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                    <text>No. 9 Sep. de 1955

D. A. S. U.

BOLETIN MENSUAL
DE LA UNIVERSIDAD
DE NUEVO LEON

piación y viviendo por los sentidos, el
mundo es propiedad temporal de Pedro Páramo.
Como secuela, el sentimiento de se~
guridad del mundo circundante es demasiado pobre para que 1a gente sea
feliz. De ahí resulta un pesimismo
existencial rotundo, presto a la creación sin esperanza, a la brujería y a la
presencia implacable, siempre hQstil,
de los espíritus amenazadores de los
muertos. Es un mundo que vive para
el más a1lá, agitado en tremendas conYUlsiones pasionales, que en la novela
aparecen como ,,iolentas nocturnidades del espíritu.
Dentro de Cste mundo de sometidos 1
el terror y el miedo han sido los materiales primos de que se ha construido la conciencia de todos los seres; la agresivídad interpersonal domina el acontecer cotidiano.
Desde el principio de 'Cada vida hay
como una prisa febril por morirse
pronto. Sin embargo, la muerte no es
truculenta ni demasiado dramática,
porque está . rodeada de naturalidad,
&lt;le cierta prevista facilidad. Es dramática la vida; llena de alucinaciones
y sometimientos, donde el albedrío carece de función frente al poder del cacique.
La falta de albedrio humano, social
si se quiere, parece ir acompañado de
un desmayo permanente de la voluntad, agostando el deseo de vivir con-

su quehacer ético-moral dentro de un
clima que está constantemente anticipando la muerte por medio de la proyección orgiástica de sentimientos fatalistas.
Pero mientras el hombre en cuanto
sexo, ser de acción en 1a comunidad
rural que Rulfo describe, está determinando a la muerte mediante una circunstanciación violenta de sus relaciones interpersonales, la mujer, como sujeto pasivo en las decisiones de
esta experiencia social, la vive dentro
de una angustia interior expresada en
la oración, en su cálida religiosidad
viviendo por impresiones una relación
afectiva con la muerte en la que inquiere por su situación metafísica,
manteniéndose dentro de limites torturantes cgn la idea mística del pecado en su sensibilidad. Esta calificación obsesiva del pecado debilita sus
esperanzas de redención, manteniéndola dentro de un sentimiento de inmortalidad, que por serle desfavorable, la tiene incrustada en la angustia
del purgatorio y del infierno.
En Rulfo el sentimiento metáfisico
de la seguridad se es!:\ casi derrumbando por la intervención implacable
del Pecado en la conciencia. La angustia queda irresuclta. Uno se muere
y, después, empieza un duro viacrucis
de reparación o de condenación que
es un sufrir despiadado, porque en los
acontecimientos todos parecen haber

RULF EN LA NVELA MEXI ANA
•

Claqdio ESTEVA FABREGAT

A aldea de Comala, en el Occidente de México, bajo el
mando literario de Rulfo revive todo un mundo que va
yendo al pasado. La vida rural, el caciquismo, el destino y
la angustia del hombre bajo la proyección del transcurrir
estoico y adverso de una existencia sin albedrio, quedan situados
en el marco de las relaciones humanas con una fuerza y un vigor
que no desmayan jamás a lo largo de los acontecimientos que se
relatan.

L

Vn hondo fatalismo persigue las vidas de los seres del mundo campesino
que Rnlfo nos cuenta. El aire que atufa estos campos tiene un vibrar fantasmagórico y casi de pesadilla, vasto de
pasiones, pero agitando especialmente
al cacique Pedro Páramo, hombre para quien el mundo no tendria sentido
si no fuera la propiedad de alguien. Y
este alguien es él mismo. Y el mundo
es lo que él puede dominar con su capacidad de hombre campesino, siempre tenso y fácil para ]a muerte.
Sobriedad, tristeza, y cualquier cosa
como don de la vida, aparecen formando parte de los horizontes cotidianos de_la humanidad siempre atormentada de esta novela. Hasta el fin todo
se mantiene en una angustia larga, ri-

'

ca de estampas directas, cuya asfi:dante y torturadora brutalidad son
representadas por un hombre, Pedro
Páramo, invariable árbitro de la vida
y la muerte de la gente de una región.
Este personaje, cacique de bienes y
cuerpos, no tiene más ley que su propia voluntad. El poder y las arbitrariedades, amparados por la deformación cívica del mundo inmediato, son
sus principales instrumentos ele dominación. i\~adie escapa a su control.
Los hombres pagan con una muerte
sin heroísmo toda resistencia a sus
dictados; las mujeres con su honra.
Nada detiene, hasta su mtierte, la expansión de este sujeto; todo está previsto en sus planes. Sin aparentes sentimientos de culpa, sin acucíos de ex-

lento. Aquí todos aman y odian con
11
· la circunstancia. No hay estabilidad;
sólo se manifiesta la imperturbable
capacidad de Pedro Páramo para resolver ex.p editamente sus ansiedades.
por
El juicio ético-moral de este mundo
está sustanciado fundamentalmente
Rc LFO
·por la idea de la muerte, y dentro de
esta idea la mujer es el centro expresor de la neryiosa interpelación. Sus ª
1
rezos y sus dolores pertenecen a las
1
trascendencias del mundo en que vive. Parece como si ella sufriera por
todos. El mundo cargado de espíritus
que domina el relato de Rnlfo tiene
un~ profunda significación femenina.
La inconcrcta incertidumbre del misterio metafísico está prendida, más
que en la del hombre, en la interrogante conciencia de la mujer.
Esta condición sensual y dramática
de la vida, estética, que ve a ]a muerte como una situación sentida imneidrds
mexicanas
l___ _ _
____
__ _:_c:....._ _--1
diata, que se aprecia en las imágenes
del mundo rural, y que, por otra pari FO N DO DE CULTURA fCQNOMICA
te, siente a la vida como una naturalc&gt;za bañada de pasiones elementales,
está tan presente en la experíencia de] vivido dentro de un agobiante pecado.
ser, que hombres y mujeres eqfrentan
Sigue en la Pág. 7

Pedro Páramo

L JUAK

�HECHOS

y

COMENTARIOS

EL MO·RATIN TENIS CLUB

José María CHA CON Y CALVO

fonso Reyes vivía en el piso. bajo; con
más precisión, bajo, exterior, derecho.
Y parecia este final del barrio de Salamanca Jirny distante del centro de
~Iadrid. Por el amigo entrañ~ble vine
. a esta casa en 1918. Hoy ten¡¡o el de_;
canato de sus vecinos. Y . seguiré teniéndolo a pesar de que se acrecientan día a dia ]as dificultades: así, hace tres semanas que el ascensor está
roto. Y me consuelo I)ensando en que,
si vi,·o en un cuarto piso, otros viven
en el sexto. A ]a postre, fodo no es sino una n8mada a la aust9ridad. caste.:
11ana que siempre nos hace bien.

E prepara un libro en homenaje a Alfonso Reyes, con motivo de sus Boda.s de Oro con la literatura. En 1905 apareció
el primer artículo del gran escritor. Félix Lizaso foe de los
primeros en recordar, en su sección de El Mundo, esta iniciación literaria de Reyes. Y no sé si precedió en el recuerdo a los
mismos paisanos del mexicano universal. En todos los países de
nuestra lengua se recordará esta gran fecha de las letras americanas. Y en otros tamb,ién, ya que el escritor regiomontano ha sido
traducido a casi todas las lenguas modernas. En un interesante
opúsculo que me llega del Patronato de la Universidad de Monterrey, Alfonso Reyes traducido, encuentro que hay versiones del
escritor en los siguientes idiomas: portugués, italiano, griego mo,
derno,. inglés, alemán, checo, sueco y hebreo.

S

En Cuba, de tan hondas vinculaciones con México y en donde don Alfanso tiene tantos y tan buenos amigos,
ha habido ya una sesión académica
dedicada al autor de Cuestiones Estétiras, para citar su primer libro: fue la

le ofrezcan el testimonio de su honda
devoción. No es un mensaje escrito lo
que quiere Brull, sino la presencia viva, junto al maestro mexicano, de algunos de sus amigos de Cuba. Y el
poeta tiene la certeza de que la Direc-

de 1a Academia Cubana de la Lengua

ción de Cu1tura, que tan vastas pro-

en la inauguración de su nuevo curso.
La oración inaugural, a cargo del doctor Raimundo Lazo, el ilustre crítico Y •
profesor de la Universidad de la Habana1 nos ofreció un penetrante estudio de la obra de Reyes, Por cierto
que el Doctor Lazo, que acaba de pasar por Madrid rumbo al Congreso
Universitario de Estambul, mostró gran
interés en recoger recuerdos hisp{micos de don Alfonso,

yecciones tiene bajo el rectorado de
Guillermo- de Zéndegui, ha de prestar
a su proyecto el más generoso y eficaz
concurso.

Y un homenaje de mucha intimidad
preparaba en los ·días en que me des.p edía de Cuba uno de los más antiguos
amigos de Alfonso Reyes: el autor de
Solo de Rosa, el muy querido y admirado Mariano Brull. Quiere el insigne
poeta que unos cuantos amigos cubanos de Reyes se trasladen a México -y

Yo celebraré las Bodas de 0ro del
fraternal amigo, reviviendo íntimos
recuerdos de sus fecundos días españoles. He venido a vivir en la misma
casa en donde él residió algunos años.
En unas viejas páginas que dediqué a
Reyes hace no menos de treinta y tres
años - y que cierran mis Ensayos sentimentales- evocaba esta casa de General Pardiñas número 60, que entonces era 32. La llamaba la Casa de Hielo. Ahora en este riguroso verano de
Madrid, he pensado que podía escribir
algo que fuese corno su cabal antítesis
y que titularía: la Casa de Fuego, Al-

pondi. Y, cuando recabé. la aprobación
de don Alfonso y de don ~edro, la tuve explicita y entusiasta, (Pcdi:o lfenriquez Vrella, el insigne maestro dominicano, que bien mereció el calificativp drl "dominicano universal" era
un bueJ?, deportista: recuerdo, en 1914,
afio qu\:! todo lo pasó en la Habana,
cuando- iba a los baños del Vedado
siempre salia de la poceta buscando el
mar libre, sin importarle nuestra te·miblr fauna marina ...

Eramos muy medianos jugadorCs,
pero a la hora del ejercici?, sentíamos
que la casa de hielo era menos de hielo. Ln cuarto soci'o tuvimos: don En)le animaba Alfonso Reyes a que
rique Díez-Canedo, el maestro de la
· diese este paso en aquel otoño de 1918 _poesía, de la crítica y de · la amistad.
y no pensase más en hoteles ni en pen- Ya podíamos jugar los dobles, Ya posiones, ni aun en la Residencia de Es- díamos hacernos la ilusión de un camtudiantes, con su colina · de los chopos, peonato. Todo marchó admirablemencantada por Juan Ramón: Me hablaba te hasta que se nos asoció al Moratin
de ]os crepúsCulos que se veían desde una vecina nuestra, que era danesa y
mi piso, en los que se dibu}aban níti- algo parienta de Hiiffding, el historiadas, con suS colores malva y , 1ioleta, dor dC la filosofía. Nosotros ignorálas cumbres del Guadarrama.
bamos las re,ilas y éramos felicei,. La
dama danesa vino a recordarlas y laHoy no se ve la sierra, ni se siente bró nuestra dCsgracia. Perdimos el goel crepúsculo en esta larga puesta de . ce espontáneo, la alegria natural. Ya
sol: unas casas grises y feas están fren- s~ntiamos la adustez de lo reglamente a mi. Y ni siquiera los antiguos cam- tado, la pe&amp;adumbre del canon. \' comJJos de tenis, donde en 1919 fundamos prendí que nuestro Moratin Teni.s Club
nuestro ~loratín Tenis Club, pueden se nos. moría sin remedio. Y tuve que
contribuir a revivir aquellos días le- stlstituir el tenis por la esgrima. Pero
j3nos ... En lo que fue nuestro Mora- el recuerdo de aquel frustrado camtín Tenis Club se levantan modernos peonato de Pedro Henriqucz Ureña y
edificios, airosos en verdad, junto a Enrique Diez-Canedo, frente a Alfonso
los cuales resalta m~s la fealdad ele Reyes y a quien escribe estas líneas, es
nuestra casa -de hielo o de fuego.
de los más fulgurante en mis anales
deportivos.
Reclamo la paternidad del nombre de
Y ¿,por qué recordaba nuestro club
nuestro club de tenis. Era el priiner
al
clásico español del siglo XVIII, que
invierno después· de la gran guerra. La
calefacción era imaginaria en nuestra pareció siempre tan poco deportivo?
casa. Recordaba, en el juvenil ensayo Reyes y Díez-Canedo,, habían puesto
que antes cité (y perdóneme el lector un poco de moda inocentes y muy inque al hablar de Alfonso Reyes me ci- geniosas supercherías li lerarias: así
té más de una vez), que aquel frio era inventaron unas cartas cambiadas endesconocido para mí: "No era el frío tre el Greco y don Luis de Góngora.
de ]a llanura, decía, ni el de la monta- Yo quise seguir el juego y forjé una
ña: era un frío único, completamente epístola de Moratín en la que descridesconocido para mi, que no parecía bía una partida de tenis ... Por eso con
venir del airei sino salir de ]o más nuestro ~foratín Tenis Club rendiamos
profundo de la tierra. No olvidaré un homenaje al desconocido introducnunca la imagen dantesca que esta du- lor de ese y otros deportes en la Espara impresión me sugeria: la casa tenia 1ía de Carlos IV,
por cimiento un enorme témpano de (Tomado de Diario de la' Marina, La
Habana, 16 de agosto de 1955)
hielo. Así se explicaba que los brillantes radiadores estuviesen completamente helados. Así se explicaba también la ascensióll inacabable del frío,
que lentamente cubría de una capa de
hielo todas las cosas. Estaban cerradas
las puertas y las ventanas. ¿De dónde
venia aquel aire sutil que apagaba el
vacilante bracero? Sentíamos que, jun- ·
to al frío que venia de las entrañas de
la tierra, un ambiente de misterio enYolvía nuestra casa/'
Nuestro Moratín Tenis Club surgió
para combatir ese frío y ese misterio.
Estatan casi enfrente de la casa de
hielo . . los campos de tenis. En la tosca
cerca de madera aparecia el letrero
incitante "se arrienda para tenis". Era
una renta mensual muy modesta: cincuenta pesetas. Hice mis cálculos. Podíamos ser tres socios fundadores: Alfonso Reyes, Pedro Henríquez Ureña,
que suspiraba por las heladas regiones
de Minnesota que acababa de dejar, y
yo. No vacilé. ¿A nombre de quien
hago el r~cibo? me preguntó el encargado. De "Moratín Tenis Club" le res-

-LH PER NHLIOHO, LH
YEL MEN HJE DE HLF N REYE

Raimundo LAZO

ABLAR de Alfonso Reyes presupone audacia en quien
no se le asemeje por el talento crítico y la visión profunda, abarcadora de todas las cosas; pero, en mi caso, bien
puede atribuirse el riesgoso empeño a los impulsos de
una comunidad de simpatía. A la iniciativa del doctor José María Chacón y Calvo, el gran animador de nuestras actividades de
cultura, debo la honrosa designación que me confió el trabajo
inaugural del año académico de 1954 a 1955, en la Academia
Cubana de la Lengua; y a la sugestión decisiva del ejemplar Presidente de la Corporación, tan hondamente vinculado al ilustre
mexicano del mundo por la admiración y la mutua simpatía, debo, tanto como a mi propia determinación, ese último desplazamiento de la voluntad que siempre hace falta para vencer temores en pugna con sentimientos contrarios y que ahora me lleva
hasta Alfonso Reyes.

H

Anticipadamente sea dicho esto en
favor y alivio de mis responsabilidades, las que, si podrán atenuarse de este modo, y por la natural benevolencia
de quien me juzgue, nunca lo será.n
tanto como yo quisiera.
En suma, por eso, con simpatía y
cautela, me acerco a ]a personalidad
y a la obra de Alfonso Reyes, indisolublemente unidas en una de las más armoniosas y ejemplares conjunciones de
arte y sabiduría, de gracia y pensamiento, de humanismo y de noble humanidad, que ]luede hoy complacer y
orientar a quien, en cualquier latitud
del mundo actual, sienta la imperiosa
necesidad de elevar y perfeccionar la
esencial e irrenunciable condición de
hombre nacido para la libertad creadora.
Al acercarnos a Alfonso Reyes, estamos ante un caso de concurrencia de
notas excepcionales, plura1idad excepcional de aptitudes y realizaciones, de
dimensiones y calidades1 de valores y
enseñanzas. En él se entrelazan y complementan el concepto y la imagen, l?
intuición fresca y gozosa 1 iluminadora de la vida, animadora del hombre y
del artista v la a\'entura intrépida del
pensamie;t~, señorialmente dominador de las circunstancias. En su obra,
como él dijo de la de Pedro Henríquez
Ureña, el adorno se vuelve esencia, los
adjetivos trascienden, porque se substantivan en la más amplia y filosófica
acepción del término, porque, sin perder el valor que les da su función estética, están llenos de substancia conceptual; los epitetos son definiciones.
Por eso, su obra, concebida y trabajada sin prisa y sin tregua, es perdurable y decisi "º ejemplo que muestra
cómo en las cimas de la expresión artística pensamiento y forma se confunden sin diferenciación posible en una
síntesís que es prueba y condición de
lo perfecto y perdurable.
Para definir, en este caso, al hombre y al escritor, hay una frase que posee ya categoría de proverbio: Alfonso
Reyes, el mexicano universal. A tan
expresivo y justo sobrenombre nos
acogemos particularmente complacidos los hispanoamericanos para hablar de éL En Reyes, la obra trasciende de lo mexicano a lo universal; pero
pasando siempre por el plano intermedio de lo americano en el cual los hijos del Nuevo Mundo nos sentimos cordialmente unidos al gran escritor.
México es su seguro punto de partida1 la torre de observación sobre su
mundo, Partiendo de este México de

conce])ción de la vida y un alto ideal
de cultura en que lo humano y lo humanístico se combinan de manera armoniosa y fecunda.
Es éste un preclaro humanista moderno en quien la sabiduría y la magnífica aptitud artística se anudan
siempre a una rica y vigilante humanidad, haciéndolo a la vez captador de
ideas y ,•alores esenciales y descubridor y exégeta de tiempos nuevos.
Cuando, hace más de cuarenta años,
se inco'r pora este hijo ilustre de Monterrey a lo nacional mexícano, bohemios románticos rezagados y raros del
modernismo en liquidación teni.9n ya
contados sus días de arte caprichosamente libre, herido por la anarquía,

múltiples facetas, nacido heroicamen- al1ogado en el ambiente enrarecido de
te de la más rica síntesis de razas y la ciencia positiva y de la decrépita
culturas, ha ido realizando Reyes su dictadura política del longevo porfiobra vastisima y diversa. En ella ca- rismo. Y gracias precisamente a la
ben todos los temas, todas las preocu- doctrina y a la disciplina de la genepaciones y todos los enfoques de un ración• de la que es Alfonso Reyes reescritor que, como por arte de magia, presentante ilustre, los bohemios dejaha sabido hacer de la multiplicidad rían la calle, abierta a lodos los impulde aptitudes una preciosa virtud del • sos anárquicos, y los raros del moderartista y del hombre de ideas,
nismo abandonarían los frívolos refiDesde las proximidades del año crí- namientos de salón, para concentrarse
tico mexicano de 1910 hasta boy, a todos, con aquella juventud tensa de
través de años de perturbación y de iniciativasi en el trabajo creador del
crisis histórica que se acercan ya para gabinete y de la biblioteca, reconciliaél a ]a media centuria, desde su precoz do desde entonces con las empresas
aparición en el panorama literario, del arte.
construye una obra jamás interrumpiEn el marco histórico ·de lo mexicada, en ascenso, en proceso siempre noi aparece por aquel tiempo Alfonso
abierto de perfección y de enriqueci- Reyes en el grupo ilustre del "Ateneo
miento, a la que iluminan una diáfana de la Juventud", ligado, como casi to-

dos sus integrantes a otras obras y
proyectos juveniles, en una valiente y
bien orientada comunidad de iniciativas renovadoras.
Documentación significativa de la
obra de aquella promoción es un breve volumen de Conferencias, publicado en México, en 1910. Allí aparecen,
con Alfonso Reyes, que trata de Los
"Poemas Rústicos" de .Manuel José
Olhón, Antonio Caso, que presenta su
exégesis de La filosofía moral de Eugenio .11. de Hoslos; Pedro Henríquez
Ureña 1 que estudia La obra de José
"Enrique Rodó; Carlos González Peña,
que enjuicia a El Pensador Mexicano
y Sil tiempo; José Escofet, que dedica
su trabajo a Sor Juana Inés de la Cruz;
y José Vasconcelos, que se refiere a
Don Gabino Barreda y las ideas contemporáneas, Atendiendo sólo a la juventud de los autores, aquellos trabajos hubieran podido recibirse· como
los primeros esfuerzos de ' un nuevo
grupo generacional que trataba de llamar la atención acerca de su presen•
cia, de sus posibilidades históricas y
sils puntos de vista; pero pronto el
acontecer de las cosas demostró que el
poder germinativo y transformador de
aquel haz de energías lanzadas a un
público expectante u hostil, estaba destinado a producir cambios de enorme
trascendencia. En realidad, aquello
era el núcleo de ideas y actitudes del
que iba a brotar el pensamiento y el
arte ele una nueva época, iluminada
por el juego de sombras y luces de la
Revolución Mexicana y de la primera
Guerra Mundial,
Así, encuadrado en las circunstancias de México y del mundo, en la
egregia compañía que merece, émpezamos a contemplar la vida y la obra
de Alfonso Reyes, a la luz necesaria
de lo contemporáneo.
Tres figuras de la época, tan eminentes como diversas, sirven preferentemente para realizar la comparación
esclarecedora que alumbra el escenario de la historia y permite la mejor
captación de valores y actitudes: Antonio· Caso, Pedro Henriquez Ureña y
José Vasconcelos.
En Antonio Caso, la austeridad del
pensador se impone a la ardorosa pasión subterránea del hombre anheloso
de claridad, de seguridad, de verdad,
Henríquez Ureña era el equilibrio y la
serenidad escrutadora y sagaz. Equilibrio entre las tendencias en pugna;
en los temas y en los propósitos; en
las proyecciones de la personalidad y
en los caracteres del estilo. Vasconcelos -hoy pretérito en ruinas- ha sido la espontaneidad y el exceso de la
pasión. Vasconcelos, intuitivo y apasionado, es la arbitrariedad, aunque
también la audacia. Henríquez Ureña,
humanista y maestro, personalidad
cósmica, posee ]a ciencia más precisa
y segura, la cultura más variada y
completa, que en Cl son como el trasunto ideal de un mundo acabado y
perfecto, Caso es el más objetivo y
profundo; pero lo que para otros pensadores es hazaña o aventura, para él
es drama, el drama intelectual intensamente vivido por el hombre, que Hería su obra, ]a anima y la caracteriza
con su ardor y su fulgor. En la perenne e innumerable diversidad de la

Pág. 3

. 1Pag.
•

�I

'1

vida, Caso y Henriquez Uureña co,nservan corno son, examinan e interpretan los contrastes; Vasconcelos apasionadamente los subraya y agiganta;
mientras que Reyes los incorpora a su
prodigiosa actividad vital, convertidos
en un riquísimo, gozable y alecciona-

dor proceso de simpalias y diferencias
espirituales.
De esta manera de ser, de ver, apreciar y sentir las cosas, se derivan los
caracteres esenciales de la obra de Al•
fonso Reyes, juzgada a la doble luz de
esencias y dp circunstancias: la uni-

•

1.

ca, y muere siempre entre los adjetivos, en las manos de quien pretende
En este caso, el escritor asciende, analizarla y describirla.
Esta caracterización, que en su ratrasciende, de lo enciclopédico a lo
propiamente universal, de la yuxtapo- pidez ha intentado captar esencias, tosición de elementos -temas, proyec- da caracterización de esta obra excepciones y caracteres- que constituyen cional, no creo que pueda rematarse
el mundo atomizado de toda enciclo• mejor -sino con la afirmación de esta
pedia -y ésta puede ser un libro o un gozada evidencia de todo lector de Alhombre- a la coordinación e inter- fonso Reyes: es un escritor en pepretación de lo múltiple, de lo innu- renne primavera del espíritu.
Al examinar siquiera someramente,
merable e indefinidamente diverso y
cambianle de la vida tal como ella es, en sí misma, independizándonos en lo
antes y despüés de entrar en el labo- posible de referencias, la obra primaratorio, en el archivo y en la biblio- veral de este escritor de más de cuateca, antes y después de captarla en renta años de labor incesante, la imfragmentos, meros datos o indicios de presión de vastedad nos domina, y sin
una realidad superior, en el fichero embargo, aun tiene que multiplicarse
bibliográfico, el análisis, el experi- nuestra admiración ante cada aspecto,
mento, el cuadro estadístico y todas ante cada tema o situación, al hallar
las disecciones y comprobaciones po- de continuo primores y cuidados; atissibles de la ciencia y de la especula- bos, rectificaciones, descubrimientos
e información curiosa, lo mismo que
ción filosófica.
r
De esta manera, es la de Alfonso Re- aciertos y realizaciones definitiva~ al
yes genuina universalidad, en la que comprobar a la vez la magnitud del
no hay análisis que no sirva a la sín- trabajo y la originalidad y alta calitesis armoniosa, en la que la multipli- dad de la creación.
En la bibliografía activa de proporcidad conduce a la unidad. En este
justo sentido, su obra es universal, ciones colosales de Alfonso Reyes, no
porque esencialmente es mirador de hay género o especie de literatura que
inagotables perspectivas sobre el pa- haya podido olvidarse. Desde las proximidades del año 10 hasta hoy, incenorama de la vida.
En consonancia con su universali- santemente ha cultivado la poesía líridad _g enuina, esta obra se caracteriza ca y la dram3tica; la oratoria, la prode igual modo por la libertad de su sa artística, el cuento y diversas espePensamiento y _de su estilo. ?tfanifesta- cies narrativas; ensayo y critica; filoción espiritual de la libertad conscien- logía pura, o diluida en literatura de
te y creadora, obra de pensamiento muy diferente carácter; crónica litelibre y estilo eficaz, sin ataduras, li- raria, periodismo, memorias, biografía
mitaciones o subordinaciones de ).en- e , historia propiamente dicha; y a él
dencias o preferencias es lo que hay debernos además numerosos comentaque decir de ella al confrontarla con rios marginales, ediciones y traduclas corrientes ideológicas y artísticas, ciones.
No precisamente tras esa obra inlo menos que debe decirse de esta vasta producción, que es, por cierto, lo mensa, sino en ella misma, inseparable
m~ls va1ioso y ena1tecedor que puede de ella, entregándose con ella af lecdecirse de un escritor en el recuento tor en el trabajo del artista y del pensador y en reacciones de palpitante
de sus caracteres primarios.
Y con esto, la armonía, alma del ar- humanidad, está el hombre que es Alte verdaderó y del pensamiento segu- fonso Reyes.
Pedro Ifenriquez Ureña, en 1927, lo
ro; las equilibradas posibilidades de
creación y de interpretación que, E;Il definió como esencialmente poeta.
esta obra, al realizarse, se combinan, Qtros, haciéndole menos justicia, tocompletan y refuerzan. Y pomo cima, mando la parte por el todo, subrayan,
y más, como aliento vivificador, la como características, el impulso y las
dotes esenciales del orador. Hoy, angracia que transfigura y perdura.
Así se revela cuán justamente hay te el panorama impresionante de su
que reconocerle lo que, por desgracia, obra, no creo que pueda dudarse que
· aún suele faltar a escritores america- sea el ensayista, el prototipo de ensa..
nos: la amplitud de horizontes, la hu- yistas, lo que define mejor su gran
manidad vivificadora del humanismo personalidad. Para aceptar sin fundade buena ley, y sobre todo, la perenne das objeciones este juicio, sólo hace
primavera del espiritu, que revela el falta naturalmente reconocer en el enclon del ingenio sin · acidez, y el don sayista típico la compleja y excepciode la gracia, aquella gracia de la que, nal personalidad del poeta y del homen cada caso en que aparece en el bre de pensamiento que se confunden
mundo, sólo puede decirse que es úni- para dar vida a una obra en la que lo

versalidad, la libertad, el equilibrio, la
gracia perdurable.

•

nos ofrece en descripción admirable,
substantivo del concepto, los valores visión sutilmente interpretativa de la bién otras notas humanas; pero el poeestéticos de la forma y el acento per- rea1idad, o los insospechados avatares ta persiste, sobre todo, como difusa in- que es prodigio de síntesis artística,
sonal tienen que concurrir en unidad de una emoción; pero el escritor no es fluencia vitalizadora, en el resto de su de estilización poCtica, el paisaje de la
sólo expositor que observa, discurre, obra copiosa, más allá del verso. Co- altiplanicie mexicana con su luminosa
de creación.
Pero al hablar de su personalidad polemiza y concluye o sugiere, sino mo persiste de igual modo el autor de transparencia y su flora emblemática,
literaria, precisa recordar siempre que ademas autor de variadísimo estilo, to- El plano oblicuo, cuyas dotes c\e na- signos de una naturaleza serena en cucon ella, sosteniéndola, animándola, nos muy diferentes y resonancias di- rrador y de escritor imaginativo tie- yo seno ·se suavizan sonidos y fulgomatizándola, convive lá dinámica, sim- versas, que sabe utilizar en cada caso nen tantas ocasiones para manifestar- res, hasta quedar sólo el dibujo de las
pálica y vigorosa personalidad huma- las múltiples aptitudes y experiencias se en toda la producción de los años cosas, la silueta del homb're y de la
montaña. La prosa poética de Reyes
ganadas en el afortunado cultivo de posteriores.
na del gran escritor.
resucita la ciudad india, corazón del
A
partir
de
los
años
de
la
madurez
El conocimiento directo y el trato per- todos los géneros literarios. A lo proimperio
desaparecido; la reconstruye
activa
y
alerta,
magníficamente
creasonal del hombre no alteran lo que pio y medular del desarrollo ensayispensamos y sentimos acerca de él co- tico, sabe afiadir con acierto los des- dora, e1 ensayo polariza las energías en el espíritu del lector con el habla
de su pueblo, con los atavíos y las cosmo autor, si no es para matizar y com• pliegues imaginativos y el estilo del del escritor, y abre cauce, el m3s apro•
tumbres de las gentes que llenan sus
piado,
al
raudal
de
ideas,
experiencias
pletar el juicio y aumentar y consoli- narrador novelesco, la agilidad del crocalles y s~1s plazas, con su templo,
y
sutiles
efusiones
de
su
espíritu.
Ennista,
el
anti.lisis
y
las
proyecciones
dar la simpalla que nos liga al artista
alarde
de piedra, con su gran mercay al hombre de ideas. El grato recuerdo del historiador, y la visión transfigu- sayisticamente, bajo la apariencia, con
do,
l'aro
y palpilmite caos, con su em•
del hombre que deja Alfonso Reyes es radora, el sentimiento y el lenguaje de la estructura y los modos de expresión
perador,
fabuloso Midas que reluce en
del
ensayo,
.hay
allí
literatura
de
muinolvidable, y pudiera sintetizarse en la poesía, con su aliento, sus intuiciosu trono como un sol. Y tras ello, tras
chas
especies,
maneras
y
recursos
arnes
y
sus
imágenes.
Por
eso,
en
cada
notas fundamentales que distinguen la
el tráfago de la vida cotidiana, los obmanifestación natural •de su sensibili~ ensayo del gran escritor de México, tisticos, conquistados y dominados en
jetos
de la riqueza material, los ritos,
dad y de su talento: la naturalidad, la hay siempre, no sólo un prototipo de otros campos; y tal conjunción armolos
deportes,
la cultura, simbolizada
niosa
de
proyecciones,
acentos
y
mavivacidad de su presencia, la cordiali- ensayo, sino una síntesis de la literaen la flor, madre de la sonrisa, como
tices
determina
la
riqueza,
el
atractivo
tura
con
la
plenitud
innumerable
de
dad de este gran generador de simpacantaba el poeta de antaño. Y la pá•
tía que se nos entrega en dádiva gene- sus modoS, de sus estilos Y• sus pers- y el ,,aJor intrínseco de un estilo de la
gina finaJ, superadora de todos los
más
alta
calidad
estética,
capaz
de
elerosa en el trato personal, y particular• pectivas.
particularismos,
escrita para 1 sobre
var
la
obra
en
que
se
manifiesta
a
la
Y esa variedad que es riqueza tiene
mente en su palabra mágica de conellos, despertar y animar en el hombre
escala
de
los
valores
universales
y
persu
forma
peculiar
de
manifestársenos.
versador memorable.
la doble solidaridad de la tierra y de
Así, al instante se capta al hombre. En el largo proceso de su creación in- manentes del arte.
la historia, la emoción milenaria de la
Vnas
veces
este
núcleo
central
de
su
Así alguna vez hube de captar su co- cesante, no hay desvíos ni remansos.
reacción de las generaciones ante la
producción
se
nos
ofrece
ordenadamunicativa personalidad humana. El :&gt;:o es la s¡1ya una obra hecha en la demisma naturaleza que se asoma tras el
mente
en
series
en
las
que
el
ensayo,
dicación
sucesiva
a
gCneros
diversos,
relato de la enfermedad que hace almismo paisaje.
gunos años hubo de asaltarle conserva sino concurrencia perenne de labores, al abreviarse y simplificarse, se afina
Pasado inmediato, ensayo también
y
se
multiplica
en
todas
direcciones,
su nítido perfil en mis recuerdos. Ten- en la que, en cada etap:i, si predomide interpretación histórica, lo es de
' so, vivaz, curioso, ricamente expresiotra manera, al extremo de poder convo, requería sólo la fiel versión taquitraponerse, por su proyección y estigráfica para incorpQrarse a su obra lilo, a Yisión de Andhuac. Si aquél se
teraria. La evocación agradecida del
debe a la alta poesía de la historia, ésdoctor Chávez que le escuchamos, de
te busca la comprensión de la histoquien, nos decía, no es un médico, siria, pero iluminada por el sentimiento.
no un mago de la Medicina, equivalía
Hay aquí el rebrotar de vivencias que
a un magnifico retrato; y literatura de
dejaron honda huella en el alma del
la más alta calidad artística y humana
historiador. La preocupación literaria
había en sus frases para explicarme ·
del estilo y el rigor y elegancia de la
las para él muy sensibles razones por
construcción cedeh el paso a la agrulas que, sintiéndose entonces sólo docpación espontánea y al juicio certero
tol' en perplejidades, no podía venir a
y vivaz del copioso acervo de elemenCuba a recibir el doctorado honoris
tos históricos. El ensayo vale por la
cansa de la Universidad de La Habana.
claridad, exactitud y vivacidad del
A:Sí es, fuente inagotable de vivacicuadro, y más por la manera humana
dad animadora, de cordialidad y comde iluminarlo, con naturalidad y simprensión, ejemplar lo mismo por la
patía, qne no limitan, sino favorecen,
naturalidad ·y discreción que por la
la visión penetrante de las cosas, de
agudeza, abundancia y poder expresimodo que personajes, instituciones y
vo de la palabra, así es la personalidarl
sucesos, envueltos en la luz crepuscuhumana de Alfonso Reyes, cuya huella
lar de la evocación, conservan y manino se pierde nunca ni en la literatura
fiestan la realidad de lo que fueron, el
ni en la vida.
ser y el modo, nombre y sobrenombre,
Del examen, siquiera en esbozo, de
lo mismo la circunstancia pintoresca
la personalidad literaria y humana de
que los enmarca que la tenue o vigoAlfonso Reyes, en el que la objetividad
rosa esencia espiritual que los define.
conduce a la admiración y el juicio
Es la historia del pasado inmediato de
se convierte en elogio, precisa pasar a
México, q'ue es también el pasado inla exploración de la compleja estrucmediato del historiador, previsoratura intima del escritor, a esa complemente convencido de que la historia
jidad suya que es riqueza que se oculque acaba de pasar es la menos apreta en el perfecto ajuste y equilibrio de
ciada, que lo malo no es ser arcaico,
llevado
hacia
todos
los
temas,
como
en
aptitudes y en el cabal dominio de los nan ciertos temas, notas y formas, no
El Cazador y en las series de Simpa- sino ser viejo, observaciones agudas y
se
excluyen
nunca
los
otros
elementos
recursos de expresión de este maestro
que mantienen la excepcional e im- tías y dífe1·e11cias; acerc3ndose al pe- originales que señalan peligros que
de transparencias y sobriedades.
riodismo literario, como en Monterrey, evade, por cierto, su pericia de viajero
El no disgregarse, el no distribuir presionante variedad.
Correo Literario, Norte y Sur y Los del pasado, pruebas de su maestría en
En
sus
años
juveniles,
mientras
se
sus &lt;lotes en proyecciones distintas,
trabajos y los días; acercándose a la el arte dificil de conocer y evocar
constituye su esencial y mas ,,aJiosa presienten los preparativos técnicos
critica, a ]a filología y a la teoría lite- hombres y cosas.
singularidad, la que mejor lo define del critico y del filólogo y se adivina
En el mundo del ensayo alfonsino,
raria,
como en los Capitulos de literacomo escritor. En él, escritor integral, el trabajo ardoroso del buceador . de
tura espm""iola, La experiencia literaria caben zonas extensas de la historia,
culturas,
dan
motivo
y
acento
a
su
no es dable separar nunca la experieny Entre libros; o diluyéndose en ·1a los temas capitales del pensamiento; 'y
cia poética persistente, la maestría del obra la Jirica, la oratoria y el relato
evocación, c·omo en Grata compañia. Grecia y la España de los Siglos de
narrador, la finura y originalidad del de ·imaginación; pero nada de ello
Oro son dilatadas y riquísimas provinensayista, la información copiosa, hon- queda a la zaga, como meta señal del Ot_ras veces el ensayista se detiene an- cias por las que él discurre en incurdura y solidez conceptual del hombre camino recorrido, sino se incorpora te un tema que demanda amplio desa- siones incesantes, con su entusiasmo
rrol1o, y el ensayo liberalmente desde pensamiento, el arte del cultor de definitivamente al caudal permanente
juvenil, su sabiduría y agudeza, su tola forma impecable. Por eso, no pue- ele su creación, transformándose, per- pliega entonces su haz de luces, como lerancia y su curiosidad insomne,
en
Visión
de
.4náhuac,
o
en
El
pasado
feccionitndose
y
afinándose,
diluyCnde con'Cretamente representarle y deinmediato; que bien 1meden servir co- yendo de la exégesis de la poesía, la
finirle el poeta, ni el narrador, ni el dose en nuevas manifestaciones literacrítica y la retórica antigua a la ilumiorador, ni el ensayista, ni el prosista rias de otro carácter, como el ensayo, mo compendiosos y significativos nación del arte de Góngora, el padre
c-jemplos
opuestos
del
modo
como
reaartístico, sino la síntesis de todas estas la crítica y diversas especies históriliza Reyes sus más altos propósitos de tardíamente reconocido de 1a poesía
personalidades, en la que, si, para dar- cas, para matizarlas, realzarlas y enhispánica moderna; y hasta los granle unidad, alguna predomina, es la riquecerlas. La buena elocuencia, en escritor.
d'e s lemas de lo contemporáneo y lo
En
Visión
de
1lnáhuac,
pensamiento,
personalidad compleja del ensayista, forma de inagotable riqueza verbal
actual.
·
estructura
y
forma,
todo
es
sencillez
y
constituida de este modo por una fas- aliada al arte de persuadir, le acompaY
nunca
llegamos
a los límites de la
ña, y en esto el secreto de su buena armonia, solidez y transparencia. Es
tuosa pluralidad de dotes específicas.
selva
en
que
se
nos
transforma
el bosun
magnífico
ensayo
poético
de
inter' En el ensayo de Alfonso Reyes, a la fortuna está en esa simpatía suya que
que
cuidado
de
la
creación
literaria
pretación
histórica,
breve
por
su
excomJ)lejidad de caracteres que es nota emana de su palabra, pulida· y vigoride Reyes, al agigantarse éste y alcansubstantiva del género, a la habitual zada a la vez por el aprovechado fluir tensión, pero amplio por la mag1;1itud zar proporciones que, más que en la
de
su
horizonte
espiritual.
Tras
el
lede
los
afios.
Tampoco
se
des~ibuja
confluencia de arfe y dialéctica, se
mano y en la mente del hombre, nos
añaden otros aportes que son enrique- con el transcurso del tiempo la perso- ma famoso, viajero, has llegado a la hace pens_a r en 1as fuerzas inextinguiregión
más
transparente
del
aire,
tras
cimientos y realces. En sus ensayos, nalidad lirica, cuya obra especifica,
bles y espontáneas de la Naturaleza.
en último esquema, hay el proceso de recientemente reunida, de fineza, el presentimiento de México en el re~ Cuando 1a fronda parece que se termian3lisis y desarrollo de una idea, la transparencia y hondura, admite tam- lato de conquistadores y viajeros, se

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�na, reaparece en márgenes que se extienden indefinidamente. Prólogos,
ediciones, acotaciones, traducciones,
se multiplica en serie nutrida y siempre en aumento. Toda selección se
torna difícil. Impresiona la fastuosa
sucesión de nombres cimeros al margen de cuya obra ha dejado la suya este critico sagaz, el cometarista oportuno y preciso, el anotador vigilante y
certero. Reyes vive en egregia compañía: el Arcipreste de Hita, Alarcón, 1
Lope de Vega, Quevedo, Góngora, Sierra, Urbina, Nervo, Chesterton, Stevenson, Romains, Sterne, Berard, Burkbardt, W. Frank, Goethe ... A los bibliógrafos laboriosos dejamos la enumeración inmensa, índice de los trabajos y
los dias de esta vida, cuya lección de
trabajo y de arle tiene, en re?,Jidad, un
solo tiempo, el de la tensión creadora
del espíritu, y un fin supremo, el de la
humana y profunda comprensión de
todas las cosas.
Vale, sin embargo, la obra de Reyes,
no sólo por lo efectivament_e realizado,
sino por ]o potencial y lo implícito, y
por lo que en ella está como en esboz0,
o en proyecto a medio acabar que espera su culminación de futuras labores, de una reincidencia siempre posible en este prodigioso hiperactivo en
perenne primavera de entusiasmo y de
trabajo. En la obra de este maestro insigne del ensayo y de temas innumerables y estilo en continua y fácil renovación, con el ensayista, coexisten pérsonalidades en contenido despliegue,
que aún no hallaron su verdadera ocasión en el tiempo cargado de labores y
frutos: el gran historiador, el sicólogo
sutil, el filósofo de la literatura y de la
historia.
En la obra de Reyes, que, en ensayos breves o ex tensos y en páginas
dispersas, tan abundantemente derrama sus luces sobre la historia, hay, sin
duda, el aplazamiento y la promesa
del gran historiador, del que acota y
ago1a la historia en sus grandes aspectos, el historiador sistem3.tico, orgánico, de conjun.to, que bien puede serlo
de una época, de un te(!]3 o I\l'oblema
universal, de la literatura, de la filosofia, de la ciencia o del arte, en alguno
de sus sectores principales. ¿Por qué
no ba sido Reyes -cuándo será- el
historiador in extenso de lo que tan
bien conoce, escudriña e interpreta,
de una de las literaturas clásicas o modernas, y, sobre todo, de la literatura
y de la cultura de Hispanoamérica, o
de su México de finuras y complejidades, tramos todos de la historia que el
autor de Pasado inmediato, de Visión
de Anáhuac, y de tantos otros ensayos
&lt;le interpretación histórica, podría iluminar y presentarnos en las proporciones y con los caracteres de gran
fresco, o en serie correlacionada de
cuadros destinada a desarrollar el mismo motivo? Queda siempre en el aire
la interrogación, actualizada por el
deseo, ......_desideratum- de sus lecto-•
res, que no sólo aprecian la eficacia
.d.e su estilo de narrador1 sino además
aquella capacidad suya para la com-

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pos1c10n del cuadro de conjunto, lo
mismo que para el estudio particular
de las figuras representativas y la selección y disposición de los detalles
significativos o pintorescos.
Hay igualmente en la totalidad de su
obra, implícita o explícitamente, un
sicólogo sutil, dcscubridof, entre las
circunstancias, del alma de innumerables personas y personajes; y del mismo modo, un filósofo de la literatura,
que, disperso primero en las páginas
de muchos años de labor, vino a concretarse y culminar felizmente en El
deslinde, libro capital, preciso y denso, en el que una lengua sobria y exacta, trabajada y dominada a la perfección, sirve de flexible instrumento expresivo para una grandiosa empresa
dialéctica, de esclarecimiento, exégesis y sistematización, no superada en
lo hispúnico, en los dominios de la estética general y de la teoría de la literatura.
Publicada gran parte de la obra de
Reyes en periódicos y revistas, es substancialmente periodismo de la. mejor
clase, para el que naturalmente el público existe, per.o no para subordinarse a sus limitaciones, sino para superarlas, periodismo que tiene las notas
que le son especificas, pero que además posee la virtud de convertir en
actualidad, para cualquier público,
cualquier tema remoto o cercano, curioso, abstruso o vulgar, de la _cultura
o del diario vivir.
Excepcionalmente valiosa e inter'Csante esta obra magna, por lo implici- .
to y lo explicito, por lo que da y por

de literatura preocupado por la circulación de sus productos. Por el contrario, su conducta nos sirve para reconocer con claridad ]os caminos por
los que el escritor se desvia de sus propios y legítimos fines, y degenera en
agente de propaganda de una causa
que sectariza, cuando no llevan a ser
servidor de un hombre y una camarilla, alzados con la libertad y la riqueza material y moral de un pueblo.
Pero a la yez es Reyes escritor esencialmente comprensivo y tolerante; y
su tolerancia es limpia y buena -la
úniCa aceptable- porque se funda en
el previo cumplimiento del deber, que
al escritor le señalan la honradez de
pensamiento y la fidelidad a la propia
vocación. Reyes, maestro de tolerancia y de comprensión, serenamente
nos enseña que, antes que tolerante y
comprensivo! hay que ser honrado.
La comprensión y la tolerancia, que
elevan a la objetividad, son en él tanto materia de inteligencia como de
sentimiento. La pasión ennoblecedora lo alienta; pero no lo dómina. Asi
piensa y siente libre y justamente ante hechos y personajes de otras épocas, ligados a cuestiones polémicas de
todos los tiempos, lo mismo ante las
escenas del presente en que" vive, qué
ante el panorama del pasado inmediato, cuyas pasiones, intereses y prejuicios perduran, como rescoldos! en la
combustión de lo actual. Su concepto
moderno y personal de la libertad y
ele la humanidad no le impiden descubrir los -o¡alores y significados de culturas remotas, séanle extrañas o afines, asi la de Grecia y Roina como Ja
de México indígena. Su condición de
1
figura representativa eminente de la
generación del Centenario, que deshi~
'
zo y substituyó al régimen porfiríano,
no le impide hacer justicia -punto
medio entre la absoluta negación y la
apología- a la dictadura que liquidó
la Revolución de 1910. Pasando por
,_ \ . . . ~ ·, encima de las llamas que tuvo que encender la Revolución mexicana, sin
olvidar los necesarios estragos que
produjo, el amor a la paz no le impul•
sa, como a otros, a exaltar la paz cuanJo que sólo esboza, sugiere o promete, do, como entonces, es la paz dictatoal terminar de recorrerla, siquiera sea ria1. La dictadura de Porfirio Díaz,
en fugaz exploración en busca de ca- como todas las dictaduras, hija de la
racteres y ejemplos fundamentales pa- violencia y madre de ]a injusticia y de
.r a una esquematización crítica que no las legítimas rebeldías, pedía, predicala traicione, se siente imperiosa la ne- ba r loaba la paz, necesitaba la paz, y
cesidad de fijar el sentido último que sembraba la guerra en las conciencias.
esa producción debe tener, especial- Pero a la sombra de aquel régimen
mente para los llijos de esta Hispano- longevo, en que todo, hasta la paz, enamérica' de las frustraciones, que tam- vejecía con el dictador, había hombién es la Hispanoamérica de las pro- bres, ideas e instituciones cuyo valor
mesas y las esperanzas.
r función histórica tienen en Reyes
En la obra de Reyes, desplegada en juzgador imparcial y certero íntérpreel tiempo ante nuestra vista, en su pen- te, que, pO"r cierto, no pierde tampoco
samiento, en sus intenciones y sus va- la imparcialidad y Ja agudeza, cuanlores artísticos, se descubre el ejem- do 1 en el examen de la transición replo edificante del escritor, su lección volucionaria a los tiempos nuevos, lleM
de fidelidad a la poderosa vocación, ga el momento de hacer revivir y juzde tolerancia y de comprensión, pero gar- a los que, con el propio historiatambién de escrupulosa honradez in- dor, fueron sus heraldos y creadores.
telcctual.
Caso eminente y aleccionador de toleLa vida y la obra de Alfonso Reyes, rancia y de crítica serena escrupulosaen coincidencia que nunca se rompe, mente compatible con la honradez inconstituyen una lección de fidelidad telectual del escritor y con la fidelia la vocación, que tantas veces que dad del hombre a las ideas Jibremente
forma ya abrumadora mayoría en adoptadas, a los imprescindibles prinnuestro medio, ti.ene que ser heroica cipios integrantes y rectores de un
en el escritor hispanoamericano. Re- concepto superior de la vida y del
yes es hispanoamericano, y ha vivido hombre, sus deberes, prerrogativas y
y vive en Hispanoamérica, en ella o responsabilidades, sin lo cual, existe
fuera ele ella, pendiente siempre de r perdura sólo en el mundo, simulado
sus destinos, y ha sido escritor honra- o manifiesto, el imperio zoológico del
do, y además escritor infatigable y instinto y de la violencia.
creador, que levanta su obra contra
Pero tampoco es Reyes uno de esos
todos los embates del medio y de los espíritus lúcidos y razonadores comtiempos, contra incomprensiones, hos- placidamente desasidos de la prosaitilidades o indiferencias, entre las cua- ca realidad de su mundo, sordos a sus
les, él ha sabido, siempre encontrar las demandas de orientación. Su mentalivoces que consuenan los espíritus afi- dad crítica, por el contrario, transita
nes portadores y defensores de su mis- entre la teoría y el fenómeno, para enmo mensaje.
lazarlos en interpretaciones que conEn tierras de. facil simulación y ele duceri, no sólo a la formulación de
tentaciones insinuantes, él, excepcio- - una filosofía, sino a la determin.a ción
nahnente dotado por los dióses, no ha racional de una conducta, individual
sido nunca un ·distinguido fabricante o colectiva, moral o politica. En sú

--

&amp;

_·, \

prodncción, al lado de la teoría y de
la critica, hay una valiosa obra normativa de conceptos amplios, cautelosamente flexibles, pero diáfanos y precisos en lo medular. Su moral y supoJílica coinciden en un programa de
solidaridad humana y de racionalización de la libertad. Este es el fondo
ideológico de sus orientaciones; pero,
ante la -circunstancia especifica de México, que es también la de toda Hispanoamérica, ante la existencia infrahumana de nuestros pueblos, pide llanamente alfabeto, pan y j,abón, Y, con sano optimismp, espera los frutos de este programa de regeneración y eleva•
ción de la substancia humana en el
que se hermanan el hombre de sentido
práctico y el hombre· de ideas e ideales.
:Naturalmente., para Reyes, el practicismo existe sólo como 1a sal de la vida. Para él, todo lo ilumina y anima
el espíritu. Su vida y su obra es continua afirmación de la fe necesaria en
la cultura. Alguna vez nos dice: cuando la sociedad pierde confianza en la
cultura, retrocede · hacia la barbarie
con la velocidad de la luz. Y cuanto
d"ice y hace es y ha sido siempre reafirmación de este aforismo básico. ,
Cuanto dice y cuanto hace. Su pensamiento y su conducta; la doctrina &lt;le
su mensaje y la fuerza normativa y estimulante de su ejemplo.
Vasta, múltiple, de valor excepcional en cada modo y aspecto, la obra
de este mexicano universal es ya clásica en el mundo hispftnico, con clasicismo que es sólo sinónimo de perfección, serenidad y riq'ueza; pero tras
ella, en ella misma, está la persona, el
inensaje y el ejemplo de Alfonso Reyes.
Cuando de la gracia y del ingenio se
trate en cualquier meridiano del mundo de la cultura, y de los milagros de
la creación literaria, si la claridad y
multiplicidad del talento y la universalidad de la cultura se aúnan, será
siempre grata, necesaria y frucfüosa
jornada al acercarse a este paradigma
de escritores, para hablar de él y gozar de su obra, para admirarlo imitándolo; pero cuando el camino recto
de la vocación y del deber, asi del artista como del hombre de ideas, parezca borrarse, o tienda a desviarse entre
influencias contrapuestas, entre las ciegas exaltaciones sectarias, o las insi•
nuaciones tentadoras, y la pasiva indiferencia de la neutralidad acomodaticia o simplemente ensimismada, la referencia al mensaje y al ejemplo de Alfonso Reyes también_ será inevitable,
y valdrá corno una orientación y una
fuerza de benéfico influjo en la hora
de lucha y de prueba de quienes, para
bien o para mal, luchan sólo, y trabajan, con las armas del espíritu.
Asi, en última instancia, concebimos
y presentamos la vida, la obra y la
persona de este mexicano, de este hispanoamericano universal, y así queremos evocarlo: personalidad apolínea
que no requiere pedestal ni paramen•
to, sino la radiante compañia de su arte· y la serena luz de su noble, atrayente y creadora humanidad.

ALAS CASAS EDITORIALES YA
RULFO.
LOS SEÑORES DISTRIBUIDORES
Sigue de la Pág. 1
YLIBREROS DEL CONTINENTE
La Universidad de Nuevo León ha
mantenido desde .su fundación un vasto plan editorial que desarrolla al través de publicaciones cuya circulación
comprende a todas las Instituciones
oficiales, universitarias, académicas,
ateneistas, centrós culturales, sociedades de di versa índole y personas, en
Amfrica y Europa,

Las ideas del luto · y el desconsuelo pesan mucho en la conciencia de estas
almas; se sienten más cerca del infierno que del cielo.

Aquí se advierte como una necesidad de morir pronto, si es posible antes de tiempo. Y aunque hay día y
hay noche, la novela parece haber sido descubierta en la nocturnidad -del
alma. Su aliento es triste. Por lo menos, los actos de los personajes poseen
Entre el cuerpo de ediciones que una calidad trcmendament.e pasional y
aqui se imprimen figura nuestro men- una hondura fantasmagórica . El munsuario ·'ARl!AS Y LETRAS", que re- do de esta noYcla se _mantiene nutriéncienternent_e ha establecido una sec- · dose de terrores e incertidumbres desción -LIBROS-, en la que figuran de que nace al relato. Todo está precomentadas las obras últimamente apa- sidido por la severidad de una agonia
recid'as en las prensas americanas.
sin paz, en la que el sentimiento de
Dada la extensa órbita de circula- moribundez domina como tiempo sución del Bole.tin arriba mencionado, y premo.
en interés de ofrecer al lector ameriEn las pasiones que Rulfo plantea
cano una juiciosa información del fon- no hay reposo. Hasta el fin Pedro Pádo y continente de la obra, cotejada ramo y el mundo de seres que le acoma la luz de un criterio ecuánime y a pañan viven revueltos en una acción
tono con 1a moderna interpretación casi patética, inflamada por deseos
del pensamiento científico, literario o semi-dion°isíacos, . sólo limitados por la
artístico, "ARMAS Y LETRAS" se com- autoridad implícita del cacique.
place en invitar a ustedes a coadyuvar
con este propósito de orden cultural
L'no se figura que este mundo ha sique anima a la Universidad de Nuevo do, y quizá es todavía una enorme diLeón, solicitftndoles el envio de cada mensión pasional de signo telúrico, en
una de las ediciones nacidas en sus la que ia conciencia, por estar dinámiprestigiosas prensas, las cuales serán camente extrovertida, ·ha perdido su
objeto de nuestros comentarios, en la inUmidad. El mismo silencio es un
médida que vayan llegando a nuestras dolor tangible que tiende a proyectarmanos.
se como una pasión irredenta. Los
hombres, sus ideas y sus actos, suelen
nwrir sin paz. Todo es severo y no
parece haber perdón para nadie.

Los envíos deben hacerse a:
"ARMAS Y LETRAS",
Universidad de Nuevo León,
Plaza del Colegio Civil,
:Monterrey, Nuevo León,
México.

Organo Mensual de la Universidad
de Nuevo León
Registiado como artículo de 2a. Clase en la
Admón. de Correos de Monterrey, N.

20 de Ab,il de 1944.

lNDIC!AD0R,
Colaboradores

Raúl Rangel Frías
Fidcncio de la Fuente
Francisco M. Zerluche
Cenara Salinas Quiroga
Arturo Cantú S.
Homero A_ Garza

Alfonso Rangel Guerra
Guillermo Cerda G.
Jorge Rangel Guerra
Manuel Morales

Director

Lic. Fidencio de la Fuente

Oficinas
Washington y Colegio Civil
Monterrey, Nuevo León

MEXIC0

La sociedad rural que Rulfo nos narra, agobiada por el pesar de una vida dura, de pocas dichas y muchos temores, tiene todo el sentido del viejo
mundo autoritario, de patriarcalidad
incondicional, donde la ley masculina
escogió el camino de la proyección terrorista, ele la cual el cacique es su expresión acabada.
Las constelaciones sicológicas que
surgen de esta personalidad son agresivas, siempre prometiendo nuevas
victimas. Es un mundo de pocas_ ilusiones que, como dice uno de los personajes de Rulfo, se está rompiendd' a
cada rato, que tiene al hombre sumido en una corriente de inseguridad, de
flacas satisfacciones -y muchas incertidumbres, donde el hombre lo espera
todo de la Providencia y, a cambio,
nada de si mismo y de sus semejantes.

l., el
Et hombre, aquí, está siempre perdict·o en la cuestión del dolor, dominado por un estoicismo sensual que
hace decir al cura del pueblo: "Yo soy
un pobre hombre dispuesto a humillarse, mientras sienta el impulso"; y
que en otro caso pone en boca de otro
hombre su vital frustración ante el
mundo, al hacerle expresar su nostalgia de un tiempo que no define, pero
que está presente en su recuerdo, junto a la realidad triste de su presente,
en estas palabras: "A mi se me ha olvidado el sabor de las cosas dulces."

ASllUICllA
lDlE lLUllS G~ llNClLAN
,.

EL AUTOR Y SU OBRA

e

UAND0 ~'léxico sufrió la invasión
de ]as tropas devastadoras de la
Norte-América anglosajona, Luis
IncJ{m pierde sus ranch.os y se ve en
la necesidad de retirarse a la Capital
de la República. Una modesta tipograQuencio. Y este · amor por su tierra,
de al formación intelectual de sus disto que lnclitn no se JJreocup6 mucho
Sin duda hay en su obra, fogasa y
pero sólo el examne de los procedifía Je proporciona allí los escasos me,llios de subsistencia para él y sus familiares.
El autor frisaba ya en los 50 cuando
presentó a los lectores su obra. ASTUCIA viene a ser, por lo tanto, la síntesis de medio siglo de su propia existencia soldada con la vida del País,
con la cotidiana 'existencia de su propio pueblo.
En tan mezc¡ninos c¡uehaceres capitalinos alloraba' Inclitn 1a anchura del
campo. Su nostalgia por aquel modo
de respirar con todos sus pUlmones el
aife del ' Valle puso la pluma en sus
manos. Pu~s estos ménestercs ninguno de los escritores .d el J)asado siglo
superó a Inrlftn en su· hondísimo amor
y respeto por su gf};ole'. Fue un gran
cultivador de la ti~i-ra. Fue él el que
nos indicó con mano firme que de esta tierra regada por el sm]or del Peón
mexicano árranca la sorprendente tenacidad del puebfo, no menos que su
vitalidad física e histórica. Las catástrofes nacionales y la inseguridad perpetua de su existencia fortalecieron
ciertamente el genio natal. Pero sobre
todo imperaba en ese sentido su amor
por la vida, el sol, los montes y los
valles.
Tanta es 1a emotividad que el autor
transmite al lector; con ella 1o capta;
lo sacude de continuo, a lo largo de
sus mil quinientas páginas, admirablemente narradas. Que no es otro, siempre, el hechizo de la evocación. •
ASTUCI~ es el monumento más perenne que Inclan pudo haber erigido
a su pueblo nativo, pueb1o que él supo amar más que a sí mismo; más que
al aire que respiraba en aqi.iel valle de
Que:ncio. Y este amor por su tierra~
por la gente de su suelo, viene a ser
el verdadero protagonista de esa enorme novela, porque es lo que más nos
impresiona.

Por Armell OHAMIAN

Podemos decir que es Inclán un escritor espontáneo? Viene esa su singular originalidad de su escasa instrucción? Porque es cierto que bien
que mal cursó sus primeras latinidades y terminó, en un colegio ele jesuitas, seminario conci1iar, apenas el
tercer a1lo de filosofía. Lo cual era
algo, pues es sabido que un jesuita en
aque11os tiempos era un erudito metódico y preceptor único dentro del
dominio -de la. educación: al par que
de la formación intelectual. de sus discipulos. Inclán mismo nos presenta ese
tipo de educador en su preceptor Don
Prirñitivo Cisneros.
Sin duda hp.y en su obra, fogoSa y
de corazón tan amplio, influencias de
la novela EMILE, de Russeau: es lo
que nos demuestra la edl1cación de
Lencho. Hay allí también r~miniscen~ias de la novela picaresca de España.
Pero nada iguala, en eso, al graciosí- ··
simo rapto de la niña Refugio, que
contaba apenas once años, por su
amante Lencho, quien, aunque de sólo
trece era ya "tamaño jarocho". No es
esto acaso la ingeniosa reedición de
la ya olvidada no,•ela pastoril? Es cierto que Inclán no se preocupó mucho
de la Gramática Histórica; y claro está que nunca fatigó asi su memoria
para aprender en "LA FONETICA" la
eYolución de la e, la i o la JJ. Pero fue
precisamente de esta virginidad suya
de dónde la audacia de Inclán nació·
fue eso lo que precisamente le avudÓ
a inventar palabras, giros ent~eros,
comparaciones evocadoras que ninguna sintaxis le perdonaría, como sucede en esta exc]amación: "Que manada
de angelitos", dice al ver un grupo de
beldades femeninas".
TEMA
El tema de la novela es el complicado ajetreo de unos atrdaces contrabandistas de La Hoja (la del Tabaco)
en los tiempos en que esta noble mercancía era prohibida y muy vigilada
por las autoridades.
En su prefacio, Jnclán mismo advierte que son gentes de honradez y
de dignidad; comerciantes en Tabaco
artículo éste que no tarda, por lo de~
más, en ser una mercancía de lícito
tráfico.
"Por desgracia" - agrega el autor"la generalidad los ha confundido con
los ladrones y los toma como bandidos, cuando ·no fue sino todo lo con-

Estos y otros conceptos, siempre
amargos y dolientes, viviendo dentro
de la desesperanza del hombre en la
situación de este tiempo rural~ estil.n
prendidos en magnificas coyunturas
liricas que destacan la alta calidad
poética de Rulfo. La novela tiene una
profunda fuerza dramática. Vive dentro de un plano excitante por su angustia, obteniendo fases de un realismo sicológico muy coherente eon el
cuadro social en que están insertos sus
personajes.

Pág. 7

�trario, porque, hay que decirlo, perseguían a muerte y colgaban, sin mucha
ceremonia, a cuanto bandolero encontraban en su camino".
Nosotros somos del parecer que el
verdadero tema de este libro fue nada
menos que la vida y las costumbres
del pueblo del campo, en aquella época de Inclán.

EL

A1IBIENTE

Es aquel un medio de rancheros o
hacendados, clase media en general,
muy afanadora y que sabe cuidar el
fruto 9e su labor. En semejante ambiente, arruinados los seres por sequías e invasiones extranjeras, la existencia, por rutinarill\ que parezca, no
puede basarse en ninguna seguridad
social. De ahí que cuando era necesario, ganar el pan haciendo contrabando, no podían recurrir a inútiles escrúpulos: allí y entonces todo pertenece al que tiene hambre que saciar!

siempre relieve con el conjunto social
y nacional. El autor es un simple y
sencillo popularista; los tipos urbanos no le interesan, los considera como muy complejos y ajenos a su escenario.
EL ESTILO

Son, en suma, seis los "Hermanos
de la Hoja"; a saber: Pepe el Diabio,

El estilo de la ironía o de la sátira,
junto con lo grotesco o las exageraciones de acciones violentas, conserva en
ASTUCIA las reminiscencias de sus
lecturas españolas y de las crónicas y

Ghepc Botas, Tacho Reniego, el Tapatío, el Charro Acamabareño, y Astucia,
jefe de los contrabandistas.

I

aventuras ele. la. conquista, en los últimos tiempos en que todos los eliminados o puestQ$. al margen de la sociedad enriquecid11. de la Península conCada uno de estos personajes tiene taban ,con un nuevo mundo descubiersu personalidad; son causas objetivas to como lo único que podía salvarlos
las que determinan en cada uno de de la mis~¡_-ia y del aburrimiento. Pero
ellos, el camino de la ilegalidad en ma- lo mejor en tales narraciones consiste
teria de comercio. Y todos habrán de ..,, _e n la manera autobiográfica, que es lo
pagar con su vida esta forzada des- que da may_or naturalidad y verosimiviación, menos el jefe de contraban- litud a la narración. Claro que el codistas, que es ASTUCIA. De éste reco- lorido ayuda a realzar el optimismo
ge Inclán todos sus episodios, porque de conjunto, tan bañado de sol. Como
es sereno y rico en pasajes de la vida :'.\Iurillo, Inclár¡ sabe vestir en forma
corriente.
mu~ pintore,s~a a su gente. El autor
de ASTUCIA jamás olvida ensanchar
Aunque con cierto tinte romántico sus perspecti,y~ y cambiar ágilmente
en la interpretación de los tipos y ca- los cuadr.os qe t~.escena. Se diría que
racteres, los retratos resultan pintados escribía para . ~.lgún cine moderno.
de manera muy real. En cuanto a las
descripciones de la naturaleza se limiIDEAS Y, SENTL\1IENTOS
tan, lo mismo, a lo estrictamente necesario, lo que la acción y la situación
A Inclán nq. le .gusta tampoco el toexigen algunas veces. Los caracteres no muy razpnador de algunos autores.
en sí son simples. La acción, por su A veces Il'l:9.r.¡il¡za, pero no de modo faparte absorbente, tanto que a menudo tigoso, como lo hace Lizardi en su
excluye tod~ psicologismo. La estruc- "Periquillo." Lo sano y lo natural; lo
tura es muy apropiada, por lo general, fuerte y lo audaz, son sentimientos que
a la evolución de los personajes prin- el autor de ASTUCIA respeta. · La
cipales de la obra. Pues estos cobran hospitalidad, la dignidad y la fidelidad al juramento, esos si son los reales sentimientos de la Hermandad,
porque, en ocasiones, suavizan la acción ruda de sus protagonistas.

*

En todas sus paginas respira cierto
humanismo;· .donde nunca vemos el
cansancio d~ '\os oprimidos, sino al
contrario resalta la rebeldía el nombre de la justicia social. El autor concentra, finalmente, su idea en pintar lo
real, lo natural: es más pintor y narrador, que ideólogo en sí.

Pág.. 8

HISTORIA DE LA FILOSOFIA, de Hegel (3 tomos). Fondo de Cultura Económica. México, 1955.

En eso se recienten sus asiduas lecturas de viejas novelas espllñolas, de
los episodios de un Pérez Galdós, sus
contemporáneos franceses que sabían
manejar las multitudes y preferían los
amplios cuadros a las novelas de recámara y las alcobas.

Su narración ahonda el tema, en las
andanzas y aventuras de los contrabandistas. A partir de allí se inicia lo
puramente novelesco. El ritmo y el
estilo sereno ·de los primeros capítulos
imitan muy bien a los autores españoles, quienes tuvieron siempre buen
cuidado de representar el ambiente en
que nacieron sus protagonistas, no menos que la persona y la ocupación de
los padres; las condiciones materiales,
así como las sociales· y domésticas de
Eran, en fin, charros y rancheros, sus propios parientes. Daban asimisde muy modestos medios de vida, muy mo importancia a la poca o much·a
sociables y muy apegados a los peones instrucción que 'los familiares proporque les ayudaban en sus labores, día. cionaban a sus •Jüjos, tan desviados a
a día.
veces de lo natural o caídos en la conducta de seres necios o ordinarios.
PERSONAJES

IL -1 IB 1~
A Historia de la filosofía de Hegel
con la que Fondo de Cultura Económica inicia su nueva Colección
de Textos Clásicos es, sin duda alguna, la obra máxima en su género.
Frente a quienes no son capaces de
ver en la historia de la filosofia otra
cosa que una serie de opiniones -que
otros, menos benévolos, llaman necedades o extravíos-, Hegel levanta su
propia concepción de ella como la historia de la búsqueda del pensamiento
por el pensamiento mismo. Fre.nte a
quienes sostienen la vanidad de_l co-

L

INTRODUCCION A LA ADMINISTRACION PlJBLICA, por Pedro Muñoz
Amalo, Fondo de Cultura Económica. :\léxico, 1955.
NTRE las necesidades que ·han
emergido en muchas partes del
mundo, debido a la creciente
universalidad de las exigencias fundamentales impuestas a los gobiernos en
el campo del desarrollo económico
y social, surge la de investigaciones
especiales y estudios autóctonos de
administración pública. Aun cuando
existen algunas normas y técnicas que
son aplicables a cualquier gobierno
bien organizado, los objetivos y los
métodos de la adrilinistración están
fuertemente ligados, en cada país, a
los conceptos nacionales y a los antecedentes históricos. De ahí que no sea
suficiente la mera traducción de textos con autoridad científica. Tampoco se puede esperar una comprensión
profunda de los problemas administrativos a menos que dentro de cada
ambiente naoional se lleven a cabo investigaciones por estudiosos que conozcan íntimamente sus condiciones
determinantes. El estudio de sistemas
extranjeros de administración puede
ser útil para ampliar la perspectiva,
pero sólo el exa_men de los procedimientos y principios característicos
de la situación propia puede abrir las
pt1ertas hacia el entendimiento complrto y el mejor.a miento -de carácter
práctico. Por ello, la Administración
cle Asistencia Técni&lt;;a de las Naciones
lJnidas ha mostrado interés en estimular estos estudios.
Los méritos logrados en este campo
por el profesor Pedro 11uñoz Amalo
así como su participación en la reciente reforma constitucional y administrativa de Puerto Rico, son bien
conocidos. Sus relaciones con las Nacienes Unidas y con su programa de
asistencia técnica en administración
pública han sido numerosas y fructíferas. En 1951 fué miembro del comité que redactó el informe de las Naciones Unidas sobre sistemas y normas
ele la administración pública. En 1953
dictó la cátedra sobre Principios de
Administración Pública en la Escuela
Brasileña de Administración Pública.
Durante el desempeño de este último
cometido se inició la preparación de
este libro, cuya versión en portugués
se publicará en Brasil.
·
El enfoque de la administración pública desde el punto de vista de las relaciones y motivaciones humanas es
relativamente , nuevo. La introducció1;1
de este peculiar modo de ver en el
mundo latinoamericano p.o r un estudioso procedente de la región, que posee un pleno conocimiento tanto de ésta como de la norteamericana, donde
se desarrollaron esos estudios por primera vez, es altamente significativo y
asegura el éxito de esta obra. Su valor
aumenta decisivamente porque el autpr no se conforma con el estudio de
hechos y relaciones, sino que profundiza para buscar sus fundamentos teóricos.
Esta obra constituye, por todo eso,
un elemento particularmente valioso
para la introducción de las fundamentos de la moderna administración pública en el mundo de habla española.

E

nocimiento filosófico, Hegel afirma
que todas las filosofías son momentos
necesarios en el desenvolvimiento del
Espíritu. Crea asi la primera historia
de la filosofia que no se limita a ex7
poner el aspecto externo, las vicisitudes de los filósofos y de sus filosofías,
sino que hace ver cómo- su contenido
forma parte de la filosofía, es la filosofía misma. Pues el pensamiento de
los- diversos autores es parte de un
único proceso y sólo cobra sentido y
valor en relación con el todo. Aun
cuando cada filosofía parezca surgir
con la pretensión de _refutar a las que
la preceden, lo cierto es que esta filosofia sólo puede existir en relación y
.c omo un resultado necesario de ellas.
Xinguna desaparece por completo sino
que todas se conservan afirmativamente en la filosofía como momentos de
un gran todo.
Asi, quienes se han )imitado a exponer esta historia como una historia
de opiniones son comparables "a animales, por cuyos oídos entran todos
los sonidos de la música, pero que no
son capaces, naturalmente, de captar
una cosa: la armonía de esos sonidos".
Xo los culpemos, sin embargo, demasiado; pues como afirma el propio
Hegel en uso de sus primeros escritos:
"el espiritu que mora en una filosofía
exige, para. revelarse, que lo alumbre
un espíritu afín" .

Elsa Cecilia FROST.

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                    <text>No. 11 Nov. de 1955

mas

D. A. S. U.

BOLETIN MENSUAL
DE LA UNIVERSIDAD
DE NUEVO LEON

HETERNUM -VHLE,-· MUESTRO ORTEGH Y GHSSET
Dr. DANIEL MIR

A infausta noticia del deceso de
Ortega y Gasset, no fué una sorpresa; no sólo porque "debemur
morti, según nos recuerda Horacio,
nos nostraquc", sino porque la enfermedad que le atacó, no perdona. Su
muerte nos ha conmovido; s11 manera
de morir, su· postura, su actitud final
ante la muerte, nos ha sumido en un
caos de perplejidades. No ha sido la
suya una muerte que corona, en el
sentido de cóntinuidad ideológica, la
obra de una vida; ha sido una muerte
que nulifica la casi totalidad de la
obra de su vida. ¿Qué hacemos, ahora,
de cuanto nos dejara el eximio escritor, conferenciante y pensador? ¿Habrá que valorarle de nuevo y a traYés
de su actitud última frente a lo escatológico? ¿Habrá que buscar la explicación del misterio, como ya se insinúa, en los laberintos físicos de la arteriosclerosis? El intento de una explicación biológica no creemos descorra el velo y la confusión persiste.
Persiste en quienes fueron sus incondicionales; persiste en quienes estaban situados en la acera de enfrente...

L

N"o es nuestro propósito pergueñar
en estas breves lineas una monografía
del pensamiento filosófico de Ortega
y Gasset. Tal propósito será cumplido posteriormente, cuando el impacto baya sido asimilado, si la asimilación nos es dada. ~a intención presente se limita a destacar su partida
hacia el más allá.
Conocimos a Ortega y Gasset en la
etapa estudiantil de nuestra vida,
cuando fuimos alumnos suyos en un
cursillo especial de Metafísica. Nos
sucedía con él (a los alumnos), el mismo fenómeno de contagio que con D.
Miguel de Unamuno, aunque en grado_
no tan superlativo. Sus grandes cualidades de literato, le llevaban a abultar las ideas y los hechos hasta destacarlos como figuras de tragedia, y su
fuerza persuasiva era tal, que al escucharle nos parecía que nos estábamos
jugando a cada momento nuestro destino. Poseía la cualidad de hacer sumamente inteligible cualquier tema
que tratase, asi como un gran poder
de convencimiento. Un critico alemán comparó el estilo de Ortega a lo
que en música se designa con el nombre de "Fantasía", pues como ésta,
bordaba Ortega una rica filigrana de
pensamientos en torno a una idea. En
él se unian, de manera asombrosa, la
calma reflexión del filósofo y la lírica
suavidad del artista.
11uchos tumbos ha dado el mundo
desde aquellos tiempos en que los estudiantes estábamos divididos en orteguianos y unamunianos, ya que am-

bos eran lo más destacado de la intelectualidad española de este siglo y lo
más internacional de dicha intelectualidad. La voz de Unamuno, voz del
sentimiento trágico de la vida, se apagó serenamente, según informes fidedignos, en amable plática con un amigQ alrededor del tradicional brasero
espa1iol, privándonos del gran final de
su vida; la voz ele D. José Ortega y
Gasset ha callado también casi veinte
años después, perci de manera sensacional. Ambos se plantearon, esencialn\ente, el problema de la relación
entre la vida y la cultura, los valores
vitales :Y los valores culturales, planteamiento, desde luego, consubstancial
al español. Unamuno antepone la Yida
v los valores vitales a la cultura y a
ios valores culturales; Ortega, por su
parte, exige una vida culta también,
pero sobretodo una cultura Yital, una
cultura que tenga la vida por principio y centro, mas también como referencia final. Pero los dos espíritus

pueblo español posee un alma esencialmente mística que casi llega a determinar su distintivo racial), Ortega
se encoge de hombros y adopta una
actitud que probablemente no deba
calificarse de pagana, pero sí de un
tanto demasiado humana. Ortega acepta la vida en su huidera fluidez y no
arremete contra su temporalidad. Carece de ambiciones de eternidades.
Comentando un pasaje de Unamuno en
el que éste enfatiza como el alma mistica renuncia a los placeres porque
van deprlsa, pasan y mueren, Ortega
vuelve a encogerse de hombros y aclara: "¡Bien; razón de más para galopar
tras ellos!" Y añade: "¡Oh, sí, la mayor sabiduría es secundar esta misteriosa universal voluntad de la vida!
Aprendamos a preferir lo corruptible
a lo inmudable, la trémula mudanza
de la existencia a la esquemática y lívida eternidad. Seamos de nuestro día:
mozos al tiempo debido, y luego espectros o sombras en fuga. Lo decisivo es que llenemos hasta los bordes
la hora caminante, que seamos en el
ánfora grácil buen vino que rebose".
Después ele ésto no ·es arriesgado
afirmar que la obra total de Unamuno
está caracterizada por su proyección
sobre un plano de trasmundo, mientras que la de Ortega y Gasset se caracteriza porque toda ella está proyectada sobre un plano de vida; más
aún, sobre realidades y valores de vigente actualidad. A Unamuno no le
basta la vida presente y por eso anhela la futura; a Ortega le basta "el tiempo presente".
¿Al acercarse al final de esa "vida
-huidera" le descubrió la filosofía un
mundo que lo es de dentro, y que más
más representativos de España en lo que el mundo material que nos rodea,
que va de siglo, muestran en este pun- es el espíritu humano que tal mundo
to sus principios opuestos. Gnamuno coptempla lo esencial? Frente a la reaquiere hacer eterno lo pasajero; Orte- lidad material y tangible, ¿ descubrió
ga (¡en· aquéllos tiempos!), contentá- en el momento supremo la realidad
base con lo pasajero. Unamuno bus- del ser espiritual? ¿No había llenado
caba en la huidera fluidez de la vida hasta los bordes su "hora caminanla eternidad, la inmortalidad del alma, te"? ¿ Qué le sucedió a su "lívida eterde sú alma, la salvación de la con- nidad"? ¿ Cómo debemos interpretar
ciencia de su personalidad e11 sentido ahora aquello de "seamos poetas de la
integral. Lo que en Unamuno era existencia que saben hallar a la vida
"sentimiento trágico de la vida", o di- la rima exacta de una muerte inspicho de otra manera el eterno tema de rada"? Metamorfosis digna de estudio
la eterna vida, en Ortega era "el tema la que en el mundo de las ideas metade nuestro tiempo", o sea lo viajero físicas acusa Ortega al final de su viy temporal. Ante el mundo y la co- da... Hasta el momento de escribir esrruptibilidad de las cosas del mundo, tas lineas, su visión última nos es desUnamuno exclama: "¿Qué es ese arre- conocida, si bien parece que dicha vigosto de vivir, la joie de vivre, de que sión no fué expresada con palabras.
ahora nos hablan? El hambre de Dios, Tal vez el misterio subsista para siemla sed de eternidad, de sobrevivir, nos pre y con el misterio la confusión y
ahogará siempre ese pobre goce de la la especulación.
vida que pasa y no queda". Frente al
Mientras nos llega la luz de la reacaso místico que Unamuno represen- lidad postrera del maestro, y aunque
ta (decimos representa por cuanto el no nos llegue, entre nosotros queda .. .

�vista de Occidente" desde el año 1923?
Ortega - digámoslo bien claro- es un
espallol universal. Se podrá estar o no
estar de acuerdo con sus doctrinas
- personalmente diverjo del maestr~
espallol en no escasos puntos- , perb
lo que no se puede es regatearle su
dimensión universal, su exquisita sensibilidad, su penetrante ya gudo talento que anticipó una colección de felices intuiciones.

LA RUTA FIL□ S-□FICA .IlE
JOSE ORTEGA Y GASSET
(Conferencia)

ACE poco más de cuarenta años
-año de 1914- que José ·Ortega y Gasset invitaba a los lectores a que ensayasen, por si misnros,
"posibles maneras nuevas tle mirar las
cosas" que él solo ofrecía "modi res
considerandi", para que experimentasen si, en efecto, proporcionaban visiones fecundas y en virtud de su Ín•
tima y ·leal experiencia, probaran su
verdad o su error. ("Meditaciones del
Quijote").

H

Aceptemos la invitación de Ortega.
Aprestémonos a seguirle - vibrando
con él al unísono, si nÜs es posibleen su ágil y .brillante trayectoria . La
crítica, cuando es honrada, se ha&lt;;e sobre las huel1as, es una operación de
segundo grado.
Fué en Madrid, ~ año de 1883- ~n
donde nació José Ortega y Gassct. En
ese Madrid arcano y fascinante qu e
nos jalonea los entresijos del alma.
Ese. 'Madrid -epopeya de la alegríaen que se bebe la gracia quintaesenciada en el néctar de la ra\a 1 y qu e
baila bailes espirales. Ninguna ciudad
europea con mayor fuerza vital, con
más frenético ritmo interior Qe vida
&lt;fUC Madrid. Su gente -personificación de la picardía y de la gracia..:....
tiene perpetuamente "el aire ele estar
de vuelta". Su paisaje es exquisito, su
atmósfera clara. Velázquez no ha.,sido,
en este aspecto, mas que un realista
genial. En ese escenario de la "Villa
del Oso y del Madrollo" - que tiene
su pedagogía y su estética- vivió habitualmente, aunque con ausencias intermitentes, y murió don José Ortega
y Gasset. Me importa mucho destacar
la circunstancia matritense en la vida
de Ortega. Hasta la fecha - y hasta
donde 1legan mis conocimientos- nadie se ha detenido a considerar la deci.siva influencia - atinque fuera ambiental y extralógica- que Madrid
ejerció sobre la vida y la obra del ilustre filósofo español. ¿Cómo no pensar
en la vida madrileña al leer esas sonoras páginas orteguianas en cuya base palpita el concepto de vida ascendente, de tan inconfundible tinte matritense ?.
Con una tesis titulada "Los terrores
del afio mil" (Crítica de una Leyenda) , José Ortega y Gasset se doctoró
en la Univer sidad de Madrid. Sn bachillerato, o por lo menos ]o que • en
México hemos llamacJo estudios secundaries, ]os hizo en el colegio de los
jesuitas, en · :.\'! alaga. Es muy posible
qu e ahí tome pie su, pasión por Ja luz
y la gra cia mediterráneas. Para r ealizar es tudios de post-graduado marcha, en 1905, a tierras de Kant y de
Hegel. La solidez german a le avasalla.
Varias veces nos lo tiene di cho. c1ue
su educaci (? n deriva, fundamentalmente, de Alemania. Se confiesa deud or ,
en las cuatro quintas partes de su h aber intelectual, de esta gran nación; y
ex-alta con entusiasmo la superiorid ad
gigantesca de la ciencia Alemana (O.
C. IV, 347). El joven doctor en filosofía y letras de la Universidad de
Madrid sintió "la flecha del blondo

Pág. 2

los temas de nuestro tiemp0 y el estado de la sensibilidad vital. Discípulos
directos ele José Ortega y Gasset - para no citar sino a los más destacados- lo son: Manuel García Morente,
Xavier Zubiri, Luis Recasens Siches y
José Gaos. Pero entre las nuevas generaciones hispánicas se puede advertir, también, la inocultable huella orteguiana. Desde 1936 hasta 1!149, Ortega residió en Portugal, Holanda, Francia y Argentina. Pero Ja voz telúrica
de su España le llamó definitivamente
y ahi acabó sus dias (el 18 de Octubre
de 1955, cristianamente.
Su labor ele escritor es prodigiosa.
Aún no se. han editado, verdaderamente sus obras completas. Las que con
este nombre circulan, no incluyen escritos tan importantes como la tesis
doctora], articulos o notas publicados en 14 El Faro", en "España", en
HEJ Jmparria.l", las dos cartas a Unainuno, el mano a mano con Menéndez
P elayo, escritos políticos variÜs, cursos de conferencias dictados en varios
lugares ele España y del cxtranjern,
etc., e:tc.
Estulto seria negar el exquisito talento artístico-literario de José Ortega
y Gasset. Su prosa diúfana y elegante, salpicada de luminosas imágenes
-----CJue como lluvia de. meteorps se des:
liza mansamente-, atrae •y embriaga,
El acento imperioso y e nérgico dE
hombre que no , 1acila, mezclado con
su cortesana manera de persona bien
puest~ - corporal e intelectualmentehicieron que .José Ortega y Gassct marchara acompafiado de un séquito de
admiradores que Je Uamaron 'll\faestro" desde el primer día que irrumpió
en la escena literaria, aligerando y
perfumando su lenguaje con elegante
lujo a la vez que con acentuado mascuJinismo. Las sonoras páginas de
Ortega, salteadas de bellos y originales tropos, en donde el idioma español
mana con una ~abun4,ancia soberbia,
caminan por todas las sendas sin demostrar que existe para él limitación.
Su curiosrdad ilimitada ele sabio que
atisba y abar ca todos los nervios y ramales del collocimiento, su vigorosa
mente forjada en ]a difí cil gimnasia
filosófica, le capacitaron para tomar .
el timón y emprender el viaje - inconcluso por cierto- que García :Morente
ha denominado ."la tercera navegaCión
de la filo solia". El profesor Northrop
atribuye' a Ortega el haber intuido el
nuevo giro -de la física post-newtoniana. E n la C8mara de los Lores y en
labios ele un jnsigne hombre de Estado - que además es "oxfordman"llizo fortuna la frase de Ortega en el
sentido de ser Inglaterr a "nursen de
Europa. En los aniver sarios de la
muert e de Goeth e, llamaban al filósotirse
arrastrado
p
or
su
influjo.
Un
ínlo madrileño desde Chicago o desde
go) de mis esper anzas y casi toda
mi disciplina". Las voces intimas que · timo colaborad or del filósofo pudo de- Ham burgo, para escuchar sus agudas
da e] viento de los senos de las sel- cir que "Ortega ha siclo el mayor sus- interpretaciones y valoraciones. En
vas germáni cas, ya no las va a po- citador d e tema s". Y ]o d.ijo con r a- casi t odos los escapar ates de las lider olvidar nun ca. La cultura alema- zón, porque ]a eni grnittica y serena r e- brerí as al emanas, los libros de Ortena -"cultura el e las r ealidad es pro- tina del p ensador madril eño se impre- ga, tradu cidos al al emán, fueron siemfundas"- estará siempre presente en siona por ígual de Ja pampa, que del pre una de las principales atracciones.
su vid a, a manera de imperativo. Ca- arte de Zuloaga o de la "Estética d el ¿ Y como no recordar su imponente latedrático de Metafísica en la Universi- Tranvía" ; su pensamiento vibrátl re- bor de difusión cultural eri los pueblos
dad de Madrid desd e 1910, sus cursos gistra con precisión barométri ca todos de babia española, al frente de la "Re-

germano, meditativo y sentimental que
alienta en la zona crepuscular de mi
alma". Estudi8 en las Universidades
de Leipzig, Berlín y Márburgo. En este último centro de estudios fué disCipufo del destacado maestro neokantiano Hermano Cohen. "He pasado el
equinoccio de mi juventud: a ella debo la mitad, por Jo menos (dice refiriéndose a ]a Universidad de Marbur-

de su r etícula sensible. Las demás cosas - fenómenos, hechos, verdadesquedan fuera, ignoradas, no percibidas." Las divergencias de los puntos
de vista no implican la lalsedad de
algunos de ellos. La verdad integral
se establecería como en la geometría
descriptiva, por la yuxtaposición o
conjunción de todas las perspectivas
parciales.

ACTITUD DEL ESPECTADOR

Por el Dr. Agustín Basave Fernánde, del Valle

•

El mundo es perspectiva. "Cada vida es un punto de vista sobre el
universo". O. C., III, pág. 199-200,
"El Tema de Nuestro Tiempo"). Cada hombre tiene una misión de verdad. Donde está mi pupila no está
otra: lo que de la realidad ve mi pupila no lo ve otra. Somos insustituibles, somos necesarios". Y piensa Ortega que . la perspectiva - uno de los

constituyeron s~empre una fascinante
atracción en el mundo cultural e;spañol. Supo siempre, en terso y bello
lenguaje, despertar un vivo interés por
la filosofía . Según el testimonio de
sus discipulos, era un conferencista y
un maestro nato. Tenía, además, facultades de capitán. Bastaba oírle, verle, sentir su mirada luminosa y penetrante para tener ]a sensación de sen-

1

Sobre el rico fluír de la vida espont:inca, Ortega y Gasset abre bien clara
su pupila y contempla el majestuoso
Y abigarrado espectáculo. Y es en vano q_p e proclame la ,•ida espontánea,
lo biológico -Dyonisos y Don Juahporquc é] es en su vida - ¡oh irónica
contradicción con su teoría!- , por vocación irremediable, un pensador.
No pudo Ortega escoger un titulo
mús adecuado para suS ocho tomos de
ensayos, que el de: "El Espectador".
Porque en verdad la posición y la actitud que el maestro español asume ante la Yida humana, es ésa: la de espectador! Y ningún implícito reproche quiero lanzar con esta afirmación.
Pretendo solo, por de pronto, fijar una
manera de estar en la existencia:
¡viéndola!; llenando la mente de perspectiva s múltiples ·que reverberan los
objetos, los matices y elementos.
En torno al paisaje, ágilmente se
desplaza Ortega-espectador, integrando en una fórmula general todas sus
perspectivas. No se queda Don José
Ortega y Gasset en esos conocimientos minuciosamente concatenados - las
ciencias particulares- pero mutilados
Y sin vinculas con la realidad restante.
Tampoco se satisface - la mayoría de
las · veces- en la brillantez del ingenio, las inesperadas metáforas y la musicalidad de su prosa en que las palabras pareCen acuñarse por primera
vez. Siendo como es, un pensador profundo y auténtico, incorpora su tema
al hontanar común, "en donde todos
toman su sentido y adquieren su jerar,quía".
TRAYECTORIA FILOSOFICA
DE ORTEGA

,

Para descubrir el mundo en su ver- componentes de la realidad- no dedad , Ortega (que es un contemplativo) forma el mundo, sino que lo organiza.
arranca desde su punto de vista indi- "Desde distintos puntos de vista, dos
vidual, porque otra cosa le parecería hombres miran el mismo paisaje. Sin
un artificio. El mundo es un .h orizon- embargo, no ven lo mismo. La distinte cuyo centro es el hombre concreto. ta situación hace que el paisaje se or"El hecho radical, el hecho de todos ganice ante ambos de distinta IIlanera.
los hechos - escribe Ortega- es la vi- Lo que para uno ocupa el ·primer térda ele cada cual. Toda otra realidad mino y acusa con vigor todos sus deque no sea mi vida es una realidad talles, para el otro se halla en el últisecundaria, virtual, interior a mi vida, . mo y queda oscuro o borroso. Además,
y qu e en esta tiene su raíz y su hon- como las cosas puestas unas detrás de
tanar. Ahora bien: mi vida consiste otrn_s se ocultan en todo o en parle,
en que yo me encuentro forzado a cada uno de ellos percibirá porcioexistir en una circunstancia determi- nes de] paisaje que al otro no llegan.
nada. Se vive aqui y ahora. La vida ¿Tendría sentido que cada cual declaes absoluta actualidad". (Introducción rase falso el paisaje ajeno? Evidentea las Obras Completas. Tercera edi- mente, no; tan real es el uno como
ción, pág. IX). No hay que extrañarse el otro. Pero tampoco tendría sentido
de que este vitalismo aparezca · como que, puestos de acuerdo, en vista de
una nueva y sutil versión del idealis- no coincidir sus Paisajes, los juzgasen
mo. Recordemos que la primera for- ilusorios. Esto supondría• que hay un
mación de Ortega fué neokanliana.
paisaje auténtico, el cual no se halla
El mismo Ortega s e declaró preso sometido a ]as mismas condiciones que
del idealismo kantiano por espacio de los otros dos. Ahora bien: ese paisaje
diez años. Después cree evadirse del arquetipo no exite ni puede existir.
idea1ismo kantiano por siempre y opo- La realidad cósmica es tal, que solo
ne con fuerte ademán el vitalismo puede ser vista bajo una determinada
pragm3.tico a la razón. La verdadera perspectiva ..... Todo conocimiento lo
r ealidad primaria no es el yo sin las es desde un punto de ,•ista determicosas ni las cosas sin el yo, sino el yo nado. La "specie aeternitatis" de ' Epi,con las cosas, haciéndose con ellas. noza, el punto de ,•ista ubicuo, absoPorque la vida - quehacer dínámicoluto, no existe propiamente : es un
es lo que hacemos y nos pasa. "Yo punto de , vista ficticio y abstracto ..."
·soy yo y mi circunstancia", dijo Orte- (O . C., III, p. 199, "El Tema de nuesga desde su primer libro (1914). La tro Tiempo"). De la infinitud de eler ealidad que me circunda "forma la mentos que integran 1a realidad, el in-otra mitad de mi persona". Reabsor- dividuo, aparato receptor, deja pasar
vcr la circunstancia es el destino con- un cierto número de ellos, cuya forma
-creto de cada quien.
y contenido coinciden con las mallas

El imperio de la razón pura - según
Ortega- ha cesll'.do. Entramos ahora
a la era de la razón vital. Porque la
razón es, debe ser, tan solo una forma y función de la ,•ida. "El tema de
nuestro tiempo· - escribe Ortegaconsiste en someter la razón a la vitalidad, localizarla dentro de Jo biológico, supeditarla a lo espontáneo".
Aunque el meditador del Escorial mmca llegó a precisar el significado de
la razón vita], parece entender por ella
una razón abierta a la realidad e ínsita en la vida. Posteriormente nos
dirá que la razón vital es constítuti•
vamente razón histórica. Y de la razón histórica "esperamos la aclaración
de la realidad humana y con ello de
qué es lo bueno, qué es lo malo, qué
es lo mejor y que es Jo peor". Esta
razón histórica no aclarara los hechos
sino solo los mostrará. Verá al individuo "en su propio e instantilneo hoy,
actuando y viviente, el escorzo de todo el pasado humano". Para comprender algo humano es preciso contar una
historia porque, en suma, "el hombre
no tiene naturaleza sino historia". El
hombre no tiene naturaleza porque no
es una cosa y por ello "lo humano se
escapa a ]a razón físico-matemática,
como el agua por una canastilla .....
El hombre no es cosa ninguna, sino
un drama su vida, un puro universal
acontecimiento que acontece a cada
cual y en qu e cada cual no es a su
vez, sino acontecimiento". En esta ilimitada plasticidad, el bombre no es
de suyo nada, sino mera potencia para ser "como usted quiera". Literal-

mente dice José Ortega y Gasset, "Yo
oso afirmar: que el hombre se hace a
si mismo en vista de la circunstancia,
que es un Dios de ocasión". (Véase
su ensayo 'Historia como Sistema").
Nacemos en cierto nivel histórico y
vivimos desde una altura determinada
de los tiempos. A diferencia del tigre,
que estrena su ser tigresco, el hombre
es heredero de un pasado que le condiciona su ser y le posibilita. Por ello,
"para comprender algo humano, personal o colectivo, es preciso contar
una historia." Y la historia tiene, en
las generaciones, su estructura precisa. Pero, ¿ qué son las generaciones?
"Una generación -define Ortega- es
una zona de quince allos durante la
cual una cierta forma de vida fue vigente. La generación sería, pues, la
unidad concreta de la auténtica cronologia histórica, o, dicho en otra forma, que la historia camina y procede
por generaciones. Ahora se comprende en que consiste la afinidad verdadera entre los hombres de una generación. La afinidad no procede tanto
ele ellos como de verse ob1igados a vi,•ir en un mundo que tiene una forma
determinada y única". (O. C., VI, p .
3ít). Este repertorio de ideas, creencias, problemas y usos tiene, según Ortega, una duración o estabilidad de
qince años. Por las generaciones se
articulan las épocas hístóricas. Hay
generaciones ordinarias y hay generaciones extraordinarias que introducen
un cambio decisivo en ]a historia.
La vida es, por esencia, existencia
individual, soledad . Para Ortega lo
social, originado en la convivencia, es
vida mostrenca, comunal, tópica. Las
acciones sociales no son queridas por
]a p'ersona, ni muchas veces entendidas. Se ejecutan de manera mecánica, impersonal. Lo interindividual es
otra forma de la convivencia. Trátase
de las relaciones entre las personas en
cuanto tales: amor, amistad, etc. Los
usos, impuestos por "la gente", hacen que lo social se convierta en algo
desalmado, mecanizado, mineralizado.
Sin embargo, gracias a los usos podernos preveer la conducta de ]os otros
y casi convivir con los extraños. Además, posibilitan el progreso y la historia. La sociedad es siempre problemática porque nunca existe de un modo estable. Esta inestabilidad radica
en la coexistencia de instintos sociales y antisociales en el hombre.
La realidad auténtica y radical -en
el sentido de que en ella radican todas
las otras realidades- es la vida humana. l\li vida, toda vida, e"s proyecto
vital, faena poética. Somos, en cierto
sentido, novelistas de nuestras propias
vidas porque tenemos que imaginar o
crear el personaje que pretendemos ser.
Porque la vida, aunque me es dada,
no me es dada hecha. La vida es ocupación, pero antes pre-ocupación. El
hombre " va siendo" y "des-siendo"
- vi viendo- . Va 3cumulanclo ser - el
pasado- : se va haciendo un ser en la
serie dialéctica de sus experiencias ...
El hombre es lo que le ha pasado, lo
que ba hecho ..... Ese peregrino del ser,
ese sustancial emigrante, es el hombre" (O. C., p. 35-41 , ' 1Historia como
Sistema").
En cada in·stante tengo que decidir
- el egir- lo que voy a hacer - y fODsiguientemente a ser- en el siguiente.
En est3 forzosa elección entre las posibilidades que se me dan, radica la
libertad. "Ser libre quiere decir - para Ortega- carecer de identidad constitutiva, no estar adscrito a un ser determinado, poder ser otro del que se
era y no poder instalarse de una vez
y para siempre en ningún ser deter~
minado." No hay libertad para renunctar a la libertad, ocúrresenos decir
interpretando la doctrina orteguiana ...
Toda criatura humana tiene el deber
esencial de ser, de ser plenamente, integramente lo que es. "Se el que

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•

�•

,
eres"·!, repite emocionado con Pindaro
y Fichte. Con inocultable empirismo
sostiene que lo bueno en un hombre
es malo en otro, porque "cada individuo, tiene su decencia intransferible
y personal, su repertorio ideal de acciones y gestos debidos". En sus "Mocedades" sintió el influjo de Renán y
habló del convencionalismo de la moral, porque "lo sincero, lo espontáneo
en el hambre es, sin disputa, el gorila".
. El triunfo del instinto sobre la razón
es evidente cuando se analizan frases
como esta: "la vida no tiene sentido
si no es como una aspir3ción de no
renunciM' a nada". Esta moral existencial y deportiva que propugna por
una religiosa docilidad a la vida y ,entroniza los obscuros instintos vitales,
nos hace recordar, insoslayablemente,
a Zaratustra y su tabla de valores invertida. No obstante, llegará un momento, -"La Rebelión de las Masas"en que José Ortega y Gasset se quejará amargamente del primitivo que
no se somete a normas morales ni reconoce instancias superiores. Después
de singular análisis diagllostica un tremendo mal que cava la entraña mismá
de la civilización europea: el inmoralismo. Ese hombre anárquico, violento, súbdito de sus caprichos que nada
se exige a si mismo porque no se valora, es el hombre-masa. "Sin mandamientos · que nos obliguen a vivir de
un cierto modo, queda nuestra vida
en pura disjionibilidad. Esta es la horrible situación íntima en que se encuentran ya las juventudes mejores del
mundo: de puro sentirse libres, exentas de trabas, se sienten vacías. Una
vida en disponibilidad es máyor negación de si misma que la muerte ......
Europa se ha quedado sin moralr.
En 1940 sale a la luz pública el libro de Ortega: "Ideas y Creencias".
Nuestra vida auténtica y real está en
nuestras creencias. El holnbre es ra-:
dicalmente crédlllo; éste es el estrato
más profundo de su existencia. Pero
cuando las dudas toman lugar en nuestro ser, las "ideas-ocurrencias" llenan el hueco "fantaseando, inventando
mundos". Lo verdadero y lo científico no son más que fantasías· exactas.
El conocimiento objetivo es imposible
y el pesimismo escéptico es palpable:
"encontrarse viviendo es encontrarse
irre,,ocablemente sumergido en lo
enigmático. A este primario y pre-intelectual enigma reacciona el hombre
haciendo funcionar ·su aparato intelectual, que es, sobre todo, imaginación. Crea el mundo matemático, el
mundo físico, el mundo religioso, moral, político y poético". La tesis es
muy amarga. ¡Todo!, inclusive lo que
se sabe y se siente más sagrado como
la religión, es solo ilusoria ficción.
Son tan fuertes los resabios idealistas
germanos que todavía en esta última
obra filosófica -Ideas y Creenciasestán patentes y actuantes. Las creencias constituyen el continente de nuestra vida. "Cabe decir -apunta Ortega- que no son ideas que tenemos,
sino ideas que sQmos. Mientras que
nuestra relación con las ideas es un
mtco tenerlas, las creencias son nues1,-,) mundo y nuestro ser. (O. C., T. V,
. 380) .

tre la ignorancia y el saber, el ser humano aspira a una , certidumbre radí•
cal: la filosofia. No le basta tener muchas otras certidumbres; desearía poseer una instancia suprema que no suPonga otras instancias o verdades.
Mientras que las ciencias son parciales y dependientes de supuestos previos, la filosofía es, en sentido orteguiano, una certidumbre autónoma y
universal hecha por el hombre-nitufrago para saber a que atenerse en su vida. ("Apuntes sobre el pensamiento".
o. c., v. p. 513-542).
, ,
"Lo único que el lrombte ' !ilCmpt;e
tiene es la necesidad de pensar, porque más O menos está siempre en alguna duda. Los modos de satisfacer
esa necesidad - se entiende, de intentar satisfacerla, lo que podemos llamar técnicas, estrategias o métodos del
pensar-, son, en principio, innumerables, pero ninguno le es regalado .....
Tal vez no hay injusticia mayor que
atribuir a la "naturaleza" humana
-naturaleza es el conjunto de lo que
nos es regalado y poseemos a nativitate- el inmenso repertorio de procedimientos intelectuales que el pobre
ente llamado "hombre" ha tenido que
agenciarse con tenaz esfuerzo para intentar extraerse a si mismo del enigmático pozo en que cayó al existir.
(".Apuntes sobre el Pensamiento", O.
C., p. 526, T. V).
ORTEGA ENSAYISTA
Como ensayista, Ortega es imponente, magistral. El ensayo -ha dicho alguna vez Ortega- es el tratado menos
la prueba. Quiérese, indicar, con esta
donosa frase, la libertad mental y estilistica del ensayista.
Bástenos, como muestras de los ensayos orteguianos, estos tres botones:
1) LA DESHUMANIZACION DEL

¡COMO NACE LA FILOSOFIA?
( onocer es una de tantas cosas que
el hombre hace. ¿Por qué y para qué
conoce el hombre? La vida -siempre
problemática- es inseguridad, naufragio, dice Ortega. En esta radical inseguridad1 el hombre busca una certitumbre. Quiere saber a que atenerse.
Cuando le falla el primigenio suelo de
sus creencias, busca pensamientos que
le sostengan. Antes de producir estas
"mentefacturas" (pensamientos), está
en la creencia de que las cosas tienen
un ser y de que son cognoscibles para el hombre. Moviéndose siempre en-

Pág. 4

ARTE. Encuentra Ortega que el arte
nuevo es antipopular por esencia porque la masa no lo entiende y no puede por tanto gustar de él. Y es que
los resortes de este arte joven, no son
los genéricamente huma~os; las nuevas obras artisticas no le invitan a
apasionarse y a intervenir sentimentalmente y le dejan sin papel. Según
el autor madrileño, el objeto artístico

Estultamente se cree en nuestros
solo es artístico en tanto que no es
real,. "La mayoría de la gente es in- dias, por el vulgo y los pro'fesionistas
capaz de acomodar su intención al vi- miopes, que la cultura es solo un dedrio y transparencia que es la obra d; leite ornamental, superfluo y accesoarte: en vez de esto, pasa al través rio. Esta es la causa de que la vida
de ella sin fijarse y va a revolcarse sea un caos, y que el hombre se conapasionadamente en la realidad hu- funda, naufrague y se pierda ... El promana que en la obra está aludida. Si f esionista actual es más técnico y sase le invita a soltar esta presa y a de- bio, en su especialidad, que el de la
tener la atención sobre la obra misma Edad Media, pero también es más inde arte, dír:i que no ve en ella nada, cu1to. Es el nuevo "bárbaro" que no
porque en efecto, no ve en eUa cosas ensambla su ciencia con el resto de
humanas, sino solo transparencias ar- la realidad y que se ha c¡uedado abajo
tísticas, puras virtualidades". Desde del nivel de su siglo.
Beethoven hasta Wagner el tema de la
Una Universidad auténtica debe emmúsica fué canfesional o autobiográfi- pezar por transmitir cultura; después,
co. Era un arte impuro en Que el ar• · por enseñar las profesiones y, por últista contaminaba sus pasiones. El ar- itimo, como actividades meta-universitista actual -según el diagnóstico del 1lari1s, por establecer centros de dispensador español- siente asco de este cusión, laboratorios, seminarios. Con
contagio psíquico, porque quiere hacer la acostumbrada perspicacia en su videl placer estético no un placer in- sión, Ortega y Gasset nos previene de
consciente, sino un placer inteligente. confundir tres cosas que son de sobra
Y concluye Ortega afirmando: "Se di- diferentes: cultura, ciencia y proferá que el arte nuevo no ha producido sión intelectual. "Ciencia· es solo inhasta ahora: nada que merezca la pena vestigación: plantearse problemas, tray yo ando muy cerca de pensar lo mis- bajar en resolverlos y llegar a una somo..... ¡ Quien sabe lo 'que dará de si lución. En cuanto se ha arribado a
este naciente estilo! La empresa que ésta, todo lo demás que con esta soluacomete es fabulosa -quiere crear de ción se haga ya no es ciencia. Por
la nada-. Yo espe~o que más adelan- eso no es ciencia aprender una ciente se contente con menos y acierte cia ni enseñarla, como no lo es usarla
más".
ni aplicarla". De este aserto se in2) MISION DE LA UNIVERSIDAD. fiere, · facilinente, q\1e el verdadero
)lás que de artificiales sistemas peda- científico - como no sea también un
gógicos, la Universidad se nutre del maestro- debe quedar en el laboraáire pllblico de su nación y de sus gen- torio y no en la Univer~idad.
3) LA PAMPA.- PROMESAS.- EL
te~.
HOMBRE
A LA DEFENSIVA. NorteLa barbarie del especialismo excluamérica e Hispanoamérica han sido
sivista, las pretensiones infatuadas del
objeto de los cargos eufemísticos de
"cientificismo", y la falta de una in•
Ortega, cuando no de sus directas inlegración vital de conocimientos, que
vectivas: "Como los americanos pare1
se ha enseñoreado de 1as universidades de nuestro tiempo, motivaron las cen andar con prisa para considerarse
los amos del mundo, conviene decir:
sutiles disquisiciones y las enérgicas
protestas que Ortega lanzó desde el "¡Jóvenes, todavía no! Aú.n teneis
mucho que esperar y mucho, mucho
más que hacer. El dominio del mundo no se regala ni se hereda. Vosotros habéis hecho por él muy po. co aún ... América no ha empezado aún
su "Historia Univerifll". No creemos
que estas mismas palabras escritas por
Don José en 1930, fuesen suscritas por
él poco antes de su muerte.
Ve Ortega en los hispano-aqiericanos, una espléndida dosis de fuerza
vital, pero a la vez sospecha que carecen por completo de disciplina interna, de rigor mental. "La juventud
argentina que conozco me inspira
-¿por qué no decirlo- más esperanza que confianza". Encuentra en las
revistas argentinas demasiado énfasis
y poca precisiQn. "El americano, amigo mío -por razones que no es ocasión ahora enunciar-, propende al
narcisismo y a lo que ustedes llaman
parada. Al mirar las cosas, no abandona sobre éstas la mirada sino que
tiende a usar de ellas como de un espejo donde contemplarse". Con implacable escalpelo, continúa el maestro español haciendo nuestra disección
psicológica, descubriendo que somos
más sensibles que precisos, y mientras
así sea, seguiremos dependiendo de
Europa. Adolecemos de vaguedad y de
falta de criterio certero, firme, seguro
de si mismo, que solo mediante rigurosas disciplinas se obtiene.
Casi todas las disquisiciones orteguianas sobr~ Hispano-América, se refieren de una manera: directa a la Argentina -pueblo con el que ha tenido mayor contacto personal- y sólo
por generalización -por cierto poco
feliz- al resto de las naciones iberoamericanas. Lo erróneo es la traspoParaninfo universitario de Granada.
Cuando el Medioevo da a luz la Uni- sición Sin reservas de los rasgos arversidad, ésta poco se ocupa de profe- gentinos a los restantes pueblos del
siones y especialidades y 'todo es en- Continente. Le faltó al pensador matonces "cultura": Teología, Film~ofía, drileño conocer las genuinas culturas
artes. Pero cultura no era. entonces, mestizas: México, Perú, Colombia, Las
a juicio de nadie, un mero ornamen- Antillas.
Exageradas y esquemáticas, las adito; sino un sistema vital de ideas sobre
el hombre, la socieáad y el universo, vinaciones de Ortega no dejan de ser,
en ocasiones, certeras. El argentino
que orientaba y dirigía la existencia.

-piensa Don José- es un hombre a
la defensiva, un hombre que tiene fabricada expresamente para el uso externo UQ_a máscara que sustrae su intimidad. Cuando se charla con entera
sinceridad con un argentino, éste resbala . sobre el · lema y parece decir:
"Aquí lo importante no es eso, sino
que se haga usted bien cargo de que
yo soy nada menos que el redactor
jefe del importante periódico X", o
bien: ¡ Tenga usted cuidado! Está usted ignorando u olvidando qne yo soy
una de las priineras figuras de la juventud dorada que triunfa sobre la elegante sociedad porteña. Tengo fama
de ingenioso y· no estoy dispuesto a
que usted lo desconozca".
Es una lástima que al agudo talento
ele Ortega haya escapado la peculiaridad fisonómica de América, evidenciada en una serie de rasgos insolayables del hombre de Hispano-América:
a) arraigo en lo telúrico; b) disposición innata hacia la belleza y preocupación estética; c) dualidad violenta y dramátita entre lo primitivo
y lo re{inado; d) tendencia hacia el
pragmatismo filosófico; e) gozosa melancolía fatalista; 1) rápida y vibrante capacidad emocional; g) un especial
y exclusivo sentido del humor que, de
punzante, llega a burlarse y reírse de
si mismo. Con todos estos ingredientes se formará nuestra cultura; una
cu~tura más abierta que la europea
-más -liberal, en el sentido primario
de la palabra- y en consecuencia más
capaz de arribar a planos de sínte~is
uni,,ersal con aire más llevadero y alegre. Falta les hace a los europeos el
oxigenarse en paises virgenes y el rebautizarse en la naturaleza. Tenemos
en el fondo un conocimiento menos intelectual y silogístico que el de elJos,
pero más directo y más poético.
ESTILO ORTEGUIANO
Con su acostumbrada elegancia mental, ha dicho Ortega que "la cortesía
del filósofo es la claridad". En sus
primeras lineas del prólogo a sus ''Me.
dilaciones del Quijote", de 1914, se
consideró -no en Yano- como un
profesor de filosofia in partibus infidclium", practicando, por eso, la "estrategcma" de "seducir hacia los problemas filosóücos con medios liricos" .
Y es que Ortega tuvo, desde ·el primer
momento, el tacto y la vocación magistral de acomodarse a su circunstancia, suministrando la porción de filosofía que sus lectores podían recoger
por el momento. Huyendo de los neolqgismos, nuestro filósofo ha cargado
de significación filosófica las expresiones usuales del idioma. Su pensar
tiene un estilo 'perspectivi$ta" o "circunstancial" que procede más por ocurrencias sueltas -apunta Nicol- que
con mé~odo teórico. Baraja un gran
número de ideas y de temas, insistiendo, en cada uno de ellos, como si fuera el decisivo, el principal, el único valedero. A veces adopta un tono profético, Otras huye elegantemente del
problema, prometiendo -y casi nunca cumpliendo- nueYos libros en que
abordará el problema que soslaya. Muchas ocasiones· incluye en libros que
tienen la pretensión de ser de rigurosa filosofía, confesiones que tendrían
mejor cabida en ull anecdotario literario. Con todo, su estilo seduce y solaza, maravilla y embriaga.
·
ES PRECISO TOMAR POSICION ANTE
EL PENSAMIENTO ORTEGUIANO
Después de haber trazado Jan lineas
fundamentales de la filosofía de José
Ortega y Gasset, después de haber 'revivido sus problemas y habernos puesto en comunión viviente con su estilo
mental, sentimos la urgencia de reac~
cionar criticamente ante su obra. No

podemos confinarnos en la miserable
situación de un puro historicismo que
se limitase a la pura historia o a la
pura literatura de la filosofia orteguiana. Es Ortega mismo quien nos invita
a ensayar, por nosotros mismos, su
nueva manera de mirar las cos"as y
probar, por nuestra íntima y leal experiencia, su verdad o su errOr. Y nosotros hemos decidido, desde el principio, aceptar su invitación. Otra cosa nos pareceria indigna.
Permitasenos, pues apuntar las siguientes observaciones críticas:
1) No cabe pensar un ser que esté
absoJutamente desligado de la vida de
cada cual. Si es posible pensarlo es
porque el ligamen existe. Pero de esto no se infiére que los seres o valores se con(undan con mi vida, ni se
circunscriban a su horizonte. 'Fuera
de nuestro conocimiento y aún en posible desacuerdo con él, existe un
mundo de entes y de valores. Reducir
todo a términos de vida humana, es
recaer en idealismo. Testimonio de la
extravasación del ser y los valores,
respecto a nuestra conciencia vital,
nos Jo suministra la misma, en la '~docta ignorancia' ', el olvido, la duda y el
error. De est~s limitaciones se puede
percatar el mismo sujeto que las sufra o un tercero que las advierta.
2) Conforme al perspectivismo, el
"punto de Vista" selecciona pero no
deforma la realidad. Luego todos los
sistemas que han venido sucediéndose
sobre el mundo son igualmente verdaderos ("puntos de vista"). Si todas las
filosofías son meras perspectivas -sin
nada absoluto- entone.es también sera una mera perspectiva la teoría orteguiana del perspectivismo. ¿Por qué
se empeña Ortega -se pregunta Roig
Gironellaen imponernos lo bien
fundado de su mirador? Si ha defendido el relativismo del punto de vista,
¿como justifica el absolutismo en sus
conclusiones? "Dios es también -para Ortega- un punto de vista". Lo
que la razón y la historia han proclamado siempre como "ens fundamentale", como absoluto, es ahora diluido
en el caos agnosticista del "punto de
vista".
1 3) ~efinir la vida ya no como el
punto de arranque, sino como valor
supremo, es el error esencial de todo
\'italismo. La vida de cada cual es un
elemento parcia] y subordinado de la
realidad. Como torrente de ciega energía carece de sentido por ausencia teleológica. Solo al servicio de un valor que la incite y la guíe, cobra la
vida contenido y plenitud.
La vitalidad en si misma -como
existencia vegetativa- no tiene polaridad moral, no es buena ni mala. Por
eso no cabe decir, sin más, que es menester desconsagrar a la cultllra y _con-

sagrar nuevamente a la vida. El valor
de la vida es subalterno, instrumental.
Contra la proclamación de la vida-fin
(de si misma), procla'mamos la vidamedio. Quitar de la vida el Bien, es
vaciarla de su contenido y reducirla
a la inconciencia. La rica variedad
del "Cosmos" queda desarticulada en
una fuerza vital carente de sentido.
Además de las cualidades sensibles y
de las relaciones ideales, hay en la
realidad una no indiferencia, una estimación o menosprecio, una búsqueda anhelante de bienes que conduzcan
al Bien Absoluto. Yo no comprendo
una vida que se limite simplemente
a vivir - como ostión en su conchasin trascender . . Vivir es extravertirse
en ]a plenaria realidad del mundo circundante, para recogerla e inC.orporarJa al microcosmos. La vida es ofrenda, es misión para ·algo meta-vital.
4) · Si a mi vida - siempre contingente- la convierto en la realidad radical que da razón de toda realidad,
solo podré englobar lo experimental,
lo relativo y lo inmanente. ¿Como dar
razón, con este vitalismo inmanentist-a, de lo que está fuera de mi vida, de
lo que la trasciende? La razón vital,
que se atiene a las circunstancias para
vivfr, no Puede ser la forma superior
del saber, sino a lo más una "ancilla
vitae".
Tal vez el destino de Ortega haya
sido el de un gran "culturaJista" siempre atento a la última teoria científica
europea o al libro inquietante recién
salido a la luz •p ublica. Con una prosa
deliciosamente musical, cargada de relumbres poéticos, supo siempre apuntar oportunamente una corrección,
un nuevo punto de vista, una precisión complementaria, una consecuencia inadvertida, una contrastación, o
un primoroso an:i1isis psicológico. En
sus manos, cualquier tema adquiere
un gusto y un color inconfundibles.
Esto 10 reconocemos todos. Y el acento personal de Ortega no está tan solo
en el estilo, como lo ha sabido ver
Iriarte, sino en el contenido. "Es Ortega - ha dicho el Dr. Díaz Blanco en
simil ' feliz- un formidable ojeador
(Yenator) de liebres filosóficas. A cada paso saltan, sorprendidas en sus
escritos, pero el escritor no las sigue,
se contena con levantarlas; entonces
hace una pirueta y pasa a otra cosa,
a buscar otra liebre, a veces con gran
desesperación del lector, que se regocijab~ creyendo iba a cobrar pieza".
Hasta los más intimas colaboradores
de Ortega, -recordemos a Fernando
Vela- después de advertir que su
maestro ha sido el mayor suscítador
de temas, reconocen que también es el
que ha asesinado más. "Los ha sacado, nos los ha mostrado en alto, refulgentes, nos ha encalabrinado, para

escamotearlos en seguida, cuando apenas habíamos podido diistinguir algo
más que su brillo". (Fernando Vela.
"Prólogo-Conversación a "Goethe desde dentro".).
Ortega anticipó una buena porción
de las ideas existencialistas actuales.
Pero sus anticipaciones se quedaron
en fugaces adivinaciones que no germinaron en cuerpo de doctrina, en
atisbos que no se articularon metafisí-camente.
LA MUERTE DE ORTEGA
Mucho se ha hablado del ateísmo orteguiano. Por mi parte -y así lo acabo de afirmar en la prensa-- nunca
pude creer en ese supuesto ateísmo.
Dejé vo1ar mi intuición y tal vez descubri que Ortega era como un pagano
oriental que creía siempre en Dio~,
pero no le gustaba decirlo, por temor
de que no se le comprendiera. S.u exquisita sensibilidad se pasmaba ante
la belleza de este universo, ante la habilidad artística de Ias mil cosas de
esta creación, ante el misterio de las
estrellas, ante la grandeza del cielo y,
sobre todo, anle la dignidad del alma
humana. Dije entonces (1950) - Y hoy
me complazco en recordarlo-: 'No
puedo creer en el ateísmo oculto que
palpita en José Ortega y Gasset, como
lo pretende el padre José Sánchez ViBasefior. Cree Ortega en Dios creador,·
pero no ha logrado alln extravertir su
creencia que tiene un sentido confidencial..." Hace unos días los periódicos lanzaron la noticia -para nosotros
jubilosa- de que Ortega Gasset murió
confortado con los auxilios de la Iglesia Católica. El padre Felix Garcia tuvo la dicha de recibir la confesión de
José Ortega y Gasset y de absolverle
de sus pecados. Mejor manera de morir no cabe para un hombre, máxime
si es hijo ele la Comunidad Católica
de Pueblos Hispanolocuentes.
,
Quisiera que es~a conferencia pusiese de manifiesto mi nueva actitud ante la obra del ilustre , recien desaparecido. Hace más de cinco años me
sentí impulsado a escribir, con todo
el ardor polémico de la juventud, un
libro - prologado por Vasconcelosque titulé: "Miguel de Unamuno y José Ortega y Gasset" - Un Bosquejo Va1orativo- . El tiempo, que todo lo serena, me ha hecho comprender los exces'os de mi ánimo polémico. Sin renunciar a la gran mayoría de las ideasmadrcs, que en aquel entonces orientaron mi crítica, hoy -en caso de hacer una segunda edición- escribiria
con otro tono y con nuevos propósitos. Dicho sea esto con absoluta honradez y con clara _intención de dejar
una constancia pública. Así lo hice en
la prensa y así lo hago hoy en esta disertación. ¡Que conste!
Ortega murió como cirstiano. Y para el cristiano, la muerte es como un
viaje a la eternidad. Con la muerte
acaba la peregrinación del hombre sobre esta hospedería que se llama tierra. Con la muerte concluye el tiempo
para arrepentirse y para merecer. El
alma, al abandonar el cuerpo, se inmoviliza en el estado de gracia o de
culpa en el que le sorprendió la muerte .
Cuando Ortega se sintió acosado por
la muerte y se concentró en el fondo
de su desamparo ontológico y en el
abismo de sus extravíos pasados, sintió emerger - supongámoslo así- un
incontenible afán de plenitud subsistencial. Ortega cristiano se volvió hacia el Consolador de los afligidos y se
echó, confiado, en sus brazos misericordiosos. La esperanza debe haber
brillado en sus ojos. Como Job y como
Don Quijote, bien pudo haber dich9:
''Post tenebras, spero lucem", después
de las tinieblas, espero la luz. A nosotros nos quedan los relumbres incitativos de su obra rubricada, definitivamente, con su cristiana muerte.

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�Misión de la Universidad,
{Fragmento)
Por José ORTEGA Y GASSET

¿Cuál es la misión de la Universidad? A fin de averiguarlo,
fijémonos .en lo que de hecho significa hoy la Universidad, den•
tro y fuera de España. Cualesquiera sean las diferencias de ran•
go entre ellas, todas las Universidades europeas ostentan una fi.
sonomía que en sus caracteres generales es homogénea.
Encontramos, por lo pronto, que la
Unh'ersidad es la institución donde
reciben la enseñanza superior casi todos los que en cada país la reciben.
El "casi" alude a las Escuelas Espe-

ciales, cuya existencia, aparte de la
Universidad, daría ocasión a un problema también aparte. Hecha esta salvedad, podemos borrar el "Casi" y
quedarnos con que en la Universidad

reciben la enseñanza superior todos
los que la reciben. Pero entonces caemos en la cuenta de otra limitación
más importante que la de las Escuelas
Especiales. Todos los que reciben en-

señanza superior no son todos los que
podían y dé'bían recibirla, son sólo

dancia ciencia, Se haría preferentemente en la UniYersidad, como acontece, más o menos, en los ·otros países.
Sirva este punto de ejemplo para que
no sea necesario repetir Jo mismo a
cada paso: el terco retraso de España
en todas las actividades intelectuales,
trae consigo que aparezca aqui en. estarlo germinal o de mera tendencia lo
que en otras partes vive ya con pleno
desarrollo. Para el planteamiento radical del asunto universitario, que
ahora ensayo, esas diferencias de grado en la evolución son indiferentes.
Me basta con el hecho de que todas
las r(,':formas de los últimos años acusan deciilidamente · el propósito de
acrecer en nuestras Universidades el
trabajo de investigación y la labor
eductidora de científicos, de orientar

los hijos de clases acomodadas. La
Universidad significa un privilegio difícilmente justificable y sostenible. Tema: los obreros en la Universidad. la institución entera en este sentido.
Quede intacto. Por dos razones: Pri- No se me estorbe el andar con objemera, si se cree debido, como yo creo, ciones triviales o de mala fe. Es de
llevar al obrero al saber universitario sobra notorio que nuestros profesores
es porque éste se considera valioso y mejores, los que más influyen en el
deseable. El problema de universalizar proceso de las reformas universitarias,
la Universidad supon-e, en con~ecuen- piensan que nuestro Instituto debe
cia, la previa determinación de lo que emparejarse en este punto con lo que
sea ese saber y 1ese enseñanza univer- hasta hoy venían haciendo los extransitarios. Segunda, la tarea de hacer jeros. Con esto me basta.
porosa la Universidad al obrero es en
mínima parte cuestión de la UniversiLa enseñanza superior consiste,
dad y es casi totalme,nte cuestión del pues, en profesionalismo e investigaEstado. Sólo una gran reforma de éste cion. Sin afrontar ahora el tema, anohará efectiva aquélla. Fracaso de to- temos de paso nuestra sorpresa al ver
dos los intentos hasta ahora hechos, juntas y fundidas dos tareas tan discomo "extensión universitaria", etc:
pares. Porque no hay duda: ser abogado, juez, médico, boticario, profesor
Lo importante ahora es dejar bien de latín o de historia en un Instituto
subrayado que en la Universidad re- de Segunda Enseñanza, son cosas muy
ciben la enseñanza superior todos los diferentes de ser jurista, fisiólogo, bioque hoy ]a reciben. Si mañana la re- químico, filólogo, etc. Aquéllos son
ciben mayor número que hoy, tanta nombres de profesiones prácticas, ésmás fuerza tendrán los razonamientos tos son nombres de ejercicios puramente cientifícos. Por otra parte, la
que siguen.
sociedad necesita muchos médicos,
¿En qué consiste esa enseñanza su- farmacéuticos, pedagogos; pero sólo
perior ofrecida en la Universidad a necesita un número reducido de cienla legión inmensa de los jóvenes? En tíficos. Si necesitase verdaderamente
muchos de éstos sería catastrófico,
dos cosas:
porque la vocación para la ciencia es
A) La enseñanza de las profesiones especialísima e infrecuente. Sorprende, pues, que aparezcan fundidas la
intelectuales.
enseñanza profesional, que es para toB) La investigación científica y la dos, y la investigación, que es para
preparación de futuros investigadores. poquísimos. Pero quede la cuestión
quieta hasta dentro de unos minutos.
La Universidad enseña a ser médi- ¿No es la enseñanza superior más que
co, farmacéutico, abogado, juez, nota- profesionalismo e investigación? A
rio, economista, administrador públi- simp]e vista no descubrimos otra cosa.
co, profesor de ciencias y de letras en No obstante, si tomamos la lupa y escrutamos los planes de enseñanza nos
la segunda enseñanza, etc.
encontramos con que casi siempre se
Además, en la Universidad se cul- exiae al estudiante, sobre su aprendib
b .
tiva la ciencia misma, se investiga y zaje profesional y lo que tra aie en
se enseña a ello. En España esta fun- la investigación, la asistencia a un curción creadora de ciencia y promotora so de carácter general-Filosofía, Hisde científicos está alln reducida al mí- toria.
nimum, pero no por defecto de la UniNo hace falta aguzar mucho la puversidad, como tal, no por creer ella
qtie no es su misión, sino por la no- pila para reconocer en esta exigencia
toria falta de ,•ocaciones cientificas y un ultimo y triste residuo de algo más
de dotes para la investigación que es- grande e_ importante. El síntoma de
tigmatiza a nuestra .raza. Quiéro decir que algo es residuo- en biología coque si en España se hiciese en abun- mo en historia- consistente en que no

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se comprende por qué está ahí. Tal
y como aparece no sirve ya de nada,
y es preciso retroceder a otra época
de 1a evolución en que se encuentra
completo y eficiente lo que hoy es sólo un muñón y un resto. La justificación que hoy se da a aquel precepto
universitario es muy vaga: conviene
- se dice- que el estudiante reciba algo de "cultura general" .

bre nace siempre en una época. Es
decir, que es llamado a ejercitar la
vida en una altura determinada de la
evolución de los destinos humanos. El
hombre pertenece consubstancialmente a una generación, y toda generación
se instala no en oua]quier parte, sino
muy precisamente sobre la anterior.
Est~ significa que es forzoso vh•ir a
la altura de los tiempos, y muy especialmente a la a/t¡¡ra -de las ideas del

Cultura general". Lo absurdo del tiempo.
término, su filisteísmo, revela su inCultura es el sistema vital de las
sinceridad. 'Cultura", rl':,ferida al espíritu humano- y no al ganado o a ideas en cada tiempo. Importa un colos cereales- , no puede ser sino ge- mino qae esas ideas o convicciones no
neral. No se es "culto" en fisica o en .. sean, en parte ni en todo, científicas.
matemática. Eso es ser sabio en una Cultura no es ciencia. Es caracterísmateria. Al usar esa expresión de ·tico de nuestra cultura actual que gran
'·Cultura general" se declara la in ten- porción de su contenido proceda de la
ción de que el estudiante re~iba algún ciencia; pero en otras culturas no fué
conocimiento ornamental y vagamente así, ni está dicho que en la nuestra lo
educativo de su carácter o de su inte- sea siempre en la misma medida que
ligencia. Para tan vago propósito, tan- ahora.
to da una disciplina como otra, dentro
Comparada con la medieval, ]a Unide l~s que se consideran menos técnicas y más vagarosas: ¡vaya por ]a filo- versidad conte~poránea ha coniplicaso'ría, o por ]a historia, o por la socio- do enormemente la enseñanza profesional que a,quélla en germen proporlogfa !
cionaba, y ha añadido la investrgación
quitando
casi por completo la ensePero el caso es que si brincamos a
la época en que la Universidad fué ñanza o transmisión de ]a cultura.
creada- Edad Media-, vemos que el
Esto ha sido evidentemente una
rtsiduo actual es la humilde supervivencia de lo que entonces constituía, atrocidad. Funestas consecuencias de
entera y propiamente, ]a enseñanza su- ello que ahora paga Europa. El carácter catastrófico de la situación presenperior.
te europea se debe a que el inglés meLa Universidad medieval no inves- dio, el francés medio,. el alemán metiga; se ocupa muy poco de profesión, dio son incultos, no poseen el sistetodo es . . . ''cultura general"- teología, ma vital de ideas sobre el mundo y
el hombre correspondientes al tiempo.
filosofía, ' 1artes".
Ese personaje medio es el nuevo bárPero eso que hoy llaman "cultura baro, retrasado con respecto a su épogeneral" no lo el'a para la Edad Me- ca, arcaico y primitivo en comparadia; no era ornato de la mente o dis- ción con la terrible actualidad y fecha
ciplina del caráeter; era, por el con- de sus problemas. Este nuevo bárbaro
trario, el sistema de ideas sobre el es principalmente el profesional, más
mundo y la Humanidad que el hombre sabio que nunca, pero más inculto
de entonces poseía. Era, pues, el re- también-el ingeniero, el médico, · el
pertorio de convicciones que había de abogado, el científico.
dirigir efectivamente su existencia.
De esa barbarie inesperada, de ese
La vida es un caos, una selva salva- esencial y trágico anacronismo tienen
je, una confusión. El hombre se pier- la culpa sobre todo las pretenciosas
de en ella. Pero su mente reacciona Universidades del siglo XIX, las de toante esa sensación de naufragio y per- dos los p~íses, ~r si aquélla, en el fredimiento: trabaja por encontrar en la nesí de una revolución, las arrasase,
selva "vías", "caminos" ; es decir: les faltaría la última1 razón para queideas claras y firmes sobre el Uni- jarse. Si se medita bien ]a cuestión,
verso, convicciones positivas sobre lo se acaba por reconocer que su culpa
c¡uc son las cosas y el mundo. El 'con- no queda compensada con el desarrojunto, el sistema de ellas, es 1a cultura 110, en verdad prodigioso, genial, que
en el sentido verdad_ero de la palabra; ellas mismas han dado a la ciencia.
todo lo contrario, pues, que ornamen- No seamos paletos de la ciencia. La
to. Cultura es lo que salva del naufra- ciencia es el mayor portento humano;
gio vital, lo que permite al hombre vi- pero por encima de ella está la vida
Yir sin que su vida sea tragedia sin humana misma que la hace posible.
sentido o radical envileciiniento.
De aquí que un crimen contra las condiciones elementales de ésta no pueda
No podemos vivir humanamente sin ser compensado por aquélla.
idéas. De ellas depende lo que hagamos v vivir no es sino hacer esto o
El mal es tan hondo ya y tan grave
lo
Así el ,,iejisimo libro de la que difíci1mente me entenderán las geJn,d ia: "Nuestros actos siguen a nues- neraciones anteriores a la vuestra, jótros pensamientos como la rueda del venes.
carro sigue a ]a pezuña del buey". En
En el libro de un pensador chino,
tal sentido-que por si mismo no tieque
vivió por el siglo IV antes de Crisne nada de intelectualísta- somos
to,, Chuang Tse, se hace hablar a pernuestras ideas.
sonajes simbólicos, y uno de ellos, a
Gedeón, en este caso sobremanera quien llama el Dios del Mar del Norte,
profundo, haría constar que el hom- dice "¿Cómo podré hablar del mar con
11

]a rana si no ha salido de su charca?
¿Cómo podré hablar del hielo con el
p3.jaro de estío si está retenido en su
estación? ¿Cómo podré hablar con el
sabio acerca de la Vida si es prisionero de su doctrina?"

cre'a r de nuevo en la Universidad la
enseñanza de la cultura o sistema de
las ideas vivas que el tiempo posCe.
Esa es la tarea universitaria radical.
Eso tiene que ser antes y má~ que ninguna otra cosa la Universidad.

La sociedad necesita buenos proíesiona]es -jueces, médicos, ingenieros-, y por eso está ahí la Universidad con ~su enseñanza profesional. Pero necesita antes que e~o y más que
eso asegurar la capacidad en otro género de profesión: la de mandar. En
to.da sociedad manda alguien- grupo o
clase, pocos o muchos. Y por mandar
no entiendo tanto el ejercicio juridico
de una autoridad como la presión e
influjo difusos sobre el cuerpo social.
Hoy mandan en las sociedades europeas las clases burguesas, la mayoría
de cuyos individuos es profesional.
Importa, pues, mucho a aquéllas que
estos profesionales, aparte de su especial profesión, sean capaces de vivir e
influir vitalmente según la altura de
los tiempos. Por eso es ineludible

Si mañana mandan los obreros, la
cu~stión será idéntica: tendrán que
mandar desde la altura de su tiempo;
de otro modo serán suplantados.
Cuando se piensa que los paises
europeos han podido considerar admisible que se conceda un titulo profesional, que se dé de alta a un magistrado, a un médico- sin estar seguro
de &lt;1uc ese hombre tiene, por ejemplo,
una idea clara ele la concepción física
del mundo a que ha 1legado hoy la
ciencia y del carácter y límites ele esta ciencia marav.illosa con que se l1a
llegado a tal idea- , no debcmps extrallarnos de que las cosas marchen
tan mal en Europa. Porque no andemos en puntq tan grave con eufemismos. No se trata, repito, de vagos de-

,

':t

seos de una vaga cultura. La física y tóricos c1ue han traido a la Humanisu modo mental es una de las grandes dad hasta la encrucijada del hoy (toruedas· íntimas del alma humana con- do hoy es una encrucijada). Y lo mistemporitnea. En ella desembocan cua- nio de quién no tenga idea alguna pretro sigl9s de entrenamiento intelectivo, cisa sobre cómo la mente filosófica
y su doctrina está mezclada con todas enfronta al presente su ensayo perpelas demás cosas esenciales del hombre tuo de formarse un plano del Univervigente-con su idea de Dios y de ]a so o de la interpretación que la biolosociedad., de la materia y de lo que gía general da a los hechos fund~menno es materia. Puede uno ignorarla, tales de la vida 1orgánica.
,sin que esta ignorancia implique ignominia ni desdoro ni aún defecto, a saNo se _perturbe la evidencia de esto
ber: cuando se es un humilde pastor suscitando ahora la cuestión de cómo
en los puertos serranos o un labrantín puede un abogado que no tiene preadscrito a ]a gleba o un obrero ma- paración superior en matemática ennual esclavizado por la máquina. Pero tender la idea ele la actual física. Eso
el sellor que dice ser médico o magis- ya lo veremos luego. Ahora hay que
trado o general o filólogo u obisp&lt;&gt;-'-es abrirse con decencia de mente a la
decir, que pertenece a la clase direc- claridad que esa Observación irradia.
tora de la sociedad- , si ignora lo que .Quien no posea la idea física (no la
es hoy el cosmos físico para el hom- · ciencia física misma, sino la idea vibre europeo es un perfecto bárbaro, tal del mundo que ella ha creado), la
por mucho que sepa de sus leyes: o idea histórica y biológica, ese plan fide sus mejunjes, o de sus santos pa- losófico, no es un hombre culto. Como
dres. Y lo mismo diría de quien no .no esté compensado por dotes esponposeyese una iltlagen medianamente táneas excepcionales es sobremanera
ordenada de los grandes cambios his- inverosímil que un hombre :,isí puede

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dti:o.

Pág.·7

�en verdad ser un buen médico o un
buen juez o un buen técnico. Pero es
seguro que todas las demás actuaciones de su vida o cuanto en las profesionales mismas trascienda del estricto oficio, resultarán deplorables. Sus
ideas y actos políticos serán ineptos;
sus amores, empez-ando por el tipo de
mujer que preferirá, serán extemporáneos y ridículos; llevará a su vida familiar un ambiente inactual, maniático
y mísero, que envenenará para siempre a sus hijos, y en la tertulia del
café emanará pensamientos monstruosos y una torrencial chabacanería.
No .hay remedio: para andar con
acierto en la selva de la vida hay que
ser culto, hay que conocer su topografía, sus rutas o "métodos"; es decir,
hay que tener una idea del espacio y
del tiempo en que se vive, una cultura
actual. Ahora bien; esa cultura, ·o se
recibe o se inventa. El que tenga
arrestos para comprometers.e a inventarla él solo, a hacer por sí lo que
han hecho treinta siglos de Humanidad, es el único que tendría derecho
a negar la necesidad de que la Universidad se encargue ante todo de enseñar la cultura. Por desgracia, ese
único ser que podría con fundamento
oponerse a mi tesis sería... un demente.

¿ Hemos contestado con esto a nuestra pregunta sobre cuál sea la misión
de la Universidad?

De ningún modo; no hemo~ hecho
más que reunir . en un montón inorgánico todo lo que ,hoy cr.ee la Universidad que debe ocuparla y algo que, a
nuestro juicio no hace, pero es forzoso
que haga. Con esto hemos preparado
la cuestión; pero nada más.

•

.I

1

·'

Por eso, fuera de España se anuncia con gran vigor un movimiento para el cual . la enseñanza superior es
primordialmente enseñanza de la cultura o transmisión a la nueva generación_ del sistema de ideas sobre el
mundo y el hombre que llegó a madurez en la anterior.
Con esto tenemos que la enseñanza
universitaria nos aparece integrada
por estas tres funciones:
l. ·Transmisión de la cultura.

Supongamos por un momento que
en la Universidad actual no aconteciese cosa alguna merecedora de ser llamada abuso. Todo marcha como debe
marchar según lo que la Universidad
pretende ser. Pues bien: yo digo que
aun entonces la Universidad actual es
un puro y .constitucional abuso, porque es una falsedad.

Por eso decía Leonardo: Chi non
puó quel che vuol, quel che puó voglia
("El que no puede lo que quiere, que
quiera lo que puede").
Este imperativo leonardesco tiene
que ser quien dirija radicalmente toda reforma universitaria. Sólo puede
crear algo una apasionada resolución
de ser lo que estrictamente se es. No
sólo la universitaria, sino toda la vida
nueua tiene que estar hecha, con una
materia. cuyo nombre es autenticidad
(¡ oigan ustedes bien esto, jóvenes, que
si no, están perdidos, ya que empiezan a estarlo!).
Una institución en que se finge dar
· dar es una institución falsa y desmoralizada. Sin embargo, este principio
de la ficción inspira todos los planes
y la estructura ele la actual Universidad.
Por eso yo . creo que es ineludible
volver del revés toda la Universidad
o, lo que es lo mismo, reformarla radicalmente, partiendo del principio
opuesto. En vez de enseñar lo que,
según un utópico deseo, debería enseñarse, hay que enseñar sólo lo que se
puede enseñar, es decir, lo que se puede aprender.
Trataré de desarrollar las implicaciones que van en esa fórmula.
Se trata, en verdad, de un problema ·
más amplio que de la enseñanza superior. Es la cuestión capital de la
enseñanza en todos sus grados.

Jfo parece vana o, cuando más, subalterna la discusión trabada hace
unos años entre el filósofo Scheler y
el ministro Beecker, sobre si esas funciones han de ser servidas par una sola institución o por varias. Es vana
porque a la postre todas ellas se reunirían en el estudiante, todas ellas vendrían a gravitar sobre su juventud.

La cuestión es otra. Esta:
No hay, pues, más remedio que agregar a las faenas que hoy ya pretende
la Universidad cumplir esta otra inexcusable e ingente.

institución es ficticio, brota d!:! él una
omnímoda desmoralización. A la postre se produce el envilecimiento, porque no es posible acomodarse a la falsificación de sí mismos sin haber perdido el respeto a sí propio.

y exigir lo que no se puede exigir ni

Ha sido menester esperar hasta los
comienzos del siglo XX para_ que se
presenciase un espectáculo increíble:
el de la peculiarísima brutalidad y la
agresiva estupidez con que se comporta un hombre cuando sabe mucho de
una cosa e ignora de raíz todas las
demás. El profcsi'onalismo y el especialismo, al no ser debidamente compensados, han roto en pedazos al hombre europeo, que por lo mismo está
ausente de todos los puntos donde pretende y necesita estar. En el ingeniero está la ingeniería, que es sólo un
trozo y una dimensión del hombre
europeo; pero éste, que es un integrum,
no se halla en su fragmento "ingeniero". Y así en todos los demás casos.
Cuando, creyendo usar tan sólo una
manera de decir barroca y exagerada,
se asegura que "Europa está hecha pedazos", se está diciendo mayor verdad que se presume. En efecto: el desmoroJ1amiento de nuestra Europa, visible hoy, es el resultado de la invisible fragmentación que progresivamente ha padecido el hombre europeo. ·
La gran tarea inmediata tiene algo
de rompecabezas, sea dicho sin alusión
contundente. Hay que reconstruir con
los pedazos dispefsos-disiecta membra- la unidad vital del hombre europeo. Es preciso lograr que cada individuo o-evitando utopjsmos- muchos individuos lleguen a ser, cada
uno por sí, entero ese l10mbre. ¿Quién
puede hacer esto sino la Universidad?

probable que no hubiese instituciones
ni pedagógicas ni de Poder público.
Es, pues, forzoso referir toda institución al hombre de dotes medias; para
él está hecha y él tiene que ser su unidad de medida.

Aun reducida la enseñanza, como
hasta aquí, el profesionalismo y la 'investigación, forma una masa fabulosa
de estudios. Es imposible que el buen
estudiante medio consiga ni remotamente aprender de .verdad lo que la
Universidad pretende enseñarle. Ahora
bien: las instituciones existen -son
necesarias y tienen sentido- porque
el hombre medio existe. Si sólo hubiese criaturas de excepción, es muy

¿Cuál fué el gran paso dado en la
historia entera de la Pedagogía? Sin
duda aquel viraje genial inspirado por
Rousseau, Pestalozzi, Frobel y el idealismo alemán, que consistió en radicalizar. algo perogrullesco. Eri la enseñanza -Y más en general en la educación- hay tres términos: lo que habría que enseñar- o el saber-, el que
enseña o maestro y el que aprende o
discípulo. Pues bien: con inconcebible obcecación, la enseñanza partía
del saber y del maestro. El discípulo,
De tal modo es imposible que el es- el aprendiz, no era principio de la Petudiante medio aprenda en efecto y de dagogía. La innovación de Rousseau
verdad lo que se pretende enseñarle, y sus sucesores fué simplemente trasque se ha hecho constitutivo de la vi- ladar el fundamento de la ciencia peda universitaria aceptar ese fracaso. dagógica del saber y del maestro al
Es decir, la norma efectiva consiste discípulo y reconocer que son éste y
hoy en dar por anticipado como irreal sus condiciones peculiares lo único
lo que la Universidad pretende ser. Se que puede guiarnos para construir un
acepta, pues, la falsedad de la propia organismo con la enseñanza. La activivida institucional. Se hace ~e su mis- dad científica, el saber, tiene su orgama falsificación la esencia de la ins- nización propia, distinta de esta otra
titución. Esta es la raiz de todos los actividad en que se pretende enseñar
males - como lo es siempre en la vi- el saber. El principio de la Pedagogía
da, sea individual o sea colectiva. El es muy diferente del principio de la
pecado original radica en eso: no ser cultura y de la ciencia.
auténticamente lo que es. Podemos
pretender ser cuanto queremos; pero
Pero hay que dar un paso más. En
no es licito fingir que somos lo que vez de perderse desde luego en estuno somos, consentir en estafarnos a diar minuciosamente la condición del
nosotros mismos,. habituarnos a la discípulo como niño, jóven, etc., es
mentira substancial. Cuando el régi- preciso circunscribir, por lo pronto,
men normal de un hombre o de una el tema y considerar al niño, al joven,
desde un punto de vista más modesto,
pero más preciso, a saber: como discípulo, como aprendiz. Entonces se
cae en la cuenta de que a su vez no
es el niño como niño, ni el joven porque joven, lo que nos obliga a ejercitar un¡¡. actividad especial que llamamos "enseñanza", sino algo sobremanera formal y símple.

II. Enseñanza de las profesiones.
III. Iiivcstigación científica y educación de nuevos hombres de
ciencia.

Pág. 8

Verán ustedes ....

1930.

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                <text>Armas y Letras, Boletín mensual de la Universidad de Nuevo León, 1955, Año 7, No 11, Noviembre </text>
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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>VII No. 12 Dic. de 1955

D. A. S. U.

BOLETIN MENSUAL
DE LA UNIVERSIDAD
DE NUEVO LEON

••

H·□ -L IJ ERLI N Y LA
ESENCIA IJE LA POESIA+
I

Martín Heidegger.

Traducción de Juan David García Bacca
NOTA
1 ) El trabajo Holderlin y la Esencia de la Poesía ( Holderlin
und dos Wesen der Dichtung) fué leído por ves primera en
Ramo, 2 de Abril de 1936, por su autor; publicado en lo Revisto "Dos innere Reich" el mismo año 1936. En edición apar-

te apareció en 1937. En 1944 Heidegger reunió este trabajo
con otro: "Andenken on den Dichter'', bojo el título general
"Erlouterungen xur Holderlins Dichtung".
Según esto último edición he revisado lo traducción publicado en 1944 en México, y agotado hoce años.
2) Las citos de Holderlin están tomados por Heidegger
de lo edición de los obras del poeta comenxodo por Norbert
van Hellingroth.
El traductor: J. D. G. B.

Desde que somos Palabra-en-diálogo
Y podemos los unos oírnos a los
· otros". (IV, 343).

4. "Ponen los Poetas el fundamento de
lo permanente" (IV, 63).

Holderlin.
1. Hacer poesía: "Esta tarea, de entre

todas la más inocente". (III, 377).

2. "Para este fin se dió al Hombre el
más peligroso de los bienes: la Palabra; así dará testimonio de lo que
él es". (IV, 246).

3. "Ha experimentado el hombre muchas cosas;
A muchos celestiales ha dado ya _su
nombre;

* (Tomado de Revista Nacional de
Cultura, No. 109, Marzo-Abril de
1955. Caracas, Venezuela).

mos en entender lo que ha de con~
densarse en un concepto general, que
haya de valer por igual para toda poesía. Empero tal concepto general, válido por igual para todo lo especial,
es lo indiferente, aquella esencia que
nunca puede llegar a ser esencial.
Nosotros buscamos, por el contrario, lo esencial de aquella esencia que
nos fuere a la decisión de tomar en
serio la Poesía, y de afincarnos en sus
dominios. No se ha elegido a Holderlin porque en su obra se realice, como en una entre tantas, la esencia general de Poesía, sino única y exclusivamente porque la poesía de Holderlin mantiene constante la determinación poética de poetizar s.obre la
esencia de la Poesía. Holderlin es,
pues, para nosotros y en excepcional
sentido, el poeta de la Poesía. Y esto
es lo decisivo.
Mas hacer poesía sobre el poeta, ¿ no
será indicio de manía narcisista y confesión a la vez de falta de plenitud?
Poetizar sobre el Poeta, ¿no será irreflexiva exageración, decadencia, final?
Lo siguiente dará la respuesta. Empero el camino por el que llegaremos a
la respuesta, más que camino es atajo
y escapatoria. Que no podemos aquí,
como fuera sin duda debido, exponer
por sus pasos contados y medidos cada
una de las obras poéticas de Holderlin.
En su lugar meditaremos tan sólo sobre cinco sentencias-guia del poeta
acerca de la Poesía. El orden determinado en que se han dispuesto,
y su conexión interna, pondrán ante
nuestros ojos la esencia esencial de
la Poesía.

5. "Lleno está de méritos el Hombre;
mas no por ellos sino por la Poesía hace de esta tierra su morada".
(IV, 25).
¿Por qué, al proponernos mostrar la
esencia de la Poesía, hemos elegido la
obra de Holderlin? ¿Por qué no a Homero o a Sófocles, por qué no a Virgilio o Dante, por qué no a Shakespeare o a Gothe? Que en las obras de estos· poetas se realizan, en su realidad
de verdad, la esencia de la Poesía, y
aun con mayor riqueza que en la de
Holderlin, tan prematura, tan bruscamente interrumpida.
Pudiera ser. Sin embargo, entre todos ellos, Holderlin es el elegido. ¿Será, con todo, posible sacar de la obra
de un solo poeta la esencia universal
de la Poesía, dado que lo universal,
I
- lo omnivaledero-, no podemos alcanzarlo sino mediante consideracioEn una carta a su madre, de Enero
nes comparativas que requieren a su de 1779, llama Holderlin al hacer poevez tener delante el mayor número po- sía: "esta tarea, de entre todas la más
sible, y el más variado, de obras y gé- inocente" (III, 377).
neros poéticos? Desde este punto de
¿ Cómo y hasta qué punto es la más
vista la obra de Holderlin no pasa de inocente de las tareas? El hacer poeser una entre muchas otras, y en ma- sía comienza por aparecer con la disnera alguna puede servir ella sola de creta figura de juego. .Inventa sin tranorma para una determinación de la bas su mundo de imágenes, y en ese
esencia de la Poesía. Así que nuestro reino de lo imaginado e imaginario se
plan va descaminado desde sus co- queda absorta. Este juego, por ser tal,
mienzos. Y por cierto que así continua- evade la seriedad de las decisiones que
rá si por esencia de la Poesía persistí- de una u otra manera nos hacen cul-

Martín Heidegger.

pables. Hacer poesía es, pues, algo enteramente inofensivo. Y a la vez ineficaz, porque todo se va en decir y hablar; cosas que nada tienen de acción
que aprese sin intermediarios lo real
y lo transforme. Es la poesía algo así
como ensueño, mas no realidad; un
juego de palabras, sin la seriedad de
la acción.
'
Hacer poesía es algo inofensivo e
ineficaz.
¿Hay algo menos peligroso que la
simple palabra? Pero con tomar la
poesía por la "más inocente de las ta•
reas" poco hemos conseguido para
comprender su esencia. Y no obstan•
te, todo ello nos señala dónde hay que
buscarla. La poesía crea sus obras en
el dominio de la Palabra y con "material" de palabras. Y ¿qué es lo que
acerca de la Palabra dice Holderlin?
Oigamos su segunda sentencia.

11
En un esbozo fragmentario, aproximadamente c~l mismo tiempo, 1800,
que el pasaje citado de la carta dice
el poeta:
"En chozas mora el hombre, en vergonzantes vestidos se oculta, que cuanto el hombre es más hombre interior
tanto más solícito anda de guardar el
espíritu, cual la sacerdotisa la llama
divina. Y en esto consiste su inteligencia. Y por esto tiene albedrío y se
le ha dado a él, el semejante a los dioses, poder superior para ordenar y ejecutar, y por eso también se le dió al
Hombre el más peligroso de los bienes, la Palabra, para que creando y
destruyendo, haciendo perecer y de•
volviendo las cosas a la sempiterna viviente, a la Madre y Maestra, dé testimonio de lo que él es: de que de Ella
ha aprendido lo que Ella posee de más
divino : El Amor que al Todo conserva". (IV, 246).

�La Palabra, el éampo de "la. más inocente de las faenas" es "el más peligroso de los bienes"? ¿Cómo compaginar las dos cosas?. Pospongamos esta cuestión por un momento y propongámonos estas otras tres: 1. ¿De quién
es este bien de la Palabra? 2. ¿ Cómo
y hasta qué punto es el más peligroso
de los bienes? 3. En qué sentido es un
bien? Consideremos, ante todo, en qué
lugar se halla esta sentencia acerca
de la Palabra: en ei proyecto para una
poesía que habrá de decir quién es el
hombre, en contraposición con los demás seres de la naturaleza; y entre
ellos se nombra la rosa, los cisnes, el
ciervo en el bosque (IV, 300 y 385).
Y, una vez separados y contrapuestos
planta y animal, comienza el fragmento citado por semejante manera:
"En ·chozas mora el hombre .... "
Pues, "¿"quién es· el hombre? Un ser
que ha de dar testimonio de Jo que es.
Testimoniar significa, por una parte,
declarar; y por otra, mantenerse en
las declaraciones. El Hombre es el
que es, precisamente al dar y por dar
testimonio de su propia realidad de
verdad (Dasein). Y este testimonio no
resulta apéndice o glosa marginal del
ser del hombre, sino que constituye su
íntegra y propia realidad de Hombre.
Pero ¿qué es Jo que debe testimoniar
el hombre? Su pertenencia a la Tierra. Y consiste tal pertenencia en que
el Hombre es el heredero de todas las
cosas, y el aprendiz de todas. Mas las
cosas se mantienen en Combate; y lo
que en el combate las mantiene separadas, y a la vez, y a la una, unidas,
llama Holderlin 'internación". Y el
testimonio de que se pertenece a esta
internación se da y acaece por crear
un internado o mun(Jo, sea por hacerlo
surgir, bien por destruirlo o hundirlo
en ocaso. Tanto el testimonio que de
sí da el hombre, como la autenticidad
de su plenaria realización, acontecimientos históricos son que de la libertad de la decisión provienen. La decisión se apodera de la necesidad, y la
trueca en ligadura hacia una exigencia
suprema. El textificar el hombre su
pertenencia al ente en conjunto constituye el advenimiento mismo de la
histOria. Y para que la Historia resulte posible, se Je ha dado al hombre
la Palabra. Y así es la Palabra un
bien del Hombre.
Empero ¿ en qué sentido y hasta qué
punto es la paiábra "el más peligroso
de los bienes"? -La Palabra es el peligro de los ·peligros porque, ella precisamente, comienza por crear la posibilidad misma de peligro, Peligro es
amenaza que al Ser hacen los entes.
Ahora bien: en virtud de la Palabra
comienza el hombre por quedar expuesto y puesto en campo abierto: al
ente que Jo asedie en su realidad de
:verdad (Dasein), al no ente que Jo engañe y desilusione. Y es la Palabra la
que comienza por crear ese campo
abierto a amenazas coptra el ser, y a
yerros contra el ser, haciendo así posible la pérdida del Ser, esto es : el
Peligro. Empero la Palabra no es tan
sólo el peligro de los pelibros, sino
que aun alberga en sí misma y contra
si misma y por necesidad un creciente y perdurable peligro, La faena pro.pia de la Palabra, por ser tal, consiste
en há'éer patente, de obra, al ente en
cuanto tal, y guardarlo en su verdad.
En la Palabra puede ser dicho Jo más
puro y Jo más oculto, al igual que Jo
confuso y Jo vulgar. Más aún: para:
que. un dicho esencial llegue a ser
comprendido y pase a ser propiedad
común es menester que se haga común.
Según esto se dice en otro fragmento
de Holderlin :
"Os pusísteís a palabras con la dívínidad, mas habéis olvidado precisamente que las primicias no pertenecen
a los mortales, que son peculio de los
dioses . Tiene que haberse hecho más
común el fruto, haber llegado a ser co-

sa de todos los días, para que pueda
ser pertenenencia de los mortales"
(IV, 238).
Lo puro y lo común lleg~n a ser,
por igual, dicl¡os. Lo dicho en cuanto
no ofrece jamás garantia alguna de resultar o dicho esencial o añagaza. Por
el contrario: un dicho esencial ofrece
frecuentemente en su simplicidad las
apariencias de inesencial. Y otras ve-

de haya Palabra habrá Mundo, esto
es: un ámbito, con radio variable, de
decisiones y realizaciones, de actos y
responsabilidad, y aun d&lt;&gt; arbitrariedades, alborotos, caídas y extravíos.
Solamente donde haya mundo, habrá
historia. La palabra es un bien, en el
sentido de primogénito de los bienes:
lo cual significa que la Palabra responde por, que asegura que el hombre

Hagamos, ante ' todo, resalt~r en e·s•
tos versos lo que nos encamiñe hacia
el punto de que veníamos hablando:
"Desde que sOmos di*logo ... " Nosotros
los hombres somos palabra- en-diálogo. El Ser del hombre se funda en
la Palabra; mas la Palabra viene al
ser como diálogo. Y este su modo de
venir al ser no es uno de tantos; sólo
en cuanto diálogo la Palabra es esencial al hombr.e. Por Jo demás, lo que
solemos entender por Palabra, a saber: un conjunto fijo de vocablos y
de reglas para unirlos, es tan sólo el
primer plano de la palabra. ¿Qué
significa entonces diálogo? - Eviden-dentemente hablar unos con otros
acerca de algo. La palabra hace en
tal caso de medio para encontrarnos.
Empero Holderlin dice: "Desde que
somos diálogo, y podemos los unos
oir de los otros". El poder oir no es,
primariamente, una secuela de hablar
entre si unos con otros, sino más bien
lo contrario: esto hace de presupuesto Para aquello. Sólo que, a su vez, el
poder oir está en si mismo erigido sobre la posibilidad de la Palabra, y
necesita de ella. Poder hablar y poder
oir son, ambos, equioriginarios.
Somos diálÜgo, y esto quiere decir:
podemos los unos oir de los otros. Somos diálogo, y esto viene a sigificar
además: somos siempre un diálogo. La
unidad del diálogo consiste, por otra
parte, en que en la Palabra esencial
se hace patente y Jo Uno y Jo Mismo
en que nos unificamos, sobre lo que
fundamos la unanimidad, lo que nos
hace propiamente uno mismo. El diálogo y su unidad soporta nuestra realidad de verdad (Dasein).
Empero Holderlin no dice simplemente que somos diálogo, sino "desde
que somos diálogo .... " No porque se
dé en el hombre la facultad de hablar
ni aun porque se la ejercite, sobrevendrá sin más ese acontecimiento histórico e~encial, que pasa a la Palabra:
hacerse diálogo. ¿Desde cuándo somos
diálogo? Si ha de haber diálogo, es
preciso .que la palabra esencial mantenga continuada referencia a lo uno
y a. lo mismo. Sin esta referencia resulta imposible hasta una contienda
verbal. Empero lo uno y lo mismo
sólo puede hacerse patente a la luz
de algo permanente y consistente. Consistencia y permanencia, por su parte,
únicamente aparecen cuando despuntan constancia y presencia, lo cual no
acontece sino en ese golpe de vista en
que el tiempo se extiende, abre y se
&lt;!a tiempo. Desde. el punto en que el
hombre se pone en presencia de algo
permanente, puede ya comenzar a expueda tener historia y ser histórico. ponerse a lo tornadizo, a lo venidero,
No es la Palabra uno de esos instru- a lo pasajero, que tan sólo es mudamentos que están siempre al alcance ble lo constante. Y resde ese mismo
de la mano; la Palabra es todo un y primer punto en que el "Tiempo
acontecimiento histórico: el qlle dis- desgarrador" se desgarró asimismo en
pone de la suprema posibilidad de que presente, pretérito y porvenir, se da
en firme la posibilidad de unificarse
el hombre sea el que es.
Y es preciso que hayamos apresa- sobre lo permanente. Somos un diá..
do esta esencia de la Palabra, para Jogo desde el tiémpo en que "El tiemaprehender el campo de acción de la po es.". Desde que surgió el Tiempo,
poesía, y con ello a la poesia misma y se lo detuvo, somos nosotros, desde
en su realidad de verdad. ¿ Cómo vie- ese momento, históricos. Y ambas co..
ne al ser la Palabra? Para dar con la sas: ser un diálogo y ser históricos,
respuesta a esta pregunta meditemos son igualmente alltiguas, pertenecías
. la una de la otra, ·una y la misma.
una tercera sentencia de HOlderlin.
Desde que somos diálogo, larga es
la experiencia del hombre, y ha dado
III
nombre a muchos de ·1os dioses. DesLa hallamos dentro de un esbozo, de que a la Palabra Je aconteció ese
grandioso y complicado, para un poe- fasto de ser diálogq vienen a vocablos
ma no concluido, que comienza: "Re- los dioses y aparece Mundo. Es cuesconciliador, en quien nadie creyó ...... " tión una vez más de advertir, con to(IV, 162 y 339 sg.) :
do, que la presencia de los dioses y
" Muchas cosas ha experimentado la aparición de Mundo no comienzan
el Hombre , por ser una secuela de ese acontecimiento histórico que es la Palabra, sia muchos celestíales ha dado ya
nombre, no que son con ella contemporáneos.

