas en robusta espiral, envuelta en
guirnaldas de oro, se alzan con indecible majestad y se coror,an por encima &lt;le capiteles) y
cornisas y colgaduras de metal ( de donde el
nombre de ({baldaquino") , con inmen:-m; angelones á cu:,·as espaldas los negros soportes
de cuat~o consolas invertidas parten á unirse
en el globo de la cruz del remate. Y aquí intervino el guía:--Estudien ustedes, nos dijo con
aire maliguo y misterioso, estudien ustedes los
escudos d.e armas esculpidos en el mármol de
los zócalos de éstas columnas;son una venganza
del arquitecto á quien el papa Farnesio ( mentira era un Barherini), cuya estatua está allí
cer~a (Paulo III, Alejandro Farnesio), había
negado un gran favor. -Veamos, dijimos no
sin curiosidad-¿á qué negarlo?-y sin hacer alto en los formidables anacronismos á que nues-

licioF:a cabecita ¿de mujer, de niño? cierra la
parte superior de la orla, y la convexidad del
escudo) enteramente regular en los primeros,
se deforma poco á poco, se abulta desde el
tercero al octavo, al noveno, y lo E-ingular es
que la cabecita de la orla pasa de la fisonomía
serena á las contracciones dolorosas, hasta que
al fin refleja una viva alegría ele liberaci6n .
No he tenido tiempo de i.veriguar qué
ci.pricho 6 qué idea
simbólica guió al artista en esta historia
heráldic:1, &lt;ligámoslo así, &lt;le una gestación. El guía sí
estaha al tanto:
aquélla , rala bi1,toria de Giulia Farnesio. -Pero hombre ele Dios, si e::;o
es un a.nacrnnismo
terrible; si la fM·orita de Alejandro
VI pudo ser abuela del papa que mandó erigir el baldaquino. -Yo sé lo
que &lt;ligo, vengan
ustedes. - Y fuimos
al ábside: allí á b
izquierda del famoso altar de Bernino
(la cátedra de S.
Pedro), á quien no
hay que pedir gusto, sino brío y grandiosidad en el manejo de las mae-as
gigantescas de mármol y de bronce, á
la izquierda, deeimos, estaba la estatua en metal negro
ele Pablo III coronando su mausoleo. Al pie del pontífice dos mujeres
de mármol blanco:
una, vieja y fea,
es la Prudencia; la

otra, que le hace parang6n, es ~a Justicia.
Yo no sé son la juventud y la ve¡ez, y aunque quie~ las hizo lué Della Porta, un discípulo de Buonarroti, se ve en ellas la mano
del maestro.-Esta joven, nos decía el guía,
es la Giulia, por eso el papa la mira con ternura. Era un rni"irmol completamente desnudo, pero Pío IX 6 Greg~rio XVI la hizo vestir de una camisa de Jaton pmti.da de blanco 1 porque era un escándalo. Un ing1és se
en amoró &lt;le ella y se suicidó aquí ..... .-Lo
&lt;lel traje de latón es cierto, estaba ú. nuestra
vistc.1,; pero que la estatua represe~tase á Giulia Farnesio, la encantadora favonta de Alejandro VI, r¡ue hizo colocar, según cLicen, su
retrato en su oratorio del Yaticano, en traje y
actitud ele l\fadonna, eso sí no lo sé. Sé que
Alejandro Farne::;io debió sel' cardenal ú su
bella é impura hennann, casada con un aguanlador Orsini, y sé ... .. . todo lo que ustedes saben. Pero de lo que no tenín idea es d!!l \'Oluptuoso esplender de hermrnmrn, fina en su
magnitud misma, de esta estatua¡ nu_nca hizo Miguel Angel mujer así; acaso la · Eva &lt;le
la creación de la mnjer en la Sixtina. Las
otras son profundamente tristes, inconformes
con la vida ó dolorosa:-: ... Esta irradia ju\'entu&lt;l Y. amor ......
l\Iis jóveneH compañeros no querían ahan(lonar el sitio; como el Papa Paulo, que estaba encima de nosotros, barbudo y solemne,
no quer'Ían dejar de ver ... Y yo pensaba ¿en
esta impresión queda, pues, resumida la imprer.::ión de S. Pedro; en estas migajas de sensualismo queda deshecho el pan eucarístico
ele la religión riel Renacimiento; esta sublime
obra en que el arte pagano amai-ado con la
levadura de la idea católica, se levantó en er-a
ámpula asombrosa de la cópula sentada sobre estos cuatro pilares del Bramante que varecen cada uno una catedral, engendrando
así un arte nuevo, para servir de rf'licario á todas las idolatrías, para sentar en su trono, en
su ~átedra, á esta Afrodita. que sirve de tema
á las refleXiones estúpidamente pornográficas
de los guias? De modo, me decía uno de mis
campaneros, que S. Pedro es una basíli"ca cuyo e-je mriyor tiene por extrf'mos ri l ci~ne de

De este carácter
fundamentalmente
subjetivo y arcaico
del sentimientom-ístico, resulta necesa
riamente que: músico que no pueda
entrar en sí mismo
y discernir lo que
sussentimientos tienen de más hondo
y de más misterioso, y músico que no
sepa trasportarse en
espíritu á épocas remotas y á países lejanos y adh·inarlos
y describirlos, no es
un músico místico
ni podrá crear ohras
religiosas de gran•
de aliento.
La moderna música. religiosa, es antes dramática que
mística; pinta más
que sentimientos,
peripecias, antes escenas que éxtasis, y
más el mundo exterior que el mundo interno. Verdi,
en su c(Réquiem,1, es
profundamente dramático; lo había sido lliendelssohr. en
sus oratorios; lo es
el mismo abi.te Perosi en los suyo8,
y Massenet no podía dejar de serlo
en uMagda1ena,&gt;, en
L.a estatua de San Pedro.
11E\1 a&gt;i y en c&lt;La Virgen&gt;,.
Leda en la puerta y á la Giulia Farnei.io en
Pero más aún que dramático, siéndolo tan
el ltbside.-¿Creen ustedes eso? Yo no. Yo
profundamente, ].lassenet tenía que ser pinvolviendo á recorrer la gran nave, única que
toresco y descriptivo. Li. índole del talento
conocíamos aún, me detuve frente á la arcaide l\lassenet es esencialmente pictórica y e&lt;luca estatua en bronce de S. Pedro; uno de sus
cadom. Nadie como él sabe y puede describir
pit&gt;s, mellado por los Iabios de seis siglos ó
país~s exóticos, . épocas remotas, personajes
diez siglos de multitudes, parece un muñón
3:rcaico~,Y revestn-los de atributos tales, fijarles
deforme y feo. Yo lo besé, porque, ya lo he
l111eam1entos de tal modo característicos y dardicho, yo beso donde besa el pueblo, mi soles un colorido, un relieve y una vida tan proberano abuelo.
pios y adecuados, que países, épo~as y personajes se yerguen vivos, palpitantes, acabados
__J ~
~
y elocuentes en la imaginación del auditor.
Buen ejemplo son de esa peculiaridad suya
y de ese sello personal de su talento, los ballets &lt;le. «Herodfas,, y de ((El Cid,i, las «Escenas Pmtorescnsi&gt; y las nNapolitanas)) la Introducci6u de (cl\laría ~fagdalenall y Las Bodas de Canaán y el baile de las Galileas de
ciLa Virgenll.
APR0P0S!TO DE &lt;LA VIRGEN•
Y esas reconstrucciones, esas evocaciones y
esas
d~scri_pcione_s no son vagas, abstractas y
El sentimiento místico propiamente dicho
aproxunativas, sino completas concretas y
es u~ sentimiento esencialmente subjetivo )'
exactas. Tiene el ilustre maestr~ una fe tai1
arcaico: ~.,a idea religim;a de donde procede y
ciega ~n sí mismo y en su poder evocador y
que lo mforma, ha perdido y pierde cada día
sugestivo, que acomete con éxito &lt;lescripciosu carácter m\stiyo, para hacerse cada ctía más
nes de pormenor que resultan verdaderas v
mundana.
exquisitas
miniaturas. No se conforma com"0
Los templos en In Edad Media eran 16hregos,
Bizet, por ejemplo, con hacer música e~pañonnstenosos, severos y casi terroríficos. En
fa 6 de corte ibérico, sino que en los ballets
sus vai:;tas naves góticas, olientes más á
d~l uCidll des~rib~ separada y esperialmente las
humed~d que á incienso, se respiraba sombra·
diversas provmcms y hace música aragonesa,
el espíntu se concentraba en sí mismo y tod~
caste\Jn.na1 andaluza ........ .
al rededor suyo parecía sugerirle el olvido del
· Lo mismo en ((Herodías,,, hace música fenimundo y de sus pompas. Imiígenes demacracia, babilonia ¡qué sé yo! Y todos Jo creemos
d.as y enílaqu~ci&lt;las; grandes cuadros ennegrey todos lo aceptamos y ]legaríamos á pensa;
cidos por el tiempo; columnatns interminaque ha desenterrado y descubierto ]a música
bles y sombrías; capillas profundas como anpropia y genuirw de esos pueblos y de esas
tros; cúpulas inaccesiblN.:, todo inspiraba un
épocas.
;'ago .terror y convidaba al recogimiento y al
~xtas1s. CeremoníaR simbólicas venidas &lt;le le. Agréguese [t este género_ de ~lento tan pre~
ros J de remotos tiempos; trajes hic r{tticos
c10so, tan estBTI&lt;lble y casi úmco una intensia.rt:aicos; ostentación &lt;le lujo anticuado y ex6dad de pasión excepcional y una'maestría sint1'.'? todo, en e.l culto·y en sus pompas, retrogula.r en el manejo de la orquesta, y se comtraia el eRpíntu al pasado como si quisiera
prenderá por qué :Massenet es el más popular
hacerle remontar el curso &lt;le la vi&lt;la y fijar
.Y uno de los más grandes mÍl.sicos de la ess.us anhelos en el origen de las cosas y en los
cuela francesa moderna.
t~e~pos fabulosos de los milagros, de las apaNo gusto mucho de sus melodías vocales
n~JOnes, del contacto íntiruo de Dios con sus
destinadas á ser cantadas; creo que el maeR~
criaturas.
tro maneja la voz humana con µ:ienc_&gt;s !acil!-

J

MASSENET

1

Monumento de Paulo 111.

dad y menos brillo que la orquesta; ¡,ero como sinfonista, es genial, y como sinfonista evocador, incomparable. No obstante,en ccLa Virgen» se ha sobrepujado á sí mismo, y 1\Iaría1
Gabriel, la joven Galilea, cantan como ángeles.
No hemos agotado, ni con mucho, li. enumeración de los talentos de Massenet y de sus
méritos. Tiene aún uno excelso: á semejanza de Ver&lt;li, sin plagiar á nadie, espiga en todos los campos. Que un hombre de talento
encuentre un procedimiento ó un tratamiento
nuevo; que el arte se enriquezca con nuevas
formas; que surjan en la paleta nuevos colores y nuevas matices, 1\Iassenet se asimilará
todo eso, lo fundirá y afinará en el crisol de
su candente personalidad musical y lo ofrecerá tn sus obras aquilatado, depurado, pulimentado y mejorado. Cada genio da su contingente á Massenet, y con los procedimientos
de todos1 unifica&lt;los en su propio taleuto, crea
obras maestras.
Massenet, además, es prodigiosamente fecundo y estupendamente laborioso. Nadie en
Francia, y podríamos decir en el mundo entero, escribe tanto y tan bueno como él.
Los amantes del arte están de plácemes, y
el (cClub Lirai&gt; y su portaestandarte, el 1'-IaeStro Meneses, merecen bien del arte por habernos dado la ocasión de escuchar, aplaudir y
admirar una sin duda de las producciones
más inspiradas del maestro más µopular, más
fecundo y más aplaudido de la Francia actual.

La muerte del insigne novelista Emilio Zolá, ocurrida de manera trágica en la gran ciudad que fué teatro de sus glorias artísticas y
políticas, ha conmovido al mundo entero, porque la obra del magno escritor pasó 3.lumbrando los cerebros de los estéticos y de los
vulgares.
. Peregrinó ~on su esplendor de arte, por la
nda de los buenos y de los malvados, hasta
lo~rar que se pu~iera bajo su nombre la raya
ro¡a de la notonedad . La crítici. fué severa
para juzgarlo, y acabó por hacerlo una de sus
fuentes de luz.
El nombre de. Zolá figura en el proceso más
célebre que el tribunal de los hombres Yió en
el siglo XIX, y quizá al desaparecer de la tierra, cuando se le lleva á dormir en el eterno
lecho, otra nueva conmoción de pasiones venga~ agit;tr_ el viento qu~ flote sobre su tumba.
. En Mexwo fué, rel~tivamente, muy conocida la o?ra del novehsta, y no ha sido poca
la s~nsae1ón que causó el trágico fin del gran
escntor.
«E_I Mundo Ilustrado" rinde tributo ú Zola
publicando su retrato en lugar preferente.

UASJS.
Sueña el león.
Junto á las tres palmeras
se amartsa el Sol. Existe
el agua. Y Dios deja un momento
que los pobres camellos se arrodillen ......
Junto á. las tres palmeras
el árabe tendido al fin sonríe
y suspira ..... Damasco
lejos aún le aguarda. Los confines
del horizonte brillan encendidos.
Un silencio terrible
llena el aire ..... .en la arena
tiembla la sombra elástica de un tigre.
~ÍAJ&lt;UEJ:, i{ACl!APO,

�Domingo 5 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

1)0mingo 5 de Octubre de 1902.

Y, ruborizándose, huyó rumbo á su casa.
l\Ii madre me dijo que Guillermina era ya
huérfana, y continuó baciE&gt;ndo elogios calurosos de su bondad, de su abnegaci6n ..... .. .
¿Qué más diré? Antes de que transcurrieran tres semana¡,, puse á mi hijito en brazos
de Guillermina, mientras le decía al oído:
-¿Acepta usted esta muñeca? ...... ¿Quiere
usted que sea verdaderamente suya? ..... .
Y nos casamos con los trámites rigurosamente necesarios.
DA~IEL HERVEY.
Traducción de "El Mundo Jlustrado."

Nuestras madres eran viudaR; la casa de
ellas lindaba coh nuestro nido familiar del
viejo Lorient; nuestros jardines estaban separados nada más por u~ vallado que ún gran
terranova-así lo suponíamos-había agujerado precisamente para que nos pudiéramos
comunicar.
Ella era morena, y yo rnbio; ella tenía cinco
años y yo trece cuando nos conocimos. Era
natural que fuéramos Jos mejores amigos del
mundo. Cierto que nuestras situaciones no
eran muy semejatHeR: mi padre era gran capitán de fragata cuando lo rnat6 la fiebre amarilla; el marido de Juana Lehennec muri6 casi en la misma época, pero no era más que un
simple timonel, y s6lo por una herencia inesperada pudieron, la viuda y la hijita, vivir
en situaci6n humilde, pero segura. Bueno es
decir que nuestras madres no tenían relaciones estrechas y, por consiguiente, se enteraban poco de nuestros juegos. Alguna vez que
se encontraban, se mandaban por sobre el va:Jado un saludo: respetuoso de parte de la señora Lebennec, amable y gratamente protector, de la de Isabel de Coudic la querida, la
adorable criatura que, habiendo perdido todo
lo que amaba, se consagraba por entero á mí,
rE&gt;nunciando al mundo, á las ventajas envidiables de su situaci6n, de su fortuna y de su
belleza.
Cuando le declaré la resoluci6n de seguir
la carrera de mi padre, se puso pálida como
un cadáver, me abraz6 y no me puso objeci6n
alguna. Poco clarividente, como todos los muchachos, me sorprendí de su calma y no !'Upe leer una tristez11, una emoci6n contenidas
por una firme voluntad. Cierto que yo no hubiera cedido á sus ruegos, si hubiese querido
disuadirme de ser marinero; pero siempre me
causaba del'ilusi6n no haber tenido que vencer una resistencia.
Por el contrario, la ruidosa desolaci6n de
mi amiguita Guillermina, me satisfizo bastante. El día de mi partida, se me colg6 al cuello, me desanud6 la corbata, moj6 la pechera
de mi camisa con lágrimas y amenaz6 con aho-

garse en el estanque del jardín, que no tenía
más de cuarenta centímetros de profundidad.
No me pude arrancar de ella sino prometiéndole traerle de mis próximos viajes un chango 6 una negrita, lo que quisiera.
Cuando las vacaciones, la encontré siempre
apasionada, y tanto, que no me sorprendió
cuando, con toda seriedad, me ofreci6 un anillo de cobre que ella llamaba pomposamente
sortija, invitándome á jurarle que no n,e casaría más que con ella. Se lo prometí en un
arranque de sincera ternura.
Otra vez que volví á Lorient, para visitar
la casa paterna antes de embarcarme con destino á Buenos AireR, Guillermina no estaba
en su casa. Mi partida bahía causado á la
muchachita tal desesperación, que, para distraerla, la mandaron á un colegio del campo.
Contaba precisamente diez años la muchacha, cuando en una bella mañana, la «Valerosan llevó al muelle de Lorient al aspirante,
que tal era yo entonces, cargando en sus baúles una encanta&lt;lora muñeca vestida á la moda brasileña, que causó á Guillermina un delirio de alegría.
Chiquitita, delicada, verdaderamente un
ratoncito moreno, la muchacha par?cía. más
joven de lo que era. Su permanencia entre los
niños la había distraído; los proyectos matrimoniales estaban á punto de olvidarse y volvimos á comenzar nu~stros juegos de otros
tiempos, con una inocencia que hubiera sorprendido á mis camaradas de á bordo. Partí
nuevamente para un viaje que había de durar tres años en las aguas del Pacífico. Nos
separamos sin lágrimas, pero con buenos besos de camaradas. Le prometí otra muñeca.
Y á pesar del tiempo, á pesar de las modificaciones que traen los años en los jóvenes
como era yo entonces, no olvidaba á la amiguita, y cuando volví á mi casa, le mostré á
mi madre una muñeca javanesa, con el traje
original de las bailarinas reales.
Mi madre movi6 la cabeza con sonrisa enigmática:
-Ah! es para Guillermina?
Al día siguiente bajé al jardín en busca de
mi vecinita; lo que encontré fué una figura
que caminaba paso á paso, una criatura desmadejada, ni muchacha mi mujer, descolorida, la boca contraída por un pliegue grosero,
la nariz imprecisa, los cabellos ingratamente ·
echados hacia a,trás, y unos brazos desmesurados en cuyas extremidades pendían
las manos rojas. Iba á marcharme, cuando aquella persona me
mir6 fijamente y me dijo
con voz ronca:

-~:~~

·----

t~·-:-;-~~-~---..,~..

- -~'

-=::::~~;::::;;~~=~-;.!'!~_!.~ . _-:;-:;.:'_:-_:::~4~·: : ; ~ ~ ·"'.,.-.-

~
,~~

-Buenos días, señor Cuedic.
Me quedé petrificado; volvió á decirme con
impaciencia:
-¿Ya no me conoce usted?
¡Sí, era Guillermina! ¡En qué e~tado habían puesto los trece años fatales á mi pequeña camarada! .., ... .. .
Le alargué la muñeca, volviendo la cara
para ocultar mis impresiones. Tuve tiempo
de ver que bacía un gesto desdeñoso.
-No juego ya á las muñecas, me dijo con
sequedad.
Y tom6 la que yo le ofrecía, con aire brusco.
Poco tiempo después mi vida de marino
volvi6 á arrE&gt;batarme del hogar. Volví á Lorient después de cinco añoi::, durante los cuales se transformó mi vida. En To16n fuí presentado á la bija de un almirante; nos amamos y me casé con la confianza y la rapidez
que presiden á las unioneR entre jóvenes que
pertenecen á familias de gente de mar, entre
las que se sabe el valor del tiempo que se pasa en tierra.
Me separé de mi nuevo hogar dejando á mi
esposa-¡pobre Lucía!-cuando iha á ser madre, y ....... ¡no la vi más! La noticia de su
muerte y del nacimiento de mi hijo me llegaron al mii::mo tiempo-era una mañana
gris y glacial de invierno,-cuando mi navío
cruzaba los mares cercanos á Corea. Quince
meses me faltaban aún para volver.
¡Cuántas veces,estando de «cuarto» durante
las noches sombrías 6 implacablemente puras
y heladas, vi erguirse ante mí la imagen de
mi pobrecita esposa, arrebujada en un abrigo,
llevando en los brazos á su hijo, aquel hijo á
quien, probablemente, yo nunca conocería!. ..
Sin embargo, él vivi_6. Mi madre me escribía diciendo que el chico estaba á las mil maravillas. Y pasando los tiempos, me aferré á
aquella esperanza del porvenir.
El mes de junio nacía cuando, lleno de emoci6n, traspasé el dintel de nuestra vieja casa
de Lorient. Llevaba siempre conmigo algo
como una inquietud, por cierto !'Upersticioso
horror que me causaba llegar á mi casa como un extraño. Pasé el vestíbulo y llegué al
jardín. Me detuve para contemplar un cuadro
inesperado.
Bajo los tilos, mi madre, recostada en un
sill6n, 00n su labor caída de las manos, sonreía de la carrera yacilante de un hermoso
bebé que tenía las piernitas y los brazos desnudos y que abandonaba el banco en que se
apoyaba, para ir á donde estalla una mujer
arrodillada que le tendía los brazos con semblante dulce, iluminado de tierna alegría. Luego que el niíio llegó á ella, lo levantó y lo hizo reír mucho, cubriéndolo de besos.
Era eRbelta, de talle mediano y tenía mucha gracia en todos sus gestos. Cuando puso
al niño en el suelo, se irguió, y al volverse á
mí, pude ver que nada hasta entonces había
visto con rasgos más encantadores ni que impresionasen más con todo aquello que adoramos en la mujer.
Nuestros ojos se encontraron. Ella lanzó un
grito, al que sigui6 otro de mi madre. l\le precipité á ellas.
.
Inmediatamente Guillermina- porque no
era otra-me llev6 á mi hij(,. Lo abracé con
emoci6n punzante.
-Dale las gracias- me dijo mi madre señalando á la muchacba:- si el chico vive, es
gracias á ella.
Tomé la mano de Guillermina, pero me interrumpió á las primeras palabras.
-No merezco ningunas gracias ...... Este pe•
queño ser es la alegria de mi soledad,

EL PROFESOR VIRCHOW.
Uno ele lo:;; hombres de ciencia más ilustres
acaba de pagar el obligado tri.bnto á la naturaleza: nos referirnos al eminente Profesor de
Patología en la UniYersidad de Berlín, Rodolfo Virchow.

Aspecto del salón p ri ncipal.

se vefa, encuadrado en un ma~nífico marco,
el retrato del Rey D. Alfonso XIII.
Antes de las dos de la tarde, se sentaron los
invitados á la mesa, ocupando los principales
lugares el Representante de España, Sr. Fernández Vallín; el Cónsul, Sr. Escudero, y los
Sres. José Sánchez Ramos, Telesforo García,
Quintín Gutiérrez, Miguel Lhno, Rafael Gay,
Modesto Noriega, Salvador de la Fuente, Fernando Dosal, Fanstino de la Fuente, :Manuel
Suárez, RamGn Fernández, José Porrúa, Saturnino Sauto y Luis Fernández Cañedo.
Durante la comida rein6 la mayor cordialidad entre el numeroso grupo de iberos allí
reunidos, pronunciándose entusiastas brindis
por la U!li6n de la Colonia, por la patria y por
el Rey. El brindis del señor Encargado de
Negocios fué muy aplaudido.
La fama de Virchow como pat6logo, está
muy por encima de todo elogio, desde el momento en que se le considera como una de las
más legítimas y bien fundadas. En ocasiones diversas, el nombre del sabio recorrió
el mundo entero y fué recibido con aplauso;
pero lo que más enalteció al eminente Profesor fué su teoría sobre el origen de la. enfermedad, universalmente aceptada en nuestros
tiempos.
Virchow era también antropologista de
profundos conocimientos, arqueológo nutrido
de vasta y provechosa informaci6n, y político
de energfa y de talento. Su «Patología Celularn, traducida á casi todos los idiomas, es
uno de sus más claros timbres de orgullo.
En la Cámara Prusiana se distingui6 siempre como orador de primer orden..

Hay hombres que escudriñan las conciencias ajenas olvidándose de quP. tal es nuestra pobre naturaleza, que no encontramos en los otros .
sino los vicios cuyas tendencias tenemos en
nuestro propio coraz6n, haciéndolos conforme
á nuestra imagen y semejanza. Por lo cual'no
debemos tener confianza en los que fácilmente juzgan á su projimo.

El bom bre que se descuida de cumplir con
sus p,romesas, cualquiera motivo que alegue,
se debe reputar malo 6 débil: malo, si engañ6
á prop6sito: débil, si no conoci6 el valor de su
acto 6 no tuvo bastante energía para realizarlo.

TENT ACIÓN.
Call6 por fin el mar y así fué el caso:
En un largo suspiro de violeta
Se extenuaba de amor la tarde quieta
Con la ducal decrepitud del raso.
Dios callaba también: una secreta
Inquietud expresábase en tu paso.
La palidez dorada del Ocaso
Recogía tu lánguida silueta.
El campo, en cuyo trebolar maduro
La siembra palpit6 como una esposa,
Contemplaba con éxtasis impuro
Tu media negra, y una si.lenciosa
Golondrina, rayaba el cielo rosa
Como un pequeño pensamiento obscuro.

EL BnQURTE DE LOS ESPAÑOLES.
Siguiendo una costumbre establecida, la
Junta de Covadonga organizó en esta vez el
banquete que los españoles celebran, año por
año, pasada&lt;i las fiestas del 8 de Septiembre.
La Junta procur6 reunir ese día en un solo
grupo el mayor número de iberos posible, y
sus esfuerzos río resultaron infructuosos: cerca
de mil comensales acudieron al llamamiento
que se les hacía., llenando los amplios salones
en que debía verificarse el banquete.
El adorno del Tívoli del Elíseo que fué el
local escogido, era del mejor gust~: había festones y banderas en profuRi ón, distribuÍllos artísticamente en las callecillas del parque y en
los pabellones. A la entrada del salón principal se levantó un vistoso arco de flores naturales, colocándose, para cubrir la puerta un
gran biombo japonés. En el fondo del s:i.ión

~L BANQl,JETE.-OtrQ salón,

LEOPOLDO LuGONEs.

�Domingo 5 de Octubre de 1902.

-

EL MUNDO IT.JUSTRADO

LA LEGACION DE MEXICO EN CUBA.
blos; uno es el idioma; las costumbres son
idénticas, las aspiraciones iguales. Por eso se
muestra regocijada Cuba en el acontecimiento
que, en acto íntimo, pero que reviste carácter
especial, celebra el
primer :Ministro de
México en Cuba,
Sr. Gilherto Crespo
y l\fartínez: el aniYersario de la independencia de laRepública Mexicana.»
Con acopio de
datos que revelan
la información más
vasta con referencia á nueetro actual orden de cosas,
"El Hogar" traza en
seguida la enorme
curva que México
ha recorrido para
cimentar su crédito, para crearse una
situación extrafia á
todas las turbulencias, y, en una palabra, para entrar
de lleno en el carril
de la civilizaci6n y
el adelanto.
El establecimiehto de la Legación
de México en la Isla, dados los conceptos que antes
transcribimos, es,
pueR, un augurio
de que nuestras relaciones con la joEl frente de la Legación.
ven República llegarán á !Ser tan estrechas como las que felizmente nos ligan {1
una breve resefü1. de la solemne recepción del
los demús pueblos del Continente.
representante de nuestro país por el Gobierno
del Sr. Estrada Palma.
ERte acto dió margen, como se recürdará,
á que la prensa ile 1n lRla elogiara calmosamente á México y al nuevo 11finh,tro, poniendo de relieve nueRtros progresos y Pl tino desplegado por el Sr. Crespo y Maníne1. en suR
funcione,:, elurante todo el tiempo que fungiú
como Cónsul General ele la República en la
Habana.

¡, 6 p
-&lt;

***
Con ocasión ele! aniv1m:ario ch• nuei;tra InilPpench·ncia, los periódicos más caracteriz:1 dos de Cuha han vuelto á ocup:u-He de México, en términos por &lt;lemií:;; honrosos y halagadores.
Por primera Ye7--clice «El llogar"- la ·joven Tiepúhlica tle Cuba nuPile tender carilinsarncnte los hrazoi- ú la fü•púhlica ele :i\féxi(', ,.
y asociarRe á su regocijo rn el memora!,](, l (¡
&lt;le Septiernhre, c¡ue recnercln la fecha ck sH
independencin. Cnl&gt;a y México son dos ]¡,., _
manas del alma, li¡!;:«las C'n sn suerte por111•1cho:-; lazos. Ar¡uí se halla la lla\'e del Golr,,
Mrxicnno. El día infamto.que peligrase nu"s
tra indepenclencia-&lt;lía c¡ne no esperamos p.,_
gue en la ,;uceRiún de los tiempos,-oiría J[(·xico el primer toque de aviso que amenazase
la suya. Un mismo origen tienen estos p1.1e.

&lt;

;j

.

lfi

EN CAMINO.
La vereda es abrupta y en la cuesta
culminan los cantiles como dientes;
no hay aves, ni verdores ni floresta,
sófo eriazas colinas y vertientes.
La cima encaja su orgullosa testa
en el quieto sopor de las silentes
nubes, y los vapores de la siesta
emperlan de sudor las secas frentes.
Sin un miraje alegre la mirada,
la sed sin un oai;;is, los ribazos
sin una gota, y para el hambre nada!
Pero ofrece la dicha en sus ahrazos,
del i:,endero en la cúspide elevada,
el Cristo abriendo sus orantes brazos.

J. 11.

***

:

...

FACHA.

:Nada es tan difícil como pagar las deudas
de gratitud.

~
. '

Domingo 5 de Octubre de l 902.

SOBRE EL AMOR.

En cuanto al local en que se encuentran
instaladas las oficinas ele la Legación, diremos,
ya que no es pnsible hacer ele él una dcscripci6n detallada, que llena, con mucho, el objeto á que se le destina.
El edificio, de un solo piso, se levanta en
medio de un bonito jardín, limitado por una
verja. En primer término se ve una escalinata que da acceso al pórtico, y, en el frontis,
un escudo ele las armas nacionales.
Los departamentos interiores, tales como el
desptt&lt;'ho del Sr. l\Iiriü,tro, el comedor, etc.,
etc., están decorados con sencillez y elegancia.
Seguros de que nuestros leclores verán con
gusto su publicitciún, ilustramos estas páginas con algunas fotografías uel hermoso edificio.

«El Mundo Ilustrado)) publicó, en su oportunidad, el retrato del distinguido caballero
D. Gilberto Crespo y l\fortínez, primer :Ministro ele México en Cuba, 'lcompañúnclolo de

EL MUNDO ILUS'l'RADO

La significaci6n clara y exacta de los conceptos no hace apreciar á veces mejor el carácter de las cosas. En el lenguaje usual se
confunden muchas veces esas tres cualidades
6 defectos, según algunos, del carácter amoroso de un individuo: el eRcepticismo, el desencanto amatorio y la indiferencia, ó quietismo elel alma.
Estos tres estados del ánimo representan
siempre &lt;cmínimum,» un decrecimiento 6 una
profunda perturbaci6n en el ser sensible; son
graduaciones diversas de una menor intensidad en la vibraci6n de los afectos hacia el otro
sexo.
El escepticismo en el amor es un criterio
puramente mental de concebir sin certeza ni
trascendencia las relaciones amatorias.
El desencanto en el amor no es más que el
estado moral de un convaleciente que después de haber Elido víctima de algún fracaso
6 haber gastado exresivamente sus fuerzas en
otras empresas amatorias, evita 6 rehuye nuevos lazos de afecto intenso é impereceelero.
La indiferencia, ó el quietismo del alma, es
el estado más perfecto del ser, según la concepci6n religiosa de los místic&lt; s. Es el vacío
con todas sus frialdades y calmas silenciosas,
es la monótona serenidad de lo paralítico, de
lo inerte. Es una virgen ideal, esplendente ele
luz y belleza, pero muerta.
El escepticismo no es más que una convención sofística de los que dudan y se sonríen
acerca de la eficacia y del bienestar moral del
amor.

Legación de México en Cuba.-EI comedor.

de 1~ vida, deben proseguir viviendo y amando _siempre con la hartura y sed insaciable de
lo mmenso, de lo eterno y de lo invariable.

MEDIA NOCHE.

BENJAMIN DE CÉSPEDES.

***
Con los escépticos de las mujeres ocurre algo parecido á lo de aquel fil6sofo que negaba la cualidad sensible de la carne educada
estoicamente para desafiar todos los dolores
que al fin después de recia paliza tuvo por l¿
menos que reconocer la cualidad contundente
y dolorosa del garrote.
Con los desencantadoe del amor pasa lo
mismo que á esos enfermos doloridos durante
mucho tiempo por una úlcera que les impide
el movimiento, y que cuando se curan luego
no hay quien pueda contenerlos en su darrera.
Y con los indiferentes no hay mejor prueba que la tentación de unos ojos negros una
belleza incitante 6 el trato de una mujer'amable y ele talento.
Yo he visto muchos casos prácticos y he
presenciado tantas abdicaciones de eso que
llaman carácter del individuo, que ya en la
única filosofía que creo en asuntos de amor es
e~ la de pasarae con armas y bagajes al enemigo, y salga el sol, 6 la luna de miel, por
Antequera.
Y es que hay que obedecer ciegamente al
instinto del apego carifioso, que es la f6rmula
mús elevada de la moral de la especie. Pero
este instinto puede modificarse por la educaci6n·, por la conveniencia, por el hábito, y
llegar en su refinamiento y depuración á ser
electivo para el bien del individuo y de la eRei;;pecie.
Elegir el Rer am:ido; he aquí la fórmul~ expref'a de; la Yohmt:id afectiva; y en esa crítica
y deriRiva. hora ele la. dPterrninaci6n que habrit de lrncernoR frlices ó deRwaciadoR, ¿qui~n
tiene ha~tante presenc-ia de ánimo e,:céptit&lt;\
&lt;leRencantado {¡ indiferente para voh·er lai&lt; &lt;'Kpaldas (1, la aurora que asoma, y luego Íl laespléndicla ilurninaci6n tle Jo,i nntes obFcuros
nimhm; el(,] ser'?
H6lo d rgoí~ta utilitario que ama. la \"ida
por las 1--olicitarioneR eternas, por el propio
cuidaclo, y tan s6lo buRca. en la compañera la
~ierva sumisa 6 el eRcahel para encumbrarst•.

La noche, con sus fúnebres crespones
Cubre la inmensa b6veda del cielo,
Y sólo yo con mis tristezas, velo
Sumergido en profundas abstracciones.

RONDEL.
Locuaz y tentadora y elegante
cruzaste por mis sueños de poeta,
y en vano pedí luz á mi paleta
para copiar la luz de tu semblante.
Fuiste la diosa de mi pecho amante
y en mi delirio de pasi6n secreta
en vano pedí luz á mi paleta
para copiar la luz de tu semblante.
Y h?Y al cruzar, radiosa y elegante,
por mis vagos ensueños de poeta,
Oh blanca virgen de mi pecho amante!
¡En vano pido luz á mi paleta
Para copiar la luz de tu semblante...... l

R.M.

Qué amargas son ¡oh Dios! mis decepciones
Cuánto aspiro alcanzar y cuánto anhelo! '
Qué acongojada el alma, emprende el vuelo
De lo desconocido á las regiones.
La ausencia lo imposible, la quimera
El adiós, y la muerte y el olvido,
'
Todo me hace sufrir, me desespera
Y me obliga á exclamar enternecido:
¡Oh madre, buena madre, quién pP 1 iera
Dentro de tu sepulcro hallar su ni• J!

RUBIO.

***

..
•
Despacho del señor Ministro.

Los que se han hecho alguna vez amar por
la mujer presentida en los rosados ensueños
del ideal dichoso; los que Re han confortado
al calor de ese rayito de sol que cerca como
un nimbo de santidad las almas enamoradas
sos deben sentir todo el poder y el alient~

U no de loi; ea Iones de la Legación.

E:\'RIQ,UE TORRES ToRIJA.

�Domingo 5 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

OBISPO DE SONORA.

ONOCIERONSE aquí 6 a1lá, en cualer parte; ambos eran albañiles, otiles ambos, y un incidente cualquiera les había acercado, engendrando á poco la amistad que más tarde les ligara.
Juan era superficial de suyo, jactancioso, 6
«echador,,, para decirlo en términos vulgares;
amigo de aventuras, hablaba mal de los hom •
bres y peor aún de las mujeres; bebedor insaciable, rohaba al trabajo las horas para consagrarlas á la taberna, y casi se podría asegurar
que no conocía más sitios, después del andamio, que la pulquería, y, un poco menos, la
cárcel.
Sin embargo, raras veces demandaba trabajo en vano, pues nadie de los que le conocían
ignoraba que, ,,pegándose" al quehacer, era un
oficial que desquitaba como pocos el jornal
que recihía, sin necesitar nunca demasiadas
explicaciones para hacer bien una cosa.
Antonio era, por el contrario, poco comunicativo; de menos alcances que Juan, compensaba esta falta con su mayor apego al trabajo; raras veces celebraba el «San Lunesn y
gustaba poco de frecuentar la compañía de las
mujerzuelas con quienes su amigo perdía á
menudo el tiempo, y en no pocas ocasiones la.

libertad, y á las cuales calificaba Antonio de
comprometedoras y ocasionadas. La bebida,
que en otros engendra la jovialidad, siquier
sea pasajera, aumentaba su reconcentración,
envolviéndole en cierto velo de melancolía;
pero, aunque no era un vicio arraigado en él,
bebía también y casi á diario, ya por no «hacer menos» á algún conocido que se empeñaba
en dividir con él el contenido de una «tina»;
ya para refrescar las largas y pesadas horas de
sol; ya, en fin, por n() «echar campaña» con
Juan, que en este punto era á veces muy «cargado.,&gt; Inclinado más bien á la paRividad, tal
vez esto había sido la causa de amistad entre ambos; su serena actitud entibiaba en ocai-iones los vivacesimpuli;os de Juan; en muchos casos, la intervención de Antonio había
salvado á aquél de nuevas cuentas con la policía, y, observados atentamente, fácil era advertir que á los dos les ligaba, más que otra
cosa, el cariño que él abrigaba para su amigo.

***
Trnbajaban los dos en una obra grande,
hacía algunos meses; el enorme edificio comercial elevábase rápidamente sobre todos los de
las cercanías, destacando su gruesa mole de
hierro y mampostería; centenares de obreros
pululaban, trepando y descendiendo{por los

andamios; escuchábase el chirriar de las garruchas que balanceaban en la altura los grandes bloques de piedra tallada 6 las pesadas viguetas ,le acero; el cincel y el martillo cantaban á dúo y por doquiera el himno del trabajo; la voz del sobrestante ahogábase en el silbar
de las garlopas 6 en el ruido de las láminas
arrastradas aquí y allá, sobre los techos, y
desde el fondo, la cal, removida en el agua de
la presa, dejaba escapar gruesas nubes de blancura deslumbradora, que, al elevarse, desvanecíanse rápidamente en el azul del horizonte.
Por primera vez acaso, Anto¡¡io mirabn. con
cierta desconfianza el rápido avancP. de la construcción; no había pensado hasta entonces,
como la mayoría de sus compañeros, en que
la lentitud de su trabajo podría traer consigo
la prolongación de los días de jornal, y, siu
embargo, ahora experimentaba cierta vaga
tristeza al pensar que muy pronto tendría que
ser despedido, por no ser ya necesarios sus servicios, y se vería obligado á errar, quién sabe
hasta d6nde, en busca de nuevo acomodo.
En ninguua parte había trabajado tan á gusto como allí, durante los últimos meses; trepado sobre el tendido, teniendo á un lado el
«apilo" de tabiques que el peón se encargaba
de renovar constantemente, y por el otro el
cubo de mezcla, el plomo y la regla, pasaba
los días, de sol á sol, lanzando á todos los
vientos la nota ale¡ue y vibrante de la cucha.ra al golpear en el ladrillo previamente apoyado sobre el muslo, y mirando con mirada
furtiva los balcones de la casa de enfrente.
Desde que entr6 al destino, l:l. muchacha
había llamado la atención de Antonio, y pocos días después, todos en la obra la conocían
ya y saludaban su aparición tosiendo con insistencia 6 silbando ,,tonadas,&gt; más 6 menos
significativas. Y la recamarera, que parecía
acostumbrada ya á tales manifestaciones, fingía no advertirlas, consagrada á su labor, extendiendo sobre los hierros de los balcones las
tapicerías de la sala, 6 subiendo á. las azoteas
para alinear en el teJ\dedero las piezas de ropa
recién lavarlas.
Antonio la contemplaba en silencio, desde
la altura en que se hallaba, embebecido ante
la morbidez de sus brazos desnudos, ante el
erguido seno oculto bajo la tela del «caracol;" y
el acompasado movimiento de sus caderas; y
cuando ella le miraba con todo el fulgor de
sus ojos negros, el pobre volvía sus miradas á
otro sitio, echábase sobre la frente el «chilapeño," y empuñando fuertemente la cuchara,
golpeaba, golpeaba sin cesar sobre el larlrillo,
tal vez creyendo alejar de esta manera los pensamientos que le embargaban.
Dos noches sel!'.uidas, animado por una sonrisa de ella, la había detenido en la banqueta,
pintándola en torpes rasgos el cariño que por
ella sentía, capaz de todos los sacrificios y superior á todas las pruebas; pero la coquetuela
había escapado de entre sus manos, riendo
alegremente sin dar oído á sus querellas.
-Nadier. ha de quererte á la buena-le.había dicho Juan;- si no la tratas á golpes, que
es como les cuadra, más mejor es que la dejes
de ese tamaño ........ .
Capaz de trastornar el juicio á cualquiera,
la muchacha veíase asediada de continuo,
más sin lograr nadie conmover su corazón indiferente.

***
Una mañana en que el sol brillaba en todo
su esplendor, una calurosa mafiana de estío,
de cielo transparente, sin una sola nube en el
horizo!!te, Antonio, en lo más alto del andamiaje, después de consumido el frugal almuerzo, trabajaba más animosamente que de ordinario. Sentíase feliz al recordar las palabras
de ella, que le había hecho entrever en su
«contesta,&gt; la posibilidad de una futura correspondencia de ~fecto13, Llegaban aún, corrien-

Domingo 5 de Octubre de 1902.

ElL MUNDO ILUSTRADO

do por el -medio de- la calle, algunos compañeros que no habían logrado presentarse en el
momento de la lista; de pronto, Antonio, que
miraba distraídamente á lo lejos, la vi6 dar
vuelta á la esquina, echado el rebozo sobre la
frente y acompañada de un hombre á quien
tendía la mano en i-efial de despedida. Aquel
hombre era Juan, el mejor amigo de Antonio.
Permaneci6 inm6vil , viéndola acercarse
apresuradamente hasta desaparecer detrás del
port6n; vió á Juan que penetraba á la obra;
sintió que algo muy grande escapaba del fondo de su pecho, dejan1)
do P,n él un vacío des~
consolador; not6 que
un desengaño imposible de expresar, caía
como una lápida sobre su corazón; vi6se
solo en lo más alto de
aquel andamio; con
templ6 aquel día inspirador de una mentida felicidad; bajo sus
miradas extendíase la
ciudad erizada de campanarios; más allá las
llanuras teñidas de
verde esmeralda; m_ás
lejos aún,las arbole&lt;las
del panteón, irguiéndose sobre la desnuda
colina y destacándose
sobre el obscuro azul
de las apartadas mon •
tañas ........ .

***

-Fuera abajo!-:--se
oy6 gritar desde lo alto de la obra, y el cuerpo de Antonio, después de rebotar sobre los tendidos, estrell6se
en las baldosas de la acera.
La gente agrup6se al momento en torno del
cadáver; la policía acudi6 á dar fe del accidente, y un periodista que pasaba por la acera
opuesta, acercóse al grupo, y, después de informarse acerca del suceso, fuése acariciando
con cierta fruici6n el tema de un futuro editorial.

fi. (;or¡zalez Carrasco.

Se ha confirmado la noticia de haber sido
electo obispo de Sonora, para cubrir la vacante que dejó á su muerte el Ilustrísimo Sr. D.
Herculano L6pez, el actual chantre do la catedral de Durango&gt; Presbítero D. Ignacio Valclcspino.

es un pueblo el autor y otro el que sufre?
El genio de la Historia que reprueba
el torpe abuso de la fuerza innoble,
se yergue al fin, y con su voz de kueno
increpa á las naciones invasoras,
v sus deberes· dicta al Continente.
Pronto ha de ser la voluntad y sólo
la libre voluntad, único origen
de íntima unión y perdurable alianza
entt-e los pueblos que adunarse logren.
Y entonces ..... ¡Ah! el atentado injusto,
la tendencia vandálica, agresiva,
en cada continente bailará un dique,
y en la Ley de los pueblos tendrá un nombre
que llene de rubor su altivo rostro!

EN BUAJOAPAM DE LEOll
El 15 del pasado se verificó en Huajuápam
importante población del Estado de Oaxaca'.
la. inauguraei6n del hermoso Kiosco de hierro
y mampostería construído últimamente en la
Plaza Principal.
Con este motivo se organiz6 una animada
fiesta que se vi6 concurrida por numerosas familias de la localidad y de otros puntos del Estado. El kiosco lleva el nombre de «Carmen
Romero Rubío de Díaz.,&gt;

IV

El nuevo Obispo, cuya consagración se efectuará el presente mes en Durango, es uno de
los miembros más ilustrados del clero de
aquella di6cesis, y su carrera eclesiástica lo
acredita como sacerdote de energías poco comunes.
Su exaltaci6u ha sido recibida con beneplácito, tanto por la sociedad durangueña,
como p~r sus nuevos diocesanos.

Unión de los pueblos.(*)
Dos clases de lasos unen las
ooloniAs á la .Metrópoli: los
uaos, de h !erro; los otros, de
oro.
GLADSTONE.

¿Que la lucha es la ley de la exister.cia?
¿_que el repose los músculos relaja?
,:.que estancados los gérmenes, sucumben,
porque es la tempestad renovadora,
y no se avanza sin ~ontinuo cambio,
v la vida se alienta con la vida?
Mas, si todo progresa, ¿por ventura,
puede quedar la lucha estacionaria:&gt;
¿.No hay una forma de combate incruento?
,:.siempre ha de ser la forma primitiva:&gt;
Lucha el que emprende disputar el suelo
á las plantas nocivas y á las fieras;
el que obtener de la Natura alcanza
un nuevo agente, en el servicio dócil;
quien el provecho acrecentar consigue,
su propio brazo al aplicar con modo;
el pueblo que más pt·óspera existencia
ofrece al emigrante de otros pueblos;
la raza que engrandece su hermosura
con adecuado régimen de vida;
la misma virgen que insidiosa gracia
derrocha en sus modales y atavíos ..... .
Sí, todos luchan, pero en blanca lucha,
no en la airada y sangrienta de las fieras,
que sombríos espíritus proclaman
cual salvadora válvula de escape
ó convergencia del vigor que sobra ..... .
Es, pues, la guerra imperfección y atraso,
po1·que lo es siempre el que la fuerza huelgue;
que sólo la ignora.neta ó la desidia
no log1·a dada bienhechor empleo,
ni regular su escape ó condensarla
como ahorro que forma capitales.
V

La unión de pueblos que á la vida vienen
como hermanos gemelos, y se buscan
porque unidos son fuertes y felices,
toca el grado .más alto del pt•ogreso,
la forma contractual de las naciones
con que ha dos siglos que la Historia sueña;
es hecho que ennoblece y que sublima
la dignidad del hombre en nuestras almas,
y es- sagrada la patria en que acontece,
como el día inmortal que lo recuerda,
¡para ejemplo del mundo y alta gloria
de nuestra raza generosa y noble!
ERNESTO SoLfs.

México, 12 de Septiembre de 1902.

I
Con ruda mano logrará el coloso
al fin dejar inermes nuestros brazos,
á su carro triunfal uncirnos Juego,
y aun matar la protesta en la garganta;
pero en la entraña noble, la conciencia
eternamente escuchará con ira
la voz de la. razón, que nunca enciende
divino incienso ante opresor tirano.
El hierro cruel, el oro que soborna,
no son lazos de amor, dignos y eternos,
que hagan soñar á_ n? bles_ corazones
con esa. dicha de v1v1r umdos,
ó así morir en la contraria suerte.
El oro, el hierro .... . . formarán cadenas
que siempre nos degradan y mancillan,
que el tiempo las corroe y las destruye,
ó nuestra propia dignidad las rompe.

SAUDADES.
[A la manera de Lope.J

¿D6 estays, fieles amigos, novia pura,
Que no habeys contestado á mis clamores
Vosotros que sabedes mis dolores,
'
Ella que me premi6 con su ternura?
Cielo azul de la Patria, la ventura
Perdí de contemplar tus esplendores
Y sin verte son fúnebres las flores, '
::i:l e,ampo triste, la mañana escura.
Vbnid con vuestra voz arrulladora
Membra.nzas de mi cuita compafiera~,
A recordarme el bien que me enamora.
Volved, Yolved, memorias lisonjeras
Con tan rápido vuelo como agora
'
O si quereys, con alas más ligera~.

LA MIRADA DR TUS DULCES OJOS.
En el santo templo de cirios cuajado
Donde vas á misa, yo jamáH imploro
Ni murmuro rezos, pero arrodillado,
El perfil celeste de tu faz adoro.
En la calle miro tu ceñida eHpalda,
Tu sombrilla abierta bajo el sol radiante
Y tu mano breve que pliega tu falda
'
~l ta16n mostrando de tu pie elegante.
En tu palco busco tus tiernas miradas
Aunque tú escondiendo su lumbre tranquil~
Abres tu abanico de plumas nevadas,
'
Que como una nube vela tu pupila.
Súplica ferviente, rec6ndito ruego,
Te sigue la llama de mi vista ansiosa,
Te ronda y te cerca,. como cerca el fuego
El ala vibrante de la mariposa.
Hasta que movida por lo que te quiero
Sabiend_o m_i pena_, me ves sin enojos,
'
Y en m1 ámf!la triste, como en un joyero,
Guardo la mirada.de tus dulces ojos.

• Le!d~ en la Velada con que 1e celebró el 78 aniversario

de la ane1:ión de Chiapas A lll,xico.

II

LA VENDEJERA.
Sintiendo la nostalgia de su reja,
en el amplio almacén, de frutos lleno,
se ensancha de la moza el alto seno
al rudo laborar de la vendeja.
Rastro de gracia y de perfumes deja
si ensaya el garbo de su andar sereno;
y aumenta el brillo dbl tesoro ajeno,
trabajando en prisi6n, como la abeja.
Ya envasa el fruto del naranjo opimo,
ya envuelve el odorífero racimo
en níveo lecho de doradas franjas.
Mas no se escapa á su mirada astuta,
que ella es la sola codiciada fruta
entre almendras, racimos y naranjas..
RAMÓN

A.

URBANO.

La libre unión no pudo en el pasado
la norma ser de las incultas gentes,
y la fuerza brutal formó los pueblos
salvando las fronteras natu1 ales
sin 1·espetar las razas ni la Historia,
alzando el pedestal de las naciones
en odios é infideccias que desunen,
no e n la unidad del alma colectiva.
1Cuán efímera unión! Eternamente
d fiero Marte, en su hálito de fuego,
envenena la atmósfera del mundo!
Sobre el hierro y el oro están los lazos
que son la urdimbre de la propia vida:
nuestra ín&lt;' ole moral, nuestros instintos,·
atavismos y herencias, cuanto forma
el eco inmenso de la edad pasada,
ola que impulsa nuestra edad ¡.,resente
á la ignota. l'ibera del futuro!

III
La ley de las naciones ha borrado
el antiguo r encor al extranjero,
y se persigue al atentado injusto
contra la vida y libertad del hombre.
¿Cómo aceptar el crimen porque sólo

E::1 kiosco de Huajuápam.

efrér¡ l(ebo//edo.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 5 de Octubre de 1902.

LA ADUANA DE TAMPICO
La importancia del puerto ele Tampico, cáda día mayor, hizo que el gobierno se decidiera á contratar,ha pocos años, la construcción
de un local destinado á las oficinas y almacenes de la aduana marítima allí establecida.
La empresa del Central Mexicano se encargó de la obra, llevándola á cabo tan pronto
como fué posible. El edificio es de bonito aspecto y se adapta perfectamente al objeto á que
se le dedica. Además de las dependencias necesarias para las oficinas, tiene cuatro almacenes de hierro y cristales, muy amplios y
bien ve.itilados.
Contiguo á la aduana está el edificio especial donde se encuentran la planta eléctrica
que abastece de luz las oficinas, y las bombas
para los casos ele incendio.
La nueva construcción ha sido ya puesta
totalmente al servicio.
Nuestros grabados representan la casa que
ocupó la antigua aduana y que fué cedida al
ramo de correos y telégrafos, una de las fachadas principales, y el interior de uno de los
almacenes.
El costo de la construcción fué de cerca de
dos millones de pesos.

~a flor de la salud.
-No lo dude usted, declaró el médico, afirmándose las gafas con el pulgar y el anular
de la abierta mano izquierda. He realizado una
curación sobrenatural, milagrosa, digna de la
piscina de Lourdes. He salvado á un hombre
que se moría por instantes, sin recetas, ni píldoras, ni directorio, ni método ... sin más que
ofrecerle una dosis del licor verde que llaman esperanza ..... y proponerle un acertijo ...
-¿Higiénico?
- ¡Botánico!
-¿Y quién era el enfermo?
-El desahuciado, dirá usted; Norberto Quiñones.
-Norberto Quiñones! Ahora sí que admiro su habilidad, doctor, y le tengo más que
por médicc, por taumaturgo. Ese muchacho,
que había nacido robusto y fuerte, al llegar á
la juventud se encenagó en vicios y se precipitó á mil enormes disparates, apuestas locas
y brutales regodeos: tal se puso, que la última
vez que le vi en sociedad no Je conocía: creí
que me hablaba un espectro, un alma del otro
mundo.
-El mismo efecto me produjo á mí, repuso el doctor. Difícilmente se hallará demacración semejante ni ruina fisiológica más total.
Ya sabe usted que Norberto, rico y refinado,
vivía en un piso coquetón, muy acolchadito
y lleno de baratijmi; su cama, &lt;JUe era de e~as

antiguas, salomónicas
y con bronces, la revestían paños bordados del Renacimiento,
plata y raso carmesí.
Pues le juro á usted
que en la tal cama, sobre el fondo rojo del
brocado, Norberto era
la propia imagen de
la muerte: un difunto
amarillo, con tez de cera y ojos de cristal.
Pam contraste, á su
cabecera estaba la vida, representada por
una mujer mórbida,
ojinegra, de cutis de
raso moreno, de boca
de granada partida, de
lozanísima frescura y
alarmante languidez
mimosa-la enfermera que manda el diablo á sus favoritos, para que les disponga según conviene el cuerpo y el alma.

***me alargó
Norberto

EL ~1UYDO !LtJSTRAbO

·-:x

.·.

o de

Octubre

de 1902.

\

-

ca'ü.:

'

r-.,---i')

. - ~--,.::1

La antigua casa de la Aduana en Tampico.

la mano, un manojo de
huesos cubiertos por una piel pegajosa que ardía y trasudaba, y mirándome coh a11sia infinita, me dijo cavernosamente:
-No me deje usted morir así, doctor. Tengo veintiséis afioR y me &lt;la frío la idea de invernar en el cementerio. Es imposible que
haya usted agotado todos los recursos de la
ciencia.
El ruego me conmovió, y eso que la práctica nos endurece tanto! Tuve una inFpiración;
sentí un chispazo parecido al que debe de percibir el creador, el artista...... y con los ojos
hice seña de que la individua estorbaba.
-Vete, niña, ordenó sin más explicaciones
Norberto; y nos quedamos solos.
Le apreté la mano con energía, y sacando
el pomo del consabido licor verde, lo derramé
en sus labios á oleadas.
-Animo, le dije. Usted va á sanar pronto.
Vol verá usted á tener vigor en los 111úsculos,
hierro en la sangre, oxígeno en el pulmón;
las funciones de su organismo serán otra vez
normales, plácidas y oportunas; el ritmo de
la salud hará precipitarse el torrente vital, rápido y gozoso, de las arterias al corazón, y subiéndolo luego al cerebro despejado, engendrará en él las claras ideas del presente y los
dorados sueños del porvenir ...... Estoy seguro
de lo que prometo, seguro, ¿lo oye·?, usted sanará. No debo ocultarle á ui:ted que la ciencia,
lo que se dice la ciencia, ya no me ofrece recurf'o alguno nuern, ni útil. Humanamente
hablando, no tiene usted cura; pero donde
acaba la naturaleza principia Jo sobrenatural
y portentorn, &lt;)lle no es sino lo «desconociclo,J ú

Fachada Norte del nu~vo edificio.

bomingo

«inclasificadoJ&gt; ....... La casualidad me permite
ofrecer á usted el misterioso remedio que le
devoh·erá instantáneamente todo cuanto
perdió.
Cualquiera pensaría que al hablarle así á
Norberto, iba á mirarme con honda desconfianza, sospechando una piadosa engañifa.
¡Ah, y qué poco conocería el que tal imaginase la condición de nuestro espíritu, en cuyos
ocultos repliegues late permanentemente la
credulidad, dispuesta á aci.optar forma superior y llamarse ,efe!"
Los ojos de Norberto se animaban; un tinte
rosado se düundía por sus pómulos. Ansioso,
incorporado casi, se cogía á mi levita, interro·
gándome con su actitud.
-Hay, le dije, una flor que devuelveinstantáneamente la salud al que tiene la dicha de descubrirla y cortarla por su propia mano. Esta
condición ineludible y el no saberRe dónde ni
cuándo se produce la tal flor, son causa de
que por ahora se hayan aprovechado de ella
poquísimos enfermos. Digo que no se sabe
dónde ni cuándo se produce, porque si bien
suele encontrarse en las más altas montañas,
también afirman que brota en la orilla del mar,
á poca profundidad, entre las peñas; pero á
veces, en leguas y leguas de costa ó de monte,
no aparece ni rastro de la flor. En cambio tiene !et ventaja de que no puede confundin,e con
ninguna otra: ¡imagínese usted la alegría del
que la ve! Es del tamaño de una avellana; su
forma imita bastante bien la de un corazón;
el color, encarnado vivísimo; el olor, á ah,iendra. No la equivoca usted, no. Pero si va usted acompañado, si es.otro el que la coge ...... .

Uno do los almac:enei¡,

SR ITAS. CONSTANZA, ANA Y EM ILIA THOMPSON.

entonces, amiguito, haga usted cuenta que
perdió malamente el tiempo.
No afirmo que Korherto creyese á pies juntil las lo que yo iba diciéndole con imperturbable seriedad y calor persuasivo. Si he de ser
franco, supongo q~e dudó, Y. !~asta .m~ tuvo á
ratoR por un patranero, un v1s10nar10 o 11n socarrón importuno. Sin embargo, yo sabía que
mis palabras no habían ele caer en un saco roto porque á la larga siempre admitimos lo que
n~s consuela, y mús en la suprema hora en
que nos invade la desesperaci6n y quisiéramos agarrarnos aunque fuese á un hilito dP.
araña. La expresi6n del rostro de Norberto
cambió dos ó tres veces; le vi pasar del escepticismo á la confianza loca, y por último, tomándome la mano entre las suyas febriles, exclamó trémulo de afán:
-¿Puede usted jurarme que no se está burlando de un moribundo?
Ko sé si usted conoce mi modo de pensar
en esto del juramento. Le atribuyo ei;casíf'imo valor; es una fórmula caballeresca, romántica f idealista, que entraña la afirmación de
la inmutabilidad de nuestr0s sentimientos y
convicciones-de que se derivan nuestros actos,-siendo así que la idea y la acción nacen
de circunstancias actuales, vivas y urgentes.
No dando valor al juramento, mi moral tampoco se lo da. al perjurio. Juré en falso, pues,
con absoluta frescura, calma y convencimiento de hacer bien; y jnré en falso invocando el
nombre de Dios, en la seguridad de que Dios,
que es benigno, también quería que el milagro se hiciese..... .

Y empezó á hacerse desde aquel mismo
punto. Norberto, electrizado con la certeza de
poder vivir, se irguió, se echó de la cama, sin
ayuda de nadie fué hasta la puerta, llamó á
su ayuda de cámara, y le ordenó preparar,inmediatamente, maletas y mantas de camino...
-¡Solito, eh?-le repetí.-¡No olvidarse!
-¡Solito! Ya Jo creo que se fué solito Norberto. Desde su partida, todas las mañanas
me desperté con miedo de recibir la esquela
orlada de luto. Pasó, sin embargo, año y medio; encontré á los amigos del enfermo; averigüé que nada se sabía de su paradero, pero
que vivía. Y al cabo de dieciocho meses, una
tarde que me disponía á salir y ya tenía el
coche enganchado para la visita diaria, entró
como un huracán un fornido mozo, de traje
gris, de hongo avellana, de obscura barba, de
rostro atezado, que me estrujó con ímpetu
entre los brazos musculosos y recios.
-¡Soy yo! repetía en voz sonora y alegre. ¡Norberto! ¿No me conoce usted·? No
me extraña; debo ele estar algo variado..... .
¿Qué le parezco? ¡Cuánto se ha reído usted de
mí! Y lo peor es que ha hecho muy bien, muy
bien. Si no es por usted, no encuentro la flor
de la salud. ¿La ve usted? Aquí la traigo.
Abrio un estuche de cuero de Rusia y vi
brillar sobre raso blanco un alfiler de corbata
de un solo rubí, cercado de brillantes, en forma de corazón, que me entregó entre empujones amistosos y carcajadas.
·-La he buscado primero á orillas del mar.
1:o~os los días registraba las peñas. Al princ1p10 me cansaba tanto, que me daban sínco-

Fot. de Chavez.

pes largos en que pensé quedarme. Pero me
sostenía la ilusión de descubrir la flor. El aire del mar y el perseverante ejercicio me prestaron alguna fuerza. Ya no me arrastraba· andaba despacio. Registré bien la costa, p~ñón
por peñón: la flor no la vi. Entonces me interné en un valle muy rústico y retirado. Me
pasaba todo el día agachadito, busca que te
buscarás. Vivía entre aldeanos. Comía pan
moreno, bebía leche. A cada paso me encontraba mejor ...... ¡Usted adivina lo demás! De
allí subí á la~ montañas, nevadas y fieras,
que en otro tiempo me parecían horribles....
Trepé á los picachos, recorrí los desfiladeros
evité los aludes, cacé, tuve frío, dormí á do;
mil metros sobre el nivel del mar...... Y un
día, embriagado por el ambiente purísimo
sintiendo carnes de acero bajo mi piel de bron~
ce, recuerdo que caí de rodillas en una mei,eta, y creí ver entre el musgo nuevo, húmedo
y escarchado por el deshielo, la roja flor!
-¡ Pues ahora-ad vertí al mozo-que se ha
cogido la flor, á cuidarla! ¡Que no ~e seque!
Norberto volvió la cara......... Al anochecer
del día siguiente le vi por casualidad de le. acompañaba á una mujer, y me ' pareció
Jos;
que se escurría entre callejuelas, para no tropezarme. Entonces ( me había dejado sus señas) le escribí este la~ónico billetito:
,,El santo Doctor*** no repite los milagros.»

émilia })ardo .Bazáq.

�EL

MUNDO ILUSTRADO

AÑO IX.--TOMO ll.--NÚM. 15.

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Gerente: LUt~ Rtlt&amp; &amp;PINDOLA

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Para sazonar

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SOPA, CALDO Y SALSA
EN FRASCOS.

Sangre Española.
(Cuadro de José Masriera)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EL

MUNDO ILUSTRADO

AÑO IX.--TOMO ll.--NÚM. 15.

Subscripción mensual foránea, $1.50
ldom ldem. en la.capital, ,._l.~
Gerente: LUt~ Rtlt&amp; &amp;PINDOLA

elrccton LIC. RArAtL Rtlt&amp; &amp;PINDOLA.

delDr.AY[R
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MÉXICO, OCTUBRE 12 DE 1902.

Curan la Dispepsia,
E:streñimiento,
Jaqueca y Desarreglos
del Estómago,
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muy fáciles de tomar y no ca.usan
dolores ni repugnancia."
A. MABTINJ:Z VARGAS,

Catedrático de Medicina,
Orna.da., Esparta.
Preparadas por el Dr. J. C. Ayer y CaLow1II, Ma11., E. U. A,

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para llevar á cabo, como hasta aquí se ha. hecho, operaciones de
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Precia.do en sus operaciones, es de gran fama y bien sentada reputación.
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Litotricia: operación en que no se necesita. herir la vejiga con instrumento cortante.
Son trata.das las enfermedades de los rii!ones, haciendo el diagnóstico, en ca.sos difíciles, por 1a aplicación de Hayos X y la Ra.diogra.fía.
En las enfermedades de la vejiga empleamos la iluminación de
este órgano por medio de los Siatoscopios más modernos. En las
enfermedades de la Uretra ó cai!o de la orina, practicamos todas las
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Preciado.
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para las enfermedades propias de señoras.
Tratamiento de la Blenorragia y otras enfermedades secretas de
los hombres.

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Para sazonar

M:A:G:G:I 1
-

SOPA, CALDO Y SALSA
EN FRASCOS.

Sangre Española.
(Cuadro de José Masriera)

�Domingo 12 de Octubre de 1902.

LOS CRÍMENES DE AMOR
La tragedia de Tacubaya es un caso típico
de esa aberración del sentimiento, de ese extravío del espíritu que nos empuja á dar muerte á la mujer cuando no nos ama ó ha dejado
de amarnos.
Todo crimen y, por consiguiente, todo sentimiento criminal, mirados desde cierto punto
de vista, no son, en suma, sino apariciones y
manifestaciones de impulsos arcaicos, de hábitos anticuados, de pasiones primitivas que
á duras penas van logrando la civilización y
la cultura reprimir, refrenar y proscribir.
Ese hecho que llamamos crimen, anormal
ya, aunque frecuente todavía, ha sido, si hoy
excepción, antes regla, costumbre y hasta institución. El robo es siatema de vida de las
tribus nómadas; el homicidio, acto natural en
razas y pueblos salvajes; la servidumbre de la
mujer, institución consagrada y sancionada
en viejas civilizaciones; el infanticidio, acto
tolerado y hasta prescrito en afiejas instituciones; el fraude es aún virtud en Oceanía; el
canihalismo, acto ritual en muchas agrupaciones humanas.
La inmensa mayoría de estos delitos se comete aún, pero nadie, en general, los sanciona; se comprenden y se explican, pero nadie
los justifica, en principio, y la conciencia y
el sentido moral los repudian y anatematizan.
El hambriento roba, el crapuloso estafa, el
rencoroso mata, y ellos mismos comprenden
que hacen mal, que proceden delictuosamente y con mayor razón lo comprende la sociedad que los juzga y los condena.
No pasa, por desgracia, lo mismo con los
delitos de amor, en general, y menos aún con
aquellos de que es aún víctima la mujer.
Abunda todavía quien crea que matar á una
mujer infiel es un derecho del marido y que
lo es más aún el subyugarla, el tiranizarla, el
esclavizarla. Por extensión se a'.{)lica también
el principio á la querida que nos abandona y
basta á la novia que se cansa de nosotros y nos
desdeña, y hay salvajes que hieren ó matan,
no sólo á mujeres que han violado los pactos
legales ó meramente morales contraídos con
ellos, sino también á las mujeres que no los
aman y que se permiten el lujo de usar de su
libertad amando á otro.
Cuando es el amor el que arma la mano del
asesino, cuando son los celos los que empujan
al crimen, tenemos una acentuada propensión
á la indulgencia, sentimos compasión más fácilmente, razonamos en :favor del delincuente;
y á poco que la mujer baya dado ocasión ó
suministrado pretexto al atentado, ya nos encontramos dispuestos á. justificarlo hallándolo
fundado en razón y ajustado á derecho, y fácilmente nos constituimos en paladines de
criminales á veces más odiosos y repugnantes
que todos.
Un marido ha majado á palos y matado de
hambre á su mujer, un amante ha tenido eó
la desnudez y hecho trabajar como bestia de
carga á su querida y derrochado en orgías lo
que ella ha ganado, un novio tiene devaneos
y se prostituye; la mujer abandona el domicilio conyugal, la manceba busca un amante
menos oneroso, la novia planta en la calle á
quien es indigno de llegar á ser su esposo.
P_ues bien; si amante, novio 6 marido, .fin~iendo celos que su proceder no justifica 6 sint~endo impulsos que no tienen derecho 6- experimentar, se armau, se lanzan hieren ó matan, todavía abundan quienes ~ncuentran eso
natural, justificado, debido y puesto en razón·
y el jura~o, vacilante,, desorientado, partícip¿
de los mismos extrav10s del sentido común, y
ofuscado por la misma aberración del sentido
moral, se sentirá inclinado á la clemencia absolverá ó atenuará el delito, y á cada pa~o el
criminal saldrá bien librado de un trance en
que pudo y acaso debió dejar la vida, la honra y la libertad.
¿Por qué ese modo de pensar del común de
las gentes? ¿Por qué tanta severidad contra
otros delincuentes y tanta lenidad con los de
este j_aez?_ Porq_ue está arraigado en nuestra
conciencia y vmculado en nuestros hábitos,

en nuestra sangre y en. nuestras costumbres
un gravísimo error. Porque siendo latinos,
tropicales y descendientes de razas que han
practicado secularmente la servidumbre de la
mujer, la creemos cosa y no ser humano, sierva y no libre, propiedad y no compafiera nuestra; porque al unirnos legal ó extralegalmente
con ella, creemos haberla adquirido como se
adquiere una yegua inglesa ó como se compra
un perro galgo; porque para una gran masa
de gentes, la mujer no tiene derechos, sino deberes, y porque la sumisión, la obediencia, el
trabajo, la esclavitud en suma, son su patrimonio en la vida y su lote en la existeucia.
La fidelidad de la mujer es la más preciada
de sus virtudes; son los florones más preciados de su diadema su amor, su docilidad, su
condescendencia, su eonsagración al hombre
que ama y á los frutos de su amor.
Pero fuera del matrimonio,el hombre no tiene más derecho que el de abandonarla, y dentro de él la mujer tiene deberes, pero legales,
que sólo pueden legalmente exigirse y que nadie tiene derecho ni de imponer por la violencia ni, una vez violados, de reclamar pufial
en mano.
Esto es lo que solemos olvidar, así como también el indiscutible derecho de la mujer á la
reciprocidad del afecto, de la consideración y
del sacrificio. De este olvido suele resultar la
monstruosidad de que cuando el hombre se
ha manejado mal y portado peor y con su conducta se ha hecho acreedor al odio de la mujer, todavía tiene él el descaro dt: echarle en
cara ese odio y sus consecuencias, el desplante de vengar en ella sus propios extravíos y la
fortuna de que sóbre quien lo disculpe y no
falte quien lo aplauda.

j)r. )ti. Florts.

EL VIÑEDO,
Cuando oyó que la carreta se alejaba llevando á todos los de la casa al puente de
Y oune, del lado de San J ulián, el padre Florent arrojó violentamente la ropa de cama
que lo cubría y murmuró con voz temblorosa:
-¡Quiero ver mi viñedol. ... ..... ¡quiero ver
mi viñedo antes de morir!. .... .
Y como para darse valor, para impulsarse
con sus propias palabras, repitió:
-¡Quiero ver mi viñedo! ......
Sintió inquietud. Después de quince días
que la edad lo tenía postrado en el lecho con
las piernas flojas y sin fuerzas, ¿podría ~umplir su proyecto acariciado con tanto ahinco?
.... .. No b~bía dicho un3 sola palabra, sabiendo muy bien que se le hubiera tratado de viejo loco al intentar levantarse.
Con ansiedad había previsto y esperado la
ausencia de sus hijos, que iban aquel domingo
víspera de la vendimia, á buscar fruta á Sa¿
Julián. En el momento preciso, tenía ante sí
algunas horas de sóledad y quería intentar un
esfuerzo supremo para ir allá, al ribazo, para
ver una vez más el buen vifiedo, el viñedo
preferido, el que plantaron sus propias manos
que le había hecho vivir y que daba un pre'.
cioso vino claro y alegre como un rayo de sol
...... Se deslizó de la cama.
-No podré!. ..... se dijo con angustia.
Pero el deseo era más fuerte que su debilidad, y pudo arrastrarse, todó engarabitado
hasta una silla donde estaban sus ropas.
'
Lentamente, con mil esfuerzos, se puso el
pantalón y la blusa; creyó desfallecer cuando
buscaba los zuecos y el bastón detrás de la
puerta; pero vacilando y deslumbrado por la
luz que danzaba en la recámara, se mantuvo
á pesar de todo, sobre sus débiles piernas. '
Ya afuera, le fué preciso sentarse en los escalones del patio; el sol, que sonreía le reanimó. Pudo levantarse y caminar, de~lizándose más bien por el patio,lleno de barriles y de
canastos, entre una multitud de gallinas que
cacareaban y suspendían el trabajo de escarbar la basura, como sorprendidas de volver á
mirar al viejo.
Dió la vuelta á la casa; no quería encontrarse con alguien; hacia atrás estaba el lugar

Dominp 12 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO
que buscaba, y no tenía más que seguir un pequeño sendero medio oculto por los se.tm1
frondosos y altos.
A cada paso vacilaba y hubiera caído si la
fiebre del deseo no hubiera comunicado una
energía ficticia á sus músculos impotentes y
usados: ver su viñedo, era el aguijón que le
obligaba á manteners&lt;&gt; de pie -el fuetazo que
endereza á un caballo que va á caer ......
Por último, jadeante, con el rocío del sudor
en la frente, donde se inflaban las venas llegó al extremo del sendero y se encontró'ante
el paisaje.
Los labradores estaban esparcidos en la colina, pero nadie cerca de él; más arriba veía
los dos saúcos que señalaban el centro del viñedo. Volvió á tomar aliento y miró lo que
tenía á sus pies.
El campo estaba tranquilo, silencioso, como dormido; algunos hilillos de humo azul
ascendían por el aire calmado, quieto, donde
el sol de otoño vertía la lluvia de sus rayos·
la atmósfera era tan clara que el huen hombr~
veía por entre los jardincillos que rodeaban
las casas, los brazos de los molinitos de viento; sólo allá, muy abajo, en un extremo lleno
de sombras, por el lado de Joigny y Saint
Aubín, ondulaba una bruma tenue sobre un
riachuelo sembrado de pajitas de luz ...... Todo lo vió rápidamente y luego sus miradas
volvieron á subir hacia el viñedo, allá arriba,
cerca del sol.
Volvió á caminar, entonces con más viveza. Sus piernas pesaban menos á la tierra así
, y su corazon
, d e campesmo,
.
' que
l e parecia,
nada ni nadie había impresionado jamás,
saltábale dentro del pecho con golpes desiguales. Oprimiendo convulsivamente el bastón
con la mano derecha, y agitando la otra, abierta como para apoderarse de algo, se lanzaba
al fin deseado......
A los pocos pasos cayó pesadamente respirando con agitación. No intentó volverse á
poner en pie; abandonó el bastón,y caminando con las rodillas y las manos llegó al linde
del viñedo y penetró.
'
Recostado entre dos hileras de cepas respiró mejor, feliz por haber satisfecho su ~nhelo.
No se recargaba, para descansar, sobre los
troncos, por temor de maltratar el viñedo; pero pasaba las manos trémulas sobre las hojas
y acariciaba los racimos bermejos. Sus labios
machacaban las palabras insaciablemente repetidas: «Mi viñedo!. ..... mi viñedo! ...... es
mi viñedo! ...... »
El sol caía tras la montaña haciendo feerismos: un riachuelo de rubíes bajo las cepas
donde yacía el viejo campesino. Las hojas se
recortaban en seda purpurada donde corría,1
las filigranas de oro de las nervaduras· entre
!os innumerables racimos de granos r~pletos,
JU~aban los reflejos del sol, que decían su
adiós al día, en tonos de ca~mín pálido, en fugas sonrosadas sobre el ribazo, que parecía
temblar por la proximidad de la noche. Del
suelo fecundo, tibio aún por el calor del mediodía, se exhalaba el alma misma del viñedo, su aroma, rico como el perfume del vino
dulce chispeando en las cubas.
El viejo viñador se embriagaba· sonriendo
le vino el deseo de saborear unas ~vas· tentaleando en derredor, atrajo un hermo;o racimo ...... Se creyó en el otoño de otros tiempos
é imaginó oír á su lado el canto de los trabajadores, sus alegres risas y el ruido de los
carros desbordantes de racimos, que van ruwbo al lagar, donde despide fragancia el vino
nuevo, sangre espumosa y fresca de los viñedos saqueados.....
Y de pronto el sol se extinguió· el anciano
se irguió bruscamente tan alto c~mo era· un
~ltimo rayo le pus_o una aureola,y luego c~yó,
sm lanzar un gemido, entre las cepas, que se
doblegaron.
Cuando se le encontró, frío y rígido, apretaba en las manos unos racimos, y el jugo corría por entre los dedos nudo~s· con los labios, sonrientes, oprimía unas ' uvas; y así,
acostado sobre pámpanos, parecía un Sileno
dormido al día siguiente de las bacanales an·
tiguas.
PIERRE VERNOU.

