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                    <text>Domingo 12 de Diciembre de 1897·

EL MUNDO.

. á procurar la circulación; y arrebatada Jacquefüta por un.a.. ola.. lull™I-DL &amp;e vió rlerr-epeme-en-la
acera, donde se formó un nuevo grupo en torno de
l'!la. Todos querían ahora em;eüarle el camino y
no había a quién preteril'. Pero d grupo se disuelve por una nueva indicación del gendarme y
el caballo de un fiacre que acababa de c11e1· concentró la atención de los bobos y pronto .Jacquclina se vió síu mits compallía que dos viejas c!Jarh,tmrns que se la disputaban.
-Yo os conduciré ít Santa Ana, señorita; casualmente so\· de ese rumbo.
-Yo también, se:ilora, pues debo pasar por esa
calle.
-Xo digo lo contrario, pero yo me propuse primero.
-Bueno, pero quien sabe con qué intenciones.
-Qué quereis decir?
-Dios mío, dijo Jacquclina, indicadme solamente el camino y me iré sola.
-No, niña, es fácil perderse. Dadme la maleta
que ya os fatiga y si la señora quiere acompafiarnos también, no me opongo; así podrá darse caenta de mis intenciones.
-¿)le tomáis por policía secreta?
-Oh! no, sen.ora, y no trato de deteneros.
Y tomando del brazo ú la nifta la hizo atravesar rápidamente la calzada, sin oír á la otra que
después de un último apóstrofe se'perdió entrela
multitud amenazando al ciclo con su paraguas.
Jacquelina y su compm1era descendieron por
el muelle de las flo~es, y desde luego se puso la
Yieja ít charlar con rnlubilidad.
-¿Qué mfodo habréis tenido querida? ¿Verdad?
A vuestra edad, me hubiera yo desmayado. ¿Y
Yenís 1\ París por la primera vez? Felizmente váis
:'L casa. d1~ una parienta. Válgame Dios! Mirad la
casa de l!:loisa y Abelardo. Eran dos. enamorados
que tuvieron muchas desazones. Lástima que no sea
hoy dí,t de mercado pues os habría adornado con
un ramo de flores. Eso habría distraído vuesn·os
pensamientos.
Jacquelina escuchaba enmedio de un silencio
impaciente este flujo de palabras. Por un instante pensó er. la fuga y en dos saltos se habría puesto lejos de aquella charla insustancial, pero de
nuevo se habría extraviado; y tenía tau poca i;uerte cuando trataba de averiguar el camino! Resignose pues á seguir á la vieja, pero había separado
su mano y trataba de recobrar•la maleta. Su compañera se opuso.
-Nada de eso. Ya estáis cansada, entanto qua
yo estoy acostmnbrada á cargar maletas. Sabéis
que sois muy bella! Atendedme, loquilla, sin mí,
los ómnibus habrían hecho una barbaridad. Es
preciso desconfiar de los c::&gt;ches. Habéis enrojeeido como un pimiento: tanto mejor, pues eso prueba que les tenéis miedo y os cuidnréis.
No de miedo sino de cólera se le había encendido el ¡-ostro á Jaquelina y sin los omnibus, había prescindido de tan locuaz co.mpaüía; tuvo pues
paciencia y siguió, con la esperanza de llegar
pronto á Santa Ana.
Derrepente la vieja se detiene en la desembocadura de una gran a,·enida y extendió la mano con
un g~sto imponente.
Mirad, allí está el Teatro de la Opera! Ah! si
Virginia me hubiera queri.do escuchar, habría durado allí largo tiempo, pero pretendió avanzar demasiado pronto. Sn padre y yo le teníamos·dicho:
hija mía, más vAle ser la última en la Opera que
la primera en Teatros de segundo órden. La ambición la tentó sin embargo como á César. Gracias
á que su Barón está allí y me dijo el otro día en
el 2° acto durante el baile de las Cucarachas:· Señora Juponette vuestra hija no permanecerá en el
&lt;.,hatelet; eso es indigno de mí .... La calle que sigue es la de Santa Ana.
-Entonces, Sc:dora, solo me resta dar á Ud. las
gracias, dijo Jaquelina intentando de nuevo rec;:ilJrar su maleta, es inútil desviar á U d. de su camino.
·
-Si no me desvío, querubín, vor á la calle de
Lafitte que está mas allft. ¿A que número vamos?
-No lo sé, contestó la nil1a turbada. La parienta que busco es costurera y se llama, la Señora de
Bardonel.
-La conozco; vive en la esquina de la Calle de
Lubols; buena casa. Cuando Virginia quierr hacei:se un traje chic allí lo encarga para que su baron
Ll. encuentre graciosa. ¿Con que sois prima de
la Sra. Bardonel? l\1is felicitaciones .... Tened sin
embargo presente á mi Virginia. Puede ser que

alguna vez os convenga entrar al Teatro y como
sois bella ....
Llegaban ya al fin ele la Call&lt;' de Sn.nta Ana. J11cobina sintió que recomenzaban sus angustias y
caminaba como á pesar su?º· Despues de haber
deseado tanto llegar, probaba, al tocar el término
de su viaje un cn•ciente terror y habría querid0
retardar el momento que se aproximaba. De pronto la vieja se detiene frente á una casa •Y esefü\nclole las ventanas del tercer piso le dijo:
-Allí es, donde dictl ")!odas :.\Iad. Bardonel, Donas." Aclios, trsoro mío, buena suerte y cuidado
con los hombres! Tomad vuestra maleta. Acaso os
vea yo otra vez; vivo en la Calle Lafitte número
150. Adios, linda, otro beso, adios!
XVIII.
Jaquelina quedó sola, vacilante, con el corazón
latiéndole apresurado, en el dintel de la puerta co•
chera. Los mil rumores de la calle, el espectáculo
asombroso del hormiguero parisiense la aturdían;
enervada por la greguería de la vieja, le parecía
que aun escuchaba su charla n•pulsiva.
Durante unos minutos permaneció inmóvil contemplando en el centr~ del patio una estatua de
yeso que representaba una diosa cualquiera, y servía de centro :\ una fuente. Luego comprendió
que la observaban, pues ya dos ó tres transeuntes se habían detenido á verla sorprendidos de su
aspecto de pena é indecisión. Entonces se pasó vivame_nte la mano por los ojos con un lindo gesto
ele resolución como para apartar la imagen de sus
inquietudes; y entró resueltamente y ya subía las
primeras gradas ele la escalera, cuando la detuYo
una voz.
-¿Dónde va Ud. se:ilorita?
Ella se volvió y vió surgir de una especie de
ratonera que daba al vestíbulo, la hirsuta cabeza
de un conserje.
-¿La señora BardonPI? preguntó Jacquelina:
Sois una.cliente? preguntó el Conserje con ,una
entonación de incredulidad humillante.
-:No, respondió intimidada, pero desearía ver
á la seftora.
_: Y para qué?
-Pam pedirtrabajo.
-Entonces no se detenga usted sefiorita, pero
hágame favor de subir como las otras por la escolera de servicio.
La cabeza hirsuta se retiró y la ratonera se cerró con estrépito.
·
Avergonzada, retrocedió dócilmente y se encontró en el patio al Pipelet todo entero apoyado
en una escoba y mostrándola con ac.t itud imperiosa la puerta de la escalera de servicio.
Atravesó el patio tristemente, descorazonada por
tan desfavorable acogida, y arrojó al pasar una mirada melancólica á la estatua de la Diosa que le
había parecido como aburl'idaen su pedestal, y vió
que tenía bellísimo rostro y una sonrisa piadosa
y dulce que la consoló un tanto.
En la escalera de servicio con pasamanos grasiento, ¡ntraba pasando penosamente á traves de
vidrio:rnpagados, unaluz sucia; y el olor de las cocinas se mezclaba á otros muchos en cada piso á
donde llegaba la escalera. Fatigada por el "\-iaje y
la emoción, Jaquelinasubía lentamente, sintiendo
en cada escalón flaquear sus piernas y respirando
con esfuerzo esa atmósfera apestada.

Llegaba ya al tercer piso ,mando oyó que abrían
una puerta con estrépito y al mismo ~stal)_te_vió :!,
mía muchacha rubia y desmedrada, con cara de---.:...
susto, que llevaba m1a caja de cartón en la mano
derecha y que bajaba á grandes saltos. Jaquelina
tuvo apenas tiempo de dejarle.paso y la muchacha
siguió resbalando junto·al pasamano. De arriba
le gritó una voz.
Despáchese pronto se-n.orita .Juana, y que no se
pollga usted á charlar en las tiendas como ayer.
Jacquelina siguió subiendo hasta llegar á la
puerta que decía «i\lad Bardonel» y dando vuel•
ta al botón del picaporte, hizo resonar un timbre
y apareció enton~cs una mujer gruñona en el.dintel.
·
-La seftora Bardonel?
-En el taller, á la derecha, en el fondo del corredor. Pero deje aquí la maleta, que no se necesita para hablar. ¡Venir aquí con equipaje como
si fuera hotel! Déjelo aquí. No hay ladrones.
Bueno, ahora, al taller; allí está la se:ñora.
En una gran pieza, alumbrada por tres ventanas las obreras cosían y charlaban y se volvieron
todas á la vez para ver á la recien venida; y CO·
mo ella se turbara ante este examen, una morena
alta se levantó y dijo con tono impertinente:
¿La señorita. quiere ..... :?
Pero en el mismo instante se abrió una puerta
y una persona imponente entró como un torbelli-.
no, gritando con una voz que Jacquelina reconoció ser de la misma persona que había apostrafado á la muchacha de la escalera.
-Es insoportable, scftoritas. La seiiora baronesa está allí furiosa por que 110 se ha terminado
su traje. Qué hace usted allí, Delfina, de pie en
lugar de estnr trabajando? Y ¿quien es esta . ....
chica?
Delfina se sentó; todo el taller se puso á la labor y Jacquelina quedó frente á la temible sen.ora Chausonier, que rewúa las funciones deprime?'a y de vende(j,ora.
.
-¿Qué desea usted, señorita? Debiera usted
haber permanecido en la puerta en vez de entrar
á distraer á mis obreras.
-Perdone usted, se:ilora, pero se me indicó que
pasara. Quiero hablar á la señora Bardonel.
-Está ocupada y no puede recibir. Vuelva usted mañana, y eso según. ¿Qué le quiere usted?
:-Quisiera trabajar aquí.
-El taller está completo se:ilorita, y no queda
sitio para una obrera más. Y luego ¿sabe usted
trabajar? Dónde fué el aprendizaje? ¿Hace usted
corpiños, faldas, mangasi&gt;
Este diluvio de preguntas llevó al colmo el embarazo de Jacquelina que .aventuró con la boca
seca esta contestación:
-Sé coser.
~Vamos, ah! pegar un botón . ..pues si no sabe
usted mas que eso!
Entonces empezaron á circular las burle.tas por
el taller, y Jacquelina, ruborosa, con los ojos llenos de lágrimas, murmuró sollozando:
-Llego de Tom·s.
-Pues lo mejor que puede usted hacer, es regresarse.
Y le hizo un gesto despreciativo, volviéndole
la espalda. Las obreras, crueles como los escolares cuando el profesor atormenta al nuevo, se pusieron á secretearse y á sonreír mirando á la viajera.
Esto era demasiado; J acquelina no estaba acostumbrada á ser humillada de esta suerte y su naturaleza altiva se sobrepuso á su timidez, y con
un acento que hizo volverse á la Sra. Chausonier
le dijo:
- Es posible mi regreso á Tours, pero no lo haría siP hablar antes á la se:llora. Dígale usted si
gusta que Jacquelina. Dwnont. su prima, desea
verla.
La primera, sospechó de pronto que sería un
ardid y ya fruncía su temible entrecejo, cuando
vió el aspecto digno y resuelto de la nifl.a, é impresionada por sus ojos altivos, se calmó.
-Lo hubiera usted dicho antes, señorita. Si es
verdad que es usted prima de la seilora ciertamente que la recibirá; pero en este momento está
muy ocupada probándole un vestido á la sefl.ora
Baronesa de Goldman l tendrá usted que esperar. Siéntese usted, voy á prevenirla. Y bien sefl.oritas, no hablaba yo con vosotras; esto es irritante!

,

(Qontinuará)

TOMO.JI

llIEXICO, DICIEitlBRE 19 DE 1897.

•

Nt111IERO •S•

I

,ij

&amp;n las Posaaas--·Glprot1ecqanao la ocasión.
(Dibujo d e Ruel.as)

�EL MUNDO.

408

Por eso, la labor de los actuales . presupuestos
ofrece dificultades que se antojan invencibles,
obstáculos que imagínanseinsuper.tbles. Tirar de
El domingo último, la amplia avenida ofrecía uno de los hilos que forman la urdimbre equivale,
un animado espectáculo, al arrojar el sol sus pos- acaso, á destruir el tejido; inferir una herida en
treros parpadeos á los espacios. Las multitudes este organismo es, tal -vez, lesionar vísceras imse dejaban arrebatar por una fü: bre de movimien- portantes de las que emana la vida.
El personaje aquel de Ermann-Chatrian que
to, de vida, en una loca oleada que inundaba la
ciudad entera. Hay en los vaivenes de las m11sas avanza resueltamente, piqueta en mano, al enalgo así como una embriaguéz triunfal y deliran- encuentro de la locomotora, tiene todos los cate. El público bebe la luz, el aire, las miradas in- racteres de un símbolo. Representa esa fuerza
cisivas, el campanillPo de las carcajadas y el re- inerte, si cabe la paradoja, la del molusco que se
frán que pasa zumband_o, c9mo si bebiera buenos adhiere á la. r oca para perdurar en ella eternavasos de vino afiejo. La acción es el licor de las mente.
multitudes.
***
¿De dó~de venían estas parvadas? Much11s de
Pero el progreso perfora.la roca, remueve la
ellas venían como el Dante, del Infierno, Allá las
arrastró un deseo de ver rojo, á la apiñada, gra- tierra, agita todas lns moléculas, para hacer brodería de la plaza de Bucareli. Habían asistido á tar de la agitada lucha en donde se elabora la
la serena lucha de la astucia y de la fuerza; y se vida, el imperecedero ideal que persigue la . hubailaron en el diluvio de matices que se despren- manidad en su peregrinación fátigosa.
Allá donde se alza una montaila ó se extiende
den de la fiesta española. Y después, cuando la
noche, la enemiga del color, fué anegando en som- un valle, la actividad dd hombre ha abierto una
bras el cuadro, á la momentánea excitación hip- brecha ó tendido un puente. La locomotora piafa
nótica sucedió un aniquilamiento r epentino, un impaciente por culebrear á la largo de una plamalestar punzante, con amargos dejos en el fondo. nicie ó izarse á la cima de un picacho. El ferroY regresaban á la ciudad, presa de un extrafio carril, un gran eliminador dé las distancias, po-abatimiento, ni1·vana silencioso y sombrío. Pe1· me ne en contacto, en pócas horas, los climas más
distantes y los cuadros más disímbolos.
si va nella citá dolente.
Detrás de. los blancos penachos que perfilan
Un escritor ha hecho la cuenta de lo que se gastó el domingo último en diversiones publicas. Cien· nuestros volcanes, acaba de conquistarse una comü pesos corrieron en cascada argentina por las marca que reclama la pluma de Pierre Lotí, el imarterias de la capital. Y he aqui el prqdigio: no com parable rey del color: es la Tierra Caliente, con
somos ricos, pero aparentamos serlo. De nuestra sus palmeras que abren sus brazos en un desmacapa, como de la de Buckinghan, se desprenden yo p:i;olongado, sus bosquecillos de cafetos, sus
piedras preciosas. Sólo que nuestra capa está en callejones floridos, sus rojas puestas de sol y sus
vagos rilmores estivale~, que enervan las energías
el empello.
¡No importa! Cuando los mexicanos no tenemos de la naturaleza en un adormecimiento de siesta.
dinero, es precisamente cuando estamos más disEl ferrocarril de Cuernavaca, inaugurado días
puestos á tirarlo por la ventana. El monarca in- atrás, ha efectuado el prodigio de poner á las
glés da su reino por un caballo, en el drama de Sha- puertas de nuestras casas, á cinco horas del home,
kespeare. Nosotros damos nuestro haber de una · esa hermosa región del sol, la fecunda zona de
semana por un buen domingo con sus cárdenos la tierra roja y la gardenia blanca.
rayos de sol, su flaneo en Plateros, su aperitivo
Recuerdo que hace algunos ailos, en un momento crítico para la Hacienda públicl!,, se otorgó
en las cantinas y su corrida de toros.
¡Ah excelente domingo! Tú eres nuestro eterno la.co~cesión de esta nueva via férrea, sin que ~n
ella figurara un solo peso de .subvención. Juzgahijo pródigo.
ban algunos hombres de negocios irrealizable es*.*
empresa, y recuerdo también que el empresaY luego, ¿quien ha dicho por ahí que no hay di- ta
rio fué de mercado en mercado, de plaza en
nero? Precisamente el Sr. Limantour nos acaba de
hacer saber que tenemos un pico de 7.700,000 pe- plaza y de ciudad en ciudad, en busca de capital
para emprender la obra.
sos en las arcas del tesoro público.
Los gacetilleros, esos enfermos de la imaginaEste tenemos es también muy mexicano. Pracción, que juzgan todo hacedero, los profetas de
ticamos nosotros una suerte de comunismo suntuoso que cosquillea agradablemente nuestra va- los más altos hechos de la civilización, nos hanidad nacional. Mil veces habréis leído, con moti- blaban de tarde en tarde de los trabajos reali•
zados -por la compailía constructora. Mientras los
vo de alguna distinción acordada en extrailos países, á algún distinguido compatriota: ¡Honor á rieles no traspasaron los límites de la llanura central, no había motivo para abrigar desconfianza.
Mexico! Es este un honor colectivo que abraza á
Pero
deslizarse á modo de reptil ó elevarse en
doce millones de ciudadanos. Y por infini,tesimal
que resulte 1a porción que le corresponde á cada forma de águila, por encima de la cadena de montailas que cerca el Valle, antojábaseuna extrema
uno, siempre es mucho honor para la familia.
De nuestros ensueños de grandeza nos sacaba labor ála que no se daría remate sino á fuerza de
ero, á costa del persistente sacrificio, al que dea:llo por año la iniciativa de presupuestos, de la
que surgía invariablemente un déficit, que, á se- bemos la solución de todos nuestros problemas
m~janza de la mancha de Lady Macbeth, parecía políticos y económicos.
Un salto en el terreno, una depresión en la tieque toda el agua del mar no bastaba para borrarrra,
una arruga en el territorio de un pueblo, lo
la. Un día, sin embargo, el milagro se realizó, y
en medio del repudio de esa vívida corriente que condena á una vida agitada y revuelta. El pasase escapa de las entrafl.as de la patria y que por do del país, el viejo pasado de convulsiones pútan directo modo influye en nuestros problemas blicas, de fermentos revolucionarios, de andante
económicos, el metal blanco,por vez primera la politiquería, se había agazapado en la cordillera.
nación tuvo conocimiento de que las cajas de la Todo pronunciado tenía entonces algo de MahoTesorería guardaban una respetable suma, des- ma: cuando la montafl.a no iba á él, él iba á la
pués de ser cubiertas todas las atenciones públi- monta:ll.a.
Pero el ferrocarril ha nivelado el suelo, ha
cas.
arrojado
en el surco la simiente de la pa.z, y paEs un trabajo algo mayor del que se supone la
sea
su
majestad
de monstruo de metal por la inalelaboración de un presupuesto. Un particular pueterable
extensión
de la República.
de ajustar sus gastos á sus ingresos. El ,Estado
procede á la inversa. Para él, ante todo están las
*
* *
partidas que constituyen los egresos públicos, y
Mr. Bryan, el le_ader del partido demócrata de
sobre estas partidas alza todo el edificio de los
la vecina nación, se encuentra ya entre nosotros.
impuestos.
Es una interesante personalidad este hombre
Puede la intendencia de un hogar suprimir más
facilmente los pequeilos gastos que figuran en el joven por su edad, viejo por la serenidad de su
programa de los placeres menudos, que la admi- rostro y la altura de su pensamiento. Su mérito,
nistración de un país que progresa, la suma des- de esos que esperan una ocasión para manifes.
tinada á construir un camino ó abrir una escue- tarse, lo llevó en las últimas contiendas electorala. Estos desembolsos vuelven más tarde centu- les de la gigantesca república, á la escalinata de
plicados al seno de la sociedad de donde salieron. la Casa Blanca. Un esfuerzo más, y la victoria
Un hombre avaro no hace tan graves dailos á los se habría decidido en favor suyo.
¿Qué hizo Mr. Bryan para alzarse tan repentinaque le rodean cotilo un gobierno que practica la
mente sobre el nivel de sus competidores? Algo
R varicia pública.

LA SEMA~A

..

Domingo 19 ae Diciembre de 1897.
que aman las multitudes hasta el delirio: decirfranca y enérgicamente la verdad, en lenguaje·
osado y desprovisto de oropeles.
Nosotrcs, los que llevamos en las venas glóbulos de caliente sangre latina, no llegamos á penetrarnos bien de esa oratoria austera y graveque caracteriza á los hijos del Norte. Imaginamosque el orador ha de habitar siempre en la región
de las tormentas y que su palabra ha de fulgurar corno una espada de Toledo y herir como un
pulla! damasquino.
Nos causa extrafl.eza contemplar á esos razonadores fríos y acompasados, que van dejando,
caer lentamente sus frases, como .gotas de plomo
derretido, sobre la conciencia del público. Nues-tro tipo de orador está colocado en la cúspide de
la Revolución Francesa; Dantón, :Mirabeau, Saint-Just, son curiosos ejemplares del género. A ocasiones hasta acomodamos el personaje á preconcebid.as premisas, como ha sucPdido con Mirabeau, á quien atribuimos, como hace advertirAugusto Dide, procedimientos y actitudes que
jamás existieron.
Y he aquí por que esa elocuencia de Mr. Bryan,.
en cuya filiación reconocemos la de O'Conell y
Gladstone, de movimientos rítmicos_ y frase severa y reposada, no ha podido despPrtar en nuestro ánimo grandes estusiasmos. Se comprende·
que el leader americano, frente á un grupo humano formado de ciento ó ciento cincuenta mil
auditores, espíritus empapados del concepto del
derecho, para quienes el estimulo retórico es necesario, haya provocado un movimiento de admiración.
Recorred las ardorosas arengas de Napoleón á
sus soldados, y frente á ellas poned las tranquilas
palabras del almirante Nelson, »lalnglaterraespera
que cada m10 cumpla con su deber» y mediréis la
distancia que separa una elocuencia de otra.
Por lo demás, se admiran las elocuencias de
Mr. Bryan, como el natural producto de una democracia de forma irreprochable y en donde eL
candidato vencído ha podido decir al vencedor:.
Os felicito por vuestro triunfo, y nos sometemos.
cá las decisiones del pueblo.»
·
Razón ha tenido el diputado que, en la sesión.
. en que fué introducido Mr. Bryan á la Cámara de·
Representantes, sal~dó con frase afectuosa el progreso de la democracia americana.
Los 6.500.000 votos, alcanzados por el jefe delos demócratas en las elecciones últimas, habrían.
bastado á Harrison en 18°92 para triunfar sobreCleveland, qüe no pasó de 5,500.000 cédulas e11
favor suyo.
Co;no en los buenos tiempos de Voltaire, laluz.
viene siempre del Norte.
•
ÜBERÓN,

:ll)alítica &lt;!&amp;.en.eral.
RESUMEN.-V ANAS RESISTENCIAS DE GRECIA. - LA.

PAZ DE TURQUíA.-LA SUERTE SEÑALADA.-LA TRIPLE ALIANZA.-SEGURIDADESOFICIALES.-ALEMANIA.
Y LOS DISTURBIOS DE BOHEMIA.-LÁ. INDEPENDENCIA

DE Hu_NGRÍA.-Los REYES y LOS PUEBLOS.-TEMORES..
PARA LO PORVENIR.-ALE.MANIA Y fuITí.-EL ORGU-·
LLO IMPERIAL.- CONCLUSIÓN.
Como~una última esperanza, como el que se,
agarra á frágil tabla en medio de deshecho naufragio, Grecia quiere prolongar el plazo concedido por las potencias para la ratificación del tratado de paz con Turquía. Rebelde á lali condicio·
nes de paz impuestas por el vencedor, acaso sofiando en encontrar más amplios horizontes para
los vuelos de su imaginación meridional, resistiendo tenaz á los decretos del destino que la han
reducido á triste condición, trata de prolongarpor tiempo indefinido la declaración de sn derrota; revuélvese desesperada en su lecho de Pro-custo, atruena con sus gemidos las altas cordilleras, sacudiendo las cadenas que la 9.tan á la roca
de Prometeo, y busca en vano consuelo en su
aflicción.
Quiso dar libertad á un pueblo, pretendió hacer _de una ~grup ación de esclavos una congregación de cmdadanos, intentó manumitir á Creta.
del yugo musulmán, que por largos siglos ha pesado sobre los hijos de Minos, y sola en su congoja, abandonada en sus delirios, desamparada

Domingo 19 de Diciembre de 1897.

EL MUNDO.

4.09

.aun de aquellos que la habían alentado en sus
¡Qué cambios observaríamos entonces en el ma- res blanquiscos y siempre muy- claros. E..l oso polar
designios y prometido su eficaz ayuda, se ha pa y en la constitución política de la Europa mo- parece un t~mpan~ e&amp; marcha, el zorro llamado azul
tc,nna E:l matiz semi-transparente y azulado del hielo
visto precisada á inclinar la frente abatida ante nárquica!
en fusión. Rebaños enteros de estos animales circulos decretos del Hado implacable. Por eso quiere
lan sin ser vistos confundidos con la nieve que los 1·0dtia, se esquivan, blancos, entre aquella blancura y
alargar el plazo de su humillación: vano intento
acecl_ian, atacan, huyen: yE&gt;n smna, vivenenseo·uridad
las grandes potencias que deciden de la suert~
Por fin logró Alemania humillar á la débil re- gTac1~s al color de su pelaje que los protegeº contra
de los pueblos europeos y reparten la guerra y pública de Haití. Cuanto pretendía del humilde el pehgro y les asegura el éxito en el ataque. Un oso
la paz á su albedrío, han determinado el triunfo Presidente así en indemnización como en demos- negro en aquell~s regiones seria un verdadero punto
del Imperio otomano, aunque sea sobre los res- traciones de cortesía internacional, todo lo alcan- ~ Dla7!&lt;!0, de f~c~J _cap~ura, y víctima desi"'nada á un
tos palpitantes, sobre los despojos sangrientos de zó por la presencia de dos cruceros armados en mmediato sacrificio; s1 los ha habido hau debido hace
tiempo agotarse dejando tan solo subsistir á sus rivalos heróicos hijos de Maratón y Salamina, que pe- aguas de Port-au-Prince. La resistencia era inútil• les blancos.
learon con suerte adversa en Larisa y Domokos. la intervención americana que esperaban los hai~
Si de las heladas regi~nes polares pasamos á los calInútil es la resistencia del rey Jorge, buscando tianos en su angustia, ó quedó en simple prome- deados arenales del desierto, solo encontramos animaun débil subterfugio en la prolongación del plazo: sa; ó sirvió solo para reducir la suma exigida á la l~s amarillentos1 ó rojizos como la arena ó como la roca
El negro veteaao de la piel del tign1, el oscuro puntila suerte está echada, y aunque se le concediera insignificante de tres mil pesos.
lleaclu
de la pantera, corresponden á la ondulación del
lo que pide (que no se le concederá), sólo serviría
Atravesar el Atlántico en son de guerra; ero- oleaje ó al puntilleo de los montículos de arena· cuanpara prolongar la agonía de su dignidad ultraja- gar gastos de consideración; exponer á los- ma- do sopla el viento,"visto ,el desierto tan"'enciaÍmcnte
da, de su honor de soberano puesto á merced de rinos de S. M. á las visicitndes de las endemias remeda admirablemente la piel ,-eteada del tigre.
En ple~? trópico, bajo los follajes exhuberantes y
las veleidades del pueblo helénico y sujeto á.las que amenazan á los inmigrantes europeos en las
la profus10n de las flores v las frutas, los insectos y las
•vicisitudes de su contraria suerte.
tierras antillanas; presentarse con desmedidas exi- aves son multicoloros, brillantes, matizad:&gt;s. Lot1 éligencias ante una nación débil por supuestos ó abul- t~·os el~ lo~ coleópteros son verdes como las hojas, ama
*
nllos o roJos como los pétalos; maripo:;as ,, colipries
ta.dos ultrajes á un individuo cuya nacionalidad se
**
e~nfunden y ~malgaUJan con ellas, y á"ciérta disha sido siempre discutible: es en suma buscar la tancia no se d1stmgue una flor de Ulla ave. Los loros
Algún periódico había anunciado que los lazos
celebridad por cualquier medio.
y cotorras son fuudamentalmente vt•rdes como el foque atan á las grandes potencias que constituyen
Cuando se piensa que el poderoso imperio de lla.je y suelen llevar una mancha roja ó amarilla en la
la Triple Ali~nza, se habían relajado últimamente;
como la rama lleva una flor.
Alemania se ha empleado en estas pequeileces es frente
En laa regiones en donde el sol brilla y deslumbra
y que esa umón estrecha que por buen tiempo ha -preciso
. convemr
. en que el Emperador estremeci'
menos_ y en donde lo sombrío predomina en el bosque,
detenido la conflagración europea y se ha opuesdo por arrebatos juveniles, _arrebatado por entu- los J?á¡aros se ocultan en la sombra y son sombríos sus
to á las ambiciones de unos y·á los odios de otros,
siasmos extraordinarios y con exceso de -activi- matices; tal pasa con el ~·uiseñor, el zenzontlc, el jilestaba para concluir, dejando expuesta la Eurodad desbordante, quiere emplear de cualquier gero, que esco_nden su vida y sus amores bajo las sompa monárquica, á doblegarse incondicionalmen- modo los inmensos elementos. puestos en sus bras 1el rama¡e; e! cardenal y _la calandria, rojo el m10,
amanlla la otra, siempre enhie~tos eu las ramas aiste á la omnipotencia mqscovita, ó á dejar en pié,
manos por la herencia recibida de sus gloriosos lada~, toman color de flores como para poder ser consin dique de ninguna especie, todos los apetitos, antepasados. Casi á la vez emprendió su aventu- fundidos
con ellas y es~apar, clisfrazados de claveles,
todM las concupiscencias, todos los rencores que ra contra China y su expedición contra Haití: la á las acechanzas del milano.
Los peces y animales acuáticos tienen en su coloapartan y dividen á las naciones del viejo conti- república antillana le ha dado satisfaccíón cumüdo uno de los dos extremos. Bien como la sardlnente.
·
plida; ojalá y la posesión de la bahía de KiaoChao na.,_ el saln:ión, el huachiuango revisten colores viPor boca del baron Von Bulow ministro de Reno le ocasione complicaciones trascendentales en vls1mos,. br_1llantes y ~e cubren de escamas de plata y
laciones Extranjeras del Imperi-0 alemán, hablan- el extremo Oriente.
de oro, o bien son gnses corno la anguila, el pulpo, la
langosta, con vagos refleJo~ verdosos, color de musgo.
do ante la Cámara de Representantes, acaba de
X.X.X.
L.a anémon_a, la estrella ele ¡nar, son verdadera flosaberse que hoy más que nunca es íntima la corDiciembre 16 de 1897.
r~ submarma y se co~1funden á los ojos de los anidialidad y harmonia que une ála poderosa Gérmales de presa con la pmtoresca vegetación acuática.
mania con la inquieta agregación de pueblos y
Estas vane?ades corresponden á los dos aspectos que
e~ agua reviste: ya brilla, se iriRa, chispea como un
naciones que se llama Imperio de Austria Hungría
diamante y en el seno de aquel iris liquido surgen coy la nueva nacionalidad constituida en 1870 por
mo dardos de fuego los peces brillantes v matizados
las armas victoriosas de Víctor Manuel, sobre los
ó ya estancada, opa_ca, g·ris, tiene penmnbras y som~
restos seculares del reino temporal de los Papas.
~ras que son refugio y escuelo de los animalE&gt;s empaYa
en
otra
ocasión
be
tratado
de
entretener
á
mis
Nada significan ante esa perfecta unión los de- lectores contándoles cómo la ciencia moderna explica nados y oscuros. l'or su forma y su color, uria ano·uisórdenes crecientes de Austria, las rebeldías de ·las mú~tiples y_ las más ft~gitivas e.&gt;.:presiones de la fi~ Ja no es más que u°: pliegue más de las aguas profun~as Y un pulpo se pierde y desvanece en aquel oleaje
Bohemia, las aspiraciones separatistas de Hungría; sonomia1 las diversas actitudes ya nobles y majestuo- mcoloro.
el emperador Francisco José parece r esuelto sas, ~a ndicul~s. del cuerpo. los Yariados ademanes y
Esta adaptación del animal al coior del medio en
~·estos que traicionan nuestros intimos pensamientos ,que viv.e va ma~ allá aún. La lagartija, la higuana, el
á arrojarse en brazos del partido alemán, para for- o
que ayudan á expresarlos. En esa circunstancia ha- _camaleon, que v1 ven entre las ruiua~, son color de tierra
talecer su trono al que amenaza la revuelta. Se cía yo observar cuán- fecundo y entretenido resulta
de aspect~ terroso; ~erdes los insectos que viven sopresenta hasta hoy decidido á hacer prevalecer so- ser el estudio de Jo familiar y de lo vulgar de aque- 'b' re
los retonos; amanllenta como la arena es la ci"'all?
que
:por
~star
siempre
á
_la
vista
no
nos
parece
exit.re las aspiraciones justas de los cheques, que
na. Los animales nocturnos como el buho el mur~'iégir
exphcac1ón
y
que
descmdamos
estudiar
en
sus
cauquieren con buen derecho sentarse en el banque- sas :f mecanismo en fuerza de hábito de verlo y de lago, la panter!l nE&gt;gra, son negros _ó somb;·ios.
¿Hay escE&gt;pc1ones á esta reo-la? SI; seguramente; pate de la &lt;confederación, las tendencias germáni- sentirlo constantemente.
haberlas al menos; pero Ya regla 0 ·,meral subsiste
Pues lo qu_e.,p.i.sa con el lenguaje mímico y con Ja rece
cas de los que inspirados por la majestad de los
y puede más tarde encontrarse la razón de que en alexpresión
Jisonómica,
pasa
igualmente
con
otras
muHohensollern, quieren uncir acaso por ocultos decasos parezca fallar.
chas cosas y entre ellas con el color de los animales. gunos
4Por qué esa adapt3;ció::? ¿cómo comprender que el
signios ála hegemonía prusiana todos los pueblos Vemos
á cada: paso á la pintada mariposa confundien- aµ1mal,
como un espeJo, propenda á reflejar el color
teutones.
do los m~_tices de sus alas cou los_pétalos de las flores; de su medio? ,¡cómo esplicar esta influencia del aire del
la
lagarti¡a
ra~trea
su
cuerpo
gns
y
opaco
por
el
polLa confianza del emperador austriaco en los
agua, de la tie~ra sobre_ el pelo, la pluma, la escama' y la
alemanes podrá conjurar las tumultuosas mani- vo de los cammos y escala Ios muros derruidos de las concha? Nada mas s_enc11lo y ya lo dejábamos ¡,ntrever.
construcciones abandonadas; la culebra desenvuelve A medida que el ammal se confunde é identifica con
,festaciones de Bohemia; les quitará á los descon- sus anillos entre la yerba ó baña sus escamas irisadas
tentos el derecho adquirido para el uso libre de en la onda cristalina; el pez despide destellos bajo las su medio se hace fac_il su ".ida, 1!1ªs re~oto el peligro,
mas segura la _subs1stenc1a. Si es amm~l de presa,
la lengua nacional en los asuntos oficiales; tal vez a_g uas y no se no_s ocurre pregunta! por qué esa va- su ataq,1e es siemprEI una emboscada, disfrazatlo y
conseguirá por la violencia que se borre del pro- nedacl en el colondo, por qué esa fi¡eza del matíz se- ocult? por el color _de su medio puede acercarse sin
gún la especie, ni inquirir de qué depende que hava
grama de las escuelas la enseilanza del cheque; animales negros como la noche, otros radiantes como ser visto, acechar sm ser sospechado y la caza es
segura. la alin~~ntación más abundante, la progeacaso logre ahogar en torrentes de sangre las as- el iris, otros rrntados como las f_lores; porqué los unos ~as
m~ mas numerosa. S1, en vez de ser de presa, es presa él
piraciones de un pueblo que anhela su autonomía; parecen ramilletes, los otras p1eckas preciosas y por mismo, presenta menos blanco á medida que mejor se
pero no ha de conseguir que los húngaros, fuert~s qué los hay opacos y musgosos como las rocas y los confunde. con s:u medio, esquiv:a el riesgo con mayor
hay bri_llantes y _luminosos como las joyas.
y vive y se perpE&gt;tua en l!lªS vasta escala.
en su constitución social, enseilados por luengos
Vn abismo media entre el colibrí y el buho entre la sar- desparpa¡o
~raves de los millares de años que hace que la vida
a:llos de ejercicio en el gobierno propio, ama,~stra- d1~a y el pulpo-, entre el oso blanco y la pantera negra. A
ammal fermenta, en el planeta, ha habido tiempo sodos por el buen ulo que han hecho de sus libet- Mientras el banco de coraJ ostenta sus rosadas ó en- br11do para que desapa1:ezcan las ~sp.ecies q\le por rec~ndidas
ramificaci~nes
c~mo
una
vegetación
de
rutades y prerrogativas, arrancadas entre los furobiés, el "f?anco de ostiones sunula un guijarral árido y saltar mucho ~n su medio no han sido capaces de vivir
res de la revolución. cejen.,fáyilmente en sus de- desapac1b\e; en tanto _que e~paso delas cotorras y gua- y de reproducirse, y lo. ha habido asi mismo para que
siciones, que los encaminan primero á buscar la camayas simula una d1spers1ón de flores empujadas por _prosperen y se perpetúen las que han tenido la fortuna d~ reve~tir los matice~ adecuados á la protección
independencia financiera y mercantil, vía segura el viento, el vuelo de los zopilotes parece un desfile de y me¡oramiento de su existencia.
sombra~.
en
fuga
y
mie!)-t~·as
d3;n
ganas
de
engarzar
para llegar á la i ndependencia polítfoa.
. ¡P~r_ece increible que ~m atributo al parecer tan i~en sort1¡as á las catanmtas, vienen vehementes de- s1gn!f1can~e
tenga tanta mfluencia en la prosperidad y
Que se afirmen los juramentos de los sobera- seos de aplastar con los pies á las babosas.
d~ u_na especie, y mas lo parece aún que
nos, que se consoliden hasta donde quieran las
Cu~ndo se bu~ca una aplicación de tan variadas co- pers1stenc1a
e! color de los ammales sea un resultado último y tarpromesas de los reyes: á pesar del orgullo que loraciones, lo p~·1mE'rO que o_curre es que tienen por ori- d10, pero seguro, de sus luchas encarnizadas, de sus
informa todos los actos de los poderosos de la gen una nec1;s1d'.1-d. dec~rat1va, de variedad, de recreo, hecatombes cruentas, de sus acechanzas reciprocas y
y que un des1gmo mtehgente matizó á los animales
tierra, hay que contar siempre.con la voluntad de como el pintor matiza s1~s cu3;dros, para hacerlos má~ .que cuando el buitre dP-spedáza Elntre sus o-arras á la
p_aloma ,verdugo y victima estén trauajan~o en modilos pueblos. Podrán los seilores de la Triple Alian- bellos. Sobre que esta h1potes1s daría poca ó nin"'una ficar
el color del plumaje de sus clecendientes!
za declarár por medio de sus ministros que conti- cuen~a de los_ casos inumerables -en que el anini'al ni
Dn. M. FLORES.
es
~rillante
m
bello
Y.
~uele
ser
repugnante
por
su
conúan en sus propósitos pacíficos; pero si es cierto _J.ondo, una observac1on más atenta prueba que es
como ha dicho el Sr. Von Bulow, que Alemania otra, más ra~ion~ y más fundada, la explicación del
LAS NOVELAS
no intervendrá en los disturbios de su aliada; es hecho, y la ciencia moderna la ha encontrado en esta
Dlt
f~rmula:
Los
_animales
tienden
á
tomar
el
color
del
meposible que la revolución estallando en Bohemia,
•EL
MUNDOILUSTRADO-•
y la aspiración de independencia haciendo explo- dio en que viven.
ExammE:mos desde luego los animales terrestres:
En_ nuE:~tro próximo número quedará terminada la
sión en Hungría, rompan las ataduras y desliguen En las regiones polares, de soledad y de silencio en- pu~licac10n
de «Ensueño de niños• Ya está en prepalos lazos que por largo tiempo unieron á las po- vueltas siempre en un sudario de rueve blancashas- ración la obra_ que ~ebe empezarse á publicar en Enetll.
el
deslumbramiento,
los
animales
son
todos
de
coloro, y que ha sido cwdadosamente escogida.
tencias de la Europa central.

El color de los animales ·

�Domingo 19 de Diciemhrn de 1Rm.
EL MUNDO.

L.Át- ;NQC~~ .BUENA
¡

•

• · 1

t

DAMAS MEXICANAS

ltN ·LONDRES,

Bajo su lluvia de aljofar y bajo los techos
e11sa1.&gt;a1ndos 1 se -ha funuado en el Chri.,tUJM
eote pal'¡;11tesis de·alegna, eu ruedio de la tristeza del rnvierno, sie1H.I0 e11 las tal&gt;eruás l&gt;aéinal v 1:m 1os hogares de las g·eutes de paz una
especie lle agapu, l:'11 que á Ja llama azulada
que euvuel\ e al punding se celebran estas ex¡.,ausione, ingl.-s¡¡:;, sie1.Upre fermentadas t'll
wa~·o\·ó· me11ur cautiuad pur 'et spr1t. Es t!Seuciallnt·11te una solemuidau intima. La ,N¡¡.vi'clad
del 1\1, uwúia y aúu de paloes del Norte coti10
Alemmua, es va{ptl&gt;unda y calleJera, le g·usta
hatir sus tambores y agitar sus panderetas por
calles y, plazas, mienu:as que la .Na vi dad ing·lesa se rn:oge en los bogares, ·con e sus pl'r~ia11as y se 111ega al muu.iu de fuera. como si 111
caráct,·r brita11ico, de ordiuariv gravl:' tuviese
el pudu.r de la alegria. La~ calles de Londres
en el &lt;lía uel Uhristmas, están tau desiertas y
sile11tiusas como eu cual4u1er dowingo.
Algú11 aficionado que t!n el pescaute ele un
óumibu.s va i:autanclo l'arol;;, al mismo tiempo
que hace jugar coJ.1 las 1.Uanos el fuelle-de un
acorJt!ún, a1g·µnos chicos enlatados que van
por &lt;:n medio de la calleó la avenida de uu
parquti, haciendo sonar sus pandl:'ros, y alg·itn
grupo tle.ébrioi; yue, por e~tar clausuradas á
c1enas horas y bajo ptinas severas las t:i.beruas, las trat.\11 ..-n lo~ b11lsillos en forma de botellas y hacen _oir art!ugas ó canta1 es vinosos:
con eso ha. sido 11peuas con lo que por raro
accidente, he visto turbarse la quietud oepulcral de Londres eu tal día. Y toda,·ía, esos cautares acompañados en ...1 acordeón ó so&amp;t&lt;:'ui•
dos por el pandero, tienen algo aemonótono y
lánguido; se canta maquinalmente como ee rcz.a eu un templo para uien parecer, y esos raros cantores me haciau la impresión de estar
dicientlv~ Hoy es Christmas, es precbo cantar
un poco.•
En cawbio, en los hog·ares entre todos se
celebran secretos conciliábuÍos contra la tri$"·
teza de las calles, cómpra11Se á subido precio
ramas y hoja;; de primavera para imprimir una
~onri-a de alegría en la faz rugosa del padre
Chritsma~, y se adornan con ella,; los muros, se
las ent1·etcje á manera de arcos en los marcos
de las pue1 tas, se las cuelga, en forma de
guirnald" s. de las lámparas y se las esparce
a.qui y alli en el suelo ó sobre la. mesa del banquete El laurel, la yedra, y el acebo son cosas
iri&gt;prescinuibles para una casa inglesa en el
Christiua~. Sin ellas una familia creería que
su miseria tomaba los aspectos de una profanación y
el padre empeñará lo que puede ó aún robará para
obtenei·las. Uados Vickens ha atribuido una significación y un yalor ide!ll á esas hpjas en sus cuentos de
Navidad. Élla-s· expresan los rel'uerclos. Siempre con
la misma forma, sit-mpre con el mismo perfume, por'
que la húja del árbol no varia, vienen al fiu de cada
año eu la vida del hombre para hablarle, si,es joven,
de las ig·uales á ellas que vió en el rnismo dia cuando
era niño, si es viejo de las que vió cuando era niño, v
cuando joven; y como la memoria es una facultad que
se pone en 'jpego en virtud de asociaciones de cosas
pasadas con objetos presentes, van desprendiéndose
luego -de a{Juellas hojas los recuerdos queridos, las
imágenes de los séres en· cuya nnión vimos en otro
tiempo á sus hermanas ya marchitas.
Entre todas, la rama del mistletoet tiene una vjrtud
sagrada. Deb_ajo de ella, y asiéndola con la mano, el .
beso que sena culpable se hace inocente. La rama
tentadora pende al alcance de todos, en mediJ del pasadizo más frecuentado de la casa: con una mano al
talle de la lady, y la otra á la rama, la .coml.ln.icación
queda establecida y luego se ciel'ra el •circuito con 11n
besó en la mejilla. El mi;;tletoe es PI · muérdago ó el
i,'ixiurn de'Jos botánicos. Como el Joto, tiene su leyenda enlazada con la del roble, entre cuyas ramas suele
crecer como parásito. Cuando los druida• en su marcha por los bosques le encontraban colgando en ese
árbol sagrado, se detenían á venerarlo: dos toro::: blancos ja1nás uncidos erl!,n traídos al pie del árbol, y 1111
sacertlote de t4,nk-a·fan blancq como sus pies, subia ú.
él y cortabá eón hoz de oro el parásito que servia de
&amp;'uirnalda entre los cuernos de l03 animales sacrificaaos en seguida..
Las propiedades medicinales extraordinarias atribuidas al muérdago, tenian buena parte en la -reverencia de que era objeto. En el viejo salón se le llamaba hall heal ó cútalo-todo y :;e le usaba especialmente
contr~ el CJffenenamiento r la esterilidad. Los iuglese,, sajones nuevos, tan super:;ticiosos como los antiguos, ya no administran á sus mujeres ,en bebida las
hojas del mitletoe para hacerlas fecumlas, pero han
vinculado en esas hojas virtudes análogas, empleándolas en cierto clia para protejer los besos, en cuyos
rumore; resuenan los preludios de la ~eneraeión.
El tin.&lt;J ting de las campanas de media noche, los copos cayl:'ndo, el césped de los parques perdi(•ndose á lo
lejos en horizontes pálidos semejantes á un mar de espuma, todo,. hasta las tarjetas de .felicitación con cromos alegru:icos colgadas en todos-los l':;eaparates, derraman sobre la Noche Buena de Londres una poesía
inolvidable.
Particularmente, el Christrnas pu lding sirve para
unir en una emoción común las mil emociones melancólicas de la Noche Buena. Yo no se á punto fijo cuántos ingTedientes entran en la formación de ese manjar t1m múltiple como nuestra olla; pero sé que la comunión material de sus pedazos implica en Inglaterra otra comunión más alta de sentimientos y ele afec,ciones.

Señorita OOerceaesUrrea.
DE JIIAZATLÁN

Domin"'O 19 de Diciembre &lt;le 1897.
~- cuando ya sólo qu~de un bomb~·e sobre lafa_z
ele la tierra, tendrá siempre un Jum110 de gratitud y de amor para el que nació, vi,·ió y murió
1ior Ia humanidad.
Por esó es que el dia consagrado al recuerdo
de la Navidad hace palpitar e11 el corazón emo•
nes profundas que á todus partes se transmiten
con clamoreo dt1 regocijo. Olvidanse las amarga~ tristezas, cotidiano alimento del espíritu,
v como si los ángeles que vinieron á Bt&gt;lem
aletearan en torno nuestro r nos besaran á los
labios; y como si la estrella de los Reyes Magos se encendiera de pronto en el cielo de la
vida abrimos el santuario de nue~tras afecrion~s mas puras ~~ oficiamo~ en él con la
hostia eterna del amor.
¡Navidad, Navidad_! Cuando niy¡os. nos das
ta dkha en dnl~e~ y ¡uguet~s. h11¡0 el _:nh_ol de_
Noel: cua11clo jov.,ne¡; la fehc1dad eu 1lus1011e~
durante el baile ck la última posada y cua11do
viejo~ nos cali&lt;'ntas el corazón cou el baño divino de la;; memorias gratas!
Aturde el retintin y el redoble de 1, s panderos· vibran las músicaR con inusitados acorde~
ele 'contá~ioso regocijo. agrúpallhe todos lo~
más quendos seres del hogar en torno de la
me~a, se piensa un poco en los muerto~ y_ los
auseutes y se suspira por ello!l; pe~·o los ,·1vos
H0S ven con ojos de · amor, nos piden que no
turbemos s1t alegria y sin sentir nos a.legra.nos también.
Oh! Navidad, Navicla~ rejun~ere&lt;lora ..._. ..
Pasarán lo~ 11ño,. y los swlos y mientra!\ ex!sta la humanidad traerás ~ su seno la dulce uuel
de la ventura.
A, e~taba e"crito. Debía nacer para el mundo el' hijo de Dios en humilde cuna, rodeado d_e
pá,tores en o~cmó !·in_c~n, desde dondn surg!rian como ,oles de mfrn1to,; destellos, la subhrne libertad, la di\'ina paz, la cari!1,_ad C&lt;'lc~te.
Sonriendo en la cu11a cuando nmo, nos enseñó el Cristo que ra felicidad má~ pura est_á en
la inocencia; _,, luego, se quedo en la tien:a,
entre 10·1 hombres partiendo con ellos sus _tns
tezas y echando gotas de nectar en el cáliz de
la amargura.
¿Pero á que recordar sus luchas, ses combate!\ sus duelos Y su tremendo sacrificio?
El dia de Na\'idad no es de lágrimas sb10 de
sonrisa~.
Lo;; cielos ~e alegran cQn el hossana de los
á11g·eleB que pregouan la gloria de Dios y la
paz del mundo.

í

GLORIA lN EXELSIS DEO.

[Fot. de Cataft~,l

Yo conocí en Londres á una señora ya anciana. cuva hija casada había partido con su esposo hasta la remotisima Nueva Irlanda, de donde no habla vuelto
después del quinto año d~ su partida, en 4ue conoci á
la madre. En todos edos años de :;eparación, con una
.anticipación de cuarenta.días de cada_ Noche Bu~na,
soUa la señora enviará su hija un Chnstmas pudding,
.por ella cocinado v empacado cuidadosamente pa_ra que llegara sin daño á la joven él día misuo de ~a
.Noche Buena. Era éste su unico consuelo en med10
de la tristeza que la consumía por el alejamiento de
aquella su hiJa única qué la había dejado ca~i sola si11
otra compaííia· en el hogar que la de su marido a.cha.coso. Lleo•ó lá Noche Buena de 1873 y comi con la señora á wi'a misma mesa. Cuando so sirvió el pudding
_y empezó á arder en el alcohol en que nadaba, ella,
que había guardado silencio,. ~nterrngó á .s~ marido
.tristemente. •Nuestra pobre h1Ja ¿habrá rec1b1do y estará comiendo el pudding?»-«Si que lo estará• con.testó tranquilizándola. Y al misu1;0 tiempo obs~rvé qu.e
las lágrimas a~olpándose á los OJOS de la anciana, bañaron sus mejillas cayendo algunas sobr,e el plato. El
'.dolor contenido durante un año, brotaba al fin en el
.jugó consolador de los _ojos, y qui~á al propio ti~mpo ~u
un rincón de la Australia, á tres mil leguas de d1stanc1p.
una joven lloraban también ante un_ plato. Y sentí como si viese que las lágrimas de la h1Ja y las de la ma,dre se comunicaban á tanta distancia por medio de
los trozos_ del pudding.
SALVADOR QUEVEDO y ZunmTA,

NUESTROS GRABADOS
LA NAVIDAD
El Dante en su poema divino, que ha pasado de ge·nerac1ón en generación como modelo de bdleza, ex.plica de .este modo la Encarnación del Divino Verbo y
su Navidad:
«Por no haber sufrido el freno impuesto á su ·volu~·-tad, que le era tan provechoso1 el hombre, que no nació como los demás, se condeno á sí propio, y condenó
.á toda su descencia, por lo que yació enferma la especie humana y sumida lar~¡-os siglo$ en profund,1error,
hasta que se dignó el Veroo de Dios bajar al mundo,
identific{rndose por solo un impulso de su eterno amor
. con aquella naturaleza, que se había divorciado del
. que la crió.•
Este fausto suceso de la venida del Dios-hombre al
mundo, es el que se representa con religiosa inspiración en nuestra página artistica. La Virgen Madre y
los áno-eles, en extática y muda adoración, contemplan aY que más tarde había de asombrará la humanidad con el poder de su palabra y con el ejemplo de
sus virtudes . .
Cerca de veinte siglos hace que, &amp;ñl) por año, los
pueblos cristianos celebran con entusiasmo y alegria
la Navidad del Salvador; y pasarán más y más siglos,

HACIA EL CIELO
Al&lt;&gt;'ttnas ,·eces se descuida San Pedro, ~· en vez de
salir"'para echarse al num_do las almas comtme~ y corrientes destinacla8 á ammar cuerpos human.os, se le
escapa ~lo·ú11 áng·el del celeste coro, que qwere venir á probar có.mo andan las cosas de este pobre planeta. y ·qué aleg·ria para las casas á donde lle~-a un fu·
crith-o Je esta calidad! Los padres de la criatura se
. fienan de un extraordinario régocijo y de un amor extraordinario· y el 11iño ¡naturalmente! es muy bello, bellisimo, por que. traspasando s_u envoltura c~rna~, le
· brotan ele los ojos y de los labios y de toda:s partes,
efluvios de g·loria.
.
. ·como en el cielo no corre el tiempo, conoce Sa1? Pedro la escapatoria y desde luego procura ~-e~1ed1arla,
pero aquí ese desde Juego se vuelve meses o anos, pues
la medida de nuestros dias es muy cor_ta y el mundo
o·ira con vertiginosa rapidez. El angelito entre tanto,
te ha encariñado con sus padres por que ¡_pobres! s~n
tan buenos y le ~man de tal mod?, que de¡~rlos ser.i~
una falta de caridad; y cuando viene el e~viado celes. te· hav formales resist.e ncias para la partida.
· -Mira: vámonos pronto. ¿Que acruar_das aquí e,n este
•mundo tan lleno de amargu1·as y a'~ tristeza~, . tu 9-ue
tienes por patria el cielo Y. por destino la fehc1daq?
-No quiero irme, no qmero!
.
-¿Lo ves? Ya está~ llorando. Aquí se llora siempre
y allá se canta y se ne.
.
r·
-Lloro porque los amo, y 11:1e duele ~eJarlos. ¿' ieras? mamá y papá son tan fehces conm11;~ .... - y yo ...
la verdad, cuando me están he\an~o también bOY fe. liz, asi, al modo que se us~ en !ª tierra, y vamos ... qne
no me quiero ir, no me qmei;o 1.r.
_
Y el niño se baña en lágrima;; y grita entre sue!10s
v te ataca una enfermedad y se pone descolondo.
burme pq_co, deja de ~omer, sus_ carnes se van, y ~oto.
le queda Yicla en los OJOS esos o¡os llenos del amor ~e
los án.,.eles que aurr centellean con fulgore~ de glona •
,Cad~ nodhe se repite el combate. El enviado reclama y el niño se resiste y llora, basta que una. madrugada, desl?ues de haber luchado mucho mira f&lt;~S padres, suspu-a y ......... se Ya! No; se lo llevan a t~aves
de tos e~pacios á la gloria: r aquí , aquí quecli.n qmenes
de,sde ese instante todo lo ven negro, y solo alegra su
memoria el recuerdo de que los acompañó por l&gt;reves
dias un angel del celeste coro.

:t

Nuestras páginas Wusicales
No obsequiamos con este número las que
habíamos prometido, por que se descompu-o
la máquina "Rauter·· que po~eemos. Pero
eri el próximo número pallarán nuestros favorecedores las mencionadas páginas.

t

EL MUNDO.

411

�412

EL MUNDO.

Domingo 19 de Diciembre de 189?

Domingo 19 de Diciembre de 1897.

413

EL l\IUNDO

Las fiestas de Cnernavaca

PLAZA DE TOROS.
En la plaza l11ciendo como una alfomlmi
De variados colores, campo floriJu
Que e,;tremt1c11 la brisa, se vt1 en la so:nur.,
De mautoues flamantes el colvridv.

Fiel á ~u promt&gt;~a PI SC'iior PrPf.idPntt&gt; de la RepÚ·
blica asi~tió al atto ofici 111 d&lt;' i11aug·ui.1ció11 dd Ferro·
carril de C11ernavac11, yue t-~raha ¡,n•parnad de modo
que reincidiera cvu vtras llob in;rng·uraciones: la dd

Grandes como una estrella rai;gad ,,s ojo3
Fasl'inan con t'.I brillo dtt los puiiules,
Y lascivos ,10nrlen los labios rojos
Que la miel humedece de los panales.
Como enjambre revuelto de maripo1,;as,
Con s11R alas de seda, los abauico~
En mo1i.0ri de azabache mt1c..n la~ rosa-&lt;
Y eu Ju,; pecho,; rt1dondo,; t1m:ajeri r,cv,
Sale ru.,.iendo el toro; resuen·t un ¡br 1vo'.
l\fira A la ~uuchedumbre con ansi" im¡11ieta;
Rasca enarcando el dorso, le,·a11t:t el rat&gt;u,
Rompe sobre el torero como sana,
Pero con garbo airoso que a todo• pa~ma,
El torPro st1 escurre cou hAbil su .. ne,
Y como Ps una lidia qut1 lo Pntu~ia,-11,a
Tit&gt;nJe otra vez la capa: reta á. la mut1rte.
Al sol, dPntro la 11rena, los resplan,lore,;
Ful &lt;&gt;'u nm d" brocados de pla t,t ,Y on ,;
Tro~an, la pica en ristre, 108 pirndure..;,
Y las cintas flamantes sa..:ude el toro.
En cada nueva suerte bufando ;:alta
~l morderle en las carn-es la bandt&gt;rilla;
Llega el espada y lueg-0 su furia exalta
Con pases dt1 muleta que roja bdlla.
Tl1EN JXAL'Gt;J:AL El\ LA ESTACIÓN DE ALAl:CÓN

conm•Fl.

)IAXl'EI. AJ.AIJCÓN,

&lt;J,,b&lt;,rnador de Mo,elo~.

Salón de Sl',-innr~ d .. J Congr&lt;&gt;~o local &lt;&gt;n t 1:intio-uo Pa.
lncio dt1 Rrl'ltán C11rtf'", ." la de 1111 l11c;il :11np1¡'o y .,Jp.
g11n~e para las E•l'lll-luB Ceutn,les d0 lmtruccióu pri•
mana.
Con el fin clr fe~tPjar la Yisita c!Pl S&lt;&gt;tior General
Diaz, los galantes c11rn:ivact111,-c:s org-a11bmron una ~u•
resión d .. fie:stas 111flg11ífit:r~, yue la pr .. nsa diaria ha
de,-crito minucio,a11H•111 e. Fu~g·O!; anifwiale~, paseos;
bailes~' bnnqtll'U'"· e,tuvi.-ron cli•~11,,:s de la devadá
pt&gt;rsonalirlad á 11uien :s., de&lt;lil:aro~.
Del baile dado en el tPatro ~e n•firrrn maravillas:
parece 1m cuento orit·ntal la &lt;ll•s1·ripció11 &lt;le los ador•
nos, de la concurrencia, de la 111úsica, tvuo ideal, ar•
tístico y encantador.
Pero lo quP •·n e~tP úlrimo Yi:ije dl'I St&gt;ñor PrP·
i;idente ha tenido una siguifkación míis dig·ua de ser

tonrnda Pn cuPnta, es el estreno d e la c11rn p:irn Escne•
J.r,- Ce111ralt-,;, p11r4ue Pst"' acto ha dado oport1111idn,l
para 4u,· p11t&gt;dau ~er apret:iados los ad1•la11t&lt;'~ del E~ti.l.·
uo dt&gt; .\lornlns t1u ,.¡ Ramo de Instrncción l'úblita.
El St&gt;11nr Gt-neral lJíaz en Pl 111om1mto dt•, la inaug11·
ratií111, prm,m,ci.-, el si¡.:uiente brt-v1· dis1·ur~11:
Hoy, lid,• Dil'ic111bré, queda i11aug·11rado 11l lo0al qn,:
0&lt;'11pan las Est:ut&gt;las centrales, prototipo ~· rnodt&gt;I 0 d11
toda~ las escudas que hay eu ciudades, ,·iila,, ,· ahlcfü;
del E,111&lt;111.
•
E,tn ¡,n11•hn eddPntisima de ail!'l~nto ~ig-nifka cnán·
to alcanzan la virilidad y cultnra del EstaJ1»dt1 Mon··
lo~. tuda, 1•.z qut&gt; el padi·ón de eRta e11titla,1 noi; da ít
convcer el gTandisiwo factor de la uii'íe;,, que se ilu:s•
tra.
•
Pue1le ~l'ntirse orgulloso el Estado de M-orf&gt;IOR de
po~uPr e•tabletimieutó semejante, do11dt1 nis ltijoR pne·
dt&gt;n hallar l11s 0 -randes elemeutos que 1wcr~itan p:ir,t
e111pn·11dt'r .J:,1ucha por la vida y llegar a ser honra•
rlos ~· ,·:ilientes ciudadanos, honra de i;11 p,.tria y
i:_o,tén de ~uR instituciones; y para l:.iR uiñai;, la Pn~i:·
na11za q1w laR forma honradas ,. dignas de ocupar
más tarde el prefen:nte lugar
,.. do cspo.,as .y madi-es.
*'.*
Y:i cll'sdr la épora del Gobierno il&lt;&gt;l Sr. Prrciaclo, Rf\
había comi,grado á la ensuñanza de la niñez y la ju•

PALACIO.DE CORTÉS

ventud una atención especial, y ahora se ha llrgado ali
PXtre1110 de qtw e11 l11:s t1sc11ela:s dd ¡,equ&lt;&gt;ño Estado del\lor.,Jos que ~011 dosci1·11tas sdt-11ta .v t.-e,;, hay iuscri·
tos die,,.,. nLteve 111il alu111no,i. Estv habla muy alto en.
favur de· a4uel E:sta1l&lt;.1.

***

Profunda d,•be habrr "ido la impresión que sintió el
Sl' il"r Gcueral Dia;,, al entrar al l11,-,órico Palacio que111a11dó co11strnir t:11 los ,iombrio:1 bosquPS de la tierra,
talit·11t11, ••I audaz con&lt;¡uista,lor de la Nueva España.
H:t d .. halwr rrai,lo A RLL i111ag-i11:.ició11 el Jefe actual dela füyúl!lil·a, ltJs tiempos de Juto y amargura en que·
Jo~ 1hoscs, lo,¡ empt&gt;radores y los p111•bJo, al!ofí"·e11e,;
cayerv11 para no leva11tar~t1 mits; PI largo perl11~0 del;~ 1.:ou4u·1sta; la,; guerra,¡ de indt'pet\d,·ncia .'·,de prin•
c1p10~ que han e11,a11grt&gt;ntado el pa1s, y ptJr último la.
¡rn;,,, fuc1,1 e de dicha~ .v orieute de pru~¡,eridade~ la
paz y la libertad y la democracia, qu" J., diero11 motivo.
par&gt;&lt;. ir A pre~idir una sesión del Cvng-re:so de un pue•
blo hbre, en el local mismo 1m que habitara, altivo y
omnipotente, el primer domiuador extraiio de est1 pue•
1,1,,.
El palacio de Cortés es uno de los edificios mas im•
portantes del país, por su interés histórico. Los cornavacrnses han dado una prueba de buen se11tido conser•
vando la severa sen1•;llez de su fachada, que traduce-

mu,v bien el caracter de la época en gue fué construí•
do v el destino que se le dió, de residencia señorial.
Otto recuerdo encierra de valla para los mexicanos, y
es el de haber sido aunque por breve tiempo prisión
del gran insurgente a quien sus enemigos llamaron:
"El rayo de la guerra." En uno de los departamentos
del !'alacio, hay una ancha lapida de mármol con esta
inscripción:
•
"En este lugar estuvo preso los dias 6, 7 y 8 de No•
viembre d&lt;&gt; llilÓ el General José María Morelos, Can•
dillo preclaro, Héroe de la Patria, defensor integén-i•
mo de la Independencia y cuya sang:re derramada en
un patíbulo fecundó la santa causa ae la libertad me•

La hoja relampaguea .........! terrible y fiero
El toro queda inmovil y se contrae;
Y no bien se ha lanzado sobre PI torno,
Como al golpe de un rayo oin viJa cae.

xi cana.''

Frente al Palacio se halla el nuevo jardin "~fanuel
Alarcón" cu va construcción data de tres meses á esta
parte v fué tl'rminada recientemente, á efecto de que
(ll esti~eno coincidiera con la inauguración de las otras
mejoras materiales de la capital del Estado y la de la
via ferrea,
El jardin rs de estilo in~lés moderno y, sin género
de duda, el mejor y más e1egante de toda la ciudad.
Las fiestas de Cuernavaca han sido de verdadera
sig·nificación para el Estado de l\Iordos del cual dijo
ton razón el Señor Presidente: «Ahora es cuando , n
tra , n la via franca del progreso, en el periodo m:\s·
impo1 tan te de su vida comercial y agrlcola, con la inau•
g11ració11 del camino de fierro qu·: va al Pacifico, que
J., ofrece facilidad para la circulación de sus produc•
tos.•

*

**

Debemos nosotros agregar que tan vigorosos ele•
nwntos de vida, aprovechados, impul,;ados y dirigidos
¡.. ,r un gonernante patriota y discreto corno lo es Sr.
c .. ronel D. l\Ianuel Alarcón, servirán para que en be•
1wf1cio de la República toda prospereMorelos y llegue
á las más alas cimas del pi-ogreso y la civilización.

Fl:El\TE EK EL JARDD( DE BORDA

Descienden los sombreros sobrP In arena,
Y los mantos fulguran como uno~ sole~;
La'inú.sica..en· aeordes-alegre ~m·na,
Y atrueua. el clamoreo dt1 1bravv~! y ¡oles!

o

Al radioso cqn junto de aquel mosaico
Que palt&gt;ta de Goya parece fres1·a,
O bi ..n chiporroteo de a rco voltaico
Yo siento que la sangre se ine refresca.
Cuando en áureos ensueños la luz me bafia
Y miro la sandunga de la manol:i.
Si pienso en la gloriosa, la madre E•paiia,
Pienso con más ardores en la espmfola.

J. A. DEI.GDO.

s:!a esposa m!sti ca.
Pálido el rostro, palpitante &lt;&gt;I ~rno
Y envuelta en tocas de mode;.to lino,
Ame el altar del templo bizantino
La última vez la vi, d&lt;' pena 11(•110.
Sus votos fueron para ml, l'I Yeneno
Que á emponzoiiar mis Uusio1w, ,-iuo,
Y al profeimr, por el amor diYi110,
Rompió los lazos del amor terrC'no.
Ya es esposa ele Dios- dijo la gent,•,
Y cl!n acento lú&lt;&gt;'ubre tañia
La campana en Ya tone lentam('nte.
Yo quedé solo en la capilla urnbria,
Y al doblar ante Dios mi alth·a frl·nt1•, .
Tuve celos de Dios ¡Ya no ern mía!
SANTJAGO IGLESIAS.
LOCOMOTORA QüE REMOLCÓ EL TRE...'I L'IAUOUltAL

PLAZA PRINCIPAL (ZÓCALO)
ARCO TRlt.niF AL FRENTEAL MERCADO

·,

�Domingo 19 de Diciemhrn dn 1897.

{15

EL MUNDO

EL MUNDO,

Llco-ó el 16 y la sala de la casa de Elena estaba iluminada, y á las ocho en punto llegó el de la arpa con
l'erez y la mayor parte de los vecinos.
Elena se arrodilló y comenzó las oraciones que eran
interrumpidas por copla-1 cantadas, en las que la voz
de Perez sobresalia, pues era la de canta,· una de sus
habilidades.
Perez era músico de guitarra ycantaba canciones
amorosas en los estrados; Perez cantaba Y tocaba la
g·uitarra, acompañando al de la arpa, y un'coro d(i voces gritonas y &amp;'utural ·s, destempladas y desacordes
seo-uía á la música.
-E1eg·ó el momento de ponerse en pié y de encender
las velas, porque se iba á entonar la Jetan la~· á salir la
procesión: multitud de muchachos tocaban pitos de caña que nada tenia11 de melodiosos, y la procesión co•
menzó á desfilar. rompiendo la marcha los muchachos
después los convidados de
dos en dos, en seguida un
grupo de ~eño• as granrles
rodeando á Elena, quien
llevaba la J)rimera voz, después Chucho el Ninfo tras
de su mamá con vela de cera, atrás la~ andas con los
santos pert"grinos, y l'erez
y el de la harpa cerrando
ia marcha.
La procesión reco,.rió toda la casa. cantando la letania, hasta que lleg·óá una
puerta detras de la cual es•
taba un grupo de cantores
que iba á recibir la posada,
lo cual quería decir que iba
á dar hospitalidad ii los peregTinos.
EntabJói,e el diáloo-o consabido entre prt'tenaientes
y donantes, y al fin, i,egún
todos lo ,abían, se abrieron
las puertas ¡y aquí fué tro) a.
Perez y el de la harpa tocaron diana: los muchachos
~ritarou á reventar, y toctos se desmorecieron de
gm to porque llegaba la hora de ln Colación
La vecina á quien le tocó
recibir la posada, obsequió
á ta concurrencia con confites, cacahuatesy tejoco~es
y í). ·los muchachos y criadas, que eran muchos, les
arrojó al suelo el resto de
la colación.
Los muchachos v criados
Fe retiraron de la' sala con
su botín, y las per.onas serias quedaron instaladas en
plena tertulia, pun,ruente
profana.
Elena v Perez cantaron
una canción de e~trado sentimental v romántica, de largas y so"stenidas fermatas
que causaron laadmirac•ón
de las vecinas.
En seguida el de la arpa
cantó una tonadilla con voz
do sochantre, que dió mucho que reirá la concurrencia, hasta las diez de la noch e, en que cada uno tomó el caruíno de su vivien- .,. ,, ,.
da.
A nadieseleabria la puerta de aquella casa después
de las diez de la noche; pero Perez era el hombre feliz
v te1úa buenas y antiguas
i·elaciones con la casera.
quien protestaba que solo
al señor Perez, por Rer Perez, le abría la puerta.
Las vecinas que iban á
recibir la seguuda posada
celebraron un importante
concilio á fin de quedar me
jor que la vecina de la noche anterior, y decidieron
ihtfinar el pat\o con faroles de papel.
Nuevos convidados aumentaron la concnnencia y
esta noche además de la parte líríca desempeñada
Elena y P_erez con e~ No procure.~ _v el de la arpa con
sus tonadilla~, se ba1 ? :una cuadrilla, pu'cle entre tos
nuevos convidados vm1eron cuatro pollos val o•u nas
P&lt;?llas más engalanadas de Jo que convenfa á Jo humilde y pobre de _aquel.la concurrencia.
Durante la~ primeras noches aquellas posadas no
habían llamado la atención, pero' poco á poco se fueron
aumentando y al de_ 1~ arpa lo sustítuyó una música de
baudolon~s, y se ad1c10naron á la colación :ctlgunas botellas de licores y alo-unos bizcochos.
Hechas las am_ístades en las primeras noches en las
~ubsecuentes remó m:i,[or animación y aleg-ria, 'hablan
mg1;esa~o algunos.m1!1tares que. conocian á Elena; se
hah1a cm?ado de 111V1tar, escogiéndolas A propósíto
pollas. b:11ladoras, aptas y bonitas; de manera q11e 1¡
~ertu)1a iba cobr_ando 1'.lás_y más animación y el baile
iba siendo el obJeto prmc1pal de las reuniones.

por

Unos oficiales convidados pidieron una noche que
les fué concedida, é introdujeron una verdadera revolución.
-Esta _noche será cosa de no po'1erse presentará la
posada smo con guantes, decia una vecina pohre.
-Todo lo han venido á echará perder-los oficiales,
si con razón no puedo ver á los soldados.
-Ya ésto se volvió de tono, exclamó otra, yo"ª no
puedo competir con la, que. vienen.
•
-E, tliste poner.,e uno en evidencia.
-¡Y tan bién que f&gt;mpezamo~!
-Pero ya Yerá usted, los oficiales van á echar el
resto.
-Como que son tan garbosos.
-Pues yo si voy, ya pedí un vestido v un peinado.
-Pues yo no; que no están los tiempos para lujos.
Ya maudaron dos caJas con botellas. los oficiales.
-¿Qué dice usted no má;1? Esto va á ser una borrachfll•a espantosa.
E[ectivameute, á las ocho de la noche la casa de Elena estaba inconocible la concurrencia difería ya e8en-

cíalmente_de la d!3 _las primeras noches. La misma Elena se hab1a perm1t1do ponerse un vestido transparente
y una rosa en el peinado.
·
No ta_rdó en oírse t'll el patio una estruendo-sa música de viento, y toda la casa se estremeció como con
una descarga eléctl'ica.
Comenzaron á entrar los convidados y las señoras
venian e~ta noche i:nás apuestas y engalanadas que en
las anteriores: oficiales de riguroso uniforme pollos
con guantes y muchas personas de~conocidas.'
Todo lo 'que el rezo y las oraciones perdían en aquella noche en f~rvor y escrupulosidad, ganaron la procesión y el baile
,Elena, q•!•' si&gt;gula_ll_~vando la voz en el rezo. sincopo las or~c!on~s, om1t10 Ave Marias. y todo lo hizo con
una prec, p1tac1 ón desusada.
. Los oficiale_s obsequiaron á la concurrencia-con precio~~~ c11na~t1tas con dulces finos, y después hubo profus10n de bizcochos y licores.

El baile estuvo animadisimo·y la concurrencia se entretuvo hasta las dos de la mañana.
Los oficiales anunciaron oportunamente á Elena, que
.
no habían querido privar á su coronel del placer de
aquella posada y que le hablan invitad,, por parecerles á la vez un acto de buena educación.
-Han hecho ustedes muy bien, contestó Elena dándose por muy satisfecha.
A poco rato se presentó el coronel1 venia también de
uniforme; era un soldado de la republica, un hombre
como de treinta y ocho años, trigueño de buena barba,
mirada de águila, buf&gt;n porte y aire marcial; y con ese
de~parpajo y naturalidad del FOldado que ha corrido
el mu~do saludó graciosamente á Elena dándole la
mano.
Esta co~turnbre no estaba por entonces muy exten&lt;;lída, e~pecial.nente en la cla~e media: tanto que se
consideraba como desatención ó como una libertad impt'rdonable dar la mano á lvs señoras.
Pero á Elena no le pareció lo mismo sino muy al contrario: encontró aquella acción muy natural y prueba
de una galantería de llllen
gusto.
-¿Me permite usted,Ele.na, dijo el coronel, que tome
una noche de posadas?
-No queda ya más que
la noche buena.
-La Noche buena es de
todos, dijo uno.
-No, sinomía, dijo el coronel: la Noche buena me
pertenece, y aquí se bailará por mi cuenta hasta el
amanecer.
- Lástima que la casa sea
tan chica, dijo un oficial.
-ParaelCoronelFernández Aguado no hay dificultades, exclamó el coronel. Ese es un tabique de
pipiripao y en mejores murallas he abierto brecha. Se
tirará el tabique. ¿De quién
es esta ca~a?
-Del convento de la Concepción.
-Madri~al, e.l ma;rordomo, es amigo mio; tiramos
el tabique mañana y se levanta al tercero día.
-¡Qué viva el Coronel! gritó un pollo ahogándose de
felicictad.
-¡Qué viva! respondieron
muchas voces.
-Y el comedo· ,¡oh! el-comedor aqui; el corredor es
ámplio se cubrirá con lienzos y se_pondrá a9ui el comedor. Capitán Nuñez, mañana una fa gina; se trae usted unos muchachos que
trasporten ramas y las fundas de los carros.
-Está bien mi Coronel.
-Pel'O señor coronel, objetó Elena, ¿para qué se mete ustetl. en estos gastos?
-Señorita, dijo el Coronel picado, ustedes la reina
y merece. no lo que yo ha~o por usted, sino que se baJen las estrellas con lamano para que usted les ponga
encima sus piecesitos.
- Pues no faltaba más.
cotinuaba el coronel á
quien no faltaba ni o-arbo,
ni dinero, ni amor. ':fülena.
se volverá la casa de arriba
á abajo, pero le probaré á
usted que cuando el coronel Fernández dice una galantería, la sostiene con su
bolsa y con su espada. Es
usted muy linda.
La reunión se disolvió
aquella noche, resolviendo
queá !anoche siguiente no
habría posada, por no ser
compatible con los preparativos para la noche buena,
~. las seis ele la mañana siguiente llegaron u.nos albamles y algunos soldados enviados por el coronel
Aguado.
Al mando de Perez, los soldados vaciaron las piezas, trastornaron los muebles, y á poco comenzó el derrumb&amp;
·
En dos horas habían desaparecido hasta los escombros; y un pintor iiualaba la decoración de las paredes.
Los oficiales de1 cuerpo de Ag·uado, eu un trajin
verdaderamente militar, iban y venían acompañados
de sus ordenanzas, trayendo y llevando muebles, al- ~
f&lt;?mbras, candil.es, vajillas, faroles, cajas de vino, me
dio mundo en fm.
Los oficiales improvisaban un verdadero jardín en
el corredor de la casa, armaban las mesas para la cena, colocaban faroles y candiles, columnas y candelabros, y por toda la casa se difundia el olor peculiar del
pinabete y de la lama fresca, olro que á los muchachos.
les hacía exclamar: huele á Noche buena.
JOSÉ T. DE CUELLAR,

.

( FOTOGRAFIA VALLETO.)

·'

�Domingo 19 de Diciembre de; 1897·

EL MUNDO,

nas de pudor, tiéntalas repetidas veces y podrás caminar sin que el monstruo de
Curú-guarimio logre sus infames deseos.
Zapinda se inclinó, besó la mano de la hechicera y salió de la cabañA confortada y alegre.

IV.

[TRADJCION TARASCA]

Serían las dos de la tard~ del dla siguiente, cuando Penáhpensti dijo á. Zapinda:
"anda á traer agua á Cutzio."
La doncella pRrtió, pero antes de emprender el camino acostumbrado se diri,ió al bosque de cuirindales y restregó con sus manos las ramas de las sensitivas,
cuyas hojas se plegaron temblando, como lo.; nervios delicados de una virgen, al
sentido~ primeros efluvios d-el amor.
Entouce¡; prosiguió su camino. Habla llegado á un bosque de pasotas cuando
se vió presa eutre dos nervudos brazos y siutió en sus mejillas la asperez~ de un
rostro feroz y la respiración candente de una boca próxima á estallar en ósculo inmundo. Zapinda lanzó un slli!piro de infinita angustia, sus ojos se nublaron, y
apenas latía. su corazón.

I
Zapinda, era una niña de doce años, pero ya toda una mujer porque en la
tierra caliente las jóvenes alcanzan muy pronto su pleno desarrollo, As!, nada extraño parecerá que la doncella India fuese una esbelta ..nuchacha, de formas mórbidas que, como dice el diccionario de la lengua apareclan blandas y suaves. y si
hemos de creer á la tradición, Zapinda era la may, r hermosura que habla en el
entonces reino de Coyucan, capital de los Huetama, una de las cuatro tribus aliadas del imperio de Michoacán.
Empero la niña era muy- de8graciada, porque vivia bajo la féruln ele Pendh
pe:nsti, su madrastra. Lo menos que hacia esta infame mujer con Zaplnda Pra obligarla~ i¡: hasta Cuitzlo, distante casi media legua de Iluetamo, á sacar ao-ua dél
rlo pretestando qu.e era insalubre la de los pozos del pueblo. Nada import:ba que
el sol lanzase sus rayos de fuego ó que la tierra se envolví ese en inieblas, la uiña
llorando, emprendla su camino, ora expuesta, de dla, á los rigores de la insolación
ora temiendo, de noche, la voracidad de los tig1 es.
II
Mientras Zapinda no había salido de la infancia eran aquellos los solos peligros que la amenazaban; más llegó para ella la época misteriosa en que las jóvenes, sobrecogidas de estupor. sienten como la crisálida cuando se convierte en
mnriposa. Entónces comenzó á tener también miedo á los hombres y entre ellos
principalmente á uno llamado Raquitze, de quien huían amedrenradas las mujeres. Aquel hc.mbre feroz habitaba en una espantorn gruta en el fondo de lafloridn barranca de Gurú-guarimie, de
donde salia para caer como
milano sob1·e i¡¡ocent,•s victimas que sacrificaba á su lujuria en las profundidades de
aquel antro.
Una vez Zapinda pudo desprenderse de los brazos del
monstruo y huir como lijera
codorniz.
En aquel instante ~e oyó el silbido de una flecha. La saeta atravesó de sien á.
¿Pero podría escapar siempre? A quién iría á contar sus 11_ien la cabeza de Raquitze. El i~fame sátiro aflojó los brazos, se cubrió de una pa.
temores? De quién pediria IIdez mortal y se desplomó exá.mme.
consejo?
Zapinda velados de lágrimas los ojos, elevaba su alma á los ci&lt;~los, cuando de
Acordose de que por aque- entre los gruesos troncos de las pasotas vió aparecer un arrogante y gentil mancellos días habla llegado á Cuit- bo cuya frente ceñía diadema de oro de la que se destacaban tres plumas de águizio un anciano venerable, á la. Era Tumbi, el iré [cacique] de Cuftzio que amaba en silencio, pero con el ardor
quien todos miraban como á del clima de aquel suelo. á la má11 hermosa doncella del reino de Coyúcan.
un ser sobrenatural. Decían
Al verá su libertador sintió Zapinda que lo más delicado de su sér se estreme
que era hechicero entre los cfa como las hojas de la sensitiva......... .
cristianos que por aquel ~nV
tonces invadlan la tierra de
Desde aquel día, ~íempre que la niña iba por agua, Tumbi salia á su encuentro
los pureppecha.
y la acompañaba hasta las primeras calles de Huetamo, regresando solo y meditaLa niña ignoraba que el bundo á su pueblo de Cutzio.
hombre extraordinario era Fr.
Mas ¿por qué Zapinda palidece á. la vista del mancebo? ¿por qué hay ahora en
Juan Baptista, el apóstol de la su corazón más miedo que cuando la e~pantaban los ti&lt;&gt;'res ó la aterraba el hombre
tierra caliente.
de mirada lúbrica, el mónstruo de la gruta de Cttrú--g~aririo?
Empre.,der el camino de Cutzio en aquellos momentos para ponerse bajo la
protección del santo, era desafiar la lubricidad de Raquitze y exponerse á perder
su inocencia en los obscuros subterraneos de Curú-guarimio. Ya que no era posible, pues, ver al hechicero cristiano, contarla sus penas á Sicuame, la hechice, a
india que tenia su choza bajo las zirand.is de U rapa.
. III.
Trémula y con las lágrimas en los ojos se dirijió á aquel sitio. Era ya de noche. Densa obscuridad ennegrecia la tierra: en cambio en el cielo cintilaban las
estrellas, llenan lo de e~plendor.•s espacios invisibles para nosotros.
En el interior de la cabaüa iluminada con hachas de Cueramu se divertía Sicuame haciendo caricias á un gigantesco caiman cojido en las aguas deRio Grand e y que tenla su guarida en una de las pozas del arroyo de Urapa; detrás de la
hechicera estaba enroscada una de esas serpientes coloradas llamadas alamacoa-•,
la cual, de tiempo en tiempo, abría las fauces y se tragaba un a ,acran; corrían por
el suelo bandadas de es ts horribles lagartijas, sedientas de sangre, y escuálidas
como esqueletos, que se llaman nopiche.,, y por último, innumerables murciélagos,
de la especie de los vampi,:os, invadían la cho:1-a, se acurrucaban en los hombros
de Sicuame y de nuevo se dPjaban lle, &amp;r por el zíg zag de sus alas implumes, perdiéndose en las tinieblas de la noche.
Al ruido que hizo Zapinda, al entrar, alzó los ojos la hechicera y le dijo:
-Adivino á. qué vienes. Te espanta el encuentro con Raquitze: yo te libertaré
de él. l\fira; en el oriente de este pueblo hay un bosque de cuirindales; allí forman
maleza esas púdicas plantas que se llaman yergonzosas, (1) son el emblema de In
virginidad. Cuando tu madrasta te en,•ie á Cutzio, ve primero á aquel sitio y to,
ca con tus dedos las ramas de esas yerbae¡ verás que pliegan sus hojitas, como llel
flJ La sensitiva.

417

EL MUNDO.

Domingo 19 de Diciembre de 1897.

Y no había dia que no tocase con sus dedos las hojas de la sensitiva, y cuanto
más se veía protegida por el valeroso Tumbi, más sentia que se plegaban misteriosamente las fibras de su sér. A veces sus mejillas se encendian instantáneamen·
te, pero en seguida era más profunda la palidez de su rostro. Y tenla miedo de si
misma.
VI
En una de aquellas tardes, en que habla llegado á Cnitzio, vió en la puerta del
templo al anciano venerable que predicaba la nueva religión. El hechicero cristiano con acento de inefable dulzura le dijo:
-Entra Zapinda, eltwa tu alma á Dios.
P~netró la jov1111 al 1ta11tuaTio, -y-sobre--el 1tltar qu-e se d~taeaba -eu-el-fon-do ~ió
la imagen d1· una mujer, coronada de estrellas y á sus pies el blanco creciente de
la luna. An~eles y que.rubines la elevaban al cielo y al ascender, romplan la tenue
gasa de las nubes. Los ojos de la imaginación podían ver que el cielo abria sus
puertas de diamante para recibirá la más bella de todas las criaturas.
Hincada de rodillas pidió Zapinda á la reina de los ángeles que la librase del
peligro de su propio corazón; lloró, v Slli! lágrimas, como una lluvia, templaron los
ardores de su pecho.
El sol se hundía entre los celajes de colores, cuando Zapinda entró en las calles de Huetamo, bajo un cielo de bendición y de esperanza.
VII
Otra vez volvió Penáhpemte á enviará la niña por el agua del río.
Zapinda se encaminó primero al bosque de cuisindales, y llena de asombro miró levantarse en medio de los árboles un elevado cocotero, sobre cuyo flexible
tronco se meclan las palapas, á impulso de la brisa. Aquella esbelta planta le parecía la imagen de Tumbi, el gallardo guerrero de alta estatura y ceñida la sien con
el penacho de flexibles plumas que ondulaban al viento.
Absorta caminaba, tocando con sus manos las tiernas sensitavas y · al par de
ellas, sentía extremecerse en su seno las fibras más delicadas de su ser.

MI AMOR.
Pasada ya mi primavera hermosa,
A llegar ante ti mi alma se atreve
Con la última esperanza .........¡Es una rosa
Salvada no sé cómo de la nieve!
No la dejes morir! En ánsia loca
Esperando tus besos se consume,
Y guarda con afan para tu boca
Toda su miel y todo su perfume.
No la dejes morir! Es mi esperanza,
La última, la mas pura, la mas bella.........
Si trasplantarse á tu jardín alcanza,
Tu eternidad aromaras con ella!
Y al huir de la noche los negrores
Y bajo un cielo de eRplendente calma,
Brisas y fuent.es, pájaros y flores
Poblaran el desierto de mi alma.
Mi amor.........¡Celeste niño! Vieñdo herida
De muerte mi ilusión, lloró de duelo,
Y medroso me dió su despedida
Y me dijo alejándose: ¡Hasta el cielo!
Pero el cielo eres tú, tu solamente!
En ti mi amor con tu hálito respira,
:.\Ie aguarda entre tus brazos impaciente
Y se asoma a tus ojos y me mira.
Si me acerco, se va; si entonces huyo,
Me dice que me ac"rque y que confíe,
Y retoza feliz en torno tuyo
Y ele mi duda y de mi afan se ríe.
JAVIER SANTA hlARtA.

Vida y ni.uerte.

Cuando se acaba el hechizo
De la juventud florida
Y se llega á ver la vida
Tal y como Dios la hizo,
Hasta el ánimo más fuerte
De la fé se apaga en pos,
Y hay que dar gTacías a 0ios
Porque hizo también la muerte.

A.LPHA,

Pensó en el anciano sacerdote, y elevó sus ojos al cielo. El cielo se cubría en
aquel instante de nubes macisas que ya parecían inmensos copos de nieve, ya
montañas de oro incandescente ó girones expléndídos de púrpura.
Hubo un momento en que las nubes, iluminadas con los colores del iris tomaron ante los ojos de Zapinda la forma de una mujer, la más belfa de todas las mujeres. La coronaban las estrellas y se exter,dia á sus pies el arco creciente de la
luna, Y en aquella apoteosis que se verificaba en los cielos, el sol derramó sus últimos ravos, como torrentes de luces misteriosas.
Mas·1as nubes se d,:shicieron como tenue gasa, y en el espacio azul solo flotaba ya el manto de color indeciso . . la tarde.

VIII
Cuando la joven volvió sus miradas hacia el suelo, vió salir de entre las sencitivas una paloma silvestre que cantaba alegremente, que batía sus alas y que sa_
cudia de sus plumas una menuda luvia de gotas de agua cristalina. Zapinda pro.
rrumpió en un grito de júbilo al contemplar un pequeño manantial que aparecfa
entre las sensitivas al pie del elevado cocotero.
Asi fué como Fr. Juan Baptista hizo el milagro de que ni Zapinda nilaa demás
doncellas de Huetamo tuvieren que ir por agua hasta Cuitzio, expuestas á 1os peligros del camino.

IX

No paró en esto el milagro. Pocos días después,
Zapinda y Tumbi recibieron el agua bautismal de
manos del apóstol de tier.i_:a caliente, y con los nom·
bres de Maria de la Asunción y de Juan Bautista se
unieron con eternos lazos, siendo este el primer ma.
trimonio cristiano celebrado en el antiguo reino d 0
los huetama.
E. R.

EL COLEGIAL-(haciendo una mueca). Oh, si!
LEA-Ye~tudi11?
EL COLEGIAL-Se lleva)odoil los primeros premios.
LEA-Es afect1 oso c•m sus condiscípulos?
Al llegar el tren de Marsella á la estación de Fontai EL COLEGIAL-No lo sé.
11ebleau entró en un departamento de primera i'\fad. Lea
LEA-Cómo! Viéndose todos los dias!
Demazay célebre cantatriz del Teatro musical. La
EL COLEGIAL-En efecto, ae ve uno.
acompañaba su camarista.
LEA-Entonces ......
LEA-(sentándose) Hemos llegado á tiempo.
EL COLEGIAL-Pero no se habla.
LA CAMARISTA-Un minuto más y nos deja el tren.
LEA-Y por qué? No es amigo de usted?
LEA-Ya está en marcha en efecto. ¡Dios mío! ¿No
EL COLEGIAL-No.
habremos olvidado.nada? ¿Mis joyas están en la maLEA-¿La razón?
leta?
EL COLEGIAL-Es hijo de una actriz, y yo no hablo
. LA CAMARISTA-Si, señora.
con los hijos de actrices.
;
LEA-Con mi espejo y mi polvera de plata?
LEA-Cómo?
LA CAMARISTA-Si, señora.
EL COLEGIAL-Mi papá dijo un día que no debe uno
LEA-¿Y los ramos, dónde están los ramos?
frecuentar el trato de las actrices ni de las personas
LA CAMARISTA (aterrada)-Loil dejé en el teatro.
LEA-También es inaudito- esto. Anuncian la ~fati- que las rodean y por eso no hablo á Lemercier.
LEA-Dios mío! Dios mio!
né para la una y comienzan á las tres. En fin, ofrece
EL COLEGIAL-Diga usted si no es injusto que le den
al Subprefecto venir y he cumplido mi promesa. Sin
embargo, no me perdonarán haber olvidado las flores. los premios. Cad,, vez que sale va á los teatros y ve
En París, manda uno flores á Alguien y no vueíve á las comedias, y toma lecciones.
LEA-El dice eso?
pensar en ello, pero en provincia, es distinto: se habla
EL COLEGIAL-No, son los otros, los grandes, que sade las flores años enteros.
LA CAMARISTA-Y tuvo usted un gran éxito. Cuatro ben lo que hace su madre.
LEJA (con dificu11ad)-Pero al menos ¿es bueno Leveces la llamaron á la escena después de la aria de1
mercier? ¿Se conduce acaso mal?
Delirio.
LEA-Tengo hambre.
EL COLEGLA.I,-Oh! no, también se lleva los premios de
LA CAMARISTA-Cuidé de traer algunos Sand~chs
buena conducta.
y vino.
.
LEA (muy comnovida)-Ypor que su madre es actriz,
LEA-El festin de Baltazar! Dame.
Lea pone una servilleta en sus rodillas; al extender- sus condiscípulos lo declaran pária?
EL COLEGIAL-Así debe ser.
se, trapiezan sus pies con los de un niño de doce años
LEA ( á la camarista)-Lo oyes? Lo oyes? ( con los ojos
que se encontraba enfrente de ella y al cual no habla
llerws
de ldgrimas). Mira como se trata á mi.hijo, como
visto. El chico lleva uniforme de colegial .
un apestado, como un bandido, como un pária!
LEA (al colegial)-Le hice á usted daño?
LA CAMARISTA-Cálmese usted.
EL COLEGIAL {ruhorizado}-Oh! no, señora.
LEA-No: mi Bebé sufre, y es por mi causa (sollozanLEA (á la camarista)-Pronto, esos Sandwichs; no habrta podido esperar más. Esto me devue !ve las fuerzas. do) Ah! Esto es espantoso, y sin embargo, ¿qué hay
Debo despertar el apetito de usted (al Colegial) sien- que reprocharme? l\fi hijo, es un hijo legitimo y yo no
. do tan golosa ¿Si me imitara usted? ( dándole un sand- entré al teatro sino después de la muerte de su padre,
porque era necesario vivir. Como tengo buena voz,
wich)
EL_COLEGIAL-(rehusando) Oh, señora, gracias.
desde luego se me pagó muy bien. Yo me he conduciLEA-Si, sí, tome usted. A su edad no se rehusa.
do honradamente; y para que mi :hijo no tuviera más
EL COLEGIAL-(tomando el sandwich) Gracias seüora tarde de que avergonzarse, cambió de nombre, y esto
(comiendo) Está muy bueno.
no bastó, pues porque soy del teatro la malignidad se
LEA-Ya decia yo .........¿Y viene usted de muy lejos? ceba en ese querubín indefenso.
EL COLEGIAL-Oh, no! De Sans.
LA CAMARISTA-Señora, ruego á usted......... .
LEA-¿Está usted de vacaciones?
LEA (trémula)-En cuanto lleguemos á Paris tomaEL COLEGIAL-No. Se me ha dado u.na licencia para · mos el primer tren para. Sans. Voy al colegio. Hablaasistir al casamiento de mi hermana. Voy por tres ré al Director. Ah! Ahora comprendo las tristezas que
dfas.
á veces atacan á mi Bebé. No se atrevia. á decírmelo el
LEA-Y no extrañará usted el colegio?
pobrecillo ......... No quiero que Mauricio siga allí ni
EL COLEGIAL-De seguro que no. Tanto más cuanto
un día. más. Le traeré á París y le pondré maestros 'd e
que va á haber examen de r1•citación.
todo, y ae armas; para que cuando sea granrle sepa casLEA-Y no es usted fuerte en eso?
tigar á los que rehusen hablarle porque su madre fué
EL COLEGIAL-Prefiero la gimnasia.
actriz.
LEA-En que clase está usted?
LA CAMAIUSTA (al colegial que atiirdido contempla con
EL COLEGIAL-En la séptima.
LEA- En ese caso, conocerá usted á Mauricio Le- aire estúpido el pedazo de sandwich que le queda). Ya ve
usted, niño ya ve usted lo que ha hecho.
mercier.

�~~============================E~L~MUND~~~º~=============~D;;o;;,;m;;1;;·n~g¡.;o=l~9=d,:;e;,,,;;D=i,;c1;;·e=m=b;;r=e=d=e=l89~7..:..=-

LEA.-Yo no le quiero á Ud. ma/, amiguito; no tiene
Ud. la culpa de esos prejuicios que son tan comunes
(llorando siempre) Pobre Mauricio! á lo menos, creo
que no 1P pP-garán.
EL COLEGIAL.-¡Oh no, Señora! Por otra parte, no sufre ·
como Ud. se imagina.
LEA-¿No sufre cuando todos lo ponen}n cuarentena?
EL COLEGIAL.-Si no todos!
LEA-(c@ un grito de alegria) ¿Es verdad eso? hay
otros hijos de artistas en el celegio?
EL COLEGIAL-No: solamente Lemercier, pero tiene
muchos amigos.
LA CAMARISTA.-¿Lo ve Ud. señora? No todos tienen
mal con1zón como bSte niño.
·
EL COLEGIAL-(con ira) Si no me venciera en las barras!
LEA-No me habla Ud. contado entonces todo. ¿Alguna yez ha reñido Ud. con Mauricio?

EL COLEGIAL-Dos vf'ces, y me ha ganado siempre.
LEA-Y por eso no le habla Ud. y lo trata de hijo de
actriz.
EL CQLEGIAL-(confuso) $añora........ .
LA CAMARISTA-¿No ~e avergüenza Ud. de su mala
acción? Mi ~eñora ha llorado por su causa.
EL COLEGIAL-[con los ojos húmedos.] Si. ........
,LEA-OlvidP.mos lo pasarlo.
·
EL COLEGIAL-/llomndoj No: yo sé bien que Ud. no
me perdoná de corazón.
LEA-Si,sipero ~ea Ud. bueno con sus condiscipuloR.
EL COLEGIAL- Lo juro! Y luego, cuando vuelva al
Colegio ......... .
LEA- ¿Y bien?
EL COLEGIAL-Lemercier sera mi amigo.
LEA-Ah! Así está bien. (se levanta y va á sentarse
junto al colegial á quien abraza.)
LEA- Es Usted"un niño bueno y yo no lo quiero mal

Domingo rn de Diciembre de 1897.

419

EL MUNDO.

pero piense Ud. siempre lo que dice. Pit&gt;nse Ud que
si otro niño por aturdimiento hacía llorar un día á su
mamá de Ud.
EL COLEGIAL-Yo no tengo mamá; (lloron·lo y zollosando) se me murió hace tiempo. mucho tiempo ........ .
LEA-[Abrazando y besando al colegial}.Pobre chiquitín!
LEA continua acariciando y mimando distmida al
chico que poco a poco deja caer si¿ cabecita sob,·e el seno
de la actriz, como dulcemente abrumado por e.~as caricias. Derrepente se incorpora.
EL COLEGIAL-Si supiera Ud........ .
LEA-¿El qué?
EL COLEGIAL-Que desearía yo tener mamá, aunque.
fuera actriz.

f

}Cada el (rielo.

�420

EL MUNDO.

Domingo 19 de Diclembr11 de 1897.
~

Dorr.:ngo 19 de Diciembre de 1897.

EL MUNDn

Ensueño de niños.
POR JOSEPII L'HOPITAL.-ILUSTRACIONES GRABADAS EN NUESTROS TALLERES.

Número 9.
La primera hizo rodar un manequí, la puso el canos r rizados. Su traje de .ma elegancia seveCuéntame pues ese gran secreto, hija mia. ¿Es
traje de la baronesa colocándole algunos alfileres, ra, estrechaba formas un poco exhuberantes; sus
rubio
ó moreno? No lo quieres decir? Pues eres
dió con voz breve y seca algunas instrucciones y bellos ojos lucientes iluminaban su rostro franco
una
tonta
si crees que voy á disgustarme por esas
desapareció.
y bajo i,u labio superior que levantaba una con- cosas, chiquilla. Lo que menos puedes imaginarJacquelina, sentada cerca de la puerta, espera- tinua sonrisa se descubrían unos dientes blancos.
te: no se trata más que de saber si no has hecho
ba mirando á las obreras, qu&lt;' ahora trabajaban
Cuando agotó los recuerdos de familia dijo al alguna tontería. Eso es todo. Y la seI1ora Bardoen silencio dirigiéndole miradas furtivas-La se- fin:
nel soltó una alegre carcajada que indignó á Jac11.orita Delfiua ciaba vueltas al rededor del mane-Siéntáte querida mía. y conversemos. ¿Por quelina.
qui prendiendo con alfileres y ajustando el traje, cuanto tiempo has venido á P,trís? Y la ohlig~ á.
-Usted se equivoca, dijo con enerjía. Yo no he
las otras, inclinadas sobre la costura trabajalian sentarse á su lado en un confidente.
seguido
á nadie; vine sola, enteramente sola. Y
sin oír:se más que el chirrido ele las agujas pene-.
Jacquelina se turbó ¿Pues que á la prim.n-(i na- rompió á llorar.
trando en la seda ó el rumor S{!CO del hilo que al- da le habias dicho? Pero viendo la cara alegre y
-Cómo? Pobre niña! Te ha abandonado, cuénguna reventaba con los dientes.
los ojos dulcemente interrogadores de su prima,
Esto duró poco tiempo. Luego empezaron los tomó "alor y con la mayor sencillez refirió que tame eso. Son tan raras las desesperaciones del
cuchicheos, hablúndose de pronto en voz baja, pi- hnbía Yenido á París sola y por largo tiempo, tal amor.
Y se aproximó á Jacquelina con los ojos chisdiéndose l\láS tarde un consejo en alta voz y por vez para siempre.
peando de curiosidad y de malicia.
último algunas confidencias murmuradas al oído
La fisonomía. de la sefl.ora Bardonel expresó
Pero sí digo que se equivoca usted; que nadie
hicieron empezar las risas. Sea por casualidad, sea una sorpresa llena de interés.
me ha abandonado. Soy yo quien .... pero no
intencionalmente, al retroceder la señorita Del-Sola en París y_por largo tiempo ....
quiero, no quiero ....
fina para juzgar mejor del efecto del vesti-¿Pues que, no vcniste para divertirte?
-Basta, seiiorita, dijo la seifora Bnrdonel levando, tropezó con Jacquclina, lo que dió ocasión
-Ay! no, sellora dijo Jacquolina con una do- tándose con dignidad; yo no quiero penetrar secrepara que· le presentara sus excusas y habría em- lorosa sonrisa.
tos agenos que por otra parte no pueden adivinarpezado naturalmente una conversación, sino hu-No me digas seilora: dime prima, te lo ruego. se. Eres una ingratuela. Dejarte en Tours parienbiera sido porque apareció la terrible i:3ra. Chtln-No, prima, no vine por gusto á París. Metra- tes buenos y honrados para. correr aventuras y ensonicr.
jo el destino.
contraríais agradable ahora que probablemente no
- Vcnga usted señorita, la seiiora la está espeLa sonrisa de la seil.ora Bardonel se extingió tienes ya ni un sueldo venir á vivirá mis expensas:&gt;
rando.
por un instante y fijó en la joven una mirada inA expensas de usted .... ! dijo J acq uelina estreJacquelina atrnvesó temblando el taller y- lue- quieta y menos benévola pero esta no pu(lo obgo un cuarto donde un seilor atareado arreglaba s&lt;•rvarlo, porque la ha"!)ían cambiado las palabras mecida por el ultraj!'; otra vez se equivoca usted
y cortaba telas y que aparentó no apercibirse de amables conque fué recibida y se juzgaba en pre- seilora. Xo estoy en el caso de vivir t\ expensas
de nadie porque tengo trescientos francos.
su presencia. La pri1111·1Y1 dijo al oído á Jacqueli- sencia de una protectora y de una amiga.
Y se levantó con pereza.
na con una entonación rcsp,~tuosat
-Vemnos, dijo la señora Bardonel después de
La seilora Bardonel encontró cómica la actitud
-Este es el scilor Edward, el cortador.
un silencio. ¿Has reilido con tu tia ó tu tío?
y se puso á reir.
En seguida entraron en un salón amueblado
-No, prima.
-Decididamente eres una chiquilla singular;
con lujo un poco chillnnte y en el que se sentía
-Te exijian un servicio penoso?
con tus trescientos francos ni podrás ir muy lejos
cierto perfume femenil. Un traje de baile estaba
-No, prima pero ....
ni vivir largo tiempo en París, siempre tal vez, coarrojado sobre w1 canapé, guarnecitló de blondas
Le vino la idea de hablar de Auger, de su per- mo acabas de decirme. Qué piensas hacer?
y con corpiilo de rosa pálida que se vislumbraba secución cautelosa, de sus interesadas atenciones
-Yo no quiero ser para usted una carga; había.
á. través ele las trnsparcncias de la tela blanca.
pei-o no se decidió porque le repugnaba acusar á
-La sefl.ora está sin duda en el segundo sa- un pariente que después de todo lo había ácogido contado con que me proporcionaría usted trabajo;
y puesto que tiene usted obreras que no son sus
lón, dijo la prim1·ra, y se le habrá llamado para y alimentado en su casa.
primas ....
recibir alguna cliente que acaba de venir. Voy á
-lince mucho tiempo que no veo á la tia Au--,Xo, gracias á, Dios no lo son, pero saben traverla.
ger, continuó la señora, pero me dejó el recuerdo bajar. Y piensas tú, que sirviendo conejos fritos
Luego levantó discretamente una cortina de se- de ser una · buena persona. ¿Ella te hacía penosa
en una fonda se aprenda á ser modista'.'
da, llamó en una vidri&lt;•ra y entró.
J,i vida?
-Xo tardaría en /\,prender y algo sé ya puesto
-Ah! Es usted, dijo una voz. Vea usted el corA esta evocación de la buena tía Auger que á
pilio de la scilorita Hortensia; no le queda bien. esa hora debía estar abrumada de tristeza, Jac- que yo misma hago mis vestidos. La seflora BarNo sé pero me imagino que hay algo que hacer- quelina sintió que le subía un sollozo á la gargan- donel dirige una mirada desdeñosa al humilde trale en las mangas, tienen un aspecto impropio ¿no ta y respondió todavía pero con una voz llena de j e de su prima, pero muy luego esta mirada centellea y contrae sus labios una sonrisa de satisfaces verdad? Ah! muy bien; ya estamos en camino. lágrimas:
ción al observar que el traje estaba muy bien he.Así, ¿le parece á usted? Hágame favor tle arreOh! no, prima.
cho. 8!' reprimió prontamente sin embmio y agreglarlo.
-Algo te apena. Sin eso, no habrías partido gó con dureza.
En lugar de la seiiora Chan:sonier que había de- así, háblame francamente.
-~o sabes nada; será necesario que empezasaparecido, vió Jacquelina aparecer en la pucrt11,
Ensayó entonces hacer un cuadro sombrío de su
una señora. vestida de negro. Era la seiiora Bard0- vida de criada de fonda, se quejó de la ruda labor ras tu aprendizaje y ya no te ayuda tu edad.
Por otra parte, entramos ya en la mala estación
nel en persona. Avanzó rápidamente hacia la ni- que ese oficio impone á una joven hom·ada, del
y el trabajo escasea de manera que en breve desila y la besó en las mcgillas.
caracter de los hombres y del disgusto que sentía
-Cómo! ¿Eres tú, querida mía? Que feliz ca- sirviéndoles y oyendo sus requiebros, pero sus pediré algunas obreras y no es esta la ocasión de
sualidad te trae? ¿Porqué no me avisaste de an- palabras no tenían el acento de la verdad, sus ex- recibir nuevas.
-Dios mío! y qué haré?
temano? Haces un vilije de recreo á París? ¿No plicaciones se enredaban, sus razones eran obscuEs muy sencillo; tomar el tren más inmediato
vino contigo tu tia? Donde está? Pobre se11ora! ra:; y era desde luego facil ver que no sabía menhace ya veinte ailos que no la veo. En cuanto á tir. Como á cada momento experimentaba. mayo- para Tours, pedir perdón á la tia y volver á tu
tí, ahora es cuando te conozco. Estás muy boni- res dificultad~s para expresarse, su prima, le cor- antigua vida.
ta ¿sabes?
-Si no puedo, juro á usted que no puedo, y fo
tó la palabra diciendo con cierta acritud:
ruego tenga piedad de mí. Hay cosas ¿sabe usSorprendida y encantada por esta acojida, .Jac-Xo es eso, bija mía; tú me ocultas algo y ha- ted? que no pueden decir:sc, son sagradas. No falquelina se dejaba mimar; era la primera vez desces mal en no ser franca conmigo. No me enga- taba más sino hacerme tantos mimos para ser tan
de su llegada á París que oía decir algo agrada- ñes con tus aspavientos pues no tienes ni cara ni
ble.
dura después. Si se perjudica usted, no me pao-uc
conflexión propias para tener á los hombres el
Entre tanto, la señora Bardonel recordaba la miedo que dices, y al contrario, puedes Yolverlos de pronto; no pediré nada, lo prometo, en t1~1to
que me dure mi dinero.
historia de la familia, hablando ele los viejos Duá su puesto cuando se desmanden: Otra cosa ha
Había tanta angustia en el rostro de Jacquelimont d' Azay enterneciéndose al r cordar la ca- de suceder.
na
y tantas súplicas en sus ojos que fa s,eñora se
i.a. de sus abuelos, r ecordando como cantaba en- Prima mía.
sintió conmovida.
tre las vides la gloria del rosal entreabierto, de-Oh! sí, estoy segurn. Algún amorío tal vez.
Sea, dijo, testarud,1 sedo á tu capricho que pienrrmnando h\grimas por sus recuerdos delante de Te ruborizas? Pues eso es.
so no serit muy persistente. V en mailana y sí te
Jacquelina que no había conocido ni á los abue-Yo juro que . ...
tomaré como aprendiz. Veremos lo que puedes
loa ni el rosal y para.la cual Azay no tenía mi1s
-Xo jures nada. Comprendo eso á tu edad.
que recuerdos de dolbr y dt• mis¡•ria. Sin embar- Venistc sola {L París, pero con la esperanza de que hacer y si no eres muy torpe te daré un franco y
medio diario para empezar. Pero no me trates de
go, se sentía dominadn por una tierna conmoción
durará poco tu soledad. Vamos; no llores asi, puesy veía con ojos llenos de grntitud á la seilora Bnr- to que te comprendo y no voy á devorarte por tan prima; serás una obrera y nada más. Si esto 1medonel que tomándole las manos repetía:
de curarte de tu calaverada. y hacer que pronto
poca cosa. En veinte aiios, he conocido muchos dejes París tanto mejor. Si no, mejor también
-¡Y qué linda eres!
jóvenes y puedo excusar sus sentimientos.
pues así empezé yo.
Era mm mujer de edad, con los cabellos entre-Por piedad, prima, no crea usted .. ..
-Oh prima! gracias .... gracias!
0

-Xe me trates de prima y preséntate aquí maii~na á las ocho. .
Gran y majestuosamente la seilora Bardonel abnó una pu?rta haciendo
un gesto de despedida y J acquelina salio sin au·everse á decir nada hasta.
el corredor sombrío por donde había entrado. Oyó al pasa~· cerca d_cl taller
la charla de las obreras, tomó su maleta de manos de la cocmera Y sm saber
á donde fr y no pensando sino en la modesta plaza que acab~ba de .obtener tan penosamente bajó llena. de esperanzas la nauseabunda escalera.

XIX
Esa madrugada se tocó diana á las tres en el P8:tio de [:1úsa. ~st~ba
oscuro todavía, pero las estrellas palidecían y una ~•gera b~1sa t'.·rua .a la
atmósfera calentada por la calma de la noche, las primeras fI cscm as de la
mailana.
l
.
. ó tra e
Las ventanas de las cuadras se iluminaron, e pat1? se amm a . v sado por sombras, y en el sitio de reunión de las compailías pa~aban y 1epasaban grupos que hacían sonar sus sables en tanto que las siluetas de los
caballos entraban precedidos por fantasmas.
Pronto empezaron áformarse líneas n~gras_ que resaltaban sobre la debil blancm'a de los muros el piso, y luego silenc10so,alfrente dela banda. de
cornetas y tambores apareció el Tambor MaY:or.
.
.
_
1
va~os, dijoJacquot á. Jacobo, dame m1 mochila. y b:\Jemo.s, ~ a toe~
est1disto Cuatro cientos veinte cartuchos por plaza. Toma tu carabiraiE\
t·\. bien ~narasada? y 0 te la arrealé á m:iravilla. Diablo! por poco o vi ? e
t~pón; y l~ego, e~ cuanto haya tiz, el coronel qu~ n? puede e~~r qu1et?
viene trotando en su jamelgo. "Capitán, veo un fusil sm tap?n.
. no ~Ul·"' Apunte Ud• el nombre
d a su compau.ia.
_ de ese soldado." Y sigue su cammo
á ver á quien otro le prepara un castigo.
. .
Y descendiendo i. saltos la escalera J n.equot contmua:
-Pensabas no ir á Ruchard? Pues te vas á. salir con la tuya: en el primer
arhol del camino te ahorcan y ... . al freseol

421

�EL MUNDO.
Se colocaron en su lugar y Jacquot dirigiendo
sus mii-adas al grupo de la música se puso á renegar er.u·e dieutes contra el Tambor Mayor.
-Numeraos! ordenó una voz breve. En cada
Compailía, de derecha á izquierda los l1ombres
dijeron en voz alta sus númerns: Juego los tambores y los cornetas avanzaron sin tocar y el rejimiento moviéndose en silencio salió de la ciudad dormida.
Atravesó 'rours con paso riipiclo. Jncobo marcliaba de 1° de la 3" del 3: y como bit11 á bien no
había despertado soñaba aun arrullado por el rumor cadencioso de los pasos y veía vagamente
desfilar ame si la izquierda de la segunda formada de soldados de poca talla abrumados bajo
el peso de sus mochilas.
Poco á poco las primeras luces de la aurora
descendiendo entre las casas vinieron á iluminar
las carmañolas y marmitas de lc1s mochilas, y á
hacer luch' las bayonetas de los fusiles á lo lejos
balanceadas en el mov1miento regular de la marcha.
Al mismo tiempo, una frescura reparadora y
grata subía de la tierra y en la avenida Gramont
el perfume de las prad.eras recien cortadas, venía delicioso; y cuando doblarnn á la derecha
clescendiendo hácin Cher, el sol apareció al fin
desgarrando las extensas brnmas blancas que flotaban perezosas sobre el valle.
Se llegó al camino pero apenas sí se había cruzado entre los soldados una que otra palabra. Varios dormían aun, otros aspiraban en silencio la
brisa matinal, y otros en fin vacilaban bajo su
mochila mal equilibrada prometiéndose componerla en el primer descanso.
A medida que se aclaraban sus pensamientos,
Jacobo semía un malestm· extraño. llacíamucbos
meses que Jacq~elina había partido; él creyó haberla olvidado y he aquí que ahora una tristeza
motivada por ella le oprimía el corazón. ¿Poi' qué
pensaba en ella ese día? ¿Y por qué esta melancolía de sus pensamientos le parecían tan amarga y tan dulce al mismo tiempo?
Desde su partidn Jacobo no había tenido noticia, alguna de su amada. Al principio, en los
primeros 1ransportes &lt;fe su tristeza había venido á
llorar á casa de los Auger pero la señora de la
casa lo recibió de muy mala voluntad. La buena
mujer estaba hecha uiia furia, le acusaba de haber prostituido á Jacquelina y le decía que si
ahora estaba sufriendo bien merecido lo tenía.
Augcr, illflS diplomático con 1m cliente que bebia de lo caro, se había mosu·ado blando, acaramelado, pero su hostilidad no se ocultaba lo suficiente y Jacobo comprendió que si ellos sabían
el paradero de Jacquelina cuidarían muy bien de
ocultárselo.
Entónces se despechó y dió oído insensiblemente á las indicaciones de JacqÚot que de pronto le
habían indignado. Si, Jacquot debía tener razón,
esa muchacha se había burlado de el y al presente se estaría riendo de haberlo engallado, fugándose con el especiero rico á quien conoció el año
anterior. Era preciso pues ·devolverle olvido por
olvido y desprecio por desprecio. En efecto no
volvió á recordarla ni á inquietarse: algunos días
de licencia pasados en París dieron otro curso á
sus ideas y se creyó curado para siempre de aquella pasión ridícula. ¿Porqué entonces y después
de tanto tiempo volvía Jacquclina á preocuparle? ¿Qué sentimiento reconocía para atormentarla? ¿Era el amor que ya juzgaba muerto, ó era el
odio que creía haber dominado?
A poco la frescura matinal fué sustituida por
los a~·dores del sol que ascendía lentamente; bajo
los pies de la tropa el polvo se arremolinaba en
impalpables nubes; en la columna, se charlaba,
los jóvenes decian «nos vamos á tostar, y los víejos respondían gru:liendo:» esto 1ro es nada; ya veréis en la Costa de Vilaines.
Se hizo alto á la orilla del camino y apenas formados los pabellones de armas, los hombres se
ocuparon en equilibrar su carga apretando ó aflojando las correas, desatándose i\ fin de respirar
mejor el nudo de las corbatas 'y ayudándose mutuamente con ese espíritu afectuoso de compañerismo tan natural á los soldados franceses.
-¿Y qué tal le va al catrín? preguntó Jacquot
¿Cabe el señor en sus pantalones? No es por darme tono pero pienso que tu mochila no te romperá las espaldas porque puse las camisas de modo
que te las defendieran. ¿Quieres que tomemos un

Domingo 19 de Diciembre de 1897=-=

trago y unas ruedas de salchichón? Y como esta- mí, .. , Bah! Permaneceré soltera. Si viera usted
ban á retaguardia de _la columna y cerea del ca- esto que aeabo de escribir me ha hecho llorar.
rrito la cantinera.
Había yo softado tantas cosas! Es atroz esto de
- Vaya, esta marcha parece que te está aITan- querer uno lo que no puede alcanzar.
c,ando lo::1 alientos sin que sea para tanto. Estás
.Cuando Yenga usted á París le hablaré si me proserio como un asno que reflexiona ¿sabes? no es- mete.,, .pero no, mejor no.,. ,Qué duro es pentamos obligados it. bebernos la mar cuando llegue- sar en lo que no tiene remedio.
mos á Ruchard.
Creo que si me escribiera usted me haría mu- Déjame en paz, dijo Jacobo impacícnte, yo no cho bien. Refiérame su vida. ¿Va usted al Café
me cuido de tu rnarchit.
de los Amigos? Escríbame usted á París calle de
Jacquot no rc;:,licó pero cuando consiguió abri~·- Sta. Ana casa d.e la se11ora Bardonel.
se paso á codazos hasta el carro de la Cantinera
Y ahora tanto peor. Puesto que quiero ser hony consiguió dos pedazos de salchichón y dos va- rada no considero un crimen amaros desde lejos
sos de vio o blanco.
y el buen Dios no ha d e querer quitarme todo.
-Sabe:,r dijo, tu tienes algo y te voy á decir
Voy á trabajar más animadtt-espcrando carta de
lo que ti('ncs.
usted que me dará valor.
Es tu princesa qu&lt;' vuelve.
.A.dios Jacobo.»
-Déjame tranquilo dijo Jacobo con voz sorda.
JACQUELIXA.
-Lo que deberías hacer es desearle felicidades
Sin reflexionar que lo obscrvaban, J acobo besó
con su especiero y no ocuparte más de ella.
ardorosalllente la carca y Jacquot le dijo riendo:
-¿Quien te dice que me ocupo?
-.Magnífico, nos hemos reconciliado á lo que
-Yaya! no hay mi\s que verte. Y sucede toda- parece y esto hace creer que el especiero ya no
yfo, más que te sorprenderá. Mírame un minuto: y dá más ele bÍ.
)'O que digo haberla olvidado, no puedo. Oye....
Jacobo siutió una llamarada de cólera que le
Tocan llamada.
subió desde el corazón.
Volvieron á sus pabellones y la marcha siguió.
-CAllatc, no sabes ya lo que dices, exclamó
Jacobo siempre pensatiYo scguia con paso firme con violencia, y por otra, parte tú fuiste quien me
la marcha de su compañía Pll tanto que los de la metió en la cabeza esas ideas innobles .. . , estoy
izquierda dela segunda comenzaban á vacilar y avergonzado ahora, muy avergonzado.
arrastraban sin convicción sus zapatos en el pol-Y de qué se avergüenza el señor? De haber
vo del camino.
creido que su particular lo abandonaba y ahora
Esta Jacquelina! Decididamente no dejaré de vuelve su particular? Bueno reciba el seüor mis
pensar en ella en todo el día y reviviré la nove- felicitaciones.
la de ese pobre a:.:tor que creí ya muerto y sepul-Una vez más te ruego que te caJles, y repito
tado. ¡~ue linda estaba la primera vez que la ví! que no sabes, que no puedes comprender. , ..
¡Y aquel domingo, en la Iglesia! Y luego, el mis-Entonces tú me tomas por un atontado! Es
mo día á la hora del almuerzo, qué bien descon- difícil comprender en efecto.
ccrtó á ese animal de Jacquot!
La Jacquelina emprendió una bordada y ahora
Para hacer llevadera la fatiga los soldados se que viene de la· vuelta de tierra se acuerda de su
pusieron á cantar y Jacobo cantó también, sacu- amante de Tours y le anuncia su regreso. El amandiendo así el recuerdo tenaz que le absorvía.
te olvida de pronto la manera con que fué dejado
Pronto dejaron atrás la verdura de las praderas y hélo aquí en l'l recaída de su pleuresía del lado
y la sombra de los árboles y llegaron á la orilla izquierdo. :N'o lo envidio en su lugar me pasaría lo
del Indre y atrav0saron sus olas límpidas, y re- mismo. Pero ahora debes estar endemoniado de
montaron la otra ribera, dirigiéndose al valle y esta marcha á Tours en momento tan interesante.
pensando en el otro alto que se aproximaba.
Por eso no es nada, Jaquelina ha resultado una
El camino parecía interminable. Con el calor mosca muy exquisita.
aumentábase la fatiga y aun los oficiales se queJacobo que había empezado áleer su carta,por
jaban de que la vanguardia c~minaba demasiado tercera vez se encogió de hombros.
de prisa. J~n fin, á la vuelta deun recodo del ca-Cuando te digoquenocomprendcsnada. Jacmino apareció la aldea de Saché, la tierra prome- quelina no regresa á Tours sino que permanece
tida, y !'11 un instante volvieron á la columna la en París.
animación y la alegria. Los tambores y los corne-Y te escribe que la vayas á ver para recobrar
tas tocaron marcialmente y cada soldado se colo- sus muebles. La historia de stempre, pero no serás
có en la fila que le correspondía par'l que el Regi- tan bestia.
miento entrara de un modo satisfactorio.
-Xada de eso es infame lo que piensas y te
Ya en la aldea, Jacobo salió del cuartel y sen- prnhibo hablar de Jacquelina como lo haces.
tado en una acera, á la sombra se ocupó en frotar
-Me prohibes? Bueno está eso, me burlo de tus
con grasa sus pies adoloridos,. Al cabo de algunos defensas porque eres un estúpido- burgués, un asminutos se le presentó J acquot dándole una carta. no cargado de dinero é incapaz de cerrarme la
Jacobo la tomó palideciendo y la abrió con mano boca. En fin, basta. Te repito que mujeres como
trémula en tanto que el .otro- lo veía con un aire esas son unas. , , , , ,
especial: los dos habían reconocido la letra y á
-Mientes, gritó Jacobo, yo nunca he dado á
medida que Jaco bo leía, gruesas lágrimas le subían J acquelina dinero, nunca.
de los ojos y reia y lloraba al mismo tiempo.
-Jacquot palideció; un gesto de padecimiento
Era una carta de Jacqtlelina que decía así:
contrajo su boca y un relámpago de envidia pasó
«No sé si hago bien en escribir, pero mi deseo es por sus ojos.
más fuerte que yo. Me había prometido que no vol-Si así fuere, dijo sordamente, la cosa es disvería usted á ofr hablar de mí y de pronto estaba tinta. Pero entonces por qué se fué á París?
yo contenta de no tener n·oticias de usted. Mejor,
-E:io no te concierne, dijo secamente Jacobo.
decía, él me olvida y eso es lo que se necesita. Pe- ·
Dí mejor que no puedes explicarlo. Ella habrá
ro he aquí que no puedo más, estoy muy disgus- encontrado insípido el perfecto amor sin galletas
tada contra usted y que le escribo.
y ahora lo quiere saborear otra vez. En tu casa
Tal vez, habría sido ménos malo escribiros an- · , la enjaularia para que no me la vuelvan á llevar.
tes, porque si también está usted enojador siquie,-Te digo que nadie la llevó, que no fué á Para tendría usted su recuerdo para esta pob1'e J ac- rís con nadie ni por nadie.
quelina que piensa siempre en usted. Es fuerzaperEntonces, , . , , .
donarme, ya que tanto he llorado. · ·
· · -Ya te decia yo que no comprendes nada.
¡Qué triste es ser muje1- cuando se quiere per-Lo que comprendo es que me quieres engamanecer honrada! Cuando llegué á París me de- futr ó que eres más atontado que el Tambor :Masanimé tanto que hubiera regresado á Tours si yor. ÜLrnndo se ha tenido por novia una chica cono hubiera temido volver á veros. Una yez pude mo esa que el mejor día la emprende á París á
salvarme. Pero luego? Ahora soy eosturera. Es- paso gimnástico y luego contramarcha á su puntuve aprendiendo largo tiempo y gano poco, pero to de partida para convencernos de que hizo toda
yaganaré más. En fin no' tengo necesidad' dena- la fiesta con el Obelisco y el Panteón bien vale
da mientras tenga salud. Mi tía ha debido dar á la pena de ponerse contento.
usted todos esos informes.
-Entonces tu me tomas por un imbécil ó por
Creo que valdría más que n()s olvidáramos. Yo un bromista.
tuve un ensueño de nifta y puede usted creer que
-Diablo!
lo considero muy bueno, pero era un ens.ueño pu€s-Y bien si yo te dijera que es obrera en Paris
to que usted está hecho para casarse con una se- y que gana su pan trabajando de día y de noche?
:llorita y yo no sé si alguien habrá nacido pará
(Continuará)

Gfig. 1ª---'T'raj? p1risien5e

ae

paseo.

�LA MODA

2

á vosotras con mil conversaciones de salón, con variadas notas sociales; os descubrirá. con discreto cuchicheo los proyectos de fíes tas que se discuten y acabaréis por ser amigas de ese Puck travieso que sabe tantas cosas.
La presentación del cronista está pues en el porve
nir. Hoy, se limita á. saludaros y á ofreceros un ramo
de violetas.
Muy señoras mlas.

***

Por desgracia. tengo que iniciar. mis notas de sociedad con algunas lineas referentes á ......... una corrida
de toros ......... No tiene remedio! Gran parte de la alta
sociedad mexicana se ha dado cita en el coso de Bueareli y la tarde del domingo último, cada palco era
un primoroso bouquet de flore,;. El día habíase anunciado tibio, y la mayor parte de las damas iban con
trajes de media estación, predominando los colores
claros.
Vimos muchas telas azul pálido con aplicaciones del
mejor gusto, y citaremos como modelo, el trnje de la

LA MODA
te, con ojos femeninos, se advierte que hay poca variación en los trajes de otoño, salvo acaso en la forma.
de los corpiños y de los cuerpos en general, más severos y de telas ricas, entre las cuales el gros graneadoy el liso tienen lugar preferente.
Las joyas si cambian y se multiplican con la llegada del invierno, y menudean las fantasías en rivieres
broches, sortijas, reloje11, etc. Respecto de esto, llama
mos la atención de nuestras lectoras hacia la completa..
reseña que publicamos de las piedras preciosas más
en boga en la actualidad en Londres, Paris y Nueva
York
Dícese que para el nuevo año prepáranse grandes
novedades Nuestras lectoras tendrán oportuno conocimiento de ellas.

***

La aristocracia de México previene co11 gran entu~
siasmo lindos trajf's para la ¡,róxima kermesse de Minería, organizada con fin benéfico por altas damas deesta metrópoli. Este es el asunto del dla en cue¡¡.tióu desociedad y despierta sumo interés en todos los hogares elegantes.
Para intt.'grar d gentil personal de los puestoR, ~e
invita con anticipación á encantadoras pollitas que rivalizarán sin duda en gracia y elegancia.
La Kermesse ha entrado definitivamente en nu,·stras costumbreñ y tan bién encuadra en ellas, que no
parere sino que su origl'n es mexicano. Aquilátase ca1la dia más el buen gusto en la formaci_'m y adorno de los p,,estos y e,n los trajes-los de fantasía AO·
bre todo-de las expendedoras.
Son estos en su mayoría, de unii. adorable sencill&lt;'z.
y tan adecuados á la índole de hermosura tle 111 que
los lleva, que no se puede pedir más
Corren los rumores más agradables acerca de la~
novedades que se verán en esa gran fiesta; pero noi¡ueremos aún ser indiscrE&gt;tos.

***

Flg. 2---Traje de solrcé para Fef!orltas.

CRONICA DE LA MODA·
Es de rigor que al iniciar las labores de un periódico
nuevo, el redactor haga su propia presentación al pú_
blico, le diga sus propósitos é intenciones, fije un programa, y, después de saludar afecttiosamente, dé co
mienzo á. la faena.
En esta vez holgaría empero el programa. Cuál podría ser el de una revista exclusivamente dedicada á
las damas, sino el que tuviera por mira agradarlas y
serles útil en esa amplia esfera de deliciosas futilidades, de encantadores cuidados y al mismo tiempo de
útiles labores y serios y prolijos asuntos que constituyen su vida femenil? Este periódico ilustrado, que vosotras, bellas damas inspirasteis, no puede ser sino
Blusa rusa rara nU!o de 5 i 6 ai\os.
vuestro en toda la latitud de la palabra. Pretende llenar un inmenso vacío: el de una revista que lleve á los Srita. Domitila Hidalgo, la t·ncantadora mexicana qu
hogares todo lo que es de primera importancia para trae en sus ojos ceruleos, el deslumbramiento de la di"
las damas y en la que se encuentre desde el último vina Europa.
figm·ín prescrito por Parls que impera sobre el mundo,
Entre los sombreros predominaban los de seda nehasta la breve y práctica respuesta á la consulta de gros y con adorno azul, y las capotas del mismo color
una dama, relativa á una ligera dolencia, á la manera había también multitud de sombreros ligeros con ador _
de usar una medicina, al régimen que debe seguirse nos rojos que tan bien sientan al rostro apiñonado y
en una enfermedad; desde la nota última sobre los á los ojos negros de nuestras lindas mexicanas.
usos y costumbres de la alta sociedad, en el axtranjeLos abrigos de media e~tación, en su mayor parte
ro, hasta la amena conversación del doctor que enseña eran de una elegante sencillez.
muchas cosas en que se auna lo agradable á lo proveUna observación: Vimos á una dama con mantilla y
choso; desde el artículo mitigadamente serio, que pro- flores en el prendido de la misma; la señora del Lic.
pone una norma benéfica para las costumbrus, hasta Perez Galvt:z que fungió de juez en la corrida. Será
la critica espiritual que evita el escollo del ridículo .... este un presagio de que nuestras damas se resol ve_
desde la reseña de la última fiesta en que ningún tra- rán algún dia á. afistir á. las corridas vestidas á la
je elegante pasará desapercibido, hasta la semblanza usanza española? El espectáculo sería gentil y cautide una dama distinguida, hermosa y de buen gusto. vador pero presentimos que no lo verán nuestros ojos
Ya veis que el programa es amplísimo ......
***
*
Algo
de
París:
**
En cuanto a la presentación del cronista, qué puede
Jamás, en muchos años habíase disfrutado en la casignificaros? Ba\teos saber que procurará complace. pital del mundo, de un otoño tan delicioso como el acros y abarcar la mayor suma de asuntos agradables tual. El sol ha brillado radiante todo Octubre y parte
para vosotras; que diablillo invisible, se acurrucará en de Noviembre, y seducida por el tiempo, la aristocra_
los repliegues aterciopelados delos grandes cortinajes cia ha inundado con sus pomposos t,·enes la calle de
de los salones; esconderá.se tras los exóticos biombos; la Paz y el Bosque, como en lC1s bellos dias de primaencaramará.se á los respaldos de los sitiales y vendrá vera. Siguiendo aquel gran desfile de mundo ciegan-

Para concluir. lo3 nombres de algunas damas que
luciendo vistosos trajes, vimos en la hermosa corrida.
del domingo: Sras de la Torre, Escandón, Lan 1la y
Escandón, Riva, Villar, Noriega, Sanchez, Llamedo,
Hornedo, !turbe, Ibañez, Barrera, Goribar, Knigt~
Mancera, Alemán, Gutierrez y Saldivar.
y ahora, lectoras mlas, basta hwg·o.
ROXANA.

Flg, 4.---TlaJc de solreé de :iachemlra.

c:r;1g. ~-.,•&lt;Traje ae int?ierno para paseo.

3

�•

•
LA MODA

4

LA. MODA

N~8TR08 GRABADOS

La blusa de la fig núm. 14 es 'notable por la solapa en picos de·cre. cientes que le sirve de adorno y la torma elegante y nueva d-e las man·
gas. Nuestros lectores tienen un hermoso grupo en que escoger.

FIGURA 1.-TRAJE PARISIENSE DE PA!lEO.
Gracioso y de primoroso efecto es este traje hecho de
• paño satinado de color azul. La chaquete, sencilla y
sin mas adornos que dos guias bordadas á ambos lados, ábrese sobre un falso chaleco de satín blanco cerrado con alamares de seda negra.
Doble juego de solapas, de las cuales las exteriores
están doubleés de seda ligeramente crema. Gran falda
con aplicaciones de un gusto del todo nuevo. Llamamos la atención de nuestras li&gt;.c toras sobre el eombrero, donde el abullonado de tul y la
clásica pluma de avestruz, forman
el más lindo adorno que darse puede.

PARA LAS -DAMAS
· LAS PIEDRAS PRECIOSAS

SUMARIO.-LAS JOYAS.-JOYAS PARA EL DÍA.-JOYAS PARA LA NOCTIE.
JOYAS DE FANTASIA.-ULTIMASIÑOVACIONES -EL LUJO EN ELTEATRO•
Como los trajes, las joyas siguen á la moda: lo que se lleva un año,
una estación, es abandonado al año ó á la estacjón siguiente y el gran
chic para ~na mujer elegante es poder modificar, transformar sus a_lhajas seg·un ~l gusto del día. Este asunto es por lo demás de gi·an actualidad ahora que con el invierno •vuelve á ,su curso la vid,a mundana, comienzan de nuevo las recl'pciQnE:s y Sfl anm,cian algunos es•
pectáculos.
Se sabe que es de muy buen gusto ahora !)Oner joyas aun sobre los
trajes y au_n se dice que para cons~rvar áJ¡i¡; perl¡i.s fir¡.as su.orjente '!f
su belleza es preciso llevarlas siempre sobre si y jamás dejarlas, á fin
de que esten perpetuamente] como impregnadas del calor de la piel.
Es incontestable que desde hace algunos años las mujeres llevan.joyas de color en el dia, encontrando, no sin razón, que su profundidad
límpida se armoniza bastante bien con las telas cambiantes de las ropas y las plumas y las flores brillantes de los sombreros. Hace cincuenta años no se hubieran usado los collares, los bro&lt;;hes, las sortijas, los
bucles precíosos que hoy se muestran á plena luz. Apenas si se guardaban en las orejas los brillantes que el marido daba como donas y soi~

Flg. 9.-Detalle del bordado del ftgurin nú m 7.

Un lindo traje de capricho, que dejando
adivinar toda la esbeltez del huerpo delicado lo cubre y lo arropa cariñosamente
sin embargo.
Un amplísimo abrigo de pieles cae sobre
el vestido de satín obscuro y sobre el corpiño se abre gigantes~a corbata papillen
de crespón de sed3;_,El sombrero es sencillo, hasta ligero y sin embargo por su
forma cómoda--protege perfectamente la
cabeza.
Y va,l¡ joven blanca y resplanrleciente
bajo,aqudla nieve resplandeciente y blanca.
Va sonriente casi sonriéndose asimisma, á su hermosura inmaculada. Ella lle-

FIGURA 2-TRAJE DE SOIBÉE PARA
SEÑORITAS.
Este hermo.;o modelo está hecho de
taffetan ligeramente figurado, en
tanto que el cuerpo consiste en. uua
blusa de acordeon, de seda blanca
Liberty. Un cuello de guipure, completa el atavío, cayendo graci9samente sobre los hombros.
FIGURA 3.-BLUSA RUSA PARA NlÑO
DE 5 Á 6 AÑ&lt;&gt;S.
Todo el traje es de seda dibuja da
y el corte absolutamente sencillo.

Flg. ll---Vestldo de Cheviot para señoras.

De el bordado del tercero, damos un
1&gt;equeño detalle en la figura 9. Todo
-el traje es de paño, salvo el bordado
&lt;le dibujo prolijo al parecer, pero de
facil ejecución.
FIGURA 8.-TRAJE DE MATRONA.
Lo más interesante de este modelo
-es sin duda la capa de terciopelo bordado, que se prolonga hacia atrás y
hacia adelante, en dos bandas con apli-eación de piel de nutria. Constituye
una de las formas más en boga para
paseo.
FIGURA 9.- Detalle del bordado del fi.
.gurín núm. 7.
FIGURA 10.-TRAJE DE TE CON JAQUET
DE BOLERO.
El traje para té ilustrado en estas
páginas es de d1·ap d' eté, blancomarfil plegado en acordeón, sobre el cual
cae un cuerpo de bolero terminado en
-elegantes bandas hacia el frente y ha-cía la. espalda.
FIGURA 11.-VESTIDO DE CHEVIOT.
Dos modelos hay para este traje: uno
en que Alternan en el género, el rojo,
el Yerde y el negro, y otro simplemen
te negro que es el que ofrecemos á nuestras lectoras. La blusa tiene un peto
figurado, sobre el cual ábrense solapas
de terciopelo. Tres grandes guias bajan á lo largo de la falda. Entre los mo•
delos de invierno parécenos que es uno
de los que deben preferirse.
FIGs, 12, 1314 y 15. He aqui cuatro mo~elos de toilettes de recepción, en que
el satín y el tul, combinados y con
grandes aplicaciones de blonda, en los
dos primeros, ofrecen primoroso efecto.

Fig. 7.--•Tres modelos de cuerpos bordados.

lo mismo que el cuerpo, con un esbozo de muceta de
gros claro á gran dibujo, este ·último, y aplicaciones
de blonda, asi c&lt;lmo en el extremo de las mangas que
vagamente recuerdan la forma globo. ya en desuso
FlGURA 5.-UN HERMOSO TRAJE DE PASEO.
He aqi_ü una gentil manera de recorrer en los días
helados en que el frío pincha y azota, el blanco bule·
var alfombrado de inmaculada nieve sin es ponerse mucho ó poco á que la intemperie ofenda la frescura
de la tez.

Flg. 10.-·TraJe de té.

va la primavera; ·enrededor los árboles se levantan
como esqueletos mudos y tristes, y la nieve cae......
&lt;:ae sin rumor......blandarnente.
FIGURA 6.-TRAJE DE PAÑO HELIOTROPO,

•

Este traje de paño heliotropo, lleva blusa de gran
triangular sobre la de:.-echa, hecha lo mismo que
el doublée del cuello d e astrakán finísimo. Grandes
aplicaciones de bordado á derecha é izquierda en los
costados de la blusa, ajustada por cinturón de seda.
5 olapa

Fig. 6.--Traje de pafio heliotropo.

Un pequeño cuello volteado pliega graciosamente la
blusa, las mangas de globo, ajústanee también con varios pliegues. Un cinturón de forma muy sobria, cifl e
la blusa.
FIGURA 4.-TRAJE DE SOIRÉE, DE CACilEMIRA
PARA SEÑORITA.
He aqul una de las formas más cautivadoras de los
trajes de soireé para señoritas, en esta estación. Une
á una gentil sencillez una elegancia que nadie sabría
poner en duda. La falda lisa es de satin azul pálido

5

FIGURA 7.-TRES MODELOS DE COTILLAS BORDADAS.

\·

!

' · 4✓

-

~o...-~

···•-~ e!;~ -,;.,;l•.:.-~:::...:..¿~ ~ ~ i

Flg S.··· Traje para matrona.

El primero es de seda negra, de corpiño circular; ,
con peto de acordeón.
El segundo del grupo, es de cachemira ó tafetán, con,_
jacquet simulado de moharé blanco, y blusa á gran-1 •
¡

de~ flores.

;•
Flg. 12•--Tmje de rn,reé

Flg. 14.--Toilette_de tertulia.

se hacen también golondrinas de alas
endiamantadas, patos con pico adornado de brillantes, elefantes con los pies
de plata dorada, mariposas con las antenas terminadas por un rubí, etc. La
imaginación de cada uno puede darse
así libre campo é inventar preciosos
objetos que no tienen más que un valor relativo. Como piedras preciosas,
salvo el ópalo, al que á causa de un
viejo prejuicio sele atrib_uye una influencia fatal, todas las demás pueden
obsequiarse; en Inglaterra se quiere
. reaccionar contra esta superstición v
en todas las joyerías se ve resplandecer esta piedra irisada que parece llevar en si todos los resplandores del sol.
Si se quiere obsequiar una joya con
brillantes á precios razonables hay que
convenir en que la elección es un poco estorbosa: en la actualidad se hace
lo que se llama figmas de pájaros todas de diamantes rosas, tales como
vuelos de golondrinas dé talla decre. ciente, faisanes, pequeños gallos, lunas
crecientes con un buho de safiros ó corazones de perlas atravesados por las
dos ala·s de Mercurio, hechas de diaIil.~ntes. Los port-bonheur se hacen
ahora enriquecidos de brillantes. El trebo! de cuatro hojas, que hasta ahora
se llevaba simplémente -encerrado en
un caparaz~n de cristal b~rdado de oro
s~ hace de esina}te verde con un pequeño brillante en .el ·centro.