'

\

ces Jo que por acicalado da la impresión de esencial no pasa de ser ripio
y repetición de cosas redichas. Y así
tiene la Palabra que ponerse una de
esas apariencias que ella de si misma
crea, poniendo con ello en peligro lo
que le es más propio: el genuino- decir.
¿En qué sentido, pues, cosa tan superlativamente peligrosa puede ser un
"bien" para el Hombre? -La Palabra
es posesión suya. Dispone de ella para
departir y compartir experiencias,
decisiones y sentimientos. La palabra
sirve para entenderse. Y por ser instrumento eficaz para ello, la Palabra
es un "biell". Sólo que la esencia de
la Palabra no agota su virtud en eso
de ser medio para entenderse. Al definirla asi, no damos con su esencia,
indicamos nada más una secuela d~
su esencia. La Palabra no és tan sólo un instrumento que, entre muchos
otros y cual uno de ellos, posea el
Hombre; la Palabra proporciona al
Hombre la primera y capital garantía
de poder mantenerse firme ante el público de los entes. Unicamente don-

desde que somos palabra en
diálogo
y podemos los unos oir a los
otros". (V, 343).

Y lo son tánto que palabra-en-diálogo, que somos nosotros mismos, consiste justamente en dar nombre a los
dioses y en que el mundo se haga vocablo: palabra de nuestra boca.
Ahora bien: Los diofes pueden ha- cerse solamente vocablos o palabras
de nuestra boca si ellos mismos de
por si, nos dirigen la palabra y por
ella nos interpelan. Y el vocablo que
da nombre a los dioses es siempre respuesta a tales interpelaciones. Esta
respuesta proviene, en cada c~so, de
haber hecho de destino responsabilidad. Cuando los dioses ponen a nuestra realidad de verdad (Dasein) en
trance de palabra entramos de golpe
en ese imperio donde se decide si nos
daremos, dando nuestra palabra, a los
dioses, o si nos negaremos y renegaremos de ellos.
Y ahora podemos medir en todo su
alcance lo que significa: "desde que
somos diálogo ..... ". Desde que los dioses nos ponen en trance de hablar,
desde este tiempo hay tiempo para
hablar, y desae ese punto el fondo
mismo de nuestra realidad de verdad
es diálogo. Con todo Jo cual la afirmación de que la Palabra es fasto fundamental de nuestra realidad de verdad queda plenamente explicada y
fundamentada. Pero inmediatamente
surge la cuestión: ¿ cómo se inicia ese
diálogo que somos nosotros? ¿ Quién
hace eso de dar nombre a los dioses?
¿ Quién apresará en el tiempo viandante algo permanente, y Jo hará detenerse en un vocablo, en una palabra
de nuestro boca? Holderlin nos lo dice
con la segura sencillez de los poetas.
Oigamos lma cuarta sentencia:

sas no pueden calcularse ni deducirse
de Jo que simplemente esté ahí, a la
mano, Ser y Esencia habrán de ser libremente creados, puestos y regalados.
A esa acción de libérrimo regalo se
llama fundación .
Mientras se esté dando a los dioses
sus primigenios npmbres, y la esencia
de las cosas se esté haciendo palabra
de nuestra boca, - para que de este
modo comiencen las cosas a dar resplandor de sí-, hácese la realidad de
verdad del hombre, por tal fasto, con
recia urdimbre de relaciones, y establécese sobre fundamento. La palabra
de poeta es fundación, no tan sólo en
el sentido de donadón libérrima, sino
a la vez en el de firme fundamentación de nuestra realidad de verdad
sobre su fundamento.
Si llegaramos a comprender esta
esencia de la Poesia, --que es la Poesía fundación del Ser por la palabra
de nuestra boca-, podriamos presentir algo de la verdad de aquella otra
palabra que de la boca de Holderlin
salió después, mucho déspués, de arre:
balado por la locura, y acogido por
ella en las sombras de la noche mental.

El Poeta está expuesto a los rayos
Por fin que nuestra realidad de verdad sea, en su fondo, poética, no pue- de Dios. De esto nos habla aquel poede significar que sea propia y exclu- ma que es preciso reconocer como la
sivamente juego inofensivo. Mas ¿no más pura poesía de la esehcia de la
ha llamado Holderlin, ya en la prime- Poesía, y cuyo comienzo es:
ra sentencia, ·a lo poesia "esta tarea, ·
entre todas la más inocente?" ¿Cómo
"Como en días de fiesta, para ver
armonizarlo con la explicación que de
el campo
la esencia de la poesia acabamos de
sale el labrador bien temprano ..."
dar? Con esto volvemos a aquella
(V, 151 sg.).
cuestión que, por unos momentos, dejamos de lado. Y al contestarla ahora,
Y en la última estrofa se dice:
intentaremos a la vez presentar ante
los ojos del alma, y por modo de resu"Derecho es nuestro, de los poetas,
men, la esencia de la poesía Y del
de vosotros los poetas,
poeta.
Bajo las tormentas de Dios afinPrimer resultado fué: Que el campo
carnos, desnuda la cabeza;
de acción de la poesía es la Palabra.
para asi con nuestras manos , con
Por tanto la esencia de la Poesía ha
nuestras propias manos
1
de comprenderse mediante la esencia
robar al Padre su.s rayos ;
de la Palabra. En segundo Jugar: Quero.bárnoslo a El mismo;
dó en claro que Poesía es dar nomy envuelto en cantos,
bres, fundadores del Ser y de la esenentregarlo al Pueblo cual celeste
cia de las cosas, y no un decir cualregal&lt;/'.
quíera, sino precisamente aquel que
por primigenia ma-nera saque ~ luz
Y un año después, cuando HO,lderlin,
pública todo aquello de lo que destocado ya de la locura, vuelve a la capués, en el lenguaje diario, hablaremos
sa materna, escribe al mismo amigo,
nosotros con redichas y manoseadas
recordando su estancia en Francia:
palabras. De aquí que la Poesía no
"El poderoso entre los elementos, el
tome jamás la Palabra cual si fueraV
Fuego del Cielo, la tranquilidad de los
material que está ·ahí para que se lo
hombres, su vida enmedio de la NatuHállase esta quinta sentencia-guía en trabaje; es, por el contrario, la Poesía raleza, su limitación y fácil contenta· aquel grandioso y descomunal poema misffia la que, por si misma, hace ha- miento, me han sorprendido siempre;
cedera la palabra.
que comienza";
y, como se dice de los héroes, puedo
Poesía es palabra primogénita ,de un
yo decir muy bien que soy un herido
Pueblo. Invirtiendo, pues, la conseEn suaue azul florece
de Apolo" (V, 327). El exceso de clasobre metálico techo la torre de la cuencia la esencia de la Palabr~ ha
ridad
arrojó al poeta en las tinieblas.
Iglesia" (VI, 4). de ser comprendida mediante la,.esen¿Harán, pues, falta más testimonios
cia de la Poesía.
El fundamento de" nuestra realidad aún de la extremada peligrosidad de
Y aquí es donde dice Holderlin:
de verdad es el diálogo, por ser éste su "faena"? Este final, tan suyo, Y
tan propio de poeta, Jo dice todo. Pre"Lleno está de méritos el Hombre; el acontecimiento histórico por el que
sagios
de esto resuenan en aquella esma~ no por ellos, por la Poesía, viene al ser la Palabra. Mas la palatrofa
del
Empédocles de Holderlin:
IV
ha hecho de esta Tierra su mora- bra primogénita es la Poesía, por ser
"
...
ha
de
saber
partir a tiempo quien
fundación del Ser. Ahora bien: la Pada" (V. 32 sg).
haya
sido
boca
del
Espíritu" (III, 154).
Esta sentencia hace de final del poelabra es "el más peligroso de los bieY
no
obstante,
la
poesía
es "de entre
ma: "En memoria"; y dice asi: "Los
Las obras del HQmbre, las empresas nes''. Luego la Poesía eS la más pelitodas
la
máS
inocente
tarea".
Asi lo
poetas echan los fundamentos de lo
del hombre, conquistas son y méritos grosa de las obras, y a la vez l"la más escribe Holderlin en su carta, no sólo
permanente" (IV. 63). Con esta sende sus esfuerzos. "Y ·con todo", dice inocente de las faenas". Que, en efectencia se hará luz en la cuestión so- Holderlin en duro contraste, todo ello to, sólo si conseguimos pensar en uno para no herir a su madre, sino porque
bre la esencia de la Poesia. Poesía es no atañe a la esencia de ese su morar estas dos determinaciones llegaremos sabia que este inofensivo aspecto exfundación por vocablos y sobre voca- en la Tierra; todo ello no llega al fun- a apresar en concepto la íntegra esen- terior pertenece en propiedad a la
blos. Y ¿qué es lo fundado? -Lo per- damento de nuestra realidad de ver- cia de la Poesía. Pero ¿ es en realidad esencia de la poesia, como el valle al
manente. Pero ¿es que lo permanente dad. Que la realidad de verdad del de verdad la Poesía la más peligrosa monte. Por·que ¿ cómo habria manera
puede. ser fundado? ¿Qué no es Jo per- hombre es, en su fondo, poética. Por de las obras? En la carta dirigida a de poner por obra esta de entre todas
mánente lo desde siempre presente? poesía estamos ahora, con todo, en- un amigo suyo, inmediatamente antes la más peligrosa, y cómo preservarla,
-No. Lo permanente es, justamente, tendiendo ese nombrar: fundador de de su partida última para Francia, es- si el poeta no estuviese "expulsado"
lo que tiene que ser detenido contra Dioses y funda(jor también de la esen- cribe HOlderlin: "Oh amigo, más ra- (Empédocles, III, 191) de Jo común de
la arrebatada corriente, y hay que li- cia de las cosas. · "Morar poética~en- diante que nunca veo el Mundo ante cada día, y defendido contra lo común
berar de la confusión Jo simple, y hay te" significa, por oti-a parte, plantarse mi, y más grave · que nunca también. por lo aparentemente inofensivo de su
qiie enfrentar a Jo desmedido la me- en presencia de los dioses Y hacer de Pero me gusta como va; y me gusta, faena?.
La poesía es, por su aspecto, un juedida. Hay que sacar a pública paten- pararrayos a la esencial inminencia como cuando en verano:
.
go.
Y con todo no lo es. Reúne, cier•
cia precisamente aQ1.J.ello que sostiene de· las cosas. "PoCtica" es, en su fon"el viejo y sagrado Padre, con soy rige al ente en conjunto. Hay que do, nuestra realidad de verdad; Jo cual segada mano, agita y lanza desde las tamente, a los hombres, como el juego;
poner al descubierto el Ser, para que viene a decir: que esté fundada y fun- enrojecidas nubes rayos de bendición. mas los reúne de manera que precisa·
en él aparezcan los entes. Pues bien: damentada, no es mérito suyo; es un Porque entre todas las cosas que yo mente en él cada uno se olvide de sí
precisamente lo permanente es Jo hui- don.
alcanzo a ver en Dios, es esta señal la mismo. En la Poesia, por el contrario,
se recoge el Hombre al fundamento y
dizo.
No es la Poesía simple y adventi- para mi predilecta. · En otros tiempos
fondo de su realidad de verdad, y en
cio adorno de la realidad de verdad suspiré por una nueva verdad, por una
" Tan precipitadamente pasajero (Dasein), ni transitoria exaltación es- visión mejor de Jo que sobre nosotros él llega a aquietarse. Y no llega por
es todo lo celestial; sólo que no piritual, entusiasmo o entretenimiento. y en torno nuestro está. Ahora braceo cierto a ese aparente quietismo de la
pasa • en vano". (IV, 163 sg) . Y far Poesía es el fundamento y soporte para que no me pase al final Jo que inactividad y vaciedad mental, sino a
hacer ·que lo celestial permanezca de la historia, no µna simple manifes- al viejo Tántalo: que recibió de los aquella quietud sin limites en que la
"cosa es confiada a los que en tación cultural, menos aún "expre- Dioses más de lo que podía digerir". vivacidad es el estado de todas las relaciones y fuerzas. (Véase la carta a su
poesía trabajan, confiada a sus sión" del "alina· de una cultura".
(V, 321).
hermano, del 1-I-1799; III, 368 sg.).
cuidados, confiada a sus serviLa poesía es despertador de las apacios" (IV. 145).
riencias de irrealidad y de ensueño,
frente a esa realidad apres able y ruiEl poeta da nombre a los dioses, y
dosa en la que creemos estar cual en
lo da a todas las cosas, . y los nombra
casa propia. Y es, con todo, al revés:
en Jo que ellos son. Este nombrar no
que Jo que el poeta dice, y Jo que soconsiste en proveer a. algo, ya de anbre su palabra toma por ser, eso es lo
temano conocido, ni más ni menos que
real. Así lo reconoce Pantea, con su
con un nombre, sino en que, al decir
clarividencia de amiga (Empédocles,
el poeta en palabras el vocablo esen- .
III, 78) ;
cial, mediante tal nombramiento se
nombra, por vez primera, al ente para
" ... ser cada uno uno mismo:
Jo que es, y de este modo se lo recoeso es la vida; que nosotros, los
noce como ente.
otros,
Poesía es, pues , fundación del ser
somos
ensueños
de
Mismo".
por la palabra de la b.oca. Jamás se
saca, según esto, de lo pasajero lo perPor su ápariencia exterior parece,
manente, ni se puede e:Xh:aer sin más
pues, oscilar la esencia de la Poesía.
de Jo complicado Jo simple, ni de los
Está, con todo, bien firme; puesto que,
desmesurados la medida. Que jamás
en "realidad y de suyo, es la poesia,
se halla fondo en lo profundo. Que
por su esencia misma, fundación, esnunca jamás será el Ser un ente. Mas
to
es: fundamentación en firme. Cier·porque el Ser y la esrncia de las co-

Pág. 3

Pág. 2
•

�to que toda fundación es donación Ji.
bre; y Hiilderlin ha oído que se le de-

ímpetu, se adentra por el pensamiento

nas" (IV, 168) . Empero esta libertad

poético hasta el fundamento y el centro del ser? De Holder/in mismo valen
aquelllls palabras que en aquel poste'.

no es arbitrariedad sin riendas y deseo

rior poema: "En suave azul florece ... ",

con caprichos, sino suprema necesidad.

dijo de Edipo:

cía: "Poetas, sed libres cual golondri-

La poesía, en cuanto fundación del

Ser, se halla doblemente atada. Y no
perdiendo de vista esta su ley, la l!lás

íntima de las suyas, apresaremos por
~in e íntegramente su esencia.

Hacer ·poesía es de suyo hacer entrega de nombres a los di~ses. Mas por
otra parte el vocabulario poético no
llega a poseer su fuerza denominativa

si los Dioses mismos no nos ponen en
trance de palabra. ¿ Cómo ,hablan los
Dioses?.

"... por signos; que desde antiguo tal
es la palabra de los Dieses" (IV, 135).
El decir del Poeta es un sorprender
tstos signos, para significarlos, amplificándolos, a su Pueblo. Y este sorprender tales signos es recibirlos, y a
la vez darlos de nuevo, porque el poeta
columbra ya en uel primer signo" lo
Poslrimero; y audazmente pone en palabras lo visto, para predecir lo que
aún no se ha cumplido. Así:

" ... al encuentro de las tormentas .
vuela audaz, cual águila, el

Esj;iritu,
prediciendo el destino a sus dioses venideros!'.
(IV, 135).
La fundación del Ser está vinculada
a 1os signos de los Dioses. Y a la vez
el vocabulario poético es tan sólo la
explanación de la "voz del pu"eblo",

que este nombre da Holderlin a las
leyendas por las que un Pueblo está
haciendo memoria de su pertenencia
al ente en conjunto. Mas con frecuen-cia enmudece esta voz, y extenuada en
si misma calla; y, sobre todo, no puede

de por si sola babla.r con propiedad,
que para esto necesita de intérpretes
de su voz. Dos redacciones se nos han

conservado del poema que lleva por titulo "Voz del Pueblo". Ante todo las
estrofas finales son diferentes, aunque

complementarias. En 'la primera redacción el final dice así: "por, estó,
porque espiadosa , y por amor a los
Celestes, venero yo la voz del Pueblo,
voz quieta; mas, por los dioses y por
los hombres, que no se compla;a demasiado en la quietud sempiterna"
(IV, 141).
Júntese la segunda redacción: "y sin

duda, buenas son las leyendas; pues
son memorial del Altísimo; con todo
hace falta Uno que interprete las sagradas" (IV, 144).
Y así está la esencia de la Poesía
urdida con las interconvergentes e in-

terdivergentes leyes de los' signos de
los dioses y de la voz del pueblo. El
poeta mismo se tiene entre aquéllos,

los Dioses, y éste, el Pueblo. Y es un
proscrito, adscrito a este "ente": entre

los Dioses por un extremo, y los 'hombres por oÍro. Empero sólo y primariamente en este "ente" se decide
quién es el Hombre y dode afincará ,
su realidad d.e verdad. "Poéticamente

es como el hombre hace de esta tierra
su morada".
Sin interrupción con siempre mayor
seguridad, con sencillez siempre cre-

ciente, ha seleccionado Hiilderlin de la
plenitud invasora de imágenes, el vo-

cabulario poético propio de este dominio intermedio. Y esto es lo que nos

obliga a decir de él que es el poeta del
Poeta. ¿Insistiremos, pues, todavía en

pens~r que, por falta de plenitud, se
haya enredado Hiilderlin en una vacia
y exagerada contemplación narcisista
de sí mismo? ¿ O reconoceremos más
biell que este poeta, con descomunal

Pág. 4

"El rey Edipo
tal vez tenga un ojo de más"
(Vf, 26).
Hiilderlin pone en poesía la esencia
de la poesía, mas no cual si fuera un
concepto intemporalmente válido. Esta esencia de la poesía pertenece ~n
peculio a un determinado tiempo, no
cual si este tiempo preexistiese firme
en si, y tal esencia sólo hiciera aco-

modarse ella a las medidas de él, sino
que, al fundar Hiilderlin de nuevo la
esencia de la poesía, comienza por hacer un nuevo y deterillinado tiempo.

Es el tiempo de los Dioses idos, Y del
Dios por venir. Y es éste tiempo de
indigencia, porque se halla en una 'doble carencia y con un doble no: en el
no más ya de los Dioses idos, en el
aún no del Dios por venir.

La esencia de la poesia, tal cual la
funda Hiilderlin, es en grado sumo un
acontecimiento histórico, porque es
anticipación de un tiempo histórico;
y por ser esencia histórica es la única esencia esencial.

Tal ·tiempo es tiempo .de indigencia;
pero, por eso mismo, sobremanera rico
es su poeta, tan rico que, al repensar

lo pasado y mientras aguardaba lo venidero, pudieron darle frecuentes desmayos y en este aparente vacío. darse
tan sólo a dormir. Empero se niantu-

vo firme en la Nada de esta Noche.
Mientras el poeta se mantiene asi, consigo mismo, en suprema soledad, bien
atenido a su destino, es cuando crea,

como representante del Pueblo, la Verdad, y la crea en verdad para su Pueblo . .Tal es proclama de aquella séptima estrofa de la elegía 'Pan y Vino"

en la que se dice poéticamente lo que
aquí sólo con repensados pensamien-

tos _ha podido ser explicado:
" Tarde llegamos, amigos, y ¡tan
·
tarde!
Cierto que viven los Dioses; ·
Si, sobre nuestras cabezas, allá
arriba, en otro mundo en acción
eterna-:
Y, en apariencia, despreocupados

de si vivimos;
¡Tanto cuidado ponen los Celestes
en no herirnos!
Frágil vasija no pudiera de continuo contenerlos,
Que sólo de tiempo en tiempo so:
porta el homb.re el colmo divino.
Ensueños de ellos, no otro es la
vida.
Mas cuql sueño ligero viene Error
a socorrernos;
Fuerza nos da Necesidad, robustez
la Noche;
Hasta ·que héroes crecidos en cu~
na de bronce
Lleguen como en tiempos ya lejanos a tener corazones que puedan
por sus fuerzas ' igualar a los del
cielo.
Será su ven.ida entre truenos;
Mientras tanto', con frecuencia,
Mejor me parece dormir.
Y cual estoy ahora, así ag_uardar
sin compañero.
Entre tmzto, qué pudiera hacer o
,decir? ..:..No lo sé.
Ni sé qrie falta hagan poetas en
tiempos de miseria
A pesar de todo, los hay,
- me dirás.
Y son cual aquellos sacerdotes consagrados al dios del vino,
que 1· de tierra en tierra, en noche
sagrada erraban perdidos".

Indice de lo Publicado en Armas y
letras Durante el Año de 1955
ALVARADO, José: Alfonso Reyes, No.
2, Febrero.
El renacimiento de la Universidad ,
No. 5, Mayo.
BALLY, Charles: ¿Porque se aprende
latin?, No. 8, Agosto.
BASAVE FERNANDEZ DEL VALLE,
Agustín: Qué es la Poesía? No. 3,
Marzo.

México, 1953, por A. C. S. No. 1 Enero; Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, No. 22, México,
1954, por M.M.G., No. 1, Enero; Juan
José de Arriola: Décimas de Santa
Rosalia, Col. Los Presentes, México,
1954, por H. A. G., No. 2, Febrero;
Ramón Xirau: T~es poetas de la soledad, Col. México y lo mexicano,
México, 1955, No. 2, Febrero; .Luis
Monguió: La poesía postmodemista
peruana, Col. Tierra Firme, México,
1955, por M. M. G., No. 2 Febrero;
Morgan y Stellar: Psicología Fisiológica. Madrid, 1954, No. 4, Abril;
Arthur March: Naturaleza y conocimiento, Madrid, 1954, No. 4, Abril;
Jaime Torres Bodet: Fronteras, Te.
zontle, México 1954, por M.M.G., No.
4, Abril; A. Cardona Peña: Poema
nuevo, Cuadernos Americanos, Méxiw
co, 1955, por Antonio Rodríguez, No.
6, Junio; A. Cardona Peña: Pablo
Neruda y otros ensayos, Ed. de Andrea, por Arturo Echevería Lora, 'No.
6, Junio; A. Cardona Peña: Semblanzas mexicanas, Ed. Libro-Mex.
México, 1955, por Alfonso Reyes A.,
No. 6, Junio; V oltaire: El siglo de
Luis XIV, F.C.E., México, 1954, por
A.P., No. 8, Agosto; Aristóteles: Etica Nicomaquea, Ed. de la UNAM, México, 1955, No. 8, Agosto; E. Valadez: La muerte tiene permiso, Col.

Trayectoria y pensamiento de Antonio Caso, No. 7, Julio.
La ruta filosófica de José Ortega y
Gasset, No. 11, Noviembre.
BOCCACCIO: El halcón. (Traducción
de Jorge Rangel), No. 1, .Enero.
BOUCHSPIES, Franz: El·Canto de los
Nibelrmgos, No. 1, Enero.
El Canto de los Nibelungos, (Concluye), No. 3, Marzo.
Thomas Mann, No. 6, Junio. "'
Cario Magno en el mito y en la historia, No. 7, Julio.
.El Fausto eterno, No. 10, Septiembre.
BRAVO VILLARROEL, Roberto: Oij;.
dio, cultor de belleza, No. 7, Julio.
BRUNET, Christian: Afectividgd y filosofía, No. 1, Enero.
Civilizaci,ó n y mito, No. 4, Abril.
Nihil humanum alienum, No. 5, Mayo.
CARDONA PEi-íA, Alfredo: Lectura de
Alfonso Reyes, No. 2, Febrero.
Nuevas notas sobre Quevedo, No. 7, .
Julio.
Letras mexicanas, México, 1955, No.
CANTU S., Arturo: Palabra muerta,
8, Agosto; Heinrich Freiherr von
No. 4, Abril.
Stakkelberg : Principios de Teoría
El poeta de. la muerte, No. 3, Marzo.
Económica, Madrid, 1954, No. 8,
Alrededor de otras ideas, No. 7, JuAgosto ; Pedro Muñoz Amalo, Int. a
lio.
la Admón. Pública, F.C.E., México,
CARMONA NENCLARES, ·Francisco;
1955, No. 9, Septiembre; Hegel: HisExilio y poesía, No. 1, Enero.
toria de la .Filosofía, F.C.E., México,
CAVAZOS GARZA, Israel : El Doctor
1955, por Elsa Cecilia Frost, No. ,9
José Bernardino Cantú, maestro del
Septiembre.
Seminario de Monterrey 1 No~ 3, MarOHAMIAN, Armen: Astr,~ia, de Luis G.
zo.
Inclán, No. 9, Septiembre.
CUELLAR, Gerardo: Mi hermano MarORTEGA Y GASSET, José: Misión de
cos, No. 10, Septiembre.
la Universidad (Fragmento), No. 11,
CHACON Y CALVO; José María: El
Noviembre.
Moratín Tenis Club, No. 9 SeptiemRANGEL
FRIAS, Raúl: Teoría de Monbre.
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No.
5, Mayo.
ESTEVA FABREGAT, Claudio: Rulfo
La idea histórica, No. 5, Mayo.
en )a novela mexicana, No. 9 SepPcilabras.,foales de un Rector, No. 5,
tiembre.
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GALLEGO, Julián: La máquina de ver
RANGEL
GUERRA, Jorge: Traducción
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del cuento El halcón , de Boccaccio,
Del Festival Internacional de Teatro
No. 1, Enero. ·
·en París, No. 8, Agosto.
REDACCION,
La: lndiu de lo publiEl teatro .en Londres, No. 10, Sepcado en "Armas y Letras" en su XII
tiembre.
w1o ,de vida: 1955, No. 12, DiciemGARZA, Homero A.: La palabra inbre.
nomrable, No. 6, Junio.
Alfonso Reyes y su jubileo literario,
GINÉR DE LOS RIOS, Francisco: ProNo. 2, Febrero.
sa de Alfonso Reyes, No. 2, Febrero.
Propósito (En ocasión del número
GONZALEZ DURAN, Jorge: El mar,
de homenaje al Lic. D. Raúl Rangel
No. 1, Enero.
Frías), No. 5 Mayo.
HEIDEGGER, Martin: Holder/in y la
Dos exposicio,ies (Con gráficas), No.
esencia de la poesía, (Trad. de Juan
4, Abril.
David García Bacca), No. 12, DiciemV Cursos de Invierno (Con gráficas),
bre. En poesía habita el hombre.
No.
3, Marzo.
(Trad. de Rafael Gutiérrez Girardot),
Escuela de Verano, X Anualidad, No.
No. 12, Diciembre.
6, Junio.
IMAZ, Eugenio: El océano de la meJosé
Moreno Villa (Noticia en ocamoria, No. 2, Febrero.
sión
de
su Muerte), No. 6, Junio.
LAZO, Raimundo: La personalidad, la
creación y el mensaje
de
Alfonso
RENDON,
José Angel: Trayectoria uni.
Reyes, No. 9, Sepbembre.
Persilaria1 No. 5, Mayo.
l\lIR, Daniel: Alrededor del inculto REYES, Alfonso: De mi vida y mi obra,
Feijóo, No. 1, Enero.
No. 2, Febrero.
Stultorum infinitus est numerus , No.
Los regiomontClnos, No. 5, Mayo.
6, Junio.
Historia documental de mis libros
Aeternum vale, Maestro Ortega y
(!). - Cuestiones Estéticas, No. 4,
Gasset, No. 11 , Noviembre.
Abril.
MORALES GOMEZ, Manuel: Jenofanes , REYES AURRECOECHEA, Alfonso:
No. 1, Enero.
RaM Rangel ·Frías 1 No. 5, Mayo.
Nuestra encrudjada , No. 4, Abril.
Aproximaciones a lo histórico, No. SALINAS QUIROGA, Genaro: El fino
mensaje de Erasmo , No. 8, Agosto.
6, Jimio.
MORENO VILLA, José : Soledad, No. 6, VILLARREAL, Sergio: Juan Ruiz de
A/arcón , No. 8, Agosto.
Junio.
NOTAS BIBLIOGRAFICAS; S. G. Mor- ZERTUCHE, Francisco: ¿Cervantes,
ler: .. La civilización maya, F. C. E.,
pasajero a Indias? , No. 4, Abril.

.

En ·Poema Habita el Hombre

+

de Martín Heidegger
por Rafael Gutiérrez .Girardot
Las palabras están tomadas de un poema tardío propiamente
tradicional de Holderlin. Comienza así: "En azul amoroso florece con / el plomizo. tejado el campanario .... " Para que oigamos
justamente las palabras ".... en poema habita el hombre .... " debemos llevarlas pensadamente al poema. En ello pensamos las
palabras. Damos claridad a la reflexión que de allí emerge a la
vez. Pues de otro modo nos falta la libre disposición para responder a las palabras con nuestro asedio.

(Traducción)
Estamos pues ante un doble tomar
a pecho: por un lado, pensar aquello
que se llama la existencia del hombre
desde la (e)sencia del habitará por el
otro, pensar la (e)sencia del poematizar en cuanto hacer habitar como un
edificar, quizá como el edificar por

to dispuesto ·para el uso. El co-res-

llegamos a la (e)sencia del habitar.

ponder en el que el hombre escucha
propiamente la re-clamación del ha-

bla, es aquel decir que habla en el elemento del poem&gt;1tizar. En la medida
en que es más poematizante un poeta,
es su decir tanto más libre, es decir,

tanto más abierto y tanto más dispues,
to para lo insospechado, tanto füás pu-

patibles el habitar y lo poemático?
Nuestro habitar se vé acosado por la
necesidad de la vivienda. Y aunque

ramente se entrega con su dicho al
siempre más esforzado escuchar, tan-

to más lejos está su dicho de lo simple dicharachero, sobre lo que sólo se

fuese de otra manera nuestro habitar

de hoy se vé perseguido por el trabajo, agitado por la caza tras la ventaja
y el éxito, embrujado por el ruido de
la diversión y del recreo. · Pero allí
donde en el habitar de hoy queda aún
espacio para la poemático y para el

trata con respecto a su corrección e
incorrección.
"... en poema habita el hombre ... "

dice el poeta. Escuchamos las palabras con más claridad si las llevamos

tiempo ahorrado a fuerza de privaciones, se consuma, si es que hasta allí
llega, una ocupación con las bellas letras , sean escritas o pronunciadas. La
poesía es negada entonces como un

de nuevo al poema del que proceden.
Oigamos primero los dos versos de

donde hemos tomado las palabras. Dicen:

juguetón languidecer y como una ve-

Pleno de merito, mas en poema, habita.
el hombl'e sobre esta tierra.

leidad en 1o irreal o rechazada como
fuga' hacia lo idíl!co o se encasilla a

la poesía dentro de la literatura. Su
validez se valora de acuerdo con la
medida de la respectiva validez. Por
su parte lo acthal está hecho y dirigi-

El tono fudamental de los versos cae
sobre la palabra ''en poema". Esta tie-

ne relieve 'hacja dos lados: hacia el
que le precede y hacia el que le sigue.
Le preceden las palabrás "Pleno de

do por la opinión pública civili~adora.
Uno de sus funcionarios, es decir, motivador y motivaµo a la vez, es el mercado literario. La poesía nv pu~de entonces figurar como otra cosa qu~ como literatura. Allí en donde la poesía
se considera cultural y científicamente

mérito, mas .... " Esto suena casi como
si la palabra "en poema" trajera consigo una limitación al meritorio habi-

tar del hombre. Es sin embargo lo

se hace objeto ele la historia literaria.

de la vida. El modo del poeta consiste en pasar por alto lo real. En vez de
realizar, sueñan. Lo que ellos hacen
es solamente imaginar. Imaginaciones
se hacen fácilmente. Hacer se dice en

griego poiesis. Que el habitar.del hombre ha de ser poesía y poemático?
Esto sólo puede aceptarlo quien se pone al margen de lo real y no quiere
ver en qué estado se encuentra la vida

histórico-social del hombre; lo qu_e los
sociólogos llaman lo colectivo.

Sin embargo, antes 'de que tan a
grosso modo tengamos por incompati-

bles el poematizar y el habitar, es bueno atender sobriamente a la palabra
del poeta. Esta habla del habitar del
hombre. No describe estado · alguno del
habitar de hoy. Ante todo no afirma

soportan el uno al otro. Más aún. Tal
vez hasta lleva el uno al otro, de tal
mqdo que éste, el habitar, descansa

Poematizar es en cuanto hacer babi•
tar un edificar.
Per·o de dónde tenemos nosotros r0s

en aquél, en lo .poemático. Cuando no-

hombres una noticia sobre la (e)sen-

sotros sospechamos tal cosa, entonces

cia del habitar y del poematizar ? De

hemos de tomar a pecho pensar desde
su (e)sencia al habitar y a lo poemá-

dónde tiene él hombre la pretensión
de llegar a la (e)sencia de una cosa?

tico. Si nos nos cerramos a este tomar

El hombre puede tomar tal pretensión

a pecho, podemos entonces pensar des- sólo allí donde la recibe. Y él la recide el habitar lo que en general se !la- · be de la re-clamación del habla. Por
ma la existencia del hombre. 'Con ello cierto que sólo cuando él y en tanto
abandonamos desde luego la concep- que él atiende a la propia (e)sencia
ción habitual del habitar. Según ella del habla. Entonces hace alto un deel habitar es sólo un modo de com- senfrenado y a la vez ágil parloteo,
portamiento del hombre junto a mu-

to que erige ·aquello que no puede surgir y consistir, y esto lo hace median-

te el hacer. Edificado y edificio no son
solamente en este sentido las edificaciones sino toda obra de mano y por

medio de la ejecución del hombre.

car no llenan la (e)sencia d,el habita~.
Por el contrario: ellos le impiden al
habitar su (e)sencia, puesto que estos
y por causa propia son solicitados y

mira el rasgo fundamental del en-ser
del hombre. Lo poemático lo mira él

en inespeq1das facciones. El habla se
vuelve medio de expresión, y como

edificar edificaciones. Este persigue

útiles de trabajo es una consecuencia

cazados. En ton ces los méritos justamente por su abundancia inducirían al

habitar a los limites del mencionado

la profusión de la necesidad del haexpresión puede el habla hundirse en . bitar. El edificar en el sentido del cuimedio impreso. Está bien el que tam- dado edificante de lo que nace y del
bién en tal utilización del habla baya erigir edificios y obras y del construir

vienda. 'y tampoco dice que lo poe-

Jo poemático sea un adorno o una aña-

un cuidado del habl~r. Pero esto sólo

didura del habitar. Lo poemático del

no nos ayuda' en el comercio de la

liabitar no quiere decir fampoco que

verdadera relación de dominio entre

lo poemático aparezca de algún modo
en todo habitar. Las palabras " ... en
poema habita el hombre ... " dicen más

el habla y el hombre. Pues quien propíamente habla es el habla. El hombre habla, mas sólo entonces babia, en

bien: el poematizar hace que el babi•
lar sea primariamente un habitar. Poematiz,ar es propfamente el hacer ha•
bitar. Pero mediante qué llegamos a

cuanto correspon_de al habla, en cuanto oye su rc-clamación. Entre todas
la s re-clamaciones que nosotros los
hombres, desde nosotros mismos, de-

una habitación? Mediante el edificar.

hemos traer al hablar, es el habla la

de Revista Nacional de
Cultura, No. 110, Mayo -Junio de
1955, Caracas, Venezuela) .

ca en el sentido de aedificare, por cuan-

blado, por la faz &lt;je la tierra. El hombre se comporta como si fuera el dominador y el configurador del habla,
cuando lo cierto es que es el babia
quien sigue siendo la dominadora del
J10mbre. Cuando esta relación de dominio cambia su faz, cae el hombre

mático se agota en el juego irreal de
la imaginación poética. Quien quiere,
pues 1 entre los reflexivos, atreverse a
exp)icar irreflexivamente y desde una

* (Tomado

y cuidar (colere, cultura) son un modo del edificar. Pero el hombre no
edifica solamente aquello que de por
si entraña y regala un nacer. El edifi-

chos otros modos. Nosotros trabajamos en la ciudad pero habitamos fuera de ella. Estamos de viaje y habitamos ora aqui ora allá. El habitar así
entendido es sólo la tenencia de un
alojamfonto.
Cuando Hiilderlin habla de habitar

que habitar significa e] tener una vi-

mático son incompatibles? Tal vez se

contrario. La limitación de ser mencionada en el giro "Pleno de mérito",
al que débiéramos agregar al pensarlo
un "ciertamente". El hombre se hace
a méritos de muy varia manera, por
cierto en su habitar. Pues el hombre
cultiva las nacientes cosas de la tierra
y cuida lo que para él nace. Cultivar

un escribir y un pronunciar de 19 ha- · Pero los méritos de este variado edifi-

desde la relación con este habitar
(e)sencialmente entendido.
Esto no significa evidentemente que

frágil altura que el habitar y lo poe-

da al azar, nos dé el habla ya la (e)

la poesía según el mentado respecto,

en poema no es difícil de imaginar.
Pero cómo debe habitar en poema "el
hombre", es decir, todo hombre y
conStantelllente? No son acaso incom-

cierto, según se oye no estuvo al ritmo

cosa. Esto no quiere decir que en todo significado de palabra aprovecha-

excelencia. Buscando la (e)sencia de

Que los poetas habitan con· frecuencia

la literatura, cómo ha de fundarse el
habitar humano en lo poemático? Las
palabras el hombre habita en poema
proceden sólo de un poeta que, por

da señales primeramente y de nuevo

últimamente sobre la (e)sencia de una

sencia transparente de una cosa, di•
recta y definitivamente como un obje-

".... en poema habita el hombre ...."

La poesía occidental corre bajo el título general de "literatura europea".
Pero y si la poesía tiene de antemano su forma única de existencia en

más alta y la primera. El habla nos

(e)sencial del habi.lar, pero de ningún
modo su fundamento ni mucha .meno&amp;
su fundamentación. Estos deben acon-

tecer en otro edificar. El edificar habitualmente ejercido y con frec1,Iencia
exclusivamente ejercido y por ello el
único conocido, lleva consigo por cier-

to la abundancia de méritos al habitar. Mas el hombre es capaz del habitar sólo cuando ha edificado y edifica

Pág. 5

�en otras formas y cuando permanece
con la intención de edificar.
"Pleno de méritos (ciertamente), mas
en poema, habita el hombre .... " En el
texto siguen las palabras "sobre esta
tierra". Se querría considerar esta frase como superflua; pues habitar quiere decir ya: estancia del hombre en
la tierra, en "esta" tierra, al que todo
mortal se ha confiado y a que está librado.
Sólo que cuando Hiilderlin ·se atreve
a decir que el habitar de los mortales
lo es en poema, se despierta entonces,
apenas dicho, la apariencia de que el
habitar "en poema" arranca a los hombres de esta tierra. Pues el "en poema" pertenece, en tanto en cuanto se
tenga como poemático, al reino de la
fantasía. El habitar en poema vuela
fantásticamente sobre lo tea!. Con este
temor tropieza el poeta, por eso dice
que el habitar en poema ha de ser un
habitar "sobre esta tierra". Holderlin
libra así al "en poema" no sólo de un
malentendimíento sino que . mediante
la a(\adidura de las palabras "sobre
esta tierra" apunta precisamente a la_
(e)sencia del poematizar. El poematizar no vuela sobre la tierra ni la sobrepasa para abandonarla y moverse
sobre ella .. Sólo el poematizar trae al
hombre sobre la tierra, lo lleva a ella,
lo trae asi al habitar.
Pleno de mérito, mas en poema, habita
el hombre sobre esta tierra.

Sabemos ahora hasta qué punto y
cómo habita el hombre en poema? No
sabemos aún. Todavía podemos ~aer
en el peligro de hundirnos en el pensar las palabras poemáticas de Hiilderlin desde lo extraño a ellas. Pues Hiilderlin nombra ciertamente el habitar
del hombre y su mérito pero no establece una dependencia entre el habitar y el construir como se hizo más
arriba. El no habla del construir ni
en el sentido del cultivar, del cuidar
y del erigir ni tampoco de tal manera
que presente al poematizar como un
modo propio del construir. Según esto
Hiilderlin no dice del habitar en poe-.
ma lo mismo que dice nuestro pensar.
Aquí se debe ciertamente atender a
lo (e)sencial. Es necesario hacer una
corta aclaración. El poematizar y el
pensar se encuentran entonces y sólo
en lo mismo mientras se mantienen decididamente en la variedád de su (e)
sencia. Lo Mismo no se confunde con
lo .igual, tampoco con la vacía unificidad de lo idéntico. Lo igual se mueve siempre en lo indiferente, para que
todo allí concuerde- igualmente. Lo
Mismo es, por el contrario, el copertenecer. de lo vario desde la conjunción por la diferencia. Lo Mismo sólo
puede ser dicho cuando se piensa la
diferencia. En la resolución de la diferencia se ilumina la (e)sencia conjuntamente de lo Mismo. Lo Mismo rechaza todo fervor de igualar lo diferente con lo igual." Lo Mismo conjunta
lo diferente en una originaria concordancia. Lo igual, por el contrario,
di-vierte en la insulsa unidad del simple uno uniforme. Hiilderlin dice en un
epigrama que lleva por titulo "Las
raíces del mal":

comedido al habitar del hombre. Al
medio comedido, mediante el cual el
trecho entre el cielo y la tierra está
mil'arla y decir: asi
quiero ser yo también? Si. Mientras abierto, lo llamamos la dimensión. No
la amigabilidad surge de que el cielo y la tierra estén
dure aún en el cor·azón, La Pureza, vueltos el uno al otro. La vuelta desno se mide cansa más bien de la dimensión. Esta
desgraciadamente el hombre con la no es tampoco una extensión del esdivinidad. Es Dios desconocido? pacio, habitualmente concebido; pues
todo lo espacial, por su parte, en cuanes El como el cielo revelado? Esto
to colocación, requiere la dimensión,
bien que lo creo. Es la medida del
Hombre. es decir, precisa de aquello en donde
ha de ser colocado.
Pleno de mérito, mas en poema
habita
La (e)sencia de la dimensión es el
comedimiento iluminado y así mesuel hombre sobre esta tierra. Pero
más pura rable del trecho: del ascenso al cielo
y del descenso a la tierra. Dejamos si•
110 es la sombra de la noche con las
estrellas no nombre la (e}sencia de la dimensión. Según las palabras de Hiilderlin
si así puedo decir, •más pura que
el hombre, que promete una imagen el hombre mide la dimensión en tande la divinidad. to en ctrnnto se mide con lo celeste.
Hay medida alguna sobre la tierra.? El hombre no emprende ocasionalmen·
No hay te tal medir, sino que · el hombre es
. hombre primeramente en tal medir.
ninguna.
Por ello puede el hombre obslaculiPensamos poco desde estos versos y zar, abreviar o desfigurar esta medien verdad con el único propósito de ción, mas no escaparse de ella. En
oír con más claridad lo que Hiilderlin cuanto hombre se ha medido el homquiere decir cuando él nomj¡ra el ha- bre en algo y con algo celeste. Tambitar del hombre como un habitar "en bién Lucifer procede del cielo. Po'r eso
dice Hiilderlin en los siguientes verpoema"..
•
Los primeros de los versos leídos sos: (28 a 29) "El hombre se mide ...
(24 a 26) nos dan una señal. Están en con la divinidad". Ella es la "medi•
forma de una pregunta fifmerrl:ente da'' con la cual el hombre mide su
afirmada. Esta transcribe lo que dicen habitar de tal manera, es capaz de ser
los versos ya aclarados "Pleno de mé- en acuerdo con la esencia. El habitar
rito, mas en poema, habita el ho?Ibre del hombre descansa en la metría consobre esta tierra .... " Holderlin pregun- templadora de la: dimensión, a la que
pertenece tanto el cielo como, la tierra.
't a:
Esta metria no mide solamente la
Cuando es de inmenso esfuerzo la tierra, gué, y no es por eso simple
vida, debe un hombre geo-metría. Pero tarripoco mide el cielo, ouranós, en sí. La metria no es
mirarla y decir: asi
ninguna ciencia. El medir mide el
quiero ser yo también? Si.
trecho que enlaza a tino con otro, a
Sólo en el circulo del simple · esfuer- ambos, el cielo y la tierra. F;sta mezo se esfuerza el hombre por el "mé- tría tiene su metron y por eso su pro·
rito". Lo crea en la profusión. Pero pia métrica.
La metría de la (e)sencia humana
en este circulo le está permitido al
hombre mirar hacia lo celeste; mirar, . sobre la dimensión acordada a ella
también, en él desde él y a través de él. lleva al habitar a su plano. El medir
El mirar atraviesa en ascenso al cielo la dimensión es el elemento en el cual
y permanece, empero, abajo sobre la tiene su garantia el habitar humano,
tierra. El mirar mide el trecho entre desde el cual garantiza verdad. El meel cielo y la tierra. Este trecho está dir es el en poema del habitar. Poema-

Ser en acorde es divino y bueno;
de dónde pues el celo
entre los hombres de que sólo haya
de ser el uno y lo uno?

Cuando repensamos lo que Hiiiderlin
poematiza sobre el habitar del hombre
en poema, .sospechamos un camino por
el cual nos acercamos e internamos
medianfe lo diferentemente pensado lo
Mismo que el poeta poematiza.
Pero qué dice Hiilderlin del habitar
en poema del hombre? Buscamos respuesta a la pregunta si oímos los versos (24 a' 28) del mencionado poema.
Pues desde su conjunto se ha hablado
de los versos que se han discutido enteriormente. Hiilderlin dice:

Pág. 6

Cuando es de inmenso esfuerzo la
vida, debe un hombre

tizar es un medir. Pero adónde apun•
ta el medir? No debemos poner el poematizar bajo una idea cualquiera del
medir y la medida, si es que aquel ha
de ser pensado como medir.
El poematizar es muy ciertamente
un medir de excelencia. Más aún. Tal
vez haya que pronunciarse la frase:
poetizar es medir, poniendo ·el acento
der al acto fundamental del medir.
Lo que todo medir es en el fundamento de su (e)sencia se descubre en el
poématizar. Por eso es preciso atender el acto fundamental del medir.
Consiste sobre todo en que allí se toma la medida con la cual todo ha de
ser · medido. En el poema tizar se descubre el tomar medida. El poematizar
es· tomar medida entendido en el más
estricto sentido de la palabra; tomar
medida mediante el cual el hombre recibe la medida para la amplitud de su
(e)sencia. El hbmbre (e)sencia en
cuanto mortaJ. Así es, porque él pue•
de mórir. Poder morir es: ser capaz
de 1a muerte como muerte. Sólo el
hombre muere - y por cierto constantemente mientras repose sobre esta
tierra, mientras habite. Pero su habitar descansa en lo poemáiico. La (e}sencia de lo poemático la mira HOlderlin en la toma de medida por la
cual se consuma la metría de la (e)sencia hombre.
Mas cómo hemos de demostrar que
Hiilderlin _piensa la (e)sencia de lo
poemático como un tomar medida?
Aquí no es preciso probar nada. Todo
probar es una empresa a posteriori
montada sobre presupuestos. Según como estos estén puestos puede demostrarse todo. Pero sólo a poco podemos
atender. Así ha de sernos suficiente
atender a la propia palabra del poeta.
En los siguientes versos pregunta Hiilderlin antes que todo y en primer lugar en rigor por la medida. Esta es
la divinidad, con la que el hombre se
mide. El preguntar se inicia en el ver•
so 29 con las palabras; "Es Dios desconocido?" No, desde luego. Pues si
lo fuera, cómo podría ser El en cuanto
desconocido una medida respectiva?
Pero .:...y esto ha de ser oído y mantenido- Dios es por cuanto que El
es, el desconocido para Holderlin, y
en cuanto este es Desconocido es justamente la medida para el poeta. Por
eso lo conmueve a él la excitante pregunta:' cómo puede coq.vertirse en medida lo que según su (c)sencia es desconocido? Pues todo aquello con lo
que el hombre se mide debe comunicarse, debe aparecer. Mas cuando aparece es ya entonces conocido. Dios es
empero desconocido, y sin embargo es
la medida. No sólo esO, sino además
el Dios que permanece desconocido en
cua,nto se muestra como El que es, debe aparecer e.orno el permanente desconocido. La revelación de Dios, no
es El mismo, es misteriosa. Por eso hace el poeta la siguiente pergunta: "Es
El como ' el cielo revelado? Esto bien
que lo creo;'.
Ahora preguntamos nosotros, por
qué se inclina hacia allí la sospecha
del poeta? Las pal¡¡hras que le siguen
resportden. Brevemente dicen: "Es la
medida del hombre" ... Cuál es la medida para el medir humano? Dios?
No! El cielo? No! La revelación del
cielo? No! La medida consiste en la
manera como el Dios que permanece
desconocido es revelado en cuanto tal
y como tal por el cielo. El aparecer•
de Dios mediante el cielo consiste en
un develar, que d,eja ver todo aquello
que se encubre, pero no deja ver porque intenta arrancar lo encubierto de
su encubrimiento, sino sólo porque el
desvelar guarda lo encubierto en su
encubrimiento, sino 'sólo porqué el
desvelar guarda lo encubierto en su
encubrirse. Así, mediante la revelación del cielo, aparece el desconocido
Dios como el Desconocido. Este aparecer es la medida en la que el hombre se mide.

Es una medida extraña, que confun- la del número un cuantum. Nosotros
... Pero más pura
de, así parece, al habitual concebir de podemos calcular con- números, pero
no es la sombra de la noche con
los mortales, incómoda para la· omni- no con la (e)sencia del número.
las estrellas,
comprensión equitativa del mentar
si asi puedo decir, más pura que
Cuando Hiilderlin mira el poematidiario., que se afirma como la justa
el hombre, que promete una
medida para todo pensar y reflexio- zar como un medir y consuma este
imagen de la divinidad.
medir mismo con la toma de medida
nar.
Es una medida extraña para el con- entonces debemos, para pensar el poe~
La sombra de la noche - la noche
cebir corriente y en especial para el matizar, pensar primeramente la me- misma es Ja sombra, aquella oscuridad
concebir meramente científico. En dida que se toma en el poematizar. que no puede convertirse en simple
ningún caso un bastón y una vara ma- Debemos atender a la manera de este eclipse porque en cuanto sombra está
nuables; pero en verdad más sencilla tomar, que no consiste en un asir o entregada a la luz y arrojada siempre
de tener en las manos que estos, si en un agarrar, sino en un dejar-venir a la luz. La medida que toma el poenuestras manos no apresan sino que lo co-medido. Cuál es la medida del matizar se destina como lo extraño, en
se dejan llevar por gestos que ca-res- po~matizar? La divinidad; así pues, donde lo invisible cuida su (e)sencia,
ponden a la medida que aquí está por Dios? Quizás es esta una muy ctifícil en lo confiado de los rostros del cielo .
tomar en un tomar, que no se apropia . pregunta para los hombres y demasia- Por eso la medida tiene la forma (e)
la medida sino que la toma en un com- do apresurada. Preguntemos primera- sencial del cielo. l\fas el cielo no es vapleto aprehender que permanece siem- mente Jo que ha de decirse de Dios. na luz. El brillo de su altw:a es en si
Preguntemos primero solamente: qué
pre con un oír.
la oscuridad de su amplitud que todo
Pero por qué debe sernos comuni- es Dios?.
lo oculta. El azul del azui amoroso
cada esta medida, para nosotros los de
Por suerte y para ayuda nuestra se del cielo es el color de la profundihoy tan extraña, mediante la toma de han conservado aún unos versos de dad. El brillo del cielo es aurora y
medida del poetizar y por qué esta Holderlin que, en el tiempo y en con- caída del crepúsculo que oculta todo
medida ha de sernos adjudicada? Por- tenido, se mueven en el circulo del lo anunciable. Este cielo es la medida.
que sólo esta medida mide la · (e)sen- poema "En azul amoroso florece ... " Por eso debe preguntar el poeta :
cia del hombre. Pues el hombre babi- Comienzan (Stuttg. Ausgabc, 2, 1, p.
. ta en tono que el transmide "sobre es- 210):
Hay una medida sobl'e la tierra?
ta tierra" y "bajo el cielo". Este "sobre" y este bajo" se pertenecen. Su
Y debe responder: "No hay ninguQué es Dios? desconocido, mas
ca-pertenencia es la transmetria que el
de sus propiedades está profuso el na". Por qué? Porque aquello que
hombre atraviesa en todo tiempo en
rostro no.m bramos cuando decimos "sobre la
tanto en cuanto el es un terreno. En
tierra" sólo tiene consistencia por
del cielo. El rayo entonces,
un trozo dice Holderlin "Stuttg. Ausla ira son de un Dios. Y mientras cuanto que el hombre habita la tierra
gahe 2, 1 pág. 334):
,
a uno más y en el habitar deja o hace que la tierra sea tierra en cuanto tierra.
invisible es, se destina en lo
"Siempre, amado! van
Pero el habitar acontece sólo cuanextraño ....
el cielo y la tierra sujetos".
do el poetizar resulta y (e)sencia (verLo que a Dios es extraño, el rostro bo; N. del trad.), y por cierto en el
Porque el hombre es en cuanto su- del cielo, es al hombre lo confiado. Y modo cuya (e)sencia presumimos, es
fre la dimensión, debe ser medida res- qué es esto? Todo lo que en el cielo decir, como toma de medida para todo
pectivamente su (e)sencia. Para ello Y con ello bajo el cielo y así sobre la medir. Esta toma es propiamente el
requiere él una medida que acierte de tierra brilla y florece, suena y huele, medir, no un simple medir con mediuna vez en toda la dimensión. Mirar sube y viene, pero también va y cae, das elaboradas para el trazado de plaesta medida, medirla en cuanto medi- se queja y calla, se marchita y oscu- nos. El poematizar no es por eso un
da Y tomarla ·como medida es para el rece. A esto confiado al hombre y ex- edificar en el sentido de un erigir o
poeta: poematizar. El poematizar es traiio a Dios se destina el desconoci- de un organizar edificaciones. Pero el
esta toma de medida y ciertamente do, para permanecer allí refugiado co- pÓematizar es, en cuanto medir propio
para el habitar del hombre. Inmedia- mo el desconocido. Pero el poeta, en de la dimensión del habitar, el edifitamente tras las palabras "Es la medí• la palabra que canta, llama a toda cla- car inicial. El poematizar admite el
da del hombre" siguen en el poema ridad de los rostros del cielo y todo habitar del hombre en su esencia. El
los versos: "Pleno de mérito, mas en sonido de sus órbitas y aires y trae en poematizar es el originario dejar, hapoema, habita el hombre sobre esta esta palabra lo llamado a la luz y al bitar.
tierra''.
La frase: el hombre habita en tanto
sonido. Sólo el poeta no describe, si
Sabemos ahora qué es lo "en poema" es poeta, el nuevo parecer del cielo en cuanto edifica, ha cobrado ahora su
para Hiilderlin? Si y no. Si en cuan- y de la tierra. El poeta llama en el propio sentido. El hombre no habita
to que hemos recibido una indicación rostro del cielo a aquello que justa- sólo porque organiza su estancia en
del respecto en el que el poematizar m~nte en el desvelarse deja aparecer la tierra bajo el cielo; organiza en
debe pensarse, es decir como un me- el ocultarse y ciertamente en cuanto cuanto que como edificador cuida Jo
dir por excelencia. No, en cuanto el tal como lo que se oculta. El poeta que. nace y erige a fa vez edificaciopoematizar como el medir (apreciar; Barna en los confiados apareceres a lo nes. El hombre es capaz de tal edifinota del traductor) de aquella extraña extraño como aquello en donde lo in- car sólo cuando edifica en el sentido
medid~ se vuelve cada vez más miste- visible se destina a permanecer como de la poemalizante toma de medida. El
r~oso. Así debe por cierto permanecer, aquello que "es: desconocido.
edificar poematizante acontece en tans1 por otro lado estamos dispuestos a
El poeta poematiza sólo cuando to- to en cuanto son poetas los que toman
mantenernos sobre y en el terreno ma 1a medida, en cuanto dice del ros- la medida para la arquitectura, para
(e)sencial de la poesía.
tro de los apareceres del cielo de tal la estructura del habitar.
Por consiguiente extraña ciertamen- manera que él se somete a sus apareEl 12 de marzo de 1804 escribe Hiiite, cuando Hiilderlin piensa el poema- ceres como a lo extraño en donde el derlin desde Nürtingen a su amigo Leo
tizar como un medir. Y eso con ra- desconocido Dios se · "destina". El de Seckendorf: "La fábula, el rostro
zón mientras nos representemos el me- nonibre corriente para rostro e imagen poemático de la historia ·y de la ar-'
dir sólo en el sentido habitual « noso- de algo es "imagen". La (e)scncia de quitectura del cielo me ocupa ahora
tros. Alli se medirá con ayuda de lo la imagen es: dejar o hacer ver algo. de preferencia, especialmente lo naconocido, es decir con medidas y con Por el contrario, los trasuntos y las co- cional en lo que se diferencia de lo
cifras, un desconocido, y por ello se pias de imágenes son formas bastardas griego .... "
hará conocer y así será éncerrado en de la imagen propiamente tal, que en
" ... en poema habita el hombre ...."
una numeración calculable y en un cuanto ro~tro deja o hacer ver lo in- •
orden. Este medir puede variar según visible, al que, así, imaglna en algo exel modo de los aparatos reservados traño para éJ. Porcjue el poetizar toma El poematizar edifica la (e)sencia del
para ello. Pero quién garantiza que aquella misteriosa me.d ida, o sea, a la hahitai;. Poematizar y habitar no se
esta manera habitual de medir apunta vista del cielo, por eso habla este poe- exclu_Yen. Pe. .. :::J.tizar y habitar se per.
a la (e)sencia del medir, sólo porque tizar en "imágenes". Por eso las imá- teneien, exigiéndose reciprocamente.
"En poema habita el hombre". Haes la manera habitual? Cuando oímos genes poemáticas son imaginaciones
hitamos
nosotl'os en poema? Muy poalgo sobre la medida pensamos inme- (subrayado del traductor. Ver notas a
diatamente en el número .Y nos repre- la traducción al final) en un sentido siblemente habitamos impoemática-·
sentamos el :i;iúmero ' y la medida co- señalado: no meras fantasías e ilusio- mente. Pero será por eso, si es que
mo algo cuantitativo. Pero la (e)sen- nes sino imaginaciones como visibles asi se está, la palabra del poeta tacia de la medida no ~s como tampoco inclusiones de lo extraño en el rostro chada de mentira, y no verdadera? No.
La verdad de su palabra es constatada
de lo confiado. El decir poematizante de manera inquietante. Pues impoemáde las imágenes junta en unidad la lico sólo puede ser un habitar cuando
claridad y el sonido de los apar·eceres en su (e}sencia el habitar lo es en poecon la oscuri~ad y el silencio de lo ex- ma. Para qu~ un hombre sea ciego es
traño. Dios se extraña por ese rostro. preciso que según su (e)sencia sea un
En el extrañamiento anuncia El su vidente. Un trozo de madera no pueconstante proximidad. Por eso puede de enceguecer nunca~ Pero cuando el
HOlderlin proseguir, tras los versos hombre Se vuelve ciego, queda enton"Plen~ de · mérito, mas en poema, ha- ces siempre la pr~gimta de si la cebita el hombre sobre esta tierra" con g~1~ra viene de un :defecto o pérdida o
los siguientes:
s1 esta cte·scansa más bien en abundan41

cía o en exceso. HOlderlin dice en el
mismo poema en que medita sobre la
medida de todo medir: "El rey Edipo
tiene un ojo de más" (Verso 75 a 76).
Así podría suceder que nuestro habitar impoemático, su incapacidad de tomar la medida, viniera de un raro exceso de un medir y un calcular niveladores.
Que nosotros habitamos impoemáticamente y hasta qué punto es así lo
comprobamos cuando sabemos lo en
poema del habitar. Si nos toca y cuándo un cambio del impoemático habitar, hemos de esperarlo sólo cuando
mantengamos el en poema en nuestra
atención. Cómo puede tomar parte
nuestro hacer y dejar, y hasta dónde
puede tener participación en este cam..
bio podemos verificarlo sólo nosotros
mismos cuando tomamos en serio lo en
poema del habitar.
El poematizar es la capacidad fundamental del l!abitar humano. Pero el
hombre capacita el poematizar sólo en
la medida en que su (e)sencia es apropiada a éste, lo cual gusta y capacita
al hombre y por eso requiere su (e)
sencia. Según la medida de este apropiamiento es el poematizar propio o
impropio.
Por eso no se apropia y resulta el
poematizar propio en .todo tiempo.
Cuándo y cuándo dura el poemalizar
propio? Hiilderlin lo ·d ice en los versos ya leidos (versos 26 a 29). Su aclaración la hemos dejado para el final a
propósito. Los versos dicen:
...... Mientras la amigabilidad

dure aún en el corazón, la Pureza,
110 se mide
desgraciadamente el hombre
con la divinidad.

"La amigabilidad -qué es esto? u;.a
palabra inofensiva, pero llamada por
Hiilderlin con la palabra la Pureza, escrita en mayúscula, la "amigabilidad"
Hiilderlin para la palabra griega charis. De la charis dice Sófocles en Aias
(V, 522):

charis gar estin ce tiktous' aei.
"Pues favor es llamar siempre el
favor"
"Mientras la amigihilidad dure aún
en el corazón, la Pureza .... ~' Holderlin
dice en un giro muy usado por él: "en
el corazón", no: sobre el corazón; "en
el corazón", es decir, llegado a la habitante (e}sencia del hombre, llegado
como exigencia de la medida al cora..
zón, de tal manera que éste se vuelve
a la medida.
Cuánto dura esta llegada del favor
tanto· como favorez'ca la suerte al hom~
bre de medirse con la divinidad. Resulta Y se apropia este medir, entonces
poematiza el hombre desde la (e}sencia de lo en poema. Resulta y se aproprn lo en poema, entonces habita humanamente el hombre sobre esta tierra, entonces es la vida del hombre,
como dice Hiilderlin en su último poema, una "vida habitando"
EL ROSTRO
Cuando en la lejanía va el hombre
la vida habitando
donde en la lejanía brillan los
tiempos de la viña,
también es allí del verano el

campo vacio,
el bosque aparece con su oscura
imagen.

Pág. 7

�•
Que la naturaleza extiende la
imagen de los tiempos
que ella se posa, que ella pronto
desliza,
es desde plenitud, la altura del
cielo abrillanta
entonces al hombre, como corona
el florecer de los árboles.

..

Notas: El texto de esta conferencia
apareció por primera vez en la revista
Akzente, Heft 1, 1954 (Editada por W.
Hollerer, y H. Bender, Carl Hanser ·
Verlag, München 27) y luego en el reciente libro de Heidegger Vortraegt
und Aufsaetze (Günther Neske Verlag,
Pfullinger, 1954). Fué pronunciada en
la casa de salud Bühlerhohe, el 6 de
octubre de 1951. En la citada revista
de poesía ocupa las páginas 57 a 71;
en el libro las páginas 187 a 204.
Una traducción, sobre todo si se
trata de Heidegger, es siempre una interpretación personal, no sólo de los
conceptos sino del idioma mismo al
que el texto alemán ha de ser vertido,
y aún del concepto que se tenga del
lenguaje del texto y de su lenguaje:
si se considera como un texto "técnico", es decir, con un "vocabulario"
propio, si se trata de un texto muerto,
es decir, con un vocabulario y una
construcción apartadas del contorno
viviente en que está escrito, y en fin,
si se trata de otra cosa . distinta que
no tiene que ver con lo uno y con lo
otro; Si se trata, pµes, de un texto sin
vocabulario técnico, escrito en lengua
viviente y con una fuerza de vida tal
que, ciertamente por eso, da al lenguaje diario un sentido más allá de lo
cotidiano, sin perder el asiento sobre
esta tierra que lo alimenta. Vocabulario y sintaxis propias tiene Heidegger
sin duda, como las tiene todo gran escritor, y él es uno de los grandes escritores alemanes del presente. La dificultad de la versión radica entonces
en la versión del pensamiento en su
formulación, en la versión pues de esta unidad. Pero justamente ahí en esta
versión al español de una prosa como
la de Heidegger es en donde la dificultad sube de punto. Porque la grandeza de la prosa heideggeriana no es
~implemente una grandeza estética. El
tiene en vilo el pensamiento del lector,
y lo tiene así mediante su prosa, su
sintaxis y su composición. No seria
pues una versión estética, como podría intentarse en Ernst Jünger o en
Gottfried Benn, los maestros de la prosa literaria alemana, sino una versión
que sin retorcer las dos lenguas mantenga al lector castellano con el aliento en vilo, gracias a los pensamientos
Y a la composición de la prosa. La inmensa perfección de la prosa alemana hay que sacrificarla, pero puede
intentarse en este sacrificio el mantenimiento de una rara belleza, el trasunto de la belleza del texto original.
Hay que acudir por otra parte a neologismos, en ciertos casos .En otros,
que el lector verá cuando lea las explicaciones a las traducciones, sólo es necesario pesar la palabra corriente desde el contexto de la conferencia. Así,
por ejemplo, con la palabra comedido,
traducción de zugemessen, que propiamente quiere decir destinado, propio
para, adjudicado etc. Pero zugemessen
tiene en el texto sus parientes Messen
y Mass que dan el tono, así que, traduciendo Messen y Mass por medir y medida, el comedido mantiene en nuestra lengua madre su doble sentido de
dedicado, dispuesto, y el sentido que
le da su parentesco con medir y medida. Estos dos sentidos tiene sin duda la palabra en el texto alemán. Etc.
en poema: dichterisch, que habría que
traducir propiamente por poéticamente, pero conduce a pensar justamente lo que Heidegger no quiere
decir en el texto. Poéticamente se entiende en el lenguaje corriente, idí-

Pág. 8

,,

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licamente, irresponsablemente. En
poema, nos parece que evita esta
confusión, y que corresponde con la
idea del texto original y del pensamiento de Heidegger. En donde era
inevitable, se ha traducido dichterisch por poemáticamente, pero en
algunos lugares en que era preciso
especificar más se ha dejado en vez
de lo poemático, por ejemplo, lo en
poema.
soportar: vertragen, en el doble sentido de soportar, es decir, sufrir,
aguantar tal o cual cosa, y de soportar en el sentido de llevar, sostener.
De acudir a una expresión muy española se· podria decir: se llevan
bien. Pero el soportar da esta noble
idea que aparece en el texto alemán.
Más arriba dice Heidegger si no será incompatibles el habitar y el poematizar, y responde, pues: Tal vez
se soportan el uno al otro (usa aquí
el vertragen). Más aún. Tal vez hasta lleva el uno al otro (aquí usa tragen) ..."
sospechar
tomar a pecho: Para sospechar tiene el
texto alemán el verbo vermuten, y
para nuestro tomar a pecho, el zumuten. En ambos aparece la raíz o
partícula, como quiera llamársele,
Mut, ánimo, coraje. Sospechar no
significa propiamente aquí tener entre ojos, también es corazonada, y
por eso se toma a pecho, con ánimo, el pensar tal o cual cosa de la
que tenemos ua corazonada que es
asi o de tal manera.
en-ser: es la traducción que proponemos en este texto para el tan discutido Dasein. Zubiri ha dado una traducción en su curso Filosofía primera, Madrid, 1952-1953: estar en
ser. Como en la lengua alemana no
existe la diferencia entre estar y ser,
nosotros proponemos, para permanecer fieles a su espíritu, traducir
Dasein por en-ser. Quizá se aclare
esta traducción si citamos la frase
de Heidegger tan citada: 'La (e)sencia del en-ser yace en su existencia.

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Existencia es, como nos lo dice en
S.ein und Zeil, p. 12. "El ser mismo con el cual el en-ser puede comportarse de tal o cual manera y con
el cual se comporta siempre de alguna mane_ra... " Sobre (e)sencia, ver
más adelante.
l'e-clamación: Zuspruch, que es propiamente en alemán diario asistencia. Aquí se emparenta sin duda
alguna con sprechenzu (ihm o ihr
etc.), pero no pierde el sentido de
asistencia que tiene en el lenguaje
cotidiano.
facciones: l\Iachenschaften, de machen,
hacer. De facer, hemos derivado facción con su sentido peyorativo, pues
no encontramos en nuestra lengua
un equivalente más o menos aproximado al vocablo alemán.
expresión
medio impreso: La primera palabra es
Ausdruck, la segunda Druckmittel.
La sílaba druck establece el parentesco en el alemán. De simple expresión, desciende el habla a medio impreso. Druck es, también, presión.
co-responde: entsprechen, corresponder, pero también hay que tener en
cuenta el sprechen que hay en este
verbo. Se podría decir: El hombre
habla sólo cuando corresponde y
responde al habla, en cuanto oye su
reclamación. En esta parte del texto, las palabras hablar, habla, co-responder y reclamación tiene la raíz
común Sprechen. Hablar, Sprechen,
en este texto, se refiere al acto del
hablar.
dicción: Aussage, declarqción, palabras. Dicharachero, hemos puesto
en el texto para conservar el parentesco con las palabras decir etc.,
que Heidegger viene usando en su
conferencia en este trozo de ella.
(e)senciu: Wesen. No se entiende aquí
esencia en contraposición a existencia. Wesen viene del verbo ser, del
· participio pasado: Gewesen, sido.

Haciendo una inadmisible, sin duda
inadmisible para los filólogos y puristas, derivación etimológica ( I! !??)
del latín al castellano, proponemos
sencia, como equivalente a este participio pasado alemán, de sum.
comedido:
medir:
medición:
metría: para el primero es zugemessen,
que como ya se dijo más arriba, quiere decir propiamente dedicado, dispuesto. Pero comedido, en este texto
es dedicado, dispuesto y a la medida
del habitar del hombre. Medir, es
messen. Medición, Vermessung, también cálculo. Medida es l\1ass. Metria, es también una Vermessung,
mas en este caso la dejamos asi,
para que se note su parentesco con
métrica y geometría. Con messen
hay en alemán ermessen, apreciar.
Nuestra lengua tiene sin embargo en
la palabra medir todos los sentidos
que cobra el messen en alemán con
la agregación de una partícula como
er- y ver en ermessen y vermessen.
Para conservar el parentesco, pues,
hemos preferido dejar medir, sin
entrar en sutilezas, retorciones y
destrozos que no tienen objeto, pues
el texto es lo suficientemente claro.
El criterio general de traducción que
ha aplicado José Gaos para su El ser
y el tiempo no lo aplicamos aquí,
porque nos parece impropio para
traducir una lengua viva. La palabra Verhi.iltnis, por ejemplo, en el f
a de Ser y tiempo, puede significar
relación, pero en el acb puede querer decir comportamiento. Buscar,
pues, para una palabra un equivalente castellano que cuadre en todos los libros, párrafos y frases de
Heidegger es quimérico! 1111) 1 No es
otra cosa que matar la lengua alemana!!!
destinar: schicken (en los versos
que comienzan: Qué es Dios?....)
Schicken es enviar, pero de ahi también se deriva schicklich, conveniente, Schicksal, sino o destino. Y
en Heidegger esto apunta a la historia, precisamente con Geschick--y
Geschichte.
imaginar: einbilden. No es simplemente imaginar como creación de la
fantasía, según nos aclara el propio
Heidegger, sino situar en imágenes.
Se dice para enmarcar einrahmen,
por ejemplo El ein es inclusión.

!

imaginación: Ein-Bildung, escrito así
para indicar lo que se dice en el
párrafo anterior a esta explicación.
Estuvimos tentados a crear un nuevo vocablo, imagenfacción, pero
creemos que subrayando la parte
imagen y dejando el ción al aire como resto del facer convertido en
facción, puede darse cuenta el lector
del significado que tiene el vocablo
en el texto. Por otra parte, qué otra
cosa es nuestra lengua madre imaginación, como no sea hacer o reducir a imágenes? Pero aquí gana
la palabra su "fuerza elemental".

l

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                    <text>BOLETIN MENSUAL DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON
Registrado como articulo de 2a. clase en la Administración de Correos de Monterrey, N. L., el 20 de Abril de 1944.

Año XIII

D.A.S.U.

No. 1

Enero de 1956

EVDCACION JJE MENENJJE ..y PELAYI!
Francisco

,lf.

ZEf/Hl_Cff.f 'lit'
·

'JC

,
€/1mna

l&gt;lfll,1.11$,&lt; '! /Jnlwrd1ari«
aquel gran Don ~larcelino, hombre nacional } cosmopolita, siempre de ayer
y siempre de hoy, vale decir, clásico.
A pesar· de que "nada envejece tanto como un libro de historia", seglln
sentenciaba el Maestro inmercesible

en el frontispicio de Los heterodoxos,
la magnitud y profundidad de su obra
sigue siendo, por lo que contiene y por
lo que sugiere, un hontanar manantio
de investigaciones futuras, aunque en
algunas cuestiones esporádicas su doctrina se haya resentidó de ampliaciones y rectificaciones ulteriormente.
De su ancho y fervoroso m~gisterio

oral y escrito nace indudablemente el
empeño por las investigaciones hist6ricoliterarias de que ahora ofrece tan

lucientes y constantes muestras la Cultura hispánica al través de las generaciones que día con día vienen traba-

jando en el pulimiento de esa espléndida cantera.
Diferentes factores originaron la su-

ma cultural de Menéndez y Pelayo y
determinaron las más importantes vlas
de su actividad: creadora. Primero, su
severa educación humanística, inicia-

da con apego desde sus días candeales.

Don ,1/arcelino .lle11é11de: y Pe/ayo

mas voy yo a despertarlo de su
sueño ..."

pos, pues que nada parecía extraño a

toral, Horacio en España. la BibliograJ; que le consagró todos sus días vehementes, y
otras, y que sólo llegó a imprimir hasta Cicerón (1912), aunque un mundo
de notas y papaletas pudieran comple-

fía hispa11olati11a, obra a

tarla, ya que se encuentran en su Bi-

blioteca custodiadas.
Estudió en la {;niversidad de Barcelona, de 18il a 1873, bajo el profesorado filosófico de Lloréns, propagador
de la escuela escocesa, pero su verdadero maestro fue Don Manuel Milá y

Fontanals, hombre de originales pensares, docto y diserto en Filología románica, ciencia iniciada por Federíco
Diez, sobre todo en las nuevas direc-

poesías latinas y castellanas de su juventud, y más aun, en la sensibilidad
critica y en la belleza insuperable de
su regalada prosa didáctica. Tercero,
el sentido patriótico y religioso a la
par que lo conducen con seguros pa-

y la redacción de la obra más importante de cuantas el Maestro escribió,
la Historia de las ideas estéticas en
España (1883-91), realización editorial

filosofía y la teología del pasado español.
AUá está, en Santander, para azoro

r gratitud de las generaciones presente y las venideras su vasta bibliote-

parcial de aquellos vastos proyectos

te de la Cultura española sepultada en
la indiferencia de las décadas, abarca
grandes sectores del conocimiento de
la ciencia ibérica de todos los tiem-

clásicas. De allí vienen sus poesías
latinas originales, ]as versiones de escritores romanos y griegos, La novela
entre los latinos, que fué su tesis doc-

ciones de la Estética alemana.
Sus relaciones con Milá -supone M.

donada en su muerte a la ciudad
En el panteón de las figuras maxunas de la Cultura espa- ca,
bicnamada que lo vió nacer, como un
ñola, pocos hombres han suscitado tan alto grado de veneración templo diamantino, hospitalario y rey tan dilatada fama en las generaciones como el pasmoso polí- velador, en el que la historia, la ciengrafo montañés que ahora memoramos en el primer centenario cia, el arte y la literatura ostentan su
altísimo señorío.
de su natalicio.
Las tres fuerzas generadoras de que
Nacido en Santander hace una centuria, su aparición en
hemos hablado, estimuladas por su
el cosmos intelectual de España fue un hecho salvador en los lus- enorme erudición, hicieron germinar
tros de acentuada decadencia en los estudios históricoliterarios los planes de sus obras admirables
en la Península y aún en el mundo verbal de habla y pensamien- desde su primera juventud. La mayoria de ellas son la realización total o
to hispánicos.
Su obra titánica r.parece casi solitaria, insólita y seLera, en este hombre
nacido de mujer y corto de dios ....
Las concepciones y realizaciones de
creador y exhumador de la masa iner-

En el Instituto santanderino abrevó
las excelencias de la lengua del Lacio
)" sintió el gusto por las humanidades

Segundo, el ínsito, inherente temperamento estético que se revela en las

sos a valorar y a exaltar la ciencia, la
"Lá:aro, nuestro amigo, duerme;

("hazar numerosas ofertas editoriales
para redactar una obra panorámica
&lt;¡ue abarcarse sintCticamcnte la historia literaria española y en general la
Ciencia h ispimica.

juveniles. Xo pocas quedaron inacabadas a su muerte, porque se le dila-

taba su contenido a medida que las redactaba; y esta conciencia de revisión
y elaboración constantes Je hizo re-

Artigas -determinaron la concepción

ambiciosísima, que muchos de sus capítulos trasvasan más que lo que in-

dica su titulo, pues constituye una visión de la Estética europea, desde Sócrates hasta Hípólilo Taine.
Otro maestro prodigó sus saberes
sobre Don )!arcelino; se trata de Lavcrde. De este seguro guia partió la
feliz idea de que el ínclito polígrafo
escribiera dos de sus obras más cono-

cidas: La Ciencia española e Historia
de los heterodoxos españoles. La primera demuestra las aportaciones peninsulares al conocimiento cientifico
universal, singularmente a la filosofía.

En torno a esta erudita masa pueden
asociarse muchos trabajos que des-

pués aparecieron con el titulo de Estudios de critica filosófica.
En la Historia de los heterodoxos
se aplicó el altísimo humanista a ha-

cer wr cómo en el fondo del pensamiento español late constantemente
una fuerte inclinación religiosa, aun en

(Pasa a la página 6)

,

�ll!RJILOGl!A IDIEIL llOIR.O

(

FRANZ BOUCHSPIES.

1

A José .l/aría Corle:o, llllíán Gállego
y Jorge Rangel.
·

NACIMIENTO

r'

•

violetas que 1Tli mano

Es este libro ht1milde panteón,

corló al alba para ti.

Al hojem· sus páginas, en éllas
.4.tín sentiréis latir mi corazón."

Por la noche, frescas rosas
q1ze al cubrir las tenebrosas
sombras el tendido llano,
pensando en tu amor cogí.

("I/\'TERMEZZO LlRICO".
HEIXRICH HEI.VE)

¿Sabes tú lo que en lu oído
con eco amante y rendido,
con lenguaje misterioso
dicen las flores de miel?

Entre los grandes poetas románticos alemanes, es preciso
contar al poeta judío de Düsseldorff, al cantor del Rhin y sus leyendas y al más tierno cantor al amor erótico desde Anacreonte.
Que me ames duranl.e el día
Es indudablemente entre los poetas alemanes, después de
y que en la noche sombría
Goethe y de Schiller, el más conocido universalmente y al que
coa cora:ón cariñoso
Alemania debe en parte, la difusión de su Literatura y de la Esseas a mi amor fiel. "
cuela Romántica.
·
Richard Wagner, Theodor Fontane y Friedrich Nietzsche,
~ació en Düsseldorfr a orillas del
alemanes no judios lo preferían a muchos de sus contempor:Í• Rhin
en 1797 y murió ('11 París donde
neos, pues la poesía de Reine cautiva y entusiasma y encierra el vivió desde 1830, el 1i de Febrero ele
espíritu alemán heroico y revolucionario de su época.
1856.

Y tus ojos abiertos ya al espacio,
que ven la candidez de cada hierba
anoran,
como no, la libertad salvaje'
que aún vedada te está por el cariño
meditativo y dulce de la madre.

VIDA

Entonces no existian las diferencias
raciales, cuyas leyes establecían más
tarde Gobineau, Stewart Chamberlain
y otros. El judaísmo entonces en Alemania es considerado una religión y
nó una raza. Reine es educado por
frailes católicos y ya mayor, se convierte al protestantismo luterano; finalmente en un filósofo escéptico.
El mismo satiriza a los judíos tanto

Y como estaba el prado tan lleno de amapolas
te has sentido de pronto manantial de deseos.
Antiquísimo tauro, lleno de espuma viva,
todos los campos son para tí en este mundo
un proyecto infinito de luchas y victorias.
Que la vida está toda congelada un momento
en este perdurar tenso y erguido monumento hierático:
Cuando todo el paisaje y aún todo el universo
sólo a tí se te ofrecen carentes de misterio.
0

¿Quien no se ha conmo\'ido leyendo a Heine alguna vez?
Es muy conocido uno de sus más
bellos poemas a los que el compositor
mexicano, Miguel Lerdo de Tejada le
puso mllsica y llamó a la Canción,
"Las violetas". Dice así:

uPor la maíiana le envio
aún cubiel'(as de I'OCÍO

Hijo de un comerciante judío, ltipadre que se interesara por
sus negocios, sin lograrlo; estudió en
Goethinga donde siguió la carrera de
Leyes, que nunca ejerció y se dedicó
abiertamente a su inclinación, la poesia.
Su prima Amclia, hija de su tio Salomón Heine, despertó en él un amor
wertheriallo, atormentado, desespera-

;:-o su

do, que fué el Ieit-motiv de sus poemas.
;\'unca se realizaron sus esperanzas,
pues Amelia fué casada con un rico
comerciante de Hamburgo. Heinrich,
ciego de dolor, vengóce de una mane•
ra genial pues le dedicó su obra y casi
su vida entera. No hay en él, una mu•
jer que despierte una pasión más ava•
salladora que Amelia Reíne. En sus
,·ersos gime:
''Te he amado y te amo tanto,

que si el mundo sucumbiera
de entre sus ruinas surgiera
la llama de éste amor, eterno y santo."
Sus lágrimas y su dolor, tema de su
obra creadora, ha influido en poetas
de otras nacionalidades y marcadamente se le nota a trav~s del español
Gustarn Adolfo Bécquer y del francés
Anatole France.
En éste último, ha influído enorme ..
mente su notable cspiritu irónico que
nó en vano le ganó el apodo de "rui•
señor alemán animado en la peluca
de Yoltaire". A sus más tiernos acen•
los va unida la sátira elegante, la bur•
(Pasa a la página 6)

como a los católicos y a los protestantes y se cuenta entre los poetas alemanes y no entre los judíos.
Es tan luterano y tan filósofo corno
el más nacionalista de todos los alemanes. Combatiendo contra la tradicionalista escuela romántica que representa el espíritu medioeval germánico, es el más · fiel representante de
su poesía. Hay versos donde se muestra más patriota que muchos alemanes arios. Nos dice.

MUERTE
Angel negro, enigma ensangrentado sobre la arena esteril de la
plaza.
Angel martirizado, medio ciego de ira y de nobleza;
investido. de un impulso sin fin,
terco y agrario, como el vigor del viento de la sierra.

"Yo nací en Alemania y soy poeta
y es mi nombre de lodos conocido
cuando citan los nombres más gloriocilan también el mío."
(sos

Toro ibérico ardiente, extraño totem, fatalidad erguida,
que en redonda agonía sin salida consumarás tu ciclo
bajo el cerco del sol,
donde tu solo eres sombra sin luz y neoro espasmo
hecho del asombrado bronce de la mu~rte.

J

"De mis ansias, tormentos y querellas

1

Naciste ayer, _sobre tus largas patas inocentes,
con tu testuz mgenua
donde solo dos tímidos botones preludian ya
una lejana capacidad de muerte;
pero que hoy nada más ansia de vida son
en su terca insistencia por topar
la ubre caliente.

l 1

LA P0ESIA DE HEINE

Hay un alarde de vanidad en esa
poesía de Heine pero él sabe que en
Alemania lo aman y es leído.
Admiraba a Napoleón, pero heraldo
de la Libertad y enemigo de la tiranía,
aplaude el movimiento patriótico.

Que así caido ahora, tus astas aún apuntan poéticas derrotas·
Y mientras una de ellas empitona la tierra en un abrazo rud~

índice de ilusión la otra señala
'
al pasto azul del cielo, donde muy pronto floreceran las estrellas.

"Lo mismo que en el circo el bravo
toro,
erguimos nuestro cuerpo con furor,
y los cantos de Koerner entonando
del francés sacudimos la opresión."

IGNACIO RUBIO JUST.
Madrid, Diciembre de 1955.

Y en su poesía "Nostalgia" dedicada a su madre dice:

"Será eterna Alemania,
es fuerte y sano su robusto cuerpo;
con sus fuertes encinas, con sus tilos,
siempre podré encontrar su amado
suelo."

I

[
Página 2

Hay acentos en él de profeta y de
guerrero y presiente ya que pasará a
la inmortalidad. En sus Cuadros de
Viaje, escribe:
"No sé en verdad, si merezco que se
deposite algún dia un laurel sobre mi
tumba. La poesía, sea cual fuere el
amor que le tuve,. no ha sido para mí
más ·que un medio consagrado a un
santo fin. No atribuí gran valor a la
gloria de mis poemas, y poco me importa que sean alabados o censurados.
Pero lo que se ha de colocar sobre mi
tumba es una espada, porque he sido
un soldado nleroso en la lucha por la
libertad de todos."

Página 3

�SOlBJRJE lElL AlR.lílfSlíA

Por Jorge RANGEL GUERRA

El aprendizaje de las artes plásticas
es una tarea muy ardua y muy ingrata.
Contantemente se plantean problemas,
los más de ellos irresolubles, y tanto
el maestro como el disci pulo sufren
en ello de manera semejante. El estudiante que se acerca a una Escuela de
este tipo porque siente bullir en sí un
fuego que no· puede apagar, un anhelo
que Jo consume, un algo imprecisable,
llega generalmente con la idea de
aprender el sistema de que se valen
los artistas consagrados para realizar
sus obras de arte. Estas obras de arte
despiertan a los jóvenes, dueños de
un terreno propicio en donde puede
fructificar la semilla de la enseñanza,
un afán de emulación, de igualar al
que ya se consagró, de disfrutar de
los placeres que -sin duda- proporciona la gloria y que las trompetas de
la fama han exagerado en la mayoría
de los casos. El joven no sabe aún lo
que es su vocación ni si está destinado a ella. Siente un vago deseo de
plasmar plásticamente algo impreciso,
d_e. dejar correr el lápiz por la superflcie del papel, de colorear un espacio
que pide tal matiz, de crear en cualquier materia dúctil una forma que se
escapa por sí sola de los dedos.
Aún no se tiene conciencia de lo
que se desea y el Arte se encuentra
en estado de gracia, inmaculado porque no ·se Je ha dado realización.
El joven se acerca a algún maestro;
al que en su opinión Je puede dar algo
ele aquel bagaje preciado; al que Jo
puede iniciar en los misterios del Arte.
El primer desengaño viene cuando
el tal maestro no solamente no puede
darle el cánon, la pauta, ]a receta con
qué hacer arte -por ser de todo punto imposible- sino que se limita a
enseñarle un oficio como cu~lquier
otro - en el mejor de los casos- pintándole un panorama nada halagüeño
(cosa bien sabida por todo el mundo)
para su futuro como artista.
Para el que lleva dentro de si un
fuego verdadero, la crudeza de la realidad será un acicate más, será un so-•
plo vivificador a su hoguera; será un
obstáculo más que salvar mediante un
salto más limpio.
El que va a iniciarse sólo por un
mezquino afán de exhibición o por
encontrar poco difícil -desde su punto de vista superficial- aquel oficio,
dejará en el camino los bríos y volEl que tuvo valor para soportar las
verá grupas más que volando trans- pruebas se encariñará con un ídolo y
formándose en otro resentido que se- tratará de copiarlo paso a paso; lo
guirá las rutas de sus predecesores.
imitará hasta en su vida privada.
Cuando se tiene un maestro digno de
seguir, lo más fácil es ir tras de sus
pasos tratando de realizar todo lo que
aquel creó. Entonces viene una etapa
en la vida y obra del joven artista en
la cual se reconoce continuamente, si
no la mano del maestro, si una influencia tan persiste.nte que, tanto para el
público como para el autor resulta un
tanto fallida. Pero no nos dejemos engallar; todos los artistas consagrados
tienen influencias más o menos marcadas ya de uno, ya de otro. El artista novel no va a ser una excepción.
Su obra se verá marcada desde el
principio por estas sombras, las cuales no pueden ni deben considerarse
trascendentes. La influencia de un artista en la obra de otro más joven ha
dejado de ser ya un aprobio. Son hasta cierto punto necesarias estas influencias porque contribuyen a la formación del artista.
La tragedia viene cuando el novato
pierde 1a fé en su maestro, agotados
ya los veneros de la fuente en que se

.[l.

Página 4

\
nutria; cuando se siente un vacío a
través de las palabras magisteriales·
cuando, a los ojos del alumno, el maes~
tro ha comenzado a descender los escalones del pedestal en que estaba colocado. Entonces parece como si todas las enseñanzas hubieran sido inUtiles. Se percibe un vacío en derredor
El artista se encuentra solo en medi~
de un mundo que no comprende ni
lo comprende. Ahora es cuando empieza el verdadero calvario del artista.
Por ese desconocimiento que tiene de
si mismo; por esa ignorancia involuntaria en dialéctica artísaica; por esa
inseguridad en su propio valer que le
nace del dcsequilib~io entre Jo que
aprendió y lo que vislumbra, el artist~ joven siente más que nadie su propia soledad y padece horriblemente
bajo el peso de la duda: el artista se
siente genio. Nada hay tan eficaz para
crear en la mente de un hipersensible
la sensación de la genialidad como el
desconocer los valores que éste cree
inmanentes y trascendentes en su obra.
La suerte está echada. A partir de este
momento el creador de arte no es ya
más el aprendiz ingenuo que queria
conocer un sistema para hacer arte.

Ahora se desata en su interior una tormenta que no cesará más que con ]a
muerte.
El problema se acentúa al corroborar que su obra no convence ni al público, ni al crítico, ni a si mismo. Nahtralmente, en tanto en· cuanto se tra•
ta de un artista verdadero pues el débil seguirá docilmente las lecciones del
maestro y nunca Hegará a nada serio,
en cambio, el combatiente, el que sufre, el descontento, seguirá devorado
por aquella insatisfacción que le producen las pa]abras del mentor y en su
afán de romper ese estado se lanzará
a crear nuevas armonías, a la conquista de nuevos mundos, dando tal vez en
los extremos más diversos, contrarios
a Jo que hasta ahí entendía por belleza. El artista falso -aunque esto sea
una paradoja -pues si es falso no es
artista- en cambio, sabedor de este
sendero espinoso por el que debe.pasar todo artista, por esta evolución
inevitable, se colocará desde el principio en la situación extrema fingiendo crear obras desconcertantes y contrarias a Jo establecido para asi lograr
el objetivo del artista verdadero sin
recorrer aquel calvario amargo. Podrá
engañar al público, el cual, al negarle
,•alor, lo hará sentirse en el nUmero
de Jos elegidos, es decir, de los rechazados, de aqueIIos que sufrieron durante toda su vida la incomprensión
de sus semejantes y que posteriormente, después de muertos, se vieron coronados de gloria;· podrá engañarse a si
mismo al vivir en desacuerdo con su
circunstancia al olYidar que el aislarse voluntariamente de su ambiente no
es necesariamente signo de calidad ni
el camino único y verdadero que con.
duce al éxito; pero no podrá engañar
al conocedor, al experto, al que tiene
un gusto_ educado en esas disciplinas,
al Que tiene formado nn criterio que
no se deslumbra facilmente.
Entonces se ve el triste espectáculo
que forman esas legiones de artistas
"incomprendidos" que se pasan toda
su vida tratando de sufrir mucho, a
corno de lugar, para de este modo escalar los peldaños que conducen a la
1?mortalidad, sin considerar que al art~sta no le es da~o escoger; que el arllSfa sufre con paciencia su destino y
carga la cruz que le ha tocado en suert~ llevar; que a pesar suyo, el artista
siempre será un barómetro de su época.

ID OS lPOIEM\AS
!DE ENIR.IIQU!Ell A OCIHIOA
EL AVISPERO
a
Juana, M. de Espinoza
Cualquier cosa es mejor
a este avispero en llamas que me aguija,
porque aquí donde estoy me duele todo:
La tierra, el aire, el tiempo,
y este volcanizado sueño a ciegas sucumbiendo.

Anoche sollozaba por un vaso de luz,
toda la noche ardí de sed y amanecí vacía.
Otra noche fué el sobresalto dulce de la sangre;
enardecida fuí de la jaula al látigo,
del látigo al silbido
agresivo y caliente de las venas,
amenecí amargada.
Otra vez me adentré un amor como montaña,
gacela estremecida

vagué temblando húmeda de lágrimas;

mansamente en silencio, ahita de ternura
bebí luz de cristal entre los sueños,
se me quebró en la entraña, me cortaba

HIMNO A DIOS

y me quedé en tinieblas ...

Guía tu viejo gentío de pastores

¡Cuántas cosas he dicho!,
palabras que se arrancan por no llorar de rabia.

con la vela de la abundancia

Ya no puedo dormir sobre la misma almohada

para que el oro dulce de la espiga

aunque los ojos sueñan.
Me repudio al decirlo, pero cualquier cosa es mejor

prenda olor en las mesas.

a este avispero en llamas eri que vivo.

Sube la mies divina de grano a pan,
precipita luz a las sienes
en la caldeada orilla del pensamiento;
no dejes tu marejada de hombres despeñarse
al filo de la sangre.

k====::::=.=:t~

~~
-

Oye el frenesí de mis palabras, Dios mío,

. 'e-...:.·

--- -

;.._.

"= )

sabe que son la llama más recia del corazón
eriguiéndose a tu nombre
porque tu viva voz quiebre el amargo abismo
de distancias
con que vivimos muerte antes de muerte.

•

Página 5

�EVOCACION ....
(Viene de la página 1)

,

• Ias conciencias que se han separado
de las enseñanzas de la Iglesia.
Historió, igualmente, la evolución
de la poesía lírica en los largos prólogos ele su Antología de poetas liricos
castellanos (1890-1908) con una visión
tan atinada como minuciosa, y los trece volúmenes publicados sólo abarcan
hasta la Edad Moderna; y completó la
Htica artistica con la popular con el
Tratado de los romances viejos, que
componen los volúmenes once Y rloce
de dicha Antología.
Realizó igual ímproba labor con la
poesía de nuestro Continente en la parte históricocritica de su Antología de
poetas hispcmoamericanos. Disertó amplia y sapientementc sobre Frey Lopc
Félix de Vega Carpio (1890-1902), sobre cuya encumbrada figura editó los
trece ¡;rimeros volúmenes. Trazó también las notabilísimas páginas de Los
Orígenes de la novela, incluyendo allí
el texto de famosas piezas noYelísticas
medievales.
De 1878 a 1898-dos dúcadas- ocupó su ejemplar y flúida cátedra en la
Universidad de Madrid, siendo designado después Director de la Biblioteca
~acional.
Murió Menéndez y Pelayo en plena
actividad, a los cincuenta y seis años,
cuando -como decía él mismo- "le
faltaba mucho por leer", después de
haber alzado sobre sus hombres todo
el conocimiento de la Ciencia española y sus irradiaciones.
Su pródigo magisterio se ha ido multiplicando a través de generaciones y
más generaciones que siguen sus ,lumi-

LA POESIA

nosos pasos 1 alumbrados por un credo
sin- par.
Esparia actual ha emprendido la edición nacional de las obras del l\faestro. Buena tarea, válida para todos los
tiempos, para quienes se ocupan de
dignificar el conodmiento histórico
·espaiiol en la lengua de Berceo y el
juglar mozárabe del Poema del :\Ho
Cid .
)ligucl Artigas en La vida y la obra
de .llenénde: y Pe/ayo, Zaragoza, 1939,
~· Pedro Laín Entralgo, actual Rector
de la Cniversiclad Central de )Iadrid,
en illenénde: y Pelayo . Historia de sus
problemas intelectuales, nos ofrecen el
prrfil y Ja enlralla del :\Iaestro, a quien
hoy y para siempre debemos honrar
con nuestra fiel imitación.
Queda mucho por decir de este prócrr _del pensamiento - ciudadano del
mundo- , de sus libros, no todos ellos
nombrados en esta Ei10cación, de su
Yida entregada al bien común, en el
pan de su sapiencia, eYangelio de los
estudiosos.
Bonilla r San )lartin en Su Marcelino )Ienéndez y Pelayo, ~fadrid, 1914,
asienta que "A estos tres fines, de cril;ca del presente, de reconstr11cció1z
del pasado r de regenuación para el
porvenir, responde, a mi parecer, toda
la ingente obra del Maestro, incluso la
literaria", y Don Pedro Sáinz Rodríguez "De las ideas puestas en circulación por Menéndez y Pelayo sobre
nuestros .autores vive hoy la critica
erudita hispánica" ...... verdades de las
que han vivido las generaciones inmediatas a la vida del gran humanista y
de aquellas que en polvo se vayan convirtiendo ....

•

la fina conque hiere a quienes le atacan.
El ingenio de este moderno Aristófanes alegra el espíritu de sus lectores.
N'os dice en "Nordeney":
"Los indios no son tan tontos como
creen nuestros misioneros. Veneran a
los animales a causa del alma humana
que presumen habita en éllos. y si fundan lazaretos para monos inválidos, a1
modo de nuestras academias, es posible realmente que en cada mono resida
el alma de un gran sabio; lo que es
seguro es que entre nosotros, en el
cuerpo de muchos grandes sabios, mora el alma de un mono.''
De las mujeres que le han colmado
de amargura el alma, decía hablando
del legendario Caballero de Lusignán
y de su amada )Ielusina la náyade:
"¡Dichoso Raymundo cuya amante
rue solo serpiente a medias!"
Ataca al Conde August von PlatenIlallermí.inde. poeta alcmún adversario
suyo, y bur]onamentc Jo llama Don
Platen Collibrados de Hallermünde pa- ·
radiando el nombre de Don Ranudo
de CoHibrados, hidalgo hambriento,
personaje risible de una comedia de
la época.
Estaba el Conde en la UniYersidad
de Erlangen, ''donde-nos dice burlonamente Hcine-le daban alguna ocupación."
Y a1lade: " .... el Conde, cada día más
entusiasmado con su futura magnificencia, ·abandonó toda labor y decidió
vivir de la pluma, de algunos providenciales obsequios y otros méritos
varios. El condado del Conde se halla
en la Luna, y como las comunicaciones entre este astro y la Baviera, son
dificiles, no podrán llegar acá las extraordinarias rentas del señorío hasta
dentro de veinte mil años según los
cc\lculos de Gruithuiscus, cuandq la
Luna se acerque a la Tierra.''
El ingenio picante de Hciine no perdona a los antiguos frailes que durante
la ocupación Xapoleónica de Düsseldorff, se encargaron de su educación.
"Un tiempo hubo que besaba fervoroso la mano de todo capuchino que
encontraba en la calle. Era un niño y
mi padre me dejaba tranquilo, sabiendo que mis labios no se iban a conformar siempre con la carne de capu~
chino. Y en efecto; me hice mayor, y
comencé· a besar mujeres hermosas."
Fué sin embargo un J1,mante desdichado aunque muchas mujeres hayan
cruzado por su vida, agitada. Su amor
juvenil, su amor primero volvía con
frecuencia a su memoria y despertaba
la inspiración más tierna:

Era una lloche de Mayo;
sentado bajo los tilos
eterno amor nos jurábamos/'
"

¡!

•ce

Y las noches claras y tachonadas de
mil ojos de luz suspira:

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(• '';l~_,

"Oh lindas y claras estrellas de oro
honrad a mi amada en país lejano
decidle que yo con.mi alma la adoro,
que por ella sufro y que estoy muy
pálido."

Acusa cierta inclinación al romanticisco de Lord Byron:
"Otra ve.: los mares cruzo
sobre nueva embarcación;
nuevos amigos contemplo
girar a mi alredeflor;
de extraños mares me arrulla

Página 6

••••

(\'icnr de la página 3)

"Ha vuelto mi antiguo sueño.

,.

era para él, el faro, el guia espiritual
de Alemania y el mils grande de los
pensadorc-s modernos.
Declarado apóstol de la Libertad, se
acercó a su compatriota Karl ~Iarx (o
)lardochai), hijo de nn Rabino Israelita, quien le decepcionó con sus falsas
teorías revolucionarias y la filosofía de
las masas.
Colaboró en cambio con el periodista judío-alemán, Ludwig B0rne (Loeb
Baruch) que también como él, por sus
ideas liberales se había refugiado en
Francia. A él se unen también otros
a1cmanes no judíos, ele ideas reformadoras como Karl Gutzhow y Heinrich
Laube; quienes formaron la "Joven
Alemania" a la que había de pertenecer más tarde, Richard Wagner.
Habiendo contraído matrimonio con
una mujer humilde y súbitamente atacado por una enfermedad incurable,
mucre lfeine lc-jos de su Patria, víctima fle atroces sufri_mientos y dolorosos padecimientos.
Amó mucho el ~lediodía, la Italia,
la Francia, la Grecia, pero aún así se
consideró como muchos otros poetas
románticos, el intérprete de las tradiciones populares de su patria, las
que trató en prosa y en verso. Antes
que \Yagner, mencionó a Tannhfiuser,
Lohrengrin, los NibeJungos 1 etc. Pero
la lerenda más conocida que le ganó
la gl~ria universal y le hizo famoso,
fué la Canción de Loreley, de la cual
presentamos su versión en nuestra lengua:
Yo mismo la causa ignoro
de esta sombría tristeza;
hay un cuento muy antiguo
cuyo recuerdo me apena.

- r~',tl
1 ~

'Í'

t

Ííeinrich Heine

la melancólica vo:..
iQue lejos está mi paiJ"ia.'
¡Que triste mi corazón!"

Recuerda con éllo, las despedidas
del poeta inglés dd cual aparentaba
mofarse como de la mayoría de los británicos. Su estirada pedantería así como la rigicléz prusiana, provocaban en
el bardo hebreo-germano la risa volteriana y les liacia objeto de su sarcasmo.
Y pro\'Ocando la cólera de )letternich y de la Santa Alianza exclama:
"-¡ Soy todo alegria, todo entusiasmo, soy la espada, soy la llama!"
Pero la carcajada del Aristófanes
germano es ahogada por un rictus de
dolor al recuerdo de su amor frustrado y surge nuevamente el poeta lleno
de amargura:

Sopla [I'esco el viento leve
la noche sombI"ia llega;
el Rhin corI"e silencioso
y los picos de la sierra
devuelven del sol poniente
las claridades postreras.
En la alta cumbre sentada

Está una hermosa doncella;
fulguI"an sobre Sil ctier·po,
doradas y ricas telas.
Y peina sus rizos de oro
Con sus manos de azucena.

"La muerte es la noche fria,
y la vida es el dia abrumadol'.
Atardece y tengo snefi.o;
del día ardiente me l'indió el calor .. .''

Enemigo declarado de todo lo que
le parecía falso, atacó la polit;ca y la
literatura decadente de Europa y exaltó la gloria Napoleónica qe entonces
era condenable.
Marchó a Berlin donde conoció a
Schlegel, a Hegel, Gans, ~fadame Stael
y a Varnhagen von Ense quien tanto
él como su mujer Rabel Levin, fueron
grandes amigos suyos. Visita a Goethe
en Vleimar quien le recibe p~triarcalmente. Marcha a Londres, visita Italia y finalmente se establece en París
definitivamente donde hace amistad
_con Theófilo Gauthier, Giacomo Meyerbeer, Franz Lizst, etc.
Ya en Alemania era célebre su "Buch
dcr Lieder" (Libro de las Canciones)
del que es célebre su "Intermezzo Lírico", puplicadoS en su juvetud.
Sus Reisebilder (Cuadros de Viaje) contienen un gran encanto. También publica sus dramas "Almanzor"
y "\Yilliam Ratcliff", "El tambor Legrand y otras historias" de evocación
~apoleónica, "El Libro de Lázaro" y
"Melodías Hebraicas" en las que evoca la figura patriarcal de Yehouda
Hálevy y 'De la Alemania" y "De Francia", en los que sintetiza el pensamiento filosófico y literario de ambos países.
Se declaró contrario a la monarquía
y abrazó la república democrática
francesa.
A la muerte de su ido1o, el Zeus
Olímpico, el último homérida, el gran
Goethe, suspira tristemente: " .... los
dioses se van, los reyes se quedan .... "
y era como un lamento republicano
dédicado al monárquico Goethe que

Con rico peine de oro,
peina su áurea cabellera,
mientras que de sus labios rojos
alegre canción se eleva.
Canción de extrarlo prestigio
y melodías siniestras.

En su barca el mal'inero
siente inconsolable pena;
no ue los golfos traidores,
no ve las traidoras peñas;
solo ve la hermosa virgen
sentada sobre lq. sierra.

f

IL I IBlílOS
CA!fflJl.00 Dt J.,lmlA_ffllA'·
IIEXICAlf.\

VARLl

OBRAS C())IPLETAS de Alfonso Reyes. Tomo T. Col. Letras )iexicanas.
Fondo de Cultura Económica, México, 1955.
)!uchos fueron los homenajes· que
se ofrecieron a Alfonso Reyes el pasado aifo con motivo de su jubileo literario. De todos los países latinoamericanos surgió el deseo de hacer
patente su reconocimiento a una Jabor
tan f~cunda como la de este escritor,
~, en nuestro país, las universidades
e institutos de cultura se sumaron a
este homeflaje continental. Ya para finalizar el año, el 24 de diciembre, las
prensas del Fondo de Cultura Económica sacaron a luz el primer tomo
de las Obras completas de este mexicano universal, cerrando así su afio·
jubilar ron una publicación que es
coronamiento de toda una actitud. La
edición ele este primer tomo, planeada
al principiar 1955, puede decirse que
inicia lo homenajes a Alfonso Reyes,
y los cierra decorosamente al fin del
ailo con su aparición Ol)Ortuna.
Se publican aquí Cuestiones estéti(Jlll' aparecil'ra por primera vez
rl alio ne 1911 con el sello editorial
de la Librería Ollendorff, de París; los
Capit1tlos de Literatura Mexicana: sus
conferencias del Ateneo sobre Manuel
José Othón y el paisaje en la poesía
mexicana del siglo XIX, y otras cosas
más, que lrnsta ahora se publican en
conjunto; la tercera parte del volumen, titulada Varia, incluye las primeras prosas de Reyes, publicadas originalmente en las revistas de la época:
Revista Moderna, El A.ntirreeleccionisla, Revista de Revi,tas. En suma, este
primer tomo contiene la producción
de la primera Cpoca de Alfonso Reyes.
Xo todo, como se dice en el apéndice
bibliográfico, ya por no concedérsele
importancia a algunas páginas, ya por
haber sido aprovechadas en libros de
estas Obra.-, completas, como la rí'eoria
de la sanción, tesis recepcional con la
c¡ue obtuvo el titulo,' y en la que, según él mismo cuenta, examina el Derecho por la otra punta. "no ya a partir de las definiciones, sino, pragmáticamente, en rl remate de las sanciones".

cas,

Yo creo que, al fin, las ondas
marino y marca ligera
engulléndose llevaron
a sus sombrias cavernas,
y que fueron el motivo
de Lo1·eley las canciones,
melodiosas y siniestras."
Hay amargura en el acento de Heine.
Loreley es el amor imposible y el náufrago, es el amante desdichado que se
precipita en los abismos de la desesperación seducido por la belleza del
ser amado. BeHeza perversa que le
causa la muerte.
Lo cierto es que en Düsseldorff, fué
le,·antado un monumento a la memoria del poeta y sobre la efigie de Heine,
en lo alto se mira la estatua de Loreley
tal como la describió el bardo.
Los turistas de todo el mundo que
En la Xoticia que antecede al PróYiajan por Alemania van a visitar la logo de Cuestiones estéticas nos inforRoca de Loreley en el Rhin a la que ma el autor sobre el criterio que se ha
ha embellecido la balada del poeta.
seguido para ]a reedición de este libro.
Solo me resta añadir que ningún Ya rn abril del pasado año de 1955 esotro poeta de su raza, fué considerado cribía Reyes, en una segunda versión
más digno de pertenecer al glorioso del Capitulo I de su Historia documenpasado de su patria, y que nunca se tal de mis Libros, yublicado en este
podrá hablar del Parnaso Alemán sin mismo boletín mensual de la Universimencionar a Heinrich Heine.
dad de Nuevo León: Armas y Letras,

sobre los problemas que presentaría
una segunda edición de su libro inicial, que lo tentaba a "simplificar
aquel estilo a Yeces rebuscado, arcaizante, superabundante y oratorio .. .1' Y
dice mas adelante: "A Yer cómo me
l~s arreglo algún día para lanzar una
segunda edición, cerrando los ojos y
sólo tocando lo indispensable".
1

~o es necesario hablar sobre la im•
portancia que tiene este primer libro
de Alfonso Reyes para conocer su Ira.
yectoria literaria. En sus páginas encontramos los primeros pasos ele una
marcha hasta ahora ininterrumpida,
en Ja cual se mantienen vivas sus mismas aficiones y sus mismos puntos de
vista. Sus estudios sobre Greda, que
tropezaron originalmente con las Electras, iban a desembocar años más tarde en la Junta de sombras y la Critica
en la edad ateniense. .lo, mismo podría decirse del resto del libro, en el
que se &lt;lió cabida, cuando su autor
contaba escasos ,·cinte años, a Goethe
y Jlallarmé -vivos aún en Alfonso Reyes y en sus libros- , a Góngora y la
literatura castellana.
Las conferencias del Ateneo de la
Juventud aqui inclt1ídas, una sobre los
· poemas rúsUcos de Jfanuel José Othón
y la otra sobre el paisaje en la poesía
mexicana del siglo XIX, son dos estudios que ofrecen al lector un doble interés. Por una parte, corresponden a
la escasa bibliografia que existe sobre
nuestras letras. y por lo tanto se vuelven de obligada consulta. Pero además, nos sirven para valorar la actitud de un escritor, y drl grupo a que
perteneció, que por aqueJlas fechas del
Centenario Tea1izaban una critica literaria con los ojos puestos s_obre lo
nuestro. No es una mera coincidencia
que mientras Alfornso Reyes trataba
sobre Othón, Antonio Caso lo hiciera
sobre la filosofía moral de don Eugenio M. de Hostos, Henriquez Ureña sobre Rodó, Carlos González Peña sobre
El pensador mexicano y su tiempo,
Escofet sobre Sor Juana y Vasconcelos
sobre Gabirro Barreda. Todos los integrantes del Ateneo de la Juventud,
sin excepción, encaminaban sus estudios y orientaban sus esfuerzos sobre
problemas mexicanos y americanos.
En estas páginas, pues, junto al valor
que tienen por ser estlldios serios y
autorizados, hay que imponer también
e1 que proviene de la condición histórica en que se produjeron, únicas manifestaciones de ese género en un 1910
que culminaría con el nacimiento de
la Revolución )fexicana.
En la tercera parte de este tomo, titulada Val'ia, se incluyen los ensayos
y artículos a que ya se hizo mención,
en la que aparece la Alocución en el
aniversario de lll sociedad de alumnos
de la Escuela Xa.cional Preparatoria,
pronuciada por Alfonso Reyes en el
año de 1907, "página remotísima" que
se recoge aquí por ser el arranque de
su prosa. El artículo Julio Rucias subjetivo, que apareció inicialmente en
Revista Moderna (1908) y hasta ahora
vuelto a publicar, es una de las escasas páginas que se han escrito sobre
el arte de este singular artista, casi
desconocido ahora.

Con la aparición de este primer tomo de las Obras c.ompletas de Alfonso
Reyes, a los cincuenta años de haber
iniciarlo su actividad literaria pública,
se cumplen las palabras de Francisco
García Calderón, que aparecen en el
Pt'ólogo a Cuetiones estéticas: "Este es
un prólogo espontáneo. El anuncio de
una hermosa epifanía .. .''

A. R. G,

ALAS CASAS EDITORIALES YA
LOS SEÑORES DISTRIBUIDORES
YLIBREROS DEL CONTINENTE
La Cniversidad de Nuevo León ha
mantenido desde su fundación un vasto plan editorial que desarrolla al tra\'éS de publicaciones cuya circulación
comprende a todas las Instituciones
oficiales, universitarias, académicas,
ateneistas, centros culturales, sociedades &lt;le diversa índole y personas, en
América y Europa.
Entre el cuerpo de ediciones que
aqui se imprimen figura nuestro mensuario ·'ARMAS Y LETRAS", que recientemente ha establecido una sección -LIBROS~, en la que figuran
comentadas las obras últimamente aparecidas en las prensas americanas.
Dada la extensa órbita de circulación del Boletín arriba mencionado, y
en interés de ofrecer al lector americano una juiciosa información del fondo y continente ·de la obra, cotejada
a la 1uz de un criterio ecuánime y a
tono con la moderna interpretación
del pensamiento científico, literario o
artístico, "ARMAS Y LETRAS" se com1,lace en invitar a ustedes a coadyuvar
con este propósito de orden cultural
(¡uc anima a la Universidad de Nuevo
León, solicitándoles el envío de cada
una de las ediciones nacidas en sus
prestigiosas prensas, las cuales serán
obfeto de nuestros comentarios, en la
medida que· ,,ayan llegando a nuestras
manos.
Los envíos deben hacerse a:
"ARMAS Y LETRAS",
Universidad de Nuevo León,
Plaza del Colegio Civil,
)lonterrey, Nuevo León,
:\léxico.

rmasy

l...l-=::JJETRA
Organo Mensual de la U níversidad
de Nuevo León
Registrado como artículo de 2a. Clase en la
Admón. de Correos de Monterrey, N. L, el

20 de Abril de 1944.

INDICADOR:
Colaboradores
Raúl Rangel ~ rías

Fidencio de la Fuente
Francisco M,. Zertuche

Genaro Salinas Quiroga
Arturo Cantú S.
Homero A. Garza

Alfonso Rangel Guerra
Guillermo Cerda G.
Jorge Rangel Guerra
Manuel

Morales

Director

Lic. Fidencio de la Fuente
Oficinas
Washington y Colegio Civil
Monterrey, Nuevo León

MEXICO

Página 7

�PRESENCIA DE

BENJAMIN
FRANKLIN
Genaro Salinas Quiroga

Benjamín Franklin ( 1706-1790) físico, hombre de letras,
diplomático y estadista norteamericano, cumple el 19 de enero
de este año, ciento cincuenta años de su glorioso nacimiento.
Es oportuno por lo tanto hacer ahora algunas reflexiones fundamentales sobre su obra a la que tanto debe no sólo su país y
el Nuevo Continente, sino también el mundb civilizado. En corroboración de ello, muchos años mas tarde y con motivo de su
muerte, en la tribuna enlutada del Parlamento Francés, habría
de decir el elocuente Mirabeau que "arrancó el cetro a los déspotas y el rayo a los cielos".
La fecha de su origen se remonta
al 17 de Enero de 1706 en Boston, entonces capital de la Colonia de Massachusetts. Su padre Josias Franklin,

por viudez se casó dos veces y de su
segunda espos~ Abiah Folgier tuvd a
Benjamín. Fue el último de los hijos
varones de J osías y el decimoquinto
en la familia. Su progenitor habla emigrado de Inglaterra bajo el reinado de
Carlos II en 1682, con su primera mujer y tres hijos. Se estableció en Bos-

ton ejerciendo al principio su antiguo
ofic io de tintorero - de tejidos de seda
y luego el de fabricante de velas.

Brnjamin, por pobreza de sus padres, sólo asistió a la Escuela primaria oficial un año y luego durante poco tirmpo tuvo un preceptor particular de aritmética y de gramática. En
su testamento dice: "Nací en Boston ,
y a su escuela gratuita debo mi primera instrucción literaria" . Fue toda

so y a lo~ c¡uince años o sea en 1 i21
publicú el segundo J}eri6dico que se
cclitó en los Estados Crridos "The New .
England Courrant" ("El Correo de

sofo y moralista, escribió ''El Libro
riel Hombre de Bien" que por ser un

Nueva Inglaterra") del cual fué im-

de ~larra Aurclio, el que mas que Emperador de Roma, fue Monarca de si
mismo.

presor, editorialista, director v lo repartió personalmente a los s~scriptores. Fue Franklin el primero que se
ocupó en su diario de comentar asuntos trascenrlentalcs para su país y para
su época.

Recordando su querido oficio de
impresor escribió que en su vida había tenido "erratas", pero que se había
esmerado en corregirlas. Radicado en

En 1 i32 y bajo el seudónimo de Ricardo Saundcrs y que todos conocie-

Filadelfía, fundó por suscripción la Biblioteca Pública de dicho lugar, que

ron después bajo el título del "buen

con su nombre todavía se conserva,

hombre Ricardo" publicó su célebre
Almanaque CfUC' Jle,·ó a cabo una completa re\'olución en la materia. Lo
editó durantC' Ycinte años consecuti,·.os r con~tituyó un admirable resumen de moral sencilla, de saber práctico, de higiénc, de previsión del tiem-

luchó ardientemente porque hubiera
Colegios para los pobres, Hospitales, se

po, de consejos para el cultivo de la

tro idiomas, aparte del propio, y en

tierra, para la cría de animales, para
la pequeña industria y la conservación de la Salud de sus semejantes.
Lo cual quiere decir que no sólo fue
Franklin Jibcrtaclor de su patria. sino
tambiCn y mucho antes maestro de sus
connacionales.

ellos leyó las obras clasicas originales:
francés, italiano, español y· latln.

He aquí algunos de sus proverbios,
que aparecen en sus Almanaques, cuya ,·cnta anual sobre pasó a diez mil
ejemplares, cifra entonrL"s extraordinaria: "~o desperdicicis el tiempo,
porque &lt;"i :.1 tela ele que esta hecha
l:.1 vida". 41 (:amina tan despacio la pereza que muy pronto la alcanza la pobreza".
Formó en su imprenta c-xc&lt;'lentcs ti-

empedraran las calles; porque se contara con medios eficaces de apagar
los incendios y porque se dotara a la

población con una adecuada policía
nocturna. Aprendió por si sólo cua-

Su obra como inventor es formidablemente meritoria y fecunda: ideó la
instalación de chimeneas adaptadas a

las estufas comunes; produjo la primera batería eléctrica de fuerza considerable, pero su gloria mas grande en el
campo de la física fue haber creado

e) pararrayos al comprobar la identidad entre el rayo y el flúido eléctrico.

Con tal motivo, recibió muchos mcreci&lt;los honores en su vida: la Unh•ersidad Escocesa de Edimburgo y la In-

¡

glesa ele Oxford le otorgaron el grado
de doctor. La Academia de Ciencias
de París lo catalogó al lado de Newton
y Leibniz.

.J

1

JHli.rraros que hicieron prbspera esta in-

dustria en las antiguas trect' colonias
nortl'americanas, las que contribuyehumanidad. Niño aún, trabajó en el ron a t•le\"ar su nivel cultural. Leyenmodesto taller de producción de velas &lt;lo las \'idas de Sócrates y de Jesucrisde su padre, luego en una imprenta. ~ to, aconsejó que debíamos ele imitarles
Adelantó notablemente; leyó cuanto li- c•n su humildad. Con los años y sienbro pudo en horas tomadas al desean- rlo ya rl'ronocirlo como un gran filó-

s u educación en Colegio de quien fué
uno de los mas grandes sabios de la

bre\"iario de moral práctica, humana
y scncil.la, nos recuerda los soliloquios

En el úmbito político fué Adminis-

tra1lor Gí'ncral de Correos de la colonia de Pennsylvania y Diputado a la

Asamblea Pro\·incial. Las bases para
la Unión de las trece colonias fué
obra personal suya. Las colonias de
~laryland, Massachusetls .Y Georgia, lo
nombraron su Hepresentante en Londres, donde Jlevó a cabo una magnifica labor. Fué también de los liberta-

rlores d&lt;' su patria y firmante de su
Constitución, figurando gloriosamente
su nombre al lado de George Washington, John Adams y Thomas Jefferson.
}lurió el 17 de abril de 1790 a las
11 de la noche. En su testamento dejó
un legado a la Escuela Gratuita don-

de habia recibido las primeras lecciones; otro para hacer navegable el ria
Schuykill; otro para los aprendices
jóvenes de imprenta de Boston y Filadelfia y otro para el Hospital de esta
ciudad. Dicho documento lo concluyó

así: ºDoy mi lindo bastón de manzano sHvestre, con su puño de oro pri
morosamente trabajado en forma de
gorro republicano, a mi amigo, al amigo de] linaje humano, al general Wáshington.11
4

A su muerte, el Congreso de los Estados Unidos ordenó que todos los habitantes de la nación, llevaran luto por
dos meses. La Asamblea Nacional de
'Francia guardó h;to tres días por el

gran sabio norteamericano.
Con una dulce ironía Socrática y teniendo plena confianza en Dios, en
1728, el compuso su propio epitafio,
arreglado ingeniosamente con palabras

de su antiguo ,o ficio de impresor que
nunca olvidó: "EL CUERDO DE BENJA)IJ:,¡ FRANKLIN, IMPRESOR, PARECIDO A LA CUBIERTA DE UN
YIEJO LIBRO, PRIVADO DE SU CONTE:-.IDO Y DESPOJADO DE SU TITULO Y DE SU DORADO, DESCANSA
AQUI, PASTO PARA LOS GUSANOS,
PERO NO SE PERDERA LA OBRA,
PUES (SEGUN EL 1IIS1IO CREIA)
REAPARECERA EN UNA NUEVA Y
}!AS ELEGANTE EDICION, REVISADA Y CORREGIDA POR EL AUTOR".

Página 8

---

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                  <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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                <text>Armas y Letras, Boletín mensual de la Universidad de Nuevo León, 1956, Año 13, No 1, Enero </text>
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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>•

BOLETIN MENSUAL DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON

UIIIWWlf.1&amp;10

como artículo de 2a. clase en la Administración de Correos de Monterrey, N. L., el 20 de Abril de 1944.

Año XIII

No. 10

ANfb_w~ " DE MENENDEZ Y PELA YO:
,

¡(!

Lffll ~
ÉRHTURH EPHÑ LH
EN EL I L XVII
(RESUMEN)

agonizaban, en terminos que apenas es
posible recordar otro nombre ilustre
Con el advenimiento de la dinastía francesa al trono de Es- que el de Solis en la Historia, y los
paña, se inició entre nosotros una modificación literaria, que de Bances, Candamo y Zamora en el
De la poesía lirica apenas quetrascendió a otros ramos de nuestra cultura. Contribuyó a alla- teatro.
daban reliquias, ni es licito dar tan
nar el paso a la influencia extraña, la decadencia y senectud vi- alto nombre a las rastreras y chabacasible de la civilización indígena, no tan muerta, sin embargo, en nas coplas de Montoro, Benegasi y
los últimos días del siglo XVII, como pudieran inducimos a otros aun más oscuros. Pero la literacreerlo apasionadas declamaciones. Cierto que las bellas letras tura científica no babia llegado a tan
miserable postración y abatimiento, y
vivía aún de la savia de edades anteriores, produciendo teólogos y canonistas tan insignes como el cardenal
Sáenz de Aguirre, comentador profundo de S. Anselmo y editor de los Concilios españoles; jurisconsultos tan
versados en los misterios de la antigüedad romana como Ramos del Manzano y Fernández de Rétez, cuyas
obras coleccionó Meerman, y cuyos
tratados de posesión, todavía de nuestro tiempo ha encomiado el gran Savigny. Además ilustró gloriosamente
los últimos años del siglo XVIII, una
pléyade de críticos históricos, empeñados en la noble empresa de depurar de fábulas nuestros anales. Y lo
cierto es que a aquella edad de Carlos
11, infelicisima por otros respectos, se
debieron tan ingentes trabajos como la
ya citada colección canónica de Aguirre, las dos Bibliotecas (antigua y nueva) de Nicolás Antonio, su Censura de
historias fabulosas, donde batió en brecha los falsos Cronicones de Dextro,
Marco Máximo, Luitprando y Juliano;
la Themis Hispánica (Q historia de la
legislación española) de don Juan Lucas Cortés, y otros insignes trabajos
·. de Fray Hermenegildo de San Pablo,
del Deán Marti y otros preclaros va• rones,
;U/ • De igual modo, tampoco las ciencias
y naturales habían permaneci,, exactas
do estacionarias. Quizá desde los tiempos de Pedro Juan Núñez, no babia
tenido la península ibérica matemáti1 ,¡•
co más esclarecido que el autor de la
1
Analysis Geometrica, Hugo de Omeri1
Ín 1"'
que, cvyo libro tan elogiado por Newton, apareció en Cádiz en 1698. Los
estudios de medicina y física experimental adelantaron no poco con la
creación de la Real Sociedad de Sevilla, cuyas memorias encierran gran número de observaciones rigurosamente
metodizadas.
Había, pues, germenes científicos en

,'

" ,11j ,,

1

' } 'l'

(.12?-l

Octubre 1956
la España de fines del siglo XVII, y licito es creer que aun sin el impulso
oficial y centralizador del gobierno de
Felipe V, hubieran florecido los Solano de Luque, los Tosca y los Feijóo.
No se ha de negar, por eso, a Felipe V (aunque prlncipe débil, apático
y valetudinari9) ni menos a sus consejeros la prez de haber impulsado los
estudios graves, siguiendo el modo
centralista y oficial que estaba de moda en Francia. Y de hecho prestaron
muy positivos servicios a nuestra cultura la Academia Española con su
Gramática y con su Diccionario de Autoridades, riquísimo tesoro de la lengua castellana: la Academia de la Historia con los primeros tomos de sus
Memorias, y con la eficaz protección
que concedió a los viajes científicos
y a las exploraciones en los archivos.
Continuó, pués, en las primer.as dácadas del siglo XVIII el notable movimiento de la ct-ítíca histórica, iniciado en la edad anterior, y fueron dignos sucesores de los Nicolás Antonio,
los Lucas Cortés y los Salazar y Castro, el Padre Berganza en sus Antigüedades de Castilla, Ferreras en su Sinopsis cronológica; el Padre Burriel,
cuyos maravillosos trabajos sobre nuestra historia cronológica y civil quedaron desdichadamente manuscritos;
los dos hermanos Mayans, y sobre todo el Padre Flórez y sus continuadores en la ' incomparable España Sagrada. Del vigor y de la actividad de los
trabajos criticas en aquel reinado dan
testimonio asimismo los trabajos numismáticos y epigráficos del insigne
catalán Finestres y del doctisimo valenciano Pérez Bayer, por quien puede
decirse que despertaron los estudios
orientales. Su libro de las Medallas
hebraico-samaritanas, su disertación
sobre la lengua Ubico-fenicia, así como el libro de Finestres sobre las inscripciones romanas del Principado de
Cataluña, y la memoria del Deán de
Alicante l\larti, sobre el teatro de Sagunto, mostraron que aun no estaba
apagada en España la luz que encendieron los Antonio Agustín y los Laslanosa. Continuó este saludable renacimiento en los dos reinados posteriores, y se vió a Velázquez estudiar las
monedas primitivas o autónomas de
España, a Asso y Manuel impriIJJ.ir
nuestros viejos cuerpos legales y penetrar en el laberinto de la primitiva
legislación de Castill~; a Capmany desenterrar el libro del Consulado y las
memorias de la marina, comercio y artes de la antigua ciudad de Barcelona; al Padre Arévalo y al cardenal Lorenzana imprimir de nuevos las obras
de los PP. de la Iglesia Española y los
monumentos de nuestra primitiva liturgia; a Sarmiento y a Sáncbez investigar ]os origenes de nuestra poe.
sía; a Floranes copiar infatigablemente privilegios y cartas municipales; a
los PP. Caresmer y Pascual escudriñar
los últimos rincones de los archivos
monásticos de Cataluña; a Bastero acometer la grande empresa de su Crusca

�Prouen:al; a Cerdá y Rico publicar
gran número de crónicas, y a Jos Académicos de Buenas Letras de Barcelona, trazar el mejor libro de crítica
histórica que se vió hasta su tiempo.
Honrilbanse, a la par, las ciencias
físicas r matemáticas con los nombres

de t;Uoa y Jorge Juan, autor egregio
del Examen Marítimo, y propagador
de los principios neytonianos en Es-

paña. Cultivaban la botánica los Quer,
los Ortega, los ~lutis, los ~avanilles,
los Salvador, los Bernardes y los Rojas
Clemente. Fundábanse el Gabinete de
Historia Natural y el Jardín Botánico.
Se asociaba España a todas las empresas científicas, desde la medición
d&lt;&gt; un grado del meridiano hasta la detcrmlÍ!ación del sistema de pesos y
medidas. Badía exploraba el Africa y

teriano: al contrario, de la pureza de
su fe tenemos irrecusables testimonios.
Decidido adversario de la superstición rindió siempre tributo a la verdad del orden sobrenatural, y aun
puede contársele entre los mejores
apologistas cristianos de su tiempo. No
era grande escritor, pero si fácil y
y ameno. Afeó y bastardeó la lengua
con innecesarios galicismos. Removió
infinitas ideas, y fué, por decirlo
así, un periodista cientifico. Vulgarizó
gran número de conocimientos experimentales e históricos; fué gran partidario de los principios newtonianos

y del método de observación. Al canciller Bacon y a nuestro gran Vives
rcconociolos siC'mpre por maestros y
guias, viniendo a ser su doctrina una

López, y los numerosos escritos de don
Juan Pablo Forner, que trató, no sin
gloria, de reanudar la cadena de la filosofia española de otras edades.
Desde la publicación de la Poética
de Luzán, en 1737, dominaba en Espafia, con muy leve protesta, el gusto literario francés llamado clásico, y con
mús propiedad neoclásico o pseudo~
clásico, es decir la admiración por los

modelos literarios del siglo de Luis
XIY. Luzán, personalmente considerado, profesaba doctrinas estéticas y críticas, muy superiores a su tiempo, y
más que de los franceses babia tomado su doctrina de los italianos. Pero
sus imitadores y discípulos Nasarre,
:'llontiano, etc., todos muy inferiores a
él, extremaron cada vez más el intole-

ba de las tablas. Sólo puede salvarse
de todo este teatro trágico la Raquel
de Huerta, que a lo menos está sentida al modo castellano, y escrita en
v('rsos valientes y numerosos, como solían serlo los de su autor, heredero de

guay y el Río de la Plata. Molina escribía la Historia·· Natnral de Chile.
Clavijero estudiaba las antigüedades
mejicanas.
Yacian otros estudios en general
abandono, por menos conformes con
Ja tendencia experimental y utilitaria
de aquella época. Así, v. gr., la teología espafiola no presenta nombres ilustres en el siglo XVIII, y vivía, por decirlo así, de los residuos de otras eda-

des.

tf

,t.j;;.,.7

Canonistas hubo muchos y no ayunos de erudición, pero viciados casi
todos por preocupaciones regalistas,
galicanas y episcopalistas, importadas
de Francia: así ~facanaz, Pereira, Camporuanes, cuyas ideas y escritos no
pueden separarse de ]a historia política de su tiempo, anterior al período
que abarca la presente.
En la (ilosofía se sintió muy desde
el principio la influencia francesa, primero la cartesiana, y Juego la sensua-

lista y enciclopedista. Ya en los fines
del siglo XVII comenzaron los españoles a tener conocimiento de las doc-

i
l·

1:

' "·
·\1~
.

.,...';!,;_
..
,'\.'.\;

sías ligeras de don Nicolás Moratín (el

ta más malicioso que ingenuo, al mo.

do de Lafontaine; don Francisco Gregario dé Salas, que en su Observatorio
Rústico llevó a los más chistosos extremos la ausencia completa de dic-

femenil blandura, aunque alguna vez,
y por excepción, mostró supe~íores
alientos líricos, v. gr., en la oda a las
Arles. Dado con exceso al cultivo de

Entretanto, de la antigua y popular
escuela sólo había quedado las heces,
prefiriendo, con todo eso, nuestro vul-

go a las peinadas obras de los litera-

•

quien iban por un lado los preceptos
y la inspiración por otro lado. Sus
quintillas de La fiesta de toros, v. gr.
recuerdan, superándolos, algunos de
los mejores trozos narrativos de Lope
de Yega en el Isidro.
Con todo eso, la poesia lírica, flor
rarísima en todas edades, lo era mucho más en aquélla. O por aberración
critica, o por flaqueza y penuria del
estro propio, o por aversión a los pasados des,·arios culteranos, o por una

absurda concepción del fin y materia
de la poesía, se había desarrollado nna

tesca celebridad Zabala, Valladares y
Comella, prototipo del don Elcuterio
de la Comedia Nueva.
Sólo dos poetas dramiiticos produjo

men y de color poético. Tras esto, so-

aquel siglo, diferentísimos en ingenio,
en gusto y tendencias, pero conformes
en imitar la realidad humana que tenían ante los ojos, por donde las obras
de uno y otro vinieron a ser, aunque
de distinto modo, espejo de la socie-

lían dedicarla a objetos de utilidad
'prosaica, en los que llamaban poemas
didácticos, o bien a asuntos frívolos y
baladíes, indignos de ser tratados por
las i\lusas. De esta escuela fué cabeza
(digámoslo así) don Tomás de Iriarte,

Ramón de ]a Cruz, inimitable y soberano en el género de piezas cortas ,•ulgarmcnte llamadas sainetes, única parte de sus voluminosas obras que la
posteridad conserva y lec. Lo que Gaya en las artes plásticas, fué don Ra.
món de la Cruz en el teatro. En los
caprichos y fantasías del uno y en los
sainetes del otro está el único archivo
de la vida moral d~ aquella época abigarrada y confusa. Escritor incorrecto pero potente, y en la observación
atento y sagacísimo, comprendió don
Ramón de la Cruz, con poderosa adivinación artística, que lo único característico y pintoresco que quedaba en

Don Lcandro Fernández de Moratín
era la antítesis ,,iva de Cruz en gusto
~,;,;,,:;',.._:
y manera. El uno, todo fecundidad y
desaliño; el otro, tipo acabado de sobriedad, mesura y buen gusto. Escaso
de invendón ~foratín, o más bien rnnmorado de la perfección ideal ele su
especie de criticismo erudito, ávido de rantc formalismo de la Poética de Boi- arte, sólo cinco comedias originales y
examen y de anúlisis.
lcau. r aparados en él, fulminaron dos traducciones de )foJiére dió a las
No todos se detuvieron donde se de- acerbísrno anatema contra los más ori- tablas, y aún ele este breve teatro no
tuvo el Padre Feijóo, y conforme iban ginales monumentos del arte nacional hay mús que dos obras que pueden
penetrando en España, más o menos y sobre todo contra e] teatro de Lope calificarse de obras maestras. Es la
subrepticiamente, las obras de los en- y Calderón. Este todo ele critica ras- primera una sútira literaria en diúlociclopedistas, comenzaban a germinar, trero y pobre prevaleció entre noso- go, tal que ni el mismo Luciano la huprindpalmente entre las clases eleva- tros por mús de una centuria, y se con- biese hecho más sazonada de ática irodas, propósitos ele renovación y aun virtió en dogmatismo oficial, a des- nía, si volviera al mundo y escribiese
de revolución, así científica como so- pecho de las aisladas protestas de al- en castellano. Es la otra, no una cocia], siendo muy de notar que en Es- gunos ingenios de temple nacional co- mrdia del género de l\loliére, como pupaña Ia rc,·oluciún vino de arriba, r mo García de la Huerta, y de los es- diera esperarse de las aficiones del
se había traducido ya en actos oficia- fuerzos que hicieron unos pocos pen- autor, sino mús bien una comedia teles, antes que la masa del pueblo hu- sadores como Arteaga (Investigaciones renciana, de exquisita pureza, en que
biera llegado a penetrarse de ella. Fá- sobre la belle:a ideal) para aclimatar har afectos limpios y reposados, y
cil es sorprender este espíritu, a ye. C'ntre nosotros las nuevas doctrinas es- hasta cierta suave melancolía, y una
ces descubierto, a veces embozado, en téticas; o para mostrar, como lo hicie- vaga sombra de tristeza. En lo propiacasi todas las providencias de los mi- ron Berguizas y Estala (traductores de mente cómico, v. gr. en La Mojigata,
nistros de Carlos III (v, gr. en la ex- Píndaro y de Sófocles), la diferencia :'lloratin quedó a larga distancia de su
¡mlsión de los jesuitas), en }as discu- proíunda que mediaba entre el clasi- modelo, pero no hay escrito suyo, aun
siones y memorias de .1as Sociedades cismo helénico y los remedos que de dC' ]os más endebles, que no merezca
Económicas, en la amena literatura, y l'l habían hecho los franceses.
estudiarse como ejemplar, no sólo de
en los mismos libros de los impugnaDonde se mostró más intolerante ]a aquella perfección negatiYa que condores del enciclopedismo, que por su reacción de los preceptistas fué en el siste en la ausencia de defectos, sino
importancia y nllmero bien claro in- lt'atro. La sequedad y el énfasis cere- de acierto constante y templada C'ledican cuún cercano veían el })'!ligro. monioso sustituyeron a la antigua li- gancia, que son ya cualidades positiAsí v. gr. la Falsa Filosofía del Padre bertad, animación y vida. Obras he- vas. Hizo versos sueltos, legítimamenCcballos. los Desengaños filosóficos, de ladas, sin m:ís mérito que una pueril te clásicos al modo latino e italiano, y
\'aldrcel, los Principios del orden sumisión a cierta verosimilitud mate- tan perfoctos y artificiosos como los
esencfol de la naturale=a, de Pércz y rial y grosera, nacieron no tanto para de Parini. Sus prosas críticas son un

Página 2

Juan Meléndez Valdés, felícisimo en
casi todos los géneros cortos de poe-

padre), ingenio español de raza, en

del Rastro, de Lavapiés y de Maravillas.
.·,.

y ]a siguiente, participando más o menos de los caracteres de ambas, don

bueno y en muchos más de lo malo.

la, sino a pintarla, convirtiendo en materia artística las proezas de los héroC's

,ye

Sirvió de lazo entre esta generación

nuestros grandes poetas en algo de lo

y se dedicó a no adularla Ili a educar-

~;

(

glo que pueden leerse antes de las de
Moratín.

&lt;lo.

genio dulce y aniñado, de muelle y

la Espafia de Carlos III era la plebe,

&lt;

gógico, son casi las únicas de aquel si-

Forner, satírico vehemente y profun•

defectos, el alavés Samaniego, fabulis-

dad de su tiempo. Era el primero don

'

el amor y estudio a los antiguos modelos ele nuestra lengua, como es de ver

solado humanista y docto filólogo. Sus
dos comediás, de objeto moral y peda-

tor de epigramas, de la familia de
Marcial; y, finalmente, don Juan Pablo

en los romances, quintillas y otras poe-

vatiquez y desenfreno del mal gusto

•'

En la poesía lírica la imitación francesa había sido menos opresora, y se
conservaba mejor el sabor indígena y

frío, que cultivó con éxito algunos géneros de poesía ligera, sobre todo la
fábula, y que en todos se mostró acri-

sía, y no tanto en los mayores: in-

indígena. Entre ellos alcanzaron gro-

-'-;"'&gt;c.:..~_.-:~

modelo de sencillez y de limpieza, Y escritor tan ingenioso y discreto como
aún a veces de discreta y sazonada malicia. Ni la misma prosa de Voltaire
es más transparente y amena que la
suya.

Siguieron a Iriarte, exagerando sus

tos de la nueva escuela, los monstruososo engendros de ciertos abastecedores de la escena, tan ayunos de fantasía como de buen gusto, y que, por
decirlo así, juntaban en su persona toda la insipidez y prosaísmo de los
:\fontianos y Arroyales, y toda la sel-

el Oriente musulmán, Azara el Para-

trinas de Descartes y Gasscndi, que
fueron expuestas con amplitud, y una~
veces refutadas, otras adoptadas a medias, por el obispo Caramuel, por el
judaizante Isaac Cardoso (en su Philosophia Libera) y por el obispo Palanco, grande adversario del atomismo.
Acentuóse más este movimiento de
aproximación a la ciencia francesa en
el reinado de FelÍpe V, apareciendo
entonces buen número de libros de filosofía natural y de cosmología, en
que abiertamente se propugnaban los
principios gassendistas y cartesianos.
Distinguiósc entre los partidarios de
la doctrina atómica el Padre Tosca,
que hizo muchos prosélitos en Valencia y Aragón. Siguiéronle en Casti11a
el Padre .Juan de Xájcra, el presbítero
Guzmán, y el autor dct libro Del ocaso
de las formas aristotélicas. Acudieron
los csC'Olásticos a ]a defensa del vacilante Peripato, y cruzáronse de una
parte a otra innumerables folletos, hoy
de más curiosidad histórica que científica.
Yino a dar Ja victoria a los innovadores el templado eclecticismo del Padre Feijóo, varón benemérito en altísimo graclo de la cultura clC su pueblo, incansable destructor de preocupaciones en todos los ramos de la
ciencia r de la vida común. Redúcense sus obras, coleccionadas con los títulos de Teatro critico y Cartas eruditas, a una serie de disertaciones cortas, al modo de los ensayos ingleses,
en los cuales se recorren las más diversas materias, con espíritu universal y enciclopédico, conforme al gusto
de aquel siglo, fijándose el autor con
especial ahinco en ]as de física experimental y medicina, penetrando alguna Yez en el campo de la crítica histórica, y dedicando largo espacio a la
impugnaciOn de las artes múgicas y divinatorias y de los casos prodigiosos
malamentC' autorizados por la creencia y voz popular. Xo se crea, por eso,
al Padre Feijóo un escéptico o un vol-

el teatro como para los gabinetes y
tertulias de los eruditos. Asi la l'irginia y el .-ltalllfo de )ifontiano, la Lucrecia, la Ormesinda y el Gu:mán el Bueno de ).(oratin el padre, la Xumancia
de Aya]a, y otras infinitas, muchas de
las cuales ni aún arrostraron la prue-

escuela cuyos caracteres más externos

consistían en la falta absoluta de nn-

ción y espíritu poéticos, y don León

géneros falsos y artificiosos (en el mal
sentido del vocablo), v. gr. el pastoril

del Arroya!, autor de un tomo de las

y el anacreóntico, trató de remozarlos

más perversas odas que existen en len-

con ciertos dejos y vislnmbres del sentimentalismo inglés y alemán, de Gessner, Thompson y Young, que él conocía por medio de los franceses. Ya su
maestro Cadalso había intentado algo
de esto en una muy pobre imitación
de las Noches que no le dió, por cier-

gua castellana.
Contra este prosaísmo de dicción,
mil veces más pernicioso que todos los
extravíos del ingenio, protestó con la

doctrina y el ejemplo la escuela de Salamanca, en la cual han de distinguirse dos periodos: el primero más castizo y más inspirado por la contemplación de nuestros modelos del siglo
XVI; el segundo más influido por las
ideas y los ejemplos de Francia. Pertenecen al primero Fray Diego Gonz:ilez,. tierno y simpático poeta, que imi-

tó hábilmente en su parte más externa
al estilo de Fray Luis de León, aunque
sin asimilarse su sencillez sublime;
Iglesias, intencionado y malicioso au-

to, tanta celebridad como su ingeniosa
sátira de los Eruditos a la violeta. Tu-

vo ~leléndez, entre otros méritos, el de
haber cultivado con especial amor el
romance castellano, no ciertamente

épico y popular como los antígnos, sino lírico y erótico, pero fácil siempre,
y a menudo gallardo.

tensamente en el cuerpo de esta historia, puesto que por ellos se abre la
de lírica española en este siglo. De
Cienfuegos, ingenio desmandado y
neologista, baste decir que sus versos,

afeados a la continua por rasgos de
sensibilidad declamatoria, pero varoniles y robustos, vienen a ser un ero~
brión informe de la gran poesía de
Quintana, a quien precedió en traer al

arte, sí bien de nn modo vago y nebuloso las ideas del siglo XVIII.
Intimas relaciones tuvo con la es-

cuela salmantina el español más ilustre y honrado del siglo XVIII, don Gaspar Melcbor de Jovellanos. No fué la
poesia su vocación predilecta, aunque

sé mostró gran poeta en algunas sátiras y epístolas, donde se encuentra un

jugo de alma, rarísimo en la poesia
del siglo XVIII, y que hace tolerable
hasta la comedia lacrimosa de "El Delincuente Honrado", imitación de las

de La Chausée y Diderot. Pero en la
prosa Jovellanos arrebató la palma a
todos nuestros escritores de materias
políticas y económicas, rivalizando a
veces (por ejemplo en La Ley Agraria
y en la oración en defensa de la Junta
Central) con los más altos modelos de

la oratoria griega y latina. Su actividad se extendió a todos los ramos de
la ciencia y, con muy particular amor,

Discípulos suyos fueron Cienfuegos,

al estudio histórico de las bellas artes.
Su vida austera y gloriosa y su muerte

Quintana y don Juan Nícasio Gallego.
De los dos últimos trata~emos más ex-

casi heroica fueron digna corona de
sus escritos.

DE POESIA
Reíner ~!aria RILKE

Escribir versos no tiene sentido cuando se hace demasiado
pronto. Para ello hay que aguardar un poco y almacenar el co•
nocimiento y el dulzor de la vida durante toda una vida, a ser
posible larga, para luego, quizá tal vez a las postrimerías de ella,
alcanzar a escribir diez versos que puedan tener calidad. Porque
los versos no son, como cree el común de la gente, sentimientos
( éstos en verdad se poseen muy pronto) , sino experiencias. Para
obtener buenos versos, hay que visitar muchas ciudades, cono•
cer muchos hombres y muchas cosas, y aun los animales y las
plantas: hay que saber sentir, por ejemplo, cómo vuela un pájaro, y qué actitudes toman las flores silvestres al abrirse por la
mañana. Hay que saber evocar de nuevo los caminos por extra•
ños países, los encuentron inesperados y los adioses que presenti•
mos largo tiempo, los días de la infancia, que nos son aún enigmáticos: los padres que habíamos de disgustar cuando nos traían
un gozo y no lo sabíamos comprender ( era un gozo para otros) á
las enfermedades cuando éramos niños, que se destacan tan sin•
gularmente en nuestro recuerdo con tan numerosas y decisivas
transformaciones; los días pasados en paz en nuestra casa: las
mañanas junto al mar, especialmente junto al mar; las noches
de viaje que pasaban en rápido vuelo con todas sus estrellas. Y
aun no es bastante si se logra pensar en todo esto. Hemos de
tener recuerdos de muchas noches de amor, todas tan diferentes,
de los gritos de las parturientas, de blancas y leves alumbrantes
dormidas que se van reponiendo. Y aun es necesario que nos
hayamos encontrado junto a los moribundos, y haber velado el
sueño de los muertos en la estancia con las ventanas abiertas y
los inciertos rumores que por ellas penetran. Y no es bastante
aún que tengamos recuerdos. Se debe haberlos pedido olvidar
cuando son numerosos, y se debe haber tenido la gran paciencia
de aguardar a que vuelvan. Porque los recuerdos en sí no son
aún poesía. Solamente cuando llegan a convertirse en sangre
nuestra, en .miradas nuestras y en actitudes nuestras, cuando ya
no tienen nombre y no pueden diferenciarse de nosotros, enton•
ces es cuando puede acontecer, que en un misterioso momento
la primera palabra de un verso se levante entre ellos, surja en
medio de ellos.

•

Página 3

�D S N VELHS MEXI HNH
.

Enrique DIEZ-CANEDO

MARIANO AZUELA

-I MARIANO AZUELA. LOS DE ABAJO
SI LA LECTURA de uno de esos libros que nos dan en el marco reducido
de la narración literaria como ventanas por donde ver, en una de sus fases
mús agudas, el espectáculo de nuestros
días rc\'ueltos, apasiona y cautiva, a
punto que leida la primera página ya
no lo podemos soltar de la mano por
ejemplo, El tren blindado o El niño,
de Vsevolod lvanov- , y al analizar
nuestras impresiones, calculamos la
parte que toca de ellas al arte del escritor y la que corresponde a la materia por él tratada, no nos conformaremos con pensar que todo asunto nos
interesa virtualmente si logra cumplida expresión literaria, y aun vacilaremos en estimar demasiado alto su precio artístico. ExJJerimentamos a veces
sensaciones análogas a las que despierta en nuestros ánimos la información
periodística, escrita apresuradamente
sin más propósito que el de dar un
trasunto fidedigno del suceso narrad.
~lariano Azuela, novelista mexicano,
cuya obra anterior a Los de abajo desconozco por entero, no deja de suscitar con estas "escenas y episodios de
la re,·olución mexicana" sensaciones
de ese género, que a menudo se resucl ven tan sólo en un movimiento de
horror ante tal o cual episodio, pero
cuya insistencia y coordinación acaba
por comunicar a la novela un empaque de grandeza bárbara.

Entre los combates de la Ilíada y las
diarias luchas de una partida facciosa contra las tropas, irregulares tam ..
bién, de un gobierno inseguro, es posible que, reduciendo aquéllas al puro
elemento real, no vaya gran distancia.
La diferencia está cu ... Homero. El
poeta ve detrás de aquellos hombres
que se están peleando la eterna pugna
Y rivalidad de los dioses. Y por desgracia para el poeta moderno, y para
sus héroes también, ahora ya no se ven
dioses detrás de los pobres mortales
que se juegan la vida y la pierden, 'sin
saber por qué:
sin saber por qué
ni por qué se yo ...
es, precisamente, el estribillo de una

canción que suele canturrear Demetrio
)Iacías, el héroe de Los de abajo.
Héroe, ciertamente. Y tras él, como
el numen junto a los paladines de la
Iliada, una fuerza monstruosa que analizan, transformación del antiguo ha-do, llámesele como se quiera, que a]
encaminar los pasos del elegido hacia
el triunfo o hacia la muerte, le reduce
a la condición de figurilla de ajedrez
en el vasto tablero donde se aventura
eternamente una inacabable partida.
Demetrio Macias, sorprendido por
los contrarios en su cubil, de donde
escapa a duras penas, reuniendo en
torno suyo más tarde un bando de
hmbres fuera de toda ley, con los cua-les llegará, desde la extrema situación
defensiva del perseguido a la significación del guerrilero que defiende una
causa, impulsado por el correr de los
hechos, ayudado por la fortuna propia y las artimañas de la invención ajena, destácase como figura central en
estos episodios, con toda energía y vigor.
Bravo, limitado, sin más ambición
que su apetito del momento, es, en el
torbellino de la pelea, él mismo lo dice, como piedra que va rodando hasta
el fondo de la cañada. Se le ve seguir
su ley de arrojo personal sin pensar
l'll causas ni en luchas. Sólo tiene un
momento de clarividencia, cuando la
mujer, reunida con él al cabo, viéndole
triunfador y próspero, le pregunta:
- ¿Por qué pelean ya, Demetrio?
El cuadro que pinta el autor de Los
de abajo, én un estilo sin afeite literario, lleno de jugo y sabor, y es acabadisimo. Los personajes secundarios, como Luis Cervantes, el adulador medroso y cruel al mismo tiempo, el "güero"
Margarita, salvaje figura de guerrillero; "la Pintada", fiera mujer de campamento; la apocada Camila, todos, en
suma, hablan y se mueven con asombrosa verdad.
Buscando referencias a propósito
del autor las encuentro en la interesantísima Bibliografia de novelistas
mexicanos, de don Juan B. lguiñiz, pu..
blicada en la colección de "Monografías bibliográficas mexicanas" en este
mismo año. Azuela no es un escritor
joven, ni Los de abajo un libro recentisimo. La edición que tengo a la vista de 1915, fué precedida por otras
dos, la primera impresa en 1916, en El
Paso, Texas. Se ve que ha ido poco a
poco abriéndose camino entre el público, y creo que una edición española
podría tener ahora un éxito importante.
[guíñiz caracteriza a Mariano Azuela, médico de profesión, que prestó
servicios en campaña durante el periodo revolucionario, como uno de los

primeros cultivadores de la novela de
costumbres mexicanas. Francisco Monterde, en el prólogo de la citada Bibliografía, le califica de 11regional y
realista" y aludiendo a obras suyas
más recientes dice que en ellas Hsu antigua manera de novelista de la Revolución se transforma, orientándose en
el sentido de las tendencias actuales".
Ojalá no sea a costa de ese sentido
directo de la lengua popular, de la len~
gua "oída" que se percibe a cada página en Los de abajo, que considero,
dejando de lado toda comparación, como una obra de valor propio, de alcance evidente. Al lado de su interés
documental hay en ella un puño de
novelista. Lo que yo no se es si este
relato es un punto de llegada o puede
ser, todavia, arranque para empresas
mayores.
(1926)

- II MARTIN LUIS GUZMAN. EL AGUILA
Y LA SERPIENTE
Basta leer un capitulo de este libro,
de abundante lectura, con el material ordinario de tres volúmenes en
sus cuatrocientas páginas de apretada
composición, para entregarse apasio-

... se vuelven tan sólo en un movimiento de horror ante tal o cual eplsodio.

,

nadamente al asunto, para seguir paso
a paso al escritor, que nos pinta en
cuadros reveladores al México revolucionario de Pancho Villa.
Yo no sé si responde al Pancho Villa de la realidad esa figura que un dibujante ha puesto asomándose a la cubierta: sombrero ancbo, boca sensual,
bigotazo crespo y, junto al hombre, canana en banderola. Me hace desconfiar
del parecido el escaso arte con que todo est~ dibujado, en ingrato color, a
cuyo atractivo se fía quizá, en colaboración con el mal gusto, la captura de
un público neutro. Lo que si veo es
un retrato cabal de aquel Pancho Villa,
casi fabuloso abar?- mismo, en las páginas que forman el tomo de que esa
figura es, por decirlo así, el eje novelesco, ya que la figura central excede
en mucho a las proporciones humanas, por ser la de todo un pueblo
grandioso y desgarrado, imponente y
lamentable como santo en martirio.
El lector avisado no dejará de ver
en la evocación de México suscitada
por estas páginas algo más que un fondo del escenario en que pelean hombres que a veces no tienen más empleo que el de matar o morir v
ambas cosas saben hacerlas bien. 'N~
es paisaje, sino personaje verdadero,
"agonista"- en la cabal expresión del
vocablo-, este trozo de tierra america~a pintado aqu~ con mano segura,
gmada por unos OJOS claros y certeros
en el mirar, aunque a menudo la emoción los empañe.
Martín Luis Guzmán, espíritu combativo, ánimo templado en la contradicción, y sobre todo hombre entre
hombres, ha sacado de su experiencia
personal el tejido de sus relatos. Lo
que le caracteriza y avalora como escritor es el tacto con que ha sabido
no envolver la verdad en llamativos
ropajes de fantasía, sino más bien desnudarla de toda compostura que no sea
la que forma precisamente el arte del
buen narrador con tema de sobra a la
mano: el despojo de todo escenario, el
empeño en evitar desarrollos inútiles
embellecimiento de frase; cuanto, e~
una palabra, suele llamarse "literatura", cabalmente porque no lo es.
De todos los caminos de la novela
que tiene por fondo la verdad humana, el escritor ha segqido aquí el que
aprpxima el relato o cuento a lo que
hoy se suele denom~nar "cosa vistalJ.
No podia ser de otra suerte, ya que ha
elegido para su composición, en vez
de la forma de memorias, esta otra,
que pertenece en todo al arte narrativ?. Y aun a la literatura de imaginacwn. Pero su imaginación se ejerce
más que en los hechos y en el encade~
namiento de los mismos, en las circunstancias susceptibles de crearlos en
lo escrito con v_ida nueva, de hacerlos
palpables, lógicos, derivados naturalmente de la naturaleza de aquellos que
los ejecutan, haciéndonos ver las dos
partes del pu ego: los actos como expresión natural de los personajes y los
personajes mismos a la luz de los actos
que los expresan.
La parte del autor como persona
real en estos cuadros de la revolución
~exicana, en que participó, ha de ser,
mdudablemente, muy grande. Muchas
veces emplea la primera persona gra-

matical en sus narraciones. "No digáis
nunca yo", recomendaba a su amigo
el gran escritor inglés. Pero un escritor, ¿Puede acaso decir otra cosa que
yo? La objetividad verdadera, ¿cómo
se consigue? Dos narradores de un
mismo hecho lo cuentan de modos tan
diferentes que parecen hablar de cosas
distintas. El consejo de aquel escritor
podría limitarse a la técnica literaria
y quedar así reducido en su alcance.
Del yo no puede evadirse escritor ninguno. Y siendo esto asi, ¿Por qué no
afrontarlo, como se ha hecho, como
se ha de hacer siempre?. El yo pone
un énfasis de conv.i cción, añade un
acento de seguridad que se traduce en
movimiento eficaz del estilo. Mas lo
importante es que - ese yo no se convierta en culto exclusivo por el cual
se aventure más de lo qne pueda ga•
narsc. Cuando al escribir sus recuerdos nada menos que un Benvenuto Ce•
llini, aficionado a exagerar, se engran-decc en demasía, llega a las fronteras
del ridículo, del que se salva por su
garbo de exagerador, más amigo de sí
mismo que de la verdad.
Nada de esto aquí. Pasma el acento
de fidelidad a los hechos: de verdad,
parcial si se quiere, en la pintura, en
el parecido, en la expresión de sus
hombres, de sus batallas y escaramuzas, de sus amistades y sus odios. Pasma la riqueza del asunto, que llega a
explicarse teniendo presente la profundidad de la crisis nacional, en
que todos los valores aparecen puestos
a prueba y obligados a dar la máxima
vibración humana.
Todos los tiempos revueltos han
producido en literatura obras fuerÍes.
Sera un poema épico, una colección
de cantos, como nuestros romances:
serit la novela picaresca o la narración stcndhaliana, el relato popular o
la concepción ideológica. ¿ Cómo no
ha de ser hoy el país mexicano, lo mismo que IJ,usia, venero abundante de
temas, arsenal inmenso ele materiales?
A propósito de la noYela Los de abajo,
de Mariano Azuela, se hizo resaltar la
semejanza entre los escritores mexicanos y los rusos. Puede haber algo de
imitación, de influencia inevitable. Tal
vez se compare también ahora el arte
de narrador de Martín Luis Guzmán
con el de los novelistas eslavos. Es
muy dificil discernir entre lo que se
parece por el asunto y Jo que se parece por la manera. En la manera encuentro yo a este escritor muy distinto de aquéllos. Está siempre muy sobre si, vigilante, para qlle nada desvirtúe la fuerza de lo que quiere expresar. Conoce a sus hombres y a su tierra. Sabría ser elocuente con las paJabras, y se le
concentrar su elocuencia en la exactitud del término,
preferir un giro ordinario a un rebuscamiento. Se 1e siente poseído de su
tema, persuadido de la grandeza bárbara ele sus escenas de matanza y de
odio, hasta cuando pasa, animándolas,
una sonrisa, buen medidor de la magnitud de sus personajes, en los que ve,
hasta cuando hacen de monstruos, un
temblor de humanidad. Con todo, su
libro, severo, grave, desgarrador, se
apodera de los ánimos y los mueve,
como las tragedias antiguas, a una piedad serena.

,·e

LA POESIA
'
LA POETICA,
EL POEMA
Robert de SOUZA

La cúpula académica es eminentemente favorable a los ecos
del espíritu, mas no puede ser un buen resonador, al menos para
la poesía, si no mediante los poetas. Para servirse de ella sin que
padezca la poesía, se necesita mucha fineza y un .gran valor. Son
las cualidades complementarias que el abate Bremond ha mostrado de manera superior a lo largo de su existencia literaria y
religiosa, y que nunca ha afirmado mejor que mediante su disertación pública en el Instituto sobre La Poesía pura.