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c!Xupcial
~ lunes último, por la noche

•

se efectuó' en la
·
~ e l enlace .~ivil de la Srita.' María Teresa Li~ªl~:
n M~ur, h1Ja del Sr. Secretario de Hacienda con
e1 S r. ..,,. 1guel !turbe.
.
'
.
La ceremonia revistió un c á te
1
har y se verificó en la residencia del Sr L'
t
ar c r c~mp etamente famitestigos del acto, por parte de la novia ·1os1San o~r, en fªDAvemda_ J uárez. Fueron
Roberto Núñez, D. Eduardo Cañas y' D J rl~s. .,... enL~ra . Porfirio Díai, Lic. D.
. 1 S
L.
. u 10 m. imantour· y por p te d 1
.
vio, os res. ic. D. Ignacio Mariscal D Fél'
. '
_ar
e noFrancisco !turbe. Además de los padrinos asistier~n r, •1
ix Cu~vas, D. Antomo Sola y D.
á los contrayentes y algunas damas y cab~lleros de laª ª _cerem?ndiadlas personas más allegadas
meJor socie a .

. .

.

***

El matnmomo canómco se efectuó el miércoles
1
resa, dando la bendición nupcial á la distinguida po~ ª anana er:i el templo de Santa TeD. José Ives Limantour y la Sra. Dolores Barron lªr;r e, r. Arzobispo Alarcón. El Sr. Lic.
ma.~os; y el Sr. D. F~ancisco !turbe Atristáin y la Sra. iiI°í G~ll~rdo, fu~ron los padrinos de
lac10n. Durante la misa, la orquesta e·ecutó la ob
ar a a_nas de Limantour, los de veGrieg y la «Sonata Patética» de Beetho~en , Despuitu[a de «!ref1schutz», «La Primavera&gt;, de
licitaciones de sus amigos.
· L
'
os novios ueron objeto de calurosas feLa Srita. Limantour ha recibido tanto de su fa T
chas otras distinguidas personas, valiosos obsequios~! ia, como de la del Sr. !turbe, y de muIndudablemente, éste ha sido uno de los matri
·
,
·
en la capital desde hace afios.
momos mas suntuosos que se han celebrado

18

�EL MUNDO ILUSTRA.DO

Domingo 12 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

PASEOS DEL DOMINGO.
LA ALAMEDA
Es todavía uno de nuestros paseos fayoritos. Con sus prados cubiertos de menuda hierba, sus callecillas sombreadas por los_fresnos, Y
sus fuentes que el arte ha embellecido-aquí
con una es~tua que es como un himno á la línea curva, allá con un grupo de mujeres que
vierten en la taza el agua cristalina-la Alameda como nosotros hemos dado en llamarle,
no~ parece cada día más hermosa.. ~llá ,va~os
á disipar la pena, á distraer el fastidio, a deJar
un poco de nuestro aburrimiento, cuando este mortal enemigo del alma nos invade y aho-.
ga sin compasión. ¡Cómo, entonces, euc?ntramos allí colores que son encanto de los OJOS,
notas que nos parecen gritos de alie~to, armonías que regalan nuestro oído y aires que
refrescan nuestras sienes!
Por las calzadas del parque, tapizadas de
arena que brilla á los rayos del sol como un
reguero de piedras prEciosas, . corre la t~rba
infantil dando al viento sus risas argentmas;

á la sombra del más frondoso árbol, el estudiante1Ccalienta&gt;i la lección del &lt;lía; y sentado en
la maciza banqueta de piedra labrada á golpe
de cincel el extranjero se engolfa en las noticias del t~rrufio ó en las historietas regionales
con el libro ó el periódico abierto.
En aquel sitio juguetearon alegres nu~stros
padres allí corrimos nosotros tras una mariposa
por sobre la alfombra del verde musgo ....... .
Todos tenemos en él un recuerdo de nuestros
primeros afios, que saboreamos hoy como una
copa de buen vino, porque lleva en el fondo
algo de nuestros juegos infantiles, de nuestra
vida color de rosa ........ .

***
de este

Pero si á través
prisma el parque
tiene atractivo y tiene encanto, visto como uno
de nuestros paseos dominicales, nos ofrece, en
el día, notas muy· bellas.
Allí, bajo la amplia-lona que protege una

miriada de cabezas de los rayos del sol, se reúnen semana á semana, desde el capitalista
has ~iado de consumirse tras la rejilla del «despacho, ii hasta el humilde «dependienteii de
Ja casa de comercio, desde la clama encopetada hasta la chica que viste el traje de percal de
la obrera.
Cada uno sigue el camino que le acomoda;
al pie del kiosco, un grupo de apasionados de
la música al aire libre, aplaude ((La Toscai, ó
«Cavallerfa ii «Traviataii ó los «Aires Kacionalesn ...... ¡no' importa!. ..... La batuta da la seilal rompe la banda en un desbordamiento de
not~s, y la multitud, como impulsada por un
re~orte, se pone en movimiento, invade las
glorietas y sigue por las calzadas con rumores de colmena..... .
Al borde de la fuente de Yenus, un rapaz
,;c estaciona; interroga con los ojitos picarest:os á la «mamái, y hunde laH manos diminuta~ en la taza, qu!l hace vece¡; &lt;le espejo. Ya
e:-;t:í ... mira al fondo: la espada del oficial pare. e romperse eh rnil pedazos, la cara del rapaz
,:e deforma, los troncos s.,, estiran y se contraen
y la e1-Jüi.tua se retuerce en una mueca impobible.
Entretanto, la niñera alza en brazos al chiquitín para que nadie lo derribe por el suelo,
la banda deja de tocar, y comienza el desfile
por Plateros......
. .
Pasó, para el parque, la hora del bulhc10;
vuelve otra vez á entregar¡¡e á su vaga quietud
de los días ordinarios. Con sus prados cubiertos de verde "zacatillo, i, y con sus calles tapizadas de arena que brilla á los rayos del sol como un reguero de piedras preciosas, espera la
vuelta de sus pobladores de una hora ..... .
Hay que dejarlo hasta el domingo siguiente ...... Abriendo el desfile hacia Plateros, va
una señora con dos chiquitines de la mano:
uno de ellos sonríe y se empefia en pisar la
mancha que proyecta sobre el asfalto recién lavado por la lluvia su cabecit..'l.-un primoroso
botón de rosa ..... .

día de mayo, un gran
espacio de tierra transparente esplendía por
encima de los techos,
y adivinábase un haz
de rayos de sol por

•

PEDRO MEDINA

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-~,,.,,,...,.,,,....1 , -

Una sencilla historieta.

•

detras de los sombríos
etlificios.
De pronto escuch6

~.,,,,,.

_/\J..'l.,'.MM
"' · "'· \.,.,, , .....

~
' •...,- •.
, ~
if~f"-~A-•&lt;t~.:.;...

Poema en prosa.
El vaho de las florecillas sil ves tres, oloroso
y tibio como aliento de niño recién nacido,
aromatizaba el ambiente.
Por el fondo del hori7.onte azul, hermosamente azul, cruzaban nubecillas caprichosas Y
blancas como castos ensueños de vírgenes
amantes.
Sobre el césped del valle, sombi-eado por el
murmurante follaje de los samanes, Amor,
tendido, en acecho estaba; y allí, sobre el césped del valle, bañado por aires tiernos. co~o
suspiros de púdicas doncellas, Amor triunfo.
Envueltos en resplandores de dicha y rebosantes de so11risas, ccéln y ccellai, fundieron sus almas en un grandioso beso, sonoro como las
notas de la canción del placer.
Saboreada la felicidad en el vaso coralino de
sus labios palpitantes, la apasionada pareja
emprendió la marcha hacia la blan,:;a casita
que á lo lejos parecía esperarla.
Vaho oloroso y tibio, horizonte hermosamente azul, césped del valle, formad el himno
deleitoso de las esperanzas realizadas!
FlorecillaR silvestres, nubecillas capricho,-as
y blancas, murmurante follaje de los samanes,
entonad las harmonías arrobadoras de la alegría!
Amor proseguid vuestra obra triunfal por
,
• 1
entre besos ardientes y fruiciones inebriativas

-~

Vivía con sus padres: la madre estaba ciega, y el padre paralítico. Antes de sus desgracias, habían conocido algunos días de desahogo, y Liseta sabía todo aquello que se
aprende en los buenos pianteles de ensefianza
de la mujer.
Pero ahora trabajaba ella para un establecimiento de ropa blanca, pegaba puños á las
camisas y dobladillaba sábanas y pañuelos;
sin embargo, aun est~ trabajo faltaba á menudo, porque la ciudad, demasiado pequeña,
era de aquellas en que se compra la ropa el
día del matrimonio, y dura hasta la muerte.
Liseta acercába¡,e ya á los treinta años; era
una criatura pálida y delicada, COT\ dos bandas de cabellos negros alisados ,-obre la frente
siempre inclinada; tocada por un rayo de felicidad, fácilmente habría podido aparecer
alegre y expresiva; pero poco quedaba ya de
la mujer en aquel ser descolorido y débil, de
seno hundido, de ojo:s empañados por la costura á la deficiente luz de la lámpara, y cuyo
traje de lana negro dibujaba la pobreza de las
formas que cubría.
Ella c~sía sentada cerca de la ventana de
una pieza baja que daba á una calle donde el
sol no penetraba jamás; sus dedos no ahandonaban la aguja si no era para atender al llaniado de los dos viejos, que se quejaban agriamente; despu'és, con ademanes de autómata,
volvía á sentarse adoptando su eterna actitud
de costurera, cerca de aquella ventana que f'Ólo se abría cuando el tiempo era hermoso.
Pasaban el estío y el invierno; volvía la primavera llena de maravillosas .floraciones, y
pensaba ella á veces, que un poco más lejos,
allá. en el campo,debía de haber árboles verdes,
manzanos cuajados de flores rosadas, y el sol
bañando todo este cuadro encantador.
Mas ella no vería jamás nada de esto; una
lágrima descendía lentamente sobre su pálida
mejilla, y, como compensación de aquella felicidad á la cual no podía aspirar, iba. la pobrecilla á besar á la ciega, sobre los ojos sin
luz, y acariciaba, con sus dedos en que la aguja había dejado su huella, la desnuda cabeza
del paralítico. Gruiiían ellos entonces, no
queriendo ser importunados; la madre maldecía de la perezosa que aprovechaba cualquier pretexto para abandonar el trabajo, y
Liseta volvía á la vEntana, un poco más fría,
un poco más pálida, reanudando en 1,eguida y
silenciosamente su labor.
Una vez, aconteció un incidente que vino á
trastornar la vida de Liseta; era un hermoso

-

un rnido de espuelas
á pocos pasos, y, levantando la cabeza,
· bº' á
fi . 1
perci 10 . un o cm
que la miraba.

Domin_,,.o 12 de Octuhre d,, l!J0;~
Los pájaros cantaban, r~voloteaban las ma
riposas azules sobre las oxiacantas; e:a como
un festival que la Naturaleza orgamzaba en
,honor de aquel bendito día.
. .
.
Ella vagaba presa de una dehc1osa embriaguez apoyada su cabeza sobre el hombro de
él l~s manos en sus manos; había olvidado
p~r completo to~o su pas~do. de infortunios,
y reía con una nsa de chiquilla, al contemplar la felicidad de su vida presente.

-Será preciso casarnos muy pronto, ad?ratla mía, dijo él; mi regimiento va á partir
en breve; lms hablado ya á tus padres?
-No, contestó ella, y su semblante se tornó sombrío; tú sabes que sori un poco celosos
de mi cariño y, por otra parte, temo que sea
para ellos de:nasiado sacrificio el alejarse de
esta poblaci6n en donde han vivido desde hace tanto tiempo.
El joven la mir6 sorprendido.
-Pero no sabes tú que no podremos llevarles c~n nosotros? Creía habértelo dicho
ya, Liseta; yo no po'&gt;e? en efste mundo más
7ue mi sueldo, tú no tienes ortuna, y nos es
imposible encargarnos de ellos.
-Y qné harán sin mí? dijo ella con una
voz sorda, viendo desplomarse todo en rn derredor.
-La vecina les cuidará; nosotros procuraremos ayudarles con algo; tú vendrás á verles ......
Liseta se había puesto pálida como una
muerta.
-No, no puedo abandonarles; morirían sin
mis atenciones, á que están tan acostumbrados.
-Eso es imposible, repiti6 él; sin embargo, podría yo arreglar que entrar¡m en un
hospicio.
Ella hizo un gesto doloroso é indignado y
no insistió más.
Permanecieron sin hablar durante algún
tiempo,
-Regresemos, dijo por fin ella1 con una
tranquila desesperación 1 todo ha terminado;
es preciso olvidarnos.

Ella enrojerió, retrocediendo vi".ament~,hacia el interior del cuarto, y el oficial aleJose.
Liseta, pensativa, volvió á empre.r_id~r su
trabajo, un poco avergonzada del mov1m1ento
que la había hecho huir.
.
Al día siguiente, el joven, un temente de
ca-zadores, volvió á pasar, esta vez ~alu?a,ndo
á Liseta; roja como el fuego, ella rnclrno la
cabeza, mas no huyó entonces de la ventana.
Una semana transcurrió así; por fin, una
mafiana al abrir las vidrieras, Liseta encon·
tr6 un g~an ramo de flores silvestres sobre el
antepecho de la ventana.
. .
Sintióse sofocada por las palpitaciones -~e
su corazón , y) más tarde, cuando él, aparec10,
1
ella, con un coqueto adem~n, mostro e su _corpiño adornado de campamllas y margaritas.
Entonces acercóse él y cambiaron algunas
frases· habl~ban en voz baja, para no despertará Íos viejos,que dormitaban; ella le refiri6
su triste existencia, sus muertas esperanzas,
la enorme pesadumbre de sus días de pobreza· le habló también de los que amaba, de
aq~ellos dos viejos de quienes era el único
sostén y él á su vez la contó la triste orfandad e~ que había vivido desde su niñez, su
Algunos días después1 el regimiento aban•
vida de guarnici6n, siempre de aquí para allá
don6 la población; ni suplicas ni ruegos loy siempre solo, y su contrariedad al saber que
graron doblegar á Liseta; había vuelto á ser
apenas hacía tres setnanas que. había llegado ·- }a pobre mujer marchita, taciturna y descoloá la población, y ya ee hablaba de partir.
rida, que cosía cerca de la ventana, con sus
Liseta palideció al escucharle; él lo advirtió
ojos empañados y su rostro de cera amariy la dijo que la amaba; la pobrecilla cerró los
llenta.
ojos, deslumbrada por el fulgor de tamafia feCuando los clarines resonaron á lo lejos,
licidad, y se dejó besar sobre los labios, sin
anunciando la partida del cuerpo, Liseta deoponer resistencia: tanto le amaba ya!
jó escapar de su pecho un gemido sordo, y,
Entonces, las manos unidas, aquellos dos
arrojando lejos de sí la labor, fué á arwdillardesheredados confiáronse todos los secretos de
se ante la ciega.
su vida, con el casto alborozo de dos seres que
-Mamá, exclamó juntando las manos, ma-.
han sufrido y hallan al cabo el consuelo de
má, dime que me quieres mucho; dime que
todos sus doiores.
eres feliz teniéndome á tu lado!
·
-Déjame tranquila, respondió la vieja arrancada de su suefio; ¿qué significan ahora e1:1as
comedias? Mejor harías en traerme mi café.
Una tarde, Liseta, pretextando uha orden
LeYantóse mirando desesperadamente en
urgente, dejó á los viejos al cuidado de una
torno
suyo; vió un crucifijo que colgaba del
vecina y fué á reunil-se ron él.
muro, y ante él fué á caer de rodillas, queMarchaba llena de alegría y de belleza; sus
brantada por el dolor, ahogada por los solloojos azules iluminábanse de un modo extrazos, elevando los brazos hacia la imagen.
fio, haciendo aparecer aún más soro bríos sus
► Y en la noche, que descendía, agonizaban
cabellos negros; sus labios estaban húmedos
las claras notas de las trompetas; después el
y rojos, y la mujer que acababa de surgir,
silencio volvió á reinar en torno.
transfigurada, un poco inquieta de esta metamorfosis, sentía correr por sus venas una
JUANA THILDA.
sangre joven y ardiente que aceleraba las palTraducción
de
&lt;El
Mundo
Ilustrado.&gt;
pitaciones de su corazón y exaltaba sus sentidos despiertos.
Fueron juntos al campo, allá donde ella dejaba volar antes su imaginación, y del cual
ahora pisaba alegremente lafrescayerba, apoyada en el brazo de su amante.

***

~

�Domingo 12 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 12 de Octubre de 1902.

CHAPALA

mosas aYenidas, y por todas partes se observa
el desarrollo y mejoramiento de la pintoresca
población, reina del lago.
En estas páginas verán nuestros lectores algunas fotografías de aquella im11ortante región
de Jalisco, !!amada á figurar, no s6lo entre
las más hermosas, sino también entre las más
ricas del país.

•r
••

Pocos, relativamente, son los que conocen el
lago de «Chapala», los que han pasado á la
orilla de la «laguna,&gt;- como la llaman con cariño los pueblecillos ribereños- días de F-ana
y agradable expansi6n, y los que pueden
formarse, en nuestro país, idea cabal de la
importancia que como estaci6n balnearia y
como fuente de riqueza tiene aquel hermoso
rincón de la República.
Nada tan digno de ser conocido y Rdmirado. En Chapala encuentra el hombre de la·
bo1· consumido por la fatiga, el descanso; el
artista, motivos para dar vuelo á su inspirnción; la inmigración, filones casi inexplotados; el viajero, panoramas bellí,,imof', atractivos que pocos lugares puenen ofrecer. Los
lagos-de Italia, rumorosos y azules-dicen los
que guardan memoria de ellos--no 8uperan en
hermosura ií nuestro lngo. Rodeado de espléndida vegetaci6n, tiene como el mar i;,us ttmpestades; pero tiene también í'US tardes serena~,
sus noches apacibles, sus días de calma ......
A Chapala acuden año ror año distinfu·dal;

LA ESTROFA.
Como de oro puríi:;imo-en la fragua
del corazón, -magnifica y luciente,
sobre el yunque de todos los dolores,
inquebrantable, la forjó la mente.
Y al vibrar en la die,;tra del poeta
fulgurante de luz corno una estrella
no sabe, el mismo que forjarla supo'
qué corazones herirá con ella!
'

..

DULCE ]l[ARIA

BORRERO.

Septiembre, 1902.

- .
~

,,__

(:AríA

.

.·

R~

--j~-:-

·,

Orillas del lago.-Torres de la parroquia.

Se amontonan en mi nwsa
l\Iuchas cartas ...... ¡Sólo hiel
Y pesarei::, menos esa
Dulce gotita de miel!

nearia en toda forma, que sin duda será la
primera en la República.

***

Esa no! P&lt;i.rece frágil
Festón aéreo de yedra
Enlazando bueno y ágil
Una bastilla de piedra.

Como fuente de riqueza, el lago tiene un valor ineRtimable: basta imaginarse lit. enorme
extenRión que se puede regar con sus agua~.
para medir su importancia. Una empresa particular está empeñada en este"asunto y parece
que logrará llevarlo ft término, abriendo así
ancho cauce ií la agricultura~y al comercio.

Tan pequeñita y tan leve
Como es mi sueño en la gloria,
Parece un copo de nieve
Diademando hirviente escoria.

***

Es como en la inmunda charca
Del más tétrico barranco,
Un cisne que el cuello enarca
Coqueto, lustral y blanco ........ .

A estas notas hay que agregar lo que se re-

lRciona con el crecimiento de la población de
Chapala en los últimos años.
No hace mucho, aquel pintoresco pueblecillo era un conjunto de casas antiestéticas y
mal acondicionada,;, y de chozas hechas para
desaparecer al siguiente día.
Ahora es diferente: hay ya construídos lujosos «chalets»-como el del c6nsul de Inglaterra-dignos de figurar en nuestras mfü, hrr-

.,.!.~

•

e,a

-

Un chalet.

Pienso que se tiñe en grana
Si con otras se restrega,
Como una virgen cristiana
Frente á una bacante griega.
Fué tan limpia su alba cuna!
Nació en un hogar tan bello!
Si me parece de alguna
Nebulosa fiel destello!

"Mar abierto."-Efecto de luna.

familias de Guadalajara; multitud de extranjeros van, huyendo de los rigores del Yerano, á pasar la «temporada»; y los paseos á
este ó el otro pueblecillo de los que se asientan en la playa y viven de la pesca ó de la
agricultura, se suceden en medio de la animación más franca. Hay allí, un buen hotel
-el «Arzapalo,,.-tan bien F&lt;er\'Ído como los
mejores de la capital y muy módico en sus
precios, un bonito templo, y un jardín.
Actualmente, el viaje se hace, 6 por Orotlán,
á bordo de un peqnefio vapor, ó por Atequiza, en diligencia; pero pronto vn. á establecerce un buen servicio que substituya al primrro, y es casi probable que se tienda una vía férrea entre un punto de la línea del Central y
Jamay, población de la ribera, notable por lo
fértil de sus alrededores.
Un sindicato americano tiene en proyecto
ésta y otras grandes mejoras, entre las cuales
se cita el establecimiento de una estaci6n bal-

~

=-+;;~.: ~~!..::!~=~;.:

Naci6 en la celeste alcoba
De una ideal virgencita.,
Sobre el buró de caoba,
Y en la soledad fué escrita.
La vió empuñando una pluma
Con larga mano patricia,
Saber mojarla en la suma
Esencia de la delicia.
La vió emocionada y pálida
Confiarle su puro anhelo;
Pudo de aquella crisálida
Sorprender el primer vuelo.
1

.,
¡

•

Y observar prístinas ansias
De amor y castos rubores........ .
¡Por eso tiene fragancias
De primaverales flores!
Oh mi única y santa esquela
De jazmín hecha con miel. ..... !
Te miro ...... y no corre, vuela
~li pluma sobre el papel.
JUAN

1:-1 Hotel "Arzapalo,"

B.

VILLASEÑOR.

Plegando la vela.

Una pasión satisfecha, disminuye· un vicio
satisfecho, aumenta.
'
-Mucho.: hombres, al casarse dejan de ser
hombres, y pasai;t á ser, simplem~nte, casados.
-La mujer de talento se rinde á un solo
hombre; la tonta á muchos,

- El amor hace más pródigos que avaros.

MAn.

DE SCUDERI.

No hay nada más incómodo que el estado
de viudez.

MAn.

GmA:RDIN.

�Domingo 12 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

l!JL MUNDO ILUSTRADO
la apariencia de un asno que cabecea. Las
cintas de las balaustradas convidan .á hincar
los codos y á poner medio cuerpo sobre el
abismo. La vista alcanza una amplitud maravillosa; se ve el mundo exterior de la torre.
Allá están sus hermanas, sus compañeras,
dominando también el mar.to de la ciudad y
luciendo sus cascos cruzados; allá las cúpulas
magníficas 6 humildes: Santa Teresa es una
tiara; Santa Inés está avergonzada ele tener de
vecina á tau soberbia cúpula· el Sagrario e1&gt;conde el exterior de su b6veda tras las filigranas monumentales de la Basílica, mientras que
ésta luce su gran cúpula central, espléndida
mente labrada, con detalles que la simple vista no puede descubrir á la distancia que nos
es permitido apreciarla.
Allá á lo lejos, tras de la Profesa, arra11c..i.
fina y erguida la torrecilla de San Felipe de
Jesús; es como un dardo que va á partir, no
tiene majestad, no alberga armonía!; de bronce, no es solemne ......
Y la imaginaci6n cree 4ue en este mundo
de los egpacioR, las torres y las cúpulas &lt;lel,en
de hablarFe e:-itre sí y pensar mucho, mucho,
sobre lo qne dominan.
Pasa la riqueza con toda la es¡.,lendidez de
sus trenes, y la torre debe de decirse: «l\Ie bastaría derrumbar una de las filigranas que rne
son inútiles, para que eso &lt;lesapare1,iera.»
Paf'a la mendicidad al pie del enorme muro,
y la torre dt:be de decirse: «Mis bloques narían
mil palacios para.que e1,o se acabara.»
El f-:abio que investiga en los monumentos
el paso de la civilización; el estulto que arroja una mirada ele asombro y se contenta con
medir la línea que cae de la cruz al asfalto.con
violenta carrera tle ojos; el que buf:ca en un
detalle arquitect6nico la idea dominante de la
época ...... todo el oleaje de sabiduría y de ignorancia que llega al pie de la torre y alza un
enl"aje de mirada!', como la ola un cresp6n de
rspuma, debe de conmover los bloques que engalan6 el cincel!

***

Cuando se desciende de la torre, cuando la
escalera torcida, resbaladiza y obscura nos
produce la impresión de ir creando en nues:
tro viaje una espiral de sombras, volvemos a
la. capa.- de los rumores, nos hundimos en la
ciudad bulliciosa ......
Instintivamente volvemos los ojos á aquel
mundo que hemos abandonado, y la torre, erguida, potentosa, ha de medir entonces_ nuestra
pequeñez, en pago de que ya medirnos su
grandeza.

TORRES Y CÚPULAS.
Erguidas, mirando por sobre la plenitud
del caserío, las torres y las cúpulas son majestades á cuyos pies rueda el rumor de la ciudad tiembla la onda de las azoteas, se agita
la vida de la multitud.
Tiene mucho de imponente un viaje por
las torres; se antoja el milagro de vagar por
el cerebro !le un alto pensador.
Las e;;;caleras son obscuras, torcidas y resbaladizas; así &lt;lebP. de ser el germen de las concepciones superiores. Abruma levantar la vista siguiendo la magnitud de los murales; así
debe de suceder al anhelo ante la enormidad
del problema.
Conforme se asciende á la torre, se va entrando á un mundo de silencio, se cree en una
audacia que h&amp;. violado la majestad de un sueño de titán.
Pero se asciende, se asciende con delicia....
De pronto la luz y el espacio hacen irrupci6n
en las pupilas. Se ve c6mo se mueve la vida
inferior sin producir ruido, cómo se tiende el
caserío semejando un mar apenas riwdo, y
c6mo los campos lPjanos se recuestan en soledad plácida sobre las faldas de los montes
azules.
Los pilares de la torre parecen filigranas
ruando las vemos desde el asfalto, y sus moles, que costaron las entrañas á algún monte,
están formadas por bloques que pmüeron en
tensi6n á multitud de músculos.
Se acaricia el pilar de la torre por el or_gullo de sentir su dureza; se sigue con la mirnda la curva de los arcos por la fruici6n de
presenciar la armonía ele las fuerzas; se pNmi te á la im presi6n ele a biRmo que entre al
cerebro, para engrandecer el peligro qne coni-;trny6 la obra humana.
Y en aquel ambiente de majestad, de Rilencio y de poder, la imaginación vuela antojándosele encontrar en todas las cosas que

existen en las torres y en las cúpulas, la vida
de un mundo nuevo.
Las estatuas del reloj, parece que contemplan la ciudad buscando en sus agitaciones
un aliento para la piedra &lt;le que están hechas.
Asombra que se hayan adelantado hasta el límite del cornisamiento, y que no sientan la
atracción del abismo.
Las campanas son copas que vertieron un
torrente de sonidos y que esperan pacientes á

que otra mano las rebose para volverst á derramar sobre la fiesta de la ciudad. Tienen
sobre su bronce caracteres que dicen algo de
edades muy lejanas, y signos hieráticos que
son el emblema del Señor á quien sirveh. El
badajo, que las azota con golpes formidables,
ha dejado ya huella escamosa: es la obediencia que la materia presta al trabajo.
Las campanas del reloj parecen hongos, y
El martillo que 8e levanta para herirlas tiene

Le pone al hiel'l'o un beso-beso que abrasa... y el fuelle sopla y sopla con crueles risas.
Y al ver el trozo de hierro, intento
Salir del antro, y en plena luna
Correr los valles ¡ay! porque siento
Que es mi pobre alma la que el tormento
Del fuego sufre ¡sin palma alguna!

·-«o&gt;y del lecho de llamas-lecho funestoEl fuerte brazo saca con la tenaza
El bernico fragmento de metal puesto
Ya al rojo-blanco. Y éste, dúctil y enhiesto,
Ve el yunque sin temores y ve la maza.
Y al ver del yunque la baja inquina
Y de la maza la alta a.menaza,
Sacude mi alma por la neblina
De la esperanza su ala divina ....
Y á un astro blanco que huye se abraza.
--&lt;O&gt;-

y caer deja al hierro blando y ardiente
El herrero la maza, con los dos brazos.
Y el hierro adquiere forma, y está imponente
Desgarrando la noche con el torrente
Siniestro y doloroso de sus chispazos.
Y al verlo chispas lanzando, me hundo
En mis tristezas-fecundas simasCon un consuelo-fanal fecundo¡Ya mi pobre alma riega en el mundo
Sus rojas chispas, mis ruoas rimas!
ROBERTO ARGO'ELLE~ BRTNGAS.

Al Rojo-Blanco.
Sopla el fuelle. Parece monstruo jadeante.
Su anhélito levanta llamas rojizas
Y en el carbón, de un negro desesperante,
Toda brasa retuerce su pena humeante
En las desolaciones de las cenizas.
Y ante la fragua padezco. Pienso
Que así ha paseado sobre mi vida
Sus resoplidos dolor inmenso ....
Y ante la fragua, sufro, suspenso,
De mi infortunio la sacudida.
--&lt;O&gt;-

Un mocetón moreno, de fuerte brazo,
En un vago suspiro de luna pasa.
Y dobla en la tiniebla su negro trazo.
Y un pedazo de hierro-negro pedazoToma con su tenaza-negra tenaza.J

'

y al ver el trozo de hierro, adquiero
La certidumbre mortal y loca
De que es mi alma la que el herrero
Lleva á las ascuas!. .. Y gimo... Y quiero
Que mis gemidos trague mi boca ....
-&lt;O&gt;-

y Al herrero sepulta la dura masa
En las desolaci0nes de las cenizas.
Y toda pena humeante de toda brasa

DomingJ 12 de Octubre de 1:)02

LA MUJER.
Hay detractores del «sexo débil» que no
hallan en la mujer sino lo que pueden rebajar y no juzgan lai:: diferencias que estableció
la ~isma naturaleza !;ino para prevalecerse
de sus propias ventajas, menospreciando lo
que entienden en las mujeres.
Engañados quiz~s por la «ineensata que,
según la expresión oriental, derriba la casa
con sus propias manos», se olvidan de la mujer sabia que la edifica y la enriquece; agraviados por los dejos amargos del engaño, llegan á negar ]:,. virtud de la mujer.
A estos infelices con viene recordar la diferencia que viene expresada en esta sentencia,
atribuída á Napole6n: «la mujer hermosa agrada á los ojos; la mujer buena agrada al coraz6n. La primera es un dije; la segunda es un
tesoro.»
La mujer siente, piensa, habla, obra, quiere de otro modo que P.l hombre. ¡Afortunadamente para nosotros! Si congeniase por completa identidad, ¿de d6nde por ejemplo, aprenderíamos la paciencia y la resignación? Pues
nosotros luchamos buscando la felicidad y la
mujer la «espera", haciéndose así la verdadera consoladora del hombre.
J. PARISOT.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 12 de O_c.~~re de ~9_0~.

EL MUNDO ILUSTRADO

1a tragedia da Tacubaya
Honda sensación ha causado en el público
la tragedia ocurrida hace poco en Tacubaya
y de la cual fué víctima la señorita Victoria
Peñasco.
La prensa de información ha publicado acerca del suceso, detalles muy amplios, pormenorizando las circunstancias que hacen de ese

Plaza de armas de Cuautla.

en honor de )Wore/os.
Flesfas en Cuauf/a.
El vecindario de Cuautla celebra, año por año, el aniversario del
nacimiento del ilustre caudillo de la Independencia D. José María Morelos, con una serie de festejos á que concurren numerosas personas
de la localidad y de otros puntos.
En esta ocasión, las fiestas tuvieron un lucimiento extraordinario.
El primer día, por la mañana, las bandas militares y las de los pueblos cercanos que expresamente fueron llevadas á la histórica ciudad,
recorrieron las principales calles, se echaron á vuelo las campanas y
hubo otras demostraciones de regocijo. Por la noche se dió una velada
en el Teatro Carlos Pacheco, que se decoró con flores y han&lt;leias distribuídas artísticamente. En la parte del escenario se puso una hermof'a alegoría, en cuyo centro se destacaba la figura de aquel hombre
gigante que hizo inmortal el nombre de Cuautla. Un grupo de niñas
representaba la Libertad, la América y la Patria, y uno de niños,á Hidalgo, Morelos, y Allende.

El 30 se verificó en el mismo Teatro la ceremonia oficial, formúndose en seguida una procesión cívica en que tomaron parte los niños
de las escuelas. Los carros alegóricos fueron tres: el de la Agricultura,
el de la Indu~tria y el de la Junta Patriótica, y llamaron la atención
por el buen gusto con que estaban adornados. Al pie del sencillo mom1mento del héroe ~e depositaron numerosas coronar;:, entre las cuales
había una que ofreció el Sr. D. Ignacio de la Torre á nombre del Sr.
Presidente de la República.
Además de los actos á que nos referimos, hubo un banquete y un
baile que resultó muy lucido.
Estatua

de

Morelos,

La Srita. Victoria Peñasco.

crimen uno de los más ruidosos en los anales
de la delincuencia. Nosotros nos limitamos á
dar á conocer los retratos de la víctima y de
su heridor Juan N". Martínez, y una fotog~afía
de la sala en que se desarrolló la terrible tragedia.

Domingo 12 de Octubre de 1902.

- -Lo que se ha convenido eu llamar «honor», no existe: no es más que la sombra que
proyecta uno mismo cuando le alumbra la luz
de su propia estimación.-E. SuDER)BtAN.

LA REINA.
En galano jardín, embellecido por multitud
· de flores matizadas de colores vivísimos, resplandecientes de gracia y de vida y que al
exhalar sus indefinibles perfumes, embalsamando el ambiente
que ]ns envolvía, hacían de aquel recinto
un lugar de inefables
dPlicias y doradas ilui,iones ..... había una,
entre todas aquellas
flores,empinada sobre
una Pmedadera de tupido junco, que al suave impulso del céfiro movíase eon im('eriosa majestad ostentando una brillanten 111 eola que circundaba su loz·ma far,
formada por el reflejo de los rayos de luz
al herir las gotas &lt;le
rocío que la sal picaban graciof'ament!' ...
Era la reina del jardín.
Una alegre mañana, cuando todas sus
compvñeras entonaban un cántico ele alabanzas á la aurora
del nuevo día, impresionadas contemplaron que la diosa
de ayer, la reina de
brillan te aureola, cerró sus pétaloi::, dobló
su tallo y fué á per&lt;lerse sobre la verde
alfombra de blando
césped, al notar que
Fot Barreiro. Pue.
en su mansión, en
obscuro rincón, existía una flor más hermosa que ella.
¡Cuántas víctimas hay, así como esta pobre
flor, en este mundo de engañosas apariencias,

Juan N. Martínez.

Fot. Barreiro.

de e~a pasión cruel que al fondo del abü:mo
hundió á Caín!
P. J. I zAr.rrnRE SoTELro.

BELKIS.
Detén, Belkis, tu tropa de elefantes
Ante el caliente nido ele mi tienda,
Y entra, maga gentil de mi leyenda,
Con tu traje de telas &lt;leslum l&gt;ran tes.
Muéstrame tus ungüentos, tus diamante~,
Los &lt;'Ofres y las copas de tu ofrenda,
Y deja reposando ante mi tienda
La tropa de tus blancos elefantes.
Y cuando ya en mis labios tremulantes
N'o encuetres el fermento que te encienda,
Envuélvete en tus sedas coruscantes,
Y con tu blanca tropa de elefantes,
Huye, Belkis, del nido de mi tienda.

€fré11 ]febo/ledo.

.EL FILTB.O.
No me dejes morir: calma el infierno
que encender en mi pecho conseguiste,
ó cual fiero Nerón, al fuego asif'te
que tiende á devorar mi ser interno.
Si el filtro tienes del olvido eterno,
dalo ¾l. n1i corazón, que ardiendo existe·
,
mas ponmelo
en el vaso en que hehiste'
ios licores el&lt;' Etruria y de Falerno.
Ya ef'pero con nf.ín, con anf'ia lora,
que tu cr[\tera accn¡ucs ú mi hora
y que el filtro en rni pecho se desborde.
Y máR ~recen mi anhelo y mi irnpacienci11,
porque quiero a~pirnr la rica esencia
que han dejado tus labios en el borde ...
RA:\ION~A. URBANO.

-1Jna mujer virtuosa tiene en el corazón
una fibra menos ó una fibra más que las otras
mujeres: es estúpida ó sublime.-H. BALZAc.

Sala en que fué herida la señorita
Peñaeco,

Asiento que ocupaba al recibir
La primera puñalada,

�Domingo 12 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

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Tratamiento de la Blenorragia y otras enfermedades secretas de

MUNDO ILUSTRADO

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AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 16.

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MÉXICO, OCTUBRE 19 DE 1902.

Gerentet

81recton LIC. RAf'AtL RUI:&amp; &amp;PINDOLA.

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TÓNICO

RECONSTITUYENTE
FEBRÍFUGO

ELIXIR ESTOMACAL
DE

SAIZ DE CARLOS
hellia,
Clenail, Cnnlecmiaa, etc.

Gma al 11 por 100 de los enfermoa clel

PARÍS

20, In des F01ttt-St-JacquH
1 en

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J11futo1 de loa Gauglios, etc

@~!.~,n~o,n'!!~!;~ER-

ESTOMAGO E INTESTINOS
hr nnlna J rtbtl4n 1111 11111 1111 41l1Hlu
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1902, Año 9, Tomo 2, No 15, Octubre 12</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>~•"'t...,.._~_.,,._..,.,....,.,....,,._.,,..,.,,..,'i'to.-',t.&gt;,t,...,,.,........,,..,...,,.,.,,..,.........,.,...,._..,.,..,,..,.,,,,.,,..,..........,,.,.,,,,...,,.,...,,.,.,,..,..,,.:..,,,,..,,..,,;

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para las eofe1·medades propias de seño1·as.
Tratamiento de la Blenorragia y otras enfermedades secretas de

MUNDO ILUSTRADO

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AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 16.

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MÉXICO, OCTUBRE 19 DE 1902.

Gerentet

81recton LIC. RAf'AtL RUI:&amp; &amp;PINDOLA.

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TÓNICO

RECONSTITUYENTE
FEBRÍFUGO

ELIXIR ESTOMACAL
DE

SAIZ DE CARLOS
hellia,
Clenail, Cnnlecmiaa, etc.

Gma al 11 por 100 de los enfermoa clel

PARÍS

20, In des F01ttt-St-JacquH
1 en

l11

f:.rm1c1a,.

Lilfatiamo, Em6fala, ue
J11futo1 de loa Gauglios, etc

@~!.~,n~o,n'!!~!;~ER-

ESTOMAGO E INTESTINOS
hr nnlna J rtbtl4n 1111 11111 1111 41l1Hlu
11111 LN 1111 LI KAN TIIIADO OONf'lll■AII UTA Y1-.u

....... _•ac-kay..._.
,

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RUI:&amp; &amp;PINDOL4

�~omingo 19 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

,

EL MU~TJ)O ILUSTRADO

CRONICAS EUROPEAS
SCHEVENINGEN.
Al atardecer, un domingo iluminado por
un sol excepciorial, y engalanado por un cielo azul y lustroso, apenas nublado hacia el
Poniente, salimos d~ La Haya Lilly y yo, para el puerto balneario, de ((Schevenii)O'en &gt;&gt; en
un trenecillo desparramándose de ge~te' alegre. Antes de llegar atraYesamos los verdes
jardines y bosquecillos. Después, al frente
se presentó la masa café del edificio de Kur~
saal. Las ventanas, en una larga línea blanca,
se.extendían con una monotonía desgraciada.
M1 compañera no podía contener el deseo de
bajar la angos~ cal le. para desembocará la playa, sobre el dique. Y cuando llegamos ante
nosotros apareció la llanura espejeante del
mar del Norte. Y la playa, en un tortuoso litoral de ligeras colinas, se extendía hasta borrarse. Despufs vimos un muelle de madera
que avanzaba sohre las olas terminando por
un kiosco, rodeado de banderetas y lleno de
gente que hormigueaba.
El paseo por la estacada fué delicioso. Bajo el tablado, entre los gruesos troncos que lo
sostení~n, rugía el ma~. Antes de llegar á la
extremidad, nos detuvimos para admirar el
espectáculo divino: el sol incendiaba las nubes, esfumándose sobre ellas el rojo hasta los
gruesos grises, y sobre el azul del mar se proyect:aba un estrella ~e plata que deslumbraba
la vista. Una barqmlla pescadora de velas
rojas, descansaba, agitada por u~ balanceo
suave, en medio de la regia- desnudez de la
superficie infinita.
-¡Qué felices son los pescadores! ....... .
¡Siem~!e mirando el cielo, el mar, el sol y la
luna en las noches! ¡Qué bonito sería vivir
así! ¿verdad?-Y la reflexión de mi compañera contrastaba con el horrible fastidio que me
causaba pensar en la actitud de los pescadores.
Luego, cuando llegaron hasta nosotros perdidos acordes de la orquesta que tocaba en el
kiosco, me dijo sonriendo:
-¡Mira qué poético es esto! ¡Aquí te amo
más que en la ciudad!. ..... .. .
Las olas, precipitadas, llegaban hasta la
~laya, para rendir el homenaje de su apoteosis de. espuma. Y el sol, allá tras de su cortina roJa, se acercaba al horizonte en medio del
espléndido derroche de fuego ....'..

***
.En el kiosco se consumía cerveza por barnles. La gente toda, en una aclamación de
alegría, charlaba casi á gritos, entre las nubes
de humo que salían de todas las bocas de
hombre. La es~uma, en los vasos, se desparramaba enyolviendo en una caricia sus bor:
des.
Y ~a orquesta? desde un foro pequeño, hacía vibrar los cm,tales del salón, lanzando un
torrente de notas acordes que llevaban cada
uña la alegría de una carcajada. La música
era especialmente americana. Los monótonos
pasos dobl.es y marc~as que oímos) me parecílm un tributo al dmero yanque, codiciado
e_n todo~ los país~s del mundo. Y el patriotismo, siempre dispuesto á encontrar tristezas
en ~l ex~ra11jero, h~llando un amargo dejo de
nac10nahdad ofendida en el más insignificante detalle, reclamaba inconscíentemente algo
suyo .....algún inesperado recuerdo! Cuando
leí en el programa el nombre de una «Fantasía cosmopolita», sentí como un presagio de
algo qu~ no m.erece 13: pena. Y después de
una sei:ie de aires semigrotescos, fué surgiendo débilmente la lejana melodía como una
merr_ioria de lo remoto. Y conmovido hasta
sentir los ojos húmedos, oí el vals de .T. Rosas, traducido ya á todas las «músicas.»-Sentí un ataque terrible de sentimentalismo alg? ~sí como un recuerdo de un amor ~uy
v1eJo y que después de muchos años de muerto, renace e~1 una memoria, en un pensamiento melancóhco ...... Dcspués todo parecía insultarme; las banderetas holandesas las bel-

'

gas, la estrellada á rayas rojas y blancas me
incitaban al odio ...... ¡Era una de las idipresiones ele patria recibida con mayor fuerza
en mi vida ...... !

***
Cuando salimos, sólo quedaba de crepúsculo una ala roja sobre el horizonte. Y las olas
en su ngitación continua, me traían un re~
cuerdo de las lejanas costas, besadas con sus
labios espumajean tes y húmedos ..... .
E~r.

PARDO

AzPE.

El Haya, septiembre de 1902.

DÍAS DE OTOÑO.

pensamiento de negruras, como antes lo llenaba de luz; sacudiendo tu cuerpo con espumas dolorosas, como antes lo sacudía con espumas de goce; golpeando tu corazón con golpes crueles, como antes lo golpeara con alegre
y entusiasta latir. Sí; es el amor tuyo que se
ha hecho dolor, como en otro tiempo se hizo
placer.
Para quien vive de un amor, el dolor mismo
que su amor le produce es una gran felicidad
porque es un certificado de existencia.
Lo terrible, lo brutal, vendrá luego, más en
bre~e acaso de lo que tú propio imaginas. Lo
terrible, lo bárbaro, lo verdaderamente siniestro, vendrá cuando te levantes un día y halles
que hasta el ~olor ha huído de tu alma y que
t~1 amor,. tu vida, es un cadáver que llevarás
siempre msepulto dentro de ti.
¡Sufrir! ¡Gozar!...... Eso es lo menos. Lo
importante en la vida es viYir de alao de una
º ' para
pena o, d e una ventura; vivir para algo
un placer ó para un dolor. Lo horribl~ es no
vivir para nada, por nada, y continuar no
obstante, viviendo.
'
Mira esta Naturaleza aún espléndida y en?antador~ á nuestra vista, aunque algunas hoJas amarillas se destaquen entre las hojas verdes, y unas pocas matas se inclinen con languidez mustia entre las incontables matas
arrogantes y erguidas, y las menudas hojuelas
trocadas por el sol en 11íminas de oro alfombren
los paseos, y la tierra húmeda exhale hálitos
fríos, y el viento de Guadarrama tiaiga á nosotros ráfagas nutridas con escarcha ...... Toda
esta Naturaleza sufre con tremendo sufrir· los
árb?les, desde el tronco .á .las hojas, porqt;e la
Ravrn se. empereza y ~ntibia; las hierbas, porque la tierr~ va p~rd1endo fuerza para mantenerlas en pie; la tierra, porque las caricias del
sol van perdiendo la fuerza apasionada que la
hace fecunda ........ Toda la Naturaleza sufre
pe;o vive y continúa Fiendo hermosa, quizá~
mas hermosa que nunca, porque la tristeza, y
13: m~lancolía y el sufrimiento embellecen y
digmfican.
Lo terrible para ella será cuando se apoderen completamente de ella los fríos invernales
Y qu.ede i~móvil, .inerte,. pasiva, con sus irbo~
les s1~ hoJas, su tierra sm hierbas sus jardines sm flores y su cielo sin nubes '
Ahí ti.en~s el mayor dolor de l¡ Naturaleza
en sus mviernos y para los hombres en su
amor.
Sentir, su~ campos cubiertos por la nieve ó
su corazon mvad1do por la indiferencia.

Aún tenía el sol fuerza estival; las hojas
verdeaban sobre las ramas de los árboles las
matas sobre los fertilizados cuadros de derra ·
apenas si entre las hojas verdes descubríans~
algunao amarillas¡ apenas si entre incontables
matas, erguidas con arrogante vitalidad, doblábanse unas pocas con languidez mustia;
por la arena de los paseos rodaban á impulsos
del aire, hojuelas retorcidas que el sol transformaba en láminas de oro. Eran los heral•
dos del otoño, las primeras canas, las primeras arrugas que afeaban el hermoso rostro de
la natm-aleza.
Arrugas imperceptibles, canas fáciles de
ocultar; la hembra inagotable, aún podíamostrarse orgulloba, aún la acariciaba el sol con
sus besos de lum hre, aún prestaba sombra con
la verde madeja de sus extendidos cabellos á
grupos de niños y niñas, primaveras de carne
que correteaban y reían como pájaros -recién
escapados del nido.
Todo eraalegretodavía; y, sin embargo de
la tierra húmeda escapábanse vahos frío;, y
las cumbres de Guadarrama enviaban de raro
e~ raro hasta nosotros, ráfagas de viento nutrido con escarcha: indicios dolorosísimos y
breves de la muerte futura ...... .
En una alameda contemplábamos el bullicioso juguetear de los muchachos un ami~o
mío y yo, que casualmente había tropezado
con él minutos antes.
Hacía que no nos veíamos cerca de medio
año. Ciertos amores suyos, pasión avasalladora, insensata, condújole en pos de una muj~r
á países remotos, de donde regresaba con otra
amargura en el corazón y otro recuerdo en el
J OAQ.UÍN DICENTA.
cerebro, en esa caja viva, mitad por mitad urna f.uneraria y estufa germinadora, porque se
~ed1ca á enterrar desengaños y fecundizar ilus10nes.
LA ROSA MARCHITA.
Con esa verbosidad relampagueante que
traen á la boca los golpes recién sufridos en el
Se enamoró mi corazón un día
alma, flujo de palabras que representa en las
De una rosa en botón, que de improviso
heridas morales lo que los borbotones de sangre en las materiales heridas; pedazos de exisTrocóse en flor purpúrea, en cuyos pétalos
Se desposó la luz con el rocío.
tencia que huyen coh el sincero acento de una
gran pena, afanosa por exteriorizarse ante
Era la reina del jardín! Lleguéme
quien sepa consolarla, me refirió el infeliz
Para cogerla, y balanceóse esquiva
amante la historia de su desventura la eterna
historia, siempre vieja para quien la ~ye siemVel~n.dose entre el ramaje de esm¡ralcla
pre nueva para quien la relata.
'
E hméndome las manos sus espinas!
-No-me dijo,- no. Este sufrimiento es
Está marchita 3:hora y deshojada
superior á mi voluntad y á mis fuerzas. Ni
Por el sol, y los vientos y la lluvia
logro dominarlo ni me es posible resistirlo.
Y hoy quiere que me aceque y la 'acaricie
Cada recuerdo de aquel pasado, que no voh-eY que le hable amoroso y con ternura.
rá nunca. es una puñalada que me dan en el
corazón;
y los recuerdos
son infinitos' como
.
. .
De su mustia corola se desprende
sus pnmeras canc1as y sus desdenes últimos.
Aroma viejo que el amor recuerda
No; no puede haber nada más terrible que este dolor.
Y un P?lvi.llo sutil, qne es como el rastro
De glonas idas y esperanzas muertas!
-Alg? más terribl~ hay, le, contesté, algo
más ternble, y tam b1én tenrlras que sufrirlo.
-1\Iás terrible?
Para el placEr :y ~a ilusión ya es tarde!
Seca la ror;a_ y afligida mi alma
- Más; mucho más. Ahora esa pena ese suTan sólo puedo dar á la flor tri;te
frimiento, son tu amor, el amor de a~tes el
Un beso de dolor mojado en lágrimai,.
de esa mujer; su amor, que contin6a llena~do
tu alma, sólo que ha cambiado de forma troY P;iede ser que así como en un día
cún&lt;lose en suspiros de angu;;tia, en i-olloz~s de
El roc10 y la luz se desposaron
pena, en palpitaciones de agonía y Yibraciones
De la rosa en los pétalos celebren
de. odio; pero es tu amor, entero, ab¡;oluto, cuHoy sus nupcias allí el ~mor y el llanto ..... .
briendo tu ser todo, llenando tus labioR de
quejas, como antes los llenaba de besos1 y tu
R. MAYORGA RrvAs.

In terlor del 'l'emplo.

La calle de Abajo.

El Sr. Gobernador en Marftl.

Domingo 19 de Octubre de 1902.

Casas en ruina.

LA INUNDACIÓN DE MARFIL
GRANDES PÉRDIDAS
Suceso verdaderamente lamefitable por los
trastornos que trajo consigo y las pérdidas que
ocasionó, fué el ocurrido el día primero del
actual en Marfil, uno de los minerales más
importantes del Estado de Guanajuato.
Nos referimos á la terrible inundación que
sufrió aquella progresista coma.rea, á consecuencia del desbordamiento del río que desemboca á la orilla del mineral y cuya corriente, la tarde del día mencionado, tomó proporciones colosales.
A las cuatro y media de la tarde comenzó á
desatarse sobre el cerro de la Bufa un fuerte
aguacero que envolvió la mayor parte de la
ciudad de Guanajuato y los alrededores. Momentos después, el aguacero se convertía en
formidable tormenta, y el río, saliendo de madre, derramaba sobre :Marfil su corriente, ba-

(

Casas de la Plaza Principal.

Jtulnas de "La Marftle!ia"

rriendo á su paso sembradíos, casas, hombres
y animales.
Lo inesperado de la catástrofe hizo que entre los habitii.ntes del mineral se produjera un
pánico indescriptible familias enteras procuraban ponerse á salvo al ver sus casas, de improviso, invadidas por la impetuosa corriente.
Ji:n una de las escuelas de nifi.os, el agua alcanzó cerca de dos metros de nivel, levantó
los pisos y arrastró los muebles con una fuerza increíble. El templo se inundó también
por completo: en la fotografía que reproducimos, se ve la sefi.al que dejaron las aguas en
los muros, más arriba de loi: zócalos.
Las casas que habitaban los trabajadores de
las minas, quedaron destruídas casi en su totalidad, perdiéndose con ellas cuanto aquellos
infelices habíañ logrado reunir á costa de
enormes sacrificios.
Las haciendas de beneficio de &lt;cBarrera»,
«Barrera Grande» y ccBarrera de Enmedio", resultaron también perjudicadas á consecuen,:;ia
de la inundación. En una de éstas, pasada la
tormenta, se veían grandes témpanos de hielo,
trozos de madera y muebles en desorden.
Los terraplenes de los tranvías que van de
Guanajuato al mineral, se deshicieron al des•
bordari;e la corriente, y huho un instante en
que los coches quedaron flotando en el agua.
El cochero, después de tentativas sin cuento
logró salvarse, libran&lt;lo á uno de los pasajero~
de ser arrollado por las aguas. El puente
de hierro de «La Purísima» fué arrastrado por
la terrible avenida á cincuenta metros de di~tancia del punto en que estaba construído.
En cuanto al de San Juan, se perdió tambifo
totalmente.
No son ésto~ los únicos perjuicios causados

IJ11 costado de la l'arroqula.

F:n la Hacienda de "Sacramento de Barrera"

l'arte posterior de "La Marfllella"

�EL MUNDO ILUSTRADO

Locomotora aislada en un tramo de vta
que destruyó la corriente.

Lugar en que estaba el Puente de S. Juan.

dable que el número de los que perecieron fué
mucho mayor.
El Sr. gobernador de Guanajuato, Lic. Joaquín Obregón González, estuvo en Marfil el
mismo día en que se registró la catástrofe, J?ª·
ra imponerse de los daños causados por la mundación y dictar las medidas conducentes á
remediar los males sufridos por el vecindario.
Se ha abierto ya una subscripción para auxiliar á las víctimas del lamentable suceso, y es
seguro que la filantropía acuda en esta, como
en otras ocasiones, al alivio de los que, en un
momento, han quedado sumidos en la desgracia.

Fiestas Religiosas en León.
LA VIRGEN DE LA LUZ.
La imagen de la Virgen de la Luz que existe en la catedral de León, acaba de ser solemnemente coronada, con asistencia de catorce
prelados de las distintas dióce~is del país, q_ue
fueron invitados á la ceremonia, de otros dignatarios eclesiásticos y de un número
incontable de fieles
de aquella ciudad
v de otros puntos.

.

Carros volcados por la corriente.

Tramo del Ferrocarrll de San Gregorio
destruido por la lnundaclOn.

por el desbordamiento del río, pues todas las
fincas que rodeaban la plaza principal y que
eran las mejores de Marfil, quedaron reducidas á escombros. Los dueños de «La Marfileña" y c&lt;El Porvenir«, unos de los establecimientos mercantiles más importantes, perdieron con este motivo sumas considerables. La
línea del ferrocarril de San Gregorio sufrió asimismo grandes desperfectos.
En cuanto á desgracias personales, se recogieron nueve cadáveres, en el trayecto de Marfil á Santa Teresa únicamente¡ pero es indu-

El sueño de Venecia.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 19 de Octubre de 1902.

***

La función religiosa fué notable
por todos conceptos. En el interior
del templo se levantaron amplias tribunas para mayor comodidad de los in·
vitados, adornándoseles sencilla, pero elegantemente,
con vistososcortinajes. Más de doscientas luces ardían en
el altar mayor, lleno (de candelabros
cincelaclos y deotros
objetos decorati vos
del mejor gusto.
Después de la procesión de la Corona,
en la que formaron
todos los prelados
asistentes vistiendo
capa pluvial, mitra
y báculo, los canónigos de la catedral
y las asociaciones
religiosas, se entonaron algunos coros
y dió principio la
misa, en la que ofició el obispo diocesano. Esta fué la de
Palestrina y se cantó por sopranos,
contraltos, tenores
y bajos.

La ceremonia de coronación de la imagen se
verificó en medio de un profundo silencio. El
sefior Obispo Ruiz tomó la corona y la colocó
en los tres puntos de apoyo que forman las
manos de los ángeles que la sostienen sobre
el marco. Esta joya es valiosísima, fué hecha
en Nueva York y se emple6 en el trabajo más
de un año. La banda baja contiene 20 diamantes, 10 rubíes y 10 zafiros; la parte mayor,que consiste en diez paños anchos y otros
angostos, tiene 20 diamantes y varios adornos
artísticos, como cabezas de ángeles y flores de
lis. Estos paños lucen brillantes y zafiros, y el
centro de la roseta un rubí valiosísimo rodeado de ricas piedras.
.
Las demás partes de la corona están, aRimismo, adornadas con piedras preciosas y son de
magnífica hechura.
Al terminar la coronación, se escuchó en el
templo un prolongado aplauso. El acta que se
levantó con motivo de la ceremonia, está firmada por los Sres. Arzobispos Gillow, Silva,
Garza Zambrano, Zubiría, y Ortiz, y por los
Sres. Obispos Camacho. !barra, Mora, Pla~carte, Fierro, Anaya, Fernández, Orozco, Reinoso, el Metropolitano y Granjon, de Tucson
[Arizona].
En el 8eminario Conciliar se sirvió á medio
día un banquete que ofreció el Sr. Obispo de
León con frases sentidas.

***
La coronación de la Virgen de la Luz ha
sid_o, sin duda, una de las ceremonias religiosas más notables de los últimos años, pues
raras veces se ha desplegado, en festejos de
esta naturaleza, el lujo y el esplendor que revistieron las solemnidades á que nos referimos. Por otra parte, la asistencia de catorce
prelados al acto de la Coronación, y de otras
muchas personalidades del clero mexicano,
contribuye á hacerlo más notable revistiéndolo de la más alta importancia ¡,ara los católicos.
(Fotograflas del "Semanario Literario Ilustrado")

Alma mía:-dulce y triste criatura de boca
florida y grandes ojos del color de la obsidiana;- forma leve que enn1elta en un tul argentado, vi una noch~ en un claro ~e. luna:~
tú tienes la blancura diáfana de los lmos acuaticos y el perfume de los
cálices de las roeas; tú
que amas el silencio sobre todas las banales melodías del mundo. .... el
hondo silencio que habla
un lenguaje rec6ndito y
tiene la elocuencia sobrehumana del misterior! ...
-Alma de amor, ven
conmigo, en ei:;ta solemn e hora nocturna, al país
perfumado de los sueños....
Bajo la ardiente c úpu
la del cielo vaguemos en
una góndola blanca por
los canales inm6viles de
Venecia dormida. Gocemos del supremo encanto de la ci uclad única; de
la contemplaci6n de Hl
hermosura legendaria é
inolvidable. Yo impulsaré suavemente el esquife con un remo de
marfil, y surcaremos las
aguas azules como si nos
guiara el cisne de Lohengrin. Siéntate jun~o á
mí tan cerca que micora¡ón oiga el latido del
tuyo y acaricie mi r?stro el hálito de tus labios
bermejos ..... .
Vaguemos como dos
sombras, frente á los palacios de arquitecturas
fabulosas; frente á la gloria estupenda del mármol, multiplicada en los
arabescos, en las columnatas y en los magníficos
roseto!les de las torres.
Mil sueños fú!gidos incendiarán mi fantasía y
mi alma se poblará. de
perfumes y de imágenes
inefables. Evocaré la memoria de miR lejanos anhelos y sentiré florecer
de un&lt;i. manera divinn
mis tri~tezas en el sereno
amb iente de inmo1tal
poesfo. Evocaré los recuerdos de las leyendas
amorosas; y no veremof'
revolar sobre nuestras
cabezas laR sagradas palomas ele San Marcos en
las clarnR mañanas de
septiembre, ni pasar junto á nosotros bellas vírgenes vendiendo cestillas
de violetas. No ,·eremos
el esplendor de las fiestas fastuosas en los palacios de oro y de mármol, ni en la obscura noche pasar las góndolas
fugitivas, consteladas de
.
luces de colores, comovisiones ilusorias ..... .
No. Apenas oiremos, ~n las altas horas, surgir del hondo silencio del cielo y de las aguas
el rumor de una góndola que se desliza tenuemente, como una flor impulsada por el céfiro sobre la superficie de un estanque ..... .
Después llegará ·á nuestras almas una musica léjana y sutil como su milagroso encaje
de armonía¡ una música honda y ligera que
parece aletear en el espíritu y que recibe el
tímpano como una caricia embriagadora.. 1\-Ie-

Jodía aérea, cercana y distante, que tiene la
dulzura de los besos y la amargura de las lágrimas¡ que es tristísima, y habla: sin emha;go, de alegrías inmortales ... : melodía qu~ ne
y que llora, que es mundana y mor~uon_a, y
dice á las almas profundas cosas misteriosas
que no son de la tierra.
Es la antigua serenata veneciana, llena de
palabras ardientes sollozadas al ritmo lento del

Domingo 19 de Octubre de 1902.
una escala de seda... El amante sube por ella;la ventana se cierra¡ todo queda en silencio ...
Todo queda en silencio, Alma mía. Solamente oigo la voz de tu corazón. Acércate más
y tiende sobre mí el manto de t_u. cabellera
castaña ... Continuemos nuestro v1aJe por los
canales callados bajo la luna fantástica.... Y
con las manos m;idas y los labios juntos, guardemos 1,ilencio y soñemos un sueño milagro-·

La coronación de la Virgen de la Luz.-Aspecto de una calle.

bandolín polífono; la canción amorosa del
Adriático, llevada sobre las olas azules por los
vientos nocturnos; la voz del espíritu y del deseo, prodigiosa y dulce en esa hora en que la
luna borda fugaces flores de plata sobre los
muro8 de piedra.
De pronto, en lo i:ilto de un palncio se abre
una ventana gótica coronada de tréboleR, ceñida de jaspes. Y aparece una blanca beldan.visión de nieve y de luz- que se inclina hacia la góndola inmóvil, sobre la que deja caer

so de dolor y de amor, del que sólo debemos
despertar en un país de sombras, fríos y pálidos, en los brazos de la Muerte......
,
FROJLAN TURCIOS.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 19 d• Octubre de 1902.

Domingo 19 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO
Los artesanos se quedaron con el mayordomo del señor en una pieza cualquiera, encogidos, sin atreverse á respirar fuerte, dispuestos á andar de puntillas, aturdidos por
aquellas alfombras en que se hundían sus
pies, por aquellos espejos en que se veían, por
aquel lujo. El pintor entró en el dormitorio
de su verdadero padre, latiéndole con fuerza
el corazón. ¡Al fin la naturaleza hablaba, aunque con voz débil! Un hombre en la madurez
de su vida, que debió de ser apuesto y guapo,
pero que era ya una ruina, aguar&lt;lábnle medio
levantándo,e en un sillón,
en el que permauecía clavado por la gota.
El pintor contempló (t
RU padre con profunda
lústimn, y adivinó él en
seguida al ca.la vera im1wuitente, envejecido antes
de tiempo, al Don .Juan
eterno, arrollado á la po
tre por su mismo liberti- ·
naje, viendo la muerte
próxima y queriendo á última hora, ante el precipicio á que voluntariamente había corrido, reconciliarse con Dios, ponerse bien con su conciencia. La postrer esperanzn
del muchacho, de ser al
menos fruto de un amor
contrariado, se desvaneci6 en el acto. Resultaba
doblemente hijo de la sensualidad.
El pobre enfermo abrió
los brazos, con los ojos
llenos de lágrimas. Sentía, ya tarde, despertarse
el único amor puro de su
vida.
-¡Hijo mío! exclamó.
El pintor se dejó abrazar y abrazó, pero á su
pesar resultó frío, y un supremo desaliento se asomó al rostro de su padre¡
vinieron después las explicaciones, las historias,
los secretos reveladoF:, to- 1
do un mundo de lágrimas y de miserias, de
otras miserias hediondas
y en nada parecidas á la~
trasparentes de la guardilla. La sociedad, el respeto debido á blasones y
apellidos ilustres siempre
limpioR, una porción de
disculpas del nefando delito perpetrado en la sombra y continuado en la
sombra, para salvar el
honor de una mujer que
ya no existía, que se hundió en la tumba, inmaculada en la apariencia, porque las manchas de la
conciencia no las ven los
demás...... El muchacho
oyó en silencio, agradeció
el reconocimiento, más
impuesto quizás por la
muerte, por el miedo al
castigo eterno, por las
mordeduras del arrepentimiento, que por el amor;
agradeció el nombre y la
fortuna, pero manifestó
LA
su propósito inquebrantable de continuar lo mísmo que hasta entonces.
Fueron vanas las súpliclt'l del enfermo, sus lágrimas. El vendría á verle, estaría siempre á
su disposición ...le querría, y afirmó esto con
gran trabajo, haciendose una violencia horrible,
por caridad. Su padre comprendió que todas
sus instancias se estrellarían ante aquella voluntad de acero, y dejándose caer en la butaca, murmuró con desesperada amargura:
-Es justol....... Es mi castigo!

Había concluído la entrevista. Despidi6se el
pintor del aristócrata y salió de la alcoba, reuniéndose con los artesanos. que, llorando en
silencio, con disimulo le preguntaron anhelantes:
-¿Qué?
El pintor no les contestó nada al pronto.
Les hizo salir del palacio, y ya en la calle, les
dijo con infinita ternura:
-¿Qué? ...... ¡Pues que no lloren ustedes
más, que yo no me separaré nunca de ~n ln-

Mil!TIATlJ'BA.
Entre la alegre turba del festín, sorprendí
la mirada de unas pupilas azules que se clavaban en las mías.
Luego. suspirando con tristeza., la vi llevar
se el dorso de su mano hacia los ojos y limpiarse una lágrima.
Palpitante de emoción, pensé entonces que
ern Pl a111or que llPgnha. C{mo &lt;le¡:¡fa.Jlecfo mi

0-

~os 6e la Suar6illa.
I
tic~a de queaq;1el honrado y vulgar
elhdo de Rodr1guez que había llevado siempre, no era el suyo, y de que
le correspondía nada menos que el muy ilustre de Guevara de Silva, le produjo al pohre
pintor de puertas el efecto de un mazazo descargado sobre el cráneo de improviso. La
nueva era tan estupenda, que le anonadó, y
Hecesitó ver en su casa el notario para cohvencerse de que no padecía una pesadilla terrible. Cómo! El, que se creía nacido allí
en la humilde guardilla, á la luz del día, el~
los amores castos de dos artesanos que con
la abnegación de todos los desheredados. ~ompartí'an resignadamente su escaRez, entre las
risas de felicidad
de unn miserable
menestrala que Re
conf-i&lt;leraba rica
con su niño, resultaba ahora ve•
nido al mundo en
un hotel alquilado en
país extraño al de la mujer seducida, para ocultar su falta, en las sombras del misterio, entre
las inquietudes de una infeliz atenta á que no queoase rastro de su caída,
para volver al mundo con
la máscara puesta! ...... ·

Pasado su estupor, con un sollozo en el pecho, que Re hinchaba"y crecía como una ola
próxima á romperse, sintiendo en el alma el
P,f!co1.or de una herida que manaba f!angre,
habló con sus padres adoptivos v les exigió la
verdad dei::nuda por cruel que fuera. El desgraciado matrimonio, otro pobrn pintor de
hrocha gorda, al que él debía las enseñanzas
&lt;lel oficio, y una sencilla é in!!'enua planchadora, resifitiéronse cuanto les fué posible á la
confidencia, no queriendo ser ellos mismos
los que descorrieran el velo que cubría la triste infancia del muchacho.
- Yo les agradezco á ustedeR esa piedad, les
&lt;lijo el joven; pero es inútil. ¿.No sé ya la verdad? Pues quiero conocerla con todos sus detalles.
·
No se convencieron ni el marido ni la mujer; escucharon con 1a cabeza baja, él dándole vueltas confuso á la gorra, y ella llorando
hilo á hilo. Representa.han ambos en aquel
sombrío drama de familia la parte generosa y
noble, y parecían, por E&gt;l contrario, loR culpables, en fuerza de compasión por la criatura á
quien hahfa.n criado en su hogar. Al cabo,
pregunta por pregunta, acosando á sus padres
adoptivoR, pndo reconstruir el paRado y supo
que, realizado su nncimiento clandestino, quizás sin tiempo para recibir un solo beso de su
madre, fué depositado en el torno de la Incluf'a: que dado á criar fuera del eRtablecimiento
á la planchadora, que acababa de perder un
hijo, cobróle ésta tanto cariño, que no quiso
devolverlo á la casa y se qued6 con él, prohijándolo en debida regla el matrimonio y acordando ocultarle la verdad de Rn origen, para
evitarle la tristeza y el rubor de su desgracia
cuando llegara á grande y 1&lt;e hiciera un hombre; una hermosa historia de abnegación, en
¡;:urna, llevada á cabo ron ese i:,anto heroísmo
del pdhre que acomete los msi.yores ¡;:acrificios
por enjugar unas lágrimas que nada le importan y que no ha contribuído á verter.

¡Gastos, hambres, angustias, toda una i::erie
de dolores sufridos con paciencia, viendo al
niño desarrollnrsr, colorado y rollizo como un
rollo &lt;le manteen, y cuando recogían el fruto
de sus desvelos, le perdían! El pobre pintor
no pudo despegar la lengua, y de que sus padres concluyero11 su confesión, les abrió sus
brazos, en los que ellos re precipitaron, balbuceando:
-¡ Quién había de decirnos que nos quedaríamos sin ti!

II
Resnltó una escena imponente. Reconocido
el hijo, el padre quería verle, y le llamó á su
palacio. El pintor acudió indiferente y sereno,
sin odios, pero sin
amor al hombre á
quien debía la vida. Este nombre
de padre, cayendo
de pronto sobre él
desde la opulencia, no le decía nada al alma; le Ronaba á hueco. El
. cariño filial no se injerta,
se siembra. Una mañan.-:.
fuése, pues, allá el pob,3
muchacho, acompañado de
los artesanos, que no quisieron dejarle solo.
El únicamente llegó hasta la alcoba de su padre.

CORONACION DE LA VIRGEN DE LA LUZ.-Aspecto del Presbiterio de la Catedral

al leerse el acta de la ceremonia.

do!. ..... ¡Que yo no tengo más padres que los
de la guardilla!
ALFONSO PimEz NIEVA.

alma en aquelloR momentos! Mi pobre alma
abandonada!
-Oh mi dicha! la dije dulcemente lleno
de rubor. ¿Por qué me miras así?
'
. -¿Sabes por qué?. me contestó. Porque tus
OJOS negros y pensativos me recuerdan los de
mi pobre Juan. Oh! loe ojos siempre tristes
de mi amado ..... .
RAFAEL ANGEL

TROYO.

�bomingo 19 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

:ffiL MUNDO ILUSTRADO

..

Mendoza y Luna fué el que coloc6 la primera
piedra.

***

Entre las dependencias notables del vetusto conven½&gt; se encuentran, por lo demás, el
subterráneo, que es un segundo edificio y que
se halla, en partP, derrumbado· y la «Capilla de los Secretos,i, en que se 'observa un
curioso fenómeno de acústica: de una extremidad á la otra se percibe el más ligero sonido.
Las bóvedas son una positiva curiosidad y
al mismo tiempo una obra maestra de ai·quitectura; su construcción es muy atrevida,
están C&lt;Yoladas.ii Las cúpulas son majestuof'as
y se conservan :¡:&gt;erfectamente, llenas por dentro y por fuera, de innumerables inscripcioner-.
Hace algún tiempo se eRtablecieron en el
interior del edifirio unos hornos para vidrio
y esto contribuyó á que las capillas y las ce{
das imfrieran un deterioro lamentable.

EL CONVENTO.

El 13esierto de los Leone~.
La Capilla de los Secretos.

OCOS lugareR, en nuestro país, ofrecen panornmas tan bellos y variados
y reliquias hist6ricas ta!'\ interesantes,
·· como el Desierto de los Leones, punto
hermosísimo de las cercanías de México visitado con relativa frecuencia por las familias y
por los turistas.
Nada hay, en efecto, comparable á ese derroche de galas de la Naturaleza, en todo el Valle, quizás en toda la República: poblado de
árboles gigantescmi que dan sombra y fre..:;cura á aquel recodo de la sierra maravillosamente fecundo, atrae desde luego y se impone
al espíritu despertando la idea de lo granclioso, con sus arcadas ele verdura espléndida y
su suelo cubierto de flores y de musgos...... .

El interior ...... es un laberinto; un laberinto en el cual, el que por primera vez visita

***

1 1

1

1

¡

De una quiebra del camino surge, imponente, el viejo convento de carmelitas descalzos, edificado en aquel delicioso retiro en los
, primeros tiempos del gobierno colonial. A la
entra.da, ruiuosa y ennegrecida por el tiempo,
se conserva en pie todavía la capilla quepara los profanos construyeron los religiosos:
sui&lt; paredes, cubiertas de heno y de hierbas, denotan el abandono en que yacen las ruinas,
cobijadas piadosamente por uno que otro arbolillo que se antoja el guardián de un sepulcro ..... .
La entrada al convento, á la que se llega
por una amplia escalera, nada tiene de notable: un arco sólidamente construído, esto es
todo. Después, un zaguán, y una pieza á la
derecha; en seguida, el patio, cuadrilátero, en
que probablemente estaba plantado un jardín.

Grupo de excursionistas.

aquellos lugares, se pierde: puertas, arcos, ventanas, celdas, bóvedas, patios; todo parece
ignal á lo que antes se ha visto; nada hay que

sirva de punto de mira para orientarse allí...
De boca de algunos montañeses hemos recogido una tradici6n que consignamos, no á
título de verdad hist6rica. sino como página
arrancada al libro de anécdotas que guardan
los sencillos moradores de aquel punto.
En aquel tiempo-los primero~ tiempos de la
Colonia-salió de la capital de Nueva España un religioso que se dirigió, en busca dfl un
campo fértil y apartado del bullicio de la Metrópoli, hasta aquellos lugares. Subió las primeras montañas, llegó á la altiplanicie desde
donde México se ve tendida como en un lecho de esmeralda, y no encontr6 en su camino alma viviente que le brinclara abrigo en
su choza, ni agua que beber, ni lumbre á que
sentarse por laR noches...... Las monuiñas
más inmediatas á la. capital eran muy áridas;
un poco m/Ís allá, eran fértiles.
Un día, al caer la tarde-sigue la tradición,
-el religioso se encontró en el «Desierto»,
descendió hasta el sitio en que se ven las ruinas, y allí halló el agua en abundancia,
hierbas alimenticias y árboles cargados &lt;l~
frutos, y di6 gracias á Dios por haber encontrado aquel asilo y refugio contra todos los males y las asechanzas del mundo.
Bien pronto llevó á otros religiosos, y ,-e formó una comuni&lt;lad; un ejército de indios comenzó á levantar Pl convento, colocándose solemnemente la prinwra piedra del edificio iÍ
principios del siglo XVII, según reza una lápi •
da que á duras penas puede hoy descifrarse. Se
ve en ella el apellido ((Mend0za» y la fecha 23
de enero de 1606. Las abreviaturas hacen más
difícil, la lectura de esa curiosísima inscripción. Probablemente, el Virrey Don Juan de

Volveremos á ocuparnos del «Desierto de
los Leonesi, al dará conocer algunas otras fotografías del pintoresco lugar, tomadas expresamente para «El Mundo Ilustrado.i,

Domingo 19 de Octubre de 1902.

LA CANCIÓN

DEL GITANO
l\lientras la niña
borda el pañuelo,
desde las ramas
del árbol seco
que tristemente
se 1,1ece al viento.
dos pajarillos
·
ven en ,ülencio
de la rloncella
los rizos negrns,
la falda hlanca,
el albo tuello,
las manos suaveR,
los finos dedos,
que van y vienen
sobre el pañuelo ......
Como las aves,
ha mucho tiempo
que cuando paso
lo mismo veo ......
Tendrá la niña
los ojos negros?
&gt;&lt;UH dulces labios
¿r.;erán tan bellos
t·omo laR flores
color de fuego
de los granados
y los mastuerzos
que tras la tapia
ú entre los setos
tal asemejan
soler; pequeños? ........ .
¿Será su frpnte
como el reflejo
que á veces vaga
&gt;&lt;Obre el sendero
cuando.lit nie,·e
tendió su vPlo
y á mediit noche,
como en los ,meños,
mientras la luna ·
se alza en silencio,
sus rayos bajan
buscando el suelo
y entre la nieve
dejan un beso? ..... .
Su rostro amado
es un misterio ......
tanto se inclina
sobre el pañuelo,
que sólo he visto
sus rizos negros
cayendo en ondas
sobre sus dedos ......
En vano agito

Un ánaulo de la capilla principal.

y alzo el pandero;
en vano el oso
gasta su ingenio ......
--Aquí, Neluskol
venga el sombrero!
baile una jota!
¡hágase el muerto!. ..
Y el oso, grave,
que toma en serio
cuantos papeles
para. él inventó,
hace piruetas,
baila un bolero,

pide la mano,
toca en un cuerno,
y en un platillo
junta el dinero,
mientras las risas
de los chicuelos
que en ondas suben
al firmamentc,
muy pronto apagan
los roncos ecos
que por los aires
dej6 el pandero ......
Mas todo en vano;

en vano vengo,
en vano el oso
gasta su ingenio ......
Como las aves,
ha mucho tiempo
que cuando paso,
tan sólo veo,
cual mariposas
que junta el viento,
sus manos blancas
de finos &lt;ledos
que van y vienen
sobre el pañuelo ......