Fig. 13.-•Toilettes de recepción.

con el auxilio de los guantes que lás ocultaban frecuentemente, se permitia una
dama llevar sortijas en los dedos.
Vamos á pasar revista_á las últimas innovaciones del año en materia de joyas;
nuestras lectoras nos lo agradecerán ya que está tan próximo el dia en que es costumbre hacer regalos de año nuevo.
Los zafiros son hoy por hoy los menos buscados á causa de su color demasiado sombrío por la noche; en cambio las esmeraldas están más en favor; las esmeraldas-cabujones igualmente: cuestan menos caras y son de un efecto igualmente cautivador en las toilettes. Pero como piedra de valor es siempre el rubí y
principalmente d rubí sangre de palo~a, el más apreciado.
Nada más espléndído que una diadema de rubís y á este propósito conviene
citar el de la Duquesa de. Luynes, residente en París, que es famoso por el brillo
fulgurante y la limpidez de sus. piedras. A lado de las joya¡; que nosotros llamariamos clásic·as, se encuentran las deslumbradoras fantasías en acero azulado
con salpiques de brillantes; así se hacen hermosísin1os broches, lindos alfileres, minúsculos botones para puños, trabillas para relox, etc., etc.
Están muy á la moda este año las perlas extrañas, de figuras barrocas; inspiranse en su deformidad para darles la forma de un pájaro, de un insecto ó de
una bestia cualquiera. Asi hemos visto una de esas perlas formar el cuerpo de
un oso cuya cabeza y cuyas patas finamente cinceladas en oro, constituyen un
bibelot encantador que tendrá lugar á propósito en un;,¡, etagére ó en una vitrina;

F!g. 15-:TraJe de soireé.

�•
LA MODA

6

Para las señoritas á las cuales no se les puede hacer
sino regalos sin valor, hay pequeños relojes encerrados en una bola de cristal, sostenida de cada lado por
una cadenilla de oro; átase al corpiño por una rama
de myosotis con turquesas. acompañada de un ligero
follaje esmaltado; un broche bien disimulado permite
suspender sólidamente el relox. En Londres acaba de
¡nventarse para fijar una joya cualquiera de una manera segura, un hilo de oro_ligero, que tiene la forma
de una llave de sol; no hay más que hacer girar el alfiler sobre si mismo y ese hilo de oro presenta mas adherencia que el alfiler llamado de nodriza, que era la
perfección en ese género hasta la actualidad.

LA MODA

tos ó agujas acompañados de algún abullonado de tul
ó de un airon de plumas. Ciertas elegantes han adoptado el marabrí, sobre el cual se destacan antenas hechas de dos gruesos brillantes.

GRUPO DE SOMBREROS PARA SEÑORAS JÓVENES
Y SEÑORITAS.

1.:-Toqueta Murany.-Gran toca drapeada de tisú chinchilla, gris y negro y levantada de lado por un gran
chou de moiré cambiante, rosa nacarado. Hacia adeSe sabe que los cinturones hacen furor en este in- lante pluma de garza real con cresta, y un poco hacia
vierno; será pues una feliz inspiración, ofrecer úno, atras, en los pliegues del drapé, cola y plumas de pluque los hay de los más bellos. Los cinturones criba- · món de garza realzando la guarnición.
2.-Turbante Sarah.-Muy linda toca de satín antidos de grandes piedras, amatistas y topacios, gozan
guo,
plegado, formada de dos pasafranjas enrolladas
igualmente de favor y el efecto que pro&lt;lucen eP des•
Jumbrador, en un traje de terciopelo sombrio 'com~le- en turbante; la una mordoreada, la otra castor. Sobre
el perfil dere~ho, hermosos cabuchones perla y hacia
tamente unido.

adelante una hermosa cresta blanca y gris, vuelta ha•cia atrás.

gra, que sube por la izquierda encima de la drapería
para tenderse al lado izquierdo.
6.-Sombrero Hading -Sombrero de terciopelo pastor fondo suave, drapeado en lo alto en la izquierda
eon jareta de terciopelo más claro. Esta jareta está
.agujerada á la izquierda y deja salir un penacho de
plumas, L_uis XV, que constituye el ;dorno y se compone de cmco plumas de castor, surtidas, color de pasa. Un 1:&gt;uche de tafetán glacé rosado color de iris auroleado, forma un hennoso conjunto.

3. -Toquita Trianón.- Toda de terciopelo miroir,.
alhucema, soi;tenido, realzado de finos plisés de tafetán negro enrollados con la draperia alrededor del sombrero y anudándose hacia adelante con un solo penacho y una joya de stras reteniendo una hermosa aguja negra. Detrás, sobre la parte levantada, pero á la..
izquierda solamente, un enorme bouquet de violetas
dé París, finas y menudas todo .1·0deado de follajes y de brotes.
4. -Sombrero CheireT,-Soin brel"·o.
rembrandt todo de raso antiguo, ne_

UN GRUPO DE NINOS MEXICANOS

Y. ahora hablemos un poco de joyas para la
cabezas que con la moda actual de dejar los cabellos muy flojos, al rededor de la nuca, estin
particularmente en boga. Cada dla se las hace
más ligeras y fantaseadas: ya son pequeñas barras lo suficientemente largas apenas p~ra retener los cabellos cortos que escapan á los alfileres y que se incrustan de prederiade color;
ya son simples broches
de nodriza, de oro, ó bien
corazoncitos finamente bordados de piedras
minúsculas. Un
cerrador es p e cialderesorteda

Toqueta Murany

á esta pequeña alhaja
una fijeza rriuy grande y
la impide girar r ca.mb iar de sitio.
Se fabrican también
pequeños peines para ponerlos en los cabellos, de
lado, á fin de retener las
ondulaciones; esos peí_
nes son de carey rutiio,
de dientes muy apretados; lo alto del peine e~tá
sembrado de pequeños
brillantes; su longitud no
debe ser menor de quince ó veinte centimetros.
En la parte ant1,rior de
_la cabeza es de moda po
ner bien poca cosa; se en-·
cuentra que nada. 1·s tan,
lindo como los cabt'llos
ligeros y bien ondulan os
con algunas hebras cavendo sobre la frente y
- ;obre la nuca. Ya nadie
se pone flores, apenas
alguna pequeña fantasía
, de brillantes, alas, insec-

Sombrero Girandón.

Toqueta Trianón

Turbante_Sarah

Somprero Che!rel

Sombrero Hading

gro. La parte interior de la falda, es.
sencillamente tendida, en tanto qu&amp;.
· 1a superior, como todo el adorno, esta abullonada del mismo raso antiguo. Tres altas copas arrugadas ysuperpuestas forman el fondo, á la
manera de una soberbia rosa negra
abierta. A un lado, dos plumas fijadas.
en la copa, hacia la derecha y una
más pequej'ia en medio, formando,
penacho á la Prlncipe de Gales. Sobre la parte de la falda que se levanta, un noué de satín antiguo reteniendo una cabeza de pluma negra desesgo, por medio de un lindo buclede stras.
5.-Sombrero Girandón-Encantadora forma de fieltro fin~,_g_ris perlado con pasabrida y casquete suavemás obscuro. En torno d.e este, una
draperia:de tafetán plegado, formando bullones suaves y recogido po1·
delante con un broche detras y acero.
estrechando una pluma amazona ne-

---•

Hay que convenir en que hasta hqy los periódicos
para las damas que se publican en Europa, se ocupan
poco ó nada de los niños y esto es natural: en el extranjero, es costumbre ya vieja en las altas clases sociales educar á los niños fuera del hogar. Apenas nacidos, póneseles en manos de una nodriza de provincia que es confin,ada á · alguna posesión de la familia
ó bien enviada á I os pisos altos de la casa; después
envía.seles á un colegio y apenas si en vacaciones vi_.
ven un poco con los autores de sus días.
La madre mexicana obra de .bien distinta manera
por temperamen~o y poi edt1cación y e&amp; tras haber
sido la novia de su esposo. la perpetua novia de sus
hijos. Apenas ven la luz y ya los recuesta en su rega·
zo cariñoso y los hace objeto de inmensas ternuras.
Cuando su salud se lo veda, con infinita tristeza
prescinde de darles el pecho y sus ojos impregnados
de amor ,iguen perennemente al debil niño y su cautela afectuosa, siempre despierta vigila sus menores movimientos.,
La mujer mexicana, si en su solteria ·h a "ivido más
ó menos para el tnnndo, en eu matrimonio vive.exclusivamente para el hogar. Ese es su mundo, su único
mundo, el mundo d~Jicioso de sus afectos íntimos y
caros! Cómo no habla1· pues de los niños en un periódico
dedicado á la mujer mexicana? Cómo no conceder una
preferencia simpática á ese amor que absorve y reconcentra toda la vida de nuestras esposas?
Perfectamente justificada está pués esta página debida al pincel de Ruelas, y que tiene este-para nosotros- mérito indiscutible: Las fisonomías de niños,
que sorprende, son completamente mexicanas. Es un grupo de niños, exclusivamente
nuestro el qu,e ofrecemos á los lectores al
revés de numerosas ilustraciones que andan
por ahí en que el pin ce! ha fijado fisonomías
muy hermosas, no lo negaremos, de angelitos de Murillo, pero nada mexicanas.
Ruelas desde luego,.ha tomado esas caras
del natural; y ha fijado aún en algunos de
esos niños, el gentil atavío con que lo viste
la solicitud maternal. Por que las madres
mexicanas-y lo decimos con gran complacencia-han aprendido ya á vestir á sus hijos tarea dificil si se considera que
la elegancia y el buen gusto no deben divorciarse en el fragil infante,
de la comodidad, la holgura, y el
abrigo, tan necesario para su debil
constitución ytan imperiosamente
prescritos por la higiene.
Hoy por hoy gusto da ver
grupos de niños mexicanos, semejantes á los que
ha sorprendido Ruelas, en
el hermoso paseo de la
Alameda, jugando en las
glorietas y en las calles,
bajo la mirada avizora de
la niñera de cofia blanca
y delantal de lino, primorosamente vestidos con
trajes propios de la estación que son tan vistosos
como ricos y elegantes.
Quizá pronto tendremos
oportuniJad de ocuparnos nuevamente de niños
en este periódico.
Nos lo agradecerán las
-simpáticas madres mexicanas? Estamos seguros
de ello.

JOYAS PARA HOMBRES.
No es de descuidarse la impoi;tancia que tiene para
los caballeros, la elección de las joyas que pueden llevarse y de otros accesorios que completan la toillete
varonil.
Bien sabido es ya que la última expresión del buen
gusto, consiste en reemplazar el alfiler de corbata con
un anillo de oro que afecta la forma de una serpiente
y comprime en su interior la ancha corbata ct&gt;lor de
albaricoque, violeta de Parma ó verde pálido.
Los botones .para puños de camisa [gemelos 6 man•
cuernas] serán dobles y con cadenetas, pudiendo hacerse de oro con un rubí, una esmeralda ó un zafiro
en el centro, de mediano grosor y aun circundada esta piedra de otras piedras preciosas.
Como adorno de camisa, no se
llevan mas que perlas neg_r.as
ó blancas de regular tamaño
pero de un oriente vistoso Los
ingleses son partidarios de la
cadena de relox con esteboms
estrechos y apretados
que se lleva visiblemente de una bolsa á la otra

7
do anillos de plata
dorada, regatón de
plata, bola' de plata
ó torsal de plata de
efecto muy rico y
elegante.

j?a rooaa.
La moda de los
guantes no c·ambia
casi.'.P,Los de cabritillamuy claros, perla ó tilo, son preferibles á los blancos.
Las damas usan por
las tardes, suecia
muy pálido y para
la calle el glaci negro,madera ó cuero
de Rusia. Pero lo
más importante es
la calidad pues nada es mas comun
que una mano mal
vestí da. Debe preferirse llevarla desnuda sobre todo tratándose del hombre
que no está tan obli·
gado al uso del guante como las
mujeres. En rigor, el puede llevar
sus guantes en una mano sin calzarlos, colocarlos en un ojal de la levita ó sujetarlos en el chaque y así
disimula su inferioridad. Aunque sea obscuro, el guante femenino, debe estar delgado,
1impio y suficientemente fresco. Jamás se
le debe ver ½n descosido ni un botón de menos. Muchas elegantes llevan guantes negros
por las tardes con vestidos rojos, azules, verdes ó color de paja y ·aun con vestidos blan.
cos en caso de duelo. La P.conomla es permitida siempre con tal de que marche de acuerdo con la corrección.
·
·
Se recomienda mucho el )lfenthol como antiséptico
que se vende sin receta en .todas las bo~~cas y droguerias. Es muy barato porque se usa . en- cantidad
extremadamente pequeña y su olor es fino de modo
que rara vez desag,rada. -A.demás~~? s,e volatiJ:iza_
facilñiente nó incomoda ni aun a las personas -que lo
percibirían con desagrado. Sirve tambien para el aseo
de la boca y para gargarismos, pa~·a refresco, en cantidad insignificante y para los dolores de cabeza. En
dosis demasiado fuertes produce una comezón desagradable pero no peligrosa. Para viaje el Menthol es
un recurso muy bueno que ocupa un lugar ·pequeño
en la maleta y sirve á multitud de usos.

del chaleco pasan do por un
ojal, el antepenúltimo. En un
extremo dela cadena se lleva el
relox y en el otro
dijes consistenLas bodas en la Bretaña baja.
tes en lápices,
navaja, anillo de
recuerdo, mas- . Después de la misa, los invitados suben en las carriocotas, emblemas las (coches de dos ruedas y un caballo) que los lleva·
etc. etc. Ellapicero se hace ron á la iglesia y regrei¡;an formando una procesión
de acero bruñido con lá- que hacen muy vistosa los hermosos trajes nacionales.
Una vez llegados se cantan coplas hasta la hora
pices de colores: roj&lt;J, azul
y negro. Para el portamo- · de comer! En estio la comida se toma en el campo al
nedas, la forma varía al in- aire libre, y siempre él servicio se reduce á su más
finito. Se hacen muy bellos de piel simple expresión aunque con manteles ...... bretones.
• de ganso amarillo ó gris: el oro se El potaje se sirve en fuentes y se da á cada convidado
pone aparte en una bolsill:t de marro- un vaso, un plato, una cuchara un trinche y una ser.
qui plana verdeó roja muy oscura villeta. ·
Los recien casados, con su caballero y sµ señorita
ó todavía mejor de piel de cocodrilo crema
_guarnecida de plata, ó de castor verde eón de honor se sientan á la cabecera de la primera mesa
el escudo 6 las iniciales de oro en uno de los y todos los demás convidados donde pueden.
El menú de una comida de boda se compone de sopa
extremos. Casi todas las portamonedas tienen una forma alargada que permite llevar de pan con coles, carne de puerco y de vaca cocidas
dentro las llaves si se quiere. Las carteras se gigote de entrañas de vaca con abundante salsa adihacen de marroquí blanco para las damas y ci mada con ciru.e las pasas, ragut de buey con cebollas
verde para los caballeros y con guarniciones de plata. y zanahorias, cidra, vino más ó menos natural y ¡nada
Las pureras y cigarreras deben de ser Jo más largas y de agua en la.mesa-. La etiqueta bretona requiere emplanas que sea posible para que no incben las bolsas briagar un poco á los convidados, para que los anfidel traje. Para los paraguas no se tiene mas dificultad triones tengan derecho á su estimación y por eso suelen adiciQnar la cidra con aguardiente. Sirven la mesa
que la de la elección. Se les hace este año de sarga
de muy buen~ calidad con mangos de raíz de ton~buc- los parientes más próximos de los desposados. lo cual
tiene mucho de, afectuoso y de lógico, pues prueba
tú de bambú, l de varias figuras qu_e sean, c~~odas
p:J&lt;ra llevar. Se prefiere la bola de cristal arco-ms, el que no se quiere dejar á los convidados á merced de
mirto, la cabeza de' cisne ó alguna figura de plata cin: manos mercenarias. Cada nuevo plato que se trae viecelada. En cuanto á los bastones, la forma más solici- ne precedido de músicos y tamborileros, y es muy aletada la es siempre el gancho y la muleta, e¡¡cogiéndose gre esta procesión de fuentes humeantes que recuerdEl laurel, bambú, roten eon clavos de plata, llevan- da los tiempos de la edad media.

�LA MODA

8

Despues del Ragut se sirven trozos de mantequilla
Ropa blanca Y. labores de mano
y cada uno la toma'como postres en rebanadas de pan.
Los pariente¡¡ y _los'. amigos costea'n este postre á título
, FIGURAS 1 y 2,"'.""La fai:itasí!'-~º-~e da punto.de r,ep.ogracioso y á cargo de revancha en ocasión semejante. so en cuestión de rop:is interiores y de lab'o res de ma,
Los gastos.di:) la ·b~da Be hacen por las dos familvis, ca• no. Alguien ha dicho, e·n cuant_o A~a{ J?rimé1:as, que'1a'
da una de. las C?,aies mata 11n buey lo que e:xpUca la; suprema eleganéia es lá que solo uno mismo puede
abuniancía. d~ esta carne en el banquete.
ver...... y nada más intimo que la,ropa interior.
Entni-plato y plato los convidados fuman en sus pi·
El pantalón y matipée· elegante que oftecemos en
pas; y , una vez comiendo el pan con mantequila todos esta plana, no desdecirian en ningún_trouseau, por bue
se lev,mtan en desorden, en persecución de los músi- no que fuese. El primero es de. seda, con, amplia apli~
cos quellevanálos ,novios á alguna pradera recieu cor- cación de blonda y la segunda es, de lino tirusimó ·c on
tada. Entonces emj)iezan los bailes bretones.
valencianos. Su aspecto es encantador.
Cuando los convidados son numerosos, vieneu cantineros de la población más cercana para vendei:les
FIGURAS DE 3 Á 10.-GRUPO DE ROPAS INTERIOlÜlS
icores y refr~.cps. Los habitantes de las cercanías
PARA. NIÑOS.
vienen ,también á predenciar el _espectáculo gratuito
. de las fiesias nupciales.
En la tarde los músicos preceden á los convidados
Es un grupo hermosísimo y de gran sencillez en que
que vuelven en desorden al lugar del festín. Se trata
el
lino, la blonda y el bordadó, en sencilla combina:
de comer el asado i:le boda. El intervalo corrido entre
ción,
producen graciosoi efeétos. Creemos qtle huelga
el principio del banquete y el servicio del asado da á
la
descripción,
pues el corte y confección no pueden
este el caracter de una segunda comida para la que no
se tiene apetito. D'.espués se sirve el café más ó menos ser mas sencillos.
puro en vasos comunes y
as! termina la comida. Se
vuelve al campo, se baila
un poco y luego se disper8an los invitados. Los mú-.
sicos acompañan hasta ~u
casaá los conYidados ricos, que naturalmente pagan estos honores.
Al día siguiente de la
boda se celebra siemprepiadosa costumbre-un
servicio fúnebre en memoria de los parientes
muertos ·de a¡nbos esposos. Esta ceremonia precede á otra comida entre
las familias de los desposados y los amigos muy
íntimos.
Algún carnero y los restos del banquete de la vísperabactm todo el gasto.

!!GURAS 11 Y 12.-MANTEL

Ó

DELANTAL PARA CRIADA.

Lo·s números 11 y 12 se retieren á una cubierta de
mesa ó á un mandil para criada;· se toma un trozo de
tela blanca ó graheada; sopre el contorno, se hace una
orlita con agujas saca hilos de 2 centímetros. El dibujo núm. 12 muesira una esquina de tamaño natural
.
'
con dos especies de motivos que la componen. Los
grande~ planos del centro están bordados en algodón
azul. Las tijeretas y los coi;i.tornos son _d e. punto quebrado en algodón amarillo. El dibujo número 11 muestra el conjunto-del trabajo é indica como deben ser reproducido1, los motivos. · .
. ·
FIGURA 13.-ACERI(!O CON DIBUJO DEL BORDADO
AL TAA¡:AÑO NATURAL.
Flg. ll--Mant.el 6 delantal para crlada.--Conjunto.

El número 13 da el dibujo del conjunto de un acerico, acomp~i_í.ado del bordado al tamaño natural y de
un gusto delicado. El fondo es de satin celeste, rosa ó crema; las margaritas son en bordado rococo en
clntá blanca; las volutas son bordadadas en pres~las
de oro antiguo con pajitas muy pequeñas en el interior; los rombos están macrados con pajitas alargadas y estrellas de oro
Esta decoración es muy
linda y el acerico puede
ser ofrecido como regalo
de na:vidad ó de año nuevo. Como guarnición se
pone un volante de eneaje con engranaje y pequeña ciuta de satín celeste
rosa ó blanco, según eÍ
tinte del satín. En los ángulos, las cornetas forman tréboles y una hermosa cinta de satín hace
nudo en lo alto.

INTERESANTE
Preparamos verdaderas sorpresas y novedades para el año
próximo de 1898.

'

Fl8l3. 3 y 4.--Cubre cama y porta bebé.

F1g. 5.--Chambrita.

Figs. 6 y ; ....Baberos.

Figs. 8 y 9.···Vestidos falda.

Flgs. 10 y ll.--p:i.nta!ones.

En este ordPn de idea~, nos hemos convencl, lo de
que los_lamentables fracasos de las últimas tentativas
uel teatro lírico dramático, provienen en part':l del defecto de clarividencia de los directore~ que no hansabido reconocer las tendencias del publico Hace cuarenta años, los dilettantes se envanecian de no dar imP?rtanciaalguna á Ia:nii~e en scene: Rubini, Tamburlim, la. Sontag, la Persiaru y _toda esa gloriosa pléyade
de virtuosos, daban más bien un concierto sobre la
escena. que un drar_na; las cost~bres y las decoraciones eran de cualqmcr modo y mnguno hubiera reclamado. si se rPprt&gt;senta bala .úuci.a con las decoraciones
del B arbero de Sepilla. Así es como se estableció esa
ridícula co~tumbre de representar la Traviata contrajes de Luis xrrr•para los hombres. en tanto que las mujeres vestían á la última moda Ahora ya no pasa esto·
una obra no agrada al público sino cuando se preseu:
ta completa, sin la omisión de un detalle, sin la tacha de
una falta de gmto, no solamente agradable al oído sino linda á la vista. Para los proyectos que actualm'ente _se agitan relativos á la resurreccióu de un teatro
lirico_popular, no hay que perder de vista la idea primprdial, sopena de correr de nuevo á los abismos; as!
pul's, este es el caso de decirlo parafraseando licrera0
mente la famosa canción: «Necesitarnos lujo.»

Fig. 12--oetalle del mantel

La moralidad del baile
No faltará probablemente quien al le -r este titulo
,sonría ~ardó1,icamente.
La moralidad del baile! Pues no ha sido anatemati.:zado acaso por todos los santoi;y aún por alg·unos que
'110 lo son? Por ventura no ha dicho Gerson omnia pee•
•-cata eho1'isant in eh!Yf'ea, lo que traducido al vulgar ro•
,m anee quiere decir que toilus los pecados bailan en el
--0aile?
Si señores, todo esto es cierto, mas permitidme afir-mar que no se refiere el anatema al baile en sí mismo,
sino á los que no saben bailar; y para que no juz&amp;'ueis
utófico lo que digo, voy á explicarme.
~ baile, en cuanto manifestación genuina de ale_gría, vieja como el mundo, no puede Her malo sino á
·condición de que se abuse de él haciéndolo pretexto
de goces prohibidos y aprovechándose de la libertad
--que concede para malos fines.
Mas este abuso lo cometen precisamente quienes no
·Raben bailar. Los que bailan elegantemente, preocú1panse sobre todo y ante todo de hacer lucir sus habilit.lades coreográficas; buscan una compañera, no que
-sea bella ó voluptuosa, sino que los secunde perfee•tamente, y no piensan má~ que en ohtener la aproba·ción de quienes los ven. En cambio los que bailan tor,pemente, conversan demasiado. y como consecuencia
imprescindible, galantean á la compañera. Prefieren
•en lo general la danza llena de voluptuosidades, que
•!:&lt;ÍU roner en aprietos su meng·tiada inepcia les penni'ta e furtivo apretón de manos, y trastornan con mira·cla~ incendiarias el cerebro de la dama.
Tendremos necesidad de insí:.tir más sobre ésto?
.Juzgamos que nó.
. ..
He aquí pues por qué en todos los pueblos civilizados
•hay academias de baile donde se organizan fiestas in• , itiles y donde se enseña á los niños la coreografía.
.En 711:éxico tenemos varias á donde concurreu en su
,mayor rarte niños extranjeros y que se sostienen per ·
fectamei:te.
Los padu·~ 1!1exican?S deben ~ _ejemplo dé los extranjeros ens,·nar á bailará sus htJos. Es este nuestro
leal consejo.
SARAH.
El lujo en los teatros parisienses.

Flg. 2.--8ami.sltas para niiíos.

9

LA MODA

Cada día se siente más la avidez del lujo y del confort y es en los teatros doHde especialmente se _re_claman; y sin embargo, algun,,s d_e estos estable_ci_m1tmtos no son, ni por su gust,i m por sus tradiciones,
•teatros propios para espectáculos; de suerte que ha.v
que ver en los cuidados extraordinarios dados á
la~ decoraciones en las pieza_::; de estrt&gt;no, una nu~va
µrueba de la necesidad del luJo y de verdad que se 1m·
pone actualmente en todas par1 es. En otro tiem~o, t&gt;n
París, salvo en la Opera y en lo,; teatros _de ma_g·1a l_os
directores hacían cuestión de a1,1or propio, no rnqmetarse de la parte material d&lt;': e,;pect~•·ulo. El ~ismo
Mlón servia para todas las pieza, as1 como también el
mismo jardín y los mismos lot•·s de (lort&gt;S. El _teatro
francés, bajo el principado de _M P ernn c11,vo eJe1~plo
ha sido seguido por M Claretw fué uno de los pnrneros e ... •'~-~r:ir en la via nueva; ahora ~-a ~e sab · á q~é
&lt;&gt;-rado de rer,n,..i,:i&lt;•nto se ha l!egado. mm para las p1e~as que no parecen e.x.1,;·;:· r,inguna ~i.~e en seene. En
nue~tro cencepto, es~a es un:i 10·,01ucion absolutamente feliz Y. en su conJunto la obra eu~ .. t•ntra un com-

plemento artistico de la má.s alta importancia. Tomemos como ejemplo ¡\, Fra1tcillon: uua pieza de Alejandro Dumas hijo, cuyos t res actos pasaban con la misma decoracióu. La Srita Bartet d1ó ahí muestras de
una notable perfección; habría parecí lo tan distinguida, tan verdaderamente mujer de mundo si los menores accesorios del moviliario, si los más pequeños detalles del cuadro no hubiesen sido la reproducción fo.
tográfiM de la vida ele¡rante? Evidentemente no. En
el tea tro todo se enlaza, todo se encadena á la ilusión
cómplet;1 uo puede ser obtenida sino por el conjunto.

CORRESPONDENCIA PARA LAS DAMAS

Además de las consultas del Doctor qu~ satisfarán
las pequP.ñas dudas de las señoras, relativas á enfermedades, higiene, etc., ofrecemos los servicios de una
inteligente colaboradora francesa para respender á
consultas relativas á modas, á confección de adornos
y trajes, á compras útilt&gt;s, etc., etc. Estas consultas se
h~rán 1:Jajo s_o bre, dil:ijidas á la Redacción de París México. T1burcio 20, y firmadas con nombrn ó seudónimo.

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F!g. 13.---Accr!co con dibnjo del bordado al tamaño natural.

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. 56

�LA :MODA

10

LA MODA.
Notas á los suscritores de "El Mundo"
~

Ofrecimos que este número había de servir de
muestra para que nuestros abonados conociesen
el número de páginas, la clase de papel y aproximadamente las secciones en que dividiríamos EL
MONDO ILUSTRADO ,en el año de 1898.
Cumpliendo en lo posible con dicho ofrecimiento, repartimos este número, con el cual se po~rán
formar una idea muy aproximada de las meJoras
que introduciremos, y que por la premura del
tiempo no pudimos hacer desde luego. Por esto
no distribuimos como lo baremos desde el afio entrante con cada número del periódico, una gran
plana de patront!S y muestras de bordados, que
tan útiles son para las damas; no incluimos tampoco la novela que se publicará en la sección de
modas, por que como es ntrmero-prospecto, tenel.riamos que repetirla en el primero del afio entrante, ó dejarla trunca á los que no hubiesen recibido éste.
Para mejor justificar el aumento de veinticinco
centavos, haremos notar á nuestros lectores que
las páginas que form•rn la sección de modas, aumentadas con los anw1eios que aquí no publicamos por ser especiales, formarán otro periódico
que hemos anunciado y que separadamente circulará desde Enero próximo con el título de PARIS-nlÉXICO, el cual valdrá por suscrición un peso
mensual, sin que contenga, fuera de 1rnuncios,
nada importante que no esté incluido en la sección de EL iioNDO ILUSTRADO; es decir: por veinticinco centavos más, los suscritores de EL MUNDO obtienen lo que cuesta un peso á los abonados al PARIS•M:Éxico; pero como pudiera suceder
que alguno prefiriera este periódico, publicamos
las condiciones de abono: .

Apartándome por
completo de las altas
lucubraciones de la
ciencia y de sus complicados problemas y
huyendo cuauto sea
posible de todo .tecnicismo, procuraré difundir ti conocimiento elemental de verdades pr:\cticas, de
reglas útiles y aplicables á todas las condiciones de la vida.
Antes de todo, y
para inaugurar mis
labores, he creldo
conveniente dedicar
algunos articulo,;. encaminados á extirpar
ciertos errores vulgares, ciertas prt1ocu paci o ne s corrientes,
pensando que muchos de ellos puedt111
tener y tienen en
efecto mu)'. grave,;
con~ecuencias.
Ojalá pueda yo alcon beneplá' canzar,
cito de mis amables
é ilustradas lectoras,
el fin útil que persigo.

TOMO.JI

***

No hace mucho se
podía leer t&gt;n un pt'Decoración de un respaldo de plano y de un diván
riódíco francés lo síguiente:
.
*
«Ayer á las cuatro de la tarde ocurrió un incidente
"''L.
Habiendo dicho el divino liipócrates: ·'las per~onai:;
en la calle......... que pudo tent&gt;r muy serias conse•
cuencias. Un honorable comercíante del barrio corría que lo necesiten deben purgarse en primavera," notras una dama elegantemente vestida, gritándole: la- ha.v per~ona formal que se crea libre de la obligación
impuesta por el radre de la medicina. Oonocerán el
d1'01ia iAtájenla!-exclamaba á todos los que querían
oirlo-todavia JleYa en la mano los Jímone,; que acaba aforismo citado, ó acaso en toda su vida haorén oídohablar del sublime filósofo de Cos; pero como de genede robar de, mí aparadur.
·
«Pronto los transeuntes se pusieron á favor del ven- ración en g·eneración han recibido el precepto. por
dedor desbalijado; la dama íba á ser entregada á la nada del mundo dejarían de tomar un purgante, cuanpolicía, cuando acertó á pasai;. un caballi,ro, 'q ue to- do los campos se cubren de flores.
Tarea ing-rata la que se imponen estas gente,; quo
mando á la sefiora del brazo, dijo muy serio: «Bastaya;
¿no ven ustedes que la señora se halla Pn estado inte- pretenden adquirir salud para todo el año con evacuaciones artificiales en Abril y Mayo. Pensar que
re~ante? Déjenla t-n paz, yo soy su médico.•
Bendito sea el repórter que se calló el nombre de cuando la tierra se estremece alborozada al sentir la~
aquel facultativo, que ante un ¡rrupo del pueblo parí- yemas que revientan, creer que cuando los nidos se
siense daba con sus palabras pábulo á una preocupa- forman en las frondas y los botones se abren á la luz.
es conveniente descal'gar el.vientre por un purgant&lt;~
ción antigua, muy conocí-da de nuestro pueblo.
Y ~i en la capital artística de Europa, si en lo que se higiénico, es sujetar enteramente nuestras nect&gt;sida·
al acaso v entregar nuestros intestinos á las indiSemanario de modas que ofrece dar los figuri- ha dado en llamar el enebro del mundo, quedan toda· des
·
via preocupaciones sobre los antojos de las señoras en caciones del ·almanaque.
nes con toda regularidad, oportunamente, y
Nó, los remedios llamados preventivos han hecho gecierto estado, nada exfraño será que las hallemos enantes que todos Jos que publiquen los periódicos tre nosotros.
neralmente más daño que el que han querido evitar.
Bueno es conservar el curso regular de nuestras funextranjeros que circulan en México, y tener al
Exi~ten sobre la superficie cutánea de muchos niciones y evitar á todo trance la constipación, causa
tanto á sus lectores de los usos, costumbres, ecos ños, al nacer, pequeñas manchas, eminencias de di· frecuente
de dispepsias rebeldes, y á veces de pertursociales y modas, en general, de las principales mensiónes diversas, que varían desde el color sonro- baciones serias del sistema nervioso central; !?ero quesado que agracia sobre el blanco mate de una piel ficapitales delglobo.
na, hasta el tinte obscuro que les da aspecto de verru· rer instituir como tratamiento preventivo universal la
administración de purgantes, cuando no hay necesidad,
Constará de doce páginas de grabados, texto gas. cubiertas de pelos ásperos y .feos.
exponernos lo mismo en primavera que en otoí1o,
y anuncios, y repartirá, además, semanariamente
Estas producciones cutáneas, generalmenté ocasio- es
en verano como en invierno, á contraer enteritis más ó.
nadas
por
un
aumento
en
la
pigmentación
ó
por
un
una gran plana de moldes diseñados.
nieuos serias, como resultado inmediato, v áadquirir la
La suscrición por trimestre vale $3.00 en toda desarrollo extraordinario de !ns vasos capilares, en un relajación de log intestinos, que nos pr'ildispone á reterritorio limitado de la envoltura tegumentaria, ofre- cibir todos I es gérmenes morbosos que en tocias partes.
la República. Los pedidos deben dirigirse al Ge- cen formas raras y figuras extrañas, recordando varente de la Compañia Editora deEL Mmrno, S.A., gamente una fresa, una cereza, una granada, una os· nos amenazan, y á cad.a momento a~altan nuestro or•
tra, un gusano, y en esa semejanza vaga y mal definí· ganismo.
Tibureio 20, ó Apartado Postal 87 bis.
DR. PEÑA lDIÁQUEZ.
da se ha querido encontrar la Jllraavillosa explicación
de un hecho vulgar.
.
Se supone que la madre ha podido tener durante el
ARTE EN CA'SA
periodo de gestación un deseo vehemente, un vcrdaaero antojo de comer fruta, de poseer un objeto, recrearse con la vista de un cuadro, y al faltar esa satisUNA DISPOSICIÓN ELEGilliTE DE lllOBILIARIO
Estableceremos desde este número una sección con
facción, por arte de encantamiento, el objeto no alcaneste nombre, destinada exclusivamente á resolver las
zado
va
á
dibujarse
en
la
piel
del
que
todavía
no
naDECORACIÓ~(DE JJN RESPALDO DE PIANO Y DE m,¡ DIVÁN
ce, y por ende se halla muy ageno de las tendencias dudas Ji~eras que acerca de higJene, enfermedadc~ leves, régimen en tales y cuales aolencias, empleo de taantojadizas de quien le está.dando el ser.
ó cuales medicinas, tratamientos sencillos, etc,. etc.,
Ahora está muy en boga el adorno de los respalLa palabra con que' se designan las manchas á que les
dos de piano, que se colocan en el centro de las ha- aludimos, llamadas lunares en e~pañol, v en1,-ies (anto- hao•an nuestras lectoras.
1'.:as damas enviarán con seudónimo sus preguntas
bitaciones y el modelo que presentamos es de los de jos) en francés, está indicando el origeñ de esta su•
mejor gusto y puede figurar en un saloncito, en un perstición. Nosotros como los franceses creemos que á esta redacción, dirigidas «Al Director de Paris-Jléxitaller ó en un departamento de soltero. S.obre el res- los lunares son producidos por los antojos de la madre, co• y les serán contestadas con toda oportunidad.
Pondremos un ejemplo
J,&gt;aldo del piano se coloca una colgadura de terciopelo cuando no hacemos intervenir las fases de la luna en
Una dama hace la siguiente pre"'unta:
o de peluche rosa viejo con. franja muy.rica descen- la formación de tales adefec-ios. que muchas veces son
Señor Doctor.-Frecuenteniente de.~pués de prolongadiendo de lo alto. Una tela ligera, muselma de la In- gracioso adorno en la mejilla del niño ó el labio su·
das 7,aboi·es de mano, al levantarme &lt;J,e rni asiento, .m(r&lt;&gt;
dia, crepé de China bordado, tela oriental, se agrega perio_r de la doncella.
.
en escarpa, .'r se mantiene sobre esta colgadura. Una
¿Como convencerá los creycntt-s de Jo infundado lige1·os vértigog, leves desvanecimientos. ¿Qué debo haporcelana de reflejos metálicos, de Clemente o~assier, do su creencia? Cómo demostrarltls que la influencia cer para evitarlos.~
MAníA LUISA.
.,· un por,afotogr-1.f1a, ~e colocan con algunos b1belots atribuida á los antoios, el papel encargado al astro
La interrog·ante hallará: en el próximo número la
·sobre el piano. En el ángulo de la derecha hay un si- melancólico de la noche se ejerce generalmt&gt;nte, cuanen esta ó ¡¿arecida forma:
llón in~lés guarnecido de terciopelo.
do la piel del niño está ya comtituida en el claustro respuesta
A l\IARiA Lu1sA:-Si no ha cwnsultado usted alguna
Porúltimo, el diván muy bajo, muy I?rofundo, recú- materno, y solo puede modificarse por motivo de en'!:Jrese de una piel de oso que cae hacia delante para fermedades 8'raves que pondri.m en peligro su exis· vez con un facultativo, y éste no le ha indicado 4ue
padece usted enfermedad orgánica del corazón, pueformar el tapiz.
tencia.........i'
Difícil tarea que dejará pasar muy buenos años sin de creer que sus padecimieutos dependen probableevitar que el marido solicito acuda a cumplir todos los mente de la cloro-aoemia, y debe sujetarse á un régideseos de su cara mitad, que como buena hija de Eva, men tónico y fortificante, tomando diariamente unos
se dej:t mi,nar y se h:;tce chiquear con exquisito cui- cuatro á cinco gránulos de á miligramo de arseniatodado, cuando se halla en cirm.nstancias determinadas de hierro, y buenos baños de esponja ó de regadera.
No pretendemos hacer de estas respuestas un tratade su existencia.
LAS PREOtUPACIONES KS MEDICINA
Sabrá el hombre que los antqjos de la madre no tie- do de medicina; pero si afirmamos que podemos recunen efecto alguno sobre los lunares de los hijos; es- rrir á varios médicos asi de la Redacción como de
que consultaremos á doctores e~pecialistas, y
La dirección d'l este semanario se ha servido con- tará convencido de la vanidad de sus temores, y nó fuera,
que esas pequeñas consultas constituirán un directopor
eso
dejará
de
satisfacerlos
en
cuanto
esté
de
su
fiarme una nueva sección, dedicada exclusivamente a
rio muy util, sobre todo para tales ó cuales suscritolas damas, y en la que deben tratarse cuestiones ge- J?arte, por no ver una fresa en el carrillo de su retoño res de poblaciones reducidas que no pueden ver al
o
la
grotesca
figura
de
una
aceituna
en
el
cuello
de
nerales de medicina de las familias é higiene domésti.
médico con la frecuencia qne desearan.
.
su gentil heredera.
ca que á todos interesan.

''PARIS--MEXICO''

~onsultas ael Dodor

Carnet del Doctor.

MBXIC~.DICIEMBRE :16 DE x897.

•

N17MB&amp;Os6.

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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10

LA MODA.
Notas á los suscritores de "El Mundo"
~

Ofrecimos que este número había de servir de
muestra para que nuestros abonados conociesen
el número de páginas, la clase de papel y aproximadamente las secciones en que dividiríamos EL
MONDO ILUSTRADO ,en el año de 1898.
Cumpliendo en lo posible con dicho ofrecimiento, repartimos este número, con el cual se po~rán
formar una idea muy aproximada de las meJoras
que introduciremos, y que por la premura del
tiempo no pudimos hacer desde luego. Por esto
no distribuimos como lo baremos desde el afio entrante con cada número del periódico, una gran
plana de patront!S y muestras de bordados, que
tan útiles son para las damas; no incluimos tampoco la novela que se publicará en la sección de
modas, por que como es ntrmero-prospecto, tenel.riamos que repetirla en el primero del afio entrante, ó dejarla trunca á los que no hubiesen recibido éste.
Para mejor justificar el aumento de veinticinco
centavos, haremos notar á nuestros lectores que
las páginas que form•rn la sección de modas, aumentadas con los anw1eios que aquí no publicamos por ser especiales, formarán otro periódico
que hemos anunciado y que separadamente circulará desde Enero próximo con el título de PARIS-nlÉXICO, el cual valdrá por suscrición un peso
mensual, sin que contenga, fuera de 1rnuncios,
nada importante que no esté incluido en la sección de EL iioNDO ILUSTRADO; es decir: por veinticinco centavos más, los suscritores de EL MUNDO obtienen lo que cuesta un peso á los abonados al PARIS•M:Éxico; pero como pudiera suceder
que alguno prefiriera este periódico, publicamos
las condiciones de abono: .

Apartándome por
completo de las altas
lucubraciones de la
ciencia y de sus complicados problemas y
huyendo cuauto sea
posible de todo .tecnicismo, procuraré difundir ti conocimiento elemental de verdades pr:\cticas, de
reglas útiles y aplicables á todas las condiciones de la vida.
Antes de todo, y
para inaugurar mis
labores, he creldo
conveniente dedicar
algunos articulo,;. encaminados á extirpar
ciertos errores vulgares, ciertas prt1ocu paci o ne s corrientes,
pensando que muchos de ellos puedt111
tener y tienen en
efecto mu)'. grave,;
con~ecuencias.
Ojalá pueda yo alcon beneplá' canzar,
cito de mis amables
é ilustradas lectoras,
el fin útil que persigo.

TOMO.JI

***

No hace mucho se
podía leer t&gt;n un pt'Decoración de un respaldo de plano y de un diván
riódíco francés lo síguiente:
.
*
«Ayer á las cuatro de la tarde ocurrió un incidente
"''L.
Habiendo dicho el divino liipócrates: ·'las per~onai:;
en la calle......... que pudo tent&gt;r muy serias conse•
cuencias. Un honorable comercíante del barrio corría que lo necesiten deben purgarse en primavera," notras una dama elegantemente vestida, gritándole: la- ha.v per~ona formal que se crea libre de la obligación
impuesta por el radre de la medicina. Oonocerán el
d1'01ia iAtájenla!-exclamaba á todos los que querían
oirlo-todavia JleYa en la mano los Jímone,; que acaba aforismo citado, ó acaso en toda su vida haorén oídohablar del sublime filósofo de Cos; pero como de genede robar de, mí aparadur.
·
«Pronto los transeuntes se pusieron á favor del ven- ración en g·eneración han recibido el precepto. por
dedor desbalijado; la dama íba á ser entregada á la nada del mundo dejarían de tomar un purgante, cuanpolicía, cuando acertó á pasai;. un caballi,ro, 'q ue to- do los campos se cubren de flores.
Tarea ing-rata la que se imponen estas gente,; quo
mando á la sefiora del brazo, dijo muy serio: «Bastaya;
¿no ven ustedes que la señora se halla Pn estado inte- pretenden adquirir salud para todo el año con evacuaciones artificiales en Abril y Mayo. Pensar que
re~ante? Déjenla t-n paz, yo soy su médico.•
Bendito sea el repórter que se calló el nombre de cuando la tierra se estremece alborozada al sentir la~
aquel facultativo, que ante un ¡rrupo del pueblo parí- yemas que revientan, creer que cuando los nidos se
siense daba con sus palabras pábulo á una preocupa- forman en las frondas y los botones se abren á la luz.
es conveniente descal'gar el.vientre por un purgant&lt;~
ción antigua, muy conocí-da de nuestro pueblo.
Y ~i en la capital artística de Europa, si en lo que se higiénico, es sujetar enteramente nuestras nect&gt;sida·
al acaso v entregar nuestros intestinos á las indiSemanario de modas que ofrece dar los figuri- ha dado en llamar el enebro del mundo, quedan toda· des
·
via preocupaciones sobre los antojos de las señoras en caciones del ·almanaque.
nes con toda regularidad, oportunamente, y
Nó, los remedios llamados preventivos han hecho gecierto estado, nada exfraño será que las hallemos enantes que todos Jos que publiquen los periódicos tre nosotros.
neralmente más daño que el que han querido evitar.
Bueno es conservar el curso regular de nuestras funextranjeros que circulan en México, y tener al
Exi~ten sobre la superficie cutánea de muchos niciones y evitar á todo trance la constipación, causa
tanto á sus lectores de los usos, costumbres, ecos ños, al nacer, pequeñas manchas, eminencias de di· frecuente
de dispepsias rebeldes, y á veces de pertursociales y modas, en general, de las principales mensiónes diversas, que varían desde el color sonro- baciones serias del sistema nervioso central; !?ero quesado que agracia sobre el blanco mate de una piel ficapitales delglobo.
na, hasta el tinte obscuro que les da aspecto de verru· rer instituir como tratamiento preventivo universal la
administración de purgantes, cuando no hay necesidad,
Constará de doce páginas de grabados, texto gas. cubiertas de pelos ásperos y .feos.
exponernos lo mismo en primavera que en otoí1o,
y anuncios, y repartirá, además, semanariamente
Estas producciones cutáneas, generalmenté ocasio- es
en verano como en invierno, á contraer enteritis más ó.
nadas
por
un
aumento
en
la
pigmentación
ó
por
un
una gran plana de moldes diseñados.
nieuos serias, como resultado inmediato, v áadquirir la
La suscrición por trimestre vale $3.00 en toda desarrollo extraordinario de !ns vasos capilares, en un relajación de log intestinos, que nos pr'ildispone á reterritorio limitado de la envoltura tegumentaria, ofre- cibir todos I es gérmenes morbosos que en tocias partes.
la República. Los pedidos deben dirigirse al Ge- cen formas raras y figuras extrañas, recordando varente de la Compañia Editora deEL Mmrno, S.A., gamente una fresa, una cereza, una granada, una os· nos amenazan, y á cad.a momento a~altan nuestro or•
tra, un gusano, y en esa semejanza vaga y mal definí· ganismo.
Tibureio 20, ó Apartado Postal 87 bis.
DR. PEÑA lDIÁQUEZ.
da se ha querido encontrar la Jllraavillosa explicación
de un hecho vulgar.
.
Se supone que la madre ha podido tener durante el
ARTE EN CA'SA
periodo de gestación un deseo vehemente, un vcrdaaero antojo de comer fruta, de poseer un objeto, recrearse con la vista de un cuadro, y al faltar esa satisUNA DISPOSICIÓN ELEGilliTE DE lllOBILIARIO
Estableceremos desde este número una sección con
facción, por arte de encantamiento, el objeto no alcaneste nombre, destinada exclusivamente á resolver las
zado
va
á
dibujarse
en
la
piel
del
que
todavía
no
naDECORACIÓ~(DE JJN RESPALDO DE PIANO Y DE m,¡ DIVÁN
ce, y por ende se halla muy ageno de las tendencias dudas Ji~eras que acerca de higJene, enfermedadc~ leves, régimen en tales y cuales aolencias, empleo de taantojadizas de quien le está.dando el ser.
ó cuales medicinas, tratamientos sencillos, etc,. etc.,
Ahora está muy en boga el adorno de los respalLa palabra con que' se designan las manchas á que les
dos de piano, que se colocan en el centro de las ha- aludimos, llamadas lunares en e~pañol, v en1,-ies (anto- hao•an nuestras lectoras.
1'.:as damas enviarán con seudónimo sus preguntas
bitaciones y el modelo que presentamos es de los de jos) en francés, está indicando el origeñ de esta su•
mejor gusto y puede figurar en un saloncito, en un perstición. Nosotros como los franceses creemos que á esta redacción, dirigidas «Al Director de Paris-Jléxitaller ó en un departamento de soltero. S.obre el res- los lunares son producidos por los antojos de la madre, co• y les serán contestadas con toda oportunidad.
Pondremos un ejemplo
J,&gt;aldo del piano se coloca una colgadura de terciopelo cuando no hacemos intervenir las fases de la luna en
Una dama hace la siguiente pre"'unta:
o de peluche rosa viejo con. franja muy.rica descen- la formación de tales adefec-ios. que muchas veces son
Señor Doctor.-Frecuenteniente de.~pués de prolongadiendo de lo alto. Una tela ligera, muselma de la In- gracioso adorno en la mejilla del niño ó el labio su·
das 7,aboi·es de mano, al levantarme &lt;J,e rni asiento, .m(r&lt;&gt;
dia, crepé de China bordado, tela oriental, se agrega perio_r de la doncella.
.
en escarpa, .'r se mantiene sobre esta colgadura. Una
¿Como convencerá los creycntt-s de Jo infundado lige1·os vértigog, leves desvanecimientos. ¿Qué debo haporcelana de reflejos metálicos, de Clemente o~assier, do su creencia? Cómo demostrarltls que la influencia cer para evitarlos.~
MAníA LUISA.
.,· un por,afotogr-1.f1a, ~e colocan con algunos b1belots atribuida á los antoios, el papel encargado al astro
La interrog·ante hallará: en el próximo número la
·sobre el piano. En el ángulo de la derecha hay un si- melancólico de la noche se ejerce generalmt&gt;nte, cuanen esta ó ¡¿arecida forma:
llón in~lés guarnecido de terciopelo.
do la piel del niño está ya comtituida en el claustro respuesta
A l\IARiA Lu1sA:-Si no ha cwnsultado usted alguna
Porúltimo, el diván muy bajo, muy I?rofundo, recú- materno, y solo puede modificarse por motivo de en'!:Jrese de una piel de oso que cae hacia delante para fermedades 8'raves que pondri.m en peligro su exis· vez con un facultativo, y éste no le ha indicado 4ue
padece usted enfermedad orgánica del corazón, pueformar el tapiz.
tencia.........i'
Difícil tarea que dejará pasar muy buenos años sin de creer que sus padecimieutos dependen probableevitar que el marido solicito acuda a cumplir todos los mente de la cloro-aoemia, y debe sujetarse á un régideseos de su cara mitad, que como buena hija de Eva, men tónico y fortificante, tomando diariamente unos
se dej:t mi,nar y se h:;tce chiquear con exquisito cui- cuatro á cinco gránulos de á miligramo de arseniatodado, cuando se halla en cirm.nstancias determinadas de hierro, y buenos baños de esponja ó de regadera.
No pretendemos hacer de estas respuestas un tratade su existencia.
LAS PREOtUPACIONES KS MEDICINA
Sabrá el hombre que los antqjos de la madre no tie- do de medicina; pero si afirmamos que podemos recunen efecto alguno sobre los lunares de los hijos; es- rrir á varios médicos asi de la Redacción como de
que consultaremos á doctores e~pecialistas, y
La dirección d'l este semanario se ha servido con- tará convencido de la vanidad de sus temores, y nó fuera,
que esas pequeñas consultas constituirán un directopor
eso
dejará
de
satisfacerlos
en
cuanto
esté
de
su
fiarme una nueva sección, dedicada exclusivamente a
rio muy util, sobre todo para tales ó cuales suscritolas damas, y en la que deben tratarse cuestiones ge- J?arte, por no ver una fresa en el carrillo de su retoño res de poblaciones reducidas que no pueden ver al
o
la
grotesca
figura
de
una
aceituna
en
el
cuello
de
nerales de medicina de las familias é higiene domésti.
médico con la frecuencia qne desearan.
.
su gentil heredera.
ca que á todos interesan.

''PARIS--MEXICO''

~onsultas ael Dodor

Carnet del Doctor.

MBXIC~.DICIEMBRE :16 DE x897.

•

N17MB&amp;Os6.

�424

EL MUNDO.

Domingo 26 de Diciembre de 1897.

.

!vlr. William J. Bryan.

,

Mistress Mary Bryan,

(Fotograflns de Torres, tomadas especialmente para "El Mundo Ilustrado"]

fa

palíttttt br Jlltrira tn 1897

Cada vez que al caer en la insondable cripta
de los recuerdos una de esas fugitivas peregrinaciones emprendidas por la especie humana
á traves de los fecundos campos de la eterna vida, se bace un alto en la ineludible·jornada para
enfocar con los ojos del espíritu los horizontes
lejanos, y adueilarse, por esfuerzo imaginativo,
de las inexploradas regiones de lo futuro, parece
como que la conciencia, viejo Fausto nnperecedero, se asoma al tenebroso antro en donde incuban todos los problemas y fermentan todas las
eludas, para pedir al impasible tiempo una tregua de reposo en el incesante ritmo del movimiento. Quisiéramos entonces, como el J osué de
la Biblia, detener al astro del día en mitad de su
carrera, fijar en la inmensa bóveda de los espacios la inextinguible antorcha que hubiera de
iluminar .todos nuestros actos veníderos1 arrancar
la importuna venda qne nos impide penetrar en
el ansiado misterio, prender un rayo de luz que
esparza oleadas de claridad en el negro mar de
lsts tinieblas que envuelven como un sudario á los
destinos de lo creado. Tan cierto es que todos
llevamos anidado en el alma un rebelde Harnlet
que golpea impaciente la losa del sepulcro. Acaso la idea ele la inmortalidad no provenga sino
de este extrailo deseo de penetraren el :.\Iisterio,
ambición tenaz, que pretende quebrantar la
inflexible ley de la vida, que tomasus raices en
la necesaria premisa de la muerte,
Pero si para el indhiiduo el deseo de supervivencia se impone como una ineludible condición
de la vida; si el gorgeo del ave embriagada de
amor se forma del desconocido lamento del insecto devorado, corno dice Clemenceau v ha atestiguado Darwin; si 1:hir es 111nta1·, puesto quemata1· es defenderse: para los pueblos, esta tendencia
hacia la perduración en el planeta, se traduce por
un impuls@ irresistible á ensanchar el territorio,
manüestado pinneramente en toscas formas entre
los primitivos agregados sociales por medio de la
lucha permanente entre horda y horda, y más tarde
por las aventureras correrías dela conquista, hasta
que el concepto del derecho ha venido á cambiar
la dirección de los grupos humanos en forzosa
agregación de las fuerzas para la conservación de
la vida de los Estados.

Débense tal vez, á este inol vidado sentimiento atávico, á este inconsciente anhelo prendido en el
espíritu de las jóvenes nacionalidades cuya infancia fué arrullada por el rumor de la lucha, los postreros obstáculos, felizmente vencidos, que se oponían al reconocimiento del tratado entre el gobierno de la República. y el del Reino Británico,
con ocasión de los límites de Belice. Imaginaban
los que han convertido el patriotismo en una suerte de delirio desenfrenado1 que éramos incontrastablemente dueños de ese girónde tierra arrebatado á ln integridad nacional por el poderoso empuje de la l&lt;'uerza, contra la que s;e pretendía
elevar el insuperable baluarte de la Justicia.
Cuando ya los revueltos pa1ses americanos habían triunfado de la agitación persistente que se
enrollara en su vida íntima como una trágica túnica de Neso; cuando-como al referirnos á acontecimientos de esta misma naturaleza, hemos dicho ya en estas columnas-la idea dela Libertad,
que entraila la idea del Derecho, comenzaba á
presidir el desenvolvimiento de la República1 como «una funci_ón de la ley universal d.e la economía de las fuerzas,» se suponía que1 en los momentos en ,:¡ue la evocación dela doctrina :.\Ionroe
corría por las arterias del Xuevo Continente, como una anticipada protesta á toda tentativa de
invasiones europeas, una nación del otro lado del
Atlántico procuraba colgar su nido de vieja águila en un fragmento de la nacionalidad mexicana.
Para desvanecer estas sombras ha sido indispensable combatir el sofisma hasta hacerlo afücos,
sacudir el error hasta desarticularlo, atenacear el
prejuicio hasta destruirlo. No se trataba1 no, de
.un incisivo ataque á la integridad del s".lelo patrio; no era asunto que se relacionara con el honor nacional; no era motivo de sembrar desconcierto y alarma en la conciench popular, serena
y reposada en el espacio de algo más de un cuarto de siglo; que si estos elementos enh·aran en
juego1 todavía los viejos héroes de nuestra vencedora soberanía podrían mostrará las nuevas generaciones el camino del deber, en los supremos
momentos dela lucha.-Hechos y documentos presentados á la consideración de las multitudes, llevaron este debate á terreno de donde no debió
ser mmca retrotraido.-Nosotros, los que en el estandarte de nuestra democracia hemos escrito el
respeto al derecho ageno, como lógico anteceden-

te á la defensa del derecho propio, estamos en la
obligación de mostrar la serenidad de un pueblo
que ha pasado ya del fatigoso período de los sacudimientos y las violencias, para entrar de lleno
en la vida seria, reposada y tranquila delos grandes intereses y de las tremendas responsabilidades.
Y propicio es, innegablemente, el momento para
dar ejemplo de nuestra abjuración de pasadas
culpas, cuando en república vecina hase agrietado el terreno para dar salida á los caliginosos vapqres de la revuelta armada. La última aventura
revolucionaria en Guatemala y su inesperado fracaso, cuando ya se antojaba que la rebeldía iba
á apoderarse de la situación, es una prueba más
de que el impres~indible generador de estas contiendas es siempre el conflicto entre los intereses·
y que en la lucha emprendida ya se resuelva pa'.
cíficamente en el espacioso campo de la contienda.
electoral, como en la democracia del N' orte, ó bien
se dilucide por la fuerza de las bayonetas y los
disparos de la fusilería en los muros de Quetzaltenango, la victoria es la hija predHecta de lá fortuna.
Elementos de cuantía amparaban las fuerzas
insurrectas; capitales de importancia ponían en
movimiento las avanzantes huestes; pero superiores eran los recursos que el Gobierno del General
Reina Barrios contaba en su arsenal de defensa.
La revolución abortó, pQrque en el choque de estas dos espadas, la hoja de oro habría de rompe1·
la lámina de acero; porque hay un destino reservado á los que entran á la lucha de la competencia, en la industria de la guerra como en todas las
industrias, sin dinero bastante para apartar la.
quiebra; porque la pobreza, que en la época de
Musset era siempre !et c01·tesa11a1 es en nuestros
días la vencida.
Del granero vacío sale el grito de desesperación
que pone fiebre en el pulso de las masas. Pero
hasta que frente al poder opresor no se alza una
fuerza social que le salga al encuentro, todas las
explosiones serán aisladas, y todos los agitadores
sometidos. El hambre es la materia prima con
que se fabrican las tiranías.

*

**
Todavía tienen una explicación--extraüa
y anormal, ciertamentfl, una explicación de patología social~esas terribles tragedias que el anarquismo

ODALISCA
arroja sobre el tapete de las vie3as naciones corroidas por ocultas llagas. El enorme fard·o de
la paz a1·mada hace vacilar al obrero europeo y ,
enciende su ira en paroxismo de represalias.-¿A.
dónde va esta legión que, desprendida de la negra tierra blanda dg las estepas rusas1 rodó como
piedra desprendida de un ventisquero, basta las
risueilas orillas del medio día que el mar :.\!editerráneo baila con sus tranquilas ondas? Camina á
tientas marcha sin rumbo cierto, avanza sin derroter¿: va á la muerte, ciegamente1 fatalmente
condenada de antemano por su propia cólera, con
culebreos de reptil y saltos de felino, embriagada
en su ideal negativo1 en su nueva roligión sin fe,
sin esperanza y sin misericordia!
.
Péro entre nosotros en ocasión de que el pa1s
comienza á poner en ~ovimíento sus fuerzas. productoras y á organizar susuiúdadesdetrabaJo, el
anarqnis~o es una mueca burlesca sorprendida
en una faz siniestra. Por eso el ·atentado que un
loco alcoholizado llevó á efecto contra la persona
del General Díaz, ha por hondo modo conmovido á
una sociedad unánimente agrupada en torno ele
esta tan relev~nte personalidad, encarnación enér- ·

gica de los altos fines de la República.-La sorpresa pa¡alizó por tm instante el pensamiento popular, que muy en breve debía ser arrastrado á
orden de impresiones distintas, ante el tremendo
drama desarrollado en la Inspección General de
Policía. Detrás de la fábula, r,\pidamente urdida
por el Inspector Velázquez, la multitud vislumbró
la verdad de lo ocurrido, en los momentos en que
el poder público se apoderaba de los flotantes hilos con que babia siclo tejida la trama1 y anunciaba ante la Representación X acíonal que el castigo
caería sobre los culpables, sin distinción de gerarquías.
Reviste este palpitante proce~o un_ especial ~nterés para los qu~ t~as la narración circunst~nCia•
da de los acóntecumentos tratan de descubrir una
ley_ general1_ un dato so~iológico ó una provechosa mformac1ón del rned10 que le rodea. Esa obscura historia fraguada en el recodo de una callejuela, en la alta noche, á medias palabras y gestos resueltos, da exactamente la medida de la osadía ~e un hombre1 cuya fuerza de acción, desviada de la corrienteemponzoftadaá que se abandonara, pudo haber sido provechosa. Esa ciega mu-

chedumbre, escolta del carro que arrastrara idos
acusados1 vociferadora y frenética, dispuesta, según entonces dijimos, á aceptar la idea ele! hecho
que motivó su protesta; esos bueno8 burguese1;,
salvaguardia de la sociedad, formulando su veredicto con la serenidad de quien cumple un deber
supremo, no han podido pasar inadvertidos para
el observador sagaz, que por poderosa facultad
del espíritu descubre relaciones y formula síntesis en el e°scueto relato de .los sucedidos.
Para éste, si el atentado de Arroyo ha evidenciado lo íntimamente unida que se encuentra la
persona clel General Díaz á las aspiraciones de la
11ación, el veredicto del jurado atestigua el acuerdo existente entre el grupo al que está encomendada la tarea de adminlstrar justicia1 y el deseo
expresado por el poder público de hacer caer el
peso de la ley sobre los culpables del crimen del
17 de Septiembre, cualesquiera que fuese su categoría.

*
Trastornos de otra íU:d.~le se iniciaban, al propio tiempo, en la importante esfera de la Hacienda pública. Una nueva y repentina. crisis en . el

�p ,mingo 26 de Diciembre rle 1AA7.
426

valor, siempre vacilante del metal blanco, pudo,
por .un momento hacer creer que se sacudía sobre sus cimientos el edüicio de nuestros presupuPstos, levantado merced á tanto esfuerzo. Se
imaginó que el país carecía de faerzas para resistir al terrible embate, y echáronse á volar las
más i1egras profecías.
La misma tirantez de la situación demostraba,
empero, su lógica brevedad, así como en las dolencias físicas es imposible concebir un prolongado estado de agonía. El mercado mejoró sus
condiciones; y en virtud de ellas el tesoro ha podido presentar un sobrante disponible de cerca
de ocho millones.de pesos, y una iniciativa fiscal
en la que aparece un Iigern sobrante, que futuras
circunstancias pueden elevar fácilmente.
El problema financiero, el eterno problema en
el que han estado encerrados todos los que se refieren á nuestra historia patria, ha sido resuelto,
otra -vez más, y ante esta nueva muestra de la vitalidad extraordinliria del país, el año que )"ª va
pronto á irradiar sus palideces de alborada en
los horizontes del porvenir, remeda elhcraldo de
· la prosperidad y el engrandedmiento patrios.
)ÓC

EN LA MUERTE
DELA

~$EÑ0RITA PAZ ALGARA Y TERK~R0S~
Llena de juventud, de gracia llena,
Tesoro de virtud y de ternura,
Te miré descollar fragante y pura
Como en un campo virgen la azucena.
En tu mirada límpida y serena
No sorprendí tristezas ni amargura,
Eras una alborada en hermosura
Que en silencio admiré por dulce y buena.

*

~

Ha podido la República~ en 1897, ahogar una
de esas viejas luchas seculares, que condiciones de lugar y raza parecían haber condenado á
perpetuarse: la campaiia del Yaqui, totalmente
extinguida en las medianías del aiio.-De esta lucha sin cuartel, misteriosa y oscura, en la que el
soldado, perdido en lo profundo de los bosques,
no sabe si la sombra que se perfila ante su vista,
es un arboló un hombre; de este combat6 misterioso y desconocido, traf. la masa de un matorral, en
el que el enemigo se en~uentra siempre cerca y
jamás presente, se ha salido con honor, y la presentación de los jefes rebeldes y el desarme de
sus huestes constituyen la sólida garantía de la
paz definitiva.
Las tribus moradoras de aquellas fértiles ribe•
ras, que un día abandonaron el terruiio para emprender la nómade exi!itencia de los perseguidos,
tornaron á su pacífico modo de ser. La civilización ha ganado colaboradores útiles, elementos
dispersos, fuerzas disgregadas, que voluntariamente se acogen á la enseña del progreso. Raza
activa y de nervios, las resistencias de que han
dado muestras en la rudeza de la contienda, se
encauzará en dirección benéfica, en virtud de la
ineludible ley de la e onservación y persistencia de las fuerzas.
Hecho es éste que merece ser consignado en
las páginas del afl.o que brevemente historiamos;
de este afio que ha visto partir al más popular de
los poetas populares, al inolvidable Guillermo
Prieto; que ha tendido la bandera de la patria so•
bre el inanimado cuerpo del General Rocha; y
que al desaparecer para siempre, ha tenid-:- ocasión de saludar, en sus postrimerías, al amigo de
los intereses mexicanos, al leader del partido demócrata de la República del Norte, al vencido
ilustre en la postrera campafia electoral de la gi·
gantesca Democracia Americana.
. Año de grandes sacudimientos sociales, de conjuradas catástrofes, de enérgicas reacciones, que
ha comenzado á hundirse en la insondable noche
del pasado.
CARLOS DíAZ DUFÓO.

NUE$TR0$ gRABAD0S.
EL ANGEL DE NAVIDAD

Inspirado por un sentimiento de idealismo pmo, el
artista que pintó el cuadro cuya copia aparece hoven
nuestras coltmrnas, presenta al angel que presidio al
nacimiento del Redentor.
.
No fué necesario para que luciera en todo el esplen·
dor de su belle1e1a, rodearlo de otras fi~uras ni destacai-lo de uu fondo trabajado. El ange1 está solo; y la
gall.irdía de stl actitud, la expresión de su rostro, la
mirada en que refulgen destellos de gloria, bastan pa·
ra q_ue quede interpretada la augusta misión que lo
tra¡o á la tierra.
Si en los divinos ojos hay algo de tristeza, es porque
la criatura que el cielo habla encomendado á su guar,·
da, estaba destinado á horrorosos padecimientos.
Día debería llegar en que el Redentor abrumado
por su dolorosa pasión pidiera á Dios que apartara de
sus labio.s el caliz de la amar~ura, y el Angel d_e
Navidad impotente para contranar la voluntad Ommpotente lloraría también, ansiando la hora en que ter·
mi-nado el sacl'ificio le recibiera eu sus brazos para tras•
ladarse con él á la mansión de la eterna luz y las e ter·
nas venturas.

. EL MUNDO.

Domingo 26 de Diciembre de 1897

~L MUNDO.

•

¿Quién ¡ay! sobre esa flor deslumbradora
La furia desató del cierzo impío?
¡La muerte, la implacable segadora!
Y tvrnó tu beldad en mármol frlo,

Y en tinieblas los rayos de-Ja aurora,
Y en lágrimas las gotas de rocío!
JUAN DE DIOS PEZA

México, 21 de Diciembre de 1897

tengan razón) y que no hay fiesta posible sin mona
contundente.
_
Y como la Noche Buena es la más alegre del ano,.es
asl mismo la más remojada.
.
Los chiquihuites representan pues un papel 1mporDespués de un'a corta permanencia en el pai~ recotantisimo
en
Navidad,
á
tal
g·rado
que
para
muchos
rriendo las ciudades más importantes y visitando los
.
establecimientos públicos y particulares más notables, Navidad es sinónimo de chiquihuites......
Y cómo se suben los malditos! No parece smo que el
el 1enombrado patricio del partido democrático ame•
ricano v su distinguida e~posa se disponen ya á vol- :•lcohol que los «informa• tiene alas.Do único que sor·
ver á sü patria, donde los grandes intereses que re• prende es ta contradicción de que e1~ esos ascensos
p1·esenta el leade-r de Nebraska reclaman su presencia. acabe siempre el hombre por caer en tierra.
En el cuadro que Rnelas ha t&lt;?mado_del natural, los
Seo-ún ha manifestado el político americano en repetida~ oca8iones, lleva en su corazón un sentimiento de chiquihuiteros están á punto de mcUI-rlr en e_sa contrasincera gratitud hacia el pueblo y el gobierno de Mé- dicción· ved sus cuerpos. contemplad sus actitudes.... :.
xico por las muestras de cordialidad que de éste ha muy pr~nto van á descubrir esas dQS personas la ráp1•
da y fatal trayectol1~ qtre tenn±na-en:-ei- sue¼&amp;:·: .. • •
-recibido v el afecto que aquel le h:tdemostrado.
Se trata dcl último brindis y del pnmer batacazo.
Ha encontrado abiertos nuestros corazones y fran~
La figura del borracho que aparece en segundo t_ércas las puertas de nuestro hoo-ar, y si no ha podi&lt;l:o detenerse para esh1diar detalla'ltamente las condiciones mino e11 tan elocuente como las otras; ese ha preferido
de nuedtra existencia social y política, si no ha empleado buscar un seguro punto de apoyo y duerme .el sueño
mucho tiempo en examinar detenidamente nuestr3: or· del cbiquihuite. La maritornes del fondo sonne y afueo-anizaciónfinancieray las condiciones denuestros1ste• ra voces aguardentosas cantan: esta ncche es noche
~a monetario. inflll\·endo de modo directo en el desa• buena
rrollo que últimamente va tomando la naciente industria del pais que abre nuevas fuentes inexploradas á
LA ODALISCA
la pública riqueza: su genio observador y su espíritu
analítico le habráu proporcionado, P.omo él declara, los
datos s1úicieutes para formarse cabal idea de un pals
En otra de nuestras páginas ilustradas aparece el
en vía de maravilloso progreso, aun en medio de las
de u.na Odalisca copia de un cuadro q~e ha c3:u·
vicisitudes por que ha atravesado por causa de la de• bu;-to
sensación en Berlin y que se debe al pmtor Tito
preciación del metal blanco, base fundamental de su sado
famoso ya por el encantador na~uralismo que
sistema monetario y producto principal de su expor· Contí
caracteriza sus obras y por la opulencia de colando
tación.
·
que las engalana.
Lleve en buena hora el caudal de esos conocimien• con
,La Odalisca está contenta, es feliz porque su sefíor
tos adquiridos prácticamente á sus conciudadanos y bien
amado le reo-aló una rosa emblema de la hermopartidarios v muéstreles cómo marcha un pueblo azov selló sus l~bios con un beso que palpitaba en
tado po,: coñtrar.ios vient•&gt;s que han servido"µara des- sura
ellos todavía.
·
pertar sus latentes energías.
. .
La dicha y el amor ......... ¡•1ué bien expresados esLleve también los votos que hacemes por su felic1• tán
en el cuadl·o de Tito Conti!
dad personal, y admita el respetuoso homenaje que
rendimos á la inteligente y distinguida compañera o.e
su existencia batalladora.
Reciba también en estas líneas el testimonio de nues•
próxirnc., año
tra gratitud por haberse dignado proporcionarnos las
fotografias especiales para •El Mundo• que nos sirvieron para los grabados ·con que hoy engalanamos
Estamos satisfechos de la buena impresión que ha
esta página de nuestro semanario.
causado en el público nu11stro míme1·0 anterior, que
fué publicado como muestra de lo que será.EL MUNDO
en 1898.
·
EL ULTIMO CHIQUIHUITE:
Esto nos anima extraordinarinmente. y nos hace
pensar más en el trabajo que tiene mb recompensa en
aplauso de nuestros lectores que en la partil finanEn el tecnicismo ó mejor dicho, en el caló de ciertas el
del negocio. Hemoij pedido á Parls nuevas~· más
tabernas, un chiquihuite es u.na especie de ponche, ca- ciera
grandes prensas que nos permitirán cuidar mucho
liente rudimentario, que. se sirve á bajo precio t'&lt;n las más
que hoy de la impresión del periódico, y presennoches de invierno, especialmente en la Noche Buena tar este
semanario dig·no del público que lo s1,,menf'.
en que una magna parte de los buenos ciudadanos de
Dijimos bien: EL Muimo !LUSTRADO no es un perióla :\Ietrópoli juzga que el nacimiento de Cristo es su- dico
popular sino de la clase selécta, ilustrada dtl uues·
ficiente pretexto para que ellos se mueran de puro bo·
tra sociedad. Está comprobado esto por la acept&gt;tdón
nachos.
Hay quien juzga que no se puede celebra\· nada en general, con que se han recibido nuestras reformas
el mundo sin embriagar$e. Que la copa es el princi· para el entrante, y ofrecemos solemnem&lt;'nteeorrcspou•
pío y el fin de todas las alegrias (acaso en eso último der en todo á la bondad de nuestrns abonados-

MR. WILLIAM J. BRYAN Y $0 ESP0U

El

LA NAVIDAD DE LA PASTORA.
Conoceis sin duda el Ángelus de Rosa Bonheur, esa
viril pintora que quiso dejar en un cuadro, en uno solo
acaso, algo de femenino y dulcemente melancólico?
El aldeano está de pié junto al barbecho, con el rústico sombrero entre las manos; no lejos yace inmovil y obscuro el arado; las lejanías tórnanse indecisas,
se inundan de vaguedad; avanza la sombra artera del
oriente, de donde antes venia la luz; pero aun hay algunos areboles en las nubes delgadas, aun las tiñe un
poco de oro haciendo que semejen brillantes y escar•
dadas plumas de un ave ideal.. ....
Y flota sobre todas las cosas una melancolía indefi·
nible, una. melancolia divina, una melancolía consola·
dora.
Dijérase que la amplía y grave y religiosa vibración
del Angelus ha divinizado el crepúsculo, lo ha hecho
inmaterial y mistico; dijérase que la tristeza que siempre viene á la naturaleza y al espiritu cuando el día
agoniza, es entonces una tristeza santa.
Llegó la hora en que como a.ice el poeta:
el mar salmodia sus perennes quejas
batiendo las riberas rumorosas,
y el hombre piensa en afecciones viejas,
en seres idos y en pasadas cosas .........

*

* * melancolía de ese crePues bien, algo de la solemne
¡:&gt;úsculo tiene este otro que inicia la Navidad de una
pastora.
Cuando la pequeña cabrera, vió hundirse en el oca•
so al sol como un alud de llamas, deslumbrada por la
postrera 'pompa de colores que invadia el horizonte,
qucdóse mucho tiempo absorta: primero ante los oros
pálidos que franjeaban las nubes, luego ante los rojos
vivos que se tendian como banderas sangrientas por
el cielo; después ante los lilas mate, ante los lilas próceres, ante los divinos lilas que cambiaban.de matices

como una tela de gros y se desvanecían en el gris
de los vapores vespertinos.
Y aquel espectáculo le produjo el éxtasis.
Mas la campana mayor de la parroquia volcó de
pronto el grave y augusto tesoro de sus toques: din
don,dindon, yun extremecimiento de angustia la conmovió toda.......
Din dan, din don ....... Dios mio qué inmensa querella de vibraciones y cómo saturaban el espacio rle tristeza ...... Y ella estaba sola y tenla frío, mucho frío ......
A qué volverá la alquería si nadie la amaba ahí, si
nadie quería cederle un rinconcito junto al fogón?
'El mastín belfudo y enorme, gruñla á su vista, la
tla Juana solo tenia para cllairases duras; arrojábanle de mal modo un tasajo de cecina 111al asada..... y pa·
ra dormir solo poseía el viejo jergón de crines que
nadie se atrevía á usar va.
Cc,rno era huérfana! •
Si al menos Gabriel, aquel cabrero radiante que hacía las delicias de las mozas, el primero en la juerga y
el chicoleo! más el primero también en el trabajo, aquel
mocetón _de cabellos pajizos y de ojos aceitunados, la
amara aun ......
Pero la dejó por otra, por otra que poseía una vaca
y un huerto.
La dejó por otra, porque ella era pobre y era triste.

*

**
Din don, din don.
Y el aire iba haciéndose más frío, tenla ráfagas que
azotaban como correhuelas, y la sombra invadia la
altura.
Los corderillos se agrupaban, temblorosos bajo su
toison de nieve, y claYaban en la pa~tora sus ojos inmensos y dulces, como si la interrogasen:
-Que, no tornaremos á la majada? Aqui hace mucho frio.
Y ella parecía responderles:
-Frío, y qué me importa el frío de fuera cuando aqui
dentro está helando?

- Yaya! medrosicos, no me vi~teis acaso muchas no•
~bes cantar á las e¡;trellas de Diciembre? Entonces
tambien hacía frío, pero i;i vierais que calorcito tan
bello llevaba yo en el corazón?
Din don, din don
Esta noC'he nace Jesús en un establo.
Vesper descrencha ya sus cabellos de oro en el espacio, Artburo cuaja sus luces cambiantes, Cirio en•
ciende sus fuegos de bengala.
Llega de la aldea el murmullo alegre de los pastores y en la sierra se retuerce llameante la cinta roja
de los vivacs......Tambien los carboneros celebran la
Navidad.

*

**
Din don, din don.
Ea, pastorcilla, hoy habrá cariño para todos; que no
ves que el Angelus va cantando: "Paz á los hombres
de buena voluntad?"
Hoy se olvidan los odios, las manos se tienden, las
bocas se buscan, los pechos quieren latir juntos ......
Vamos, no llores ya; en la granja hay estruendo de
panderetas y bordoneo de guitarras~ .....
-Si, pero Gabriel sonreirá con la otra, con la otra
que es alegre y rica, en tanto que yo soy triste y pobre; el mastín belfudo y enorme gruñirá y como en
otras noches, para mi no habrá sitio junto al fogón.
*

**

Din dan, din don y todas las campanas, tras el solero•
ne motete del Angelus rompen en un alegro vivace
de metálicas resonancias. Aleluya! Aleluya! parece
que claman ......
El último rayito de sol se ha enhebrado entre las
nubes delgadas, como la postrer sonrida del cielo......
Porqué hay un corazón triste en la vega infinital'
Navidad, no seas cruel!
AMADO NERVO,

Diciembre de 1897.

�~r., MUNDO,

La galana historia
DBUNABANDA

color de cabellos de oro.
Desde que Blanca de Montferrat residía en Turln
rara vez los duques de Sabova iban al Ca11tillo de Chambery. E➔te castillo formaba un maciso coronado por
tres torres: la de los Vientos, la de la Prisión y la de
Poypo. Al pie de esta última, habla un patio dividido
en dos compartimientos para animales domésticos y
para fieras. El Castillo tenia un salón de ceremonia11;
y en la cAmara contigua fue donde el Conde Yert alojó
l Carlos IV en 1195.
Doscientos años más tarde, Don Felipe de Sabo,a,
Caballero Gran Cruz de la Orden de Jerusalen, Capitán de Caballerla ligera y Coronel de Infanterla, acababa de vestirse en su cámara lujosamente decorada
con tapicerlas de Bergamo y porcolanas enviadas por
sus prnnos los Médicís.
A la luz de cuatro cirios enormes colocadoR en un
candelabro de hier• o negro, un paje sostenía frente á
él un espejo de Venecia, que le mostraba la imagen de
un caballero de 40 años, alto y esbélto, de ojos negros
v vivo~, la barba ~· el bigote á la usanza regia, los labios rojo~. fre11ca la tez, los cabellos crespos de un rubio cobrizo y las manos fuertes y finas.
Botas de piel de gamo bordadas cubrlan sus piernas
muscuk&gt;sa11 1 calzas de terciopelo carmín adornadas de
plata .v un justillo con agujetas y herretes de pedrería
formaban su•traje; v terminaba va de cerrar los herretes, cuando otro paJe introdujo il. un caballero vestido
de soldado.
-Salud, Bertrand de St&gt;y;:sel, barón de la Serra, Porta-estandarte de Saboya. ¿Cómo está mi comadre Mad.
Boune?
-:\li esposa saluda á Vuestra Señoría, contestó el militar inclinándose respetnoso ante el príncipe,
-¿Estáis de mal humor, Seyssel? ¿Qué os pasa? Pepino, dame mi banda.
El paje sacó de un armario un cofrecillo de rica filigrana interiormente forrado de raso azul, y Don l!'elipe tomó de ali! una banda bellísima pero un poco descolorida. Estaba tejida de hilos de oro, plata y seda
pálida, to que le daba el tinte del trigo maduro ligeramente dorado con reflejos leonados. En las dos extre•
midades, dedos de hada hablan bordado con cabellos
un poco más obscuros, letras enlazadas formando monograma arriba de un fleco finísimo sostenido por anchos galones de oro. Antes de poner~e esta banda la
besó Don Felipe luego la fijó con un broche de diamantes y_ arreiló las puntas para que no cubrí.eran la
empuñadura ae su espada.
·
-¿Estoy bien, Bertrand?
-¿Dón&lt;le vais, Señor?
-A la casa de mi amada Clorincla; y os llevo á comer
con nosotros.
-No, antes de desempeñar una comisión ingrata
para mi; pero cuando el amo ordena, el servidor obeaece.
-¿Qné queréis decir? ¿La guerra va á seguir, seha
interrumpido el armisticio?
.
No que yo sepa. J~s~amente aprovechando esta breve paz Su Alteza qms1era.........
·
-Hablad sin !"et1cencias. ¿El Duque Carlos Manuel,
mi hermano, intenta emp!earme para algunos de sus
planes? Estoy listo con mis hermanos, cuñados y ~o-

brinos. Cuando se tiene sangre de Saboya en las venas ........ .
-No Re consiente A un francés vanagloriarse de haber derramado vuestra sangre sin consecuencia como
quien vierte una botella, Interrumpió secament~ M de
Seyssel. Esto es lo que hace M. Créquv y Su Alteza
cree que deberla exiglrsele una satisfacción.
-Por todos lo~ diablos ~e Génova, gritó furioso. No
he de pasar la vida desafiando á Créquy por simples
zas. Es demeslado honor.
-Honor para ambos. Cr~uy Blanchefort es Señor
de C~naples, Príncipe de Co:e y par y Mariscal de
Fran~1a.
-Hablais como un libro de heráldica.
-Ya tendréis tiempo de aprender esta ciencia en alguna fortaleza del Piamoute, donde os encerrará vuestro hermano si dejais sin ca11tigo á Créquy.
-1.A~I estamos?
-Su alteza dice que elijais entre un duelo á muerte
ó prisión perpétua.
•
He desafiado ya dos veces á :\fr. Créquy. La primera con la Bouisse y el Caballero Pingon entre Grenoble
y Gínéres. En la segunda tenia por padrinos áFontaines v á Baume d'Hostun. Entonces quedé herido.
- 'y por eso el francés se vanagloria y os trata de
torpe.
·
-¡Por tod_os los diablos! gritó Don Felipe colérico
no es c~uto JUgl;l,r con fueg-o. ¿S'.1bei~ de qué se trata?
-Casi, pero s1 me contáis la h1stor1a........ .
-¿Os acordáis del sitio de Chamousset?
Fui obligado á. saltar armado en una barca para cruzar el Isére al anochecer. Un grupo de parciales de
l\.fr. Créquy me perseguía y la barca encalló en un
ba~co de arena y me i:;alvé a:nado. Llegué á Miolau
~~Jado, cal~do yerto. Un so_ldado me. reconoció y me
dio sus vestidos y permaneció en camisa mientras los
mios se secaban. Al partir luego olvidé esta. misma
banda que la bella Clorinda bordó con sus cabellos
para rni; el soldado la vendió á un sar~ento que la regaló á Créquy v este me la envió á. m1 con el consejo
de cuidar má.s tos recuerdos de las damas.
El consejo valía una estocada.
•
-Y alió tres ......... que yo recibí.
-Y que es bueno devolver.
·
-Decls bien Bertrand; vamos á comer.
-No, hasta que tenga yo respuesta para Su Alteza.
-Sea! .A bien que ya me revienta los oídos ese Charles de Blanchefort, Canaples, Poix1 Créquy y todo un
calendario dijo Don Felipe y llamo con un timbre.
Entró un paje.
-1.Hay álguien en las antecámaras?
-El Señor de la Verdatiére.
-Vaya! Un gentilhombre, hijo de mi difunto padre.
Todo un tronera.
·
-Basta para llevar un cartel.
-Todos los diablos lo deguelleny á mi también! Que
venga.
A poco entró un personaje alto v seco. El príncipe
no lo miró.
•
. -Laverdiére-le dijo irguiéndose con majestad. Ensillad vuestro caballo y salid para Lvon. Ali! iréis ála
casa del Mariscal de 13irsn y le diré.is á :M. de Créquy
que lo aguardo el 2 de Junio en las riberas del Ródano, cerca de Bugey para batirnos con armas iguales,
con padrinos ó sin ellos. Id! y vos Seyssel vamos á
comer: se nos espera.

Domln,ro 26 de Diciembre de 1897.

San Quintln el dla de San Lorenzo y que fue sobrino
y generallsimo de Carlos V. no tuvo más que un hijo
de su matrimonio con Margarita de Valois, peroMargar,ta tuvo numerosas rivales que su marido escogió
entre las más bellas y las más nobles. De alll fué que
le nacieron muchos hei:ederos entre ellos Don FeliP,e,
nieto de Martín Doria. El hijo legitimo de Manuel F11iberto seguía las huellas de su padre, con mengua del
buen nombre de los prlncipes que abusan de su prestigio y su poder.
De todos modos, la familia bastarda de este prlncipe tenla un gran lujo en la Corte en esa época en que
para ir por las calles se 'necesitaba un criado que fuera
aelante para no caer en las inmundicias del camino.
Don Fehpe tenia dos que entrando en el dédalo de pasajes abiertos entre las calles, pasaron con él por detrás de los muros y salieron con rumbo á la Colina de
Lemac.
_
-Hemos llegado,·compadre, dijo Don Felipe mos•
t: ando á Sevssel una luz que brillaba entre los árbole@. A qui está mi paraíso.
Cuidado señor, dijo el austero gentil-hombre: por
aqul se puede ir al infierno.
-¿No conoceis á Clorinda?
-Un día la ví.
-Y no admirasteis @u belleza?
-Después que me casé solo mi esposa debe parecerme bella.
-Vuestra discreción es un reproche.......
Vais á predicarme moralidad?
El príncipe se detuvo ante un pabell,mcito cuadrado rodeado de árboles; los pajes apagaron sus antorchas y entraron en un soportal, y el señor seguido de
Bertrand penetró por las nabitaciones.
Al rumor de sus pasos se abrió una puerta, y una
voz femenina dijo:
Sois· vos, señor?
Yo mismo, con el Barón de la Serra.
Avisa á tu señora, y vuelve á alumbrar.
Pero ya una luz iluminaba las primeras ~radas de
una escalera y pronto los señores fueron mtroducidos en una sala. Sevssel observó la ell\gancia de este
departamento v quedó desvanecido ante la belleza ele
una mujer que entró á pocos momentos. Era en verdad un prodigio de belleza, cou una dignidad llena de
gracia y un aspecto de reina. Opulenta cascada de
cabellos rubios adornados de perlas caía sobre sus
espaldas, y un traje azul celeste oprimla su talle soberbio, en tanto que el centelleo de sus ojos obscurecla á los centenares de diamantes con que se adornaba. Desvanecido y asombrado estaba Seyssel pero se
asombró más cuando vió al prlncipe arrodillarse ante
esta sublime criatura, tomarle la mano y cubrírsela de
besos.
.
Bienvenido señor Barón, dijo con amable dulzura la.
Condesa Clorinda. Ya sabia yo que sois de los mtjores amigos de Don Felipe.
-Comamos pues, amor mio dijo el Príncipe, levantándose sin ceremonia.
Des{'ués os daré algunas noticias.
Nadie conocía el verdadero nombre de la Condesa Clorinda ¡\ quién se veia desde hacia diez años siguiendo á Don Felipe hasta las cam,Pañas y aun se
decla qu~ un casamiento secreto los hgaba.
Esto picaba la curiosidad de los cortesanos de su
Alteza, sobre todo porque ella era muy rica y Don Felipe caballero de Malta.
•**
El Duque Manuel Filiberto de Sabova á quien lla•
-Servida la mesa con profusión M. de R&lt;'yssel comió
maban Cabeza de hierro, que derrotó á 1os franceses en · con el vigoroso apetito de un cuerpo sano y una con-

Domingo 26 de Diciembre de 1891..

EL MUNDO.

ciencia tranquila y bebió en proporción. Subyugado presente heraldo. Conflo en que os tomareis con gusto
por la hermosura de Clo"rinda y por el esplendor de esta pena y alabaré ante el mundo vuestra manera de
cuanto le rodeaba, se dejó dommar, soldado rudo, por proceder, quedando como muy atto. S. de V. E.
los encantos de esa voluptuosidad, sin tener el valor
D. Felipe de Sáhoya."
de confesárselo á si mismo y regresó á su casa al amaCréquy respondió:
necer.
"Señor: el deseo de satisfacer vuestra indicación me
Como Clorinda habla sorprendido en Don Felipe
los indicios de al 00 una preocupación, le preguntó la hizo venir al lugar señalado, y no estaré tranquilo hascausa: y él se la dijo esperando que se opondrla con ta no saber por persona digna de fé que cuento con
todos los recursos ele una mujer enamorada al com- vos, de lo cual me alabaré ante todo el mundo, como
bate que le imponía la severidad del Duque. Porque contais con vuestro servidor.
Créquy."
por valiente que fuera, estimaba que dos duelos sucesivos bastaban á lavar una injuria insignificante y no
Se convino que doce gentiles hombres de Sabova y
aspiraba ya sino al reposo y al amor. De consiguien- doce del Delfinado asistirlan al duelo además dé los
te quedó estupefacto al olr á la Condesa decirle:
testigos que deberían ser por el Prlncipe, el Marqués
-Por eso os apenáis Felipe? Su alteza tiene razón. de la Chambre, Seyssel, de la Serra. Micha! y Pierre
Robarré y por Créquy, du Oassage, d'Auriac, DisiPropinad á Cre9.uy una estocada...... y en paz.
·
-Y me vereis tranquila afrontar la cólera de un ·mien y de la Buisse.
enemigo?
·
Despues de enviar un mensaje al Obispo de Bellay
-No sois invencible amor mio, caballero de la Mesa para que dijera una misa por los combatientes, el 2 de
Junio, dia del duelo, D. Felipe se puso en camino con
Redonda, émulo de Orlando y del Rev Arturo?
-Por el arnor de vuestros ojos haré lo que os agra- una gran cohorte de nobles y de criados, admirablede..... .
-Traedme los cabellos de M. de Créquy
y os bordaré con elles una banda, aunque
sean púas de puerco espln.
-Le aborreceis?
-No; por el contrario, me hace reir.
-Y si re~1llto her;do?
-Os curaré. .
-Y si muero?
-Haré vuestro sudario.
-Y os pondriais la cofia y el velo de las
viudas?
-:\las bien la corona de rosas de las desposadas.
Venid á borrar con un beso las feas palabras que habéis dicho, sellor, v dadme
n1estra de~pedida y no vol vais hasta dejar!en el campo á vuestro enemigo.
Obedeció Don Felipe y olvidó pronto en
la embriaguez del amor, los terrores del
porvenir
Pierre-Chatel es una antigua fortaleza
situada sobro un montón de rocas á una
legua de Bclley. Este nido de águila era
parte del St&gt;ñorío de Bengev, cedido en
1137 por pi Emperador Enrique á lo~ Condes de Sabova.
Volviendo'dr las cruzadas el Conde Yert deSaboya, mente equipados y alegres como si se tratara de una
Amadeo l\' . cedió Pierre-Chatel á la orden de San Bru- fie~ta.
no, para que instalara cenobitas que rogaran á Dios
A una legua de distancia, acompañada solamente de
por el bil'n de su alma. Su viuda Bonne de Borbon les un caballerango, dos pages y algunos migueletes, veasignó mil florines de renta, y el monasterio fue seña- nia la Condesa Clorlnda en su litera.
lado para cPlcbrar los cabildos de la orden dela AnunCréquy y sus amigos con menos aparato, dejaron á
cíatta. Al terminar esta historia, estaban allí de paseo Lion y llegaron el 2 de Junio al punto señalado.
el obispo de Bclley1.Juana Geoffray, Ginod, 11elchor,
D. Felipe montaba un caballo andaluz con arneses
el Conde de Monte ola_yor, lugar teniente general en de tercio.Pelo y oro, y "l"estla un traje regio.
.
Bresse, v J oaqtlin de Chateau-Viux alcalde ae Baugev.
M. de Créquy, no estaba menos ele00ante. A la V1sta
Como"ta q11erella promovida entre el bastardo de del {'rincipe echó pié á tierra, avanzó rápidamente y
Saboya v &lt;:arios de Créquy habla metido mucho ruido, le dijo dt&gt;scubriéndose:
los preliminares exigieron numeros; s y diflciles ne-11e felicito, Señor. de encontraros y sov el mas hugoeiarl,,ne~.
milde de Yuestros 1,ervidores.
•
El s&lt;'11or·de la Verdatiere le llevó el cartel de D.
D. Felipe. en tierra también, se descubrió á su vez y
Felipe que decla:
dijo con exquisita galanterla:
"Señor, como no puedo ir personalmente á veros co-También yo, Señor, desceabaeste encuentro vpromo dest&gt;aría, os suplico vengais al puerto de Otúrieu, testaros mi mas sincera adhesión.
•
dándonw aviso de vuestra ·llegada por conducto del
Los dos Señores se saludaron de nuevo con la son-

risa en los labios, y volvió cada uno al lado de sus tes
tigos.
·
Ademas delos indicados, habla numeroslsimos concurrentes. Se necesitaron algunos minutos, que á todos parecieron muy largoP, para las disposiciones del combate, minuciosas según 1a etiqueta y el cpdigo caballeresco de aquellos tiempos. El campo destinado habla
sido visitado por más de cincuenta gentiles-hombres
con sus escuáeros para prepararlo convenientemente.
En una barca y previas mil formalidades, pasaron el
Ródano primero unos, lue~o los otros partidarios de
los combatientes, v por último una dama enmascarada.
Los dos adver,;arios se despojaron de sus justillos,
dejando ver camisas bordadas y con magnificos encajes. D. Felipe pidió permiso á Créquy de anudarse su
banda en la ciutura, esa misma banda causa de la reyerta, y Créquy lo consintió ciñéndose á la vez una banda azul celeste.
Llegó el momento de estimular á los combatientes
dándoles algunos cintarazos D. Felipe manifiesta repugnancia, pero al fin se presta y permite álaBuisse vapufarlo, gritando á D'At1gnac que iba á hacer otro tanto con Oréquy: «De la cintura para arriba.•
El marqués de la Cbambre dá la señal,
y entran los adven;arios en lid con la espao.a en una mano y el puñal en la otra. Se
atacaron rabiosamente y D. Felipe alcanzó
ventaja al principio, pero Créquy más joven, más diestro, menos preocupado porque no tenla una mujer por juez de campo,
Je estrecha de manera que el pobre prlnci. pe pronto fué dominado. Una primera estocada le hiere en el muslo tiñiéndole de
púrpura la!! medias de seda; una segunda
le penetra en el pecho y otra en fin lo derriba. Inmediatamente Crequy sediento de
sangre se lanzó sobre él diciendo: ''Pedidme fa vida:"
-:N"o, matadme, respondió D. Felipe.
Dos puñaladas le hicieron dos hendas, y
con el pecho abierto, los miembros convulsos, el oastardo deSaboya cayó inerte.
-Señor, os dejo la vida si la implorais.
-Saboya manda y no suplica, gritó el
bastardo agonizante.
Ya la dama enmascarada había atravesado corriendo la pradera y cayó de rodillas junto á D. Felipe en el momento en que
Créquy y la Buisse trat'.1-ban de levantarlo: ..
Un cirujano se apro:x.una, pero fueron mutiles sus
socorros, pues D. Felipe apenas tuvo tiempo de. r~clinarse en el seno de la Condesa y exaló alll el último
suiR:ri~;;;;¿·~ie~p¡~hado po~ el Dl?-que de 8aboya no
pudo nea-ar á tiempo para impedir el combate. Despues Lafange fue matado por T&lt;'ontaines, éste se batió
con Villemor v ámbos mlll"ieron; la Buisse corrió la
misma suerte·con otro ele los testigos.

················································································•

···¡Q~~i .i;i1:¡;~~:~-~·e;;;; -~q~eii~~ ·iie~¡;~i ······· ···············

J~ualitos á estos tiempos en que los tontos se siguen
batiendo por."qultame allá esas p;tjas."
CABLOS BUET.

�Domingo 26 de Diciembre de 1897

ELMUNDO.

400

431

EL MUNDO

Domfna-o ~ de Diciembre de 1897.

Damas Mexicanas

S!a .cena ae Noc}¡e iuena
Acercaos á la mesa
Mis recuerdos, porque os llamo;
Id saliendo de la hueRa,
Muertecitos que yo amo!
Cosas idas, cosaR muertas,
Ilusiones ya perdida!!,
Acercaos á mis puertas,
Cosas muertas, cosas idas!

'.

$rita. i!uisa roarti:ue:z ae crastro

$rita. Rosario i!asefar

.DE CUÍ.U.CAN,

OE MAZATLA~

[Fotografla de Tapia.]

[Fotografía de Zúber.J

LA PALINODIA
El famos? poeta gri~go Estesicoro, pulsando la
cuerda de hierro de bU hra heptacorde v haciendo antes una libación á las Euménides con .i,;.ua de pantano _en qu_e se ha bian 1,nacerad_o _a1mirg·o:f ajenjos y ponzouosa cicuta, entono una sat1ra desolladora y feroz
contra Elena, esposa de Mcnclao v causad(• la "'Uerra
de Troya. De~cribí_a ~l ;vate. con ima prolijid.adbde detalles que después 11mto en la Odista el divino Homero, las tribulaciones y des,·enturas acarreadas por la
fatal belleza de la 1in~lárida; los reinos p1wados de
sus reyes, las esposas sm esposos, la$ doncella8 entregadas á la esclavitud, los hijos huérfanos, los o•uerreros que en el verdor de sus aiios habían desce~dido á
la re~ión de las sombras, y cuyo cuerpo ensat1"rentado m aun lograra los honores de la pira fúnibre· v
trazado este cuadro de desolación, vaciaba el car~a'j
de sus agudas flechas, acribillando á Elena á invectivas y maldiciones, cubriéndola de ignomía y vergüenza á la faz de Grecia toda.
Con gran asombro de Estesicoro, los griegos, conformes en 13:mentar la funesta influencia de Elena, no
aprobaron sm embargo la sátira. Acaso su misma viru~~ncia desagTadó á aquel pueblo instintivamente
dei~cado y culto; acaso la piedad que infunde toda
muJer babló en favo~· cte la culpable hija de Tíudaro.
Su detractor se gano fama de pi:ocaz, len&lt;&gt;'üilaro•o v
des~ergonzad~ y Elena, algunas simpatíai y m'i:tcha.
lástrm3:. En vista de este resultado, Estesicoro, con
las ore¡as gachas como suele decirse se encerró en
su casa, donde permaneció atacado de' misantropía y
abrazado a su fea y adusta musa ,·engadora.
El sueño había cerrado sus párpados una noche
cuando á deshora creyó sentir que un.1 di1'stra fria.;,
pesa~a como el marmol se posaba en su mejilla. Desperto sobresaltado. y á la claridad de la estrella que
refulgia en la frente de la aparición reconoció nada
menos que al divino Pólux, medio he~·mano de Elena
Un e_stremecimiento de terror serpeó por las venas dei
satlnco, que adivinó que Pólux venia á pedirle estrecha cuenta del msulto.
-¿Qu~ me quieres?-exclamó alarmadísímo.
.-Castigarte-declaró Pólux;-pero antes hablemos.
Dime por qué has lanzado contra Elena esa sátira insolente¡ f sé veraz, pues de nada te serviría mentir.
. -¡Es cierto!-respondió Estesícoro.-¡En vano tratana un mortal de esconder á los inmortales lo que lleva en su corazón! Como tú puedes leer en él sabes de
sobra que la inditnación por los males que' ocasionó
tu hermana y til nolor de verá la patria aflio•ida me
dictaron ese canto.
b '
_ -Porque leo en lo oculto sé que pretendes eno-an~rme-1:11ur~mu·~ con deeprecio Púlox- Y sin te~er
m1 presp1cacia dwina los g-1·ieo-os han sabido también
conocer tus móviles y tus mtegci~nes. No existe ejemplo ¡oh poeta! de satírico que ten o-a por musa el bien
general: siempre esta.hipócrita apariencia oculta miras personales y ego1stas. Tú viste la belleza de mi
herl:Ilana; tú la codiciaste, y no pudiste sufrir que otro
cogiese las rosas cuyo aroma te enloquecía.
-Tu hermana ha ultrajado á la santa virtud-declaró enfáticamente Estesícoro.

-Mi hermana no recibió de los dioses el car"'o de
rer,rese~tar la ~irtu~, sino la hermo~ma-replic0 Pólux enoJa~o.-S1 hubiese un mortal e:-: quien se encar~asen la vu:tud, la hermosura y la sabirluría, ese seria
igual á los mmortales. ¿gué digo? Seria igual al mismo Jove, padre de los d10ses y los hombre~; porque
entre los demás que se nutren de la ambrosía los hav
como la sacra Venus, en quienes solo se cifra la bellez'.1, y otros ?omo l~ blanca Diana, en quienes se divimzl!- 13: castidad. Si tanto te reconcomía el deseo de zaherir a los malos, debiste hacer blanco de tu sátira á
alg:unas de las infi~itas 11:ujeres que en Grecia sin po·
de1 alardear de la mtegndad y pureza de Diana. carecen de las gracias y atractivos de Yenus. La hermosura merece veneración; la hermosura ha tenido v
tendra s\empre altares entre t1osotros; por la hermosura, Grecia será celebrada en los ve.nidel'OS sio-Jos. Ya
que has perdido el respeto á la hermosura pierde el
uso de los sentidos, que no te sirven para re~rearte en
ella por la contemplación estética.
Y vibrando un rayo del astro resplandeciente que
coronaba su cabeza, Pólux reventó el ojo derecho de
Estesíc?ro. Aun no se había extinguido el ¡a~·! que
arr~nco ~l poeta agudo dolor, y apena~ había desaparecido Polux, cuando apareció el otro Dioscuro Cástor, medio her.mano también de Elena, híjo de J~erla y
del sagrado. ?1sne: y pronunciando algunas palabras
de reprobac10n contra el ofensor de su hermana con
una chispa despren_dida ~e \a es~rella que lucia s~bre
sus cabellos, quemo el OJO 1zqmerdo del satírico dejándole ciego. Alboreó poco después el día mis no
para el malaventurado Estesícoro, sepultado' en etern_a y negra J?.Oche. L~v~utándose como pudo, buscó á
tientas un baculo, y p1d1endo por compasión á los que
cruzaban la calle que le guiasen, fué á llamar á la
puerta de su amigo el filósofo Artemidoro, Y derramando un torrente de lá~rimas se arrojó en ·sus brazos, clamando entre 0 ·em1dos desgarradores:
-¡Oh Artemidoro! Íbesdichado de mi! ¡Ya no la veré más! ¡Ya no volveré á disfrutar ele su dulce vista!
-¿A quién dices que no veras más?-interroo•ó
sor0
prendido el filósofo.
- ¡A Elena! ¡á Elena la más hermosa de las mujereH!
- gritó llorando el satírico.
- ¿A Elena? ¿Pues no la has rebajado en tus versn~?
-pronunció Artemidoro más atónito cada vez. -¿No
la has arrastrado por los suelos en una sátira quemante?
-¡Ah! ¡Por lo mismo!-sollozó Estesicoro dejándo~e
caer al suelo y revolcándose en él.-Ahora comprendo que mi sátira era un himncy á su hermosura ......un
himno vuelto de revés, pero al fin un himno. Los ce·
lestes gemelos me han castigado privándome de la
vista, y las tinieblas en que he de vivir son más densas porque no Yeré á la encarnación humat1a de la
forma divina, al ide¡I! realizado en la tienll.
-No te aflijas y espera- dijo Artemidoro;-tal yez
consiga yo salvarte.

···c·~~~a:~·¡·~·i~~~~¡;a:~a:¡;i~·E¡~~~..;,~~i&gt;~- 'cié ¡;.t~~~úió1:ó
que su detractor Estesicoro sólo lamentaba estar ciego
por no poder admirar sus hechizos, sonrió, halao-ada
su insaciable vanidad femenil, y murmuró con deflcio•
sa coquetería: «Realmente, Artemidoro, ese vate es

un infeliz, un ser inofensh·o; nadie le hace caso en
Grecia, y yo _menos que nadie. Anúnciale que voy á
sanarle los oJos.• Y tomando en sus manos ebúrneas
una copa llena. de agua de la fuente Castalia bañó
con su linfa _las pupilas hueras . del satírico, que al
J?U!lto recobro la luz.. Como el pnmer obJeto que-vió
fL1e Elena, se !1rrod1llo transportado, prorrumpiendo en
una oda sublime de gratitud y arrepentimiento que
se 11.uuó palinodia.
'

NAVIDAD
Mientras la escarcha cuaja•los hilos leves
Que el torrente impetuoso deja en sus fu"'as
Y ostenta el Ixtlac1huatl eternas nieves b '
&lt;.&gt;,ue son como sus canas y sns arrug·as;
Eu tanto que la choza sufre el embate
Del viento de Diciembre delg·ado y frío,
Recuerdo el aguerrido, rudo combate
~ue en la ,·ida sostuve siempre con brío.
Y en tanto que las l1oras pasan tranquilas
En mi hogar donde reina calma que aterra
1,;scucho e! eco alado de las esquilas
'
(Jue llle hahla más del cielo que de la tierra.
:-Navidad• canta á gritos el campanario,
«?,and3:d• rug·e el aire del ventisquero,
l, «Navidad• repiten, en to.no vario,
Los bosques y loli mares, mientras yo muero.
Es qtte estov triste lejos de mi adorada
La niña de ojos negros como mis penas '
Y siento acá á mis solas la recia helada'
De mis año:1 pasados en las verbenas.
Mi ausente, la que en mi alma reside. sola
~sa coche de jun&lt;:0S de~ que yo tiro¡
'
l cuando más altiva m1 orgullo inmola
}lás crece el entusiasmo con que la mi{·o ......
, Es ágil y movible com,J una abeja,
Espanta con sus voces pesar y tedio;
¡Uómo no ha de animarse mi lira vieja
Al c11ntar á una novia de un año y medio!
• Tien_e unos piecesitos como dos lirios,
l tropiezan salvando cortas distancias·
Su llanto es el objeto de mis martirios '
Sus quejas el objeto son de mis ansias.
¡~uién p1~diera iser niño para quererla!
i9mén pttd1era ser tierno para mimarla!
Tiene unos dientecitog color de perla
Y no hay dicha tan grande como besarla.
Es una flor temprana que abrió sus hojas
De mi desierta vida sobre la nieve........ ..
¡Agonizo entre :rngnRtias ~· entre cono-ojas
Po~que el cierzo i,11placahle no se la ífeve!
í en esta noche siento pet1as insanas;
Y ausente de mi niila mi alma se aterra
Y me hace daiio el .. co de las campanas'
Que m~ habla m!ts del ~ielo que de la tierra.
«Navidad• canta á gntos el campanario
«Navid3:d n1ge el_aire del ventisquero, '
Y, •Navidad&gt; repiten, en tono vario
Los bosques y los mares mieu.tras
muero.

yo

JOAQUÍN TREJO.

Diciembre de 1897.

De la cena preparada.
El salón está vacío,
Cae muy triste la nevada,
Tengo miedo, tengo frío!
Cdnvidados á mi cena,
1\1uertecitós que yo amo,
Acudid á mi reclamo
Que esta noche es Noche Buena.
Está abierta mi ventana
Y la lluvia la salpica,

1\lientras oig·o la campana
Que repica.
Buen amigo, pobre hermana,
De mi casa los ausentes,
Yenid todos tan aprisa
Como á esta hora van á misa
Los creyentes.

***
¡Pobre hermana que te ftúste!
Si vivieras todavía,
Cuando siento mi alma triste,
¡Cuántas cosas te diría!
¡Ven, y pronto, ven ahora!
Cuaúdo llegue la mañana
Y á la misa de la aurora
Llame lenta la campana,
Terminada ya la cena,
Podrás irte, podrás irte,
Y tend1:emos que decirte:
4Hasta la otra Noche Buena!
Pei'o ahora, mi hennanita,
Reina aún la noche obscura,
Deja, pues, ¡oh muertecita!
Tu callada sepultura.

*
**
Son las doce. JesúR nace;
Yuelvo el rostro al Nacimiento
Y la cera se deshace
Combatida por el viento.
Nadie cuida á los pastores,
Kadie canta ,illancicos,
l'.i á la virgen llevan flores
L os ancianos y los chicos.
En el heno blanco y yerto
E,-tá. el Dios recién nacido,
Y al mirarlo alli dormido,
l\Ie parece que está muerto.
¡Fe de niño, ven al punto!
Que tll voz me purifique .........
Y no viene, y me pregunto:
.¿Porqué dobla ese repique?

*
**
Del arbol en las ramas
Mil velas 6.rden,
¡Que no tarden los niños,
Que no ¡:e tarden!
¿Porqué no v'ienen?

8t a:qm tant-t,s jugueiies-y dulces tienen?
Esta espada de acero
Para el más grande,
Y soldados de plomo
A quienes mande.
Y esta muñeca rubia
Tan 1,)ien vestida,
Para la niña blanca
Bien de mi vida.
Ya veréis cómo gritan
Los mu~· tranesos,
Y cómo los devora
Su madre á besos .
Pero el árbol se apaga,
Ninguno llega,
Y en la desierta alcoba
Ni un niño juega!

***
Seres que venís tan lejos,
¡Cómo ansían vuestros cariños
Los que tienen padres viejos
Y no tienen hijos nifios!
¡Con qué impaciencia os imploro
Para mezclar con mis manos,
Yuestros ricitos de oro
Entre sus cabellos canos!
¡Amor que ennoblece y salva,
Yen pronto á mi hog·ar estrecho,
Que ya á la misa del alba
Están tocando en mi pecho!

Mis viajeros pcqu&lt;'ñitos,
Mis ausentes ad-0radoR,
Los humildes mu('rtecitos
A mi cena convidados;
Ya regresan de la misa
Los·devotos, los creyentes ........ .

¡Mis amigos, mis ausentes,
Daos priHa, daos prisa!
Dejad ya con planta breve
Vuestro místico palacio ......
Camit1ando tan de~pacio
Yendréis yertos por la nieve!
l\Ii e,pernnza que os desea
Como niña pobrecilla
En la blanca chimene~
Puso ya la zapatilla.
Quiero ver, v no me atreyo
La huella de vuestro paso. '
¡Dejad pronto sobre.el raso
Mi regalo de aüo nuevo!

***
¡No dob~an las campanas,
N'o, q1te r&lt;-pican!
PlurnaR de alondra llueven
No nieve fría!
Dios ha nacido:
Jesús no yace muerto
que está dormido!

*
*'*

¡Casta ilusión que me alientas!
¡Sueño de dicha sereno,
Si á mi cena te presentas,
Seré bueno, ~eré bueno!
Ya no vacilo ni dudo¡
No miro mi hog-ar desiert0
Ni viendo al nifio desnudo'
Me imagino que está muerto.
Yive; con dulce sonrisa,
~ntre sencillos pastores,
"\ e á los que vuelv.en de misa, •
Trayéndole muchas flores.
No pienso con dPsconsuelo
En los seres ya perdidos ......
¡Mis muertecitos queridos
E~tán cantando en el cielo!
El alba tibia clarea,
Yenus en Oriente brilla!. .....
Dejémos la zapatilla
En la blanca chimenea!
11A.lWEL G UTIÉRREZ NAT ERA

�EL :\rmIDO.

Domino-o 26 de Diciembre de 1897

Domingo 26 de Diciembre de 1897.

EL MUNDO

433

DISTRIBUCION DE PREll!lOS Á LOS ALl:ll!NOS DEL COLEGIO MILITAR

A los alumnos del Colegio Militar. .
(EN LA DISTRIBUCIÓN DE PREMIOS)

¿Porqué jamás esquivo ni desdeño
El blasón que al hablar, aquí se alcanza?
Porque sois la esperanza y el ensueño
Y doy culto al ensueño y la esperanza.
Porque adoro á esta patria que lo espera
Todo de vuestros pechos, limpios, sanos,
Ella cifra su honor en su bandera
Y ha puesto su bandera en vuestras manos,
Como madre, los ojos tiene fijos
En cada Benjamín que la engalana:
Vosotros sois sus predilectos hijos:
Yo os saludo, guerreros del mañana!
Envidio por risueña vuestra vida
De la que aún no entendeis toda la g-loria;
Vais en pos de una alianza prometiaa:
Un titulo, un amor, una victoria!
Titulo á costa de luchar ganado
Surgido del estudib y del talento,
Que así como á la tierra abre el arado
El libre abre y fecunda el pensamiento.
La luz de la ilus,ión, fuerza y tesoro,
Hoy vuestra sangre juvenil enciende:
Ese es el nimbo en cuyos rayos de oro
Su manto azul el porvenir suspende.
¡A cuánto.s de vosoii:os, de alma sana,
Temiendo del jurado un anatema,
Hallaron los clarines de la diana
Despejando la incógnita á un problema,

=

Otros en la vigilia· fatigosa
Dieron tregua á las ansias de la mente,
Con la esquela aromada y amorosa
Tierno mensaje de la nóvia ausente.

r--Viendo
Y soñando con ella y con su hechizo,
cercano el fin de su carrera

.Alentaban su fé bes.ando el rizo
Arrancado á una hermosa cabellera
Y así soñando cuanto el pecho anhela
Y al porvenir alzando una plegaria,
Cumple su cuarto el joven centinela,
Goza el que estudia en celda solitaria.
Otro al ver en el patio abandonado
El busto de Melgar, una por una
Las páginas recorre del pasado
Y envidia de los héroes la fortuna!
Si; la de aquellos niños que pudieron
Eclipsará los héroes espartanos:
¡No hay entre muchos que morir supieron
Quien iguale á esos niños mexicanos!
Sllárez, Escutia, Márquez, Montes de Oca,
:Barrera.... dormid siempre satisfechos ......
¡}'o no ten~o en el alma ni en la boca
~ucomio digno de sus grandes hechos!
Y todo aquel que sus estátuas mira
Y sa1&gt;e cuanto honraron su bandera,
¡Por su valor sin tasa los admira!
¡Por su muerte sublime los venera!
Por eso cada alumno con ferviente
Culto, enaltece y guarda su memoria,
Y ve que pasan lista de presente
En el cuartel eterno de la Historia.
Ah! Cuántos de vosotros cuando cierra
Cada silvestre flor su tierno broche
Y el sol transpone la lejana Sierra
Y envuelve al bosque el manto de la noche;
. Cuando ¡ace el Castillo legendario
Como un titán de formas sobre humanas,
Y se ven desde el campo solitario
Cual pupilas de fuego sus ventanas;
Cuando murmura el viento en las canosas
Copas de los vetusto;; ahuehuetes.
Y cual muertos que escapan de sus fosas
Se alzan los elevados minaretes.

Habréis vuelto la mente y la mirada
A esos tiempos de luchas y sonrojos
En que estaba esa alberca ensangrentada
Y estas rocas sembradas de despojos.
Y habreis ~!orificado á los que el pecho
Sin miedo al mvasor déspota y rudo
Presentaron, en nombre del Derecho
C.omo su solo y su mejor escudo.
Y os habreis alentado con su ejemplo
Que hace vibrar homél"icos laúdes,
Y hace amar esta escuela, noble templo
Alzado á su valor y á sus virtudes.
Oh! vo lo sé muy bien, si en triste día
Se repitiera, el caso, no os asombre,
Seríais todos cual ellos, ¡todavla ,
Se muere por la Patria y por su no~bre!
Aun hay amor sin mancha y patriotismo
Y aún sabe el alma varonil v· entera
Que nada s0n la muerte y el abismo
Si el honor queda limpio en la bandera.
Ya los tiempos de lucha se borraron
Con lágrimas y sangre: otra es la norma
Del suelo en que nacimos, ya triunfaron
La Paz, la Independencia y la Reforma.
Ya de Caín la sombra se ha alejado;
Hoy se premia el trabajo, el noble intento;
Y vosotros lo veis; h"a befs ganado
UJ.1 premio en el combate del talento.
Id felices con él; ninguna valla
Dejará vuestra marcha internm1pida,
Y triunfad con aITojo en la batalla
Que libreis sobre el campo de la vida.
JUAN DE DIOS PEZA.

México, 5 de Diciembre de 1897.

~o peor ae la

Nat1íaaa... &amp;1 último "cqiquiquife.''
(Véase el articulo •Nuestros Grabados.&gt;)

(Dibujo de Ruelas)

�Domingo 26 de Diciembre de 1897.

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EL MUNDO.

435

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Ensueño de n ·i ños.
P OR J OSEPH L 'HOPITAL. - ILUSTRACJONES GRABA DAS EN N UESTROS TALLERES.

•

CONCLUYE•

·J acquot reía silenciosamente y su sonrisa n mar- lis y le cumpliré mis promesas ya que así se lo
-)[e asombrarías.
ga·
primero 'Y hostil dcspues, acabó por ft-ane;a y merece.
-Deveras? y ii yo te dijera que por defender- Y qué le prometiste?
amistosa.
se de mí es por lo que partió?
Eso no te importa; son cosas de los dos.
· -Ah querido amigo! y yo que te creía un pillo.
-¿Cuánto apostamos á que me vas á querer
-Qué?
-Y bien ¿te figuras que no lo soy? y i;i me
-Porque no quería, por que no quiso nunca
convencer de que tienes buenas intenciones:-&gt;
agradara serlo?
ser lo que tu ereiste que era.
-Pues bien, si: la amo con honrados propósi-De seguro que yo no te lo impediría. SolaJaequot estupefacto, aturdido contemplaba á
tos.
mente que ..... .
Jacobo que se había puesto muy colorado.
-¡Como tienes tíos generales .... !
, -Que tú no sabes lo que dice la carta que me
-Como! Ella no era tu ..... .
-Bueno ¿y qué?
ha escrito, no es verdad? Pues dice que me ama
-Que no habían de quedar muy conformes. Y
-Xo.
-Ah! entonces era eso que tiene un casamien- siempre, y me pide que le escriba yo. Ya soy fe- que hay cosas que no existen~ no hay b:u-gueses
liz
puesto
que
me
~a
perdonado,
y la veré.en Pato en la cola y que le llaman amor de plato único.

•

�436

•

como tú para éasarso con muchachas como ella.
-Di que no crees en nada de una vez.
-Sí, á veces suelo creer en algo. Creo por ejemplo que si en este momento ella estuviera aquí
y hubiera á la mano un notario y ;in cura, t~ la
harías pasar ill curato y á la notaria en un tiempo y dos inovi,.,,.ientos. Pero ~º-~º ni ella cstii .
aquí ni los otros ...... Buen vrnJe.
-Por qué dices eso?
-Porqul3 si. ..... En fin, tu eres un guapo chico v en cuanto á la Princesa no es ordinaria .. ..
Terminado el descanso se reorganizó la tropa
que desfiló luego en buen orden por las calles de
la aldea, los soldados con las cabe:i:as erguidas,
llevando el arma con gallardía; y los noveles que
tenían más ampollas en los pies, eran los que caminaban con.mayor garbo procurando no cojear.
Jacobo no pensab'.\ ya en el mal humor momcntaneo que le produjo el haber hecho sus confidencias forza.das y se entregó entero ,\ la dicha de
recordar las cosas dulces que le decía la carta de
Jacquelina y no pensaba mús que en las excusas
que debería darla en su ·contestación y en rehacer con ella la dulce intimidad de otros días.
.Aposar de la ruda jornada el día te1·minó alegremente y cuando el Coronel se detuvo ií ver
desfilar la columna felicitó á la 3ª del 3° que marchaba como en una parada sin haber dejado ni
un rezagado por el camino.
XXI
Cuando la Sra. Chansonier le dijo que habüt
llegado una carta para ella, Jacquelina se turbó
tanto que por poco derriba el maniquí con que
trabajaba, y se ruborizó mucho al oír que decía
la primera:
-Es una carta que viel'e del Campamento de
Ruchard.
La Sra. Chansonier había acentuado máliciosamente sus palabras y las obreras cesaron como
por encanto de trabajar. Pero nada, ni las bur·
las de la vieja ni los cuchicheos de las jóvenes
podían aumentar la emoción de Jaequelina concentrada en el deseo de leer y en el temor angustioso que sentía.
Se había resistido mucho á escribir y su carta
fué el resultado de una derrota moral que la colmó
de remordimientos y esperanzas.
.
A veces deploraba la rapidéz de su aprendizaje, porque si hubieran persistido las dificultades
con que al principio tropezó, acaso no habría tenido tiempo de renacer su imperiosa pasión. .Aho·
ra gan'l.ba cinco francos diarios y tenía con que
vivir siempre que no cayera enferma-El descanso de su ánimo dió lugar al amor para volver
á llenarle el corazón.
Bajo estas impresiones tomó la carta y cuando
vió bajo cuatro largas páginas la fírma de Jacobo palideció; al tomar en cuenta las miradas que
la observaban sintió una impresión de disgusto,
se irguió en una rebelión de altivéz, guardó la
éarta sin leerla y volvió á su trabajo. Todas hicieron un gesto de decepción y la Sra. Chansoníer se vengó rifténdola con pretexto de que no
estaba bien el corpin.o que hacía.
Al medio día cuando sus compafteras fueron á
almorzar las siguió sin prisa; pero en cuanto se
vió en la calle, compró rápidamente su almuerzo
subió ,\ su buhardilla de la calle de Petits-Champs
y alli, á puerta cerrada comenzó á leer. Estaba
sola al fin con su Jacobo y virtió deliciosas lágrimas que trajeron á su espíritu ideales de ensueño.
Desde entonces no dejaron de escribir.se; y para evitar indiscreciones en el taller, Jacquelina
dió á su amante su.dirección privada.
Jacobo de su parte estaba más enamorado que
nunca y orgulloso de una felicidad que lo avergonzaba por sus anteriores sospechas.
Pero desgraciadamente para Ja~quelina, no
eran sus cartas las únicas que Jacobo recibía. Estaba níuy avanzado Septiembre en que terminaría su a:ño de voluntari0 para entrar á suboficial,
y antes de tomar posesión pediría un mes de licencia. Su tío el General le escribía dándole los
más desatinados consejos de conquistas, fiestas y
alegrías. Impresionado por estas cartas empezó
Jacobo á hallar menos encanto en las de ,Jacquelina; y las castas delicias de inocente amor que se
había prometido, fueron cediendo el campo á otro
género de ideas. Así concluyó su permanencia en
Rnchard; luego volvió á Tours y al fin J acquelina
supo con trnnsportes de alegría que obtenida la
licencia iba á. llegar á París.

Domino-o 26 de Diciembre de 1897

EL MUNDO.

Firmado un nuevo enganche, Jacobo fué nom- tinado la llevó á un banco donde cayó sentada,
brado sargento y tomó el mando de sus subordi- presa de una nueva crisis de desesperación:
Jacquot, ante tanto dolor sintió que se arrenados en presencia de las clase:3 reunidas de las
que ya no formaba parte Jacquot. Ambos par- pentía.
•
-Es verdad, dijo, soy una béstia.
tieron juntos á París y al concluir su viaje en
Habría debido callar .... unit juventud comola estación, se encontraron con antiguos camaradas y condiscípulos que les hicieron regia recep- esa. Señorita, no me ct·cn usted; era de la rábia
ción. Al salir ele allí un incidente de los muchos que me da que usted lo prefiel'a. No es culpa suque ocasiona la afluencia de pasaj~ros los separó ya si los amigos vinieron á llcvilrselo en ómnibus
y Jacquot, solo ya y como había behido hastante con sus amiga~. Pero mañana irá. á ver á usted
· .
vino, empezó á. sentir los efectos de la embriaguez sin falta.
¡Cuanto me aborrecerá usted por lo que dije!
y á caminar difíeihnente y sin rumbo.
-No Jacquot. No lo quiero á ustetl mal. )le
De pronto una mujer que caminaba con rapidez le alcanzó y le pasó. J acquot alargó el paso hizo usted sufrir sin saberlo. Dice bien que no deesforzándose en seguir á la mujer y en conservar bí haber venido; pero estaba tan contenta!
Se leV'Rntó. y siguió andando. J acquot la siguió
la línea recta. Como ella se sentía perseguida se
sin
que ella se opusiera.
llenó de miedo y &lt;lió á co1Te1· por el bulevar, pero
- V endrit mana na, se lo aseguro á usted.
una larga fila de ca1Tos la hizo detenerse en tan·
-Oh! pero no serit lo mismo.
to que el ex-sargento le decía:
~En cuanto usted lo vea. ....
-N"o corr,t tanto, que perderé mi norte.
-Y
si no viene ¿que hago? Abandonada, soLa mujer volvió el rostro y entonces
la .. . ..
-Dios mío! gritó Jacquot-La Princesa!
-Alguien hay que no se alejará. Jacquot, an-Salud .Jacquot, dijo Jaequelina.
El qt~edó como petrificado. La princesa le ha- tiguo clarín de ,\ pie, de la tercera del tercero.
-Cierto . . .... usted tiene buen corazón. Pero
bía intimidado siempre y ahorn mucho mas. .Así
¿que podrá contra mis tristezas?
es que con voz vacilante murn~uró:
-Lo que se pueda, pardiez! Yó voy á ver it mi
-Si quiérc ,u sted atravesar el buleva.rd, deme
madre al número 27á de la calle de Alemania.
la mano y estará más segul'a,
Jacquelina retrocedió comprendiendo que es- Recuerde usted esta dil'eeción. Volveré á mi oficio de plomero y si alguna vez necesita usted de
taba ébrio, y el la dijo:
-Xo tenga usted miedo y recuerde que soy un nú, un aviso y vuelo.
-Gracias Jacquot. Es usted mi amigo. Adios.
buen amigo.
•
Le tendió la mano y él vaciló un instante, pero
-Está bien. Atravesemos.
-En buena hora contestó el ex-clarín sintién- luego la toro(&gt; y la retuvo hlrgo tiempo.
-La vida no es alegre, suspiró· ella, pero aun
dose refrescado por la impresión y una vez llequedan
almas buenas en el lllnndo. Esto consuegados frente al Jardín de plantas, Jacquelina
quiso retirar su mano, pero Jfcquot entusiasma- la.
-Y o soy adicto á usted, hasta la muerte!
do no lo consintió.
Continuaron en silencio hasta la calle de Petits
-Se:flor Jacquot, si sigue tirándome de la maChamps. Llegando á su casa se detuvo Jaequeno ele ese modo, voy á caer.
lina.
Y con una brusca sacudida retiró su mano.
-Esta es mi casa, dijo, ya ve usted que le ha-Sigamos como dos buenos amigos.
go confianza. Adios.
-Perdon, añadió humildemente Jaequot.
Y antes de recibir respuesta despareció.
-¿Y usted no va á reengancharse?
-¿Yo? Ni ·que estuviera loco.
XXII
-Sinembargo, hay quienes lo hacen.
Como se acostó á las tres de mañanaJaeobo se
-A veces . . . .
levantó muy tarde, estirándose con deliciosa pereza. ¡Que amigos tan alegres y que chicas tan en• -Y aun toman su resolución alegremente.
,Jacquot no respondió inmediatamente. Una luz cantadoras! Dcci:didamentc· no hay como París
confusa penetró las brumas de su cerebro. Por la para los jóvenes con dinero. ¿Qué barín? Ah! sí,
primera vez, se preguntó qué había venidoá hacer en la noche al teatro. Allí estarían sus amigas y
la joven en la estación de Orleans, pero la embria- sobre todo Clotilde, la bella Clotilde, que estaba
guez no le dejaba formar razonamientos comple- de moda en el mundo de la alegría ....
tos.
Derrepcnte se levantó tratándose de bruto. La
-Si: hay quíenes se reenganchan. Ejemplo mi imajen de Jacquelina que le esperaba vino á su
condicional. ¿Lo conoce usted? Tiene tíos genera- memoria y le hirió como un remordimiento. Se
les. Pero qué ideal .Lo que es haber bebido: usted vistió colmándose de reproches que le pusieron
lo conoce. Ah! ira de Dios! Y yo que pensaba. del más negro humor, pero qLlC no pudieron bo¿por qué habrA venido la Princesa? Y bien ¿lo rrar completamente de su pensamiento el 1:ecuervió usted? Se metió en el Omnibus con los que do de la fiesta de la víspera ni sus proyectos de
vinieron por él.
fiestas futuras, porque al traves de su arrepenti-Entonces ¿sabían ustedes que vendrían á la miento• y de la ternura que se despertaba en él
estación gentes á esperarlo?
hácia J acquelina, no dejaba de dibJjarse ~on per-Yo, no sabía nada: pero cuando ví la clase sistencia en su fantasía la elegante silueta dela bede gente que n9s recibió dije: orgía tenemos y de lla Clotilde. Así pues, cuando terminado el allas gordas.
·
muerzo partió á la cita que había estado á punto
-Que infamia!
de olvidar, se hallaba en un estado de ánimo muy
Jacquelina se detuvo trémula y sin hacer caso singular, descontento de sí mismo y de los dcma's
del ex-clarín que la seguía se l.mzó casi llorando y en lucha con los mas opuestos sentimientos.
mientras repetía:
Ella lo esperaba en su bohardilla presa de una
· - Olvidada .. . . enga:ñada.
gran turbación. La víspera todavía, antes de su
Est&amp; explosión de dolor exasperó á Jacquot malaventurada excursión á la estación de Orleans
que no tenía mal corazón, pero como estaba celo- deseaba esta entrevista con alegre impaciencia;
so, no pudo dominár sus celos por más razones y el sentimiento muy perceptible de los peligros
,que les oponía. El despecho le volvió cruel.
que oodía hacerle correr no lograban moderar su
- Sí, él piensa en usted como en mí. . .. á ve- . pasión triunlante, ni detener los a1:rebatos de su
ces.
exasperado amor. Iba á volverá verlo y se senComo nosotros no somos de su &amp;.tegoríal
tía con algo de remordimientos que no carecían
Si fuéramos ahora á buscarle donde está, entre de cierto encanto; sin defensa ante el, ve:1cida de
sus aristócratas, ni nos conocería.
antemano, pronta á concederle to·do antes que
Y reía nerviosamente, én tanto que la joven ca- perderlo otra vez. Ya estaban lejanos los días en
minaba muda, con la cabeza inclinada. y el pa- que no quería estar cerca de él sino en público ó
ftuelo en los ojos, abrwnada.
·
·en la calle y en que temblaba á la idea de estar
-¿Y se admira usted de eso? Yo se lo previne sola á su lado. Había combatido mucho y se le
á tiempo. No conviene hacer la Sofia con sobri-, agotaron las fuerzas en ese combate intei:ior. Ahonos de General. En fin, ya probó usted ari'ltocra- ra, le había dado cita cu su propio cuarto y se
cia. En tanto él, se burla de usted, se burla de defendíría mal contra la embriaguez amorosa que
usted ....
de antemano le preparaba una posible caída. PeDerrepente ella se detiene.y exclama:
ro al presente J acquelina había cambiado de ideas
Eso no es verdad ¿porqué me dice usted eso? y estaba sufriendo á causa de la sorpresa atroz,
¿quiere q;ie me arroje al Sena:'
de la desilusión amarga que probó en la estación
Jacquelina estaba desfallecida. Jacquot desa- cuando lo vió pasar entre ese huracán de "ivido-

Domingo 26 de Diciembre de 1897.

res y ~ujerzuelas, con los ojos radiantes, la risa
en los labios .... y sin una mirada para ella.
Por mas que había pretendido para excusar á
Jacobo hacerse cargo de los razonamientos más
favorables, no conseguía arrojar de su ánimo la
.duda atormentadora que la atenaceaba ni arranearfo el pensamiento de que Jacobo habría debido suponer su presencia y buscarla en caso de
que en efecto la amara aún. De consiguiente,
aquella visita que la víspera le inspiraba tantas
alegrías medrosas y tan imperiosos deseos, le causaba ahora apesar suyo, un terror vago, una
apréhensión llena de presentimientos siniestros
como si la desgracia de su vida estuviera á pun- ·
to de resolverse, y .aun llegó á arrepentirse de
haberle escrito que viniera á su casa, á ese cuarto donde estarían solos y se sintió otra Yez dominada por la ansiedad ·y la duda y por esas reticencias y esos pudores que habían cedido un
momento ante la victoriosa ~crtidumbrc del amor
correspondido.
·
Sin embargo cuando resonó en la escalera un rumor de pasos Y. cuando oyó que álguien se detenía en su pasillo buscando la puerta, su emoción
fué muy fuerte y no había acabado de llamar Jaeobo cuando le abrió, pronta á arrojarse en sus
brazos.
Pero derrepcnte se detuvo sobr.eeogida. . ¿Era
Jacobo ese joven apuesto? Ella no lo había visto
nunca·sino vestido de militar; y la víspera todavía, cuando pasó tau rápidamente cerca de ella
,lo ha~ía reconocido con su kepí rojo y su capot~
de umforme. Ahora veía á un parisiense puesto á
la última moda; esta elegancia la espantaba y perm~neció inmóvil, ruburosa, como avergonzada,
mirando ya los botines charolados, ya la gran
corbata de seda prendida con un alfiler de perlas
firías, y le parecía al mismo tiempo que una ducha helada caía sobre sus espaldas, en tanto que
él también, después de haber cerrado la puerta
la observaba con un silencio embarazoso.
¿ Era J ª&lt;?quelina esta muchacha pobremente vestida, de facciones ajadas y ojos enrojecidos por
las vigilias, tan diferente del ideal que sus recuerdos y sus ensuefl.os le habían forjado, tan diferente sobre todo de las mujeres deslumbradoras por
su lujo, qne la víspera le habían llenado de alegres y hechiceros agasajos?
Bruscamente se enternecieron los dos. Con un
movimiento expontáneo le tendió ella los brazos
y Jacobo perdido, incapaz de desembrollar los
sent_imientos que le agitaban, la estrechó contra su
corazón con una especie de violencia que Jaequé!ina pudo estimar como arrebato do pasión. Después los brazos se desligaron, ambo.s se miraron
sonriendo, con sus manos juntas, sin apartar sus
· ojos el unó del otro y se pusieron á. hablar rápidamente, de un modo calenturiento, como si hubiesen querido aturdirse, embriagarse con el rumor de sus voces, removiendo los recuerdos del
pasado, recordando las promesas y los sueilos de
antaño, procurando despertar los ecos de un debilitado 11mor.
Pero en él apesar de sus esfuerzos, no venía la
embriaguez y se sentía helado por esta bohardilla
misernble, por estas tristes sillas de paja cojeando sobre un piso desigual, por el movimiento melancólico de la cortina ' blanca que agitaba el
viento colándose por las hendiduras de la ventana mal ajustada. Y ante él, cerca del microscóP.ieo to~ador, el estrecho catre de fierro encima del
cual estaba la virgen de Lourdes, que le causaba
una impresión respetuosa y amarga, muy lejana
del _a mor y contra la cual no podía resistir.
No, no era esta su Jaequelina de Tours!
Para que fuera le faltaba la atmósfera de allá,
la sala extensa y limpia del Café de los· Amigos
y las mesitas en torno de las cuales ella voltigeaba tan viva y tan coqueta, y el admirable golpe
de vista de los muelles del Loire y ií lo lejos, en
el bo'lc:1je lleno de sombras y de sol, el centelléo
luminoso de los latones de la banda militar y la
poesfa nebulosa de la plaza del Arzobispado. Le
faltaba sobre todo la dura vida del Cuartel, el régimen austero del batallón, las fatigas de la maniobra, el disgusto de los castigos, la compa:ñía
de los soldados. la conversación de la Cantinera
la privación de París y las parisienses.
Sincera y lealmente, el se había mecido en un'
ensurflo que debía desvanecerse con las circunstancias que lo hicieron nacer y lo reconocía tarde y con pena.
Esta desilusión insuperable en la cual no en-

EL MUNDO.
traba sino el egoísmo y en la que verdaderos remordimientos tenían parte, turbó á Jacobo á tal
extremo, que. poco á poco empezó á responder
distraídamente á Jacquelina con el espíritu involuntariamente alejado, presa de un embarazo que·
le helaba; no pudiendo ní atreviéndose á confesarse á si mismo que la novela babia dado fin y
dejando ver á pesar suyo á la p'obre muchaclrn
esta frialdad de la cual no era dueilo.
Pronto J acquelina lo comprendió. La impresion que había sentido cuando .Jaeobo ve1:,tido de
gentleman entró en su cuiu-to, había cedido de
pronto á la alegría del reconocimiento y (L la esperanza de volverlo á poseer por eompl"to. Pero
bien pronto se disiparon esperanza y alegría y ella
se decía. ahora q ne entre este gallardo séilor, aneglado y ·compuesto y el Jacobo que amó en Tours
mediaba una distancia infranqueable. Esto era el
naufragio de la confianza ingenua y de los juramentos de ninos; la aparición súbita de la prosa
banal v ordinaria de la vida destruvendo brutalmente ·1a poesía del ensuefto; la esp antosa visión
de que este hombre ¡\ quien ella amaba ern un
hombre como los otros, incapaz de sacrificar {L
un ideal superior, á un amol' sublime, las conveniencias egoístas y las "necesidades m,~s •ó menos
confesadas que forman el fondo de las innobles
existencias. Para ella esto era peor aún, era el
horror material ailadiéndose al horror moral; un
porvenir de abandono sin esperanzas y de desfallecimiento sin. consuelo, abriéndole sus horizontes de dolores; la soledad sin dinero, sin amigo;;, la miseria ó la deshonra acechando en su
bohardillla á la obrera de París; era el fin de todo lo que había soflado, amado, perseguido, esperado .... delante de ella ya no quedaba nada. ·
Opuso á este golpe terrible todas las fuerzas de
su alma valiente, con vigor hizo frente al infortunio; y como Jacobo más y más embarazado se
embrollaba ~- mentía piadosamente buscando palabras vagas, protestas platónicas y promesas á
plazo largo, ella le cortó la palabra con decisíón
y le dijo con voz que no temblaba.
-Sefto1·Jacobo, no busque usted por mástiempor razonamientos que no e'ncuentrapara probar
queme ama todavía. Xi usted ama ya á Jacquelina
ni J acttuelina q uíere ser ama da por usted. No es cu 1pa de usted si yo le amo todavía. Xo, no es culpa
de Ud. Yo habría debido saber qne todo esto no
era posible .... . . pero estaba tan loca! No me debe usted nada, Senor Jacobo, no piense mas en mí:
yo soy quien le queda reconocida por el gran
amor que supo inspirarme. Váyase usted. Adíos,
Se:11or Jaeobo. A estas últimas palabras un sollozo subió de su corazón á su garganta, pero no lo
dejó salir. Pálida, con los dientes apretados
los párpados moviéndose sin cesar, traicionando
con la rigidez automática de sus movimientos la
lucha sobrehumana ele su desesperación, avanzó
hasta la puerta y abrió.
Jacobo, confundido vaciló un minuto. Quería
contestar y no pudo conseguirlo; las ideas bailaban' en su cabeza enloquecida, la vergüenza, los
remordimientos, la tristeza, el amor, se perseguían
allí como en danza diabólica. Salió con paso vacilante pero se detuvo en el primer escalón y volvió la cara. Jacquelina estaba allí, en el marco
de la puerta, inmóvil y púlida como si estuviera
en la tumba. De un salto Jacobo vino hacia ella,
se arrodilló, imprimió en su mano inerte un prolongado beso y luego, se precipitó como un loco
por la escalera.
Entonces Jacquelina se encerró y prosternada
junto á su lecho, la cabeza hundida entre las manos, lloró mucho, mucho. . . . . . Y la Virgen de
Lourdes, su protectora, 'l.Ceptando su sacrificio y
bendiciendo su dolor, hizo sus lágrimas menos
amargas, virtiendo en su alma' clesolada un poco
de la dulzura y de la calma infinitas que brotan
de su apacible sonrisa ....
0

XXIII
Afuera Jacquot espiaba. Cuando vió salir á Jacobo tuvo impulsos de lanzarse sobre él pero se
contuvo.
- No: dijo rechinando los dientes, le pegaría yo
en seguida; me conozco. Y siguió en su tarea taciturno y rabioso. Desde por la mailana estaba
allí, rondando y cuidando la puerta; quería saber
si vendría Jacobo, con la idea oculta y la esperanza loca de que no iba á venir.
Había visto salir ,í Jacquelina y viendo que
había ido al taller esperó su salida en la calle de

Sta. A.na y la siguió de lejos hasta la lechería en
que tomaba, el almuerzo; luego sin desanimarse
había estado de centinela hasta que la vió volver
á su casa y se quedó enfrente en observación,
contando los minutos y diciendo con alegría·.
-Creo que al fín no vendrá- De improviso
sintió un golpe en el corazón. Jacobo llegó, é incap,\z Jacquot de 11hogar la desesperación de sus
celos se entregó [L una númica. furiosa que llamó
la atención del gendarme de la esquína ya puesto
en sospechas por sus continuadas idas y venidas.
-Vamos, allí está, ya viste lo que quc&gt;rías,
imbécil, elijo el gendarme entre dientes, ahor,t
puedes irte.
Pero J acquot no llevaba trazas de dejar el sitio y seguía marcnndo el paso en la acera :siempre Yigilado por el policía y ardiendo en ira pensando en la dicha de Jacobo durante esta visita
que se prolongaba interminablemente. Lo vió salir al fín y pasar muy cerca y lanzarse en un carruaje de alquiler.
-Bueno, gruftó, lárgate condenado, yo no me
muevo de aquí hasta que haya conversado con
ella.-El día avanzó poco á poco, llegó la noche
y se iluminaron algunos almacenes; pasó el encendedor del gas con su lanza de fuego; un frío
brumoso y cortante hacfa desfilar rápidos ,\ los
transeuntes y Jaequot seguía esperando.
De pronto una sombra apareció en la puerta:
era ella. Jacquot sin tomarse tiempo para reflexionar atravesó la calle en dos saltos y con voz
sorda le dijo:
·
-Soy yo, Jacquot.
Ella lanzó un ligero grito sorprendida por tan
súbita aparición y el gendarme se aproximó temiendo un crimen.
-N"o esperaba usted verme, dijo Jaequot con
violencia y no pudiendo contenerse. Cuando se
reciben visitas tan agradables, no sabe uno ni lo
que hace. ¿No?
•
Jacquelina se puso roja de indignación.
-Sr. Jacquot es usted un descortés y á lo que
parece, también un moscardon. No le felicito. A
saberlo no le habría ense:llado mi casa.
Le volvió la espalda y se fué con paso rápi&lt;lo;
pero como él la seguía anonaclu, se volvió para
decirle con tono secn.
-Ilágame usted favor, si gusta, de dejarme
tranquila.
-Ah! no, no, gimió Jacquot desolado. ¿Pcr qué
me trata así la Princesa? Porque tiene cólera ¿no
es así? Si viera usted como he estado! ¿Quiere
usted que le pida perdón? Va usted á come"r ¿no
es así? :No me impedirá usted que la siga hasta la
fonda.
Ella no respondió pero caminó más aprisa visiblemente contrariada. Jacquot prosiguió:
-Puesto que pedí perdon, hay que perdonarme. Bien sé que soy un asno que se pone á morir como pavo para fiestas que no son suyas; pero hay cosas ...... ¿sabe usted? que hacen arder
la sangré en las venas.· Pardiez! Yo sabía lo que
iba suceder. Desde luego, fuí yo el que dije todo
cuando usted lloraba como una faente ayer sobre
el banco y la consolé asegurándole que vendría.
Jacquelina iba ahora más lentamente, sicmprn
sin responder, como fatigada.
-Entonces ¿qué? Puesto que yo lo dije no
puedo espantarme de que haya venido. Solamente que ...... da un golpe hondo en el corazón ver
gentes que logran tanta felicidad como ese .....
Pero desde el momento que usted lo quiere! Pero
se necesita también tenerle una poca de lástima
á este pobre Jacquot que es un obrero, es verdad
y no tiene educación como esos pillos burgueses,
pero en fin ¡que se yo! los sentimientos no lo obedecen á uno.
Como él se callaba, ahogado por la emoción
Jacquelina le dijo sencillamente.
-No hablemos más Jacquot, soy yo la que estoy apenada por haberle hecho á usted mal.
La tristísima voz de J acquelina le penetró á
Jacquot hasta le íntimo del alma.
-Siempre esperé que me perdonaría., usted siquiera porque yo le dije que vendría. Y después
de todo, si lo dije, ¿de que tengo que asustarme?
Que está usted contenta ahora, bueno; eso no es
cuenta mía. Ay! Es usted hoy muy feliz. Un ltlilord como Jacobo, un aristócrata que anda en co- ·
che como cosa muy natural. Yo comprendo que
eso halaga á una se:llorita como usted más que
un Mrbal'O como yo. Solamente que bien valé la
pena de reflexionar .