0~'
'

Jamás había sido enfrentado el pro- cia del más grande poema -el uniblema con mayor ardor y audacia. verso- para conocer al más pequeño,
Jamás se lo había enlazado más estre- ¿cómo conseguirlo sin considerar an ..
cbamen'te, como corresponde, a las rai- te todo su poética, y haber justificado
ces mismas del ser y de las cosas. Pues en primer lugar esta cualidad de poenunca se lo habrá encarado lo bas¡an- ma - razón de ser superior del muntc y bajo el ángulo más abierto, aún do?
cuando sólo se trate de comprender
El mundo es en efecto la obra de
la poesía en su expresión verbal.
un Ritmo, cuyo impulso primero y ca¡Que problema! No existe otro más rácter global nos escapan,· es ordenagrave ni lo hay más vasto, así como ción idéntlca y cambiante, expresión
no se sabe de otro más dificil.
y percepclón, capaz de determinar en
La primera dificultad surge del pun- nosoll'os, por nosotros y fuera de no•
to por donde debe tomárselo, del or- sotros, el fenómeno de la belleza y la
den de sus factores. ¿Es la "poesía" exaltación (o lirismo) sin el cual no
dependiente de la "poética," o poética podríamos gozarlo.
Y poesía lo son del 'poema"? Si preEl verdadero crimen de nuestro
existe a la obra y a sus leyes, enton- tiempo, el verdadero pecado con el
ces existe an_te todo en nosotros mis- cual el hombre empaña más y más la
mos. ¿Pero encuentra su materia en fuente de vida original desde que ha
nuestro solo ser? Ese ser a quién, por identificado la civilización al progresu nacimiento mismo, Je es impuesta so mecánico y físico, está en su desla materia del mundo, y antes el orden con?cimiento de la poética creadora,
que la engendra que la materia mis- el fm de la naturaleza que con toda
ma, sean cuales fueren los principios evidencia -como surge en sus orgías
respectivos de creación y evolución de sonidos y colores- es el de sobrepor los cuales se Jo interprete ...
pasar la utilidad.
Y sin embargo es el mundo, es el
Las visiones del "Edén" 1 de la "Edad
poema, sus relaciones y corresponden- de Oro" para el pasado, del "Paraíso"
cias, quienes nos revelan a nosotros . para lo venidero, no fueron símbolos
mismos a la vez que las leyes simul- erróneos. Expresan que el hombre sutáneamente claras y misteriosas (y por po ver durante mucho tiempo el munconsiguiente la poética) que lo rigen. do bajo el aspecto magnífico del poePor ende, si se debe tomar concien- ma terrestre, que Je proveía todos los

Página 4
Página S.

�•

elementos de sus transfiguraciones. La
necesidad y el sufrimiento, bases del
trabajo junto con el placer de la acción por si misma, podían ocultarle a
veces su esplendor; pero con su trabajo mismo contribuía él al espectáculo
en el sentido de la poética natural.
Entre el ritmo que lo crea y lo recrea
a cada segundo, y las formas del universo, las vibraciones de la onda vital
constituían un encadenamiento continuo, sin desacuerdos, sin ruptura. No
fundaba el hombre su poder a expensas de lo sensible y lo concreto; no
sacrificaba el encanamiento del poema. Y con todo, la ciencia no es causa
de esas destrucciones, ni su separación
muchas veces obligatoria del arte; es
por el utilitarismo económico que el
hombre ba mancillado el poema, al
servicio de un interés para el cual no
existe forma alguna, y que mata la vida al matar la belleza.
La máquina, fabricante infatigable
de nuevas necesidades, es deificada
basta por los artistas, que ciegan fren-te a la mortal fealdad de sus amontonamientos; de su automatismo de esclavo se extrae la mecanización de las
disciplinas administrativas. El ritmo
viviente es destruido en todas partes.
Del vegetal al animal, incorporando a
la conquista una necesidad cada vez
más grosera, la abstracción satánica
prosigue sus hecatombes. Las mil formas de la especie son aplas'tadas, laminadas. El estereotipo reemplaza al
tipo. La falsa diosa Cantidad reina
sobre una inmensa obra de muerte, y
terminaría ahogándose a sí misma si
la divina Cualidad no mantuviera heroicamente en todos los órdenes los
poderes milagrosos de una poética.
Nos creemos muy fuertes por rechazarla como una ilusión y una fábula.
Y sin embargo sólo por ella vivimos.
A pesar de las sumersiones del interés
mercantil, las artes y aún las ciencias,
convirtiendo sus cimas en islotes, sólo
viven por el1a, en una tensión constante hacía un equilibrio, una armonía, un belleza que se trasciende.
El deseo, fundamento de la vida, es
inseparable de la belleza incluso en el
estadio de la simple función, porque
la belleza -aún aparentando ignorarse y negarse- es inseparable de la felicidad, nuestra esperanza al infinito.
Enlazada al sentido estético, esta aspiración nos salva. Pese a toda necesidad, pese a todo interés, no existe
ningún ser, aún entre los primitivos
o los menos delicados, que cediendo a
su naturaleza, al lugar y al instante,
permanezca insensible a ciertas fases
del "poema": alboradas o crepúsculos,
noches estrelladas, quejas o melopeas
del viento o de las aguas, olores atractivos, carnes delicadas, estaciones o
cosechas, mares o montañas, animales o plantas. Pero tan sólo están
penetrados de "poesía" aquellos que
renuevan sin cesar, que recrean en
ellos por el sentimiento las cosas y su
expresión.
A la poética general y como impersonal del universo se -agregan las poéticas de- los hombres, religiosas, sociales y politicas: disposiciones de la ra_:za, la época, el grupo. Nos demos o
no cuenta, cada uno de nosotros está
-sometido a una de esas disposiciones
colectivas, por las cuales interpreta,
adapta o falsea el gran poema universal. Algunas acrecientan en nosotros
la exaltación lírica, y nos ayudan a
sentirla mejor; la mayoría nos aleja
de esos esplendores, nos cierra a esos
encantamientos. Es que no son puras,
no están SEPARADAS DEL INTERES
que, suscitando la lucha sin otra necesidad que la de utilizar, propaga las
destrucciones. El carácter primordial
del mundo, lo que hace el poema, es
,sn gratuidad. Su razón de ser es la de
1,10 tenerla. Las poéticas. religiosas o
sociales de los hombres impiden al
hombre comprenderlo o, más bien,

LA SE UIA

en los atrios, golpean la tierra
con un eco invariable.
San Isidro, humedece las lenguas jadeantes
de los coros en los sembradíos.

I

Cierra esa herida de fuego,
ese palpitar que ahoga.

Acuclillado está el hombre

Dales tregua,

en largo cordón que aplasta las aceras.

yo me quedaré velando,

Un crespón de silencio baja a su cuerpo terroso,

hincando los dientes contra la tierra

al rostro desierto de sol;

aunque me queme la boca a las brasas de la arena;

al febril remolino de sus brazos

porque hay que seguir cavando

que la sequía ha arrebujado-

hasta llegar al hennejo raudal de su corazón,
y seguirlo mordizqueando como las cabras la hierba

Si alguién partiera su calma,

para que el río nos abra el cristal de sus pupilas

exhalaría del centro cálido, no un gemido,

y se desparrame, y se venga desagotando

sino esa tibia resignación de los cielos de Octubre

de parcela en parcela.

que mansamente se arquean sobre las llanadas

III

como un ojo de leche dulce.
De sus labios no sube la blasfemia,
está la quijada firme, el fervor de gigante llamarada,

Y cuando el río se abre

la obstinación del telar invisible de Penélope,

•

el sosegado pudor...

estremeciendo la pulpa obscura de los surcos,
¡Dios mío!, que ávida jauría se desata

. tras los escritorios, exprimiendo,

•

II

alumbrándose con el aceite santo
de las manos del campo;
trastocando la embriaguez de los corazones vírgenes.

Un rio es una criatura viva

Meneándose como una marea de arenas movedizas

por donde Dios hace correr

donde se hunde el hombre acuclillado.

el temblor maravillado de su esencia.
aceptarlo. No sólo se entrechocan, se
hieren y aniquilan al córrer hacia una
meta que se alza como un muro siempre igual que todo lo oculta, hacia el
punto fijo de un fin, sino que al querer incorporar a su juego la entera
poética del mundo y su misterio, su
infinito sin meta, pierden con el sentido del desinterés el secreto ,de su
valor que es más que servirnos, pues
es extasiarnos. La explicacióñ soberana del mundo exalta así ante todo la
estética. Tiene..por objeto el contemplarse, el intensificar e indeterminar
nuestra vida . por la suya en su propia
contemplación. La vida es por ende
inseparable del misterio universal. Las
poéticas de los hombres se enlazan por
lo que contiene de sentimiento, dependiendo así felizmente de la estética;
pero por sus lados pr·ácticos- finalistas
nos condenan al suplicio, clavan en
el hombre a un Dios sobre la cruz.
La historia . es la cadena de estas
poéticas colectivas, que favorecen más
o menos mal la corriente salvadora d e
la poesía y, en la exaltación, la aspiración a la belleza. Casi siempr;e tienden indirectamente a ella; su sostén
estético es de una insigne dehilidad
cuando no falta del todo- y nos deja
en el patíbulo a solas con nosotros
mismos.
El individuo interviene entonces con
su poética particular. De hipótesis en
hipótesis, de experiencia en experiencia, sobrepasando si.Je es posible los
límites de sus medios naturales,. el
científico persigue la felicidad y la belleza en la búsqueda de la verdad;· el
artista lo hace de sueño en sueño, a
través del juego de sus sentidos, en la

representación y la interpretación de
la vida. Ambos tienden a lo mas profundo de lo r eal mediante la creación
y la invención, sin que el científico
tenga derecho a condenar la realidad
del artista partiendo de la suya propia y porque ésta se halla apartada
de las apariencias. Las apariencias,
debidas a la limitación de nuestros
sentidos, no pueden ser denunciadas
por eso como ilusorias y engañosas,
por cuanto están ligadas a la realidad
misma del hombre, a las condiciones
vitales de sus reJaciones con la naturaleza. Por el contrario, nos engañaría la verdad científica si imagináramos posible vivir sin tener en cuenta
las apariencias del tiempo y del espacio creadas por nuestras harto débiles
aptitudes de tocar, gustar, ver, oír y
oJer. Desde que el universo existe a
la vez sin nosotros, por nosotros y en
nosotros, el científico &amp;punta a descubrirlo con toda independencia de
nuestras condiciones humanas y más
al1á de sus limites; mientras que el
artista busca absorberlo en sí dentro
de esos límites mismos, extendidos en
verdad a la medida indefinida del
mundo, y aún más allá, por el senti).niento. En los dos casos. la obra no
tiene nada que no sea poema, es decir
expresión de belleza nacida de un ordenamiento y una exaltación, suscitadora a su vez de una poética nueva,
más o menos unida a las restantes.
Asi se cierra y se abre, perpetuado,
el ciclo del poema universal al pequeilo poema individual, la órbita continua de poética a poética del que un
fJtiido inaprehensible, la misteriosa
poesía, es la corriente animadora.

Se tiene la costumbre de reducir a
una pequeña bola esa inmensa eSfera
que gira balanceada sobre sus dos polos de la ciencia y del arte, igualmente estéticos. Pero es verdad que la pequeña bola toma el valor de una perla, es el poema propiamente dicho,
amasado entre los dedos del creador
propiamente dicho, el poeta.
Y no lo es sin razón, pues el poeta
es el creador del Verbo, del elemento
que concentra y dispensa por excelencia los poderes de los demás. Todos,
científicos y artistas, tienen necesidad
de su concurso en alguna medida; posee la facultad superior de reemplazarlos a todos o, lo que viene a ser igual,
de dar la ilusión de hacerlo. En el
verbo vuelve a encontrar el poeta a
través del ritmo la potencia original,
fecundadora del mundo, y mediante la
voz }o dota de una seducción suprema,
el Canto.
Pero la palabra no es sólo nn elemento de exaltación y de creación, es
un instrumento de precisión y abstracción, al mismo tiempo que un medio
cotidiano de intercambio, de simple
utilidad. Entonces ya no es más la
vida misma, no posee la fuerza capital, frecuentemente es sólo la pobre,
mala, seca e incapaz sirvienta. ¡Ay!
Se cree indispensable, abusa de su papel, su tirania se insinúa o se impone
a toda hora, paraliza nuestros impulsos v es la ceniza sobre la llama. De
acn; rdo a las épocas y las generaciones, el poeta mismo se convierte en su
víctima. Las poéticas se acartonan, los
poemas . se vacian, la poesía se desvanece. Estamos ahora en una de esas
épocas.

Aquí es la configuración de nuestros semblantes,
y desde hace años, no ha sido
sino un regazo de lumbre obscuraSan Isidro, ataja con tu lazada ardiente

Como ves, padecemos una doble sequía.
Puedo seguir hollando hasta que el agua brote
aunque mis labios sangren,
pero, ¿cómo hendir la cuchilla
para que se ablande el alma y el amor nos ampare?
Enriqueta Ochoa.

los muslos empotrilados que desde al amanecer,

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Página 7
•

�UEÑOS POEMAS
CIUDAD
Al alcance de mi mano, cuatro caminos abiertos
por donde no pasa nadie.
La noche, -árbol de frutos inalcanzablescrece desde las calles.
Sin marinerós ni buques, sólo el viento
puede alejarse.
De la ciudad surge un río,
¿a quién buscar entre sus aguas?

MUJER
Jardín donde pastan los torrentes,
agua del primer bosque,
llano extendido y cálido,
país de costas lamidas por mares de luz,
árbol donde todos los pájaros cantan,
aleteo del sol y de los astros
en un solo minuto eterno y blanco,
fiesta de música sobre el mantel del prado,
manzana de ámbar,
luminosa ola de silencio sobre el mástil de los barcos.

/

I

I

'

ATARDECER
La sombra del jinete sobre el naranjo,
la sombra del naranjo sobre la piedra,
la sombra de la piedra sobre el agua,
la sombra del agua sobre la noche.
Una mujer tendida tiene sueños de pájaros,
un hombre tiene sueños de ríos,
y la sombra tiene sueños de silencios y cruces.

GEOGRAFIA
El vuelo del pájaro tiene pico amarillo y cola verde
La sombra del pájaro se parte en dos: uva y limón.
Pero águila y tigre van de la mano de norte a sur.

Hugo PADILLA.

MULTITUD
Azules, verdes, negros, ·violetas
pasan los hombres sin mirarse.
De obsidiana, de jade, de tezontle
van por la calle.
Sus ojos nubes, piedras, lagunas
no miran a nadie.
Página 8

�</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>BOLETIN MENSUAL DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON
como artículo de 2a. clase en la Administración de Correos de Monterrey, N. L., el 20 de Abril de 1944.

Año XIII

No. 11-12

Noviembre-Diciembre de 1956

El anciano encendió lumbre y dió
de comer al viajero. Este le contó que
se dirigía a la Corte, a lo que el anciano, mirando al cielo, replicó: "¡Oh,
vanas e intiles dignidades! A cuántos
1Jen'!is desencaminados y perdidos por
este camino! Muy alejado estás, querido hijo, de la Corte, pues soy el Desen•
gallo'\ Y añadió:

que no entra aquí quien no tiene
mur pocos Merecimientos.

.)

i1/-='

Entre los ,,
. dos discipulos de Quevedo, se encuen•
tra el misterioso ·.
or
Martin~z. de Cuél~ar. P~co o casi
nada se sabe ele 'rl'•~t\Vtco !UA~n el ultimo terc10 del siglo XVII
prolonga la llrt~,1\ g,~ \iqu~tr'a pléyade de liter~tos insi~nes de la
centuria ant:flihl~ lfonde el nombre de Fray Lms de Leo~ es la es•
trella más resplandeciente. Apenas se encuentra una cita en sus
contemporáneos, y a no ser por los preliminares del único libro
que escribió "Desengaño del Hombre en el Tribunal de la Fortuna y Casa de Descontentos", no sabríamos ni siquiera dónde
nació. Fué en Cuenca hacia 1640. Esto es todo, a pesar de la re•
busca en bibliotecas y archivos españoles. Quizás el escritor mo-

Jf!lfll!

ralisla muriese joven; quizás pasara a Jndias, al lado de su protecteclor Hamos del Manzano, por cuanto \'arios Martínez de Cuéllar se
trasladaron a América y figuran como
pobladores del Perú; quizás entrase en
religión, acorde con sus desengaños o
con la tendencia general de su tiempo
SC'a como fuere, si de Marlínez de Cuéllar no tenemos la vida, ha llegado
hasta nosotros la obra. El la llamó
"idea 11.,. y añade que el motivo que tuvo fué no más de pasar el tiempo,
pues, como doctamente refiere Plinio,
rt orio del estudiante toca al estudio.
Y asi, ·en los ratos de desocupación estudiosa halló el "Desengaño del Hombre en el Tribunal de la Fortuna". Es
el mismo fenómeno que se dió en Fernando ele Rojas. Ambos son estudiantes, componen su libro en la más florida edad, y al punto desaparecen, sin
apenas dejar rastro. "Diríase que no
traen otra misión sino escribir su libro, su libro único, un libro que atraYesarú las épocas, y ese libro, por paradoja, será, en uno y otro, de descngafios. Obra de viejos, que escribirán
nifios. :fratado de experiencia, que
brotará de manos tempranas. Tal "Calixto y :\1e1ibca". Tal "El Desengaño
del Hombre": "libros de estudiantes
para que todos estudien". :\farUnez de
Cuéllar escribió su libro a los 23 años,
lraslucr la influencia satiricomoral de
1111 Qur,·rdo y de un Alfonso de Valdés. El "Desengaño del Hombr'e", tiende a mostrar lo engañoso de los bienes de este mundo. Tal vez la lectura
nos recuerda a Virgilio y el Dante, pero tan sólo como escenario, como juego clt• figuras. Estos todo Jo concentran rn el más allá, mientras que Cuéllar
sin dejar de hacer referencias
a lo escatológico, como creyente que
es- se ocupa del más acá.
Ln galanüra y sinceridad de Martínez de Cuéllar la hallamos ya en sus
palabras dirigidas al lector cuando le
adviertt' respecto del libro: "Que lo
nlabrs no 'te pido; que lo vituperes,
tampoco: que lo uno será envidia, cuando lo otro ignorancia. Alguno dirá:
muy poco es del autor; y yo lo confieso. Esto es precepto de Quintiliano :
QUC' Jo:,; que escriben han de imitar a
1as abejas, que de día andan por las
ramas cogiendo flores, para después,
de aqut•11as aromas, fabricar dulzuras.
La noticia ha de ser de muchos; la
clocurncia, propia. Ni esto es nuevo

ni poco usado; y más cuando vemos
todos los autores griegos y latinos, que
a cara descubierta lo ajeno lo dicen
como propio. Siendo, pues, esto costumbre en los escritores, no me parece causará novedad el haberme yo ,,alido de varios, de cuyas sentencias he
compuesto este "Desengaño en el Tribunal de la Fortuna".
Sorpréndenos, al comenzar el libro,
con una descripción de anticipo ro-

A.qui vive el Desengaño,

según mi voz te lo dijo,
y dista mucho, colijo,

del Desengaño el Engaño.
El Desengaño promete llevar al día
siguiente al viajero al nuevo y nunca
descubierto mundo del "Tribunal de
la Fortuna y Casa de Descontentos".
En efecto, llegan ante un palacio, y
"no me admiré de ver tantas rique•
zas, por ser necesario, según mi parecer, que quien todo lo da tpdo lo tenga. Yi una tarjeta a la puerta, cuya

,

UN VIAJE
CON

EL

DESENGAÑO
Dr. Daniel Mffi

mántico: "Gemia el horcas con espantoso estruendo", y nos lleva el autor,
montado en veloz cabal1o, a un Jugar
"que reconoció ser una tosca bóveda",
en cuya puerta se leía este rótulo: "Casa del Desengaño". Allí encuentra un
vcnerab}e viejo que, arrimado a un
báculo, exclamaba: "¡Ah, engaño! ¡Ah,
engallo! ¡Infelices los hombres que te
siguen, al paso que dichosos los que,
bizarros, te desprecian!" Al preguntarle la causa de tales lamentos, le
contestó el anciano:
En soledad muchos años
ha que estoy, r es bien me asombre
al Yerte, pues raro hombre
suele buscar Desengaiios.

inscripción eran estas verdaderas razones:
Aquí vive ¡Oh, pasajero!,
la deseada fortuna,
que a quien la busca desprecia,
y a quien la desprecia, busca.
Cuatro hombres de horrible aspecto
asen al viajero: "¿Quién sois vos, que
atrevidamente osáis profanar el sagrado palacio de la Fortuna? ¿Traéis algún memorial? ¡Ea, decid quién sois!"
Turbado, volvió la cabeza en busca del
auxilio del Desengaño, quien dijo:
Para entrar por esta puerta,
propicios han de ser éstos;

El viajero se dió cuenta de que "a
la puerta de la Fortuna y sus falibles
premios, están los pocos méritos: asi
ql.lc, para lograr dichas, no hay sino
no merecerlas".

Como iba acompañado del Desengafio -"¡ Oh, Jo que disimula la buena
compañia!-, le franquearon los Pocos
:\!crecimientos el paso, y llegados a un
pórtico, vieron una doncena "cuya
hermosura era igual a sí; pero tan desproporcionada en el cuerpo, por ser
tan alta, que casi se perdía de vista
su cara". La doncella, con tono severo, les dijo que no podían pasar de
allí si no la llevaban de su parte. Preguntó el viajero quién era, y respon..
dió:
f!abéisme a mi menester,
y aunque me miráis tan larga,
no os espante, porque yo
soy del mundo la Esperanza.
"¡ Oh, que dilatado es lo que a nues- ·
tro entender figuramos corto! -se dijo el viajero-, ¡Oh, qué alto e inaccesible lo que tenemos por fácil!" La
Esperanza les prohibe seguir adelante
si no hacen protesta de esperar, a lo
que el Desengaño le contestó que era
inúlil conociéndole a él.

Poco anduvieron, cuando les salió
al paso "un hombrecillo como del codo a la J¡Jano", quien se ofreció .a ellos
como de mucha importancia, pues todo lo que liada la fortuna se lo atribuían a él. Preguntado quién era, respondió:
Conóceme el mundo bien,
por muchos sucesos raros,
que, por -estar contingentes,
llaman, sucediendo, Acaso.
"¡ Qué ele almas en el infierno por
un Acaso! -exclamó el viajero-. Que
seáis necesario para este Tribunal, no
me admira; que las glorias de este
mundo, todas consisten en el Acaso".

Iba a disculparse el Acaso, cuando
apareció "una mujer tan perfecta, que
parecía haberse formado ella a su gusto" Venia con un manto azul de diamantes, una corona en la cabeza y un
cetro en la mf\nO. Preguntada quién
era, contestó:
De la Desdicha soy contraria
y del Acaso soy prima,
necesaria para todo,
pues lodo consiste en Dicha.
El ,·iajero supuso que la Dicha no
habia reconocido al Desengaño, dada
su respuesta, "que muy raro es el di.choso que le conoce, cuanto más la
propia Dicha". Y añade: "Aquél es
verdaderamente feliz a quien busca la
Dicha, no él que la adquirió por buscarla. Ninguna felicidad hay tan su-

•

�ma en Jo creado, c¡ue deje a la mundana ambición contenta".
Despedidos de la Dicha, salió a su
encuentro "un hombre cuya fiereza no
admite comparación". Este les dijo:
Xo te espante el rostro adusto,
ni verme tan mal tratado,
que el no estar aderezado
es por ser el propio Susto.

bienes y Jo caduco de sus premios.
Pues apenas los da cuando los quita.
Venían a sus lados la Asistencia, la
Ignoráncia, la Incapacidad. Acompaiiaban a la Sinrazón, el Acaso, la Dicha, el Susto, la Esperanza, el Cuidado; y ]os Pocos 1Iéritos iban haciendo
lugar para que llegase la Fortuna: que
no llega la Fortuna si no es a fuerza
de pocos merecimientos".
Acomodado el Tribunal de la Fortuna, entró un licenciado, "en cuya barba, al parecer, ponía más cuidado que
en el estudio". Venía el licenciado
acompañado de muchas personas graves y con hitbito. Preguntó el Yiajero
al Desengai'io quiénes eran, y éste contestó:

--,

"Ea, anhelo, ¿quieres no tener Susto? -me decía- pues sacia esa tu
se,J. · Cosas hay que nos atormentan
m.l1s que debieran; cosas que antes de
tic.1npG nos afligen, y cosas que nos
nfolestan sin razón. Las primeras son,
la pórrlida de las cosas temporales; las
segundas, el temor que tenemos de
perderlas; las terceras, el susto que Estos que con lucimiento
adquirimos anejo a ]as propias rique- Yes al ]ad de este hombre,
zas."
no criados, antes son
Siguiendo su camino llegaron al Pa- a su pretPnsión Fa vorcs.
Jacio de la Fortuna, donde había muchos pretendientes tristes y macilenL&lt;'ró 1a Sinrazón el memorial, que
tos. "Vi también muchos abogados, pe- decia así: "el doctor Xecedad, natural
ro el de más opinión dijo al Desenga- de Penseque, hjjo legítimo del Desati1io ,¡ue se llamaba el Cuidado. ¡Dichono y la Bobería, nieto del Descuido y
sa república que, teniendo tanto malo,
la
Pereza, sobrino de la Incapacidad
tiene algo bueno!"
y Ja Ignorancia, suplica a Vuestra DeiLlegaron a un salón donde estaba un dad, atento a los servicios que han heTribunal, cuya grandeza ostentaba ser cho sus antepasados y ejercer sus deude la Fortuna. En un estrado había dos, le provea en el cargo de juez subaJanzas desiguales y un rótulo latino premo, en grado de apelación de este
que decía: ''Injusticia". En dos ,•isto- Tribunal, puesto que le ejerce el docsas sillas debian sentarse los examina- tor Desatino, su padre, en que recibirá
dores. Preguntó el viajero los nommerced, J&gt;ues su adelantamiento será
bres, respondiéndole que eran 1a "Igno- Injusticia". El Tribunal accedió a la
rancia'' y la "Incapacidad".
J)C'tición. Al sa1ir acompañaban al liEn esto, se oyó un gran rumor, "y cenciado ]os Pocos :\Icrccimientos, el
\·í a la I;-ortuna, que venía ricamente Acaso, la Dicha, el Susto, Et viajero
,·estida. Traía una venda por los ojos, preguntó al Desengaño cómo no le sey venía sobre un mundo y con una guía la Esperanza, y le respondió:
rueda en 1a mano, significando que
cuando premia la Fortuna no ve a Ya no necesita della,
quien. El venir sobre el mundo fué tc·nicndo tal dignidad,
decir que le tenía a sus pies. La rue- porque, con supremo puesto,
da ostenta la poca constancia de sus no tiene m{1s que esperar.
Ante espect:lculo tal, el vrnJero se
hace las siguientes reflexiones: "¡Oh,
Fortuna, en lo mudable contenta! ¿No
reparas que es deshonra tuya premiar
a quien no Jo mercc? Pero, ¿qué admiro si eres ciega? A buen seguro que
si tuvieras vista, no fueran algunos tan
bien afortunados".
Y el autor filosofa entre la riqueza
y la pobreza, entre los favorecidos por
la Fortuna y los despreciados por ella.
i.y no consideran que con las dichas
ajenas antes se han de alegrar en vez
ele entristecerse. Y es que no conocen
Jas incomodidades qeu abruman a los
que, al parecer, son bien afortunados,
y las dichas que tienen los que nunca
vieron propicio el rostro de 1a Fortuna".
Llegados ante la primera sala, cuyo
aparato vistoso en est:Huas de bronce
daba a entender las famosas ruanoli de
Ctcsiphon, artífice a quien se Je debe
una de las siete maravillas del Orbe,
el templo efesio de la triforme diosa. l;n enorme cartel se destacaba:
No desconfies jami1s

ele Ja Fortuna en desgracias,
porque de nada hace mucho
y de Jo mucho hace nada.
A11í estaba-o, en turno- ricamente labrado, el Tamerlán, que siendo en su
infancia guarda de animales inmundos, llegó a ceñir la corona de Persia
y el trono de Scitia; Tholomeo, hijo
de Lago, que de capitán de Alejandro
se transformó en rey invicto de Egipto, y tantos y tantos otros. Ante tales
ejemplos "que mueven al más desesperado corazón a que tenga esperanza", el ,·iajero agradece al Desengaño
su condescendencia.
Entrados en 1a otra ca11e, menos
aparatosa que la precedente, el viajero preguntó al Desengaño quién la habitaba, contestándole éste que era donde estaban los que, próspera fortuna,
había llegado a lo adverso de la des-

Página 2

í

I 1

),'
,~
kl
¡
I

dicha. El vrnJero insiste y pregunta
cómo había tan poco espacio de una
a otra, y respondió:
Lo que sigue al ensalzado
de la Fortuna y sus premios
es caer, y asi verás
que no está del subir lejos.

'

Allí estaba Pompcyo, cuyas victo~
rias escribió la Fama en el papel del
tiempo, "sirviéndole de tinta la sangre con que en rojas corrientes tiñó
de púrpura los turquesados campos".
Venciú al Yalerosisimo i\Iitrídates, rey
del Ponto, forzándole a que gustase lo
rabioso de un veneno, con que pagó
la deuda que deben los mortales: pero
Yencido por César, huyó, refugiándose
en Tolomco, rey de Egipto, quiC'n 1o
mató. A sus pies dccia:

"¡Oh, verdad clara! ¡Oh, manifiesto
desengafio! -exclama el Yiajero-.
Pues es cil'rto que a la prosperidad
del subir está aneja la adversidad del
caer: Conocimiento quC', si lo tuvieran :\(uc-hos reinos sujeté,
los que cifran sus medros en la pri- a muchos maté en el campo;
vanza, fiaran me.nos en elJa y tuvieran ayudomc la Fortuna,
m,ís seguridad que los que, desvane~ pC'ro no a vencer mi hado.
Ciclos, la juzgan inmutable, siendo caduca".
Poco distante C\laba César, e] venSe presentó una mujer tristC', de ros- cedor, muerto en el Senado por Cayo
tro grave y severo, y al preguntarle Casio y Dccio Bruto. A sus pies había
esta inscripción:
quién era, contestó:
Yo del Desengafio soy
indice, pups encamina
del Descngafio a la casa,
sin rodeos, la Desdicha.

"Es verdad -dijo el Desengañoque vos sois quien mejor sabe dónde
vivo, porque es indicio ele ceguedad
sin remedio el no desengañarse teniendo presentes las desdichas de este
mundo. Y así os suplico deis licencia
para ver vuestra sala".
Obtenido el permiso para ,·istar su
sala, se encontraron a un hombre miserablemente vestido y ciego, pidiendo limosna. Era eJ heróico capitán
Belisario, siempre invencible, a quien
por mandato de Justiniano le fueron
sacados los ojos. Una inscripción decía:
Las glorias de la Fortuna
a nadie salen baratas;
y a mi más, pues me llegaron
a los ojos de la cara.

¡.De qué sirve 1a J."orfuna,
~¡ es verdad esta razón?:

no vive más el leal
de lo c¡uc quiere el traidor.
También estaba alli el valeroso Jerjes, ilustre rey de Egipto, vencido por
Temístocles r muerto por Artabano. A
sus )llantas se leían estas palabras:
Jerjes poderoso soy,
rey de los persas alth·o,
de los hombres vencedor,
de la Fortuna vencido.
El viajero, asombrado, pregunta: "Si
has de quitar las dígnidades, ¿para
qué las das? Y, una vez dadas, ¿para
qué las quilas? A lo que la Desdicha
respondió:
El quitar las dignidades
cuando con quietud se gozan,
solamente es porque todos
el Desengaño conozcan.

el Desengaño Je hizo al viajero las siguientes reflexiones: "Esto que has
visto en el Tribunal de la Fortuna,
donde se ejerce lo distributivo de sus
bienes perecederos, pues duran tan
poco, que parecen soñados o que 1a
idea en su fantasía los finge, pues no
se poseen más que al presente, y en
llegando a imaginar futuros los que
entonces goza en su conocimiento, los
Jialla pretéritos a su gusto y posibles
a su deseo. Bien has visto los tiranos,
con qué poco favor se desvanece su
pompa, y que un día basta a quitarles
Jo que ellos en antos adquirieron. No
Je conviene a quien a todas luces se
mira afortunado juzgar que siempre
ha de durar su dicha. Porque, dado
caso que eternamente gozara uno de
]as dichas de esta vida, Je causaran
aborrecimiento sus deleites, porque las
riquezas de los mortales han de tener
fin. Debían los vivientes tener a Dios
delante de si en todo acontecimiento".
La característica manera de expresarse del Desengaño nos recuerda el
caso de Apeles, el gran pintor a quien
la antiguedad libró memorias en sus
rasgos y eternidades en sus tablas, que
siempre pintaba a la Fortuna en pie.
Preguntáronle la causa, y respondió:
"Porque no tiene jamás consistencia".
y confirma la agudeza de este dicho,
otro, no menos célebre, de Isopo, pues
preguntándole un magistrado que qué
hacia la Fortuna, respondió presto:
"dar a unos y quitar a otros".
El Desengaño, para convencer mejor
a su acompañante, le promete llevarle
a la Casa de los Descontentos, pasión
propia de los vivientes, pues nadie estú contento de su ser, y en quienes el
viajero verá su propio desengaño.
Salidos del encantado Palacio de la
Fortuna -ya que en él todo era fingido-, llegaron a un florido prado y
hermoso palacio, saliéndoles al encuentro un gallardo joven macilento y
pensativo. El Desengaño dijo al viajero, respecto del joven:
Es hijo de la Fortuna,
aunque no goza sus premios;
no está contento de nada,
por ser él el Descontento.
Estando en esto, salió una mujer
desgreñada, los ojos, inundando de
cristalinas lágrimas el suelo, y exhalando suspiros. La mujer dijo:
Hija soy del Descontento,
y con repetidas penas
atormento los sentidos,
siendo, infeliz la Tristeza.

El Desengaño aprovechó la ocasión
para decirle al viajero: "Es propieda~
de la Envidia alegrarse de las calamidades ajenas, ignorando que las desdichas son comunes a todos. No te rego~
cijes de ver hombres desdíchados'. al
lado que tu feliz, que es muy posible
el que se trueque la suerte, pues es mudable y de poca constancia la rneda de
la Fortuna".

--,

Míentras el Desengaño hablaba, la
Envidia desapareció, instándole el Descontento que visitaran la sala de los
Ingratos. Allá se dirigieron, habiendo
en 1a puerta esta inscripción:
Los desconocidos somos
con Ingratitud, tan grande,
que aquél que bien nos ha hecho
se lo pagamos con males.
Llamó a la puerta el Desengaño Y
salió una doncella "no muy hermosa
por ser de áspera condición". ~otando la atención con que era nnrada,
dijo:
No te espantes de ini rostro,
aunque te parezca malo,
que nunca le tuvo bueno
el que se precia de Ingrato.
Allí estaba Creso, rey poderoso de
Lidia, y en su solio, decía:
Creso soy, ingrato en todo,
que con maldad inaudita,
a quien la vida me dió
procuré quitar la vida.
También estaba Teodoro, a quien
Amalasanta, reina de los godos, eligió
por compañero en el reino, y en pago
de tal beneficio la mató. En su solio
decía:
Por reinar, maté la reina,
con ánimo tan perverso,
que a quien el reino me dió,
quite la vida y el reino.
El Desengaño recuerda al viajero
que nada hay más inhumano y cruel
que la Ingratitud. "Hombre malvado
es aquél que sabe recibir el beneficio
y no sabe pagarlo. No sólo es ingrato
el que niega el agasajo, sino el que lo
disimula".
A un paso de allí estaba la sala de
los avarientos, en cuya cornisa decía:

La posada miserable
es la que veis de Avarientos,
descontentos con lo propio,
deseosos de lo ajeno.
Entre otros, estaba Aquiles, bizarro
campeón de los griegos _que movido d_e
la codicia, puso en prec10 el cuerpo difunto de Héctor. A sus pies se leía:
Pobres magníficos son
los que con ardiente anhelo,
aspiran a los tesoros.
siendo su fin el dinero.
En la misma sala estaba Darío, rey
de los persas, pues, avaro, habiendo
leido en el monumento fúnebre de la
reina Semiramis "Cualquiera rey de
mis sucesores que necesitare dinero,
abra el sepulcro y tome lo que le pareciere", se apresuró a abrir la tm_nba,
hallando sólo estas palabras: "S1 no
fueses malo y avariento, no movieras
las piedras de mi sepulcro, para sacar
las riquezas que en él jnzgabas''.
Dentro de la sala "morían por vivir,
y viviendo morían", aquéllos que no
sacieron su sed de tesoros. El Desengaño recuerda al viajero que somos estimados en tanto como tenernos; Y que

los hombres, deseosos de ser estimados en mucho, no se contentan con poco. "Pero desdicha es no atender a
otra cosa que tener hacienda". No sólo Je falta al avaro Jo que no tiene, sino también lo propio que posee. Bien
hizo el lírico Anacreonte, que habiendo recibido del tirano Policrates un
talento de oro, se lo devolvió al instante, diciéndole: "Toma lo que me
diste; que yo, señor, aborrezco dádivas que me han de quitar el sosiego".
Lo que importa es tener el alma rica
de virtudes.
"¿Cuáles serán las fatigas del tener,
siendo tan grandes los ahogos del adquirir? Y Jo peor es que nadie está
contento con su dicha, por feliz que
sea. No hay cosa mayor en Jo humano, que el ánimo que desprecia Jo m~yor; y así, quien se muere de ambición, siempre padece por anhelar, es
evidente que da mnestras de no haber
vivido por sí, sino por el tener. Ten,
pues, presente -insiste el Desenga1io- que has de ir desnudo al sepulcro y despreciarás las galas que acaba
la polilla y consume el tiempo. ¿Por
qué piensas que el oro está amarillo?
Porque tiene muchos enemigos. Nada
remedian las riquezas, pues ni el lecho de oro alivia al enfermo, ni la bue-

Y el viajero constata -ante tan rara gcnealogia-, que a los bienes de la
Fortuna suceden los sustos del Descontento y los pesares de la Tristeza,
siendo los tres, madre, hijo y nieta.
Guiados por tales personajes llegaron a un vistoso corredor, con patios
llenos de funestos cipreses denotando
que en la Casa de la Tristeza ni los
árboles sugieren alegria. Ante una
puerta encontraron clavada esta tarjeta:

Aquí mueren los que habitan,
porque viven sin reposo, .
que no descansa el que tiene
envidia de bienes de otro.
Allí estaba Catón, con el siguiente
rótulo:
Catón soy, tan en,•idioso,
que, viendo a César invicto,
ya que no en él, por lo menos,
tomé venganza en mí mismo.
A Caín le correspondía esta tarjeta:

Una ,•cz despedidos de la Desdícha

'

A Abel mi hermano maté,
de sus dichas envidioso,
movido de la arrogancia
de ser en el mundo solo.

Página 3

•

�•

b1io- , y vendí el mundo; la mujer•
dotada, como sea virtuosa y esté s •
ta a su marido, dote tiene". No ~
cosa más intolerable que la mujer ,.¡;
ca. lllfa, pues, que te cautivas y v
des tu libertad, sujetando tu albed~ll,
teniendo quien siempre te mande y'j
nunca te obedezca. Escucha a Est
. po bre se casa con :rn 1&gt;b co; "S.1 a1gun
jer ric~, no t~ene muje~ a quien
dar, smo senor a qmen obedecer"
Me_jor es casarse con mujer pobre, , :
1
g~ien~? el pa~ecer_ de Eurípides, PUea
dice: La mu¡er sm dote no tiene U.
bertad de hablar, y una mujer habladora es tempestad casera". Había Ull
padr.~ que desea?ª acomodar a una sola lu¡a que tema. Consultó sobre el
acierto a 1:emistocles, si se 1a daría a
un pobre virtuoso o a un rico jugador
Respondió: "Más quiero varón para
din~r?; que no. di?_ero que carezca de
varon , como s1 d1Jese: mejor es hOJn,.
bre que de pobre se haga rico, que no
quien de rico sé haga pobre. Ni Jo
ha de ser tanto, que no tenga alguna
hacienda. Esto se colige de lo que dij1&gt;
Aureolo, preguntándole un mancebo•
¿ Casaréme con mujer pobre o rica?
que respondió: "Si pobre es dificil el
sustentarla; si rica es imposible su..
frirla".

na fortuna hace discreto al ignorante".
Hablando, llegaron a una desmoronada gruta, y el ,•iajero preguntó quién
vivia alli, a lo que el Desengaño le dijo que la verdadera amistad. Entraron
en la gruta abriendo una puerta fabricada de cañas, encontrándose en una
apacible estancia donde estaba una
mujer, tan hermosa y tan ágradable,
"que su belleza suspendía y su agrado
robaba los corazones". La Amistad,
habló así al viajero: "Ya que desengañado llegas a pisar estos umbrales
y has merecido ver esta habitación,
voy a cumplirte tu deseo. Soy la Amistad, joya utilísima, final complemento
y perfección con que se agracia todo
lo creado, pues es cierto que ninguno
tiene cumplida dicha, aunque sea sellar del mundo, hasta que tiene amigos; y en teniéndolos no le falta nada,
porque llegó a colmo su felicidad. El.
sabio, aunque apetece la soledad, no
obstante, busca un amigo, y le tiene
tan sólo para ejercer las acciones de
la amistad, por no perder el lograr de
tal virtud los efectos; no porque tenga quien lo asista si está enfermo, si
está preso le ampare, si está pobre le
socorra; antes, si, le solicita cuidadoso
y diligente, por tener a quien asistir
si enferma, a quien librar si está preso y a quien amparar si está necesita.do. Las riquezas convocan amigotes, las adversidades acrisolan los amigos: Quien es rico ¡ qué de ellos que
tiene! Quien es pobre ¡qué solo que
está! ¿Para qué se busca un amigo?
¿Para qué? Para tener por quien morir".
La Amistad recordó. con alegria algunos ejemplos. Cástor y Pólux, ficción de dos estrellas, las cuales, al lucir una, Je falta a la otra el resplandor.
Dice la tarjeta al pie de su monumento:

El amigo es otro yo;
y nadie podrá aplaudir
que quiera eterno vivir,
cunndo mi amigo murió.
Preguntó el viajero cuántos amigos
babia de tener, a lo que la Amistad
contestó presto:
Amigos uno o ninguno,
toma de mi este consejo;
que uno sobra si~ndo malo,
y uno basta, siendo bueno.

ei

A

\

pañante un último favor: "Casado quisiera ser -dijo-; aconséjame lo que
debo hacer".
uya que eliges ese estado y que es
cierto que nadie puede dar norma de
vivir, como el experimentado, ven, y
hablarás con el Himeneo, por otro
nombre el Amor conyugal; que él, como sabio en esta materia, te dará preceptos".
"Hízonos sentar el Himerieo, ya informado por Talia de nuestra pretens~ón, y con alegre semblante dijo, hacrnndo la venia al Desengaño, lo siguiente:

El viaje llega a su fin, pero el Desengaño aun dará nuevos consejos al
-A mucho te atreves, porque es
viajero antes de despedirse. Le recuermenester
gran conocimiento para no
da que si es honesto lo que hace, deben saberlo todos; si torpe ¿ qué im- . errar en ]a elección, porque en la muporta que no lo sepa nadie, si lo sabe · jer dificil es oir palabra verdadera de
él mismo? Recuerda que hemos de mi- su boca. Pues ¿cómo conocerás si te
rar Jo que somos, no por quien nos te- quiere o te aborrece, si te estima o te
nemos; 1c exhorta a ser lo contrario desprecia, si son las voces índices del
de los que atienden a vivir mucho, no corazón? ¡ Qué de veces oirás a tu paa vivir bien. Nadie será mañana lo recer un cariño, y será en tu pecho
que es hoy; nada de lo que se atiende un desahogo! Y así decía uno que sópermanece. Se ama una cosa tan ve- lo creía una cosa de las mujeres, y era
loz -la vida- , que ya se acabó cuan- que después de muertas no habían de
do se goza. Poco importa el morir volver a este mundo. Lo demás, que
a qui o allá; lo que importa es acabar todo era fingimiento. No es tan dificon buen fin la vida que empezamos. cultoso de guardar el dinero ni el más
Un gentil exclamaba: "¡Oh, Jupiter! desmantelado muro como la mujer.
Ya que nos diste limitado el tiempo de Donde está no hay nada bueno. "¡ Oh,
la vida ¿por qué no permites le pase- lo que hay que envidiar -decia Antimos sin penalidades?". No es posible, fanes -al corto de vista! Porque, enporque ya las calamidades reinan en tre tanto malo como padece, tiene de
los hombres y no los hombres en las bueno el no ver a su mujer. "¿Hay
c~lamidades. Poco importa, pues, mo- mayor desdicha, que lo que se escoge
rir hoy o morir mañana: lo que im- por triaca que alivie ha de ser tósigo
que acabe? Raro es el día que pasa
porta es morir bien.
alegre el marido, porque tiene un eneLlegó la hora de la despedida. Dijo migo al lado y un contrario inseparael Desengaño: uEa, pues, ten en la meble; de suerte, si el desdichado se remoria lo visto y adiós. Ahí tienes el gocija, al punto topa la mujer camino
caballo, monta y camina". El viajero por donde turbarle el sosiego y aouarsuplicó: "¿Adonde te- buscaré, si por
lc el gusto. Casóse Democrito, hommi desdicha olvido tus preceptos?".
bre de gran estatura, con una mujer
El Desengaño respondió: "En la sepulpequeña; y preguntándole por qué se
tura que en ella está el verdadero Dehabía casado con una mujer de tan posengaño".
co cuerpo, dijo: "Yo escojo de lo malo
Mas el viajero deseaba de su acom- lo menor't Perpétua es la guerra cuan-

Página 4

llla::

to dificil Ja paz. ' Y, así, el rey Don
Alfonso de Aragón dijo que para tener
paz dos casados, había de ser sordo el
marido Y la mujer ciega, porque ésta
es por naturaleza celosa, y a aquél le
molesta la demasiada bachillería· con
que, careciendo de estos dos senÍidos
resultará todo en quietud, pues ni ell~
fuera habladora ni tuviera ocasión de
tener celos. Prcguntóle a Sócrates un
mancebo: "¿ me caso o nó ?" y respondió: "Haz lo que Quisieres, que,
al cabo, te pesará", sintiendo que la
s~ledad es molesta y que el matrimon10 suele ser insufrible y causa de desh~ucción. y esto es menester ·mirarlo
bien; porque, como dice Terencio
cualquier enemigo que nos quiere qui~
tar la_ vida, le conocemos antes que
nos _hiera; pero a la mujer no se siente_ s1 no es cuando mata. y Euripides
anadc: "Los dioses dieron remedios
contra los más fieros, contra los más
~rucles animales; pero contra la mu¡er mala, ninguno hasta ahora ha hallado la medicina".
... No te pagues de la hermosura del
cuerpo, que ésa perece; pues es cierto que la h_ermosura Y la vejez no pueden estar Juntas, mueva a tu voluntad_ la del alma, que siempre dura
Alla decía Isócrates que quien teni~
el cuerpo hermoso Y el alma fea e
lo P
.
' ra
rop10 que un navío cuyas velas de
colores penachos fueran del viento y
que de la proa a la popa estuviese hecho un ascua de oro, si tenia muy mal
gob~rnador Y piloto. Porque ¿qué le
hacia la hermosura si iba a p·
'
1que, o
d e enea1lar en la arena
o de Ch ocar
con ~m escollo? Las obras hermosean
e] SUJeto,
pues dice Demetr1·0.. "S'1er~
•
ga 1an, obra bien; si feo, suple·el defecto de la naturaleza con el adorn
de las virtudes; que más vale s . o
E · "d
, egun
_m?p1 es, feo ,•irtuoso que galán
v1c10s".
con
e

... Las riquezas detéstelas tu intento·
•.
,
1rsea'
su imperio. "Recibi oro - d"ice p uque casarse con e] oro es rend.

Oye la exclamación de Euripides:
"¡Feliz aquél que acertó al casarse y
dichoso aquél -prosigue- que nu~ca
se easól" ¡Oh, duda dificultosa de av"'riguar, por lo indeciso!"
Procura que la adorne la prudencia,
que con eso siempre os conformaréis
con f.acilidad. Pues los prudentes, dice
Demostenes, de los pareceres de todos
eligen los mejores .Y, aunque tenga
malos lados, teniendo esta virtud, no
se dejará llevar de sus c·onsejos, porque mirará lo que está bien y lo que
está m~jor".
Exhortaba Sócrates a sus discípulos
que procurasen observar toda su vidi
esas· tres cosas: en el ánimo, pruden.
cia; en la lengua, silencio; en el -sem..
h~ante, .':erguenza. Ningún necio call~,
dice Dwgenes, porque el silencio ds
indicio de sabiduría. San Gregorio lo
afirma: rectamente sabe hablar quien
sabe a veces tener silencio. No es me-e.os retórico el silencio que la voz, dice Plinio. A la mujer, particularmente, le es- ornamento y gracia el silencio,
según Aristóteles. Cuida, dice Plioio,
de hablar poco y desvélate en buscar
modos para oir, de mejor gana que
hab1ar, porque, quien no sabe caJlar,
cierto es que ni aun hablar sabe".
Impórtale a la mujer honesta vestirse de modo, que no desdiga el traje
de su virtud. Estaba un dia una dama
muy bizarra, tapada de medio ojo,
comprando unas niñerías, a quien llegando un cabaliero, la dijo si gustaba
que el pagase la costa. Respondíóle
que no necesitaba de nada suyo. Instóla con ofertas. 'y ella, enojada, se
descubrió diciendo: "Vuestca merced
no debe de conocer que soy la mujer
de don Fulano". A que respondió agu•
do: "O vista vuestra merced como
quien es, o sea vuestra merced como
se viste". Como si dijera: si anda en
traje de mala, ¿ por qué quiere que la
tenga yo por buena?"
Mas, puesto que la mujer es daño
Y salud de una casa, siendo perpetuo
Y necesario mal, ya que te determinas
a casarte, considera que en tu elección
consiste el tener salud o el tener una
e_nfermedad pestilente que acabe contigo. Eurípides afirma que el matri•
monio es mal que le desean muchos
Y es muy cierto que le aciertan pocos.·
J~1zgo que, siguiendo estas reglas, seras uno el.e ellos, con que, vhriendo en
paz, dilatarás eternidades con clara sucesión Y descendencia la famosa estir·
pe de tu casa".
Aquí cesó el Himeneo. y aquí deci-mos no adiós, sino hasta luego, al Tri•
bu~al de los Desengaños, ya que en el
vivunos, nos movemos y somos.

Ya no se Morirá Diego Rivera
Por R-E. MONTES i BRADLEY

I

A la memoria inmarcesible del

Maestro Manuel Toussaint

Una vez más - y van ...- este Diego Rivera, que en verdad
es extraordinario, ha conmovido a sus compatriotas y a muchos
que en México no lo son, pero que igual que ellos o que su mayoría, le admiran y le quieren.
Si Diego Rivera fuera sólo un artista, posiblemente no tendría
interés alguno en ocupar y desocupar más o menos con estudiada frecuencia, los titulares de los cuotidianos de más nutridos tirajes. Pero es que él, además de ser artista, y quizás más que artista, es político.
Decirlo así, tan directamente, pareciera un ex-abrupto, como tal, desconsiderado, especialmente teniendo el
propósito de escribir no sobre Diego
Rivera el político, sino sobre Diego
Rivera el pintor.
No obstante; como que en él todo
contribuye a personalizarle con harta
singularidad, no puede omitirse aspecto tan importantísimo de su "currículum".
Y por él ha de comenzarse.
RIVERA EL POLITICO
Quien no le conociese y conociera
sus cuadros, sus murales y hasta sus
esculturas y mosaicos, podría sin ser
intuitivo, llegar a saber de él, la naturaleza de sus inquietudes de tipo social.
Se dice con frecuencia, de sus murales especialmente, que adolecen del
defecto del abigarramiento, de la baraunda, del hacinamiento o, para no
emplear eufemismos, de la tendencia
a la adición compositiva exagerada,
"horror vacui" renacentista.
En efecto; en un mural suyo, éste
&lt;lel·Palacio presidencial o aquél del de
Bellas Artes, las gentes, sus sujetos pictóricos, se suman por decenas y la vista se pierde como en una galaxia en

procuración de un desentrañe o explicación no importa si anécdotica, pero
si aprehensible con facilidad, que no
siempre el espectador común --que es
el que el propio artista confiesa interesarle- alcanza, al menos en sus primeros intentOs.
Y este reconocimiento casi unánime
de una característica de la pintura de
Rivera, deviene. elemento útil, para la
advertencia de su actuación política.
Diego Rivera es, fundamentalmente
definiéndole, hombre de masas.
Politico, no podria lógicaJUente eludirlas, mas, si seleccionarlas, quedándose con las "elites", que también son
gentes, pero gentes sin olor a multitud,
sin promiscuidad, si acaso anodinas,
sin pestilencias sarcolácticas, es decir,
para expresarlo con terminante termi ..
nología de militancia derechista: personas, que no chusmas.
Erhpero, Diego Rivera no tiene, no
podría tener esas preferencias que,
siendo él quien es, COQ.sideraría indignas y degradantes a la condicióu humana.
Para él la masa es una en su promiscuidad, en su abigarramiento, en
su constitución, por ello no la entiende sino nutrida, diversa, multicolor, y
esto socialmente quiere decir, tal CD·
mo es étnica y cívicamente, pletórica

11

de variedad hasta definirse por ella en
origen, en actuación y en destino.
Ninguno excluya a nadie de la muchedumbre temática que seduce, apasiona, preocupa a Diego Rivera, porque entonces, es tal su dilección por
ella, que no sólo reñiría como riñe con
el exclusor, sino que saldría en seguimiento tesonero del excluido, hasta
dar con él, cualquiera fuese el vericueto de la historia o de la ·v ida en
que se hallara, para restituirle a la unidad social de. la que lo segregase el
avieso espíritu de un osado discriminador.
El advertir que sus congéneres, cual
él mismo, son inexorablemente parte de
un todo masivo solidario, que como totalidad también connota presencia psicológica definida, no quiere de manera alguna establecer, que Diego Rivera
se conforme con que la sociedad actúe exclusivamente, en tanto masa,
cual entelequia societaria carente de
personería en goce y ejercicio. Y menos, con que ella en determinada circircunstancia histórica, no halle la
compensación a su atávico colectivismo, en una frutación no pasajera, si
trascendente, definitiva, que sinó disgregue, al menos libere a cada quién
de la suma indeferenciada.
No interesa decir a qué partido político pertenece Diego Rivera. Inclusive pudiera no militar en ninguno, sin
dejar ciertamente de sustentar aque•
llas ideas y luchar por alcanzar estas
metas. Sin embargo; por razón de eficacia, él milita en uno, creyendo que
así se acorta la distancia enorme para
nuestra coetaneidad entre el ensueño
que con justicia urde y la realidad en
que ya debiera haberse concretado.
Mas, quede establecido sin controversión, el politicismo de Diego Rive-

ra, único móvil que lo impulsa a provocar a sus opositores -políticos que
no artísticos- con salidas extemporáneas, como tales imprevistas y a veces,
que no siempre, fuera de tono, o meramente vanas como quien buscase
con la varita del arbuto próximo, picar por entre las rejas al tranquilo
ciervo del zoológico, sólo por el placer pueril -o hedonista- de irritarle
y verle embestir el cerco, tan furíbundo cuanto impotente.
Porque estas salidas de Diego, al parecer infantiles, si son o no graciosas, tienen la rara virtud, precisamen•
te buscada, de provocar la correspondencia del en·emigo, que siempre se
enfada y a veces se indigna, se irrita,
e enfurece, animal también él, aunque
político, opreso en la red del monstruoso Leviathan que mucho gustaría
trozar, pero con vistas a un futuro muy
distinto del que Rivera anhela.
Naturalmente que Diego Rivera conoce. sus ciervos, como diariamente
frecuenta sus ámbitos y hasta logra sin
proponérselo su respeto, y llega a venderles sus cuadros en precio de dólares, que no de rublos ni · de yens, y
menos de pesos mexicanos. Por lo que
sabe, de consiguiente, que como estos
compradores son gentes de "elites",
pulcras, atildadas, bañadas, perfuma•
das y ceremoniosas, hay que provocarles sus reacciones con el susto de
la estantigua y hasta con el espanto
superlativo del terror, puesto que del
miedo común corriente, del hambre,
la mugre, el frío y otras penurias semejantes, ellas están, por curadas, prevenidas.
-"Yo he comido carne humana"
-dijo Diego Rivera alguna vez, en
México o en París, a un reportero sensacionalista, a quien de seguro mandó

nomingo en la Alameda Cenll'al". Fragmento. Fresco en el Hotel del Prado.

Página 5

�y México, por ello;Hene en él, y
lo reconoce, a un artista de ma
plenitud, que contribuye con sus ob
al mejor conocimiento del de
socio-institucional de la patria.
cimiento expuesto directa, obietilil,i
mente, sin desfiguraciones incluai
expresionista o post-expresionista,
de otra índole expresiva cualqu¡111,
por cuyo vehículo su pueblo por no
estar habilitado intelectivamente, llll'
captarla no ya la belleza, sino la '9ef•
dad y la dirección de un proceso, -_¡
que por difícil bien se llama heroico.
Indudablemente por este holllbre,
más que por el otro; por este h o ~
que ha llenado miles de metros caadrados con sus pinturas que mueboa
pueblos quisieran poseer, por eate
hombre que como artista trabaja j
to a su pueblo sin importarle lo qae
pasa en las marfilin'l,S torres de la clii..
dad donde muchos otros de sus colk
gas elaboran su quintaesenciado mea.
saje artístico grávido más que de realidades y esencias, de metáforas y al&amp;
bolos, por este hombre, es por el que
~téxico se preocupa, se interesa, se en.
tusiasma y hasta se exalta. Porqué óCÓmo se ha de discutir el arte de Diqll
Rivera?. Hacerlo; ¿no es incomprensión?, ¿no es ene.m istad?. Puesto que
al margen de toda prevención artlsll.
ca, po!itica o de la índole que fuese,
él es un creador con tamaña personalidad.
Se coma o no la carne humana; milite en tal o cual frente de lucha¡ SÍID•
patice por esta o aquella cultura; se
pague de su libertad y ataque a la bur-guesía, irritando todos sus flancos vÍJ).
nerables con pugnacidad díptera, lo
cierto es que excentricidad, posición,
iracundia en él, o subestjmación en
quien lo juzgue, son manifiestamente
vehiculos de una simpatía que él se
gana espontáneamente. Y que diflcUmente pierde porque es definitiva. Y
además, se trueca con presteza e irre' 'ocabilidad en cariño, en amor,
Si; la verdad sea escrita, México
ama a Diego Rivera.
NUEVAMENTE JANO

El i de diciembre en Moscú.

llamar él mismo y encargó la entrevista, y le añadió para que la aseveración
Je engolosinase: -"Era carne blanca
como la cupletista de quien la cortara;
y terminó: -"La comí en tamales,
porque soy mexicano y no habría podido saborearla en anglo "roats beef"
horrible o en repugnante "bisteck" a
la Bismark, teutón.
Y todo México se conmovió -o todo
el mundo, incluyendo a París, si se
prefiere-. Hasta que salieron a decirle desde la acera opuesta a la suya,
todo cuanto la iracundia dictaba.
Lo de menos: sangron!..., bárbaro! ... ,
caníbal!. .. , etcétera. Que justamente
era cuanto él quería le dijesen y babia
intuido Je dirían, a fin de poder esgrimir con su Yigilante inteligencia, los
recursos de su más hábil dialéctica, lucubrando un discurso en torno a la
barbaridad que significa ser todavía
negrero, explotador de mensús, de guajiros, de rotos, de cholos o de pelados,
ya que presto tornara 1a acusación por
pasiva, demostrando a sus contradictores horrizados que quien debla espantarse de su canibalismo era él y

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no ellos del ingenuo suyo: comerse un
rico tamal de noctámbula mujercita.
Así es Diego Rivera; en cuanto a político.
Y que conste que cada salida suya
a1 ruedo civico, interesa, apasiona, y
provoca polémica llenando salas sí la
arremetida es oral, o vendiendo periódicos, si lo es meramente gráfica.
RIVERA EL ARTISTA
En tanto aquellas salas se colman
y esos periódicos se agotan, Diego Ri,·era artista, sonríe siempre; a veces
rie, y trabaja, trabaja cníervorizadamente.
Conoce su oficio corno pocos y ama
su pueblo como no muchos. Es artista
como es politico. Es Jano hiírontr.
mas, ante todo es mexicano, que para
él es vocación sustantiva.
Y si agoniza en político, vive, que
es también forma de agonizar, en artista.
Frente al caballete, sobre el andamio, junto al muro, en cualquier parte
que le pidan o se diga: hay que pin-

lar, ·el coge sus bártulos de pintor y
pinta.
Compositor habilisimo, reune sus
queridas y promiscuas masas y las
juega con erudición de historiógrafo
en el proteico pretérito, con habilidad
de estadista en el turbulento presente
y también con intuición de socíológo
en el porvenir que ensueña armónico
y maravilJoso y a cuyo avenir contribuye con todo lo que es capaz -&lt;¡ue
es mucha- de dar de sí.
Si como compositor es rigoroso matemático, como dibujante su mano es
la de un cirujano tras años de aprendizaje y ejercicio. Y aún falta escribir
que como colorista, cualquier ley le
ofrece posibilidades lúdicas.
Pero por sobre condiciones de oficio, priva en Diego Rivera un extraordinario sentido de lo que podría
llegar a calificarse como pintura histórica: Historia que s~ hizo, Historia
que se hace, Historia en fin, que se hará o podrá hacerse si 1as intuiciones
que siempre o casi siempre están ínsitas en el artista, no resultasen -porqué- en su caso, frustráneas.

Por ello es que las noticias que sobre él circularan y aún circulan desde:·
hace poco más de un año en el Anáhuac, llegaron a afligir a sus simpati•
zantes y entristecer a sus amigos.
Mas, también desconcertaron -Y
descouciertan- a todos. Porque a todos tiene habituados al desconcierto.
HDiego Rivera está enfermo" escribió la prensa; y agregó: "Se muere";
y explicó: uPadecc cáncer"; y confirmó "Lo atienden famosos oncólop"
y lamentóse: 'Sin embargo, no podrá
pintar más". Para terminar pron~cando: "Sin duda se mueren.
En seguida, mejor, simultáneamente,
se divulgó la noticia insólita: "Se ha
casado una vez más". Son ya cuatro
,•cces, con ésta. La primera íué con
Angelina Beloff, en unión juvenil; luego con Guadalupe Marín, madre de sas
hijas, con quien mas se ha querido
después de sus seis años de matrimoniales Que durante ellos; la tercera,
con el amor de su vida, la aérea y delicada Frida Kahlo, y ahora, con Emma Hurtado, su más inteligente y constante panegirista y ... administradora.
4'ras 1a sensacional noticia, que Dllllca tratándose de Diego, podía bolpr
aclaración o comentarios, los periodistas añadieron: "Tan se mucre, que testa en favor de la sociedad mexicana
Y su culturi"· "¿Sus albaceas?; un_pa•
tronato,,, "¿Sus colecciones artistiCII
,,aJiosísimas?; tesoro imprescriptible
para el pueblo" fueron titulares ea la
circunstancia.
Todo es o puede ser novela. Co
los tamalitos de su antropofagia de sibarita o de "gourmet" esotérico, lir
falsificaciones de que ha sido vlcl~
o tantas otras noticias que siempre •
conocieran a propósito de él. Em,e-:

1

DIEGO RIVERA.

¡ Cómo si él necesitase de estas triquiñuelas para permanecer!
A la sazón, y pese a su cáncer, pintaba con grande entusiasmo, un cuadro de su consentida hija Ruth entre
llores; alcatraces por descontado. Diego siempre amó los vegetales. Bueno,
en rigor de justicia, también los animales ¿y, por qué no, los minerales?
un panteísta. O a lo peor, era, como
ya se explicará. El secreto de su vitalidad que confunde aún frente a la posibilidad de un mal tan grave cuanto
irreductible, es precisamente este: él
es en el amplio, rico y frondoso dintorno de 1a Naturaleza, un ente más
que pudo ser el roble milenario, la tortuga centenaria o la roca sin edad.
Plantado y erguido en ella, es un coloso de Rodas contemplando la Historia de su tierra que mucha deuda tendrá con él ni bien fallezca. Porque
et le ha regalado su arte, su civismo
y su interpretación filosófico-politíca
sino cabal, espontánea y sincera.
Y así, clavado frente a la tempestad
que pudiera desatarse en sus células
contra su estructura mayúscula, se duda de toda verdad y se cree en una
nueYa mentira pastoril. ¡Ojalá! mintiera otra vez ...
Su ánimo no decae. Cuando decaiga
scrú definitivamente, indefectiblemente ... porque el ánimo suyo es de ralees
profundamente vitalistas.
¿La prueba?. Su regreso. Su llegada
qae se operase de manera semejante a
como fuera su partida. Blandiendo su
lanza, que es su palabra, signo de su
presencia en el torbellíno metropolitano, sin el cual, él no es Cl, puesto que
es su auténtico caldo de cultívo. Diego
no podría vivir en el campo. Pasaría
una semana en ]a campiña, y regresaria presuroso contando cualquier relato imaginario sobre, los piojos moles~
tos o las bestias temibles que se habrían complacido en torturarle o cuya

con,·ivialidad por excesivamente complaciente, turbaría su reposo. Que uno
u otro extremo, cabrían en el concepto de verosimilitud con que se nutre su
anecdotario.
De verosimilitud o de sarcasmo. ¡Ah!
porque nada se ha escrito todavía sobre esta cualidad -cualidad o lo que
sea, ya que no puede considerársela
virtud, lógicamente- que también es
muy suya. Mitómano sarcástico, convendría escribir a su propósito. Y
quién sabe si aún no se le definiera
en propiedad. Empero, si lo de su
cáncer puede ser producto de su mitomania, ¿no será producto sarcástico
el condescender a suplantar en su discutido mural del Hotel del Prado, el
HDios no existe,, de la boleta del Nigromante, por 1a anodina constancia
de la ocasión y la fecha en que el mismo Ignacio Ramírez sustentase tesis
tan airosa?.
Carlos Pellicer que le encareciere el
trueque es un cristiano puro, de las
primeras catacumbas si ac!aso, que no
de los pactos jesuitico-íalanguistas, ni
de los últimos concilios y menos de
los postreros contubernios cuáqueros
v macartistas. De manera que no ha
de creerse en sus habilidades discursivas ni en sus poderes de convicción.
Y sin embargo, Diego se apresuró a
extenderle postalmente una autorización plena y en forma: -Borre usted
el ex-abrupto. Y cuando llegó -¡nadie
se ría, por favor!-, no solamente que
refirmó su concesión, sino que se ofreció, él mismo, a acudir al Hotel del
Prado, donde luce su maravilloso panel historiográfico de la Alameda central de México, y proceder con sus
propias manos a borrarlo, dizque para complacer el espíritu religioso de
la inmensa mayoria de la nación mexicana. ¿Desde cuándo tan complaciente?.
¿Diráse si el hecho no configura la

•
ro... ¡cuidado!, que también pudiera
ser verdad.
¡ Y si lo fuese? ¿ Y si esta vez fuera
de ,·eras? ¿Y si se nos muriese, sin
mas ni mits?
Toda posibilidad cabe en la vida suya. Y toda amenaza puede trocarse en
riesgo inminente. Es cierto que él ha
iut!lldo ya demasiado cruelmente al
pastor a cuyo rebafio ataca frecuente
pero ímaginativamente el lobo.
-¡El lobo!; que viene el lobo! .... grita a todo pulmón el bromista, y la voz
y su eco que la prolonga, trae. el auxilio invariable de sus solidarios colegas
que pacen sus ganados en los verdes
prados , 1alleros.
Inútilmente. Así ¿cuantas veces? ....
Hasta que un día, el lobo, en carne Y
. hueso ... y por añadidura como siempre hambriento, hinca el diente en los
más tiernos y confiados corderitos del
inerme pastor. Y aunque sus palabras
se difunden con celeridad, nadie acude en la desgracia, que sólo limita la
acíedad del atacante.
¿Sucederá así con Diego Rivera?.
¡Volvera, insensible a todo otro móvil
que el de su estrategia politica, a mo'rillzar al frente enemigo, para justificar, entonces sí, los disparos de su
agresividad de infatigable beligerante?
Tratándose de él, todo es posible Y
presumible.
La prensa ya lo sabe y además, bien
lo explota, El lector quiere noticias
sensacionales, y si de sus idolos, mejor. Y Diego Rivera, indiscutiblemente
ea un ídolo popular en México. Igual
que Beto Avi!a, que Tongolele, que el
ratón Macias o que Agustín Lara.
A lodos ellos entrevista habitualmente en busca de la nota sensacional.
Por esto es que cuando circuló el "venllcello" de que Diego Rivera estaba
e&amp;Dceroso, no uno sino cincuenta periOdutas de los más sagaces y diligen-

tes fueron a verle y le asediaron con
sus indiscretas preguntas. ¿Que pasaba con él?. De veras tenía cáncer?.
Etcétera.
Y Diego lejos de negarlo, lo confirmó. Pero añadiendo lo insólito: Nos
vamos a Europa.- ¿En luna de miel?
- le interrogaron-, y respondió: -Si,
precisamente.
De manera que Diego Rivera se fué
a Europa en compañía de su Emma
y .. . de su cáncer.
.
Parece absurdo ¿verdad?. Un novio,
vamos... un esposo canceroso que
viaje en 1una de miel. Solame~te pu~dc ocurrir en :\léxico Y con Diego Rivera. Porque adviértase que tratándose
de él, todo cabe. Es egregio mitóman~,
v no mentiroso porque es muy pueril,
~i contumaz porque es muy ladino, Y
ambos son grados incipientes del fabulista que él hace años ha superado con
creces. Al punto que puede burlarse
de sus congt!neres, de sus detractores
y ... de su cáncer.
.
.
Empero. . . ¿ y si hubie_se sido, cierto?. La posibilidad también ,-bia. Y
por .. , si las moscas como d1~en 1os
mexicanos, las gentes, de especial manera los amigos fueron a verlo antes
de su salida al viejo mundo.
.
Todos en aquella ocasión le vier?n
bien. Al cabo Diego es siempre el mismo hasta en lo físico. y encontrándole así, le saludaron y desearon buen
viaje. Diego entonces, a~eguraba que
su cáncer le acompañª-na solamente
en su viaje de ida, porque pensa~a
quitárselo, tan pronto llegara. a Rusia,
d de él sabia que el tratamiento del
n~:i alcanzaba pleno éxito. y como su
c:.\n~er era de 1os superficiales ... Por
allí, Diego se preparaba la coartada
convincente. Que al fin y al cabo cuanto él buscaba no era otra cosa que
mantenerse incólume sobre el. tapete
de la notoriedad. Que no le olviden ...

"La Maestra Rural". Pafio de la serie al fresco de la Secretaria de
Educación Pública.

Página 7
•

�•
definición cabal del sarcasmo?
Porque Ri,·era ha regresado de 1a
L'.R.S.S. no del Vaticano, y lejos de
anunciar su conversión, que hubiera
sido el acabóse, ha refirmado su fé y
su confianza en la permanente revolución soviética. ¿O es que también a
esta rcfirmación habrá que aceptarla
con beneficio de inventario y temer su
corn~ersión?
El mural ya ha sido corregido -corregir no es el verbo adecuado a circunstancia, desde luego. Y ahora las
gentes -mojigatas gentes, conviene
agregar- ya no se irritarán porque el
Nigromante haya profesado una tesis
opuesta a la de la iglesia romana. No
obstante, en medio de tanta mentira,
inténtase fundar una verdad: Ni Ramírez se ha desdecido de su afirmación
-cosa que no podría hacer quien está
muerto-; ni Diego Rivera es un conVPrso a lo Claudel ni un arrepentido
a lo Hidalgo. El no es más que un sarcástico qué se complace, como ya se
ha escrito, en irritar al ciervo, es decir a quienes le tienen ojeriza. Ayer
fué ]a curia, la santa madre iglesia que
bramaba con sus epígonos y su grey
por la herejía de un pintor que en realidad, con relación a la temática de su
pintura, apenas si pretendía ser un notario que ni siquiera un historiógrafo.
Y ahora, ahora que "ya Dios existé",
el ciervo es el bolchevismo, todos cuyos militantes, lógicamente, se estarán
diciendo: Diego está loco!
¿ Y él? .... Riéndose, un tanto orientalmente, de lo tontos que son unos y
otros: los ministros romanos y los hierofantes moscovitas... y también los
hispanomaniáticos que no han sabido
tornar propicia la ocasión para solicitarle quiera iluminar de preclaridad
el rostro del Hernán Cortés, a quién
él idiotizó en los muros del Palacio
Nacional.
Al fin el único que no cambia es él,
que no transa con imperialismos ni
con jesuitismos. Y quiere morirse como sin duda se morirá, en los brazos
tutelares de José Guadalupe Posada,
su maestro querido que le enseñó a recogerse serenamente, un poco cada
día, en el amable seno de la muerte.
Pero, ¿será cierto que Diego está
enfermo?; ¿será verdad que ya ha sanado?
Bueno, esto pertenece al terreno
conjetural que es tan amplio y a la vez
tan breve como la urdimbre de Penélope. Los días, los hechos serán pruebas, serán negaciones, serán confirma.
ciones ... ¿quién lo sabe?. Y todo se
dilucidará en la medida en que los.
acontecimientos discurran,
Sin embargo, ya puede formularse
una predicción. Y ella es muy simple,
demasiado sencilla; mas ciertamente
cierta, y valga el pleonasmo. Diego Rivera no se morirá. Diego Il,ivera es
más durable que el roble, el quelonio
y el mineral; no puede ser perecedero. Es la vida misma. Las historias
de arte ya inscribieron con caracteres indelebles su nombre y el de sus
obras, que reproducidas en blanco y
negro y a todo color lo han hecho internacionalmente famoso. Diego Rivera es hoy y, todavia, él en carne y hueso. Con cáncer o sin cáncer. Y en seguida de su óbito que ha de producirse cancerosamente o por otra causa,
sin lugar a dudas, será un símbolo, será un Diego Rivera del que nos habremos despedido echando al viento sus
cenizas para comprobar hasta la fehacicncia que, disperso su polvo, continúa viviendo ... igual que Ignacio Ramirez, pese a Dios.
Porque Diego Rivera trascendió ya
,e] espacio y trascenderá el tiempo ...
desde que, aún carne en sus huesos,
hace años ha comenzado a vivir para
la inmortalidad, por aquello que tah
insuperablemente expresasen los romanos con su proloquio: "Ars longa,
vita brevis".

Un Cuento de
Bernardo Jíménez Montellano

PERPETUA

SE ESCONDfA, por las calles de
Allende, una accesoria en la que se
vendían antigüedades. El frente de la
tienda sólo mostraba una puerta y una
ventana protegida por los hierros de
una reja. Al detenerse los transeúntes
y mirar por ella podian observar las
manos de una mujer, llamada Perpetua, que el día entero tejia la ropa de
un niñ'o, sacando de un cesto el estambre de una enorme madeja, para convertirlo en una diminuta pieza. Se diría que reducia sus pensamientos hasta pasarlos por la abertura de un anillo.
Perpetua era duefia de su negocio y
gustaba de él como coleccionista y no
como anticuaria. Acariciaba sus jarrones de porcelana, para dar descanso a
sus manos, y tocaba el viejo piano para sentirlo con el tacto. Tenía dos
amigos: Pedro, el novio de otro tiempo,
que bebía para apaciguar su tristeza
por Perpetua, y Juan Bautista, que gozaba al ver las cosas viejas que el1a
coleccionaba: la estampa del perfil de
Lord Byron; los herrajes coloniales;
las cajas de música; los frascos de
donde los boticarios guardaban su hechicería; los estuches de costura de
las señoritas; las estatuas de bronce
de la Justicia, y la de Beethoven; doce
o quince relojes que, siguiendo su destino, caminaban a la vez.
Perpetua estaba enamorada de Juan
Bautista y Juan Bautista )o sabia. La
conoció una tarde que se detuvo a admirar un candil del que pendían diez
mil prismas. Interrogó por su precio
y guardó serenidad cuando Perpetua
se lo dijo. Después recorrió las vitrinas y observó cuidadosamente las joyas, algunas de ellas verdaderamente
finas.
La anticuaria se interesó por el Bautista y lo invitó a volver en mejor ocasión, pero él sintió el deseo de visitarla a diario y pronto saboreó con
ella el chocolate y los dulces que Perpetua hi.cía en casa. Un dia la besó Y
a partir de entonces la tienda adquirió
una Usonjera juventud.
-Juan -le dijo un día Perpetua-,
es muy difícil decirte una cosa que
te quiero decir.
-Pues di -respondió el Bautista
acariciándole el cabello.
taba ensimismado, transido por la
-Es muy dura.
preocupación.
- Que te gustaría casarte conmigo.
Al día siguiente volvió a ver a Per- Es más.
petua y no insistió en el terrible tema.
Juan Bautista se enderezó sobre el Al.10ra Ja Yeía como a una mujer dissillón y unió sus dos cejas con una tinta: Is ojos más brillantes y quizá
arruga.
más bellos, la piel fina, el cuerpo más
-¿Qué? -le dijo.
robusto.
-Va a ser un niño.
-Creo que si puede ser -dijo de
- Xo -respondió Juan Bautista-, pronto Perpetua.
eso no, porque no puede ser.
-Claro que no, es nada más el
- Si puede.
amor.
-¿11e- quieres mucho, verdad?
-Juan Bautista, no tienes por qué
- Si.
preocuparte; yo sé vivir con mi nego-Eso te hace creer que vas a tener cio. Además, no sentiré la soledad y
un hijo. ¿Porqué no te fijas bien?
no te moJestaré más.
-¿. Te asusta mucho, verdad?
Juan Bautista quedó silencioso du-Xada.
rante un largo rato, a1 fin dijo:
-Es mi mayor alegría, Juan Bautis-11e encantaría tener un hijo.
ta, voy a ser muy feliz.
- De mi, no lo creo.
Juan Bautista buscó la hora en to-Si.
dos los relojes, cambió la conversación
-Tiemblas cuando te hablo de él.
y se despidió. En ]a Calle, no bien ha-Claro.
bía andado unos pasos, lo sorprendió
-¿Eso es alegría?
Ja lluvia, pensó en voh-er a 1a tienda y
-No, es responsabilidad, Perpetua.
se refugió en el dintel de una puerta. Soy responsable, entiendo el Génesis,
Se le mojaron los zapatos y el agua me hace temblar la creación.
empapó los pantalones de las rodillas
-No seas mentiroso- le dijo ella
abajo. El no se. preocupó por ello, es- suavemente.

Vn cliente entretuvo a Perpetua, que
mostró los cuadros en tanto Juan Bautista cerró los ojos para meditar. AJ •
abrirlos se encontró con el gato que lo
observaba.
El Bautista estuvo a punto de no volYer a la tienda de Perpetua. Sabia qne
algunas noches llegaba Pedro a conversar con ella antes de buscar a los
amigos para tomar la copa. Ella le
hablaría de muchas cosas, pero pen•.
saria en él, en el responsable, en el
creyente, en el Juan Bautista Aleonedo que de un momento a otro había
bajado de precio, incluso ante si mismo.
-Pero yo no la quiero -se decia
solo, en voz alta, delante de la gente.
A algún amigo que le preguntó sobre
su preocupación Je contestó a secas:
-Amenazo tener un hijo.
-Antes de oír otra pregunta, agredió al amigo con su cigarro, un cerillo encendido y otra conservación.
A las cinco de la tarde asomaba por
la tienda y se tendía en su acostum.
brado sillón; llegó a vender antigüedades esos días, ayudaba a Perpetua
quizá por ternura, o bien porque 1a
conciencia lo llamaba a la bondad.
Perpetua casi ]o trataba como a un aj.
ño v le acariciaba la frente.
_:_¿ Sabes qué soñé anoche?
-¿Qué?- preguntaba el desfallecido Bautista.
-Soñé con mi hijo.
-¿Cómo es?
-Como tú.
-¿Inteligente?
-Muy inteligente.
-Entonces sí.
-El niño ,,enia por el campo y se
encontraba con una muchacha, tan ni•
ña como él. Ella traía en las manos
una jaula y se la mostraba a nuestro
hijo.
-El niño se acercó y vió que aden.
tro de la jaula estaba una flor; quiso
cogerla y abrió la puertecilla ... La flor
salió volando.
-Se escapó.
•
-Si.
-Quizá esa niña sea la mujer con
quien se habrá de casar.
-Me gustaría rubia.
-Juan Bautista apretó los puños y
sintió deseos, después de mucho tiem.
po de no haberlos tenido, de llorar.
-No puede ser -dijo casi en silencio.
Perpetua trataba de alegrar las visitas del Bautista poniendo discos y gozando con ]a música casi a solas. El
se hundía en sí mismo o leía algo de
los libros viejos que estaban en venta.
En una ocasión, al levantar 1a vista
para verla quedó sorprendido: Perpetua rezaba. Guardó un profundo silencio y la estuvo admirando; los labios
de cIIa murmuraban: nSefior Dios que
nos dejaste la señal de tu pa'sión Y
muerte en la sábana santa en la cual
fuiste envuelto cuando por José fuiste
bajado de 1a cruz. Por tu muerte Y sepultma santa llern a la gloria de tu
resurrección el alma de tu siervo Juan
Sebastián Bach, a donde vives y reinas
por los siglos de los siglos, amén".
El Bautista entendía bien a Perpetua
y sabía que admirándola tanto la quería un poco. Le decía:
-¿Amas la belleza?
Ella lo miraba fijamente y sufría
por él.
Juan Bautista se acostumbró un poco a pensar en un futuro cierto, complicado, Heno de llantos nocturnos Y
de ternuras amargas de ella. Posiblemente se avecinaba un casamiento o
una obligación que había que c.umplir
para tener derecho a la satisfacción
de la compañía de su hijo, cuando creciera y pudiera ser amigo, por la ciudad y en el trabajo, y después en la
vejez. Perpetua sentía en esa reencarnación todo su mundo y e] verdadero
sentido de su vida, hasta ahora escon-

dida en un infecundo misticismo por
el arte.
Una maravillosa tarde de junio,
cuando el sol de las seis doraba las
paredes iluminando los óleos de la
tienda de Perpetua, el Bautista despertó y levantó la cabeza del sillón. Perpetua tenia los ojos cubiertos por las
lágrimas y sus mejillas brillaban, húmedas y descoloridas; cuando notó
que Juan Bautista había despertado
ocultó el rostro entre las manos y esperó a que le preguntara por la razón
de tantas lágrimas. Al fin, se lanzó sobre él y ocultó la cara en su pecho.
-Siempre no -le dijo amargamente.
-¿Qué ... ?
-Que no habrá niño, bi habrá nada.
-¿Estás segma?
-Ya estoy segura.
Juan Bautista se puso de pie después de se_carle las lágrimas. No podía
ocultar una sensación de alegria y removió los cabellos de Perpetua con sus
manos.
-No te pongas así -le decía, mientras ella soñaba en algo perdido,
Juau Bautista era completamente feliz; no sabía en qué distraer y ocultar
su alegría; caminó hacia la ventana
para ver la calle, después volvió y a
su paso sacudió los candiles de prismas, que iniciaron una cristalina música a la vez que reflejaron su luz de
arco iris prisionero sobre las paredes,
el techo y la misma imagen adolorida
de Perpetua.
-Podrás tener otro -le dijo Juan
Bautista a :r;nanera de consuelo.
-Este nunca existió ...
Después de nuevas caricias el Bautista tuvo que atender a un comprador
de relojes que inoportunamente apareció por la puerta. Le mostró los relojes
de pie y de pared dándole cuerda para
que escuchara su campanil1co. El com...
prador salió a poco y dejó la sala convertida en el recinto de la música. Todos los relojes dieron las doce, unos
después de otros, como si colaboraran
a la consagración en una catedral.
Perpetua cayó sobre las almohadas
del sofá, Juan Bautista se sentó a su
lado y al fin buscó la cara de ella para besarla. Así estuvieron largo tiempo.
-Ha sido una tragedia -dijo Perpetua enderez.-\ndose y tratando de peinar el cabello con sus dedos.
-Ten fe en otro.
-Te voy a enseñar lo que be hecho
para nuestro hijo le contestó ella dirigiéndose a un armario y sacando una
caja.
-lfo sabia nada de eso -dijo Juan
Bautista cuando vió que ella acomodaba sobre la mesa la ropa que habia
tejido para el niño.
-¿No son bonitos?
Juan Bautista quedó clavado ante la
mesa y después alargó una mano hasta
tomar una de las piezas tejidas.
-¿Me la regalas? -preguntó tímidamente.
-En realidad no te mereces nada.
El Bautista guardó un pequeño

sweater amarillo en la bolsa del saco
y dejó ahi su mano para acariciarlo.
Después dijo:
~le tengo que ir ... me esperan.
Ella movió afirmativamente la cabeza.
-Adiós.
-Adiós, ¿ vienes maliana?
-Si.
Juan Bautista salió rápidamente; no
tenía a dónde ir y tomó la calle de
Donceles, pasó por el teatro, por las
zapaterías y se perdió en la ciudad.
Pero Pedro, aquel novio que fuera
desechado años atrás, llegó pocos minutos después a ver a Perpetua. La
encontró llorosa y tardó bastante en
entablar una efímera conversación; se
mantuvo a distancia porque había bebido y su aliento provocaría reproches
de ella.
-Se te ve muy bonita - le decía ingenuamente.
-¿ Qué quieres? -le contestó Perpetua deseando que se fuera para volver a su soledad.
-Nada.
-¿Y?
-Verte.
Perpetua le sonrió, lanzándole una
pregunta:
-¿ Quieres dinero?
-Pues ...
-¿ Tienes deudas?
-Algunas.
-¿ Quieres que te ayude?
-Si, han embargado la casa y dejaron a la abuela sin muebles. Se llevaron todo... Ahora tenemos sólo una
mesa y tres sillas ... y lo puesto.
-¿ Cuánto quieres?
-Lo que puedas.
-¿Mil?
,
-¿ Tienes mil? -le dijo Pedro,
abriendo los ojos.
-Si, iba a tener una emergencia y
preferí guardar con tiempo. El peligro
ya ha pasado y te los puedo prestar.
-¿Me das tres meses para pagarte?
- Lo que quieras.
Perpetua vol¡.,ió al armario en donde minutos antes habia estado guardada la ropa y de una cajita sacó el
dinero; lo puso sobre la mesa y le
sonrió.
-Ahi están.
-Gracias -dijo Pedro guardándolo
en la bolsa del saco-, mi querida Perpetua, mi amor ... quizá algún día ...
~Saluda a tu abuela, Pedro, vete
porque voy a cerra:c..
-¿lle voy así? -le dijo él tendiéndoles los brazos.
-¿ También quieres un beso? -contestó Perpetua.
-Si.
Perpetua lo tomó de la cabeza, le
besó la frente y le dijo:
-Para la abuela.
Ya en la puerta aún sonrió la mujer
a Pedro.
Las dos hojas de madera antigua cerraron el recinto y Perpetua volvió al
sillón para guardar la compostura de
una estatua; ahí pareció quedar atenta al paso de la eternidad.

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El solitario de Frauenplan. - No. 6 , Jumo.
Mayo.
La literatura mística en España. No. 5, Mayo.
CALDERON, Berta: La mística española: Santa Teresa. , No.
Justo Sierra. , No. 5, Mayo.
9, Junio.

INDICE DE LO PUBLICADO EN "ARMAS YLETRAS"
DURANTE EL ARO DE 1956

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�CONTRAPUNTO DE LA FE
Marco Antonio MONTES DE OCA

La tierra apelmasada en las uñas
acoge raíces de selvas invisibles
los dedos son costillas de la forma inaudita que se eleva:
y la sangre iluminada
hace bailar en las alturas los tapones de su encierro.

en ellas deben asomarse provistos de caracolas sin comienzo
porque eterno es lo que deben cantar,
así en los ríos
como en el árbol altísimo de azules nidos,
pues escuchando y cantando
el hombre renueva su palabra.
Si el perdurable contrato de la creación y el ojo
es arrojado al cesto de abismo;
si la paciencia no tritura el largo polen
necesario para fecundar las horas;
y la raída tempestad que deviene en brisa
pasea los girones de la ciudad soñada;
quedan todavía oceános donde huye la belleza
por piedad al deslumbrado.
Yo siento el tranquilo desorden de tus alas, colibrí.

Sin libertad muere el halcón
Muerto el halcón,
pierde el sol su esperanza de caricias,
niega el ángel su duchazo de plumas
sobre las ansiedades de la sien,
y es el polvo
quien envuelve con finos dientes de botella rota,
el filo de los muros donde la aurora descansa.
Cuando así lo quieres,
Muerto el halcón,
el aerolito se descarna y se envuelve de tu gloria.
hay lágrimas que ya no esperan la intemperie
Revestida con estupor y lágrimas
para helarse:
el alma sale por los flancos esponjados de su niebla,
el menor frío de la rama
provoca estampidas en los pájaros;
a blindarse con la túnica de tu palabra,
a volverse inmemorial
aparta la verdad cortinas de fuego y se asoma,
a los huracanes soplados contra el vilano de cal de mi osamenta, de sólo contemplar su propio nacimiento.
contra la paloma -semilla de la nubeDesde tu trono de inocencia,
inútilmente alzada en mares anchurosos de azogue y polen.
entre caudas que un cometa prolifero
Muerto el halcón,
olvida en cada cima, apuntala el alba, colibrí.
Ojo sin nuca, estrella emplumada,
no delante de mi pregunta deshollada,
mira hacia nuestras chozas de aire.
si en la nuca del centinela
Y lánzanos tu cardillo sobre el pecho
naces, vida, con tus rocíos de ojos de caballo,
con tus enormes pequeñeces,
y no creas en nuestra fe;
pues si sabemos que tu sombra basta para destituírnos,
con tu asesino domingo siete
que no esperábamos los mortales.
no lo sabemos todo el tiempo,
ni el tiempo mismo, atareado en ser nosotros,
•
lo sabe siquiera todo el tiempo.
Casi nunca reúne el soldado
su cuerpo y su sangre en una sola tumba.
Sin embargo, entre el rostro y el aire
un pegamento como de reflejos
cuida la firmeza del hombre.

r

Y miro puños de agua que sueltan vapor
mientras el agua permanece;
hombres evadidos a través de mínimas grietas de sueño
mientras el hombre permanece,
Vivo el halcón,
huyen de la palabra que asesina siempre,
cierta edad del niño
y la edad total de las bestias inocentes;
una matriz prodigiesa y ambulante
retoma al feto desechado
y le completa con la maravilla
Avanzan los mortales
curtido en el absoluto conocimiento de la noche.
El fuego canta y abre los brazos a otra llama
y nos auxilia cuando espadeamos contra aletazos
de murciélago;
y en el amar, horrible imperio de fatiga,
ayuda con inmensas gaviotas como velámenes
3¡ empujar olas enclenques.
Vivo el halcón,
los protozoarios y su gota de carne,
el ojo de zarzamora de las moscas, dividido en mil,
la descomunal orfebrería, los candelabros,
las miniaturas japonesas
que necesitaron de las astillas de un cilio para
labrarse, cesan de hervir en lo más puro del incienso.
De la arena brotan huellas,
la huella se estira y se hace surco
el surco se extiende y escapa en horizontes.
Para los hombres son estas orillas no sujetas a la muerte,
Página 10

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                    <text>BOLETIN MENSUAL DE 1A UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON

fQIIUO UNlvtl

•10

Registr ado como articulo de 2a. clase en la Administración de Correos de Monterrey, N. L., el 20 de Abril de 1944.

Año XIII

D.A.S.U.

No. 2

Febrero de 1956

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i! 1

· t ·11 íVfJrsltaria

Por Rodolfo USIGLI

A José Minero Roque,
latinista y amigo.

R. U.

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.....

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~:;::· .:-

y-=---/
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-

Ramón: traspuse ya la edad de Cristo
azul, y es solamente de amargura
y angustia gris la camal vestidura
que me dice que vivo, no que existo.

.
.

Por el error nací, y en él insisto
· porque es la sola posesión segura
del hombre, abandonado en la llanura
de sí mismo, sin horizonte visto.

-~~- ·--~;:·--i:--:-~,,..

::;..;::....

-

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--:-

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Espectador inerte de mi drama
-ni silbar ni aplaudir me es permitidoanhelo nada más una honda cama

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- 1'11,1¡¡
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en que tender mi espíritu perdido,
pero bajo el dosel y el panorama
de esta luz de tu tierra en que he caído•
II
Tú, que callaste en el preciso verso
final, precioso; tú, que conociste,
niño aún, más de luz, y niño triste,
del alma y de la carne el universo,
no llegaste a mirar tu harem disperso
ni tu rosa eficaz ajarse viste;
ni te dolió este incurable quiste
de vivir sin ser ya; ni el viento adverso
que cambia el curso del mortal deseo
abatió el gallardete de tu nave
como la edad que en mi calvicie leo.
Tú hiciste el primer viaje de Odiseo
sin el retomo, que es el mal más grave.
Moriste a tiempo, y en tu muerte veo
una lección de luz y un vuelo de ave.

�111

es el veneno que en el vino apuro,
el silencio "y el enjambre del ruido."

Naturalmente, quería hablar contigo
de otras cosas también; pero me falta
la memoria bajo esta luz tan alta
y penetrante. Nada más te digo

'

Hice hijos sin par; amé y he escrito,
catarata prolija y manirrota,
sin entender que cabe el infinito
,

en un solo poema, en una gota
que contenga la angustia, el drama, el grito
del hombre de este mundo que se agota;

que tu muerte es la vida de un amigo:
si una duda poética me asalta,
si logro un triunfo o cometo una falta,
si amo o dejo de amar, si soy testigo

VIIDA Y
ILlllíEIR.A líUIRA

que el demonio me ha vuelto ángel proscrito.
Quizás a Dios me acerque la derrota.

de una pasión humana, mía o ajena,
si recojo en mi mano algunas migas
de humanidad, que la zozobra llena,

VII

si rompo amarras o si anudo ligas,
me son tus versos oído y antena,
y juntan su labor nuestras hormigas.

Pero, ¿es derrota o triunfo lo que importa?
No escribimos para ser inmortales,
sí para eliminar cosas letales
de nuestra vida siempre humilde y corta.

IV

,.

perfil y entraña de Lope de Vega

Algo en nosotros diariamente aborta
para que vivan otros materiales,
igual que en un ensaye de metales
o experimento en el que Dios exhorta

Las palabras, navajas de dos filos,
son madres de la unión y la distancia.
Unas nos hacen sentimos en Francia
y olvidar a Jerez, y sus tranquilos

el mal y el bien que son nuestra estructura,
a que vivan parejos en el viento
que nos deja al final sin vestidura,

y profundos crepúsculos berilos.
Otras, sencillas, nos dan la ganancia
de conjugar con la vejez la infancia
sin discutir de colores ni estilos.

Francisco M. ZERTUCHE.

.
1

í

l¡
1

sin engaño, sin falso monumento,
y nos muestra la última armadura
que no sepulta el desmoronamiento

Las tuyas son de México, olfativas,
suaves llamadas de una tierra nueva
en la que todas las plantas son vivas:

y que es la fe de ser en otra altura.

Si pudiéramos volver ojos y oídos a la España aurisecular
seiscentista y setecentista, confundidos en la Coronada Villa con
la abigarrada multitud de akabaleros, oidores, alguaciles, pÍCa•
ros, ganapanes, frailes mendic~ntes, dueñas, moza~ del partido,
escribanos, predicadores, monJas, letrados y estudiantes, en su•
ma fácil nos sería oír frases como estas: Un vestido como de
Lope, un coche como de Lope, una tela, unas joyas: u_na pintura
como de Lope. Todo ello proferido como encarecumento de lo
mejor, pues El Fénix llegó a ser en su tiempo una figura ~ítica
y un simbolo acabadísimo de la grandeza del pueblo espanol.

'

México, D. F.

..:-~f.:;i.

~

27 de noviembre, 1955

buenas y malas, son Adán y Eva.
La tierra que al volvernos siemprevivas
nos cobra en sangre, pero así, la eleva.

t:· . :

. ,,:.,

Zacatecas-Noviembre 21 de 1955.

V

Ramón: la madurez de amargo gusto
me da canas donde no tengo pelo.
Mi adolescencia prometía el cielo,
porque el cielo es el campo del arbusto.

'

En vano me propongo ser adusto.
La vida se diluye como el hielo
en mi highball, y el parvo, niño anhelo
de ser un genio porque Dios es justo

....\-+m~.'*

f¡á~i:~

se desbarata en la melancóiia
del amor no gozado, del poema
no escrito ni vivido todavía.

"'1/1~1

El Arquitecto nos traza el esquema
de un hospital negro en el mediodía,
y lo que no hemos hecho aún, nos quema
con la cobriza luz de tu agonía.

*

VI
Luché contra el demonio: él ha vencido
lo que en mi niña edad fué simple y puro.
El fruto que se cae de maduro
es el estigma, no el astro bruñido.
Investigué la vida, y su sentido,
a mis ojos cada vez más oscuro,
Página 2

él el muerto, al ver tan solemne el
séquito luctuoso dijo: ¡Es un entierro
como de Lope/ ¡Mal supo ella que su
frase adquiría aquel dia toda su propiedad!
La existencia acezada del personaje
no fue sólo el largo suceso literario.
que cubrió espléndidamente una época, sino un extraordinario fenómeno
psicológico equiparable al de Wagner,
Leonardo o Miguel Angel. O para usar
de frase de Federico Nietzche, referida
al autor del Tristán, se justificaría hablar del caso Lope.
Para aprehender hasta su última
profundidad el extraño y tradictorio
espiritu del fino creador de La Dorotea, se precisaría un examen científico, un intento de psicoanálisis, no sólo con el recurso del pensar freudiano, sino aplicando a esta técnica todos los nuevos puntos de vista de la
ciencia psicológica de la actualidad.
Existen algunas coincidencias atávicas en el agitado vivir de este hombre, que pudieran darnos luz sobre el
problema: su padre ofrecia en su carácter una rara muestra de amoríos
escandalosos y acendrada religiosidad;
y de un tio suyo, Miguel de Carpio,
famoso inquisidor, se contaba lo siguiente: que era tan celoso en su misión que los que lo conocían para calificar, decían: ¡Quema como Carpio!
Vida disímbola, apasionada, contradictoria, mansa y violenta a la par, a
fas veces desleída en diáfanos deliquios, en otras arrebatada por centellantes ráfagas, era la de Lope... Y para hablar con su patética voz: Yo naci en dos extremos, que son amar y
aborrecer; no he tenido medio jamás,
En punto al sentir y profesar amatorios, ajustaba Lope su ética a aquella frase de Aristóteles que influyó tanto en La Celestina: Materia appetit forma rerum ut femina virum turpe honestum, que define al hombre como
la forma y a la mujer como la materia.
En este concepto se deduce llanamente la atracción de la- mujer hacia el
hombre, y así mismo, la subordinación
al varón.

Rodolfo Usigli.

En los versos también menudeaban
las expresiones sobre · el dramaturgo:
Que si lo bueno es de Lope, Lope, por
bueno, es de Dios.
La enfervorecida admiración popular llegó a su clímax, pues hasta en
el Credo se introdujo su nombre: Creo
en Lope, Todopoderoso, Poeta del cielo y de la tierra...
Asi, la figura de este hombre "insólito llegó a calar tanto en el ánimo de

sus contemporáneos, que su vida, luces y sombras-, fue vista con intenso
interés por todos.
En el ambiente femenino era motivo de alta deificación, pues no era
extraño ver que al paso del hombre
genial salieran las mujeres madrileñas
a los balcones para bendecirlo... Hasta la ironia de la vida hizo que una
pobre vieja, cuando contemplaba el
entierro del poeta, sin saber que era

**

Hace trescientos noventa y tres años
que nació a la vida en el Madrid de
Don Felipe el Segundo, Félix Lope de
Yega Carpio, siendo después bautizado en la Iglesia de San Miguel de los
Octoes, vástago de Félix de Vega Carpio y de Francisca Hernández Flores.
Para la sustentación familiar, su padre ejercía una industria artística, la
de bordador, que por entonces era
bien estimada por la gran demanda
de géneros de adorno. También se entregaba a las musas algunas veces y
prestaba servicio gratuito en el Hospital del Buen Súceso.
La madre, extremadamente celosa,

murió cuando Lope contaba veintisiete años. Nada sabemos de esta mujer,
pues el poeta nunéa la nombró en su
vasta obra literaria. Las pocas -figuras
maternales que aparecen en su vasto
repertorio dramático son figuras ri•
diculas, desagradables e indiferentes,
como en La discreta enamorada, Quien
ama 110 haga fieros, Los melindres de
Belisa, La mal casada, La varona castellana y La Dorotea.
No debe atribuirse esto a desasimiento filial de nuestro personaje, sino al
estilo literario de la escena renacentista o a la recalada costumbre española.
Lope exaltó la memoria de. su padre
de manera más literaria que profundamente humana. Murió en 1578.
De los albores de la vida excepcional de Lope, llena de notas fenomenales, nos habla su apasionado protobiógrafo Pérez de Montalbán, cuando refiere que en la edad precoz el escritor
en agraz comenzó a leer latín y a componer sus candeales estrofas. El biografiado mismo nos lo dice en este terceto: Apenas supe hablar, cuando advertido de las Fhebeas Musas escribía
con pluma por cortar versos del nido.
No es ésta una parrafada hiperbólica sobre El Fénix. De los actos procesales que menudearon sobre su vida,
se infiere que, evidentemente, asistió
a un establecimiento docente de los
jesuitas, el Colegio de los Teatinos, y
que acudió también a las clases de
Matemáticas y Astronomía en la Academia] Real.
A los diez años, aproximadamente,
fue alumno del célebre poeta y músico
Vicente Espinel.
Buen recuerdo y mejor resultado debió dejar en Lope la enseñanza del
maestro rondeño, porque aquél lo elogió más de una vez en sus poesías. De
su preceptor, dice: A mi maestro Espinel haced, Musas, reverencia, que
os ha enseñado a cantar y a mi a escribir en dos lenguas.
Así, la precocidad y el ingenio lo
convirtieron en elemento famoso imprescindible para fiestas y veladas escolares; y hasta es posible que en alguna ocasión haya aportado una comedia entera, de las primeras salidas
de su pluma.
Al pasar a estudiar a la Universidad de Alcalá, conoció al Obispo Jerónimo Manrique de Lara, quien lo tomó a su servicio, bachillerándose a la
vez: Crióme Don Gerónimo Manrique,
estudié en Alcalá, bachilleréme, y aun
estuve de ser clérigo a pique.
Rota la posibilidad de seguir sus estudios bajo el mecena,go del prelado
benefactor, lo encontramos en la capital del Reino el año que su padre
murió.
La mujer y el amor informaron y
deformaron a las veces la vida y la

Página 3

,

�obra de Lope. Son acaso el eje principal y como la única razón aparente

de su existencia. Así, aparece ~laría
de Aragón, de acuerdo con las investigaciones del erudito lopista D. Joa-•
quincle Eotrambasaguas.
Xuevamenle lo tenemos en la Universidad, ahora en la célebre salmantina, meridiano de la cuJtura española
en el renacimiento peninsular. De allí
proceden los recuerdos recogidos en
su comedia El bobo del colegio.
11ás adelante, en 1585, lo encontramos tomando parte en la expedición
que sale de Lisboa rumbo a la Isla de
Terceira, bajo las banderas del Márqués de Santa Cruz; empresa breve y
victoriosa, tras de la cual el trashumante poeta ,,uelve a su solar nativo.
Y he aquí que le asalta otro suceso:

conoce a la musa de carne y hueso,
en palabras de Darío--, Elena Osario,

una de las grandes pasiones de su alma; y escribe entonces: No se qué estrel1a tan propicia reinaba entonces,
que apenas nos vimos y hablamos,
cuando quedamos rendidos el uno al
otro. Pasión fulminante, de flechazo a
primera vista, causa más tarde -del destierro y tortura del enamorado.
Elena, de extraña hermosura, según
se desprende de las numerosas poesías
que él le consagra, era hija de unos
comediantes y estaba casada.
El encanto de semejantes relaciones
no pudo ser largo: para castigo suyo,
no es él quien abandona, sino quien
es abandonado, pese a la subyugadora
fa!!Ja de que ya gozaba en la Villa y
Corte.
Herido el amador en sus sentimientos, vuelve contra ella y lo suyos los
venablos emponzoñados del rencor.
Escribe entonces en desahogo una serie de libelos infamantes que provocan 1a intervención de un tribunal que
juzga al agresor y lo envía a la cárcel.
La cárcel era provisional mientras
no se pronunciaba sentencia. Esta llegó con una órden de destierro para el
infamador, pero la audacia del comediógrafo sube de punto si sabemos que
pone en juego nueva vez sus inclinaciones, con la candorosa doncella Isabel de Alderete, dama de calidad a
quien rapta, y por cuyo escandaloso
atropello se le piden cuentas, que Lope
satisface caballerosamentC', casándose
con la ultrajada.
Tenía Lope poca madera de reposo

y de hombre hogareño, y no pudo, por

eHo, sujetarse a tan dulce bonanza.
A tono con sus inquietudes, se le

ofreció la oportunidad para huir de
la placidez que Jo rodeaba.
Organizábase por esas calendas la
Escuadra Iuvencible para Jo que pudo
haber sido, y Dios no lo quiso, "otra
de las ocasiones más altas que vieran
los siglos."
Se embarcó, pues, en la ciudad lisboeta c_on algunos amigos y su hermano Juan, que pereció en la demanda
en brazos del poeta.
La hermosa ciudad del Tajo brindó
a Lope de Vega días transparentes y
propicios. Antes de partir recibe la
visita de su pungida esposa, que concurre a la despedida del compañero
bienamado. De aquí brota aquel ro•
manee sobre Be/isa -Isabel de Alderete-: De pechos sobre una torre
que la mar combate y cerca, mirando
las fuertes naues que se van a Inglaterra, las aguas crece Belisa llorando lágrimas tiernas.
Fue la expedición una desastrada
empresa para el Imperio filipino; desecha la Escuadra por los temporales,
Lope, zamarreado en la galera San
Juan, fue a parar a la Coruña. Este suceso tuvo su reflejo en el repertorio
Jopevegnesco: el poema La hermosura
de Angélica, con recuerdos de la Filis
ingrata para él, la maridada Elena
Osorio.
Al volver a Valencia, sede de su exilio, torna al hogar, y aquellos días apacibles son de intensa creación poética,
en medio de una atmósfera de letras,
en donde el Teatro tenía singularmente su señorío.
Colaboró alli Lope en la colección
de poesías que se publicaron con el
título de Flol'eS de romances, apareciendo también sus primeras obras
dramáticas, ya perfeccionadas en la
técnica literaria.
Días adelante se convirtió en el Secretario privado del Duque de Alba, y
con él se translada a su residencia del
Tormes, lugar que tantos recuerdos
tiene de la Madre Teresa de Jesús.
Discurrieron allí los días en un grato remanso espiritual, marco propicio
para el laboreo poético... De su pluma salieron algunas comedias y la novela pastoral La Arcadia, obra que recoge el ambiente palaciego, vida y sucesos del altísimo noble.

Entre amar y escribir se le iban al
poeta desmadejando las horas, con un
sentido de sophrosinc y placidez, que
nunca antes hubiera soñado. Pero aparece su segundo vástago, y al morir
la esposa como consecuencia de esto,
vuela el poeta a Madrid, y recuerda
allí a la desaparecida en un tierno y
doliente soneto: Para tomar de mi desdén venganza, / gastóme amor los años
que tenia,/ con que miraba yo como
solla,/ todas las cosas en igual templan:a.; A lo menos conozco la mudanza / en los antojos de la vida mía,/ de

un dia en otro no descanso un dia, /
del tiempo huye lo que el tiempo al-

cw,za. / Almas parecen de mis niñas
puestas/ en mis ojos que baña/ tierno
llanto/ ¡Oh niñas, niño amor, niños
antojos / Niño deseo que el uivir me
cuestas!/ Mas ¿qué mucho también que
llore tanto / que tiene cuatro niñas en
1/Js ojos?.

Aunque aparece después en la sucesión amatoria Antonia Trillo, en Lope
vive una dualidad, pues recuerda a
Belisa, llorando sobre su tumba y consagrilndole un romance: Belisa, señora
mia,/ hoy se cumple juslo un año/ que
de lan temprana muerle/ guste aquel
potaje amargo./ Un día .te servi enfer·
ma,/ ojalá fueran mil años/ que así

enferma le quisiera/ continuo aguardando el pago.

El segundo connubio le sale al paso:
se casa con Juana de Guardo el 25 de
abril de 1895, granjeándole fama de
codicioso, por la dote con que la mujer Uega al matrimonio. Pero si algún
interés material lo llevó a recibir el
Sacramento, mal le salieron esas cuentas, pues su vida fue sólo una amarga
serie de desasosiegos, por la contínua
ingerencia ele los familiares de la esposa.
Quiso entonces respirar un aire de
libertad y pronto lo consiguió. La
amada en turno, :\ficaela de Lujitn logra adentrárse]c tan hondo a este constante amador, &lt;1ue la arrobadora belleza ele Micaela Je trastorna el ritmo
ele sus días.
Camila Lucinc/a es el nombre poético de 1a Luján, y a su culto, más arrebatado c¡uc los anteriores, consagra el
poeta no pocas C'strofas que leemos en
La hermosura de Angélica.
Algunos años vivió el escritor esta
Yida escandalosa, que tuvo por fruto

un vástago en 1007, Lope, imagen del
poeta.
Al morir :\licacla vuelve la tranquilidad al hogar maltrecho. Sin duda,
Jo que más le atrae y ata a esa vida
es la figura ágil y menudita de su hijo
Carlos Félix, en quien tenía puestas
todas sus esperanzas y por. el que se
bebía todos los vientos. Tal se desprende del epistolario con el Señor
Duque de Sessa, en que el nombre del
infante menudea orlado de suprema
adoración.
Poco después mueren el niño y la
madre. Al llegar a este hito la existencia de Lopc siente la vislumbre de una
nue,·a vida consagrada a Dios y empiezan a apuntar inc1inaciones ascéticas y propósitos de vocación secerdotal, refugio segurisimo de un alma
dislacerada y contrita. A esta etapa
correspoden los Soliloquios de un alma con Dios.
Y he aquí por último, cima y síntesis, un nombre sortílego de mujer:
)larla de Nevares ... Pasión tardía, profunda, persistente, completa. La que
resume, compendia a todas, y aun las
magnifica en exaltaciones celestes, en
humildísimas postraciones.
El nombre poético de Marta es .4marilis, y a ella se integra fatalmente, sin
poder triunfar en ]a tritgica lucha entablada en la intimidad de aquel su
cspiritu turbulento, ffiaduro ya, investido el poeta ya de las sagradas órdenes sacerdotales.
Empero, las estrofas fluían, fluían
caudalosas en loor y oblación a la musa definitiva.
Lope ponderaba a Jmarílis: "el cabello era copioso y componían una
selva de rizos; sus ojos eran dos esmeraldas que hablaban a las almas al

oído; la bien hecha nariz que dividía
el rostro honesto nácar en marfil lustroso; en suma, su boca hermosa y con
perlas ...
El fruto ele este amor adviene en
1617: Antonia Clara, quien parece enviada especialmente para ser el instrumento de más duro castigo que Lope habría de recibir en ·su vida.
Poco después asciende el primer
peldaño en la escala de la amargura;
Amarílis siente c¡ue un cendal trágico
se le va adensando poco a poco sobre
sus dos esmeraldas ... Entonces el liróforo canta vulnerada el ánima: Cuando yo ui mis luces eclipsarse ,/ cuando
yo mi sol oscurecerse ,/ mis esmeraldas
enlutarse, / y mis puras estrellas esconderse,/ no pudo mi desdicha ponderar-

diante 11aria Riquelme y otros. Ese
barrio se agrupaba en torno a la pla·
zuela llamada El mentidero de los represe11tw1tes.

1

Antes de cerrar los pliegos de esta
desmadejada disertación, conviene acaso citar la parte mas granada del sonetario de Lope.

•.•'

•
'

I
~

~

Oc Esclavos del Santísimo Sacramento,
y en 1619 a la Congregación del Oratorio de la calle del Olivar. Seis años
más ta,·de se afilió a la de San Pedro,
asociación madrileiia de sacerdotes,
qne acaso existe en nuestros días, de
la que fue su Capellán años adelante.

Honores y dignidades recibió Lope
ele las más altas jerarquías ec]esiásticas: el Pontífice Urbano VIII le concedió el capelo de Doctor en Teolo.gia, la Cruz de la Orden de San Juan
y el derecho de anteponer a su nombre el titulo honorifico de Frey. Así,
pues, en el orto de su vida era Frey
I.opc Felix de Vega Carpio.

dormido aunque me he confesado; mal
haya amor que :;e quiel'e oponer al cielo ...

Luchaba el hombrC' entre dos fuerzas cósmicas superiores a sus empeños; cuando acariciaba el mármol carnai de Blanca ele Xavares, escuchaba
a l.1 par la dulcísima admonición &lt;le
otra carne: la carne pasible de Jesús.

La casa del cantor de Amarílis iba
entenebreciéndose con la ceguera irreparable de ~!arta y de la pobreza que
los raía, de la que salieron como a
trompicones, merced a Ja generosidad
del Señor Duque de Sessa.
Lope seguía subiendo hacia el clímax del tormento: la locura dió por
adueñarse de la hermosa ciega bienamada, QUC', al recobrar la razón, murió en 1632.
Los postreros aiios de su vida perteneció :\tarta a la Orden Tercera franciscana, en la que ingresó probablemente a instancias del poeta, tan dado
a asociaciones devotas, congregaciones
y hermandades.

a1los blancos de Lope ele Vega, la noche del 27 de agosto de 1635.

En plenitud de su Yida sacerdotal,
Lope agostó sus días - o los hizo reflorecer- en la pasión amorosa, IJ ena de ardentía, hondamente sentida.

Todavía veinticuatro horas antes de
su postrer aliento, escribió con caudalosa imaginación un largo poema, La
edad de Oro, y un soneto sobre un noble lusitano.

Durante los días angustiados y contradictorios de Marta de Nevares, surgió simultáneamente lo más rico en
fondo y forma de su lírica devota y su
lírica amorosa.

Dos dias antes regó por vez última
los arbolillos y las flores de su huerto
con mano cariciosa; dijo su misa antcmortcm y castigó su carne flaca,
pues era viernes ...

De sus sonetos dice el luminoso gustador José F. ~lontesinos. Los sonetos
de Lope, nacidos de una crisis de conciencia, &lt;le conflictos con una ética
confesional son poesia de contrición
fJ atribución; y añade: Los sonetos de

Una de las frases del moribundo
fueron para sn discípulo y amigo Montalbán, a quien Je dijo: Que la verdadera fama era ser bueno, y que él trocaba cuantas habia tenido por haber
hecho un acto de virtud más en la
Pida.

El mismo era terciario desde 1611.
En 1608 figuraba como familiar del
Santo Oficio de la Inquisición. En esta
investidura presenció en 1624 el achicharramicnto de. un religioso de la Orden serilfica, -Benito Ferrer, que en estado de extravío mental había profa.
nado la Hostia. El poeta, humano y generoso, trató de salvarlo 1 alegando que
se trataba de un lunático. Fue en vano: el Tribunal demostró lo contrario
con toda evidencia. Pero los sentimientos de Lope se pusiero de manifiesto.
En 1609 ingresó a la Congregación

Página 4

Lope se destacan de la lírica clásica

El poeta, destrísimo en todos los géneros, manejaba desde el poema bur•
lesco, en el que se advierten innovaciones lexicales, hasta la cariciosa e
inefable estrofa amatoria o el más rendido poema tributado a la Divinidad.

Su acendrada religiosidad, su penitentisima vida de los últimos años, su
arrobado amor a Cristo, nos legan enfervorecidos sonetos, de una humilde
suavidad insuperable. Leamos esta
transparente trilogía:
¿,Qué tengo yo, que mi amistad
procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío
pasas las noches del in,,ierno oscuras?
¡Oh cuúnto fueron mis entrañas duras,
pues no te abri ! ¡ Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!
¡Cuántas veces el ángel me decía:
- "Alma, asómate agora a la ventana,
,·erás con cuánto amor IJamar porfia!"

En la Gatomaquia, excelentemente
comentada en edición critica por el
benemérito D. Francisco Rodríguez
~farín, aparece este galano y donairoso soneto:

¡ Y cuántas, hermosura soberana,
- "lfañana le abriremos", respondía,
para lo mismo responder mañana!

Con dulce voz y pluma diligente,
y no vestida de confuso caos,
contáis, Tomé, las bodas, los saraos,
de Zapaquilda y Micifuz valiente.

Pastor que con tus silbos amorosos
me despertaste del profundo sueño:
Tú, que hiciste callado de ese leño
en que tiendes los brazos poderosos,

Si a Homero coronó la ilustre frente
cantar las armas de las griegas naos,
a voz de los insignes marramaos
guerras de amor con súbito accidente.

vuelve los ojos a mi fe piadosos
pues te confieso por mi amor y dueño
y la palabra de seguirte empeño
tus dulces silbos y tus pies hermosos.

Bien merecéis un gato de doblones,
aunque ni Lope celebréis ni el Tasso,
Ricardos o Godofredos de BuHones;

Oye, Pastor, pues por amores mueres,
no te espante el rigor de mis pecados
pues tan amigo de rendid\lS eres .

pues que por vos, segundo Gatilaso,
&lt;1uedarán para siempre de ratones
libres las bibliotecas del Parnaso.

Espera, pues, y escucha mis
cuidados ....
Pero, ¿cómo te digo que me esperes
si estás para esperar los pies clavados?

En la brega por el rescate del alma,
que fue por si sola un estigma y un
castigo, se doblaron los setenta y tres

se,/ ni mi ?¡rave dolor encarecerse,/
/ ni puede aquí sin lágrimas decirse/
/ cómo se {11e mi amor al despedirse.

No hace muchos años un importante mitrado español emitió un juicio
digno de mencionarse sobre el caso
Lope: Juzgamos de ordinaJ'io a nuestro
poeta por las condescedencias que tuvo con sus impulsos; pero no deberíamos olvidar las victorias - muchas y
señaladas - que obtuvo sobre sus pasiones, sobre los ajenos requerimientos y sobre las solicitaciones del ambiente.

Si piensas que no soy su dueño,
Alcino,
suelta y verásle si a mi choza viene,
que aun tienen sal las manos de su
dueño.

En este soneto amatorio, acaso e]
mejor labrado por el eximio batihoja
de nuestra lirica, vibra el sentimiento
con rendida ternura y arrodilJada
emoción:

Suelta mi manso, mayoral extraño
pues otro tienes a tu igual decoro,
deja la prenda que en el alma adoro,
perdida por tu bien y por mi daño.

No sabe qué es amor quien no te ama,
celestial hermosura, Esposo bello;
tu cabeza es de oro, y tu cabello
como el cogollo que la piedra enrama;
tu boca como lirio que derrama
licor al alba, de marfil tu cuello;
tu mano el torno, y en su palma el
sello,
que el alma por disfraz jacintos llama.

Pónle su esquila de labrado estaño
y QO Je engañen tus collares de oro:
toma en albricias este blanco toro
que en las primeras yerbas cumple un
año.

dejando
tanta belleza, y las mortales viendo,
perdí lo que pudiera estar ganando?

Si pides señas, tiene el vellocino
pardo, encrespado, y los ojuelos tiene
como durmiendo en regalado sueño.

Mas si del tiempo que pérdi me ofendo,
tal prisa me daré, que un hora amando
venza los ·•años que pasé fingiendo.

¡Ay Dios! ¿En qué pensé cuando

como algo sin precedentes e insuperado , y la mayor intensibilidad reli-

aiosa y el mayor alejamiento de los
ideales antiguos no. logran ahogar la
emoción con que escuchamos el temblor de la

llOZ

El Duque de Sessa costeó la pompa
funeral que fue vista con honda veneración por los via.ndantes que esperaban el paso del cortejo.

de Lope, ahogado por

las lágrimas al confesar sus culpas y
proponer la, enmienda.
Bien al descubierto quedan los afiebrados estados de ánimo del escritor
genial en la correspondencia y fre
ruente epistolario con su prócer mecenas y confidencial amigo el Duque
ele Sessa. En ésta habla el poeta atri•
bulado: ... yo estoy perdido, si en mi
vida lo estuve por alma y cuerpo de
mujer, y Dios sabe con qué sentimiento mio, porque no se Cómo ha de ser
11i durar esto, ni vivir sin gozarlo; y
en algún otro lugar: Esta noche no he

Pasó el séquito fúnebre junto al Con,·ento lle las Descalzas rumbo a la
Iglesia clt• San Sebastiún. de la calle de
Atocha.
Los huesos del poeta no han podido
encontrarse; una tosca restauración
llevada al cabo en el siglo XVIII ha
imposibilitado el hallazgo de esta venerada reliquia histórica.
Los últimos decenios de su vida Lope moró en la calJe de Francos, cerca
ele donde vivían Cervantes, Quevedo,
Agustin de Riojas, la famosa come-

Página 5

�IL 1 IBIR.OS

UN HOMBRE,
UNA ID·EOLOGIA,
UN POEMA

H. R. PATCH: El otro mundo en la literatura medieval. 470 pp. Fondo de
Cultura Económica, :México, 1956.

Tan vieja como la humanidad es la
creencia en un mundo aparte del nues-

Por Raymundo RAMOS GOMEZ.

Octavio Paz, México, El Cántaro Roto, son el
mensaje común de una época en que ya no nos
duele tanto el dolor como el recuerdo del dolor.
Combromiso con lo definitivamente nuestro,
compromiso para con la espina y el barro; país
cruficado de sed en el Norte, de soledad en el
Sur, de hambre en todas partes. Sol de la aristocracia que no alumbra para todos, falso sol re•
volucionario que dice que alumbra para todos.

Chorro de sudor proletario y de átomos de sangre, remolida, seca como una garganta de piedra: sólo escupitajos de algo,
dón, sólo memoria del agua, retroactividad de frescura, sospe,
cha de humedad: ... Dime sequia, piedra pulida por el tiempo
sin dientes,
por el hambre sin dientes,
polvo molido por dientes que son siglos, por siglos que son ham•
bres, dime, cántaro roto caído en el polvo, dime, ... "

Interrogación de angustia. Geografía vertebrada en el choque violento de los huesos. Luz: fósforo humano tallado en el
En el primer número de la Revista Mexicana de Literatura roce de las miserias colectivas, de las palabras y de los hombres.
(septiembre-octubre de 1955) aparece un poema de Octavio México: botín de forajidos -antes en el camino real- ahora
con casaca diplomática y con peluca, en los puestos directivos
del gobierno: ... "¿Sólo está vivo el sapo,
sólo reluce y brilla en la noche de México el sapo verduzco,
sólo el cacique gordo de Cempoala es inmortal? .•. "
Feudo de caciques y generalifes analfabetos, todavía de texa•
na, como la razón pura y de mauser, como la razón práctica; en
su defecto, refugio de sabios de gabinete, torres de Segismundo·
de una cultura que no dialoga con el pueblo, porque tal vez ya
nadie sabe como se escribe la palabra pueblo y en los diccionarios
oficiales no se consignan la, palabra podredumbre y la palabra
miseria. Códigos donde quedó abolido el dolor de la raza, derogado el derecho a destruir la carcel de las letras y prohibido, de
una vez por todas, el llanto ancestral de los humildes.
Harina amasada con silencio y sangre: pan integral de los
desheredados.
Que, ¿Sólo el sapo es inmortal?

Paz, que es la afirmación de nuestra realidad nacional en el con•
tenido, de aristas agudas en la forma, pero pulidas a porfia (len•
gua lenta de vaca limando las espinas). Violento en el contras•
te del color, de oro a rojo, azul duro de hierro forjado, frío de
plata antigua y de polvo húmedo bajo los pies descalzos. Mú,
sica asordinada, poblada de gritos ríspidos, · de ansias salvajes
arremolinadas en el pecho, rehilete de luz y sombra bajo la piel:
••. "He aqui a la rabia verde y fría y a su cola de navajas y vi•
drio ~ortado ... " Sí, el maguey con su terca voluntad de vivir,
la vuelta del hombre a las urgencias telúricas, la identificación
absoluta con el paisaje. De clima a clima florece la flor rotunda
del mestizaje (Yoloxochitl, flor del corazón). La unión de las
herencias, en lo que tiene de puerta hacia el misterio, ha dado
un pan cazabe con levadura hispánica. Pensamos en espáñol
pero sentimos en indio. No somos, sin embargo, ni éste ni aquél.
"No es el color de la piel, sino la respuesta al medio lo que se
hereda".
Página 6

la simetría en la estética de Goethe;
en el libro a que nos estamos refiriendo, Reyes busca "el medio aristotélico", ]a justa línea de equilibrio, la simetría con referencia a los extremos,

tro, sobrenatural y maravilloso, lleno
de deleites y riquezas, sin vejez, sin
enfermedad, y en el que los años pasan como horas. El acceso a ese mlmdo y su aspecto son tan variados como ·los pueblos que lo crearon. Se llega a él atravesando el océano, cruzando un desierto, vo1ando en un carro
alado o pasando por tenebrosas regiones subterráneas. No •siempre es un
lugar delicioso; a veces, sobre todo en
las leyendas y visiones inspiradas por
el cristianismo, es un lugar de prueba
o de castigo.
El libro de Patch parte de los orígenes orientales y clásicos, pasa revista
a los paraísos celtas y germánicos hasta llegar a las visiones, alegorías y narraciones caballerescas de la Edad
Media, en las que los diferentes hilos
de mitologías anteriOres forman un tejido deslumbrante de riqueza y colorido.
En un Apéndice, de especial interés
para los lectores de habla española,
~laría Rosa Lída de Malkiel complementa la investigación de Patch y nos
conduce, en clara y sustanciosa exposición, a través del trasmundo que
ofrecen las literaturas hispánicas. Así,
esta edición ofrece un panorama más
completo del tema que el aparecido en
]a edición original en inglés. La excelente traducción del volumen se debe a Jorge Hernández Campos.

para enfocar a quien es, ante todo, simetría.
Parejamente con Goetbe va el amor.
Esta palabra, y más que la palabra el
acto, es la clave de su vida. No puede
Jibrarse nunca, dondequiera que vaya,
de la imagen femenina que sus ojos
buscan concretar; es, como los persoTRAYECTORIA .DE GOETHE. Alfonso najes de Dostoiewski, víctima repetiReyes. Fondo de Cultura Económi- da de la obsesión. En la Trayectoria
ca. Colección de Breviarios. México, de Goethe de tal manera van avanzan1954.
do paralelamente las desCripciones que
ninguna de ellas predomina sobre otra,
Este libro es una obra que Alfonso y sin embargo, todas se destacan nítiReyes se debía a si mismo. Aunque, damente: hay más intensidad en los
como él lo dice, constituye no ]a obra amores ele Goethe en este libro que en
final y rotunda sino sólo un escalón Las mujeres de Goethe, de Paul de
para aproximarse a Geothe: "instru- Saint Víctor, no obstante que éste se
mento para trabajos venideros o de reduce a tratar con exclusividad el tefutura aparición ... JJ; y ésto, porque ca- ma amoroso. Carlota. Clara, Margarida faceta del autor del Fausto se pue- ta~ Federica, destacan concretamente
da ampliar indefinidamente, siempre su perfil, mientras al mismo tiemes posible acercarle una lente de au- po se asiste al nacimiento de Werther,
mento que descubra nuevas proyec- Egmont, Fausto, Poesía y Realidad.
ciones insospechadas antes, hay siemLas intempestivas fugas de Goethe,
pre, por cada pensamiento de Goethe, que no son abandono de paisajes o
un camino que se abre y ensancha. fastidio de gente desocupada, sino verPero, ¿cómo abarcar ésta totalidad, si dadero deshacerse de sí mismo, adno es colocándose, como lo hace Re- quieren en el libro de Reyes su cabal
yes, entre el estudio especializado de significación. Cada fuga significa un
la obra literaria, y la biografía, a ve- escape de ]o que hasta entonces se fué;
ces un tanto novelada del hombre mis- siempre se huye de lo que está a punmo? Y es que Goethe se presta para to el convertirse en peligro (peligro en
las exageraciones. En cuanto se le su más hondo contenido, como en
trata biográficamente ·se cae en el pe- Heidegger: "peligro es amenaza que
ligro de bordar en demasía por cuen- al ser hacen los entes"), en Goetbe el
ta propia; en cuanto se analiza su as- huir no es cobardía, sino conciencia
pecto literario, se abandona al perso- del peligro, el emprender la retirada es
naje, y Goethe, la persona, el hombre, acabar de una vez con el enemigo que
es un maravilloso guía de su propia hosti1izn; por eso el lVerlher, que es
obra. Por eso en Reyes no es biogra- huir y enfrentarse, termina para siemfía que se concrete al hombre, ni tam- pre con el Goethe romántico.
poco tratado áspero que lo desligue
Es particularmente digno de atenpor entero, sino "trayectoria": movi- ción el capitulo referente a las relamiento conjunto, cambio del ser hu- ciones que privaron entre Goethe y
mano con sus manifestaciones más in- SchiJJer. Se comprende cómo era imtimas.
posible un acercamiento entre las dos
En 1910 ya aparece Goethe inquie- figuras, como lo hace notar Croce,
tando el espíritu de Alfonso Reyes; mientras prevaleciera entre ambos la
llama su atención el carácter supers- sombra del romanticismo. El Schiller
ticioso y la repetida referencia a Ja de Los bandidos estaba muy lejos del
magia que, como en Shakespeare, apa- Goethe que se expresa en Fausto con
recen como una constante en las pro- estas palabras: "¿De qué sirve todo
ducciones -y en la vida misma- de esto?/ Estos gestos y ademanes,/ todo
Goethe. "La simetría no es más que es viejo y repugnante." Schiller apeuna forma de la superstición o de la nas estaba en el punto en que Goethe
magia''; dice Alfonso Reyes en Sobre dejó al Werther. Pero de la polaridad

de sus conceptos nació la discusión y
"La discusión, en vez de alejarlos, fundió el hielo que hasta entonces los separaba." Una vez en contacto fueron
un acicate mutuo que redundaba en
beneficio de ]a producción. La divergencia fué fructífera.
Hay un antecedente que une la travectoria de Goethe y la de Alfonso
Reyes: Ifigenia. Ambos entroncan directamente con la tragedia griega, que
en su particular manera vuelve a resurgir. En la Trayectoria de Goelhe,
que inicia]mete nació de unas páginas
publicadas en la revista Sur, de Buenos Aires, se unen nuevamente. Este
libro abre ]as puertas a la visión completa de la obra de Goethe, si bien no
un ensayo concretado a una determinada faceta, si panorama general y
completo.
Hugo S. PADILLA.

.J. A. HAYWARD: Historia de la medicina. (Breviario No. 110). 821 pp.
Fondo de Cultura Económica, ~féxico.
Desde tiempos remotos, ]a enfermedad ha sido preocupación central y
tema obligado de las especulaciones
filosóficas y de ]as rogativas de los
creyentes. Superada la etapa mágica,
conjugaron sus esfuerzos la biología,
la física y la química, y los resultados
obtenidos han sido sumamente halagadores. Desde Jenner, los padecimientos han estado cada vez más bajo control humano, gracias a Pasteur, Lister,
Koch, Laveran, Becquerel, ROntgen,
]os Curie y un puñado de investigadores cuyos trabajos han originado la
bacteriología y la radiolOgia y quimioterapia contemporúnea.
El doctor Hayward expone en su
Historia de la medicina los progresos
de esa ciencia dividiéndo]os en dos
periodos: 1) el precientifico; y 2) el
científico. No hay en este respecto límites muy precisos, pues desde antiguo se puede discernir un método basado en observaciones y experimentos
en medio de un fárrago de teorías y
supersticiones.
A partir del siglo XVIII priva una
tendencia gradual hacia el método

ALAS CASAS EDITORIALES YA
LOS SEÑORES DISTRIBUIDORES
YLIBREROS DEL CONTINENTE
La Cniversidad de Nuevo León ha
mantenido desde su fundación un vasto plan editorial que desarrolla al través de publicaciones cuya circulación
comprende a todas las Instituciones
oficiales, universitarias, académicas,
atcneistas, centros culturales, sociedades de diversa indole y personas, en
América y Europa.
Entre el cuerpo de ediciones que
aquí se imprimen figura nuestro men•
suario ·'ARMAS Y LETRAS", que recientemente ha establecido una sección -LIBROS-, en la que figuran
comentadas las obras últimamente apareddas en las prensas americanas.

I

Dada la extensa órbita de circula•
ción del Boletín arriba mencionado, y
en interés de ofrecer al lector americano una juiciosa información del fon•
do y continente de la obra, cotejada
a la luz de un criterio ecuánime y a
tono con la moderna interpretación
del pensamiento cientifico, literario o
artístico, "ARMAS Y LETRAS" se complace en invitar a ustedes a coadyuvar
con este propósito de orden cultural
que anima a la Universidad de Nuevo
León, solicitándoles el envío de cada
una de las ediciones nacidas en sus
prestigiosas prensas, las cuales serán
objeto de nuestros comentarios, en la
medida que vayan llegando a nuestras
manos.
Los envíos deben hacerse a:
"ARMAS Y LETRAS",
Universidad de Nuevo León,
Plaza del Colegio Civil,
Monterrey, Nuevo León,
México.

rmas y

!R

Organo Mensual de la Universidad
de Nuevo León
Registrado como artículo de 2a. Clase en la
Admó_n. de Correos de Monterrey,

N. L. el

20 de Abril de 1944.

INDICADOR:

J. A. Hayward: HISTORIA
DE LA MEDICINA
~

12 . 50

BREVIARIOS
¿EL FO1'00 DI:. Ct;LTU U

Colaboradores
Raúl Rangel Frías
Fidencio de la Fuenle
Francisco M. Zertuche
Genaro Salinas Quiroga
Arturo Cantú S.
Homero A. Garza

ECONÓMICA

Alfonso Rangel Guerra

científico. Precisamente uno de los
objetivos del autor es describir la deuda que la medicina tiene con las ciencias exactas, pues puede observarse
que el periodo científico es justamente
el de su relación más estrecha con
ellas.
Hayward termina su estudio con un
ensayo sobre la medicina social y el
futuro de la profesión médica social y
el futuro qe la profesión médica, de
indudable mterés general, como también lo son el trabajo en hospitales y
en servicios sanitarios actuales.

Guillermo Cerda G.
Jor¡e Rangel Guerra
Manuel Morales

Director
Lic. Fidencio de la Fuenle

Oficinu

Washington

y

C.Olegio Civil

Monterrey, Nuevo León

MEXICO

Página 7

,

�Por Gerarclo CCELLAR Y.

una gran fuente y que casi parece volcarse sobre la Sexta Avenida. Allí, todas las tardes, se situaba un hombre
gordo, alto y moreno, de quien se decia era mexicano, para cantar canciones tales como Granada, Valencia,
Ojos Tapatíos, La Norteña y muchas
más. No recuerdo qué hora era al negar a la plaza aquel día. Pero el hombre cantaba: "Ola, que a la luz de ]a
luna ..... " y la gente le arrojaba monedas de cinco, diez y veinticinco centavos. Para un cantante de Opera,'como ·se decía que él lo fue, esto debe
haber sido triste. Su canto, por lo menos, sí lo era.
Cuando la gente se había ido, e1
cantante gordo recogía ]as moneditas
que estaban a sus pies. Y esto hacía,
con gran sacrificio al indinarse. cuan. do estuve tentado de platicar con él,
pero luego desistí de hacerlo, para después arrepentirme. De cualquier manera, yo tenía la boca amarga y pocas
ganas de hablar; los últimos sueños,
ya lo dije antes, habían sido terribles.
Al entrar a la biblioteca comenzaba
a oscurecer; me había entretenido contemplando un busto de Goethe y así
se me fue el tiempo sin sentir. Pensé
en Kant, lo que nos dejó dicho sobre
el Arte y los artistas y, finalmente,
volví a Goethe recordando a su trovador. Lo hacía decir:
"Yo canto cual canta el ave
A quien da el bosque mansión
Y encuentra en su propio canto
La recompensa mejor"

Cuando un hombre se ha pasado tres

días sin comer, comienza a tener sueños raros; sueña, por ejemplo, que se
come la pasta dentífrica y la pomada
para los callos que siempre ha guardado én el botiquín del baño. Y al
despertar, lo hace maldiciendo a todos aquellos que han comido regular•
mente durante los últimos cien años.
Esto lo digo por experiencia.
Pensando que el tabaco y el sueño
le quitan un poco el filo al hambre,
había dormido más de dieciseis horas
ese día, fumándome los últimos dos
paquetes de cigarros que me quedaban en el cajón del buró. Era miércoles y, desde _e l domingo, no babia
probado una taza de café siquiera;
solo había fumado y dormido todo ese
tiempo. Pero no era posible aguantar
ya más; los últimos sueños habían sido terribles y la cama y el cuarto me
resultaban insoportables. Vivía entonces en el número 111 de la calle 84,
a cuadra y media del Parque Central,
caminando hacia Broadway.
Asqueado del Greenwicb Village,
tomé la resolución, mientras me daba un baño, de no visitar el Barrio
Bohemio en una larga temporada.
Leería, mientras tanto, algunas obras
de B. Traven. William Saroyan acababa de publicar su última novela:
"Rock Wagram", sobre la cual se habían hecho magníficos comentarios y
yo pensé que sería el libro que mas

Página 8

Para un lector de cuentos, esto es
mucho mejor que todos los tratados de
Estética escritos y por escribirse.
Pero ya no me sentia con ganas de
leer;. busqué en el indice a don Alfonso Reyes, encontrándome dos cajas
me convenía leer. Bueno; es mejor llenas de tarjetitas que daban razón de
decir estudiar, cuando de Saroyan se su obra y de lo que sobre el autor se
ha escrito. Luego vi el nombre de Jotrata.
sé Revueltas. seguido de un título en
Tres años tenía de estar leyendo
inglés, correspondiente a su libro "El
cuentos, buenos y malos, nacionales y
Luto Humano"; "The Stone Knife",
extranjeros, optimistas y pesimistas,
para los lectores de habla inglesa.
dulces y amargos, cuando dejé aquella
No pregunté por la obra de Sarotarde mi cuarto para caminar cuarenyan. Busqué en el índice nuevamente,
tidós cuadras hasta la biblioteca.
esta vez la letra "C 11 , tratando de enLa temperatura era bastante agra- contrar a Gerardo Cuéllar V.; pero no
dable y estaba seguro de que el ejer- estaba. Y tomando una tarjeta en blancicio no me haría sudar. Además, no co, la introduje en el lugar corresponpodía tomar el tren subterráneo por- diente poniendo, debajo de mi nomque me faltaban los diez centavos del bre: "Lector de cuentos". No sabría
pasaje. Y tenia todo el tiempo por de- decir si ésto les causó un problema a
lante.
los señores bib1iotecarios. Espero que
A espaldas del edificio c¡ue ocupa de ninguna manera haya sido asi.
Mientras rotulaba aquella tarjct3,
la Biblioteca de la Ciudad de Nueva
York, se encuentra una plaza _que tiene observé que algo brillaba en el doblez

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JJ:r
. ,' ......

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.

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I

de mi pantalón; y una vez que hube
escrito: "Mexicano, nacido en Monterrey, ~uevo León, en 1928", me incliné para recoger el objeto que estaba
en la valenciana; era una moneda de
veinticinco centavos. Me acorde, entonces, de los años en que vivíamos
en Monterrey, al fondo de un expendio de pas,turas; por las noches tomaha mi padre el violín e, invariablemente, me hacia cantar, mientras él tocaba: "Ola, que a la luz de la luna ..... "
Pero también recordé al cantante mexicano gordo de la fuente; con toda
seguridad mi moneda iba dirigida a él.
Y no me importó, porque aquella noche pude comer una ración de sopa,
una taza de café y pan de centeno con
mantequilla.

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                    <text>BOLETIN MENSUAL DE 1A UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON
Registrado como artículo de 2a. clase en la Administración de Correos de Monterrey, N. L., el 20 de Abril de 1944.

Año XIII

D.A.S.U.

No. 3

Marzo de 1956

Angelina, de Rafael IJ elgado .~;~
INTRODUCCION. Rafael Delgado nació el año de 1853, en
Córdoba, Veracrui. Hizo sus estudios en la misma Ciudad na•
tal y en Orizaba, más tarde en la Capital. Murió en Orizaba, el
año de 1914. Recibió educación religiosa, en un medio ambiente de provincia, cuya estrechez hubiera bastado para ahogar a
cualquier otro talento menos profundo que el suyo.
Sus novelas: "La Calandria" (1891);
"Angelina" (1895); "Los Parientes Ricos" (1903) e "Historia Vulgar" (1904)
pertenecen a la pluma de un autor ya
maduro que produjo entre los 38 y los
50 años de edad.
Su obra es resumen no sólo de una
gran experiencia y de una meditada erudición, sino asimismo de toda
una época literaria, en la cual el romanticismo cedía ante el realismo de
Flaubert.
TEMA
En esta novela Delgado se propone
realizar dos grandes tareas. Primero,
presentar el análisis irónico de un medio ambíente sofocante: el de la hermosa ciudad provinciana Villaverde,
digno de la pluma de un Tchéjov.
Es muy parecida también, pero más
emotiva que la "Diminuta Ciudad de
Okúrov", de Máximo Gorki. La serena
emotividad del autor de "Angelina"

capta al lector a lo largo de las 425
páginas.
La otra de estas tareas consiste en
revivir un primer gran amor; el amor
romántico y puro de un estudiante,
Rodolfo, que vuelve de la Capital ¡¡ sus
modestísimos lares y encuentra allí a
una tímida, muy bella y casta huérfana, Angelina. Ese cariño, dice el autor, "era una eterna aspiración al cielo:'.

Por el tono melancólico de la narración, el lector prevé que Angelina
está destinada al sacrificio. Los amantes se separan, al fin. El vivir:i una
vida de soltero egoísta. Y ella, consagrando su alma abnegada a los desheredados, se baila en algún país lejano.
A propósito de eso, dice el autor en su
penúltimo capitulo:

' vino a profesar en Méxi-Angelina
co dos años después. Y cuando las
hermanas (del convento) fueron expulsadas, se marchó a París, de donde la
mandaron a Cochinchina.
EL Al!BIENTE
Es aquel un medio social muy estrecho, en una ciudad de 8,000 habitan-

I

tes que se llama Villaverde. Alli viven,
penosamente, de la agricultura, en extremo primitiva, muchos hogares que
a la vez se dedican a la industria casera, como lo hacían sus ancestros. La
acción de la novela nos sugiere, a manera de data probable, el año de 1870.

Ni Orizaba (Yillaverde) ni Jalapa
(Pluviosilla), conocian todavía el ferrocarril. "La diligencia iba que vo..
laba" ... esas son las primeras palabras
de la novela, lo cual marca a grandes
rasgos el atraso de los transportes de
aquella época.
VILLAVERDE
Nadie busca alli, ni lo desea tampoco, el progreso. Los intereses cotidianos son mezquinos; la existencia, sin
horizontes. Los vecinos saben todo lo
que pasa en las casas ajenas. Se de-

leitan calumniando y ( maldiciendo 1'D . na
esta ciudad, dónde ''i\144¡¡y¡r~¡son las
solteras". Entre ellas se etlcueDlraÍl
las dos ancianas tías de Rodolfo, que
se sostienen de flores artificiales, tan
indispensables en los altares y. las capillas durante las fiestas religiosas. En
s~mejante hogar la religión no pasaba
de ser un fetiche, y la devoción "rutinaría". Se comprende fácilmente que
era a estas buenas ancianas a quienes
Rodolfo debía su "tan dolorída juventud". A tal grado que, sin esta lamentable moclieria en su hogar, Delgado
habría llegado a ser ciertamente el
Dickens de la América Latina.
EL ESTILO
El estilo es narrativo. No es Angelina una novela de conflictos dinámicos. Pertenece más bien al género de
las novelas autobíográficas. El tono
sentimental, al par que el ritmo lánguido, acusan reminicencias de lecturas como "María" de Jorge Isaac, de
las "Memorias de Ultratumba", de
Chateaubriand, o del Werther. Pero
felizmente, la lectura de las obras realistas españolas y la ironía d.e Cervantes, de un Galdós y los autores del Siglo de Oro, con su costumbrismo pintoresco, vienen a reflejarse, también,
en Angelina. El estilo de narración y
las descripciones de la naturaleza, cobran una sobríedad y una elegancia
muy naturales. Tanto es así, que el
autor no cae nunca en descripciones
mezquinas y fatigosas, como lo hacen
Dickens y Walter Scott, defectos, éstos, que obligan muy a menudo al lector a saltar de diez en diez páginas,
buscando, impaciente, la trama del tema, su evolución. La emoción, que es
muy fina y sincera, cautiva al lector1
mostrando una enorme atención. Pues
el instinto innato del equilibrio le impide a cada paso sobrecargar las páginas de detalles engorrosos. Cierto,
encontramos a veces lágrimas, azuce.
nas y ''palideces marmóreas", pero todo eso en medida tolerable.
El autor está dotado de una extrema musicalidad y de un gran afecto
al ritmo de su narración. A ratos, ese
su ritmo es tan lento que se pone a
describir el desolador estancamiento
de aquel cuadro general donde se desenvuelve su amor, que él 'en persona
cree platónico. Todo am¡ncia el lamentable desenlace de un tierno idilio en semejante ambiente. Pero aquella separación, al parecer tan insensata, de los amantes, parece sin embargo, muy lógica, dado el anhelo, no

�coníesado, de Rodolfo, ·de ir en busca
de una profesión liberal respetada.
LOS PERSOXAJES

.4XGELIXA
De los dos amantes, la figura de
mayor valor es la de Angelina, por
más serena. Su naturaleza misma la
ha dotado de fuerza en un alma amorosa y profunda. Es una huérfana educada por el padre Herrera y confiada
a las dos ancianas, modestamente compensadas por el pobre cura. Las dos
tias de Rodolfo, Pepa y la paralítica
Carmen habrán de rematar la educación cristiana de la joven. Pues las
santas ancianas descubren en ella "una
hermana de la caridad". En los albores de su primavera, aquella preciosa
criatura pasa horas enteras en la recámara de la paralitica, llevando aquel
semi-cadáver colgado ele las espaldas.
Y esa escena, que enternece al autor,
acaba por ,rebelar al lector moderno.
Cuando Angelina adivina Ja naciente
pasión por Rodolfo y la de Rodolfo
por la bella y rubia Graciela, hija del
rico hace~dado Fernández, sin titubear decide no desbaratar su porvenir,
pues ese nuevo amor brinda al joven
fortuna y gioria.

RODOLFO
Roelolfo es el más apocado de los
dos protagonistas. En fuerza de reflexionar, lánguido y meditabundo,
eva.de la pasión que pudiera proporcionarle la felicidad. Al escribir Angelina, cuando cumple cuarenta años,
vemos al autor lamentar amargamente
su error al no aceptar el amor de su
Angelina. Rodolfo, huérfano y educado también por las devotas del pasado,
se siente privado de toda iniciativa,
pero. sobre todo de audacia ante los
conflictos de la vida. S-e escapa hacia
la belleza de la naturaleza, que el adora como buen panteísta. Los árboles,
los bosques, los riachuelos y las montañas, cuyo lenguaje le deleita, lo consuelan. En medio de sus desviaciones,
nos confiesa el autor, al margen de su
novela: "las enervantes melancolías
han sido nota sombría de mi carácter
soñador Y lánguido, tan dado al fantaseo, al delirio vago y a la meditación
sin objeto ... " Para un lector de hoy
día, su opresión en cuanto a su vida
física se explica fácilmente por la
ideología falseada de los conceptos de
sublimidad y de castidad; la vida ascética debía por fuerza mutilar a Rodollo; debia frenar en él aquel ardor
de los instintos sanos y libres. Abandonando a la bella Angelina a los
quehaceres de la casa, el enamorado
corrió hacia la plazuela de la Alameda
y a la sombra de un naranjo se embriagó de los amores malogrados de
ATALA, de René, y de Graciela. Se
aprendía de memoria ]as c0mposicio-

Entre otros personajes secundarios,
admirablemente pintados, están el boticario, Don Procopio ;\-Ieconio, jugador desenfrenado. En las tertulias que
hacia en su botica se reunian los mozalbetes n1ás guapos, al par que los
más ,•iejos y más parlachines de la
"bu dística ciudad". En allí vemos a
toda la flor y nata ele Villaverde. De
todo aquel vaivén sobresalían por encima de todo las discusiones entre dos
fogosos políticos, que eran un tal Vegas y Jacinto Ocaña. El primero era
un espíritu fuerte, liberal, republicano,
que veía con encono el "ensayo imperial." En cambio Jacinto Oacaña era
monarquista ' 1hasta la médula de los
huesos". El retrato más vigoroso en
ese plano es el del abogado Castro Pérez, a quien apodaban "el peritísimo
en jpris:prudencia," aunque en todo lo
demás era un simple "ignorante de
torno y lomo," amén de reaccionario,
gruñón y desconfiado.

nes soñadoras de )ilille, el Lago, el Crucifijo, Las Estrellas y otras. A Yeces
escribía versos, pero su poesía horaciana resultaba mitológica.
Y todo aquello era natural, pues las
pasiones falseadas por las ideas platónicas, no menos que por la educación
estética del "pomposísimo Cicerón",
su maestro de latín, el padre Román,
hicieron que Delgado no alcanzara a
ser un nuevo Zorri1la, a quien admiraba con gran razón. Da lástima ver que
con una falsa educación hubieran mutilado a los dos amantes.

Sin embargo, platónico y todo como
Rodolfo mismo se imaginaba, acabó un
día por componer un feliz soneto, poniendo "sobre los cuernos de la luna
a su dulce Angelina", 11amándola "FJérida" en sus versos.
Entre los personajes secundarios,
hay algunos de gran relieve, los unos
sublimizados, como Andrés y el Padre
Herrera; los otros caricaturizados, como el 'Pomposísimo Cicerón". Don
Román, su maestro, es una de las fiiuras sobresalientes. Excelente latinista, le enseñó a leer a Tácito y a Terencio. Admirador de la lengua, tan pomposa de Cicerón, adquirió, sin saberlo, muy bue1los hábitos, amén de una
seria y concisa técllic8. literaria, en el
futuro novelista. En lo que hacia a
disciplina escolar, Don Román pertenecia, en verdad, a su siglo. Dice a
ese respecto el autor:

/

-Verdugo diligente e implacable se
halla siempre dispuesto a vengar, en
las manos infantiles, el menor desmán
o cualquier osadía contra los poetas
del siglo del Augusto. Enseñaba gramática latina en el Nebrija (5. XV).
También Don Román se sentía, a veces, poeta. Admiraba la fecunda vega
del Pedregoso que tanto embellecía a
Villaverde, cantándola "en exámetros
latinos y en liras arcaicas".
A decir yerdad a este tan magisterial latinista debe Rafael Delgado todo
lo que ele positivo tiene su obra. La
lectura forzada de los clásicos de la
antigüedad equilibraron a tal grado
su romanticismo lamartiniano que incluso el lector de hoy-día, de suyo
nervioso, y de gustos realistas lee su
obra y goza de sus perennes cualidades. ¡Enorme fortuna la de Delgado
el encontrar en la "inmovilidad budistica" de Vi1Javerde un diestro de buen
gusto que admiraba a los poetas agustinos. Porque a esta sólida educación
clásica debe Rafael Delgado la elegante belleza de su estilo.
Después de Angelina y Rodolfo debemos poner entre los personajes principales a la bella ciudad-dormida ele
Villaverde. Esta urbe se ha glorificado con su "viejo blasón y su heráldica presea." Allí el famoso lema de la-

tín se ha repetido millones de veces
por los entusiastas viJJaverdinos. Y por
esa gloria de su histórico pasado, los
extranjeros visitan gozosos la diminuta ciudad. Quizás se deba eso más
bien a las lindezas que ele semejante
mote se han dicho el que los villaverdinos hacen "alarde de recibir siempre bién al extraño". "No carecen de
virtudes, ni son tampoco localistas,
pues andan a menudo en busca de los
hijos de ciudades vecinas y los agasajan. Son estoicos como buenos filósofos; pocas veces alaban y ponderan
las cosas que pasan en su propia tierra, antes por el contrario las apocan
y menosprecian". Esta pequeña gente
tiene, en verdad, las cualidades inocentes del niño. Y hasta fingen, acentuando 1a nota burlona, que nada de
lo que ocurre en oiras partes les sorprende. A veces, sin embargo, se mues-

tran tan orgul1osos de sus cosas, que
para ellos no hay otras como las suyas
y que tampoco las quieren distintas,
porque creen que no les hay mejores".
LOS PERSONAJES DE LAS TERTULIAS DE VILLA VERDE
Son dos sus hombres ilustres y los
villaverdinos traen a cuento sus nombres en toda ocasión, ya venga o no
al caso. El uno, Pancracio de la Vega,
fue un general victorioso en no se sabe qué batallas, que "en fuerza de alabanzas y elogios en demasía se vio encumbrado por media docena de villaverdinos." Pero pronto cayó de ese
pedestal, viniendo a parar en un misero ranchero que "cuidaba unas cuantas vacas tísicas y estériles". Al morir este general, ·e1 maestro Don Román dijo en su memoria la oración
fúnebre y le 1lamó "ilustre". Así terminó Pancracio de la Vega. Y por su
parte, los villaverdirws, que eran muy
amantes de los epígrafes dieron su
nombre a todos los establecimientos
p~blicos, desde escuelas, teatros, hospitales y paseos, hasta calles y panaderías. Además, se dice, fue gran político Y mecenas de todos los poetas
villaverdinos.
La otra gloria de Villaverde fue un
bu~n clérigo, austero, sencillo y trab~Ja.dor; gran teólogo que 11egó a cano01go angelopolitano, después a obispo, un honor a que nunca habían aspirado los villaverdinos.
Esta gloria, "el Ilmo. y Reverendísimo Señor Don Pablo Ortiz y Santa
Cruz, obisp_o inpartibus de :\lalvarfa"
fue el orgullo de la comarca entera.

vivir y hablar junto con el autor. Su
paisaje no imita en nada al de Atarla
de Jorge Iaac, ni los cuadros pastoriles de Rousseau en Eloisa. En México,
el panorama cambia, con sus pedrega~
les, sus verdes bosques, sus riachuelos
y sus lluvias pasajeras. Nada en fin,
falta en esta pintura de la Ciudad, de
su gente, de su cielo y de sus montaiias.
Aunque sacrificando muchos deta11es para dar lo más importante, la sencilla estructura de esta novela resulta
muy pura r clara en sus grandes lineamientos.
LAS IDEAS Y LOS SENTIMIENTOS
Se diría que el autor evita a veces
razonar, no duda ni encuentra solucio-

,·irtudes del cristiano, fuente de alegria en todas partes, aqui en Villaverde, aunque espontáneas, tienen algo
que en ocasiones causa disgusto y repugnancia."

no 1893) vivo la vida prosaica de
quien no fía en humanos afectos, de
quien llama las cosas por sus nombres;
de quien sólo gusta de la poesía en
teatros y academias".

No obstante, sus ideas son lamentablemente apolíticas y antisociales, dada su egoísta educación de pequeño
burgués provinciano, capa social de su
época. Rara vez se rebela contra la
miseria o la estrechez injusta y hasta
humillante de su propia existencia.
Socialmente, la clase media, como en
todos los paises del mundo, fue allí
por fuerza temerosa, inerte, pasiva.
Hay que recordar que los hombres que
dirigieron las grandes rebeliones d-e
las masas en l\Iéxico, salieron en su
mayoria del campo o de la capa postergada sacerdotal muy allegada al
pueblo. Tales hombres cuya característica es el si1encioso heroismo son

Con todo, Delgado se niega a seguir
a "los grandes ingenios de la rmnántica legión." El posee una clara idea
de lo que es su propia inutilidad socialmente hablando, y exclama:

Rodolfo acierta a entrar al bufete
del abogado, con la mira de ganar alli
el pan de los suyos. Castro Pérez, vanidoso y amante de pasar por un sabio, le dictaba, yendo y viniendo,
larguísimos alegatos, en un estilo pesado, difuso, amedrado de latines y
cotas de las Partidas, lleno de primores y maravillas de la jerga jurídica".
En fin, una especie de retrato a la
Flaubert.
Hemos omitido el análisis y las características de Graciela y del padre,
riquísimo hacendado, porque nos parecieron sumamente falseados debido
a la ceguera social de Delgado. Que un
hacendado se muestre afable, generoso
y abnegado en el seno de su familia,
eso puede ser. Pero no es creíble que
un enriquecido de ese género sea afable con sus peones cuando constantemente acumula riquezas mil. Nos resulta, pues, un autor talentoso y culto,
pero sin ninguna curiosidad por la vida social de su país y sin ningún interés por la entraña económica. Una
obra tan maravillosamente literaria resulta, así, casi inválida. Es lamentable
ver esa falta de interés por el heróico
y rápido progreso que tanto se ha notado después en toda la República, no
menos que en la misma Villaverde y
la Pluviosilla.

"Se me ha cerrado el mundo y me
veo en él sin dinero, sin esperanza.
Me dieron ganas de morir; sentí la gra•
ta inclinación al suicidio; esta es la
nota trágica de mi carácter, de este
carácter mio, llevadero, resignado, benévolo y complaciente."
No se daba cuenta Rafael Delgado
que asi somos todos los intelectuales
de la clase media, en momentos en que
los jurisperitos Castro Pérez, nuestros
patrones, nos echan súbitamente a la
calle, sin pan ni maravedis. No sabe
tampoco que sólo esas que él llamaba
"agitadas y turbulentas generaciones
nuevas" saben luchar, resistir optimistas, frente a la desocupación y el hambre o la angustia, qe los fatuos v los
opulentos nos imponen. De esa iucha
incansable de los desheredados y los
despojados, contra los cínicos encumbrados, que de un día al otro nos condenan al hambre y a humillaciones
mil.

LA ESTRUCTURA

Rara vez, en esa novela, se refleja
la Revolución siempre en marcha. Cómo surge en México esta especie de
ceguera? De la tremenda posición so.
cía! que Delgado ha elegido, de su aislamiento y de su evasión ante el peligro de inmolarse en pro de las geneciones venideras. El prefiere cerrar los
ojos frente al trágico luchador y su
suerte. Su actitud y su conciencia lúcida le llena de incurable melancolía.