SONETO
El P:esidente de _la Real Academia Española
ha escnto con motivo de los Juegos Florales de
Segovia el siguiente soneto:
¡Oh! los que osáis, modernos trovadores
Dispu.tarme la flor tan deseadfl,
'
Que s1 pasa á las manos de mi amada
La ensalzaréis por Reina de las flores'.
Sabed
ella me inspira·' en miR amore"'. '
, . que
F antaRtico
amador, la vi crea&lt;la
Para ser por el mundo coronada
No por sólo el Eresma y sus pastorei:.
Obra humana no fué la hermosa mía·
La sacó un ángel, que bajó del cielo
'
De un mármol que labró su fantasía'.

Vista exterior.-Las bóvedas del Con vento,

l\Ias por que otro ejemplar no viera el suelo
Al v?lyerse al Señor, de quien venía,
'
El d1vmo escultor rompió el modelo.

�bomingo 19 de Octubre de 1902.

EN EL CONSERVATORIO.
Publicamos hoy una fotografía del grupo
coral de alumnos que forman el Orfeón del
Conservatorio Nacional de Música, con motivo
de los lucidos exámenes que sustentaron días
pasados.

biado; las famosísimas «cargas» de Hoche ó ele
Murat, que tanto~ éxitos conquistaron, no tuvieron enfrente el Maüser ó el Lébel de nuestros contemporáneos, y el general Murat pudo,
de este modo, llegar mil veces á las filas de sus
enemigos, á la cabeza de sus dragones, sin que
un proyectil certero le detuviese en su triunfante ataque.

El Orfeón del Conservatorio,

. Los ejercicios de prueha conRtituyeron una
verdadera audición, altamente orncionada por
el numeroso público que llenaba el salón de
actos.
El Orfeón cantó once números del hermosísimo oratorio ele Méndel'lsohn «Paulus,,, de
factura exquisita y sentimentalismo admirable. La señorita Julia Zepeda y el alumno M.
Bech, com·o solistas, obtuvieron nutridos
aplausos.

Et MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADÓ

Las «instantáneusn que reproduce hoy esta
plana de nuestro semanario, darán idea á lo~
lectores, de la práctica ele Hipología, obligatoria para todos los alumnos del Colegio Militar.
En los primeros días de la ~cmn.na que ara-

Sin embargo ele las artuales condiciones, la
energía física del soldado es aún un elemento
indispeneable en él, y así lo estiman todas las
naciones adelantadas. El soldado debe manejar con maestría el fusil; debe estar al tanto de
la Topografía y de la Fortificación, de la construcción de puentes y de la Telegrafía; pero aJ
mismo tiempo debe ser sano, robusto, ágil,

.
....
EN EL COLEGIO MILITAR

EL BAILE EN OAXACA.-Un grupo de señorita.

EJERCICIOS HÍPICOS.
En poquísimos establecimientos de instrucción se aprovechan laR horas de trabajo como
en nuestro Colegio Militar, y de ello dan prueba los magníficos resultados que, año por año,
ofrecen los exámenes de este plantel.
En el programa de sus estudios ocupa naturalmente y desde hace mucho tiempo un
lug11.r principalísimo la cultura corporal, sin
que por esto la intelectual se vea desatendida
en lo más pequeño.
Pasaron ya los tiempos en que los mejores
soldados eran los más vigorosos, los que mayor
número de enemigos podían abatir al empuje
de su lanza, los más astutos y enérgicos en el
cuerpo á cuerpo, y al cultivo de estas virtudes
reducíase casi la educación del guerrero.
Hoy, como es natural, los tiempos han cam-

ba de transcurrir,ltuvieron lugar los exámenet&gt;
de esta materia.
Los cadetes, en general, demostraron notables adelantos.

EN HONOR DEL GOBERNADOR DE OAIACA

acostumbrado á las fatigas y animoso para intentar los mayores esfuerzos. La vida al aire
libre y siempre en acción, le instruye y vigoriza; los ejercicios atléticos perfeccionan su
vista, afinan su oído, educan su tacto y desarrollan, en fin, sus facultades todas.
Por tal razón, la clase de Hipología forma
parte del sistema de educación seguido en el
Colegio Militar. No basta que el soldado sea
sobrio y sufrido, cualidades que, por fortuna,
Hon peculiares de nuestro Ejército; es preciso,
además, que desde el general en jefe hasta el
último individuo de tropa, puedan en un roo- __
mento dado luchar contra obstáculos para los
cuales sólo se requiere vigor y habilidad físicos.

Con motivo del día onomástico del Sr. Lic.
Miguel Bolaños Cacho, Gobernador interino
de Oaxaca, muy querido eh aquel Estado, se
celebró en el Palacio de Gobierno un suntuoso baile, al cual concurrieron numerosas familias de la mejor sociedad. Las señoritas vistieron lujosos trajes, de fantasía.
En uno de los sitios más pintorescos de los
alrededores se verificó, además, un día de campo en que reinó la más franca animación.
Publicamos un pequeño grupo de señoritas
concurrentes al baile, y otro, más numeroso
de las familias y caballeros que asistieron al
día de campo.

Los conc11rrentes al día de campo.

Domingo 19 de Octubire de 1902.

�Domingo 19 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO
habla más que para contestar; jamás expresa
el deseo de manifestar el gozo, la melancolía ó
el enternecimiento que se reflejan en sus bellos ojos, donde se encierran las harmonías de
la luz entre las sombras tremulantes. Su alma
me llena de una dulce inquietud; quisiera conocerla, y, sin embargo, encuentro en su misterio un adorable flncanto; acaso, ó sin duda
alguna, rehusaría yo á aquel que me ofreciese
la facultad de penetrar el secreto de esta deliciosa mujer. Es muy inteligente; sus contestaciones, justas, de una elegante concisión,
encierran en sí una mezcla de timidez y atrevimiento.
Y yo no pienso más que en ella¡ mi corazón se ha tornado realmente insoportable¡ el
universo ha crecido para mí; me parece escuchar interiormente el rumor de todos los siglos, de todas las dolorosac, y magnas generaciones que vivieron y murieron para que el
amor fuese más hermoso, para que la historia
del esposo y la esposa fuese tan vasta, tan bella, tan harmoniosa como los abismos constelados de estrellas.
18 de junio.

Castillo de la Serraz.-14 de mayo de 1857

UINCE días hace
ya. que las autoridades federale8 nos recluyen en este viejo
rincón perdido.
Todo un pequeño
mundo de republicanos y de revolucionarios: franceses, austriacos, venecianos,
polacos, rusrni, acuartelados con nosotr&lt;;&gt;S en
los antiguos salones en que antaño florecieron
los señores de la Serraz y sus respetables soldadones. No se sabría, en verdad, idear una
tiranía más encantadora. Nuestros guardianes llevan hasta el extremo su cuidado para
los «cautivos." Estas buenas gentes están orgullosas de tenernos, y la población vecina
nos saluda respetuosamente, con el sombrero en la mano, cuando nos ve salir; pues
nosotros salimos cuando noe place, y nuestra
palabra basta para garantizar todas las licencias. Yo mismo, días pasados, llegué mucho
después de la hora de la cena, y he encontrado al ,·iejo guardián Mermoz en actitud melancólica.
-Vuestro guisa.do estará frío ya., señor Durville ...... y mi espo~a se había esmerado ..... .
Compartí con él su pena, prometiéndome
no volverá entrar deRpués de las siete.
El país es un encanto. Un lago fresco, claro, impresionable á los cambios del cielo,
igual á una criatura viviente; parajes en donde pasta el ganado y se hace oír la soñadora
vibración dE-1 cencerro, y cien montañn.R en el
horizonte, verdes, violáceas, cuhiertns de nieve, en donde cada. aurora y cada crepúsculo
renuevan sus yastas, sutiles y divinas decoraciones de luz. Además de esto, un tiempo t.
la medida del de~eo, propicio á los ensueños
v á las divagaciones; una dulce sonrisa de
primavera, de cuyo seno surgen las p rimeras
florecillas, á los hordes del agua temblorosa.
E11 cuanto á mis compañeros de destierro,
casi todos son personaR agradables. Salvo dos
ó tres fanáticos. de aquellos que engendran
las enfermedades del hígado y el estómago,
son en su mayoría hombres alegres, ruidosos,
bastante habladores, buenos teorizantes, que
sólo se vuelven fastidiosos .(•uando las discusiones políticas se prolongan demasiado.
Casi todos, como vulgarmente se dice, dispuestos á «estrangular al último cura con las
entrañas del último rey,i-en teoría. Hay, sobre todo, un gigante ruso, con cabeza de león,

gran melena, ojo_s fulgura~tes, voz furibunda
que entona canc10nes terribles ...... ccLos empalaremoE ..... .los ahorcaremos ..... .los dPgollaremos ...... i&gt;, á la manera de aquellos guerreros australianos que. juran durante tres días
y tres noches c&lt;romperse los brazos, romperse
ias piernas, romperse la cabeza, rompers~ el
espinazo etc., etc.," y acaban por romper Juntos el la¡o de la amiFtad. En ei:pera de la
sano-rienta matanza, el buen Retchnikoff devor~ cada día diez libras de carne, dos docenas de huevos, un pan de cuatro lib:as, . seis
kilos de frutas y legumbres, y hebe diez litros
de vino y cerveza, pasmando de admiración
y asombro á los dos guardianes, á los gendarmes y á las esposas de ést&lt;;&gt;~, á quiene~ llena
de propinas, pues su familia posee cien leguas de bosques, de trigales y de ríos repletos
de pesca en Rusia.

ficiales á pesar suyo. Siempre acompañando
á su p~dre en todas sus salidas, sea en los corredores y jardines del palacio, i-ea á traYés de
las praderas y de los bosques, deja. adivinar
que abriga hacia el autor de sus días un amor
que es más bien una religión.
Naturalmente, toda la banda de prisioneros
se halla en éxtasis ante esta admirable veneciana; el mismo Retehnikoff ha olvidado sus
sanguinarios refranes y sus propósitos aterradores; los jóvenes adoptan la actitud de Romem•, y los viejos no descuidan la menor apariencia. El doctor ha venido á ser el soberano
absoluto de La Serraz; con la particularidad
de que, acostumbrado á estos c~mplidos _de
carambola, no les concede gran importancia.
E ignoro por qué soy el preferido de este buen
viejo, que me ha hecho acompañante suyo en

/"

-

~,itU!i!lt, /

111'

27 de mayo.

Dos nuevos prif:ioneros han llegado á La
Serraz. El primero, el doctor Ojetti. un veneciano afiliado al carbonarismo y varias veces sumergido en los calabozos de Austria, es
un hermoso viejo al estilo de su país: vivo,
seco, ojos entenebrecidos, gesto encantador,
palabra fácil, sal picada. de metáforas y supe:lativos inteligencia clara y penetrante, nutndo al ~ismo tiempo de ciencia, de arte y de
literaturas antiguas; entusiasta ar;imismo, lleno de ilusión respecto á la unidad italiana
y siempre dif puesto á sacrific~r la vida 6 la.
libertad en aras de sus creencias. El otro cautivo-una c:iutiva-es la misma hija. del doctor admitida. en La Serraz por favor especial,
á c~ndición &lt;le vivir con las hijas del guardián
l\Iermoz.
Francesca Ojetti es, por todos conceptos,
del'lum bradora.
El día y la noche se escapan á la vez de sus
hermosos ojos color &lt;le ametista, su tez supera
eri transparencia y suavidad á los pétalos de
la rosas alpinas; cada uno &lt;le sus gestos y sus
ademanes acusa a.l momento el exquisito cuidado que la naturaleza ha tenido en perfeccionarla. Peculiaridad suya también es la de
permanecer casi siempre silenciosa; rara vez
se escucha su voz, en que se mezclan las vibraciones del oro y el flexible acento del agua
que corre. Es triste, pero no con esa tristeza
que oculta casi siempre un mal flsico; por el
contrario, surge de ella una saludable harmonía una gracia divina y fuerte. No evita la
pre~encia ni la conversación de las gentes; pero en su actitud desconcierta las almas super-

todos sns paseos, por qué me estrecha la mano
como á ningún otro y aun logro algunas de las
raras sonrisas de la. joven.
Salimos los tres, cuando declina la tarde,
cuando el sol finge mil cam hiantes en el horizonte, y las montañas, coronadas de hayas y
abetos, alargan sus sombras sobre las planicies.
OjetLi charla sin descanso; su alma es un
Yivero de anécdotas y un almacén inagotable
de recuerdos; su conversación bulle, se agita,
reluce, y hace ver en un instante mil siluetas
de seres, mil acontecimientos, mil aspectos de
alma. Este hombre es un maravilloso educador;
no sabría lanzar una idea sin darle la agudeza,
la forma, el gusto que la hacen penetrar corno
una obra de arte y saborearla como una golosina.
Y Francesca, silenciosa, escucha. Nunca

Sin embargo, es verdad! El misterio me ha
hecho objeto de su preferencia; los profundos
ojos de ametista se iluminan al mirarme; la
sonrisa es confiada; sobre el rostro fulgurante
mi llegada hace asomar algo como una dulce
bienvenida. Cuando la veo de lejo:-i, mi corazón se llena de espanto; pero de cerca, merecobro por completo, como al borde de un precipicio sembrado de trepadoras en flor. Y
Francesca no hace ningún esfuerzo para disimular su alegría: la más ligera sombra de coquetería está ausente de todos y cada uno de
sus ademanes. Vive en su belleza como un rey
poderoso en su imperio; ignora ó quiere ignorar toda seducción reflexiva, que, por otra
parte, sería bien inútil, pues que posee, para
ganarse á todas las almas, su dignidad y la
fuerza invencible de su silencio.
25 de junio.

He gustado por vez primera, como un favor
divino, aquella dulce acogida que asomara en
los labios de Francesca. Mas la angustia me
ha penetrado también; la misma franqueza de
la joven se ha vuelto un suplicio para mí; temo que llegue algo que es lo peor para aquellos que aman: la falsa separación-esa cruel
familiaridad que la amistad engendra y que,
al prolongarse, excluye toda esperanza de un
afecto más vivo y consolador. Aún podría yo

resignarme, pues concibo como ccdemasiao.o
hermoso,&gt; un porvenir en que se mezclara el
amor de esta maravillosa criatura, y, por lo
demás, siento, sé que Francesca no se rasará
nunca por pura amistad: que antes permanecerá sienc.o la feliz y devota compañera de su
padre.

II
lo. de julio.

Hemos subido hoy hasta la aldea de la Meseta; la montaña reviste su gran túnica deslumbradora, sembrada de todas esas flores silveatrcs que !'e mecen en los débiles tallos, de todos
esos fragmentos de luz, de tocios esos pequeños
breñales que hallan su instante de gloria sobre
el agrio flanco de la roca, en los minúsculos
jardines colgantes hechos del polvo de las piedras pulverizadas átomo por átomo á través de
los siglos. Las hayas se yerguen como un ejército en batalla; los abetos se estremecen todos
.
. .
e11 un mismo
movimiento,
al paso de la' brisa
estival. Nos hemos detenido al borde de un
torrente, contemplando las agitadas ondas, y
Francesca ha franc¡ueado el puente y se ha
puesto á tomar un boceto al carbón.
Ojetti, interrumpiéndose en medio de su jardín de anécdotas, me ha dicho:
-Estáis pálido y triste. No cre~is que acaso os sería fácil confesaros conmigo?
Yo le miré. Sentía me sin aliento, paralizada
la sangre en mis arterias, abmma.do al peso de
mi angustia, y le respondí:

:\Iuy tardP, en las noches
Del invierno tétrica!",
Cuando el viento gime
Y gimiendo besa
Los desiertos nidos
En las ramas secas,
Cuando todo calla.
Y se oculta y tiembla
Y la nieve cae
Silenciosa y lenta,
De la mar emerge
En las olas trí:mulas,
La barca fatídica,
La góndola negra.

Agitando, sueltan
Esas plumas diáfanas
Que caen cuando nieva.
Abajo las gentes
De pavor se hielan,
Entran en sus casas
Y cierran las puertas;
Luego junto al fuego
De las chimeneas,
Se agrul?an los chicos
Y el abuelo cuenta
Un cuento que llama:
La c,Góndola Negra."

Los niños que mueren
Y sus cunas dejan
Y por miedo al frío
Se van de la tierra,
Sus alitas puras

«En invierno-dice
Con turbada lenguaEn invierno, triste
Cada vez que nieva,
Cruzan en silencio
Las calles desiertas

Domingo 19 de Octubre de 1902.
-No podéis adivinarlo?
-No ccdebo" adivinurlo. Vuestro dolor no
aumentará por haber sido confiado. No estáis
seguro de mi simpatía hacia vos?
Entonces le hablé muy bajo, casi al oído, y
él me replicó tiernamente:
-Soy todo vuestro, y, por otra parte, abrigo una gran esperanza. Sin embargo, no qui¡;iera yo pesar un solo escrúpulo en el destino
de Francesca, ya que tengo clemasiada autoridad sobre ella. Queréis hablarla vos mismo?
-La hahlaré.
Hallábame presa de profundo terror. El misterio era más profundo; sentía. el abismo ahondarse bajo mis pies. En el momento en que
me acercaba á la joven, parecióme escuchar
cerca de mí las palabras del;Gran Maestro:
c,Lasciati ogni speranza,» y fué en verdad á la
puerta del Infierno á donde llamaba, cuando
hube llegado al otro extremo de la pradera.
Al acercarme, Francesca cesó de dibujar.
Levantó hacia mí el rostro, y en sus ojos en
que aún se advertía la abstracción de su trabajo, vi que ella no tenía ninguna idea ningún pensamiento de lo que iba á deci~la, y
sentíme turbado de pronto. Ella advirtió mi
turbación, y una sombra de inquietud se extendió sobre su frente.
La hablé, trémulo en un principio, más tarde, hallando algún calor para ofrecerla mi vida•
y á medida que yo hablaba, ella palidecíamá~
y más. Cuando terminé, estaba ella ante mí
inclinada la cabeza, las manos trémulas s~
divina boca contraída por un gesto de te;ror.
Guardaba silencio; parecía no querer ni poder
formular una respuesta.
Y vo añadí:
-Os he ofendido?
Ella respondió .al cabo, á costa de un esfuerzo:
-No, no me habéis ofendido.
-Puedo concebir algm~a esperanza?
-No_ puedo respo~deros; lo ignoro tanto
cuanto ignoro todo mi porvenir.
Yo repuse, desalentado y humilde:
-~o es más que la ignorancia? No sentís
n:.ás bien que yo no puedo haceros feliz?
-En este momento yo no 1:1iento nada ni
en contra ni á favor de vuestra persona ....'..
-Estáis mortalmenle pálida cual si os hallaseis dominada por el horrnr.'..... .
Ella bajó sus ojos llenos de sombra..
-Os equivocáis: no es el horror· es el espanto. -(CONCLUIRÁ.)
'

Procesiones largas
De ánimas en pena.
Salen de poblado
Y van á la selva
De árboles desnudoR
Y altos, que semejan
Turbas de esqueletos
En macabra fiesta.
Después á la playa
Las ánimas llegan
Y allí se arrodillan
Y lloran y rezan ..... .
¡Pobres! Son las ánimas
De lor; que en la tierra
Se hurta.ron infames
Las cosas ajenas;
De los que marcaron
Con !&lt;angre sus huellas
De los que perjuros '
Llenaron de afrenta
A la virgen cándida
O á la esposa tierna!

·····························
Llorando y rezando
En la playa esp~ran,
Hasta que en silencio
Viene y se las lleva,
La barca fatídica
La góndola negra'."
Usted que es dichosa
Usted, Luisa bella, '

J J{.

JioSUJI.

[Traducción de "El Mundo Ilustrado."]

Que en su hogar tranquilo
Amorosa reina,
No sabe esas cosas
(Ni nunca las sepa!)
Que llenan de luto
La faz de la tierra,
·····

························

Cuanclo del invierno
Las veladas vengan
Y caiga la nieve
Silenciosa y lenta,
Haga usted que cierren
Que cierren las puertas'
Encienda la lumbre '
De la chimenea,
Y con su marido
Acuda contenta
A cuidar el sueño
De la prole bella.

y· ~f~~i~: :: ·.·.·· q~~- :p~~~~~'
Las almas en pena,
Que alcancen llorando
La playa desierta
Y llenen medrosas
La góndola negra ...... !
JAVIER SANTA MARÍA.

�El Vigor del Cabello
del Dr.Ayer
UD art\ouh
det.ooador, pet-

•

fumado, de lot
mas delir,ados,
oon cuyo uso e'
cabello se pone
suave, flexible
y lustroso. De
, vuelve al oabel
' lo descolorido y
,n-1s la frescun
BU primer
color ; oonsern
la cabeza libl'tl
de caspa, sana los humores molestos t
t m pide la caída del cabello. Hao
crecer el cabello, destruye la aspe
~ulera se emplea

EL

Mu Noo

AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 17.
Dlrecton LIC. RAl'AfL Rfl't&amp; &amp;PINDOU.

ILUSTRADO

MÉXICO, OCTUBRE 26 DE 1902.

Subscripeión mensual foránea , $1.50
l aem Jdem . en la.capita l, ,. 1,25
Gerente: LUf&amp; RHf&amp; &amp;PINDOLA.

ae

El Vigor
del Cabello
del Dr. Ayer
T ff
J.l.l'1.

'~FOSFAmTNA
lJAL'~'lJ'su
es el alimento más grande y el más recomendado paralos
·l: i
Ul.U~
desde la edad de seis á siete meses, y particularmente en el mn

Dll'IOI

J;

suplanta todas las

demu

pre.-.

oiones y pasa , ser el bvortto de lu

sefl.oras y caballero&amp;.

mento del destete y durclnte el período del crecimiento. Facilita mucho la dentición; asegura la buena !ormac!ór
de los huesos; previene y neutraliza los detectns que suelen presentarse al crecer. é impide la diurea que es tan fr., Preparado por Dr. J. O. A,,_ , C..
Lowell, Mua., E. U, l..
cue11te en los nlf!os. -PARIS 6. AVENUE VICTORIA, Y EN TODAS LAS FARMACIAS.

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edificio de la ezposición «aciona/ en 4oluca.

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>El Vigor del Cabello
del Dr.Ayer
UD art\ouh
det.ooador, pet-

•

fumado, de lot
mas delir,ados,
oon cuyo uso e'
cabello se pone
suave, flexible
y lustroso. De
, vuelve al oabel
' lo descolorido y
,n-1s la frescun
BU primer
color ; oonsern
la cabeza libl'tl
de caspa, sana los humores molestos t
t m pide la caída del cabello. Hao
crecer el cabello, destruye la aspe
~ulera se emplea

EL

Mu Noo

AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 17.
Dlrecton LIC. RAl'AfL Rfl't&amp; &amp;PINDOU.

ILUSTRADO

MÉXICO, OCTUBRE 26 DE 1902.

Subscripeión mensual foránea , $1.50
l aem Jdem . en la.capita l, ,. 1,25
Gerente: LUf&amp; RHf&amp; &amp;PINDOLA.

ae

El Vigor
del Cabello
del Dr. Ayer
T ff
J.l.l'1.

'~FOSFAmTNA
lJAL'~'lJ'su
es el alimento más grande y el más recomendado paralos
·l: i
Ul.U~
desde la edad de seis á siete meses, y particularmente en el mn

Dll'IOI

J;

suplanta todas las

demu

pre.-.

oiones y pasa , ser el bvortto de lu

sefl.oras y caballero&amp;.

mento del destete y durclnte el período del crecimiento. Facilita mucho la dentición; asegura la buena !ormac!ór
de los huesos; previene y neutraliza los detectns que suelen presentarse al crecer. é impide la diurea que es tan fr., Preparado por Dr. J. O. A,,_ , C..
Lowell, Mua., E. U, l..
cue11te en los nlf!os. -PARIS 6. AVENUE VICTORIA, Y EN TODAS LAS FARMACIAS.

t

~•aro•-~
•tJ •• ntu 9.-,!Elf•-

1

~

~1
1

edificio de la ezposición «aciona/ en 4oluca.

10 P~SUS

VALB EL MOLINO ECONOMICO

�Domingo 26 de Octubre de 1902.

LA BELLEZA DEL PIE

l

El pie, como la mano, como 1a oreja, como
la boca, tie1.e no s6lo su género de belleza peculiar y propio, sino que, contra lo q_~e era de
esperarse, es susceptible de expres1on y de
sentimiento. El pie no s6lo es capaz de hablar
á los ojos, de halagar la vism con sus_ proporciones y sus contornos, ?e de~pertar ideas ~e
belleza meramente plástica, smo que entrana
6 puede entrañar conceptos superiores de belleza pormenores estéticos que pasando más
allá de las pupilas, van al encuentro del espíritu y del corazón.
Hay, pues, pies clásicos, románticos_ y decadentistas; los hay realista1&lt;, m_odermstas Y
simbolistas; místicos y prerrafa~hstas; los hay
líricos, épicos é idflic~s;. ~elod1stas y armonistas Gluckistw y P1ccimstas.
Hay el pie fino, esbelto. elegante, de !alón
sonrosado y uñas nacaradas, de proporciones
armoniosas, de curvas suaves y prolongadas
que recuerda_n ]a estatu~ria griega y las forn:i~s
ágiles y graCJosas de D~ana. Lo hay ta~b~en
vigoroso poderoso, ma¡estuoso, firme y solido
que recu'erda la olímpica serenidad ,Y el pod~r
soberano de Minerva. Hay la vanedad ccmignonne » el piececito menudo, ágil, juguet6n,
con el que las j6Yenes juegan como juegan con
el abanico. El pie lánguido, soñador_, evaporado, se desliza sobre la alfombra sm to~rla casi vive en el escarpín como en un retiro,
lejos d~ las miserias y de la prosa del mund~;
el pie andaluz es descocado, encor:'a su emp_eine como para salirse de la zapatilla y espiar
lo que pasa fuera; pisa fuerte, camina firme Y
no está jamás en reposo.
Gretchen ostenta un pie linfático, lento y reposado; pie doméstico, cons~grado al hogar .Y
á la familia; abnegado, Jabonoso y_ fiel. El pie
italiano es trágico, ardiente y apasionado; a~a
hasta el delirio ú odia hasta la locura, sm
matices ni términos medios; es moren?, sa~guíneo, impetuoso y poderoso_. . El pie pa~isiense es como la fisonomía pansiense, c&lt;_chiffoné,» asimétrico, irregular¡ carece de ~meamientos clásicos,. de proporc10n~~ armo_mosas;
pero e~ t?do grac~a y tod? expres10n, chispeante, espuitual, epigramático y suele ~a?er muecas alarmantes de gracia y de mahc1a, tener
mohines de c6lera felina y refinadas coqueterías mundanas.
, .
.. .
r,
El pie inglés es practico y utihtano; mas
que pie es calzado; éste lo protege como las
corazas á sus buques de guerra, lo oculta Y
disimula como la diplomaci_a d~ Lo:ndres los
designios británicos; en el pie bn~mco no_ se
ve más que la bota, como en la_ fisonomía mglesa la impavidez. Puede decirse que es un
pie enmascarado; nunca se sabe lo que el calzado tiene dentro.
El pie yankee es, sobre todo, una base de
sustentaci6n, un punto de_apoyo Y. un 6rgano de movimiento. Nada dice, funci~na; nada
expresa, trabaja;_no habla al al~a, smo al raciocinio. A ese pie no se le adnnra:; se le calcula como la resistencia de materiales; es un
arm~z6n de huesos revestido de un paquete de
músculos y de tendones que funciona con la
regularidad de un mot6n y la energía de un
polipasto.
El pie mexicano es ~n injerto de andaluz y
de azteca. En su calidad de andaluz e~ pequeño combado y armonioso; en su cahdad
de azteca es resignado y taciturno.. A ve~es
predomina el tipo paterno y resul~ ¡uguetón,
picaresco y charlatán; á veces el t1p? _materno
se sobrepone y el pie se hace melancohco como
un &lt;(alabado." El pie indígena suele ostentar
el apocamiento y el abatim~ento de la raza Y
ofrecer las huellas del traba¡o ~u.do, rle 1~ ~es ·
nudez casi absoluta y de la debilidad orga:n1ca.
Salvo este último caso y los de ~eform1dad,
todas esas variedades son con:ipatibles con, la
belleza del pie. Se engaña qmen crea que solo
es bello el pie pequeño 6 el regordete 6_ el larguirucho. Todo pie puede ser bello ~1 es armonioso, proporcionado, sano Y. graCJoso, Y,
sobre todo, si tiene expresi6n y si_ traduce fielmente las virtudes 6 las capac1da~es ?e su
dueño; la índole de una raza, las asp1rac1ones

EL MUNDO ILUSTRADO
de un pueblo su historia, su porvenir. El pie
puede y debe' expresar todo eso si quiere ser
bello, y el calzado puede secundarlo en esa t~rea sugestiva y casi psico16gica. Toda la an_t1güedad clásica está imbíbita en el coturn~,
toda la Edad Media en el borceguí; el Renacimiento en la chinela; la monarquía en el tac6n alto y rojo, la hebilla y el moño.
Miradas por los pies, España es una alpargata; Norteamérica, una bota; Turquía, una
babucha· Francia un botín. El tac6n chueca
es miseria· el cal~do sin betún, desidia. El
juanete vo'lurninoso revela inferioridad de espíritu; los dedos chatos y_el pie cuadra~o,. sangre bastardeada; el emperne plan.o, act1v1~ad;
el empeine combado, orgullo. Pies que P!san
con el borde interno, indican pereza y lentitud
física y mental.
En resumen, el pie es un poema, tiene elocuehcia, habla y convence, explica y demuestra. Parodiando una frase célebre, puede decirse: c&lt;Dime con qué andas y te. dir~ quién
eres,» y suele el pie revelar más rmstcrios que
los ojos 6 que la misma fisonomía. Para conocer el fondo del corazón 6 de la inteligencia de
un hombre véasele la cara, y si no basta, estúdiesele eÍ pie. Aquélla suele encubrir, éste
jamás engaña.

LA TOSCA,
Impresiones.
tópico que todo el mundo ha repetido
sta el fastidio: Sardou no maneja homs, sino maniquíes. Sus personajes se
mueven, no por la fuerz11 del espíritu,
sino por los ocultos resortes, por los hilos invi•
sibles que, á manera de marionetas, los sostienen.
Pero si Sardou no crea almas, crea, en cambio situaciones. No será un psicólogo ni un pensaa'or· pero es indudablemente un dramaturgo.
No pu~de, no lo desea quizá. ser un filósofo; se
contenta con ser un teatral. Dumás era un apóstol que dramatizaba sus prédicas; Sardou es un
ingenioso telonero que conoce los secretos de la
escena y los aprovecha. con extraordinario talento.
No se necesita más para un libreto de ópera.
Eso es precisamente lo que buscan los músic&lt;?s:
efectos y situaciones, y en las obras del comediógrafo francés no hay otra cosa.
De aquí que Sa.rdou haya resultado un gran
libi·etista moderno, el cual no requiere para.acomodarse á las situaciones líricas, graves alteraciones1 dislocamientos, variación de caracteres
ó muti lación de la trama escénica. Antaño, &lt;papá&gt; Hugo sufrió horrible_mente cu!!-ndo á sus románticos poemas, que an111:1aba un mm~nso soplo
de poesía sublime y profé~1ca, los musi?-aba &lt;papá&gt; Verdi. El verso hugma.no_ era música poi· sí
mismo; no pedía acompaña.miento de orquesta.,
no pedía que lo cantasen; se cantaba solo. ~ luego, dentro de aquellas es~ofas, un pensamiento,
y dentro de aquellas ficc10nes,. un alma_, monstruosa si se quiere, desproporciona.da, gigantesca pero alma al fin, rebosante de emoción Y de
vida. Y Hugo, poeta enorme, encajonado en un
libreto, resulta falseado, contrahecho, empeque•
ñecido.
.
1
Sardou libretista, resulta amplificado, e.evado bello.' Le falta espíritu. La música con el
suyo, sutil y conmovedor, vi:'ifica a9.~ellos dl!-ntoches &gt; los anima con su a.hento d1v100, les 10funde ~na alta y noble existencia, y ante nuestras atónitas miradas, los presenta como ante la
fantasía loca de Don Quijote desfilan los toscos
títel'es de la barraca de maese Pedro.
El milagro está hecho. Ya tien~n al!D!!- los personajes de Sardou. Giordaao hizo vinr á «Fedora·&gt; Puccini á «Tosca.&gt; Sobre la muerta letra,
y las' frases de relumbrón, y la inverosimiliLud y
1a irrealidad, pasó una _ráfaga son&lt;_&gt;r9: cargad,a
de polen y floreció la vida en las ficciones. .El
cartón se transformó en carne. Las muñecas se
volvieron mujeres. Antes &lt;Tosca&gt; hablaba mal;
ahora canta deliciosamente. Ya es lo que debía
set·: una cantante.

***

Porque la música de Puccini le ha dado verdad
y fuerza.. El flamante genio italiano halló en el
enredo tremendo y lúgubre de S~rdo~, u~a. escena dramática á que afianzar sus rnspiraciones lí-

EL MUNDO ILUSTRADO
ricas. Cada situación le ofrecía campo para describir las cosas más disímbolas y los opuestos
sentimientos.
Tres pasiones juegan en la obra, en infernal y
terrible lucha: amor, celos y odio;el amor engen,
dra los celos, y los celos el odio. Estas ti·es pasiones, enredadas como tres víboras, se retuercen
enfurecidas. El amoi' vence á los celos; pero el
odio vence al amor.
El bíblico combate del ángel negro y el blanco, sobre el puente del abismo, ése es el combate
entre Tosca y Scarpia. Tosca es el Bien celoso;
Scarpia es el Mal enamorado.
Puccini canta y pinta esta trágica batalla. Y,
admira.ble psicólogo dionisíaco, encuentra en
cada nota, en cada frase musical, en cada comcombiaación sinfónica, un precioso estado de
conciencia que le difunde en ondas sonoras y
penetra en los corazones haciéndolos salir por un
solo impulso de amor, 'de dolor 6 de terror.
En el primer acto dominan la ternura y la unción. Es un idilio, un poco nervioso, con sus
pasaies tristes, pero sobre el cual se levanta,
imponiéndose al &lt;Te Deum&gt; y á los cañonazos,
á modo de rumor de al a, el eco de las palabras
amorosas y el ruido de los besos.
El acto segundo es cruel, es torturante. Hay en
él risas de Satán en brama. Pero Luzbel cae
hel'ido por la mano armada del amor.
Puccini nos dice esto con los más desga1·radores acentos de angustia, con las más crispa.doras disonancias, cou los más inauditos y medrosos temas. Su música evoca, como un conjuro,
recuerdos fúnebres y dolientes memorias. Es música que hiere, música que sangra, aguda y luciente como un puñal, pavorosa como un antro,
negra como el crimen y roja como la venganza;
cowo en la balada de Ulhand, suena á lo lejoel tambor de la muerte. El angel blanco parece
que ha vencido; el arnoi· cree que se ha salvado ...•..
Y no; en el tercer acto se ve: todo ha sido un
engaño del Mal, una mentira de la Esperanza.
El amor parece aniquilado por el odio. Y la elegía de Puccini, patética, desesperada, llorosa,
con sus rápidos instantes de alegría funesta, en
las horas del sufrimiento, como chispas de luz
efímera en un fondo de sombra, se deslíe en infinitas tristezas, en sollozantes melancolías, y estalla al fin en imprecaciones blasfematorias, en
colosales derrumbamientos defe, en terl'ibles gemidos de desengaño.
¡Oh, gran obra, que tiene para cada cólera su
grito, para cada pena su suspiro, para cada ternura su canto, su sollozo para cada sufrimiento!

***

A nadie mejor que á Puccini puede aplicarse
el gastado &lt;cliché&gt;: El estilo es el hombre. Manóa Bohemia Tosca, son tres óperas hermanas.
!lfa~ón, coqueta y apasionada; Mimí, dulce y
sensible; Floria, vehemente y fogosa. Como las
hijas del Rey Lear, se han dividido el reino de
su padre. Se pa1·ecen mucho entre sí: son tres
gotas de un mismo nectario, tres celajes de un
mismo cielo. Manón es azul; Mimí, blanca; Tosca, i·oja. Pero estos tres colores se funden en una
so1a tonalidad frisada; estas tres óperas, á manera de tres cuentas, están unidas por el hilo de
oro de la misma inspiración. Procedimientos
artísticos y efectos orquestales semejantes, nos
obligan, oyendo la Tosca, á recordar á las ausentes. Decimos: por aquí pasó la Bohemia, por
allá se asoma Maaón, como de una mujer hermosa solemos decir: tiene la belleza de la familia.
8m embargo, por encima de estas ~peras-.
soplo divino, aliento eterno-flota Verdi. Vei:di
es wua la Italia lírica, todo el sonoro espíritu
cte un pueblv.
Puccini sigue su ascensión; prime1·0 lo f~'Ívolo,
ea seguida 10 tierno, ahora lo dramático. La
tentativa ha resultado genial.
El J&lt;Wen compositor, no sólo es ya espo~tánearuente inspirado, sino sabio. La ·rosca tiene
prunores de frases musicales, de melodías flamantes, de nobles motivos; pero encuna de ellos
caen las áureas bordadura;; de una instrumentación colorida rica, luminosa y eminentemente descriptiva. 'Hay pasajes sintnóicos elocueutfsimos que hablan con el vei'b0 ideal y vago del
sonido, mas exp1'esivo y penetrante, en ocasiones, que el de la palalJra ..... .

**&gt;t
La epopeya de la hi~toria ~niversal, es c?mo
la de Hornero: un ba¡o relieve que no tiene
fin.

***
El furor y la crueldad de un pueblo_ que
combate por ser libre, demuestran la situa•
ci6n de que quiere desprenderse, y no la que
quiere adoptar.

Domingo 26 de Octubre de 1902.

COMUNICACIONES.

cCa inn¡ersión del cahle en el ~o/fo.

EL "ldum.'

en el tambor; la otra extremidad e1&lt;taba en comunicaci6n con la caseta de tierra 1 donde había una dotación semejante de ap aratos.
Desde que el vapor empez6 á soltar el cable
la comunicaci6n entte el buque y tierra fué
constante, y cada media hora se estuvieron
haciendo observacio1,es y mediciones eléctricas
con objeto de cerciorarse de que el cable no
sufría deterioro en el momento de caer al agua.
El vapor iba soltando el cable por la proa
por m_edio de una gran polea, y á bordo, u~
mgemero anotaba en la carta marina el derrotero _d~l cable; ot~o hacía las observaciones y
~ed1c10nes eléctncas, y los operadores se ntihzaban para la transmisi6n.
El buque lleva un dinamómetro para determinar la tensi6n del cable y pa~a buscarlo
cuando se interrumpe y está perdido.

ACE pocos días se puso al servicio el cable tendido entre Veracruz, Frontera y
Campeche, C?nfo~me al co_ntrato celebrado con una compañía extranjera, y del
cual es prop1etar10 exclusivo el Gobierno Federal.
. Las ~aniobras de inmersi6n de un cable son, no sólo laboriosas, sino instructi' as! y bien mere?~n que nos ocupemos de ellas, para que los lectores de este sernanano tengan not1c1?' ~e ~a importan,te operaci?n llevada á término en aguas del
Golfo. El ?\cl_on que soplo en los pnmeros días de septiembre hizo mucho más d1ficiles los trabajos y, por lo mismo, más interesantes.
El pu1:to escogido en la playa de Veracruz ¡,ara establecer la caseta
de conex16n con el cable subterráneo está situado á kilómetro y medio
del malec6n noroeste de las obras dei puerto y antes de la caseta del cable ele Gálveston.
El cable que se acaba de tender se divide en dos clases: cable costero
Y cable &lt;le mar prof~mda; el_ costero es el de mayor diámetro; y el de
,~ar profundo, el mas reducid~. -~l conductor está formado por nueve
hilos de cobre de gran conductih1hclad, enrollados en uno central.
La inm_ersión se empezó en Ve1:acruz, haciéndose la del cable costero,
en sus pnmeros tramos, por me(ho de lanchas y emJ-,arcaciones menores, porque había que atravesar el arrecife ó bajo de ,cLa Caleta» donde
el vapor no podía entrar.
'
El «Idum», vapor destinado para instalar el cable, se situ6 á 12 millaii
~e la P~~ya, hasta donde, corno dijimos antes, las lanchas hicieron la
mmers10n. A bordo del vapor estaba instalada una oficina cablegráfica, que se conect6 con una de las extremidades del cable aún enrollado

***
Al llegar á Frontera el vapor «Idum" se desat6 un_ terri~le ciclón que lo puso en peligro.
El capitán hizo notar esta circunstancia y entonces se mand6 cortar el cable, se le puso
una boya y se echó al agua. Hecho así, el
buque, forzando su máquina, se hizo mar
adentro y tuvo que luchar tres días consecutivos con las olas para regresar al punto donde había dejado la boya.
. Este accidente di6 lugar á una de las operaClones más curiosas: c&lt;)a busca de un cable
perdido». Para esto se hizo indispern:able el
dinam6metro. Su péndulo quedó unido á una
cadena y ésta á un gancho, que se lanz6 al
agua.
El buque, por los datos que proporciona la
carta de navegación, tom6 una direcci6n contraria á la del cable y empez6 á navegar; en el
~omento en que el gancho agarr6 el cable, el
dmamómetro empezó á mar&lt;',ar tensión· fué recogido el cable entonces, se hizo el e~palme
con el cable costero para comunicará Frontera
Y sali6 el buque para Campeche haciendo sond_eos, para, á su regreso, continuar la operac16n.
En Campeche Re instaló la caseta de empalme, que se ve en la fotografía que publicamos;
se tuvo cuidado de instalarla á cubierto del
viento. Las casetas de Veracruz y Frontera
son iguales á la de Campeche.
~l Yapor sali6 de Campeche para Frontera
haciendo la inmer:::i611 de los cables costero v
de mar profundo; el• empalme se hizo frente
á Fron~ra!,qneclando d~sde luego en perfecta
conm111cac1on las tres cJUdadeR referidps. J,n,
Dirección de Telégrafo~ envi6 Yarios em plmdos para que prácticamente conocieran la interesa~te operación á lJUe nos referimos.
. La !nmersión la dirigi6 el Dr. Kénnelh·,
mge~uero electricista, presenciándola el vicepresidente de la compañía constructora Sr.
Henry.
'

Caseta de empalme en Campeche,

�Domingo 26 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

LA PROFESA
NTRE los templos más1 notables levantados por el arte cristiano
durante los tres siglos de la dominación española, en México, ocupa
lugar preferente el conocido hasta el día con el nombre de La Profesa.
Data su fundación del año de 1592, en que los padres de la Compañía de Jesús dieron principio á la obra, con el auxilio de algunos particulares que contribuyeron á ella con donativos más ó menos valiosos. Desde el año de 1585, los jesuítas habían adquirido en propiedad
el terreno necesario para la fundaci6n del templo, obteniendo del Arzobispo D. Pedro Moya de Contreras licencia para establecer allí lo
que después se llamó Casa Profesa; pero, cuando menos lo esperaban,
los religiosos de San Francisco, San Agustín y Santo Domir.go, apoyados por el Ayuntamiento, arrastraron á la Compañía á un pleito dilatado y ruidoso, oponiéndose abiertamente á. la fundación de la referida casa. Los jesuitas, entonces, ocurrieron á los tribunales y al Papa Clemente XIV, en demanda de sus derechos, y el Pontífice falló en
sentido favorable á la solicitud en 26 de junio de 1595.
Esto vino, como era natural, á poner fin á las disidencias, y los trabajos de construcción pudieron proseguirse sin tropiezo, dedicándose
el edificio con toda solemnidad el 28 de agosto de 1720.
El templo consta de tres naves sostenidas por ocho columnas; la nave de en medio es más ancha y más alta que las laterales, y en cuanto
á su arquitectura, se echa de ver en ella el mismo estilo dominante en los primtros templos
construídos en México. En las columnas, sobre todo, hay mucho de gótico.

ciones preciosísimas de pinturas, que representaban un capital y de las que se consrrvan
todavía algunas. De Cabrera, se guardaban
«La Vida de San Ignacio» y la «Historia del
corazón del Hombre degradado por el pecado
mortal y regenerado por la religión y la virtud.» En el cuadro que representa á San Ignacio en la cárcel, las figuras son retratos de
personas de la familia del pintor; en el que representa al mismo santo en el portal de Betlehem, está retratado el franciscano Fray Juan
Fucher, uno de los primeros que vinieron á
América, y así en los demás. Las pinturas
era una colección de retratos de los religiosos
más célebres en aquella época.

Domingo 26 de Octubre de 1902.

meros tiempos de la conquista. Empeñados
- ·
nes, en intrigas y trabacuentas que más de ' con s~naladas excepcioconfesar jamás_ el ~elito que había cometido. El juez eclesiástico, no
cándalos, los hechos censurables se sucedí una yez degeneraroi:i ~n esobstante, cons!dero suficientes para condenar al acusado las declaracioan, minan o el prest10-1
d
1a au ton'da d cat'l'
nes de los testigos, y pronunció sentencia contra Villaseñor el 27 de
o 1ca en estas tierras que tan lt h b'
.0 0 e
rones tan justos Y tan sabios como '.nménez ~ Lo
ian sostemdo vaa~osto de 1744. Por esta sentencia el criminal fué condenado á «serUno de estos escándalos fué el
•d
) as asas.
VII' de galaote por diez años en las galeras de Su Santidad ,,á ser separade 1743. Los historiadores de aqu~1u~~mº e~o: Profesi; el 7 de marzo
do
Y apartado de l;t ~~pañía de Jesús y á otras penas. '
0
detalles,. y si alguno da cuenta. del suceso pes tan den;as1a~lo parcos en
_El defe~sor apelo, p1d1endo se diera porcompurgado al reo· pero naparece srno que pasa por sobre ascuas. E; un h
enc1~a, que no
die sab~ s1 fué Villaseñor trasladado á Roma ó si los jueces '10 pusieron en hberta&lt;l audande el tiempo.
la mañana de ese día amaneció ahorcado en ec o ueraae duda que
~rovincial de ~os jeimíta~ en la ~neva Españ/uDca~~
cdnvento el
En_ 1850 se encontró en la capilla &lt;le San Sebastián, de la Profesa, la
sm que se supiera de pronto crnién fué el aut¿ d. 1" ICo_ s e Segura,
m?mia del padre Segura, que aun se conserva como un recuerdo del
cnmen de que fué víctima.
dición señala como tal á un pádre de la mism r e as:smato. L;:i trafué remitido ocultamente á Europa-dice el D~· Ctm~anía ~le J~sus que
una de su~ obr~s-para dejar el crimen envuelt~ e~ l·gt~stti Rive;a en
vo á los comphces. La muerte del adre Se ur
~ som ~ª.Y a ~alpresión en México, y poco despué/el padregvl cauisd hpond1s1ma imEs también sabido que.en el aposento del Dr. D. Matfas Montea uá escribir una relación
· e
'zquez e uga se puso
clo, en la Profesa, se reumeron en noviembre de 1820 varias perso~as
circunstanciada del suinfluyentes interesadas
ceso. La dicha relación
en que rio llegara i\.
no llegó á imprimir;:e,
promulgarse P.n Méxiporque no convenía
co la Constitución que
probablerpe1ote que se
sancionaron las Cortes
hiciera la luz en el
de Cádiz, por cuant0
asunto, y el manuscrien ella había--según
to se perdió, perdiénsus dichos y temoresdose al parecer los porideas manifiestamente
menores de tan terricontrarias á la religión.
ble acontecimiento.
Todos conocen el plan
Sin embargo,el punfraguado en la Profesa
to ha Yen ido á esclnrey decir aquí qué era l¿
cerse, pue~ f'egún refieque aquellos hombres
re el erudito escritor
se proponían, sería por
D. Luis González Obredemás.
gón, cinco días después de consumado el
crimen, la noche del
11 de marzo, se perpePor último, agregatró en la Profesa otro
remos que en el templo
asesinato que produjo
de la Profesa se celebró
en la ciudad verdadera
en junio de 1855, con
consternaci6n. Esta
tres días de fiesta, el
vez la víctima fué el
d_~gma de la Concephermano portero, Juan
c1on. Cantó la misa
Ramos, quien al pracMonseñor Clementi
titarse las primeras didelegado del Papa e~
ligencias judiciales paMéxico, y la función
ra descubrir al autor
fué tan sonada como
de la muerte del padre
no se había celebrado
Segura, dijo á los jueallí otra.
ces: «en el monte e,otá
Como un dato curioquien el monte &lt;¡ueso, cuentan los cronisma,,.
tas, además, que á principios del siglo pasado
Como el provincial
Segura , el hermano
encontrándose el tem:
portero murió ahorcapio lleno de personas
do en su mismo apoq_u~ concu_ri:fan á ejersento. Las indagacioc1c101s esp1r1tuales, penetro un rayo por la
nes encaminadas con
linternilla de la rotonese motivo á poner en
da, que hizo pedazos
claro el :mceso, fueron
gran parte del muro
f~uc~uosas, pues que al
y se dirigió al primer
s1gmente día era remialtar de la nave deretido con grillos al cocha, incendiando el tralegio máximo de San
je de San Ignacio de
Pedro y San Pablo el
Loyola.
coadjutor D. José Villaseñor, como presunto responsable de los
crímenes mencionados.
En la actualidad el
templo es uno de los
En el proceso seguimás concurridos por
do contra Villaseñor
las familias más enfungió como juez eclecumbradas de la mesiástico D. Cristóbal
Interior del templo.
t!ópoli, tanto por el si~sco_bar, prepósito prodo
1
1
d'
bo en qne está ubicavi!1ct, Y como asesor D. José Messía de la Cerda y Vargas del Con•
' como por a esp en 1dez de ~u tiervicio religioso
l
SeJo e Su Majestad y Alcalde decano de la Real Sala del c'rirnen.
d Nfs ocuparemos ~n l_os sigu_ientes números de «Ei Mundo Ilustrado»
h Como resultado de las diligenci~s, se averiguó que Villaseñor y el
e a ~unos otros ed1fic10s nac10nales que, como la Profesa
·
1
g_ran importancia, ya sea desde el punto de vista hist' . ' encierran
frermano portero .P!·ofef'aban enemistad al padre Segura y que aquél,
d ecuent~mente VIs1tado por los seculares, era «de genio osado, ánimo
s1do_t~~tro de acontecimientos notables, ó bien desd'e º;1~~1 ~~r habfr
oble, ,,s1xoso» con los hermanos, irreverente con los ~acerdotesn y que
tradw1?11 popular se coloca para concederles un interésq de que que
mayor1a tle los casos, no carecen.
, en 8¡
se expresaba mal de la Compañía, después de dilapidar los fondo's que
como de¡,¡perisero se le enconmendaban.
Es, más que probable, seguro, que Ramos fué su cómplice en el crimen del 7 de marzo, porque-reza la causa seguida en el asunto-ere)
mesmo día de la muerte del padre, la llavecita de la muestra del relox,,
te encontró en el aposento del provincial. Villaseñor, temiendo que el
ermano portero lo denunciara, lo ahorcó.
purar.te la substanciación del proceso, declararofi ,.como testigos
~ince religiosos de la Profesa, otros padres y algunos otros seculares.
reo nombró defensor al1padre Francisco_ Javier Lozaqo, 'Y no llegó á

J

lr

~:1

i3

Exterior del templo,

�Domingo 26 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 26 de Octubre ele 1902.

I
·, ...
.

,

...

..

•

"El Tampico" después de la botadura.
"El Veracruz" entrando en el agua.

El ((Veracruz» entró en el agua poco después bauti· á d I l

- .ta M
d G d
..
.
.,
z n o o a se~¡1erce es , o oy, hiJa del primer Secretario de la Embajada d

LOS NUEVOS CAÑONEROS MEXICANOS.

f xico en Wá_shmgton. T:mto la señorita Godoy como la señora Nixone
ueron obsequiadas con primorosos ramos de flores.
'·

***

BOTADURA DE "EL VERACROZ" Y''EL TAMPICO."
Como saben nuestros lectores, el mes pasado fueron bot,1,&lt;los en
Elízabeth port, Estados Unidos, los dos cañoneros que por cuenta del
Gobierno mexicano y bajo la vigilancia de una comisión especial, se
construyeron en uno &lt;le los principaleR astilleros de la República del
Norte, para el servicio de la Marina nacional.
El aspecto que presentaba el arsenal de E lízabeth port el día en que
se ef.,ctuó la botadura, era-al decir de la prensa americana-de lo más
hermoso. Millares de banderas de los colores nacionales y de la República hermana decoraban los edificios y los buques. Los cañoneros,
colocados el uno al lado del otro, se veían pintados de rojo y blanco, y
desde la proa hasta la popa, empavesados artíRtic;amente. En la proa

de los cañoneros se levantó una plataforma, decorándose con exquisito
gusto.
El primero de los buques botado al agua, fué el «Tampico. » La
plataforma estaba llena de una concurrencia distinguida, encontrándose allí los miembros de la Comisión mexicana. En los momentos en
que el cañonero comenzó á entrar en el agua, la señora Lewis Nixen,
esposa del Presidente que fué de la casa constructora, se iidelantó, y
rompiendo una botella de champaña en la proa del barco, dijo: «Te
bautizo, Tampico.» La bandera mexicana se izó en la proa del «Tampico» y fué saludada, en esos momentos por una salva de ventiún cañonazos, entre los «¡vivas!» de los espectadores y los ecos de las músicas.

r~pido, cuatro de seis y tubo para torpedos. A bordo h
comodos pa 1
fi · 1
,
ay camarotes
la R úbli ra os oE c1ades y una camara especial para el Presidente de
ep
ca y su sta o Mayor.

l

Es probable que para ~1-~ño entrante puedan ponerse al servicio
1

t~~c~fóe;,º!s~r;~!~iái~ac~: ~\º~a;i~~c~f:n~~fl!~~t~e vigilar la consCon motivo de la botadura l C · ., f ., ,
y á los invitad r. 1
. ' a omis10n o reCio a los constructores
. b
ols a a ceremoma, un banquete que se verificó el 15 de
sept iem re por a noche.

-

GRABADOS DEL «l\foDERN l\lExrco.,&gt; DE NE,r YORK.

Antes de l bautizo de " El Tamplco.''

_ En cuanto á la capacidad, armamento etc. etc. de los nt1evo~ canoner
· ·
datos: tanto 'el «Veracruw
'
' como el «Tam·
.
o~, d amo~ 1os _sigmentes
~ICo,)J tlene~1 diez pies de calado, un desplazamiento de 980 toneladas
una veloc1d_ad de 16 n~dos. Su maquinaria consta de dos máquinas
e vapor de tripleexpansrnn,y para el servicio de alumbrado cuentan con
~: rnagní_fica instal~ción ( dnplicac~a) de luz eléctrica. Los cafioneros
n provistos también de engranaJe de vapor y de mano para gobernarlos, grúa y cabrestantes de vapor de cubierta, y caseta de piloto acorazada con acero níquel.
.
'
b Además, los barcos tienen lanchas rápidas de vapor una canoa y
h?te de remo, y están dotados con la instalación necesari~ para fabricar
1e!º· Su capacida~ para la conducción de tropas es de 250 hombres, y
8 u armamento consiste en cuatro cañones de cuatro pulgadas, de tirg

a

Antes de la botad11ra del "Veracruz.'

La muchedumbre durante la botadura,

"!el

Tampico" entrando

ein

el agua.

�EL ~fUNDO ILUSTRADO

bomingo 26 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 26 de Octubre de 1902.

Tu }§poskión Nadonal en Jolu,a.
SOLEM:IIE .A.PEBTUB.A..

-,-a.......

Zola en su lecho mortuorio.

La muerte de Emilio Zola.
Los últimos peri6dicos recibidos de París,
traen minuciosos detalles acerca de la muerte
del gran novelista Emilio Zoll\, que tan honda impresi6n causó en el mundo literario.
Zolá, acompañado de su esposa, se recogió
temprano, para levantarse al día siguiente á
buena hora. A la medianoche, la señora se
i,in tió de imnroviso indispuesta; tocó el botón que movía la veladora eléctrica y saltó

«Traté de dormir-dice.-¿Qué pasó después? No lo sé. Vi á E~ilio 9ue se enderez~ba bruscamente, como s1 tuviera un11 necesidad que satisfacer. Pero no lo vi levantarse.»
,&lt;Quise gritar: ¡Emilio!. .. ¡Emilio!. .. Intenté pedir socorro, tocar el timbre. Q uedé inmóvil. No pude pronunciar una palabra... Sentí
de:wanecerme.. .... luego, no recuerdo nada
más» ..... .
Cuando la Señora Zolá volvió en sí, el cadáver de su esposo había sido trasladado á
otra habitación.
En concepto de los médicos, la esposa del
insigne novelista salvó su vida gracias al aire
que pudo respirar oportunamente y que penetraba por la ventana entreabierta, al gabinete de ((toilette.,&gt; En cuanto á Zolá, el óxido
de carbón producido por la chimenea encendida, causó su muerte.
En una de nuestras ilustraciones pue&lt;le verse el cadáver del gran novelista sobre el lecho
mortuorio: su fisonomía está completamente
desfigurada.

FELIPE IV.
Nadie ml\s cortes11no ni pulido
que nuestro r6y Felipe, que Dios guarde,
siempre de negro hasta los pies vestido.

Es pálida su tez como In ta.rde,
cansado el oro de su pelo undoso
y de sus ojos, el azul, cobarde.

Sobre su augusto pecho /[eneroso
ni joyeleA perturban ni cadenas
el negro terciopelo silencioso.

Y, en vez de c;tro real, sostiene apenas,
con desmayo galan, un guante de ante
la blanca mano de azuladas venas.
}Ylanuel }Ylachado

A EPOCA de paz
por que atravesamos, tan fecunda
en bienes para el
país, nos ofrece en
estos días una prue
ba preciosa del ensanche que, al amparo de una Administiación sabiamente orientada y
dirigida, adquieren
en nuestro suelo el
comercio y la industria, factore»
indifpensables de
progreso en todos
los pueblos civilizados de la tierra.
Kos referimos á
la Exposición Nacional promovida
y llevada á cabo
por el Gobierno del
Estado de México,
y abierta al público solemnemente
el 15 del mes en curso. A grandes rasgos, .,·
para que nuestros lectores se formen una idea
de la importancia del certamen, vamoi'I á referirnos á los principales departamentos d e
que consta y al acto solemne de apertura.

justísima razón por la importancia de sus datos y por la galanura del estilo, terminó con
estas palabraR, que impresionaron vivamente á
la concurrencia:
«¡Bendito trabajo! Si tú eres la maldición
divina, ¿qué sería si hubieses sido la bendición de Dios?»

***

Pasado el acto de apertura, el Sr. Secretario de Fomento y los demás asistrntes á la ceremonia, recorrieron los distintos departamentos de la Exposición.

***

En representación del señor Presidente de
la República, asistió al acto el señor Secretario de Fomento, Ingeniero D . Leandro Fernández. Al llegará Toluca el tren que conducía á
los invitados, el S r. Gobernador, Gral. Josf
Vicente Villada, di6 la bienvenida al Sr. Fernández y á sus acompañantes, mientras la
banda del Estado tocaba el Himno Nacional.
Tanto la eRtación como las calles cercanas, es•
taban completamente llenas &lt;le gente.
Pasando bajo dos artísticos arcos triunfales,
uno de estilo azteca y otro morisco, la comitiva se dirigió después al edificio de la Exposición, primorosamente adornado con multitud
de gallardetes, festones y banderas. La ceremonia oficial consistió en un discurso pronunciado por el Sr. Gobernador Villada, y en números de canto y música ejecutados por algunas señoritas y caballeros y por las bandas.
E l discurso del Sr. Villada, aplaudido co·1

El Sr. Ministro de Fomento en la Estación del ferrocarril.

El contingente de las Escuelas Oficiales del
Esta&lt;lo se encuentra en departamentos especiales y constituye una de las notas más salientes del certamen.
Algunos de estos establecimientos presentan una colección de figuras geométricas y distintos útiles de enseñan za ohjetim, y los de
Zumpango y Temaxcaltepec, una colección de
bor&lt;lados, deshilados y calados en seda y lino.

La señora Zola.

del lecho para ir á uno de los departamentoia;
interiores. No tenía fuerzas, pero haciendo un
supremo esfuerzo, según sus mismaR palabra¡.:,
logró llegar hasta el gabinete de toilette. Pasados algunos momentos se repuso, y al volver á la l'!]coba, vió que Zolá dormía profundamente.
Le preguntó, despertándolo, si se sentía mal
y si quería que ~e llamase á los criados; pero como le respondiera que no era «nada» y que la
presencia allí de los sirvientes no tenía objeto, Mme. Zolá intentó conciliar el suefio.

Casa de campo de Zola en Medan,

• t

Los de Sultepec, iguales labores manuales,
así como los de Texcoc9 y Tlalnepantla.
Las escuelas primarias anexas á las normales, enviaron al certamen juguetes de papel y
cuadros propios para la enseñanza objetiva, y
los de Valle de Bravo, implementos agrícolas
y otros trabajos escolares.
En cuanto á las otras escuelas oficiales, presentan trabajos manuales muy artísticos, que
forman una variada v hermosa colección.
La escuela primaria de señoritas expone trabajos en seda verdaderamente notables por lo
bien acabado de su hechura; siendo también

EL CONTINGENTE ESCOLAR.-Salón de labores manuales.

muy dignos de llamar la atención los de la
escuela de párvulos de Toluca y los remitidos
por los establecimientos de instrucción de Lerma, Otum ba, Tenancingo y Tenango.
Las escuelas «Josefa Ortiz, »((Sor Juana Inés,»
,,Progreso)) y ,&lt;Luisa M:aldonado;» las de Teotitlán, Ixtlahuaca y Jilotepec, y la Escuela
Correccion,tl, se distinguen principalmente
por la variedad y finura de los objetos que
ex hiben tanto las de niñas como las de
varones. Estas han enviado obras de capintería, enseres de escuela, calzado, ropa h echa,
muebles, etc.
No menos importante que el departamento
de:-tinado a l contingente escolar, es el de la
industria. En él se ven variados ejemplares
Lle alfarería, presentados por el Sr. Calderón,
y 0tros muchos productos del ramo.
La Escuela de Artes y Oficios presenta hermosos trabajos &lt;le fotografía, figuras en yeso,
harro, y muebles tallados.
En cuanto al contingente minero, lo más
valioso son las muestras enviadas de Ixtlahnnca, Temaxcaltepec, Valle de Bravo, y de
los Estados de Aguai:;calientes y San Luis Potosí.
La Escuela Normal y la de Artes y Oficios
exhiben modas y confeccionesyobjetosdearte, bordados, calados y de plata.
En el departamento central hay un artístico cenador, cubierto de flores artificiales, y
dentro de él un bm,to del señor General Dínz
así como una colección de coronas _v litografía~
hechas en la lJ:scuela de Artes y Oficios para
señoritas.
En el departamento contiguo se puede admirar una colección de mármoles, canteras y
materiales ele construcción, pertenecientes a l
Distrito de Tenancingo.

�Domingo 26 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

RL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 26 de Octubre de 1902.

á abrir el sobre señalado con el lema respectivo, resultando que el autor de la obrá premiada era el notable compositor D. Luis G.
Jordá.
Hay una circunstancia que no debe paFar
inadvertida: entre las setenta y ocho composiciones presentadas, el jurado ei;cogió las tres
que le parecieron mejores, para adjudicar á
una de ellas el premio. La,; tres habían sido
presentadas por el Sr. Jordá.
El triunfo no podía ser más completo.

EL JUGADOR HONRADO.
- Escucha-dijo Marión,-vamos á entretenernos con un juego que he inYentado.
-Se puede saber cuál es?-preguntó él con
timidez.
-Sí, oíd; yo os digo una coiaa, no importa
cuál, la primera que i:;e me ocurra; si os hace
llorar, perdéis y yo gano; si os hace reír, ganáis y yo pierdo.
-Bueno-respondió ron melancolía,-puesto
que tal es vuestro def'eo, empezad.
-Al punto-y acercándose á su oí&lt;lo,--os
aborrezco-dijo.
-Ja, ja, ja.
-Hola-dijo Marión-me engañáis. Os reís
para hacerme perder. Eiitoy segura de que en
el fonclo lloráis á la sola idea de que no os
ame. Pero bueno, esta vez no se cuenta; vol,·amos á empezar, sólo que ahora, si lloráil",
vo gano, y si no, pierdo.
· -Como queráis- suspiró tristemente.
-Oíd-dijo ella,-os :imo con toda mi alma.
m sollozó con desesperación.
-Tampoco!-exclamó ella enojada-¿cómo
se entiende?-ahora debierais reíros con la
más franca alegría, por haberos confesado mi
amor.

NUESTRO PAIS.-Río de la Canoa. (E. de Oaxaca.,

-Creedme ~Iarión-replicó él,-lo que acabáis de decir~ie no puede alegrarme de ning(rn modo. Pensaréis como os dé gana; pero
pcrmitidme que os diga que, tanto llorando
corno riendo, soil'I el mfü, leal de los jugadores; pero advertido yo de la m entiraque~iempre dicta vuestras palabrafl, na.di. puede igualar al gozo de oíros decir que no me am{tif',
como la desesperación que me produce oiro&lt;i
afirmar que me adoráis con toda vuestm alma.
CATULLE ME~DES.

Un pedestal es una peqneiia altura á la que
rodean cuatro precipicios.

***

El corazón guía haci::i las sublimes imprudencinA; la razón es la única que gobjerna.

***

Las palabras fl0n como el dinero: por el sonido se conoce si son falsas.

***

La revoluci6n es una lucha entre un mundo
que quiere nacer y otro que no quiere morir.

Detalles de los salones correspondientes á las Escuelas de Artes y Oficios.

La agricultura está representada por colecciones de cereales que se exhiben en dos departamentos y.que son de lo más completo
que puede verse.
Además, se ven en la Exposición una serie
de cartas del Distrito Federal remitida por la
Escuela Normal de Sefioritas de México, y algunos trabajos de carpinte;ía. y ((labore~)&gt; exhibidos por la Escuela Nac10nal de Ciegos.
En los corredores del edificio hay una magní-

En resumen, la Exposici6n de Toluca ·e ncierra, en sus distintos departamentos, todos
aquellos trabajos y productos que son suficientes para formarse juicio del ¡n-ado de adelanto _que alcanza el país y de la importan ·
cia de sus múltiples fuentei, de riqueza.
El éxito del certamen, por lo demás, se debe indudablemente 41 Sr. Gral. Vil1ada, que,
como funcionario, ha dedicado todas sus energías al progreso de la Entidad que gobierna,
colocándose por sus propios méritos entre los
gobernadores más progresistas de la República.

INTIMA.

Grupo de alumnas de la escuela de Artes.

fica colección de plautas finas pertenecientes
al Sr. Gral. Villada, en gran parte, y en uno
de los salones una valiosa serie de pinturas
exhibidas por el mismo funcionario y 'por su
Secretario particular.
Es también digno de mencionarse el contingente de los ganaderos, entre el cual se ven
hermosos ejemplares de ganado vacuno de raza suiza y criolla, borregos merinos, caballos
cruzados é ingleses, etc., etc., así como aves
de distintas especies, y animales pertenecientes al jardín zoológico.
Los Estados de Aguascalientes, Oaxaca
Coahuila, Durango, Colima, Tabasco, Vera:
cruz é Hidalgo figuran también en el Certamen con exhibiciones muy interesántes de
productos agrícolas é industriales.

. El himno de la Segunda Reserva.
AUTOR!PREMI.ADO.
Como saben nuestros lectores, el Comité
Central Obrero «Patriotas Mexicanos,» abrió
hace poco un certamen para poner música al
himno patriótico de la 2~ Reserva del Ejército.
Se presentaron al certamen 78 compoAiciones, y examinadas éstas por el jurado calificador que inte¡n-aron lm1 Sres. Melesio Morales,
Gustavo E. Campa y Capitán Ricardo Pachaco, se acordó otorgar el primer premio al
autor de la composici6n que tenía por lema este pensami_ento de Gutiérrez Nájera:

Cuando ya estés cerca
del reposo eterno
y tengas los ojos
velados y quietos
en un punto, en la esfera vacía,
mirando espantada
¡ esas cosas que miran los muertos!;
Cuando brote el labio
los quejidos lentos,
y la sangre apenas
circule en tu cuerpo
y penetre la luz en tu alma,
al par que los cirios
a~umbren tu pálido cuerpo,
Allí iré á buscarte
¡con amores nuevos!
¡como te esperaba,
vergonzoso y trémulo,
tantas horas al pie de la reja.

LA INDUSTRIA CIGARRERA

"El Buen Tono"
Nota verdaderam,mte interesante de la Exposición Nacionaren ToJuca, ha sido la concurrencia de la fábrica de cigarros ((El Buen Tono,»

do en dividendos 72 por ciento por cada acción de $100, cangeó ésta
por nuevas acciones de un valor representativo de $250, es decir, en los
cinco años de existencia de la primera sociedad, cada $100 habían producido $322.
La Sociedad, que desde 1899 venía girando con capital de......... .
$. 2. 500,000, pag6 en los tres ejercicios de existencia, 28 por ciento al
nuevo capital, lo que representa 70 por ciento al primitivo capital de
$1.000,000.
Así, pues, en nueve años el primitivo subscriptor le ha sacado á
su capital $392 por cada $100.
Para dará la negociación todo el impulso de que es susceptible,
acaba de elevarse el capital á $4.000,000 por la emisión de $1.500,000
de acciones preferentes con interés mínimum garantizado de 7 por ·
ciento.
La producción diaria &lt;le KE] Buen Tono,» es de cuatro millones de
cigarros, en cuya fabricación se emplean los mejores tabacos, y las máquinas engargoladoras llegan á 125.
Esta notable fúbrica es actualmente proveedora del Gobierno francés y &lt;lel Gran Duque Wladimiro de Rusia. En la Exposición de París
obtuvo el ((Grand Prix,)) ósea la recompenfla más alta.

~-

'
ÍI 1, • I 1

.

Salón principal de la elaboración.

·······································

¡Iré, por si aspiro
tu ceniza mezclada en el viento!
MANUEL PASO.
LUIS G. JORDA.

((El artista no llora lo que deja en el mundo.
sino lo que se lleva.)&gt;
En,.vista de la decisión del jurado, el Comité Central, en sesió:p e:irtrt1ordinatia, procedió

n

tan acreditada, no sólo en el país, sino también en los mercados extranjeros.
«El Buen Tono, » fundado por D. ErneRto Pugibet, y que fué convertido en 1894 en Sociedad Anónima con $1.000,000. según los datof'
que tenemos á la vii,t.1, elevó RU capital social ei:i 189_9 á 82.500,000,
cangeándose cada acción de $100 por dos un med10 acciones de la nueva
sociedad.
Sin im oortar rec,ngo alguno para los accionista1:1, resultó, en consecuencia, qué el accionista primitivo de 1894, después de haber cobra.

Detalle de la exhibición en Toluca.

..·

te

�Domingo 26 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 26 de Octubre de 1902.

LA CERVECER1A DE TOLUCA.
Notables Progresos.
Uno de los departamentos que más llaman la atención de los que
visitan los salones del Certamen á que nos referimos en las páginas anteriores, es el arreglado por la Cervecería de Toluca para exhihir en él
sus magníficos productos. Pocas empresas, seguramente, están allí tan
bien representadas como aquella poderosa Compañía industrial: dispuestas en forma de pirámide, se ven todas las colecciones de las distintas clases de cerveza que fabrica y que tan estimadas son en el comercio, por sus sobresalientes condicionas de pureza, envas1:&gt;, etc., etc.
El lote, indudablemente, es una buena muestra de lo que pueden, en
la actualidad, la constancia en el trabajo, el capital sabiamente manejado, y el deseo más legítimo de atraer á los marchantes y complacerlos.

Había en los salones de la Exposición, al abrirse al público, multitud de visitantes que elogiaron la exhibición hecha por la Companfa,
y que, después, recorrieron los distintos departamentos de la Fábrica,
establecida en la misma ciudad de Toluca, para conocer sus magníficas instalaciones.
La Fábrica está montada en grande escala: la maquinaria es de lo
más moderno, y tanto por la importancia de su producción, como por
la fama que gozan entre los consumidores sus productos, puede considerarse como una de las primeras en América. En la actualidad, la
Cervecería proporciona trabajo á más de mil operarios, contribuyendo
así al bienestar de la clase obrera del Estado de México.

Como Gerente de la Negociación, figura el Sr. D. Santiago Graf, caballero que cuenta con muchas simpatías y que ha dado gran impulso á la Negociación.
Por lo demás, la Compañía Cim•ecera ha sido premiada en distintas
exposiciones nacionales y extranjeras, otorgándosele las más altas recompensas. En la Capital tiene establecida una sucursal desde hace algunos años.

LA FÁBRICA DE SAN ILDEFONSO.
El contingente de la Cerveceria en la Exposición.

Vista exterior de la Cerveceria.

En el movimiento industrial iniciado en México hace algunos arios, desempeña un papel
importantísimo, sin duda, La Fábrica de San
Ildefonso, negociación que ha logrado en un
período de tiempo relativamente corto, elevarse á una altura envidiable y adquirir un
prestigio que la coloca entre las empresas más
impo1tantes establecidas efi nuestro país.
La Fábrica á que nos referimos, situada en
la Municipalidad de Atzcapozaltongo, Distrito de Tlalnepantla, Estado de México, fué
fundada por Don Archibaldo Hope en el
año de 1847. En 1874 pasó á poder de los
Sres. Portilla, constituyéndose en Sociedad
Anónima, por iniciativa del Sr. D. Ernesto
Pugibet, en el año de 1895.
Reformada toda su maquinaria, puede fabricar hoy artículos de clase superior, semejantes en todo á los europeos, tanto en la claHe de casimires «Draperies», novedades para
hombres, ya sean de lana peinada 6 cardada,
como en la de cobertores de diversos estilos,
mantas de viaje y alfombras de tripé 6 «Moquette,:, llamadas de alta lana.
El actual Consejo de Administración lo
forman los Sres. Th. Brániff, H. Tron, D.
Signoret, A. ·Michel y J. B. Bellón, figurando
como Director General el Sr. D. Daniel Ituarte. y como Director Técnico, el Sr. D. León
Hupín.
.
La Compañía de San Ildefonso es propietaria del F. C. de Monte Alto, que partiendo
de Tlalnepantla, llega á San Pedro Atzcapozaltongo, y &lt;le las grandes Instalaciones HidroEléctricas que tiene arrendadas i1 la «Compañía
Explotadora de las Fuerzas Hidroeléctricas
de San Ildefonso, S. A.,» que aprovecha las
energías para la. producci6n de fuerza y luz
en la ~iud8d de México.
En la Exposición de Toluca, la Fábrica de
San Ildefonso exhibe actualmente sus prod uctos en un lote especial, que ha despertado, con

justicia, el interés de los visitantes. Los casimires salidos de sus grandes talleres llaman
desde luego la atención por la finura de su tejido y sus dibujos. Las alfombras que presenta la Fábrica son también de la mejor hechura y· revelan el grnd-0 de adelanto que alcanza

en la actualidad este importante ramo de la
industria.
Ofrecemos en esta página una vista general de la Fábrica y una fotografía del lote
arreglado por la Compañía explotadora para
el certameh abierto últimamente.

Detallo del lote do la Compañia en el Certamen de Toluca.

�Domingo 26

de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

''~a cNueva cln6usfria''

LL MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 18.

MÉXICO, NOVIEMBRE 2 DE 1902.

Subscripción mensual lorAoea, $1.50
l&lt;lem ldem. en la capüal, "1.25

Dlrectori LIC. RAf'AU RfYI&amp; &amp;PINDOLA.

Cierente: LUt!'I Rtl'f&amp; &amp;PINDOLA,

RTJINAS DE PALENQUE.

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' 1J;t¡11 ~,,,
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Camas exhibidas por los Sres. A. Mestas y Comp.