•

•

�EL MUNDO,

Domingo 26 de Diciembre de 1897

438

Diablo! gruiló Jacquot, me he portado como
traré. Eso no impide que.' . .... sin embargo ¿saEn ese momento la luz de una tienda proyec- be usted? yo no -h abría hecho eso nunca, nunca) un borrico. Si en vez de estar hablando una hora
tándose sobre la cara de ·J acquelina hizo ver á lo juro. Cnando usted tenga necesidad· de Jac- la hub-iera convidado á cenar! Y yo también tengo hambre. Lo que le dije, lo que me contestó.
Jacquot que estaba llorando.
·
quo~, la sei1orita no tiene más que avisar.
Diablo! pues no me mandó á paseo como lo tengo
-¡Imposible1 gritó estupefacto.
-Gracias Jacquot, ya sé que es usted bueno. bien merecido. ¿Deberé abrigar esperanzas? Ya
Y luego añadió aparte.
-Yo soy bueno .. .. ! No, yo no soy bueno; peA menos que este llanto sea de felicidad
verá.
.
ro por usted sería yo capaz hasta de no volver á se Y
J acquot se fué con el corazón como consolaOigame usted Jacquot, le ruego que nunca me beber más que agua en toda mi vida.
do y como alegre.
.
vuelva á hablar de él.
- Y haría usted bien, amigo mío.
Entre tanto, Jacquelina sintiendo que la inva-¿De el? ¡Ah! bien: eso es una prohibición pero
-1\fás aún, me volvería yo burgués. Sí selioripueda ser que sea difícil camplir, porque cuando ta J acquelina, seria capaz de meterme á trabajar día una ex.trema lasitud, renunció á comer y relo vea yo entrará su casa de usted por ejemplo ..... dta y noche sin descansar nunca y ganar bastan- gresó penosamente á su casa deseando estar sola
con sus tristezas. Y cuando se tendió en su pobre
-No irá nunca más.
te dinero para hacerme patrón y burgués; sí) como lecho, llamó. vanamente ;Jl suefl.o; el recuerdo de
-Es cierto? Entonces usted lo irá á verá él.
le oye usted: ¡burgués!
este día cruel que definitivamente ~·ompió su amor
-Yo no lo veré jamás.
-¿Pues qué detesta usted á los burgueses?
y anonadó la esperanza tenaz que tanto tiempo
-Ah! Un hombre que tanto la ama á usted.
Los detesto, es verdad, pero cuando sea de la había nutrido, la tenía desvelada; creía que vol-Ya no me ama!
.
clase aprenderé á quererlos, todo no es mas que vería á verá Jacobo enamoradoytierno como en
Jacquot se detuvo y asiendo á .Jacquelina por para
decir que usted podría con solo querei:, digo
el brazo la obligó á detenerse bruscamente y á quererme, no tanto como yo, pero un poquito, días mejores y una voz le decía al oído: «No le has
de ver más.» Sin embargo, uu sentimiento de paz
voh-erse hacia él.
eso sería una grande felicidad. En fin, yo no me fué invadiendo lentamente su espíritu y adquirió
Entonces . ..... ¿la dejó" á usted en seco?
atrevo á proponer ahora eso, sino que .cuente us- la convicción dulce en su desgracia de que no esY como ella no respondía sino con lágrimas.
ted con mi corazón, con mi cabeza, con mis bra- taba enteramente abandonada en su dolor y en-Eso es atroz, dijo, es atroz.
zos. . . . y cuando tenga yo mucho dinero .....
tonces el recuerdo de Jacquot vino tímidamente
Siguieron por algunos minutos andando en si-N"o necesito dinero, Jacquot, gano lo bastan- á desflorar su pensamiento. ¡Pobre Chico! La amalencio y pasaron junto á la fonda sin verla. · El
para vivir por ahora.
ba tanto. . . . . . No era él también digno de comexclarín procuraba reunir y concentrar sus ideas; le -Pero
alguna vez puede ser útil un amigo.
pasión? ¿Debería dejarle desesperar para siem-·
sentía una alegría. intensa, un alivio inesperado á
-Ciertamente y entoncas pensaré en usted, pre,ellaque sabía.muy hienlo que era la desespelos que se mezclaba una indignación sincera con- porque en París usted es mi único amigo.
tra .Jacobo. Y de su parte Jacquelina procuraba
·
. ·
-Deveras? Es cierto eso que dice usted? En- ración?
Una idea lejana aún, indecisa, brumosa se le
contener sus lágrimas y recoln·ar el valor, arre- tonces, si más tarde, algún día que esté yo esta- .
pentida de haber hablado mús -de lo que &lt;lelna. blecido. . . . . . ¡Si no sé como decir~e lo que quie- apareció coma pálida luz apenas distinta en el
Pero había llegado al agotamiento &lt;le sus fuerzas ro decir! En fin, si algún día puedo acertar i~ de- fondo de un largo subterraneo obscuro. Era la
idea de un mafl.ana que germinaba, la aurora de
y su tristeza era demasiado grande para poder cirla sin llorar eso que quiero ..... .
un porvenir posible que se encendía. Era la terocultarla, sentía ese extrafio dolor que solamen~~li pobre Jacquot, le interrumpió ella, hemos minación prosaica y honrada de su triste historia,
te conocen los _que han sufrido mucho, y en que andado mucho y es necesario que me despida yo
que llegaba imponiéndose dulcemente y que surse hace necesario gritar las penas ó confiarlas á
de usted.
gía del desgirramiento dolorido de su suefl.o de
alguien.
,•
-¡::-fo quiere usted conversar! Bueno. Pero al. Además, ¿Jacquot no era el único ser que la ama- guna otra vez . . . . ¿dígame usted?
niña.
ba en esta gran: ciudad donde la asfixiaba la inJOSÉ L'HOPITAL,
Jacquelina le tendió la mano que él estrechó
diferencia de todo el mundo?
tiernamente y sin responder atravesó 1á calzada
FIN
, • -Oiga usted) dijo, yo, no soy más que un tris- y se confundió entre la multitud.
te plomero sin trabajo todavía1 pero yo lo encon-

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correo. No son meras teorias, pues
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que la Zarzaparrilla del Dr. Ayer
les curó.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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Es el dentrífico favorito del
público de todo América así como
tambien de todo Europa, desde
el año dt 1859. Es la preparacion mas antig; 1 a del nuevo mundo.
La célebre actriz Sabara Be~nhardt dice del Sozodonte que "es
el único dentrífico de reputacion
universal."
;El Sozodonte preserva la dentadura de su decaimiento, endurece
las encias y perfuma el aliento,
dandole el olor mas delicioso que
ninguna otra preparacion puede
conceder.

.,

~

..

"

KIJBIBR03.

Antes de Acostarse
tómense las Pfüloras del Dr. Ayer
y se dormirá mejor, para despertarse
mejor dispuestos á emprender las
faenas del dia.

Las Píldoras Catárticas
del Dr. Ayer

',

no tienen igual como remedio
agradable y eficaz para el estreñimiento, biliosidad, jaqueca y todos
los desarreglos del higado. Están
,1z11caradas y preparadas con tanta
perfección que curan sin ir acompaiiadas de las molestias de otras
plhloras clel mercado. Pidanse al
farmacéutico de que se sirve las
J'lhloras del nr. Ayer. Cuando no
produzcan cfrrto otras p!l&lt;loraR, las
tlt&gt;l J)r..\. ycr se cnrontr,mín eficace~.

El Sozodonte se vende en todas las
P erfumerias, Droguerias y Farmacias.
Se manda por correo un libro diciendoos
la manera de cuidar vuestra dentadura
y una pastilla de Jabon Sozoderma de
muestra á qrien la p ida d1rigiendose á
los proprietarios
HALL &amp; RUCKEL,
215 W asbln¡ ton St., New Yo rk, BE, UU. de A,

PRIMER PREMIO EN LAS

t1onsir.l,1ft•~ Unlvo...• lr• ~- ll••~•lnn~ YCh1cago.

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~LA FRATERNAL.~
:ompañía de Seguros de Vida yaccidentes
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O ficinas d e LA FRATE RNALs

MEXICO-Calle de S. Felipe Neri 7. Apa1tado Postal 760.-IIEXICO

EL TA ND EM APLICADO AL EJ ERCITO

$aliaa ae la ópera.

�DOMINGO ,8 DE IULIO DE 1897

EL MUNDO

''El.MUNDO"

tá más cerca de nueetro espíritu cuaoto más lejano el

Semanario Ilustrado.
Teléfono 434.-Calle lle Tiburcio

núm. 20.-Apartado 87 b.

MÉXICO

Toda la correspondencia que ee relacione con la Rebcción, debe eer dirigida al
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~.,

Todo pa¡o debe ser precisamente adelantado.
BÉGISTRADO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE.
···••·····•····..........................

... ................ - .... .

A LA SEÑORA

! (!armen Romero Rubio
:
,
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'.
'

día de su desaparición. Es que los que hemos llegado á
la vida, á recibir la herencia del Benemérito, aquilatamos la enma de energía desplegada por este carácter en
la preparación del presente.
Hombre de fe fué J11ár&lt;1z, sublime vidente quesean·
ticipó al porvenir y vió claro en la conciencia nacional
que si todavía, en la época del terrible combate, no se
había penetrado ampliamente de la idea liberal, poco á
poco haido absorbiéndola, y asinilándo·a más tarde en su
organismo. Y es que las gran.les ideas, para ser fructí •
feras á las sociedades, necesitan de hombres superiores
que las encarnen y las hagan existir, con esa vida del in•
dividuo, formada de eacrificios y heroísmos, que por tan
extraño modo hiere á las multitudes. Cuando uno de es•
tos hombres. que aparecen á trechos en la leyenda de la
humanidad, se apodera de uno de estos altos principios,
rompiendo el medio que le rodea y que, á ocasiones, le
es hostil, las generaciones que siguen á su obra, educa·
das y nutridas al amparo de ella, hacen de esta personalidad una figura imperecedera, un coloso asentado sobre
firme base de granito.
Juárez para nosotros ofrece eetos lineamientoe; pcreso
sobrevive, porque su obra ha sobrevivido; porque la tie·
rra que pisamos es suya; porqueeon suyos los sentimientos
man nuestros espíritus y loe conceptos que bayen er&gt;
nuestros cerebros.
¡Juárez es la nacionalidad mexicana!

ae Díaz.

~Á\~
Aunque tardío, tenemos el honor depreEentar
nuestro homenaje á la virtuosa dama, que por
tantos conceptos ocupa un lugar distinguido en
la sociedad mexicana.
· ¡Que no se empañe nunca la dicha de esa hermosa existencia consagrada al consuelo de los
humildes!

·
:

be buscarse en el prolongado entronizamiento del sieteroa proteccionista, que descubre al obrero un grupo pri vilegiado que se enriquece á expensas de loe sacrificios
ajenos.
El socialismo t&gt;B una protesta! es el grito de rabia quese escapa de una multitud indignada ante las voracida•
des de un terrible Moloc, que tritura víctimas para vivir
siniestramente de iae vidas agenas. Su programa ee ina·
ceptable, y el triunfo de loe nuevos dietribuidc,res de la.
riqueza p11blica sólo serviría para hacer retroceder á las
nacionalidades modernas una buena puflada de aigloe.
La ley de las represalias, turbulenta y füsolvente, pone una nube de cólera en el corazón del obrero y lo lanza.
á los desórdenes de la huelga de la que él es la primera.
víctima. ¿Qué hacer frente á este desequilibrio surgido
entre los factoras que dan prosperidad y bienestar á la&amp;
naciones civilizadas?
Todavía el problema continúa ein resolver; pero en la
Repúblicad el Norte está el remedio quizás en la destrucción de esos poderosos castillos feudales del act ual industrialismo.
Aun lleva el coloso sangrientas heridas en F.U flanco.

lllalíti!a Oi,tneral.
RESUMEN.-La eterna lucha por la vlda.-Lo que hayen el fondo de la fraternidad lntern acional.-luz y•
sombra.-Alia11za anti-britán1ca.-EI Kaisser y el
Czar. -La Gran Bretaña y su política de abolengo.
-La ostentación de su fuerza.-Grecl .. abandona-

.
:

da.-Vae vlctisl

~tJtas tbitarialts.
Qfl 14 lJ tl 18 be Julio.
Una idea-madre informa estos dos aniversaric-s,- el de
la toma de la Bastilla y el del fallecimiento de Juárez;
-una base única les sirve de apoyo en el edificio de la
historia: la exaltación de los principios liberales,
á través de una ruda y prolongada lucha• .El g y el 18 de
Julio son doa fechas que presentan la misma característica, dos jornadas que preside el mismo criterio.
La toma de la Bastilla ha resistido á la acerada crítica
contemporánea; todos sabemos ya que detrás de los can•
tos que la enaltecen, se oculta un acto Tepugnante y que
las multitudes que asaltaron la típica prisión de la mo•
narquía, distaban mucho de ser esa oleada de hombres
generosos y esforzados, masa de ángeles que han apro•
vechado los panegiristas incondicionales de la obra re•
volucionaria. Pero todos sabemos también que no se elaboran con mejor materia prima todas las convulsiones so•
cialee que ee han producido en loe pueblos.
Tiene el 14 de Julio de 1789 ufla fase negra y repulsiva;
pero hay en él un hemisferio en el que la luz entra árau•
dales. Los que sólo ven en este hecb,o el inútil asesinato del g&lt; bernador Delaunay, los ,aqueos de la noche
del 13 al 14, los desórdenes causadcs por una masa brutal y sedienta de saogre, el ensañamiento de loe aeaHantee y sus gesticulaciones de histriones trágicos, parecen
olvidar que el hecho en eí tiene únicamente resonancia
1mivereal por lo que significa en la desaparición de un
régimen decrépito é inadaptable á las necesidades del es•
píritu humano.
Las nuevas generaciones han apartado del asalto de la
Bastilla, las impurezas de que está salpicado; lo han re•
dimido, á semejanza del Cristo á }ía!ía de Mágdalo, de
todas eue culpas, y como el sol, al besar el pantano, bebe
el 11gua que la nube deposita, esterilizada en la tierra
que fecundiza la lluvia, a11í el principio de la libertad ha
derramado sobre el 14 de,Julio el licor generoso de la salud, y de un acto cruel y ealvaje ha hecho una apoteóeie fulgurante y eterna.
Así celebramos este anivereario purificado de sus
manchas!

JUA.REZ
(De fotografla Valleto, tomada directamente.)

Hace slgunott días, nos transmitieron las agencias tele·
gráficas de esta Capital la noticia de una enorme huelga
registtada en importante zona industrial de la Repúbli·
ca del Norte.
No es la primera ocasión en que la Democracia gigan•
te dilapida así sus poderosas fuerzas en empresas improducti vae. La estadística se ha apoderado de las cifras que
representan estas pérdidas netas, en medio del rápido
desarrollo de la riqueza americana, y las ha arrojado á la
consideración de los economistas y hombree de Estado.
El proble!lla social ha hecho su apari:lióa en la flore•
ciente República, y, ora parapetado tras las doctrinas
agrarias de George, ó bien, trsspasando loe limites de lo
especulativo para lanzarse al terreno práctico, en caótico
tropel que antaño recibiera el nombre de ejército del ham•
l,re, ha 1·amifieado sus antenas y ha extendido sus ga1·ras
por buena porción del territorio de la Unión.
Pero ¿de dónd~ procede que en un pais, en el que los
elementos de vida para el trabajador le proporcionan la
satisfacción de un amplio cuadro de necesidades, en uua
nación en que las utilidades del empresario han decreci*
do
notablemente, mientras loe salarios siguen una direc*"
La muerte de nuestro impasible marca una etapa en la ción contraria, la lucha entre el capital y el trabajo conshistoria de la República Mexicana. Parece-y no es es- tituya una amenaza á su capacidad productora?
ta la primera vez que emitimos eetaidea-queJuárez ~ePara nosotros la causa de este fenómeno económico de•

Por más que pretendamos ver en el movimiento que•
empuja á las naciones en su desarrollo un cu¡¡dro sonriente de tonos alegres y notas regocijadas, es tau rada
la ley de la competencia, ta:i necesaria la concurrencia
vítal, tan imprescindible la incesai.te lucha, que allí
donde aparece un símbolo de paz, queda mal encubierto
el odio, donde se descubre una señal de concordia, ahondando un poco se penetra en las sombras del rencor, y
donde nos parece ver indicios de confianza y mueetrae
de amor y caridad, se halla la marca del sórdido interés
y las huellas de rivalidades que rugen, de apetitos que
batallan, de concupiscencias que entrechocan.
No se necesita haber saboreado la onda amarga del
pesimismo para formarse esas convicciones; basta seguir
atentamente loe culebreos de la diplomacia, sorprender
las sinuosidades de las relaciones internacionales, espiar
las astucias de loe actores en la gran comedia humana,
para convencerse de Ja falsedad del brillo con que seadorna el escenario,áfin de deslumbrará las multitudes.
y ocultar las aviesas intenciones al enemigo y al rival.
Se proyecta el viaje de un eoberan~, por ejemplo; seauuncia su misión de paz, se proclama á son de trompe•
ta la fraternidad universal que lo guía y la concordi:\
cristiana que lo inspira, y á poco se sabe que bajo su
manto mentiroso de amistad, ocuUa las maquinaciones
más agresivas, busca en las tinieblas, secretas alianzas
ofensivas y alienta proyectos ruines de venganza. Se
nombra un embajador á quien se encomienda la &amp;area de •
estrechar los lazos de amistad y las buenas relaciones.
que aparentan cultivar dos naciones, y no tarda en
averiguarse que el pacífico ministro, cuyo carácter hace
inviolable su persona, se mezcla en ).a política interior dt,I
país doude reside, atiza sus rencillas, alienta á los sgita-.
dores, ó se dedica humildemente á investigar la resisten-.
cia de sus fortalezas, la importancia de sus puntos estra•
tégicoe y la organización y solidez de sus ejércitos de .
mar y tierra, para el caso de una declarada guerra.
Y así van las clases directoras sorteando loe obstáculos
que á su paso encuentrane n el engrandecimiento de los.
pueblos; así van caminando entre loe himnos que levantan sus adeptos, y los murmulloa salmódicoe sin eco que•
brotan en ráfagas luminosas de los augustos congresoa
de la paz, última burla de.eete siglo batallador.

*
**

Mucho se ha hablado del viaje dal emperador Guiller•
moa San Petersburgo y de las tendencias que lo animan,.
al buscar cordial inteligencia con el omnipotente autó•
crata del Neva. Se apuntó su deseo de encontrar á Mr.
Faure en la corte de Nicolás II, con la sana intención de
apagar en fraternal abrazo el odio de más de cinco lus•
troe que ha apartado á los pueblos de aquende y allende,

DOMINGO 18 DE JULIO DE 1897

,el Rhin ; al saberse el inútil resultado de sus vanas pre·
teneionas, hoy se aventura la opinión de que sus conatos
no se dirigen á reconciliarse con Francia, sino que van
encaminadas en abierta hostilidad contra la Gran Bretaña.
Murmúrase por lo bajo que el sentimiento antibritáni •
co, manifestado de diversas maneras en Alemania, arrastra al arrebatado Hohenzollern á buscar la alianza de
Rusia, rodiada rival del Reino Unido en influencia y
predominio sobre el continente asiático. Afí.ádase además, que para tener bien quisto al gabinete de París, puesto que ya es preciso creer en la alianza franco-rusa
-ofrecerá su apoyo moral y material para exigir la eva•
cuación de Egípto por los ingleses, dejándolo b~jo la
protección del pueblo que llevó á cabo la obra titánica
del canal Suez.
Imposible parece que de tan extraños m()do~ buFque
notoriedad el soberano germánico, y olvidando lo~ oilios
tradicionales que lo apartan de Francia y lo alejan de R•t •
sía, pretenda así ponerse frente á frente de en augusta
abuela de quien amargar, loe postrimeros días.

EL MUNDO

huestes de Edhem Bajá sobre la indefensa Atenas, y la
monarquía helénica, deeamparada y sin honor, qnedará
aplastada bajo las plantas del invasor.
Y el pueblo griego ¿qué puede hacer? 1Infelizl Enga•
fiado por las vanas promesas de loa filo-helenos de todos
loe países, seducido por loe artificios de quienes le augu•
raban fácil triunfo, llorará su humillación al pie de la
sagrada Acrópolis, mientras puede tomar el trabuco del
guerrillero, tal vez pera comprar de nuevo su inaependencia.
¡Pobre pueblo que se dejó alucinar por los encantados
espejismos que le fingía eu imaginación siempre sofladora y poética! No vió la sirte que se abría á sus pies, y cayó, arrastrando acaso la monarquía en espantoso derrumbel
Julio 15 de 1897.

X. X. X.

El. I.UJO DE I.A INDIGENCIA

Generalmente ee cree que el lujo es patrimonio y mo•
nopolio de las clases altas, ilustradas y ricas de la sociedad; que ellas lo acaparan, que sólo ellas lo disfrutan,
que solo las princesas y los millonarios pueden baflarse
en sus voluptuosidades, irradiar su brillo, ostentar ene
msgnificencias, oficiar en sus pamposas suntuosidades.
Claro es que para adornarse con diamantes como «El Regente;" para veetirs~ el traje de encajes que encargó á Brueelae la Emperatriz Eugenia y que adquirió Miss Mac Ray
en ochenta mil pesos oro después del desastre de Sedán;
para encerrarse en el estuche acojinado de seda de un
curé tiradG por un tronco de yeguas inglesas; para babi·
tar palacios, y pagar cocineras de cuarenta y cincnenta
mil francos al año, se necesita ser reina en Inglaterra,
Emperatriz en Austria, Artista lírica, bailarina ó prince-

***

Ha tiempo que se hace palpable y evid•mte t&gt;I aislamiento de Inglaterra, que orgullosa de su propio vali·
miento y fiel á su política de aboleng,.,, desdeña pactos
vanalett, ve desde la altura de su grandeza con marcado
menosprecio las ligas inconsistentes, y solo se rPsnPlve
á obrar, cuando comprende que su voto se considPra decisivo en loe concejos de las nacionPP. Pero e~e aisla miento aparente no menoscaba un ápice la fuerza colosal del dilatado imperio británico, y sería un error la·
mentable pensar que porque se mantiene apartada de
atianzas dobles 11 triple.~, la encrmtraría desprevenida
cualquier evento contrario.
Sin ostentaciones aparatosas. ha ~ofocado las insnrrPc•
cionee tlel Africa Austral. qne la allanan el ::amino á fo.
turas conquistas; e:n provocar inútiles protestas, prepara
nueva expedición al Soudáu, que podrit abrirle las puer•
tas de Jartóun; y con la mayor fácilidad sofoca los motines de la India, que la peste y el hambre han encendido.
Se engaña el quP crt&gt;a q11e el írnperio colouial más poderoso de loe moilernoP tiempos descuida la trabazón de
ese complicado engranaje. L11s fastuosas fiestas del jubileo, donde se congregaron en estrecha unión los elementos
que lo constituyen, dispersos en toda la redondez de la
tierra, acaban de demostrar con elocuencia incontro•
Tertible cuán firme es la solidaridad de la Metrónoli y
las colonias. L11 revista naval !In Spithead no ha Rid&gt;? un
juego vano, sino también la ostentación en ocMión solemne de la fuerza que puede desplegar la primera po•
tencia marítima del mundo.

***

Y mientra¡, esos rencores ocultos y rivalidades mal
disimuladas alejan y separan á las grandes poteucias,
Grecia infeliz que en ellas puso toda su esperanza y con·
.66 su suerte á en mae;nanimidad, sufre en si!encio eu de·
rrota y devora á solas sus humillllciones, ansiando el
día venturoso en que se firme la anhelada paz, que ha
de apartar de su suelo mancillado á la brutal soldadesca
turca.
Pero ese día no llegará: parece que el destino cruel se
empefla en amontonar nubes de tormenta sobre el cielo
azul de la divina Hélade.
Ya noes el capricho del Sultán lo que se vislumbra sólo
en las negociaciones que se siguen á pasos lentos en la imperial Bizancio; t&amp;mhién se ha puesto de manifiesto la
debilidad de loe mediadores, que con protestas melifluas
y consejos amieklsos, pretenden que el conquistador
abandone su presa á y ceda las inspiraciones de la piedad
eu corazón de hiena.
Ya no se nota solamente la influencia de loe representantes del Islam, que atizan la guerra y encienden la
venganza contra loe perros cristianos, en la insistencia
con que Abdul-Hamid aspira á recoger el fruto de sus
ruidosas victorias en Tirnova, Domokos y Farsalia; también se echa de ver el pavor de loe poderosos, que antes
de dar ocasión á u~a guerra continental, dejarán desgarrar el seno de la madre Grecia por el feroz musulmán, y
por eso se han conformado con una intervención anodina é ineficaz al fin que aparentemente se proponían.
C-eeará por lo tanto el armisticio, cuando la camarilla
del Yidiz- Kioak lo determine; se romperán de nuevo las
hostilidades entre loe turcos embriagados de su triunfo
y loe griegos amilanados en la derrota; avanzarán las

Señorita Gertrudls Dwyer.

Premio de belleza en Texas.-Hoy entre nosotros. ( Fotografia Valleto. )

Con verdadero agrado publicamos en lugar preferente
de nuestro semanario, el retrato de la bella señorita Gertrudie Dwyer, quien visita nuestra capital formando parte de una excursión texana en la cual se cuentan eetima:iles caball~roe y hermosas damas.
La eel'lorita Dwyer tuvo la amabilidad de retratarse á
instancias nuestras en casa del distiuguido artista señor
Valle~o-quien procura siempre fijar en sus elegantes
cartulinas lo más notable, conspicuo y visible, así de México como del extranjero-y le estamos en extremo obligados por tan graciosa deferencia.

ea en París, buscadora de oro en el Tranevaal ó porque•
riza en Chicago. Pero ea que porlujo entendemos nada
más los grados extremos del fausto y de la ostentación, y
que no vemos que el lujo es, en el fondo, la adqmeición
de lo superfluo y el sacrificio de mucho dinero, 6 lo que
es lo mismo, de mucho tiempo y de mucho trabajo, á la
ostentación ó la vanidad, al atavío de la persona ó del
hogar, al deslumbramiento de'.)os fatuos y á la edificación
de loe imbéciles.
Pero cuando se estudia el lujo e:n ~odas sus manifesta-

�EL MUNDO

DOMINGO 18 DE JULIO DE 1897

DOMINGO 11 deJULIO de 1897

ciones, cuando se le analiza en toda~ sus formas y en
todos sus caprichos, no se tarda en encontrarle en) as cabafias como en loe palacios y en los desheredados de la
suerte como en los privilegiados de la fortuna. Desde
luego, á través de la evolución humana, se comprueban
eeta paradoja y este absurdo: el atavío y el adorno pre•
ceden al vestido y al abrigo. Antes de cubrir sus carnes
contra la intemperie y de velar sus formas contra la
mirada indiscreta, el salvaje las pintarrajea, las cubre de
figuras vistosas y fanMsticas; no ha pendido todavía un
harapo de las caderas del hombre primitivo cuando ya
se perfora las orejas y las adorna coa huesos y espinas
talladas; el brazalete ha precedido al calzado, el penacho
de plumas al sombrero, la gargantilla de conchas de la
playa ó de guijaros de la montafia á la hoja de higuera,
y del estudio de las tribus primitivas aún subsistentes
se infieie, ein extravagancia ni sinrazón, que la primera y más imperiosa de las necesidades ha sido la de lo
innecesario, y que el lujo ha predominado sobre el
comjort.

Todavía hoy, en las regiones hiperbóreas y en las latitudes inclementes, los viajeros comprueban que los esquimales guardan sus capas de pieles en cuanto llueve y
sólo las ostentan ei ha~e buen tiempo, y que en iguales
condiciones loe hotentotes se desnudan de los percales
de colores que les sirven de atavío más que de vestido y
afrontan la intemperie antes que exponerse á verlos des•
tellidos y arrugados.
Estas sanas tradiciones se han conservado aunque
amortiguadas, y re pueden encontrar su huella y su influencia en todos loe pueblos y en todas lae categorías
sociales. Sin hablar de cierto clubman que sólo se sirve
de su lujoso equipaje cuando el tiempo esta sereno y que
chapotea en los charcos en cuanto llueve; sin insistir en
as inumerables familias _que tienen salón y no alcoba,
estrado y no cocina y que cercenan del ga~to cuanto más
pueden para vestir y pasear; sin recurrir á los innumerables ejemplos de gomosos que viven en tugurios y comen en bodegones; pero que visten con el mejor sastre
y llevan joyas valiosas y perendengues raros, podemos
en nuestro mismo pueblo humilde, en nuestras clases
desheredadas encontrar la misma desordenada é irreflexiva tendencia al lujo y la misma preferencia de lo superfluo eo bre lo necesario.
En nuestra servidumbre encontramos á menudo mozos de calzonera con botonadura de plata y sombrero galoneado que representan un año ó más de privación de
lo más necesario; nuestras recamareras que duermen en
un petate, comen nuestros restos y trabajan descalzas,
rnelen tener para los días festivos un rebozo de Santa
l\Iaría, que les cuesta un ojo de la cara; las cocineras cristalizan sus economías, que podían y debían ser las nues•
traP, en gargantillas de corales y arracadas de perlas.
Una india yucateca en traje de ceremonia, con sus bolar.es, sus embutidos, sus encajes, su gran gorro blan~o,
euele valer, sin las joyas, muchos cientos de pesos. En
muchas localidades las indias bordan primorosamente
con chaquiras, sedas y estambres de colores sus toscas
camisas de manta y sus huipilis de lanilla de trapear.
Hace aun pocos afl.os un charro era una eepecie de custodia dorada, plateada, cuajada de pedrería, y ese curru-'
taco del sport, vivía en accesoria, comía tortilla con chile y se acostaba sobre loa suaderos de su caballo. Los
mineros de «La Luz» y de «La Valenciana,, hacían bordar primorosamente eus zapatones de baqueta, y daban
los domingos fiestas tan suntuosas que los obligaban el
lúnes á empefiar el zarape y también los zapatos.
Nadie se hubiera imaginado hace diez ó doce años al
verá un indio de Oaxaca 6 de Yucatán simplemente ves•
tido de manta, que aquel atavío era de lujo y le costaba
una fortuna. Estas buenas gentes preferían en efecto la manta tejida á mano á la fabricada mecánicamen•
te; trabajaban 1mo ó dos. meses, sacrificando su joma!
correspondiente, en la elaboración de la manta necesaria á su vestido, y les salia coetando casi tan car comoo
si vistieran de seda.
Hay más; puede afirmarse que la tortilla, manjar hipócritamente modesto y faleamente humilde, es en reali.
dad un ramo de lujo para nuestro pueblo. Una madre de
familia indígena, podrfa ganar, en loa centros poblados al
menos, con que comprar pan barato; pero esclavizada al
metate y á la tortilla lee sacrifica sumas deeproporcio•
nadas al valor de plaza de ese bagazo alimenticio y conviene el peor de todos en el más caro de los alimentos.

En materia de tortillas llega Puestro pueblo al refinamiento de no gustar de las que se muelen en máquina
por la sibarítica razón de que quedan ,ivja.~.
Si á esto se agrega que nuestro pueb!o se permite, á más
de la tortilla otros lujos, el de tener vicios, de beber mucho pulque, de hacer San Lunes, de entrar cada tercer
dfa á la caree), de tener muchos hijos, y generalmente
también muchas mujeres, se llegará á la convicción de
que lo que pierde á nuestros desheredados es el amor al
lujo.

43 .

EL MUNDO

POBRE NIÑO PALI0O

Las colonias rnorrnonas en Chihuahua.
( De Stephane Mallarme.)
UN PUEBLO DIGNO DE ESTUDIO.

Pobre nifio pálido, por qué gritar obstinado tu canción
aguda é insolente, que se pierde entre los gatos, eefiores
de los techos? por que no atravesará los balcones de los
pisos tras los cuales ignoras los pesados cortinajes de
seda encarnadina.
Empero tu cantas fatal•
DA.MAS DIST.INGUIDAS.
mente, con la tenaz seguri.
dad de un hombrecillo que se
va solo por la vida y no con•
tando con nadie, trabaja pa·
ra sí. Has tenido jamás un
padre1 Ni aun tienes una
vi_eja que te haga olvidar el
hambre, pegándote cuando
tornas sin un céntimo.
Pero tú trabajas para tí:
de pié en las callee, cubierta de trajee destefiidoe, he•
chos como los de un hombre,
tu flacura precoz y demaeia•
do ¡,,rande á tu edad, cantas
para comer, con encarnizamiento, sin bajar tus malignos ojos hasta los otros niños que juegan enel arrJyo.
Y tu qu~rella es taa alta,
tan alta, que la desnuda cabeza que se-levanta en el aire á medida que tu voz asciende, parece querer par~ir
de loa pequeftos 1.wmbros.
Hombrecillo, quien sabe
si no se irá algún d1a, cuan·
do, después de habtlr gritado
i.,rgo tiempo en las ciudades hayas cometido un criillen? un crimen no es muy
difícil de cometerse, ¡bah! es
1mficiente tener valor después del deseo, y loa que.....
Tu pequeñ.o rostro es enei-gico.

Una de las principales c:asas de los mormones en la c:olonia Porfirio Díaz.

Hace mucho tiempo que ee habló en la República de
•colonias mormónicas establecidas en Chihuahua y amparadas libremente por aquel progresista Gobierno. No
·faltó entonces quien se-ocupara, con criterio más ó menos justo, de esos extrafios emigrantes del vasto territorio de Utah, y quien pusiese el grito en el cielo, creyendo ingenuamente que el mormonismo iba á inv~dirnos
como una plaga y á dar al traste con todas les bases de
nuestro edificio religioso y social.
Nada de esto ha sucedido naturalmente, y si los resulrtado3 del establecimiento de tales colonias en el lejano

Estado de Chihuahua han dado lugar á algo, es sin duda á
un aplauso sincero para aquel Gobierno que abrió así una
nueva é inagotable fuente de riqueza eu un territorio
llamado á un gran porvenir en la República.
El mormonismo ha despertado siempre magnas curiosidades entre nosotros y como se nos ha pintado con los
colores más infieles, la idea que nos sugiere es frecuentemente fantasmagórica y absurda. Procuraremos fijar la
fisonomía de esta eecta, que no dejará labor tal de ser
instructiva y curiosa.
Constituye el mormonismo, como acabamos de decir•

..-------------~----

Ni un céntimo desciende
á la cesta de mimbre que
ruantiene tu larga mano sus·
pensa sobre tu pantalón: \e
volverán malo y un día co•
rueterás un crimen.
Tu cabeza se yergue siempre y quiere abandonarte como si de antemano lo supiese,
Señorita María de la Vega.-De Slnaloa. (Defolograjía Vulleto.)
en tanto que cantas con un
Si se toman las proporciones, si se compara la posibi- aspecto que se vuelve amenazador. Te dirá adios cuanlidad con el gasto y el sacrificio hecho con l()~ medios do pagues por mí, por los que valen menos que yo. Vedisponibles, los Rotschild, los príncipes de Sagan, los niete probablemente al mundo para eso y ayunas desmillonarios americanos y los lores ingleses resulta11 ca- de ahora; mallana te veremos en los periódicos.
lumniados; no son ellos los ostentosos, los lujosos, ni los
Oh! pobre cabecita!
rumbosos; sus caprichos y sus extravagancias, sus cuadros de maestros, sus caballos de sangre, sus perlas de
Golconda y sus diamantes del Brasil, resultan modestos,
.EL ]llSP.EJO
dados sus recursos, en comparación de los jaranos, los

. -:á

.J

zarapes, loe huipilis, y las tortillas y el pulque de ·nuestro
pueblo. Máá barato le resulta á Jay Gould su lujoso tren,
en relación con sus recursos, que á nuestra servidumbre
el modesto tranvía en que haca loa mandados, y Grammont Caderousse se pegaría un tito si la cuenta de su
sastre representara en el total de sus rentas lo que signi •
flcan las chaparreras y el sombrero galoneado de un mo·
zo de estribo.
Hay, pues, una profund&amp; injusticia en flagelar en cátedras y púlpitos el lujo de los ricos; lo que merece fla_gelarse firme y seguido es el lujo de los indigentes.
Doc:tor Manuel Flores.

-,-

( De Cárlos Baudelaire.)

·~i

v. :.li-

---1

/

1r

Un hombre espantoso entra y se mira en el cristal.
-«Por qué os mirai.á en el espejo, puesto que no podéis veros sino con disgusto?»
El hombre espantoso me responde:-«Sellor, según loa
inmortales principios de 89, todos los hombree son
iguales en derechos; así pues, poseo el derecho de mirar•
me; con placer ó disgusto, eso no atafie más que á mi
conoiencia.11
En nombre del buen sentido, yo tenla sin duda razón;
más bajo el punto de vista de la ley, él estaba en lo
justo.
Escuela. - Colonia

J uárez.

lo, una secta protestante, con su credo reformista, ni má.&amp;
ni menos que las otras ciento y tantas en que se divide
la religión luterana,. y si se distingue de una manera extrafia de todas las demás, es por el hecho, muy comentado ciertamente, de que admite en su seno la poligamia, ní
más ni menos que loe excelentes súbditos de Abdul
Hamid que tan preocupadas traen hoy por hoy á las grandes potencias.
Admisión semejante ha atraído sobre la secta mormó,
nica los anatemas de todos a1nellos que, educados en otro
medio, la juzgan flagr.rnte inmoralidad, hecha para disol-

�EL

44

MUNDO

Las colonias mormonas en~Chihuahua.-Mollno d~ aserrar ent~e I•• colonlaajuárez y Pacheco.

consejo de ancianos, ei nuestros iuiormee no mienten.
Desde luego es mal visto el joven que llegado al pleno
desarrollo no busca una compañera para su vida, un
aguijón para el trabajo noble que Je permita depoeitar
s11 grano de arena en la labor comun. Si habiendo for•
malo ya un hrigar pretende nueva esposa, debe dhigir•
ee al consejo de ancianos referido, exponer sus razones,
manifestar sus meJios de eubsi3~encia, las probabilida•
des con que cuenta para el porve:'.lir, eu grado de vigor
y de ealud y su anterior conducta. El concejo. vieto lo
anterior, resuelve.
Cnando un viejo pretende casarse con una joven, de•
**
¿Qué consideraciones han* p1esidido
11. la admisión de la berá comparecer iawb1ée ante el concejo, comprobando
poligamia en el seno de las trlbus ( llamémo3Jes así) mor· que posee ampliot weJ1os de subsistencia y asignándole
de antemano una cantidad que, al dt'jarla ( por razón na•
mónicas?
Muy otrás de las que rigen la poligal1lia mahometana. tura! ) viuda, le permita subsistir dtcoroeamtnte y al
El Oriental, organiemo eminentemente voluptuoso por amparo de todos loe peligroe.
religión y por heredismo, que ve en la hembra puramen·
*** loe morm ue~ t'Stll. constiComo se ve, el gc,bierno de
te una sierva, busca, al amparo jel amplio criterio corll.·
nico, una fuente de goces en el harem, y de elle-e nunca tuido por una autoridad com,&gt;letamente patriarcal, casi
sacio, aún se los imagina, fiado en las sagradas promesas,
más allá de la redondez de este valle de lágrimas, en 1111
cielo que es magno gineceo poblado de huríes de ojos de
esmeralda, encantadoramente obesas y perezosas. Pro
fandamente religioso, pero profandamente sensual al
mismo tiempo, porque su religion no es un credo de trie•
~za divina y de sacrificio excelso como la nuestra, ha
eabido amalgamar la embriaguez del placer 11. la embria
guez de la plegaria, y ora en el harem, como se pierde en
las voluptuosidades del éxtaeis.
No es hijo del mismo medio ni por ende obedece á las
mismas influencias religiosas y orgll.nicas el mormon.
Su fin al adoptar la poligamia, ha sido recto, supueeto
en cri~rio religioso. :So se ha propuesto como objetirn
el placer, sino la moralidad.
Pueblo relativamente raducido, patriarcal y solitario,
ha querido expulsar de su seno la prostitución, y no die•
poniendo para ello de los elementos que poseen las gran•
dee colectividades ( á pesar de los cuales sin embargo, no

ver los más sagrados vínculos sociales y conculcar lo~
más sabios precepios cristiano~; empero la gente de eere·
no criterio, p Pga, pero e.q~1irha; es decir, estudia concien•
zudamente la intención que precedió á la coetumbre y
el fin á que se pretende que conduzca.
Líbrenos Dios de abonar la poligamir. Hijos de un me·
dio religioso en que la mujer vive.subliwada por el Eva u·
gelio, hallamos que nada hay más moralizador y lícito
que la uni9n de un sólo hombre con una sola mujer en
matrimonio. Pero seancs dado investigar los orígenes
del hecho que es aquí cuerpo de diPputa.

han acertado más que ha reglamentarla) ó no ballándo
loe idoneos, quiso ampaI'l'r bajo el tranquilo techo dtl
hogar la debilidad femenina y legitimar la promi&amp;cuidnd
que de otra suerte hubiérase considerado criminosa.
Conocedor de la vereatilidad humana que tras poseer el
objeto codiciado, va hacia otro cou las mismas codicias,
intentó paliarla, legalizando todos los amores, y hacién•
dolee perder su aspecto de fruto prohibido.
Su criterio podrá eer erróneo, lo es de hecho, pero na.
die podrá poner en duda su sinceridad y lo ingenuo de
la in~nción que lo ha guiado.
Por otra parte, la poligamia estll. reglamentada en el
seno de la secta de que venimos ocupll.ndonoe, por un

una derivación de la disciplina y autoridad del padre defamiliae, origen de todas las formas gubernativas. El pa·
triarcado eficaz ea, ciertameute en la actualidad una utopía, más la utopía se realiza algunas veces en las pequefiae colectividades. El caracter de paz y cordialidad que•
revisten en el seno del mormonismo todas las relacio•
nea eocialeP, lo comprueba de sobra.
Ea un principio económico que todo pueblo que tiene·
múltiples exigencias, es eminentemente laborioso y prodncr.or.
As, nuestro pueblo, pésimamente educado y hecho por
ende á pasarse la vida de cualquier manera, es haragán,
perezoso y amigo de loe vicioe. No pretende mejorar
porque n? tiene nociones exacta de las comodidades d~
la vid1; no presiente las dulzuras del confort; no aprecia.
las satisfacciones del aseo; satisfechas sus necePidades
animales-y estas se eatisfacen con bien poco-E6lo aepi•
raya á la bolg1nza y se escatima aun el mísero pan de
cada día para hacer eea holganza con el aguardiente,
fructífera en placeres brutales y en delitos horrendos.
Cuando nuestro pueblo se eduque, si es que se educa
alguna vez, gracias 11. loe eefuen:os de los legisladores, a
la difusión amplia de la ins1rucción, á la propagación del
libro y de la ho¡a periódica m11y bara tos, se iniciará en
loe secretos de la comodidad, del confort, de la limpieza;
no le bastarán ya ni la estera donde reposan eus eueflo-;
congestionados por el alcohol, ni el sucio calzón de man•
ta que mal encubre sus carnes atezadas, ni la frazada
cómplice así de sus amores como de sus crímenee, ni el
tugurio leproso donde abriga su miserable vida:
A1,helará su parte en las prerrogativas del hombre culto;
querrll. á senLarse al festín de la civilización; deeeará
más de Jo que posee; es decir, tenclrá m&lt;Í.! e.,:ig_a wias y por
lo mismo intentará hacer más productiva la aplicación
de sus energíae, compitiendo con t.l obrero de fuera del
país, para que a,w1eu'e11 s11s jor,iah!s, y se traduzcan en
buena ropa, buena pitania y confortable hogar. Ya una.
vez en este terreno, acaso naciera en nuestro pueblo eee•
monstruo que ee apellida el eocialismo; más el socialismo,
producto de un proletariado relativamente culto; enferme·
dad terrible, pero enfermedad de una colectividad me·
dianamente civilizada, puesto que se siente atraída por
la utopía, es preferible á la abyección ..... .
El pueblo mormon, al contrario, es un pueblo de'.gran•
des exigencias, ya por el grado de su cultura, ya por la
índole de su organización. Por lo miemo ee distingue
por su laboriosidad y su producción.
Las breves pero expresivas líneas que en eu Memoriu
de la Admi,.is/raci6n púUica dtl Eq/ado de Chifwoltu,1:
(1896.) le coneagra el seflor Gobernador Ahumada bajo.
el título de ColoniaR, y en la sección de Folllento testifican
elocuentemente lo que decimos;
Helaeaquf:

---,

Las colonias mormonas en Chihushua.-Vlsta en Colonia Juárez.

COI.OXJA~

,

Hay cuatro colonias en el Estado, todas en el Distrito
Bravoe, que son «Colonia Jull.rez,11 •Colonia Pacheco,»
•Colo11ia Dublll.n" y «Colonia Dfaz,,,
La «Color.ia Juárez• fué fundada en Enero de 188i con
275 colonos, y según el último informe rendido en Mar•
zo del afio próximo pasado, cuenta ya con miie de SOO
habitantes de diversas nacionalidades. Tiene la colonia
una escuela de ambos sexo,, á la que concurren lSi alum•
nos, cuyos adelantos son muy satisfactorios, pues además
de loe ramos de instrucción primaria ee les eoeeflan otros
pertenecientes á la 1:.ecundaria. Sus colonos se dedican
principalmente á la agri cultura, horticultura y ganade•
ría, disponiendo pua el cultivo de -100 hectáreas de te·
rreno. Tienen un establecimiento de abarrotes con capi•
tal de $i,OOO.OO. un molino de harina, un molino de aserrar, una tenería, una talabartería, dos zapa~r!as, una
fábrica de muebles y una fiibrka de hacer queso.
La «Colonia Pacheco" fué establecida en 1887, con 125
colonos de diversa nacionalidad,'y ahora cuenta 400, col•
tivll.ndose en ella 150 her.tareas de terreno. Sus principa•
lee indnstriae son: un molino de aeerrar, otro de maíz,
tres fll.bricas para hacer queeos y una para hacer 1ejama•
ni!. Tiene una escuela de ambos sexos, ii la que concu•
rren 80 alumnos con adelantos eatiefactorioe.
La «Colonia Diaz,n fué establecida en 1880 con i5 colo·
noe, procedentes de loe Estados Unidos del Xorte, y en
la actualidad cuenta con 609 habitaoteP. Se dedican los
colonos á la agricultul'll, horticultura y gana1ería, culti•
vándoee 500 hectll.reas de terreno, y empleándose para el
regadl.o 21 motores de viento y una atarjea procedente

del acueducto de «La Palotada.n Se co~echa trigo, frijol,
maíz y otros productos.
La industria estii representada por tres carpinterías,
una tonelería, tres fraguas, dos fábricas de escobas, una
de dulces, una zapaterla, dos molinos de trigo, cuatro
trapiches para hacer miel y una tienda mixta. Hay una
escuela atendida por cuatro profesores, á la que concu·
rreo por término mediv 180 alumnos de ambos sexos.
Tiene dicha colonia 526 caballos, 2,522 cabezas je ga·
nado vacuno y 349 de porcino.
En Septiembre último visité esa colonia, y tuve oca•
sión de cerciorarme de que e3a nueva población progre ea
rápidamente y de que sus colonos en general son bon•
radoe y laboriosos.
Loe ~rrenoe improductivos, bajo la . mano hll.bil de
eeoe colonos solitarios, segregados de todos sus compa•
triotae, han florecido y verdegaeado con loe dones de la
abundancia.
De la arboleda vigorosa, merced á la solicitud contínua, surge la flecha de la torre del templo donde todos
aquellos trabajadores profundamenté religiosos ee congregan para orar. Aquí y ahi deetácanse los chalets pintorescos, frescos y vivos, y por donde quiera se advierte
el hormigueo y la barbuya de las grandes legiones infan•
titee, que dejan oir en la amplia y a~eada escuela su su.
eurro de abejad y atraviesan el ambiente manso de las
alamedas y de los prados con sus gritos de j'.ibilo.
En las colonias mormonas abundan naturalmente los
nifioe, y soo ellos la intensa nota alegre de aquella paz
que desciende sobre el caserío, sobre las fábricas, sobre

La• colonias mormonas en Chihuahua.-Coionia Diaz,
Las colonias mormonas en Chihuahua.-Puente de alambre en Colonia Juárcz.

45

EL MUNDO

DOMINGO IS de JULIO de 18~7

el molino, sobre loe hogaree, sobre los aérea y cobre las
cosas, realizando la promesa de los 11.ogeles amigos de loe .
pastoree:
¡Paz á los hombres de buena Toluntad!

OTRO PAGO DE $13,595.00 DE. "LA MUTUA"

EN TAPACHULA

Tapachula, Junio 6 de 1897.
Sr. D. Carlos Sommer,
Director General de «La Mutua.•-México.
Muy estimado eeflor:
Hoy cumplo con 1111 deber de gratitud para con usted
y para la Compafl.ía al digno cargo de usted, certificando
que con toda prontitud me ha sido satisfecho el importe
de la poliza número 780,9i0 por valor de... $ 6,413.16 oro.
cambio sobre Nueva York ........................ 7,182.79 ,
Total... ... $ 13,595.95
la cual tomó mi finado esposo, el FlES:OR Eumo SANDOVAL,
el día primero de Septiembre de 1806. Hago especial
mención del hecho de que sin embargo que vivo en una
hacienda en Guatemala-lejos de vías de comunicacio•
nea directas-me ha sido pagado el importe de la póliza
á los ocho días de haber fallecido mi esposo.
Con sumo gueto veré si por medio de la prensa ee dé á
conocer en todas partee este hecho que habla en favor
de la exacfüud de la Compaflía.
Soy de usted afma. y agradecida,
TRISIOAD M. VIUDA DE SA...'íDOVAL.

�DOMINGO 18 de JULIO de 1897

46

47

EL MUNDO

'DOMINGO 18 DE JULIO DE 1897

EL MUNDO

-===:..===============================================================-~==-====-EN EL HAil.E
Ya la suave orquesta preludia sus notas,
Ya ea tiempo que muevas tu menudo pié,
Al compás gracioso de tiernas gavotas
O al ritmo pausado de grave minué.
Cuando en la pavana tu frente ee inclina,
Tu frente tan pura como flor de lis,
Eres á mis ojos una bailarina
De !a edad de oro del grande rey Luis.
Tienes, cuando avanzas con noble donaire,
Entre loe murmullos de la a imiración,
El paso de Eugenia, de b E,ituardo el aire,
Y la donosura de la Maintenon.
¡Oh linda princesa! Tienes la ele~ancia
De la incomparable Luisa La Valliere,
El porte de aquellas «Preciosas» de Francia,
De quienes en vano se burló Moliere.
¿No sientes ¡oh hermosa! del baile en los giros
Pasar una brisa de blando rumor?
¿No escuchas un eco de vagos suepiros,
Algo como un ténue sollozo de amor?

El oro de las blondas cabelleras
que del eJl á los rayos tiembla y ríe,
y esa risa que en horas placenteras
vagamente en-los labios se deslíe.
Y aún más, la floración que en tu semblante
ee aviva tremulante
como en el alba la eedefia rosa¡
amo tu risa que el candor retrata,
amo tu suave luz, tu carilloea
mirada celestial, húmeda y grata.
RÍE

:Ríe, ríe, cual ríen tus cabellos,
del sol á los destellos¡
vierta en tu faz la risa sus sonrojos,
y sus astros radiantes, en loe bellos
espacios infinitos de tus ojos.
Aum,tro GoNZÁLEZ CARRASCO.

Julio de 189i.

LEYENDA RUSA

Mientras los acordes suenan en las calles
Y en las alamedas del bello jardín,
Van tus movimiel'.ltos, ninfa de Versalles,
Siguiendo los ritmos del dulce violín.
Pero hay un acento que llega á tu oído,
Cual postrer suspiro de alguien que murió,
Como débil eco de triste sonido,
Como la memoria de algo que pasó.
¿No sientes un aire que agita tu falda,
Resbala en tu cuello de terao marfil,
Te ciñe los brazos, ondula en tu espalda
Y luego acaricia tu labio gentil?
Yo soy, virgen pura, yo soy quien suspira,
Yo soy quien se muere de pena y dolor,
Yo soy quien te beea, yo soy quien delira,
Yo soy quien sucumbe de.heridas de amor.
No temas.... Ya ea tarde.... Ya todo ha concluido....
Yo soy el pasado, yo soy lo que fué:
No vuelve eue presas el mar del olvido,
Ni brilla dos veces la luz de la fé.
Tan sólo he querido poner una rosa
A tu pie de Venus que Fidias soñó:
Así ante la~ plantas de una reina hermosa
Buckingbam rendido perlas arrojó.
Ya la suave orquesta preludia sus notas,
Ya ea tiempo que muevas tu menudo pie,
Al compás gracioso de tiernas gavotas
O al ritmo pausado de grave minué.
ÁDALBERTO A. ESTEVA.

Julio de 1897.
INTIMA
A Amado Nervo.

Soy taciturno! .... .. Amo la~ ruinas y los misterios,
Y las tristezas ........ .
Por eso á veces en mi alma tengo todo el perfume
. De las violetas.
Soy ambicioso!.. .... Busco la gloria, y los honores
Y la 1iqueza........ .
Por eso en m~ alma ta.nbién se yerguen las a úreas flores:
Las crisantemas.
Soy el poeta de Isa nostalgias, de los pesares,
De las ausencias ........ .
Por eso traigo también myoeotia de las brumosas .
Rhinianae selvas.
A veces sueño con las penumbras, con los misterios
Y con las ruinas de loe torreones y las iglesias!.. ...... .
A. veces sueño con los honores y con la gloria,
Con los diamantes y loe rubíes y las turquezas!. ....... .
Y á veces canto ...... Y entonces mi alma perdida flota
Entre las sombras de las brumosas RL.inianas selvas!... ..
PEDRO R. ZA VALA,
Julio de 1897.

SONRISAS
Oh, la sonrisa tímida que baña
la faz en auroralee floraciones!
¡Oh, la sonrisa celestial, que entraña
un mundo de ilusiones!
Oh, las dulces sonrisas, que el tesoro
del mar, derraman en la abierta boca
-timbre al que arranca el gozo si Jo toca
su vibración de oro.'

L príncipe, el joven príncipe

tan hermoso como un rey, es•
tá mortalmente herido.
Cuando andaba de caza por
los boequeP, distraído con el
recuerdo de las doradas trenzas de rn mujer, fué acometido
por un jabalí que le atravesó
con rns colmilloe,
Allí está tan pálido como un
manojo de jazmines, tendido
sobre la cama eneangrentada.
Al rededor de la cama están llorando tres mujeres: la
madre, la he1mana y la eapoea.
«Vamos corriendc-, dice la madre, á casa del nigromante que vive retraído en lo más recóndito Je los boequee.
«Nadie más que él puede hacer un bálsamo que cure á
mi hijo.»
Cuando llegaron á casa del nigromante, éste les habló
así:
- Puedo daros un bálsamo que curará al príncipe, pe•
ro es preciso que me deis en pago de ese báleamo, tú, la
madre, ti! brazo derecho; tú, la hermana, tu mano blanca con el aníllo en el dedo; y tú, la espoea, tu trenza dorada.
La madre dijo: ¿Nada más que eso? Y dió ea brazo derecho.
La hermana dijo: toma mi mano blanca con el anillo
en el dedo.
•
Pero la esposa dijo sollozando:
tAhl ¿Tener qué cortar mi trenza dorada?..... .
No puedo :!ar mi trenza dorada.
Y el nigromonte ee quedó con el bálsamo.
Y el príncipe murió.
Allí están las tres mujeres llorando junto al cadáver.
. La madre llora sosteniendo la cabeza de su hijo que·
ndo.
La hermana llora á loe pies del príncipe.
Y la füpoea junto al corazón.
Junto al corazón que pal¡;itó con un amor tan tierno
por sus trenzas doradas.
Y en el sitio donde lloraba la madre...... brotó un río
de ondas inmoroales. el cual está corriendo todavía.
Donde lloraba la hermana brotó un manatía!.
Pero donde lloraba la esposa se formó un charquito
que se secó en cuanto le dió el sol.

¡ADIOSI ¡ADIOSI

A.llá en la playa quedó la niña.
¡Arriba el ancla! ¡Se va el vapor!
el marinero canta entre dientes,
Se hunde en el agua trémulo el sol.
¡Adiós!, ¡adiós!
Sola, llorando eobre las olas,
mira quti vuela la embarcación¡
aún me hace señas con el pa:ñuelo
desde la piedra donde quedó.
tA!lióel, ¡ad\6el
Vistió de negro la nifia hermosa..... .
¡Las despedidas tan tristes son!
Llevaba suelta la cabellera
y en las pupilas llanto y amor.
¡A.diósl, ¡adióel
BuBÉN DAaio.

Oh, las sonrisas mágicas, que aumentan
la devorante llama del deseo
con eléctrica chispa, y acreci~ntan
de loe pechos gozosos en que alientan
el leve balanct:o!
Yo amo las sonrisas que se prenden
como u~a flor, sobre los labios rojos,
y son vivos relámpagos que encienden
la noche entenebrida de unos ojos.
Yo amo las sonrisas ideales
que t&gt;stallan en sonoras carcajadas
coml heridos cristales¡
'

LA FLOR DEL AMOR

AS blancas naves, con sus velas

tendidas, se deslizaban silenciosas
por el mar tranquilo, una noche
de otoño, tibia y embalsamada
por el perfume de las floree.
Fulque11 el Magnífico, seil.or de
Fréjus, de l\fontsegur y de .Minerva, ee ha embarcado en la mayor
de todas, en la que lleva en la proa
las imágenes de Marte y María.
Los remeros cantan salmos al compás de sus remos,
para conjurar la tormenta.
Sea que el remordimiento de faltas cometidas turbase
eu conciencia, haciéndole temer la eterna condenación,
6 que antiguas visiones de esclavas, de las que entretenían eua ocios con bailes provocativos ó con suaves instrumentos, arrullasen su sue:ño, atrajesen su espíritu
aventurero, lo cierto es que abandonaba al partir, eu
hermoso castillo, coronado de torres esbeltas y rodeado
de frondosos jardines, y la rubia dama de azules y eofladoree ojos que compartía con él tanta magnificencia.
Desde entonces la bella Rosamunda esperó impaciente
al señor, que no volvía, y que tal vez había encontrado
la muerte en lejana tierra, sin que ella le prodigase sus
cuidados, ni mano amiga cerrase sus ojos.
Sus brazos ociosos ca1an inertes á lo largo de su cuerpo
que adelgazaba¡ sus labios rojos parecían una flor abandonada, y sus ojos cambiaban su color de zafiro por el
pá !ido de las turquezae.
Su único adorno era el anillo nupcial, que parecía re•
cordar sus deberes y librarla de tentaciones.
Nadie traía noticias del esposo ausente. Ni los pere•
grinos que llegaban de lejanas tierras, y q'ue siempre encontraron generosa hospitalidad en el castillo, ni los caballeros errantes que, mientras reposaban, calentaban
sus ateridos cuerpos, en la enorme chimenea en que los
escuderos .y los pajee escuchaban entusiasmados, narra•
ciones de recientes combates; nadie babia oído hablar
del castellano.
La pobre abandonada, á nadie quería ver. Sólo el paje
.Aymerillot la entretenía con sus cuentos. El enamorado
mancebo ocultaba su pasión, aunque no tan bien que su
señora no la descubriese.
Sentíaee feliz á sus pies, cuando ella, distraída, j ugaba con sus rizados cabellos, y sus blancas manos rozaban
su ardo1osa frente.
La noble castellana temiendo tal vez sucumbirá la tentación, resolvió alejar al enamorado pajecillo. Una no•
che en que juntos contemplaban la luna que se reflejaba en
el lago, elL1, señalando el cielo: Hay allá arriba-dijouna estrella, en la que brota la flor que produce el amor,
que preserva de la horrible vejez¡ ve á buscarla, y te
prometo, si la consigues, corresponder á tu cariño.

llay rubias, como tú, tan verdaderas,
Que, al esparcir el dJ'a sus destellos,
Parece que las mismas hechiceras
Cortan rayos del sol con las tijeras
Y después os los ponen por cabellos.
CAMPO AMOR.

A luna penetraba en la caver·

•

II
.A.ymerillot salió com'&gt; loco, y subiendo á la torre más
alta, maldijo la pequeñez humana. 1Quién tuviese alas
para conquistar la flor preciosa que le hiciera dueño del
amor de Roeamunda! Y, sin darse cuenta, el pajecillo ee
encontró flotando sobre el abismo y las nubes, envolviéndole en gironee de encaje, le arrastraron, entonando un
himno triunfal, acompañado de harpas invisibles que
producían arwonlas dulcísimas.
Y atravesando el espacio azul, las hadas depositaron
al paje dormido sobre la estrella en que florece la flor
lla del amor: en el planeta Venus.

III
Aymerillot, cual otro Hércules domador de monstruos,
triunfaba de las esfinges que surgían de loe antros tene•
broeoe, resolviendo enigmas complicados, venciendo
dragonee que se revolvían furiosos contra el filo de su
espada, y atrayéndoles en su persecución hacia lagos de
fu•go, de los que surgían Floranuyes que modulaban fraet:s dulcísimas y tentadoras y de las que ee exhalaban
perfumee embriagadores que producían vértigo. Y estre•
chando contra el pecho la flor conseguida con tanto afán,
se encontró en un valle risueño. Hacía largos años que
luchaba, ensangrentado el cuerpo y el alma desconeola•
da. P11recíale haber vivido siglos desde que luchaba por
conse,iuir el cariflo de Roeamundll..
Dejóse caer desfallecido sobre el blando césped y á la
puerta de una choza, bajo un emparrado de dorada e uvas,
apareció una joven ideal, de largos y sedosos rizos, cuya
blanc.1 vestidura parec!a rodearla de un nimbode pureza¡
tendió su~ manos temblorosas hacia la flor que Aymeri •
llot llevaba en las suyas, ofreciendo en cambio sus rojos
labios. Nocambiaron una palabra, pero al seflalarle un si•
tio en el tronco tronchado de un árbol, donde ella se sen•
taba, él comprendió que allí, á eu lado, estaba la paz y la
felicidad. Y besando aquellos labios virginales, el paje
ofreció la flor conseguida á costa de tantas penas, olvi·
dando su primer sueño de amor.

IV
RUBIAS

Oriana el hada era terror de los pastores.
Vagamente e11treYlst0sen su antro azuloso,
Dormlan encantados y lacio~, luchadores,
de casco majestuoso.

Las blancas velas no volvieron á aparecer en el horizonte trayendo al navegante esposo de Rosamunda.
E, rubio pajecillo tampoco acudió á las llamadas que
en lasnucheade luna se exhalaban del corazón solitario de
la dama; eue cabellos encanecfan y sus azules ojos, cansa·
dos de contemplar las estrellas y cegados por el llanto,
como loe cirios azotados por la lluvia, y aunque ain ver·
la, siguieron fijos en el sitio donde brilló la estrella que
produce la flor del amor.

•

•

na lentejueleando de fnlgo•
res azulados las paredes de la
roca incrustadas de mica¡ una
móvil cortina de hiedra, obstruía la entrada, salpicada
aquí y allí de grandes floree
de clemátidae semejantf!le á las estcellae: inextricables y
il.ex1blee mallas de hojas y de corolas, á través de las
cuales los claros y el bosque aparecían todos blancrs,
con el blanco tremulo del astro sobre las cimas pálidas
de loe castaños.
Sostenida por tres pilastras de basalto, la gruta sehun·
día en un claro-oscuro de euei'io, invadido por todas partee,
de guías, de madreselvas y de alto3 helechos, cuyas pal•
mas dentadas brillaban de una manera extraña¡ pgr don·
de quiera de las hendiduras de las bóvedas, de las griPtas
de los pilares y de las del suelo, había surgido una inquie•
tante vegetacióll, como luminosa: eran escaramujos,
eglantinae, regueros de lúpulo, espumantee cicutas, y
otras grandes vegetaciones, de bojas de terciopelo glauco;
y todo eso se enredaba, se encaramaba, volvía á caer¡ se
estrechaba una planta á la otra planta y trepaba al mus·
go, débilmente palpitante con el extremecimiento de loe
tallos y de la vida de las savias bajo el azul claro de luna
deslizado ahí desde afuera. .
Algunas veces en los castaños del claro susurraba un
murmullo ligero que era la respiración de la floresta dor·
mida, después la brisa iba más lejos á atormentar algu•
nos nidos en las malezas y un gran relincho desgarraba
el silencio: nn rebaño de caballos salvajes pasaba al ga·
lope, con la grupa moirée bajo la luna, entre las hojas removidas. ·
El bosque estaba lleno ae esas manadas de caballos y
de garañones indomables; bollábanlo en todos sentidos
coa un gran estruendo de ramas quebradas, erraban á la
aventura con el pecho blanco de espuma y la crin esparcí•
da, reunidos en redor del más viejo garañón de la banda
y en las noches de primavera, en la época del celo, combatían furiosamente basta el alba y se mordían el vientre con rugidos de que se asustaban los nidos en las malezas y los éorzos en sus guaridas, y el bosque era inabordable á -causa de esos innumerables caballos salvajes
que la guardaban, prontos á arrojarse sobre el hombre y
pisotearlo.

En la caverna loe espinos y las altas yedras continua•
ban vegetaodo,. gotitas de plata perlaban la'! hojas de las
madreselvas alumbradas por la luna¡ en las mall~s de
la yedra las floree de las clemátidae parecían abrirse más
grandes y como loe copos de escarcha brillaban esponjadas ea los malezalee de espinos baj &gt; los cuales entonces
encend!anse oros rojizos y aceros; y he aquí que de el
tejido de los espinos y de las lianas, eu•gfa una magnífica flóración de espadas. Eran espadas célticas de puño
enorme, tizonas góticas de dos gavilanes, completamente
re•tae, espadas sarracenas de lámina encorvada y lanzas
anglo-sajonas.
Y he aquí que surgían tambien como olvidados ahí
después de una batalla, arcos extendidos, carcajee y flechas clavadas aquí y ahí en las ramas como hostiles flores¡ y he aquí que las zarsas al cruzarse, balanceaban
adargas y cascos en que la luna se reflejaba así como en
las espejos; deshojábanse los pétalos de las eglantiuas encarnadas y bajo aquolla flora de hierro, emerglan lentamente de la sombra rostros en éxtasis de guerreros dormidos.
Cráneos sin cabellera y rizado~ bucles rubios, perfiles
chatos y belfos sonrientes de atrevidos paganos de piel
morena, luengos párpados dejando filtrar 1a mirada azul,
para siempre inmobil de algúo hijo de raza normanda.
Anchas espaldas de guerreros godos, torsos delgados de
caballeros eajvnee, barbas canas de viejos experimentados
y rostroe imberbes y rosas, casi angélicos, de jóvenes pajee¡ bien son cien los dormidos eo la gruta de refltljos me·
tálicoe, bajo la flora de acero de sus armas para siempre
cautivas de la~ lianas y de las zar~as; los ~aballeros y los
varones, loe paladim~e y los pi,ataa, los reyes cristianos
Y. l?s perros musulma~es, los efebos de rubio pelo y loe
v1eJos escuderos, un mismo ensueño encanta sus ojos ce·
rrados y nimba sus frentes de éxtasis. Extendidos en cien
di versas posturas, los unos echados hacia atrás, los otros
con la cabeza oculta entre los braioe y el vientre contra
la tierra, todos han guardado el mismo gesto de aioración, de plegaría delirante, porq11e todos uneneus manos
y se siente que ·han debido dormirse con la mirada fija
en la misma visión y en los labios el mismo nombre im•
plorado: ¡Oriana!
Y he aq1,1í que evocada y vuelta por fin tangible por el
deseo de .sus amantes, Oriana misma aparece en la sombra hechizada de la gruta, que ilumina apareciendo.
De pie, en medio de una aureola de fulgores lacteos y
temblorosos, tal es el.halo en que se cierne la luna en loe
cielos lluviosos, apoya su desnudez de hada en los huecos
transparentes de una cátedra de hielo¡ las estalactitas la
rodean y tres gradas de cristal de roca extienden su humedad glauca á eue pies. Tudo en ella tiene reflejos de
nieve y de nácar¡ la lívida y pesada cabellera que Je gol·
pea loe talones, tiene el imperceptible matiz d~l oro de la
escarchaque loefuegoe del alba desfloran y toda su deenu·
dez brilla como una perla, una fabu •
losa perla cuyo oriente apenas radiaría en la punta de loe senos."en las
uñas .de loe pies y de lae manos, pa•
ra a v1 varee más rosa, en una rosa de
flor que se abre, en el sitio de los labios, ahí doi;de descansa el beso.
Cautiva de sus deseos, como ellos
están cautivos de eu hermosura,
Oriana se cimbra y mueve lentamente bajo su cabellera de claro de lu ·
na, se estira voluptuosa, después se
inclina deslumbrada hacia un pequeflo eepejo oval que mantiene en
una mano; ópalo misterioso en el
fondo del cual aparece y se desvane •
ce á intervalos la füonomfa de ple•
garia de cada uno de loe guerreros.
Cuántos años hace que ella los retiene, inmóviles y mudos, paralizados de la vida, casi convertidos en
fantasmas entre loe espinos y las
guías de sus antros! Los unos hace
cien años, loe otros cincuenta¡ los
hay que duermen hace veinte invier•
nos y otros hace un mee: es todo un

R ENE MA!ZEROY.

•

siglo de amor y de avideces locas que dormita ahí, en el
fondo del bosque, vagamente apaciguado, merced á un
sueño que loa suprime del mundo y los defiende contra
la muerte.
'
Cada uno de todos esos que duermen ahí, extasiados,
y con las manos juntas, ha venido ea una hermosa mañana de Abril ó en alguna tibia noche de otoño, con el
casco en la frente y la esperanza en el corazón, á tocar
con el puño de la espada el dintel de la caverna; ahí han
echado pie á tierra, han atado su caballo á alguna encina. y después, balbucientes de amor, han entrado.
Y el caballo, fatigado de esperarlos, después deíhaber
agotado las bojas del arbol y :a hierba del suelo, ha roto su ligadura y ha huido por el bosque; se ha vuelto
ealvaje y habiendo encontrado el potro del guerrero de
ayer al palafrén del guerrero de hoy, las manadas de caballo~ galopan ahora furiosos con la grupa aterciopelada
bajo la luna por el nocturno bosque que despiertagrandee crujidos de ramas muertas.

Ahora bien, aquella hermosa noche de Julio, en medio
del ensueño de la floreeta llt&gt;na de cálices y de la adc,ra•
ci6n dormitante de sus eoamoradoe, Oriana está triste;
allá, lejos, loe rebaños de caballos pueden relinchar, ella
sabe que el bosque ya no es inabordable y que los tiempos han cambia to. C" n lierotl incorruptible, educado
por los mo!)jes en la ira y el horror de la mujer; un fiero
adolescente de corazón feroz y de manos puras acaba de
penetrarlo¡ ha franqueado ya ]aij lbdee y, firme en la si•
lla, encascado y acoraiado de plata mate, triste y tierno
bajo el cielo luna'r , como lo está la tierna luna, avanza
lenta pero seguramente á través de la hierba corta de
los senderos y de la avena loca de loe claros, los claros
embalsamados de su floresta, donde ella no irá ya á voltejear, abeja en pleno medio día y libélula al crepúsculo, porque el cruel efebo lleva en su mano dere..:ha la liberación y en la siniestra la muerte.
La liberación para ellos, la muerte para ella, peor que
la muerte, ia vejez, que es de seguro la. muerte de Jas
mujeres y de las hadas, puesto que extingue el amor y
mata el deseo.
Y Oriana se inclina para eonreirse una postrera vez
aún, sobre el espejo de ópalo que ya se opaca¡ y después
de todo, qué ha hecho ella .á esos monjes? ella el embe•
leso y el encanto de las miradas, la alegría de la naturaleza, ya fuese rayo, córola, ala vibrante ó mujer, ¿qué ha
hecho para que ee le suscite ese duro vencedor? Loe
tiempos han cambiado y cmtra ese todos aue lazos serán
vanos. Lo sabe de antemano Oriana, porque él viene hacia ella endurecidp de ira y flameante de rencor, como
vengador y justiciero¡ dettista y aborrece su hermosura,
que ha hecho esclavos á los otros, y menos p)r librarlos

�DOMINGO 18 DE JULIO DE

EL MUNDO

que por castigarla ha emprendido ese peligroso viaje;
porque en el fondo de su corazón deEprec1a á esos heroes
á quienes una mujer ha podido vencer y su odio por ella
ee exaspera aun con su desprecio poreu cobardía; y el
cruel adolescente ee aproxima de hora en hora, un buho

cómplice le guía por el bosque, volando ante él de ar•
bol en arbol.
De pie, sobre su trono de hierro, desde el fondo de su
gruta crepuscular, Oriana oía ulular al horroroso pájaro
nocturno, escuchó Eepararee las ramas, chocar el pomo
de la espada contra la silla y cada paso del caballo retemblaba sobre su corazón.

MADRID
(Versión libre de Alfredo de Musset. )

Madrid, princesa de las Eapañas,
en tus floridas verdea campañas
que el sol, que mata sus resplandores,
envuelve en leves nácares tttle~,
brillan radiantes y encantadores
ojos muy negros y ojos azulee.
Ciudad hermoPa de las verbenas,
de los romances de amantes penas,
de las tapadas, loe galanteos.
¡cuántos pieP blancos como jazmines
huellan las fiores de tus jardines,
alzan el polvo de tus paseos!
Ven en la plaza tus picadorés
mli rebocillos provocadores,
mil blancas manos que palmotean
cuando loa toroe, embravecidos,
la arena escarban, el lomo arquean,
braman, embisten y huyen heridos.
Ven loa luceros en tus callejas
furtivas sombras junto á las rejas,
ven embozados tus caballeros,
ven que de prisa y enamoradas
la obscura calle cruzan tapadas
damas que llevan eue escuderos.
Madrid, asilo de la ventura,
Madrid, emporio de la hermosura,
calado alcazar que maravillas
con tus pafacios y tus jardines,
las blancas blondas de las mantillas
y el negro raso de los chapines:
todas tus rubías y tuli morenas,
las que caminan de gracia llenas,
cimbrando el talle, la cara ufana,
juntas no valen lo que un cabello
de aquellas crenchas que sobre el cuello
deja caidae mi sevillana.
Es una blanca, rubia eepafioia,
joven y viuda que vive sola:
-calle escondida, vetusta casa,
po::tón ferrado, duefia que cela.Si el rey la ha visto y amor le abrasa,
no fíe en el oro de su escarcela.
Llame y ... aguarde, si así lo quiere;
llame cien veces, y desespere:
á tocilaa horas silencio grave,
calle desierta, puerta cerrada;
pero si llego, mi enamorada
quita el cerrojo, tuerce la llave;
Porque me arrulla cuando me besa,
porque ea la blanca rubia princesa
que ha coronado mi fantasía,
ágil, flexible, siempre nerviosa,
demonio y ángel, avispa y rosa,
donaire y fuego de Andalucía.
Oae en mis brazos y se estremece,
beso sus ojos y desfallece:
con soplo ardien te su pecho late,

Cieno, ella pudo extraviarlo con hábiles espejismos,
con ilusiones y vanas apariencias, retardar su marcha á
travésdeinextricables malezalea y de imprevistos pantanos, podría ella misma tomar una forma fugitiva, bestia
fiera, pájaro ó fior. Mas para qué! Los tiempos batían
cambiado; de antemano estaba vencida. Era el Cristo
quien marchaba con ese nifio, el Cristo enemigo de la
alegria, del placer y del amor; era El quien había suscitado contra ella á ese verdugo con rostro de arcangel y
he aquí que dos lágrimas perlaban los ángulos de loe
ojos pálidos del bada y que ee enternecía del todo el brillo de rn eepejo. La dulce Oriana se sabía sin defensa:
amaba á eu vencedor......
En ese momento una inmensa claridad llenaba la gruta. Con el filo de eu eepada un hombre acababa de des•
garrar la móvil cortina de lianas que guardaba el dintel.
Como lamida de plata por la luna, una esbelta silueta
negra se erguía sobre el claro, una silueta encascada, donde un buho vivo, posado sobre la cimera, desplegaba sus
grandeé alas. Amadis tocó tres veces el cuerno con toda
la fuerza de sus pulmones, y tomando por la lámina eu
espada, llevándola en· forma de cruz ante sí, pénetró al
antro.
-Por el Cristo todo poderoso y Nuestra Sefíora la Virgen, que los ojos que ha turbado el Maldito, se aclaren
y que se levanten, libres en en fin, los h éroes cristianos
que retiene el peso de los maleficios.
Y habiéndose levantado loe cuerpos extendidos ahí
con un gran ruido de fierros, Amadis vió que . bajo sus
armaduras herrumbrosas y die. regadas los seres apareci·
dos entre las floree y las plantas, tenían todoe, ó fases
verdosas de cadáveres ó cráneos de esqueletos lucientes,
y Amadie á su pesar retrocedió. Con un siniestro chocar,
las tibias se ensamblaban á los fémures y las carnea
blandujas se deshacían con un ruido flojo la presión de
los dedos crispados y secos; u11 olor de carne descompuesta penetraba todo; la at,.oz visión no duró más que
un instante. Después de un bullimiento para ponerae de
pie,-las larvas de loa valientes habían caído en las roa•
lezas donde los cadáveres se desleían lentamente. El
exorcismo de Amadis no había despertado pm,a mas que
la podredumbre desde bacía largo tiempo ya presa de loa
gusanos, y reto el encanto había dejado correr-tal como
un dique roto-una humanidad madura para la tumba.
Uno solo, un esqueleto que se quedó sentado sobre su
apoyo, hacía muecas con una risa muda bajo un rayo de
luna, con las vértebras presas entre una eglantina en
flor.
De pie en medio del osario, Amadis se sentía mortalmente triste; entonces Oriana:

rompe violenta los dulces lazos,
y en las delicias de tal combate
huye y se escapa de entre mis brazoe.
¿Qué me hizo duefio de su hermosura?
¿Qué me h~ valido tanta ventura?
Mi árabe y negra cabalgadura,
su caeco de oro, eu estampa real. .. ,
mis alabanzas para Sevilla...... ,
mis cumplimientos li su mantilla,
y aquella dulce miel con vainilla
de aquella tarde de Carnaval.
A GUSTIN

F.

C UENCA.

-De qué sirve tu valor?-le dijo-Ellos sofiaban y vi-vían de sus sueftos. Este sabía bien lo que hacía al conducirte aquí-y con su mano temblorosa y rígida ya,
convertida en una mano de vieja, el hada designaba a~
buho-«Tú le has preparado su pasto» Entonces Amadh
la miró: Pobre Oriana! Su cabellera se h\\bía vuelto gril
y enconada, desdentada, osijosa, plegada en dos, rotR,
con el aire de un espectro, ella misma, con su piel color
de ceniza y sus ojos blancos de cataratas entre sus cejas
sangrientas, Oriana- esa desnudez hacía un momentl)
nacarada, como una perla, tendía hacia el héroe un largo brazo de Sibila y con una voz doliente:
-Y yo que te había hecho? Yo tenía la edad de st1~
ilusiones y sus deseos me hacían joven. Bella con Pn
amor, sonreía á su ensuefto y mi sonrisa los guardaba
contra la muerte sonriéndola; ahora el número de los
afios olvidados cerca de mí y el peso de sus penas roe
abruman, su despertar me ha envejecido en mil años y
heme aquí condenada durante mil afios á la vida horrible y triete, que cada uno de ellos debía vivir aquí abajo. Oh, desgraciado nifio, la última ilusión que tenían
aun los hombres florecía en este bosque y eres tu quien
la ha muerto.
Y dicho est(! desapareció!

EL álbum dedos her•

mobae nifias, para
quienes fué escrita,
traducimos á conti·
nuación La ltyend,a·de
la luna, de Elena Vacareecu, la bella y
desgraciada amiga de
la reina de Rumania.
Esta leyenda perte·
nece á las Rapsodw
de Dimbovüza, y Carmen Sylva, en el prefacio de la edición alemana, dice que
su ilustrada dama de honor la recojió de los labios miemos de Cobzar, trovador rumano, de loe que suelen cantar acompafiándoee en el rnandolino ó el laúd.
La tradución en prosa ea preferible á la interpretación
versificada, pues se trata de una especie de melopea sin
consonantes, que difícilmente hallaría su equivalente en
la poesía castellana.
He aquí la leyenda:
La luna teme que aa1ga el sol, pues él solo sabe el mis•
terio de su palidez. Y la luna teme que á la hora del alba confíe á álguien el secreto. Por esw, tan pronto como
sale el sol, la luna se esconde, en la esperanza de que así
llegará á olvidarse de ella.
Mas yo soy el Cobzar, hermano del sol, y él me ha en·eefiado el arte de ir anunciando entre los hombree cómo
él ha dado el canto á los pájaros y cómo hace madurar
la fruta y verdear la selva.
Yo solo conozco el misterio; yo solo sé por qué la luna
es tan blanca.
Ua día foé, en que la luna era el corazón de una niña
donde alegre cantllba el amor.

DOMINGO 18 DE JULIO DE tltn

POR

FRIDTJOF NANSEN•
Traducción· para "EL MUNDO."--l!ustraciones tomadas de las fotografías hechas en el curso de la expedición.

«Los últimos rayo11 del sol que cae, besarán aún una vez
sus pétalos amarillentos; y después la fior se ocultará
para dormir, durante el largo invierno, y renacer en la
primavera. ¡Ahl si pudiéramos hacer lo mismo!»
De~terradoa á quienes amenaza la agravación de una
reclusión prolongada, Johansen y Naneen gozan profundamente de todas las manifestaciones de la vida que se
agitan aún al rededor de ellos. Siguen en el cielo las
batallas de los pájaros:
«Felices criaturas que se mueven allá arriba con tanta
libertad! A nuestros pies, en las olas, las morsas se sumergen y agitan; en loe airee torbellinéan las bandas de
gaviotas, oímos el roce de sus alas. Por donde quiera hay
un rumor de vida, pero bien pronto el sol desaparecerá,
el mar se cerrará, los pájaros se irán uno tras de otro
hacia el Sur, comenzará la noche polar y reinará un silencio profundo y no interrumpido ......
«Las morsae, los osos, los pájaros, sucesivamente hui•
rán.»
Los zorros fueron los •1ltimos compafieroe de inverna•
da de Naneen y de Jobansen. Esos insoportables vecinos, astutos y ladronee, tanto más audaces cuanto que
loe dos hombree, avaros de eus cartuchos, no loe desperdiciaban en ellos, no retrocedían ante ningún latrocinio, por poco provecho&amp;o que fuese. ¿No se apoderaron
un día de un paquete envuelto en lona de vela y que
contenía un poco de todo: trozos de bambú, de hilo, de
fierro, una cuerda de barpói:i, una pe!ota de hilo grueso,
ejemplares mineralógicos etc.? Otra vez se robaron un
termómetro. A. partir de ese día, el úhimo termómetro
fué fijado fuera de m alcance, en la punta de un trineo
levantado verticalmente cerca de la choza.
El sol se mostró por la última vez el 15 de Octubre.

JEAN L OMAI N.

Mientras duró la dulce pasión, el corazón de la nifia se·
iornó enteramente blanco.
El firmamento le tuvo lástima y se lo llevó.
Y durante las horas calladas y solitarias. el corazón
desconsolado contempla la tierra, acordándose de su pasión y de su dolor.
Cuando la luna sale, las flores murmuran: ¡Oh corazón
blanco de virgen, ven y descansa sobre nosotras!
Y los pájaros la invocan en su euefio, la tumba le su•
eurra: ¡Oh corazón blanco de virgen, acrecienta mi blancura!
La luna teme que salga el sol, pues el sólo sabe el mis•
terio de su palidez.
V ACARESCU.

Dama de honor de la reina de Rumania.

Cesó la lucha, la patria es libre.
Sobre e~tos campos, de horror cubiertos,
que el son guerrero ya nunca vibre
llamando vivos, dejando muertos.
El himno augusto que hora se escucha
celebra á un pueblo que se levanta.
La patria es libre, cesó la lucha:
¡poeta, cantal
Ya loe hogares abren ene puertas
y las doncellas temblando aguardan
que basta sus almas, también abiertas,
lleguen los novios que tanto tardan.
Sus lauros frescos por azahares
cambian loe héroes con mano inquieta .. ....
Abren sus puertas ya los hogares:
¡ama, poeta!
8·1 faz radiante la dicha asoma,
los sueños viertén su polen de oro,
y la miseria, que abate y doma,
huye ocultando rabioso lloro.
El alma vir~en del bravo infante
bueca lo noble, lo vil deedef!a......
La dicha alegra su faz radiante:
¡poeta, suefial
Con paso artero la infamia viene
y la rodean cuantos la miran.
¡Qué solapada sondea tiene!
¡Cómo la acogen, cómo la admiran!
Por su lenguaje tan lisonjero
oíd qué aplauso tan vivo estalla.
La infamia viene con paso artero ......
¡poeta, calla!
B AI,llTNO D AVALO" ••

&amp;L MUNDO

HACIA EL POLO

En el claro se levantaba el alba.-U n ful~or triste
alumbraba los cadáveres amontonados, sin orden, en la
gruta, é inclinado sobre la cabPza de un muerto, el buho
buscaba curioso con el pico el sitio de los ojos en otros
tiempos llenos de azur y vueltos ahora dos huecos negros
é inmundos.

ELENA

LA LEYENDA DE LA LUNA

1897

Johansen cosiendo.
UNA EXISTENCIA DE TROGLODITAS

Naneen se había prometido consagrar los ocios de la
invernada á poner en orden sus notas, sueobeervacionee,
sus cálculos; pero su cerebro rehusaba el trabajo. Además, ea fuerza decirlo: una dificultad material de un or•
den demasiado imprevisto, impedía sus buenas intenciones, matando las pocas veleidades laboriosas que subsistían en él: si su dedo desfloraba, si rozaba su manga una
hoja de papel blanco, inmediatamente aparecía una huella negra y grasosa; de la página en que él había escrito
aunque fuesen algunas líneas, se podía decir que había
sido ¡mnegrecida, en el sentido natural de la palabra. De
todos los sufrimientos soportados por los dos noruegos,
este era acaso el peor.
Era en vano que pusiesen á hervir su ropa; la grasa
persistía.
. Loe vestidos de Nansen y de J ohansen, grasosos, agu¡ereados y usados, no ofre4ifan ya contra el frío, y sobre
todo contra el viento, más que una insuficiente protec•
ción. Salir asl vestidos para dar higiénicamente algunos
pasos frente á la choza, era de parte de los dos hombree
un acto de heroísmo de que algunas veces sentíanse incapaces. Entonces quedábanse confi nados en su guarida,
probandó con su buena i;alud que el escorbuto no ea una
consecuPncia forzosa de la falta de ejercicio.

«El vac-ío mismo de mi diario, di·

ce Naneen, da la pintura máe exacta de nuestra existencia durante
loe nueve meses que hemos vivido
sobre esta playa.»
«Domingo 1? de Diciembre de 1895.
-Tiempo maravillosamente bello
desde hace algunos días: se deja
uno ir y venir fuera de la choza en
tanto que la luna transforma este
mundo de hielo en una :ierra de
hadas.
«L1111es ii de Diciembre.-Sopla el
viento: el paseo será desagradable......

«Martes 10 de Diciembre.-Johan•
sen advierte que sukayak ha dPB·
aparecido. Lo ha encontrado á mu·
choesentenares de pasos: el viento
lo había quitado y llevado hasta
ah!. Que loe kayaks se pongan á
voltear _en el aire, se pasa ya de
broma ......
«Jueves 19 de Diciembre.-La Navidad se aproxima. En la casa cada
La vida en el interior de la choza.
uno se ocupa en loe preparativos
de la fiesta y enct1entra apenas
tiempo para todo. Mas aquí nada hay que hacer. Pasar tados entre los dos noruegos. Por fortuna quedan algu·
el tiempo ea nuestro sólo cuidado. Ah! dormir, dormir! nos inagotables proyectos para el porvenir, hipótesis con•
La marmita hierve dulce mente en la hornilla. Yo vigilo cernientes á la vuelta del Fmm, conjeturas relativas á su
el almuerzo y miro vacilar la llama en tanto, que mi pen· propia situación actual. ( 1)
Sus cabellos y sus barbas incultas no conocían ya las
samiento hace lejanos viajes. Extralio poder del fupgo y
de la lumbre sobre todas las criaturas vivientes! Fasci- tijeras, los cabellos caían sobre la espalda y eran un sunación de esas vivas lenguas que plemento de traje que loe dos noruegos apreciaron mu·
se retuercen como serpientes!.. .... cbo. Barba y cabellos se han vuelto completamente neA la luz de las lámparas en las ve· .gros. En esos rostros de carboneros, los dientes y el blanladas del invierno, ella se sienta y co de los ojos brillaban de una manera extrafia.
«...... Nuestro estado de ánimo, en suma, era bueno.
cose. Cerca de ella está una nifiita
de ojos azules y de cabellos rubios, No teníamos ni aún el recurso de loe disgustos para majugando con una mufieca. Mira al tar el tiempo. A nuestro regreso áíguien preguntó á
niño tiernamente y acaricia sus ca- Johanaen cómo nos babiamos avenido durante el invierbellos, pero sus ojos eetan henchi- no-porque ea, se dice, una ruda prueba para dos hom •
dos de gruesas lágrimas que caen bree vivir tan largo tiempo y juntos en un perfecto aislamiento:
sobre su labor.
«-No, respondió él, no nos hemos peleado. Sólo que
«Mártes # de Diciembre -En el
país acaban de encenderse las velas yo tenía la costumbre de roncar durante mi sueño y en·
de loe árboles de Navidad, alrede· tonces Naneen me daba puntapiés en la parte posterior.»
dor de los cuales los niños danzan No puedo negarlo, le dí bastante&amp; puntapiee; pero él se
en ronda. Y nosotros también fes- limitaba á moverse un poco y tornaba á dormirse trantejamos la navidad según nuestros quilamente.,,
recursos. Hemos lavado en un poLA PRL\IAVERA D E 1896
co de agua caliente nuestras camisas y nuestros calzones, y para
El fin de Febrero y loa primeros dias de Marzo vieron
lavarnos nosotros miemos, loe calzones nos han servido á la vez de la vuelta de la primavera, los pájaros, el sol.. .... y los
esponja y de toballa. Nos senti• osos. El 8 de Mayo, uno de estos, atraído sin duda por
moa casi otros hombres. Para ce• el violento perfume del aceite de morea extendido alrenar, hemos tenido jiskegratin, hededor de la cabaña, vino á vis.i tar á Nan·aen y á Johan•
cho de pescado pulverizado, de ha- sen h asta su guarida. Sin amedrentarse á la vista de las
rina de maíz y de gr:&gt;.ea de morsa, primeras osamentas que cubrían el suelo, se metió por el
y como postre, pan frito en aceite. pasadizo qne conducía á la choza, cuando Johansen, que
Mafiana en la mañana tendremos había advertido su presencia y emboscádose detrás de la
chocolate.
piel que servía de cortina, tiró. El animal, herido, echó
á correr. La persecución fué larga. El oso había escalado
«Miércoles 1? de E nero de 1896 Cuarenta y un grados y rr.edio ba- una eminencia y seguía por su resta. Desde abajo, Nanjo cero. Así pues, acaba de nacer een lo remató de un t:ro de fusil. El cazador había eeco •
un nuevo afto, el afio de la alegría
(1) Nansen habla acabado por convencerse de que invernaba en
y de la vuelta al país. En medio de
parte sobre la costa de la tierra Gillis, entre la tierra de Franun claro de luna deslumbrador, alguna
cisco José y el Spitzberg.
1895 ha partido; con
el mismo claro de
luna deslumbrador
1896 comienza. Pe·ro el frío es muy
cruel.. ....
«VierneB s' de E ne "
ro.-Oigo detonacio- :·_
nea del lado del qla- &lt;e _cier, gigante de h ie- ~~
lo posado sobre la ~
cresta de la monta- ~
fia y que alarga sus miembros en todaF .
las direcciones, hasta el mar. Todas lae
veces que el frío aumenta, se tuerce h e.··
rriblemente y, en medio de un ruido d~ ~cañoneo, aparecen grietas de todos ladoe,
sobre su cuerpo monstruoso.
«Jobansen se ha dormido y hace reeo
nar la choza con sus ronquidos sonorof. :
Me alegro de que su madre no pueda ver t .. _
lo en este momento. Tendría piedad de i=-:'...
su hijo, tan negro, tan grasiento, .desga ~
-=
rrado, con el rostro cubierto de v1rueiaE ,;:_ ;.;~ .
de sebo. Pero paciencia! Le volverá á ver
sano y salvo, fresco y sonrosado .........» F-- . -:¿
No poseer un libro solo, es para Non· ¡-':::"'
se~ y .Johansen una de las más grandeE ~ _pr1vac1ones. Con qué pena recuerdan la ... _:;_,,,.
biblioteca del Fram! Han leído frecuente ~~ mente lo que hay de legible en su tabla ~--:;;._,,,.. ~ ·~, '&lt;i,,,&gt;.,;~~?
_
de navegación y ~n su alm~úaque, que s~ •• :,.._,-~
. ~~- ~- ~
~ "=-h,:}.- -~ - -~ ben ya:de memoria. También se han aph · __ ---::=- - ....- -; " "~
""
~~:,::...=-.,.._
cado á aprenderse las alianzas y las filia•
_.:;.....,¿_,,,~-:,s..-.;-=-~--:::?'"
~ ~ = ~- ~ ~-:-,.~~
cionee de la familia real de Noruega, co- ..:.-:....--, _ __ =:e_,...JI=- ~_.:::::-_ ::::-.--c:::~~~~--mo loe cuidados que hay que impartirá
lo~ ahogados.
Desde que dura BU tete tete, casi todna
Así enarcado logré izarme.
los aeu.utoe de conversación han sido ago-

¡:z:-" ·

·--=-

.

�•
so
gido su momento: herido el oso, en tanto que ee encontraba en el extremo borde de la alta muralla, perdió el
pie, la enorme mesa blanca se desprendió y botando de
aspereza en aspereza, no se detuvo sino á loe pies de
Naneen. Agitáronlo algunos espasmos y todo concluyó.
Eee oso llegó muy á tiempo: la despensa estaba casi
vacía. «Vivimos de esa pieza, dice Naneen, durante seis
S'emanae.,;
Bien pronto iba á sonar la hora de la partida. La pri•
mavera precedente cuando abandonaron el Fram, no te·
nían más que escoger trajes y provisiones de toda especie, de las que poseía el buque. Ahora el viaje que te·
nían en perspectiva era menos largo sin duda, pero estaban entregados sólo á sus propios recursos.

EL MUNDO
UN DÍA DE: 1.MOCIÓN

DOMINGO

,a

DE IULIO DE

,a,n

Hace algunoedías nos atacaban las morsas, nos era preciso
nadar sobre el agua helada para salvar nuestras vidas; lle•
vábamoe una existencia de ealvsjes. Y he aquí que ahora
vivimos la vida de loe europeos civilizados; que estamos
rodeados de todo el lujo y de todo el bienestar qt•e la
civilización puede procurar.
«...... Era más de medio día el 17 de Junio, cuando salí de la •tienda para preparar el almuerzo. Había ido
hasta el borde del hielo á buscar agua salada, cuando
percibí que la bruma se había disipado un poco y juzgué
que era /a hora de examinar loe alrededores. Monté sobre un hummock, tendí mis miradas y de pronto hirió mi
_oído algo seme jante al ladrido de un perro......
Tendí la oreja y no oí nada. Comenzaba á creer que
me había engañado, cuando loe ladridos tornaron á oírse
«Grité á Johaneen que había oído ladridos del lado de
tierra. Salió él del saco en que estaba dormido y se pre•
cipitó fuera de la tienda, «Perroe!n Sin comprencter prestó
oído á su vez,. volvió convencido deque era ilusión míe.»
Naneen razona:
«Si hay alguien aquí, no estamos, pues, en la tierra Gillie ó sobre alguna CJtra playa conocida como lo creímos
todo el invierno, sino más bien al sur de la tierra Fran •
cisco José...... »
«Con este tumulto de pensamientos me encaminaba á
través de los hummocks y las asperezas. De pronto creí
oír el !onido de una voz humana, una VO'I. extrai'ia-la
primera hacía tres af!.os. Mi corazón palpitó; la sangre
afluyó á mi cerebro, escalé un témpano y llamé á plenos
pulmones. Esa voz humana en el desierto de hielo era
mi patria, mi hogar; era la vuelta al lado de aquella que
me espera. Yo no veía más que esto, en tanto que corría
al través de los amontonamientos de hielo,
«Era ese Jackeon que iba á expedicionar en la tierra
de Francisco José cuando yo salia de Noruega, ó bien
algún compatriota? Avanz11mos rápidamente el uno hacia el otro. Yo agité mi sombrero, él agitó el suyo; le oí
hablar al perro y escuché. Era un ioglée; cuando estuve
más cerca, creí reconocerá M. Jackson, áquien recordaba haber visto una vez.
«Le saludé; nos tendimos la mano con un cordial: «Co es•
tais?» Por encima de nosotros una tela de bruma; á nuestros pies la banquisa; en el fondo una fisonomía de tierra que huye bajo el hielo y en la bruma. De un lado el
europeo civilizado, un completo inglés calzado de altas
botas impermeables de caucho, bien afectado, exhalando
un perfurme de jabón odorífero;-y frente á él el hombre
salvaje, vee~ido de inmundos andra¡oe, negro de aceite
y de sebo, con loe cabellos incultos y la barba hirsuta,
con un rostro cuya rubicundez natural había deeapa·
recido bajo una espesa capa de grasa.
-Me alegro en extremo de veros, me dijo Jackson.
-01 lo agradezco mucho.
-¿Tenéis un buque aquí?
-No, mi buque no está aquí,
-¿Cuántos sois vosotros?
-Tengo un solo compañero en el hielo.
Y así &lt;líciendo, habíamos comenzado á dirigirnos hacia
la tierra. Yo suponía que me había reconocido ó que
cuando menos había adivinado quién era yo, no pensan•
do que ningún hombre totalmente extraf!.o y de mi apariencia inquietante pudiese ser recibido tan cordialmen•
te. De pronto se detuvo, me miró bien á la cara y me
dijo:
-¿No seríais por ventura Naneen?
-Sí, yo soy Naneen.
-¡Por Júpiter! ¡Me alegro mucho de veros!
Y me asió la mano que sacudió de nuevo, en tanto que
todo su rostro no era más que una sonrisa de bienveIJida
y que la alegría de este encuentro imprevisto radiaba en
sus ojos negros.
-¿De dónde llegáis, me preguntó?
He dejado el Fram á loe 81º de latitud Norte, después
de haber derivado durante dos ai'ioe. He alcanzado el
86º 151 • Ahí debimos deshacer el camino en la dirección
de la tierra Francisco José. Pero nos hemos visto obliga•
dos á invernar y actualmente nos dirigimos hacia el
Spitzberg.
-Os felicito de todo corazón. Habéis hecho una bella
excursión y tengo una alegría de todos loe diablos e ser
el primero en felicitaros.

«.A.l llegar la noche, nos detuvimos al borde del hielo á
fin de estirar un poco nuestras piernas que se habían an•
kiloeado todo el día en los kayaks. Queríamos también
escalar un hummock para interrogar el horizonte. En el
momento en que nos íbamos á acostar, se impuso el problema de saber cómo íbamos á amarrar nuestras preciosas embarcaciones. D~spué3 de algunas vacilaciones, nos
servimos de una driea hecha de piel de moras. No se ne•
cesitaba. un cable muy fu~r&amp;e para retener nuedtros kayaks ligeros.
Cuando habíamos ascendido al hummock más próximo, Johaneen exclsmó de pronto:
Los kayaks se van con
la corriente!
«B.ijamoe á toda prisa.
Ya estaban muy lejos y
derivaban rápidamente,
El cabte había cedido.
-«Tened, tomad mi reloj» dije á Johansen de•
semb.;razándome al mis•
mo tiempo de algunas de
mis ropas, á fin de nadar
más fácilmente. No osaba
desvestirme del todo por
temor de un accidel,lte.
Salté al agua El viento
~Oplaba del bordo y loe
kayake, con su ligereza
nan una presa muy bue•
na. Su derivación seacen·
tuaba.
«El agua estaba helada;
mis ropas me paralizaban. Lejos de ganar distancia :sobre los kayaks,
vensaba podia seguirlos.
Tt!mía no poder llegar jamás hasta ellos. Pero ahí
se iba toda nuestra eepe•
ranza; todo lo que poseíamos estaba á bordo; no
Nansen oye 1adrid :&gt;s.
teníamos con nosotros ni
El invierno en la choza había concluido con sus trajee. aun nuPstros cuchillos. «Que yo me ahogase ó que volIngeniáronee para covfeccionar unos nuevos con sus viera á la playa sin los kayake, venía á ser lo mismo.
«Redoblé mis esfuerzos. Cuando me fatigué, me tendí
abrigos y en reparar loe que podían soportar aun un remiendo, en remontar su calzado con ayuda de piezas de boca arriba y seguí nadando de esta suerte; podia ver á
piel de morsa y en hacerse calcetines, guantee, un lecho- Johaneen marchar sin detenerse por el bordo del hielo.
saco de piel de oso. Habíanee proporcionado hilo, des• Pobre muchacho! no podía estar tranquilo y encontraba
hilando la tela de álg~dón de algunos sacos de provisio- espantosa su impotencia para obrar. Casi no esperaba
nes. Durante muchas semanas, desde la mai'iana hasta mi victoria, pero en nada hubiera mejorado nuestra si•
la noche, la aguja no descansó. Ll choza habíase trans• tuación si él también se arroja al agua. Después me dijo
formado súbitamente en un taller de sastre y de zapate- que esos momentos habían sido loe peores de su vida.
«Cuando me volví de nuevo, testifiqué que estaba un
ro. No había ya, en la existencia de los dos hombree,
poco más cerca de loe kayake, y me vino de nuevo el
lugar para el fastidio.
ánimo. Sentí, sin embargo, que mis piernas se entumian
Abril ee pasó y llegó Mayo.
«Martes 12 de Mayo.-Dí ahora un adiós á mis viejos gradualmente y perdían toda sensación. Bien pronto ya
pantalones. ¡Cuántos servicios me han prestado! Pero no me sería posible moverlas. Pero quedaba poco cami•
ahora están cán pesados con la grasa, que deben pesar no por hacer¡ ei podía mantenerme unos instantes más
muchas veces su peso primitivo. Si yo los torciese corre• sobre el agua, me salvaba, nos salvabamoe ........ .
«Continué; mis brazos debilitaban mas y más; pero la
ría el aceite. Es una sensación deliciosa la de ponerse
pantalones nuevos, ligeros, blandos, y hasta cierto pun- distancia disminuía sin cesar......
Pur fin pude extender la mano hacia la madera de un
to exentos de grasa.»
Para una expedición en trineo, debe uno proveerse de víve- ski, el cual estaba dispuesto de abajo hacia arriba; lo así
res nutritivos bojo un peque ii.o tolú men, i-ariados hastri don- y estuve bien pronto pegado áloe kayaks: eetabamoe sal·
de sea posible, de trineos sólidos, etc., etc. Naneen conocía vados! Ensayé izarme sobre las enbarcaciones, pero mis
de memoria todas estas máximas del coleccionismo ár- miembros ya no me obedecían. Por un instante deeeepe•
ré. Al cabo de un momento logré, sin embargo, lanzar
tico. Pero ¡ay! zómo ponerlas en practica?
Para la continuación del viaje habíase separado un po- una pierna por encima del borde del trineo que reposaco de harina de pemmican, chocolate y pan. Mas cuando ba sobre el kayak de la izquierda. Así enarcado, logré
loe dos noruegos visitaron su depósito, experimentaron izarme y me senté. No era fácil remar en la doble em·
un cruel desengaño: toda había sido deteriorado por la barcación. Tenia que dar dos ó tres golpee de remo á la
hnmedad; el chocolate había sido disuelto, la harina es• derecha de loe kayak y otros tantos á la izquierda.
«Sí hubiera podido separar las doe embarcaciones y
taba mojada, el pemmioan en putrefa~ción. Fué preciso
tirarlo todo, salvo una pequeña cantidad de harina de remar en una remolcando la otra, la tarea ha bría sido
m.1iz y el pan que sólo estaba humedo y que se pudo co- más fácil, pero no osaba ensayarlo. Me hubiera helado.
mer después de haberlo pasado por el aceite hirviendo. Remar era el sólo medio de conservar lo poco que me
«Cargarnos de tanta carne de oso y de grasa de morsa quedaba de calor. El frio me había quitado toda sensacuanta podríamoejllevar, dice Naneen, era todo lo que que- ción. Sin embargo, si venían bocanadas de vientos pare·
daba por hacer. 'ia que no ligereza, estas provisiones cían que me traspasa óau. Dentro de
ofrecían cuando menos 111 ventaja de ser reemplazadas mi delgada camisa de lana mojada,
en el curso del camino, según nuestras nec8eidadee. La todo mi cuerpo temblaba; caetañe·
parte más importante de nuestro equipo eran, deepuéade teaban mis dientes; estaba transido.
«De pronto percibo dos gaviotas.
todo, nuestras armas de fuego. Felizmente las habíamos
conservado en buen estado y nos restaban una centena T,mer gaviotas para cenar era de·
maeiado tentador-nos amenazaba
de cartuch9e de bala y ciento diez de municiones.»
el hambre;-cogí mi fusíl y las maté de un tiro. Johansen me di¡o
EN CAMINO HACIA EL SUR
m;ie tarde que se había extreme•
El 19 de Mayo, por fin, Naneen y Johansen abandona- oído al oír el tiro. Juzgó que algo
ron la choza que loe había abrigado por más de ocho me• fatal me acaecía. Después, cuando
ses. Antes de dejarla, redactaron un corto informe de su me vió recojer las aves, creyó que
.
viaje y lo encerraron en un tuvo de cobre que había sido me había vuelto loco.
«Por último, llegué á su lado y
el cilindro de la bomba de aire de su lámpara de petro·
leo. El tubo fué cerrado con un tapón de madera y ~us- á duras penas pude vol ver al calor.u
Los días siguientes Naneen y
pendido del techo por un hilo de fierro.
El mar no estaba libre aun. L'lB kayaks fueron, pues, Johansen navegaron á la vela por
car¡:adoe sobre los trineos, á los cuales se ataron loe dos un mar en que pululaban las moviajeros. Tantos meses de una existencia sedentaria, mal ras, viéndose expuestos á mil peli•
gros.
loe había preparado para las fatigas de la marcha.
Pero fueron estas las últimas
Sus piernas no los obedecían bien, así es que me primerne jornadas fueron muy cortas. Avanzaban en una pruebas. Al día siguiente, Naneen
dirección sud-oeste, creyendo dirigirse hacia la tierra Gi• y Johansen, treinta y cinco meses
llia, al nor-eete del Spitzberg. Por la noche para acam- después de la parLida del Frani de
par, levantaban una especie de tienda, arrojando sobre Vardre y quince meeee después de
loe trineos, diapueetoe paralelamente, las velas de los ka- haber abrndonado el Fram, iban á
encontrarse inopinadamente en
yake.
medio de sus eemejan~es.
S.&gt;lían hallar regiones de agua, mlS d emisiado paque
ñas para una navegación fructífera.
Et 12 de Junio, el agua dulce se extendió una vez más EL E NCUE:-ITRODE N ANSEN Y J.ACKSO:)!
antd sus ojos, pero ese día de feliz navegación fué marca•
«Martes 118 de J1rnio. -¿Duermo
do p)r el m \Jor peligro que hubiesen corrido nunca.
acaso?¿ Acaso suei'io? ¿ €stoy rodMdo de realidades ó de visiones?......
Encuentro de Nansen y de Jackson.

DOMINGO 18 de JULIO de

,a,n

-~~~~~=~~==~~========~~~==~

Estación del cabo Flora.

La estación de Jackson en el cabo Flora se componía
·de una casa baja construida de maderas superpuestas horizontalmente, á la moda rusa, de un establo y dependencias...... «Era, dice Naneen, un nido caliente y confortable en ese medio desolado. El techo y loe muros estaban cubiertos de tela verde. Sobre las paredes había
fijadas fotografiae y grabados; unas repisas soportaban
loe libros y los instrumentos. En medio de la cámara ardía un fuego de carbón hospitalario. Un singular estado
de espíritu se apoderó de mí cuando me senté en una silla cómoda en medio de todo ese ambiente de bienestar.
Las responsabilidades, las inquietudes que durante tres
años habían pesado sobre mí acababan de deeaparacer
de un solo golpe. Estaba en un puerto seguro; mi deber
se había cumplido, mi tarea babia terminado; ya no te·
nía más qu~ descansar y esperar; fué servida la comida y
encontré delicioso el pan, la m!lntequilla, la leche, la azú ·
cor, el café, todas las cosas sin las cuales habíamos aprendido á pasarnos, deseándolas siempre sin embargo.
«Johansen, á quien Mr. J ackson había enviado á buscar
con algunos de sus hombree, llegó bien pronto con ellos.
No le habían permitido tocará los trineos. «Yo estaba
en medio de ellos, dice, como un pasajero en un buque.
He viajado muchas veces sobre la banquisa, pero eata es
sin comparación la más agradable.,,
Un momento después, Naneen y Johansen no se reco•
nocían ya. Habíanae despojado de sus trajes, habían to·
mado un baf!.o caliente, se habían jabonado á su satis·
facción y se hablan vestido loe trajes limpios puestos á su
disposición, habían cortado sus cabellos, se habían afeitado, convertlanse en una palabra en europeos, con más
rapidez que la de su transformación precedente en sal·
va¡es trogloditas.
Al mismo tiempo comprobaban con gran sorpresa que
su pee.o había aumentado sensiblemente desde que aban·
donaron el Fram; resultado que honra las facultades alimenticias de la carne y de la grasa de oso con que exclu·
eivamente se habían alimentado durante el invierno.
LA VUELTA Á NORUEGA,

Durante algunos días, Naneen y Johansen se entrega·
ron por completo áloe goces del confort y al placer de
conversar con otros hombree. Como distracción, acoro·
paflaban á J ackson y ~ los otros mie_mbroe d;e. la misión
en sus cacerías á oeoe ingénuos que iban á visitar la es·
tación del cabo Flora, tomaban instantáneas y visitaban
loe alrededores. Jackson y_ Naneen reparaban y corregían
mutuamente sus cartas. U na comparación de loe relojes
de los dos noruegos con el cronbmetro del explorador
inglés había acusado un error de seis grados y medio
en todas las longitudes observadas por Naneen. Con este
dato ya se pudo rectificar los cálculos; una carta de con·
junto de la tierra de Francieco José, fué trazada comple·
tando la de Payer, y Naneen dió el nombre de tierra
Frederick Jackeon á la isla sobre la playa de la cual habla invernado.
.l!:ntre tanto el tiempo pasaba y el navío de la expedí•
ción Jackson el Windward, no llegaba. Naneen y Johaneen sentíans~ dominados por la impaciencia y un poco
también poi la inquietud. ¿No acabarían por retardarse
de tal suerte que se vier~n obligados .á pa~ar_aún un invierno lejos de su país, em haber podido eiqu1e!a dar noticias suyas áloe que loe esperaban? Convencidos estaban de que antes del otoi'io el Fram estaría de vuelta eu
Noruega. Ellos que habrían debido precederlo en un
afio, no llegaría~, pues, sino largo tiem_PO más ~arde? ¿'f
quien en ese caso no los supondría perdidos, quién babia
de creer que habían errado dos años sobre la banquisa
polar sin sucumbir á las fatigas y al hambre?
Muchas veces loe dos noruegos lamentaban haberse
detenido adormecidos en medio de las delicias de la Ca•
pua del cabo Flora· muchas veces estuvieron á punto de
despedirse de sus huéspedes, de subir de nuevo á sus !rá·
giles ka yaks y de intentar la travesía que los conduciría
al Spitzberg.
La mai'iana del 26 de Julio, por fin, Jackson despertó
á Naneen, tirátdole de loe pies, y le anunció encantado
que el Tl'ind1rard estaba ~hi. .
,
El H'indil'arcl, que babia partido de Londres e, 9 de Ju•

EL MUNDO

nio y de Vardre el 25, lle• lar.noruega habían llegado sanos y salvos y que Naneen
vaba áNaneen buenas no- esperaba el Fram en el curso del otofio.
Después de tres días inolvidables pasados en Vardre en
ticias de los suyos. Del
mundocivilizado llevaba, medio de una población delirante de entusiasmo, Nan•
á la colonia de loe deste· sen y J ohansén vol vieron á bordo del Windward para dirradoe del cabo Flora, rigirse á Hammerfeet.
nuevas asombrosas: Se foEL •FRAM» .ACUDE Á LA CITA
t, grafiaba á las gentes á
1ravée de puertas de mu•
Fué en Rammerfeet donde la eei'iora Naneen se unió á
chas pulgadas de espesor,
uua bala en el cuerpo del su marido, al cual aclamaba el pueblo, y fué ahí también
que la había recibido; los donde el doctor Naneen recibió el 20 de Agosto eete tejaponeses habían vencido legrama:
«El Pram ha llegado en buenas condiciones. Todo va
á los chinos; había sido
construido un hotel en el bien á bordo. Partimos al in&amp;tante para Tromsre. Feliz
8pitzberg, y el sueco An- regreso.
drée esperaba un viento
Otto S.erdrup.n
favorable que le permi•
Así pues, el Fram confirmaba exactamente las previtiese partir en globo para
siones y las predicciones de Naneen, que no solamente
el Polo ...... etc., etc.
Cuántos motivos de no había desesperado jamás de su retorno, sino que le
asombro habría habido había asignado una fecha precisa.
Naneen había querido ser el primero en acudirá la cipara Naneen y Johansen
ta y he aquí que el Fram, como no había querido prolonFÍ se hubieran dirigido di·
rectamente al Spitzberg y gar una espera de todas suertes dolorosa, llegaba á su vez
hubieran caí.lo con su al punto indicado.
...... Después de la partida de Naneen y Johaneen el 14
aceite y su grasa ea medio
de una banda de excur· de Marzo de 1895, el Fram había continuado su lento
sionistas de la agencia viaje de derivación; todo lle110 de recodos y de idas y
venidas, pero con una direción general constante. El 15
Cook!
E l 7 de Agosto el W in- de Noviembre de 1895, había alcanzado la latitud de 85º
dward levó anclas y se di- 55' á penas 35 kiló10eiroe más al sur que el paralelo al
rigió al Sur después de ha• cual habfa llegado Naneen. Si este, se ua dicho, hubiese
ber tomado á bordo, C&lt;'n esperado tal fecha, acaso habrla llegado hasta el polo.
Naneen y Johaneen mu• Pero no habría podido ponerse en camino al principio
choe de los miembros de del invierno; y al comenzar la primavera de 1896, el Fram
no estaba más que á los 8-1° como en la primavera prece ·
la expedición Jackson que volvían á Inglaterra.
La travesía fué feliz y i:ápida: el capitan del Windward dente.
La salud, la discip.ina, el buen humor, no se han de•
tenia enpeño en llevar sus pasajeros á su país antes de
bilitado á bordo del buque. A fines de Mayo de 1896 se
la llegada del Fram.
«En la tarde del 12 de Agosto vi ante nosotros, muy ba- había encontrado á flote; pero durante dos meses y meja en el horizonte, una cosa sombría. Qué era? A estribor dio aun permaJ&gt;eció aprisionado en la banquisa. Solaeso se extendía hacia el Sur, muy bajo y muy plano. Yo mente el 13 da Agosto habla llegado á la mar libre, á pono tenía demasiados ojos para mirar: era la tierra; er'a quísima distancia de las costas septentrionales de la tie•
la Noruega! Yo estaba como petrificado, fascinado por rra del Oeste del Spitzberg. Et mi~mo día cruzóee con un
buque noruego-Las H ermanas, de Tromere-ocupado
aquella línea sombría, á lo lejos, en la noche.
Cuando subí al puente al día siguiente ea 11' mai'iana, en 1a pesca de las focas y de las ballenas. En las islas da•
eetabamos cerca de la tierra. Esta era desnuda é inculta, neeas el Fram se detuvo para hacer agua y encontró al
apenas más atractiva que ia que habíamos dejado en me· vapor Virgo y al globo de la expedicibn Andrée. Vuelto
dio del oceano Artico: pero era la Noruega! ...... Cuando á partir el 15 de Agosto, echó el ancla el 20 en el pequeel bravo capitán Brown dijo mi nombre al viejc- piloto no· f!.o puerto noruego de Sk¡rervre y fué entonces eolaruenruego que subió á bordo, una expresión indecible, mez• te cuando Sverdrup y la tripulación del Fram tuvieron
cla de alegría y de estupor, transfiguró ese rostro usado noticia de su jefe y &lt;le su camarada Nansen.
Saliendo de la banquiea al norte del Spitzberg, el Fram
por el tiempo. Estrechó mi mano y me deseó la bienve•
nida como á un rcleucitado: hacía mucho tiempo que la había, pues, ejecutadCJ ha~ta el fia el plan &lt;1el doctor
creencia publica me juzgaba muerto......
Naneen.
Cuales sean loe resultados cientificoe adquirido! por
«Antes que se echase el ancla en el puerto de Vardre
yo había saltado á un bote con Johansen, para llegar esta expedición sin precedente, no es este lugar á proposimás pr,mto á la ofbina de telégrafos. Bien pronto estu- to para decirlo, y además, Nansen no lo ha expuesto aun
vimos en el muelle, pero á pesar de todo habíamos con, sino sumariamente. Pt1ro la ruta del polo se ha encon•
servado bastante nuestra apariencia de piratas para que trado: la derivación ya sea debido á los vientos solamen•
nadie nos reconociese. Las gentes nos miraban apenas y te ó bien á la acción combinada de loe vientos y de una
la sola que pareció prclstarnoe atención fué;una vaca inteli- corriente, la derivación existe; la hipótesis tormulada
gente que se detuvo en medio dl! una calle estrecha y por el profesor l\fohn en 1884 y audazmeotti adoptada
nos contempló con asombro. Era una visión tan regoci- por Naneen, se ha verificado.
El centro es el medio de un blanco; disparado el pri•
jada la de aquella vaca, tan bien evocaba una escena de
estío, que me vinier-&gt;n deseos de acariciarla: ya sentía roer tiro, en la dirección querida, ha pasado muy cerca
del objetivo; no queda mas que rectificarlo.
entonctie que estaba en Noruega .........»
El 25 de Agosto en el puerto de TromEre, Naneen vol•
Nansen habla preparado una centena de telegramas,
dos de los cuales eran de unas mil palabras poco más ó vió á ver el Fram; lo había dejado medio hundido en la
menos. Cuando los ojos del emplado cayeron sobre la banquiea; lo encontrab" flotando, libre y orgullosamente,
firma del primer telegrama, su fisQDomía cambió súbita- en laa aguas noruegas...... «no intentaré, dice Naneen,
mente y encontró calurosas palabras de bienvenida. Los describir la reunión que siguió. Estábamos todos juntos
telegramas iban á ser enviados inmediatamente, más ha- otra vez, estábamos en Noruega y la expedición había
había tarea para muchos días y para muchas noches. El lienado su objeto.»
«...... Por la noche yo eEtaba de pie al borde del jjord;
aparato comenzó inmediatamente á producir su tic- tac,
y á enviará los cuatro rincones de Noruega y del mun- habíanse extinguido loe ecos, y los bosques de pinos esta·
do la noti,::ia de que dos miembros de la expedición po• ban silenciosos y sombríos al rededor de mí ...... Sobre el
promontorio la última brasa de lar, fo.
gatas se extioguia y humeaba, y el
mar, chapoteando á mis pies, parecía
murmurar: «Ya estás en tu casa.» La
profunda paz de una noche de otof!.o
se extendía, benéfica, eob1e el espíritu
fatigado.
«Yo no podía impedir el recuerdo
de aquella lluviosa mafiana de Junio,
en que por última vez puse el pie eo1:re la playa. Más de tres años habían
pasado. Nosotros habíamos trabajado,
habíamos sembrado y ahora venía la
cosecha. En el. fondo de mi corazón
sollocé y lloré de alegría y de reconocimiento.
«La banquisa y los claros de luna de
las largas noches polares, me parecían
como un suef!.o lejano de gtro mundo
-un sueflo que había huido como vi•
no. Pero que valdría la vida sin sus•
sueños?
__:¡:.;f.,......,

·:1'::.í:•:
•.

• f-

Na .1 sen y Johansená au llegada á l,1 estación del cabo Floro1,

FIN.

�EL MUNDO

DOMIIIGO II DE JULIO DE altn

NOTASDELA
MODA
Tres cu•rpos blusas.

Figttras 1, 2 y 3.

1'!--Esta ee de serpentina
azul obscuro, adornada con
cintas de terciopelo negro y
abierta sobre un cuerpo de
foular crema/Cuello y cinturón de listón fantasia.
2'!--La otra ee de foular roJO con encajes negros, y perdido su ajuste debajo de un
olan bordado que cae al lado
izquierdo.
3~-Esta última es de ba•
tista rosa, adornada en pi•
cos por encajes blancos y
cintas de terciopelo nPgro.
Las mangas tienen jokeys
adornados de la misma ma•
nera como la corbata y lazo.
Cuello y cinturón de raso
blanco.

'

}_¿/

Fig ttras 4 , 5, 6 y 7.

( Figuras 1,

2

y

3.)

Traje de piqué pompadour.

5?- Se compone de una chaqueta fígaro de estilo
enteramente nuevo, pues además de aldetas, tiene
jockeys sobre las mangas y se une sobre el pecho
por dos picos adornados de cinta inglesa. Esta cha•
quetita ee de piqué color de oro.
Vestido para niña de 12 .á 13 años.

6?- Este es de piqué crema adornado con cintas
negras.
Traje de alpaca Serge.

7?-La faldll se adorna co-i¡ cordón de espiga; el
bolero, con te1eiopelo negro y la misma cinta.
Cuerpo interior de lino azul pálido, con pliesés y
tira bordada. Cinturón de raso azul.
LECTURA. P A.KA. LAS DAltIAS
VIGILAR SOBRE TODO

Ropa interior de lana y foular.

SS

«Yo soy dichosa con mis tra•
poi vi,jos,11 decía una de eeas,
mujeres de orden.
Además, si alguna vez bacan•
eado risa una mujer de hilarhas,
rara vez se ha visto reducida á:
la míeeria aquella cuya previ•
sión sabe aprovecbarlo todo para el manejo de eu casa, y haceque todo sirva, los restos demuebles, loe jirones de lienzo,
los papeles ioservibles, las eo-bras de la cocina, etc.
5? En fin, una ama de caFa
debe tener mucho cuidado de
CÓMO SE :NOS PUEDE ENGA~ AR?

Vestido para niño de 6 á 8
años.

Lo que acabamos de decir sobre lae compras y
ventas: No desconfiéis de nadie, pero tomad precauciones con tcdos.
No contéis enteramente con otro más qne con
vos para la vigilancia: voe sola tenéis interés real
en la prosperidad de vuestra casa; ella no depende
sólo de vos tal vez, pero puede decirse que el impulso no se le puede dar y sostener sino con vuestra preeencia.
No sin razón los antiguos decían: La vida del
amo siembra el dinero.
Una ama de casa debe tener cuidado:
1? Que nada se pierda. Debe, pues, saber bien to·
do lo que tiene, hacer inventario de la ropa en cada lavado, exigir que todas las noches, la vajilla
los cubiertos y demás cosas del servicio diario, sea~
contadas y depoeitadas en su aposento.
8? Que nada se desperdicie. Debebe por lo mismo conocer bien las cualidades de lae cosas, las que se pueden
guardar y lae que se deterioran fácilmente; saber lama•

EL MUNDO

que no se la engañe.

Trajes de oaID.po.

4?-Este es de lino azul con
adorno de cinta acordonada.
Chaleco de piqué crema.

DOMINGO II d•JUUO d• 1897

Bata de diagonal vista en tres fases.

nera de conservar las provisiones; reservarse para
sí la preparación de las que exigen mayores gastos
loe dulces, los licores, por ejemplo. ¿No se ve de 3~
de lueio, la necesidad que hay de que entendáis
de cocma para vigilar sobre loe preparativos que se
hace~ E!n ella .Y sa~er arreglar los gastos? No se sa.
brá vigilar bien, smo se sabe hacer bien aquello
que Be quiere vigilar.
8? Que n11da ae deteriore. Debe, para esto, ir por
todas partes, óbservarlo todo, limpiar, ventilar
ordenar l_as reparaciones urgentes, y ver que nad~
estorbe n1 esté fuera de su lugar.
.;? Que todo sea recogido y conservado con cuidado
aun las cosas que parecen más inútiles. Debe pues'
cuidar de que se recojan todas aquellas cos~e qu~
se desparpajan en la casa, lo que encuentra tirado al paso, lo que ya está fuera de servicio que tal
vez los criados iban á arrojar á la basura.'
Todos esos objetos se colocan en esos viejos cuar•
toe inhabitables, que se llaman cuartos de estorbos
y allí se encontrarán con seguridad, cuando se de'.
se~~• ya para las reparaciones de la casa, ya para
ahvio de los pobres, una multitud de cosas que
realmente pueden servir.
A la recomendación de recogerlo y guardarlo to·
do, afiadimos la de hacer, por lo menos una vez
en el afio, 11na visita domiciliaria de caridad á esos
cuartos, en todos sus rinoones y escondrijos.
Queréis encontrar allí muchas riquezas? Hacéos
acompafiar por una pobre madre de familia¡ de·
cidle_ que ella busque. Veréis como ella sabr des•
cubrir, en _medio de aquellos.muebles viejos y entre
aquellos giro.aes de ropa, algunos tesoros para su
casa.

Ahora bien, se os podrá en•
gafiar:
1? Porpé:rdida del tiempo, cuando loe criados emplean para sí
las horas que debían emplearen el trabajo de la casa. Es cierto que es necesario que tengan
horas para sí, destinadas á lavar
y á remendar su ropa, etc.; pero este punto demanda una muy
particular vigilancia. Algunas
veces trabajaban no sólo para.
sí, sino para personas extrafiae,
lo cual les proporciona un au•
mento de sueldo.
.
Durante la 11oche, regular-mente, cuanclo todo el mundo
descansa, es cuando ee hace eee
trabajo suplementario. «Es mi
tiempo, es el tiempo de mi sueño el que tomo, os a.irá una criada á quien hayais,
sorprendido en estas faenas; este tiempo me pertenece. 11 Si, pero esta velada la pondrá lenta y perezosa para el trabajo del día siguiente; el alumbrado se
gasta, y una lámpara ó una bujía encendida puede·
ocasionar una multitud de accidentes.
2? Se os engaña p or inteligencias y cohechos con los,
proveedores, que algunas veces anotan los objetos
con un precio más alto que el pactado, 6 indican un
~eso ó una calidad distinta del peso y calidad que
tienen los efectos que han entregado, y parten el di-nero así robado con la criada ó criado infiel.
Los criados y criadas suelen también aumentar á
la cuenta que os presentan, algunos centavos demás,
s_o pretexto de que ellos han regateado, y que la uti •
lidad que han obtenido por la diligencia que han hechn, les corresponde por de1echo.
Id vosotras mismas algv.nas veces y en distintos
tiempos, á hacer las compras al mercado y á los almacenes; como por casualidad sorprended alguna.
vez á vuestros criados al estar comprando, pero p10cur:d no dar á conocer que notáis su embarazo.
3. Se os engafia por glotonería., cuando los domésticos se comen las cosas á excusas vuestras; cuando toman para sí lo que habíais reservado para vosotras .
e:omo las frutas ó dulces exquisitos, los manjares de'.
hcados; cuando se beben, ó hacen que otros beban
el víno ú otros licores destinados para la mesa de los,
amos.
4? Se osengafiaporunacaridadmal entmdida cuando los domésticos dan á los pobres más de '10 que
vosotras habéis fijado, ó lo que es más común cuando sin vuestro permiso envían á sus parientes pobres! lo que sobra de vues_tra mesa, ó aun vuestros
vestidos que ya no os ponéis.
5? Se os engafia por emplear en provecho de otrns loque no debe emplearse sino en pro:vecho do la casa. Cuán.
tas veces una _lavandera, por eJemlo,. lava, antes que
vuestra ~op~, la rop!' de. toda su familia, robandnpor cons!~1en!e el tiempo que le pagais y el jabón
que swmp1strá1s.
Se ve por esta exposición, y aun no hemos revelado más que algunos de los más comunes secretos,,

Figuras 4, 5, 6 y 7·

vulgarmente llamadas Sfaa, se ve, decimos, cuán necesaria es la vigilancia, y cuán necernrio es también que una
ama de casa sea la última en meterse en la cama por las
noche!!, y la primera en levantarse por las mañanas.
VI GILANCIA. MORAL

La vigilancia moral causa otras muchas inquiet_udee.
No es nuestro objeto hablar de ella aquí; sólo áebé1~ ea·
ber bién que la probidad no se coneerv9: por largo tiempo sin la práctica de la piedad, y que ahmentar una pasión cuesta más dinero, dice un proverbio popular, que
ua caballo en la caballeriza.
No dejéis crecer alguna de el!as en v.uestro C?~ezón, y
procurad descubrir para destruirlas ó para deb1htar sus
efectos, las que germin~een en el. alma de vuestros domésticos: la pasión del hcor y del Juego en los h?m bree,
y la coquetería y el deseo de agradar en las mu¡eree, se
encuentraa, más ó menos, en el fondo del alma de todos.
TENER CUIDA.DO DE LOS P EQUEÑOS DESÓRDENES E N E L GASTO

Enaguas de alpaca con adornos de plissé y encaje.

Ya hemos hablado de estos pequeños desórdenes en el
gasto. Cuando se estudia con atención el malestar y la

escasez que reina en un grari número de casas, se ve con
facilidad que ese estado vecino de la miseria proviene
menos de la pobreza de los recnrsoe, que de cierto desorden que no se ha impedido, ó por descuido ó por pereza,
y que ha sido causa de una multitud de despilfarros diarios, que considerados aisladamentl', son poco importantes, pero cuya reuaion ha venifo á abrir un vacío en las
rentas.
Se dice vulgarmPnte que las}6venes tienm las manos horadada8, y que el dinero M puede contenerse en ella8. ¿Y no
habrá también así muchas caeas ó fami liae llenas de agujeros por donde se escapa sin provecho el dinero que reu•
ne-el trabajo?
¿Y no eerá mt y útil hacer una indicación acerca de
esos despilfarros ó desperdicios de dinero? Conocerlos
será el medio de evitarlos.
EN L AS COMP RAS

Los hav en lae compras que no han sido rigurosamente indicadas, que se han hecho en tiempo inoportuno, ó
que no se han vigilado; en aquellas sobre todo, que han

te oído por móvil unicalllilnte la vanidad, el capricho 6 el
simole atractivo;
Ya es un objeto de arte que se ha visto ea una expoei•
ción ó en el saló!!. de nna amiga; se le quiere poseer.
Ya es un tocado ú otro adorno ·que se ha oído ologiar;
se quiere ser admirada también con él.
Es tam bien con frecuencia un simple utensilio del menaje, que agrada únicamente por su forma, y COD el cual
sin embargo, no se tiene que hacer.
Ya hPmos hablado de la manía de comprar colecciones
fútiles; hay también mdnía de coltcciones útiks, no menos
diPpendioaa.
Una mujer tiene acumulado en su cocina óen su bodega tanto, que puede montar siete ú ocho m!ln11jes; y sm
embargo, como los nifl.os de quienes ella se burla, se dice
en cada nueva compra que hace: «Algo más de esto," y
va amontonando más.
·
Nada es tan inútil como la manía de cosas útiles, y nada Robre todo arruina tan pronto.
No comp1éis, sino al día siguiente, el~objeto de que te
néis deseo y que no es abeolutamete necesario.
•

�:ooMINGO II DE JULIO DE 1&amp;97

EL MUNDO

o:"
UN HERMOSO CUADRO CONMEMORATIVO

El MuNoo diario, al referine al jubileo del eel'.lor Ge•
neral Felipe Berriozáb31, quien fué afectuosamente festejado por haber cumplido cincuenta al'.loe de intachable
soldado, siempre en defensa de la causa liberal, habló
describiendo detalladamente un cuadro obsequiado al
sel'.lor General Berriozábal por los Generales y Jefes de la
guarnición, y que constituye un interesante obsequio.
Damos en esta plana una fotografía de este cuadro, que
no requiere descripción alguna, pues su hermosa distri•
bución salta á la vista. En el centio, en lugar de honor
se ve un magnifico retrato del obsequiado, y al pie de este
otro no menos inferior del eel'.lor General Vélez, y en re•
dedor, llenando el espacio que cierra un doble cuadro de
peluche y ore., los retratos de todos los Generales y Jefes
que tienen mandos de la guarnición y los de la mayor
parte de los Magistrados de la Suprema Corte Militar.
En la base del cuadro yé~uese una figura alegórica,
al pie de la cual se lee la siguiente inscripción:
Al preclaro y constante defensor de la Rep1íblica y de la
liberlad-Gen,ral de Divi.~i6n Felipe B. Bei-riozábal- los
Generales y Jefes de la Guarnición.
Este hermoso obsequio,
aparte del valor que le
dan \a respetabilidad del
ob~equiado y de los ob•
sequiantes, tiene el de
constituir un documento
histórico q u e mostrará
mañana el completo per·
eonal de los que hoy son
las más visibles cabezas
del ejército, después de
la de nuestro Primer Magistrado.

luto; los chinos, de amarillo; los turcoe, de azul; los
etiopes, de gris; y los egipcios, de color de hoja seca:
mientras que los europeos llevan el negro.
· En las Indias, las viudas á fin de dar cuenta de su dolor, se arrojaban en otro tiempo sobre la ardiente pira. •
Entre los cafres se cortan lae mismas un dedo, cuando
pasan á nuevas nupcias.
Los seflores y sefioras de la corte, en tiempo de la raza,
asistían en Francia á los entierros con los cabellos esparcidos y cubiertos con coniza, y algunos pueblos del grupo de Hologuen, en los mares del Sur, las barcas se quedan dos meees amarradas en la ribera, después del fallecimiento de un jefe.
Cuando moría algún jefe de lo~ gaulae, sns cria1os ee
daban violentos golpes y degollaban á uno de ellos en sel'.lal de duelo.
E luto y las ceremonias funerales han variado en casi
todos los pueblos.
Loe griegos y los romanos pagaban lloronas, y quemaban sils muertos; loe egipcios los embaisamaban, y los
fr¡¡,nceses de la Edad Media hacían hervir y salaban á
los que querian libertar dP la destrucción.
El cadáver de E;'.lrique V, rey de Inglaterra y de Fran-

ARMONIA

--••ut011u-

EL GORRION

Volvía de caza y caminaba por una alameda á
mi jardín. Corría mi pe•
rro delante de mí. De
pronto acortó el paso y
empezó á avanzarconcautela, cualei husmeara una
pieza delante de él.
Miré á la alameda y ví
un gurripato, aún con loe
lad&lt;;&gt;s del pico amarillos y
plu1µón en la cabeza.
t-e babia caído del nido
(.el viento balanceabacon
fuerza los álamos blancos
del paseo,) y estaba quie•
tecito, abriendo lastimeramente las alaitae, casi
sin plumas.
Con todos los músculos
en tensión acercábase á él
1 e$Oro, cuando de pronto
sal,ando de un arbol veci
no, un gorrión viejo, de
negra pechuga, cayó cual
uoa piedra delante mismo de la boca del perro,
y t'&gt;do erizado, enloquecido, jadeante, con un piar
quE&gt;jumbroso, desesperado, ealtó por dos veces en
dirección á las fauces
aquellas, cubiertas y armarlas de dientes agudos.
Habíase arrojado para
salvar á su hijo para serviJ le de muralla.
Pero todo su cuerpecillo se estremecía de terror, su grito era ronco y
salvaje, moría, sacrificaba~ su existencia, ¡Qué
monstruo tan enorme debía parecer á sus ojos el
perro! Y, sin embargo,
no pudo permanecer en
eu rama tan alta y segura. Una fuerza más po•
deroea que su voluntad
le había hecho precipitarse desde ella.
Detúvose 7'esoro, retro•
cedió. Dijéraee que él
mismo había reconocido
Cuadro conmemorativo
2quella fuerza.
Me apresuré á llamar á
mi perro, todo confuso, y me alejé lleno de una especie
de santo respeto.
Sí, no os r1ais, era reapeto lo qne sentí á la vista de
aquel heróico pajarillo, ante su impulso de amor.
Y pensé: el amor es más iuerte que la muerte y el temor
á la muerte. Solo por el amor se mueve y sustenta la vida.
lYAN TuRGUENEFF,

EL LUTO EN LOS DIVERSOS PAISES

La manifestació.n exterior de los pesares varía según
las religiones, los climas y las costumbres.
Los pueblos d_o Oriente adoptaban por lo general los
C&lt;' lores claros.
Los pueblos de Occidento eligieron los colores sombríos.
Así, pues, los J aponeses llevaban el color blanco en

marmol, vistió todo el reino de jerga blanca, que era el
color de los lutos del siglo XVI; pero esta fué la última
vez que se usó en España, quedando para en adelante el
us1 del color negro.
Los príncipes reinantes y los cardenales gastan el luto
. de color morado, para un tiempo marcado rigurosamen•
te según la etiqueta.
En varios países de Europa el luto del padre y de la
madre se lleva seis meses.
El de los abuelos cuatro meses y medio.
El dd una hermana ó hermano, dos meses; el de un
tío ó una tfa, tres semanas; el de un primo ó una prima
quince días, Ei son priwos hermauos, y ocho días si son
primos segundos.
El marido guarda el luto de su mujer seis meses, y las
viudas de su marido un año y seis semanas. La práctica
ha duplicado esos tiempos.
Pau los grandes luto, la lana ee la permitida las seis
primeras semanas; la seda no es sino para después.
Por el Papa no se lleva luto. Mas, asf como la iglesia
conserva el eterno luto de su Dios crucificado, igualmen•
te en ambos hemisferios, en todas las naciones, en todo~
los pueblos, el luto de la persona verdaderamente amada se lleva eternamente
en el corazón.
No lo constituye el traj~, sujeto á la moda, que
ll pesar dA eu forma y co•
lvr, permite asistir á los
paseos y á las diversiones
públicas.

Ya se va el príncipe el
Sol con su coraza de diarnantes y su celada de oro.
Le sigue su ejército incenll iari-o, vestido de escarlata y luz; allí avanza la indómita falaLge de los Re·
lámpagos , pestañeando
azufre.
En lo infinito se presen ·
ta como sombra encanta•
da, la diadema de al
alianza, el Arco Iris,
coa sus colores de esmalte y pedrería, el palacio
,-n donde vive la poetiza
Lluvía, con su caceada de
brilantes, cantaudo la
canción del Trueno-se•
flor capriohoso y tirano,
hermano del Rayo-y en
donde ee ospeda entre
charcas y brumas, el te·
rrible dios Frío.
Más allá está el atrio
roisterioeo de la entrada
del Olimpo, e n donde
duerme el querubín de
alas, con su espada de dos
filos y sus ojos que des
piden llamas......
Mirad aquel viejo Ji.
bertino cargado de grani·
zos y manchado de polvo:
es el Viento, el gran in·
dependiente. Está ebrio, lo
han obligado á presen·
tarse con todos sus siervos, y ha traído á la cruel
Tempestad con su hijo el
dragon Huracan.
Llegó la Noche, la eterna viada vestida de luto:
apareció la Jana con su
nimbo de plata, la bella
enamorada, coronada de
estrellas y envuelta en eu
manto de melancolía; va
pisando eobre alfombras
de nieblas: de un lado
viene la virgen pálida del
cieio, Venus, esa lángui•
Ofelia de albo peinador y
de cabellos rubios; y del
otro, Júpiter, el orgulloso descendiente de dioses,
con su flor de lis y su faja de fuego.
Ya lleg-S Orion, el ga.
llardo caballero fantásti•
de México al Sr. General
co; lo sigue Taurus, mi•
rando con su ojo encendido las tímidas claridades de las Pléyades y de Sirio.
Ya van apareciendo los lej,mos súbditos anémicos del
Sidéreo Imperio, y se ve la Víe Láctea como un velo de
novia desp·endido de la corona de una recién casada.
Armonía! Arm&lt;m(a! Ya se anuncia la llegada del Prín
cipe Sol, en su carro de fuego, con su traje de púrpura y
seda. Ya viene el Alba. Ya' se ven los celajes eonrosados
del Oriente: el cielo q,111 sonríe á la F.ilicidad.
Allf esté la cortina mflamada de oro y carmín: llegó la
Aurora bajo su palio inmaculado de eterna desposada;
trae en su~ brazos al nifio de la blanca túnica, con su
cetro de floree y en libro rojo .........
Ya llegó el Año con sus espigas verdee, cargado de ilusiones.
¡Ya lleg6el Príncipe Sol con su coraza de diamant.es y
su celada de oro, en su carro de fuego, con su traje de
púrpura y eeda! .........

TOMO JI.

MEXICO, JULIO '.Z5 D~ x897.