Es mur sencilla, sin complicaciones
ni vuelos de fantasía; sin conflictos
irresolubles. En verdad, Delgado es un
narrador enemigo de lo espontáneo.
La sencillez de su construcción, sin
embargo, es, como dicen los franceses,
"d'une facilité tres lravaillée". Todo
es allí meditado, en extremo mesurado. Todo es conciso. Aun las bellisimas descripciones de la naturaleza;
como su constante ironía y sus burlas
en charlas y acciones entre vil1averdinos, todo y cada cosa se halla en su
lugar.
La novela se desenvuelve en lineas
paralelas y entrecortadas por un número, se diría, de líneas horizontales
e iguales. Queremos decir con eso que
con una enorme atención nos demuestra Delgado, desde la primera página
hasta la última, la evolución de sus
dos protagonistas, no menos que fatal
evolución del decaimiento de sus ancianas tías; y la pobreza cada día más
acentuada de aquella gente de Villaverde. La muerte, en fin, del amor de
los dos amantes. La novela es un cementerio.
Pero esta marcha lenta de todos los
elementos de su novela no fatiga al
lector, porque se halla entrecortada
por las potentes fuerzas emotivas de
una espléndida naturaleza que parece

-"Ay de mi que malgasté en vanas
imaginaciones las energías de mi alma,
y despilfarré los más nobles sentimientos; casé mi fantasía; dejando en los
zarzales del camino pedazos del cora.
zón". Pero la agitación y la turbulencia en esas nuevas generaciones "tristemente precoces y nunca saciadas de
los placeres" no le agrada lampo al escéptico y fastidiado novelista. Al igual
que toda su capa social, que desclasada en este siglo de transición histórica marchaba a pasos de gigante hacia el progreso capitalista, hacia la
cultura moderna, tecnológica y mecanizada, Rafael Delgado, sintiéndose socialmente inútil y plegado bajo el peso de su incurable melancolía, se siente desde sus cuarenta, miembro desgastado de la tan batalladora humanidad. Y cuando, además, se queda sin
trabajo, el frio del penoso aislamiento
lo desola, lo desanima verse semi-hambriento.

nes. Su forma narrativa no se detiene
a sintetizar las emociones y los sentimientos. Tampoco moraliza. El es un
pintor. Sin embargo, en repetidas ocasiones se le escapa una indignación o
algún pensamiento ante la mezquindad
de las gentes, ante lo envejecido y lo
retrógrada. Se le siente católico, pero
de modo tradicional; practica la religión como quien guarda un rito por
mera rutina. Se da cuenta de la insuficiencia de la religión reducida a fetiche, mezquinamente, sin ese misticismo de pecador que llena las paredes
de sangre, como lo hacia en sus últimos años un Calderón, sujetas las disciplinas rudas a su cuerpo de asceta.
Dice en alguna parte Delgado: "La
abnegación y la caridad, esas grandes

salidos de las masas populares, que
estoicamente cayeron bajo las balas
del enemigo. No obstante, todo eso
queda fuera del horizonte visual del
autor de "Angelina". Y de al1í que
aislado, alejado de las generaciones
activas de la gran época histórica en
que él vivió; en un México que marchaba en pleno hacia un progreso más
pujante a la caida del siglo XX, Delgado se deja caer en el escepticismo y
la neurastenia de los individualistas.
Sos apagadas lamentaciones no nos
convencen, sino que acusan el gran
error de su vida, pacífica y resignada
frente a la miseria visible de su capa
social, privada de todo valor de batalla.
"Ahora -escribe Delgado- (en ple-

Página 2
Página 3

�I

Antología de Dn. Marcelino Menéndez yPelayo
TEMA DE LITERATURA GENERAL Y ESPAÑ'OLA
TEA'l;RO ESPAÑOL
Dividiremos la historia del Teatro
español en varias épocas: 1a. Orígenes
basta la época de Juan de la Encina
y Lucas Fernández; 2a. Traductores e
imitadores; 3a. Epoca de Lope de Rueda: 4a. Epoca de Juan de la Cueva;
5a. Lope de Vega y sus contemporáneos; 6a. Calderón y los suyos basta
mediados del siglo XVIII.

EPOCA la.
El Teatro español, como casi todos
los de la Europa moderna, nació en
los templos. Desde los tiempos más
antiguos, encontramos vestigios de esta costumbre.
El rey godo Sisebuto, según refiere
Mariana en su Historia general de España, depuso a un obispo de Barcelona, porque consentía ciertas representaciones gentílicas en su diócesis. Esto indica que se conservaban todavía
los espectáculos paganos en la España
goda.
Algunos han creido que San Isidoro
de Sevilla, con el objeto de desterrarles, compuso un diálogo titulado Conflictus vitiorum et virtum que se encuentra entre sus obras, pero no parece muy probable esta opinión.
Creyó el bibliotecario Nasarre, escritor muy erudito del pasado siglo, que
de los árabes procedían las representaciones teatrales, y llegó a decir que,
en la Biblioteca del Escorial, existían
manuscritos varios dramas arábigos.
Pero Casiri, al hacer el catálogo de
manuscritos de dicha Biblioteca, impugnó esta opinión, manifestando que
las referidas obras se reducían a diálogos sin acción dramática.
Conde, manifestó igualmente que no
había hallado entre los musulmanes indicio alguno de que fueran conocidas
las representaciones trágicas ni cómicas.
No influyeron, pues, los árabes para
la formación del teatro castellano, uno
de los más nacionales de la Europa
toda.
Las primeras obras representadas en
las catedrales y en los monasterios,
autos y dramas alegóricos, que versaban sobre asuntos religiosos o morales. El único que nos resta de este género es El misterio de los reyes Magos,
existe en la catedral de Toledo, Y publicado modernamente en España y
posteriormente en Leipzig por el profesor sueco Lidffers. Dicha- obra está
incompleta, pues deben fallarle muchos versos que constituirían quizás
la tercera parte del misterio.
Comprende sólo el viaje de los Reyes )fagos a J erusalem y su presentación a Herodes. Está en versos cortos
pareados y en , 1 ersos largos monoritmos como los del Poema del Cid.
La obra toda parece compuesta a
fines del siglo XI o principios del XIJ.
Su lenguaje indica mayor antiguedad
que el del poema citado. No carece de
movimiento dramático )' parece destinada a la repres~ntación.
Con el tiempo fuéronse introduciendo algunos abusos en dichos espectáculos, pues una Ley de Las Partidas,
prohibe a los sacerdotes hacer juegos
de escarnio, y les permite sólo representar misterios como los del Nacimiento, Pasión y ::Muerte de nuestro
Señor Jesucristo]
* A partir de este número, en este año, se
publicarán aquí fragmentos antológicos de
D. Marcellno Menéndez y Pelayo, como homenaje en sn centenario.
* * Este trabajo es uno de los primeros del
gran polígrafo español.

Página 4

+

perfií y entraña de Lope de Vega

**

El segundo documento escrito que
nos dá testimonio de los progresos del
drama español, es La Danza General
de la Muerte, a la cual vienen todos
estados de gentes: obra notabilisima y
sobre cuyo autor no están de acuerdo
los criticos. Creen algunos que dicha
obra pertenece al Rabby Dom Sem Tob
de Carrión, autor de los documentos
y consejos del rey D. Pedro que empiezan asi:

EIL CAUllDAIL
lDIR.AM\A líllCO

Señor rey, noble y muy alto,
Eséuchad este sermón
Que vos dice Dom Sem Tob
Judío de Carrión.
Pero otros, entre ellos D. Tomás Antonio Sánchez, en su colección de Poesías Castellanas anteriores al siglo XV,
y Moratin en sus Orígenes del Teatro
Espmíol sostienen que asi dicha obra
como la Doctrina Cristiana, La Visión
del Ermitaño, el Diálogo entre el alma
y el cuerpo y alguna otra composición,
no pertenecen al m~ncionado Rabbí.
En esta obra va Bamando la muerte,
a su Danza, personas de todos estados
y condiciones, como el Papa, el Cardenal, el Obispo, el deán, el monje, el
aJfaqui, el rabbi, el santero, el rey, el
emperador, etc. Toda la obra parece
compuesta en el siglo XV, por Jo adelantadas que en ellas se ven la versificación y la lengua castellana. ~ta en.
coplas o estancias de arte may.Ót\''co~ ...
mo las que empleó .Juan de Mená ~ "
su Laberinto.
Se sabe ¡:,or datos auténticos que, en
las coronaciones de algunos Reyes de
Aragón y Castilla se representaron dramas alegóricos, y el célebre D. Enrique de Villena compuso uno para ser
ejecutado en la coronación del Rey D.
Fernando de Antcquer{¡. Ninguno de
est.os dramas se ha conservado.
En los cancioneros generales se ven cubrimiento de América, y del estaalgunos diálogos, que presentan acción blecimiento de la Inquisición. Sus
y artificio dramático. Entre ellos hay obras se hallan reunidas en un Canuno bellisimo de Rodrigo de Cota, in- cionero de c1ue existen varias ediciotitulado Diálogo entre el Amor y un nes. Moratinm en sus Orígenes, inserViejo. Se encuentra en el Cancionero ta dos églogas de este poeta.
general, compilado por Hernando del
D. Juan Nicolás Bohl de Faber, en
Castillo, impreso en Valencia por Cris- su Teatro Esparlol anterior a Lope de
tóbal Kofman, año 1511, en folio.
Vega, reproduce seis composiciones
A este Rodrigo ele Cota, llamado el del mism9. Las más notables son la
viejo y el lío, para distinguirle de un Egloga de Fileno y Zambardo. La Farsobrino suyo que Bevaba el mismo, se sa de Plácida y Victoriano y el Aucto
atribuyen las coplas de Mingo Revulgo de Repelón, que es el primer entremés
y el primer acto de La Celestina.
de nuestro teatro.
Esta obra fué recibida con un aplauEn todas estas obritas se descubre
so increíble; repitiéronse las ediciones poco artificio dramático, pero facilien España, en Francia, en Alemania, dad y soltura en la versificación.
en Italia y en los Países Bajos. ConSiguieron sus hue11as, Lucas Fernántinuóse su argumento y aparecieron clez y el portugués Gil Vicente. El primuy pronto la segunda Celestina, la mero escribió seis composiciones draResurrección de Celestina, Ja Tragico- máticas; a unas dió el nombre de Farmedia de Lisandro y Roselia, La Co- sas, a otras el de Eglogas. Gil Vicente
media Se/vaje, La Eufrosina, La Sel- compuso algunas comedias en portuJ
vagia y otras muchas obras inferiorei guCs y otras en castellano, entre ellas,
a su modelo.
la de Amadis de Gau/a, la de Rubena,
Este consta de veintiún actos; el el Auto del Viudo ,, y el de San Martin.
primero, que forma la tercera parte
de al obra, fué compuesto por Cota,
EPOCA 2a.
y los veinte restantes por Fernando de
TRADUCTORES E IMITADORES
Rojas, bachiller en Leyes, natural de
]a Puebla de ~fontalbán, que invirtió BARTOLO;\IE DE TORRES NAHARRO
en ella quince días de vacaciones. La
primera edición se hizo en Medina del
~fuchos eruditos se dedicaron, en e1
Campo. el año 1499. Este obra, aun- siglo XVI (época del Renacimiento dt
que no representable, influyó mucho las letras clásicas), a traducir comeen ]os progresos del arle dramático.
dias y tragedias griegas y romanas.
Pero el origen de la comedia en Es- Ya en el siglo XV, un anónimo habia
paña pertenece, sin duda alguna, a hecho una versión completa de la~
Juan de la Encina, natural de Sala- tragedias de Séneca (la Medea, el fü.
manca, que floreció en tiempo de los pólito, el Edipo, las Troyanas, el HérReyes Católicos. Su primera égloga, cules Furiosa, el Hércules Eeteo, la Ocfué representada el año de 1492, época tavia, el Tiestes, el Agamemnon, ]a Tede la conquista de Granada, del des- baida).

Francisco M. ZERTUCHE.
Hemos palpado ya la vida hondamente amorosa de Lope de
Vega y la sublimación de su acendrado religiosismo. Volvemos
ahora nuestros ojos a su caudalosa creación dramática.
El curioso lector del antiguo teatro español y aun el investigador de la Historia literaria de España que pretendan ahondar
en la obra dramática del Fénix de los Ingenios, se verán avasallados por los dos obstáculos insuperables que rodean la produc•
ción del dramaturgo: la monstruosa vastedad del repertorio y la
multiplicidad de sus temas, géneros literarios y varia metrificación. Y es que, como observa K. Vossler, el poeta madrileño no
conoció el cansancio, ni el fracaso, ni la pasividad; y más adelante se pregunta cuándo descansaba, cuándo encotraba tiempo
para dormir, comer y beber en un sempiterno versificar y escri-

bir.

En el siguiente, el doctor Francisco
&lt;le Villalobos, tradujo el Anfitrión de
Plauto; e] maestro Hernán Pérez de
Oliva, la Hécuba Triste, de Eurípides,
y la Electra de Sófocles; un anónimo
puso en castellano el Milite Glorioso
y los Mecnemos de Plauto; Simón Abril
las Comedias de Terencio (la Audria,
el Eunuco, el Heautontimol'umenos, el
Formión, la Hecyra y los Adelfas) y
además el Piulo de Aristófanes y la
.lfedea de Euripides.
Otros se aventuraron a componer
tragedias sobre asuntos clásicos o bíblicos, como hizo Vasco Diaz Tanco
de Frejenal, y otros trataron asuntos
nacionales con la forma clásica, como
el portugués Ferreira en su Inés de
Castro y Fray Gerónimo Bermúdez en
la Xi-se Lastimosa y en la Xise Laurea·da, tragedias muy apreciables por su
esmerada versificación y por el sentimiento que respiran algunos pasajes.
Pero estos esfuerzos aislados no pudieron destruir el teatro nacional, que
crecia y se desarrollaba vigorosamente, conociéndose ya sus progresos en
]as c·omedias de Bartolomé Torres
Naharro, eclesiástico que vivía en Italia y publicó, según unos en Roma,
según otros en Nápoles, una obra titulada Propaladia, que además de algunas poesias sueltas, contiene las siguientes comedias:
La Serafina
Trofea
Soldadesca
Tinelaria

Jacinta
Calamita
Aquilana
Himenea

En la Serafina, hablan los interlo(Pasa a la Pág. 7)

El cómputo numérico de su ejecutoria escénica será motivo de admiración en todos los tiempos: de sus obras
teatrales en verso nos son conocidas
770 por el nombre y 470 por el texto.
El poeta mismo pretende haber redactado mil quinientas. Su protobiógrafo,
discípulo y amigo innseparable Pérez
de Montalbán habla en la Fama Póstuma de mil ochocientas coniedias y cuatrocientos autos sacramentales. Hemos
de sumar a esto tres novelas y cuatro
novelas cortas en prosa, cinco poemas
épicos y cuatro poemas épicos menores, tres poemas didácticos una opulenta flora lirica de diversos matices,
su rico y revelador epistolario, casi
todo Cl cruzado con su protector el
Duque de Sessa y muchedumbre de
escritos de ocasión.
La tan asombrosa fecundidad obedecía sin duda al inquieto espíritu de
su creador y a la constante solicitud
popular de sentir en la escena el arte
representativo de Lope en un momento histórico en que su pueblo señoreaba por entonces 16s destinos de la
Humanidad.
Se cuenta que durante una estadía
de catorce dias en Toledo, escribió el
genial escritor quince actos, es decir,
cinco comedias en verso; y a los sesenta v nueve años redactó en tres
días 1; obra La noche de San Juan,
realización jovial y galana c¡ue dos
días después se ponía en el tablado
en los bellos jardines del Conde de
11onterrey.
Lope mismo relata en la Eg/oga a
Claudia: Pero si agora el número infinito/ de las Fábulas Cómicas intento,/ dirás que es fingimiento / tan/o
papel escrito,/ tantas imttaciones, tantas ffores,/ vestidas de retóricos colores./ Mil y quinientas fábulas admira,/ que la mayor el número parece;/
verdad que de.';merece/ por parecer
mentira,/ pues más de ciento en horas
veinticuatro.! pasaron de las musas
al teatro./
Y en La moza del cántaro, dice: Mil
y quinientas ha escrito;/ bien es que
perdón merezca/.
Anonadados ante esa majestuosa y
opulenta fronda del insólito poeta español, adentrémonos en el meandro de
su poesía dramática.

drama prelopista.
El primitivo, esencialmente medieval, presenta dos aspectos de clara diferenciación, aunque en lo substancial
sea uno solo el origen de ambos. Estos
dos aspectos son el religioso y el profano; y ambos medran a la sombra
cálida y acogedora de la Liturgia
eclesiástica, que era por entonces esplendorosisima. Empero, no hay que
subestimar e.sta etapa como una sobrevivencia de los últimos alientos del
Teatro latino decadente, que influyó
en la expresión de las farsas satiricas
de ese primer momento histórico.
Las funciones de ]a dramaturgia
contemporánea se agrupaban en los

f

Antes ele la aparición de Lope en la
escena peninsular, debemos tener en
la cuenta tres momentos en la arqueología del Teatro español, que corresponden a las encadenadas etapas de la
producción dramática: El Teatro primitivo, la transición renacentista y el

j;

tradicionales ciclos de la Natividad y
de la Pasión del Señor.
Aun dentro de ese Teatro de oros
y brillos bizantinos, nublados por el
incienso catedralicio, hay que señalar
dos corrientes: los Misterios y las Moralidades. Los primeros eran consti-

tuídos por representaciones realistas,
con pasajes de la vida de El Salvador
o temas hagiográficos, que más tarde
consolidaron los Autos Historiales.
A este género inicial corresponde el
texto más antiguo_del Teatro español:
el Auto de los Reyes Magos, datado en
el siglo XIII. La ingenuidad y la sencillez de la expresión, así como la
simplicidad del desarrollo dramático,
caracterizan a esta venerable reliquia
de la primigenia escena romance.
Las Moralidades son, por el contrario, de un típo absolutamente simbolista. El elenco dramático lo forman
entes abstractos: virtudes, vicios, etc.,
dentro de un cuadro amplio de alegorías, por lo que se les llamó Autos
Alegóricos. Las evidencias de uno y
otro tipos se encuentran en el Códice
llamado de Autos Viejos.
Estos dos linajes dramáticos influyeron en el Teatro español hasta el
estupendo Siglo de Oro, época de Lope. Así, de los Misterios se originan
las Comedias de Santos, y de las Moralidades nacen los celebrado&gt; Autos
Sacramentales.
La segunda manera del Teatro nacional español en el Medievo reviste
nn carácter realista, satírico. Faltos de
documentación coetánea, hasta nuestros días han llegado noticias de los
juegos de escarnio, juegos de escolares,
farsas y monólogos, que por su libertad y desenfado tenian como marco
escénico la plaza pública, y no la iglesia y atrio de la misma, como los anteriores.
La etapa de transición entre esta
época primitiva, y la prelopista, nos
presentan un teatro híbrido de profano y religioso, a cuya iniciación concurre en la Historia literaria Gómez
)1anrique, para seguir en ascenso del
pensar y sentir renacentista con Juan
del Encina, Lucas Fernández, Bartolomé de Torres Naharro y Gil Vicente, que llenan todo el cuadro del siglo XV.
Esta época se matiza de renacentismo, con las normas de Aristóteles y
de Horacio y con el recuerdo presente
de la gran dramaturgia griega y latina.
Es decir, un Teatro académico, cuyo
ideario podría compendiarse en estas
reglas: en la composición y andadura
de Ia pieza dramática no deberían
mezclarse elementos disímbolos, por
ejemplo, lo trágico con lo cómico; el
lenguaje y desarrollo de estas facetas
tenían que ser ne·cesariamente diferentes, y la acción debería ser unitaria,
consumada durante un sólo día y acaecida en un sólo lugar.
El Teatro calificado canónicamente
de pre1opista se inicia con el propio
siglo XVI, oreado de nuevos propósitos
y pleno de vida rea], dejando a un la..
do el rigor clásico y con el consecuen ..
te abandono lento de las unidades de
acción, tiempo y espacio. La escena
se desenvuelve con amplia libertad y
el hombre, que en el periodo anterior

Página 5

•

�era un autómata sometido a 1a rigidez
clásica, tiene ahora condición humanisima idónea a la vida real que vive
la España inicial del siglo décimosexto.
El lenguaje ondula con las modalidades elocuti\'aS del hombre de la calle; se trasplantan a la escena los momentos sociales de la clase humilde y
se empieza a mezclar lo triste con lo
jocoso. Así, el Teatro empieza a presentar la serie de problemas del cotidiano fluir.
Destacan en esta nueva era figuras
representativas: Lope de Rueda autor
de varias comedias de enredo y aventura y de los magníficos Pasos, que
son ya el primer reflejo de las costumbres y el lenguaje del pueblo; Juan
de la Cueva, andaluz como Rueda, que
maneja por igual la forma renacentista y la prelopista del Teatro español.
Admirador y conocedor de Horacio,
escribe obras como La muerte de Virginia y Los siete lllfantes de Lara. A
este ingenio se debe la prefiguración
de Don Juan en su obra El Infamador,
que acarrea el elemento novelesco a
la dramática, y el propio Ingenioso hidalgo Don Miguel de Cervantes Saavedra, autor de Ocho comedias y ocho
entremeses, que n·os asombra con
obras como El cerco de Numancia y

•

El trato de Argel.
LÜs entremeses son piezas menores
del Arte teatral. Su estilo es conciso
y su diálogo vivo y popular.
Al llegar a Lope de Vega, nos encontramos con que no hay un Teatro
auténticamente nacional: todavia la
tradición clásica aprisiona a las formas dramáticas, ligado a la preceptiva de Aristóteles y Horacio con ejemplos de Séneca y de Terencio... Las
tentativas realizadas son frias e insípidas, pero a la par hay ensayos de
prelopistas tendientes a crear el elemento épico patrio, lo novelesco, lo
costumbrista y lo religioso.
Asociados ambos elementos y matizados por la personalidad psíquica de
Lope, el escritor se alza con el cetro
de la monarquía dramática -dicho
con palabras de Cervantes-, pues si
se aparta a las veces de la preceptuación culta, hinche, en cambio, de
lleno, plenamente las ansias del pueblo español, que, a partir de entonces,
ya no querrá otra cosa.
Lope de Vega es el creador del Teatro nacional español. ¿Porqué este
dictado? Porque alejándose de todos
los moldes antiguos de que hemos hablado, que no tenían nada de nacionales, concibe y lleva a su clímax,
sublimándola, una fórmula nueva que
integra las esencias de la vida de su
nación y de su época. Y planteando
el esquema con sencillez, diremos que
su técnica consistió en elegir un problema cualquiera de los que agitaban
la vida de su época -amoroso, de honor, religioso, militar, etc.-, en encarnarlo en unos cuantos personajes
y echarlos a andar sobre las ·tablas,
con vida propia, con auténticas acciones y reacciones, y fue así, en suma,
el espejo de la misma realidad C!l!e
todos alentaban.
Quedaba así, confinado, el Teatro
tradicional, con la imitación de la vida que pedia Aristóteles: vida hieratizada, antinatural, expresada de manera solemne, ritual, ampulosa .•. Por
ello Lope llegó, revolucionó y venció,
añadiendo a este especie de mesianismo dramático una técnica absolutamente renovada.
Dejando de lado las obras épicas, la
producción lírica, las novelas, el epistolario y las obras de encargo, el repertorio dramático de este autor le da
la palma entre todos los escritores de
su siglo.
Intentemos una clasificación por temas: las comedias de asunto histórico, las de asunto fantástico (novelescas, de -c ostumbres, pastoriles y mitológicas) y las de asunto religioso.

Las primeras constituyen un grupo
más numeroso y noble, abravando su
tema en romances, poemas épicos,
obras históricas y singularmente en la
Crónica General de Don Alfonso, aderezadas con elementos propios de la
fantasía lopesca.
En este linaje descollan las siguien~
tes: Las doncellas de Si mancas, que
historia el tributo de ]as cien donce-llas, con una sugerente intriga amorosa de pura ficción; El testimonio
vengado, que proviene de 1a Crónica
General y de la Historia de Mariana,
referente a la tradición del caballo del
Rey Don Sancho y la difamación que
este Rey de Navarra arrojó contra su
propia madre; El mejor alcalde el rey,
procedente también de la Crónica General, en la que figura la propia intervención de Don Alfonso VII El Emperador haciendo justicia contra un
noble malvado y altanero; Los novios
de Hornachuelos, tema recogido de un
cuentecito folklórico, en el que aparece el Rey Don Enrique El Doliente
revestido de gran energía moral; la
melancólica comedia El caballero de
Olmedo, tomada de cierto cantarcillo

histórico (Que de noche le mataron
- al caballero -, la gala de Medina, - la flor de Olmedo); - Fuente
Ovejuna, moderna y atinadamente representada, obra en que el pueblo mismo se hace justicia por su mano por
las tropelias y abusos del Comendador
Fernán Gómez de Guzmán; Los prados
de León, El bastardo Mudarra, El casamiento en la muerte, la célebre obra
La estrella de Sevilla, Contra el valor
no hay desdicha, El catigo sin venganza, El Gran Duque de Moscovia, El
honrado hermano, Roma abrasada, La
mocedad de Roldán, Las pobrezas de
Reina/do, El Marqués de Manlua, y
tantas otras que seria tedioso enumerar en esta disertación.
Las comedias que tuvieron como
substractum temas novelescos italianos
o españoles o que fueron imaginadas
por la fantasía lopesca, son de carácter costumbrista, y predomina en ellas
la intriga y los lances amorosos y suele llamárselas de capa y espada. Algunas han adquirido justa nombradía,
como El perro del hortelano; La moza
del cántaro, ya mencionada en la anterior disertación, en que la protagonista la dama Doña Maria de Mendo-

za, se disfraza de criada y se marida
a un caballero de blasones; El premio
del bien hablar, en la que un galán
justifica en su honor de mujer a una
doncella de quien oye despropósitos,
casándose a la postre con la infamada. en premio de su caballerosidad;
La discreta enamorada, obra en que
coníluyrn en su fábula el amor de un
padre y un hijo hacia una misma dama, procedente del Decameron de
Boccaccio, que dió paño para La escuela de los maridos, de Moliere y pa•
ra la zarzuela espallola Doña Francis•
quita; El ace!'o de Madrid en que aparece Belisa entrevistándose en un paseo de aguistas de fuente ferruginosa
con su amado Lisardo; Amar sin saber a quién, de sugestiva trama, en la,
que compite la generosa abnegación
de dos amantes don Fernando y Doña
Leonarda; La esclava de su .galán, en
que la protagonista Elena, viendo por
causa suya arrojado del hogar paterno a su amante decide hacerse esclava del iracundo padre, para lograr el
perdón del corrido hijo, y otras no
menos notables, tales como La dama
boba, no hace mucho representada en

Madrid; El verdadero amante, que el
autor escribió a los quince años; El
maestro de danzar, Los melindres de
Be/isa, La noche de San Juan y El lobo del Colegio, ya mencionadas palabras atrás; La Pastoral de Jacinto, La
Selva Amor; El Perseo, en torno a las
hazañosas empresas del héroe y la salvación de Andrómeda; La bella A uro•
ra, abrevada de Ovidio Nasón y referente a la fábula de Céfalo y Pocris.
La tercera clasificación, referente a
las comedias de tema religioso, no es
menos interesante que la referente a
los otros linajes dramáticos. Su fuente casi única fue la Literatura antiguotestamentaria y no pocas veces las
tradiciones devotas, sabidas y tenidas
en alta estima por el pueblo que leía
a Lope o concurria a su escena.
A este grupo concurren, entre otras
también notables, La hermosa Ester,
que corrió con el rubro de tragicomedia y se· refiere a la historia de
aquella princesa esposa de Asuero; La
divina Africana, también titulada de
tragicomedia, que tiene como fábula
o trama la conversión del Obispo de
Hipona, tal como el ilustre Padre de
la Iglesia la refiere en su emocionado

libro Confesiones; El capellán de la
Virgen, basada en la existencia del
mitrado de Toledo, San Ildefonso, y
La buena guarda, que refiera la leyenda de la monja fugitiva del monasterio, que leemos en las hermosas Cántigas del sabio Rey Don Alfonso, asunto que posteriormente sería fuente de
inspirá.ción de poetas y novelistas, entre éstos, Zorrilla.
En la Fama Póstuma nos dice el
Doctor Don Juan Pérez de Montalbán
que su maestro y confidente amicísimo Lope escribió más de cuatrocientos autos sacramentales, cantidad sin
duda hiperbólica, pero de cualquier
manera, aunque menor, estimable. Entre aquellos que la posteridad ha tenido en sus manos figuran La siega,
el más cimero de todos, tomado de la
parábola de San Mateo sobre el campo sembrado de buena semilla y de
cizaña; El pastor lobo, que nos encanta por su hondo y penetrante lirismo,
auto que proviene de la paróbola de
la oveja extraviada de acuerdo con las
antiguas letras sagradas de San Lucas,
y El heredero del cielo, que versa sobre la parábola de la vida, según nos
lo deja referido San Mateo. Esta obra
es abundante en bellezas y detalles.
No pocas veces 1a producción dramática de Lope ha corrido confundida con la de sus contemporáneos, de
tal manera que, en puridad, sería dificil separar lo auténticamente Jopesco de la obra asociada... ¡Tan abundosa era la vena de este autor genial
de aquellas edades!
Revolucionó también nuestro autor
los caracteres dramáticos de la escena española. Proscribió aquellos tipos
comunes e invariables del antiguo teatro, como el pastor, el bobo, el rufián,
así como los personajes puramente
episódicos e inalterables acartonados
en el mecanismo de 1a acción escénica. Por ejemplo, y en punto a perfec•
ción de caracteres, superó _la representación del tipo del gracioso, que
logró atisbar en las creaciones de los
antiguos autores como Juan del Encina y Torres Naharro.
En cuanto a la forma métrica de su
producción teatral, fijó el uso del octosílabo en sus diversas manifestaciones, singularmente en las redondillas
y romances, sin dejar de emplear otras
formas, como el soneto. Optó, también,por dividir la composición de la
obra en tres actos o jornadas, manera
que desde entonces prevaleció.
La forma de los parlamentos es viva y animada, y, cuando por la necesidad artística se precisa alargar la
exposición, el poeta inserta muchas
veces lindos trozos líricos, especialmente romancillos y sonetos magistrales.
Fueron los teatros o corrales de Ja
Villa y Corte la sede más idonea y
apropiada para que la bullanguera
gente conociera la ancha producción
del Fénix de los Ingenios y Monstruo
de la Naturaleza, como le llamaron sus
contemporáneos y la posteridad misma.
Toda comedia de Lope era bien llegada a esos recintos donde se congregaba gente de diversos matices sociales, particularmente del llamado pueblo, pues iba a ver, a gustar y a aplaudir los temas sociales, militares, religiosos o legendarios que ya sabía por
otros caminos de su burda e incipiente cultura.
Algunos autores contemporáneos de
Lope y Calderón nos han legado descripciones de los corrales madrileños
donde entre chocarrerías y silbos,
amén del concurso de cosas arrojadizas, tenían lugar las representaciones
de comedias. Uno de ellos es Juan de
Zabaleta, en su El día de fiesta por la
larde, Madrid, 1,659.
Al iniciarse Lope en la vida teatral,
hacia el último tercio del siglo XVI,
(Pasa a la Pág. 8)

AntoÍogogía de ...
(Sigue de la Pág. 4)
cutores castellano, latin, italiano, valenciano y francés, siendo difícil de
comprender cómo los espectadores entendían aquella jerigonza, semejante a
la lengua franca de los arraeces de
Argel.
La mayor parte de estas comedias,
la Trofeci, la Soldadesca, la Tine/aria,
la Jacinta, son series de escenas sueltas más bien que dramas; pero hay algunas como la Aqui/ana, la Calamita
y la Himenea que adoptaría sin reparo
alguno el mismo Lope ele Vega.

J)
1

Tragedia de la muerte de Aya.v de
Telamón sobre las armas de Aquiles.
Trageclia del Principe tirano.
Las comedias son, entre otras:
Comedia de la libertad de Roma por
Mucio Scevola.
Comedia de la libertad de España
por Bernando del Carpio.
Comedia del Príncipe tirano.
Comedia del 1'11tor.
Comedia del De¡¡ollado.
Comedia del Saco de Roma.
Comedia del Cerco de Zamora.
Comedia de la Constancia de Arcelina, etc.

Cristóbal de Virués que publicó las
siguientes tragedias: La infeliz Marce/a, La Cruel Casandra, Atila furioso,
La Gran Cemíramis, E/isa, Dido. etc.,
siendo la última la que merece más
EPOCA 3a.
estimación.
El inmortal Cervantes hizo dar un
LOPE DE RUEDA
gran paso al teatro espalloJ con su tragedia La Nunwncia, que ha pesar de
El escritor dramático más notable los defectos inherentes a su asunto,
después de Torres Naharro, es el se- presenta un argumento nacional e invilJano Lope de Rueda, que como ~fo. teresante, escenas patéticas y sublimes,
Jiére y Shakespeare, representaba sus versificación robusta, alto y levantado
mismas comedias.
espíritu patriótico y es ,en fin, una de
Los escritores de aquella época, An- las mejores cm.nposiciones dramáticas
tonio Pérez, Cervantes, le tributaron ahteriores a Lope de Vega.
encarecidos elogios como autor y coCompuso, además, antes de puJ:&gt;li•
mo representante. Después de su muer- car la primera parte de El Quijote,
te, Juan de Timoneda, librero valen-• otras muchas obras de las que sólo se
ciano, imprimió sus obras, aunque no conservan los títulos como son: Amacompletas.
ran ta o la del Mayo, la Gran TurquesLas que se conocen son, El deleito- ca; la Batalla Xaval; la Unica y bizaso, que contiene varios pasos, como e] rra Arsinda; la Confina, ele.; sólo &lt;ruede las aceitunas; el del Convidado, Pa- dan de esta época, además de· La Nugar y no pagar, el diálogo sobre la In- mancia, los Trastos de Argel.
vención de las Calzas, etc.
Dos· coloquios, el de Timbria y el
EPOCA 5a.
de Camila; cuatro comedias, ]a Eufe•
mia, lo~ Engaliados, la Armelina, fa
"Entonces, dice Cervantes, entró el
Afedora y un coloquio en verso, titu- Monstruo de la Naturaleza, el Fénix de
lado Prendas de Amor; se tiene ade- los Ingenios, el gran J.ope de Vega
más noticia y se conservan fragmen- Carpio, Y alzósc con el cetro de la Motos de otras composiciones suyas.
narquía cómica."
Juan de Timoneda, su amigo y editor,
Era Lope uno de sus genios que Ja
publicó muéhas composiciones dramá- Providencia concede algunas veces a
ticas suyas y ajenas. Entre las prime- las naciones, y que consiguen variar
ras, son notables 1a comedia de los Me- radicalmente el estado social o literaneemos, imitación de Plauto, la come- rio de un pueblo.
dia Cornelia; la Trapacera, la CorbaliLope fué el creador del Teatro Esna, El paso de lo• do., Ciegos, el auto de pañol. Lope reunió todos los elemenLa oveja Perdida y otras. Publicó, ade- tos que a_ntes de él existían y les immás, dos comedias de un tal Alfonso primió el sello de su ingenio, original
de Vega, de quien no tenemos más no- y poderoso.
ticias, tituladas, La Serafina v la DuEstudió los clásicos griegos y Jati•
quesa de la Rosa: todas estas o~bras son nos, no para imitarles servilmente code 1a escuela de Lope de Rueda, aun- mo hicieron los dramáticos de la esque inferiores a las suyas.
cuela pseudo-cJásica francesa, sino paEntre las mejores composiciones de ra aprender en ellos el arte dificilísieste tiempo, debe mencionarse La Co- mo del diálogo y el modo de carac~
media Pródiga de Luis de Miranda.
terizar a sus personajes. Tomó algo
Joaquín Romero de Cepeda escribió del metafísico discreteo de ]os trovala Comedia Selvaje y la Metamorfosea. dores provenzales y castellanos, y de
. Entre los mejores autos, debe citar- los discípulos de la escuela Petrarse el de la Aparición de Nuestro .Señor quista. Aprovechó ]as obras de los esJesucristo a los discípulos que iban al critores que le precedieron en cuanto
castillo de Emaús, atribuido a Pedro tenían de nacional y característico· esde Altamira.
tudió, sobre todo, Ja poesía antÍgua
Pedro Hurtado de Toledo, verdade- P?Pular del pueblo castellano y espero autor del Palmerin de Inglaterra, cialmente de los primitivos romances,
compuso el auto de Las Cortes de la en los que encontró un tesoro inagoMuerte, aunque con mayor complica- table para formar el drama castellano.
ción y artificio dramático.
De la combinación de todos los elementos surgió el drama nacional.
Lope de Vega, cuando publicó La
EPOCA 4a.
Moza de Cántaro, llevaba escritas 1 500
comedias. Su biógrafo ~Iontalbán ~seJUAN DE LA CUEVA
gura que llegaron a 1,800. Fecundidad
asombrosa y que explica los defectos
En esta época, se dió más interés a en que incurrió el autor de obras tan
los dramas, mayor pompa y armonía admirables como La Estrella de Sevia la versificación; y las obras de los lla, y El Mejor Alcalde del Rey.
autores que florecieron en los últimos
Por falta de tiempo no puedo hablar
años del siglo XVI, pueden considerar- ~ás de L?pc de Vega y sus contempose como un informe bosquejo del dra- rane?s, m enumerar los discípulos que
ma de Lope de Vega. Estos autores contrnuaron y mejoraron la obra de
son: Juan de la Cueva Garoza, que s1~ maestro, el filosófico y castizo Alar.
compuso varias obras dramáticas: a con, Fr. Gabriel Téllez (el maestro Tirunas dió el titulo de tragedias, a otras so de llolina), D. Francisco de Rojas,
el de comedias. Las primeras son:
D.. A~1stín :\loreto, etc., hasta lle_gar aJ
prrnc1pe de la escena española. D. PeTragedia de la muerte de Virginia dro Calderón de la Barca, que elevó
Y .4ppio Claudia.
a la perfección el drama nacional.

IL I IBlflOS
GRAX ESTORBO LA ESPERANZA, por
Emmanuel CarbaIJo. Los Presentes,
)íéxico, 1954.
CarbalJo no intenta despertar la curiosidad primitiva de los lectores, ni
presta atención a la cadena de sucesos que se dan dentro del rigor del
tiempo, a Ja historia, en la que la mayoría de los cuentistas populares se
apoyan para lanzarse a la aventura literaria Carballo, en cambio, se desvela en la trama, porque demanda del
público, inteligencia y sensibilidad; no
escribe por pasatiempo, ni para divertir o para ayudar el sueño y la digestión de las gentes, sino que lo impulsa
una razón vital: su existencia que necesita justificarse ante sus propios
ojos. No desentonaría con estas prosas un epígrafe existencialista: "Toda
vida que no sienta preocupación, problema, justificación, y que no quiera
encontrarse frente a frente consigo
misma, no es ·auténtica, sino subterfugio, sustitutivo de la verdadera vida."
No me detendré a considerar las ·caractc:rísticas comunes de toda prosa
poemática: frecuentes tropos, uso de
términos comparativos, tendencia a la
definición poética, que ya apuntó un
critico creyendo descubrir l.m nuevo
mudo; pero que escapó a su miopía
policíaca Ja calidad literaria -rara en
nuestro medio- de este texto, que
ofrece un máximo de rendimiento conforme a la edad y las aptitudes de su
joven autor, de quien ya se puede afirmar algo positivo: que ha alcanzado
un- tono de voz único para sus cuentos, y un perfecto ac~bado para cada
uno de eJlos.

EMMANUijL CAR~ALLO

•

Para entender el mundo de Carballo,
que muestra las cosas más íntimas sin
ser por esto impúdico, que habla del
sexo en un tono que no es el de confesionario, es indispensable comprender los elementos que lo integran. En
otras palabras, saber escuchar su tono
de voz integral, trágico, enamorado,
pesimista, exento de ironía. El lema
"Gran estorbo la esperanza", estoico; no rechaza la existencia en su raiz,
sino en sus manifestanciones superfluas, es la virtud de poseer la vida
desnuda, sin señuelos, co.n la pureza
de una pasión que no se desvía en
idealismos: "así es la vida, dura y
corta"; pero esta objetividad no es la
común y corriente, sino la que nace
del monólogo interior, siempre subje.,.
tivo: "las cosas no existen, cuando

existen son fCas, desabridas: uno es el
que les da color, forma; uno es el que
les da vida", o corno afirma Ortega y
Gasset, Ja subjetividad, la peculiaridad
de cada ser, lejos de estorbarle para
captar la verdad, es precisamente el
órgano mediante el cual puede ver la
porción de realidad que le corresponde", y la esperanza estorba, porque es
el Jugar común en el que se ilusiona
la burguesia, es el mínimo común denominador de los espíritus pobres, que
nace del monólogo interior.
El munflo de Carballo está en un
perpetuo conflicto contra los modelos
preestablecidos, sus personajes entablan una dramática lucha contra el
ambiente que los rodea; pero éste acaba por aplastarlos. Carballo se declara en favor de la existencia espontánea, de la naturaleza que con la intuición encuentra, sin equivocarse, los
caminos de la vida, por lo que reprueba todo molde, como una reformación
de la existencia. Este conflicto tiene
su punto de partida ·en la relación de
padres e hijos, el hijo nace dotado de
]as facultades necesarias para sobrevivir y ser feliz; pero los padres imponiéndole normas extrañas a su naturaleza le hacen perder la confianza
en sí mismo: "Madre. me haces daño
porque me recuerdas la infancia, porque tú misma eres un recuerdo, un
presente ingrato. Huyo de ti, porque
tú me enseñaste a huir, a huír de las
tentacioi:s, a huir de mi mismo", y
luego la gente continúa la labor destructora: "Las orejas de nosotros son
como las ruletas. Las palabras de la
gente llegan, apuestas entre si sobre
cuál hará mayor daño; entonces giran,
se van calmando, hasta que por fin
se apaciguan. Una es la que· gana, la
que nos destruye, la que nos hace pedazos de hombre, hilachas". Carballo,
en todo momento, está en favor del
hombre y en contra de la sociedad
por lo que rehuye la ironía, la ris~
como castigo social, ya que la rigidez
de espíritu que sufre el hombre se la
impuso la sociedad. Si Carballo creyera en la salvación del hombre -pero no cree en la eternidad de la materia de los fisiócl'atas, ni en la del
alma de los cristianos- pensaría que
ésta sólo se puede encontrar en uno
mismo,
y que no puede venir de fuera
.
.
'
srno que hene que encontrarse con el
propio esfuerzo.
En particular, recalca su rebelión
en los temas de sexo y amor, en contra de los prejuicios y los convenc1onalismos, como D. H. Laurence ataca
a 1a hipocresia, burguesa: "Gente sin
sexo., gente que abunda en todas partes, que no tuvo principio, que no tendrá fin. Gente podrida, de tripas rancias, de miembros plegados por la impotencia". Y reclama para su hija un
mundo mejor y más puro: "Un mundo
de carne, de pequeñas hojitas de rocío
Un mundo que tenga un sabor nuevo:
Un mundo habitable, renaciente como
aquél, de amplio cuadrante en el que
se agrupen, como cuako racimos los
cuarenta días. Un mundo en el 'cual
nuestra niña sostenga como la paloma
la tierna rama del primer olivo"; así,
en esta forma patética declara CarbaIlo su amor por el mundo, como una
Yez lo hizo Katherine Marsfield: "Es
infernal amar la vida como yo la amo.
~fe parece que la amo cada vez más
en vez de amarla menos ... Espero po~
der resistir lo bastante para hacer una.
obra de importancia. Estoy hasta de
estas gentes que mueren cuando prometían tanto .... "

c. v.

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�inagotable extrayendo de la cantera
de la Religión, el Imperio y la Historia, para aquellas gentes ávidas de su
estética, consagrándole una corona,
un culto, una larga ovación que nin(Sigue de la Pág. 6)
gún otro dramaturgo logró alcanzar,
babia en la Villa del Oso y del )la- aun con una obra más depurada y sedroño tres tipos de teatros: el ecle- lecta que la del poeta de la Calle de
siástico, el de la Corte Y el público Francos.
Y así escribió durante varias décade la Ciudad. En los dos primeros,
lógicamente subsidiados por la Igle- das comedia tras comedia, por el exisia y las Corporaciones y por el guo estipendio de cinco u ochocientos
Estado, respectivamente, había una reales.
La gloria cegadora e inabarcable de
gran variedad y esplendor escénico,
en tanto que en el teatro popular se, Lope vulneró bien pronto a los homadvertía un régimen de sobriedad, bres de letras de su tiempo, y así quepues la empresa vivia del producto de do dividido el campo en detractores
y en partidarios del genial dramalos los ingresos· populares,
turgo.
En 1579 tenemos ya el Corral de la
No podían ·tolerar sus enemigos el
Cruz y en 1582 el Corral del Príncipe.
Era el teatro en el Madrid de estas triunfo de las nuevas reformas en el
épocas una estancia de patio común, arte escénico, y los aplausos que Macuyos muros traseros eran casas de drid tributaba a su poeta en cada nuevecindad. Los balcones y ventanas ha-

El Caudal ....

Xingún ejemplar de este escritor ha
llegado a la posteridad, pero se conoce, grosso modo, el contenido de los
\'irulentos ataques que enderezó contra El Fénix.
Decía el malqueriente que Lope había escrito muchas comedias llenas de
gazapos, con mezquina ganancia; que
había atacado a Don Luis de Góngora
y Argote, mordiCndolc como a un perro; que era un ignorante en la lengua del Lacio; que los poemas épicos
de Lope eran indeseables especialmente La Jerusalén conquistada, en la que
no había unidad histórica, y algunas
otras imputaciones más. La contraofensiva no se hizo esperar, pulverizando a los agresores, sobre todo a Torres Rámila, por la deleznable y calumniosa argumentación gratuita.
Los defensores más conocidos fueron Francisco López de Aguilar y Alfonso Sánchcz, también profesor de la

cierto, como dejo escrito Aristóteles,
que el arte imita a la Naturaleza, el
mayor artífice será el que más se acerque a la Naturaleza misma ... Tenemos
arte, tenemos preceptos que nos obligan, Y el precepto principal es imitar
a la Naturaleza, porque las obras de
los poetas expresan la naturaleza, las
costumbres y el ingenio del siglo en
que escribieron." Después, dirigiéndose a Lope, le dice asi: "¿Qué te importa la comedia antigua, puesto que
tú solo has dado a nuestro siglo mejores comedias que todas las de Menandro y Aristófanes ?" En seguida,
refiriéndose a la multitud que siempre
proclamó a Lope como excelente, expresa: "Nadie discrepa; todos a una
voz dicen que lo que hace Lope es lo
mejor, y que debe ser tenido por ley
y norma de todo poema... Lo que él
ejecuta lo piden hoy la naturaleza, las
costumbres, los ingenios¡ luego él escribe conforme al arte, porque sigue
a la naturaleza."
Entre Lope y Góngora se libró una
guerra literaria, como entre Garcilaso
y Boscán y Cristóbal de Castillejo,
una centuria atrás.
Era enemigo Lope de la magia gongorina de la palabra, aun reconociendo un admirable talento en el cordobés; pero era más enemigo de los pro•
sélitos de Don Luis.
Góngora arremetió con mordacidad
•Y violencia a nuestro poeta, no sola•
mente en contra de su ejecutoria literaria, sino en lo tocante a la vida sa•
cerdotal y a los amoríos del madrileño. Pueden traerse a colación el so..
neto gongorino "Aquí del Conde Claros, dijo, y luego ... y aquel cuarteto
que se refiere al escudo de armas que
Lope mandó imprimir en la primera
edición de La Arcadia: Por tu vida,
Lopillo, que me borres las diecinueve
tor_res de tu escudo, porque aunque
tienes mucho vfento, dudo que tengas viento para tantas torres.
El autor de las Soledades, que era
sacerdote también, no se curó de dedicarle a Lope estos versos, en los que
alude a Doña Marta de Nevares: Dicho
me han por una carta que es tu cómica persona sobre los manteles mona
y entre las sábanas Marta ...
Citaremos aquí la Respuesta de Lope a un papel que escribió un señor
de esos reinos en razón de la poesia
nueva, que dice asi: Mas hay algunos
que a las cosas del fngenio responden
con sátiras a la honra, valiéndose de
la ira donde les falta la ciencia, y
quieren más mostrarse ignorantes y
desvergonzados negando lo que escriben, que doctos y nobles en lo que
defienden.
Lope, enemigo de las formas culteranas, pero admirador de Góngora, satirizó algunas ".eces esa escuela; por
ejemplo, en aquel soneto Boscdn, tarde llegamos. ¿Hay posada?

cimplutense. Entrambos arremetieron
contra el detractor escribiendo su Expostlllatio Spongiae.
Alfonso Sánchez se singulariza por
la contundencia de sus razones y el
sentido dialéctico, demostrando la superioridad de Lope sobre todos. El
excelente varón Don Marcelino Menéndez y Pelayo, de quien el presente año
conmemoramos su primer centenario
natal, resumió en seis proposiciones
los argumentos del educador de Alcalá: la: Las artes tienen su fundamento
en la Naturaleza; 2a: Es docto al varón docto y prudente alterar muchas
cosas en las artes ya formadas; 3a :
La Xaturaleza no debe observar la ley,
sino darla; 4a: Es cosa bien hecha en
Lope el crear arte nuevo; 5a: En sus
escritos todas las cosas están ajustadas al arte, y el mismo es el arte vivo;
y 6a: Lope ha superado a todos los
antiguos poetas.
Se puede examinar ahora el desarrollo de esas proposiciones: "La Naturaleza da leyes, no las recibe ... Si es

A la muerte de ese Don Luis de Góngora, su más alto detractor, Lope escribió el bello soneto de corte culterano también, con el que clausuramos
esta segunda disertación sobre el Fénix, en grata y rendida memoria del
padre del Culteranismo:

cián oficios de palcos para espectadores de calidad.
En un principio, por la rusticidad
del recinto, había solamente función
cuando el tiempo era favorable; más

adelante, cuando la escena fue guarnecida bajo techado, los espectáculos

eran casi cotidianos.
En el patio se situaba el grueso de

la audiencia, que consistia únicamente de hombres, pues a las mujeres se
les destínaba lo que se llamaba la cazuela, jaula de mujeres o 'corredor de
mujeres.

Rodeando al patio babia una gradería semicircular, en forma de anfiteatro, que rodeaba los muros; y encima de las ventanas que llamaban
aposentos, las troneras o desvanes.
Las representaciones se iniciaban
después de la comida y conc1uían antes del orto, es decir, algo más que dos
horas de teatro y forcejeo.
En punto a la urbanidad y compostura de los asistentes había mucho que
desear, pues el patio, destinado únicamente para los varones, era el lugar
típico del escándalo en mayor escala,
pues la cazuela o jaula de mujeres, si
había garloteo y chillería, era más soportable para público y comediantes
que el lugar de los hombres. Se acomodaban en éste los llamados mosqueteros, infantería o gente del bronce, que no respetaban nada, manifestando su desaprobación con un estruendo de reclusos en rebeldía, vaciando el diccionario del denuesto y
arrojando con la mayor desenvoltura
y aun con desgarro frutas en pu!:•facción, haciendo alharaca con carracas, cascabeles y pitos .... ¡Dios nos libre de la fuga mosqueteril/, escribió
el maledicente Suárez de Figueroa en
su Pasajero; y nuestro -ilustre jorobadilo Don Juan Ruiz de AJarcón y Mendoza, que siempre temió al público,
escribió en el primer tomo de sus Comedias, publicadas en 1628: Contigo,
hablo, bestia fiera, que con la nobleza
no es menester, que ella me dicta mds,
que yo sabría: Alld van esas Comedias,
trdtalas como sueles, no Como es gusto, sino como es gusto, que ellas te miran con desprecio, y sin temor, como
las que pasaron ya el peligro de tus
silvos, y ahora pueden solo pasar el
de tus rincones. Si te desagradaPen,
no holgaré de saber que son buenas:
y sino, me venyará de saber que no lo
son, el dinero que te han de costar.
Los temas lopeanos convenían a maravilla con el gusto, la aprobación y
el regocijo de su público, español y
religioso, que, no obstante su ineducación, era sensible a las cuestiones del
honor, la gloria nacional, las conveniencias, las costumbres, la devoción
a sus santos patronos, el amor, la galantería, la Monarquía universal v la
América Española. Todo eso fo;tificado por la fe.
Lope era el ídolo ... Lo fue por medio siglo. Su público
pedía más y
más; y él hacia fluir su imaginación

Je

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va creac1on lopéveguesca eran vena1:Hos emponzoñados para sus acres enemigos.
No se hizo esperar el agitado revuelo contra nuestro autor. Venía no
solamente de la serena protesta de los
humanistas inflexibles. Sino del imperio de la envidia que nunca pue1.k
faltar en torno a los grandes hombres
y a los hombres de corazón límpido
y sencíllo.
Los adversarios más acerados e incisivos eran Cristóbal de ~fosa, con
sus Rimas; Andrés Rey de Artieda, con
sus Discursos y Epigramas; Esteban
:\lanuel de Villegas, con sus Eróticas
y venenoso y mordiente Cristóbal Suárez de Figueroa, en su celebrado libro
El Pasajero.
Pero acaso el más enconado de todos era el catedrático de la Universidad alcalaína Pedro de Torres Rámila, cuya obra titulada Spongia, nadie quiso editársela en la Península,
recurriendo a las prensas parisienses,
en donde vió la luz en 1617.

Despierta, oh Betis, la dormida plata
y coronado de ciprés, inunda
la docta patria, en Sénecas fecunda,
todo el cristal en lágrimas desata;
repite soledades y dilata
por campos de dolor vena profunda,
única luz, que no dejó segunda;
el polifemo ingenio, Atropas mata.
Góngora ya la parte restituye
mortal al tiempo, ya la culta lira
en cláusula final la voz incluye.
Ya muere vive; que esta sacra pira
tan inmortal honor le constituye,
que nace fénix donde cisne espira.

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                  <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>BOLETIN MENSUAL DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON

....,_

Registrado como artículo de 2a. clase en la Administración de Correos de Monterrey, N. L., el 20 de Abril de 1944.

Año XIII

D.A.S.U.

No. 4

Abril de 1956

POEMA CON AIRE MIO
María Angélica Villa •
1 /' if
-.

._'

Venía desde el día, bosquejando caudales,
y entre sombras de piedra su brillo yo incrustaba.
Venía, simplemente,
con los esbeltos vinos
del aroma del tiempo
inefable.
Desde el árbol venía, hacia lúcidas varas,
y era cierto mi paso de estatuas perseguido.
Venía por las manos de algún río,
como un salmo entreabriendo
colores en su frío.
Venía desde el llanto, prometiéndome vidas,
y dándome dolores verdaderos.
Tras de mi alegrábase el sonído
cadencioso y juncal
en su curva de trigos.
Venía desde el fuerte silencio de las horas
renaciendo en la flecha que heríame precisa,
junto a fervores ténues
o inauditas bellezas.
{ !"

1

t

)C"

Venía ahuyentando
patéticos asombros,
y sólo conseguía, trasladarlos encima
del intenso secreto
en que me abría.
Venía desde el canto, sosteníendo señales.
Alrededor de un tallo
increíble colgaba llamaradas.
Agilmente venía,
sobre un credo sin dagas,
inventando en el tiempo
un prodigio de ramas.
Venía desde luces, comprendíéndolas,
y un exultante anillo contra el odio
su entera flor me daba.
El éxtasis más claro, más fecundo,
conmigo se enroscaba.
Venía, sobre todo, a perdonarme un sueño
de agua, o de humo,
viviendose en mís ojos,
v abiertamente muerto en la palabra.

Buenos Aires, 1955.

nnsina

.
:.~
.lll.,'f:TSw.u,111

�LA NEGRA ANGUSTIAS

EL TEATRO EN PARIS
Por Julián GALLEGO

NOVELA DE FRANCISCO ROJAS CONZALEZ
Por Armen OHANIAN

ANASTASIA GRECO ROMANOFF

*

TEMA
De cómo "ª creciendo la personalid11d del protagonista, la joven y bella
mnlata Angustias, ante el desarrollo
pujante del espontáneo levantamiento
de Jas masas campesinas, en 1910.

De cómo su rebeldía, frente a las
malvadas intenciones de los "muy ma-

chos", en persona, se _une. Y de cómo

1

al fracasar la revolución y quedar
aplastado el movimiento zapatista degenera, paralelamente, la coronela Angustias, todo por culpa de un necio
amor con cierto maestrito necio.

AMBIENTE
El ambiente es el de los campesinos
de Mesa de Aire y la cuenca minera
de Real de A1zimas, en vísperas de la

venganza colectiva de los descamisados y el levantamiento de las masas
hambientas bajo la bandera de Emiliano Zapata con su lema de "Tierra

-

--------

y Libertad".
Es el ambiente anárquico de los surianos de Guerrero y de Morelos, de
los indios costeños y de los negros de

la Costa Chica. A ellos se han unido
mestizos de la sierra; criollos; mulatos impulsivos; en fin, todo el mosaico
étnico que componía la erguida población rural de México.

..

PERSONAJES
La protagonista. Es la negra Angustias, apodo que babia merecido a can•
sa de las muchas desdichas de su
infancia aquella huérfana, habiendo
quedado sin padres y recogida por la
hechicera Crescencia. Cuando regresa
el padre, de la revolución, el mulato
Antón Farrera y toma a su hija ya llevaba la chica el nombre de Angustias
Farrera.
Es joven y de belleza más bien provocadora. Posee todos los instintos de
su fuer'te raza, que son violentos. Su
carácter es dominador. Y sus ademanes autoritarios. Frente a los hombres
se muestra altiva. El autor nos la presenta como una cariátide tanto por su
fuerza como por su salud. Pensar que
semejante mujerona se enamora per•
didamente de un "maestrito,, cualquiera, siendo precisamente la coronela de
toda la mulatada de aquellas comarcas
y que como tal ha tomado parte de la
Revolución.
Dos pretendientes le habían ofrecido casarse con ella: el cabrero Güitlacoche y el boyero rico, don Laureano.
Modesto, el jefe de la ' 1acordada"
en la Hacienda "El Rondeño", la tiene, a su vez, escogida para su supe.
rior, Don Efrén el Picado (de viruelas).
Es Don Efrén un gigantón con cara de
chivo viejo.
En defensa propia, un día, Angustias le asesta un navajazo a Don Efrén
usando para ello del arma de su padre. Las autoridades la buscan para
castigarla. Por casualidad se encuentra cierta vez a los revolucionarios, no
sé en qué venta. El nombre de su padre le sirve a ella de prestigio, pues

*

Por un error, en el pasado número del mes de
marzo ~ omitió el nombre de la autora del artículo "Angelina", de Rafael Delgado: Armen
Ohanian, que firma también el que ahora ofrecemos sobre Rojas Gondlez.

Página 2

aquel gozaba ya de fama por doquiera.
Fue el compadre "Concho" quien la
nombra en seguida Coronela de toda
la mulatada que a la sazón se babia
sublevado contra sus hambreadores.
En el patio de la venta, un jefe de
los peones rebeldes cuenta cómo los
revolucionarios entraron a Cuautla;
soltaron, de pronto, a los presos del Jugar y quemaron los archivos del Municipio, limpiando, de paso, cuanta
tienda buena quedaba.
En esos momentos entraban a la
venta, Modesto y el Picado, para arrestarla. Angustias, que ya lucia el grado
de Coronela, manda ajusticiar a éste,
según modo de ella, dándole órdenes
a su capitál) Güit/acoche que mutile
al gigante Efrén; y una vez inutilizado
así, como macho, se lo manda de regalo a la mujer del mismo, la celosa
Chona.
-''Por algo teníamos que haber empezado", grita furiosa la mulata.
En seguida ordena que los arrieros
de la tropa entren de lleno al saqueo
y que regalen todo lo que obtengan,
a la gente que los rodea.
El otro personaje, marcadamente
grotesco ademas, es el "maestrito,, Manuel de la Reguera. Con él aprende
Angustias a leer y escribir, pues el cobarde y mezquino "flacucho" habrá
de ser su primer amor y su esposo.
Los rebeldes se hallan ya frente a
Cuernavaca, que se ve amenazada por
los federales. De ahí a poco se retiran,
dejando a la mulata, en traje . de mujer
y toda perfumada, al lado de su maestrito. Don Concho se quedó como jefe
de los rebeldes.
Desde entonces se inicia la rápida
degeneración de la mulata enamorada.
Ya había aprendido, para eso, a beber
y emborracharse entre fiestas y juergas de los demás "jefes." Solía escuchar, con harto fastidio a· los oradores de plazuela que hablaban de

Prud'hon, de Kropotkin y de Juan Jacobo Rousseau. Nada podía causarnos
más pena que verla transformada en
una majadera cualquiera. Y en cambio
nos chocaba, en extremo, su amor y su
sumisión ante aquel necio del maestrito, que a propósito babia decidido hacer de su coronela un simple trampolin para su carrera con los federalistas en la Capital.
El día de la boda, ante todo el mundo, obliga a la desposada a que le
amarre las cintas de los zapatos. Con
suma ternura, la ex-coronela se arrodilla y cumple semejante humi11ación.
EL ESTILO
Es el lenguaje campechano de las
sierras, tan colorida, expresiva y recargada de imágenes y de una sensibilidad sumamente popular. Las frases cortas y enérgicas. Plenamente
realista, el estilo. La novela está construida, la mitad con narraciones enérgicas y la otra mitad con diálogos. El
lenguaje es vigoroso y en ocasiones
hasta brutal, entrecortado de breves
pero significativas ovaciones de Jugares y situaciones particulares, casi
siempre-inesperadas.
El personaje siguiente es el de la
Masa Revolucionaria, que se mueve a
lo largo de la novela. Derrotado Zapata, los rebeldes empiezan a desanimarse y se retiran precipitadamente de
Cuernavaca, asechados por las tropas
federales, que no tardan en entrar a la
plaza. Muchos, desilusionados, vuelven a sus lugares de trabajo, cuando
no a sus chozas y jacales abandonados.
LA

IDEA

En un diálogo entre combatientes de
]a ex-coronela, el autor nos explica la
causa de la caída tan rápida de la mulata:

•

-"Es que aquí no hay más que dos
clases: la de la mujer y la del hombre. Que la "bola" es cosa de los hom•
bres y para los hombres, y no para
]as mujeres".
Y como la idea en sí es del todo
falsa, lógicamente resulta falsa la misera apoteosis de la mulata. Casada,
encinta y vestida de vulgo mujer, ta•
pa la barriga hinchada, con un rebozo.
Decide, en fin, acompañar así al flacucho marido hasta la Capital.
Un día ese mismo marido, Manuel,
la obliga a firmar su rendición ante
el Gobierno, cosa que apenas le vale
dizque el sostén para la precaria existencia que habría de llevar de ahi en
adelante.
AJ final de la novela la vemos, desgreñada, madre de un niño en pañales,
en una casa de vecindad de uno de
los barrios más pobres de la Capital.
En una azotebuela, la mulata lava los
pañales del hijo, y canta.
En verdad, nos parece un tanto inverosimil tan plácida apoteosis, para
la violenta, e inteligente, Angustias.
Pues esperabamos, ciertamente una poderosa reacción ante la necedad y la
vileza de] cobarde maestrito de marras.
Esta novela de Rojas González es
fuerte, dinámica y colorida; tiene mar•
cado sentido social; se interesa por los
problemas del campesinado y protesta
enérgicamente contra la clase explotadora. Por lo tanto, es de lleno una
obra de actualidad, en la cual el autor
rdleja la vida del País desde sus pos1c10nes de escritor pequeño-burgués
e individualista, amén de un tanto escéptico en el porvenir de la Revolución. Por otra parte, como buen peq~1eño burgués el . autor. de importancrn desmesurada a la sensualidad y a
la sexualidad, exceso que entre las clases trabajadoras nunca cobra esas dimensiones románticas de lujuria.

,

1

jer; ésta, naturalmente, reconoce a la · bellos, Jo que concuerda bastante con
princesa en cuanto esta canta estilo el peinado de la encantadora "discuse"
Saint Germain una canción triste; el del existencialismo.
otro se va hecho un mar de confusioEL PERRO DEL HORTELANO
nes ... Pero el público empieza a saber
a qué atenerse: la joven pescada en el
Con,.ser "El perro del hortelano" una
canal es la verdadera Anastasia. Hasta
de
las deliciosas comedias de Lope de
la abuela augusta de la Princesa acaba
Vega,
no es de las más representadas
por rendirse a esta evidencia.
Pero el tercer acto nos guarda una en su patria; su propia abundancia
sorpresa. Para .la presentación de perjudica a este Fénix, de quien el púAnastasia a los accionistas-patrióticos blico, como sabe que nunca llegará a
se ha elegido un teatro; ello podrá pa- conocer toda la obra, se acomoda a no
recer extrnño a quien no haya visto leer o ver sino una pequeñísima parla comedia. Quien la ha visto, ya no te, que pudiera contarse con los dedos
se extraña nada desde el acto primero. de una mano, y aun sobrarían. Con lo
En fin, si se extraña, al aparecer de cual, la fecundidad que dió éxito al
improviso un bien plantado obrero Monstruo de la Naturaleza en vida, se
que llama a la Princesa, en lugar de le resta en muerte. Agradezcamos, pues,
Anastasia, Francisca y la excita a vol- a Jean Louis Barrault el placer que nos
ver a su domicilio y a la vida marital ha dado el ver en los carteles este
que con el llevaba. Francisca - o ºChien du Jardinier" que como "Perro
Franziska - podrá no parecer muy del Hortelano" nunca habíamos visto
ruso; pero eso son fruslerías .. El caso anunciado en España. La adaptación
es que la joven, que está en su trono francesa se debe a la fina pluma de
de teatro suntuosamente vestida por Georges Neveux.
Porque ha salido la palabra "adapMaggy Reuff, decide marcharse con el
obrero, dejando a sus partidarios, a tación". Gusta el público de París de
su abuela y a su pretendiente princi- que le sirvan platos nuevos, exóticos,

"Anastasia", comedia dramática en
tres actos original de Marcelle Maurette
ha sido estrenada con éxito en Londres y en Nueva York antes que en
París. Sólo refrendados por estos
triunfos los empresarios _parisienses,
que desconfiaban -ya veremos las razones- del rendimiento de esta obra se
han decidido a presentarla en el Teatro
Antolne. El inexcusable Wakhevitch se
ha encargado de los decorados, el indispensable Georges Auric de la música. El actor J ean Je Poulian ha tomado a su cargo la dirección escénica;
con ello ha conseguido no poder dar
órdenes a un actor que es él mismo.
su labor como actor se resiente de ello.
Respecto a su labor directora, digamos
que está a tono con la obra y ya habremos dicho bastante. Esta compañia,
salvo las excepciones que luego anotaremos, es de lo más mediocre; pero
nunca acabaremos de saber si son malos actores o si son buenos actores que
aguantan lo que en el texto está escrito. Lucienne Bogaert y J ean Toulot
hacen lo que pueden por ser actores
al servicio de este texto; ambos resultan amanerados. Respecto a Anastasia,
hace exactamente lo que tiene que hacer: gritar, temblar, desmayarse varias veces, andar majestuosa. No se
puede pedir más.
Pero pasemos al argumento. "Anastasia" es la hija menor de Nicolás II
de Rusia. ¿Ha muerto en la Revolución,
con el resto de .su familia? ¿Se ha salvado? Hay poderosos intereses para
desear esto último: la herencia fabulosa que · su padre dejó en Londres Y
las cotizaciones que los zaristas exilados han ido satisfaciendo para mantener a una princesa que, en el momento de levantarse el telón, no pasa
de fantasma. Los malvados hombres
de negocios que han montado el tinglado de la cotización necesitan presentar rapidamente a Anastasia. Para
ello, contratan -digámoslo así, ya que
el contrato consiste en dar gritos, golpes, empujones, hacer caer a la pobre
por el suelo ( con esa facilidad para
caerse que tienen las actrices de melodrama) y amenazar a trio -a una muchacha de vida turbia que quería suicidarse, y que se parece a la princesa.
Respecto al parecido, hay una discusión que recuerda poderosamente otra
escena, esta vez protagonizada por
Greta Garbo, de la pelicula pirandelliana "Como tu me deseas"; uno dice qfle
6
los ojos son de un color, otro cree lo
contrario ... Pero pasemos; se trata de
dar a la infeliz una especie de lecciones de cosas para princesas, para que
luego no pueda cometer algún ertor; pesco con un palmo de narices. ¿Se traa esta labor se dedican los tres cóm- ta, entonces, de una auténtica Franplices, con tanto entusiasmo que ya cisca? Dificil es de creerlo, después
pueden ustedes reírse de los cursillos de que la joven -con la misma técintensivos para preparación de Oposi- nica de melodrama del acto primerociones. Pero la muchacha -¡ miste- hace como que esta enterada de los
rio! - parece más enterada que ellos detalles de la vida de su apuesto commismos de estos detalles principescos, pañero popular de tal manera que no
aunque aparente lo contrario: inejor nos queda duda de que no está entedicho, aparenta que lo sabe, aparen- rada de nada. Según explica Anastatando que no lo sabe, según la soco- sia - o Francisca - el obrero es el
un1co que la quiere tal como es, que
rrida técnica melodramática.
El acto segundo nos presenta a la no le pregunta nada, que no quiere
nueva Anastasla confrontada con una hacer resucitar una ilusión. Pero eso
serie de personajes que conocieron a son excusas de teatro que ha nadie
la Princesa desaparecida y que deben convencen. La única explicación para
decir si es ella o no. Lo hacen alter- este repentino cambio de actitud seria
nadamente, según la ley de probabili- el "flechazo", pero la Sra. Maurette
dades más infantil: el primero, dice parece no haberse dado cuenta.
Este melodrama con ribetes de zarque no es; la segunda, dice que es; el
tercero, es un falsario desenmascarado zuela ha sido la oca,vón que la famosa
por Anastasia; el cuarto y quinto, mez- cantante Jaliette Greco esperaba para
clados, son el gran Chambelan de la presentarse en el teatro. Digamos que
corle de los Zares y una humilde mu- ha sido una ocasión cogida por los ca-

CIO

pero guisados siempre al modo nacional. El traductor, se permite colaborar
con el autor, corregirle la plana, hacer hablar a ese zafio que se expresa
en una lengua bárbara o extremosa en
la corrección cartesiana del francés.
Vemos, entonces, aparecer obras ex. trañas, monstruos de dos cabezas, como la refundición que se dió no hace
mucho, de dos de las mas célebres comedias del propio Lope. Ya no se qué
dirían los críticos franceses si un español o un chino se permitieran hacer
una sola obra con la "Fedra!' y la "Ester" de Racine, o "mejorar" el "Cid"
de Corneille quitandole por un lado
lo que se le aumenta por el otro. Para
el espectador español, por ejemplo, el
estilo de Racine, ha de resultar monótona, perdidas en la aduana de la traducción esas sutiles cualidades cuya
exportación está prohibida por la poesía; añadámosle, entonces, tres o cuatro sonetos bien con~eptuosos y has-

tante coloreados, hagamos hablar a los
personajes en romance de ocho silabas
en vez de en alejandrino de catorce,
saquemos a un "gracioso", obligado
en el teatro cl3.sico español, en lugar
de ese confidente de que gusta Racine.
La obra resultanté podrá estar muy
bien -aunque es dudoso- pero no
tendrá nada que ver con su original;
y si el espectador cree, después de
verla, que conoce a Racine, estará muy
equivocado. Bien es verdad que esa hipótesis es improbable, ya que - y acaso es peor aun - en nuestro pais a
nadie se le ocurre representar Racine.
La versión francesa de "El Perro del
Hortelano" es, como decimos, deliciosa; no en vano han pasado por la escena francesa, después de Lope, Mari•
vaux y Graudoux antes del Sr. Neveux.
Cuando Marivaux escribe sus :'Falsas
confidencias" sin duda conoce a Lope
y su "Perro;,; la comedia de Marivaux
es de una finura y una matización exqutsitas, una obra maestra de uno de
los mas grandes autores dramaticos
franceses, acaso el mejor en acuidad
del diálogo; nuestro Moratin -tan injustamente postergado en nuestro país
con todos sus contemporáneos, a cuyo
maravilloso estilo ya es hora de que
se haga una total justicia - debió, a su
vez, conocer a Marivaux. Este "Chien
du Jardinier" ladra, pues, en francés
con mucha mayor suavidad que en
castellano, con infinita delicadeza, con
una gracia admirable, pero con menos
fuerza. De esa poesía de Lope de Vega
que parece un huerto de flores y de
aves, de aromas espesos y colores brillantes, recargada, excesiva, rica como
un banquete de Pascqas, ha quedado
una delicada trabazón de episodios, un
carácter de mujer irónicamente diseñado. Adios rosas coloradas, adios claveles, a dios prados, adios fuentes, adios
regatos pequeños -constantes de nues•
tra poesía sensual, desde Lope hasta
Rosalía-; nada de pálidas manzanas
esmaltadas de carmesf, nada de albas
que entran por un prado, ni aires fríos,
ni cristales de agua, ni ríos indecisos.
Nada, pues, de lo que constituye el en•
canto mayor de nuestro Lope que, cada
vez que escribe, se encuentra la boca
llena de gustos y la nariz de arenas.
Dicho esto, repetimos que "Le chien
du Jardinier" es una delicia y que las
aña,diduras que el Sr. Neveux se ha
permitido son tolerables, la primera
- aumento del amor en Diana cuando cae la noche- por dar motivo a
escenas graciosas (aunque encontre•
mos que está bien en contra de la optimista tesis de Robert Kemp, que ha
escrito que la protagonista deja de ser
una sensual enamorada al ser traducida para convertirse en un dechado de
amor - poco más o menos -) y la
segunda - Diana paga a un espadachín para que mate a Teodoro, visto
que no puede amarlo abiertamenteporque, en la truculencia cómica del
final pasa desapercibida.
Esta obra que esta vestida con infinito gusto por Jean Denis Malcles ha
sido puesta en escena con esa gracia
infalible que Jean Louis Barrault encuentra en sus momentos mejores; todo está medido, todo está pensado,' na•
da queda al azar y sin ebargo el conjunto conserva una frescura, una naturalidad asombrosa. El mismo, como
actor, resulta un excelente Teodoro;
Simone Valere da a su desdeñada Marcela un encanto lleno de picardía; pero la heroína de la velada, como en
la comedia, es Diana, encarnada por
Madeleine Renaud con un humor, una
coquetería disimulada, y una ternura

Página 3

�que rayan el milagro. Alabemos, pues,
sin reticencias, esta realización, por
que no puedan decir de noostros, los
españoles, que somos, pues ni representamos ni dejamos representar el
Perro del Hortelano.
"LA ORESTIADA" DE ESQUILO
El incansable Jean Louis Barrault,
uno de los hombres de teatro más interesantes de nuestro tiempo, ha presentado al público de Paris esta temporada la trilogía "La Orestiada" de
Esquilo de Eleusis. No hace falta ni
señalar las dificultades que esta realización llevaba consigo, tanto en lo
que concierne al montaje escénico en
sí, como a la reacción de un público
no especializado ante un texto tan antiguo. La habilidad de Barrault y el
carácter de media tinta exacta de la
lengua francesa, si han podido quitar
grandeza a un texto griego que no conozco, lo han vuelto, sin duda, mucho
más asequible a su público. Para los
no franceses, estas traducciones resultan siempre un poco extrañas; para
nosotros no es tan natural que Orestes
hable en francés como que hable en
español. Un texto traducido , al francés toma para nosotros caracteres muv
franceses; no hay duda que Shakespe¡.
re traducido al español debe sonar de
un modo harto curioso para oídos
franceses. Pero en el caso de Esquilo,
la traducción francesa tropieza con el
inconveniente insoluble de trasladar
a una lengua de gran pobreza de acentuación un texto escrito precisamente
en razón a una acentuación posible
sólo en lenguas como el latín, el griego, el castellano, de gran variedad rítmica.
La trilogía de Esquilo comprende,
como es sabido, "Agamenón", "Las
Coeforas" y "Las Euménides". Ello
produce un espectáculo de longitud no
habitual -sus buenas tres horas con
muy escaso entreacto que exige un esfuerzo notable, np solo del espectador,
sino, en especial, de los intérpretes.
Pero el interés se mantiene vivo a lo
largo de las tres obras y solo decae
cuando, al final, Esquilo nos presenta
moraleja filoateniense, como era de
esperar. Yo no sé si se ha realizado
algún estudio sobre Esquilo como· autor politico; ahora que tanto se habla
de escritores "engagés" creo que sería de interés señalar cómo ya antes
de nuestra era un autor hacía decla-

mar en nn teatro de madera discursos
de asamblea constituyente; ello no le
ha impedido sobrevivir y llegar a nuestros dias fresco como una rosa. Confesemos, sin embargo, que, sea por el
escaso realce y majestad que esta última escena tiene en su presentación
francesa - con su Atenea de figurín
de modista convenciendo y casi sobornando a las Furias de la venganza para que dejen tranquilo a Orestes y a
todo el mundo, a cambio de recibir en
cada casa un culto fervoreso - sea
porque, en efecto es mas mediocre teatralmente y el patrioterismo de Esqui- ·
lo resulta mas palpable, lo que preferimos, lo que nos sigue conmoviendo
es el oscuro y terrible drama familiar
de los Atridas, que adquiere en manos
del viejo autor griego un calor y una
transparencia insuperables.
Dos palabras para refrescar el recuerdo de este argumento singular: en
"Agamenón" asistimos al regreso del
generalísimo de los griegos, vencedor
de Troya; Clitemnestra, su esposa, lo
acoge con falsa alegría, pero en cuanto entra en el palacio lo asesina con
la complicidad de su amante Egisto.
En "Las Coéferas" o suplicantes, ve-

mos a Orestes, hijo de Agamenón, que
vuelve del destierro que su madre le
impuso para vengar este crimen; animado por su hermana Electra y por
las suplicantes y desoladas mujeres
del coro, perpetra su doble crimen
justiciero. La tercera obra nos lo muestra perseguido por "Las Euménides"
o diosas de la venganza, que solo lo
dejan cuando Apolo y Atenea lo protegen, instaurando asi un nuevo sistema de justicia, un nuevo ciclo en que
la venganza y la crueldad son sustituidas por la benevolencia y la piedad.
De esta trilogía, lo que mas nos sacude es la figura de Clitemnestra, a
la que Marie Bell da nna majestad y
nna negra pasión extraordinarias. Solo
por esta interpretación ejemplar de la
mas grande actriz trágica francesa valdría la pena de hacer la cola de una
hora que el conseguir entradas - con
muchos dias de antelación - exige.
Esquilo ha insuflado un sentimiento
tan humano a esta figura detestable,
haciéndola aparecer como madre herida que venga la muerte de su hija
más querida, lfigenia, sacrificada por
Agamenón en aras de su empresa guerrera, que en ocasiones nos arrastra y

hasta nos es simpática. Hay también
otra figura de extraordinario poder
teatral, y es Casandra, princesa troyana hecha prisionera por Agamenón y
a la que un fatal poder de adivinación que nadie cree hace predecir el
crimen que va a cometerse, haciéndonoslo ver con sus palabras con más
claridad y emoción que si sucediera
en escena, hallazgo genial de un autor
con un gran ·sentido de las "tablas".
Marguerite J amois imprime a este personaje un preocupado y trágico perfil.
En cambio, Barrault no está tan afortunado en su encarnación de "Orestes"
como interpretando el Alceste de Moliere o el Cbrbaccio de Ben Jonson;
su mimíca es molesta y los coturnos
dan a su andar nna rigidez desagradable de pájaro cortesano. Tampoco
Dessailly, en su doble interpretación
de Pilades-Apolo sale de una esfera
un tanto mediocre y blanda, abrumado
por unos trajes muy poco afortunados.
Los coros, de hombres, en la primera
parte, de mujeres en las otras dos, re•
citan, cantan y evolucionan con acierto, pero sin lograr vencer las dificultades qiie estos ejercicios encuentran
en nuestra comprensión, a pesar de
sus bellos trajes y sus magnificas máscaras de cuerdas. J ean Louis Barrault
ha querido que todos los actores lleven máscara. Esta decisión será más
o menos explicable en un teatro pequeño como el Marigny, más o menos
peligrosa, pero es a mis ojos el mayor
acierto esta realización, lo que le da
nna unidad y un acabado, un acento
especial que la aparta de otras presentaciones, que nos señala que, a pesar
de todo, el texto es muy antiguo. Las
máscaras - y en especial si son tan
bellas como estas, obra de colaboración de Petrus Bride, Felix Labisse y
Marie Helenesté - tienen un extremado poder de sugestión, el poder de
dibujar un personaje a grandes rasgos.
Los trajes, de la Sra. Dasté, son, en
general, acertados; especialmente bello, el de Clitemuesa. Los decorados,
hechos en madera de "balsa", especie
de corcho muy ligero con el que se fa.
bricó la balsa del famoso Kon-Tiki,
han sido proyectados por Felix Labisse: son sencillos, manejables y de
hermosa calidad. La música, de Pierre
Bouley, me ha resultado desagradable.
La traducció_n del texto ha sido hecha,
con gran respeto al parecer aunque, al
final, con falta de grandeza, por Andre
Obey.

!LOS lH[OlHlENSllAUllFlEN
(LA SAGA DE LOS GUELFOS YLOS GIBELINOS)

Por Franz BOUCHSPIES
" .... Dissemi: Qui con piú di mille
giaccio
Qua entro a lo secando Federico ...."
("Mas de mil", dijo' "están aqui pe-

Los orígenes de los Hohenstaufen son obscuros al presentarse
nando l·on Federico .....")
por primera vez en escena; la familia habitaba una modesta casa
Dw,te ALlGHIERI 'EL INFIERNO"
Canto X
señorial cerca de la aldea de W aeschenbeuren, en Suabia, de la
cual tomaron su nombre los propietarios de la casa, llamados
Beuren o Bueren. Se dice que la nobleza de la casa se remonta
a la época de los Merovingios y Carolingios, pero también se gran riva1idad entre Leopoldo y Ri- que Barbarroja había retornado a Alecree que la pretendida antigüedad de la casa se debe más a poetas cardo y éste quedará mucho tiempo mania por obra de los efrits o genios
aduladores y cortesanos.
cautivo del primero y penará en el cas.. de aquella tierra encantada, que perPero Federico de Bueren, su antepasado, abandonó a mediados del siglo
XI el Waescherschloessle, cerca de
Waesche'lbueren con su esposa Hildegard y ' se '"marchó a Hohenstau(en,
montaña imponente que se eleva entre
los valles de Fils y Rems. Sus descendientes tomaron su nombre de aquel
hermoso lugar. Su hijo se casó con
Inés, hija del Emperador IV de Alemania quie,i le cedió el Ducado de Suabia por su amistad y heroísmo. Cuando éste murió a su vez, en 1105, a su
hijo mayor le heredó dicho ducado
mientras que al menor, Conrado, obtuvo de su tío, el Emperador Enrique V,
el Ducado de Franconia; con ésto tenían más derecho que ningún otro
príncipe a la corona del Imperio, pero
]os nobles envidiosos acaudillados por
su enemigo acérrimo, el Arzobispo
Adalbert de Maguncia, que no podía
perdonar a sus adversarios (siendo fanático si '3rvo de Roma) el ser nietos
del penitente de Canossa (Enrique IV),
eligieron rey de Alemania al sajón
Lothar de Suepplingenburg.
Sin embargo, a la muerte de este soberano, el Duque Conrado de Franconia, fué elegido Rey de Alemania eu
la Dieta de Koblenz, el año de 1138,
siendo el primero de los Hohenstaufen
que ocupara el trono, como Conrado

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•

III.

Pero el Duque Welf de Sajonia y su
sobrino Enrique de Baviera se negaron a reconocer al nuevo monarca y
Conrado, para obligarlos a someterse,
les asedió en \Veinberg y por primera
vez en la historia resonaron los gritos
de batalla "¡Hi Welf!" "¡Hi Waibling!"
(¡Aquí, Güelfo! ¡Aqui Gibelino!). Waiblingen era una ciudad de Suabia sede
de los Hohenstaufen y sus partidarios
tomaron este riombre como simbolo del
Emperador.
La contienda se redajo al principio
a una mera cuestión dinástica, pero en
los Hohenstaufen ha resucitado la vieja ambición de todos los soberanos
alemanes que les precedieron: ser ]a
cabeza del Sacro Imperio RomanoGei-mánico.
Los Papas han tenido una amarga
experiencia de sus antecesores y están
dispuestos a impedir la resurección
del Imperio cueste lo que cueste.
Con la subida de Federico I al trono
alemán se encarniza esta lucha, las antiguas diferencias entre el Papado y
el Imperio resurgen y Federico (llamado Barbarroja por el color rojizo
de su barba) tiene que enfrentarse a
los descendientes de los viejos enemigos de su casa. Sostiene una lar.ga lucha con el Duque de Sajonia, Enrique
el "León" que acaudillaba a los traido~
res y rebeldes güelfos que se han diseminado por toda Alemania e Italia,
pero viéndose vencido, Enrique huye
a Inglaterra y se refugia bajo el poder
de Ricardo Plantagenet, Rey de Albión,
llamado "Ricardo Corazón de León".

Se cree que la pretendida antigüedad de la casa se debe más
a poetas aduladores y_ cortesanos ...

Barbarroja sostiene un largo combate
con los güelfos de Italia y finalmente
se ve obl!gado a hacer las paces con
el Papa y para consolidar sus posiciones en este país, casa a su hijo Enrique con ]a princesa normanda Constanza hija del Rey Rogerio de Sicilia
para unir el reino de Nápoles y Sicilia
con su casa.
Para reconciliarse con la Iglesia, Federico cede a los caprichos del Pontífice, entrega sin escrúpulo al cismático Arnaldo de Brescia a la hoguera
para aplacar la cólera .Papal y librarse
de su anatema.
Luego parle encabezando la tercera
Cruzada a rescatar el Santo Sepulcro
seguido del Rey de Francia, del Duque
Leopoldo de Austria y de Ricardo Corazón de León (Más tarde habrá una

tillo de Duernstein a orillas del Danubio) y se embarcan a Tierra Santa el
año de 1183.
El 10 de Junio de 1190 al atravesar
con sus caballeros las caudalosas aguas
del Cidno, una flecha sarracen·a se clava en el pecho del Emperador, que
derribado de su corcel es arrastrado
por la corriente y muere ahogado.
Los sarracenos cargan desde la ori•
11a sobre la caballería cristiana y la
destrozan.
La leyenda cuenta que al desaparecer Barbarroja bajo las aguas, y con
él sus caballeros elegidos, apareció ante los aterrados guerreros germanos
que permanecian en la orilla opuesta
y qlle se habían quedado sin caudillo,
un monje espectral con hábito negro,
quien conjurando su espanto, aseguró

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manecería oculto mucho tiempo en la
Montaña de Kyffhaeuser y que saldría
de allí cuando Alemania estuviera en
un gran peligro.
El Kyffbaeuser es una montaña que
está en Thuringia cerca de Nordhansen. El pueblo crédulo y sencillo, ama
las bellas consejas y conduce la Inmortalidad a sus grandes caudillos
confiando en su vuelta después de siglos.
Asi añadieron, que nu pastor habla
bajado a una profunda sima en esta
montaña buscando una cabra perdida,
por medio de una cuerda. Al tocar tierra firme, se le apareció un extraño
ser parecido a un gnomo quien le in-trodujo en nn magnifico palacio subterráneo donde vió en todo su esplendor la corte de Barbarroja. Mil caballeros de bronceada armadura sostenhm durmiendo a sus corceles por la
brida, como prestos al combate.
El Emperador sentado en un trono
de oro; pero apoyando su regia cabeza en una mesa de piedra ricamente
labrada, sueña con el momento que ha
de reconquistar su 'trono.
Su barba rojiza se extiende por el
'lsuelo ·como mullida alfombra y sobre
ella lucen millares de tesoros esparcidos en desorden.
A veces el Emperodor extiende en
sueños su brazo como para tomar su
espada y su broquel que cuelgan a su
lado.
Cuando el pastorcillo se arrodilló
ante él, Barbarroja despertó y le colmó de regalos profetizándole que volvería a Alemania cuando los cuervos
dejaran de volar sobre la montaña.
Dicen que entonces Barbarroja colgará su escudo de un roble seco v en
el acto reverdecerá y comenzará Para
Alemania una época mejor. Luego, librará la última batalla para reconquistar el Imperio y su espada la llevará
un campesino luciendo librea, simbolizando ésto que solo los humildes esperaron y creyeron en su retorno.
El emperador Enrique VI, su hijo,
era muy joven al empuñar las riendas
del Imperio. Era de un carácter muy
dulce, hasta poético. Es en esta época
donde comienza a florecer la poesía en
la Europa bárbara de la Edad Media.
Los trovadores provenzales enriquecen
la cultur~ de los países qne visitan.
Aún en la agreste Alemania tenemos
ya entonces un Walther von der Vogelweide un Hartmann von Aue y un
Dietmar von Eist. ¿Quién sabe si la
poesía oriental con su avasalladora iBfluencia, pasando a través de Sicilia
no ha despertado en el rudo europeo
el anhelo de cantar, de cantar a los
hechos heroicos de sus reyes, de cantar a la amada?
Y este soberano, en medío de una
época· borrascosa, libra una lucha por
un trono y una corona, una lucha sangrienta y terrible; este joven emperador canta ...... y canta enamorado a su
adorada:

Página 5
•

�Es mi canto saludo para la bienamada
A quien no puedo ni quiero dejar.
Por desgracia yo mismo con boca
enamorad::¡
No la voy hace tiempo a saludar;
Pero todo el que, ante élla, lea esta
mi canció'l
Ante élla a quien anhelo con doliente,
ilusior.
Hombre o mujer, salúdela con mi
salutacióc .
Cuando puedo encontrarme junto a la
amada mía
Llevo a través de reinos mi poder;
Mas cuando me separo de ella, no hay
alegria
Para mí, ni grandeza ni placer.
Solo me queda entonces dolorida
ansiedad;
lejos de ella me agobia toda calamidad;
La .ausencia de e1la es tumba de mi
feiicidad.

Y comete delito quien en mi

re

no
abona;

Que si ansío feliz longevidad
Sin que me preocupe quedarme sin
córoná,
Tan solo es por mi amante asidmclad ...
Sin ella en mi existencia, ¿qué dicha
quedará?
Ni varón ni hembra, nadie consuelo
me dará ...
Desterrado y maldito mi consuelo
será .....
Enrique VI, no obstante ser un verdadero poeta, era también un gran
guerrero y el estadista que Alemania
necesitaba entonces. Supo hacer frente a sus enemigos los Güelfos y era el
soberano capaz de establecer una dinastía fuerte y consolidar el poder hereditario en lugar de la monarquía
electiva, pero la muerte le sorprendió

glés Ricardo, pero los príncipes alemanes lo habían aceptado con disgusto
y el Papa se vió obligado a aceptar a
Felipe finalment~ como Jc[e del Imperio.
Felipe de Suabia se vió envuelto nuevamente en la enconada lucha entre
güelfos y gibelinos y con enérgica mano decidió poner fin a estas disputas,
pero un enemigo personal suyo, el
Conde Palatino de Bavaria, Olio de
,vittelsbach, lo asesinó en Bamberg el
año de 1208.
La historia de los Hohenstaufen está mezclada a extrallas consejas que
perpetúan su memoria y la muerte de
éste desdichado Príncipe va unida a
Ja más horrible leyenda de una macabra venganza.
Olla de Willelshach fué proscrito del
Imperio y por lo tanto, exiliado. Perseguido por su conciencia impura ini-

Al día siguiente, Ja cabeza continuaba flotando todavia, con los dientes
apretados y la mirada fija en los espectadores, rehusando hundirse o dejarse llevar por la corriente. Entonces,
el Monje Negro de Ebrach cogió la
cruz milagrosa que las águilas habían
llevado desde el Monte Calvario, y sosteniéndola firme con ambas manos, se
dirigió a la cabeza del muerto desde
la orilla del ria en las siguientes palabras grabadas ahora _alli en una piedra: "Dus. milabundus. Dom. infcrnis.
presto1 diabolorum ... "
En oyendo ésto, la cabeza giró sobre sí misma, agitó sus cabellos ensangrentados en presencia del monje y
se sumergió instant3.neamente, mientras los espectadores caían de rodillas.
Esa noche aparecieron llamas azules
donde la cabeza fué vista por última
vez. El Monje aseguró la cruz en la

1
'

t
Desde que a ella dedico mi pasión
docilmente;
Desde que, sin dudar, mi corazón
Y mi cuerpo se llenan con ella.
totalmente,
1Cuanto lamento la separación
¿ Y Amor (¿de cómo?, entonces me da
premio cordial?
Siento, cuando medito en ésto, gozo tal
Que por mi amor perdiera mi corona
real.

a la edad de treinta y dos años en
Messina el año de 1197.
Apoderóse del trono entonces su
hermano el Duque Felipe de Suabia
para arrebatárselo a los Güelfos que
habían elegido Emperador a Otto de
Brunswick, hijo de Enrique "El León"
y emparentado con Ricardo Plantagenet y su hermano Juan, reyes de Inglaterra. A éste, lo apoyaba el Papa
Inocencio III y el impulso monarca in-

Página-6
•

c10 una peregrinac10n a Roma. Llegó
a Kehleim sobre el Danubio, donde
buscó albergue en nna celda del monasterio de Ebrach. Sn aspecto furtivo
despertó la sos¡lecha de no vecino y
cundió la alarma. Llgóse al lugar el
Mariscal del Imperio, Enrique de Kalden1 quien babia jurado vengar personalmente la muerte de su amado señor. Reconoció al regicida, le rebanó
la cabeza y la arrojó al Danubio.

orilla del río y la dejó por espacio de
siete días hasta que las llamas se ex•
tinguieron.
Por espacio de nueye años fué expuesto el cadáver decapitado del regicida en el brezal barrido por el viento y lavado por la lluvia para escarmiento. La roca donde fué _expuesto,
es llamada la roca del crimen. En las
noches de niebla y de tormenta, se divisa el espectro del Conde Palatino ca-

t

balgar en medio del Danubio.
Inocencia III quiso terminar con la
dinastía de los Hohenstaufen y tomó
bajo su protección a la normanda
Constanza de Sicilia y a su hijo Federico, a la sazón muy niño aún, y los
príncipes alemanes decidieron acabar
con sus disputas y elegir Emperador
a Olio de Brunswick.
El güelfo se comprometió en matrimonio con Bcatríz hija de Felipe y niña de once años entonces, con el propósito de mitigar los resentimientos de
los gibelinos.
Inocencio, gran estadista, pidió a
Otto y obtnvo de él, una elección libre
de sedes episcopales en Alemania a lo
que ningún Hohenstaufen había accedido porque deseaban tener bajo su
dominio a los obispos y además exigió
que Sicilia fuese feudo de la Iglesia y
se cedieran al Papa la marca de Ancona y el Ducado de .Spoleto. Como
resultado de estas ganancias territoriales, las tierras pontificias dividían
Italia en dos partes por la zona más
ancha de la bota italiana. En 1209 el
Papa Inocenció III coronó al güelfo,
como Olio IV soberano del Sacro Imperio Romano Germánico.
Pero pronto los señores de Apuglia
encabezados por Dietpold de Schweinspeunt, conde de cerra, indujeron
al nuevo Emperador a violar sus compromisos con el Papa. Dietpold había
sido tutor de Federico después de la
muerte de Markwart de Anweiler, y
conociendo la inteligencia del joven
príncipe sabía que mientras éste viviera y se viera libre, lucharía para
derribar a su enemigo Otto de Brunswick y lo lograría y con él haría caer
a todos los traidores que habían apoyado al extranjero.
Olio de Brunswick era lo suficiente
tonto para dejarse lisonjear y convencer Y volvió a apoderarse de todas las
posesiones que cediera al Papa, hizo a
Dietpold Duque de Spoleto y marchó
a tomar por asalto Sicilia donde el
Papa tenía confinado a su peligroso
pupilo el joven y último de los Hohenstaufen. Aquel rey de quince años, sólo mandaba en su castillo de Palermo
pues los árabes de Sicilia y los nobles
sicilianos estaban sublevados contra él
Y en Caste1Jmare tenía una galera siempre lista para llevarle a la costa africana en caso necesario.
Pero Olio IV no había contado con
Ja astucia de Inocencia III quien envió una carta a los obispos alemanes
que empezaba: "Nos arrepentimos de
haber creado a este hombre .... " e informaba que Olio se habia ganado su
excomunión. Los prelados hablaron
con los príncipes que no apreciaban
mucho al emperador y con ésto comenzaron los primeros levantamientos
contra el inglés usurpador.
Luego el Papa escribió a Felipe II
de Francia asegnrándole que Olio tenía un tratado con el rey de Inglaterra "Juan Sin Tierra" gran enemigo
de Felipe Augusto para llevar la gnerra a Francia. El Capelo apoyó entonces a las fuerzas del Papa y de Federico de Hohenstaufen su protegido.
Así en el otoño de 1210 cuando Olio
invadió el patrimonio toscano, fué excomulgado y abandonado por sus partidarios pero al Emperador no pareció
importarle. Marchó a Italia en 1211 y
con sus ejércitos en Calabria estaba
dispuesto a invadir Sicilia y a apoderarse de Federico, pero los príncipes
alemanes apoyados por el Rey de
Francia se reunieron en Nuremberg,
depusieron a Otto y nombraron Emperador a Federico. Al desdichado Duque de Brunswick no le quedó otra
alternativa que huir, abandonado a la
vez por güelfos y gibelinos.
Federico era hijo del Emperador
Enrique VI y de Constanza hija del
Rey Rogerio de Sicilia y por consiguiente nieto del terrible Barbarroja.
(Pasa a la Pál. 8)

téticos, y ]os descubrimientos de la
biología en el campo de la función clorofílica y de la fitozoología marina
pueden aportar para aliviar la amenazante escasez de alimentos. Asimismo,
como muchos de los problemas de proFAIRFIELD OSBORN: Los límites de ducción trascienden lo puramente técla tierra. Fondo de Cultura Econó- nico y económico, el autor cuida de
mica. - México, 1956.
destacar, a lo largo de todo el libro,
El avance efectuado desde el siglo la r e1ativa importancia de los factores
X1X hasta nuestros días en casi todos sociológico y político.:
los campos de la ciencia y Ja técnica
Presta unidad a la' obra la atención
no ha sido proporcional en todos sus del autor de hacer que cada uno de
aspectos. Desde luego, la industria ha . los estudios parciales concurra a desadelantado mucho más que la agricul• tacar la urgente necesidad de detertura ; la técnica de producir riqueza minar consciente y racionalmente el
ha avanzarlo con mayor rapidez que YOlumen y la calidad del género hula ciencia de la mejor y más justa dis- mano. Esta urgencia se origina en que
tribución de la misma; la medicina y hoy, como en ]a Antigüedad, el hamla higiene han determinado un creci- bre, que es fruto del crecimiento examiento tan brusco y acelerado de Ja gerado de Ja población - en relación
con al capacidad de sustentación de
la tierra- , amenaza la existencia de
la civilización.

lLIIIBlflOS

LC)S

.,··:

1-JAI ITE.S DE
L1\ T ERRA
P. OsbDtn

11
población, que en numerosos países el
problema de cómo alimentar a esa
creciente humanidad ha hecho crisis.
Como en esas naciones vive la mayoria de los habitantes del planeta, la
presión cada vez mayor que una población en aumento ejerce sobre una
cantidad ele alimentos que no se acrecienta con la misma celeridad, es hoy
día, el problema sociológico, económico y político universal por excelencia.
La tierra de cuyos Jímitcs se ocupa
el libro de Fairfield Osborn es, ante
todo, el suelo productivo. Gran parle
de la obra se dedica a examinar las
posibilidades agrícolas y ganaderas de
las regiones que producen o pueden
producir alimentos. El resultado del
análisis es un tanto desalentador. Vemos que la mayoría de las grandes potencias agricolas tradicionales han alcanzado casi el límite de sus posibilidades 0 1 lo que es más grave todavia,
observamos que algu·n as de ellas, como ]a Argentina y Australia, acuciadas
por el deseo de autosuficiencia o seducidas por el brillo de los grandes
países industriales, han propendido de
un tiempo a esta parte a abandonar su
papel de creadoras de riqueza agrícola
y ganadera en beneficio de una industrialización mal orientada. Por otra
parte, los grandes espacios de tierras
tropicales que actualmente apenas se
aprovechan, principalmente los de
Africa y América, no ofrecen, cuando
se estiman científicamente, un alivio
considerable a las presiones de población p-1ás agudas, a saber, las de Europa y Asia.
Pero no es el suelo la única fuente
de riqueza examinada. Secciones del
libro se dedican a ponderar lo que el
mar, desde las técnicas modernas de
captura, preparación y transformación, ofrece para la subsistencia del
hombre. Considera también lo que la
química moderna de los productos sin-

RALPH LINTON: Estudio del hombre.
3a. Ed. - Fondo de Cultura Económica. - México, 1956.
Este estudio del doctor Ralph Linton
constituye una de esas raras exposiciones en que confluyen una formación académica, una vastísima experiencia y una intención didáctica. Por
ello, el resultado es una obra clásica
que ha sido a1abada por todos, aun
por aquellos que, a diferencia del autor, creen que la antropología debe
desarrollarse partiendo de .una ley general o de un supuesto que englobe
todos los fenómenos culturales y sus
relaciones.
El libro, del cual se edita ya una
tercera edición, se inicia con el examen de los conceptos fundamentales de la antropología; raza, cultura
y sociedad; y de alli aborda el de sus
relaciones y entrecruzamientos; cómo
funciona la mentalidad humana, cuáles son los elementos característicos
de la sociedad, cuáles los más simples
componentes de la cultura, qué formas
asume el matrimonio, la familia y los
sistemas sociales, etc.

ESTUDIO

H02v!BRE

ALAS CASAS EDITORIALES YA
LOS SEÑORES DISTRIBUIDORES
YLIBREROS DEL CONTINENTE
La Universidad de Nuevo León ha
mantenido desde su fundación un vasto plan editorial que desarrolla al través de publicaciones cuya circulación
comprende a todas las Instituciones
oficiales, universitarias, académicas,
ateneistas, centros culturales, socieda•
des de di versa índole y personas, en
América y Europa.
Entre el cuerpo de ediciones que
aquí se imprimen figura nuestro men•
suario ·'ARMAS Y LETRAS", que recientemente ha establecido una sec•
ción -LIBROS- , en la que fignran
comentadas las obras últimamente aparecidas en las prensas americanas.
Dada la extensa órbita de circulación del Bo1etin arriba mencionado, y
en interés de ofrecer al lector americano una juiciosa información del fondo y continente de la obra, cotejada
a la luz de un criterio ecuánime y a
tono con Ja moderna interpretación
del pensamiento científico, literario o
artistico, "ARMAS Y LETRAS" se complace en invitar a ustedes a coadyuvar
con este propósito de orden cultural
que anima a la Universidad de Nuevo
León, solicitándoles el envío de cada
una de las ediciones nacidas en sus
prestigiosas prensas, las cuales serán
objeto de nuestros comentarios, en la
medida que vayan llegando a nuestras
manos.
Los envios deben hacerse a:
"ARMAS Y LETRAS",
Universidad de Nuevo León,
Plaza del Colegio Civil,
Monterrey, Nuevo León,
México.

rmasy

I...L!:::=:l~TRA
Organo Mensual de la Universidad
de Nuevo León
Registrado como artículo de 2a. Claae en la
Admón. de Correos de Monterrey, N. L, el
20 de Ab,il de 1944.

INDICADOR,

A cada momento se encontrarán
ejemplos que hacen patente cómo la
"naturaleza humanau obra en formas
paralelas, por diferentes que puedan
ser las razas, por distintos que sean
los adelantos culturales de que dispongan y por diversos que puedan sel' sus
medios geográficos respectivos. Y es
que la preocupación central del autor,
por encima de tendencia, de escuelas
y de premisas particulares sobre lo
que deba ser el contenido de la ciencia antropológica, se dirige fundamentalmente al hombre mismo, dondequiera que se encuentre y cualquiera
que sea su medio cultural.

Colaboradores
Raúl Rangel Frías
Fidencio de la Fuente
Francisco M. Zerluche
Genaro Salinas Quiroga
Arturo Cantú S.
Homero A. Garza
Alfonso Rangel Guerra
Guillermo Cerda G.
Jorge Rangel Guerra
Manuel Morales

Director
Lic. Fidencio de la Fuente

Oficinas
Washington y Colegio Civil
Monlerrey, Nuevo León

MEXICO

Página 7

�LOS HOHENSTAUFEN
(Sigue de la Pág. 7)
Había heredado el reino de Sicilia
en 1198 cuando apenas contaba cuatro años. Había nacido en Apuglia y
había sido educado en esta corte semioriental semi-normanda, así que concibió una visión musulmana del cristianismo y una visión cristiana del
islamismo y l1egó a la conclusión de
que todas las religiones eran impostu!'~- Fué un filósofo escéptico muchos
· siglos antes de Voltaire y hasta se le
·. atribuyó un libro "De tribus impostoribus" en que trataba de demostrar
que Moises, Jesús y Mahoma habían

sido unos charlatanes.
Pronto se vió en conflicto con su
tutor Inocencia quien exigió que suprimiera a los herejes con mano de

rebeldía a Roma y su inclinación acentuada a todo Jo oriental.
Roma era para todos los alemanes
la gran enemiga desde los tiempos del
César y no toleraban que ésta les impusiera nuevamente sus cadenas.
Inocencio III murió decepcionado
de su pupilo el año de 1216, pero Honorio II fué más afortunado en la contienda con el joven Emperador y Gregorio IX su sucesor en 1227, le excomulgó y publicó un edicto señalando
su mala conducta, sus vicios y herejías. Federico respondió al Papa de
una manera diabólica haciendo un llamado a todos los príncipes de Europa
a sublevarse contra él. Sin embargo,
en un intento de reconciliación con la
cabeza de la Iglesia, marchó a ]a sexta
Cruzada en 1228 que no obstante resuJ-

El viejo Imperio Romano Cermánico.

hierro, exigió que renunciara a su reino en Sicilia y al sur de Italia y eximirse de toda clase de tributos al clero alemán. Federico II accedió sin intención de cumplir lo cometido al ver
que el Papa babia obligado al Rey de
Francia a hacer ]a guerra a sus propios súbditos en sus campañas contra
los herejes waldenses. Quería que el
Hohenstaufen hiciera lo mismo en Alemania. Pero Federico que era más hereje que aquellos desdichados pietistas no hizo ningún caso y aún fué remiso en tomar las armas para marchar
a la Cruzada a Jerusalén y aún habiendo ya asegurado la corona del
Imperio, se negó a abandonar sus posesiones en Sicilia, su patria natal.
Federico se dice que era más italiano
que alemán y prefería aquel lugar donde babia crecido y le gustaba como
lugar de residencia más que la nórdica y revoltosa Alemania. Sin embargo
mostraba su espíritu germánico por su

Página 8

tó una farsa porque Federico hizo un
tratado con el Sultán de Egipto quien
le cedió la Soberanía de Jerusalen. Como ningún clérigo quiso coronarle Rey
de Jerusalén, este astuto soberano tomó la corona del altar y se coronó a
sí mismo. (Más tarde Napoleón hará
lo mismo en Aix la Chapelle). Después
nuevos conflictos con el Papado pusieron fin a su vida que sin embargo
no había sido infecunda.
En su corte se reunían filósofos judíos, árabes y cristianos e hizo cuanto
pudo en introducir la influencia oríental en la cultura italiana.
Entre los sabíos de su corte se contaba Miguel Scotto quien tradujo a
Aristóteles y a Averroes de Córdoba e
introdujo en el estudiantado cristiano
los números arábigos y el Algebra. En
1224, fundó la Universidad de Nápoles y enriqueció la escuela de medicina de la Universidad de Salerno.

Aunque en Alemania reinó bajo su
imperio la desunión y el desorden, no
obstante hubo estados que alcanzaron
un gran adelanto cultural. Hermann
de \Yettingen Landgrave de Thuringia
protegió a los l\iinnensinger o Cantores épicos que se reunían a celebrar sus certámenes en el Castillo de
\Vartburg cerca de Eisenach, a impulso del mismo Federico. Así surgieron
un Godofrcdo de Estrasburgo cantor
del romance de Tristan e !solda, de
un ·wolfram von Eschcnbach quien
cantó a Parsifal y Kurenberger quien
entonó el Canto de los Nibelungos.
A la muerte de Federico II en 1250
corrió la voz &lt;.le que era el Anticristo
y que retornaría con un gran ejército
a unificar Alemania y a derrotar al
Papa.
Hasta la leyenda de su abuelo Barbarroja le fue atribuida a él.
La leyenda cuenta que Federico 11
&lt;'ayó prisionero del Sultán de Turquía
y éste le ofreció Ja libertad a condición de que le consiguiera cuatro piedras preciosas que aseguraban a su poseedor, la invisibilidad, la agilidad y
la inmortalidad .
Estas piedras están en poder de
unos Efrits o genios con las que éstos
se entretienen en jugar. Federico 11
consigue engañar a los demonios poseedores de las joyas y apoderarse de
la primera con la que se burla de éllos
y los pone en fuga con su espada sarracena Al Rosub, (Tajo profundo).
Teniendo en su poder las cuatro joyas, Federico retorna a Alemania donde circula la noticia de su muerte.
Desde entonces, Federico vive invisible en infinidad de lugares y anda
errante por su Imperio.
Se dice que en Kaiserlautern donde
l.iabía vivido mucho tiempo, se respetaba el lecho donde había reposado en
vida y su regia alcoba era objeto de
religiosos cuidados; pues bien, a pesar de c¡ue su Jecho estaba arreglado
todas las noches, lo encontraban en
desorden al día siguiente como si alguien lo hubiera ocupado. Este admirable emperador fué Hamado HStupor
mundi", pues adelantándose a su época supo despertar el asombro de su
siglo por su audacia y su fiereza.
A su muerte exclamó el Papa: "Que
los cielos se regocijen, que la tierra
disfrute porque el nombre, la simiente y el linaje del rey de Babilonia han
sido borrados."
Federico engendró trece hijos legítimos o naturales. De sus cinco hijas
naturales solo conocemos el nombre
de una: Selvaggia, que se casó con el
brutal Ezzelino da Romano.
Conocemos el nombre de cinco de
sus hijos. Enrique, hijo de Isabel de
Inglaterra, muerto a los quince años.
Enrique, hijo de la princesa de Aragón que traicionó al Imperio y se suicidó. Cantaba en su prisión polvorienta todas las mañanas pero sollozaba
todas las noches. Se arrojó al mar desde los muros de su presidio. El tercer
hijo, Conrado, rey de Roma, murió de
peste a los veinticinco años aunque algunos sugieren que fué envenepado.
Este Conrado llamado el IV y obligado
por la anarquía y la traición decía:
"El Imperio se agosta como una flor
y pronto será tragado por el olvido y
por la muerte". Murió finalmente en
1254 dejando un hijo Conradino o
Conrado el joven que babia de ser el
último de los Hohenstaufen. El cuarto fué Manfredo, el hijo de Blanca Lancia cantado por todos los poetas alemanes especialmente por R.icardo Wagner. El Rey Manfredo, el hijo
genial y predilecto de Federico II, fué
vencido en Benevento en 1266 por el
usurpador de su reino, Carlos de Anjou que había sido llamado y armado
por el Papa, perqiendo no solo la batalla sino también la vida.
Manfredo también había preferido
la música y las canciones al Imperio.

Todos los Hohenstaufen cantaron. Su
cadáver fué hallado entre los cuerpos
mutilados de sus perseguidores. Fué
reconocido por su larga cabellera y su
piel blanca como la nieve. 'Bianco e
bello" lo describe Dante, en su Purgatorio mostrando sonriente su herida y
quejándose de la venganza del Papa,
que lo había odiado hasta en su tumba
bajo el puente de Benevento.
Manfredo dejó dos hijos tan bellos
como él que murieron en los calabozos de Carlos de Anjou, déspués de
permanecer encadenados treinta años.
El quinto hijo de Federico fué Enzio, muerto en la prisión a manos de
los boloneses encarnizados enemigos
de su padre.
Federico había ofrecido por su rescate Huna cadena de plata que circundaría la ciudad de Bolonia", y les advirtió de las mudanzas del destino, pero los bolonescs no libertaron al hijo
del Emperador.
"Lo guardaremos y lo seguiremos
guardando" -contestaron- "pues a
menudo un cachorro de perro, ha
mantenido a raya a un jabalí".
Enzio vivió dos años más que su sobrino el joven Conradino. Bello y lleno
de gracia, encontró una mujer que lo
amase. La hija de Niccoló Ruffo, el
Conde gibelino, compartió su jergón.
Una noche de carnaval cuando sus
guardianes ~e divertían por las calles,
ella se le entregó. Tres días después
murió él, y ella se ausentó de ]a ciudad. Dió a luz a su hijo en Bérgamo.
El Papa Clemente IV supo lo del hijo de Enzio y dijo compasivamente a
quienes mal Je aconsejaban: "En el
nombre de la Gracia y la Caridad cristianas no Jo recordemos".
::Margarita, hija legítima de Federico
y desposada con el disoluto y perverso :Margrave A]berto de Meissen, falleció en 1270 en el refugio que le habían ofrecido los fieles ciudadanos de
Frankfurt, después de librarse de las
acechanzas de su ma]vado esposo.
El nieto de Federico II, hijo de Conrado IV, llamado Conradino por los
italianos, poeta como su abuelo y su
bisabuela, cantó a su patria, la Suabia,
la graciosa canción de amor: "Gozo
de las flores rojas que ~layo ha traído .... " Pasó los Alpes con un reducido ejército acompañado de su amigo
leal el Duque Federico de Austria, de
la casa de Babenberg, para recobrar
su patrimonio y arrojar al usurpador.
Venció al principio pero la vil traición
de un Frangipani, cuya casa habían
colmado los Hobenstaufen de beneficios, lo entregó en las garras de su enemigo Carlos de Anjou, quien el 29 de
Octubre de 1268, mandó decapitarle
en la plaza de Nápoles. "¡Oh madre,
cuanto dolor te causo!' 1 exclamó el infeliz antes de recibir el golpe mortal.
Ese es el último canto, el sangriento
epilogo de una dinastía. Desde el fondo de los siglos la brillante personalidad del Emperador Federico II con
sus vicios y sus virtudes habrá. respondido ciertamente al epíteto de 11 Stupor
l\Iundi". Con él comienza la lucha encarnizada por sostener un Imperio y
el esfuerzo titánico para mantenerlo en
pie. Sin embargo no pudo evitar la
caída de su casa y la trágica muerte
de los suyos porque el Destino es el
más fuerte y terrible de los combatientes y quien logra vencerlo debe ser
un semi-dios.
Con los Hohenstaufen termina la fa.
mosa "guerra de las investiduras", y
los conflictos entre el Imperio y el Papado parecen tener feliz término, pero
resurgen en tiempos de Carlos V y más
tarde en la época de Napoleón Bonaparte. Federico II fué un gran soberano, pero también el mayor cínico
de la Historia. Los Hobenstaufen desaparecieron de la tierra y solo viven
en el recuerdo de los pueblos que gobernaron y como testimonio de su gloria, aún ¡meda en pie el Kyffhaeus~r .....

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>BOLETIN MENSUAL DE U UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON

UIIWlli!TNIIII

Registrado como artículo de 2a. clase en la Administración de Correos de Monterrey, N. L., el 20 de Abril de 1944.

Año XIII

D.A.S.U.

+
L día tres de mayo
del presente año fa,
lleció en esta ciu,
dad el Prof. Francisco M.
Zertuche. Viejo colabora,
dor de la Universidad de
Nuevo León, dedicó todo
su tiempo y todos sus esfuerzos a nuestra Casa de
Estudios, que recibió su
ayuda en las Escuelas Pre•
paratorias, en el Departa•
mento de Acción Social,
en la Facultad de Filosofía
y Letras y en la Escuela de
Verano, la cual, desde su
nacimiento hasta el pre,
sente -once años--, fué
guiada por su mano para
llegar a ser lo que hoy es:
un brazo fuerte y generoso
de la Universidad de Nue,
vo León. Al universitario
desaparecido se ofrece como homenaje esta entrega
de Armas y Letras, publi,
cación que lo contó siem,
pre entre sus más ádíctos
colaboradores.

+

No. 5

Mayo de 1956

�La Literatura Mística en España

Bihliografía de Francisco M. Zertuché
En ARMAS Y LETRAS.
EL DICCIONARIO DE LA LENGUA TARASCA O DE MICHOACAN, DE MATURINO GILBERT!, año de 1955. Reimpresión del DR. ANTONIO PEÑAFIEL. • Año 1, No. 3,
marzo -de 1944.
JUSTO SIERRA. , Año I, No. 6, junio de 1944.
1.A LITERATURA MISTICA EN ESPAÑA.· Año 111, No. 4,
abril de 1947.
LA COMEDIA O TRAGICOMEDIA DE CALISTO Y MELIBEA•. Año 111, No. 6, junio de 1946.
LA NOVELA PICARESCA. • Año 111, No. 7, julio de 1946.
LA GRANDEZA . MEXICANA.• Año 111, No. 9 septiembre
de 1946.
LA ARAUCANA, POEAMA NACIONAL DE CHILE. • Año
111, No. 10, octubre de 1946.
PEDRO DE RIBANEYRA •• Año 111, No. 11, noiembre de 1946.
LITERATURA PATRISTICA.• Año III, No. 12, diciembre
de 1946.
CARCEL DE AMOR.· Año IV, No. 1, enero de 1947.
LOS LIBROS DE CABALLERIA. • Año IV, No. 2, febrero
de 1947.
EL POEMA DE MIO CID .• Año IV, No. 3, marzo de 1947.
DEL AUTOR DE LAS ETIMOLOGIAS. • Año IV, No. 4, Abril
EL CAUTIVERIO DE CERVANTES. • Año IV, No. 5, mayo
de 1947.
CATALINA DE PALACIOS-SALAZAR Y VOZMEDIANO. •
Año IV, No. 6, junio de 1947.
EL PROGRESO DE VALLADOLID. · Año IV, No. 7, julio
de 1947.
•
NOVELAS EJEMPLARES.· Año IV, No. 8, agosto de 1947.
OCHO COMEDIAS Y OCHO ENTREMESES •. Año IV, No.
9, septiembre de 1947.
LECCION SOBRE CERVANTES •• Año IV, No. 10, octubre
de 1947.
EL CABALLO Y EL AZOR. , No. IV, No. 11, noviembre de
1947.
ANTOLOGIA MISTICA., Año IV, No. 12, diciembre de 1947.
VIDA Y OBRA. • Año V, No. 1, enero de 1948.
EL DOCTOR DON JUSTO SIERRA .• Año V, No. 2, febrero
de 1948.
SAN JUAN DE LA CRUZ. , Año V, No. 3, marzo de 1948.
EL INFANTE DON JUAN MANUEL.. Año V, No. 4, abril
de 1948.
EL MAESTRO FRAY GABRIEL TERREZ. · Año V, No. 5,
mayo de 1948.
·
JORGE MANRIQUE.• Año V, No. 6, junio de 1948.
EL RETABLO DE LAS MARAVILLAS.· Año V, No. 7, julio
de 1948.
EL VIAJE DEL PARNASO., Año V, No. 8, agosto de 1948.
ALFONSO MARTINEZ DE TOLEDO.· Año V, No. 9, septiem•
bre de 1948,
LA HECHICERIA EN "EL COLOQUIO DE LOS PERROS".
Aiío V, No. 10, octubre de 1948.
GONZALO DE BERCEO . Año V, No. 11, noviembre de 1948.
DIALOGO DE LA LENGUA DE JUAN DE V ALDEZ. • Año
V, No. 12, diciembre de 1948.
LITERATURA GEOGRAFICA DE LA ANTIGÜEDAD. • Año
VI, No. 1, enero de 1949.
DE 1580 A 1587. Un lapso de vida cervantina.• Año VI, No. 2,
febrero de 1949.
CERVANTES, COMISARIO DEL REINO.· Año VI, No. 3,
marzo de 1949.
LUIS DE GRANADA, ORADOR SAGRADO .• Año VI, No.
7, julio de 1949.
TERESA DE CEPEDA Y AHUMADA. (Sus fuentes literarias).
Año VI, No. 8, agosto de 1949.
RUSTICATIO MEXICANA .• Año VI, No. 9, septiembre de
1949.
PUESTO YA EL PIE EN EL ESTRIBO .• Año VI, No. 10, octubre de 1949.
JENOFONTE •• Año VI, No. 11, noviembre de 1949.
EL DIABLO COJUELO•. Año VI, No. 12, diciembre de 1949.
* Esta

blbllorrafia no es completa, Recoge nada rnás los trabajos publicados en este Boletín, en la
Revista " UNIVERSIDAD" y en el semanario "\'IDA UNIVERSITARIA" del Patronato Universitario

de Nano León.

Página 2

EL CABALLERO DE CIFAR•• Año VII, No. 3, marzo de 1950.
ELIO ANTONIO DE NEBRIJA. • Año VII, No. 4, abril de
1950.
EL MAGISTERIO DE MARTI.• Año VII, No. 5, mayo de 1950.
LA DRAMATURGIA DE LOPE DE VEGA.· Año VII, No. 8,
agosto de 1950.
LA ACADEMIA MEXICANA DE CERVANTES DE SALAZAR•• Año VII, No. 9, septiembre de 1950.
EN EL CENTENARIO DE ARCIPRESTE.• Año VII, No. 10,
octubre de 1950.
XIMENEZ DE CISNEROS.• Año IX, No. 9, septiembre de
1952.
UNA POESIA CATALANA DE BOSCAN. · Año X, No. 9,
septiembre de 1953.
·
NOTA SOBRE LA UNIVERSIDAD MEXICANA, REFLEJO
DE LA SALMANTINA.• Año X, No. 10, octubre de 1953.
BERNARDO DE BALBUENA Y LA GRANDEZA MEXICANA.• Año XI, No. 8, agosto de 1954.
LITERATURA MEXICANA: FRANCISCO CERVANTES DE
SALAZAR Y SU "MEXICO EN 1554". • Año XI, No. 9,
septiembre de 1954.
LA "RUSTICATIO MEXICANA" DE RAFAEL LANDIVAR.
Año XI, No. 12, diciembre de 1954.
¿CERVANTES, PASAJERO A INDIAS?. , Año XII, No. 4,
Abril de 1955.
EVOCACION DE MENENDEZ Y PELAYO. • Año XIII, No. 1,
enero de 1956.
PERFIL Y ENTRAÑA DE LOPE DE VEGA: l. VIDA Y LITERATURA.• Año XIII, No. 2, febrero de 1956.
PERFIL Y ENTRAÑA DE LóPE DE VEGA: 11. EL CAUDAL
DRAMATICO. · Año XIII, No. 3, marzo de 1956.
PERFIL Y ENTRAÑA DE LOPE DE VEGA: 111. LA DOROTEA, OBRA AUTOBIOGRAFICA. • Año XIII, No. 5 ma•
yo de 1959.

En UNIVERSIDAD, publicación anual de la
Universidad de Nuevo León.
EL PENSAMIENTO MATERIALISTA EN LA ENSEÑANZA
DE LA LITERATURA.· Número 1 (1942).
EVOCACION DE GUTIERRE DE CETINA.. Número ·8-9,
(1949).
LAS CARTAS DE RELACION DE CORTES A CARLOS V.
Número 13 (1955).
En VIDA UNIVERSITARIA, publicación semanal
del Patronato Universitario de Nuevo León.
Año 1
MIRAJE DE SOR JUANA. EN TORNO A SU TRICENTENARIO.. No. 2, abril 4 de 1951.
LOS ULTIMOS DIAS DE CERVANTES•. No. 6, mayo 2 de
1951.
EL EXAMEN DOCTORAL DE JUAN RUIZ DE ALARCON.
No. 30, octubre 17 de 1951.
PICAROS Y GANAPANES, No. 31, octubre 24 de 1951:
SOR JUANA, COMO POETISA DE CIRCUNSTANCIAS ..
No. 32, octubre 31 de 1951.
LA APARICION DEL QUIJOTE EN MEXICO .. No. 33 , noviembre 7 de 19 51.
EL DIARIO DE SUCESOS NOTABLES.• No. 34, noviembre
14 de 1951.
SOBRE LAS NOVELAS EJEMPLARES DE CERVANTES. No.
35, noviembre 21 de 1951.
EL ESCRITOR Y EL LIBRO EN EL SIGLO XVI.• No. 36, noviembre 28 de 1951.
EL DONAIRE EN SOR JUANA . . No. 37, diciembre 5 de
1951.
LAS BIBLIOTECAS COLONIALES. . No. 38, diciembre 12
de 1951.
JUAN RUIZ, CLERIGO GLORIARDICO .. No. 39, diciembre
19 de 1951.
ALGUNAS NOTAS SOBRE SOR JUANA.. No. 40, diciembre 26 de 1951.
UN BIOGRAFO DE SOR JUANA •• No. 41, enero 2 de 1952.
DEL CARMEN VIRGILIANO (1 ECCE POETA) .• No. 42,
enero 9 de 1952.
1Pasa

a la Pág. 5) .

Francisco M. ZERTUCHE

l

La Mística ha sido definida por P. Sainz Rodríguez como las
relaciones naturales secretas, por las cuales eleva Dios a la criatura sobre las limitaciones de su naturaleza y la hace conocer
un mundo superior al que es imposible llegar por las fuerzas materiales ni por las ordinarias de la Gracia.
El Misticismo español como experiencia psicológica y como
expresión literaria alcanza su climax en los siglos XVI y XVII.
Algunas razones de orden politico y social habrán de señalar
estas dos centurias como la época propicia al desarrollo y euforia del pensamiento místico español.
La misma geografía de España, vinculando casi sin interrup•
ción dos continentes, es un hecho de importancia cabal por el
cual dichos continentes, tomados en su conjunto, representaban
dos culturas, dos religiones que disputan alli donde el contacto
material es más asequible: la Península Ibérica.
Otro razonamiento de educación puede hacerse radicar en las
Cruzadas: mieJ:1.tras los demás países de Europa inflaman su es•
píritu en esta fervorosa empresa, España, empeñada octasecularmente en la defensa de su territorialidad, mantiene, ciertamente,
una guerra por la conservación y el acrecentamiento de sus fueros religiosos.
Y un tercer factor, que afecta a toda Europa, forma ya el cuadro de los orígenes del Ascetismo y del Misticismo español: la
crisis de la Edad Media en los siglos XIV y XV. Su relajamiento
en las costumbres de la sociedad y singularmente en las Ordenes
religiosas, y, posteriormente la Reforma, acentúan con claridad
y hacen reaccionar con violencia los tonos de la Mística Española.
Si revisamos este aspecto literario ibérico desde Ramón Llul
hasta el siglo XVII, encontramos que en la Orden Carmelita se
dió la cumbre - en la experiencia vivida y en la plasmación de
estas impresiones directas en obras de alta calidad teórica de la
Mística en general en toda la Europa de su época y épocas poste•
riores.
Teresa de Cepeda y Ahumada (1515-1582) y Juan de Yepes
y Alvarez (1542-1591) - Santa Teresa de Jesús y San Juan de
la Cruz - representan en nuestro sentir, los más altos y apasionados acentos de la Mística en España, en la época de Felipe 11.
Santa Teresa y San Juan, fervientes reformadores de la mitigada Orden del Carmelo, suponen, saturados de un tremante
misticismo, dos diferentes cauces literarios. Santa Teresa encar•
na en sus·obras - su ida, Castillo Interior, Camino de Perfección - una tendencia popular, sensorial, de impresión y ternura.
Dentro de su sencillo léxico - el usado por las viejas detrás del
fuego - Teresa exalta sus visiones y arrobos con una ardiente
ingenuidad... La descripción de los favores celestes es una verdadera creación poética, literaria: ... "vi a un angel cabe mí hacia
el lado izquierdo en forma corporal... no era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido, que parecía de
los angeles muy subidos, que parece todo se abrasan. Deben ser
los que llaman cherubines ... Veíale en las manos un dardo de
oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego;
Este me parecía meter por el corazón algunas veces, y que me
llegaba a las entrañas; al sacarle me parecía las llevaba consigo,
y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. No es dolor
corporal, sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo
algo, y aun harto". La autora, cuya obra literaria abarca episto•
lario, autobiografía, teología popular, poesía, etcétera, disponía
si se quiere de una mediana cultura - libros de caballería, obras
de devoción (Laredo, Osuna) - pero su temperamento estu•
diado con acierto por Novoa Santos, dotaba a este espíritu señero de una gran sensibilidad de escritora, comentada ya por el
maestro escriturarlo Fray Luis de León: "delicadeza y claridad
con que trata las cosas altas, y por la forma en el decir, pureza
y facilidad en el estilo, gracia y buena composición de las palabras, y por una elegancia desafaiteda que deleita en extremo".
Vinculado a la vida religiosa y a la lucha de esta gran alma
castellana, San Juan de la Cruz representa una creación poética
hasta ahora no igualada. Sus versos - Subida al Monte Carme•
lo, Noche Obscura del Alma, Canciones entre el Alma y el Es-

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PROF. FRANCISCO M. ZERTUCHE.
(Dibujo de Jorge Rangel Guerra).

poso, tienen "la suavidad de la leche", y su música se esfuma
en celestes vaguedades:
¡Oh si tu amor ardiese
tanto que mis entrañas.abrasase!
¡Oh si me derritiese!
¡Oh si ya me quemase
y amor mi cuerpo y alma desatase!
Juan de la Cruz representa la parte inefable, ceñidamente intelectual, tal como la representó objetivamente, al lado de Teresa, en las luchas por la vuelta de los fueros intachables de la
Descalcez en la Orden del Carmelo.
Aparte estos dos valores de estupendas cualidades, otros re•
presentativos forman el cuadro de la Mística Española: Dominicos, Fray Luis de Granada (1504-1588); Agustinos, Fray Luis
de León (1528-1591) y Pedro Malón de Chaide (1530-1596),
y Franciscanos, Fray Juan de los Angeles (1536-1609).
A los misticos se ha debido, en cierta parte, la creación idio,
mática. La peculiar fenomenología de su espíritu es venero el
más prolífico para enriquecer de matices conceptuales y metá•
foras clarosonantes, hijas de sus abstracciones, el habla de Cas•
tilla.
Página 3

�FRANCISCO M. ZERTUCHE
Alfonso REYES AURRECOECHEA
Era delgado, de tez blanca, mediana estatura, rostro enjuto,
algo aguileña la nariz, frente alta y espaciosa. En la cabeza escaseaba un cabello fino y dócil que solía mesar con mano delicada, insegura, nerviosa. La barba a veces crecía impertinente,
pero daba a su dueño un aire de noble desenfado, que iba a tono
con su naturaleza romántica. No conocimos su juventud, pero
la adivinamos: la apuró a grandes dosis, como el que está ansio•
so de conocer la vida y entrever de un solo golpe sus huidizos
secretos. Así llegó, leyendo en aquel libro, escanciando en este
goce, penetrando en tal arcano vedado a los demás, a la cima des•
de la que contemplaba el espectáculo del mundo. Sencillez en
el ademán, timidez en el actuar, desgaire en el vestir, inquietud,
viveza y persistencia en el pensar: toda esta diversidad de pres•
tancia humana fue atributo de Francisco M. Zertuche.
· Cuando llegó a la Universidad sólo traía su corazón, su deseo
de entregarse a una causa noble. Y lo hizo. Lo dicen todos sus
amigos, todos los universitarios que lo conocieron, que recibie,
ron el don de su orientación y de su consejo desinteresados. Alli
está su obra escrita, sus pensamientos, su singular naturaleza li,
teraria. Había llegado a imponer su aire y su carácter a todo
cuanto le era afín y gustaba rodearse de libros de grata compañía. Todo en el parecía decir: Francisco M. Zertuche. Su pre,
sencia estaba entre los estudiantes, en las aulas, en los libros,
en los materiales de estudio y de trabajo.
Había llegado a Monterrey después de una infortunada experiencia política en el Estado de Coahuila, allá por el año de
1939. La noche que lo conocí conversamos hasta la madrugada
del día siguiente, sentados en una esquina de las calles de Madero y Jiménez. Los temas corrían fáciles y amenos, los versos
brotaban sonoros y radiantes. Yo veía en él a un heraldo de la
poesía sentimental y romántica, grata a los oídos; Othón, Nervo, Urbina, Rafael López, Camín y su maestro de literatura Horado Zúñíga, ganador de flores naturales, iban pasando por su
memoria encendiendo su imaginación, estremeciendo su espíritu
y sacudiendo su sensibilidad.
Después de una breve cátedra de Folklore nacional impartida
a guías de turistas, ingresó al cuerpo docente de la Escuela Nocturna de Bachilleres, para explicar la clase de Literatura mexi,
cana e hispanoamericana, que impartió hasta su muerte. En ese
plantel fue escalando poco a poco hasta llegar, por sus méritos
de honestidad y trabajo, a los puestos de secretario y director interino. Todavía se recuerdan las veladas que organizó en el Aula
Magna: una de ellas consagrada a la memoria de Federico Gar•
cía Lorca, en la que participó el poeta Pedro Garfias, interpre,
tando los versos del poeta gitano. Garfias vendría más tarde a
residir a Monterrey, cumpliendo el puesto de secretario del De,
partamento de Acción Social Universitaria.
En el año de 1946 organizó Zertuche, en compañía de otros
maestros universitarios, los primeros Cursos de Verano de la
Universidad de Nuevo León, por iniciativa del Departamento
de Acción Social. Estos cursos dieron nacimiento a la Escuela
de Verano actual, institución que lleva ya diez anualidades sucesivas. En esta tarea encontró su consagración definitiva: to•
davía su presencia se dejará sentir en la undécima anualidad que
alcanzó a dejar casi terminad~ en sus diversos aspectos.
En cada anualidad encontraba actividades novedosas e interesantes y acostumbraba dedicarlas a las personalidades desta•
cadas de la intelectualidad universal. Podemos recordar aquellas consagradas a Miguel de Cervantes Saavedra, a Justo Sierra,
a Hidalgo y a José Marti, y ésta, próxima a celebrarse, en honor
de Marcelino Menéndez y Pelayo. Los trabajos de la undécima
anualidad pudo concluirlos en el lecho del enfermo, recluido en
sus habitaciones. Esto da idea de su elevado sentido de responsabilidad.
No nos hemos detenido todavía a considerar la fecunda labor
cultural que Francisco M. Zertuche desarrolló en esta ciudad a
través de la Escuela de Verano de la Universidad de Nuevo León.
Gran parte del entusiasmo que se ha despertado en Monterrey
en bien de la difusión cultural se debe al sencillo y eficaz maestro universitario que puso todo su valimiento en esta labor mediante la cual nuestra Casa de Estudios se ha colocado en los
primeros lugares entre las universidades mexicanas.
Pero su actividad no se limitó sólo a la organización de la Es-

Francisco M. ZERTUCHE

Sin pasión nada se logra. - J. S.

..

.,!
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' . =;::-.
;;

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,.,.~:

.- •

(Dibujo de Alfonso Reyes Aurrecoechea)

cuela de Verano, desde donde actuaba con tan desinteresados
propósitos. Una vocación recóndita lo impulsaba a escribir y
a investigar, remozando los apasionados temas de la poesía he•
roica popular, las cuestiones cervantinas y la literatura mística
española, que eran de su predilección: Sobre ellos escribió nu•
merosos artículos ya en la Revista "Universidad", ya en este mis•
mo Boletin, o bien en "Vida Universitaria", el órgano del Pa•
tronato Universitario y en revistas estudiantiles o de otra índole,
donde ponía su nota personalísima haciendo hincapié, siempre
en función de enseñanza, en los puntos de interés desprendidos
de cada estudio.
Su actividad como maestro en las escuelas de Bachilleres y en
la Facultad de Filosofía y Letras y su carácter de activo promo•
tor de la difusión cultural, lo fue rodeando de una personalidad
singular que le dio un lugar preponderante entre los mejores co,
laboradores de la Universidad de Nuevo León. Se le veía en
muchas oca~i,ones sentado en su escritorio leyendo, otras veces
rod!ado de Jove~es estudiantes que le respetaban y querían en•
tranablemente, dictando la corresoondencia las más, o escribien•
do durante los domingos o días festivos, pero ocupado siempre
en los exigentes menesteres propios de su dedicación.
Era sumamente sensible; una expresión una actitud o un su•
ceso inesperado le impresionaban profund~mente. Por las palabras de un verso alado se le iba algo de su ser. Tuvo el don de
(Pasa a la Pág. 8)

DEL CARMEN VIRGILIANO (II EGLOGAS). • No. 43, ene•
ro 16 de 1952.
DEL CARMEN VIRGILIANO (III LA EGLOGA CUARTA).
No. 44, enero 23 de 1952.
DEL CARMEN VIRGILIANO (IV LAS GEORGICAS) .• No.
45, enero 30 de 1952.
DEL CARMEN VIRGILIANO. (V LA ENEIDA) . • No. 46, fe.
brero 6 de 1952.
DEL CARMEN VIRGILIANO (VI ATRIBUCIONES A VIRGILIO), No. 48, febrero 20 de 1952.
DEL CARMEN VIRGILIANO (VII VIRGILIO EN LAS LETRAS HISPANICAS .. No. 49, febrero 27 de 1952.
DEL CARMEN VIRGILIANO (VIII EFIGIE DE VIllGILIO). • No. 50, marzo 5 de 1952.
LA POESIA PASTORIL. • No. 51, marzo 12 de 1952.
A LAS RUINAS DE ITALICA.• No. 52, marzo 19 de 1952.

Justo Sierra (n. el 26 de enero de 1848 y m. el 13 de septiem,
bre de 1912), poeta, cuentista, viajero ilustre, historiador, tri•
buno y repúblico, todo ello presidido por la inmarcesible figura
del Maestro, fué el signo de más alto estimulo a las letras mexicanas en las postrimerías de la pasada centuria y en las primeras
décadas de ésta.
Discípulo de Ignacio Altamirano, el resultado de esos crisoles
reveló sus grandes virtudes ciudadanas.
Su educación, clasicista y humanística y su tránsito por los
más altos cenáculos literarios de México, permitieron el ejercicio de su proteica actividad a través del cuento, la crónica, la poe•
sía, la historia y la elocuencia.
Dos generaciones de jóvenes ilustres en los fastos de las letras
Año 11
nacionales escucharon su cátedra y se advocaron bajo su signo. FRANCISCO DE TERRAZAS.• No. 64, junio 11 de 1952.
Un mecenazgo sin tasa prodigado a través de los altos puestos EL MAGISTERIO DE MARTI•• No. 97, enero 28 de 1953.
que representó en el Ministerio de Instrucción Pública, abrió pa- LECCION SOBRE CERVANTES .. No. 102, marzo 4 de 1953.
so a las jóvenes generaciones afiliadas en el Modernismo.
NOTAS AL AUTOR DE MARIA.· No. 103, marzo 11 de 1953.
Un testimonio de los hondos fervores que suscitó su preclara CUATRO DOCUMENTOS ESCOLARES DE ALFONSO REfigura de Maestro entre sus entusiastas discípulos y admiradores RES. • No. 104, marzo 18 de 1953.
nos lo declara Luis G. Urbina y el pórtico de su libro postrero,
"El Cancionero de la Noche Serena": "Al maestro Justo Sierra,
Año 111
santo amor de mi vida".
EL TEATRO DE CERVANTES.• No. 105, marzo 25 de 1953.
Dícese de él que "viéndole mezclarse a la mocedad, los anti- GUANAJUATO Y CERVANTES.· No. 109, abril 22 de 1953.
guos hubieran dicho que desaparecía, como el dios Término, en- TRAZO DE LOPE DE VEGA.• No. 112, mayo 13 de 1953.
tre el revoloteo de las Gracias; y viéndole guiar a los otros, a ve- DIAZ MIRON EN SU CENTENARIO (Antología Poética) ••
ces con solo la mirada o con la sonrisa, lo hubieran comparado
No. 143, diciembre 16 de 1953.
con el viejo Eneas, de cuyos labios manaban la sabiduría y -la EL TEMA DE LA NATIVIDAD EN LA LIRICA ESPAÑOLA
persuasión."
(Antología Pascual). • No. 144, diciembre 23 de 1953.
Su misión de poeta se inicia con la límpida y fresca barcarola
Playeras, que llevó en sus años candeales a las aulas del Colegio
Año IV
de San Ildefonso. Años más tarde, hondamente influido de Víc- EL EPISTOLARIO DE HERNAN CORTES. • No. 15, marzo
tor Hugo - de quien se impuso la metáfora sonora y el giro
24 de 1954.
grandilocuente - enlazado fuertemente al Modernismo, nos EPIGRAFE A LA ESCUELA DE VERANO DE 1954. • No.
dá, en el Beato de Calasanz, A Cristóbal Colón, En la Apoteosis
171, abril 16 de 1954.
de los Héroes de la Independencia, Al Autor de los "Murmurios AGRAVIOS ENTRE LOPE Y CERVANTES. • No. 190, no,
de la Selva", El Funeral Bucólico, Otoñal, Spírito, Florencia,
viembre 10 de 1954.
Aníbal y en las magnificas versiones de los Trofeos, de Heredia, EL TEMA DE LA NATIVIDAD EN LA LENGUA LITERAsus mejores savias líricas y románticas. Desgraciadamente, la
RIA (Antología).• No. 196, diciembre 22 de 1954.
obra poética de Don Justo permanece dispersa, y es lástima que CLEPSIDRA DEL AÑO NUEVO (Antología de prosa y verso).
el único ensayo de organización, debido a la incipiencia de la
No. 199, diciembre 29 de 1954.
hispanista Dorothy Margaret Kress, esté plagado de yerros.
La labor de cuentista, de más galanura que la de poeta, se en,
,
Año V
cuentra en "Cuentos Románticos", coleccionados hacia 1896 EN EL MUNDO POETICO DE FRAY LUIS DE LEON.. No.
"poemillas en prosa impregnados de lirismo sentimental y deli- 216, mayo 11 de 1955.
rante" - y constituye una serie de apasionadas y deliciosas na,
rraciones, que emergen del inolvidable escenario de sus playas . Escribió además 70 fichas de literatura mexicana bajo el título
nativas. Es entonces cuando el romanticismo mexicano comiengeneral "EL LAUREL Y LA ACACIA", y muchas mas que
za a cristalizar en formas definidas.
ses iguen publicando.
El historiador se revela en la cátedra de la Escuela Nacional
Preparatoria como una reminiscencia del verbo de águilas y alon- LITERATURA MEXICANA DE LOS SIGLOS XVI, XVII y
dras de Ignacio Manuel Altamirano. Al par que explica la HisXVIII.• Universidad de Nuevo León. Monterrey, 1954. (65
toria, porque ha sentido antes el amor a la patria, que es el repáginas mimeografiadas). Contiene: LAS CARTAS DE RE,
sumen de todos los amores, su pluma escribe los más amenos y
LACION DE CORTES A CARLOS V; GUTIERRE DE CE,
sentidos capítulos de la Historia Universal y de la de México, reTINA, UN POETA DEL RENACIMIENTO EN LA NUEcorriendo desde el "Catecismo de Historia Patria" ( 1896), has,
VA ESPAÑA; FRANCISCO CERVANTES DE SALAZAR Y
ta la "Evolución Política del Pueblo Mexicano", recientemente
SU OBRA "MEXlCO EN 1554"; BERNARDO DE BALeditada con un admirable prólogo de nuestro Alfonso Reyes, paBUENA Y LA GRANDEZA MEXICANA; LA "RUSTICAsando por otros admirables trabajos históricos y polémicos de
TIO MEXICANA" DE RAFAEL LANDIVAR. (Estos cinco
solemnes peraltes.
temas los desarrolló en un cursillo sobre Literatura Mexicana
Su calidad tribunicia señala el clímax de todas sus aspiracioque explicó en el Verano de 1954 en la Universidad de La
nes: el poeta, el cuentista, el viajero, el maestro, el historiador,
Habana. (Publicados en diferentes números de ARMAS Y
confluyen a su verbo ático. Una pésima edición de sus oracioLETRAS).
nes se reúne en Discursos (1919), en donde figura uno de los
más célebres, el pronunciado en oportunidad a la creación de la
Universidad Nacional de México, debida a él, en 1910.
Sus evocaciones de viajero, luminosas y claras como el aire alentador de las letras mexicanas en las recientes décadas, el aprede sus playas nativas; sus recuerdos e impresiones; sus crónicas y mio para que se divulgue en una celosa edición popular, la obra
ensayos, se encuentran en su libro "En tierra Yankee" (f898), creadora de ese Maestro inmarcesible, para quien la gratitud de
y una gran parte de su obra general de escritor anda dispersa en México es siempre una lámpara votiva.
* Este es, fuera de las noticias bibliográficas, el primer articulo que publicó el
hojas periódicas y opúsculos.
Maestro Zertuche en ARMAS Y LETRAS (Año!, No. 6, Junio de 1944). Ver en
Cabe señalar en este modesto ensayo sobre el más ~rande
páginas siguientes su último trabajo sobre LA DOROTEA, de Lope de Vega.

• • •

P¡jgina 4

Página 5

I

�perfil y entraña de Lope · de Vega

III
OlBlflA AUllíOlBllOGlflAIFIICA +
La Dorotea es la obra vital, más sentida y reveladora de aquel

gran amador y poeta altísimo Frey Lope de Vega Carpio, que
tiene su raíz en el desengaño.
La primera redacción de este libro estremecido, fidelísimo es•
pejo de su angustiado vivir, es de sus años de madurez, 1588,
época cenital de su esplendor y preeminencia en Madrid. Escribí
la Dorotea --dice- en mis primeros años, y habiendo trocado
los estudios por las armas, debajo de las banderas del excelentÍ•
simo señor Duque de Medina Sidonia, se perdió en mi ausencia,
como sucede a muchas; pero restituída o despreciada ( que así
lo suelen ser después de haber gastado Lo florido de su edad), la
corregí de la lozanía, con que se había criado en la tierra mía, y
consultando mi amor y obligación, la vuelvo a la ilustrísima ca•
sa de los Guzmanes, por quien la perdí entonces: .... Con estas
palabras dedica Lope al señor Gaspar Alfonso Pérez de Guzmán
el Bueno, Conde de Niebla la restaurada Dorotea de sus años
de varonil desgarro ....
En esta obra de fresca y lnciente
perennidad, que con la Celestina y el
Quijote, forma la eminente trilogía de
las letras bisp/micas, está el ardido girón de su carne amorosa cuando rindió culto a Elena Ossorio, por cuyo
amor irrestañable sufrió prisión y

destierro, a los veintiséis años de su
desasosegado vivir.
Ya en avanzada edad, en 1632, tres
años antes de su muerte, vuelve a poner mano en la comedia autobiográfica, y le da nueva vida, metamorfoseándola ahora con el estado anímico
de los años ponentinos. Explica asi la
reflorescencia: Póstuma de mis Musas
Dorotea/ y por dicha de mí la más
querida/, última de mi vida/ pública
luz desea,/ desea el sol de oro lleno/
entre la niebla de Guzmán el Bueno ... /
Es, pues, un rebrote, una viva reminiscencia de su idolatría a la hija
del farandulero Jerónimo Velázquez,
cuando el poeta era un barbilindo que
todo su caudal son sus calcillas de
obra, y sus cueras de ámbar, esto de
día; y de noche broqueletes y espadas, y todo virgen, capita untada con
oro, plumillas, banditas, guitarra, uersos lascivos y papales desatinados.
Aunque en el prólogo de La Dorotea
figura su amigo López de Aguilar, las
lineas son de Lope: modalidad en boga en aquellas letras; además, el estilo,
la factura, son inconfundibles y lo delatan.
La frase Acción en prosa, va en e]
pórtico de la edición, y por lo que
hace a los versos se advierte que son
un exterior adorno juvenil, que el autor ha sembrado al través de toda la
andadura dramática de la obra, para
alivio y hasta regalo de los lectores;
pero lo cierto es qtie la parte poética
que contiene es ]a representación literaria de la verdad tangible de su vida
en el lustro que duró su existencia
amatoria con Elena que tantas ternuras despertó en este amado de los
dioses.

La pieza esta destinada a la lectura, es irrepresentable. Empero, el 13
de junio de 1804 se presentó en Madrid, con éxito, una adaptación escénica por don Félix Enciso Castrillón.
Como en la Celestina del judio converso de la Puebla de Montalbán, el
bachiller don Fernando de Rojas, el
poeta madrileño nos presenta el argumento de su cimera creación: Parecerán/e vivos las afectos de dos amantes, la codicia y trazas de una tercera,
la hypocresia de una madre interessable, la pretension de un rico, la fuerza del oro, el estilo de los criados; y
para el justo exemplo, la fatiga de todos en la diversidad de sus pensamientos, porque conozcan los que aman
con el apetito, y no con la razón, qué
fin tiene la vanidad de sus deleytes,
y la vilissima ocupacion de sus enga- ·
ños.... Si algun defecto huviere en el
arte, por ofrecerse precisamente la
distancia del tiempo de una ausencia,
sea la disculpa la verdad, que mas
quiso el Poeta seguirla, que estrecharse á las impertienentes leyes de la fabula: porque el assunto fue historia
y aun pienso que la causa de hauerse
con tanta propiedad escrito. Yo le he
sido de que salga á luz aficionado al
argumento y al estilo ........ ..
Dentro de los temas cíclicos en la
Literatura de la época, La Dorotea se
adhiere en parte al tronco maternal de
La Celestina, por su estilo y la configuración psicológica de algunos de sus
personajes, sobre todo el tipo de la
· Gerarda, que reencarna a la vieja tercerona, zurcidora de voluntades, de
Fernando de Rojas, aunque dotada de
menos maldad y pérfidos artilujios,
menos movida y verbosa que su modelo y que La Eufrosina, sus precedentes históricos y gloriosos.
La comedia está dividida en cinco
largos actos, y éstos en escenas. Cada
acto termina con un coro: del Amor,
del Interés, de los Celos, de la Venganza y del Ejemplo.

* Este
trabajo es el último del Prof. Francisco M. Zertuche, y corresponde a una serie de tres conferencia.s (ver Nos. 2 y 3 de este año, ARMAS Y LETRAS) que dfotó en la Facultad de Filosofía y
Letras. Se preparaba para un cuatro trabajo sobre Lope d~ Vera con musica de la época, el cual
no logró re albar,

Página 6

La erudición moderna ha desvelado
el enigma de esta acabadisima obra
del Mounslro de la naturaleza - como
Je llamaron sus contemporáneos- a
la vista de la verídica biografía, surgida de la exhumación de innumerables y. valiosos documentos coetáneos.
Los personajes de La Dorotea corresponden a una tangible realidad arqueológica,. y asi, Dorotea es Elena
Ossorio; Teodora, su madre Inés Ossorio; el opulento indiano Don Bela, el
sobrino del Cardenal Granvela, el
acaudalado Don Francisco Perrenot,
que motivó el rompimiento entre Lope
y su amante; y Don Fernando, Lope
mismo.
Por los pliegos de este libro vemos
desfilar cálida y apasionadamente varios aspectos de la agitada vida del
aquel siglo.
Los exce]entes biógrafos del poeta,
Rennert y Américo Castro han emiti-

do el acertado juicio respectivo: Tal
ve en ninguna otra (obra) corran tan
parejas su vida y su arte, ni se encuentren tanlas notas tipicas de su genio: enorme riqueza de motivos literarios, atisbos de los innumerables dominios a que se extendía su sensibilidad, intuición de los más variados sucesos y episodios, tesoros de minuciosa experiencia, todo ello ordenado sabia y artísticamente, como en el museo de lm delicioso gustador de todas
las cosas ... ; rasgos picarescos, henchidos de un humorismo que en vano
buscaríamos en las novelas de aquel
lema; .disquisiciones de academia literaria, criticas oportunas, dichos felices y tal cual muestra de afición visual a los objetos preciosos y a los
muebles, que nos hace recordar los
primores del pp..rnasianismo. Junto a
los pasajes de delicada inspiración
amatoria y elegmlle estilo cortesano,

artificioso, como el diálogo de Fernando y Dorotea, por ejemplo, en la escena quinta del primer acto, resaltan los
cuadros realistas de intensa psicología
y verdad, con apropiadísima dicción
popular. Una de las mejores escenas
de este orden y humorística, es la sexta del segundo acto, cuando las mujeres están sentadas a la mesa y Gerarda
ha bebido más de la cuenta, y se ha
puesto sentimental.
Hemos de añadir aquí que al análisis concienzudo del corazón humano
y del cosmos en que éste late, se añade una prosa esmerada, límpida, tersa
impregnada de un lirismo de exquisita sensibilidad, que nos presenta a
Lope no sólo como el pontífice de la
Dramaturgia y de la Lírica sino como
un prosista grávido de excelencias formales y de fondo.
Ahora, concretemos la trama de la
fábula lopeveguesca: dos amantes centralizan la atención de los lectores o
auditores: Dorotea, mujer dilecta, joven e ingeniosa - la Melibea de esta
acción en prosa - casada con un sujeto que desapareció en ]as colonias
españolas suponemos que en procura
de mejor fortuna, y el estudiante don
Fernando, mozo de veintidós años,
poeta, lleno de las prendas juveniles
de la época y de ]a edad, aunque exento de bienes materiales. Ambos han
llegado a los cinco años de relaciones
amorosas, no interrumpidas hasta entonces; antes bien, enriquecidas de citas, paseos, deliquios y ternuras arrebatadoras.
Pero la felicidad no es eterna, y llega el momento del desasosiego cuando
Teodora, ·madre de Dorotca, se deja
influir por el asedio que en tentadora persona de su be1la hija lleva a cabo el opulento indiano don Bela -el
don Francisco Perrenot de Gran vela de
la realidad lopeana - que agobia de
cump1idos, rendimientos y ricos presentes artísticos a Dorotea, ayudado
por el artero consejo y finos artilugios
de la torcedora de voluntades Gerarda - 1a Celestina lopesca - , quien estimula y lisonjea en interés propio al
nuevo pretendiente, sirviéndole de eficaz medio, a la par que convence a
Teodora de que Dorotea debe aceptar
a don Bela, galán, apuesto y cabal1ero,
confinando a] bohemio Fernando, manoseador de la belleza de su hija.
Dorotea, acosada en esta lucha sin
treguas, renuncia a medias al amor
cálido de su estudiante, aceptando a
don Bcla. La heroina se encuentra, así,
entre la tradición amorosa de su poeta, &lt;1ue ya cuenta un lustro, y el edén
de joyas, pasamanería y diversos presentes que le tributa reiteradamente el
nuevo amador.
Fernando, enloquecido por este reYés, cuya visión ha palpado ya como
una prefiguración del nefasto suceso,
decirle abandonar la capital del Reino,
después de haber obtenido por engaño
a su antigua amiga Marfisa ]os viáticos necesarios para cabalgar rumbo a
Sevilla.
Dorotea, avisada acaso en su corazón de la presencia de algo funesto
en sus relaciones, logra ver a su amargado amigo pasar su calle rumbo al
destierro que él mismo se ha impuesto, Y cae en una angustiosa desesperación, pues se siente culpable del
desenlace.
Para arrancarse ]a vida por tan
honda amargura, ]a triste y desalada
traga un anillo de diamantes sin lograr
el letal propósito, quedando en su fracaso extenuada y contrita.
La fatal ausencia no logra ultimar,
en su corazón y en .su razonamiento
ese ambiguo amor que, aunque que~
brantado, ata todavía a los dos amantes; antes bien, lo fortalece y llena de
inquietud y ardentía, pues se escriben
cartas y versos que no se remiten, se
entregan al doloroso deliquio de la remembranz~ ~, hurgen en sus lacerias.

Acicateado acaso por el tortuoso recuerdo, Fernando vuelve a Madrid con
Julio, su amigo confidente, que la historia literaria ha identificado con Vicente de Espinel, maestro ele Lope de
Vega.
Vuelve entonces el amor a abrir una
nueva primavera para ]os dos insatisfechos jóvenes, asediados de tantos peligros ahora. Se frecuentan las serenatas, el intercambio de billetes amorosos que rezuman atrevida y loca pasión y acerados celos.
Pero Fernando está ya frente al enemigo oficial, al que paga y es altamente complacido en casa de Dorotea
por Teodora y Gerarda, que logró ya
su intento y en una explosión de celos el atolandrado amante hiere a don
Bela... Habiéndose encontrado en el
paseo del Prado los amantes, se dan

prefiere la caja de Marte y entra al
servicio de las armas, y partiendo contra Inglaterra en la Invencible Armada, derrotada por los elementos, según
frase de la época.
La infame mediadora Gerarda, presa de gran excitación, se cae, con sus
ochenta años tan torpemente empleados, por la escalera del sótano y se
rompe la cabeza.
Como hojas secas en el viento que
llega de fuera asolador - dice Karl
Vossler - son arrastrados en torbellino estos seres deleznables como juguetes con toda la presunción de su ingeni9 y ]a belleza de sus emociones.
Al terminar el texto prosario, suene
el coro final: Este fin a tus desvelos/
loca juventud a1canza,/ porque amor
engendra celos/ celos, envidia y venganza:/ asi marchitan los cielos/ la

explicaciones y llegan a una reconciliación.
Pero la demasia y el recelo logran
bien pronto enturbiar de nuevo este
concierto amoroso, pues Dorotea descubre los amores de su doncel con
Marfisa y rompe nueva vez con ese
casquivano sin enmienda.
Apenas restañadas las heridas del
pródigo indiano don Bela, le espera
otra vez un desastrado suceso: cae en
una reyerta con gente del bronce, pendencier~ y brutal, que nada tiene que
ver con el negocio amoroso de la obra.
Ya Dorotea ha escanciado en plenitud los jugos agridulces de la vida.
Ante el desenlace mortal de su segundo amante, se siente en un abatimiento sin medida, y cansada de las alternativas de la vida de amor, vuelve sus
ojos a la vida monástica, refugio segurisimo de tantas desdichas. Por su
parte Fernando, victima de la melancolia que un astrólogo despertó en él,

más florida esperanza./
Cuanto el
ejemplo es mayor,/ provoc; a más escarmiento;/ todo deleite es dolor,/ y
lodo placer tormento,/ que el más verdadero amor/ se vuelve aborrecimiento./
Cuando del amor lascivo/ el
trágico fin contemplo,/ no sólo al deleite escribo,/ pero sentencioso tempo/ la doctrina en lo festivo./ y en el
engaño el ejemplo./
Concluido el Coro del Ejemplo, cita
Lope a Cicerón, y luego hace aparecer este explicit: Todo lo que contiene La Dorotea se sugeta a la corrección de la Santa Católica Romana
Iglesia, y a la censura de los mayores,
desde la primera hasta la letra última.
Hemos de citar algunos trozos antológicos de La Dorotea como medio de
ilustrar la atención de nuestra amab]e
audiencia. He a.qui de· nuestra eriamorada doncella, que aparece en la Escena tercera del Primer acto:
¡Ay, infeliz de mi! ¿Para qué vivo?

¿Para qué solicito conservar la más
triste vida que se ha dado a esclava?
¿ Qué mujer de mis años la pasa con
tantos sobresaltos y desdichas? ¿Dónde me lleva este amor desatinado mío?
¿ Qué fin me promete tan desigual locura de lo que pudieran haber merecido las partes de que me ha dotado
el cielo? Cuando haya pasado lo mejor de mis años en este laberinto amoroso ¿ qué tengo de hallar en mí, sino
arrepentimiento para los que me quedaren, cuando a los que desprecio les
dé venganza? Fernando mio, no querria que mi alma, que allá tienes, te
lo dijese que esta pensando: cosa tan
nueva, que jamás pensé que llegara a
mi pensamiento. No puedo más; que
me veo cercada de tantos enemigos,
que no podré escapar la vida si no es
perdiendo el seso,· pero si allá te dijere esta novedad en su agra,vio, consulta con prudencia tu entendimiento,
no con tu amor tus años. Pero, ¿cómo es posible que el primer movimiento de lo que digo, haya llegado
a mi imaginación? ¿ Qué puedo querer
sino quererte? ¿En qué puedo emplear
mis años como en servirte? ¿Qué puedo yo desear como agradarte? ¿ Qué
riqueza como o irte? ¿ Qué tiempo más
bien empleado que en tus brazos? ¿ Cómo viviré yo sin ti? Menos falta me
puede hacer la vida que tus ojos ...
¿ Quién me consolará de no verte después de tantos años de gozarte? Ese
agrado tuyo, ese brío, ese ga]án desdejo, esos regalos de tu boca, cuyo primer bozo nació en mi aliento ¿qué Indias las podrán suplir, qué oro, qué
diamantes? Mas ¡ay triste! que desta
amistad nuestra e'stá ofendido el cielo, mi casa, mi opinión y mis deudos;
mi madre me persigue, las amigas me
riñen, los vecinos me murmuran, las
envidias me reprenden, mi necesidad
ha llegado a lo último.
Fernando no tiene más que para sus
galas: mira las otras mujeres con ellas:
ya le parecerán mejor; que el honor
y la riqueza añaden hermosura y estimación, y la pobreza del traje descuida los ojos, y hace que una mujer
cada día parezca la misma; y la diferencia causa novedad y despierta el
deseo. Esto no podrá durar para siempre; y como no hay cosa más pública
que el amor, aunque jamás lo crean
los amantes, será imposible librar]e de
algún fin desdichado o en la vida o
en la honra; y lo que más se debe temer, en el alma. ¿Para qué quiero
aguardar a que te canses y me aborrezcas? ¿A que te agraden las galas
de otras, y este sayal que visto sea cilicio de tus brazos y penitencia de tus
ojos? No quiero aguardar al fin que
tienen todos los amores; pues es cierto que paran en mayor enemistad
cuando fueron más grandes. Si habemos de ser enemigos después, más vale que ahora nos concertemos con
amistad; que cuando el trato cesa sin
agravio, bien se puede conservar en
1laneza sin. reprensión, y en voluntad
sin miedo.
-Celia, Celia: dáme el manto y di
a mi madre que voy a misa.
Resuelta estoy. ¿Qué aguardo? )Jesús!: parece que tropecé con mi am:or.
¡Oh amor! no te pongas delante, déjame ir, pues me dejaste determinar;
que en las mujeres la resolución es difícil, la ejecución es fácil."
Igualmente movidos y de un hondo
conocimiento anímico de sus personajes, que son los de la vida real, son
los parlamentos que aparecen en el
Acto primero, escena sexta, en que las

Página 7

�mujeres hablan de una ausente, y la
escena sexta del segundo acto, en la
que figura la borrachera de la taimada
Celestina de Lope, Gerarda .... Se muestra aquí el autor como un perfecto conocedor de la psicología femenina
-como que en esa universidad cursó
todos sus años- y como un destrísimo manejador en la brega dialogal.

damentc en La Dorotea que en cual•
quiera otra de sus creaciones, pues esta, su obra capital, era carne de su
carne por dicha para él la más querida, según lo dijo a su amigo Claudia
Conde en la celebrada Oda; o traducida su consagración y empeño por las
propias palabrns del liróforo, "yo, como los rliiseñorés, tengo más voz que
carne."