UNA GRAN FABRICA.
En la crónica que de los departamentos de la Exposición Nacional
de Toluca, nos envió nuestro corresponsal en aquella ciudad, daba
cuenta de un local anexo al oficial; local que se distinguía por su elegan.
cia y por los finísimos objetos allí expuestos. Al fondo del hermoso co•
rredor que estaba cubierto con plantas varias, colección del señor General Villada, se destacaba entre nn departamento amplio, trasparentado
por lujosas vitrinas, el de ,eLa Nueva Industria», de los señores Mestas
y Comp., de la ciudad de México. Los concurrentes al certamen, atraÍ•
dos por el hermoso aspecto que presentaba el salón referido, acudían
en masa para admirar la soberbia colección de camas de latón que, con
su brillo y finísimo pulido imitando oro, formaban uno de los mejores
contingentes.
Las camas, cuya fotografía publicamos, estaban provistas de sus col•
chones, sohrecamas de raso y calados de lino.
La fama que tiene c,La Nueva Industria» por sus ricos trabajos, en
toda la República, se ha ensanchado en to&lt;lo el Estado de México con
el contingente que envió á la Exposición.
En la capital. los que conocen la fábrica y almacenes de ccLa Nueva Industria», han admirado siempre la rica y variada colección de sus productos. Hace poco que los señores Mestas, infatigables y honrados industriales que han elevado á una gran altura en la República el ramo
de fabricación de camas de diversas clases, muebles y útiles de casa
abrieron un almacén en la esquina 2~ de la Monterilla y San Agustín'.
Sin exageración alguna, ccLa Nueva Industria» es la primera en la
República y una de l&lt;ts principales en la América latina, en opinión de
los conocedores y del público de buen gusto.
Por lo demás, esta notaole fáhrica. ha tomado parte en varias Exposiciones extranjeras y nacionales, y con justicia se ha hecho acreedora
á los más altos premios.
Seguramente que en la Exposición Nacional de Toluca en donde repetimos, ha llamado la atención, obtendrá una de las ~ejore, redompensas.' pu:s aun9ue hay otros productos del mismo género, pasan inadvertidos Junto a los de ccLa Nueva Industria».

Almacenes en la Esquina de San Agustín y Monterilla,

CORREDOR DE LA CASA DE LAS LEYES.
11-

(Fot. de Walte.)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>Domingo 26

de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

''~a cNueva cln6usfria''

LL MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 18.

MÉXICO, NOVIEMBRE 2 DE 1902.

Subscripción mensual lorAoea, $1.50
l&lt;lem ldem. en la capüal, "1.25

Dlrectori LIC. RAf'AU RfYI&amp; &amp;PINDOLA.

Cierente: LUt!'I Rtl'f&amp; &amp;PINDOLA,

RTJINAS DE PALENQUE.

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' 1J;t¡11 ~,,,
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~

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Camas exhibidas por los Sres. A. Mestas y Comp.

UNA GRAN FABRICA.
En la crónica que de los departamentos de la Exposición Nacional
de Toluca, nos envió nuestro corresponsal en aquella ciudad, daba
cuenta de un local anexo al oficial; local que se distinguía por su elegan.
cia y por los finísimos objetos allí expuestos. Al fondo del hermoso co•
rredor que estaba cubierto con plantas varias, colección del señor General Villada, se destacaba entre nn departamento amplio, trasparentado
por lujosas vitrinas, el de ,eLa Nueva Industria», de los señores Mestas
y Comp., de la ciudad de México. Los concurrentes al certamen, atraÍ•
dos por el hermoso aspecto que presentaba el salón referido, acudían
en masa para admirar la soberbia colección de camas de latón que, con
su brillo y finísimo pulido imitando oro, formaban uno de los mejores
contingentes.
Las camas, cuya fotografía publicamos, estaban provistas de sus col•
chones, sohrecamas de raso y calados de lino.
La fama que tiene c,La Nueva Industria» por sus ricos trabajos, en
toda la República, se ha ensanchado en to&lt;lo el Estado de México con
el contingente que envió á la Exposición.
En la capital. los que conocen la fábrica y almacenes de ccLa Nueva Industria», han admirado siempre la rica y variada colección de sus productos. Hace poco que los señores Mestas, infatigables y honrados industriales que han elevado á una gran altura en la República el ramo
de fabricación de camas de diversas clases, muebles y útiles de casa
abrieron un almacén en la esquina 2~ de la Monterilla y San Agustín'.
Sin exageración alguna, ccLa Nueva Industria» es la primera en la
República y una de l&lt;ts principales en la América latina, en opinión de
los conocedores y del público de buen gusto.
Por lo demás, esta notaole fáhrica. ha tomado parte en varias Exposiciones extranjeras y nacionales, y con justicia se ha hecho acreedora
á los más altos premios.
Seguramente que en la Exposición Nacional de Toluca en donde repetimos, ha llamado la atención, obtendrá una de las ~ejore, redompensas.' pu:s aun9ue hay otros productos del mismo género, pasan inadvertidos Junto a los de ccLa Nueva Industria».

Almacenes en la Esquina de San Agustín y Monterilla,

CORREDOR DE LA CASA DE LAS LEYES.
11-

(Fot. de Walte.)

�Domingo 2 de Noviembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

en veremos! Yo no he omitido esfuerzo para
de éste marchaba gentil pPrsonaje de la avenque todo termine satisfactoriamente,y la prue· ~ tura. La luna recortaba sobre el azul profunba es que no he dicho esta boca es mía y que " &lt;lamente obscuro del cielo, la silueta del antiapenas me he permitido algunas ligeras alu- · gúo caserón almenado, y de su principal bal1
siones y esto porque su conductn,'me ha oblicón de marmóreo halaústrc y ancho como
-Perdóneme que lo venga á molestar y á
gado á ello.
mediana pla1.0lPta, colgaba la escala de seda,
quitarle un poco el tiE,mpo. Veo que está us"Como
caballero
y
como
amigo,
me"dreocon
tendida por la i,obornat!a dueña para abrir
t~d muy ocupado y me a.pena distraerlo dé ·
derecho á que se me diga de una vez á cómo
camino á las audacias t!el galán. Detrúwde
sus muchas y graves ocupaciones; pero estoy
corre, para que cada cual quede en el puesto
los vidrios verdosos y emplomaclo11, ~e .a&lt;livipasando las de Caín y necesito contarle todo
na.l&gt;a más que se veía la tigurn esbelta y blanlo que me pasa y pedirle consejo. Para eso ~que le corresponde y no se diga luego: que te
fué y que te vino! Ningún trabajo les cuesta
ca. &lt;le la doncella por quien vibrabti con ritmo
son los amigos.
decir sí 6 no, y cuento acabado! Yo por mí les
de pecho agitado toda la múc¡uina retórica y
--¿ .................. : ..... ?
aseguro que con sí ó con no, me lavo las masentimental levantada en el alma &lt;lel farma-¡Qué ha de ser! Lo de siempre ...... ya se
nos,
y
el
que
venga
atrás,
que
arree.»
céutico; blanco el rostro, IJlanco el traje, neacuerda!. ..... .el negociQ aquel!. .... .
Pasa usted á creer que ni por éims! El viejo
gras las trenzas que colgaban sobre la espalda,
-¿....................... ?
pelaba
tamaños
ojos,
el
hermano
estaba
como
las pupilas de dilatado campo lun,inoso, en
· -Sí, hombrel . no se haga!. ..... Pues mire
tonto en vísperas, la vieja se ha.cía la dormiªa;
cuya córnea alabastri na el re,;plamlor interno
lo que sucede: · &gt; . .
y yo, para no forzarles la mano ni agarrarlos
velado por los púrpacloi&lt;, tenfa relún1pngos &lt;le
Todo' marchaba á P.edir de boca. Yo había
con el dedo tras de la puerta, cogí y me fuí
pasión y adormecimienlos de melancolfo.
, puesto de mi parte cuanto me había sido popara
que
no
festinaran
el
asunto
y
obraran
con
Y,i se contemplaba el soiiadot· en medio de
sible pitra que no hubiera dificultades, y al
conocimiento de causa.
una lluvia de estocadas, blandiendo unn. tizoprincipio ~reí haberlo conseguido. Con el caAhora me encuentro en otro aprieto: ¿qué
na y defendiendo su vicia
rácter· que usted me conpce, convendrá en que
hago si me resuelven por la afirmativa, y qué
contra los campeones, humi actitud fué siempre la que debfa ser, y en
me conviene si se cierran á .la banda y &lt;licen
yendo en su caballo, en la
que p_rocuré qu-e nada hi1biera de raro ni de
nones? Usted que es frío y reflexivo, aconséjemedrosa noche, de la cattrapóma1o en el asunto. Mientras llevaba este
me, se lo suplico; la cuestión, como ha podido
va &lt;le corchetes y idguaciles.
«ten C(,&gt;11 ten)&gt;, no dejaba de estar en observaver, es para mí de capital interés; yo estoy
Para todo::; losatrevin1ienci&amp;n; y haciéndome el zorro, todo lo veía y de
tal vez ofuscado y no le doy á la bola; ahora
tos había impulsos en su altodo estaba al tanto, sin que nadie se las esque sabe usted á qué atenerse y conoce todos
ma, y para todas las biza.pantara, especialmente el viejo.
los pormenores del asunto, dígame qué debo
rrías vigor en su puño.
A poco empecé á notar cierto no sé qué, alhacer.
El ensueño se apoderó &lt;lel
go de raro que, francamente, no me esperaba,
-Tal como usted me pinta la situación, no
mozo y andaba por ahí hepero que me hizo parar las orejas y estar más
creo que haya más que un consejo que darle.
cho un papanatas, sin troen guardia, aunque tragando camote y sin dar
-¿Cuál?
pezar con la realidad, todo
mi brazo á torcer. Aquello continuó varios
-Haga usted lo que le parezca.
encerrado en su fanta::;ía, cadías y, aunque no subió de punto, acabó por
-Gracias! Mil gracias! me salva usted la
mo el testáceo en sus Yalvas, feliz al creerse
importunarme y forzarme la mano.
honra y acaso la vida!.....
excepci611 de la humanidad ramplona, despre•
Tanteé el terreho, me fuí con pies de plomo, me hice el zorro y·...... nada! Por más re2Jr. Jrl• }/Ores.
ciando los formularios oficiales y mandando
al diablo· los ungüentos y las píldoras.
des que les tendí y por más planes que les puse, al -otro principalmente, ellos seguían haEso de estarse horas y horas ante la retorta
ciéndose patos y nunca daban color. Com¡,uesta al fuego, espiando la destilaciún de inprendí que me estaban tanteando, y siempre
decente brebaje que iba á envenenar al cándiprudente y tratando de aclarar el punto, aprodo y desesperado enfermo, parecíale la más
veché una coyunturA para interpelar á la vievil ocupación del munclo. Pues no digamos
Había
asistido
el
iovendto
á
la
representaja y le díje categ6ricamente: «¿En qué quenada de cómo juzgaría el emplear su tiempo
ción del Tenorio en un teatro de la corte,y desdamos?» Ella se me quedó mirando con un
en aprender las envenenadoms fórmulas quíde
aquel
momento
había
sentido
hervir
en
su
modito! y en vez de responderme, me dijo:
micas en que andan revuelta:,; las letras del
corazón ardientes ambiciones y en su cerebro
«¿~n qué quedamos de qué?»
·
abecedario
con los números en jeroglífica mezdeslum bra&lt;lore!! planes.
Sentí que el demonio me llevaba; pero me
colanza. ¡Cuánto mejor era. renovar las avenEra
un
mozo
de
dieciocho
años,
recién
lledije á mi mismo: «¡Cepos quedos! no comproturas del amor y las guapezas y lances de aquel
gado á Madrid para estuiliar Farmacia, hijo
metamos la literatura!" y me despedí en el
grandísimo I erdido
de
un
boticario
de
acto.
sevillano,
que tenía
un pueblo anticua:Mi situación no podía ser peor. Si aflojaba,
para
toda
dificultad
do y humilde. Las
ya me las podía compon~r; si apretaba, todo
la soluci6n en su esimpresiones de la
podía comprometerse. Era necesario enconpada!
gran
capital
traíantrar un "modus vivendi» y buscar una compoAcabado que fué
le trastornado. Has- ·
nenda que conciliara todo, y resolví aguantar
ese curso, cuando
ta
entonces
no
hapara salir del mal paso.
volvió a su lugarejo
bía salido de la vulNo era fácil darle. á la bola, y por más que
familiar el estudiangaridad
del
villome rascaba la cabeza, no encontraba modo de
te, había perdido el
rrio. Predispuesto
emplantillar.
curso v las carnes é
su
espíritu
á
las
coEl caso era claro como la luz del día. De un
iba flácucho y dessa!! extraordinarias,
lado, gentes como ellas; y del otro, un ~&lt;trácter
colorido.
estaba
en
ese
macomo el mío. Ellos siempre esquivando el lanHabía intentado
men to y en esa oca•
ce; yo haciéndome el tonto Y. viéndolos venir.
la parodia de Don
La cabeza de Víctor Hugo.
sión
en
que
el
alma
En éstas y en las otras pasaba el tiempo, y
.Juan dentro de los
va á dar un estirón
las cosas en su ser. Muy amables, muy cortemedios de su escuedefinitivo
ó
se
queses! F,.,lanito por aquí ó Fulanito por allá!
Acorazad nuestra grandiosa esfera
ta. bolsa y de la proda encogida é inútil
Pase, siéntese!; pero de lo otro ni agua! Lo que
Con un blindaje de oro rutilante,
sa imperante, y &lt;lió
para
siempre,
como
más me ardía, era que sólo respondían cuanPonedle un torvo monte por semblante
con la salud en ma,
el enano que llega á
do les pregu11taba, y que s¡ no se les llamaba
Y un turbulento mar por cabellera..
::os do los médicos.
viejo
sin
dejar
de
al terreho, no hablaban sino de cosas indifeCon sus arrestos y
Al fondo dad de la mirada. austera.
ser físicamente ni1·entes.
gallardías aprendió
Un
temblor
de
relámpagos
brillante,
ño.
Es
el
período
Yo quería dejar sentado este principio: al
que Don Juan huY en los labios poned a.mor bastante
decisivo en que el
pan, pan, y al vino, vino, para que desP.ués no
biera hoy acabado
Para
inundar
la
humanidad
entRra.
hombre clasifica enhicieran el fo ni se lla,maran á engaño; pero á
f&lt;U primer calaveratre
los
seres
que
buspesar de que S(?Y claro y categórico y no hay
Brindadle por enorme fantasía
da en una delegacan las alturas ó enmanera. de ignorar lo que quiero decir, ellos
Todo
el espacio en que despeña el día
ci6n de policía.
tre
los
que
se
quesiempre en sus trece y jesuiteando de lo linLos ríos de coloi: de su paleta.
De la resurrección
dan adheridos á la
do. La cosa se ponía de color de hormiga, y to&lt;lt~ las víctimas que
corteza
térrea,:
ó
le.
Dad le por voz el rayo omnipotente, '
mando al toro por los cuernos, me presenté un
había sofiado que
nacen las grandes
día resuelto á todo, 6 poner los puntos sobre
Ponedle mil Ves ubios en la frente, ~
mataba, sólo tuvo
alas
de
la.
vida
inte¡¡Y ése es el cráneo inmenso del Poeta!!
las "ies» y á no dejar títere con cabeza.
vislumbres en los
lectual ó le nacen
Me apersoné con todos y del pe al pa les
SALVADOR RUEDA.
muertos que le leraíces.
canté el credo:
vantaron en alguna
Aquella represen"Ya hace tiempo- les &lt;,li;fe -que ustedes
leonera adonde fué
tación
del
Tenorio
saben á qué atenerse y ,ya no pueden alegar
á probar fortuna, imaginándose que iba á
fué el golpe mágicó. Habíase desgarrado el teignorancia. Bastante ·cláro les be dicho mis
encontrar la talega de onzas con que el burlalón
que
le
ocultaba
el
mundo
de
la
fantasía,
y
propósitos y bien mani~es"tás han sido mis indor audaz apedreaba á sus enemigos y prehallábase de improviso trasportado á una ciutenciones; tanto que una ve1. en el tren me dimiaba á sus servidores.
dad
misteriosa,
de
tortuosas
callejuelas,
en
jeron ustedes: et.No 1ie haga guaje! ya sabemos
En cuanto á Dofia Inés, una sola conoció
cuyo desigual empedrado sonaban lo.e; cascos
de qué pie cojea!» Despuég.&lt;le eso yo esperaba
y mús le valiera no haberla conocido, porque
de
un
caballo
castizo,
y
sobre
el
inquieto
lomo
una resoluci6n definitiva;. y todavía estamos

-CONFIDENCIAS.

Domingo 2 de Noviembre ele 1902.

•

DONJUAN.

SR. GRAL.

D.

CARLOS GARCIA VELEZ.

resultó se~ un~ zafia costurera que, después de
no muy hmpias andanzas, vino á dar con sus
huesos en una casa que no tenía nada de convento, dejando al confuso
mancebo en la. más triste de
las desilusiones.
El deslumbrado lugarefio
no si~vió ya para cosa alguna., m para moler alcanfor
en el mortero de la botica, y
fué parásito de su familia y
eterno descontento de la vida.
-Lo cual significa-decía
. el cura del pueblo sobre el
caeo con el médico- que todas esas creaciones
de. la po~sfa que tanto encumbran los sandios,
no son smo causa de males infinitos.
.-Nada de eso, amigo-replicó el doctor. Lo que sucede es que la poesía es como los

.

vinos jerezanos: bebida de caballeros que trastornan al vulgacho. El que se acerca al tabernáculo del arte con alma prosaica, perecerá como el israelita de la tradición bíblica.

.,

J.

ORTEGA MUNILLA,

OLlVERETTO DE FERMO.
Fué valiente, fué hermoso fué artista•
Inspiró amor, terror y respeto.
'
En pintarle gladiando desnudo
ilustró su pincel Pintoretto.
'
Machiavelli nos narra su historia
de asesino elegante y discreto.
César Borgia lo ahorcó eri Sinigaglia.
...... Dejó un cuadro, un pufial y un soneto.
MANUEL MACHADO.

SRA. AMALIA MARTINEZ lBoR DE GARcrA VÉLEz.

El Primer Ministro de Cuba en México.
A bordo del Ya por ,,León XIII» arribó á Veracruz, días pasados, el .Sr. Gral D. Carlos
~arcía Vélez, Ministro Plenipotenciario y EnYiado E_xtraordinario de la República de Cuba
e!1 México. Después de una corta perrnanenc~a .en aqnel puerto y en Orizaba, siguió su
v1aJe rumbo á la capital, llegando aquí el 25
del pasado por la noche.
·
. ~ la estación del Mexicano estuvieron á rec1bul? los miembros más distinguidos &lt;le la
coloma cubana y algunos caballeros mexicano!', que saludaron su llegada con apl,msos.

. El S~. Gral. García_ Vélez, hijo del prestigiad&lt;;&gt; rnsurgente Cahxto García, nació en
Santiago de Cuba por los años de 1863 á 1864.
~urante la. sangrienta guerra conocida por «de
diez afios", fué hecha prisionera la Sra. Isabel
Vélez, madre del señor General, y llevada á Ja
Habana, la acompañó en su cautiverio hasta
que obtuvo su libertad y pudo él dirigirse á
l?~ Estados Unidos, donde comenzó su educac~~n. Al fin d~ la guerra, su padre fué tambien hecho prisionero y deportado á Espafia.
Al estallar la última insurrección se dirigió
nuevamente á los Estados Unidos, 'y en compañía de su padre organizó una expedición á
la I~la, á bordo del vapor "Jokin", que naufrago. El Sr. García Vélez, por último sirvió
en el Estado Mayor del General García, y al
frente de una brigada cuyo mando se le enco,
mendó poco después, asistió á muchos combates prestando valiosos servicios á la causa
revolucionaria.
'

***
_ El Señor Ministro de Cuba viene acompanado d~ su esposa, la Sra. Amalia Martínez
Ibor, lnJa de uno de los cosecheros principales de la Isla, y de un pequefio niño que lleva.
el nombre del patriota Calixto García. Lo
acompañan también el Sr. Dr. D. Franoisco
de Paula Coronado, con el r.arácter de Primer

Secretario de la Legación, y el Capit,fo Alibal
Escalan te, como "attaché)&gt; militar
El_Sr. Gra). García Vélez fué ~ecibido por
e1 senor Presidente de la Repúhli·ca
ce
· l
, con e1
remoma acostumbrado el jueves d l
mana pasada.
'
e a se-

EL PASADOR DEL ABANICO.
(EL'.AOTOR)

De un abanico la gentil figura
De un teatro en la forma se revela.
Componen la magnífica vitela
'
Los palcos donde b1;illa la hermosura.
La gen~ alborotada de la altura
Es el encaJe que en su torno vuela.
Y_ la que al :.:;atio oprime y encarc~la
Tiene del varillaje la finura.
'
Como rayos de luz son las miradas
Que vuelan todas á, morir atadas
En el actor que el sentimiento expresa.
¡Feliz el genio de decir sonoro
Que c?m~ rico pasador de oro '
El vanllaJe de almas atravie~al

r••

..,
J. ,

�Domingo 2 ele Noviembre de 1902.

EL :MUNDO ILUSTRADO

Todo el dfa 26, puede decirse, persistió la lluvia de cenizas en los
Antes que él se encuentran los volcanes de Teca~n y Tajumulco.
Estados de Chiapas y Tabasco y en una gran zona de Oaxaca que comLa cordillera de los Andes, que forma en la Amér~ra Centr~l una
prende los distritos de Tehuantepec, Pochutla, .Juquila., Miahuatlán,
red muv intrincnda, va descendi1&gt;ndo lentamente hacia el Pacifico .Y
Ocotlán y Tlacolula; las cenizas llegaron hasta la capital del Estado,
divide ia r{'gión fría ó templada,de la coflta, constituyendo una especie
donde el fenómeno produjo una verdadera sorpresa. De San Juan Baude muralla, cuyos picos principales se divisan completamente desde el
tista se tuvieron informes de que, desde las nueve de la noche del día.
mar.
anterior, ilO había cesado un momento; la ciudad amaneció envuelta
El Yolcán ele Ranta María es perfectamente Yisible desde el puerto de
en una capa blanca, que brillaba á los rnyos del sol, romo la nieve.
Clrnmperico y tiene una forma~cónica. Al Norte se extiende la plan.icie
Los ruidos subterráneos se estu·
en cu yo centro está situada la dlt ·
---------------------------,7
dad de Quezaltenangó, destruída
vieron observando casi sin interrupción.
por los terremotos de abril último,
En Tuxtla Gutiérrez y en Comiy vuelta á destruir apenas empetán (Chiapas),el fenómeno reviszada á reedificarsf', por los temtió caracteres excepcionales, pues
blores de septiembre.
en la primera de estas poblaciones
Los flancos del volcán, septenla lluvia arreció á las doce de la
trional y meridional, son complenoche de una. manera alarmante,
tamente distintos, pues mientras
y en la segunda llegó á cuhrir ¡,]
al Sur se nota un descenso muy
1-'uelo con unn. capa de veinte minotable en el terreno, al Norte el
límetro3.
clei;cenr;o es poc0 sensible. A un
lado estÍln las poblaciones ele San
El 27 cesó la***
lluvia en la maFelipe y Retalhuleu y otras de
yoría. de los puntos en que dumenor importancia. Quezaltenanrante tres días y con ligeras ingo quecla á dos 6 tres leguas del
terrupciones, se estuvo obsen·anfoco volcánico y es, por lo misdo; pero esto no fué suficiente pamo, una de las ciudades expuesra calmar la excitación por comtas continuamente á ser destruípleto, debido á la creencia, muy
das por las erupciones.
generalizRda, de que en Chiapas
PALENQUE.-EL RIO 11hrHOL.
La altura del Santa l\Iaría es
había, como antes decimos, apade unos mil trescientos metros sorecido un volcán.
bre el nivel del mar, y en la estaPara desvanecer esta versión,
ción de invierno se encuentra nie·
el señor ingeniero Paf:trana, dive en su cúspide. Se creía generector del Observatorio Meteorolóralmente que estaba extinguido;
gico Central, dirigió un telegrapero hace algunos años, un geóloma á los jefes políticos de los disgo alemán anunció su actividacl,
tritos de Chiapas y Tabasco, afirque ha venido á comprobarse plemando su opinión de que los fenamente. Es ca;;i probable que
nómenos observados provenían de
la actual erupción haya causado
un centro volcánico correspongrandes perjuicios en una de las
diente á GuatRmala. Esta opinión
zonas más ricas de la. República
ha quedado plenamente confirma,·ecina, como es la de ,cCosta Grn•da, y el pánico ha ido, poco á po
de», que comprende el terreno que
co, desvaneciéndose.
más fácilmente puede ser invadiLa localización del foco volcánjdo por las lavas.
co, por lo demás, basta para que
nuestros lectores se den cuenta
de la intensidad del fenómeno,
intensidad verdaderamente asombrosa, toda vez que el volcán de
CITIAPAS.-PLANTIO DE IlULE.
En cuanto á las ciudades del
Santa María, situado en las cerSur de nuestro país en donde se
canías de Quezaltenango,dista de
sintieron los temblores y hubo
Tehuantepec más de cuatrocienlluvia de cenizas, parece que no
tos kilómetros y más de seteciense registraron desgracias personatos de Oaxaca, dudad en que se
les. Los plantíos, en cambio, suobservó la lluvia de cenizas.
frieron algunos perjuicios.'
Acerca del volcán de Santa María, tenemos los siguientes datos,
Es de mencionarse, por lo de·
que transcribimos por ser, en esmás, el empeño con que tanto las
tos momentos, de la mayor imautoridades de Chiapas como las
portancia:
de Tabasco, procuraron restableEl Santa María se encuentra
cer la calma en aquellos puntos
situado en la región occidental de
donde la alarma de los momdores
la República de Guatemala, á 68
llegó á su más alto grado. Las
kilómetros de la línea que divide
oportunas medidas dictadas en esá México de ese país.
te sentido impidieron, sin duda,
El volcán es uno de los primeque ocurrieran accidentes lamenros del sistema orográfico centrotables, no obstante la consternaamericano que forma en las Reción que dominaba en las masas
públicas de Guatemala y de El
v la. intensidad de los temblorts
Salvador una cadena de picos á lo
registrados, sobre todo en San
largo de las costas del Pacífico.
'fABASCO.-UNA CALLE DE FROXTERA.
Cristóbal, donde se sintieron cuaFots. de Waite.

GUATEMALA.-EDIFICIC:l Y PASEOS PRINCIPALES.

I1 ·

Domingo 2 de Noviembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

Tos últimosJ_emblores
LLUVIA DE CENIZAS.
~ ONDA sensaci6n han producido en el país las
noticias que hace algunos días circularon con
relación á los temblores registrados últimamente en distintos puntos &lt;le la costa del Pacífico y del Estndo de Chiapas, y á la lluvia
'--- de cenizas observada en una extensa zona de nuestro territorio.
,':Las primeras noticias se recibieron en,.-,,
~~.::..-j. --·_;~ .
la Capital el 24 d~l pasado,_ día en que¿__,
- -..
por telegramas oficiales y privados se supo que ~anto en San Cristóbal ½as Casas y en Juchitún, como en Tuxtla GutJérrez y San Bartolo, se habían sentido movimientos seísmicos,
:icompañados 1e fuertes ruidos subterráneos. En algunas comarcas del
istmo de Tehuantepec se observó el mismo fenómeno.

VISTA DE TERUANTEPEC,

En San Cristóbal se presentó el día despejado; pero de rep{'nte el
sol se obscureció, comenzando á caer sobre la ciudad y sus alrededores
una espesísima· lluvia de cenizas. Lo inesperado del fenómeno hizo
que entre los ha,bitan~s cundiera un pánico ind{'scriptible: las familias
abandonaron sus casas, temerosas de una catástrofe, y el sol se nubl6
á tal grado, que en los esta:blecimientos mercantiles y en las oficinas,
fué preciso hacer uso de la luz artificial. Los ruidos subterráneos eran
cada vez más fuertes, y cuando el temblor se dejó sentir, la alarma no
tuvo límites: las mujeres rezaban en voz alta por las calles· el tráfico
quedó interrumpido en toda la ciudad, y las casas se vieron' en un roo- .
mento desiertas. En los templos se tocaron las campanas para congregar á los fieles, celebrándose algunas ceremonias religiosas.
La lluvia de cenizas cayó también en Comitán en Motozintla en
Tuxtla Gutiérrez y otros puntos, causando, como ;n San Cristóbal' un
pavor inmenso. Los ruidos- decía un telegrama-son tan fuertes' que
en Tuxtla Gutiérrez se oyen lo,; de Comitán. Las familias comen;aron
á emigrar el mismo día á los Es'..ados de Tabasco y Oaxaca.

A hacer más crítica la situación de los aterrorizados vecinos de aque)las_ pobla.cioµes, c0ntribuyó principalmente el dicho de un grupo de
md10s que aseguraron que una montafia poco distante de San Cristóbal arrojaba humo y cenizas. Esta versión fué desmentida más tarde
dándose por seguro que el cerro que se encontraba en erupción era el
de c,Don Juan", que est{L inmediato á Palenque. Los informes de las
autoridades políticas, transcritos al Observatorio Meteorológico Central
aeí lo afirmaron, aunque, como ahora se sabe, éstos informes carecía~
de fundamento.
Por lo que toca al Estado de Tabasco, el fenómeno se observó en Tenozique, Montecristo, Macuspana, Tacotalpa y otros pueblos que fueron presas de un pánico terrible.
'

CHIAPAS, TRABAJADORES DE UN PLANTÍO EN SAN LEANDRO,

lota, do Wa!to,

�Domingo 2 de Noviembre de 1901.

EL MUNDO ILUSTRADO

·,

Domingo 2 de Koviembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO
renta y cinco. En el puerto de Acapulco el movimiento fué trepidatorio y duró algunos segundos.
Publicamos en estas páginas fotografías de diversos puntos de Chiapas y Tabasco y ele Tehuantepec, así como de Salina Cruz, donde sopló un norte furioso hace pocos &lt;lías.

MERCADO DE TEHt:ANTEPEC.

RIO DE TEHUANTEPEC.

VISTA DE FRONTERA.

A;;í nrnrchan&lt;lo, llegamos lÍ lo alto del montr, donde una pnlmn.a :-e
clef:greñaba :-obre un abismo lle110 de mudez y de nieblas. Frente á nrii;otroi&lt;, muy lejoF, el•cielo se desbordaba como un inmenFo paño nmarillo, y F&lt;ohre &lt;&gt;se fondo vi\'O, color yema de huern, se destn.caba un negrí:-imo otern, que tenía clln-aclas en la cima tres cruces en línen. finas
.v de un solo trozo. El Diablo, después df;l el'garrar, murmuró c~giéndome del hrazo:
«La del n1edio es la de Jesúi&lt;, hijo de .José, á quien tnmbién llaman
CriFlo. Lh•gamos ú tiempo pnra. F&lt;n.horear la Ascensión.»
En efecto, In. crnz del n,edio, la de Cri~to, df!'arraigacla del otero
como un fü'bu¡,:to que el tiempo arranen, comenzó á elc\·arsc lentnmen~
te engroF&lt;n11do, ocupnndo Pl cielo. Luego, ele todo el &lt;'Spacio Yolaron
Íl11geles á f:OFlenerln, apurados como palom11s cuando acuden al grano.
Unos tiraban desde arriba, después de haber amarrado al madero largas cuerdas de seda; otros la empujaban desde abnjo, y noFotros notábamos los rsfuerzos de f&lt;Uf&lt; brazos azulacloi,. A ,·eces de la cruz se
desprend¡a, como ele una cereza muy madura, una grue,-a gota de sangre; un f:erafín la recogía en las mnnos y marchabn á colocnrla en la
pnrtemás alta dd cielo, donde quednbasuf'penf:a y brillaba con el resplandor de unn e,:trdla, Un anciano enorme, con t(mira blanca {¡
quirn distinguínmos poco !ns facciones entre la abundanria ele su cal;e.
llera revuelta ,\' los fieros de F&lt;US hnrhns 1wrnclaf:, mandn lin, recostado
entre nub-es, estas maniobras ele la Asceni-:i{m, en una lengun l"emejante
al lntín, y fuerte como el rodar ele cien cnrros de guerra. Súbitamente
todo desnpareció. El Diablo, mirando ]'nrn. mí, ·&lt;'xclnmó pensntivo:
«¡CoNs1·~1MÁTmc EST, amigo! ....... ¡Pero otro Dio~!. ...... ¡Pero otra rnligión! E~ta \'ª á extender en tierra y eielo un tedio inenarrable,,,
Y luego, lleYún&lt;lomc por la rolina abnjo, el Dinblo comenzó á contarn1e animaC:amPnfo los cultos, Ja¡¡ fiei;tas, las religiones que florecían
en su ju\·e11tud. Tocla ef'ta cof-ta del «gran Yerde," deRde J3iblos hasta
(::artngo, deF&lt;cle Eleusis á Menfis, eFtaha poblada ele dioses. Unos deslumbraban por la perfección de su belleza, otros por la complicación
de RU ferocidad; pero todos Re me1.claban en la vida humana divinizúndola. Viajaban en carros triunfale!', respiraban las flores, b¡bían vino:;;, clesflorabnn las vírgenes adormecidas. Por eso eran amados con
un amor que no ,·ol\'e~á mlí~. ½&gt;s puebll s, emigrando, podían abandonar sus ganados ú olvidar los nos donde habían bebido pero llevaban
consigo sus dioses.
'
-¿El amigo, me preguntó, no estuYo nunca en Babilonia?
Allí todas las mujeres, matronas ó doncellas, iban un día á prostituirse 1i los bosques Eagrad?s, en honor de Milita. Las más ricas llegaoan
en carros de plata, puJados por búfalos y escoltados por esclavas· las
más pobres llevaban una cuerda al cuello. Unas extendiendo un t;piz
en la yerba se agachaban como reses pacientes; otras, erguidas, desnud~s, blancas, con la cabeza oculta en un velo hegro, parecían esplénthdos márD?oles entr~ los troncos de los álamos. Y todas así, esperaban
que cualquiera, arroJándoles una moneda de plat.a, les dijese: «En nombre de Venus.» Lo seguían entonces, fuese un príncipe llegado de SuRa cori tiara de perlas, ó un mercader que corriera el Eufrates en su
barco de cuero. Y toda la noche rugía en la obscuridad de los ramajes
el delirio de la lujuria ritual.
Después, el Diablo me contó las hogueras humanas de Molok los
Misterios de la Buena Diosa, donde los lirios se regaban con s~gre.
y los a1·dientes funerales de Adonis.
'
Parándose, me preguntó familiarmente:
-¿No estuvo el amigo en Egipto?
Le contesté que sí, y que había conocido á Maruja.
El Diablo, muy cortés, me dijo:
·
-No era Maruja, ¡era Isis! Cuando la inundación llegaba hasta Menfif, _las agua~ Re ~ubrían ,de, barcas sagra~as. Una ale~ría heroica,
subiendo hacia el Sol, hacia a los hombres iguale¡¡ á los dioses. Osiris
con sus cuernos de buey, cubr~a á Isis,_ y entre el vibrar de las arpa~
de bronce, se oía por todo el Nilo el rugido amoroso de la Vaca &lt;li vina.
DesT?u,és el Diablo me contó cómo brillaban dulces y bellas en Grecia
las religiones de la Natu,raleza. Allí todo era claro, puro, luminoso y
sereno. La harmonía saha de las formas de los mármoles, de la cons-

¿-

titución de las ciudades, de la elocuencia de las academias y de la
destreza de los n.tletas. E1itre las
islas de Jonia, flotando en lamolicie del mnr mudo, como cestas
de flores, las Nereidas Re encaramaban á la borda de los navíos
para oir las historias de los viajeros; las :Musas canta.han en los
valles y la belleza ele Venus era
como una condensación de la belleza de (&lt;Hellenia.."
Pero ifl.Y!, liahfa aparecido este
carpintero de Galilea, y toclo acnbó. La faz humana tornúbase para i,iempre pálida y llena ele mi~ticismo. l'na trur. sonihrfa, cubriendo la tietTa., n pngn ba el ef'·
plmdor de lao; rosas y quitnlm el
i,:nhor á los hrsof': ¡_v em. grato al
clioR nue\'0 la fealdnd de In~ for
mas!
J uzganclo á Lucifer E&gt;ntristecido, yo trataba de conF&lt;olnrle:
-~o se apure; aun ha de haber en el mundo mncho orgullo,
much0 furor. No lamente la~ hognern.s de :\Iolok; ha rle presenciar hogueras de judíos.
-¿Yo? me contestó aclmirado.
Unos y otros no me importan.
Ellos pa~an, yo quedo.

EL 2DEABRIL
1Jn cuadro valioso.

El Sr. Ministro de la Guerra,
General D. Bernardo Reye!', ha
obsequiado al señor Presidente de
la. República con un cuadro mural que.represen~, Ja_ entrada. del
ilustre Jefe del EJerclto de Or1én,, te á la plaza de Puebla, al commmarse el glorioso asalto del 2 de
Abril de 1867.
El cuadro á que nos referimos,
fué pintado por el Sr. Francisco
de P. M:endoza y mide dos metros veinticinco centímetros de
largo, por uno cincuenta de ancho. Como obra de arte, se echa
de ver desde luego la v""rdad l'0n
que están tratados los princip:tles
detalles y· lo bien estudindo do la
composición. En el centro se ve
la fuente que en aquella época
existía en la plaz1. principal, y á
la izquierda la catedral, cuyas esbeltas torres dora la prit,1era luz
ele la mañana. El héroe de aquella gloriosa jornnda está re'pl"esentado lí. caballo, segnido de su
Estado b-favor y con la espada
clesnnda, ~alurlando al Batallón
E&lt;;A m~ QuErno1..
de Oaxaca, que forma á la derecha en línea desplegaa.a.
En la composición del cuádro
entran cañones despedazados. por
ltUERTR UE U~ IIROICO NOTABLK
la metralla, y grupos de sold~dos
que hn.cen la impresión más completa. El colorido es del. mejor
Víctima de una dolorosa enferSR. DR. D. A::IIADOR VELASCO, ELECTO ÜBISPO DE COLIMA.
efecto, pues á la luz auroral que
medad, falleció hace pocos días
ilumina la población, se mezcla
el Sr. Dr. D. Manuel Ca.rmona y
el rojo fulgor de los disparos con que, las
Valle Jefe de la Escuela de Medicina de :Méy alumnos de la Escuela y multitud de amitropas victoriosas saludaban al Sr. General
gos y admiradores del iraestro.
xico, 'y uno de los hombres ?e ciencia á quien
Díaz.
más debe la juventud estud10sa.
El Sr. Dr. Carmona y Valle era el decano
de los profesores de la Escuela, pues comenzó
á Rervir la clase de Clínica Externa el alío de
En cuanto al irntor del cuadro, diremos que, ·
1866. En 1890 presidió el primer Congreso de
pensionado por el gobierno de Coahnila, su
Higiene reunido en México, y el segundo ConEstado natal, ingresó á la Academia de Bellas
Pam cubrir el puesto que dejó, como tercer
greso panamericano. Fué, además, presidenArtes donde hizo sus primeros estudios. Poobispo de Colima, el Sr. Dr. D. Atenógenes
te de la Academia de Medicina y delegado de
co de;pués, disfrutando también una pensión,
Silva, actual arzobispo de Morelia, ha sido pre:México en uno de los congresos médicos reupasó á Europa, y recorrió Italia, Inglaterra,
conizado en Roma el Sr. Dr. Amador Velasnidos en los Estados Unidos.
Alemania, Francia, Bélgica, Holanda y E~paco uno de los miembros más ilustrados del
Su labor como maestro fué muy meritoria.
ña donde recibió en 1891, de la reina María
cl~ro
colimense.
Entre otras obras que dejó escritas, se cuentan
Cristina,
el premio que la «Unión Ibero~meEl obispo electo nació en la villa de Purifiuna sobre la fiebre amarilla y otra que trata
ricana,, concede á los artistas de reconocido
cación
[Jalisco]
y
muy
joven
aún
ingresó
code la enfermedad conocida con el nombre de
valer.
mo alumno al 8eminario Conciliar de Colima,
«infarto pulmonar,,,
Ofrecemos hoy una copia del cuadro ytlen- distinguiéndose entre sus compañeros de esA sus funerales concurrieron los profesores
cionado, á fin de que seá conocido de nuestros
tudio por su claro talento y sus aptitudes poco comunes. Después de recibir las órdenes
lectores.
sacerdotales, desempeñó el cargo de catedrático del plantel y, más tarde, el de rector, que
sirvió algunos años.
Borlado ya doctor en Teología, el Sr. Silva
lo nombró vicario y gobernador de la Mitra
&lt;le la diócesis que estuvo á su gobierno.
La elección del Sr. V elasco ha sido recibida
en Colima con verdadero agrado.

,

)

OBISPO DE COLIMA.

MUSA INFIMA.
Vedla allí, con su cántiga impudente
que de sueños tranquilos nos despierta;
desgarrada la túnica, y cubierti..
de laurel y de pámpanos la frente.
Semidiosa de un arte decadente,
ducha. en el tirso, y en la lira incierta, .
sólo constriñe su facundia muerta
para medir la estrofa lubriscente.
No es el numen de Plauto y de Terencio
que impone con sus cánticos silencio
al duelo en que el espíritu naufraga;

~ALINA CRUZ,

RIBERA DE UN RJO EN TAB¡\SCO

(rota. (Je Walte),

SR. DR.

D. MANUEL CAR~fONA y

VALLE.

es la musa falaz d.e nuestros días,
que ofende cuando entona sus poesía.s
y que á pueblos incultos embrtaga.
ftAMÓN A. URBAN(?,

.,

SR. FRA.NCISCO DE

.' '

P.

l\IENPOZA,

��Domingo 2 Noviembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL 1.-IUNDO ILUSTRADO

Playa Vicente.
POBLACIÓN QUE PROGRESA.
Existe PO el Estado de Veracruz una peque-ña pol,lación cuyos progrefoR, en los últimos
años, han t-1ido Yerdaderamente notablei;. :Xos
referimos ú Playa Yicente, uno &lt;le los puntos
tle aquPlla rica entidad de la República más

tamos á deFcribir, á grandes rasgos, el hermoso palacio municipal que i-e inaügur6 thmrnte
las fiei-tas patrias de septiern bre.
El edificio consta. de una sola planta, en cuya construcci6n se ('mplearon la mampoi-tería.
y el tabique, y obedece, en general, íÍ una diKtri buci6n completamente adecuada al objeto á
que e1,tít dPstinaclo. El palacio está cli\·iclido
~n tres amplios tlepartamentoi&lt;, de los cuales
el &lt;l~l ala derecha está dedi,·a&lt;fo á la E&gt;scuela
de niños. En la central se encuentran las ofi-

Domingo 2 de Noviembre de 1902.
comercio en Playa Vicente. Snhiclo e;; que el

río de este nombre ofn•ce iwrias dificultades
para la nnvegación co11 vnpores de cinto miado. y que nadie bahía pocli&lt;lo ,·(•11c·erla&gt;'. El
Sr. D ..José Lúpez, comer&lt;'iante rnuy acreditado de nquella plnz:i, F:e sobrepuso 1Í. todo~ los
obi-tnculos y fletó el primer rn¡,or que hace
la trn\"esía en el río, con E&gt;l 110111hre de ,,CatE'maco", el 15 de !--eptien1hre &lt;le 1897. A bordo
del Ya por se ve, en el grabado &lt;¡ue publicamo~,
íi la familia del Sr. L6pPz, que F=e mil nrC'Ó e11
Tlar-otálpnm y un g1u po de s t s amigos.
Playa \'icentc cntnta en la 11ctualiclacl C'nn
buenas construcC'ioncs; la ng-ricultma ha progresado allí de manera notnblc y la in&lt;lustria
comienza á ensanchar,.;&lt;'.
En laf' fie:-t..'lR de sep¡,i&lt;'m hrc huho una nota saliente: el baile con que se celehró In inauguraeiún dPl palac·io. · Las principales familins &lt;le la pol,lnción ·:r algunns de lo,.; puntos
cncnnos, asistieron á la i;irnpática fiei;ta.

Escuela de Ingenieros yMaquinistas·
EN ORIZABA.

P.H,ACIO l\lU~ICIPAL DE PLAYA YICE:'(TB

lwnC'ficimlns por el esfuerzo unido ele sus lal,orioRos ltaliitantei; y por el celo de las autoridacle;,.
l\lu&lt;'hai, _,. muy importantes son las mE&gt;joras que allí Fe han llevado á cabo; pero, para
hablar Rúlo de la más reciente, nos concre-

LA COMISIÓN NAVAL MEXICANA.
..._ En nuestro número anterior dimos á conocer algunas fotografías referentes á ]a botadura de los nuevos cañoneros mexicanos «Tampico» y «Veracruz», que se construyen en Elízabeth port por cuenta del Gobierno Federal,
bajo la vigilancia de una comisión nombrada.
expresamente para el objeto por la Secretaría
de Guerra.
Hoy publicamos el grupo de oficiales de la
marina que forman la comisi6n menciofiada y
son los siguientes:
Capitán Manuel Azueta, jefe de la_ comJ...,
Guilebaldo Miranda¡
SlOn ., prl·mer teniente
·
segundo teniente R6mulo L. Alcívar¡ segundo teniente Nicolás Varela R.; c~detes Art~ro Medina, Francisco Amado, Luis G. Izag~1rre Manuel Escudero, Luis P. Florencia,
Go~1.alo Sierra, Rafael Izaguirre, Guillermo

Acosta¡ ingeniero de construcci6n naval Carlos F. Varela; inspector de maquinaria George E. C6ward; primer maquinista Te6:6.1o E.
Remes; segundos maquinistas Leopo1do G.
Correa, Manuel A. Silva, Carlos Peralta, MiguAl A vila, Osear Arenas, J ulián Ti burcio,
Sotero Rodríguez; capataces Luis Antiga y Tomás Salas.

La Cacería de San Huberto.

En las loma'! del Molino del Rey se verific6 el domingo último la cacP.ría de San Huberto organizada por el Club Hípico alemán, y
á la que fueron invitados, para que tomaran
parte en ella, los miembros del Club Hípico
Militar.
Los cazadores se reunieron en el sitio mencionado, á las cuatro de la tarde, vistiendo algunos, vistosos trajes de rojo, negro y blanco.
Los jefes y oficiales del Ejército portaban el
uniforme de gala. La
carrera comenzó momentos después, yendo
al frente del grupo el
Sr. Ju1sreed, quien llevaba en ]a mano 1a cola de zorni. que debían
disputarle los cazadores.
Lo quebrado del terreno y las nubes de
polvo que levantaban
los caballoi-, hizo que
la cccacería» fuera muy
difícil y que algunos
p:iilitares cayeran al
LA CACERÍA DE SAN Hu~ERTO,

C'inns municirale,-,, como salón &lt;le cal,ildo,- y
tesorcrín, y los ju;r,gaclo~ de prinwra i11sta11ci:1;
en el lado sur está el d&lt;'partamento ele la e,.;cuela ele ni iins.
Es de conRig-narse también nna nota que directamente se relaciona con el &lt;leBarrollo dél

suelo. Ninguno de los jinetes logr6 dar: alcance al Sr. Julsreed, quien result6, por lo
mismo, triunfante.
.
Entre los espectadores se encontraban los
sefiores Ministro de la Guerra, Encargado de
Negocios de Rusia, Secretario de la Legación
de Alemania y otras personas distinguidas.
A las 6 y media de la tarde regre::-arotl 1os
invitados y los jin_etes al centro de ]a ciudad.
Por la noche se efectu6 una cena íntima en
el edificio del Club Alemán; á la que asistieron los miembros del Club Hípico Militar.

La carrera de ingeniero durará ocho años y
cuatro la de maquinii-ta; la instrncci6n será
técnica y práctica para los primeros,y esencialmente práctica para los maquinistas y maestros de obrns.
A Francia y á Alemania se han mandado
construir los modelos de los diversos tipos de
calderas, dinamos v motores.
El costo de la olira será de doscientos mil
pesos, y los Sres. Espinosa y Ht&gt;rrera tienen
verdadero empeño en que esté terminada en
dos años.

MINIATURAS
Para vivir en deliciosa ea]ma
y gozar del amor de los amoreR,
un alma pura necesita un alma
que comparta con ella sus dolores.

***

.

Tiempo hace que los Sr&lt;'f&lt;. Lic. Elicz&lt;'r r,;,..
pinosa y Carlos Hern•rn, srcretario ge1wr:il ck
gol&gt;iemo (le Veracruz, y jefe político clu Orizaha, respectirnmente, pensaban E&gt;stnblecer en
e:-a citidad una escuela de in,¡renieros v maqninistnci, semejante ú las de Europa y 'Ei::tados Unidos.
Aprobado el plan general de la.·eseuela, fuf
sometido á la aprobación del sefior gobernndor Dehesa, quien lo ncogi(i fon n;l'(h&lt;1ero
entusiasmo, por la nepe&gt;'id:1d que del plantel
se hacía sentir en el Et-tndo, dada la Ílll portancía industrinl que ha nclquirido en lo:-(últimos
aíioi-. Con tan fa\·orahle acogida, los iniciadores eligieron el lugnr convenienteparalacoostrucei6n de la escuela, y presenta.ron al señor
gobernador el proyecto re1,pectivo, con su presupuestó.
La escuela ocupará un cuadro de ochenta
metros de frente por sesenta de fondo; y será
COl)struída de fierro y cemento, como principales elementos.

EL

"CATEMACO» EN EL RIO DE PLAYA VICENTE.

.

Que no hay dicha mayor que la ilusona,
comprobado ]o vi desde chiquillo;
en el ba nquete del amor sencillo,
el plato mús insulso si:be á gloria.

*,;&lt;*

.

Tal vez cuando te callas y suspuas ..... .
dices con menos frases más mentiras.

***

Una mujer instruída
de conciencia elevada.,
prefiere no ser amada
á verse comprometida.

y

R. A. enAGO.

PnoYECTO rAR~ EscUELA DE INGENmRos y MAQurmsr N&gt;,EN,-ORrZABA.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 2 de Noviembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

5 de agosto.

.... -- _ , ; : , : : : : . . . . , , ~ , - ,

---~--,~-,~
J.
.

__,, -./ -;r,,~

~-

-----=--=-~( CONCLUYE)

III
12 de julio.
Cada vez que me presento ante Francesca,
veo pasar por sus ojos el mismo sobrecogimiento. Una rápida palidez sube á sus meJillas y desaparece; la mano que me tiende i::e
halla fría y temblorosa. Después, ella se rehace, y siento que su «amistad" vuelve y que mi
compañía no es desagradable, por lo menos
cuando somos tres, 6, lo que es lo mismo,
cuando el doctor se halla entre nosotros. Si
estamos solos, Francesca se vuelve y mii:a á
lo lejos. Su malestar es tal, que me siento penetrado de él como &lt;le una atm6sfera; sufro su
mismo sufrimie:1to; rompo la mal11. influencia
alejándome, y experimento un verdadero desahogo cuando por fin llega Ojetti hasta nosotros y hace reaparecer la claridad en el rostro
de su hija.
Mi pena es mortal; roe mis noches, me hunde en el pálido insomnio, en los largos ensueños iüniestros de la sombra. Solamente el opio
me defiende contra el exceso de angustia. Y,
no obstante, no experimento hacia Francesca
la menor c6lera ni el más pequeño rencor. La
prueba á que estoy sujeto, tiene algo de divino: es un sacrificio y Jo acepto. Por ella estoy pronto á to&lt;las las inmolaciones. l\fi amor
crece con mi sufrimiento, no por la contradicci6n y el instinto de lucha, que es la base de
ta.les sentimientos, sino porque mi sufrimiento es como una forma más elevada de la adoraci6n.
Yo también he querido evitar mi presencia
á la joven, pero Ojetti ha hecho imposible esta resolución. Está verdaderamente ligado á
mí y no ha habido sitio á donde no baya ido
á buscarme. Días pasados había partido yo
solo á través de la montaña; desvariaba tristemente al costado de un bosque &lt;le bayas,
cuando he visto venir al doctor y á Francesca.
El buen carbonario hallábase profundamente
triste y lleno de quejas hacia mí. En la animadón de su discurso, se ha olvidado de todo,
hasta el grado de decir á su bija:
-Dile, Francesca, que él es nuestro único
coni;uelo en el destierro; dile que su presencia
es nuestra mayor alegría!
Francesca, pálida como los lejanos ventisqueros, murmur6 con voz doliente:
- Y o os lo ruego; por rni padre!

/?~

;~

los idiomas, que le permite hablar el francés
tan corrientemente como el italiano. Posee,
además, una buena alma entusiasta, el amor
frenético de la ltalia Unida, de la lealtad, el
espíritu arrojado y peligroso de los Lovelace,
nutrido de ardor y de ternuras fugitivas. Ha
agradado mucho al doctor, que conoce á su
familia, y somos ahora cuatro que trepan por
los senderos, á la hora en que las sombras de
los árboles se alargan sobre las planicieR. Luigino marcha á la cabeza, en compañía de
Francesca; el doctor y yo los seguimos á pocos
paRos de distancia.
Busco en el fondo de mi ser el celo. Está
ausente; no puede nacer; siento que él daría
muerte á mi amor por la Silenciosa, y en el
exceso de mi angustia, me acontece el desear
que tal sentimiento surja de mi interior. Observo entonces á la encantadora pareja, los
ademanes elegantes del milanés, sus miradas
que se vuelven con admiración hacia Francesca. Pero Luigino me parece más lejoP de ella
que el Monte Rosa, y su galantería tan frágil
como las hojas arrebatadas por la tempestad.
Y yo comprendo que nada, excepto la ausencia y el tiempo, podría ayudarme contra Francesca.

fácilmente nuestras veladas, y postie el don de

hiente de fuerza envolvía fas cosas y los sere~;
la vida luchaba por doquiera; cada átomo du
musgo, cada hilo de yerba encerraba uña energía tal, que me sentí hondamente desalentado.
Adivinaba sobre mí la sombra de la mala suerte que pierde los destinos de los hombres. Y
las voces del milanés y el doctor, que subían
del barranco, llegaron á mis oídos como una
ironía.
En tanto que yo me abismaba en mi tristeza, Francesca se puso á trepar sobre las rocas,
seguida de Luigino. Detúvose un momento
sobre la arista de un gran pedrusco; el sol la
envolvía en un fulgor de gloria; asemejábaRe
así á una virgen de Léonar&lt;l que fij6 en mí,
desde mi infancia, una de esas impresiones que
jamás se borran. Bajé la cabeza, y, cuando los
dos hubieron desaparecido, un irrefrenable sollozo escap6 de mi pecho, y mis ojos se llenaron de lágrimas........ .
Largo rato permanecí de esta manera, hasta
que un paso ligero me hizo estremecer, y vi,
al extremo del barranco, á Francesca, que se
aproximaba. Ella vi6 mis lágrimas y pareci6
conmoverse, pero inmediatamente yo no sé
qué gesto de firmeza apareció en su boca, y ella,
que jamás interrogaba, preguntóme:
-Estáis celoso de Luigino?
La sorprei::a hízome enmudecer de pronto;
en seguida contesté con una especie de cólera:
-Ojalá fuese así! Si yo pudiese estar eeloi-o, bien podría esperar el curarme de este
amor imposible!
Ella se puso tan pálida como el día en que
por primera vez la hablé de mi cariño, dominada por aquella misma impresión de espanto;
después, ech6 á andar otra vez, silenciosa, á
reunirse con su padre¡ que nos llamaba.

IV
'

17 de julio.
Ha llegado á nuestro destierro un joven carbonario milanés. Es vivo y gentil como un
ArlPquín, con hermosos ojos, siempre m6viles,
que brillan en su fisonomía como juguetones
diamantes negros; su sonrisa le hace agradable
á todo el mundo, su conven,aci6n entretiene

Nada ha cambiado. Es preciso partir; no
cieo más que en el tiempo y en la ausencia
únicas medicina¡, para el alma. He manifes:
tado mi resolución á Ojetti, y éste, presa de
honda consternaci6n y Heno de queja hacia
mí, me ha dicho:
-El todo por el todo! Vuestro mal no será
más difícil de curar si esperái1:1 aún algunas
semanas más.
-Pero yo no puedo soportar «algunas semanas más,, ......... Me queda un poco de voluntad y es preciso aprovecharlo......... .. Vos no
po&lt;léis darme ninguna esperanza.
Ojetti no es un diplomático, como la ma~·oría de sus compatriotas. Guard6 silencio, y
después, en tanto que yo le miraba tristemente:
- Yo hubie.ra jurado que ella os amaría... .
Aun creía haber descubierto en ella una inclinaci6n naciente ......... »~Ia,i..... .
-Ya. ,·eir,,, sin embargo, que mi pr&lt;&gt;sencia
In. inspira una especie de tPrror!
-Sí.. .... Xo me lo explico....... No he podido obtener una confi&lt;lencia ......... Es preciso hablarla otra vez ..... .
-Y de qué queréis que la hable?
- Poco importa. De lo mismo.... ..... Pero
sed elocuente, y haced que ella os responda!
Habíamas pasado ese gran Calvario siniestro que se extiende más allá de la Meseta. Se
diría un cementerio de titanes. Las lápidas
las cruces, las enigmáticas piedras labrada;
alternan allí con los fosos profundos· el eco se
multiplica como las vibraciones de 'viejos lamentos de agonía. Al salir del Calvario el camino sube entre abetos, procedenteR ta::O bién
de lejanas edades. E1 doctor se ha. llevado á
Luigino, rogándonos esperarle, y hemos quedado solos FranceRca y yo, en la viviente catedra_!. La inmovilidad y el silencio parecían
fundirse con la luz; yo oía. palpitar mi corazón ... ... y el suyo. Bruscamente la dije con
una voz ronca:
-He llegado al término de mi sufrimiento.
Voy á partir, y he resuelto hablaros por última vez. El suplicio que he soportado por el
solo hecho de vuestra existencia es demasiado
grande para que vos dudéis de que os ofrezco
toda mi vida., seguro de no amar nunca á otra
m~jer. Hablo sin esperanza y casi por cumplir un deber-pues tenemos también deberes
para nosotros mismos,-deber que consiste en
busrar una felicidad que no ha sido de nadie
y que deberá hacemos mejores. Yo sé, Francesca, que habría sido más noble más caritativo, más dulce, si hubiese alcan'zado la infinita alegría de ser vuestro compañero· sé qué
una felicidad semejante me habría lle~ado de
resignación en las peores pruebas y de bondad para mis enemigos. Mas ~o alcanzaré
nunca esta suprema gracia! Tampoco tendré
queja alguna. para vos, Francesca; no sois responsable de las ternuras que puede despertar
vuestra persona: sería lo mismo que haceros
rei::ponsable de vuestro"'nacimiento. Os ruego

En esto mismo pensaba ayer, sentado i-obre
el tronco de un árbol caído. Cien especies de
plantas florecían en mi derredor; la tierra
transformaba en pequeñas ráfagas de color y
de perfume los ful~ore¡¡ uel gran astro¡ un am•

26 de julio~

.

Estoy libre. Las autoridades han halla.do
ligeros mis pecadillos; puedo volver, si me place, á conspirar contra las potencias amigas y
hacer méritos para que me pongan otra vez el
bocado, coi;a de que 110 tengo ningún deseo.
Mi íe, que ya antes era tibia, ha venido á menos, pues no creo que el «tira.non pueda ser
derribado mediante reoursos tan débiles como
los nuestros. Más V8.$toB acontecimientos restablecerán el equilibrio entre el derecho y la
fuerza. Dos ó tre" camaradas franceses disfrutan de la clemencia federal; pero nuestros
amigos venecianos, poloneses, milaneset'I, permanecen aún bajo cerrojo. Y yo vago como un alma en pena alrededor de mi prisión.
Lmi guardianes desde luego han pretendido
ejecutar la consignn. y deRterrarme con las gen•
tes librer,,, pero han acabado por permitirme
algunas horas de visita, d~ manera que no estoy enteramente privado del placer· de oír á
Retchnikoff jurar «guillotir.arlos,. ahorcarlos,
bafia.rlosn en agua fuerte.
•
Mas he aquí qu~ mi tristeza es cada &lt;lfa más
profunda. Francesca permanece envuelta en
su misterio. ¡Y qué me importa ese misterio,
puesto que no hay ep ~l ninguna esperanza Fª•

rilo mí!, ....... ,

.1

V

solamente tener una mirada de piedad hacia
mí, y perdonarme si mis palabras os han ofendido.
Permaneció algún tiempo sin responder,
hermosa como una Afrodita del Silencio, inclinada. la cabeza bajo los largos y sombríos
cabellos. En seguida contest6me:
-No soy yo quien debe perdonar, sino \'OS.
Los remordimientos me abruman; tengo la culpa de vuestra pena, y daría algunos aflos de
mi vida por que esto no hubiese sido. No dudéis ni por un momento de que, en cualquiera
circunstancia, estoy pronta para con vos á un
gran acto de reparación.
l\Ie tendió la mano, que yo no osé llevar
hasta mis labios.
-Adi6s, Francesca, balbucí. Partiré mañana al amanecer!
Se apoy6 contra un árbol y murmur6 como
si hablara consigo:
-No debo detenerle.
V
7 de agosto.
No he procurado siquiera dormir: me hubiera sido preciso tomar el opio en dosis peligro-

Domingo 2 de Noviembre de 1902
Ella sonri6; por la primera vez vi la malicia en su semblante. Contest6me:
-Es que yo no puedo vivir lejos de vos... !
La vida, la. gloria, el poder, penetraron en
mí, como la luz en la tinieblas!
Y Francesca añadió:
-La culpa no ha sido mía. Mi espanto era
verdadero y más fuerte que mi alma. Vañamente he ensayado sobreponerme á él. No hay
tal vez en el mundo otra criatura á quien el
amor haya inspirado mayor espanto.
Tomé dulcemente su mano; la pequeña mano era tierna, sumisa, confiada.
-Y por qué el amor os inspira t..'ll espanto?
El hermoso semblante se volvi6 hacia la
selva:
-Porque Rabfa muy bien que ya no sería
una criatura distint..1. de aquél á &lt;¡uien amar,1;
porque tendría. que abdicar por completo-.,·,
para eso. estar sPgura de mi espo~·o como de
mí misma; porque, en fin, desde este rnomento en que os hablo, he dejado de ser, no
existo ya! Mi libertad ha muerto; no soy ya
más que vuestra escla,·a; en adelante, no será
hecha mi voluntad, sino la vuestra!
Y en tanto que descendíamos de la colina,
murmuraba yo en YOZ muy baja:
-Ah! ciertamente, en la breve historia de
nuestra vida. es maravillosamente dulce el ver
que nuestro mayor premio no sea la gloria, ni
el poder ni la riqueza, sino una débil criatura semejante á nosotros, un poc-o de luz viviente, un rasgo, un contorno, un ademán, y
el ritmo de un andar cadencioso!

J. H.:Ro,;xY.
Traducción de."El Mundo )lustrado. "

HERMANA DE LA CARIDAD.

r.a. lle permanecido en el balcón del chalet,
contemplando la noche, en cuyo manto de estrellas se destacaban las sombrías torres de La
Serraz. La sombra, el estío y la montaña"no
me han ofrecido noche más bella. Mis sentidos, sutilizados y despiertos, han gustado hasta el extremo la amarga mezcla de la belleza
y el sufrimiento. La muerte descendía á mi
pecho angustiado; las cimas confusas, las aguas
palpitantes, los bosques, los astros, todo parecía formar un sepulcro en torno mío. Sentía
como una contracción del Universa, como una
asfixia del Infinito.
Sin embargo, la rebelión no asomaba en mí.
Resignábame á sufrir uno de esos grandes
amores que hacen el amor más grande entre
los hombres; parecíame que este dolor no era
un dolor solitario ni egoísta, y que yo practicaba en silencio un sacrificio en aras de otros
seres.
Y, en un Il\omento de suprema amargura,
grité al espacio:
-«Páter, in manus tuas commen&lt;lo spíritum meuml»
El alba plateada ha iluminado los ventisqueros, y la brisa del lago ha despertado al
beso de la aurora; un carretero ha. tomado mi
equipaje, y be emprendido la marcha hacia
la población cercana. Pero antes de alejarme
para siempre, he querido pasar por el Calvario. Detenido cerca de los árboles bajo los cuales había hablado el día anterior á Francesca
fuí presa de un enorme desfallecimiento; apo~
yéme en donde ella i;e hahía apoyado; cerré
los ojos, y nsí permanecí largo tiempo.
Un estremecimiento de la maleza. arranc6me
de mi sueño, y el milagro se hizo! Francesca
había venido, estaba allí, á dos pasos, mirándome con dulzura, presa de cierta turbación
mas. sin revelar el espantq en su fisonomía'.
Una lasitud encantadora daba á sus párpados
un ligero tono azulado. Y yo exclamé:
-Por qué venís á hacer más terrible el dolor de mi partida?

Con tu traje que muestra la nieYe pura
Y el azul inviolado de las montañas,
Caminas con los 6leos de tu dulzura
Y el rosario pendiente de tu cintura
Aliviando en el mundo cuitas extra.ñas.
Te has desexuado para ser más divina:
Con la cofia. ocultaste tus ojos bellos
Como el sol tras los velos de la neblina,
Apla&lt;!taste tus senos de punta fina
E hiciste el sacrificio de tus cabellos.
Pero no aprisionada por las cadenas
De votos infrangibles, calmas tus penas
Con é?(tasis ociosos y ruegos vanos,
Abdicando del mundo, donde tus mauos
Deben regar las flores de que est{m llenaR.
Tú mitigas las fiebres con tus desvelos,
Abres tus brazos tiernos y hospitalarios
A los que tienen hambre de tus consuelofl,
Y allí donde aparecen todos los duelos
Te presentas con todos los electuarios.
No serás para el novio la prometida,
Para el placer tu carne no será yedra
Que enlace sus miembros de&amp;fallecida,
Ni alumbrará tu S(•no, fuente de vida,
Porque lo has vuelto estéril como la piedra;
Pero mojas los labios de los sedientos,
Pero secas las llagas con tus ungüentos,
Y destapas tu pecho, donde hay raudaleR
De bondad, como un vaso de aguas lustralt•s
Endulzando pesares y sufrimientos.
Y para que mermaras la pena human:1,
Para que en los combates fueras conronli:i
Y en los lecl10s dolientes fueras tisana 1
Para que como el Cristo, marchei-, Hern1;: 1.a
Difundiendo á tu paso misericor&lt;lia,
'

Ningún laurel terreno te ha seducido:
Ni anhelos &lt;le riqueza ni ansias de glorin

Pues es tan extremado tu afán de oh·i&lt;lo '
Que por dejar tu celo desconocido,
'
Has borrado tu nombre de tu memoria.

EFRh

llEBOJ.LEDO.

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Doradas para lo• ca•o• oon Dlarr••• Y Plate•d••
para lo• ca•o• que eati,n oaracterlzado•
por oonstlpac/6n 6 extrelllmlento.

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cuela Nacional de Medicina de México y de la Facultad de Parí., bon
tales, que su efecto se siente Inmediatamente en el entermo que
las toma.

Y N .UESTAA SAL UD

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LAS PÍLDORAS DEL DOCTOR HUCHARD, DE PARÍS.
La salud del cuerpo, en general, está ligada dlrectBmente con el
estómago, ó mejor dicho con el aparato digestivo, donde se prepara
el gran trabajo de )a nutrlcJón que ha de fortalecer, desarrollar y
so11tener hasta los órganos más pequefiotJ del cuerpo humano.
Este trabajo es universal. Lo mismo que el hombre los animales
y las plantas se nutren para vivir, y los que no Jo hacen por falta 1e
medio ó trastornos Independientes de su voluntad ú originados por
ellos mismos, enferman, deperecen y mueren al fin lnrremlslblemeete.
El estómago debe cuidarse siempre, en cua!qulera época, evitando todo exceso que pueda dallarle cuando está sano atendiéndolo oportunamente cuando está enfermo.

i Cuidar el estómago es el secreto de la buena salnd.

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No dejamos, pues, de recordará las victimas de su estómago,
recurran á las

~íldoras . del Dr. Huchard;.

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DE p ARÍS,

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Antisépticas y Si:flltticas.

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Las propiedades de estas pfldoras estudiadas y experlmentadai,
por multltu de médicos entre ellos d1stlnguldos profesores de la Ei.•

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EL l"\UNÜO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 19.

MÉXICO, NOVIEMBRE 9 DE 1902.

Oerente: LUI&amp; Rtl'~ &amp;PINDOLA.

Director: LIC, RAf'ArL Rtl'( &amp; &amp;PINDOU.

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---------Las Píldoras del Doctor Huchard se apllcarán siempre con éxito
en todas las atecclones tntestlnales, y sobre todo en

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Gastralgía, Dispepsia, Entero-colitis, Catarro húmedo y
seco del intestino, Dilatación estomacal,
Parecia del estómago, Infecciones intestinales,
Falta de apetito, Agrios, Malas digestionee, Ulceia del
estómago, Disenteria, etc., etc.

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Son recomendadas por los Profesores de la Escuela Nacional de
Medicina y Doctores Gutlerrez, Ban,:c..., . Gavlfio, Ramlrez, de Arellano Garay, Parra, Ocampo y otns muchos que han recetado en hos•
pltales y á sus enfermos partlcularfB, Eegón lo acreditan los certificactos de tan respetables facult atl vos y los enfermos curados con ellas

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PIDANSE EN LAS PRINCIPALES DROGUERIAS Y BOTICAS
Donde ••tán de venta con la• lnatruaolon•• nec•••rl•• para •u uso-

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DEL DR. TORREL DE PARÍS.

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Unica preparación que evita la caida prematura del pelo, lo aumenta, suaviza y hermosea, á la vez que le comunica un aroma agradable.
Su acción antiparasitaria y antiséptica, unida á un no·
ta.ble po:ier excitante del folículo piloso, hace nacer el
pelo en las afecciones decalvantes del cuero cabelludo y
evita la caspa.
Una cabellera abundante y bien cuidada, es, sin duda
alguna~ el ornato mejor de la mujer; el PETROL proporciona el medio más eficaz para eonservar este bellísimo
atributo.
El uso del

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PITROL DllL Dr. TORRB:L, DR PARIS,

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evita la calvicie prematura que t anto afea y comunica al
hombre el repulsivo aspecto de un joven viejo y gastado

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DC VENTA E# LAB DROQUERIAS Y IARI/IIAOIAS.

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Subscripció n mensual fo rAnea, $1.50
ldem lde m. en la.capital, .. 1.2:,

NOTAS P:&gt;PUL~RES.--EN EL P4NTEÓN.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Carlos García Vélez</name>
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                    <text>•••♦•♦•♦•♦•♦•♦•♦•♦•♦•♦•··························· ........................................................•~•

i• - NUESTRO~== ESTÓMAGO~ -¡•

•
;

;

•
•

;
;
•

!
!

••

!
!
!
•

:

Doradas para lo• ca•o• oon Dlarr••• Y Plate•d••
para lo• ca•o• que eati,n oaracterlzado•
por oonstlpac/6n 6 extrelllmlento.

:
;

.

---------------------------------

•.•
♦

cuela Nacional de Medicina de México y de la Facultad de Parí., bon
tales, que su efecto se siente Inmediatamente en el entermo que
las toma.

Y N .UESTAA SAL UD

••
♦

•t
••
•i•
••
••
!

LAS PÍLDORAS DEL DOCTOR HUCHARD, DE PARÍS.
La salud del cuerpo, en general, está ligada dlrectBmente con el
estómago, ó mejor dicho con el aparato digestivo, donde se prepara
el gran trabajo de )a nutrlcJón que ha de fortalecer, desarrollar y
so11tener hasta los órganos más pequefiotJ del cuerpo humano.
Este trabajo es universal. Lo mismo que el hombre los animales
y las plantas se nutren para vivir, y los que no Jo hacen por falta 1e
medio ó trastornos Independientes de su voluntad ú originados por
ellos mismos, enferman, deperecen y mueren al fin lnrremlslblemeete.
El estómago debe cuidarse siempre, en cua!qulera época, evitando todo exceso que pueda dallarle cuando está sano atendiéndolo oportunamente cuando está enfermo.

i Cuidar el estómago es el secreto de la buena salnd.

!

•~

i

No dejamos, pues, de recordará las victimas de su estómago,
recurran á las

~íldoras . del Dr. Huchard;.

♦·

•

!

DE p ARÍS,

t
t

Antisépticas y Si:flltticas.

♦

Las propiedades de estas pfldoras estudiadas y experlmentadai,
por multltu de médicos entre ellos d1stlnguldos profesores de la Ei.•

•

;
•

•

l·

EL l"\UNÜO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 19.

MÉXICO, NOVIEMBRE 9 DE 1902.

Oerente: LUI&amp; Rtl'~ &amp;PINDOLA.

Director: LIC, RAf'ArL Rtl'( &amp; &amp;PINDOU.

!

♦

•

♦

---------Las Píldoras del Doctor Huchard se apllcarán siempre con éxito
en todas las atecclones tntestlnales, y sobre todo en

;
;
;
•

!

Gastralgía, Dispepsia, Entero-colitis, Catarro húmedo y
seco del intestino, Dilatación estomacal,
Parecia del estómago, Infecciones intestinales,
Falta de apetito, Agrios, Malas digestionee, Ulceia del
estómago, Disenteria, etc., etc.

;
~

!•
:
•

♦

Son recomendadas por los Profesores de la Escuela Nacional de
Medicina y Doctores Gutlerrez, Ban,:c..., . Gavlfio, Ramlrez, de Arellano Garay, Parra, Ocampo y otns muchos que han recetado en hos•
pltales y á sus enfermos partlcularfB, Eegón lo acreditan los certificactos de tan respetables facult atl vos y los enfermos curados con ellas

:
;
;
•

•
!

PIDANSE EN LAS PRINCIPALES DROGUERIAS Y BOTICAS
Donde ••tán de venta con la• lnatruaolon•• nec•••rl•• para •u uso-

♦

•

······················································~·•················································:.
J¡.~.,,,_..,,.,..;,,..~~......~ ..:;,..~;,,i..-'i'I-.~.~?.,...,,,.........-,,....-,,,."?;¡.•.-,¡.•..:;,..~...-,,.~

..,..,,,.,,..-'l'!-..:;,....,,,...~...-,,...,,,....,,,,.,.;;,......~..,,,....,,.._;,,...,,,..........:;,... , ,. .-'l't-..,..,..-'l't-...,,,._-'i'l....,,,..~~..,,.,..,,.,..,,.,

........., :,..~•..,,,.,.:;,.•.,,,,.•.:;,.•..,,,..~•..,,,..~..:;,.. , •..,,.,..,,,.•

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P ETROL

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DEL DR. TORREL DE PARÍS.

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Unica preparación que evita la caida prematura del pelo, lo aumenta, suaviza y hermosea, á la vez que le comunica un aroma agradable.
Su acción antiparasitaria y antiséptica, unida á un no·
ta.ble po:ier excitante del folículo piloso, hace nacer el
pelo en las afecciones decalvantes del cuero cabelludo y
evita la caspa.
Una cabellera abundante y bien cuidada, es, sin duda
alguna~ el ornato mejor de la mujer; el PETROL proporciona el medio más eficaz para eonservar este bellísimo
atributo.
El uso del

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PITROL DllL Dr. TORRB:L, DR PARIS,

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evita la calvicie prematura que t anto afea y comunica al
hombre el repulsivo aspecto de un joven viejo y gastado

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DC VENTA E# LAB DROQUERIAS Y IARI/IIAOIAS.

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~

~

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)~
-,

Subscripció n mensual fo rAnea, $1.50
ldem lde m. en la.capital, .. 1.2:,

NOTAS P:&gt;PUL~RES.--EN EL P4NTEÓN.

�Domingo 9 de Xoviembre de 1902.