•

, NIJMltRO 4•

$scenas me~icanas.

f

•
1

l)

h

q

~8i1. • PEL1rli

~

MIOZBB

obsequiado por los Generales y J~fes de la Guarnición
Berrlozábal con motivo de su Jubileo.

cia, que falleció en Vicennes en 1 422, fué tratado de
aquel modo. según Juvenal rie loe Uraiños.
En el entierro de Cárlos VI, los pre•identes dP los tribunalee, vestirlos de gran uniforme, llevaban las cintas
del pafio mortuorio que eran de oro; el eecudero mayor
ma1chaba delante de na corcel cnbierto d" eatin blanco;
los individuos del parlamento iban veetidoe de Pscirlata
y los escuderos y criados efgnían vePtidoe de negro.
Los reyes de Polnnia se Vtlstfan rncerd,italmente Pn el
día de su coronación, y BE' entPrraban d~spuée con squel
vestido que no les sirvió más que un solo día.
Durante mucho tiempo las reinas vindae de Francia
ee vistieron de blanco, de donde les ,·ino el nombre de
reinas blancas, conservado por la historia muchas de
ellas.
Cuando murió en 1497, el príncipe Don Juan, hijo de
los reyes católicos, que ee halla enterrado en la iglesia
de Santo Tomás de Avila, en un msgnifico sepulcro de

)

PEDRO ()tsAR DOMINICI.

1
"i!os ~agartijos."
[Dibujo de J, M. Vlllasana,]

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Colonias mormonas</name>
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        <name>Lectura para las damas</name>
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                    <text>:ooMINGO II DE JULIO DE 1&amp;97

EL MUNDO

o:"
UN HERMOSO CUADRO CONMEMORATIVO

El MuNoo diario, al referine al jubileo del eel'.lor Ge•
neral Felipe Berriozáb31, quien fué afectuosamente festejado por haber cumplido cincuenta al'.loe de intachable
soldado, siempre en defensa de la causa liberal, habló
describiendo detalladamente un cuadro obsequiado al
sel'.lor General Berriozábal por los Generales y Jefes de la
guarnición, y que constituye un interesante obsequio.
Damos en esta plana una fotografía de este cuadro, que
no requiere descripción alguna, pues su hermosa distri•
bución salta á la vista. En el centio, en lugar de honor
se ve un magnifico retrato del obsequiado, y al pie de este
otro no menos inferior del eel'.lor General Vélez, y en re•
dedor, llenando el espacio que cierra un doble cuadro de
peluche y ore., los retratos de todos los Generales y Jefes
que tienen mandos de la guarnición y los de la mayor
parte de los Magistrados de la Suprema Corte Militar.
En la base del cuadro yé~uese una figura alegórica,
al pie de la cual se lee la siguiente inscripción:
Al preclaro y constante defensor de la Rep1íblica y de la
liberlad-Gen,ral de Divi.~i6n Felipe B. Bei-riozábal- los
Generales y Jefes de la Guarnición.
Este hermoso obsequio,
aparte del valor que le
dan \a respetabilidad del
ob~equiado y de los ob•
sequiantes, tiene el de
constituir un documento
histórico q u e mostrará
mañana el completo per·
eonal de los que hoy son
las más visibles cabezas
del ejército, después de
la de nuestro Primer Magistrado.

luto; los chinos, de amarillo; los turcoe, de azul; los
etiopes, de gris; y los egipcios, de color de hoja seca:
mientras que los europeos llevan el negro.
· En las Indias, las viudas á fin de dar cuenta de su dolor, se arrojaban en otro tiempo sobre la ardiente pira. •
Entre los cafres se cortan lae mismas un dedo, cuando
pasan á nuevas nupcias.
Los seflores y sefioras de la corte, en tiempo de la raza,
asistían en Francia á los entierros con los cabellos esparcidos y cubiertos con coniza, y algunos pueblos del grupo de Hologuen, en los mares del Sur, las barcas se quedan dos meees amarradas en la ribera, después del fallecimiento de un jefe.
Cuando moría algún jefe de lo~ gaulae, sns cria1os ee
daban violentos golpes y degollaban á uno de ellos en sel'.lal de duelo.
E luto y las ceremonias funerales han variado en casi
todos los pueblos.
Loe griegos y los romanos pagaban lloronas, y quemaban sils muertos; loe egipcios los embaisamaban, y los
fr¡¡,nceses de la Edad Media hacían hervir y salaban á
los que querian libertar dP la destrucción.
El cadáver de E;'.lrique V, rey de Inglaterra y de Fran-

ARMONIA

--••ut011u-

EL GORRION

Volvía de caza y caminaba por una alameda á
mi jardín. Corría mi pe•
rro delante de mí. De
pronto acortó el paso y
empezó á avanzarconcautela, cualei husmeara una
pieza delante de él.
Miré á la alameda y ví
un gurripato, aún con loe
lad&lt;;&gt;s del pico amarillos y
plu1µón en la cabeza.
t-e babia caído del nido
(.el viento balanceabacon
fuerza los álamos blancos
del paseo,) y estaba quie•
tecito, abriendo lastimeramente las alaitae, casi
sin plumas.
Con todos los músculos
en tensión acercábase á él
1 e$Oro, cuando de pronto
sal,ando de un arbol veci
no, un gorrión viejo, de
negra pechuga, cayó cual
uoa piedra delante mismo de la boca del perro,
y t'&gt;do erizado, enloquecido, jadeante, con un piar
quE&gt;jumbroso, desesperado, ealtó por dos veces en
dirección á las fauces
aquellas, cubiertas y armarlas de dientes agudos.
Habíase arrojado para
salvar á su hijo para serviJ le de muralla.
Pero todo su cuerpecillo se estremecía de terror, su grito era ronco y
salvaje, moría, sacrificaba~ su existencia, ¡Qué
monstruo tan enorme debía parecer á sus ojos el
perro! Y, sin embargo,
no pudo permanecer en
eu rama tan alta y segura. Una fuerza más po•
deroea que su voluntad
le había hecho precipitarse desde ella.
Detúvose 7'esoro, retro•
cedió. Dijéraee que él
mismo había reconocido
Cuadro conmemorativo
2quella fuerza.
Me apresuré á llamar á
mi perro, todo confuso, y me alejé lleno de una especie
de santo respeto.
Sí, no os r1ais, era reapeto lo qne sentí á la vista de
aquel heróico pajarillo, ante su impulso de amor.
Y pensé: el amor es más iuerte que la muerte y el temor
á la muerte. Solo por el amor se mueve y sustenta la vida.
lYAN TuRGUENEFF,

EL LUTO EN LOS DIVERSOS PAISES

La manifestació.n exterior de los pesares varía según
las religiones, los climas y las costumbres.
Los pueblos d_o Oriente adoptaban por lo general los
C&lt;' lores claros.
Los pueblos de Occidento eligieron los colores sombríos.
Así, pues, los J aponeses llevaban el color blanco en

marmol, vistió todo el reino de jerga blanca, que era el
color de los lutos del siglo XVI; pero esta fué la última
vez que se usó en España, quedando para en adelante el
us1 del color negro.
Los príncipes reinantes y los cardenales gastan el luto
. de color morado, para un tiempo marcado rigurosamen•
te según la etiqueta.
En varios países de Europa el luto del padre y de la
madre se lleva seis meses.
El de los abuelos cuatro meses y medio.
El dd una hermana ó hermano, dos meses; el de un
tío ó una tfa, tres semanas; el de un primo ó una prima
quince días, Ei son priwos hermauos, y ocho días si son
primos segundos.
El marido guarda el luto de su mujer seis meses, y las
viudas de su marido un año y seis semanas. La práctica
ha duplicado esos tiempos.
Pau los grandes luto, la lana ee la permitida las seis
primeras semanas; la seda no es sino para después.
Por el Papa no se lleva luto. Mas, asf como la iglesia
conserva el eterno luto de su Dios crucificado, igualmen•
te en ambos hemisferios, en todas las naciones, en todo~
los pueblos, el luto de la persona verdaderamente amada se lleva eternamente
en el corazón.
No lo constituye el traj~, sujeto á la moda, que
ll pesar dA eu forma y co•
lvr, permite asistir á los
paseos y á las diversiones
públicas.

Ya se va el príncipe el
Sol con su coraza de diarnantes y su celada de oro.
Le sigue su ejército incenll iari-o, vestido de escarlata y luz; allí avanza la indómita falaLge de los Re·
lámpagos , pestañeando
azufre.
En lo infinito se presen ·
ta como sombra encanta•
da, la diadema de al
alianza, el Arco Iris,
coa sus colores de esmalte y pedrería, el palacio
,-n donde vive la poetiza
Lluvía, con su caceada de
brilantes, cantaudo la
canción del Trueno-se•
flor capriohoso y tirano,
hermano del Rayo-y en
donde ee ospeda entre
charcas y brumas, el te·
rrible dios Frío.
Más allá está el atrio
roisterioeo de la entrada
del Olimpo, e n donde
duerme el querubín de
alas, con su espada de dos
filos y sus ojos que des
piden llamas......
Mirad aquel viejo Ji.
bertino cargado de grani·
zos y manchado de polvo:
es el Viento, el gran in·
dependiente. Está ebrio, lo
han obligado á presen·
tarse con todos sus siervos, y ha traído á la cruel
Tempestad con su hijo el
dragon Huracan.
Llegó la Noche, la eterna viada vestida de luto:
apareció la Jana con su
nimbo de plata, la bella
enamorada, coronada de
estrellas y envuelta en eu
manto de melancolía; va
pisando eobre alfombras
de nieblas: de un lado
viene la virgen pálida del
cieio, Venus, esa lángui•
Ofelia de albo peinador y
de cabellos rubios; y del
otro, Júpiter, el orgulloso descendiente de dioses,
con su flor de lis y su faja de fuego.
Ya lleg-S Orion, el ga.
llardo caballero fantásti•
de México al Sr. General
co; lo sigue Taurus, mi•
rando con su ojo encendido las tímidas claridades de las Pléyades y de Sirio.
Ya van apareciendo los lej,mos súbditos anémicos del
Sidéreo Imperio, y se ve la Víe Láctea como un velo de
novia desp·endido de la corona de una recién casada.
Armonía! Arm&lt;m(a! Ya se anuncia la llegada del Prín
cipe Sol, en su carro de fuego, con su traje de púrpura y
seda. Ya viene el Alba. Ya' se ven los celajes eonrosados
del Oriente: el cielo q,111 sonríe á la F.ilicidad.
Allf esté la cortina mflamada de oro y carmín: llegó la
Aurora bajo su palio inmaculado de eterna desposada;
trae en su~ brazos al nifio de la blanca túnica, con su
cetro de floree y en libro rojo .........
Ya llegó el Año con sus espigas verdee, cargado de ilusiones.
¡Ya lleg6el Príncipe Sol con su coraza de diamant.es y
su celada de oro, en su carro de fuego, con su traje de
púrpura y eeda! .........

TOMO JI.

MEXICO, JULIO '.Z5 D~ x897.

•

, NIJMltRO 4•

$scenas me~icanas.

f

•
1

l)

h

q

~8i1. • PEL1rli

~

MIOZBB

obsequiado por los Generales y J~fes de la Guarnición
Berrlozábal con motivo de su Jubileo.

cia, que falleció en Vicennes en 1 422, fué tratado de
aquel modo. según Juvenal rie loe Uraiños.
En el entierro de Cárlos VI, los pre•identes dP los tribunalee, vestirlos de gran uniforme, llevaban las cintas
del pafio mortuorio que eran de oro; el eecudero mayor
ma1chaba delante de na corcel cnbierto d" eatin blanco;
los individuos del parlamento iban veetidoe de Pscirlata
y los escuderos y criados efgnían vePtidoe de negro.
Los reyes de Polnnia se Vtlstfan rncerd,italmente Pn el
día de su coronación, y BE' entPrraban d~spuée con squel
vestido que no les sirvió más que un solo día.
Durante mucho tiempo las reinas vindae de Francia
ee vistieron de blanco, de donde les ,·ino el nombre de
reinas blancas, conservado por la historia muchas de
ellas.
Cuando murió en 1497, el príncipe Don Juan, hijo de
los reyes católicos, que ee halla enterrado en la iglesia
de Santo Tomás de Avila, en un msgnifico sepulcro de

)

PEDRO ()tsAR DOMINICI.

1
"i!os ~agartijos."
[Dibujo de J, M. Vlllasana,]

�~L MUNDO

''ELMlJNDO"
Semanario Ilustrado.

Teléfono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
MÉXICO

Toda la correspondencia que se relacione con la Reiacción, debe ser dirigida al
Director, Lle. Rafael Reyes Spindola.
Secretario de Redacción,

Amado Nervo.
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe ser dirigida al

Gerente, Lic. Fausto l'tloguel.
La subscripción á

EL MUNDO

vale $1.25 centavos al

mes, y se cobra por trimestes adelantados.

Números sueltos, 50 centavos.
A visos: á razón de $30 plana por cada publicación.
Todo pa&amp;o debe ser precisamente adelantado.
RÉGlBTRADO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE,

t11latas tbitarialts.
!tt huma dnbab br jlérico.
Ya nuestra excelente capital va tomando los perfiles
de una gran ciudad; ya loe domin¡1;os nos permitimos el
!ujo de coniar con cinco ó aeis lugares de espectáculos
públicos, todos ellos concurrilios; ya á la hora en que el
eol drclina, un rosario de coches atraviesa la arteria
principal de la población; tenemos lui eléctrica, pavimento agradable á trechos, paseos que se hermosean; pe•
ro todavía nos faltan otros elementos indispensables á la
vida de las modernas ciudades.
Nuestras casas son incómodas, mal repartidas; no hay
bastantes hoteles y los que hay no reunen las mejores
condiciones; en materia de alimentación, nuestras foa•
das no se muestran de lo más exquisito en el arte de Bri•
llat--Savarin; en suma, esta ciudad que ostenta una faz
luminosa, tiene, como la Luna, un hemisferio que no ve•
moa, ó tal vez que nos complacemos en no ver nunca.
Descuidos imperdonables se encuentran á cada paso,
y á nadie como al viajero se hacen perceptibles. Aquí el
que quiera comprar un ramo de flores ó media docena
de frutas, tendrá que surtirse en la vía pública y tomar
la mercancía de manos, no siempre limpias, del primer
Yendedor ambulante.
Aparadores sugestivos tenemos en las principales
calles de productos de importación; para los productos
nacionales no hemos sabido encontrar una envoltura
conveniente; los exponemos de un modo primitivo; co•
mo en las vi•jas f¿rias de los poblacho~, ee hacinan por
tierra en la plaza pública las mercancías destinadas al
coneumo del vecindario.
Y sin embargo, sabido es que una de las causas que
contribuye á aumentar la venta del artículo, es el arte
con que se presenta al comprador. Los franceses son
maestros en eeta materia, y una buena parte del extraor•
dinario éxito del comercio de esta nacionalidad se debe
á su exquisito cuidado en atenderá estos detalles.
La buena ciudad de México, con sus perfiles de gran
población y eue rasgos de deslumbradora mise en scene,
carece todavía de eeae menudencias que forman el prin•
cipal encanto de la moderna existencia civilizada.

íos tlan.co-.s tJ la agrintlturtt
Sd ha tratado en estos días de los servicios prestados
por los Bancos á las necesidades de las clases producto•
rae. Semejantes servicios se refieren principalmente al
anticipo de fondos, en favor de personas consagradas á
la explotación de la riqueza pública.
Pero entre estas clases hay grupos que, por su excelente situación económica, rara vez tienen que acudirá ope·
raciones de crédito. La indus'-ria de hilados y tejidos,
la misma minería, se encuentTan por algún modo aparta•
das de la acción bancaria; son industrias sólidamente
establecidas y con recursos permanentes para cubrir en
todo tiempo sus atenciones.
El gn1po que con mayor urgencia reclama el apoyo de
los Bancos, es el agrícola, que, por causas que no son del
caso exponer, se hallan muy distantes de la excelente

condición de las demás industrias. Se ha hablado mu•
cho en esta última época del crédito agr1cola, y sobre es•
ta palabra se ha pretendido fundar un B.1nco destinado
á favorecerá los trabajadores de los campos.
Por.desgracia no existe crédito eepecial ¡,ara determi ·
nado gremio. El crédito es tíaico é indivisible, y por
igual favorece al agricultor que al minero, al fa bricame de
mantas que al cultivador de pitahayas: el asunto es que,
las personas q,ie lo soliciten, &lt;Jfrezcan al banquero garan·
tfa material y moral para afrontar rna compromisos. To·
doe loa ensayos hechos en el extranjero, para fatablecer
un crédito ePpec,al agrícola, han fracasado, alguno de
ellos con JUidosa catástrofe.
Loe eetablecimien1os de crédito agrícola, que funcioaan
actualmente en Europa, son más bien cajas de mutua·
listas, en las que la solidaridad de todos loe asociados
reeponde de las necesidades de cada uoo. E,tas cajas
locales abrazan determinada region, por manera que
están al corriente de h1a condiciones económicas de cada
agricultor, sus poeibi1iJadeP. etc., y de este modo pue·
den fácilmente graduar el crédito dd que solicita un
anticipo.
Un B1nco establecido en la capital de una nación,
centro del comercio, con n1 g ,cios de gran perdpecti va,
siempre opondrá difüultadea y dilaciones á una opera•
ción de crédito en la que como prenda se le presente la CJ·
secha futura de una h1cienda á mil kilómetros de distancia. Mostrarse abierto áesta clase de operaciones ea correr un peligro eminente.
En este sentido, los B1ac)e locilee, los de loe E~tados,
como el que acaba de or6anizarde en el de México, son
los que están en actitui de bentficiar á la agricultura.
Ellos, CM conocimiento de los elementos de la zoaa en
que ee hallan radic1dos, pueden fácilmente inaugurar
el crédito agrícola que no será otro, volvemos á repetir,
que el que personalmente merezc1 cada agricultor, teniendo por termómetro la rasultante da la opinión libremente diecutida en q·1e esta p nonalidid teuga vinculados sus bienes.
0

Palftica Qirneral.
RESUMEN.~La guerra de Cuba y la anex16n de las
Islas Hawaii. - Una alianzs hispano-japonesa contra loa Estados Unidos.-Rumores infunoiados.-

EI concierto europeo.-Preponderancla en el Mediterráneo.-la marina francesa y la fortific•ci6n
de Túnez.-Recelos de ltalia.-Alem 1nia é lnglate•
rra. - Un incidente de trascendencia.-Explosi6n
de odio anti-germánico.

Des:ie hace varios días se ha repetido con insistencia
noticia de haberse concluido una alianza ofensiva y de·
fensiva entre el imperio del Japón y la monarquíaespa•
.flola. Señilaae como punto objetivo de esta aliaaza,
oponerse á la expansión territorial que se manifiesta en
los E3tados U nidos, ya proctirando la anexión de las Islas
Ha waii en el Pacifico, ya atizando la insurrección cubana
en el Atlántico.
El imperio del Sol Naciente herido en sus intereses al
ver desaparecer el gobierno independiente de Iüwaii,
pues con eso pierde un lugar seguro para sus explotaciones mercantila!, ha protestado primero, manifestando
su franca oposición á los pretendidos proyectos de aoe•
xión, y buscado después los medios que lo ayu ien para
contrarrestar la influencia de la Unión amerioana.
El Gobierno de S. M Católica, persistiendo An la
creencia de que la ayu la de los americanos es lo que prin•
cipalmente sostiene la guerra en Cuba, y pensando que,
faltos de ese apoyo, tiempo ha que los insurreclos ha•
brían sucumbido bajo el peso de los ejércitos de Weyler,
busca por su parte fuerzas extrañas que lo auxilien para
rechazar la oculta intervención de los Estados Unidos.
T11les son las razones que se alegan para explicar la
proyectada alianza.
Si existe en realidad, aun no se confirma la noticia, y
más bien recibe rectificacicnee frecuentes que parecen
tomadas de fuentes oficiales. Sfgueee, sin embargo, in•
eistiendo sobre el asunto, y se habla de aumento de la
escuadra americana en las aguas del P.icífico, de movi•
miento en los astilleros del Japón, de intentos de ad•
quirir buques nuevos en España y los Estados U nidos:
todo esto significa prevenciones poco pacíficas por parte
de los-gobiernos, y cuando menos anuncia r\lm1res sor•

DOMINGO

as

DE. JU_LIO DE 1897

dos de tormenta, rugidos lej1nos de futuras catástrofes ypor lo mismo, da lugar á comentarios de diversa índole.

***

En el orden puramente oficial, en lo qlle se llama la
corrección diplomática, el gobierno americano ha sabhlo
co~se:var perfecta neutralidad sobre la cuestién cubana.
lJierto es que en el Saaado Ee han oído diecursos ince11•
dialios y voces de alarma más ó menos hostilas contra la
nación eepañola, en fxploeiones de simpatía á favor d.,
la independencia de Cuba; pero la inviulabilidad de lo.!
senado•es y su inalineable derecho de expresar cuale~·
quiera opiniones, poaen á salvo de toda responsabilid,1 l
al gabinete de Wáshington.
Es verdad que ea PI :erritorio de la Unión se organinn
juatas, ee celebran meeting.j, se abren subscriciones pnrn
la guerra, y en la prens:i, en la cátedra, en la tribuna yaún en el púlpito, se propagan las iJea9 á favor de loe
que luchan por su libertad en el suelo antillano; es ver·
dad que de l~s puertos ame.ricanos p 1rten á la continna
expediciones filibusteras, que llevan á tierra cubana ele•
mentas de guerra; pero también por esto, libre está el g'l·
bierno de la Casa Blaac1 de las responsabilidades que se
le atribuyen: lo primero no puede evitarlo sin herir 1i-i
derechos de los ciudadanos guantizados por la Constitu·
c"óa, á lo segundo se ha opuesto siempre, evitando, cuan•
do ba estado en su mano, las expediciones a1madas que
quebrantan su correcta neutralidad.
No vemos, pues, lag razoaes que haya para la pretendida alianza ofensira hispano-japonesa. Repetidas veces
el gobierno de )1adrid ha declarado la cordial harmonía,
la franc:i. ami;tad y buenas relaciones que lo unen al Gabinete de Wa•hington.

***
Si el ministro del Jap6n residente un los Estados Uni•
dos, ha declarado también ab:ert!rn1ente, que bajo ciertas restriccianes nada podría alPgar su gobierno contra
la anexión de las l:llas Hawaii, no l8 avienen estas declaraciones con el tratado de que se habla.
Por lo demás, ¿có~o habiam0s de creer que España.
buscaría un aliado en quien ayer consideraba su enemigo? ¿Cómo pensar que hallaría apoy.:&gt; en el Japón, á quien
no ha mncho se acusaba :ie lo mismo que se culpa á los
Estaios U oídos, diciendo que solapidamente ampara,
protege y atiza la insurrección ea Filipinas?
Cuando los ruidosos triunfos del Mikldo sobre el imperio chino, la Europa interpu!o · su veto, para escatimar
el fruto de la victoria, sólo las grandes potencias toma•
ron parte en esa intervención; y entonces los políticos
españoles ee extrañaron de que el GJbierno de S.M.
C 1tólica permaneciera inactivo, c~ando era el más directa_
mente amenazado con el engrandecimiento del Japón, á
causa de la vecindad de éste con el archipiélago filipino.
¿Si ayer el Japón era una amanan para los intereses
de España, ¿puede ser ahora una esparanza? ¿E3 posible
un cambio tan completo en los manejos de la diplomacia?

***

Por fin las Cámaras francesas han votado los créiitos
cuantiosos, que eolicitabae!Gobierno para el departamen·
to de Marina. Fuertes cantidades se emplearán en el aumento de la ya poderosa escuadra del Mediterráneo, y
en la fortificación de los puer~os en las coa tas africanas
que están bajo la bandera de la R~pública. La nacientecolonia de Túnez, que fué a1quirida á pesar de las rivalidad~s de Italia, será dentro de poco un poderoso b1•
luarte, una atalaya avanzada frente á las costas de Sicilia.
Dueña Iaglaterra de una serie de puntos estratégicos,
extendidos por la cuenca del mar Interior desde Gibral•
tar hasta el canal de Suez, que la hacen soberana en,
aquellas aguas y la primera potencia marítima del Mediterráneo, no quiere Francia conservar puesto inferior,.
y por eso se prepara con gastos iom~nsos y verdaderos
sacrificios.
En medio de esa dulca harm1nla que reina entre las
potencias europeas, de e3e delicioso concierto con que
ocultan hipócritamente sus aviesas intenciones y secretos fines, en medio de esa uniformidad de aspiraciones, solamente interrumpida á veces por los clamores•
dolientes de Grecia y las notas agresivas y amenazantes
del Sultán, no es muy tranquilizado.ra la actitud de
Francia.
Por eso ha insistido con tanta tenacidad et Emperador
de Alemania, exigiendo también créditos suficientes para
elevar la marina del Im~erio á la altura que piden las ac

DOMINGO 25 deJULIO de 18517

tuales circunstaneias. Nada le ha importado
la primera negativa del parlamento, nada las
deeidencias que han brotado en el seno de su
gabinete, nada los clamores de las clases obre•
ras obligadas á cubrir nuevos impuestos, na•
da las protestas manifiestamente hostiles de los
diputados socialistas ante ·la representación nacional: firme en sus propósitos é intraneigente
en sus deseos, todo lo ha arrollado y está resuelto á realizarlos á todo trance.
No podía permanecer indiferent~ ante el engrandecimiento marítimo de Francia, su odia·
do rival.
Entre tanto, Italia, que mira amenazada sns
costas meridionales por las forti ficacionea d.~
Túnez, es la primera en dar la voz de alarma,
y no tardará mucho su gobierno en pedir á las
cámaras la autorización para emprender nue·
vos gastos, y el pueblo que ya gime bajo el
peso de los impuestos, soportará el nuevo eacrificio si no apela á las protestas ruidosas del
rocialiEmo, que en otra ocaeión han sido estó
riles.

S7

EL MUNDO

conformidad con sus intereses y euR comodidades;
rnáe bien se diría que es el público quien hace por
plegaree á las exigencias de los servicios públicos.

DAMAS DISTINGUIDAS

EL C0NFGMO DE CARBÓN PARALOSTRASATLÁNTIC(lS
:MC•DERNO&amp;

Una re,ieta cientl:fica alemana, P1·omelheus, pa.ra
moetrar la importancia exagerada que tienen los
grandes buques de ahora en el consumo general dei
carbón, cita el ejemplo de la City oj Par!s.
Este trasatlántico no consume menos de 300 to•
reladas de carbón por día, y, en el momento de su
partida, debe eml::arcar 3,600toneladas de combus•
tibie, cuyo transporte exije seis trenes de sesenta
wagonee.
LfS GRANDES PUENTES

El Scientific American da, como el puente más
¡_rande del mundo, el que se estableció por encima
de la Tay en Eecocja. Este puente mide 3.200 metros, y supera, por consiguiente, al fitmoso puente del Forth que no tiene más que 2.94 metros
de longitud.
Vienen en aeguida los puentes de:

***

1\Iucho se ha hablado del sentimiento hostil
que mútuamente crece entre Alemania y la
Gran Bretaña. Desde hace dos años en que que.
daron frente á frente en el Africa del Sur, por
cauea de las agitaciones de la República del
Transvaal, los intereses británicos y los inte
reees alemanes, el rencor ha ido creciendo, la
rivalidad se ha hecho manifiesta, y á nadie se IE&gt;
ocultan las explosiones de enemistad que ha
habido en la preoea de ambos pafses.
Un hecho reciente viene á poner en eviden·
cia el odio de que hablamos, y tal vez dé ocasión
á complicaciones serias. Procedentes de las cos ·
tas germánicas llegaron á inglaterra varios comisionados del mi nieterio de Guerra, con el obje.
to de lanzar deede Dover, dos mil palomas viajeras, á
ver si sabían volverá la ciudad de Dueseldorf en Prusia
y cerca de la ribera derecha del sagrado Rhin. Se·
mejante ensayo ha provocado serias discusiones en la Cá•
mara de los Comunes; alguien ba dicho que Alemania no
lo habría tolerado en su territorio, y los comentarios de
ia prensa, violentos y apasionados, hacen sospechar la
honda imrresion que ha causado en todo el Reino Unido. Un periódico aconseja que las próximas palomas
viajera~, que remitan de Alemania, seao arrojadas al mar
en uaión de los oficiales que las conduzca □•
Ojalá y el incidente que por sí mismo provoca hondas
reflexiones, no tenga graves resultadoe, ni llegue á ocasionar un rompimiento entre los dos países, cuyos sobe•
ranos eetán tan íntimamente unidos por los lazos de la
sangre.
X.X.X.
Julio 22 dP 1897.
OTRO PAGO DE $3,000.00 DE "LA MUTUA"

EN URUAPAN.

Recibimos de «The Mutual Life Insurance Company
(lf New York» la suma de $3.000,00-tres mil pesos
fuerte~. en pago total de cuantos derechos de la póliza
núm. 740,457, bajo la cual á nuestro favor estuvo aeegu, ado nuestro hermano el Sr. D. JUAN l\focro PEREZ, Y
para la debida constancia en nuestro carácter de beneficiarios nombrados en la póliza y con capacidad legal para ello, extendemos el presente recibo en la misma póliza que se devuelvA a la Compañia para su cancelación.
-Uruapan, á 8 de Julio de 1897.
A ruego de la Srita. Igaacia Pérez que nop11ede firmar por impedimento físico.-Firmado, S. GUILLÉ:l! Firmado, EosEBIA PÉREZ.
A ruego de la Srita. Petronila Pérez que no puede firmar por impedimento fleico.-Firmado, GRACIANO SAL·

Noerdyck (Ho:anda) ............ 1,470 metros.
Vo)ga (Rusia) ..................... 1,438 ,,
Wistula (Alemania) ............ 1,325
"
Tbcen (Id.) ......................... 1,272
"
Graundenz l Elba-Allem) ..... 1,092 ,,
La amplitud más grande para un arco único se
encuentra en el puento de Forth, donde alcanza
321 metros. El puente sobre el Elb!I tien&amp; un arco
de 420 metros.
Señorita Consuelo Rabasa Tirado. ( De Chiapas) .
[Fotografia Mora¡

AL PIE DE UN RETRATO
-¡Es verdad! ¡ Es verdad! Todavía el Ideal, el eterno
Ideal, el martirio de los abatidos de la vida, hace su apa•
rición excelsa en un alto del camino. Todo lo que el es·
píritu ha entrevisto en ese país ignorado y misterioso, en
esa tierra prometida, allá, lqoe, muy lejos, ba ido á en•
cerrarse ea el marco exquisito de UM cabeza soñadora,
en el óvalo irreprochable de una silueta suave y deli
cada.
¡Oh ensueños de la adolescencia, radiosas palpitacio·
nea, inspiradas estrofa~, rubores sin causa, cuadros esfumados por el pincel tembloroso de la Santa Poesía, rom•
ped vuestra prisión, evadíos de la reja en que la vida, ru ·
da y miserable, 'lB retiene, tended vuestras alitas frági•
les, eeplrcid vuestras ráfagaB luminoeas, dejad caer las
gotitas de oro de vuestra lluvia bienhechora!
Cosas buenas que dormís el suei'lo del olvido en las
profundidades del alma, ya tenéis forma humana. Sed
bienvenidas, cosas buenas del alma!.. ....
Plegarias desgrsnadae, súplicas desconocidas, piedades supremas, aún os agitáis en la insondable noche de
la conciencia; todavía, viejo Fausto, claudicante y triste,
murmur¡rn tus labios temblorosos la rt&gt;dentora oración
que te sublima, en la blanca alcoba de Margarita:
¡Cuánta ventura en esta estancia! En este asilo ¡cuánta
felicidad!

LA POBLACIÓN

El censo hecho el 31 de Diciembre del afio último, atribuye á Rusia un total de 13:Ull.863 habitantes. El
censo de 1885 daba las cifras de 108.619,332, ó sea un
crecimiento medio de cerca de dos millones de habitantes por año. Ru~ia europea está actualmente poblada
pQr 94.188, 750.
L&lt;J.s ciuiladea meas más pobladas están en el orden siguiente: Petersburgo con 1.267,028 habitantes; Moscnw
con 488.610; Varsovia con 614,752; Odessa con 404,651;
Lodze (P ,Jonia) con 31-1,780; Riga con 282,943 y Kiew
con 248,750.
LA MÁ,s

PODEROSA LOCO:MOTOR.-1.

Lo compañia del Nord-Pac'fique, acaba de poner en
servicio una locomotora que es considerada por auscone·
tructores como la más poderosa que haJta el día se haya
construido:
Esta locomotora, con su tender, tiene una longitud total de 18m 90. Su peso 1is de 8-1 toneladas, y por su parte
el tender vacío pesa 16 toneladas y puede reciliir 18 metros cúbicoe de agua y 7.5 toneladas de carbón.
En un ensayo práctico sobre el ..Yew York Central, esta
locomotora ha remolcado 58 wagones cargados, sobre una
rampa de om 00.12.

INFORMACIONES ClJRIOSAS

LA TELEFONIA

DE RCSIA.

"LA CASA VACIA"

EN LOS ESTADOS UNIDOS.

CEDA.

El Notario Público q11e euecrebe certifica y da fé: de
que la firma y rúbrica que dice Eueebia Pérez, es de la
persona que ella misma expreea, y que las de las per•
eonas que firmaron por las Sri tas. Ignacia y Petronila Pé·
rez y que dicen «Silverio Guillén y Graciano Salceda» son
suyas y las que uean en todcs sus negocios, habiéndose
hecho á su ruego en virtud de no poderlo hacer por impedimento físico; certifico igualmente que todas las pereonas que intervinieron en el anterior recibo. me son
conocidas, y que las Sritae. Eusebia, Ignacia y Petronila
Pérez son las hermanas del finado Sr. Juan l\Iucio Pérez.
Y á solicitud de las mismAs extiendo la presente cona•
tancia que firmo y sello e~ U ruápan, á los &lt;;&gt;cho dí~s tlel
mes de J ulío de mil ochoz1entos no\'enta y e1ete.-Fumado, ANTONIO BÉJ.,11!.-E. P,

Un periódico electri·ieta de Nueva York, estima que
existe ahora en ese país un número de oficinas centrales
igual á la suma de todas las oficinas de toda la Europa
continental, la cual tiene sin embargo, uoa población
cinco veces más grande.
Pero nota asímismo, que las compañías de teléfonos
en los Estados U ninos, gozan de un gran crédito y se hao
dedicado á dar á su industria un gran grado de perfección. Hay que reconocer que los europeos están muy
lejos de estas condiciones en países donde loe servicios
públicos no están hechos para servir al público muy de

Tal es el nombre de la primorosa novela de Julio Cla•
retie que
Como folletín correspondiente á Julio

repartiremos á nuestros lectores con nuestro número de
hoy.
Proximamente empezaremos á publicar nuestra

NOVELA ILUSTRADA,
de cuya amenidad respondemos á nuestros abonadoli' .

�EL MUNDO

58
UNA CUESTION PALPITANTE

TURQUIA Y SUS FUERZAS MILITARES

¿POR QUE VENCIO A GRECIA?

Sea cual fuere la opinión q11e pueda tenerse bajo el punto de vista político sobre
la última guerra greco-turca, no se podrá
negar bajo el punto de vista militar la importancia q11e ha adquirido el ejército del
sultán. Evidentemente, en esta lucha desigual, la victoria parecía adquirida de antemano-por la sola superioridad del número
-por las tropas otomanas. 1\Ias eeta3 dieron
pruebas de otras cualidades serias ( rapidez
de movilización, habilidad de mando, ·t í.•
meza de los cuadros, etc.) que no dejaron
de sorprender á muchas gentes de Europa.
Y se comienza á advertir ahora, que Turquía
no era una potencia despreciable y que después de haber representado de tal manera
su papel en el teatro restringido de Tesalia, sería capáz de representarlo, más gran•
de, en un escenario más vasto, en la hipóte·
sis, tantas veces entrevista, de una guerra
general. Demos pues una ojeada sobre este
ejército victorioso de que todo el mundo ha•
bla sin conocerlo bien, y computemos, sin
prejuicios, su exacto valor.
El ejército turco se recluta bajo las eiguien.
tes bases:
El servicio militar es obligatorio, á parfü
de verntiún ali.os, para loe súbditos musulmanes únicamente. Esta exclusión del elementa cristiano tiene muchas causas: se te•
me ein duda mucho ver desaparecer demasiado pronto, en la fraternidad de las armas,
la antipatía del musulmán por el giao-w· que
alimenta continuamente el fanatismo nacional y ciegamente sirve a! despotismo del
padischach; se teme también verá los cristianos, más activos ymás:nteligentes, reem•
plazar á loe turcos en loe puestos elevados
ó mostrar alguna indisciplina cuando elaueldo es irregular, (lo cual acontece frecuentemente) cuando las pasiones locales están en conflicto,
cuando el sentimiento religioso se opone á la voluntad
del amo.
La duración del servicio es de veintiúnafios repartidos
de esta manera: tres años en el nizam ó ejército efectivo
Y tres af\os en su reserva, ihtyat¡ ocho ali.os en el redij ó
ejército de reserva ( que no se debe confundir con el precedente) Y seis afios en el mWJtahfiz ó ejército territorial.
La cifra de estos reclutamientos anuales es poco más ó
manos de 120,000, de que casi no se incorpora sino la mitad, á saber: 40 á 45,000 po:-- la primera porción del con•
tiogente afecto á tres ali.os de servicio activo y 20 á25,000
por la eegunda porción, sometida solamente á un periodo
de servicios de nueve meses que no se cumple-por lo
demás-sino después de un examen de la situación del
erario. Pero contra lo que pasa en otros países, se guarda
muy frec11entemente á le&gt;e soldados del ejército activ•J
seis meses y aún un afio más del período legal.
El ejército activo comprende, en pie de paz, 286 batallo nea de infantería, 197 escuadrones de caballería, 231 ba•
tedas de artillería, 23 compa.fl.íae de ingenieros y todos
loa servicios auxiliares, ó sea una cifra media de 200 000
hombree. Si se afiada la reserva propia de este ejé;cito
(mas de ~,000 hombree) el ejército de reserva (600,000)
Y el ejército territorial (360,000), se llega á una cifra de
1.490,000 soldados. Mas esta cifra es del todo teórica, y,
para no tomar en cuenta m,s que á loa soldados «inetr·lidos11 ó simplemente «deseabozados", hay que reducir la
cifra á un total aproximativo de 800,000 hombres. Este
es ya un valor numérico respetable.
El 1tizam y su reserva están compuestos de buenos soldados; el redif está bien encuadrado y bien preparado
_para la movilización; el mWJtahfiz también proporciona
excelentes contingentes; sólo loe servicios auxiliares y
sobre todo el material, dejan mucho que desear.
La infantería utiliza el fueíl Mauser y el Martini Henry, es decir, un armamento muy complicado. La cabalkrla, armada de carabinas Martini ó Winchester, casi

DO ■ IIGO

'DOMINGO 25 DE JULIO DE 1897 ·

-

-=

EL MUNDO

de JULIO de 1'97

59

El Jubileo de ·la reina Victoria.

su primera juventud está habituado al
manejo de las armas, cuyo ueo,-sea por
juego, sea por medida de seguridad per•
eonal en alg11nas provincias donde la po•
licia no existe-está muy extendido en
todo el imperio otomano. Su religión no
ea también acaso un verdadero catecismo
belicoso? Creyente, fatalista, somet:do
como esclavo á las voluntades de su pa·
dischah ( Bll maestro religioso y político),
el turco no teme nada, corre al peligro sin
cuidado, desafía la muerte misma en la
que espera firmemente encontrar la re•
compensa prometida por el Profeta.
Con ese temperamento, no hay razón
para asombrarse de que el soldado turco
sea el mas dócil, el más resistente de todos loa soldados. Es sin embargo muy
maltratado y despreciado habitualmente,
sobre todo en tiempo de paz. s~a cuarte•
lee son vastos pero s11cioe y malsanos. S11
rancho ea poco abundante. Su sueldo,
que ea de veinte piastras al mee (8 pesos
8 centavos) no se le distribuye sino rara
ó irregularmente. Por regla general el gobierno se contenta con acordará los soldados libera bles solamente una parte de sus
sueldos atrasados, después lee da, por el
resto, bonos de que pueden servirse par
pagar sus impuestos.
A. pesar de todo, esos soldados mal pagados, mal nutridos, mal vestidos, son lo
más frecuentemente los mejores soldados.
El General Von der Goltz, q11e los ha observado bien, refería últimamente en un
periódico militar de BerHn, «que loa había visto muchas veces ejecutar marchas
extraordinarias en las montañas, contentándose por todo alimento con un poco
de pan y de queso de cabra.11
Dllrante la última g11erra, en la toma
de la garganta de Melouna, uno de los
EDHEM PACHA
mejores oficiales del ejército otomano,
General en Jefe del ejército de The,-•alia.
J 11nea Efendi, tuvo la audacia de lanzar
no está mejor habilitada. Sólo la artillería tiene 11n ar- al asalto de una colina sus rudas tropas q11e desde hacía
mamento uniforme y serio de cañonee Krupp.
treinta y dos horas combatían sin haber tenido caai
Se sabe q11e son oficiales alemanes qt1ienee reorganiza.
tiempo de comer ni de beber. Y, gracias á la confianza
ron hace unos quince afioe el e¡ército otomano. Et baron
qne tenía en sus soldados, se estableció en la tarde misColmar \·on der Goltz, sabio eecritoT militar, autor de
ma sobre la posición conquistada y se fortificó ahí por la
La nación armada, fué el principal agente de esta reorga- noche........
nización esencialmente basada sobre et tema militar en
Un oficial aleman ha escrito: «El soldado turco ee el
favor de su país. Y por cierto, debido al alemán marcha
primer soldado dei mundo, porq11e ea el más sobrio. Cobien al presente el ejército turco; gracias á loe• oficiales
miendo poca carne y no bebiendo casi más que ag11a, rea'emanee operó últimamente e11 rapidísima movilización•
siste mejor á las fatigas y afronta sin peligro las más tedir,ese también que á los estratégicos de Berlín debe lo~ rribles intemperies.11
planee generosos de s11a operaciones contra Grecia.
E! ejército otomano cuenta con alg11oos regimientos
Sea lo que fuere, al ejército del Sultán acaba de procuyo aspecto nada deja que desear: Son naturalmente
bar perentoriamente que posee á la vez b11enos jefes y
loe que están afectos á la guardia particular del Sultán
buenos soldados.
como el regimiento de loe suavos ó el de lo&amp; albaneses, ;
Así, pues, ese Generalísimo Edhem-Pacha,-acerca
los que se estacionan en Constantinopla ó en los alrededel cual corrieron taotoe falsos rumores al principio de
dores de la capital. Los soldados que de ellos forman
la guerra-se ha mostrado un contemporizador hábil,
parte, parecen orgullosos de verse bien vestidos, con uniun eetra\égico notable, y un vencedor muy ponderado
formes de corte europeo, poco diferente de los 11niformes
eneu marcha á través de Teeealia. Edhem-Pacha había ya
franceses. Avanzan la pierna y desfilan arrogantemente
hecho hablar de su persona en la gnerra ruso-turca de
ios días de revista ó de selambtck, á los sones de una mú1877. No tenía más que 35 afios entonces, y se distinguió
sica casi francesa también, soberbios con su aspecto marsin embargo al lado de Solimán de Moukhtar, y sobre
cial. La caballería, esa caballería de parada cuando metodo de Oaman, el «heroe de Plewoa,» bajo las ordenes
del cual combatió sosteniendo valientemente loa asaltos nos, es un bello espectáculo; los turcos son por instinto
jinetee. Tienen el culto del caballo, que presta en sus
supremos é irresistibles del enemigo, saliendo, uno de
campafiaa importantísimos servicios. Cargan con una raloe últimos, de la ciudad, herido, el día de la capitulación. Muy estimado en T11rquía desde esta época, llenó pidez Y una flexibilidad extraordinarias. Montan, sin
embargo, menos bien q11e antes de la introducción de la
muchas funciones importantes, entre otras la de gober•
disciplina europea en su ejército. Ya no tienen aquella
nador de uno de loa «vilayete11 de Anatolia. Pero casi no
ee le conocía hasta estos últimos tiempos en el extranje• raza de pequefioa caballos ardientes que recordaban loe
ro, Y se ha necesitado esta campana de Grecia, para caballos de loe tártaros. Ran perdido lo pintoresco de sus
costumbres de otro tiempo. Se civilizan loe turcos...... á
volverlo, en algunas semanas, célebre en toda Europa.
11
Ss ha disertado frecuentemente sobre el valor del sol- la «alemana. Y es acaso ahora-que tienen menos aspecto
de
bárbaros
Y se esfuerzan en asemejarse á las occi•
dado iurco, y las opiniones á este respecto son algunas
dentales-cuando
van á convertirse para éetoe en un verveces contradicteriae. Lo que parece en todo caso fuera
dadero peligro!...... ..
de d11da, ee la aptitud natural del turco para el mictariemo. El turco h1 nacido soldado como el alemán, con
el cual además, ~iene algun1s ra:igoe de aem3janza. Ddsde

as

LAS FIESTAS EN LONDRES

•

Habiendo sido el asunto europeo y casi nnivers11! la
-ct-Jebración de las fit,s$8e de diamante de la Reina Victo•
ri11, emper11triz de las Indias, juzgamos opon11no conaP-_grarlee imponante porción en nuestro semanario, prt&gt;tiriendo, al ef.!cto, transferir brevemente el at&gt;unto hasta
poder 11elecc1onar los mejores grabados relativos al J11bileo1 y ocupar no más de un número con ellos.
Las fiestas del Jubileo de la R~ina Victoria han eido
&lt;'~lebrad!'B en Londres, según un programa qoe habla
ti¡ado mrnuc1oeamente loe menores detalles. Fué, ya se
eabe, el 20 de J11nio, la fecha del sexagésimo aniversario
del advenimiPnto de la soberana, cuando eeae fiestas comenzaron. Tal día hubo ar.Jemnc,e Ctlremonias en la Caiedral de Sau Pablo.
La _víspera,. en la noche, la gnArnición de "\Vindaor
ofreció á la rt'ma una magnífica rl'/mit,, mu tlaml}eau.r á
la cual asistieron más de veinte mil lon&lt;11ne~ea llevados
por el cawmo de fierro.
'
Un poco a11tee de las diez, las trop~~. comprendiPndo
eerca de ü,000 hombrea y mandad~s por el dnque de Conuaught, ee a1riiziPron hacia el castillo por la gran avenida de Enriqne YIII.
A la cabt.1a marchaba la banda dP mfüica del 1er. regimiento de guardias de á caballo, alumbrada por caballeros provisto~ de linternas.
Venían en Feguida, cada uno con en música, loa deetaeamentos de todos los cuerpos de la gua1dia. El desfile
duró sólo algnuos minutos y constimyó una prestigiosa
tlecena nocturna, al ritmo de los cobrea retemblaotes
una rápida y feérica cabalgata donde los coloree brillan'.
'tes de los 11niformes, los l lameantea reflejos de loe cascos,
las corazas, las armas, surgían de la sombra al fulgor
fantástico de las antorchas.
El 21, la reioa, dejando Windsor, fué á instalarse á
~uckingbam-Palace, saludada á su paso por aclama•
e1onee.
. Pero el martes 22 fué la gran jornada, la de la proces~ón r~al ¡;&gt;ara la c11al la población de Londres y el imperio bntámco entere,, habían preparado la manifestación
m,a comple~a da Bll lealtad y de eu entusiasmo.
Reproduc1mu&gt;1 loe principales episodios de esta memora~le solemnidad, en los cuales hemos procurado deter•
mmar las notas características.
Una de esas notas dominantes fué proporcionada por
la presencia en el desfile de los deatacam"'ntoe de lastropas coloniales, de una variedad tan pintoresca de tipos
y de costumbres.
Entre los pelotones de caballería que rPpreeenta uno
de nuestros grabados, atravesando JVnite Chapel, sP reeonocen en su elegancia original loe lanceros de la N11e•
va Gales del Sur.
Et cortejo real, de una rara magoificencia, se puso en
marcha al medio día, dirigiéndose de Buckingham-Palace hacia San Pal:&gt;lo.
La Reina, teniendo enfrente de ella á la princesa de
-Galea y á la princesa Cristiao de Sleewig-Holatein, ocupó sola el fondo de un gran landa11 tiracto por ocho caballos ricamente caparazonados, montados por cuatro postillones y gniadoa por ocho pal11franeros, llevando todos
-estos servidores la librea escarlata bordada de oro y el
caequ~te de tPrciopelo negro. A la derecha cabalgaban el
príncipe de &lt;ialf'R y el duque de Connaught. A la izquier-da el duque _de ü_.1mbridge. Adela_nte del coche el grupo
de loe prmc1pes rngleees y extran¡eroa á caballo y vestidos de soberbioa uniformes.
El alto ante Sa1 Pablo, cuyas puertas están abiertas,
-ofrece un espectác11lo grandioso: las carrozas de la soberana y de su aervid11mbre se detienen en un espacio va·

cío en rededor del cual ee enfilan loe príncipes; el cuerpo
diplomático ocupa una tribuna especial. Después de la
hendición dada por el arzobispo de Canterbnry, aeiesido
de todo el clero, el cortejo continua su marcha y alcanza
la ribt-ra derecha del Tiimesie por London-Bridge.
Por donde quiera ha!' ur.a afl11encia enorme, resuenan
ovaciones caluroaas. Vense oruatoa más ó menos felices,
pero abundantes.
Por la noche, brillantes iluminaciones complehron la
miRe en scene, admirablemente arregl~da, de esa bella jor·
nada cuya alegría no turbó ningún desorden ni acciden•
te grave.
El 23 de Junio la reina volvió á Windsor y al día siguiente recibió la visita de loe Lores, del Almirantazgo y
Je loa almirantes extrangeroa lleg,¡dos á Portamouth.
.A la misma hora se efectuaban en Londres loa banqne•
tes populares organizadoA por la princesa de Galea en
loe q11e cada invitado recibió una tarjeta conteniendo un
reirato de la reina Yictoria y un reprodución de los pa·
laciós de Westminster, deKinaington y de Buckingham.
La revie~a naval de Spitliead fué precedida la viepera,
(26 de Junio) de un banquete ofrecido por el Almirantazgo á loa almirantes y oficiales de los navíos extranjeros.
El espectáculo de la rada era imponente: Ciento eesenta y cinco buques de guerra ingleses, estaban forma•
dos en filas bajo el mando en jefe del Almirante Sir
Nowel Salmon c11yo pabellón flotaba sobre el Rmoll'n.
Los catorce buques extranjeros habían tomado sitio
en la rada según el orden de su llegada, sobre una línea
especial, adelante de la flota ioglesa.
Una gran cantidad de navíos y de yachts, ocupaba el
espacio que quedó vacio entre la línea de loa buques de
guerra extranjeros y la isla de Wight.
J&lt;:3 dificil formarse una idea de 111 vida intensa que rei.
naba sobre aquella rada. Cuando el sol al11mbró es" grandioeo conjunw, el espectáculo desde la p11nta de Southsea
era maraviloeo; maa era imposible ver la flota toda
entera á menos de a~cender á las colinas de la isla W1gbt.
Las filas tenían una extensión de cerco de 10 kilómetros.
Luego que los principes y los personajes ~e hubieron
embarcado, el primer lord del almirantszgn dió la señal
de la partida, y el cortejo naval se dirigio hacia el S11rOeste de maner11 de pasar desde luego ante las cuatro
!meas enfiladas y de comenzar la revista por los buq11ee
extranjeros, que estaban en la quinta lint-a.
Desde que apareció entre el castillo de Southsea y
la escuadra de torpederos, Pubió una flama a la cima del
mástil del yacht B'li~ador Ir.:ne. E~ta tlra la sef\111 para
loa primeros saludos.
Inmediatameut~. en ef_e~to, los 165 buques ingleses y
loe buques extran¡eroe h1c1eron la salva reglamentari11
de veintiún caf\onazos. El espectáculo era á la vez magn[fico y terrorífico; los oficiales y la trip11laoióo de cada
b11que lanzaban urras cuando pasaba frente de ellos el
yacbt Victoria--and-Alberl, llevando á bordo al príoci::,e
de Gales. al duque de SaxP-Cobourg-Gotha, al duque de
Connaught, al duque de York, al Q11q11e de C11muridge
y á s11e oficiales.
El yacht pasó enceaivameote ante todos los buques
sin incidente alg11no1 en el momento en qn.e arro¡v el
ancla, todas las tripulaciones, á uoa s:ñ 11 convenida,
l11nzaron tres hurras.
L'JB eepectác11los de gala efectuados con motivo del Ju
bileo,. no foeron_en ot~u _sentido menos solemnes que los
anteriores feste¡os; ae1st1eron todos los principes reales
ingleses y extraojeros y el espectáculo del gran teatr¿
real era enc&lt;lntadur.
Para con~luir esta breve reseña parécenos oportuna
la raproducc1óa de las siguieor.es notas hietóricobiográ-

fioas relativae á la soberana, objeto de un admirable
fiesta y algunos datos referentes á ésta, muy curiosos:
«Nació la reina Victoria en el palacio de Kenl!ingson de
Londres el 24 de Mayo de 1819, y es hija &lt;1el duque de
Kent y de la princesa Victoria de Leiningen, y á lu muer•
te de su tio el rey Guillermo IV, oc1trrida el 20 dti J1111io
de lS.'37, heredó til srono de Inglaterra.
·
En diez de Febrero de 1840 contrajo matrimonio la
Reina, de Inglaterra en la Abadía de 1Vessmtneter, con
el prí11cipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha, D11que
de Sajonia, que obtuvo por su enlace el titulo de rey cun•
sorce, y falleció en 1861.
De este matrimomo quedaron ocho hijos, de los cuales
viven siete en la actualidad, que son: la Emperatriz viuda Je Federico Guillermo de A,lemania, madre del actual
emperador Guillermo II, la cual nació en 21 de Noviembre de 1840; el Príncipe de Gatee Alberto .Eduardo1 nacido en 9 de Noviembre de 1841; el Duque de Ed.itnourgo,
casado con la gran duquesa .:\!arfa AleJandrowna de Rusia, el cual nació en 6 de Agosto de 18-H; la princeaa Au•
gusta Vi.:toria, na,::ida en 25 de Mayo de 18-W y casada
con el príncipe C. de Sleswig-Ilolacein; la actua1 Marquesa de Lorne, nacida en 18 dtl Marzo de 1848; tli Duq11e de Connaught, nacido en 1? de Mayo de 18o0, .casaao con la princesa Luisa Margarita de Prusia, y
¡mucesa Beatriz, nacida en 14 de Abril de 1857, viuda litl1
príncipe Enriq11e de B11tr.enbe1g.
El único hijo de la reina Victoria que no existe es
el malogrado prícipe Leopoldo, D11que úe Albauy, qud
nació ei 7 de Abril de 1853 y murió el 28 de l\byu dt1
1884 en Niza, á concecuencia de la calda q11e suít1ó al
bajar la escalera del Círculo Náutico, t:n cuyo D!llcóu
había estado presenciando la fiesta del Carnaval.u
M11choa días se han empleado ea Lonares en los pre•
parati vos para tan espléndidos festejos, y tal ea la atiutlu •
cia de gente qu11 ha ac11dido á presenciarlos, que segun
comunican dti la ci11dad del Támea1e, ao hao tlmplt::11'10
en la constmcción de tribunas sobre 700 oonelad.as lit&gt;
madera y 2,500 de clavos y de flejes.
Según uu correeponsal, no hay balcón, ventana, mira•
dor, ui hueco alguno q11e no ae haya hatllitaJo par¿ .,1
caso, adquiriendo los sitios precios fabulo:!08, pu"t! udCl·
Jan entre seis y 150 duros por persona. El dueño &lt;le una
cas~ vieja, sita en la plaza de San Pablo, la h~ cedido va·
ra levantar una tribuna, y el precio de esta ced1óo cuu•
aiate en el derribo de la casa y construcción de 11na tiaca
nueva en cuanto terminen las fieeias. Cerc:\ dti \Vh1t"Hall se ha conetmido una trib11na para 4 UOO peraua.,d
q11e ha costado 32,000 duros la conetrucciou y 42,000 .,¡
alquiler del sitio.
No se concebiría esta enormidad de precios ei no se tuviera en cuenta la emidad del negocio a que se destinau,
porq11e el alq11iler de loe a3ientos de esta ,rib11na ee c~1c11la en 200,000 duros. Según datos del mismo correspou•
sal antes citado, el imponti total de loa g11stoe hechoa t1U
Londres con motivo del jubileo,· contando lo ioveriiJ-.1
en preparar la carrera, decoraciones, iluminacionea, tlk:.,
de la ciudad, gastos de la Casa Real y del Ea,ado, funúa·
cionee filantrópicas y demás, se calcula en cinc11enta m1•
llonee de II braa esterlinas.
La ovación tributada á la reina Yictoria dejará brillan'8
hutlllas en la historia de estos últimos tiempos.

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El Palco Real en el Covent·Garden.
Frinceeo. de Galcs.-Prlncipe de NApoles.-Duquesa de Hesse.-Prlncipe de Gales.-Prlnce,a de NApole•.-Duque de Mecklembourg.-Duque de Cambridge -:Marq'.le d Lo
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Prlucei;a llenri de Prusla.-Duque de Coburgo.
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roe.- Oran uque Sergio de Rusta.-

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La reina y su parlamento. El Lord Canciller presentándole la felicitación de los Lores á S. M. en el palacio de Buckingham.

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El Jubileo de la reina Victoria.

DOMINGO 25 DE JULIO Dl 11p7

DOMINGO 25 de JULIO -de 1'97

EL MUNDO

El Jubileo de la Reina Victoria.

La Reina y los niños- Su Majestad pasando revista á los escolares .

•

Desfile ae los aestacamentos coloniales en WltHe c}iapel.

La revista naval con fuegos de artificio ante el príncipe de Gales, en honor del Jubileo de la Reina.

�66

EL MUNDO

DOMIIIGO

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KL MUNDO

0OMIIIGO 25 DE JULIO DE 1197
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Este es el enjemplo del monje Bernabé, yoglar de Nuestra Sennora.

El Jubileo de la reina Victoria.

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VO en tierra de Francia y en tiempo del eanto
rey Luie un buen xpiano que avie nonme Bernabé é era yoglar de offdo.
Su mantenencia era de facer yoglerias é tru·
faneriae, ca en lae ferias é fiestas tendía en tie·
rra una gran alhomhra é poniendo eo la nariz
una taza eetanada arrojaba al aire fasta XII pe•
Iotas de cobre 6 eecomenzaba á doblarse como
vibora, 6 lanzaba espadas qne cogía sin dapno¡
mae como quien tal miraba non facia cavdal de
la habilidat de Bernabé, á la postre non ayun·
taba tres fígae é una chirivia que le adyudasen
al yantar.
Non era maridado¡ mas non cobdiciaba la
mujer del vecino, ca la mujer inimiga ea de los
ornee fuertes conforme el Espíritu de verdat
dice de Sanson: fueras ende que ei el ome mu·
cho fabla con la mujer non fallesce Jaro del
diablo.
Más que el ayuntamiento con fembra plaecen·
tera preciaba los convivios en que se bebia el
vino pimente¡ pero magüer gustaba del tinto é
del blanco, non dijo nunca cosa contra Nuestro
Sennor J eeucrieto ó contra nuestra fée católica,
que es tan eanta coea é tan buena é tan verdadera.
Era amador rendido de Nuestra Sennora, é
cuando entraba á la eglesia le roge.bacon cierta
oraecionceila breve que decia: «Santa Maria,
Luz del d(a, cura la mi vida é e.ando al tu fijo
plega clamarme al su seno, ábreme las puertas
del cielo como buena clavera é da á mi ánima
bu11n pozo. u
Caminaba Bernabé una brdesciella por un
prado vicioso é poblado de hierva bien olien·
te, cuan:io acertó á topar con un buen perlado,
prior de monjes b.ancoe del Cistel, á quien ea·
ludó con gran acatamiento é rE&gt;uerencia, cual
cudraba á ome tan devoto.
Bondoso era el perlado; apacie áloe famnien•
toe é ospedalaba a los romeros é pe]e¡?rinos que
por el moneeterio pasaban á visitar RomP. ó el
Sepnlcro Santo
de Ilierusalem
ó Santiago ó
San Saluador de
Ouiedo; é tocado en su áni•
ma por la bue•
na gracia de

\

Bernabé é su simplicidat, quiso gelo llevar consigo é fa~cerlo reglar apartándolo de la e
cosas del siglo é las pompas mundanales para servir á Dios.
Vino gustoso en ello el yoglar, ca bien sabía que Cristo en el eu Euangélio dixo que
á quien dejara padre é madre é fijos é mujer é bienes temporales, le daría ciento é doble por ello é demas vida que duraría poc siempre.
E ane{ fo como ee tornó calonje de calloetra el trufán de fériae é caminos trae el
año de pruebe. en que sufrió santamente las prémiaJ é aepereze.s de la regla é de fae·
cer loe tres votos é prometimientos¡ á eaber: non aver propio, guardar castidat é
ser obediente al mayoral del moneeterio.
Eran loe de la calloetra amantes fervorosos de la Yírgo llladre del Rey de gloria, é
á porfia faecian por ella eervício de piedee é de manos.
El perlado fascia de Ella libree en que probaba la su real limpieza, con las reglas
de Dnn Aristóteles.
El fraire Alexandre pintaba lindas pinturas. )lirabase en ellas á la )ladre so el
trono de Salomón, rodeada de léones é so la su cabeza siete palombae, que son loe sie·
te dones del Spiritu Sancto: dones de Temor, de Piedat, de Fortaleza. de Scíencia, de
Coneeio, de Inteligencia é de Prudencia; é por compannae á lae birtudee, siete virginee con cabelleras rúbiae coa:.o fechas con hebras de oro de la Arábia: Fée, Caridad,
Esperanza, Justicia, Prudencia, Fortaleza é Temperanc;-a.
RE•presentaba á la Sin :M:aneciella junto á Eva, la madre primera, á quien engafió
la culebra por facerla pasar el mandamiento del Muy Alto: que aaf como Eva por so·
berbia ee sopo alongar de Dios é perder la su gracia, así Sancta María por omildat é
obediéncia ee sopo tanto allegará Dios fasta que ee ffzo eu maire.
Figuráh&amp;la á más como Estrélla de los maree, Tiemplo de Jhuxpo, Fuent singnada,
Cibdad de Dios, Oliva, Palma, Cedro é Madre de Xpo.
F,l hermano ~Iarbodio era grand loador de la Madree ciella é del Fijo, é como san
tero facfa en piedra muy lindas imáginee de la Reyna del cielo, é bien curaba que la
halda cobriera las plantas de la duenna de que el Profeta dixo: la mi amada es como
huerto encerrado¡ 6 eeme iábala como infanta plena de gracia que eemblaba decir: eo
verdat tu eres mi sennor. Di.ri dl' rrntre matri., 11111·: De11~ meu~ t• 111 ( Pealm 2tl. 11.)
Avíe de más tin el monasterio devotos que en lengua latina sacaban loores de Nuestra Stnnora é uu picardo de agudo ingenio, maestro en gay saber, que facía en románpaladino la narración de loe miraclos de la pulcela que parió conservándo su entegre·
dat, conforme avía vaticinado el varón Isaia.
Dolíase Bernabé de su desmaflanamiento, ca ni pintaba, ni eecuipía, ni facía rimas
rica~, ni tenla le¡rae para escribir tratados doctos¡ é pensaba que la Reina de loe ánge·
lee non ce.taría su homildat é falleecería ende su devoción,
En tan gran afincamiento oyó el fraire la estoria de donado que saviéndo sólo el
Ave ~Iaría con que el Angel saludó á la Yirgo cuando Cristo priso carne en ella, á la
ora del su tránsito postrero le salieron de la b()Ca cinco fragantes roeae en remimbran·
za de las cinco letras del nonme de la Madre del Corderuelo de salud. E eetonces vióee á B•roabé lleno de leticia aeconderee en la capilla mientras los otros monjes facfan
sus primoree ó loaban á la Gloriosa rezándole sus horas. El prior, ome prudente é qne
conforme lo mandan San Benito é el Apostólico quería ser eabidor de cuanto faclan
eus monjes, conoec(a la fazaña de Hely eacedote, que por non ca~tigar sus fijos morió de mala muerte¡ dióse ende á facer inquisición de donde Bernabé yacía é junto con
dos religiosos graves é ancianos fuese á mirallo, en la iglesia. Vieron todos con pavor
al yoglar que delante el ora de Nuestra Sennora si doblaba como l'fbora é lanzaba espadas que cogía sin dapno é facía por ser grate á la Gloriosa cuanto en el siglo había
fecho por placerá los omes. El perlado magüer sin embargo era ome prudente, judgó
á Bernabé tocado de follía é empezó á clamar sacrilegio, ca pensaba que el fraire non
guardaba ni honraba á la Santa Egleeia¡ más llenóae de sorpresa al ver bajar de su trono á una dona blanca é resplandesciente, fermoea como la luna, electa corno el sol, cobierta de brial de xamit, portando en la su cabeza una noble corona fecha de oro, argento é piedras de gran precio, que con ol panno de su manto de arminyo limpió, por
conhortarle el sudor, de la frente del eu devoto.
Omillándose el perlado dixo estonce:
Bienaveuturadoe loe manec,s, ca verán á Dios.
E los monjes besando el suelo, dijieron: Amen.
AmP11 Dei,;•

. Con gran cuid~dodel amor de Cristoé con gran diligen•
c1a, Don Anatolio Francia, home timoroso de Dios, sacó de loe archivos viejos este enxemplo que yo verU
del romance gálico al nuestro castellano,' tollendo las razones que entendí sobejanas é dobladas é poniendo
otras que entendí que complía.
En Guad_alajara de México, á los quince días por andar
del mes de ¡unio de mil ochocientos y noventa y siete allos
de la nuestra ealud.
ARCIPRE::."TE Jo~._ F.ÉRBt:Z.

EL PlRRO Y EL FRASCO

CANCION

( De Carlos Baudelaire.)
( De Savia Enferma.)

l"na manea melancolía
impregnó la conciencia mía;
cuanto existe:
ritmo, luz, coloree ...... belleza,
contagiado de mi tristtza
está triete.
Están tristes con mi trieteza
, itmo, luz, colores...... belleza;
por que impregna la vida mfa
una manea melancoUa.
AllADO lbR\'O,

•-Mi hermoso perro, mi buen perro, mi querido tut1í ,
aproximaos y venid áaspirar un excelente perfume com·
prado al mejor perfumista de la ciudall. •
Y el perro moviendo la cola, lo cual es, á lo que creo,
en esos pobres seres el signo correspondiente á la risa y
á la sonrisa, se aproxima y posa con curioeidad su nariz
húmeda sobre el frasco destapado¡ después, retrocedien·
do repentinamente con horror, ladra contra mí á mane•
ra de reproche.
•-¡Ah! miserable perro, si oe hubiese ofrecido un pa•
quete de eecrementoe, aspirado lo bubiéraie con delicias,
y lo devorarais tal vez. De suerte, oh indigno compa•
fiero de mi triste vida, que os parecéis al público al cual
no ~ deben presentar jamás los perfumes delicados que
lo exasperan, sino, inmundiciaecuidadoeamente escogidas.

FLOR DE TUMBA
¡Oh, Princesa! en las horas de amorosos excesos
Desfloré en las falanges de tus manos cloróticas
Los capullos sin manchas de mis rimas eróticas
Al contacto sonoro de mis timidoe besos.
Hoy, que el viento se inflama en las noches caóUcaa
Con el fósforo impuro de tus ilridoe huesos
Del naufragio de mi alma solo quedan ilee~a
Tus recuerdos fragantes como flores exóticas.
¡Oh mi ~eina de antafl'l que caíste vencida
Por la trágica Muerte! ¡Hoy florece mi vida
C&lt;&gt;mo un árbol raído pot monstruosos gusanos!
_Quiera el Bien que no lleguen á tu frente dormida
N1 loe roncos acordes de mi voz maldecida
Ni el perfume salvaje de mis versos malsanos!
ÁNTEN0R LESCANO,

Julio de 1897.

�61

EL MUNDO

SINFONIA EN BLANCO M AVOR.
Teóftlo Gauthler.

Balbino Dávalos.
De leur col blanc courbant les lignes
On voit dana lea contea du Nord,
Sur le vieux Rhin, des femmea-cygnee
Nager en chantant pres du bord,
Ou, suspendant á quelque branche
Le plumage qui les revét,
Faire luire lenr peau plue blanche
Que l!i neige de leur duvet
De ces femmes il en est une,
Qui chez noua descend quelquefois,
Blanche comme le clair de lune
Sur les glaciers dans les cieux froids;
Conviant la vue enivree
De sa boreale faicheur
A des régals de chair nacrée,
A des débauches de blancheur.
Son sein, neige moulée en globe,
Contre les camélias blanca
Et le blanc satin de ea robe
Soutient des combate insolenta.
Dans ces grandes bataillea blanchee,
Satina et fieurs ont le dessous,
Et, s~ns demander leurs revanchas,
Jaun1ssent comme des jaloux.
Sur les blancheurs de son épaule,
Paros au grain éblouissant,
Comme dans une nuit du póle,
Un givre invisible descend.
De que! mica de neige vierge,
De quelle moelle de roseau,
De quelle hostie et de quel cierge
A- t-on fait le blanc de ea peau?
A-t-on pris la goutte lactée
Tachant !'azur du ciel d'hiver
Le lis á la pulpe argentée,
'
La blanche écume de lamer;

Le marbre blanc, chair froide et pale
Ou vivent les divinités,
'
L'argent mat, la laiteuse opale
Qu'irisent de vagues clartés;
L'ivoire, oú aes mains ont des ailee
Et, comme des papillons blanca, '
Sur la pointe des notes fréles
Suspendent leurs baisers tremblants;
L'hermine vierge de souillure,
Qui, pour abriter leurs frissons,.
Ouate de sa blanche fourrure
Les épaules et les blasone;
Le vif-argent aux fleurs fantasques
Dont les vitraux son ramagés;
'
Les blanches dentelles des vasques
Pleura de l'ondine en l'air figée; '
L'aubepine de mai qui plie
Sous les blancs frimas de ses fleurs;
L'albatre ou la melancolie
Aime á retrouver ses pitleure;
Le duvet blanc de la colombe,
Neigeant sur les toits du manoir,
Et la etalactite qui tombe,
Larme blanche de l'antre noir~

Des Groenlands et des Norve ea
Vient-elle avec Seraphita? º
Eet-ce la Madone des neiges,
Un sphinx blanc que l'hiver sculta,

IN MEMORIAM THEOPHILI POET'f'..

En las leyendas del Norte, alzando
Su cuello níveo como el jazmín,
Nadan mujeres-cianea cantando
Sobre las aguas del viejo Rhin.
O si en las luengas ramaa suspenden
Las vestidura de albo edredón,
Sus deslumbrantes cuerpos esplenden
Más que la nieve de su plumón.
De esas mujeres existe una,
Que hasta nosotros suele bajar,
Blanca cual claro rayo de luna
Sobre la helada región polar.
Arrebatando con su frescura
Los ojos, ebrios de admiración,
A los deleites de su blancura,
De carne nácar á la fruición,
Sus senos, tersos globos de nieve,
En insolentes luchas están
Con las camelias blancas, y el leve
Traje albeante de tafeMn.
F.:n esas pugnas de albipujanza,
Rasos y flores pierden allí,
Y, en su despecho de hallar venganza,
Amarillean de frenesí.
Sobre ene blancos hombros de diosa,
Paros de grano desl urobrador,
Como en la noche polar, radiosa
La tenue escarcha cae en redor.
¿Con cuáles hojas de blancos lirios,
Con cuáles médulas de cafia miel,
Con cuáles hostias, con cuáles cirios,
Tan blanca hicieron su blanca piel?
¿Se ha recogido la conetelada
Gota de láctea luz estelar,
La lis de tierna pulpa argentada,
La blanca espuma que arroja el mar;
El mármol, carne pálida y fría,
De las deidades usual mansión;
La plata mate, la luz que envía
Sobre los opalos la irisación;
El marfil donde su mano blanca
Ea mari~osa de alas sin par,
Que, en cada debil nota que arranca,
Trémulos besos suelta á volar;
El suave arm1fio que inmaculado
En los blasones lucir se ve,
Y ciñe y guarda del viento helado
Los blancos hombros de rosaté;
El claro azogue de raras flores
Que orna loe vidrios del rosetón;
El blanco encaje de surtidores,
Que de la ondina lágrimas son;
El ojiacanto que cede en Mayo
Bajo el aljófar qlle da á la vez;
El alabastro donde el desmayo
Ve reflejada su palidez;
La pluma suelta de la paloma
Que nieva el techo del palomar;
La estalactita que se desploma
Del antro en donde la filtró el mar?
¿A.caso viene con Serafita
De do el noruego y el groenlandés?
¿Es la Madona que el polo habita
O blanca esfinge de invierno ea

Sphi'!x enterré par l'avalanche,
Gard1en des glaciers etoilee,
Et qui, eous sa poitrine blanche
Cache de blanca secrete gelée?

Por los aludes ha tiempo oculta,
De ventisqueros guudiáa q uiz.i,
Que dentro el blanco pecho sepulta
Secretos blancos helados ya?

Sous la glace ou calme· il repose
Oh! qui pourra fondre ce creur!'
Oh! qui pourra mettre un ton rose
Dans cette implacable blancheurl

Bajo del hielo donde reposa
¡Oh! ¡quién la hiciera sentir amor!
Quién diera un vago tono de rosa
A. su implacable y etéreo albor!

DE "EL JARDIN MUERTO"

espléPdJdos sefio!es, su perfum_e, algo de lo.que respiran,
á las br1~as que vienen hasta m1 ventana, mis poros se dilatan, m1 cuerpo todo siente algo extraordinario y en esas
mafianas, cuando los bueyes pasan perezosos hacia la in.
mei:isa hostia dorada que es el sol, siento que en mí re•
bul,e algo de bueno, algo con lo que no estoy familíari•
zado y entonces ¡oh! sólo entonces amo la vida.
La amo porque no pienso en nada, porque aparto mi
vi~ta de las miserias, de lo negruzco, de todo lo que humilla y de todo lo que mancha, de lae vagas ansiedades
tem?reB de algo de~conocido que en mí se agitan, olvid¿
la hiel de la que m1 pobre alma no es sino bolsa amplia~ente re~leta, para mirar cómo lae nubes, inmensos páJaroe caprichosos, vuelan, cómo los tonos del azul cambian y cómo la tierra bendice la luz soberana que la refresca, la c0lora y la alimenta.
¡Ser así.como ella! Dormi!5e con pesado sueflo en la
noche, brillar COll el alba mcendiaree con el mediodía

MATINALES

Son muy raras pero exquisitas como todo lo raro las
mafianas en que yo vivo. Generalmente, incurable 'noctámbulo, mis ojos Stl abren á la luz cuando ya el calor
ahoga las estancias y el sol bruñe los pavimentos y sin
e!Ilbargo, tal vez porque las veo muy poco soy un enamorado de las mafianae.
Las amo! las amo con mi pensamiento que, fresco sin
las p~ocupaciones ni l~e pesadeces del día, siéntee~ lle•
no de ideas sanas, lum1noeas, claras como el cielo que
azulado miro huir sobre mí. En el campo, sobre todo
cuando los gallos cantan y á lo lejos, de la montafia cae~
como cortinajes desprendidos, trozos de bruma; cuando
los árboles, acabados de bañar, limpios,'como si denuevo
1,acieran, soplan, tuerceP y sacuden sus hojas y prestan,

DOMINGO 25 DE IULIO DE 11517

«rey de los veranos,,,·eacuchar toques de angelus, pasos de•
trabajadores cuando el crepúsculo vacila, y así, siempre•
lo mismo, sin desear otra cosa hasta que los siglos, rodando y rodando sobre ella, la usen y la desmoronen
¡Ser así, como la tierra!
Lentamente, con pesar casi, cubro mi cuerpo de !igeras telas y bajando hasta el río me entrego al incomparable placer de sentir las caricias blandas del agua que
chapotea, cosquillea, reproduce y cubre mi cuerpo. El
agua es juguetona, juguetona como muchacho traviesoy vivaraz que tiene una madre buena, una madre sonriente que no lo rifie y lo acaricia y lo besa. Salta sobre
los pechos, corretea sobre el vientre, suele calarse dentro de'.loe oídos ó bien, huyendo de la mano que la golpea ó
salta fuera, sus pupilas brillan un momento y luego ·cae,
con franca risa que canta y se repite al tiempo que
se aleja en coquetas ondulaciones. Cuando eue fuegos,
sus carreras y sus cantos me han cansado, ahí mismo,
en la orilla, bajo un eáuce que parece paciente pescador,
me abrigo. Sigo oyendo las pláticas y los retozos de las.
gentes, sigo mirando los movimientos de la onda ó bien el
paisaje reflejado, el tejado de la casucha, los penachos de·
loe árboles y los rotos relámpagos del sol,-porque el
agua ni aun al sol respeta é imp11ne quiebra y juguetea
con sus rayos,
Es dulce luego, despuée de caminar sobre la hierba un,
buen rato, deteniéndose ante alguna flor rara ó un rincón
de col)1plicadae matas irá 1~ B?mbra! sentarse, apoyar la
cabeza contra un tronco y em idea fi¡a que habaje, con
el pensamiento en paz, dejándolo ir á eu antojo, festoneando sueños ó esbozando mosaicos, variando, saltando, co·
mo un pájaro, contemplar fas lejaniae, tratar de distin.
guir algo en la montaña, simplemente oir el zumbido de
las abejas y seguir en el espacio la curva, que sin descanso trazan sus obesos cuerpos doradot1.
Después de un rato, un libro bien escogido es buena.
compafiía ¡ah! ¡pero la selección es tan difícil! No un libro ló~rego ni un .libro h~mano, no un libro que nos pinte la Vlda y nos .diga sáb1amente ª!!ª desola~ionea y sus
crueldades, un hbro......... Jay! casi se necesitaría un ¡¡.
bro especial, algo sonriente y sano como la mafiana, que
no melancolizara, ni filosofara, ni hiciera tornarse en
grave el pensamiento: versos ligeros que fueran al com .
pás de la onda ó de la abeja, fábulas bien compuestas.
de dulces vidas, de amores en loe que no hubiera engaño
ni despedidas, libro del cual estuviera vedada la tristeza
Loe cuentos brillaatee, los azulee, los que hablan d~
ha.las y de príncipes son demasiado -caprichosoe traen
damasiada pedrería y demasiado terciopelo pa~ libremente pasear por los campos. Las historias campestres
tienen todas algo de doloroso; si leyera Pablo y Virginia,
ó Herman y Dorotea, me levantaría, sinópreocupado sí al
menos con esa vaga melancolía del que siente pas~r rozándole el desconsuelo humano. Quisiera algo que hiciera amar la vida, que hiciera sentirla y desearla, algo en
fin maternal.. ....
No he encontrado ese libro, y al levantarme al retirarme expulsado por la invasión del sol que r;clama la.
soledad para dar su ardiente beso á la tierra, pienso en
que algún día tal vez, cuando de nuevo nazca y un nuevo sol la alumbre, cuando esté en su m.af"uina cuando
aun no haya maldad, ni envidia, ni ambición· duandolos
hombres se.an buenos y las muj~res francas, habrá. algún
P?eta que, ignorando el dolor, aJeno á la queja y no temendo nada amargo que ensefiar, escribirá ese libro maternal para ser leido en las mañanas, cuando la luz celebre su apogeo y se sienta amor á la vida.
Julio de 1897.

BERNARDO Couro CASTILLO.

IIOl\IBRES Y DIOSES
LUIS XI

&lt;:ASO no haya ningún rey de•

Francia tan maltratado por
la posteridad como Luis XL
Difamadora impopularidad!
rodea á ese rey tan esencialmente popular. No sólo odia,
sino que desprecia el pueblo•
la imagen que con¡,erva de él.
La ficción, de acuerdo con la
historia, le presenta como un
personaje miti-d trágico, mitad grotesco. Vedle en el teatro y en las novelas; aparece casi siempre malvado y co-barde, cruel y avaro, mezcla de TartuHe y de Tiberio deEufermo imaginario y de Patelin.
'
Hay en la leyenda algo falso y algo verdadero comola caricatu~ tiene ~lgo parecido y algo quimérico. Es,
una calumma gratmta que fuese cobarde y que la grave
historia ao ha repetido. Se batió brava~ente en Monthery, en Lieja y en la guerra del Artois. Filé herido levemente en el sitio de Arras, y bromea sobre eso en una.
carta con verbosidad picaresca, que ilumina un instante·
su sombría figura, con la clara sonrisa de Enrique IV
Los desfallecimientos de su agonía fueron los sobresalto~
de un alma que va á rendir cuentas· no las zozobras de
un vil carácter. Hay quien corre tr~s la muerte violenta
. la busca y la provoca, y vuelve la cara hacia la pared si
la muerte natural viene á buscarle en el lecho
La avaricia de Luis XI se concretaba li su p;rsona. E l
que lea lae Memorias de los gastos de su casa creerá hojear el libro de cuentas de la casa de Harpag¿n. Se ven
no~as c_omo l_a~ sigui~ntes: «Por dos mangas nuevas para
su Justillo v1010, vemte sueldos;" «quince dineros por
una caja de grasa para dar lustre á las botas." Con eea.
ostentación de tacafiería disfrazaba un gasto grande y
secreto. Puede compararse esa tacafiería aparente á la.
parte delantera de las tiendas gue se encuentran en H o-

DOMINGó 25 de JULIO de •1517

landa. El exterior es sórdido; se balancea al .viento un.a
muestra de amolador de cuchillos y de nava¡as de afeitar cubierta de grasa; un eaco de esp"lcias y un tonel de
are'nques se pudren á la entrada; al través de los vidrios
empafiados y acoplados con plomo, se entrevé una figura descolorida que lleva anteojos y que se carga sobre U!1
pupitre viejo. Parece que allí debe iratarse de economizar algunos ochavos y meterlos en una alcancía. Pero
penetrad en el interior, y veréis la habitación iluminada por el oro, que rebosa por todas partes, que bace reventar loe sacos y estallar las balanzas. El duefio de ese
establecimiento invierte millones en especulaciones co•
losales. Desde el fondo de su mostrador lanza navíos á
los mares de la India y pa~a sueldos á bajás malayoe..Así ese rey, vestido con tricot de lana y con grasoso birrete en la cabeza, fué el prime~ negocian~ de su éJ?o_ca.
.Arrojaba lejos tle sí y despreciaba la antigua trad1c1ón
del tesoro hundido y empol 1ado que la Mitología había
inventado para loa reyes. «Lo tomaba todo y lo gastaba
todo", dice Cominee. Pero el oro que la caballería, su rival, gastaba en torneos y en adornar sus armad_uras, él lo
empleaba en comprar pueblos, en atraeree amigos y ea
soadear las conciencias. En su viaje á Arras pidió prestado á uno de sus criadoe la suma de treecientas veinte
libras diez y seis sueldos y ocho dineros upara emplearlos e-d sus gustos y placeres,,, y gastó quince mil escudos
de oro para salir del mal paso de Perona. Se puede decir que descubrió la circulación del dinero ese rey que
ee ha tachado de avaro, y que fué el primer banquero de
la burocracia moderna.
En cuanto á la crueldad de Luis XI, debemos dec.ir
en honor de la verdad que, si fué menor que la de los
principes de su tiempo, fué seguramente de peor índole.
La sangre humana mancha más al que la destila fríamente y gota á gota, que al que la vierte á torrentes en
un acceso de cólera. Es preciso, sin embargo, no perder
de vista al siglo de hierro que tuvo que forjar, las sediciones que tuvo que vencer, y las traiciones que necesitó
caeti¡?ii.r: descartando todo esto, queda, º&lt;? ~betante, en
Luis XI un rey cruel. Su '.lrueldad se distmgue por el
humor chancero que empleaba al usarla. Jugaba con las
cabezas que hacía cortar. En una de sus cartas cuenta,
burlándose, como mandó deca'{litar ~ Ond~r~ de Bussy,
consejero del Parlamento, que le hizo tra1c1ón.-uA fin
de que se conociese bien su cabeza, la adorné con una
hermosa caperuza y la coloqué en el mercado de Hesdin,
sitio donde preside.,, En otra parte, apresurándose á despachar á un servidor infiel, recomienda jovialmente á su
eenescal Mr. de Breseuire «que haga los preparativos de
]as bodas del galán con la horca." Inv~ntaba.sul?licios
con la miema depravada fantasía delos tiranos 1tahanos,
que pueden llamarse loe artistas del t?r.mento. Las jaulas de hierro que pesaban sobre los pris10neros como cornisas sobre sus cariátides, las cadenas atroces que hacía
forjar en Alemania y ~ue é_l lla!f!aba «ene hi.jitaa," hubieran podido honrar la 1magmac1ón de Ezzehn. Hasta su
libro de cuent.a.~, que estamos hojeando, encierra tanto lujo lúgubre de hierro, que páginas enteras están eobrecarp:adas de él; se encont1ar!a de eet~ materia en el libro, su•
flciente para surtirá vanas Baet11las.-«A Laurene Volme por una gran jaula de hierro con doble cerrojo y
un~ gran cadena con campanilla al extremo, que hizo y
me entregó para encerrará Lancelot d:e_Berne, 38 libras.
-Por dos hierros para cerrará dos prie10neros de Arras,
que guarda Henry de la Chambre, 6 libras.-Por un hierro con forma de herradura con cadena larga y campa•
nilla al extremo, y por brazaletes para otros dos prieio•
neros, 38 librae.-Por un hierro para poner los dos br~zos las pi1&gt;rnas, y colocar el cuello y el cue1 po de un pn•
sio~ero, 16 libras, etc., etc,,,
.
La historia, aplicando á Luí~ XI la ley del Talión, lo
ha encerrado también en una ¡aula y lo pasea en ella al
través de loe Eiglos como un animal salvaje de baja espe•
cíe y de cludoeo pelo.
No fueron las mayores atrocidades de su reinado sus
ahogados en masa, á lo turco, ni sus extrangulaciones
venecianas ni loe árboles llenos de hombree colgados de
su casa reaÍ de Pleesis-les-Toure, sino un hecho ignorado una ejecución secreta, una víctima obscura que grita
co~tr¡, él con voz más penetrante que la de loe millai:es
de mártires del saco de Dinant ó de la matanza de L1eja. Juan Bon, que condenó á muerte, y á quien por ~racia especial se contentó con hacerle reventar los dos .ºJOB.
«Le participaron que Juan Bon veía aun de ua o¡o; al
saberlo Guinot de Loziere, preboste de h casa del rey,
por orden de dich~ señor, comisionó á ~os ~rqu~ros para que fuesen á visitará Juan Bon, y si .veia aun, que
acabasen de extinguirle la vista." 1:l'o ?-ub1e~a hecho ~osa semejante un emperador del Ba¡o imperio, aconaeJado por un eunuco.
Encuentro en Béroalde de Verville una anécdota que,
bea verdadera ó falea, prueba el nombre. patibulario que
había adquirido Luis XI. lle aquí el cuento atroz en el
fondo, cómico en la superficie, nar~ado con la ~xtra:6-a
alegría con que e.soa antiguos .cuentistas tratan 111stor1as
sangrientas: «Lme XI concedió la abadía de Turpenay á
un gentil hombre que gozaba de rentas y se hacía llamar
el sefior de Turpenay. Sucedió que estando el ~ey en
Pleseis-lea-Tours, el ve.-dadero abat~, ~ue era mon¡e, fué
á presentarae al rey y le hizo su pet1c1ón, demostrándole que canónica y monásticamente él era el verdadero
poseedor de la abadía, y que el gentil hombre usurpador
le perjudicaba contra toda razón, y por lo .tanto que él
recurría á eu majestad para que le mantuv1ea~ en su derecho. Sacudiendo la peluca el rey le prometió que que•
daría contento. Ese monje importuno salía al encuentro
del rey todos los días á la hora de comer, y este, cargado del agua bendita del convento, llamó á su compadre
Tristán y le dijo.-«Compadre; aquí hay ~n Turpenay que
me fastidia quítamele del mundo.u-Tr1stán se presentó
al gentil-h¿mbre que la corte co~ocía por el .seflor de
Turpenay, y acercándose á él y as~éndole, _le h11:o .com•
prender que el rey quería que muriese. Qmeo resistir BU•
plicando y suplicar resistiendo; pero en vano, y como
.oadie podía oírle, fué tan delicada y eutilment.e _estrangulado entre la cabeza y las espaldas, que espiró;

69

EL MUNDO

tres horas después el compadre dijo al rey que Turpenay
estaba ya destilado. Pero sucedió cinco días después, plazo destmado para aparecerse las almas, que el monje se
presentó donde estaba el rey, que quedó asombradíeimo.
Trietán estaba delante. El rey le dice al oído: «¡No hicisteis lo que os mandé!ll-«No os incomodéis, sefior; lo
hice Turpenay ha muerto.-«Yo te hablaba de este monje,.,...:._«Yo entendí que me hablabais del gentii hombre."
-«¿Lue,zo él es el muerto?..-«Sf,. sefio!·"- «Ha~ hecho
bien.»-Vol viéndose el rey al mon¡e le di~e: «Vemd aquí.
El monje se aproxima. «Poneos de ro11llas." El pobre
monje temblaba; pero el rey le dijo: «Dad gracias áDioe
que no quiso que fuéseis extrangulado, como yo mandé.
El que os usurpaba la abad:ía lo ha sido. Dios os h~ hecho justicia. Id, rogad á Dios por mí, y no os mova1s del
convento"
Oyendo ese relato es preciso convenir que la zorra ha
obrado como un león, v que un hombre malvado fué un
gran rey. Tuvo 1~ p~sión del. ]!stado. La Francia.le debe
sus mejores provmcias. La rigidez que el campesmo roa•
nifiesta juntando surco á eurco y á su pedazo de tierra ef
pedazo vecino, él la empleó en completar yen redondear
su reino. Ese fné el ardor, el movil de su vida y el celo
que le devoró. Habla en sus cartas de las ciudades ó
provincias que codicia, como hablan los amantes de sus
queridas. .Ta más ardió la ambición con fuego tan acerbo.
Es necesario oírle, después de la muerte de Carlos el
Temerario, aspirar á la Bo~ofla con el fuego del deseo.
-«No tengo en la imaginacion más que ese pataíso. Tengo más ansiedad por hablaros de esto, que tuve jamas
por hablará un confesor por la salvación de mi alma."
La grandeza del objeto atenúa lo ilicito de los medios.
En esa época la patria está identificada con el rey, sus
intereses estan mezclados, su porvenir es el mismo y eR
muchas veces difícil didtinguir eon claridad en Luis XI
el hombre depravado del mor.arca hábil. En la lucha
contra loe grandes vasallos, que llen11 su reinado. el derecho está de su parte, si no la moralidad. Se batió con
armas desleales contra un ejército de felones, se portó
traidoramente con loe traidores y fué perjuro con los
perjuros. El duque de Borgoña, el duque de Bretaña, el
condestable de Saint-Poi, el conde de Armagnac y hasta
su mismo hermano el duque de Guinea, cazaban furtiva•
mente en plena Francia y la arrasaban hasta el suelo,
caza contra el rey, caza feudal, violenta y salvaJe. - «Quiero tanto el reino-decía el duque de Borgoña,-que en
vez de un rey, quisiera tener seis.»-Y el duque de Guinea:-«Arroja1emos tantos lebreles contra él que no sabrá
donde huir.i:-Y huía sin embargo, rápido, oblícuo, ina•
gotable en efugios, haciendo perder su pista, confundiéndolos por senderos y multiplicando en su camino las
redes y loa dédalos, cada afio uno de los cazadores caía en
una emboscada ó era desarmado por d1&gt;tras, hasta que al
fin el gran montero de esa caza civil, Cirios de Borgofia,
cayó herido por una flecha de un arquero lorenés en el
foso de Nancy.
Entoces el rey, tan largo tiempo perseguido, fué á visitar sus redes y á desnudar á loe cazadores. Loe que
respiraban aun los metió en jaulas como al conde de
Perche, ó los decapitó como al duque de Nemours y al
condestable; depués se apoderó de sus dominios y los
despedazo realmente. Eea excelent~ caza le dió por resultado la Picardía, la Borgofia, el Rossellón, la Provenza,
el Maine y el Anjou. Los rudos batalladores que venció
Luis XI pudieran esclamar como la cabeza cortada de
Klephte en el canto griego dice al ave de presa qne la
roe: «Come, ave, aliméntate coa mis fuerzas, aliméntate
de mi valor, y tu ala adquirirá la longitud de una ana y
tu garra la de un pálmo "
Lasepultura que dicho rey dispuso para sí mismo, parece ser el emblema de su reinado; mandó que le esculpie•
ran sobre su tumba con traje de caza, con el dardo de
cazar javalies en la cintura, teniendo á sus pies un
lebrel.
El derecho está de su parte en la guerra admirablemen •
te obstinada que sostuvo contra los rebeldes, pero á pesar
de eso no se puede simpatizar con Luis XI. Luchaba
contra sus traidores, pero sus traiciones eran más viles
y más refinada su perfidia que la de sus adversarios. No
usaba la máscara de fino acero del disimulo italiano, sino una máscara móvil, gesticuladora, de ojo pérfido y
de sonrisa falsa. Protestaba, juraba ante relicarios, ponía
por testigo á su sombrero viejo lleno de amuletos; abra·
zaba á los que quería ahogar; se ponia de rodillas, como
dice la crónica, «santiguándose desde la cabeza á los
pies,,, .A la perversidad de la hipocresía añadía la fealdad de la pantomima. No ha existido jamás alma menos
real que la de ese rey; carecía del sentimiento del honor.
En China hay un proverbio que las madres enseflan en
la cuna á sus hijoe, y al que quizá debe ese pueblo ab·
yecto su incurable bajeza: «-Siao-sin; achica tu corazón.,,
Ese proverbio era el suyo, que tradujo así en su francés
anticuado: «Cuando el orgullo cabalga delante, el perjuicio le sigue detrás." Repetía ese vil dictado cuando después de lo de Peronna, el duque de Borgofla le llevó
compasivamente en su sequito á ver saquear á Lieja,
ciudad que había levantado bandera por él. Cuando Car•
los le preguntó qué era necesario hacer con la ciudad re•
belde, respondió con este cruel apólogo: «Mi padre tenía
un gran árbol cerca de su palacio, en el que los cuervos
hacían nido; le fastidiaban los cuervos, é hizo quitar los
nidos una y dos veces; al cabo del año los cuervos volvían á anidar otra vez. Mi padre hizo cortar el árbol y
durmió mejor.»
Su política era equivoca~ siniestra, como su carácter;
politica de policía, de inqmsición, de espionaje. Horrorizó á su siglo caballeresco y aefiorial. Puede comprenderse cuál sería la cólera de los hombree valientes y
violentos que le combatían al verse cogidos en las redes
de su diplomacia hipócrita. ¿Quién sabe, ein embargo,
si su proceder oblicuo fué la esgrima necesaria para las
luchas complicadas que tuvo que sufrir? Imaginaos en
su lugar á un santo como Luis IX ó á un caballero co·
mo Francisco I batiéndose cotra esa tempeetad hecha
hombre, que ee llamaba Cárlos el Temerario; hubieran
perecido al primer choque, y la Francia acaso con ellos.

El heroísmo hubiera sido insuficiente para vencer á ese
Rolando furioso en el que la Edad Media en sus postrimerías reunió todas sus fuerzas y todo. su poder. _P~ra
abatirle ee necesitaba un rey como Lws XI. .Admitido
el drama debe alabarse la obra. El sobretodo de fue•
tan (1) r~ido, que no se quitaba nunca, y que le daba el
(1) Tela. de hilo y de a.lgodón.

aire de un viejo zorro, salido casi sin pelo de una tram ·
pa, era el traje que correspondía á su papel. For~aba la
antítesis viva de la caballería empenachada y brillante,
caracter:zando con marcado contraste su oposición á la
pompa y al modo de ser del mundo feudal. E l rey del
pueblo contra los grandes, gastaba traje y caperusa plebeyos. En el banquete de su consagración le incomo~aba la corona, que era demasiado grande para él, se la qu~tó
sin cumplimientos, y la puso sobre la mesa, como hub1e •
se hecho con un birrete: ese detalle ya manifestaba 10
que había de ser el rey. Sus amistades fueron de baja
esfera. El sefior de Haillant relata en su crónica, que en
París «iba el rey muchas veces de calle en calle y decaaa
encasa á comer y á cenar con unos y con otros, hablando privadamente con estos y con aquellos para ser querido del puebio.» Sd hizo inscribir como «h ermano y
compafiero de la gran cofradía de los ciudadanos de P arís." Lo que él apreciaba en sus «compadres" como les
llamaba después de beber, era precisamente su estado
de pecheros. Uno de ellos, llamado ~11a~, que con frecuencia comía con el rey, lo aprendió a sus espensas.
Fastidiado éste de oíree llamar siempre el señor Juan,
le suplicó al monarca que le hiciese escudero suyo. Luis
XI Je concedió titulo de nobleza, pero ya no le vol vió á
dirigir la palabra; apercibido de esto el antiguo plebeyo,
se quejó al rey, y éste le contestó: «Cuando os permitía
que os aentáraie en mi mesa, os consideraba ~omo el pri•
mero de vuestro estado, y no perjudicaba á ningun gen·
til-hombreel que os honrara como á tal; ahora q ue sois
gentil-hombre, y en ese estado os preceden muchísimos
que lo adquirieron l?ºr las eapa~as .de ~ue antep9'.eadoe ó
por sus propios méritos, les per¡ud1caria concediéndoos
el mismo favor."
Tuvo siempre por el pueblo veleidades de afección.
Los registros de su libro de cuentas, que antes abrimo,i
por sus sangrientas páginas, están llenos de limosnas
distribuidas á la mano, y de artículos como el siguiente:
«Un escudo para entregará una mujeren recompensa de
un pato que el perro del rey, llamado Muguet, mató cer•
ca de Bloia.»-«On escudo para dará un pobre hombre,
de cerca de Mane, en recompensa de haber gastado loa
arqueros del rey trigo suyo al pasar por en campo.»-«Un
escudo para entregar á una pobre mujer en recompensa
de que los arqueros del rey le mataron un gato cerca d~
Montlois al ir de Tours á Amboise."
Cuando llegó su última enfermedad, hizo irá París
pastores de Poison para que cantasen delante de él aires
de su país con acompafiamiento de bajos y dulces inatru •
mentoe.
En el crep1eculo de su vida, c~ando esta declinaba y
se obscurecía, le complacía hundirse en el pueblo y en
loe bosques· escuchando durante la caza la queja del campesino ó el ~viso del leñador, preguntándo al carbonero
por su choza y al paator por su cabafia. Más tarde, cuando se encerró tras las rejas de su torre de Plessin y que
solo cazaba loe ratones con pequefios perros amaestrados en esa ocupación de gatos, le complacía bajar á la
repostería y hablar con los que allí encontraba. Un día
encontró en la cocina á un niño que daba vueltas á U !l
asador. El rey le preguntó cuánto ganaba; el marmitón,
que no le conocía, le contestó : «Tanto como el rey, por·
que él no tiene más que su vida, com? yo tengo la mía.
Dios alimenta al rey, y el rey me alimenta á mí.» En•
cantado de la respuesta Luis X.I, . hizo page al muchachuelo y aseguró su for una. Los únicos favoritos que
tuvo el monarca, todo el mundo sabe que fuéron su barbero y su verdugo.
Ese capricho de soberano que busca bajos á sus confidentes para elevarlos hasta él y hablarles al oído, ea pro.
pio de todos los reyes del carácter de Luis XI. ¿A. quién
se encuentra con más frecuencia en la historia antigua,
en la primera grada del trono de loe Césares, de los Czares,
de los Sultanes, de los reyes absolutos y desconfiados'; á
loe que preocupan sombríos pensamientos?.....• .A un eunuco, áun liberto, á un mugick ó á un batelero del
Bosforo. El déspota no se fía más que de los pequefloa,
que ha engrandecido y hecho á su semejanza, como el
rey de la Fábula antigua hace un agujero en tierra para
depositar en él sus secretos.
p .AU L PE SAINT-VI C.T OB

LA CARGA DE CARABOBO

«Cerrad las filas, Llaneros,
Rienda suelta y galopar!
Del campo de Carabobo,
Desde hoy llanura inmortal,
Con las banderas al aire
Valencey libre se va.
Sus cornetas tocan marcha,
Sus tambores rataplán:
¿De tan completa derrota
Ellos sólo han de escapar?
A romper vamos sus filas,
Y nuestros brazos sabrán
.Aprisionar á sus jetes,
Sus soldados alancear,
Arrancarles sus banderas
Y sus cafiones clavar.
Y una voz lejana griia:
¡ Valen4ey! ¡apunten! ar ...... !
Del cafión el estampido

�EL

70

La atmósfera hace temblar ......
Y galopan loe Llaneros
Oiento veinte nada más;
Pero al frente de esos bravos
El Cravo Cedeño va...

DOMINGO 25 de JULIO de 1Ssn

MUNDO

La mitad presenta el frente,
Re aleja la otra mitad,
Y de balas nos envían
Una lluvia ein cesar.
Valientes son en Eepaf!a,
Valientes también acá;
Mas si allá siempre vencieron,
Vencidos aquí serán.»
Y una voz lejana grita:
¡ Valence¡¡! ¡apunten! ¡ar...... 1
U na descarga de balas
Rn torno se oye silbar..... .
Y galopan los Llaneros,
Ya son ciento nada más;
Pero al frente de esos b.:-avos
El bravo Cedeño va.

A Antonio de la Peña y Reyes.
Canto Primero.

I
Es la suprema floración del afio.
Ya las nieblas no ocultan los bohíos
y los nidos del bo€que, ayer vacíos,
están llenos de pájaros hogaño.

De Marzo los deshielos, ·como un baño
el valle inundan en raudales fríos,
donde llenan sus ánforas los ríos
y beben las bandadas y el rebatlo,
Ya de la sierra en el crestón gigante
deebaratóse el gélido turbante
.
que el invierno formó con sus neblrnas.
Y sobre el cielo azul, cuando atardece,
la sarta de las grullas desparece
y flotan las primeras golondrinas.

II
Estremécese el aura tremulenta
y la tierra, á los húmedos halagos,
sigui', ya sin tf&gt;mor á más estragos,
· eu constante labor, fecunda y lenta.

«¡Firme en la silla, Llanerosl
1Lanza en ristre y galopar!
Loe muertos no necesitan
Que lee toquen fuoeral.
Vamos nosotros sus vidas
Ciento PQr uno á cobrar.
De Valencey los soldados
En cuadro formando están,
Sus cañonee á los flancos,
Al centro su General,
Una fila de rodillas,
Y otras tres filas detrás.
¡Cómo relumbran sus armas!
¡Qué aspecto tan militar,
Con los fusiles al brazo
Esperando la sefial !»
Y una voz lejana grita:
!Valenceyl ¡apunten! ¡ar ..... .
. El humo de loe fusiles
L'&gt;s cielos sube á nublar..... .
Y galopan los Llaneros,
Son ochenta nada más;
Pero al frente de esos bravos
El bravo Cedeño va.

«!Llueven las balas, Llaneros!
¡Cuándo polvo! ¡Qué sudar!
Los hombres, ¡cmánto coraje!
Los caballos, ¡qué piafar!
Más que el fusil enemigo
Nos devora la ansiedad;
Pero siguiendo la espada.
La Papada del General,
ne Valencey lograremos
Vencer la tenacidad
Ya podemos sus soldados
Uno por uno contar,
Ya van con sus bayonetas
Nuestras lanzas á tocar;
Ya estamos encima...... 1vival»
¡Qué descarga tan fatal!
U na voz cercana grita:
~·Valm ceyl ¡apunt.en! ¡ar...... !
En torno á loe combatientes
Todo es humo, oscuridad..... .
Y galopan loe Llaneros;
l:lon setenta...•.. pero ¡ay!
El más bravo de loe bravos
Al frente de ellos no va!

Do quier su fuerza poderosa ostenta:
festonea las lilas y los dragos,
hace brotar los mustios jaramagos,
hincha la yema y el botón revienta.
Al tronco de los árboles se prende
de la hiedra la azul y v1:rde malla,
'
que en el bardal su pabellón extiende.
Y, empapada del éter en las ondas,
del sol al fuego, la campii'!a estalla
en explosión de pétalos y frondas.

III

Nunca me hallo sin fausto ni dinerc,
porque veo en la sombra lo que quiero.
Esa muj°er tan bella,
fué por mí tan querida
que alguna vez, para morir por ella,
tan sólo me faltó perder la vida.

III
Todo, al soplar las brisas tropicales,
mueve la sangre y todo á amar provoca.
Naturaleza entera es una boca
donáe palpitan besos inmortales..... .
Requiébranse en la rama los turpiales
lanzando su canción alegre y loca,
y, en la cortada arieta de la roca,
se acarician las águil8f' reales,
Tálamo de las tiernas golondrinas
es el aire, del tigre la espelunca,
d~l triscador ganando las colinas ..... .
Nada tu esfuerzo poderoso trunca;
pues, renaciendo de las mismas ruinas,
¡oh, fecundante Amor, no mueres nunca!
Canto Tercero.
ELE G ÍA

II
En la intrincada eenda, y en el rojo
pefión y en la monótona llanura,
no qu~aan ya ni un resto de verdura
ni una brizna de hierba, ni un abro¡o.
Tan eóla cuelga su último despojo
la seca hiedra, de la tapia obscura,
bajo la cual t:l ábrego murmura
y crujen las hacinas del rastrojo.

Entre las hojas de la encina adulta
Se escucha el eneayar del primer vuelo,
y en el pico de rosa del polluelo
su pico de ambar la torcaz sepulta.

Nada se oye vivir...... Sólo en la hora
del declinar tristlsimo del día,
grita el halcón que en los barbechos mora.

Muge la vaca en tanto que se aleja
la cría por las quiebras del camino.;
y al blando eón de la amorosa que¡a, ,

¡Qué tristeza tan honda en el paisaje!
Del norte frio al destructor alienGo
euspendióse en el campo el movimiento
y g1m1eron los troncos y el ramaje.

tiembla, cual amapola sobre el lino,
la roja lengüecilla de la oveja
del cordero en el blanco vellocino.
Canto Segundo.
EPITALAMIO

I
Resplandece la bóveda infinita
con el fuego abraeante del verano
y, en la inmensa extensión, el soberano
elemento p101ffico palpita.
La vida, como el alma de Afrodita,
todo lo enciende: al hougo en el pantano,
al ave y al cuadrúpedo en el llano
y en el huerto á la humilde bellorita.

Y al balar de los hatos trashumantes,
e11. lo más escondido de la sel va
ta:fie Pan la d1i1lcíeima zampoña.

Son las bodas campestres de las flores.
Al beso del amor, antes later.te,
hinche y mueve sus ondas el ambiente,
írguense los estambres tembladores.
Se impregnan los insectos zumbadores
en el pólen de oro refulgente
y al par le lleva en eu regazo ardiente
el viento grácil esparciendo olores .....•

El pobre .está seguro que su perro
ha de formar su séquito en su entierro.

Las supersticiones reemplazan á las religiones, como las
malezas á loe viejos robles.

Aun tengo confianza
de que Dios me dará la fe p¡,rdida..
¡Bien haya el que ha inventado la esperanza
que es la muerGe el principio de otra vida!

* *una cátedra ·de moral cual•
Del teatro se hace ahora
quiera, un curso de derecho, ui;a taller, una.clínica; todo,
excepto un lugar de placer.

Voy sembrando esperanzas por los vientos
y recojo después remordimientos.

**
Las mujeres tienen generalmente
mejor tarea que la
de practicar las artes; la de inspirarlas.

CAMPO.A.MOR.

¡Posad sobre su cáliz, que el deseo
desflora, mientras cantn Primavera
los eróticos cantos de Himeneo 1

La tarde viene cenicienta y fría,
y una dedolación abrumadou
se extiende por el monte y la alquería.

II
Pinchando á sus rivales,
te escribe con la espada madrigales.

¡Oh, céfiro¡ ¡oh, abeja! ¡~h, mariposa!
¡con que ansiedad tan pudibunda espera
vuestra llegada la naciente rosa!

En loe collados y en la selva inculta
del maternal amor se muestra el celo:
oye el ave el reclamo, deja el cielo
y á•ude al nido que el ramaje oculta.

Exhalan sus aromas penetrantes
el apio y la silvestre madreselva
y el laurel odorífero retoña.

J UAN IGNACIO DE ARMAS.

EL MUNDO

Notas de la moda.

POEMA DE VIDA

IDI L I O

«No es más que plomo, llaneroel
¡La fila otra vez cerrad!
¿Qué importa que algunos caigan,
81avanzamos loe demás?
Mirad que por la llanura
Yalencey se aleja ya;
Mientras unos hacen fuego
Loe otros cargando están;

DOMINGO 25 DE JULIO OE 1897

*

*

G. M. VaUour.

II

Ya no hay nidos, ni cantos, ni follaje;
no se escucna un murmurio ni un acenGo,
y apenas, junto al lago tremulento,
se oye graznar el ána.te ~alvaje.
En las regiones do Aquilón desata
su safia y con furor se precipita,
sin cesar, sin cesar escarcha y Hueve;
mientras inmensamente se dilata,
desesperante, trágica, infinita,
la sepulcral blancura de la nieve.

III
Si tan helada soledad impera
en el mar, en la tierra y en el cielo;
si ya no corre el límpi&lt;lo arroyuelo
ni se mece el rosal en la pradera;
¡ah! no pensemos que la vida muera,
amortajada con su blanco velo,
bajo la opaca crústula del hielo,
un inmortal renacimiento eepera.
Mas ¿quien puede escuchar las misteriosas
voces que eleva, en místico murmullo,
el más oculio seno de las cosas?..... .
Nada sucumbe: el escondido germen,
la crisálida envuelta en su capullo,
la célula y el grano...... ¡todos due.rmenl
M ANUEL

JosÉ

ÜTHÓN.

Cerritos, Julio de 1897.

Pocas veces te ví, pero no olvido
que yo te amé como no amó Macías,
y que fué la pasión que te he tenido
un amor inmortal de cuatro días.
Si á comprender aspiras
la ciencia &lt;le las puras realidades,
hallarás que de todas las verdades
la mita&amp; por lo menos son mentiras.
C..lMPOAMOB.

(V é ase el texto.)

�'DOMINGO 25 DE JULIO DE 1&amp;97

EL MUNDO

-====-

NOTA DE LA MODA

CURIOSIDADES.

Las últimas reuniones mexicanas nos muestran
claramente que la moda parisiense no estará descontenta de nuestra culta sociedad. Aquí también
tenemos grandes :fiestas, unas que directamente nos
P.ertenecen y otras a que asis~imos por verdadera
P1mpatfa. De estas fneron las del 14 del actual en
las que pudimos admirar á nuestras graciosas c~m.
patnot~s en 1;1nísona barmouía con las lindas Tejanas y s1mpáti~as Francesas, tanto en la kermesse
c)mo en el baile, donde en atractiva confusión se
mostraban gozosas, luciendo todas sus seductoras
galas.
Allí, lo mis1:110 que en el teatro, hemos visto con
g.usto que las ¡óvenes no necesitan engalanarse con
ricas y costosas t~las, pues .las que aparecen vesti·
élas con más sencillez, son 31ll duda las reinas de la
:fiesta.
Las telas vaporosas, y los colores claros eobre
t?do blanco y azul pálido, son los más aceptados;
e1.n embargo, estos no ofuscm á las que compren~1endo á ~onde llega su belleza, elijen el color ro•
J'&gt; ó.amanllo 9ue contrasta divinamente con sus
faAcrnadores o¡os,. y c!ibelleras negras.
Pocas hay partidarias del color lila, y sin em bar~o. ¡es t~n mode_sto! ¡hay tal encanto al ver á las
t r ~s gracias vestidas: la una de verde nilo, la otra
de rosa y Ja tercera color lila!
. ¡Salud! al bello ~exo que prefiere á los grandes
t1~úe, las flotantes gazas y los níveos encajes.

't'

Traje de seda india.

. Este _rico vestido de seda india, de azul y oro, no
ti.Pne v1~tosos adornos porque siendo una tela tan
rica, se J~zgara ofendida si no se le dejara ostentar J!0r s1 sola su hermosura. Así es que, tan sólo
un rico galón de seda y oro, colocado negligentemente sobre la enagua, ee abre, como al acaso, á
lo~ lados, y va á rodeará la enagua en su borde inenor.
. El mismo galón adorna la cbaquetita fígaro y desciPnde basta media espalda en forma de picp.
Chaleco y cuello de seda color de oro.
Sombrero de paja claro, con una ancha pluma rodeando la copa, y una paloma blanca encima.
Trajes pa;rantños.
Vestido par~ niña de ,o á

12

Vestido para niño de 6 á 8 años. (Figura~

Es de pafio de damas verde obscuro - adornado
en el cuello con cinta otomana: camisá de punto
y sombrero de paja.
Traje de niña d~ 8 á ,o años. (Figura 3.)

Este trajecito es de diagonal ~ria adornado con
cintas de terciopelo negro: nn phesé forma el cuello, Y a~orna la tira del pecho, á cuyos lados van
dos senes- de botones fantasía.
Vestido Imperio para niña de a á 3 años.
( Figura

Figuras

I

y

2•

Entredos ~ara cortinas. ( Figura

4. )

Se hace de piqué moteado de azul· y el talle in~rior y mangas de muselina con l.!ordados. Cape.
linade muselina con plissé y bordados. Lazo azul.

ciplinar asta brillante inteligencia. Por otra parte, Mllrconi,
que es por su madre de orígen
inglés, se encontró en relacirnes con M. Preece, director de
la oficina decoireos en Londres
·y cuyo nombre es universalmente conocido en el mundo de
los telegrafistas y de loe electri •
cistas.
Gracias á M. Preece, tuvieron
lugar algunos experimentos en
Inglaterra, sea en el plan Salia·
bury, sea en el canal de Bristol;
algunos raros privilegiados pudieron sólo asistir; uno de ellos,
hombre de ciencia y de incon•¡ iestable valor, se maravilló y es•
cribía últimamente: «El descu·
brimiento de ese joven de vein·
tidos años es admirable, peroM.
Preece tiene la gloria de haber·
le proporcionado les medios pa·
ra producirlo en plena luz.
Me parece bien natural, eegún
las experiencias de que se trata,
que ee baya podido telegrafiar
sin hilo entre dos estaciones separadas por una distancia de
Guglielmo Marconi, inventor de un aparato para la telegrafía sin hilos.
más de 9 millas inglesas. La bru•
ma no llevó turbación alguna á las comunicaciones y se
EL TELEGRAFO MARCONI
comprende la importaníia práctica de un resultado tal
He aquí una invención y un inventor, por decirlo así, en lo que concierne á loe peligros de las colisiones en
desconocidos del público y que maflana podrán muy el mar. Dos buques podrían prevenirse mutuamente de
bien ser célebres. Se trata de la telegrafía eléctrica sin su presencia, de día ó de noche, en medio de la bruma
hilos, problema que ha preocupado ya muchos trabajos más espesa, de manera de evitar torio rieego de abordaje.
8i hemos de creer ciertos relatos, el seflor Marconi auey muchas invest1gaciones, sin utilidad, ¡ay!, basta aquí
fía aún con las aplicaciones militares, muy de otra natucuando menos, y bajo el punto de vista de la práctica.
Si mal no recordamos, Edisson no desdei'ló en otro raleza, y considera como posible comurdcar con un navío
tiempo :fijarse en esta cuestión-; pero los débiles resulta- enemigo y enviarle ondulaciones de Hertz capaces de indos obtenidos parecían haber quedado en el olvido y el cendiar su pólvora.
No vayámos tan lejos, y mostremos una gran reserva
inventor mismo no ha pensado en sacarlos de ahí.
La mayor parte de loe investigadores intentaron en sobre las aplicaciones futuras; esta reserva es tan prueste orden de ideas utilizar las corrientes telúricas y las dente como loca, y absurda la incredulidad de parti -pris
en estos tiempos de descubrimientos y de inven cionea
propiedades de inducción eléctrica.
E1 descubrimiento nuevo sobre el cual no tenemos, por porque atravesamos.
Lo que es cierto es que bajo el punto de vista puralo demás, más que datos inciertos y vagos, va á empren;
derse porque se inspira en otra teoría célebre, en el domi- mente cientí:ficó, los procedimientos de Marconi tienen
nio puraI11ente científico, la de Hertz, conocida con el una importancia considerable. El ha puesto en eviden•
cia que ciertas ondulaciones de Hertz· ( que acaso se de•
nombre de teoría magnética de la luz.
Todo el mundo sabe que desde Fre~nel se atribuyen signarán un d1a con el nombre de Marconi ) se trasmiten
los fenómenos luminosos á ondulaciones de un cuerpo á navés de todos los cuerpos sin poder jamás encontrar
ideal, el éter, que transmite integramente á través del obstáculos, es decir cuerpos opacos. Resulta pues un paespacio los movimientos provocados en un punto, casi rentesco evidente con loe rayos :Roentgen y aún una pecomo el agua tranquila, turbada por la calda de una pie- netración mas profunda y más geoeral.
En todo caso el nombr., de M.. Preece, los de los sabios
dra, transmite á su superficie, en clrculos que se extienque han sido autorizados para seguir los experimentos
den ai rededor, las onctaa provocadas por ebta caída.

Este tejido ee ejecuta con· hilo crudo al punto de ma111~, y se borda con entretejido de hilaza blanca, azul y
ro¡a. Loe puntos más obscuros de nuestro dibujo repre•
sentan el azul; los de media tinta, son rojos; y loe ~áe claros, blancos.
LECTURA PARA LAS DAMAS
EL NO LLEVAR APUNTES

Ha:r también despilfarros en las cuentas que no se tie•
ne cu~dado de llevar, y en los pequefíos gastos que se
des~u1da apuntar: un centavo no es más que un centavo,
es cierto, y es muy poco, pero reunidos los centavos forman los pesos.
Es un ~erdadero fastidio, es cierto, el sujetarse á apunt~r en el hbr~ de gaet?B hasta tin centavo; pero hay tam•
b1én una lección preciosa en eeae líneas escritas que nos
reprochan, cada vez que las vemos, nuestras prodigalidades :r nuestros gastos supérfluos.
. Un hbro de cuentas minuciosamente llevado es un
¡u~z. severo que con f!ecuencia nos ruboriza y que no
qws1é.ramoe mostrar m aún á una íntima amiga.
O~bgaos á apuntar en vuestro libro todos loe gaetos
ocaeiooados por vuestros caprichos y antojos, explicadlos detal.la?amente; bien pronto llegaréis á no tener ya
que escnbuloa.

-

'

.

..

/1 ,

Un paciente á quien ae foto¡¡rafla e on loa rayos Roentgen

(Figura

l.)

/

=

'"";jj"'

Agua...................... ........ 500 gramos.
Bicloruro de mercurio...
5
Cloruro de a mouio.........
2
,.
Posiciones diversas del esqueleto.
• Flgu ras 3 y:4.

sobre unas cuerdas bien extendida .-.i
d?; porque ee la somete á un lavad~~!~ dep~rtam~ntdo esp:1cioso Y ventil~· ,
g1la el lavado· por que no Ee re ar
.gua emas1a o caliente, 6 no se vi·
doó deedefia~do hacerlo
P ª ó remiend ª con oportunidad, descuidan·
Vigilad, sobre todo ~l lavado q 88 b
f
palmenta es donde lar~
. ue
:tce uera de la caea. Allí princiría porque la lavao con r~f1i~ec:~ alli B~ pberde,l allí 88 cambia, allí 88 avetuercen con fuerza en vez de ee'pri' ".e1z , e . acer o con las solas manos, ó la
mir a unicamente
!AY·I en todas partes se nota que e b. d'f . 1·
.
no nos pertenece. ¡Oh! si se pudi
~ ien i lm tener cmd_ado de lo que
casa y por la m'ismafamüia.
ese siempre lavar la ropa sucia en la mi.sma
EN·LOS MUEBLES

El grao físico Hertz ha imaginado una aplica~ión
identica de los fenómenos eléctricos y magneticoe; s1 su
doctrina no es universalmente admitida por los sabios,
hay que reconocer que tiene muchos hechos en su activo;
en iodo caso casí no hay físicos que no la hayan tomado
á lo serio y eetudiádola con un cuidado atento. Entre
ellos, uno de los que más ha contribuido á hacer progresar este estudio de las ondulaciones ~ertz, es el ·profesor Righi, de la universidad de Boloma.
En su laboratorio es donde h!l trabajado el seflor Guglielmo Marconi, perteneciente á una de las mejores familias de la ciudad, y ahora de veintidos ai'los de edad.
La facultad extraordinaria de invención de que da pruebas Marconi hirió hasta el más alto punto el espritu de
su maestro, que tomó á su cargo la tarea de dirigir y die-

(Figura 2. )

de Inglaterra, son garantías suficientes para permitir afirmar que hay en la invención del joven Marcon~ algo
más que un suefío 6 una mistificación.
RECREACIONES FOTOGRAFICAS.
LOS RA. YOEI X.

Todo el mundo se desinteresa ahora por loe rayos X;
los sabios se preocupan de ellos, los vulgarizadores nos
explican su marcha y sus efectos; los médicos y los magistrados esperan maravillas de ellos y los fotógrafos tie-

Este bai'lo es venenoso: no hay que
manejarlo sino con precauciones. Las
pruebas, lavadas de nuevo y secadas á
la sombra, parecen simples hojas de papel blanco. Para
hacer aparecer la imágen desaparecida del esqueleto,
basta sumergirla en una solución de hiposulfito de sosa
al 10 para 100: es el líquido maravilloso cuya composición
se cuidará mucho de revelar.
No ha-y que olvidar marcar cada prueba con una p3·
quei'la cifra con lápiz, por ejemplo,la que lleva cada e~quel.,to en nuestro grabado, á fin de que se puedan disiinguir las unas de las otras. Ya no queda más que repre•
sentar la pequei'la comedia imáginada pal'a las circuatau•
cias. La persona que quiera tener la fotografía de su
esqueleto, escogida la actitud que prefüire, á decir verdad,
el operador hábil dirije un poco esta elección.
MAGO,

¿CUAL ES EL MEJOR ESPECTACULO?

Hay despilfarros en los muebles
b
·
rompen y que bien prento lle n
que no se .acen ~omponer luego que se
cuidado de visitarlos con frecfe~ ¡así á que~ar Inservibles; que no se tiene
Y se descuida darles un barniz de ~i!iii eacudti.rlos para preservarlos del polvo;
estado.
po en iempo para conservarlos en buen
EN LOS VEST!DOS

Hay deepilfarroP en loe vest'd
tadoe ó poco cuidado'e.
i os que, 6 son muy numerosos, ó mal traLa moda cambia con frecuencia I f
te caso ttmer muchos es por lomen ª orma{ ~1 ~o!or de loe vestidos, en eeGeneralmente los vestid
os un gas o rnut1l.
. gadoe más bien qile dobladosºªct~'ªdque nodse de~rioren, deben tenerse colterciopelo ú otra tela aef d&amp;ben 88n eonlt 8 un lienzo delicado, gaza, raso,
almidonado, para que siempre esté:nv
u\ ~8 endsacoe de un lienzo grueso y
del humo.
ª1 a ngo e1 polvo, de la humedad y
Yisitar y sacudir con frecuen ·
.
desaparecer de ellos los ine etosciau 1os vestidos, es e) medio.eficaz de hacer
1
0
plantas aromáticas el tomill~ alhJ e \ Pfeden picar. Sm duda que la&amp;
-!Ilº el alcanfor ó J~ pimient¡ des cema, 3 ~u~as substancias olorosas, coalejan; pero el aire disipa pro~to 1~uyen la simiente ~e eB?B insectos y los
acre.
que eeae eub3tanc1ae tienen de fuerte y

°

Entred&lt;1s para cortinas.

/

~

.

f~

EN L.l ROPA.

~ay despilfarros en la ropa que se deteriora porque 88
de¡a amontonada cuando está sucia, en vez de colgarla

nen para lo futuro ante ell.:is, gracias al descubrimiento
de Rrengten vasta materia de estudios nuevos.
Pero entre estos último8, cuántos aficionados retrocediendo' ante la adquisición de un material costoso, han
tenido que renunciar, no sin tristeza, á obtener sobre la
placa sensible la sombra ..aaravillosa del esqueleto de su
m!lllOI
He aquí, para consolarlos, una recreación, un juego,
una mistificación si se quiere, que á los franceses ha !ªº
!ido lidísimos éxitos, de magos en Egipto durante el ~nvierno último y que sabe bien en nuestro eeman:u-10.
Resultado que los sabios no han obtenido aún, son los
esqueletos en~e1os que vamos á fotografhr. gracias á un
,(perfeccionamiento de los métodos de Ru,ogten; lama-

nera de operar es aquí de una simplicidad tan prodigio•
ea que los aficionados á la magia verán ciertamente en
esta pequefía mistificación un lindo ~úmero más, t&gt;!ica _.._
1
sus sesiones de física recreativa en famiha.
-·
He aquí pues, como pasan la~ cosas: Se :fija á un muro una hoja de papel blanco ante la cual un eefior'.&lt;fli
buena voluntad as invitado á colocarse en la actitud
se quiera. (fig l. ) Aquí no hay bobina de Ruhm .
hay placas dtl fotografía :fiscal, nada de tubo de _ c ·e~;
Omp~ hilo do m,go.,;um qu, "
•l p~
ciente-un cerillo grueso daría el mismo
cio-:-y la
hoja de papel, desarrollada en plena luz e
ido ma~a•
villoso muestra en todos eus detalles el es . ·~to del sefíor complaciente. ( N~ 5. :fig 2. )
·
.
El secreto?
Fotografiad separadamente engrandeciéo~olos, si guetaie, ca:ia uno de los ocho eequeletos representados en
nuestro gabado (fig, 2. ) saoad pruebas
:::--:=:-:=•=-'="'"-=--- --:::=-,.-:;a--- -:--'-=,...,,.,,
sobre papel albuminado 6 más bien
8
,
sobre papel salado eensibl~ ( se encuentra en todas las droguerílll!;) fijad
las pruebas obtenidas sin virarlas, en
un baf\o nuevo de hiposulfito
soda á 12 por 100; dejadlas en seguida,
duraate muchas horas, en el agua !re·
cuentemente renovada, y sumergidJae,
basta la desaparición completa de la
imágen, en el bai'lo siguiente:

6.)

años, ( Figura 1.)

Eate vestido .es de alpaca vert, enagua lisa, jaqnette de la misma tela con cuello de piqué ador•
na~o con cintas negras lo mismo que el cue.po interior y loe pufioa.

73

EL MUNDO

DOMINGO 25 de JULIO de 18517

Consagrad, pues, algunas hora8 ad
• ·
e ª mes, á sacudir vuestro guardarc,pa.

Los circos.

La ópera!

El juego de bolos.

El frontón.

¡Una buena cena.. .......!

Un drama romántico y con
danza serpentina_........ .

- ¡Digo! los toros...... Las ejecuciones.

1

�·Pa,n-KlDer
- D-

r

~~~{t!!

••••

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. ..

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•Df........_._ ._

Un r emedio verd&amp;cleNI J MSall!I..,. kl4a
clase y ¡radoa de
lD'-8liaoe ee el

,Í'li

Pa,;..KJl/er

.

(MATA-DOLOIU

(DE VAN BUSKIRK)

E s el dentrífico favorito del
público de todo América así como
tambien de todo E uropa, desde
el año dE&gt; 1859. Es la preparacion mas antig.1a del nuevo mundo.
L a célebre actriz Sahara Bernh ardt dice del Sozodonte que "es
el ú nico den trífico de reputacion
universal."
El Sozodonte preserva la dentadura de su d ecaimiento, endurece
las en cias y perfuma el aliento,
dandole el olor mas delicioso que
ninguna otra preparacion puede
con ceder.
E l Sozodonte se yende en todas las
Perfumerias, Droguerias y F armacias.
Se manda por correo un libro diciendoos
la manera de cuidar v uestr a dentadura
y u na pastílla de Jabon Sozoderma de
muestra á q l'ien la pida d irigiendose á
los proprietarios

HALL &amp; RUCKEL,

r'

~

NIJIIEBO SMEXICO, AGOSTO

I

o DE I897•

TOIIO 11.

Bato.,. Terd&amp;d, J ao • .,.... . . . en término■ bMlaaM ~
11■ UD l ll&amp;T8,N111ft T . , . . . . _ . .
para

La mejor preparación para conservar,
restaurar y embellecer el cabello es

El Vigor del Cabello
del Dr. Ayer.
Conserva la cabeza lihre de caspa,
sana los humores molestos é impide
la caida del cabello. Cuando el
cabello se pone seco, claro, marchito
6 gris, le devuelve e1 color or iginal
y su contextura, ·estiltiulando un
nuevo y Yigoroso crecimiento. Do..
quiera se emplea el Yigor del Cabello
cl~l Dr. A~·er, suplanta todas las
demás preparaciones y pa~a á ser el
favorito de las señoras y c,iballeros.

e

C.alambru. l11alohl11
Cólico,
Dl■oa\erla,
Cólera,
Dolor •• ••nlo,
'1'01,
Dolor 11 llloa\11t
Beafriadoa, lnmaU••••
Ba badilla,
1lt'llrt llalatla,
l'unsa,daa 1 piqut.11 .. ale TII¡
'9 ~t.op1ea7 &amp;D!malll,azrf- {'
TenerleenCUL 01UIÑalN_... la
talsiJicacioneL Ooa))nr ..............~
l'J:BRY D.uu. KaTeúa•
--..
lfU&amp;ri"8 y BoiioaL

El Vigor del Cabello
del Dr. Ayer
PREPARADO POR

~~;:=~~~;;;;2~___:2:•:s~W=as:h~l:ng:t:o:n~S:t~.,~N:e:w:.:V:o:rk:,~E:E~-u:u~.d:e::A:.J

;~:~

•

(PEJt]lY DA.VII.)

Dr. J. C. AYER y Ca., LoweH, rt'lass. , E. U. A.
Medallas de Oro en las Princip ale3
Expos icio n e s Univlélrs ales,

AGENTES GENERALES

.;e éeie ~ri~ dico en Cent ro .América, Sres.

J . M. Lardi•
~1:&gt;al y CosPafiía, Guatem9.la.
Enán antil'JPZados pa,a arreglar contratos para anlln·
oioa y e ~ri~iones.

'

•

1/

';,

MAS DE CIEN

perso~,,ss han eido curadas de estrechez uretral, sínel me·
noraoicidente, ~in doler, sin clo1oíormo y en menos de un
mini,ito, e mpleando el Dr. Garay la electrolicis. Por el
mis,mo mét odo, cura las t ELJH hrnes del recto, exófago y
útf:ro. Pract ica toda claEe de operaciones quirúrgicas y
ea/especia lis ta en vfas urinarias.

~cooK REMEDY ca.

en su primero, segundo ó tercer
pcrwdo permanentemente cura
SIFILIS
dn de 15 á 35 dtas. El nnmcnte se puede curar eo
casa por el in1~mo precio y bttjo la misma garantía,
Si prefiere vemr [\ n uestra casa, nos comprometemos [\ pagarle lo! ga~tos de ferfQ-carr1I. hotel y
,lema~ que se Je originen sin cobrarle un centavo por

1rneslra asistenciu si no resulta rnradc- con nuestro

tr:ttamlento. s, se ha tom•do mercurio, Iodado de
Potasa y todav1a se sienten dolores y molestias,
E~puto.s mucoso~ e n ia 1&gt;oca, Garganta lla!tuda. Diviesos, Manchas Cobrizns. Ulceras .cu cualquier
parte del cuerpo. Despre'nclim,ento del Cabello y
Ce¡as, esto es el YEN' EN'O de h! Sangre loIFil,ITICA
qne garanriz.amo~ curar. Sohc1tamos los mas obstt~
nadas casos y apelamos ni mnndo entero por un caso
en que no h11.yamos J&gt;odtto curar. La SIFILIS h11
sido siempre J"a pesa ilJa de los medicas mas emi~
nentes. Pruevas ab.s-olutas se envian µor correo
sellado á quien lo solicite. Direccion. COOK REM•
'EDY CO.. 307 Masonic'l'emple, Chicago, lll .. E. U. A.

COOK REMEDY ca. /

(roquetería.
Dibujo d e José M .

V lll a sana.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>·Pa,n-KlDer
- D-

r

~~~{t!!

••••

,

. ..

\''

: ..

•Df........_._ ._

Un r emedio verd&amp;cleNI J MSall!I..,. kl4a
clase y ¡radoa de
lD'-8liaoe ee el

,Í'li

Pa,;..KJl/er

.

(MATA-DOLOIU

(DE VAN BUSKIRK)

E s el dentrífico favorito del
público de todo América así como
tambien de todo E uropa, desde
el año dE&gt; 1859. Es la preparacion mas antig.1a del nuevo mundo.
L a célebre actriz Sahara Bernh ardt dice del Sozodonte que "es
el ú nico den trífico de reputacion
universal."
El Sozodonte preserva la dentadura de su d ecaimiento, endurece
las en cias y perfuma el aliento,
dandole el olor mas delicioso que
ninguna otra preparacion puede
con ceder.
E l Sozodonte se yende en todas las
Perfumerias, Droguerias y F armacias.
Se manda por correo un libro diciendoos
la manera de cuidar v uestr a dentadura
y u na pastílla de Jabon Sozoderma de
muestra á q l'ien la pida d irigiendose á
los proprietarios

HALL &amp; RUCKEL,

r'

~

NIJIIEBO SMEXICO, AGOSTO

I

o DE I897•

TOIIO 11.

Bato.,. Terd&amp;d, J ao • .,.... . . . en término■ bMlaaM ~
11■ UD l ll&amp;T8,N111ft T . , . . . . _ . .
para

La mejor preparación para conservar,
restaurar y embellecer el cabello es

El Vigor del Cabello
del Dr. Ayer.
Conserva la cabeza lihre de caspa,
sana los humores molestos é impide
la caida del cabello. Cuando el
cabello se pone seco, claro, marchito
6 gris, le devuelve e1 color or iginal
y su contextura, ·estiltiulando un
nuevo y Yigoroso crecimiento. Do..
quiera se emplea el Yigor del Cabello
cl~l Dr. A~·er, suplanta todas las
demás preparaciones y pa~a á ser el
favorito de las señoras y c,iballeros.

e

C.alambru. l11alohl11
Cólico,
Dl■oa\erla,
Cólera,
Dolor •• ••nlo,
'1'01,
Dolor 11 llloa\11t
Beafriadoa, lnmaU••••
Ba badilla,
1lt'llrt llalatla,
l'unsa,daa 1 piqut.11 .. ale TII¡
'9 ~t.op1ea7 &amp;D!malll,azrf- {'
TenerleenCUL 01UIÑalN_... la
talsiJicacioneL Ooa))nr ..............~
l'J:BRY D.uu. KaTeúa•
--..
lfU&amp;ri"8 y BoiioaL

El Vigor del Cabello
del Dr. Ayer
PREPARADO POR

~~;:=~~~;;;;2~___:2:•:s~W=as:h~l:ng:t:o:n~S:t~.,~N:e:w:.:V:o:rk:,~E:E~-u:u~.d:e::A:.J

;~:~

•

(PEJt]lY DA.VII.)

Dr. J. C. AYER y Ca., LoweH, rt'lass. , E. U. A.
Medallas de Oro en las Princip ale3
Expos icio n e s Univlélrs ales,

AGENTES GENERALES

.;e éeie ~ri~ dico en Cent ro .América, Sres.

J . M. Lardi•
~1:&gt;al y CosPafiía, Guatem9.la.
Enán antil'JPZados pa,a arreglar contratos para anlln·
oioa y e ~ri~iones.

'

•

1/

';,

MAS DE CIEN

perso~,,ss han eido curadas de estrechez uretral, sínel me·
noraoicidente, ~in doler, sin clo1oíormo y en menos de un
mini,ito, e mpleando el Dr. Garay la electrolicis. Por el
mis,mo mét odo, cura las t ELJH hrnes del recto, exófago y
útf:ro. Pract ica toda claEe de operaciones quirúrgicas y
ea/especia lis ta en vfas urinarias.

~cooK REMEDY ca.

en su primero, segundo ó tercer
pcrwdo permanentemente cura
SIFILIS
dn de 15 á 35 dtas. El nnmcnte se puede curar eo
casa por el in1~mo precio y bttjo la misma garantía,
Si prefiere vemr [\ n uestra casa, nos comprometemos [\ pagarle lo! ga~tos de ferfQ-carr1I. hotel y
,lema~ que se Je originen sin cobrarle un centavo por

1rneslra asistenciu si no resulta rnradc- con nuestro

tr:ttamlento. s, se ha tom•do mercurio, Iodado de
Potasa y todav1a se sienten dolores y molestias,
E~puto.s mucoso~ e n ia 1&gt;oca, Garganta lla!tuda. Diviesos, Manchas Cobrizns. Ulceras .cu cualquier
parte del cuerpo. Despre'nclim,ento del Cabello y
Ce¡as, esto es el YEN' EN'O de h! Sangre loIFil,ITICA
qne garanriz.amo~ curar. Sohc1tamos los mas obstt~
nadas casos y apelamos ni mnndo entero por un caso
en que no h11.yamos J&gt;odtto curar. La SIFILIS h11
sido siempre J"a pesa ilJa de los medicas mas emi~
nentes. Pruevas ab.s-olutas se envian µor correo
sellado á quien lo solicite. Direccion. COOK REM•
'EDY CO.. 307 Masonic'l'emple, Chicago, lll .. E. U. A.

COOK REMEDY ca. /

(roquetería.
Dibujo d e José M .

V lll a sana.

�EL MUNDO

DOMINGO 1? de AGOSTO de 1'97

¡I

"EL MlJN nO"
Semanario Ilustrado.

'TelUono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.

MÉXICO
Toda la correspondencia que se relacione con la Reiacción, debe ser dirigida al
Director, Lle. Rafael Reyes Spindola.
Secretario de Redacción,
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Todo pa¡o debe aer precisamente adelantado.

llEGIBTRAD0 COMO

~11á11t10

ARTfcULO

D11

SEOUNDA

CLASE.

se orgaui~an Jo5 partibo, ¡•olítico.5.

Nada más equivocado que suponer que los fenómenos
sociales están á disposición de la voluntad del legisla•
dc,r ó de los buenos deseos del publicista. Pretender
que hechos complexo~, en cuyo génesis han intervenido
multitud de elementos, se produzcan un buen día, al modo
que los faquires indostánicos hacen crecer las plantas, es
contrariar completamente las leyes ineludibles que presi•
den y norman los acontecimientos humanos.
Los partidos políticos no se organizan de la noche á
la mañana, y todos los fXCelentes deseos expresados
por un grupo de periodistas no pasan de ser encantadoras chinoiseries, que ocupan espacio en las columnas de
un diario para perderse irtemisibleuiente ea e, vacío de
las multitudes. La organización de los partidos polfti•
coa obedece á principios inquebrantables de estática social; es un fenómeno de equilibrio que presupone un gran
núcleo de antecedentes que lo determina.
¿Pero-se nos preguntará- cuáles eon esos princi•
piOll, esas leyes, esos hechos que preceden á la organización de los partidos? Desde luego contestaremos, que
sólo puede haber orgal'lización allí donde exiete un peligro común que amenaza á un grupo; intereses que defender, der&lt;chos que amparar, garantias que conservar,
Cuando los partidos políticos no aparecen, es que estos
intere6es y estos derechos y estas garantias no se encuentran amenazadas. Esto es lo que está sucediendo
actualmente en México.

*
**

Se explica que en los Estados Unidos, dos poderosas

huestes se organicen y riñan en singulares combates, por•
que son fuerzas que han menester acudi.r á la conserva•
ción de conquistas económicas amenazadas por la facción contraria: el proteccionismo luchando á brazo partido con el libre cambio, que tiende á destruir inte.reses
creados á la sombra de altos aranceles, y el libre cambio,
por eu parte, saliendo al encuentro de los sostenedores
del sistema protector, que procura lesionar los intereses
del consumidor. Esto tiene la solidez de una pirámide
egipcia.
Pero en nueetra República ¿qué intereses se encuentran
en '{)eligro? ¿qué grupo productor está amenazado por
otro grupo? ¿qué facción ee halla obligada á pelear por
derechos y libertades no otorgados á loa ciudadanos?......
¿El partido conservador acaso? Actualmente loa partidos
conservadores han recrgido en su p, &lt;'grama la mayor parte de los principios, convertidos en hechos, de los grupos
liberales. Y ei esto ee hace sensible en las monarquías,
en las repúblicas el fenómeno posee baae más firme.
¿Qué campo queda, pues, á loe nuevos partidos por organizarse? ¿El que antafio sirvió de po1ta-estandarte á
los agitadores revolucionarios que, antes del movimien•
to de 1876, que fué una verdadera revolución económica,
como ya bastante se ha demostrado, se apoderaban del
·primer lugar común flotante en la atmósfera de la época,
1•ara hacer fabricar con la materia prima de sus ambiciones la gran induslria del proaum:iamiento?
Nó; el mismo periódico, que predica la necesidad de
que se organicen los partidos, reconoce que estas fórmulas ya no encuentran eco en la conciencia popular, y que
nuestra sociedad no se de;a sobornar por' una hermosa
palabra, lanzada en medio de relámpagos y truenoe, desde el Sinaí jacobino, por un MoiEée elocuente y sobrehuJJ1a1 0 .

Todo esto es de un gran atractivo escénico; pero nosotros no combatimos por frases, eioo por trozos de carne;
no rec lamamos estrofa9, sino derechos; no deftlndemos
palabras, sino intereses; y frente á esos intereees y esos
derechos, no hay agregados de hombres que amenacen,
no existe un grupo organizado que ponga estas conquistas ea peligro.
¿Cuál es, entoncee, esa nece.iida.d á que ee alude al pédir
la organización de los partidos politicos?

Duraute la bemana última se ha producido una nota•
ble alia en el cambio sobre el euranjero, habiendose
hecho operaciones el miércoles pasado hasta el tipo de
125 por ciento.
¿Persistirá esta alza? ¿Disminuirá todavía el valor de
la plata? ;,O habrá que esperar una mejora en la crisis
del metsil blanco?
Como hecho singular se seflala que al mismo tiempo
en que se anunciaba el d~scubrimiento de rica3 minas
de oro en Alaeka, la plata experimentaba una nueva
d'epresión, circunstancia que á primera vista parece inexplicable.
~osotros no creemos que las explotaciones auríferas
de Alaska contribuyan, como ha supuesto un diario, á
rehabilitar la plata, y antes por lo contrario, en esas
explotaciones vemos un aliciente ofrecido á la producción
del metal depreciado. Eite hecho se produjo con toda
claridad á raíz del descubrimiento de las minas de oro
del Transvaal.
¿Q1é ha sucedido, por otra parte, c'&gt;n la persistente
baja de la plata? Que la producción ha aumentado día
á día, como consecuencia natural de una razón suficientemente expiicada: el explotador ha tratado, con el
aumento de la producción compen3ar las pérdidas cau•
eadas por la diminución del valor.
Así, nuestra opinión es que el descubrimiento de Alas•
ka en nada perjudicará ni beneficiará por ahora á la plata.
Por otra parte, una obra de gran trascendencia-que
fué 'una verdadera revelación para los interesa-los en este
orden de asuntos-la que el eminente profesor Sues3
ofreció hace pocos aiios á la consideración del público,
ha venido á demostrar, con enorme acopio de datos cien•
tíficos irrepochablee, que esa enorme masa de oro lanzada á la circulación, en que algunos sueñan para un futuro
próximo, es irrealizable, y que la explotación del metal
amarillo no podrá nunca alcanzar ese exc3eo de produc•
ción que se pretende.
¿Pero qué límite tendrá la depreciación de la plata? La
ciencia ha dicho ya su última palabra acerca del particular: el valor de un producto está limitado por su costo
de producción. La plata, como cualquiera ot~a mercancía. no pasará nunca de este nivel, al cual se encuentra ya
próxima.
• En México,con salarios pagadero3 en metal depreciado, el costo de produción es insuficientemente menor
que en otros países productores, y esto nos permite
asentar que la industria minera argentifera, aun sufrien•
do el golpe de la crisis, se encuentra en coniiciones
de seguir viviendo.
Ea demasía se ha sondeado E'ste problema, encauzando
la gestión financiera; los nuevos trastornos que experimente el metal blanco, deben encontrarnos completa•
mente tranquilos.