Presenta La Dorotea a lo largo de
su texto treintaiséis poemas: veintidós romances, cinco sonetos, cinco Coros, en versos saficoadónicos, dímetros jámbicos, dícolos dístrofos, endecasílabos falecios y alcmanios euripídeos, un.a canción, dos octavas y un
epigráma, (¡ue es en realidad un madrigal, además. de versos sueltos, algunos de ellos repetición de los que aparecen cabalmente.

Cantó para el Amor en la voz meliflua de la Poesia, pues Lope era poeta
de Amor, venido al mundo para sólo
eso, para vestir el atuendo del hierofante de la pasión amorosa, y para ofi•
ciar en sus altares. Poesía y Amor;
Amor y Poesía; he ahí su destino.
Lo confesó cuando definió ese sentimiento diciendo: No es margarita
para bestias, quiere entendimientos su•
tiles, aborrece el interés, anda desnudo, no es para sujetos bajos.

;

Es también La Dorotea propicio tabfaáo 'j,',ih esgrimir la sátira contra el
ilüst'till poeta cordobés de las Soledades. Inserta Lope aquí un soneto burlesc~ de la nueva escuela, no propiame.ot~ para su creador sino para sus
epígonos. El contenido de las estrofas
es explicado en los sabrosos parlamentos. He aquí el soneto cultidiablesco:

Para clausurar este ciclo * sobre la
vida y la obra de este ingenio he aqui
su translúcido e inefable madrigal, de
fondo platónico y estilo petrarquista,
aquietados ya sus ardorosos bríos, mitigado su arrebato, señoreando ya la
razón en su alma pecadora que tanto
amó:

Pululando de culto, Claudio amigo,/
minotaurista soy desde mañana derelinquo la frase castellana,/ vayan las
Solitúdines conmigo./ Por precursora, desde hoy más me obligo/ al aurora llamar Bautista o Juana,/ chamelote la mar, la ronca rana/ mosca del
agua, y sarna de oro/ el trigo./ Mal
efecto de mí, con ojlio y murrio,/ cáliga diré yo, que no grigniescos,/ como en el tiempo del pastor Bandurrio./
Estos versos, son turcos o tudescos?/
Tú, lector Garibay, si eres bamburrio,/
Apláudelos, que son cultidiablescos./
Mal caerían al avinagrado Don Luis,
pontífice de las nuevas letras, estos
desahogos del inquieto Lope, a quien
en muchas ocasiones le correspondió
con versos de más sapido jugo en
aquella guerra literaria.
En la escena primera del Acto tercero, dialogando el angustiado don

•
Fernando con Julio, su amigo confidente, a quien, como dejamos aclarado, se le ha identificado con el poeta
y músico rondeño, autor de la décima
o pinela, Vicente de Espinel, al parecer primer amante de la comedianta Elena Ossorio, Julio dice a su interlocutor: Quiero' decirte unos ver-

Francisco M: Zertuch
Viene de la Pág. 4)

.la cortesía. Era tímido, nervioso, indiferente a los bienes materiales, atento siempre a los dones del espíritu. Era un gran con•
ver~~dor; en las tertulias irradiaba gracia y simpatía, su conversac1on envolvía suavemente hilvanando discursos salpicados de
fina ironía, de gracia incomparable, de datos chispeantes. A veces los chistes servían como elementos clarificadores de su pen•
samiento. Tenía siempre a la mano una palabra rara alrededor
de la cual solía bordar explicaciones inspiradas en sus largas lec•
turas.
Era orador fácil y elegante. Procuraba poner en sus palabras
~ucho d~ lo que IJ?,editaba en sus horas de soledad y de insomruo y sabia producir el efecto que deseaba con párrafos brillan•
tes Y rotundos. Era un soñador, un poeta de la vida y del arte.
Olvidaba fácilmente los incidentes desagradables y conservaba
en su devoción los actos buenos y nobles que le deparaban sus
numerosos amigos. Muchos estudiantes acudían a él, en procura
de consejo, porque veían en él a un protector insuperable. Así,
envuelto en el cariño, la admiración y el aprecio de que supo
rodearse, se le escapó la vida la tarde del 3 de mayo cuando tod avia
' se esperaban de su espíritu superior muchos' triunfos y
muchas realizaciones.
La Universidad de Nuevo León ha acogido en su seno de ma•
dre desvelada por la cultura a este luchador incansable rindiéndole el mejor homenaje a que pueda aspirar uno de su; servidor~s: ~olocarlo _al lado de los creadores de su larga y brillante tra•
dic10n educativa, como una devoción puesta en pie, para ejemplo de las futuras generaciones.
Página 8

sos que oi en una comedia, a prop6sito de tus celos, de tus jornadas y de
este indiano que te amartela, que sew
gún imagino, ese despertador desvela
más tus pensamiento, que las gracias
y hermosura de Dorotea: Canta, pájaro amante, en la enramada/ salva a su
amor, que por el verde suelo/ no ha
visto el cazador, que con desvelo/ lo
está escuchando, la ballesta armada./
Tírale, yerra, y la turbada/ ·voz en el
pico, transformada en hielo/ vuelve, y
de ramo en ramo acorta el vuelo/ por
no alejarse de la prenda amada./
Desta suerte el amor canta en el ni•
do;/ mas luego que los celos que recela/ le tiran flechas de temor de olvido,/ huye, teme, sospecha, inquiere, cela,/ y hasta que ve que el cazador es ido,/ de pensamiento vuela./
El verso inicial de los veintitantos
romances que el poeta intercala en la
órbita de su Dorotea, corresponden en
su mayoría a muchos sucesos de su
historicidad amorosa con Elena Ossorio, por más que en algunos aparezca
-Lope velado con el nombre morisco
de Zaide y ella de Zaida. La erudición
moderna ha sendereado en el texto de
esos poemas octosilábicos el itinerario
mits o menos exacto de las relaciones
entre la cómica y el dramaturgo. He
aqui los títulos de su breve romancero
amoroso: A mis soledades voy; Zagala,
asi Dios te guarde; Unas doradas chinelas; Al són de los arroyuelos; Así
Fabio cantaba; Cantaba el Abindarráez; El criarnos como hermanos; Corría un manso arroyuelo; ¡Ay, soledades tristes; Para que no te vayas; ¡Ay,
riguroso estado; Pobre barquilla mia;
¿Qué me queréis, alegrías, Gigante cristalino; Tan vivo está en mi alma; ¿No
vas conmigo, Amarilis; Cuidados, ¿qué
me queréis?; En una peña sentado; ¿A
dónde vdis, pensamiento?; Si tuvieras,
aldeana, y Si todo lo acaba el tiempo.
Era irresistible para Lope la avidez
y el culto de versificar, más justifica-

Miré, señora, la ideal belleza,
guiándome el amor por vagarosas
sendas de nueve cielos;
y absorto en su grandeza,
las ejemplares formas de las cosas,
bajé a mirar en los humanos velos;
y en la vuestra sensible
contemplé la divina inte!Ígible;
y viendo que conforma
tanto el retrato a su primera forma,
amé vuestra hermosura,
imagen de la luz divina y pura,
haciendo, cuando os veo,
que pueda la razón más que el deseo;
que si por ella sola me gobierno,
amor que todo es alma, será eterno.
• Ver ARMAS Y LETRAS Nos. 2 J S del presente afio.

Organo Mensual de la Universidad
de Nuevo León
2a. Cla1e ea la
N. L., el
20 de Ab,il de 19#.

Registrado como artículo de

Admón. de Correos de Monterrey,

INDICADOR,
Colaboradores
Raúl Rangel Frías
Fidencio de la Fuente

Francisc.o M. Zertucbe
Genaro Salinas Quiroga

Arturo C..w S.
Homero A. Garza
Alfonso Rangel Guerra

Guillermo Cerda G.
Jor¡e Rangel Gucrr!l
Manuel Morale1

Director

Lic. Fidcncio de la Fu ente
Oficinas
Washington y Colegio Civil
Monterrey, Nuevo León

MEXICO

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>BOLETIN MENSUAL DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON
Registrado como artículo de 2a. clase en fa Administración de Correos de Monterrey, N. L., el 20 de Abril de 1944.

Año XIII

D.A.S.U.

Sumamente difícil es tratar de desa•
rrollar un tema o emitir juicio alguno
acerca de la Poesía Mística, pues esta
es el fruto de una inspiración que no
es humano sino acaso sobrenatural.

Las grandes figuras de la Literatnra
Mistica, bajo el soplo de esa inspira•
ción, escribieron sencilla pero muy
profundamente, altos conceptos religiosos, haciendo a nn lado la técnica
y los recursos humanos; para ello necesitaron más que el simple númen
poético, una altísima contemplación,
asociada a una estrecha e íntima unión

'

con el Creador. El poeta místico, para
poder penetrar en el santuario de esa
contemplación, precisa un desprendimiento de las cosas de la tierra, a las
que juzga simplemente como vestigios
divinos.
De tal manera podemos notar la diferencia con que un simple poeta contempla, por ejemplo, la inmensidad del

mar o la belleza de las flores sin pasar los dinteles de Jo humano, en cambio, el místico sin salir del ámbito
poético contempla todo, relacionado
con el Ser Supremo que lo creó.
Según Menéndez y Pelayo, para poder comprender la Mistica y constituirse en crítico de la materia, debe
haberse sentido alguna vez la inspiración divina.
De acuerdo con el sentir de Pedro
Sainz Rodríguez, la Mística la constituyen las relaciones natnrales secretas,
por las cuales eleva Dios a la crialnra
sobre las limitaciones de su naturaleza
y la hace mirar un mundo superior al
que es imposible llegar por las fuerzas
naturales, ni por las ordinarias de la
gracia.

De tal suerte, siendo casi imposible
comprender a estos escritores tal y
como ellos hubieren deseado que se
les comprendiese, trataré de exponer

No. 6

Junio de 1956

algo del Misticismo Español y de una
de sus más grandes figuras representativas: SANTA TERESA DE JESUS.
El Misticismo Español llenó con
gran intensidad una parte muy carac-

teristica del Siglo XVI. Epoca de Oro,
o mejor llamado Siglo de Oro Español.
Surgió la Mistica de manera sorprendente en los albores del Siglo,
época preeminente de las conquistas
y prosperidad españolas; época que a
su vez tuvo el privilegio de presenciar
los mayores triunfos literarios que España ha conocido, como el Lazarillo
de Tormes, el Teatro Profano de Lope
y Calderón, los Sonetos y Eglogas de
Garcilaso, el Arle Florido de Herrera,
los Dramas Posteriores de Tirso de
Molina y Alarcón y la elaboración de
la obra maestra de la Literatura Española que por si sola haría grande a
un Siglo: El Quijote del Inmortal Cervantes.

El gran caudal literario prodncido
durante este periodo está contenido
más o menos en tres mil obras que

son testigos fidedignos del papel importantísimo que desempeñó la Mística en España.
Su primitiva historia nacional, es la
de una devoción de siglos a un ideal;
Y en un ambiente así, el Misticismo
se eleva en fecundos campos donde

germina y florece. La España del Siglo XVI, henchida por los ideales religioso y nacional, creó con su Ciencia
y con su Arte el más alto tipo de cultura que ha producido la civilización
cristiana en la Historia.
Largo sería tratar detalladamente la
época mística española por ser vasto
el número de escritores y sus obras,
pero el carácter individual de éstos,
se impone tanto como su número y
no es dificil distinguir sus propios rasgos que al mismo tiempo lo diferencian del de otros paises. Sin embargo,
trataremos de pasar la mirada, aún
cuando sea por encima, sobre algunas
de las grandes figuras de la Literatnra
,\scético-Mistica y quién más indicado
para encabezar la lista que Fray Hernando de Talavera, confesor y director espiritual de la Reina Isabel y a
quien correspondió el honor de plantar, sobre la más alta torre de la
Albambra, el estandarte de la Cruz.
Puede considerársele como precedente
de la Escuela Mística, pues mezclados
con sus escritos ascéticos se distinguen algunos rayos de misticismo.
Al lado de Fray Hernando de TaJavera puede situarse desde luego a
Alejo de Venegas, uno de los primeros
defensores de la Lengua Vulgar y au-

tor de "Agonía del Tránsito a la Muerte". A Alonso de Horozco, autor de
varios libros aunque no del todo misticos; cuya vida fuera de un espacio
de nueve años, abarca la totalidad del
Siglo XVI.
Estos tres autores primitivos, principalmente ascéticos, nos conducen hasta los años en que los grandes misticos comienzan a volcar sobre el papel,
las inquietudes de su espíritu.
El primero de éstos, Francisco de
Osuna; cuyo Tercer Abecedario Espiritual fué la primera guia de Santa
Teresa, cuyo camino como- escritora
fué también preparado por Bernardino de Laredo con su obra Subida al
Monte Sión.
Escritor diferente a Laredo fué San
Pedro de Alcántara. Santa Teresa, su
hija espiritual, puede contarse entre
los muchos testigos de su gran popularidad. Sucesor de éste fué Juan de
Avila, el Apóstol de Andalucía, autor
del Epistolario Sentimental y el Audi
Filia, que tanto favor mereció de San
Ignacio de Loyola. Por último citaremos a Fray Luis de Granada, el mayor de los precursores de Santa Teresa, cuya oratoria y obras fueron su.
mamente conocidas en toda Enropa.
Después de lo anterior, podemos
acercarnos de lleno a las dos grandes
figuras, últimos eslabones de la cadena de misticos españoles, los dos fuertes pilares, columnas gigantescas del
Siglo de Oro, del siglo de grandeza
en España en el orden cultural: Santa Teresa y San Juan de la Cruz.
Dedicaremos pues nnas cuantas Ji.
neas a exaltar la figura luminosa y regia de la gran reformadora de la orden del Carmelo, de la escritora cumbre de un mundo místico, alma ferviente de honda penetración, conocedora de los resortes del corazón hn-

�mano y del medio de adueñarse de la la pereza. Según !sabe! de Santo J?ovoluntad de los demás; de la mujer mingo, nunca estaba oc10sa, antes bien
más extraordinaria de la historia de todo el tiempo que le que le quedaba
la Literatura Española y aún de la His- de la oración o de otras actividades
toria de España: Santa Teresa de Je- forzosas lo oc11:paba en hilar o en essúS, que asimiló y &lt;lió forma, color Y c,ribir.
Fruto notable de esta cualidad Y de
vida con su hablar típico al pensamiento teológico que respiraba en su otras mas era su irresistible alegria.
.
Su presencia sembraba siempre ammo
ambiente.
Avila de los Caballeros, ciudad que y optimismo. En el Libro de su Vida,
arde sin entibiar el ambiente, situada escribe ella misma: "En esto me dava
en una loma que se alarga hasta mo- el Señor Gracia, en dar contento a
jarse en el Adaja; de severa silueta donde quiera que estuviese". La alepero hermósa y sugestiva; que fué tes~ gría fué el testamento que legó a sus
ligo de innumerables hechos de armas monjas para llevar menos difícilmende la reconquista peninsular contra te los rigores del Carmen. Otra de las
los moros, fortaleza de reyes persegui- virtudes de la Santa de Avila era la
dos como Alfonso VIII en su infancia; ingenuidad, pues aunque con una intela cindad castillo como no hay otro ligencia poco cumún siempre conserejemplar en Europa, amurallada e in- vó cierto aire infantil. Con esta vir•
tacta, fué la escogida para dar alber- tud, se aparejaba su espíritu fogoso
gue a los Sánchez Cepeda y Ahumada para abrazar Jo que le convenla enque más tarde labrarían la cuna de tender. Desde sus primeros años, dió
la insigne escritora de la Raza, de la muestra de un arrojo invencible; más
mujer fuerte que en la mejor habla tarde, cuando se enfrentó a una vida
española escribiera "Su Castillo Inte.. casi rutinaria disminuyó su proverbial entereza, que más luego reviviría
rior".
Teresa Cepeda y Ahumada vió la luz en el siguiente aviso de Camino de
primera en los albores del dia 28 de Perfección. "Importa mucho y en toMarzo de 1515. Miércoles de la Pa- do una muy grande y muy determinasión, siendo rey de España Fernando da determinación, de no parar hasta
el Católico y General del Carmen el llegar, Venga lo que viniere, suceda lo
Beato Juan Bautista Montuano. El fe- que sucediere, murmure quien murliz lugar de su nacimiento parece ha- murare, siéruiera llegue allá siquiera
ber sido la risueña aldea de Gotarren- se muera en el camino, siquiera se
dura, donde sus padres solían pasar las hunda en el mundo."·
El día dos de noviembre de 1536,
temporadas de invierno.
Según Fray Luis de León: ''Pusié- puede considerarse como una fecha
ronle por nombre Teresa, guiados sus memorable teresiana, pues toma el há•
padres a Jo que se entiende por Dios, bito de Carmelita en el Monasterio de
que sabia los milagros y maravillas la Encarnación, profesando u~ año
que en ella había de hacer". Francisco después.
Es en el año 1562, cuando comienza
de Rivera asienta que este nombre le
fué impuesto por llevarlo alguna San- su vida como escritora y fundadora.
ta de España. Lo más factible es que "El Libro de su Vida", fué el primero
se le haya bautizado con el nombre de que salió de su pluma, al que siguió
Teresa en atención a su abuela mater• "Camino de Perfección". De las funna Doña Teresa de las Cuevas; así las daciones, la primera fué la del Condemás razones estan fuera de propó- vento del Carmen de Avila; más tarde
con la valiosa cooperación de $an
sito.
Transcurre la infancia de Teresa en Juan de la Cruz y del Padre Gracían,
un ambiente de conquista, de empre.. lleva a feliz término después de haber
sas guerreras, de reyertas entre los vencido innumerables obstáculos, las
mismos convecinos; de allí la expre- fundaciones de Conventos de Carmesión de Rodolphe Honaret: "Sus gran- litas Descalios. Si para las fundaciodes ojos asombrados habían de ver nes de Monjas, la Doctora de Avila
más de una vez los arcabuceros de los tuvo que andar y andar constantetercios pasar bajo el arco del Alcazar mente de un lugar a otro, para las de
o batir bajo su peso el viejo puente frailes tuvo que valerse de la oración
del Adaja." Leyendas y romanceros y del constante epistolario.
Siguieron a los dos libros ya citados
habrían de impresionar a la niña,
dando color a la vida de su infancia "Las Moradas o Castillo Interior" y el
y encanto a sus ensueños; sin embar~ Libro de las "Fundaciones". Como
go, la recia contextura de su espíritu, obras menores podemos anotar "Cony la visión diáfana del paisaje de Avi- ceptos del Amor de Dios" que tiene
la, habrían de modelar aquella alma gran relación con las Moradas; "Los
con un perfil sereno, de contornos de- Avisos Espirituales", "el Libro de las
finidos, que no habrían de confundir Relaciones y Avisos" y "la·s Exclamanunca lo imaginario con la realidad; ciones". Estas últimas pueden consisiempre fué realista y el mundo de la derarse como el tránsito de la prosa a
imaginación casi los descartaba de su la poesía teresiana.
El epistolario de Santa Teresa es
vida.
Cualidad muy suya era una cons. . muy copioso, se conservan más de cuatante actividad. Estaba reñidísima con trocientas cartas que constituyen una

.

Página 2

Jladolid, y su contenido se refiere a
las virtudes de las religiosas. Es un
perfecto tratado de ascética teresiana.
El Libro de las Fundaciones según
ella misma, lo comenzó a escribir en
Salamanca en 1573. Contiene la fundación de los ocho primeros conventos en su primera parte y la fundación de la totalidad de estos en la segunda y tercera; Jo iba escribiendo
según iba realizando nuevas fundacio ..
nes y lo terminó poco antes ·de morir.
La esencia de este libro es la actuación de la Santa muy real y humana.
Contiene además un precioso arsenal
de datos biográficos de personas de
todas clases sociales, que muestran los
carácteres de los españoles del gran
siglo; es una pintura real de sucesos
de ambiente, un cuadro histórico por
decirlo así de la vida española.
"El Castillo Interior o Las Moradas"
comenzó a escribirlo en junio de 1577
y lo terminó en noviembre del mismo
año. Puede considerarse como el libro
más perfecto de la mística española.
"Considerar nuestra alma como un
castillo de diamantes o muy claro cristal donde hay muchos aposentos asi
como en el cielo". Vemos en esto, como la comparación no es siempre
creación de su mente sino fruto de sus
sentidos.
"Los Conceptos del Amor de Dios"
tienen gran relación con "Las Moradas", de ellos no existe autógrafo, pu~s
por probar la obediencia de la escritora uno de sus confesores mandó que
lo quemara. Se cree fué escrito en
1577. Afortunadamente para la posteridad, se conservan de la mayor parte de los autógrafos copias hechas por
religiosa~ en Alba de Tormes, Baeza Y
otros monasterios.
En Las Esxclamaciones escritas por
la Santa de Avila y que son la expresión más ardiente de su desfallecimiento amoroso están co~tenidos los
pensamientos líricos a los que después
dá forma poética; tales como "Oh vi•
da que no se vive."/ "Que muero por•
que no muero"/ "Que mandáis hacer
de mi" / y otros más.
Toila la prosa de Santa Teresa encierra el habla del pueblo de Castilla
la Vieja en el siglo XVI, por su extrema naturalidad, su limpieza en las
descripciones siempre vivas y concisas, notandose en ella una feminidad
exquisita por lo inestable del discurso
floreado siempre por mil disgreciones.

.

de las mayores joyas de la Literatura
Universal. La más antigua es la dirigida a su hermano Lorenzo en el año
1561; en ésta como en todas las demás, pone de manifiesto los dones naturales de su ingenio privilegiado.
De las composiciones poéticas se
conserva un escaso número, pues la
Santa fué siempre superior como escritora en prosa que como poetiza.
En el Libro de su Vida que llamó también 'Libro de las Misericordias de
Dios" comenzó a tratar de su confesión general y a poner por esc~ito todos Jos males y bienes; es un discurso
de su vida lo más claramente que lo
entendió y supo, sin dejar nada por
decir; lamenta en él no estar facultada por su director espiritual, para escribir con claridad todos sus pecados
sino solo los carismas que creía haber
recibido de Dios; no obstante, pondera con frecuencia su imaginada ruindad de alma.
Fué el Padre Diego de Cetina quien
tuvo en sus manos la primera relación escrita de su Vida. De el paradero de tan precioso manuscrito no
ha quedado memroia; las manos estremecidas d~l joven jesuita, enrollaron
aquellos folios amarillentos sin dar
cuenta de su destino a nadie; se cree
que hayan sido quemados en el secreto de su celda, pues se trataba de una
confesión. Años más tarde vuelve a escribirlo en la ciudad de Toledo por
mandato de sus confesores, y fueron
Juan de Avila, Hernando del Castillo
y el P. Báñez quienes aprobaron la
relación de su Vida en nombre de la
Inquisición.
Es este libro el más extenso de todos, consta de cuarenta capítulos. Norra en él de una manera sencilla los
sucesos de su niñez y mocedad, el momento• en que se entregó a Dios por
entero, las riquezás espirituales de su
alma; es una narración sincera de sucesos interiores alrededor de una vocación religiosa. Intercala en él un
breve relato de la fundación de San
José de Avila, Monasterio en el cual Jo

terminó de escribir en el año 1565.
Por orden de Felipe II, y con los
honores especialísimos sólo comparables a los que se prodigaron a San
Agustín, este manuscrito fué guardado
en el Escorial. Según ficha trazada
por el Padre Guillermo Antolín, el
autógrafo mide por 29/½ por 20/
½ centímetros. Su escritura es muy
clara y bien legible; no tiene puntos
ni comas ni divisiones de párrafos.
En la segunda hoja, tiene pero no de
letra de Santa Teresa, este título "La
Vida de la Madre Teresa de Jesús escrita de su misma mano"; tiene algunas tachaduras; la aprobación autógrafa del Padre Bañez va al final, llena tres hojas y está fechada a 7 de julio de 1575. El texto tiene 201 hojas
foliadas con números que bien pudieron ser de su autora. La filigrana o
marca del papel, es un corazón con
una cruz en el centro y a los lados
unas letras que parecen F" y M. Está
encuadernado en terciopelo carmesí
floreado, tiene algunas notas marginales y otras entre renglones, que pertenecen al Padre Báñez. Entre las correcciones y notas hay algunas de la
propia autora y otras escritas por mano desconocida que bien pudo haber
sido la del maestro Juan de Avila. "Misericordias de Dios" fué el titulo por
el cual Santa Teresa tenía predilección y más a menudo mencionaba con
este nombre el Libro de su Vida, obra
principal que en su parte histórica tiene, como magnifico complemento el
Libro de Las Fundaciones y en la parte doctrinal, ascética y mística los libros titulados "Camino de Perfección"
y uLas Moradas."
Es "Camino de Perfección" la obra
ter~,siana más al alcance de todos,
practica Y sencilla trata acerca de las
virtudes que debe~ ejercitarse en el
claustro. Se publicó en Evora y Salamanca en 1585 y 1589. Santa Teresa
escribió este libro accediendo a una
petición de las monjas de San José de
Avila; existe un autógrafo en el Escorial Y otro en las Carmelitas de Va-

Fray Luis de León nos dá las siguientes características .de estilo de la
prosa de la excelsa Doctora: delicadeza, claridad, pureza, facilidad, gracia,
buena compostura, elegancia, dulzura,
destreza, discreción y gracia en la
mezcla de unas razones con otras; característica más visible en su prosa,
hábito propio del hablar cotidiano, en
que ella responde al olvido del arle y
de la forma.
Para Menéndez Pidal, el principio
renacentista "escribo como hablo" que
practica en la actualidad el gran poeta
español Juan Ramón Jiménez impera
en Santa Teresa, pero un tanto modificado por el sentimiento religioso;
aún asi el escribir como se habla, llega en el1a a su más perfecta y completa realización.
De los elementos literarios de Santa
Teresa el más interesante es la imagen
simple, no trabajada; desde los cuatr~
modos de oración expuestos en el "Libro de su Vida" hasta "Las Moradas"
derrama su ingenio y su observación
para trasmitir sin ningún adorno literario sus experiencias personales.
Nadie mejor que ella ha calificado
su propio estilo. En el "Camino de
Perfección", capítulo XVI exclama:
"Más Que desconsertado escribo", Y
más adelante "Quizá lo entenderéis
mejnr por mi gro~ero estilo que por
otros elegantes."
La excelsa literata escribe sin concierto, sin número, deja la elaboración
de estilo, capacidad ,que pudo alcanzar
en ella gran esplendor, y olvida aqu~llo que su sagaz mirada descubre en
el mundo literario que la rodea y la
envuelve ya sea en libros místicos o
profanos.
La forma de sus escritos es nueva Y
enteramente personal; expresa las más
excelsas visiones de gloria, con el lenguaje más sencillo de las gentes de
Avila · y atin cuando tiene el alma remont~da al sublime cielo de los éxtasis, sus pies están clavados en la tierra de su pais por ella tantas veces
recorrido.
Como ya anotamos antes, la poesía
de la gran mística es mucho menos
abundante que su prosa, pues aún
cuando existen varias, de algunas se
desconoce su verdadera autenticidad.
Don Vicente de la Fuente reduce a
siete las composiciones propiamente
teresianas.
Una de las mas conocidas es sin duda la que en sus primeras estrofas
dice:
Vivo sin vivir en mi,
y tan alta vida espero
que muero porque no muero.
Aquesta divina unión,
del amor con que yo vivo
hace a Dios ser mi cautivo,
y libre mi corazón;
más ·causa en mí tal pasión,
ver a mi Dios prisionero,
que muero porque no muero.

/

¡Ay que larga es esta vida,
1
que duros estos destierros,
esta carcel y estos hierros
en que el alma está metida 1
Solo esperar la salida,
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.
Las poesías de Santa Teresa saben
a Romance, están escritas en metros
cortos, de manera sencilla y sobria,
con gran sentimiento y fervor, sin epítetos, con ideas bellas y delicadas. Su
alma necesitaba del verso pero con la
sobriedad de un filósofo. Así el caráctes filosófico-moral de la escuela poética del Siglo XV, y un notable parecido con las poesías contenidas en los
primeros cancioneros, lo encontramos
en los siguientes versos.
Vuestra soy, pues me criasteis,
vuestra pues me redimisteis

vuestra pues que me sufristeis,
vuestra pues me conservasteis
vuestra pues no me perdí.
Otro ejemplo de la viveza alada del
genio de la escritora lo vemos en los
versos que compuso para la toma de
velo de Isabel de los Angeles en Salamanca:
Hermana porque veléis,
os dado hoy este velo
y no os vá menos que el cielo
por eso no os descuideis.
Aqueste velo gracioso,
os dice que estéis en vela
guardando la centinela,
hasta que venga el Esposo.
No sabe nadie a que hora,
si en la vigilia primera,
o en la segunda o tercera.
En vuestra mano encendida ·
tened siempre una candela
y estad con el velo en vela;
Porque habiendo asi velado
con el esposo entrareis
por eso no os descuideis
Junto con una de sus cartas, la que
escribió a su hermano Lorenzo envió
la siguiente composición:
¡ Oh hermosura que excedéis

a todas las hermosuras,
sin herir dolor haceis,
y sin dolor deshacéis
el amor de las criaturas.
¡Oh vida que así juntáis
dos cosas tan desiguales,
no se porque os desatáis,
pues unido fuerza dáis
a tener por bien los males.
Santa Teresa no ha formado escuela
propia; su escuela son sus hijas y sus
libros en los que reconocía Fray Luis
De León su propio espíritu. "Yo no .
conocí ni vi a la madre Teresa de Jesús mientras estuvo en la tierra más
ahora que está en el cielo la conozco
y veo casi siempre en sus dos imágenes que son sus hijas y sus libros, que
a mi juicio son testigos fieles y mejores, de toda excepción de la grande
virtud". La escuela de esta escritora
está pues encerrada en una antología
de aforismos expresados en un hablar
radiante de claridad. Sus pensamientos dada la energía del idioma en que
están escritos, no pueden menos que
señalar una gran influencia en el mun..
do literario y monástico.
Toda su obra es muy española y a
la par muy humana, precisamente por
lo popular, porque refleja las tendencias universales del ser humano. Sus

escritos sin preocupación alguna de literatura, son aparte de la inspiración
que movía su pluma, la literatura culta por excelencia del pueblo español.
En torno a cualquier obra de Santa
Terésa, tan española, tan castellana,
tan mujer y tan santa, hay un hendo
encanto de intimidad; aún en aquellos
de sus libros que tienen vuelos misticon señores, se vale de la mayor sencillez expresiva o como afirmara la
gran escritora española recientemente
fallecida Blanca de los Ríos Lamp~rez:
"La prosa de Santa Teresa es inseparable de su espíritu, es la estética de
su santidad, es humildad sin afeites,
es anhelo generoso de que todos gustasen el bien que ella gustaba vertiéndolo en palabras claras como la luz;
y como si en un tintero de loza talaverana bebiese su pluma en vez de
tinta, luz y jugo de verdad, rompe a
escribir como se habla en la vida familiar, sencilla, entrañablemente."
Recientemente Don Miguel de Unamuno, critico altísimo del idioma, ha
revelado en uno de sus ensayos lo que
deben en la creación y en la semanlica de las palabras al misticismo, pues
nos dice que muchos de los términos
de la lengua culta, y aún de la vulgar,
han cobrado nueva vida en la Literatura originada por inisticos y ascetas
españoles.
Así Santa Teresa, que creó una teología popular para sus monjas, dio vida también aunque no con las excelencias de San Juan de la Cruz, al
cuerpo del idioma.
El gustado poeta español. José Maria Gabriel y Galán ha evocado deliciosamente la figura de la gran mujer
castellana del Siglo XVI:
Mujer de inteligencia peregrina
y corazón sublime de cristiana,
fué más divina cuánto más humana,
y más humana cuanto más divina.
Hasta el implo ante tu fé se inclina
y adora la grandeza soberana,
de la egregia doctora castellana,
de la santa mujer, y la heroína.
Oh mujer, te dará la humana historia,
la gloria que por sabia merecieres,
más con el mundo acabará esa gloria,
que por ser terrenal, no es sempiterna.
Tu Teresa de Ahumada, alcabo mueres!
Teresa de Jesús, tu eres eterna!
A estos seres predilectos de Dios,
humanizados y deshumanizados a la
vez, debemos los deliquios de nuestra
alma, la enseñanza histórica de su siglo, la deleitosa lectura y su enseñanza
magistral, y aún a veces la paz y .el
remanso de nuestro espíritu.

Página 3

•

�Leípzig para volver a su ciudad natal.
Pero por primera vez lleva en su mente la imagen de Fausto. En la taberna
de Auerbach donde se reunen los estudiantes hay una imagen de Fausto
arrebatada por _el diablo.

EL SOLITARIO IJE FRAUENPLAN
Franz BOUCHSPIES.

"Yo soy alemán, es cierto, alemán
hasta la médula; pero, a pesar de

éllo, de la vieja cepa, superior, a
saber, cosmopolita de corazón .•• "
"DOCTOR FAUSTUS"
THOMAS MANN.

Mucho tiempo hace, intenté escribir
alrededor del Genio de Weimar, pero
apenas intentaba acercarme a él, me
deslumbraba. Y mientras más profundamente le conocía, más ardua tarea
me parecía porque recordaba sus sagradas palabras que eran como un
Evangelio para mí:
"Sobre los graneles no deberían hablar
sino los que fueran tan grandes como
ellos ... "
Y me encolerizaba contra quienes le
atacaban sin conocerle bién, sin conocer su obra inmensa, pero no me sen•
tía capaz de tomar su defensa.
De muy joven escribí un torpe ensayo sobre él que quisiera habel"
destruido. Hoy conozco mi igrrorancia de entonces y el poco Yalor de mi
opúsculo.
Poco después, cuando se celebraba
el segundo centenario de su natalicio
intenté rendirle mi homenaje pero sentí que · no estaba preparado para éllo
Jo suficiente. Finalmente, no hace mucho, me atreví a mirarle a través de
"Fausto" y hoy, de puntillas, con respeto y veneración he tomado la audacia de remover sus sagradas cenizas. He tenido en cuenta al principio de mi exégesis, aquellas palabras
de Georg Simmel: "La interpretación
Ese instante nos arrastra a través nalmente.
de Goethe, que siempre calificó de de la vida en su busca y la Muerte
gran confesión cuanto él creo, será nos sorprende antes de haberlo enCon la espada de "Goetz de Berlichsiempre también, quiérase o no, una contrado.
ingen" ha combatido por el espíritu
confesión del que interpreta ....
nacional y ha ahuyentado de influenLuego recorremos el largo camino cias nefastas la literatura alemana mosCierto es. Todo lo que yo podría de nuestra mísera existencia y en- trándole su verdadero camino.
decirles es como he visto yo al gran contramos que lo único que la ha
Coloso del Pensamiento Universal y embe1Iecido es el amor, y lo único que
En el bello idilio de "Hermann y
no como lo han visto Emil Ludwig, la ha hecho digna es la continua lu- Dorothea", ha mostrado que su coraGeorg Simmel, Thomas Mann, Alfon- cha, la batalla interminable que hemos zón eternamente joven era un devoto
so Reyes u Ortega y Gasset, Eduard librado.
del templo de Eros.
Spranger, etc. Debo agradecer sin duda a ellos el haber facilitado mí traLos problemas que Goethe ha abor:-.'ació en Frankfurt del Mein el 28
bajo y haberme iniciado en el culto dado en sus Jibros, son motivos eter- de Agosto de 1749, su padre fué el cona Goethe, aún cuando Goethe mismo nos con los cuales tendremos siempre sejero áulico Johann Raspar Goethe y
ya me había mostrado gran parte del que enfrentarnos y no podremos evi- su madre Elisabeth Textor, hija del
camino .....
tar jamás. Son parte de nuestra vida burgomaestre de la ciudad, Wolfgang
misma.
Textor. Fué llamado por ésto, Johann
Es Goethe, no solo la cumbre de liWolfgang Gocthe.
teratura alemana, sino una de las granEn "\Verther", volveremos a encondes figuras del Humanismo, es decir, trar todos los deseos, sueños e ilusioSu padre se cuidó estrictamente en
un apóstol de la gran reconciliación nes irrealizables propios de la adoles- su infancia de su educación, aprende los pueblos y su obra. Deberá si- cencia y de la juventud. La propia diendo el joven Wolfgang, hebreo, latuarse junto a la de los grandes Colo- confesión de un enamorado que sien- tín, griego y francés. Leyó a los autosos del Pensamiento Universal: Dante, te morir cuando se le escapa un ideal res clásicos, griegos latinos y france•
Shakespeare, Homero, Virgilio, Cer inalcansable, el único motivo de su vi- ses y la Biblia. Aún por su cuenta
vantes etc.
da inquieta y atormentada, le es arre- aprendio alquimia y otras cosas que
batada por el Destino y se precipita despertaron su interés. El primero de
Goethe es el gran educador que nos en el abismo insondable de la muerte. Enero de 1759, estando en guerra ausha mostrado nuestra eterna inquietud
triacos y prusianos, los franceses que
interior. Ha puesto un espejo ante
En "Las afinidades electivas", nos eran aliados de los austriacos ocupa.
nuestra propia alma.
muestra las barreras de la sociedad ron la ciudad y con gran disgusto del
interponiéndose entre el amor de un consejero áulico, el Conde de Thorane
Hemos ido con Fausto en pos de hombre entrado en años y con com. que los dirigía se hospedó en la casa
un instante maravilloso que sedujera promisos contraídos y una jovencita de Goethe. Este, despertó en el pequenuestra alma y poder decir: ¡ No de- ilusionada cuyo epilogo es la tragedia ño Wolfgang y en su hermanita Corneseo nada más! ¡he alcanzado cuanto inevitable.
lia el gusto por el teatro y por el arte
anhelaba y mi vida puede darse por
clásico, pero hubo no pocos disgustos
satisfecha! ¡ Sé cuanto quería saber y
En "Wilhelm lfeister" encontramos entre el Conde de Thorane y entre el
tengo cuanto he deseado! ¡No quiero de nuevo a "Fausto"; es el joven que Consejero áulico Goethe quien sentía
más 1 ¡ Quiero retener este instante se adentra en la vida preguntándose viva simpatía por los prusianos poeternamente!
cual es su misión y su verdadera posi- niendo en peligro su libertad y su vida.
sión en élla. El destino le arrastra
1Desengañáos ! ese instante, no exis- aquí para allá engañándose mil veces
Finalmente los franceses abandonate para el Hombre!
en su vocación hasta encontrarle fi- ron la ciudad y con ellos el Conde de

Thorane volviendo la tranquilidad a
la casa de Goethe.
Ya a los 15 años en 1764 el joven
Wolfgang se revela como poeta y es
publicado su "Descenso de Jesucristo
a los Infiernos". Lée a Jos autores antiguos y contemporáneos y le atraen
las tradiciones populares. Klopstock Y
Lessing son sus favoritos. De sus relaciones con una jovencita llamada
Gretchen y de un enojoso asunto en el
que se ve seriamente complicado y su
primer desengaño amoroso, nacen "Los
cómplices" que escribe con sangre de
su corazón.

1
ti

Goethe es enviado a la Universidad
de Leipzig y pronto la inconstante
Gretchen es olvidada y substituida por
Annette (Catalina Schoenkopf) a la
que el joven Wolfgang llega a amar
apasionadamente.
El 16 de Octubre de 1767 aún enfermo escribía a su amigo Behrisch:
"¡ Oh, Berisch, todo lo que me había imaginado ayer haber visto, ella
me lo dijo ahora! ¡Ella! Apretada
contra mi. Un momento de placer
reemplaza miles llenos de pena.
¿ Quién de no ser así quisiera vivir?
Mi disgusto había desaparecido. Una
pequeña pena pasada es un bien. El
recuerdo de dolores vencidos es una
alegría, ¡ y recompensado así! Toda
la felicidad en mis brazos. El precioso pudor que se apodera de ella,
no obstante nuestra intimidad y el
fuerte amor que la empuja a mis
brazos, a pesar de los mandatos de
la razón. Los ojos que se cierran
cada vez que su boca se aprieta con
la mía; el dulce reír de los cortos
descansos de nuestras caricias, el
enrojecimiento, la vergüenza, el
amor, el temor, el placer; el movimiento trémulo para libertarse de
mis brazos que me indica su debí•
Iidad y dice que únicamente el temor podía arrancarla de mi lado.
Behrisch, todo esto es una gloria;
para alcanzarla se pasa voluntariamente por el purgatorio."

tará jamás el amor de otro, conservando el recuerdo de su adoración por
Goethe hasta la muerte.

critor también, se ha suicidado por
amor.
Goethe se siente sacudido por la
inesperada descarga que ha quitado la
vida a Jerusalem.

En Agosto de 1771 vuelve a Frankfurt y termina su primer drama que
lo hará famoso en toda Alemania.
El 30 de Marzo de 1770, una vez reEn aquella época, Goethe mantenía
"Goetz de Berlichingen". El héroe
cuperada la salud, marcha a Estrasburaún
el recuerdo de su angustioso amor
data del tiempo de la guerra de Camgo a continuar sus estudios de doctopesinos, es un héroe popular que el por Lotte Buff y mantenía relaciones
rado en Leyes. Allí, admirado ante la
público acoge con júbilo. Goethe con con Maxímiliana de La Roche, casada
grandiosa Catedral construida por el
este Paladín de la Libertad, ya ha ini- con un comerciante suizo-italiano llaarquitecto alemán Erwin von Steinciado la Escuela romántica y los poe- mado Pedro Brentano quien un buen
bach escribe sobre la arquitectura gótas que pertenecen a ella, lo elegirán día, expulsa de su casa por celos al
tica. Conoce a Godofredo Herder, mecomo su caudillo. Llaman a este mo- señor Doctor Goethe.
dio literato, medio religioso, quien lo
vimiento literario, "Sturm und Drang''
inicia en la filosofía de la Naturaleza
Goethe siente que su corazón nece(Tormenta e ímpetu). Ya no segníy le hace leer a Jean Jacques Rousseau,
sita un desahogo y que la desesperarán
unos
a
los
modelos
ingleses
con
a Ossian, a Shakespeare y a Spinoza,
ción lo arrastrará a la muerte, pero en
quienes más tarde influirán en él po- Herder, Bürger, Lessing y Klopstock, lugar de eso, escribe 'Las cuitas del
y otros a Chrístoph Wieland o a
derosamente.
Gottsched de la escuela francesa. Se- joven Werther" (Leiden des Junge
Werthers). Este libro lo llevará a la
Asiste a la ceremonia en la cual la guirán a Goethe y a la escuela alema- cumbre de la gloria. Le abre las puerprincesa imperial Maria Antonieta de na. La llaman Sturm und Drang por- tas del Parnaso. "Werther" es una verHabsburgo, va a desposarse con el que uno de los dramas de Max Klinger dadera confesión. Es preciso leer uno
amigo de Wolfgang, lleva ese título.
Delfín de Francia, más tarde Luís XVI,
"Getz
de Berlichingen" ha causado re- de los párrafos finales de ." Werther":
cuyo reinado terminara trágicamente.
vuelo en todo el país y unos lo com"¡Oh, perdóname, perdóname! debía
baten mientras otros lo defienden. Es
Por medio de un compañero suhaber sido aquel el último momento
el grito de la Revolución literaria en
yo, estudiante de Teología llamado
de mí vida. ¡Oh, Angel mío! ¡Por
Weyland, conoce a la familia del Pas- Alemania. Los Clasicistas tiemblan.
primera vez, por primera vez, sin
tor protestante de Seseiheim, Brion,
ningún género de duda, hirvió en lo
En Mayo de 1772,Goethe- marcha a
y se enamora de la hija menor, Fedemás intimo de mi alma ese sentirica, cuyo idilio inmortalizara él en Wetzlar y conoce a Hans Christian
miento delicioso: élla me ama! ¡Ella
sus versos.
Kestner, Secretario de la Legación de
me ama! ¡ Aún arde en mis labios el
Bremen y el 9 de Julio de ese mismo sagrado fuego que despedían los suGoethe siente que su amor por Fe- allo, durante un baile celebrado en el
yos; nuevo, cálido-gozo vibra en m~
derica es noblemente correspondido y pabellón de caza de Volperthausen,
corazón. ¡Perdóname l ¡Perdóname!"
que los familiares de la jovencita ven conoce a Charlotte Buff, hija del Baicon agrado sus relaciones. Tal vez es. lio de la Orden Teutónica en Wetzlar
Es el momento en que Werther olla más tierna y la más bella época y se enamora de ella, sabiendo más vidando que Carlota está unida en
digna de ser recordada por él, ·pero tarde que es prometida de Kestner.
matrimonio a su amigo Alberto, sin
su carrera ha terminado y su padre
poderse contener le arrebata un beso
apremia su regreso. Goethe lucha enGoethe está ahora verdaderamente apasionado y Carlota lo rechaza intre sus ambiciones y su porvenir y el enamorado de Lottc Buff. Siente todos dignada y le prohíbe volver a verla.
inmenso amor por Federica Brion. los tormentos y angustias que el amor Hay en los ojos de Werther lágrimas
Triunfa lo primElro y Goethe escribe mal correspondido produce. Lotte no de dolor y de felicidad. Ese beso lo
como despedida su preciosa poesía:
Jo mira más que como un gran y no- arrastrará al suicidio.
ble amigo, pero prefiere unirse en
"¡Me saltó el corazón,
matrimonio a Kestner. Desesperado,
El joven inexperto al ver el éxito
prol1to, a caballo!.. .... "
Goethe abandona Wetzlar, quisiera mo- obtenido de su libro, lo envía a Kestrir e intenta muchas veces el suicidio. ner y a su esposa con una dedicatoria
Fcderica está a punto de morir .De pronto, corre ]a noticia de que un pero tiene solo como respuesta la incuando su amado ha partido, pero des- amigo suyo, Friedrich Jerusalem, hijo dignación de ambos que tienen el libro
pués de su restablecimiento, no acep- de un religioso protestante, y joven es- como una burla a sus sentimientos y a

·--.~
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1

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. ;'11¾!"
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~. .

sus relaciones. Finalmente las explicaciones de Goethe realizan su reconci..
Iiación. Goethe aún escribe su poesia
recordando su amor por Lotchen:
"¿Es verdad, oh, es verdad que te
he perdido,
que huiste de mi lado con el viento?
Aún suena dulce en mi avezado oído
cada palabra tuya, cada acento......"
"Werther" y "Goetz de Berlichingen"
llegan a tener no solo en Alemania
imitadores sino hasta en el extranjero y luego publica Goethe nn fragmento de su "Prometeo", "Clavigo",
"Hanswurst", "El judío errante", "Dio..
ses, héroes y Wieland" (éste último satirizando al viejo poeta Christoph Wieland, aútor de "Oberon") ,
En Enero de 1775 conoce a Lilli
Schoenemann, hija de un rico banquero y hace un viaje a Suiza con los
hermanos Stolberg y se encue.ntra con
Lavater un hombre de ciencia a quien
Goethe admiraba por sus trabajos.
Vuelve finalmente a Fránkfurt después del rompimiento con Lílli y acepta el puesto de Consejero de legación
que le ofrece el Duque Carlos Angusto
de Weimar, donde conoce a Wieland,
a Gleim y a la baronesa Carlota de
Stein, mujer del Caballerizo mayor del
Duque. Este último lo nombra luego
Consejero intimo, más tarde le hará
Director de Hacienda y le concederá un título de nobleza. A partir
de entonces se llamara Herr Johann
Wolfgang von Goethe.
Sus relaciones con Carlota von Stein
le inspiran su drama "Ifigenia en Tauride" con el que entrará en la escuela
clásica y se convertirá a partir de entonces en un aeda griego.
Hace estudios científicos y descubre el hueso intermaxilar, lo cual no
fué publicado hasta 1820 en el segundo "Cuaderno de morfología".
En 1786 viaja a Italia en compañía
del pintor alemán Tischbein y de la

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Ya anuncia en su carta el eterno
enamorado que será Wolfgang. Ya
anuncia aquel loco rapto de alegria
de su "Canto de Mayo" dedicado a
Federica Bríon más tarde en Estrasburgo:
"Chiquilla, ¡oh mi chiquilla!
yo te amo, mi bien eres;
fuego en tus ojos brilla;
bien dicen que me quieres."
Y más adelante continúa este apasionado Lied:

•

"¡Con cuanto ardor te ama, y desea
esa mi sangre moza 1
i En tí cómo se inflama,
mi inspiración y goza!"
Pero olvida a su adorada Annette y
suspenderá sus relaciones con la joven
Federica Oeser a causa de una enfermedad que le pone a las puertas de la
muerte e interrumpe sus estudios en

Página 4
Página 5

�pintora suiza Angélika Kauffmann y
marcha a Roma donde queda deslumbrado por la grandeza del arte clásico
y el poderío de los antiguos césares y
la magnificencia de los ritos de la Iglesia Católica.
Absorto ante las maravillas que del
genio de los pueblos antiguos ha conservado la acción del tiempo y que
llega a nosotros a travez de los siglos,
exclama extático:

más sus "Elegías Romanas", que tienen algún éxito, pero ahora los poetas
románticos lo atacan. Goethe se ha
vuelto indiferente· al espiritu nacional
que hay que mantener en alto. Tal vez
"El Conde Egmont", es la última manifestación de su romanticismo. A su
vuelta de Venecia ese mismo año cuando acompañaba a la 'Duquesa Amelia a
su regreso de Roma, escribe aún sus
"Epigramas Venecianos", con los que

che para renacer en un aspecto distinto .... "

y el Júpiter Tonante se han encontrado.

Y al concluir el poema continua:

Más, tarde, durante la guerra de liberación, vienen a saludarlo los patriotas Ernst l\foritz Arndt y Theodor
Koerner, ambos poetas y entusiastas
voluntarios y agitadores con.tra el caudillo francés. Goethe les saluda afablemente pero les dice: usacudid vuestras cadenas: ese hombre es demasiado grande para vosotros. No las Romperéis."

"No es digno de los alemanes
impulsar
ni•propagar este movimiento
terrible,
ni perder el juicio de un lado para
otro:

"¡De tu obra magistral los mil fragmentos se desplomaron;
pero entre ruinas
tu espíritu inmortal yo aqui
presiento,,,

Sin embargo, el acento profético en
Goethe ha fallado esta vez. Napoleón
caerá y e1, quedará en pié como el
Coloso de Rhodas contemplando las
Edades que cruzan ante él. Los antiguos amigos han desaparecido o estan
al borde de la tumba. Nuevas notabilidades estremecen al mundo. Conoce a
Beethoven en Teplitz.

Se ha transformado completamente.
Ya no es el poeta nacional, ahora es
un pensador universal. Ya no busca
la belleza en las formas góticas. Ahora
ser:i un apóstol del arte clásico. Ahora
pertenece al mundo.

Todas las cabezas intelectuales de
Europa lo buscan, Hegel de Berlin,
Schopenhauer, Heine, Saint Hillaire,
Víctor Hugo, Lord Byron, Walter Scott,
Nerval etc. Todos le escriben o le visitan en su retiro en Frauenplan.

En Italia conoce a Karl Moritz y se
presenta Goethe como el pintor Johann
Phillipp l\Hiller y dedica su tiempo a
este arte que había abandonado en su
- juventud. Ahora se dedica bajo la dirección de Tischbein y Kauffmann.

1Es el "gran Patriarca del siglo de
las luces". No obstante que la escuela
romántica le haga objeto de sus aláques con Schlegel, Tieck y Novalis,
Ludwig Uhland y Theodor Ernest
Hoffmann a la cabeza.

En Italia termina sus dramas "Ifigenia en Tauride" teniendo por modelo a Euripides, "Torcuato Tasso" Y
su novela "Wilhelm Meister" (Años de
Aprendizaje) del que no podremos jamás olvidar su balada inmortal a la
que el mismo Beethoven ha puesto música; 1a balada de "Mignón" tan celebrada:

En medio de este tumulto Goethe se
siente cada vc·z más solo. Es la soledad del genio que no encuentra su
igual en la multitud. Había creído distinguirlo en Schiller, en Napoleón, en
Lord Byron, pero todos ellos han desaparecido. Su madre, su mujer han
muerto y finalmente su hijo Augusto
casado con Otilia de Pogwisch muere
durante su viaje a Italia.

"¿Conoces el país donde los
limoneros
florecen y hay naranjas de oro entre
el follaje?
Un vicñto suave emana de un cielo
muy azul;
los mirtos duermen y álzance los
lauros arrogantes;
di, ¿lo conoces bien? Allí, allí,
contigo, amado mío, anhelo ir ...... "
Es la canción de una jovencita enamorada a quien un joven estudiante
tudesco Wilhelm Meister, ha salvado
de la crueldad de sus parientes, de la
miseria y del hambre y ella en cambio le ofrece su amor sencillo y tierno.
Aquel bello pais a donde ella sueña ir
es Italia.
Italia es un sueño primaveral para
los alemanes; una dulce nostalgia los
envuelve y Goethe ha realizado su sueño. Ahora conoce el mérito de la obra
de su antecespr Winckelmann y a él
dedica sus escritos.
No se detiene en Roma y marcha a
Nápoles donde conoce a Faustina, una
''Mignón" para él quien está dispuesta
a seguirlo y a romper su compromiso,
pero él vuelve a la fria patria del Norte: Alemania.
De ,,uelta en su casa en Frauenplan,
una muchacha humilde, Cristina Vu!pius acude a él para que favorezca a
su hermano, autor de una novela de
aventuras "Rinaldo Rinaldini". Goethe
accede a su ruego pero la hace su
amante.
Con élla tiene un hijo, Augusto; esto
enciende el escándalo en Weimar. Muchos amigos le vuelven la espalda -y
la Baronesa de Stein retira a Goethe
su amistad. Goethe se encoje de hombros, y se entrega a sus estudios científicos y publica sus ''Metamorfosis de
las plantas".
A Goethe le es confiada la dirección
del Teatro de Weimar en 1790, luego
publica un fragmento de "Fausto", escrito entre 1771 y 1775. Escribe ade-

aumenta la cólera de sus enemigos.
Goethe ya no es un poeta alemán. Es
un poeta latino o un poeta griego. Es
más; ya ni poeta es, dá más impor-.
tancia a sus trabajos científicos que
literarios. A Goethe ya no le importan
esos ataques. Su pueblo ha olvidado
que les ha dado una literatura alemana, los ha apartado de ingleses y franceses, aunque a veces le pesa.
En 1792 ha estallado la Revolución
francesa. Los pueblos se levantan tratando de sacudir el yugo de los aristócratas. El rey de Francia pide apoyo a los reyes de Europa y el Duque
de Saxe-Weimar acompaña al Duque
de Brunswick en su invasión del norte
de Francia. \Veimar se lleva consigo
a Goethe quien asiste a la Campaña
de Francia mientras escribe su "Reinecke Fuchs" (el Zorro Reinecke) tomado de la epopeya francesa del zorro
Renard.
A su regreso escribe sobre "La Campaña de Francia", "El sitio de Maguncia" como una crónica de las mismas,
escribe su autobiografía 1'Poesía y Verdad" (Dichtung und Wahrheit), "El
Gran Copto" (Cagliostro) y "Hermann
y Dorothea" el precioso idilio que le
devolvió la estimación de los alemanes y en el que previniendo los tiempos tempestuosos que se avecinaban
decía como advertencia:
"Todo se agita y remueve como
si el muncJo estuviera consumido y
quisiera volver al caos y a la no
4

nuestra conducta debe estar en
col).sonancia
con nuestro carácter ... "
Goethe vuelve a ver a su madre, viuda ya después de dieciseis años de separación. Poco después, Goethe conoce a Schiller con quien tendrá una
amistad grande y noble hasta la muerte y lo considerará su compañero de
batalla en el campo de las Letras.
Estamos ahora en 1806. Schiller ha
muerto y Goethe se halla desolado por
la pérdida de su amigo. Napoleón Bonaparte ha derrotado a los ejércHos
del mundo y ha ocupado Alemania
después de la batalla de Jena. Entra
en Weimar con sus huestes y se hace
presentar al señor Consejero von Goethe ya que el Duque después de la
derrota sufrida, ha huido.
Después de una larga conversación
con Goethe en el que ha aludido al
poeta y ha hablado de "Werther", el
que Napoleón habia leído y llevaba
siempre consigo, el caudillo francés,
despojándose de la Cruz de la Legión
de Honor la coloca en el pecho del señor Consejero con estas palabras: "Señor de Goethe, es usted todo un Hombre."

En vano sostiene relaciones amorosas con algunas jovencitas que le admiran más que le aman. Con Bettina
Brentano hija de Maximiliana de la
Roche y Antonio Brent:lno, sus viejos
amigos. Es hermana del poeta Klemens
Brentano y esposa de Ludwig Achim
von Aruim de Berlín, amigo de Klemens con quien ha editado "Des ~na.
bes Wunderhorn" (El niño del Cuerno
maravilloso), colección de cantos populares.
Bettina rn1cia con Goethe una correspondencia que más tarde publicará como: "Correspondencia de Goethe
con una niña". Después de élla vienen Ulrica von Levetzon y Mariana
Willemer quien le inspira su Divan
Oriental-Occidental en el que evoca
los amores de Yussuf y Zuleika a imitación del poeta persa Hafiz. Goethe
escribe sus famosas baladas "La copa
del Rey de Thulé'", "La novia de Corintyo", "El aprendiz de Hechicero",
"El rey de los Alisos", adelanta la segunda parte de su poema dramático
''Fausto" y su Teoria de los Colores"
y 'Ensayos de Anatomia comparada".
Nadie ha abarcado tanto en el arte
y en la ciencia salvo él y Leonardo da
Vinci. Pero en ' 1Fausto" es donde él
revelará el espíritu creador que lo
empuja hacia arriba, "Hacia lo alto" ...
Traba conocimiento con Johann Peter Eckermann a quien él convertirá
en su confidente y éste querrá voluntariamente ser su evangelista al PU•
blicar su libro "Las conversaciones
con Goethe".

El Diógenes guerrero, ha encontrado a su igual en el campo enemigo.

Hijo propio de su época y discípulo
de Spinoza y de Rouseau, en su culto
a la Naturaleza, cree en la transformación de los seres y de las cosas.

El gigante del Pensamiento y el Rayo de la guerra, el Júpiter Olímpico

Como el Ave Fénix renaciendo de
sus propias cenizas, la naturaleza en-

tera y la vida misma resurge de entre
las mismas garras de la muerte. De
la noche misma sale el astro rey a seguir su diaria trayectoria hacia el
ocaso.
De lo brumoso del sudario del invierno, comienza la tierna primavera
a dar señales de vida y a alegrar el
espiritu, con sus cantos y su verdor.
El hombre mismo está sometido a dichas transformaciones y Goethe lo ha
experimentado después de su desesperado amor por Lotchen y a la vuelta
de su viaje a Italia; "¡Muere y realizate !" grita alegremente en su lied
"ansia dichosa":
¡Solo al sabio has de decirlo,
que el vulgo se mofa luego!
¡Quiero celebrar la vida
Que morir en llama ansia!
En las noches en que amor
Te engendró y en que engendraste,
Rara sensación te embarga
Mientras quieta vela arde.
Ya no te ves rodeado
De sombras ni de tinieblas,
y a más altas colaciones,
te impelen ansias nuevas.
No te asustan las distancias,
Vuelas rápido, hechizado,
y por fin, de luz ansioso,
mariposa, ardes en llamas.
Mientras eso tu no tengas,
este! muere y vive!,
eres solo huésped triste
de la oscura tierra.
Parece ser el canto de HomU.nculos
que deslumbrado por la belleza de Galatea en el segundo Fausto, va a estrellarse y a convertirse en uno de los
millones de partículas que forman el
Universo.
Parece ser una elegia a Lord Byron
a quien Goethe al saber su muerte en
Misolonghi cuando una noble causa lo
llevaba alli, quisiera gritarle:
"¡Has muerto para los hombres pero
has resucitado a la Eternidad!"

"¡Mientras haya hombres que recuerden tus hechos, divino impaciente, serás inmortal!"
Y como "Fausto" al dirigirse al Espíritu de la Tierra, quisiera dirigir
desde el fondo de su alma esta acción
de gracias al Eterno Invisible que ha
guiado su destino.

"Augusto espíritu, tu me diste, me
diste todo
lo que le pedí. Tu no en vano
volviste en el fuego, tu rostro hacia
mi.
Me diste la magnifica naturaleza por
reino,
vigor para sentirla, para gozar .... "
Acosado sin embargo por las enfermedades, los desengaños y su soledad,
presiente, octogenario ya, la proximidad de la muerte. Esto le ha hecho
concebir la "Canción del, viajero en la
noche":

LIIIBIR.OS
R. H. BARROW: Los romanos. (Breviario No. 38). 2a. ed., 201 pp. Fonclo de Cultura EconÓiflica, México.

Roma no ha muerto. ¿ Qué la hizo
inmortal? Por la fuerza de su carácter conquistó un lugar en el mundo
mediterráneo; por este carácter dejó
una huella imperecedera en las nuevas naciones de Europa nacidas de su
Imperio. ¿ Cómo fue el carácter romano? ¿Cuál fue la esencia de la obra de
Roma, y cuál la aportación de los romanos al establecimiento de la civilización europea?

"Sobre todas las cumbres
encuéntrase el reposo;
sobre las más altas ramas
apenas se percibe el más pequeño
hálito;
las aves enmudecen en el bosque.
Aguarda tú, que pronto
reposarás lo mismo."

De ahi la exuberante cantidad de
dioses con que contaba su panteón.
Junto a Huitzilopochtli y Tezcatlipoca,
dioses mayores, los dioses de la lluvia
y de las siembras, y enfre ellos, aquellos que tienen como función especifica el crecimiento del maguey, la extracción de su savia y la preparación
del pulque. El maguey recibe el nombre de "planta, sagrada", y lo era en
un sentido muy real, no sólo porque
produce la bebida ritual, sino por los
múltiples beneficios que derivaban de
ella. En efecto, el maguey es, ante todo, proveedor de materias primas, vestidos, alimentos, herramientas y papeL
Pero además produce el jugo dulce
que suple con ventajas al agua donde
ésta es escasa.
Oswaldo Gon~alves de Lima resume
en este estudio sus numerosas y frecuentes incursiones por el campo de
la historia antigua americana. El resultado de sus investigaciones es una
exposición sistemática, la primera en
su género, que abre una ancha perspectiva no sólo en la mitología indígena sino aun en la tarea de buscar
nuevos datos que aclaren la cultura
prehispánica.

Pero contemplando el panorama de
su vida y encontrando que su actividad y su luchar por sus más altos
ideales jamás habían cesado, murmura
lleno de intima satisfacción, con la voz
de "Fausto":
"Las huellas de mis días terrenos,
no puede en siglos desaparecer .... "

masy

La gloria y la Inmortalidad por la
que él ha laborado intensamente, lo
colman de regocijo y de dicha.
Es finalmente el 22 de Marzo de
1832 cuando el Gran solitario de
Frauenplan, el glorioso poeta de Weimar, emprende el largo viaje a las regiones etéreas. Y el alma de aquel que
aún en las postrimerías de su vida
triunfante se aferraba a ella gritando
1
' ¡Detente,
eres tan bella!", al verse
arrebatada por los espíritus angélicos
pedía aún: uLúz, más lúz !'1

Ti

Aunque se incluya aquí algo de la
historia, este breviario no es una historia de Roma; ni un bosquejo de la
literatura latina; ni un tratado sobre
la administración o la jurisprudencia
romanas; ni un manual sobre la vida
cotidiana. Sin embargo, dentro de sus
marcos netos, hay algo de todo esto.
No es simplemente un estudio erudito,
porque muchos de los problemas del
mundo romano son los problemas de
hoy día, y algunas de las soluciones
que propusieron son peculiarmente
modernas. Los romanos es un libro
'escrito teniendo en cuenta que el estudio del pasado es de importancia vital para comprendernos a nosotros
mismos, y que en ese estudio el genio
romano es factor de gran importancia.

Organo Mensual de la Universidad
de Nuevo León

Regi,trado como artículo de 2a. Clue ea la
Admón. de Correos de Monterrey, N.

L.

e(

20 de Abril de 1944.

INDICADOR:
Colaboradores

Raúl Rangcl Frías
Fidencio de la Fucnte
Francisco M. Zcrtucbe

La relación del Estado y el individuo, la libertad y la intervención estatal, el uso y el abuso del poder, la civilización de los pueblos "atrasados",
la doble lealtad al Estado y al municipio, son unos cuantos de los temas
que el lector encontrará diseñados en
lo que e1 carácter romano acuñó enérgicamente en la historia del mundo.

Ccnaro Salinas Qµiroga

''

Arturo Cantú S.
Homero A. Garza

Alfonso Rangel Guerra
Guillermo Cerda G.
Jor¡c Rangcl Guerra

OSWALDO GON(,ALVES DE LIMA: El
maguey y el pulque en los códices
mexicanos. 280 pp. Fondo de Cultura Económica, llléxico, 1956.
Para la mente indigena del México
precortesiano, las fuerzas superiores
presiden toda la actividad que tiene
lugar en el universo. Los dioses, asentados en el firmamento u ocultos en
lo profundo de la tierra, rigen los destinos de hombres y cosas. El indígena
nada deja a cargo del azar, pues todas
las esferas de lo real y de lo ideal están ya ocupadas por la divinidad.

Manuel Morales

Director
Lic. Fideocio de la Fuente

Oficinas
Wathington y Co,legio Civil
Monterrey, Nuu-o León

MEXlCO

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Página 7

�TRES SONETOS de Homero Garza
I
,.

Un callado perfume te denuncia
sin explicar el signo de tu esencia,
y un pétalo que en alas se pronuncia
confirma el litoral de tu existencia,
Naces como la espiga que renuncia
la fórmula habitual de la presencia,
y prefieres la voz que no se anuncia
al grito de indurable permanencia•

•

La memoria tropieza en el vacío
al intentar reconstruir el rio
de la imagen virtual que te resume.
Pues solo dejas en la ausencia escrita
una voz que el silencio precipita
y la efímera estancia de un perfume.

7
11
Dentro de tí, sin alas, cae la hora,
sin forma temporal, sin un latido
que describa el minuto que ya aflora
ni aproxime el instante que no ha sido.
El tiempo en tí se inventa y se devora.
De los brazos del viento desprendido
por raíces de humo se incorpora
sin tocar el silencio ni el sonido.
Honda como la voz en el presagio
surges como la espuma del naufragio
sin el color donde la luz se astilla.
Y asciendes solitaria como el grito
que pretende poblar el infinito
y siente su raíz en la semilla.

m
En el misterio de tu esencia flota
la savia de mi luz y de mi viento,
el ruido de mi sangre, la honda nota
que empuja el débil cuerpo de mi acento.
He de integrarme en tí, gota por gota,
-lluvia volviendo a su fluvial sustentoquiero enterrar la voz de mi derrota
en la insondable arena de tu aliento.
Lleno de tí, fundido en tu paisaje,
emprenderé el silencio de tu viaje,
el pulso inerte, la palabra muda.
Las manos rotas, ciega la mirada;
hasta romper la curva imaginada
donde tu enigma sideral se escuda.
Página 8

�</text>
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                  <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1751803&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Armas y Letras, Boletín mensual de la Universidad de Nuevo León, 1956, Año 13, No 6, Junio </text>
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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>BOLETIN MENSUAL DE 1A UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON
Registrado como artículo de 2a. clase en la Administración de Correos de Monterrey, N. L., el 20 de Abril de 1944.

D.A.s.u.

.
La Personalidad Histórica de bregon
Año XIII

No. 7

Ct1,-,!fla ,HFonsina

lJibjjoíer,-d { nit-;,rsilaria

Genero SALINAS QT,TIROGA

Alvaro Obregón, a pesar de los errores que como hombre
pudo tener, es una de las grandes figuras del México moderno.
Ya es tiempo que se analice ecuánimemente la obra de nuestros
próceres revolucionarios y nada más indicado que sea la Universidad para que lleve a cabo esa imparcial labor. Deben serenarse las pasiones y dar a cada quien lo suyo. Murió, siendo
Presidente electo para un segundo período, el 17 de Julio de
1928, ésto es hace veintiocho años. Por eso, en este número de
"Armas y Letras" correspondiente a este mes, lo recordamos.

ra, de tipo que encarna una etica rigurosa. No debemos olvidar que fué
un hombre de lucha y que vivió toda
su existencia batalladora sin quitarse
las botas de campaña y combatiendo
siempre al enemigo. Su muerte vio1.enta, producto de un asesinato, es una
comprobación de ello. A un hombre
así, no se le puede juzgar con la misma medida, que a aquél que se dedica
en la tranquilidad de su hogar o de
su oficina a resolver. problemas personales o de interés individual.
Fué un hombre varonil en todos sus
actos, franco y sociable, espíritu libre
y progresista, combativo siempre, pin..
toresco, rodeado de simpáticas anécdotas y dotado de un fino humorismo
que no lo abandonó nunca. Esto último no Jo entendió el escritor español
Vicente Blasco Ibañez cuando escribió
"El Militarismo Mexicano", quien tra..
tó de ridiculizarlo. Su ingenio fué festivo, pero sano, bien intencionado en
que él mismo se criticaba, se hacía
bromas o hacia suyos los chistes populares en torno de su persona.
Obregón fué una persona que se elevó por su propio esfuerzo, venciendo
las tentaciones de la juventud y de
sus pasiones. Ya que muchos no te•
nemos vocación o simplemente no podemos sobresalir en las empresas políticas, siquiera hagamos justicia a
quien luchó valientemente, cuando en
verdad se necesitaba, por el mejoramiento de nuestro pueblo.
IMPULSOR DE LA EDUCACION

Gral. Alvaro Obregón

EL CAUDILLO
Fué él, General en Jefe del Ejército
del Noroeste, vencedor de Celaya, inspirador y alma del movimiento de
Agua Prieta y Presidente Constitucional de la República de 1920 a 1924.
Fué también el caudillo de más impor-

tancia de la Revolución Mexicana 11or
sus exitos militares. Nadie mejor que
él personifica con tanta vivacidad y
energía la democracia espontánea, popu]ar, surgida de las entrañas de nuestras clases humildes.
No Jo presentaremos al Héroe de Celaya como un ejemplo de moral auste-

manas mayores que él, que lo forma ..
ron, Je inculcaron principios morales
y sobre todo lo hicieron de un recio
carácter.
Después de cursar la instrucción primaria, fué un simple obrero de la negociación azucarera de Navolato, del
Estado de Sinaloa. En la noche cuando sus demás compañeros se dedicaban a sus diversiones, juegos de azar,
cantinas, etc. él limpiaba sus herramientas o se ponia a leer libros sobre
mecánica que tanto le apasionaban. El
estudio y la devoción a sn trabajo Jo
llevaron a ser jefe de taller, pasando
a la categoría de maestro mecánico.
Alli aprendió algo que no olvidó nunca; que el trabajo tiene sus alegrías;
las del deber cumplido y de haber elaborado un producto útil a nuestros
semejantes.
Gracias a sus ahorros, llegó a ser
propietario de una pequeña finca agricola en la márgen izquierda del Rio
~layo, a la que irónicamente le puso
por nombre "Quinta Chilla". Con fre.
cuencia sus vecinos lo visitaban y considerimdolo persona inteligente le consultaban sus problemas. Nos encon~
tramos en los últimos años de ]a dictadura del Gral. Porfirio Díaz, y una
noche en amable tertulia, compuesta
de vecinos y sus trabajadores se le oyó
decir: ues necesario odiar la tiranía;
es necesario no sólo amar, sino tambié.n conquistar la libertad". Con ello
quizo decir y así lo entendieron claramente sus oyentes, que se necesitaban renovar e] aire que asfixiaba la
vida nacional.

¡ Qué bien que en esta publicación
universitaria se hable de Obregón, que
SUS LUCHAS
tanto impusó la educación popular y
superior de México! Diganlo si no la
Estalla la re\Colución de 1910 aficreación del Ministerio de Educación
liándose
al Partido AnlirreeleccionisPública, el prosupuesto con que lo dotó y la presencia en él de José Vas- ta. Se manifiesta como Maderista sinconcelos, a quien llevó allí en su ar- cero, cuando el Presidente Municipal
diente deseo de extender por todas de Huatabempo, Sonora, pretende que
partes la escuela rural mexicana. Ade- firme un pliego de adhesión al Genemás los universitarios, no debemos ral Díaz. Ya triunfante Madero lanza
contemplar pasivamente los problemas su candidatura para Presidente Muninacionales, sino que nada más indica- cipal de Huatabampo, apoyado por el
do, que en nuestras aulas, con toda se- grupo liberal de la población, derrorenidad de espíritu se analicen y va.. tando al candidato de la reacción Salvador H. Surbarán. Fué la suya, una
!oren las grandes figuras nacionales.
administración progresista. Se levanta
Pascual Orozco contra llladero y conSU NIÑEZ
tribuye a combatir al primero con trescientos
agricllltores de su región, noFué Alvaro Obregón hijo de una movatos
como
él en la ciencia de la guedesta familia, el último de dieciocho
hermanos, negando a ser con el tiem. rra Y con el Grado de Teniente Coropo el primer ciudadano de llléxico. nel, organiza el Batallón Irregular de
Huérfano desde temprana edad, fué Sonora.
educado amorosamente por tres her(Pasa a la página 8)

�Dos Poemas de Alfredo Jacob

EL PRODIGIO M\ O ZA!~ lí
Por Juan Antonio DIAZ DURAN

Campanas de la Tarde

•

¡Qué dolientes campanas
en la apacible tarde que se fuga! ...

.

,

¡Campanas de las lágrimas sin causa
viejas campanas en aquel silencio!...
Cuando daban señal para la ofrenda
en el junio febril de mis infancias
y el sol se derramaba por los muros
las campanas del pueblo,
las dolientes campanas de aquel pueblo
me decían su lenguaje de plegarias
sin incienso, sin órgano, sin cantos.
Ellas me están hablando a esta hora
viejas cosas lejanas, sin sentido,
cuando en el alma yo llevaba un canto
matutino, auroral como el rocio.

Ah, las campanas, mis campanas claras!

Vengo a traeros mi homenaje humilde
desde el recuerdo ardiente de mi sueño,
campanas de mi ya lejana infancia,
hoy que traigo un orfeón de golondrinas
aqui en el duro risco de mi alma.
¡Campanas del silencio estremecido,
viejas campanas que en el alma os guardo!

..

• _. . .....:

Ellas me traen la brisa del barbecho,
en recuerdo estival de aquel encuentro,
la vaquería que pace en el vallado
y los salmos dispersos
de aquellas golondrinas en bandada.

Labriegas de la tarde sin crepúsculo,
pastoras de las nubes tumultuosas,
cómo traigo clavado aquí en el alma
vuestro tañer lejano, atardecido
y la voz luminosa del recuerdo
que regresa al encuentro con la vida.
Campanas de la lluvia,
pluvial susurro bajo el sol de estío,
llanto en bronce disperso en el camino
esfumado de yerbas y de lirios.
Campesinas campanas de la tarde
sabedoras de hacinas y de acequias
del trigo nuevo y del maíz erguido:
campanas de la ordeña y de la luna,
compañeras del grillo y del misterio
en la noche sin sueño del aldeano
qué soledoso vuestro ensalmo de oro
qué grave bajo el cielo de amaranto.

. ;,
.. .:-...:~

Desierto
Voz que me colma de residuos muertos,
voz que me agobia en horas desoladas,
génesis de mis noches amargadas,
voz que me llega en los minutos ciertos.
Navego en ti tras los seguros puertos,
vengo de ti con mi cansancio extraño;
todo lo miro gris, helado, huraño,
circundado de gérmenes desiertos.
Quiero escapar de ti, quiero lanzarme
sobre la cumbre que avizoro ignota,
buscar la senda celestial y pura .••
¡Todo me induce, todo, a desgarrarme!
Sigue tu voz, desierto, más remota
con su plural y fuerte ligadura.

·: "i

Johann Georg Leopold Mozart fue un joven bávaro que
abandonó la teología por la música y que se casó en Salzburgo
con una muchacha austriaca llamada Ana María, huérfana de
W olfgang Nikolous Pertl ( o Bertel), sacristán de la abadía de
San Gilgen.
Su matrimonio se efectuó el 21 de noviembre de 1747, y aun•
que tuvieron siete hijos sólo sobrevivieron dos: Ana Maria Wal•
purgis lgnacia -nacida en cuarto lugar-, y el séptimo y último, Wolfgang Amadeo, nacido para la gloria del arte el 27 de
enero de 17 56.
Leopoldo, descendiente de albañiles
y encuadernadores, fue un individuo
de clara inteligencia y que logró adquirir una vasta cultura por sus es'Nl•dios en la Universidad de Salzburgo, sus viajes y su trato con los personajes más distinguidos de las cortes
europeas. Fue organista, violinista,
compositor y director, y publicó, en
el mismo año en que nació su famoso
hijo, un importante tratado para el estudio del violín. Hablaba varios idiomas y era muy hábil en el manejo de
la pluma. Se supone que de no haber
existido su glorioso hijo él tendría méritos suficientes para sobrevivir en la
memoria de ]os hombres.
El genio musical se manifestó en
Wolfgang desde la más temprana edad.
Fred Hamel dice, en su Historia de la
música, que en toda la historia no se
conoce un caso tan asombroso dé instinto musical, natural y espontáneo,
comparable al de Mozart; y que desde la más temprana niñez ese instinto se manifestó instantánea y continuamente.
Es tan asombroso, tan múltiple y lleno de posibilidaoes creadoras el talento artístico de Mozart, que sus biógrafos rechazan, para explicárselo, la
simple teoría de las influencias biológicas. Einstein dice que en este caso
c¡ueda invalidada tau evidentemente la
ley de la herencia musical, que se ha
tratado de responsabilizar exclusivamente a mamá Mozart; pero que, con
igual derecho se hubiera podido cu1parla de adulterio con el dios Apolo.
Leopoldo, con su talento excepcional de pedagogo, se hizo cargo de la
instrucción de sus hijos -ambos dotados para la música-, aunque, como
sucede en la mayoría de los casps, posteriormente su infuencia como consejero espiritual resultó funesta en varios aspectos para su hijo.
Wolfgang tenia cuatro años cuando
su padre comenzó a enseñarle minuetos y otras piezas para el clave. A
los cinco años su cerebro empezó a
desarrollar aquella actividad creadora que no se interrumpiría sino con
la muerte. Sus primeras composiciones también fueron minuetos, como
consta por el cat3Iogo de sus -obras,
por el juicio de Abert y otros musicólogos, y por la anotación autógrafa de
]a hermana de Mozart en el manuscrito del Minué en sol (K.1).
El estudio del contrapunto lo hizo
en el Gradus ad Parnassum de Fux,
compositor y gran teórico del contrapunto.
Leopoldo desempeñaba en la corte
arzobispal de Salzburgo el puesto de
vice-maestro de capil1a, bajo la autoridad paternal del príncipe arzobispo
Segismundo von Schrattenbach, en
quien los Mozart tuvieron un amigo y
protector hasta el día de su muerte,
el 16 de diciembre de 1771. Su sucesor, Jerónimo José Francisco von Paula, conde de Co11oredo, fue un individuo egoísta y de espíritu vulgar, a

quien no le importaba un comino el
genio de Mozart. Fue electo el 14 de
marzo de 1772. Su designación causó
un asombro general.
Leopoldo se afanó por buscar una
colocación remunerativa para su hijo
en alguna de las cortes europeas, y
asi proyectó y realizó una serie de
viajes que abarca del 12 de enero de
1762 al 13 de marzo de 1773.
Se ha discutido si a Leopoldo lo
guiaba una finalidad mercantilista o
si en realidad solamente desarrolló
hasta su máximo las posibilidades artísticas de sus hijos. De todos modos
quedan en pie varios hechos: Leopoldo tuvo conciencia clara del talento
prodigioso de sus hijos; Wolfgang era
sumamente obediente con su padre y
era capaz de ponerse al piano cuan•
tas veces se lo pidiera, aun después
de todo un día de trabajo, solamente
por complacerlo; el joven Mozart sacrificó su infancia en el estudio, y si
aquel1os viajes tenían por objeto sacarlo del ambiente de Salsburgo -donde .
unicamente habría vegetado como sirviente del Arzobispo-, no fue culpa
de Leopoldo que no tuvieran éxito sus
proyectos. Leopoldo por su parte sacrificó su propio destino musical, su
posición en la corte arzobispal, en
bien de la suerte de su hijo.
Juan Lorenzo Hagenauer, un comerciante de Solzburgo y dueño de la casa donde habitaban los Mozart y en
donde nació Wolfgang, le facilicitó a
Leopoldo casi todo el dinero con que
financió sus viajes.
En enero de 1762 Leopoldo y sus
dos hijos se aventuraron, como en viaje de prueba, a Munich, a la corte del
príncipe elector Maximiliano III. En
las cartas de Leopoldo a su acreedor
Hagenauer ha quedado la mejor descripción de estos viajes.
En septiembre del mismo año em~
prenden el primer viaje a Viena, a
donde llegaron el 6 de octubre. Actuaron en varios palacios de la aristocracia y fueron presentados a 1a
familia imperial en el palacio de
Schonbrunn. Eric Blom hace notar que
aquella era una corte musical. María
Teresa cantaba bien y había actuado
en una ópera de Fux a los siete años
de edad. A Francisco I también le gustaba la música, y las archiduquesas,
incluyendo a María Antonieta, actuaron, aquel mismo año de la visita de
los Mozart, en una representación privada de II trionfo di Clelia.
Wolfgang, que ya era un pequeño
virtuoso y compositor, mostró su carácter cariñoso y vivaz subiendo a las
rodillas de la Emperatriz y besándola
efusivamente. En esa ciudad lo atacó
esa enfermedad que Einstein llama
otra aceleradora eficaz de su maduración, una escarlatina maligna que tal
vez le defó el germen de su fin prematuro.
Salieron para Presburgo, Hungría, y
estaban de regreso en Salzburgo a principios de enero,

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Página 3

�El tercer viaje tuvo por metas prin-

cipales París y Londres, y duró desde
el 9 de junio de 1763 al 30 de noviembre de 1766. Durante él, como dice
Alired Einstein, se detuvieron no sólo
en varias ciudades alemanas del sur
y del oeste, como Munich, Ludwigshafen, Schwetzingen y Francfort, sino
también en la Bélgica católica y la Ho]anda reformada, en ]a Francia sudoriental, Suiza y ]a ciudad imperial
de Augsburgo, cuna de Leopoldo.
El 18 de noviembre de 1763 llegaron a París, alojandose en la casa
del embajador de Baviera, conde von
Eych, cuya esposa era hija del conde
Arco, el Chambelán de Salzburgo. Acababa de terminar la Guerra de los Siete Años, que Je costó a Francia la India y el Canadá. Fueron presentados
a la corte en Versalles y poco después
a Madame Pompadour, que también
tenía habitaciones en Versalles, que,
como dice Leopoldo, eran un paraíso.
Los reyes eran Luis XV -a quien las
mujeres se hubieran rifado por guapo,
aunque no fuera rey, según Veit Valentin-, y Maria Lesczynska.
En París se publicaron dos series
de sonatas (K.6, 7, 8 y 9), que fueron
las primeras obras impresas de 11lozart. La primera dedicada a Mme.
Vicloire de France y la segunda a la
condesa de Tessé, dama de compañia
de la Delfina.
El 10 de abril de 1764 Leopo!do, su
esposa y sus dos hijos salieron para
Londres, a donde llegaron el dla 23.
El rey Jorge III era un gran admirador de Handel, y la reina, Carlota
de lllecklenburg Strelitz, tocaba y cantaba.
En Chelsea y Londres Wolfgang empezó a componer sinfonías (K.7, 18 y
19). En esta última ciudad trabó amistad con Juan Cristian Bach, maestro
de música de la reina. Entonces fue
cuando Juan Cristian dijo: lllás de un
Kapellmeister muere sin llegar a saber lo que este niño ya sabe.
Salieron de Londres el 24 de julio
de 1765. Estuvieron en Canterbury, y
dejaron la isla el lo. de agosto.
A instancias del Embajador holandés fueron a La Haya, donde Nannerl
cayó enferma el 12 de septiembre. Se
puso tan grave que el 21 de octubre
le dieron la extremaunción. Después se

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puso enfermo Wolfgang, y así se les
pasó el tiempo hasta enero de 1766.
Regresaron a París el 10 de mayo
y el 9 de julio salieron rumbo a Díjón.
En Lyon estuvieron un mes, y llegaron a Ginebra en plena guerra civil.
En Biberach Mozart se encontró con
otro niño prodigio, Sixtus Bachmann,
que era dos años mayor que él, y hubo
ocasión para que compitieran en el órgano. En lllunich Woligang volvió a
estar enfermo, y, cuando se repuso, la
familia concluyó su gira llegando a
Salzburgo eu noviembre de 1766, después de una ausencia de más de tres
años.
EL PRODIGIOSO MOZART
Para situar históricamente el desarrollo espiritual de Mozart hay que tener en cuenta algunos hechos importantes: La música es, contrariamente
a la escultura, la pintura, la poesía y
las demás artes, uu arte que hasta la
época moderna alcanza su completo
desarrollo. Su visita a París y Londres coincidió con el período musical
en que el pianoforte estaba a punto de
sustituir al clave; la sonata había reemplazado ya a la suite y la homofonía estaba desplazando al contrapunto,
En Stuttgart escuchó al famoso violinista Nardini -discípulo de Tartini-,
y la orquesta dirigida por Jomelli.
En Schwetzingen oyó la orquesta de
lllannheim, considerada la mejor de
Alemania y creada por J.W.A. Stamítz.
En París conoció a J.G. Ekard, que
recibió de su maestro F. 111. Bach la
forma de sonata recién concebida, y
a Johann Schobert, creador de la sonata moderna para violín y piano. W.
J. Turner dice que l\lozart nació en el
período del Sturm und Drang, y pertenece de manera tan completa y característica a la restauración romántica europea como William Blake, que
nació en 1757, un año después que
l\lozart. El Werlher de Goethe se publicó en 1774, lo mejor de la obra Ji.
!eraria de Lessing se publicó durante la infancia de Mozart, y los escritores alemanes de este nuevo periodo,
Klopstock, Wieland, Herder y los demás, eran todos mayores que Mozart.
Rousseau publicó su Contrato Social
en 1762; Voltaire ya habla realizado

EL TEHTR EN ITHLIH
Por Julián GALLEGO.

-----·su gran obra. Beaumarchais babia nacido en 1732. Las ideas de la revolución ya se agitaban en el ambiente.
(Para satisfacción propia deseamos
hacer constar desde ahora que cuando no citamos la procedencia de nuestras informaciones mozarlianas debe
entenderse que están tomadas del Ji.
bro de W. J. Turner, -1\lozart, el hombre y su obra- edición Juventud-Arg.,
1947).
Debe hacerse notar, según las palabras de Hermann Abert, que lllozart
llegó a Londres en 1764, a los nueve
años, como niño prodigio, y se fue en
1765, a los diez, como un consumado
maestro del arte contemporáneo de la
composición, igual a cualquier com•
positor de la época.
En esa etapa de su regreso al hogar
fue cuando su poderosa fantasía Jo hizo crear, tal vez como una conmovedora compensación para su infancia
sin juegos, un reino imaginario habitado por niños, cuya monarca era él,
y para el cual mandó trazar un mapa
en toda forma.
Wolfgang no concurrió a ninguna
escuela ni tuvo propiamente otro maestro que su padre Leopoldo, y, aunque se desconoce cuál seria el programa de educación general que Leopoldo les impartiría a sus hijos, cabe
suponer que en él estarían incluidos
los idiomas que hablaba Wolfgang:
alemán (su lengua materna era el dialecto salzburgués), latín, italiano y
francés. El inglés debe haberlo estudiado po rsi mismo. Se conserva una
carta en latín, que, a no ser por su
fecha incierta (1767-1769) se consideraría la primera existente de lllozart.
El 11 de septiembre de 1767 Leopoldo y toda su familia salieron para
Viena, esperando que Wolfgang y su
hermana pudieran lucirse dando audiciones en las fiestas que se preparaban para las bodas de la archiduquesa
María Josefa y el rey Fernando de Nápoles.
Sin embargo, sobrevino una epidemia de viruela, y, entre las primeras
víctimas que hizo se contó la linda Archiduquesa, de quien Leopoldo dijo en
una de sus cartas (17 de octubre) que
se había convertido en una novia celestíal.
Leopoldo desoyó el consejo •que ya
en París le habían dado, de vacunar
a sus hijos como Jo había hecho el duque de Orleáns, y prefirió dejarlo todo en la mano de Dios "para que dis. pusiera, con su infinita misericordia,
de aquella maravilla de ]a naturaleza".
Sin embargo, pensó en sa1varse de
algún modo, y huyó con su familia a
Olmutz; pero ya era tarde. Los niños
fueron presas de ]a viruela, y, si Wolfgang salvó la vida, fue gracias a la
ayuda valiente y generosa del conde
von Podstatsky, que les dió alojamiento en su casa y les envió un médico
por su cuenta.
Wolfgang estuvo ciego varios días a
causa de la enfermedad, y alegró su
convalecencia aprendiendo el juego de
cartas y la esgrima. En cuanto pudo

,

componer otra vez hizo un aria para
la hija de su médico, Wolf.
Volvieron a Viena el 10 de enero de
1768, pero en esta ocasión no tuvieron
suerte. En agosto de 1765 babia muerto el emperador Francisco I, y ahora
las cosas dependían de su hijo, el emperador José II, un individuo tacaño.
Hasta el príncipe Kaunitz, un famoso
conocedor de música que los hubiera
ayudado, les huyó por temor a la viruela; pues Wolfgang mostraba todavía manchas hojas, y Su Alteza era un
timorato en este sentido.
En vista de las dificultades que se
les opusieron, del poco entusiasmo de
los vieneses por la música de concier.
to (era la temporada de carnaval y la
gente no pensaba sino en divertirse
con los cinco sentidos) Leopoldo discurrió que su hijo de doce años compusiera una ópera; pues por último
hizo cuestión de amor propio demostrarles a todos los músicos profesionales que Wo!fgang era una estrella
ascendente en el firmamento musical.
En estas condiciones fue posible
conseguir un contrato con Aff!igio,
empresario teatral y un aventurero de
marca, para que Wolfgang escribiera,
sobre un texto de Marco Coltellini, su
primera ópera, La Finta semplice (K.
51).
La ópera en cuestión consta de tres
actos, con 25 numeros escritos en 558
paginas, y fue terminada dentro del
tiempo que estipulaba el contrato. Sin
embargo, no fue posible vencer las dificultades que se presentaron y la obra
quedó sin estrenarse en aquella ocasión.
Entonces fue cuando el doctor F.
Anton Mesmer, muy conocido por su
teoría del magnetismo animal, solicitó
de Wolfgang una ópera que deseaba
estrenar en el teatro que había construido en el jardín de su casa. Esta
segunda ópera fue Bastien und Bastienne (K.50), y se estrenó a fines del
verano de 1768, antes que su predecesora.
Durante su viaje Mozart compuso
también tres sinfonías (K. 43, 45 y
48); las dos últimas fechadas en Viena
el 16 de enero y el 13 de diciembre
de 1768.
El texto de la l\lisa que compuso para el padre jesuita Ignaz Parhammer
se_ perdió, y de este modo la primera
Misa de ll!ozart que existe es la l\lissa
Brevis en Sol (K.49).
P?dre e hijo regresaron a Salzburgo
al fmahzar el año de 1768.
El genio musical pasó un año (1769)
en su ciudad natal. De su vida civil
de entonces no sabemos nada. Tenemos solamente constancia de su actividad creadora. En el mes de octubre
compuso u~~ lllisa en Do (K.66) para
la ordenac10n de su amigo Domingo
Hagenauer, uno de los hijos de su casero. W. J. Turner dice que esta misa
fue la primera que rompió, en cierto
modo, con el viejo estilo de la música
eclasiástica, y mostró 1~ influencia del
progreso en música de ópera y sinfónica.

•

UN ESTRENO EN "LA FENICE"

cierta importancia en la Serenisima,

Llegar a la "La Fenice", el teatro de

tiene dos entradas: la principal, que
da directamente a un canal y la secundaria, que es terrestre. Moraleja:
cuando tengáis prisa, tomad una góndola. Las calles en Venecia son de
agua; las de tierra son "sustitutivos".
Y conviene ver la Fenice antes de
que el telón se alce, antes de que las
luces experimenten esa triple oscilación que precede a su muerte. Porque
el mejor espectáculo de la Fenice es
la Fenice misma, esa sala admirable,
rosa, verde y oro, tan rica en sus tallas, en sus pinturas, como elegante y
graciosa en su trazado, ejemplo único
de teatro rococó, conservado intacto,
en su tono, en su lujo Intimo pero
ceremonioso.

Ja Opera de Venecia, es más dificil de
Jo que parece. Situado en el Campo de
San Fantin, en esa especie de península que forma el Canal Grande en su
último meandro, del Rialte a San Marcos, no parece que pueda haber cosa
más céntrica ni mas fácil de encontrar. Si mirais el plano -sobre todo
si es uno de esos planos en que los
edificios importantes están dibujados
"en relieve" y coronados de un carte•
Jito - vereis que es un edificio grande, cuadrado, con fachadas formando
frontones clásicos y que está a un paso de la Piazza. Imposible equivocarse.
Pero intentar seguir ese plano. Los dibujantes de planos de Venecia parecen estar de acuerdo en una cosa: que
es imposible representarla en toda su
complicación. Se dedican, entonces, a
una tarea de simplificación. Una vez
suprimida la mitad de los canalillos,
de las calles y de los campos, Venecia
comienza a ser comprensible.
Claro está que la utilidad de tales
planos deja mucho que desear. El consultarlos a cada momento - tarea a
que se dedican sin descanso todos los
visitantes "conscientes" de la ciudadsirve de muy poco. Venecia escuda
sus encantos de sirena en esta dificultad de comprensión. Hay que abandonarse por sus calles a la inspiración,
al instinto. Es el modo de que se vale
la gran coqueta del Adriático para hacer apreciar detalles recónditos que,
de otro modo, pasarían desapercibidos. Es posible de este modo que nun•
ca llegueis a donde quereis ir; que creyendo estar en la Fondamenta Nueva
lleguéis a la Zattere, que es exactamente Jo contrario; que pretendiendo
salir a Ca' Rezzonice vayais a parar al
Piazzale Roma (y entonces habeis perdido Venecia, porque esta gran plaza
es ]a unica cosa que Venecia tiene semejante a las otras ciudades del siglo
XX); o que queriendo ir a la Academia, salgais a la estación del Vaporelle
de San Stae, que es adonde, no se por
que, se sale siempre en cuanto uno se
descuida, como si fuera un agujero de
billar ruso. Gracias que existe el Vaporette, aunque haya aterrados turistas que no sepan si hay que tomarlo
en una dirección o en otra. Por fin
uno comprende lo que Venecia espera
de él: que se abandone, que no trate
de ir a ninguna parte, que tome las
cosas que van saliendo -que siempre
serán muchas- como regalos de la vida. Para qué ir a buscar los Tintorette
o los Be11ini de un lugar determinado,
si toda la ciudad se enrojece de los primeros o se dora de los segundos? Para
qué buscar un palacio, si hay mil? En
cuanto uno se ha decidido a adoptar
esta posición de vagabundo, la ciudad
-femenina entre todas y amante de
llevar la contrario- se enternece Y comienza a descubrirnos los misterios de
su urbanismo en torno a la S del canal.
Pero antes hemos pasado una semana,
dos ...
En cualquier caso, hasta para los
viajeros avezados, es recomendable saHr de casa con una hora de tiempo
si quieren llegar a La Fenice antes de
alzarse el telón. Si no se perderán
en un dédalo de callejones, arcadas,
canales, puentes, plazuelas. En cuanto
nuestro camino ha sido cortado dos o
tres veces o la callejuela que segulamos ha doblado con insistencia, inútil
es que busquemos los puntos cardinales. Al llegar a La Fenice nos explicamos el secreto: este teatro, como todos
los edificios públicos y privados de

OPERA AL AIRE LIBRE

hiera podido hacer creer que en ella
estaban friendo gente.
Este tumulto esta agitación, desaparecian de repente en cuanto la señal
de comenzar era dada. Pero aun hubo
algo mas, para mi memoria el recuerdo más bello de aquella noche. Antes
de comenzar la ópera yo habla visto
que todo el mundo llevaba candelillas
de cera; en cuanto se apagaron los focos del anfiteatro, cada cual encendió
su candela Y era de ver aquel firmamento estrellado caldo en medio de
la ciudad, inmóvil en la noche serenísima. Fué cuestión de un momento:
las lucecitas desaparecieron en el momento de empezar la música. Sólo para lograr la belleza de ese instante,
todos los voroneses habían comprado
su candela. Ello indica hasta qué punto este maravilloso pais de Italia está
siempre ávido de hermosura.
Este verano he vuelto a ver "Aida",
pero esta vez en Roma, en otro escenario imperial: las Termas de Cara•
calla. Los ruinas de estas termas gigantescas conservan dos terreones y
un lienzo de pared que sirven en verano de escenario inmenso, ante un
hemiciclo descomunal montado sobre
andamios de hierro. Antes de la hora,
las colinas del Aventino, del Celío, del
Palatino, comienzan a derramar torrentes humanos; un servicio extra•
ordinario de tranvías y autobuses no
cesa de acarrear adeptos. Se ven algunos extranjeros, vestidos de un modo pintoresco o ridículo que excita
la hilaridad de los romanos, parecidos
a los madrileños en lo zumbones Y
amigos de las burlas. Pero ya comienza la obertura; cascadas de comparsas
llenan el escenario; entre ellos, el
cuerpo de baile parece, en lontananza,
un grupo de insectos: pulgas los "negritos", polillas las "egipcias". Y Radamés entra triunfante, a todo galope,
sobre una cuadriga tirada por briosos
caballos blancos.
La música, ]a riqueza, la frescura
de la noche, todo se complementa para producir una sensación agradable.
Falta el peligro, la muerte. Italia es
demasiado amable para admitir que
una contralto se muera cantando o
que un tenor reciba una cornada.

La Opera es la Fiesta Nacional italiana, como la Corrida es la española:
igual entusiasmo, igual animación,
igual bullicio antes de empezar y atención en las "faenas" difíciles. De la
misma manera que un aficionado de
nuestro país se relame de gusto al ver
en los carteles que su diestro favorito
va a enfrentarse con unos erales de
empuje, el aficionado italiano se estremece viendo en los anuncios que
tal tenor cantará el Radamés, tal barítono el Rigoletto o tal tiple la Traviata? ¿Dará el "do"? ¿No desafinara en
la "Celeste Aída"? se pregunta el uno.
¿Banderillara? ¿Hilvanará esos naturales que solo él sabe dar? se plantea el
otro. El resultado es que el día de la
fiesta ya no hay localidades y que los
profanos o los extranjeros que llegan a
última hora a la taquilla, creyendo que
eso es un espectáculo como otro cualquiera, se quedan con un palmo de
narices.
La semejanza se acentúa durante el
verano, estación propicia a los toros
y a las funciones al aire libre. No hay
entonces modesta plaza de toros de
pueblo que no de su novillada ni plaza pública o explanada de castillo italiano que no organice su velada musical. Cuando la ópera se canta en un
circo romano, la semejanza es mas notable. Ver "Aida", por ejemplo, en la
Arena de Verona es un espectáculo
SUSANA Y LOS VIEJOS
prodigioso, entre musical y taurino, a
Es más fácil encontrar en Roma a
lo que contribuye sin duda la aparición del Buey Apis, si no muy bravo, "]a casta Susana" pintada por Guercino o algún otro artista del Seiscientos
cuando menos muy decorativo.
Asi tuve yo la suerte de verla hace que interpretada en el teatro por una
un par de años. La dirigía el famoso tiple ligera, de aspecto cuando menos.
Pabst, cuyas peliculas alemanas se Y sin embargo, el verano pasado, una
cuentan entre los clásicos del cine. noche del Ferragosto en que Jo cálido
Presidía un criterio de noble especta- de la atmósfera aconsejaba quedarse
cularidad. La Arena es un espléndido al aire libre, vi en una tapa de Vía
anfiteatro, bien conservado, en e] cen- Cavour, casi bajo el arco de San Pietro
tro mismo de la maravillosa ciudad in Vincoli - la iglesia en que el Moidel Adigo; en el acto final, el templo- sés de Miguel Angel se estremece de
tumba fvanzaba hacia los espectadores, rabia ante las explicaciones de los
mientras dos colosos colocados en lo guías turísticos-, ese arco con venalto de las graderías se deslizaban so- tanas a las que nuestros compatriotas
bre rieles hasta cerrar el escenario. Borgia se asomaron, el anuncio de un
Era digno de verse el trabajo de los teatro al aire libre, cercano, donde al
tramoyistas, que no tenían telón que cabo de media hora iba a comenzar
los velara. En un momento, vestidos la representación de la conocida opede bañistas, se sumergieron en un río reta por una compañia lírica estival.
La opereta es un género casi tan
auténtico, aparecido al levantar las
grandes tablas del escenario, y empe- aburrido como la zarzuela. Me aprezaron a plantar cañaverales, mientras suro a declarar que se trata de una
otros organizaban bosques de palme- opinión personal, que no trato de imras. Mientras tanto los comparsas, con- poner a nadie y a la que encuentro
tratados en Verona, saludaban a sus varias excepciones de peso. Si expon•
conocidos, se agitaban, reían, antes de go esta opinión es para dar a entenadoptar el hieratismo exigido por el der el estado de ánimo con que me
argumento. Había cientos, cree yo, en dirigí al leatrillo; · no se trataba de un
torno a los elefantes, al buey, a !'os interés especial por la obra represenídolos. En el entreatco, de aquella in- tada, sino hacia el teatro en si, hacia
mensa sarten brotaba un ruido que hu- el sitio, el escenario, el público, la

compañia, es decir, hacia todo lo que
rodeaba la obra excepto la obra misma. Suponla que sería Jo suficientemente inofensiva para pasar desapercibida, dejándome tiempo y ocasión
de fijarme en los demás detalles.
Todos estos detalles resultaron interesantes. En primer Jugar, el sitio. Se
levanta el escenario en un jardín, en
lo alto del "colle Opio", una colina
que no es una de las siete, no sé por
qué, pero es bien romana, entre las del
Celio y del Esquilino, con la citada
iglesia, las Termas de Trajano y la Demus Aurea de Neron en su terreno.
Un pino inmenso se erguía a un lado
de la escena, tapando parte de la misma con una espontaneidad y libertad
artística que ya hubiera querido el arquitecto Domenech cuando proyectaba
el "Palau de la Música Catalana"; otros
formaban grupos por todas partes, desdeñando otros árboles más pequeños.
El ambiente era puro y perfumado,
Una de las maravillas de Roma es esta
cantidad de campo y de bosque que
tiene esparcida entre sus ruinas, tras
de sus tapias o de sus iglesias agríeladas. Pasaban vendedoras de helados,
que pregonaban su mercancía con voz
dulce, con una especie de pereza, como si no les intersase vender. El pú•
blico era casi español; no hay pais en
que uno se encuentre tan en su casa
como Italia. Si no los hubieráis oldo
hablar, en nada se hubieran distinguí•
do de unos espectadores de barrio de
nuestro pais. A mi lado babia un mocele que intentaba atraer la atención
de una muchacha sentada delante; pa•
ra ello Je clavaba miradas como puña]es, sin que ella pareciera darse cuenta. En ]os entreactos, se paseaba como un palomo por delante de ella,
con su peinado insolente y su traje
planchado y limpio con ese primer
aseado que solo se encuentra en los
países mediterraneos, que una fama
absurda tacha de negligentes. Pero la
chiquilla seguía sin verlo y esta obstinación de la ceguedad, imposible de
explicar por distracción, indicaba a
las claras que estaba pendiente de los
• movimientos del seductor y que solo,
acaso, ]a presencia de sus padres le
imponía tanta reserva.
Porque era más dificil creer que estuviera absorta por el argumento de
la opereta. Es "La casta Susana" un
prodigio de vulgaridad novecentista.
No Je falta ni uno de los elementos
vodevilescos que han dado popularidad al género: el muchacho que se es!remece de pensar en los placeres del
amor, e] caballero serio que se va de
juerga en cuanto su mujer duerme, la
dama premio de virtud que engaña a su marido en cuanto vuelve la
espalda, el primo simpático, la hermanita independiente ... Muchas escenas
de Chez Maxim's, o de donde sea, son
comedores reservados en ]os que se
hallan repartidos todos los personajes... En fin, la obra maestra de la tontería y de la inmoralidad ñoña que
florecieron en la llamada "Belle Epoque" y qué todavía nos aburren en el
cine.
Y si todo ello hubiera sido presentado con cierta gracia, con trajes de
la época, con decorados modernistas ...
Pero los decorados y los trajes eran
de esa pobreza insolente que gastan
las compañías de la legua, ese mal
gusto sin pintoresquismo, esa pretensión de cubismo que hace llorar, porque se ve tras e11a mucha miseria, muchos viajes en tercera, muchos sueldecitos insignificantes. Marquesas y
Principes, Coroneles y Académicos
que, a la salida, acaso cenaran un plato de pasta en una modesta "cuccina"
y se acostaran pensando en el Paris
1900, en las cenas de Chez Maxim's,
arrullados por ese vals - el único momento grato de la partitura - que las
bailarinas danzaban agitando pesadamente los brazos como ocas asustadas
de lo cara que está la vida.

Página S

'

�,

"LOS PERSAS" EN DELFOS
Si Grecia cuenta con un teatro -el
de Epidauro- más grande y mejor
conservado que el de Delfos, ninguno
está enclavado en un paisaje tan su•
blime como éste, en ninguno el deco•
rado natural es tan sobrehumano. La
antigua sede del Oráculo de Apolo está situada en la vertiente sur del Parnaso, entre dos colosales rocas, las Fedriadas, entre las que se deslizan las
aguas de la fuente Castalia; el terreno
escalonado, cae, después de Delfos, ca·
si a pico hasta un angosto valle cuya
pared frontera está formada por el
monte de Kirfis y que se va ensanchando, tapizado de espesísimos olivares que parecen un terciopelo verde•
grisáceo, hasta abrirse en el resplandeciente golfo de Corinto. Visto desde
la gradería semicircular, el escenario
queda recortado ante el abismo, con
Kirfis como telón de fondo. Y como
los griegos no dejaban nada a nadie
hacer, basta que un actor de un grito
potente en un momento de emoción,
para que el eco, sabiamante calculado,
rebote varias veces desde las Fedriadas que forman la pared posterior del
teatro.
El domingo estaba lluvioso; las nubes se apelotonaban sobre las rocas y
se enganchaban por las laderas. Estalló la tormenta y los truenos retumbaban como para expresar la ira de Apolo al ver su santuario invadido por los
turistas. Las ruinas de Delfos son las
más bellas de Grecia, si exceptuamos
la Acropolis de Atenas; esos grupos
de fustes, esas escalinatas, ese muro
asombroso formado de piedras poligonales como un "puzzle" gigantesco,
ese estadio medio excavado en la montaña, esa misteriosa fuente, todo ello
superpuesto en los vastos escalones de
este inmenso circo rocoso, forman uno
de esos paisajes que no se olvidan, en
que el hombre ha colaborado con la
naturaleza y la ha perfeccionado. Los
turistas, corrían con sus paraguas y
sus impermeables de un lado a otro,
hasta que un chaparrón más fuerte los
obligaba a guarecerse en una gruta o
en un templo cuya falta de techo desmentía las promesas de protección. El
museo era el mejor refugio, un museo
admirable, un poco desordenado, como
casi todós los griegos, en los que parece haberse declarado una epidemia
reformista que dentro de poco tiempo dará fruto. En la última sala, el
Auriga clava sus ojos, que aun pestañea, en una carrera imaginaria; Y en
los delicadísimos frisos arcaicos, de
incomparable belleza, Apolo y Hercules siguen tirando uno de cada lado
del trípode profético,bajo la vigilancia
de Minerva, un tanto divertida.
En los pueblos italianos, las piedras de los templos de Roma han
servido para construir iglesias, castillos, palacios, en los pueblos de España, los capitales pasan prestados
del Protorio a la Mezquita, de esta a
la Catedral. Se sigue así una linea de
continuidad cultural, aunque parezca
paradójico. Nada de ello sncede en
Grecia; los pueblos griegos de nombre mas prestigioso, son aldeas tranquilas, sin el menor prestigio culto,
que tienen anexa, como una maravillosa excrecencia, una ruina que las
hace célebres. Sin estas ruinas, no se
podría distinguir Argos o Tyrinto de
Valconejos o de la Higuera de Abajo.
El pueblo de Kastri, trasplantado en
1891 por la Escuela Arqueológica
Francesa que hacía las excavaciones
de Delfos, es mas anónimo todavía. En
este domingo se encuentra animado
por los turistas, los autobuses, los carteles que anuncian para la tarde la representación de "Los Persas" de Esquilo, por el grupo de Teatro de la
Sorbona de París. La gente se pregunta si habrá teatro; ha lloviznado
todo el día, con buenos aguaceros de
vez en cuando, y el teatro al aire libre

Página 6

menos griego que la tragedia de
"Hamlet", aunque en ella haya incesto, venganza, muerte. No creo que exista en todo el teatro griego un papel
que pueda calificarse de "intelectual",
como el genial personaje de Shakespeare. Este Orestes dudoso, que busca
mil escusas, mil aplazamientos, para
cumplir un deber que le viene demasiado grande, que trata de librarse de
esta obsesión por un ademán rápido
-El asesinato de Polonio, confundido
Julián GALLEGO.
con el Rey- que es como una huida,
que busca en los libros o en las farsas
teatrales confirmaciones de algo que
cer, una de sus avenidas es el lugar sabe segµro, y que al fin hace las code reunión de la juventud que quiere sas tarde y de mala manera -para que
ver y ser vista.
otro, Fortínbrás, se aproveche- es deEn estos meses de calor, el Zapeion cir, que tiene en mano su destino y
ofrece un nuevo atractivo nocturno: lo pierde, poco tiene que ver con los
un teatro al aire libre, andamiaje le- Edipos u Orestes, que una "máquina
vantado en una frondosa plazoleta, for- infernal" condena fatalmente y sin esmando un hemiciclo desde el que se cape.
domina una escena a la que sirven de
La interpretación fue correcta, sin
telón surtidores de variable altura. exceso; casi convencional Cada perCuando esta cortina de agua baja, ve- sonaje sabía demasiado a qué atenerse
mos el escenario, el decorado, a modo y decía su parte cómo una romanza
de puerta o puente que suele dejar ver bien conocida y ensayada. Parecía
en su fond'o una larga avenida que de- que los actores hubieran visto el film
saparece en las tinieblas, excelente Ju- de Olivier con demasiada complacengar de entrada y de salida para los per- cia: la reina y Ofelia se parecían a sus
sonajes.
encarnaciones filmadas hasta fisicaMi gran afición al teatro y la creen- mente. La falta, pues, de contenido
cia de que, cuando es bueno, lo de. profundo de esta recitación hizo permuestra aun en una lengua extraña derse el sabroso choque entre el lugar
.
me conduJeron
un par de noches a' y la obra que uno se prometía. Lo miseste teatro de jardín. Confieso que del mo hubieran interpretado nna trage"Erotriko~" que vi la noche primera, dia griega. "Ay, Basilisa!" exclamó
no entend1 gran cosa; esta comedia grie- junto a mi una espectadora alarmada
ga de un autor contemporáneo parecía de ver que la Reina (Basilisa, en griea mis ojos, ya que no a mis oídos, una go) se bebía el veneno. El escanciador
mezcla abigarrada de personajes sha- acababa de dejar caer al suelo, con la
kespearianos, una historia de prince- copa, la verosilitud de la escena shasas enamoradizas, jóvenes infortuna- kespeariana.
dos, torneos, banderolas, coronas y ceEL FESTIVAL DE ATENAS
tros. Este primer fracaso, no me quito
el deseo de reincidir, en especial
Cada año se celebran más festivales,
cuando vi anunciada una obra de
nombre corto que, después de algu- interesantes o no. Hasta Villaperdices
nos trabajos, conseguí traducir como de los Vados celebrará pronto su fes"Hamlet". (Porque para quien, como tival de música, de cine, de teatro, con
yo, ni siquiera ha hecho estudios de su exposición de pintura o su confegriego clásico, mucho menos de mo- rencia por añadidura. Esta invasión
derno, el simple deletreo de un cartel festiva, si molesta en cuanto tiene de
repr~senta una suma de esfuerzos que "atracción de forasteros", es decir, de
no siempre se ve coronada por el éxi- falta de autenticidad interna y de bato). No iba a entender mucho más, se, es digna de loa si consideramos
pero tampoco mucho menos, que cuan- que parece responder a mayores necedo vi representar en sueco la "Noche sidades culturales. Y si, en esta fiede Epifania"; y había algo muy in• bre, conseguimos asistir a algún buen
teresante, casi cómico, en la idea de festival, en Salzburgo, en Aíx, en Barver trasplantado a Grecia todo ese celona o en Edimburgo, la idea nos pamundo nórdico de fantasmas y vene- recerá aun más feliz.
nos.
En este año se ha celebrado, por
En efecto, en cuanto comenzó la · vez primera, el Festival de Atenas. Duacción y pudimos ver a Bernardo a rante mes y medio -de agosto a ocHoracio, a Hamlet paseando entre ~u- tubre- se h3n sucedido las manifesmores tempestuosos y silbidos del taciones sinfónicas y teatrales. El fesvi~nto bajo unas ramas serenísimas y tival ateniense ha tenido una ca1idad
baJo unas estrellas radiantes, nos di- excepcional en sus intérpretes, un esmos cuenta de los dos universos que pecial interés en su repertorio, un
en esa acción se encontraban; nada enorme atractivo· en su escenario, el
Teatro d.e Herodes Atico, que se abre,
al aire libre, al pie del Partenón, con
las graderías apoyadas en la escarpada ladera de la Acrópolis. El clima caluroso de Atenas hace ideales estas veladas al raso, tan peligrosas en otras
latitudes. Nada mas ber1D-oso Q\IC una
de estas noches atenienses, ni el espectáculo da este teafro en sí, de sus
graderías llenas de espectadores, que,
en las localidades más baratas, escalan
las rocas, buscan acomodo en una enligua losa o luchan -ay, sin ningún
éxito- con las asechanzas que las opulentas chumberas o las carnosas pitas
les tienden.
El Festival ha estado compuesto de
una parte de Conciertos, a cargo de la
Filarmónica de Nueva York, dirigida
por el griego-Mitropoulos, y de la Sinfónica de Atenas, con el concurso de
coros y solistas; de una serie de representaciones de Opera, a cargo de
eminentes cantantes de todo el mundo; Y de la interpretación de las tra-

IEIL lí!EA lílR.O
EN GIR.ECIIA
solo tiene Jugar -para empelar la fórmula tradicional, que tiene un aire saturnal de tragedia- "si el Tiempo no
lo impideu.
Saturno se portó bien en el último
momento. O acaso fué para vengarse
de algo que Apolo - que, como buen
poeta, tenga especial habilidad para
ofender - le ha hecho recientemente?
El caso es que se celebre la representación. Para quien no es francés, el
francés sueña de un modo extraño rebotando por las Fédridas; cuando los
Persas gritaban "Helas t" era dificil
creerlos persas. Que extraño no ser
Persa, debían pensar los estudiantesactores, con sus barbas de cordelate y
sus gestos de marionetas de pretendido sabor arcaizante. Esta estilización,
estas voces, incluso esta música harto discutible, hubieran logrado su
efecto justo en el Patio de la Sorbona, ante la fachada que organizó
Richelieu. Su audacia modernista hubiera coincidido con la intelectuaJi.
dad del ambiente, con su limitación.
Pero en este escenaI'io ilimitado, todo
sonaba falso. Podían trabajar bien los
actores - la Reina o Dario, por ejemplo - pero su esfuerzo se perdía en
la grandeza inmensa del decorado.
Hasta Esquilo, cuya tragedia es tan
hermosa, resultaba en ocasiones demasiado hábil, con sus "chauvinismos"
de ex-combatiente griego, ante esas
montañas tan auténticas. "Hélasl".
HAMLET EN ATENAS
Los jardines del Zapeion, antiguo
parque real de Atenas, constituyen durante la canícula el único lugar fresco
de la capital griega. Tras el brillo incomparable de un sol cegador que estalla en un cielo de zafiro y que obliga a llevar casi completamente cerrados los ojos, la verdura umbría de estos jardines es una especie de milagro.
Túneles, plazoletas, emparrados, altísimos pinos, palmeras o eucaliptos,
forman un laberinto delicioso en cuyos frescos bancos no es raro ver a
los atenienses durmiend_o una siestecilla antes de reanudar sus trabajos de
tarde. Este parque, situado, como el
del Retiro, en pleno centro urbano,
siempre está concurrido; y al anoche-

(Pasa a la página 8)

!DON AILIFONSO DIE AM\IEIR.ICA
Por Pedro Juan LABARTHE

Recordarle es vivir momentos de sabiduria y erudición. Repasar su biblioleca alfonsina hace creer en la linea
· -,_~
·: ,
directa, hilo umbilical que Jo empal-..,,.
..,--:4, ·;. ma al sabio rey don Alfonso X de Cas,.
~.. ' •-i:~~-~ :; tilla. Oirle hablar es cosa de parangonarle con los más selectos del Re,,':.tl. 11..
~ nacimiento español e italiano y con
f'.-;-p~, ·• ,.,
:~ el siglo de plata griego. Estrechar su
+
~ mano es sentir el calor sereno de una
JI ·•·
amistad firme y sin dobleces. Oirle es
oir la voz no grabada en placas pero
. 1
l,:!.· : ~
oir la voz en ondas de. siglos, como
"
..¡
piedrecitas de oro en el mar Medite•
rrílneo y ver los círculos tocar riberas
de pueblos civilizados.
Así se me presentó y se me presenta
(Ion Alfonso Reyes de Monterrey del
México de emperadores y de virreyes
y de Juárez y Zapata y Cárdenas.
Se me ocurre de que por lo de Alfonso y de Reyes y Monterrey, se le
pueda bautizar con el nqmbre de don
_Alfonso de América, recordando a los
buenos Alfonsos reyes de Castilla, de
la España inmortal.
Hoy este nuestro don Alfonso, don
Alfonso de todos, cumple cincuenta
años con la inmortalidad en las letrasbodas de puro oro en la pluma y argentina en el habla. 1Qué "causer" más
elegante I Acaso un Wi!de, un Lorca o
un Cocteau o un Ortega y Gasset. A
tres de los mencionados conocí y conozco y don Alfonso se me hace arcilla del mismo monte quemado por el·
mismo fulgor.
Intimo este "reyes" sabio es la amabilidad y sinceridad puras. Por años
nos conocimos a través de carlas y lecturas de trabajos mutuos. Una vez que
llegamos a México, fué cosa de una llamada telefónica y luego un abrazo de
viejos amigos.
¡Su biblioteca! ¿Quién la heredará
para beneficio de los agraciados?
Mientras iba por su esposa para ser
presentado a ella, atrevíme a sacar y
colocar libros de los estantes. Ocho
saque y noté anotaciones y dedicatorias. Las visitas se multiplicaron y ya
más con reposo y "atrevimiento" volví a sacar y a colocar libros de los
rstantes. ¿Rabia él leido esos miles y
miles de ejemplares?
Un SI rotundo. Ahora que Je co.

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J r/1'-. :

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nozco soy zafio y digo que lo dudé.
Cuanto escritor "brota" de nuestras
tierras hispanas envía su primer libro
a don Alfonso y el joven escritor recibe una tarjeta con un comentario o
una carta. ¿ Sería posible cuando yo
atestigüé una mañana el correo con
más de dos docenas de libros? Sí, don
Alfonso consume y digiere la lectura
de esos libros y en varios idiomas.
Hablo al mundo ahora. Si Lope de
Vega fué el fenómeno de la naturaleza de su siglo escribiendo en horas
veinte y cuatro dramas que pasaban
ele la mesa al teatro, don Alfonso de
América en horas veinte y cuatro lee
libros que van de su escritorio a su
biblioteca y clasificados.
¿Cuándo duerme? ¿Cuándo escribe?
Duerme en sus sueños despiertos y
produce soñando. Hemos temido por
su salud, pero moriría de pena si no
cantara en poesía, si no criticara las
obras que le llueven, si no leyera o
descubriera a un nuevo griego o latíno o si no escribiera epístolas litera.
rias a Maurois o a Toynbee o a la Mis•
tral.
Muchos, admirándole y queriéndole
han comparado su estilo y palabra con
la obra de Ortega y Gasset. Es honor
que se le hace a cualquier escritor en
nuestro mundo hispano compararlo
con el aticista español desaparecido
recientemente. Don Alfonso de Monterrey tiene su propio crisol. Habla y escribe con propiedad como deben hablar y escribir todos los que desean
ser princípes o ºvarones" de la len-gua. Don Alfonso es rey de la lengua.
Así como los ingleses dicen: "The
King's English" para significar perfección. Su tránsito y repaso por literaturas extranjeras y leidas en los
idiomas en que fueron escritas le han
dado matices y él ha fabricado su estilo: herrero de oro, orfebre cellinesco
de nuestro siglo. Hay un estilo alfonsino que se imitará, pero será sombra.
Son casos únicos con los maestros
en las letras y en las artes. Hubo un
Goya y malos imita,dores. Hubo un
Beethoven y mediocres imitadores.
Hubo un Darío y raros buenos imitadores. Ortega enseñó a escribir con
(Pasa a la página 8)

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Página 7

�El Teatro

La Personalidad ....
(Sigue de la página 1)

SU CARRERA MILITAR

Concluida la campaña Orozquista,
vuelve a su hogar donde lo esperaban
sus tres hermanas y sus dos hijos. Se
dedica de nuevo a la agricultura y de
noche estudia obras militares y se di•

Seguir paso a paso su triunfante carrera militar, en que nunca tuvo una
derrota es difícil. Allí está su magnifico libro "8.000 kilómetros en Campaña" o sea la Relación de Acciones
de armas en más de veinte Estados de
la República durante un periodo de
cuatro años y narrados por él mismo.
Recordemos P,nicamente sus campañas
contra Orozco, contra Huerta y contra
Villa, y entre ellas la célebre batalla
de Celaya del 6 al 15 de abril de 1915
en que destruyó para siempre las ambiciones de Francisco Villa.
Obregón clasificaba a los hombres
en dos clases: una compuesta de gentes sumisos al mandato del Deber: que
abandonaban sus hogares y rompian
toda liga de familia y de intereses para empuñar el fusil, la escopeta o la
primera arma que encontraban; la

ce que aprendió de memoria aque~

!las sabias instrucciones que el Mariscal del Belle-Isle formuló para el
Conde de Gisus, cuando este Coronel
fué nombrado para el Regimiento de
Champagen. Lo que mas le interesó
fueron las fortificaciones, en las cua-

les se reveló como perito, llegando a
triunfar su criterio sobre el de militares expertos.
Cuando supo en su hogar, del monstruoso asesinato de Madero y Pino
Suárez se lanzó de nuevo a la lucha
expidiendo un manifiesto en que dijo: "¿Con que derecho reclamaremos
para nuestros hijos el titulo de ciuda-

...

(Sigue de la página 6)
gedias "Hecuba" de. Euripides y uEdipo" de Sófocles, a cargo de la admirable compañia nacional griega, con Katina Patxinou y Aloxis Minotis, de cuya reciente actuación en París se ha
hablado no hace mucho en esta página. En esta ocasión creo que interesa indicar el interés especial que las
representaciones de ópera adquieren
en este escenario.
Recuerdo que una tarde, en mi cotidiana ascensión a la Acrópolis, pensaba el admirable escenario que esta
colina, estas columnas incomparables
de marmol radiante, brindan para el
Orfeo de Gluck. Dias mas tarde, vi al
propio Orfeo trepar por las rocas peladas del Aerópago; evidentemente, no
era Orfeo, aunque su traje y su lira lo
parecieran, ni podían tomarse por animales encantados por su música a los
fotógrafos que lo seguían: se trataba
de Rise Stevens, del Metropólitan de
Nueva York, que se hacia retratar en•
carnando su personaje que había de
interpretar, allí al lado, al cabo de pocas noches. Este "Orfeo" fue admirable; en contraposiciPn con la tendencia veloz aparecida esta misma temporada en el festival de Aix, Philoctetes Economides dirigió la partitura
con solemnidad, con unción. Para los
trabajos, el pintor Anemoyannis eligió
la época clásica; los coros, vestidos
suntuosamente de roio, evolucionaban
majestuosos ante la tumba de Erurlicie.
En contraste con esta serenidad dolorosa, las furias infernales aparecieron
agitadas por una coreografía de Antonhy Tudor, sabiamente frenética. El

Don Alfonso

final ofrecía una sorpresa: Euridice
no vuelve a salir del Infierno, una vez
que ha vuelto a el; y el propio Orfeo.
muerto de dolor, es arrebatado por las
potencias subterráneás. Final, si más
triste que el tradicional de "fueron felices", mucho más lógico.
"ldomeneo" de Mozart fue dirigido
por Jonel Peri ea; los excelentes intér•
pretes fueron Constantino Ego, Eleonor Stieber y David Lloyd. Andrea
Nomikos ideó para los trajes y elementos decorativos, formas y colores ins):jirados en el arte cretense arcaico, en
ocasiones tan español, tan de corrida
de toros. La dirección escénica fue, pa•
ra mi gusto, demasiado movida; si ello
ayudaba a la acción, no colaboraba
con la música, qué a veces parecía pasar a segundo término, a pesar de su
calidad.
Siguiendo estos temas griegos,
"Oedipus Rex,, y tres monólogos de
"Medea" formaban el tercer progra..
roa. El famoso oratorio de Stravinsky,
fué cantado maravillosamente por los
coros de la ópera de Atenas; Edipo
fue David Lloyd, tenor lleno de cualidades, y Yocasta la emotiva Lukia
Heva. Los monólogos, obra dificil de
Ernst Krenek, tuvieron una intérprete
de extraordinaria calidad en Blanche
Thebom, que dio al personaje la voz
y el gesto que mejor podían cuarlrale.
Como esta gran artista cantó en inglés,
el 'Edipo" fué cantado en latín v las
otras dos óperas en italiano, sólo los
temas de estas obras fueron griegos.
La lengua quedó aparte, para que días
más tarde la magnificaran los gra'ndes
actores del teatro nacional de Atenas.

• • • •

\

(

'

José Vasconcelos

danos, si nosotros no somos dignos de
serlo? Sonora, siempre se ha coloca•
do a la altura que le corresponde y
ahora dará una prueba de ello. Lancémonos pues, a la lucha armada, porque el derecho ha sido asesinado y
disputemos a esos pulpos los ensangrefüados girones de nuestra Constitución".
El amor a la patria no está reñido
con el amor filial y así escribe con•
movedora carta despidiéndose de sus
hijos: "Mi querido hijo: Cuando reci•
has esta carta, habré marchado con mí
Batallón para la frontera del Norte, a
la voz de la Patria que en estos momentos siento desgarradas sus entra•
ñas, y no puede haber un solo buen
mexicano que no acuda. Yo lamento
sólo que tu cortísima edad no te per.
mita acompañarme. Si me cabe la
gloria de morir en esta causa, bendice
tu orfandad, y con orgullo podrán llamarte hijo de un patriota".

Pár,ina 8

otra, de hombres atentos al mandato
del Miedo, que no encontraban armas,
que tenían hijos, los cuales qtJ.edarían
en la orfandad si perecían ellos en la
lucha y con mil ligas más, que el Deber no puede suprimir cuando el espectro del Miedo se apodera de los
hombres. El fué de los primeros.
VALORACION FINAL
Claro que el glorioso manco de Celaya tuvo sus errores y algunos de
ellos de significación. Pero no olvi•
demos que fué un hombre de carne y
hueso, en lucha constante; que cuando
la Revolución y la Patria reclamaron
sus esfuerzos, al servicio de ellas puso
incondicionalmente su espada inven•
cibie y · les ofrendó devotameñte su
sangre, su brazo y hasta su vida mis~
ma.

(Sigue de la página 7)
claridad maravillosa y a observar cuidadosamente las cosas. Enseñó hasta
a filosofar sobre el marco de un re·
trato o sobre unas fuentecitas parlanchinas. Don Alfonso (no Alfonso sin titulo) nos da disciplina en la escritura
v en la critica y enseña caballerosi•
dad con el propio ejemplo suyo de
gran caballero. Volvamos a recordar
el principio de este elogio -no importa quién es el "brote" nuevo que le
escriba, don Alfonso no le deja en larga espera, en el desaliento. Acusa recibo y alienta. ¡Humano!
¡Por ]os dioses olímpicos, esos que
le queman divinamente la púa de su

pluma, Americanos y Upiversales, deseémosle, no para colocarle entre los
inmortales, ya que él ganó con oro de
aniversario su inmortalidad, pero deseémosle para honra y orgullo nuestro el Prem~o Nobel! Ya es tiempo
maduro que le llegue el laurel Azul.
Diez años después de a Gabriela y con
el aniversario (trescientos cincuenta
afios) del Quijote. Americanos y españoles, es este Don Alfonso tan de Monterrey en México como de llendoza en
la Argentina o del Cuzco en el Perú o
de Ponce de Puerto Rico o de Alcalá
de Henares. Estamos en deuda con él,
con don Alfonso de América, príncipe
de las Jetras hispanas.

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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>BOLETIN MENSUAL DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON

IIIIIYU..IT,o.fjf

Registrado como artículo de 2a. clase en la Administración de Correos de Monterrey, N. L., el 20 de Abril de 1944.

D.A.S.U.

Año XIII

Agosto de 1956

No. 8

~
~,.

1(

u.

¡,,

,,r·

.
:~·-tJ.

'

Por Jean BESSALEL
Durante mucho tiempo, se ha pedido
a la poesía encantar y complacer. Sin

duda se le pide todavía: de la Pleyade
al Simbolismo, de las baladas medievales a los romances de Appollinaire

l

y de Careo, hasta ciertas canciones
modernas, pasando por los grandes sa-

cerdotes del templo como Hugo, Lamartine o Vigny, los príncipes delicados como Verlaine o desdeñosos como
Mallarmé, toda una serie de escuelas,
toda una línea de poetas, toda una
tradición poética, en una palabra, se
presentan para autorizar y justificar

tal posición. Puede ser que algunos
vayan a asombrarse -y a indignarse- al verme poner sobre el mismo
plan personalidades y obras de valores tan diversos. Que no se engañen:
Georges Brassens no es por cierto Víctor Hugo, Tristesse d'Olimpio es sin
duda superior a un lamento fácil de

Laforgue. Simplemente, la diferencia sotros siente en sí mismo sin poder
que existe entre ellos, entre ellas, es darle la forma reveladora.
de grado, no de naturaleza. Pues con Poesía de orden psicológico, diría yo,
estos poetas, cualquiera que sea, uno que sabe macernos con su música, tose siente a gusto. Los sentimientos que carnos y adularnos, invocando sentiellos ponen en juego son los más co- mientos que nos es fácil reconocer comunes y los más eternos. El amor, la mo nuestros, aunque nos lo prohibaalegría, la tristeza, la soledad, la an- mos:
gustia ante el tiempo que huye, ante
Hipócrita lector, mi semejante, mi
''
la muerte, se vuelven a encontrar con hermano ...
el mismo titulo en las más modestas acariciarnos con sus im:igenes, intriredondillas de un Charles d'Orleans, garnos con sus símbolos: poesía que,
los sonetos de Ronsard, la punzante en una palabra, se nos manifestara cobanalidad de Pon! Mirabeau, o los mo la fuente misteriosa de emociones
grandes desbordamientos líricos de un privilegiadas.
lots d'inanité sonare", la imagen que
Lamartine. Aquí se encuentran ellos,
Pero hoy, su naturaleza ya está acor- él nos presenta es la de un poeta y de
aquí les encontramos nosotros y nos de con el diapasón de nuestro tiempo, una poesía en vista de los cuales no
reencontramos en una misma relación como sus preocupaciones no respon- podemos sino sentirnos presos y comconfiada, acordada a ciertas reglas y den a los problemas que se plantean prometidos.
a cierto orden del mundo. Lo esen- y se imponen a nosotros.
Lo que queremos, esencialmente, es
cial, en efecto -al menos lo que nos
En una época profundamente tras- no sentirnos adulados, fortificados y
puede Parecer tal-, esta poesía no lo tornada, se ha derrumbado los prin- adormecidos en lo que tenemos más o
pone jamás a discusión. Esto es lo que cipios que se creían mejor estableci menos conciencia de ser y de conocer:
hace el encanto. Esto es lo que fija, dos, los valores que se complacían en es descubrir, al contrario, ciertas reatambién, los limites. En el sentido en imaginar como más seguros, buscamos lidades que ignoramos y que, entendique Péguy definía Jo metafísico: en la poesla algo más que un simple das por nosotros, no pueden dejarnos
"Aquello que remonta sin cesar el rio montaje artístico: una operación vital, tal como eramos antes.
de la conciencia", esta poesía no tiene comprometiendo al poeta totalmente y
Lo que pedimos paradójicamente a
nada de metafísico. Sus "revoluciones" conduciéndolo a consecuencias del la poesla, es lo que exigimos de la fison justamente agradables porque dan "hay que cambiar la vida" propio de losofía o de la ciencia: esta "verdad
la ilusión de una transformación com- Himbaud, a buscar su justificación y práctica" que un Lautremont le asigpleta y la certeza de que en el fondo su destino azín más allá de su arte, en naba ya como finalidad, es decir, que
se conserva siempre lo importante. una verdadera metamorfosis de la con- tiene que ser para nosotros, ante todo,
Hay quien gusta, hasta conmoverse, dición metafísica e histórica del hom- un medio de conocimiento y de posepor ejemplo, las dislocaciones rltmí- bre. Cualquiera que sea, en efecto, la sión. Nerval, arrastrándonos más allá
cas de Víctor Hugo porque, lejos de grandeza de un Mallarmé creador, en de las "puertas de marfil y de cuerno
comprometer Ja existencia de cierta el orgulloso silencio de su cuarto con
expresión poética reconocida, la ha- las cortinas cerradas, "d'abolis bibe(Pasa a la página 8)
cen auténtica en la medida en que,
desmontando su mecanismo, muestran
y demuestran sus maravilJosas posibilidades. Se dan el lujo de temblar ante
las audaces "rimiques" de un Verlaine,
las sutiles destilaciones verbales de un
Mallarmé: pero Verlaine, se sabe, no
franqueara la zanja que separa su universo del de Rimbaud (he aqui, justamente, dónde temblar no es ya un lujo) y Mallarmé, si trastorna un poco
el orden de las palabras, no tocará
jamás el del mundo.
4

Poesía, poesía de artistas -siendo el
artista, por definición, ese ser particularmente sensible que tiene por tarea expresar lo que cada uno de no-

onsina

&lt;.,,,,,, ,·crsitaria

�CllNCU!lENll A Af\JOS DIE

Poemas

Por Juan Carlos GHIANO.

En El Espectador de su natal Monterrey, el 28 de noviembre

Yo soy Señor, el albañil haciendote tu casa.

de 1905 publicó Alfonso Reyes sus tres primeros sonetos, La du-

¡Que miseria de manos que la labran!.••

da; hallazgo certificado por el fino y atento Félix Lizaso. Es el

Aquí la puerta - mas no antes se harán los escalones

acta de bautismo de Reyes escritor, que ha cumplido los cincuenta años de densa tarea, con más de un centenar de libros de poe-

que lleguen a tu casa.

sía, de ensayo y de crítica. Nacido en aquella ciudad de México
en 1889, este cincuentenario lo encuentra en la plenitud de su

Qué lucha Señor, con estas piedras

talento, ordenando sus obras completas, que publicará la más im-

tan negras y viscosas que resbalan

portante de las editoras de nuestra América.

y me pesan, me pesan porque llevan
el limo de los barros.
Un escritor que ha meditado tan
equilibradamente sobre la literatura y
sobre el quehacer literario. así como
sobre la misión del intelectual americano y los compromisos del hombre
en estos malos años caídos sobre nuestras vidas, complica el riesgo de las
posibles interpretaciones, que escamoteen o empequeñezcan los principios
en que se sitúan sus creaciones, según
las pautas que ha adelantado en pro•
gresión de enriquecimientos, sin soberbias ni jactancias, superando impuestas dificultades y resolviendo problemas propios y continentales.

No extiendas tu mano, no,
deja que me esfuerce
desde mis profundidades,
con la fuerza inmanente de la savia
desde el bosque ancestral en que deviene.
Ya está.
Una primera piedra
para pulirla el corazón me presta
la arena de su lecho.
Mas tu me das el agua
que mansamente brota
el agua dulce y transparente
donde te reflejas, Señor,
Un escalón, uno y otro más •••
Para entonces mi obra habrá concluído.

Por esta vez y por todas
y de nuevo comenzado;
necesidad de poseer
lo que nunca se ha logrado.
Ambito de la simiente
en el gajo que madura,
mi padre me ve crecer

Reyes parte de un alto concepto de
la misión americanista. En discurso
de 1942 -Posición de América- señalaba señeramente: "Hoy por hoy los
americanos tenemos el derecho, acaso
tenemos el deber, de ser algo profetas,
por lo mismo que, ante los desastres
del mundo y las agonias de la especie,
pretendemos aún perdurar. América,
como la heroina de William Morris,
prefiere vivir a morir". Profetismo
que coincide con la idea impulsiva de
la Utopia americana, que tanto defen.
dió el ardor inteligente de Pedro Henríquez Ureña; de ahí que el pensamiento de Reyes se sitúe en ]a misión
esencial de Occidente, dentro de sus
compromisos y riesgos, sobre el convencimiento de las peculiaridades distintivas de la América hispánica. Las
implicaciones de este humanista coinciden con la linea del pensamiento básico de América, superando la excluyente dedicación estética que nunca
fue satisfactoria entre los nuestros.
"La suerte de América - comentaba

para alcanzar su estatura.
Héme de pie en la montaña
por donde bajan los ríos
aquí, desnudo llegé
e hice los sales míos.
¿Porqué desgarran mis carnes
y a sufrir me han condenado?
Oh cielos indescriptibles
oh dolor de Tu costado.

de Juana M. de Espinazo

Reyes- ha permitido que, entre nosotros, aun el especialista se vea más imperiosamente llamado que su colega
europeo a no abandonar su profesión
general de hombre, a ser con mayor
frecuencia educador, legislador y poJi.
tico, a mantenerse en relación más
constante· con la media calle". Tanto
como escritor, Reyes ha sido un hombre al servicio de su México natal, de
América, de España, de Europa, de
Occidente, en ampliación de patrias
espirituales que no reduce ninguno de
los términos en la suma generosa de
su alma comprensiva. Porque ha sabi•
do ser hombre, se ha colmado su vocación de escritor, con persistencia
que adelanta su sentido de servicio espiritual. De ahi la diversidad de sus
temas, en la insaciable atención de este hombre tan abiertamente fecundo.

En una América erizada de agresivos nacionalismos dictatoriales, el internacionalismo espiritual de Reyes
aparece como consecuente reproche,
no siempre interpretado con la nitidez
que tan claro pensamiento exige. Se ha
pensado que su universalismo comporta un desarraigo de lo inmediato americano; tal injusto reproche olvida interpretaciones tan hondas de lo mexicano indio y español como ]a inolvidable Visión de Anáhuac y las páginas
sobre los escritores de su patria, desde
Sor Juana Inés de la Cruz a Enrique
González Martincz, como los muchos
textos en que se l1a preocupado por
caracterizar la inteligencia americana.
reconociendo los rasgos de una constancia ya secular, que responsabiliza
a los nuevos creadores con más imperio que ese comento de las circunstancias físicas en que se demoran cronistas sin tercera dimensión. Sobre este
sector de su obra, otros comentaristas
intentan una caracterización exclusivamente gentilicia de Reyes, olvidando sus esenciales estudios sobre Ho~
mero, sobre ]a critica ateniense y la
antigua retórica, los análisis de escritores castellanos, del genio de Goethe
y de la poesía de Mallarmé. Cualquiera de Jas dos interpretaciones desmembra una creación que se caracteriza
por la unidad tan nuestra de sus notas
dominantes: universalismo y regiona1ismo en acordada armonía. Densa
progresión de motivos y de obligacio,.
ncs que peculiariza una de ]as constancias de la cultura americana, a cuyo servicio se presenta inclusive el Reyes traductor, tan atento a textos de
diverso origen y contenido ejemplar.
El pensamiento americano -en particular la reflexión sobre las realidades de América- ha ido creciendo so-

•

cidcntal,
asegurando
el ingreso OC·
de
bre los estimulos
del así
pensamiento
nuestras peculiaridades al nivel de la
cultura, cuyas últimas justificaciones

A
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Página 2

Página 3

�verdad psicológica que cada autor comunica: Romero requiere una explicación distinta a la de Mallarmé, Góngora no se puede estudiar como Amado ~ervo, Lope de Vega expresa vivencias distintas a las que Goethe. En
estos distingos se perfila la crítica de
Reyes, 1legando al juicio -suprema
aspiración de su tarea- sin desdeñar
la impresión y la exégesis. Tal actitud
se sostiene e iguala por gracia expresiva, casi incomparable en la literatura amedcana contemporánea. Pocos
escritores de nuestra América han sido asistidos por la gracia -"fuerza ligera, libélula de color, querubín del
alma", sintetiza Reyes-; Sor Juana
Inés y Marti, algunos momentos de
Darío y el menos frecuente Rodó, como algunos pasajes de Lugones son,
con Reyes, los ejemplos más nítidos de
esta virtud, tanto de griegos como de
andaluces, para comprenderla dentro
de los términos en que Reyes la sitúa:
"No temen la ley: no necesitan violarla. Viven en sus interiores luminosos.
No temen la regla: encaraman un estilo sobre otro".

escapan a los desmembr~entos nacionales. La mayoría de edad de nuestra América se ha manifestado en esfuerzos de aprehensión de los valores
propios y de los valores universales;
ni Sarmiento, ni Bello, ni Martí, ni
Hostos, ni Sierra, ni Dario son excluyentemente escritores de un país americano; sus creaciones asumen la preocupación esencial por América, que se
incorpora así al diálogo con las otras
unidades culturales, en particular con
Europa. El pasado americano se interpretó con el mismo fervor con que se
analizaba el presente, sin olvidar que
América es un sector del mundo, y por
esto ninguna de las preocupaciones
universales fue ajena al pensamiento
de estos libertadores del alma continental, ni siquiera de aquellos más
comprometidos en la acción inmediata, como Sarníiento y Martí. En esta
línea debe comprenderse la obra de
Reyes, como la de su fraterno Pedro
Henriquez Ureña; la ciudadanía americana de ambos no implica una imposición egoísta frente a Europa; han
querido aclarar las modalidades propias para enseñarnos a ver mejor, a
nosotros y a los europeos, a la vez que
han hecho que aqui se comprenda mejor a Europa, integrando el concierto
de las responsabilidades esenciales,
donde cada continente personaliza su
voz sin engaños y sin concesiones. ·

Reyes se preocupa igualmente por
los hechos contemporáneos como por
la historia universal, exactamente permeable ante las nuevas formas literarias como ante la integra permanencia
de Homero y de Platón. De ahí la perenne juventud de sus publicaciones,
ilustrativas de la actitud crítica por él
definida: "La critica es este enfrentarse o confrontarse, este pedirse cuentas, este conversar con el otro, con el
que va conmigo''. Interpretación de
unos versos filosóficos de Antonio Machado, que aluden al diálogo implicito

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que se reconoce en toda la obra de
Reyes, inclusive la poética. Es como
si coincidieran el creador pleno de
gracia y el crítico colmado de exigencias, el que va creando y el que va
juzgando, el que acepta plenamente
sus urgencias y el que registra las
reacciones ante lo leído, para pasar de
la impresión al juicio, única forma de
situarse entre las creaciones responsables. Reyes nunca olvida la última justificación de- las obras ajenas, como
nunca desdeña el balance coincidente
de las propias, a pesar de la despistante diversidad de los asuntos y de
los posibles distingos temáticos y verbales.

Una reciente voluntad rescatadora y
clasificatoria impulsa a Reyes en las
reediciones de sus obras. Los distingos temáticos que impone confirman
la unidad de la creación cotidiana )
la depuración de ciertas actitudes y
de amplias selecciones expresivas. En
la poesía y la crítica, el ensayo y el
relato breve (las inolvidables- ficcio
nes de El plano oblicuo, 1920, y El
cazador, 1921, injustamente desdeñadas por curiosos antólogos), Reyes alcanza la limpia belleza que equipara
gracia e .inteligencia, sin desdeñar ninguna posibilidad significativa, expresiva y comunicativa de las palabras.
En muchos de sus textos se reconoce
la plena satisfacción del escritor, nn
felix asentimiento de las propias excelencias, tan afirmativo como el que se
adelanta en el aprecio de las ajenas
virtudes.

Su "veleidad en asuntos y estilos",
sobre todo poéticos -"de que no me
arrepiento", agrega Reyes- impide la
reducción del juicio sobre su obra. Sin
embargo, toda ella adelanta esa interminable lucha con el ángel ---Jacob ha
llal)lado a la poesia-, por diversas·
vlas, exaltadas en la depuración poemática, que ilustra el Arte poético ordenada en 1925: "Asustadiza gracia del
poema: / flor temerosa, recatada en
yema: / y se cierra, como la sensitiva,
si la llega a tocar la mano viva. /
-Mano mejor que la mano de Orfeo: / mano que la presumo y no la
creo, / para traer la Eurídice dormida / hasta la superficie de la vida,•
Aspiración desiderativa en el último
cuarteto del poema titulado justamente Jacob: "¡Oh sombra musculosa, oh
nube grave! / Derrótame una vez para que caiga, / o de una vez rómpe.
me el pecho y ábreme/ entre los dos
reflejos de su espada."

Reyes, ejemplo de noble cortesía y
de fino recato, ha eliminado de su
poesia y de su prosa el ánfasis oratorio que por lustros se hizo constancia
de la expresión americana. Hay en él
un pudor varonil, que no esquiva lo
rotundamente sentimental, un 'escaparse de las tensiones interjectivas, un liberarse de las voces sonoras, que indica otra coincidencia con las mejores
expresiones de América. Suma de equitativas disposiciones que es una de sus
atendibles ejemplaridades. En sus muchos volúmenes -ninguno innecesario
ni escrito sin que lo asistieran virtudes de hombre y de creador- pueden
elegirse los hitos de la unidad universal y al mismo tiempo americana del
pensamiento qu,e reclaman nuestras
desvaídas repúblicas literarias. En sus
libros persiste la dignidad del hombre
que arraiga en su tiempo, elevando ramas, flores y frutas a todos los vientos; seguro porque las raíces vienen de
muy lejos, en persistencia que abrevia
siglos y culturas.

Las muchas lecturas de Reyes y sus
meditaciones fervientes de algunos temas se reelaboran con afirmativa capacidad de discernimiento, poco frecuente en las letras americanas. Inclusive en los volúmenes más eruditos, el
pensamiento elude los apoyos justificativos de las certezas del metodo, logrando la esencial comunicación de las
ideas sin necesidad de exponer los andamiajes previos. En las dos series de
Capítulos de literatura española, 1939
y 1945; en Pasado inmediato 11 otros
ensayos, 1941, La critica en la edacl
ateniense, 1941, La antigua retórica,
1942, y La experiencia literaria, 1942,
hay capítulos ejemplares de esta capacidad de elaborada síntesis. Inclusive
en el rnáS ambicioso y denso de sus
tratados -El deslinde, 1944- se afirma esta personalización de las conclusiones teóricas, que en otros volúmenes se individualiza alrededor de ciertos personajes y paisajes, como en incomparables -de elegancia y de penetración- páginas de Simpatías y diferencias, 1921 a 1926, y de Las vísperas
de España, 1947.
La explicación de los textos más arduos y·la personalísima aclaración de
los temas más comentados recupera la

•

CARTA DE
LONDRES
Julián GALLEGO.

LONDRES Y MOZART
La vida artística de Mozart córresponde en España a los reinados de
Carlos III y Carlos IV, en especial al
primero. El reinado de Carlos ID va
de 1757 a 1788; la vida de Mozart, de
1756 a 1791. Lamentemos que Mozart
no haya tenido en nuestro país la
acogida que merecieron Boecherini,
Scarlatti o Rosini y que el rey Carlos
III no se haya interesado en oír a este prodigio de su siglo, que tantos éxitos coleccionó en las Cortes de Austria, Italia, Francia e Inglaterra. Anteriormente hemos escrito sobre las
venturas y dolores que a Mozart depararon sus viajes a París. Una interesantísima exposición que tenemos ocasión de ver mas tarde en el Museo Británico nos inspira el deseo de escribir
sobre Mozart y Londres.
Hay en esta exposición manuscritos,
documentos, ediciones del compositor
austriaco. Se exhiben los autógrafos
de la preciosa colección de Stephen
Zweig, entre ellos el de la famosa aria
"Non so piu cosa son cosa faccio"
cantada por Chernbino en las "Bodas
de . Figaro", varias cartas a su prima
Tecla, una de ellas con una caricatura
dibujada por Mozart, cuyo buen humor es bien conocido y la partida de
casamiento del artista con Constanza
Weber Viena 3 de agosto de 1782, en
la que la letra modesta de la novia
contrasta con la escritura decidida de
su hermana Aloysia, primitivo amor
de Wolfgang. En lugar de honor figura una de las tres acuarelas de Carmontelle representando a la familia
Mozart dando un concierto, Leopoldo,
el padre, con su violin, Wollgang sentado ante un clave inmenso, con sus
piernecitas colgando, y al fondo la
hermana preparada para cantar. · Hay
también varios grabados de la ép¡:,ca,
que nos muestran el aspecto de las ciudades que el compositor habitó y
otros, posteriores, de los excelentes
decorados que K.F. Schinkel pintó para "Flauta Mágica" a principios del siglo XIX.
En directa relación con Londres,
aparte de ediciones musicales -esas
deliciosas ediciones príncipe de las
obras mozartianas, donde las viñetas
adquieren ya un estilo neoclásico lleno de gracia, que nos explica el sentimiento del autor al escribir el "Idomeneo"- y del original de la Cantata
"God is our Refuge", dedicada al mismo Museo expositor con motivo de la
visita que los Mozart hicieron en 1765,
se exponen los anuncios y reseñas publicados en el periódico londinense
"The Public Advertiser" con motivo
del concierto de caridad celebrado en
Ranelagh House y que corrió a cargo
de los Mozart. En un anuncio publicado en dicho diario, dedicado a los
aficionados a la Ciencia ("To ali Lovers
of Sciences") y no al Arte, porque en
este siglo de las Luces ciencia y arte
tienden a confundirse, vemos a _que
juegos malabares se dedicaban los dos
niños para satisfacer a un público variado, el más notable, tocar el clave
con el teclado cubierto por un pañue-

lo, aparte de improvisar sobre cualquier tema y en cualquier tono, Qulzá
el anuncio se dirija a los científicos
puesto que Mozart era presentado como un fenómeno de la naturaleza.
Reinan en Inglaterra en el momento
del viaje de Mozart Jorge III y Sofía
Carlota, a qnien Mozart dedica unas
sonatas. Es el momento del amor a
los parques "a la inglesa", donde los
elementos aparecen ordenados imitando -y tratando de mejorar- la Naturaleza, el momento, en arquitectura,
del segundo estilo georgiano, de que
Londres posee ejemplares tan exquisitos. Llegan a Londres los Mozart en
abril de 1764. Ha pasado casi un siglo después del gran incendio de la
City y numerosas iglesias edificadas
por Wren ocupan los lugares en que
anteriormente. había edificios góticos.
Pero el estilo de Sir Cristopher está
pasado de moda hace ya tiempo. Los
arquitectos famosos en este momento
son James y Roberto Adams, que han
dado su nombre a un estilo de muebles bien conocido y que edifican en
Londres y sns alrededores mansiones
de lineas puras en donde los mármoles de las villas italianas se ven snhstituidos por el ladrillo, pero cuya decoración interior, de estucos elegantes según motivos cl3sicos, nada tiene
que envidiar a sus modelos mediterráneos. Mozart ha podido ver terminadas_o en vias de contrucción, algunas de esas elegantes y tranquilas plazas que son el orgullo de Londres y
que alian tan felizmente la sencillez
con la comodidad.
Esta visita dura mas de un año y
da lugar a numerosas actuaciones de
los dos hermanos prodigios. Su influencia sobre la formación musical
de Mozart será relevante. En efecto, en
este viaje conoce y admira al Bach de
Londres, Juan Christian, cuyo paso se
advierte en el futuro estilo mozartino.
Numerosas manifestaciones musicales han conmemorado en Londres el
bicentenario de Mozart en el famoso
festival de G)yndebourne pondrá en
escena, de junio a agosto, las seis óperas mayores del glorioso genio de
Salzburgo.
"LA OPERA DE PERRA GORDA"
Hace ya años que el hoy famoso escritor alemán Bertolt Brecht y el compositor Kurt Weill escribieron su "Drei
Groschen Oper"; hace ya años que el
director cinematográfico Pabst realizó
de dicha obra una adaptación cinematográfica que sigue siendo las delicias
de los Cine Clubs y que lleva por titulo francés "L'Opcra de Quat'Sous".
En la presente temporada, el Aldwych
Theatre de Londres ha tenido la idea
de montar en inglés este espectáculo
con el titulo de "Thc Threepenny Opera". Bien podemos, pues, traduciendo
a nuestra moneda -o a la moneda que
se empleaba en el momento en que la
acción sucede,- .el "umbral" del siglo XX, según el programa- hablar de
la opera de real, o mejor de perra
gorda.
A que se debe este titulo económi-

co? A que se trata de una ópera para
mendigos. "Puesto que esta ópera ha
sido concebida con un esplendor que
sólo un mendigo puede imaginar, y
puesto que es tan barata que incluso
un mendigo puede ofrecersela, es llamada La Opera de Tres Peniques" nos
aclara también el programa. ¿Pero, se
trata, en efecto de una ópera? Este
nombre ha sido acaso elegido en recuerdo de la legendaria "Beggar's Opera" de que el pincel de Hogarth ha
consen-ado el aspecto. Pues el espectáculo que ahora vemos podría calificarse, con más actitud, de comedia
musical, pues el texto es recitado, salvo en los números cantables.
Por lo demás, la orquesta se halla
en escena, en segundo término, en una
especie de kiosko cochambroso. Está
compuesta de ocho músicos: Un director pianista, un Armonium, un Trompeta de mucha importancia, uno que
se ocupa de la cuerda -Cello, Banjo y
Guitarra alternativamente-, otro que
asume el Saxofón, Fagot y Clarinete,
el sexto que toca el Trombón y el Contrabajo, el penúltimo que domina la

Flauta, Clarinete y Saxofón y por fin,
el que se ocupa de la Batería. La orquestación, partiendo de estos instrumentos, puede suponerse que tiene un
tono humorístico, de charanga, ligeramente desafinado, música un tanto monotona, pero de evidente calidad, de
la que el fragmento principal, divulgado por el film, es la Balada de Mack
the Knife, el patibulario protagonista:
Oh, the shark has pretty teeth, dear
and he shows them pearly white....
según la traducción de Marc Blitzstein.
El argumento es bien sencillo; nada
difícil de comprender, aunque no se
domine el inglés, ya que antes de cada episodio, el Cantante callejero levanta una hoja de sn cartel en la que
se explica lo que va a suceder, mientras se proyecta en el telón ún dibujo
humorístico que lo representa. Se trata de los amores del bandido Macheath
(Mack el Cuchillo) con la señorita
Peachum hija del Rey de los Mendigos de Londres. Bien se le puede

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�dar este título real, pues, aparte de su
almacén de ropavejero se dedica a vestir convenienteniente, a adiestrar y a
administrar a todos los mendigos profesionales. Al señor Pachum no le hace demasiada gracia la improvisada
boda de su hija -ceremonia que es
un prodigio de fantasía y extravagancia, pues e! "gang" de Mack trae, para
dar un ambiente de lujo, los objetos
mas extraordinarios - y consigue que
su yerno sea detenido, con gran desesperación de Tiger Brown, Comisario
de Policía, admirador y amigo del bandido, y condenado a muerte. El señor
Pcachum es poco menos que omnipotente: le basta organizar una manifestación de mendigos, precisamente en
el momento en que sale el cortejo de
una Coronación, para que el policía
Tiger Brown acceda a cuanto quiere.
Por fortuna la Regia Persona coronada concede el indulto en el último
momento y todo el mundo se reconcilia al final.
El lugar de la acción es el barrio
de Soho, en el centro de Londres, barrio que en tiempos parece que fue predilecto del hampa de la capital; en la
actuaJidad es, mas bien, reputado por
sus restaurantes exóticos y sus tiendas bien surtidas. La presentación,
con elementos aislados, es la que el
propio Bertolt Brecht suele emplear en
sus modernas realizaciones; un letrero suspendido sobre elementos de aspecto viejo y sorprendente, lindando
el surrealismo, indica el lugar de la
acción. El decorador es Caspar Neher.
El ambiente de bajo fondo, lleno de
sarcasmo y de acritud, a veces de desvergüenza, ha sido creado por el director Sam Wanamaker.
EL MAYOR TROILO Y LA SE¡l¡ORITA
CRESSIDA
Corresponde "Troilus and Cressida"
a la madurez de Sbakespeare. El hecho
de que su impresión sea de 1609 ha inducido a considerarla escrita hacia este año; así, en la edición Selfridge
que tengo a la vista se lee que esta
obra, con "El Rey Lear", "Macbeth",
"Julio César", "Antonio y Cleopatra",
"Coriolanou, "Cimbelino", "Cuento de
Invierno", "Otelo" y "La Tempestad",
forma el grupo considerado generalmente escrito entre 1605 y 1613 - el
autor muere en 1616 - . Según Astrana
llarin es más probable que fuera escrita en los comienzos de 1603, lo que
la co]oca entre "Hamlet" Y· "Otelo". En
cualquier caso, vemos que es contemporánea de las mayores creaciones del
talento de Shakespeare. A pesar de
ello, es poco popular y casi podríamos decir que. poco conocida. Acaso
su género híbrido, entre tragedia y comedia, Ja haya perjudicado en la estima del público, que siempre prefiere
saber a qué atenerse y si debe ir al
teatro a reir o llorar. El teatro londinense "Old Vic" ha elegido esta tragicomedia para su representación en la
temporada actual.
De la producción de esta versión
nueva se ha encargado Tyrone Guthrie,
en lugar de Michael Bentball, Director
del teatro y realizador de ]as otras dos
obras que se representan simultáneamente esta primavera, "Otelo" y "Enrique V". Se encontraba el productor
ante una obra mas cómica que seria,
una história troyana, tornada por el autor con la mayor libertad y el mínimo
ahogo arqueológico. El argumento, no
tomado de la Iliada, es el siguiente:
Troilo, príncipe troyano hijo de Príamo, esta enamorado de Cressida, compatriota suya, hija de Calcas, sacerdote
de Troya que se ha pasado al campo
de los griegos. Su amor se ve prole•
gido por los buenos oficios de Pándaro, tío de la muchacha, que los echa
a uno en brazos de la otra, venciendo
la timidez del mozo y la modestia de

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su sobrina. Pero un acontecimiento
imprevisto viene a cortar estos amores: los griegos sitiadores hacen prisionero a Antenor, troyano importante, y a instancias de Calcas proponen
canjearlo por Cressida. Naturalmente
los troyanos no ven inconveniente alguno en prescindir de una muchacha
que no les resta ningún servicio a
cambio del precioso Antenor. Los dos
amantes tienen que separarse, tras mil
protestas de fidelidad que Troilo obliga a hacer a su tímida amada; ésta
parte al cuidado de Diómedes, para
reunirse con su padre. Su llegada al
campamento griego constituye un éxito; todos los jefes, hasta Patroclo, intimo amigo del jactancioso Aquiles, le
piden un beso; todos, menos Ulises,
quien, con su habitual sagacidad ha
medido el corazón y la cabeza de la
linda emigrante y no ha bailado gran
cosa. El mismo se encargará, en una
tregua durante la que los troyanos
descienden al campamento griego, de
hacer ver a Troilo la infidelidad de
Cressida, enamorada ya de su galante
conductor Diómedes.
Con esta escéptica historia de amor
está mezclada, con gran habilidad, la
de las dificultades que para los griegos representa la ociosidad de Aquiles,
su guerrero mas prestigioso, que se
niega a combatir. Por consejos de Ulises simulan desdeñarlo y considerar al
estúpido Ayhx el campeón que ha de
librarlos de Héctor, el beroe troyano.
Picado Aquiles se decide a obrar y,
con el auxilio de sus Mirmidones, mata cobardamente al noble Héctor, lo
que causa la desesperación de Troilo
y todos los troyanos y da al final de
esta farsa un tono trágico. Bien es verdad que la última palabra la tiene Pándaro, olvidado y enfermo después de
haberse tomado tantos trabajos en su
tercería, que reclama para los alcahuetes la compasión de la sala.
El osado lenguaje de esta comedia,
los continuos chistes y juegos de palabras que la llenan, la campechanía
burlona con que el autor trata a los
herées griegos y troyanos, mal se acomodaban a una puesta en escena arqueológica y pomposa. En esta comedia resalta, tanto al menos como la vanidad del amor, la vanidad de la guerra. El realizador ha tenido la idea
de genio de ambientarla en la última
época que ha conocido una floración
de grandes uniformes, en que la guerra, con toda su crueldad, tenia visos
de opereta: el principio de nuestro siglo, Iiasta la Gran Guerra. Los troyanos llevan uniformes de cierto corte
inglés; los troyanos se acercan al es•
tilo prusiano. Todos rivalizan taconazos, plumeros, vanidad, inconsciencia.
Elena es una especie de "viuda alegre" - Wendy Hiller le da especial
relieve - que toca al piano la Marcha
)lilitar de Scbubert para que su estúpido y hermoso Paris no oiga los clarines guerreros; Cressida una encantadora amazona - Rosemary Harris que acompañada de su groom - bordado por Aubrey Morris - se divierte bastante viendo la guerra con prismáticos. El ingenuo Troilo es Jobo
Xeville; Héctor, Jack Gwillim; todos
los elogios serían pocos para tan excelentes actores. Aquiles, con su capote

de fantasía y su aire achulado es una
creación de Charles Gray. Un indeciso e infantil Patroclo -J eremy Brettlo sigue como su sombra. Pero habría
que nombrar a todos los actores, harto
trabajo para quien prepare los tipos
de este articulo. Que me permita,
cuando menos, subrayar el nombre de
Paul Rogers, uno de los mayores actores con que hoy cuenta Inglaterra, a
quien el pasado año habíamos visto
encarnando a Macbeth. Asume esta
vez el papel del entremetido Pándaro,
al que da el aire, elegante y ridículo,
de un dandy madurito y afectado, que
mira con ojos de carnero a medio degollar el desarrollo de este amor que
ha protegido. Ni una sombra de mal
gusto, de vulgaridad, en esta interpretación que no renuncia a ningún efecto cómico, y que precisamente adquiere todo su valor por la exactitud y,
casi diríamos, la ternura con que se
ha comprendido al infeliz correveidile. Con que gracia añeja y coquetona
canturrea las canciones que Shakespeare pone en el texto, con un aire
de "va1s boston" o de "one stop" ... :
"Love, lave, nothing but love, still
·
more!" ...
y con qué raro acierto sabe emocionar al público al final, cuando, sentado en su maleta cosmopoJita, con etiquetas ele todos los hoteles, entona su
ultima canción solicitando nuestra simpatía ...
Esta interpretación ejemplar, en la
que nadie intenta lucirse a costa de
los demás - el actor Ronald Allen,
por ejemplo, que representa a París,
se resigna de muy buen grado a permanecer casi constantemente de espaldas al público -solo es posible en un
teatro dirigido con la seriedad y el
amor que este. Un aplauso también para el compositor Frederick Marshall,
y para el decorador y figurinista Frederick Crooke, que de un modo tan
sencillo como exquisito han producido
]a atmósíera que este nuevo y audaz
montaje requería.