UN DRAllA ESCOLAR.
La vida &lt;le la r!-cuela deja en la memoria
una inmensa acumulaciún de recuerdos gratos
:; risueños. Cuando eYoramos lo~ !'1t&lt;·1•so'- de
ese gratísimo é inoh·itlahle período d1• la vida,
acuden en tropel al e,;pfritu lo~ epi,-;oelio,; tiernos, las escenas cómica,:, las clelicio,-.as no!-t11lgias, las festinu, recreacione", lo'- miedos pueriles y las fútiles er-pPr:\11Z&lt;'l!-, las fatiga'- y los
goces q ue con!ititu,·en ern época, la mejor de
la vida. Perot11lJ?ut1a n·z una nube negra. empafia ese ciclo de zafiro, v un c.uce,-;o elramútico
interrumpe la monotonfn. deliciof'a ele &lt;'"ª Yicla
ficticia y encantadora y deja &lt;·omo n•rurrdo el
calmifrío del horror y &lt;'Omo huella en el ('orazón el espanto t rágit:o.
lína tarde nos e11&lt;·011tráhamo!'I en el anfitl·atro d e la E!'cuela de ~frdicin:i re('ihiendo d1tedra de nwdieina opC'mtoria. Q,-.curel'Ía . .-\grupa&lt;los alrededor «lt• la plancha, trntúhamos &lt;le
seguir las húhi)e,-; manipulaciones de nue~tro
rn ae"tro, que, ca"'i á m1curas, practil'aba una
&lt;lelicada opern&lt;'ión en el cadíl\·er.
Cerca de la plancha, un alumno llumn&lt;lo
~lontenegro «daha lt,s in,-;trumPntoi,1 11 c·01110 "'-'
d ice en el nrgot quirúrgico. y tenía empuñ:ulas
con am has manos las ramas de una fonnida ble
tijera lla mada «C'i,:alla de LiHton" y destinad1~ á
cortar huesos. Detrú;; de él un gru¡,o de compañeros que no alcanzaban á Yer, se t&gt;ntretenían en "encantarlo» tirún&lt;lole &lt;le los cabellos
ó cte las orejas. l\Iontenegro, que era el mejor
y más sufrido de los hombre!', no lo tomaba á
m al y se conformaba con distribuirá sus agresores tal cual codazo ó talonazo.
Sea que quisiera asustar á quienes lo importunaban ó sorprender Íl los autores &lt;le la jugarreta, volvióse de pron to con la inmen~a tijera. entreabierta, é in¡;tintivamente, sin dar:-e
de ello cuenta, la cerró bruscamente. En el
amontonamiento de los alumnos el terrible
instrumento hi zo prel:'a. Oyéronse á la yez un
ch asquido como el de un látigo y un grito ang ustioso: «¡Me muero!n, y un al umno, Alrnrez,
cayó desplomado l'n tierra.
La tijera Je bahía rebanado ha,-ta el hue~o
la raíz del muslo r cortack la enorme arteria
crurnl. La sangre hrotó á graude alturn, como
de un surtidor, bañúndono~ á todos. ) [ontt&gt;negro, /\terrado, espanto~o, los cabellos erizados,
los ojos !'alidoi- de las órbitas, i;e hallaba como
petri fica&lt;lo. El p[u1ico !-e apoderó de algunos alumnofl, que se precipitaron en tropel
y dando de gritos por las escalnas. Los alumnos I gnaeio Torres y Alberto Corren, con un
gol pe &lt;le vista y una intuición maraYillosas, se
arrojaron sobre el herido, y metiendo literalmente los puños en aquella bocaza horrible,
lograron comprimir la arteria y conjurar l'l
peligro inmediato de muerte; pero lii situaciún
no podía ;.er 111{1s crítica.
En la e:emiob,;curi&lt;lad que reinaba en el anfiteatro, todo era yago, indistinto y trá¡.dco.
E n la plancha, el cadávtr rígido é impasible;
en el salón, gentes que corrían en todos sentidos, gritaban, lloraban y atraían con HlR rnces á todo el per,-onal de la Escuela; entre h~
plancha y la gradería, un amontonamiento
con el que todo el mundo tropezaba. Ah·arez
moribundo; Torres y Correa, de roclilla~, 1:-\Udorosos de angustia y de fatiga, tapando con
sus manos la mteria, comprimiendo y oh!'truyendo á tientas aquella «vfa de agua," por
donde en un instante podría e!,&lt;caparse la Ylda; y Montenegro, en pleno delirio, gritando,
clamando, arrojándo:-e sobre el cuerpo de su
víctima, hafiándose en su sangre, batiúmlola
con sus lágrimas y pidi&lt;':nclole perdón.
Aquello duró un instante; pero nos pareció
un siglo. La voz y In autoriclad del maestro,
Eduardo Licéaga, restablecieron el orden. Hizo salir á todo el mundo; llamó á los Doctores Montes de Oca y D. Francisco Ortega, que
se encontraban en la Escuela, y se deli heró rápidamente ~obre la ~ituación.
No poclín i:er más grave. La herida, á lo
que podía j•1zgars1&gt;, debía ele ser enorme y profunda, é indudablemente la arteria estaba cortada. E ra imposi ble trasladar al herido; era

EL ::iIU1"DO ILUSTRADO

EL MUXDO ILUSTRA

1)(•ligrosbi1110 levantarlo dl'l suelo y ,-ul,irlo :1
una 111r-,-a «lP o¡wracione-;, y no lo ern 111C'no,;
inl&lt;•ntar !'iqniPrn de,-11\l!larln, I'º"ª mdispen!,&lt;ahlt· pnra po«ler opl•r1ll'. La. d&lt;la dt&gt; aquel
lwmbn· e:;taba t'll la, 111anos que conq1ri111ían
la arteria, y aqll(&gt;lla..; 111a11os no tenían yu
ÍU(•rza para t·o111pri111ir.
,\de111Íts, todo «ra ho4il. En medio dt• \111
arsenal colllplet11, ¡wro i11tieio11ado. un hnl,ía
una ¡,inza , i 1111 e:-&lt;·al¡wlo ni 111ia llt!Hja utilizablt•s. Xo p,1día u~ar,-.e ni d« 1 :1~ua dPI anfit&lt;•atro 1•a1--1 larnr, ni de lo:s liPnzos para enjugar, ni de los hilos para ligar ú suturnr, y
hasta t&gt;l atnhittttl' mi:-1110 t"tabn e11po11zoiuHln
y era tllortífern pnr:i un lu·rido .,· para u11 o¡u•mdu .•\qlwllo Pm d polo opm•,to, In rotunda
1wgaeií,11 &lt;le la :111ti,ep~ia, de la asPp,-ia. 1lt·l
,-;implt• asco; c·ra ia de,-.nudez t'tl t1H•dio d11 h
almndanei:1, PI nn11fr:1;. do PII plt•no ¡ ►11Prto, ." l'I
cadú\·Pr, tl'ncli1lo ('n la plandin. parPCÍa e,-;¡,erar tran&lt;¡uilo qllt' aq11Pl i1w,-;pl'rado 1·on1p:uiero &lt;le ,iaje &lt;•stu,·iera listo 11ara la gran partida.
Yo nos(• si eirnja110 alguno se ha 1•ncontrado ante un prolik-111:t u1{1s forn1idahlt•. l'ero
aquellos mae,tro;; 1·rn11 &lt;'irnja11os ,fo pin; :1 &lt;'alwza; todo lo pn·Yienm, ú tocio pr0Ye.1·1•ro·1;
y n1edi:1 hora ,lp,-;p111\~. In artnia li~ada. la h,·
rida s11t11rada y \'l'ltdada; .\ln1n·z, &lt;•n 111:iw...;
lll' :;us an1igos, podía ah:11Hlo11:1r aquel lu;..(ar
mahlito.
P,1ra los «lo~ pr(1tai-:011i,-.ta,. Pi dratna tu\·n
un de,-.enlace fu1H•:;to .•\h·an•1. 11ndcri(, m{1s
rlc• ,los ntios; aC'al,í, por 1wrdcr la pierna y n111rió i poco. _\[011t1•tH•gro, proc1•sado, fu(• al,suelto; ¡ll'ro nadie pudo curarle la. profunda
melancolía ni 1•1 cruel re1110nlimi&lt;'11to que lo
minaron y lo llevaron ú poco (1 la t11mha.
Y he aquí cúuw un juego cll" niño:-, 1111n
maldad inoeenll'. ¡n11·de ('ostar la fclicidacl y
la Yida ú dos hombre,; ext'elcntcs ,. llama«los
quizá tl gra11&lt;les destinos.
•

0

Las Zapatillas Turcas.
L\ en BaJ?dael un comerl'iante ll:1iado Ahu Kan•n; ;• aunqlll' Pra muy
co' amlaha ,-.iuuprP
n1U\'
..
. .. , 111al
. n•sti&lt;ln.. ~
porque l'n\ mu~· an1r1c1&lt;N&gt;. !:'u tunH:a p:ll'PCHI
la de un memlig,&gt;, v 1•n euanto al turh:111te
que lle,·ah:1, naclie hi.1biern sido &lt;'npaz dP «ll'tir
cuúl bahía sido su primiti\·o rnlor. Pero lo 111:Ís
notable de todo nan las znpatilla;;, ('Omp111•,;tas de andrajos y trapos sujeto:&lt; {1 la ~uelas
con grande,- &lt;·la,·n:-.
Diez años habían p:1satlo ,les«ll' la ¡,ri111c•ra
vez que ,\bu Karenentn•góaqul'llaszapatillas
{1 un zapatero del pueblo para c¡ue las &lt;·011qn1~iera y clesde entonce:- habían i(lo rP&lt;·orrit"ndo t~clos lo,-; n•me111lo:~t&gt;S uno por uno, hn,-ta
que, m(1s qui' 1.apatillas, pareC'Ían un montón
cl1, andrajos. Tanta fallla aclq11irieron quP cuando una per,-;ona quería despreciar al~o, solía
decir: Es tan feo como hs zapatilla:- de Al,u
Knn•n.
Este, que era muy li,to, ,;e dc·:-\'iYÍa ¡,or
hacer gangas. y una maíiana i-aliú rnuy temprano {1 la plaza y co111prf, por poco din&lt;'l'IJ
gran número dt• perlas dp di \·er,-.os colore:-. l'oco~ días después :;upo que un p&lt;'ríumi,-.ta que
se encontraba nee1·,-it:ulo 1lc::;calia Yen«lcr un
frm,&lt;·o de eseneia de ro,-:a,-, \. cn•,·emlo hacer
un buen neµ;ot'iO, y apron.-d1an,in la IWl't':-idad &lt;lel ¡,obre hou1hre, eomprú 1•1 frnst:o ¡ ,or
l:i mita&lt;l ele lo que \'alía.
Es co,turnhre all:1 en la. .\rabia qm• cuando
un c·omcrciante ha&lt;'C un bul'n 1w;¡;n,:io. t'onride á su,; arnigos ú un ha111¡11etP; pC'ro .\hu Karen, aunque &lt;·staha muy ::-ati:-Íl'eho ele la g:111ga que acababa &lt;le hacer, no sotiÓ siquiera en
malgastar el dinero con los amigo!'.

'.

-:\ll'jor &lt;'" empJ«,nrlo ¡•11 un kti\O. :-1' dijo,
«¡ue buena falta l,ll' h:H·&lt;·.
Y dPciclió ir al estahleeimil'llto y penuitirse
aqrn•l lujo.
.\1 ~.1lir 1le sil ~1s:1 se «·nt'ontrú con un :rn1iw1, Pl cual. al \'Pr 1·úmo iba l'njPnnclo por el
daíio 7uc le h1wía11 las za, atilla,-: ~e atrLrií, {1
ckeir!P que del,t'rÍa conq,rnr:-t' otra::-.
-Hace tieui¡,o que lo rengo ppu,:m«lo, c•ontl':-:tó .\hu Kun·n; pero al lin 1uc !H· cou\·e1H·ido de qm• (._tas ,-e hallan lnw11as todnda y
pueden clnrar mucho.
Cuando el e,m1ercianl 1' a&lt;'al,í, dP tomar el
l,atio, :-:P pu"'o lo,: mi,1rn1,-; anelrajos dt l(Ul' se
hahía dC':-pojaclo ,\' "" c11\·ol\'i,, la l'al11•za 1•n c•l
11ii-1110 a,quPrn:-o t11rba11tP; pC'ro al ir ú e.tlzarsc· lns zapatilla--, en el :-itio donde• las hahía
el«·j:ulo e1i&lt;·o11trú otra,-; 11111y 1111cn·1•ita,- y eleµ-an!l'1111•11tt' bonl:idas. ('n•.n•tHlo &lt;JllP :-«•ría un
rPualo dd allligo c-on quien ¡,,-.(nn, h:d,la111lo
al ,-.¡¡Jir dP casa, mt'liú los ¡,i«•,-; en Pilas ,-i11 pedir penni,-o ú 11aelie y n•gn:-í, ú ::-u tfü,a n,uy
,ati,-.fP('ho dP \'Pr.,e 1:alrndo ('011 t:111 l,n11itas zapat1ll:is sin haher µa,-tndo nada.
:\la,; por dt·:-~rnda para .\bn Kar1•11 r&lt;•sultó •
cpw la;; z:q,atillas eran ,lel e:ulí, qnien iiahía
1·:&lt;tn&lt;lo l'Oll su µ-enlt• en PI c:&lt;tnblt·«·i111iento «le
h:1i10:- al llli,-1110 tiPmpo &lt;¡ti&lt;' d co111rrt'iante.
La snrprP:-:1 de lns l'"&lt;'lnn,:- tuÍ' 11111_1" gr:1111le
l'll:tt11lo, ni hu,car In,-; zapatilla, dP ,-u 111110, 110
c11co11trarÍJ11 111:'1s que la:; d!' ,\l,u Kan•n.
El t·adí :-1• inrnmodú muchí:-iu10 ,. diíi únle111•,; para que inmediatanH·nte le d1•lt1\'iPra11.
!'oto 111t&gt;1w,; que ú t.mpello11c,- lll'Ylll'on al
co111ereiante :'1 pre;;encia del Cfülí, y :nmqmi
procurú defenderse, nadie le e,cudiaha. Fué
Pncerr:ulo en la eúrcel y no pudo :-alir de t&gt;lla
hasta qm· acecdió á pagar una fuerte multa.
Cuando \'ol\'Ío Íl su ea1,,a, cogiú sus ,·i&lt;·jas za¡,atillas, y enfurecido al eonsiderar que habían
::-ido causa cid castigo que ;;e 1~ había impuesto, las arrujú al río Tigri'-, qne ¡,a,aba preci~nrnente por debajo de !-U~ halconc&gt;:'.
.\!¡runo:- (líns rles¡Jll(s, Yario:- pescndorcs que
pe,-;C'ahan Pn el río ,-intieron un gran pc,-;o en
la n·d, ~- cn'_nmrlo que habín 11 c·o~ido una
l,m•11:1 n·d:ul:i, la lc•,·a11taro11 con la 111an,rale;.:rín. ¡&lt;'uúl 110 :-:erÍ:l su «li,gu,-.to cua111l~ en lul!ªr dt• lo:- p1•c&lt;':- que Jll'tlsaron t·ng&lt;r, :-e encontrnron &lt;'Oll lns f:uuo.•a:- zapntilla,! Lns µrnnd!'s &lt;'layo,- ,-e hahí:111 cngnnchado l'n la recl v
l:1 rompieron. Con 110 pot·o tral,ajn eonsigui¿ron d1•.sem·p&lt;larla;., y furio,-.o,; por d daflo que
h•,-; hahían cau:-ado, lns arrojaron con rabiii hacia los hakone;. de la casa de .\ bu Karen, en
1·11.ra hnhitaciún taynon, ro1upicll(lo PI frasco &lt;le\ e':&lt;PIH:ia de ro;.111- y las bonitas perla,; que
hahía &lt;'0111 praclo, y de b,; cuale,; :-t' proponía
::cacar 1n11cho prorecl10.
-¡Oh terribk,-. y dete:-tal,lc·:- zapatilla~! exclan1ú ~n d11&lt;•110 euando 1·1,trÍI e1, la hal&gt;itacií,n ~· YiÍ&gt; 1•1 dc,-.trozo que le lmhí:m oca,-;ionado. Xo rnc \"&lt;&gt;IYen'•i..; :1 mole,-tar 111ús, ns lo
a~t&gt;gun,.
Cogi{, 1111a pala, fuí• al jardín, al11iú un hon1U\' ho:1&lt;10 \' las l'lltt"rrú. l't•rn un Yecino
&lt;.)lit' l'n\ muy rn~migo suyo, YÍÚ lo que hacía v
Sl' Jll'&lt;'sentó en s,•guida al cadí dicipntlo qt1c
.\hu Knren tenía. cntcrraelo en su jardín un
tC':-oro. El gobemndur, que era tan :n-aritioso
como e: mismo comerciante, le 111andó llamar
inmediat:rntcnte y lP dijo e¡ue tenía 'JUe repartir t'l tei;oro con él.
.\hu Karen negú que tn\'ie,-.c te,-.oro al~t1110,
y para proharlo a-.í, manclú de,t•11ti.:rrar la:; zapatilla,. Todas sns protc;;ta,; Íl!Pron inútilc:]11\l':- nadie qni,-;o dar crédito ú !-lis palabras'.
Entonces el gobernador le hizo pagar una fuertt• multa en casti!!o de hala•r:-P nega1lo :l darle una parte del te,-.oro.
Ahu Kart' ll i;alió d1• la cas,i cid implacable
cadí llern111lo las zapatillas en la mano lloranelo de mbia y de pena.
'
-¡Xo quiero wrlas mí1,-.! cxl'lamaha.
Xo sabiendo qué partido tornar C'Ot1 ellas,
para dc,-.lrnccr_,-e de una ,·c·z y para ~ÍP111pre de
aquel ahorrt•&lt;·1hl&lt;' ealz:ulo, las Pchó &lt;'ll 1111 depí.:-ito de agua d el jaulín .•\llí fueron ú parar
ú una tnbl'rÍa en conJtllli('ación con el cltipÓ¡.;Íto, en d cual &lt;JUPdaron ata:--caclas, i111pidien&lt;lo
que pasara la coniPnte.
Los criado-; &lt;lel gobernador, muy apurados

~l \'er. que no tenían agua en ra:--a, :t\·i~aron al
rngcmcro para que a\"l•riguara la cau~a. ,. con
1~0 poca "ºl'I re~a s,• e1a:011tran~11 con las ·zapatillas de Ahu h.:11·e11. ~o r¡nPnt·11do que su¡.iP•
SI! d ~obcrna, lor que por aha11do110 :-uyo ( chi
los cnado:-) se hallaba la tulwría all-(o atascada de antt~, puc,- a,-í era l'n cfo,;:to, ·,e echaron
toda la_ culpa al (;nn~t•rt"ianlt•, dl'clarnndo que
,\bu h.a~·•·11 halJ1a :11_dudal,lc111entc arrojado
las zapatillas al dt•pus1to con el t•xdu,i,·o objeto &lt;le dc:-itrozar la tubería para ,·cngar:-t• del
gobernador. Otra ,·~1. l'ué dt-te1,ido y tu\"o qui'
pagar una multa lllas fuerte que la:-- anteriore~, a«lemús de ol,ligarlt&gt; ú l':trµ;ar ('01110 -.iempre con las tnrihle,-. zapatilla,-..
- ¡Oh grande .\lú! (•xclamú el ro111ertiante
muy dc,-e~pl·rado, ¡.qué haré c011 c,,tn,; (!¡•s,·entu~ada:- zapatillas·? Las he &lt;·otdindo prinH•ru al
cuHlado del agun, y 1·11 m11l,n::; l'a:--o:- el re-.ultadc, ha l:'ido de:-nstl oso. :--ólo u na l'º"ª llll' re;;ta ya q_u c hal'lir, l'~1tn•ga1 la, ni hwgo. l'ero co•
mo estan muy lllOJ!lcl:is y llenas de lia1To, será necc,-o rio ,-cearlas anti::&lt;.
Al ~t't-clo, las llc,·ú Íl la t1·rrnza d11 su taf'a y
las deJo all1 para l)Ue ,e ,eenrn11 al sol.
Como la emll'll:L d" ~u dt•.,grncia 110 había
!ocndo al úlL11110 c,lahím, 1111 ¡,nro que 1·,-tnlia
Jugamlo en la tcrraz:1 dli la en,-.:1 t·o11 t igua saltó á la de .\l.,11 Knrcn y se pu:-o ú c11r\:d,1r con
la,; mal hadarias za pati !la,-, arra:-tró u na ha~ta
el borele dC" la terraza y In dejó t'aer ,-obre la

no

calJl•za ,de una mu~cr que{¡ la ~azún pasal,a
por ali! con una enntura en los hrnzn,,
El m_arido d.. aqlwlla tlluje•r cit{, ú juicio al
&lt;'( 1men·1n11t1·, 1•1 cual por cuarta \'l'Z fué eastig_,ulo y multado cn11 111a.ror dnn·za qt1t' a11ll•nnmient1•, pues ~l'gÍl_n d juez, faltí, muy poco ¡,ara &lt;¡lll' las zapatillas matast•n ú un:t madre ." su hijo.
Dit•lnrh la ~cntPn&lt;·ia, ,\hu Kan·n 1 diri"i1\11.
1t', l"
,...
1I o,-;p a 1 JUez.
'Jº &lt;·011 la eara n1u1· trish•:
-~luy excelente ." ¡,mlero,-;o s,.ñot j1ll'z,
hun~~ldem~·nte, 111'.' srn_rn to {1 la ,:entenc·i11 c¡ue
h_a~icts tl•1111h! a h1eu ,!1dnr. Heconozt·o la ju-:t1e1:1 d,•I cas1_1go ." p:1~an'· la nrnlt,1, Jll'l'll de
rmli~ln,- '.'" pido d«· todo eorazún un fayor: que
os cl1g11C.1s pr11t••¡rern1t• l'Ontra mis t&lt;'rril,IP'- zapatilla,:. l'or ella, he ~ido preso y h11111illudo
y nH' \'eo arruinado parn :-ie111pn•: ¡Qui(u ~nhe Ít &lt;¡lié pdign,-; me ana:-trarún to,la\'Ía' :--t•«l
jl!sto y eo111 pasi ro y 111andad ¡ ¡,or 111i,-.PriC'ord1a! «1l11· ,-;1•:111 dt':-truídas, á \·1·r :-i :-oí,; 11.C1s
nfort11n:1tlo que yo.
El juez ncced ió ú la -.(1 pi it'n y 1,ronwtií, Pncargn rsc clp,-.dc• a«¡ll(•l momento ele lns zapatillas fat:tlt&gt;,-;.
Al mi,1110 tiPmpo hizo e11tP11der al arnricioso .\hu Knn•11 que In Yenladern t·conomía 110
1·01i--i~tc &lt;'ll l'i-lar co11tinunnw11te acu111ulando
riqueza,-, ~ino «'11 administrar los liient•:&lt; C'on
prudL·11cia _\' t!astar lo jm,tamcnte 1wee;:nrio.

miraeio1H•s, lle,·a ahom ch• la n1a110, rumbo al
futuro glorioso, :-11 n1t•jor Y 111:'1sn111n1la recom¡,c11sa: ~m;~ tierna ;,· ;u!;able \'irtud t¡II(' Jo
aco1up:11111m en i-u ncto,rn.
Lo:; :m1igos (Jlll' tanto lo querv1110", lo deja- .
mos en la pu~rta del hogar. y, e:-trC'l·hánclole
la 111:uw, le d1rcmo;;_ e_n coro: :::iú tlit'hoso; has
1ucl1:ulu ¡,or e~ta feht"1dacl; la 111ereec:&lt;.

,\'.loro In lri,-.tcza, ¡oli soñadora!,
_\' 1111,dolor ju11ta11clo con tu, l:ígrimns
\'O,\' a 111a11char con pP11,:11nie11to., neuro,-;
el ca,-.to all,or de tus c:1111clia,; lilant·a~! ·

··········· ···· ···· ················ ··················· ·····
C11nlempl:~ mi verjel; mira las florPs
q1w ayer lue1erm.1 sus uit&gt;jore;-; galas
Y IJlle formaron 1111perial diaelema
&lt;:n h ;;ercna frente de mi amada.
Ilnllaní~ mi pensil ya :-in aromas,
laH flores 1,&lt;111 c·olor y ahandonada';.obre la arena del jardín en dotHle
sorprendió sus amores la alborada.

***

_¡Yupcial.

La rnadresclva que escalaba el muro

r que '-U aroma al viento le brindaba.
rl «no me olvide~» del color del ci~l~-'
el alheante azahar y la nerntla
'
azucena de dmdido perfume·
la. margarita, la sibila mágie~
que ?el ~!uor predice la ventura
6 la 1!\~ston. del pens:imiento arrnnca;
los pahclos Jazmrn~s cuya cs1&gt;ncia
las ond_a;. del ambiente perfumaba
y las violetas tímiclns r¡ue oclilt·i'._
•
'
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e:-qu1rnn
en e1 prado 'las rniracla:-.

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SR. Lit'. D. EMILIO PU.1EN'fJ-:L.

'@:[ ,\ Y Yi1las que parecPn

t&lt;'ner Riempre
~ a ~arnd1•rí,-;ti&lt;':1: 1,, Feli,•i1lad. ¿_Sl'tÚ
cierto que esta Yaga cosa que Re
an~eh, &lt;¡ne c~te sueflo impn·ci,-.o t·on que ;;e
delira, puede cristalizarqp algún día en reaiida&lt;l, y acl11uirir forma \' n•nír,:enos ú los brazos·:, al alma t•n una p·alpable epifanía? Ah,
sí! Xo es 1lelirio de poeta (,-te, no &lt;'::. f:mtm;magoría (le iluso, 110 es fnnb1sma de insania,
no es alucinaciún ,le fa,cin:ulo. Es ,·erdad,
verdad pum y ;:ana, 1¡ue p:,co (1 poco, por ohm
ele 1,uestro e,fuerzo, baja ele la hrnm&lt;NI cumbre del ideal hasta &lt;·om·crtir,m en u11 c•spíritu
compañero del nup,.(ro.
S~lo que parn que el milagro :-e realice, es
preciso que nuestra exi,-.te,wia hnYa tenido
perpetua111~nte una aspiración: el liien, .r que
nuestros 1nes lmya11 hollado un solo ~endero:
el del Deber. l~I .\n1or vie,w entonct•s y es
una recompensa, es un premio. \'iene de lo
alto, como la luz y como el rocío.

l t;'

1

1

~f

~

Toda,-, to•!as mis tlore.~ se han seendo
al ~?plo del rnvicrno, que su escarcha
deJo caer en .los fragnntc.s pÍ'talos
que hoy tapizan la ::;en&lt;la abandonada!
························ ······ ···················
• Ycrda1l que n~i Ycrj1•l e,.:tú mu,· triste?
escuC'llaste _111 un trino en la ·&lt;'nmmad 1
porque al monr en nii jardín las flores
'
huy(•ron las a.ondra~ azoradas!...... '

;'lo

.
P:iso, 1111. l'rim:wern
¡oh sofrttlora r •
P_enl~n si en los delii\os ele m'i ah;i~'
Yme a manchar con ¡ien!ó\nrnit&gt;ntos lle".
'
..,, os
e•l cast O ª 11ior &lt;l e tus camelias blanca,;!
F1u.xnsco Iz..iB.\L Im.,RTE.

J2

LUCÍA. Y ALFREDO.

SRA. ,\~ll'ARO JOHDAN DE PJ:\1ENTF.L.

Y he aquí &lt;1ue la le:v diYina se ha cumplido &lt;'n uno de nuestros amigo", en u110 &lt;lP los
buenos, de los persistenteri del Bi~n, rln los
enamora(los clel Deher. Elllilio Pimentel, que
no torció nunca. la ruta, ni vaciló en el camino, ni desfalleció en la a:-piraciún. 1·nc011tr6
por fin una compañna y un nielo. Un {mgel
ha plegado junto á fl las alas, y todo radian•
te, como el oíblico, le ha dicho'. el ,;cndero es
triste, te consolaré, lo seguiremos juntos.
Esto era lo que falt..,ba á la existencia de
Emilio, c·onsa::rra«h por entero al trabajo, al
estl~(l!o y ~1 l:i piellarl. Aquí estú, pues, una Yirla utJI, cl,gna :· noblcmenlf&gt; corona&lt;la. Ya tiene hecha la conquista ele! por\'enir.
El, que es posee1lor «le un talento tan penetrante y de u11a sen::aibilidael tan exquisita· fl
que no' sólo en las lucha,; parlampntari;c:; ~.
políticas. no súlo &lt;&gt;n rl foro y &lt;•n el estrarlo
f:ino tn111hién en &lt;'1 .\rte. «h•l que es un sn('er~
dote ferYiente, alcanzó triunfos y levantó ad-

•

1:u mano cruel sobre el murfil del piano
volaba, ¡oh _e:indi,la Lucía!,

,~i.!!1
): a

tu

1:Ldo.

1·oma11tico \.

uhno

:lln,set, el dnlce poeta, ;001·;,ía. ·

, Entraba por_ la abierta cl'!osía

I~} s1!ave e~uno dl'I jardín cf•rcano.

\, v_1;n&lt;lo el que tu faz de amor urdía,
Co~ 10 tu mano y la estrl'l'h&lt;', en su mano..•
.¡},r«•s !ne,,:, _tle,p\té, (;oh suerte acerb:i!,
,ltlas s1u v1v1r IHLJO la ye1·ha,
Como rosal que al abn:g-o sucumba.

1

0

Y el p~lido poeta,.hPnchilio en llanto.
~!zab~ a tu met1}01·ia un tierno canto
1 pcdrn un cipres ¡,ara tu tumba!
FRA :\'CISl'0 :11. •\. &lt;'OXTHF.RAS V.

�EL MUNDO ILUSTRADO
Domingo 9 de Xoviemhre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

et Brisfo 6e Zolfern.

Tra dición feudal alemana,

L {1guila anida en
la cima de las
moutafias, allí
donde la tranquilidad de sus
polluelos no sea
turbada ni por
la. mano codiciosa del hombre, ni por el
hambre de las
be!-tiaR. Los sefiol'es de laEdad
11edia. imitaban al:úguila: edificaban sus burgos feudales en lo alto de las rocas entre las
escabro!'licla&lt;les ele las pefins. Querí;m pone!' á
sPguro sus tesoros y ~us proles, porque temían
á sus súbditos.
El águila es la reina &lt;le los aires, las aves
la temen y la odian porque las explota y vive
á costa de ellas; aquellos varones eran los reyes absolutos d~ sus tierraR, sus vasallos los
temían y loR odiaban porque vivían de ellos y
erari poderosos sólo por ellos; los sefiores feudales tenían razón en guardarse en lo alto de
los montes, entre las escabrosidades tle las
rocas.
Alemania está llena lde esos cnsti llos ó de
sus ruinas; bajando el Rin, por ejemplo &lt;le
uno y o~ro lado cad~ roca está coronada' por
un torreon deshecho o por un arco derruí do en
donde bullen las golondrinas y los murciélagos. Esas piedras son lo
único que perdura y da
fe de toda la potencia del
feudalismo, ele toda una
edad cubierta por el poir / ·
vo de los siglo!', en que

castillo de Hohenzollern. No es una ruina: el
águila, cuando está fuerte, no oh-ida el nido en
que creci6, y del cai;tillo de Hohenzollern surgió la real estirpe que hoy se cifie la corona
del Imperio. Guillermo II ha hecho restaurar el castillo, conshuído hace siglos, cuando
la feudal familia sólo llevaba el título de condes de Zollern.
Entonces estaban en el poder los Hohenstauffen, heroicos y abnegados, altivos, pero
justos, como Barbarroja, el gran emperador.
Los condes de Zollern jamús aceptaron de los
Hohenstauffen altas mercedes ni dignidarles,
cual si supieran ya que algún elfo. Rerían ellos
los Reiiores del Imperio y que el germano pueblo honraría la blanca patilla de Guillermo de
Ilohenzollern á la par que la roja y flotante
harba de Feclerico de Hohenstauffen. E!:-te para la E&lt;lncl 11edia, y aquél para nuestros días,
personifican la grandeza y el brillo ele Alemania.
El castillo de Hohenzollern asoma sus pesn&lt;las torres por sobre las coronas de los pinos
que cubren el montículo en que reposa. Es
bastante fuerte la subida y quien, partiendo
de la pequefia ciudad de Hechingen, sita al
...-;o"'...!"-~

....

.-.:

-

,

corto; pero el sol molesta al viajero, que no
encuentra e!' los adyacentes campos, sembrados de trigo, ni una choza donde reposarse.
En medio de ese c~mino, abandonada y solitaria, se leva.nta una capilla. Su campana
está muda, y su torre, de un gris sucio, amenaza derrumbarse. E;;tá árida, desierta; antiguos y semiborrados frescos cubren las paredes que se descascaran, pero no hay un cuadro, ni un cilio ni una cruz: parece la ((capilla horrible y desolada» con que Fran~ois Coppée simbolizii la conciencia intranquila.
Allá, en el fondo, apenas ,·isible por la escasa luz que logra penetrar por lmi empailados
vidrios de In única Yent:mn, distínguese un
altar sucio y desmantelado, su única imaaen
es un escueto Cristo de madera y de tam~iio
natural. Todos los Cristos mues"tran la señal
del lanzazo que el esbirro diera al Xazareno
pero ésle, además de la llaga, tiene la mader;
astillada en medio del pecho, y un dardo de
fierro, hundido hasta la mitad, parece decirnos que los he robres quisieron perpetrar nuevo ultraje en el pnciente judío, pon¡ue no leibnstaban sus sufrimientos.
La curiosidad del vinjero s.e despierta y preguntn al amilanado guía por
la significación del dardo. Todos, todos en la comarca con~cen esa trist~ historia, y
mientras el caminante prosi¡rne su marcha hncin el casti-

'
.

...

""'\ .

,,:i''.

.' .

.

-~~~t~it:i~t~:~:.,.

..

k:•:

~-··\

llo, cuéntala rl guía tal cual
la ha escuchado de sus mayores.

***

• ~•• • .T,~

los hombres olían á sangre y no á tabaco, se
batían con la espada y no con el puiio. A cada roca se relaciona una tradición: historia!',
unas veces romúnticas y sentimentale1&gt;, casi
siempre vagas y misteriosas.

***

En el Sur de Alemania y en el corazón del
principado ele 1m nombre, se leva1üa altivo el

Domingo O de 'No\'iembre de Hl02.

pie del castillo, emprenda
la marcha para visitarlo
,
comprenderá luego que pa:
ra los antiguos guerreros
esa fortnleza debió de ser in:
expugnable. Los cnballos fatíganse para dominar la .a brupta rampa y, una vez en l::i. cima,
el castillo, rodeado de foso1:1, con su levadizo
puente recogido, tenía que burlar todos los esfuerzos ele los asaltnntes, porque lo'! dardos y
las flechas de éstos y aun las débiles balas de
los mosquetes, en vano hubieran chocado con
tm los muros, y porque los hachones encenc'idos y arrojados, no hubieran podido salvar
las anchuras de los fosos. Hoy bastaría una
batería Krupp para echar abajo el castillo: el
hombre, á tra\'éS del tiempo. ha modificado
todo. El camino de Hechingen al castillo es

~penas bañan. los primeros fulgores del
Onente la torrecilla que domina al cnstillo,
cuando las densas brumas, suavemente mecidas por 1~ brisa mati.nal, empiezan á despejarse y refleJan en opalmos tonos las caricias del
sol, que las entibia y las destruye. L'\ gran
campana deja oir su cansada, pero sonora voz:
es que el burgrave, el potentísirno Coñde de
Zollern, va á divertirse; porque el Conde ama
la caza con verdadera pasión y dedica la mayor parte de sus ocios, que son muchof', al
placer de San Iluberto. Cae el puente levadizo; los lebreles se escapan de las vigorosas roa.nos .q~1e los deti~n~n, y con alegres snltos se
prec1_P1tan en vertiginosa éarrera por la rampa,
segmdos de los mozos, pajes, lacayos y picadores con sus trompetas venatorias y de la
brillante cabalgata de nobles, entre l~s que se
destaca el burgrave, jinete en albo 'Palafrén,
eri la mano la ballesta mortífera coloreado el
r?stro por la matutina frescura ondeando al
aire la blonda y rizada cabellera que de su
gorro de pieles se escapa cual la c.-i;cada de un
lecho de rocas. El sol se ha asomado ya, lento

y

•

Y, majestt~oso, é ilumina el brillante espectáculo.: rehnchan los corceles, ladra la jauría
estrepitosamente, los cazadores soplan en los
cuernos y la masa avanza entre los resplandores ele los arneses y de las armas avanza v
vuela, se ,tlespren?e por la empinad~ vertiente,
al estentoreo gnto del burgrave: ((Xur zu!
Nur zu!»
Y allá va la horda.
Calla, vil vaf'allo, labriego insen!'ato! Por

SILENCIO.
/
,~/
;

:1

0- •

1

fl

~o te inquiete saber que no te escriba
cuando de ti me aparte;
siempre tú vi\'irús donde yo viva,
pues lo eres todo en mí: cariño y arte.
Cuanto mfo; lejos, mú;; en recordarte
latirá el corazón, y mientras menos
sepa de ti, por inflexible suerte,
mús ardientes y llenos
han &lt;le ser mis afanes parn verte.
Las aYes amatloms en ;;us ,·iajes
se "ªn de donde anidan,
y al través del espnC"io no se ol\'idan,
¡y no se cruzan cartas ni mensaje!!!
)L\NUEL

s.

PICHARDO.

NIEVES ETERNAS.
No ves, al borde del camino, un úrbol
que en su manto la nie,·e nmortají,•?
Tal vez le dió la primavera última
las hojas que este invierno le quitó!
En el estéril campo de la vida
así sucede al pobre corazón!. ........
La Fe lo \'iste con las mismas flores
que le arranca de:,;pués la Decepción!

qué gimes y levanfa;; los brazos al cielo? Porque los cazadores del Conde han destruido tu
trabajo, han pisoteado tus campos y te han
arrojado al hambre y á la miseria'? Calla, esclavo, y no turbe!c&lt; el contentamiento de tu
señor! No ves que es tu amo, que todo es suyo'? Calla, va;;allo, calla y sín·ele!
En la persecución del siervo y del jabalí, lo~
cortesanos han si&lt;lo llevados muy lejo!! del
castillo, atravesando bosques y llanurns. Los
caballos, jadeantes y cubiertos de espuma,
apenas pueclen soportar el peso ele sus dueños,
y éstos apetecen alimento y reposo. El Conde
da la señal y los cazadores se reúnen para
apreciar el resultado de la jornada. Muchos
ciervos y muchos jabalíes han sido muertos:
el burgrave está contento.
Pasea su mirada en torno suyo, buscando
un asilo contra los rayos &lt;lel sol, y sólo descubre, allá en lontananza, una casucha blanca
que turba la monotonía de los campos verdeantes.
Y la brillante cabalgata se dirige hacia ella.
Es una capilla, y un buen fraile la cuicla.
Apéase el burgrave, penetra y ordena que se
preparen los alimentos.
Entonces el fraile, con el capuchón cubriendo su inclinada testa, se acerca al Conde y le
habla.
-Sois grnnde y poderoso-dice¡-pero no
olvidéis que Dios es vuestro rey y que á Jesucristo debéis adorar, y no profanar su temp!o, cual lo estáis haciendo.»
Lanza una carcajada el frívolo Zollern, y señalando al Cristo que está sobre el altar: «Ahora veréis»-exclama,--(tahora veréis el caso que
hago yo de vuestro Dios!»
Y empuña la ballesta.
-¡El os perdone!,,-prorrumpe el fraile y
arr6jase sobre el burgrave.
Pero es demasiado tarde: el Conde ha apuntado y la flecha parte aligera para clavarse en
el pecho del icono.
Y fué el portento: da una. vuelta Zollern sob re sí mismo y cae pesadamente, golpeando
las vigas del pavimento. Se acerca el fraile y
acuden los corte.qanos, palpan al burgrave y
le tncuentran bien muerto, sin herida, sin
sangre.. ...... .
Cuenta la crónica que el ermitaño alab6 á
Dios y luego, hondamente impresionado, per-

•

dió el juicio. En cuanto á la capilla, quedó
desde entonces abandonada v ha ido de~truyéndose poco á poco, pues parece que el tiempo la ha respetado para que los hombres conozcan el castigo del
sacrílego Zollern.
Por eso es que los
cmnpei-ino8, al pasar
frente á la puerta, eantíguansefervoro~amente y no se atreven á
penetrar ....... ..

Hay una diferencia entre e~os restos
que el invierno igualó:
Para uno volverá la primaYcra,
ay! ...... para el otro no!
Dl' L('F. ~I.\RI.\

BORRERO .

JUAN SÁ.'\CJIEZ-AZCON.\.

La Capilla Arzobispal.
Damos en esta página una fotografía &lt;le
la nueva capilla del sefior Arzobispo, que
acaba de inaugurarse.
El altar es de estilo
g6tico y está trabajado, en todos sus detalles, con verdadero
arte.
En el fondo se ha
colocado una magnífica pintura al óleo que
representa á Cristo en
la cruz, y al pie una
imagen de San Dionisio mártir, hecha en
cera, y traída de Roma por el abad Plancarte.
El decorado general
de la capilla es ele muy
buen gusto.
Para los valientes no
hay más que un modo
de rendirse, esto es,
como Francisco I y el
Rey Juan, en medio
del combate y entre
culatazos.- NAror.E:6~.

Interior do la capillJ Jr.oblepal,

�EL CENTRO MILITAR

EL ~fUNDO ILUSTRADO

EL )IUXDO ILuSTRADO

Domingo 9 ele Xoviembre de 1902

LoR Sres. .J. B. FuenteH v Lic. Antonio Ramos P~drneza. rerraron la parte literaria, el
pri111rro con una. poesía que gustó mucho y
le fué nrn\'
el,wrndn,
Y rl segundo• ron un
•
l""
•
,
di!~c•urso qlle intrrcsú á la concurrrncia, no.solo por la rorrt"cciún y ¡?nl:mura de su l ·,-tilo,
sino tamhi(.n por lo p)p\'ado de Hts conceptos.
El Sr. C:encral Rryc,; d&lt;·clarú inau::rt1ra&lt;lo
el &lt;rC'Pntro••, pas,rnclo en sPgt1i1la. al :-,alón ele
armas, 1londi&gt; sr ~Ír\'iÓ un "lunch &lt;'hampagne».
En un p11t11sinsta hrinc\i,:, el f.eiior '.\linistro
1le la Gmrra. manifc:4&lt;&gt; la !-ati ...f:u·1·ión con que
el ~r. Prrsidente &lt;le In ltrpúhlic·a. Yefo el eHtahlecimiento del aC'entro )!ilitar11, y tcr111inó

hiblioteca, c¡ue eH uno de los mús elega_ntei-.
En 1·1 fondo se in~taló la !Ilesa &lt;le 1n. presidencia, colocú1,cl0Re en &lt;'1 lll\ll'O c•orrP~pondi(•nte

Con asiRtrncia cll•l seiinr '.\linistro &lt;le la &lt;:nerra, (,enl'ral D. lkrnanlo Jl¡,~•1•,-;, !-(' ,·eril)r~
&lt;lía,: pa~adoH la inaugnrnciún del ~entro ?l!1litar r,-;tabll•ci&lt;lo en l'l l'tt:trlel de :--an .Jo,c de
(:racia.
El adorno &lt;le\ lnenl ful'.: muy !"f'll~illn, pero
de buen l'Íl!cto, y l'on,:i,-tiú 1irit11:ipal11ll'nt&lt;· rn
a.tributoi- d1• guerra, florPs y e,-;cuclos &lt;le nmrn,-;
artísticamente di,-(ribuídos ('ti los cli\'CJ'SOS !'HJones y en lo,: rorreclon·,;. En el dr,-;can~o (1¡,
la e!"&lt;',dPrn t¡11e &lt;•011&lt;1111·1' ni l&lt;IC'nl &lt;¡IIC lH'llJ':I

El Ministro de México en Bélgica
Ofrecemo!&lt; hoy el retrato del cfütin~uido c.'\ha~lero Lie. D. E_milio Pardo, jr., que clcf'rmpena en la :wtuahcla1l el puc:;to de .:'l[i11istro
Plcnipote1wiario y En·
\'Íado Extraordinario de
.:'llí-x.ico Pll Bt'.· lgica \' lo,
l '11 Í;;es Bajos.
•
El ~r. Li&lt;'. Panlo e,tkma,-;indo conocido e11
nu&lt;'i-trn pní&gt;1 como ahogado emi11entr, para qu,1
pretendamos hacer su
dogio en C'Sto.,.: línea,:.

El f1111eral de nn Mongol.
Adorno de la entrada.

Salón de Biblioteca.

el "C&lt;•ntro&gt;1, se vría un cna&lt;lro al úlro representando un rurnl mexicano, y en la puerta
de entrada un «trofeo» :,neglado con el mejor
gui-to.
El acto !'e efectuó en el !'alón cl(':-tinado ú

ni lul,!nr di' honor, un p:ran retrato cid Rr. (;cnernl D. Porfirio l&gt;íaz, pintnclo al úleo.
Tanto )ns número,; lit1-r:1rio-; co1110 lo'- muF-ical&lt;'H de que r-c ('omponía C'I programa, fue•
ron muy aplaucli&lt;lofi. El Sl'iior Teniente Co·
ronel .Juliún Pachrco, Jp,·{i un int1·re~:111le informe acerca. clt&gt; los trnl;ajo,; \lcrntlos (1 cabo
por h .Junta Directi\'a, y dd cual se clesprPnde que el núnwro ele ~ocios fnndndon·s de la
a!?rn paciírn rs de !l:2. (']r,•úlJ(lose el &lt;lr los de
número (1 1:27. El Reíior Tcnil•nte Coronel Pacheco tuvo frases de elogio, tanto para. el Sr.
General Díaz corno para Jo,.; H·fiorr,; ~ccrctarios
ele ITacienela. y ele (;urrra, 1láncloles grnci:is
por los Yaliosos oh,;equios que han hecho (t la
naciente i-;ocie&lt;lad.

Salón de armas.

haciendo ,·oto" por c¡ue rl h•nÍ.'\ de la. agrupaC'iún fuera: «Uni{in, l'atrioti:-mo y Progreso.»
En el &lt;:alón de ado" :-c tocó dcRpu(~" el himno
patriótico de la 2~ J:c,-;rn·a, cant{mdo~e por el
Sr. Rafael Lópcz y un coro de niíias.

CO\tfNICA CIO~E~.

EL FERROCARRIL PANAMERICANO.
El 15 de septiembre último se verificó la.

• 1

inauguraciún de los 50 primeros kilúmetros
del ferrocarril Panameri~rno, cuya importancia e;, tan gramh•, no sólo para la rica zona que
atraviesa pues nadie descono('e la ,·ariedad de
producto~, tanto agrícolas como minrro,; del
Estado de Chiapa", sino también para el país
en general, pon¡ue podremo,; fúcihnrute conrnnicarnos, desde nue,-tm frontera.
con los E"tados Cnidos del i'\ort1:,
hasta el punto extremo al sur de
la Repúblira.
El tramo inaugurado empieza
en Puerto Aristn, pa,;a por Tonalá
y termina. en la ,\nrora, ,-igui&lt;•ndo
rumbo á San ,Jerónimo, punto
en r¡ue entroncará con el ferrorarril Xacional &lt;lel itsmo de Tehuantepee.
Al acto tle inauguración concurrieron el Rr. .Tosé Mora, procurador general de la compañía, loialtes empleado,; de la empre8a. y
numeror-as personas que fneron
ohsec¡uia.clas con un lunch {t hor-

Salida del primer tren,

do &lt;lel tren, el que estaba. enfrn.l:ma&lt;lo ton banderns mexicanas y americanai-.

La actividad con que han romenzado Jo,,
trnhajos, hace creer r¡tH' se llevarán Íl término
ú la mayor hren-dacl, pue,- ('n Jo,. seis campa-

Grupo de' emp leados y trabaj adores de la Empresa.

mrntos e~tahlecidos en el tmncto de la línea.
hav m(1R de 1200 tra hajaclon•~, y rn opinión
del pre,-ide11te ~r. Xillaml:-, antes de un afio
ef.tarí1 terminado é inaugurado todo el ferrocarril hMta Ta1•achula.
Prohahlemente para entonres, cualquiera
ele las dos lí1was que parten tlel Esta&lt;lo ele
Yerncruz rumbo al Pacífico, hahrún Ya &lt;•ntroncado con el ferrocarril &lt;le Tehuante¡)('c, queda.ndo csta.blecicla
&lt;l·~ e,-ta manera b YÍa de comunicación que unirú la. frontera norte tle mw:,tr:i Repúblira C'On las
mús apartadas regiones dd Sur,
constitu vendo uno de los n1Íls importantes c,-lahoncs del proyectado ferrocarril panamericano.
Una República. prudente, no
debe aYr11turat'lie á nada. c¡ue la.
exponga á la buena ó la mala fortuna. El único bien á que debe
aspirar ei- ÍI la perpetuidad de su
estado. -)lo1-TEsQunw.

En seguida corren {1 g:ilopc tcn&lt;lido por In inme1wn estPpa, hasta encontrar un cerrillo donde encienden una. pira.
'
:C,n~ cabalgatas &lt;ll' est1· gc:nrro, en i1wirrno
pr1nc1palme11t~,, como :-e efrrtúan de noche,
atraen gran numcrn de loho,:. qne ,-igu&lt;·n ú los

Domingo 9 de Koviembre de 1092.

A LA POESÍA.
Vengo á rendirte pleito homenaje,
Oh Gran Señora de ígnea. corona.
8erte fiel ju1·0 por el pluma.je
Que orna mi yelmo, por mi linaje,
l'or la c1·uz fénea. de mi tizona.
Vivo en el viejo castillo negro
De la desgracia, que en solcd1ides
.\ridas ,e alza. Jamás a)eg-ro
:\Ji alma en festines. :\Ii brío integro
Euu·o fulgores tle tempestades.
Es mi castillo fiero y desnudo
El que so erige sobre el baluarte
:\Iás intrincadll de un monte agudo.
En los umbrales est{L mi escudo,
Y en él mi lema: «Verdad y Arte.&gt;
Y en el más alto torreón precario,
Como bandera de amor, levanta,
t:n mástil frági l y solitario,
Gn jirón blauco que del ~udario
De Cl'isto traje de Tiena Santa.

l)c,-de los til'llll'º"' 111ú-:
atrn::;ado,-; de la. hi:-\Drin.
lo~ ptH'hlos s:tl\'ajc:- dt• la
Yo mismo, en Jo hondo del subtt•rd, t•,
.:'llongulia han !-ido (·dt•De mis tristezas, forjé el ac&lt;•ro
hrPs por sus c·11:didades
De mi armadura con ei;pontáneo
de ecuest:-c•:-, Las hordas
Te~ún, y un casco para mi cníneo,
Un ca::,co en garras de un buitre liero.
qm• en los prillll'l'o,; !-ig:los
lh•I cri,..tia11is111n, al 111anDe mis rudezas mi mano tosca
&lt;l&lt;&gt; &lt;le &lt;:cngi--Kun y de
Una loriga brillante b1~ hecho.
Sil" ,&lt;Cl'llacc:-:, i11,·a&lt;li .. ro11
Y una serpiente siniestra y hosca
la Europa, \'CIIÍan ú ca •
En la loriga su saña enrosca,
Como quet·iendo 111orde1' ml pecho.
hallo ,. a:-Í dernstaha11
las nn&lt;7ioneH en em hriún
l'ues son mis llantos gélido riego
que ú su pa:;o :-e interpoY mis dolores sinie,-tra frag-ua,
nían.
Templé mi espada, con cruel sosiego,
El rCl'lll!J'&lt;lo qu&lt;• han
De mis dolores en el gran luego
Y de mb llantos en la fría agua.
clcjado pndurn ú tra,·{!&lt;
de Jo,; :-iglos, tanto por
Solo en mi duelo, soy absoluto
811 harharidad, cuanto
En la soberbia de mi castillo.
por haber invadido el vieJusto á mí mismo, ya obtuvo d fruto ·
jo conti1wntc &lt;•n los moSembr~ en mis odios estrago y luto '
Con m1 derecho de horca y cuchillo.
mentos en que :-l' ernpfzahan ú formar las HUl'\·a,;
Oh Gran S~ilora, formando valla
n:H"ionalidaclr,-; que dl'he:\lis seotimieutus nobles ,. rudos
'
rían ,-er dc:-ptHÍ:&lt; las granE,-peran Ja ho1·a de la btitalla,
1h-s potencias de EuroCon sus JI amantes cotas de malla
Y sus lanzones y i&gt;US escudos.
'
pa.
\'iviC'ndo como Yiven
Son los que guardan mi solitario
estas tri hu,;, que h,1st:1 la
Ca,-tillo nt&gt;gro . . .. La huesw cauta
fecha con,-:ervan las co,-:Un hiiuno he1·oico de ritmo val'io
tumbre,; qne rn Jo,; priBajo el guil1a.po que del sudurio
Ue &lt;'rbto t1·ajc de Tierra Santa.
meros :-i::?lo,: de la em las
caractt•rizaron, l'll ,·a,;tas
Reina y Señora, que el brillo baje,
llanuras, fc'n p:1 rtcs H'eas
El u1·1Jlo excet,,o de tu corona,
por el im·il'rno riguro:-o,
A 1111 moutaua yerma y ::,alvaje.
y Yi\'iemlo extcrnlicla:- &lt;·11
berte fiel Juro poi· mi Jin aje,
Poi· la cruz fét·rea de mi tizona.
amplias zonas, forzada:-;
por la esc.a~ez de pa:-to,.;
l\léxico, octubre de 1902,
y la necesidad de cambiar
SR. LIC. D. EMILIO PARDO
violentamente de ,-itio,
ROBERTO ARGUELLES BRINGAS.
Ministro de México en Bélgica y l os Países B ajos.
los mongoJe:e; han adquirido una maravillosa descuatro portadores, escoltando fantásticamente
treza en la equitaciún, que eonsen·an y conal muerto.
i-errnrún, ú pc,;ar de la tenninaci{m del ferrol'n pueblo debe obrar con los dem ás pueLa. zon:i habitada por los mongoles rstá llecarril transiberiano.
blos como desee que obren con él.-EL ABAna de pequefios montículo,; en los cuales ha
'\unca construYen ciudude:-. Se conforman
TE FRE&lt;,OIRK
si&lt;lo quema.do un mongol y sus cenizas eopa.rcon amontonar aigunas tiendas de piel, en las
cidns al \'ientu.
cuales yi\-en d&lt;• la manera primitiYa que e:;tc
género ele \'ida requiere. Sus caballos Hon pequeíios, pero 1lc mara\'illo:-n pujanza; y como
durante lo,; inviernos e,casean lo,; pasto~, los
Tuda naci6n
aliment.'ln ele substancias animales, que matiene su honor,
yor fuerza les hacen adquirir.
q~.e resume los
sentimientos, las
nohles accione!'
de su Yi&lt;la pulíEstas co,;tumbrei; primitiYas de los monp;o·
tiea con el carúcles se tradu('en por prác·ticas curio~as en t0tlos
ter propio de los
lo,-; grnndt':- epi:-oclios de 1:\ vida. Lo$ ca,.:uindividuos
qur la
mientos \' los hautizos :-e celebran t'n grarnh·s
componl·n, ú escalialgatñs, ptÍt&gt;,;l&lt;' que :-on la:- mujeres ,nn bueto es ú lo que se
no!- jinetes como los honihre:-.
llama el honor
Xunca enti('l'ra11 {i sus muertoR, sino &lt;¡Ul' Jo,;
nacional.- .:'lloqueman y depositan la:- cenit.as en las e~1linas
m:-.-.
que primero &lt;·ncuentran C'll las l"rrea11ia,: de
su~ campamento,-:. Vna ,·&lt;'Z que Jo,: hrnjoc: han
visitado el cadíl\·er y le han hecho la:; aspersiones dP líquidos !-agrados que &lt;kherÍln :;n[M'\ opiniún es
Yirle para evitar el encucn tro con Jo,; walo,;
la
reina clcl munespírituR, cuatro amigos del muerto toman unn.
do, y 1a fuerza Hu
manta ele piel de camello, cada uno por una
E l cadáv er de un m o ngol,
tirano.-PA::sl'.\L.
&lt;le la:; puntas, y colocan en metlio el cadáver.

***

Al llegar A Tonal:i,-Uno de los carros,

•

�EL 1fUND0 ILUSTRADO
Drmingo 9 de ~oviembre rle 1902

EL 11:UNDO ILUSTRADO

üomingo 9 de Noviembre de 1902.

LA "SEXTA CLASE"
Y i;e advierte entonces que en aquella verbena, la mús concurrida Y
EGA el tradicional «día ele muertos», y la curio~ipopular, hacen falta l:i múoim, los fuegos, el torito, todos aquellos eledarl, aliada á la carencia de objeto ít que consamentos indiRpeni:aLJe,.; de una fiesta semejante.
grar el tiempo, encamina los pasos al sitio en
Y á medida que el sol declina, la sed tórnaRe máR y más ini-aciahle;
que la. Capital vierte, durante un buen número
se contempla desde la loma la Capital. que yergue sus chimeneas y Rus
de horas, afio por afio, un enorme torrente de la
campanariol'l; aparece ha,-tante lejos y se hace acopio de fuerza para
vida que á diario palpita en sus arterias.
emprender el regreso, besando sin cesar, en un hei;o prolongado, la hoLa mañana es tranquila, una mañana que no
ca del jarro, que ha hecho ya cirn viajes á la barraca mÍls próxima; las
parece ser precuri-ora del invierno; el sol ascienproYiRiones termina11, termina el dinero, no qneda mús que el cántaro
de á tra.vfs de un cielo lleno de brumni-, un cievacío, y Re pieni-a entone&lt;•s en rumperlo Hobre la cabeza de alguien, que
lo que se ha dado poi ,·o, como unn. &lt;lamn. que no
á veces es 1le la familia, íi veces un desconocido que con una mirada. ó
olvida el afeite, y las lejaníaR. afretadas tnmbihl
una i-onrisa i-e gan6 el peor de los obsequiofl.
por esta coquetería del azul, dibújanse apenas en
Y, como rpilogo, una morada obHcura en que mcclitar, obsrquio d1•i
los límites ele! exteni;;o valle.
municipio, ó un lecho cubierto de lona, cnstodiaclo por dos jinete~,
Xo ha llegado aún el sol al tercio de 1:1u carrern, v va los caminos v
que haee ú menudo pensar en lo efímero de los goces mundanos.
veredas que conducen al necrópolo aparecen pohlñlos de viandantes
A tlHELJO (~oxúu:z C., RR.,:,;rn.
que acuden á rendir homenaje á la. muerte, llenando de vida el fúnebre
refugio.
Sobre la colina en cuya cumbre se vergue la arboleda. que señala el
panteón, a¡;cicnden los tranvías atesta.dos, las carretas con sus toldos
multicolore~, dando tumbos de hoyanco en hoyanco y 1~'l.ngoloteando
su carga humana, y pie ú tierra, por carreteras y veredas ó á través de
loR campos en que la hoz dejó los tallos i;;ecos corno los pelos de una
harba mal afeitada, los humildes avanzan, la cruz á cuei&lt;tas, el Rímhnlo reclcntor que fijarún i;ohre la foi;a en que se pudren los restos del
que fué.
DPntro ya del recinto, contiguo al parque fastuoso de enarenaclas
n.,·enida;:, sombreado por la arboleda, y en donde el mímnol y el bronce ostrntnn mil crcacionE'S riel cincel, extiénde&gt;&lt;e el asilo de loR desheredadoi&lt;, la i-exta. dast•, á donde vnn todo¡; ar1ue\los parn quienes la
muerte fu{, tan poco piado,:a como la vida.
En aquella gran parte de hi colina, no hay arbolerlas que brinden su
i-omhra, ni flores quP. espanan sn perfume, ni ei-culturm, en bronce 6
múrmol que perpetúen una 111e111oria; la malez:i crece mquítica. sobre
las sepultmm; y en derredor de las nrgras y humilcles cnH'es que har&lt;•n
apnrrcrr la loma eomo un enorme alfiletero. Se l,u1,ca allí el sepulcro
tlcl aust•nte, á Ye!'es de manera infructuo!'a, deletreando la" plara!-1 &lt;le
hojalata enmoheeidas y por las cuales el difunto pa:;:ó á la categoría de
nú111ero; un azadí,n de,·oto remue,·e la tierrn y arranen la yerhn, lns
eruees Íl las coronas n•emplazan ú nquélla, las ceraR empiE&gt;zn11 á arder,
y los &lt;kudo,., fatigadoi-, tomnn a,-iento E:'11 torno de la i,epultura.
]&gt;espurfl ele algunos momentos de i-oportar en las espaldas los dardos
del sol, ,·iendo Íl las muj1•reR que lleYan el rebozo á los ojos y á la nariz; después dt! pronunciar cuatro palabra,: acerca del «dij unto» ó la «dijnnta», los dolient-cR, que no han dejado de escuchar el rumor que c,ece en las afueras del panteón, estiman que los hlanclones han ardido Jo
suficiente para el dest·anso del alma del muerto, soplan sobre ellos, se
arroja. la última mirada al lugar, y el grupo se pone en marcha. A los
pocos paROS hi tranquilidad reaparece; á la Yista de los ajenos pe!-lares
He olvida el propio, y la contemplaci6n de los seres y las cosas despierta
nuernfl reflexiones.
Sobre una sepultura, como única señal, s~ yergue un amontonamiento de piedras ó bien un kio,.;co cuya verja asegura un candado, y que,
al no encerrar más que coronas marchitas, parece significar el temor de
una viuda joven, al penRar que el muerto podría alguna vez salir de i-:u
tumba. :Más allá, el símbolo es un maguey, plantado alH por los rlcudos y que ha1.,e meditar sobre las aficiones que en vida culti,·6 el difunto; máH lejos es el nopal, en cuyos frutos los dolientes saborearán algún
día al miembro de la familia allí enterrado.
Y de aquí para allú, apresurado en su empeño de salvador de almas,
el sefior cura,con una botella de agua bendita en la diestra, cubierta la caheut con un «boleado» y seguido por el sacristán, se detiene un momento
cerca de la tumba, pronuncia el nombre del que descani;a bajo tierra,
dos palabras en latín, á las qne contesta su acompañante, rocía el lugar con el conteniclo de la botella, y el sacristírn, antes de emprender
la marcha, alarga la mano á los deudos, que dejan caer en ella lo que su
HUAXOLOTITL AN (OAXACA.)-Un sitio pintoresco.
piedad les dicta.
~E:' i;ale del pn.nteón, y el último resquicio de tristeza huye ante el buFLORES .
llicio, ante las frases persuasivas de los yendedores:
«~aranjas de Gualnjara;
lleve á centavo la vara!»
«Pa,;e á probar el tlachique;
pase y no se mortifique!»
«Aquí se olvidan las penas.
A centavo las doy llenas!»
Se conYiene en que el calor aumenta, en que la miflión se ha cumplido, en que el apetito asoma; se improvisa un toldo con el sarape prendido en las púas 1\c dos nga,•rfl cen•ano!', y el cántaro que sirvió para
ir á regar las siempre,·ivas ó los "tzempoal xochitJs,, del sepulcro, llena su
vientre con algunos litros del elíxir de Xóchitl y !'e procede á su consumo en uni6n de la barbacoa salpimentada con sali-a borracha, de las
cabezas de horno, de las enchil11,das 6 de los frijoles con totopo,

Antonio, en los acentos de Cleopatra encantado,
la copa de oro olvida que está de néctar llena.
Y, creyente en J-oR i;ueños qué evoca la flirt&gt;na
todii en Jo,i ojos tiene su alma ele soldado.
'
La Reina, hoja tras hoja, deshojando sus flores
en la copa de Antonio las deja. dulcemente...... '
Y profligue su cuento de batallas ";&gt;' amore~,
aprendido en las magas tradiciones de Oriente.
Detiénese ...... Y Antonio ve su copa olvidada ......
Mas pone ella la mano Robre el borde de oro,
y, sonriendo, lenta hacia. sí la retira.
Despu&lt;:s, siempre á los ojos del guerrero a~omacla
Rella Rus gruesos labios con un beso sonoro......
'
y da la copa. í1 un siervo, que la bebe y expira .. .. ..

�Domingo 9 de Noviembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO
~mdole su amor con fra~es elocuentes y apas10nadas; fué correi-pond1do, y después de una
hora el joYen se retiró lleno de amor y feliz,
llevando una flor que desprendiendo Sara &lt;le
su peinado, le dió como prueba de amor. Ella
también retiróse del balc6n enviando á .Julio
una sonrisa de despedida; pero cuando se encontró en su alcoba, soltó una carcajada y dijo:
por fin cayó, ¡pobre cándido!

•

"y tú, mi idolatrada Sara, fugitiva sombra
que me abandonas,concierto ideal de nota;; que
e?mudecen, esperanza de mi afecto que te disipas. Yo deshojar6 todas mis siemprevivas
sobre la tumba de nuestro amor. Yo he dicho
al cipréa que te susurre palabras de amor para traerme á tu memoria. Yo te amar6 siempre ......... Y tú, aunque el corazón no te lo
permita, de mí te acordarás ......
.Juuo.»

EL AUTOMOVILISMO MODERNO.
La última palabra en materia de automovilismo ha sido dada por los grandes magnates
y millonarios europeos y americanos, que han
decidido suprimir el «chaffeur» y guiar por sí
mismos sus Yehículos.
La moda i-e pre!-lta á muchas emociones,
tanto de parte &lt;le lo~ «chaffeur:;» aristócratas,
cuanto de los paseanteR, cuyas vidas están continuamente amenazadas, cuanclo menos por
la falta de fuerzas suficientes en los improvisados conductores.
Las damas han encontrado hermosas estas
impresiones y han tomado po~ su cue1,ta la direcciÓ!). de pequeños automóviles, en lo:; cuales

emprenden excursiones bien largas. La manía
del kilómetro, como se ha llamado á esta tendencia, es una locura univer;;al en estos momentos.
Todo el que puede darse el lujo de comprar uno de estos costo::os c11rruaje~, quiere
desde los primeros dí11s de RU aprendizaje
vencer el récord de velocirlarl. Quiere en su primera excursiún ser citado por la enorme v peligrosa velocidad Íl que ha llev11dn el autoi11óvil.
Ya han muerto algunos á consecuencia de
la desenfrenarla manía ele correr, y la,- autoridades Re han visto precisadas, en Londres por
ejemplo, á crear nueYos cuerpos de policía especialmente encargados de Yigilar el que no

LA COQUETA

otras veces se pasaba largas horas contemplándose en el espejo y así vivía sin preocuparse
de su espíritu.
Siendo hermosa y rica, y sin tener quien la
cuidara ó dirigiera tuvo sus adoradores; á to-

D. José Robero poseía un cuantioso capital
hecho á fuerza de constancia, trabajo y ahorro;
habitaba una magnífica casa y era padre de
una hermosa joven llamada Sara; la mamá de
ésta murió al darla á luz, así es que no tuvo
quien formara su corazón ni dirigiera su carácter encontrándose desde que nació confiada á 'gentes extrañas y mercenarias. ¡Pob1:e
niña vióse cual nave que en proceloso y ag1tado'mar no tiene piloto que la dirija! Desde
su más tierna edad acostumbráronse sus oídos
á escuchar palabras de adulación, pues todos
los que la rodeaban prodigábanselas á porfí~,
haciendo que en ella se desarrollara la vamdad, pasión nefanda que nace entre arrullos
y muere entre lágrimas.
Don José adoraba á su única hija, dábale
gusto en cuanto quería, adivinándole su pensamiento; en fin, era su diosa. Así, tornóse
bien pronto ele niña en joven, entre los mimos
de su padre á quien dominaba, y las adulaciones de los que la rodeaban, y á medida que
pasaba el tiempo, en ella se desarroll~b?- mí~s
y más la vanidad. Los placeres, el luJO musitado y la lectura de novelas perniciosas, de
esas que deben deEterrarse de la literatura porque envenenan el alma, la deleitaban, formaban su único encanto é iban envenenando poco á poco su alma, sin que ella lo sospechara;

&lt;los engañó mintiéndoles un amor que no sentía ni podía sentir por nadie, pues creíase su-

i;e corra demasiado aprisa por los lugareR ha-

hitados ÍI concurridos, para evitar en lo posible las desgracias.
El traje que han tomado lo\ ,,chaffeurs» &lt;'11
vista de que el polrn del camino e;;tropea sus
tlelicadas epiclc:·mii,, Rerú muy eleganie; pero
es mur feo. Consta de una especie de abrigo
de pieles, una caehucha de piel tambifo, una
especie de máscara, C'on do1; perforaciones c'n
las eu11les se rolol'an IOR anteojos. Ilahilitado
torio este e(]uipajc, el «ehaffem,, tiene algo de
diabólico, lo mismo que su máquina. El asombro de los campe!-&lt;ino::- ante- estos equipos, e!-l
muy justificado.

perior á todos; la vanidad había producido sus
terribles efectos. Sara era coqueta.

***
Julio era un joYen de aspecto s;mpático, de
finas _maneras y &lt;le un talento nada vulgar;
estudiaba en la Escueln. &lt;le ::'IIedicina, se había
]~echo querer de sus profesores y era muy est11nado por sus compañeros.
Todos los &lt;lías pasaba por la calle donde viví11; Sara y habíase fijado en ella, pe10 como
qmen ve una hermosa estatua y nada múR,
Comprendía la distancia que los separaba: él
era pobre y ella rica; exi;;tía un abismo entre
los dos, abierto por los com'encionalismos sociales; sin embargo, una fuerza misteriosa le
llevaba á esa calle; por ella pa~aba cuatro Yeces al día.
Vna maf'iana, Julio se detuvo. Sara eRtaba
en el balcón; qué bella la vió! ...... vestía una
m~gnífica y Yaporosa ~&gt;ata de finísima tela que
deJaba ver su terso cutis al tnwés de los encajeR de Bruse'.as; su negra y rizada cabellera
&lt;·aía dulcemente sobre su espalda; sus grandes, negros y rasgados ojos no cesaban ele mirarlo. .Julio creyó que R&lt;niaba, estaba fascinado. Ese día no concurrió á clase. apenas comió
y estm·o mu_v triste. Declinaba la tarde; ella
eHtaba en el balc6n y él en la acera de enfrente. Julio, después de mucho pensar y contemplarla, se acercó tímidamente y le habl6, pin-

.Julio adoraba á Sara y ésta no le quería,
acostumbrada, como estaba, á engañar á todos.
La lista de los cándidos aumentaba cada
día ,más y más. En
, stoda reunión , baile 6 l)as~o a qu~ c·oncurna ara, encontraba, no uno,
srno vanos 11doradores; á todos fascinaba y engafiaha. Xaturalmente éRtos, IIRÍ que se veían
bu!·l~dos y comp1:e1'.dían que era una coqueta,
ret1rnhan¡;e, conv1rtiéndo&lt;ie en enemigos, y divulgaban por todas partes el inicuo proceder
de la coqueta y bella Sara. Habiéndola dotado
la naturaleza de una belleza poco común y
siendo rica, poseía una arma de doble filo, 'c1e
que se Y11lía para l'/lcrifiear á sus víctinrns: no
era, por _lo mismo, una coqueta vulgar, y sí
ele laia peligrosas que, en aras ele su vicio sacrifiean ha:=-ta ]a exü;teneia de sus adoracl~res
sin preocuparse, con frío estoicü,mo; son esa;
mujeres, fragantes flores que atraen por su
hermosura, pero que producen la muerte tle
los incautos que se acercan á ellas.
Julio era pobre, y, por lo mi¡:mo, no frecuentaba reuniones aristocráticas, y nada sabía
acerca del comportamiento de Sara, ignoraba
por completo que fuese una coqueta; llamába]e sí la atención que siendo hermosa se pintara, que en su manera de vestir tuviera cierto descuido, que se rizara las pestañas y pintara ojeras; en fin: él, que poseía buen talento,
analizaba uno por uno los defectos de su amada, sin encontrar en ella cualidad alguna.
Sara sostuvo algún tiempo con Julio relaciones, no por amor y sí por vanidad, por mostrarles á sus amigas las cartas que éste le escribía, Ruperiores á las de los otros, que no tenían más gracia que lucir el trabajo de sus
sastres y derrochar el dinero heredado de sus
padres ó parientes.
Pero llegó un &lt;lía en que Sara vió pobre á
Julio, se avergonzó de amarlo y lo borró de la
lista de los cándidos-como ella los llamaba;no volvió ú rnliral balcón. y Julio pasaba días
horribles, no sabiendo por qué causa; creía.la
enferma, suponíase mil co!'as, pero jamás creyó
que fuese por despreciarlo; le escribió tres cartas, y de ninguna de ellas obtuvo contestación;
por fin, comprendió la verdad de lo que pasaba, y sin embargo, él la amaba más que
nunca; pero triunfó la razón, arm6se de valor
y le escribió una carta de despedida. Entregóse con más ardor que nunca al estudio: quería tener un nombre ilustre y formarse un porvenir. ¡Dichoso, ¡oh tú Julio!, que en lugar de
conducirte el dolor y las pasiones al suicidio,
buscaste en el estudio la calma y fortaleciste
tu espíritu! ¡ojalá y todos aquellos que por
una coqueta ú otra causa buscan la muerte,
te imitaran!
La carta decía así:

Sara, cuando recibió eRta postrera carta, algo se conmovió; pero pudo m{1s la vanidad y
jamús volvió á acorclar;e de .Julio.
¡ Pobre coquetn! aún era tiempo de que
fueras feliz; jamús encontrarúH otro hombre
igual á .Tulio, pue:=- tu oro y tu hermo:-ura te
proporcion11rán placeres. amantes, lujo, pero
ignoras que el verdadero amor no se compra
cou nada y que es el único que puede hacer
feliz.

***

Ifon pasado diez años. D. José Robero murió, habiendo dejado c11si en la pobreza á su
idolatrada hija, pues un terrible incendio redujo á cenizas su cnantim,o capital.
Sara, la hermosa, la coqueta, aRÍ que la vieron pobre, la despreciaron; así es la F&lt;ocie&lt;lad,
así es el mundo, y tuvo que caRarse con un
viejo achacoso, de esos que han pasado su vida entre pla&lt;'eres y orgías y t1ue buscan en el
matrimmiio de¡;cnmo, haciendo de sus hijos,

Domingo 9 de Noviembre de 1902.
vicio y la prostitución la bella y coqueta Sara. ¡ Pobre flor arrojada al lodazal, qué mísera
y breve existencia tuviste!

.Tulio era ya un médico afamado, tenía bastante clientela y hacía dos años que daba una
clase en la Escuela de ~Iedicina, puesto que
había obtenido por oposición. Vivía con su
anciana madre, no se había caRado, pues desde (]Ue amó á Sara y ésta lo despreció, volvióse escéptico, no qneri,mdo más que á la autora de sus días, al estudio y á los pobres. A
veces veíasele taciturno, se conocía que sufría
no podía olrid11r á la coqueta, aún la amab11 '
había sido su primer amor y tal vez el úl~
timo.
Un día, al penetrar al local donde daba suR
claseR, queclóse como petrificado al ver que el
cadáver que estaba en la planC'ha era el de la
hermosa Sara, que apenai- se podía reconocer
pues no era ni su sombra; él sí la reconoci6
luego. ~Iil penRamientos se agolparon en su
mente; no la habín. vuelto á ver, y ahora ¡en
qué estado y en (]Ué condiciones! Sus 11lumnos estaban esperando que les diera la clase
el maestro; éste tuvo que hacer un esfuerzo
inaudito y les habló &lt;le las funciones del comz6n; estu,·o elocuente y sombrío; al terminar la clase, los alumnos despejaron el salón
el único que quedó fué ,Julio y el rígido y mu~
tilaclo cad{wer ele Sara; ya no pudo más fingir y lloró ..... .

«Sara:
«De tu singular belleza surgió como hermosa consecuencia mi cariño; pero por tu veleidoso y coqueto carácter, como niebla a.l sol
se ha desvanecido. Hoy mi pensamiento sólo
estrecha tu recuerdo, más querido mientras
más ingrato y cruel.
«Quiero retenerte en mi memoria porque no
creo en tus envenenados sentimientos; pero
triste realidad es tener que apurar un cáliz ele
amargura que extingue para siempre la vehemencia de mi amor.
«La resignación que á mi alma llegue, cubrirá con sus glaciales besos mi pobre corazón,
donde se abrían los lirios de mi ternura y cariño hacia ti. A los claros matices que abrillantaban mi pasión, hoy se suceden las lágrimas del más grande dolor.

si los tienen, seres infelices, tanto física como
moralmente.
R11ra asi6se al caduco viejo come el náufrago á la tabla salvadora; mas bien pronto fastidióle la vida que llevaba en su nuevo y forzoso estado, y tuvo un amante y luego otro, y
así fué descendiendo por la pendiente que conduce al vicio, á la prostitución; su espo;;o llegó á saber sn comportamiento y sin vacilar se
prei:,entó á un juzgado solicitando su divorcio.
Los periódicoR dieron la noticia poniendo
tan súlo laR iniciales de los divorciados, comentándose el hecho en los CÍr&lt;"u loR sociales, y
poco tiempo clei;;pués nadie volvió á acordarse
del suceso.
Primero por gusto y después por necesidad,
se fué hundiendo más y más en el fango del

Después, con paso lento, se acercó á ella la
c&lt;;&gt;ntem_rló un.~omento, y coI"?o si aún le pudtera ~1r, le d1Jo: «duerme meJor ese sueño y
no olvides que debes despertar para siempre á
In: vida real del verdadero amor; yo deseo,
bien mío, que en otra existencia que no sea
tan fugaz como ésta que acabas de pasar aniden en tu pecho los sentinientos nobles'y clelica&lt;los que encontraron tan prematura muerte en la breve mañana de tu castidad.»
GONZ.\LO PEXA y TRONCOSO.

�Domingo 9 de Noviembre de 1901.

EMILIO ZOLA
\. PAGINAS DEL 1cDIARTO DE LOS GONCOURT»)

Sábado 27 a!?osto 1870.-Zolá viene á almorzar conmigo. Me habla de una serie de novelas
que quiere hacer, una epopeya en diez volúmenes, de la historia natural y social de una familia, de una obra que tiene ambición de iatentar,
con 111. exposición de los tempe1·amentos, de los
caracteres, de los vicios, de las virtudes, desarrollados según el medio ambiente y diferenciados como las partes de un jardín «donde hay
sombra aquí. sol allá.&gt;
Me dice: Después del análisis de lo infinitesimal en el sentimiento, tal y como lo ha ejecutado Flaubert en «Madama Bovary ;&gt; después del
análisis de las cosas artísticas, plásticas y nerviosas, tal y como ustedes lo han hecho; después
de esas «obras-joyas,&gt; de esos volúmenes cincelados, no hay lugar para los jóvenes; no queda
nada por hacer. nada por constituir, ni u n personaje ni una ligura por construir; únicamente
se puede ya hablar al público por la ca ntidad de
los volúmenes, por la potencia de la creación.