Jt1lítira (![).eneral.
RESUMEN.- Fln del conflicto greco-turco.-Los orgullos del Sultán vencldos. -Preponderancla del
Cz:ar.-Nuevas humfl laciones al rey Jorge.-E1 desquite de Alemanla.-la tutela financiera de Grecia.
-La fiebre del oro.-Los dramas de la ambición .
-California y Australla.-Africa y Alaska. -Una procesión de aventureros. -Conclusión.

Por fia, tro.s de las estériles discusiones de los em bajadores en Constantinopla, se ha conseguido algún acuerdo para terminar el conflicto greco-turco. Lo que no lograron las amenazas concertadas, lo que no pudieron alcanzar las notas diplomáticas redactadas en términos
activos, obtuvo inmediatamente resultados prácticos de
una intimación procedente de San Petersburgo.
No quiso el Sultán verse envuelto en dificultades con
la omnipotente Rusia, y expuesto á que su territorio fue•

ra invadido por los innúmeros ejércitos del Czar~ } él,.
que 86 erguía despreciando todos los cons1-jos y desoyen•
do todas las amenazas, él, que ebrio con sus victorias yorgulloso con sus triunfos, pretendía recogn el fruto de
sus hazafias, que apenas le podían disputar nominalmen•
te las potencias que intervenían á favor de la vencida
Grecia, cede ante la presión de un solo hombre, se doblega ante las exigencias del poderoso, y se humilla cobarde á los pies del coloso del Norte. Ya no exige
cuantiosa indemnización, que prolongaría indtfinidamente la permanencia de las huestes de Elhem BJjá
en la Tesalia conquistada; ya no pide la retención de esa
provincia; y ee conforma con la rectificación de fronteras
que se le había propuesto; ya permite que se discuta el
asunto de las capitulaciones que favorecen á los griegos
en territorio turco, consintiendo en que no son de derogarse en lo absoluto; y con tales conceeiones, con semejantes flexibilidades que no ha mucho parecí!ln imposibles de obtener, no está lejano el día en que se firmen
los tratados de paz, y vean los helenos, libre su territorio de la soldadesca turca, limpio de los invasores quehan entrado á saco en las poblaciones indefensa~, y exento de la terrible humillación que sobre elloe pesaba,
teniendo suspendido sobre su cabeza el sangriento alfanje musulmán.

***

Como para compensarse Alemania del cuarto de conversión á que se ha visto obligada, por la directa ínter·
vención del Czar en el conflicto turco, y rtsarcirse de la
retirada que ha hecho, abrndonando, por dt-cirlo así, al
Sultán, á quien h1sta hoy había favorecido abiertamente, y dejándolo entregado á su propia suerte, para no romper el concierto europeo, acaba de proponer la creación
de una especie de tutela, el n lmbrarniento de una comisión impuesta sobre el gobierno griego, que 1igile escrupulosamente sus finanzas y esté atenta á la marcha ad•
ministrativa de la monarquía, para lograr que en bre,;epla:¡o pueda satisfacer la indemnización de guerra exi•
gida, que áuuque corta, está muy por encima de los
recursos tiscales con que cuenta para cubrirla.
Ya se anuncia que apoyan estas preteneionE&gt;s los delegados de Austria y de Italia, y como la voz de la tripleAlianza se deja escuchar aún con poderosa influencia en
los concejos europeos, se ha tomado en consideración la.
iniciativa, y no es difícil esparar qué, si Nicolás II no
acude en socorro del acuitado rey Jorge, habiéndose podido librar de las humillaciones impuestas por el vencedor, caerá en otras menos duras pero solicitadas por sus,
protectores.
La tutela financiera á que quieren sujetar al soberano
de los helenos, aparte de lo verglnzoso que tiene, le cercena sus facultades, le escatima su libertad de acción, y
lo pone en condiciones de jefe de un protectorado, más,
bien que rey de una nación independiente.
¿Y qué hacer? R~signarse á las crueldades del destino
que le reservaba todavía esta dura prueba, después de·
las humillaciones de la derrota.

***

Los que hayan leido las desJripciones dramiticas, na.•
rrando la fiebre qne se esparció entre los aventureros de
todos los países, después de los descubrimientos de placeres de oro ea C.1lifornia y Australia, no extrañarán la.
inmensa agitación que ee despierta actuallnentn entre
ingleses y americanos, al recibirse la noticia de descubrimiemos semejantes, llllá en los terrenos apai tados de la
América inglesa, que confinan con el territorio de Alaska.
La ansia devoudora que arrastraba los hombres á
los campos australianos, olvidándolo todo para ir en
busca de las codiciadas arenas auríferas, la ambición
insaciable que llevaba á los aventureros á las agrestes regiones californianas, persiguiendo las soñadas pepitas; la
sed hidrópica que empujaba á los miserables hacia la&amp;
apartadás comarcas inhospitalarias del A frica austral en
tueca del oro y de los diamantes, acaba de despertarse
en nuestros días, al anuncio de los placeres del río Yukon
y de Klondyke.
Muy diferente el medio, muy distinto el paisaje, muy
diverso el cuadro, pero los actores los mismos; ansia ina gotable de riquezas, la enfermedad que los devora. Vol,.
verán á representarse loe dramas olvidados y las trage•
dias desconocidas de otros días. La besti.1 humana reco·
rrerá aquellas soledades cuasi árticas, y se hará la caz~
del hombre por el hombre, para dispu tarse un pn!'iado

de oro; y cuando hartos del codiciado metal, los rebafios
de aventureros se sientan abrumados bajo el peso de sus
riquezas, se entablará ~ea otra luoha salvaje y despiada•
da, por el mendrugo de pan negro que hace falta, por el
pedazo de carne corrompido de que se carece, por el
hambre y la sed infernales, que no podrán saciar á pesar
de sus in útiles tesoros.
Afortunadamente, para evitar conflictos internaciona•
les, bien averiguando está, que los nuevos yacimientos
de metal amarillo están eituados, sin disputa, en territo·
rio inglés. Si así no fuera, si el gobierno del Canadá
pretendiera dictar leyes especiales para los extranjeros
reciea llegados al privilegiado territorio, pendientes como están los viejos tratados de límites entre la América
inglesa y Alaska, ya la fiiebre del oro se comunicaría á
las naciones, y tal vez tuviéramos que presenciar ágrias
disputas y acalorada competencia, entre los dos grandes
pueblos anglo-sajones.
Nada de eso ocurrirá. Vayan en peregrinación los
aventureros sajones aquende y allende el OJeano, á la
remota Alaska, como fueron á la abrasada California y
á la ingrata Australia, á disputarse el oro entre los espumarajos de la rabia y la sed insaciable de la ambición
nunca satisfecha.
X. X. X.

77

KL MUNDO

DOMINGO I? de AGOSTO de 1197

EL SUEÑO Y LA GRANDEZA HUMANA

El euefio fisiológico, normal, verdaderamente reparador, es un oceano de sombras. Cuando el esp1ritu se BU•
merge en sus negras dudas, se abre un paréntesis en la
vida· quedan en la playa abandonados, olvitiadoe, co.ao
restds de naufragio, los dolores, las inquietudes, las aepi·
raciones; basta esas profundidades no llegan los clamores del combate humano, ni los ayes de los vencidos, ni
la gritería de los vencedores; se apagan en sus inconmen•
surables ámbitos loe ecos de la vida, la música de los fes•
tines, las carcl\jadas de la orgía; no chispean luces, ni

29 de Julio de 1897.
FOTOGRAFIAS 0 E LA KERMESSE EFECTUADA EN PUEBLA

Señorita María Tapia.
[Véase el párrafo rela tiTo.J

Las que en otro lugar puhlicamos, debfmoslas á la ama•
bilidad del sefior Lorenzo Becerril, inteligente fotógrafo
de la ciuda-l angelopolitana.

NUESTRO FOLLETIN.
Con este número repartimos á nuestros lectores el fo.
lletfa correspondiente á Agosto.
Tal folletin completa la preciosa novela de Julio Clartie intitulada
LA CASA. V AÜIA,

DOS VIRTUDES
Tributando homenaje á la virtud como lo hemos tantas veces tributado á la belleza, publicamos hoy los retratos de las señoritas María Oropeza y María Tapia.
El noble desprendimiento de la primera en favor de la
segunda, al cederle, eiendo pobre, un empleo con que
había sido agraciada, y al renunciar generosamente á sus
productos en favor de una compat'lera y amiga sumida
en la orfandad y en el desamparo, hecho de que Et MuNno diario dió extensa cuenta, ameritaba de nuestra parte ese pequefio homenaje.
Nunca se dará bastante publicidad á raegos tan nobles,
y hemos querido hacer conocerá nuestos lectores cuanta juventud y cuanta gracia acompafian á tanta virtud y
á tanta nobleza de corazón.
OTRO PAGO DE $3,000.00 DE "LA MUTUA"

EN URUAPAN.

Recibimos de «The Mutual Life Insuraace Company
of New York» la suma de $3.000,00-tres mil pesos
fuertes, en pago tot~l de cuantos derechos de la póliza
núm. 740,457, bajo la cual á nuestro favor estuvo asegu, ado nuestro hermano el Sr. D. JUAN Muc10 PkREz, y
para la debida constancia en nuestro carácter de beneficiarios nombrados en la póliza y con capacidad legal para ello, extendemos el presente recibo en la misma póliza que se devuelve a la Compafiia para eu cancelación.
-Uruapan, á 8 de Julio de 1897.
A ruego de la Srita. Ignacia Pérez que no p11ede firmar por impedimento físico.- Firmado, S. GUILLÉN Firmado, EusEBIA PÉREZ.
A ruego de la Srita. Petronila Pérez que no puede firmar por impedimento fíeico.-Firmado, GRACIANO SAL•

brillan fosforescencias; amor y odio, miedo y valor; idea
y pasión, todo ee disipa, todo se evapora y el espírit-u di•
suelto en la obscuridad se entrega á la más deliciosa de
las voluptuosi:3,ades, la de no sentir.
_ ., :; ,
Ese aniquilamiento es fecundo; tanto más, cuanto más
completo. Mientras el cuerpo reposa inerte, insensible,
casi muerto, reducido á un m1nimun de vida vegetativa;
mientras en el espíritu se estancan las corrientes de la
sensibilidad, lae vibraciones del· pensamiento y las palpitaciones de la pasión, el organismo gastado y consumí·
de por la vida se repone y repara.
Esa inercia y ese extrafiamiento casi absolutos, remon·
tan los resortes de la acción, lubrifican los contactos de
la maquinaria; devuelven la elasticidad á los músculos y
la plasticidad á las vísceras; acumulan tensiones y alma•
cenan fuerzas. Fatigado el peneamiento, extinguida la
seneibilidaq, hiptonida la voluntad por el esfuerzo continuo y la actividad prolongada, recobran, d·irante el
suefio, sus energías perdidas, recobran su potencia aniquilada, se aprovisionan para nuevos consumos de fuerza y el hombre, al despertar, ee otro hombre.
La nave que puede proveerse y carenarse periódica•
mente, puede sola hacer las grandes travesías, y si los astros recorren órbitas inmensas. es porque la fuerza que
los impulsa se repone sin cesar y 86 crea á medida que se
agota.
Así considerado el suefio es una fuerza, y el hombre
que de él puede disfrutar sin sobresaltos, sin pesadillas,
sin reminiscencias y sin ensuefios, es por ese sólo hecho
un hombre faerte. Puede acometer empresas magnas,
crearse motivos de inquietud y de desazón, afrontar el
desengaño y el '{)eligro, incubar ambiciones, emprender
combates, desafiar al destino y tallarse, por decirlo así,
una vida á la medida di' sus deseos.
Contra el dolor tiene una guarida; un albergue contra
la inclemencia; un refugio contra la aeecbanza; cuando
se ve acosado por las inquietudes, traqueado por los sinsabores, perseguido por el desengaño, acorralado por el
desastre, se envuelve en sombras, como los dioses en nu•

(:J
\.:.,
..,,

CEDA.
.-

El Notario Público que suscrebe certifica y da fé: de
que la firma y rúbrica que dice Eusebia Pérez, es de la
persona que ella misma expresa, y que las de las personas que firmaron por las Sritas.Ignacia y Petronila Pé·
rez y que dicen «Silverio Guillén y Graciano Salceda» son
suyas y las que uean en todos sus negocios, habiéndose
hecho á su ruego en virtud de no poderlo hacer por impedimento físico; certifico igualmente que todas las personas que intervinieron en el anterior recibo me son
conocidas, y que las Sritas. Eusebia, Ignacia y Petronila
Pérez son las hermanas del finado Sr. Juan :tilucio Pérez.
Y á solicitud de las mismas exUendo la presente constancia que firmo y sello en Uruápan, á los ocho días tlel
mes de Julio de mil ochozientosnoventa y siete.-Firmado, ANTONIO BÉJAR.-E. P,

;: ~ •• 'I ,;,
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Se ñ o rita M a r í a O ro pez: a.
[Véase el párrafo rela tivo.]

bes, duerme, descansa y es feliz. Al deept:rtar se encuentra de nuevo armado .Je punta en blancv, curadas ,us
heridas, fortalecido su brazo, lúcido y acti vv su espíritu.
En esas condiciones todo puede emprenderse y todo
puede afrc,ntarse. Se puede ser impetUt,so, activo, perst:1·
verante, arriesgar la fortuna en un albur como la vida en
una aventura; se puede ser ambicioso y llegará ser poderoso.
No son concebibles m Napoleón, ni César, ni Alejan•
dro, insomnes. Napoleón decfa de sí mismo: «~n mi t'S•
plritu caaa negocio tiene eu gaveta aparte; cuando qu·ero ocuparme de alguno, abro la gaveta que le co.respúnde y cierro las dewás; cuando quit-ro ovrmir, las cieiro
todae. « Ale¡andro y César dorm1..n corno lirones sobre el
campo &lt;le batalla.
Bismarck, Uladetone, Gambetta, y en general todos los
grandes hombres y todos los bowbrns practicos, duermt:n
como niños. Los Ruetchild, los Jay G.mlJ, los MacKay,
son inconcebibles sin el atributo inestimable de po&lt;lt:r
dormir.
No asi loe poetas, los apóstelee, los artietas en general;
si pudieran &lt;lormir no saorfan crear. Dante pmo en V\ reo sus pe,adillas como sus éxtasis. Miguel Angel no dormía casi nunca y es casi seguro que su Moisés, como te U
Juicio Final, sún apariciones de sus nuchee de insomnio.
Rafael prefería paear sus noches entre amigos y corte~anstÍ; su lecho lo repelía; no le daba el descanso que iua
á buscar en él.
Se ha observado que los grandes criminales duermen
como ángeles. Crimmal que no duermt,, acalla loco, su1•
cida ó regenerado; pero llO pe1sev1::ra en el crimen y ts
tan profunda la influencia del suef'io en la actividad mte•
lectual y moral, que el insomuio es bigno precursor, y
acaso causal, de la locura.
Por estos hechos y por estos razonamientos se llega á
este principio sorprendente: E l sueño es una fuerza prác•
tica; el insomnio es una fuerza estética. Para ser gra ndti
hombre 86 necesita dormir bien ó no durmir. Si lo pnmero, 86 puede llegará ser gran gobernante, conquistador,
rey del oro; si lo segundo, puedeaspirarse a ser poeta ex•
celsc, músico inepirado, pintor emrnt:nte.
El secreto de la grandeza hum11na eEtá, pues, en gran
parte al menos en Jas condiciones de1 suefio. Ea cuanto
á mf, envidio á los insomnes, pero prefiero poder dormir.
Or. M. Florea.

EL FIN DE MATOSES

Porsupuestoqueeldíaenquela familia Matoses recibía
carta del estudi..nte, se declaraba de füiota en aquella lejana hacienda separada del mundo y perdi&lt;la 1:on tod11s
eus agrícolas riquezas entre los repliligues de la sierrd.
El correo, un inuigena de cacle, que nu dabia ni leer ni
escribir, seguido ae la mula cargad.a de balijas, arribaba
después de caminar veinte leguas, al am,chcct:r, llacien·
do altos en el tenducho, en la casa cural y en el porta•
Ión de la finca; los extran¡eroe eu el Jugar Jo rodeabau,
y si alguna alma caritativa lefa en voz a,ta Jas direcc1unee, contestaoan ellos como en la raya : !'resentel
El humilde Mercurio conocia de memoria cuál era la
epíst0la para los Matosee, en la calidad del su_bre , y ton el
vago perfume que despedía. No necesitaba m anunciarse, por que le salían a1 encuentro y casi le arrtobatab.&gt;n
de las manos la amaaa correspond1:1ncia, que para ID&amp;) or
solemnidad se lefa de sobremesa, quitado e1 mantd,
guardada la patriarcal vajilla, sin ruidos inoportunos,
aado el gasto é instrucciones del día siguiente y en perfecta quietud y silencio la servidumbre, coa caras de
idiotas, signo de profunda espectación.
Pobre señora Matoses, con su cofia de canas, su faz
pálida de mu¡er envejecida por los dolores: madre emn,
las madres idólatras, sus sentidos se entorpecían, su vista no alcanzaba sino al borroso contorno de Jas cosas, y
y sin embargo, la que hacía dec1ree las oraciones por no
pode¡ descifrarlas en sus Ji broa &lt;le votos de letras gordas,
pedía BUS antiparras, se las colocaba con mano tremula,
y abrieado el sobre. decía entre fehz y melancólica:
- Vamos á ver qué dice el doctor!
.
Fig1;raos la ancha y sonoroea pieza_ enjabelgada de. vigas ct.eenudus, amueblada con utensil1od·pnmmvos, iluminada por un un quinqué de refleccor, cuyo cono de
luz nimba cabezas ae vírgenes atentas que aan suspendido la labor, se quiebra en un vaso de agua limpia, que
enciende una cinta de estambres mn ltico1oree y anima
una escena de gentes sencillas conmov1&lt;1as por el recuerdo de un ausentto, de la esperanza de la familia, el pri·
mogénito agraciado por los dones del talento, el vivo re trato en lo físico de su padre, el apoyo futuro, el adoles•
cente sumiso que hace mucho tiempo se fné muy lejos,
á esa Capital fascinadora donde sólo se baila la Ilustración, las maneras, las distinciones, el acierto para la
lucha por la vida, la carrera en fin.
Y se recuerda punto por punto la larga lucha entre el
cariño y las ilusiones, las graves consultas al cura, al tu•
tor, á los amigos, á los vie¡os; la heroica decisión de la
madre, los dlas tristes que se emplearon en los preparativos y aquella noche ai; besos, de consejos y de lágrimas;
la vispera de un día que sintieron 1legar todos loe oidos
despiertos; el desayuno t omado en pie; las fugas y carre•
ras de la servidumbre, y por último las pisa&lt;las de uno,
dos ó tres caballos en el patio; el portalón crugiendo pa•
ra abrirse, y eetas palabras mojadas en lágrimas saliendo
del embozo de una manteletaydeEcendiendo del balcón,
ea la madrugada h úmeda de rocío:
-Hijo, Dios te acompañe!
Y lo seguía el grupo inconsolable hasta allá lejos, rumbo de la cuesta, hasta que el oro flotante, la bruma luminosa lo envolvían en sus pompas, lae pompas radiosas
de la mañana, una nube de polvo de topacio tras ellos:
galopaban.
Y cada carta de Mateo, que estudia para médico, las
conmueve hondamente; para esas a lmas en la perpetua
ablusión de la calma cap1::sina; para esos espíritus vege-

�DOMINGO,? de AGOSTO DE •Ssn

EL MUNO

DOMINGO I? DE AGOSTO DE 185&gt;7

78

J&gt;AMAS DISTINGUIDAS

JAPO~ERIAS RARAS.
(Escrito especialmente para "El Mundo."
Habéis leído iifadame Chrysanlheme, no ea verdad lectores mexicanos? y os figurais que el viajero que llega al
¡país del Sol Levante, no puede menos que advertir en el
_pueblo nipou un mundillo gracioso y coqueto cuyos menores movimiento~ diftmden en el a1refru-frus de sedas
:y rumoree dt1 eonneas.
Es el pequeño pueblecillo que loe fantaseadores á la
v~z que prácticos pintores de Occidente, continúa'n sirviendo á sus compradores que únicamente exigen japoneríae que lleven el peneamienro deslumbrado hacia Jo
peqa:e;o y lo frívolo; eso que, con ojos de poeta pudiera
p4::rc1b1ree hace al~unoe años, eso que vosotros ya no ve•
ré1e, por complaciente y fecunda que sea vuestra imaginación de observador.
Acaso encontraréis aún, cerca de las exquisitas creatu•
rae que son ahora la mayor parte de las mujeres japoneeas, algunas deliciosas pereonitae que loe embelesadoree
bordados y loe marfíles tan maravillosamente laminados
que loe artistas nipones os habían hecho creer nacidas de
una caricia de crisantema ó de un roce de floree de ccire·
.zo. Pero que vuestras esperanzas se detenga u de antemano
ante esas crea_iurae ado~blee, sobre todo, porque su buena hada les d1ó el espíritu de la burla para lae invasoras
modas de Europa, y no continúen pidiendo el tipo de
su b~lleza especial áloe otros congéneres; por favor, no
vaya1e más allá, por que con excepc:ón de la mujer ja•
P?11eea,_ todos loe tipos nipones, aparecerían á vueeiroe
0J?B latrnoe, no solo sin gracia, sino mezquinos y horC1blee.
Para aquellos que ~udieran creernos mal intencionados y de sobra injustos en nuestras afirmaciones, extraeremos del fondo demasiado volum:noso de nuestras re•
servas de documentos, algunos croquis que el lapiz sincero de un artista parisiense amigo, t:-azó á petición nuee•
tra, cuando pa~amoe po~ eJ p~íe d~I mikado. Ninguno de
ellos ravela caricatura ni exa1eración; todos son etincillamente tomados del natural y hacen en opinión de los
qud conocen al Japón verdad&lt;1ro, gran honor al espíritu
dt1 ob~ervación y habilidad de nuestro camarada, M. G.
-B g lt, cuyo tal_ento leJos de eer desconocido ( ea él á
9-·uen el (!raphtc de L_ondres escogí~ para seguir y dibu·
Jdr loe prmc1palee episodios de la ultima guerra chiooJaponesa) ha sufrido demasiado con la verdad á veces
brutal que debe concederse al menor de sus cuadros.
X uestra galería ralati va al ejército proporciona desde
luego algunos tipos japoneses; á saber:

\

Señorita Hortensia Rendón, de Mérida.

(Fotografla Valleto Y C~)

Señorita Ana;elina Morel, de México.

tantee•en un rincón perdido; lae escenas que Mateo relata las•cosas que descubre, lae bellezas que pondera; de·
se~vuelven una decoración faecinadora y remueven un
fondo de memorias ensoñadoras.
Con razón la buena viuda Matoses acabó_po~ l_lorar, Y
llorando dicta la respuesta, que no ea, delpnnc1p1oal fin,
~ino una serie de súplicas, ruegos y ternuras...... ~odo
cJn admiraciónee muy graodee; que para el lengua¡e de
las madree no hay más que ese signo onográfico, eftnbolo del afecto.
.
Que no tenga malas compafiíae, que huya lae cantmae,
que aeieta á clase, que se recoja temprano, q_ue ~ece todas
las noches, que oiga miea, que comulgue e1qU1era en la
cuaresma, que no olvide lo que fué eu pa~re, que abrevie la operación y que nunca, nunca ee quite la :nedalla
que Je ban dado, único amuleto qu~, acompaüándolo! lo
conducirá por buen camino y con¡urará las deegrac_1ae.
Y no era raro que casi al cerrar la epietol~ apareciese
una vecina, que con intensas luces en la mirada y una
voz avergonzada. tímida y dulce decía:
- y m.,mor1ae de mi parte.
-De veras. Ernribe: loé6 que te saludemos.
-Y que por qué no le has escrito ni una palabra.
-Palabra......... ó qué más?
-Nada.
.
Y el sueño de esas noches era tranquilo, lo miraban
ttdos feliz sano y bueno, menos la maare inagotable en
eue temor~s y la vecina que, con loe ojos arrasados, después de eu oración decía:
-Y ni un recuerdo para mí. Algo, algo está pa·
eandol
Si es la misma seflora Matosee, en el último grado de
la U:ieeria fisiológica, ea ese pobre y doloro~o espectro de
la viuda el que se deiiene cada dos eecal,rnee para tomar
respiro y ensayar inútil dominio eobre sus sollozos; ea
ella, que enferma y exangue, diez ~f~e ll~va de sacudimientos en trenes, cabalgaduras y d1hgenc1as par~ llegar
al lecho del hijo que hace tres diae ap.,nae, yace ¡oven Y
desamparado, en el fondo de la tumba.
Y todo remueve eu dolor: el barrio apartado y doloroeo,
la gentuza del mercado, el descaro de las mozas que la
miran paear enlutadn y llorando; la entra:ia. lóbr.,ga _de
la Casa de Huéspedes; si ese balcón eeta ab1e_rw, quizá
¡.ara que se ventile la pieza donde él.. ....... A "iº10, teflo·
n Je dice eu acompaflante, domínese usted. Dios eH muy
gr~de, la Providencia.........
Y llegan al corredor donde ee alinean rotos tiestoe,
donde cantall dos ó tres pájaros, corretea un gato, se ba·
fla una gallina en la tierra dispersa de una maceta_ rota;
donde resuena ruidos profanos; loe acordes de la gu1tura
de un alumno de fleica, el canto del pasante de abog~do;
las risas de dos fregatricee que e~ la azo~hue\a se iu_an
á la cabeza ropas lavadas; el silbido del albafhl que pica
uua pa1ed y et diálogo animado de la dueña, selloraobe·
Ea de bata suelta ft~co y b,azos desnudos que conversa
d~ buen humor c'on sus hijas, viva e11tampa de la desen-

voltura que con pantuflas una y con zapatos de varón la
otra en~..yan la última moda de la polka, entre lechos
deshechos, lavamanos de agua ~ucia y ropas caldas Y
abandonadas al azar por loe estudiantes.
La reciben con ex&amp;rallEZa, y al saber_ que ea la madre
de «Matoeitoe» ponen una cara compungida, más deeagra•
dable q11e el gesto indiferente. L~ cotnpadecen, Y arre·
batánaoee la palabra, cuentan que tuvo la culfa de todo
el dla de cam¡&gt;n; que el difunto, enfermo ya de estóma~o
ee excedió ia1 vez, y al llegar, al darse bola, ahí con el pie
eobrti el banco de las macetas, ¡zael al suelo. Lo llevaron
en peso loe otros muchachos, pero perdió el habla, Y la
mujti1ona grita:
-¡La llave de Matcsitoel
..
y abre con ella la pieza del muchacho, dic1end&lt;;&gt; al ha~erlo que loe muebles son de la casa, que no precisa saldar los adeudos del pupilo y que como reape,a el dolor,
se retira advirtiendo.
.
.
Que todo todo está abierto porque «liatoeitos» D10e lo
haya perdo~ado, era deec~idado para ~odas sus cosas.
La infeliz madre se arro¡a al lecho em colchones, ~asando las tablas, llamándolo como se llama_ á un n1!l~
que no obedece; toca, besa, contempla _los ob¡eto~ familiares el vaso de agua, la vela consumida _á medias, loe
frae~e de medicina, e1 cáustico caído, loe cigarros, cuanto eoepecba fué testigo de sus momentos úlumoe.
y solo después de toe consuelos del acompallante ~1;11·
prende la fúnebre tarea de ordenar las ropas de su 1?,1¡0;
el pillaje ha pasado por ellas,. todas tieD;en loe bole11loe
vacíos y colgantes. Ni el relo¡ de oro, m loe botones de
camisa ni loe fietolee, todo falta, todo lo que era recuerdo y te'nia valor.
.
Pero en cambio que intactos sus libros Y _papeles, CÓ·
mo están en su pu.,eto las fotog,afíae de mUJbree ~eenu•
das en el muro, con qué coquetería en vez d~I Cristo de
la familia se asienta en la cabecera una zapatilla de se•
da· qué á la vista loe libros licenciosos; lo, gua~tee fe•
m~mnoe; loe medicamentos sospechosos; las cáhga_s flá•
cidae loe mechones de pelo largo; las carta~ de escritura
ptet&gt;e'ya y pecaminoso contenido; loe bole~oe de empe•
fio· las botellas vac~as de cognac; la copa mmunda ~n
h ~~ea de vino y colillas de cigarro; _todas l~e c&lt;;&gt;netanc1ae
procesalea de una juventud descamad~ . é md1ferente á
¡08 suyos, puesto que las cartas de fam1ha andan revue!tae entre programas de circo y recados en.loe que se p1Jen prestados para el dia (,ltimo sin falta cinco pesos para
aquel golpe.
Doblt,tnente muerto Je llora entonces, doblemente
muerto en eda hora crepuscular en que ella re!l~ba por el
ausente; doblemente muerm cuando el org~mll~ de la
calle el bullicio de loe demás huéspedes, la risa impura
de ida hijos de la patrona, le escupen con lodo el corazón chorreando sangre doloroe~ y mater~al IDoblemen·
te muerto, Dic,s mio, el pobrec1llo á quien ella entregó
sano, bueno y jvven, y le devuelv~n·:••" no, _no le devuelven sino al ee~rcolero que le sirvió de útnmo lecho!

Y al entrar la pupilera con un p~_pel gai:3bateado 'co:
lo que se debe, seguida de sus ~1¡oe . aneioeo3 d~ ve_r 1.
una enloquecida por la pena, la rnfehz les pregunta. ~
él, cuando murió, tenía una m!'ldalla de esmalte al cue1 o
y si se la llevó conai.o.
No pueden contestar, no se ~gura!l, dudan, pero uno
de los muchachos h ,ce memoria y dice;
-Espérese ust!'ld. Creo que el. ....... .
-Bendito sea Dioel Siquiera.........
.
y lo perdona, pobrecillo, lo perd;ona mirando en tor•
no...... loe delatores rastros de ea vida ¡que nó, no fué
posible! lo calumnian, él era bueno.
Mrcaos.
TOQUE DE ATENCION.

Esto tiene que acabar;
doce t.orae mirando al mar,
doce comer y dormir,
y por todo trabajar
diez minutos de escribir.
Y hay en tanto quien resiste,
hambre y sed, y cesantía,
y lucha por el alpiete
creyendo cosa de chiste
lo del pan de cada día.
Y hay fiscales suprimidos,
y tributos restaurados,
y pueblos empobrecidos
por el júbilo embargados
de ver los bienes vendidos.
Contra tal desigualdad
protesto una vez y mil,
¿queréis más fraternidad?
pues partiré por mitad
mi hacienda con Vandervil,
que según datos seguros
de quien Je ajusta ta cuenta
vive con grandes apuros
teniendo solo de renta
cada minut-o cien duros.
Si esto llega á suceder
¡cómo me verán volver
loe que me vieron marchar,
p:idoroeo al prometer
y desenfrenado al darl
Pero ¡ay de ellos y de mi
ei vuelfo igual que me foil;
sabrán, si lo hao olvidado,
que ei muedo no caí,
del golpe no me he librado.
Y que, ó yo cambio de vicio,
ó cambian ellos de ofi iio,
ó Dios mis bondades premia,
ó á la vez que en la A lacemia
voy á entrar en el Hospicio.
MANUEL DBL l'ALAClO.

El agil y acicalado marinero que ha hecho sus pruebas
-eu loe maree de China, aquel á qui1&gt;0 el entusiasmo poPll:la~ ha feeteja_do bn el pu~rto de Yokohama, masequel
as1m1smo qne tiene demasiado orgullo para manifestar
ahora á bordo su indisciplina y el encanto que encuentra en las perrerías.
El oficial de caballería, de vuelta de Saumur, la Politécnica ó Saint Cyr, donde concluyó brillantemente sus
eftudioemifüaree y que comienza á creer bueno dar sino
por reconocimiento á lo menos por chic una dir~cción
muy francesa áloe pelos rebeldes y escasos de su moa•
tacho. Una brizna de mosca subraya ahora el labio inferior d~ ese guerrero, en la actualidad consagrado, y que
no de¡a duda alguna respecto al cuidado que condn1ía
tomando para &amp;firmar la posición que adquirió entre nosotros y loe agradables recuerdos diversos que á ella se
re eren.
Deben notarse, al cont,ario, las fisonomíae germanescas de ese otro oficial de lentes, un educando de las escuelas de guerra alemanas, en lae cuales bebió hasta saciarse una ciencia militar, cuya superioridad se alegrarla
mnobo de demostrar, ya que la cree universal.
Uno y otro poseen, por lo demás, una ciencia teórica
inconteeta~le, y están inspirados ambos por un amor
muy eemeJante y muy real á su patria. Por qué esforzarse entonces eo apare~er t9'.n poco_japoneees y tan europeos; p~r qué no eegu1_r me¡or el e¡emplo de eu colega
d!'I la marina, cuyo horrible rostro de insular ha sabido
permanecer, aun después de la victoria el de un viejo
lobo de mar muy nipón?
'
Ciertamente él os afirmaría también que no ea esto lo
que le impide iniciarae casi instantáneamente en los misterios de lae mecánicas navales, que su gobierno le compra á gran p_re~io en Europa y América; así como que
esto no prec1p1ta-Pero acaso no os afirmaría este úl\im~ detalle-!~ hora de la utilización completa de las
mismas máquinas de oceidente, de las cuales está tan
oraulloso.
&amp;n cuanto áloe otros soldados que le acompañan con
~Ui t_ipos especiales, muy bien obtenidos, todos están
m•p1radoe en loe fubrtee gastos ante loe cuales el gran
M kldo no retroeede, para obtener un lujoso equipo.
·Como nuestros más vulgares Tourlourous de Francia· ¡08
Cí\bal!eros y loe pisaverdes del Japón moderno con¿cen
el prestigio del uniforme militar y el orgullo c~n que ce-losamente llevan sus bowie alemanas, sus ekakos eepa-

EL MUNDO

fio!ee y sus uniformes franceses, es tanto más explicable
cuanto q•1e lae mtJU~mé8 y otras japonesas, B'l vuelven locas, ellas también, con los paseos por las eeplanadae don•
de se puede asistir á loe menoree detalles de la nueva
vida militar.
Pasad ahora á una serie de japoneses menos pretensio~oe.

En Tokio. donde como en todo el Jap',n cada hijo
adopta la pmfesión del autor de eue días, el padre del
que nos va á ocupar, era, ó decidor de buena ventura ó
contador de historias, ó actor ea cualquiera de esos teatros en los cuales un mismo espectáculo comprende tres
ó cuatro días de representaciones.
. Sin emb~r~o, la revolución industrial ayudó á este hi¡o sin trad1c1onee y ahora ea empleado de camino de fierro, especialmente dedicado al examen d11 loe boletos á
la entraia de loe muelles y partida de los trenes.
Parécele de rigor una dignidad del ~o.do occidental, y
á pesar de sus cabellos rebeldes, de r1g1decee insoportables y de su kepí administrativo, parece no notar áaquellos y aquellas que deb3n presentar sus ticket.s antes de
llenar ruidosamente los trenes.
F,pto, !'D verdad, deja muy
indifel'f'ntee á la mayor parte de loe viajeros nipont&gt;e,
e 1bre todo Jo,, de tercera claee que no viajarían jamás en
invierno sin llevar la cabeza
cubierta con un pingajo enrollado á la manera de las
marmolles de la campesina
francesa. Esta especie de pa•
nuelo ea, por lo demás, de
un uso general en las clases
inferiores de la sociedad.
r'I nrante los meees fríos de 1
año.
Ved también á ese buhonero japonés, dibujado en el
instante en que ofrecía paté.
,
. ticamente un producto marav1lloeo á a lgun grupo de ocioeos callejeros· á ese cargador de sacos de arroz, q•ie se ingenia par~ ahorrarse el
rudo co~tacto de loe eac1e llenos, que transporta todo
el día, Plll que su parte de goces naturaleeqúe todo japoIJés reclama, eea e_n m_odo alguno disminuida; al bombe•
ro rural. ( la orgamzac1ón contra incendios ea ya militar
e~ las_c1udadee) que, cuando ha llegado su turno de vigilancia, ronda to~as las _habitaciones de madera, que
eet~ etcargado de 10epecc1onar, cm la pipa en la boca y
la linterna en la mano.

r Este último que copiamos ea uno de loe dos populares

n~ctámbulos del japón. El otro ea el frotador, un pobre
diablo que va solo ~or loe camin?e, soplando en una pequefia flauta_ armov1oeam4::n~. triete, un airecillo muy
corto, que dice á ~odoe loe 1mc1ados: «Queréis dejaros frotar, ee~or, queréis que os frote, eefiora, he aquí al fro•
tlldor ciego.11
No _son por ci~rto bestias esos japoneses que no conced_en amo á loe ciegos el monopolio de tales prácticas íntimas.
Quién _detendrit al pobre ciego en su paseo profesional,
qu_e comienza en la noche para no acabar sino con las
pnme~e luces del día? ¿Quién le llamará y reclamará
ene cUidados?
_Todos aquell?B para quienes algunos céntimos no eigmfic~n el deen_1vel de su presupuesto cotidiano; los comerciantes retirados, los matrimonios atrevidos de Eu-

19

ropa y muy frecuentemente algunos individuos misteriosos, aficionados á loe servicios múltiples de las falsas
g11eiJhaK-eB el instante de nombrarlas-más ómenoeex•
traflah al arte real y a I encanto especial de lae verdaderas cuyo pintoresco as¡ ecto y su honor nacional son jue•
tamente 1eclamadoe.
Cada una de eeae creaturae ha comprendido todos loa
recursos que podía sacar de
la Europa en la persona de
loe extranjeros que residen,
célibes, en su patria. Y por
esto no ha vacilado en coro•
promete1ee á seguir loe coneej&lt;,e prácticos de algún com•
paiiero decidido de antemano á satisfacer las menorea
necesidades de la situación,
entre otras las de r.onducirla
á todos loeeitioedondela llama el placer facil de aquellos
que ofrecan almuerzos ínti•
woe, instalarla, si ea preci•
so, en las parihuelas del Jinrick-saw que debe llevarla
rápidamente á donde su arle
t-epecial es esperado, llevar
en fin, á alguna dietaocia de
su esbelta y buscada persona, la gran caja de madera
E'n la cual transporta el chami88en de tres cuerdas, el ine•
trumento nacional con loe
acentos del cual todag11eisha
genuina debe saber llenar
las casas de te.

í

rn gentleman que la signe y
cuya tieonomfa está desnudada de las pretensiones del
mundo occidental, es el tipo
del japonés que tiene la ven•
taja de poseer un empleo en
un ministerio y que, más in•
diferente que todos sus compatriotas en materia eeme•
ja"te, no se cura muy mu•
cho je que la novia, de la
cual se enamorará sinceramente, le lleve al matrimonio otro capital que su dote.
No i neietai e respecto de ,ea tos sentimientos verdaderamente japo.neeee, que nos
forzarían á responderos en
.
latín y ved con nosotros el
~!Pº. de esca~pa_ q11e viene después. Es el corredor de
Jm-nck-saw publico, el pequefio vehículo de dos ruedas
en el cual os paeeaie cómodamente mediante un precio
irrisorio, fijado de antemano por los reglamentos. Pero
á qué no se someterá un tirador dejin?
. E~ ya tarde y quereie dirigiros á algún eWo solitano? . Pues ~I corredor oe exigirá dos ó troe veces el
precio p~ev1eto por lae disposiciones oficiales, y por cier•
to lo 1;0e¡or sería pagarle, porque falaz y artero os ame•
nazar1a,. y en caso dado llegaría á las vías de hecho, sin
que tuy1eee que.temer el castigo de la autoridad.
_L11 silueta satisfecha del comerciante honrado que ter•
m10a la presente serie de tipos japoneses, ea de tae máa
comunes. Ved la sonrisa que ilumina su faz pa,ibul.uia.
~s C&lt;&gt;D;eta~te, mecánico y sobre todo ...... japonés. ¡Oh!
e1 pudieseis verlo en su eetablecimento de bric-a-brao.
en el cual se amontonan loe bibelotsl

�EL MUNDO
0011111Gb •~ de AGOSTO de

EL MUNDO

ªº
Le veríais eonreir indicandooe el precio de un objeto,
eonreir tawbién al entregaros ese objeto aun cuando le
hubieseis drecido la décima pane de la eumaqueoe habla
pedido y sonreír acaso también quince días wás tarde ei
volviéndo á eu antro de vendedor de antiguallas os cau·
saba asombro saber que se había divorc1ado,después de

vuestra última visita, de eu antigua mnjer, y ee había
casado de nuevo con la joven que también está en vías de
reirse á vuestro lado. ~o hay que sorprenderse de eeecaeo
y si vuei:ka insistencia y vuestras preguntas indiscretas lo
fuerzan á responder, os dirá sencillamente: «Por qué me
he divorciado? Pues únicamente por que mi mujer, en
mi ausencia, no sabía recibirá mis comoradores. »
Que curioso es el perfíl redondeado del ~Iinisterio, que
ee des1aca enmedio del dibujo que signe! Pero á pro•
pósito do Minieterio, dejadnos mostraros esta escena tan
típica y tan b:én sorprendida por Bigot. Estamos ante
las oficinas gobernativas de la guerra á la hora de la ea•
trada á las eeccionee. Mejor que nuestra pluma, el lápiz
de nuestro amigo tiene en elocuencia y muestra la exacta influencia de la civilización europea sobre el traje
moderno de loe japoneees. Yense suecos de madera en
los piés de unos, botas alemanas en loe de otros, el re•
di119ote de este, el traje japonés de su hermano menor
que ayer era un estudiante aún, el capote militar de un
viejo de ideas liberale•, el chal en que se envuelve el po·
bre coolie que ha cambiado por cinco ó seis centavos sus
vestidos andrajoeos en una casa de prestamos e•c., ele.
Mirad con toda confianza y solo veréis la actual mascarada japonesa.
Yes que el Japón se va y que necesitarías apresuraros
para ver algunos reetos del pueblo primitivo que vivía
aún bajo el último i h()!JOIIII . La potencia feudal no ee re·
monta sino á una veintena de ailoe, y sin embargo, apenas ei podríais encontrar en los campos algunos hombree
del •viejo estilo,• del genero del que ocupa el n:tremo
de nuestro ú'timo dibujo.
Yed, el eetl'8go de loe afloe y el estrago sobrado deplorable del cuero cnbelludo de ese viPjo campesino, no bao
desviado eue nfaerzoe de la antigua moda que eue padree
usaban -para el pt:inado complicado y extraño de sus ca•
belloe. Qué importo asimismo ei la mayor parte de eu3
dientes se quedaron en las sucesivas coneervae de peces y
de legumbres que mezcló únicamente á su cuotidiana

poción de arroz¡ el solo es el hombre resignado de las an·
tiguae edades, el que no sabría quejarse ue las más rudas
laboree v sentirla placer en esperar las numnosae fiestas
niponas, pretextos para procesiooes, y sobre todu para
libaciones de te y de sakÍ', el aguardiente de arroz. Ahcra, el caracter simple de esas manifest11cioues que ee han

quedado como primitivae, inspira menos ale1tremente
al tipo que sigue: ,,un campesino del nuevo eetilo,11 hijo,
pe&gt;r lo demás, del precedente y tn el que el vago tinte de
tradición protege mal eu espíritu debí I contra los efectos de loe relatos militares del Japón moderno.
~I porvenir ya no eetá para él en el groo dll arroz que
obtiene con pena de loe grandes arrozales. sino en el
ejército que bien pronto lo llamará á ens filas, aeí se lo
ha dicho cuando menos el diputado progresie1a del cual
no "~tií separado, en el dibujo de nnPetro amigo, Pino
por 01ro rPpreeent!\nte del pneblo, un liberal 1Jutm11ce
P1empre l's\o á rPcrearef' bajo Pn «Pombrero alto»-la eola cuncepc1ón europea ac.,i,table eegún él- contra loe en-

•&amp;91

s.

DE FORGE.

ILUSTRACIONES BECIIA.8 EN :NUESTROS TALLERES.

--....

¿Pero qtuén es ese? preguntaréis ni contemplar su in
contestable elegancia de actitud. ¡Por vida nuestra! quf&gt;
loe grandes colt-gas de loe boro bree de prensa ensaleen al
amigo Bigot por haber esbozado las singulares faccionFR
de ese hombre ...... es un dietinguidíeimo reporter de loe
diarios niponeR, cnya forma es suficientemente grandP,
las páginas numerosas y el precioJ}e venta irrieoriameu•
ta harato (algunos centavos al mel. )
Bajo su graeoea cabeza de melón sin forma, late un C'P •
retro de a8iático celoso, y la pluma que ~e inspira en él
eabe escribir las más abracadabras eeperanzae.
La derrota industrial y comercial de los pueblos ñ11
occidente, el progreso de la raza amarilla, hacer el glorioPO ,Tapón únicamente para
los japoneses, he aqui la e,'111ea á que se ha dedicado PPe
maligno pero patriótico h ijo
del gran Nippón. :::ionríamos
y perdonémoelf!I
L. LEROYY U. PAPILLAn &gt;.
NOTA.-Lo• señores Pap!llau&lt;I y
Lero)', periodistas i rance-~s que,
han l'&gt; rorrirto el mundo·por apurs•
ta, saliendo ele Parls sin d inero l'
que hor se hallan e ntre no,otro~.
"e ~ir\'icron e-.crlblr e~te art1C'ulo
,obre costumbres y llpos Japouescs,
para nuestro ~ maonrio. ¡,ropordo•
nandonos 1,a.ra flu,trnrlo, boceto'J.
toma&lt;los rtcl n a tural por el M h!!
14p l2 de un ar tista francés resid en•
te en el Ja¡,ón.

1

el r erfome eutil dA la piel eatinada que huele á P lan.
l-entíaie que ura riea frá1til agujereaba el ambiente cálido
del salón: na una Colombina aristocrática que ee diviert la
con su novio. gi de un concierto hablaba, allí íbaie vo•
eorro•, v arrellanados en'vneetrae butacas del Nacional
oíais á Ta magno cantar el Otello, oíais á Brindis de Salas
hacn gemir en violfD, «caja de almas difuntae,» Por tSl
oí cómo Coquelfn declamaba bizarramente el ver~o y la
proPa del drama francéP, y ví eonreír como eonrién laa
dioPaP, á ,JFanne Hadding. Para la boda rt&gt;gia tenía él
las gardenias freecaP, los beHotropoe menudos
arorrioPoe de su c1&gt;eto de mago, cog1doe en ene inmensos jardi•
neR en floración, donde nunca ,e agotaron las florf'9.
Aun en el invierno cruel. eue porterreRsiempre tenían
roeae nuevas que ofrecer. Y para el artista amigo, tenía
su pluma raPj?&lt;'S de canf\o entrañable y ratos &lt;le admi•
ración rara. Para la hermosa que hacía caridad para,
1&gt;ea S1Jr Jfll rcelina, tenía en estilo eetallidos de admiración y agradecimiento. Para la arietocrática belleza
guirnaldas de Plogios y alfombras de clavelee.
'
A Gutiérrez Nájera puede coneiderareele como el tt&gt;y
de loe cronistas americanos. La fisonomía de Puck se
presta, da márgen para un largo estudio: se trazaría una
hnmoea silueta snya para una galería de portrai/R,
1:na crónica de ~utiérrez N,jera de af\os paeado,, puede leerse ahora, y siempre agradará. Aunque está ce!iida
al suceso del día, al nuevo hecho, tiene un no eé quf,.
que atrae y subyuga. Ea que el eeoritor ha sabido hacerla: es q11e ha puesto en ella algo de su :,aeión de arti sta
padre, á quien no le gueta que sus hijos vaguen desarrapados. Ha sabido veetirla. La ha perfumado; el cut&gt;llo
y la pechera son de blancura irreprochable: gardenia á
la bo11tonnifre; mon6rle; guantee grieee y el frac, correcto
eio la más pequel'ia arruga. Es el dandi¡ caball1&gt;roso qu~
eabe reír, y charla como un dislocado y baila el cotillón
sorbe champagne y eabe conquieiar corazones y eubyn~
gar almitae blancas, como un gentil Don Juan. P11ck era.
buen padre. Sus hijos intelectuales son bien ricos opu•
lento9; pertenecen á la aristocracia legítima y su' árbol
genealógico ee de loe más intrincados y ricos.
~ero esto no cabe aq1;1í, en este artículo en que yo
qmero ver no más al cromsta elegante que correteaba libremente, no al que hacía política y dücuUa riendo y
fumando, con el corro de amigos, en los pa9illoe del C ,ngreso ó en la mesilla de un café, mientras se paladeab1
el aperitiro,
Admiro, eí1 á R eramier; pero no lo adoro con tanta pasión y tanto tanatismo
como á Puck, que es inimitable~

y

/

/
Señorita Hcrmellnda Guzmán. ( De Guadalajara. )

~cñor Lupt,rclo.J

serían joy~s valiosas ile estilo y novedad y revoluciona•
rían la cur10sidad de las C'iudadanitae de Parle.
Del hecho más insignificante, del asunto más trivial
Puck ......... Al calce de eue hermosísimas crónicas do•
minicalee en El Cniversal, ponía Manuel Gutiérrez Naje• de la noticia artíet!ca última, bacía asunto euficienw pa'.
ra esw peeudómino sonoro. Tras él ee ocultaba para 1&lt; s ra bordar eue crómcae y sacar punta á su gracia y aguque le desconocían¡ pero no para los que, hasta'en el rae• deza: JY que para t&gt;ecribir tantas cuar1illae, que fuesen
go furtivo de la gacetilla ó el broche picaresco de un rn · sufic1entee psra llenar varias de las columnas de letra
trejUet, lo sabíamos defcubrir á él, que era todo un artista tan ~anuda de la edición dominical de El C',,iv, rsal, se
y que sabía cómo se va por el camino del bosque encan· necesita fuerza extraordinaria, buen acopio intelectual
tado sobre rosas, sin estrujar eue pétalos, ni pisotear loe y una imaginación ......... tau rica como la de Puckl Y
eso f!Jera de su enorme tarea periodística, de su lucha
tallos tiernos.
polfüca. Era esa una escapada rápida al país de la fan·
¿Qué delicioeo revistero era él! Una de esas páginas
escritas al trote de la pluma, era uoa obra maestra. Cre¿ tasía: un descanso.
Era fecundo, asombroso.
yo que, muerto Pnck, ninguno las hará como él las s.; bía
So pluma trazaba lindos c•1adroe, á la pluma como
h!'cer: nadie ha recogi?,O llBB pluma abandonada, como
dizque Paul de San V1ctor se guardó en loe bolsilos de por mera travesura, por pasatiempo, como ee h~cen al
su pa)etó, la de _Theophi!~ Gauthier, ".uandoeeteexquiei- margen ancho de un diario de la maf\aoa ó en el forro
.oart1eta cometió la deb1hdad demor1ree. Tenla su estilo de color de una revista, cul\ndo ee está á caza de asunto
toda la ligereza, la picardía, la gracia y el arte crepitante ó se muestra rebelde la imaginación.
Haciendo la revista de un baile, ésta era de tal verdad
de un rhroniqu.eur parisién, de loe maestros. Era un Mén•
dez, un Scboll, un Paul Fouquier, que vivía en México y tal C?lorido, que os parecía estar allf, entre tanta luz,
y que escribía eL ra,tellano co&amp;ae que en francee, en las tanta nqueza, tanta hermosura. Sen\faie cómo os emcolumnas de la primera plana de un dinrio /,(J1duardier, briagaba el olor capitoso de las flores, cómo os arrobaba
GUTIEAREZ NAJERA, &lt;.RONISTA

Corazón de sacerdote. - POR H.

euef\oe de conquista de colonización de sue adverearioe.
No cabe duda acerca de eeto-bajo el casco de corchocon que el diputado modernista guata de cubrirse á fin
de dtlmoetrar bien eue tendencias coloniales, Jo afirma•
ría también el individuo que representa el último ti¡.o,
de nuestra serie de siluetas japonesas.

CURIOSIDAD 1:'OTOGRAFICA

lFot,,g, a!!n tomada á la vez en distin tas ¡ osic!ones, median te un p roced!mlento exclusivo d el

DOIIIIIGO 1~ d• AGOSTO d• 1'97

San Salvador.

ARTt'RO .\. A ,mnOGI.

Cerca de la meea, servida á medias, ee enoontraba sentado M. Deecordee, contemplando con fruición el vapor
que comenzaba á escapar de la boca de una cafetera rusa,
cuando penetró violentamente su mujer en el comedor y
exclamó con agria voz:
-¿Como, Edmundo, no has tomado todavía tu café?
¿En qué pieneas?
-En nada, mi buena amiga, contestó ingenuamente
M. Deecordes, Espero que hierva el café ...... Ya sabes
que así me gueta ......
-¿Pero, desgraciado, no recuerdas que hoyes miércoles?
Las señoras vendrán á la1 dos de la tarde; el! ya la una
y media ...... y apenas queda tiempo para preparar todo.
-1Ah, Dios mío! murmuró el pobre hombre con tono
plaf\idero, sirviéndose á la vez precipitadamenw una
taza de café hirviente¡ había olvidado el miércoles!
-Dios sea loado! exclamó la seliora Deecordee dirigiéndose á su hija primogeoita, que se había quedado en
el corredor, tu papá olvidaba el miércoles.
-Angélica, repitió la joven, hablando á su hermana,
papá olvidaba el miércoles.
Y resonó un triple estallido de risa que desde el co·
roedor, ee repercutió como un eco hasta la cocina.
Con frecuencia, y muchas veces sin motivo aparente,
padecían madre é hijas estos accesos de risa en terceto,
cuyas notas se deegranaban por toda la casa.
Entre tanto que el pobre Deecordee, lleno de vergüen ·
za por haber olvidado el miércoles, devoraba con ridí•
culae muecas su café hirviente, la eei'iora y las sefloritae
levantaban de un golpe la vajilla, enrollaban la tela
blanca encerada, limpiaban la madera perfectamente
barnizada y abriendo un armario lleno de vestidos á
medio hacer, alineaban sobre la mesa paquetee de pantalones de palio burdo, chaquetas de lona, enaguas de
punto, camisas de tela cruda, que extraían de aquel
mueble.
-l\1amá, preguntó una de lae jóvenes; ¿valdría la pena
de sacar el paquete de la eef\ora Sennevaux?
-!Oh! Sácalo de todas maneras...... Si no lo tuviéra•
moa listo, podría suceder que ella fuese capaz de venir!
Ui:a triple carcajada siguió á la enunciación de eea

triple idea, que no les impidió alinear el paquete de la
sef\ora Sennevaux al lado de los otros.
Cada miércoles la seliora Deecordes reunía en el come•
dor de su casa, transformado en taller, á las damas caritativas de Gauneville, congregadas á la «Asociación del
vestido para los pobres» y las cuales acudlan de las dos

á las cinco de la tarde con el objeto de coser la ropa para
loe indigentee. Esta asociación tan loable, había tido
fundada por la eefiora Deecordee, hacía tree af\oe, al terminar la guerra.
Era una santa eea eefiora. Y unos ángeles sus h ijas
Dioedada y Angélica, eran estas expresiones que nunca

�82

EL MONDO

DOMINGO I? de AGOSTO de 1897
DOMINGO ,~ de AGOSTO de

dejaba de emplear el primer vicario del pueblo, M. de lo para su forzado celibato. Sin dote, gracia, ni belleza,
-/ Oh! la señora de Sennevaux:Uo es muy adicta á nuesChavaesieux, quieacomo encargado de la dirección de sus Vl'getaban con u na existencia vulgar, monótona y exhaus- tra modesta sociedad......... y además, debe de estar hoy
almas, debía saber á qué atene1ee. Y de esta manera, ta de toda esperanza. Diosdada, mayor dos a.fios que su descansando aún de las fatigas de su comida del sábado.
descansando en el juicio de tal autoridad, le repu~ación hermana, podría haber !ido bonita; pero hace falta á las replicó irónicamente la seil.ora Deecordee, que no había
de aquellas damas se había formado y esparcido por todo floree el sol y el aire y ella se babia marchitado poco á sido invitada á este sensacional banquete.
el país, y era raro que al hablarse de ellas, no se agrega- poco, como una plantli escondida, sin luz, trae un muro.
Soporta alegremente su viudez, agregó una de las setio•
ran loe calificativos llegados á ser casi obligatorios: La Angélica era decididamente fea: tenía grandes ojos re• ritas Juglan, muy hostil á la condesa, porque encargaba
señora Deacordee, ¡una santa! Las señoritas Descordee, dondoe y saltones; nariz de cor.neta, y en medio de dos sus sombreros á Paría.
mejillas abotagadas, una abertura microscópica for•
¡unos ángeles!
-No creo, alegó vivamente la sellora Belamy, que
Y el hecho es que eran ellas de una ejemplar piedad. mando boca, sin labios, que parecia hecha de un nava• falte ella á sus deberes ó sentimientos de viuda; dando
Nada más edificanw que verlas arrodilladas sobre sus jazo; todo esto ea una de esas cabezas de mufieca de car• una comida de amigos, con motivo de la permanencia
reclinatorios, con la cabeza entre las manos, entreg.1dae tón, sobre las cuales, en las ferias de loe pueblos, exhi- en su casa del antiguo coronel del regimiento de sumarido.
casi extáticae, á sus interminables oraciones. Sin hacer ben las modistas ambulantes los sombreros de venta.
.Acababa de sonar la segunda campanada de lae doe de
mención de la tarde de loa domingos y días de fiesta,
-Tiene usted muy buenas razones para aprobar, quecotidianamente permanecían en la iglesia la mayor par- la tarde, cuando llegó la señora Perroy.
rida, pues concurrió usted á esa fiesta, á ese festín, á eu
-Siempre la primera, exclamó la señora Deacordes, jolgorio, exclamó la señora Dascordee, buscando aún alte de la maftana, dedicadas no solamente á sus ejercicios
religiosos, sino entregadas también con febril actividad cuya risa apenas estalló, fué repetida.
guna palabra más sarcástica...... Yo no sabia que estu-He aquí á la sellora.Leautaud, dijo Diosdada, que se viera usted tan ligada al castillo.
á todo lo que concernía al culto.
No hacía allí falta el sacristán. Ellas se encargaban de babia pueato de ceatinela en una ventana que daba hacia
-Con efecto, no tengo el honor de estar muy ligada
adornar la casa del Sellor; de disponer las flores en loe la plaza.
con la eeil.ora de Sennevaux, aunque sienta por su belle•
altares; de revisar las vestiduras sagradas para tenerlas
L'egaron en seguida la eefl.ora Gaudry, mujer de un za tanta admiración como simpatía por eu bondad. Pe•
siempre en buen estado; de vigilar las luces; de organizar agente viajero, las ee.fioritae Juglán, que tenían un alma• ro, mi marido, antes de ser aquí preceptor, era comanlos coros para loe cánticos; de afinar el órgano que la se· cén de modas con un gran rótulo de oro que decía: dante en el regimiento del eellor de Sennovaux. He
fl.ora Deecordee tocaba con verdadero talento. En caso ne «A.l modelo de Paria;» entró en seguida, todo un grupo; aquí por qué asistimos á esa comida.
cesario no desdeñaban desempeil.ar ciertas funciones de la eefl.ora Valier, gruesa, negra, bigotuda, un coracero
-¡Comida enviada de Paríel grulló la señora Valier.
policía en el santo lugar, donde se las veía frecuentemen- con faldas; la eeflora Auffroy-.Migaot, qu3 caminaba de ¡Cómo ei en Gauneville .no ee supiera cocinar!
te, presas de piadosa indignación, expulsar á fuerza de puntillas, y hablaba siempre en voz baja, tímida hasta
-Es usted una ingrata, eefiora Valier ...... pues hemos
golpee de rosario, á algún perro in:liecreto que se había el exceáo¡ Ja pequeñita Madame B.Iamy, vestida con tomado un delicioso pastel de alondras, comprado en su
int1 oducido en el templo, durante el oficio.
traje de color rosado, muy rieuefla, tan graciosa y airo• casa.
Y en virtud de tanto frecuentar la iglesia y tanto cui- pática, con eua cabellos n1bioe, cuyos alborotados rizos
La respuesta provocó algunas sonrisas é hizo sonrojar
dar todo en ella, habían acabado por considerarse como ningún peinador lograba disciplinar.
á la seil.ora Valier, á quien fuera de eu tienda, no le gusen EU casa, y sintieron mayor admiración que tristeza el
Unas quitándose el sombrero, y otras limitándose á taba que se le hablara de su comercio.
día en que el cura decano, digno sacerdote educado en la desanudar las cintas que echaron hacia la espalda, ine-¿Qué traje llevaba la condesa?
JibHal escuela de su gran obispo y enemigo de las exa• taláronse todae, recogiendo cada quien eu paquete de en•
-Un vestido gris con encajes blancos, que resaltaban
geraciones, les recordó con dulzura, pero co.n_firmeza, cima de la mesa y tomando asiento con su trabajo entre muy bien en verdad sobre su hermoso talle y eue mag•
que él era el cura de la parroquia y no ellas.
las manos, en alguno de loe círculos formados cerca de nlficaa espaldas.
Y por esto la piadosa trinidad no abrigaba hacia el de- las ventanas.
-¡Cómo ...... ¿Sus espaldas?
caLo más que cierto apego muy relativo y el respeto es•
-Ya transcurrió el cuarto de hora de gracia, dijo la se·
-Sin duda.
trictamente obligatorio. .El padre de su elección era el llora Descordee, que actualmente era la presidenta de la
-¡ Estaba descotada! prorrumpió con indignación la
buen abate Cbavassieux, un frailecito regordete, colora- .Asociación ......... \'amos, señoras, ¡al trabajo!. Y de an· seilora Dascordee, á quien eu flaqueza, á falta de princido, siempre riaueilo y constante admirador de las virtu· temano, la oración.
pios morales, prohibia semejante impudencia.
des de la señora Descordea. Era el amigo de la familia:
Con voz breve rtcitó una plegaria de que no se podía
-Pues sí, estaba descotada...... todas lo estábamos....
cada domingo santificaba con su presencia la mesa del entender una palabra, y á la cual diez voces respondieron; ¿Qué mal hay en eeto?
Bt-ñor Deacordes, seguro de encontrar los platillos por Amén.
-¡Descotada! insistió la seil.ora Deecordes.
los cuales confesaba su debilidad, y terminaba la tarde
De pronto reinó el silencio entre las voluntarias obre-¡Descotada! repitieron simultáneamente Diosdada y
entregado á las inocentes delicias del juego de lotería, ras: lo prevenía así un artículo del reglamento, cuya ob· .Angélica.
sazonadas con ciertas bromas semanariamente repetidas. eervancia duraba generalmente de cinco á diez minutos.
-¡Descotada! prorrumpieron en coro diez voces difeAl eellor Deecordes, procurador del Tribunal de primera
-Miren ustedes, dijo una de las trabajadoras. Allí rentes, pero con igual toLo de reprobación.
Instancia de Ganneville y adjunto del .Alcalde, no lo viene la pobre eefiora_Leeourval, atravezando la plaza.
-¿Ha leido usted el último edicto de Moneellor? preconsumía tal vez en el fondo, una fe tan ardiente como Comprende que viene atrasada, mrren como se apresura. guntó la presidenta á la señora Auffroy,Jpara desviar ese
la de su mujer y eue hijas. Aun, según se decía, recien ca•
-Tan coja como ee, tiene derecho , nuestra indulgen- tema de escándalo.
eado profesaba algunos principios filosóficos y liberales; cia, hizo observar la señora Descordes.
Pero el relato de la comida interesaba mucho más á la
pero sus veleidades de independencia habían suscitado
Esta ligera murmuración, escapada á la presidenta, fué mayoría de la asamblea qu9 la elocuencia del obispo, y
tales tempestades en su hogar, que como el buen rey En- la stfial. Primeramente no se oyeron eino palabras suel- entre tanto que la sellora .A.uffroy Mignot, presa de courique, comprendió que bien valía una misa la paz inte- tas con alguna timidez, proferidas á media voz; pero á goja por haber sido así interpelada delante de todo el
rior y dócilmente había aparentado que abdicaba de las poco habfa~e generalizado la conversación con creciente mundo, murmuraba alguna respuesta ininteligible, una
ideas de su juventud. Pero el muy zorro dividía su volubilidad y en un diapasón á cada instante más alto. de las damas reanudó la charla.
existencia en dos partee. Después de largas estaciones en Se pasó revista de todos los acontecimientos locales, por
-¿ Y la sei1ora Charlier, la grande amiga de lasefl.ora
la iglesia, se encerraba en en gabinete con pretexto de insignificantes que fueran: el último sermón; el estado de Sennevaux, concurrió también á la comida?
estudiar algún negocio judicial y se abandonaba á la lec- de las plantaciones de azafrán; el nacimiento del ni.fio
-Usted bien sabe, contestó la eellora Belamy, que estura de novelas más ó menos ligeras y poesías muy poco Lenoir; la muerte de la pobre sellora Paquignon; algunos tas señoras no se visitan, oficialmente por lo menos, lo
ortodoxas.
hech&lt;,e más frívolo&amp;; una nueva forma de sombrero des- cual las aflige mucho. Pero es imposible...... á causa
Mas cierto día ¡día nefasto! una cita imprudente hecha crita por una de las señoritas Juglan; uu color de moda de ......... Se detuvo.
por él llamó la atención de la l!efiora Dee~ordes, yabas• para vestido, que elogiaba la graciosa seilora Belamy......
-Quiere usted decir á causa del señor Cha1lier? extante sorprendida de trabajos tan largos y tan poco en Pero agotados todos estos temas, comenzóse á hablar del clamó la eellora Dascordee, En verdad que bastante culrelación con el presupuesto de ingresos de la casa. Apro- prójimo y poco á poco fueron haciendo el gasto loe au- pa tiene mi sobrino...... Pero realmente hay otra causa
vechó ella entonces una ausencia de su marido para sentes. Se buscaron para su inexactitud pretextos verda• por la cual se aleja á la se.flora Charlier ........ .
practicar un cateo en el gabinete de éste. ¡Horror de los deros ó falsos, pero pocae veces venebólos, y en seguida
E inclinándose hacia la sellora Valier, continuó á mehorrores! ¡.A.ydevosotroe, Voltaire, Parny, Mueset y Hu- se pasó á la crónica de sus intimidades, crónica que de dia voz, sin que se le entendieran más que estas palabras
go, Balzac, Jorge Sand y Dumas: conocísteis entonces pronto se decían al oído y se acababa por repetirla en la - ...... El subprefecto ...... ¿Sabía usted?........ .
loe tormentos de la hoguera! Y tú, infortunado Descor- voz más aha posible, en meaio de loe estallidos de risa
-¡No ea posible!
dee, también conociste todo el peso de la cólera de una periódicos y agudos de las eef'ioritae Descordee.
--...... Yo lo he visto!. ..... con mis propios ojos lo he
esposa virtuosa é indignada!
-Vamos, vamos, eelloras, no olvidemos que estamos visto..... .
- ......... ¡Qué horror!
Desde aquella fecha fatal, Descordee había abandonado en una reunión de caridad; decía la señora Belamy que
definitivamente toda idea de resistencia, y resignándose era toda bondad.
- ¡Eh, sefiorl exclamo con vehemencia la eeil.ora Be•
1;&gt;oco á poco, había concluido por sentirse verdaderamen•
-Pues no creo que faltemos en nada á nuestro objeto, lamy...... tened alguna indulgencia para esa pobre mute feliz con esa vida austera á que cada día se miraba eellora, replicaba con su voz de tambor mayor la eeilora jer...... No hay que juzgar por las apariencias...... Y desmás sujeto. Limitóse para lo sucesivo á la lectura de la Valier, que aborrecía á la muilequita rosa. No son loe pués de todo, lleva una vida tan triste! ......
Gaceta Religiosa, al .Almanaque del Peregrino, al Diario de que más hablan, quienes más trabajan.
-Esto quiere decir que usted la disculpa?......
la Oruz; encaminándose así por una pendiente insensible
La rubita miróla con eua dulces ojos de gacela y alzó
- Para disculpar, como para condenar, hay que tener
y constante hacia la dulce felicidad de la beatería.
imperceptiblemente las espaldas.
el derecho de juzgar, y este derecho no lo reconozco en
Diosdada y .Angélica, después de rogar á Dios en vano,
-Hoy no tendremos sin duda el honor de ver entre mí. Me limito á tener piedad de una mujer que sé que es
para que les mandase un marido, se habían resignado nosotras á la seilora condesa de Sennevaux, ineinnó con muy desgraciada. Esta ee mi creencia, mi religión ......
también al eacrificio, buscando en la devoción el coneue- tono agrio una de las dama!!.\
( Continuará. )

18sn

1101\IBRES Y DIOSES
ATILA.-CARLOS XII

I
A vida de Atila debía eecribirse, no

en una historia, eino en una epopeya en idioma bárbaro. Asombró al siglo V, tan acostumbrado
á los asombros, que llegó á creer
que ee precipitaba sobre la tierra
el cuarto caballero del .A.pocalipsia.-«Y apareció un caballo páli•
do; el que cabalgaba en él se llamaba la muerte; el infierno le Be·
guía; le entregaron el poder eobre
1as cuatro partes de la tierra para hacer perecer á los
hombres con la espada, por el hambre, por la mortalidad
y por lae fieras. n
¿Quién no creyera, en efecto, que el ejército de .A.tila
er.. el infierno escoltando á la muerte? Los hunoe fueron
loe bárbaros más feroces: comparados con ellos los vándalos parecían soldados de Atenas. Los godos referían
,que uno de sus reyee había relegado al fondo de la Scitia
a hechiceras que allí tropezarou con demonios errantes
por las estepas. De eu cópula nació la raza horrible de loe
bunos.-uEepeciede hombre, aacido en loe charcos, horriblt,, unido sólo al género humano por la palabra, dice J orMudée.n Ammiano l\Iarcellino los pinta como Plinio describe loe animales fabulosos en su IIistoria natural,· nabla
de sus cuerpos de miembros redondos, do la gordura
monstruosa de sus cabezas, de sus narices aplastadas y
de su barba cruzada por cicatrices que lee impiden crecer
111 pelo. «Parecen b.,stiae de dos pies, ó eeae figuras de
madera groseramente talladas que decoran los parape•
·toa de loe puentes.»
Esas hordas de hombree tenían las costumbres de las
bandadas de lobos errantes en loe bosques. Ni vivían en
casas ni en caballae; cualquier cellidor de pared lee pa•
recia un sepulcro. Loa galos temían que el cielo cayese
sobre eus cabezas, y loa hunos que los techos les estrellasen. Tan desconocido como á las bestias lea era el uso
-del fueg0. Se alimentaban con raices y con carne cruda, amasada sobre la eílla del caballo. l:iu traje consistía
-en una túnica de te la sombría y en una casaca de pielee
de ratones salvajes. Jamás se quitaban esa túnica, que
se pudría sobre el cuerpo y que caía á pedazos poco á po•
. co como el pelo en tiempo de la muda cae del cuerpo de
loe animales. Su vida era enteramente ecuestre; p11,re•
,cían clavados sobre sus caballos, feoe é infatigables corno
elloe. Montados comían, dormlan y celebraban sue consejos. Ni aun la muerte dividía á tan groseros centauros;
enterraban los hunos con eu montura al caballero. No ee
sabe que reconociesen Dios alguno: únicamente los timbales mágicos de lo~ hechiceros despertaban en sus eraneos estúpidos alguna idea vaga de lo sobrenatural. La
guerra era su elemento y eu existencia, vivían del pilla.Je, ee dedicaban á la exterminación, iban á hacer carni•
cerfa como si fuesen á la siega. Su crueldad bestial sólo
se saciaba con la destrucción; después de despojar las
ramas cortaban el árbol, incendiaban la ciudad deápuée
-de saquearla.
En medio del siglo IV, apenas entrevista esa raza fe•
xoz en el horizoJlte del Asia, agujerea el mundo bárbaro.
-.A. su paso recoja todas las tribus salvajes, las poblacio•
ues teutónicas y las nómadas de la Tartaria. La bola de
nieve se convierte en avalancha, la barbarie se hace nación, se personifica en Atila y aparece al borde del Danubio ante la Europa consternada.
¡ Extraila figura la de ese Caliban de la guerra! .A.mal.gama la ferocidad de loe brutos á loe vicios de loa dés•
petas; ea cruel como un jefe salvaje y corrompido como
un viejo sultán; une á la benevolencia mongola la perfidia bizantina; hay en él algo del ogro y del diplomático.
No eólo por medio del terror, eino también por el de la
-astucia, ataca á loe dos Bajos Imperios de Oriente y Oi•
ci&lt;lente. E, tigre se convierte en gak&gt; para jugar con loe
débiles Césares, que reinan en engie sobre el mundo.
Loe esplota, los escarnece, los desbarata, loe adula, los
espanta y loa fatiga con embajadas y con negociaciones
irrisorias; lee pide lo imposible poniéndoles la espada en
la garganta, y Jo imposible le conceden. Roma y Cona•
tantinopla se agotan satisfaciendo los caprichos del
monstruoso. hijo mimado de la fuerza.-U a día notificó
al emperador Teodosio para que le entregase una rica
heredera que codiciaba uno de sus soldados; la joven hu•
_yó espantada, y Teodoaio se vió obligado á substituirla
por oua, bajo pena de invaeión.-Otra vez pidió á Va•
lentiniano los cálices que salvó un arzobispo del saqueo
de Sirmiun: el emperador Je respondió que no podía sin
cometer un sacrilegio, entregarle loe vasos consagrados.
.A.tila ofreció pagarle dos veces eu valor.-«Loe vasos ó la
guerra,» esa fué su respuesta.
Desde el fondo de eu palacio de madera habitado por
un serrallo incnlto y por su pueblo de hijos, ese Khan
Kalmuck alertorizaba al mundo. Los embajadores del
imperio iban á suplicará la barraca real, vagaban mucho tiempo antes de ser introducidos en eue murallas de
planchas y empalizadas. Cuando se presentaban ange
.Atila, se encontraban en la presencia de un hombre pe•
.quello, rechoncho, chato imberbe, casi negro, cuyos o¡os
resplandecían de cólera.
Priecue, que formó parte de la embajada que envió el
emperador Teodosio al rey bárbaro, nos ha ,ransmitido
la descripción de esa corte casi fabulosa. Noe presenta á
Atila entrando solemnemente en su capital, por debajo
de velos blancos, eosteaidos por v1rgenee. Cuando pasa
.porcaeadesuminietro Onégese,saleuna mujer rodealade
sirvie.atae, qui:, llevan platos de carne y una copa de vino. Esa mu¡er se aprvxima á Afüa y le euplic.1 que prue,
be la comida que ha preparado para él. Atila consiente,
,haciendo sella! de ello, y enronced cu.1tro hombres levan•

EL MUNDO

tan hasta la altura del caballo una meea de plata, y ein
desmontar el rey bebe y come.
Algunos días después Atila convida á la embajada á
un gran banquete. Los romanos entraron en un comedor,
en el que había asientos y pequeñas mesas. En medio se
levantaba un estrado que soetenfa la meea real y la cama
donde Atila estaba tendido. A un pie estaba Ellak, el
primogénito de sus hijos, en la actitud de un esclavo, silencioso y con los ojos bajua. Sirvieron á los convidados
en platoe de plata, y se les vertió el hydromel en copas
de oro; pero el servicio de Atila era todo de madera. A
la mitad de la comida ee levantaron dos bardos y cantaron en lengua númica las victorias del rey. El hlmno
exaltó al auditorio; entusiasmo frenético ee apoderó de
loe b:irbaros, gritos se escaparon de sus pechos, y lagrimas saltaron de eue ojos; los rostros tomaron la expre•
eión furiosa del ataque y de la defensa; la sala parecía
un campamento que iba á tomar las armas. Un bufón
llegó al momento, y sus gestos y contorsiones hicieron
lanzar á los bárbaros grandes carcajadas: t&gt;n medio del
tumlto Atila permanecía inmóvil, y presidía en silencio
la ardiente orgía. tiólo cuando Ernak, el más joven de
eue hijos, entró en la sala, un rayo de alegria iluminó
su sombría fa:i:, sus ojos se dulcificaron, y atrajo á sí á eu
hijo acariciándole y tirándole de la mejilla.
A. la embajada de los Césares, Atila contestó: Doe men•
sajeros hunos se presentaron en el mismo día ante loe
emperadores Teodosi0 y Valentiniano, con el encargo de
decir al uno y al otro:-«.\.tila, mi seflor y el tuyo, te
ma::ida que le prepares un palacio, porque va á venir.u
Llegó en efecto en el terrible ailo 451, predicho por
los cometas, por eclipses de luna y por nubes de sangre,
en medio de los que se entrechocaban fantasmas armados con lanzas ceatellantes. Jamás el mundo estuvo tan
inmediato á su fin. Lo de Atila no fué una invasión fué
un diluvio.
Hunos, alanos, gelonee, ostrogodos, gépidoe, avaros,
búlgaros, turcos, hunnigaroe, la oarbarie en fin en maea,
ondeaba al rededor de Atila. El rein,., entero de los animales, insurreccionados contra el hombre, y aliándose
al rededor de un monstruo dotado de voluntad y de inteligencia, daría apenas una vaga idea del peligro que
corrió la civilizae;ión en esa sombría fecba . .l!;n pocos
días las dos Germanías y las Galias desaparecieron bajo
un torbellino de caballos y de cabalidros. Los pueblos
huyen á la desbandada ante esa tempestad humana, que
pilla, pulveriza, mata, deevasta eaqutia, y acaba por que•
mar lo que no termina la eijp.1da . .J:'or todae partes no se
oye más que el ruido espantoso de las ciudades que caen
y el hipo de la agonía de las naciones deg~lladas.
La sangre corre y forma torrentes, lae ciudades se va•
cían, los bosques ee llenan y la tierra cultivada desapa•
rece bajo el nivel de la destrucción, como si desde el fonde del Asia, loe hunos hubiesen traído el desierto y lo
hubiesen desarrollado como uaa sábana sobre el mundo
antiguo. El huracán que ha desencadenado metamorfosea a Atila y aparece alumbrado por el resplandor de las
ciudades incendiadas, bajo la forma de una bestia quimérica. Unas cróniMs le describen con cabeza de asno,
otras con hocico de puerco, y algunas le privaban de la
palabra concddié.ndole sólo sordos gruñid,is. La tradición
consagrada ve en él una vara bíblica, uaazote, que pulveriza las naciones y que agita la mano de Dios desde lo
alto de las nubes. JJ;t miemo acepta con orgullo tan si•
nieet10 sobrenombre. C11ema la leyenda q11e A,ila, oyéndose llamar por un ermitallo «Et azote de Dios,n sal,an•
do sobre 1a silla del caballo en un acceso de infernal alegría, gritó: «El destino sucumbe, la tierra ee estremece,
porque yo soy el martillo que golpea al mundol»-.A.sí le
llaman los obispos, que le esperab.in de p;.e á su paso con
la mitra en la cabeza y la cruz en Ja mano, á las puertas
de las ciudades. Loe apóstrofes que le dirigen llevan el
sel!o del respeto; loe hombres del evangeho, exorcizán•
dole, saludan al dragón del Apocal1psie. -«Quién eres tú,n
le pregunta San Lup desde lo alto de los muros de Troyee. «Quién eres tú que dispersas loe pueblos como pa¡a,
y rompes loe coronaa con los cascos de loe pies de tus caballo?.. -«¡Soy Atila, el azote de D1os!11 -«Sé, pues, bien
venido, azote de Dios, yo soy tu servidor,» le contesta el
obispo. «No te detendré en tu camino.u Y desceadiendo
acompallado de eu clero, y abriendo las dos bo¡as de la
puerta de la ciudad, toma por la brida el cab.1110 del rey
de los hunos y Jo introducd en ella. «li:otr.1, le dice, azo.
te de Dios, y marcha á donde eu brazo te diriji1.» Atila
entra con su ejérc1&amp;0, pero un velo sobrenatural envuelve la ciudad; un milagro la oculta á lod ojoe de loa bá.rba•
ros, y la atraviesan creyendo recorrer una vasta pradera.
En eso quizás se hubiera convertido el mundo occidental, si en loe campos catalá.nicos Aetius ao hubiera vtln.
cido :i Atila. B.1talla gigantesca cuyas p:oporcionee
asombran. Produjo doscientos mil muertod¡ la sangre
saltaba formanjo cascadtis en el lecho de un arroyo, q11e
transformó en río. .A.tila ee resguuda detrás de sus ca•
rretaa, mirando con ojod e10ies,rvd y ébrio de rabia, á un
montón de sillas arJ1eado en el que piensa arro¡arae si
el enemigo invaie su campamemo. Astius sobrepuja á
l\Iario, é iguala a &lt;Jésar en esa luch.1 épica, en esa g¡gantomaob1a del EJda, y la gloria ein emoarg&lt;&gt; alumbra apenas su nombre con duiodos rayos. L.1 hldtona es in¡us•
ta por que no levanta altares á esos héroes de la últ1m1
hora, á PrJbue, P&lt;&gt;sthum11s, Stilicon y Astius, que tan
magnificamente eoituv1eron el choque de lo.! b..1rbaros
y forzaron, como Jos11é, al sol de la civilización rom!lo~
á retardar su sangriento ocaso. E.! propio dd la barb.uie
crear las tinieblas á dU alrededor; hombree y cosas ee
obscurecen al acercarse á ella; la civilización ee barb.1•
riza combatiéndola; la plaga de las tinieblas se cierne igual•
mente sobre los vencidos y sobre los venoed.&gt;res. N1 las
v~cto~iaa consegui~as sobrtl la birb.uie subyugan la:mag1nac16n. Sus clannes lanzan roncos gritos, sus laureles
1100 espinosos como zarzas. No dejan tra3 des( ninguna
huella, como li c:1za de los lob.&gt;s e.:i las e3p3suras d,i los
bosques.
R~chazado de las Gilias, el azote de Dios ee arroja so•
bre Italia y la extermina. L,s ciui!ldea arden, los h'Jm·
brds caen por hi1cea, loa pu~0Jo3 huyen hi1sta el mar. J&lt;.:l

horror .no varía á tra vée de su fero:i historia, es enojosa
la lluvia de sangre que derrama. La carrera de Atila tiene la monotonía del infierno.
Se retira por fin á su retiro y entra en él harto de car·
nicería y cargado con loe despojos del mundo. llluere de
la muerte de Holofernes, en su lecho de bodae, degollado
por una Judit germánica. Su ejército aulla al redtdor de
su tienda fúnebre como un montón de perros de caza al
lado del cuerpo del cazador que los ha ahitado dti mon•
terfa. Su ejército mató :i los esclavos que cavaron la
tumba de .A.tila; basta eu cadáver asesinaba.
A pesar de tanta conqui•ta, dd tanta exterminación y
de tanta batalla; á pesar del espantoso ruido que hizo
Atila sobre la tierra, no logró elevar3e á la verdadera
grandeza. Sólo hay gritos en eu fama; eu nombre eue~a
vacio de sentido; eu historia forma parte de la histona
natural de loa azotes ffeicoe. No es más humano que un
temblor de tierra, ni que la errupción de uci volcán. La
potencia de trastornarlo todo que residla en él, tenla algo
de inconciente y de maquinal. Fué demasiano fatal para
ser odioso y demasiada impersonal para ser culpable. La
historia ni aun le acusa; le descarga de toda reepousabilidad y de todo per¡u•cio, y le remite á h naturaleza,
de la que él fué uno de los agentes destructores. Déehonrarle y condenarle sería imitará Xerxes cuando golpeaba con varas al elemento enfurecido. El asesinato de
Clytua deshonra más á Alejandro que la sangre de un
mundo despoblado mancha á Atila; pero ta111bién el me•
nor combate griego, inspirado por la virtud cívica y por
el heroísmo, eobrepujaá todas las conquistas del Bárba•
ro. El soldado de Maratón, agitando Ja palma, ed más
grande que Atila, recibiéndo á loe reyes y á loe patricios
montado sobre su flaco caballo, cuyo galope desecaba la
tierra.
No ee pues, en la historia que le coloca entre los fósi•
les de sus periodos caótic:ie, sino en la leyenda, donde
.A.tila adquiere eu verdadera existencia. Cada pueblo se
apodera de eu tosca figura y la modela según sus instintos. L!\ halia la degrada, la Alemania la idealiza. Mien·
trae la tradición latina combia á Atila en espectro ó en
monstruo, loa poetas germánicos hacen de él un rey afa•
ble y neutro, que preside á los acontecimientos ein mezclarse mucho en ellos, como Agamenón en la Iliada y
Cario Magno en la tabla-redonda. Transformación imprevista! ~I ogro se convierte en patriarca; el aeeeino
del mundo llega á ser el juez de paz majestuoso de las
querellas de loe Nibelungos.-L1 Hungría hace más; tra•
tli con respeto füial al salvaje abuelo de su raza. El Atila de las leyendas magyaree, ea santo como D.1vid, sabio
como Salomón, magnifico com Haroun al Raachid. Ya no
es el Papa León el que le detiene á las orillas del Tiber,
sino el mismo Jesucristo que descendiendo del cielú,
trata directamente con él y promete á su posteridad la
corona de Hungría como rescate de Roma.

II
Se ven en la historia resurrecciones de tipos y de carac•
teres que llegan :i hacer creer que han existido los Avatares de la fáoula indiana. .A.4milquinientos aflos dedis·
tancia, Atila reaparece en el Norte bajo una nueva for.
ma, más concreto en su acción y moviéndose ea más
pequefio círculo, pero animado del mismo furor d~etmc•
tivo. Carlos XII, rey de Suecia, es en el siglo XYH un
.A.tila extraviado.
C.&gt;mo el rey de los Hunos, naia tuvo de humano ese
soldado implacable, que hacia la guerra como ee hace
gimnacia, por pura necesidad de ,emperamento . .A. los
diez y ocho afios entró en la tienda de campaña como
un monge entra en en celda, para no salir ya de ella.
Verdadero monge fué en efecto, que pronunció votos
terribles ante una de esas Walkyries sanguinarias que
había adorado su nación. L1 mujer que ea «más fuerte
que la muerte» segúa loe sagrados libros; la mujer, que
enervó á Sansón, que encantó á César y que hizo llorar
á Alejandro, no entró jamás en eu corazón, cerrado como una ciudadela. Permaneció virgen como la muerte,
su única querida. El rey de Polonia envió á su amada la
condesa Aurora de Krunigemark, una de lae bellezas de
dU siglo, para ablandar al conquistador irritado; pero .no
obtuvo de él ni una eo:a mira&lt;la. Encontrándole un día
en un sendero estrecho, descendió de la carroza y avanzó
hacia el rey; éste la saludó bruscamente, dió otra direc•
ción á la brida del caballo. y desapareció: esa fué la
única audiencia que pudo conseguir.
Examinadle bien y no encontraréis ni una [eola vena
de carne en ese hombre de bronce; p~ra él no existe ni
la mesa, ni el lecho, ni loe placeres. No bebía vino; durante su campafia de veinte afl.os, como David en el de•
eierto, sólo bebió agua del torrente, po¡¡ada con un casco.
Su grosero tra¡e azul con botones de latón le duraba
tanto como el hábito á un monge. Los reyes de los cuentos de hadas no dejan jamás la corona; él solo se quitaba
las botas para dormir aquí y allá. Tenía la superstición
de que eran eue botas las que le hacían recorer la Euro•
pa á grandes pasos, y sólo habló de ellas al rey .Augusto
en la conferencia que le concedió en Guteeborf, después
4!1ª lo derro~6. El Senado de Suecia le suplicó que vol·
viese á su rerno, que tan largo tempo estaba privado de
eu rey; y él le respondió enviando á Stocolmo una deeue
botas para que ocupase el trono y gobernase por él; rhis·
te que el Senado no quiso que volviera á repetir.
La guerra fué su religión; para practicarla dignamente
se imponía maceraciones ascéticas. Le dijeron qu11 una
mujer había vivido muchos meses bebieado agua por
todo alimento, y tuvo deseo de sufrir esa ruda aostinen•
cia, como hubiera podido tener 111itrídates el capricho
de probar un veneno nuevo. P.ieó sin comer cinco días
enteros, después hizo una comida de ogro y volvió á en
vida habitual.
El m(eticiamo de la gloria puede explicar solamente
t!;'l caracter y tal a~stracción de las alegrías y de las pa•
e1ones de la humamdad. Parecía que habíá .utcho voto
de pobreza como de abstinencia; el dinero era para él
nada m:is que nn me:lio para fundir balas y forjar caño•
nea. ,u~ tránsfuga que hizo prisionero yquecondenaron
á la ul~1ma pen1, p10p.1ao q.id ei le perdonaban la vil,:1.

�EL MUNDO

revelarfa..el secreto de hacer oro, que fabricaba en la
prisión con recetas de alquimista. La materia que se en·
contró en su calabozo ere de buena clase y de excelente
peso El Senado pidió al rey su perdón. ¿La piedra filosofál no valía una cabeza rebelde? El rey, indignado,
respondió á la propuesta del Senado adelantando el día
de la ejecución.
.
Las monedas informes acuñadas ba¡o su remado le re·
tratan mejor que las más perfectas medallae. Consisten
esas monedas, en anchoe cuadros de latón, que llevan la
estampilla del sello real en loa cuatro ángulos. Verdaderas monedas espartanas, que parecen hechas de prisa,
para ocurrir á las necesidades urgentes de la guerra, de
montones de atmaduras recogidas en el campo de ba•
talla y fundidas al fuego del vivac.
Descomponed la organiz~ción eecéntrica de Cario.a ~JI
y oo encontraréis en ella DI aun el reeor:e de. la am b1c1ón.
Hace limosna de EUB conquistas; dá á loe demás las provincias de que se apodera, y no se digna recojer las coronas que hace saltar. Su reino no ea de este muodo;
combate por combatir, por un ideal abs~racto é inH!ior.
Loe coLquietadoree más desenfrenados tienen un ob¡eto,
un plan, una codicia. Hae~a hace hinchar las na!ices de
Jobo de Atila las voluptuoa1dades romanas. La idea de
la eatención ocupa el cráneo estrecho deTamerlán; auefia
en una Asia mude, vacía y despoblada, en la que puede
reinar y acostarse á lo la1go de ella. Pero Carlos XII no
desea más que un sitio para su campamento y terreno
para una batalla. .su ':sga.mundo ejércit~ de Norte á
Orieote no revela DI un maunto político, DI un deseo de
engrandecimiento, ni un pensamiento d~l porvenir. El
rey vive atado á su caballo, como su amigo Mazeppa y
se deja llevar á través del mundo.
Es vencedor ó vencido con la misma indiferencia; una
derrota csuea tanto ruido como una victoria, y él solo
pide á la guerra ruido y humo. Su bravura no es ardien•
te ni apasionada, el peligro ea su elemento; la paz le hu•
biera muerto como el agua dulce mata á los peces de
mar. Necesitaba para vivir el ruido del cafión y el olor
acre de la pólvora. Después de la defenea de Beuder, en
la que sostuvo como otro Rolando furioso el asalto de un
ejército; cuando en fin, sucumbió al número, con el roe•
tro moribundo, las peetafiaa quemadas por la polvora,
sonreía á los genfzaroe que lo llevaban con calma, dichoso, visiblemente tranqmlo, como el hombre á quien la
sangre ahoga y que respira después de haberse sangrado.
«La pieza ha terminado, vamos á cenar,» di¡o á uno de
sus generales, cuando la guerra, fatigada de jugar con
él, le hirió para concluir de una vez, de un balazo en la
sien. Erna palabras juzgan y defienden su reinado teatral, que verdaderamente no tuvo nada de real, nada de
histórico, y que no fue más que un drama romancesco,
representado por un hombre para su propia gloria. Fué
la fantasía del desierto árabe trasportada á las estepas
del Norte; cargas á fondo, blandimiento de espadas, salvas de fusiles, choques de sables, nada. El torbellino
pasa, cae la nieve y la arena se nivela. ¿Lo que acaba de
suceder ea una visión ó u11a realidad ...... ?
Qué queda de Cárlos XII? Un nombre que resuena en
el oído como un tiro de cafión, pero que no habla al co·
razón ni á la inteligencia. Su deslumbrante espada carecía de filo; en ninguna parte se quedó grabada. Fué el
instrumento de un virtuoso militar y no el arma de un
gran hombre. Una armada errante á la que no guia ni
un Dios, ni un principio, ni una nueva civilización, pa·
ea como una tribu nómada con el silencio del Sabara. Si
la gloria del héroe sueco es estéril, su carácter queda como uno de loa asombros de la historia. Un rey que á loa
diez y ocho afioa parte de su capital para batirse hasta
la muerte, sin pausa, sin tregua y sin volver, arrojándose sobre la Europa con un puñado de hombree, como
Alejandro á la cabeza de su cuadrado de macedonioe, en
el infinito del Oriente, deslumbrará siempre á la imaginación. Se comprende que una sultana le aoliara desde
el fondo de su serrallo. Le llamaba su leon.-«¿Cuando
tú, decía ella al sultán Achmet, ayudarás á mi león á devorar al Czar?.»
La época en que se a¡zitó su destino eacéntrico, rehusó
su prestigio. Cárloe XII no aparece como fabuloeo dios
del Edda en medio de la Europo política y diplomática
hasta el siglo XVIII. Era verdaderamente un extraviado en el munJo moderno. Era un héroe del, Norte bárbaro y pagano. A pesar del libro de oficios, encontrado
después de su muerte en el bolsillo de su unifor.ne no
ea al cielo cristiano donde él debió ir, sino al par;íeo
sangriento de la mitolo_gía escandinava, en el que los
guerreros ee cortan en p1_ezae durant~ el día, y cuando
llega la noche reunen Y a¡ustan tan bien eue miembros
esparcidos, que cenan reunidos en la mesa de Odin comen en el mismo plato el tocino del jabali Serimn~r y
brindan coa cráneos llenos de cerveza fermentada.
PACL DE 8.AINT--VIC'l'OR.

Te ví una sola vez pero mi mente
te estará co.otemplando eternamente.

*

**
.A.l verte aborrecida,
notarás, recordando cierta cosa,
que á todas nuestras faltas en la vida
las liga una cadena misteriosa.

LOS VERSOS DE AMOR

En su cuarto, acodado en la m€sa,
A la luz del crepúsculo, presa
De un rapto febril,
Con la pluma en el puño nervioso
Ve el poeta el intacto y lustroso
Papel de marfil.
Al recuerdo ideal de su amada
De su mente intranquila y nublada
Se borra el capuz,
Y del sol á los rayos murientee,
Sn pasión cristaliza en ardientes
Estrofas de luz.
Una gota de llanto y mil besos
En el fino papel deja impresos
Con casto fervor,
Y arrojando la aurlfera pluma
Con Violeta de Parma perfuma
Loa versos de amor.
En sutil peinador vaporoso,
Consuhando el reloj perezoso
Con honda ansiedad,
En el viejo sillón de caoba,
Recostada, lo espera en la alcoba
Su blanca deidad.
Su imposible ventura soñada
Del tranquilo mirar de su amada
Contempla al través,
Y con trémula voz insegura
Lee el poema de inmensa ternura
Sentado á sus pies.
Pide al bardo el billete la hermosa,
Y doblando la frente radiosa
Om tierno candor,
Deposita en sus senos inquietos
-Urna blanca de caros secretosLoa versos de amor.
EFRÉN REBOLLEDO.

LOS QUE NOS QUIEREN

-en la mayor parte de los casosquien principia su razonamiento
afirmando que quiere mucho á determinada per8ona, concluye el
discurso diciendo pestes de la per•
sana misma?
«Cuidado ( he oído millares de veces) cuidado, que soy buen amigo
de Fulaoo y le quiero 1Duy de veri.s,
porque eso sí, él merece por muchos concei;&gt;toa ser querido, y tiene condiciones de carácter que hacen agradable
su trato, y es buenazo y simpaticon, y leal como pocos, y
noblote y desinteresado como ninguno.»
Pues bien, de cada cien veces que eso he oído, en las
noventa y nueve llegaba, inmediatamente después del
preámbulo, un pero que destruía todo aquel ar!Ilastrote
de hiperbólicas alabanzas. Por eso siempre que alguien
me cueota, sin venir á cuento, que estima á és,e, ó al otro
ó al de más allá, me pongo en guardia, temiendo que lo
de aquella estimación venga á parar en avisarme &lt;le que
este y el otro y el de más allá son unos bribonee, que1De ·
recían estar en presidio. Y casi siempre acierto.
1Mal haya el inventor de aquel rdrán tan repetido:
«Quien bien te quiera, te hará llorar," que, sobre será todas
luces inexacto, sirve de pretexto y de estribillo á todo el
que se propone mortificarnos y lleva á cabo su propósito
con las circuoatanciae agravantes de obrar sob1e seguro,
con premeditación y alevosía y enaafiamientol
Al amparo y bajo la salvaguardia de ese refrán dicho·
so, han caído sobre mí las pesadumbres y los sinsabores
más horribles de la vida.
«Soy tu amigo, tu verdadero amigo, te he querido aiem•
pre, y el cariño que te profeso me impone el penoso de•
ber de decirte escuetamente la verdad, por dolorosa que
sea. A los amigos se les debe, ante todo, sinceridad y
franqueza, y siéndolo tuyo, necesito decirte........ » Tal ó
cual cosa, siempre muy desagradable, por supuesto.
1Oh, lector mío de mi almal Estoy seguro, segurísimo,
de que habrás escuchado, en circunstancias muy tristes
de tu existencia, como las he escuchado yo, esas frases,
precursoras siempre de una noticia muy mala, de una
censura muy cruel, ó de un disgusto muy gordo.
¿Y loe que tal hacen ee llaman nuestros amigos! ¡Y dicen que nos quieren mucho! ¡Hipócritas! ¿qué han de
querernos? Pues si nos quisieran, no procurarían molestarnos.
Recuerdo ahora unos versos de Rodríguez Rubí, que,
si bien se refieren á otro asunto, no dejan de Yenir á pelo.
Babia un marido que acaba de teni,r un disgusto con
eu eepoea, y dice:
"¡0 hl ¡por vida de mi nombre!
Y aun me querrán sostener
Algunos, que es la mujer
La companera dt-1 hombre;
La que dones verdaderos
Reparte y dichas comple~,
Como dicen los poetas........ .
!Trapalones!...... ¡Embrn;terosl"

*
**

***

DOMINGO I? de AGOSTO de 1897

Pues digo lo mismo: ¡trapalone~! ¡embusteros! loe .que~
disfrazándoee de zmigts n,uy ca!1fiosoe, no desperdician,
ocasión de proporcionarnos u~ disgu~to.
No me olvidaré nunca de m1 tío N1comedea, que tam•
bién según él afirmaba, me quiso mucho, Y que justamente por tao, por quererme tanto, me hizo eaborea.r
muchas amarguras. Dios se lo haya pagado en la otr!' vida, mejor que yo ee lo agradi,icí en ésta; porque, e1 no,
aviado está !Di señor tío.
El cual tío era partidario acérrimo del ya repetido refrán que ensefia-¡peregrina enseñanzal-que para que·
rer bien á una persona es necesario darles dieguatoe, y
profeeaba-¿c6mo no?-la opinión caritativa de nuestros
abuelos ( que santa gloria hayan): «fo letra, con sangre entra:,. y, como es natural, no iba una sola vez á casa ( y
cuema que iba muy frecuentemente dos ó tres veces al
día) que no me ocasionase una contrariedad ó una mo•
leet1a. Y el muy ...... tío de mi corazón alardeaba de ello,
y parecía afanarse cuando advertía el miedo, mezclado
con repulsión, que yo Je demoetr~ba.
.
El buen señor estuvo á matar siempre con mis padrea
po1que me consentían y mimaban demasiado, y les repetía a melludo-aiempre delante de mí y de modo que yo
pudiera enterarme bien de lo que co~taba-que tod~a l~S ·
niños mimados son luego unos perdidos; que loa ch1qm•
!loa son de la piel de Barrabás; que es menester contra•
riarlos en todo, absolutamente en todo; que dándoles
gusto, aún en lo más insignificante, se los educa mal; y
que el arbolito, cuando no lo endereza~ desde pequeño,
cnce torcido, y torcido vive toda su vida. Esto del ar·
bohto lo di¡o tantas veces, que tenía yo un arbolito plan•
tadn, como dice el vulgo, en la misma boca del estómago.
Y dale con que era de absoluta necesidad combatir,
desde un principio, todas mis inc!inacionee, sin lo cual
ealdria yo de la infancia hecho un adolescente voluntarioso y testarudo y dominante; y torna á que habla que
oponerse sistemáticamente á todos mis deseoe, para que
yo fuese acostumbrándome asi á las penalidades de la
txistencia, sin lo cual los sinsabores que el mundo y la
sociedad n servan á todos y á cada uno de sus miem\Jros
me pillarían desapercibido.
Mis padres 1pobrecitosl entendían las cosas de muy di•
ferente manera; es natural, ¡me querían tanto]
Era suficiente que mis labios se plegaeen un poco for•
mando esa mueca infantil precursora del llanto, para
que se apresurasen á.complacerme; y así, á pesar de esta,
yo rompía á llorar, volvíanse locos de pena y no sabían
qué hacer, ni cómo arreglarse para enjugar mis lágrimzs.
Reconozco y confieso que yo solía abusar y que abuea•
ba tiránicamente de aqud poder-pues de sobra me eia
conocido -de mis llantos y de mis sollozos; pero declaro
también que aquellas complacencias, tal vez excesi va8,
de mis padrea, ni entibia1on jamás Lmi amor hacia e1Jo
ni menoscabaron el respeto, rayano casi en la idolatd~,
que ambos me inepiraban.
En cambio, á mi tío Nicomedee no podía yo sufrirlo.
Me fué siempre odioso, y-¿para qué negarlo?-hoy mismo, ya que no aborrecible, me ea desagradable su memoria. Y falleció el buen señor hace lo menos cincuenta
afioP.
-Estais echando á perder á este chico-repetía á to•
das horas,-lo mimais demasiado; ea menester que aprenda á eopo1tar contrariedades y disgustos: es preciso que
sepa poco á poco lo que al cabo sabrá mu~ho á mucho:
que ea~e ea un valle de lágrimas y no un jardín de recreo.
-Tiempo tendrá el pobre para saberlo-replicaba rui
bondadosa madre;-todc&gt;a lo hemos sabido y eso se
aprende pronto. Pero ¿á qué anticiparle al pobre mucha•
cho esas dee¡¡;raciaa? Ellas veml.rán cuando hayan de ve•
nir, y entonces, cuando Dios las envíe, que vengan; pero
atlora, cuando estamos aquí nosotros para evitárselas,
¿por qué, ni para qué hemos de disg11&amp;tarlo?
-l:'ara que Stl acobtumbre á difgustos mayores-replicaba el implacable pedágogo......- Y, perseverando tn
su afáo de contrariarme siempre y en todo, consiguió
hacerme hipócrita y me.o iroeo.
La perspicacia infantil suele tener alcances que los viejos no sospechan, porque han olvidado ya cómo discn•
rrían cuando nifioa: muy poco'!! años tenía yo cuando me
convencí de que si á mis padree, e.o quienes adoraba, podía pereuadirloe con cuatro lagrimitaa vertidas á tiempo,
con mi tío se reducía todo á disfrazar mis deseos, á fi ugirme contrariado por lo que más me halagaba, y entoucea, era coBa sabida, mi tío, consecuente con su sistema
de educación por el rigor y la severidad, me daba gusto
sin saberlo, como sabiéndolo me lo daban mis padrea......
A éstos yo se loa agradecía y loa respetaba cada vez m&gt;1s,
y al tío gruñón y descontentadizo, que jamás tuvo pi,r.i
mí ni una palabra agradable, ni una muestra de afecto,
llegué~ j~zgarlo hombre d-e mal corazón y de muy poco
entend1m1ento.
Y io bueno del caso es que mi tío me quería mucbfoimo, él lo decía, al menos. Sus hechos no lo demostraban, ea verdad; pero el tío Nicomedes no cesaba de repetu que yo era su sobrino predilecto. Y por eso, bin
duda, fuí siempre el sobrino á quien regafió más y más
ásperamente.
Pues anden ustedes que, rodando los tiempos, y cuando ya mi cariñoso pariente había entregado su alma á
Dios, tropecé, en castigo de mis culpas, de las más g&lt;.rdas indudablemente, con un profesor, comparado con el
cual, habría parecido el tío Nicomedes un padrazo de los
más débiles y bonachones.
Y, por supuesto, me quería mucho también, tanto me
quería, que no dejaba pasar un dfa sin darme media do•
cena de desazones. Ni por casualidad se mostró nm,ca
satisfecho de mi aplicación ni de mi asiduidad: decía él
á mi padre (y éste me lo cantaba para estimularme) que
yo estudiaba mucho y aprovechaba bastante· pero que á
los chicos no hay que decirles eso, porque se' envanecen
y se hacen presumidos.
M~ch_o me qu~:rí~ también, como que era mi amigo
más rnt1mo, casi m1 hermano, el que muchos años desp11es me enteró de que mi novia (¡mi primer amor!) me
engañaba.
Aquello fué cuchíaimo más doloraso que todas las ri0

STEDES no han advertido cómo

De ?ºª mujer como Virginia, honrada,
lo me¡or que hay que hablar ea no hablar nada,
La mujer cuando olvida es que aun aprecia.
El hombre que perdona ea que desprecia.
CA)IPOAMO:R.

DOMINGO 1? de AGOSTO de 1897

No estoy seguro de haber reproducido loe versos con

t?da exactitud, porque, según costumbre, cito de memona; pero, vamos, de que dicen algo muy parecido á eso,

reepondo..

fiaa del tío Nicomedea y todas las aobarbadaa del catedrático. Después resultó que lo del engaño no era exacto. Que mi amigo querido, á quien su ~ntra~a~le carifio
hacia mí inspiraba siempre, babia visto v1s1onea y se
había equivc,cado. Pero ¿qu~ babía~os de hacerle? él se
creyó obligado, á fuer de amigo ínumo y por quererme
tanto, á darme la infausta noticia, y me la dió; no faltaba otra cosa 1
Más habría valido que antes de dármela se hubiera
enterado roPjor: pero el interés que por las cosas de un
amigo á quien tanto quería se tomaba, le impidió proceder con más detenimiento.
¡Son tan diligentes algunos carilloeoe amigos para ea_o
de comunicar las malas nuevas! y los hay que basta pl•
den albricias; indirectamellte, por supuesto.
Despuée, dtspnée...... he terndo muchos amigos que
no me han qutri&lt;lo tanto y que nada malo me han hecho;¡ pero los que más me estiman, lo que es eso-, continúan ocasionándome cada deaavlo ...... l
Uno excelt-ote y cumplido caballero, hombre cuya
palab~ equivale¡\ una escritura pública, formal como
pocos en sus tratos, que se perece por hacer favores á s·1
prójimo y por conducira~ correctamente con t~do el mu_n•
do, ea amigo mío, ~e quiere m.ás que á nadie, ~e d1s•
tingue como á nadie, me aprecia lo que no ea decible, y
esto me lo repite siempre que hay ocasión, y aunque no
la baya; y me lo repite de viva voz y por escrito y de to•
das maneras; pero justamente yo, e, amigo querido, el
entrafiable estimado, és la persona única para quien, por
excepción, e~e hombre excelente y bueno y formal, ni
ea foTmal, ni bueno, ni ex&lt;!elente.
.
y es por eso; porque me quiere mucho. Y ¿qué he de
hacer yo con quien tanto me quiere y así me distingue?
Pues nada; lo que hizo el pobre Becquer, según dice
en la composición que termina:
-¿Quien medió la noticia?-rn fiel amigo,.
¡Me hacia un gran favor! ...... Le di las gracias.

Pues eso: darle las gracias es lo único que puedo bacer.
Pero desde ahora, cuando algún amigo vuelva á decirme que me quiere mucho, no a .. jaré de replicarle:
-¿Me quiere usted mucho! Corriente: yo se lo agradezco; pero, si le es posible, hágame el favor de no quererme tanto.
J;.. S,\NCUEZ PÉREZ.
MEDIO DIA,

%LEJOS!

ALOR! La atmósfera densa y bochornosa todo lo enerva. No hay una sola planta que no se
incline mustia y
desfalleciente al
sentirse fustigada
por las ráfagas de 1
sol, de un soltropi•
cal que caldea en
el ct&gt;nit con revetberaciones de incendio. Loe tordos
- como un roto collar-ee dispersan
en el eepacio; llevan el buche repleto de granos, pero
sin una gota de agua. Lástima infunden con sus alas en•
iorpecidaa y con sus voces roncas, que parecen clamar
lastimosamente por un arroyo en donde hundir los abra•
eados picos.
Qué calor! En la vecina sementera encorvados sudan
á chorros los segadores, y en las plateadas bocea y e~ las
áureas gavillas de trigo hacinado, la luz arranca chispas
y relampaguea vlvidamente. Por todaa las be cae de la
tierra se e~capa uo hálito lujurioso, que hace reventar las
crústulas y desprender algunas bojas.
El silencio ee profundo: sólo el zumbido de la mosca y
el chirriar terco y monótono de la cigarra lo interrumpen á veces. En loa barbechos, tardas, perezosas y soño·
lientas atraviesan las yuntas, acosadas comtantemente
por la pua de la garrocha y el piquete del tábano. Allá
van: levantan de cuando en cuando la noble cabeza haciendo rechinar la coyunda, clavan las glaucas pupilas
en loa lejanos horizontes, estiran el cuerpo, se humedecen los belfos con la lengua y arrojan por la náriz, con
resoplidos de fuelle, chorros de vapor como escapados
de una gran válvula. Y así cruzan la tabla de uno á
otro extremo, abriendo el surco con fatiga brutal.
Por la colina, otros bueyes recién desuncidos, jadeantes de fatiga, sudorosos, sedientos, se acercaron á abrevar al río: se empinan, hunden sus bocieoa en las diá•
fanas ondas y saborean á sus anchas el frescor de la
linfa.
La naturaleza tiene fiebre; á eu calor todo renace á la
vida: la savia bulle v circula como sangre joven por las
venas de los vegetales; estallan loe retoños esparciendo
~fluvios; .~e estremece el ai;e en el huei·o y el feto se sacude en
w.s entrañas.........
Y el sol sigue arrojando centellas de lumbre; de la
tierra reseca y agrietada, surge una onda de la vida que
cuaja el grano en la panoja, tuesta las ramas de las frondas y hace que se retuerzan crugiendo loa brefiales.
Es la hora en que Natura tiembla y se deemaya con
1&gt;epasmos de histérica; la hora propicia para reclinar la
la frente en el seno blando de una virgen y sollar........ .
Eofiar mientras su mano nos acaricia mavt-men1e el roa·
tro ó se entretiene jugando con nuestros cabellos......... .
JUAN B. DELGADO.

¡Vibre, vibre la música apolínea,
Y zumbe y zumbe con rumorea de ala! ......

Ya la noche desciende: El ave busca
diberbe tibio en las enhiestas palmas.
El día es sombra que la mente ofusca,
y la noche la aurora de las almas.

Lleno de admiración ruda y extraña
quíaele dar al genovés un premio;
y conmovido, me aranqué una entrafia
y la arro¡é á las plantas del bohemio.

¡Cuán bella, ob noche, estás!. .. desgarra el velo
que á mis ojos te cubre, angel proscrito.
De dos almas la unión festt-ja el cielo;
nue~traa nupcias celebra el mfinito.

Bruecoa corceles que rompéis las trancas,
fantasías sin fin, mentes altivas;
¡para vosotros mis espumas blancae,
para vosotros mis entrañas vivas!. ..

¡Ven á mi lado. ven! La luna asoma
y nos bendice Dios. Sigue mis huellas:
las flores todas nos darán su aroma,
y sus fulgores todas las estrellas.

Recordar e.~ vivir. ¡Oh pensamiento
rompe tus ligaduras, bate el alal
Despiértate á la voz del sentimiento;
sea la escala de Jac-,b tu escala

JosÉ SANTOS CnocANO.

VE.NCEDOR.

I

Recordar ea vivir. Como solfas
hablar á mi alma sin tu amor desierta,
haz que revivan loa pasados días,
haz que reviva la esperanza muerta.
¡Solo!. .. ¡Lejos de ti!. .. 1Martirio horrible!
Hoy, al perder tu amor, todo lo pierdo.
¡Quién hiciera posible lo imposible
y quién hiciera eterno mi recuerdo!
¡Ya estás aquí! Mi corazón te siente,
ya oigo el ruido que forman tus pisadas...
Parece envueltll tu marmórea frente
en la luz de las tibias alboradas.
De la vida en la senda borrascosa
mi planta siempre seguirá tu huella:
somos perfumea de una misma rosa.
somos fulgores de una misma estrella.
¡No huyas, visión! En tu sonrisa veo
tu ardieote amor ... , la súplica ... , el reproche.
En tus pupilas, que encendió el deseo,
parpadea la luz ... , duerme la noche.
¡No huyas, visión! En dulces embelesos,
unido á tí con invisibles lazos,
quiero en mi boca el fuego de tua besos
y en mi pecho el calor de tus abrazos.
¡Canta! El dolor al corazón avanza
y quiero oír tus notas virginales,
tristes como el amor sin ettperanza,
bellas como las noches tropicales.

,

85

EL MUNDO

¡Canta!.... Tu voz á mis oídos llega
remedando en cadencia arrulladora
las vi bracio nea de la lira griega
y el dulce ritmo de la guzla mora.
Tú siempre para mí serás consuelo
y de mi frente apartarás las so,nlJras.
Haces brotar estrellas en mi cielo
como de flores mi camino alfombras.
1Huiete ya del corazón, mentira!
De tu paso ante mí no qnedan ra~troe.
HuyeP en tanto que la tarde expira,
mienlras la noche se corona de astros.
En la selva plegó la flor su broche,
la luna irradia en la extenai6n vacía.
1Ee hora de SC\fiar!. ..... ¡Cayó la noche,
aurora de tu alma y de la mía!
fa)fAÉL ENRIQUE A:RCINIEGAS.
LA lPOP~YA DEL MAR

Y habló el Mar:-¡Yo le ví! La cruda guerra
de las desgracias aumentó su anhelo ...
Si un mundo descubrió sobre la tierra,
ba deacu bitrto un astro bajo el cielo ...
Colón era el bohemio de la nave,
el que anidaba un mundo eotre la frente,
el que se confundía con la ave,
y volaba y volaba al occidente ...
Cuando el pobre bohemio se sentaba
á la orilla del golfo en que vivía,
eiempre con mis rumores le llamaba,
siempre con mis vai venee le atraía ...
Y él supo comprenderme. Yo ignorado
vivía como un monstruo entre lo obscuro;
y él supo sepultarse en mi pasado,
y él supo adelantaree á mi futuro ...

Pidió Ulla nave. Altivos aofiadorea
perdiéronse con él entre las brumas
y antee que el Nuevo Mundo con sus flores,
yo su eenda alfombré con mis eepumae.
La linterna de Diógenea tero biaba
tin la mano del pálido errabundo:
¡entre la obscura inmensidad buscaba,
en lugar de un solo hombre, todo un mondo! ...
Y Colón eeperó. ¿Quién no soporta
todo por ver lo que jamás se ha visto?......
¡Y al tercer día, ante la plebe absorta,
~upo resucitar como otro Criétol ......
Marcando euave y tembloroea línea
em gió la tierra en la celeste sala..... .

A ley de ganarse el hom-

bre eu vida es ley inexorable; Lolilla la respeta•
ba. Claro ea que su marido, por obe&lt;lecer á tan
1igoroeo precepto, habla
elegido e I trabajo y I a
industria que hubo de
parecerle más con veniente; por lo mismo era
duefio de aquel barac6u
portátil que iba de feria
en feria , espantoso y te·
rrible como un infierne,:
la menagerie, la rodante
caea de fieras.
El barracón era enorme. ViPtoeo por sus banderolas con loa colorea de Espafia y de Francia. por su entraJa con doselete y pabellón
de percalina roja, entre los cuales, ante ligera mesita de
tapete gris, una compatriota da Armand Routerie, mari•
do de Lolilla, despachaba los billetes, oyendo á sus espaldas los rugidos, bramidos, bufidos y aullidos de las
fieras, y cerca de sí el organillo chillón que manejaba .
un chicuelo anunciando el espectáculo; el barracón lu•
cía un teloncetE&gt;, en el cual aparecían pintadas las fie•
ras y el audaz domador luchando con todas poco menos
que á manotadas.
No ce1Jsuraba Lolilia á su marido por que hubiera
adoptado aquella manera de vivir; sin embargo, le parecía un espantoso oficio; no lo censuraba, pero si ella bu•
hiera sabido antes de casarse con Armand que éste tenía tan peligrorn ocupación, no ee bub:era casado. La
primera vez que Lolilla peoetró en el barracón, iba
temblorosa, C&lt;'gida del br,1zo de Mr. .A.rmand, y sin
atreverse á mirará las horrendas bestias, Armand reía,
procuraba c0mbatir el miedo de su eeposa é infundirle
confianza.
-Están en sus jaulas. Ma LJO creyo que bae de haber tú
temor alguno ...... Nena, son mismo que corderos.
¿Cómo se enamoró Lolilla de aquel hombre•? Asoma•
da una mnñanita á la ventana de su casa, una modesta
casa de Córdoba; asomada la muchacha entre las mace•
tas de claveles, alelíes, florrnillas blancas de albahaca,
pensamientos y geranios, vió aparecer un mocetó1:1 alto,
colorado, de cabello rizo y áspero y aspecto gallardo: un
hombre robusto y ágil. El la miró ...... poco despuea se
hablaron. )\fr. Armand tenía en Seviila su barracón, y
había ido á comprar carneros á Córdoba; se detuvo en
esta ciudad algunos días. Fué...... volvió....... y al fin
tuvo amoree; y por último se casó con Lolilla, chavala
llena de gracia , linda de rostro, monísima, dulce, tími da y en ext:emo delicada.
-T,mgo mi palacio ambulante, le ha bfa dicho Armand.
Y cuando loa recién caaadoe llegaron al ferial. y el marido mostró á la mujer el barracón diciéndola que era
una casa de fieras, ella ee quedó muda y aterrada, acordábaae de las princesas de loa cuentos azulee, á las cuales
eLamC1ra un príncipe que luego las lleva en carroza á un
magnifico castillo ...... y el castillo resulta ser una caverna y el príncipe un ogro.
Loa primeros meses, Armand era un infelizote, un nifio. PP-ro cuando menos lo esperaba Lolilla, ee hizo rudo, maligno, recelos , suspicaz y cruel. Loa celos le devoraban. Llegó á desconfiar de su esposa como desconfiaba de las fieras ......
¡Cuánto lloró Lolilla en este cambio! Si vivía .A.rmand
entre panteras y leones, ¿qué otra cosa sino recelos y ferocidades podfon esperarse de él?
Lo espantoso fué que un día dispuso que Lolilla se
fuera á vivir con él al horrible barracón. Hasta aquel día
Lolilla se babia hospedado en las fo.odas ó en los meeones.
-1.Armando, mira que á mí me dá mucho miedo! ¡Zó
lo de oirlaz dezde lejoz bramá á laz fieraz, me acomete
un ezpanto que ze me pone er corazón como un grano
de aniz.
·
-¿:N"o me decías que vendrías conmigo á los infiernos?
No querer pól.emica; aquella ea nuestra casa......
Y entró en ella, y se encerró llorosa en el departamento que babia servido en otro tiempo y había de servir en
adelante de habitación á Armand, y alli creyó la nifia
cordobesa morirse de miedo...... Pudo acostumbrarse á
loe rugidos y hasta al tufo de bestias feroces que por las
aberturas de la barraca llegaba al cuarto de aquél; ¡pero
el miedo seguía martirizaodo el pobre ccrazón de Lolilla 1
·

�EL MUNDO

DDMIIIGO I? de AGOSTO de 1897
EL

DOMINGO

MUNDO

1~

de AGOSTO DE 1897

86

II,
Pasado un afio, ya se habituó á. recorrer la galería de
jaulas. La distra1a y regocijaba mirar á k,s monos,
miraba con odioea curiosidad tt las hienas; con esquivez
medrosa al oso blanco, que pueslio de pies t,ra enorme, y
y contemplaba con es1iremecimientoa de desconfiauza
rntensa A la pintada pantera. :X o obstant.e no babia
querido acercarse todavla á. la jaula del león.
8obrado eraquehabieaepodido reeigaarseáoír sus rugidoe. ¡Si así hubiera podido habituartie Lola al trato de
Armand!. ..... Cada vez le t.emia más. El hombrón habla·
ba á grit.os, lo mismo con ella que con las fierras; su teruible amenaza era amenazadora, y miraba á veces ti. uno
y ouo lado como el lobo ó el chacal cuando temian que
alguien pudiera irá robarles la ración. No habia ni dulz1.Jra que le venciese ni gracia que le encaniara, amaba
á 1:u eepoea como la fiera á eu presa ...... y tan feroces
habían Jlegado á ser eue infundados celos, que loe expre·
so con graudeza en citirr.a ocasión, diciendo:
-¡No quiero máe que una muJer ...... mfa, tú, pero
mta!. ..... Las demás son carne ...... Yo querer, como el
lb0D del deeierio1 no carne muerta 1 sino carne y alma.
¡(.:arne y alma!
i::le vio amada Lolilla, y ee resignó aún á la peeada tira·
nh, de aquel hombre, mir.ad monsuuo.
Llegó a más: llegó á adornarse para no salir de aquel
autro1 y olvidarse de lae floree y de sus pájaros. ¡SuDli•
m~ es la abnegación de las mujeres!.. .... Llegó á penetnu en la galería, asistió al momenw en que He lee daba
la comide.1 y por fin tuvo un favorito: el león,
-¡Yaya una jaulita y un canario queme heechadol de•
cía c":ando ya tomando con eue bla1.1cae.manos loe trozos
sangrientos de carne, loe lanzaba por entre Joe barro~e de
la jaula¡ trozos que el león cogía lanzándose rugiente sobre ellos. Poco a poco ae acoemmbró á verle y á servirle¡
el anima:, el formidable rey, cuando la sentía llegar agu•
zaba las orejas, fruncia el espantable ceilo, erizaba la melena, bramaba en sordo mugido, fustigaba con la cola
loe barrotes, y luego ae ~odia como un perrillo y se deje.Da acariciar la caoezota por las blancas, levfeiwae ma•
nos de su ama.
Al cabo de tres afloe, Lola entraba en la jaula con admirable confianza y frescura. ¡ Yencedor, el Je6n africano,
era euyol Hasta crela ver en él más int.elil!.encia y nobleza que t,n loa hombres. ¡Qué regio, qué musculoso, qué
aug•1stol Le amaba.
!!.1_ l~ón babia comunicado algo de aque1la humildoea
sum1s1ón suya ante la gracia al desapacible y desconfiado
Armand; éat.e se hizo t.olerante y afable. La fiera y el
hombre se hablan domesticado.
iSin embargo, un día se vió que en todo eeto había un
drama obscuro, terrible. ¡ El hombre envidiaba á la fierd.l ~l dt:senlace foé rápido. Una mañana, Lola ee hallabu en la jaula dando á su león una golosina; Armand ordt:n6 á su mujer que saliese de allí, y como ésta tardase
en &lt;;&gt;bedecerle, él, ciego, violento, agitado por infernal
pae1?n 1 ee lanzó sobre ella y agarrándola del brazo, quiso v1olent.amente arrojarla del Jaulón.
Se produjo un terremoto, bamboleó con fuerza terrible et jaulón, oyóse un t.rueno ...... el león había salt.ado
sobre Armand y lo despedazó á la vista de Lola, que gritaba con espanto, llorando anguet.ioea y at.errada.
i Vencedor había matado á eu rival!
JOS É ZAIIONER0,

LA CASA DE LOS LOCOS

loe goces que la exis~ncia real pueda. ofrecerme, cuando
conwmplo á traves de las brumas de, la noche, Ja e~rea
visi6n que en mí engendra la edperanz11 y -,! deleite.
Yoeot.roe, loe que no eol.'laie, no conocéis Ja folicidad¡ porque la felicidau no exist.e en el dorado polvo qut, tevant.an
loe cascos de loe frisones, ni en el relampaguear de las
piedras sobre el pecho dt, las mujeres hiperbohcas, ni en
Ja ost.entación del potemado que sueila con el imperio
del mundo. Mi gloria, vedla u.ni, en lo profundo ae la
mente, en el pequen.o rincón olvidado que guarda cada
pecho, á. donde se han refugiado las castidaatis de la primera edad,-coro de arrullo,j apagados por el rumor de
las pasiones, pe.jaros blancos aalp1cados por el cieno de
loe v!oioa.
Y otro: Ciencias, religiones, riquezas, poderío....... he
aquí vuestro alimtinto! Üd desprecio, pobres enanos que
·soñais con gigantee-¡ ilusos que sacrificaie una exiet.encia
entera, corr1eudo abrazados á ilusiones Jocae, en pos de
glorias ehmerae; acnbicioaos insaciables¡ sabed que nada
vale, que la existencia, invenci6n estúpida, deb-, mirarse con el desprecio con que yo la veo en mi redor¡ que no
hay que fiar en la vida como no hay que fiar en la muerte ......... ¡Pobres idiot.asl Nadaeed1gnode atención, yen
el eecenano en que á mi pesar me eucuenuo, prefiero, al
papel inieresant.i: que vosotros desempeñaie, el de eepec·
t.ador indiferente! ........ .
Al:RELIO GoNZÁLEZ ÜARlU.SCO.

EL J.ARDIX AZUL

I
OVEN ES y nifiaa, guardaos de

ser demasiado prudentes y
at:rioel Ptiro aeu en la ocaei6n agradables.
La iumemorial humanidad
es una abuelita que tiene necesidad, para d1st.raeree, de
,_
tlt:cnchar Ja dulce música de
besos y risas.
Si alguno os dice que eE preciso ger gr8'.vee y dee~eñar
las diversiones, no hagáis caso de este u1ate conseJo¡ no
escuchéis nunca á las personas que os cuenten las ~e!1•
tiras del placer y las acnargurae J.e Ja dicha. No; vivid
conetanteooent.e con alegria! Tirad á. ~a faz de la experiencia montones de floree. y no os pri veis de loa goces
terrenales. Puesto que sois jóvenes, gozad, ama~ con
inocencia. No perdáis un minuto en vanas vac11ac1onee,
porque el tiempo pasa muy _pr~nto, llevándos~. la oca:
eión de loe encantos y la pos1b1hdad de las dellcrne¡ y s1
tardais en escuchar mis consejos, podr1a aconteceros lo
que pasó en tiempo de loe ganios y la.a hadas á. ta hija
de un 1ey1 cuyo reino estaba cerca de Bagdad.
De su u1at.oria se hizo uo.a canción cuy ... a veraoa no recu&amp;rdo; pero he aquí loe principales:
L&amp; bella que quiere
Y que no Bti atreve
A cort,ar las roliBB
Del jardín azul.. ....
Ahora, proeeguirá la bier.oria coDLandoos cómo la princesa del reino ae Bagdad, fué cae\igada por naber sido
demasiado pruaenu,.

II

RORRUMPIO uno de elJ03:
Las armas brillan al rayo del
sol, con aspecto flamigero;
la tropa marcha, la tropa
avezada al humo de las batallas y al estruendo de loe cationes, canta el himno de
las victorias. Alegre se lanza
sobre loa reductos, sal va loe
foeoe, escala las murallas y
planta victoriosa sobre las torres1 la bandera-sol de loe
combates.
¡Oh, 1.i guerral dioses tutelares la protegen, y hay en
eHa la manifestación deenergia de los cuerpos en activi·
dad¡ cuando ~l estré pito de las descargas atruena loe espacios, el combatiente se transforma en dios tonante; en
el campo envuelto en humo 1 brillan las armas como en
el cielo loa relá.mpagoe, y no hay mejor música que la
producida por loe escudos de los vencidos, al ser hollados por los cascos de loe corceles.
Y dijo otro: Con el tiempo la ciencia desvanecerá esos
mil puntos obecuroe.......... Dejadme Asolas¡ la sociedad
es un estorbo para mí¡ olvidadme en la austeridad de mi
refugio; quiero t.an sólo la companía de la ciencia, del saber ilimisado, inmenso, para leer en el porvenir, para
arrancar al seno de lo desconocido sus misterios; para
cimentar en la tierra loa eternos principios y leer ese libro que se abre en el fondo del inmenso cielo.
Otro decia: En la práctica del bien, en el ejercicio de
la' piedad, en la mane.edumbre, en la resignación está la
·ierd.adera gloria. ¡Loor eterno al Eterno Creador! Purifiquemoe oueeLroa cuerpos, purifiquemos nuestras almas¡
canten la tierra y el cielo unidos la plegaria sant.a; himnos religiosos broten de todos loe labios, de ted()ij los pechos, y como del ramo el perfume, suba de las almas
b!l~ta el Seflor el salmo de sus siervos.
Q¡ro dijo: ¡Ideal! Bella ea la ilusión, alma de la vida,
vigor del espíritu. Yo vivo con miseuefi!le y renuncio á

Cierto día, cuando la princesa cumplía quince afloa,
vió 1 paseándose Alo largo del r10, un Jarcún to má.a extrafio que pueda imaginarse: jamáe había contemplado
prados ni arbus\os tan pequen.os como aparecieran en
este jardín; mas, aún, parecía tan grande como el mundo, y estaba sembrado con floree color de cielo, y que se
ae13mejaban á llamas rosadas, bellas y lu.minosa~ y que
exparcfan en el aire un delicioso aromfl., y sin dificnltad
se hubiera creído que loe invernaderos del paraíso habían sido transportados como por encanto á. eBe lugar.
Mientras que Ja hija del rey ee extasiaba cont.emplan• do tal mani.villa, una pequeña hada que había salido de
detrás de un zarzal y que llevaba una diadema de pedre•
ría sobre sus bucles de oro, se acercó y la dijo:
-Buenos días, pequeña: ya que habéis cumplido los
quince aftoe, eet.áia en edad de entrar en el Jardín azul,
aonde se encuentran las únicae floree que val~n la pena
d~ ser cortadas. Entrad, hija del rey, y si hubierais nacido de un leilador y de una lavandera., tampoco se os
cerrarían las puer\ae, puest.o que esta mafiana, al primer
albor, habéis cumplido loe quince años. En,rad, obrad
como gust.éie, sin temor á que se os reprenda1 y formad
el «bouque\» con que se perfumará. vuestra vida, porque
estas florea en eu verdadero nombre ee llaman Ternura,
Halagos y Sonrisas, y las más pequeñas, apenae abie·r.
tas, que ee cubren con el azul de su:1 hojas, eon loe sonrojos del primer amor.
Podéis adivinar cual sería la alegría de la princesa al
saber que podía cort.ar y llevar tan maravillosas flores.
Después de dar las gracias á la buena hada1 corrió preci •
pitadamente hacia el Jard.1n para empezar A cort.arlae,
cuando ..... .

III
Cuando un horroroso enano, cano y de blanca barba
que t.en.ia el aspecto de un viejecillo, ee le interpuso,
apoyado en su bast6n, y escupiendo y tosiendo le dijo:
-¡Cómo! ¿es hoy la costumbre que las nitlae anden solas á. través de loe campos? ¿No hay en vuestro palacio,
hija del rey, sirvientes á quien. vigilar, ropa qne arreglar
e~ loa armarios, confüuras que guardar en la despensa?
Prnneo qu3 ni siquiera os habéis tomado la pena de ver
si al manto real de vuestro padre falta algún galón, si á.
los calcetines de vue~m&gt; neruu.nüo falh alguna costura.

Recuerdos del Congre,;io Médico, ef'ec1uado en G-uadalajara.

Vamos, idos á vuestra caea, oe lo suplico, y en lugar de
perder el tiempo en corr.ar las floree que os han deslumbrado, permaneced en las cocinas, para impedir que los
maritones no 118 tomen el vino que deben poner en la
salea.
-Pero, eeilor enano, la buena hada me ha permitido

eio contradicción, la del planchado eléctrico: el calenP-wiento sin fuego.
.
.
.
En e1 hospital de loco111 de la Ciudad de Indlanópohe,
E:tado de Indiana, E U. A. donde Fe dispone de ~na
gran can\idad de fuerza eléctrica, se ha efectuado la me•alación de que hablamos por primera vf-1., c on gran fa•
oilidad 1 puee se dispone de una fuente de energía e!~c·
tric1 que permite obtener la corriente á bajos prtmos •
produciendo notsbles economfae, tales cerno la reduc,
ción á la mitad del número de obreras empleadas an'8·
riormente.
Para formase idea del procedimiento, bastará ver
nuestros grabados. Las planchas conectan con loa produst.ores de electricidad, mediante dúctiles hilos, y el
asa de cada una constituye un eficu aislador. El grado
de calor de cada plancha, naturalmente regularizado y
normahzado, es semiblememe igual, lo cual permite
una gran perfección en el trabajo.

el... ......
-¡ La buena hada no sabe lo que dice! y os ha dado
malos consejos. Y, sobre todo, peuead que Jae rosas del
Jardín azul no son lo que parecun ser. lJe lejos, parecen

muy hermosas, lo contieeo¡ pero apenas las hayaia cortado, os quemarán loe dedos, pueseetán hechas con un fuego terrible! No iiard.arfaie en maldecir vuestra audac1«, y
bien pronto no tendríais en las manos más que cenizas en
lugar de las deseadas flores. Loa verdaderos nombres de
ea~ae florea son: Pesadumbres, Desesperación, Lágrimas,
y las menos dolorosas son los recuerdos de la felicidad
perdida.

IY
Bien adivinaréis la perplejidad de la princesa! ¿A guién
debía creer? A la bada O al enano ¿debía de ot,t,decer ú.
éste óá aquella? ¡Ob.l ¡cómo ee babia enamorado de tau
hermosas floree! pero bien pudiera ser que siendo \an bellas, t.ambién fueran fatalee. En consecuencia, no sabiendo qué par,ido tomar, se volvió hacia su morada,
quería reflexionar sobre esta aventura, pidiendo coneeJos á su nodriza; en una palabra, tomar tiempo para re•
flexionar lo que debía hacer. ¿Qué arriesgaba? Maíiana,
pasado manana, no sería t.arde para confeccionar un 1&lt;bouquet,, con las t:lorea y roeae que florecían en el jardín al
otro lado del río.
Muchos dfae paearon; la hija del Rey se hallaba indecisa. Grandes sacrificios habiera hecho por poner en los
vasos de China y copas del Japón, las ternuras y sonrisas, pero sobre t.odo, loa sonrojos del primer amor¡ en fin
todas las flores que la buena bada le habiá dad.o permieo
para cortar¡ pero como temía quemarse loe dedos después de cortarlas, y llevar á. su casa las amarguras, desesperación, lágrimas y loe recuerdos de la felicidad perdida, no se atrevió. P&amp;1os6 un año, y después o,ros, permaneciendo la princesa en su misma indecisi6n. El padre
de la princesa murió; el del6n fué el Rey. Inquieta é inconsolable de la manaoa á la noche, y de la noche á la
mafíana, no había querido casarse por m.'8 que ee le presentaron muy ventajosos partidos¡ tan mal le parec1a tomar un partido como otro. ¡CuAotas veces se asomaba á
la ven~ana, y contemplando con tristeza Jae maravillas
del jardfn aquel! o~egraciadamente, las palabras del
ena,no de la barba blanca no se le olvidaban, y permanecía en su palacio, vigilando á los sirvientes, arreglando
la ropa de tos armarios y guardando las confituras en la
despensa, En fin, durante una calurosa mañaua de ea•
tío, ee diJo: ¡Ee imposible que siga viviendo de esta manera! y precipitadamente aecidio formar el «bouque\•
tan deseado, eiq temor por lo que pudiera pasarle, dirigiéndose sola hacia el jardín que se encontraba al otro
lado del rio.
V
Un pensamiento la detuvo: ¿si las flores se habrf&amp;n
extinguido ya?
Pero no sard6 en cerciorarse: el jardín apareció mag•
nffico y brillan~, exhalaba exquisitos perfumes, como
si los invernaderos del paraíso hubieran eido tranaporla·
dos a ese lugar.
Llena de alegria, anhelante de deseo, la princesa iba A
entrar ... .................... .
Pero el hada de la diadema de pedrería eobre sus bucles de oro, la detuvo diciéndole:
Hija de Rey, no eo\rarás en el jard.ín donde se dilatan
lae únicas flortis que valen la pena de ser cortadas; hija
del máe poderoso emperador del mundo que fuerais, ó
la reina de una estrella, lae puertas no se abrirían para
v~, porque hace _ya muchos años que habéis cumplido
qumce ailoe al pmner albor de una mañ.ana ... '. .....
peegraciada, miraos en el espejo del agua, os lo su·
phco.
La princesa ':!8 inclinó ha_cia el agua1 y vió con tristeza
los cabellos grises y sus oJOB que parecían surcados de
u.na cinta morada.
-Adió3, dijo el bada, ya tenéis cincuenta anos.
Entonces la hija del R;}y se dejó c11-er sobre una piedra, delante de la puert.a cerrada, y se lamentó entre
suspiros y lágrimas de haber sido:
La bellc1 que quiere
Y que no se atreve
A cortar las roeae
Del jardin azul.
ÜATULLE lliNDEZ.

NOTAS E IMPRESIONES.

Cc1da diez años aparece una nueva Francia con una
nueva concepción de la política y de la vida.

0th. de HaU88om,ill&lt;.

•
••

Don Miguel P ...... era un capitán de caballería-y aun.

oreo qne ascendió á cocnandanr.e,-compai'iero en armas

~
Teatro Degollado. ( Exterior. )
CONGRESO MEDICO NACIONAL

Con motivo del Congreso médico celebrado últicna•
'lllent.e en Guadalajara, al cual asistieron numerosos facultativos de esta O¡1pital, y de cuya solemnidad y die·
trituci6n tuvieron abundantes noticio-a nuestros lec,oree,
merced á las oportunas crónicas de loe diarios de esta
casa, nues,ro correeponeal en aquella ciudad se sirvió
remitirnos algunas fotografías, de las cuales eecojemos
dos que representan el interior y el exterior del Teatro
J)agotlado, hermosísimo edificio, uno de loe pricneros de
su género en la República, donde se efectuó eolemnísiml\ sesión de dicho Congreso.
A título de recuerdo de la honoraDle asamblea, publi·camoe estas fotografías.

biéa á loe viajeros á. fin de hacer aparecer por medio de
loe rayos X loe objetos que pudieran e&amp;tar dieimula1oe
bajo loe vestidos. Y muy próximamente será instalado
un aervición de radioscopia en una de las ciudades front.erizae de Francia, probablemente en B-,llege.rde.
E l mé'°do que se lleva á cabo para las observaciones,
no consiste mJ.s que en una ligera variación del aparato
usiatlocomunmente, como podrán verlo nuestros lecto•
res en el grab&lt;idO rellliivo, y sus resultados son admira•
bles. Se ha IIE&gt;gado A descubrir una botella oculta por
una dama de la más inofensiva npariencia, y otros íran.des 6 contrabandos no menos intereeantea.
He aquí, puel!, una nueva aplicación radiue~ópica que
promete loe más útiles resultados.
•
APLl~ACION DELA ELECTRICI DAl AL PLANCHADO

EL l4 DE JULIO EN PUEBLA

La colonia francesa de Puebla, celebró con el entua1ae·
moque le ee peculiar, y no obstante el ~al ~iempo, puee
-&lt;1.iluvió en la Urde del 14, su fieeWl nacionai. Puede de·
ciree que la part.e mas aimpAtica del programa que rigió
las divereae solemnidades de ese día, fué la kermeases en
la que iomaron parte hermoeae eefioritae.
Del!eOSOB de fijar eEta 1:dmpática nota en oueet.r&lt;:, ae-mam1rio1 publicamos tres fot.ografíae de puestos, en que
eon dignos de notarse des ornatos: Jae floree y las lle·
•llezaa.

Todas las aplicaciones de la corriente eléctrica á loe
ueoe doméstiCOfl ó induslirialee 1 principalmente las que
dan lugar á. un conaumo -:liario de corriente, tienea, co•
mo se-sabe, una gran importancia en la explotación de
las eatacione1:1 centrales, por que percniten. con un mismo material y un mismo personal, vender una cantidad
mayor de energía eléctrica.
l!.utre estas aplicaciones, una de las más curioeas ea,

y en Jelrras de Narciso Serra, y en amigo fu timo.
Era también autor dramético y có:nico, y ei no de loa
vuelos de tan peregrino ingenio como el autor de Don
'.J Om~, ta..apoco merecía eer colocado entre loa despreciables.
Varias obras teatrales de lfiguel P ...... bao quedado
de repertorio.
Di,ilogaba con cierta soltura y gracejo, y versificaba
regularmente, ae.lvJ alguno que otro ripio.
'l esto en nuestras sliurae parece embellecimiento natural de la poesía, aegúo la cultivan casi tolos los cople•
ros intemperanteF.
Lll que no era Miguel, ni podía ser, era un improvisador.
Era a 1gll tartamtrdo de consonantes, pero no nulo.
Hombre más práctico que Narciso, como que 1.. llevaría doc~ ó catorce anos de edad 1 siempre podía disponer
de algunos duros, bien fueso de eu p11ga 1 ó bien de eua
obras teatrales.
Esto servía a P ...... en oeaeionee, para sobornar, medio
en broma, á Narciso con el fin de que le escribiese algu•
nas escenas de comedia.
Verdad ee que t.ambién lo hacía Serra gracioeamen\e,
y no sólo para Migue! P ...... sinop&amp;ra algún o\ro autor
tt&gt;tl.trsl muy conocido y que c.1braba buenos trimestres
por derechos de paternid11d literaria, no siempre justid~
cable.
Obras enteras de Narciso ee bao representado y can1arlo, y aun ee representan y cantan en nuestros teatros,
firmadas por otros.
Y algunos cantables de zarzuPla bien denuncian el es·
tilo del au,or de Lacalk.d~ lu Jfont-ra y de Li,z y Sombra.
P...... buecaba complicee para sus obras: él trazaba el
eequeleto, y dejaba á ono et ropaje siempre que podia.
Y una vez era Narciso el complice y otras era Salvador
Maria Granés, joven é ingenioeísimo ePcriior y veraiticad,n facilísimo, y otras era Pdla!"0 del C.tstillo, aquel au·
tor cómico malogrado, cuando \antoe y tales fru.oe hubina podirlo dar de su buen ingenio y gracia natural.
Miguel P ...... mudaba de colaboradM conforme á las
circnnet.ancias.
El colabor.ador no figuraba como tal.
b:ra una e11pecie de conLrstiat.a por ciert.o número de
versos ó de esctiuas.