DOS OTELOS PARA UNA
DESDEMONA
La representación, en esta temporada, ele la famosa tragedia "Othello, the
Moor of Venice" por la compañía del
Old Vic, ofrece una novedad de interés: el papel de protagonista es representado alternativamente, según 1as
funciones, por dos actores diferentes,
Richard Burton y John Neville. Esta
especie de amistosa competencia solo
es posible en un teatro en que el amor
desinteresado a la proíesión y a las
obras que se representan venza esa
vanidades lamentables de que la bella
pelícu1a de Bardem "Cómicos" nos daba tan fiel imagen.
El día en que asistimos a esta representación, Burton se ha encargado de
encarnar al celoso moro. Pero el excelente actor que es John Neville no
está ausente de la escena; asume el
papel de Yago y le da tal relieve que,
una vez más, dudamos de quien es el
personaje principal en esta tragedia
singular, si el engaii.ado Otelo o superverso tentador.

Hacer un papel de malo integral, como Yago, es tarea de dificultad enorme. Comenzamos por dudar de tanta
maldad, por no poder comprender aunque Shakespeare lo explique bien
claramente como se puede ser tan diabólico. Elector, si se limita a expresar
de modo elocuente esta perversidad,
nos resultara falso; si la amp1ifica,
con gastos ampulosos y miradas rastreras, nos parecer:i ridículo. John
Nevillc tiene el mérito de crear un
Yago casi simpática, atrozmente simpático, aborrecible en su aspecto sencillo y servicial más que si se nos presentara llevando las más negras libreas del Infierno. Y cuando lo vemos, con su aire despierto y modesto
de subalterno, con su traje sencillo,
con su rostro abierto - abertura que
nos deja ver lo que él quiere - y sonriente, nos damos cuenta de que ya no
podremos imaginar a este personaje
de modo distinto. Nos damos cuenta
de que es la manera exacta como de..
be ser este personaje que, en su momento mas criminal (Acto III, ese. III)
merece ser llamado por Otelo, "honest
creature", "fellow's of exceeding honcsty", amigo de honradez excesiva; a
quien Cassio, otra de sus víctimas, llama también "honest lago" (Act. II,
Ese. 111), en el mismo instante en que
fragua su ruina.
Richard Burton da al papel de Otelo
toda su inocencia, su credulidad, su
nobleza, su arrebatada obcecación.
Otelo es un celoso que no quiere serlo.
Nunca lo hubiera sido, de no intervenir su pérfido lugarteniente. Y cuando éste le derrama en el oído el veneno de su calumnia, el desventurado
moro exclama: Piensas que he de
aguantar una vida de celos, siguiendo
a la luna en sus cambios con sospe.
chas renovadas? (Ese III, Act. III).
Por su horror a los celos se lanza al
crimen, como esos soldados que su terror lanza hacia el enemigo. El atlético aspecto de este joven actor cuadra
a maravilla con su papel de soldado y
con la facilidad con que consuma su
venganza.
Desdémona es Rosemary Harris. Es
una buena actriz que no tiene la menor dificultad en llenar un papel de
lucimiento y casi tan fácil como el de
la Doña Inés del Tenorio, golosina de
nuestras actrices. Ha de salvar, no
obstante, un inconveniente del texto:
Desdémona habla después de ahogada
por su marido. Dice nada menos que
tres frases. Salvar esta inverosimilitud,
palpable a ojos modernos, exige no poco tacto por parte de la actriz que las
recita. Citemos también con elogio los
nombres de Wendy Hiller, que da verosimilitud al, un tanto desconcertante, personaje de Emilia, esposa de Yago, que se presta al escamoteo del
pañuelo de su señora con una buena fe rayana en ceguera; de Richard
Wordsworth, estúpido Roderigo; de
Anthony White, imprudente Cassío.
Habría que copiar todo el reparto. El
director ha sido Michael Benthall.
Dividida en tres jornadas, esta tragedia se desarrolla de noche en su primera parle. El efecto nocturno, muy
bien logrado, gracias a las luces y a
la embocadura con ventanas y puertas fijas del teatro, así como a la escalinata que desciende al foso, cara al
público, da un valor especial a las escenas de Ja alarma en casa de Desdé•
mona, de] Consejo de Venecia, de la
llegada a Chipre, de la borrachera de
Cassio. Las escenas siguientes diurnas,
dejan paso a la noche del terrible fi.
nal.
Los trajes y decorados son de Loudon
SainthilJ. Los primeros, acertados; los
segundos, discutibles. Esa especie de
tienda de campaña de cuerdas y jirones podrá tener un aire mediterráneo,
pero no responde demasiado a un Castillo, como el texto exige.

ll!IBIR.OS

ALAS CASAS EDITORIALES YA
LOS SEÑORES DISTRIBUIDORES
YLIBREROS DEL CONTINENTI

R. G. ESCARPIT: Historia de la literatura francesa. (3~ ed., México, Fondo de Cultura Económica. Col Breviarios.

debidos a la pluma de casi otros tantos escritores (pues algunos figuran
La Universidad de Nuevo León ha
con dos o más notas), se reúnen bamantenido desde su fundación un vas•
Entre tanto, nos sentimos felices de to plan editorial que desarrolla al trajo el título Páginas sobre Alfonso Reyes (1911-1945).
saber que, en el otro extremo del mun- vés de publicaciones cuya circulación
¿Debe concebirse la materia que esLa extensa y variada producción de, do latinoamericano, sigue sumando ti•
tudia la literatura como un repertorio poeta, del ensayista, del crítico, del tulos a su rica bibliografía un escritor comprende a todas las Instituciones
ofici3!es, universitarias, académicas,
arqeuológico por describir y analizar
autor de c~m~ntarios suscitados por de estilo a la vez diáfano y de sabia ateneistas, centros culturales, sociedao como una sucesión de personalidalas .º~ras mas importantes. La riqueza maestría: un hombre de letras a carta des de diversa indole y personas en
des Y de obras que pueden emocionar esp1r1tual, la vasta erudición -nunca cabal, tan capaz de emocionarse ante América y Europa.
'
º. aun disgustar? Entre ambas tenden- árida ni abrumadora-, la sabiduría una página de hermosa tipografía, cocias, Robert G. Escarpit ha logrado en- ?ien arraigada, pese a la amplitud del 1~0 de pali~ecer ante una errata, y, en
E?tre. el cuerpo de ediciones que
contrar,_ en este breviario, una justa
aqm_
se 1mpr1rnen figura nuestro mením,
un
esp1ritu
comprensivo
y
cordial
ar~• que abarca esa compleja red d&lt;!
proporción.
s~ano
·'ARMAS Y LETRAS", que reexquisitamente
cortés
y
tolerante
d;
raices Y raicitas tendidas hacia todos
'
c~~ntementc ha estable_cido una sec. Bajo el trazo lleno de soltura y ori- los horizontes del conocimiento, nos hombre universal.
cwn -LIBROS-, en la que figuran
?mahdad con que Escarpit va dibu- dan una visión calidoscópica, rica en
Pablo Carlos ETCHART.
comentadas las obras últimamente apa¡ando el rostro de la literatura france- formas y en colores, de Ja obra de Af.
sa, hay una armonía arquitectónica y fonso Reyes, y como el desfile de imárecidas en las prensas americanas.
Buenos Aires, 1956.
una ~l~r.a precisión en su sintesis y en genes llega hasta nosotros a través de
. ~•da la extensa órbita de circulasus JUJCIOs, que convierten l~ lectura la variedad de lentillas proporcionada
c101;1 del, Boletín arriba mencionado, y
d~. una obra. didáctica en una incita- por tantas y tan diversas mentalidacwn persuasiva. La concisión misma d_es, la sensación calidoscópica de lo PAGINAS SOBRE ALFONSO REYES en mteres de ofrecer al lector americano una juiciosa información de] fon ..
que imponía un panorama de esta na.. siempre distinto y siempre atrayente
!1911-1945). Universidad de Nuevo do Y continente de la obra, cotejada
turaleza no se ha resuelto a una enu.. s~ acentúa, al renovarse en cada pá.
León, Monterrey.
a la luz de un criterio ecuánime y a
meración inexpresiva, sino omitiendo gma.
tono con Ja moderna interpretación
con firme sentido critico algunos rasNo creemos en la crítica como co~
Son casi seiscientas grandes páginas
gos Y personalidades secundarios para lección de fórmulas o tests para eva- que recogen ciento dieciseis juicios d~ del. p~nsa~iento científico, literario o
artistico, ARMAS y LETRAS" se comconservar, en cambio, cuanto es esen- luar las obras; preferimos la crítica ~odas p~rt~s, ingleses, franceses, espa.
place en invitar a ustedes a coadyuvar
cial para el conocimiento de las letras impresionista, que no aspira a más que noles, Jtahanos, cubanos, mejicanos,
francesas. La nueva edición que ahora h_acernos conocer la impresión produ- venezo_Ianos, ecuatorianos, brasileños, con es!e propósito de orden cultural
hemos editado ha sido puesta al co- c1da en el crítico por la obra comen- arge?tmos, chilenos, peruanos, etc., qu~ amm~ .ª la Universidad de Nuevo
Leon, sohc1tándoles el envio de cada
rriente por el autor, al incluir los he- ta?~· Dirán algunos que tal tipo de publicados en distintas fechas sobre
chos literarios franceses de los últimos cr1hca es susceptible de yerro. Admi- d1stmtas obras del poeta, critico, filó- una ?e. las ediciones nacidas en sus
pr~stigiosas prensas, las cuales serán
años.
·
tido; pero ¿acaso no se equivoca tam- log~, ensayista, pensador, en fin, del obJe!o de nuestros comentarios, en la
bién la "critica científica"?. Baste re- vario Y grande hombre de letras el medida que vayan llegando a nuestras
cordar lo que escribió Brunetiere so- "perfecto humanista" como le han 'na- manos.
bre la poesía de Charles Baudelaire. ma~o. Y que parece una de las mejores
Los envíos deben hacerse a:
Y la crítica impresionista tiene la ven- defm1c10nes de Alfonso Reyes.
taja de ofrecernos simultáneamente
"ARMAS Y LETRAS",
una dobl~ _imagen: la del criticado y
la del critico, lo que siempre resulta
Universidad de Nuevo León
'
más sabroso para quienes sentimos cuPlaza del Colegio Civil,
riosidad por el espectáculo del alma
Monterrey, Nuevo León
humana.
México.
'
La_ critica que preferimos es la que
nos 1nc_ita a leer una obra, o, por e]
contrarJO, nos disuade de perder con
ella un tiempo que siempre nos resulta
escaso, ante el infinito, vertiginoso
caudal_ de lectura que se ofrece a nuestra avidez.
Pues bien, Páginas sobre Alfonso
Es un homenaje -uno de los homeReyes llevará a muchos, sin duda, a najes- que ha recibido en el cincuen.
trabar conocimiento con la obra del tcnario de su carrera y que asumió en
~n~e~tro mexicano, 0 a ampliar el ya su patria proporciones de fiesta nam1crndo con uno o más libros. Esto
Organo Mensual de la U níversídad
PAGINAS SOBRE ALFONSO REYES no significa que perdamos de vista cional.
Con justa razón.
Edición de Homenaje, UNIVERSI- que la_ obra de Reyes no es para la
de Nuevo León
Alfonso Reyes, nacido en Méjico,
DAD DE NUEVO LEON, Monterrey mayorza. No; como epígrafe de esa
madurado
en
Francia
y
en
Madrid
México, 1955.
' obra, podría ponerse el de Juan RaRcgi,trado como artículo de 2a. Clue a la
aporta a la cultura del Nuevo Mund~
m?n J_imé~ez, el altísimo poeta: "A la una nota de refinamiento .que inútilEn noviembre último, cumplió sus mmorrn, siempre". Pero esta minoría
Admón. de Correos de Monterrey, N. L. el
bodas de oro con las letras el gran es- es mucho más numerosa de lo que SU· mente se buscaría en otros, tan com.
20 de Ab,il de 1944.
critor mexicano Alfonso Reyes. Con ponemos, y, sobre todo, crece ince- pleta, profunda y universal. Es la gratal motivo, la Universidad de Nuevo santemente. 1Lástima que el libro lati- cia en 1a sabiduría, la precisión y eJ
INDICADOR,
León, de su nativa ciudad de Monte- noamericano esté condenado a una cir- ensueño, el colorido criollo intenso
rrey, ha dispuesto la publicación de culación tan restringida, casi hogareña enriquecido con veinte matices ínter~
Colaboradore,
"algunos de los juicios provocados por en cada uno de la veintena de países nacionales, todo dentro de la sencillez
la
modestia
y
la
ausencia
de
ese
énfa~
su obra a lo largo de este medio siglo". hermanos! Pero también esto se irá
Raúl Rangel F ríat
Un grupo volumen, de no menos dn superando, al elevarse el nivel culttt• sis que suele atribuirse al americano
Fidencio de la Fuente
600 páginas, constituye el primer tomo ral de ~stos países, y un día, ojalá no Y_ estalla en el trópico; una serie de
VIrtudes
donde
lo
antiguo
a
Jo
moderde esta justiciera edición de homena- muy leJano, en cada uno de ellos nos
Francisco M. Zertuche
je al maestro mexicano, orgullo, no só- enteraremos de las novedades biblio- no se junta y que honran no sólo a su
Genaro Salina, Quiro¡a
país.
lo de su país, sino de las letras ame- gráficas de todos los otros, y podremos
Nos
Place,
entre
los
117,
contar
17
Arturo Cantú S.
ricanas y españolas en general.
conseguir fácilmente las que nos in. trabajos chilenos, y hallar los nombrec¡
Más de un centenar de artículos, teresen.
Homero A, Garza
de Gabriela Mistral, Eduardo Barrios
Latcham, Meza Fuentes, Marcelle Au'.
Alfonso Rangel Guerra
cl_air, etc., junto a Jos de Azorín, Euge.
Guillermo Cerda G.
1
010 d Ors, Gonzalo Zaldumbide, Valéry
Jor¡e Rangel Guerra
Larbaud, Marce!, Brion, Diez-Canedo
Marquina, Waldo Frank, Andersod
Manuel Morales
fo1bert, Eduardo Mallea, Castro Leal,
L1zaso, Chacón y Calvo, Vittier y tanDirector
tos otros que llevan por turno su
ofrenda.
Lic. Fidencio de la Fuente
. Es una cantera de donde puede saOficinas
hr la estatua o libro fundamental para
el m~numento a Alfonso Reyes, que
W uhin¡ton y Cole¡io Ciru
todavia hace falta.

rmasy

fTiA

Monterrey, Nuevo Leóa

Alone. Santiago de Chile, 1956.

MEXICO

Página 7

�Lo que un Estudiante • • • •

lista, dijo Nietzsche, es "no tolerar Jo
real". El poeta de hoy no sufre por
ser menos que "el artista prisionero"

de Baudelaire, que ahogaba la realidad entre sus cuatro muros. Simplemente, ha comprendido que era vano
e inútil crear sin cesar un arte ·de ne..

gación y de refugio.
Si se piensa, por otra parte, que el

problema del hombre no se plantea ya,
en nuestros días, en términos psícc,...

lógicos e individuales, sino colectivos
y metafísicos, se comprenderá sin tra-

bajo que sea de interés vital para nosotros encontrar en la poesía un len-

guaje verdaderamente objetivo, comunicable "para todos", tal como soñaba

Lautremont.
Rimbaud, es verdad, se ufanaba ya
de inventar "un verbo poético accesi-

ble, algún día, para todos los sentidos,,. Y los surrealistas pretendían
descubrirlo en la escritura autom8.tica.

Su ambición no podía estar sino destinada al fracaso. "No todo el mun...

él no tiene en forma alguna lo que
Gaetan Picon llama "la gravedad del
testigo de las catástrofes" que sólo hu•
hiera podido hacér de su poesla ese
testimonio y esa revelación que esperamos sobre nuestro mundo.

No es, tampoco -y esto parecerá
probablemente más paradójico-- nn
Eluard, cuya poesia, en el estado más
avanzado de su evolución, es toda de
una claridad y de una confiada certeza, símbolo sin duda de la más bella
aventura poética, de la más bella aventura humana, ni más ni menos, que
haya sido jamás realizada, pero que

parece pertenecer más al futuro tal como se sueña que al presente tal como
se impone.

Son poetas extraños y tan düerentes como un Francis Ponge, un René
Char, un Prever! o un Michaux.
Recuperan, cada uno a su manera,

según su propio genio la herencia de
Rimbaud, permanecen ante todo como
exploradores y guias. Simplemente, es
nuestro mundo el que ellos se ocupan
de descubrir, y de revelarnoslo. No
un mund&lt;l' privilegiado -quiero decir
aqui que supone una experiencia pri-

do puede hacerse vidente o sumerguirse en el inconsciente: No es sl..
no en el dominio de la real, donde
convergen las preocupaciones y las
miradas de todos, donde el poeta po- vilegiada para ser alcanzado, como en
drá reencontrar esos "lugares comu- los surrealistas- sino lo que cada uno

nes,,, esos "terrenos de interpretación"

como los definió Gaetan Picon. Son
la condición necesaria para el establecimiento de ese verbo que encontraría
en cada uno de nosotros mil ecos, mil
resonancias... Algunas miradas sobre

la orientación poética actual nos informarán poderosamente. Los poetas
que, de entonces a esta parte, se pue-

vo en discusión.
Y no es una de las paradojas menores de nuestro tiempo, el que, según

ERICH ROTHACKER: Problemas de
antropología cultural. Fondo de la
Cultura Económica. 1léxico, 1957.
Para Erich Rothacker, uno de los
más distinguidos filósofos de la cultura de nuestra época, la antropología

filosófica se ha encontrado hasta ahora en el estado en que se encontraría
una supuesta biología general que se
hubiera limitado a investigar la vicia
vegetal sin reparar, en absoluto, en la
vicia animal y sin elaborar tampoco
sus resultados. De igual manera, las
numerosas ciencias culturales - sociología, etnología, etnografía, psicoloofa
historia y filosofia de la historia- ha;
sido incapaces de producir una "ciencia del hombre" que las sintetice. En
consecuencia, la tarea 1rnís apremiante

lo real mismo", el ver a los poetas presentarsenos por vez primera en la for ..

ma más desprendida, la menos poltica, en una palabra, poner en segundo

que él pretende lo contrario, perjudi-

lugar a la poesía y en el primero a
lo real.
(Traducción)

ERICH ROTHACKER

PROBLEMAS DE
ANTROPOLOGIA
CULTURAL

mo la obra de Balzac, de Proust, de
Yalt'ry o de Cézanne, por el mismo tipo de atención y de admiración, por
la misma exigencia, por la misma voluntad de apresar el sentido del mundo o la historia en su estado naciente,
Se confunde desde este punto de vista
con el csfuC'rzo del pensamiento moclt•rno."

1957.
Como se dcsprende de su título, este
Jibro :1borda la disciplina filosófica
m:is culti ,·ada probablemente hoy en
,lía, In antropología filosC&gt;fica. El autor ha preferido, sin embargo, darle
el título ele "antroposofia", a fin ele
FONOO DE CUll\JRA ECONOMICA
distinguirla con mayor precisión ele la
tro dt•I marco de 1a antrología gene- :mfropología física, pero sin que dicho
ral, pues ésta difícilmente podrú en- término tenga otro sentido que cl etifrentarse con éxito a un problema mológico, limpio de connotación teosófica.
-¿qué es el hombre- , cuya solución
El punto ele partida de Basavc es la
requirrc investigaciones que ,·an mutradición
aristotélico-tomista, sin mecho mús allú de sus límites.
~o~precíar_ por ello 1a corriente agusMAVHICE ~IEHI.EAU-PO/\TY: Feno• trnrnna, rn tampoco las direcciones
menologia de la percepción. Fondo mas importantes dentro de la antropode Cultura Económica. )léxico, 195i. logía filosófica contempor:ínca, de las
)faurice Mcrleau-Ponty inicia su en- que demuestra tener un cabal conocisayo sobre la percepción interrogándose sobre el mismo de la fenomenología, procurando con ello hacer ver al
lector que ésta, lejos de ser un mito
o una moda, es una manera o estilo
c1ue existe como movüuiento antes de
llegar a la plena conciencia filosófica.

que más nos importa conocer y po-

seer, en definitiva: la realidad del
mundo que nos rodea.
HRealité rugueuse a étreindre", pre-

dijo ya Rimbaud, pero él mismo no
había entrevisto su importancia, al tér•
mino de su estación en el infierno, y
como en el instante preciso en que

iba a callarse definitivamente. Por
otra parte, hay que decir lo que es:
en 1873, lo real no se había impuesto
en la forma en la cual lo ha hecho
después. El poeta podrla adoptar, por
lo que a él toca, una cierta actitud de
independencia, preferir ser el explorador de universos desconocidos que
el revelador de un mundo común a
todos.
En 1925 se dan todavía el lujo, si
no de descuidarlo sistemáticamente

De ahi que la lectura ele Husserl o

y partida hacia otro dominio, un dominio sobrerreaI, maravilloso y tangiamo.

Pero, en 1946, Antonin Artaud pondrá las cosas en su justa medida al
escribir: "La realidad es terriblemente superior a toda fábula, a toda historia, a toda divinidad, a toda sobrerrealidad.u

Se comprende la significación de este "terriblemente". Lo propio del ar-

- dice )lcrleau-Pontr- , no por ello
cs azar o impostura. Es laboriosa co-

VALLE: Filosofía del hombre. Fon-

dida en que el poeta pone en el primer plan de sus preocupaciones lo

ble del cual el poeta sigue siendo el

tafísica que puede servirles de funda-

do (le Cultura Económica. )léxico,

nuestra entera adhesión sino en la me-

tra generación y el surrealismo, mucho antes que nosotros, había sabido
reconocer la autenticidad de sus experiencias.

FENOMENOLOGIA
DE LA PERCEPCION

AGl'STI/\ jlASA \'E FEHXAXDEZ DEL

más exigentes. En un tiempo marcado
por el peso de los acontecimientos más
trágicos, la poesía no puede recoger

-"excluirlo por viJ,,_ al menos de
tomarlo como simple pnnto de apoyo

legómeno de toda fenomenología existentiva; pues aunque abundan los análisis fenomenológicos sobre el hombre,
échase ele menos una antroposofia me-

sus anteriores conceptos del hombre
enfocando metódicamente al ser hu.
mano como agente de cultura, y de es.
10NOO D! CULTUJ.A ECONOMICA
ta suerte no sólo ampliar sus resulta.
dos, sino revisar sus fundamentos mis.
mos. Partiendo pues de la considera- meditación infinita y, en la medida en
ción de que toda vida humana se de- &lt;il}C permanrcc fiel a su intención, no
senvuelve dentro ele un conjunto cul- sabrá nunca a dónde va. El inacabatural; que todo 110mbre coopera con miento de Ja fenomenología y su casu aportación, modesta o sobresalien- rúcter incoactivo no son el signo de
te, a la formación de esta cultura, in- un fracaso como bien pudiera pensarfluyendo así en su destino y que, fj_ se, sino aJgo inevitable en untipo de
nalmcnte, la cultura determina todas filosofía que se propone revelar el mislas acitvidades del hombre, Rothackcr lerio del mundo y dr 1a razón. "Si la
nos demuestra Ja necesidad indudable fenomenología ha sido un movimiento
de una antropología de la cultura den- antes de ser una doctrina o un sistema

hacer íntimamente suya la aventura
de Rimbaud. Somos, parece, mucho

en efecto, es exclusivamente propio de
nuestra época. Ni Nerval, ni BaudeIaire, ni Rimbaud pertenecen a nues-

fisica del hombre concebida como pro-

M. MEl.t.!AU.fONTY

de al antropología es la de completar

la expresión de Eluard: "La poesla es

ciertas reglas tradicionales que, aun-

dad; en seguida y sobre todo, porque

Página 8

¿Poemas, decíamos? Puede dudarse.
Arrojando hasta sus limites extremos
su preocupacipn, su objetividad, de coque esos poetas llegan a poner de nue-

can para una verdadera comunicabili-

Los surrealistas podrían, sin doblez,

su absurdo más criminal.

íntima de nuestra época, los que, en
todo caso, nos responden mejor: no es

de permanecer demasiado adherido a

ha realizado.

que está atrapado, desde la banalidad
más gentil y más insignificante hasta

municación, de observación y de revelación, es la idea misma de poesia la

lidad social o nacional, no le impi-

Hoy, si estos últimos conservan papara nosotros todo su valor, no se sabría afirmar que sería lo mismo si
ellos se presentaran,· ahora, en la forma en que cada uno, en su época, se

Michaux, es nuestro universo entero

de considerar como los más representativos, como formando la parte más
un Aragón: primeramente, porque su
preocupación de esperar un lengua.
je objetivo inscribiendo confidencias
personales en el contexto de una rea-

(Sigue de la página 1)
que nos separan del mundo invisible",
nos hace descubrir una "Vita Nuova"
que termina para él una fria mañana
de enero, en la "blanca negrura" de
la noche. Baudelaire, al margen del
estela y del artista que Rimbaud le reprochará haber sido, se sume "en el
fondo de lo desconocido para encontrar Jo nuevo "y nos revela el sentido
de las correspondencias. Rimbaud
"escribe silencios, noches, percibe lo
inexpresable, fija vértigos" y en el
colmo de la videncia, nos profetiza
un "tiempo de asesinos" que es el
nuestro. Y los surrealistas han descubierto a nuestros ojos asombrados una
multitud de imágenes "explosivas fijas" que quitan al símbolo lo más
atractivo y significativo de esta búsqueda en lo inconsciente que ha sido
su razón de ser.
Podria concluirse aquí. Pero seria
desconocer profundamente el aspecto,
si no el más original, al menos el más
representativo de la actitud moderna
en materia poética.
Nada de lo que se acaba de decir,

de nosotros puede conocer y recono-

cer. De los poemas de Prever! a los de

LIBROS

Mal/armé

Heidegger no produzca en muchos la
impresión de nna filosofia nueva, sino
más bien el reconocimiento de algo
espcrado.
Por otra parte, el preguntar ¿qué es
la fenomenología? es, de acuerdo con
Husserl, una consecuencia necesaria
del método mismo, pues Ja fenomenología, como revelación del mundo, se
funda en sí misma y es menester, pOr
lo tanto, que se dirija a sí misma la
interrogación que dirige a todos los
conocimientos. Se desdoblará así in-

definidamente y será un diálogo o una

FILOSOFÍA DEL
HOMBRE

JiONllO DI CUl.n.M ~

miento. Trátase, por tanto, de un interesante ensayo de sincretismo orgá .
nico entre la filosofía clásica y la moderna en torno al problema del hom.
bre. '\\Ji propósito fundamental - dice
el autor- ha sido el ofrecer las bases
y las lineas directrices de una meta-

ALAS CASAS EDITORIALES YA
LOS SEÑORES DISTRIBUIDORES
YLIBREROS DEL CONTINENH.
La Universidad de Nuevo León ha
mantenido desde su fundación un vasto plan editorial que desarrolla al través de publicaciones cuya circulación
comprende a todas las Instituciones

mento."
Es, pues, un libro cuya lectura recomendamos a todos aquellos que se interesen por el problema fundamental

oficia_les, universitarias, académicas,
atene1stas, centros culturales, sociedades. d_e diversa indole y personas, en

del hombre.

Amenca y Europa.

JEAX WAHL: Introduc ción a la filosofía. (Xo. 34) 2~ ed. Fondo de Cultura Econó.rnica. 1léxico, 1957.
El estudio sobre Kierkegaarcl y el
ele los filósofos pluralistas de Inglatena y los Estados Unidos han consa-

E~tre. el cuerpo de ediciones que
aqm se Jmprimen figura nuestro mensuario "ARMAS y LETRAS", que re-

grado a Jcan "rahl, profesor de la Sahorna, como espíritu agilísimo v sapiente, universalmente sintonizad~ co'
mo pocos, con ('! pensamiento filosófico en su vh-a actualidad.
Estas mismas ,•irtudes operan concentradamentc en esta Introducción a
la filosofia , c¡ue no es una miis. Como
él mismo apunta , "una cosa así como
un manual de filosofía revolucionario
parece algo inconcebible'\ pero no por
eso &lt;'S menos necesario, pues "nos hallamos en vísperas de una revolución
del pensamiento análoga a la que tuvo
lugar cuando el l10mbre, volviendo Ja
e.~palda al mundo antiguo y a su indiferencia por el infinito, el tiempo y
la malcria, cch() a andar el mundo moderno con su corn;ciencia del infinito
riel tiempo y de la materia cognoscible:
Ahora nos vemos obligados a dar una
forma nueva, menos conceptual a estas ideas".
f:ste es el cmpe,io que Jean ,Yahl 11a
realíza·do con. su· maestría habitual.
Basta repasar el Jndiee para darse
cuenta en seguida por algunos cpígrarcs - revisión 11eccsaria &lt;le los con.
ceptos metafísicos, lo mediato v lo inmecliaio, 1a libertad, cosas, ser~s vivos
Y personas, r&lt;'Jaciones, ideas negafi.
vas_:_ en Qúé mNJhla este breviario
ele filosofía es cosa diferente de las
inlrodu(·cionrs c¡uc conocemos.

FF:LJPE COSSIO DEL POMAR: Critica
de arte. De TJnudelaina a .lfalraux.
Fondo dc Cultura Econ6mica, lféxiro, 1057.
Cos,;io del Pomar da ahora a }a eslampa cstc volumen en el que analiza
lo que la crítica de arte de Daudelaire
a ::\lalraux ha aportado para la comJ~rf'nsión de las len&lt;lrncias de Ja plásl1ca contcmporúnea. Es decir, que tanto. J~ara rl profesional como para C'I
af!c1ona.do toda csta serie ele juicios y
af1rmac1ones que corren por las p{iginas de esta Critica de arte son ense11.anzas mu~· diestramente engarzadas.
\ con tal fm de convencimiento ofrecido al lector para su saber de las art~s ultramoclernas es por lo que el critico desde su punto de vista persona]
ha ido a~rn.Jizando pareceres, y sop~.
sando opmrnnes de autoridades en la
materia. Diríase una necesaria y selecta antología de 1a crítica de arte de
nuestro tiempo absolutamente precisa
para el que quiera encausar su visión
Y su entf'ndimiento obser"ador ante la
producci()n plástica que en esas fechas
conmm_•ve al público espectador y a
los observadores m:'1s sagaces.
No -es,. pues, de poca monta 1a realización de Cossío del Pomar ante los
intrincados problemas c¡ue fluyen de
las artes actuales. El deseoso de aclaraciones cncontrarú en este razonado
trabajo la interpretación más fidedigna de Jo que Hevaron a cabo los maestros que en arte revolucionaron y subvirtieron con sus teorías y producciones la historia de las artes plásticas.

c~~nternente ha establecido una sec•

cwn -LIBROS-, en la que figuran
con:,entadas las obras últimamente aparecidas en las prensas americanas.

. Dada la extensa órbita de circulac10~ del, Boletín arriba mencionado, y
en mteres de ofrecer al lector americano una juiciosa información del fon ..

do Y continente de la obra, cotejada
a la luz de un criterio ecuánime y a

tono con la moderna interpretación
del. p~nsamiento científico, literario o

arllsllco, "ARMAS y LETRAS" e
pi
. .
s comace en JnvJtar a ustedes a coadyuvar

con es!e propósito de orden cultural
qu~ amma a la Universidad de Nuevo
Leon, solicitándoles el envio de cada

?~

una
las ediciones nacidas en sus
pr~shg10sas prensas, las cuales serán
obJe!o de nuestros comentarios, en la

medida que vayan llegando ·a nuestras
manos.

Los envíos deben hacerse a:
"ARMAS Y LETRAS"

'

Universidad de Nuevo León
Pla1.a del Colegio Civil
Monterrey, Nuevo Leó~
México.

'

'

rmasy

~rRA
Ürgapo Mensual de la Universidad
de Nuevo León
H&lt;'gislrado rnmo nrlírulo de. 2a. Clnsc en la

Acfruón. d&lt;' Correos de Monterrey, N. L., el

20 de Ah,,I do 191 t.
INDlCADOR,
Colaboradores
Hugo Padilla

fid&lt;'ncio de l.¡ Fuenle
C&lt;'naro Salinas Quiroga
Arturo Canlú S.

Homero A. Garza
Alfonso Rangd Guerra

Guillenno C&lt;'rda C.
Jorge Ranjl'cl Cucrm

;\ lanuef ~ fOl'alcs
Dibujos de Jorge Rangcl Guerra

'

Oirrrlor

Oficinas
\Vasliinglon y Colegio Civil
i'lonterrey, Nuevo León

MEXICO

Página 11

�Oda a una Urna Griega
JOHN KEATS
(Dedicada a don Alfonso Reyes,
gloria de las letras hispanas)

Tú, casta prometida del augusto reposo;

la canción inefable que no tiene sonido.

tú, hija del silencio y el tiempo perezoso,

Mancebo, jamás calla tu canto quejumbroso,

historiador eglógico que con tan fino encanto

ni los árboles pierden su ramaje copioso.

narras rústica fábula más grata que mi canto:

Bravo amante, aunque nunca tu beso se ha posado

¿Qué silvestres leyendas evocan tus figuras

en su boca cercana, no te aflija tu estado:

de dioses o mortales, o seres intermedios,

ella escapar no puede ¡sublime venturanza!

en Tempe o de la Arcadia por los íntimos predios.•. ?

y eterna es su hermosura, y eterna tu esperanza.

¿Cuáles hombres o dioses? Tiemblan las novias puras ...
¿Por qué la caza loca y el escape violento?
¡Tamboriles y flautas! ¡Qué agreste arrobamiento!

¡Oh, felices las ramas de fronda permanente
que Primavera cubre con su pródigo manto;
y el flautista incansable que tañe dulcemente

¡Cuán suave la dulzura de música armoniosa •.•• !
pero es más exquisita si viene silenciosa:
brindad, flautas sutiles, al alma, no al oído,

la cánción, siempre nueva, que nos conmueve tanto!
¡Cándido amor divino! ¡amor de la alegría!
siempre cálido y lleno de atrayente ambrosía,
perennemente joven y siempre palpitante ...
No la pasión humana que respira jadeante,
y deja el alma triste, de placeres hastiada,
la frente enardecida, y la lengua abrasada.

¿Quiénes son los que vienen a ser purificados?
¿A qué altar verde llevas, sacerdote severo,

la ternera que muge su temor lastimero
hacia el cielo, los flancos de guirnaldas ornados?
¿Qué pueblecito humilde, cerca del mar o el río,
o en la cumbre del monte, ha quedado vacío
en la clara mañana de este día piadoso ... ?
Hay, aldea apacible, un silencio angustioso
en tus calles desiertas y ni un alma apenada
que regrese y te diga por qué estás desolada.

¡Atica maravilla! con raza fabulosa
.de marmóreos varones y vírgenes, labrada;
con ramajes de bosques y maleza trillada ...
¡Suspende el per¡.samiento tu magia silenciosa!
¡Oh, eternidad! ¡Oh, idilio bucólico de hielo!
Cuando mermen los años la humanidad presente,
tú, fiel amiga en medio del futuro desvelo,
continuarás al hombre diciendo eternamente:
-"La Belleza es la sola Verdad"-: única ciencia
que él sabe y necesita saber en su existencia.

•

. -Ycrsión de César .\hdallah Portala-

Página 12

�</text>
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                  <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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                <text>Armas y Letras, Boletín mensual de la Universidad de Nuevo León, 1956, Año 13, No 8, Agosto </text>
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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>BOLETIN MENSUAL DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON

UNMISITAiJO

Registrado como articulo de 2a. clase en la Administración de Correos de Monterrey, N. L., el 20 de Abril de 1944.

D.A.S.U.

Año XIII

No. 9

Septiembre 1956

FNVl(J

un Amable Escritor
Argentino
Dr. Daniel MIR

Con lamentable retraso, del que habrá que culpar a los im•
ponderables, llega a mis manos una carta de un escritor argentino, cuyo nombre no me considero autorizado a divulgar. La
misiva contiene no velada filipica contra un artículo mio publicado en "Armas y Letras" a raíz de la muerte de D. José Ortega
y Gasset, e incluso se me emplaza a un nuevo artículo rectifica•
ción del anterior. Siento no poder complacerle, pues juzgo que
nada hay rectificable. Per contra, tengo la impresión de que el
escritor argentino no captó en su totalidad las ideas expuestas,
seguramente por su posición politico extremista frente al caso
Ortega y Gasset, posición evidenciada en dos artículos suyos, aparecidos en revistas de Buenos Aires, que tiene la gentileza de
enviarme.
Es frecuente el fenómeno (dígolo sin ánimo de censura) de
los pinos que no dejan ver el bosque. Mi lejano interlocutor se
deja arrastrar por su postura anti franquista y, claro está, apro•
vecha la oportunidad para tronar contra un régimen que supone
falseó la actitud postrera del ilustre pensador español. Incluso
me menciona una carta escrita por los hijos de Ortega y Gasset
en la que desmienten la apostasía de su padre. Ni más ni menos.
Mi artículo no era otra cosa que la manifestación de mi asombro
ante las sorprendentes noticias propaladas por las agencias; pre•
cisamente aconsejaba que nadie lanzara las campanas al vuelo
hasta obtener una comprobación. Fué, pues, la expresión de una
duda. ¿Poco vehemente a juicio de mi amable corresponsal argentino? No podia ser de otra manera. La figura de un pensa•
dor de la categoría de Ortega y Gasset exige una actitud de abso•
luta honradez intelectual al ser comentada, apartando toda in•
gerencia politica susceptible de rebajar el tono. No afirmé, co-

(Discurso pronunciado en la Sesión de Clausura del Congreso
por la Libertad de la Cultura, el 26 de septiembre de 1956)

(Pasa a la página 3)

por Rómulo GALLEGOS

Motivos del orden personal, entre ellos mi temperamental
resistencia a colocarme en situaciones espectaculares, que no es
totalmente una virtud de la cual pueda envanecerme, me han
impedido asistir a las sesiones de esta Conferencia en la que se
me ha reservado sitio de honor; pero si hoy, por lo menos, no
estuviera aquí, ni habría cumplido el fácil deber de cortesía de
(Pasa a la página 2)

I

�La Libertad de la

CULTURA
(Sigue de la página 1)

c9rresponder a esa honorífica distinción, ni me habría mostrado
consecuente con la actitud reiteradamente asumida por mí al
pedirle a la intelectualidad de nuestros pueblos acto de presen,
cia responsable en los momentos críticos del destino de ellos.
Aquí ha sido congregada una gallarda representación del pensamiento americano en las distintas lenguas con que expresa sus
modalidades propias y nada menos que con la consigna de abogar por la libertad de la cultura y aunque a las deliberaciones de
esta Conferencia nada nuevo pueden aportar mis palabras, éstas sólo vienen a fijar mi posición ante el apasionante caso.
Pero como definirse ~n posiciones
de lucha es ubicarse y esto último exige previa exploración del campo que

se nos ofrezca, espero que se me permita que comience haciéndome esta reflexión: por la libertad de la cultura
dice el Congreso para el cual esta Conferencia trabaja; por la paz, viene diciendo por allá otro y son tan seductores ambos lemas que cabe adquirir
la posibilidad de que unos mismos
hombres asistan sin desdoblamientos
a uno y otro, puesto que cultura y paz
no son antinomias, sino, por lo contrario, modos de ser que se complementan mutuamente, con la añadidura de
que ninguna de las dos puede existir

hace dos años ante una reunión de
maestros de español en la Universidad
de Oklahoma, a propósito de un criterio de exagerado pragmatismo que
tendía a desplazar de la enseñanza universitaria todo lo que no fuese de aplicaciones prácticas, estrictamente úti-

duro, en realidad, porque ahora la mayor parte de las cosas se fabrican de
pl3stico, que no es lo que parece ser.
La edad de oro de la destreza, que no
de la cultura propiamente; pero de la
destreza más y más confiada a la eficaGia de la maquina."
TEMOR AL )IARXISMO
No es un secreto que los europeos,
los cultos apegados a sus viejas formas
que entroncan con Grecia y Roma, temen actualmente ver todo ese mundo
de su formación y de sus predilecciones barrido por las nuevas corrientes
desprendidas del ideario marxista y
llevadas al terreno de la política práctica por la revolución rusa; pero aunque por aquí somos herederos de la
cultura europea, los más genuinos res~
plandores de ella no brillan, .en realidad, sine, en las más cimeras cumbres
del intelecto americano -aquí Alfonso
Reyes, por ejemplo, sin que sea el único, por supuesto-, mientras los más
modestos empinamientos de esa cordillera nos contentamos con que la luz del
sol de todos ilumine un poco nuestra
tierra. Nuestra manera de sentirla,
amarla y pertenecerle. Y mientras
abajo, en la inmensa llanada que sostiene el alto monte, aún nuestros pue~
blos no han podido aprender todo Jo
que debieran saber, y, por consiguiente, cuando les hablemos de los peligros
que corre la cultura, nada tendría de

sin libertad. De tal manera que cuando así se ven divididas las inquietudes y las esperanzas humanas en los
dramáticos momentos actuales, a nadie deberia ocurrírsele que son dos
posiciones contrapuestas e inconciliables las que están tirando para aquí y
para allá de la suerte del mundo en el
porvenir ... si no se supiera que una
misma palabra pu,ede servir muchas
veces para distintas y aun contrarias
cosas, como suele ocurrir que sean el
convencer y el utilizar. Y de este lado
era imprescindible decir con claridad
y sin malabarismos mentales de qué
cultura se trataba cuando para ella se
pedía libertad, a fin de que la gente,
la multitudinaria gente de nuestros
países l1acia la cual debían volcarse
laS corrientes directoras de pensamiento que manaran de esta Conferencia ~sin riesgo de que todo se quedase en meditaciones de cónclave aislado de la reaHdad circqndante-, pu•
diera poner corazón y voluntad donde
hubiese puesto oídos, sin abrigar sospechas de que fuese algo muy diferente de la cultura aquello para cuya defensa desde aquí se le estuviera invitando.

Pero si queremos ser francos y evitar que se nos tilde de administradores de estupefacientes, debemos tener
el valor de proclamar que nuestra
preocupación, que la amenaza que nosotros sentimos y en la cual creemos
no es el comunismo. No porque de algún modo nos inclinemo$ a sus formas peculiares de ideología y procedimientos -bien definida tienen ya
quien esto dice su posición en el campo de la lucha política por los ideales
de la democracia auténtica, sin sacrificio de los fueros de la individualidad- ni porque seamos indiferentes
ante los conflictos que nos acarrearia
la implantación ·del comunismo en
nuestros países, sino porque la existencia de problemas mucho. más contundentes y directos en cuaiítb a Jas
amenazas contra la cultura entre nOsotros, nos obliga, por razones de sinceridad y hasta de simple seriC'dad, a
dirigir nuestros ataques contra otros
objetivos. Pues si ya un escritor español calificó cierta vez el continente
americano como tierra de la imitación
-sin incurrir en desacierto absoluto
porque en realidad hemos sido imitadores en varios campos de la humana
actividad intelectual, por razones obvias-, como ya de mucho de eso nos
hemos alejado para ejercitarnos en formas propiamente nuestras, seria deplorable que ah0ra también nos viésemos
obligados a imitar las dolencias ajenas
y ante un mal remoto para nosotros,
como ya es harto sabido y aquí se ha
dicho.

Juntad de pueblo cada vez que pueda
~stnr dicidiéndose el destino de aquel
.a que se pertenece-, desde esa posición, que constituye la mejor experiencia de mí mismo ante un deber exigente, no vacilo en afirmar que la cultura cuya libertad debe ser procurada
y drfcndida en los nuestros -hablo
;nirando hacia el mío particularmente- no es tanto la que nutra y adorne
la int('ligcncia de selección para el meD('sler científico o artístico, sino la
cultura social que capacite masas para la comprensión de los problemas
inhC'rentes a los pedimentos de felici&lt;hld colectiva y especialmente la cultura civica adiestradora del ejercicio
de soberan ia democrática plena de
conciencia y de la voluntad.
Yo he presenciado en mi país verdaclPras manifestaciones de cultura cíYica que desmienten rotundamente la
socorrida y calumniosa tesis de la inmadurez de mi pueblo para los ejercidos políticos ~no el único en nuestro continente del cual se diga tal cosa- , como también presencié luego y
sufri el atropello llevado a cabo por
las fuerzas constitutivas del antipueblo, que allí, como en otras partes también, han estado en su hora más propicia con la irrupción del militarismo
loca I en el campo de las actividades
])Oliticas, intromisión que les está vedada a los cuerpos armados en las
Constituciones democráticas de nuestras repúblicas y que . fue apoyada, fa~
Yorrrida o consentida, pero culpablemente en todo caso, por los intereses
financieros de propios y también de
extraiios.

•

Pues si es cierto que en muchos de
nuestros pueblos de origen hispano,
en combinación con elementos étnicos
a los que se l~s pueda o se les quiera
negar capacidad para ordenados ejercicios ele republicanismo y democracia, la historia ha sido una sucesión
de zarpazos de la fuerza contra el derecho, de donde un compatriota mio
sacó a sus gustos la tesis del gendarme
necesario para los mantenimientos de
la tranquilidad pública -a la medida
de la arbitrariedad gobernante, por supuesto-, y si también es verdad que
esos gendarmes no han nacido en
,vashington, esta hora de planteamíent9s francos me pide replicar que desde allí, de alguna manera, los han amamantado.

PROBLEMAS ESPEFICICOS
BA~ANOS, PETROLEO, AZUCAR

CULTURA Y LIBERTAD
Desde luego, los conceptos de cultura y libertad varían según las épocas
y según los países y podemos decir que
el primer.o de ellos, por lo menos, no
es exactamente el Illismo en Europa
que en América ni en la porción de esta de origen hispánico, o más ampliamente: ibérico; ni aun tampoco, con
escrupulosa exactitud, en la que le da
asiento a la grandeza y a Ja prepotencia de los Estados Unidos. Palabra autorizada ya señaló aquí como uno de
los peligros que hoy amenazan la cultura en nuestro continente lo que se
podria Hamar el maquinismo y a mi
me complace la corroboración que así
han tenido algunas mías, pronunciadas

que aquí ocupan asientos de responsabilidad entre la estimación de todos
los que los rodean, pero rindiCndoles el honor a que son acreedores
un Norman Thomas y un John Dos
Passos -no hago discriminaciones al
citar solamente a los que de ellos me
sún mejor conocidos-, hombres sin
historia de condescendencias ni con
la iniquidad ni con el engaño traicionero, puedo agregar que no es tampoco un secreto que de esa preocupación cuidadosa de intereses materiales,
proviene, en gran parte, la razón de
ser de esta Conferencia que hoy clau~
sura las actividades en suelo de la
América Latina y no por azar escogido para asiento de ella este México
donde se pueden defender con digni•
dad los fueros del espíritu, donde se
alzó la voz orientadora de Benito Juárez al decir: el respeto al derecho ajeno es la paz.

... las más cimeras cumbres del pensamiento americano

]es. r1Enseñanza -dije alli- formadora de profesionales que hagan cosas
visibles y concretas, tanto mejor mientras más parecidos a las máquinas salgan ellos de las aulas, reducido el factor personal estimable en la obra al
mínimum de Ja marca de fábrica -1a
Universidad donde se formaron-, porque es el espiritu de la máquina -si
se me tolera esta paradoja- lo que le
imprime carácter al modo actual de la
cultura recomendable. ¡ Duro tiempo de
hierro, de acero! -exclamé, mas para
agregar en seguida-: -Bueno. No tan

extraño que se quedaran mirándonos
con cierto aire de sorpresa ... si no de
desconfianza.
'Cna preocupación semejante a la de
los mencionados europeos cultos existe
también entre los norteamericanos, pero condicionada por consideraciones
del orden práctico, como tienen que
ser 1as que les inspire la ya aludida
amenaza contra el poderío económico
del gran país de ellos. No me refiero,
por supuesto, a los ilustres representantes de la cultura norteamericana

En cambio --repito- tenemos nuestros problemas específicos respecto a
ia libertad de la cultura. Acaso algunos de Jos Qnc me oyen preferirían
que yo los enfocase como literato simplemente y desde puntos de vista sin
relación ~lguna con la política; pero
he de repetir aquí, otra vez más, que
los modos del acontecimiento ,·enezolano y que han compuesto mis circunstancias, han hecho de mi un préstamo
de las puras letras a la política, vigente todavía ese compromiso, por lo que
se refiere a confianza de pueblo, el
mío, puesta en mi. Y desde esta posición-que. por lo demás, en los tiempos
que corren casi no hay otra para quienes, acabado y desacreditado aquello
de las torres de marfi1, no pueden satisfacerse en ejercicios de inteligencia
que no los obliguen a comprensión de
las angustias de pueblos que estén rodeándolos y a compenetración con
.ellas en cabal mantenimiento de la dignidad intelectual, que no pide solamente abstenerse de apoyar los procedimientos de la arbitrariedad y de la
inmoralidad politicas o de colaborar
con ellas, ni siquiera cohonestándolas
con el préstamo ocasional del nombre
propio Y puro para funciones ataña~
deras a la personal capacidad, sino que
exige activa función ductora de la vo-

Porque bananos en Centroamérica,
petróleo en Venezuela y Colombia y,
para endulzar la píldora, azúcar en
Santo Domingo y Cuba, mejor se les
dan a quienes aspiran a pingües negocios tranquilos a la sombra de una espada complaciente que en las inmediaciones de una urna electoral donclr una mano de pueblo meta voluntad
de pueblo. Que es ejercicio de cultura
fundamental cuya libertad reclama
amparo y defensa positivos.
Desde luego, el capital inversionista
ejerce una función natural al procurar
los mas espléndidos beneficios y no es
suya toda la responsabilidad de la
exacción, pues la mayor parte de ella
es de quienes no , defienden lo propio
con la escrupulosidad y la energía debidas; pero huelga decir que esas excesivas apetencias de los explotadores
de nuestra riqueza que los inducen a
apoyar y hasta a promover violaciones
del derecho y de 1a ética cuentan a
menudo con el respaldo del poderío
norteamericano, de donde éste así aparee(' como cómplice de culpas de 1as
cuales con mayor facilidad nos redimimiríamos si fuesen tota1mente nuestras.
¿Podrá decirse que me he desviado

Página 2
I

del tema de esta Conferencia arrimando la brasa para una sardina que no
tenia por qué estar en el asado? Creo
que no, pues todos sabemos que el
pensamiento inspirador de esta reunión ha sido el de estimular y agrupar
las fuerzas de la democracia americana - que son los instrumentos esenciales de la defensa de la cultura entre
nosotros ~ para realizaciones prácticas que contribuyan al mejor entendimiento entre nuestros pueblos y a los
mas eficaces modos por los cuales ellos
obtengan y retengan el bienestar que,
en ejercicio de dignidad, les procuren la felicidad que les sea dable dis•
frutar.
Las actividades de esta Conferencia
han cuajado en buen número de resoluciones adecuadas a los propósitos
que ella persigue en pro de la libertad y de la cultura y de aqui regr~sarán sus delegados a sus actividades
propias, pero ya con un compromiso
de solidaridad y se me ocurre que el
mejor modo de cumplirlo sería dedicándonos al empeño de consolidar la
Yoluntad de nuestros pueblos en torno
a un pen"Samiento como el que inspiró
aquella Consulta dirigida por el Gobierno del Uruguay, hace once años,
a los de los demás países americanos,
con el fin de establecer maneras de
protección internacional de los derechos del hombre y de acción colectiva
de defensa de ellos, y a la cual adhi•
rió el de Venezuela cuando hombres
del partido politico a que alli pertenezco tenían responsabilidad mayoritaria en la dirección de los destinos
nacionales. No me mueven, pues, a este pedimento impaciencias de desterrado, porque dentro de la hospitalidad mexicana de que disfruto no se
me han puesto límites opresores a mi
dignidad personal y porque al formular el deseo que se me ha oído expresar no he demostrado sino consecuencia con mi ubicación ideológica.
Tropezó esa mencionada Consulta
con las susceptibilidades del principio
de no intervención de un país en los
problemas internos de los demás; pero
respecto a ese delicado asunto ya en
dicha Consulta se preestablecían los
modos de dejar a salvo lo que de justo
y decoroso contienen esas preocupaciones y, por otra parte, bien pueden
venir al caso, entre nosotros, las palabras del norteamericano Adolf Berle
en una conferencia convocada hace
poco por la Asociación Interamericana
de la Prensa: uNo intervención no significa nunca que no puede haber intervención por medio de las ideas."
Y ésta es ]a función específica de los
hombres de pensamientos que aquí se
han reunido, pues si los regímenes dictatoriales implantados en nuestra América se entienden mutuamente a sus
anchas y se prestan servicios recíprocos de represión, del mismo modo
- en planos superiores, desde luegodeben prestarse mutuos auxilios las
fuerzas democráticas que en nuestro
continente corren una misma suerte-y
son los hombres de pensamiento liberal, democrático, quienes deben orientarJas y conducirlas hacia el entendimiento unánime, creador de fuerza solidaria.
Porque si nadie podía dudar de la
claridad de inteligencia que brillaría
en las deliberaciones de esta asamhlea,
a nadie, tampoco, debe inducirlo el pesimismo a repetir, por este caso, aquellas palabras del Grande Hombre de
América que fue el Libertador de mi
patria: HEl talento sin probidad es un
azote."

(Tomado de LA GACETA ,Año III,
No. 25) Septiembre de 1956.

A un Amable Escritor
Argentino
(Sigue de la página 1)

mo supone el escritor argentino, que Ortega había negado en sus
últimos momentos la trayectoria ideológica de su vida; antes bien
puse en cuarentena el informe. ¿Me permite suplicarle una nueva lectura de mi trabajo?

Escribe al final de su carta: "Me gustaría ver en "Armas y
Letras" una aclaración a su artículo, ya que de otra manera subsistiría la injusticia que usted cometió con Ortega, inducido a
eUo por falsas informaciones". No hubo injusticia por cuanto
claramente confesaba mi incredulidad respecto a las informaciones; no hubo falta de simpatía, por el mucho respeto y la gran admiración que he profesado siempre hacia quien fuera mi maes,

-~-

~-~
'
;;.,

...

••
.,.

•·~

tro. Más aun: de él aprendí, amable colega, que en buen filosofar, más que el mundo que nos rodea, es el espíritu humano
que tal mundo contempla lo que ante todo nos enseña la' filoso,
fía; un mundo, por consiguiente, que lo es de dentro; y si la verdad es para el científico un criterio, para el filósofo no es ni
puede ser más que un problema. La aparente verdad de las informaciones la convertí en un problema. El, que tantos problemas planteó en su vida, se despidió de nosotros dejándonos el
problema de su muerte. ¿Se falseó la verdad? de acuerdo.
Estamos, pues, donde estábamos. Aprovechó usted la coyun,
tura de la muerte de Ortega y Gasset y de los difamadores de su
muerte, para arremeter contra una dictadura; yo, que soy una
victima de la misma, no quise mezclar el preclaro nombre del
insigne maestro, con las vaivenes de la política que, por serlo, es
circunstancial. Ortega·es eterno; la dictadura es efímera. Rehuyo
resueltamente unir, en este caso, lo pasajero con lo eterno.
Página 3

�UN COCTEAU CONFOfilllSTA
Con. "La ~fachine á écrire" el reciente académico de la Francesa, Jean
Cocteau entra en el repertorio de la
Comedia Francesa. La comedia no es

nueva ni está considerada entre las
mejores de su autor; hay quien se ha
preguntado el por qué de su exhuma-

ción: puesto a montar una obra grande de Cocteau, el Teatro Francés hubiera podido elegir "Orfeo", la más
famosa de sus obras dramáticas, la

que nos ofrece los más típicos valores
de su poesía funambulesca ... Creo que
el público que experimenta un evidente placer asistiendo a las representaciones de "La máquina de escribir"

/

EL TEATRO
EN PAR IS

independencia, la sublevación, es co•
sa de "niños terribles", que desapareño se plantea esas preguntas. Yo, tam•
ce en cuanto se dobla el primer cabo
poco; acaso por defecto mío, me he
interesado y divertido mucho más es- de la edad.
Esta moraleja conformista -que en
cuchando este "máquina" modesta de
vano buscaríamos en Gide- hace que
escribir cartas que viendo aquella, faesta comedia de Coctesu sea revolutídica, que su autor calificó de "Macionaria solo en apariencia y constituquina Infernal" y que no hace mucho
ya en el fondo, bajo sus atrevimientos
nos ofreció Jean Marais.
de superficie una apología de la seVerdad es que la interpretación que riedad y de las buenas costumbres, de
los comediantes oficiales nos ofrecen la vida de familia y de los deberes de
de "La máquina de escribir" ayuda no la paternidad y de la maternidad -Ya
poco al éxito de la obra. Asistimos a que Solange deja el amor fantástico de
un auténtico "festival" Robert Hirch", l\Iaxime para dedicarse a la educación
ya que este joven actor asume el doble de su hijo - e incluso una loa de la
papel más importante de la comedia policía, a la que todos lm¡ personajes
y no sale de la escena como Pascal muestrán general aversión, pero que
sino para volver a entrar como Ma• termina por arreglar todo gracias a la
xime. Robert Hirsch, cuyo alejamien• finura y nobleza del sobrehumano deto del cine y su actuación. en un tea• tective Fred. Tantas cualidades de
tro que rara vez se desplaza limitan "buena prensa" hacen de esta come·
la fama al mundo parisién, es, sin du• clia de juventud revoltosa el certificada, uno de los mejores actores con do de buenas costumbres y de maduque cuenta el teatro en Francia. En rez moral y mental de quien, después
otras ocasiones hemos aludido a sus de haber sido recibido por los ''inmor•
excelentes interpretaciones de los clá• tales" bajo la cúpula del Colegio Masicos; él encarnó el inolvidable "Ar• zarino, se codea con los auténticos delequin poli par l' Amour" de Marivaux tentadores de la inmortalidad literaria
con irresistible tra,•esura; él fué el bajo la del Teatro oficial francés. Este
único alivio entre el fastuoso aburri- conformismo no hace, a nuestros ojos,
miento de "Les Amants Magnifiques" menos interesante una comedia escride Moliere. En la ocasión que ahora ta para ser representada, con la m3s
comentamos, sirve el texto de Cocteau consumada habilidad y sin renunciar
con una juventud y un dinamismo ex- a un solo truco escénico, sino que, por
traordinarios; los dos papeles son di- el contrario, le da mucho mas valor
ficiles, si se quieren matizar, si se han que una fácil inmoralidad.
de mantener en ese raro equilibrio,
entre lo absurdo y lo real, entre lo dramático y lo grotesco, que exige la
UN BALLET POLICIACO
obra. Hirsch nos convence tanto haciendo de Maxime fantaSioso y enferLa compañía de Ballets de Roland
mizo, que esconde su fracaso entre Petit, ha presentado esta temporada
mentiras y arrebatos de orgullo, co- en París -después dé una larga gira
mo interpretando el ordenado y abu• por América- un espect3culo comrrido Pascal, su hermano gemelo. Con puesto por cua1.ro obras diferentes, dos
Hirsch triunfan los otros cuatro acto- ya conocidas y dos estrenos. Son estos
res: Joan l\Ieyer, en el policia-3.ngel ' 1 Belles damnées", ballet tipo musicHcurtebise que dirige la encuesta (y hall- género por el que Petit mues•
que ha dirigido también la puesta en tra siempre cierta preferencia, pero en
escena); Jacques Serv"iere, en el padre el cual no nos parece tan acertado en
ingenuo y obcecado; Lise Delamare, esta vérsión del Infierno a ritmo de
en la enamorada y otoñal Solange; y jazz como en su anterior creación
en especial, Annie Girardot, en la in- "Cine Bijou", sátira de los films amesoportable, impertinente, infatigable e
irresistible Margo!.
La comedia es sobrado conocida
para que sea .. necesario contar su argumento. Recordemos, solo, que en
una pequeña ciudad, un anónimo que
firma sus cartas con el nombre de "La
m3qu.ina de escribir" ha sacado a relucir toda la corrupción que se escondía bajo las apariencias más respeta•
bles, y ha llevado a la ruina y aun a
la muerte a personajes de viso. Margot
y Maxime, hija adoptiva e hijo deste•
rrado del viudo de una gran actriz, se
confiesan sucesivamente culpables. Pe•
ro no es cierto; la "Máquina de escribir" era una oscura y en apariencia
normal empleada de correos y los dos
jóvenes no eran sino dos inadaptados,
dos fanfarrones, qlle con sus mentiras
querían sobreponerse a la inferioridad que les inflige su nacimiento y su
constitución fisica respectivam_ente. La
obra terminara con un Happy End, el
hijo descarriado sentara cabeza y volverá a los brazos de su padre, la novia fantasiosa hallará la paz en los de
su celoso y monótono novio Pascal. La

Página 4

Por Julián GALLEGO.

ricanos y "La chambre", en el cual el
coreógrafo ha colaborado con el novelista Georges Simenon y el pintor
Bernard Buffet. Con tales ayudas puede suponerse que este ballet es, cuando menos, inquietante.
El espectador puede empezar a asustarse viendo el telón de boca que representa dos ojos que miran con la ex•
presión horrible de los personajes de
Buffet. En cuanto este telón se levanta, podemos ver una habitación de hotel barato -"la chambre"-, un cuarto destartalado, sucio, con una cama
de hierro, unas sillas esqueléticas, una
estufa cuyo tubo recorre horizontalmente la -escena, una mesa con una
lámpara y un teléfono. Y vacilando,
intentando emplear éste y haciendo
caer aquella, un hombre joven moribundo, que salta en cortinuas contrae•
ciones hasta que al fin, dejándose caer
aparatosamente al suelo, queda inmó-

,,n.

La criada del hotel entra, abre la
cortina, descubre el cada.ver, da un
grito. Los vecinos acuden y, tras ellos,
la policía, que empieza a interrogar, a
recoger las ropas c.Sparcidas del muerto, a fotografiar a este, en una actividad febril que conlrasta con la inmovilidad de la victima; la cual es sacada fuera del escenario, en donde queda solo, intentando reconstruir el crimen, el detective principal.
Un malestar, un sofoco extraño comienza a invadirle. Se quita el sombrero, la chaqueta, la corbata, los va
tirando por los mismos sitios donde
estaban los del asesinado. Abre el cajón de la mesa. Una nube de papeles
cae al suelo. La atmósfera o un sutil
hechizo lo domina; se sienta en una
de las sillas mastoclónticas, de espaldas a la ventana, por la que vemos entrar, procedente de la buhardilla de
enfrente, a una mujer de larga cabellera que se dirige sigilosa hacia el detective y con gestos magnéticos termina de dominarlo. Inútil será toda resistencia, el policía incauto caera en
brazos de la vampiresa quien, después
de una escena de amor, acabara cla•
vándole en el pecho, como al otro, un

cuchillo y desapareciendo por la ven.
lana.
y queda junto a la mesa, vacilando,
tratando --en vano de telefonear, derribando la lámpara, un hombre joven moribundo, que salta en continuas
conÍracciones hasta que al fin, dejandosc caer aparatosamente al suelo,
queda inmóvil. La criada del hotel entra, abre la cortina, descubre el cadá•
ver, da un grito. El telón cae antes de
que pueda continuar esta pesadilla dt!
Hsesión continua''. El ballet ha terminado.
Roland Petit ya habia sido atraído
por el género policiaco anteriormente.
Su famoso ballet "Les croqueuses de
diamants" tenia una parte de misterio
y de "suspense" envuelta en una poesía prevertiana y en una música de
fácil pero atractivo lirismo. Imposible
recordar ni una sola nota de la músi•
ca de "La chambre". ¿Es que hay música? No lo sabemos, creomos que si.
¿Hay baile? De esto estamos un poco
mas seguros, hay baile, especialmente
un paso a dos (el duo de amor violento, especialidad de las coreografías de
Petit, de "Carmen" a "La chambre")
bai1e muy expresionista y un tanto
acrob3tico. Lo que si sabemos es que
hemos pasado un mal rato. Sabido es
lo mucho que el público aprecia las
obras que le hacen llorar o temblar;
esta constituye, pues, un gran éxito.
Pero, a pesar de todo, el público -y
nosotros con el- prefiere un ballet
mas bailado, mas musical, mas lírico,
de un misterio menos sórdido, y sigue
aplaudiendo con calor, como cuando fue estrenado hace dos años, "Le
loup", esa obra maestra de Roland
Petit y de todo el ballet moderno:
PARIS Y MOZART
Permítase que salga, por excepción,
del campo estrictamente teatral de estas crónicas para celebrar el segundo
centenario del nacimiento del músico
que más quiero. Empleo querer en el
estricto sentido de la palabra; para mi
Mozart no es un genio que admiro, es
un verdadero amigo por el que siento
el mismo cariño que si se tratase de
una persona viva. Todavia más: aun•
que parezca ridículo, a veces me viene al pensamiento lo que sería la vida
sin Mozart y creo que no seria lo mismo, que le faltaría algo. Mozart es una
de esas criaturas que han venido al
mundo para gloria de Dios y para edificación de sus contemporáneos y de
sus seguidores.
En la apreciación &lt;le Mozart hay dos
tendencias: la de quienes ven en él un
compositor de peluquin, de un falso
dieciocho estilo "Don Gil de Alcalá",
en que la gente van vestidos de "anti·
guos" como en aquel famoso baile de
trajes del Madrid del novecientos, mú•
sico todo frivo1idad y ligereza, agradable como un sorbete, cornucopia de
sonidos, propio para principiantes de
Conservatorio o para fiestecita de Fin
de Curso; por otra parte, niño prodi•
gio, Pierino con casaquín y chupa, fe.
nórneno de Feria internacional, para
ilustración de tabaqueras o de abanicos. Algo, en fin, muy mono, muy finito, un sol de compositor -por emplear Ja fraseología al uso-, con su
naricita larga y su frente erguida, sus
encajes y su espadin. Nada de común,
naturalmente, con los genios "de verdad", con Beethoven, con Wagner, con
Brahms, con Liszt, que nos arrebatan
por empireos tormentosos, con alas de
viento y de timbal, mientras el pobre
Wolfgang-Amadeus (mira que llamarse
asi ... ) sigue dale que dale a su clavicínbalo, como quien hace puntilla. Para otros, Mozart ha dicho, con menos
énfasis, con mejor gusto, pero con la
misma o mayor sinceridad, lo que nos
han podido decir los compositores
mas arrebatados; su profundidad es

mayor que la de muchos pretendidos
genios y comparable :i ·un lago, plácido en apariencia, pero que encierra
misterios que un riachuelo impetuoso
no posee. Su audacia y su oriSinali•
dad no conocen limites y para emplear esa absurda palabra que hoy
usamos para alabar a alguien, resultan, muy a menudo, "de vanguardia".
Cuando quiere expresar la melancolía
o la pasión, logra, en su sencillez solo
aparente, efectos mas desgarradores
que cualquier otro. Se adelanta a los
románticos sin abandonar lo clásico,
reune la melodía italiana con la cien•
cia germánica y tiene el poder de hacer aparecer fácil lo que le ha costado muchas dificultades y de matarse
trabajando sin que nadie se de cuenta.
Como él mismo decia al director de
orquesta Kucharz "nadie se ha dado
peores ratos que yo para aprender y
puedo afirmar que no existe un solo
maestro de alguna nombradía cuyas
partituras no haya estudiado".
Naturalmente, soy de esta opinión
segunda, hasta tal punto que si se me
presentara esa isla desierta que nos
sirve, en hipótesis, para elegir hasta
el extremo entre nuestras aficiones, to•
maria como música la de Mozart y de
ser una sola obra el "Don Juan". En
esto entra este articulo en la serie del
teatro en París, pues ¿qué mllsico ha
servido al teatro con más fidelidad y
más talebto que este, con más gusto Y
más sentido de las tablas? Personalmente, no he pasado en una sala me•
jorcs ratos que los que Mozart me ha
deparado con sus óperas, donde la di•
versión se junta a la emoción, y la alegría a la serenidad. La Opera de París
no es demasiado aficionada a Mozart;
no ha puesto en su escena mas que
cuatro de sus óperas por la mala razón -según algunos- de que el marco es demasiado grande para tan delicadas joyas; ni que decir tiene que
quien piense esto forma parte del primer grupo antes aludido. La Opera cómica ha representado siete. En la Opera de Paris (entonces situada en el PaJais-Roral) se estrenó, sin embargo, el
el ballet de Mozart "Les Petits Riens",
en 1778, con coreografía del famoso
Noverre, pero el nombre del ya famoso compositor no figura en los carie•
les. En la actualidad, la Opera ha montado con lujo "La Flauta Encantada"
que comparte con "Las Indias Galan•
tes'' de Rameau y el "Oberón" de
,vcbcr los éxitos de gran espectáculo
del teatro lírico oficial.
Mozart estuvo tres veces en París:
en 1763, 1766 y 1778. La primera, se
alojó con sus padres y hermana en
el Hotel de Beauvais,- que todavía
existe en nuestros días, en la calle
Francois . Miron, 68, y en el cual se
celebrará un concierto conmemorativo
el 4 de junio próximo, de igual modo
que en el Palais-Royal se bailarán "Les
Petits Ricas" un mes mas tarde. Este
palacio, con su hermoso patio ovala·
do, era residencia del embajador de
Baviera, quien cedio a la familia Mazar! una habitación donde se instalaron los cuatro y un clavicimbalo; Mozart era entonces el niño prodigio de
7 años recibido en éxtasis por todas
partes. En su segundo viaje, también
familiar, parece haber vivido en la calle de la Chaussée-d'Antin, cerca de la
actual Gran Opera; los éxitos mundanos no son tan brillantes: El niño tie•
ne ya 10 años y aunque toca mejor
que antes, tiene menos gracia que no
sea un fenómeno. Además ya lo han
oído una vez. El tercer viaje, Mozart
lo hace con su madre, que morirá en
París, en 1778, en la posada de los
Quatre-Fils Amyon, en la actual calle
Sentier, cerca del Palacio-Royal y de
la parroquia de San Eutaquio, donde
se celebraron los funerales y donde, el
pasado 27 de enero, fecha del aniversario del nacimiento de músico, el predicador de la "Misa de la Coronación"

sencillo que deben suceder. No en vano Diderot como tratadista de Arte recomienda la observación de lo que nos
rodea.
El veterano actor Henri Rollan ha
dirigido esta representación e inter• ·
prelado el principal papel. Ha salido
triunfante de tan difícil empresa, se•
cundado por esos valiosos elementos
de la Comedia Francesa cuyos solos
defectos derivan del conservadurismo
de la Casa. Conservadurismo, en este
caso, de buena ley, pues nos ha permitido deleitarnos con una comedia
desconocida incluso en su tiempo y
que acaso tenía que esperar hasta el
nuestro para ser apreciada en lo que
vale.
"LA GUERRA Y LA PAZ"

evoco el dolor del joven llfozart, solo
en Par is; en esta ocasión se le ofreció
el cargo de Organista de la Corte que
él no aceptó.
Ni París ni la música francesa parecen haber influido mucho sobre
Mozart; conoció en esta ciudad los
mayores triunfos y los mayores dolores, y en ella compuso _obras muy es.
timables, entre ellas la· llamada "Sin-.
fonia Parisién", en Re. (K-297). Este
habitual invitado de todas las Cortes
demostró sus gustos liberales al com•
poner una ópera "Le mariage de Fígaro" de Beumarchais, en Viena, en
1786; es la aportación principal del
talento francés al de Mozart, que cali•
fieaba de "asnos" al público de París.
Pero París no se lo tiene en cuenta y
celebra el segundo centenario del feliz
nacimiento del compositor con una se•
rie de manifestaciones culturales, como las que ya hemos reseñado, nume•
rosos conciertos y unas "jordanas mo•
zartianas" - del 22 al 25 de marzo en las que, en discusiones internacio•
nales, se tratará. de estudiar las influencias poco conocidas que ha sufrido el talento de Mozart.
TEATRO DE VANGUARDIA ... EN LA
COMEDIA FRANCESA
He a qui el argumento de la comedia
"Est-il bon? Est-il mechant?" que el
teatro oficial francés acaba de estrenar: Hardouin, escritor de más inge.
nio que fortuna, recibe de una de sus
mejo.res amigas la petición de una comedieta en un acto para representar
en su casa; viendo que él rehusa, hace
intervenir a su camarista, que el escritor mira con buenos ojos y a quien,
en efecto, promete escribir la obra,
con un buen papel para que la doncella se luzca. Naturalmente, la dama
de la casa se siente muy ofendida por
haber conseguido lo que deseaba y no
quiere representar la comedia.
La cual, por lo &lt;lemas, n.o llega a
ser escrita por Hardouin, sino por un
conocido suyo, autor vanidoso y des•
conocido, que no resiste a la tentación
de verse representado; por cierto que
el papel escrito para la doncella no es
tan agradable como ella se esperaba.
A casa de la misma dama llega una
señora de provincia con su hija. La
madre ha ideado este viaje a París para quitarle a su hija de la cabeza un
noviazgo que ella no aprueba. El novio las ha seguido y pide ayude a su
amigo Hardouin. Este se ofrece a arre•
glar todo, a condición de tener abso.
luta libertad de acción; y con un par
de cartas, una de su mano dirigida a
su amigo, y otra de éste, falsa, en la
que le confiesa haber seducido a la
muchacha, logra de la madre el consentimiento que negaba.
Vna viuda de buen ver solicita, en
vano, que la pensión de su marido ma•
rino recaiga en su unico hijo a la
muerte de ella; Hardouin se ofrece a
ayudarle, a base d~ tratar el asunto .de

modo personal: tan personal, que hace
creer al Ministro que el niño es hijo
suyo, con lo cual lo que el derecho y
la filiación legitima no hubieran logrado, lo consigue la picardía, y la
pensión es concedida y aun duplicada.
Un marqués desea que sea su capelhin un abate de quien se le ha hablado muy bien; pero basta que Hardouin
intervenga para que, con vencido de
que es un hombre poco recomendable,
lo sustituya por otro que es, precisamente, el que menos le conviene para
su c:.i.pellania, aunque el que más para
su éxito mundano- que es en el fon.
do lo que busca con sus apariencias
de devoción.
Un abogado pleitea desde hace tiempo con una mujer; tli uno ni otra qui e•
ren renunciar a sus derechos ni oír
hablar de acuerdo. Hardouin resolver3
el litigio, haciendo concesiones de una
y otra parte, con el consentimiento de
éstas que creen engañar a la contraria.
Todas estas intrigas, combinadas a
lo largo de la comedia, preparan el
desenlace, en que los personajes que
se han beneficiado de los buenos oficios de Hardouin, le acusan de haberlos engañado y de haber empleado a
su favor medios que ellos no deseaban emplear. Una especia de juicio bur•
lesco se organiza cara al púbJico, del
que Hardouin sale absuelto, pues nadie
puede negar que tiene lo que queria te•
ner: la dama su comedia, el autor su
público, la doncella su papel, los novios
su bocJa, la madre una hija casada, el
marqués su capellán brillante, el abogado y su contrincante el litigio resuelto, la viuda en fin su pensión.
"Es bueno o es malo?" dice el titulo
de la comedia refiriéndose a Hardouin.
Y no lo sabemos, ni el propio Hardouin
lo sabe, ya que le divierte tanto urdir
estas tretas para sus fines deseables
que no podría asegurar que lo haga
por bondad, que acaso lo hace por mala intención.
Esta comedia de corte pirandelliano
fué escrita en el siglo XVIII por Denis
Diderot, autor teatral desconocido y
enciclopedista famoso. Su concepción
del teatro es la de un autor de nuestros días. Si acepta la ley de las tres
unidades escénicas, acción, tiempo y
lugar, ya vemos que en cuanto a la
primera no es un observante riguroso;
la unidad, que consiste en el carácter
de Hardouin, es una unidad "de fondo" que n.o evita una pluralidad absoluta de las acciones, hasta siete diferentes; en cuanto al tiempo y al lugar, trata las reglas de modo tan desdeñoso que renuncia a toda verosimilitud, y hace suceder ]os acontecimien•
tos a un ritmo endiablado y todos en
el salón de la dama de la comedia, a
donde Hardouin traslada sus reales y
recibe a todas sus visitas. El lenguaje
es de una gran sencillez, muy directo,
sin aceptar la menor afectación; y las
cosas suceden - salvo esa acumula•
ción de tiempo y de lugar - del modo

La adaptación teatral de una novela
ofrece siempre enormes dificultades;
es preciso trasladar a un campo diferente una obra creada, justamente, en
razón de unas posibilidades y de una
técnica imposibles en la esCena. Estos
inconvenientes se multiplican si se tra~
ta de una obra conocida, de la que
cada lector se ha formado ya su idea
personal. En el caso de "La Guerra y
la Paz" de Tolstoi, el tamaño de la novela, su riqueza, su densidad y su trascendencia histórica y politica convier•
ten la empresa en algo casi imposible.
Por ello el anuncio, en la cartelera
del Festival Internacional de Paris, de
la representación de "La Guerra y la
Paz" por la Compañia del Schiller
Theater de Berlín babia despertado
una gran curiosidad, aumentada por
el prestigio del nombre del realizador
escénico, Erwin Piscator; y una mu•
chedumbre compacta ha llenado el teatro Sarah-Bernhardt sin parar mientes
en el calor casi insoportable que comienza a dejarse sentir en los locales
cerrados.
No entiendo la lengua alemana. Mi
comentario, por tanto, habrá de limitarse a la adaptación "visible" de una
novela que, por fortuna, conozco lo
suficiente para poder entender, poco
más o menos, lo que sucede en el escenario. El del Sarah-Bernhardt es
enorme; todavía aparece ampliado para que pueda contener la estructura
adoptada por Piscator. La linea de las
"candilejas" abarca los palcos prescenios y en su centro ofrece una especie de "banquillo de los acusados",
con acceso a la sala, rodeado por una
balaustrada de madera, que será ocupado por Natacba; en los dos extremos laterales del proscenio, dos barandillas y dos sillones marcan los lugares· que ocuparán Andrés y Pedro,
personajes principales de la obra. El
centro del escenario ofrece un gran
óvalo, rehundido, tapizado de rojo: este: óvalo será el lugar de la acción, y
una cuadrilla de empleados uniformados, como en los circos, proveerá de
los muebles necesarios a cada escena,
que volver3n a llevarse en cuanto no
hagan falta. Detrás del óvalo, en el
centro, hay una especie de pupitre cerrado, con una lamparita y un gong,
para uso del actor que figura el Director de Escena. Tras el, una enorme plataforma inclinada hacia el público, a que se accede por gradas de
madera que, ha de dese_mpeñar un importante papel. Dicha plataforma es
de vidrio, protegido por tela metálica;
y sobre esta superficie trp.slucida se
proyectan interiormente los numero•
sos planos y mapas que hacen de esta
obra una lección de estrategia mili•
lar; en el momento de la batalla de
Borodino - cumbre de la novela de
Tolstoi - los empleados colocaran sobre ella maquetas de fortines y ciu•
dadcs y el propio Pedro irá poniendo
y cambiando las filas de soldados y
las figuritas de generales, que aplica
a su oído como si Je dijeran algo, ni
m3s ni menos que el mono de Maese

Página S

�Pedro. Yeremos en un momento sobre
esta superficie las cuentas de gastos
de la guerra; en otro, el incendio de
)loscú. El resto del escenario está vacío, con bambalinas negras.
::\le he detenido en esta descripción,
porque el dispositivo escénico es sobrado rlocucnte para mostrar por si
solo las ventajas e inconvenientes de
la realización ele Piscator. Ventajas, el
hacer posible lo que creímos que no
lo era, la representación de "La Guerra y la Paz" de Tolstoi. Inconvenientes ~l hacer de una obra realista un
cuadro de un expresionismo cerebral
de absoluta sequedad. Ese gran artista que es Tolstoi, tan sensible a los
colores. al paisaje, al aspecto de un
salón, al estado del tiempo, se convierte aquí en un explicador frío. No hay
ambiente posible, por mas que los trajes y muebles sean adecuados, en esa
especie de corral ovalado, tras el que
aparece el "Regisseur" en su pupitre
dando golpes al gong cada vez que termina un "round" escénico y dirigiéndose de tú por tú a los personajes. Sus
explicaciones ante la plataforma con
los croquis y flechas que indican los
movimientos e.le tropas, tienen el aire
de una lección, más que de un drama.
Y Napoleón y las otras figuras históricas, cuando se pasean por la plataforma, toman el aspecto de gatos encima de un lucernario. Las permanentes entradas y salidas de los empleados transportistas, cargados de mesas,
sillas, taburetes, un clavicordio -en
el que Xatacha canta, por cierto, una
canción triste que baria ]as delicias
de Marlene Dietrich - y hasta un torno, llegan a ser grotescas. A pesar de
ello, el esfuerzo es considerable y merece ser tenido en cuenta; y asi Jo ha
hecho el público, aplaudiendo calurosamente unos actores excelentes y un
texto cuyo desconocimiento habrá contribuido, probablemente, a mi desilusión.
Pero, ¿acaso comprendía mejor, en
los anteriores Festivales, los textos de
Bertolt Brecht, cuyas realizaciones me
causaron tan viva admiración? Al contrario, en este caso había leído "La
Guerra y la Paz", es decir, podía seroes de Tolstoi .. Pero, ¿cuál es el arguto. Y no vaya a creerse que me desagradara ver a los personajes imaginados encarnarse en actores, pues éstos
eran la plasmación exacta de los héroes de Tolstoi ... Pero, cuál es el argumento, cuales son los héroes de esa
epopeya extraordinaria que es esta famosa novela rusa? Las naciones, los
pueblos, las batallas, la Guerra y la
Paz; personajes que con dificultad caben en un escenario de teatro, por
grande r complicado que sea.

nes su victima. Vemos a estos tipos
permanentes de Arlequin, Pantalon,
Colombina, Brighella, Pulchinella surgir de sus armarios, en un prólogo más
o menos pirandelliano, perseguidos,
desde el momento de su aparición, por
el poder público, el Orden, la Policía
o como quiera llamarse, que en su
constante inquina contra los cómicos
ambulantes se convierte en un perso.
naje mas de la comedia, en el policía
del guiñol inglés o de los films de
Charlie Chaplin.
La Comedia Italiana pasa, en el
XVII, la frontera y se presenta en las
ferias francesas. Los Comediantes del
Rey y los poderes públicos no están
muy de acuerdo ni con sus éxitos ni
con su lenguaje desenfadado. Si les
prohiben hablar en verso, hablan en
prosa; si en prosa, emplean un galimatias que no puede calificarse de
lengua; si se les prohibe hablar, cantan; si también cantar, se expresan
desplegando letreros. Por fin, su último recurso es la pantomima. Este momento de la comedia de Santelli es
uno de }os mas felices y la repetición
de una misma escena de tres personajes por los sucesivos procedimientos
enunciados constituye un episodio de
feliz resultado entre tantos otros largos o artificiosos.
La Comedia Italiana es, por fin, expulsada del Reino de Francia ... Pero
ha dejado su fermento, sus tipos, sus
ideas, que aprovechará, en especial,
Moliere, mirando un mágico espejo; el
espejo de la vida. Es de alabar, aqui,
la primera aparición de 1a técnica italiana sirviendo a un ingenio francés.
Y la representación de una especia de
comedieta, con las personajes de siempre, pero sentidos y movidos a la francesa está llevada con gracia e inteligencia.
El momento de decadencia, de vejez, de esos "Italianos" que han dado
su nombre a uno de los mas populares bulevares de París es, en cambio,
premioso y aburrido. La obra se alarga, se eterniza, y el paso de la Come•
dia a Inglaterra, donde "Punch", su
descendiente por linea directa, merecerá ser ahorcado y donde ha de surgir el último retoño de genio, Charlot,
no nos produce rµayor diversión. Hay
momentos en que 1a idea se deja ver
demasiado, todo toma el carácter de
un símbolo, de una lección de historia
del teatro, y el cuidado y la inteligencia perjudican por falta de espontaneidad y de gracia intuitiva. La pantomima celeste de Pierrot y Arlequín
es tan irrespetuosa como vulgar.
Porque, qué es la Commedia dell'

LA FAlULIA ARLEQUIN
La idea de la comedia de Claude
Santelli "La Famille Arlequin", que
representa en el Teatro Antoine la
compañía de Jacques Fabbri es original: se nos presenta una especie de
biografía de la comedia accidental
que empieza con la commedia dell"arte y termina con Charlot. Se trata,
pues, de mostrar de un modo poético
y gracioso }as vicisitudes por que han
pasado los cómicos callejeros tradicionales del siglo XVI - aproximadate - a nuestros días. La Familia Ar•
lequin es, como puede comprenderse,
la familia antiquísima de los comediantes.
Santelli y Fahbri, cuyos apellídos
no ocultan una ascendencia italiana,
han deseado, pues, restringiendo el
campo teatral, limitar su evolución
-o, mús bien la historia de su perennidad- al campo de la comedia popular, apartandose de todo teatro de
tipo culto o· escrito, es decir a la Co•
media Italiana, en este aspecto contrapuesta, si se quiere, a la Comedia
Francrsa y hasta su rival y en ocasio-

Página 6

/

'

Arte sino una maravillosa escuela de a la posada, un cuarto de huésped, un
improvisación, donde partiendo de sobrado que es a la vez tendedor y
unos tipos de bien definida psicolo- cuarto de plancha, son los lugares dongía el actor puede inventar cuanto de la acción se desarrolla. Podrían
quiera, con la mayor libertad y la má- ser dependencias de un convento, más
xima confianza en su inspiración del que de una posada: tan limpias, tan
momento? Los actores de "La Familia escuetas, tan claras son. La luz, muy
Arlequinn se han de adoptar, en cam- igual, sin efectos extremados, contri~
bio, a un texto escrito jr requetcescrito, buyc a crear esta atmósfera monáspensando una y diez veces, a una di- tica, este aspecto del XVIII que ahora
rección muy cuidada y un montaje in- está ele moda, el lado de la pintura de
teligente, pero que en su elaboración Chardin. El aspecto de la escena en
ha perdido buena parte de frescura. cualquier momento es reposante y
Es decir, esta comedia, que quiere ce- atractivo como un cuadro de este gran
lebr~r, en nuestros escenarios, la glo- pintor.
ria de un teatro de espontaneidad y de
Ahora bien, este empaque sencillo,
intuición, es la cosa mas meditada y esta austeridad, convienen al texto de
menos intuitiva de la tierra. Demasia- Goldoni ·] No estamos muy seguros.
do cuidado, demasiada precaución, "La Posadera" es una comedia movihartas reiteraciones, han hecho de una . da, alegre, juguetona. Visconti en su
idea feliz y de un merecido homenaje dirección parece haber tenido la misa la gracia de una estirpe teatral a la ma idea que en los decorados y vesque Jacques Fabbri realizador famoso tidos: nada de exagerar, buen gusto,
de "Le Fantome" y de "Les Hussards") laconismo casi. Si el mundo cree que
pertenece con toda justicia, un ]argo Italia es país de aspavientos y mano•
espectáculo pedagógico, cuyos induda- teos, de serenatas a la luz de la luna
bles aciertos no bastan a producir un y carnavales, vamos a demostrar lo
interés constante y un entusiasmo.
contrario. Si creen que Goldoni es un
descendiente de la Comedia del Arte, si
"LA LOCANDIERA" DE GOLDONI
el Piccolo Teatro de Milán ha presentado en París en otras ocasiones el
El veneciano Cerio Goldoni es el "Arlequín servidor de dos amos" en
más famosó rel?resrntante de la ~ome• que el autor aparece empleando los
dia italiana. En este aspecto, !taha ha efectos l' el estilo de dicha Comedia,
estado infinitamente mejor representa- vamos a presentarlo, con esta "Posada en el actual festival de París que dera", como el rival psicológico de
en los dos años anteriores, en que una :\Iarivaux, con una de estas obras en
traducción francesa o un sainete na~ que la risa encierra buena dósis de
politano no ofrecían un texto del mis• melancolía y Ja lección de amor es remo interés que esta divertida comedia cibida entre suspiros. Para quienes no
de "La Locandiera" que la compañia creemos nada de eso y vamos inge.
~lorelli-Steppa acaba de representar en nuamente a ver una "Locandiera" cuel teatro Sarah Bernhardt, bajo la di- yo texto nos parecía irresistiblemente
rección del famoso realizador cinema- cómico, la severidad de Visconti no
tográfico Lucchine Visconti. Vinconti deja de ser algo sorprendente. No se
es asimismo - en colaboración con puede dudar, sin embargo, de que el
Piere Tosi - el autor de decorados y gran animador de imágenes que es
trajes. La presentación de esta obra Visconti podía haber dado una versión
dieciochesca es un prodigio de sobrie• absolutamente opuesta¡ es decir, que
dad y de buen gusto. La acción pasa esta sequedad es voluntaria y no de
en Florencia, a mediados de sig]o. Los espíritu. El autor de esa "gran ópera''
decoradores han huído del rococó y del cine 1lamada "Senso" compone las
de la curva; Florencia es una ciudad obras que dirige como un pintor sus
de rectas. Han desdeñado de igual mo- cuadros; y si en su último film ha quedo los colorines, las cintas; Florencia rido hacer una obra veneciana, delies Una ciudad sobria, de escasa colo• rante, barroca en su montaje teatral
ración. Decorados y trajes se mantie- ha elegido un partido florentino, menen en una gama discreta que va del surado, clásico.
blanco al marrón pasando por el gris
Otra de sus innovaciones consiste
v el beige. Las contadísimas excepcio•
en no considerar la "Locandiera" co;1es a esta regla - en especial una camo una obra de diva femenina; esta
pa colorada del acto tercero - adidea parece estar en contradicción flaquieren entre tanta sobriedad un vagrante con el texto, que se anima, se
lor simbólico, de arrebato, de exageraafina, se desarrolla cuando la protación, que conviene al personaje. Una
gonista está en escena. Como el titulo
terraza interior c¡ue sirve do comed()r
indica, la posadera es la razón de ser
de esta comedia. Su argumento es senci11o y garboso: una joven que ha heredado de sus padres se vale de sus
atractivos para traer al retortero a
huéspedes y servicio y hacer su ,ro.
Juntad, sin pasar nunca los límites de
una conducta decorosa. Un noble
arruinado y un advenizo lleno de dinero son sus enamorados principales
y sus huéspedes permanentes. Pero la
llegada de un ·caballero misógino, que
la trata con desdén, la enfurece; y
desplegando todas sus artes - entre
las que hay que confesar que la cocina tiene un importante papel - con•
sigue voh•er loco al antipático cuerdo.
En cuanto lo ve a sus pies, tiene bastante y decide casarse con el mozo de
la posada.
Para encarnar este papel hace falta
una belleza salerosa, como 1a de una
Lollobrigida. Rina ~lorelli resulta acaso más florentina; pero parece demasiado seca, demasiado monjil, para
despertar esas bruscas pasiones. ~Iarcelo ~Iastroiani es el humillado cabaJlero, buen actor, en especial en las
escenas cómicas en que suele triunfar
en el cine. Pero a mi juicio el más
artista de todos es Paolo Steppa, que
crea un marqués arruinado de una finura y una comicidad insuperables.

ALAS CASAS EDITORIALES YA
LOS SEÑORES DISTRIBUIDORES
YLIBREROS DEL CONTINENTI

B ROS
SIR JA~IES GEORGE FRAZER: La rama dorada. 3a. ed. 861 pp, Fondo de
Cultura Económica. México, 1956.

nante tiene aplicación universal y se-

fiala el punto de partida de posteriores
investigaciones. Además, fue él quien
rescató para la cultura el origen de
muchas costumbres vigentes en los
pueblos occidentales, señalando que se
deri,·an de un antiquísimo culto del
úrbol l' de las fuerzas naturales. Junto
a ello, hizo ver cómo la creencia en los
principios sobrenaturales, predominante en quienes no disponen de una explicación científica, funciona con sor¡irendente regularidad en todas las latitudes y constituye el antecedente lógico de la religión y la ciencia modernas.

l
f

1

'

Sir .James G~orge Frazer fue uno de
los primeros que intentaron sistematizar el mundo aparentemente abigarrado de la magia, y su clasificación de
magia homeopática y magia contami-

Fernando Benítez ha hecho la biografía de la ruta mezclado a los soldados de Hernán Cortés; pero su libro
no describe únicamente el aspecto que
ofrecía el México indio a los ojos de
lis espafioles, sino la transformación
que los siglos han operado a lo largo
de ese camino ligando lo viejo con lo
nuevo, la historia en el presente, el
descubrimiento de un mundo virginal
con el descubrimiento del México de
nuestros días.
CELESTINO GOROSTIZA: Teatro me1·icano del siglo xx (vol. III). No.
27.) XXVIII + 743 pp. Fondo de
Cultura Económica, México, 1956.
Tras de la renovación llevada a cabo por los grupos experimentales durante la década de los treintas, el teatro mexicano halló el camino despejado para seguir adelante y reforzar sus
intenciones. Al predominio del ingenio
y la afición por lo misterioso, sobrevino la aceptación de los problemas cotidianos como ingrediente invariable

La rama dorada figura con justicia
entre las grandes investigaciones de
nuestro siglo. Poco dice el solo titulo
para quien no esté familiarizado con
el libro, que constituye una de las exposiciones mús claras, completas y sistemáticas que se hayan publicado acerca de las costumbres y el folklore de
todo el mundo. La índole de la investigación llevó a su autor a hacer hincapié en los pueblos primitivos, y por
ello esta obra constituye también, desde otro punto de ·vista, una especie de
mito1ogía comparada; a través de ella
pueden apreciarse extrañas supervivencias espirituales de nuestros ante•
pasados.
El autor rn1crn su estudio buscando
los fundamentos del misterioso culto
de Xemi, cuyo sacerdote se mantenía
como tal 1iasta que otro lo mataba y
ocupaba su lugar¡ y después de recorrer un largo trecl}O por el mundo de
las costumbres y religiones primitivas,
encuentra la razón de tan extrafio rito
en el hecho de que el hombre hecho
dios debía morir al acercarse su ocaso, para garantizar así un dominio eficaz del viento, de la lluvia y de la fructificación.

Cholula, la Meca religiosa de los antiguos indios y, por último, Tenochtitlán, la severa y magnífica sede de los
aztecas construida sobre los grandes
lagos de la meseta. En ese espacio no
sólo se realiza la penetración española
sino una de las más extraordinarias
aventuras de la naturaleza.

La Gniversidad de Nuevo León ha
mantenido desde su fundación un vasto plan editorial que desarrolla al través de publicaciones cuya circulación
comprende a todas las Instituciones
oficiales, unhersitarias, académicas,
ateneistas, centros culturales, sociedades de di versa índole y personas, en
América y Europa.
Entre el cuerpo de edicion~s... que
aquí se imprimen figura nuestro mensuarío "ARMAS Y LETRAS", que recientemente ha establecido una sección -LIBROS-. en la que figuran
comentadas las obras últimamente aparecidas en las prensas americanas.
Dada la extensa órbita de circulación del Boletín arriba mencionado, y
en interés de ofrecer al lector ameri~
cano una juiciosa información del fondo y continente de la obra, cotejada
a la luz de un criterio ecuánime y a
tono con la moderna interpretación
del pensamiento científico, literario o
artístico, "ARMAS Y LETRAS" se complace en invitar a ustedes a coadyuvar
con este propósito de orden cultural
que anima a Ja Universidad de Nuevo
León, solicitándoles el envío de cada
una de ]as ediciones nacidas en sus
prestigiosas prensas, las cuales serán
objeto de nuestros comentarios, en la
medida que vayan ]legando a nuestras
manos.
Los envíos deben hacerse a:
"ARMAS Y LETRAS",
Universidad de Nuevo León,
Plaza del Colegio Civil,
~fonterrey, Nuevo León,
MéX.ico.

rmas y

JETRA

FERNANDO BENITEZ: La ruta de
Hernán Cortés. 2a. ed. 244 pp. Fondo de Cultura Econóómica, )léxico,

Organo Mensual de la Universidad
ne Nuevo León

1956.
El camino que siguió Hernún Cortés
desde su desembarco en las playas de
Ycracruz hasta la ciudad de :\léxico es
la ruta histórica más importante de
América. Historia y geografía se conjugan en ella para cargarla de poderosas sugestiones. A lo largo de esa ruta
se le,·antaban las pirámides po1ícromas de Cempoala, ocultas entre la sel"ª del trópico; Tlaxcala, la extraña república enemiga del ·imperio nahoa;

de las piezas. La búsqueda de oyentes,
&lt;le un público que siguiera con facilidad el desarrollo de ]os argumentos,
fue un incitante para acelerar ese cambio ele rumbo. Si el teatro llamado expCrimental se inclinaba por el misterio
y el juego ele palabras, el subsecuente
paso se dirigió en gran parte a captar
ele la realidad aquellos elementos que
pudieran convertirse en temas fértiles.
De una actitud de refinamiento, que
mostraba las especiales preferencias
de grupos se1ectos, se pasó a un teatro
que cumple con una función social.
A esta última postura corresponde
el presente tomo, preparado por Celestino Gorostiza, uno de los más notables autores y directores del teatro nacional. En cierta forma, las obras aquí
reunidas testimonian la renuncia al
11
universalismo" y son la aceptación
del regreso al mundo de lo cotidiano
- a veces sin rechazar localismos y regionalismos- en que la vida diaria
adquiere importancia y contribuye a
matizar las características del nuevo
teatro. Todos los textos reproducidos
han sido escritos o llevados a escena
a partir de 1947 y, en conjunto, representan selectivamente ]o que hoy se
escribe en ese género literario.

,

Registrado como artículo de Za. Clase ea la
Admón. de Correos de Monlerrey, N. L, el

20 de Abril de 1944.
INDICADOR,
Colaboradores
Raúl Rangel Frías
Fidencio de la Fuente
Francisco M. Zertuche
Genaro Salina, Quiroga
Arturo Cantú S.
Homero A, Garza
Alfonso Rangel Guerra
Guillenno Cerda C.
Jor¡e Rangel Guerra
Manuel Morales
Director
Lic. Fidencio de la Fuente
Oficina,

Wuhinglon y Colegio Ci,-i)
Monterrey, Nuevo León

MEXICO

Página 7

�María Angélica VILLAR

Vienes desde la tierra y me preguntas
por qué hay hombres que miran sin pupilas
los colores cortados del dolor.
Tú escalas el aire y lo comprendes,
yo que vengo del aire no lo sé.
Vienes desde la tierra y me preguntas
por qué no existen sales que desnuden
el alma poseída por la piel.
Tú escalas el aire, y en el día de todos
simplemente le quitas lo_s huesos
y devuelves la piel a su cuerpo.
Yo que vengo del aire no lo puedo hacer.
Vienes desde la tierra y me preguntas
por los rieles que pulen la mentira
para rápidos viajes de ceniza ...
Tú escalas el aire que ocupa
tu ventana hacia el viento,
le colocas dos vidrios oscuros
y aún así los ves.
Yo que vengo del aire, no distingo su red.
Vienes desde la tierra y me preguntas
si hay semillas o estrellas de odio
viviendo con las venas.
Tú escalas el aire mientras sueltas
la canción de la fe.
Yo que vengo del aire, me golpeo las horas
y la frente, me subo por los gritos,
oigo todo el silencio, mas la canción no sé.
Vienes desde la tierra y me preguntas
por los caminos libres que se arrugan
si algún sueño se enferma y va a morir.
Tú escalas el aire y tu boca sin rejas
lo incita a renacer.
Yo que vengo del aire, con mis labios de cieno
y mi boca cerrada
revivir no lo sé.
Vienes desde la tierra y me preguntas
por qué crujen los hombros del obrero
sobre la sangre dócil de la angustia.

Página 8

Tú escalas el aire, v en el nidal soberbio
de sus manos, atado a sus prisas,
lo puedes impedir.
Yo que vengo del aire, no reemplazo su sed.
Vienes desde la tierra, eres el árbol
y puedes preguntarme
cuántos pueblos caminan
de pequeños monumentales seres.
Tú escalas el aire y les cuentas los pies.
Yo que vengo del aire, entre ropas de tiempo,
junto a flores y lluvias,
tengo que contestarte olvidando palabras
solamente, no sé.

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                  <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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                <text>Armas y Letras, Boletín mensual de la Universidad de Nuevo León, 1956, Año 13, No 9, Septiembre </text>
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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>�El Góngora de las Soledades.
de las obras maestras del idioma español, es imposible afirmar con certeza si ese soneto es realmente de Guevara. Para Alfonso ~léndez Planearle
la atribución es más que probable. Por
lo demás, otros sonetos de Guevara,
agrega este entendido crítico, "resisten
la cercanía de esta composición, especialmente el que empieza: Poner al
Hijo en cruz, abierto el seno ... que rectwrda al 1mís profundo de los sonetos sagrados de Góngora, venciendolo
en emoción y aún en valentía".
No siempre la ctiriosidad que despierta el pasado indio debe verse como simple sed de exotismo. Durante

el siglo XVII muchos espíritus se preguntan cómo C'l orden colonial podía

asimilar al mundo indígena. La historia antigua, los mitos, las danzas, ]os
objetos y hasta la religiosidad misma
de los indios constituían un universo
hermético, implacablemente cerrado; y
sin embargo, las creencias antiguas se
mezclaban a las modernas y ]os restos de las culturas indígenas planteaban preguntas sin respuesta. La Virgen &lt;le Guadalupe también era Tonantzin, la llegada ele los españoles se confundía con el regreso de Quetzalcoatl,
el antiguo rjtual indígena mostraba
turbadoras coincidencias Con el católico. Si en el paganismo mediterráneo
no habían faltado signos anunciadores
ele Cristo, ¿,cómo no encontrarlos en ]a
historia antigua ele l1éxico? La Conquista deja de ser un acto unilateral
de la voluntad española y se transforma en un acontecimiento es-perado por
los indios y profetizado por sus reyes
y sacerdotes. Gracias a estas interpretaciones, las antiguas religiones se enlazan sobrenaturalmente con la católica. El arte barroco aprovecha esta
situación, mezcla lo indio y lo cspafiol e intenta por primera vez asimilar
las culturas indígenas. La Virgen de
Guadalupe, en la que no es dificil adivinar los rasgos de una antigua diosa
de fertilidad. constelación de muchas
nociones y fuerzas psíquicas, es el
punto ele encuentro entre los dos mundos, el centro ele la religiosidad mexicana. Su imagen, al mismo tiempo que
encarna la reconciliación de las dos
mitades adversarias, expresa la originalidad de la naciente nacionalidad.
México, por obra de la Virgen, se re-

clama heredero de dos tradiciones.
Casi todos ]os poétas dedican poemas
a su alabanza. Una extraña variedad
del barroco que no será excesiva llamar c'guadalupano"- se convierte en
el estilo por cxcelcnci~ de la Nueva
España.
Entre los poemas dedicados a ]a Viren sobresale el que le consagra Luis
de Sandoval y Zapata. Cada uno de
los catorce ,•crsos de ese soneto -"alada eternidad del viento"- contiene
una imagen memorable. Zapata representa mejor que nadie el apogeo del
arte barroco y es cabal encarnación
clel ingenio de la época, linaje que no
carece de analogía con el wit de los
poetas metafisicos inglesl's. Apenas si
conocemos su obra, durante siglos sepultada y negada por una crítica tan
incomprensiva del barroco como perezosa. Los restos que han alcanzado
nuestros ojos lo muestran como un talento sutil y grave, brillante y conceptuoso. personal heredero de la doble
lección dC' Góngora y Quevedo. De cada uno de sus poemas pueden desprenderse versos perfectos, no en el
srntitlo inúnime de la corrección, sino
tersos o centelleantes, gr3.virlos o alados y siempre fatales. Su gusto por la
imagen insólita tanto como su amor
por la geometría de los conceptos ]o
lle·van a construir delicadas cárceles
de música para aves intelectuales. Y
así, no sólo es posible extraer de los
pocos poemas que nos quedan fragmentos cxtrafios y resplandecientes, sino dos o tres sonetos íntegros y todavia vivos, torres aisladas entre las ruinas de su obra.
Sor Juana Inés de Ja Cruz no solamenk es la figura más alta de la poesía coloniul hispanoamerkana, sino
que rs también uno de los espíritus
mi1s ricos y profun&lt;los ele nuestras letras. Asediada por críticos, biógrafos
y apologistas, nada de Jo que desde
el siglo XVIl se ha dicho sobre su persona es más penetrante y certero que
lo &lt;1uc ella misma nos cuenta en su
Respuesta a Sor Filotca de la Cruz.
Esta carta es ]a historia de su vocación intelectual, la defensa -y la burla- ele su amor al saber, la narración
de sus trábajos y sus triunfos, la critica de su poesía r de sus críticos. En
esas páginas Sor Juana se revela como

un intelectual, esto es, como ser para refrenar su pasión, sino para ahondarquien la vida es un ejercicio del en- la y, así, hacer más libre y querida su
tenclimiento. Todo lo quiere compren- fatalidad. En sus mejores momentos
der. Allí donde un espiritu religioso la poesía de Sor Juana es algo más
hallaría pruebas de la presencia de que confesión sentimental o ejercicio
Dios, ella encuentra ocasión de hipó- afortunado de la retórica barroca. E
tesis y preguntas. El mundo se Je apa- incluso cuando deliberadamente se tra.:rece mús como un enigma que como ta de un juego -como en el turbador
un sitio de salvación. Figura de ple- retrato de la Condesa de Paredes- la
nitud, la monja mexicana es también sensualidad v el amor al cuerpo anii1nagcn de una sociedad próxima a es- man las alu;ioncs eruditas y los juecindirse. Religiosa por vocación inte- gos de palabras, que se convierten en
lectual - y asimismo, acaso, para es~ laberinto de cristal y de fuego.
Primer Sueño es la composición más
capar de una sociedad que la conde~
naba como hija ilegítima- prefiere la ambiciosa de Sor Juana. A pesar de
tiranía del. claustro a la del mundo. que fué escrita como una confesada
En su convento sostiene, durante años, imitación de las Soledades, sus clifcun dificil equilibrio y un diario com- rencias profundas son mayores que sus
bate entre sus deberes religiosos y su semejanzas externas:
Sor Juaha quiere penetrar la realicuriosidad intelectual. Vencida, calla.
Su silencio es el del intelectual, no el dad, no trasmutarla en resplanclcciendel místico.
te superficie, según sucede con GónLa obra poética de Sor Juana es nu- gora. La ,•isiún que nos entrega Primerosa, variada y desigual. Sus innu- mer Sueño es la del sucfio de la noche
merables poemas de encargo son testi- universal, ('n la que el hombre y el
monio de su gracioso desenfado, al cosmos sueñan y son soñados: suefio
mismo tiempo que de su descuido. Pe- del conocimiento, sueño del ser. Nada
ro buena parte de su obrA se salva de más alejado de la noche amorosa de
estos defectos, no únicamente por la los místicos que esta noche intelectual,
admirable y retórica construcción que de ojos y relojes desvelados. El Gónla sostiene, sino por la ver&lt;lad de lo gora ele las Soledades, dice Alfonso
que expresa. Aunque dice que sólo es~ Reyes, ve al hombre romo un ºun huicrihió con gusto "un papelillo que lla~ to inerte en medio del paisaje nocturman el Suefío": sus sonetos, liras y no"; Sor Juana se acerca "al durmienendrchas son obras ele un gran poeta te como un vampiro, entra en él y en
del amor terrestre. El soneto se trans- su pesadilla. busca una síntesis entre
forma en nna forma natural para esta la vigilia, el duermevela y el suefio".
mujer aguda, apasionada e irónica. En La substancia de] poema no tiene ansu luminosa dialéctica de imágenes, tecedentes en la poesía de la lengua y
antítesis y correspondencias, se con- sólo hasta fechas recientes ha enconsume y se salva, se hurta y se _entrega. trado un heredero en José Gorostiza.
Jlenos ardiente que Luisa Labbé, me- Primer Sueño es el poema de la intenos directa también, la mexicana es ligencia, de sus ambiciones y de su
m{is honda y suelta, más osada en su derrota. Poesía intelectual: poesía del
rescna, mús duC'ña ele sí en su extra- desengaño. Sor Juana cierra el sueño
vío. La inteligencia no le sirve para dorado del virreinato.

ti?''

•

SALOMON
EN LA LEYENIJA

EIELICA
FRANZ BOUCHSPIES.

"Y luego le cantaré la manera muy lenta
De libar en tus labios tus besos dulces como dátiles
De liba!' en tus senos todas las flores
abiel'las: narcisos, claveles, rosas ....... ,

(MIRZA RAHCHAN KAYIL)

No hay quien no conozca de la historia de Salomón Rey de
Judá y de lsraél cuando menos ·aqllel famoso juicio hecho con
tanto acierto y sabiduría que le dió fama y renombre como corresponde a un gran monarca.
Es tal la gloria del Rey hebreo que los pueblos envolvieron
sus grandes hechos en el nebuloso mito que como otros soberanos de la Historia, Alejandro, César, Carlomagno y Napoleón
es difícil al escribir sobre su vida, separar la realidad de la fá,
bula.

l
,¡

•
1

Schelomeh (en hebreo, significa
hQmbre de paz) o Sulaimón Ben Daúd
(Salomón hijo de David) según la Biblia, fué fruto de un amor pecaminoso.
Cuentan que el Rey David, su padre,
paseándose al atardecer un día en la
terraza de su palacfo sorprendió el baño de la hermosa Bethsheba o Betsabé
esposa de su general Urías y se enamoro apasionadamente de élla.
A tal grado llegó el fue_go de su
pasión, que hizo matar secretamente a Urias quien se encontraba entonces en el campo de batalla luchando por su pueblo y por su rey. Hizo
que se simulara la muerte de Urias como si éste hubiera caído combatiendo
y se le otorgaron regios honores fúnebres como a un héroe mientras él tomaba por esposa a su viuda.
La cólera del Señor no se hizo esperar y cayó sobre la cabeza del rey,
con la fuerza del rayo. Dios envió a
su Profeta Natban para que le reprochara su conducta haciéndole el mal
que había cometido.
Como el Rey se obstinara en su pecado, Dios envió la peste, la guerra y
el hambre para que asolaran su país,
hizo que se extendiera el descontento
entre su pueblo y despertó la discordia entre los hijos de David quienes
arremetieron con furia unos contra
otros por envidia y por venganza.
Abshalom su hijo favorito, se levantó contra su padre y lo arrojó del trono siguiendo el mal consejo de algunos cortesanos ambiciosos. Fué muerto a manos de ]os hombres que servían
al Rey con gran dolor y desesperación
de su padre.
Aún después de haber recobrado la
corona, David sufrió mucho porque a
este horroroso pecado de adulterio
agregó su soberbia y vanidad pero murió finalmente reconciliado con el Señor a quien había ofendido, tras largos Y dolorosos Jladecimientos.
Nació Salomón, el año 1032 A.C. precisamente cuando su padre acababa de
obtener una victoria sobre los Cananeos Y obtener un fabuloso botín.
Al retornar a su tierra y entrar en
su palacio,• se le dió la noticia de que
Betsabé, su esposa favorita. acababa de
dar a luz a un hermoso varón, y las
profesias y presagios que siguieron a
su nacimiento, hicieron que David lo
designara su heredero en el trono.
Salomón pues, fué educado bajo la

vigi1ancia del profeta Nathan y el gran
Sacerdote Sadoch, como futuro Rey de
Judá.
Algunos cortesanos intrigantes y amhiciosos aprovechando la avanzada
edad del Rey David y su penosa enfermedad, pusieron en el trono a su hijo
mayor Adonias incapaz de gobernar un
reino y fácil presa de los que intentaban convertirle en su títere, pero
Betsabé ayudada por Nathan y Sadoch
o Zadok logró restituir la corona legitima a su hijo Salomón.
•
Este, babia crecido lleno de sabiduría y prudencia y si al subir al trono
obró con crueldad y severidad desterrando y confinando a su hermano
en un templo y haciendo ejecutar algunos sacerdotes y dignatarios que habían conspirado contra él, fué más por
asegurar la solidaridad de su reino
que por el impulso de la venganza.
Fue un hábil político y un terrible
guerrero, hizo todo por aumentar la
prosperidad de su pueblo y acabó con
las sublevaciones de los nómadas que
amenazaban la paz de su reinado. De~
rrotó a Hadad rey de los lduméos o
Edomitas el cual tuvo que ir a refugiarse en 1a corte del rey de Egipto,
país tradicionalmente enemigo de Israel.
Schelomeh o Salomón lejos de ser
pacífico como su nombre lo indica, fué
un gran guerrero, un sabio legislador
y un hábil político. Los tiempos que
corrían exigían para el pequeño reino de Israel un gobernante así. Salo-

"./

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·~'
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t

(Dibujo de Jorge Rangel Guerra)

món tuvo que castigar severamente y
ejecutar al Sacerdote Aliatar, y a otros
como J oab y Semci que conspiraban
contra él para poner en el trono a su
hermano Adonías. Finalmente éste último renunció definitivamente a sus
derecho$ de primogenitura y fué desterrado por su augusto hermano. Luego se sublevó el jefe arameo Rezan y
Salomón envió contra él su ejército, lo
derrotó conquistando para Israel, Damasco y parte del territorio enemigo
y el pequeño reino de Hamath que
también se había rebelado contra el
Ungido de Yahwé y consagrado Soberano de Judá en la fuente santa de
Gihon.
Finalmente el faraón Psuseneas
llamado por otros Siahmon le concedió en matrimonio a su bella hija
Anobbeth aunque se dice que no fué
la única mujer a la que Salomón amó,
pues llegó a tener sesenta esposas.
Psuseneas lo admiraba y con su apoyo
pudo Salomón pacificar su reino. El
Rey de Israel comenzó con los tesoros
de Da vid su padre y con la amístad y
ayuda de Hyram Rey de Tiro y de
Siamón faraón de Egipto, un reinado
fabuloso que enriqueció y dió la gloria a su país. Fortaleció al Ejército,
formó una Marina, fomentó el comercio y bajo la enseñanza de sabios artesanos fenicios, hizo de los judíos un
pueblo laborioso y hábil. Con riquezas traídas por sus marinos de lejanos países corno La India, Persia, el
fabuloso Opbir, Salomón construyó en
la ciudad de Jerusalen un templo digno de tal Rey y un palacio
magnífico, en la cumbre del monte de
Sión empleando en su construcción
cedros perfumados que mandó talar
del Líbano.
Su sabiduría no tenía limite, era famoso por los acertijos que imponía a
Hyram Rey de Tyro, el cuál cuando
no acertaba le pagaba un tributo fa.
buloso.
Sus pr°''erbios conservados en va•
ríos de los libros sagrados de los hebreos aún los encontramos en la Biblia como éstos:
''Presta atento oído, y escucha las
palabras de los sabios y pon en el Señor tu confianza."
'CV ale más un buen nombre que JllU·
chas riquezas, la buena reputación es
más estimable que el oro y la plata."
"Lujuriosa cosa es el vino, y está
llena de desórdenes la embriaguez; no
será sabio quien a élla se entrega ... "
"¿Que le aprovecha al necio tener
riquezas no pudiendo con éllas com•
prarse la sabiduría?"
"La respuesta suave quebranta la
ira; las palabras duras excitan el furor."
510 máximas del Sabio Rey Salomón
fueron recopilada$ por los que formaron el Libro Sagrado que aprovechará
el creyente que las medite y las siga
al píe de la letra ....
Se dice que el Señor le ilumínaba
a cada momento hasta en el momento
de impartir justicia. Cuentan que una
vez se presentaron ante el Rey dos mujeres con un niño pequeño alegando
las dos ser la verdadera madre del
tierno infante. Salomón invocando la
ayuda Divina, ordenó que el niño fue•
ra dividido en dos partes y a cada
mujer se le &lt;liera un pedazo.
Aparentemente era una gran crueldad del Soberano pero este sabio recurso dió sus frutos, Al oir la bárbara
orden del monarca, la verdadera madre prefirio renunciar a su bijo antes
que Yerle muerto mientras la falsa y
pérfida mujer accedía gustosa al fallo
del Rey. Salomón conmovido, entregó
el niño vivo a la verdadera madre que
por poco se vol\ió loca de alegria y de
dicha mientras a la falsa, la mandó
castigar severamente.
También narra la Biblia que una vez
terminado el Santo Templo de Dios y
colocado en el Santuario el Arca de

\

Página 2

Sor Juana cierrn el sueño dorado del virreinato.

Página 3

�gammanton) y huyó a Egipto, el J&gt;ais
de los placeres culpables. Desde entonces, penetrada de odio contra Eva

la Alianza delante del Oráculo, el ar.ca
santa que contenía las Tablas de la
Ley que Yahwé, Jeová transformado

y contra todo matrimonio legítimo,
ianzaba contra toda mujer embarazaw
da, maldiciones y dolencias crm•les.

en zarza ar&lt;lienle en lo alto del Sinai,

cntregú a Móisc, Mosche, Muza o Moisés, una niebla misteriosa llenó la Ca-~
sa del Señor y Salomón cayó de rodiJlas viendo en éllo una manifestación
de gratitud del Señor y con las lágrimas en los ojos exclamó: º¡No he descansado, ¡Oh, Dios! hasta ver concluida una· Casa para habitación tuya, para que sea tu firmisimo trono eterno
y bable de tu Gloria a los Siglos Ycni~leros !" dicho ésto, se postró y oró y
los Sacerdotes y el pueblo que se ha-

Pero en Egipto la descubrieron los tres
¡'mg&lt;'les, Senoi, Sansenoi y Scmangelof,
que Dios había enviado en su p~rse~uciún. Quisieron ahogarla pero ella .Juró con el juramento de los demomos,
que no haría mal a ninguna mujc.r encinta v a ningún niño que estuvieran

de

protegidos por los nombr_cs
los tres
itngelcs. De alli que las ¡udias en ese

Templo, judíos y árabes han formado

, estado, Jlc,·en siempre un amuleto con
los nombres de Senoi, Sanscnoi Y Scmangelof.
Lilith no es más que una variante
sin duda ele la fenicia Ashlhorl'lh, una

una multitud de leyendas que corren
de boca en boca y algunas han sido
reunidas en el Talmud.

divinidad de la fecundidad.
Un escritor de habla inglesa: Gardncr F. l;-ox escribió una novela no ha-

bían aterrorizado se tranquilizaron Y
le imitaron.

Sobre la construcción del Sagrado

La leyenda talmúdica, cuenta que

Salomón habia sido dotado por Dios,
del poder de im·ocar ·a los espíritus
Elementales e Inlernalcs y sugetarlos
a su poder e imponerles su ,·oluntad.

Se dice que escribió libros de Magia
de los cuales se conserva el famoso
"Cla\'icula Salomonis". Cuentan que
encerró a muchos espíritus en iinforas
selladas con el anillo Sagrado y arrojados al mar.
.
·
lblis o Shaitan y sus Elr,ts le esta-

ban pues sujetos.
Pero cuando comenz() la construc-

ción del Templo Santo, le fué vedado
a Salomón utilizar cualquiera de las

herramientas usadas en la construcción de cualc¡uier ediíicio.

Shelamch Ben Daúd reunió a sus
consejeros y los mi1s sabios y de vida
austera y santa le aconsejaron que utilizara un misterioso gusano que existía desde el principio de la Creación

llamado El Schamir c¡ue Móisc utilizó
,,ara grabar el nombre de las Doce trilms en el pectoral de Aarón o Jiaroun
y que era mils fuerte que cualquier

herramienta conocida. Pero el problema estaba en que solo Asmodai rey
de los demonios conocía el lugar donde se encontraba el gusano. Salomón
agradeció el consl'jo e inYocó a los espíritus que le eran sujetos y éllos Je
dijeron que Asmodai el demonio de la
Noche v Príncipe de las Tinieblas vivía en ~I Monte de la Obscuridad. Ha
escavado allí una fuente de agua clara tocios los días sube al Cielo a cscu,('har la Palabra (le Dios y por la noc·he regresa sediento a beber de la
fuente.
Salomón hizo presentarse ante CI a

(Dibujo de Jorr,e Rangel Guerrn)
éste se Jo había confiado al gallo Sil- maciones y supuso que Asmodai le h_aYestrc, el ave prodigiosa Jlamado Zig
el cual toca con sus patas la tierra y
con Ja cabeza el Ciclo y todos los días
saluda con su canto al Señor. El convocaril el iiltimo día del uni\'crso a

bia jugado una n~ala pasada a Salomon
y que no se qu1ta~a el c~lzado para
(IUC no lo dl'~cubrieran. Enton~es. P~~
nl'tró l'll la can~ara del trono ) p1d1?
al Hcy que. h1c1~•ra en su dedo como

todos los mortales en el \'alle de Josa-

antes el anillo Sagrado con_ los nom-

íath para que cien cuC'nta al Señor, de
sus acciones. Los- mismos muertos saldrán de sus sepulcros al escuchar el
canto vibrante ele Zig y se postrar:in
ante YahwC pidiendo misericordia.
Pues bien, es a este ser al que el Príncipe de los '.\lares confió El Scb~m~r
hariéndole jurar que nunca Jo deJaria
sin protección.
Salomón y Bcnaia partieron en busca de El Schamir y esta vez, la astucía -de Bcnaia triunfó sobre 1a sabiduria de Salomún. Bcnaia hizo constrnir
una campana de cristal que colocó sohrc los polluelos de Zig. Cuando éste
volvió para alimentarlos y al t•nco~trase con este obstúculo entre sus 111jos y él, sacó a El Schamir dt• doncle
lo tenía oculto para que cortara el
cristal. Benaia dando un fuerte grito

IJrcs de Dios gra~ac~os en el, Jo cual
era el sello Salo~1oi:uco.
Cuando Ben~1a iba a, colocarle , el
anillo, Asm.oda1 comcnzo a temblar.,
lanzó un ~r~to horroso ~ue se escu~ho
hasta Jer1co ): c~1~1enzo a crecer ) a
recobrar su &lt;liabollca forma hasta rlcsapan•(·er.
El Yl'rdadcro Salomón ocupó , Illll'vamC'ntc su trono Y eomprcndio que
un:1 vt•z había ofc•Illtido a Dios por su
soberbia y su codicia Y pidió perdón
al Altísimo por su pecado. Pero durant&lt;' la nocht•, hacia velar su sueño
por st•senta hombres armados Y ordent"l qul' los Saet•rdotcs ofrecieran sacrifieios y oraran por l'l, porque temía
el n•greso de Asmodai.
t·na figura &lt;1ur se ha inmortalizado
al lmlo de Salomún es la de la famosa

espantó al gallo silvestre que huyú ele-

Balkiss, reina de Saba Y su rcnombra&lt;la visita al Hry dt• Israel Y de .Tudú

jando desamparado a El Schamir. De
este modo, pudo Salomón construir el
Templo sin herramienta alguna.
Durante los 7 aiios ele la constfuccilio ele) Tt•mplo, Asmodai permaneció
encadenado a los pies del trono de
Salomón. (He leido un espantoso rt•lato en el libro de .James ::\fontaft'.uc
Hhodes "El Libro del Canónigo AlbL•rico", en los cuales Asmodai tomab.a
forma semi-humana ante e1 que 1111. · en qul'
raba la horrorosa ilustracwn
aparecía encadenado junio ª.1 tro~o (1e
Salomón, y lo asesinaba sin piedad
arrastrando su alma a los Infiernos.)
Salomón rada ,·t•z se veía presa de
)
la codicia lle acumular grant 1es t eseros v dr la secl tk pod(•r y de grand('S ·amhil·iones ,Ir gloria. l"n clía se
jactc'i clr ser el mús poc1croso monar e·a
de la tierni pero quería tt-ner (•I _PQ(.kr
Y la ruerw de Asmodai. El Pr10c1pc
;1e los demonios lo tentó prometiénclolc tal fuerza y poder si Jo desencadrnab::1 a lo CflH' Salomi)n acredió, pcr~
1 · Janzt!
tan pronto se viú libre, Asmoc_a1
a Salomón a mil millas de alh y tomo
la forma y el Jugar clel Hey de Tsral'I.
Ló prinll'ro ciur hizo ful' destituir.~
Bcnaia porque le molestaba; comeho
cruel&lt;lades, persiguió a los Sacerdotes,

con el que se suponr &lt;1ue tm·o un
idilio.
Se clice qut• la inspire) el glorioso
"Cantar de los Cantan•s'', e hizo que
Salomlm dudara de su fé r creyera
c.--n Ast:u1e diosa de la sensualidad para los sicionios y fenkios Y en Moloch
dios clt• los ammonitas.
La Biblia solo habla de una reina
:"1rabe c¡ut• dt'!tlumbrada por la fama ,le
Salomón S(' 1iro¡mso conocerlo y ful·
a visitarlo y para conocer su sabiduría le propuso ¡icrrtijos que Salomón
Bcnaia Ben Joiada su licl Canciller Y
t'escifró.
general de sus ejércitos. En su coi_nLos podas ilrabt•s la hicirron una
pallia marcht'&gt; hacia aq.uel lugar misJwc-l1ic·(•ra o una lamia &lt;1uc oc:-ultaha su
terioso l'D el cual se ocultaron hasta
pata de t·c1bru. ¿.Quit•n rs rsta princt•~
la nocht•. Asmodni llegó precedido de
sa pagana, a&lt;·aso la lklrna oriental'?
una furiosa tempC'stad escupiendo fueSi la heroin::1 ele la lliacla, la hermosa
f
go y hlasfemanclo. Salomón salió de
hija clr Lr&lt;la, la n•ina ele Esparta, assu escondite y conjurándolo en nom~
cinú a los a(•clas hl'lt•nos &lt;1ue la llamabre de Dios lo paralizó )' lo encadeno
ron la rrencarnación de Afrodita tliofuertemente sellando los eslabones con
sa de la jun•ntud, la hermosura Y el
el anillo Sagrado que llcYaba los nomamor, Belkis o Balkiss es la viva rebres de Dios. Este Anillo lleva grabaencarnación de Astarte, Ishtar o Ashdos los cuatro nombres del Señor
torl'th adorada como la diosa de la senconque los creyentes y Cabalistas l?
suulidacl y de la fecundidad por sninvocan que son: Yalnvé, Adona1,
m(•rios v fenicios.
Elohim o Elohá (este último significa
Helcn~t es la Yenus lmmana del Ocmajestad en hebreo). Los Cabalis~as
cidenle v Balkiss es AslartC rediviva
llaman este conjuro. Tetragammanton,
L'n l'I OrÍenk, en Asia Y )(esopotamiu.
persiguió a los sabios Y a los creyen~
llcll'na C'ausó la clestrucci()n de Troque significa en griego, "los cuatro ll's
intentó destruir el Tt'mplo y gozo
nombres".
a l~s esposas dr Salomón. La disc.or- n1, Balkiss ocasionú la cairla de un
Asmodai quiso romper en vano los dia \' la confusión reinaron en el remo gran Hey: Salomón. Del lfonoteismo
eslavones y comprendió entonces que de Salomún mientras éste vagaba ¡~or cayó en la idolatría por causa de su
estaba completamente en poder de Sa- países extranjeros como un menchgo h(•rn10sura.
Su leyenda, recut•rda la dc Lilith la
lomón y furioso dcsatú terrible tor- \" cuando aseguraba que era el fam_oso
Heina de los Demonios en 1a tradición
menta por donde c¡uicra quc pas~ba ilev Salomón, se burlaban ele él.
v se burló de Salomón porque un s1m~
·i·oclo mundo estaba extrañad~ del hrbraica.
Lilith, primera mujer de Adam, eriai&gt;le mortal quería el dominio de los cambio que ofrecía el RC'y &lt;l_espues d_ e
la desaparición de Asmocla1. Benaia, tura alada y dl' es1&gt;léndida cabellera,
espíritus.
Salomón lo hizo conducir ante su ~abien&lt;lo que el Rey no S(' desca_lzaba abanclonl, a su esposo porque no satistrono \" )(' interrogó sobre el paradero .,nunca ni para dormir sospec J10 que facia sus desordenados apetitos sexua(Ícl Sc.liamir y Asmodai contestó mal- 110 era el YCrcladero Salomón porque les y se entregó a la ~lagia Negra. Llahumorado que El Schamir había sido los demonios consen·an siempre 1as mú a Dios por su nombre prohibido
confiado al Príncipe de los mares Y patas dt• gallo a pesar de sus t rans for- (uno de los C'uatro nombres del Tetra-

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ce mucho, inspirado en el supuesto idi-

lio de Schelomeh y Balkis.
En él, Salomón, joven y ambicioso,

intenta fortalecer su ejército al Yer
que su pueblo está siempre amenazado
por sus vecinos y de incógnito, acompañado solo por Benaia marcha al extranjero en busca de un prodigioso fabricante de armamentos al que encuen-

tra en Saba o Shcba tras de numerosas aventuras y le compra grandes cantidad&lt;'s de su mercancía al industrial

aqnél.
Aquello llega a oidos de Balkis reina
ele Saba &lt;Juien suponiendo que t•s un
gran personaje, lo hace 11evar a su prew
sencia y es grande y agradable su sorpresa al ver que Salomón es el extranjero que la ha sorprendido días
antes t•n el baño y el cutH ignoraba
&lt;1ue se trataba de la reina. La hermosura de Balkis es maravillosa y fascina
a Salomón, Salomón que vive alejado
de su joven es1)osa Anohbet quien lo
rechaza por sus creencias, Salomón
que jovc"'- y ardiente 'está sediento de

Y la voz airada de Dios brota en
medio de la tempestael y exige a Salomón que retorne a la fé de sus pa-

dres y ele su pueblo y le promete la
victoria sobre su hermano pero antes

debe olvidar a la divina Balkis y a su
ídolo Astarté.
Salomón lo jura y llega a Judea en
los instantes más críticos para su país.

Anohbet acude a su lado, le dá su amor
y lo anima en la batalla. Finalmente
Omri muere en el combate y J othab y
su esposa caen prisioneros. Salomón
los hace ejecutar y ocupa nuevamente
su trono amando cada día mas a su esposa Anohbet quien ahora corresponde a su cariño y ha renunciado a sus
viajos y milenarios dioses egipcios.
La paz y la prosperidad retornan al
sucio de Israel y Salomón gobierna sabiamente apoyado por el consejo de
Sadoch y la fuerza de Benaia.
Entre tanto, Balkis seguida de un fabuloso séquito, se presenta en Jerusalén con grandes regalos y pregunta indignada a Salomón:
"¿Cual es el amor que no mucre?"
lingienclo proponerle un acertijo Salomón responde impávido: "Muere el
amor de hermano y el amor filial, mucre el amor a la patria y el amor a Dios.
El único amor que no muere es el amor
a si mismo."
Balkis queda sorprendida de su sabiduría y no quiere renunciar a su
amor aunque Salomón y Anohbet la
tratan fríamente como un valioso•lmésped y desesperada intenta envenenarlo
por medio de otro. Salomón descubre
el complot y hace ejecutar al asesino
pagado por Balkis pero perdona a la
hermosa reina su imprudencia y ligeresa.

El Cantar ele los Cantares, el que los
cristianos ha considerado un coloquio

alegórico y erótico entre la Iglesia y
su esposo Jesuscristo, es considerado

por los poetas de todas nacionalidades, razas y credos, una joya de la literatura amorosa aunque algunos duelen de c¡uc lo haya compuesto Salo-

mlm.

He ac¡uí algunos de sus versos:

Habla el esposo enamorado:
"¡ Que hermosa eres amiga mía, qi.re
hermosa eres! como la paloma. así son
tus ojos, además de lo que dentro se
oculta. Tus cabellos dorados y finos,

como el pelo de los rebaños de cabras
que vienen del monte de Galaad.

excede a todos los aromas.
Son tus labios, oh esposa mía, un
panal que destila miel. Miel y leche
tienes debajo ele la lengua ............ "
Ahora titaré un fragmento de la res-

en flecos.
¡ Cuan bella y agraci~da eres, oh
amabilísima y clcliciosisima princesa!

puesta de la esposa:

"Dormía yo, y estaba en mi corazón
velando¡ y he aquí la voz de mi amado, que llama, r dice: Abreme, her
acabadas de lavar, todas con dobles mana mía, amiga mía, paloma mía, mi
crías, sin que haya en ellas una esté- . inmaculada; porque está Hena de roril.
cío mi cabeza, y del relente de la noComo cintas de escarlata tus 1abios, che mis cabellos.

clulce tu hablar. Como cacho de corteza de granada roja tales son tus me-

jillas, adenuls de lo que dentro se
oculta.

Tu cuello es recto y airoso como la
lorrc de ll:1'"id, ceñida de baluartes de
In cual ('LJ&lt;'lgan mil escudos. arneses
todos clt• valientes.
Tus clos pechos son como dos gamitos mellizos, c1ue cstan paciendo entre
blancas azucenas hasta caer el día y
al declinar de las sombras.
Subiré a buscarte al n1onte de la mi-

rra )' al collado del incienso. Toda
eres hermosa, amiga mía, no hay defl'cto alguno en ti.
\'en del Líbano esposa mía, Yente
del Líbano; ven y !:erús coronada; ven
ele la cima del monte, Amana, de las

cumbres del Samir y del Iíermón, de

son tus dos pechos. Es tu cuello terso
y blanco como torre de marlil (2). Tus

ojos son como los cristales de los es..
tanques de HesCbón, situado en 1a
puerta más concurrida de las gentes.
La nariz tuya tan bien formada como la graciosa torre del Líbano, que
mira frente por frente a Damasco.
Elevada y majestuosa es tu cabeza,
como el )lonte Carmelo, y los cabellos

Tus dientes blancos y bien unidos
como hato de ovejas trasquiladas,

Y rcspondílc: Ya me despojé de mi

tllnica, ¿me la he de voh'er a poner?
Lave mis pies ¿y me 1os he de volver
a ensuciar'!
Entonces mi amado metió su mano

por la ventanilla de la puerta y a ese
ruido que hizo, se conmo,·ió mi corazón ...... "
Es cierto que se encuentran frecuentes repeticiones en el texto que sin embargo embelJccen el poema y así, el
t•sposo dire m:is adelante:
" ... Las junturas de tus muslos son
como goznrs, o charnelas labrados de
mano maestra ....
Ese es tu seno cual laza hecha a
torno, que nunca está exhausta de preciosos Hcores. Tu vientre como mon..
toncito de trigo, cercado de azucenas.

Como dos cervatillos mellizos (1)

de élla, como púrpura de rey puesta

parecido es tu talle a la gallardía de
la palma, y tus pechos a ]os hermosos
racimos.

Yo digo: Subiré a esta palmera)" recoger«'.- sus frutos. y serán para mí tus
pechos como racimos de uvas, y el
olor de tu boca, como de manzanas,

la ,-oz de tu garganta así deleita como
el más generoso vino ...... "

~lorc¡ué con el (1) y el (2) los versos
semejantes al texto anterior para ha ..
cerios notorios pero con todo y éso,

el poema es de una belleza oriental
digno de Haliz y Firdusi y si Salomón
hubiera escrito tan solo ésto, hubiera
bastado para hacerlo grande y glorioso.

Dice la Biblia que habiendo reinado
cuarenta años, Scheloméh Ben Daúd,
murió y fué enterrado al lado de sus
padres mientras su hijo Roboam to.

maba las riendas de su glorioso Imperio. Su obra solo perdura en la me-

moria de sn pueblo, en lós anales .d e
su raza, pero en el correr de los siglos,
su figura legendaria vivirá en el cora-

zón de los hombres como la de otro
Alejandro.

¡Capitán, mi Capitán!

amor y ele lujuria. El Hey de Israel cae
en los brazos de la clulcc y adorable
soberana pero cua'ndo ésta sabe que
es el gran Salomón, su ambición .desmedida se despierta y propone a Salomón un plan para alcanzar el dominio
del mundo entre ella, y él :r c.•l rey
Hrram de 'fyro.

(HOMENAJE A

Salomón se resiste y linge ceder Y

LINCOLN)

i Oh capilán, mi capitán. el viaje medroso felizmente ha terminado.
Libróse.el barco de la nube oscura y se ha obtenido el galardón ansiado.
Está próximo el puerto: ya se oyen las campanas y el ruido plañidero
de la anhelante multitud que sigue con la vista la marcha del velero.

la reina de Sabá organiza grandes fiestas en su honor y en el de la &lt;liosa
Astarté en cuyo culto inicia a Salomón,

Srhelamch olvida a Yahwé y st' arroja ('11 los brazos de la sensualidad
nbandon:l.nclosl' a la embriaguez y a la
orgia t·tl'rna en que se vive en Sabá.
Entre tanto, en Jcrusalem, su hermano Jothab hace una alianza con el
filisteo rey Omri de Gaza y se une en
matrimonio ron la hija de l•stc, para
apoclcrarsc del trono de su hermano.
'.\randa matar secretamente a Saloml&gt;n
y a Bcnaia pero fracasa. Anohbel que
hasta entonces despreciaba a Salomón
,. a su Dios abandona el culto ele Osi~is y de Amón Rah aconsejada por el
Sac~rdote Sadoch o Zadok y em·ia a
uno de sus hombres puestos a su servicio por su padre Siamón Firaoún o
íaraún de Egipto, a Sab3. en busca deSalmuc"in y de Henaia.
También pide auxilio a su padre el
fara6n quien envía tropas para apoyar
a Salomón su aliado y yerno.
En tanto, Salomón, sorprendido 1&gt;or
el emisario egipcio en medio de una
lujuriosa orgía y en los brazos de Batkis avisa al Rt•y de Judá el peligro que
corrt• su pueblo. Salomón sale de su
ktargo y vueke a su patria prometiéndoll' a Ba1kis regresar pero en el desierto rs sorprendido por el Simún o

esos Jugan•s guarida de leones, de esos
montes morada de leopardos.
Tú heriste mi corazón, oh hermana
mía, esposa amada, heriste mi corazón
ron una sola mirada tuya, con una
trrnza de tu cuello.
¡ Cuan bellos son tus amores, hermana mía, esposa ¡ más agradables son
tus pechos que el vino exquisito; y ]a
fragancia de tus perfumes o vestidos

iCorazón!, icorazón), icorazón mío!
iOh, las gotas de sangre cómo caen
manchando la cubierta donde yerto
mi capitán descansa, frío y muerto!
iMi capitán!, levántate y escucha las campanas monótonas doblando.
Le\'ántate, que izan la bandera y está el clarín tu gloria pregonando.
Por ti hay ramos de flores y coronas; por ti acude la gente a la ribera;
por ti es que clama la ondulante masa que ansiosamente tu llegada

t

espera.

1.

\

•

~

~

'

Coloco capitán, padre querid~,
mi brazo fiel bajo tu cuello yerto.
Parece que es un sueño contemplarte
tendido en la cubierta, frío y muerto .
No me responde el capitán: sus labios quedaron sin color y sin sonido.
Insensible al contacto de mi brazo, ni voluntad le resta ni latido.
El buque ya está anclado, sano y salvo; el viaje temoroso concluído.
La nave vendedora arribó al puerto desempeñando bien su cometido.

iCelebrad,
Y mientras

playas, y sonad, campanas!
tanto, yo, con paso incierto,
camino en la cubierta donde inmóvil
mi capitán reposa , frío y muerto.

tempestad de arena. El rey de Israel
aterroriza,lo, invoca temeroso el nombre de Yahwé a quien ha ofendido gra-

\VALT \VHITMAl'\J

,,emcnte. En el Decúlogo Yahwé exl•
~ia '"Xo tendrús olro dios delante dit,
mi".

(\'ERSIOX DE CESAR ABDAI.LAII PORTALA)
._ (Dibujo de Jorge Range/ Guerra)

Página 5

�Cuando Juan la invitó a pasear, ella -ligada al cielo, a la mente delante de sus ojos. Casi Jo oltarde, a su dicha- había accedido. En su mismo tacto iba sin- vidó culpándolo de. ser en lo real alto
fino, como si provocase impulsos
tiendo aquel gusto por huir las aristas de un alma cuyo filo la yelevados,
tal como si fuese terriblehabía lastimado profundamente, sin entenderlo.
mente inalcanzable.
iba atando -por el vientoLa imagen de Juan -hoy que se aproximaba ya la hora- unaLossonrisa
mutua que se quedó fija
estaba sonriendo desde sus dientes blancos, equívocamente. Fué en sus labios, como un marbete; pro•
un asalto de angustia que paró la alegria de acicalar su cuerpo, longación en él de su saludo y delade preparar su alma, de poner lindamente en el jarrón vacío unas ción en ella de aquella imagen que
flores frescas recién nacidas en el huerto, para dejar su cuarto de gozaba; y, mucho tiempo después, ya
perdidos entre las gentes que transidoncella limpio de sombras, esperando.
taban los sitios que cruzaron, advirtió
¿Por qué la miraba Juan así? ¿por
qué, si ella, al acceder, encontró inocentes la mirada de Juan, la actitud
de su súplica, la holgura de un paseo?
sí ella meditó tantas veces ese desprendimiento de su orgullo -y ahora, cómo lo hubiese conservado- ¿por qué
le perseguía contorsionándose lastimoso, saltando hasta morderla? Había
mantenido hasta entonces su orgullo
con fervor. Con fervor grande. Grande
como la repugnancia que tenia por las
mujeres fáciles que se abandonan a la
más ocasionada solicitación. Mas no
era facilidad en ella ni abandono; y
todas sus maceraciones obedecían a
ser siempre la que se había soñado.
Desnudaba en sí, cuando por su pieza fué y vino en pos de esto, de aquello, de lo otro, muy largos minutos,
todas las situaciones, las palabras-que
tomaba con tiento, colocándolas fuera de su ser, como las ropas que examinaba ahora antes de ponérselasque ocurrieron cuando él la había inviµdo; buscó en todo apresuradamente y no encontró nada: el matiz de una
palabra, el giro de un ademán; buscó
de nuevo, defraudada, con lentitud,
como los niños que en la risa de su
infancia destruyen un juguete hoja por
hoja, parte por parte, para saber cuál
es su corazón. ¿Y entonces cuál era
el corazón de esta zozabra? Juan era
para su pensamiento como la composición de lugar en los ejercicios espirituales: "Verá el ánima un muchacho ... " ¿Por qu~ estaba Juan siempre
ahí? Sólo necesitaba su actitud. Sentía que aquel rostro la turbaba, que su
hermosura no la dejaba recordar, pero sus manos se aproximaban a su
cuerpo para empezar de nuevo la tarea trascendente de averiguar, ya no
las palabras de Juan, sino su propia
intención que la iba a salvar siendo
pura, que por serlo parecia ya sin riesgo lo demás. Cuando un movimiento
cualquiera de su cuerpo o de su espíritu le trajo esa especie de canción
monocorde, la llevó sin cansancio a
uan forma tranquila en el amor de
haberlo hecho todo bien, y, al salir
de su casa, en el camino de la cita,
evidenció su alegria refrescante como
aquel aire nuevo que ahora acariciaba
su nariz.
Traía un vestido claro, propio para
salir al campo o para quedar en el
paseo de un jardín. Amaba el campo.
Gustaba del sol de los jardines. Eran
éstos los lugares que siempr~ escogió
ella: el campo, porque bastándole su
vista no la dejaba. pensar en esa serie
incontenible de cosas pequeñas que
formaban su mundo, que la separaban
de una comunión con lo que la rodeaba; siempre que iba a él no le eran
sus ojos suficientes, que botaban de
sorpresa en sorpresa como de loma en
Joma hasta enloquecer. El jardin -solo y sin ruidos- por que su decoración familiar, harto conocida, le permitía siempre un recogimiento hasta
abrazar más su estrecho mundo y porque, evaporando tantas necesidades
exteriores, quedaba lllcida, apretujada,
mientras derramaban sus cosas interiores todo el jugo de su emoción en
esa secreta alquimia de su ensimismamiento. Ella había de decirle cuando
lo encontrase: "A un jardín o al campo".
-Vamos al campo-, dijo él-. ¿No
te gusta?

Página 6

Quedó sorprendida, pero tuvo en la
boca una sonrisa que fué de complacencia por su adivinación y la respuesta sin frase. Irían allá donde sus
ojos se perdieran. Buscaría la ocasión
de sumergir sus manos y sus pechos
en el agua del aire, hasta nadar. Llenando el ruido de sus cabellos el caracol de sus odios, se imaginaría la
sirena del monte, del mar del monte,
de las aguas del campo, del oleaje del
cielo. Se le perdió la voz y la mirada
en un fresco murmullo de limpieza.
-Cuando te vi a lo lejos, no creí
que eras tú, pensé que de nuevo te
equivocaba. Hace un cuarto de hora
viniendo para acá; entre la gente, en
dirección contraria, iba un muchacho
como tú, igualito. Casi no quise verlo; desee que quedaras en libertad.
Había empezado, con dolor de ella,
aquel alegre desnudamiento. Adelgazó
luego su voz y rauda, ya sin querer
hablar, se olvidó de la oferta contemplando aquel instante -asombro de su

Juan que aún seguía la sonrisa puesta
en sus bocas, movible siempre, siempre distinta de si misma y siempre
igual.
¿Qué gusto artero la empujaba? Porque comenzó entonces a hablar ocultándose en medio de aquelÍa exhibición absurda de sonidos como si la interminable permanecía de su sonrisa
le llenase la boca de palabras, y se puso a contar lo que había visto en la
calle, en su casa, a reírse de todo, a
comentar todo también.
Desasosegaba a Juan aquella avenida de frases, pero quedó mirándola
desde aque1Ia ventana de su rostro moreno, fija su boca en el reposo que
esperaba, viéndola con deseo como a
una flor que de buena gana cortara,
pero cuya belleza nos pide, por su sola
presencia, que dejemos su vida -para
seguir el curso de la naturaleza en oh~
sequio de nuestro encant0- y nuestra
complacencia aCcede, y quedamos felices. Hasta movió una mano satisfecho
y sonrió más. Comprendió ella la equi-

lFllClHIA
UIN CUIIENlíO lDIE
Alfonso Gutiérrez Herrnosillo
encuentro- que la obligó a no mirarlo
con franqueza al encontrarlo porque
se extrañó de que no fuese como ella
le esperaba: más grueso, menos alto,
con una sonrisa diferene que, acaso,
fuera la misma sonrisa que la conturbó. Todas las ideas que se había formado de él en el camino sobre todo
luego de · haber encontrado aquel muchacho que se parecía tanto a Juanestaban más concordes con ella que su
realidad. Y a pesar suyo entonces,
fué imponiéndose un aire enrarecido
que la ahogaba. Cortó su ademan el
cristal de una sonrisa sonora y sana,
y una segura voz:
- ¡Es posible que no me conozcas!
Seria mejor sentir, como a la salida
de su casa, el aire fresco. Sería mejor
no pensar más; pero acatando el gusto que le ocasionaba el aire -de la calle, la espumante caída del vestido que
golpeaba sus muslos, el transitar ruidoso de la gente, se esforzó a no tener
de ella misma otro sentido que aquel
físico empuje de su cuerpo, a cambio
del desintegramiento de su intimidad
que, dañoso, se acentuaba en si misma por momentos, al percibir su oído
el taconeo de su calzado o alguna cinta volante del vestido le golpeaba las
manos. Y entonces, la imagen que ella
traía de Juan, tau distinta de ese otro
que iba cerca de su mano, le respondia mucho mejor y, más a su alcance
--como si fuese más humana- menos
dificil de guardar, la exponia limpia-

voca actitud de su alegria y concluyó
defendiéndose:
-Porque a veces me gusta hablar
sin decir nada, como si lo único importante fuera mi ,,oz que busca el filo del aire y hallar asi la espada más
aguda de Ja sensación que todos amamos.
-Piensas tú mucho en esas cosas-,
dijo Juan lentamente-. Te importan
demasiad() esas formas minúsculas y
egoístas del placer y descuidas los
grandes vientos, las merejadas de una
pasión. ¿ Cómo, entonces, gustas de]
campo? ¿qué somos en el campo? Lle•
ga uno a él y al comenzar su gozo
- la vista del paisaje lejano, el cielo
limpio o }as nubes- notamos que él
se apodera de nosotros, que luego ya
no somos nada, y quedamos disueltos.
El más hermoso cielo de la ciudad no
nos roba; es como si el ruido de las
calles o los alambres de los teléfonos
nos retuviesen generosos. En el campo,
deio de ser yo mismo.
Ella volvió el rostro a mirarlo. Juan
continuó:
- Por eso vengo, hoy, contigo. Tú
vas a retenerme. Serás el ruido de la
calle, la más hermosa casa que impida mi pérdida. Desde tus ventanas voy
a verlo. i\le sera suficiente, de pronto,
la pared blanca para recuperarme, en
un instante, solo.
En aquel sitio, dorado por la tarde,
el musgo se alargaba.
- ¿Dónde quieres sentarte?

Quedó muda a la vista del campo,
temerosa de zozobrar en él. Buscaba
un apoyo que la salvase como si las
palabras de Juan, hasta entonces, le
revelaran un peligro espantoso. Veía
los itrboles, las franjas verdes y abiertas de la gleba alegre de su parto; las
randas ya dispersas de las nubes; la
atmósfera que inundaba los rincones
de la vida; sus manos que se alzaron
para abrazar todo el mar de la tierra,
del cielo y de los horizontes. Y quedó
entonces sobrecogida y gozosa porque
eran las cosas quienes venían acercándose hasta ella en espíritu a musitarle
y no ella quien iba, desbocada, hacia
las cosas. Mas no comprendía sus voces, y el estremecimiento que le puso
en su cuerpo el golpe repentino y vivaz de las aguas del aire, fué como
una corola perdida y pequeñísima, sola de pronto y sin nociones, adolorida
de no pensar lo que bailaba, de no poseerlo con integridad, de no desentrañar ninguna de las mil cosas ocultas
que palpitaban fuera, ondulantes y vi
vas, graciosas como ella misma, hasta
que al fin se halló ante los ojos alejados de Juan, quien preguntando alguna cosa a que el1a no respondió -suspensa como estaba en la contemplación de la riqueza externa, de su interna pobreza, con un sentido exacto
y arrollador de su tormento- babia
quedado mirándola.
-¿Qué dices?... Vámonos ...
El Comenz&amp; a reir. La veía azorada
y pensó que tenia miedo. Pero no hizo
m:ls y ayudándola a alzarse de la hierba quedaron los dos en pie, viéndose
el rostro, mudos.
-Está bien. Yo te invité a pasear
porque ... Donde tú estés a gusto.
Todavía quedaron penosamente viendo al campo un momento, aupados en
el alto pretil. Luego le tomó el codo
de su brazo para que tuviese un apoyo y escapase así de manchar su calzado en el lodo que estaba a un paso
de ellos: y comenzó ~ hablar con la
indiferencia del que se encuentra bien
en todas partes.
Decía lo que pensaba y una correspondencia igual se mantuvo siempre
en aquel juego difícil colocando sus
frases en el lugar donde se babia dormido el pensamiento. Ella tomaba el
brazo de su amigo para apoyarse con
firmeza. Y un largo rato se fueron
conversando.
En cualquier pausa él alcanzaba al
vuelo el hilo de su idea m:ls sutil y lo
engarzaba en frases para que luego
llegaran las demás. En una mano el
gorro de su amiga, a veces lo acari~
ciaba. Sentía ella turbación y alegria
hasta que una congoja inexplicable la
fundió, por que un deseo indecible
que hasta hoy sólo la iba asediando,
comenzó a ponetrarla por todos sus
poros hasta irradiarla más allá, a un
lugar espeso y desconocido cuyo viento la empujaba de nuevo a Juan que,
habiéndola besado suavemente -tenia
el escozor sobre los labios-, le eantaba una suave canción. Se enredaba a
su cuello y a sus manos, la cubría como un nuevo vestido y la desnudaba
de pronto y la poseía. Bajaba ella su
cabello para cubrirse, pero sólo alcanzaba hasta su cuello. Seguía 1a canción
larga y dulce: era la voz de él, imperturbable, que en ese momento la robaba. Y cerrando los ojos al andar,
echaba atrás un poco la cabeza y dilataba su nariz como si una palabra, un
gesto de su amigo, descorriendo una
cortina, le mostrasen un mundo. Primero una canción, después un mundo
y el giro de ese mundo y 1a órbita de
todos los mundos imaginables, rojos e
hin:ientcs. Primero una canción, después un mundo en el que estuvo por
morir. Aquel grito de su carne le abría
uan oquedad dentro del pecho y se
llenaba de pronto -inmaterialmentecomo si se le hubiese abierto para sólo
eso en aquel sortilegio de amor que,

por fuera, le sacudía ligeramente como un abanicó de gracias.
Ella, en ]as manos de su sueño, era
como nna tela desgarrada; era igual
que de plata, llena de ondulaciones y
reflejos, larga a todos los aires de su
vida. Y ella misma se apoderaba de
una punta, con afán delicioso, a.trayéndola, y en cuanto lo lograba envol- ALFONSO REYES: Obras Completas,
Tomo 11'. Fondo de Cultura Econóviase estrecha, en el deseo de una pomica. México, 1957.
sesión.
Soplaba el aire del campo, y al atraer
a su oído las palabras de Juan, medio
A partir de 1955, el Fondo de Culapagadas en la soledad que encendía
tura
Económica ha venido publicando
la Jinterna mágica de sus voces, colas
Obras Completas de Alfonso Reyes.
menzó a imaginarlo todo cada vez más
lejano. Y no volvió la cara hacia él, Han aparecido, hasta la fecha, los cuacomo ducfia de algo de que no qncria tro primeros volúmenes. En ellos, Rehablar. 'Miraba hada fuera, con los yes recoge los teXtos de sus primeras
ojos, cerrados, todo obscuro; veía ha- ~pocas, tanto mexicana como extrancia 1kntro todo lleno de luz. Un pun- jeras - España, Francia- . Desde sus
to verde, uno 'rojo, una eflorescencia, )Jrimeras obras, este escritor mexicauna raya, se dibujó en el ámbito, tré- no poseia el dón del estilo, la nécesamula, 1a CLlr\' 3 que su mano iba a se- ria claridad mental, la vasta y viva
guir a intentar una caricia por las pla- cultura que siempre lo han caracterinicies encantadas de uu rostro -raro zado. Estos tomos muestran las distinrostro ele JUan y entonces sus ojos se tas preocupaciones de H.eyes: la ficderramaron mús hondamente de la tie- ción - véase El plano oblicuo, libro
rra a su alma. i\o importaba entonces innovador en su momento- , la poesía
cuúl era el ritmo de su pasó ni el fal- - Valery Larbaud considera Visión de
so apoyo de su cuerpo; y en la clari• .\náhuac como "un verdadero poema
nacional mexieano"- , el ensayo - El
dad todavía serena de la tarde, siguieca:ador,
El suicida-, la crónica -que
ron por el camino del paseo, apretanalcanza
óptimos
momentos en Las vísdo ella el nudo de su regocijo cuando
peras
de
Espwia. Si Reyes practica
a él se Je iba de las sllyas aquella misteriosa razón que le había confesado: todos los géneros, ]os temas que trata
-- Porque a veces me gusta hablar tienen, asimismo, Wéntica amplitud:
lo mismo esiudia a un poeta mexicano
sin decir nada, como si Jo único im•
"Los Poemas rústicos de manuel Joportante fuera mi voz - ¿qué era aquí
sC
Othón"-, que a un escritor español;
la voz sino el silencio?- que busca el
igualmente
se interesa por la filología
filo del aire y hallar así la espada más
que
por
la
filosofía; junto a "retratos
aguda de la ·sensación que todos amareales'' crea "retratos irhaginarios"; lo
mos.
Huía, huía aquella razón de su con- . mismo se refiere a la cultura francesa
cirncia torpe, entre las parvadas jubi- que a la inglesa, que a Ja de otros paíJosas, llenas de blancura que fingian ses; si en momentos es erudita, en
otros es divUlgador; la seriedad la alsus palabras.
Su camino era lento, mas nada lds
urgía apresurarse. Porque Juan, alumbrado de ternura, se inclinaba un poquito hacia ella y al \'Cr el filo pequcfi.o de la nariz y la sonrisp. abandonada que enrojecía los labios de su ami.
ga, se sentía agradecido. Ni siquiera
pensú en urgir una palabra y preíirió
hablar frliz hasta desenvolverse como
un carrete que ha esperado su hora.
~ ... aún es temprano.- Dijo .
Ella volvió los ojos en un despertar
rilpido, lleno de espanto.
Y recorrió mecánicamente con la
vista todo el cuerpo úgil ~· delgado de
su compa1i.ero, temblando enojada de
sentirlo tan próximo. Quiso ir a un
sitio lejano, estremecida. No supo hablar, y a su oído llegaba, la voz y ceo
qne su sombra en la sombra repetía,
aquella palabra: "Aún es temprano",
a cada instante, con una claridad que
jugaba barajas con las hojas, y que ]a
puso de nuevo en el sillón del tiempo,
la apo)·ó en los cojines del espacio como una paralítica a quien por caridacl
se reintegra al sitio que ocupaba en C'I
goce de su salud. Quedó deshecha. Ni
siquiera notó que su mano apoyada en
el brazo de Juan estaba ahora en la
misma mano de él. Le pareció que al•
terna con la risa y la sonrisa; el cosa•
go la iba desnudando a los ojos del
yo encuentra su contrapartida en la dimundo y quedaba al viento, sola y envagación. He aquí el sumario de los
ferma ,lcstimera de ayes perdidos, con
cuatro primeros volúmenes:
Ja vergüenza entre las manos, hecha
en el aire un mundo de dolor, c9nver•
tída a los ojos de todos, al tacto de
Tomo I: Cuestiones estéticas, Capitulas
su miedo, en el revés de su honrada
de literatura me.riccwa y l'aria.
aparienci:.l, en tanto que el cielo, como una banderola, flotaba y le expo- Tomo 11: Visi6n de A111íhunc (1519),
nia cruelmente su deseo.
Las vísperas de Espaiia y Calenda~o supo como había separado de si
rio.
tanto aquella proximidad perturbadora de su amigo - mantenido en ella co- Tomo IIT. El plano oblicuo, El co=odor,
mo una m~moria lejana que lo apro•
El suicido, Aq11el/os días u Retratos
ximaba a él al mismo tiempo, con la
reales e imagimzrios.
faz de un deseo, de una irrealidad.
Una tácita repulsión, un miedo exácto Tomo l\': Simpatías u diferencias (prila alejaron de Juan, la hundieron de
mera, segunda y tercera series), Los
temor y así, apenas dijo:
dos caminos, Reloj de sol y Páginas
adicionales.
-Vamos más aprisa.