***
Lunes :3 junio 1872. -Hoy Zolá a lmuerza. en mi
1•a~¡1. Lt ,·eo co¡:er ¡t dos mAnos su vaso de Bur-

,

EL :MUNDO ILUSTRADO
Turgueneff nos interrumpe, diciéndonos con la
originalidad de su pensamiento y e~ dulce murmullo de su palabra.: «La compa.rac1ón no es 1,10ble, sefiores, pero permitidme comp!l'rar á Ta.me
con un perro de caza que yo be temdo: vente~ba. hacía la muestra, realizaba. todo el maneJO
de'un perro de caza á las mil maravillas; pero,
¡ahí tienen ustedes!, carecía de olfato y tuve que
vender le.&gt;
.
Zolá es completa.mente feliz, está entus13:~ma.do con la excelente cocina, y como yo le dl¡ese:
-Zolá, ¡,es usted por ventu:ra &lt;~our~9:nd&gt;?
-Sí-me respondió;-es m1 úmco v1c10, y en
mi casa, cuando no ha.y algo bueno de comer, me
siento desdicha.do . . ... . No ha.y más que esto. •.
las demás cosas no existen par a mí. . . . . . ¡Ah!
¿ustedes no saben la vida que llevo'?&gt;
Y helo aquí ensartando con una faz sombría el
capítulo de sus miserias. Es curioso cómo las
expansiones del joven novelis~a vienen á dar en
seguida en pal abras melancóhcas.
Zolá ha comenzado uno de los cuadros más
negros de su juventud, de las .ªl!lª~guras de su
vida de todos los días, de las m1ur1a.s que _se le
han dirigido, de la suspición en que se le tiene,
de la especie de cuarentena. que se hace en derredor de sus obras.
Turgueneff dice á media voz: «Es particular:
un ruso amigo mío, hombre de gran ingenio, afkma.ba que el tipo de J . J . Rousseau era un tipo
francés, y que sólo se hallaba en Francia.&gt; Zolá, que no ha oído, continúa gimiendo, y al decírsele que no tiene por qué quejarse, que ha b, -

Lunes 19 febrero 1877.-... Entonces Fla.ubert
se pone á atacar-siempre con grandes sombrerazos al talento del autor,-se pone á atacar los
prefacios, las doctrinas, las profesiones de fe natura.listas de Zolá.
Zola responde poco más ó menos esto:
« ... Tiene usted una pequeña. fortuna que ba
podido usted defender de muchas cosas.... . Yo,
mi vida me he visto obliga.do á ganat·la. absoluta.mente con mi pluma; me be visto obligado á
pasar por todo género de labores, sf, de las más
«despreciables&gt;.. . ¡Ah Dios mío!, me budo como
usted de esa palabra «natur alismo&gt;, y sin embargo, yo la repetiré, porque ~as cosas necesitan un
bautismo para que el púbhco las crea nu~vas ...
Vea usted, bago dos partes de lo que escr_1bo: de
un lado mis obras, por las cuales se me ¡uzga y
p0r las cuales deseo ser juzgado; de otro Jado
mi folletín del «Bien Public,&gt; mis artículos de
Rusia, mi correspondencia de Marsella, que no
representan nada para mí, que desec_h o que sólo me sirven para hacer espuma á mis libros.
«Primeramente be puesto un clavo y de un martillazo le he hecho entrar un centímetro en el ce
rebro del público; después,de un segundo golpe,
le be hecho entrar otros dos centímetros... Pues
bien, mi martillo es el periodismo, el ruido que
hago yo mismo alrededor de mis obras.&gt;

~L MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO ll.--NÚM. 20.

MÉXICO, NOVIEMBRE 16 DE 1902.

Oerente1 LUl6 Rtl't&amp; &amp;PINDOLA.

a1recton LIC. RArAtL Rtl't&amp; &amp;PINDOU.

r

***
Lunes 30 junio 1881.-La. casa de Zolá en Medán ... Una propiedad que le ha costado ya 200,000
francos y cuyo primitivo precio de adquisición
creo que fué 2,000 francos. Un gabinete de trabajo amplio y alto de techo; sobre la chimenea se
lee: «Nulla dies sine línnea&gt;; en un rincón se
percibe un órgano &lt;melódium&gt;, con voces angé·
licas, del que el autor naturalista hace saltar
acordes á la caída de la tarde.

***
Martes 10 abril 1883,-La. narii de Zolá es una
nariz particular, es una nariz que interroga., que
ap1·ueba, una nariz que está alegre, una nariz
que está triste, una nar·iz en la cual reside la fisonomía de su dueño; una verdadera na1·iz de
perro de caza; las impresiones, las sensaciones,
los apetitos, dividen su punta en dos pequeños
lóbu1os que, en ocasiones, parecen inquietos.
Hoy no ebtá inquieta esa punta de nanz y repite
lo que la voz contristada del novelista formula,
en el tono de un «Hermano, morir habemos,&gt; a
propósito de la venta de nuestros libros futuros:
&lt;Las grandes ventas ... nuestras grandes ventas
han concluido.&gt;

***
Sábado 2 mayo 1885.-Esta tarde hablábamos
de supersticiones. Zolá está realmente curioso
hablando en voz ba.¡a de estas cosas, misteriosamente, como si tuviese miedo de una oreja ttmit&gt;le que le escuchase en la somlira de la habitación. No cree en la vfrtud del número 3; el número 7 es el que, por el momento, constituye su
«porte-bonneur.&gt;
Y deja oír que la noche en Medán cierra sus
puertas por medio de combinaciones diabólicas.
Emilio Zolá, en su estudio.

deos y le oigo decir: «¡Vea usted cómo me tiemblan los dedos!&gt;
Y me habla de una enfermedad cardíaca. en
germen, de un principio de enfermedad en l a vejiga, de una amena.za de reumatismo articular.
Nunca los literatos parecen haber nacido tan
muertos como ahora, y sin embargo, nunca el
trabajo ha sido tan activo. tan incesante. Enclenque y neurosténico como lo es, Zolá trabaja.
todos los días de nueve ~ doce y media y de tres
á ocho. Todo esto necesita en la actualidad, con
talento y casi un nombre, para ganar su vida.
«Es p reciso-repite,-y no ere&lt;\ usted que tengo
voluntad; soy por naturaleza ua ser débil é incapaz de todo trabajo l argo é intenso. La voluntad, en mí, se halla reemplazada por la «idea fija&gt;, que me haría enfermar si no obedeciese á su
obsesión.&gt;
Mientras recorta una obrita dramática de &lt;Teresa Raquín&gt;, se dedica, por el momento, á buscar una novela en los mercados, te!ltado de pintar este mundo.
Y parte del día la paso hablando con este amable enfermo, cuya conversación se pasea, de una
manera ca.si infantil, de la esperanza á la desesperanza: «H;l periodismo, en el fon do-dice,-me
ha hecho un servicio: me ha hecho fácil el tl'abajo que en otro tiempo me era muy difícil. Era
una especie de fl.uio de ideas y de fórmulas,
obstruyéndose unas á otras hasta tal punto, que
me veía. en ocasiones obligado á dejar la pluma.
Hoy es un flujo regul ar, una corriente menos
abundante, pero que corre sin estorbos.&gt;

** *
Lunes 25 enero 1875.-Las cenas de Flaubert
no tienen suerte. A la salida de I a primera, cogí
mi fluxión al pecho. Hoy Fla.ubert, enfermo, falta; está en la cama. No somos más que Turgueneff, Zolá, Da.udet y yo. Se habla primero de
Ta.ine. Ca.da uno busca la manera de definir las
cualidades y 111,s imperfecciones de su ta.lento¡

ch o un camino b rillante para un hombre que no
cuenta aún treinta y ci nco años:
«¡Pues bien! ¡,Quieren ustedE's que les hable
desde el fondo de mi corazón?-exclama..-Me
mirarán ustedes como un niño, pero tanto peor.. .
Yo no seré jamás condecorado, yo no seré jamás
de l a Academia, yo no tendré jamás una de esas
distinciones que afirman mi talento. Para el público seré siempre un paria, sí, un paria.&gt; Y re•
pite cuatro ó cinco veces &lt;un paria.&gt;

. .... .. . ·· ··· .. .... ... ··· ··· ·· ····· · ... ......... .
Zolá está de vena y continúa hablándonos de
su trabajo, de la «puesta&gt; cotidiana de cien líneas que se arranca todos los días, de su vida
interior sin distracciones; tan sólo por la noche
algunas partidas de dominó con su mujer ó ln.
visita de algún p aisa.nc,. En medio de todo esto,
escápasele el confesarnos que en el fondo, su gran
satisfacción, su gran placer es sentit· la acción,
la dominación que desde su humilde agujero ejerce sobre París, y lo dice con el acento de un hombre de talento que ha brujuleado largo tiempo en
l a miseria.
Durante la confesión acerba del novelador realista, Daudet se r ecita á sí mismo versos provenzales, y parece gar garizarse con I a dulce sonoridad mus ical de la poesía del cielo azul.

***
Viernes 7 enero 1876.-En casa de Daudet, a.legre y encantadora cena a lrededor de una sopera
de &lt;bonillabaisse&gt; y de un asado de zorzales de
Córcega. Todo el mundo se sienta codo con codo
entre nerviosidades simpáticas y se come mejor
entre talentos que se estiman.
La satisfacción de Flaubert estalla en violencias de palabra, ante las cuales la gentil
señora de Daudet parece achicarse perezosament~; la satisfacción de Zolá se expansiona. en la
dicha, muy natural, de ver la fortuna y el dinero
tomar el camino de s11 hogar.

***
Martes 23 enero 1889.-Hablo un momento con
Zolá de nuestra vida entregada á las letras, en tregada como no ha sido entrega.da. por nadie en
ninguna época, y nos confesarnos que hemos sido
ve1·daderos mártires literarios, tal vez unos «bestias.&gt; Y Zolá me confiesa que este año, en que
frisa casi en los cincuenta., se ha visto cogido oe
nuevo por un retoiia.r de vida, por un deseo de
goces materia.les, é interrumpiéndose de pronto:
¡Sí,_ no veo pasar una mujer ¡oven, como esa, siu
decirme!: ¿Y no vale esto más que un libro'!

***
Miércoles 12 marzo 1890.-&lt;¿Qué hace usted
aho1·a?&gt;-dije al a.u tot· de la&lt;Bestia humana &gt;que
vino á sentarse junto á mí.
'
«-Nada..... decididamente no puedo comenzar .. .. Además, el«Dinero&gt; es de tal ma.neraextenso, que no sé por dónde cogerlo . . . . y los doc umentos de este libro, para hallarlos, para sab~r dónde hay que dar........ estoy rodeado de
dificult a.des como nunca .... ¡Ah! quisiera haber
concluido esos tres libros .... Después de el «Dinero&gt;, sí, vendt·á la «Gue1-ra&gt;, per·o no será una
novela; más bien será el paseo de un francés á,
través del Sitio y de la Cornmune .... En el tondo, el libro que me babia, que tiene para mí un
encanto especialísimo, es el último en donde pondré en escena á un sabio .... Este sd.bio ... estoy
tentado de hacerlo como un Claudio Bernara,
con la comunicación de sus papeles, de sus cai·tas .... Será entretenido .... h .. ré un sabio casado con una mujer retrógacta., beata, que dest1·u1rá sui:; obras á medida que él tra.ba¡e.&gt;
- ¿Y después, qué hat·á usted'?
-Después, lo más p1·udente sería no hacer más
libros .. . . irse de la liter atura..... pasar á una
nueva vida, mfrando la otra como acabada.. ....
-Pero ... no se tiene nuuc¡i, ese Vl\lor,
-¡Es ¡:r¡uy posible!

Subscripción mensual fon!.nea, $1.50
Idem ldem. en la capital, ., 1.25

GOBERNADOR L,TERIXO DE OAXACA.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 9 de Noviembre de 1901.

EMILIO ZOLA
\. PAGINAS DEL 1cDIARTO DE LOS GONCOURT»)

Sábado 27 a!?osto 1870.-Zolá viene á almorzar conmigo. Me habla de una serie de novelas
que quiere hacer, una epopeya en diez volúmenes, de la historia natural y social de una familia, de una obra que tiene ambición de iatentar,
con 111. exposición de los tempe1·amentos, de los
caracteres, de los vicios, de las virtudes, desarrollados según el medio ambiente y diferenciados como las partes de un jardín «donde hay
sombra aquí. sol allá.&gt;
Me dice: Después del análisis de lo infinitesimal en el sentimiento, tal y como lo ha ejecutado Flaubert en «Madama Bovary ;&gt; después del
análisis de las cosas artísticas, plásticas y nerviosas, tal y como ustedes lo han hecho; después
de esas «obras-joyas,&gt; de esos volúmenes cincelados, no hay lugar para los jóvenes; no queda
nada por hacer. nada por constituir, ni u n personaje ni una ligura por construir; únicamente
se puede ya hablar al público por la ca ntidad de
los volúmenes, por la potencia de la creación.

***
Lunes :3 junio 1872. -Hoy Zolá a lmuerza. en mi
1•a~¡1. Lt ,·eo co¡:er ¡t dos mAnos su vaso de Bur-

,

EL :MUNDO ILUSTRADO
Turgueneff nos interrumpe, diciéndonos con la
originalidad de su pensamiento y e~ dulce murmullo de su palabra.: «La compa.rac1ón no es 1,10ble, sefiores, pero permitidme comp!l'rar á Ta.me
con un perro de caza que yo be temdo: vente~ba. hacía la muestra, realizaba. todo el maneJO
de'un perro de caza á las mil maravillas; pero,
¡ahí tienen ustedes!, carecía de olfato y tuve que
vender le.&gt;
.
Zolá es completa.mente feliz, está entus13:~ma.do con la excelente cocina, y como yo le dl¡ese:
-Zolá, ¡,es usted por ventu:ra &lt;~our~9:nd&gt;?
-Sí-me respondió;-es m1 úmco v1c10, y en
mi casa, cuando no ha.y algo bueno de comer, me
siento desdicha.do . . ... . No ha.y más que esto. •.
las demás cosas no existen par a mí. . . . . . ¡Ah!
¿ustedes no saben la vida que llevo'?&gt;
Y helo aquí ensartando con una faz sombría el
capítulo de sus miserias. Es curioso cómo las
expansiones del joven novelis~a vienen á dar en
seguida en pal abras melancóhcas.
Zolá ha comenzado uno de los cuadros más
negros de su juventud, de las .ªl!lª~guras de su
vida de todos los días, de las m1ur1a.s que _se le
han dirigido, de la suspición en que se le tiene,
de la especie de cuarentena. que se hace en derredor de sus obras.
Turgueneff dice á media voz: «Es particular:
un ruso amigo mío, hombre de gran ingenio, afkma.ba que el tipo de J . J . Rousseau era un tipo
francés, y que sólo se hallaba en Francia.&gt; Zolá, que no ha oído, continúa gimiendo, y al decírsele que no tiene por qué quejarse, que ha b, -

Lunes 19 febrero 1877.-... Entonces Fla.ubert
se pone á atacar-siempre con grandes sombrerazos al talento del autor,-se pone á atacar los
prefacios, las doctrinas, las profesiones de fe natura.listas de Zolá.
Zola responde poco más ó menos esto:
« ... Tiene usted una pequeña. fortuna que ba
podido usted defender de muchas cosas.... . Yo,
mi vida me he visto obliga.do á ganat·la. absoluta.mente con mi pluma; me be visto obligado á
pasar por todo género de labores, sf, de las más
«despreciables&gt;.. . ¡Ah Dios mío!, me budo como
usted de esa palabra «natur alismo&gt;, y sin embargo, yo la repetiré, porque ~as cosas necesitan un
bautismo para que el púbhco las crea nu~vas ...
Vea usted, bago dos partes de lo que escr_1bo: de
un lado mis obras, por las cuales se me ¡uzga y
p0r las cuales deseo ser juzgado; de otro Jado
mi folletín del «Bien Public,&gt; mis artículos de
Rusia, mi correspondencia de Marsella, que no
representan nada para mí, que desec_h o que sólo me sirven para hacer espuma á mis libros.
«Primeramente be puesto un clavo y de un martillazo le he hecho entrar un centímetro en el ce
rebro del público; después,de un segundo golpe,
le be hecho entrar otros dos centímetros... Pues
bien, mi martillo es el periodismo, el ruido que
hago yo mismo alrededor de mis obras.&gt;

~L MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO ll.--NÚM. 20.

MÉXICO, NOVIEMBRE 16 DE 1902.

Oerente1 LUl6 Rtl't&amp; &amp;PINDOLA.

a1recton LIC. RArAtL Rtl't&amp; &amp;PINDOU.

r

***
Lunes 30 junio 1881.-La. casa de Zolá en Medán ... Una propiedad que le ha costado ya 200,000
francos y cuyo primitivo precio de adquisición
creo que fué 2,000 francos. Un gabinete de trabajo amplio y alto de techo; sobre la chimenea se
lee: «Nulla dies sine línnea&gt;; en un rincón se
percibe un órgano &lt;melódium&gt;, con voces angé·
licas, del que el autor naturalista hace saltar
acordes á la caída de la tarde.

***
Martes 10 abril 1883,-La. narii de Zolá es una
nariz particular, es una nariz que interroga., que
ap1·ueba, una nariz que está alegre, una nariz
que está triste, una nar·iz en la cual reside la fisonomía de su dueño; una verdadera na1·iz de
perro de caza; las impresiones, las sensaciones,
los apetitos, dividen su punta en dos pequeños
lóbu1os que, en ocasiones, parecen inquietos.
Hoy no ebtá inquieta esa punta de nanz y repite
lo que la voz contristada del novelista formula,
en el tono de un «Hermano, morir habemos,&gt; a
propósito de la venta de nuestros libros futuros:
&lt;Las grandes ventas ... nuestras grandes ventas
han concluido.&gt;

***
Sábado 2 mayo 1885.-Esta tarde hablábamos
de supersticiones. Zolá está realmente curioso
hablando en voz ba.¡a de estas cosas, misteriosamente, como si tuviese miedo de una oreja ttmit&gt;le que le escuchase en la somlira de la habitación. No cree en la vfrtud del número 3; el número 7 es el que, por el momento, constituye su
«porte-bonneur.&gt;
Y deja oír que la noche en Medán cierra sus
puertas por medio de combinaciones diabólicas.
Emilio Zolá, en su estudio.

deos y le oigo decir: «¡Vea usted cómo me tiemblan los dedos!&gt;
Y me habla de una enfermedad cardíaca. en
germen, de un principio de enfermedad en l a vejiga, de una amena.za de reumatismo articular.
Nunca los literatos parecen haber nacido tan
muertos como ahora, y sin embargo, nunca el
trabajo ha sido tan activo. tan incesante. Enclenque y neurosténico como lo es, Zolá trabaja.
todos los días de nueve ~ doce y media y de tres
á ocho. Todo esto necesita en la actualidad, con
talento y casi un nombre, para ganar su vida.
«Es p reciso-repite,-y no ere&lt;\ usted que tengo
voluntad; soy por naturaleza ua ser débil é incapaz de todo trabajo l argo é intenso. La voluntad, en mí, se halla reemplazada por la «idea fija&gt;, que me haría enfermar si no obedeciese á su
obsesión.&gt;
Mientras recorta una obrita dramática de &lt;Teresa Raquín&gt;, se dedica, por el momento, á buscar una novela en los mercados, te!ltado de pintar este mundo.
Y parte del día la paso hablando con este amable enfermo, cuya conversación se pasea, de una
manera ca.si infantil, de la esperanza á la desesperanza: «H;l periodismo, en el fon do-dice,-me
ha hecho un servicio: me ha hecho fácil el tl'abajo que en otro tiempo me era muy difícil. Era
una especie de fl.uio de ideas y de fórmulas,
obstruyéndose unas á otras hasta tal punto, que
me veía. en ocasiones obligado á dejar la pluma.
Hoy es un flujo regul ar, una corriente menos
abundante, pero que corre sin estorbos.&gt;

** *
Lunes 25 enero 1875.-Las cenas de Flaubert
no tienen suerte. A la salida de I a primera, cogí
mi fluxión al pecho. Hoy Fla.ubert, enfermo, falta; está en la cama. No somos más que Turgueneff, Zolá, Da.udet y yo. Se habla primero de
Ta.ine. Ca.da uno busca la manera de definir las
cualidades y 111,s imperfecciones de su ta.lento¡

ch o un camino b rillante para un hombre que no
cuenta aún treinta y ci nco años:
«¡Pues bien! ¡,Quieren ustedE's que les hable
desde el fondo de mi corazón?-exclama..-Me
mirarán ustedes como un niño, pero tanto peor.. .
Yo no seré jamás condecorado, yo no seré jamás
de l a Academia, yo no tendré jamás una de esas
distinciones que afirman mi talento. Para el público seré siempre un paria, sí, un paria.&gt; Y re•
pite cuatro ó cinco veces &lt;un paria.&gt;

. .... .. . ·· ··· .. .... ... ··· ··· ·· ····· · ... ......... .
Zolá está de vena y continúa hablándonos de
su trabajo, de la «puesta&gt; cotidiana de cien líneas que se arranca todos los días, de su vida
interior sin distracciones; tan sólo por la noche
algunas partidas de dominó con su mujer ó ln.
visita de algún p aisa.nc,. En medio de todo esto,
escápasele el confesarnos que en el fondo, su gran
satisfacción, su gran placer es sentit· la acción,
la dominación que desde su humilde agujero ejerce sobre París, y lo dice con el acento de un hombre de talento que ha brujuleado largo tiempo en
l a miseria.
Durante la confesión acerba del novelador realista, Daudet se r ecita á sí mismo versos provenzales, y parece gar garizarse con I a dulce sonoridad mus ical de la poesía del cielo azul.

***
Viernes 7 enero 1876.-En casa de Daudet, a.legre y encantadora cena a lrededor de una sopera
de &lt;bonillabaisse&gt; y de un asado de zorzales de
Córcega. Todo el mundo se sienta codo con codo
entre nerviosidades simpáticas y se come mejor
entre talentos que se estiman.
La satisfacción de Flaubert estalla en violencias de palabra, ante las cuales la gentil
señora de Daudet parece achicarse perezosament~; la satisfacción de Zolá se expansiona. en la
dicha, muy natural, de ver la fortuna y el dinero
tomar el camino de s11 hogar.

***
Martes 23 enero 1889.-Hablo un momento con
Zolá de nuestra vida entregada á las letras, en tregada como no ha sido entrega.da. por nadie en
ninguna época, y nos confesarnos que hemos sido
ve1·daderos mártires literarios, tal vez unos «bestias.&gt; Y Zolá me confiesa que este año, en que
frisa casi en los cincuenta., se ha visto cogido oe
nuevo por un retoiia.r de vida, por un deseo de
goces materia.les, é interrumpiéndose de pronto:
¡Sí,_ no veo pasar una mujer ¡oven, como esa, siu
decirme!: ¿Y no vale esto más que un libro'!

***
Miércoles 12 marzo 1890.-&lt;¿Qué hace usted
aho1·a?&gt;-dije al a.u tot· de la&lt;Bestia humana &gt;que
vino á sentarse junto á mí.
'
«-Nada..... decididamente no puedo comenzar .. .. Además, el«Dinero&gt; es de tal ma.neraextenso, que no sé por dónde cogerlo . . . . y los doc umentos de este libro, para hallarlos, para sab~r dónde hay que dar........ estoy rodeado de
dificult a.des como nunca .... ¡Ah! quisiera haber
concluido esos tres libros .... Después de el «Dinero&gt;, sí, vendt·á la «Gue1-ra&gt;, per·o no será una
novela; más bien será el paseo de un francés á,
través del Sitio y de la Cornmune .... En el tondo, el libro que me babia, que tiene para mí un
encanto especialísimo, es el último en donde pondré en escena á un sabio .... Este sd.bio ... estoy
tentado de hacerlo como un Claudio Bernara,
con la comunicación de sus papeles, de sus cai·tas .... Será entretenido .... h .. ré un sabio casado con una mujer retrógacta., beata, que dest1·u1rá sui:; obras á medida que él tra.ba¡e.&gt;
- ¿Y después, qué hat·á usted'?
-Después, lo más p1·udente sería no hacer más
libros .. . . irse de la liter atura..... pasar á una
nueva vida, mfrando la otra como acabada.. ....
-Pero ... no se tiene nuuc¡i, ese Vl\lor,
-¡Es ¡:r¡uy posible!

Subscripción mensual fon!.nea, $1.50
Idem ldem. en la capital, ., 1.25

GOBERNADOR L,TERIXO DE OAXACA.

�.Domingo lA de Noviembre de 1902.

Et MtJNt&gt;O !LUS'l'RADO

EL MUNDO ILUSTRADO
Apresuramos el paso, vemos &lt;le prisa, vamos de prisa. Quiero llevar á mi amigo á la
Sixtina; es formidable eHto de ver la Sixtina
después de recorrer S. PeJro; es una ascensión al Popocatepetl ( moralmente hablando, se
entiende). Pero sin broma, quecla el espíritu
fatigado por días enteros; y no hay tiempo que
perder, mañana Raldremos para Xápoles.

II

V:

• t

LVI, volví y ........ volví. ¿Volveré?
Chi lo sa? Arrojé deYotamente cinco ó seis monedas en la fuente de
Trevi, porque quien esto hace, vuelve ...... Todo es bello en Italia, hasta lo feo tiene un alma de belleza; al menos así lo quise ver y lo
vi así; pero Roma, Roma, agrega un trozo de
mundo ideal al mundo del espíritu, se siente
uno dueño de más......... Ya Goethe lo había
dicho: Roma agranda las almas de quienes
la comprenden. ¡Ay! ¿la comprendí yo? La
pude apenas comenzar á deletrear........ Pero
supe amarla; me queda en el fondo del corazón la deliciosa amargura de haber sabido
amarla, de amarla todavía. Con razón dicen
los eruditos que el not'nbre sagrado y esotérico de Roma, es su anagrama «Amor.,,
Volví á San Pedro. Torné á pararme junto
de las toscas, soberbias fuentes, negras y estallando en agua empenachada de irises [reincido en este pluralillo antiacadémico]; torné á
contemplar sobre el cimborrio de )lignel Angel la curva soberana &lt;le la cúpula, reentré en
el inmenso pórtico, reví la estatuaza de Carlomagno, resonreí ante los temas de los relieves
en bronce del portón de Filnrete, y por una
de las puertas de In derecha nos colamos en
la Iglesia.
Rompiendo brumas y nublados invernales,
había salido por fin á cara descubi...-rta el sol
[lo ministro maggior della natura [Dante];
había barrido con su gran brocha de oro el
cielo, dejando amohtonadas en las montañas
fl-abélicas los copos de nubes y de nieves; había dado á la sombra húmeda de las calles su
marco bruñido, y multiplicado en las ventanas, balcones y cornisas altas, los pintorescos
abigarramientos de ropas tendidas á secar, lo
que mis compañeros encontraban indigno de
la cacareada cultura europea, y á mí me parecía encantador. Xo sabemos en mi tierra el
oro que tenemos con tener el sol tan barato;
aquí, aun en Italia, el país del sol. tiene una
demanda incalculable, supera terriblemente á
la oferta, y en sólo un turno de dos horw, sec~n su ropa por dos semanas treinta ó cincuenta mil «almas", como dicen los estadísticos,
para quienes las almas gastan 1.apatos y pantalones.
,,
Bajo el sol que la iluminaba y la penetraba
como si fuese un bloque de cristal de roca, la
claridad «sui géneris" de Sa.n Pedro parecía
mayor, más nítido el ampo de los mármoleR,
más clara y pura la soflama misteriosa que
irradiaban los pilareR, las estatuas, los sepulcros; todas las penumbras daban relieve á las
formas y matizaban con vagas azulosi&lt;lades
las crudezas blancas de las piedras; todos los
mosaicos parecían hechos de gemas, vidan,
no había sombra.

Por supuesto habíamos suprimido al guía;
la última vez Araluce y yo fuimos solos y la
iglesia estaba sola casi: dos ó trescientas ¡,ersonas: era todo, era nada. Hedeker dice: á la
derecha; nosotros tomamos á la izquierda. Ya
11abia de memoria mi itinerario, es un desfile
de maravillas de segundo y hasta de tercer orden ¿puede decirse esto? La tapa de p6rfido

del sepulcro del emperador Hadriano, convertida en fuente bautismal; si el delicadísimo escéptico que se llam6 H11driano se hubiese imaginado el destino de su mausoleo (Santangelo ), el de su sarc6fago (fuente bautismal),el de
su Pantheón (Santa María la rotonda-el Pantheón actual), se habría encantado de antemano, le divertían mucho las Rorpresas del destii:o, para él Zeus debió haber sido un Anpremo titiritero. Luego la «sagrestia»; las sacri~tías
debimos decir, dentro de ellas caben varias
iglesias; también aquí hay columna;: &lt;le la «vill1u de Hadriano: y cuadros de Giot.to, que estaban en la antigua basílica: ¡qué cu11drosl
todo se ve venir allí en esos cuerpos rígidos,
en esos coloridos marchitos y e-in jugo, C'D &lt;'ROS
San Pedros y San Pablos horriblemente torturadoR, en aqtielln «madonna&gt;1 tristísima y dulce que canta un poema sordo con la luz ,·ciada de los ojos; todo se ve venir, la forma, el
color, el arte: Giotto no es un primit.iYo todavía, es un ancestro, un precursor. Y, sin embargo, ya la poesía italiana hablaba en aquella aurora del siglo XIV su lenguaje eterno:
Dante Alighieri había escrito la «Commedia»,
que nosotros llamamos divina y de la cual ·
puede educirse toda la poei.ía. romance, aun
la nuestra, aun la de hoy .....
Dejemos estas disertacioneR para otro día en
que mis lectores estén prevenidos y no ~e embarquen; y dirán y con razón, para leer e:stas
cosaf',allí están los diccionarios, los Larouses y
los enciclopédicos...... Perdón, pues, y salgamos de la sacristía. ¿No quieren uRtedes que
nos detengamos ante esta dalmática. de C'arlomagno, ante estas primorosas miniaturas de
Giotto (todos los «primitiv0sn eran miniaturistas que sabían dar á sus miniaturas proporciones enormes), que en un libro vetnstfaimo
del «Archivo de S:i.n Pedron nos muestra un
risueño cleriguillo?
Fuera, pues, de la sacristía, hay cosas allí
para admiradas en veinte 6 treinta visitas y
volvamos á nuestra nave izquierda. Siga el
desfile, es decir, Rigamos &lt;lei-fil11ndo; para meternos en la sacristía, habíamos dejado atrás
una buena parte de la nave: defl-anclamos paso
á paso el camino n.ndado, no para ver suntuoRos sarcófagos de pontíficeR, por Tenerani, ó
Thorvaldsen, 6 Cario Maratta ó los viejos Pollajuoli, por interesantes que sean, ni los mosaicos reproduciendo en triples ó cuádruples
proporcione~, pero con fidelidad notable, algunos originales cflebres como la «Transfiguraciónn de Rafael, sino para hacer nueva estación clelant.e rle los últimos Yást1gos directos
de l\Iaría Stuardo y de su nieto Carlos (entrambos degollados), vástngoH sin savia que se
extinguieron, 6 tristes, ó alcohólicos ó im potentes. ¡Qué bien lloran sin lágrimas el fin de esta
raza «de lus dolientes destinosn ese par de figuras en relieve que se apoyan sobre sus antorchas muertas y en las que Canova, genial esta
vez á fuerza de simple sinceridad, ha esculpido un acorde de infinit'l, de incurn.ble melancolía! Enfrente, sobre una puert'l, la tumba
de la madre de estos pobres degenerado;:, una
Sobieska, un nombre glorioso que es como el
epitafio de un pueblo muerto, ele Polonia,
cuya suerte hemos llorado los hombres de mi
generación con lágrimas materialeA, como que

nos parecía que llorábn.mos á nuestra pobre
Patria, también en agonía entonces! Y yo que
decía que no había sombras en S. Pedro; todo
es muerte aquí, todo es sombra.

***
Unos grandes tablados forrados de paños
rojos, á entrambos lados de la sección superior del crucero entre el baldaquino y el áb:;;ide, nos drscomponían la bellí11ima perspectirn
de conjunto que se abre ante la vista. deRde la
puerta de la sacristía y que abraza todo el fondo y toda la altura del inmenso santuario.
Seguimmi, pues, «detallando» sepulcro;:: los
que más dicen por los recuerdos, son los de San
Gregorio :\Iagno, el verdadero fundador del
pontificado universal, y de Palestrina, cuya
alma es todavía de este mundo, pues que la
re.¡ucitan perennemente los órganos y los orfeones que dan alas á sus &lt;livinaR notaR, y por
cierto que tocla la evolución de la múi&lt;iea religiosa está encerrada entre rsos dos nombres:
Snn Gregorio )Iagno y Palestrina, el organizador del c:rnto-llano y el que hace brotar la
m(1sien. religiosa. de su capullo litúrgico como
una mariposa de oro y de luz; toda la edad
media, toda la edad mí1;tica esti encerrada entre ese papa y ese inspirado; falta un nombre
para completar esa trinidad &lt;le creadores de
la música cristiana, el del monje renegado
que puso en música sublime y sencilla la letra bíblica de la protesta y In. revolución religiosa: )lartín Lutero.
Sepulcros y mosaicos: en San Pedro triunfa
el mosaico, el mosaico absorbe y domina.; tapiza la cúptila entera, las pilastras, los altarei;;
sólo aquí cerca de nosotros había un cuadro
1\1 óleo, pintado en una pizn.rra: no me dice
nada; en cuanto á lafl copias amplificadas de
Rafael, del Dominiquino, de Güido Reni, «e
tutti quanti1&gt;, son e!:&gt;pléndidas y maravillosas;
á la primera vii,iü1. imbyugan; def'pués hacen
el efecto que una sinfonía de Beethoven toen.da
por un piano mecánico de primer orden. ¡Y
Bernini ! )fi obsesión; me empeiio en admirarlo; aquí tenemos el sepulcro de Alejandro
VII: ¡qué lujo de enormes pafios imitados profusamente en múrmoles y pórfidos de coloreR
monumentales! 8i este hombre hnhiei-e tenido
gusto, es decir, el don de la proporción harmónic.~, el de la sobriedad en la exuberancia
que Miguel Angel tiene! Entonces no r-ería
Bernini. Xo le hace, e;:ta pompa me seduce,
aunque no me persua&lt;le.
Saltamos por encima de los palitroques; sacristanes benévolos ante nuestro aspecto exótico nos a.bren las barrera;:, hacemos nueva
ertación larga en el úhside, la est1tua de la
Julia Farnesio (la llamamos así en honor de
nuestro gufa) agarra bien á mi compañero y
por fin seguimos y hacemos otro alto largo,
pero bien largo, frente al mausoleo de Clemente XIII, de Canova; no he visto cosa igual,
por el realismo y exactitud &lt;le! detalle, á la estatua arrodillada que corona el monumento;
desde un úngulo de la pilastra vecina, '&gt;e la ve
mo,·er los labios en un rezo perpetuo. ¡Y los
leones! Estos son populareR, ei-tún copiados en
todas partes; el que duerme, sobre todo, es
magnífico.

Signen los mosaicos y los monumentos sepulcrales. En esta capilla nos detenemos, después ele wr, no de n.dmirar, los mausoleos en
que yacen dos mujere!'&lt;, una. grande por su firmeza, por su prudencia, por su fe, la condeRa.
)!atilde, la amiga del inmenso hombrecillo de
bronce que fué Hildebrando, el fundador del
pontificado teocrático en In Edad )Ieclia que
no pas6 de un boceto gigantesco y trágico,y la
reina Cristina. de Suecia, la hija del apÓRtol armado de acero y de gloria que :sal ,•ó para siem- ·
pre la suerte del protestantismo en la Europa
central, la versútil,melaucólica y siniefl-trn
Cristina que se convirtió en Roma al catolicismo y cuya grandeza.
teatral está en perfect:1.
coni&lt;onancia con sn
pomposo sepulcro.....
Dería yo que nos cletm·imos frente á la reja de hierro de una capilla, para ver otros
fl-epulcros: uno muy
bajo, un lecho de
muerte, hecho ú maravilla, con RU paño fúnebre tendido sobre In.
estatua yn.cente, plegado y arrugado lwst'l
hacerlo parecrr flexible como un lienzo. PS
la tumba &lt;le Rixto IV;
al pie &lt;lel lecho mc,rtuorio hay una lúpicla
de bronce, es el Repulcro de un Robrino• de
Rixto, de otro· Hon•re,
¡de Julio II! ~ingular,
singular ..... .

do,en una especie de jaula dorada, una colum•
na d~l templo de Salomón, bastante raquítica
por cierto, y bastante poco salomónica., de se·
g~1r?, que fné el pa~rón amplificado por Bermm en _el «bal&lt;laqumo» y copiado después en
los retablos barrocos, platerescos y churriaue•
rescos de que están i11unclados Italia y E~pa·
ña y sus antiguas posesiones ultramarinas.
En el fondo, sobre un altar ( cuando su autor la supuso al ras del suelo), el grupo diYino de ((la Pietá:" una Nuestra Señora de las
Angustias, como dirían en mi tierra. El Cristo es un Apolo (el Apolo del Belvedere había
sido ya descubierto y Buonarroti lo conocía),
es un Apolo herido, exangüe y sin músculos
casi, que descansa, en el regazo de una mujer,
del dolor de vivir, y que se ha dormido 6 ha
muerto;no es fácil precisarlo. La Virgen,dulce·
mente joven, mira sin ve:. aquel largo cuerpo
eshelto, que sostiene en sus brazos, y el bellísimo rostro ligeramente barbado que cae exánime y que se adivina pálido bajo la nítida transparencia del mármol. Ella ( ¡qué mara,·illosa

Domingo 16 de Noviembre de 1902.
mano esa que· comprime y se imprime en e1
costado del cuerpo desnudo!), ella, sin lágri ·
mas, parece pre:;a &lt;le mortal angt,stia intelectual y moral, ¡~arecc que una sombra. pasa por
su alma: ¿resucitará'? ¿es Dios? ¿no es másqu3
mi hijo'? m artista que esculpió este admirablr grupo, era ya un filói-ofo por el espíritu,
apenas era un cristiano. ¡Oh! sí, conozco Ju
interpretaci6n auténtica. da&lt;la por l\Iiguel-Angel: «he querido que expresara la inmaculada
pureza de la Yirgen, por ceo el rostro ef&lt; tan
joven.,, A pesar de tollo, la angustia aquí no
e::; la expresión de un profundo dolor de madre impregnado de horror por la ciega injusticia de los hombres; es una honda tragedia
psicológica lo que ei;a fü;onomía austera. y pum me dice. Y no oigo que eso mismo os dirá
á vosotros, ¡oh lectores!, pero de vosotros no
respondo; dti mí, con mucho trabajo.......
.

***
Para resumir la impresión de San Pedro,
¿qué hay que hacer'? ¿Yoh·er á paran;e en la

***
En la c:tpilla de l\I iguel Angel, rcrc.'l. de
la puerta., recién cc,rrada, del jubileo, nos encontramos ú un peregrino rezagado, á Alberto Binnchi, nomhrr
no sé si conocido hoy,
pero mn_v popular en
mis tiPmpo,- de político, cuando rl Sr.
Lerdo, sin cmwicciún
y sin ganas hacía enRayos de rlPRpotismo.
El Sr. Lerdo, muy se,·eramente autoritario,
pero i rn prcgnaclo, co •
mo todos lo;: ahogado,;
lo estamos. de i-uperstición lep;al, á pesar ,le
su profundo ei-cepticismo, había nacido
para ser un gran ministro; pero no puclo
;:rr un gran ministro
de sí mismo, porque
le faltó ...... Renuncio
á dar á mis lectores
una lección de hist0ria política, que tras
de Her probablemente
errónea como todas las
de los contemporÍlueos, habría de fastidiarles tanto, por lo
menos, como á mí.
Entramos en el antro
-..el monstruo: á un la-

13ASILICA DE SAN PEDRO,-"La Con:ei;lón,"

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 16 de Noviembre de 1902.

las naves, en todos los idiomas, agitando sus
banderas de todos los colores, prosternándose
en todas las adoraciones, encrespúndose y calmándose rítmica.mente como un nuevo mar
Rojo, surcado por una procesión sin fin de centellan tes alabardas, de mitras coruscantes,
de tisús de oro, de sedas, de púrpuras, de encajes, y en medio de las azulosidades embalsamantes de los incensarios y de los vaivenes
lentos de los ventalles de plumas blancas, alzado en andas como una divinidad de Oriente,

rueda de pórfido de los emperadores y recoger
en el foco visual aquellas inmensidades arquitectónicas de la na ve principal, los arcos asentados sobre altísimas simetrías de relieves y
mosaicos, desplegando bajo triunfales esculturas sus impecables curvas, los perfectos medios cilindros de las bóvedas decoradas hasta
lo infinito de tableros ornamentales, y más
allá del baldaquino, soberbio y solo bajo la
claridad celeste de la in visible cúpula, la gloria de oro de la «cátedra» de S¡¡.n Pedro en el

Sepulcro de Clemente XIII.

fondo del ábside, que se ve como por el otro
extremo de un anteojo, muy lejana, muy grande, muy precisa... ? No, éste sería un fragmento de impresión material; el monumento es
más aún que una maravillosa perspectiva, es
un ser moral.
Precisa verlo llenando su función, ¡;,irviendo de albergue á la iglesia católica, á la asamblea de los fieleR, y de marco apoteótico al vicario de Cristo. Tres ó cuatro millares de peregrinos gritando sus cánticos religiosos bajo

un hombre blanco, surgiendo de su manto rígido á fuerza de oro y de gemas, bajo la cúpula simbólica de la tiara, tendiendo á la multitud que fija en él las delirantes.miradas azules, los apasionados ojos negros, la mano trémula y bendecidora, mientra&lt;; pliega sus labios
una perenne sonrisa de ternura v de absolución. Así, en esas horas en que ·¡a iglesia militante se tiende como un puente ,·isible de
esplendor hasta tocar los bordes de la iglesia
triunfante, es cuando el templo católico «es,iJ

Domingo 16 de Noviembre de 1902.

en toda la fuerza de la palabra, entonces se
explica á sí mismo, entonces vive, entonces sí
que su cúpula parece un firmamento reducido
á las proporciones de la frmte de un pueblo ...

Es evidente; no para mí, no es en la «sedia
gestatoria,i en donde está la clave ele esta obra
estupenda. Sino aquí, en esta capilla sepulcral de los La Rovere, aquí en esta tumba casi oculta al pie de la
de Sixto IV; en el sepulcro de Julio II. Del
fondo del alma del
hombre extraordinario
y duro, que aquí humildemente yace, nació San Pedro; pero
por grados: primero
quiso, como los faraones, tener un mausoleo
inmemo y verlo. Llamó á Miguel AngP.l, el
artista le proyectó una
montaña de mármol
prodigiosamente animada por todas las
graneles figuras de la
]glesia anterior y posterior al Cristo. El Papa aceptó. ¿.Y dónde
alojar aquel milagro
escultural? En San Pedro mismo. Pero la
viE&gt;ja basílica de Constantino v San SilvestrE&gt;, en la·que cada agonía y cada triunfo dr.
la Iglesia. habían dejado una reliquia, en
donde cada 1,iglo había
puesto un monumento, en donde las huellas de las profanaciones, de los sacrilegios,
de los nsaltoi&lt;, &lt;le los
incendios, babínn sido
cubiertas con las argenterías, y los relicarios y los moFaicos de
los donativos imperiales y populares, E-n
donde no había un objeto sin historia, ni un
ara Fin recuerdo, ni
una obra r-;in la firma
de una fpocn, la cateclral de los Carolingios
y de los OtémidnR, de
Grrgorio Mngno, de
HildE&gt;brnndo, de Jnoce11cio III, rste templo
renunen del nrte criRtinno en los siglos precur~orefl, 110 hastahn
para contener el sepulcro &lt;le Julio II, e1apequE&gt;iio, y, ademfü,,
amenazaba ruina. RntonceF, mientras Miguel Angel iba á vaciar
las canteras de Carraia
de sus bloques de mármol inmaculado, apareció Bramante «il rovinatore;&gt;J y, efectivamente, estos divinos
artistas del Renacimiento, en su horror á
lo que no era el arte
helénico, eran á un
tiempo sublimes constructores y destructores
vandálicos; el pasado les era odiorn de Alejandría hacia acR.
Y Bramante proyectó su incomparable templo, coronado por la cúpula del Panteón de
Agripa extraída de su concha y erigida á la
plena luz del cielo. Y entonces el Papa olvidó
su sepulcro y enfureció á Migliel-Angel y empezó á extraer dinero al mundo católico para
aquel edificio que aplastó y deshizo á la vieja
basílica llena de historia y de unción bajo

El MoiEés de Miguel Angel.

-

sus pies de mármol (apenas quedan de ella
fragmentos enterrados en las criptas de San
Pedro, en las «sagre grotten). Murió el arquitecto, murió bebiendo oro líquido (sic) el
Papa Julio, y sus sucesores continuaron su
obra. gigantesca y extrayendo de todas partes
el oro sólido, sobre todo de la fe y el temor de
las almas; de aquí la venta de las indulgencias en AIP.mania, y la lava de la protesta germánica entrando en ebullición espantosa, y el
cráter abierto en la boca de Lutero, y la erupción y el cisma. Todo ello pudo nacer de mil
otras cosas; pero nació de la idea de construir
una tumba á Julio II. ¿En dónde está e8a
tumba? En fragmentos ciclópeos, aquí y allí
esparcidos. En «S. Pietro in Vincolin está
uno de esos fragmentos, el Moisés de MiguelAngel. Pero la verdadera tumba está aquí.
aquí están los huesos, aquí está el singular
monumento que los rodea, el templo católico
por excelencia. ,Julio II quería una pirámide
y tuvo por sepulcro una basílica; su basílica
es su espíritu inmortalizado en mármol; su
paño fúnebre está en otra parte, está enclavado en la bóveda de la Sixtina. ¡Qué siglo, y
qué hombre y qué hombres! Y cuán fastidiados estarán mis lectores.

Justo Sierra.

EL ACTUU GOBBRNADOR DE OAIAr.A.
Publicamos en nuestra primera plana el retrato dP.l Sr. Lic. Miguel Bolaños Cacho, actual gobernador interino de Oaxaca, que ha
substituído al Sr. Gral. D. Martín González,
que es el gobernador constitucional.
El Sr. Bolaños Cacho es el gobernador más
joven en toda la República; le tocó ocupar ese
alto puesto en condiciones políticas muy difíciles para él, y lo ha desempeñado, á decir verdad, con toda cordura y prudencia, dejando
sii.tisfechos á todos, aun á los más exigentes,

E!-ta es-una prueba de q"ue tiene dotes especiales que seguramente serán aprovechadas en
alguna otra ocasión.
Una de las notas más sobresalientes en su
gestión, ha sido la lealtad para todos, especialmente para quienes debía. tenerla..
Enviamos un afectuoso saludo al joven gobernante, deseando para su carrera política
grandes y merecidos triunfos.
LA VISIÓN,

Un fantasma va pasando
Por el perfil de la sierra,
Un fantasma que parece
Ave y hombre, monstruo y fiera.
¿.Es un manto vaporoso
Lo que tras él se despliega,
O es un jaique lo que lleva?
De «tanto mirar,, su forma,
Toma figuras diversas, .
Y andar simula unas veces,
Y otras que inmóvil se queda,
Y días, semanas, años,
Está la visión perpetua,
Si se pierde ó no se pierde
Tras del perfil de la sierra.
Parece, al venir el día,
Guerrero de extraña tierra
Con dalmática vistosa
Y rutilante cimern.
Si se mira en los instantes
En aue la cálida siesta
Como en dorada neblina
A la montaña rodea,
El guerrero se transforma
En ave enorme que lleva
Sobre las alas gigantes
Un dios, en alto la diestra.
Entre el crepúsculo rojo
Manchado en tintas bermejas
Con bord1:1,dos de oro y plata

Y cortinajes de estrellas,
Sobre la cima del monte
El raro monstruo semeja
La apocalíptica forma
De evangélico poema.
Finge dE&gt; noche el fantasma
Desmesurada silueta,
Cuya frente da en la luna
Que le sirve de diadema.
Esta visión multiforme
Nünca pasa, nunca trepa,
Aunque parece que anda
Y aunque parece que vuela.
Cuando niño, ella ha formado Mis visiones de poeta,
Y quise mirar un día
Su horrible cuerpo de cerca.
Andando, andando y andando,
Subí trabajosas cuE&gt;stas,
Y al compás que más andaba
La visión era más bella.
Llegué hasta su pie gigante,
El alma en miedo deshecha,
Y al ver la visión sublime,
Lancé un grito de sorpresa:
Era un árbol milenario
Todo bíblica grandeza,
¡Con una ciudad de nidos
En la enorme cabellera!
SALVADOR RUEDA.

1os Juegos Florales da Puebla.
La circunstancin de haber logrado reunir ya
muy tarde, las fotografías de las damas v c~ba~
Jleros que tomaron parte en los Juegos Florale.f!
de Puebla, nos impide ofrecer á nuestros lecto.
res, én el presente número, la información ilustrada relativa al torneo mencionado.
En nuestra próxima edición la daremos tan
completa corno pudimos obtenerla, y con el esmero con que ahora, por la premura del tiempo no
nos hubiera sido posible hacerlo.
'

�~omingo 16 de Noviembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL 1fUNDO ILUSTRADO

,

cinco de la mañana, las inciertas luces del
Oriente comenzaron á infiltrarse á traYés ele las
espesas sombras que nos envolvían. La voz de
uno de nuestros compañeros nos hizo abando-

"

La narración hecha por el Sr. Deelí estÍI llena de detalles interei&lt;antes, y nos da. á conocer
las ca.usas por las que esta montafin no ha sido
escalada. tan ú menudo como el Popocatepetl.
X uei;tro interlocutor nos informó, en efc!'to,
que las enormes grietas y los desfiladeros del
Ixtaccihuatl constituyen una serie de obstúculos para la ascensión.

***
Las fotografías con que ilustramos estas páginas, dan ielea de los hermosos panoramas
que se presentaron á la vista de los atrevidos
extranjeros.

,

UNA ASCENSION

al Jxta~dQuatl

El Po pocatepetl visto desde el lxtaccihuatl.

grupo de extranjeros entuia:iastas,
cmbro_¡, d&lt;&gt;l Club de Alpinistas ele
Suiza, e"inprendió hace pocos días
una. atrevida ascensión al Ixtaccihuatl, gigantesro compañero del Pop~ratcpetl, cuyas r{,pidas pendientes y profundos precipicios han
:-ido siempre obst.1culoi;, casi insupPrahle:&lt;,
para la realización ue esta clnse de ascensionrs.
Provistos de cables, za.pnpicos y elemÍls instrumentos necesarios pa.m el ca.so, los «ttnistas» comenzaron su viaje por la montafia, poco antes de medio día, acompañados de algunos indígenas de Amecameca, en calidad de
guías.
Durante las primeras horas del viaje no se
registraron peripecias de ningún género, pues
el Ixtaccihuatl presenta en su parte baja amplios caminos por donde puede fácilmente escalari-e. 8ólo las fatigas naturales y propias
de una expedición de ef'a naturaleza, fueron
lasque experimentaron los «alpinistas», hasta
llc~.,r á la &lt;&lt;cm•va».
La &lt;ccueva» es una inmensa oquedad formada entre las rn~as y situada l'rrcif'nmrnte en
los límiteR de la nieve. Ln tf-niperatura en ese
lugar era de dos grados bnjo cero. Allí pernocta.ron lo« excursionii;ta~, aunque f'in conciliar el sueño, puefl el frío exngerado que i::e
ha.cía sentir ÍI :tquella altnrn, entumeci6 i"Us
c•uerpo,;, poniéndolo~ en con&lt;licionrs naJa prvpieinfl para. entr&lt;'garse ni descnnf&lt;o.
«Con ansia. ei;peramos -nos elijo el Sr. Dedí,
uno de los excursionistaf'-á que el sol hafinrn con sus rayos los inmensos bloques de hielo para disfrutar de un panorama ap!'nas imaginado por nosotros. ~Iinutos después de la:-

Domingo 16 de No,·icmbre de 1902.
madas por un::i de los miembros del «Club de
Alpinistas,» quien bondadosamente nos las
facilit6.

PÁGINA DE ALBUM.
En la primavera vi una mariposa saliendo
de su crisálida como del estuche de un abanico.
Primero aturdida, como deslumbrada por
la l uz solar, se arrastró torpemente por el suelo, estirando sus alas gomosas, aglutinadas,
pegadas al cuerpo como un vestido de seda
estrujado¡ pero el sol bien pronto le sec6 las
alas, y como una flecha desapareci6 en lamañana cálida.
Después de su partida, el interior de la crii;álida conservó por mucho tiempo sus colores:
bandas de púrpura, estrías de azul y puntos
de oro.
Pensando en e,:ta. crisálida y en las hermo-

Sobre los hielos.

Ori llas de Amecameca.

nar el estado de sopor en que nos encontrábamos, y con el miís grande de los entusiasmos
nos dispusimos á reanudar el Yiaje.
«Si el día anterior-continuíi nuestro informante- experimentamos fatigas n,eramente
corpora.lei:, no fué lo mismo e! día ele nuestro
viaje por las nieves; pues aparte del cansancio, llegamos hasta smtir el temor de la muerte, á cauia:a de habernos extra,·iado entre los
blancos témpanos. El ca.so fné como sigue:
Entregados mis compañeros y yo á merced de
los «gufas,» fiarnos en··ellos ·y ningún recelo
nos asalt6 al emprender la ascensión. Poco
después de caminar por la nieve, uno de nueRtros compañeros no tu-vo fuerza para. continuar
el viaje, pues se vi6 atacado del terrible «mal

Un "barranco.''

U?•a Yez en las altas planicies del Ixtaccihuatl, los &lt;cturistn!'» descorcharon una botella·
de champagne, y ha.hiendo apurado i;u contenido, pui-ieron en el casco sus tarjetas. La botella quedó sepultada en una ,&lt;tumba&gt;, de nieve, abierta por ellos con ese único objeto.
Sólo diez minutos permanecieron los ,&lt;alpinista~» en la. cúspide, pues los rayos sola.re~,
que caían á plomo sobre la inmensa mole de
nie,·e, y la falta de oxígeno hacían insoport,lble su permanencia en aquel punto.
El vértigo de las alturas comenzaba á inYndirlos y emprendieron el regreRo provistos del
cnhle que se ma en e~te grnero ele excursioneA. En el descl'nso, por m{1s precauciones que
i;e tomaron, no pudieron evitarse las caídas

En la cima.

sas huellas que había dejado ese espléndido
peregrino del cielo, me acordé de los corazones por donde el amor ha pnsa.do.
JosÉ E. C&lt;mPIAXl.
Buenos Aires.

·-·

En amor se p'.:!rdonan las ofensas recibidas,
pero un doloroso rccuerelo no Re borra jamás
del coraz6n.

***

En el amor valen más las pruebas que los
juramentos: las primeras son la seguridad, y
los segundos la duda.

***

El amor es sordo á los consejos y ciego al
precipicio, porque no reconoce ante el mundo
otra ley que la libertad, ni más dominio que
la locura.
·

Los "alpinistas.''
D espués de la ascensión.

r

-

'-

·.

Los "guílls.''

~~

.,

de montaña:» vómitos de sangre, vértigos, desprendimiento de la epidermis, ojos inyectndos,
etc., fueron las manifestaciones de la enfermedad. Alarmados todos, pretendimos emprender el descenso; pero nuef'tra nflicci6n no
tuvo límites al Yer que los guías desconocían
por completo aquellas regiones, y que no acertaban á imlicarno~ cuál era la vereda que debíamos seguir. Fiíci~ es comprender, dice ~l
Sr. Dedí, los trabajos que pasamos para, sal~r
del dominio &lt;le las nieres. Al fin lo conseguimos, y llevando á nueHtrÓ enmarada á cuestas,
lo dejamos en la «cueni• acompafiaclo de dos
indígenas.
.
«La tentación de subir basta la cúspide rlel
Ixtaccihuatl fué iiwencible para nosotro:&lt;, y ele
nue\'O emprendimos la_ caminata. :'.'.Iú'.' afortunados que en la vez pnmera, no tu,·1mos ya
otro accidente 1esgrnciado que lamentar, y
con miles de pe11alida.dEl? ll~gamos á la cumbre ca.si inhollada· del Ixtaec1huatl.-)) - ·-· -

'
.

..

~I lxtaccihuatl,

.

--

j
!-,-a bajada.

...
que sufrían &lt;'Ontinuamente los exp~elici&lt;!narios. Indudablemente que el cnble liberto de
la. muerte ÍI Yarios de ello,;. Atados con él,
de la cinturn, lograron mÍls de una vez ponerse á salvo del peligro. Dos horas duró el
descens0 hasta la «cue,·a,» en donde los esperaban las cabalgaduras que debían conducirlos á Amecameca.
Según nuestras noticias, ésta es la quinta ó
sexta. a.scen:-iún al Ixtaccihuatl.
' Las fotograffa-s q-ue pueblica-m-0s fuerQn tQ,·
'

-

...

·-

~

regreso á Amecam~

�EL MUNDO ILUSTRA.DO

Domingo 16 de Noviembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domñngo 16 de Noviembre

~

1902.

Nuevas estatuas en la Reforma.
serán descubiertas en
Paseo de la Reforma
estatuas de los Generales D. Juan José de la
Garza y D. Pedro José Méndez
fundidas por cuenta del gobiern¿
de Tamaulipas.
Los importantísimos servicios
prestados por estos Generales á la
causa nacional en las épocas aciagas de nuestras luchas por las
instituciones democráticas, y por
el afianzamiento definitirn de la
segunda Independencia, justifican, sin duda, el honor dispens:ido á la memoria de los dos il usT

____

.....

r ---

Estatua del General Méndel,
Aspecto de Tehuantepec después de la lluvia de cenilas.

de casas entre las cuales se cuenta la del Sr.
Gobernador del Est.ado y la que ocupa la Escuela Normal de Profesoras; otro en el que
están comprendidos el Palacio Municipal, que
destruyó el temolor de Septiembre, y uno de
los pril'lcipales establecimientos mercantiles.
Los edificios ofrecían un aspecto bellísimo, á
los rayos del sol.

La lluvia de Cenizas.
· _- Completati.,qi:-: nuestr¡i iníor~aci6n relativa
.á la. ll~via de cenizas ob;ervada el mes pasado
e~ una/extensa zona cle'fa República, con las
f~tograffas d~ Tehuantepec y TÚxtla Guti€rrez, _que aparecen en_ estas páginas y considerarnos de importancia.
· La vista general de Tehuantepec, tomada
por el señor F. Rabiella, muestra el aspecto
que de~pués de la lluvia presentaba la ciudad.
Los tejados y los árboles se ven materialmente cubiertos de cenizas. Fuera del pánico que,
c~nno, e~·a natural, produjo el fen6meno entre
l{&gt;s yecinos de aquella comarca, el espeQtáculo
d:E:bió de ser grandioso.
,:/En cuanto á Tuxtla Gutié-rrez. una de.las
poblaciones de Chiapas donde los movimientos sefsmicos y la 11 uvia fueron más notables,
pueden verse,en nuestros grabados un grup~

· ***

Un grupo de casas de Tuxtla Gutiérreiz.

...

Publicamos también otra fotografía en que
se ven: el portal derrumbado en parte por el
último temblor, en la Plaza Principal de Tuxtla, la Parroquia y la Alameda. Una de las
torres del tPmplo se mandó derribar, en vista
de que por las grandes ti.verías que sufri6, era
una amenaza para los trans.-iuntP.s.
Las fotografías de Tuxtla nos fueron bondadosamente remitidas por el señor José F.
Ca.macho, aficionado á cuya galantería las
debemos.

-

tres liberales. Méndez comenz6 su carrera militar á
las órdenes del general de la
Garza, y obtuvo fliempre sus
a!'censos como recompensa á
su brillante conducta militi~r y á su extremado Yalor. A los Yeintinueve años
de edad, poco después de recibir su despacho de General, murió combatiendo contra los francese8.
En cuanto al General de
la Garza,es una de las figura!' más grandes en la hisEstatua del General de la Garza.
toria de Tamaulipas. Fué
un soldado valiente y un
patriota que puso al servicio de la Nación todas sus energías cuando el
país necesitaba, para salvarse, el esfuerzo y el sacrificio de los buenos
mexicanos.

¡Oh reina!, ante tu solio me postro reverente,
pues tú eres la belleza, la gracia y el amor;
Apolo te designa lugar tan eminente,
las musas amontonan coronas en tu frente
y en medio de su triunfo te aclama un trovador.
Mujer mil veces reina, mujer cien vei::es diosa
y siempre para el hombre su claro luminar,
de ti surgi6 la madre, de ti naci6 la esposa
y ,Je un trozo de mármol de tu cantera hermosa
la Virgen sacrosanta que hoy brilla en el altar.
Tú animas y diriges el brazo del guerrero
que en la h6rrida batalla termina por vencer,
tú guías al marino que va sin derrotero,
tú alientai, al artista que asombra al mundo entero
y todo lo que es grande proviene de tu ser.
Permite que un !'aludo te envíe mi garganta,
ya ronca en el sonido, ya flaca en la expresión,
y sufre, reina mfa, la voz del que te canta;
su espíritu á tu impulso del polvo se levanta
y en Lázaro se trueca su pobre corazón.
Los dos representamos, por modo diferente,
el alma en esta fiesta de ,,Patria, Amor y Fe» :
yo evoco lo pasado, tú encarnas lo presehte;
yo me hundo en el Ocaso, tú luces en Oriente;
tú empiezas la jornada...... ¡yo presto acabaré!
Yo soy la lira rota y tú la poesía;
yo brújula de acero y tú la piedra imán;
idólatra ferviente, te sigo noche y día;
te di mi sentimiento, te di mi fantasía,
mis últimas endechas también por ti serán.
Permite, pues, ¡oh reina!, que traiga á la memoria.
estudiantiles tiempos que alegran mi vejez,
permita el auditorio que cuente aqui la historia
de cómo un Don Quijote sali6 en busca de gloria
y hoy vuelve á Zaragoza más loco cada vez.
MARCOS ZAPATA.

El valor en el sexo bello está sostenido por la dignidad: así, pues, la
joven coqueta, la esposa ligera, la viuda verde y pretenciosa, no pueden poseerlo; pero la mujer cristiana, suave y fuerte á la vez, como la
de la Escri tur!l., puede dar ejemplo de valor al más esforrado guerrero.
-Las ideas tienen tres gl'andes órganos para hacer eu aparición e11
el mundo: la prensa, la cátedra y la tribuna.

,-,,e~1-mr~!
..........

El po_rtal destr~ído por. los ~mblores, _

La Alameda y la Parroquia en Tuxtla Gutiórrei,

Una tehuana en traje de baile.

(Fot. Rabiolla),

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 16 de Noviembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO
te ti, y que ahora surgía-más conmovedor que
nunca, más grato, más inalcanzable.
Por qu6 crnzó en aquel entonces ante su camino·? :;in conocerla, acaso él, más tarde no
habría sospechado In. existencia &lt;le una' dicha fugitiva, apenas contem piada Ít distancia.;
mas el recuer.io llamaba á su puerta como el
pregonero de _goces _infinitamente dulces y tan
dulc~s como_1mpo~1hle~, Y. pensaba que, fli el
Destino hulnese sido s1qmera misericordioso
l'ªra con él, no habría pnmitido qnP ~e &lt;leí'-

••
RAMOS cuatro dentro
la caja de un viejo si1
món que nos molía
los huesos so pretex'
to de conducirnos, ya
en las últimas horas
de la noche, á la población en que habit:"
tábamos,
no muy dis.
¡tante de la Capital.
=7,~~::s
Habíamos entretenido el tiempo en diversiones propias de individuos como nosotros, jóvenes y dispuestos á aprovechar debidamente los mejores instantes de la vida, y
regresábamos al hogar cuando ]a última peseta había huído de nuestros bolsillos, y la idea
de una marcha pie á tierra por la amplia calzada hacía vacilar nuestro ánimo.
Afortu.1adamente, René, uno de los cuntroj
era un muchacho previsor, capaz ele morigerarse si era necesario, y á í'U precaución debíamos el no tener que cambiar el buen rato
precedente por la fastidiosa hora de caminata,
sin más espectáculo que las estrellas suspendidas en el obscuro azul del cielo.
Sumidos los cuatro, como cuatro uvas de un
ra~imo dentro el estrecho simón, envueltos
en la atmósfera cargada de humo del cigarro,
d6 Juliáu [quien así procura!}a~Y_engarse de
n9sotros por no haber aceptado su idea de bebernos t¡i,mbirn el último .peso conservado por
R~né), acomp:Íñados, por el'chirrido molesto
de,l alquilón, qne amenazaba, desarmarse porm~mentos, apo~•áhamos las cabezas.en los rlncones, adoptando la mejor postura para dejar
trq.nscurrir el1 tiempo, y con muy pocos deseos de ent..'l.b)}tr conversación..
El vehículo avanzaba lent¡imente, arrastrado con dificultad por, una pareja de rocines
a.gpnizantei-. La impaciencia de ,Tulián, que
er'- un charlaJor nervioso y divertido y á quien
el movimiento &lt;lel f.imón impedía dormitar
siquiera, manifestóse á poco en palabras..

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~ ..,.

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J;,

,..

· ,~Casi siempre que.me aventuro en u~1a de
esf,as «góndolai-»,an1.enazadas qe naufragio, rec~rdo una historia, triste que, me imp~esionó
vivamente.
,. .
, -~
h.'ov á i:eferi11]a,:ja que el insopqrtable rodar
de esta caneta alar~a nuestro cmni¡10, y así,
la; relación del i-uc~o entretendrá al insomne
como
y. scn·irá de arrullo al soñoliento.
.-Conformes-respondió Ernesto;-á con-.
di,ción. de que suprimas el l_iumo de tu ~hime-.
n~, que es ló' único que nos impide conciliar
pqr completo el suefio.
Es uno de esos casos-añadió Julián apaga,ndo el cigarro-que acontecen en cualquier
nirel social, pero de l.os 9.ue nadie se cuida
cu¡1ndo los_personajes sólo ,üsten el .chaqu~tón
ó Ja humilde blusa del jornalero....... ·
iNació el muchacho en el1'ondo de una obscura covacha, en un barrio de la Capital. La
madre «molía,, y el padre era remendón, amboi- poco apegados al trabajo, mas en cambio,
fieles devotos de todos los vicios.
Cuando el niño vino al mundo, la comadrona dijo á los padres : ,,Se me figura que el nifio ha de vivir pocos años, si es que Yive»; pero á pesar de este augurio fatal y á pesar también del medio en que había uacido, el mu,

yo

-,e

chacho triunfó de la muerte, no sin llevar en • zas, arrullado por el rumor de los caballos que
el cuerpo la marca indeleble del vicio de que . masticaban el grano.
era producto. Nacido prematuramente, viciaFué, :¡JOr fin, cochero; le habilitó de ' tal el
da su sangre desde antes que abriera los ojos .
patrón, un día en que «el propietarion tuvo
á la luz, desarrollóse de manera lenta y trabaque ir á rendir ciertas cuentas ante III justicia,
josa, contribuyendo á esta dificultad la misey c,El Espanto,» como le habían apodado sus
rable existencia al lado de los padres: de la
compañeros, trocó el ayate por las riendas y
madre, que miraba como verdadero estorbo al
fuése al "sitio» á esperar la «car¡?a,» á dormipequeño, sucio y defectuoso, que se a.ferraba
tar sobre el pescante, calcinada la espalda por
ávidamente á sus senos, siempre ·hambriento;
los rayos del sol, echado el sombrero á- la cadel padre, que adivinaba en aquella nueva bora y las riendas entre las rodillas, ó á recorrer
ca la obligación de consagrar al trabajo malas calles á diestra y siniestra, azorando, al
yor tiempo.
grito de «Aire!,» á las be¡.:tias flacas y sofiolienDes4~ la edad de ocho meses, el pequeño
tas que tiraban del vehícu,lo.
conocía la vecindad del uno al otro extremo.
Uei,alentado y solo, llevando á cuestas All
En tanto que la madre cuidaba el «comal» ó se
fealdad, cual un madero de ignominia, genHase proscripto de la fortuna, de la amistad
lS
Aincera, del amor que todo lo ilu_mina. y embellece, y experimentaba furiosos arranques
de cólera y de despecho, que desahogaba al
grito de cc¡Aire!, descargando en los lomos
de las acémilas los latigazos que silbaban dolorosamente.
Y por no contemplar tan á menudo la
belleza Ü1alcanzable, la vida de los dem:Ís, tan
diferente de la suya; por no mostrará la luz
del sol su Femblante defectuoi-o, «El Espanto» . prefería. sacar uno «de velada» y pasar
la existencia lejos del bullicio del día, aun
cuando para ello tuviese que tiritar bajo el
""
rigor del invierno, que entorpecía su,; miem~~
bros, ó soport&amp;.r la llovizna tenaz que le azo.
.
taba el rostro y le calaba las ropas.
-f., .
,..,
Una noche en que la tristeza del tiempo co'·
&gt;"
rría parejas con la de su espíritu, vagaba al
azar por las calles solitariai-, al pa1:;o lento de
refrescaba en «El Cantón de los Amigos»,el ,·áslos jamelgos, aguardando una «rarga» quepatago arras.traba ·sus rodillas desnudas sobre las
recía. no llegar nunca. Los e,-pect.ículos haQaldosas del patio, almacenaba en su estómabían terminado ya, y tan sólo una que otra
go.todol! los, qesechos. con que tropezaba en
t.'l.hernn. anunciaba la vidit nocturna de la casus correría.i:, alternaba con los canes del vepital; por las puertas escapaban al exterior los
cindario y conocía los efectos del aguardiente
rumores del placer, las palmada11, las risas de
y la bebida naciona_l, que los padres hacíanle
las noctívagas, las &lt;lerlamaciones de los bebegm;tar «pa que se juera enseñando á homhre.»
dores excit..'l.dos; afuera, una llovima tenaz y
CrPció qe la misma manera, probando la
molesta hacía re,·erherar el asfalto, penetraba
bebida y los golpefl, !':Stos últimos Pn mayor
hasta la piel del cochero, y resbalaba sobre los
cantidad que aquélla; Como era de repulsivo
rocines, que inclinaban mustios la cabeza.
i;emblante, las caririns habían sido un manjar
De un restaurante surgió un hombre cubierignorado para él; el hijo de la «Cucha», como
to con un sobretodo, levant.'1do el cuello hasllamaban á la madr!f. á causa de la profur.da
ta las oreja!', y llamó al cochero. Apareció en secicatriz que. dividía eh dos su labio superior,
no conocí¡, más afec!P que el del «Selín», un . guida una mujer, oculto á medias el rostro por
un abrigo de estambres y un paraguas abierperro l~udo, sucio como él,_ con quien comto, y ambos penetraron apresuradamente en el
partía ~s horas de sol,y los insectos que amasimón, después de haber pronunciad0 el indidri'gaban en sus andrajos.
viduo del sobretodo el nombre de una calle.
]f. los siete años, tuvo una amiga: una peEl whfoulo se puf-o en marcha. Al llegar á
q_ueñuela algo mayor que él, de grandes ojos
una esquina, un policía detm·o al cochero, paneli9.c¡1 de pelo ensortijado y grata voz de &lt;-hira ordenarle que encendiese uno de los farocuela cariñosa. Fué la única que, á diferencia
les, y c,El Espanto" descendió de su asiento.
de Io.if'otr&lt;;&gt;s muchachos, no tuvo para él el reA la luz del cerillo miró el Remblante de b
proche de la. deformidad.
mujer, y experimentó una conmoción extraPero est..'l. amistlld fué de una fugaz duraña.; en seguida, un recuerdo lejano, pero im-.
ción. Peregrinos de todas las vecindades, arroborrable, llamó á su memoria.
jados los padres continuamente por los caseTrepó al pescante y los caballos reanu1laron
ros, el, muchacho vióse privado-de aquel afecla marcha. Mas "El E!&gt;panto» había. olvidado
to, que.había sido en su miserahle existencia
ya hacia dónde debía dirigirse. En su mecomo, 1,ma flor abierta entre el ramaje de un
moria sé irguió rúpidamente su pasado; volárbol agostado.
vió á mirarse niño, aherrojado á la YoltrnMoribunda la madre en el hospital, y preso
tad paterna, soportando las blasfemias y reel padre por lo de i-iempre: á consecuencia de
huyendo los gol pes que á diario caían sobre él.
una riña de taberna, el muchacho, casi un
Y después, la dulce amistad, tan dulce como
hombre yn, encoritró destino de caballerango
efímer11, que le había ligado con aquella chien una «pensión» en donde aseaba los carruaquilla, compadecida acaso de su fPaldad y de
jes, «nyateaba&gt;, á los caballos, tendía pastusu abandono; única vislumbre de felicidad
ras, barría los pesebres y descansaba por la
pocbe ep un tapanco, epcirull, q~ las caballeri~
cuyo recuerdo habfa aparecid&lt;? ~il ve~es a11•

-

..

vaneciern. en el obRcuro horizonte aquella ave
mensajen: tal vez de un bienestar futuro.
Y aquel semblante de mujer era la evoluc~ón del de la rapn.~a. de otro tiempo; era ella,
sm duda, embellecida por la felicidad, iluminada por el aD1or, vi l'ificacla por las caricias
del ser amado. También ella amaba, también
ella había logrado tocar ese cielo menos menti~oso que ~l de todas las religiones y cuyo
chos habla a los hombres con la divina voz
del lleso........ .
U11a de las acémilas tropezó en el pavimento, «El Espanto» sintióse arrebatado por la expresión de un furor indomable, y al grito de
&lt;CjAire!,,&gt; el látigo silbó sobre el lomo de las
bestias, que acelera.ron el paso al instante.
Los latigazos se recloblaron, crujiú el simón
cual si protestara contra una velocidad jamús
conocida hasta entonces, y el látigo seguía cayendo sin descanso, rabioso, terrible, sobre
los azorados rocines, que emprendieron vertiginoso esc.'lpe á lo largo de las calles solitarias.
Cuando el carruaje fué detenido, el cochero
había desaparecido de su a!:iento; pero más
t.'1rde, al &lt;le:::puntar el alba, un gendarme !JIIP
volvía del relevo, presentó en la Inspección
el cadáver de un hombre, cochero á j uzg;ll' p&lt; ,r
la fusta que aún conservaba en la die,-trn. El
practicante de guardia, soñoliento y mal humorado, diagnosticó atribuyendo la murrte n.
una congestión akohólica; pero despuéi&lt;, ya
en el Hospital, los facultativos aseguraron que
e! indi l'iduo había fallecido víctima de la rnptura de un aneurisma.
Unic.'l. vez en que la opinión le fué favorable.
AuREL10 GoxzÁLEZ CARRASCO.

Tacubnyn..

Á MI MADRE,
la Sra. Dolla Maria del Pilu Contreras de Peón .

De niño al asomar en el Oriente
'
El sol esplendoroso
de este el'rn,
~le acercaba á tu lecho, ma1lre mía,
Pnra poimr mis labioH en tu frente.
Des¡rnéfl con mis hermanos juntamente,
' qué placer, que' a 1~ara1Jia
' ..... .
Qué risas,
¡Y de todo me acuerdo todavía,
Como si fuera entonces el presente!
Hoy, cuán distinto todo y qué can~l,iado:
Dispersos en las tumbas los &lt;lespo¡os;
De otro dueño el hogar idolatrado;
A trueque de las floreH, los ahrojoH..... .
¡Y ese sol que es el mismo del pasado,
Alurnbra~do una lágrima en mis ojos!
e,

12 de Octubre.

JosE fE;ÓX

y CONTRE;nAs

Domingo 16 de Noviembre de 1902.

j&gt;oen¡as de eolor.
CANCION DE LAS NUBES.

CANCION DE LOS PAJAROS

Larvas de un hondo semillar qne encierra
la terrestre i-alud gern,inaclora,
flameamos en las pampas de la Aurora
como el blasón de una fecunda guerra.

La caprichoAa randa del plumaje
nos sin-e de fantástico yestido.
colgamos e11 lo,- árboles el nido
y somos los bohemios del ramaje.

Nacidas en el llano ó en la sierra,
es nuestra vida siempre bienhechora;
ptH sto que Íl una misión e11ranfadora
nos lanzan las matrices de la tierra.

La Yirgen selva de opulento encaje,
donde trabaja el leñador curtido,
de nuestras rimas al triunfal sonido
se alza con menos expresión salYaje.

Hadas vestidas con flot.'111ies tules,
del vacío en las páginas azules
trazamos luminosos pensamientos;

ViYimos·para amar. Nuestros amores
dan envidia á las auras y ú las flores,
dan entusiasmo á la Creación entera.

y al morir, en diamantes tembladores,
formamos la corona de las flores
y el vigor de los frutos opultntos!

Somos del mundo la preciosa gala,
de los colores la luciente escala
y el canto de la rubia Primavera.
LóPEZ DE )L\Tt;RAXA.

UNA OBRA DE ARTE
El Dr. José Peón Contreras, uno de los más
ilustres literatos yucatecos, ha conseguido en
vida, como una elocuente manifestación de cariño de sus compatriotas, lo que pocos consiguen ya muertos: que el mejor teatro de ~Iérida lleve su nombre, y que en fl se cultive el
arte sano, el arte bueno, al que Pe(,n Contreras ha dedic.'1do todas sus devociones &lt;le poeta.
Coronará el frontispicio del teatro "Peón
Contreras&gt;i el lrnsto del :Maestro, busto del que
presentamos hoy á nuestros lectores una magnífica fotografía.
El ci;cultor Sr. Alciatti, profesor de la
Ac.1dem ia de fü•llas
Artes. firma ci::ta obra,
hecha con verdadero
amor de arti:-ita, y que
con la vida del mú rmol perpetuar,, el 110111bre de José Peún Contreras.