CURIOSIDADES
FOTOGRAFIA DE UN RELAMPAGO

Esia fotografía que publicamos ha ~do obtenida por
•el at:nor Ramón Cruz Montt, durante la tempestad del
:.Sl de Mayo último, entre 10 y 11 de la noche. El operador estaba colocado en el l!legundo pieo de una casa de la
avenida Hoche de Parfa, que tenía vista sobre la cipilla
•rusa. Sa eirvjó de un aparato 13X l8, provisto de un ob•
.jetivo Z~iss. Placa y objet-ivo estaban al descubierto en
la obscuridad c1e la pieza donde se encontraba el opéra•
-dor eeperando que el relAmpago, al producirse, icnpresionara la placa.
Et reenltado sobl'epas6 á. las esperanzas del seflor R:t.·
"JDÓn Cruz liort\: no aolamente1 en efecto, la imagen del
relámpago está admirablemente fijada, sino que se perciben distintamente loe detalles de Job monument.oe del
1&gt;rimer plan, modelados por la claridad eléctrica.
LOS RAYOS X ADUANEROS

(Véanse las ilustraciones relativas.)

En las letras como en las armas, muchas gentes no llegau más qu, A la an,igüedad.

Máxim.e du Camp.

•••

El amor quiere q11e tenga uno sus treinta y dos dientes
6 cuando menos veintiocho, porque no se pueden exigir
de él las muelas del juicio.
H. Raw,aon

•••

DE AYER

La naturaleza ha hecho el apetito¡ el hombre ha inventado la glotonería.
E ug. Clumtu.

Caia día los rayos X ie senalan por una aplicación 1iueva de su mist.erioeo é irresietibie poder. L'l. más reciente de estas aplicaciones-la de ahora- ( podria decirse 111
·de mananaJ puesto que loe experimemoe preparatorios
no efttán aun terminados-ea la utilizaci ón por las adua•
nae de las lndieoretae y omnividemtee radiaciones reveladas por el profesor Rre otgen. Hace uoa semana que en
las estaciones de Paria ee exe.mina, con ayuda de loe rayos X, los bul«&gt;s de toda especie y tle todos loe bmaf'l.oa;
desde los pequefioa paquetee y las t&gt;etacaa hasLa loa baulee volumtnosoe. Trátase de reconocer el conienido, sin
recurrir ya á la apertura y J la ioqnieici&gt;n. Las expeiriencias no se limitan áloe equipaje!!: se inventaría \a!D-

Teatro t=ecollado. ( Interior.)

�EL MUNDO

88

DOMINGO 1~ de AGOSTO de 1'97

DOMINGO I? DE AGOSTO DE

,asn

19 •

EL MUNDO

RECUERDO r'E LA KERMESSE DE PUEBLA.

Un taller de planchado eléctrico.

Descubrimiento de un contrabando por medio de los rayos X. (Véase el texto.)

SOLLOZOS.

de afeite, y los antiguos grabados de los muros, y todas nuestras vejeetonas. No te parece también acaso que
loe bengalis y el pájaro azul se han destef\ido con el
tiempo?

En la muerte de una niña.

(No pienses en las telarafias que tiemblan en lo alto
de las grao des ventanas.)

I

Amas todo eso y he aquí por qué puedo vivir cerca de
tí. No has deseado, hermana m!a, de la mirada de otro
tiempo, que en uno de mis poemas apareciesen estas
palabras «la gracia de las cosas marchitat?u Loe objetos
nuevos te disgustan; á tí también dánte miedo con su audacia vocinglera, y sentirías la necesidad de usarlos, lo
cual es bien difícil de hacer para aquellos que no gustan
de la acción.

Su frágil eér rompieron los martirios
Del monstruo horrible ea implacable acecho;
Y estallan de la madre, junto al lecho,
La desesperación y sus delirios ......
Con el fúnebre esmalte de los lirioe
Su belio rostro, por el mal deshecho,
Yace, las manecitas eobre el pecho,
La blanca nif\a entre los rojos cirios......
:Más ¡oh paemol á la lumbre matutina
Que dieefió eue pálidos despojos,
Ví en su semblante una expresión divina;

Y presentaban, por ignoto arcano,
De un Paraíso la visión ene ojos,
Su boca, el pliegue del dolor humano.

II

Con PI primero qne trop~zaba contrat~ba.
En una ocasión, y habJtándo el CKplt~n
P..... en un piso bajo dP la calle del C~lvano,
si mal no recnerdo, había consegmdo. 11~varse á domicilio á un jnven de la bohemia hieraria, ingenioso y beodo á la ~ar, y cuyo
nombre omito por razones fáciles de entender.
Desconfiado de la lealtad del colaborador,
y para evitar que se e_8cap~E_ey le dejara sin
«versificar una comedia or1g1nal del francéF&gt;•
qne Je pedfa con urgencia Manuel Catalina; ideó nt precedimiento para reiener al
secuestrado.
Y fué el disfrazarle con un capote de nni•
forme y un caEco, sin más prendas de vestir, y encerrarle en su despacho.
-Con que aquí tienes de todo-1~ dijo
cuando salió de cBl'a P ...... ;-aguardiente,
~e:ua, tabaco, cuartillas, tintero, plumas ...
Yo volveré pronto.
-¡Y traerás dinero?-preguntó el cauiivo.
-Los veinte duros convenidos.
-¡Abnsss de mf!
-Adiós, adiós.
-¡Verse un hombre ofendido en su dignidad de esta maneral-exclamaba C ...
cuando ee vió FOlo.
Quiso-su mala esirella que uno de los mnchos chiquillos que pasaban por delante de
la reja ee detuviera examinando lo que había oentro en ocasión en que se aproximó
el preso.
-¡Mecacbisl-exclamó asustado el mu•
chacho y saltando hacia atrás.-¡Que está
ahí el Trovadnr!
Aquel muchacho fué el reclamo.
Acudieron otros y otros, y en poco fü,,npo ha bía11 formado una enredadera de chi•
quillos.
C... loe increpó duramente.
-JToma!-le decía un granujilla echan,
da dPntro de la habitación una bt-llota.
-¡Como á las monas del retiro!-dijo
oiro celebrando la ocurrencia.
Y empezaron los imitadores á obsequiar
al preso con ohjetos,
C... empuil.6 un sable de caball0J'fa y empezó á soltar mandobles.
Pero los chicos se desprendieron de la ,en•
tana, y chillaban y apedreaban.
-¡El loco! ¡el loco!-gritaban todoe.
Y en cinco minutos estaba la calle, por
aquella parte, completamenente obstruida.
-¿Qué ha ocurrido aqui?-preguntó Mi-

guel P ... cuando estuvo devuelta en su casa_
-¡Hemos concluidol-le gritaba furioso,
eepada en maz,o C...
P ... no podía contener la risa.
-¡Selior Pastorfido!-gritó C... -estoy resueho á no hacer más el Segismu odo de La
vida eB s1mio en este piso bajo, exhibiéndome
como una fiera.
-Pero, hombre......
¡Ni un minuto más de deshonra!
-Te traía loe veinte duros.
-No, si no falta mucho-replicó cambiando de tono y tirando la espada C...
Y era lo que decía P ... de C...
- Si yo dejo á este muchacho, ¿quiéo le va
á dar veinte pesoe?
Como repetía C... de una chica modista
que le amaba más que á Smger-á pesar de
su máquina-y le manten!a con sus pun•
tadae:
-¿Cómo abandono yo á Pea mujer á su
desgracia? ¿Qué eería de ellb?
EDUAJ!,1)0 DXL PALACIO,

. ~.

EXTREMECIMIENTO DE INVIERNO.

Cbe Stephane Mallarme.J
Este péndulo de Saxe que retarda y suena la una entre sus flore!! y sus dioeee, de
quién ha sido? Pienso que vi no de Saxe por
las grandes diligencias en 0L10 tiempo.
(Sombras eingularee penden de loe vidrios usados.)
Y tú cristal de Venecia, profundo como
una fuente fría, en un ribazo de molduras
deedoradas, quién ee ha mirado? Ahl seguro estoy de que mas de una mujer ha bafia-do en esa agua el pecado de su belleza; y
acaso verfa yo un fantasma desnudo simiraee largo \iempo.
-Perverso, frecueotemente dicee malas
coeae.
(Veo telaraliae en lo alto de las grandes
ventanae,)

La Banca.

Nuestro bau_l.ee muy vil'jo todavía: contero:ila cómo ee.e toego enrojece su triste
madera. Las conmae dellkflidaa tienen su
Edad y la tllpicería de lw llillona desnudos-

O el llamamiento á. otra feliz morada
En loe remotos Astros suspendidos
De la serena bóveda azulada! ......
1V

Fué una visión fugaz cuanto hechicera
Q,ie, por el vasto firmamento errante,
Entre el azul se nos mostró un instante
Parando el vuelo en su inmortal carrera;
Mas, de este Glc•bo donde el Mal impera
Apartando el belUeimo semblante,
Su viaje sigue; y con sonrisa amante
Desde lejos nos llama hacia otra Esfera ......
¡Para otros M11ndos tu amorosa cita,
Oh! idolatrado querubín, comprendo!
Por la escala ds Estrellas infinita
Verlls que pronto mi ascensión emprendo;
La estela de tu blanca manecita,
Cual nebulosa pálida, siguiendo!

Sfl yerta, inmóvil, y hacia atrás caída
Sobre la almohada la divina frente,
Cual por egn gio artífice doliente
En alabastro diáfano esculpida;

Pueato de c:onfettls.

Puesto de flores.

Y á veces yo encontraba en ene vagidos
Y en el suave fulgor de su mirada
De una Vida anterior ecos perdidos;

NmrA P.

LLONA.

Así estaba I risuef!a y absorvida
En no sé qué eepectáculo fulgente
Que á su alma presentóse de repente
Al emprender del cuerpo la partida;
Y en sus pupilas, extinguidos astros,
De la entrevista Gloria loe prodigios
Aun proyectaban luminosos rastros;
Mientras, final tributo á la materia,
Quedaban en sus labios los ve6tigioe
De hondo dolor, de terrenal miserial

III
Cual loe trinos de dulces ruiseñore
A la luz del crepúsculo indecisa;
Ctal del otño la postrera brisa
Que embalsamaron las postreras floree;
Fotografía de un relámpago.

( Esas telarafias tiritan en lo alto de las grandes venlanae. )

Toda cosa es nacida
para tener un trágico destino:
y girar y girar en remolino
en torno del sepulcro: esta es la vida .

Cual de boreal aurora los colores
Que entre la noche el islandés divisa;
Así de ese ángel era la sonrisa
Que disipaba todos mis dolores......

(Véase el texto.)

Ven, cierra tu viejo almanaque alemán que Ieee atenta, aun cuando apareció ha más de cien af\os y los reyes
que anuncia, han todos muerto, y, sobre el antiguo ta•
piz recostado, apoyada la cabeza entre tus rodillas bien•
hechoras, en tu ropaje empalidecido, oh tranquila nilia,
te hablaré mucho; ya no hay campos y las calles están
vacías, te hablaré de nuestros muebles ......... Estás distraída?

Una plancha eléctrica.

ÜAUPOAMOR

La multitud teme á los médicos
mas aun de lo quelos burla
URBANO GoHIER.

Qué lástima que no baya más
que la palabra coque/fria para designar el deseo de agradar.

.,

GASTÓN DESCHAMPS.

La política es el cálculo de las
combinaciones y de loe sucesos.

A UNA ARTISTA ANDALUZA

Cuando tu voz of por vez primera,
Creí escuchar, en medio á mis dolores,
El himno que loe pájaros cantores
Entonan al llegar la pimavera.
Caneado de sufrir, mi lira diera
Por endulzar mis crueles einsabo111s,
Con la miel de tu voz que sabe á flores,
Al dejar tu garganta tle hechicera.
Sigue cantando así, que tus canciones
Al corazón devuelven la alegría
Y al alma las perdidas ilusiones,
Como el sol, con su alegre poesía
No deja qm, baya negros nubarrones
En aquel cielo azul de Andalucía.
F, BETANCúUR FlGUERlmO.

Las leyes no son nada sin la
fuerza.
BONAPARTE,

Un poeta en la polític~, es como
un gentil-boro bre en el comercio, se
~ ee sobre de su estado.
SAINTE·BEUVE.

Dispositivo para el empleo de los rayos X en las

J,, duanas.

Todo hombre ee gd:ernado por
la opinión que él Ee hace de sí
miEmo.
EDM. A:BOUT.

�EL MUNDO

'º
NOTAS DE LA MODA..

DOMIIIGC1 ,~ d• AGOSTO d• 1897

El buen sentido, de acuerdo con el buen gusto, aconseja elegir muebles úliles más bien que elegantes; cómodos, más bien que suntuosos; durables, más bien que preciosos, y que en fin, no hagan entre sí una cosa ridícula; unas cortinas de seda, por ejemplo, con cajas senc1llas, de madera
corriente, muestran un falso lujo quP. se reciente de miseria.
No tratéis de tener muebles como los que habéis visto en casa de una de
vuestras amigas más rica que vos tal vez, ni de poseer un mueblaje completo por el estilo de la época del R,macimiento ó del tiempo de Luis XV. Es•
to no es permitido eino á grandes fortunas y á personas vanidosas.
No es ridículo el ser pobre, pero sí lo es y mucho, querer aparecer rico
no siéndolo.
Dejad la coquetnfa á quien el mundo lisonjea, para tener derecho á
burlarse de ella, dejadle la vanidad de aparecer y la pueril satisfacción de
oír estas palabras: ¡Qué magníficos muebles!
Üd admiraríais si supiéseis con cuántas miserias positivas, con cuánios
dolores punzantes y tormentos físicos ha pagado ese lujo.
Entre cierta gente la costumbre y el parecer soa lo necesario; el apo•
aento de familia y loe alimentos son lo tuperfluo, Y á esto eupe~uo es á
quien ee le cercena con violencia, todos los días, de una minera mcreíble.

TOMO.JI

MEXICO, AGOSTO 8 DE 1897,

•

NUMERO 6.

Fl&amp;nra• 3 y 4.

Figura l.
Trajea para señora y niña. ( Figura,.)

¿Que sucede, pues? Sin tener en cuenta la vida miserable, mortificada,
toda de mal humor que llevan esc.s aérea vanidosos, si ellos logran su in•
tento de engañar á las gentes, son envidiados; si no lo consiguen, son deshonrados y despreciados.
Yo os creo con demasiado buen sentir para aspirará esto.
La magnificencia del mueblaje no es nondenable, cuando la fortuna lo
permite, supuesto que as( proporciona el pan á una multitud de obreros;
pero no se debe buscar inmediatamente, y esa ostentación de lujo humilla
y aleja á las amigas á quienes una elegante sencillez atraería á vuestra casa.
Se sitinte mortificación en medio de la profosion, y parece que rodeada de suntuosos muebles una persona, no puede ser sino orgullosa.
Preferid, pues, lo que es comodo y necesario, al principio; después lo
que es elegante.
LOS MUEBLES ANTIGUOS.

Dichosas las personas que no tienen que preocuparse por el mueblaje
de su casa, y que encuentran en ella aquellos muebles antiguos de la familia que son un recuerdo á la vez que ornamento de la casa.
.Aquel sillón en el cual hemos visto tantas veces y por tan largo tiempo, sentarse á nuestro padre y á nuestra madre muy queridos; aquel rope•
ro que aun contiene la ropa que ellos noe han legado; aquel tapete sobre el
Blusa, delantero y espalda. ( Figura. 2,)
cual, cuando niños, tantas veces tuvimos nuestros ratos de holgorio! ¡Ohl
Es una especie de sacrilegio el venderlos ó relegarlos en
Bluea de foular crema y azul con alforzooee, en el delantero jockeys con puntilla de encaje, cin• · Conservémoslosl
un obscuro rincón. La mansión que se despoja de los recuerdos, muy
turón drapeado. Lazos de listón 11zul pálido.
pronto estará también va•
cía de virtudes. GuardeDos blusas de casa. Figuras 3 y 4.
mos nuestros viejos mueEstas dos blusas de ca~a, son muy graciosas y se hace la una de nanzú rojo claro
bles para el descanso del
con cant'zu de entredós crulo; y la otra de serpentina verde nilo, con hombros y es·
cuerpo, como á nuestros
palda liea.
antiguos amigos para el
Cojín bordado.
solaz del corazón. Los
( Figura 5.)
nuevos son más brillantes tal vez, pero son cier·
Este es un trabajo
tamente menos sólidos.
á punto plano, pero
muy elegante: Se eje·
cuta sobre etamina.
Los cuadros de rombos, eon de seda vio•
Jeta, y las pequefias
figuras que llenan loe
centros de los rom•
boa son de seda color
de rosa. El fondo se
hace ápequeñaspun·
tadas de seda malva
y las cruces del centro van de seda oro.
Presentamos tres cuadros: el uno con los
puros rombos, el otro
con algo más, y el
tercero caei concluido.
El primero ea de glacé negro y adornado en la enagua con dos volantes y en el talle con plissés
y cintas de avalorio, camiseta con plissé y corbata de raso.
El trajecito de la nill.a tia muy sencillo y tiene un mandil de percal de azul y blanco con bordados.

Figura .a.

LECTURA PARA LAS DAMAS
E LECCIÓN DE LOS MUEBLES

La ornamentación de la casa consiste, 1?, en la elección de los muebles.
Los muebles son necesarios, y el primer deber de un ama de casa debe ser examinar
los que tiene y procurarse pocc á poco los que le faltan.
Limitaos á lo necesario: todo gaeto inútil ó ex~gerado representa un capital que no
produce nada y disminuye loe recursos de la familia.

í;.a camelia ael nouio.
Dlbu)o de José M. Villa.sana.
F&amp;ura 5.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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'º
NOTAS DE LA MODA..

DOMIIIGC1 ,~ d• AGOSTO d• 1897

El buen sentido, de acuerdo con el buen gusto, aconseja elegir muebles úliles más bien que elegantes; cómodos, más bien que suntuosos; durables, más bien que preciosos, y que en fin, no hagan entre sí una cosa ridícula; unas cortinas de seda, por ejemplo, con cajas senc1llas, de madera
corriente, muestran un falso lujo quP. se reciente de miseria.
No tratéis de tener muebles como los que habéis visto en casa de una de
vuestras amigas más rica que vos tal vez, ni de poseer un mueblaje completo por el estilo de la época del R,macimiento ó del tiempo de Luis XV. Es•
to no es permitido eino á grandes fortunas y á personas vanidosas.
No es ridículo el ser pobre, pero sí lo es y mucho, querer aparecer rico
no siéndolo.
Dejad la coquetnfa á quien el mundo lisonjea, para tener derecho á
burlarse de ella, dejadle la vanidad de aparecer y la pueril satisfacción de
oír estas palabras: ¡Qué magníficos muebles!
Üd admiraríais si supiéseis con cuántas miserias positivas, con cuánios
dolores punzantes y tormentos físicos ha pagado ese lujo.
Entre cierta gente la costumbre y el parecer soa lo necesario; el apo•
aento de familia y loe alimentos son lo tuperfluo, Y á esto eupe~uo es á
quien ee le cercena con violencia, todos los días, de una minera mcreíble.

TOMO.JI

MEXICO, AGOSTO 8 DE 1897,

•

NUMERO 6.

Fl&amp;nra• 3 y 4.

Figura l.
Trajea para señora y niña. ( Figura,.)

¿Que sucede, pues? Sin tener en cuenta la vida miserable, mortificada,
toda de mal humor que llevan esc.s aérea vanidosos, si ellos logran su in•
tento de engañar á las gentes, son envidiados; si no lo consiguen, son deshonrados y despreciados.
Yo os creo con demasiado buen sentir para aspirará esto.
La magnificencia del mueblaje no es nondenable, cuando la fortuna lo
permite, supuesto que as( proporciona el pan á una multitud de obreros;
pero no se debe buscar inmediatamente, y esa ostentación de lujo humilla
y aleja á las amigas á quienes una elegante sencillez atraería á vuestra casa.
Se sitinte mortificación en medio de la profosion, y parece que rodeada de suntuosos muebles una persona, no puede ser sino orgullosa.
Preferid, pues, lo que es comodo y necesario, al principio; después lo
que es elegante.
LOS MUEBLES ANTIGUOS.

Dichosas las personas que no tienen que preocuparse por el mueblaje
de su casa, y que encuentran en ella aquellos muebles antiguos de la familia que son un recuerdo á la vez que ornamento de la casa.
.Aquel sillón en el cual hemos visto tantas veces y por tan largo tiempo, sentarse á nuestro padre y á nuestra madre muy queridos; aquel rope•
ro que aun contiene la ropa que ellos noe han legado; aquel tapete sobre el
Blusa, delantero y espalda. ( Figura. 2,)
cual, cuando niños, tantas veces tuvimos nuestros ratos de holgorio! ¡Ohl
Es una especie de sacrilegio el venderlos ó relegarlos en
Bluea de foular crema y azul con alforzooee, en el delantero jockeys con puntilla de encaje, cin• · Conservémoslosl
un obscuro rincón. La mansión que se despoja de los recuerdos, muy
turón drapeado. Lazos de listón 11zul pálido.
pronto estará también va•
cía de virtudes. GuardeDos blusas de casa. Figuras 3 y 4.
mos nuestros viejos mueEstas dos blusas de ca~a, son muy graciosas y se hace la una de nanzú rojo claro
bles para el descanso del
con cant'zu de entredós crulo; y la otra de serpentina verde nilo, con hombros y es·
cuerpo, como á nuestros
palda liea.
antiguos amigos para el
Cojín bordado.
solaz del corazón. Los
( Figura 5.)
nuevos son más brillantes tal vez, pero son cier·
Este es un trabajo
tamente menos sólidos.
á punto plano, pero
muy elegante: Se eje·
cuta sobre etamina.
Los cuadros de rombos, eon de seda vio•
Jeta, y las pequefias
figuras que llenan loe
centros de los rom•
boa son de seda color
de rosa. El fondo se
hace ápequeñaspun·
tadas de seda malva
y las cruces del centro van de seda oro.
Presentamos tres cuadros: el uno con los
puros rombos, el otro
con algo más, y el
tercero caei concluido.
El primero ea de glacé negro y adornado en la enagua con dos volantes y en el talle con plissés
y cintas de avalorio, camiseta con plissé y corbata de raso.
El trajecito de la nill.a tia muy sencillo y tiene un mandil de percal de azul y blanco con bordados.

Figura .a.

LECTURA PARA LAS DAMAS
E LECCIÓN DE LOS MUEBLES

La ornamentación de la casa consiste, 1?, en la elección de los muebles.
Los muebles son necesarios, y el primer deber de un ama de casa debe ser examinar
los que tiene y procurarse pocc á poco los que le faltan.
Limitaos á lo necesario: todo gaeto inútil ó ex~gerado representa un capital que no
produce nada y disminuye loe recursos de la familia.

í;.a camelia ael nouio.
Dlbu)o de José M. Villa.sana.
F&amp;ura 5.

�EL MUNDO

ga

"EL MUNDO"
Semanario Ilustrado.

fa opera 1J nuestros ricos

'1'e16fono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 8'¡ b.

Loe cronistas de teatros se lamentan del escaso núme
ro de espectadores que acude á nuestro primer coliseo.
¿A qué obedt&gt;ce este h.!ch&lt;&gt;? La compaftía de óp~ra que
Toda la correspondencia que ee relacione con la Reallí actúa ea bastante aceptable, y los artistas ee sncuen·
·tacción, debe eer dirigida al
tran animados de la mejor voluntad por complacer al
Director, Lic. Rafael Reyes Spindola.
público. Y fin embargo, noches hay en que las localida·
· Secre$ario de Redacción,
des favoritas de eete género de e,pectác 1los permantcen
vacíae.
Amado Nervo.
En Europa y los Estados Unidos, la ópera es un dd,er
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
8ocial para las clases acomodadas; una f&amp;milia rica se en•
•debe eer dirigida al
cuentra en cierto modo e,bligada á satisfa1er esta t-xigen •
Gerente, Lic. Fausto Moa-uel.
cia impuesta por una elev11da posición. Un programa de
Laaubecripción á EL MUNDO vale $1.25 centavoeal caea propia, varios coches en las caballerizaP, un e, cine·
mee, y ee cobra por trimeetee adelantados.
ro de precio, brillantes y tocados, nn estaría coro pleto si
no ee agregara el palco de la ópera. E'l :\lél'ico, nue•trc s
Nwneroe eueltoe, 50 centavos.
ricos no han llfgado á hacer dt:l teatro un artículo de
A.vieoe: á razón de $30 plana por cada publicación.
primera necesidad.
Todo pa10 d•b• s•r precisamente adelantado.
A veces se 0ye decir, que esta indiferencia del público
liEGIBTBADO COMO ARTÍCULO DE SIIGUNDA CLASE,
que puede pagar tal espectáculo, se debe á q11e los em·
presarios no presentan artistas de primera llnea; más á
esta semt-jante obj1 ción se contesta con el ejemplo que
nos ofrecen los ricos de la República del Xorte y el vifjo
Mundo: Allí los verdaderos empresarios son los intere·
sadoe en eec~cbar á las cel~bridades: el qne contrata á
los artislas no ee más que un intermediario ':"ntre eetos y
el público.
Se ha lanzado en estos días una afirmación que parece
Todos los aftos los abonados habituales á la óperatccar en los lfmitee de la paradoja: solamente llegan á entre los que hay buen número de propietarios de teatro
obtener bienestar económico los pueblos qne luchan con• -presenta al empresario la lista de los cantantes que
tra la pobnza. La miseria, generadora de la riqueza! ¿No desean escuchar. El empreeario hace, sobre esta base,
es verdad que esta es la oportunidad de pronunciar ;a eu presupuesto de gastos, y los abonados responden con
gran palabra empl~ada por un grupo de publicietaP, cada sumas en metiilico depositadas en un banco. Así han
vez que ee le eecapa la explicación de un fenómeno so• podido oír los americanos á Tamagno y la Patti, á Hescciológico: .,oji8ma!
ké y la Scalchi.
Y sin embargo, hay en el fondo de ésta que ee antoja
.Aquí procedemos á la inversa, y esperamos que el emá p1imera vista contradición, una baee de solidez cien- presario nos traiga á una t,,trtlla del arte, acaso para no
tífica, comprobada por loe hechos. Así como el progreso, acudir al teatro. ¿Q11ién es el hombre suficientemente
-creando intereses nuevos que el curso del tiempo trans• audaz para lanzarse á realizar este neg.&gt;cio?
forma en elementos de conservación-constituye un obsLa verdad es que si en México hemos aplaudido á cetáculo al progreso, así támbién los grupos humanos, que lebridades, consiste eu que nuestros empresarios han
por inexorables leyes físicas, semejaban estar condenados aprovechado las proposiciones de sus colegas del otro
á la deeLudez y al hambre, son loe que á mayor altura lado del Bravo. Tamagno vino á México porque la emee han elevado en materia de riqu~za pública.
presa Abbey lo babia contratado por larga temporada, y
En la luchi1 contra las fuerzas de la naturaleza, loe pue· basta la inauguración de ésta, el empresario pagaba inblos, como el individuo, perecen ó triunfan del medio, útilmente una mzdi.~ponibZe. Pero dadas las p:&gt;caa dismejorándolo y utilizándolo. Loe naturales de aquellas posiciones que nuestros ricos muestran hacia el teatro,
comarcas en que la vida ee encuentra hecha, dt&gt;jan adorme- la venida de una compañía de primera será en esta época,
cer eue energías, y la historia de la civilización nos de- en la que nos rodea el aparato de una refioada civilizamueetra que todo ha sido en la hnmar.iidad obra de una ción, un acontecimiento tan monumental como ia llega·
labor peraistente. Loe holandeses, robando.espacio al mar, da de la nao de Chiflri en los buenos tiempos virreinales.
hánla abierto para la producción los mejores terrenos del
Por lo tanto no hay que indignarse dema~iado al vermundo; los hijos de Iaglaterra, sin importantes mate- nos reducidolil á tanda obligatoria. En otras partes del
rias pnmas para sus fábricas, han dotado á su país de la mundo, loe ricos construyen teatros para su propia satismás ac:lbada industria; la Francia ve acrecentar~e eu ri• facción: aquí loe empresarios arriesgan su dinero para
queza después de la derrota de 1870: en lo profundo de que loe ricos se queden en casa.
estos hechos se siente palpitar un trabajo constante, una
tarea incansable contra fuerzas contrarias. Dol crisol de
la miseria salen los pueblos ricos y poderoeoe.
El hambre ea una esperanza de redención en loe agre· ·
gados sociales; pero el hambre viva y tenaz, la que aguijonea por instante~, y se clava como un pufial agudo en loe RESU M EN.-Nuevas dlficultidea greco-turcas.-Amenazas á la Isla de Creta.-La escuadra otomana
intestinos del hombre. La otra, la que se diluye en muy
las potencias extranjeras. - Flrme actltud.-lnchas generaciones y las debilita y las extenúa, esa, hará
quebrantable energía contra las astucias del SulYivir á un pueblo sin actividades, contribuirá á la per•
tán.-La comisión bimetalista amerlcana.-Su peeistencia de enorme tropel de unidades humanas faltas
regrinación por Europa.-Algo en favor de la plata.
de vigor para el trabajo, adormecidas en un sopor inven-Conclusión,
cib~, cuerpos que arrastran cadáveres.
El hombre colocado en la alternativa de trabajar ó mo·
rir, rara vez suele optar por el segundó término. Luchal;randea esperanzas se tenían de ver concluida la gue•
rá afanosamente por satisfacer sus necesidades, y como rra turco-helénica, por la enérgica actitud que á última
el cuadro de éstas se amplía, conforme va iniciándose en hora han tomado h1s potencia3 en favor de la nación
la moderna existencia del ser.civilizado, eu esfuerzo será vencida; hermosas ilnsiones se formaban para contemcada día más vigoroso y eu trabajo más productivo. En- plar o~ra vez, en breve plazo, libre el suelo de Grecia de
tonces combatirá por libras de carne, por varas de pafio, los ejércitos que lo mancillan, y al R-y Jorge, exento de
por habitaciones higiénicae. Pero cuando el homl:lre sa- la amenaza constante que sobre ~l pesa, mientrasEdbembe que puede desertar de la fábrica, y que para eu vida Baj1i permanezca acantonado con sus huestes invasoras
baetar:i un put'iado de maíz, su labor será anémica, nulo casi á las puertas de la ciudad de .\.tenas.
su estímulo, y el resultado del esfuerzo social, raquítico
Tras largas discusiones, como lo anunciam'&gt;s á au ti~:n:y mezquino.
po, habíase llegado en la apariencia á convenir en los
Y be aquí como la pobreza puede servir de agente términos del tratado de paz. Resistiendo constantemen¡ cdero EO á la riquua de loe pueblos.
te á las arterias del ~ultán, unas veces con aEtuta diJil.BXICO

•atas tbitorialts.

Pobreza \' riqueza.

Política 05tneral.

DOMINGO 8 d• AGOSTO Ot: 1897

plomacia, ya con promesae, ya con amenazas, habían
1, grado loa embajadores extranjeros en Constantinopla
amenguar las pretensiones del Abdul-Hamid, cercenar
sus exigencias, y obligarlo á ser menos altivo y deepia•
dado con los infelices vencidos.
Ya la prensa diaria había comunicado hasta el día en
que debían firmarse los tratados de paz; mas comoquiera que, ee inagotable la proverbial perfidia con que procPd!I de ordinario el Califa de los Creyentee, como es im•
posible no dudar de la fé tres veces púnica del que hmnil•
demente se llama la Sombra de Dios sobr,• la Tin-ra, nuevas dificultades han surgido por preten~ionee nuevas del
ministerio otomano, que insiste hoy como ayer en sus
infcnae ambiciones, y ha intentado otras reformas de trae·
cendencin en ks artículos mfa importantes, ya acordados
pi.ra lc,s preliminares de la paz.

***

Y como si efto no funa bastante á su objeto de retar:
dos y dilaciones indefinidas, la escuadra turca, que en.el

fümpo de las ho~tilidadea rotas, perm1neció anclada en
las aguas del Bjsforo, tal vez temiendo el empuje de loe
acorazados griegos y el alcance de su, cañontis, acaba de
cru1.ar los Dardanelos en direccilin ,í Creta, con objeto
de favorecer el desembarque de tropu suflcientee á ap1gar del todo la inextiota insurrección de la revuelta L:la.
¿Q 1é pretende Abdul-Ihmid con s•1d torpes manejos?
á qul&gt; aspira cuando lanza sus hordas de genízaros sobre
los indomables cretenses, sobre sus rebeldes súbditos
cristianos á quienes ba prometido ya la autonomfa al
amparo de las potencia~? ... E,ique, oprimido b~jo el peso
de la Europa cristiana, acosado hasta en los últimos atrin•
cheramientos de su perfidia por la unidad de los diplomáticos de Occidente, que hao tenidr, que obsequiar los
manifiestos deseos del emper9dor mo~covita, se revela
contra su suerte, se resiste á cumplir lo prometido y quiere con nuevas complicaciones aplaiar el cumplimiento,
de ene compromisos, al ver que se le escapa Tesalia, cpe
ya gemía bajo sus garras, y que ha llegado la hora de
manumitirá Creta, para que eje, citando sus propias energías, busque su mejoramiento, libre del ominoeo yugo del
musulmán.
Profundo error! si llegó á p;nsar el soberano turco
que podía contar con la disidencia de los almirantes r¡-1~
mandan las eec11adras extrangeraP, surtas en aguas deCanen, y eaperó encontrar abierto el e 1mino y fácil el
acceso en las costas cretenseP, á pesar del bloqueo de la.
lela, gr&amp;nde habra sido su d~seng,lño: los buques de las
potencias han decidido opoaerse á su intento, y recha·
zar con la fuerza y la violencia los carcomidos barco3
del carcomido imperio muslimico.
Tarde habrá llegado la de~iluaión p·ua el Sultán; pero opurtunamente para evitar el conflicto armado qu~
trataba de provocarse, L:i escuadra turc1 aparenta ahora
que va en pacífica gira por la~ islM a1.11les de I mar d~l
Archipiélago, sin dejar eatrever, que intenta abordar á.
la histórica tierra de Minos.
Y ya que estos cálculos han salido fallidos ¿qué otra.
argucia inventará el gobierno de la Sublime Puerta, para prolongar indefinidamente el s/,1/u 71w, y dilatar en loposible la evacuación de Ttisalia? Q tién sabe, pero hay
que temer;o todo dti su política artera y falaz.

***

D:1enos vientos soplan hasta ahora ,i la comisión nombrada por el Presidente de loa Estados Unidos, para sondear el ánimo en que se encuentran las grandes naciones
europeas en el trascendental asunto de la rehabilitación
de la plata.
Siempre qne se hao intentado conferencias internacionales con este objeto, han fracasado del todo, porque
ninguna se ha atrevido á óponerse de una manera absoluta á la corriente general manifiesta en favor del metal
amarillo; hi1n visto el porvenir próximo de la plata floctuando constantemente con tendencias á bajas considerables, y no advirtiendo ninguna sefial que anunciara
cambios favorables, los acuerdos tomados se han desvanecido como el humo, sin haberae adoptado ninguna medida eficaz á este respeto.
La comisión bimetalista americana, franca y cordialmente acogida en Francia, ha sid0 escuchad.1 con atc,nción por el gabinete de Londree, ee han oído sus razonamientos en favor de la rehabilitación posible del metal
blanco, y aun parece que Lord S.1lisbury ha prometidocooperar y apoyar debidamente la reunión de u.na c,n,

DO ■ IIGO

8 d• AGOSTO d• ,. .,

BL MUNDO

93 ·

cnerpor del rey, del sacerdote y del rico; loe peinan con colmenas de tumbas; el terreno suena hueco en las Uanu- .
cabellos postizos, lee trenzan las barbas, inquieren ojos rae, epidermis de vida entapizado sobre un osario gigan•
de esmalte en las cavidades 4110 contenian los naturales; tasco. La ciudad para alojar aua cadáveres se ha converen una palabra, los adornan para la tumba como si fue- tido en cementerio y se ha dedicado á la muerte.
een á presentarse en la cámara nupcial de una divinidad.
El ejemplo viene desde lo alto: desde que un Faraón
T.&gt;davía es mis notable en la toillete fúnebre, si ee trata subía al trono dábase princfpio á la construcción de su
de m11jeres delicadas y·ricas q11e tienen su gynecé o en la turnba, } ee trabajaba en ella mientras él vivía; la altura
ciudad mr,rtuoria; sus hermosas formis trabajadas p~r y la profundidad de su sepulcro podría medirse por la
manos de artistas, ee metamorfosean en una vaga mez- duración de eu reinado. Diariamente veía crecer su pirá•
cla de perfumes y de platería. Les doran los pechos, co- mide ó alargarse la profundidad que había de tragarse
mo si fuesen ropa~; las ufias, come, si fuesen sortijas, y su momia. La muerte era el único horizonte de esos hom •
loa labios como si fuesen collares. Las eac~lpe el embal- bree consagrados á las ideaa y á loe trabajos póstumos.
sam:idor en graciosas y castas acfüules, casi toias cru- Recorred loe cementerios de los sacerdotes y de los rezan piadosamente los brazos sobre el pecho; algunas cu- yes, y atravesaréis sombrías. y espléndidas hileras de cá-.
ro,eas.
bren con la~ dos manos los misterios de su belleza, como
maras, de salas y de galerías, en las que millares de maVénus de Mé:iicis de la tumba. Una madre en~rrada en nos se ocupan en tallar la piedra, en pintar las paredes,
X. X. X.
Agosto 5 de 1897.
Tébas, estrecha contra su corazón la peq ueñ 1 m Jm ia de en desarrollar en la roca interminables paneles de gero.
un hijo recien nacido. En ese caso el emb1lsam1miento glíficos. Juegos, cazas, festines, batallas, todo el poema
sobrepuja á la escultura, porque no en la m iteria insen- de la vida, esculpido y colorido con grandiosa elegancia,
CONCURSO DE ZARZUELAS
sible, sino en la misma vida, en la carne, en lo que su- está enterrado e~ esas catacumbas; y todo ese lujo de ar•
frió
y palpitó, es donde se talló ese grup:&gt; maternal.
te sólo sirve para recrear loe ojos de eemalte ó de cartón
Nuestro Semanario tiene derecho, según las bases del
Encerraban
á
las
momias
de
segunda
clase
en
cajas
pintado de las momias!
«Concurso de Zarzuelae11 qua ee verificó el afio pasado, á
Xinguna mirada viva profana esos museos crípticos.
disponer la representac:ón de las que obtuvieron premio menos ricab y cubiertas con sudarios más groseros, y á
los pobres y los esclavos los em·pa1uetaban precipitada- Los pintores y los escultores, que loe han decorado dt&gt;s•
y manejar eue productos de la manera que enton~s ee
mente en cestos construidos de ramas de palmera. Se de la base hasta la cima, han trabajado para la Noche y
indicó.
·
comparan
con frecuencia las bibliotecas á los cemente,
para el Silencio. Apenas el cuerpo tomaba posesión de
Por el gran recargo de trabajo que tiene en sua Oficiríos;
volviendo
del
revés
la
comparación,
poiía
apliéaresos
sitios, las puertas desaparecían bajo l~s rocas, la
nas actualmente, cede este derecho en favor de los autores de libretos y música, quienes desde hoy pueden dis- se estrictamente á la necrópolis egipcia. ¿No ee aseD?,e- montal1a ee cerraba sobre el palacio fúnebre le devora·
poner absolutamente de la propidad y administración jan á los libros las momias arrim ,das á lo largo de lae ba y le digería asimilándosele á su masa árid~, y no ex·Fpa1edee, con sus eudarios de papyrus y sus estuches llenos tía ya más que en el mapa de los sacerdotes, únicos geóde sus obras.
de escrituras y geroglíficoe? Unas magnífic11mente encuagrafos del mundo sepulcral.
dernadas, publican las glorias de los reyei y los misteSi ese mundo misterioso hubiera guardado su secreto,
PAGINAS ESCOGIDAS
rios del sacerdocio; otras envueltas en cartones vulgares, si los espoliadores no estuvieran dotados del olfato de
no encierran más que los secretos de la vid_a clmún; las las hienas para descubrir las tumbas ocultas, y si el EgipLA MOMIA
últimas, en fin, con pobre envoltura, nos revelan la mi- to, ni velado hasta entonces, abriera súbitamente el cataseria
y la desnudez de la esclavitud, perpetuados mAs falco interior, cuya superficie sólo es eu portal; ¡qué esEl paganismo helénico consume el cuerpo humano eu
pectáculo hubiera expuesto al mundo de los vivos! ¡Cu1hoguera triunfal, y convier~ el cadaver en .hermosa lla· allá de la tumba.
El viejo Egipto reconoce, sin embargo, una igualdad; renta siglos embalsamados! ¡Un juicio final de momias!
ma. Disuelve al he.robre como a! diamant;e, sin dejar de
él ninguna de las escorias de la destrucción. La muerte la de la conservación en la m·1erte. E nbalsaman al rico ¡La historia humana y la historia natural de las generaciones de hombres y de ani..aalee que desde los reyesaparece bajo la forma más ligera en el puro clima de la y al pobre, io mismo al esclavo q,1e trabaj'l bijo el látigo
Grecia, y sopla la vida como si soplara la antorcha siro• del in3pector, por el salario de tres cebollas crudas, en pastores, hasta los Ptolomeos hollaron el suelo del Delta,
milagrosau;ente conservadas! ¡A Sesoetris y á Joeephl
bólica que loe Genios fúnebres aplastan con los piée y las pirámides, que á loa F&amp;raones que 189 mandaron
Ese cocodrilo adornado con pendientes, era adorado en
q ne espira en columnas de humo. Entrega los despojos construir, para enterrar en ellas su ataúj, Los estropea•
los estanques de !iléofü. Quemaban incienso an~ ese
mortales al ele111ento que borra y que purifica, y sólo es· dos, los leprosos, los seres deformados por la elephanteasis, (especie de lepra) no escapaban á esa salmuera Ibis, al que el tiempo no ha robado ni una sola de sus
irae de ellos un resíduo diáfano, casi aéreo, un pufiado
implacable; tenían su enférmsria en la ciudad fúnebre,
plumas. Tocad e~e sudario bor:lado de perlas; debajo de
de cenizas blancas; el polvo de la mariposa Psiquis.
El judaismo y el cristianismo tratan con más dureza á en la que embalsamadores especiales salaban y prepara- él palpitaba eJ corazón de Cleopatra, y el áspid que morlos cadáveres; vuelven la carne á la tierra y la arrojan ban sus carnes purulentas, hasta motnificar los fetos; lo dió eu brazo de ambar, levanta al lado de ella su acerada
cabeza: al percibir ~l perfume que exhala, cualquiera didesnuda y sin defensa á la mieeria de la tumba: Job dice que no tenía vida parecía vivir.
Más lejos llevaron todavía su eagrada locura; llegaron • ría que acaba de salir de la cesta de higos y de flores.
á la podredumbre: s¡Tú eres mi madre!11 y á los gusanos
¿Cuál fué el principio de fetichismo mortuorio que cadel sepulcro: •Yosotros sois mis hermanos y mis herma- hasta apoderarse del reino animal. E l embalsamamiento
llegó á las bestias, á las aves, á los ·peces, á los insectos,
nas.11
racteriza á la raza egipcia? .A. au mitología es preciso preSólo el Egipto lucha brazo ó brazo con la destrucción. á lo que pasó por el mundo sin dejar en él mis huellas guntar el sentido de sus extraños funerales. Según la doctrina de los sacerdotes, el alma depende del cuerpo has•
Satura con incorruptibles perfumes el cadáver que otros que una marca en la arena, un nido en la rama ó un surpueblos entregan á la tierrra que mancilla y al fuego que co en las aguas del Nilo. Se embalsamab\\ á los gatos, á ta después de su separación; ella le refleja de lejos en sus
encarnaciones sucesivas, y ella se reciente más allá dtl!
devora. Y encadena con cintas eu forma precaria, y la los perros, á los cocodrilos, á las ratas, á los escarab1jo~,
arranca, secuestrándola, á las metamórfosis de la corrup. á las muearail.as y á los huevos de la~ serpientes. La más tiempo y del espacio, de sus mutilaciones y de sus herición. De la'muerte hace una momia; esto es, nna estatua pequefia, la más fugitiva_gota de vida, fijada p')r una at- das. Su individualidad espiritual se asegura con la intemósfera de aromas, se cristaliza y se hace. inm'lrtal. E l gridad de su despojo material; de aquí nacieron loe cuipetrificada por un montón de bálsamo.
Egipto
ee insurrecciona contra la ley de la nat1irileza
Ofrece un fenómeno único ese pueblo ocupado duran•
d:idos infinitos prodigados al cadaver, y la inviolabilique
quiere
que todo vuelva para didolverse en la univerte sigks en embalsamarse á sí mismo y en crnzaree de
dad que le atribuían. E! cadáver era para ese pueblo la
eternos sepulcros. Penetrad en el distrito fúnebre de Te- sal química que renueva la materia; acepta la muerLe p l·
prenda que el hombre deja detrae de sí al partir para el
baaa, la ciudad muerta se establece en medio de la ci u- ro la prohibe destruir. Al poder de destrucción que en. viaje desconocido, la caución, la garantía, la hipoteca de
su destino.
~ dad viva, silenciosa como un sepulcro, activa como un cierra, el Egipto opone una farmacia enérgica, un en.:ar•
laboratorio. Inmensas salas ee suceden unas á otras, y su nizamianto secular, una teología que podría definirse:
Añadid a:lemás á esa poderosa razón, la compasión
perspectiva se prolonga hasta perderse de vista, como si la higiene sagrada del cadaver.
hacia los muertos llevada á su paroxíemo; virtud, pero
¿Pero dónde colocar esas generaciones inmóviles qu~,
ee perdiera en la eternidad. En ella, vigilada por sacervirtud fatal cuando ee exalta hasta el fanatismo. El coldotes lúgubres que se ciñen pieles de panteras y se cu• después de su muerte, ocupan tanto sitio como cuando to á la muerte fué la plaga histórica de Egipto, plaga más
bren con mascarones de chacales, la casta de loe embal• vivían...... E1 Egipto no retrocedió ante ese problema; el terrible que las otras con que le cas~igó Moisés.
samadores se ejercita silenciosamente en sus trabajos fu. pueblo embalsamador se )lizo enterrador: inventó una
Es escuela perjudicial la de la tumba; eneefia la inmonerarios. En ellos millares de cadáveres que, manos há• arquitectura subterránea que copiaba, haciendo mayo- vilidad, el entorpecimiento y el sueño. Llega pronto á
hiles elaboran, ee elevan lentamente á la dignidad de res, las enormidades de su arquitectura exterior. Im1gisu decadencia el pueblo, cuando no hace otra cosa quti
momias, pasando por todas las fases de la crisálida trans- nad un hombre cuya mirada pudiese penetrar por debasubir y bajar los escalones del sepulcro. •Si intenta algún
formada y de la estátua desvastada. .A. unoe, después de jo de tierra; pues este hombre hubiera en Egipto visto progreso, si busca algo nuevo, ei trae pasa los límites pres.
vaciarles las entrafias, los llenan de composiciones oloro- la espantosa visión de un mundo subterráneo correspon- critos, encuentra un ejército de momias formadas en basas; hunden á otros en una caldera de be~ún, stigia lus- diente al mundo de arriba, diez veces más vasto, cien ve- talla que le impiden el paso. ¿Sabe más que sus antepa.
tral, que debe hacerles invulnerables á la corrupción; es- ces más profundo y mil veces más poblado. Cada ciudad sados que le II1iran fijos y gra vea, con los ojos cargados
tos se alargan bajo las espirales de dimiuutaa cintas; ee repercute en necrópolis, cada casa cubre un pozo morde siglos y con el cuerpo cubierto de geroglíficos, que ee
aquellos, colocados ya con su funda de cartón solo espe- tuorio; bajo loe pies de cada hombre que paia, como rai•
identifican con el dogma que él iba á quebrantar? Sd
ces de las entrafías de la tierra, existe una fila euperpues• puede no hacer caso de la doctrina oral de tiempos inran el pincel del amanuense y del.barnizador.
Hay gerarqufas en la ciudad fúnebre; las momias tie- ta de momias, cuyo limite se hunde en profundidades memoriales, desvanecida con loa hombres que en épocas
nen su aristocracia, su clase media y su plebe. Un grupo insondables. El Egipto ea la fachada de un sepulcro in• pasadas la representaban en la tierra, pero ¿cómo ee dede peluqueros, de pintores y de plateros ee dedica á loe meneo; sus pirámides son mausoleos, sus montafias son safía á la tradición embalsamada, pal~able, que simula la

ferencia en W aehington, no por lo que respecta al Reino
Unido, al Canadá y á las colonias africanas, sino por lo
que pudiera afectar los intereeoe de la India inglesa.
Próximamente eerá recibida la comMón que preside
Mr. Steveneon por todo el ministerio británico; algo de•
bitivo tenJrit que tratarse, y ei ee favorable como ee
eepera al objeto que han llevado los enviados de Me.
Kinley, ei encuentran eco las pre~nsionee bimetalistas
de los Estados Unidos y algún apoyo en la Grao Bretafl.1, es indudable que esa disposición favorable será eecnndada, ~uando los miembros de la comisión se presenten en Alemania y Rusia.
Con cuánto interés debe seguirse en México la marcha de eea comisión americana, á través de las Cortes eu-

�EL MUNDO

DOIIINGO I DE AGOSTO DE 1897
EL MUNDO

94

.,
Tida?-No ealgas viejo Egipto del carril trazado por el
buey que tu pueblo ado.a y que simboliza tu melancóli·
ca rutina; vuelve á inclinarte ante tus ídolos, con cabeza
de gavilan ó de mono, mientras que loe dioses poéticos
y magni:6.cos, que ellos han engendrado sin saberlo, de·
rraman por el mundo la vida, la libertad y la luz! ¡Talla
esfinges con el rostro tao bestial como las ancas, mien•
tras que Fidias esculpe en el mármol Pentélico las divinidades del heroísmo y de la sabiduría! ¡Inscribe penosa•
mente á golpee ·de martillo sobre tus obelíscoe, caracté•
, es y :figuras sagradas, en la hora en que Homero canta
¡1or los senderos de las Cyladee, y en que la palabra de
Platón recorre la Grecia en alas de las abejas que visitan
• sus labios! Estas giran en torno de la inmóvil serpiente
que ee muerde la cola al rededor del eternal cuadrante!
Tu pasado momificado te cierra el porvenir. Juega pue•
blo gnomo, con tus mufiecae fúnebres que perpetúan tu
infancia, barniza tus mascarones, pinta eue ojos, colora
eue erijas con los coloree sin orden que preEcribe el rito;
aduérmelae en eus earcófagoe; murmurando las
letanías inintelegiblee que t·1e sacerdotes te enee•
fiaron! Silencio eobre:todo, y fuera la poesía, la
:6.losofia y la elocuencia; el último de loe sacrista•
nes de leie sabe más que ellas. Se habla tan bajo
ea el país de las tumbas! ......
La más chocante de todas las formas de la eecul•
tura es el embalsamamiento; esa torpe parodia de
la vida subleva á la intetigencia, por que eEa :ficticia
perpetuidad del cuerpo parece que niega la inmor·
talidad. Creo ver las alas del angel enrlldarse en
esa liga de aromas, creo verla oprimida por los nudos de las ligaduras. ¿Cómo cosa tan ligera ba de
dejar tras eí despojos tan pesadoe? Vale mil veces
más el anonadamiento aparente de la forma humana, que conservación tan artificial y tan ridícnla.
Comprendo que produzcan espanto las repugnantes imág~nee de la destrución; comprendo que
1oe ojoP del am!lnte ó del hijo vean con horror la
lenta disolución del eér querido, debajo de la tie•
rra que lo cubre. Envidio la llama de la bogue•
ra grieg\ qu3 q113m1b1 la c11rcel para libertar al
cautivo, y que le rob1b1 el cuerpo, cJmo un águi•
la del a?oteósis, antes qne la podredumbre tu•
viera tiempo de aproximarae áél. Eeho también
de menos los furrerales, crueles en la ap:uiencia~
de esa&lt;J tribus idólatra'!, qus adoran al fuego, y
que te'Iliendo manchar el seno de la tierra depositando en ella el cadáver, le exponen sobre una
roca, en donde sirve de pasto á las aves de rapifl.a.
-«Qué es, pregunta Z iroaetro á Ormnzd en e1ZendAvesta, la tercera cosa que desagrada á la tierra que
habitamos y que la impide sernos favorable?»Ormuzd.respondió: Construir en ella una tumba
después de ha berlacavado, y enterraren ella el ca•
daver de los hombree.»
-«Cuando un hombre muere, dice también el
Zend-Aresta, las aves se arrojan desde lo alto de
las montafiae áloe valles en que están situadas las ciu.la•
des, descienden hasta loe desfiladeros, y arrojándose eo•
bre el cuerpo del hombre muerto le devoran~on avidez.
Vuelan e.eas aves de rapiña desde loe dee:filaderoe á la
cumbre de loe montee. Su pico duro como la almendra,
lleva á esas montañas la carne muerta con eu~graaa. De
este modo el cadáver del hombre ea trasportado á lo alto
de los montes desde el fondo de loe valles. Esas exequias
' aéreas no carecen de grandeea ni de poesía. ¿Quién no
prefiere la devorante mordeduradelcuervo á la lenta pica•
dura de loe gusanos del sepulcro? Si exceptuamos la lla•
roa que disuelve y transfigura, no existe más rápida
transfiguración °de la vida. Dispersado el cuerpo, toma
las alas de las aves de alto vuelo, sube con ellas á las
cumbres, ee sumerge en en el éter y participa de la vida
de las regiones sublimes. El héroe de una canción grie•
ga se regocija de ser devorado por una águila:-«Come,
águila, aliméntate con mis fuerzas, aliméntate de mi va·
lor, y tu ala adquirirá la longitud de una anfi, y tu garra
la de un palmo.»
Deepuee de todo, la tierra concluye por purificar como
el fuego, como él á la larga lo reduce todo á cenizas.
La forma muerta- que la imagenación desenterraba con
espanto, se abrevia, ee aminora y ee desvanece por gra·

dos para el mundo visible; sustituyen pronto á las fac•
cionee dee:figuradae, las líneas ideales y loe contornos fu•
gitivos de la aparición ... y entra en las regiones de la
memoria y de la sombra! El espíritu la invoca como si
se tratase de una idea ó de un euefio. Atractiva y her.
moea ea esa metamórfoeie, y comparada con ella, apare•
~e groeéra la fijeza del embalsamamiento. ¿No es dar
pueril importancia á nuestra mortal efigie, restaurarla
penosamente cuando ha perdido ya su valor? La belleza
ee disipa, la juventud ee agosta, 111 vestidura de carne se
desgarra en todos los ángulos del camino, ¿y el hombre
ee ha de ct:bar disputando á la nada loe reatos de la en•
fermedad y de la· vejez, lo que no es mas que la más•
cara y el traje de vida? ... ¡Hermoso espectáculo para el
alma, que acaba de abordar al mundo eterno, será ver
como en la otra playa se deseca durante siglos el andra•
jo de que ee despojó!. ..
Asimismo esos mausoleos egipcios, que amontonan
pefiaecoe para enterrar una momia, indigna al eeníritu

DAMAS DISTlNGt:IDAS

95

DOMINGb 8 de AGOSTO de ,897
EL COMETA DE HALLEY

El cometa, que en el año de 1,066 arrojó un esplendor
celestial sobre la conquista de la Inglaterra por los Normandos comaudados por Guillermo el C,rnquistador, y
cuya visita aterradora fué conmemorada por la mano
misma de la Reina Matilde en la tapicería Bayeaux; que
en 1,456, afio de la gran batalla de Belgrade, llenó depa•
vor igualmente á Turcoa y Crietianoe, y fué anatemati•
zado, eegó.n ee ha hecho constar, por una bula del Papa
-ese cometa, cuya extrafl.a forma de cimitarra, todavía
hizo helar hasta la médula de los huesos de loa ignoran•
tea y euperaticiosos, en la última visita que nos hizo en
1832', ae halla actualmente en camino con dirección á
nuestro planeta. Está bastante lejos todavía, pero el oj9
avieor de la ciencia, lo ve ya en la órt&gt;ita de Neptuno; co·
rriendo hacia el sol y la tierra con una velocidad que
constantemente va en aumento al descender por la curva
pendiente de su órbita. S.i ha daio ya la voz de alarma
desde una de las principales atalayas de la Astro•
nomía. El profesor Glasenapp anuncia que la ofici•
na establecida por la Sociedad Astronómica de
Rusia, ha emprendido hacer el cálculo de ia senda
verdadera del cometa de Halley, con la mira de de•
cirnoe anticipadamenti; la fecha e:i:acta de eu lle·
gada.
Conffa el señor Glaeenapp en que loe astróno·
moa que tienen conocimiento de las observacio·
nes del cometa, que no hayan sido publicadas, las
comunicarán á aquella ciudad. Después de eu pe·
ribelio, se observó al cometa rdirándoee al espacio,
hasta Mayo de 1836, y al fin habiéndoselo tragado aquel, se perdió de vie5a. Estará en perihelio
otra vez por el año 1911; pero en los poderosos
telescopios que hoy existen, y con loe más fuertes
que tal vez se hayan hecho para entonces, es pro·
bable que ee descubra el cometa corriendo hacia
el sol, un afioó más, antes de ese tiempo. El hecho
de que la tarea de computar el tiempo justo de su
vuelta, está ya á punto de comenzaree, inspira la
confianza de que la siguiente visita no eerá cuee•
tión de cuantos días, sino más bien de cuantas horas, ó tal vez minutos, que andarán errados de
cálculos.

APUNTES SOBRE EL

VIAJE ALREDEDOR del MUNDO
DE LA CORBETA

,,ZARAG-OZ~~/'

RECOGIDOS POR EL DOCTOR CARLOS GLASS, MEDICO ~DE LA MARINA MEXICANA.

37,ooo MILLAS SOBRE LOS MARES
........... +

PRIM!tRA PARTE
DE GUAYMAS A HONOLULU

I
SALIDA DE GUAYMAS.-ADIÓS Á LA PATRIA.

En el puerto de Guaymas, el 23 de Abril de 1896, notábase un m&lt;lvimiento e:x' traordinario en todos loa barcos que allí fondeaban.
El transporte Oaxaca y el cafl.onero Dem6crata, enviaban constantemente sus botes,
llevando oficia les y paisanos á bordo del Zaragoza; centenares delJ!,nchaa, cayucos y
botes particularee:rebullían á_fuerza de golpes de paleta la verdosa superficie de las
aguas, manteniéndose á flote á los costados de la corbeta ó bogando á toda fuerza para
aligerar la distancia que los separaba de la playa.
Cerca del Almagre, fondeada aún, veíase la eebel ta :figur"a del Zaragoza; por eu chimenea salían negruecoa penachos de humo; en la cubierta, todo el ;equipaje trabajaba
con actividad, y en los portalones, cual un interminable cordón de hormigas, subían y
bajaban paisanos, oficiales, y una t,·oupe de cargadores embarcando víveres.
En la playa un compacto grupo de gente observaba con ansiedad., sin perder un de•
talle, todos aquellos preparativos que ee hacían á,bordo.
A las dos de la tarde ee levaron y trincaron escalas, se aferró el aparejo, y loe winch
con eu estridente ruido izaron anclas, hasta que, puestas á pique, ee mandó largar fo•
· iui, y libre ya de eue amarras, em pujado por el viento, el barco viró poniendo proa al
l,[orro Inglés.

cana, la población primero, los muelles después, hasta que, solitario, en las tranquilas
aguas del Golfo que dividía con la cortante proa, seguimos adelante, marcando vaporosa estela, efímera huella de nuestro paso. Una brisa ligera y favorable hace largar todo el velámen ·y ya en la noche, solitarios en ..oedio del Golfo, distinguíaee apenas la
montañosa costa de la Baja California, bafl.ada por bruma ligera, dorada con loe primeros rayos de una luna deliciosa.
Blancas y tenacee gaviotas con eu ágil y silencioso vuelo, dejando de vez en vez
eecapar sus plafl.ideroe gritos, nos acompañaron, deeeoeae :ie rtcoger los desperdicios
del rancho, que arrojados al rr.ar forman su codiciado alimento.
Un cielo de buen cariz, con horizontes despejados, fué signo de regular anoche•
cer, y al alba del siguiente día, á la descubierta, ni un sólo barco en el horizonte y,
siempre á estribor, la costa oriental de la península californiana.
La derrota era, doblar el cabo San Lucae, cambiar rumbo, doblar el cabo Pulmo,
seguir después hacia el Norte, dejando un poco abierta la costa, y fondear en San Francisco Caijfornia, donde el barco ee aperaría bien para seguirá las islas Hawaii, Japón,
etc., ea decir para empezar realmente el viaje de circunnavegación de E. á O. pasando por el Canal de Suez.
Fuera de contratiempos, eeñaláronseSdías de Guaymas á San Francisco, pero al doblar el cabo San Lucaa anuncióee rudo un viento Noroeste de fuerza regúlar, que ee
hizo más violento cuando, fuera del socaire de la costa y al doblar el cabo Pulmo, re•
cibimos el¡ viento y la mar de proa con toda eu intensidad.
Entonces varió la situación: el balanceo y cucharéo de la corbeta provocaron el mal
· de mar en loa novicios; los golpea de agua embarcábanee frecuentemente por la proa,

La vida del avariento y egoísta ea solidaria, y su
vejez es triste; no tiene compañero, suceso, abigo
ni esperanza; ocupa deeapaaiblemente au estrecho
círculo, como el caracol su concha. La fiebre del
dinero lo consume; el cobarde orgullo lo degrada,
y la envidia lo petrifica. Lo pasado es para él un
vacío; lo presente, un desierto; lo venidero, nada.
Ni dignidad, ni honor, ni ilustración...... Oro, y
1.0áe oro.

***

Una borrasca sucediendo á otra, una oleada
reemplazando á otra, van endureciendo la concha
que guarda la perla; de_ignal manera las oteadas
SerÍorita Leonor. Murúa, de México.
y borrascas de la vida dan nueva fuerza y ener•
gía al carácter del hombre que muchas v.icaJ ule co•
p?r eu hipérbole. La tumba no debe ser desmesurada,
·
meute más grande que la tall¡¡. humana; el cuerpo ea Ji. mo las perlas escogidas.
*eu corazón eeM la cabeza de
mitado si el alma es infinita. El mundo no es bastante
Influenciada siempre por**
estenso para contener la memoria de un héroe, pero ea la mujer; influenciado siempre por la cabeza está el codemasiado una montafl.a para encerrar eu cadáver. ¿En·
razón del hombre.
cie~ra la gran pirámide el esqueleto de· Leviatán ó la osa•
*** amp1·1amente á 1a muJer,
.
Si educamos é instruimos
menta il.e un Faraon?... ¿Quot libras in Alexandrof Una
urna, una cruz negra ó un turbinte esculpido basta pa- preparamos facilmente la educación é instrucción de la
familia y la sociedad.
ra el que vivió algunos días.
Yi en el cementerio ile Nuremberg una tumba más
OTRO PAGO OE $3,000.00 DE "LA MUTUA"
grande, á mi modo de ver. que todos loe hypogeoe del
EN LEON.
Egipto con los colosos que los guardan y con los pane•
gíricoe en letras de diez codos grabadas en sus paredes
León, 29 de Julio je 1897.-.Sr. D. Carlos Sommer, Di•
Cort.eietía en una sencilla piedra, en la que solo estaba rector General de «La Mutua» en Méx1co.-.Muy tiatim.i.•
señor:
escrita esta palabra: ¡Res1uga1n! «Me levantaré.» Lanza doEl
B.i.nquero en esta ciudad de la H,moral&gt;le C.&gt;mpa•
fl.ía
de Seguros sobre la vida «La Mutua» de Nueva York,
ese grito sublime una piedra desnuda, un féretro hecho
giro nea, una osamenta en poi vo, pero él babia mas alto de la que ea Vd. digno Director en esta Rdpública, me
ha en1iregado la suma de(3.000 00) tres m1l pesos, como
y afirma más la inmortalidad que las pirámides, los ear• volor de ta póliza núm. 578.505, úe mi finado esposo el
Sr. D. Jus,ino Horner.
cófag-:ie y laa momias indelebles del antiguo Egipto.
Reconozco agradecida la suma eficacia con que Vd. ha
p AUL DE S.a.INT-VICTOR
prooedido en la liquidación de este siniestro, aumdn,an·
do con esta máe, IIM! numerosas pruebas 41111 ya ha dado
aLa 1'.11utuan d&lt;!I empeño con que acostuwor&lt;1 lltinar loil
o ,mpromtsoe conm,1dos con dUt! asegura.Jos. -~oy de
VJ. afw.i.., atentíoima y S. S. -ELL'&lt;A I:'. J).E Hom,.&amp;R.

Buque escuela "Zara¡oza."

A la voz del eefl.or comandante suena el timbre de las máquinas ordenando avante,
;y un torbellino de agua espumosa y enrojecida por el lodo del bajo fondo, anuncia que
,la hélice puesta en movimientoem pujaba, ya libre, el airoso casco del Zaragoza.
Bien pronto los cafl.onee Nordenfel:it, á babor y estribor del puente, dejaron oir
veintiún disparo!! cuyo eco se perdió en las lejanas eerraníae del Bacaúite, En la jarcia y
palos del Oa.'Vaca y Dem6crata., cubiertos por eue respectivas dotaciones, respondían és.
·tas con un «viva México," sonoro, prolongado, á. la vez de los comandantes.
En loe muelles, grupos del pueblo y de la simpática sociedad guaymen!!e, movían
eue pafl.uelos de mil coloree, y loe gritos y llantos que se perdían por la distancia nos
llegaban hasta á bordo, débiles, pero expresivos, llenos de cariño, de amor y simpatía.
El 23 de Abril d.e 1896 marcará indeleble fecha en la vida de 153 individuos que
,J:oqnimos la dotacióndel Zatagoza. 153 seres que dejamos patr-ia, amistades y afectos

íntimos del corazón, á trueque de ilustración y de gloria. Abandonábamos México
para emprender un viaje extraorctinario, el primero en su género: se trataba de dar
una vuelta al mundo por maree dificiles y peligrosos, y eneefl.ar á nuestra gE"nte las
rudas bregas de marina, presumiendo que al lado del entusiasmo por el viaje, no fallarían loe hondos temores de no volver jamás á pisar el país natal.
Ua instruido y valiente marino, el sefl.or brigadier Monasterio, secundado por inteligente y atrevida oficialidad; una tripulación, la mayor parte avezada á las fatigaa
del mar, y el que estas líneas eecribe, como médico cirujano, formábamos la dotación
elegida para hacer el viaje de circunnavegación,
A las tres y media p. m. trincábanee ea sus varaderos las anclas, y el barco á media máquina pass ba majestuoso, dejando perderse por la popa, en lae vueltas de la bomojando el caefülo y combés y deteniendo así la marcha, hasta entonces regull\l' de

�DOMINGO 8 de AGOSTO DE 1897

EL MUNDO

96

,

r

Panorama de la ciudad y Puerto de Guaymas.

nueeiro andar. Sin embargo, navegll.bamoe á eepeneas del carbón que se consumía á
manos llenas.
II
EN LUCHA CON LA TOH~IEIS'l'A.

El temporal persiste; la gente fatigada demuestra no obstante alegría y buena vountad en la, pe,ada~ faena@; el viento húmedo y fr(o castiga los pulmones de algunos
que forman lista en la enfermería, y las singladuras a1;uean diariam,mte nuestro leuw y difícil andar.
A la altura de la Isla de Cerros se ordenó cambio de rumbo y crnzamoe por ei
canal, penetrando eo la bahía de Sebaetíao Vizcaino, eocareándonoe con la inmensa
pantalla que al viento ofrecía la montaf\oea isla.
Lárgaoee las cangrejas del palo mayor y del trinquete, y virando á eetribor unos
20 grados, tnvim1;s el viento por la mura de babor; el fnerte empuje de viento y marejada ocasionó violentos balanceo@; llegando uno de ellos á -!O gradOI'; en cambio con
eólo las velas, obtuvimos una velocidad de 12 millas por hora, ad fué que en poco
,iempo e9tuvimoe eo la bahía fuera del alcance de la tempes,ad.
un·cielo rojo, ceniciento, sin nubes, y la mar grneea dábanle un aspecto sublime al
espectáculo; eobre la isla, inmensas parvadas de avel! marinas rebullían flotando en el
cielo, y sobre el agua grandes masas de a!gas marinas deepre11didae de sus fuentes eo·
brenadaban llevando en su ineetricable ramaje amarillo obscuro, cadll.veree de jai va y
otros moluscos magullados por el empuje de las olas, futuro paet.o de la voraz ga•
viota.
En\re loe valles y colinas que forman loe accidentados precipicios de la isla, distinguíanse, sslteadae y miserables casucas, que blanqueaban eo medio del rojo obe•
curo ó verde del terrer&gt;o.
Bordeábamos la isla eo plena calma, y uo tanto restaurados, veíamos poco 11. poco
aparecer al norte una franja de mar libre y agitado, y eentíamos nuevamente con
igual intensidad, el viento que nos habla acompaf\ado hacía ocho días.
Había ya concluido el me! de Abril y aun dietábamos más de 900 millas de nuestro
punto de arribada. El temporal continúa y el carbón y víveres escasean 11. bordo; roo·
déranse un poco las raciones, pero no era posible economizar también el carbón,
con que para sostener la marcha contrarrestando la marea, se necesitaba cargar las

Avistado por el vigía del cemáforo, nuestro barco, caneado del temporal, pronto izó sobre el pico de la cangre•
j~ de mesa o a n ueetra bandera, y poco después, fatigados to·
dos pero siempre alegres, dejáronse ir 11. pique las anclae en
uo ,fondo rocalloso y profundo. Olas gigantes rompiánee
con estrépito eobre el sinnúmero de arrecifes esparcidos
en la bocana, y el viento oo siempre fuerte gemía escanda loso al tocar las desoladas rocas de la costa.
A otee de llegar al puerto, ¡con qué avidez pasaban loe
catalejos de mano en mano, buscando en las playas un
abrigo y un auxilio á nues•rae fatigas y neceeidadee!
¿En tan desolado puerto íbamos á buscar abrigo y pro·
visiones ...? Por fin, un grito de entusiasmo brota de todos loe labios: era que se habían descubierto plataformas con carbón, había ferrocarriles, y quizll. tráe la mon•
tafia un pueblo amigo y hospitalario nos proporcionaría
loe víveres que urgían.
¡Catorce días de temporal deshecho al principiar el
viaje, era instrucción oportuna, era despertar en todos la
idea de las dificultades en noa tarea ardua y peligros
sal pero ¿qué importaba? no había qne desmayar y debía
seguirse adelante; teníamos el atractivo de lo desconocido
y esto era suficiente para calmar el ánimo á todo el
mundo, á bordo de nuestro ~scarón de fierro.
DeECanea por fin sobre sue anclas el barco, e'1Hlaee al
viento, y el bote de servicio parte, conduciendo al ma·
qui nieta, pagadores y médico al muelle. Loe informes ooi
indican que á las 2 p. m. salía el tren para San Luis
Obiepo, donde podíamos arreglar precio de carbón, cam•
bio de moneda y provisión de víveres. Por fin ya en el
treo camináb11moe contentos del cambio brusco é ioee•
perado de la traveeia. Viajábamos en tren en bueca de
alimentos para el barco y para nosotrog, libree ya de
una tempestad y teniendo á nuestra vista una continuae
da serie de llanos cnltivadoe y divididos en lotee regulares, donde el maíz, la vid, el
baba y el trébol crecían impulsados por la mano trabajadora del horticultor¡ donde loe
ganados, á la calma de una tarde cálida, tranquilos rumiaban, echados á su antojo;
donde se advertía con sorpresa la vida tranquila de loe hogares aislados del mundo
er&gt; medio de colinas siempre verdee; donde,en fin, nuestro ánimo, cargado de impre•
sionee contrarias, pero siempre bellas, diepon!ase á gozar del nuevo escenario que nos
presentaba nuestro efímero paso por aquel paraíso californiano.
Por fin, media hora de camino á gran velocidad nos condujo al pintoresco pueblecillo de Sao Luis; eus calles rectas, ene casas de madera imitando todos ioe eatiloe, orladas de marcos de enredaderas y mil floree, desprendiendo un ambiente perfumado,
y sus mil lordi11g ¡¡owig ladieA artística y sencillamente vestidas con vaporosas y blancas telas, todoreepirab11 alegría, todo movimiento.
¡Qué comparación con el golpe de mar sobre cubierta, con el zumbido eetriden·
te de la jarcia,· con el guzniAr de la gaviota, caneado, abrumador, pertinaz! ¡Oh con•
traste que el viajero contempla con felicidad, al ver bruscamente cambiar ja escena de
nuestra misera existencial
Uo barco de guerra mexicano, arribado á un puerw:extranjero, nunca visitado
sino por loe de su país, en malas condiciones, después de un temporal fuerte, anunciado por loe obeervatorios del Canadá. y de Lick, debía llamar la atención de un
pueblo corto, 11.vido siempre de conjeturas, chisme~ y noticias; que busca sediento en
loe marinos al amigo, al conocido, al aventurero, y hasta al asombro de lo humano..... .
Y todo por qué?...... porque ha llegado de improviso, como caído del cielo, ó máe bien
como despojo de la inmensidad, á un puerto poco frecuentado.
Después, nada hay e:rlrafto: hablamos eu idioma, pensamos como ellos y tenemos
loe miemos defectos y cualidades; nos quedó sólo el atractivo barniz del recim llegado,
ya no éramos ni monstruos, ni genios, ni personajes raros, sino mefica nos llegados
ahí por la casualidad en busca de amparo que la tempestad nos orilló á implorar; pero
había allá en el fondo uoa simpatía especial que inspirábamos como wdo el que expone su vida por una buena causa, y que noe proporcionó felices días. En las mafianas pasell.bamoe por loe pintorescos alrededores de la ciudad, y en las noches, aeie•
timos á alegres bailes, donde se daban cita en el Hotel Romano las mil.e eimpll.ticae y
encumbradas familias de la población.
El dia 8 de )layo, por el tren de las diez, un verdadero muting atesta loe carros, y

calderas.
Así pasamos el canal de Santa Bárbara, las islas Santa Roea y Santa Cruz, baeta
que por fin, ya sin víveres ni combustible, el seis de :Mayo se convino atracar al puerw más próximo de F,etados Unidos para sslvar nuestras dificultades.
A las dos de la mañana se cambió rumbo, y poco deepuée teníamos á la vista el faro
de puerw Hardford.

III
BREVE PER~IANENCIA E:', PUERTO 11.\ROFORD,-VISITA .\ :;A:-, LUIS OBISl'O,

Puerto Hardford está. recientemente 11bierio al tráfico mercantil de la costa californiana; un magnifico muelle de madera, bodegas para carga, un hotel sobre la playa
y el faro, son loe únicas cont, uccionee ó edificios que ee levantao eobre las abruptas y
rocallosas costas de la ensenada, sembrada de bajos arrecifes, y donde la ola se encrespa y estalla con violento empuje, y abierta un poco 11 loe vientos del sud y sud·
oeste, hacen la entrada muy peligrosa.
A las cinco de la mañana, envuelta entre la bruma, la costa anunciaba vagamente
una colina poco elevada, cubierta de vegetación exhuberante; caminos carreteros
serpenteando desde lo alto de la montaf\a descendlan á loe valles, desapareciendo
á veces entre bosques de pinos y algarrobas; grandes cuadros de verdura descubrían•
sembrados de Higo, avena (1 hortaliza; en medio de ese campo sonriente y cultivado,
88
destacll.baee una que otra casita con tejados rojos y blancos muros, de donde se erguía
una torrecilla esbelta, graciosa y reluciente, á la luz crep:.1ecular del aol que nacía or•
gulloeo.

Está kltu&amp;do oobre el

Observatorio de Llck ( exterlór.)

monte Hnmllton, ll.M m!1111• al Norte de San Francisco-Figura como el tercero
del mundo, :La eti pula ¡,rlnc\¡,al sirve 1:xp1ofe.so para el gran Telesco¡,lo Exterior.

DO.IIIGO

a

ltL MUNDO

de AGOSTO de ...,

nuestro barco, bien surtido de carbón, sos•
tiene en su cubierta 11. guapas miut&amp; y á bur•
dos yrrnk,.es, felices de visitar por primera
VPZ un barco mexicano.

ADEL.\:-.TE

El día 9 á buena hora, limpio ya el barco
de sus pesadas faenas, y animosos siempre,
levamos anclas y al nuevo trepidar de la
hélice perdimos poco á poco de vista el
hospitalario Hardford, dirigiéndonos por
una mar tranquila al famoso y deseado
pul:lrto de San Francisco.
El día 11 de :\layo, á la madrugada, cual
mole flotante, como un castillo feudal en el
Océano, movido pesadamente por e1 em pnje de la tarda ola, ee balanceaba el acorazado de J~ Orcyo11, qne ealía de loe arsenales
11. hacer eue pruebas de velocidad.
La rayada insignia americana mny pron•
to flameó en la popa sobre en aeta, ) nosotros izando la nuestriA, saludamos al recién
nacido coloso de loe maree. Poco después
velamos á babor Punta Bonit,, y á estribor
Cliff Ilouu con eue rocas salientes cu bierObservatorio Lick. ll nterior ).
tae de focas y moreae; entrábamos en la in[Gran wlescoplo ecuttlorialJ.
mensa babia de Sao Franeieco. ·
Todas las flotas mercantes del mundo entero repreeeatadae por barcos de todos Ch•
lores, formas y tamaños, ostentaban aobre sus drizas las caprichosas banderas de todos loe
países, mezclando unos con otros la ineetricable marafta de sus aparejos; fondeados
aquí y allá y atracados á loe muelles, era o un laberinto de palos, cuerdas, chimeneas
y relumbrones de todos loe metales de cubierta; luego loajerriz moviendo ene palancas.
de acero y llevando á las mnltitudee, bogaban en linea recta á sus destinos; más allá bo·
'88 á la vela, ceñían ágiles el viento cowo parvadas de gaviotas; del lado de la población, penachos de humo, desprendidos por mil chimeneas, ennegrecían la atmósfera,
y las callee empinadas delineaban grandes cuadros donde 88 notaba el relumbrar de
loe tiesto&amp; de cristal, láminas de zinc ó dorado fierro, y en loe intervalos, eo las callee
subían y bajaban trenes eléctricos y de cable.
A medida que avanzamos internándonos en la bahía, pasaban á loe costados sio•
número de objetos: fruta, pan, legumbres, tabacos, cerveza, pescado y has\&amp; ropa; ac11dlan todos en tumulto esperando nuestro paso, y loe comerciantes arrojando garfios
adheridos (L resistentes cabos, sobre cualquier punw de nuestro barco, deJábaoee llevar
remolcándoee unos á los otros, y con gritos de todos calibres nos aturdían al ofrecernos
ene mercancías......... Era un baratillo flotante, donde el dialecto yankee mate, gaogcso, áeperv, ininteligible, predominaba. Por fin á las 10 y 20 minutos fondeamos eiu novedad cerca del arsenal r,1ioll Jro,¡ Jrorks, ealudando á la plaza con veintiún caftonazoe,
que noa fueron contestados inmediatamente.
y

vense tardíos y pesados en todas direcciones: ya deecargando aefalto, modera, la·
tón, plomo, nafta, alqultrll.n¡ ya acumulando en altas pirámides ladrillo refractario, Y
levantando 11. eu paso nubes de un polvo acre, rojizo, nauseabundo. Entre todo esto, mil•
quinas de tren pitando y moviéndose de aquí para allá, eolawó arrastrando furgones que
dejan empujándolos, desechándolos, en ml:ldio de tanlo vehículo, de tanto movimien•
to, sin que se registre ni un choque, ni uo accidente, ni una desgracia. Oliendo
á humo y á tabaco americano, respirando vaporee de aceite, de 11.ciáoe, de bronce y de
polvo, 11.:vaado aturdidos loe oídos y la vis,a caneada, eali por fin je la Babilonia industrial, para tomar el primer tren eléctrico que me condnjera al Cdotro de la población.
VI
1 :S L.\ ('l l ' DA ll

Del Sur al Sorte de Sm Francisco, e3 decir, dul Arsenal á la CJlle 3\ el carro eléctrico sigue una vía rectilínea, dejando del lado del mar corpulentos jecalonee, muelles
y depósitos, sobresaliendo todo esto, gigantea b¡¡rreiaa de m 1e,ilee y jarcias donde col·

gadae flamean las banderas de ·todas las nacioneF;
del otro lado pantanos y
depósitos abundantes de
tablones y durmientt-e;
después sigue la pobla
ción de madera y hierre,
callee amplias y pendien•
tes arrattr.iodoee en todas direcciones¡ trenes
eléctricos y de cable y
ómnibus; carros de trans•
porte y carga, entrand•l
y saliendo de todas par
tes¡ bicicletas, traoseuntee pasando ii toda priea,
siempre corriendo.
Loe treaes abundan en
eolichantee, que oi sentados descansan, porqus ee
nota en ellos un continuo
masticar, loe hombree ta•
Calz•d• que conduce á Cllff House.
baco y las señoras tuti Siguiendo la playa libre hacia la Izquierda está el oceauo libre. Las
/011/li. Es desesperante ver
1'0&lt;·11• son los asolcaderos de las Inca,.]
á simpáticas mil/8 ricamente ataviada11, mover sus delicadas mandíbulas sin ce~ar.
Descendí por fin d3 mi carro eléctrico qne con toda velocidad me condujo has•
ta loe más frecuentados centros de la población, y me dediqué á pa'lear en todos loe
puntos y direcciones de la ciudad.
. Sao Francieco e~ uno de loe_ primeros puertos de Estad()@ Uoidoe, erigido en gran
cmda~; su foco de riqueza ha sido el ampli_o comercio con el Asia, y la comunicación
con Nueva York, por el extenso ferrocarril del Pacífico que atraviesa de Oeste á E 6te
una longitud de 1800 millas. ~in ser fabril, es un iomeneo depósito de mercancías y como lugar coemopofüa, eetll. dividida la población en barrios, notable entre ellos ~l chino, por ser una pequef\a población del celeste Imperio, fundada allí con todos loe defectos y curiosidades que encontrarse pu1:daa en eu propio país.
Veintiocbo teatros, conetaotemer.te abiertos y de más ó menos categoría demuee•
tran el carácter bullicioso y alegre del pueblo.
'
Terminadas ya las faenas de la fondeada, y como sucedió, siempre que conté con
El parque Goldeii_ Gatlte, loe baños de Rlllroeooel paseo de moda; allíee da cita todo
el pe1m1eo de bajará tierra, aproveché la primera oportunidad, y en el bote de serviel mundo que, repartiéndose por lile laberínticas avenidas del bosque, ee pierden unos
cio bien aperado, saltamos á loe muelles del arsenal.
y se eoc?entran otros en las treinta estaciones de distintas vlae que conducen y lleSobre uo vasto terraplén artificialmente construido, robándole espacio al mar,
levántanse loe talleres, icmeoeoe jacalonee de ladrillo y fierro, ennegrecidos y humean· van paea¡eroe por todas partee.
Un lago artificial 8irawbcrry JJ,ll cates. Ioestricable madeja de alambree, calabrotee de acero, postes de todas formas y
vado en la cima de una montaña, fortamaf\oe, chimeneas, macizos andamios de gualdras sosteniendo guías, carritos trama uno de loe atractivos del bosque
gineroe de carbón, cadenas de acero, etc., cubren en el aire un grao espacio como el es
donde mil parejas eo falúas, botes 11. re'.
queleto deecomuoal de una obra de romanos; más allá, brotando del agua, jaulas de
mo ó á la vela, pasean alegres; el par•
acero sostienen barcos eo construcción, que semejan inmensos baulee de fierro oxida•
que, que tiene más de tres millas de lar•
do. En loe diques, eostenidoe por cunas de madera y palizadas de gruesos troncos,
go, imita natural ó artificiosamente toálzanse, descubriendo to:il'S sus formas, loe trasatlánticos que limpian y carenan sus
da clase de paisajes, desde el árido de la
fondos.
península Pétrea hasta la portentoea
En loe revueltos pasadizos de la fábrica, rieles, anclas, piezas modeladas, planchas
vegetación de Lamdia. Camellos, ele•
de coraza, ruedas de acero de todos tamaños, cilindros y láminas de fierro carcomidas,
fantee, bizontee, cocodrilos y otros ani•
calderas á medio enterrar, tuberías derramando agua, lodo ó vapor, formaban un sem·
malee divierten al curioso que gasta tobrado en desorden sobre aquel terreno mojado, desigual, negro por la ceniza, rojo
da eu tarde en el bosque, ora en la plapor el detritus del fierro y cobre, 6 amuillo por el cerrin de la madera, y entre todo ese
ya donde á dielancia, eo el mar, se des•
mart11wg1111m, agitábase activa y sudorosa uoa multitud de obreros, vestidos de azul
cubren las caprichosas formas del apa•
obscuro, relumbrando por la graga y moho, ennegrecidos por el carbón y el polvo,
rejo de pailebote ó barcas, ó ya tamenrojecidos por el calor de las fraguas.
bién gozando con la curiosa vista q11e
Un ruido ensordecedor ee desprendía de esa vorágine de la industria: loe pitoE del
La&amp;o artificial
sobre las rocas de Cliff-llm1se ofrecen
vapor, loe crujidos de sierras, chirridos de las potentes cadenas de lae dragas, el golpe
en el parque, tJli~~~!'\.;":'~~~~s'.livel del mar. las tardas focas, coa su aplanchada pitl
eeco del martillo hidráuli•
co, el zumbar de las ban• Los domingo, se llenarte botes que manejan mil gua~ Y sus rugidos de león, formando orqueamerkanas.
ta imponente con el brusco choques de
das, el rodar de las plataformas, el bufar de loe las olas que al romperse se deshacen en soberbios penachos ele blanca espuma.
A la oración de la tarde la más romántica se acerca á la playa para ver extasiada
fuelles, el agudo martilleo
de loe obreros, y anádan- como ee oculta el sol y cuando el último contacto del aetro rey, con la líquida faja
se loe gritoe, imprecaciones del horizonte 1eepreude el faotll.etico rayo verde, exclama: Oh th,rt ia lovcling; y des•
y rugidos de todos en la puée, satisfecha de la tarde, regreea en toda clase de vehículos á la ciudad donde loe
maestranza, y apeoae ee teatros Baldtd,1 y owm Jlouse la esperan.
tendrá una idea de ese in•
VII
íeroal movimientode t 'nion
El, OBSBJt\. ATORIO Df: LICK
Iron Works.
Después sigue la Plaza
Nada se quedó sin visitar; de preferencia fuimos al ob3ervatorio de Lick, uno
de descarga, y allí, carros
de
loe
primeros del mundo, conetrnido sobre el monte Hamilton, á unas 20 millas al
de todce coloree y_tamanoe,
arrastrados por soberbios norte sobre In costa ilel Pacifico, notable tanto por su historia como por loe a:lelantoe
troncos normandos, mué- que le debe la met.eorología y Astronomía,
Rocas cerca de Li&amp;ht- House, punta de San Luis.

�98

DOMINGO 8 de AGOSTO de •197

EL MUNDO

En medio de una colina piatorerca dorada por la mies y exuberante en vegetación,
riachuelos de parlera agua zarca, corren rumorosos en el fondo de sus cauces quebrándose aquí y allá y prodigando su fuerza á una serie de molinos que alegres con sus esbeltas formas, sembrados en todas direcciones, ya medio ocultos entre la arboleda, ya
claros, albeantes y rieueilos en el valle, daban al paieaje ese realce de hermosura
tan común en est • país. Allí en esa colina á la falda del Monte Hamilton, al abrigo
de humilde choza vivió hace muchos años un carpintero de apellido Lick, que á fuerza de constantes trabajos reunió colosal fortuna; sin hijos ni mujer, ea decir sin esos
goces que proporciona el hogar, dedicábaee á la contemplación de loe astros y fenómenos meteorológicos, muy dif.,rente ocupación de la que le competía, por cierto, y obtuvo por este medio agradabilfsimas distracciones, poetizando y haciendo fecunda su
ignorada vida.
Dejó al morir su inmensa fortuna para la edificación de un observatorio meteorológico sobre el monte Hamiltón, observatorio que hoy lleva su nombre y en el que
se han hecho y.i notables descubrimientos; tal es la historia y nombre dé eee importante edificio considerado hoy día como el tercer observatorio del mundo.
Con el capital y réditos de la herencia sostiénese, no sólo acumulando toda la nueva instrumentación, sino también eatisfaciendo los poderosos gastoe que origina su sostenimiento.

elementos atmosféricos, se debe á un humilde artesano cuyo nombre inmortalizado
está ya con su obra magna.

VIII
EN EL TKATRO.-LA PROPAGANDA.-LOS INCENDIOS.

Repreeentábase un día La Cabaña del Tío Tom, pieza para mí conocida¡ asisto gustoso para formar uo·a personal comparación entre el teatro latino Y eleajón.-10hlqué
diferencia, la pieza en español tan aplaudida, tan llena de elegantes rasgos y de patéticas escenas, sufre la rígida violencia del carácter americano, que la acomoda á su
antojo que resuelve lo conmovedor, lo pasional, lo clásico del drama á balazos, actos
de fue'rza, extrangulamientos; en una palabra, no hay tiempo para adve,tir y apreciar
las e¡cenae notables; todo concluye muy de prisa, el drama ha hecho llorará los concurrente&amp;, allí no se lee da tiempo de pensar que es drama sensacional. P1.1r lo demás,
hay elegancia en trajes y decoraciones, y loe entreactos cubriéronse con canciones, bailes, equilibríos ejecutados por troupes de bailarinas, que haciendo mil contorsiones
divierten la siempre sencilla y fácilmente contentadiza animación del público ame,
ricauo.
Loe sábados veíase de notable en todas las calles, á grupos de hombres y mujeres, uniformados con traje azul y vivos rojos, llevando pit.os y tambores que hacían

CIUDAD DE SAN FRANCISCO CALIFORNIA
Los lll!trónomo~, verdaderos sabios de- veinte á treinta años de ela l, dedican su
vida á la observación de los espacios y ea constante trabajo pasan loe meses sin ver
m~ que los astros, haciendo sus cálculos, investigando los arcanos del infinito y fo\Ografiando loe cuerpos y los fenómenos que Ee efectúan á millones de millones de le•
guas más allá........ .
Eu la noche, bajo la cúpula del Ttileecopio ecuatorial que gira sobre mil rueditae
movidas por ejes de sorprendente combinación, oblicuamente montado sobre un soporte gigante de fierro, destácaee el monstruoso aparato que acerca á la tierra los más
lejanos aetros del infinito; allí posados en la escalinata vimos al planeta saturno, cuya
imágen clara ein irizscionee contemplamos caei del tamaño aparente de la luna, después, las hermosísimas fotografías del Sol, del paso de Vénus por su diEco y de un
sin fin de fenómenos que hoy son verdades en la inagotable ciencia de la astronomía.
Que portento de exacfü·1dee, de genio, de ciencia, de limpieza, de solidez se presiente al pisar el dintel de ese santuario de lo desconocido, de ese punto de contacto
de lo finito con lo infinito, de ese portentoso vínculo que alll une la costra de nuestro
planeta con loe insondables arcanos de la inmensidad. Y ese claustro del genio, ese
foco de donde divergen tantas noticias que cimentan la ilustración y que ayudan al
progreso de la humanidad, así como protegen la viJ.a dtil mundo que lucha con l9s

sonar, produciendo estrepitoso ruido. Una miss vieja ó joven, bonita ó fea, carga una
bandera blanca con inscripción azul, que dice: Salvation Army; se ven otras banderas
americanas de todostamafios; y hacinados, siempre juntos y caminando por el centro
de las vías públicas, van dejando sordos á loe transeuntee estos batallones de salvación, predicando máximas religioaas en todos los shios donlleel vicio cong1ega á aua
parroquianos.
D.sde las cuatro de la tarde hasta las diez, comparsas de éstas nevándose conei•
go á la mulLitud degenerada ó traviesa, que abunda en toda población donde la vida
camina á vuelo de t1en expreso, recorren la ciudad; se detienen formando circulo
en las plazas ó sitios concurridos, fJ¡.era de loe hoteles, cantinas y teatros, y durante un
corto silencio, ee oye la monótona y estentórn voz del sacerdote, que sobre una
billa ó encaramado en tribuna portáLil, arenga al pueblo, propagando las más san$aa
máximas de la Biblia.
Tal es una de las formas de propaganda religio3a en Fstados Unidos, costumbre
de acuerdo perfdctamente con la proverbial rareza estrambótica de nuestros poderosos vecinos.
Continuará.

DOMINGO

a

de AGOSTO de

••sn

PO:E;SIA

Del señor Juan de Dios Peza, leída por el señor don Hi'larión Frias y Soto en la Inauguración de la Exposición de Flores en San Angel el 25 de Julio de 1897.
Me acercais al emporio de la dulzura
A mí que siempre be sido todo amargura!
Me acercais á la dicha y á la belleza

A mí que siempre he sido todo tristeza!
Agradezco y perdono vuestros antojos;
Algo de amor y vida queda en mis ojos,
Perq en el alma enferma y atribulada
Bien lo sabéis vosotros, no queda nada!
Muerta la fe que alienta, la fe que inspira,
No busquéis ilusiones sobre mi lira:
La nieve apaga ensuefíoe dulces y bellos
Y emblanquece las almas y los cabellos,
Y mal sienta á la triste cabeza cana
Un nimbo de fulgores de la mañana;
Sobre la eterna duda y el desconsuelo
Bien están las tinie bias, bien está el hielo;
La tempestad ee gérmen de obscuridades
Y obecuras eon del alma las tempestades!
Mas quien cantó á la gloria y á loe amores
Bien puede, estando triste, cantar las flon s;
Po1que si bien se mira, juzgando en calma,
Las liares son mujeres aunque sin alma:
Mejor que no la te1Jgan, si la tuvieran
Entre aí se engañaran y se vendieran!
¡Las flores! sus aromas y sus matices
Viven lo que los sueños de loe felices!
Nos dejan sus espinas pues lo que hiere,
Lo que propaga daiío, eso no muere!
Todo al eterno abismo rápido rueda!
Cáliz, corola, pétalos ...... la espina queda!
Así en la eterna lucha del mundo hurano,
Quedan tras loe ensuefioe el desengaño,
Y hay que llevar doquiera la espina aguda
Cla rada en la conciencia como la duda.
Adalid de secrttos grandes dolores,
Me encanto con los niflos y con las flores;
Por que alivia loe duelos de la existencia
Descansar en el seno de la inocencia.
Y no hay otra ternura ni otro cariño
J nmaculado y puro como el de un niño,
Ni símbolo más vivo, de más valía
Que la flor hechicera que el cielo cría:
lrna flor en el pecho del eér !\mado
Ee la llave de un cielo siempre soñado!
Allí encuentra la vida que el alma quiere
Y al fuego de esa vida marchita muere.
Que ael en amores miran los corazones
Morir como las rosas las ilusiones!
En la iglesia más pobre, más solitaria,
Es un ramo de floree una plegaria;
Que BU9 hojaij que adornan el templo santo
La fé las humedece con tierno llanto;
y la fe con SUB alas de raudo vuelo
Oración y perfume levanta al cielo.
Cual. corona de estrellas loe azahares
Brillan en blancas frentes en loe altares.
¿Qué diadema más digna de la belleza?
¿Qué eímbolo más tierno de la pureza?
!Ay! también en las tumba9 las flores crecen;
No se canean Li olviJan ni dedallecen.
Allí, lejos del bril lo del mundo vano,
Crecen sobre la madrP, sobre el hermano.
Q1e el manto del olvido la tL1mba eavuelva:
Allí tiende sus ti.:,ree la madreeell'a.
La memoria de un muerto queda perdida,
La flor es una hermana que nunca olvida.
Y de la helada tumba bajo el abrigo
Dice al que duerme solo «y&lt;, estoy contigo.n
Ahl son flores hermo~as las ilusiones,
Que embriagan y adormecen los corazones.
Allá en la Primavera, cuantas nacieron,
Unas·se marchitaron, otras se fueron!
Y sobre el campo estéril de loe dolores
Son caídos loe recuerdos, qué tristes florea!
El campo que hoy alegra la luz del día
Lo secará Diciembre con mano fría;
Pero pronto á los besos del sol ardiente,
Tornará su belleza más esplendente,
Y abrirán sus nectários en la3 corolas
Loe lirioe, las vicletas, las amapolas;
Tendrá rumor la fuente, arom'.l el prado,
El jardin mariposas, fruta el granado
Y sonarán los cantos, dulces, sentidoe,
De avecillas que pueblen los ouev.:,s oidoe.
Así también el alma que ,¡ufre y llora,
Tras de la negra noche tendrá su aurora.
A cuantos bellos nombres su luz alcanza:

EL MUNO

99

Se llama fe, ventura, gloria, esperanza1
Que si son cual invierno las decepciones
Tienen su primavera las ilusiones!
8e llora una esperanza que se derrumba
Y luego crecen flores sobre su tumba!
Fecunda el alma humana como la tierra,
Gérmenes de ventura tan solo encierra,
Y baila para consuelo de sus dolores:
La mujer! la más bella tlc&gt;r de las flores!

------

:E;L JUGU:E;T:E; K:E;GENEKADOK

U E edad tie... ~

el pequeñuelo, eeñora?
A esta pregunta lamadre miró al
niño cómo
quien mira al
tele j para ver
la !tora, y
contestó:
-¿l'ept'!...
Yeintinuevti
meses.
Bien podía
ella decir dos
afioe y medie,; pero como Pepe demuestra gran precocidad de inteligencia y pueden contarse de él muchas cosas admirables para un niño de su edad, }a madre no
!¡uiere ponerle ni un solo mee encima, no fuera que el
chiquillo resultara un poco menos prodigioso ó que las
otras madres sintieran u11a miajita menoit de envidia.
Tiene también otro motivo para no enHjecer á su hijito
ni un sólo día, y es que ella le querría eitmprepequeflín,
siempre bebé, pues á medida que vaya Eiendo mayor irá
siendo todavía menos suyo. Ahora mismo ya le parece
como si se Je fuera escapando poco á poco, porque esos
ingratueloe van desligándose de su mamá día trae día.
¡Cómo no, si el acto del nacimiento puede decirse que es
ya una primera separación!
He aquí, pues, explicado el porqué Pepe cuenta precisamente veintinueve meses. ¡Buena edad! A mí, al menos, me inspira gran consideración, ea la que cuentan
muchos de mis amiguitos,· que se portan conmigo de una
mane1a excelente. Pero ninguno de ellos tiene la imagiuac1ón que tiene Pepe.
Pepe asocia las ideas con gran facilidad, aunque de
una manera algo caprichosa. Sti acuerda de las cosas por
mucho tiempo y reconoce una fisonomía al cabo de más.
de un mes de no haberla visto. En las Jáminag iluminadas que le dan para jugar descubre mil particularidades.
que Je encantan á la vez y le agitan vívamente. Cuando
hojea cierto libro ilustrado con el cual se ha encarifiado
muchó ( no ha rasgado más que la mitad de sus bojas"),
áe exita basta el punto de aparecer en sus mejillas man·
chas encarnadas, y de que eus ojos brillen demasiado.
Esas mejillas y esos ojos asustan mucho á la madre,
que teme por aquella cabecita, demasiado tierna aún para tanta actividad; teme la calentura, todo lo teme. Cree.
á veces con remordimiento que el orgullo que siente á
menudo por tal precocidad de su nifio ha de )levar desgracia á la criatura, y caoi llega á desear que su hijo sea
como el chico del pa11adero, que ella ve todos los diae en
el umbral de la tienda, con su cara gordiflona y chata,
sus ojos azules sin expresión, su boca perdida entre las
mejillas y su aspecto bestial de· salud. Aquel no debe dar
ningún cuidado á sus padres, mientras que Pepe cambia
de color á cada momento, eue manedtas arden constantemente, y su sueño es siempre muy agitado.
Al médico no le gusta que el niflo tenga tanta afición á
mirar láminas y grabados y recomienda que se imponga
calma á sus ideas.
-Es muy sencillo, dice, hay que criarle como un perrito.
Sin embargo, eso no es tan sencillo como se figura el
Doctor, quien sin duda no t:ene idea de la psicología de
un niño de veintinueve meses. Pepe lleva en sí ricos
gérmenes de vida y no tiene afectado ningún órgano
esencial; pero, no cabe duda, está demasiado flaco y de•
masiado pálido.
Es un pequeño pariüenee al que no con.\'iene el aire de
Paríe, á pesar de lo mucho que París le gusta, precisanrente por eeo le conviene menos; porque le gusta deruaeiado, porque t&lt;1ntas formas, tantos col. res, tantó movi•
miento lo agitan y le trastornan; porque siente y comprende en demasía; porque, en una palabra, se fatiga;-

Pálido y enteco se lo llevó su madre en el mee de ,Tulio
á un rincón de Suiza, á un tibio valle donde no veía más
que hierba y vacas; las vacas cuya espumosa leche bebía,
y la aromática hierba de que se nuttían las vacas.
·
Aquel sencillo espectáculo no podía menos de hacerle
bien: aquel reposo en el tranquilo seno de la Madre Naturaleza duró tres meses, tres meses de risuefia eerenidad
y de comer mucho pan moreno.
Eu los primeros días de Octubre ví regresar á París á
mi amiguito regenerado:_·era un Pepe enteramente moreno, tostado, dorado, curtido, casi mofletudo, con las
manos rusticas y callosas, y la voz y el reír broncos y
fuertes.
-¡Miren qué horrible está mi Pepe! decía su mamá
muy contenta; tiene los colores de una muñeca de sesen·
ta céntimos.
Pero ¡ayl esos coloree duraron poco, Pepe volvió á
palidecer, volvió á la nerviosidad y delicadeza de nito
excesivamente refinado. Y era que París recobraba su
ascendiente sobre él; aquel París que no se sabe en quu
consiste y está en el aire que inspir11 agudeza de eensi-bilidad y de entendimien'to, que perturba y que hast3 á
los niiíos dael genio de movilidad y de inventiva. Y he
ahí á Pepe poniéndose pálido ó colorado sobre loe libros
iluskadoe.
Hacia fin dé Diciembre le ví nervioso, con sus ojos
enormes de grandes, y sus maoecitas resecas y ardientes¡
ilo quería comer ni podía dormir. El médico se contentaba con decir:
· -Que coma, que coma mucho; no tiene nada.
Que coma! su madre lo había probado ya todo, pero
el nifio no comía; y ella ahora nü hacía más que llorar
Con la noche de Navidad vinieron para Pepe multitud
de juguetes, caballitos, polichinelas, soldados, etc., etc.;
y á la mañana siguiente su madre, de pie delante de la
chimenea, contemplaba pre~cupada y con desconfianza
tantísimo juguete haciendo tantísimo visaje.
Y muy quedíto, para que Pepe no despertara, tomó el
polichinela, que tenía una expresión maligna; loe soldados de plomo, áloe cuales creía muy capaces de llevane
más adelante á su niño á la guerr.i, y hasta el pobre caballo rojo, y ee fué de puntillas á escondu todos ectos
¡uguetes en un armario, sin dejar sobre la chimenea más
que una c~ja de madera blanca que contenía un establo
en miniatura, juguete de siet1 reales que regalaba al niño un amigo pobre de la familia.
Después se acercó á la camita y se puso á contemplar
al niño dormido. Mujer al fin, el bien int.encionado engafio que acababa de realizar la hacia sonreír. Pero fiján·
dose luego en los azulados párpados del niño, pensó de
nuevo:
-¡Es atroz eso de no poder hacer comer nada á esa
criatura!
Apenas acabaron de vestirlo, Pepe abrió la caja y vió
los carneros, Ja3 vacas, los caballos, los árboles ( unos árboles muy rizaditos) y además el aldeano y la aldeana,
él con la hoz y ella con el .rastrillo (porque bien mirado,
aquello más que un establo era una granja). Se conocía
que iban al prado por hierba, á pesar de que su actitud
no era de andar. La aldeana llevaba un vestido rojo y
i,ombrero de paja. Pepe le dió un beso y ella en cambio
le embadurnó la cara. La casa era muy pequefüta y tan
baja que la aldeirna no hubiera cabido en ella; pero tenía una puerta y en eso conoció Pepe que aquello era
una casa.
¿Qué vieron en todas aquellas figuras los infantiles ojos
del niño?• Las apretaba fervorosamente con eus maneci
tas ( que quedaban todas empegadas), las ponia todas
en fila sobre su mesita, y llamaba apasionadmente á 103
carner )B, á loe caballos, por sus nombres: ¡nero! ¡bu.yo! y
después al cojer uno de los arbolitos: ¡ino!
-¡Reyl ¡tesoro! dijo la madre abrazando y besando al
niilo con tal impetu que la mayor parte de las figuritas
rodaron por el suelo
Sí, el niño descubría en aquellos arbolitos de juguete
una semejanza con aquellos otros árboles que había vis•
to allí, allí en el país de la hierba espesa y del aire sano;
y descubría además muchas otras cosas que su madre no
sospechaba; todos aquellos pedacitos de madera pintada
evocaban en él imágenes vivas que le hacían vivir
también áél otra vez en medio de aquella naturaleza alpestre, de aquella Suiza que le había engordado y robustecido. Entonces sus ideas fueron asociándose y quiso
comer.
-¡Leche! 1Panl Y empezó á comer y á beber, y el
apetito no cesó y cenó por la noche con el mismo afán con
que almorzara por la mañana. Y al día siguiente con sólo ver el juguete, voldó á tener igual apetito. ¡Lo que es
la imaginación!
-¡l\Iiren que mofletes¡ parece una muñeca de sesenta
céntimos! ¡Y pensar que todo esto no lo debemos más
que al establo que le regaló este pobre eeiíor Fulano!
.

.ANA.TOLE FMNCE.

�&amp;L MUNDO

loo

-¡Uh! ¡el grandMmo plllol

AllTtJllO

ACE ya algu-

nos años
que vivfa
yo en un
pabelloncito de los
('ampos
Rliseos, en
el pasaje de
JasD oce
Casas. Figurense usted e a un
.l
. .
,.,,. .
apartado
:wllllt'~'IIÍÍ!......
~
rincón •del
. . ..e u burbio,
'
metido en•
tre aquellas grandes y aristócrntas avenidas tan frías Y
desanimadas, que no parece sino que sólo deben atrave•
earse en coche. No sé ei era por raro capricho del propietario ó por manía de algún avaro ó viejo extravagante pero el caso es que, á pesar de. que aquellos terrenos
Iomaban centro, el corazón, como si dii&lt;'ramos del barrio, permanecían en tau deplorable estado, con sus jardincitos enmohecidos por el tiempo, sus casas bajas edificadas 'en linea irregular, con las escaleras en la parte
exterior y las galerías llenas de ropa blanca puesta á secar, de las jaulas con los conejas, de miserables gatos y
de cuervos domestica1.os.
Allí habitaban muchas familisa de obreros, pequeños
propietarios, algunos artistas ( á estos se les encuentra
en todo sitio donde quedan en pié algunos árboles), y
·por último, había también dos ó tres casas de huéspedes
de aspecto ruin, llenas de mugre de varias generaciones
de gente pobre y mieerable. Al rededor el bullicio y el
esplendor de los Campos Eliseos, el ruido sordo y continuo de los coches, el choque de los arreos de las caballerías y de loe pasos de los transeuntes, las puertas de
los carruajes cerrándose majestuosas, las carretelas ha·
ciando retemblar los pórticos de los palacios, los con
fusos sonidos de algún piano, los violines de .Mal,it/e. y
en el fondo, perdiéndose en el horizonte, las grandes y
silenciosas viviendas de los ricos, con sus redondeadas
erquinas, sus cristales nublados por cortinitas de transparente seda y sus inmensos espejo~ por donde asoman
dorados adornos de eandelabros y las flores raras de las
jardineras ......
La obscura callejuela de las Doce Casas, tan sólo iluminada por un farol que en su extremo había, semejaba
un bastidor de magnífica decoración que la rodeaba.
Todo aparente, lo falso de aquel lujo deslumbrador venía á refugiarse en aquel sítio: por eso se veían allí libreas con entorchados, calzoncillos de clown, palafraneroa inglesee que formaban una clase aparente; caballerizos del Circo, los dos pequeños postillones del Hipódromo con las jacas gemelas y sus anuncios; el carruaje ti•
rado por cabras, los polichinelas, los vendedores de barquillos, y por último, las tribus de ciegos que por la noche regresaban con sus sillas de tijera, acordeones y
rastras. :Mientras yo habitaba en aquel paraje, uno de
estos ciegos, celebrando sus bodas nos proporcionó, durante toda la noche un fantástico concierto de clarinete,
oboes, órganos y acordeones. Aquello parecía el desfile de
todos los puentee de París con todas sus distintas salmo•
dias....Y sin embar¿o, la callejuela era de suyo tranquila,
por que los que vagaban por las calles no regresaban fati•
gados hasta el anochecer; tan sólo los sábados, cuando
Arturo cobraba el salario, se metía algún ruido.
Arturo era mi vecino. Cna pequeña pared terminada
por un enrejado separaba mi pabelloncito del cuarto que
junto con su esposa aquél habitaba. Así es que, muy á
pesar mío, la vida de Arturo estaba en íntima relación
con la mía, y cada sábado no tenía más remedio que oir,
sin perder una palabra, el terrible drama, mny pari!;iense por cierto, que se desarrollaba en aquella familia de
obreros. Siempre empezaba de la misma manera; la mujer andaba atareada por la casa, con los niños agrupados
á su alrededor, y preparaba la comida cariñosamente con
ellos. Daban las siete, las ocho, nadie llegaba...... .A medida que se iba haciendo tarde, el tono de su voz cambiaba, se ponía nerviosa y el llanto anegaba sus ojos.
Los niños, acosados por el frío y por el hambre, chillaban. Por fin. como el marido no solía comparecer, cenaban solos. Al cabo de un rato, acostados ya los chiquillos,
silencioso aquel gallinero, se asomaba al balcón de ma •
4e1a y la oía murmurar entre sollozo¡¡·

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Al retirarse á sn casa encontrábanla loa vecinos y ~e
compadecían de
infeliz.
-Váyase usted á la cama, señora. Ya ealle usted que
no vendrá esta noche, puesto que es dfa de cobro.
Luego venfan los consejos y habladurfaa de comadrea:
-Yo, en su lugar, baría esto ...... ¿Por qué no Ee lo
avisa usted á su amo?
Cuanta más lástima inspiraba á las buenas gentes, tanto más copioso era su llanto; pero, con todo, pereiftfa en
su esperanza, se consumía aguardando con tenacidad, y
á pesar de que las puertas continuaban cerradas y de que
no ignoraba que estaba sola, permanecía allí, la mente
fija en una idea, hablando en alta voz consigo misma de
sus amarguras, con aquella sencillez propia del pueblo
que se pasa siempre la mitad de la vida en la calle. Fa·
cil era averiguar las causas de sus pesares; loa alquileres
a trazados, loe tenderos que fa asediaban, el panadero quo
ya no quería fiarle el pan...... 1Y cómo salir del paso, si
el marido volvía sin un cuarto! Por fin, cansada de acechar los pasos retardados de los trasnochadoi-es y de con•
tar horas se metía dentro. Al cabo de mucho rato y cuando ya pensaba yo que la cosa había concluido, oía toser
muy cerca de mí, en la galeria; la infeliz estaba otra vez
en el mismo sitio, atraida por la inquietud, no cesando
de mirar y remirar en la obscura callejuela, no viendo en
todas partes más que en aflicción.
Cerca de la una ó las dos, á veces más tarde todavía,
oíase cantar en el extremo del pasaje, sel'ial evidente de
que llegaba Arturo. La mayor parte de las veces se hacía acompañar por algún· camarada suyo hastapuerta. la
-Ven, hombre, von, solía decirle.
Y hasta en el umbral, vagaba indeciso, como si una fuer•
zn superior le impidiera retirarse, sabibndo bien lo que
le esperaba. Al subir la escalera, el silencio que en aquella reinaba en aquellas horas .hacía sus pisadas más rui•
dosas; esto le causaba cierto.disgusto, una especie de re•
mordimiento. l I ablaba solo y en voz alta, parándose delante de cada nao dti aquello3 escondridijoa, diciendo:
-Buenas noches, señora \\' eber......... .Buenas noches,
señora Mathieu.
Y si por desgracia no le contestaban, soltaba una re•
tahila de palabrotas injuriosas que duraba hasta q•1e to•
das las puertas y ventanas se abrían para devolverle sus
maldiciones. Y esto era precisamente lo que él quería,
porque cuando estaba borracho movía mucho alboroto.
Además, como estas pendencias le enardecían, montaba
en cólera y no temia ianto la entrada en caea.
Su regreso era terrible.
-Abre, soy yo ......... gritaba.
Y desde mi aposento sentía las pisafas de su pobre
mujer, que andaba deECalza sobre el frfo suelo, y el frote
de los fósforos. Nuestro hombre desde que entraba tartamudeaba siempre la misma excuia: cclos amigos, el dejarse arrastrar por sus flaquezas ........ Fulano, sabee... ....
.Fulano ......... aquel que trabaja en el ferrocarri!. 11 Lamu•
jer no le prestaba ninguna atención.
-¿Y el dinero? le preguntaba.
-No tengo, decía Arturo.
- ¡Mientes! ........ .
Y en efecto, no decfa la verdad, pues con todo y estar
borracho eiempre se guardaba algunos cuartos, previendo la necesidad de beber que el Lúnes tendría. Se trataba, pues, de quitarle de encima tan sólo el resto de la
paga, y el hombre se resistía diciendo:
-¿Pues no te digo que 111e lo h, u1"bid1,? decía á gritos
Y su mujer, sin contestarle, indigaada, le asía con todas sus fuerzas, le sacudía, le registraba y vol vía los bolsillos. Al cabo de un breve instante rodaba el dinero
por el suelo y la mujer se arrojaba sobre él riéndose con
aire de triunfo.
-¡Ah! ¿ves cómo tienes? .........
Al poco rato oíanse blasfemias y un sordo ruido de
golpes...... el borracho tomaba su venganza, y una vez
comenzada la paliza, ya no Ee contenia. Lo más perver•
eo y destructor que pueden contener loa asquerosos vinos de las tabernas se le subía á la cabeza y pugnaba por
ealir. La mujer gritaba; los muebles de aquella zahurda,
hechos astillas, volaban por el aire; loe niftos despertaban sobresaltados y lloraban de miedo. L:1~ °\"entanas
del callejón so abrían y todo el mun:i&lt;', decía:
- ¡Ee Arturo, es Arturo! ... .
Algunas veces el suegro, que era un viejo trapero del
cuarto vecino, venía en socorro de su hija; pero Arturo
se cerraba con llave para que no le estorbasen en su tarea. Cn repugnante diálogo se entablaba entónces al
través del cerrojo, entre suegro y yerno: oíamos cosas
horripilantes:
-¿Aún no tienes bastante con loe dos años de cárcel.
bandido? prorrumpía el viejo. .
Y el borracho, en tono altanero, replicaba:
-Sí, estuve dos afios en la cárcel ...... ¿Y qué?...... Por

DOMINGO l 'de
AGOSTO de ~
1197
'
lo ru f:lno! yo he pngado mi deuda á la sociedad...... Pro•
cura pagar la tuya.
Esto era para él la cosa más sencilla; he robado y se
me ha metido en la cárcel, estamos en paz ...... Pero si
el viejo insistía mucho sobre este punto, Arturo, perdiendo por fin la paciencia, abría la puerta, y como Pollchinela, se arrojaba sobre el suegro, la rnegra, los vecinos y zurraba á todo bicho viviente.
Y con todo no era un mal sujeto. Cuántas veces al
llegar el domingo, ó sea el día siguiente de una de estas
tremendas peloteras, apaciguado y sin el dinero col' que
irá la taberna, se pasaba todo el día en caea. Sacábanee
eillas al bolcón y en él se instalaban la señora Weber,
la señora :Mathieu y todos les huéspedes, charlando
amigablemente. Arturo entor.ces se esforzaba por parecer amable y culto. No parecía sino uno de estos obreros modelos que Misten á las claEea de noche. Ponía la
voz dulce y meloea y hablaba en tono declamatorio, expresando ideas incompletaEi nccgidaa en todas parte3
sobre los derechos del obrero y la tiranía del capital. Su
infeliz mujer, ablandada por la paliza del día anterior,
no era la única que Je cont(mplaba llena de admiración.
-cc¡Oh, lo que es Arturo si quisiera!11 murmuraba entre suspiros la señora ,,·eber. De&amp;pués aquellas mujtre3
le hacím cantar...... Cantaba Las C:olo11drinas de M. de
B éranger, con voz de garganta, extraf!a afect,ación y el
ridículo sentimentalitmo de los obreros...... En aquella
única galería cubierta de papel embreado y de andrajos
tendidos, por entre los cuales brillaba el puro azul del
celaje, toda aquella repugnante gentuza, ávida del ideal
á su modo, volvía emocionada los ojos al cielo.
Todo lo cual no impedía que el sábado siguiente Arturo tirase su salario, pegase á su mujer, y que e:::i aquella zaborda existieee un rimero de Arturltos que sólo ezperan llegar á hombres para malbaratar, al igual que
sus padres, el salario, y pegar á sus respectivas mujeres...... 1Y es esta la raza que quiere dominar el mun•
do! ...... ¡Ah! ¡qué locura!
Au-o~ao DAUDJ,."J',
EL CORAZON DE UNA MADRE
Balada Catalana

Rugiente pasión ardía
En el alma del doncel;
Fuera de ella nada !.aabía
En el mundo para él.
-Lo que á tu capricho cuadre,
Dijo á su amada, lo haré;
Si las joyas de mi madre
Me pides, te las daré.
Y ella, infame, como hermosa,
Dijo en horrible fruición:
-Sus joyas ......... son poca cosa,
Yo quiero su corazón,
En fuego impuro él ardiendo
Hacia su madre corrió;
Y al punto su pecho s.briendo
El corazón le arrancó.
'l'an presuroso vol vía,
La horrible 11lrenda á llevar,
l¿ué, tropesando en la vla,
:Fué por el suelo á rodar.
Y brotó un acento blando
Del corazón maternal,
Al ingrato preguntando:
-llij", ¿no te has hecho mal?
VwroR

BALAG OEH.

TEDIO,
Yo era feliz, pero un cruel invierno
Virtió eu frío en mi pasión ardiente,
Y quién sabe qué nube del infierno
Trajo sus negras sombras á mi frente.
Mi ternura-ave blanca que á tí vuela .A un soplo extraflo de frialdad se entume..
Y-mustia flor-mi corazón se hiela
Sin que hayas recibido su perfume.
No sé en que golfo gélido y sombrío
Sus bellas formas mi ilusión sepulta,
Y envue lto entre las sombras del hastío
El sol mu riente de tu amor se oculta. ·
El ascua viva de tus labios rojos
Se apagaría al roce de mi hielo,
Y el ténue brillo de tus dulces ojos
Sólo hace gris el ónix de mi cielo.
EFRÉN REBOLLEDO,

.Agosto de 1807.

DOtllllGO a de AGOSTO d•

1lt,

ESPIRITA

S quiero habl~r, se•
fi&lt;1rita, de un libro
viejo que, á peear de
haber rozado sus pá
ginas, con sus alas muchos añoe, se conser•
va nuevo, lleno de novedad siempre, lindo
y cautivan te, oloroso
como un ramillete de
jazmines; de color de
rosa, como un cielo primaveral á la puesta del sol. Es la
eterna «nueva primavera11 del poeta alemán.
Hablo de la «Espfrita de Teófilo Gauthier.
Y hablar de ella y de él, es echar cartas sobre mesa de
mármol, es jugar al ecarté con el idealismo refinado y sutilmente de licioso .........
.A.cerquemos las sillas al balcón abierto y mientras contemplamos el paisaje hechicero que forma el jardín que
renace, departamos un poco.

***

Espírita es la pereonilicación del más puro, del más intenso amor. Espírita es la vestal que oficia en el altar de
Eros y Psiquis, en el sagrado y solemne templo de una
selva vasta y virgen. Camina entre nubes de mirra oriental y lleva ceñida en su frente :ntacta, enredada entrn sus
espesos cabellos rubios, una guirnalda de roeas blancas y
hojas de acanto. Es idealmente hermosa. Su cuerpo, que
pasa á través de las páginas del libro, entre oleadas de
e.etilo rico y maravilloso, parece tallado en marmol rosa·
do, ;palpitante, de curvas fugitivas y contornos opulentos! ¡Oh, Eapírital Los senos núbiles, ruborosos, palpi•
tan bajo el corpiño de lino, al impulso de extraí'io fuego
interior y los ojos de un azal obscuro, azul de cielo oto·
ñal en la hora del crepúsculo, tienen:unas miraias vagae,
indecisas, que buscan algo que nunca encuentran, algo
que no está en este mundo. Ea ella una musa de luz. Su
labio no sintió mís besos que los de sus padrea, y 8.18 mejillas jamás se sonrosaron al oír palabras de amo1.
Cuando Malibert ve retratada la imagen de una novia
desconocida en la luna del espejo veneciano, le sobr,coje
una paBión mística; su alma se refugia en sí misma. Reza
á la Venus sagrada, á la ingota dea, que habita un paraí•
so luminoso.
¡Ser amado por un espíritu! ¡Qué cosa más hermosa!
¡Qué amor más purol No lo es más un arroyuelo que ha
vivido sumido en la verdura de un bosque, in tactas sus
aguas, sa.s arenas tocadas, muy levemente, por el ala breve
de un pájaro ó el pétalo seco de una flor, que va rodando.
Debe ser hermoso amar así: vivir queriendo una cosa
imposible. Ver su cara risueña, sus ojos bellos, sus lábios
que reclaman besos, sus mejillas frescas y no poder hacer nuestro, ~olo nuestro, todo aquel encanto. Besar una
sombra ...... ...~(ello os lo puede decir :Malibert) ......... Es
un imposible. Sediento buscáis la copa del placer para
saciar vuestra sed, y aquel vaso se esfuma, os deja burlado¡ pensáis cautivar con vuestras manos aquella cintura
de avispa; y la visión se desvaneco, como bruma sutil
que rompen loE rayos del sol.
Est;&gt;írital--Después de leer ese corto volúmen, esas pocas páginas bellae, quedáis como sumido en un quietismo
amoroso, inexplicable. S3ntís que amais vos también;
que hay un espíritn, todo luz, que tiene fijos en voz ioe
ojos; que tenéis ansias indecibles de besar algo que no es
de este mundo, de acariciar una cabellera que brilla como madeja de débiles rayos solares. Y leéis una, dos ve·
ces. Y luego,:Sintiendo una honda nostalgia, más deseos,
refrescáis vuestros labios en esa agua fresca y cristalina,
apagáis, á soplos, esa hoguera que arde y que amenaza
consumiros.
El dbtado de Espírita es conmovedor, lleno de da.Ice
tneteza. Ella Je dicti á su amor: 11Ea preciso que conozcáis
al sér indefinible para vos que se ha deslizado en vuestra
existencia. Cualquiera que sea vueetra penetración no
llegaréis á analizar rn verdadera naturaleza, y aeí como
en una tragedia malhecha, loa héroes dan sus nombres,
sos cualidades, referencias, me veo obligada á exp licarme yo misma; pero con la excusa de que nadie puede ha·
cerio por mí.. ...... » Tras este preámbulo, breve, sigue el
relato de su amor solitario y puro, de sus primeras ale ·
grías y sos primeros dolores, de proyectos frustrados, la
desilusión, el desengafio, -y luego. poco á poco, el final.
La entrada en un couvento, el dolor secreto, querido
arrojar del alma, pero nun~a conseguido; la enfe•me·
drd, la agonía, y Juego, la muerte, el alma que deja su
caree! terrena y se va, volando, volando, al espacio.
ccLa primera vez que os ví,-dice Espírita,- fué en el

lol

SL MUNDO

locutorio del convento de los p ~jaroa, 11 donde fuisteis d.
verá vuestra hermana que estaba de pensionista como
yo, pero en clase superior, porque yo solo tenía trece ó
catorce años á Jo más, y aún no lo parecía por Jo pequeña, delgada y rubia. No paraeteis mientes en aquella niña que á la vez que roía el chocolate escarchado de la
Ca.,a MarqtliM, que le había llevado su_madre, os lanzaba
una milada fur tiva.
Y así, sencillamente, como una rosa temprana que rompe su cárcel de verdura, nació ese amor. Bellos trece aüos
que aman! La niña que roía chocolate y sentia ya en su
pecho el roce del amor! Es lindo principio. Y sigue uno
leyendo y va de belleza en belleza. Para este párr.1fo,
uua sonrisa; hay esperanza en el proyecto de Espírita pa,
ra encontrarse con el esqu:vo objeto de su viva pasión.
Y lu':'go: para aquel otro párrafo, una lágrima; al ver como llora Espírita al frustaree su proyecto. Lo subuyuga
de tal modo á uno la lectura, que no suelta ni un momento el libro de las manos.
La descripción de su agonía que ha,::e Eipírita, es hermoeíeima. Dice: «Cuando empezó mi agonía me acosta•
ron e.a el suelo, con un saco de ceniza por almohaia,
única actitud propi11, de una sierva de Dios que ent rega
su polvo al polvo. Cada momento me faltaba más el aire.
me abogaba; una angcrstia extraordinaria me oprimía el
pecho; el instinto de la naturaleza luchaba aún contra la
destrucción; pero muy pronto aquella lucha inútil cesó,
y con un debil suspiro se exhaló el alma de mis labios, n
Este es el fina! de Espirita, descrito con tanta verda i.
Y luego: el espacio, la región luminosa, el imperio
vasto del rey Sol. El viaje de una alma, una paloma eucarística, que va al cielo, que busca á Dios.
«No hay palabras humanas que puedan expresar la
sensación de un alma que, libre de su cárcel corporal,
pasa de una vida á la otra, del tiempo á la eternidad, y
de lo finito á lo infinito. Mi cuerpo inmóvil y ya cubierto de esa blancura mate que es la librea de la muerte,
yacía en.su fúnebre lecho, rodeado de monjas que reza ban, pere estaba libre de él, como la mariposa de la crisálida, cascarón vacío, despojo informe que había abandonado para abrir mis alas á la luz desconocida y súbitamente revelada. A una intermitencia de sombra profunda había sucedido un deslumbramiento de esplendores, un ensanche de horizontes, desaparición de toda
suerte de límites y obstáculos, que me empapaba de indecible alegría. La explosión de nuevos sentimientos
me hacía comprender misterios impenetrables al pensamiento y á los órganos terrestres. Libre de aquella arcilla sometida á las leyes de la atracción, me lancé, con
loca velocidad, en el éther insondable. Las distanc:aa
ya no existían para mí y el simple deseo me llevaba donde quería ir. Tracé grandes círculos volando más rápidamente que 1,-, luz, á través del vago azul de los espacios, como el que toma posesión de la inmensidad, cruzándome con enjambres de almas y espíritus.
«Un raudal de luz brillante, como polvo de diamantes,
constituía la atmósfera, y cada grano de aquel polvo lumínico era una alr.oa ........ »
Pero basta. No nos adelantemos tanto. Mi única in•
tención ha sido tomar algo del principio y algo del fin
del manuscrito de Espirita para mostrároslos.
Después de muerta, amaba aún, tanto como en este
m111ndo, á Guy de :Malibert. Velaba por él, como nna
madre solícita; estaba constantemente á su lado, sin que
él lo notara ni sospechara Bi(luiera. Cuando el dichoso
Guy dormía, el espíritu luminoso de Espitita velaba eu
sueño. Iba con él al B osque, en su mismo carruaje, recostada en los mismos almohadones, al lado suyo; leía
en el libro que Malibert leía.
Recuerdo un pasaje. Guy se preparaba para ir á un
baile, una noche, y Espírita, sin que él lo advirtiera, le
observaba sonriente. Listo ya, envuelto en su gabán de
pieles, Guy iba á salir. El carruaje esperaba abajo, frente á la verja del jardín. Ya en el dintel de la puerta, se
siente un ruido vago. Una mano timida y suave que 88
apoya en el teclado del piano abierto y produce una nota que se queda vibrando, aleteando como una paloma.
Guy vió á E3pirita qne le sonreía y que con voz suplicante, le dijo: ccNo salgas.» Y Guy no salió ya. Se quedó con su sombra amada.
El final del libro es triste; pero uno que ha seguido
paso á paso á Guy, sus deseos de morirse para ir en busca de E3pirita, sus ansias y sufrimientos, suspira satisfecho al imponerse del final. Guy murió en Grecia, á
lancetazos, en una montal'ia. Cuando moría, su cicerone,
eecapado por milagro del poder de los ealteadores, vió
deede su escondrijo una aparición luminosa, una her•
mosa mujer, que ponía sus manos sobre las heridas de
Guy, como un leniti;o, y que al morir se llevó su alma
al cielo.
Dejemos á Gauthier la palabra. E l nos contará como
Guy y Espirita fueron felices en el e3pacio. Un amigo
de:\Ialibert, el Barón de Feroe tuvo la visión, en mo-

111entos que sucedia en Grecia lo arriba apuntado.
ccEn el centro de una fosforescencia de luz que parecía
nacer del fondo del infinito, dos puntos de mucho más
intenso esplendor, parecidos á diamantes en la llama,
t itilaban, palpitaban y se aproximaban, tomando la apa•
riencia de :Malibert y de Espirita. Volaban el uno al lado del otro, con celeste y radiante alegría, acariciándose con las puntas de sus alas y gastándose divinas bromas.
ccFueron acercándose más y más y como dos gotas de
rocío que ruedan por la misma hoja de azucena, acabaron por confundirse en una perla única.»
Y hay una hermosa resignación, un deseo ardiente,
en esta última frase del libro, que Gauthier pone en boca
del Barón de Feme; «Y yo cuánto tiempo habré de espera1?n
¡Qué fiaall ¡Que puesta de amores imposibles, tan envidiable!
Eeperar! ......... Esa es la palabra. Esperar que la Páli·
da tcq ue á los cristales de nuestro balcón y no¡, llame.
Gauthier en todo el roman se mantiene á una altura
digna de su inmensa reputación de artista refinado y
exquisitamente sutil. Sabe llevar, á mil maravillas, la
atención del lector por todo el libro, con suavidad, en•
seüándole iodo; procurando no cansar el á11imo ni hacer decaer el interés. Os arrastra de la mano y os sonríeamablemente. Y salió victorioso. «Espirita» es para mí
una do las novelas más queridas, de las que leo siempre
que tengo ocasión y la que siempre me prc,duce sensaciones nuevas. Es de lo mejor que escribió el gran ar•
tieta.
ARTUIIO A. AMBROGI.

EN EL TEMPLO.

Me agobiaba tan honda pesadumbre
Y te vi tan risueña y tan hermosa,
Que esa vez, contrariando mi costumbre,
Te seguí hasta la nave esplendorosa.
Jamás me viste, aunque te quiero tanto,
Profanar el recinto donde rezas,
Y es por que sé que á lo divino y santo
Xo se deben mezclar las impurezas.
¡Cómo se han de juntar, amada mía,
En el santuario de tu Dios bendito,
La canción empapada de alegría
Y la queja doliente del proscrito!
Pero tanto se alivian mis dolores
Cuando mudo y absorto te contemplo,
Que impulsado por fuerzas superiores
La vez aquella te seguí hasta el templo.
El órgano elevaba los unciosos
Y fugitivos cánticos que encierra,
E imitaban sus notas los sollozos
De los infortunados de la tierra.!
Como sube la estrofa que me arrancas
Para besar el solio en que fulguras,
Buscando el cielo en espirales blancas
Escalaba el incienso las alturas.
Y lo mismo que alumbras desde lejos
Mi negra ruta en la tormenta grave,
Los cirio¡¡ con sus múltiples reflejos
Alumbraban las sombras de la nave.
En medio de esa atmósfera impregnada
De esple.1.,,dores, aromas y armonías,
Más hermosa que nunca, arrodillada
'fe ví esa vez en las baldosas frías.
Cuando elevó la hostia el oficiante
Con ademán solemne y majestuoso,
Y el altar fulguraba más brillante
Y el salmo resonaba más grandioso¡
Cuando aquellas cadencias inmortales
Huyeron por los altos ajimeces,
Y agitaron sus alas virginales,
Cual maripos~a de cristal, las preces;
Cuando al fin conturbaron los sentidos
Con sus nimbos de luz tantas gradezas,
Y, golpeandose el pecho, arrepentidos
.A.batieron los fieles sus cabezas;
Yo que sólo me rindo con tu arrullo,
Pues sólo tú por tu bondod me h umillas,
En ese instante decliné mi orgullo
Y estuve como todos, de rodillas.
Y aún me miras pensar con desconsuelo
En esta duda que turbó mi calma:
¡No sé si lo hice por el Dios d el cielo
O,si fué por la Diosa de mi alma!
R ODULFO F IGUEROA

Julio de 1897.

�EL MUNDO
LOS FUEGOS DE ARTIFICIO MONSTRUOS

DOMINGO a de AGOSTO de 18fn

EL MUNDO

ºDOMINGO 8 de AGOSTO de ,ao~

tener su habitación. "Yo conocí una persona, dice Madama Campan, que para fi¡ar eu
opinión sobre las mujeres de su conocimien•
to, siempre que ee bailaba sola en casa de
ellas, no dejaba de levantar los cojines de
los canapés Si encontraba allí un festón comenzado y sin concluir, un pañuelo, una
cinta, decía: "Estoy en casa deuna mujer
dePcuidada, sin orden y sin limpieza.
La elegancia y el lujo no pueden existir
sin la limpieza, mtentras que la limpieza
que, como lo decimos en otra parte, (Peque•
ñas virtudes. de la j oven), «mantiene la salud,
da más frescura al color de la tez, conserva
los vestidos,» puede estar perfectamente sin
los ruinosos recursos de la coquetería.

ta fantasía que creen aü n en esos bellos monstruos m
rinoa cuyo canto delicioso retenía á los navegantes para
hundirlos en ignorados vórtices. Y esta demand3 se remonta á muchos años.
Mas be aquí que los rayos Roentgen, esos ma g l3 dt'l
siglo diez y nueve, a€aban de poner de ruanifie~to la
más completa y chusca mistificación de que Layan tido
víctimas los humanoP.
La imagen radiográfica de las sirenas ..... . LO mueElra
eEqueleto alguno ...... Las mooias son fabr icada!",
Ilayen el Japón probablemente, una fábrica de momia3
manufacturadas con una habi1idad del todo japoceea.

La fiesta nacional y los rego::ijos que la acompañan
son siempre en México motivo para fuegos de artificio
más ó menos brillantes; es este un atractivo que encanta
siempre, y con razón á la multitud.
Nosotros no tenemos aquí la intención de explicar co·
mo se prepara un fuego de artificio, sin@ que querríamos
dar algunos ejemplos de los fuegos de artificio monstruos,
prendidos en el extranjero y que nos parecen muy superiores, como composición y como complicación á lo~ que
se ven en nuestras :fiestas públicas.
Los chinos tienen pasión por
la pirotecnia, pero los ingleres·
y la gente de raza inglesa, los
superan en esto de una mane
ra especial. En Estados Unidos poi ejemplo, si visitamos
los parques establecidos pcr
las compañías dti tranvías como térmmo de sus líneas, con
el fin de crear artificialmente
un gran movimiento de tcans
porte, :idvertimos que todas
las fiestas que dan para atraer
al público, van neceEariamen
te seguidas por un admirable
El trabajador 5ubmarino. ( Figura l.)
fuego de artificio: esto es una
verdadera representación so·
CURIOSIDADES
bre un inmenso terreno dispuesto ad huc, ante tribuna~,
ú más exactamente ante graEL TRABAJADOR SUBMARINO
das que pueden contener vein ·
te mil espectadores. Y si vais
En Choisy-le-Roy-:Francia- tuvo lugar ultimamente á Londres y al famoso Palacio
una experiencia acuática que marca un paso importante de Cri~tal, durante una fiesta,
en el progreso científico, cuya primera idea se encuentra asistiréis probablemente tamen una novela del fecundo novelista Julio Veme.
bién á un firework de admiraEs el ingeniero Delisle quien construyó este aparato ble vista.
imagiMdo por M. Piatti del Pozzo, bajo el nombre de
En los jardines del Palacio
«trabajador submarino.»
de Cri.,tal han sido prendidos
Imagínese una esfera de fundición coronada por una esos monstruosos fuegos de
guarda en el centro, de la cual una perforación redonda artificio, representando pri•
deja paso á un hombre. En tanto que las campanas de morosas eEcenas, de las cuales
inmersión no pueden descender á más de 40 metros, el dan idea las ilustracione3 que
aparato nuevo descenderá haeta quinientos.
acompañan á estas lfneae.
El revestimiento de palastro, alcanza un espesor de
En Francia también se han
ocho centímetro, y todo el aparato mide tres metros de dado fuegos de artificio monsdiámatro y pesa 10 toneladas.
truo, y uno de ellos que auó
En el interior se encuentra el alojamiento de los hom· se recuerda, figuró el lanzabrea al rededor de una escala de madera que da acceso miento de un navío de galva·
al agujero de rnlida herméticamente cerrado.
mento en un puerto. Tenla
Enfrente está el potente cristal por el que se explora nada menos de 210 metroe de
El trabajador submarino. ( Figura 2. )
con la mirada el fondo y las profundidades de agua que longitud y cubría una superfilos rodéan.
¡Crea usted ahora en las momias!
cie de 46.40 metros. Era este cuadrado un espectáculo
A un lado, en una estiecie de avanzada son colocados muy animado. Un mecanismo complicadísimo y que no
Cualquier dia nos resulta un Rameés de papier maché y
el aparato telefónico y los acumuladores eléctricos. A la dt!hía funcionar más que unos cortos inEtantes, aEegu· una Semíramis de pasta de arroz ......
derecha y á la izquierda los movimientos de transmisión raba especialmente la revolución de la lámpara de un fa.
Ya ni en la paz de los sepulcros c1·eo!
para las hélices y el mecanismo que dirije el timón.
ro cuya silueta luminosa se dibujaba en la noche. Al pié
Porque el «Trabajador submarino» se mueve fácilmen• se agitaba un mar de fuego y se percibía un buque per•
Si quieres conservar un amigo, hónralo ·cuando fsté
te, se desplaza, puede dar vuelta al rededor de un arre- diéndose, y por fin el buque de sal va mento se deslizaba presente, elogiálo ausente, y ayúdale en sus necesi•
cife y reconocer el emplazamiento exacto en que se en- por la superfir,ie de las olas luminoeas.
dadee.
cuentra.
La gratitud es la memnia del corázón.
Ya se imaginarán nuestros lectores lo que se ha die•
currido en asunto de fue ·
***
gos de artificio. Las fotoNo es la abundancia de las riq•1ezas lo que nc,s puede
grafías que damos repre- hacer felices, sino el uso que hacemos de ellas.
sentan u1.c-s de los más curiosof.
LUZ C}JLESTE
Dijo la tarde al morir
Los rayo5 X y las sirenas
á la mañana siguiente:
-«Dame un ósculo en la frente
Hace algunas semanae,
y me verás revivir,,,
lússeñoresFlameng y l\IauCubriéndose de rubor,
ricio Farman, sabios fran•
y la faz teñida en grana
ceses, exhibían en la Sal·
dióle el beso la mañana,
Lo5 grandes fuegQs de artificio.
petricre un animal diseca•
que tanto puede el amor.
Explosión
del
carro.
Un comerciante en su carro.
do y momificado que lea
La bóveda sideral
había sido enviado del Japón. Esta extraña pieza repre•
se extremeció de alegría,
El apara,o se desplaza y mueve por medio de sus tres eentada en la figura número 1, ofrece el aspecto de una
y en vez de noche, aquel día
hélices cuyas evoluciones están arregladas por el timón. sirena. A lo que parece en el Japón estas momias tenían
hubo una aurora boreal.
Todas estas mnovaciones son ya de suyo tan [importan- y tienen-mucha demanda, sobre todo por gentes de cier•
J. A. CARRILLO y NAVA.
tes, que bastarían á hacer de la invención de Piatti una
obra del todo notable.
Sin embargo, hay más. El aparato, en principio, per·
manece en relación con el mundo exterior por el cable
de suspension á lo. largo del cual corren los hilos teleíónicos que sirven para remontarlo. Pero si se admite un
accidente, si el cable se rompe, s.i perdería el aparato y
les hombres que se encontraran encerrados ahí no tardarían en morir de asfi::s:ia? No por cierto. Gracias .i un
mecanismo ingenioso, ese cable puede romperse sin comprometer la vida de los que están en su \nterlor; pues
Animal Japonés. (Radiografía nagativa . l
Animal japonés. (Fotografía.)
flot.l merced á una sencilla maniobra.

CONSEJOS PRÁCTICOS PARA EL ASEO DE LA CASA,

Corsés con tirantes.
NOTAS DE LA MODA
. Jilquette de abrigo para niñas de 8 á

10

años. { Fig ,. )

Se hace de franela rayada. El cuello abotonado se pue•
de poner también como representa nuestro dibujo de
piqué con cintas de color.
'
Traje para niñas de ,o á 12 años. (Figura 2.)

Se hace de cachemir azul con cintas blanoas. Chllque•
ta cruzada con botones de concha quemada. Chaleco de
piqué, recogido en la cintura.
Sombrero de paja. ( Figura 3.)

Este sombrero á bucles, está adornado con acordeón de
· seda violeta y cintas de terciopelo negro, y al lado izquier·
•do cuatro cuchillas de pluma.