L I BRO S

I'
j

4

1

L

•

•

ALAS CASAS EDITORIALES YA
LOS SEÑORES DISTRIBUIDORES
YLIBREROS DEL CONTINENTE
La Universidad de Nuevo León ha
mantenido desde su fundación un vas~
to plan editorial que desarrolla al través de publicaciones cuya circulación
comprende a todas las Instituciones
oficiales, universitarias, académicas,
ateneistas, centros culturales, sociedades de diversa índole y personas, en
América y Europa.

JOHAl\l\ES BOHLER: Vfr/a y cultura
en la Edad Media (2~ ed.) 286 pp.+
16 láminas. Fondo ele cultura Económica. ~iféxico, 1956.

Vida y cullul'a en la Edad Media es
un libro que responde plenamente a

Entre el cuerpo de ediciones que
aquí se imprimen figura nuestro mensuario ·'AHMAS Y LETRAS", que recientemente ha establecido una sección -LIBROS-, en la que figuran
comentadas las obras últimamente aparecidas en las prensas americanas.

Dada la extensa órbita de circulación del Boletín arriba mencionado, y
en interés de ofrecer al lector ameri•
cano una juiciosa información del fon~
do y continente de la obra, cotejada
a la luz de un criterio ecuánime y a
tono con la moderna interpretación
del pensamiento cientifico, literario o
artístico, "ARMAS Y LETRAS" se COJII·
place en invitar a ustedes a coadyuvar
con este propósito de orden cultural
que anima a la Universidad de Nuevo
León, solicitándoles el envio de cada
una de las ediciones nacidas en sus
prestigiosas prensas, las cuales serán
objeto de nuestros comentarios, en la
l;n relato que no se pierde en el . medida que vayan llegando a nuestras
cuento ni se enreda en fechas, sino que manos.
utiJiza la anécdota por su valor ejemLos envíos deben hacerse a:
plar · y que señala los períodos como
otras tantas tónicas de la vida medie"ARMAS Y LETRAS",
Yal, acerc{mdonos nl hombre de esa
Universidad de Nuevo León,
edad, a sus ideas, a sus esperanzas, a
sus temores, a sus luces y a su barbaPlaza del Colegio Civil,
rie, como se dan, inevitablemente, en
Monterr~y, Nuevo León,
todo hombre histórico, y no en el Hbuen
México.
salvaje" ni en el "hombre emancipado". Pero tampoco se reduce, en este
su empello ,·iyo, n una psicomaquia de
"concrpcioncs del mundo" y de "acti~
tucles", aunque les de toda 1a importancia qm• merecen. Ya Ja introducción, 'sobre los tres fundamentos", nos
instruye acerca de la perspicacia de
Bühlcr para sortear los peligros que
una palabra tan solemne - fundamento- trae consigo. En Jo que respecta
al "fundamento germano" nos pone en
Ürgano Mensual de la Universidad
guanlüt contra una "germanidad" con.
cebida como entelequia que se desade Nuevo León
rrolla desde dentro, cuando acaso lo
qul' mejor caracteriza a los germanos
RC'gistrado mino arlículo de 2a. Clase en la
C'S sn poder asimílador, asi como tamAdmón. de Correos &lt;le Monterrey, N. L., el
bjén nos ponr sobre la mesa de estudio la mica sali.'i con que hemos de
20 de Ab,,I de 194-l.
condimentar relatos de César y de Tácito que. adcmús de la que le corresINDICADOR,
ponde, llevan la ·autoridad pegadiza de
la secular y clúsica 'letra escrita".
Colaboradores

su título, porque no es una historia
c11lf11l'al de esas a que nos han acoslumbrado- seguidores más o menos
afortunados del gran Burckhardt. Más
que de una excursión, se trata de una
incursión, apasionada y respetuosa a
la ycz, por los tirmpos medievales que
rl panfletismo político había simplificado demasiado con su manejo abusi,·o cid claroscuro. Una incursión que,
al final de ]a jornada, nos trae el relato fiel ele lo que el autor ha visto como un capítulo vivo de la gran biografía del hombre.

rmasy

~!RA

La misma circunspección podemos
encontrar en esos periodos de senectu:;, inventus y vfrtus con que encuadra, en términos no propiamente biológicos, las etapas históricas de la vida medieval. Y, todavía, al hablar de
la vida económica en concepto de "infraestructura", precisa los puntos y
comas c¡uc hacen humanamente admisible esta metáfora. El estudio de los
estanl('ntos medievales resulta realza•
do, sin falsiíicación, por la pasión
contemporánea que nuestra "lucha de
clases" imbuye al historiador que vive entre nosotros. El pasado cobra su
propia contemporaneidaa gracias a la
contemporaneidad nuestra, humanamente sentida y comprendida, es decir, sin prejuicios pero hondamente.
El libro, con todos estos antecedentes,
resulta de una lectura apasionada y,
al mismo tiempo, instructiva en el sentido pleno del vocablo.

l lugo Padilla
fidencio de

la Fuente

Gcnaro Salinas Quiroga
Arturo Cantú S.

Homero

A Garza

Alfonso Rangcl Guerra
Guillermo Cerda G.
Jorge

Rangel Guerra

l\'lanuef Morales
Oibujoll de Jorge Rangd Guerra
Dire&lt;;lor

Le. Fidcncio de la Fuente
Oficinas
Washington y Colegio Civil

Monterrey, Nuevo León

MEXICO

Págip.a 7

�ENTREGA INMEDIATA
Vine a Lerdo.
Estoy bajo un granado florecido
que turgente, palpita como si el sol
le hubiera prendido llamas de alcohol en cada rama.
Sobre los peroles, dormitan
en sopor enervante los insectos,
y el bermellón de los ciruelos
en un rincón dulce construye su miel.
Hay veces en que amo el sitio en que nací,
sólo porque la luz del verano se anticipa
oliendo a madurez todos los años.
En realidad vine a leer, a reposar,
a huir de los brutales maretazos
en que mi corazón se rompe contra los recuerdos,
pero he terminado como siempre:
astillándome al querer penetrar, escalando tinieblas,
el corazón de las cosas.
Doblándome cargada de una ardiente exhalación
en que empujo palabras y palabras al papel.
¡Oh enardecida seguedad lamia!,
pronto seré un piélago sombrío
cuando el radiante toque del angel
desmiembre mis sentidos,
y un zarpazo final me emplomize la luz.
¿Qué te diré, Dios mio, en esa hora
si no tuve obediencia ni reposo,
si no he hecho mas que esculcar ilícitamente cuanto veo,
y arrancarme los ojos para vaciarme el mar?

en cambio si te pido: quémame.
Sí, quémame la boca con la lumbre más santa,
rásgame de improviso la entraña adormecida
y deshazme en tus limos níveos
para entregarte algo, Señor,
un grito como un monte azul desflorado hacia el viento
donde los niños bajen a beber
la niebla luminosa de una tierna leyenda,
y los hombres asciendan en espiral de llanto
hasta tus plantas.
Mientras te hablaba, el sesteo pasó.
¡Qué despertar, que borbotear de vida!
El parral como lámpara verde espejea
remejando sus racimos, y le conversa al aire.
La lumbre del granado, aspira los sollozos
del papel en que escribo.
El cristal translúcido de las alas
en los insectos que revolotean, tiembla,
y el humo plateado que recubre los higuerales, centellea.
Es la hora Señor,
están mis ojos asomados, sin tiempo,
y tengo el alma de hogueras apretada.

ENRIQUETA OCHOA.

. II.
Cuando la hora llegue,
tu entrarás a la herida de mi vientre obstinado,
y se te encogerá el semblante ante la cova lóbrega
donde nunca brotó ni una brizna de hierva.
Iras hacia mis manos, encabritados puños,
que jamás descendieron como luz deslumbrante
hacia la tierra.
Entreabrirás mis labios, y un zumo de concentrado acerbo,
bramara, desgarrando.
Y tus ojos, racimos de dulzura,
se mojarán mientras mi corazón se rompa;
porque lo que te entrego no es el fruto
de la semilla que aventaste a mi pecho,
sino el producto de un miedo bronco e irrefrenable
hacia el diario trajín.
¡Soy tan frágil Señor, tan frágil,
que se tensan mis nervios al toque
de una luz que varía,
y me vuelvo sonámbula, o fiera enardecida ..•

• 111 ¡Si yo tuviera un hijo, •.. Dios mio, un hijo
con su vida pendiendo de mis manos,
¿no te defraudaría?
Y si me tomara dádiva,
¿cuántos alucinantes vacíos derramaría sin tino?
No, no puedo, es un terror extraño,
Página 8

(Dibujo de Jorge Rangel Guerra)

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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>BOLETIN MENSUAL DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON
Registrado como artículo de 2a. clase en la Administración de Correos de Monterrey, N. L., el 20 de Abril de 1944,

D.A.S.U.

No. 10

Año XIV

Octubre de 1957

+
Por Emile HENRIOT
de la Academia Francesa.
Esta entrega de ARMAS Y LETRAS se realizó en
colaboración con la Alianza Francesa de Monterrey.

S UN gran honor que los académicos de Estocolmo hacen
a nuestro país, en estos momentos debilitado, discutido,
criticado, admirado y querido a pesar de todo, atribuyendo
el Premio Nobel a Albert Camus. Es uno de los hombres cuyo
pensamiento y talento honran a Francia, y es bueno que este tí•
tulo le sea reconocido con tal esplendor en el extranjero. Las
altas cualidades literarias de su obra le han hecho merecer sin
discusión, con cinco o seis libros importantes, el lugar que ocupa
de primer rango entre nuestros escritores, y de El Mito de Sísifo
a La Peste, La Caída, al Hombre rebelde, sus escritos nos han
dado bastantes oportunidades de manifestar la afectuosa admiración que tenemos para este artista sobrio y puro, para no tener
que volver, en este día feliz, al vigor, a la precisión y a la conci•
sión de su estilo, cuyas virtudes hicieron evidentemente apreciar
más allá de nuestras fronteras a este buen escritor de nuestro
país. Pero no ponemos en duda que es sobre todo por su men•
saje espiritual y la intransigente firmeza de este director de con•
ciencia pública que ha sido calificado y por fin escogido entre
muchos.

E

Es en efecto el moralista que los jueces suecos escogieron
para proponerlo en ejemplo, a través de su halagüeña recompensa. El moralista, en Camus, es representativo de una manera
de pensar moderna que no existía más que virtualmente antes
de la guerra, y que las confusiones que la siguieron demostraron
como nueva y necesaria. Al mismo tiempo es de la gran raza de
los moralistas de nuestra tradición, siempre aptos para pensar
en nuevos términos la moral eterna, cuando la moral del día se
ha desmoronado y descompuesto, o solamente cuando se ha hecho ineficaz frente a nuevas constataciones de una realidad mo•
dificada. En medio del desastre, de la destrucción y de la revo•
lución universal de los años 40, en los cuales nuestro mundo
cambió voleus nolens, y la discusión que esos cambios provocaron, Albert Camus, desconocido el día antes y revelado en 1942
por su primer libro El Extranjeto, fue uno de los primeros testigos de la crisis moral que, a través de las vicisitudes, las aberra•
dones y las crueldades de la guerra, afectó al hombre despavorido por el mundo incomprensible y absurdo en el cual sobrevivia, después de derrumbados los principios, las creencias v las
certidumbres que hasta allí le sostenían.
·

•

-~

.

'.

Albert Camus.

sin maldad como era llevado al cadalso sin posibilidad de explicar su acto, extranjero a toda cosa y a sí mismo en el uníverso
inexplicable. Esta novela de la negación y de la desesperación
hubiera sido sencillamente atroz si, en la misma fecha, Albert
El escándalo fue grande en los espíritus, en 1942 frente a Camus no hubiera mostrado, en El Mito de Sísifo, al hombre ca•
la tesis del Extranjero, donde se contaba la historia de un mise- paz de volver a inventar una moral, considerando la nobleza del
rable abandonado, sin fe, sin ley, sin obediencia, sin razón inte, esfuerzo humano considerada en sí, y sin otro fin que él mismo
ligible de actuar, ignorante del mal y del bien, llevado al crimen y la estóica aceptación de este valor impuesto y voluntariamente
aceptado; el destino es cosa de hombres que arreglar entre hom* Este
articulo se publicó en la Selección semanal del periódico francés " Le Monde" del 17/ 23
de octubre de 1957.
bres. La Peste debía añadir a esta concepción existencialista del

�\
l. Como artista, ha elegido usted el
papel de testigo?

esfuerzo humano del solitario solidario una significación de va•
lor, designándole un objeto: el servicio del hombre. ¿Es necesa•
rio recordar la anécdota de este libro ahora famoso? A través
de la peste que devastaba una ciudad, era exaltado el sacrificio
de algunos trabajando por contener y dominar la plaga. Esta
peste era simbólica: podía representar la guerra en la cual todos
estaban inexorablemente colocados, la sevicia de la ocupación,
no se sabe cual desastre futuro contra el cual debía generosa•
mente emplearse la magnanimidad puramente terrestre de los
mejores. Así, después de haber alcanzado a los estóicos de la An•
tigüedad, Camus volvía a encontrar ese amor fraternal de los
hombres, que el cristianismo llama caridad; y él mismo, frente
al ejercicio de esta virtud separada de todo fundamento meta•
físico, planteaba el emocionante problema de saber si, limitada
al mundo cerrado de los hombres, podía haber una santidad -sin
la esperanza de una recompensa, una bondad laica sin Dios.
Albert Camus que no quiere ser más que un hombre y que
no conoce más que la tierra, fue, sin concesión, hasta el fin de
su agnosticismo. Ninguna esperanza sobrenatural le ilumina o
sostiene. Pero sus preocupaciones elevadas sobre el tema del
bien y del mal son de un espíritu religioso, sin religión, que no
ha sido tocado por la gracia. ¿Lo será un día? Puede ser que lo
veamos un día, sin ruido, sin ostentación, entrar desesperadamente en un convento o encerrarse en una trapa. No estará alli
apaciguado: será siempre el Camus intransigente y atormentado
que oímos protestar sin un grito en sus libros contra la desdicha
inmerecida de todos los hombres.

Se necesitarla mucha presunción

o una vocación de la cual carezco.
Personalmente no solicito papel al-

guno y sólo poseo una vocación verdadera. Como hombre, advierto que
me inclino a la felicidad; como artista, creo que puedo aún otorgar
vida a los personajes sin el auxilio
de tribunales y de guerras. Pero
han venido a buscarme de la misma manera que a todos. Los artistiranias actuales se han perfeccionado: ya no admiten ni silencio nt

neutralidad. Es preciso decidirse,
estar en pro o en contra. En este
caso, estoy en contra.
Pero esto no significa elegir el
cómodo papel de testigo. Consiste
sólo en aceptar el tiempo tal cual
es; es decir: cumplir con el propio
oficio. Además, olvidan ustedes que
los jueves, los acusados y los testigos son permutados hoy con una
rapidez ejemplar. Mi elección, si se
cree que he optado por una, serla
al menos la de no estar jamás por
encima de la categorla de juez, ni
por debajo, como demasiados de
nuestros filósofos. Fuera de esto, y
en lo relativo, no faltan las ocasiones de actuar. La primera y más
fecunda de todas es hoy el sindicalismo.

"Es uno de los hombres cuyo pensamiento y talento honran a Francia".

11. El quijotismo que se censura en
sus obras recientes no es una
definición Idealista y romántica
del papel del artista?

rea or y reac1on

Emile HENRIOT
de la Academia Francesa.
(Traducción de Serge P. Darmon, Director de la
Alianza Francesa de Monterrey, por autorización
especial del periódico "LE MONDE").

Página 2

Por Albert CAMUS

tas del pasado podlan, al menos,
guardar silencio ante la tlrania. Las

Digo: protestar sin un grito, pues este moralista -y he aqui
su fuerza- está por costumbre, en su absolutismo, entre los más
1 ,
tranquilos. Pero no está siempre sin sarcasmo, y en su noble
ascención de libro en libro, desde El Extranjero, le habremos vis•
to una sola vez perder un peldaño de la escalera en su penúltima
obra, titulada precisamente La Caída, obra en la cual un aumento del pesimismo, a propósito de un canalla, le hace ciegamente
incriminar de la misma culpabilidad a todos los hombres; como
si ese ateo hiciera suya también la creencia en el pecado original
7 de Noviembre de 1913: Albert Camus nace en :\Iendovi
del cual nadie pudiera estar indemne. Es el único lugar de su (Departamento de Constantina) Argelia, donde se había esobra en la cual está permitido no seguirle. A muchos de sus ad- tablecido su familia de obreros agrícolas. Su padre. francés,
miradores les gustan más sus iras que sus risas burlonas.
murió durante la Primera Guerra Mundial; su madre era de
ascendencia española.
Es también porque el libro más bello de Camus nos parece
1918-1923: estudios primarios en la escuela de un barrio
El Hombre Rebelde, donde se atrevió a mostrarse el más audaz; J)opular de Argel.
el más libre, desarrollando ese tema espinoso de que, si el dere•
1923-1930: estudios secundarios en el Liceo de .Argel (Becho absoluto del hombre está en su rebeldía, tiene derecho en cado). Al mismo tiempo se dedica a los deportes.
primer lugar de rebelarse contra la misma rebeldía cuando ésta,
1930: primeras manifestaciones de la tuberculosis.
después de haber abatido todas las tiranías, se hace tiranía a su
Para ganarse la vida, Camus será sucesivamente: mq:ávez. Prometeo, despuis de vencer a Zeus para el bien de los hom• nico, meteorólogo, empleado de un corredor marítimo, y en
bres acabó por apropiarse del poder celeste para obligar por fuer- las oficinas del Gobierno.
za a la humanidad a su felicidad. Y no hay felicidad forzada,
1935: gran pasión por el teatro: crea el "Teatro del Traporque no hay tiranía benéfica. Esta idea profunda de Albert bajo" (luego "L'Equipe"). y participa en la redacción de
Camus, perfectamente lógica consigo mismo, no recibió la adhe- piezas prohibidas de inmediato, como La rebelión de Astusión -al contrario- de aquellos para quienes la felicidad co• rias que relata la rebelión de los mineros de Oviedo . .Adapta
lectiva, hasta acompañada por satélites, no puede ser asegurada
(Pasa a la página 4)
más que por el despotismo de un partido. No está prohibido
creer que esta posición defensiva de lo individual contribuyó
mucho a la elección de los jueces de Estocolmo, a quienes tam•
poco les gusta la violencia.
En el momento en el cual Albert Camus es el objeto de esa
ruidosa consagración parece oportuno recordar un hecho que le
hace honor y que explica su retiro fuera del campo de batalla de
las ideas, en el que había desempeñado vigorosamente su papel
hasta entonces, a la cabeza del periódico "Combat", en el perio•
dismo de opinión. Convencido de que cualquier acción política, ··
por su totalitarismo, desemboca hoy en el asesinato, y de que
ninguna ideología nos da el derecho de matar, ni consentimiento tácito, saliendo del debate, Camus especificó honradamente
la razón de su actitud, en su rechazo de matar al adversario, ha•
ciendo así inutil una discusión que no podía terminarse más
que por la muerte de uno de los opinantes. A pesar de que ya
no hablaba más que solo, por el libro y fuera de las exageracio•
nes de la polémica, la lección de este hombre honrado ha sido
oída. Es bueno que sea el extranjero el que nos la devuelva, tan '
fuertemente puesta en relieve, para hacemos admitir a nosotros
mismos que Francia merece siempre ser escuchada, cuando pone
de acuerdo el corazón y la razón, como el autor del Mito de
Sísifo.

IEIL IESCIR.1171 O IR.

+

Las palabras se pervierten en vano; conservan provisionalmente su
sentido. Me resulta claro que es romántico quien elige el movimiento
perpetuo de la historia, la grandiosa epopeya y el anuncio de un acontecimiento milagroso al final de los
tiempos. Si algo he intentado definir, ha sido sólo, por el contrario,
la existencia común de la historia
y del hombre, la vida de todos los
dias que debe edificarse con la mayor cantidad, posible de la luz, la
lucha obstinada contra la propia
degradación y contra la degradación ajena.
También es idealismo, y de la
peor clase, terminar por someter
toda acción y toda verdad a un sentido de la historia que no está inscrito en los acontecimientos y que
supone de cualquier manera un fin
mítico. Seria realismo, pues, tomar
el porvenir como ley de la historia,
es decir, justamente aquello que no
es historia todavía y que ignoramos
qué será.
Me parece, por el contrario, que
yo lucho por un verdadero realismo
contra una mitologia a la vez ilógica y asesina, y contrl} el nihilismo
romántico, sea burgués o supuestamente revolucionario. Para decirlo
todo, lejos de ser romántico, creo en
la necesidad de una regla y de un
orden. Sencillamente, afirmo que
no puede tratarse de cualquier regla y que sería sorprendente que la
regla que necesitamos nos la proporcionara esta sociedad descompuesta o que, al contrario, nos
la proporcionaran esos doctrinarios
que se declaran liberados de toda
regla y de todo escrúpulo.

l

III. Los marxistas y quienes los siguen se consideran también humanistas. Pero para ellos la naturaleza humana se constituirá
en la sociedad sin clases del
porvenir.

Esto prueba, en primer lugar, que
ellos rechazan desde ahora lo que
'- Encuesta pubHcada en 1a Revista Mexicana
de Literatura, No. 7, Septiembre de 1956.

todos somos. Esos humanistas son
acusadores del hombre. ¿Quién se
asombrarla de que una presunción
semejante haya podido desviar los
procesos del universo? Rechazan al
hombre que es en nombre del que
será. Esta presunción es de naturaleza religiosa. Por qué estaría más
justificada que la que anuncia el
reino de los cielos en lo porvenir?
El fin de la historia no puede tener
realmente ningún sentido definible
dentro de los límites de nuestra
condición. Sólo puede ser el objeto
de una fe y de un nuevo engaño.
Engaño no menor hoy que aquel
que antiguamente fundaba la opresión colonialista sobre la necesidad
de salvar las almas de los infieles.
IV. No es esto lo que en realidad Jo
separa de los intelectuales de
izquierda?

Quieren preguntarme ustedes si
esto es lo que separa de la izquierda a los intelectuales? Tradicionalmente la izquierda ha estado siempre en lucha contra la injusticia, el
oscurantismo y la opresión. Ha pensado siempre que tales fenómenos
se encontraban en relación de interdependencia. La Idea de que el
oscurantismo pueda conducir a la

justicia y la razón de Estado a la
libertad es por completo reciente.
La verdad consiste en que ciertos
intelectuales de izquierda -no todos, felizmente- se encuentran
hoy fascinados por la fuerza y la
eficacia como lo estuvieron nuestros intelectuales de derecha antes
de la guerra y durante ella. Sus actitudes son diferentes, pero la dimisión es la misma. Los primeros
quisieron ser nacionalistas realistas
los segundos quieren ser socialistas
realistas. Por fin, traicionan igualmente al nacionalismo y al socialismo en nombre de un realismo desprovisto de contenido de ahora en
adelante y que ha sido adorado como una pura e ilusoria técnica de
eficacia.
Es una tentación que, después de
todo, puede comprenderse. Pero,
por vueltas que se den al asunto,
la nueva posición de esas gentes
que se consideran o se creen de
izquierda consiste en decir: hay
opresiones j ustific_ables porque están de acuerdo con el sentido injustificable de la historia. Habría,
pues, verdugos privilegiados; privilegiados sin razón. Es en cierto modo lo que, en otro contexto, decia
Joseph de Ma!stre, a quien jamás
se tuvo por un incendiario. Pero se

trata de una tesis que personalmente siempre rechazará. Permitaseme que le oponga el punto de vista
tradicional de lo que hasta aqui se
ha denominado la izquierda: todos
los verdugos pertenecen a Ja misma
familia.
V. Qué puede hacer el artista en el
mundo actual?

No se le pide ni que escriba acerca de las cooperativas ni que, inversamente, adormezca en si mismo
lo que otros sufrieron a través de
la historia. Y, puesto que me han
pedido que hable por mi cuenta,
voy a hacer lo con toda la sencillez
de que soy capaz. En cuanto artistas, quizá no necesitamos intervenir en los asuntos del siglo. Pero
si en cuanto hombres. El minero
explotado y fusilado, los esclavos de
los campamentos y los de las colonias, las legiones de perseguidos que
cubren el mundo son quienes necesitan que cuantos puedan hablar
rompan el silencio y no los abandonen. Por mí parte, he escrito dla
tras dia articulos y textos de combate y he participado en las luchas
comunes, no porque sienta ganas
de que el mundo se cubra de estatuas griegas y de obras maestras.

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, " pai:a la escena El_ tfem{)o del désprecio de. André• Malraux,
obra que se escemf1cara en enero de 1936. Traduce Prbme,, leo de ?squilo y lo representa. . ·
. . .
.193::i:1937: estudios superiores en la Facultad de Argel
(L1ce~ciado en_ Letras-Filosofía). Presenta un trabajo: San
__ Agustzn Y Plotzno sobre las relaciones entre el helenismo y
el cristianismo.
·
1937: El revés y el derecho (L' Envers et l' Endroit), cinc~ ~ovelas cor~a.s. La enfermedad interrumpe sus trabajos.
ViaJa, ~n cond1c10nes precarias, a los Alpes, Italia y ChecoesIovaqma.
1938 Periodista en Argel. Escribe Calígula.
1939: Segunda Guerra Mundial Camus enfermo no es
admitido en el Ejército.
·
'
'
1940: periodista en Paris ("Paris Soir").
Acaba El Extranjero y empieza El mito de Sísifo. Se instala en Lyon.
1~41: vuelve a Argelia, y enseña en una escuela priYada.
Empieza a preparar La Peste.
1942: p~bljcación de El Extranjero (L' Etranger) que lo
~·evela ~l. pubhco .. Pare~e un~ sencilla narración, pero esta
1lustrac10n de la f1losofia absurda nos presenta en realidad
al hombre "extranjero" frente a un mundo irracional.
Albert Camus va a actuar en la Resistencia al lado de
Pascal Pia y André Malraux.
., 1943: El mito_de Sísifo _(Le mythe de sisyphe) meditac10n sobre el senl!do de la vida, que llega a un pensamiento
profundamente humano: la vida es tal vez absurda, no vale
la µen_a, pero i:1&lt;! tenemos el derecho al suicidio. El magnífico
"En cuanto artistas, quizá no necesitamos intervenir en los asuntos
esfuerzo ~e S1s1fo que enc1;1entra su roca cada vez al pie de
del siglo. Pero si como hombres."
la montana, es un claro e_¡emplo de la conciencia humana
El hombre que tiene tal deseo exis- y mido la grandeza de un artista l1;1chando c?ntra lo absurdo, y obligando al hombre a mirar
te en mi. Pero sencillamente tiene -Moliére, Tolstoy, Melville- por el siempre mas alto. "Debemos imaginar a Sísifo Feliz".
que ocuparse de otras cosas: tra- equilibrio que ha sabido mantener
1944: encuentro c&lt;?n el filósofo Jean-Paul Sartre. Albert
tar de dar vida a las criaturas de entre los dos. Bajo la presión de los Camu~ es _nombrado _¡efe de redacción de Combat. Reunirá
su imaginación. Sin embargo, si he acontecimientos, nos vemos obliga- sus editoriales, en 1950, con el título de Actuelles
escrito tanto -quizá demasiado- dos hoy a transportar esta tensión
Representación de su obra de teatro El Malent~ndido (Le
desde mis primeros articulos hasta también a nuestra vida. Es por esmi ultimo libro ha sido sólo porque
no J)Uedo impedir que el lado cotidiano me atraiga; el lado de aquellos, quienesquiera que sean, a los
que se humilla y rebaja. Ellos necesitan tener esperanza; pero si se
calla todo o si se les da a elegir
entre dos formas de humillación,
estarán desesperados para siempre,
y nosotros con ellos. Me parece que
tal idea es insoportable, y quien no
pueda soportarla tampoco puede
dormirse en su torre. Y no por virtud, como se ve, sino por una especie de intolerancia casi orgánica
que se experimenta o no se experimenta. Por mi parte, veo que muchos no la sienten, pero no puedo
envidiarles el sueño. '•
No significa esto, sin embargo,
que debamos sacrificar nuestra naturaleza de artistas a quién sabe
qué prédica social. He dicho en otra
parte por qué el artista es más necesario que nunca. Pero si intervenimos en cuanto hombres, tal
experiencia influirá en nuestro lenguaje. Y si en primer lugar no somos artistas en nuestro lenguaje,
¿qué clase de artistas somos? Aún
si, siendo militantes en la vida, hablamos en nuestras obras de los desiertos y del amor egoísta, basta
que nuestra vida sea militante para que una vibración más secreta
pueble de hombres ese desierto y
ese amor. En momentos en que comenzamos a salir del nihilismo, no
negaré yo estúpidamente los valores de la creación en provecho de
los valores de la humanidad y viceversa. Según mi opinión, los unos no
están jamás separados de los otros

te motivo que tantos artistas, doblegándose bajo el peso, se refugian
en la torre de marfil o, por el contrario, en la iglesia social. Advierto
en esto una dimensión semejante.
Debemos servir simultáneamente al
color y a la belleza. La larga paciencia, la fuerza, el éxito secreto
que tal cosa exige son justamente
las virtudes que fundamentan el renacimiento que necesitamos.
Una última palabra. Sé que esta
empresa no puede lograrse sin peligros y sin amargura. Debemos
aceptar los peligros: el tiempo de
los artistas sentados ha concluido.
Pero debemos rechazar la amargura. Una de las tentaciones del artista consiste en creerse solitario, y
en verdad ocurre que le griten esto
con gozo bastante innoble. Pero se
trata de otra cosa. El se mantiene
en medio de todos, al nivel exacto
ni más bajo ni más alto que cuan~
tos trabajan y luchan. Ante la
opresión, su vocación debe consistir
en abrir las cárceles y hacer que
hablen la desgracia y la felicidad
de todos. Es aqui donde el arte se
justifica contra sus enemigos poniendo de relieve que en modo alguno es el enemigo de nadie. Sin
duda no sabria por sí solo asegurar
el renacimiento que supone justicia
y libertad. Pero sin él, tal renacimiento carecerla de formas y, por
consiguiente, no serla nada. Sin la
cultura y sin la libertad relativa
que implica, aun la sociedad más
perfecta es únicamente una jungla.
Por tal motivo, toda creación auténtica es un don para el porvenir.
Paris, 1956.

PEQUEÑA :J ANTOtOGIA
DE ALBERT CAMUS

Malentendu).
1945: _publicación de Ca~i?-s a un amigo alemán (Leltres
a un amz allem_a1:-d) y creac1&lt;?n de Calígula en el teatro He-

EL MITO. DE SISIFO
Los dioses habían condenado a Sísifo a rodar sin cesar una roca hasta
la cima de una montaña desde donde
la piedra volvía a caer por su propio
peso. Habían pensado con algún fundamento que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza.
Si se ha de creer a Homero, Sísifo
era el más sabio y prudente de los
mortales. No obstante, según otra
tradición, se inclinaba al oficio de
bandido. No veo en ello contradicción. Difieren las opiniones sobre los
motivos que le convirtieron en un
trabajador inútil en los infiernos. Se
le reprocha, ante todo, alguna ligereza con los dioses. Reveló sus secretos.
Eginá, hija de Asopo, fué raptada por
Júpiter. Al padre le asombró esa desaparición y se quejó a Sísifo. Este.
que conocía el rapto, se ofreció a informar sobre él a Asopo con la condición de que diese agua a los rayos
celestes. Por ello le castigaron enviándole al infierno. Homero nos cuenta

también que Sísifo había 'l!ncadenado
a la Muerte. Plutón no pudo soportar el espectáculo de su imperio desierto y silencioso. Envió al dios de
la guerra, quien liberó a la Muerte de
manos de su vencedor.
Se dice también que Sísifo, cuando
estaba a punto de morir, quiso imprudentemente poner a prueba el amor
de su esposa. Le ordenó que arrojara
su cuerpo sin sepultura en medio de
la plaza pública. Sísifo se encontró
en los infiernos, y allí, irritado por
una obediencia tan contraria al amor
humano, obtuvo de Plutón el permiso para volver a la tierra con objeto
de castigar a su esposa. Pero cuando
volvió a ver este mundo, a gustar del
aqua y el sol. de las piedras cálidas y
el mar, ya no quiso volver a la sombra infernal. Los llamamientos, las
iras y las advertencias no sirvieron
para nada. Vivió muchos años más
ante la curva del golfo, la mar brillante y las sonrisas de la tierra. Fué

necesario un decreto de los dioses. que recibe la masa cubierta de arcilla.
M ercurió bajó a la tierra a coger al de un pie que la calza, la tensión de
audaz por el cuello, le apartó de sus los brazos, la seguridad enteramente
goces y le llevó por la fuerza a los humana de dos manos llenas de tierra.
infiernos, donde estaba ya preparada Al final de ese largo esfuer¡.o, medido por el espacio sin cielo y el tiempo
su roca.
sin profundidad, se alcanza la meta.
Se ha comprendido ya que Sísifo Sísifo ve entonces cómo la piedra deses el héroe absurdo. Lo es tanto por ciende en algunos instantes hacia ese
sus pasiones como por su tormento. mundo inferior desde el que habrá
Su desprecio de los dioses, su odio a de volverla a subir hacia las cimas, y
la muerte y su apasionamiento por la baja de nuevo a la llanura.
Sísifo me interesa durante ese revida le valieron ese suplicio indecible
greso,
esa pausa. Un rostro que sufre
en el que todo el ser se dedica a no
acabar nada. Es el precio que hay que tan cerca de las piedras es ya él mispagar por las pasiones de esta tierra. mo piedra. Veo a ese hombre volver
No se nos dice nada sobre Sísifo en a bajar con paso lento pero igual halos infiernos. Los mitos están hechos cia el tormento cuyo fin no conocerá.
para que la imaginación los anime. Esta hora que es como una respiraCon respecto a éste, lo único que se ción y que vuelve tan seguramente
ve es todo el esfuerzo ·de un cuerpo como su desdicha, es la hora de la
tenso para levantar la enorme piedra, conciencia. En cada uno de los inshacerla rodar y ayarlarla a subir una tantes en que abandona las cimas y
pendiente cien veces recorrida; se ve se hunde poco a poco en las guardias
el rostro crispado, la mejilla pegada de los dioses, es superior a su destino.
a la piedra, la ayuda de un hombro Es más fuerte que su roca.

bert?t. A prop(!s_Ito ?.e la pn~era bomba atómica, Camus
e~cnbe: La etv1hzac1on mecámca acaba de -alcanzar su último grado de salvajismo.
Viaja a los Estados Unidos.
1947: La Peste. Premio de los críticos, es la gran noYela
d~ Camus; plantea el problema: ¿Puede uno ser santo sin
D10s?
1_948: El Estado de Sitio (L'Etat ele Siege) en el Teatro
:Mangny.
1949: Viaje a América del Sur.
Creación de Los Justos (Les Ju~tes) en el Teatro Hebertot.
Camus, de nuevo enfermo, debe mterrumpir sus trabajos.

19~1: El Ho!71bre Rebelde (L'Homme Révolté).
l~t?~: se ret1ra de la l:NESCO para protestar contra la
adm1s1011 de la Espaíía franquista. Fin de su amistad con
Sartre.
1953: adapta al teatro francés La Devoción de la Cruz
de Calderón, y Los Espíritus de Larivey. Publica El era'.

f

no (L'Eté).
1955: Viaje a Grecia.
1956: p~1))licación de La Caída (La Chute).
Adaptac10n para el teatro de Requiem para una monja

..
1

de ,Yilliam Faulkner.
Al))er~ Camus, después de los acontecimientos de Budapest, 1;_~v1ta a l~s. escntore~ europeos a llamar a la ONU.
19;:ii: El Exilzo y ~l IJ.ezno (L Exil et le Royaume), novelas cortas bas~ante d1stn!-tas. En colaboración con Arthur
Koestler, publica Reflexzones.~obre la pena capital en las
cuales se opone a la condenac10n a muerte.
Adapta El Caballero ~e Olmedo, de Lope de Vega.
Prepara una adaptación teatral de Los Poseídos de Dostoi~vsky; el espec~áculo durará cuatro horas y necesitará
tremta actores y diez decorados.
Hágina 5

Página 4

,

�LA

LIBROS
¿Nunca ha visto fusilar a un hombre? No, naturalmente, eso se hace
generalmente so_bre invitación y el público está escogido antes. El resultado
es que se ha quedado en las imágenes
y en_ los libros. Una venda, un poste,
y le1os unos soldados.

1

'

-~
.!

JOHI&gt; ADDINGTON SYMONDS: El Renacimiento en Italia, Dos volúmenes, 1102 pp.; 1050 pp. Fondo de
Cultura Económica. ;\léxico, 1957.

me entiende, a esta horrible matanza,
Sí, escogí esta ceguedad obstinada en

espera de ver más claro.

Este libro es uno de los estudios fundamentales de la historiografía moderna. Su publicación en español
constituye un acontecimiento editorial, pues enriquece la bibliografía sobre ese periodo, único en la historia
humana, y pone en manos del lector
una guia sobremanera útil para conocer todos los matices, las tendencias,
las personalidades, los acontecimientos y el despertar de la cultura en un
momento en que el hombre se descubre a si mismo y crea nuevas maneras
de interpretación del rico y complejo
mundo circundante. De hecho -dice
J. A. Symonds- en el término Renacimiento confluyen mitltiples derivaciones que provienen de campos de
estudio muy específicos: Bellas Artes,
Teología, Astronomia, Filosofía, Política, Derecho, y hasta Geografía Y Numismática. Todos los investigadores
convienen en que el Renacimiento fue
una "revolución" y, sin embargo, la
historia de esa época no es la historia
de las diversas actividades particulares, consideradas simplemente como
un "adelanto" en el desarrollo de la
cultura occidental. Se trata de algo
más profundo, de un impulso inherente al espíritu humano que, en una coyuntura en que desembocan circunstancias geograficas y políticas favorables, encuentra la expresión de una
magnitud desconocida del mundo y
del hombre.

Desde entonces, no cambié. Hace
mucho tiempo que tengo vergüenza.
Sí, aprendí eso, que estabamos todos
en la peste, y perdí la paz. Hoy la
Pues no, ¿Sabe que el pelotón de busco todavía, intentando entenderlos soldados se coloca al contrario a los a todos y no ser el enemigo
un metro y medio del condenado? mortal de nadie ... Y es porque decidí
¿Sabe que si el condenado se adelan- rehusar todo lo que, con buenas o
tara dos pasos golpearía los fusiles malas razones, hace morir o justifica
con su cuerpo&gt; Sabe que a esta dis- que se haga morir.
tancia tan corta los soldados concenEs también porque esa epidemia
tran su tiro en la región del corazón
no
me aprende nada, sino que se de1/ que ellos todos, con sus grandes
be
combatir.
Sé que cada uno la lleva
balas, hacen una excavación en la cual
en
sí,
la
peste,
pues nadie, no, nadie
entraría el puño? No, no lo sabe porque éstos son detalles de los cuales no en el mundo es indemne.
se habla. El sueño de los hombres es
Lo que es natural es el microbio.
más sagrado que la vida para los pesLo
demás, la salud, la integridad, la
tíferos. No se debe impedir el sueño
a la gente. Sería mal gusto, y el gus- pureza, si quiere, es un efecto de la
to, cada uno lo sabe, consiste en no voluntad, y de una voluntad que no
insistir. Pero yo, no dormí bien des- debe pararse nunca. El hombre honrado, él que no infecta a nadie, es el
de este día.
que tiene el menor número posible de
distracciones. Y ¡se necesitan volunEntendí entonces que no había ce- tad ,; tensión para no ser nunca dissado de ser un pestífero ... que había traído!
indirectamente suscrito a la muerte de
millones de hombres ... Los otros no
... Y o sé que ya no valgo nada para
parecían molestados por eso ... me daban razones muchas veces impresio- este mundo y que desde el momento
en el cual renuncié a matar, me connantes ...
dené a un destierro definitivo. Son
los otros que harán la historia ... No
Lo que me importaba, a mí, no era falta una cualidad para hacer un aseel razonamiento. Era esa aventura su- smo_ razonable. Pues, no es una .supecia ... en la cual uñ hombre encadena- rioridad. Pero ahora, consiento a ser
do, iba a morir ... después unas no- lo que soy, aprendí la modestia. Digo
ches de angustia durante las cuales solamente que hay sobre la tierra plaesp_eraba ser asesinado con los ojos gas y víctim_as y que se debe, tanto
abiertos ... Y yo me decía que siempre como es posible, rehusar de estar con
rehusará dar una sola razón, una sola, la plaga.

En el mediodía del pensamiento, el
rebelde rechaza, por lo tll(ltO, la divinidad para compartir las ·1uchas IJ el
destino comunes. Elegiremos /taca, la
tierra fiel, el pensamiento audaz y
frugal, la acción lúcida, la generosidad del hombre que sabe. En la luz,
el mundo sigue siendo nuestro primero y nuestro último amor. Nuestros
hermanos respiran bajo el mismo cielo que nosotros; la justicia vive. Entonces nace la extraña alegría que
ayuda a vivir y a morir IJ que en adelante nos negaremos a dejar para más
tarde. En la tierra dolorosa es la cizaña incansable, el alimento amargo,
el viento duro que llega de los mares,
la antigua y la nueva aurora. Con
ella, a lo largo de los combates, reconstruiremos el alma de esta época y
una Europa que no excluirá nada: ni
el fantasma de Nietzsche que, durante doce años después de su hundimiento, iba a visitar el Occidente como la
imagen fulminante de su conciencia
más alta y de su nihilismo; ni a ese
profeta de la justicia sin ternura que

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-

El autor, John Addington Symonds,
fue uno de los mejores conocedores
de la cultura italiana. Nació en Bristol
(1840), estudió en Oxford, vivió algunos años en Su"iza y en Italia y murió
en Roma (1893). Además del presente
libro, que es su obra maestra, publicó
estudios sobre Dante, Shakespeare, los
poetas griegos y ,ligue! Angel. De los
sonetos de este Ultimo hizo una notable traducción al inglés.

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JOAO CRUZ COSTA: Esbo:o de una
historia de tas ideas en el Brasil.
Historia de las Ideas en América,
IJI. 1 i8 pp. F. C. E. :México, 1957.

Entre el cuerpo de ediciones que
aquí se imprimen figura nuestro mensuario "ARMAS Y LETRAS", que recientemente ha establecido una sección -LIBROS-, en la que figuran
comentadas las obras últimamente aparecidas en las prensas americanas.

En la esfera política, ha sonado la
hora de España. La corona de los
Habsburgo ejerce una amplia hegemonía en el sur de Europa. Promueve el
Concilio de Trento y establece la Inquisición. La Compañía de Jesús nace
prácticamente de la nada en un momento critico y acude en socorro de
la Iglesia; pronto se extiende en tal
forma que llega a rivalizar con el mismo Papado en riqueza y poderío, formando un Estado dentro de otro Estado. Se desencadena entonces la reacción que propiciará la reagrupación
del mundo católico y fijará limites
muy definidos a la esfera protestante,

Este estudio de Cruz Costa llena un
vacio que babia impedido la formulación de una síntes)s de la historia
de las ideas en Iberoamérica. Pues si
bien es cierto que el Brasil posee muchas analogías con los países de la
América hispánica, sus diferencias son
dignas de hacerse notar. Tales diferencias se muestran con evidencia en
este esquema del pensamiento brasileño que Cruz Costa ha desarrollado poniéndolo en relación con los hechos
históricos que le dieron lugar. Y los
resultados son realmente sorprenden•
tes; se explica, en efecto, con toda
claridad, cómo los brasileños han realizado las mismas metas que los palses
hispanoamericanos pero por vias Y
con métodos bastante diferentes. La
colonia, la independencia, el imperio,
la dictadura y la república se han dado en el Brasil a través de una evolución mucho menos violenta y forzada que en otras partes de América.

A mediados del siglo XVI -concluye Symonds- termina el Renacimiento en Italia. Parece que sus artistas y
sabios han agotado la vena creadora.
Ya no se inventa, sino que se repite,
dando así lugar a una academicismo
que cierra definitivamente las puertns a toda tentativn de innovación. Italia aparece como estéril durante esos
años, pero ha dado al mundo occidental la libertad del espíritu y pone en
sus manos un legado artístico y científico imponderable y Je entrega una
religión fuerte y unida.

~

•

l

La Uni ver si dad de Nuevo León ha
mantenido desde su fundación un vas•
to plan editorial que desarrolla al través de publicaciones cuya circulación
comprend~ a todas las Instituciones
oficiales, universitarias, académicas,
ateneistas, centros culturales, sociedades de diversa indole y personas, en
América y Europa.

Dada la extensa órbita de circula•
ción del Boletin arriba mencionado, y
en interés de ofrecer al lector americano una juiciosa información del fondo y continente de la obra, cotejada
a la luz de un criterio ecuanime y 1
tono con la moderna interpretación
del pensamiento científico, literario o
artístico, "ARMAS Y LETRAS" se complace en invitar a ustedes a coadyunr
con este propósito de orden cultural
que anima a la Universidad de Nuevo
León, solicitándoles el envio de cada
una de las ediciones nacidas en sus
prestigiosas prensas, las cuales serán
objeto de nuestros comentarios, en la
medida que vayan llegando a nuestras
manos.
Los envlos deben hacerse a:

"ARMAS Y LETRAS",
Universidad de Nuevo León,

·1;~1,:' ..' .
a_,
·-:s

Plaza del Colegio Civil,
Monterrey, Nuevo León,
México.

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Ürgano Mensual de la Universidad
de Nuevo León
Re¡i1trado como articulo de 2a. Clue en la

Admón. de Correo, de Montcncy, N. L, el
20 de ALr1J de 1944.
INDICADOR,

CHARLES GUIGNEBERT: Cristianismo medieval y Moderno. (No. 126.)
320 pp. Breviarios del Fondo de Cultura Económica. ~léxico, 1957.

En el presC'nte breviario, ~1 historiador francés Charles Guignebert continúa la exposición histórica que en El
cristianismo antiguo (Breviario 114)
babia desarrollado hasta llegar a los
últimos siglos del Imperio Romano latino. Ahora, la Iglesia de Occidente
constituye el tema exclusivo del estudio, porque la Iglesia de Oriente, animada por un espíritu particular, sigue
su propio camino, y su influencia en
La investigación de Symonds agota la vida religiosa del ámbito cultural
todas las manifestaciones culturales de que las invasiones bárbaras marcarán
la época, desde la pintura y la escul- tan hondamente se reduce a muy potura hasta las costumbres públicas Y ca cosa.
privadas. En lo que se refiere a la liLa gran personalidad de la nueva
teratura, encuentra que las lenguas
italiana v latina se disputan las pre- l'pora es San Agustín, a cuyo pensaferencias~ de Ja nación. Las clases po- miento ,·oh·er:i.n una y otra vez para
¡mlares repiten las obras que en prosa lrgitimar sus afirmaciones todos los
y en verso han escrito Dante, Latini, movimientos disidentes y la gran col'bcrti, Yillani, Schia,·o da Bari. .. , 1-riente en que, lentamente, cristaliza

~---------

i&lt;-"

ALAS CASAS EDITORIALES YA
LOS SEÑORES DISTRIBUIDORES
YLIBREROS DEL CONTINENTE

La sociedad italiana, por su parte,
no agota en los excesos de todo género su sed de vivir. Aparece entonces
el raro fenómeno de un refinamiento
intelectual que se da la mano con un
relajamiento de las costumbres. La religión resulta impotente para contener
las pasiones tanto tiempo frenadas, e
Italia vive con una intensidad apenas
contenida por las prédicas de Savonarola.

Para Symonds, sólo Italia podía ser
la cuna del Renacimiento, porque,
mientras otras naciones retrasaban su
evolución, Italia ya tenía una lengua,
disfrutaba de una creciente prosperi•
dad comercial y de una relativa libertad polilica. Sin estas circunstancias,
no hubiera encontrado el cauce propicio la tendencia que se desbordaba.
Pero no es eso todo. El Renacimiento
no puede concebirse como una eclosión espontánea en un medio apropiado. El fenómeno ya se había venido
insinuando siglos atrás, y sus gérmenes provenían de Abelardo, de Sir
Rober Bacon, de Joaquín de Flora, de
Federico JI, de Juan Hus, de los albigenses y los cátaros, de los paterni y
los (ratelli, de los mismos Carmina
Burana, que dejaban traslucir en sus
estrofas un sentimiento más pagano
que cristiano. En síntesis, El Renacimiento en Italia se ocupa de la transformación del hombre estudiado a través de sus obras.

EL HOMBRE REBELDE
descansa, por error, en el sector de los
incrédulos del cementerio de Highgate: ni a la momia deificada del hombre de amán en su ataúd de vidrio;
ni nada de lo que la inteligencia y la
energía de Europa han proporcionado sin tregua al orgullo de una época
miserable. Todos pueden revivir, en
efecto, junto a los sacrificados de
1905, pero con la condición de que
comprendan que se corrigen mutuamente y que les contiene a todos un
límite en el sol. Cada uno dice al
otro que no es Dios, y aquí termina
el romanticismo. En esta hora en que
cada uno de nosotros debe tender el
arco para volver a hacer sus pruebas
u conquistar, en u contra la historia,
lo que ya posee, la magra cosecha de
sus campos, el breve amor de esta tierra: en la hora en que nace por fin
un hombre hau que dejar la época y
sus furores adolescentes. El arco se
quiebra. la madera cruje. En el máxi-'
mo de la tensión más alta va a surair
el impulso de una flecha recta, del
trazo mds duro y más libre.

que resultan determinantes para la estructuración del idioma como medio
literario. Por el contrario, los humanistas escriben y disputan en latín y
hasta en griego; buscan afanosamente manuscritos de los autores clásicos
y forman bibliotecas. De los primeros
surgirá la madurez de expresión de
un )laquiavelo; a los segundos se debe el rescate de buena parte de los
textos griegos y latinos. La misma diligencia acusan las artes plásticas en
manos de Cimabué, Miguel Angel, Orcagna, Rubens, Giotto y tantos otros,
y la música en manos de Palestrina.
El autor otorga a cada uno de estos
personajes un lugar preferente en su
estudio.

y se afirma la ortodoxia. Del crisol
en que se vierten las intuiciones, sentimientos, necesidades e inquietudes
religiosas con que se expresa la vida
espiritual de la Edad Media ir_á surgiendo la formidable construcción de
la Iglesia Católica Romana, asentada
definitivamente en el Concilio de Trento, y la multitud de sectas protestantes cuyo origen es la voluntad de purificación y rectificación de ese proceso de organización, y cuya tragedia
es la imposibilidad de lograr la reunión que permita reconstruir la Iglesia única en Cristo.

Como protagonistas de esta evolución nos habla Cruz Costa de las actitudes intelectuales de los jesuitas, los
liberales, los monárquicos, los positivistas, los republicanos, los nacionalistas, etc. Y en casi todos ellos se
encuentra un doble aspecto: padecen, por un lado, un "bobarismo", un
"transoceanismo", una afición decidida por lo europeo, y por otro, sienten
también el llamado del 'sertón", la
presencia de la tierra nativa. Ambas
influencias se marcan poderosamente
en sus obras, aun en aquellas que son
más ortodoxamentc curopeizantes. Así,
por ejemplo, a la luz de estos conceptos, se examina el positivismo brasileño que es, indudablemente, uno de los
movimientos más interesantes de América, y se delimita cuál fue su influencia aparente y su influencia real en
uno de los momentos climáticos, cuando el Brasil se coffvcrtia de una monarquía al estilo portugués a una república al estilo hispanoamericano,
constelada de ,·icios y ,·irtudes.

ColoLon.dom

Huvo Padilla
Fidcncio de la Fuente
Genaro Salinas Qulroea
Arturo Cantú S.
Homero A Gana

Alfonso Ran¡rel Guemi
Gwllenno Cenia G.
Jorae Ran¡el Guemi
Manuel Morales
Dibujos de Jor¡c Ranrcl Gucrn.

l.Jc. Fidcndo de la Fue:nte
Olidnaa

Wuhm¡ton

y

Cole¡io Ct,tl

Moatezrey, Nuevo Le6n

MEXICO

Página 7

r

�CONTESTACION A UN
ACTO DE ACUSACION
Prof. Serge P. DARMON, Director de
la Alianza Francesa de Monterrey.

C

UANDO el hombre está cada día más ahogado por lo que es
llamado, con eufemismo, "el progreso"; cuando tenemos
cada día más ocasiones de desesperación y de vergüenza;
cuando los escritores jóvenes desprecian en sus obras el hermoso
lenguaje, es reconfortante acoger esta luz que nos viene del norte
con la consagración de Albert Camus.
Este Premio Nobel corona una obra que va del Extranjero a
La Caída. Pero corona también uno de los pensamientos más altos
de nuestra literatura; el excepcional mérito de Ca mus consiste en
darnos de la humanidad una imagen que podemos mirar sin vergüenza. Entre los escritores de hoy, Camus es uno de los más generosos y de los más humanos.

'

'"

,

'it .

'

El Premio Nobel

1

Alfred Nobel fue un químico sueco, nacido en Estocolmo
en 1833 y muerto en 1896. Es conocido sobre todo como inventor de la dinamita, y como fundador de premios destinados a coronar obras literarias, científicas u filantrópicas
del mundo entero.

Algunos se asombran -ya lo sé-· de que el jurado de Estocolmo haya dado su preferencia a un autor que no es católico.
Cuando el escritor es un artista sincero y verdadero, la ideología
que alumbra su obra ya es superflua. ¿Y quién puede negar que
la pregunta inicial de La Peste. "¿se puede ser santo sin Dios?"
haya encontrado en la obra de Camus su contestación? Las etiquetas CJ,Ue se dan a los autores, además, no tienen más que un valor
relativo. ¿No se ha llamado "escritores católicos" a André Gide
y a Francois Mauriac 1 Una observación imparcial nos revela el
verdadero sentido de la obra de estos autores y ¡nos encontramos
muchas veces muy lejos del catolicismo' Al contrario, cualesquiera que sean nuestras opiniones. debemos reconocer -si el buen sentido no está vencido por la parcialidad- que las reglas de vida
que nos ofrece Albert Camus, si no están orientadas hacia la religión, a lo menos no tuvieron nunca la intención de llevar al lector
por caminos peligrosos. Camus es ateo. Si. Y su gran mérito es
el de llegar a una moral puramente humana tan elevada como la
religiosa, y eso sin el apoyo de la revelación. Seamos francos:
cuando un país acaba de vivir un período durante el cual la vida
de un hombre no valía dos centavos. cuando la glorificación de la
bestialidad era el nuevo credo, cuando la vertiginosa carrera de los
armamentos de destrucción general llena nuestros periódicos, en
fm. cuando el hombre se encuentra como un pedazo de madera en
medio de un mar enfurecido, ¿podemos negar a un hombre sincero, de una lealtad sin límites, el derecho de buscar la moral más
alta en todos los senderos, hasta los del puro humanismo 1

Albert Camus es el noveno francés que recibe el Premio
Con toda imparcialidad el jurado de Estocolmo otorgó su
No bel de Literatura, desde su fundación en 1901.
Premio a un autor que nos da confianza en el hombre, en la ener1901: Sully Prwlhomme
1905: Fréderic .ll islral
1916: Romain Rolland
1921: Anatole France
1927: Henri Bergson
1937: Roger Martín du Gard
1947: André Gide
1952: Francois ,llauriac
1957: Albert Camus
Francia encabeza así el Nobel (Sección Literaria). El premio fue este año de 15,000 dólares.
Página 8

gía, en la lealtad. A un hombre que escribió: "Yo reflexionaría
antes de decir que la fe cristiana es una renuncia. ¿Puede escribirse
esa palabra para un San Agustín o para un Pascal? La honestidad
consiste en juzgar una doctrina por sus cimas. no por sus sub-productos". Hagamos lo mismo. Busquemos en Camus un guía hacia
las ideas más dignas de nuestra condición humana. Pero no le pidamos una inspiración religiosa que le parecería extraña. Y, como
escribe Emile Henriot: "Puede ser que lo veamos un día, sin ruido,
sin ostentación, entrar desesperadamente en un convento o encerrarse en una trapa." ¡Qué imagen la de un hombre llegado por
fin hasta Dios por los caminos de un pensamiento sin religión 1

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BOLETIN MENSUAL DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON
Registrado como artículo de 2a. clase en la Administración de Correos de Monterrey, N. L., el 20 de Abril de 1944.

Noviembre-Diciembre de 1957

No. 11-12

Año XIV

D.A.S.U.

PANORAMA HISTORICO DEL COLEGIO CIVIL
Por Israel CAVAZOS GARZA

N

liEYO León 1 ·vive, durante la coIonización española, en suma

Don Lucas de las Casas, por ejemplo, nacido en Monterrey en 1693. Es

Cuatro Provincias Internas de Oriente.
Allí se establece en 1824 la cátedra de
jurisprudencia, que funda don .José

pobreza. Sin el recurso de la

doctor en cánones por la l;niversidad

minería, no hay aquí el florecimiento

de México y abogado de las audiencias

de otras provincias del interior de la

de 1Iéxieo Y Guadalajara. Es autor de

1\uéva España. La 'ganadería cobra un

poco más de nueve obras literarias,

auge notable en el siglo XYIII, pero su
producto queda en México y Querétaro, procedencia de los dueños d~ las

jurídicas Y religiosas. El Dr. Jerónimo
López Prieto, fundador del Colegio de
1lontcrrey
ónigia ca,dral d

grandes haciendas. La guerra contmua

Guadalaja

y

cto po mue os añ

con el salvaje y el aislamiento de los

del Coleg·

S

in ·

centros urbanos importantes, recrudecen esta situación.

dad. El P. ande
neda, reg montan

El rcinero tiene que ser soldado destle su edad más tierna. Apenas si ad-

lldefonso e México, rector el olegio del Espíritu Santo en Puebla en

e d · ha e· Garci de P. ne

gial de

an

quiere los conocimientos 1:1as elein:en-

1737, Y autor de un Elogio Fúnebre

tales. En toda esta centuria no existe

al obispo de la Puebla. El P. Nicolas

aquí un centro de enseñanza superior.

López Prieto, nacido en Jlonterrey en

Al•ún vecino acomodado envía a sus 1696, colegial de Tepotzotlán en 1718,
hij;,s a :\léxico, Zacateca
. . ?ianctor el Col io"
- rja}E'-

Alejandro de Treviño y Gutiérrez. En
su época· más brillante llega a tener el
Seminario basta cien alumnos. La enseñanza consiste en: lengua latina, retórica, poética, geometría, aritmética,

mover la instrucción pública". Se ha-

lla en el poder Santiago Vidaurri, secretario de gobierno durante las administraciones de Parás y sucesores. Está en antecedentes del problema y,
exactamente a un mes de sancionada

álg ra. fi~a, te~a y ambos de-

la Constitución local ,el 4 de noviembre de 57, el Congreso expide el decreto número 13, que faculta al Ejecu-

uto, a partir

tivo para que: 'a la mayor brevedad

d

25,
ract r mioficial. El
cr o d 14 de s · mbre de 1835,

posible proceda a establecer un cole-

re

s. Ti ne este

ns

sigo un mil pes
su sos enimien o.

nsuales para

ANTECEDENTES DEL COLEGIO
CIVIL
Creado el Estado de Xuevo Uón, y
onstitu~"

Polila

gio civil de instrucción pública en el
local que juzgue más conveniente"; señalando los recursos a que ha de acudirse.
Este documento, marca el principio
de una institución que, en el decurso
de toda una centuria, ha ele constituirse en centro cultural por excelencia

eu.,,,et-owreste

del pais. Nuevos obs-

e el s-

cnlos s presentan para que no se dé
nmediat cumplimiento a este decre-

ce r de e etad se onsi e-

o. El 17 de diciembre, tiene lugar el
br golpe de estado", de Comon-

Colegio de esta ciudad desde 1712 Y ra económicamente impotente para la
muerto aquí en 1728. El Dr. y Maestro fundación de un instituto de esta naJosé García de Pruneda, por la Uni- turalcza. De aquí que, al formular el

fort. e inicia la Guerra de Tres Años.
Una vez más Nuevo León, ocupa un
puesto de combate en primerísima fi-

el primer movimiento cultural de im-

versidad de l\léxico; canónigo de la

catedral de Puebla Y muerto en Sierra
de Pinos en 1734. Fr. Francisco de la
Garza, linarense. Estudi en
pe de Zacatecas en 1765. Veinte _ños
misionero en Texas; l~ct de te gia

gobernador Parás su Proyecto de Plan
de Instrucción P,íblica en 1826, ofrez-

la. Se trata de acudir en defensa de

portancia. El P. Jerónimo López Prieto erige, en 1702, el templo de San
Feo. Javier, (1) y gestiona la funda-

ca declarar benemérito al particular
e re íce este propósito. El mismo

dilla las fuerzas del Ejército del Norte
que marchan al interior. A la batalla

jara, a cursar. la carrer

eclesiash_ca

Hav vecinos cultos, pe

han vcmd

va ·con estos conocimicn s. Alonso d
León y Juan Bautista C,l'l'llilól.-"'""º
Ovidio· y a Aristóteles, y nos legan,
adrmús, una importantisima crónica.

En los albores del XVIII, se observa

ción de. un seminario anexo, atendido

por padres oblatos. El instituto queda
formaJmente establecido en 1712. Dos
años más tarde queda este Colegio en

nda,

o. e fa ec10 en 17al.; a t~r de

rntr h

s

bre te as hter

u vida

II p

y

filosó cos.
Br. Ju
de A llano,
igin rio de lonterr ·, mae
1

1anza

per· r. El

st ucio

·

l.

dalu-H¡

gobern dor, en su informe de gobier-

de

49, durante su segundo perio-

durante quince años, y
1erto
Culiacán en 1807, considcr·lil-f!!!fno se

do a inistrativo, clama por la crea· · n di,...,.. Intendencia de Instruc-

manos de la Compañia de Jesús, al

gundo obispo de Sonora. El licenciado

fundar ésta, en 1714, el Sacro Colegio

)latías López Prieto, oriundo del valle

de San Francisco Javier.

del Huajuco (,·illa de Santiago); be-

ción Pública, que se haga cargo de este importantísimo ramo. Y no se crea,
señores -afiade- que a sólo el ramo

Durante casi treinta y dos años fun..

cario de San Ildefonso. Llegó a ocu-

ele i.nstrucción primaria se reducen las

la Contitución. Vidaurri mismo acau-

contra Miramón en Puerto de Carretas

se suceden las tomas de Zacatecas y
San Luis Potosi. Viene luego el descalabro de Ahualulco, (29 de Septiembre - 1858), y Vidaurri vuelve a l\fonterrey con intento de reorganizarse.

ciona este establecimiento. Desde el

par la recto ria del Seminario de Mé-

ideas del gobierno: quisiera también

Llama la atención el hecho de que.
en medio de esta lucha fraticida, Vidaurri se dé punto de reposo para dis-

primer maestro el P. Francisco Ortiz,

xico cuando aún era estudiante, y ca-

ver fundado en esta capital un insti-

poner la iniciación de las obras del

hasta el P. José Nava, último rector en

nó .

Elm

lo. sofía. La clausura del Colegio aca~•

Mon
esde 791.
. Paulino F: nánde de umayor,
tura! de Sal as, maes o d F_r. Ser-

del
Estado;
ya que n es
sib1e r li
. pr t? este prop ito, uzga con

con un movimiento que ya se babia
dejado sentir.

do y Ram
Ar1zpe ca mgo de
~.!é!lfl' de~
ter . , do"lt;¡¡,,¡¡lf'rió

mente.. 1r for an
u fondo
da p
ore· nar s m os
establecer un p antel en que se ormen

Un estudio más amplio de las letras

los ciudadanos con el cultivo de las

y la cultura coloniales de Nuevo León,

ciencias y de todos los conocimientos
útiles". Pero no toca al principal ani-

1746, se enseña gramática y se lee fi-

LITERATOS :-lEOLEGIOXENSES
Durante el siglo XVIII, florecen eminentes nuevoleoneses en el campo de
las letras, los cuales inician aquí sus
estudios y los concluyen en ciudades
del interi.or. Las investigaciones realizadas en este importante aspecto, apenas si mencionan a los cronistas del

XVII, y, dejando un lapso de más de
siglo y medio, puntualizan solamente
la producción literaria en Nuevo León
a partir de nuestro ilustre Fr. Servando. Una somera revisión de documentos y fuentes bibliográficas, nos han

dado algunos nombres desconocidos
absolutamente en nuestro Estado.
!11.-Esquina N.O. de Morelos y Escobedo.

nos daría noticias insospechadas.

cien' .

. erai·o por

Clausurado el
egio
s o
se abre, 21 años .is tarde, la áted
de filosofia, que tiende en el onven
to de San Franci o Fr. Crist al Be-

mador de esta idea verla realizada. La
muerte le sorprende el 18 de febrero
&lt;le 850f es asos once meses de que
e: resa
su royecto.
Viene los ías de la Revolución de
yutla. 'ue, León participa en for-

llido y Fajardo; Y,

ma mu.

EL SE~!IXARIO

116

, a d gramá-

tica, fundada merced al legado de doña Leonor Gómez de Castro.

Llega a lllonterrey en 1790 un prelado ilustre: don Andrés Ambrosio de
Llanos y Valdés. Dos años mas tarde.
(Dic. 1792), funda el Real )" Tridentino Seminario de :\fonterrey, único centro de cultura por muchos años en las

Colegio Civil (edificio actual). Si las
cátedras no son abiertas se debe a la
situación anormal del mom~nto, y a
que se trabaja precisamente en la cons-

trucción del local.
FUNDACION,
La destitución de Vidaurri como jefe del Ejército, trae como consecuen-

cia la ocupación de Monterrey por
Aramberri. Este asume la primera ma-

gistratura del Estado (25 Sept. 59), y

en ese movimiento

consagra su tiempo a la reorganización de] Ejército; pero, a la vez, dicta
las disposiciones para reorganizar la

nacional. La lucha culmina con
promulgación de la Constitución General de 1857. El Congreso de Nuevo

instrucción. Usando de las facultades
que le concede el decreto 13 de 4 de
Nov. de 57, piensa en la fundación de

León, erigido en Constituyente, inicia

un instituto Hpara abrir a la juventud
diversas carreras", y proporcionarle
"una educación esmerada". Así conviene a la dignidad y buen nombre

dir

la

los trabajos para elaborar la Constitución Politica local. Esta es sancionada el 4 de octubre de 1857. El Art. 66,
incluye también el p '·ecepto de: "pro-

(del Estado)", y lo verifica "en la ior-

•

�buna en que pronuncia su discurso es mediante pago de 23 pesos. El 20 de
una de las grandes piedras utilizadas febrero de 1840 esta propiedad pa~a a
en la obra, según el decir de Herme- ser de don José Eleuterio Gonzalez,
quien todavía no recibe su t~tnlo de
negildo Dávila.
Restaurada la República recibe esta médico, ni sueña en que babra de s~r
obra mayor atención. El Gr a 1. J eró- director del Colegio. Otra parte mas
nimo Treviño, se pro¡ione concluirla próxima al edificio es dada en m~r1859.
durante su administración. Impotente ced a Juan Allen en 1859, y edihca
el erario para realizarla, recurre a los _allí dos piezas. El Gral. Trevi ño dePRUIEROS PASOS. LOS FRANCESES
donativos privados. Por medio de la clara de utilidad pública en 1868 estos
circular de 16 de agosto de 69, dispo- terrenos. pasando a ser del Colegio.
ne la formación de comisiones para En 1889, el gobernador Garza Ayala
Impreso y publicado el decreto de 30
efectuar
colectas públicas en los mu- indemniza a los herederos de Allen,
de octubre, se procede a la designación del personal de la institución nanicipios del estado. 11onterrey se di- que hacen reclamaciones.
Durante la dirección del Dr. Rocha,
ciente. Con fecha dos de no,,iembre
DISTRIBUCIOXES DE PRE~!IOS
Yi.de en cinco sectores, en cada uno
se expide nombramiento al director.
de los cuales se designan comisiones en 86, se inicia la construcción de la
A fín de estimular a los alumnos, se de tres indh iduos. Igual procedimien- banqueta; se instalan farol:s Y se
El empleo recae en un destacado jurisestablece
la fiesta anual de la distri- to se sigue en cada uno de los muni- plantan árboles. Y es en ese ano d~ 86
ta de entonces : José &lt;le Jesús Dávila
bución
de
premios. Estos actos son cipios. Aunque el efecto es desconso- cuando se enclavan en las esqmnas
y Prieto. Con la misma fecha se otorbrillantísimos
y llegan a hacerse tra- lador: a consecuencia de la guerra, los los tradicionalísimos cañones que dugan los nombramientos a los primeros
catedráticos. El Colegio queda estable- dicionales. Se premian los primeros pueblos viven días de miseria y priva- rante setenta años permanecen allí,
cido provisionalmente en la casa epis- lugares en cada uno de los cursos. La- ciones. Villaldama envia $14.25, " ... con para ser ,·ueltos ~,1 Obispado, de donde
copal, (2) edificio nacionalizado al tinidad, filosofía, profesional, etc. Hay inmensa pena por la paralización de procedían. En 87 se construyen los
dictarse las leyes de Reforma. Hacia premios también para cada una de las los giros y la escasez de numerario, siete arcos del corredor meridional,
y para las cualidades de tan terrible que toca ya a S\1s extre- del patio del centro. Ocho años desO
1864, ya ocupa el edificio anexo a San asimrntnras
los
alumnos:
moralidad, aplicación, mos"'. Sesenta y siete entusiastas ve- pués se inicia la construcción de una
Francisco y qne fué luego cárcel muurbanidad.
El
premio consiste, gene- cinos de l\larín logran reunir, con gran sala de actos públkos, que se
nicipal.
ralmente, en obras relacionadas a la aportaciones que van desde un real a concluye al año siguiente.
El 5 de diciembre de 1859 se inician
materia de estudio. De cada una de es- tres pesos, la suma de $36.00.
El edificio es tan amplio qu{' puede
las lecturas con 70 alumnos. Vidaurri
tas fiestas se imprime después un foCada pueblo envía su óvolo con ver- albergar a dependencias extrañas: la
r{'asume el poder. Aramberri sale del
lleto conteniendo el desarrollo del pro- dadero patriotismo. En Apodaca y sus Escuela Normal, de 1886 a 1903; la EsEstado. El cambio administrativo no
grama y las piezas oratorias o poéticas haciendas de Huinalá, Sta. Rosa y Za- cuela Juárez, el Consejo de Salubridad
afecta al Colegio, que recibe todo el
pronunciadas.
catecas, ademús de las aportaciones en 1900 y la Escuela de Artes Y Laimpulso oficial.
El programa es muy selecto, aun_que a en efectivo, se obtienen donaciones bores Fe~eniles, en 1927.
Una nueva desgracia viene a ensomyeces demasiado prolongado. Al mfor- hasta de 46 fanegas de maíz y siete y
brecer la vida de México. Las huestes
me y discurso del director sigue la media de jabón; utilísimas para el inORGA:s'IZAC!Ol&gt;/ IJI.TERXA
francesas, no obstante las lecciones
lista de los alumnos premiados. Dami- ternado del Colegio.
recibidas en Acultingo y Puebla, avantas de la mejor sociedad regiomontaTiene el plantel en sus primeros
Administra los fondos don Fernanzan hacia la capital de la República.
na, solas o a dúo entonan arias o se- do de la Garza y fs maestro de obras años, alumnos internos. El número de
El presidente Ju:irez y sus ministros
lecciones de óperas famosas, o ejecu- Antonio Salazar. Este último se mues- éstos fluctúa entre 15 y 20 jó,·enes,
se ven precisados a emprender su cétan al piano composiciones musicales tra muy activo. Percibe un sueldo dia- procedentes de los municipios y de los
lebre y penosa peregrinación al norte
dificiles. Durante muchos años son rio de dos pesos. Ya para abril de estados. El prefecto y celadores tienen
del país. En dos ocasiones se instala
imprescindibles las odas que exprofe- 1870, el maestro Luis Sánchez está po- buen cuidado de que en estn depenen 1864 el gobierno nacional en Monso escribe Hermenegildo Dávila. En niendo los techos y el carpintero San- dencia se observen reglas que tiL•nen
terrey. La rebeldía de Vidaurri provoaños posteriores suelen tomar la pala- tiago L . :.\Iarks las puertas y ventanas. mucho de monástico. Cada alumno tieca el distanciamiento con ambos estabra dos de los discípulos más aventa- El 31 de mayo el mismo Sr. Sánchez ne, por su cuenta, "una cama, baúl,
distas. Las fuerzas francesas, al manjados. Por último, el discurso del go- recibe $368.75, por haber concluíclo aguamanil, servilletas, peines y la ropa
do de Castagny, ocupan la ciudad el
bernador. La fiesta reviste gran solem- los techos de los corredores. Termina necesaria". En invierno se leYcrntan
26 de agosto.
nidad y tiene lugar, generalmente, en el período de vacaciones y el gobierno a las seis de la mañana. A las 5 en el
El invasor ocupa con violencia el
el teatro del Progreso. A partir ele dispone que el nuevo año lectivo se ,,erano. La comida se sirve a las 12.
edificio del Colegio, convirtiéndolo en
1889, se celebra índistintamcnte en es- inicia en el flamante edificio. Se ha- La cena a las 7. Los tres aumentos se
cuartel. Al iniciarse el año escolar, sote teatro o en el salón vestibular del cen los dispositivos necesarios para su toman en refectorio, con la presencia
lo hay disponibles dos aulas en la parinauguración y ésta tiené lugar a las drl prefecto. Durante éstos, un alumno
te interior. Las cátedras tienen que Colegio.
Por acuerdo del gobierno de 31 de 10 ele la mañana del sábado 15 de oc- cada vez lee "en voz alta y clara··. un
impartirse _en los domicilios particn1aadosto de 1907, quedan suprimidos los tubre de 1870.
trozo de la Contitución General. de ]a
res de los maestros. Numerosos catee~ámenes públicos de fin de año, para
local o de la ley de erección del Coledráticos y discípulos abandonan sus
implantarse los reconocimientos bigio o su reglamento interior. La situaAl\TECEDENTES DEL EDIFICIO
estudios para aprestarse a la lucha.
mestrales. Esta suprC'sión acaba ron
ción económica hace imposible el sosJuan C. Doria, recientemente egresalas fiestas de distribución de premios
La visión de un obispo inteligente, tenimiento del internado y éste tksado del Colegio 1 es coronel del escuaque son sustituidas con una velada el lllmo. Dr. Andrés Ambrosio ele Lla- parece en 1877.
11
drón Cazadores de Galeana"; Narciso
científico-literaria ele carácter comple- nos y Yaldés, 3er. obispo del Nuevo
Al fundarse el Colegio quedan incorDávila, catedrático de literatura, orgatamente distinto. Se trata de un grupo Reino de León, concibe la idea de ur- poradas a éste la Escuela ele )tll•tlicina
niza el célebre escuadrón de "Rifleros
de ocho conferencias, presentadas po.r banizar la ciudad hacia el nortC'. A 1a y la de Jurisprud{'ncia . Por espacio
de China 11 , que roncurre a Sta. Gc.rtruit1ual número de alumnos. Al ser lc1- llegada del ilustre prelado, en 1790. de 20 años funcionan con el instituto
dis y Querétaro. El Colegio, como
cÍ:1s cuatro hay un breve intermecl~o :.\Ionterrey cuenta como última calle y ello le da carácter de pequella uniquiera, sigue funcionando, diseminado
La primera velada cientifico-literana hada este rumbo con la qu{' se lla- ~'ersidad. El transcurso del tiempo hav oculto. La casa de Gonzalitos es
eféctuada con este carácter tiene 1uga_r mó del Aguacate y posteriormente clr ce observar serios inconvenientes. Hay
~onvertida en aulas. El es el manteel 19 de mayo de 1901 Y resulta bn- Allende. Trae consigo al arquitecto deficiencia en la atención simullánea
nedor del entusiasmo en esta época de
llante. Además de selecto Y numeroso Juan Crousset, y proyecta y emprende de un solo director para esperiaUdaangustia.
público, se ·cuenta también con la p~e- Ja construcción de una catedral nue- des tan diversas. El 12 de octubre de
La Yictoria obtenida por Escobedo sencia del gobernador. Los traba1os
en Sta. Gertrudis (20 de Jul. de 66) re- son presentados con toda JJropieclad. ''ª• tan amplia como la de )iléxico, en i7 se decreta la separaciún de ambas
la esquina de las actuales calles de escuelas.
nueva la esperanza. El ejérrito repu- Se cuenta con un aparato proyector
Juitrez y Tapia. LeYanta los muros paEn 1869, se abre la cátedra d(• a~riblicano entra triunfante a )i!onterrey para ilustrar las conferencias.. Por
ra un convento de capuchinas, y erige, mensura con una incripción tic 30
el 9 de agosto. El caudillo de Galcana cuanto a los temas. son de lo mas Yaconforme a los planos del mismo ar- alumnos. Fundador de estos estudios,
reor"aniza
ra administración púbJica. riado. ilientras Enrique Guajardo preo
quitecto. un ~mplisimo edificio para antecedentes de la Facultad de IngeHace apenas tres días que ha entrado senta un trabajO sobre Ecuaciones Dehospital de pobres.
niería, lo es Francisco L. )lier, compea la cüudad, y ya dicta las disposicio- terminadas, Virgilio Trcvi1ío lee otro
El gobernador y el ayuntamiento se tente ingeniero que se compromete a
nes para la reapertura del Colegio. El sobre La Corola. Antonio de la G~rza
oponen abiertamente a su labor Y a formar ingenie~os topógrafos. La es15 de octubre se reinician las clases, expone su tesis sobre Esteq11iom~t~w, Y
su ..idea de fijar el centro urbano de la cuela deja de funcionar al año siguiencon 75 alumnos.
Roberto García habla sobre el S1t10 de ciudad en un lugar entonces tan apar- te, por falla de alumnos. )iier, con
Tenoxtitlán. Cristóbal Guajarrlo se re- tarlo. Las tres obras quedan inconclu- autorización oficial, imparte clases
RECURSOS ECONmucos
fiere a Las Sensaciones y Luis G. Or- sas. Las paredes del hospital perma- gratuitamente al único discípulo: ~fiPasa el Colegio por seria situación tiz, diserta sobre La Vocal E francesa. necen por muchos años desafiando al guel F. }lartínez. El 31 de octubre de
económica. El gobierno le asigna el
tiempo. En 1849 el Gral. )lifión, en je- 71 se expide a favor de éste el primero
EL EDIFICIO
producto Ue algunos impuestos espefe del ejército ele esta frontera, dispo- y único titulo autorizado por ei Coleciales: conmutaciones del tiempo QllC
El gobernador Yiclaurri da princi- ne la construcción de cuarteles. Dos gio Civil, de ingeniero topógrafo e hifalta a los reos para extinguir sus con- pio, como ya lo hemos ,·isto, a la ob~a di&gt;radas más tarde este mismo edificio dromensor. En 1902, se aprueba un
denas de obras públicas; la mitad del ctel edificio. Interrumpida por los dis- es adaptado para el Colegio Civil. Pero nuevo proyecto para la carrera de toproducto de patentes de licores; dis- turbios de la época, se incrementa en el predio apenas si alc~nza 55 Mis.
pógrafo, pero no llega a establecerse.
pensa de publicaciones matrimonia- 1863. Ocupada la ciudad por los fran- fondo. Al inaugurarse srn embargo, he- El 9 de noviembre de 1899 se abre la
les; etc ... Posee el Colegio en propie- ceses nuevamente son suspendidos los ne una extensión por este rumbo de clase de ensaye de metales, que fundad dos importantes bienes inmue- trabajos. Yigas, sillares y otros mate- 175 Mts.
ciona tres años solamente, pero que
bles: la hacienda de San Bias, en San riales que habían siclo adquiridos por
· Cómo obtiene el Colegio esta vasta logra sus frutos con la recepción, en
"
• en 1901, de 7 ensayadores.
Buenaventura, Coah. valulüa en 46,000 compra o por donación, llegan hasta superficie
de terreno, que to davia
pesos, expropiada en 1859 a don Eva- extraviarse. Ello no obstante, algo se 1913 es conocida por u1os matorrales
risto Lobo y cedida al Colegio por adelanta. Escobedo inaugura la prose- del Colegio Civil?. Don Vicente de SeSUCURSALES
el gobierno federal en 61. Puesta en cusión con una fiesta de· hom~naje .ª púlveda la pide en mercer al ayuntaA fin de resolver el problema ele los
Juárez, en se¡itiembre de 66. La tri- miento en 1835, y éste se la concede

ma que requierert la ilustración y los
adelantos del siglo .. (y) de un modo
que satisfaga las exigencias sociales".
Basado en estos propósitos y recurriendo a los mismos fondos aplicados
por el decreto 13, dispone la fundación del Colegio el 30 de octubre de

alumnos foráneos, proyecta el gobierno el ·establecimiento de sucursales
del Colegio en los municipios más importantes del Estado. En 1877 se crean
el ele Salinas (26 de Oct.); ~larín (11
de Dic.); Linares, Galeana y Villaldama
(17 de Dic.). Pero no todos prosperan.
En Galeana y Villaldama ni siquiera
alcanzan a abrirse. La matricula del
de )larín fluctúa entre 9 y 11 alumnos.
El de Salinas alcanza a tener 22 inscripciones: es atendido por cuatro catcclratícos y tiene 740 pesos anuales
de presupuesto. Durante 10 aiios funciomrn estas dependencias del Colegio
Civil, que se cierran en 1887.

arrendamiento, apenas si alguna v_ez
se recoje su producto por la distancia
y por la situación imperante. Separados los estados de Nuevo León y Coahuila, el gobierno de este último la
Yende en 1865. Todas las gestiones para recuperar su valor son infructuosas. Por cuanto a los sitios de ]a Grulla, en el municipio de :Mina, en agosto de 71 se fijan sus linderos y sólo
se sabe que en ese año los posee (¿en
arrendamiento?) el coronel Antonio
Pérez y Villarreal.

1

r'
1

DEPENDENCIAS
Conceptuado entre los primeros de
su gt"nero en el pais, procura siempre
el Colegio estar al dia en todos los
aspectos. En 1864, establece un modesto taller de imprenta, con materiales de los talleres de la del gobierno.
Todavía en 79 se hacen impresiornes
de trabajos del Colegio en las dos

prensas pequeñas de que se dispone.
La biblioteca empieza a formarse desde los primeros .años. El director Carrillo establece un pequeño salón de
lectura, y el Ing. Beltrán inaugura un
local más amplio en 1916. El fondo bibliográfico asciende a 416 volúmenes,
y en 1926 pasa de mil. Al instalarla
el Dr. Santos en el 2o. piso, se adquiere la biblioteca particular del Ing. Ernesto Garcia Ortiz, y los libros pasan
de 3,000.
Al principio se carece de un laboratorio para las prácticas de química
e historia natural. Estas tienen que hacerse, en 1879, en la botica del Refugio, del Dr. Eusebio Rodríguez. El gobernador Viviano ViUarreal adquiere
en 81 un gabinete de física y un laboratorio de quimica, comprados en
Hamburgo. Esta dependencia es la que
mayor impulso recibe del gobierno
del Gral. Reyes. Con frecuencia se hacen costosos pedidos a Francia, de
equipos científicos.
El 5 de mayo de 1889 se inaugura
el museo de historia natural, adquiri-

do también en París. Sola la sección
de mineralogía llega a tener, en 1898.
2,147 piezas. en díez vitrinas especiales. En 1902, se establece en el patio
sur un jardirr botánico, y se plantan
en el traspatio 150 moreras para la
cría del gusano de seda.
El observatorio meteorológico se
crea durante la dirección del Dr. Rocha. El primer informe se rinde en
enero de 87, correspondiendo a las
observaciones del año enterior. Los
informes se publican en el "Periódico
Oficial" y en hojas sueltas. En 1898
aparece el No. 1 del Boletín :Vlensual.
Desgraciadamente esta interesante publicación se interrumpe en Noviembre
de 1900, con motivo de la muerte de
José Sáenz, director de la Imprenta
de Gobierno.

EJERCICIOS GUINASTICOS Y
)IILITARES
Entre las actividades de más honda
tradición en el Colegio, pueden conceptuarse, indudablemcnté, la gimnás-

tica y los ejercicios militares. El director Carrillo instala en 1904 el gimnasio y obtiene un equipo completo
que hace traer de St. Louis Mo. Los
muchachos son uniformados con camisa ligera, pantalón corto y media
negra. Se practica la esgrima, implantada desde 1889. Los deportes son incrementados en forma eficaz. Los encuentros de beisbol con los muchachos
del Instituto Laurens o los de la Normal, tienen lugar desde antes de 1905,
en el amplísimo patio del Colegio. Las
quejas de los vecinos por los vidrios
rotos de las ventanas y los daños causados al edificio del plantel, haceb dotar a las bardas y ventana de éste de
resistentes telas de alambre, donadas
por el ayuntamiento de 1910.
Pero si la gimnasia y los deportes
imprimen al Colegio un sello de movimiento y de salud física, lo que viene
a darle un carácter viril y de brillante
tradición son los ejercicios militares.
El Reglamento del Colegio de 1892 los
incluye ya'. como asignatura en cada
(Pasa a la página 8)

?e

121.-Esquina de Morelos y Zaragoza, Edificio SyR.

Página 2

Página.3

��VOZ ESTUDIANTIL

CENTENARIO DEL
COLEGIO CIVIL

~n completa concordancia con el afán, por otra parle plenamente justificado, de saber y de Cultura.
Al expedirse en el año de 1933, y durante el período gubernamental del Sr. Francisco A. Cárdenas, la Ley Orgánica de la Universidad de Nuevo León, el Colegio Civil del Estado quedó anexado a la
Universidad bajo la denominación de Escuela de Bachilleres.
Sin embargo en la Ley Orgánica se estipuló, con justificada razón, que debería conservarse el nombre de Colegio Civil en atención
al papel importantísimo que éste siempre había desempeñado en las
labores educativas no sólo dentro de nuestro Estado, sino más allá de

Gustavo VAZQUEZ AYALA

¡

los resortes de la energía humana, conduciéndola y encauzándola por una trayectoria defipida, por una ruta precisa que culmina en
el positivo beneficio espiritual y material, para la mayoría de las masas
humanas y de la colectividod.
Cumple pues la Cultura una función eminentemente social, coutribuye al orden y sistematización de esa función como la estructura
ideológica que contiene las convicciones del hombre, sus ideales y asoi1
raciones profundas.

El hombre es un proceso, la Cultura también se desarrolla por
etapas sucesivas de superación. El hombre está sujeto a la evolución
universal y la Cultura a la evolución humana.
El hombre se mueve genéticamente en el Universo como creatura
suprema y como realización última de los procesos vitales, sirviendo de
base de sustentación a la Cultura que surge siempre imponente y
arrolladora en medio del panorama humano como la plena realización
Y ejecución ya no tan sólo de los ideales de un solo hombre. sino como
el fruto de una labor colectiva, como el resultado concreto de una taiea
social.

Págitia'6

zón de no sentirse competente para entregarse a tal ocupación literaria. Las
relaciones con Eichhorn se enfrían rápida y decididamente. Su posición en el
puesto se hace más y más desagradable.
E1chendorff cree tener que quejarse de
menosprecio en varias oportunidades.
Así llega el momento, que el empleado
consciente se decide a pedir su baja del
servicio del Estado. Esta no se lleva a
cabo inmediatamente. Por de pronto recibe en 1843 del rey el encargo de escribir una historia de la restauración del
Castillo de Marienburg En 1844 se le
concede su baja del servicio.
Pasa bastante tiempo en Danzig, donde viven dos de sus hijos, y se ocupa
principalmente con la traducción de
"Autos Sacramentales" de Calderón.
A éstos no se les había conocido hasta
entonces en Alemania. La traducción
magistral de Calderón fué para Eichendorff lo que había sido para Schlegel la
traducción de Shakespeare; se conquistó luego un amplio círculo de lectores,
unos se presentan, otros traductores se
ocupan de traducir otras obras de Calderón a I alemán.
Además produce en Danzig una serie
de escritos históricos literarios. En él
otoño de 1846 viaja Eichendorff con su
esposa a Viena, donde pasa casi un año
en el círculo de viejos amigos. La ciudad, ciertamente no pobre en grandes
intelectuales, se muestra ansiosa en feste1ar al poeta de todas maneras posibles
y en hacerle homenajes.
En el otoño de 1847 vuelve Eichendorff a Berlín. Apenas había pasado medio año en la ciudad, cuando le obliga
a huír la revuelta de la revolución, que
era especialmente fuerte en el sector de
la ciudad en que vivía. Con su esposa
enferma se va por de pronto a Koethen
y luego en 1848 a Dresden. Casi pasan
dos a1íos hasta que vuelve a Berlín. Durante los próximos años compone, a más
de las traducciones, una serie de traba-

Surge el Colegio Civil, a raíz de la expedición del Decreto del 10
de Octubre de 1859, aún cuando dos años antes durante el Gobierno
de Santiago Vidaurry la Legislatura había expedido otro Decreto en
que se facultaba al Ejecutivo para que procediera a establecer un Colegio Civil de instrucción pública.
Al ser creado el Colegio Civil. fué el señor Licenciado Don José
de Jesús Dávila y Prieto, quien desempeñó el cargo de Director.
La fundación de una institución educativa tan importante como el
Colegio Civil para el impulso de la educación en nuestro Estado, habría de catalogarse, y aún hoy así todavía debe juzgarse, como el intento más laudable y meritorio por parte de todos aquellos que contribuyeron para convertir en realidad, el anhelo insatisfecho en ese entonces, de dotar a nuestra provincia de un Centro de Cultura que estu\iera
a la altura de las necesidades primarias y que fuera, al mismo tiempo

jos literarios "Julián" (1853) y "Roberto unos cuantos trabajos cortos, como por
Guiscard" ( 18551.
• e1emplo, los ensayos "La Vida .de ArisEn la primavera de 1855 se enferma tócratas Alemanes hacia el fin del Siglo
su esposa de un padecimiento del hígado XV/11" y "Halle y Heidelberg".
En viaje a Karlsbad en junio del mismo
En noviembre de 1857 se enfenmó
año tuvo un restablecimiento aparen- Eichendorff de neumonía, que pronto
te. En el invierno, sin embargo, tiene acabó con la vida del poeta de 69 años.
una recaída· intensa, que le deja sentir El día 26 de Noviembre de 1857, hacia
su pronto fin. Desea que la lleven a las diecisiete horas, murió y le enterraNeisse, Alta Silesia con su hiia Allí mu- ron el 30 de Noviembre en el cementerió el 3 de Diciembre de 1855.
·
rio de Santa Jerusalén en Neisse, al lado
EicherÍdorff toma ahora una casa de de su esposa.
campo en Neisse, que se llama St
De sus cinco hijos le sobrevivieron
Rochus. Vivía muy, retirado, mantenien- tres. Su hijo mayor, Hermann, se hido solamente poco contacto social. En zo su primer biógrafo. Hermann lo
los dos años que Je quedan, produjo úni- enterraron en el cementerio de Bonncamente unas piezas inacabadas. Acabó Poppelsdorf al pié del Cerro de la Cruz.

11-

en las más apremiantes circunstancias y
con
los flujos y reflujos del humano destino.
Surgen en la pretérita memoria de la historia, los nombres ilustres
del licenciado Don José de Jesús Dávila y Prieto, del Licenciado Jesús
Ma. Agiular, del Dr. José Eleuterio González, del Dr. Pedro Noriega,

BOL'CHSPIES, Walter, en colaboración con Franz Bouchspics: José
Barón \'on Eichendorff. - No. 1112, noviembre-diciembre.
BOWRA, C. ~!.: La herencia del sím-

Ya Ior heróico

Miguel F. Martínez y tantos otros, que deberán quecI~r eternamente grabados en la mente y en el corazón de los viejos Y de los jóvenes. En los viejos, como el recuerdo imperecedero de los hombres maduros, y en los jóvenes como el ejemplo histórico y la virtud encarnada.
S ea pués ben d ita su memoria.T
Las varias generaciones que han pasado por nuestro honroso Colegio, han marchado siempre a la vanguardia en la Cultura Y los que
están por sucederse tienen la obligación moral de continuar con la iniciativa.
En esta forma daremos prestigio y lustre a una. Institución que ha
;abido distinguirse con honorabilidad, constituyéndose en un positivo
orguflo para nuestro Estado y para nuestra Patria. ·
El Colegio Civil, no sólo ha sido un Centro Educativo destacado,
sino que también ha sido heredero de una tradición militar como quien
ejecuta en lo físico, empuñando un arma y en lo espiritual una idea;
formándose así, la doble conciencia. por una parle del soldado, del militar que defiende con ardor su Patria y por la otra, la del otro soldado
que participa calurosamente en los también ardientes combates de la
- inteligencia.
Tengamos Íé en el porvenir ayudados por la confianza del
pasado. y entreguémonos en cuerpo y alma a nuestro amado Colegio
Civil símbolo de un futuro halagador, para emerger después, rociados
c1, potencia, en la efervescencia espirituall
Veamos a nuestro Colegio como el faro que ilumina y despeja la
nebulosa de la i gorancia, mostrándonos con precisión y lino, la trayectoria que hemos de seguir.
.
Su labor ha consistido siempre en señalar a todas las generacwnes.
la rula que deben abordar para poder sustraerse de los derroteros inseguros y encaminarse con paso firme y decidido, por aquél sendero que
se extiende en posibilidad ilimitada, como el principio de una larga y
enosa jornada.
...,....,,,,.. La marcha prolongada y continuada de todos aquellos que nutren
u seno la idea sublime del progreso, de aquellos que adentrándose
:,'las complejidades de la existencia, parecen ~urgir después con nu~tÍs ímpetos y con nuevas energías que les permiten. como consecuencia
sondeo en los intrincados problemas de la vida humana, esbozar
/ una nueva Filosofía o sustentar una ideología que sirva .de base a las
actividades futuras.
.
El Colegio Civil constituye un baluarte de la Cultura, es el núcleo
donde convergen todos los pensamientos que están unificados por un
cliterio de superación, y por la tendencia unánime de conseguir atesorar
una Cultura que esté a tono con el avance social y jurídico de nuestra
Sociedad, convirtiéndose así nuestra Institución, en una colaboradora
eu la resolución de los problemas de la comunidad.
En esta forma, se logrará la conjunción de las actividades o funnes desempeñadas por nuestro Colegio, con las actividades o funcioque se lleven a efecto en el campo de la Sociedad.
l Colegio Civil ha desempeñado siemper una función social, edu..
de orientación de las vidas humañas, fundamental para el decat" a ) 'ntegro y generaI de to dos Ios fac 1ores que m
. 1erv1enen
.
en e I
sarro 11o
proceso s~ial.
T enie~o en consideración la tarea tan meritoria que el Colegio
Civil ha llevado siempre adelante en su fecunda labor de la difusión
de la Cultura en nuestra Provincia y en nuestra República, se celebra
en este año de 195i su glorioso centenario, quedando pa
o de
las futuras generaciones, como el Templo del Sab ·
Cultura que alberga en su seno a los hijos de
para grandeza de la Patria.

--

,

J.

brero.
BOUCHSPIES, Franz: Salomón en la
leyenda bíblica. - No. 1, enero.

Lg.

1

p1·asa. -

le fueron de ica os por aque os om res que ya como
irectores o
Colaboradores modestos y desinteresados, hicieron posible con su cotidiano afán, lo que para otros que no hubiesen tenido la misma energía y vigor, hubiese resultado poco más que imposible el llevar siemP re adelante la difícil empresa, sosteniéndola con su fé inquebrantable

desa fian do

Es el individuo considerado como célula social un oraanismo cultural, constituye la médula y la esencia del contenido substante de la
Cultura.

en las revueltas de la Iglesia de Colonia,
colocándose completamente al lado de
la Iglesia católica. Sin embargo, tenía
en su superior, el Ministro Altenstein,
un admirador de su poesía, y mientras
este vive, pudo Eichendorff mantenerse
en su puesto.
E1chendorff abandonó Berlín durante·
los trece años de su estancia solamente para cortos paseos a su tierra natal. En Berlín compuso entre otras cosas, las novelas "Mucho Ruido para Nada" ( 18321, "Los Poetas y sus Compañeros" ( 18341, "El Castillo de Durande" ll837I, "El Caballero de Industria"
(1841 ) así como una pieza de, teatro,
la preciosa comedia de equivocación, que
aún hoy se presenta con éxito, "Los Pretendientes" ( 18331.
A pesar de estos trabajos y de los de
su puesto encuentra aún tiempo para
ocuparse de cuestiones políticas, y con
la literatura española. Así aparecen de
él en el sector político ( 1832) "Sobre
la Libertad de la Prensa" "Sobre Cuestiones de Constitución", "Sobre Revueltas Eclesiásticas", etc.·
El primer fruto de sus estudios españoles fué la traducción del libro "El
Cónde Lucanor" de Juan Manuel, sobre
las costumbres principescas del siglo catorce.
En 1840 se muere el superior y
protector benigno de Eichendorff, el
Mjnistro Alten.stein Ocupa su lugar
E1éhhorn una personalidad burócrata y
poco tolerante. Eichendorff tiene que
sentir pronto el cambio de las relaciones
de la manera más dolorosa. Ya en 1837
había escrito Schoen: "Debido al asunto
del Arzobispo de Colonia se han cegado
aquí en contra de los católicos, y ésto
se hace ver ambién en contra de Eichendorff. Esto no es bueno ...... " Cuando le pide Eichhorn refutar los ataques
d~ la prensa en contra de la manera de
tratar el asunto religioso por los mismos
medios, se niega Eichendorff, tanto por
razones de conciencia, como por la ra-

ARENALES, Ricardo: Elogio de la ciudad, - No. 9, septiembre.
BAUDELAIRN~• Charles: Poemas en

o. 3, marzo.
nuesltas ronteras.
, .
. .
..
. . BABIN, ,!aria Teresa: _Epístola a
Pero a la par del sohdo preshgw adqumdo por nuestro Colegio./ fonso Reyes, poeta siempre. - :--o.
como Centro Educativo, debe recordarse siempre con cariño y respeto
2, febrero.
.
.
la tarea fecunda y el trabajo desarrollado en forma extraordinaria que BEXA \'!DES, A,rtem10: _Centei;ar,o de
la Const,tucwn de 1807. - No. 2, fe11 h b
D.
d d

7lr' N LA evolución histórica y social de los pueblos, la Cultura es
JIL9 la base fundamental de su progreso, es el aliciente que mueve

Constituyendo una necesidad imprescindible el proporcionar los
medios adecuados para la difusión de la riqueza cultural, el hombre ha
procurado en todas las épocas, superando a veces su propia historia,
el ~stablecev instituciones educativas de predominante influencia que
coadyuven mediante s.us actividades en el terreno práctico de lo social,
a impulsar el progreso en todas sus formas y hacerlo patente en sus
múltiples manifestaciones.
Una de esas instituciones que ha cumplido fielmente a través de
los años su noble tarea, es el glorioso Colegio Civil.
Este recinto espiritual que ha albergado ~n su seno a muchas aeneraciones y que ha dado a nuestro Estado y a nuestra Patria homb;es
ilustres y destacados, cumple en este año su también glorioso centenario de actividad fecunda, de superación constante y de innegable progreso.

Indice de lo Publicado en Armas
yLetras Durante el Año de 1957

,JeJ

Cervantes, Arios/o y las canciones
de gesta. - No. 5, mayo.
Don Juan. - No. 9, septiembre.

bolismo. -

No. 3, marzo.

CALDERON SIERRA, Bertha: El reafisma en /as obrns de Rabasa. - No.
5, mayo.
CA1IUS, Albert: El escritor. - No. 10,
octubre.
Pequeña antología: El mita de Sísífo, La peste, E/ hombre rebelde. -

:,;; 0 . 10, octubre.
CARDONA PEÑA, Alfredo: De los so-

César Abdallah Portala). -

Xo. 9,

septiembre.

XATHAN, ;\lonique: B/oomsbury. Xo. 9, septiembre.
PAZ, Octavio: Introducción a la poesía mexicana. - No. 1, enero.

Introducción a la poesía mexicana
moderna. - No. 2, febrero.
El nacimiento de la moderna poesía
mexicana. - No. 4, abril.
POREBSKI, ,liedzyslaw: El arle de
Kulisiewic=. - No. 8, agosto,

PORTALA, César Abdallah: Versión española de ¡Capitá11 1 mi capitán!, de
,valt Whitman. - No. 1, enero;
Omción de Linto/n en Gettysburg.
X o. 5, mayo; La marea/ de Longfellow. -

No. 9, septiembre.

OCHOA, Enriqueta: Entrega inmediata. -

No. 1. enero.

RANGEL GUERRA, Alfonso: Dolor y
poesia en César Vallejo. -

Xo. 5,

mayo.
REDACCION, La: Recordación (Primer aniversario de la muerte del

Profesor Francisco M. Zertuchc). Xo. 5, mayo.
Creadol' y creación (Bio-hibliografia

ele Albert Camus). bre,

No. 10, octu-

netos recién corlados. - No. 6, junio.
CASTRO LEAL, Antonio: Diego Rivera.
No. 11-1.2, noviembre-diciembre.
CAVAZOS GARZA, Israel: Las Consti-

El Premio Xobel. - No. 10, octubre.
ROH, Franz: El arte alemán en el siglo
XX. - No. 7, julio.
SALINAS QUJROGA, Genaro: Vallejo,

tuciones Locales de NueLJo León. -

l:RQUIZA, Concha: Cinco sonetos en

educador insigne. -

No. 8, agosto.

torno a un tema eI"ótico. -

No. 2, febrero.

Panorama Histórico del Colegio Civil. - No. 11-12, noviembre-diciem-

bre.
COSSIO VILLEGAS, Daniel: La eslruclura de las Constituyentes. -

No. 2.

febrero.
CHEJOY, Antón: El doctor. -

Xo. 6,

Xo. 7,

julio.
VALLE-INCLAN, Ramón: El verba de
los poetas (trozo antológico). - Xo.
7, julio.

VASQUEZ AYALA, GustaYo: El centenario del Colegio Civil. - No. 11-12,
noviembre-diciembre.

V!LLASEÑOR, Eduardo: .4pología del

junio.

CHE\' ALTER, André: Francia de hoy.

dilecttante. -

No. 6, junio.

WHIDIAN, Walt: ¡Capitán, mi Capi-

No. 4, abril.

CHU)IACERO, Alí: El Tomóchic de
Huibel'to· Fl'ias. - ~o. 6, junio.
.llar a la vista. No. 6, junio.
DAmlOX, Ser ge P.: Charles Ba11de/aire. - Xo. 3, marzo.
El humanismo literario del siglo XX.

tán!. -

No. 1, enero.

WOOLF, Virginia: El arte de vivir
(trozo antológico). - No. 9. septiembre.
X: José Barón Van Eichendorff. - Xo.
11-12, novíemhre-dicirmbre.

¡\o. 4, abri1.

Contestación a un acto de acusación
(.a p!Opósito del Premio Nobel de
Albert Camus). - No. 1 O, octubre.
FERXA).DEZ, Sergio: La hija de Ce-

lestina. - No. 6, junio.
\'ida de Jlarcos de Obregón. ~ Xo.
7, julio.
FRANCE, Anatole: Lo., poetas (trozo
antológico). - No. 8, agosto.
GALLEGO, Juli{m: Xeumoescultura. No. 7. julio.

Real como la vida misma. -

agosto,
GIDE, André: Co11sejos a
critor. -

~o. 8,

u11 joven

es-

:No. 5, mayo.

rmasy

~TRA
Ürgano Mensual de la Univeuldad
de Nuevo León
-..__
Regiatredo como artículo

de 2a, Cfue en la

Admón. de Correo9 de MonlerTey, N.

L..

el

20 de Abnl de 1944.

GO)'(ZALEZ AL.IAZAN, Salomón: Donde empieza todo. - No. 8. agosto.
Donde quedó la huella. - No. 9,

INDICADOR,

Colahoradom

septiembre.

HEXRIOT, Emile: Albert Camus, Premio Nobel. No. 10, octubre.
H6LLHUBER, Ivo: Epílogo a la Filosofía del horobre. - No: 8, agosto.
Hl:IDOBRO, Vicente: Poema para hacer crecer los árboles. - No. 2, febrero.
JA1IES, Francis: La inteligencia (tro-

zo antológico). - No. 6, junio.
LIBROS: Veinticinco notas bibliogr/,ficas en los números 1, enero: 4,
abril; 5, mayo; 6, junio; 7, julio; 9,

septiemb.re y 1O, octubre.
LINCOLN: Or ión en Gettysburg
V
e · ar Abdallah Portala).

Hugo Padilla
Fidencio ele la Fuente
Genero Salinas Qwroga

Arturo Cantó S.
Homero A. Garza

AlfonJNJ Ran1Zel Guerra
Guillermo Cerda G.
Jorfe R.tmgel Guena
Manuel Morales
Dibujos de Jorge Ran¡el Guem,
Director

Lic.

Fidendo de la Fuente
Oficina■

Wa,hin¡ton y Col.,io Q,¡J
Monlen-ey, NoeYO Le6.

MEXICO

Página 7

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                  <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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                <text>Armas y Letras, Boletín mensual de la Universidad de Nuevo León, 1957, Año 14, No 11_12, Noviembre-Diciembre </text>
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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>v~~ .. llOLETIN

MENSUAL DE LA _UNIVERSIDAD DE NUEV~ LEON

Registrado como articulo de 2a. clase en la Adm1mstrac10n de Correos de Monterrey, N. L., el 20 de Abrtl de 1944.

Año XIV

D.A.S.U.

No. 2

· !HYllSlTMIO

Febrero de 1957

\

ENTENHRI DE LH
E

STA noche* la Universidad de
Nuevo León hace acto de presencia en los homenajes que se
rinden en ocasión del Centenario de la
Constitución de 1857 y del Pensamiento Liberal Mexicano. Para nuestra Ins•
titución era deber imposterable, misión
indeclinable esta recordación centenaria. ¿Cuál es la razón que anima este
acto y los demás actos que se ofrecen por
igual motivo en el país?. Intentemos dar
una respuesta al gesto del escéptico, tra•
temos de darla también a la actitud del
eterno pesimista.
Todo el júbilo de nuestras fiestas, to•
do el motivo de nuestros afanes conmemorativos, hoy por hoy, se borda sobre
el argumento, tan sutil, de que lo que
nuestro país ha llegado a ser, de que lo
que somos nosotros es producto de lo
que en nuestro pasado se realizó, es debido a que con anterioridad fuimos de
diversa manera y gracia a esas distintas
maneras de ser de nuestro país en el pasado, la realidad que ahora es nuestro
país y somos nosotros cobra un sentido;
sólo atendiendo esta razón la vida se
vuelve un poco transparente. En definitiva, somos herederos de otros hom•
bres, que lucharon, que combatieron,
que se sacrificaron por hacer una patria
libre y progresista. Es la herencia que
recogemos y debemos continuar porque
tal es la ley de la historia. Por ello esta
n·oche la Universidad cumple con fundamental deuda histórica contraída con
nuestros constituyentes, con plena conciencia de sus afanes y del ideal consagrado en el pensamiento liberal mexicano.
Pero ¿cuál es el motivo de nuestro júbilo, el fin de nuestra recordación? El
5 de febrero de 1857 se juraba la Cons•
titución. Aparentemente ésta era una
más que se agregaría al rosario de Constituciones de nuestro inestable siglo Diecinueve. Mas no fué así. Nuestros Cons•
tituyentes de 1856 trabajaron bajo el
clima político menos propicio, asonadas,
rebeliones, desquiciamiento económico
y político, encontradas furias de partido ... Todo se dió cita a la hora de su
labor. Y como antecedente, como pasa,
do inmediato, la dictadura más insolente de nuestra historia, el desgobierno de
aquel hombre en el que el histrionismo,

la ezquizofrenia y la fanfarronería lograron cabal ejemplar: Antonio López
de Santa-Anna. El Congreso tenía por
delante la obra de organización del país;
La revisión de los actos de la Dictadura
del "Santanato", la organización del
Gobierno provisional y la creación del
Código fundamental que debería echar
las bases de la paz, la libertad y el pro•
greso. Los múltiples cometidos y las cir•
cunstancias que los acompañaban hicieron que su labor tomara la calidad de
protéica, porque contra toda adversidad
mantuvieron el ideal más firme, a todo
obstáculo opusieron el empeño más no•
ble y salvaron todo impedimento con alteza de miras, con patriótica nobleza.
Mucho se esforzaron, por ello mucho
merecen.

DE 1 57
Debemos aclarar por principio de elemental honradez, que nuestros constitu•
yentes del 56 no acertaron del todo; su
obra, desde luego, no es perfecta. Como
toda faena humana adolece de graves
errores si se quiere. Pero debemos asen•
tar que a pesar de ello y dadas las circunstancias que cobijaron su labor, el
ambiente tan difícil que los rodeó, sus
afanes, se nos antojan, creemos since•
ramente, más recomendables al aplauso
que a la crítica mordaz e inconsciente.
Porque después de todos los acontecimientos posteriores dieron la razón a
nuestros Constituyentes: al amparo de
la Constitución de 185 7 se realiza la
gran obra social de la Reforma y se liquida la terrible situación que la antece•
dió. Todo ello, digámoslo de una vez,
porque dentro de ella se consignaron las
más caras garantías de la persona y se
dotó al ciudadano de un medio eficaz
de protección: el Juicio de Amparo; se
proscribió la pena de muerte por delitos
políticos y se consignó la libertad de
prensa y en fin, el pueblo la aclamó como símbolo, la hizo resurgir victoriosa

Por Artemio BENAVIDES
de la guerra de tres años y de la inter•
vención francesa, haciéndola casi mito,
ilusión casi, pero nunca olvidemos que
la ilusión es el arma más poderosa en el
progreso de los pueblos.
Y bien, ¿Qué representa la gesta liberal
de 1857 para nosotros, universitarios de
ahora, a 100 años de distancia? ¿Será
que debemos considerarla producto de
nuestras desdichas, según la pasión de
unos? ¿Según el sentimiento de otros
tenerla como principio absoluto de la fe.
licidad nacional? En nuestro sentir, tan
falsa es la pasión del escéptico contu•
maz, como el sentimiento del ardiente
exaltado. Y decimos esto porque desea•
mos que la feliz recordación que hacemos esta noche lleve como meta primordial la firme convicción de que a los hechos históricos se les debe tratar como
tales, es decir, como pasado y enfrentar•
se a ese pasado para lograr una conciencia, o sea, para que sirva como antece•
dente en nuestras futuras decisiones,
que el pasado sea producto de enseñanza, de lección, fuenfe siempre renovada
para lograr la convicción de nuestra
conducta Jutura; pero nunca, nunca
considerar al pasado como fruto de polémica y de división. Se ha dicho que
la conmemoración tendría como fin la
unidad nacional ¿y qué mejoi; oportunidad que ésta que se nos ofrece? Desterremos la polémica inocua, vengamos
todos -liberales y conservadores, reac•
cionarios y extremistas- a la obra que
reclama el porvenir, la de la unidad en
beneficio de nuestra patria. Alejemos
de nuestro espíritu ese combatir contra
fantasmas del pasado y aprestémonos a
la lucha que se presenta en nuestro tiem. po. Pero eso sí, con el deseo siempre
presente de lograr la libertad que al decir del maestro Sierra, sólo ha sido, individual y colectivamente, el patrimonio
de los fuertes.
La Universidad manifiesta esta noche
su firme adhesión a las más ·puras manifestaciones nacionales, patentiza su
admiración a los hombres que hicieron
posible una época de libertad y de progreso ... Porque tener plena conciencia
de los ideales libertarios y de la lección
histórica de la promoción de 1857 es
una forma de alentar la flama de la
verdad.
~N1tVlRSto1Dd[)f' lr~E~~'tu;:GNi:. iJt LA

�II. - ;\;EOCLASICOS, Rm!ANTICOS
Y MODERNISTAS
A pesar de que el barroco se prolonga hasta la mitad de la centuria, el
siglo XVIII es una época de prosa. Nace el periodismo; prosperan la critica
y la erudición; ciencia, historia y fiiosofía crecen a expensas de las artes
creadoras. Ni el estilo dorado del siglo anterior, ni las nuevas ten'dencias
neoclásicas producen figuras de importancia. Los poetas más notables de
la época escriben en latín. Mientras
tanto las ideas de la Ilustración despiertan un mundo somnoliento. La Revolución de Independencia se anuncia.
La esterilidad artística del neoclásicismo contrasta con el hervor intelectual
de los mejores espíritus. Al finalizar
el siglo aparece un poeta apreciable,
,1anuel de Navarrete, delicado discípulo de Meléndez Valdés. En sus poemas el neoclasicismo y sus pastores se
tiñen de una vaga bruma sentimental,
anuncio del romanticismo.

IGNACIO R.UIIREZ

El siglo XIX es un período de luchas
intestinas y de guerras exteriores. La
nación sufre dos invasiones extranjejcras y una larga guerra civil, que termina con la victoria del partido liberal. La inteligencia mexicana participa en la política y en la batalla. Defender el pai~ y, en cierto sentido, hacerlo, in,·entarlo casi, es tarea que desvela a Ignacio Ramírez, Guillermo
Prieto, Ignacio Manuel Altamirano Y a
muchos otros. En ese clima exaltado
se inicia la influencia romántica. Los
poetas escriben. Escriben sin cesar,
pero sobre todo combaten, también sin
descanso. La admiración que nos producen sus ,•idas ardientes y dramáticas -Acuña se suicida a los 24 años,
Flores mucre ciego y pobre- no impide que nos demos cuenta de sus debilidades y de sus insuficiencias. Ninguno de ellos -con la excepción quiz:.i, de Flores, que sí tuvo visión poética aunque careció de originalidad expresiva- tiene conciencia de. l_o que
significa realmente el romanhc1smo.
Así, lo prolongan en sus aspectos
mús superficiales y se entregan a una
literatura elocuente y sentimental, falsa en su sinceridad epidérmica y pobre en su mismo énfasis. La irracionalidad del mundo, el diálogo entre éste
y rl hombre, los plenos poderes que
confieren el sueño y el amor, la nostalgia de una unidad perdida, el valor profético de la palabra Y, en fin,
(.'] ejercicio de la poesía com aprehensión amorosa de la realidad, universo
de escondidas correspondencias que el
romanticismo redescubre, son preocupaciones y evidencias extranjeras a casi todos estos poetas. Se mueven en la

dición o la crea. Dario y Lugones
crean la suya; Gutiérrez Nájera y Ama.
do N'ervo no tuvieron plena concien•
cia de la que les pertenecía y por eso
tampoco la tuvieron del sentido profundo de la renovación modernista. Su
modernismo es casi siempre un exotismo, quiero decir, un recrearse en los
elementos más decorativos y externos
del nuevo estilo.

Introducción a la Poesía
Mexicana Moderna
Octavio PAZ

esfera ele los sentimientos y se com•
placen en contarnos sus amores y sus
entusiasmos, pero apenas si rozan la
znna de la sagrado, propia a todo genuino arte romúntico. La grandeza de
estos escritores reside en sus vidas y
en su defensa de la libertad.
Es notable la persistencia de la poesía neoclásica en esta atmósfera de
cambio y revuelta. Verificadores correctos casi siempre, los académicos
preservan al lenguaje de las caldas románticas. Ninguno es un verdadero
poeta, pero José Joaquín Pesado y J~aquin Arcadio Pagaza logran una discreta recreación del paisaje mexicano.
Su influencia y su lección serán aprovechadas por Manuel José Othón. El
hermoso paganismo de Ignacio Ramirez -quizá el espíritu más representativo de la época- se expresa con
dignidad en unos desdeñosos tercetos.
Altamirano, maestro de una generación mas joven, intenta conciliar las
tendencias contrarias e inicia un tímido nacionalisnio literario, que no produce descendencia inmediata de mérito.
,lanuel José Othón se presenta como
heredero de la corriente académica.
);'.ingún propósito de novedad. ª?ima
su obra. Si huye del romanllc1smo,
tampoco muestra complacencia ante la
retórica "modernista", que vió triunfar al final ele su vida. Los poetas acac1einicos, y él mismo, creyeron que esta actitud lo 'adscribía a su bando. Y
asi es, pues gran parte ele la obra de
Othón no se distingue por sus propósitos e intenciones de la de Pagaza,
pecta al que lo unlan no sól_o comu~~s
aíicioncs sino parecida actitud estehca. ~las los sonetos del Idilio Salvaje,
A una estepa del Nazas y algún otro,
representante algo mús que esa "poesía de la naturalezau en que se complacía, pctrificúndosc, la escuela académica. El desierto del Norte, "enjuta
cuenca de un océano muerto", y su cielo alto y cruel, dejan de ser un esp.ectúculo o un símbolo. Espejo de su ser
exhausto, la aridez del amor y la este•
rilidad final de las pasiones se reíle-

S.4L\'.4DOR Dl.lZ .1l1ROX

A pesar de sus limitaciones, en algunos poemas de Manuel Gutiérrez Nájera sl' entrevé ese otro mundo, esa otra
realidad que es patrimonio de todo
poela de verdad. Sensible y elegante,
Gonzúlez Martínez asume la originacuando no se complace en sus lágri- lidad mexicana del modernismo, esto
mas o en sus hallazgos, acomete con es, lo convierte en una conciencia v
grada melancólica el tema de la bre- lo enlaza a una tradición. Así, no e~
vedad de la ,•ida. Su poesía, como él su negador, sino el único poeta realmismo lo dice en uno de sus poemas mente modernista que tuvo México
m:is citados "no morirá del todo". En -en el sentido en que fueron modersu periodo modernista, Amado Nervo nistas Darío y Lugones en América,
manipula-sin gusto, pero con novedad )fachado y Jiménez en España. La
y autenticidad, el repertorio del sim• atención que otorga al paisaje- y soholismo. Después, decide desnudarse. bre tocio al paisaje nocturno- se imEn rcnlidad, se trata de un simple cam- pregna de sentido: el diálogo entre el
bio de ropajes: el traje simbolista hombre y el mundo se reanuda. La
--{JIIC le iba bien- es rubstitulido por
poesía deja de ser descripción o queja
el gab,ín del pensador religioso. La para volver a ser aventura espiritual.
poesía perdió con el cambio, sin que .\ partir de Gonz:llez Martínez serán
gauaran la religión o la moral.
imposibles la elocuencia parnasiana y
el desahogo romántico. Al hacer del
Otros poetas, menos aplaudidos en modernismo una conciencia, cambia
un tiempo, se acercan más a la zona la actitud del poeta ante la poesía, auneléctrica de la poesía. Francisco A. que deje intacto el lenguaje y los simde Jcaza, amargo y sobrio, logra en holos. El valor de su empleo no resisus breves poemas una concisión al de en su oposición al lenguaje modermismo tiempo sentenciosa y opaca. nista, -al que nunca negó sino en sus
extravíos, y al que permaneció fiel
hasta su muerte- sino en ser el primero que devuelYe la poesía el sentido de la gravedad de la palabra.

\

)
.11.IXC'EL JOSE OTHOX

ritu. O como ha dicho Jorge Cuest¡¡:
"su fecundidad está en su silencio.
Otros poetas fueron indignos de callar". Precursor y maestro del modernismo, la aventura de Díaz Mirón es
sobre todo una aventura "erbal. Mes
rsa aventura es también un drama: -el
del orgullo. Pues este artífice es también el primer poeta mexicano que
tiene conciencia del mal y de sus atroces posibilidades creadoras.

IGX.4CIO .11.\.\TEI, .H,T,l.l!IR,lXO

jan en la desnudez de la sabana. Debajo de la forma y del lenguaje !radie ionalcs, brilla el ojo fijo de una naturaleza que sólo se sacia aniquilando
lo que ama y que no tiene otro objeto
que consumirse consumiendo. Un sol
de páramo quema las rocas del desierto, que no son sino las ruinas de su
ser. La soledad humana es una de las
rimas de la soledad plural de la naturaleza. El soneto se ahonda y sus
correspondencias y sus ecos aluden a
otra inexorable geometría y a otras rimas más fatales y ,·acías.
Si Othón es u11 académico que descubre el romanticismo y escapa asi al
parnasianismo ele su escuela, Salvador
Díaz Mirón emprende un viaje contrario: es un romántico que aspira al clasicismo. La pocsia de su primera época ostenta la huella elocuente de Rugo
y el énfasis de Byron. Tras un silencio de afios, publica Lascas, único libro que reconoció como enteramente
suyo. Ese titulo califica su poesía. O
más exactamente: Ios instantes de poesía arancados por la cólera y la impaciencia a una forma que es siempre
freno. Lascas: chispas, luces breves
que iluminan por un breve segundo
un alma negra y soberbia. El Díaz ~lirón parnasiano no niega el romántico:
lo sujeta sin acabar jamás de domesticarlo. Y ele ese forcejeo -a veces sólo
t•stCril maestría y tortura del idiomahrotan tensos y puros "como el silencio ele la estrella sobre el tumulto de
la ola''.
Frl'ntc al lenguaje desvaído de los
portas ancrion·s - y también frente
a las joyas falsas de casi todos los modernistas- la poesía de Diaz Mirón
posee la dureza y el esplendor del diamante. t:n diamante al que no le faltan, sino le sobran, luces. Poeta que
sólo aspira a domeñar,. no encuentra
una forma que lo exprese sin oprimirlo. Al cabo de ese jadeo, su obra se
resuelve en silencio. El silencio es su
forma, la forma definitiva de su espí-

El modernismo no consiste nada
más en la asimilación de la poesía parnasiana y simbolista que realizan a}gu.
nos ávidos poetas hispanoamericanos.
Al descubrir a la poesía francesa, el
modernismo descubre también a los
clásicos espaiiolcs, ol \"idados en Espafia. Y, por encima de todo, crea un
nuevo lenguaje que sen·iría para que en
un momento de extraordinaria fecun~
didad se expresaran algunos grandes
poetas: R11bén Darío, Leopoldo Lugones, Julio Herrera y Reissig. En México el modernismo acaso habría poseído mayor fertilidad poética si los
mexicanos hubiesen advertido la ver~
&lt;ladera significación de la nueva tendencia. El modernismo se presentaba
como una indiferencia ante el tradi
cionalismo espaiiol, pero al mismo
tiempo como un rescate de la ,·erdadera tradición española: ¿Cómo no ver
en él a un heredero de la tradición
que nos había fundado? Para el resto
de Hispanoamérica, abría las puertas
de la tradición poética universal; a
los mexicanos, en cambio,. ]es daba
ocasión de reanudar su propia tradición. Toda revolución posee una Ira-

rmasy

~TR

Organo Mensual de la Universidad
de Nuevo León
Registrado como nrlículo de 2a. Clase en la

lfJXl'ET, Gl'TIERREZ NAJERA

Admón. de Correos de Monterrey, N. L, el

20 de Abril de 1944.

Luis G. Urbina continúa en buena parle de su obra la linea sentimental de
Nájera, pero lo salva su temperamento
de pintor impresionista. La porción
mejor de su poesía constituida por crepúsculos y marinas, Jo revelan como
un excelente heredero de la tradición
del paisaje. Con menor intensidad que
Othón, pero aunque con mayor fantasía Y riqueza de matices, Urbina consil(uc un delicado equilibrio expresivo.
Es curioso observar cómo los poetas
mexica~os escapan de la afectación
modernista acudiendo a una tradición
unhersaJ. La poesia mexicana no encuentra su forma nativa, y cad::i ,,ez
Qu_c _se arriesga a expresar lo mt-jor y
mas secreto de su ser, no tiene más
remedio que servirse de un lenguaje
abstraclo y que es suyo sólo por un
acto de conquista intelectual.

AMADO NERVO

La severidad de González )lartínez, la
ausencia de casi todo elemento imprevisible, sal de la poesía, y el didactismo que tiñe parte de su obra, han hecho que se le considere como el primer poeta hispanoamericano que rompe con el modernismo: al cisne enfrenta el hubo. En realidad, Gonz:llez
:\fartínez no se opone al modernismo:
lo desnuda y deshoja. Al despojarlo
ele sus adherencias sentimentales y
p~rnasianas. Jo redime, le otorga conciencia de si mismo y de su oculta
significación.

A los poetas modernistas, que recogen del simbolismo los elementos más
Perecederos, Enrique Gonz:llez Martínez Opone una sensibilidad más honda
t('í)rxiva y una inteligencia que osa
llllrrrogar la faz nocturna del mundo.

r

INDICADOR,

Poema para Hacer
Crecer los Arboles
Salud salud de mi sol en soledad
Noche interior remada como la savia visionaria
Salud salud en puentes de amenecer y ocaso
Como también de tierra y cielo y piedra y astros
Salud en asiento de aire
Salud en movimiento de silencio
Cinco ramas siete ramas doce ramas
Doce hojas veinte hojas y cien hojas
Sube y sube y sube
Y aletea y rema adentro de sí mismo
Subiendo en su oscuro
Sube a su piel
Sube por sus paredes funestas subidoras
Y por su llanto
Y por sus efervescencias de ángel perfumado
Por su respiración de piedra silenciosa

Un cielo para cada rama
Una estrella para cada hoja
Un río para llevarse la memoria
Y lavamos los recuerdos como una distancia
Una montaña un cuerpo de mariposa inmóvil
Un arco iris dejando una nube de polvo tras ~us pasos
Sube rema
Sube por tu centro oscuro
Por tu viento de tubo que se expande
Por tu virtud de amor que se enfurece
Ama la rama ama
Hora que llora y ora deplora
Hoja la coja hoja
Ojalá coja la hoja
Rema la savia rema rema
Rema la rama
Rema la vida por sus dolientes
Hay que coger la hoja
Hay que reír al cielo en la punta libre
Cinco ramas siete ramas doce ramas
Así todos remando los remeros remadores
Doce hojas veinte hojas y cien hojas
Y los remeros remando
Los remeros remadores
Remando vida arriba
Una montaña al cuerpo de un árbol cabizbajo
Un arco iris dejando nube de mariposas tras sus pasos
Un árbol que se yergue y cierra el paso a la muerte

Colaboradores

Vicente HUIDOBRO

Hu¡o P,d;llo
Fidencio de la Fuente
Gcnaro Salinas Quiroga

Arturo Cantú S.
f

Homero A. Garza
Alfonso

/

Ranitel Guerra

Gu;llcnno Ccnla G.
Jorge

Rangcl Guerra

Manuel ¡\!orales
Dibujos de Jorge Rangel Guerra

Director

/

I

Le. Fidcn&lt; io de la F uenle
Oficinas
\\'ftShington r Colea-io Ci"·il
Monterrt'y, Xucvo León

MEXlCO

Página 2

Página 3

�EPISTOLA A ALFONSO REYES,
Poeta Siempre +

(DE MARIA TERESA BABIN)

¡Cuántas veces, don Alfonso, he sentido la tentación de escribirle! Los
libros suyos han acompañado mi soledad en tantos momentos de lectura amena
y enjundiosa, despertando íntimamente el anhelo de diálogo sobre éste o aquel
pasaje incitante, sobre una palabrita, un rasgo de su estilo ... , Y hoy, por !m,
acorazada con la leve sonrisa para darme ánimo y atreverme a romper el hielo
de mi timidez, me dispongo a trazar_ estas líneas .re,,csli~as de la más in?e~ua
simplicidad. Alfonso Reyes, poeta siempre, sabra apreciarlas Y se s~nre1ra al
leerlas con su fina cortesía, me digo para seguir adelante.

•

Durante muchos años he seguido las lecciones &lt;le estética, de literatura,
de amor y de vida ,•crdadera en su poesía y en su prosa, don Alfonso. He pasado a mis propios discípulos el mensaje y les he lle,·ado de la mano a .ª~revar
en la misma fuente. Otra puertorriquefia, Concha Melém:lez, se fué de YHlJC con
usted en aquel "tren de ondas" clásicas, cspafiolas y americanas allá por el año
de 1934, dejándose seducir por el flechador de bellezas multicolores de todos
los climas. Concha Meléndez, sagaz en la crítica literaria, halló posada en las
variadas estaciones del peregrino con buenas luces. Han pasado desde ese ayer
cercano veintidós años. El sagitario ha perfeccionado la puntería Y la caza de
estrellas ba aumentado. ~fo regocija agitar con los ojos y las manos curiosas el
viYero del poeta, deslumbrada con los matices y los sonidos de la fiesta. Poeta
siempre, don Alfonso, y en ello se cifra para mi el encanto de su obra magna.
Amado Alonso se refiere a ella como "un ejercicio de intimidad", Y Gabriela
Mistral advierte "la gracia" que la anima. El viaje, pues, me incita, pC'rO tengo
m\edo de ir de prisa, atropelladamente, y pasar desapercibida por los parajes
más gratos y queridos por el poeta. Dejemos para mañana el equipaje. Prometo
llevar entonces lo necesario para gozar plenamente del paisaje Y de las maravillas que adivino en el mapa, ordenando lo que ya he entrevisto anticipada•
mente en la lectura sencilla y amorosa, -ese primer conocimiento de ta'. obra
poética que Dámaso Alonso llama intuición totalizadora", cuyo "fin prtmor.
dial'' es la "delectación, y en la delectación termina". Mientras me apertrecho
para el viaje verdadero, platiquemos un rato no más, don Alfonso.
14

El día del santo ele mi devoción inlantíl, el 17 de mayo, nació usted en
Monterrey. ¿Le habrá dado San Pascual Bailón -me pregunto asombrada- la
protección suficiente para guardar y fecundar la sabiduría que atesora este
mexicano universal"? De mi sé decirle que cuando se me pierde algún dato
,•alioso -(demasiado frecuentemente)-, acostumbro cantarle a San Pascual
aquella coplita del folklore que le cantaba de pequeña cuando se me extra,·iaba
una muñeca o un zapato. Ahora busco otras prendas, o tal vez busco lo que no
se me ha perdido, musitando en secreto:
San Pascual Bailón,
si me amparas (la fecha, el nombre, la obra o el autor),
¡ te bailo un son!
El humilde santo, "cocinero antes que fraile'\ ronda mi escritorio Y mi mesa
lentándome el olfato y el gusto por su culpa, don Alfonso. Si se alrcYiera una
a decir públicamente lo que pasa por dentro cuando se leen cosas tan sabrosas
y picantes cómo éstas del juego poético de Minuta sobre entremeses, frutas Y
confituras, ,•inos, aves, café y tabaco, entonces se libertaria la maltratada critica literaria de sus trabas seculares, y se proclamaría una nueva catc-goria de
escritores, clasificados en relación al hambre y la sed que hayan padecido, la
pasión por los manjares suculentos o el desprecio de loS mismos. En mi Fantasía Boricua he hablado de la geografía del paladar. Que de todo hay en la
Viña del Señor. ¿~o es cierto? Usted, caro amigo, está situado por derecho
entre los grandes y gastronómicos artistas del lenguaje castellano, haciéndoles
la boca agua a sus lectores cOn alegria burlona. Descendiente en linea directa
de los amantes ele la opulenta mesa en las literaturas de occidente de tochls las
C'daclcs y latitudes, quisiera dedicarle, don Alfonso, un ensayo futuro sobre el
tema. Estos versos tan sugeridores de Minuta me hacen evocar toda la literatura de nuestra lengua, desde la picaresca y la mistica, "la pobrecita tnl'sa de
paz bien abastada de Fray Luis", - literatura del hambre y la penitencia, Y
su re,·erso de abundancia desde 1a cena de los amantes en La Celestina hasta
nosotros, -¡qué digo!- hasta usted. ¿~o podría intentarse una alegoría del
buen comer y el beber, buscando en el exceso la dificil balanza de lo justo, proclamando al fin la terrible verdad de que no siempre es santo el que ayuna,
o tal vez que no se ayuna por santo, sino por otras r8zones de peso? ¡Cuántas
cosas de este jaez me hace pensar usted siempre que leo estos endiablados versos aderezados con el condimento de su tierra mexicana!
Hablando en serio para variar el tono, ¿sabe usted que en mis años de
estudiante creía que Alfonso Reyes era español de España? Al descubrir que
era mexicano con "x'' aprendí una verdad tan hermosa como el Templo Mayor
de )Ioctezuma: Siendo lo que se es se puede ser del mundo entero; el sentido
de la universalidad no existe sin el sentido de la patria; sólo se puede medir
la circunferencia del globo terrestre desde un punto de apoyo en el mapa, Y
se mide hacia adentro, nunca hacia afuera. Después de leer una y otra vez la Visión de Anáhuac y embriagarme "de la emoción cotidiana ante el mismo objeto
naturar', casi por necesidad de' equilibrio he buscado de nuevo a 1/igenia Cruel,
confirmando la existencia de "una Grecia cotidiana, una perspectiva de únimo
que nos capacita para humanar hasta los mitos más rígidos y arcaicos". Pero
hay muchísimo más, don Alfonso. Ifigenia, la suya, que en cierto modo es la
mía 1 se yergue paralelamente a la imagen del poeta desconocido de aquel ayer

aztcc? de su .~ierra,. si~bolo para mi del rccuC'rdo ancestral de todos los iberoame~~canos, el prmc1pe desposeído que vivió algún tiempo bajo los árboles
nutnendose ~on sus fru~~s y com~oniendo canciones para solazar su destierro"~
~reo ~uc su 1~terpretac10~ del mito de Ifigenia corresponde genialmente a una
fllosof1a _americana, entran a ble J~ara el hombre nuevo del Xuevo Mundo, y me
comnue, e has_ta la_s ra~ces de 1111 ser puertorriqueño por senirme identificada
con la angustia misteriosa ele Jfigenia al reclamar "su herencia ele recuerdos
P~sados" pa_r~ _renunciar a ellos heroicamente. Sacrificio supremo para redimir la mald1c10n de su casta, no por desamor, sino por amor, amor de romper
las cadenas malditas que se perpetuarían si ella se ablandara ante el requiebro
de Orestes Y volviera atrás. América es la tierra de la nueva Ifigenia · tiene
por fuerza imperiosa que marchar hacia maltana sin dejarse seducir ~or las
garras de "su herencia de recuerdos pasados". Cuando el "yo intimo se suble,·a" "en no11;Wre de la libertad pe~sonal" tnc parece presentir una Ifigenia futura fortalecida para romper los v1nculos con la diosa Artemisa también capaz
de repetir "¡No quiero!" en el instante justo.
'
Nadie, don Alfonso Reyes, ha revivido con mejor acierto artístico todo ese
universo ele la antigüedad griega para la cultura hispánica. El humanismo humano de la lfegenia cruel reaparece salpicado de humorismo en Homero en
Cuernavaca. En ambas obras retornan a casa los ecos del pretérito clásico
acostumbrándonos a convivir con los héroes de la iliada y la Odisea, con la~
criaturas del teatro y de la lírica griegas, en franca camaradería. Lección insuperable de humanismos en pleno siglo XX, lección inapreciable y alentadora
para el .futuro de nuestras letras americanas desde las Antillas hasta allá abajo
en las herras del Plata, umdos a nuestros hermanos del Brasil, cuya. tierra CS·
pléndida aparece tan bien amada por usted en sus cantares. En el ingenioso
"juego de sociedad" titulada Cortesía logra usted expresar con sencillez con•
movedora el secreto de todo su arte poético: "Xo hace ningún daño traer a la
discreción cotidiana las formas de la cultura". Por ello no me resigno a dejar
fuera estos versos admirables de Homero en Cuernavaca:
"A siglos de distancia la sangre es siempre una,
e igual es la congoja e igual es el contento
Oh tierra que me diste la norma con la cuna:
a tu regazo -prenda de mi consentimiento-de mis pacientes números confio la fortuna,
pues hallo que recogen tus quejas y tu acento."
No sabe usted, don Alfonso, lo cerquita de mi corazón que tengo su Cantata
en la tumba de Federico García Lorca. Junto a los versos majestuosos de An•
tonio Machado al morir Federico C\'OCO siempre los suyos. La de Machado y
la suya son las dos voces más afines y fieles al espíritu ele! poeta amado en el
conjunto de emociones enlutadas provocadas por aquella hora trágica de asesinato imperdonable. Hoy a la distancia de veinte años, 1a Cantata vuelve a
resonar en mis oídos trémulos:
"'.

uPero tu sangre, tu secreta sangre,
Abe!, clavel tronchado,
colma los surcos y amenaza el ,·ado!
¡Aprisa cantan los gallos
y quieren quebrar los albores!"
Podríamos hablar horas sin fin sobré todo lo demás. De su docta pluma
:rcadora han salido reveladores estudios de literatura, traducciones, investiqaciones eruditas y crítica valorativa, lo cual me ha brindado apoyo para mis
propias incursiones por estos caminos deleitosos. Prefiero por preferir lo que
lle,•a usted dicho de Góngora, por ejemplo, a cuantos estudios existen sobre
el cordobés. El sabor de Góngora'', que usted disfruta y transmite al lector
tiene para mí un parangón con la exquisita divagación de Garcia Lorca sobre
la imagen gongorina al celebrarse el homenaje poético del 1927 al autor egregio
lle Po/ifemo y las Soledades. Tanto usted como Lorca, poetas fieles a esa primera y última llamada, me dan el placer que busco siempre en la poesía al
hablarme ele otro poeta. Usted lo dice así: "Desde el día en que Adán puso
nombrC's a los entes ele la creación para apoderarse de ellos por medio del
lenguaje, la suma sensualidad humana es la palabra."
11

0

fral Deslinde
es una concentración abarcadora de las mejores esencias de
vanada rica, don Alfonso. Obra en la cual se juntan los afluentes
Y

ma~ caudalosos de su saber, de sus meditaciones, de su afán de maestro artista
ans10~0 de ,azuzar el {mimo a 1a aventura del conocimiento. Hay mucho d~
autob1_ogra~1a en estos "prolegómenos a la teoría literarfa", confesonario de una
vo.cac,~n. sm de~m~yo que marcha al compás de nuestro siglo sin decaer en lo
mas mimm~. S1gme~do las páginas sesudas de El Deslinde, deteniéndome a
repos~r al fm de
¡or~ada, volviendo a recorrer un trecho por deleite O por
n~ce_s1d~d aclaratoria_, s1emi:-rc h~ leído los escolios del poeta, nunca del acaclem1co. o del precepltsta. F1losof1a estética si es El Deslinde pero así se llama
la poesia verdadera también, y no hay que "deslindar" nada' para un buen -entendedor. De esta obra .se sa.Ie con la fe más encendida en el arte, con la certidumbre de que nada n1 nadie puede prescindir de "la ruta vertical la poesía"
como ha ca_ntado usted mismo en otro momento. Después de leer 0 r primer~
vez El Deslrnde habré c~nsultado sus páginas un centenar de veces. Nunca me
1
a fallad.o .. Ju.nto a los libros imprescindibles de mi convivencia ocupa éste un
ugar priv'.leg¡ado. Gracias, don Alfonso. Quisiera glosar las múltiples citas
de El Deslrnde, preciosas ofrendas del poeta para aligerar mis quehaceres Jitcrar!os, pero el hempo apremia. ¿Me consiente regodear!ne en una de las prcíendas?:
•

fa

¿

¡

.
"Cad~ uno lleYa su pocn_1a intefior y nunca escrito. primavera de "flores
1apo?esas prontas a expand1rse en agua propicia. y nmgún poema personal
sencillos del poemíta "Al Pintor", fechado el 18 ele noYicmbre del 1949:
Gabriela Mistral, con esa dignidad emocionada de su estilo, ha dicho algo
de usted que me gusta mucho:
"Reyes ha logrado una cosa difícil como un repecho: hacer estimar del
europeo. al muy discuti~o hombre de la América espaiiola; hemos sido empinados t!n el, en sus capac_idad~s y en su hidalguía. La debemos. ni más ni menos.
que el haber dado teshmomo de nosotros, el haber sido nuestra prueba irreftttable".
Basta por hoy, don Alfonso. Cuénteme entre los que admiran y Icen su
para usted _al~o~a Y siempre ha de ser ,·erdad lo que dicen estos cuatro versos
obr~. Segmre siendo una entre tantos con amor y entusiasmo. Sé de sobra que
rnshtuyc al poema de los demás."
"¡Qué madurez superior
la del que venció el halago
y sólo quiere por pago
el premio de su labor!"

'

Hasta luego, don Alfonso. Reciba un saludo afectuoso y ferviente de su
1miga puertorriqueña,
María Teresa Babín.
138 Second Avenuc,
New York, X. Y.

a 26 de ctuhre de 1956.
~ueYa York.

* pronunclnda
fConferenda de Ja .. Dra. Varia Teresa B.-1bln, profesora di" New York Univrrslt
en e~ Hom&lt;'naje a A1íonso Reyes' celebrado el 26 de octubre d il.6
en el Centro Mexicano de Nueva York).

Página 4

e

J

Página S

�!LA lESTlR.U!CllUlR.A !DIE !LOS
CONSTl!TUIYENlllES
Por Daniel COSIO VILLEGAS

mús, cuando era tan grande la probaL libro de R
. abasa es, sin duda, haber logrado trasponer las fuentes, dolo a tiempo de darle una copia del biliclad cte quC' lo sustituyera una "dicel mejor estudio sobre el Con- secundarias, cosa per[ectamente expli- primer borrador a Porfirio Díaz antes tadura democrática" - Como él la Ha~
greso Constituyente del 5G y so- cable si se piensa que los libros me- de abandonar el poder y el país en ma signiíicati,·amente- que a nada
bre la Constitución de 57, a menos que xicanos de historia se cuentan por mi- mayo de 1911; se sabe más fijamente poclria ternérselc tanto como a ella,
que en agosto de 1911 el manuscrito
haya sido superado en la intimidad de llares. Otra circunstancia más le imentre otras cosas porque para pasar
la rúlcdra o de la conversación de ca- pidió lograr una visión mejor de nues- había alcanzado su forma definitiva y &lt;le un extremo a otro, de la tiranía a
que la edición nparcció en los primefé; pero se publicó hace cuarenta y tros tiempos modernos, con la cual su
la democracia, el país debía dar un
ros meses de 1912. (1)
libro
hubiera
ganado
muchísimo:
a
cuatro años y apenas acaba de reediEs posible que el origen lejano de salto mortal y no llegar al otro lado le
tarse por la primera vez, no obstante pesar de haber nacido en 1856, justaesta obra fueran ]as declaraciones de podría costar en verdad la Yida. No
que su tirada inicial debió ser muy mente cuando C'O la ciudad de MéxiPorfirio
Diaz al periodista norteameri- esscribiú, pues, su libro para estimar
limitada y que aparcciq en 1912, en co, tan lejana de su Chiapas natal, se
cano
Creelman,
en las cuales aseguró en su conjunto la Constitución de 57,
vispcras de hundirse en el caos que reunía este Congreso Constituyente
que )léxico estaba )'a preparado pnra sino para aconsC'jar la supresión de
di6 Yida después a la Revolución me- que ahora recordamos; a pesar de no
una vida politica normal; ellas, en sus piezas peligrosas, y peligrosas porxicana. Tales datos indican que el li- haberse radicado en la Capital hasta
quC' el movimiento de ellas estaba conbro no ha sido muy leido, y esto a · los treinta afias de edad; Rabasa se efecto. dieron la posibilidad de discu- fiado al pueblo o sus representantes.
rrir públicamente sobre el tema de
despecho de asegurarse que ejerció nutrió en la atmósfera porfirista, y no
Habasa no dice nada acerca del
cúmo podía pasar el país de un régillegó
a
dudar
nunca
de
los
supuestos
una influencia decisiva en la compocuúndo
ele . su obra, pero no puede ser
men tiránico a otro institucional. Fransición de la Carta revolucionaria de ¡¡oliticos del Porfiriato. Al contrario,
más explicito en cuanto al fin que percisco
I.
)ladero,
Manuel
Calero,
Querit91i. Es un hecho, pues, que el estu- los años y el mismo fracaso del régido )foheno, Francisco de P. Sentías, seguía con escribirla:
dio de Rabasa fue publicado en 1912 men hicieron defensa de él en valor
Alejandro Prieto, Ricardo Garcla Gray que hemos vivido hasta hace poco y decisión y perdiendo en finura y
Como este libro no se propone
nados, etc., publicaron sus opiniones
rectitud.
de los mil ejemplares primeros; a pela critica general de La Constituen
libros
y
folletos
que
fueron
comenOcho años mús joven que Justo Siesar de ello, no ha sido superado y J.li
ción, sino sólo el análisis de los
tados con interés ,·isible y antes dessiquiera se ha hecho de él un juicio rra, y alejado además de la ciudad de
vicios que ... imposibilitan su obcrítico cabal para aquilatar sus méri- México, Rabasa no participó en el úl- conocido.
servancia, la enumeración de sus
Este
antecedente
pudo
haber
sido
tos excepcionales y sus fallas induda- timo desgajamicnto del partido libeaciertos estaría fuera de lugar y
ral: la contienda de 1876 entre Sebas- también la razón de que redactara su
bles.
sería impertinente.
libro, no con el ánimo de estimar toda
Se ve, pues, que la historia mexica- tián Lerdo ele Tejada, José Maria Iglela Constitución de 57, sino con el de
na no cslú en este momento muy bien sias y Porfirio Diaz. Se salvó por eso
Dados estos antecedentes, no es exseñalar sus defectos e impresionar
de
caer
en
la
furia
antilerdista
que
armada para concertar tanta voz desatratio
que La Co11stit11ción y la dictacon la gravedad de ellos y la urgencorde y para desvanecer tanto silencio desquició tanto el juicio histórico de
dura
deje
]a impresión de ser, y que·
cia de remediarlos. Efectivamente,
sospechoso, y menos todavia para ci- Sierra. Aún así, el respeto y la admisea, en realidad, tremendamente adRabasa
concluyó
el
manuscrito
de
su
mentar con firmeza un relato y una ración de Rabasa por Sebastián Lerdo
libro cuando se desplomaba el régi- versa a la Constitución del 57 y al
explicación de nuestro liberalismo de de Tejada son un tanto formales: le
men en el cual vivió su edad madu- Congreso de 56 que la hizo. En cuanhace un siglo, ele los frutos que dejó y atrae el jurista, el hombre de talento
ra; se llizo obvia entonces la predic- to a aquélla, quizá el juicio de conde cuál y cuánta es nuestra deuda ac- y de finura, pero no el gobernante; y
junto m:ís representativo del pensaciertamente su admiración por Juárez, ción de que se venía encima una protual con él.
miento de Rabasa sea éste:
funda
transformación
política,
pues
Todo esto causa una pena tanto ma- como la de Sierra, tiene una deforma- con nada se contaba para sustituir una
Así se formó la Constitución Mexiyor cuanto que el libro de Rabasa es, ción porfirista indeleble. Rabasa ve en
cana, y medio siglo de historia nos
tiranía
de
treinta
y
cuatro
interminarlccididamentc, un gran libro; y lo es Juárez al héroe de la Reforma y de bles años. Por si algo faltara, Rabasa demuestra c¡ue no acertaron sus autopor una pluralidad de motivos. Era su )a Intervención, al revolucionario y al prC'scnció las primeras manifestacio- res con una organización política adeautor de una inteligencia muy poco co- demoledor, a la figura granítica que nes ele apO)'O popular tumultuoso que cuada a nuestras condiciones peculiamún: lúCicla, penetrante y belicosa, resiste y desafía el vendaval; pero el la revolución maderista tuvo al día si- res.
pues planteaba sus problemas en un Juárcz tolerante, conciliador, que con- guiente ele su victoria; acostumbrado
Sobre este juicio volveremos més
tono provocativo que imponía en se- sume hasta el último aliento de· su vi- al gobierno del hombre fuerte, temió tarde; entre tanto, ,,eamos la opinión
guida la disputa y aun el duelo. Fue da en encauzar al pais después de la que un desbordamiento popular, na- que Habasa tiene de los constituyentes
un buen escritor: correcto, claro y bri- victoria de 1867, se le escapa hasta el tural e inevitable compensación al go- del 56. Sólo distingue a tres, y en ri•
llante, de tantos hallazgos verbales co- punto de confundirlo con Porfirio bierno tiránico, impusiera el rumbo gor, a dos nada más: Ponciano Arrillmo Justo Sierra, por ejemplo, tan con- Diaz bajo triste denominación de dic- que la anunciada transformación polí- ga, a quien concede el primer Jugar,
,·incente como él y más sobrio. Uno tadores involuntarios, a quienes huny José Maria ::\lata, a quien da el setica habría de tomar.
y otro han ejercido una gran influen- de en la tirania la ley con que gobiergundo; Melchor Ocampo es su tercera
Estas
circunstancias
condujeron
a
cia, además, por su capacidad, al pa- nan, mala sin salida.
Una prueba indirecta de que en Ra- Rabasa a descubrir, enumerar y cali- preferencia, aún cuando no haga en su
recer ilimitada, de encerrar en fórmubrar todas las piezas de la Constitu- obra ninguna mención especial de él.
las agudas y breves ideas cuya expre- basa, por desgracia, no pasaron exac- ción de 5i que ponía la participación EntrC' los demás, Rabasa encuentra al. sión parecería dificil y aun necesita- tamente lo mismo y al mismo tiempo popular en movimiento, a tenerlas in~ gunos hombres de talento, pero todada de menudos matices. Es además rl conocimiento y la visión del jurista variablemente como defectuosas y a Yia hace la salvedad de que si bien
hombre de gran integridad mental, de y del historiador, la da el contraste exagerar los peligros que representa- es escrito que de ningún otro congreso
fuerJ.es convicciones, preocupado muy entre la parte de su libro dedicada a ban para la vida futura del pais. Por mexicano ha salido una constelación
sinceramente por los males del país y la apreciación y al relato histórico de eso, su conclusión final es recomendar ele hombres tan distinguidos y a quien
ansioso de contribuir a remediarlos. los antecedentes )' de la obra del Cons- para la nueva era de México un régi- la Patria deba tanto,
Y por sobre todas las cosas, en Raba- tituyente de 56, y aquella otra en que men presidencialista, claro sustituto
sa se dió algo que parece obvio Y que, analiza la Constitución del 57 desde un del tiránico de Porfirio Diaz, y todo
otra confusión de ideas ha atrisin embargo, resulta raro en México: punto de vista juridico-formal. La esto con una consecuencia realmente
buido gran superioridad de legispluma
de
Rabasa
es
más
segura
en
la
el conocimiento jurídico unido al coladores a los diputados del Consfantástica: los constituyentes de 17,
nocimiento histórico, condición prime- parte segunda, pero más personal y que debieron ser y sentirse represetituyente por lo que muchos de
ra para discurrir con acierto sobre más honda en la primera. Y esta tra- tantes de un movimiento inequívocaellos hicieron después, ilustrandó
gedia
de
la
disparidad
entre
el
conocuestiones de derecho constitucional.
sus
nombres en época di versa y en
mente
popular,
democrático,
se
inspiEfectivamente,, Rabasa sabía derecho y cimiento y la intuición -mayor aquél raron en Rabasa para crear un régitareas
de otro género.
en lo jurídico y más certera ésta en
sabia historia.
men
presidencialista,
que
jurídicaPor ser excepcional en nuestro me- lo histórico-- puede ayudar a explicar mente no dista mucho de ]a dictadura,
Tengo la impresión de que Rabasa
dio esta coincidencia, y por ser, en si la mala fortuna de su libro. El histo- y que en In práctica lo ha sido de un esti, en lo cierto, mas sólo en tél1lli·
misma, difícil de lograr, mucho me riador, consciC'nte ele la inseguridad 111odo completo.
nos muy generales. Pocas dudas puetemo que en Babasa no se dieran el del sostén documental, lo ha tenido
APARTE DE ESTE DESENLACE den caber acerca de que Ponciano
tomo un libro para "abogados" (co~
conocimiento del derecho Y el de la
EXTRAORDINARIO, es decisivo dar- Arriga fue, con mucho, la figura cenhistoria en el grado y con la simulta- mo si lós abogados leyeran libros de se cuenta del momento rn que Raba- tral del Constituyente, y que Mata reesta calidad); y el jurista, deslumbraneidad que son apeticibles y aun nedo por el flechazo luminoso de la in- sa escribió su libro y del fin que se presentó la ayuda mejor y ma.5 coas~
cesarios. Me parece que cuando pupropuso al C'scribirlo. Lo compuso tante que Arriaga tuvo; también es in·
blicó en 1912 La Constitución Y la dic- tuición histórica, lo ha tenido como cuando era inaplazable la sustitución duclable que ~!elchor Ocampo, un ho!D•
tadura, no habia alcanzado su saber un libro para historiadores.
Queda por sefialar una última cir- del rl•gimen tir::\nico de Díaz, pues su bre superior, y desde luego superior a
histórico la madurez que logró ocho
cunstancia
que ayuda a estimar el va- decrepitud era ya mortal, tanto que Arriaga y a ::\lata, tuvo una parte reaños después, cuando en 1920 nos enlor
de
este
gran estudio. Parece que el hedor de su cadá,·er infestaba los lativamente limitada. Es más, casi totregó su magnifica Evolución histórica
pulmones del país. Lo escribió, ade- da la fama de que tan justamente Sode ,\léxico. Además, Rabasa no parece Rabasa lo escribió en 1910, concluyen-

E

zan Arriaga Y ~fata procede de su obra
como legisladores. El primero murió
ocho. allos despuCs a la temprana edad
d_C' crncucnta y cuatro aiios, sin que
figurara en la vida pública del país
en una posición más encumbrada; y
aun cuando el Sl'gundo vh·ió, como era
usual en los varones de esos tiempos, todavia treinta y ocho más Y aun
cuand_o sigl~i~ figurando como ~liputad?, d1p~oma~1co, o ministro de Relac10nes E:'ter10rcs, sus años posteriores
al Const_1t~1yC'nte no agregaron nada a
su. prest1g10, sino que más bien lo reba¡aron. Arriaga Y ~lata, que tan distrngmdamente figuraron en el Constituyente, ganaron en él su mayor altura, Y l_o que ha quedado en nuestra
?1emoria Y en la historia del país es,
Justamente, su obra de legisladores.
Arriaga no sólo fue el presidente de
la . Co_misión de Constitución, sino el
prmc1pal componedor o negociador
entre los miembros de ella (de muy
d_1~crsas tendencias) y entre la eomis1_on misma Y el Congreso; y por si
esto fuer~ poco, participó con mayor
constancia que nadie en los debates:
he conta_do 127 intervenciones suyas
en _c_l examen del proyecto de Constiluc10n; Y )fata, con 112, le siguió muy
de cerca, como Jo siguió en sus gestiom·s de negociador en la Comisión Y
en el Congreso.
Rabasa tiene razón al afirmar que
la fam_a de muchos constituyentes fue
po~tenor al Congreso Y que se hizo en
tareas ajenas a él. Francisco Gómez del
Palacio, por ejemplo, pintado durante
muc~10s años después como el ministro ideal, capaz de prestigiar y enaltecer a cualquier gobierno lo mismo
d? Juárez y ele Lerdo que de Porfirio
Diaz, no tuvo participación alguna en
el Constituyente a pesar de haber sido
electo como diputado. A.si ocurrió con
ot_ros hombres prominentes, Mariano
R_1va ~alacio por ejemplo, cuya partic1pac1on fue nula, 0 con Jesús González Orteg~, quien ni siquiera parece
l~~bcr ton~ado posesión de su cargo.
\ icentc R1va Palacio, que como diputado suplente en funciones tomó una
parte activa en las sesiones prelimina•
res, dC'saparece después por completo.
Su la~_or en_ el Cons_tituyente, casi nula
tambien, no &lt;lió ciertamente fama alg~ma a .lustino Fernández. Ignacio Mariscal, Ignacio Yallarta Y Simón cÍe la
Garz_a y :\felo, ap_enas h1,·ieron una y
mecha docena de rnten·encioncs, 0 sea
una participación muy clesproporcio~
nada al prestigio qtte lograron después. El mismo José )!aria Castillo Velasco, a quien R:ibasa cit3. con elogio
c~laboró de un modo juicioso, pero li~
mita~o (siete intervenciones). El caso 1:'ªs n~table es, sin embargo, el de
B~mto Juarez, de cuya elección como
diputado al Constituyente nos enteramos cien uños después, al publicarse
por la primera ,·ez las actas secretas
del Congreso.
Las razones de la predilección de
R_ab.asa son bastante discutibles, si
bien esclarecen mucho el origen de
sus ~rcjuicios; además, la lista de ]os
~re~t!cctos tiene que ampliarse si ]a
Justicia ha de reinar también en este
mundo. Rabasa destaca a Arriaga v
Mata porque
·
conocían bien las instituciones
americanas, que en más de uua
ocasión explicaron con facilidad
Y ex_actitud, ~- rcnlaron siempr~
una rnstrucción rara por entonces
en materia política.
Y a los otros los condena porque en
ellos prevalecía,
el estudio de la historia y de las
leyes constitucionales francesas,
sus divisiones simétricas y sus
amp1iaciones deducth·as, que llegaban a la conclusíón prevista de
la felicidad pública.