DOS RICOS
Cuando ante mí ge
celebra al millonario
Rothschild, quien con
sus inmensas riqnezas, consagra sumas
cuantiosas á educ.'l.r
niños, curar enfnmos
y fundar asilos para
Íos ancianos, también
yo le elogio y le admiro.
Pero, al alabarle y
admirarle por eso, no
puedo dejar de acordarme de una pobre
familia ele labriegos
que habín recogido á
una huérfana en su
misera.ble choza.
-Si nos hacemos
cargo de Ka_tia.-decía
la campesma,- no~
dejarú sin nuestros últimos céntimos, y ni
siquiera tendremos para comprar sal con que
s11,zon11,r la sopa.

-Pues bien, II\ comeremos sin sal -contestó el marido.
Cuán lejos estú todavía Rothschild de ese
labriego!
IV.\X TURGUE'.\"EF.

La caridad es un deber para todos; pero~te debn se convierte en una satisfaccióil muy
dulce para la mujer, porque es innegable que
la mujer ha nacido con un caudal más rico de
sentimiento que el: que ha sido otorgado al
hombre.

�Domingo 16 de Noviembre de 1902.

Et MU:NDO ILUSTRADO

EL MUNl)O ILUSTRADO

RE O que faltaría una
medalla, y no la menos
rara y la menos bella,
ú mi collar d.., recuerdos
gladiatorios, si no contase aquí cómo murieron los dos Lá brax, ambos ilustres en los fa11tos del anfiteatro; el hijo por haber i&lt;ido el fundador &lt;le la escuela llamada «La Fulgurante,» y el padre por haber
sido el último y el mús admirable representante de la antigua, llamada «La Tourbillonnante. »
Como los libros, los juegos tienen sus destinos, y la nueva e;icuela prevaleci6 definith·amente, puesto que es la que ~s~á en uso ahora;
mas sin duela me 11erá perrrntido afirmar-á
mí que soy partidario de la antigua-que los
de11tinos no han siclo justos condennndo al olvido una escuela cuyo último repreRentante
muri6 al fin invencible y en el triunfo y la apoteosis de su arte.
Para i,er imparcial, como com·iene en tan
graveR materias, debo confe,:ar que el método
de Lábrax hijo se adapta mejor á los gustos
de la época pre9ente, inclinados hacia lo simple y lo lógico, y no pondré mús embages para
reconocer que con ella. e-e «fabrica.,1 más de priAA y fácilmente gladiadores correctos; mas espero que en recompensa se me conceda este
voto irrefutable: que no ha producido todavía
un gladiador comparable en belleza á Lábrax
padre.
Todo lo que podría objetárseme es que Lábrn.x padre debió menos á su escuela que á

la naturaleza. A lo cual responderé triunfalm ente que entonces los dioses mismos parecen
preferir la segunda escuela, puesto que fa rnrecen los parangones de una manera tan manifiesta, y con esto tendré más autoridad para
defender una, escuela, dando por garantes á los

tt~ralidad de su_s ataques y de sus arrestos, eran
dignos de elogio. Pero qué decir del juego de
Lábrax el grande, con sus vueltaR de danzn,
con_ su~ saltos dE; felino, que arreglaba según la.
euritmia? Jamas estuvo más admirable. Se
sobrepasaba. Aquellos que r.o han asistido
nu?ca á es~ e~pect~culo, no sabrán jamás
cuanta super1ondad tiene la «tourbillonnante»
sobre la «fulgurante.»
Repentinamente, con un flamígero golpe de
revés, Lábrax hijo fné herido á despecho de
la coraza y desarmado.
Todo!! los pulgares se vol vieron hacia la arena. Era su condena á muerte.
-Levántate, grit6 Lábrax padre. Yo nomataré á mi hijo.
-Es porque tú eres mal gladiador respondi6 el vencido.
'
-Di lo contrario, exclamó el padre.
-Digo, replic6 el hijo, que eres un mal
gladiador.
Sin embargo, la mt1ltitud aullaba. pidiendo la muerte del vencido, y á César mismo se
le veía gesticular furiosamente en su asiento.
Se adivinaba entre el tumulto, por la mueca
de su bocn, que gritaba. con la multitud:
«¡Hiere! ... . . ¡¡Ilierel!,1
Y Lábrax hijo, de rodillas, con su casco
deshecho, presentando la garganta, no cesaba
de repetir:
-Si no me hiere!", eres un mal gladiador.
-Soy el emperador de la gladiatura, dijo
Lábrax el grande, con un ,:ollozo que levant6
todas sus medallas sobre su pecho.

inmortales, y en particular á :\[arte y á Yenm,.
Pero son ya muchns dist:rtacione:'!, y ést&lt;ls,
sin duda, no serán gratas sino á aquellas personas que lleven su pasión por el arte glacliatorio, como yo, hasta la filosofía. Yolvamos ú
la narraci6n prometida y no nos expongai!10s
por más tiempo al reproche que se pud1ern
hacer de preferir en literatura, lo mismo que
en e,:grima., el método «tourbillonnante» al
«fulgurante.,,

***
Dei"de que Lábrax padre se hubo retirado,
después de quince años de victorias no interrumpidas, con el pecho cargado de medallas
y el puño ornado con el pequeño cetro blanco
que lo designaba como gladiador emérito; des•
de el día memorable en que había sido proclamaclo emperador de la gladiatura, RU hijo lo
había sucedido en la admiración de todos, y
debo confesar que con justicia. Gracias á las
lecciones de su padre-esto no me lo negarán,
-gracias también-lo declaro muy alto -á sus
famosos golpf's derecho¡;:, rápidos como el relámpago, y gracias ademús-convenid en elloá la rlebilidad de los reprei,;entantes sobrevivientes de la antigua escuela, Lí1hra.x hijo
triunfaba. Y con él, esto se compreude, triunfaba su método, adoptado hasta por sus hermanoR, que llegaron á ser sus discípulos é imita.dores. Tanto y tan bien, que el hijo ll&lt;'gó á
olvidar las lecciones del padre y toda. la veneración que le debía; á tal extremo llegó la fatuidad &lt;le sí mismo, que un día se atrevi6 á
decir:
«Es de sentir que el primer L'ábrax esté pr6ximo á cumplir los cincuenta; porque si esto no
fuera, el segundo Lábrax combatiría. con él
para probar que no hay más que un solo Lábrax.»
Refirieron la bravata. al padre. Este sonrió,
y ~e limit6 á reRponder que, durante quince
años, había servido á. Marte y á Yenus junta.mente y que entretanto, le bastaba servir á
Venus'. cosa que el segundo Lábrax no podría
hacer jamás.
Fuerza es saber, paracomprenilerestachuscada, que Lábrax padre, como todos los gladiadores de la antigua escuela, se ha.hía &lt;lado
la gloria de llevar de frente las luchas de la.
arena y las del a.mor, en tanto que Lábmx
hijo entre sus reformas bahía introducido la
de Ías costumbres gladiatorim,, pretendiendo
que el gladiador debe permanecrr casto.
Irritado por la burla sobre su castidad. Lábra.x hijo se deshizo en injurias contra su,
padre, hasta. osar decir que el emperador de
la gladiatura había sido siempre el favorito del
a.zar v que él, Lábrax hijo, sentía vergüenza
de t~~er por padre «probable» (tuvo la audacia
de este sacrilegio) á un gladiador tan mediocre.
.
Lábra.x padre recibió la injuria y dijo:
«Doy mi cetro de emérito y estoy pronto á
ir al anfiteatro para darle la última. lección.»

Piénsese cuál sería la afluencia de gente que
llev6 el cartel pintarlo c&lt;·n bermell6n, sobre el
cual se anunciaba el asalto entre los dos Lábmx. El anfiteatro presentaba un lleno á reventar. Céi-ar en persona llegó con un cuarto
de hora de anticipaci6n, cosa desconocida en
los analer, de los juegos. Xingún otro com hate sirvi6 ele preludio al combate único y supremo que bastaba para tener impncientes á.
más ele cien mil esprctadores. Láhra.x hijo fué
el que primero entr6 en la -nrena.. Ei&lt;taha armado de hoplómf!co.- Em ora1.aha adarga, y su
cuerpo estaba tan cubierto de hierro como lo
permitían las leyes de la gla.diatura. Se le
aplaudió por la elegancia de su porte, por la
rectitud estricta de sus movimientos, de los

LA IGLESIA DE SHIPKA.

cuales ni uno solo era inútil; por su actitud
fría, fiera y amenazante. Pero sus partidarios
mismos hubieron de reconocer que tenía más
bien el aspecto de una máquina ele guerra que
&lt;le estatua en marcha; y nadie entre los espectadores pudo sentirse encantado con la belleza de su rostro, que ocultaba la careta de su
casco.
Muy distinta fué la impresión producida á
l:\ entrada de Lúbrax padre.
Armado como un samnita, con sola una
· pierna protegida con la piara de bronce y los
flancos con un f:im plr cintur6n de cuero blanco con c::camas de plata, desnudo el dorso,
llevando por (111 ica coraza sus medallas, el ros•
tro descubierto bajo un ligero casco, en el que
montaba un hermoso penacho roj_o, se parecía
á Marte, pero Marte saliendo del lecho de Venus. Porque sn cuerpo esbelto y gracioso, que
el tiempo no había deformado, estaba lo mismo hecho pnm el amor que para la guerra;
bajo sus mejillas, semejantes á un mármol dorado ·por el sol, se hubiese dicho que las huellas de los yugularfs se habían borrado y pulido con las caricias; y su boca con dientes de
lobo, era una flor escarlata que llamaba á. los
besos; y sus ojos claros y luminosos, color de
mar primaveral, evocaban la imagen de las
olas voluptuosas, de donde había salido ya
Anadiomene.
Y hien prorito toda;; las mujeres, aun las
Vestales, levantaron el pulgar al aire, pnra pe·
dir·que el combate no se efectuam. A lo cual
respondi6 con un gesto ele gratitud y de amor
significando que tomaba los pulgares al aire'.
no como piedad hacia él, sino como un emblema. de su virilidad siempre joven. Se le
romprendió, se le aclam6 con entusiasmo y él
sonriendo, se puso en guardia.
'
Desde el primer paso todo el mundo sinti6
que Lábrax hijo estaba perdido. Ciertamente, sus golpes rectos, su rapide~ certera, la n~•

El año de 1877, durante la guerra ruso-tmca, en el paso de Shipka, los rusos efectuaron
una defensa heroica contra las fuerzas turcas
que iban al mando de Suleiman-Pashá.
Al cumplifl'e el aniversario vigésimo quinto
de esta acci6n, el gobierno de Bulgaria, en cuyo territorio queda ahora el paso de Shipka,
determin6 construir en el sitio una iglesia. del
rito oriental ortodoxo, cuya dedicaci6n se verifi?ó precisamente en la fecha de este aniveri,¡;1rro.

Domingo 16 de Noviembre de 1902.

,

Y blandiendo su espada y despu~s dirigiendo la punta hacia su hijo, la hundi6 de un
gol pe hasta el puño en la garganta del vencido, gritando con una voz estent6rea:
«¡Por la gladiatura!»
Después de lo cual, sacándola del cuerpo y
apoyando el puño contra la arena, se arroj6
sobre la punta, gritando con voz más fuerte:

Im·ita&lt;los los miembros de la familia imperial de Rusia para que asistieran á la ceremonia de la inauguración, concurrieron, en el
nombre y con la representaci6n oficial del
Czar, el gran duque Nicolás y los miembros
de su estado mayor.
El príncipe Fernando de Bulgaria 11e encontraba presente con toda su corte en la ceremonia, que consisti6, fuera de los cánticos
de rigor, en una procesion que recorrió bajo
palio los sitios más importantes y de mayor
interés en el campo de batalla.

***

La importancia de este hecho se calculará

«¡ Por los manes de mi hijo!"

Así muri6 Lábrax padre, matador &lt;le su
hijo y matador de sí mismo, habiendo sido y
querido ser, no solamente un perfecto gladia•
dor, sino ta.mbi(.n un hombre, y en esto superior ÍI aquellos que no pueden ser mús que lo
uno ó lo otro.
JEAN RICHEPIN.

por el rumor que corre de haberse firmado con
este motivo una alianza entre Bulgaria y Rusia, en contra. del imperio del Sultán.
-El amor siempre se inclina á perdonar
las traiciones del dueño amado, ámenos qm•
se le relegue al olvido.
-Los enamorados á veces se fingen engañados para gustar de los encantos, que hasta en
sus mentiras tiene el amor.
-Siendo el amor el más seductor de los sentimientos, es incomprcn ..ihle que de él nazcan
horribles fenómenos por su hechma y modo d,i
ser.

ENSU ELOGIO
Tienes el nombre ilustre C:e las emperatrices,
Y tus hombroR, en donde resplandecen las gemas,
Y tu frente, que pueblan remembranzas felicel'l,
Añoran los suntuosos mantos y las cliademas.

•

El oriente impecable de tu mórbido cuello
Opaca los albores de la perla exquisita
Sepultada en los hondos mares, y tu cabello
Es tan dorado porque te llamas l\Iargarita.
A tu paso relucen y ·cornscan las sedas,
Y al trote cadencioso de tus raudos corceles,
En tu muelle carruaje vas por las alamedas
Con tus ojos dormidos cautivando do!)celes.
En tu mano hay destellos de blancuras lilialef',
París te dió la clave de su excelsa elegancia,
Y adornarán tu mano con sortijas nupciales
O Prfocipes de Gales 6 Delfines de ;Francia.
En los bailes te sigue respetuoso cortejo,
En la calle te asedian amorosas miradas, ·
Y como en la tranquila claridad de tu espejo
Ríen en mi memoria tus líneas adoradas.
Yo alabo tu hermosura, princei'la ~fargarita,
Yo persigo la huella de tu sandalia breve,
Y pensando en tu nombre, blasono mi leYita
Con una estrella de oro &lt;le fulgores de nieve.
t

EFRÉ:-. REBOLLEOO.

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.

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~-

[L MUNDO ILUSTRADO

~1u1u1u1u 1u1u1u 1u1u 1u 1u 1u 1u 1u 1u 1u 1u 1~IUIUIUIUIU l~IUIU IUIUIUIUIUIUIU IUIUIU · UIUIUIUIU(U(U1UIUIUIUIU IUIU JUii

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LOS MEJORES ELEMENTOS DE LUCHA

AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 21.

CONTRA EL DOLOR YLA ENFERMEDAD

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u:
¿Cuáles son las dos armar, principales con que el hombre
puede combatir ventajosamente contra la mul~ltud de enemigos que le cercan y que se resuelven en dolor, enfermedad y
muerte? LA SANGRE Y LOS NERVIOS.
Una sangre pura y unos nervios sanos son la garantía más
segura de una larga vida. Con ellos, el organismo cumple nor•
malmente sus interesantes funciones :flslalógicas; el estómago,
10s intestinos, el bfgado, el cora2ón, los pulmones, etc., no es·
tán expuestos á sufrir las mil afecciones que padecen en las na-

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Gerente: LUf&amp; Rfl't&amp; &amp;PINNLA,

LIC. RAl'AU Rfl'f&amp; &amp;PINDOU,

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Subscripción mensnal forfloea , $1.50
ltlem l dem. en la capitH.l, ,, 1.25

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MÉXICO, NOVIEMBRE 23 DE 1902.

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turalezas débiles; se aleja de todo temor de esos terribles ms•
les cerebrales que matan ó agotan al individuo basta el extremo de convertirlo en idiota y en loco, y lo mismo el hombre
que la mujer, lo mismo el anciano que el nlfio, concurren con
alegría y con vigor al trabajo universal de la naturaleza en su
constant&amp; obra de reproducción de las especies.
También mata, es cierto; pero mata cebándose sobre todo
en los seres exr.enuados por el abuso, por la enfermedad ó por
la indiferencia, porque

D

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!
!
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11

LA INDIFERENCIA PARA CONSIGO MISMO

D

ES EL PEOR ENEMIGO DE LA VIDA i
El hombre que entregado al trabajo, ó después de abusos
femeniles ó de enfermedades agudas, siente decaer sus :fuerzas
la mujer que se siente debilitada por la siempre dulce pero á
veces peligrosa labor de la maternidad y la lactancia; la joven
que al mirarse en el espejo ve palidecer y amar1llear su antes
rosado cutis, y sufre jaquecas frecuentes y perturbaciones en su
menstruación; el nlffo cuyo crecimiento se efectúa diffollmen -

te y que camina á grandes pasos á la escrofulc,sli., al raquiLi - !
mo; todos en una palabra, los que pagan tributo al mal de la U
época llamado
!!_

'-'-ANEMIA"
y que son víctimas de sus múltiples y dolorosas manltestaclo- !!_
nes, recurran al uso del
u

VI.NO

DE SAN GERMAN
DEL DR. LATOUR BAUMETS
Preparado que por su composición, en la que figuran tóni1: une la de su sabor agradable, circunstancia que no hay en otroi.
cos, reconstituyentes y puri:flcantes tan poderc,sos como el
medicamentos cuya eficacia se ve casi siempre entorpecida por

ACEITE DE HÍGADO DE BACALAO, LA COCA,
LA KOLA, EL ICTHIOL
Y LA ESTRICNINA,
es la más recomendada para

Aliviar los Dolores, Purificar la sangre,
Vigorizar los nervios
y Robustecer el organismo.
A estas cualidades reconocidas por los eminentes médicJS
que ban hecho uso de él, apllcándoio en multitud de enfermos,

E:L VINO DE: SAN QERMAN,

la repugnancia que inspiran á las persona~ que deben tomarlo,i.
~e recomienda muy especialmente á todos aquellm1 padres
que nC&gt;ten que sus hijos están anémicc,s, que la1&gt; jóven1:1&gt; 1,e po-

u-

nen cloróticas y sufren padecimientos nervk,sos, cat,1 mos y
bronqulth1 frecuentes, trastornos inte&amp;tlna es, palpit!lclonts
de corazón, Insomnios, vértigos, dolores neurálgicos, etc., de-bidos á la pobreza de nutrición y á la deb111dad progresiva, resultado fatal de la taita de pureza y energ(a de la sangre y del
agotamiento del sis_tem,a nervioso.

U

!!.
u

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u

Entre los muchos males que cura radicalmente el

u

VINO DE SAN GERMAN,
su uso es de resultados eficaces en

Abcesos escrofulosos, Afecciones nerviosas, Anemia, Falta de apetito, Cbrosis} Con valescencia,

-u
-u Depleuresías, Pulmonías, Tifo ó fiebre tifoidea Dabili&lt;lal cJn:3titucional, E:rnrófula, Flores bhncas, Gan-u grena senil, Enfermedades de la cintura, Neuralgías, etc., etc.
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-u DE VENTA. en TODAS las DBOGUEBÍAS y BOTICAS
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1~,

. ,~ 1

SAN LUCAS ESCRIBE SU EVANGELIO.
CUADRO DE GONZAL O ARGl\EI LE¡:,, - PRIMER PREMIO E N EL CONCURSO DE LA ESCUELA DE BELLAS ARTES.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1902, Año 9, Tomo 2, No 20, Noviembre 16</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>Siglo XVIII</text>
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                <text>Siglo XIX</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>1902-11-16</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Basílica de San Pedro</name>
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        <name>Lábrax</name>
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        <name>Lluvia de cenizas</name>
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        <name>Miguel Bolaños Cacho</name>
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        <name>San Pedro</name>
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                    <text>· 1~/

.

1~ 1

~-

[L MUNDO ILUSTRADO

~1u1u1u1u 1u1u1u 1u1u 1u 1u 1u 1u 1u 1u 1u 1u 1~IUIUIUIUIU l~IUIU IUIUIUIUIUIUIU IUIUIU · UIUIUIUIU(U(U1UIUIUIUIU IUIU JUii

I'

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LOS MEJORES ELEMENTOS DE LUCHA

AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 21.

CONTRA EL DOLOR YLA ENFERMEDAD

-u
-u
-u
-u
-u
-u
-u
-uu

u:
¿Cuáles son las dos armar, principales con que el hombre
puede combatir ventajosamente contra la mul~ltud de enemigos que le cercan y que se resuelven en dolor, enfermedad y
muerte? LA SANGRE Y LOS NERVIOS.
Una sangre pura y unos nervios sanos son la garantía más
segura de una larga vida. Con ellos, el organismo cumple nor•
malmente sus interesantes funciones :flslalógicas; el estómago,
10s intestinos, el bfgado, el cora2ón, los pulmones, etc., no es·
tán expuestos á sufrir las mil afecciones que padecen en las na-

-u
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Gerente: LUf&amp; Rfl't&amp; &amp;PINNLA,

LIC. RAl'AU Rfl'f&amp; &amp;PINDOU,

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Subscripción mensnal forfloea , $1.50
ltlem l dem. en la capitH.l, ,, 1.25

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■lrccton

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11

MÉXICO, NOVIEMBRE 23 DE 1902.

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turalezas débiles; se aleja de todo temor de esos terribles ms•
les cerebrales que matan ó agotan al individuo basta el extremo de convertirlo en idiota y en loco, y lo mismo el hombre
que la mujer, lo mismo el anciano que el nlfio, concurren con
alegría y con vigor al trabajo universal de la naturaleza en su
constant&amp; obra de reproducción de las especies.
También mata, es cierto; pero mata cebándose sobre todo
en los seres exr.enuados por el abuso, por la enfermedad ó por
la indiferencia, porque

D

¡¡
D
11

!
!
!
11

LA INDIFERENCIA PARA CONSIGO MISMO

D

ES EL PEOR ENEMIGO DE LA VIDA i
El hombre que entregado al trabajo, ó después de abusos
femeniles ó de enfermedades agudas, siente decaer sus :fuerzas
la mujer que se siente debilitada por la siempre dulce pero á
veces peligrosa labor de la maternidad y la lactancia; la joven
que al mirarse en el espejo ve palidecer y amar1llear su antes
rosado cutis, y sufre jaquecas frecuentes y perturbaciones en su
menstruación; el nlffo cuyo crecimiento se efectúa diffollmen -

te y que camina á grandes pasos á la escrofulc,sli., al raquiLi - !
mo; todos en una palabra, los que pagan tributo al mal de la U
época llamado
!!_

'-'-ANEMIA"
y que son víctimas de sus múltiples y dolorosas manltestaclo- !!_
nes, recurran al uso del
u

VI.NO

DE SAN GERMAN
DEL DR. LATOUR BAUMETS
Preparado que por su composición, en la que figuran tóni1: une la de su sabor agradable, circunstancia que no hay en otroi.
cos, reconstituyentes y puri:flcantes tan poderc,sos como el
medicamentos cuya eficacia se ve casi siempre entorpecida por

ACEITE DE HÍGADO DE BACALAO, LA COCA,
LA KOLA, EL ICTHIOL
Y LA ESTRICNINA,
es la más recomendada para

Aliviar los Dolores, Purificar la sangre,
Vigorizar los nervios
y Robustecer el organismo.
A estas cualidades reconocidas por los eminentes médicJS
que ban hecho uso de él, apllcándoio en multitud de enfermos,

E:L VINO DE: SAN QERMAN,

la repugnancia que inspiran á las persona~ que deben tomarlo,i.
~e recomienda muy especialmente á todos aquellm1 padres
que nC&gt;ten que sus hijos están anémicc,s, que la1&gt; jóven1:1&gt; 1,e po-

u-

nen cloróticas y sufren padecimientos nervk,sos, cat,1 mos y
bronqulth1 frecuentes, trastornos inte&amp;tlna es, palpit!lclonts
de corazón, Insomnios, vértigos, dolores neurálgicos, etc., de-bidos á la pobreza de nutrición y á la deb111dad progresiva, resultado fatal de la taita de pureza y energ(a de la sangre y del
agotamiento del sis_tem,a nervioso.

U

!!.
u

u

u
u

Entre los muchos males que cura radicalmente el

u

VINO DE SAN GERMAN,
su uso es de resultados eficaces en

Abcesos escrofulosos, Afecciones nerviosas, Anemia, Falta de apetito, Cbrosis} Con valescencia,

-u
-u Depleuresías, Pulmonías, Tifo ó fiebre tifoidea Dabili&lt;lal cJn:3titucional, E:rnrófula, Flores bhncas, Gan-u grena senil, Enfermedades de la cintura, Neuralgías, etc., etc.
-u

ili

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-u DE VENTA. en TODAS las DBOGUEBÍAS y BOTICAS
-u

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UIUIIIIUIII IU ltt l U IUltt ltt 1U1Ultt lU ltt lUI Ulttl U 1 tt tt •tt ltt •UI Ul tt l UIUl~ IUIU •Ul tt ltt lU IUl tt lU ltt l U ltt ltt ' tt ltt ltt lU IUIUl"ltt lU t

1~,

. ,~ 1

SAN LUCAS ESCRIBE SU EVANGELIO.
CUADRO DE GONZAL O ARGl\EI LE¡:,, - PRIMER PREMIO E N EL CONCURSO DE LA ESCUELA DE BELLAS ARTES.

�EL MUNDO ILUSTRADO

La mala índole de la lengua inglesa.

EL ~lU~üO lLUSTH.\.DO
afior-:, y también y en cierto modo tal cual
resultado. Se llegó, en efecto, á una que otra
regla, tres ó cuatro todo lo mús, de este corte
sencillo y elegante: «La''ª" se pronuncia como la "gi, moldo-válaca cua11do va seguida de
,cz¡¡ y precedida de «th»¡ si la «z»
ú su Yez seguida de una letra labial 6 de cmi, la «a)) sonarú
como la "e,: persa abierta, á menos de que la
11th)) no esté precedida de diptongo, en cuyo raso la supradicha ccaii se pronuncia como ccb lapona.i,
El Eureka se imponía.; pero pronto se pudo
percibir que había que tener en cuenta, no sÓ•
lo el orden Y distribución de las letras en la
palabra pai:;1 pronunciar una de ellas, i-;ino que las letras de las palabras próximas ó
remotas ejercían decish·a influencia recíproca y se entremodificaban unm: á otrns en las formas más pintorescas y vnriadas. En eRtas condicionei::, para pronunciar el rubro había que
leer todo el capítulo, y no i::e podía articular
el principio de una obra sino hasta haber llegado al fin. Por eso tal ,·e:r, nadie ha leído en
inglés ni creo que nndie haya tmdut:ido á esa
lengua las obras de El Tosta&lt;lo.
Esta mala índole de la lengua ingle,:n rxplica ciertos chascanillos y maLi.s apreciacionl's de que ha sido objeto y &lt;le que tal vez no
es merecedora. l'na señora decía: «¡E~tos inglesei,! ....... Ri,criben ,,bread» y pron uneian
«brecl,,; ¿no sería más seneillo decir «pan»·n·íctor IIugo daba este sano consejo: para bien
pronunciar t.na palabra inglesa, lo mejor es
abstenerse de pronunciarla; y mi maestro de
inglés me decía hace aíior,:: «En ingléR, amiguito, euando na ustecl escrito «;-;alomóm,, lea
«Xalmcodonoson,, y esta1J10,: al otro latlo.,i Y
es probado.
Próximamente insistiremo,: sohre las dificultades ideológica¡: que ofrece al neófito la
lengua de l::lhakespeare y que no son menores
que las ele orden fonológico y ortogrúfico.

Las lenguas, como las personas, tienen su índole y de ella nos hnhlan á cada paRo .r á ella
se refieren sin cesar gramúticos y retóricos en
sns disc¡uisiciones.
Admitido c¡ue las lenguns tienen índole,
hurlga probar que ésta ha de ser buena ó maln,
y huelga aún mr.s demostrar que no hay peor
índole que la ele la lengua inglesa. La vieja
mús gruñona, el coronel mús ,ltrabiliario, el
solterón más misántropo son miel. dulzura,
expansión, accesibilidad, en comparnción de
esa sucesión de graznidos y de esa mezcolanza
de signos disparatados que constituyen el habla y la ei-;critura inglesa,;.
.\ las pruebas me remito: Es sabido que no
hny reglas de pronunciación ingler-a. Escrita
una palabra, 110 ha)· manera racional de presumir cómo ha de leerse, cómo ha de sonar.
Y la raz6n es ohYia: cae.la rncal puede sonar
como todas las ,·ocales y aun como muchas
consonantes, y éFtas, ú su Yez, i-;uenan las unas
como las otras indiferentemente. La «a,» que
entre pnri::ntei-;is se llanrn ccei)) ó co,:a parecida,
tiene personalmente eatoree manl'ras diferentes, a hiertas, cerradas, rn lreeennda.s y «á piedra y lodo," de r-:onar. l'.11 in~lés ilustrado y,
&lt;le más á mús, amigo mío, me confesaba ingenuamente y con rierto rubor, que ele eso;: catorce sonidos poi-;iblel', r-:u oído no logra ha discernir más e.le diez ni su boca imitar más de
siete, y ya me parecen rn uchos. Si á esto se
agrega r¡ue la ya citada «a» puede sonar como
«e.» t·omo «i," como «on y como «u" y tomar
tantos maticeR CO!llO ea,la. una ele ('Rtas últimas, matices tan uum('roso~ .r ,·ariados como
los dela misma"ª" múR aún i-i ca be,r-:e comprenderún sin ei-fuHzo las dulzurns y Jas facilidades de la lectura, pronunciación .v escntura
inglesar-:. ·Ténga.-,e en cuenta que nada, ni por
asomo, en la letra escrita, ni un acento, ni un
asterisco, ni un apóstrofo indica cuál es el
2J.r. )Y{, Flores.
tono, cu[¡l el sonido 11ue c01wiene darle en cada
caso.
Algunos filántropos, que por tales los reputo, deseosos de facilitar la lectma y la pronunciación, han inquirido con desvelos sin
cuento, si acaso sería posible. dentro de cierDEBE hacer winticinco ó treinta mios que
tas condiciones .v mediante las precauciones
asistí á una montería en el término ele IIorindispenr-:ahles, llegar, aun cuando fuera por
nachuelos, proYincia ele Có1·doba.
casualidad, ú establecer siquiera algunas, vaya
Parúbamos c•n la hermosa finen «La )lezdos, pongamos una regla aproximativa que de
quitilla, » pert¡,neciente hoy al excelente amilejos y ªt?nque con poca seguridad, pudi era
go Sebastián Heja1,o.
en casos &lt;lados guiar al neófito en el laberinto
Era el anfitrión D. Cristúl.&gt;al de Pina, homde la pronunciación y de la ortografía. En
bre anciano, rico, a legre, gmn cazador y muy
vano¡ todos los hilos de A riadna se han roto,
relacionado con magnates y hombres políticos
y cuando se ha llegado á algo, el remedio ha
de la corte. De los ocho com·idarlos, cuatro
resultado peor que la enfermedad. Para figurar
pertenecían ú los que dejan su nombre en la
los innumerables sonido8 de las letras, se ha
historia, y loi,: rei;tantes, entre los cuales me
recurrido ú la «j» y á la«g)) francesas; á la 1&lt;sch))
cuento, no pasábamos ele granujas ó soldados
y á la «ch" alemanas; Íl la «vi, y á la «11·)) rurasos.
sas; á la «Zll persa; á la «xi, asiria; á la «m» y
La comida era siempre al&gt;untlante y sabrola «ñi• china¡;; á la «Ri, y á la «t)) groe11landesa, pero sin refinamientoi:: gaFtronómicos. II uesas; se ha recurrido igualmente á las le;iguas
vos fritos, migas y chocolate para almorzar¡
muertas: á la omega griega, á todo el alfabeto
sopa, buena olla y dos principios para cower;
hebreo, á la notación sánscrita, y han quedado
vinos de Jerez y ele l\Iontil!a, coilac, calé,
aún algunos centenares de sonidos sin reprecigarros habanos en abundancia, camas limpísentación asignable. La invención del fonósimas y criados diligentes, completaban el alografo dió grandes esperanzas de poder trasmijamiento de D. Cristóbal.
tir al que aprende y á la posteridad los inconComo la categoría de los cazadores no se
tables y musicales zum birlos, chirridos, grazmide por sus títulos y honores mundanos, sino
nidos, 1·esoplidos, ronquidos de que consta tan
por su p ericia, nadie le di,-putaba la cabecera
armoniosa lengua; pero el fonógrafo es aún
á Cmro ,cPerdigones;» scguíale un General,
muy tósco y muy impreciso, y el ochenta por
Grande de España¡ Juego otrn señor de color
c!ento de lo que recihe se le queda en la bocma.
bilioso, y bajo de cuerpo, á quien el anfitrión
llamaba Juanito; después yo, y luego los cuaDe manera que en punto á sonidos fundatro compañeros restantes.
mentales, e~tamos atenidos al sistema prehisEn el primer ojeo, la misma tarde de la lletórico de la «viva YOZ» d el maestro, voz viva
gada á la finca, se cobraron seis piezas mayoque, en lo general, parece muerta, tanto así
res. Al regresar á la casa traíamm; barruntos
es lúgubre, siniestra, sepulcral é impenetrable.
de hambre, y se nos alegró el paladar con el
Otros, no menos filántropos que los a!lterico olor y vaho de una hem10sa sartén de
rionis, se han extnn-iado por distinto camino.
«sopas de ajo. i, Estaban riquísimas. Todos reHan creído que se podría encontrar algún vat.,etimos y las celebramos. menos J uanito, que
go bosquejo de regla ortográfica, buscando el
no p ermitió ni aun probarlas, por más elogios
sonido probable ó posible de cada letra no en
que del plato se le hicieron Y. por más instanella misma, que era lo que parecía n~tura1
cias con que lo &lt;1-fligió el bueno de D. Cristósino en el c.ortejo de las que le preceden y d~
bal.
1as que la siguen. Este ingenioso procedimien--¡Vaya por Dios! ...... -excla.maba éste co n
to clió mu chas esperanzas durante muchos
\"erdadera p ena. - Si hul.Jiera sanido que no te

'"ª

Sopas de .1fjo.

gusta han, no se huliie;-;c•n puesto. ¡Quién diría
que un mozo de tu t1&gt;111ple 110 come «sopas de
ajo!" ¡En fin, Yil'ir para Yer!
-Xu se apure \'111., D. Cristóbal: tomaré
de otra cosa; "º me moriré de hambre. Ya.
contaré el jw,tificado rnotirn de mi aborrecimiento á las sopas.
Se comió, se charló y se comentaron, con la
minuciosidad propia de cazadores, los lances
de aquelJa tnrtle. Cuando tomúbamos el café,
curioso yo del asunto de lns sopas, del que
quizá nadie ,;e ncortlabn, me atreví á decir:
-8i no es tema reserrnd0, ¿,querrú contn rnos Juanito la causa de su a,·en;ión al primer
plato de nuestra comida?
)Ii vecino de mef'a me dió un rodillazo de
los c1ue anuncian que se ha cometido alguna
inoportunidad. Xo pude comprender cuál fuese; y ni mismo ti empo que me tranquilizaba
con sus ojo:-, .Juanito, en medio del mayor silencio, y haciéndome un saludo ó signo afirmati 1·0 con la eabeza, dijo lo que sigue:
-Tendría \"O unos dieciocho años cuando
salí á cazar e11 el término de la ;\fosará. Había
mata&lt;lo un par &lt;le perdices, y me hallaba loco
de placer. Fatigado y hambriento, después de
cinco horas de ejercicio, di,·isé una 1n.,sía y
me encaminé ú rlla para de1-cansar. Cuando
llegué, se LalJaban apurando Ja sartén de sopas de ajo un hom ure como de cincuenta afios,
acompañndo de su mujer é hijo.
Después ele los mutuos saludos, dijo el hombre:
-¿Quiere comer el seiiorito?
El buen tufo del manjar, que en ac¡uella
ocasión me olió ú gloria, duplicó mi harnbre.
-Sí, seiior-respondí;-quiero eomer y pagar unas so¡x1s como esas que se hallan ui&lt;tedes agotando.
-Esto no es po,:acla ni bodegón- contestó
el hombre con rusticidad catalana;-aquí comerú, pero sin pa¡mr.
-:\Iuch11:; gracia~-repliqué.
La mujer y el hijo se marcharon á la l\Iuf'ará. El hombre limpió la sartén, arregló el
fuego y comenzó á migar pa11.
- ¿liahrá suficiente'?-me preguntó.
-Eche \'ni. m[u,.
Siguió mi hombre migando, v dijo:
- ¿Ba~tarú ya?
·
-Ponga. \'111. un poco más.
-Pero ...... ¿rn el señorito (t comer tanta
sopa'? ... .. .
-Sí, ,:eñor, y dobl¡:i; \'m. no sabe el hambre que )"O traigo.

-Bien. bien; no hablo por miseria, sino
para que no sobren y haya que tirarlas.
-Descuide \'m., que no r-:obrarún.
Aiient!·as R~ preparaba el banquete, me refino el t10 Jaime algo de su vida y milagros:
había andado al contrabando en sus mocedades, y por heridas ó muerte, ó cosa semejante
fué huú:ped del presidio ele Ceuta. En fin el
tal Jaime, según re,·claba en su conversación
con 01:gullosa ingenuidad, era una buena
prenda.
Cuando vi la mesa con un jarro de vino del
Priorato, m edio queso y la sartén rebosando
de olorosa y humeante sopa, m e entre"ué en
ella con el mismo gusto que Sancho Pa~za en
aquel salpicón y aquellaP manos de ternera
que, si mal no recuerdo, le sin-ieron en la ínsula.
Consumilla la cuarta parte de la sartén quedé satisfecho.
'
-¿Qué e:; eso-dijo el Tío Jaime -no le
saben bien?......
'
- Están mu." ricas, pero no tengo más gana.
- P.ues yo no he migado dos Yeces pan contra 1111 ,·oluntad para que las sopas se tiren:
el seíiorito me obligó á migar y yo le obligo á,
comer.

Y cogiendo mi escopeta, que dejé en la puerta de la masía, me apuntaba á cuatro pasos
de distancia.
Seguí comiendo, pero á las pocas cucharadas me fué imposible continuar.
- Tío Jaime, no puedo más...... .
- Pues de rodillas, y encomiéndese á Dios
si es cristi~no._. .. .. fero, en fin-añadió, -voy
á tener misen corcha...... Dos cucharadas solamente ... ... y quedamos en paz.

po:;ici(¡ 11 en que puede darse mud1a an.imación )' Yida á las figurai&lt;. Así lo ent1-m(1ero~
los jóvenes artii,:tas, quienes, con buena 111sp1racióri y gran celo, interpr_etaron perfc-:tamente el tema á que nos refenmo,a.
.
Cn&lt;\ vez preRentadas las obras. y conocido
el fall() de los sinoclalei-;, el ~r. Lic. D. Jrn,to
Sierra, ~u b~ecretario de lnl"trncción Pú l~li?a,
visitó la fü-cuela de Bellas Artes con el umco
fin de examinar las obrns que se pre;~ent.'lron
á este concurso. El Sr. Sierra, despu~~ de, un
atento examen ele Jo,. cuadrm;, marnfe~to su
complacencia y felicitó eariño~amente á los
autores
El l11ismo funcionario indicó la con:·eniencia
que habría en c¡ue los alumnos prem~ados fueran á_turopa ú continua~· y perfece1onar sus
estuchas artíRtico~, pues rndudahlemente que
allá, en el Viejo Continente, y a,l lado.ele los
buenos mae~tros, se desarrollaran meJor sus
faculttt&lt;les.

EL SR. MAGISTRADO DON EDUARDO IUIZ.

SAN LUCAS ESCRIBE SU EVANGELIO
(Cuadro de Ignacio A. Rosas)•

Tragué, sabe Dios cómo, aquellas terribles
cucharadas que me indultaban de la_ n:i?erte,
y en seguida el T!o Jaime InE_; a~lvirt10, ~on
toda la dulzura posible en un rnst1co catatm,
lo que signe:
.
1
·-Creo que el señorito no olvidará que ~
pan crece mucho en las sopas; l?ero el c~nse¡~
que yo deseo fijar en su memona, y poi cuy
motivo le he amenazado, es el de que nunca
abandone la escopeta en las puertas de casas
desconocidas. Tome su arma y pregunte en
la Musa.rá por el Tío Jaime ::\Iontagut. Deseo
quedar amiao del señorito, Y que .sepa p~r
otros que iü"'soy mal hombre ni he sido presidiario.
.
d
d' el l
Mohino y cariacontecido me espe 1 e
Tío Jaime, del cual supe en la ::\Ius.arn que era
h ombre bondadoso, excelente é rnca_pa~, del
e
matar m. á una pa1oma. Quiso
. , .y cons1"u10
º
mu taimado que yo lo considerase un perYerlo para m~jor intimidarm!l con su estupen~ bromL
Vean ustedes por qué aborrezco 1as ccsopas
de a·o i, por qué sé que el pan empl eado en
ell;sl drece mucho, y por qué no abandono las
armas cuando me hallo entre gentes desconocidas.
...... ····················· ············
,
1 inó el -!Uento &lt;le !uanito.
Luego se refirieron otros vanos de.m~s o
menos subido color, hasta que D. Cnstobal

-Pues perdonado¡ pero con su penitencia.
-)Iárquela Ym., s~~or Conde, y se cumplirá con exactitud militar.
.
y echándome su brazo por.}ª cm tura y
apretando cariíiosan1ente, anad1_o:
d.
- Pues la penitencia es que siempre me igas c,.Tuanito» y que siempre me hables de tú
por tú.
................................
···D~;p·t~f~i~·~q{{eÜos días de_ caza no se presentó ocasión de seguir cumpliendo el pa_c~,
or ue nunca más Yolví á ver al desventura o
p v~liente General. Transcurridos muchos
rños ( e n el pasado de 1890), estuve otra v~z
en «La ~Iezquitilla,i, donde el_ generoso
tián Rejano obsequ_ia y agasap téanllíesp b ~ ii
damente ií, sus amigos, y recor? .ª so ~e e
terreno el origen e.le mi conoc1mieuto y i.elaC1ones con el célebre Marqués de los C:istille.
¡os,
que fué de la manera y con las c1rcunstancias que acabo de contar.
EL DOCTOR THEBUSSE:.lf.

~éb~~-

CONCURSq DE PINTURA.
CUADROS PREMIADOS.

···~~~·~~¡~·~~~:~

dijo:
,
¡· •o que
-·Senores, cada mochue1o a su o n: '
hay que madrugar.
.................
:~~~·~{~·;~·~
~sa,
~ i vecino _(el del
1
1
rodillaz~) me dijo que su anso eDra CP~.r tJ;1t
.
el dueño de la casa, . ns o a'
muy en los trotes de la finura; que
debi6 haberme presentado, poi:que ......
-Pero ...... ¿quién es duamton? 1
·¡El
. 1....... •D.
Juan Pnm ...... .
- ¡H om b 1e
,
Conde de Reus!. ••· · ·
l ·'
Sor rendido yo con semejant e re:'e ac10n,
p. , ,á él roaándole
que me excusase y
me d 1ng1
.,,
P erdonase.
d'" 1
eral
-·Perdón de qué? ...... - 1J.0 ~ get1
·
-~eñor Conde, de la famihar1da&lt;l c?n que
1
• ,. de llau1arle ((Juamtoi&gt; en
h e trat a d o ,ir vu,
vez de ,,Conden ó ,,General. n

···¡~·~·~·~:.~

~~t~~~~e

Con l'er&lt;ladem pena se recibió en la ~apital
la noticia del fallecimiento del Sr. )[a¡r1i-trado
á la Sup~·ema Corte de J.usticia d~ la Xación,
D. Edt1ardo Ruiz, acaecido en Druapan hace poc&gt;os días.
El 81•. )[agistrado Ruiz nació en 'G:nap~n
en 1830, y tras una b1}!lan,te carre:a hterana
en el 0o]egio de San ¡'\1colas de Hidalgo, en
~Iorelia, obtuvo el título ele abogado ~n 1862.
La efervesl!encia política en que ¡.:e ag~taba entonces el país, lo empujó á la r~voluc1ón_, y al
lado del inolvidable General Riva Palac10, luchó en defensa de la causa nacional.
Fué, más tarde, sucesivamente, Dipntado á
la Legislatura de )Iichoacún, al Congreso de
la Unión, y Procurador General de la Suprema
Corte hasta el año de 18!)8, en que se reorganizó e$te Alto Cuerpo, suprimi.é~dos~ la Pr?cnradllría para e'3tnblecer el )Iurn:teno Público Federal. Poco despuéi', el Sr. Ruiz fué electo :Hagistra&lt;lo, ci:rgo honro~ísimo que desem-

Sr. Magistrado D. Eduardo Ruiz.

C . u liendo con las disposiciones reglamentf . ~~
la Escuela Nacional de Bellas Arte~,

/e

1~!

s;r~,tfe~tauae;no1~0~ª~~1~ºiZ~ d!~~~:o~~n;~~·;is
pin tu,,
· '1
•
&lt;l
t dios aralumnos que han tenmna o su_~ e~/ el~ los
tísticos. Tres fueron los concuu en s,
llJtablemente, ha
l dos se distin"uierón
0
cua es merecido
·
·, d e todo el probiendo
la apro b aCJon
fesorado de la Escuela. ..
f ,
ien obEl ¡·oyen Gonzalo Arguelles u e qul
e',
. , I o-nacio A Rosas e ccacc st~1vo el prem\°' e d~ los dos. artistas aparecen
s1t. J&gt; Los cun.t ros
· .·
nuestros lectores
hoy en nuestro semana11_0 ,)'.
. del mépodrán formarse exacto JlllC~o. acerca
rito y belleza de las composiciones.
. el
E l asunto que se dió á los al~rn~os par~
. 11
n la tela fué el s1gmente: ,,S1:n
d
esa1ro o e
' li
· t·d orla vuLucas escribe su evange ~ asis i o .P
aún
gen María, madre de Jesus, de qmen, se.,mla tradición, hizo el retrato/ Como se co prende, el asunto ,:e presta a una buena com

peñaba últimamente. En la Escuela Nacional
de J urispru&lt;lencia servía la clase de Derecho
Constitucional en la que se tiene hasta hoy
como texto m;a obra escrita por ~l, y muy
elogia&lt;la.
.
Por lo demás, el Sr. ~Iagisti:ado Rmz fué
un liberal de convicción y un literato que enriqueció las letras nacionales con leyendas Y
trabajos históricos muy importantes. Nuestro
semanario lo contó siempre entre ,:us colaboradores mús distinguidos.

�Domingo 23 de Noviembre de 1902.

EL :MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

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Domingo ~3 de Noviembre de 1902.

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ULTDIO RETRATO.

•

•

La puerta giró lentamente sob:·e sus goznes.
Por una de las ventanas de la cúpula, que
estaba entreabierta, penetraba un rayo &lt;le luna y se deslizaba entre las naves iluminan&lt;lo
con su pálido reflejo los gruesos pilares, que
se perdían en la sombra de las bóvedas; y en
el fondo, detrás de las rejas cerradas, un poco
elevado, blanquísimo, se veía el altar &lt;leslumbrante y tranquilo, co11 sus dos grandes candelabros de plata.
En la iglesia adormecida, el aire dulce estaba impregnado de un aroma de incienso y
de rosas; un infinito silencio vagaba en este
divino reposo, y los dos hombres se detuvieron.
En tanto que el más pequeño cerraba la
puerta sin ruido, el mayor tomó su fieltro entre los dedos, extendió la mano como para buscar la pila de agua bendita, pero su brazo permaneció inmóvil. Por un instante olvidó que
había entrado allí para robar, y el perfume de
las cosas santas acababa de despertar en su alma los recuerdos lejanos del tiempo en que,
siendo un adolescente, ayudaba en la misa
al cura de la aldea, é hincaba la rodilla delante de las imágenes sagrn.das.
Arriba de su cabeza sonó el martillo de un
reloj, dejan&lt;lo caer de lo alto de las bóvedas
sus notas graves y como dolientes. En ondas
solemnes, flotó el ruido algunos instantes.
después se extinguió ..... .... y volvió á reinar
el silencio. El la&lt;lrón sintió que lo asaltaba
una inquietud, m1 pavor que no tenía razón
de ser; dióse á sí mismo un poco de valor, i,e
encasquetó su fieltro y abrió su enorme navaja, esperan&lt;lo.
-Pardiez! dijo d otro en tono de mofa
has tennina,lo tu oración? ......... Vamos!. .... '.
vienes ó no?
Bajo las vitrinas páli&lt;las, el resplandor de
la luna hacía chispear el oro de los relieves y
de los frisos.
Por fin, el mayor sacudió su estupor, y
marcharon los dos entre los oratorios y los
pfüpitos, deteniéndose algunos segundos detrás de los pilares y los confesionarios, fijos
los ojos en el altar, que cintilaba con sus joyas.
En sus cabezas criminales, la visión de todas
estas riquezas pasaba rápida, alentadora.
Ya cerca de una capilla lateral, el grande se
puso á temblar.
--Por d6nde comenzamos? qijo el menor ...
Primero la arquilla; veremos el rei;to si hay
tiempo. Tú está en acecho, mieutras que yo
tuerzo la cerradura.
Volvieroh hacia la izquierda y entraron en
la nave de en medio.
Bruscamente pasó una nube en el cielo. La
obscuridad envolvió todas aquellas cosas, ahogando en una sombra compacta las esculturas

y el altar........ Solamente una veladora que
pendía de una cadenilla sutil, liería las tinieblas con su flama, pero era tan fina la cadenilla y venía de tan alto, que este resplan&lt;lor
tenía el aspecto de una estrella empaíiada en
la bruma melancólica.
El mayor tembló y dijo á su compañero:
-Has visto?
-Qué hay!
-La luna se ha oculta&lt;lo ..... .
-Y eso qué?... encenderemos cerillos. No
has trnído?
-No.
-Tanto peor!; pero, en fin, eso no vale nada.
Ya he visto dón&lt;le está ...... Tú espera.
Dió dos ó tres pasos y se detuvo. Un ruido
metálico interrumpió el silencio y la voz burlona exclamó :
'
-Aquí está la caja. Tú, alerta!
Pasó un minuto durante el cual se oía un
sonido metálico.
-No hay L1edio de abrir esto con las llaves. Pásame el cincel y el martillo.
Al oír goipear el fierro, el mayor se sintió
de nue\'o presa de un gran terror. Inútilment~,_ para apar~ar su obsesión, evocaba sus raprnas á la orilla &lt;lel bosque los transeuntes
que había medio estrangul~do en la noche
en el extremo de las calles solitarias: la igle~
si~, fría é inm.ensa, le helaba de espanto. Su
m11·ada, hundida en las tinieblas distinguía
formas extra~as, el silencio se poblaba de voce~, ,Y repentmamente, al levantar sus ojos,
~~ro al resplandor de. la veladora crepitante,
v!o un rostro descolondo, flaco, inclinado hacia él, y qu.~ lo. ron.templaba fijamente, con
una expres10n mfimtamente dolorosa y triste.
Pas6 el revés de su mano por su frente sudorosa, cerró los párpados y dijo con voz casi ahogada á su cómplice:
-Acaba pronto.
:-Espera, contestó el otro; tú tienes mucha
pnsa?
Abrió los ojos esperando que la pesadilla
se hubiese desvanecido; el rostro descolorido seguía en el mismo
sitio.
Entonces pensó para si:-Esto no es posible.... yo estoy loco!
Pero la aparición se
dibujaba más netamente. Veia su cuerpo blanco, las costillas que sobresalían
bajo las carnes enflaquecidas, y sus largos
brazos extendidos que
parecían llamarlo.

•

Recordó entonces que, siendo muy niño
cuando tenía miedo por Ja nocho, para ahu~
yentar á los espíritus malignos, recitaba alguna oración. Pero desde cuánto tiempo bacía
que las frases santas habían escapado de su
memQria? Además, no era el demonio el que
surgía delante de él; era el Otro con su semblunte de sufrimiento; el Otrd que llora lo
mismo po~ los malos que por los buenos; Aquel
cuyas lá~nmas de sangre habían corrido por
los mártires y por los ladrones crucificados!. ..
Y la aparición se puso á hablar suplicante:
-Vete ...... Vete ...... Yo te perdono ........ .
Con acento ele rabia, el menor murmuró entre dientes:
- Tanto peor! Tomaré el martillo!
Entonces quiso gritar: t1Xo!. ...... No!. ..... .
No hagas eso!i, Pero su voz se ahogaba en su
garganta.
Sonó u~ ruido profundo como un ataúd
que se cierra. Con todas st;s fuerzas el ladrón
palanqueaba sobre las cerraduras ..... .
La aparici6n palideció todavía más, se inc!inó, y sobre el pecho descarna&lt;lo, que parecm elevarse por las sacudidas se entreabrió
una llaga sangrienta.
'
El homhre juntó las manos implorando:

--

--

-

- .----&lt;___

-........

~
~ 1
r :1p ·

�EL lffiNDO JT,TT~TRAno

Domingo 23 de Noviembre de 1902.

ET, MUNDO ILUSTRADO

é'

-Dios mío, perdón!... . ... . Piedad, Dios
mío!. ...... .
El otro dejó su martillo, tomó la arquilla y
se puso á sacudirla furiosamente, tratando de
arrancarla.
Entonces la divina cara se inclinó, dej6 caer
los brazos descoloridos haciendo ver en las
manos las anchas cicatrices. Todo su cuerpo
se plegó y la herida del costado izquierdo pareci6 ponerse más roja, ...
-Detente! Ahí está, delante de mí, mirándome!. ... .. .. .
El otro seguía forcejeando. l\Iovida por un
brazo invisible, la veladora oscilaba, paseando
sobre las bóvedas fantásticas sombras, y, súbitamente, el mayor sintió caer sobre sufrente una eubstancia viscosa y tibia y oyó el ruido sordo de un objeto seco que se rompió.
Anonadado, gritó:
- Sangre! Ha caído su sangre sobre mí!
En ese mismo momento se arrojó sobre su
cómplice, arrancándolo de la arquilla á la cual
se afen-aba; lo tomó por el cuello con sus dos
manos y golpeó su cabeza contra el suelo hasta dejarlo exánime, llamánnolo:
«Asesino! Asesino!.. .....Judas!. ..... »
Al día siguiente, las persohas que primero
entraron en la iglesia, se encontraron dos hombres sobre las ba.ldosas: uno muerto, con el
rostro hinchado; el otro, &lt;le rodillas, golpeándose el pecho y murmurando ininteligibles
oraciones.
Sus cabellos estaban pegados á su frente
por un barniz espeso y grasoso, que escurría
por su barba enmarañada.
La gran cruz de madera ennegrecida de la

arquilla, estaba casi arrancada del suelo; y el
crucifijo, con los brazos abiertos y la cabeza
baja, parecía, entre sus párpados medio cerrados, mirar tristemente á los dos ladrones que
estaban á sus pies.
i\1AURICE LEVEL.

POEMAS DE COLOR.
CANCION DE LA MISERIA.

Soy carne fuerte por el sol tostada,
carne de pueblo en el taller vencida;
si por todos los yugos oprimida,
de todos los cansancios fatigada.
Llevo ante el mundo la cerviz doblada
por un negro atavismo de la vida,
cual pobre bestia con sudor ungida
sobre el árido campo maltratada.
Yo soy la rebelión, soy la Miseria,
soy la fecunda y vigorosa arteria
que huye de las sociales podredumbres.
Yo soy la apocalíptica campana
que pregona las misas del Maíiana
colgada como un Sol entre dos cumbres!
CANCIÓN DEL BRONCE.

Como el carbón-diama~e, que reclama
primoroso cincel para el bruñido
y que luego, en brillante convertido
sus estelas de prismas desparrama, '

~ota saliente de la crónica ne las últimas
semanas fué, sin duda, la celebración de los
Juegos Florales organizados por los alumnos
del Colegio del Estado de Puebla, para conmemorar el aniversario de la Independencia
de México.
De los cinco temas sacados á concurso, sólo
uno, el segundo, se declaró desierto: en el primero, premiado con la flor natural, obtuvo e1
.triunfo el Sr. Lic. Miguel Bolaños Cacho,'ac.

Soy simbólico heraldo en los torneos,
corona en los sorn brío¡¡ mausoleos
y esquilón en el templo de los fieles.
Soy la memoria de las grandes vidas,
el canto de las razas extinguida!',
la petrificación de los laureles.
LoPEZ DE MATURANA.

CLARO DE LUNA.

Sobre la línea undosa de la sierra
su arco de rosicler alza la lu nn;
recorren chispas F&lt;Úbitas la tierra,
y pliegues luminosos la laguna.
Entre la espPsa hierba verdeoscura
se ve á trechos brillar agua tranquila·
y sobre un mar inmóvil de verdura '
blanco velo de luz pende y oscila.
EXRIQUE .fo,;~; VARONA

Reverso de la medalla ofrecida por
la Colonia Española.

l.

,M

So. tema.-Premio ofrecido por la Colonia
Francesa.

•

Con rumor cadencioso la floresta
arrulla el sueño de la vega en calma;
quiebra sus hojas el banano; enhiesta
su penacho real yergue la palma.

roen Blumenkron. La Corte de Amor fué formada por las señoritas Jacoba Olea, Josefina
Bret6n, Josefina. G6rnez Daza, Josefina Ala.triste, Ana María Isunza, Josefina Traslosheros, Ana Ortiz Borbolla, Julia Revilla, Carmen Haro, Sara Díaz Cevallos, Amalia Ilevia,
Concepción Sánchez Gavito, Elisa Rivera, Enriqueta Contreras, Delfina Pérez Salazar, Dolores !barra, Gertrudis Diego y Guadalupe
Almendaro.

4o. tema.-Medalla ofre&lt;:ida por la Colonia
Española.

i.ual Gobernador de Oaxaca; en el tercero, el
Sr. Lic. Victoriano Salado Alvarez; en el cuarto, el Lic. D. Leonardo S. Viramontes, y en
el quinto el Lic. D. Atenedoro Monroy. El
Jurado Calificador, compuesto por los Sres.
Lic. Felipe T. Contreras, J. Manuel Lobato
y Dr. Rafael Serrano, otorgó, además, c,accésitsn y menciones íi otros escritores concurrentes á los Juegos.
La fiesta se verificó en el Teatro Guerrero,
:ante una selecta y numerosísima concurrencia, eligiéndose por el Presidente del Jurado
reina del Torneo, Íl. la distinguida señorita Car-

Así, noble en estirpe, mi oriflama.
de dos metales á la unión surgido,
glorioso y fuerte, destinado ha siclo
para el sonante ~;unque de la fama.

El mantenedor de los Juegos, Sr. Lic. Ernesto Solís, pronunció un bellísimo discurso
que fué aplaudido con entusiasmo por la con:
currencia.
Eu el presente número publicamos fotografías de la Reina y de las señoritas que formaron la Corte de Amor, así como de los principales autores premiados, del Mantenedor de
los Juegos y de los miembros del Jurado Calificador. La medalla ofrecida por la Colonia
Española residente en Puebla, para el vencedor en el cuarto tema del Concurso, es una
valiosa obra de arte.

•

•

Domingo 23

ae Noviembre de 1902.

�Domingo 23 de Noviembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

DoJ11·nrro 21 &lt;le Noviembl'e d 1902.
0

�Domingo 23 de Noviembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL UUNDO ILUSTRADO

~ ·· ..M.'Y.

?~
/

-~,

Rscuela de enfermeras.
C0111POSICIÓN PREMIADA CON LA FLOR NATURAL.
EN LOS JUEGOS FLORALF.S.

r

Por mansiones reales y palacios
Ronda Morfeo, transformado en hombre;
lcelón, hecho ave ó fiera sierpe,
Vuela ó se arrastra. Mientras cauteloso,
Tornado en árbol ó en oculta roca
Vela Fantaso e! sueño de los grandes,
Los otros dioses de los sueños viven
En torno de las míseras cabañas ..... .

..

* ..

'

Domingo 23 de Noviembre de 1902.

¿De dónde vienen? ¿.Hacia dónde huyen
En innúmera. serie cual arbustos
De prolíficos campos, como el polen
De gigantescos bosques seculares,
O como arenas de la. playa. Egea?
Vienen de las cavernas invisibles
Que cerca de Cime1·ios y en la falda
De un monte sin verdor, abren sus fauces.
¡Templo y mansión del sueño!:
Allí es la. vida sempiterna. noche;
Jamás el sol con su mirada ardiente
Pudo allí penetra1•, ni el gallo altivo
Con sus arpegios de tenor anuncia
Que abre el Oriente la. divina Eos
Y Ilelios viene en su cuádriga. de oro;
Ni el vigilante ca.o dió alebresta.do
Como toque de alarma su ladrido;
Ni el ánsar pudo, con oído grácil,
Un clamor escuchar. Todo reposa
La vida de la. sombra. y de la. inercia;
Y si en el fondo el a.gua det Leteo
Corre sobre su lecho de guijarros,
Tan sólo a.duerme con rumor monótono.
En el soberbio lecho se reclina.
El a.lt-0 dios, entre mullidas plumas
Y sobre el terso ébano que opaca
Una sombría clámide,
:Mientras en impensa.das actitudes
De estáticos placeres,
Cien inmóviles dioses le rodea.u.
¡Triste y dulce mansión! .... sólo en los huecos
De la eriza.da. c1·átera.,
Crecen a.dormideras, y amapolas
Y plantas cabalísticas de donde
La noche toma, en el silencio augusto,
Los jugo,. misteriosos y letárgicos
Que esparce Juego por la tierra inerte,
Y da el placer unive1·sal: el sueño .. . .. .

......

Duerme sob1·e el regazo
De la. madre feliz el bello infante,
Y su blancura. virginal imita.
No la.va.do vellón ni fresco lino,
Sino anima.da. nieve
C-Omo capelo de encendida. lámpara;
Su corazón ignora. lo que esconde
'l'ra.s el amor la juventud voluble;
No ha. sentido el ardor del pensamiento
Ni pueoe conocer, desde la. cuna.,
Lo que habrán de ignorar sabios y estultos;
Es ama.do, no ama, vi ve y ct•ece
A expensas de otro ser-único sa.nto.¡Ah, no le despertéis! .... si despertara.
Del sueño de su edad, sólo os da.ría

Su justa maldición! ¡Dejad que duerma
En el regazo tibio
De la. mad1·e feliz, el bello infante! ..... .

***
Duerme el ardiente joven
El sueño de sus veinte primaveras·
¡Todo es color de sol: las esperan~as
La. fe, el amor, la. dignidad, la. ¡¡-lori~!
Allá divisa en la. extensión sin término
La.s lides del valor, la g1·itería.
Tumultuosa a.l diapasón del triunfo:
El verbo huma.no derramando ingente
Fulgor en Ja.s compactas multitudes
Y tras su luz--rnatrona incorruptible
De sombra. hospedadora- la Justicia.
Allá mira el amor llevado al colmo
Del silente y eterno sacrificio;
La mujet· como lágrima celeste
Uristalizada en ideal co1·ona,

Lic. Miguel Bolaños Cacho.

Límpida fuente de inmo1·tal consuelo:
Ya. es la blanca Eloísa, ya Julieta
Colgando ansiosa la flota.nt~ esca.) a·
Ya, _Prodig~ndo cánticos y flores, '
Ofeha en nimbo de perenne angustia. ....
No conoce el dolor, ni la. falsía
De un amor que hacen perecer bien pronto
En sus.ondas letales, el olvido,
_1
Y el c1·1men 1 en sus redes invisibles ....
¡Oh! deja.die que duerma
Joven feliz su prima.vera ardiente .... !

***
Duerme poco el anciano, mas el sueño
Reparador de su organismo, calma.
La pálida visión de sus memorias.
No ve surgir-como antes
en su potente juventud solíaLa mujer hecha fuente de placeres·
La amistad vuelta. mistel'ioso ha.l¡go
De personal provecho;
La Religión, sibila aparatosa

De contorsiones místicas, y ocultas
Garras para sangrar; la virtud frágil,
O esclavizada al formidable vínculo
De apetit-0s sin té1·mino; 1a Patria.,
Objeto y blanco de profa.nos ímpetus
De medro y de poder, no cull.l debiera.
La santa. patria., culto de sus hijos:
La gloria. coronando
No la causa mejor ni el mejor triunfo,
Sino el éxito audaz, que preconizan
Con c1·uces y medallas,
Pechos cobardes, corazones débiles,
Ajenos al valor y al heroísmo;
El pueblo, pobre carne de cañones,
Viviente combustible de tabernas,
Hecho á mirar el suelo bajo el fardo
De su propio dolor y vilipendio
O de la ajena. perversión bursátil;
Y en honda. tempestad .... la.s ilusiones:
Parvada de palomas que no th,ne
En alta mar donde plegar las alas .... !
¡Ah! dejadle que sueñe
Al través del cerebro empobrecido,
Un &lt;más allá&gt; de vida perdurable
Tal como le soñó la fantasía.:
Brindando goces ó infligiendo penas!
¡Dejad que el sueño borre del anciano
La pálida visión de sus memorias .... !

..

**
Duerme sólo el cadáver
El sueño perdurable de la tierra;
En el crisol del cráneo obscurecido
En donde un tiempo germinó la. vida
En santa. lloración de pensamientos,
Un enjambre vivi,:mte de gusanos,
Como un pueblo de ilotas,
En hervidero pútrido se mueve;
De las cuencas vacías
Surge, como mirada. del abismo,
Una expresión sin luz y sin idea·
Del frontal descubierto
'
Un mechón de cabellos se desprende
Como vegetación de los sepulcros;
Et corazón, que palpitó gozoso
O doliente tal vez, pero con alma,
Hoy es infecta víscera
Como un embrión de hiel y pod1·edumbre;
La boca. huma.na. que alentara. el verbo
Ríe enseñando un maxilar deforme
'
Con una. horrible mueca de vestiglo ...•••
Y a.sí duerme el cadáver
-Con la insensible muerte de la vida.La. vida. fecundante de los otros:
Desde el mic1·obio vil de sus entrañas,
Hasta la. flor que en el altar perfuma·
Desde la mariposa--flor vi viente - '
Has.ta. el hocnbre-¡ la. humana mariposa.!
¡DeJa.dle, pues, dormir!.. ¡qué gi-ito ho1·rendo
De espa..itosa verdad no lanzaría
Al despertar y ve1·se carcomido
Como despojo de it-risoria bestia!
Al ver su cuerpo, antro de o-usa.nos
Y su divino espíritu,
"'
'
Inconsútil esenllia evaporada
Como una gota de éte1· impalpable!
¡Y qué pena infernal, visión horrible
Si el cadáver, viviente levantándose '
Con su co1·te de larvas y de harapos
Llegara. hasta el lugar donde los suyos
Quizás en el delirio de la fiesta.
O del olvido en la egoísta ca.lm~
~,o~•iríao de esp~nto al contempl~rle!
1Ir1ste resurrección ...• dejad que vi va
El cadáver tranquilo,
El sueño pe1·dura.ble de la tierra .... !

EL JURADO CALIFICADOR.

Dr. Rafael Serrano.

Lic. Felipe T. Contrera~, Presidente.

Lic. Ernesto Solla, Mantenedor.

El cielo como un ojo de los orbes
'Cierra. su inmenso párpado y oculta
Su pupila de oro: el sol de ocaso;
'Sólo el fulgor fosfórico
Del cocuyo que corta las tinieblas
Como una chispa vívida
De intermitente luz; sólo el chirrido
Del grillo bajo el hueco de los surcos,
Suelen romper la obscuridad y el hondo
Silencio de la noche taciturna.
Al beso de las sombras
La flor se aduerme recogida. y quieta
Para morir acaso con el día;
El arroyuelo cristalino gime
Con su mm·mullo triste y sempiterno,
sin que la luz alumbre
Los invisibles genios de las aguas
Que en el silencio de la noche mo1·an;
El aire fresco mueve resonante
Los maizales tupidos, de hojas verdes,
Con sus mazorcas de rizadas crenchas;
Y en el rama.je oculto
El ruiseilor-el músico sonámbuloComo un eco de Pan lanza. sus notas;
La potente metrópoli desea.osa.
De su drurna. y loca algarabía.;
No resuenan sus calles
Al fogoso tl"'otar de los corceles,
Ni al sonoro roda1· de los carruajes
Ni al grito clamoroso de las máquinas .....•
Todo es silencio y paz; Nat.m·a. duerme
El sueño de los seres y las cosas,
El sueño universal. ... Duerme Na.tora.•••

Sr. Agustín Cruz CeliE, Presidente
de la Junta Organizadora.

rra; toda sonrisa encierra una lágrima; y entre
los lirios marmóreos y las rosa&lt;s escarlatas crecen los asfodelo,-, de la muerte. Lo mejor es
morir joven, llevando de la vida una id~a ilusoria, algo así como üna melodía.
-Sin embargo, nosotros somos jóvenes y
ya sentimos ~obre nuestros espíritus el peso de
una lápida fúnebre ...... No sé cuándo debiéramos haber muerto.
Ella guardó silencio.

Las deficiencias que se observaban en los hospitales con respecto al servicio de enfermeras
aptas, hicieron concebir la idea de fundar una
Escuela práctica en que puedan recibir la competente instrucción las eefioras y señoritas que
se dediquen fL la asistencia de los pacientes.
Con este objeto se trajo de los Estados Unidos una hábil maestra, y la Escuela quedó establecida en el Hospital de Maternidád.
Las alumnas visten de uniformt&gt;,de acuerdo
con los mejores modelos que han sido presentados á las Convenciones sanitarias, y han alcanzado ya, como se vió en los últimos exámenes, notables progresos en la enseñanza.
Además, y para quP. las señoras pobres puedan
dediearse á la enfermería, las alumnas reciben una gratificación mensual.
Las futuras enfermeras irán á servir, concluído su aprendizaje, al Hospital General
que se está construyendo.
-Es de almas grandes rechazar las "injurias&gt;&gt; con beneficios.
-Las "injurias» son las razones de los que
carecen de ellas.

.,.

MIGUEL BOLAROS CACHO.

.

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BAJO EL CIELO INMUTABLE.
En la tarde amarillenta, bajo el cielo inmutable, sintieron caer sobre sus espíritus frater·
&lt;nales una sombra mortuoria.
-¡Cuán lentos pasan los años! -exclamó él.
,¡C6mo han envejecido nuestros sueños!.. ..... .
-Siento mi alma llena de remotas memorias de
antiguas imágenes. Una dulce nostalgia des•ciende sobre mí, haciéndome sentir la angustia de las cosas lejanas, de las cosas perdidas
para siempre. A veces el recuerdo se clava
-como un áspid sobre mi corazón y prende una
nueva tiniebla en la noche de mi tedio pro·
undo.
-Sí-dijo ella con melancolía;-los años
pasan lentamente. Nuestros sueños son perfumes, que, una vez extinguidos, no pueden
irenacer. Todo es triste y amargo sobre la tie-

Grupo de enfermeras.

Y ae quedó mirando, con una tristeza. que
no era de este mundo, la línea gris del hori•
zonte ...... las nubes que pasaban ú lo lejos... .
FROILÁX TURCIJ:'.

Si uno se contentase con ser feliz, pronto lo
sería: pero uno quiere ser más dichoso que
los demás; y esto es casi siempre difícil, porque nosotros creemos á los d€rnás más dichosos de lo que son en realidac'!:
-Todo el mundo se queja de la memoria y
nadie se queja de su raciocinio.
-La 11hurla» es, entre toda.'l las injurias, la
que menos se perdona.
-

Sr. J. Manuel Lobato.

-La "injuria)) que se desprecia se des,·anece por sí misma; si uno la recibe, le da valor.
-No cont&amp;is vuestras dichas á un hombre
que sea desgraciado ó menos dichoso que voe.
-Cuando uno sueña y calla, existe más
profundamente que cuando habla y obra.
-La palabra es grande y bella, pero má.~
gmnde aún y máe oello es el Silencio, rey del
ensueño.
- Dios también
ensayó el hacer dos
obras de distinto gé•
nero; su prosa, el
hombre; su poesía,
la mujer.
- El libro del
tiempo es tan stunamente grande, que
no nos cabe más
que una página de
él en la cabeza.
-Cuando el corazón experimenta
sinceramente un
amor profundo,
siente a I m is m o
tiempo una languidez, una fntiga que
le hacen apetecer la
muerte.
DE LA TIERRA TAPATIA

Lic. Victoriano Salado Aivarez.

Lic. Leonardo S. Viramontes.

Srlta. Josefina MArtlnez

•

�nomingo 23 de Noviembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL ~I UNDO ILUS'rRADO

Domingo 23 de Noviembre de 190:2.

Que llestle allí arriba
Parecía risible y grotesco,
En pocos instantes,
De borrones llenaron un pliego.

Los temblores en Quezaltenango

Pensando, pensando,
Al mirar aquello,
Inundaba el alma
Un torrente de sano desprecio,
Que envolvía las cien figurillns
De los vivos que en torno del muerto
l:le agrupaban, unos por la imbécil
Y brutal seducción de lo horrendo,
Y los otros, «los hombres obscuros,»
l'or ganar cuatro viles dineros ...

Por ser de oportunidad, damos

La prrrn;a de informaeiGn 11:1
hablado ya de los terribles temblores que de un año á esta parte
se han registrado en Quezaltena11go, una de las ci uda eles más importantes de la República de Guatemala, y de los perjuicios camaclos por ellos, tanto en la población como en sus contorno!'.
En abril, Qunaltenango fué casi destruido por los terremotos:
las fincas principnles que no se
derrumbaron, sufricron avería?
muy considerablee, y hubo familias que perdieron con la deFtrucción inesperada &lt;le sus edificioR,
toda su fortunn. Confindos, sin
duda, los moradores &lt;le la población, en qne no se regist.raría otra
catástrofe semejante, comenzaron
á reedificar sus casas; pP-ro los tembiores no tnrdnror. en repetirsr, ,v
en el mes de septiembre la ciudad fué \'Íctima &lt;le nueYos sa,:udimientus, que produjeron un pánico indescriptible. Las pérdidas
nuevamente registradns fueron
muy grande¡.:,

á conocer en esta1s ¡,áginas unas
vistas de los principales edificios
destruí dos por los temblores de
abril.

Pensamientos.
La perseverancia ha alcanzado
triunfos increíbles. Una persona
de muy pocos alcances puede llegar con la con1stancia adonde no
llega el más luminoso y elevado
talento; y es que, por lo regular,
al gran talento va unida la carencia ~e perseverancia y de fe.

Y lo único grande,
Lo único serio
Que inspiraba en aquel cuadro vivo
Piedad y respeto,
Era la terrosa
Figura del muerto,
.\.rrojado en mitad de la arena,
Vestido de ovas,
~lanchado de cieno.

No hay nada más perjudicial
á una verdad nueya, que un errorviejo.
Es imposible llevar nada en la
vida con un rigor extremado, por~
que es impo,:ible que los que nos
rodean lleguen á la perfección
que nosotros mismos no podemos
alcanzar.

.

",.

Con ef:tos nntecedentes, fácil es
suponer la alarma que con motivo de las n cientes rupciones del
Santa l\laría reina en el país vecino, y el riesgo que de ser totalmente destrnído corre Quezaltena11go.
Edificio del Banco de Guatemala en Quezaltenango.

Nadie nace perfecto: el carácter tiene sus alternativas, com0las tiene el ccraz6n, como eT mar
tiene sus mareas, como el cielo
sus nubes; toda persona que siente mucho, es desigual, porque.Ja.
variedad de sus imp res10nes serefleja en el exte ..1or, si no tiene
gran dominio sobre sí misma.

F.

El amor, como la oración y la poesía, es el
imán que atrae al sentimiento.

UN AHOGADO

Que, acercándose al pobre anegado,
Le miraron, palparon, volvieron
Y, con mucha pausa
Y ademún reposado y severo,

***

La avaricia del amor es el constante afán de
retener al dueño ama&lt;lo.

Yo lo Yi: le arrastraban tlespacio
Del río las ondas,
Manchado de cieno,
Vestido de ovas.
La mansa corriente
Arrojóle ú la orilla arenosa,
Y allí quedó solo, como algo perdido,
Como algo que sobra.
Yo vi, desde el puente,
Dibujarse allí abajo su forma,
Blarn¡ uear los ojos cuajados y abiertos
Entre Jo amarillo de la cara tosca;
Asomar la hilera de dientes feroces
Por entre las fauces; las greñas cerdosas
Y la inculta barba encuadrando el rostro
En un marco de tétrica sombra;
EFtirados los brazos nervudos,
Rígidas y abiertas las piernas vellosas,
Y el blancuzco vientre
1Iostrahdo su horrible redondez hidrópica.

NUESTRO PAIS.-Panorama de Taxco (Gue.).

..,.

Llegaron dos hombres
Que el cadáver vieron,
Y otros dos y otros muchos, y pronto;
)lujeres, y chicos, y mozos y viejos
Formaban un corro
Trabado y espeso,
Que absorbía con sus mil bocazas,
El tufo del muerto,
Y, por ver de cerca
El hinchado cuerpo,
Sin piedad se estrujaba y gruñía,
Los ojos bestiales en redondo abriendo
Y mezclando, en impía salmodia,
Comentarios y dichos obscenos
Con cien carcajadas
Y mil juramentos.

••
1

~

De súbito se hizo,
"En el corro apretado, el silencio,
Al llegar un grupo
De hombres graves, obscuros y tétricos,
Interior de una casa destruida por los temblores.

***

El temor del ser que ama, es el de penler á
su ídolo.

Quezaltenango~Una finca en ruinas.

El sol en la arena
&lt;Con crueltlad acusaba la forma,
Daudo á los contornos del yerto cadáver
Proporciones tan raras é insólitas,
Que á ln fantasía,
Llena de zozobra,
Se Je figuraba
Contemplar absorta
Del genio del río
La imponente figura ciclópea.