Sombrero sencillo.
LECTURA PARA. LAS DAMAS,
LIMPIEZA

La ornamentación de la casa consiste en la limp;eza
-en todo y por todo, para los objetos principalmente que
se unen más á nuestra persona, al alimeto y la ropa.
No sólo la salud depende de la limpieza, sino, no lo
olvidemos, la actividad, el buen humor, la satisfacción
interior, y aun bajo cierto respecto, la moralidad depende también de ella.
En las casas sin limpieza, habita de preferencia la pereza, el fastidio, el descontento de todo y de todos.
Los muebles limpios y lucientes atraen 10s rayos del
sol y parecen multiplicarlos al reflejarlo.
Los aposentos limpios y bien arreglados con cuidado,
reflejaa una alma contenta, irradian la alegría y parecen
-decir: Permaneced, aquí se está bien.
·
Una mujer es desde luego juzgada por la manera de

He aquí algunos consejos prácticos dados
por un hombre de buen sentir, á una joven
al entrar ésta en el gobierno de su casa.
«Ocúpate del interior de tu habitación;
vela -por las piedras de la cocina, los pisos de
los aposentos, y los p.ltios sean barridos varias veces en el día y lavados muchas veces
por semana.
«Procura con empeño que el hierro, el brónce y
l
Cuello de encaje bordado. ( Delantero y espalda. )
el cobre reluzcan eiempre. y los muebles tslmbién;
que la ba jilla de barro ó de porcelana espejee en
el trastero ó aparador.
queriendo persuadirá todo el mundo por su compostura
«No permitas á la araña hilar en paz su tela en los án- y su modo de ponerse, fuera de tiempo, que siempre tiegulos de las vigas y de las paredes.
nen .veinte años, y nada más que veinte años.
«No dejes el aceite de las lámparas gotear y arranciar¿No os acordais de las sonrisas malignas, de las pala•
se sobre la cubierta de la chimenea ó de las mesas.
brillas cambiadas con vuestras compañeras, á la vista de
«Después de los consejos, los medios.
un .estido ó adornos color de rosa 6 11marillo pálido, di«Harás relucir el cobre, el hierro y otros metales, fro- bujando con afectación, un talle comprimido, por pare·
tándolos con un puñado de hojas de acedera, ó con are• cer esbelto, bajo los resortes de un coreé demasiado vina finísima, ó con greda.
sible, y eobre él un rostro cuyas arruga~, á despecho del
_ «Harás reluoir la plata, aun citando esté ennegrecida abundante polvo blanco, atestiguaban los largos años de
por el contacto con el huevo, frotándola también con su servicio?
acedera y con agua de jabón.
Se reirán de vosotras tamtién; no siempre
tendréis die:;i y ocho años, y un d1a vendrá en
que llegaréis á.. ....
Procurad siempre tener vuestra edad, hijas
mías.
No queremos ocuparnos directamente del to•
cador; pero sí quisiéramos bien persuadiros, de
que además de ese tocador de por fuera en el
que os adornais para agradar, hay también otro
tocador y otros adornos interiores, de los que
deberíais siempre estar cuidadosas para haceros
amar de vuestra familia.
Para esto el buen gusto y el afecto bastan
siempre.
Poneos de manera que p:idáis presentaros
ante los extraños, sin tener que ruborizaros de
vuestra negligencia. ¿No será ridículo que una
mujer ee vea obligada á huir y á ocultarse luego que perciba que Ilegan visitas?
Un vestido limpio, sencillo, pero de buen gus•
to, sobre el que se muestre un delantal de coci•
na, no es vergüenza, sino una recomendación.
Por lo demás, nada hace perder á los iníerio•
res el respeto que nos deben, como un traje des•
preciable que parece igualarnos á ellos.
Aun en medio del trabajo entre las obreras,
el ama de la casa debe ser distinguida, como ee
de costumbre.
No sólo debe eer la que mejor sepa llevar un
vestido, sino también debe saber ensuciarlo
menos.
Debe también acostumbrarse á mudarse vestido, si fuere necesario, varias veces al día, con
bastante actividad, para que no se aperciban de
su ausencia.
Una mujer que tiene el sentimiento del buen
gusto y de las conveniencias, improvisa fácil•
mente un traje siempre elegante y en relación
Figura 2.
con tquellos á quienes tiene que recibir; y no.
«Harás relucir el caballete de la chimenea, la sartén y
otros utensilios, frotándolos primero con una cebolla ~ruda, después con un pedazo de género de lana.
«Darás una especie de barniz á tus muebles, por viejos
que sean, con cera amarilla derretida en agua de lejía y
los frotarás vigorosamente.
«Se te dirá tal vez: ¿Para qué perder el tiempo y darse
tanta pena en esas bagatelas? Dejarás que digan y continuarás.
Nada es -:nás atractivo que una cocina donde el cobre
está cambiado en oro y el estaño en plata, por las órdenes
de una ama activa y diligente.
- La cocina, dice una mujer de mundo, es el espejo de
la casa. Entrad allí para j·1zgar. Paredes sucia&amp; por la
muliitud de moscas ó ennegrecidas por el humo. Ven\a•
nas sin bastidores durante el estío, los utensilios disemi•
nados y en desorden por todas partes, el suelo desigual
y húmedo, cenizas y desperdicios amontonados en un
rincón, todo esto indica el desorden, el despilfarro y ha•
ce presentir frecuentes momentos de mal humor.
Concluyámos: en la limpieza es donde puede permitirse la exageración; lo bastante en este caso es muy
poco.
Pero la limpieza habitual exige una fuerza de voluntad y una constancia poco ordinarias.
Las almas cobardes y débiles no son propias para el
caso.
CONVENIENCIA EN LOS VEbTIDOS

Figura

1.

La ornamentación de la casa consiste, en la conve•
niencia de los vestidoe, que deben ser, no sólo aseados
sino en relación con la fortuna y con la edad.
'
. No queremos fijamos en la última palabra que parece
1mpor1aroa poco á estas horas; cierto es, Ein embargo
que un gran número de mujeres se hacen muy ridículas:

Figura 3.

�DOMINGO 8 de AGOSTO de 1897

EL MUNDO

.,.,

es de ella de quien podía decirse: Su día está compuesto
de tres acciones, vestir, charlar y desnudarse.

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DE DÓNDE VIENE EL ARTE DE SABER ARREGLAR SU CASA

El arreglo de una casa depende sin duda de la educación recibida, pero principalmente es el resultado de
cierto tino que comprende y casi adivina Jo que sienta
mejor y lo que agrada más.
El orden .y la limpieza pueden venir á ser puramente
materiales; posible es ensefiar á ona criada á poner cada
cosa en su lugar y á nunca dejar que se acumule el polvo; pero el arreglo ve al alma y aun á la virtud.
Se dice de algunos personas que tienen la belleza en
la mirada. Esto es cierto; sólo que la belleza no está en
loe ojos sino en el alma.
Bajo su mano todo se transforma; la cortina que ellas
han colocado adquiere pliegues más graciosos, la tapicería que han escogido tiene más hermosura. los muebles
que ella coloca tienen más brillo, las flores arregladas
por ella tienen más vista y gallardía.
Esas personas son más que un tesoro, son la dicha para la familia.
Vuestras lecturas del colegio, vuestros estudios, el
ejemplo de vuestras maestras, el cuidado q11e prestabais
á vuestra ropa, á vuestros libros, á la capilla, os habían
iniciado en esos graciosos secretos que tanto debéis desear conocer, y que tran.sforman en deliciosa mansión
las caeas que parecerían apenas habitables.

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.A QUB TIENDE ESE .ARREGLO

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Tamaño medio del delantal para niños.

Ese arreglo depende de tan poco y de tantas cosas!
No ea tal mueble, tal cuadro, tal vaso de flores, ó tal
manera de poner el aposento lo que lo produce; es todo
eso y algo más. Es la mano que dispone los objetos; es
un no sé qué que va bien al gusto de las personas de la
casa.
¿Se trata de un salón? No consultéis más que vuestro
buen gusto y algo á vuestros recuerdos. Sabréis inme·
diatamente el arte de adornar una chimenea, de colo•
car los cuadros, de armonizar el color de los sillones con
el de la tapicería, de quitar todo aquello que chocaría á
la vista de un extrafio, de colocar sobre la mesa de en·
medio un álbum elegante.
¿Se trata del aposento de aquellos que amáis, de vuestro padre, de vuestra anciana abuela, que no puede por
sí misma procurarse alguna comodidad ó gueto? consul·
tad vuestro corazón y sus gustos particulares qne V03 le
conocé:s.
Qa~ vuestro padre tenga siempre su ropa muv blanca
y que sepa que sois vos quien se la preparaie. La ropa
blanca es casi el único lujo de nn hombre, y se fija máa
en él, cuando la mano que cuida de ella, le es querida.
Asead vos misma su gabinete de trabajo, por temor de
que la criada vaya á desarreglarle sus papelee ó sus
libros.

una manera inconveniente ó repugnante, respetad su
máno.
Si imagina ella que aún es útil para algo, suministradle todo lo que pida; manifestad y elogiad su actividad y
su buen éxito; pedidle consejo sobre todo.
.
Su habitación debería ser la más cómoda y la más
bien puesta.
VUESTRO APOSENTO

¿Se trata Je vuestro aposento? consultad vuelltra alma,
y que ella refleje allí su candor, su inocencia y su bella
sencillez.
Tapicería nueva y de un tinte delicado, cortinas siempre blancas en las ventanas y en la cama, pocos cuadros
de valor, pero muchos de recuerdos: la imagen de la primera comunión, el diplou¡.a de congregante, un vasto
cuadro que eacierre todos los grabados obtenidos en
premio, ó recibidos en prenda de amistad, y que cad¿ uno
lleva el nombre de una maestra ó de una amiga.
Sobre la chiminea ó sobre la mesa, pocas flores; algunas
solamente, renovadas con frecuencia, en el pequefio al•
tarde una estatua de la Santísima Vírgen.

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VENT.A,JAS DEL ARREGLO
DE UN.A CASA,

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La primera ventaja
del arreglo de una casa es, acabamos de de·
cirio, el hacerla ama·
ble; la eegunda es Vil•
nir en auxilio de la economía.
Nuestro plan no nos permite mas que indicar aqu_í:
1? El arreglo del.as provisiones. Tal cosa demanda serco•
locada en un lugar seco, tal otra ·quiere sol. Esta~ provisiones tienen necesidad de sombra l)ara no deteriorarse,
y adquieren con el tiempo un valor que no teníaa al
principio. Estos otros objetos de frecuente uso deben ser
puestos al alcance.
'l!! El arreglo de la ropa. Es necesario saber cc:ilocar las
piezas de ropa, de manera que se las tenga fácilmente y
no se las ponga todas en desorden cuande se necesiteuna de ellas; dobl!irlas de manera que no se desgobiernen ó se arruguen; acondicionarlas con cierto orden que
agrade á la vista.
En una casa de educación se obliga cada mee á las edu-

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Delantal para niños...,.-Este trabajo puede ejecutarse con hilo de algodón.

Que vea algunas flores sobre su chimenea, y que el
Que todos loa bordados y tejidos sean hechos por vos
fuego, en el invierno, nunca se apague.
misma, ó por vuestras amigas de colegio que os los han
Que su diario esté siempre en su lugar, y que encuen- dejado como un recuerdo; que algunos lienzos blancos
tre siempre en el mismo sitio sus vestidos de cambio y ligeros oculten, cubriendo graciosamente todo lo que
listos para ponérselos.
airve.á vuestro tocador y á vuestro adorno personal.
Rodead á vuestra abuela de esas delicadas atenciones
Sobre el escritorio en que generalmente os poniés á rede que tanto necesitan los ancianos y que no se atreven cibir, colocad vuestra pequefia biblioteca: la vuestra forá pedir.
mada de libros comprados por vos, de algunos obsequios
Apartad de su aposento todo .aquello que pudiera es- recibidos, y de algunos deeaoa libros piadosos que ah·
torbarle el paso, y todo lo que pudiera dejar algunos mentan el alma y sostienen el corazón.
miasmas nocivos á su salud; pero tenedla allí con abunYa lo hemos dicho en la primera parte, vuestros apodancia aquellas provisiones ligeras y antojillos que sa- sento ea un santuario; no lo dejéis despojado de lo que
béis le agradan.
hace amable un santuario, el recogimiento, el orden, la
Loe ancianos aman mucho aquellas cosas antiguas que piedad. Dadle hermosura, el os dará pensamientos ino•
lee han servido por mucho tiempo; poned á su alcance cantes.
sus libros de otro tiempo, no cambiéie nada de su lugar
sin que ella lo consienta, y si ella coloca un objeto de

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candas á sacar de sus roperos toda la ropa que hay en
ellos: esto al principio para limpiar las cajas, después
principalmente para acostumbrar á las jóvenes á colocar
bien su ropa sin amantonarla y á doblarla con presteza;·
regularmente se les fija un tiempo bastante corto para
este trabajo.
3? El arreglo de los muebles. Estos que de ben estar cu•
biertos con fundas, mientras que el hogar está encendido, porque el humo pudiera deteriorarlos; aquellos que
demandan cuidados más frecuentes por su delicadeza ó
por la finura de su trabajo.
La experiencia que ensefia todas estas cosas, exige que
no se retarde ni un solo día el arreglo de cada objeto, según su destino.
¡Cuántas pérdidas, cuántos gastos se han originado por·
esta palabra tan amada de la pereza: maii;,;mat

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�Vnalida~ -Debilitada,
LA
Sangre Empobrecida.
Léase lo que la Zarzaparrilla del
Dr. Ayer ha hecho por el revnendo
padre L. P. Wilds, muy conocido
misionero de la ciudad de Nueva
York y hermano del difunto y eminente juez Wilus:
"Por muchos años padec1 de divie.
sos y otras erupciones de caráct&lt;.&gt;r
semejante causadas por sangre empobrecida. 11i apetito era escaso y
la extenuación se babia apoderado
del sistema. Conociendo las propiedades valiosas de la Zarzaparrilla
del Dr. Ayer por Ja experiencia del
bien que habla producido en otros,
procurémela y empecé á tomarla.
Mi apetito mejoró desde la primera
dosis y· la mejoria se extendió á mi
salud en general, que la actualidad
es excelente. :Me siento un ciento
por ciento más fuerte, cuyo resultado
lo atribuyo á la Zarzaparrilla dei
Dr. Ayer, medicina que recomiendo
con toda confianza como la mejor
que jamás se haya preparado para
la sangre."
Para todos los desarreglos originados de sangre empobrecida ó viciada
y debilidad general, tómese la

Zarzaparrilla

~-····J!!Utr~OM~1~
:PREPARADA POR

Dr. J. C. Ayer yCa., Lowell, Mass., E. U. A.

DOMINGO 8 DE AGOSTO DIE 18s17

HARINAnE "WAGGNER

EL MUNDO

Corazón de sacerdote.

CI.N FOSFATO DE CAL l'URI, es unirersalmente edmitida como •·EL ALIMENTO MAS PERFECTO'

,__,,.,,U,L

• •

hace crecer los niiios robustos

se incorpora con la misma facilidad

y

contentos. Tomada en las dósis que

que la leche de la madre, y lo pue-

se prescribe en cada tnsíta no se

de tomar la criatura más tierna con

aceda nunca en el estómago. Es a l-

grandes beneficios. Se garantiza su

tamente recomendada por la Facul-

completa pureza y hallarse libre de
toda sustancia deletérea.

Número 2

La Harina de Wagg ne,

ti

POR 11. S. DE FORGE.

ILUSTRACIONES HECHAS EN NUESTROS TALLERES.

para NIÑOS ENFERMOS, CONVALECIENTES, ANCIANOS Ypara las MADRES que estan CRIANDO
La Harina de W aggner

107

tad Médica y en los muchos años

Es de un

que tiene de éxito ha resultado ser

sabor muy agradable. No es una me-

por el testimonio de todas las ma-

dicina bajo ningún concepto y síobra

:,. . .

dres que lo han usado

en todo cuerpo endeble como un

\

"El Blimenta mai pe~fecto"

Tónico da la NatuPaleza

D• wenta en tod;• laa Tiendas, Drogueriaa y Botloaa

UN/CDS AGENTES: /IOVARO &amp; GfESTCHEL, CAL.LEJON DEL ESP/R/TU SANTO IUM.

Las enfermedades de LA CINTURA.
SE CURAN SIX OPERACION

CREMA RosADA

t. MEX/CO

"A DELINA pATTI."

POR EL DR. LUIS CLEMENT.
Especirli~ta para las enfermedades
de las señoras, acecclones de la MATRIZ, de las
MAMAS, etc.
Se trata con ~xito las enfermedades que se dicen
incurables 6 de mala naturaleza, de la cara, boca,
lengua, garganta, oidos, cabeza, llagas varicosas, y
en ger.eml, todos los tumores provenientes de la co_
rrupctón de la sangre.
Violenta y ra-tical curación &lt;le enfermedades secretas, en todos sus grados.

Compuesta de sustancias tónicas y saludables,
evita las arrugas, refresca el cútis y conserTa 1
hermosura de la cara hasta la vejez, comunica un
perfume delicioso y con su uso dia~io las Sefioras
tienen la seguridad de conservar siemp~e l.;s en
cantos de la belleza y la frescura de la Juventud.
Tanto en Europa como en América, la usan l
damas más aristocráticas.

CALLE SANTA CLARA 19,

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V"&lt;

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$cm German en todos las Droguerías.-No aceptesubstitnmones,
muchas veces dañinas á la salud.

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Es el tónico más enérgico.

-Es usted libre, aei'i.ora ...... Pero nos permitirá eolamente qne no participemos de esa piedad que ee aaeme;ja singularmente á una aprobación de la mala conducta.
Amenazaba agriarse la conversación cuando intervino
el cielo por medio del abate Chavassieux que, como en
esta oca1ión, venía algunas veces á sorprender y alentar
á las santas trabajadoras.
- El aefior primer vicario, prorrumpieron las damas
levantándose.
-Ruego á ustedes, eefíorae ...... nada de molestias ......
Prosigan su piadosa tarea...... ¡Vaya! ¡Vaya! ...... Está
bien ...... Dios las bendecirá! ...... La caridad; siempre la
•caridad...... San Pablo lo ha dicho: «Sin la caridad no
soy nadan ...... Sí, señoras, sí.. .... la caridad. ¿Qué es lo
que está usted cosiendo, Doi'i.a Angélica? ¿Un saco para
algún anciano?
-No, sefior vicario, ea un caracol para mujer.
-¡Ah, un caracol para mujer. ¡Vaya! ¡Vaya! Está
bueno.
Y de esta manera siguió interrogando á las preeent~,
•examinando sus labores, equivocando un corpiño con
una falda; una bata con ua sobretodo; dirigiendo una
frase de benevolencia á cada quien, sonriente siempre y
con las manos sobre el abultado vientre, repitiendo cona•
tantemeate su estribillo:
-¡Vaya, vaya!.. .... la caridad!
Se acercó á la señora Belamy.
-¡A.h! ...... señora Belamy! ... ¡Siempre trabajando!... ..
¡Está bueno! ...... ¿Qué tal ee encuentra el comandante ...
¿Es también un corpii'i.o el que está usted haciendo?
-No, señor vicario, respondió la joven haciendo chistoso gesto. Son unos pantalones.
-¡Vaya! ¡vaya! ...... ¡Está bueno! murmuró el abate,
en tanto que la señora Deacordea cuchicheaba á su vecina:
-¡Qué veetidt 1 ¡Qué lenguaje: Pero qué se puede esperar de una mujer que se atreve á descotarse, si coa esto ee dice todo!
Marchóae el vicario entre las demoa~racionea de agra•
decimiento y testimonios de respeto.
Van á dar las cinco: vuelven á doblar sus paquetea las

señoras, toman sus sombreros y se desgranan en pequel'íoe grupos.
En cuanto se hubo alejado la aefiora Beiamy, la Deacordea dejó desbordar su indignación contra la graciosa
rubita.
- Ya verán ustedes, exclamó al acompañar hacia la
puerta á las últimas asociadas¡ ya verán como ésta también se vuelve mala...... está descotada!
Y el coro de risas algo contenido dur!l,nte la visita del
abate estalló á cual mejor, entre tanto que las santas damas se estrellaban las manos en la puerta, convencidas
de que acababan de consagrar un buen día más á la caridad.
II
La eei'i.ora Belamy hab(11, dicho la verdad calificando
de muy deegraciada la vida de la sefl.ora Charlier.
Marta Charlier era la hija única del Marqués de Mouthiers. Educada en París, en medio de todas las delicadezas de un lujo aristocrático; entre su padre, hombre
elegante, tierno y seductor y su madre, dulce y encanta•
dora; adorada por loe dos, parecía reservada para una
existencia feliz.
Como por un rayo fué destruido tan halagüefio porvenir. Marta de Mouthiers acababa de cumplir los diez y
ocho al'íoa, cuando murió repentinamente su padre, y en
el mismo día de loa funerales, en medio de las más amargas lágrimas, la viuda y la huérfana miraron una nube
de ejecutores de Ja justicia caer sobre cuanto ellas poseían,
abriendo á su vista un abismo deac0nocido é insondable.
Desde que se casó, M. de Mouthiers, por vanidad tal
vez, y más bien por carifio mal fundado pero muy vivo
hacia su mujer, había organizado su modo de vivir so•
bre una base completamente desproporcionada con su
fortuna. Cometida la primera falta, no pudo tener jamás
el valor de detenerse en la fatal pendiente. Parecíale un
sacrificio imposible disminuir cualquiera de las dulzuras
con que rodeaba la vida de sus amadas. Cuando las _rentas ya no bastaron, atacó el capital; en seguida fué devorada la dote de la marquesa, y de caída en caída, asiénd0ae á tolas las ranas, esperanio siempre algún mila

groso apoyo, M. de Mouthiers se precipitó de loe préstamos primeramente fáciles de cubrir á loa expedientes
ruinos0e y envilecedores de la usura.
Agotaba su dignidad, su inteligencia, y finalmente, su
vida en eetae luchas incesantes, y sin embargo, los dos
seres por quienes moría, no lo vieron llegar jamás cerca
de ellos sino con la sonrisa en loa labios.
El despertar fué terrible para Marta y su madre; pero
ni una queja salió de sus labios; ni la sombra de un reproche pasó por su mente. La memoria del vencido de
la vida no fué para ellas sino más caril'íosa y tierna,
cuando se les revelaron aquellos secretos que él había
exacerbado, ocultándoselos.
Terminada la dolorosll liquidación, fueron ellas á refugiarse á Gannevil le, en una vieja y modesta casa que
pudo escapar del desaEtre, y contando con recursos suficientes apenas para no morir de hambre. Entonces comenzó para ellas una de esas vidas ignoradas, de amargura y esc11eez, en que todos loe esfuerzos de la inteligencia se encaminan á obtener una economía de algunos
centavos; en que se abeorve el espíritu para buscar algu•
nas combinaciones que permitan ofrecer aun la apariencia de lo que ya no se ea; en que se reduce uno á comer
pan solo durante dos días, para corresponder una comida á alguna familia amiga; en que bajo un traje de seda,
cuidadosamente conservado, ee oculta la ropa blanca remendada y lavada por su propia dueña para no revelar
su miseria: pobreza humillante y verg0nzosa, más abrumadora aún que la de loa indigentes declarados.
Durante esos dolorosos días, Marta contó con el fiel
apoyo de Carlota de Branville, cuyos parientes habita•
ban el castillo de Jouy, á dos kilómetros de Ganneville
Amigas desde su infancia, igualmente feliz, las dos jóvenes, tan nobles de corazón como de cuna, permanecieron íntimamente unidas, á pesar de su posición, tan di"ferente después. Marta, sin mezquinas envidia3, gozaba
de todo corazón con la felicidad estable de Carlota, que
ésta, con un tacto exquisito, lograba que no ofendiera
jamás y que fuese con frecuencia delicadamente generosa. ¡Cuántas ingeniosas supercherías, siempre encubier·tas, por la santa diplomacia de una caridad-¡eata sílnoble, silenciosa y verdadera!
Llegó una hora en que casi avergonzada de su dicha
tuvo Carlota que anunciará Marta su matrimonio. Iba
á casarse con el conde de Sennevaux, brillante oficial,
digno de ella, bajo todos conceptos. Fué esto para Marta una gran alegría y un gran dolor. Solamente la ale•
gría apareció durante las fiestas de la b~da en las cua1ea Marta fi~uró en primera fila. Pero llegó el dolor á su
·vez cuando alejándose Carlota entre el resplandor de su
felicidad, quedó Marta abandona1a á su vida de miseria
y desesperación.
En eda época la aefiora Descordes comenzó á ejercer
las altas virtudes que debían valer1e más tarde la bula
de canonización anticipadamente exped~da por el buen
abate Chavaeaieux. No se limitaba ella á reinar en la
iglesia y en las obras piadosas: para su espiritu inquieto,
cuyas agitaciones creía efecto de un santo celo, érale preciso un dominio más vasto aún. O~upábase de todo y de
todos, aun de aquellos qne no se lo pedían. Un acontecimiento ocurrido en el seno de alguna fam,ilia del país,
sin que ella no hubiese tenido en él cualquiera participación, parecíale que impedía la misión que la Providencia le había confiado. ¡Oh, y nnnca hacía ella nada que
no fuese para bien del prójimo! Pero en este apasionado amor hacia loa otros, en esta intervención frecuentemente indiscreta, un observador algo sagaz, habría fa.
cilmente distinguido el deseo de figurar siempre y en
todas partee, junto á una h1eaciable curiosidad.
La animosidad de la ael'íora Descordes contra la eefio•
ra Sennevawr se remontaba al tiempo en que dejamos
nuestro relato. La primera no deeempello ningún papel
en el matrimonio; apenas fué invitada, y esto había sido
una cruel herida á su vanidad que nunca pudo olvidar.
Ocurrióeele entonces diabólica idea de revancha. Necesitaban comprender esas nobles, que no hab!an contado con ella, cuán necesaria y ·poierosa era. Y:p.;ra tal
objet◊, imaginó casar á Mada, la arruinada hija del

,,,.

�lc8

marquéa de Mouthiere, con EU primo, rico y fuerte ple•
beyo, Juan Cbarlier, negocia...te en azafranes. ¡Empresa
audaz y digna de en talento! Tuvo que recurrir á la más
sabia diplomacia. Primero inició el ataque, lento y pru•
dente, con su primo algo reacio al principio; luego se
esforzó en pulir y hacer de él un candidato presentable
en yez del 1ústico que era. Al fin, valiéndose de la con•
fianza que Cbarlier le tenía, últimos restos de ciertos
amorcillos de. su adolescencia, maniobró el la tan bien,
que él de buena fé se creyó enamorado de Marta, por
haberla mirado de cuando en cuando, ein haberle ni aun
hablado; y no sbbtante que hacía alarde de sentimientos
declaradamente plebeyos, experimentó un coequilleo de
orgullo al :pensar que podría casarse con la hija de un
marqués.
'
Marta fué más difícil de convencer y decidir. Todos
sus instintos de nacimiento y educación subleváronse á
la primera ineiIIuación que le fué hecha. Sin embargo,
poco á poco la idea fué echando raíces. Charlier, desde
que la fué presentado se mostró solícito con ella, y lo
que le agradó más, con su madre. Sin duda que ni remo·
tamente podía él tener ni en los modales, ni en el len·
guaje, las costumbres de la sociedad, en medio de la
cual Sil había ella educado. Pero ¿tenía ella el derecho
de ser tan exigente? Charlier no era un joven; pero tenía
una edad aun aceptable; era conocido como comerciante
honrado y disfrutaba de esa vaga reputación que consa•
gra el cliieico calificativo de «buen chico.» Por otra
parle, el matrimonio Je permitiría proporcionará suma•
dre mayor tranquilidad en los últimos días de su vida,
rodeándola de ciertas comodidades, de que más carecía
la marqueea que su hija. Marta, pues, despidióse 'vale·
rosamente de todos los ensuefioe de su juventud, de to•
das las aspiraciones de su ardiente corazón, y resuelta,
únicamente á tomar la vida como un deber, depositó
lealmente su delicada mano sobre la mano burda del co·
merciante de azafrán.
La sefiora Doecordes hizo sin modestia, alar,le de su
triunfo, Nadie, en Ganneville, ni en su alrededores, ig·
noró que eaa unión había sido el resultado de sus gestiones ca1itativae.
-¡Por fin! decía á todo el que llegaba cerca de ella;
gracias á Dios, á quien tanto recé para ello, que he logrado libertar de la miseria á esa pobre sefiorita Marta.
Marta llegó á ser su trofeo. La se.l'iora Deeco¡:dee hacia
su negocio abrumándola con su excesiva ternura y sus
perpetuos consejos; queriendo reinar comoduena abeolu•
ta en ese hogar fabricado por sus manos; mezclándose á
todo con esa indiscreción preguntona y charlatana que á
se creía autorizada por cierta especie de derecho de autor.
Fastidiada la eefiora Charlier cometió un día la grave
imprudencia de reclamar su libertad. Sin haber coneultaao con su absorbente prima, fué á París á vivir con la
eefiora Sennevau, y cuando á su vuelta fué asediada
con curiosas preguntas, mezcladas á ciertas observaciones agridulces, hizo ella comprender con energía á la se•
fiora Deecordee que mucho le agradecería que para lo
sucesivo no se ocupara tanto en sus asuntos.
Acabó todo. Se desplomó el edificio de la ternura y
fué reemplazado por uno de esos odios de provincia, sordos é implacables.
Llevaba )Iarta apénas dos at'loe de casada, cuando la
eeíiora Dé~cordee, hablando de ella, daba esta amarga
c"&gt;nc\usióu al interminable relatG de minúsculos incidentes eugerados con gueto por su malevolencia.
-¡L1 ingrata......! ¡Y yo que la saqué de la pobreza y
que labré su felicidad .........

III
¡Extraíia felicidad la de la pobre Marta! Al princi•
pío caminó todo casi bien. El carácter de Charlier, de
por si violento y falto de cultura, cedió al encanto de la
novedad y al dulce aecendiente de Marta. La joven se
había consagrado con tanta energía como prudente ha•
bilidad, á la tarea de educación moral y eccial que le correspondía en su casa. Rabiase entregado á ella por com
pleto y no desesperaba de obtener buen éxito, sabiendo
como supo soportar alegremente algunos fracasos parcia
lee; reprimir las revueltas instintivas de su delicada
za, á menudo herida, y sujetarse sin resistencia inúti1 á
ciertos sacrificios neceearios para k grar el fin deseado.
Pudiera haberlo conseguido si no hubiese luchado mye
que con su marido. Su conetante dulzura habría al fin
triu!lfado sobre esa naturaleza frustrada más quemaligna. Pero tenía que chocar contra una doble y temible

DOMINGb 8 de AGOSTO de 1897

EL MUNDO

infinencia que destruía en un instante todo el resultado
de su paciente labor.
Eran loe amigos de Charlier, que sin ningún mal pen•
samiento, pero lastimados sin embargo, por su deser•
ción, le decían riendo cuando lo encontraban en la calle:
-Ah, pobre v~ejol... ... Esto acabó...... Estás ya per•
fectamente amarqueaado. Abandonas á tus camaradas.
No te dejas ver en el café...... En tin, hay que esperar
que esto sólo dure cierto tiempo: ...... el de la luna de
miel. Cuando te canses, no olvides que te guardamos tu
lugar......
Además, la senora Deecordes, disgustada por loe ímpe·
tus de independencia de Marta, deslizaba al oído de su
primo este caritativo consejo:
,-Ten cuidado, Juan!. ..... Te encuentras en una pen·
diente peligroea...... Te dejas dominar...... Esto es contrario al orden de las cosas...... El marido debe ser el
jefe de la casa ......
A menudo, al regresar Charlier, la joven, sin saber la
causa, advertía que su obra había sido destruida y que
le era preciso renovar sus esfuerzos.
Tuvo Marta un hijo. E'!te placer debía pagarlo con
nuevas amarguras. Concentró en ese niño toda la ternu•
ra acumulada y frecuentemente reprimida dentro de su
corazón; todas sus esperanzas destruida9, todas las aspi··
raciones de su juventud nunca satisfechas.
Charlier, relegado á un lugar secundario, un poco ol•
vidado quizá, experimentó una especie de celos extrafioa, un extremecimiento de orgullo, sintiendo que ya no
era el primero en su casa. Objeto de menos atenciones
en su matrimonio, púsose á echar de menos su antigua
vida. Loe pocos sacrificios que hacia para complacer á su
mujer, pareciéronle más pesados.
-Tienes razón en enfadarte, le dijo su piadosa prima,
á quien él confesó la contrariedad en que vi vía. ¿Acaso
esas damas no te lo deben todo? Vive, pues, á tu anto•
jo...... Ella es la que debe someterse á tus gustos ...... La
mujer debe obediencia á su marido...... Así lo quiere la
ley de Dios.
Fortificado con ese consejo, Cbarlier arrojó su másca•
ra de hombre semi-civilizado. La pipa reapareció en el
salón. Volvieron los juramentos áloe labios. Los viejos
amigos «bona gas,» apartados por un tiempo demasiado
largo, fueron llamados de nuevo, y no teniendo necesi•
dad de contenerse, llevaron ante Marta, y su madre asom•
bradas y heridas, la crudeza de su lenguaje y la grosería
de sus bromas.
La reacción fué tanto más violenta cuanto la sumisión
babia sido más pesada. Charlier volvió pronto á sus antiguos h~bit.oe de vida, acentuándolos aun con un verda•
dero goce de represalia, como vengándose de haber sido
nn momento mejor.
Todos loe sentimientos nobles que Marta profesaba, todas las cosas que amaba, todos loe nombres que veneraba, fueron 'befad()s é insultados.
Un día habló con emoción de su padre.
-¡Ah! síl exclamó Charlier, un lindo eefior, ese tu padre que se comió todo lo q11e tenía y lo que no tenía, y os
dejó sin un centavo por haberse festejado de sobra!.. ....
Qué eería de vosotros, dime, de ti y de la marquesa de tu
madre, si ese buen muchacho Charlier no se hubiera en•
econtrado ahí para eacaroe del atolladero?
Cada día trajo su dolor.
Segura del apoyo de Charlier, la eeflora Deecordea '.se
impuso más que nunca en la caaa de Marta, llevando á
todo su afán de investigación y e11e críticas llenas de
acrimonia.
-Yo llegaré á poner en este matrimonio lai cosas en
el orden en que la Providencia quiere que estén.
Y sus relatos, llenos de caridad-para su primoacreditaban en toda la ciudad que Charlier era la vícti•
ma y MBita el verdugo. Todo el mundo se apartó del
verdugo.
La eefiora de Moufüiers murió de pena.
Algún tiempo después, la eenora de Sennevaux, estando de paso en Jouy, fué á ver á su amiga con su marido,
cuyo primer aspecto hablaba de la nobleza de su vida y
la elegancia de sus maneras.
Sorprendieron á Charlier en pechos de camiaa, con su
pipa, cerca de un l:ock de cerveza en el salón, y abreviaron su visita.
,
-Adiós, mi pobre Marta...... dijo tristemente la seflora de Sennevaux oprimiéndole las manos.
Marta comprendió: en adela:i.te estaba sola,

Y todos esos dolores aun no eran nada en comparación.
de la aneiedad' punzante que la oprimía. Su hijo! Q•1&amp;
sería de Pablo educado en un medio semejante! Jamás su
preée~cia detendría á Charlier; al contrario, parecía.
excitarle.
Cuando el nifio tuvo ocho afioe, su madre pensó, par.i.
salvarlo, en realizar el más amargo de loa sacrificios sepa•
rándosede él. Propúaose ponerlo en un colegio de París.
l!as cuando Charliereupoque ella proyectaba ponerlo en
una casa dirigida por sacerdotes y donde se había edu•
cado el pequefio Sennevaux:, fué presa de una cólera es•
pantosa.
-Jamás en la vida! exclamó ...... En un colegio de cu·
rae! Con noblecillos! ...... El hijo de Charlier!... ... No, no!
Irá á la escuela aquí co¡no loa otros...... Yo no quiero,
entiendes? Yo no quiero que ee baga de ese chico un
clerizonte ni un marquesillo!
Y el nil'lo creció triste, pensativo, repugnando por ins•
tinto mezclarse en loa bullicioso!'juegos de sus cam3l'das
forzosos, ignorante de eeaa alegrías primeras de la infan •
cia feliz en que nada altera la frescura de los sentimientos.
Desle sus primeros pasos en la vida, Pablo no veía.
más que sarcasmos y violencias de una parte, de la otra,
más que tristezas y penas, adquiriendo esa experiencia
prematura tan penosa cuando se encuentra en un corazón joven.
Mostraba á su madre una ternura ardiente. Pt1ro en
vano ensayaba ella misma penetrar el secreto de aquella
almita silenciosa, de aquel espíritu reflexivo y observa·
dor. Las eanaacionee se acumulaban, fijábanse los recuerdos, las impresiones se concentraban en una mezcla
informe de donde no se desprendía aún la idea qua de\Je.
dar al carácter su signo dominante é imborrable.
La aei'iora Descordee confió sus inquietudes á su ma•
rido.
-Este nil'lo está sombrío siempre, dijo, yo creo quealgo oculta. Me ocuparé de él.
Y bien pronto fué recompensada de su r,elo bondadoso;
ella recibió la primera revelación del pensamiento ·dePablo.
-Por qué huyes? le dijo, un día en que entrando á la.
casa de Marta vió al nifio escaparse á su vista...... .A.case&gt;
no me quieres?
-No, prima, respodió Pabio con firmeza.
-Ah! no me quieres! replicó ella soriendo con la punta de los labios, pues eso está muy mal hecho. Xo sab3s
que el buen Dios quiere que ee ame 1\1 prójim9?
-El buen Dios quiere que sea uno bue~o, y vos no
sois buena: porque frecuentemente, cuando habéis hablado á mi mamá, ella llora luégo que os vais.
- Impertinentillo I exc Jamó la senora Deecordes cerra n-·
do violentamente la puerta...... Que yo no soy buena!
aquí lo que le ensefia tiaa hija de marqUE!Bal Que no
soy buena! Yo que estoy al frente de todas ·1as socieda•
des de caridad! Ah! este muchacho será una lind·a aihajar
Ser bueno! Pablo acababa de dejar escapar su secretoy de darse él mismo cuénta de él.
Ese grito de nifio debía ser la di visa de toda su vida dehombre. Hasta ahí incierto y turbado, para lo de add·
!ante había encontri.do el camino y visto la luz. Ser bud·
no...... he ahí todo·! · ·
De!!bar, busca1, procurar el bien de loe otros aunqu~
fuese al precio de sacrificios ó de su proQio sufrimiento;
jamás pensar mal de loe otros y saber perdonar cuando,
el mal es patente, vencerlo con la dulzura, llorar con los
que lloran, sostener áloe que vacilan, levantar á los quJ
caen y poner en su acción generosa siempre modesta y:
sin ostentación una ligereza tal de procedimiento, una.
tal abnegación poreonal, que el que reciba el beneficiose perciba del resultado y jamás del esfuerzo; caridad di·
vina de la cual las vocingleras agitaciones de la eefiora
Deecordee no eran más que una grosera parodia, y cuya
ley filosófica y santa aparecía en el corazón ingenuo dé
ese nifi.o infortunado. Al pricipio hubo en Pablo un ins·
tinto no definido. Toda su vida fué, después, una necesidad, necesidad inmensa de abnegación y amor.
Le religión le atrajo como una víctima. Viéndo'a.
atacada incesantemente por su padre y sus amigos, foJ.!
hacia ella con ardor, como se va al socorro de un op1imido; la amó por que la sentía maltratada, como amaba.
á su madre, más aún cuando viéndola llorar, la tomaba
en sus brazos para enjugar sus lágrimas. Su espfritu infantil confundía estas dos ternuras y personificaba la re-

DOMIIIGO

a

de AGOSTO de 1897

BL MUNDO

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el embrutecimiento fatal de un pesado suefio, loe doe
caían de rodillas y confundían sus lágrimas y sus plega•
riae desea peradas.
_:Pobre Cbarlier! gemía la aefiora Descordee...... Sin
duda es bien digno de censora, pero también de lástima...... He aquí á lo que se le ha reducido! He aqní la
cbra de una mujer sin religión!. ..... ¡Cuando se piensa
que jamás ha querido formar parte de alguna de nuee•
trae obras!

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ligión en un eér ideal que tenía el rostro de Marta y á.
quien quería consolar como á ella la consolaba.
Forzado al secreto, aprendió el catecismo á hurtadillas
Habiendo prohibido su padre que se _le llevara á la igleeia, se arrodilló en la soledad ante una ventana desde la
cttal ee percibía un pedazo del campanario vecino. Un
día Charlier arrojó al fuego con rabia un libro de oraciones que halló entre sus libros. Deed~ entóncea el niflo
compuso plegarias de una ingenuidad melancólica, que
por la noche recitaba·muy bajito á su madre.
Sobrevino la guerra, llevando á cada familia su pord6n de desgracias.
El sefior de Sennevaux, teniente coronel de coraceros,
c;i yó, con la espada levantada, á la cabeza de sus eecuad ras en la carga inmortal de Morebronn.
Por la primera vez Marta envidió á su amiga. Su dolnr c11ando menos era noble y digno de una alma grande.
L'\ parte que á ella le tocó fué pesada de otro modo.
Loe almacenes de Charlier fueron saqueados por loe

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alemanes. El ensayó reparar esta pérdida enorme por
una operación de especulación que fné desgraciada, y se
encontró casi completamente arruinado.
La vida de Marta fué entonces espantosa. Su pasado
ya tan cruel, podía creerse feliz en comparación de
loe días que comenzaron. Charlier, ocioso, y furioso de su
fracaso, se lanzó á ciegas en la política más violenta y se
convirtió en el Jefe de todos loe ganapanes del país. Loe
llevaba á su caaa dizque á ~onciliábuloe misteriosos que
terminaban en medio de jarros de cerveza y de nubes
de humo y cantos báquicos. El reato de su tiempo paeábalo en las tabernas, y un día le llevaron á su casa completamente ebrio.
Pronto aquello fué un hábito. Día á día, desde entóncee, ya no volvió á su casa sino en un estado lastimoso,
aullando, vociferando, pateando, en medio de escenas
odiosas á las cuales asistía Pablo, asustado, loco de dolor, obligado algunas veces á defender á su madre con
sus débiles brazos; después, cuando el borracho caía en

IV
Ganneville posee una plaza irregular, pero basta, sombreada de árboles. Ahí se concentra la animación de la
ciudad. La «Lira de Plata» hace ciertos domingos oir
sus acordes. Las elegancias locales muestran sus esplen•
_dores. El subprefecto pasa cada afio revista de bombe•
roe, el día de la fiesta nacional, en medio de un entnsiaemo igual, ya en esta fiesta, el 15 de Agosto, ó el 14 de Julio. Se ven dos cafés, muchos depósitos de azafrán y tres
ó cuatro tiendas entre las cuales brilla la de la eefioritas
Juglan.
Menos frecuentada entre semana, esta plaza sirve de
punto de cita á un grupo apacible que se reune todos loe
días á las mismas horas, recorre el terreno un miemo
número de veces, siempre al mismo paso, y cambia Ja,e
mismas palabras.
Hay en esta pacifica reunión, dos oficiales en depósito,
un inspector primario retirado y tres honestos propie•
tarillos que jamás han conocido otro horizonte. Es eee el
periódico viviente de la ciudad. Cada uno lleva al fon•
do común su contingente de noticias qne convierten

�llo

en el tema de comentarios indefinidos y que ee difunden
en aeguida por medio de esas eeie bocas autorizadas, de
café en eafé, de casa en casa y hasta loe más extremos límites de los barrios.
Loe asuntos más ineignificantee alimentan de ordinario
esae inocentes convereacionee. Aeí puee, debe compren·
deree la emoción que se apoderó del grupo, cuando el
capitán Beenerain )legó con un periódico de Paría en
la mano, y exclamó:
-Ha eido removido el subprefecto!
De un golpe loe paseantes se detuvieron. Un aconte•
cimiento t;l, bien merecfa una estación.
-El subprefecto removido! repitieron con mudulacionee diversas loe cinco paeeantes heridos de estupor.
-Leed!
Cdda uno ee inclinó y leyó con ojos asombrados la siguiente noticia:
•El senor Savinien de la Haye, consejero de prefectura
de la Creuse, ha sido nombrado subprefecto de la jurie•
dición de Ganneville, en substitución del señor J ero me,
nombrado subprefecto da Pontoiee.»
El señor Jerome administraba la prefectura de Ganneville desde hacía diez aflos. Era un hombre tan honrado, con su voluminoso vientre, eus lentes de oro, su fisonomía de canónigo con levitón, y ee ocupaba tan poco de
eu misión-lo cual constituye inconteetablemente el mejor medio de eer un excelente subprefecto-cuhivando
con tanto amor las floree de su jardtn en medio de eus
eeie hijos, que loe régimenee euceeivoe lo hablan olvidado ó reepetado. Servía á la República con una devoción
igual á la que había testificado al Imperio, hablando con
una convicción siempre sincera del •liobierno del país••
é inquietándose mucho menos de los cambio!! ministeriales que de la floración de un tulipán multicolor, objeto de
sus más sabias combinaciones.
Se le consideraba en la comarca como un inmueble
que formaba parte de Ganneville, y los habitantes no ee
habrían eorprendido tanto de saber el desplazamiento
del campanario de la iglesia parroquial como del del eeflor Jerome. Fué preciso, sin embargo, creerlo, cuando
el eefior Jerome se dirigió á la estación acompañado de
EU mujer, de sus eeie hij,,s y de numerosos cacbi vacl.uie,
enue loscualee ee contaban cajas con cubiertas de vidrio
en que se balanceaban las plantaa preferidas del funcionario horyicultor.
Los adioees fueron conmovedores. La señora Jerome,
en el embarcadero, lloraba como una fuente. Las damas
de la ciudad sollozaban. Cuando el tren ee movió, dos ó
tres voces gritaron: 11Viva Jerome.• El comisario de policía las hizo callar, por que los visjeros extranjt!ros podían creer en una manifestación bonapa1tiet11 y sedicioea.
Después de lo cual, cada uno, yéndose por su lado, se
frotó las manoa. El senor J érome en su wagon gozaba
á la idea de que habiendo sido promovido á la segunda
clase, iba á tener mil quiuientoe francos más que consagrará sus hijos y á sus floree, y eue antiguos administra•
doe no pensaban más que en e1 medio de ponerse en la
mejor buena inteligencia posible con el nuevo subpreftcto.
¿Cómo era éste? ¿Quó edad tenía? ¿Era casado? Tenía
hijos?
Todas estas preguntas se agitaban en cada matrimonio
y en el grupo de paseantes, abriendo á las eupoeicionee
un vasto campo donde la imaginación se ejercitaba.
Se acabó ein embargo por saber, gracias al teniente de
gendarmería que escribió confidenc:almente á su colega
de Gueret, que el eeflor Savinien de la H,1ye tenía cowo
treinta y dos anos, era guapo mozo, célibe y muy eJo.'
cuente.
Las tres primeras cualidades hicieron palphar el corazón de mucbas jóvenes. L1 señora D,¡scordeB mandó hacer trajee nuevos para Diosdada y Angélica y se los hizo
confeccionar por las senorita, Juglan, las de loe sombreroe á la moda de Parle. ·
El eeflor Savinien de la llaye puso á prueba la paciencia de eue adminietradoe. Sólo deepuée de eeie eemanae
se vió llegar primero á un gran doméstico, al cual muchos
tomaron por el subpreíecw mismo, tan buen aspecto tenía; después un dog-car, después numerosas maletas y
por fio, un día, un hombre joven, muy bien parecido, de
flor en el ojal, un monoclo en el ojo y una varita en la
mano, bajó ai pi" de la estación y encontrando el'I la pla-

EL MUNDO

za al grupo habitual de loe paseantes, lee preguntó con
la mayor polfüca el camino de la subprefectura.
El Capitán Reaurian tuvo una inspiración de genio y
respondió descubriéndose.
- Vamos á conduciros, seilor subprefecto.
Aeí fué como Savinien tomó posesión de la subprefec·
tura, escoltado por eeie de loe paeean'88 que inmediata•
mente ee repartieron l)Or la población repitiendo por todas partes:
-Ha llegado el subprefecto. Noeotroe le condujimos á •
la subprefectura. Es encantador, y si supiééeis que bien
babia!
·
L-:ie comienzos de Savinien no pudieron eer máe felices.
Obtuvo desde el primer momento el extraordinario re·
eultado de agradará la vez á loe hombres y á las mujeres.
A los primeros lee habló con una gravedad tal de los
asuntoe administrati voe, q 11e olvida ron eu monoclo, que al
principio les había chocado un poquillo.
Con cada uno ueó el lenguaje debido. El agente inspector se quedó encantado del interée que tomó en el empedrado de loe caminos. El inspecwr primario se desbordó
de orgullo cuando él le dijo no sin alguna fatuidad:
-Nosotros tenemos hijos, aenor...... Vosotros los hacéis
ciuiadanos. Suestra tarea es agradable.......... la vuestra
ee gloriosa!
Recordó á los miembros del tribunal las viejas tradiciones de la magistratura francesa, ab3olutamente como
ei existieran aún. El clero ee regocijó de eus declaraciones religioeae, la gendarmería de eus elogios por el ejército. Pero los más satisfechos fueron los bomberos.
-¿Cuántos incendios habl-ie tenido el año paeado?
preguntó al comandante.
-U no sólo, seflor eubprefecto, y tres de chimenea ......
Cuatro por todo.
-Cuatro! ee poco, comandante, es poco, respondió Savinien con un tono bondadoso, que era un aliento para
trabajar mejor.
Todo el mund&lt;.t quedó encantado, los republicano~ de
sue afirmaciones democráticas, loe reaccionarios de eue
eentimientos conservadores: no ee este el triunfo de un
espíritu verdaderamente político?
.t:n cuanto á las mujeres, bastó una palabra para conquistarlas. Anunció que una parienta vendría pronto á
reuníl'éele y que esperaba entonces dar un baile. Un baile, querida! li a baile en la subprefectura!
Puso el colmo al entusiasmo de esae damas, yendo á
visitará cada una de ellas y pidió á todas permiso para
volver. J~w1is el seilllr Jerome, en diez afloe, babia he•
cbo otro tanto.
·
En menos de dos meses Saviniea se había convertido
en un dios para sus administrado.e de ambos sexos. Cuando pasaba en su elegante dog-car, todos loe hombree respondlau con un saludo profundo á sus eonrisae amables,
y más de llna cortina levantada á medias dejaba percibir un rostro famenino lleno de simpatía, y algunas veces de esperanza.
-Al fin, tenemos un subprefecto! decían las mismas
voces que antaflo habían aclamado al seflor J erome á su
partida. El otro ao era más que un jardinero.
V

Una tarde, después de la comida, el seflor subprefecto
dijo á su criado:
-No ebtoy en casa para nadie...... tengo que redactar
un informe muy importan~.
Y se encerró, en efecto, en su cuarto, encendió un puro, escogido de una caja especialmente reEervada para eu
uso po!reonal, tomó uua hermosa hoja de papel oficial y
escribió:
Gannevillt!; 12 de Agosto de 18i3.
Gabinete
del
Subpre[~cto
Al seflor Octavio Legagneur.
C,1lle CJmbón-Parie.
Mi viejo Oitavio:
l\1e arrojo á tus pies para suplicarte me perdones mi
largo silencio. Yo te había prometido darte cuenta de
m1e primeras impresiones en mi deliciosa residencia, y
desde hace dos meses que estoy aquí, no lo he hecho.
Necesitaría ofrecerte tales sumas de excusas que lo máe
sencillo acaeo ee no darte ninguna y entrar sin preám,
bulos al meollo. Entro pues.
Si se ha de creer á los diccionarios de geografía, la
ciudad de Ganneville, cabecera de la jurisdicción que

DOMINGO

a da AGOSTO

Dl 1897

tengo el honor de administrar-ya vee que tomo el esfü,..
del empleo-Ganneville est, situada , ochenta y cinco
kilómetros y tres horas de camino de fierro de la capital,
Desde mi llegada aquí he adquirido la convicción de
que los geógrafos son muy ligeros y verdaderamen\e
culpables de engafiar así á la juventud. Ganneville ee~
de seguro á dos mil millas del bulevar. La fisonomía.
las costumbres, el lenguaje de 101 habitantes, demuestran de una manera no dudosa esta incuestioaable verdad.
Un hecho entre mil:
Pasé recieniemente por una aldea, casi un barrio de
mi juriedición. Dos mujeres conversaban, un nilio aullaba. Oí estas palabras pronunciadas por una de la mujeres:
-Qu'a qu'a qu'al cri! (1)
-Al a qu'al a chu!
Aprendí después de un sabio lingiiieta que eeas dos frases trJ1ducidas al francés, significaban: uQué le ha pasado, que la hace gritar?• ...... Se ha caído?» Ya ves por esta simple cita del idioma local, que hay entre Ganneville y París tanta distancia como entre tí, vulgar ciudadano y yo, representante del Gobierno.
Ganneville está, ein embargo, le¡os de carecer de meritos y curiosidades. Loe méritos consisten en que se fabrican pasteles de almendra, untuosos y exquisitos y trufa•
dos de alondra que s.erían perfectos ei no costasen tan
caros. Se vende también mucho azafrán, lo cual me im•
porta menos puesto que. no lo ueo.
En cuanto á las curiosidades, la principal ee el río que
riega la ciudad, y digo l'icga, por costumbre que se tiene
de asociar este verbo á la palabra río, porque, preci3a•
mente la especialidad de este rio es que no riega nada.
Se seca hasta dar envidia al l!anzanaree, que también
tiene la reputación de regará )1adrid, y al cual, Alejan•
dro Dumas l?, siempre pródigo, envió un vaso de agua,
diciendo: •Llevádaelo al Manzanares, lo agradecerá!11
El arroyo de Ganneville, tiene, empero, una superioridan notable respecto del de Madrid. Acontecimiento del
todo extraordinario, el fuego estalló un día en su lecho
desecado y todas las malezas ardieron á pesar de loe heróicos esfuerzos de los bomberos.
Para qué in.fl.girte la relación detallada de mi existencia administrativa? Sería cosa de morirse de tedio ei la
monotonía de loe días en blanco, no fuese alegrada de
cuando en cuando por una nota cómica.
Lo peor es que yo me siento contagiado poco á poco
de la mediocridad que me rodea. Hay momentos en que
me tomo á lo serio. Me «mistifico• amigo mio, á fuerza
de mistificará loe otros. Tú no tienes idea del aire imponente que tomo cuando digo: el Gobierno de la República, eeflores! Esto es para loe puros, para los otros: el
gobierno...... simplemente. ~o tiene duda, me contagio.
Por lo demáe todo el mundo me adora aqul. He pro•
metido ua baile éste invierno, dentro de cuatro meses ...
y ya se preparan ...... He ido aún más lejos, porque he
anunciado la presencia de una •parienta» lo cual es para
mi mismo un personaje problemático.
Y ahora mi querido Octavio, hablemos de mujeres.
Tres he descubierto aquí de las que valen. La primera
de esas tree gracias, la condesa de Sennevaux, á la que
has visto ciertamente en Pllrfe, está de luto de su marido que murió en Reiechoffen. La segunda ee esposa de
un hombre muy vivaz, coracero de orígen, preceptor de
oficio, que tiene formidables bigotes y no parece dispuesto á bromas. La eeilora por su parte es linda, una
joyita toda rosa, una de esas coquetas figurillas de Sajonia, cuya sonrisa tentadora jamás abandona su boqui•
ta. En cuanto á la tercera, me ha sido designada de una
manera demaeiado extraña.
Es preci110 que sepas desde luego que lianneville tiene
la dicha de poeeer una santa, no en :-eliquiae, sino en
carne y hufso. Eita santa tiene dos hijas, atrae mucho
á los subprefecto~ jóvenes y platica enormemente, en ·
general para comeree al prójimo. Me ha hablado tan
mal de una prima suya que nie ha inepirado un irresistible deseo de v.. r á tlBa crea~ura perversa. La he visto y
he encontr.ido una mujer de unos ;¡.3 ai\oe-hermosa
.edadl-amable, distinguida, hecba para vivir en Ganneville como una planta de los trópicos en Siberia, parisiense de pura raza, y de gran raza ........ .
( Contillu.ará. )
[11 DeJamo, en su original e,ta,1 frawa porque de otra suerte perderian ,u estructur&amp; y sabor.

•
TOMO.JI

.MEXICO, AGOSTO 15 DE 1897.

•

•

&amp;~ce lentísimo $eñor

Don

Gntonio

&lt;lánoi,as

(l astillo

x~nES[DENTE DEL CONSEJO D.I!? MINJeTilO~ DE ESPAÑA.

Asesinado en Santa A¡ued .. el día 8 del actual.

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>llo

en el tema de comentarios indefinidos y que ee difunden
en aeguida por medio de esas eeie bocas autorizadas, de
café en eafé, de casa en casa y hasta loe más extremos límites de los barrios.
Loe asuntos más ineignificantee alimentan de ordinario
esae inocentes convereacionee. Aeí puee, debe compren·
deree la emoción que se apoderó del grupo, cuando el
capitán Beenerain )legó con un periódico de Paría en
la mano, y exclamó:
-Ha eido removido el subprefecto!
De un golpe loe paseantes se detuvieron. Un aconte•
cimiento t;l, bien merecfa una estación.
-El subprefecto removido! repitieron con mudulacionee diversas loe cinco paeeantes heridos de estupor.
-Leed!
Cdda uno ee inclinó y leyó con ojos asombrados la siguiente noticia:
•El senor Savinien de la Haye, consejero de prefectura
de la Creuse, ha sido nombrado subprefecto de la jurie•
dición de Ganneville, en substitución del señor J ero me,
nombrado subprefecto da Pontoiee.»
El señor Jerome administraba la prefectura de Ganneville desde hacía diez aflos. Era un hombre tan honrado, con su voluminoso vientre, eus lentes de oro, su fisonomía de canónigo con levitón, y ee ocupaba tan poco de
eu misión-lo cual constituye inconteetablemente el mejor medio de eer un excelente subprefecto-cuhivando
con tanto amor las floree de su jardtn en medio de eus
eeie hijos, que loe régimenee euceeivoe lo hablan olvidado ó reepetado. Servía á la República con una devoción
igual á la que había testificado al Imperio, hablando con
una convicción siempre sincera del •liobierno del país••
é inquietándose mucho menos de los cambio!! ministeriales que de la floración de un tulipán multicolor, objeto de
sus más sabias combinaciones.
Se le consideraba en la comarca como un inmueble
que formaba parte de Ganneville, y los habitantes no ee
habrían eorprendido tanto de saber el desplazamiento
del campanario de la iglesia parroquial como del del eeflor Jerome. Fué preciso, sin embargo, creerlo, cuando
el eefior Jerome se dirigió á la estación acompañado de
EU mujer, de sus eeie hij,,s y de numerosos cacbi vacl.uie,
enue loscualee ee contaban cajas con cubiertas de vidrio
en que se balanceaban las plantaa preferidas del funcionario horyicultor.
Los adioees fueron conmovedores. La señora Jerome,
en el embarcadero, lloraba como una fuente. Las damas
de la ciudad sollozaban. Cuando el tren ee movió, dos ó
tres voces gritaron: 11Viva Jerome.• El comisario de policía las hizo callar, por que los visjeros extranjt!ros podían creer en una manifestación bonapa1tiet11 y sedicioea.
Después de lo cual, cada uno, yéndose por su lado, se
frotó las manoa. El senor J érome en su wagon gozaba
á la idea de que habiendo sido promovido á la segunda
clase, iba á tener mil quiuientoe francos más que consagrará sus hijos y á sus floree, y eue antiguos administra•
doe no pensaban más que en e1 medio de ponerse en la
mejor buena inteligencia posible con el nuevo subpreftcto.
¿Cómo era éste? ¿Quó edad tenía? ¿Era casado? Tenía
hijos?
Todas estas preguntas se agitaban en cada matrimonio
y en el grupo de paseantes, abriendo á las eupoeicionee
un vasto campo donde la imaginación se ejercitaba.
Se acabó ein embargo por saber, gracias al teniente de
gendarmería que escribió confidenc:almente á su colega
de Gueret, que el eeflor Savinien de la H,1ye tenía cowo
treinta y dos anos, era guapo mozo, célibe y muy eJo.'
cuente.
Las tres primeras cualidades hicieron palphar el corazón de mucbas jóvenes. L1 señora D,¡scordeB mandó hacer trajee nuevos para Diosdada y Angélica y se los hizo
confeccionar por las senorita, Juglan, las de loe sombreroe á la moda de Parle. ·
El eeflor Savinien de la llaye puso á prueba la paciencia de eue adminietradoe. Sólo deepuée de eeie eemanae
se vió llegar primero á un gran doméstico, al cual muchos
tomaron por el subpreíecw mismo, tan buen aspecto tenía; después un dog-car, después numerosas maletas y
por fio, un día, un hombre joven, muy bien parecido, de
flor en el ojal, un monoclo en el ojo y una varita en la
mano, bajó ai pi" de la estación y encontrando el'I la pla-

EL MUNDO

za al grupo habitual de loe paseantes, lee preguntó con
la mayor polfüca el camino de la subprefectura.
El Capitán Reaurian tuvo una inspiración de genio y
respondió descubriéndose.
- Vamos á conduciros, seilor subprefecto.
Aeí fué como Savinien tomó posesión de la subprefec·
tura, escoltado por eeie de loe paeean'88 que inmediata•
mente ee repartieron l)Or la población repitiendo por todas partes:
-Ha llegado el subprefecto. Noeotroe le condujimos á •
la subprefectura. Es encantador, y si supiééeis que bien
babia!
·
L-:ie comienzos de Savinien no pudieron eer máe felices.
Obtuvo desde el primer momento el extraordinario re·
eultado de agradará la vez á loe hombres y á las mujeres.
A los primeros lee habló con una gravedad tal de los
asuntoe administrati voe, q 11e olvida ron eu monoclo, que al
principio les había chocado un poquillo.
Con cada uno ueó el lenguaje debido. El agente inspector se quedó encantado del interée que tomó en el empedrado de loe caminos. El inspecwr primario se desbordó
de orgullo cuando él le dijo no sin alguna fatuidad:
-Nosotros tenemos hijos, aenor...... Vosotros los hacéis
ciuiadanos. Suestra tarea es agradable.......... la vuestra
ee gloriosa!
Recordó á los miembros del tribunal las viejas tradiciones de la magistratura francesa, ab3olutamente como
ei existieran aún. El clero ee regocijó de eus declaraciones religioeae, la gendarmería de eus elogios por el ejército. Pero los más satisfechos fueron los bomberos.
-¿Cuántos incendios habl-ie tenido el año paeado?
preguntó al comandante.
-U no sólo, seflor eubprefecto, y tres de chimenea ......
Cuatro por todo.
-Cuatro! ee poco, comandante, es poco, respondió Savinien con un tono bondadoso, que era un aliento para
trabajar mejor.
Todo el mund&lt;.t quedó encantado, los republicano~ de
sue afirmaciones democráticas, loe reaccionarios de eue
eentimientos conservadores: no ee este el triunfo de un
espíritu verdaderamente político?
.t:n cuanto á las mujeres, bastó una palabra para conquistarlas. Anunció que una parienta vendría pronto á
reuníl'éele y que esperaba entonces dar un baile. Un baile, querida! li a baile en la subprefectura!
Puso el colmo al entusiasmo de esae damas, yendo á
visitará cada una de ellas y pidió á todas permiso para
volver. J~w1is el seilllr Jerome, en diez afloe, babia he•
cbo otro tanto.
·
En menos de dos meses Saviniea se había convertido
en un dios para sus administrado.e de ambos sexos. Cuando pasaba en su elegante dog-car, todos loe hombree respondlau con un saludo profundo á sus eonrisae amables,
y más de llna cortina levantada á medias dejaba percibir un rostro famenino lleno de simpatía, y algunas veces de esperanza.
-Al fin, tenemos un subprefecto! decían las mismas
voces que antaflo habían aclamado al seflor J erome á su
partida. El otro ao era más que un jardinero.
V

Una tarde, después de la comida, el seflor subprefecto
dijo á su criado:
-No ebtoy en casa para nadie...... tengo que redactar
un informe muy importan~.
Y se encerró, en efecto, en su cuarto, encendió un puro, escogido de una caja especialmente reEervada para eu
uso po!reonal, tomó uua hermosa hoja de papel oficial y
escribió:
Gannevillt!; 12 de Agosto de 18i3.
Gabinete
del
Subpre[~cto
Al seflor Octavio Legagneur.
C,1lle CJmbón-Parie.
Mi viejo Oitavio:
l\1e arrojo á tus pies para suplicarte me perdones mi
largo silencio. Yo te había prometido darte cuenta de
m1e primeras impresiones en mi deliciosa residencia, y
desde hace dos meses que estoy aquí, no lo he hecho.
Necesitaría ofrecerte tales sumas de excusas que lo máe
sencillo acaeo ee no darte ninguna y entrar sin preám,
bulos al meollo. Entro pues.
Si se ha de creer á los diccionarios de geografía, la
ciudad de Ganneville, cabecera de la jurisdicción que

DOMINGO

a da AGOSTO

Dl 1897

tengo el honor de administrar-ya vee que tomo el esfü,..
del empleo-Ganneville est, situada , ochenta y cinco
kilómetros y tres horas de camino de fierro de la capital,
Desde mi llegada aquí he adquirido la convicción de
que los geógrafos son muy ligeros y verdaderamen\e
culpables de engafiar así á la juventud. Ganneville ee~
de seguro á dos mil millas del bulevar. La fisonomía.
las costumbres, el lenguaje de 101 habitantes, demuestran de una manera no dudosa esta incuestioaable verdad.
Un hecho entre mil:
Pasé recieniemente por una aldea, casi un barrio de
mi juriedición. Dos mujeres conversaban, un nilio aullaba. Oí estas palabras pronunciadas por una de la mujeres:
-Qu'a qu'a qu'al cri! (1)
-Al a qu'al a chu!
Aprendí después de un sabio lingiiieta que eeas dos frases trJ1ducidas al francés, significaban: uQué le ha pasado, que la hace gritar?• ...... Se ha caído?» Ya ves por esta simple cita del idioma local, que hay entre Ganneville y París tanta distancia como entre tí, vulgar ciudadano y yo, representante del Gobierno.
Ganneville está, ein embargo, le¡os de carecer de meritos y curiosidades. Loe méritos consisten en que se fabrican pasteles de almendra, untuosos y exquisitos y trufa•
dos de alondra que s.erían perfectos ei no costasen tan
caros. Se vende también mucho azafrán, lo cual me im•
porta menos puesto que. no lo ueo.
En cuanto á las curiosidades, la principal ee el río que
riega la ciudad, y digo l'icga, por costumbre que se tiene
de asociar este verbo á la palabra río, porque, preci3a•
mente la especialidad de este rio es que no riega nada.
Se seca hasta dar envidia al l!anzanaree, que también
tiene la reputación de regará )1adrid, y al cual, Alejan•
dro Dumas l?, siempre pródigo, envió un vaso de agua,
diciendo: •Llevádaelo al Manzanares, lo agradecerá!11
El arroyo de Ganneville, tiene, empero, una superioridan notable respecto del de Madrid. Acontecimiento del
todo extraordinario, el fuego estalló un día en su lecho
desecado y todas las malezas ardieron á pesar de loe heróicos esfuerzos de los bomberos.
Para qué in.fl.girte la relación detallada de mi existencia administrativa? Sería cosa de morirse de tedio ei la
monotonía de loe días en blanco, no fuese alegrada de
cuando en cuando por una nota cómica.
Lo peor es que yo me siento contagiado poco á poco
de la mediocridad que me rodea. Hay momentos en que
me tomo á lo serio. Me «mistifico• amigo mio, á fuerza
de mistificará loe otros. Tú no tienes idea del aire imponente que tomo cuando digo: el Gobierno de la República, eeflores! Esto es para loe puros, para los otros: el
gobierno...... simplemente. ~o tiene duda, me contagio.
Por lo demáe todo el mundo me adora aqul. He pro•
metido ua baile éste invierno, dentro de cuatro meses ...
y ya se preparan ...... He ido aún más lejos, porque he
anunciado la presencia de una •parienta» lo cual es para
mi mismo un personaje problemático.
Y ahora mi querido Octavio, hablemos de mujeres.
Tres he descubierto aquí de las que valen. La primera
de esas tree gracias, la condesa de Sennevaux, á la que
has visto ciertamente en Pllrfe, está de luto de su marido que murió en Reiechoffen. La segunda ee esposa de
un hombre muy vivaz, coracero de orígen, preceptor de
oficio, que tiene formidables bigotes y no parece dispuesto á bromas. La eeilora por su parte es linda, una
joyita toda rosa, una de esas coquetas figurillas de Sajonia, cuya sonrisa tentadora jamás abandona su boqui•
ta. En cuanto á la tercera, me ha sido designada de una
manera demaeiado extraña.
Es preci110 que sepas desde luego que lianneville tiene
la dicha de poeeer una santa, no en :-eliquiae, sino en
carne y hufso. Eita santa tiene dos hijas, atrae mucho
á los subprefecto~ jóvenes y platica enormemente, en ·
general para comeree al prójimo. Me ha hablado tan
mal de una prima suya que nie ha inepirado un irresistible deseo de v.. r á tlBa crea~ura perversa. La he visto y
he encontr.ido una mujer de unos ;¡.3 ai\oe-hermosa
.edadl-amable, distinguida, hecba para vivir en Ganneville como una planta de los trópicos en Siberia, parisiense de pura raza, y de gran raza ........ .
( Contillu.ará. )
[11 DeJamo, en su original e,ta,1 frawa porque de otra suerte perderian ,u estructur&amp; y sabor.

•
TOMO.JI

.MEXICO, AGOSTO 15 DE 1897.

•

•

&amp;~ce lentísimo $eñor

Don

Gntonio

&lt;lánoi,as

(l astillo

x~nES[DENTE DEL CONSEJO D.I!? MINJeTilO~ DE ESPAÑA.

Asesinado en Santa A¡ued .. el día 8 del actual.

�•

EL ,MUNDO

DOMINGO 15 DE AGOSTO DE 1897

el libro, en el Ateneo, en las academia~, su palabra autoritaria dejaba las huellas de su influencia y inarca~a con
el sello de su grandeza la idea que encarnaba, en bien dela monarquía confiada á su cuidado.
Te16fono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
Cánovas no era de .la talla de taatoe hombres como
MÉXICO
han pasado por loa escaños del poder, elevado_s por el
Toda la correspondencia que se relacione con la Re- defensa social.
oleaje de la revuelta.,política, sin dejar memoria de su
Perseguir al lobo en su guarida, sin tregua, sin reposo,
•aoci6n1 debe ser dirigida al
paso; parece como que había aecendido al alt~ puesto
sin un momento de reprochable vacilación, sin un asomo
que ocupó por drrecho propio, por la fuerza misma da.
Director, Lle. Rafael Reyes Spindota.
de falso remordimiento, y· exterminarlo allí en donde se
las cosas y de las person'\i:, como producto natural d~l
encuentre1 ea sana tarea de cirujfa social, que. han emSecretario de Redacción,
medio que lo rodeaba, como la' síntesis de las aap~prendido todos lbs gobi~rnoa. Sólo moetráo~oa~ _fríaAmado Nervo.
mente inflexible se logrará. ser benéficamente JUSt1c1ero. raciones naciooalee, como la cristalización del pensil·
miento ibérico, como la últiwa expresión del alma de toToda la correspondencia que se relacione con la edición"
do un pueblo.
debe ser dirigida al
Por eso es tan hondo el sentimiento público de la
Gerente, Lle. Fausto Moguel.
Qfo
nación hispánica, al ver desapart&gt;cer al eximio estadista,
no por ley ineludible de )a naturnlt&gt;za, no como el roble
La enbscripción á. EL MUNDO vale $1.25 centavos al
que
se inclina al peso de los aiiue de3pués de haber da~o
En
el
último
contrato
celebrado
por
remate
entre
la
mee, y se cobra por trimestea adelantadoe.
Secretaría de Guerra y ltJs fab1icantes por mayor del vea· su sombra prorectora, sino como la t:lncina que deegaJ_a
Números sueltos, 50 centavos.
t!lario pa"ael Ejército, se establece la cláusula de que la el rayo} como la roca qoe arrauca de cuajo ~n eacudi•
A.visos: á razón de $30 plana()Of cada publicación.
empresa no podrá disminuir el jornal pagado á las obre· miento plutónico del globo. Por eso es tan íntimo el doTodo pago debe su precisamente adelantado.
lor del pueblo ibero y de sus bijus esparcidos en el nue•
ras utilizadas en el!!ta labor.
vo continente, al ver cat:ir al insigne político cuando en
La
idea
es
digna
de
encomio,
porque
viene-á
favorecer
RE.HB't'RADO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CU.BX,
el trabajo de las obreras nacionales, razón en que ee fun- él estaban fiJae todas las miradas y de él se esperaban
dó la censura que pocos ~eses ha dirigió algún perió· loa consuelos en las anguEtiaa de la patria.
Por eso también loe que siguen con interés la lucha
dico á la mencionada Secretaría, al encargar a.l extran•
en que está empefíada Espafia} quieren invesl.igar su por·
jera algunas piezas de ropa destinadas al Ejército.
El argumento del trabajo nacional debe apoyarse en venir, y loa que ob6ervan con ansia la contiend~ de la
Qfl
algo más sólido que las declamaciones y las promesas de monarquía constitucional, se preguntan el camino que
las operarias. El proteccionismo ha invocado siempre seguirán á la muerte de Cánovas, al verla amenazada p~r
El asesinato de! sefíor C.inovas del Castillo, el eminen- en apoyo suyo el argumento de que el sistema sirve pa- dentro con los.rugidos del abeolutiamo que como bestia
te político español, ha provocado un movimiento de es- • ra desarrollar el trabajo ñacional y elevar el tipo de loa hirsuta congrega á. las huestes carlistas invitándolas á la
sangre y á la matanza, y por las caociones incendiarias
tupor en la concienc!a de loe pueblos civilizadce. T~da- jornalee.
La verdad es que los partidarios de 1a política protec- de 10.:1 republicanos que, aunque divididos y faltos de orvía el lierrible monstruo anarquista se agita convuls1vamente en el fondo de e~ta tragedia formada por la ira Y cionista no han podido todavía demostrar eua asertos ganiiación, aun eueñaii en la posibilidad de hacer prtivaet hambre; aun el microbio se revuelve en los cbarcales hasta ahora1 y en loa diversos trabajos empr'eodidos en lecer sus ideas sobre el sentimiento público que ilustra
de un grupo humano en el que vibran depresiones Y fe. el extranjero, para apreciar el nivel de loe salarios, no _se una tradición gloriosa y engrandtce la hhitoria resplanrocidades, cóleras y cobardías, miserias y protestas, Y que ha logrado establecerél princip~o á que ee hace referencia. decierite de la realeza; acosada en sus posesiones de Ulal estallar en los eepíritus sombríos, (leterminan esos Los salarios se han elevado en estoe últimos tiempoe, Y tramar po1 las violencias separatistas, que en su anhelo
repugnantes attintadoe contra lo más eagr.i.do de la vida .Ql.UY principalmente en los países que se desarrollan,_ en de independencia han convertido el paraíso antillano en
virtud de una ley económica indeclinable, que qmere yermo infecundo y loa campos filipinos en desiertos essocial: la vida humana.
¿De dónde vienen estos hombrea?. De ellos_ podría de- que una mercancía, cualquiera que ella sea, aumente su tériles cubiertQs de desoladas ruinas; y ocasionada en el
exterior á conflictos graves y á serias colisiones por la
cirse lo que del inmortal poeta, los florentinos: vienen valor en relación con la demanda que de ella se hace.
del Infierno,-¿A dónde van? Marchan á ciegas, camiEn México el impulso de la agricultura ha hecho que razón misma de las guerras separatistas.
Nada nos autoriza, sin embatgu, á hP.cer predicciones
nan á. tientas, sin guía que les sirva de faro á. través de el jornal haya subido proporcionalmente, y en la actuaJas espesas tiuieblaa que los rodean, sin Beatriz que les lidad en zonaa como las de Oaxaca y otras, en las que el pesimistas por la muerte de Ciinovas del Castillo: grande
abra las puertas del ideal, al final de su peregrinación. cultivo del rafé ha tomado grande incremento, se paga á. era la significación del grande estadista, inmensos los
y si tienen ideal, ea un ideal negativo y disolvente, re- peso y más el trabajo del bracero, que· no hace mucho servicioJ que prestó á la monarquía, fundadíeimas las
fiido con los intereses de la comunidad y contrario á las ee cotizaba á dieciocho y veinticinco centavos.
esperanzas del pueb~o que en él confiaba, altísima la sigLa estipulación contenida en el contrato á que aludi- nificación de su personalidad en el actual período de
leyes del progreso.
El revolucionario tiene en descargo suyo un programa mos ee basa en algo mfts sólido que en simpltis asertos, Y crisis por que atraviesa la 11ación1 pero si él encarnade enfermedades que remediar, de doilos que reprimir, en virtud,de ella, el viejo argumento del trabajo nacional ba las aspiraciones patrióticas del paíe, no era el pa1s.
emanados de una e,ituación política. El anarquista no no será. letra muerta en la especulación de loe empresa· mismo; 8i él era el apoyo del trono y el defensor más ab•
dispone de material para llenar los profundos huEco"s que rioa.
~egaao de la real familia, no era la idea monárquica1 con
produce en el aparato social; esa sangre que extrae de
hondas raíces en el pueblo español.
!as arterias no será reemplazada por otra sangre, las
Aun vive el heroico pueblo ibero con todas sus gran•
energías que suprime no 1:erán sub~tituidas por otras
dezas, auu palpüan en t!U seno sus pujant~s energías: si
energías. En la lucha por la existencia persiste el más apse ac~i Cdo adolorido á la fo!!a recien abieita que hade ª'uarto, porque en esta aptitud se encuentra radicada la cividar los despojos mortales del gran eatad.ista, y deshoja las
DON ANTONIO CANOVAS DEL CASTILLO.
lización; pero en la terrible batalla que se libra del otro
florea de su gra1,irnd en esa tumba que ha abieno el odialado del mar, el triunfo del anarquiemo eería un paso
do anarquismo, product.o morboso de la civilización mo•
Con la rapidez de la electricidad con que fue comuni- derna, 1:11 bieme hondo pesar por el vacío que deja el Je•
a~rás en la historia de la humanidad.
Sociológicamente, el mal momentáneo puede traducir- cada al mundo la infausta nueva del hor1endo crímen de fo del panido com.ervador en su repentina y tr1ete desa·
se en un bien colectivo: la guerra y la ernlavitud consti- Santa Agueda, ae La eentido también el estremecimiento paricion 1 puede esperar tiodavfa¡ hay situaciont!s políticas
tuyen dos progresos, han sido un avance en la vida de loa con que los pueblos civilizados de éste y aquel lado del que engendran hombree de Eotado, los modelan según
pueblos. Pero el anarquismo no posee esta faz redentora Atlántico han visto la desaparición del eefíor CJ:novas su necesidad y los per.ti.lan según las leyes naturales.
de su obra destructiva: es un mal sin compensación, una del Castillo, que era para la monarqufaeepañola, no sólo
.l:!:n el momento histórico acmal de la E~pafia monárpérdida sin contrapartida en el libro mayor de la moral el prestigiado minis~ro ni el meritíaimo piloto de la Re- quica, á nadie se ocul(a quee~tá erizada de dificultades
gencia, sino la t'lncarnación misma del sentimiento nasocial.
y llenad~ sombras que enlutan el tiempo porvenir: el pue•
Se ha admitido que las condiciones económicas de este cional, que babia restaurado á. loe Borbonee en el trono
blo espai\ol, en su i1Jgente patriotismo, hará. por vencer•
triste fin de siglo no responden á las necesidades de todos de sus mayores, después de las convulsiones volcánicas
las todas y por encontrar 'al diestro piloto que conduzlos grupos; que en torn·o de la mesa en la que los pode- que produjeron la República y las agitaciones tempea•
ca á puerto feliz la nave de la monarquía COllBtitucional,
rosos de la tierra han tomado asiento, se revuelve una tuoaas que engendraron loa carlistas.
azotada por vientos tempescuoaoa1 entre los arrecifes de
El ilustre hombre de estado que acaba de caer á los
multitud barobrienta que vive con las migajas del festín;
la revolución y los escollos de los reaccionarios.
que al lado de los politicastros y los aefíores feudalee de golpes fieros del anarquismo vengativo, era la columna
¡Feliz si puede encontrar un digno sucesor del hombre
la riqueza pública, se alzan en el viejo mundo, loe dra• firmís~ma en que se apoyaba la admistración reinante.
il uetre que acaba de perder 1
mátiuos espectros de los abatidos y loa desesperanzados. Modelado en gigantesco bloc de granito, como los héX. X. X.
¡Y bien! ¿Qué otra forma de repartición, qué otro pro- roes legendarios espafiolee_que se yerguen bajo las arcacedimiento de justicia, qué otros derroteros de prosperi- das inmensas de sus catedrales, ó reposan como centine•
Agosto 12 de 1897.
dad proponen los adeptos de la negra banda? ¡ La igual- laB eternos á. la sombra de las sagradas criptas, veía roro•
dad en la deegracia! la jusücia en el aniquilamiento! la perse sobre su pedestal las olas encrespadas de las tormentas polfücas y estrellarse los vientos huracanados de
felicidad en la nada\
y al sentir este soplo de tumba, este impulso de des. la revolución.
En la tribuna, en la cátedra, en la prensa militante, en
trucción, esta amenaza á lo que consthuye la gloria dtl
".EL M 'UNDO"
Semanar1o llu•trado.

hombre1 familia, bienestar, actos heroicos, esperanzas
redentoras, ideales perseguidos, toda esa cohorte que for
ma au patrimonio, el anhelo de persistencia, la fe en lo
porvenir: la humanidad retrocede como si sintiera mordeduras de eerpíentee, y reclama el gran derecho de la

fau11r ~e la mujer

tlatiu; rbitllrialrs.
lHtint11 11tenta~11.

:¡9a\ítica &lt;fürttrral.

113

EL MUNO

DOMINGO 15 de AGOSTO de 1897

EL AMOR V EL MATRIMONIO

la forma de afecto adecuada para el matrimonio? No evi•
dentemente; si ella fuera compatible con la felicidad do•
méstica, con la paz conyugal, con la prosperidad de _la
familia ¿por qué los poetas que la pintan, y los novehstas que la prefieren, d6een1azan sus ficciones con el suicidio como en Werther ó con la muerte como en María? ¿Porqué ai llevan á loe enamorados hasta el altar los dtijan y cierran el poema en cuanto ee entreabre el hogar? Porque saben muy bíen que esa forma del
amor ni es_poética ni os dulce, ni es bella. sino en el
alfeizar de la ventana de Julieta¡ pero que extinguido el
canto de la alondra y comenzada la alegre gritería de los
niños en la nursery, esa furma de amor es ridícula, antipatriótica, inadecuada, incompatible con la felicidad de
la familia. Mientras el hombre no se presenta á la mujer en pantuflas y gorra griega la mujer puede amarlo á
la romántica¡ después ese género resulta anacrónico, extemporán1:,o é imposible.
Menos aún es cowpatible con la paz conyugal el amor
puramente sensual, fundado en la belleza fisica, en la
ilusión de los sentidos, l'óln las propensiones &lt;le la natura•
leza animal. Son loa matrimonios creados al calor de es·
te género de pasiones los que más Prontamente se disuelven, los que dan úcasión á mát1 frecuenres catástrofes, loa
que con mejor seguridad labran las de1?graciae de las familias. Ese género de ilusiones son frágiles como e. cristal, inconeistentts como la noche, cambiajizaa como el
celaje, efímeras como la flor.
Para casarse, para realizar una unión duradera, feliz,
fecunda y próspera, es forzoso gue la forma del amor Ct&gt;•
rresponda á las exigencias del matrimonio. El marido y
la mujer no sieben ser tao sólo dos amantes, deben ser
igualmente dos amigos. Fuerza ea, no solo que ee amen,
sino que aimpaticeni la forma de su afecto ha d.e ser expanai va sin ser volcánica} tierna, sin ser romántica; han
de ser camaradas capaces de vivir contentos ~l uno al la•
do del otro, como dos compañeros de colegio, bao de reir
más que suspirar, conversar más que gritar, pasear más
que llorar. Amor intolerante no ea amor conyugal, CODlO
no lo ea tampoco el amor exigente.
Un amor de intensida•j moderada, á la vez de cuerpo
y de espiritu, que se parezca mucho á la awietad 1 que esté impregnado de ei.tr!patía y de tolerancia, que sea compatible con el ti abajo, con t•! estudio, que no abstraiga
todo el espiritu, ni absorba toja la actividad, que no baga sufrir sino gozar, que no impida sino que ayude á
proeperar, que no pri,,e de la nfltxión, que no tuerza
el criterio, que no se oponga ni á la justicia, es, por excelencia la forma de aftctp que debe presidir al matrimonio.
En resúmen, para el hombre, la mujer debe será la
vez amante, hermana y awiga, para la mujer el hombre
debe ser amante, hermano y amigo.
Tl}do lo dt más es faena, drama ó tragedia; pero no et1
vida, ni es felicidad,
Dr. Manuel Flores.

Entre nosotros parece convenido que hay problemas, y
de los más graves, cuyn solución debe confiarse pura•
mente al sentimiento sin que intuvenga poco ni mpcho
la reflexión. Todo el mundo conviene en que para emprender un negocio, invert.ir un capital, elegir una carrerra, debe previamente meditarse y calcularse lo que se va
á hacer y pesar y medir las probabilidades de éxito¡ pero cuando ee trata del matrimonio, de la fundación del
hogar y de la familia, de la elt cción de eompafi.ero de
penas y de goces y de hacer á. otro sér partícipe de la
buena ó de la mala fortuna que pueda tocarnos en suerte,
entonces la.nfü,xión dtbe callar, el cálculo enmudecer
vendaree loe ojosá la previeión y lanzaree la nave al mar,
sin más propuleor que el cip1icho del oleaje y sin más
norte que lo deaconccido.
Acostumbramos aconsejar, en caso de matrimonio,
consultar única y e:xclmivamente al corazón, sondear la
profundidad del eentimiento que nos anima, medir la
amplitud y el empuje que nos arrastra. Para casarse lo
que interesa saber, es si se ama y cuánto se amo, todo lo
demás es bajo, es mezquino, es indigno de un corazón
noble y á mayor abundamiento ea antipoético1 burgués,
bajamente práctico.; proceder de tendajonero ó de agente de cambio.
La literatura y la poesía, por una parte, loe instintos
de la raza y las costumbres por la otra, consolidan en
nuestro ánimo la convicción de que basta amar para casaree y de que mientras más se ama mejor resulta et matrimonio y nada. más poético, Di más grande que ver cómo dos volcanes cu u funden eus l~vas á riesgo de no pro•
ducir en su derredor más que catástrofes y de no dejar tras
de sí eino cenizas.
Muy lejos de nuestro ánimo el negar que el amor haya
de ser la condición fundamf:ntal del matrimonio, su sanción y su razón de ser y el aceptar las uniones de mera
con veniem~ia 1 de puro cálculo, de aparato y de interes á las que no presiden el afecto, la ternura, los
máe vi vos .y loa más puros sentimientos; pero entre casarse por cálculo y casarse por locura, entre que el matrimonio lo determine la ariLmética ó lo sugiera el frenesí media diferencia y en este estudio no aspiramos á. extinguir hogueras siao á refrescarlas, ni pretendemos suprimir el calor fecundante del afecto sino calentar la
temperatiura que más conviene para confeccionar, digámoslo aeí, un buen matrimonio, Se puede ser un gran
gastrónomo y un excelente cocinero sin dejar de 1ecomendar pata ciertos platos el bailo maría.
En una palabra, el matrimonio no es, á nuestro juicio,
cu1::sti6n de cantidad de amor, sino de calidad ó naturaleza del afecto. La experiencia y el razonamiento comprueban á. una que no son los amores ciegos, volcánicoe,
los que producen los matrimonie.a felices, tranquilos y
fecundos; y que realizan uniones mejor avenidas, más
duraderas y mejores los temperamentos apacibles, que
los corazones arrebatadoe. En efecto, el amor ea una función animal con instintos poderosos que la estimulan,
IMP.R.ESLUN c;S
con paeiones ciegas que la aseguran, con arrebatos brutales que la garantizan; pero el matrimonio es una funI
ción social, una instit\ición humana, de orden 1 de paz,
DOCUMENTOS HUMANOS
de tranquilidad. Con el matrimonio se funda la familia
y hay que velar por su educación, por su sarnd por su
¡ ih, no! Es un extrañ,&lt;t monstruo e~ta mariposa que
bienestar y por su porvenir. La ley de la familia no es el se llama el arte. Es egoísta y absorbe demasiad~ aensiéxtasis sino el trnbajo; la ,explosión, la tempestad, la bEidad.-Arnar ea sano, amu.r es una dicha vulgar, ex•
convulsión, son impropias l)llra guiar á loe hijos, para quieita,al alcance de todo el mundo, funcióu fiaiológica;darles ejemplo, para asegurarles un porvenir. Con el y el arte es un caEO de patología psíquica.
amor furioso de Byron por la condesa Guicciolli se esLos hogares de loa artistas son hogares fríos; no revc,·
criben poemas y se representan dramas, pero no se fun• lotea el sol alegremente dentro de aquella aemi-obrnu•
dan familias, ni se educan hijos, ni se elaboran fortunae. ridad, en la que sólo se enciendeü luces al rededor del
Jasan, y eeo que era un aoldadón brutal, no pudo sopor~ altar. sereno de la inmortal belleza. Todo palidece y se
tar á Medt:a y acabó por buscar una esposa menos pan• esfuma ante la sagrada imágen y ella reina única y sobe•
tera y más mujer; ese amor volcánico y ardiente, tipo de rana.
los que- gustamos sentir y modelo del que recomenda•
El eepíritu femenino se asoma al alma del compai\ero
mos á. loa novios, dió como resultado siniestro el aban- de la vida como á un espejo_ que no reflejara su imágen.
dono de la amante y el t-xtraogulamientode los hijos por No es nada suyo aquel hombre, absorto míaticJ en la
mano de su propio padre. Con el amor de Otelo no se contemplación de espectácuios interiores: hay allí poco
llega más que al ast-sinato de Desdémona.
espacio para este hacinamiento de menudencias esquisiLa leyenda} la historia y !a sociedad están llenas de ·tas de que se nutre el corazón de la mujer.
ejemplos análogos, de trajedias conyugales, de ruinas de
Por demasiado alto no se llega á ese cielo; ángeles de
familias y de catástrofe.e domésticas cuyo origen es el rosadas alas impiden eecalarlo; sólo los iniciados en aqueamor ciego, brutal arrebatado, loco. ¿Será acaso el amor llos secretos, los que coronados de freEcas rosas ascienromántico, enfermizo, suspiran te, dolorido y triste, el de den por gradaciones sucesivas á la elevada región de la
Rafael, el de Graziella, el de la María de Jorge Iaaacs, idea, pueden permanecer en las albas cú11pidee . .Allí vi
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4

ven solitarios, como esas aves vencedoras del eepacío en
lo enhiesto de un picacho inexpugnable.
Vivir así, en extásis perenne, arrodillada el alma y
fijos loe ojos en lo pr'ofundo desconocido, es perder de
vista 1as coeaa humanas. Lohengrin baja del Santo Graal
en un rayo de luna, y q_uando Elsa--el eterno femenino
-reclama su puesto en el corazón del heroe1 la visión se
desvanece y el ideal retorna al impalpable mundo del
ensueño, de donde brotó.
Y el arfüta ea un Lohengrin perpetuo; llena está su
conciencia del ealmc, santo de esa vida irrealizable de
la quimera; vibrante su eangre de la sublime calentura
del pensamiento; cerrado el santuario de eu espíritu á
la3 cosas humanas, á esas pequefi.as cosas que rnn loa hi·
lillos de estambre con que se borda el madrigal sutil y
transparente de la ¡¡aeión.
El amor ea un gran inconrniente; no ha menester coa•
dros maravillosoe, y la naturaleza es para él una esfinje
siler;cioi:a y sombría. Báatale con la contemplación del
objeto amado, y la creación es un ataud que flota en el
espacio. -El suei'io de ser la espoea de un poeta, es un
sueño atroz de martirio¡ es tener á su lado un cuerpo· sin
alma, una vída que no nos pertenece, ei;tar desposada
con un cada ver.
No hay sitio en aquel inmenso templo para el rezo su~
surrante y vago del ardoroso apasionado de aquella re•
ligión. Penetrar bajo las soberbias naves y hallarlas tristes y solitarias; aproximarse al tabernáculo y encontrar•
ee con un sepulcro, y cuando la igle1:iia re~plandece de
luces)' se cubre de flores, eer arrojada despiad1damen•
te ...... ¡Ab, sueño de unión mística con una alma-vestal,
con un espíritu de eremita, cuántas noches has golpea•
do en la tibia alcoba abandonada, mientras en el gran
silencio del reposo, las estrellae, como lágrimas de plata,
han caído en lluvia lumit:.oea sobre la frente del poela!
Y de puntillas, desceñida la flotante t_llnica, entre•
abiertos loe abraeados labioa--nido de besos en floración-acercarse al altar del dios y reclamar de él un rayo
de luz que ilumine á criaturas humanas.
¡Ah, hijos que Surgís el.l las treguas de dos nubes al
chocarse, osescapáateis por acaso, sois los parvenus de una
vida que no os fué dada voluntaria..nente; sois huérfanos
de la conciencia, abandonados del alma: nacisteis de la
caricia de una rosa y de un bloc de mármol! Y al lado
de vuestra cama vereia siempre á. una mujer pálida y
re!!:ignada y á. un sonámbulo que vaga inquieto y silencioso.
Amar es sano} demasiado sano, y el artista-enfermo
sublime-ea un ser poco sensible-acaso por exceso de
sensjbilidad,-un anestesiado ·de la pasión.
II
¿AMAN LOS POETAS?

Lefa yo la otra tarde en un último libro de Max Nordau ( 11Paradojae peicológicas11): 1&lt;De noventa y nueve sobre ciento, en las clases cultivadas, particularmente en
las grandes ciudades, lo que se tiene _por amor no es un
sentimiento nacido en el organismo1 sino el efecto de una
sugestión poética. Si los amantes de esta categoría no
hubiesen ltido nunca una novela ó visto una obra dramática sentimental, no se encontrarían en el estado de
áaimo que atraviesan, ó si estuvieran realmente enamorados, su sentimiento se man:festaría, en todo caso, por
otros sentimientoe, palabras y actos.-Consciente ó incomcientemente, representan una comedia de salón ó de
tocador, y repiten con todo entusiasmo y seriedad las escenas cuya descripción en los libros y repesentación en
e! teatro se ha apoderado de su imag:nación .
¿Es, pues, cierto que los poetas, esos ¡;randes augestio•
nados del arte, esos Robinzonea que tienen su isla aislada de los demás m'ortalee, su mundo aparte, en el que viven una vida refinada y complexa, su santuario oculto en
el interior de sagrados boeques, ea cierto que esos exqui•
sitos de la sensibilida1 no son otra cosa sino loa fieles
evocadores del recuerdo, el fonógrafo que guarda la impresión rncibida y la trasmite fielmente como un eco devuelve lue sonidoa•ó como la piedra que cae en un lago
esparce su choque en ondas ténues hasta las rientes orillas que limitan la movible superficie? ¿Hay en el fondo
de sus sensaciones un espíritu oculto que todo lo d_lrige
y lo encauza, una energfa que preside á.!sua accion~o(y
que se apodera de su conciencia y la nulifica y la anula,
un yo externo que arroja otro yo interno, y la!! voliciones
no son eino la suma de todas las voluntades ajenas?...... .

�EL MUNDO

DOMINGO Is de AGOSTO DE 1897
DOMINGO 15 de AGOSTO de 1107

EL MUNDO

-~¿A veces, dice un maestro, he peneado en la existencia de un entozoarío que ocupa la región de nuestro
cerebro, que vive aq,1í dentro, alimentándose con nue,tro pensamiento.• Y entonces nosotros no somos nosotros; somos el producto de tnuchoe hombree. de muchos
eEpíritnP, de fragmentos dispersos, de átomos diFgregadoe, de impresiones esparcidas, de fuerzas diseminada•;
entonces, como decía el poeta, •n'lda ea nuestro», vivimos en un mundo aj~no, nuei;tra existencia eetii forma•
da de extranas t'xistencias; nuestros dolores, nuestras
alegrías, no nos pertenecen; la lágrima que nos arranca
un acerbo sufrimiento, fué vert.ida hace anos, siglos aca
eo, por un loco ideal que conservamos adherido en no
importa r.uál celdilla de nuestro cerebro; somos sombras
de cuerpos muertos, satelitee q '18 reflejan luz cenicienta
de un astro lejano, espectros de cosas idas, remembranzas de hechos pasados, polvo de estátuas
denibadae, reguero de esa roeada arena
de que habla Pierre Loti en su peregrinación á través del /Jcsi;,rto y que &amp;e forma
de altivas, de resplandecientes huettes,
de aguerridas multitud~s que han ido
aglomerando sus despcsjoe, desmoronamiento de generaciones qoe se suceden
á las generaciones y que arrc,jan al paPo
del viajerv una tornasolada nube de ceni•
zas, rndario impalpable de fant&amp;smas que
han rozado el planeta y que se alejan en
el penacho blanco de una uube.

ea un gran delincuente. Crimen de amor! delito de pasión! Como el personaje de la novela de D'Annanzio,
busca en loe labios de la mujer vencida loe besos de la
mujer anhelada, nueva forma de adulterio no prevista
todavía en ias páginas del Código Penal.
Carlos Oiu: Dufóo.

IAGO.
( r.r, •On:1.011 nr.

YKllDI )

l~go, dice una vieja edición de Ottllo, fago ,un· malvado. n
Tal se define y analiza á eí mismo en el Credo: comen•
tario musical al que conc,¡rren la, m ,!odias, las harmo•

Así, el poeta es un sugeHionado que
repite y hace lo que otroe ban hecho y
dicho antes que él? ¿A.sí, éste que él llama
su amor no ea euyo; lo aprendió en eue
lecturas, Jo traefundió en en sangre-que
tampoco ea suya, puesto que la elabo,a
su organismo con componentes exteriores-un eu autor favoriu,? Cree amar, pero en re11.lidad no ama; ea un ruiraje de
eue recuerdos: la amada idtal eubstiLuye
á Id amada de carne y hue~o. ~1arga,ita,
)lignon, Julieta, Eisa ... Laura., Eloiea ...
¿qué importa el noJ1 bn:? :S1tlmpre •·oiti la
deepoeada del poeta. •¿Acaso deJaría de
amarte porque te llam1ras de otro modo?» p•egunta á H.:&gt;meo la heroína dl ::::iakespeare. Amar aef, ea amar J?Or iuterpó•
sita voluntad; es representar un papt!l en
un viejo poema que no es nuestro; seguir
la voz de un apuntador invisible que nos
va deslizando enel oído palabras que no
nacen de lo pro[undo de nuestro Eér.
¿Q11ién nos inspiró eea hermosa eetrc,f.,
cuya música nos remueve íntimameLtt ?
No lo eé, pero yo la he tcecuchado antts
de ahora. ¿Xo fué Museet quien os hito
amará la «hija del Tí.ianc,?• Y aquel otro
que «viene del lLfierno" no encendió en
nuestra alma la pa,ión de B~atri;,.? Y todos vuestros amores ¿no son un tra,unto
de loe que sorprendisteis en esas páginas
que habéis leido y releído y á las que debéis la primera iniciación en ese gran
templo del dolor humane,?
Dolorosamente ama el poet¡¡, po1que el arte ea el do•
Jor, y poi eso ee le ama:
Aimeraie-tu l~s fleure, lee prée et la ved u re, Lee ~onnets de Petrarque el 113 chant des oiseaux, Michel Ange
et lee arta, Shakespeare et la nature Si tu n' y retrouvais
quelquee anciene sanglot1:?
Se busca este supremo deleite que hay en el fondo del
sufrimiento y que nos aproxima á loe bérces de antiguas leyendas, á esos otros yo que han anidado en nuestra conciencia; se sumerge el eer,iritu en este mar de recuudo, porque como Lenpardi «ove es dulce naufragar
en este nur¡11 se convierte atrás la mirada para aha,car
el camino recorrido, y repoear bajo Jae frt:ecae sombras
de enareuadae alamedas, formando, con las flores del
verjel ajeno, aromosos ramilletes que depositar en la
ventana de una :\Isrgarita creada al conjuro del libro del
poeta alewáu. Ptiro el amor que no se aiorna con las
sutlltle alas de la imaginación, el que se alimenta de la
realiJad, el que no ha menester nutrirse de otras iwpres ionee que lae propias, no es patrimonio del pceta. Este

Apuntes sobre el
eión, an contraste, cuya fuerza y hermornra expresa la.
música con mayor vivacidad que !a tragedia. É~ emi.
nentemente del dominio musical la atroz reacción -en•
tiendo casi la palabra en el sentido químic &gt;-del alma
envenenadora sobre el alma envenenada,
Recuerdo que Roesi, representando O' ello, pa9ab:i
constantemente, y con un ademán circular, la mano eo•
bre el pecho, como para seguir á través de eu earne el
horrible centro del dolor. De igual modo deecubro en es$08 pasajes de la obra de Verdi, un motivo orqnestal que
se revuelve sobre sí mismo y que al revolverse profundi•
za y desgarra.
A la menor frase de lago, aparecen en Otello loe eobresaltos; los ímpetus de eufrirviento y de cólera; en menos
tiempo del que ea indispensable para escribirlo, la voz
escala las altas cimas y se desploma en
loa abismos; el alma se ve presa de todos
los transportes de la duda, de todas las
contradicciones de la locura.
Y basta el final del etgundo acto las
dos fuerzas, una enfrente de :otra, conti.
núan lucbando a1,1í¡ una, oculta tln una
música impasible; la otra, abandonada en
una Ulúsica delirante: y como una ha en.
contrado en el relató del sueno de Caseio
la última atenuación je sí misma, la otra
encuentra también en eí misma, laexal·
tación extrema y el paroxismo, en las
páginas magnificas, punzautee con que
\ermina el adiós lírico á las banderas.
Estas son aquellas sacudidas, aquellos
rompimientos de sentimiento interior de
que habla Taine, apropósito de loM heroes
de Shakespeare. A esto se refüre cuando habla de •la imaginación terrible, la
,·elocidad furiosa de lae ideas multiplica•
da.e y exuberantes.•
Hay que lamentar que estas ideasme refiero á las ideas mueicalte-sean
demasiado cortas y demasiado precipitadas, qne paeen con tal prontitud ó que
e¡,te segundo acto eeté formado enteramente de detalles. Desborda vida, y si,
como se ha dicho, no hay ciencia más
que de lo general, no hay vida, ,Mvbre todo en '3hakeepeare, sino eu ti detalle y
en lo particular.

C,nm.o BEr.t,AIGVK.

. .._,,..._.,Lls jSvenee lt'ticm coquetería como ha•
cen escalas: para ejercitarse.
Jorge de J&gt;eyrcl,rune.

***á las mujeres ser saLa viudez permite
biamente coquetas.
A. C:er,11euaye.

*

* * de la joven co::i
C.&gt;nocer el caracter
qnien uno se caaa! no lo titLe 11ún ó se la
tlusd\a á diijiwular el que tiene.
Maria A na de J:Joi-fl.
Señorita Clara Cordero, de Jalapa.

nfas, loe ritmos y ICle timbrea. Comentario admirable,
al principio, de pod~r y de f tror, impra y lírica mente
arrojad') á trav~e de las 11menaza9 de loe cobres y de las
carcajadas de loa trinns; despu{,s, admirable también
cuando todo ~ste lirismo deeapare: e, cuando la oia c(ni•
ca termina en cínica meditación, la cólera en disgusto,
y, cada vez más lentas, más profundas y máedeadenoeae,
las notas del motivo principal ee desgranan y se deevan~cen en la nada.
Fuera de esta explosión casi toda la parte de lag&gt; no
está compuesto sino de in&amp;inuacionee musicales, i01pul·
sos, por decirlo aef, tan pronto tu 1pendidos como osa·
d s, veleidades y ten1ativas.
Desde este punto de vistJ, el relato del sueño de Cassio
me parecd una obra maestra de expresión; obra maestra
por la melod1a insidiosa, por el cromatismo eu,il, por ¡¡
instrumentación atenuada, ahogaJa, sordamente pereuaei va y elocuente por lo bajo.
Y estos ligeros razonamie ntos, estos toques tan delicados determinan en Otello espantosos transportes, crean•
do entre el efecto y la causa, entre la chiapa y la explo-

*

* * cJn la dificul •
S~ eicusa uno de engafiar á sus atn1gos
tad de engal'lar á eue enemigos.
Archille .Jfagn ier.

*

* m,ís
* ó menos poetas y to•
Todos los ena~orados son
dos los voetae se creen enamorados.
G. .lf. r,1lto11r.
OTRO PAGO OE $3,000.00 DE "LA MUTUA'' •

EN LEON.

'

León, 29 de Julio Je 1897. -,-~r. O. Culos s,mmer, Direcoor Gdneral de «L1 )1.1'Uli•• tin .\Ox1co. - .\11y tldGunado eeilor:
El B 1nqaero en esta ciuiai de la lI 10,uf-ile C l'n¡&gt;aflía de Seguros eobr~ la vida «La )Iutu.A•• d-, ~,uwa ívrk,
de la que ed Vd. d1gao D irector tlu edGa R ,públic.1 me
ha entregado 1~ suma de(3 000 00) \rea mtl ¡.,1: 1od d,mo
volor de 1a_póliz~. núm. óiS.505, de mi !Liad.&gt; espodo el
Sr. O. Juet1no Horner.
Reco,nozco ag~de~ida _la eum1 efi~a,ia con q 1e Y J. ha
procedido en la hqu1dactóo de este stniei\ro,· .. ,1rn i n.an·
do con esta más, las numerosa! pruebad qud ya b.i. dado
«La Mutu_a" del empano con que ac,stuwor~ llenar loa
c 1mprom\soe con~r.&amp;idos con 11us a~egur,d ••. -·foy da
Vd. a[ma., atent1s1ma y S. S.- ELE).'.~ P. DE II i11sEa.

VIAJE ALREDEDOR DEL .llUNDO, DE LA CORBETA "ZARAGOZA"
RECOGIDOS 'POR EL DOCTOR CARLOS GLASS, MEDICO DE LA MARINA MEXICANA.
!17,000 n:a.lllas sobre loe ·n-1.are.,;.

YIII
EN EL TEATRO.-LA PROl'AGA:-OA,-LOS 1).'CElH&gt;IOS,

·

r_or lo común las horas de huelga laa pasaban en tierra, y los ratos de cansancio
loe distraían á bordo en la toldilla, viendo el incesante mover de loe ferrie, lanchas
de vapor, pangos de carga y mil botes, ya luchando al remo con la fuerza de la corrien•
·te, ya á la vela cinendo graciosos el huracanado y frío vie1.oto que allí reina, hacia la
playa.
Xo era muy raro observar incendios. una serie de pitazos de vapor, sonoros unos,
agudos otros, anunciaban el incendio, indicando la manzana, y aun el número de la casa
incendiada; poco después de advertido el incendio y loe pitazos las llamas cesaban por
la asistencia siempre oportuna del cuerpo de bomberos.
'
::S-i en Londr2e ni en
Parle se encuentran cuer•
pos de i&gt;Clmberoe tan ex·
peditoe como en Estados
Unidos.
La lucha incesante que
se nota entre el comer·
ciante y las sociedades de
eegnroe contra incendio,
hace que estas últimas fo·
mPnten con &amp;randee can•
iídadea de oro loa ga,tos
originados por una corpo·
ración que pre eta á todo el
mundo utilidades sin
cuento.
Tres minutos después
de anunciado un incen·
dio, están funcionando ya
las bombas, sea cual fue•
re la distancia del einiee•
tro, y diez eegundoe tarda
todo un cuartel en ponerse listo para pre:;tar auxi·
lio.
Loe caballos de servicio
hacen guardia sueltos al
lado de los carros que tienen que arrastrar, y al eo·
nar el timbre de alarma,
Lilluokalani ex-reina de tiawaii.
ellos solos ee ponen bajo
las varillas para ser enjaeiadoe: tal ea In velocidad en esta maniobra, que más tarda el
timbre de alarma en funcionar que toda la balumba de bombas en salir de su cuartel.
Todos los dia,, al sonar la primer campanada de las doce, hay eafarran:ho en to·
dos los cuarteles de la ciudad.

1

IX
t;N

El, PACÍFl("O,-DE SAX

FJIANl' IS('O ,\

IIONOl,ULU,-20:3() MIU.Ab

~I.\RIX.Ati DK

TRA\.ESÍA,

A las nueve de la mafiana del Z9 de Junio entraba la marea; una bruma espesa,
,que se deshacía en lluvia menuda y fría, abarcaba todo el horizante, dejando apenas
percibir en la playa el cúmulo de casas y en la bahía loe barcos.
A media máquina y
con el mayor .orden bor·deamoe de Sur á Xorte la
•costa occidental de la pe·
ninsula, dejando á estribor la lela del Alcatraz y
un poco deepuée Punta
Bonita, y á babor Clifíllouee.
Cuatro horas más tar·
de, apenas se distinguía
la costa americana por la
popa, y solitarios en e.l in·
meneo Océano, con viento, marea y corriente fa·
vorablee, ecgu!amoe el tra·
zo marcado por la de•
rrota.
Nada más feliz que esa
travesía. L!U! eingladurae
acuearon velocidad muy
regular con solo una cal·
dera; el mar siempre azul
y ligeramente rizado pQr
loe flojos vientos, nos em ·
pujaba acelerando la marcha; el mareo generali·
zado el primer día desapareció pronto, y al siguiente dla ee vió á toda la
Prince■a Kawilani. Hija de un escocé■ y de like-Like
gente sobre cubierta.
hermana de la ex-reina Llliuokalanl.
A medida q·1e deseen•

d{amoe en latitud, la temperatura se hacía máa cálida y al cuarto día de navegación
se hizo necesario cambiar el tuje de invierno por el de verano, pues los ardores del sol
abrasador se nfreecaban apenas por loe alicioe en cuyo imperio habíamos penetrado.
Xi un solo barco, nada que llamara la siempre ávida curiosidad del marino; la
mar monótona, el viento soplando siempre del miemo punto y en rededor nuestro, so·
Jedad ein límites.
Por las tardee, á la pue9ta del sol, siempre hermosa, iba sobre cubierta todo el
mundo á presenciar ese espectáculo que no canea nunca y que interesa al marino por·
que sirve de pr.:eagio para los buenos y para los malos tiempos.
Loe marineros reunidos en grupos ::1obre la jarcia, el combés y el castillo; eobre las
bordae, provistos de acordeones y guítarrae, echando bocanadas de humo de sus pipas,
entonaban canciones entimentalee, de su paie, nacidas entre bosques de palmeras Y
frondas de helechos, y llevando en sue notas plal\iderae la dulce melanco1ía de lasco·
marcas tropicales.
Ae~ mecidos por el oleaJt&gt; del grande oceano, á merced de la providencia, Y con el
corazón lleno de esperanza, perdíase esa tranquila algarabía, mez&lt;:landose con el ruido
de la hélice y el rumor del oleaje, en la inmensidad de un horizonie sin límites.
En la noche el toque de rancho siempre esperado, hace cambiar la decoración á
bordo; enciéndense las luces de situación, los reposteros acuden con eue portaviandas
á las cocinas, y el resto de la gente en algazara constante baja el sollado y espera BC'nriendo apresurada, la dura galleta, como un aperitivo á su apetito eiempre voraz.
.\. las 9 de la noche, al toque de silencio, todo se aquieta á bordo, sólo el rechinar
de la jarcia, el zumbido del dinamo, el golpe del oleaje que se quiebra en el costado,
produciendo un ruido seco, forman un monótono é imperturbable conciert.o.
En el mar, la azul fosforescencia producida por millones de salpas é infueorios dibuja la estela q11e deja nuestro barco, y ti loe lados, como pálidos y fugaces fuegos fa.
tuos, corren deslizándose los rizos de espuma; de vez en cuando loe peces voladores,
como cen tellae brillan•
tes ó penachos movedi·
zoe de fuegos artificia•
lee, dejan ver sus iluminadas siluetas que rápidas detaparecenen todas direcciones marcando en la rttina l&amp;. huella
que en el agua han ee·
guido.
A las diez de la noche
todo ea silencio, eólo el
acompasado y tardo paso del oficial de guardia
y el parpadeo del farol
que lleva el rondín á todos los sitios de la cubierta, despertando al
relevo, forman con la
jarcia, la mar y el vien•
\O el único movimienw
perceptible en la inmen•
ea soledad de la noche,
Iglesia Kawayah.-La primera iglesia cristiana erigida en la espaciosa superfien tionolulu.
cie liquida del océano.
Eldfa 30 de Junio dietábamos eolo:!50 millas de las islas Hawaii, y el día 1? de Julio
deberíamos fondear en el puerto de Honolulu ciudad y puerto principal del Archipielago y capital de la modernieima república hawayana.
:X

ARRIBO .\ IIO~OLULt:.
Auúnciase el l? de Julio; el mar rizado por un viento del S. O. quebraba sus aguas
dejando ver fugaces arcoirie que chispeaban. sobre la nívea cresta de las olas.
'
Por la proa, sobre el horizonte, destacábaee ya distintamente una elevada y montanoea costa, negra, imponente hacia la playa donde un grupo de peflaecoe abruptoe
de granito resistía el incesante golpear seco del oleaje que se deshacía en cristales lfquidoe azul turqul.
Más sobre el pabellón del cielo elevábanee soberbios volcanes mezclándo y con•
fundiendo eue altos y desgarrados picachoe'..con un afelpado y negro manto de expléndidae nubes plateadas en eue cimas por loe oblicuos rayos del sol naciente.
Sobre _las montai'l_as bosques inmen~os de ve_rdura; hacia la cnsta agria y desigual,
la tosca andez de antiguas lavas volcánicas reflt&gt;¡ando en su superficie y rompiendo en
eue arietas, como diamante gigantesco, la luz que difundida en matices extrañoe y en
o, !oraciones exóticas iba á perdene en el espacio transparente ó en la enperficie movediza de las aguas, produciéntio singular espectáculo.
¡QtJé hermoeo contraste el ofrecido por aquel resto sublime de cataclismos espantosos en las edades primitivas!
Difícil pintár el entusiasmo d~ ii b"&gt;rdo al co11templar lae3peraia tie1ra de Hawaii
después de tan foliz travesía ó al saber q 11e muy pocas horas nos faltaban para descansar en la primera etapa de nuestra viaje; al im~ginar lo'.desconozido y creer que a cor·
ta distancia se nos ofrecía el goce de las primeras novedades, sentíamos un indecible
placer que animaba á todos en el Zarogoza.
Poco deepu~e, bordeando la costa de Dahu de norte á sur para llegará Honolulu
pasábamos á lo largo del canal que separa esta isla de Molokvi hasta que por fin á ¡~
descubierta ee preeeotó á nuestra vista el P,1rai80 del P,,cÍju-o, el expié ndido puerto de
llonolulu, en medio de un bosque de caftas palmeras y tarro.
_A la a~ru~adora claridad de un sol tropical, vense eeparc~doe aquí y allá aristooráttcoe ed1fiJ1os e~beltos, ó negras y pesadaJ construc-::iones con lechos y muros de

�oo ■ UIGO 15 de AG~STO de_ •~J==

EL MUNDO

1,6

granito, en loe flancos de lee montañas entre mac~oa bosques. de. K~ila-Kala,
Cimborrio de fuego 1eeplandeciente al sol del medio día, la soberbia allueta del
Waikiki, viejo volcán eacudido en otro tiempo por catacliemm1 plutónic~e, amparaba
como docel inmenso orla•
do de sempiterna verduraeraaquelmajestuoao ¡¡,aEaje erigido por Dios en

medio del oceano, y como
brotando de las olas y en•
tre las fJOndae de las palmeras, ergufanee loe cruzados palos de )os barcos.
A la voz del comandan-

niu á Kihokalani, y M. "William Dole con su consejo
de ministros ee instaló como presidente.
Hoy día el pueblo se compone en su mayor parte de
japoneses y chinos que han importado Jamás terrible de
las plagas, la lepra.
Aemtado el pueblo de tan terrible mal, funda hoflpita·
les donde se aeieten dti dos á ciDco mil leprosos cuyo nú·
mero disminuye sólo con las enérgicas leyes que obligan
á todo enfermo á vivir segregrdo en los hospitales ó á
salir del territorio tenga ó nó bienes raíces en el país.
Por otra pal te, los aborígenes eon hermosos; principal•
mente las mujeres á quienei:. Vancouver dio el nombrn
de &lt;1renue nPg1as.»

XI.

El 4 de Julio, doble aniversario de la lude pendencia de E~tados Unidos y de Ha•
waii, los pabellones flotando sobre todos los astabandera3 eo. tieri::a y engalanando los.
barcos, formabai:i un pintoresco y animado golpe de viste.
En el expalacio del Rey, suntuoso edificio al estilo bizantino, erguido en medi0,
de un parque bae.to, frente á la arrogante estátua del rey Kamehameha 11!, desfilaron
en columna de honor la guarnición y 103 navales, en presencia del seí\or DJle, Presidente de la República de Hawaii y del cuerpo diplomático extranjero.
Sobre la escalinata de
mármol negro del pórti·
co, bajo el grandioso arco
de entrada, levantábase
soberbio docei y en el cen•
tro eentadoa en Illagnl :ficoa sillones Luis X V
A
veíanse el presidente Dole y á su derecha nuestro
Residencia de un american o en Honolulu.
Brigadier y oficialidad, á
la izquierdaelcomandanAltOs, fornidos, de tez morena y de nariz aguilefia, prognatos y con pómulos aate y oficialidaddel.Adamslientea1 veetidos de lienzo y con sombrerillo de paja 8!1 la cabeza, tenían un parecido
y el cuerpo diplomático,
muy notable con nueetros indígenas, y eeta circunstancia ocasionó entre el equipaje la
y en el reato del amplio
explosión de algunas chispas humorísticas de su csracter.
corredor lo más distinguiGuiados por el piloto, atravesábamos el estrecho canal que conduce al ¡;ue1to, ee
do de la eimpática societialado unicamente por boyas rojas á uno y otro lado, después el fondeadero donde con
dad de Honolulu, donde
cuatro amarras fondeaban los barcos allí surtos.
:figuraban tanto he1moeas
Muy cerca de la playa veíanse bien grupos del pueblo que concurrían á preEenciar
señoritas como elegantes
la entrada de un barco de guerra cuya bandera desconocida para ellos dió lugar á miles
daros.e.
de comentarios que más tarde conocimos.
Por 1a noche se dió un
Nunca basta entonces había flameado nuestra insignia t,ricolor en aquellos remobaile donde fuimos coltos y perdidos sitios del oceano; á. distancia el color verde confundíase fácilmente coa
mados de atenciones y
el azul y euponíase al nuestro un barco francés¡ más tarde Ee le creyó italiano, pero
donde vimos con sorpresa
una vez foúdeado el buque-escuela ee distinguió nuestra libertadora águila, nunca
desaparecer de nuestros
vieta y comenzó entonces á manifeetarse inmensa curioeidad que hizo que al rededor
fracs, todos los botones
nuestro, vinieran infioidad de botes con gente de todo el mundo, cbinoE', japoneses,
dorados que llevaban
kanacos, indos, árabes, portugueses, americanos,,etc., todos abeortos y hablando in•
nuestra insignia, porqu&amp;
tensamente cada cual en su propio idioma.
l~e sefioritas del puerto
Gritos intraducibles suce::lieron á la eopresa cundo el e:aludo á la bandera de Ha•
tienen la peregrina coa•
waii con todas las reglas de la marina1 eaÚó de las bocas de nuestros csñonef!; la con
El manto real de Hawail. Vieja inalgnfa de la realeza.
tambre de ponerse como.
testación se hizo esperar, basta que vinieron á pedir al barco una bandera mexicana
adornos, botones y cintas
porque no había en todo Hawaii una insignia nuestra, y el iris tricolor de nueGtra pa- que por decirlo así escamotean á. loe oficiales y tripulantes de todos los barcos que allí
tria les emefió de lo que eramos capacee y presentamos por decirlo así, la gran targeta arriban.
de la República, la insignia nacional que flameó por primera vez en el ignorado país.paCitaré, con licencia del aludido, á uno de nueetroe guardias mariaoe, que sin hara nosotros mal conocido desde que el mundo americano brotó de entre las olas, á los blar una palabra de inglés y sin haber bailado, perdió todos loe botones, ar:ancados
conjuros de Colón, y el mundo australiano surgió del oceano á la mágica voz de Sebas- uno después de otro por dietintae señoritas, y al día siguiente lamentaba el forzoso.
tián Delcano y de Cook.
gasto á que se le obligaba por una costumbre tan extraña.
No estuvimos un momento solos; había fondeado, además de varios barcos mercanNo lo consolaban de su pena los recuerdos de aquellos instantes .de expansión en
tes, uno de guerra americano dando proa á tierra¡ este nos hizo cortesmente la visita que muchas manecitas delicadas lo tocaban á porfía hasta desprender del uniform'e la
codiciada presa.
de ordenanza y contestada que fué, dió lugar
á un a[ecto entre la ofiXII.
cialidad, nacido por ser
ELHAWAIL
del mismo con~inente
•(,'
aunque de distintos paí.
~·e_,
ses.
IllSTORI.A, POLITICA .ACTUAL, INDUSTRIA, COMERciO 1· &amp;ANIDAD.
Después tuvimos nu,,
merosas invitaciones, y
Nada más miginal que la historia de esas islas descubiertas por loe grandes e ¡ .
cordialmeote recibidos
radares eepaíl~lee del siglo XVI y estudiadas mucho después por Cook, navegan~Pi:~
por el presidente de la
glés que Jae dio á conocer al mundo en 1750.
república hawayana Y
~abitadas por ind!gena~ pescadores, simplemente, raza eebelta, agil yfrcbmta,
por el diplomático acremannera por exce 1encia y em parentescos cronológicos con loe pobladores de la A _
ditado en Honolulu Y
tralia ó de las islas Figi son bellas las islas Sandwich.
us
las principales autoridaCook
ambicioso
estorcionab,i
al
pueblo
y
murió
en
Hilo
asesinado
por
las
manos
des de la localidad, paalevoeae de los ñatu~ales.
samos la temporada quiEn grande actividai por aquel entonces, los numerosos volcanes de su suelo
zá más agradable del
fuera de toda comunicación con el mundo, cubría las islas vPgetación raquítica p~ry
viaje.
descubríase el fe_rtil y privilegiado suelo, que más tarde, Vancouver engalanó con lo:
EL~ HAWAll
productos más ricos de la flora de Europa, Asia y América.
Por aquel tiempo despertábanee las rivalidades entre los distintos reyesueloe de
cada isla y un organizador activo, el prohombre bawayano, Kamehameha r sometió
Llegábamos por fin á
por la conquista, todo el archipiélago, que convirtió en Imperio despótico !andando
un país isleño, repúbli.
la capital en Ilonulnlu que quiere decir ciudad imperial.
ca hacía tres atioe, m&lt; narquía desde épocas re.
El monte _H_ai_kiki á coneec~uencia de un tnremoto abrióee en todo su espesor de•
motas, antig110 como
Jando un prec1p1ct0 que hoy mide 300 metros de profundidad, y en la parte superior
:México, codiciado cvmo
ha,sta 100 metros de anchura, arrojó en ese abismo el Tey Kamehamelta I á más de
joya valiosa, rico como O.ama hawayana á eaballo (montada á la manera
5,000 guerreros y esa hazafia horrible fué la piedra fundamental de su conquista que)&amp;
loe vergeles del trópico¡
masculina).
valió el nombre deGrán Guerrero.

·::: ~-

•

XIII.

FIESTA NACIONAL

ra del código marítimo in•
ternacional pidiendo práético, y media hora des-

"

lf:L MUNDO

agreste y selvático como las tierras virgenes, ilustrado y comercial por eu contacto con.
los pueblos cultüs poblado por el genio y desposeido por la incuria, eano como un oasis y enfermizo c~mo un Lourdes tanto como las catacumbas de Roma en la era inci' del crieFaniemo, .Y vicioso como
'
'
piente
la Pentápolis e~mita; amante del opio y del
nfr-.
i·anah, y bruto, infeliz como un pollino, país de hero1cos magnates y de cobardes reyes¡ raza que brilló como la de Cuauhtemoc y ee extingue en la conquiEta cosmopolita.
Tal es, en conjunto, el archipiélago perdido en la inmensidad del Océano que pasábamos por primera vez, henchidos de orgullo naciona..1, grande, muy grande, como el amorde la patria lejana.
Portentosoe,·espléndidos, eran los comentaxios que se hacían en la cáma1a de po•
pa según se iban recibiendo impresiones en nneetras reiteradas visitas á tierra; pero
unánime y caei uniforme fué la última impresión, al separarnos de ese país hoy tan
en boga en la política universal.

te aparece sobre Ja punta
del palo mayor la bande-

pués, una lancha tripulada por seis kanarns nativos del pala, atracaba á.
los costados, conduciendo á bordo al piloto del
puerto, un americano de
formidable estatura y
fuerza hercúlea.
La maquina avanza nuevamente, llevando á remolque la lancha y ya á
nuestro sabor contemplamoa detenidamente á loe
primeros habitantes de
las islas que se ofrecen á
nuestra vista.

DO ■ INGO 15 de AGOSTO de 1&amp;97

COSTüMBTES IIA WA YA.NAS. EL POI, EL ALOKA. ROE.

~---. =-~-

Casa de Correos en Honolulu.
Hoy día, para perpetuar su memoria, figura sobre rico pedestal la eetátua del genio
hawayano, cubierto con su real capa de plumas amarillaf.l.
El reinado de Kamebameha íué el más floreciente. llegando á medio millón el número de habitantes. Más tarde, entregados al vicio y la depravación, erigido en virtud
el repugnante y contranatnral infanticidio, y viviendo las mujeres en el oprobiJ, ne·
cesitáronee las frecueutes inmigracim¡ee del mundo entero, y desapareció aquel breve
apogeo de una raza basta entonces iiuetre.
Dedicados al politeismo C')nsideraban los volcanes Maona-loa y Kaela como el
palacio del sol, siendo eu cráter el horno donde fundió eus ardorosos rayos llamados
entre loe kanakos cabellos del Sol.
La inmigración de mh,ioneroe cristianos prop1Jgó una religión más dulce, pero resistiendo el pueblo á la nueva dutrina apela á la conversión de la R~ina Kapiola •
ni, m ujer de altas dotes y de inteligencia superior, la cual no enteramente converti
da á la nneva fe sujeta á los sacerdotes á una prueba al alcance de su inteligencia, an
tes de abrazar el cristianieino: desafiar á sus dioses, insultarlos y encomendándm:e al
Cristo, buscar el poder superior de cualquiera de elloe.
En real embarcación emprende la reina el viaje a Hilo y de allí asciende á los
volcanes, has:a su encendido cráter, donde á ningún ser humano le era perm itido Eeatar su planta profana, so pena de ser aniquilado por la
venganza del dios irritado.
Maravillado el pueblo de su Reina, la sigue en turbas
descompuestas y y;a en lo alto de la montafia, Kapiolani
manifiesta públicamente sus intenciones; con paso firme avanza hasta el borde del turbulento cráter y co'n so·
lemne actitud y entre enérgicas imprecaciones, arroja
piedr.:ae á la candente lava en fusión é insultando á. su
dios le dice: uhasta hoy he creído en tu poder, pero tengo otro dios superior á tr. Si eres capaz de vencerk, con·
fú ndeme entre t,u hirviente lava; si nó, aconsejaré á mi
pueblo, que te abandone, porque no eres tan terrible co•
mote hemos creído!n
. Aeor~da la multitud. sin atreveree á hablar, en Pilen·
e10 ternble, esperaba ver desatarse sobre ella las furias
del coloso, y cuando el volcán mndo, parecía humillado
ante el anatema lanzado por la reina, el pueblo Ja sigue1
la adora y se convierte gustoso al cristianismo.
Tal es la tradición legendaria de la propagación de
las nuevas creencias de eEe puta blo.
Pocos añ.os· máe tarde una terrible.erupción asuela
loe pueblo(y hace vacilar las conciencias de loe neófik&gt;s, por eso aun en la actualidad se encuentran restos
de sus viejas supersticiones, mt-zclado1:1: á la religión do
minante en las Islas Sandwichólfawaii.
E ntre loe dernendientes no tablee también de la dinastía conquistadora encuéntraee la Reina Emana que al
morir dejó cuantioso capital para el soetenimiento de
una eEcuela cuyo edificio está. valuado en $300 000 oro y
un hospital que hoy lleva el nombre de la augusta dama;
por fin la última reina dest.ronada Liliuokalani sufrió en
su palacio el retiro melancólicos deu derrota.
Su hija, hermosa criolla que reside en Londrea, recibe
aún de. gobierno 300 libras esterlinas para su educación.
Aceptadas que fueron las nuevas bases de un Gobierno Repu~licano estando en minoría el pueblo kaPaka,
no hubo necesidad de disparar un sólo tiro para destro•

•

El pueblo, H1w1yano, como el nuestro, es amante d0
la música, eensiblero, apasionado: usa lengua mny parecida al mexicano, que va dernpareciendo poco á poco por
Ja mezcla del chino, japonés é inglés.
S:i comprende tanto EU idioma como su raza, y dentro de poco tiempo se verá desapartcer el tipo primitivo de ella.
Viven en cabaflaa de. palma y bambtí, y su principal alimento es un atole llamado poi que se hace con el tubo de
una planta acuática, el tarro, de poder ali.roenticio muy
elevado; prescindirían de todo, menos de esepd univer•
!!almeate aceptado por ellos.
Amantes del baile, tienen una danza de vientre graciorn, atractiva, aunque un poco deshonesta, pero que agra.
da y es la indiepeasable en todas las fiestas.
Las mujeres kanakas usan como vestidos una gran bata eaelta, y se adornan con profusión de floree y de plumas vistoeas.
Hábiles .oadadoras, viven la mayor parte en el agua,
donde arrogantes se desafían los más ágiles.
Otra de sus recreaciones ea el caballo; montan como hombre y manejan loe más
briosos potros de la comarca¡ ardientes y fcgosaa, son sin embargo, madres criminales
que vendeo, 1egalan 6 matan á rns hijos.
Deeconfiadaa para tratar al extrangero tienen en las presentaciones costumbres
muy estrictas y curiosas que proporcionan, pasada la ritual ceremonia, ratos muy
agraitables en rn cornpaflfa, porque eon alegrefl1 bulliciosas y de cierto ingenio.
PJra contraer amistad con las Hawayanas, se compra una guirnalda de flores
qnf' Pn cualquier parte ee consigue, y presentándoEe ceremoniosamente delante de la ó
las t-lf'gidas, se lee cueiga la guirnaldll al cuello, y ellas á su vez cut&gt;ren á uno de flo rea, al grado de perderse el cuerpo entre eu multitud; así queda concluido el pacto de
amietad, que Ee bare franca y abierta, acto continuo.
Cómo pafábarnoe alegres nueetro tiempo con eeae costumbres, en medio de bosques frondoefsimoe y hermosoE', junto á la-playa azul, en Ja rústica cabaña ó el aeiático
y lujoso Bingalou y entre músicas melancólicas cuyas notas multit¡,ud de veces nos recorúaban al país ausente.
(Continuará.)

P,uque en una residencl• privada

�DOMINGO 15 de AGOSTO de

1197

119

EL MUNDO

DOMINGO 15 de AGOSTO de 1897

EL MUNDO
111
LA ULTIMA NOVELA DE GALGOS

Por largo tiempo al fuego,
y cuando queden sólo lae cenizas
Qne las esparza al viento......
Xo vaya á aucedllr que todavía
Del eepuÍcro en el seno,
.
Preea de Jae miserias de esta vida,
Perdure trabajando el pensamiento;
y yo me llevaré tantas tristezas,
Tan ingratos recuerdos,
Que al llegar á. rendir ésta jornad~
Emprender otra igual me causa miedo,
y olvidar, olvidar es lo que ansío, .
D.:ecanaar para siempre es lo que qmerol

DAMAS MEXICANAS

El gran novelador espafiol acaba de !anzar á la publicidad una nueva creación,
potente, genial, expontanea, llena deob
servación exacta y concienzuda, profundamente vivida, como todas las suyas.
cc',lisericordia»-tal es el título del ooevo ·libro-no es obra tendencioea, que
contenga la raaolucióo ó eiquie~ la exposicióo de algún problema palpitante de
actualidad; no está destinada á mostrar
estados de alma excepcionales; ni á pro·
poner el misticiemo, la caridad? el amor
como fin á las intrincadas cueEt1ones que
ee debaten; ee, ¡imple y eencillamente, la
narración de una vida humilde al rede•
dor de la cual giran y se mueven las de
las otras figuras del Ji bro como atraídas
por el imán irresistible que ejerce la bondad sobre las almas todas.
Una familia venida ámenos; una criada abnegada y generoea que ein conocer
su abnegación y generoeidad se de_dica á
subetentar á sus antiguos amos valiéndose de trampas y rodeos y aun pidiendo
limosna¡ un moro ciego dotado de rara
clarividencia interna que adora á l_a bondadosa maritoruee, y un~ herencia_ que
hace olvidar á loa favorecidos el canfto á
su bienhechora, constit~yen la trama del
libro.
Pero con tan pobres materiales ¡que
hermoso romance de penas, de amor, de
pláceres, de dolores, de conmieceración,
de colera y de ironía elabora el maestro
canario!
En Galdós, por rara y singular coinci·
dencia Fe han adunado la eavia eepa!io•
Ja la que nutrió el árbol de que brotaron
Jo~ Quevedos, loe Hurtados y los Yélez
de Guevara, con el genio eajón que dió
aliento á loa Dickena y á loa Ttiackeray.
Loa mendigos que ahora describe, atrevidilloa, insolentes, vicioeos, llenos de
llagas materiales y morales, parecen evo•
cación al mismo tiem:,o de aquellos otros
torpes, disolutos y canallescos que habfan pintado ;\!ateo Alemán y Cervántea
i!l Grande; y de loe qne nos dejó el insigne britano autor de David Copperfield.
Señorita Elvlra de la"Torre, de.Jalapa.
Sobre todo, aquel Dvn Carlos bendito,
socorredor de pobres, que piensa al d11r
Hay en Mi~ericorrli11 -aparte por supuesto de la Bmi1111
una perra á loe mendigoe, que van á bajar ángeles tañen• que es el principal-dos tipos que bastaría~ para dar t~·
do arpas y guitarras á conducirlo á la celestial mansión, tulo dP gran observador de car;,cteree á qmen los concies figura esencialmente clásica y digna del glorioso pin- bió: Obdulia la hermosa, y el insigne hidalgo ~ondeM,
-ce! del genio de Poretmoutb.
flor y espejo de la andante pobretería, D. Franc1sco PonSin embargo, por más que cause asombro, Galdóe, que
Delgado.
.
tan bien sabe pintar cuadros murales á lo Miguel Angel, te Qué
diálogos te.n sabrosos pasan entre esa pare¡a_ayu•
se vuelve deemafiado al tratarse de cuadritoe de caballe- na de sentido común, qué cosas dicen tan entretemda~.
te á lo Meieeoder.
como se reconoce en ellos á esas pe1 sJ~aa !1º t,~es, pero
Aquella aglomeración de curas, frailee, monjas, sacri~- decenll',,, que primero cometerían una acc1~n md1gna qu_e
tanee, mendigos, ciegoe. monetruoe é iluminados, de An- rebajarae vamos al decir, á aceptar uaba¡oe qne mancigel Guerra, ee tratada con ,al primor que no hay contor• llaran el :Oáe imignificaote de sus treinta y dos cuarteles.
no que no quede seflalado, ni raego que permanezca en
No sé que crítico de los de patente ~a dic~o q~e las
vago, ni acto, palabia ó pensamiento suyo que no cons- novelas de Galdós no están esct11!.z.1. Quien q 111era (1ncl~pire al fin principal.
eive el tal censor) leer algo en que se h_ rmanen_ el priEn «Fortunata y J aci ntan ( para mí la mejor de sus mor del habla castellana dásica, terea, ¡ugosa, nca. Y ea•
obras) baja de loe salones de la mesocracia á los tal:¡ucos broea y las modificaciones que de ella ha i~trodu_c1do el
de loe infelices, de la farmacia al taller, del ministerio tiempo, que lea Mi8t'Tico,.din , la obra _qt1e e1mbJhza loe
al café, con planta segura, sin eavilecer el númen, eiem ·
deepo3orios de G.üdós con 1-' A.c1de1m~pre fiirme, Eiempre alerta, siempre expedito y llt!no de
y que también la lean todos loe a1LDiradores ~e la verlucidez.
dad y de la ftu mosura, la 111_1/11,-,1/eza y el arte, de1dade~ á
y en loe To rquemada y en Nozarín y siempre que ha quien siempre ba eacrificado el gran poeta de los «Ep1eotenido una gran eupe1ficie que manchar ha sido artista dióe Xacionalee "
inimitable y felicíeimo.
Agosto de 1807.
Y1croR1AN0 SA1,Aoo AL,.AREZ.
En cambio cuando lll espacio es reducido, lo&amp; persona•
jee aparecen y desaparecen como figura e de cinematógra ·
FUGA..CEIS
1
fo, basta que la acción ee reconcentra en unos cuantos
Cuando el término llegue de este viaje
que dan el tono á la obra y la constituyen.
.
Que en la ari,lez de mi existencia emprt!ndo
Así pasa en Jfüericordia, en que se esbozan figurillas
Y al fin mis tristes y caneados ojos
que acabadas serian deliciosas; pero que como ee hallaa
Duermau
el meno eterno;
no tienen vigor ni potencia. Esto siu concar la introduc•
Antes de que á llevar~e mi cadáver
-ción de incidentes que meten al lector en ahogos. ¿Por
Llegue el sepulturero,
qué aquella fuerte y saludable Juliana, personera autoriAntes de q11e la tierra genere ea
zada de la cordura, de la circunspección, de la economía
Me recoja lln su seno,
v de la aritmética, se conviH'6 de pronto en histérica
Antes de abandonarLDe para siempre ......
desenfrenada, llena de fantasías y de terrores, que habla
¡Lamad, llamad, por compa~ión al médico!
de pecados que ha cometido y que no nos descubre?
Decidle entonces que me rompa el cráneo,
Quizá (quiera Dios) nos explique el autor tales enigQue me arranque el cerebro,
mas en obra p1óxima; pero de todos modos probaran es·
Que tome la cuchilla y lo reduzca
toe que al creador de Fortunata y de Isidora Rufeta le
A menuioe fragmentos;
falta e,a hermosa ponderación de cualidades que tanto
Qua someta loe últim'&gt;e pedazos
~adiría á eue méritos indudables.

11

Del tiempo y Ja distancia me reía
Al darle a Jo que ofreces importancia¡
Para amor tan profundo me decía,
Xada valen el tiempo y la distancia.
• Cuando 008 ,¡epa1amos nóche y día,
Fué tu olvido borrando mi constancia,
y heme aquí meditando her°;lofa ~fa,
En el valor del tiempo y la d1etanc1al
llI

Cuando cruzas por mi árido camino
Sonriente y hermosa sin mirarm~,
Olvidando que ayer, entre eonro¡oe
Ser mía para siempre me juraste,
Cuando á mi lado pasas distraída
Despertando calmadas tempestade~,
Cuántas veces me he dicho conteniendo
Un suspiro ahogador como loe maree:
-«Para borrar como por fin lo hiciste
De tus recuerdos nuestro amor tan grande,
Cuán honda debe ser la sepultu:-a
que en tu desierto corazón c~vaete,
Qué solitario y lóbrego el abismo
Donde mi cuerpo ensangretado yace,
y cuánta tierra le echarías, por miedo
De que sepan que llevas mi cadáver!»
VI
¡Cómo eon lae mujereel ~oda~ía
No ee borraba la reciente h1stor1a,
Cuando pasé por su camino un dí&amp;.
.
D~aptirtando un recuerdo en eu memona.
)lll miró largo rato, interrogando
Algo á su corazón que no responde,
Tal pareció que dijo: -«No sé cuando
\'i uua cara como eea no sé donde.»
V

¡Un beao! ......por recibirlo
De tus labios _entreabiertos,
Todos loe hombree darían
El mar, la tierra y el cielo¡
El aire que loe rodea,
Su sangre y su pensamiento,
La salvación de eus almas......
iTodo to grande y lo eterno!
y 0 que eoy pobre y que sabes
Que cual ninguno te quiero,
Por recibir de tu boca
Una caricia de fuego,
Por aspirar tus perfomes,
Por envolverme en tu aliento,
Por un beso que me dieras
¡Te daba en cambio otro beeol
YI
¿Sabes Jo que peneé la vez primera
Que te ví tan hermosa y esplendente?
Que eras una visión, una quimera,
Un delirio de tantos de mi mente!
y á pesar de que muchas, ronchas horas
Te he vuelto á ver desde tan faueto día,
De que en la tiera con nosotros moras
No puedo convencerme todavía!
RooULFo F10UEROA.
Agosto de 18!l7
Hay en la historia días tristes, pero no hay días eeté•
riles.

Ernesto Renán.

La mujer ha sido puesta en el mundo para conciliarse
con todo y para conciliarlo todo.
G. Valbert.

La ira contra todas las mujeres n~ ee frecuentemenw
más que el reverso de un amor ulcerado por una sola.
7h. B entZ&lt;m.

Las llaves perdidas.
TRAOICION POPULAR

ON la cabeza, con la cabeza, y no
dar, tan fuerte! ¡Vaya una mane•
ra de llamar! diríase que quieren
echar la puerta abajo. Espere quien
sea, que con un gris que corta como
una espada no he de salir deenu·
do..... ¡Esta es otra! ¡pues con la
prisa y la obscuridad no me po·
nía loe gregüeecos al revés l. ........ .
¡Que se esperen, digo, que no soy
sordo, ó juro por una legión de á
caballo dejar al que llama, á. la luna
de esta noche, aunque sea el sur•
xw,1 corda!