. Rabasa distingue a Arriaga porque
citaba a .Jeffcrson, Story y De Tocquev~lll' , Y condena a los otros porque
citaban :.1 Yolt:iire, Rousseau, Bcntham,
Locke, )lontcsquieu, )lontalambert
Constant y Lam:irtine.
,
_El .panorama de la predilección, por
:i_nad1dura, no está compkto. En la
hsta de las grandes figuras del Consti~
tuyentc no pueden suprimirse los nombr~•s de Francisco Zarco, León Guzm:.111, Ignacio Hamírez, Guillermo Prieto: Joaquín Huiz, Santos Degollado e
Isidoro Oh·era, sin hablar (porque Rabasa no los nombra) de los liberales
ruoclerados, entre los cuales había
hon~l?rcs de talento y de una participac10n tan activa como la más activa
de los puros. y h:ibría Que colltar
ta_mbién a algunos de los grandes mimstros tre ~~monfort, porque influyera~ Y participaron en el Congreso:
(,ms de 1~ Rosa, )ligue! Lerdo de Te¡ada, Jose )!aria Lafragua, Ezequiel
~lontcs Y José )!aria Iglesias.
Francisco Zarco, además de cronista e historiador del Congreso Constituyente, tuvo una participación constante ~, activa, apenas inferior a las de
Arriaga Y Mata. Además, aun cuando
no fuera ni pueda considerársele con~~ un _jurista (y él mismo lo reconoCIO var.rns ve~cs en el Congreso), Zarco podia ron el mejor título entrar en
la categoría de legislador, es decio, en
la del hombre de talento, patriota,
preocupado por los problemas n~cionalcs Y con experiencia vital envfdiable, a pesar de haber sido constituyente_ a 1~ edad increíble de veintisiete
anos_. l-.n fm, Zarco desempeñó un papel importantísimo porque· actuó fuera ele la Comi~ión de Constitución Y,
en consccuencrn, sus opiniones, favor~bles o adversas a ella, provocaron
siempre debates de interés.
A Le~? Guzmán tiene que contársele tamb1en como primera figura: mienbro_ ele la Comisión de Constitución y
, arias ~·eces presidente del Congreso
s~ parhcipación se extendió a todo eÍ
ano de labores de éste, y apenas fue
men~s activa que la de Zarco. Ignacio
Ram1rez tampoco puede ser excluido
a~m cuando Rabasa tenga razón en de~
r1r que Ramírcz hablaba a veces con
g~a desparpajo de cosas que no entendia Y a pesar de la evidente pucriliclad de algunas de sus participaciones
como la creación de un nuevo Estad¿
ron el nombre seductor de Iturbide·
~Jero colab?ró tan activamente com~
Zarco Y Lron Guzman, al grado de que
no hubo drbatc. mayor o menor, Pn
our no echara su cuarto a rspadas.
El no haber pertenecido a la Comisió
de Constitución; el representar entr:
los constituyentes el C'xtrC'mo jacobino, Y su misma charlataneria, signiriC'aron, . en conjunto, una aportación
cxrepc1onalmentc valiosa. Un cuadro
muy s_emcjante puede hacerse del caso
de G~1llcrmo Prieto, también participe
actins1mo
l
. en todos los debate s, con
a :·cntaJa de haber sido uno de ]os
meJores or~d~r~s. del Constituyente Y
de l~ner mas Jutc10 Y moderación' que
Ram1rcz.
Tampoco pueden ser excluidos Santos. Degollado, Isidoro Olvera Y Joaqum Rmz, constituyentes menos activos ((Ul' . los_ otros, pero mucho más
qur el _termrno medio. Yarias de las
aportac,one~ de Degollado Y de Olvera. fueron Jmportantrs·, Olvcra . ·p or
e~emplo, a más de su famoso voto particular sobre la propiedad, presentó
otro sobre la Constitución en general
Y proyectos ele Ley sobre la libertad
ele ~mp~enta Y sobre facu1tades extral)rchn~nas drl Ejecutivo en época de
neces1clacl, mrdida que hubiera ahorrado a la República muchos dolores
ele cabeza en los veinte años siguientes. Joaquin Ruiz pasaba por ser una
eminencia j~rídica Y tuvo reputación
d~ hombre integro Y experimentado,
solo comparado a la de Gómez del

Palacio.
La verdad de las cosas es que Rabasa no estudió a fondo (ni nadie, que
YO sepa, lo ha hecho) las aportaciones ele las veinte primeras figuras d;el
Constituyrnte; por eso habrá varifls
sorpresas cuando se estud_ien. Ignacio
Mariscal; por ejemplo, unñ figura apa.
rentementc menor, fue el autor del
di~tamen sohrC' ratificación de la ley
Juarez clcl 23 ele noviembre ele 55; Mata, que pasa por simple segunda voz
de Arriaga, llevó el peso de la Comisión de Constituclón en el debate más
prolongado, el ele la libertad de cultos·
Vallarta, también figura secundaria'
tuvo tres intervenciones largas y nota~
bles, una sobre libertad industrial y
otras dos para oponerse al juicio por
Jurados r al establecimiento de la
:,ompañia de Jesús; Ocampo conduJO la defcn~a de la Comisión en el delieadisimo ,debate sobre la suspensión
ele las ~ara!1tia individuales; de Santos
D_cgollaclo es el proyecto de ley orgárnca electoral; cte.
. ~s asimismo discutible la afirmac1on ele que el Constituyente de 56 goza de una fama injusta, pues si bien,
Rabasa, de él salió el mejor grupo de
h?mbres que ha dado un congreso mex1c_ano, la fama de ese grupo es postC'nor, Y forj~da en campos ajenos a
l~s leyes. EQ ~a parte en que es cierta,
t,1.ene ;una e~1~licación enteramente nacional. Fue ,del todo excepcional el
~aso de ValcJl.tín Gómcz Farías, quien
C'S constityyente al término de su vida (de sesenta y cinco años, para morir de sesenta y siete). Fué también
excepcional, aunque en menor grado
el caso de los hombres mayores de lo~
4~ años; cuento en este grupo, por
cJ_emplo, a Olvera, con cuarenta y un
anos; a Santos Degollado, con cuarenta Y cinco; a De la Rosa, con cincuenta Y dos; a Diego Al\'arez, con cuarenta y cuatro.
En cambio, son frecuentes los casos
de constituyentes jóvenes, que necesariamente tuvieron mucha de su vida
por delante, y cuya fama, en consecuencia, SC' hizo después. Vicente Riva
Palacio verbi aralia, fue constituyente
a las 24 años, y como vivió 64, tuvo
40 por delante; Vallarta tenia 26 en
1856, Y ,,h·ió 37 años más; Ignacio Mariscal había alcanzado apenas 27, y vive despuCs 54 largos años; Dublán
muere rC1lativarnente joven, a los 61,
p~r? como fué constituyente a los 26,
vivió otros 35 años después de serlo;
~lan~el Romero Rubio no pintaba a los
.8 anos, Y su fama , PUC'S, la hizo más
larclc, e? los 30 siguientes que le quedaron; Zarco murió excepcionalmente
temprano. a los 40, pero aún asi sólo
teni~ 27_ años en 1856. Pedro Ogazón
vivw mas después del Congreso que fa.
e&lt;l,ad q~e tenia cuando entró en él; y
as1 Justmo Fernández, Guillermo Prieto, José Maria llata, Mi¡¡ucl Auza, Pedro Baranda, Francisco Gómez del Palacio, etc. Ignacio Ramírez fué uno
c~e los pocos que entraron C'O el ConstI!uyentc a una edad madura, a los 38
an,o s; pero todavía alcanzó a vivir 23
mas, durante ]os cuales llegó a ser
~ran s~ño~ de las letras patrias, agudo penod1sta, magistrado de la Corte
Y :\tinistro de Justicia.
. Es muy posible que Rabasa tenga razon ~l afirma~_quc de ningún congreso
mexicano salto un h'rllJ)O de hombres
tan famosos como del Constituvente de
1856. Ocurre pensar, sin emba.rgo que
el~ .él estuvieron ausentes varios' que
h1c1eron la historia inmediata del país
u. hombres que ya parri entonces te~
man un n_omb~c hecho. Entre los primeros_ cstan Miguel Y Scbastián Lerdo
ti~ TeJada, Ignacio Zaragoza Y Porfirio
D1az, entre los segundos, ManuC'l Doblado, Santiago Virlaurri, José ::\!aria
T~lesias, ~fanuel María de Zamacona,
Manuel Payno, etc. Luego, con un conocimiento no despreciable de la historia de la época, apenas si de los tres-

cientos diez diputados propietario&amp; y
s~1plentes Jluedc hacerse una lista de
cincuenta nombres que en el día de
I
hu~· fligan: alE,to inmcdiatamentr a
I qmen los lec.
, ,
y .·
·'
.
si h:i ,le llC'gar a__. los cincueota
noi~bresi en la lista {tieneh que jncluirse personas que atin cuandÓ electas . al Constituyente, nada hicieron
en el. En este caso estarían ,Jos~ Bernardo Couto, Mariano Riva Palacio
Pedro Ogazón, Diego Alvarez, 1IanueÍ
Ro~ero Rubio, Justino Fernández, Anto,mo. )fartínez de Castro, Justo Sierra
O Redly, Pedro Baranda, Miguel Auza
y Jesus G?nzálcz Ortega; algunos de
r.llos,_ en _rigor, no parecen haber asistido Jamas a una reunión del r.ongreso. Tambi~n tendrían que fif{urar en
esa breve h~ta de cincuenta, hombres
de una reputación tan dudosa como
los generales Angel Tdas Y Dieno
Al0
varez ' o d e una fama tan menor que
muc?as personas de cultura media no
sabrrnn identificarlos, como )[iguel
füanco,_J. ele Dios Robles Martinez, Jose Ehg10 )luñoz Y Basilio Pérez Gallardo.
Los hombres que participaron realmente en el Congreso Constituvente de
1856 y que resultaron de alg~na estatura, son bien pocos, aun cuando no
pued~n quedar reducidos a tres, como
lo qu_1ere Rabasa. Para mi, son estos:
Ponciano Arriaga, José María Mata
Fr~ncisco ~arco, Melchor Ocampo:
Leo? Gu_zman, Santos Degollado, Va1en_tm Gomez Farías, Ignacio Ramircz,
Gu_1llermo Prieto, Isidoro Olvera, Joaq~m Ruiz, Ignacio Vallarta, Bias Valcar~el, José ~laría Castillo Velasco, Ignacio Mariscal, Simón de la Garza Me1~, Y, por sus intervenciones como mimslros de Comonfort, Luis de la Rosa, Ezequiel Montes y José Maria Lafragua. Entre los liberales moderados,
pu~s hn·1eron un papel decisivo, habra de contar a Mariano Arizcorrcta
)farcelino Castañeda, Prisciliano Día~
Gonzál~z, Antonio Agudo y Juan B.
Barragan.
El Congreso Constituyente de 1856
visto más de cerca, da la impresión d~
una asamblea normal; una gran masa
ele gente que contribuye a la obra con
el nombre, con la prcsC'ncia O una intervención insustancial, y una veintena de desesperados que hacen la obra.
Y si Rabasa, como todo hombre seos~!º Y bien nacido, tiene gran admirac1on por es~s fanáticos, es porque,
gr~ndes medianos o pequeños, como
qmera calificárseles, hicieron una
gran obra Y en circunstancias singularmente difíciles. Y en esto con\'iene cotejar de nue\'o las opiniones de
Rabasa con los hechos históricos.
(1).-Informac,ón de don Osear Rabasa.
. (2).- Yo, por ejemplo, pucrio hacer
:sta: Bernardo Couto, José Eligio :llunoz, Angel Trias, Sim,)11 "" la Garza
licio, Miguel Blanco, Juan Ant"nio de
la Fuente, Francisco Gómez del Palacio, Francisco Zarco, Rl:ts Balcárcrl
~lariano Riva Palacio, Ponci3no Arn:1~
ga,_ Frnncisco dL• P. Crndejas. "'Llf'hlr!O
Ariscorreta, Isidro Olvrra. (;uillermo
Prieto, Bcnilo l1 :', mrz Fanas. Pt·clro
O_gaz?n, \'alcntín G&lt;'H!"·: Fari:is, lgnac,o \ allarta, J. ele
Robles 11artinez, Ignacio Ramirez, Prisciliano Diaz
Gonzálcz, León Guzmán, Vicente Hi,·a
Palacio, Mclchor Ocarnpo, Diego Alvarez, ~1:tnuel Romero Rubio, ~lanuel
Peña ) Ramírez, Justino F('rnández
José )Jaria_ 11ata, Santos Degollado, Ig'.
nac10 ~fartscal, Manuel Dublán 1 Félix
Romero, Luis el" la Rosa, José )laría
I.afragua, .Joaquín Ruiz, Juan de Dios
Arias, Jose Justo Alvarez, :\[ariano Yáfiez, Antonio 1lartincz de Castro, José
de Emparam, Justo Sierra (O'Reilly)
Pedr~ Baranrla, ~ligue! Auza. Jes~
GonzalC'z Ortega, Basilio Pérez Gallar~
rlo Y José ::\!aria Castillo Vclasco.

º""

De '"La Conatltucldn del 57 y SUB Cdticos"
por DanJel Codo VWega.,, Bd.U,orial Herme¡

Múleo, 1957.

Página 7

Página 6
1

�oca es
A

propósito de haberse celebrado
recientemente el centenario de la
Constitución General de la Repú•
blica, conviene hacer una relación, aun•
que sea somera, de las que han regido
en Nuevo León desde que se constituyó
en Estado.
Promulgada la Carta General de
nuestro país en 4 de octubre de 1824,
Fr. Servando Teresa de Mier, represen•
tante de Nuevo León, la envió a su pro•
vincia, acompañando un cuestionario
sobre si convenía o no la formación de
un solo Estado con las antiguas cuatro
Provincias Internas de Oriente. (Texas,
Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas).
Las distintas corporaciones civiles y
eclesiásticas coincidieron en la opinión
de que así fuese, con excepción de lo
propuesto por el Dr. José Francisco
Arroyo, en el sentido de que cada una
se erigiera separadamente.
Discutido en el Congreso General de
Constituyente y conforme a lo argumen•
tado por el Sr. Paredes, diputado por
Tamaulipas, y el Dr. Ramos Arizpe, de
Coahuila, para que sus respectivas pro•
vincias formasen estados independientes, el P. Mier obtuvo el mismo privileoio para la que él representaba, logrando que el Congreso dictara, en 7 de ma•
yo de 1824, el decreto que creaba el Estado Libre y Soberano de Nuevo León.
Tamaulipas quedó separado, y Coahuila y Texas formaron una sola entidad;
con libertad la segunda de erigirse independiente al estar en aptitud.

uevo
eon
Por Israel CAVAZOS GARZA

+
abril) hizo fervientes demostraciones de
patriotismo.
LA DEL 57

CONSTITUCION DE 1824
No obstante haberse resuelto en contrario a la opinión general solicitada por
el P. Mier, el regocijo de los nuevoleo•
neses tuvo proporciones apoteósicas. La
Diputación Provincial, en sesión de lo.
de junio, bajo la presidencia de Bernardo W ssel y Guimbarda y Rafael de Llano hizo la convocatoria para la elección. Resularon designados el Dr. José
Francisco Arroyo, José Ma. Gutiérrez
de Lara, Lic. Pedro Agustin Ballesteros,
Cosme Aramberri, Lic. Juan Bautista
de Arizpe, Lic. Rafael de Llano, José
Ma. Parás, Juan José de la Garza y Tre•
viño, Antonio Crespo, José Manuel Pérez y Pedro de la Garza Valdés.
El 14 de noviembre se juró solemne,
mente la Constitución Federal, y, de
acuerdo con ésta, la diputación nuevoleonesa se dió a la tarea de formular la
que regiría en nuestra entidad. Por es•
pacio de más de cuatro meses se trabajó
hasta verla sancionada el 5 de marzo de
1825. Un día después era jurada por el
Gobernador José Antonio Rodríguez y,
semanas más tarde, dada a conocer al
pueblo que durante tres días (3, 4 y 5 de
Página 8

Nada había escapado al celo y dedica,
ción del primer Congreso nuevoleonés,
que incluyó en la Constitución todo lo
que significaba beneficio para los habitantes del estado, y que sólo fue objeto
de modificiones cuando, en 1826, las
regencias de nuestro país naciente, ame•
ritaron reformas a su primera Constitu•
ción General.
Restablecida la paz, después de los do,
lorosos días de la invasión norteameri•
cana, el VIII Congreso de Nuevo León
convocó a período extraordinario, y,
con la doble investidura de constitucio•
na! y constituyente, emprendió la orga•
nización de una nueva Constitución Po•
lítica. En solo 3 7 días -de sesiones con•
cluyóse esta obra de necesidad tan in•
gente. El juramento solemne se hizo en
la Plaza de Armas, -hoy de Zaragozael 20 de octubre de 1850.
Pero la patria pasaba por una etapa
crucial. La Revolución de Ayutla origi•
nó la promulgación de la Constitución
de 1857. Nuevo León estuvo represen•
tado por Manuel P. de Llano, Manuel
Z. Gómez y José Sotero Noriega.

Sujetos Nuevo León y Coahuila al ar,
bitrio de Santiago Vidaurri, habían que•
dado unidos en virtud del decreto de 19
de febrero de 56, que, aunque expedido
de propia autoridad, obtuvo luego el re•
conocimiento del Congreso General.
·Mancomunados, pues, uno y otro esta•
dos, se erigió, por convocatoria de 7 de
abril de 5 7, nuestro Segundo Congreso
local Constituyente. Seis meses más tarde -4 de octubre- era promulgada la
Constitución Política del Estado Libre y
Soberano de Nuevo León y Coahuila.
Firmaron el documento: Manuel Perfec•
to de Llano, como diputado presidente;
Ignacio Galindo, como diputado vicepresidente; los diputados Domingo Martínez, José María Dávila, Tomás Balles•
teros, Andrés Leal y Torrea, Juan Zua•
zua, Simón Blanco, Andrés Saturnino
Viesca y Evaristo Madero y los Diputa,
dos Secretarios Antonio Valdés Carrillo
y Antonio Garza Benítez. La sanción de
esta nueva Constitución no tuvo lugar
en el término deseado, a causa de los
disturbios que en diciembre de ese año,
con el célebre golpe de estado de Comonfort, ocasionaron la Guerra de Tres
Años. Nuevo León tuvo participación
muy activa en este movimiento.
LA CONSTITUCION DE 1917
Vino luego la Intervención francesa
y conocidos son ya los incidentes que
motivaron el distanciamiento entre el
presidente Juárez y el gobernador Vidaurri. Durante la estancia del primero
en Monterrey decretó -16 de febrero
de 1864- la separación de Nuevo León
y Coahuila. Ocupada la ciudad en ju•
nio de 66 por las fuerzas republicanas
al mando de Escobedo, volvió la normalidad y se efectuó la reinstalación del
Congreso.
Dos nuevas reformas notables fueron
hechas a la Constitución local; la primera, al ser elevadas las Leyes de Reforma
al rango de Constitucionales, durante el
gobierno de Lerdo de Tejada, en 1874,
y la segunda en 1882, gobernando el estado el Lic. Genaro Garza García; pero
fue la misma, en esencia, con que se
rigió Nuevo León hasta que en virtud
del movimiento revolucionario de 1910,
surgió nuestra actual constitución, el 16
de diciembre de 1917.
He aquí la lista de los diputados:
firmantes: Agustín Garza González, presidente; Salomón Pérez, Vice-presidente; Galdino P. Quintanilla, Gregorio
Morales Sánchez, Antonio Garza Zambrano, Abe! A. Lozano, Enrique M.
Martínez, Everardo de la Garza, Alber•
to Chapa, José Ma. Charles, Miguel Rincón Ríos, José Treviño, primer secreta•
rio y Santiago Roe!, segundo secretario.

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                <text>Armas y Letras, Boletín mensual de la Universidad de Nuevo León, 1957, Año 14, No 2, Febrero </text>
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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>�LOS DIVERSOS ASPECTOS

Eso basta para que leamos su obra con cuidado, sin buscar, como muchos
lectores, tal imagen audaz o de una evocación impura. Poemas del remordi-

Pués bien, tenemos un pretexto (el acercamiento de estas dos fechas:
1857-1957), para hablar de Baudelaire. Pero ¿cuál Baudelaire vamos a estudiar? Porque existen muchos y el corlo tiempo de una conferencia no nos

miento, poemas del pecado, poemas de la desesperación, poemas de la condenación posible, que algunas veces olvidamos de leer hasta el cabo. Por ejemplo, el de las "Mujeres Condenadas" cuyas últimas estrofas superán hasta la

permite verlos todos. Existe un Baudelaire crítico de arte que se aventura con

voz profética de Bossuet o de los místicos:

¡Oh, Belleza ¿qué hacer? tú lo quieres! ¡tú imperas!
con tus ojos de fuego, brillantes como hocrncras
calcíname estos restos que han dejado ]a/fieras'.
S?bre el ~ismo tema existen varios poemas, mucho más fuertes y realistas,
p~ro este, mas que los poemas c~ndenados y sus evocaciones , oluptuosas o
v1?lentas,. traduce la lucha, despues el abandono, y una especie de resignación

el pintor Delacroix a seguir las huellas de una imaginación supernaturalista

1

que ya es un surrealismo. Existe un Baudelaire crítico musical que escribió

Bajen, bajen, lameniables victimas

sobre Wagner páginas profundas. Ppdieramos hablar del genial traductor de
Edgar Poe, al cual supo dar, en Europa, el éxito y la gloria. Pudieramos hablar también del autor de los "Poemas en prosa" que plantean demasiados problemas, pero que, sobre todo logran alejarse del todo de la prosa poética, de

bajen el camino del eternal infierno

Inste a la fatalidad del pecado.

húndanse en lo más profundo del pozo donde todos los crímenes
flagelados por un viento que no viene del cielo

. Conocimiento tambien del hombre, el conocimiento de París. Baudelaire

o~_ia a la Naturaleza y hace de la gran capital el clima de sus versos. La reco-

hierven en desorden con ruido del trueno.

las frases abundantes y muchas veces vacías de Chateaubriand para acercarse

g10 por todas_ :t:t~rtes, conociendo sus callejuelas, sus cantinas más feas, sus
casas de perd1c10n.

(Femmes damnées l.)

al contrario al estilo seco y sin edad de nuestros neo-clásicos del siglo XVIII.
Existe por fin, el poeta amargo y terrible de ºMi corazón desnudo" y "Cohetes".

Pero le dejaremos también por hablar del magnífico poeta maldito de 'Las
Flores del Mal".
ASPECTOS DEL POETA MALDITO

acerca a Baudelaire, y muchas veces podemos evocarle al lado de nuestro poeta:
el Dante del Canto V. del Infierno.
ORGANIZACION EXTERIOR. (Dante)

Este se presenta bajo dos aspectos: el del "dandy" de 1842, y del poeta enfermo y ya condenado de 1857. Entre estas dos fechas, la eclosión de "Las
Flores del Mal".
En 1842, Baudelaire ,•ive en París en el hotel Pimodan. Teófilo Gantier
nos retrató la entrada, la puerta lúgubre con su cerradura mohosa, el patio so-

La Diana cantaba en los patios marciales
Y el viento matutino soplaba en los fanales.

1

Era la hora en que vaga pesadilla indolente
tortura en sus almohadas al bruno adolescente·

Baudelaire babia pensado, para el viaje al cabo de la noche al cual nos

lemne y húmedo, la escalera de estilo Luis XIV, las pinturas obscuras y las
pesadas cortinas. El joven Baudelaire se complace en vivir ahí, entre estas viejas paredes y estos viejos muebles llenos de recuerdos y de nostalgia; se complace en abrir los baúles venh·udos en los cuales duermen todavía cartas de

lanta con delicias, pués él conoce más que nadie "los pliegues sinuosos de las

0

el dia muestra un haz de co·sas que se escapan.

Aquí y allí, empezaban las cas3.s a humear.

Este circulo es el más largo. El segundo es París, en el cual Baudelaire se ade-

Las bijas del placer en actitudes muertas,
el retardado sueño dormían boquiabiertas;

viejas capitales. El tercer circulo es el del Vino, de la borrachera pesada. El
cuarto es el del Mal, el circulo del pecado de la carne y del vicio, el de los

La aurora tiritando iba, con paso incierto
lloviendo una luz verde sobre el Sena desierto
Y, frotando, París, sus ojos de coloso,
empuñaba sus útiles, anciano laborioso.

doce poemas más audaces en los cuales, a pesar de ésto, podemos oír la voz
Un viejo arcón colmado de_escombros, un armario
con papeles, novelas, billetes expresivos
y rizos de cabellos envueltos en recibos

. . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . ' ....... .

los diversos circulos, y esta vista rápida de la obra no expresa más que el contenido exterior del libro. No es una explicación .

Yo soy un "boudoir" lleno de rosas profanadas
en que se apilan mustias las modas aviejadas
y en que hasta los 11 b0uquets" de color desmayado

exhalan un olor de frasco destapado.
(Spleen II)
En estos años de juventud, no tenemos solo un poeta futuro: ya tuvo tiempo para escribir los más asombrosos poemas de su obra: 16 al menos, entre los .
más hermosos que concibió. Es de notar que antes de su salida para los mares
lejanos, en 1842, había recitado, con voz fina y voluntariamente fría, pero imperiosa, el poema atroz de "Una carroña" o "Las estrofas a Louchette" y
"A una mendiga bermeja". Como Arturo Rimbaud, Baudelaire fué un poeta precoz; y sus primeras obras ya contienen todo su conocimiento del hombre.

Verdade~amente Baudclaire añ_adió a la pocsia francesa un registro nuevo,

!ª

el de
pocsia de las grandes capitales, con su profundidad vertiginosa. Pero
el Parts de Bat~delaire no es el de Víctor Hugo, ni el de Balzac, ni el de Francís
C_arco. El Pans de Baudel_aire no es sobre todo el "París by night" tan artifi-

1 et. Juan Camborde: "La Poesia de BaudeJaire", a quien este estudio debe mucho.

c1~l como las luces de neon, y que se ofrece a los turistas extranjeros. Es el
pats verdader~ de Paris, la ciudad misteriosa en la cual el cuerpo y el espiritu

SIGNIFICADO INTERIOR

d_el poeta se 1nerden. Pozo espantoso en el eual Baudelaire encuentra las vic-

Para penetrar la significación profunda de "Las Flores del Mal" hay que
seguir al mismo poeta. No es una casualidad si el circulo más importante se
llama "Spleen e Ideal": ahi está lo im¡iortante. Esta lucha del hombre, esta

timas más tristes de la miseria humana.

"LOS CIEGOS" (CXVI)

palpitación de los instintos, esta respiración de la vida, son los verdaderos ca-

rácteres de la poesía baudeleriana. No importa el lugar ocupado por cada

¡Alma mía, contémplalos! Son tristes, espantosos.
Vagamente ridículos, maniquíes siniestros,
Y, como los sonámbulos de la noche maestros
fijan, !sabe Dios dónde, sus globos tenebrosos.'

poema. Lo que importa es saber si viene entre los poemas de "esperanza en
el sueño, o al contrario, entre los que expresan la caída Y el ahogamiento re-

petido en la realidad. Para huir de este posible ahogamiento, Bau&lt;lelaire busca
con inquietud todas las evasiones que le parecen permitidas. ?e usó demasía•

Pero el segundo aspecto de Baudelaire, el más conocido, trasmitido por
las fotografías de Carjat o Nadar, a pesar de ser menos seductor, es más interesante. Aparece el poeta con los rasgos burilados, los ojos crueles, la boca

d
'ft

amarga, y la cabeza inclinada. Nos aparece asi como el viejo payaso de sus
"Poemas en prosa": "... el pobre payaso encorvado, caduco, decrépito ... No
lloraba, no bailaba, no accionaba, no gritaba; no cantaba ninguna canción ni

. !. ·-,,,

, -- . __.

feliz ni lamentable, no se quejaba. Estaba mudo e inmóvil. Había abandonado
todo, había abdicado. Su destino estaba hecho. Pero ¡ qué mirada profunda,

, . -~,,;
~· '·", 11tí{
, ·' 1- -. 1 · l/ 4:

inolvidable pasaba sobre la muchedumbre y las luces ... !"' Así se nos aparece el

1¡,

••
~

;. ~

poeta de "Las Flores del Mal".

d.11

....

Sus ojos, donde falta la centella divina,
como si se clavaran en lo lejano, al cielo

mos a ver unos de los poemas que expresan más la miseria del hombre y los
intentos para salir de ella. Son los más conocidos.

miran siempre~ jamás su cabeza se inclina
con el peso de un sueño para buscar el suelo.

-

"UNA CARROÑA"
Alma mía, recógete y recuerda el objeto
que hemos visto esta mañana
al volver de una senda, un infame esqueleto
sobre la tierra lozana .

;r,,

éi'¡_ . ';I

do esta palabra de "evasión", pero no supiera convenir mejor que a él. Y va•

11
1

..

...

.. .

...

FALSA INTERPRETACION'

. . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . .
Todo aquello tenía un fluvial movimiento
o chispeaba y se perdía;

Se leen mal las mal nombradas "Flores del Mal". Digo las mal nombradas
porque este titulo que debemos a una plática entre el poeta Y un amigo, no co-

dijérase que el cuerpo, gracias a un vago aliento
multiplicándose crecía.

rresponde más que a un solo aspecto, -el menos importante- de ciertos poe•
mas de la obra. "FÍores del Mal" es el subtitulo de once poemas, y nada más.

Aquel caos sonaba con extraño rumor
como el agua por el sendero,
o el grano que, en continuo ritmo, el acechador
vutilve y revuelve en su harnero.

y sin embargo, muchas veces se juzga la obra a través de estas dos palabras
que son un verdadero desafío a la opinión pública. Teó[ilo Gautier, a quien

Baudelaire dedicaba sus poemas, es en parte responsable de la leyenda de inmoralidad de la cual se rodea el nombre de Baudelaire. En efecto, descubre

¡Pensar que tú serás igual que esta basura

en la poesía de éste "tonos de putrefacción adelantada, amarillos de bilis, gri•
ses plomizos de nieblas pestilenciales, verdes envenenado~ y metálicos oliendo

y que esta horrible infección,
estrella de mis ojos, sol de mi noche obscura,

a arsenato de so~a. betunes recocidos y quemados en todas las frituras del infierno". El deber de todo amante de la obra baudeleriana estriba eu hacer justicia a tal acusación de inmoralidad y de gusto al vicio.

tú mi Angel y mi pasión!. ..

Esta incomprensión no resiste a un estudio serio. El mismo Baudelaire

Magnifica y nueva evocación del terna de la muerte del cuerpo y de la
descomposición de la hermosura; tema muy frecuente en la poesía de la Edad
Media, pero también profundidad de la palabra religiosa: "Acuérdate, hombre,

probó engañarnos. Pero hay en su obra cierto acento que no engaña. La lucha
continua entre el Spleen y el Ideal la Materia y el Espíritu, esconde una intenna duda: "¿Hay que decir a usted, que no lo adivinó más que los otros, que

"CONVERSACION"

nostalgias locas, etc. El carácter excepcional de la obra de Baudelaire está en

~ ~ \'

7 ~~--:

encontrarse en la encrucijada de mil expresiones diferentes de una misma
desesperación, y en dar de ella la fórmula a la vez más general y más rica.

¡,

¡No se engañen ustedes! Este libro no es un juego. Dante y Pascal son los úni-

na duda: "¿Hay que decir a usted, queno lo adivinó más que los otros, que
en este libro atroz puse todo mi pensamiento, todo mi corazón, toda mi reli•
gión (disfrazada), todo mi odio? Es verdad que escribiré lo contrario, que juraré que éste es un libro de arte puro, de mueca, de charlatanería; y mentiré
con toda la boca".

He a qui ahora el pecado de la carne y la caída:

-

rable", "Lo Irremediable".
En todas partes, no son sino sueños interrumpidos, despertares amargos,

antes de su muerte~ el 28 ele febrero de 1866, Baudelaire no nos deja ningu-

que no eres más que polvo".

~-~·- ----::

no estén marcadas por los estigmas de lo que Baudelaire llamaba "Lo Irrepa-

cos que se acercan a tal patetismo, el primero con serenidad y como si no estuviera en causa, el segundo con inquietud porque los otros están en causa,
pero los dos con la fé. En una carta célebre, escrita a un amigo, muy poco

'

Cansa al hombre escribir y a la mujer amaJ·.

mo el poeta florentino por Virgilio, no es otra cosa que la condición humana.

sorda del arrepentimiento. Bajemos más: estamos en el quinto circulo, el de
la Rebelión con su terrible satanismo. Por fin, viene el circulo de la Muerte, y
estamos al cabo del viaje. Desgraciadamente, el libro está inacabado: otros
poemas hubieran debido ilustrar algunos temas sacrificados, para equilibrar

'

e~;,;~•~~•;¡~·];~¡~ ·;;r~~~- ~;;.- ¡;; lá~~i1~;;; i~~;n

convida, en un titulo medio religioso medio herético: "Los Limbos". Asi hubiera acabado el viaje de Dante en esta región vagamente entrevista por la teología, sin color y sin vida, sin dolor y sin pena, también privada de éxtasis y

de penitencia. El primer circulo en el cual bajamos, guiados por el vidente co-

amor y retratos. Y nos habla de

"EL CREPUSCULO DE LA MAÑANA"

Pocos versos, en la poesía universal, tienen tal fuerza. Sólo un poeta se

...

/JI? :· ,·¼\ :'
~¿)

-

Eres cielo de otoño rosado y misterioso,
pero como el mar, vasto me envuelve el dolor,
y al retirarse deja en mi labio moroso
de sus limos amargos el punzante escozor.

-

/

"

,(/,~-

~ -- ~~. ;_ .'...../

,.,

.

Y atraviesan así lo negro ilimitado,
hermanos del eterno silencio; arrebatado,
i oh, ciudad I en lo rojo de tus siniestros fuegos,

Y en la gran baraúnda de tu placer cegado,
¿ves?. yo también me arrastro, pero, más desdichado,

me chgo: ¿qut\ hallarán, en el Ciclo, los ciegos?
"LAS VIEJECITAS" (CXV)

............ ... ......... ...... ...............
¡Estos monstruos han sido mujeres en su día,
Epónima o La'is ¡Monstruos rotos, caídos
o encorvados ¡amémosles ! Son almas todavía.
Bajo refajos rotos, bajo fríos tejidos,
se· arrastran; bambolean si el aire se levanta,
se paran cuando pasan los ómnibus horrificos
y aprietan contra el pecho, como reliquia santa,
un bolso en que hay bordados, flores y jeroglificos.

Pero el poeta quiere escaparse de esta realidad. Evasiones fracasadas: por
la inspiración poética, por las artes, por la música; evasión por el exotismo
el viaje, por ejemplo en:
'

"LA CABELLERA NEGRA" (XXIV)
¡ Oh, trenzas, que se rizan en copiosa blandura l

¡Oh, bucles! ¡Oh, perfume de ardiente dejadez!
¡Jlxtasis!... Porque puedan llenar mi alcoba impura
los recuerdos que impregnan tu cabellera obscura,
como un velo en el aire, la agitaré una vez.

......... .............. . .. ............... .
'

Cabellos azulados, pabellón extendido,
dejad que como nuevo cielo nocturno os , 1ea,
en el bozo, rebelde al mechón retorcido,

No palpes con tu mano mi pecho dolorido,

dejad que aspire ansioso el olor confundido
del sándalo ferviente, del almizcle y la brea.

lo que buscas no existe, saqueáronlo ayer
los dientes y la garra feroz de la mujer;
no tengo corazón: las fieras lo han comido.

Por largo tiempo ¡siempre! cabellera de raso

Entró en mi corazón, trás una lucha ruda,

te sembraré de perlas, de rubíes ; ¡si al paso
te encontré por azar,_ya nunca más te pierdo!
¿,Xo ,has sido tú el oasis donde sucfio y el vaso

la Turba ... y canta, y bebe, y se mata sañuda.
¡Qué perfume rodea tu garganta desnuda!

donde bebo, a raudales, el vino del recuerdo?
(Pasa a la página 5.

Página 2
Página 3

�LAS ~IUCHEDUMBRES
O A TODOS les es dado tomar
un baiio de multitud; gozar de
la muchedumbre es un arte; y
sólo puede darse a expensas del género humano un atracón de vitalidad
aquel a quien un hada insufló en la
cuna el gusto del disfraz y la careta,
el odio del domicilio y la pasión del
viaje.
Multitud, soledad: términos iguales
y convertibles para el poeta activo Y
fecundo. El que no sabe poblar su soledad, tampoco sabe estar solo en una

N

muchedumbre atareada.
Goza el poeta del incomparable :pri,,ilegio de poder a su guisa ser él Y

ser otros. Como las almas errantes en
busca de cuerpo, entra cuando quiere
en la persona de cada cual. Sólo para
él está todo vacante; y si ciertos Ju-

gares parecen cerrársele, será que a
sus ojos no valen la pena de una visita.
El paseante solitario y pensativo saca una embriaguez singular de esta
universal comunión. El que fácilmente se desposa con la muchedurnhrc,
conoce placeres febriles, de que estarán eternamente privados el egoísta,
cerrado como un cofre, y el perezoso,
interno como un molusco. Adopta por
suyas todas las profesiones, todas las
alegrías y todas las miserias que las
circunstancias le ofrecen.
Lo que llaman amor los hombres es
sobrado pequeño, sobrado restringi~o
y débil, comparado con esta inefable
orgía, con esta santa prostitución, del
alma, que se da toda ella, poesia Y
caridad, a lo imprevisto que se revela, a lo desconocido que pasa.
Bueno es decir alguna vez a los venturosos de este mundo, aunque sólo
sea para humillar un instante su orgullo necio, que hay venturas superiores
a la suya, más vastas y m{ts refinadas.
Los fundadores de colonias, los pastores de pueblos, los sacerdotes misioneros desterrados en la externidad
del ~undo, conocen, sin duda, algo
de estas misteriosas embriagueces; Y
en el seno de la vasta familia que su
genio se formó, alguna vez han de
reírse de los que les compadecen por
su fortuna, tan agitada, -y por su vida,
tan casta.

POEMAS
EN IPIR.OSA
Por Charles BAUDELAIRE

pródigo y holgazán?" Yo, sin vacilar,
contestaría: "Sí, veo en ellos la hora.
¡ Es la Eternidad!"
¿Verdad, señora, que éste es un madrigal ciertamente meritorio y tan enfático como vos misma? Por de contado, tanto placer tuve en bordar esta
galantería presuntuosa, que nada, en
cambio, he de pediros.
EL CREPUSCULO DE LA NOCHE
Va cayendo el día. Una gran paz llena las pobres mentes, cansadas del trabajo diario, y sus pensamientos toman
ya los colores tiernos e indecisos del
crepúsculo.
Sin embargo, donde la cima de la
montaña llega hasta mi balcón, a través de las nubes transparentes del
atardecer, un gran aullido, compuesto
de una multitud de gritos discordes
que el espacio transforma en lúgubre_
armonía, como de marea ascendente o
de tempestad que empieza.
¿ Quiénes son los infortunado$ a
quien la tarde no calma, y toman, como los buhos, la llegada de la noche
por señal de aquelarre? Este siniestro
ulular nos llega del negro hospital encaramado en la montaña, y al atardecer, fumando y contemplando el reposo del valle inmenso erizado de casas

EL RELOJ
Los chinos ven la hora en los ojos
de los gatos.
Cierto día, un misionero que se paseaba por un arrabal de Nankin advirtió que se Je hábia olvidado el reloj,
y le preguntó a un chiquillo que hora
era.
El chicuelo del Celeste Imperio nciló al pronto; luego, volviendo sobre
sí, contestó: "Voy a decírselo.u Pocos
instantes después presentóse de nuevo, trayendo un gatazo, y mirándole,
como suele decirse, a lo blanco de los
ojos, afirmó, sin titubear: "Todavia
no son las doce en punto." Y así era
en verdad.
Yo, si me inclino hacia Ja hermosa
felina, la bien nombrada, que es a un
tiempo mismo honor de su sexo, orgn1lo de mi corazón y perfm:pc de mi espíritu, ya sea de noche, ya de dia, en
1uz o en sombra opaca, en el fondo
de sus ojos adorables, veo siempre con
claridad la hora, siempre la misma,
una hora vasta, solemne, grande como
el espacio, sin división de minutos ni
segundos, una hora inmóvil que no estú marcada en los relojes, y es, sin
embargo, leve como un suspiro, rápida como una ojeada.
Si algún importuno viniera a molestarme mientras la mirada mía reposa en tan deliciosa esfera; si algún
genio malo e intolerante, si algún Demonio del contratiempo viniese a decirme: "¿Qué miras con tal cuidado?
¿Qué buscas en los ojos de esa criatura? ¿Ves en ellos la hora, mortal

se hubiera colocado en esas paredes!"
Los ojos del niño: "¡Qué hermoso!,
¡qué hermoso!; ¡pero es una~casa donde sólo pueden entrar la gente que no
es como nosotros!'' Los ojos del más
chico estaban fascinados de sobra para expresar cosa distinta de un gozo
estúpido y profundo.
Los cancioneros suelen decir que el
placer vuelve al alma buena y ablanda
los corazones. Por lo que a mi toca,
la canción dijo bien aquella tarde. No
sólo me había enternecido aquella familia de ojos, sino que me avergonzaba un tanto de nuestros vasos y de
nuestras b~lellas, mayores que nuestra
sed. Volvfa yo los ojos hacia los vuestros, querido amor mio, para leer en
ellos mi pensamiento; ·me sumergía en
vuestros ojos tan bellos y tan extrañalnente dulces, en vuestros ojos verdes,
habitados por el capricho e inspirados por la Luna, cuando me dijisteis:
''¡Esa gente me está siendo insop01iable con sus ojos tan abiertos como
puertas cocheras! ¿Por qué no podíS
al dueño del café que los haga alejarse?"
¡Tan dificil es cnteqderse, ángel

querido, y tan incomunicable el pensamiento, aun entre seres que se aman!
LA MONEDA FALSA
Conforme nos alejábamos del estanco, mi amigo iba haciendo una cuidadosa separación de sus monedas; en
el bolsillo izquierdo del chaleco deslizó unas moneditas de oro; en el derecho, plata menuda; en el bolsillo izquierdo del pantalón, un puñado de
cobre., y por último, en el derecho, una
moneda de plata de dos francos que
había examinado de manera particular.
"¡Singular y minucioso reparto!"
--dije para mí.
~os encontramos con un pobre que
nos tendió la gorra temblando. Nada
conozco más inquietador que la elocuencia muda de esos ojos suplicantes que contienen a la vez, para el
hombre sensible que sabe leer en ellos,
tanta humildad y tantas reconvenciones. Encuentra algo próximo a esa
profundidad de asentimiento complicado en los ojos lacrimosos de los pei-ros cuando se les azota.

LOS OJOS DE LOS POBRES
¡Ah!, queréis saber por qué hoy os
aborrezco. Más fácil os será comprenderlo, sin duda, que a mí explicároslo; porque sois, creo yo, e] mejor ejemplo de impermeabilidad femenina que
pueda encontrarse.
.luntos pasamos un largo día, que me
pareció corto. Nos habíamos hecho la
promesa de que todos ]os pensamientos serían comunes para los dos, y
nuestras almas ya no serían en adelante más que una; ensueño que nada
tiene de original, después de todo, a
no ser que, soñándolo todos los hombres, nunca lo realizó ninguno.
Al anochecer, un poco fatigada, quisisteis sentaros deJante de un café
nuevo que hacía esquina a un bulevar, riuevo, lleno todavía de cascotes
y ostentando ya gloriosamente sus esplendores, sin concluir. CenteJleaba el
café. El gas mismo desplegaba todo
el ardor de un estreno, e iluminaba
con todas sus fuerzas los muros cegadores ele blancura 1 los lienzos deslumbradores de los espejos, los oros de
las medias cañas y de las cornisas, los
pajes de mejillas infladas arrastrados
por ]os perrÜs en traílla, las damas
risueñas con e] llalcón posado en el
pullo, ]as ninfas y las diosas que llevaban sobre la cabeza frutas, pasteles
~r caza; las hebes y las ganimedes ofreciendo a brazo tendido el anforilla de
jarabe o el obelisco bicolor de los heludos con copete la historia entera de
la mitología puesta al servicio de la
gula.

El don de mi amigo fué mucho más
considerable que el mio, Y Je dije:
"Hace bien; después del placer de
asombrarse, no lo hay mayor que el de
c-ausar una sorpresa". "Era la moneda
falsa", me contestó tranquilamente,
como para justificar su prodigalidad.
Pero en mi cerebro miserable, siempre ocupado en buscar lo que no se
halla (¡qué abrumadora facultad me
ha regalado la Naturaleza!), entró de
repente la iclea de que semejante conducta por parte de mi amigo sólo tenía
excusa en el deseo ele crear un acontecimiento en la vida de aquel infeliz,
y quizá el de conocer las distintas consecuencias, funestas o no, que una moneda falsa puede engendrar en manos
cle un mendigo. ¿No podía multiplicarse en piezas buenas? ¿No podía llevarle asimismo a la cárcel? Un tabernero, un panadero, por ejemplo, le
mnndarian acaso detener por monedero falso, o corno a expendedor de moneda falsa. También podría ocurrir
que la moneda falsa fuese, para un pobre especulador insignificante, germen
de la riqueza de algunos días. Y así
mi fantasía progresaba, presando alas

a la mente de mi :1migo y sacando tollas las deducciones posibles de todas
las hipótesis posibles.
Pero él rompió bruscamente mi diYagación recogiendo mis propias palabras: "Si, estáis en lo cierto; no hay
placer más duJce que el de sorprender
a un hombre dftndole más de lo que
espera".
Le miré a lo blanco de los ojos y me
quedé asustado al ver c¡ue en los suyos
brillaba un incontestable candor. Entonces vi claro que había querido hacer al mismo tiempo una caridad y un
buen negocio; ganarse cuarenta' suel&lt;.los y el corazón de Dios; alcm1Zar econúmicamenle el paraíso; lograr, en fin,
gratis, credencial de hombre caritativo. r.asi le hubiera perdonado el deseo del goce criminal de que le supuse capaz poco antes; me. hubiera parecido curioso, singular, que se entretuviera en comprometer a ]os pobres;
pero nunca le perdonaré la inepcia de
su cúlculo. No hay excusa para la maldad; pero el que es malo, si lo sabe,
tiene algún mérito; el vicio más irreparable es el de hacer el mal por tontería.

CHARLES BAUDELAIRE
(Sigue de la pagina 3)

Enfrente mismo de nosotros, en el
arroyo, estaba plantado un pobre hombre de unos cuarenta años, de faz cansada y barba canosa; llevaba de 1a
mano a un niño, y con el otro brazo
sostenía a una criatura débil para andar todavía. Hacia de niñera, y sacaba a sus hijos a tomar el aire del anochecer. Todos harapientos. Las tres
caraS" tenían extraordinaria seriedad,
y los seis ojos contemplaban fijamente
el café nuevo, con una admiración
igual, que los años matizaban de modo
diverso.
Los ojos del padre decían: "¡Qué
hermoso! ¡ Qué hermoso! ¡Parece como si todo el oro del misero mundo

•

Página 4

en que cada ventana nos dice: "¡Aquí
está la paz ahora; aquí está la alegria
de la familia!", puedo, cuando el viento sopl.1/de arriba, mecer 1~i _pen_s_amiento, asombrado en esa 1m1tac10n
de las armonías infernales.
El crepúsculo excita a los locos. Recuerdo que tuve dos amigos a quien
el crepúsculo ponía malos. Uno, desconociendo entonces toda relación de
amistad y cortesia, maltrataba como
un salvaje al primero que Jlegaba. Le
he visto tirar a la cabeza de un camarero un pollo excelente, porque se imaginó ver en él no sé que jeroglífico insultante. El atardecer promisor de los
goces profundos, le echaba a perder
lo más suculento.
El otro, ambicioso herido, se iba
volviendo, conforme bajaba la la luz,
más agrio, más sombrío, más reacio.
Indulgente y sociable durante el día,
era despiadado de noche; y no sólo
con los demás, sino consigo mismo esgrimía rabiosamente su manía crepus~
cular.
El primero murió loco, incapaz de
reconocer a su mujer y a su hijo; el
segundo lleva en si ]a inquietud de un
malestar perpetuo, y aunque le gratificaran con todos los honores que pueden conferir repúblicas y príncipes,
creo que el crepúsculo encendería en

él aun el ansia abrasadora de &lt;listín ...
cioncs imaginarias. La noche, que ponía tinieblas en su mente, trae luz a
la mía; y, aunque no sea raro ver a la
misma causa engendrar dos efectos
contrarios, ello me tiene siempre lleno de intriga y de alarma.
¡Oh noche! ¡Oh refrescantes tinieblas! ¡Sois para mí señal de fiesta interior, sois liberación de una angustia!
¡En la soledad de las llanuras, en los
laberintos i1edregosos de ana capital,
centelleo de estrellas, explosión de linternas, sois el fuego de artificio de la
,liosa Libertad!
¡ Crepúsculo, cuán dulce y tierno
eres! Los resplandores sonrosados que
se arrastran aún por el horizonte, como agonizar del dia bajo la opresión
victoriosa de su noche, las almas de
Jos candelabros que ponen manchas ele
un rojo en las últimas glorias del poniente, los pesados cortinajes que corre una mano invisible de las profundidades del Oriente, inician todos los
sentimientos complicados que luchan
dentro del corazón del hombre en las
horas solemnes de Ja vida.
Tomaríasele también por uno de
esos raros trajes de bailarina en que
la gasa transparente y sombría deja
entrever los esp,l endores amortiguados
de una falda brillante, como b:1jo el
negro presente de trasluce el delicioso
pasado, y las estrellas vacilantes de
oro y de plata que la salpican, representan esas luces de la fantasía que
no se encienden bien sino en el luto
profundo de la Noche.

Evasión también la Que, raras veces, nos otorga la vida en el breve éxito
de un amor perfecto, Baudelaire nos ofrece la magnífica:

pero hasta las tinieblas en su silencio mudo
dan asilo a las muertas visiones que a millares
se salen de mi mismo y me son familiares.

"Afü!ONIA DE LA TARDE" (XLVIII)

El milagro es el encuentro de un pensamiento tan profundo y de una expresión tan perfecta.

Este es el tiempo en que sobre el tallo glorioso,
cada flor se evapora igual que un incensario;
sones y aromas llenan el aire estacionario.
¡l\{clancólica danza, vértigo langoroso!

El escritor francés Andrés Suares, en un estudio interesante nos cuenta
una historia, que les contaré también para acabar, porque ilustra la verdadera
influencia del arte de Baudelaire. Ya viejo, el gran escultor Bourdelle escuchaba a un amigo que Je leía versos. Era ocho días antes de su muerte. El amigo
había leído, un poco por casualidad, el almirabJe poema de Baudelaire.

Por fin, la evasión suprema: la :\Iurrte.
"EL VIAJE"
¡Oh :\luertc! ¡Oh Capitana! Es tiempo yá, ¡levemos!
Este país nos cansa ¡oh :.\1uerte, aparejemos!
¿Qué importa este mar negro si son negros tus remos?
¡Tú conoces las ansias que en el alma tenemos!
EL AHTE DEL POETA
La lectura de estos poemas nos enseiía ciue Baudelaire alcanzó el fin que
se proponía en su HArte Romúntico":
"El arle puro, es crear una imúgen sugestiva conteniendo a la -,·ez el objeto
y el sujeto, el mundo exterior del artista y el artista mismo".
Pero ¿dónde encontrar el secreto de la hermosura de tales \·ersos? Es
casi imposible.
Felizmente Bauclclairc supo aplicar a su obra, la más perspicaz de las criticas, expresando lo que quería hacer y 1o que rehusaba. Lo que rehusa es
la inspiración romántica. Quiere una poesia concertada, labrada.
11
Que el ritmo y la rima corresponden en el hombre a los inmortales deseos
de monotonía, de simetría y de sorpresa" - y verdaderamente Baudelaire dió
a la poesía del siglo XIX una sangre nueva - la sorpresa. Después se usó
demasiado este elemento de sorpresa, pero él nos trae la discordancia, el prosaísmo voluntario pero medido, una poesía brutal en vez de la melodía almibarada de Lamartine. Bandelairc es para la poesía lo que \Vagner fué para la
música.
Pero su arte está servido por otra calidad- su odio a la inspiración se
acompaña de un odio a la retórica. Pocos relatos en la obra de Baudelaire, pero magníficos ejemplos de concentración poética, de los cuales ªObsesión" es
ta] vez uno de los mejores:
"OBSESION"
i\le abrumais, grandes bosques como las catedrales;
sonaís como los órganos, y nuestros pechos secos
oquedades que agitan siniestros vendavales,
a vuestros De Profundis responden con sus ecos.

¡Océano te odio! tus iras, tus tumultos
]os encuentro en mí mismo; la risa singular
del espíritu llena de &lt;(uejas y de insu1tos,
vuelvo a oírla en 1a risa enorme de la mar.
¡Cómo me agradaís noche, sin tus sabidas
estre11as que me hablan de cosas conocidas!
Voy buscando el vacio, lo negro, lo desnudo

"RECOGIMIENTO"
Tú, mi do]or, vigila
y ten prudencia en la quietud tranqurla
La noche reclamabas
y ha venido a envolvernos cuando hablabas.
Una atmósfera obscura
recoge la ciudad en su envoltura,
dando paz a los unos
y a los otros cuidados importunos.
Mientras de Jos mortales la ralea
a impulsos del placer c¡uc la espolea
va a acoger o sembrar remordimientos
en crueles momentos,
tú, dolor mío, humano,
ven aquí, y en mi mano pon tu mano.
~lira asomar los ailos ya difuntos
por el balcón del cielo cejijuntos,
envejecidos, con ropas raídas;
surge rompiendo las aguas dormidas
como un nuevo elemento,
el arrepentimiento.
El ciclo es gris, el aire es parco,
el moribundo sol cae tras un arco;
semejante a un sudario que hacia oriente se agranda
¿.no has oído, dolor, la dulce noche que anda?
Después leyó la humilde melodía patética que empieza así:
La pasional sirvienta de que estaba celosa
duerme, bajo unos musgos, en su modesta fosa;
creo que deberiamos 11evarle algunas flores.
Los muertos, pobres muertos, tienen grandes dolores.
La emoción que brota de estos versos, hizo detenerse al lector. Alzó ]os
ojos y vió a Bourdellc cerca de él, el cual inclinaba su bella cabeza. Vencido
por esta perfección poética, el gran artista sollozaba ...
Las lágrimas de un hombre son siempre emocionantes, Y, mas que las otras
puras y amargas, mezcladas de gozo y de dolor, las que hace brotar, por su
irresistible magia, una pocsia tan humana como la de Carlos Baudelaire. 2
2 Traducciones de "Las Flores del Mal" de Eduardo 1\1:arquina
(Librerla española y extranjera) Madrid, 1923.

Página 5

�•

S peligroso hablar de movimientos en literatura. La inspiración
sopla con demasiado vigor para
que sus movimientos puedan ser medidos y la personalidad del poeta hace
fracasar nuestros esfuerzos por incluirlo en éste o en aquel sector o por
explicarlo como ejemplo de una regla.
Pero si comparamos la poesía escrita
en Europa después de 1890 con la precedente tenemos que admitir que hubo
un cambio y que los nuevos poetas tenían algunas cualidades en común que
los hace aparecer como representantes
de un movimiento. Esta semejanza no
es resultado de un programa convenido o de una intención consciente. No
puede compararse con la de los miembros de la Pléyade o con los de la Escuela de los Lagos sino que hace pensar en esos escritores que parecen bastante distintos a sus contemporáneos
pero a quienes ve la posteridad unidos por el color característico de
una época. Así como en el momento actual Byron, Púshkin y Hugo tienen en común cualidades que casi han
desaparecido de la poesia, los poetas
de la generación que llega a la juventud hacia 1890 tienen otras cualidades
que los distinguen de quienes los precedieron y de quienes actualmente se
dedican a la poesia. El movimiento
de que nos ocupamos ha gastado ya
la mayor parte de su fuerza. Sus exponentes más notables están muertos.
Sus ideas y sus ideales están cayendo
en desuso. El movimiento pertenece a
la historia. El .carácter peculiar de sus
fines puede ser definido y la valía de
su obra calcularse.
Este movimiento puede considerarse
como un desarrollo tardío, una segunda ola, de las actividades poéticas que
se conocen diversamente como simbo•
lista y decadente. Ninguno de estos
nombres es exacto, y los intentos de
precisarlos suelen fallar. Un movimiento poético se reconoce por sus ex•
ponentes, y los principales poetas del
simbolismo son Baudelaire, Verlaine y
Mallarmé, Baudelaire fué el prijnero
que exaltó el valor de los simbolos;
Verlaine los empleó instintivamente y

E

Mallarmé creó una metafísica para explicarlos y justificarlos. En su teoria
y en su práctica Mallarmé fué la conclusión y la corona del movimiento
simbolista. Cuando hablamos de simbolismo, pensamos ante todo, en Mallarmé y sus ideas son las que recordamos. Pero su obra habria sido imposible sin Baudelaire y no habria sido reconocido a no ser por la forma
más popular que Verlaine encontró
para sus principios. A pesar de sus
evidentes diferencias, estos poetas te-

\

bían un punto de vista en común sobre la vida, que los distingue de sus
antecesores y explica en buena parte
su influencia. A pesar de sus muchas
formas, el simbolismo estaba unido
por un credo simple que determinaba
el carácter de su poesia. Sus herederos y sucesores, los hombres de la última década del siglo, asimilaron este
credo. Algunos lo abandonaron; otros
le dieron formas que lo volvían irreconocible o pasaron por él hacia nuevas formas propias. Todos proporcionan un comentario sobre la validez Y
la vitalidad de las doctrinas simbolistas, y su obra muestra cuán diferentes
idiomas se ha puesto en práctica una
teoría que podria parecer e~trecha y
efimera. En otras tierras y en otros
idiomsa se ha puesto en práctica nna

Página 6

doctrina francesa. En la variedad de
sus experimentos y en el éxito que
los coronó, estos poetas muestran
cuán importante puede ser una teoría
en las artes, siempre que no sea tratada teóricamente, sino usada como
base para nuevas realizaciones.
Visto retrospectivamente, el movimiento simbolista del siglo XIX en
Francia era fundamentalmente místico. Protestó . con noble elocuencia
contra el arte científico de una época
que había perdido en gran parte su
creencia en la. religión tradicional, y
esperaba hallar un sucedáneo en la
busca de la verdad. Las figuras características de la época eran novelistas como Zola, qne pintaba con rudos
detalles grandes cuadros de la vida
contemporánea, y poetas como Heredia, que componía viñetas impersonales de siglos pasados y escenas distantes. El misticismo no encontraba lu~
gar en este arte. Los realistas no aceptaban la creencia en un mundo superior por encima de los sentidos, que
babia sido familiar en Europa desde
que Agustin asimiló las doctrinas neoplatónicas; ellos tenían la severa conYicción de que Jo que importaba era
la verdad y que la verdad podía hallarse empíricamete en este mundo.
Naturalmente, el cristianismo ortodoxo
siguió existiendo y produciendo sus
escritores, pero eran representativos
de su época. En el tercer cuarto del
siglo diecinueve los realistas y los parnasianos dominan el campo en Francia, y hasta en Inglaterra puede verse
algo del mismo espiritu en los poemas
dramáticos de Browning o en los poemas de Tennyson que, como "el breve, dulce idilio" de The Princess, _son
enteramente objetivos en su tratamiento de los hombres y las cosas.
En contra de este realismo científico protestaron los simbolistas, y su
protesta era mistica porque se hacía
en nombre de un mundo ideal que
era. a juicio de ellos, más real que el
de los sentidos. No era, en sentido es•
tricto, cristiano. Verdad es que Ver•
laine tenia sus dias de creencia sim•
ple y confiada, que el diabolismo de
Baudelaire era una forma invertida de
catolicismo, que Mallarmé tomó mu•
chos de sus ritos imaginativos de las
ceremonias de la iglesia. El carácter
místico del simbolismo era menos decididamente cristiano que cualquiera
de estas manifestaciones. Era una religión de Belleza Ideal, de "le Beau"
v "l'Idéal". Esto puede apreciarse en
Ía creencia de Baudelaire en aquella
belleza ideal que él oponia tan vivamente a su propia vida, en el intento
de Verlaine de escribir paralelamente
del alma y el cuerpo, en las manifes•
taciones oraculares y enigmáticas de
iiallarmé. El ideal de lo bello proporcionó vigor y sentido al alma torturada y enfermiza de Baudelaire; justificó en Verlaine la búsqueda de un
placer prohibido; y para lllallarmé fué
lo único importante. Los cimientos de
sus creencias cristianas habían sido
mutilados o socavados, y sintiendo la
necesidad de un evangelio que los re..
emplazara, encontraron en la Belleza
algo que unificaba sus actividades y
daba una meta a su trabajo. A esta
Creencia se aferraron con una convicció1;1 que sólo puede llamarse mistica
en razón de su intensidad, su irracionalidad, su desdén por las otras creencias y su confianza en un mundo más
allá de los sentidos.

La riature est un temple oú de
vivants piliers
Laissent parfois sortir de
confuses paroles;
L'homme y passe á travers des
forets de symboles
Qui l'observent avec des
regards familiers.

Por C. 11. BOWRA

El simbolismo, pues, fué una forma
mística del esteticismo. Su réplica en
Inglaterra fué el Movimiento Esteticista , cuyos apóstoles fueron Rossetti y
Pater, y cuyo mártir fué Wilde. La
poesía de Rossetti está penetrada de
una creencia en la Belleza Ideal. Propone una extraña visión del amor en
su House of Life (La Casa de la Vida)
y abarca hasta temas religiosos. La
doctrina implícita en su arte se vuel•
ve explicita en el famoso capítulo último del Renacimiento de Pater, donde se proclama el arte como fin de la
vida porque presenta " una conciencia ace1el'ada, multiplicada". El clamor y la execración por la indignación moral que suscitó su transgresión. Las fuerzas armadas de filisteísmo vieron que su enemigo babia caído
y se regocijaron. Wilde defendia un
credo que ellos temían y odiaban, y
su castigo significó no sólo la ruina
de su propia vida sino la derrota del
estccismo. Por haber caído la mala
reputación sobre el arte, los poetas de
la era eduardiana se convirtieron en
una secta aislada, apartada de las corrientes principales del pensamiento
contemporáneo, y obligada a trabajar
en pequeños grupos o en la soledad.
Sólo en la primera guerra mundial recobraron los poetas ingleses algo parecido a su lugar tradicional en la vida de nación.
El esteticismo inglés, sin embargo,
era menos exigente, menos teórico,
menos místico que el francés. Ni
Rossetti ni Pater desarrollaron sus teorias sobre lo Bello en la lógica desesperada de Mallarmé. Sabiendo lo que
admiraban y encontrando en el arte
una experiencia más vivida que las
que les proporcionaba la religión o la
moralidad, vh•ieron sincera y naturalmente para él. Sus convicciones y
su doctrina eran realmente revolucionarias, produjeron azoramiento entre
sus contemporáneos y cambiaron en su
totalidad el aspecto de la cultura inglesa. También eran ellos religiosos
en cierto sentido, en que creían que
el principio de lo Bello unificaba la
vida y le daba sentido. Pero no eran
misticos en el sentido de Mallarmé.
Sus teorías no eran tan trascendentales, tan exactas, tan completas como
las de él. Ellos se contentaban con las
impresiones que tenían y no trataban
de exaltarlas a un mundo ideal. La
naturaleza inglesa protestante parece
rechazar una entrega total al misticis..
mo o a la metafísica, y el esteticismo
de Pater tenia un carácter subjetivo
y experimental. El ordenaba sus experiencias según se le presentaban y
teorizaba sobre ellas pero sus conclu•
siones eran más prácticas que teóricas
y su influencia era tal vez más grande
sobre la conducta que sobre el pensamiento. Su enseñanza creó un nuevo
ideal para muchos que deseaban tener
algo en que creer y preparó el camino
para grandes cambios. Sin duda influyó él sobre los poetas de la última
década del siglo, como Hohnson y
Dowson, pero tal vez su más gran
alumno fué el sacerdote jesuita Gerard
Hopkins, cuya vida poética está aparte de toda corriente, inglesa o europea.
Pater dió dignidad y honor a las artes en una época que tendía a no entenderlas o a no estimarlas, pero sus
puntos de vista no eran tan complejos
o místicos como los de Mallarmé.
Porque Mallarmé creó sin duda un
nuevo misticismo del arte. Verdad es

que se expresó incoherentemente, en
palabras de oscuridad y vigor heraclítcos. Cualquier intento de resumir sus
puntos de vista tiene que terminar por
deformarlos, pues él prefería hablar
sobre puntos particulares con metáforas y símiles. Pero sus puntos principales y su efectiva práctica literaria
11ucden discernirse, y en ellos se contienen las doctrinas más importantes
de los simbolistas. En sus Divagations
dice:
Je dis une fleur; et hors de l'oubli
oú ma voix rclégue aucun contour
en tant que quelque chose d'autre
que les caliccs sus, musicalement se
lé'\'e, idée mcme et suave,-1'absente
de tous bouquets.
Este texto hermético es una clave
central. La flor, evocada por la palabra mágica, es la flor ideal que tiene
en si la belleza de todas las flores y
no es una entre e1las, sino algo por
encima de ellas. Los lectores de Platón verán una semejanza entre esta
"idée" y el "eidos" platónico, o Forma, que es a la vez un principio uni•
versal y un ideal particular Y la comparación se ve justificada si recordamos que para Mallarmé lo Absoluto no
es el Ser, sino lo Bello. En este mundo de cosas bellas él encontraba un
principio creador y de sostén en "les
Idées." que son no sólo bellas en si
mismas sino la causa de la belleza en
otras cosas. En su Prose pour &lt;les
Esseintes expresó más o menos la misma doctrina en versos.
Oui, dans une ile que rair chargc
De vuc et non de visions
Toute fleur s'étalait plus Jarge
Sans que nous en devisions
Telles, inmcnses, que chacunc
ordinairement se para
D'un lucide contaur lacunc
Qui des jardins la sépara.
La flor es la flor ideal. Pertenece a la
visión pura, no a los sentidos.
Una doctrina de este carácter tiene
mucho en común con la de los poetas
religiosos ortodoxos. Asi como Mallarmé trataba de captar la belleza ideal
en el verso, del mismo modo Dante
había tratado de crear una imagen visible de un mundo invisible. Y así como Dante creó su imagen por medio
de los simbolos aceptados del Cielo y
del Infierno cristianos, del mismo modo Mallarmé también tuvo que usar
simbolos. A él y a sus discipulos les
llama con razón simbolistas, porque
tratan de expresar una experiencia so•
brenatural en el lenguaje de las cosas
visibles, y por consiguiente cada palabra es un símbolo y se usa no por
función común sino por las asociacioues que evoca de una realidad más
allá de los sentidos. Su método no
es nuevo. Esto puede apreciarse en
los poemas apocalipticos de William
Blake, y la literatura es casi inconcebible sin ese método. Pero mientras
los simbolistas primero se habían ocu~
pado de los hechos de la devoción religiosa, a Mallarmé le interesaba una
experiencia estética especial que él interpretó como un santo podia ver las
visiones de Dios. También en esto tuvo un predecesor, pues en su soneto
Correspondances Baudelaire vió la naturaleza como simbolizando otra realidad:

t

,,,

\

Los simbolistas trataban de comuni- ción, que era justamente lo que quecar una intensidad peculiar. Y por rían insinuar por medio de su poesia. ciclo, considerado como el palacio de
leales a su propósito tuvieron que de- La músicá se convirtió en una consig- Dios, no son más que sueños orgullosos de un anacoreta. No nombra el
jar a un lado muchos rasgos familia- na y Verlaine escribió:
cielo ni a Dios. En su lugar, conjura
res de la poesia. Sobre todo evitaban
este
espléndido palacio con sus guiresos temas públicos y políticos, tan De la musique encare et toujours !
naldas muertas. La ganancia es in ..
románticos. Claro que, cuando se Que ton vers soit la chose envolée
siente sincera y fuertemente, la poesía Qu'on sent qui fuit d'une ame en allée mensa desde el punto de vista poético.
política tiene su grandeza. Sus defec- Vers d'autres cieux á d'autres amours. Todos los preliminares, las explicacioComme de Jongs échos qui de loin
nes, las comparaciones, se omiten. Sótos no se deben necesariamente a su
lo se _dan los puntos esenciales, y las
se confondent tema. Pero para los simbolistas, conQue ton vers soit la bonne aventure
Dans une ténébreuse et profonde
YentaJas en concentración y vigor son
c_entrados en su belleza ideal, la poli- Eparse au vent crispé du matin
enormes. _La poesía queda plenamenunité, tica es un tema ajeno y hostil. El claQui va fleurant la menthe et le tbym ... te redondeada. Tiene algo de la seVaste parfums, les couleurs et les
mor politico perturba el sereno silen- Et tout le reste cst littérature.
ducción inmediata de la música. No
sons se répondent cio de la contemplaci&lt;in y las vulgares
hay
articulaciones o intersticios proemociones destruyen la delicada conEste fin ha sido sintetizado por saicos. Una y otra vez llfallarmé obtiePara Baudelaire el mundo visible y centración de su visión. El simbolista Válery, que dice que la tarea princisensible estaba lleno de simbolos que era igualmente hostil al punto de vista pal del simbolismo era recobrar la mú- ne este éxito. Ningún otro poeta franllenan el corazón del hombre de ale- realista o científico sobre el arte, por~ sica lo que los poetas se habian deja- cés ha escrito versos de uan poesia
gria y pena y lo llevan por medio de que su misma naturaleza niega o des- do ganar de ella. En un ideal asi ba- tan indudable y pura. El autor de
los perfumes, del color y de los soni- truye el mundo ideal que es el centro bia sin duda dificultades y ambigüeEt l'avare silence et la massive
dos a los éxtasis del espíritu.
de sus actividades. Auque pudieran dades. Pero por el momento parecía
nuit
La esencia del simbolismo está en su tener amigos entre los parnasianos ni una gran promesa y una gran esperanUn pcu profond ruisseau calomnié
insistencia en un mundo de belleza Verlaine ni lllallarmé formaron p;rte za. Por lo menos para los poetas franla mort
ideal, y en su convicción de que ésta de sus filas. Este arte era demasiado ceses, ésta era una tarea magnifica.
cientifico
para
ellos.
El
Parnaso
inse realiza por medio del arte. Los éxHacer con las palabras lo que Wagner trajo una riqueza concentrada al vertasis que la religión atribuye al devo- tentaba reproducir escenas del mundo babia hecho con las notas musicales so francés, nunca antes conocida.
to en la oración y la contemplación, ,·isible, Y ellos miraban a otra parte. parecía posible y deseable. Hasta fue- Cuando menos, esto es lo que hizo el
el simbolista los atribuye al poeta en lfallarmé, es verdad, publicó en Le ra de Francia, en Inglaterra y en Ale• ejemplo de Wagner.
el ejercicio de su arte. Una preten- Parnasse Contemporain, pero pronto manía, esto parecía una nueva llamasión tan ambiciosa no es enteramente fuC evidente que su lugar no estaba da, una vuelta a olvidadas tradiciones
E~ta manera de sugerir tiene una
irrazonable. La atención íntegra que alli. ~quella poesía halagaba los ojos, d_e canto, al mismo corazón de la poe- Yentaja especial. Hay muchas cosas
el adorador da al objeto de sus plega- pero el buscaba los deseos secretos y sia.
en la conciencia humana para las cuarias y la sensación del contentamiento las pasiones, Jas emociones de la soles el simple aserto es no sólo inadeA este problema dedicó Mallarmé cuado sino imposible. Todos conoceintemporal que encuentra en ellas no ledad y el silencioso yo contemplativo.
su
atención prolongada y devota. Se
La
fuerza
de
los
simbolistas
estaba
son enteramente diferentes del puro
mo~ _estados fugitivos, indefinidos, que
fijó
un ideal de lo que debla ser la no tienen contornos o caracteres claen
su
devoción
a
un
ideal.
Por
eso
se
estado estético que parece suprimir
distinciones de tiempo y lugar, de ser salvaron de esas fallas de gusto, y has- poesia y meditó sobre él:
r~s Y que apenas pueden expresarse.
Ou'ir l'indiscutable rayon -comme Sm embargo, pueden sugerirse o transY no ser, de tristeza y pena. Y tampo- ta de sinceridad, que espantan en
co es fácil decir si el rapto, que tanto Tennyson y en Hugo. Si su mundo es les traits dorent et- pour former
ferirse en poesia según el método de
' Mallarmé. Por ejemplo, en un poema
subyuga en la poesia de San Juan de estrecho. es innegablemente rico, pues depuis Wagner, la Poésie.
la Cruz es realmente religioso o esté• no pueden trazarse limites a lo invisial?de a una aventura amorosa y ter•
tico. Tal rapto está muy lejos de la ble. Por consiguiente no sorprende
. Su teoría, en resumen, es que la poe- mma con una nota de triunfo:
religión razonada de Milton y tiene que su advenimiento haya sido salu- s1a no debe informar sino sugerir y
mucho en común con la exaltación que dado como una revolución y que los evocar, no nombrar las cosas sino
Dis si je sois pas joyeux
llena a los poetas en el momento de p~e!as que a~enas entendían su pro- crear sa atmósfera. Esto no era nue..
Tonnerre et rubis aux ~~yenx
visión creadora. En ciertos rasgos, el pos1_to o _su tecnica lucharon por un ,·o. Su gran ídolo, Poe, habia pedido
De voir en l'air que ce feu troue
deleite estético puede parecerse 3 la tiempo bajo sus estandartes. Esta era "un carácter indefinido y sugestivo,
devoción religiosa. No sin razón con- una poesía atrayente y sincera. No que tenga un efecto vago, y por consiAvec des royaumes épars
sideraba la Iglesia Medieval la ilumi- había aqui caídas en una fria retóri.. guiente, espiritual". Agregar misterio
Comme mourir pourpre la roue
nación de manuscritos como un modo ca o una menoseada moralidad nin- a la poesia por sugestión era un noble
Du seul vespéal de mes chars.
apropiado de servir a Dios. Para los gún llamado a la multitud, ningón in- ideal. A su manera, la mayor parte de
que creen en un mundo por encima de tento de servir otros fines que la be- l~s poetas lo han hecho, y la exigenSe han hecho intentos de dar a esto
los sentidos, puede haber más de una lleza. Además, el simbolismo volvía a cia_ de Mallarmé no parece muy ex- un significado más preciso. Algunos
la poesia cualidades que habian falta- trana. Pero la persiguió con inflexible han pensado que el poeta sale a paforma de acercarse a él.
do últimamente, y que eran bien rePero el simbolismo de los poetas cibidas por todos los que sabian lo f1rmeza. Su poesía se fué haciendo ca- le a pasear en un coche cuyas ruedas
franceses difiere del simbolismo tradi- que era la poesía. Por paradoja, reco- da vez más oscura desde la claridad se enrojecen por el sol del ocaso otros
cional en un importante aspecto. La braban el elemento subjetivo que ha- de sus primeras obras, a través de los que se refiere a una especie d~ gra~
Iglesia tiene sus propios simbolos de bía sido excluido por los parnasianos. esplendores a medias misteriosos de rueda fosforescente en una exhibición
majestad augusta y espléndida, santi- Verdad es que Mallarmé consideraba Hérodiade hasta el extraño texto úl- de f~egos artificiales. Esto es pedir
ficados por el tiempo y familiarizados el arte impersonal, pero como se ocu- timo de Un Coup de Dés, donde el ta- e~achtud donde no existe. El esplénmaño del tipo de imprenta y el arre- dido cuadro de un carruaje triunfal
en los siglos de arte religioso. Los símpaba de sus propias y notables visiobolos del cristianismo son ricos en nes, mostraba que el yo era un tema glo de las palabras sobre la página son en el crepúsculo expresa un estado de
casi más importantes que las palabras ánim_o de éxito gozoso y exaltación.
asociaciones y fácilmente reconocitan rico para la poesía como los ele- mismas. Para expresar todo el miste.. Esto es lo que se intenta, y lo que,
bles. Pero el poeta que describe su
fantes de Leconte de Lisie o las ma- rio que sentía, redujo su puntuación con notable brillo, se consigue.
exaltación privada tiene que encontrar
ravillas submarinas de Heredia. Cuan- hizo nuevas agrupaciones de palabras:
sus propios símbolos, y a los otros les do él escribia:
Pero Mallarmé no se contenta con
a Yeces abandonó las reglas de la sin- su~erir. En la música encontró él algo
puede resultar dificil apreciarlos en
taxis. Pero estos rasgos, que indignasu valor pleno. Baudelaire solucionó
mas qu_e una analogía. El creía que
Nuit blanche de glacons et
r?n al público, tenían poca importan- la poes1a era una especie de música
el problema invirtiendo los símbolos
de neige cruellc.
cm con su propósito principal de su- Y con esto no quería decir que el goc~
del catolicismo y usándolos para sus
gestión. Para él ·lo que importaba era
amantes o para sí mismo. Pero Maconfería a sus propios pensamientos el aura, el aire de una cosa, no la mera de ~as sea comparable en especie
l1armé tenia que encontrar nuevos
1a austera magnificencia de una noch; cosa. Mallarmé omite la antigua ma- Y calidad, aunque esto se siga de su
símbolos. El los elogió dentro del vac;ee~~ia. El tenia una fe mística que
úrtiea o alpina, pero cuando Heredia quinaria de símiles y comparaciones
riado terreno de sus impresiones, y escribía
s1gmf1ca mucho más. El conocía un
e identifica una cosa con lo que se 1~ Absoluto de goce estético que estaba
aunque la mayor parte puede entenparece, porque después de todo así la
derse estudiando cuidadosamente su
fuera Y ?'á~ allá del pensamiento y
Le fond vermiculé du pale
expresa más plenamente que si la nom.. por co_ns1~1ente más allá de las palaobra, algunos quedan en la oscuridad
madrépore
brara. Por ejemplo, en un soneto con- bras s1gmf1cahvas. Su ideal es "l'abY otros no logran expresar todo Jo que
s!gnificaban para él. Por eso la poe- no hacía más que describir la natura- sidera el espectáculo del cielo estre- sence", la perfección que nunca está
s1a ele ilallarmé es más dificil casi leza. Los simbolistas demostraron que llado en donde muchos ban creído ver re~ment~ presente, el silencio que es
que cualquier otra gran poesía en el la poesía podía ser a la vez decorativa manifiesta la nada del hombre. Este mas musical que cualquier canto. Esto
mundo. Para su apreciación se nece- y personal. Los poetas más jóvenes, no es su punto de vista. Para él, los era lo que él deseaba captar. En Sainsita un conocimiento que es casi im- llenos de preocupaciones propias, vie- grandes abismos del espacio nocturno te, la santa que está en la vidriera de
posible obtener plenamente. Pero ron un medio para hablar de si mis- ~on como un palacio fantasmal cuyo una ventana toca el ala de un ángel
cuando los simbolos son inteligibles, mos. El método nuevo, tan apropiado ebano Y cuyas guirnaldas son meros Y esta ala se convierte, por decirlo así'
como a menudo lo son, expresan, co- para expresar todo matiz de la sensi- espejismos:
en un instrumento musical, mientra~
mo ningún otro método podría hacer- bilidad, les enseñó cómo hacerlo.
que la santa, desdeñando su propio
Luxe, o salle d'ébéne, oú, pour
lo, Ja alegría trascendental que tenía
laúd, se convierte en
No menos importante era la atenséduire un roi,
~lallarmé en su visión poética. Si bien ción que prestaban los simbolistas al
Se tordent dans leur mort des
los contornos son difusos, los colores elemento musical en la poesía. La gran
Musicienne de silence.
guirlandes célebres •
principales se destacan con mucha ni- revelación de la época fué la música
r
,.
\ ous n ctes qu'n orgueil menti
tidez, y experiencias que están más de Wagner. lllallarmé veía en ella "la
~l~ll~rmé soñaba en algo asi como la
¡Íar les ténebres mns1ca de las esferas, una armonía
allá de lo común se expresan en pala- ci~1e menacante de l'absolu" y VerAux ·yeux du solitaire ébloui
bras, aunque por su misma naturaleza Jame Ja elogió en más de un soneto.
que puede escuchar el oido espiritual
de sa foi. ~n las formas de la belleza ideal. Para
pertenecen a categorías de existencia A sus oídos, la música de Wagner, por
para las que las palabras apenas exis- su grandeza Y su sonoridad, era algo
el el poema es esto:
ten.
Esta es una forma muy individual
nuevo. Encontraron en ella una vibra- de decir que todas las teorías sobre el
De scintillations sitot le septuor,

Página 7

�un septeto de sonidos estelares, como
las siete estrellas de la Osa Mayor. La
música no oída, la palabra silenciosa,
fueron sus símbolos para el éxtasis y
el deleite que significaba tanto para
él, y cuya gloria trató de comunicar
a otros. El creía que más allá de
cualquier poesía que pudiera escribir
había una poesía ideal y absoluta,
comparada con la cual lo que se escribía realmente. la materia corriente
de la poesía, era
Un inntile gisement:
~uit, de,s espoir et pierreirie.
La mayoría convendrá en que hay a
veces en el placer puramente estético
una cualidad absoluta que parece no
guardar relación inteligible con la
obra real de arte que lo provoca, un
goce puro que no se ata a ningún significado verbal y es por esa razón como el placer que proviene de la música. Mallarmé sabía esto y lo convirtió
en el centro y el fin de sus creencias.
El esperaba asi purin'car la poesia de
modo que produjera un deleite incontaminado, un goce absoluto que trascendiera las limitaciones que la naturaleza impone a las palabras, y que
parece ser cosa de un mundo ideal.

/

/

-

El simbolismo fué, pues, en su origen, una especie mística de poesía,
cuya técnica dependía de su metafísica y cuya primera popularidad se debió a la importancia que acordaba a
la personalidad del poeta, y al elemento musical en su arte. Hizo conversos y se extendió a muchas tierras.
Pero detrás de esta promesa dorada
se escondían defectos, en realidad ni
fatales ni fundamentales, pero siempre
insidiosos. Por el simple hecho de
apartarse de las emociones vulgares y
concentrarse en sus visiones personales, el simbolista se aisló en gran parte de la vida y su obra fué la actividad de unos pocos hombres cultos.
Políticamente, esto podría explicarse
como una reacción .aristocrática contra la marea ascendente de las opiniones democráticas. Y tal explicación
no es del todo falsa. A hombres como Villiers de L'lsle Adam les gustaba vanagloriarse -sin buenas razones,
parece- de su abolengo, y el culto de
Wagner no se distinguía siempre del
culto a Luis II de Baviera. Los simbolistas odiaban al público tanto como Flaubert. Para Mallarmé era la
hidra que babia matado a Poe. El sintió la hostilidad de su tiempo por su
carácter democrático. Pero este apartamiento de la vida era en realidad
más el del anacoreta que el del noble
desposeído o amenazado. Surgió de
las ~xigencias que impone la sensibildad estética a quienes se abandonan
a ella. El estela verdadero que desea
enriquecer sus impresiones y captar
las sensaciones más remotas o fugitivas está separado de la acción y dé
las solicitaciones más crudas de la vida. La búsqueda sincera de sus fines
exige una concentración y una soledad imposibles a la mayoria de los
hombres. El alejamiento estético fué
idealizado por los simbolistas y encontró su expresión completa en des
Esseintes, el héroe de la novela de
Huysmans A Rebours, que desea "esconderse . en algún rincón lejos del
mundo, en algún refugio donde poder
amortiguar el ruido de la ruidosa agitación de la vida inflexible, como uno
cubre las calles de paja para los en-

I

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frrmos". La conclusión de este punto
de vista puede verse en e I Axel de
Yilliers, para quien la vida no es nada y la experiencia imaginativa todo.
"Vivir']", exclama AxCI. "Nuestros lacayos lo harán por nosotrosu: No falta este espíritu en los estelas ingleses.
Pater dejaba a su imaginación jugar
con héroes imaginarios que se negaban a entregarse a la vida, y diseñó
un cuadro de Sebastián van Storck,
con su "desdeñosa negativa a ser o hacer una cosa limitada".
Este desdén levantó una barrera entre la poesía y la vida común. El público, sintiéndose despreciado y notando que la nueva poesia estaba fuera de su comprensión, se volvió hacia
autores mas bastos. Y los poetas separados del público, se volvieron sobre
si mismos y se privaron ele la fuerza
que puede encontrarse en las calles Y
las multitudes. No hablaron a un pais
o a una generación, sino a si mismos.
Si como Wilde o Pater, los profetas
tr;taban de hacer su evangelio más
popular, las ventajas les costaban bien
caras. Durante su vida Pater fué observado con sospechas por muchos· de
sus colegas; Wilde echó a perder una
buena parte de su arte por el deseo de
obtener la aprobación pública. En
Francia los simbolistas no buscaron la
popularidad, y les gusta~• mofarse Y
desorientar a la burguesia. Tomaban
a la posteridad en cuenta, yer? por
haber desdeñado su propia epoca,
ahora atraen menos a la posteridad;
pues a menudo carecían de esa vitalidad que proviene del contacto con la
,•ida y sobrevive a los siglos por su~
cualidades humanas permanentes. Ni
tampoco es fácil para un poeta vivir
en un pequeño circulo, por muy se~
ductor que sea. Su inspiració:i puede
agotarse; puede sentir que su obra no
es reconocida; la desilusión Y el sentimiento del fracaso pueden hacer presa de él. Si piensa demasiado en su
arte, puede descubrir que al fin Y al
cabo no puede practicarlo. En verdad, el patético fracaso de Mallarmé
para producir su "oeuvre pure", la
gran obra con que soñó por más de
veinte años, puede explicarse diciendo que babia pensado demasiado en
ella y había agotado las fuentes de su
fuerza. Remy de Gourmont tenía tal
vez razón cuando dijo que Mallarmé
había matado en él "la spontanéité de
l'etre impressionable". Tanto se habia
concentrado en la teoría de la poesía
que no podía pensar en nada más, Y
cuando debía pensar en los detalles
de un poema en particular, sólo podía
pensar en lo que debía ser el poema
ideal.
Una segunda dificultad de la doctrina de Mallarmé era la enorme importancia que atribuía a la música. La
visión de la magnificencia de Wagner
lo obsesionaba, y trató por todos los
medios de igualar sus efectos en verso.
Y no estaba solo en esto. Cuando
Pater dijo que "todo arte aspira constantemente a la condición de la música" dijo en su estilo más llano de inglés lo que Mallarmé decia a menudo.
Y tampoco debe ser interpretado literalmente. Ambos veian que había en
la poesía un elemento irreductible
porque las palabras tienen sentido, y
eso es lo que impide a la poesía producir un efecto tan puramente estético como la música. Pero Mallarmé estaba sin duda engañad&lt;¡ por la analogía de lá música. El creia poder producir en poesía un efecto tan absolutamente estético que el entendimiento
estaria casi subordinado, Todo lo harían los sonidos y las asociaciones;
el mero significado de las· palabras
no importaría. Pero las palabras se
refieren a ideas, y la poesía se hace
con palabras. Nunca puede tener la
extensión ilimitada de la ·visión pura.

1fallarmé perseguía una belleza absoluta que significaba todo para él. La
simbolizó en muchas formas en el ciclo azul, en la aurora, en los témpanos
de hielo, y cada símbolo muestra que
era impersonal, estática, remota. Para
transmitir estas cualidades 1\laUarmé
soñaba con encontrar 'fJ.a parolc sous
la figure du silence", y pudo dar un
~itisbo de su naturaleza en
L'insensibilité de l'azur et des
pierres.
Pero escribir un poema completo en
tal estado es caS'i imposible. Las palabras están ]imitadas por su significado. La poesía mas melodiosa y asociath•a no puede aspirar a robar al músico sus honores. Se han hecho intentos para justificar la creeencia de
:Mallarmé, pero los hechos están contra él. Su propia confesión, "Mon art
est une impasse", el fracaso al escribir su gran poema, el fracaso de sus
apologistas para demostrar que la poesía puede conseguir efectos compara•
bles a los de la música, la verdad inalterable de que las palabras no pueden
separarse de su significado, todo esto
muestra que su doctrina era defectuosa.
Estas dos debilidades, el apartamiento de la vida corriente y la creencia en que la música es el fin de la
poesía, se revelan sobre todo en la carrera de Mallarmé. Tal vez son también la causa ele que después de la
muerte de Mallarmé los simbolistas
fracasaran en Francia y de que el verdadero sucesor de Mallarmé fuera un
poeta que encaró ambas dificultades
y entendió su significado: Paul Valéry.
Esas dos debilidades, hay que admitirlo, tienen su lado positivo. La primera trajo una sensibilidad aguzada,
y la segunda una consideración apropiada de los sonidos en la poesía. Y
tal vez sean éstas las contribuciones
más notables del simbolismo al mundo moderno. Pero en ambas hay dificultades y para los sucesos del simbolismo han sido motivo de gran inquietud. La verdad es que los poetas
que escribieron en esta tradición después de 1890 se vieron generalmente
obligados a abandonar sus estilos elaborados y que torres de marfil por la
vida de la multitud. Habían ampliado
la esfera de la Belleza Ideal y, en el
proceso, se habían ,•isto forzados a
cambiar su técnica y sus ideas sobre
lG que un poema debía ser. En estos
cambios y adaptaciones radica su interés especial. Pues la poesía vive del
cambio. Una vez que un estilo se ha
perfeccionado, debe dejarse a un lado;
pues nada se parece menos a un gran
estilo que sus imitaciones. Los sucesores de los simbolistas empezaron con
la convicción de que las doctrinas de
l\lallarmé estaban bien, pero todos las
fueron aba,ndonando en una o en otra
forma. Esto no es una critica de Mallarmé. Las teorias de un poeta no deben juzgarse por su verdad universal,
sino por la vitalidad que infunden a
la creación de la poesía. Si las teorías
de Mallarmé están ahora tan dejadas
como las de Horacio a las de Du Bellay
o las de Wordsworth, no hay que reprochárselo. Al revés, debemos alabarlo, porque estas mismas teorías incitaron a fuertes imaginaciones a la
creación, y no les impidieron desarrollarse según una línea que favoreció
sus inclinaciones especiales.
Los sucesOres empezaron por aceptar
las ideas del simbolismo. Ellos representan el cambio de una época acostumbrada a considerar el arte como
una experiencia mística privada a otra
que lo considera más bien como una
actividad pública y social. En este
sentido son extrañamente, los legítimos herederos de Mallarmé, que dijo,
•'Je pensc que le monde sera sauvé

par une meilleure litcrature". Si su
transferencia es incompleta, es porque
la época en que les tocó vivir ha sido
también incompleta en sus cambios.
Pero su esfuerzo por entender el mundo de acuerdo a una nueva visión y
por interpretar sus movimientos, nos
autorüa a calificarlos de rep-resentativos. Pocos de ellos se han quedado en
un solo lugar o han seguido fieles a
uh único estilo, pero en la misma divergencia de sus esfuerzos radica su
interés peculiar. Pues ellos muestran
cuánto afectan a los hombres de gran
sinceridad y sensibilidad las exigencias diversas de una edad compleja.
Aquí no se trata de un cantar no reconocido y asilado como el de Blake
o el de Hopkins. Nuestros hombres
son los poetas de una epoca singularmente rica en experiencias imaginativas, la de Bonard y Matisse en pintura, la de Maillol y Mestrovic en escultura, la de Ravel y Stravinsky en música. La época ha terminado, pero sus
grandes representantes en las artes
tienen un jnterés más que histórico
para la posteridad. Por sus propios
méritos, han ganado un lugar permanente.
(Prólogo del libro LA HERENCIA DEL SIMBOLISMO,
por C. M. Bowra. Ed. Lo%ada, Buenos Aires, 1947.)

mas
rgano

ensua
de Nuevo León

Registrado como artículo de 2a. Clase en la
Admón. de Correos de Monterrey, N. L., el

20 de Ah,;! de 1944.

INDICADOR,

f.
' Colaboradores

Hago Padilla
Fidcncio de la Fuente
Genoro Salina! Quiro!l'a
Arturo Cantú

S.

Homero A. Gan.a
Alfonso Rangel Guena
Guillermo Cerda G .
Jorge Rangel Guerra
Manuel Morales
Dibujos de Jorge Rangel Guerra

Oireclor
Lic. Fidencio de la Fuente

Oficinas

\V11shinglon y Colegio Civil
Monterrey, Nuevo León

MEXlCO

1

I

1

�</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>BOLETIN MENSUAL DE lA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON
Registrado como articulo de 2a. clase en la Administración de Correos de Monterrey, N. L., el 20 de Abril de 1944.

D.A.S.U.

I

No. 4

Año XIV

ll!AGfXENSE ustedes, a muchos
hombres encadenados y condenados a muerte, un grupo de los

cuales es degollado cada día, frente a
los restantes, haciendo palpable para
éstosJ la suerte que les espera".

Esta frase de Pascal, tomó, desde
hace unos años, una triste significación. La esperanza que el siglo XIX
pudo poner en el mejoramiento del
hombre, la bondad del individuo, y
el progreso, lento pero regular, de la
condición humana, vuelve ahora a po-

nerse en tela de juicio. Y de la misma manera está comprometida la noción misma de Hombre. Si tratamos
de buscar -ésta, a través de las obras
de la literatura francesa, es, sobre todo, porque los escritores de nuestros
tiempo se nos presentan como los
más lúcidos testigos de esta "crisis de
la conciencia humana".

Abril de 1957

EL HUMHNI M
LIJERHRI DEL
1 L XX

+

Por el Prof. Serge DARMON
Director de la A;ianza Francesa
de Monterrey.

El siglo XX está en una encrucijada: para la Historia, los hombres de
este siglo serán los que vivieron do-

UNI~..,.-

lorosamente su juventud en el mundo

Hombre regresaría amputado de su
parte mejor e incapaz de legar su ima-

gen a la Historia. Es para la dignidad
humana, y para la libertad del diálogo,
que el artista trabaja, sufre y crea". Y

añadiré aún que el papel de los grandes escritores es más importante que

el papel de testigo. Cuando tratan de
reunir para nosotros las diferentes manifestaciones del alma humana, cuan-

do intentan retratar al Hombre eterno,
aparecen corno los intermediarios en-

tre nosotros y la divinidad, cualquiera
sea el nombre que a ésta s, le dé.
Así que nuestro pí-opósito será ver

-aunque con demasiada brevedadhasta donde los escritores, y la literatura de hoy, pueden asumir tan im-

portante papel. ¿Si hoy, hay hombres
que, con desesperación, negándose a

una literatura negativa-sea la de
Proust, Kafka o T. E. Lawrence, buscan con toda paciencia al Hombre verdadero? Es decir: ¿aseguran, los autores ele la postguerra, a través de los
siglos y de la Mistoria, a quienes releven a los humanistas?

turbado de los años 40 - 50. Son los
jóvenes, los hombres de hoy. Al optimismo del siglo XIX y de la "Bella
Epoca" de 1900 -un optimismo que
era el de sus padres- siguió,, para
ellos, la angustia impuesta al hombre
por la visión de un universo que no
podemos calificar más que de absurdo.

* * *
Existen pocas palabras tan mal usadas como las de humanista y humanismo. Se encuentran en el titulo de muchas obras, calificados de ~aneras
muy diferentes, y también las hemos
empleado al principio de esta confe-

Ante nosotros aparece el abismo que
separa ahora la conciencia, y a la ciencia, la moral y la vida, la noción de

rencia. Ya era necesario utilizar estas
palabras, a lo menos para intentar precisar su sentido -o sus sentidos-.
Muchos autores, y no de los menos

Hombre y los hombres. Si a pesar de
este abismo probamos juntar verdades
tan diGtintas, es porque grandes voces

nos convidan a ello. Todas las que in-

importantes, hablan del humanismo

tentaron atraer la atención sobre las
catástrofes del mundo moderno. Pienso en Taine, por ejemplo, que acusaba
al individualismo; en Ernesto Renán
que acusaba a la caída del sentimiento aristocrático; en Berna nos, que acu-

como de una entidad muy imprecisa.
Pero el humanismo no es una mera
palabra, como el hombre no es un mito. Si quisiera explicar tan solo un as..

pecto de la doctrina del hombre, no
tendría sentido. El humanismo por

saba a la agonía del sentimiento religioso; en las grandes llamadas de Tomás Mann o de Unamuno. Pero en el

una parte, los hombres vivos por otra,

es cosa que no se puede concebir (y
sin embargo existe muchas veces) porque es una sola y misma ·cosa.

momento en que estas grandes voces
se elevaban, la crisis de todos nuestros valores no era tan aguda comó

Ahora, hay que saber a lo que los escritores pueden llevarnos en el cono-

puede parecerlo ahora. Seguro que estos hombres han dicho al mundo la
verdad, pero la verdad de un instante.
Y a pesar de ello, tuvieron razón. Pero hoy, el mal es más profundo. La
angustia del hombre del siglo XX ya

cimiento de esta realidad. No queremos discutir los valores tradicionales,
de un humanismo ya de base cristiano, ya de base racionalista, sino estudiar la existencia de la cosa en si
misma.

no es un mero juego intelectual - aunque sincero y profundamente conmovido-. Es la noción misma de Hombre la que se pierde. ¿Qué nos reser-

Si examinamos la literatura de entre las dos últimas guerras, podemos
ver que intentó establecer una escala

de los valores humanos, y que los

va el porvenir? ¿Volveremos a la barbarie de los tiempos prehistóricos?
Podemos pensarlo.
Nuestra

generación

desamparada,

embrutecida por lo absurdo de un
mundo que la depasa, solo puede vol-

André Malraux

verse hacia esos grandes ejemplos, sus
maestros espirituales. Ayer eran Clau-

André Malraux, Saint-Exupery. Dirán
ustedes ¿qué pueden los escritores y
los pensadores frente al caos en el

das las fuerzas de la esperanza en el
momento en que el que está a punto
de ahogarse, puede asirla. Así podía

del, Charles Péguy; hoy son Bernanos,

cual vivimos?

¡Y yo les respondo:

decir un crítico francés: "Las obras

¿qué puede una barca sola en la inmensidad del oceano ?- Nada- Pero

más famosas del mundo no impidirán
la guerra, no borrarán la huella de la

*

Conferencia dictada por su autor en la Facultad
de Filosofía, Ciencias y Letras de la Universidad de Nuevo León.

sin embargo, en ella se concentran to-_ miseria humana. Pero, sin el arte, e]

grandes escritores de este período, parecen haber escrito al principio de su
obra, sobre todo, dos afirmaciones: la
naturaleza humana es, lo humano, es

antes que todo, la manifestación del
espíritu. La primera, que parece una
evidencia, establece una distinción

profunda entre el hombre y los otros
animales. Y para los herederos de la
cultura latina (y cristiana, definir al
hombre como tal, no es traer a colación unos cuantos millares de expe-

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Verlaine y Rir~bawl eu Lolldres, dibujo de Félix Regamey

ricncias idividuales, y no tener más
que una vista fragmentaria de las cosas. Dominando a los individuos, dominando a las especies, hay un Hombre ideal, y el hombre concreto se
aproxima siempre más o menos a ese.
Notemos que esta idea nos prohibe
considerar un acto como humano sólo
porque lo realzó un hombre. En ese
caso, se excusarían, en nombre de un
humanismo falso, que Alberto Camus
calificaba de "prometeano", todos los
crímenes, todas las guerras, los campos de concentración, y los hornos
crematorios ...... Y cuando calificamos
estos horrores de inhumanos, reconocemos, tal vez inconcientemente, que,
más allá de todas las manifestaciones
humanas permanece este ideal que debemos aproximar. Entonces ¿qué caracterf'la a este Hombre ideal?
La trascendencia de lo humano es
la de un ser que participe del espíritu. No es un espíritu puro, ni una
creatura perfecta de la divinidad, pero reconoce, para valorar sus actos,
una jerarquía de valores, entre las cuales las más altas son las que el espídtu busca como sus propias manifestaciones. Y podemos decirlo, en la mezcla de bestia y de ángel que forma
el Hombre, el verdadero ( con' H mavúscula) es el que, al fin, prevalece.
Primacia del espíritu, del espíritu Y no
del cuerpo. Pues ¿ cuáles son las manifestaciones de éste? El egoísmo, la
voluntad de poder, los apetitos, la domiacíón. Por el contrario, el espíritu,
es el amor, la justicia, la verdad, la
belleza, etc., etc. Y por eso reservaremos el nombre de humanistas para los
autores del siglo XX quienes, apoyándose sobre una idiologia religiosa o
laica, pero de todos modos idealista Y
optimista ya que admite un ideal humano dan al hombre un sitio muy preciso ~n el conjunto del universo, e intentan demostrar que es tanto más humano cuanto más "espiritual". Si ellas
constatan, como nosotros, que la perfección no está en este mundo, a lo
menos admiten que el Santo, el Sabio,
el Héroe, el Artista, son entre los hombres, los qne dan la idea más completa
de la naturaleza humana. Espléndidamente nos lo dice Antaine de SaintExupery: "En el Dominico que reza,
hav una densa presencia. Este hombr; nunca es tan hombre como cuando lo haUamos prosternado e inmóvil.

Página 2

Cuando Pasteur contiene la respiración sobre su microscopio, hay una
densa presencia, porque nunca es tan
hombre como cuando investiga. Entonces progresa, se apresura. También
Cezanne, mudo e inmóvil frente a su
bosquejo resulta inestimable. Nunca es
t~n hombre como cuando se calla y se
juzga a si mismo. Entonces, su cuadro
le parece más extenso que el mar."
Después de estas definiciones un
tanto abstractas, veamos lo que encierran de realidades concretas; algunos
nombres algunos hechos. El humanismo del siglo XVI, que no era mas que
una nueva creación del mundo visto a
traves de los mitos griegos, latinos, Y,
sobre todo italianos, conoció a Erasmo, :Miguel Angel, Leonardo de ViÍtci,
pero también a l\Iontaigne, Rabelais,
Honsard. El humanismo francés del
siglo XX, cuenta también con grandes
nombres, y por no hablar mas que de
los mayores, citaré a André Gide, Paul
Valéry, Rornain Rolland; y, más próximos a nosotros: Georges Duhamel,
Jean Giraudoux, Georges Bernanos y
Saint-Exupery. Frente a las catástrofes que les rodean, estos hombres protestaron contra toda negación de la
dignidad humana. Fueron la voz de
su tierra, delegados de los hombres para gritar su angustia. Desgraciadamente, la influencia de los escritores por
grandes qué estos sean, desaparece
muy rápidamente, y el hombre tiene
más tendencia a buscar su propia imagen en las obras de los que siente más
cerca de él: las de los contemporáneos.
Hay que saber, pues cual imagen del
hombre nos da la literatura de hoy.

inmensa empresa de demolición que
algunas veces parece ser la literatura
moderna ¿nos brinda algún apoyo en
el caos en el cual nos agitamos? Este
es el problema: ser arrojados así, sin
posibilidad de negativa, en un universo absurdo, ciego, incoherente, tal vez
excusa a estos jóvenes autores. Sí, lo
creo. Pero, de todos modos, no es a ..
ellos a quienes podemos pedir una
ayuda moral. A pesar de que una literatura negativa y destructiva sea
siempre útil para echar abajo viajos
ídolos sin valor, y sacudir un poco
las conciencias dormidas (el mejor
ejemplo de esta acción tan sana está
en el Su:rrcalismo, después de la Primera Guerra) no es útil más q\ie cuando destruye a sabiendas, dejando que
la esperanza permanezca. Como escribía un critico francés rr..odcrno (P. H.
Simon): "Del mismo modo que la teología católica es una máquina para integrar las herejías, liberando en cada
una la parte de exacta intuición fundamental, el verdadero humanismo no
es ni una fórmula cerrada sobre una
experiencia limitada, ni un vago medio sin definiciones intelectuales y
morales, el humanismo es, para cada
época y cada cultura, la suma de las
experiencias y de las reflexiones que
dan al hombre aquello sin lo cual no
puede existir ni literatura, ni arte, ni
sociedad, ni civilización-una idea positiva de la dignidad de si esencia y
del sentido de su vida". La averiguación de esta idea parece haber escapado demasiadas veces a nuestros jóvenes autores-Que el autor expresa su
época francamente, sin complacencia,
estamos de acuerdo. Pero la visión del
mundo que nos da un libro no tiene
valor mas que cuando trae consigo,
una explicación aceptable del hombre.
La obra literaria se define menos en
función del caso particular que expresa, que tocante a una civilización y
una cultura de las cuales es la imagen.
Y podemos preguntarnos, junto con
numerosos críticos, si la literatura no
cleberia abandonar la sola representación de tal o cual ínfima parte ele la
humanidad, y crear de nuevo un mundo en el cual el hombre vol vería a
ocupar su verdadero sitio. Es decir,
pasar del plan ele la representación del
mundo al de la creación de otro. Parece que en este trabajo constructivo
pudieramos entrever cierta esperanza.
Es que la literatura no puede proporcionar un apoyo al hombre del siglo XX mas que si, dejando la crítica

sistemática, ella crea. La pintura crea,
la música crea ¿Por qué la literatura
resulta ria impotente para crear, to
mando de la pintura y de la música
sus bienes? La literatura puede hacernos concebir la esperanza de que
exista un mundo mejor aquí abajo.
Este mundo, cada artista lo alcanza
por medios personales. Dostoiewski
Yeia en el envilecimiento de sus heroes
l'l medio, para ellos, de alcanzar su
salvación. Marce! Proust buscaba este
mundo mejor sin salir de la tibieza
de los salones. "El Poder Y la Glorif'
nos pone en un universo teológico, y
plantea un caso de conciencia que el
mismo Graham Greene no quiere resolver. Esta elaboración literaria del
mundo, cuando está acompañada, por
una moral, alcanza la perfección del
humanismo. Así, con Jean Paulhan:
"Yo no se si es verdad que los hombres de · letras se contentaron antaño
con divertir a la gente honrada ... Los
más modestos esperan una religión,
una moral y la revelación, ¡ por fin!
del sentido de la vida". Pero hay que
definir esa moral.
Si el existencialismo alemán, visto
en francés por Jean-Paul Sartre, echó
abajo unas morales que no hacían sino
invilccer al hombre, hoy queremos al•
go positivo. Y entre nuestros contero•
poráneos, solo algunos grandes auto~
res, no ofrecen esta literatura de resurrección orientada por una moral humanista, la. cual tanta falta nos hace.
Pienso en Georgcs Bcrnanos, en André
:\Ialraux, y sobre todo, en· Antaine de
Saint-Exupery.
Querernos, como lo pedía ;\Ialraux,
encontrar el por qué del hombre, "por
qué es, crea, inventa". Pero, porque
hemos perdido la medida del hombre,
estamos dispuestos a ercer que no es
grande mas que en lo desmedido, y
que no puede ser plenamente él mis•
mo, mas que en un destino fuera de
Je común. Saint-Exupery, se contentuba con resumir el humanismo en es~
ta frase de uno de sus héroes ("el avia&lt;lor Guilllaumet): "Lo que hice, ninguna bestia lo hubiera hecho". He
aqui los hombres que pedimos a la Ji.
ter:itura. Nuestra civilización no puede reposar mas que "sobre el culto del
Hombre, rnús allá del Individuo".
Pero esto no es una moral Quien,
aterrado por la incoherencia del uniYerso, haya, siin embargo, guardado
cierta fé religiosa, puede buscar en ella
un apoyo. Georgcs Bernanos, a pesar
de sentir como trágica la situación te•
4

rrestre, pregona su fé y su esperanza
el triunfo posible de la sabiduría
y de la razón. ¿ Se debe, al contrario,
buscar el descanso del espíritu, y la
orientación de la literatura, en una ten•
dencia puramente racionalista? O bien
¿la desesperanza en nuestra vida nos
obligará corno a ciertos autores mo~
dernos, a no considerar verdadera mas
que una certidumbre, sobre la cual po~
damos apoyarnos- la de la existencia
individual, del yo concreto? Eso sería,
en contra de nuestro humanismo.
De todas maneras, cualquiera que
sea su idiología, la moral que expresa
la literatura -sobre todo la novelano será humanista mas que si en ella
prevalece el respeto al hombre. Y no
plantearemos el problema de saber
cual de estas ideologías, que se trate
del existencialismo de Jean Paul Sartre, de A. Malraux, o de Albert Camus,
o del cristianismo de Bernanos, tiene
mas valor. La literatura, como manifestación del arte, está mas allá de estas discusiones. Solo una cosa parece
tener valor, el tener conciencia del
absurdo del mundo, que parece ser
comll.n a las filosofías existenciales
cristianas o marxistas. Y, admitido
eso, una moral positiva puede desprenderse de nuestra literatura.
Un crítico francés habló del advenimiento de una "literatura de asunción". Pués bien, creemos en la existencia de tal .literatura; creemos que
las novelas son algo mas que una empresa de demolición, de envilecimiento del hombre. Creemos que el deber
del arte literario no es el de pintarnos
más bajas del sentimiento, ni de ence•
rrarse en la evocación sistemática de
anormales y pervertidos, que no realizan mas que actos "inhumanos". La
literatura de hoy, según el ejemplo de

en

los mejores escritores, debe retratar al
El valor: "Acabo de lograr una pehombre en su más alto grado de posi- queña proeza ... Peligros diversos y grabilidad, que ésta tienda hacia el Sabio, ves ... He oído silbar las balas por enel Santo o el Héroe.
cima de mi cabeza. Se, por fin, por
Si hemos escogido, para acabar, qué estoy en este ambiente mucho más
unos trozos del escritor francés Antoin tranquilo que los moros. Pero también
de Saint-Exupery, es justamente por- entiendo, por qué Platón pone el vaque toda su obra, a pesar de su bre- lor entre las últimas virtudes. No es
vedad, está orientada en un sentido un conjunto de sentimientos hermosos
francamente humanista. Siempre nos sino un poco de rabia, un poco de vaenseñó, naturalezas generosas, actos nidad, mucha obstinación, y un vulbellos, sencillos, la alegría de construir gar placer deportista.· Sobre todo la
un mudo, todo el poder creador de la exaltación de la fuerza física, que, sin
fé y de la esperanza. A pesar de un embargo, no tiene nada que ver con
sentimiento muy agudo de la fragili- ello... Nunca admiraré a un hombre
dad del hombre, de su persona y de que solo sea un valiente." (Carta)
sus creaciones, Saint-Exupery intenta
salvarle.
EL POETA DE LA FRATERNIDAD
Y el medio que él propone es de
HUMANA
humanista integral, casi demasiado ríEl amor: en su forma más alta, no
guroso- el hombre supera a la muerte creando obras e instituciones que es la contemplación mutua, el díálogo
le sobreviven. Los textos siguientes más o menos apasionado, entre dos
van a servirnos a la vez de ilusción y egoísmos, sino la orientación común
de conclusión. En efecto, nos dan del de dos voluntades hacia un mismo fin:
hombre una imagen que podemos mi- "Ligados a nuestros hermanos por un
rar sin verguenza.
fin común, el cual se halla fuera de
El poeta de la acción: "La acción nosotros mismos, podemos llegar a
puede salvar de la muerte si cons- comprender que querer no es contemtruye cosas que sobreviven a sus crea- plarnos recíprocamente, sino ver jundores. Por ejemplo, las piedras que t~s hacia una misma dirección.
los antiguos Incas erigieron sobre las
La responsabilidad. "Para ser, immontañas, obligando a sus pueblos a portante ante todo, ser responsable de
la mortal labor de llevarlas hasta ahi, alguien ... Cada uno es responsable de
y que sobreviven al polvo de quienes todos... Francia era responsable del
las llevaron, como testimonio de su ci- mundo... Fundiendo esta comunidad
vilización: "El conductor de los pue- de los hombres, nos hubieramos salblos antiguos, si no tuvo lástima del vado y hubieramos salvado al mundo.
padecimiento del hombre, la tuvo, in- Por primera vez entiendo uno de los
mensamente, de su muerte. No de su misterios de la Religión de dónde samuerte individual, sino de la de la lió la civilización que nos redimió:
especie que borraría el mar de arena. "Llevar los pecados de los hombres",
Y obligaba a su pueblo a erigir a lo y cada uno lleva los pecados de todos
menos, piedras que el desierto no los hombres" (Flight to Arras).
amortajaría". (Vuelo de Noche").
"Combatir¿ a cualquiera que pre-

"¡Respeto al hombre! ¡Respeto al
hombre! ... Ahi está la piedra de toque,
el orden por el orden, despoja al hombre de su poder esencial que es el de
transformar al mundo y a si mismo.
La vida crea el orden, pero el orden
no crea la vida" (Carta a nn rehén).
La última frase de "La Tierra de
los Hombres": "Solo es Espíritu, si so..
pla sobre el barro puede crear al hombre".
No podemos sino admirar la perfección humanista de un pensamiento
que, encontrando los verdaderos valores de la civilización, los ordena alrededor del espíritu. Y André Gide, lo
juzgaba así: "Las debilidades, las decadencias del hombre, las conocemos de
sobra, y la literatura actual ya está
demasiado diestra en denunciarlas;
pero ese sobrepasarse a sí misma que
logra la voluntad, he aqui lo q'ue necesitamos sobre todo que nos enseñen".
Asi que verdaderamente podemos
decir: hemos vuelto a encontrar la
verdadera noción de Hombre.

EL NHCIMIENTO
DE LH .M DERNH
Por Octa vío PAZ

L PRIMER libro de poemas que
publica Alfnso Reyes se llama
Pausa. Este titulo no sólo define su poesía; también la sitúa frente
a la de sus antecesores inmediatos.
Reyes no rompe con el modernismo;
simplemente se aparta y tras una pausa ---constituida precisamente por los
poemas que contiene el libro así llamado- le da la espalda para siempre.
Espíritu tan aéreo como sólido, tan
del aire como de la tierra, Reyes se
ha asomado a muchos manantiales, ha
sufrido diversas tentaciones y nunca
ha dicho "de esta agua no beberé".
El habla popular, los giros coloquiales,
los clásicos griegos y los simbolistas
franceses se alían en su voz, sin olvidar a los españoles del siglo de oro.
Viajero en varias lenguas por este y
otros mundos, escritor afín a Valery
Larbaud por la universalidad de su
curiosidad y de sus experiencias -a

E

* * *
Desde el principio de la Segunda
Guerra :Mundial, cierto número de autores franceses se orientaron hacia
una literatura pesimista que calificaremos de ºnon-humanista". En efecto,
su obra concluye con una acusación
contra el hombre o, cosa más grave
aún, con la negación de la naturaleza
humana como tal. Para ellos, ya no
hay naturaleza humana, sino solo individuos particulares puestos en situaciones particulares. El anormal, el
criminal, el obseso, parecen tener tanto valor como el Santo, el Sabio, o el
Héroe. Pero ¿se llegó alguna vez a lo
humano buscando lo anormal? Esta

tcnda avasallar en un individuo, o en
un grupo de individuos, la libertad
del hombre... Pues yo soy una civilización que escogió al hombre como
clave ... Hay que restaurar al Hombre.
El es la esencia de mi cultura. El es
la clave de mi comunidad. El es el
principio de mi victoria ... Es facil fundar el orden de una sociedad, en la
sumisión de cada uno a reglas fijas.
Es fácil formar un hombre ciego que
sufra, sin protestar, a un maestro o a
un Alearan. Pero para libertar al
hombre, es mas elevado el éxito obtenido haciendolo reinar sobre si mísmo".
PRIMACIA DEL ESPIRITU

Marce/ Proust
Lópe::. Tlelarde era un poeta con deslinO

veces verdaderas expediciones de conquista en tierras ayer incógnitasmezcla lo leído con lo vivido, lo real
con lo soñado, la danza con la marcha, la erudición con la más fresca
invención. En su obra prosa y verso,
crítica y ·creación, se penetran e influyen mutuamente. Por eso no es posible reducir su poesía a sus versos¡
uno de sus poemas es un vasto fresco
en prosa. Visión de An::\huac, recreación del paisaje y la vida precolombina en el Valle de México. Frente a
este texto debe señalarse Ifigenia
Cruel, que es algo así como una respuesta a la Visión y en donde el drama del espíritu y la tierra, el cielo y
el suelo, la sangre y la palabra, encarna en un lenguaje sutil y bárbaro a
un tiempo y que sorprende doblemente por su arcaísmo y su refinamiento.
Tampoco seria justo olvidar entre sus
trabajos poéticos varias traducciones,

Página 3

�ciencia de la. riqueza de nuestra he- la poesía de Lópcz Velarde. Al conrencia indígena y de la importancia tacto de estas lecturas, cambian su made sus artes plásticas. Tablada es un nera y su visión. Los críticos de su
temperamento menos hondo que Ló- tiempo lo encontraron retorcido, inpcz Vclarde y su estilo es más inven- comprensible y afectado. La verdad es
tado que creado, más premeditado que lo contrario: gracias a su búsqueda de
fatalmente , sufrido. Pero también es la imagen, a su casi pérfido empleo de
más nervioso y ágil; juega más, sabe adjetivos hasta ayer insólitos Y a su
son reir; vuela, y cae, con más frecuen- desdén por las formas ya hechas, s~
cia. En una palabra: es más arriesga- poesía deja de ser confidencia sentimental para convertirse en la expredo.
sión de un espíritu y de una zozobra.
A despecho de las diferencias que
El descubrimiento de la poesía de
los separaban, algo unía a estos dos
Lugones,
habría hecho. de ~ópez. Vepoetas: su amor por la imagen novelarde
un
retórico dishngu1do, si al
dosa, su creencia común en el valor
de la sorpresa. De allí que Tablada mismo tiempo no hubiese recordado
fuese uno de los primeros en descu- el idioma de su pueblo natal. Su origibrir a López Velarde y que, años más nalidad consiste en esa afortunada futarde, no tuviera dificultad en reco- sión del lenguaje opaco Y ardiente del
nocer su deuda con el poeta de Zaca- centro de México con los procedimientecas. Ramón López Velarde era pro- tos de Lugones. A la inversa de Laforvinciano, silencioso y reconcentrado. guc, que deSci~nde del "idioma poéti~lientras Tablada era un poeta visual, co" al coloquial y pbtiene de ese chocapaz de aprehender una realidad ins- que un extraño resplandor, López Vetantánea en tres versos, el otro era un larde construye con elementos coticliahombre lento y en diálogo consigo nos y en apariencia realista una frase
mismo. Su imaginación no le servía sinuosa y laberíntica que, en los mopara arder en fuegos de artificio, sino mentos más altos, desemboca en una
para ahondar en sí mismo y expresar imagen sorprendente. Ese lenguaje tan
con mayor fidelidad lo que tenia que personal e inimitable Je permite descudecir: "yo anhelo expulsar de mi cual- brir su propia intimidad y la de su
quier silaba que no nazca de la com- pais. Sin él, López Velarde hubiera
bustión de mis huesos". Lópcz Velar- sido un poeta sentimental; sólo con él,
un hábil retórico. Su drama, Y el drade era un poeta con destino.
ma ele su lenguaje, lo convierten en
Como a todo verdadero poeta, el un poeta genuino. Y aún más: es el
lenguaje Je preocupa: quiere hacerlo primer poeta realmente mexicano.
suyo. Pero quiere crearse un lenguaie Pues con López Velarde principia la
personal porque tiene algo personal poesía mexicana, que hasta entonces
que decir. Algo que decirnos y algo no babia encontrado su Jcguaje y se
que decirse a sí mismo y que hasta vertía en formas que sólo eran suyas
que no sea dicho no cesará de ator- porque también eran de todos los hommentarlo. Su conciencia de las pala- bres.
labras es muy aguda porque es muy
)lás allá del valor intrínseco de la
honda la conciencia de sí mismo y de
su propio conflicto. Y habría c¡ue poesía de López Vclarde, su lección,
agregar que si la conciencia de si lo y en menor grado, la de Tablada, conlleva a inventarse un lenguaje, también siste en que ambos poetas no •acuden
ese idioma lo inclina sobre si mismo a formas ya probadas y sancionadas
y Je descubre una parte de su ser que por una tradición universal, sino que
de otra manera hubiese permanecido se arriesgan a inventar otras, suyas e
intransferibles. En el caso de López
informulada e invisible.
Velarde, la invención de nuevas forDos hechos, en apariencia externos, mas se alia a la fidelidad al lenguaje
favorecen el descubrimiento que hará de su tiempo y de su pueblo, como
Es el primer poeta realmente mexicano
López Velarde de su país y de si mis- ocurre con todos los innovadores de
mo. El primero es la Revolución Me- verdad. Si parte de su poesa nos paxicana, que rompe con una orden so- rece ingenua o limitada, nada impide
de sus mejores "sentencias y donaires" cial y cultural que era uan mera su- que veamos en ella algo que aún sus
que son verdaderas re~re~cione_s, Y enperposición histórica, una camisa de sucesores no han realizado completatre las que es imprescmdible citar dos en poemas de tres a cuatro líneas, que fuerza que ahogaba y deformaba a la mente: la búsqueda, y el hallazgo, de
nombres que son dos polos: Homero si son ceo de la poesía andaluza tam- nación. Al destruir el orden feudal lo universal a través de lo genuino y
Y Mallarmé. Se dice que Alfonso Reyes bién recuerdan esta forma oriental.
-que se babia disfrazado con la mo- lo propio. La herencia de López VeApenas el haiku se convierte en Ju- da europea del positivismo progresis- larde es ardua: invención y lealtad a
es uno de los mejores prosistas de la
lengua; hay que ñadir que esa prosa gar común, Tablada lo abandona e ini- ta- la Revolución arranca las másca- su tiempo y su pueblo, esto es, una
no seria lo que es si no fuera la prosa cia sus poemos "ideográficos". Su ten- ras sucesivas que cubrían al rostro de universalidad que no nos tracione y
tativa -menos genial, sin duda- es México. La Revolución revela a López una fidelidad que no nos aisle ni ahode un poeta.
José Juan Tablada y Ramón López un eco de la de Apollinaire, que en Velarde una "patria castel1ana y mo- gue. Y si es cierto que no es posible
Velarde rompen abierta Y osten_sible- ese tiempo publicaba Calligrames. La risca, rayada de azteca". Y mientras regresar a la poesía de López Velarde,
mente con el modernismo. El primero tipografía poética lo seduce sólo un los otros poetas vuelven los ojos hacia también lo es que ese regreso es imera un tránsfuga de ese movimiento. instante. Sonriente y apresurado siem- el exterior, él se adentra en ella y por posible precisamente porque ella conspre, en unos poc_os años recorre mu- primera vez en nuestra historia, se tituye nuestro único punto de partida.
La poesía de su juventud ~s. uno d_e los
ejemplos típicos de Jos vicios brillan- chas tierras poéticas. Al final, regresa atreve a expresarla sin disfraces o sin
tes y vanos de esa escuela. Tablada, a su patria y publica una serie de poe- reducirla a una abstracción. El Méximas "mexicanos", que seria injusto co de López Velarde es un México vicurioso, apasionado, sin volver nunca
la cabeza hacia atrás, con alas ~n los ver como uan simple imitación de los vo, esto es, vivido dla a dia por el
zapatos, y que oía c~ecer la hierba, que un poco antes daba a conocer Ló- poeta.
pcz Vclardc, aunque ostenten sus hueolfatea antes que nadie la nueva b_es.. I
l
.
El otro hecho decisivo en a poesia
tia la bestia magnifica y feroz que iba llas y sigan su ejemplo. Menos pr~a 'devorar a tantos adormilados: la (undo que éste, menos personal, su vi- de López Velardc es su descubrimiento
imagen. Enamorado de la poesía japo- sión es más alegre y colorida. Su len- de la Capital. La marea revolucionanuaje, limpio casi enteramente de la ria, tanto como sus propias ambiciones
nesa, introduce en nuestra lengua el
;edrería
modernista, es elástico, iró- literarias, lo llcYan a 1a ciudad de :\fl•·haiku un poco antes de que en Frannico v danzante: )léxico de ballet Y xico cuando ya estaba formado su rscia cundiera la moda, según el mismo
de le;ia de cohete y alarido. En sus píritu, pero no su gusto ni su poesía.
nos cuenta. Su bestiario muestra una
poemas aparecen, vivos por primera Su sorpresa, desconcierto, alegria y
penetrante comprensión del mun.d~
animal y sus monos, loros y armadi- vez, los animales sagrados y cotidia- amargura, deben haber sido inmensos.
llos nos miran con ojos fijos Y chis- nos, los ídolos, las viejas religiones Y En la ciudad de ~léxico descubre a
peantes. Sol diminuto, el haiku de Ta- el arte antiguo. López Velarde ignoró las mujeres, a la soledad, a la duda y
blada casi nunca es una imagen suel- siempre ese mundo. Fascinado por la al demonio. Y al mismo tiempo que
ta desprendida de un poema vasto. si- lucha mortal entre la provincia y la sufre estas deslumbrantes revelaciones,
no una estrella lija y palpitante, in- capital, sus ojos se detienen en el M~- conoce la poesía de algunos poetas
móvil en apariencia, pues gira siem- xico criollo y mestizo, popular Y refl- sudamericanos que se atreven a rompre alrededor de sí mismo. El haiku ~ado, católico hasta cuando es jaco- per con el modernismo extremando
se enlaza muy naturalmente con la co- bino. La visión de Tablada es más ex- su~ conquistas: Julio Herrera y Reissig
pla popular, lo que explica su boga ex- terna· oculista y viajero, ve con otros y Leopoldo Lugones.
ojos ; su pais y hace suyos el exotistraordinaria; en América muchos lo
El Lunario Senti¡nental es impresadoptan y en España Juan Ramón Ji- mo de los dioses y de los colores. Es cindible para conocer las fuentes de
méncz y )lachado han escrito algunos uno de los primeros que tiene con-

L TITULO de esta conferencia •
hace necesaria una definición de
la Francia de hoy. Pero Francia
no pertenece solamente al présente: es
más que la suma de los vivientes, de
su pensamiento, de su actividad, de
su campo de acción. Vive su propio
tiempo que no se mide siempre por
los relojes del siglo.
El historiador MICHELET decía:
"Alemania fS un pueblo, Inglaterra es
un imperio y Francia es una persona." Lo que era verdad hace un siglo lo es todavía hoy y estas palabras
de MICHELET que dicen tanto y tan
poco tienen todavía fascinados a aquéllos que buscan el significado de Francia. Cuál es pues esta personalidad de
Francia? No se trata de una raza: de
hecho las migraciones y las invasiones
han creado, en el curso de los siglos,
una inmensa mezcla con la primitiva
población de los Francos y el viajero
que atraviesa Francia encuentra: aqui,
los rasgos de los Celtas, alli, los de los
Visigodos y de los Ostrogodos, más
allá, los rasgos de los descendientes de
los Fenicios. de los Griegos o de los
Romanos; en otras regiones hallará a
los descendientes de los Normandos
nórdicos, en otras, a la raza española
y su mezcla árabe.
No se trata pues de una raza ¿Se
tratará entonces de un alma colectiva? Si y no porque Francia no cree
en el alma colectiva o más bien cree
en el alma en tanto que resultado de
la historia tan profunda y clara de su
formación. Lo que se podrla decir es
que el alma que ella se ha formado
así, en 1.000 años, mezclada con razas
muy diversas ha creado un pueblo cuya individualidad tiene como única
base la conciencia de "civilización común". Se comprende pues que lUCHELET haya visto su pais como una persona.
Se puede definir una cosa abstracta
pero no una persona: es la gran ventaja de esta imagen, pues en Jo que
toca a su personalidad Francia se sustrae a las definiciones. Por claros y
definidos que parezcan sus rasgos a
distancia se nublan al quererlos ver
con detenimiento a la luz del sol. Una
persona es un retrato, y una monografía, y una obra, solo valen en el momento que ya no existe. Un rostro definitivamente determinado es una máscara de muerte y una monografia que
no se abre al porvenir, que no presenta ya ningún problema se llama necrología.
Lo que vamos a decir de Francia no
es pues una definidón, será únicamente una tentativa para determinar algunos de sus rasgos esenciales: rasgos
humanos - políticos - económicos e
intelectuales.
Empezando por una anCcdota, en los
"Carnets du 1\fajor Thompson" el escritor DANINOS define a un inglés.
Cuenta que un día, un célebre ciruiano inglés abrió un cerebro inglés y
vió primero un acorazado de Su ~Iajestad - después un paraguas, una corona real, una taza de té, un policemen, una botella de whisky y la Biblia. Cerró y convino que todo esto
formaba efectivamente un inglés.
:\[e pregunto lo que hubiera encontrado si hubiera abierto un cerebro
francés. Supongo que una docena de
ex,1,resiclcntcs del Consejo de lllinistro~ - un queso camcmbert - un uniforme de soldado - una bailarina un litro de vino - la legión de honor - un himno re\'olucionario y un
par de pantuflas. Puede ser que todo
esto forme también a un francés, pero
es insuficiente para representar la personalidad de Francia que, de todas las
nacion(ls es la que posee quizás ]a m:'1s
completa: es una contradicción vi11ie11le que decepciona al espíritu y en
la que se encuentran estrechamente

E

• Ccnferencia dictada por su autor en la Alianu
Franceu de MonterTey el 11 de Septiembre de
1956.

lFlflANCIIA
lDlE H O Y
por el Sr. André CHEVALIER
Secretario General de la Federación de
las Alianzas Francesas de ~léxico.

Es así como vhie Parí.'i en el cora=ón de Francia

asodadas las oposiciones m.is notables:
nni\'crsalismo y provincialismo, mo•
dernismo y arcaismo, racionalismo inclh·idual y dC'sprecio de toda racionali•
dad, ímpetu id-eólógico y materialismo
ele contador, tolrrancia sin limites y
polCmíca rencorosa, conciencia democrútica y estructura absoluUsta, religiositlacl e impiedad, orden y anarquía.
~ada tiene pues de asombroso que
cada observador haya crcido o crea
reconocer su propia Francia. Unos
mirando con desprecio los fuegos de

artificio intelectuales de los medios literarios de la capital, buscan y encuentran la otra Francia, la de la provincia arcaica, e.le costumbres severas.
ahorrativa y gazmoiia; otros descubren
bajo una aparente ligereza la seriedad,
la severidad ascética y la encuentran
u1 :,u lengua precisa, clara como el
&lt;-ristal, en la arquitectura despojada
de sus monumentos clásicos, en 1a disciplina monástica de sus escuelas y de
su trabajo intelectual , aquéllos, rechazan la imagen engafiac1ora de cierta

literatura de pcrv(lrsión, los centros de
placer para turistas extranjeros constituidos por las comedias ele boulevard
y los cabarets del "gai París" y descubren en Francia al país de la estructura familiar más fuerte y más firme die mundo.
Todo esto es verdad y el error consistiría en escoger uno de estos aspectos y excluir los demás para definir
a la "verdadera Francia''. Estas contradicciones no son más que Jas facetas de una individualidad. Este "todo"
que se llama Francia no es ni una mole heterogénea ni tampoco una construcción moderna de concreto y de
acero sino un viejo edificio construido con ambiciones de hombre, hecho
de piedra y de cal como una de esas
viejas iglesias de campo en las cuales
se unen armoniosamente los estilos de
varias escuelas.
El secreto más profundo de Francia
es que clcntro de este desorden aparente reina el orden más durable que
aparece en la estructura misma del
país, en sus caminos dispuestos en forma de estrella, alrededor de Paris, en
la amable tiranía de los convencionalismos, en el idioma, en las costumbres, en la conversación, en la cocina.
Hasta la disputa más vulgar, hasta el
insulto que tienen sus normas, sus titulos de nobleza.
El revolucionario y el reaccionario,
el aristócrata y el vagabundo, el bohemio, el cura y el ateo, sin hablar de
las numerosas variantes femeninas, son
tipos bien determinados indispensables y conformes a un modo de vida
cuya ley de base consiste tal vez en
el dicho: "se necesita de todo para
hacer un mundo".
En los libros de geograf'.a leemos
que "Gran Bretaña cuenta con -49 millones de habitantes" o que "la población de los Estados Unidos suma 160
millones de habitantes" pero la Francia debería decirse que "está dividida
en 43 millones de Franceses".
Es el único país dónde aparentemente si se suman 10 ciudadanos a
otros 1O no se hace una suma sino una
división entre 20.
Y con todo esto el orden reina y se
impone.
Los moralistas no han ideado ningún código de costumbres, pero hay
que admitir que si la libertad es el
derecho de cada uno de seguir su propio camino, es necesario que el órden
que se impone por sí mismo sea muy
fuerte, puesto que asegura esta libertad que no exige ni respeto ni disciplina, ni siquiera consideraciones. Si
se quiere darle un nombre la llamaremos Civilización: una civilización definida, una segunda naturaleza y tan
habitual, tan fácil que también puede
11am3rse1e rutina.
Paul VALERY en su prefacio de las
"Cartas persas" no se interesaba ni en
cJ órden ni en el desórden sino precisamente en ese estado ideal de equilibrio intermedio. Decia: "El órden pesa siempre al indh·iduo. El desórden
le hace desear la policía o la muerte.
Son dos circunstancias extremas que
molestan a la naturaleza humana. El
individuo busca un estado intermedio
muy agradable en el cual se sienta lo
m:.ís libre y lo más protegido posible".
El secreto de este órdcn invisible y
tan fuerte es 1a medida humana, que
es el privilegio, como la enseña la Doctrina francesa, de los pueblos de cultura latina y greco.latina. Francia ha
desarrollado una filosofía, una teología
de la "medida". La medida estética de
la obra personal viene a oponerse a la
producción en serie: cultura del gusto
contra la uniformidad que es sinónimo
ele fealdad y de baja calidad. La Ínedicla, es también el ideal del sistema
de educación que quiere formar hombres completos y no miembros útiles
o utilitarios de una sociedad especia-

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�!izada. La unidad suprema de esta filosofía no es ]a sociedad sino el hombl'e en su individualidad y la organización social no es más que un mal
necesario al que hay que sacrificar la
mús pequeña parte posible del alma,
del espíritu y aún del egoísmo de cada uno.
Pero esta "medida humana" llevada
al extremo podría tener sus abismos
y, desgraciado aquel, que, en una sociedad basada en la sola felicidad per-

sonal, se encuentre solo, agobiado por

* * *
a nadie salvo a algunos turistas sajo-

nes o teutotoncs". Para el que no quiere otra cosa, Francia es siempre el
país en donde uno puede dt::jarse vivir, y París desborda de refugiados de
aqaélJos paises en los que reina la disciplina, en donde las normas son in•
flexibles y los organismos sociales in•
corruptibles; existen en París el Alemilo que odia a Alemania, el Americano que detesta a América, el Suizo que
sr ahoga en su patria, el Inglés que
dice horrores de Inglaterra, el Ruso,
el Húngaro, el Checo y el Chino que
son todos ellos hombres que están al
margen de sociedades poderosas y
fuertemente organizadas. Pero muy
difícilmente se encontrará al Francés

mo de todos los administradores desde
arriba hasta abajo, desde el presidente hasta el secretario de alcaldia o el
capitán ele los bomberos, de la más pequefia ciudad de provincia.
Pero en Francia no sucede lo mis•
mo y si los Ministros cambian frecuentemente, todo el inmenso cuerpo
de la administración es inamovible y
asegura una continuidad perfecta. El
cuerpo de Franela es tan sano que puede vivir sin cabeza varios meses.
La constitución ele esta administración data prácticamente ele los primeros reyes Capetas quienes depositaron
más y más su autoridad en manos de
los funcionarios reales, La historia de
Franda podría escribirse como la de

nes y de golpes de Estado, pero desde
Felipe Augusto, una armada siempre
más numerosa de funcionarios, de legisladores, &lt;le contadores, ha cuidado
celosamente de los intereses del dominio sin dejar escapar jamás ninguna
ocasión favorable. Es la constancia de
una historia que aparentemente es toda inconstancia.
Cada régimen nuevo (y Francia en
dos siglos ha conocido n¡¡ís de diez)
llega al poder con un pragrama revolucionario de reformas que conciernen
a la Administración y a la Justicia,
pero ninguno se ha atrevido a cambiar
otra cosa que los nombres y las pers()..
nas. Toda la estructura ha subsistido.
Ante esta permanencia absoluta la corta vida de un gobierno parlamentario
pesa poco.
Desde hace varias décadas Francia
busca un sistema de gobierno sin encontrar la fórmula definitiva y el observador que no ve más que la faceta
política (el Consejo de Ministros, el
Parlamento y los Partidos) se pregun.
, ta angustiado cómo un país, en tales
condiciones puede pretender figurar
,,¡i, en el Mundo. Se olvida este observa'• dor que la Administración, que trabaja de una manera tan perfecta con su
fuerza rutinaria, no deja más campo
de actividad posible a la política que
el de la ideologia.
Se podria decir paradójicamente
que, en Francia, Politica y Estado están rigurosamente separados. Constitucionalmente la soberanía viene del
pueblo que manifiesta su voluntad escogiendo a sus representantes en la
Asamblea Nacional y en el Consejo de
la República. Esa voluntad se traduce
después en leyes, en resoluciones, en
órdenes del dia.

la edad, la enfermedad o la desgracia.
Felizmente esto no existe en Francia
y, en este campo en particular, la seguridad social ha revestido una de sus
formas más desarrolladas.
Ese equilibrio entre la Sociedad y
el Individuo es posible porque la me-Jr.
die/a humana francesa redondea los
ángulos, quita a los principios sus in- i~
transigencias y permite conciliar lo inconciliable. Una vez más "se necesita
de todo para hacer un mundo", pero,
que no sea demasiado, un poco de revolucionarismo y un poco de reacción,
un toque de aristocracia y una brizna
de populacho, para que la vida y la
creación tengan todo su sentido, pero"
de todo con medida: razón moderada,
lógica moderada, pasión moderada.
La medida es el secreto del arte de
gobernar a los hombres; es la elegancia de esquivar las alternativas brutales; es la virtud de nunca sacar las
consecuencias extremas de las cosas y
de saber, aún en el exceso, hasta donde se puede ir más lejos. El nombre
del Revolucionario ROBESPIERRE y
su apodo "El Incorruptible" siembra
todavía el terror, pues lleva en sí todos los excesos de la inhumanidad, de
la ausencia ñe imaginación y el único
lado universalmente reprobado de la
Si se abre un libro de Derecho consRevolución Francesa fué: esta "tiranía
titucional, esa doctrina de la soberade la virtud" de la época del Terror
nía se expone a lo largo de la obra con
durante la cual este fanático ROBES,. una precisión, con un rigor matemáPIERRE había olvidado la medida huj ticos. Pero no se encontrará ni una
mana.
~ palabra sobre los funcionarios del MiEvidentemente los franceses están
nisterio que se quedan cuando el Mide acuerdo que hay que colocar muy
nistro sale; sobre el Consejo de Estaalto los principios puesto que forman
do, juez administrativo soberano que
parte integrante del ceremonial social,
interpreta a su modo la ley y permite
pero sólo del ceremonial. Y piensan
que se aplique o que se entierre sigique se haría bien en colocarlos tan allosamente. Es así como a principios
to que no se les pudiera encontrar ja,
de este siglo una nueva legislación somás en la vida diaria.
Es imposible clai-o hacer una enu~:t;~a e~f:Cer~~:
meración de todo lo que divide a los
firmada por los Ministros competentes
El pintor Henry .l!alisse
franceses pero se puede asegurar que
µromulgada en el Diario Oficial, sigue
cuando un Francés se despierta proJurmiendo en los archivos sin haber
nudista en Burdeos es casi seguro que
podido jamás llegar a la fase de su
otro francés despertará antinudista en que no quiera a su país. Podrá criti- su administración: anónima, prosaica, aplicación administrativa. No se haEstrasburgo. En cada francés duerme car sus costumbres, sus instituciones, continua y en el sentido profundo de bla tampoco del Estado Mayor de las
un "anti" que se despierta al ver a un su política, su economía, su adminis• la palabra, apolitica. En ella y no en finanzas que dispone de los presupuesuproii.
tración, pero una vez proclamados las ideas grandiosas de un conquista- tos voados por las Cámaras y que, en
Y es asi como vive París en el cora- sus desprecios terminará con la de- dor o de un gran hombre de estado calidad de regulador de las entradas
zón de Francia, en una completa li- claración apasionada, confesando que se encuentran la garantía de la dura- Y salidas de las cajas del Estado, tiene
bertad y en un desorden aparente con Francia es el país por excelencia en ción; trabaja ocultamente para el día de hecho la vida del Gobierno entre
sus barrios en donde reina la calma donde se puede vivir y respirar con siguiente y a la larga recupera siem- sus manos. No se menciona tampoco
provinciana y sus centros ruidosos de toda libertad.
pre lo perdido por la política del rey el poder jurisprudencia! de la Corte
la industria, del turismo y del placer,
Otro misterio para los extranjeros o de un gabinete. Así durante siglos, de Casación, soberana en su interprecon su núcleo L,&gt;nservador y sus afue- son las costumbres politicas de Fran- la politica real, obrando· irreflexiva- tación del Derecho civil. Sin embarras revolucionarias, con el ardor serio cia y hace poco tiempo Foster DULLES mente ha renunciado a las posibilida- go, llinguna de estas Instituciones viede sus estudios y los alborotos de los desencadenó la hilaridad del Congreso des de unificación para interesarse so- ne del pueblo. De hecho constituyen
estudiantes del barrio latino, con su Norteamericano comenzando un dis- lamente en un cortesano o en una fa- el m~canísmo de la Monarquía absoluburguesía, su bohemia, su gente humil- curso con estas palabras: "La política vorita.
ta, reforzado, completado por el Imde, su proletariado, bajo los ojos abier- francesa es un fenómeno verdaderaEs también la política Real la que perio. AJ desaparecer los reyes y el
tos de una policía que tolera el juego mene curioso".
con sus propias manos ha preparado, emperador estas Instituciones Jieredae interviene muy rara vez, Todo se
Es verdad que los continuos cambios ha dirigido las grandes catástrofes de ron su soberanía. Francia, tradicioarregla y la ciudad dirige su vida como de ministros de las Repúblicas sucesi- la guerra de los Cien años y del desor- nalmente a la vanguardia de las revosu circulación que parece ir hacia una vas de la época moderna han sumido den de Borgoña. Hay algunos perio- luciones es paradójicamente uno de los
catástrofe pero que sin embargo es al extranjero y a los amigos más que- dos, (a veces los más felíces de la his- países más conservadores y de los más
más rápida y más segura que en la de ridos de Francia en gran perplejidad: toria de Francia) durante los cuales tradicionalistas, gracias a esta poderocualquiera otra gran ciudad. Si se Cómo un país que cambia de perso- este país ha sido gobernado con una sa administración que se ha formado
pregunta uno como puede durar este nal gubernamental una o varias veces 1igereza inconcebible. Pero los cimien- en el curso de los siglos.
estado de cosas, no hay más que ob- por año puede seguir una politica ex- tos permanecían intactos, los daños
Se puede repetir una vez más que
servar el tráfico en la Plaza de la Ope- terior, una política económica y una causados se reparaban, y una vez pa- Francia no está gobernada, sino admira a una hora de congestionamiento: política social racionales? Cualquier sada la crisis la tradición se renovaba. nistrada y que es precisamente su inesdiríase que es imposible y sin embar- otro país se sumiría rápidamente en Esta asombrosa inn1lnerahilidad de tabilidad politica la que garantiza la
go se hace bien.
la anarquía. En los Estados Unidos Francia que ha parecido con frecuen- perennidad de su Administración. GraEn un ensayo sobre Francia el autor por ejemplo, semejantes cambios oca- cia milagrosa, se debe a que este país cias a esta repartición del trabajo las
suizo Herbert Lüthy escribía: "En sionarían una verdadera catástrofe ha sido inmunizado por su poderosa Camaras puer!en ser el campo de la
Francia se resuelve cada dia, a cada pues al pasar de un gobierno demó- administradón de mil cabezas contra ideología, de la abstracción de la demomento la cuadratura del circulo y crata a un gobierno republicano o vi- la política de sus propios Gobiernos. magogia más completa sin perjudicar
en esto no hay milagro: consiste en ce-versa se procede a un cambio com- Se han sucedido cuarenta reyes y un la vida administrativa de Francia. La
que la parte no resuelta no molesta pleto de los hombres politicos así co- número casi tan elevado ele reYolucio- República reina pero no gobierna.

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El mismo político americano que
Janzó esta frase: "La política de Francia es un fenómeno verdaderamente
curioso" continuaba su informe diciendo: "pero la administración francesa nos deja admirados y los resultados obtenidos en el campo económico
asombran a nuestros técnicos y trastornan todas las previsiones que habían formulado con anterioridad."
Es un hecho que la pi;ospcridad económica de Francia admira a los más
optimistas. Este pais tuvo primero que
reedificar sus ruinas al terminar la última guerra, soportando al mismo
tiempo el peso de un nuevo conflicto
en Indochina que costaba 30 míllones
' de pesos por día al Tesoro.
Sn restablecimiento económico lrn
sido sin embargo prodigiosamente rápido y la progresión no cesa de acrecentarse:
Si la producción industrial francesa de 1938 se designa con el índice
100, la. de 1955 se ha elevado al indice 170 y alcanza ahora 180.
Las minas de carbón proporcionaron el año pasado 55 millones de tooe·ladas.
I.a industria de la construcción eléctrica ha pasado del índice 100 en 1949
al indice 181 en 1955.
La producción de acero ha pasado
de G millones de toneladas en 1938 a
13 mílloncs en 1955.
La industria automotriz ha construido 725,000 vehículos en 1955, o sea casi el doble ele la existencia total de
México.
El índice de la producción de elecciclad se ha elel'ado de en 1938 a 204
en marzo de 1956.
En cuanto a la procfücción gricola
Francia ocupa el primer lugar en Europa Occidental con 22 % de la producción total.
Estos cnantos datos de estadística
estún Uestinados únicamente a precisar las ideas y no quisiera aburridos
con una enumeración tediosa.
La técnica francesa ha vuelto a imponerse gracias sobre todo a la excelencia de sus ingenieros y basta para
ilustrarla citar algunas realizaciones
de las mús sensacionales.
En el campo de los transportes los
Ferrocarriles franceses que tienen una
longitud de 40.000 kms. de los cuales
mús de 5,000 estún electrificados establecieron _este año varios records sensacionales.
Dos locomotoras de serie pulverizaron la marca mundial de velocidad
con 331 kms. por hora. En otro plano
sr hizo correr un tren sin conductor
por teleclirección a 120 kms. por hora.
En 1955 el 97% do los trenes tanto de
pasajeros como de carga llegaron con
menos de dos minutos de retraso. En
la unión de las grandes ciudades de
Francia con París se alcanzan promedios ele velocidad que parecían impo•
sibles hace algunos afios. Paris-Lyon
512 kms. á 123 kms. lle promedio, Paris-1\iza a 100 kms. de promedio, Paris-Burueos 581 kms. á 117 kms. por
hora.

aparecen desnudos sin vcrguenza bajo
Jas luces del escenario.
Esta atmósfera de invernadero del
París cultural establece una especie de
comunidad del espíritu que no se encuentra en ninguna otra parte Y que
producirá "la obra de arte total" mejor de lo que P.udiera hacerle la creación aislada de genio. Algunas veces
media docena, una docena quizás ele
grandes hombres de la literatura, de
la música, del teatro, de la danza, de
la pintura, de la escenificación, se unirán en una constelación única en la
forma y en el tiempo y "la obra t~tal" aparecerá no como una gran maquina wagneriana sino como una miJactrosa pompa de jabón brillante, impc°evisiblc, ligera. Tal procligali¡lad tan
pura y tan definida, sólo es po~ble en
esta ciudad, ante este público, en esta
atmósfera.
El pueblo más individualista de la
tierra posee también la literatura más
social, pero esta vez no hay aqui ninguna contradicción: el punto común
que tienen es este interés exclusivo
para el hombre, quién, juzgándose él
mismo "soberano", se vuelve a encontrar único objeto digno de su litera-.
tura.
Son esos hombres de letras sabios y
pensadores quienes se alarman ante la
amenaza que representa para los países de cultura grecolatina la monstruosa organización técnica de otras
civilizaciones en las cuales la "desmedida" se vuelve regla.
Y Francia, fiel a su tradición histórica se ha puesto a la cabeza de la cruzada emprendida para defender su "filosofía de la medida humana". Cruzada a la cual los países latinos y México en particular toman una parte activa. Se trata de la defensa del hombre en su individualismo ante la organización social sin la cual parece que
rn la época presente no puede ex¡stir
"El orden pesa siempre al indil1iduo."
grandeza nacional. Francia se ha resuelto a encontrar una solución para
conservar tanto su modo dr vida como
Francia cuenta también con la red emp1~esas francesas construyen puen- su grandeza a fin de guardar el equide carreteras más densa del mundo tes, carreteras, instalan puertos, cen- librio entre elementos que parecen incon 642, krns., seguida en Europa pcr tros metalúrgicos. La corriente acaba conciliables. Sus esfuerzos para manInglaterra que cuenta únicamente con de orientarse hacia :.\léxico en donde tener esa armonía son el reflejo de to280,000 kms. A esas redes de ferro- se realiza en Monclova una fábrica de da la historia contemporánea de Francarril y de carreteras se tendría que abonos químicos con una inversión de cia. Hasta la fecha ha tenido éxito y
añadir la red &lt;le los canales fluviales mi1s de 12 millones de dólares; en Man- creo pues que podemos. confiar en ella.
que hacen de Francia un gran cue~po zanillo se ha formado un rupo siderúrOjalá que el bloque de los países lacuyos partes estún perfectamente b~en oico con un costo aproximado de 23 tinos sea lo suficientemente unido y
cuyas partes están perfectamente bien ~1illoncs de dólares para producir una fuerte para hacer triunfar ·este ideal.
ligadas entre si hasta en los luga~e_s cantidad anual de 150,000 toneladas de Francia está haciendo un esfuerzo timonta1iosos &lt;le los Alpes o de los P1r1• acero, 20.000 toneladas de !erroman- tánico para compenetrarse mejor con
o"'aneso .y 75.000 toneladas de lámina;
neos.
sus hermanas de sangre y de cultura.
Los nuevos aviones franceses y so- entre México y Guadalajara los antiLos millares de estudiantes que desbre todo la serie de la "~lystCre" si- f;UOS postes telefónicos se van a re- de el fin de la última guerra se han
guen a ]a cabeza de la aeronáutica emplazar por nn sistema francés de dedicado a estudios profundos del
mundial y ]os pedidos hechos a las va- transmisión por via hetziana de las idioma español, los centros de altos esrias casas constructoras se elevaban a ('Ornunicaciones telefónicas con capa- tudios hispanoamericanos de Paris y
cidad para 120 léncas simultáneas; en de Burdeos hacen que esa compenetra~
1.500 aparatos en junio pasado.
En el campo &lt;le la ¡nvestigación nu- fin ~Iontcrrey contará pronto con uno ción sea cada día más estrecha. Es de
clear Francia desde luego noha pro· de ]os primeros teléricos de América desear que México también siga deselucido ninguna bomba A o JI pero los Latina construido por una casa fran- pertando en su juventud mayor interés
científicos franceses están a la van- cesa. Gnirá la Ciudad de los Niños aún hacia la lengua y 1a cultura franguardia en el campo de lai nYcstiga- con la cumbre de la famosa Silla.
cesa, como parte de la educación de
Todas esas realizaciones reflejan "hombres completos" y no de miemción.
En los úJtimos años las empresas también una fiel imagen ele la Fran- bros útiles o utilitarios de una socieindustriales francesas entraron en la cin de hoy, uno de los innuerables as- dad exageradamente especializada.
competencia internacional Sobre los pectos de su actividad tan diversa.
mercados extranjeros y su técnica se
impone sobre todo cuando se trata de
** *
enconrar mla solución original o la re·
El cuadro no sería completo si no
solución &lt;le un caso difícil.
se
hablaha de este Olimpio parisiense
Para dar solamente algunos ejemplos
podríamos citar entre las realizacio- en .el que todos los dioses y los semines actualrs en el extranjero la cons- dioses de Ja literatura y del arte se
trucción en Estados Unidos de un reunen. En la jerarquía de los valores
puente de hormigón prctensado que ocupan el lugar más alto que nadie
será el más largo del mundo con 38 les disputa.
El escritor es más hombre público
kms.; rn Canadá la construcción de
un puerto de mar en los Grandes La- que el político. La prensa se ingenia
os cana&lt;lienses que recibirún así direc- para conocer su opinión sobre todas
tamente los navíos de altamar; en Bra- las cuestiones que interesan al país.
sol: el gran túnel suharino que debe Casi todos son criticas, colaboradores
enlazar a Río de Janeiro con su cer- de diarios o ele revistas. Se publican
cano suburbio portuario de Niteroy sus cartas íntimas durante su vida o
asi como la fábrica siderúrgica de Ita- cuando mucho sobre su tumba aún
bira; en Finlandia, Argentina, Hong- fresca. Nada de lo que les atañe es
Kong, ChiJe, Noruega, Venezuela, las privado y, como Ios dioses de Grecia,

Página 7

�Admirada, codiciada por magnates
y políticos de un país imaginario de
Hispanoamérica, la heroína decide
consagrar su Yida a la lucha por la
libertad de su pueblo. Al llegar a esta
etapa de la historia, Robles presenta
la realidad social, económica y política de ese país -mezcla, tal vez, de la
tes geomonfológicos más efectivos, pue- Argentina peronista y de la Venezuela
de destruir i-ecursos importantes Y po- de hoy en día-; como antítesis de los
tencialmente renovables que le sirven comerciantes e industriales voraces y
de los políticos nefastos, el autor nos
ele medio de vida y goce.
describe a los estudiantes, último reLa segunda experiencia destaca el ducto de la dignidad y la soberanía
hecho de que los recursos irrenovables nacionales. Ada se a1ia con ellos. Conde los cuales depende el hombre mo- tribuye económica y humanamente a
derno, especialmente los combustibles su causa, que es la del pueblo. Derro•
y los metales, se agotan a un ritmo lados, mueren en el campo de batalla
que aumenta rápidamente en cofras o en las cárceles. Ella, desilusionada,
absolutas y a veces en forma relativa, opta por el suicidio.
es decir, en relación con el incremenNovela valiente, bien escrita y armato de los yacimientos probados a trada
que vale, al mismo tiempo, como
vés de una exploración más completa
obra de arte y como documento huy mediante nuevos descubrimientos.
mano.
Ninguna de estas experiencias es
nueva. La historia nos muestra ejemplos en los que el suelo, la fauna y la
flora, especialmente en los climas áridos o semiáridos, fueron destruidos
pOr el hombre, que, por lo tanto, puso
en peligro su propia existencia. En la
misma forma, el agotamiento de los re•
cursos irrenovables ha conducido, a
Yeces, a cambios de gran alcance en
el desarrollo económico y político de
países o de ciertas regiones dentro de
un país.

LIBROS
Los nombl'es de las Estrellas, por E. J.
"'EBB. Breviarios del F. C. E. )léxico, 1957.
En ('Sta obra, al par que se demuestra con ejemplar erudición que los
nombres de las estrellas deben haber
tenido su origen, en los más de los
casos, en la imagen poética o en la
fantasía infantil de los primeros hom. •'1lres que contemplaron el cielo estrellado, se nos enseña a amar el incomparable espectáculo del iluminado firmamento nocturno. Quiere el autor,
ante todo, hacer que el hombre vuelva a desear la noche, porque es en ella
cuando despliegan los astros, majestuosamente solitarios u ordenados en
graciosas constelaciones, su inefable
belleza, y rescatar para él, como fuente de perennes emociones estéticas, la
apariencia del firmamento, contemplado con el ojo desnudo y el espiritu libre de cegadoras preocupaciones científicas. La cuidada información que
nos da, no persigue otro fin que el de
ayudar a lanzar esa mirada admirativa
que le propone al lector.

ALAS CASAS EDITORIALES YA
·LOS SEÑORES DISTRIBUIDORES
YLIBREROS DEL CONTINENTE

Wantrup en el transcui'so de las páginas ofrece los que, a su juicio, son
los más adecuados r~medios contra estos males.

La Universidad de Nuevo León ha
mantenido desde su fundación un vas•
to plan editorial que desarrolla al través de publicaciones cuya circulación
comprende a todas las Instituciones
oficiales, uniwersitarias, académicas,
ateneistas, centros culturales, sociedades de diversa índole y personas, en
América y Europa.
Entre el cuerpo de ediciones que
aquí se imprimen figura nuestro mensuario ·'ARMAS Y LETRAS", que recientemente ha establecido una sección -LIBROS-, en la que figuran
comentadas las obras últimamente aparecidas
, en las prensas americanas.
Dada la extensa órbita de circulación del Boletín arriba mencionado, y
en interés de ofrecer a] lector americano una juiciosa información del fondo y continente de la obra, cotejada
a la luz de un criterio ecuánime y a
tono con la moderna interpretación
del pensamiento científico, literario o
artístico, "ARMAS Y LETRAS" se complace en invitar a ustedes a coadyuvar
con este propósito de orden cultural
que anima a la Universidad de Nuevo
León, solicitándoles el envío de cada
una de las ediciones nacidas en sus
prestigiosas prensas, ]as cuales serán
objeto de nuestros comentarios, en la
medida que vayan llegando a nuestras
manos.
Los envíos deben hacerse a:

MAURICE DQBB: Salarios. 2a. ed.
México, Fondo de Cultura Económica. 195j,

"ARMAS Y LETRAS",
Universidad de Nuevo León,
Plaza del Colegio Civil,
Monterrey, Nuevo León,
México.

Maurice Dobb, destacado economista y profesor de la Universidad de
Cambridge (autor también de una In-

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~ J"';,~, ~~~!~~~¡~:~ ~~ e;_~~;;:ªa~:~~:~1aª :~

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Ji.' V l; ¡,. A (O, li, _ , , , ,--,

)tf~E~~~;Ji:§f.&lt;•0'. ,·,~+
En buena parte, también, es un bien

fundado alegato que tiene como propósito desvanacer un error de aprecia•
ción histórica; a saber, el de que el
zodiaco no fue invención de los griegos, sino de un pueblo -el egipcio para unos, el babilónico para otrosque Jo descubrió antes que ellos y se
lo transmitió. Esta importante conclusión está garantizada por la autoridad
de Edmund J. Webb, figura descollan•
te en los medios académicos ingleses
por sus conocimientos humanísticos y
de la astronomía antigua.
S. "/. CIRIACY-WANTRUP: Conservación de los recursos, Economfa y

política. México, Fondo de Cultura
Económica. 1957.

La cultura moderna occidental ofrece dos experiencias que han despertado un interés vivo y general por la
conservación. Ambas pueden considerarse como problemas de ecologia humana, puesto que surgen de la reacción mutua, .en el tiempo, entre la forma de cultura y el ambiente fisico.
La primera experiencia nos enseña
que el hombre, como uno de los agen-

Página 8

este libro una comprensión perfectamente clara de los aspectos tanto teór·,cos como prac
' 1·1cos d e est e unpor.
1
~c~n
para exponer al estudiante de economía las caracteristícas ·distintivas de
las diversas teorias de los salarios y
las modalidades en materia de siste-·
mas de salarios, pago de salarios, con•
tratación sindical colectiva, fijación de
salarios mínimos, etc.
Esta obra no constituye un tratado
extenso sobre salarios, pero sí una introducción bastante amplia a esta especialidad de la Teoria de los Precios.
Es decir, servírá al estudiante que no
encuentre en su libro general de texto
una explicación suficientemente detallada de la formación de los solarios,
preparándole a la vez para la lectura
de tratados de mayor envergadura y
leguaje técnico.

~~~~c'.!~~:: i~~fl~:ts

i::~:

rmasy
C. KLUCKHOHN: Antropología. 3a. ed.
corregida. 378 páginas. México, Fondo de Cultura Económica.
Ralph Linton, uno de los grandes
de la antropología americana, dijo de
este ensayo que, "con mucho, es el
mejor libro de antropología, no estrictamente técnico, aparecido hasta la
fecha". Efectivamente, se trata de un
libro que el lector no versado en esta
materia podrá leer con gran provecho,
obteniendo la respuesta satisfactoria a
la pregunta "¿Qué es la antropología?"

En términos totalmente al alcance
del no iniciado, DO!; cueta la historia
de esta ciencia, sus comienzos como
rebusca curiosa del aficionado a cosas
raras, pasando por la etapa del estuSalarios, de Maurice Dobb, llena un dio comparado de los pueblos primihueco apreciable en la literatura eco- tivos, hasta llegar al de los complejos
nómica de que se dispone en lengua pueblos modernos. Describe, sin en•
castellana.
trar en detalles demasiado técnicos,
los métodos empleados por los antroFERNANDO ROBLES: La estrella que pólogos y los varios tipos de conocí•
no quiso vivir. México, Colección miento que ellos consideran necesa~
rios. Explica en términos sencillos y
Tezontle. 1957.
a veces con anécdotas amenas las raEsta novela cuenta la historia de mas de la antropología: la etnográficaAda, joven pueblerina que trasciende etnológica, la arqueológica, la física,
su insignificancia para convertirse en la lingüística y la cultural, llegando al
famosa actriz del cinematógrafo. Ro- moderno concepto de la antropología
bles sigue paso a paso el desenvolvi- aplicada.
miento de su persona y personalidad:
El éxito de este pequeño gran libro
sus primeros años en 1a casona rústica del padre, su arribo a la gran ciu- explica la tercera edición en que se
dad, los contactos que en ella estable- han hecho correcciones en consonance, su ingreso y rápido triunfo en el cia con los años pasados desde su pricine.
mera aparición en 1949.

uarR

Ürgano Mensual de la Universidad
de Nuevo León
Registrado como artículo de 2a. Clase en la
Admón. de Correos de Monterrey, N. L.. el

20 de ALnl de 1944.

INDICADOR,
Colaboradores

Hugo Padilla
Fidencio de la Fuente
Cenara Salinas Quirogn
Arturo Canlú S.
Homero A. Garza
Alfonso Rangel Guerra
Cuillenno Cerda G.
Jorge Rangel Guerra
Manuel Morales
Dibujos de Jorge Rangcl Guerra

Director
Lic. Fidcncio de la Fuen!e

Oficinas
Washinglon y Colegio Civil
Monterrey, Nuevo León

MEXICO

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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