,
........

El edificio consular de los Estados Unidos.

KAVAIWO y LEDESMA.

Una calle de Taxco.

�.,.

rno-~.
EL )IUNDO JLUSTRADO
,.--e:====
=====~==;;;,,;;,~,;;;;,;;;.;;;;;;;;;,,;=================-

Domingl&gt;2:1 tlc :-ovi&lt;.&gt;mbre ele

[L MUNDO ILUSTRADO
Subscripción mensual foránea, $1.50
Idem ldem, en la capiLal, ,. 1.25

MÉXICO, NOVIEMBRE 30 DE 1902.

AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 22.

Gerente: UJI&amp; RtTt&amp; &amp;PINDOLA.

elrector: LIC. RArAtL anr&amp; &amp;PINDOLA.

Sr.

cCic.

!D. cn¡ilio j)i1J1enfel,

c;OBERXADOR COX~TITU'l'IO:NAL DEL Et&lt;TADO D.f! OAXACA

('romarl!. l)Osesl6n de su alto puesto el dta de mallana).

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1902, Año 9, Tomo 2, No 21, Noviembre 23</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Magistrado Eduardo Ruíz</name>
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                    <text>~

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11
-1:
tu ralezas débiles; se aleja de todo temor de esos terribles ma- 11
-11
son las dos armas principales con que el hombre les cereb1ales que matan ó agotan al Individuo basta el extre11
-u puede¿Cuáles
combatir ventajosamente contra la multitud de enemi-11 gos que le cercan y que se resuelven en dolor, enfermedad y mo de convertirlo en Idiota y en loco, y lo mismo el hombre 11
que la mujer, lo mismo el anciano que el niffo, concurren con 11
u muerte? LA SANGRE.Y LOS NERVIOS,
alegría y con vigor al trabajo universal de la naturaleza en su 11
-11
Una sangre pura y unos nervios sanos son la garantía más constante obra de reproducclófi de las especies.
11
-u segura de una larga vida, Con ellos, el organismo cumple norTambién mata, es cierto; pero mata cebándose sobre todo
-11 malmente sus interesantes tunctones fistelógtcas; el estómago, en los seres exoonuados por el abuso, por la enfermedad ó por 1111
-u ¡os intestinos, el bfgado, el corB1ón 1 los pulmones, etc., no es· la Indiferencia, porque
11
-u tiin expuestos A sufrir las mil afecciones que padecen en las na11
11
11
11
u
u

LOS MEJORES ELEMENTOS DE LUCHA

CONTRA
EL
DOLOR
Y
LA
ENFERMEDAD
..
-

-

LA INDIFERENCIA PARA CONSIGO MISMO

-11
-u
-11
-u
-u
-u
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-u
-u

ES EL PEOR ENEMIGO DE LA VIDA

El bombre que entregado al trabajo, ó después de abusos
temen1les ó de enfermedades agudas, siente d~er sus tuerzas
la mujer que se siente debilitada por la siempre dulce pero A
veces peligrosa labor de la maternidad y la lactancia; la joven
que al mirarse en el espejo ve palidecer y amarillear su antes
- rosado cutis, y sufre jaquecas !recuentes y perturbaciones en su
u
- menstruactón¡ el nttlo cuyo crecimiento se efectda dificllmen11
-11

-11

te y que camina A grandes pasos II la escro!ulosls, al raqultl1mo; todos en una palabra, los que pagan tributo al mal de la
época llamado
,, ANEMIA"

-uu
-11

"~

DE SAN GERIIIAN

-11

DEL DR. LATOUR BAUMETS

-11
-11

-u
-11

-11
11
11

une la de su sabor agradable, circunstancia que no hay en otros
Preparado que por su composición, en la que figuran tónimedicamentos cuya eficacia se ve casi siempre entorpecida por
cos, reconstituyentes y purlficantes tan poderosos como el
la repugnancia que Inspiran al las personas que deben tomarlos.
Se recomienda muy especialmente A todos aquello• padres
que noten que sus bljos están anémicos, que las jóvenes se ponen cloróticas y sufren padecimientos nerviosos, cat.rros y
bronquitis !recuentes, trastornos 'tntestlnales, palpitaciones
de corazón, insomnios, vértigos, dolores neurAJgicos, etc., dees la más recomendada para
bidos A la pobreza de nutrición y II la debilidad progresiva, reAliviar loe Dolores, l'urifioar la sangre,
sultado fatal de la falta de pureza y energia de la sangre y del
_Vlgortzar los nervios
agotamiento del sistema nervioso.
y Robustecer el organismo.
Entre los muchos males que cura radicalmente el

-u

-11u ACEITE DE HÍGADO DE BACALAO, LA COCA,

-u

1,

LA KOLA, EL ICTHIOL
Y LA ESTRICNINA,

-11

-1111
-11
-11
-11
-11
-11
11

-1111

A estas cualidades reconocidas por los eminentes médlcJs

11 11IN0 DI SAN GB.RMAN,

-1111

-11

su uso es de resultados eficaces en

Abcesos escrofulosos, Afecciones nerviosas, Anemia, Falta de ap11tito, Cloroais, Convalescencia,
Depleuresías, Pulmonías, Tifo 6 fiebre tifoidea Dabilidai cln3titucional, E1 crófula, Florea bl&lt;1nca 3, Gan-

-11

•

DE VENTA en TODAS la.s DBOGUEBÍAS y BOTICAS

-11

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-11 grena senil, Enfermedades de la cintura, Neuralgías, etc., etc.
-11
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krentes LUt&amp; Rtl'~ !IPINDOI 4 .

uc. R.4.r.4.tl Rtl'Ut &amp;PINIM)l.A.

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11

VINO DE SAN GERMAN,

que ban bacho uso de él, aplicándolo en multitud de en!ermos,

-11

Subscri pción mensu a l fo rá oea, $, áO
l d ero ldem. en la ca ••ILlll,,. l 2S

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11
11
11
y que son victimas de sua múltiples y dolorosas manl!eotaclo- 11
nes, recurran al uso del
u

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-1111
-11

A~O IX.--TOMO 11.--NÚM. 23.
•lrcet..-s

MÉXICO, DICIEMBRE 7 DE 1902.

-u
11

VINO

-

11

l"\UNDO ILUSTRADO

esoolar.-él'arejas del cfl(inué.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 7 de Diciembre de 1902.

El despilfarro de la energía.
La perfección de una máquina, como la ele
un aparato, no consiste tan sólo en que dé
productos acabados y bien acondicionados, sino también en que esté dispuesta en forma y
mo&lt;lo de economizar la fuerza que consume y
en acrecentar su rendimiento, en que el resultado se obtenga con el menor esfuerzo posible
y sea el mayor posible.
· Si para moler una carga de trigo se ha de
neceRitar el soplo del huracán en lae aspas &lt;lel
molino, si para arrastrar una carreta ha ele
emplearse el empuje de una locomotora, si
para levantar un fardo ha de exigirse la palanca de Arquímedes manejada por Encelado,
y si es Hércules el que ha de hacer silbar la
honda y lanzar la piedra de David, molino,
carreta, palanca y honda, resultan imperfectai,, defectuosas, torpes en su función y mezquinas en sus resultados.
Lo que pasa en los organismos inertes que
llamamos múquin::u,, se verifica igualmente en
las má&lt;¡uinas vivientes que llamamos organismos vegetales, animales y sociales. Emplear
robustas encinas para producir raquíticas bellotas, organizar y amontonar esqueletos monstruosos, musculaturas desmesuradas para llegará la inerte rnmnolencia del hipopótamo,
serían faltas imperdonables ei1 un mecanismo,
faltas en 1¡ue la naturaleza incurre con tanta
frecuencia. Por el contrario, la espiga cuyos
granos pesan más y son más nutritivos que la
cana en que maduran, el insecto que pesa miligrnmos y despliega fuerza y agilidad sorprendentes, son modelos acabados &lt;le la economía
en lit materia y en la fuerza con el máximo
rendimiento del aparato.
En el orden mental y moral ocurre lo mismo. Hay inteligencias que trabajan con exceso
y se fatigan con extremo para llegará concepcione~ insignificantes ó Yulgares, y en ocasio-

Domingo "/ de Diciembre de 1902.

EL MUNDO ILUS'l'RADO

nes, pasiones volcánicas, con hervores de calderas, y resoplidos de fragua y conmociones
de volcán, se disipan en inconsistentes humaredas, en llamaradas de petate y en histéricas
convulsiones &lt;le terremoto.
En este orden &lt;le ideas, á cada paso tropezamos con mecanismos y maquinarias de una
horripilante ó de una desoladora imperfección.
Hay erudito que consume su actividau y su
vida en el estudio y en la investigación, que
amontona en volúmenes inacal.,ables sus ideas
y sus meditaciones, y que no llega jamús á
descubrir un hecho nuevo, ni á sentar una ley
natural, ni á explicar un fenómeno,ni á prever
un suceso, ni á plantear una regla ni á ericontrar una solución. Dialécticos conocemos que
pasan su vida razonando, polemizando, deliatiendo, que ensartan deducciones corno chaquiras, que hacen ramilletes vistosos de inducciones y que nada logran resolver, ni dirimir ni probar. La historia de la filo~ofía y
de la vieja ciencia, abundan f'n ejemplos &lt;le
esta clase de inteligencias que, como las múquinas primitivas, son enormes y desproporcionadas y meten un ruido y traen un traqueteo infernales para nada producir ni na&lt;la
rendir.
En el orden moral hay seres t.ambién imperfectos que gastan dosis formidables de ambición, de pasiones, de emociones, para no
salir jamás de la medianía y, en ocasioneio,
para sólo labrar su ruina y sembrarla alrededor suyo.
En lo que se llama el mundo &lt;le los negocios, abundan esta clase de tipos: financieros volcánicos, atestada la cabeza de proyectos
colosales, de empresas estupendas, creadores
de combinaciones que costarán uno y producirán mil, explotadores de negocios nuevos,
de cultivos exóticos, de industrias translunares, condenados á la camisa sórdida, al zapato
destalonado y á la miseria negra.
Hay poetas que arden solos, que se incen-

dian espontáneamente, que estallan al menor
choque y que, desrués de muchos paraísos artificiales v muchos infiernos naturales, dejan
en cafüla~l de obras completas una cuarteta de
álbum ó un soneto patriótico.
En punto á despilfarro de energía y á polireza y mala calidad de productos, nada es
comparable á los malhechores, como no sean
los viciosos. ¡Cuánto afán, cu{tnta labor, cuánta lucha, cuánto sufrimiento y cuánta humillación hay que pasar en la vi&lt;la cuando se
quiere vivir en el ocio y los placeres, y cunnto se tiene que padecer en la existencia para
darse la satisfacción de morir en el patíbulo!
Una anécdota á este propósito: Junto á un
labra&lt;lur cubierto aún del fecundo sudor del
trabajo, pasa un anacoreta. --Padre, le pregunta el campesino, ¿es verdad que ustedes van
siempre descalzos?-Sí, hijo mío.-¿Que no
usan camisa?-Sí, hijo mío.-¿Que duermen
en el suelo?- Sí, hijo mío.-¿Que comen ta11
sólo yerbas?-Sí, hijo mío.-¿Qne viven de
limo!,na?-Sí, hijo mío.-;,Que sufren toda
clase de humillaciones?-Sí, hijo mío.-¿Que
se condenan á no tener mujer ni hijos?--Sí,
hijo mío.-¡Cnántas penas y cuántos dolores
-agregó el labrador--sufren los hombres con
tal &lt;le no trabajar!
A los viciosos, á los laclrones y á los bandoleros les viene admirablemente el saco y puede decírseles lo que Juan Valjean á Montparnasse:-((Ah! quieres holgar? pues prepárate
para trabajar.-Ab! quieres gozar? pues prepárllte para sufriri,.
Toda la moral humana está condensada en
esas frases.

jlT/porfanfes j)rácficas j'liilifares

'i).,(

VOLADURA DE UN PUENTE

NA expeáeuda de ve,dmlem
importancia i;:e efectuó el domingo pasallo en los llanos de Anzu res. Nos referimos á la voladura
de un puente militar de caballetes, por medio
de cargas de dinamita.
Los alumnos del Colegio Militar, bajo la &lt;lirecci6n del capitán E-egundo de la Plana Mayor Facultativa de Artillería, Gabriel Terrés,
construyeron el puente, que me&lt;lía 30 metros
de longitud, 2 y medio &lt;le anchura y 3 y medio de elevación. Los trabajos duraron cuatro día1:1, y tanto la forma de los caballetes
como la del puente, se ajustaron en todo á las
reglamentarias del er¡uipaje de puentes militares del ejército francés.
En esta obra hicieron su práctica los alumnos del Colegio l\lilitar que en el presente año
cur:,aron la clase de Puentes y Aerostación;
y á fin de demostrar la solidez de la construcción y los servicios que ésta pudiera prestar á
un ejército en campaña, la Secretaria de Guerra dispuso que sobre ella pasaran cuatro secciones de caballería y una batería mínima.
Estas maniobras se efectuaron por la tarde,
en presencia del Sr. General D. Bernardo Reye!,, Secretario &lt;le Guerra y Marina, quien se
presentó en Anznres acompañado de su Est.:·
do Mayor y de los Generales Huer,a y V1llegas.
Así que hubo examinado el puente y dictado algunas disposiciones, el señor Ministro
ordenó que pasara sobre aquél la artillería de
campaña y después las cuatro secciones &lt;le caballería. Regresaron los dragones y, durante el
paso de éstos y de las bocas de fuego, se vió
que el puente permanecía innamovilile, co1\lo
cual quedó demostrada su buena construcc10n
y las facilidades que podría prestar.
El puente se construyó en la confluencia de
los ríos San Joaquín y de los Morales, cerca
de la calza.da de la Verónica.
'J'erminadas las maniobras militares, se procedi6 á. la voladura de la obra, por medio de
petardos provisionales. El ,Sr. T~niente Coronel D. Enrique Mondragon, Director de la
Escuela Nacional de Tiro, con el personal necesario de sus alumnos, fné el comisiona&lt;lo
por la Secretaría de Guerra para llevar á cabo
la voladura mencionada.
El sefior Minit;tro y sus acompañantes, ai;:í
como el numeroso público que :isistió
las
importantes experiencias, se al?Jaron a. un_a
respetable distancia del puente, a fin de evitar un accidente dei;:graciado durante la voladura.
.,
En seguida se procedió {~ la pre~a.rac10!1 e1e
petardos con pólvora Borhnete, é mme&lt;liatamente se colocaron las cargas en los caballetes del puente. La expectación públic~: ern
muy grande, pues todas lris personas allt pr&lt;'·

Jt

AUREA.
Son color de oro Yiejo tus ca.bellos,
Y como en tus dos ojos Re, reflejan, '
De tus pupilas en el fondo, dejan
De oro viejo el color que tienen ellos.

La boca que á besar Cloris me ofrece,
Frnto es de estío de dulzura lleno.
Que oculta entre su miel letal veneno.
Quien la llega á besar muerte padece.

Y áureos por eso son tus ojos bellos,
Y por su luz y su color semejan
nos S;)les en ocaso, que se alejan
Circundados &lt;le fúlgidos de.,tellos.

Y es una tentación; roja, parece
Temprana flor cuando desvuelve el seno;
Y mientras más el apetito enfreno,
Más el deseo de besarla crece.

Por eso áurea eres tú, y á tu cabeza,
Color de hoja otofial, esplendoroso
Nimbo, como un encaje, la circunda.

l\Ias ¿qué mucho morir, si siempre vela
La Muerte tras nosotros en acecho
Y por llevarnos á su reino anhela?

Aurea se mira 11sí Naturaleza
Cuando del sol un rayo luminoso
De grana y oro el horizonte inunda.

Nadie ávida inmortal tuvo derecho.
Pues &lt;lame un beso, Cloris; de esta suerte
Como él tan dulce me será la muerte.
·

sentes aguardaban con ansia el momento de
la e~plosión. Generalmente se creía &lt;¡ne al inflamar,:e los petardos no quedarían ni restos

ele! puente, pero tales suposiciones_ er3:n_ exageradas, pues sólo se_ trataba &lt;le rnut1lizarlo
para el paso de la artillería.

El puente, antes de la voladura.

�EL MUNDO ILUSTRA no

Domingo 7 de' Diciembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

/

La voladura del puente.

Por fin se vió que del suelo se leYantaba
una gran columna de humo y tiena, é instantes después se escuchó una fortísima det.ona&lt;:ión. Una serie de explosiones sucedió á la anterior; y así que todos los petardos produjeron
sus efectos, el señor Ministro se dirigió al

)

«...... Todos, como te he dicho, estamos
bien; sólo la pobre Felicitas parece encontrarse peor que otras veces, y el doctor teme que,
con la llegada del inYierno, no pueda vivir
muchos días. Creo que, viéndote, la infeliz
sentiría un gran consuelo."
Este era el párrafo final de la carta que una
de mis hermanas me dirigía, para informarme
de las nuevas de casa, durante mi pasajera
ausencia. Y Felícitas, de quien aquellas líneas
hablaban tan poco satisfactoriamente, era la
buena, la serYicial, la siempre adicta criada
que años tras años había servido incondicionalmente á la familia.
Mis hermanos y yo casi habíamos per&lt;lid0
la noción exacta del tiempo de sus servicios.
Al abrir yo los ojos á la vida, la había encontrado ya en la casa; su recuerdo estaba ligado
á todos los de mi niíiez. Mis hermanos mayo- ·
res sí guardaban memoria de su ingreso: una
vez en que faltaba una sirvienta, presentóse

lugar donde se levantó el puente para ver el
estado en que éste se encontraba.
Los resultados de la experiencia fueron satisfactorios, pues la construcción quedó inutilizada por completo, en pocos minutos.
Las experiencias se repitieron el jueves.

cierta mujer ya entrada en edad, en compañía
de una joven, casi una niña, demandando trabajo para esta última, de quien era tía y única
parienta. Y en la casa fué recibida la muchacha. no sin algunas vacilaciones previas de
parte de mis ascendientes, que atados aún á
viejas preocupaciones, preferían para su servidumbre personas de madura edad y cuya
conducta no exigiese la vigilancia y el continuo sobresalto en que viven las buenas madres de familia que tienen mujeres jóvenes (1
su servicio.
Admitida al cabo la joven, retiróse la tía, no
olvidándose de hacer todo género de recomendaciones respecto á su sobrina. Desde su acomodo, la fámula había obtenido permiso para
salir dos veces al mes, por la tarde, y de esta
licencia aprovechál.,ase siempre que la tía vi~iese por ella; pues entre las recomendaciones
más importantes de la vieja, se contaba la de
no permitirá la muchacha pisar la calle sin
la compañía de su &lt;CÚn,ica" parienta. Sin embargo, muchas ocasiones se daban en que la
recamarera no hacía uso del permiso durante
dos quincenas, por ausencia de Sil tía; pero al
término de este plazo, que coincidía con el pago del ,,mes,» la vieja Ha lograba robar un momento á sus quehaceres, para acudir en busca
de su sobrina y proporcionarla algunas horas
Je libertad. l\fas á la quincena siguiente, fácil
era asegurar que la buena Felícitas se quedaría sentada en la azotehuela, inútilmente entretejido en la trenza el lazo de listón azul, inútilmente sacados del baúl el rebozo «coyote»

y la enagua de holanes, inútilmente en espera
de la tía, á quien sus quehaceres impedían
preRentarse á menudo.
Y el carácter de la criada era incapnz de rebelarse ante estas contrariedades. Cuando la
tarde del domingo, esperada con tanto anhelo,
agonizaba antes de que la única parienta hubiese aparecido, la recamarera, un poco más
triste tal vez, pero sin proferir una queja, volvía á doblar cuidadosamente el rebow ,,coyote», cambiaba la euagua recién planchada por
la de trabajo, y per.etraba M- las habitaciones
á reanudar la diaria tarea, á encender las lámparas, á preparar las camas ó entrecerrar las
maderas de 10s balcone8.
Su espíritu era de una completa pasividad,
producto tal vez de algunas generacioneR de
antepaRados nacidos y muertos en la ei::clavitud del trabajo miserablemente remunerado,
en la existencia del pobrf' indígena de los campos, sometido á todas las brutalidades del
amo y sin recibir de él más que el puñado de
maíz para su sustento y el pedazo de burda
tela para su abrigo.
Llegó vez en que la tía no apareció por In
casa durante mucho tiempo, y, alarmada la
sirvienta. manifer--tó sus zozobras á los amos.
Mi padré escribió á la primera autoridilcl del
pueblo en que moraba la vieja, pidiendo informes acerca de ella, pero éstos no fueron
nada satisfactorios: se ignoraba ta111bién allí
su paradero.
IJesde entonces se conceptuó á Fclícitas corno privada en ab¡:;oluto de allegados, y, con
el tiemvo, fué vista por todos como una hija
adoptiva de la familia. La muchacha lloró
sinceramente la desaparición de aquella mujer, que había sido, á pesar de todo, su más
vivo afecto; pero resignóse al cabo y terminó
por hallar el lenitivo de su pena en el calor de
aquel hogar al cual sentíase ya ligada por
fuertes vínculos de cariñoso reconocimiP.nto.
Su situación mejoró un tanto;~ repetidas instancias de mi padre, que amaba la libertad
de todos, permitíase á Felícitas ,:alir en compañía de las demás sirvientas, cuya conducta
uada hacía sospechar, y algunas veces también encargábasela de acompaí'iar en su paseo
á mis hermanos mayores, nilios aún.
Pero después de cierto tiempo, aconteció
algo que vino á desconcertar la pacífica existencia de aquella infortunada criatura. Una
noche en que mi padre entraba al comedor,
después de haber pasado la mayor parte del
día en su bufete, insta lado en uno de los edi-

.licios más importantes de la ciudad, fué recibido fríamente por mi madre, que había acabado de cenar, hacía ya buen rato. Estas situaciones de espíritu no eran raras en ella,
que tomaba á pechos, muy á menudo, verdaderas nimiedades, cosa que mi padre no ignoTaba. Sentóse, pues, á la mesa, dando principio á las viandas que diligentemente había
traído Felícitas, espemnclo en calma á que mi
madre se desahogara de la agitación que la
poseía.
Cuando el último plato estuvo en la mesa,
Felicitas fué despedida c&lt;·n un «vete á cenar;
ya te llamaré,» pronunciado secamente por mi
madre, y quedaron en el comedor mi padre,
mi madre y mis rlos hermano¡:; mayores.
-Harías bien-prorrumpió al fin mi madre-en no volver á enviarnos á Julián, bajo
ningún pretexto.
J ulián era el criado del bufete de mi padre;
un mocetón de veinte años, con cierto aire de
bestia, brusco ea palabras y movimientos y
con algo de taimado en su actitud.
-Por qué?-preguntó mi patlre-lla cometido alguna falta? Rompió algo?
En pocas palabras fué explicado el motivo:
había llegado por la mañana, conduciendo
-ciertos objetos de que mi padre le hiciera en,eargo; todo estaba perfectamente, y se le
había despedido en seguida; pero aquel idiota, en vez de alejarse, se había detenido en un
rincón del patio, detrás de la escalera, en donde platicaba sigilosamente con Felícitas cuando mi madre les sorprendió. No cabía la menor duela; P-1 criado y la recamaren~ se entendían; dijéralo si no aquella turbación con que
la muchacha subió á reanudar sus labores del
día.
Mi padre tuvo una sonrisa de benevolencia.
Y eso qué'? Si se querían, podrían casarse.
Ella era una magnífica mujer, digna ele buena
suerte; él, aunque no de lo mejor, pues tenía
el defecto de rehuír el trabajo á la menor ocasión, no había dado motivos para que se le
expulsara. En fin, acaso podrían ser felices ...
Pero mi madre no opinaba del mismo modo. Feliz la muchacha uniéndose con aquel
taimado que á la mejor la plantaría en la calle? Qué mayor felicidad podría ambicionar
-que la de vi\'ir siempre en aquella casa en
-donde era objeto de consideraciones que acaso
no había soñado siquiera? Iba á sacrificar sus

ella misma había experimentado en su juventud, antes de conocer á aquel á quien había
rendido el alma; ese llamado inolvidable del
amor que golpea en nuestro corazón a1iunciando un mundo nuevo, lleno de deleites y de
ternuras infinitas, generador de alientos, fuente de energías para recorrer hasta el fin el agrio
sendero de la vida, y manantial Ragrado ele
plegarias á la buena, á la fuerte, á la bendita
y omnipotente madre Naturaleza.
Accedió al cabo mi padre, el criado no volvió á
la casa, y mi madre extremó su vigilancia sobre
la infortunada recamarera.
Felícitas, por su parte,
no tuvo una sola queja
para quienes así la prirnban de un afecto en que
ella había tal vez em peñado el alma entera; sometióse á la voluntad de
aquellos que seguramente tendríaü razo!'es de
gran peso para obrar así,
y ahogó en su corazón
aquel amor naciente fr
través del cual cteyó haber adivinado infinitos
espacios llenos de luz y
d_e maravillosas concepC1one,;.
Por aquel tiempo vine
yo al mundo. Difícil hubiera sido asegurar si los
brazos de mi madre mecían mi sueño más amorosamente que los de Felícitas. Desde los primeros días de mi existencia,
jamás escaRearon para mí
las atenciones y los desvelos. Cuando mi madre abandonó el lecho,
y, aprovechando los momentos en que el sueño me hacía suyo, íbase á vigilar las labores
de la casa, repetidas Yeces, á su regre;:;o, sorprendía á Felicitas cerca de mi cuna, meciéndome suavemente, contemplúndome en
éxtasis: una viva turuación se apoderaba de
ella, balbucía alguna frase ininteligible ~, se
alejaba en i,eguida á reanudar su trabajo abandonado por un momento.
Insensiblemente llegó ú ser ella la encargada de mi cuidado. Por la mañana, apenas
despertaba yo, Felícitas venía á buscarme,
abrigábame con la mayor solicitud, levantábame &lt;le la cuna en que había pasado la noche, y, cubriéndome de caricias, estrechábame contra su corazón, con un amor muy vivo
que no puclo pasar mucho tiempo ignorado
para mis padres. Horas y horas pasaba contemplándome con una mirada vaga en que
palpitaban todo!' los e·,sueños de su ser. Tal
vez mi presencia había despertado en ella el
sagrado instinto que es la vida de la huma1iidad, y ausente del afecto que florece y esparce su polen para fecundar incesantemente los
campos de la exi;:;tencia, soñaba en que yo era
el fruto ele aquel amor que había cruzado un
día cerca ele ella, acariciándola. fugitivam311te
con la dorada punta de sus alas; acaso experimentaba la doloro-,a angustia de no ser ella
quien ncercaría á mis la.bio3 el alm(bar de la
vida, haciéndome sano-re de su san 0-re, flora., el
o
cwn e todts su~ enel'6 ias, form'l p.ilpable de
todos su~ en&lt;;uelio3.
Después de m[, otros h ermanos vrn1eron,
pero ninguno logró alcJ.nzar aquel c:1rif!o tan
grande, tan vehemente, tan desinteresado,
que Felícitas abrigara hacia mí. Y yo tamuién
llegué á nutrir mi alnn ele niño con a1¡nel
afecto; á ella, m í.s que á mi mJ.dre, a cadía en
todas mis querellas, seguro de encontrar m1.yor benevolencia en su acogid:1; cun.ndo era
objeto de ca&lt;;tigo de parte de mis mayore.,, corría en po3 de Felicitas, las lágrim i.s en lo.,
ojos, repleta de sollozo., la g,u-ganta,y á la voz
de mis queja, también el llanto asom:i.ba á SLB
párpados, y m3 estrnchab:i nervio3:1m ,nte contra su pecho, en un transporte sentimental ele
a4. u ella alm.i c.'.mdid1, de aquella alm, inganua y transparente com:&gt; el agu:i. que corre so0

comodidadf's para seguir ú un h om 1&gt;re que la
engañaría desde el día siguiente, que la engañaba ya, abusando de la inocencia de sus po•
cos años? :N"o, y cien veces no!
Protestaba ciegamente contra el atentado,
celosa tal vez de aquel que ,·enía ú arrebatarle
algo que ya mi madre conceptuaba como suyo,
dominada por cierto prejuicio contra el hombre vulgar é inculto, el hombre del pueblo,
seductor de infelices obrera~, ebrio consuetudinario, incapaz del menor sentimiento de nobleza. 01 vi&lt;laba, en su arrebato de mujer decorosa y un tanto cuanto rígida, creyendo
obrar con la mayor justicia, olvidaba el imperio absoluto de ésa necesidad d e afecto que

Domingo 7 de Diciembre de 1902.
bre ]P.cho de rocnc;, retratanrlo en sus cristales
la infantil angustia que me oprimía.

···Y ~Í;~r~.. -~q;~¡¡¡· -~;;.t,~ -~~-¡~-~~~¡~¡;~··¡~~¿:
nicarnerite' el probable fin cercano de la mujer
que más me había querido en el mundo, _á
travé;, de treinta años de prueba. El sentimiento ele un deber, asociado al amor que
abrigaba para aquella mártir silenciosa de un
error involuntario, impuls6me á acelerar mi

rc6 res,&gt;, y en tanto que é,;te se realizaba, contesté la carta en cuestión, ma1üfestando que
pronto estaría de vuelta en el paterno hogar.
AguaL"dé, pues, impacientemente, los tres
días que aún debía permanecer alejado de la
familia; tenía yo algunos pequeños asuntos
por ultimar, y además, la víspera del día fijado para mi partida, fuí. invitado por uno de
mis buenos amigos de la localidad, para asistir á una cena de confianza con 4ue deseaba
obsequiarme antes de despedirse de mí.
1\lás de la media noche sería cuando abandoné la casa de mi amigo, en donde la buena
mesa, la música y la conversación de las mujeres hermosas me habían proporcionado deliciosos momentos. Llegué al hotel en que me
hallaba alojado, mi equipaje estaba casi hecho;
dejé para el &lt;lía siguiente su terminación y
me metí en el lecho, acariciado aún por el recuerdo de las breves homs precedentes.
Pero cuando volví á abrir los ojos, asombróme el ver que mi cua.rto se encontraba lleno de luz, y salté apresuradamente. El reloj
per;:;uaclióme de que, por desgracia, la hora de
partida había pasado ya. Me había dormido
como un podenco.
Tuve, pues, que resignarme á esperar urt
dia aún; pensé que sería oportuno aprovecharlo correspondiendo al obsequio de que era
deudor, y dirigí una esquela á mi amigo, invitfodole, en unión de su familia, á aceptar
el almuerzo con c¡ue de,,eaba m'l.t'.llfestar mi
reconocimiento. Elegí el almuerzo, temero,o
tal vez de que pudiera acontecerme nuevamente lo que no cesab:1 de lamentar, y en las
primeras horas d e la noche regresé al hotel,
dirigiéndome á la administración en busca ele
un criado á quien recom,mdar la hora fija en
que debía &lt;le:3pertarme.
Y al día siguiente, cutndo el criarlo 11am '&gt; á
mi puerta, puso en mi~ m 1.1103 un m :ms.1,je recibido la noche anterior. El mensaje clecia:
«E-,perábamo.'! tu llegad.a hoy, segút1 avi~o.
Felicitas ac.1.b1, de tn..Hir; expiró pronunciando tu nombre."
L1. n oticia m3 dejó helado. L:&gt; senti mac'11,
verdaderameute.
A.

Tacubaya.

G:&gt;NZALEZ CARRASCO.

�Domingo "/ de Diciembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO JT.,tTSTRc\1r,.

Obras en los }'uerfos-

PÓRTICO.

El nuevo NJuelle de Jampko.
L ensanche cada día
más rápido de nuestras redes ferrocarrileras, y el desarrollo
que al amparo de un
gobierno estable y
previsor adquieren las
relacioi.es comerciales de nuestro país
con las naciones extranjera:;;, hacía inclispensa ble la implantación en los puertos de
las costas mexicanas, ele todas aquellas mejoras directamente encaminadas, tanto á proporcionar á los buques las facilidades necesarias para la carga y descarga, protegiéndoles
contra las fuertes avenidas y los \·ientos, como
á lograr hacer de aquellos puntos insalubres y
mortíferos, en su mayor parte, lugares perfectamente saneados y habitables.
Así, vimos inaugurar, con grandes demostraciones de regocijo, las colosales obras de
Veracruz, que tan elogiadas han siclo, no sólo
en México, sino en el extranjero; y vemos que
en :Manzanillo se llevan á cabo en la actuali-

mús tiempo. El vapor «Cromtll'ty,» ele la c&lt;Cnban 8. R Linr,» fué el primero en atracar, i::iguiéndole el «Copella,» ele la &lt;cHúrrison,i&gt; y el
«Syrin,» de la «Hamburg Amrrican Line.»
~o ob~tante qne, como decimof-l, la inau-

Domingo "/ de Diciembre de 1902.

Quiero labrar un cáliz peregrino
para enterrar mis sueños de belleza,
cuando de mí ¡;e aleje la tristeza
a~perjando de flores el camino.

guración no tuvo el carácter de una fiesta, el
muelle se Yió muy cnncurrido. A las siete de
la mañana, hora en que atracó el «Cromarty,i►
había en la playa muchas perf:onas.
que esperaban el arribo del barco.

Hoy que comprendo que en mi ser empieza
la noche del amor, quiera el destino
que tallar pueda un cáliz peregrino
para enterrar mis sueños de belleza.
Y al ver la imagen de Yola2.da impresa
en mi espíritu, imploro del destino
( cuando de mí se aleje la tristeza)
que tallar pueda un cáliz peregrino
para enterrar mis sueños de belleza!
R. l\I. RUBIO.

COPO DE NIEVE.

m

Colombina llora,
Colombina ríe,
Colombina quiere
morir y no sabe
por qué ...

cobertizo.

r=-- - -- - - - - - - - , - - - - -- - - - - - - -,

Pierrot, todo blanco,
de hinojos la implora,
la besa y le pide
perdón, y no sabe
de qué...
La luna sonríe,
la señora luna ...
Y nadie ha sabido,
ni sabrá ni sabe
por qué ...

Yista desde el Rfo Pánuco.

El aspecto que presentaba el muelle con los
tres grandts vapores efectuando sus maniobras de deEcarga, fué de lo más sugestivo. En
una de las fotografías que publicamos, puedeverse con qué facifülad se lleYan á cabo esas
maniobras. Dentro del «tinglaclo» están lo~
carros del Central Mexicano, correspondiendo
el piso de los furgones al nivel de la parte del
muelle destinada á la línea ferrocarrilera. A
un lado queda el soberbio edificio aduanal,
recientemente inaugurado, con sus espaciosos
almacenes y oficinas, que alumbra una dota
ción, propia, de luz eléctrica.
La construcción del muelle es de lo mejorque se conoce, y los materiales de que se compone lo ponen á cubierto, tanto de la acción
destructora de las olaR, como de los incendios
En cuanto á su capacidad, se considera más
que suficiente para el tráfico ordinario.
Por demás está decir que con esta mejora.

MANuEL MACHADO.

VIDA NUEVA.
El "Syria" y el "Cromarty.''

PENSAMIENTOS.

el c~mercio resulta altamente beneficiado, y
que Tampico alcanzará muy pronto el más
alto grado de prosperidad, pues terminados
1os trabajos de la nueva línea que el Central
ba comenzado á construir entre México y aquel
punto, su comunicación con el centro del país
·será más fácil y más rápida.

***
Las desgracias no c~ni°pri&gt;ndid:lS
son las más
terrible!:'.-1\11110. E. Girardín.

***

La astucia no pueJe durar largo tirmpo
contra la sinceridad.-1Ime. ]IJontmarsón.

Cuando se corre tras del talento, se atrapa
la tontería. -1\Ime. Deshoulieres.

***

Las fotografías del muelle que aparecen en
nuestras columnas, nos fueron galantemente
-facilitadas pc,r el señor J. Ibáñez Del hom, fotógrafo muy aYentajado de Tampico.

*
*'*
El más grande arte 'de nn hombre hábil
consiste en ocultar su habilidad. - :\lile. de
Lespinasse.

Rindan otros insano vm,allaje
al prócer que en el auge resplandece,
y extremen la lisonja que envilece
y consientan la befa y el ultraje.
Bridón sin ligaduras ni rendaje
que en los vírgenes bosques aparece
quiere ser mi opinión,que se envanece
de su impulso libérrimo y salvaje.
Con mezcla de Cirano y de Quijote
anhelo conseguir que nunca brote
la servil alabanza de m is labios;
y he de cambiar desprecios por desprecios
y be de odiar el elogio de los necios
'
y he de amar la censura de los sabios.

HOJA DE ÁLBUM.
El muelle visto por el lado Este.

Grabar debieran el Amor y el Arte
en pentélico mármol tu hermosura;
el Arte, cual espléndida escultura,
y Amor, cual Pigmalión, para adorarte.

dad trabajos muy importantes. En Salina Cruz
y Coatzacoalcos se han emprendido también
obras de cuya utilidad se esperá, con razón,
una suma de bienes incalculables.
Por lo que toca al puerto ae Tampico, uno
de los más notables en el día por lo activo de
su comercio, tenemos que agregar á las notas
que con relación á sus progresos ha dado ya
nuestro semanario, lo referent.e al magnifico
muelle de acero construído para reemplazar
al de madera que allí existía y que fué, no
hace mucho, destruído. por un terrible incendio.
La inauguración del muelle mencionado se
efectuó el veinte de noviembre último, sin
pompa alguna, debido á que las exigencias
del tráfico no permitían que se retardara por

Y yo quisiera el pedestal labrarte
-donde serena, y arrogante y pura,
prodigio de estatuaria, tu figura
-se irguiera, como he!énico estandarte.
¡Quimérica ilnr,ión! Ilechos pedazos
&lt;le! cruel destino por los férreos brazos,
rodaron entre el polvo mis cinceles,

y dejo que cantando sus amores
se acerquen á t.u altar los trovadores
á conquistar olímpi&lt;.:os laureles!

.

FRAXCISCO lzÁB.\L lRIARTE.

Los vapores en el muelle.

El "Capella"' atracando en el muelle.

Ruü:-r A. U.BANO.

�Domingo 7 ~ Diciembre de 1902.

EL MUXDO ILUSTRADO

~L :MUNDO ILUSTRADO

sentaba u~ magnífieo a~perto: bF&lt; prqucñnelas
que lo binlaron, luciemlo la em)'olrnda cnl•ellera: ~l justillo y la falda. corta, se Yeían bermos1s1mas.

~a c!iesfa escolar

En suma, el festival constiluve un verdadero triunfo, tanto para su infatigable organizador, eomo l ara los niño~ q11e ('11 (1 torna rn11

BRILLANTE ÉXITO.
los. Recorren entonces las niñas el foro, y á
sa lecci6n aprendida «de bulto,» si cabe la
una indicación de su directora de juego, se
Pocas veces, sin duda, se habrá efectuado
frase, fué de lo más llamativo: las niñas que
detienen para pronunciar :el nombre de-una
en México una fiesta tan simpática y conmo•
en él tomaron parte hicieron derroche de grade las constelaciones. Laj1ue acierta, pas(á
vedara como la que el martes por la tarde se
cia. Se supone que al salir de la clase las pedesempeñar el papel ;de la Tierra, y el Sol le
verific6 en el teatro Arbeu, con asistencia del
queñuelas, tratan de divertirse: Julia Mons,
designa á la Luna como su inseparable satéliSr. Presidente de la República, de altos funque fué la que dirigi6 el juego, escoge entre
te. La Luna gira después al derredor del placionarios de la administración y de numero!'11"' eompañeraf", para qus represente rl sol, á
neta, siguiéndola en
sas familias de la mejor socied,Hl.
un vals que baila con
Nos referimos al fesdesenvoltura y correctival organizado por el
ción.
Sr. Director deinstrucNo fueron éstos los
ci6n Primaria, Iog.
únicos
números del
Miguel F. Martínez, y
programa
que desperen el cual tomaron partaron
el
interés
de la
te los niños de las esconcurrencia;
el
c,Hocuelas oficiales. :2:~--'
menaje
á
la
Ciencia»
La celebraci6n de un
fué un cuadro verdaacto de esta naturalederamente hermoso, y
za es más significativa
que nos abstenemos de
de lo que á primera visdescribir, tanto porque
ta parece: es laconfirccEl Imparcial» lo hizo
maci6n plena, la prue •
ya pormenorizadamehba concluyeute ~de ""G
te, como por la falta de
mucho que ha hecho-;!
espacio. La recitaci6n
Gobierno en beneficio
del poema de Rafael
de la educaci6n del
Obligado, c,i3antos Verueblo, esforzándose
ga, el Payador,» hepor implantar en el
cha por los alumnos de
país los modernos sisla Escuela número 4, y
temas de enseña11za.
el «Himno á la EscueLa fiesta escolar conla,» cantado por ciento
firma nuestra opinión:
Almonte y dos jefes insurgentes dando órdenes antes de la defensa del fuerte de San Diego.
diez niños é igual núel simulacro de defensa
mero
de
niñas,
merecieron
asimismo de parte
de San Diego por los
la más guapa, y separa á las otras en grupos
de la concurrencia muchos aplausos.
insurgentes (19 de febrero de 1812), durante
que representan las constelaciones del ZodíaDebemos también hacer menci6n de los
el sitio de Cuautla que hizo inmortal el nomco, designando á cada una de las niñas como
ejercicios
militares, que resultaron muy visbre de Morelos, es, al par que una· lecci6n de
una estrella.
historia patria, que no olvidarán nunca los
tosos, ejecutados por un grupo de 60 niños,
Una vez qmi pueden distinguirse las c&lt;estreniños, una bella lecci6n de civismo, que deja
y de la c,gimnasia estética,» en que demostrallas» por sus nombres impresos sobre bandas
en sus almas recuerdos imborrables y muy
ron sus habilidades niñas vestidas de negro y
que les coloca sobre el pecho, designa á las
rr jo. En cuanto al «minné,» el e1-cenario pregratos.
que, con los ojos wndadoF&lt;, deben adivinar
El Juego de la CoFmogrnfín, otrn herma-

Domingo 7 de Di..:iem 1 re de hlJ

MINIATURAS.
Unga la mujer totlo
el bien que le sea pnsililc; ame y socorra {1
los menesterosos;y por
Lle~graciada que sea su
vida, ~i PmprP trrnlr:'t

.,
)

Las tres principales figuras en los ejercl ,vs de Gimnasia J•:stétlcn.

en sus 1·ecnercloG un
pedazo de cielo azul,
un horizonte sereno,
adonde volver sus fatigados ojos.
** *
El mundo, es ver-

recrea con su celestial aroma 6. la f.ociedad',
encubriendo los defectos de quien la posee.

dad, rinde vasallaje á
la opulencia; pero s6lo rinde culto á la virtud: aplamle los talentos brillantes, el fans ·
to, t~do aq~ello, en fin, que des'.umbra; pero
al mismo tiempo trata de empañar esos talentos con los tiros de la eñYidia.
'Cnicamente ama y estima verdaderamente
á la modestia, porque la modestia es la bar-e
de muchas.virtudes; y,semejante á una perfumacla diadema que adorna una cabeza herid:i,

La s9ledad tiene sobre el alma una pod~rosa influenci_a; ella la cm peq ncñece (, agranda.
-"\ftn". f'nnrinl'll.

\

Moreios, los hermanos Galeana y el abandernti'o en el cuadro
to de Calleja lí. la plaza de Cuautla.•·

parte. Deseosos nosotros de consignar esta
nota altamente simpática, puh!iP-amos en este
número algunas fotografías que nuestros lectores, estamos seguros, verán con gusto.

***

En nuestro pr6ximo número completa.remos la informaci6n relativa al festival con
gra.haclos muv intere!'antes.

dramJítico,

"Asa!-

El egoísmo y el orgullo son casi i II evi ta.blet
en el ser que no ha comagrado su vida á un
objeto superior á él.-Mme. Kécker.

***

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Dos parejas de l m·n::'
RI Sol, la Tierra y la Luna, en el juego de la Cosmografla.
$agarra y Rul frente al parapeto de los ln~mgentrs.

::\Ioreno, en el

1

'Ilomec:1je .=i la Cienc-la."

�Domingo 7 de Diciembre de 1902.

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EL UUXDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

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EL turíbulo ai·dieote subía el incieoso, tt·emolaudo y extendiendo sus nfrea.s muselinas; resonaba la bacina al golpe repetido de las monedas de cobre; las
pequeñas flamas aleteantes de
las lá1Dparas v(&gt;tivas parecían mariposas de luz
que se ahogaban, y Flntt·e el abigarrado tropel
de gente devota, salimos del templo apretujados,
juntos, muy juntos y alegres, quizá porque fui mos á rngar por nuestro amor, que presentía metamorfosis en la auseocia. Cerca de la última
hornacioa. nerviosa.mente me santiguó, y tembloroso y mudo, ¡con qué uoción besé la. cruz que
formaba su manecita. blanca como un lirio, como
una ala pequeña de paloma, ó como uoa marmórea. benditera. l!":u el ábside sonoro los postreros
cantares resonaban aún!
¡Oh, cmío cierto es que los recuerdos son las
rugosidades del alma, que semejantes á las de los
peñascos, oecesitau, p1tra borrarse, años de estar
en pugna coa las aguas del tiempo!
Yaen la.calle, seguimos la.calzada que conduce á las afueras de la ciudad. Por el cielo escampado pasó un vuelo fugaz de golondrinas. ¿A
dónde irán, me preguntó dulcemente, mientras
yo contemplaba sus diminutas orejas como conchuelas de nácar; su boca, que me recordaba las
fresas que la madurez empurpuró, y su rostro,
tatuado por el sol r esplandeciente, que d ibujaba
sobre él las móviles ramas de los sauces, tatuaje fantástico en forma de plumas, palmas é insectos.
Sin respondet· á su pregunta, susun é á su oído
esta estrofa de una antigua canción: «Ea silencio se mezclaban cual perfumes, -y en silencio se
mezclaban como soplos,-y en silencio se fundían
como lágrimas-nuestras almas en un beso silencioso.&gt;
El anoyo gorgoriteaba en el hueco labrado
por sus ímpetus, semejante á un eoorme hocico
que hacía gárgaras imposibles. Un hombt·e canoso sonrió al vet·nos, y con voz hiposa é intermitente, coa secuencia del paso tot·pe de su cabalgadura, nos dió los buenos oías.
-Oye, dijo Taide, mi corazón ha sido tuyo,
pero temo que este año al terminat· tus estudios
de pintor, el triunfo, la lisonja, la frecuencia de
círculos elegantes, todo haga que te olvides de
mí. .. ¡recuerda he crecido á tu sombra para ti!...
Su voz se fué extinguiendo como el trino del
ave que se interna en un bosque; cubri6seelrosko con las manos, y sus lágrimas corrían como
cristalinas arañas á esconde1·s.: entre los encajes
de su gola.
El a1·royo seguía locamente carcajeácdose;
he1·vía, salpicaba las flores de la orilla, y en sus
pequeñas caídas agitaba su espuma como una
erunarañada madeja de hilo; algunas raíce:s redondas, como miembros anquilosado::s, fingían
lavarse eu la co1·riente pura, en titnto que á nuestro paso los álamos de co1·teza manchada cual si
estuvieran envueltos en pieles de peces pintos,
movían sus hojas como monedas de plata.
-Calla, dije á Taide ; si obtengo triunfos, será
por tu amor. Inocula1· en mi espíritu un cariño
y poder sentir sus liebres, sus dolores íntimos,
sus estremecimientos, sus dudas; tener mi pensamiento clavado en ot1·a alma, como la ma1·iposa
en el cáliz de la ilor; eso queda: ¿no se han cumplido mis deseos·! Guardaba temuras infinitas,
multiplicándose apiñaaas, esperando como la
mazo1 ca de maíz heredad fecunda para de:.gra-

narse y florecer. ;.No be aumentado mis sinsabores con el único fin de que seas mía? Too ta! ....
Anduvimos en silencio. Nuestros corazones, al
hablar así, se consolaban momentáneamente, pero temblaban por algo lejano, vago é impreciso
que llegaría; temblaban como las alondras en
sus nidos, adivinando que á la madrugada el
rocío ele la aurora bordaría. con chaquiras su
plumaje esponjado. Teníamos la seguridad de
que el porvenir- si nos hubiéramos equivocado!
-escondía. para nosotros un precipicio un obstáculo -á cuyos bo1·des áridos tenddamo; que despedirnos.
Y era \"erdad lo que decía á Taide. Antes de
conocerla me atara;rnba el fastidio, y en mis fu.
gaces momentos de nerviosidad, ansiaba, no un
amor sosegado, sino impetuoso, turbulento que
rasgara el velo de mi tristeza, que me cubrü~ como polvorosa telaraña; que luchara por quebrantar mi voluntad, me hiciera caer de capricho en capricho, y ser, en fio, igual {t la flor que
el torrente buode, sostiene 1'L .flote, y despedaza
besándola siempre. l\Ie sentía capaz de amar con
la vehemencia de un león, y podía también pasar
horas eoteras junto á mi amada, con la delicadeza y curiosidad de un niño que observa sucederse con rapidez los colores fugitivos en las
burbujas de jabóu. En ella eucoatré todo.
La úuica familia de Taide se componía de una
vieja tía, propietaria de una finca contigua á la
de mi madre. La tía Paz, así la decíamos, á pesar de su 1·ostro ma1·chito, trnscendía á elegancia y hermosura, tal cual las flores guardadas
durante mucho tiempo ea un libro exhalan un
iwoma muy leve. fogenuamente devota, empleaba sus ocios en la confección de afiligranados
sobrepellices, que r egalaba {t los curas humildes
de las pai·roquias cercanas, y en devanar con
sus maravillosas manos débiles, seda pa1·a síngulos que tenían el mismo destino. Para estas
uos mujeres buenas, mi madre y la tia Paz, la
alegría estaba en nosotros y la tomaban de nuestros semblantes. BaJo su custodia y á su calor
nació nuestro cal'iño, sencillo como las tapice~
l'Ías que el musgo tiende en las calladas, a1·1·0Jla
á los árboles y teje enlascicatrices &lt;lelas rocas.
-Deotro de una hora frás muy lejos, dijo Taide apoyaodo eu mi bomb1·0 su cabeza. ¿Pensarás en mí":' De pronto, deteniéndose, exclamó con
su som·isa luminosa: -¡Qué tontas somos nosotras! ¿Sabes en qué venia pensando:'¡ Figúr..te
una. bobería! Pensaba: &lt;Hubén no de be frse, m¿
quedo sola, puedo morirme quizá y no le volveré á ver!&gt; ....
Se calló brnscamente, como si su pensamiento
hubiera hallado en su camino un obstáculo, como las tórtolas que refrena.u el vuelo cuando el
azor apenas se dibuja en el hol'izonte.
-¿En qué miís pensabas':' insistí yo.
-En muchas cosas que no quiero ni debo decirte, me contestó lloraucto; ¡soy una loca.! ....
::;us palabras llegaban á rn1 01do vagas y confusas como el susu1T0 lle una selva. ::;u vestido
ondulaba movido por el iü1·e; oprimía su busto
un corpil1o ligern, y entre las vapornsas blondas negras de las mangas, sus manos semejaban
copos ue nieve pendientes de ramas de ciprés.
- No llores! exclamé con los ojos erupañu.dos
tamoién poi· el llanto; óyeme. i Ah, uo sabré nunca qué augustias clestlorai·on e n ese momento los
cristales ue su alma! Sabes, continue, que nunca
he siuoce!Oso, y uo lo he sido, porque teugo absoluta fe y conlianzu. absolutu. en tu bondu.d. Así
no atribuyas u. celos lo que voy á supltcarte : es~

--:

--

tás obligada·á asistir al paseo que anualment
hacen en honor de la tía Paz, y el cual tendrá
verificativo dentro de dos días en la falda de
puente que dista de aquí seis leguas. Asistirá
Gustavo, lo sé por él mismo, y no extra11es que
siendo mi mejor amigo, te ruegue sea la última
vez que lo trates.
¿,Fué que una nube opacó instantáneamente la
luz del día ensombreciendo todo, ó, en efecto, veló su semblante un torvo presentimiento? ¡No lo
supe entooces: ....
Anduvimos largo trecho distraídos. En las
brumas de mi memoria aparecía Gustavo, cuya
estúpida sensualidad, propia desu temperamento,
ardía en sus fras&lt;-s aliñadas y flexibles como
víboras;en su5 miradas lánguidas é intensas, pe1·clidas én una vaga lontananza, donde el ensueño,
la febricitl111te abstineucia y la h .. juria, desbandan sus visiones frescas de vida, que sobre muelles edredones revuelcan sus fastidios ó adormecen voluptul)samente sus cansancios. Sus lecturas, su exquisita sensibilidad y fervoroso cu lto
á la belleza, afinaron su lujul'ia, que plegaba, sin
que él St&gt; diera cuenta, sus labios húmedos y carnosos. En sus ojos claros se adivinaban á ratos
profundidades atl'ayeutes; se me antojaban límpidos rema.usos en los que el sol, filtrándose á
través del follaje de uo sauce, comunica t1·anspareocias á la masa de agua sin iluminar el fondo.
¡Oh Dios, qué inmensamente dolorosos son los
recuerdos &lt;le mi juventud!
Hepeotinamente, como invisibles tórtolas ai·rulladoras, salieron escapados ele la tol'l·e de la
aldea los sonidos de la campana.
- ¡Las nueve, excli.iné apesadumbrado, es preciso volvernos! Deben de esperarme ya con los
caballos que han de conducfrme á la estación.
Agregué en tono muy bajo: - Sé fuerte al despedirme; nos ahorra1·ás un sufrimiento.
s...,uozaba y no pudo responderme.
-¿Por qué te afliges·:' le preguoté. Cuando vuelva, serás mía, no nos sepa1·aremos, te contaré los
encantos y amarguras de estudiante, te most1·aré
mi vida ctía poi· ella como las hojas de álbum; tú,
en cambio, me arrulla1·as con tu charla armoniosa, en la que br1llarán como curiosidades sacadas de un cofre pet'fumado, tus travesurns ioocentes, tus sueños, en 10s que viviré escondido,
y tal vez alguoos dolores ieves colados de ronuón en tu espíritu.
La hice apl'esui·a1· el paso. El sol bañaba los
arbustos de la. avenida, que al dibujar sus frondas en el t,uelo, fingían cnarcos caprichosos úe
tinta; en la plaza principal una turba de vendedores ambulantes voceaoa sus mercancías, y la
pequeña esquila ct.: la iglesia, poseída de un gran
regocijo, seguía pirnete ando.
.Gn el portón éncontn1,mos á la tía Paz, á mi
madre y á un criauo. Por sus eoca1·gos, y súplicas y consejos, s.:ntia m1 corazón ues1allec1do.
Ap1·tlsm·é la ue~pell1da; besé tí Ta1&lt;1e, y en ese
beso no sé poi· qué c1·eí que nuesti·as aunas se
desprendían pai·a siemp re.
Rápidamente desauuaé el cabi·esto de la escarpia; el caballo, al se ntir el peso de mi cue1·po,
partió al galope.
.l!:l aii·e uel campo quién sabe qué cosas susurró á mi oiuo, rerrescó mi frente, agitó mis cabellos ¡ay!, pe.ro no pudo evapo1·ai· m1s lágrimas!
.l!:l pano1·ama e¡_ ue se desarrollaba. ante mí, adormiló mt pumante melancolía. Los montes verdinegros ue ocotes uesllecados y silbantes, cuya
so1emne ma¡.:stad ac1·ecentaban los gorjeos rncomptetos de los pájaros; las nubes rozando los

'

árboles, como si éstos humearan incendiados· el
río que culebreaba en el profundísimo barran~o
negro como nu hilillo de betún ; el sol chorrean:
do fueg&lt;? Y abrasand_o la campiña, por cuyo calor la berra, en varias partes cubierta de musgo
verdoso, con reflejos metál~cos color de hiel, parecía que_ sudaba; las cemzas nopalel'as como
mu_est:ar10~ de extraños fetos; cada color, cada.
paisa¡e de¡a.ba su gota de miel sobre mis dolores.
":nocbecía cuando clistinguf las luces de la estación ferroviaria. El silencio aguzaba mi oído,
y clara1;1ente oía el roce de una hoja seca de mafa
q~e el viento ~octurno venía empujando. A pocos
mrnutos dormitaba en el t ren, arrullado por su jadeo, y á la mañana siguiente instalado en mi cuarto de estudiante, recordaba los rosales florecidos
de las casas de mi pueblo, las cercas de piedra
doode se posan al mediodía los lagartos verdiobscuros como puilales pavonados, la hacienda
de mi madre, silenciosa y blanca, v sobre mis recuerdos tod?s, Taide pura y bella.'
1\Iis estud10s y trabajos diarios hicieron recobrar su buen humor á mi espfritu. El quinto día
de mi estancia en la Capital, á mi vu&lt;-lt:, de la
Academia de Bellas Artes, ent•ontrésobremimesita de trabajo la anhelada carta de mi hogar.
Nadie trazará .í rasgos finísimos la urdimbre de
impresiones que sa&lt;!uden el será la vista de una
carta amada. Cuando rompí el sobre. sentía apretada la garganta por una alegría ó angustia que
no sabré explicar.
l\Ie decía mi madre que en el paseo verificad O
en honor de la tía Paz, Taide había caído del
caballo )' había muerto.
¡Ab! morir cuando en nuestl'os corazones rayaba el día; morir cuando ella sintetizaba mis anh elos y esperanzas! ¡ Ah! morir cuando el prime1•
amor salpicaba las concieucias de perfume; morir cuando todas las ideas, todos los pe11samientos, todas las bondades, convergían en un punto; mori r cuando .... ! ¡Oh Dios mío, tú que eres
eternamente bueno, que regaste la semilla del
consuelo en las alma~ inconsolables, que abriste
los veneros del amor en los pechos sin arrullos,
y regaste tus resphtndo1·es en los corazones que
eran noches . ... ! ¿por qué me quitaste á ella, que
e r a mi porvenir, que e1·a mi juventud, que era mi
vida? ..... .

***
Ignoro el tiempoqueestuveenfermo, pero cuando comencé ií pasear mi convalecencia por los
j a rdines y arboledas, tenía en los labios y en la
mirada una amarga dulzura de un bien perdido
y lejano, muy lejano.
Un año hacía que había cambiado mi domicilio á una alegre barriada del poniente de la ciudad. A llí soñaba pensando en Taicle, al can,ado fulgor mortecino de los crepúsculos clolieotes.
F1·ente á mi habitacióo estaba un balcón cerrado
siempre, y festonado caprichosamente por yedras
y madreselvas frondosas . De tarde en tarde llegaba á mis oídos, conmoviéndome profuodamente por los recue1·dos que despertaba en mi memoria, una voz trémula, dulce y sollozante que cantaba con infinita vagnedad y tristeza:

«Volverá mi recuerdo cuando muera,
A traerte, mi biPn, melancolía:
C'omo vuelve, alejándose el invierno,
A su nido de ayer la golond1·ina.
No me olvides, yo te amo, está seiruro
Que volveré á tuc; hl'azos al¡rún día.
Como vuelve, alejándose el invierno,
A su nido de ayer la golondrina.&gt;
¡CuiÍntas ternezas &lt;lespertaha en mí la vocecita ele mi clescouocicht cantadora!
Así las risas de los címbalos lejanos encuentran en al,rún polvoso piano un eco que les
responda, y que acurrucado dormitaba como un
niilo abandonado por sus padres.
Rentía {L veces el imperioso deseo ele ir á su
deparmento, preguntar quién era, hablarle. decirle que le estaba infinitamente agradecido, porque su voz y sus canciones me hacían pensar en
oh'a voz y otras canciones que había oído ele
unos labios amados que callaban entonces porque estaban aprendiendo nuevos ritmos en un
pafs de misterio y de silencio donde las almas se
convierten en cantos inefables.
¡En cadr1 hígrima que me arrancaban esas estrofas, rodaba una bendición!
Uoa tarde• de crepúsculo sang-riento, esperaba
la llegada de mi madre y la visita de la, tía Paz;
¿,qué conversación nuestra no tendría por trama
la bondad de la inolvidable muerta'?
:\Iientras lleg-aban, distraje mi impaciencia
observando el desbanclamiento ele nube, escarlata, anaranjadas y violetas; oyendo los vagos
susurros de los árbolM poseídos ele súbitos estremecimientos. la bulliciosa algazara ele par•
lanchines go1Tiones empeñados en meliflua contienda p01· logl'ar un camarín en la em·amada, y
vieoelo al gato, sobre la silltL esparrancada, en
quieta somuolencia, con su eterno hervo1· en el
cogote.
Todos los detalles de aquella época de mi vida, dolorosos y alegres, los conservo de tal manei'a grabados en mi mente, quec1·eo que niagúu
sacudimiento trágico vivirá en mí con mayor inteusidad de precisión.
H,.bía dejado de ver á la tía Paz mucho tiempo; y cuando la vi en el dintel ele la pue1·ta tendiéndome los brazos, con el rostro c1·uelmente
ajado y los cabellos canos, débil y encorva.da,
parecía. que mi pasado esti, btL frente á mi porvenir.
Respetuosawente besé sus manos y la senté en
mi lecho.
-¡Qué viejo estás! me dijo en tono simpático y
burlón. Dentro de dos años se te verá la cabeza
como si la tu vieras envuelta en un pañuelo
blanco.
-No es difícil, contesté soarieud.o.
Agregó:-Tengo que decirte algo muy grave
antes que llegue tu madre, que supongo no tarda.
La vida te ha vuelto reflexivo, prudente y sobre
todo l'azonable. E,·es ya un homb1·e capaz de soportai· con calma. cualquier hecho, cualquie1·
acontecimiento, por intensamente abrnmador que
sea. Eres algo más que un homb1·e; como te dije
al principio, er es un viejo á quien yo quiero como á un niño, y para el que todas las alegdas
me pai·ecen pequeñas si poi· un momento se las

Domingo i &lt;le Dicirmbro de 1902.
pudierlL dar todas. ;),le entiendes·~ agregó conmovida. Ahora escúchame, y sé fuerte.
Tal solemnidad había en la tí11 Paz al expresarse, que instintivamentP incliné el cue1·po como euando SP &lt;-spera 110 ¡ olpe rucio.
-T11ide no ha muerto, exclamó más blanca
que la cera y con los ojos fijos~- brillantes.
-;.No ha muPrto:' elije non voz 1·onca ahandon;inclo mi asiento y tomándole con brusquedad
las manos.
-No ha muerto, contest6 iÍspPt•amente, y aun
cuando comprendo qu&lt;' serás capa1 ele estrang-ularme por saberlo todo de un g-olpe. e~ preciso
que me oigas portándote como un hombre y no
como un niño: siéutMr.
l'recipitaclau1ente continuó: -En el paseo del
año pasado. que debes recordar, iba como invitado de una dr mis amigas Gu,ta\·o Hartmana.
-Gustavo IIartmann, grité desl'sperndo.
-Calla, contestó jadeante, es&lt;·tíchame.
'.rodos íbamos á ca hallo, y it la entrada. del
monte, en el lugar preci~o en que el boscaje• se espesa, el animal que Taicle montaba se enc,Lbl'itó
por el ruido ele alguna hoja seca y em2,rendió la
carrera. Nos parnlizó el espanto y el pensamiento de que en la falda resbaladiza el golpe era seguro y la caída mortal. Todos quisieron marchar tr~sella,p?ro Gustavo,como un relámpago,
se teud1ó sobre el caballo,que azuzado,brincaba
como un gamo, perdiéndose bien pronto entre la
obscura malt&gt;za y las quebradas de la montaña.
Inútilmente esperamos su regreso, v entonces
nos diseminamos en el bosque con ei fin ele encontrada. Todos teníamos el alma cuajada de
preseotimientos.
Xuestro p1·ime1· hallazgo fué espantoso. Ea el
fondo ele un barranco estaba Gustavo con el cráneo despedazado. ¡ Ay I e!1 ese momento comprendí que en una hora se puede en vejecer. M1ís adelante encontramos desmayada {L Taide, pero viva aún.
Ahora escúchame y sé más fue1'te aún. Voy á
concluir.
Cuando Gu~tavo corrió eu busca de Taide,
¿sabes lo que hizo'! :No detuvo el caballo; poi· el
contrario, lo fu:stigó brutalmente para que se
desbocara y caye1·a. ¡Oh Dios! ¿po r qué los árboles no vol viet·on hacia él sus brazos y lo desmenuza1·on en el aire! Cuando la vió tendida sobre la yerba .. ¡ah Rubén, Rubén, todas las azucenas deben de habei· ceri·ado á esa hora sus cálices!
-¡Maldito! exclamé como un loco. No haz
muerto y debes morir despedazado por mis dientes, magullado por mis manos, pisoteado por mis
plantas! ¡Taide, Taide! sollozaba. Como á un
conjuro, abrióse la pue1·ta y apareció ella vestida
de negro y con una palidez ult1·ate1·reste.
-Gustavo ha muerto, dijo, yo soy la desconocida cantadora; te amo, y he vivido con mi amargu1·a incomparable sólo por ti.
-Retírate, exclamé con voz abogada.
-Calla, gritó mi madre, entl·aado en ese momento; nadie sabe nada, y yo, que soy tu madre
y que para ti quenía lo más saeto, te ruego que
la quie1·as: quiérela, dijo juntando nuestras cabezas, que bañaba con su llanto.

--~
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�EL 2'1UNDO ILUSTRADO

Domingo 7 de Diciembre de 1902.

~L t\l UNUU lLU::,'J'l{AlJI/

Domingo 7 die Diiciemhre de 1902.

. -Te pido que robes ]as carnes frescas quetien~n los ho1;1bres de la llanura. Te pido que
asesines al primero que encuentres. Te pido
que te apoderes de ]as víctimas ofrecidas á tus
,dioses y que todo lo deposites á mis pies.
El le agradeció que no pidiera más é hizo
lo que le había exigido.
'
Durante una hora tocó delante de ella; pero
después rompió su lira y vivió como si estuviera muerto.-PIERRE LOUYS.

E

La ■uerte de las murallas.

medio de un universal encogimiento de
· hombros, único comentario hecho á su
n:iemoria,sola y muda oración fúnebre pronunciada sobre sus esrombros, van cayendo las

ra ¡uíticos y escuálidos,
los niños se acurrucan
ante el rescoldo cárdeno;
y allí tiritan .... lloran
al escuchar los ásperos
y lúgubres chillidos
de los siniestros cárabos.

sus alas el relámpago,
despréndense las hojas,
despiértanse los pájaros,
azota las vidrieras
cor: recio impulso el ábrego
y el rayo cruza y hiel'e
como celeste lc'ttigo!

mis delit·antes súplicas:
bien sé que estíts muy lejos,
¡oh blanca estrella fúlgida!
Por eso, de mis labios
se disipó la púrpura ..... .
y están mis ojos trist,,s
y mis pestañas húmedas!

Ya lh:1,ra !'l rudo invierno
-con sus 11101·dieutes 1·áfagas,
&lt;'On sus tupidas nieblas
como flotantes sábanas:
ya rueuan de los troncos
enfermas las parásitas ...
y están I as flores mustias
l' las mujeres pálidas!

Por las obscuras grietas
de las mortuorias lápidas,
las gotas de la lluvia
descienden frías, lánguidas·
¡ob trágico destino!...... '
Tal vez únicas htgrimas
que en su mansión de sombras
1·eciben los cadáveres!

Refúgiate en mis brazos
en estit noche tétrica
Y esconde eut1·e mis manos
tus manC'citus tl'émulas!
Calor y luz ansío
de tu mirada angélica,
mientras la bri,m cbarla
con la llovizna gélida.

Tal vez mn.íiana mismo,
cuando estos melancólicos
cantares á ti vuelen
con su vibrar monótono,
yo duerma solitario
bajo el sepulcro lóbrego,
soñando que me estrechas
contra tu seno mól'bido!

La dl·nsa llu\'ia cae
&lt;ion ei;pantoso estrépito;
sus membranosas alas
agitan los 111u1·ciélagos,
y en las inmensas playas
el mar undoso y pérfido
.queb1-ántase en las r@cas
con ímpeUl colérico.

Doliente y ojerosa
la luna avanza tímida,
y escóndese en las nubes,
ya inmóviles, ~-a undívagas;
en 1as desiertas calles,
sobre las losas frígidas,
mellio desnudas tosen
las pordioseras tísicas!

llesuene en nuestras bocas
el beso como un dntico;
y en t,into que apuremos
nuestra ventura extáticos,
que azote las vidrieras
con r~t:io impulso el ábrego
y el rayo cruce y biera
como cdeste látigo!

Pues yo sé que este invierno,
con lento p,tso rítmico,
se irá con sus tristezas
y su ropaje lívido!
pero este que yo guardo ..... .
tal vez el más fatídico
de todos los iu\"iernos ..... .
eterno es en mi espfritu!

En las pajizas chozas,

Allá lejos sacude

volver, todo lo negro y trágico; quedaba únicamente lo hermoso, lo inofensivo: los monumentos, la tradición, la leyenda bizarra y hermosa nimbada y consagrada por el beso amoroso del Tiempo.
Y la prisa febril y loca por destruir esos
restos menospreciados y entregados al olvido,
habla con voz doliente de nuestra desnudez
de espíritu, con la voz misma con que hablan,
en derredor de las murallas que se vienen abajo, los rostros atormentados por el afán insaciable de ccl'argent,,, y los antiestéticos trajes
modernos de los transeuntes.
Muy cerca también, l os carros eléctricos pasan apresuradamente lanzando al aire la canción triunfal del repiqueteo de sus timbres.
Edificios utilitarios y feos, ceñudos, sin ale-

JULIO FLÓREZ.

Mas ¡ay! bien sé que no oyes

Nuestro pats.-Parroqula. de Taxco (Gue)

(Fot. Waite.)
I

LA FLAUTA ENCANTADA.
otro tiempo habitaban ]a Tracia ani•
mn]es salv:ijes y algunos hombres ame- - - - drentaclol".
Los animales ernn muy hermosos: había
leones rojos como el sol, tigres rayados como
la tarde, y osos negros como la noche.
Los hombrei::, enanos y chatos, mal cubiertos de viejas piele,:, armados de lanzas toscas
y arcos grosero,:, i::e e1,cerraban en las cavidades de las montañas tras monstruo·sos bloques
que ellos rodaban trabajosamente. Pasaban la
vida cazando, y corría la sangre en los bosques.
Era tan lúgubre el paíf', que los dioses lo
habían abandonado. Cuando salía Artemisa
del Olimpo, al clarear la mañana, jamhs seguia ca mino que llevara al nQrte. Las guerras
de allí no inquietaban á Aree; la fªlta de flautas y de cítaras alejaba á Apolo, y solamente
brillaba la triple Hécate como una cara de
medusa sobre un paisaje petrificado.
Entonces fué ú habitar allí un hombre de
una raza más feliz, quien no vestía pieles como los salvajes de la montaña.
Usaba larga túnica blanca que ]e arrastraba
un poco. Gustábale errar de noche á la luz
de la luna por los mullidos claros de los bosques, llevando en la mano un pequeño carapacho de tortuga, en el que habfa clavados
dos cuernos de uro, entre los que se tendían
tres cuerdas de plata.
Cuando tocaba con sus dedos las cuerdas
música delicioi"a las recorría, mucho más dul~
ce que el murmullo de las fuentes, que las
frases del viento entre los árboles ó que lamodulación de las aves. La primera vez que tocó, despertaron tres tigres, tan prodigiosamente encantados, que lejos de causarle ningún mal, se le aproximaron lomásquelesfué
posible, y se retiraron cuando cesó. Fueron
más los que acudieron al día siguiente, así como lobos, hienas y serpientes que se paraban
sobre la cola.
Y tanto fué así, que muy poco después iban

los animales mismos á suplicarle que l es tocase, sucediénclole con frecuenria que u11 oso
llegara solo junto á él, y con tres acordes maravillosos se marchara contento. En cambio
de sus complacencias, las fieras le proporcionaban alimento y le protegían de los hombres.
Pero le fatigó su fastidiosa Yidn. Tan convencido llegó ri. estar &lt;le su genio y del placer
que daba á las bestias, que ya no se esforzó en
tocar bien, y las fieras, con tal que él lo hiciera, quedaban siempre satisfechas. Notardó en negarse aun á concederles este gusto, y
dejó de tocar por indolencia. Toda la selva
quedó triste, mas no
por ello escasearon á
]a puerta del músico
les trozos de carne ni
las frutas sabrosas.
Continuaron alimentándole y le amaron
más, porque el corazón de los animales
es ar:;í.
Un día, sin embargo, en que, apoyado
en su puerta, miraba
cómo de:::cendía el sol
tras ele los árboles inmóviles, pasó cerca
una leona. Dió él
muestras de entrar,
cual si temiese mole!&lt;tas solicitudes; rero
la leona, sin cuidarse
de él, pasó tranquilamente.
Entonces le preguntó sorprendido:
-Por qué no m e
ruegas que toque?
Ella le contestó que
no lo deseaba.
Díjole él:
-:So me conoce,;?
Y ella le respondió:
-Tú eres Orfeo.
Agregó éste:
Nuestro

-Y no quieres oírme?
-Xo quiero-repuso ella.
-Oh !-exclamó el músico-cuán digno sov
de lástima! Tú eres ¡ior quien yo hubiera tocado. Eres mucho más bella que las demás v
debes de comprender L1ejor. Por que me escuches una hora solamente, yo te dar é cuanto
soñares.
Ella le respondió:

murallas t errón á terrón-dijérase más bien
que van derramando gota á gota sui, lágrimas
de piedra.
Lloran acaso los viejos murallones, doblegándose y desapareciendo bajo la piqueta indiferente é impasible del ,cprogrei,o,» la poesía
del pasado que con ellos muere; todo lo que
&lt;¡ueda de un mundo cruel y hérpico desaparecido para siempre, impulsado por un mundo
nuevo, más justo, pero más prosaico.
Yo las miro caer, entre la indiferencia estulta ó ciega de la multitud, y siento sobrecogida el alma; porque veo en su caída y la in•diferen::ia de hielo con que la miramos, un

gría como nuestra época, muestran sus freutes
grises de piedra en los alrededores.
El progreso triunfa. ¿Pero sómos más felices?
Siempre apresurados, sin parar jamás, Judíos
Errantes de un ideal sin grandeza, hostigados
por la neurosis del oro que nos ciega
la vista con á ureo velo, y sin tiempo
para admirar, ni para comprender ni
para realizar la belleza, vamos perdiendo á la carrera la alegría, la salud del
espíritu y del cuerpo, la serenidad, la
risa juvenil que un tiempo tonificara
y confortara y llenara de gozo con su
argentino tintineo los orbes.

ESTCIJIU FOTOGRA!i'I CO.-(M.

Torres. -Profesa, 2

la uniformidad e~túpi&lt;la del sombrero de r,opa y de los absurdos pa n ta.Iones de la mesocracia.
La n1lgaridad triunfa. Triunfa Sanrho. Don
Quijote sigu e siendo apalrado y silbado á cad,a arranque heroico de su brava y generosa
a1ma.
Todo el mundo llegará á tener, según ansiaba Enrique IV, una gallina en su puchero. Y
cuando haga un alto el hornbre en esta furiosa
c~rrera en pos &lt;le .la l'iatisfacción del cuerpo
tuano, y el alma tienda los brazos en busca
&lt;le lo suyo.. , . .. tal vez lo bu~que en vano an guRtiada y mortalmente an~iosn.
'
Hallará un mundo de gentes rollizas uniformadas, viajando en ferrocarrileR, vi ,;iendo
en hoteles lujosos, l eyendo periódicos exclusivamente, embrutecidas por el trabajo y las
comodidades.
Y el ~lma se encontrarñ, estupefacta, con
que ya, a aquellos hombres gordos y sibaritas, no les puede ella servir más que de estorbo ..... .
Kovbre., 1902.
LUIS RODRIGUEZ-EMBIL.
Nuestro pals.-Suburbios de Córdoba.

símbolo de esta época de8provista del Arte
•consolatlor y sagrado, que embellece y perfuma la vida como una flor del cielo.
Con las murallas rugosas y venerables como
un abuelo, se ya quizás el último vestigio de
1a exquisita poesía del recuerdo. De la era que
-ellas representaban, pasó por suerte, para 110
pats.-Tina

calle de Tecalpulco ( Gue).

( l!'ot. Wal te.)

Acaso esté destinada á concluir la civilización contemporánea apoplética &lt;le riquezas,
&lt;le comodidades, de lujo burgués y chabacano, pero consumida por inmensa é irremediable murria, sintiendo al cabo el tedio infinito
de lo vulgar, y aplastada por la "{)erfección suprema y mecánica del &lt;ccomfort» moderno, por

�-

1

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Depo1110 Ceo•ral: B. Y G. GCETSCH:JL,
l'IIEX C'I. ,._ p ,ntado 468.

...................................~,...

AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 24.
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ELIXI~ ESTOMACAL
DE SAIZ DE CARLOS

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EL MUNDO ILUSTRADO

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one en 2 meo:es deearrollan v endurecen 6
)O;i 1enoe,hacun d~,-.1p., 1•eccr 1.ti sal td,ll

Y todas las enfermedades del Es·
t6mago é Intestinos por cr6rdca■
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se caiga.
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1902, Año 9, Tomo 2, No 22, Noviembre 30</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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