-¡Por Dios, Couo: no hables aaf, que ni de fuera pueden oírte, ai con jurar adelan•tae nada, dijo el suave acento de:una mujer contestando á las destempladas voces dalque
:primero hablara.
Este, murmurando palabras no de hi mejor escuela, tiró loe calzones, cuya embocadura en aquel momento no hallaba, y embozándose en una manta jerezana que á
loe pies de la cama tenía, pasó á otro aposento, palpó en la sombra, encaramóee en un
banco de madera, y mirando por un postiguillo que sobre una puerta abría, exclamó:
-¡Pneel ¿quién otro habfa de ser sino el compadre?......... ¡Por vida de un alijo.de
tabaco, que si no nos uniera el sacramento, rompo á eu merced el del bautismo!.. .......
.¿Conque se olvidó sus llaves sobre la tarima del brasero, al sacar con ellas las castañas
del rescoldo? ¡Qué no fueran las tales Jlavee toros de ocho af\oe á ver si su merced las
.guardaba mejor!. ........ Y en qué huronera, santo varón, ha estado metido hasta ahora,
que llevarr.oe un siglo de suefio?......... ¡Con la vecina de arriba desollando á todo
Dioel... ... - ¡B.ihl su merced no apedrea; pero guarda las capas, como dicen que hacía
san Sebaetián ó san Jerónimo, ello fué uno de loe doce.
En tanto que desde el ventanillo así desbarraba el llamado Corro, su mujer, en el
-cuarto inmediato, golpeaba el pedernal con el eslabón para encender luz.
-No encien:iae, Fina, que el olor de la pajuela te daña; si están lae llaves donde dice
ese bendito ya las encontraré. ¡Cuidado que para ser grandes, cual serán las de la puer·
ta otomana, siempre las tiene perdidas! dijo el hombre, bajando el banco y buscando á
tientas sobre la copa del brasero.
-JUBto, aquí están, afladió luego, y volviendo á su atalaya prosiguió: Poaga eu
merced el tabardo y recoja eue llaves......... Vaya que si san Pedro descuida las suyas
-como su merced, le quitan el oficio! ......... ¡Eh, eh, no se vaya tan abina, que tengo que
decirlel. ........ Oigame bien, compadrito de todos los diablos, y no eche mis palabras
-en saco roto ......... Esta es la segunda vez que olvida el abriderv de su puerta; á la tercera dejo á su merced así donde está, tomando el fresco com J las veletas de la torre,
aunque se convierta en carámbano y con el viento se petrifique.
Y cerrando de golpe el ventanillo, saltó del banco y se dirigió al lecho, diciendo
-con toda claridad;
-¡Juro por todos loe demonios del rtleguardo, q 11e á otro olvido del compadre le
mando al infierno!
-¡Corro, por Dios, no jures!
-No te enojes, mujer, qae te juro por mi alma no jurar más.
Y tirando la manta metióee en el lecho, tapándose basta las narices.
Era este hombre como de sesenta anos, aunque plantado, tiempo hacía, en el medi()
eiglo. Cuando de edades se trataba, decía á una vecina que tenfa al dediJlo la de todo
i!l mundo:
-Cincuenta años tengo, tía Marizápalos, y no me saque más. ¡Caracoles! diríase que
-de diezmos se trata y para pagar menos ameaguo la cose&lt;Jha. Su merced, como es del
-tiempo del rey Wamba, quiere hacerme su contemporáneo. Pues yo le juro ........ .
La sen.ora l!'ina se interponía y el juramento no pasaba delante.
Sin embargo, como el tío Corro no poseía gran estatura y era delgado como el
alambre y como él resistente y duro, doblándose y retorciéndose según las circunetan·
cias, y tenia además una fisonomía graci9ea y de facciones aninadae, con unos ojillos
negros picarescos y retozones, podía pasar, á pesar de sus cabellos grisee y eu malicia
de Matusalén marrullero, por un joven de cincuenta, que respetabilidades hay de más
edad y peso que no consienten llegará tanto.
En el barrio no se Je conocía por eu nombre de pila, sino por el apodo de Conejil.o,
llevándole desde la infancia, época en que, aleccionado por su padre, oomenzó el con-trabando, oficio en el que balió consumado.
El aP')dú le cuadraba á lae mil mara villas, pues nadie cual él sabia agazaparse y
-agazapar trae peñón ó cañlda una ó m!le acémilas cargadas hasta las orejas, burlando
así á loe sabuesos del resguardo. Y como conocía, cual loe rincones de su casa, todos loe
eecondridijoe del monte, desde C.dpe hasta Sierra Morena, y las grutas y ensenadas
de la costa desde Algecirae basta Almería, aunque retirado de tan aporreado vivir; era
buscado con frecuencia para algún alijo de importancia; ca3os de em,&gt;eno, en que ya
.fuese por mar ó por tierra, siempre quedaba airoso el lío Conejito.
Su verdadero ::iombre era el de Francieoo Sánchez, ó tío CJrro S.íncb.ez; así le llamaban loe más corteses, pues en loe tiempos de esta historia al que no tenia eedoría ó
don no se le daba, honrándole, cuando más, con el tnulo de maese, si de maestro en
algo servía, ó de tío, si la edad era provecta, aunque el parentesco datase de Adán.
Hoy que todo se ha democratizado no sucede lo mismo, y por u·na de esas anomalías propias de la igualdad que atravesamos, no hayeirviente ó sirvienta que no quiera
llamarse donó doña, poniendo pleito al amo si no le da el tratamiento.
Pues como decía, y perdóneseme la digresión, eltfo CJrro S..íncb.ez sin poseer grandes estudios, wnfa más le,ra menuda que un breviario. Nacido en el último ano del
siglo XVII precedió en escepticismo á los enciclopedistas que dieron nombre y algo
más que nombre al siglo XVIU; aunque temeroso el tio Conejito de loa eefioree de la
~ruz verde, se guardaba muy bien de decirlo. Sólo se franqueaba alguna vez y podía
hacerlo sin miedo de delación, con su mujer la sen.ora Fina.

Esta no se le parecía. Huérfana desde nifia, educada por un tío materno, cura de
un pueblo de la sierra de Ronda, habfa crecido al amparo del sacerdote, que con su
digna sombra y buenos ejemplos abriJlantó, ein hacerla fanática, las facetas de aquella naturaleza privilegiada por la sencillez, bondad y virtudes.
Aunque con una figura en e:xtremo agradable. é infinidad de pretendientes, Serafina no se casó. El sacerdote no le en:ontraba partido á propósito; el carifio y el egoiemo se hermanaban en él para retenerla, y el agradecimiento y la docilidad en ella para bajar la frente y encadenarse al lado del anciano que de padre le servía. Cuarenta
afioe tenía la señora Fina cuando murió el eacerdote, á quien por eu largueza para con
loe pobres hubiera debido pintársela, como á la caridad, con el corazón en la mano.
Serafina quedó de nuevo sola y en la más solemne pobreza, que ea lo peor de todas las
soledades, y con una salud delicada, inconveniente grande para ganarse l_)or sí sola la
subsistencia.
El tío Conejito que de tiempo inmemorial proveía de tabaco al sacerdote, única é
inocente distracción del anciano, pues con ser andaluz y de la serranía, ni cazador ni
caballista era, prendado de la eeilora Fina y compadecido de eu aislamiento, ofrecióle
su morena diestra, que ella aceptó con la condición precisa de dejar el contrabando.
El pretendiente, que tenfa ya, como suele decirse, cubierto el riñón, accedió á
ello, buscó entre eue influencias, que no le faltaban poderosas, colocación en Málaga,
y eetablecióee de casero, con habitación franca, en una de esas casas de vecindad denomiaadae corrales.
S.:in éatoe, edificios destartalados, inmensos caserones á modo de convento, donde en distintas celdillas estrechas, buenas ó malas, se encierran como en colmena infinidad de familias de trabajadores pobres, pero honrados, que de eso cuida de
informarse el casero. Tiene, además, éste ia obligación de cobrar loe alquileres, lo que no deJa de
coetarle trabajo, que el número de loe morosos
sobrepuja 111 de loe puntuales; debiendo, á semejanza del alcaide ó gobernador de una fortaleza,
mantener la más estricta disciplina entre aquella
heterogénea multitud, mosaico vi viente y eurafio
encerrado en el radio mismo de la población, si
bieri en alguno de sus arrabales.
La casa ó corral en qne imperaba el tío Conejito
,,,

eetaba en la parte alta de Ja ciudad á la derecha

del Guadalmedina y cercana al con vento de la Trinidad, del que tomaba nombre el barrio.
La habitación del ca9tlro, frontera á la puerta de
la calle y con ventanas á Ún granpatio, era, aunqun
baja, como la torre del vigía en el c5stillo; desde
allá se veía quien entraba y salía en el corral y
quien subía y bajaba por loe dos ramales de la escalera que conducían á loe pisos altos. Cuando el tío Conejito no estaba sentado á la puertade su vivienda, estaba la eefiol'l' Fina tras loe cristales y" visillos de una reja, desde
donde Jo atisbaba todo, haciéndose presente, cuando comenzaba alguna disputa, para
cortarla con eu autoridad.
Era el patio especie de ejido, en cuya limpieza alternaban las inquilinas de la casa y en el cual tenían derecho de tomar el eol en invierno y el fresco en verano. Allí
jugaban loe chiq11illoe, y c&lt;Jmo gallinas que escarban la tierra, se revolcaban cuando
refl.ían; alli cosían las jóvenes, hilaban ó hacían calcetas las ancianas; los que estaban
delicados 6 convalecientes de alguna enfermedad, jugaban á la brisca ó al tute; las madres peinaban á eue hijos, y las mozas que deseaban lucir sus caballerae también las
desataban en el patio sin miedo de los curiosos. Era, en fin, aquel sitio el punto de
reunión, el gran mentidero de los de la casa, donde se desollaba al prójimo como la
cosa más natural del mundo. Cuando el frío arreciaba, la ariEtocracia del corral ee
reunía desde las ánimas á la qu.eda, en la habitación del casero; donde ni de la casa, ni
del barrio, ni del casco mismo de la ciudad ee dejaba hoara á vida.
Fácilmente se comprenderá que á la llegada de la seilora Fina aquel foco de hablillas y murmuraciones sufrió notable cambio.
Sin herir la euceptibilidad de nadie y defendiendo siempre á la per3ona atacada,
demostró desde el primer momento la casera que aquella especie de solaz estaba en
completa contradicción con sue sentimientos. E:i cJnieJoencia, 103 maldicientes comenzaron á retirarse, acabando por fraccionarse la tertulia, convirtiéndose de uno
en varios cfrculoe, instalados en distintas vivieniilll, donde sin veto alguno ee podía
murmurar libremente.
Sin embargo, eran tan innatos en la señora Fina el agrado, la bondad y la cortesía, que nadie se atrevió á murmurar de su rigidez de principios, respetándola hasta
el punto de no calificarla, ni aun loa más mord11ces, con el apodo del marido. Verdad
era que la senora Fina, sobre hacer favores á todo el mundo, tenía en sí ianta dignidad y eefiorío que, ein saber cómo, cautivaba,lae voluntades. A pesar de sus caracolee
sobre las sienes, peinado poco distinguido, bastaba verla con su saya morada (gas,ahábito de Jesú3), su ¡ubón negro, eu pañuelo de linón bordado al cuello y su mantilla de sarga negra, corta hasta la cintura, guarnecida de ancho felpón con escaroladillo de encaje hacia el rostro, para tomarla, aunque de pueblo, por una verda:iera 88 •
ñora. Al principio de estar en la ciudad no había vez en que, al salir á la calle, no 18 dijera algún majo:
-¡Viva nuestro padre Jesús y la mantilla serrana con que lo cobija!
Después, más cono&lt;Jida, se limitaban á saludarla por su nombre, bajando la montera hasta el suelo.
Bien conoció la señora Fina que había descendido con su caeamiento; pero peor
era morirse de hambre. A.demás, no dejaba de ser meritorio á loe ojos de Dios apartar
á un hombre del mal camino, donde pudiera alcanzarle alguna bala perdida ó algún
cierto y largo proceso. En loe tres primeros anos de su matrimonio tuvo la sen.ora Fina doe nifioe, y áloe cuales sacó de pila el compadre de las llaves olvidadas.
Era éste antiguo amigo del tío Conejito, á quien el coutrabandista llenaba de improperios, cuando no tenía otro á quien prodigarlos, queriéndole, sin embargo, con el
alma, á pesar de la diversidad de sus guetos y caracteres. El tío Pedro Robles era impoaente como un entierro y triste y grave como un miserere, mientras el compadre
Conejito pudiera compararse por lo alegre á una pandereta en movimiento. Conejito
se había criado en buenos pafl.ales, con sobra de pan y al abrigo paterno; el otro......
He aquí cual habla sido su vida:

�lal
EL MUNDO

DOMIIIGCI 15 de AGOSTO de •19]

120

Huérfano desde la infancia 1 mendigaba de día, guareciéndose de noche en el atrio
de alguna iglesia. Su sueiio dorado era junbr dinero para dejar aquel oficio poco en
armonía con ene inclinaciones, A los diez afloe de edad pudo realizar eu proyecto.
Reunió unos ouanM&gt;B reales con loe cualee compró siete cenachos, tres '{)&amp;rea de ellos
de mayor á menor, y el séptimo, como el padre de todos. Cuando loe tuvo, hizo su
toilette compuesta de dos solas prendas: camiea y pantalón. La primera de cregüeta
basta, de cuello del!abrochado que dtjaba al aire libre una garganta robusta y el comienzo de un pecho de atleta; el segundo, de color indefinible, auje\O á. la cintura, por
falta de bot.ooee, con una tomiza, y arrollado por abajo basta media pierna. tstas, co•
mo los piel!, eetaban completamente desnudas. Del!pués cogió el cenacho grande, cuya
ata la1gs y flE'xible, aunque no amoroea, pas6 por cima de la frente á. modo de diadema, bsjándole por '1etrás de las orejas, no hacia el pecho como tocado de eefinge, sino
por la espalda, hasta dar con el cenacho en las corvas. De los otros seis colocó tres en
cada brazo: primero el más pE&gt;quef5.o, y eobre el aea de éste, la de los otros, quedando
entre cenacho y cenacho espacio bastante para no chafar 6 deslucir cuanto en ella se
colocara.
Armado con esos ótileP 1 la cabeza erguida como un vencedor, las manos en las caderas y los brazos en arco cual aeas Ce jarra morisca, comenzó á paeear manana Y tarde la alhóndiga carnecería, plaza de la Yerdura y demás eitioe públicos donde ee ven1
día y compraba, ali11eándoee con otros chicos de su claee, cual 61 ataviados, al paso de
los traneeuntee, espersudo á que alguno le llamara para llevarles por la mai\ana la
compra ó d ario y por la noche el pernada para la cena. Como era eervicial en edre•
mo y se contentaba con lo que darle querían, pronto tuvo clientela, pasando cinco ailoe

deeempefiado su cometido á aatiiefacoión propia y de sus clientee, entiró en su calle em·
bozado hasta las narices, cual galan enamorado que no quire ser conocido
La calle estaba silenciosa como un sepulcro y obscura como boca de lobo: sin em·
bargo, loe ojos de Conejito, avezados á sondear la lobreguez, creyeron descubrir algo
que ee movfa en la puerta de su casa. Paróee en su camino, requirió una de dos pistolas que cargadas de eal en el cinto llevaba, más bien con idea de inu\ilizar por el pronto, que de herir mor1ialmen1ie al que le atacase, y con voz firme é imperiosa preguntó:
-¿Quién va?
-Ni van ni vienen; vecino de esta cBl!a que espera en calma chicha racha favor&amp;·
ble para entrar en ella; respondió una voz de hombre algo enronquecida.
-¡Por vida de cien corachas del BrP.efl, que si no habla pronto au merced, le envío una andanada qoe le impida salir á. la mar por tiempo largo! ¿Qu6 hacía á. estas
horas en la calle? ¿no fué á dormir en eu cuarto? dijo el casero abriendo la puerta.
-Compadre, replico el patrón, me pasa un caso raro¡ si á mal no lo iiene, entrar6
en eu estancia y lo sabrá todo.
La eef\ora Fina esperaba levaotada á su esposo; al verle con el compadre sobresal•
tóee; más \ranquilizóla luego la cara de pascua de Confjito y la maliciosa sonrisa con
que dijo:
-No sé lo que pasa al compadre; de seguro que al salir de aquí se fu6 á picos par·
dos, y en algún garito perdió sus llaves.
-Perdidas las tengo pero no en mal lugar, sino muy santo, dijo el patrón seo.iándose y exhalando un gemido.
ConejHo y Fina Eentáronee á par suya, é instándole para que eomenzaee, prestaron

atención.
Volvió á suspirar el ant.iguo marinero, y pasándose las manos por la frente, dijo, á
en el oficio de chananzuelo.
Aquí es menester hacer una advertencia. Aunque en aquellos puntos de la costa corta diferencia, de este modo:
-Me fuí de aquí, entré en mi coarto, y como cada noche, me entregué, al auef'io.
ee Jlama charranzuelo al cbiquiJlo desarrapado, haragán y de mal vivir, y del mismo
modo al que armado de eue cenachos se gana la eubeistiencia haciendo mai;dadoe ó No sé el t,iempo que dormiría; ello es que al deapl!rtarme creí Jlevar un eiglo de des•
vendiendo por las callee peecado, fruta ú hortalizas, hay entre uno y otro la distancia canPO Vestime á oscuras y abrí la ventana para conocer por las estrellas la horai pero
el cielo tenía un cariz más oscuro y sini~etro que el horizonte en tiempo de tempestad.
que media entre la pobreza laborioea y honrada y la truhanesca y repugnante ociosi•
Sospechando que las nubes retardaban el día y debiendo estar temprano á bordo, cogí
dad. El uno inspira confianza 1 el otro baetlo. A.robos han tenido por lecho la dura
tiierra, por pabellón el eepacio, hollando con pie desnudo el fango de las calles¡ pero el mis llaves, cerré mi cuar~o, baje á \ientas la escalera, abrí la puerta de la calle y me
uno eieote en eí la inephación del bien, paeando á fuerza de trabajos y privaciones
lancé á ella como bote á la mar.
No había camin~do cien pasos cuando eenií cánticos religiosos, y vi venir de la
por extrafiae fases hasta acabar á veces como la crisálida, por deeplegar el vuelo en
ciudad hacia este fado resplandor de luces; eran acbae y cirios, con que multitud de
más altas esferas. El otro1 eEclavo de la holganza á. que le induce la blandura del clima, ama como el reptil el cieno en que mora 1 de donde sale sólo para ser, por el vicio,
gentes acompaflaba las efigies de plata de loe Santos Mán;ires. Cómo hacia mí se dirigian, lleno yo de sorpresa y respeio, apretéme contra la pared para verlos pasar. ¡Yirescoria de la sociedad, ó por el criinen, carne de grillete.
gen eantieimal Jamás verá el mundo procesión mejor ordenada. Delante iban los
A. loe quince afi.oe el cha•
chicuelos, después las muJeres ......
rranzuelo honrado, ~eetido
-Trse la inocencia, la tentación; luego l!leguirá el pecado, exclamó Conejito.
con dececcia, era marinero
-Calla, dijo con firmeza y autoridad la senara Fina.
en una barca pescadora, y á
El tío Pedro, como si no les oyua, prosiguió:
los cuarenta patrón de un fa.
-Entre las jóvenes, divisé una alta, pálida, vestida de negro, con un nifio en los
lucho de aguda y estrecha
brazos; la cabeza de aquel ángel reposaba en el hombro de la que le eostenía; yo quise
quilla, que le bacía ligero
gritar: ¡Paula! ¡Paula! y correr hacia ella¡ pero mi lengua permaneció muda y yo sin
cual nave de pirata.
movimiento como buque varado. Seguían á las mujetts hombree de todas clases, muDesde aquella época data•
cha pane de los gremios, cruces y pendones, curas y frailes; todos con la cabeza baja
bala amistad de ambos coro·
el rezo en loe labios y la luz en la mano. Cuando callaba el canto, que unas veces pa•
padree.
recia de serafiuee, otras de suplicas y lloro, empezaba el rezo, levantándose con él, un
Aun eiendo Robles pobre
murmullo acompasado y monótono como el de las olas rompiendo sin fuerza en risco•
marinero, caeóse, ganoso del
ea orilla. Yo estaba atónito, al pasar el gremio de los míos, uno de los jóvenes que
cariño de que estaba sedienta
su alma, con una joven co•
llevaban los cordones del ee\andart-9 me pareció mi hijo, aunqne éste era eonroaado y el
mo él, pobre y honrada, la
otro tenía el colorde:ladifunta. Con todo, ibaá. lanzarme á 61, cuando no sé quién me pu•
cual murió á loe cinco aftas
so un cirio en la mano, y cogiéndome por el brazo me ingirió en la fila. Aei unos tras
de matrimonio, dejándole un
otros, salimos al campo, tomando hacia el arroyo de loe Angeles.
sólo hijo. Otro menor que el
No eé lo que por mí pasaba; no podía rezar, ni hablar, ni exhalar uo suat)iro¡ paprimogénito había precedido
recía que una losa me apretat&gt;B el corazón, y sin embargo, caminaba erguido como el
á su madre en eternidad. El
pa10 mayor de la nave en mar tranquila. De pronto miré á uno y otro lado y me estremarinero, al vere:e viudo y
mecí: mi sombra era la sola que se extendía por la campiña como la luz del faro sobre
con un tierno nif5.o caneen·
- - - - - _ , , , ._ __
el mar, loe demás no ienían sombra ...... Este prodigio me espantó, y un sudor fríQ re·
tr6, como no hacen mucho!!,
corrió mi cuerpo. Sin embargo, las ;mágenesde loe santos y la cruz redentora estaban
en él todo su amor, criándoallí y deseché todc.temor. Así Hegamoe al arrollo, y las palmas cuyo nacimiento nale á so lado en la barca 1 á la que ee apegó el chicuelo como el marisco á. la roca.
Pedro Robles t.enfa un. lustro menos que su compadre¡ era alto; vigoroso y fuerte¡ die recuerda, las palmas, á semejanza del sol, resplanaecían con luz propia, llenando
con manos poderosas, pecho de bronce, cuello de toro y unas facciones bastas; pero el contorno de una claridad blanca y rosada parecida á. laa auroras del estío. Allí bici•
con hermosos ojos negros y fisonomia abierta y franca, aunque sombreada por una tez moa alio y hubo un canto de gloria. Luego entramos todos en la ermita permanecién·
do de pi6 y en dos filas hasta pasar las andas llenas de luces y de floree donde se llemorena de snyo, y cu1tida, además, por loe soles y vientos de los maree.
Era de ver, cuando algún día festivo salían de paseo ambos compadres, el t.ío Co- vaba a loe Mártires.
nejito, perfilado como nn abat.e joven, con zapatos de hebilla, media como la nieve,
La capilla parecía una ascua de oro;
calzón negro sujeto bajo las rodillas con cenojilee bordados, chupa como el calzón, y los nimbos de los santoE centellaban
la larga coleta gris enjaulada en redecilla de fino torzalete, rematando el traje con con los reflejos temblorosos y diamantimont,era acairelada y capa de seda.
nos que despiden los astros en las noEt tío Pedro llevaba pantalón y larga cbaqoe\a de patio azul¡ al cue11o paftuelo ne- ches de invierno serenas y obscuras. Hugro pasado por una sortija de similor, que fue de su esposa¡ sombrero de hule, recio bo un instante en que creí perder el een·
tabardo de pano burdo en invierno, y en todas épocas un arete de oro en la oreja iz• tido: loa clérigos con sus rizadas sobrepellices; los frailes con sus hábitos de
quierda.
Comía á bordo, cenaba en algún bodegón, y tenía para pasar la noche un cuartito
distio\as órdenes; la.a damas principales
en el piso alto de la casa. La bija de una vecina que al lado vivía, le cuidaba la ropa,
con sus faldellines de seda, sus mantos
y su amor y eolaz eran el falucho y loe compe.dree, pues al hijo de su corazón le perdió con blondas; loa grandes eefl.ores con
en una borrasca.
sus placas y cruces y loe pobres con sus
Trazado aunque imperfectamente el boceto de estas tres figuras, entremos en trajes humildes, formaban un todo im•
materia.
ponent,e y maravilloso que ofuscaba la
L\J. noche estaba, aunque tranquila, anubarrada.
vista y conturbaba el pensamiento.
En aquel entonces ei alumbrado de la población reducíase á pocos farolee en las princi•
El abar, las floree que lo coronaban,
pales callee y plazas, y alguno que otro en los arrabales, donde sin loe retablos y ni·
las luces que en él resplandecían y las
chas de loe santos, ante loe que ardía por algunos horas amarillento cabo de cera, ó fa·
imágenes de ángeles y santos, veíalo yo
rolillo de luz mortecina, hubiera permanecido todo en la más completa obscuridad.
al través de ligera neblina. Formábala
Así se encontraban antes de la queda ciudad y barrios, muy á gusto de loe que ma3caban
el humo del incienso. Y m~raba cómo
hierro ante las rejas de sus novias y de los truhanes que, ganoaosde aligerar de capa y
al columpiarse loe incensarios dejaban,
dinero á algún desdichado y solitario transeunte, 1!18 apoe\aban en los esquinazos y reya á un lado, ya á otro, blancos borbocodos de estrechos y tortuosos callejones, escollos y bajios de aquel mar de tinieblas
tones de vapor, loe cuales, como indeci•
de los cuales se ven restos en la árabe Toledo, la morisca y oriental Granada y alguno
eoe en el camino que eeguir deblan, pa•
que otro pu[lto de Andalucla.
A\lnque en Junio amanece temprano, aun no alboreaba cuando el tío Corro, sabo- rábanse un instante, levantándose lue•
go á. modo de culebrinas que suten,
reando eu triunfo por haber burlado la vigilancia de ciertos sAbueeoe del resguardo, y

DO MINGO 15 de AGOSTO de 1197

EL MUNO

fueron loe primeros en entrar. El tío Pedro, acercindose á un leg;,i q·B con un m1nojo
rompiéndoee unas veces para formar gropos, cual las nubes qoe se fraccionan, y dilade llaves en la mano se dirigía á otro lado, díjole:
tándose otras como su\il celaje sobre la cabeza de aquellos fieles, remon\ándoee al fin
-¿Quiere su merced hacerme el favor de llamar al hermane) P6rei?
la altura como Ja oración y el espíritu de los buenos.
80
El lego obedeció.
Recobréme al '°marme un lego trinitario el cirio que en la mano tenia.
-Hermano Péres, dijo al divisarle el patrón, en 103 Mu~iricos, en el banco fron•
Entonces repar6 que el oficio había empezado y predicaban. Corrido de mi distero al púlpito, be dejado dos llaves, una mft&amp; recia que otra, ambae unidas por una catracción, me sen\é en un eecatio que á mi espalda tenía y fijé la viata en el púlpito
denita de hierro: si su merced oo lo tiiene á. mil, podría darme la ll&amp;ve de la ermita, ó
que es\aba front.ero y en el religioeo que lo ocupaba. Era el padre fray Diego Andra•
venir coomigo para recogerlas.
de de la Trioidad. Aunque muy desfigurado, conocile luego por su color macilento,
El lego conlee\6:
sus mejillas hundidas y su frente calva, con loe dos blancos copos en las sienes.
-Ayer tarde se limpió toda la capilla y nada vimos.
Desde joven me había confesado con él hasta que lo mandaron á Cádiz. Un si-No las perdi ayer tarde, sino en la función de esta noc8e, at'iadió el tio Pedro.
glo hubiera estado escuchándole.
Abarcóle el lego de pies á cabeza C'lD la m ts imperUnente curiosidad, y apartando
Conluídoel sermón y rezadas lastres Avemarías, terminó el oficio; lagent.e c&lt;.menzó
luego del patrón la vista, dijóle con desden:
á salir y loe legos de la Trinidad á apagar las luces.
Desde ayer tarde t.engo las llaves de la ermita: si el aguardiente con que habréis
En un remolino que formaban en la puerta los que salían, creí ver á. la mujer del
matado el gusanillo se os ha subido á la cabeza, dormid la mona y dejad me en paz.
niiio y el mancebo del estandarte; quise acercarme á. ellos, pero otra oleada de gente
-¡Aguardiente éll exclamó Conejito; si se desayuna con galle~a mojada en el mar.
me volvió a\ras, y cuando llegu6 á salir todo había desaparecido.
-Pues si no está. bebido estará loco, dijo el lego.
Fuera de la ermita, miré á uno y otro lado con Hombro.
-El bebido ó el loco será su merced, respondió indignado el tío Pedro.
¿Dónde estaba aquella multitud? Hubiérase dicho que instantáneamente ee la
El hermano Pérez cteCióse y con aire altanero repuso:
babfa tragado la tierra, como la mar á. la barca con mi hijo! Acaso me loe ee"Jondía
-Ea, largo de aquí ó le arrojo del tem?ln com) J e~ú~ arrojó á los me roaderee:
la lobreguez de la noche¡ ¿pero, y el rumor de sus pisadas no hubiera dicho, por ahí
Y el lego alzó el brazo con aire de amenaza.
van? Y luego, ¿cómo dama, de tanto porte y aef5.orea de pro, iban sin criados y laca-¿A mf? exclamó el Patrón. ¡Una andanada qug m~ echase á pique! Lo veríamos.
yos que con hachas ó linternas les alumbrasen el camino?
El lego fué á descargar el golpe; más Conejito, con la rapidez del pensamiento, le
Así discurría yo avanzando asaz confuso, cuando el reloj del convento de loe Andetuvo el brazo diciendo con brio:
geles de Mirafloree dió la una, repitiéndola momentos después los relojes de la Trini-¡Vaya, hermano, que para aspirar su merced al sacerdocio tiene poca paciencia
dad y Santo Domingo. ¿Adónde iba yo á aquella hora? Lo mejor era volverme á
y menos cortesía! Calma, calma, y no bagamos de la casa de Dios campo de pelea.
Eet.ae palabras llegaron á oídos de un trinitario que desde lejos viera Ja acción del
m: casa.
En aquel momento recordé que había olvidado las llaves sobre el banco en que
lego
Este, al sentirse aislado, volvióse colérico; más deteniéndose de súbito bajó los
sentado estuve.
Era pr~ciso volverá la ermita, y volví.
ojos avergonzado. Acababa de divisar al religioso. Ers'nada menos que el guardián,
La puerta estaba cerrada; cogí una piedra y comencé á llamar. Yo mismo tenía anciano de cerq11i\lo blanco como su hábito y de mejillas frescas y sonrosadas como Ja,9
miedo del ruido de loe golpes, cuyos ecos resonaban po, las caf5.adas de la sierra como de un oifl.o. Acercóse al grupo y poniendo la mano sobrd el hombro de Conejillo pre~
debe resonar el último día la trompeta del juicio final en el fondo de loe panteones.
guntó sonriendo:
Pero, ó la capilla estaba desierta, ó á. loe legos que en ella vf los había ensordecido
- ¿Qu6 pasa aqui?
el Senor para probar mi paciencia.
&amp;.rprendido el tío Corro tardó en responder, y adelan\á.ndosele el lego dijo:
Caneado de alborotar en vano, me vine á casa y me senté en el umbral esperando
-Sepa su paternidad que este hombre, y sei'ialó al patrón, ebrio ó demente, porá alguno de loe que se recojen tarde para entrar con él
fía haber estado ea,a noche en los Martíricos donde dice haber perdido las llaves de
-Compadrito, d:jo el tio C.1rro, á.eetar menos seguro de que prefiere su merced la
,alobre del mar á la sangre de Jesucristo, diría que ha empinado el codo, tomando su casa.
-¿ Y querías convencerle de lo centrario á bofeionee? observó el religioeo.
una qua ni la de Joeué.
Y volviéndose al patrón preguntóle con qui6n y como había entrado eo la capilla.
-Noé querrás decir, apuntó Fina.
-Con la procesión que venía de la ciudad. Divisé de lejos el resplandor de las
Conejito prosiguió:
luces, paréme sorprendido, la vi atravesar el GuadalmE"dina y cuando ee dirigía ha-¡Crietianol ¿qué proce~ión había de haber á media noche, sin qoe ee supiera y alcia
......
borotase con ello al mundo? ¿:Ni cómo babia de caber ea la ermita tanta gente ... ?
-Ya me lo contaréis despacio, dijo el guardián interrumpiéndole y mandando al
811 .nerced despertaría como dice, se lanzó á. la calle, y con la manía de me'8rse las lla- lego que trajese las llaves de la ermita.
ves en el bolsillo, de donrle se le han salido cien veces, se le salieron una mas, ó JleCuando las tnvo llamó á. otro hermano de piernas largas com1 los cigarrones, y
vándolasen la mano para evitar lo primero, las dejó caer, se percató de q□e no las tenía, entregándoselas mandóle ir y volver ein pérlida de tiempo lf. los l[utirico s, recorrer
y volvió á 011ea por ei las había dejado puestas; no encontrándolas, ae sentó aguardan· toda la capilla y traer dos llaves que ali( debían haber qut,daio.
do á que pasasen 1 como aquel borracho, que viendo dar vueltas á la calles esperaba á.
El lego zanco lo pntió de prisa, alzándo3e el hábito para correr míe; el hermano
que llegase rn cal!a para meterse en ella. Y esperando, eeperando1 se durmió au mer- Pérez se retiró mohino y el padre guardián se ltevó á la sacristía al patrón seguido del
ced y solió todo eso.
tfo Corro y la sef5.ora Fina, que llegara en aquel momento.
El patrón, algo amostazado, repuso:
En la sacristía, sentado el religioso en un escalla y á. su lado el t,ío Pedro. repitió
-No eoy amigo de porfías. Apenas amanezca, iré á la Trinidad y veré ......
éste, sin pasarse en un ápic~, cuanto contado l1abía en la habitación del casero. Al ter-¿A qniéa? interrogó Conejito.
minar su relato llegó el lego enviado á los M,rtirico3, segu(anle la tía Muía y alguoo.:1
-Al hermano Pérez, para que venga conmigo á la ermita, y einó al lego que reotros curiosos.
cogió mi luz y si que reconocería entre mil: un mozo largo y delgado á. manera de
Al divisar al lego, preguntóle sencillamente el guardián:
mástil, el cerquillo más negro que la tempesffld1 la cara triste como día sin sol y la
-¿Se encontraron!
cruz azul y roja sobre el pecho como santa esperanza en el corazón. Si loe legos no
-En el brazal derecho del banco que mira al púlpito. Aquí las tiene su paterni•
quieren oirme, acudiré á Fray Diego Andrad~, y sino al mísmo guardián.
dad, replicó el lego preeentándote:doe llaves.
Al toque de una campana levantóse de improviso el patrón exclamando:
¡Si yo no so fiaba! exclamó el patrón vivamente conmovido.
-¡La mies de alba¡ allá voy!
La punzante sonrisa que durant.e la relación del tío Pedro vagua p::&gt;r loe labios de
La señ.ora Fina abrió la ventana y apagó la luz del velón, comeozaba á amanecer. Conejit.o belóse al o(r al lego y ver las llaves qu.:, tan conocidis le eran. PJ.lido y mu•
-Corro, dijo }Jamando aparte á su esposo, no dejes solo al compadre¡ hay algo en do, apoyóee en la pared, porque Ja,;i rodillas le flaqueaban.
su cara que me da miedo; acompefi.ale á la Trinidad, que allá me ir6 tras de vosotros.
-No, no mentís, dijo el guardián al patroq; pero tampoco mentía el hermano Pe-Te juro por cien corachas del habano que si el compadre no es\á loco, ee halla
rez negando esos hechos.
en camino. ¡Poquito se reirán loe legos con el relato de la procesión y las llaves per•
El antiguo marinero se irguió súbito para protestar de lo que oía.
didae1 Ya estoy viéndole en romance como á. Go.azalo del Carpio ó al moro Muza.
-Habeie visto lo que decfe, má.'! no eeres vivientes¡ sino sombras... ~\.dorad loe
-Basta de dislates y acompáfl.ale á la Trinidad, murmuró Fina con impaciencia.
designios de la Providencia que os ha hecho eepect.ador de tll mua villa, permitien•
El marido, mirándola serio, repuso:
dooe orar al par de los que por un decreto de su sabiduría han traído al mundo la
-Ya voy, caracolee, que está su merced más grave que un mnerto y más inflama•
querella de su ruego ex,rahumano y el incienso de su oración de ultratumba.
ble que pólvora seca.
El tio Pedro, no concluídae áun las palabras del monje, cayó rígido sobre el pa·
-Perdona, Corro, no quise ofenderte¡ pero te suplico que vayas, dijo Fina con
vimento.
blandura.
No se puede contemplar lo extraterreno sin morir .........
-Si ya voy, mujer, si ya voy, murmuró Conejito poniéndose la capa y alcanzan•
lú.BIA MxxooZA DE V1ns.
do al patirón en el patio.
Cuando ambos compadres llegaron al conventJ acababan de abrir la iglesia. Ellos
PROFANACION

A UN HEROE.

Como galeón de izadas bande1olae
Que arrastra de la mar por loe eriales
Su vientre hinchado de oro y de corales
Con rumbo hacia las playas espan.olae,
Y al arrojar el áncora en las olas
Del puerto ansiado, ve plagas mortales
Despoblar lne ve\uatos arrabales,
Vacío el muelle y las orilla11 solas¡
Así al tornar de costas extranjeras,
Cargado de magná.nimae quimeras,
A enardecer tus compafl.eros bravos,
Hallas sólo que lucbao sin decoro,
Espíritus famélicos de oro
Imperando entre miseros esclavos.

En tenebrosa cripta, donde solloza el viento
Como león herido en selvas atricanas,
Rodeado por los cuerpos de bermoaas cortesanas
Que sangran en las losas del frío pavimento 1
Véee un monarca anciano de paso tremulento
Luchar porque revivan sus vírgenes livianas
Mas, al sentir que mueren sus ilusiones vanas,
Demanda áloe cadáveres el goce de un moment\J,
Tal como el alma mía que, si en nefasta hora 1
Siente de humana dicha la sed abrasadora,
Tiene de lo pasado que trasponer las puertas,
Alzar de sus ensueños el mármol funerario.
Y, en medio de las eombras que pueblan el osario,
Asirse áloe d~epojos de sus venturas muertas.

¡OH ALTITUD!

Joven, desde el azul de tu idealis:no
Viste al cieno bajar iue ilusiones.
Como se ve en bandada á los alciones
Caer ensangrent,adae al abismo.
:Nadie sabe tu mal, porque tú mismo
Ahogando dolorosas sensaciones,
Vivir en la tiniebla te propones,
Como un dios condenado al ostracismo.
Mas yo veo que, aislado en tu grandeza,
Cual sol poniente en sus vapores rojos,
Huyes de los que el mundo llama sabios,
Y llevas una sombra de tristeza
Que, humedeciendo el brillo de tus ojos,
Destierra la sonrisa de tus labios.
J OLI.ÁN DEL CASJ.L,

�122

EL MUNDO

DOMINGO Is de AGOSTO DE •8~&gt;7
DO■ IRGO Is

EL MUNDO

de AGOSTO de 1897

Corazón de sacerdote.

POR H. S. DE FORGE.

ILUSTRACIONES HECIIAS EN NUESTROS TALLERES.

Número 3
hubiese mezclado alguna intriga á su nueva existencia.
Su primer trabajo adminietrati vo fué buecar á la afortunada mortal á quien debería atrojar su pafiuelo subpre•
fectoral.

Tiene un marido radical, comunista, ateo, borracho,
que le pega, según dicen, y la tortura de mil manerae....
He ido á verla una vez...... doe veces...... tres veces, y
be recibido la confidencia de eue dolores. En mi última
visita, conmovido de sus penas, exclamé: «¡Pobre mujer!» y este pobre mujer fue un grito del corazón que al•
_go me ha valer.
El marido pasa su vida en la taberna; tienen un hijo,
lindo, ciertamente lindo, pero molesto. Siempre eEtá
con su mamá á cuyo lado llega inopinadamenta. El
otro día eu presencia me impidió dar al ¡pobre mujal to•
da la ioflexión que requería el caso. Ese muchacho q1e
va eobre loa catorce añoe, me mira de una manera que
me paraliza horriblemente. Tiene grandes ojos claros,
dulces, embeleaadoi;es.-los mismos de su madre.- Se
diría verdaderamente que t-eme algo de mí y vel/1 como
centinela para detener al enemigo.
Pero, basta por esta vez de confidencias. Suenan las
-once en el campanario, hora indebida en Ganneville.
Adioa puee mi viejo O~tlvio. Recuérdame á mis amigoe. Y o ire uno de estos días á sorprenderos y podreis
testificar, con rubor de mi parte, á que grado de provincialismo ha llegado el pobre proscrigo,
Tuyo de corazón.- Savinien.

VI

~onsuelos.

•

Habiendo terI11inado su carta, Savioien la releyó. po•
niendo en eeta tarea tanta más lentitud cuanto más se
aproximaba al fin. Después se quedó largo tiempo pensativo, siguiendo con ojos distraídos las coronas azuladas
de humo que asceodian de su cigarro.
Luego plegó cuidadosamente el papel que acababa de
escribir, lo deegarró ea cuatro partes, lo inflamó en la
lámpara y lo arrojó en la chimenea.
Evidentemente no sabhl lo que deseaba, de una mane•
ra muy precisa. Porque complido su sacrificio, exclamó
,sin respeto para su propia dignidad:
-Soy un bestial
Sin embargo, no volvió á cojer la pluma y fué á pa•

eearse, vagamente so fiador, bajo la noche estrellada, en
el jardín lleno todo aun de las producciones florales del
señor Jerome.
No era por cierto un mal muchacho ese Savinien de la
Haye.
Rico, amable, bieo parecido, su historia había sido la
de todos sus congéneres ricos, amables y bien parecidos;
historia que ee desarrolla uniforme entre los bastidores
de loa teatros, loe tapetes verdes de loe círouloe, los budoir~ facilmente accesibles y algunos salones del mundo
donde no ee adquieren probablemente mejores costumbres, pero donde, á lo menos, se mantienen loe hábitos
del buen tono.
Había llevado eea vida alegre y vacía durante los últi•
moe añoe del Imperio, fanfarrón del vicio más bien que
vicioso, arrastrado máe bien que corrompido, vanidoso
sobre todo de los placeres que por eu clase ee creía obli•
gado á buecar ruidosamente y de los cuales estaba absolutamente caneado. En loe seis meses del afio terrible
cumplió con su deber como buen francés y cuando,
después de la paz, ensayó volverá su existencia de boule•
¡,ardier ccioso, vió tan claramtlnte la perfecta imbecilidad de ella que ein decir nada á eus compafieroe de alegrías, se aprovechó del corto paso por el ministerio de
eu viejo primo de ~Iarcy para pedir un empleo en provincia. Iamediatamente fué expedido á Gueret de donde
le enviaron á Ganne,ille.
Ahí llevó-reato de en primer modo de eer-eae tono
burlesco que ee cree prerrogativa del e.,prü, ese voluntario desprecio de la población sencilla que le parecía de
buen gueto en un parisiense y la afirmación repetida sinó con vencida, de que sufría el máe lamentable destierro.
En realidad era perfectamente feliz y cuando, al sol de
la maftana, galopaba solitario por los caminos sombroeoe,
en m~io de los efluvios ealudablee de los campos, eu
pensamiento lleno de un encanto vago y desconocido, no
evocaba sino mny rara vez el recuerdo del bo,llet'ard.
Pero el viejo vividor ee hab1ía creido deshonrado si no

La señora Deecordee había hecho á Savinien anticipos
que habrían parecido demasiado comprometedores ei su
edad, su virtud y su flacura no la hubiesen puesto por encima de toda suposición. Ya le invitaba ácomidae demasiado íntimas, demasiado sencillas-muy sencillas por cierto-pensaba él. Ya se aventuraba en interés de sus aeo•
ciaciones piadoeae, á ir en persona á la eubprefectura.
Dominada por una necesidad de intrusión que le parecía
casi un derecho, obsesionaba al infortunado funcionario,
demasiado cortés para hacerle comprender su molestia
y demasiado político para arriesgarse á haceree un ene•
migo de esta devota agitadora.
Ella se proponía un doble fin: Ardía en deseos de obtener para eu marido las palmas de oficial de la Academia. Parecfala que él tenía todos los merecimientos ..... .
Se le habían dado á eu colega el otro adjunto, que no ha•
bla pres1ú111o más que una vez la distribución de los premios de 111 escuela comunal, y el eefior Descordes Labía
presidido dos veces la misma ceremonial Tenía, pues,
máe derechos!
Pero la madre, sobre todo, perseguía unsutño y bacía
alusiones de tal suerte transparentes que se necesitaba
que Savinien fuese verdaderamente distraído para no
parecer percibirse de ellas. El ingrato no advirtió más
que una cosa en la oleada de esa fastidiosa palabrería
que no terminaba jamás, y fué que la_señora Deecordee
pronunciaba frecuentemente el nombre de su prima la
eef\ora Charlier. Un día estalló:
-Hija de un marqués arruinado, Dios sabe en qué!
Soy yo quien la he sacado de la miseria, sí, señor, de la
verdadera miseria...... Apenas tenla qué comer! Y ahora
lo ha olvidado! Tengo que sufrir lae arrogancias aristocráticas y la altivez de la que me lo debe todo ...... Oh! si
no se hiciese el bien sino en vista de lae recompensas
humanas! Y todo eeto porque eu padre tenia un título y
porque ella fué educada en París. Ea que nuestra educación vale menos que la suya, porque se hizo sencilla y
honestamente en Gannevillti?
-¿Ea que somos salvajes? exclamó Dioedada lanzando
su gama de risa.
-Nuestros padres al menos no han muerto acribillados de deudas...... Y su casa. Si vieseis su vida íntima,
sef\or subprefecto.
-¡Un infierno! exclamó Angélica.
-l.\li hija tiene razón, un infierno! Yo sé todos loe de•
talles, ya comprenderéis ...... Mi pobre primo á veces me
confía sus penas de lae cuales procuro consolarlo, como
lo manda la caridad.
-¡Y Pablo! dijo una de lae muchachas con conmisce,
ración.
-¡Ah, eíl ¡Poh,e peqnefiol ¿q·1é será de él? Es ya insolente como su mad:e. Ha osado decirme en mi cara
que yo no era buena.
-¡}Iawá que pasa su vida ocupándose de los otros:
-En fin, una faruilia perdida, ee la palabra. Si yo no
me mezclase en eso por la piedad que tengo á mi primo,
y ofreciese al cielo todos los choq uea que me cuesta..... .
• -¿Qué no ee el señor Charlier co!lsejero municipal?
interr0gó Savinién que rumiaba un proyecto.
- S1, señor...... Ohl yo no os lo presento como un modelo...... Tiene sus errores, muchos errores, y sobre todo, muy frecuentemente el de atacar la religión ...... Pero en fin, es de buen natural.. .... Lo han agriado, exasperado, llevado hasta el fin, porque no tiene las maneras
de un marqués, y entonces...... Pero estoy bien segura
de que Dios tendrá para él gran indulgencia, en tanto
que..... .
-Una mujer que apenas oye una misa el domingo y de
carrera! interrumpió Angelica.
-Jamás va á la misa mayorl_añadió Diosdada.
-Yo le he abierto todas lae puertas de nuestras reuniones piadosas, concluyó la señora Descordee...... y ja•
más ha pues~o los piee en ellael

�oo•••GO 15 de AGOSTO de 1'97

EL MUNDO

DOMINGO Is DE AGOSTO DE. 181n

El recuerdo de esta exclamación le volvió cuando terminaba la cartapara Legagneur, en la que exponía sus proyectos, y se conmovió y turbó más aun quizá que si en
aquel momento hubiese sido pronunciada. El arranque verdadero de Pablo, reconocido á una compasión
que se dispensaba á su madre, le conmovió profunda.
mente. Un extraño sentimiento, nuevo, desconocido,
muy dulce, se le subió al corazon al mismo tiempo que
un remordimiento ligero. pero sincero, de su come·
dia de simpatía, frente á esta franq11eza, una especie de
verguenza vaga de sus proyectos inconfesables, frente á
aquella pureza. La simplicidad del nifio hizo ruborizarse á aquel don Juan, vacilante.
Desgarró s11 carta, y en tanto que erraba en su jardín,
en medio de la brisa tibia de una noche de Agosto, el cie•
lo le pareció más limpio, las estrellas brillaban con resplandor no acostumbrado, las flores difundían un perfu·
me suave, y en ensueflo aún incierto, Savinien vió aparecer, rodeados de una luz dulce, discreta, exquisita, loa
rostros unidos y sonrientes de Marta y de Pablo.

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En tanto que se desbordaba este torrente, Savinien reflexionaba.
«Una mujer de mundo-se decía él-casada ...... Un
matrimonio que se pierde ...... El marido bonacho........ .
bueno, bueno! Esta seflora Descordes es verdaderamen·
te caritati val
-Lo que yo amo eobre todo en ese joven subprefecto,
dijo la seflora Descordes después de la partida de ':!avi•
nien, es que presta atención á todo lo que uno le dice.
Cll.ando al día siguiente la única recamarera de Marta
le anunció que el subprefecto estaba en el salón, esa visita le pareció inoportuna. En su triste vida la llegada
de un !)Xtranjero le causaba un terror instintivo: era un
testigo más de sus miserias!
Encontró un hombre político, bien educado, que lleva•
ba en medio de sus decadencias, la corrección de la buena sociedad. La visita de Savinien fué necesariamel/.lte
insignificante, ni demasiado larga ni demaeiado corta.
Tuvo un tacto perfecto, fingiendo ignorar la vergonzo•
ea existencia de Cbarlier.
Esa conversación de un cuarto de hora, fué para lapobre aislada como un esclaercimiento en su cielo sombrío.
Por un instante había oído el lenguaje á que en otro

tiempo estaba habituada. Había pues aun hombres que
podían hablar sin esmaltar su conversación de juramen·
ios y groserías!
Esa breve aparición, á posar de la trivialidad de la
conversación, le dejó una impresión reconfortante: los
pobres son tan poco exigentes!
Cuando dos semanas después, Savinien se presentó de
nuevo, la impresión de Marta fué el asombro.
-El otro dfa, seflora, dijo él, el subprefecto vino á saludará la mujer de un consejero municipal. Ahora, es el
seflor de la Baye quien viene á presentar sus homenajes
á la seflora Cbarlier.
La conversación fué desde luego menos solemne quG
la precedente. Se habló de París, Savinien citó los nombres que Marta conocía. Lanzó sobre la vida de Ganneville algunos ra~g~s ligeros que quitaron el ceflo á !'que\
rostro no acostumbrado ya á sonreír. Hizo un entusiasta
elogio del aeflor Sennevaux al cual sabía que Marta había amado. Fué particularmente amable .con Pablo, que
llegó durante la visita. Cuando partió, el niño notó que
su madre tenía la fisonomía caei alegre. El mismo se sentía recalentado por ese fugítivo rayo de sol, y le vino un
vago reconocimiento por aquel que lo había hecho lucir.

,/
J '

CharliEI llegó, por excepción, lúcido eee·
día y fué presa úe la cólera cu;,ndo su mujer·
le pidió que fuese á casa del subprefecto á
devolverle sus dos visitas.
-Yo!. ..... Irá casa de ese sefior...... un
noble ...... un reaccionario ...... un amigo de
loa curas! Jamás de la vida ...... Jamás! No •
ee dirá que Charlier arrastra sus botas de hi•
jo del pueblo sobre los encerados de un mequetrefe de oficina.
Esta frase lo calmó un poco: la encontró•
muy buena y ee prometió repetirla al día siguiente á sus amigos.
-E3 muy probab;e, objetó dulcemente
Marta, que si no le devolveis su11 visitas, el aubprefeto
no vuelva. Pero si vuelve, debo yo cerrarle la puerta,
amigo mio, 6 recibirle?
-Eh! demonio...... recíbelo si eso te divierte ...... De
hecho un lindo corazón ornado de un de, ea hecho para
agradar á una hija de Marques! Recibidle y bravatead,..
hablad mal del pueblo si os place. No ea eso lo que detendrá el torrente q11e avanza.
Marta había hecho su pregunta por exceso de prudencia, pues estaba convencida de que Savinien no vol ve•
ría.
Pero Savinien volvió.
Fué recibido con visibles muestras de simpatía y desde
que supo que estaba ahí, Pablo corrió hacia él, feliztam·
bién. La conversación tomó esta vez un aspecto más fu•
timo. Marta habló de su padre, de su juventud, y dejó
escapar elgunas alusiones á Ja3 terribles tristezas de su
vida. Fué entonces cuanio Savinien con un movimiento sabiamente combinado, le estrechó la mana murmu·
rando aquel «Pobre mujer!"
-Cuando ee retiraba, Pablo avanzó hacia él gravemen.•
te y tomandole la mano á su vez, le dijo:
-Gracias, sefior, voJ si sois hueno!

EL MUNDO

las escenas de dolores y de violencias de que frecuente•
mente eran loe testigos.
-¡Oh Dios mío! querida, dijo la sefiora Deecordea en
una de sus v~sitas, demasiado frecuentes para el gusto de
Marta, esperáis acaso á algún príncipe ó marqués? · He
ahí á Pablo que ee encarniza en emparejar las piedras
del vestibulo....... Acabo de verá Francisca que lava su
chiribitil. Y he ahí sobre el piano un vaso de Gien lleno
de flores. que yo no conocía.
-Vuestra inepección no es completa, prima, respondió Marta ...... Ved...... aquí hay también un siilón cuya
tapiceria he bordado yo ......... lle aquí además Ün servi •
cio de té que Pablo me ha comprado con sus economías......... el pobre nifio de mi alma! Todo esto no quie•
re decir, que yo espere á un marqués ó á un príncipe, sino simplemente que deseo hacer un poco ...aás agradable
el pobre rincón donde paw mi vida.
-Vamos, ya veo pues, que tenéis dinero para rodearos
de ese lujo ......... Si vuestras tareas de ornato no lo ab sorven todo, pensad en mis obras. Los dones ofrecidos
á Nuestro Seflor hacen perdonar muchas cosas y quien no
VII
El hotel que Martn habitaba, era una de esas viejas tiene necesidad de que se le perdone algo!
-Muchos dones necesitas tú ·por cierto para que te
moradas semieefíoriales, colocadas en otro tiempo en la
perdonen,
lengua de vibora, gruñía Francisca que, desde
extremidad de los barrios, y que el crecimiento sucesivo
su
cuarto,
oía
las observaciones de la caritativa dama.
de las ciudades ha englobado con el tiempo en el centro
-Estas
innovaciones
son singulares, dijo al volver á
Estaba aislada, en el fondo de un callejón sin salida, Ji·
mítada por cuatro grandes muros de jardín, que termi· su casa la señora Descordes á sus hijas, ......... Algo pasa
naba su portón macizo de burdo martillo herrumboso, de ahi ......... Eso no tiene duda.
-Acaso quiere dar una comida, dijo Angélica.
madera cuya pintura ee desc'lstraba en grandes partes.
-O
espera la visita del subprefecto, añadió Diosdada
Un patio en que las baldosas deegregadas dejaban crecer
que
pensaba
mucho en Savinien.
hierbajoe, precedía á una escalinata deelabrada, una de
- Ob ! en cuanto á eso, puede esperarla!. ........ Después
cuyas gradas estaba rota en doe y las otras despostillade lo que yo he dicho al sefior de la Raye, como debía
das en los ánguloe.
hacerlo,
él se pondrá en guardia; no se arriesgará. Pero
Se llegaba por ahí á un ve8tíbulo. De una percha i¡ni•
en
fin,
ahí
hay algo......... yo velaré.
ca pendía el impermeable que Cnarlier tomaba loa días
La
vigilancia
de la seflora Descordes fué larga, muy
de lluvia para irá su café. A la derecha se abría una pieza sin nombre y sin destino preciso, que servía para to- larga, y durante muchos meees ineficaz. Ella la repardo. En medio, sobre banquillos, había una tabla con cu- tió hábilmente en loe diferentes-días de la semana y en
bierta de lana desgarrada, sobre la cual se planchaba la laa diferentes horas del día, llegando de un modo imropa blanca. En el h11eco de la ventana, la silla media prev:sto, no advirtiendo nada de insólito, si no es que
rota donde se sentaba para surcir, Francisca, la fiel no- cada vez encontraba una nueva mejora en la casa.
Ahora el ve8tlbulo tenía seis sillas recubiertas de mandriza de Marta, Caleb femenino que jamás la había abandonado y que acumulaba ahora todos los empleos doméa• tillas de ouU bordadas de un gran galón rojo. Las sillas
ticos de la casa; en los rincones yacían amontonados sin habrían costado á veinte céntimos la pieza con el reven•
objeto toda especie de objetos, paraguas, bastones, útiles dedor...... E l cafarnaum de Francisca, vaciado de sus
de jardín, una cuna del niño Pablo, un juego de bolos trebejos estaba cubierto de una sencilla tela á rayas gridisparej0s, una regadera sin fondo; sobre el muro cuyo ses y azules, que daba á la pieza el aire alegre y coqueto
papel estaba en sitios podrido de humedad, estaba fija de una tienda. El piano había aido afinado; los artesouna vieja panoplia medio vacía, de donde pendían aún, nes limpiados por Francisca. Colocados sobrd troncos de
sobre los terciopelos de tono marchito, fusiles de caza árboles en bruto, había dos grandes floreros que Marta
mohosos, dos pistolas de tiro de viejo estilo y un revolver. había pintado de arabescos, formando al salón un vestí•
La impresión era desoladora cuando al entrar en el ves. bulo alegre y perfumado. La casa parecía rejuvenecerse
tíbulo se percibía esta pieza en desorden por la puer&amp;a y revivir.
- Y bien? decfan Diosdada y Angélica,, ansiosas á eu
siempre abierta. Se sentía el abandono de la casa y so•
madre,
cuando eEta volvía de una de sus visitas inquisibre todo ese desaliento que no busca ya en la simetría y
toriales.
la limpieza una postrer apariencia de bieneetar.
-Siempre nada!. ..... Y sin embargo, mi instinto no se
Una segunda puerta daba acceso á un salón un poco
mejor provisto. Era la pieza que Marta habitaba de or· engaña ...... Hay algo ...... yo debo saberlo é iré hasta el
dinario. Las cortinas habían perdido su frescura, el alto fin; acaso me toca intervenir.
El solo descubrimiento que hizo la sefiora Descordes
plafond estaba amarillento por el humo, los muebles
eran raros y nada harmónicos; faltaban ahí esas mil mo- fue encontrar un día á la seflora de Sennevaux sumernadas que dan á un departamento el sello de la vida ín• gida con Marta en una conversación animada que se detuvo bruscamente á su llegada.
tima y feliz.
-Os molesto, eefloras? dijo ella picada.
Pero, sin embargo, se adivinaba, por mil detalles la
-De
ninguna manera prima, respondió Marta que
presencia de la mujer de guetos elegantes y distinguidos.
Los dos grandes vasos de cristal sencillo, sobre la chime- tambien parecía rejuvenecerse y revivir como su casa
nea, estaban llenos de florea. En medio de esos viejos Y había adquirido de nuevo su franco hablar un poco
muebles usados, algunas sillas bajas, un pouf, taburetes altivo. Si hubiésemos temido que nos moleslarfais hacon tapicería de colores vivos y claros, indicaban la La- bría hecho condenar mi puerta ..... ... .
La seflora Descordes enrojeció, herida y furiosa.
bilidad de los dedos del ama de la casa, y su instinto arLa sefiora de Sennevaux abandonó su sitio viendo que
tístico se revelaba por la harmoniosa elección de loe matices. Sobze un piano, que casi no ee abría, algunos bi- no podía luchar con aquella indiscreción que se entrometía.
. belots antiguos recordaban tiempos más prósperos.
-Te volveré á ver bien pronto, dijo al partir y traeEn el ángulo, cerca de una puerta ventana que daba
ré á Jorge para que juegue con Pablo.
al jardín, una mesa bien arreglada servía á Pablo que
-Si, si, te lo suplico, insistió !\Iarta. .. ... Bien pronto!
trabajaba cerca de su madre, sin temor de ser turbado
Tengo tanta nececidad de hablarte!
por Jlumerosoe visitantes.
Las suposiciones indeterminadas de la señora DescorCuando, en un hermoso día de verano, el sol lle ,aba su des, no hicieron más que acrecerse. Decididamente haeenrisa sobre Marta y Pablo, laboriosos y silenciosos, y bla algo Y la señora de Sennevaux estaba en el secreto.
las ventanas abiertas dejaban entrar los dulces efluvios
Como encontrase á Francisca en la calle, la hizo hadel jardín y la barbulla de los pájaros que se movían en- blar Y llevó la conversación al capítulo del embellecitre los tilos, el reoien llegado, ol vidandv la tristeza de la miento de la casa; pero nada sacó en limpio.
entrada, habría podido creer que penetraba en el asilo
-Es usted demasiado lista para haber notado eso! resde la ventura y de la paz. Los muros no referían todas
pondió ella. Pero no lo sabe todo, mi q•1erida sefiora

las

y aun verá algo mas ...... Vengo justamente de casa del
tío Frenaut, de encargarle dos carretadas de arena para
el jardín. Voy á hacerme jardinera.
-Es que el subprefecto ha venido recientemente?
- El subprefecto ...... aquel señor gordo de lentes de
oro?
-No, ese ya se fué ... :.. Un joven ........ .
-Ah! el sefior gordo se fué l.no lo sabía.
-No es eso, pensó la seflora Deacordes en tanto que
Francisca, al irse, murmuraba grufíendo:
-Anda hija! No eres aun demasiado firme para embrollar á la vieja Francisca si ella no quiere!
Estos destanteos excitaban la cusiosidad de las tres
señoras Descordes. Casi no tenían otra conversación.
En Ganneville pasaba algo que ellas ignoraban ... ... y
ese misterio se realizaba ·precisamente en la casa donde
ellas debían ver más claro!
Pensando en esto, la sefiora Descordes calculó que habia estado en casa de Marta á todas ho'ras, salvo de cuatro á seis, momento que se daba todos los días á la música con sus hijas. Inmediatamente, como inspirada, pú sose precipitadamente su sombrero y se dirigió á casa de
su prima. Eran las cinco.
Justamente el portón estaba abierto, Francisca que
bahía salido para algún mandado rápido, no lo cerró.
Esto agradó á la visitaute, por que no tuvo necesidad
de llamar. Si había algo que sorprender ella lo eorpren•
dería. 11Iarchando sobre la punta del pie llegó á la
puerta del salón, oyó loa ecos del piano y entró bruscamente.
Marta tocaba á ia sordina una sonata de B~ethoven,
Savinien, sentado cerca de Pablo, buscaba en el diccionario las palabras necesarias á su versión. El té cantaba
hirviendo en la tetera. Era aquello una como reunión de
familia, dulce, intima, casi austera.
El instinto d&amp; la sefiora Descordes no la había enga•
liado. Ilabía algo de nuevo...... El amor entraba á la
casa de }farta.
VIII.
Desde hacía seis meses, Savinien iba así cada día, á
casa de Marta y era milagro que en una ciudad de vidrio y bajo la mirada incansable de la sefiora Descordes,
aquellas entrevistas hubiesen permanecido ignoradas.
Ah! cuando, por las indicaciones que ella le había dado seguratoente con intención muy distinta, Savinien
concibió sus planes de conquista, cuando comenzó la
ejecución de ellos, con una habil estrategia, regocijándose ya de sus primeros éxitos: cuán poco pensaba que ·
la palabra ingenua de un nifl.o bastaría á desconcertar
todos sus proyectos de don Juan que iba en pos de una
nneva intriga! cuan poco suponía que en eee rincón perdido de provincia, del cual se burlaba con tanta desenvoltura, iba á levantarse una luz súbita y exquisita sobre él, cambiando todos los horizontes de su vida y sustituyendo el cariflo, el cariño verdadero, absoluto, respetuoso y casto, á la novela de crimen sofiado en su ociosidad, como una distracción pasajera!
. Ciertamente se habrían admirado mucho, y habrían
alzado los hombros con desprecio, sus compañeros de
París, si hubieren podido percibir al alegre vividor de
antafio, siempre en busca de locas aventuras, esperando
impacientemente la hora en que iría á sentarse, cada
día más embeleeado, eutre un nifio y su madre.
Las visitas de Savinien se hicieron poco á poco más
frecuentes. A Marta como al mismo Pablo, eso les parecía muy natural. No había necesidad de llamamiento
ni de explicación: se le esperaba y él iba. Si por acaso
tardaba tres 6 cuatro días, Pablo decía á su madre:
-Hace largo tiempo que no viene
- Es cierto, respondra sencillamente Marta, hace muy
largo tiempo.
Ni aun pronunciaban su nombre: era inútil.
Un día, cuando se iba, Pablo le di¡o dulceme_nte:
-Hasta mafianal
Savinien miró á :\!arta, que sonrió, y repitió:
-Hasta maBanal
Cada día, en lo de adelante, sin tener necesidad de
instrucciones, Francisca iba á entreabrir un poco antes
de las cuatro el portón, para evitar el martillazo indiscreto. Cuando Savinien entraba, su primer mirada bu&amp;caba á Pablo no como á un obstáculo temido, sino como á
un apoyo deseado que le tranquilizaba respecto á sí
mismo y mantenía en · su ternura esa serenidad que
constituía eu más delicioso encanto.
Continuará.

�DOMINGO Is de AGOSTO de 1897

EL MUNDO

la6

~oMIIIGO 15 de AGOSTO de 1697

dos lóbulos, las finas piedras de Golconda.
Se había casado con algún Creso? Aque•
lla dama que pasaba, era la nifía hija de
padree pobres, á quién compré tantas mu•
fíeoae y bombones?
Todo lo aupe al poco tiempo. Un vie·
jo verde, cojo y corcovado, la deelu~bró
con su dinero, y desde entonces su a.roa
blanca y transparente, se m~nchó con
salpicaduras de fango ...... Aquella alma
buena!
y cómo fué? Qué mano invisible y nervuda de monstruo, la asió con fiereza y la
eqipujó á un matrimonio sin amor? El
hambre! En su hogar faltaban pan y luz ...
y el usurero de laeEquina inmediata le ten·
dió la red, dándole, no solamente luz y
pan sino vestidos, joyas ...... qué ee yol
Nu~vo Fausto, deslumbró á Margarita
con el eeplendor de su riqueza, y ella fué
despreciando las humildes, pero castas
floree de Siebel, del joven hermoso Y romántico como Byron, que en cada verso
deja un pedazo de corazón, un girón de
alma, pe10 que vive pobre, muy pobre,
allá en el destartalado cuartucho de una
casa de vecindad.
y entre tanto, Margarita, apoyada en
el brazo del prestamista claudicante Y gi•
boeo, alardea en teatros y salones de su
soberbio lujo, sin comprender que cada
diamante que ostenta, eimt-oliza no una,
sino muchas lágrimas cuajadas.

MINIATURA
LA SEÑORITA BEATRIZ FRANCO

......Y el Teatro Nacional, nuestra solitaria basílica de arte, ee llenó aquella no•
che de una voz apasionada y triunfal, de
una onda rítmica, suave y exquisita, voz
de perfume de violeta, de susurrantes plega~iae, de cuchicheos de hadas, de frúfrú de alas de aves, de rumoree de fron•
dae lejanas. Viejas impresiones dormí•
das recuerdos de comarcas ignoradas,
pálidas evocaciones juveniles que yacéis
en el fondo del espíritu como esos listones descoloridos de la primera novia, fué
vuestra fiesta aquella noche, viejas im•
presiones dormidas. Evocar eeae eenea•
cionee, unir con el hilo de oro del eenti•
miento lae perlas deegranadaa de loe re•
cuerdos, bajar al fondo del alma y sor•
prender en ella rastros de ideales ?~eva•
necidoe, huellas de anhelos fug1t1voe,
estela de esperanzas olvidadas ...... ee eer
artista.
La señorita Franco, ee muy joven Y
muy bella-de una hermosura que no se
concibe contemplar sino como Fra Ange•
lico pintaba sus madonae: de rodillas-es
una artista.
Id á escuchar la voz suave y apasiona•
que llena el Teatro Nacional con eu onda
rítmica.
MARGARITA
I
Cuando era nifía, qué alma tan blanca y tan diáfana encerraba en aquel cuerpecillo delicado y frágil como una chu•
cheríajaponeeal Nopuedoolvidarla. Loe ·
ojos profundamente azules y humedecidos; la cabellera opulenta y dorada; las
mejillas frescas-dos pomas de OtofíoY la boca carmínea, breve como apretado
botón de rosa.
La mañana era espléndida. En el Oriente-orgía de coloree-la luz desplegaba sus
estandartes victoriosos; en loe nidos loe
pájaros se empinaban asperjando trinos;
el aire soplaba suave, bien oliente, como
el vientecillo producido por aristocrático abanico.
¡Oh mafíana aquella, toda luz, toda aromas, toda vida!
Margarita ee preparaba á hacer eu primera comunión.
En la parroquia, llena de blancas floree, ardía loe cirios en el altar mayor, ascendían las espirales del incien•
so, y, grave y místico, dejaba el órgano oir las notas de
sus trompetas.
Allí estaba la blonda criatura, en glorioso apoteosis,
de rodillas, con la frente baja y loe bracitos cruzados devotamente, á la manera de esos ángeles pintados por Doré !!n las maravillosas páginas del poema dantesco·

Señorita Beatriz Franco.

II
Más tarde, cuando fué joven, cuando la pubertad la hi•
zo núbi y amplió sus caderas, y redondeó eue formas, la
ví pasar, desde el balcón del últimó piso. de un hotel, en
elegante «duquesa« tirada por corceles p1afantee, que, en
su pausado trote sobre el asfalto, hacían cascabelear las
cadenas de plata.
Su aspecto era altivo y regio: el traje de seda flordelisado dejaba adivinar eue exúberas formas olímpicas, y chispeaban ea sus dedos gráciles y en sus rosa

Anoche, al salir del teatro, sentí que
me tiraban del abrigo, y oí frasee dulces
y seduétorae de mujer. Volví la cara y
me encontré con ella, con Margarita,
quien al reconocerme dió un grito de
sC'rpreea y huyó precipitadamente, avergonzada de la equivocación, entre la hot•
mfgueante multitud. Con quién me .confundió? Quizá con alguno de sus amigos.
Y un enjambre de recuerdos punzó do•
loroeamente mi cráneo: surgió en mi me·
moria aquella mafíana toda luz, toda aromas, toda vida, en que la ví, camino del templo, ha•
ciendo aletear su falda nívea; en que sentados á la
Il}eea saboreamos el desayuno de aquella fiesta de un
blan~o triunfal. Pensé en Alberto, el bohemio eofiador,
que en cada verso le mandaba un pedazo de corazón, un
girón de alma ...... en el muchacho hermoso y melenudo
de segundo patio; y entonces comprendí por que, puesto de codos en la mesa de un café de barrio, gritaba con
voz de ebrio mirando atentamente las heces de su copa
-Eh, mozo! vino, más vino........ .
Jt'AN B. DKLGADO.

-------------~-------

EXPLOSION DE UNA CALDERA EN UON

La mafíana del 5 del actual, prodújoee en la ciudad de
León, una catástrofe del todo semejante á la que en Pue·
bla causó no ha muchos días la mayor consternación,
Runque esta vez, por fortuna magna, sin consecuencias tan
lamentables. Nos referimos á la explosión de una calde•
ra, acaecida en el taller de fundición de la Huerta de
U raga.
El espectáculo que se presentó á la vista de loe que ocu•
rrier@n al lugar del siniestro, atraídos por el estruendo,
fué el de un montón de escombros hacinados aquí y aní
sobre los diversos productos trabajados en el taller, tales
como ruedas de cochee, cajas, catres, herramientas, etc.
Loe techos fueron volados, y sue eoetenea diseminados
en todas • direcciones y contraht,choe, así como los frag ·
mantos de la caldera que se veían en todas partee, y que,
· con la enorme trepidación, causaron eerioa perjuicios materiales.
El orfgen del siniestro fué el deECuido del maquinista,
quien dejó encargado de la caldera al velador y éste, absolutamente ignorante del manejo, encendió el fuego sin
poner préviamente el agua necesaria.
E etímanee las pérdidas en $3,000, máe no hubo desgra
cías personales.
El activo fotógrafo Sr. Mathey nos envió con laudable
oportunidad, la fotografía que como ilusrtación de estas
líneas publicamos, y que dará del siniestro mejor idea
que todas las descripciones que pudiéramos hacer.

Exp1osión de una caldera en león.

(Fotografia de Mathey.)

l!L MUNUO

LA CIUDAD DE ZACATECAS.
LAS OBI~ . . ~S D~ SU CA.'1...,EDRAL.
•

bizantino, loe fondos de todos son color de
La ciudad de Z 1catecas, de la cual ya al•
cantera y lae columnas imitación de gra•
guua vez se ha ocupado nuestro semanario
nito: loe capiteles y basas color de piedra
con positiva compla,encia, constituye un@
verde azulado y en las tallas una combi•
de loe cantroe más importantes de nuestra
nación de coloree y oro.
R pública y une á lae valiosas condiciones
«En el fondo de la nave principal está pin•
de propiedad minera y agrícola, la belleza
tada al oleo La Asunción de la Santísima
de su especial topografía.
Virgen. La Madre de Dios se eleva al cielo
En el orden religioso y digámoslo también
entre multitud de alados querubines y loe
art1dtico, Z ic1tecas acaba empero de]a1qui•
apóstoles contemplan el sepulcro. El cuadro
rir 1rn atractivo más, merced al celo decidi•
es obra del eefior don Manuel Pa~trana. En
do del virtuoso !prelado que rige la Diócesis
loe fondos de las dos naves laterales y al la•
y q 1e vió no ha mucho el feliz remate de]lae
do de la puerta principal hay dos grandes
obr.1e emprandidae en la Iglesia C.Hedral..De
cuadros, La Anunciacion y la Oración del
ellas intentamos ocuparnos en eatas páginae,
Huerto, obras respectivamente del eefíor D.
con tal fin transcribimos lacompleta relación
Cleofas Almanza y de don Candelario Rivas,
de:nn cronista zacateoano, acompañándo·
joven zacatecano, de veinte años y cuyas
la de excelentes fotografías, verdadaramendotes para el arte de Apeles son notables.
tP artíetbae, debidas al inteligente fotógrafo
«La pintura y decorado de la Catedral ea
Jo~é i\P.- Agular.
obra del modesto artista don Rafael de
G&gt;n motivo de la inanguracion de las obras
León, hijo de Cuernavaca. Enviamos aleede que nos ocupamos, ef&lt;Jctuóse en la catefíor León, nuestras máe ccrdia!es felicitadral eolemníeima función religiosa á la que
ciones.
aeietió, previas invitaciones, lo más granado
«El Iluetrfeimo señor Vera dignísimo Obie•
de l.1 sociedad.
pode Ct1ernavaca que tan bondadosamente
R ispecto á la decoración y forma de las
aceptó la invitación que le hizo, nuestro digobras del templo, oigamos al cronista:
nfaimo Prelado, para asistirá la función re« La pintura y decorado de la Smta Igleligiosa, ofició de Pontifical y asistió el Ilussia Catedral presenta un golpe de vista
trísimo BE'ñor Portillo y la mayor parte del
magnifico. La cúpula está pintada dd color
clero de la diócesis.
de aurora dividida en ocho gajos por fa.
«la música dirigida por el hábil maestro
jas rojas con guarda de oro realzada á pinDon Aurelio Ellas, estuvo como siempre,
cel; en loa centros de cada gsj ') se destacan
manífica. El sermón estuvo encomendado
monograma&amp; de María y un rosetón á la
al eefl.or Canónigo Don Domingo de la T.
ori1::ntal en la linternilla. La cornisa, á dos
Romero, quien habló del culto divino, según
tintas gris y filetee dorados; la columnata
se nos informa, pues en el lugar en que noe
de color de piedra de jaspe rosa al oleo, la
colocamos, no era á propóeito para oír la
corniza del anillo dela cúpula con molduvoz del orador sagrado.
ras gris, filetee dorados y adornos de ciar,&gt;
Nuestro amante Pastor y Padre debe estar
obrnuro en el frizo; pechi1,as con loe símsatisfecho. Bue hijos aprecian en lo mucho
bolos de Evangeli3tae, de alto relieve y en
que valen sus apvstólico3 eefuerzoe para enyeso y dorado mate con marc0 y aiornoe
bellecer la catedral de Z1catecae, y con él se
de.yeao en loa áuguloP.
regocijan y dan gracias á la Providencia
uEI fondo general de l&lt;1s b ·,vP, hs P.~ color
porque esos esfuerzos han sido coronados
de aurora, aristas gris 'e con fi let"s dorados
con el más completo éxito.
y en loe fondos adornos aZ11lee levantados á
pincel. Los lupttoe de lv, parte superior de
loe muros son de fondo vntlt&gt; gri~ y el decoHuye de loa traidores á la patria como
rado á dos tintas y oro imit,ndo papel tahuían los juatoedelfuegode Sodoma. Aquepi7,. Loe capi1tif"B y curnisa general son de Fachada prl ,cipal de la Catedral de Z•catecas. fFotogrnfía de José M~ Aguilflr.) llos ab,,fetean á la madre, y después le piden
,col &gt;r grid v filetes d•ira i,1s con frío á la
pan, abrigo y hospitalidad.
or.ental. Las caras laterales de loe farcos ta m b;.Sn rle o'eo y de do~ e•tilos div,rsoq_ El alt,ar m 'ynr es al eeti•
color gris y filttee de oro y la cara inferior con guarda In romsmn, ornamPnto cnn talles de yeso y fondo de mar•
á tres ti utas y oro, al estilo Romano. Las pechina• ct.. 1..a mol art fi ,ial, 6 sea eicayola. Los dl e bonitos altares
DON~E NACIO BUDDHA
arcos tienen el fondo verde gris con adornos al capri- en los fuud,,~ de las naves laterales son de orden com•
cho, color de oro levantados á pincel.
pnesto, con frizos y demás adornos de yeso; á los lados
El lngar en q11e nació el célebre fundador de la religión
«La parte cilíndrica de la C'llumnata es imita~ión de dos tablHos angostos decorados al estilo bizantino. Loe ·
de Buddba ( Buddha Sakia Munia) era ignorado, pero
granHo ruorado y la parte recta imitación de marmol de tres altares de ca la uno de ](le wurvs lat~rales son de
acaba de ser deecul:ierto accidf'ntalmente por una expejaepe, todo al oleo. El decorado de loe muros lat•ralts orden compuesto con adornc,e de y;,eo, doe de ellos titi·
dición arqueológica del gobierno de la India, en Nepaul.
imita papel tapiz á seis tintas y oro, el frizo geueral al nen á los lados tableros angostOd dtcurad, s a1 edti,o
Por una eqnivocación, loe expedicionai-ios se vieron con
las autoridades Nepaulesae á unas quince millas del punto q11e debían explorar cerca del tahsil de Bbagwampur,
en el dietrito de Butsuk. Estando acampados .,Jlí, les llamó la atención un monolito del Emperador As&lt;'ka, de 10
pies sobre el nivel d~I suelo. En ese mono ito había una
inecripción pt1eeta en él por nn peregrino del siglo nono,
que indujo á la expedición á cavar al rededor de la piedra hasta la profundidad de catorce pies, y se halló en•
t onces una inscripción del lfo1rerador, en la cual consta
qne en el año vigésimo de, en remad&lt;•, enea de 239 años
antes de la venida de Cristo, él había brnho erigir esta
cnlumna en el miemo lugar donde nació el sefior Buddba.
(Hay que tener presente 4111: B11ddha era hijo y heredero presunto de un príncipe soberano y que renunció to·
das las grandezas de su posición.) A dieciocho millas al
N. O. de la columna, la expedición encontró extensas
ruinas de .&lt;tupa~, monasterios y palacios cubiertos de boa
que ó mon e, y que se extendlan por cinco millas basta
el río Banganga, siendo la circunferencia como de siete
millas. Este es el Ritio que ocupaba Kapilavaetu, capital
de loe dominios del padre de B~ddha, y que probablemente rendirá imcripciones anteriores á laedel Emperador .A.eoka. Tan pronto como cese la calamidad del ham.
bre y plaga que aflige aquellos puebloe, se harán excavaciones, lo cual será probablemente en el p1óximo in•
vierno.
Panorama de la ciudad de Zacatecas, tomado del cerro histórico de la Bufa.

�OPINIONES MEDICAS SOBRE LAS CONDICIONES TERAPEUTICAS
DEL

Muy señor mio:
Cuando recibí la primera muestra del
e Vino de Saint Germain, que se sirvió
usted remitirmeJ juzgué que sería una de
tantas preparaciones que con títulos al.
tisonantes y recomendaciones pomposas
se nos ofrecen como maravillas terapéuticas.
Debo confesar qui:! después de haberlo
e.i:perimentado en mi práctica diaria, especialmente en los niños,. be cambiado
completamente de opinión, respecto á su
elixir.
Siempre que he empleado el ,\'1xo DK
SA1ST GERMuN, he obtenido los más Ji.
son je ros resultados como tónico y recons-

nn.

)lé.i:ico, Mayo 21 de 1897.
Muy señor mío:
Creo que laíeliz asociación de las sus•
tancias que entran en la composición del
Viso DE SAii-T GEuu1x le aseguran un
lugar preferente en la terapéutica.
Lo be experimentado perfectamente
en las convalecencias y he quedado sa•
tisfecho.
De vd. atto. y S. S.
LEOPOLDO CASTRO,

Cirujano e,i Jefe del Ferrocarril Interoceánico y .Médico del Hospital de
San Amfrés

DR. BA..'iDERA .

LA VISTA.

México, 3 de Abril de 1897.
1\Iuy señor mío: Habiendo experimentado en algunos enfermos el VtNO DE
SAU.T GERMAIS cuya muestra me mandaron, lo recomiendo como un buen tónico
y reconstituyente.
Quedo de \"d. afmo y S. S .
DR- RAFA.EL LAVISTA,
México, 12 de Febrero de 1897.

Interior de la Catedral de Zacateca•. lnau¡urada su nueva pintura y decoración el 9 de M¡,yo de 1897. (Fotogrnfía de José María Aguilar.)
VARIEDADES

Un periódico inglés ha afirmado que los chinos conocieron la bicicleta 2,300 años anies de la venida de Je3ucris\O, y que la rueda estuvo muy en boga hace cosa de
100 atlos. A la máquina daban un nombre equivalente á
Drag6n Dichoso.
El modelo conservado en Pekín tiene la cadena engra•
nada en la rueda delaoiera.
Las mujeres ee aficionaron á la bicicleta basta el puuto de deeat.ender las obligaciones domésticas¡ por cuyo
motivo el gobierno prohibió enteramente el uso de
&amp;qnella.
J.,os joyeros están haciendo uso de la electricidad para
distinguir loe diamantes buenos de los faleoe. Todo lo que
para esto se neceeit.a, ea un pequeilo motor que lle,:e en
uno de los extremos del eje uo disco de aluminio. Un cepo

debidamente eitllado, sirve para eujecar el diamante y
mantenerlo en contacto con el disco de alumio. Para
probar el diamante aeí dispuesto, basta mojarlo y echar
á andar el motor. Al cabo de pocos minutos se l!aca la
piedra, si es legitima se verá que está limpia, mientras
que si es falcificada, ee abrá cubierto de UDa capa metálica debido al roce con el aluminio

La superficie total cubierta de boFques en loe E9tadoa
Unidos, se estima en 2 000,000 de kilómetros cuadrados,
ó SE\ 26 por ciento de la superticie total. El consumo
acíual se deacompone de la manera siguiente: madera
para construcción de obras, 140 000,000 de esteros: id.
para durmientes 170,000,000; id. para carbón, 7 000.000;
id. para fraguas, 504.000,000; id. para establecimientos
induetrialee, 4.000,000. El consumo total es de 680,000.

Un periódico ruso, el Diario dt San PeterslJurgo, publica el anuncio de un museo de aquella capital, en donde
se exhiben varios fenómenos muy curiosos, entre ellos
tres ninoP, á l!aber: una criatnra de cuatro af'ioe que pesa 161 libras, llamada Ana¡ un varón de eeis af'ioe llamado Germano, que pesa 153 libras y otra niña de doce
primaveras con 283 libras de peeo.

Muy señor mío:
En vista de las componentes de la preparacif'ín SAINT GEuuiN, no tengo inconveniente en recomendarlo como útil y eficaz en l11s enfermedades que causan profunda debilidad en la economía; de manera que se puede usar con éxito en la convalecencia de las fiebres en general, así
como en las anemias, tuberculosis pulmonar, escrófulas, atrepsis, etc, etc., etc.
Qu~do de usted aftmo., atto. y S. S.
CARLOS TEJHDA,
Métlico Ciruja110 de la Fawllad de
},[é~ico, Profesor de Clínica Iufautil
en la Eswela Nacío,ial de Medicina de
México.

.·~

De los inumerables vinos tónicos de
que se sirve la teupéutica modernn, el
mejor es sin duda el SAx GERMÁS. En casos de linfatismo, tuberculosis y anemia,
me ha dada siempre en los enfermos sorprendentes resultad'&gt;s.
DocTOR CLE!t!ENT.
De la facultad de Mo11pe11sier (Fraucia). Especialista para las enfermedades de la ciutura.

Hace algtín tiempo qi:.e empleo el V1No
tónico de SAINT GER."IIAJS y siempre me ha
dado el mejor resultado, tanto en las
personas agotadas por largas enfermedades, como en los que padecen enfermedades palmonares crónicas. Por lo mis•
mo, no tengo ir,conveniente en recomendarlo
:\f. AVELEYRA 1
Médico del Hospital de la Beneficeucia espai'iola.

SAN GERMAN

Yo creo que en este mundo
No existen penas más hondas!
Como las penas de un buzo.
\"iTAL !.ZA..

DR. GARAY.

Panorama de Zacatecaa, tomado de norte á sur.

tituyente, perfectamente acomodado á
personas débiles, á los convalecientes, á
los niños raquíticos ó escrofulosos, y en
general á todos aque11os que por e.i:cesos
de trabajo ó enfermedades prolongadas
han visto agotado 5u organismo.
Por eso no vacilo en recomendado, y
me atrevería á llamarlo EL1.i:1R DH VIDA.
De usted afmo. S. S.
Dr. CoNSTANCJO PRS°A luiAQUEZ.
del Ou,rpo d, Sonidad militar.

DR. CLEMENT.

EL VINO

Lo más difícil del mundo
__Es regalar á una fea
Un espejo de en gueto.

He usado en varios de mis enfermos el
vino de San Germán y lo considero una
medicino exelente¡ es un tónico poderoso,
de sabor agradable y muy eficaz para
los anémicOs, linfáticos, tuberculosos,
convalecientes y enfermos del corazón
en general.
A. Df GARAY.
Profesor de Auatomia Quirúrgica
e11 la Escuela A"acional de Medicina,
Cirujano de los Hospitales Juárez y
Espa,iol.
Cerro de la Buf,1, Z•catccas.

DR PE...,qA IDIÁQüEZ,

,He usado con excelentse resuitndos el
\'1so DE SAN GER.M,\X en casos de tísispulmonar, de anemia y de enfermedades crónicas de la piel.
No conozco otrn preparación que con•
tenga iehthiol, en la que el color y sabor tan desagradables de este precioso
medicamento estén tan bien encubiertos.
Las propiedades terapéuticas del icl,thiol
pueden ya ser utilizadas como medicina.
interna.
Los enfermos toman este vino sin repugnancia, y al cabo de algunos días e.i:•
perimentan sus provechosos efectos.
A las dosis de una cucharada, una hora antes de las comidas, la administración de este vino no tiene peligro.
DOCTOR 8A..'.0ERA.

que tanto éxito y fama ha obtenido de.de su presentación en el
mercado mexicano, no necesita para que el público se convenza de sus maravillosos efectos, publicar certificados de curaciones obtenidas en Rusia ó en el Japón, ni opiniones ele ~fédicos
conocidos en China ó en el Brasil, que, como pueden ser ciertas y auténticas, también es facil sean inPxactas y apóc1·ifas. La
conpañía fabricadora del VI.NO SAN GEIUIAN, convencida de los
mamvillosos medios curativos, de los componentes de su preparación y de los beneficios inmensos de su uso, lo ha sometido al
aniílieis ele los m~s afamados químicos, al e,tudio de los facultativos de más renombre, al experimento en los hospitales y
clínicas, y, cuando recogida la opinión ele todos, una sola es la
contestal'ión: PRODIGlOSO, se decide á dará conocer al ilustrado público mexicano

LA OPINION DE LA CIENCIA

SOBRE EL VINO SAN GERMAh

nn. MÁcl1is.

Recibí la muestra del V1~0 DE SAn GERMÁN que se sirvieron ustedes mandarme.
Su composición garnntiza sus buenos
efectos y aquí en donde tanto abundan
lns enfermedades por debildad en la nutrición, espero que será de positiva utilidad para el público.
:\léxico, Mayo 13 de 1897.
R.

MACIAS.

�LA

HARINAnE W AGGNER
CO.N FOSFATO DE CAL ~URI, u U11irersa/ment1 admitida como "EL ALIMENTO MAS PERFECTO'

.,

•

•

para NIÑOS ENFERMOS, CON~ALECIENTES, ANCIANOS J para las MADRES que están CRIANDO

En un ...
Aguacero
el hombre se ca16 hasta los huesos.
Y esta moja.rtnra le dió un resfriado.
Descuidado éste se le pn•sentó la
tus. Con motivo de la tos tuvo que
guardar cama. A tomar una dosis
del Pectoral de Cereza del Dr. Ayer
al principio, le hubiese ntajado el
resfriado, impedido la. subsiguiente
enfermedad y padecimiento, y econo-

mizádo gastos. El remedio casero
para resfriados, toses, mal de garganta y todas las afecciones pulmonales es el

Pectoral de Cereza
del Dr. Ayer.
PREPARADO POR

Dr.J. C.Ayery Ca., Lowell, Mass., i::. U.A.
Medallas de Oro en las Pi mcípales
Exposiciones Universales.
~~

w-

P611•'.;1St' en ~n,rclia. coutrn las imita.Cl 111es harat;1s.
El nombre !e- Ayer's
Cherry Pectoral-;1p,1rece en la. envoltma
v :le realce t:11 el cristal oe cada frasco.

grandes beneficios. Se garantiza su
completa pureza y hallarse libre de
toda sustancia deletéreA.. Es de un
sabor muy agradahle. No es una medicina bajo ningún concepto y síobra
en Lodo cuerpo endeble como un

se prescribe en cada tasita no se
aceda nunca en el estómage. Es al:
Lamente recomendada por la Fa_cul
1.a&lt;l Médica y en los muchos ·años
que tiene de éxito hli resultado ser
por el testimonio de todas las madres que lo han uslido

Tónico de la NatnPaleza

"El alimenta me~ pe~fecto"

SECURANSINOPERACION

•

etc.

•

Se trata con ~x!to las enf!!rmedrutes que se dicen
incurablesó de mala naturaleza, d~ lll. cara., boca,
lengua, garganta; oidos, cabeza, lla¡i;us vitricHeas, y
en ger,eral, todos los tumores i,rvvenientesd~ la corruJ)C'lón de la sangre.
Violentar ra.1ical curación '1.e enfermedades secretas, eu todos sus grados.

♦
•
♦

•

♦

CA.LLR SANTA CLAHA 19.

I

•

♦

a

Gran almacén y Exposición de camas inglesas de latón.

Z

La casa que en esta Capital tiene el mayor surtido y la queven:ie más ba
"
ra t o . - s u 1ema es: Venuier
mue h o y ganar poco.

~

.
=•
.

•

=•
1 •

►
1
•

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GRAO FABRICA DE CAMAS, CATRES, CAMITAS V CUNAS de Latón y"'•"º

ESTILO INGLÉS, GARANTIZANDO S~CONSTRcCCION.-vE;-;TAs POR MAYOR y MENOR

EL DIGESTIVO ANDREW
EL
EL
EL
EL

DIGESTIVODIG&amp;STIVO
DIGESTIVO
DIGESTIVO

ANDREW
ANDREW
ANDREW
ANDREW

EL DIGESTIVO ANDREW
EL DIGESTIVO ANOREW
EL
EL
EL
EL

DIGESTIVO
DIGESTIVO
DIGESTIVO
OIGESTIVQ

ANDREW
ANDREW
ANDREW
A.NDREW

"'

~

1

•

♦
♦

•

cura la ictericia y los derrames de J:?ilis.
impide la formación de lc,s gases en el Estómago
alivia la náusea en las embarazadas.
no contietle substancias dañinas á la salud.
está recetado por los mejores médicos:
ft.i:: aprob:¡dn por la Academia de :\IeCcina de París.

•
• ·
♦
♦

♦

preserva de enfermedades infecciosas.
no contiene substancias nocivas á la salud.
EL DIGESTIVO ANDREW alivia SJDIPRE que se toma conforme á las instruc·
ciones que acompaí1an cada tubo.
EL DIGESTIVO ANDREW al contrncio de otros digestivos, alivia radicalmente

•

•

EL DIGESTIVO ANDREW

para toda la vida.
alivia con g_ asto muy reducido, pues bastan seis tubos
para la curación de la enfermedad d\;:l Estómago más

•

EL DIGESTIVO ANDREW

rebeldl·
fué inventardo en 1820
"'ríeccionado por los legítilll.os
herederos del célebre l., Andrew en 1886

♦

y •

♦

♦

♦
•

es :tpcritivo y estimnlnnte.
tiene famn universal.
cura las malas ó lentas digestiones.
cura ]a Gastralgia reciente ó ·crónica.
cura Ja Acidez del Estómago y los cólicos.

EL DIGESTIVO ANDREW
EL DIGESTIVO ANOREW

~ ♦

DE VENTA EN TODAS LAS 'oROGUERIAS

♦~
•

♦
♦

.•

¡ ••••••••••••••••••••••••••••••

. Hay grnn va,iednd de d,cujos, tanto en Camas Inglesas, como en las fa- Z

~ bricadas en los talleres de esta Casa, y los interesados pueden conocerlos pi- ir,
diendo catalogas á los s~ilores
►

•:
••

•
♦

:

FABllY&lt;1A. nJ.&lt;;ocoLC-ITONF.-'
ALA1'.1BRE DE ACERO TEJIDO DL'PLO cox RESTIRADOR DE PATENTE.-LOS L'NICOS ~
QUE TIENEN A.(:EPTACIO.K POR SU BUENA CLASE
,...,,

=
~

I

♦

Especialista para las enfermedades
de las señoras, a' .. cciones de la M-1.Ttuz, de las
MAMA~,

o·,•gest;vo Andre·w :.

:.

POR EL DR. LUIS CLl!l\lENT.

•

f~

~ectterbo_z be ra función be caribab efectuaba er ~omingo 15 be!'. actuar

Las enfermedades de LAUINTUiA. . . . . . . . . . . . ,,...~~♦♦♦♦♦$♦♦.., ♦.;, ♦♦♦♦♦♦• •

•=•: •••LA NuEVA NDusTRI A• •••• •
111
'"

•

De ••nta •n toda ■••• Tiendaa, O,ogu•rla ■ y Botlo ■■

♦

14

NUMERO 8.

UN/COS AGfNTES: NO'IARO &amp; GfESTCHEL, CALLEJON DEL ESPIR/TU SAIITD IIUM. 1. MEXICO

r.:.~=====~==~========~-~===~-~=~.:-71 ♦

••

MEXICO, AGOSTO '21 DE 1897.

TOMO,11

La Harina de Waggne r
hace crecer los niños robustos y
contentos. Tomada en 111s d&amp;sis que

La Harina de Waggner
se incorpora con la misma facilidad
que la leche de la madre, y lo puede tomar la criatura más tierna con

Gnastasio lbJestas 1? (!ompañia,
2~

;

•

DE LA MONTERILLA NUM. 8.-MEXICO-APARTADO N? 957. :•
--ESTA CASA NO TIENE SUCURSALES--

AGENTtS GENERALES

:

:

EL VINO SAN GERMAN
Es el tón.ico Inás e•1.érgico.

de este periódico en Centro
América, Sres. J. M.. Larduábal y Compaflía, Guatem~la.
Están autorizados pa1a arreglar contratos

y euecri pcionea.

para auuneioe

l
•'

1

1
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LS&gt;s reinas de la fiesta

áieñoritaJZS @&lt;trtcta §isJZSemma1111, ¿lomifil'a J~ióafgo, J:upe ~it&gt;a t? @erva11teJZS, ~uCia ¿bióafgo,
Jhneria ~isJZSemmann, ,$ara @'.6ai&gt;ero.

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>LA

HARINAnE W AGGNER
CO.N FOSFATO DE CAL ~URI, u U11irersa/ment1 admitida como "EL ALIMENTO MAS PERFECTO'

.,

•

•

para NIÑOS ENFERMOS, CON~ALECIENTES, ANCIANOS J para las MADRES que están CRIANDO

En un ...
Aguacero
el hombre se ca16 hasta los huesos.
Y esta moja.rtnra le dió un resfriado.
Descuidado éste se le pn•sentó la
tus. Con motivo de la tos tuvo que
guardar cama. A tomar una dosis
del Pectoral de Cereza del Dr. Ayer
al principio, le hubiese ntajado el
resfriado, impedido la. subsiguiente
enfermedad y padecimiento, y econo-

mizádo gastos. El remedio casero
para resfriados, toses, mal de garganta y todas las afecciones pulmonales es el

Pectoral de Cereza
del Dr. Ayer.
PREPARADO POR

Dr.J. C.Ayery Ca., Lowell, Mass., i::. U.A.
Medallas de Oro en las Pi mcípales
Exposiciones Universales.
~~

w-

P611•'.;1St' en ~n,rclia. coutrn las imita.Cl 111es harat;1s.
El nombre !e- Ayer's
Cherry Pectoral-;1p,1rece en la. envoltma
v :le realce t:11 el cristal oe cada frasco.

grandes beneficios. Se garantiza su
completa pureza y hallarse libre de
toda sustancia deletéreA.. Es de un
sabor muy agradahle. No es una medicina bajo ningún concepto y síobra
en Lodo cuerpo endeble como un

se prescribe en cada tasita no se
aceda nunca en el estómage. Es al:
Lamente recomendada por la Fa_cul
1.a&lt;l Médica y en los muchos ·años
que tiene de éxito hli resultado ser
por el testimonio de todas las madres que lo han uslido

Tónico de la NatnPaleza

"El alimenta me~ pe~fecto"

SECURANSINOPERACION

•

etc.

•

Se trata con ~x!to las enf!!rmedrutes que se dicen
incurablesó de mala naturaleza, d~ lll. cara., boca,
lengua, garganta; oidos, cabeza, lla¡i;us vitricHeas, y
en ger,eral, todos los tumores i,rvvenientesd~ la corruJ)C'lón de la sangre.
Violentar ra.1ical curación '1.e enfermedades secretas, eu todos sus grados.

♦
•
♦

•

♦

CA.LLR SANTA CLAHA 19.

I

•

♦

a

Gran almacén y Exposición de camas inglesas de latón.

Z

La casa que en esta Capital tiene el mayor surtido y la queven:ie más ba
"
ra t o . - s u 1ema es: Venuier
mue h o y ganar poco.

~

.
=•
.

•

=•
1 •

►
1
•

=♦

GRAO FABRICA DE CAMAS, CATRES, CAMITAS V CUNAS de Latón y"'•"º

ESTILO INGLÉS, GARANTIZANDO S~CONSTRcCCION.-vE;-;TAs POR MAYOR y MENOR

EL DIGESTIVO ANDREW
EL
EL
EL
EL

DIGESTIVODIG&amp;STIVO
DIGESTIVO
DIGESTIVO

ANDREW
ANDREW
ANDREW
ANDREW

EL DIGESTIVO ANDREW
EL DIGESTIVO ANOREW
EL
EL
EL
EL

DIGESTIVO
DIGESTIVO
DIGESTIVO
OIGESTIVQ

ANDREW
ANDREW
ANDREW
A.NDREW

"'

~

1

•

♦
♦

•

cura la ictericia y los derrames de J:?ilis.
impide la formación de lc,s gases en el Estómago
alivia la náusea en las embarazadas.
no contietle substancias dañinas á la salud.
está recetado por los mejores médicos:
ft.i:: aprob:¡dn por la Academia de :\IeCcina de París.

•
• ·
♦
♦

♦

preserva de enfermedades infecciosas.
no contiene substancias nocivas á la salud.
EL DIGESTIVO ANDREW alivia SJDIPRE que se toma conforme á las instruc·
ciones que acompaí1an cada tubo.
EL DIGESTIVO ANDREW al contrncio de otros digestivos, alivia radicalmente

•

•

EL DIGESTIVO ANDREW

para toda la vida.
alivia con g_ asto muy reducido, pues bastan seis tubos
para la curación de la enfermedad d\;:l Estómago más

•

EL DIGESTIVO ANDREW

rebeldl·
fué inventardo en 1820
"'ríeccionado por los legítilll.os
herederos del célebre l., Andrew en 1886

♦

y •

♦

♦

♦
•

es :tpcritivo y estimnlnnte.
tiene famn universal.
cura las malas ó lentas digestiones.
cura ]a Gastralgia reciente ó ·crónica.
cura Ja Acidez del Estómago y los cólicos.

EL DIGESTIVO ANDREW
EL DIGESTIVO ANOREW

~ ♦

DE VENTA EN TODAS LAS 'oROGUERIAS

♦~
•

♦
♦

.•

¡ ••••••••••••••••••••••••••••••

. Hay grnn va,iednd de d,cujos, tanto en Camas Inglesas, como en las fa- Z

~ bricadas en los talleres de esta Casa, y los interesados pueden conocerlos pi- ir,
diendo catalogas á los s~ilores
►

•:
••

•
♦

:

FABllY&lt;1A. nJ.&lt;;ocoLC-ITONF.-'
ALA1'.1BRE DE ACERO TEJIDO DL'PLO cox RESTIRADOR DE PATENTE.-LOS L'NICOS ~
QUE TIENEN A.(:EPTACIO.K POR SU BUENA CLASE
,...,,

=
~

I

♦

Especialista para las enfermedades
de las señoras, a' .. cciones de la M-1.Ttuz, de las
MAMA~,

o·,•gest;vo Andre·w :.

:.

POR EL DR. LUIS CLl!l\lENT.

•

f~

~ectterbo_z be ra función be caribab efectuaba er ~omingo 15 be!'. actuar

Las enfermedades de LAUINTUiA. . . . . . . . . . . . ,,...~~♦♦♦♦♦$♦♦.., ♦.;, ♦♦♦♦♦♦• •

•=•: •••LA NuEVA NDusTRI A• •••• •
111
'"

•

De ••nta •n toda ■••• Tiendaa, O,ogu•rla ■ y Botlo ■■

♦

14

NUMERO 8.

UN/COS AGfNTES: NO'IARO &amp; GfESTCHEL, CALLEJON DEL ESPIR/TU SAIITD IIUM. 1. MEXICO

r.:.~=====~==~========~-~===~-~=~.:-71 ♦

••

MEXICO, AGOSTO '21 DE 1897.

TOMO,11

La Harina de Waggne r
hace crecer los niños robustos y
contentos. Tomada en 111s d&amp;sis que

La Harina de Waggner
se incorpora con la misma facilidad
que la leche de la madre, y lo puede tomar la criatura más tierna con

Gnastasio lbJestas 1? (!ompañia,
2~

;

•

DE LA MONTERILLA NUM. 8.-MEXICO-APARTADO N? 957. :•
--ESTA CASA NO TIENE SUCURSALES--

AGENTtS GENERALES

:

:

EL VINO SAN GERMAN
Es el tón.ico Inás e•1.érgico.

de este periódico en Centro
América, Sres. J. M.. Larduábal y Compaflía, Guatem~la.
Están autorizados pa1a arreglar contratos

y euecri pcionea.

para auuneioe

l
•'

1

1
'

LS&gt;s reinas de la fiesta

áieñoritaJZS @&lt;trtcta §isJZSemma1111, ¿lomifil'a J~ióafgo, J:upe ~it&gt;a t? @erva11teJZS, ~uCia ¿bióafgo,
Jhneria ~isJZSemmann, ,$ara @'.6ai&gt;ero.

�EL MUNDO

"JtL MUNDO "
Semanario Ilustrado.

·ToJ6fono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
KÉXICO

Toda la correspondencia que ee relacione con la Re·4acción, debe eer dirigida al
Director, Lic. Rafael Re;,-ea 8pindola.
Secretario de Redacción,
Amado Nervo.
Toda la correspondencia que ee relacione con la edición
debe eer dirigida al
Gerente, Lic. Fausto Mo&amp;"Uel.
La subscripción á EL MUNDO vale fl.25 centavos al
mee, y ee cobra por trimestes adelantados.
Ndmeroe sueltos, 60 centavos.
A.visos: á razón de $30 plana por cada publicación.
Todo pa10 debe ser precisamente adelantado.
BBG18TBADO COKO A.JITÍCOLO DB Sl!IGUNDA CLABB.

Motas tbitorialts.
Duputs be mebitJ siglo.

der presentar lin instructivo cuadro referente al eetado
actual de esta industria. Del atento examen de las cifras
que pasamos á exponer, se desprenden las conclusiones.
He aquí loe datos á que nos referimos:
La industria periodística del.a ciudad de Me.rico tiene un
dE:eemboleo an11al (aproximativo) de$ 576,000, distribuidos en eeta forma:
Jornalee á cajistas....................... $ 216,000
Id. á prensistas.................. ,, 36,000
Redacción ................................. ,, 72,000
Papel ....................................... ,, 180,000
Gastos ~eneralee (A:lministracióa,
Correo, etc............................. $ 72,000
Suma....... $ 576,000

Alemania, que pudiera considerarse segura por la or-ganización militar en que ee asienta el imperio, conver-.
tido en vasto campamento, busca en el ensanche y deea•
rrollo de su marina de guerra, puertas por donde ee ea-.
cape su riqueza.
Francia, con un presupuesto de cerca de tres mil quinientos millones de francos, dedica casi las dos terceras ,
partes á loe gastos del ejército y de la marina, y no satisfecha coa ese inmenso sacrificio que gravita sobre la.
producción del pa!e, aun pretende emplear nuevas cantidades, y á ese efecto, las cámaras han autorizado loe
créditos solicitados por el Gobierno.

***

Esta cifra representa el gasto total de loe editores, die•
tribuida entre loe varios elementos de trabajo que entran
á formar en la negociación. U na industria que paga
anualmente jornalee por valor de 252,000 pesos, que proporciona al trabajo intelectual mlie de 150,000 pesos; y
que contribuye al sostenimiento de otra industria con la
suma de 180,000 pesos, ocupa-dentro de las condiciones
económicas del país-un puesto de importancia.
Pero estos 576,000 peeoe representan solamente loe des•
embolsos anuales de las empresas editoriales; no es la
cantidad satisfecha por el público para el sostenimiento
del periodismo. Para obtener esta cantidad es preciso
agregará la suma desembolsada las nfüidadee realizadas
por las segundas manos (agentes y papeleros) al poner
en venta las publicaciones.
Según cálculos que concienzudamente hemos hecho,
dichas uUlidadee no bajan de unos 300,000 peeoe al ano,
que agregados á la cifra citada, arrojan un total de 036,000
pesos
Esta ee en realidad la suma satisfecha anualmente por
el público, lectores y anunciantes.
Y esto solamente para la prensa de la ciudad de Mé•
xico.
Renunciamos á comparar estas cifra&amp; con las que nos
pudier.i proporcionar la prensa de otras naciones, por
querer conservar la ilusión á nuestros lectores.
Pero de todos modos creemos eEtar en lo justo, al aeig•
narle un p:rnto de importancia y considerar arraigada,
una industria, para cuya subsistencia necesita derramar
el coaeumidor cerca d~ u,¡ millon de pe.sos todos loe años.

Iniciadaeen ese camino las naciones europeas, no quie•
ren ver el problema formidable del hambre, que se Je.
vanta como un espectro en medio de su grandeza.
Si como en loe tiempos antiguos, el mundo civilizado
estuviera reducido al continente europeo, y no existiera.
esa solidaridad que ata á loe pueblos todos de la tierra
por medio de las corrientes mercantilée, que transportan
loe frutos naturales y loe productos de la industria de
zona en zona y de continente en continente; si loe asombrosos progresos modernos no hubieran suprimido las.
distancias, haciendo que las eecenae que se desarrolla.
ban antes en la estrecha cuenca del Mediterráneo, ten•
gan ahora por teatro la inmensidad de loe maree, ee
comprende que la vieja Europa se concentrara en sí misma, atendiera excluei va mente á la sinfonía de su política,
y no advirtiera el peligro que puede hallar en el gran
desperdicio de funzae, en el despilfarro de energías á
que la conducen sus odios fanáticos y sus añejas preo•
cupacionee.
Pero hay algo más que la monárquica Europa: como.
lae pertnrbaciones atmosféricas se comunican de un
punto á otro en la euperficie de la tierra, loe estremecimientos de la familia humana repercuten del uno al otro
continente. Ya no existen las murallas chinescas que aislaban pueblos y naciones de la comunidad; no son va• •
liadares suficientes las altas cordilleras ni loe anchoe mares para niarcar fronteras en la unidad de loe pueblos.
Desequilibrios fiaancieroe, sacudimientos mercantiles
verificados en Sidney ó en H•rng•kong, repercuten con
precisión en loe mercados de Nueva York ó de Londres;.
una quiebra ruidosa en Buenos Aires hace vacilar esta•
blecimientos de crédito secular en Berlín y San Pd•
tereburgo.

,Dlttica ®.entrttl.

***

El vienes·de la anterior semana ee ha conmemorado el
quincuagésimo aniversario de la acción de Churubueco.
Cincuenta af!.oe van transcurridos desde la dolorosa jorna•
&lt;la en que el heroiemo nacional, encarnado en un pufiado
ue valientes, ee estrelló contra la imponente masa del
&lt;·jército invasor americano. El tiempo, tribunal inapela•
b!e en la vida de loe pueb!oe, ee ha encargadode restaf!.ar
la E&amp;ngre de las heridas y cicatrizar las llagas: medio eiKlo de informaciones extraidas del más alto sentimiento
ue justicia, han ba9taio para dar otra orientación áloe
eepírhue, y fi¡ar sobre baees más sólidas loe sentimientos
recíprocos entre las dos Repúblicas.
En eetaa páginas aganas á las paeio!lee de la política,
extraflae á loe prejuicios de banderías, en las que hemos
procurado siempre permanecer impa11iblemente serenos
y correctamente fríos, es donde acaeo puedan sólo expre•
earee ideas de tal naturaleza, y ser ellas escuchadas sin do•
losas tergi vereacionee.
México, durante eu largo período de gestación nacional.
ba tropezado con más de un país dispuesto á ejercitar
contra la naciente R3pública actos de fuerza opresora.
¿Cuál es el pueblo en el mundo que no ha tenido que
combatir contra otros pueblos? ¿Cuál la nación que no
lleva eo su historia la sangrienta cicatriz producida por
nn viejo adversario, hoy amigo y camarada? Y estos re·
cuerdos empalidecen, estos actos acaban por desvanecerse,
cuando loe agresores de ayer procuran buscar en otro RE.SUMEN -La enfermedad de Europa.-Preocupaurden de hechos eu lfaea de conducta.
clonea hlatórlcaa.-La paz armada y el equilibrio
No sería posible que las naciones vivieran en agresión
europeo.-Fuerzaa lnútilea.-EI problema político
constante con los Estados con loe que antaf!.o sostuvieron
y el problema económlco.-Loa pueblos viejos y
1impefloea11 luchas. Esto sería sencillamente declarar á la
loa jóvene■ .-La lucha de lntereaea.-Conclualón.
humanidad tln estado de guerra permanen\e. Por eso ve•
,nos que en aniversarios semejantes al del viernes, las mo•
No es envidiable por cierto la situación de la vieja Eu•
dernae nacionahdadee evocan desgracias patrias imborra- ropa. Al considerarla en conjunto, nótase un malestar ge•
bles, episodios de elevado heroiemo, pero jamás pretea- neral que se traduce al exterior en movimientos doloro•
,l~n la conservación de un rencor inextinguible. Eepafia sos, que revelan sus hondos padecimientos.
conmemora su e de Mayo, no por reavivaren olvidada ene•
Dedicadas las agregaciones sociales que la conefünyen
111istad á Francia, sino por rendir homenaje á amadas á la observación de ene vecinos, en quienes miran rivales
sombras.
aborrecidos, preocupadas con alianzas y coalieionee que
Y aei vamos también nosotros á Churubusco: no en las proporcionen la maner1 de preponderar en su trabason de proteatae contra pasadas injusticias; no á encen- • joso equilibrio, excitadas solo por odios tradicionales y
,ler hogueras extintas; vamos con el espíritu tranquilo y
rencillas históricas que las apartan, no ven el abismo que
1.1 conciencia serena, ante la idea de que frente al trágico
han abierto á euepies las exigencias inagotables dela paz
, ecuerdo del pasado ee alza la consoladora realidad del armada.
vreeente. •
La deeconfianaa de unos pueblos ha engendrado las
Las épocas tienen sus crueldades y sus sacrificios; pero aprensiones de otros, la envidia de éstos ha despertado
, 1 senUmiento de la justicia ea un ideal eterno hacia el
las ambiciones de aquéllos, las amenazas de una parte
que la humanidad se encamina infatigablemente.
han provocado necesariamente loe recelos de la otra, y
en círculo de hierro estrechadas, han ido cavando i;ioco á
poco la obscura fosa donde entierran sus energias, eepul•
tan sus activiáadee, agotan sus fuerzas, que se consumen
Un millón ile ¡,esos atmaie5 inuertiilo5 en d
en ejércitos ii.númeroe y formidables eecuadras.
¡mioilismo.
La Gran BreL&amp;f!.a misma que por su admirable coneti•
.N"o se tiene en el público u na idea aproximada del pro- tución, fruto de numerosos factores históricos y polítigreso alcanzado por el periodismo en estos últimos diez cos, pareclaen eu espléndido aislamiento apartada y agena
"1ios. SJlamente el conocimiento de loe datos que ema• á esos deeafioeintemacionalee, y por en es~rucmra social,
uan de esta industria, pone de relieve el avance obtenido se consideraba libre del peso abrumador de loe grandes
ejércitos permanentes, ya ee ve constreñida por las ciren ella.
Un estudio largo y meditado, aceros del desarrollo de cunstancias á seguir la corriente general que á todos
las empresas periodísticas, nos coloca en situación de po- arrastra.

Una inbtt5ttia que progrestt.

DOMIIIGO a:a de AGOSTO de 1897

Por eso un ilustre publicista francés, que se ha puestoá estudiar con sano criterio y abundante ciencia el esta•
do patológico de Europa, y ha anal:zado con ojo preví•
sor los alarmantes síntomas que se ofrecen á l~ consideración del sociólogo, expoae con toda claridad loe funda•
mentoe de su diagnósticC', y llega á conclusiones pesimistas y desoladorae.
En el estado de paz armada, que casi es un estado
de sitio y por sus gastos equivale á una guerra perma•
nente, la Europa ee enerva; no corresponden sus inmen•
sos gastos al tributo racional que puede exigir de los,
pueblos, como tampoco está en relación el eneanci.ie in•
definido de los presupuestos con el aumento de la pro•
ducción.
De este deeequilibrio fundamental, de esta divergen•
cia palpable ent, e las fuerzas vivas de las naciones y su ,
trabajo útil en bien de loe asociados, es de donde nace,
según opinión autorizada, ese malestar general, ese descontento que brota en todas partes y á veces tiene mani•
testaciones salvajes, explosiones fanliticae, que ee revelan,
en las utopías de los Búcialietas y en los atentados bruta•
les del anarquismo.
Más que un producto del descreimiento, más que un
engendro de la desilusión política, más que un resu1'ado .
del desencanto de las Dlaeae, al mirar vacfos sus taber•
náouloe y derribados sus tdolos, el estado presente es la.
consecuencia de un fonómeno puramente económico.

***
Loe pueblos viPjoe se dedican á levantar ejércitos y á .
armar escuadras formidables; gran parte de su actividad
ee consume en esta tarea improductiva; hay millaree de•
millares de brazos que se quitan al campo y al taller pa•
ra emplearlos e~ el cuartel, y hay millares de millares.
de pesos que se apartan de lae empresas productiv!lB pa·•
ra utilizarlos en armamentos y acorazados.

DOMIIIGO u

de AGOSTO de 1'97

EL MUNDO

En tanto, loe pueblos jóvenes gastan todo su vigor en
•u progreso y e11grandecimiento, aplican todas sus energías al bienestar individual que es el bienestar de la co•
munidad, y libres de tradiciones esplendorosas y agenos
4 la grandeza hietóri:a que se funda en las coaquietae
1nerrerae, caminan por la ancha vía del positivo ade•
lanto.
Asombra la inmensa actividad desplegada por loe Ei. tadoe Unidos en su fabuloso industrialismo. que amenaza
inundar loe mercados europeos con sus variados produc•
wa baratos, duraderoe, y por lo mismo capaces de com.
petlr ventajosamente con las antiguas induetriae. Pasma
la multiplicada producción de las colonias anetralianae,
de las semi-naciones di~ Africa, de las Repúblicas endamericanae, que inundan todas las plazas de aquende y
allende el Atlántico, coa sus ~ariadoe frutoe. Admiran
Jaa grandes eDergfae de que ha dado muestras el Japón,
pueblo venido apenas ayer al concierto de la civilización,
admiran las energías desplegadas en tan corto tiempo,
para colocar los numerosos productos de su industria, á
altura envidiable, y en capacidad de competir con loe similares de cualquiera otra parte.
Quéjanee los aldeanos del centro de Europa, de que
ya no puede'n vender su mantequilla, que ha sido derro•
uda por la margarina; laméntanee loe metalurgistas de

LA CUADR1LLA.-Lui8

Leal, El Sordo, Boto, Naranjito, Cualro Dedos, Pipo, Llal'erito, Torerín, Madrileíío.
huantepec, corrida que debido á loe esfuerzos incansables de loe eefioree organizadores, D. Apolinar Castillo,
D. Ramón Prida y D. Juan Dubláa, m 0 recedoree en es•
ta vez de todos loe elogios, tuvo un lustre inusitado. No
sería, empero, esta circunesancia la eóla que nos impul·
eara á dedicar unas páginas al espectáculo, puee atendi•
do el carácter de nuestro semanario no encuadraría él
del todo en nuestras columnas, si al éxito completo de
la corrida no ee unieee la consideración del a1'o fin á
que estuvo destinada y-como nota artística-la oportu•
nidad de ofrecer á loe lectores una colección de fotogra•
fías perfectamente detalladas, al f1ente de las cuales fi·
guran loe retratos de las distinguidas eefioritae que graciosamente fungieron de reinas.
Fueron estas las Sritae. Sara Chavero, que veet!a es·
pléndido traje azul obecuro y llevaba sombrero adorna•
do de hermoeas plumas negras; Guadalupe Riva y Cervantes, que lucia un traje plomo con guarnición blanca;
Srita. Eisemann, que veeUa bien acabado traje azul y
llevaba sombrero con plumas blancas; y Sritae. Hidalgo,
elegantemente vestidas de eatfo crema y blanco.
A estas reinas, que de hecho lo son por su elegancia y
hermosura, hicieron loe honores loe Sres. Lic. Ramón
Prida, Apolinar Castillo, Juan Hidalgo y J. Lemmene.
La concurrencia fué extraordinariamente numeroea,
como lo muestran nuestras fotografiae, y . la animación
:ndeecriptible.
No podían esperarse quienes con loable afán han procurado aliviar el infortunio de nueEtroe hermanos de Te•
huantepec, más lisonjero resul~_do.
Ello merece felicitacionee';y son muy cordiales las que
lee enviamos.

El Boto citando á paaar.-[a !&gt; toro]

que no pueden resistirá la baratura del hierro americano,
y duélenee loe tejedores de que no pueden fabricar telas
tan baratas como las japoneeae.
Y en eee estafo los presupuestos crecen, loe ejércitos
se multiplican, las escuadras tardan más en construirse
que en exigir nuevas reformas, y los gastos que di;iman•
dan estos cambios y estos desarrollos gravitan indefecti•
blemente, sobre las fuerzas vi,ae de los palees. ¿Qué re•
medio para esta enfermedad? ¿cuál tratamiento será ade•
cuado para combatir el fenómeno que arranca de tan hon•
das raíces?..... .
El publicista á que nos referimos, no lo indica; pero
mucho es hliber eefialado con tanta claridad, las causas
que provocan la dolencia social. Ellas mismas están di ·
-ciendo cuáles son loe medios para combatirlas.

..

X. X. X.
10 de Agosto de 189i.
UNA CORRIDA DE BENt.FICENCIA.

NUESTROS GRABADOS

Loe diarios, en el argot de usanza, dieron oportuna·
mente cuenta de la corrida que el domingo último se
efectuó en Bucareli á beneficio de las víctimas de Te•

Suerte de vara, (Arriero chico )

�EL MUNDO

l.sa

DOMINGO

22

de AGOSTO de 1197

vigor, en una palabra, tan semejantes entre sí cuanto es
poaibli, y las ha plantado la una al lado de la otra, pero
de tal manera que seis de ellas estuviesen ampliamente
alumb:-adae por el sol, en tanto que las otras eeie estuviesen abrigadas por una pantalla de madera.
Las habichuelas han florecido y han dado sus legumbres. Pero luego pudo hacerse una advert.encia: en tanto
que el peso de las vainas frescas era de 09 para loe frutos de h1e plantas asoleadas, no era máe que de 29 para
loe de las l)lantae abrigadae. Después de secos, loe grano&amp; alumbrados peeaban todavía tres veces el peso de
los gra.ooe lliadu1adoe á la sombra. Pero esto era de
preverse.
Lo que fué más inesperado, es que al afio siguiente,
habiéndOEe sembrado loe granos y habiendo eetado to•
das las plantas nuevas expuestas al sol, la recolección proporcionada por las obtenidas de loe granos formados al.
la sombra, fué aún inferior en una mitad á la propor•
cionada, por las plantas surgidas de loe granos aeoleadoa.
Et experimento ee proeiguió y en el cuarto afio, laa
plantas nacidas de granos formados á la sombra cultiva·
doe durante ~rea generacionee, pudieron aún formar florea
pero no llegaro.o á dar frutos.
Faltando el sol la raza se había extinguido.
Nuwerosae observaciones del dominio de la medicina
prueban que casi otro tanto pasa con las generaciones
humanas.

Eduardo Leal ( llave rito) colocando una estocada.

INFOR~ACIONES
La juventud criminal

Es muy importante inveEtigar eu que medida la cril!linalidad, y también el suicidio, han invadido en ee'e
ú!Umo medio siglo, el dominio de la :nfancia. Tal investigación conduce por lo demás á obllt'rvacionee dema•
aiado d1-sconeoladoras.
De 1s:m á 1880, en tanto q11e la criminalidad de loe
adultos se triplicaba, la de loe menores de l6 á 20 ee cuadruplicaba cuando menos en lo que concierne á loe va•
ronee.
En cifras ab90lut.ae, el aumento ha sido, para estos
• úl\imoa de 5 933 prevenidos á 20,480, para lae hembras
de 1.046 á 2,8.~9.
En 1894 el número de delincuentes menoree, ee elevó
á 28,701 y el de lae menores á 3.616. La pro1reeión ha
. sido, es cforto, relativa á la vagancia y al robo, pero loe
. crimene·i1 propiamente dichos, han progresado igualmente.
Si ee considera exclueivamente los aeesioatos, ee encuentra, de 1856 á 18H0, en Francia eólo 20 acueadoe de
16 á 21 años, se encuentran 30 en 187H-1880, y 39 en
1890-94. El núm,:,ro se ha doblado pues en cuatro años,
en t.anto que el número de asesinatos imputados á loe
adultos, aumentaba apenas.
La marcha del suicidio, entre los niños no ha sido
menos desoladora en Francia. De 1,~3U á 18-10, se cuen•
tan 19 suicidios en niños menores de 16 añoe. En loe
periodos quinquenales siguientes, el número de caeos ha
progreeado como sigue hasta 1891-9!- 20, 24, 29, 26,
2S, 31, 51, 61, 70, 75.
Para loe menores de edad de 16 á 21 años, la cifra ha
crecido más pronto aún.
De 128 en 1,836-40, se convierte
en 1881-S5- :J09.
« 18S!l-90- 366.
« ISHl-94- 450.
entanto que el suicidio entre los adultoe, de 1831 á 94,
pasaba de 6, 7-11 á !l, 703, es decir, aumentaba en la relación de 153 á 100 (en catorce afios solamente), el de los
menores crecía en la de 176 á 100.
Este mal no es, por lo demás, propio de Francia: es ge.
neral. En México, en estos últimos ai'ioe, la cifra del sui•
&lt;lidio y otros delitos, entre loe menores se vuelve alarmante; sólo que observación tal no puede consolar ni á
loe franceses ni á noeotroe,
En Alemania, de !H8S á 1S93, el número de penados
-de doce á dieciocho años ha aumenta-lo en treinta y dos
por cien.
En Inglaterra, la categorí11 de loe menores de diecieeia
años condenados á azole8 ofrece un aumento lamentable
-de 585 á 3,192, de 1864 á 18!14.
Todas estas cifras eon dadas por M. Sarde, jefe de la
~atadística criminal en el Ministerio de J uaticia de Frao.
~ia, en una carta abierta dirigida á M. Bueeson, antiguo
director de instrucción primaria.

El eabio escritor y psicológico encnentra absurdo acu•
ear á la escuela de tofo este mal. Ye en él loe signos de
una época de traneición, en que el escepticismo no ea·
be ya en qué apoyar la noción dt!l deber.
Un nido de papel.

Se puede ver actualmente en el 1\Iue1-o de historia natural de Mona, mucooe ejemplos dt, singular modifica•
ción, entre otros un nido de papel.
Eote nido está hecho exteriormente con tiritas de pa•
pel, soldadas con briznillae, fibras, telas de araña, etc.
y el interior está guarnecido dP plnmae eobre loe bordes. M. E. Hublard que describe 1&gt;ate nido singular nos
dice en que circunetanciae, el pájaro utilizó las tiritas de
papel.
En el mes de Mayo, en el momento de la construcción de esté nido, fué corrido un Paper Hur,t en loe alrededores. Siguiendo el uso de este juego, el caballero que
figuraba la bestia, eem br6 á su paso para rr,arcar la pista, t.iritae de papel, que rec&lt;'gidas por el pájaro y diee•
tramente entrelazadas, constilllyeron entonces la envoltura del nido.
Los efectos de la Sombra y de la luz en la vida
de las plantas.

M. Jbon Clayton ba tomado doce plantas de habichuelas de la misma variedad, de la misma edad, del mismo

DOMINGO u de AGOSTO Dl •1~17

EL MUNDO

Apuntes sobre el

VIAJE ALREDEDOR DEL MUNDO, DE LA CORBETA "ZARAGOZA"
RECOGIDOS POR EL DOCTOR CARLOS GLASS, MEDICO DE LA MARINA MEXICANA.
3?',000 Inlllas &amp;obre lo@ D1are11.

Otras ocasiones, montados en buggy, paeeábamoe contentos alrededor del lago, in·
'llleneo vivero donde ee perna en coche por los bordes, ó en ligeros cayucoe, sobre las
·ondas rizadas, emtiriagadoa con un ambiente perlumaJo por el aroma de mil floref, y
regresábamos á la población, alumbrados por la luz fugaz de millones de coc11yos que
· con eu fosforescencia iluminaban faniáeticamente las boecoeae avenidas de Honolulu.
El dla 3 de Julio entraba majeetu&lt;'ea al puerto la fragata auetriaca S11ida·, que ha•
•cía como nóeotroe un viaje de circunnavegación; cambiadas lae visitas oficiales,
•eetrechóee amistad muy áa:iplia entre ambas dotaciones y en repetidos reuniones á bor·do de ambos vaporee tuvimos la satisfacción de haber lsmiliarizado con la simpática
•sociedad Hawayana que nos llegó á ver con fraternal confianza.

XIV
ADlO~ AL PARAI80 DEL PACÍFICO,

Era el 12 de J11lio y seguíamos en nueet.roe agradables pasatiempos; por las tardee
•cuando la briea refrefCaba el caluroso día. á la eombra ,1e c orpnlent-aa mimoeae qne á
uno y otro lado de las avenidas, formaban hermoefeima bóveda, llevados en coche ó
·montados en bicicleta veíamos desfilar á la multitud, verdadera coleccióu de tipos
:asiáticos en eus originales atavloe, contraelando con el arrogante traje europf'o.

poético y fosforescente cocuyo, y enti'e tanta beldad hawayana, os garantizo que no
saldríais del Hawaii, y si por obligación lo abandonarais, siempre, por siempre, man•
darfaie vuestoa recuerdos y suspiros.
Por fin era tiempo de abandonar el Hawaii, dejarlo, quizá, para siempre: seguir
avante, avante, haeta llegar al punto de partida.
Ya todo estaba listo. El d(a 12 salió la fragata S .lida á la vela rumbl al Japón: al
despedirse, eu música tocó nuestro Himno Nacional.
Nos citamos para Yokobama y nos quedamos ultim1ndo nuestros preparativo3.
Por fin el día 14, á las tres de la tarde, soltaron los cabías de popa, levam?s an•
clae, y un centenar de botes, con nuestras amigas carii'iosae, ee de3pidió, hasta que
el ba·co nuevamente agitaba las aguas del puerto, triste, deecontento de dejará Ho·
nol11lu.
1Adiós para siempre paraíso del Pacífico!

Preparamos con todo cuidado el folletín
correspondiente al mes de t:-ieptiembre, procuranao que sea tan ameno como loa anteriores, y que Hegue con Ja opormnidad acostumbiada á manos de nue:,,;tros abonados.
1-i uestros lectores se habrán fijado en que
la novela i1rnnrada que publicamos actualmente, reune las condiciones que nos propusimos lleo11r para hacerla aceptable del
todo: moralidad, belleza é inter('S.
Tales serán 11sí mismo las condicionffi de
todas las obras literarias que publique nuestro stmanario.
OTRO PAGO DE $8,000.00 DE LA MUTUA
EN LlON.

León, 29 de Julio de 1897.-Sr. D. Carlos Sommer, Di•
nctor General de «La 1\lu,ua" en México. - Muy estima•
do Bt'flor:
El Banquero en esta ciudad de la Honorable Compa•
fila de s~guroe sobre la vida «La MuLua" di' Nueva York,
de la qne es Vd. digno Director en esta República, me
ha enLregado la enwa de (3 000 00) tres mil pesos, como
valor de la póli "ª núm. 578 505, de mi finado eepoeo el
Sr D. J uetiuo Hüroer.
R~conozco agradecida la rnma eficacia con que Vd. ha
procedido en la liquidación de este siniestro, aumentan•
áo con eeta má•, las numeroeae pruebas que ya ha dado
«La Mutua" del emptflo con que acoetuwbra llenar loa
compromisos co::itraídos con sue aeeguradoP.-Soy de
Yd. 11fma., atentíeiwa y 3. S.-.ELE:u P. DE HüRNER.

Estaeión del ferrocarril á Tokio en Yokohama.

1\fezcladoe entre tanta variedad de 6eonomíae y moda~, oyendo lenguajes diatio•
"toe, saludando por todas parte •, amigos del muodo entero, deteniéndonos aq uí y acu•
lJá, nos dirigíamos por fin al lugar de cita: al boeque del \\'aikiki.
Pasábamos por la calle de la Reyna, cuajada de elegantes B unga1ou.8 con jardines
•floridos y parques tapiza1oede ceeped; contiouábamoe después por laA,venida del }lar
y luego por la interminable galería de copudas grevillae y atmosféricas, basta llegar
al cabo de tres millas al curioso boeque del Waikiki.
La montaiia sagrada, volcán extinguido, dejó en la remota época de eu actividad,
multitud de promontorios separados naturalmente pc,r el m&gt;lr, que penetrando en e l
espacio libre, formó canales, sobre loe que se han colocado riísticoe puentee que dan
al local el más pintoresco aspecto; una abra del mar llena por un banco de coral y
· convertida en lago, forma un expléndidu vivero que han sabido aprovechar muy bien.
Hay algunos puntos del lago, donde el fondo, á ci ocuenta ó sesenta centímetros, es
plano y transparente, y fácil ea atravezarlo en buggy sin peligro; figuraos q11eridaa lec·M&gt;ras, que después de un paseo en vuestro bermorn carruaje por parques y playae, lle•
· pie á la margen de un lago que tiene cinco ...oillas de largo y penetraie á pescar en
vuestro propio coche; después seguís dentro del agua basta que paeado el l11go llegaia
al hotel.
.
Al descender os espera un mirador lujoso y cómodo donde os sirven lo que gustéis
y oe proporcionan ropas á propósito para un baño de mar, que invita con 11ue frescas
-ondae, y eatiefecbae del paseo, en las varandae de magnifica caea veraniega, halagan
vuestro oido con música esplé ndida y con cancioncitas nacionales de aquí, de )!éxico,
como La Paloma, el wala de Dolores, La Mamá Carlot11, y todo esto en un pala eituado
á millares de leguas de la querida patria, en medio del Océano.
Allí, coa amistades que os tratan á cuerpo de rey, con la diqueta de la alta eocie-dad, respirando una atmósfera tibia y perfumada, á la luz de una luna brillante que
-quiebra eue rayos en el desordenado follaje de las frondas, embriagada la ,vieta c on el
0

Las R!lnas ¡:1remiando á Eduardo Leal ( a )' Llave rito.

SEGUNDA PAH.T~.
EL PAIS DEL "SOL NACIENTE'' Y EL CllESTE IMPERIO

I
DE HONOLULU A YOKOHAMA
4,900 MILLAS.

Eran lae eeis de la tarde; el sol se ocultaba como siempre, hermoso, reflejando euA
últimos rayos sobre las hermosas ealientee que las islas Sandwich formaban por el NE
El P8incbuta11 apenas ee notaba como un ligero picacho cubierto de nubecitas; todo ee 'l'efa como jngnete, se necesitaba aguzar la vista para distioguir aqnelloe sitios
que 24· horas ántea pisábamos contentos. Al anochecer todo se perdió con la luz y q 11edamos otra vez como uo punto en el océano.
Al día siguiente el mismo horizonte sin límitPe, en el mar tranq11ilo, que de vez
en cuando se eng•ueeaba por loe cbubaecoP, se ennegrecía el cielo á grao distancia,
arreciaba el viento y luego lluvia temptemcea caía á torrentes sobre nosotros, cubriéndonos enteramente.
Deepués todo pasaba, salía resplandeciente el eol para ocultaras nuevamente y llo
ver, lloverá torrentes; las temperaturas demseiado cálidas refrescaban y aprovechábamos loe chubascos para baflarnoe con agua dulce.
No puede imaginarse la buena impresión que produce una lluvia en alta mar, don•
de es absoluta la falta de agua potable, adee que la gema recoge en baldes el agua que
eecurre de loe toldos, de la jarcia, y en fin de donde puede y en primera oportunidad
la utiliza para el aeeo de su ropa y de su perrnna.
Seguimos el paralelo 21, que no abandonamos sino tresdiae llntee de llegar al Ja
¡:ón.

�_ _:•~S!,l4~==========================,;;"';;1;,-~M;;,;:U;;N,;,D;;;;;O~==,=============;O;;;O;•;;;:l■::G;O=•;•;;;;•;•;A:;;G;;;O;S~T;O=d;•;,;.1~

&amp;L MUNDO

DO M IIIGO aa de AGOSTO d• 1&amp;97

135

•

)

Muzrriés, Kuruma y Ri nk icha.

Dos días después de nuestra partida de Honolulu, por 16 mura de babor, á cosa
de diez 6 doce millas al Sudeew, deetacáronee como á Ju cuatro de la tarde las extremidades de ios palos de un barco¡ todos creímos ver la Saida, nuestro compañero y ami~
go en el Ha waii.

Golpee de mar rugiendo se embarcaban por el combé;, llenando de agua los cafionee .y haciendo perecet hasta las gallinas que eran nueetro alimento en la travesía;
de las cocinas llenas de agua salían como ratas Johu-,ian y Lui,ye, cocineros chinos
qué nos eervhn á bordo.
La noche avanzaba y el temporal pereistía; rolando el viento al Norte primero, y
después al Este, fué un tifón que á corta distancia nueet,ra debió haber rodado con soda su intensidad
Aquella noche no pudo dormirse á bordo¡ }os cajon~s ea.Han de las cómodas, y todo lo no trincado caía, caía, produciendo ruidos y estruendos que ensordecían; nadie
podía sostenerse en pie y sobre la cubierta todo estaba ~mpapado. Entretanto, l&amp;
máquina y el t,imón funcionaban admirablemente; temíiiee un percance á cada momento; pero la confianza era inquebrantable¡ quizá no entraríamos al Japón al día si~
gu:ente; pero no debíamos estar muy distantes de la anhelada costa.
Por fin; á las tres de la maiiana del 2 de Agosto1 el viento amaina¡ la noche obscura, con una obscuridad caótica, nos rodea por todas partes y todos nos sentimos,
rendidos.
Descansamos después de tantas fatigas con la esperanza de arribar en breve á las.
playas hospitalarias del remotísimo país del lejano Oriente.

Llegó la noche y á la hora previamente convenida1 !e lanzaron de á bordo cohetes luminosos que fueron contestados por el barco¡ era la Saida que habíamos alean•
zado y que en plena mar contestaba nuestro saludo; él como nosotros no veía si•
no la luz de los cohetes y esa comunicación á distancia en medio dé la noche, bastaba
para producir íntima satisfacción¡ solo esperimentándola puede comprenderse la agra·
dable impresión qu8'se siente cuando perdidos en lai.ameneidad del oceáno, sabemos
que un barco amigo y conocido está navegando en las mismas aguas que nosotros y es
nuestro acompaflante invisible.
Como los QJares por los que. nave-gábamos son poco conocidos y sembrados de bajos,
cuya situación no está bien precisada, fué preciso redoblar la vigilancia, especialmente
de noche; !!e tomaba contínuamEnte la temperatura del agua y se largaba la sonda, con
frecuencia, para tener la seguridad de caminar en mar libre sin escollos.
Al pasar loe 180 grados del meridiano de GreenWich, tuvo que aumentarse un día
al mee de Julio, que fué para nosotros de 32 días.
La marinería no comprendió la determinación, que creyeron inaudita, hasta es ue
explicaciones reiteradas, la convencieron de que caminando nosotros de Oriente á OcII
cidente, en aentido opuesto al movimiento de la tierra, por cada 15 grados perdíamos
ENTRADA AL PUERTO,
una hora, así esqueal pasar el 180gradoe de Greenwichhabíamos perdido 12 horae v tendríamos que recuperar lo perdido, aumentando u.a día para llegar al puerto próximo
Al toque de diana, siguió el imperioso M&gt;que de babor y estribor de guardia, quecon la fecha que ellos llevaban.
De los veintitrés días que duró el viaje al Japón, no hubo uno en que no nos mo- es el llamamiento de t.odo el mundo á prestar sus servicios, y colocarse en el puesto,
jaran loa terribles chubascos propios de aquellas latitudes y de la época del año en que que le corresponde: teníamos ya á la vista la poédca y fabulosa tierra del Crieanibemum.
estábamos.
El día último de Julio ee cambió rumbo1 y abandonando el paralelo 21, ascenA estribor, un cono elevado hasta perderse en las nubes, eobreealía majestuoso dedíamos hacia el Norte, en línea oblfcua 1igeramente al Oeste1 para dirigir la proa el una cordillera alta é irregular, sombreada de verde obscuro, dea~acando ene desgarra-.
gran punto de referencia de Yokohama: el volcán del Fuei yama, que elevado á once das siluetas sobre el cielo teñido de gris; era el sagrado volcán del Fusi-Yama.
mil pies sobre el nivel del mar1 deja verse á distancia de cien millas mar adentro.
A babor,'.á más corta distancia distinguíaee una de las costal! del mar de Tokio, alb,
El cambio de rumbo no modificó sino la dirección de la marejadilla con relación montafiosa también, cubierta de vegetación rarl\, pero abundante, tupida, grupos,.
al barco, que, recibiéndola por las muras, balanceaba más que ántee.
campos esbeltos, bambúes con eu delicado follaje,mezclábanse. contrastando con el nu.
Por fin, á las cuatro de la tarde del día l? de Agoeto ee dejó sentir un viento ruda doeo yeequeleteadopino; entre las manchas de verdura destacábanse loe macizos de mil
al Noroeste que levantaba la mar gruesa·; la puesta del sol fué de mal cariz y el baró· coloree, plantas trepadoras enredándose hasta las últimas ramas del Kaki, arbol frut.al,
metro bajó muy notablemente; todo lo que presagiaba mal tiempo. Efectivamente, al• cuyos rojos frutos parecían bolita.e de fuego engarzadas en las frondas por manos deobscurecer, el mar, negro, eepumante y rugiendo como un coloso, movía el caeco le- las hadas.
vantándolo hasta la cresta de laa o1as gigantescas.
En el mar ya tranquilo, veíanse estrambóticas lanchas de junco con velas de bam•
Tomáronee las precauciones debida.e, se aviaron sobres, juanetes y maetilerilloa,
bú, donde se a~itaban algunos japoneses casi desnudos que nos miraban azorados, al
se aferraron las velas, poniendo los palos en la dirección del viento. Toda esta manio- travéa de sus OJOS de gato.
bra hacíase ya con el temporal l n::ima; terminada que fué se rompen las amarras de
Había millares de esas embarcaciones con numerosa población flotante¡ cada junla funda del mayor y suelta al vient.o, que azota, prodúcese con el zumbar de la co tenía á lo menos seis ú ocho individuos, unos completamente desnudos, otros cujarcia y bramar del oceáno, un estridente tlaqueteo. Un marineN que aferraba lama• . biertoa con eu kimono, especie de baia azul con signos cabalísticos dibujados en Ja esyor fué sacado de su sitio en un chacoteo de la funda, y solo su instinto pudo eal- palda; pelones todos y amarillos, amarillos como la icteria.
varlo de una muerte segura perdido en el rt)vuelto oceáno destrozado sobre la cubier•
Caminábamos á t.oda maquina1 y entre el paisaje siempre encantador, á veces se
ta del barco.
ostentaban á descubierto loe faros con sus pilastras de mampostería, bien labrada, y al

Estatua de Daibrits u en Kamákura.-Grupo de Oficiales del "Zaraa¡oza"'

lado una casita de madera con t .. jado nf'gro !" pue be de papel; de allí @alían también
una serie de indígenas con sus batas azules y una serie de muchachos tQnSuradoa.
Dd vez en cuando un b ,reo mercante, izaba una bandera blanca con un sol rojo en
el centro, y vimos multiplicaree e~t.a in'3ignia japonesa en todas partee: en loe faros,
en las casas, en lue botes1 en donde quiera.
La población no se destacaba aún y á nuestros ojos anhelantPB parecía inabordable.
Por fin á las nueve y wedia dütirguiéronee loa primeros palos de los barcos sur•
tos en la bahía y los dos m0gníficos rompeolas que forman el puerto de Yokobam0.
Al entrar, como hormigw.ero, como enjambre de abejas humanas, déjaee venir'un
Compacto grupo de sampam (botes) tripulados por una endiablada turba de desharrapados, gritando, ahuyando y queriendo subir al barco por todas partee; hubo ne cesidad de armar las bombas de agua para ahuyentar á aquel verdadero tumulto ja•
poné2¡ ofrecían articulo:1 de laca y de bambú 1 juegos de té, farolea, cest.os, baratijas de
todos tamaño!:', y otros mil presentaban tarjetas, que en inglés y lengua japonesa decían su nombre, domicilio y ocupación; pasábanee de un bote al otro, pisándoee, em•
puj ándose y armando una alguara infernal: era una p 1aga que caía sobre el barco.
El agua de las bombas pado mantenerlos á regular distancia; pero incansables en
sus tentativas, mfriendo los ardores de un sol que abrasaba, resistieron todo el día,
hasta que la noche loa vino á dispersar.
Entretenían se en comer arroz, que devoraban, empujá.ndolo en la boca con unos
palitos que llevaban con la mano, y con euma habilidad hasta la garganta.
Hicimos el saludo de ordenanza, y una voz fondeado el barco pudimos contero•
pla1· á nuestro antojo el especticulo que se ofrecia á nuestro:1 ojo:1 y formarnos cabal
idea del puerto japonés.
Barcos mercantes de todae nacionalidades descargaban 6 embarcaban mercancías ¡ otros, ya listos, salían á su destino 1 mientras que algunos entraban á descansar
de su larga traveeia. Era un movimiento comparable al de San Francieco ó quizá superior; en la playa, elegantes y suntuosos edificios europeos en medio de arboledas
@
ombrías, dábanle un aspecto hermoso¡ y en las únicas callee que se podían distinguir
rodaban carretelitas arrastradas por un hombre, cubierto con sombrero blanco 6 negro, en forma de jícara invertida. Por fin, eguijoneado por la curiosidad de pisar tie•
rra japonesa quería yo dejar la corbeta para conocer de cerca ese extraordinMio pueblo
III.
VISITA Á YOXOIUMA,

Yokohama, el puerto de mayor comercio del Japón es algo cosmopolita, sin embargo de ello sus habitantes indígenas guardan sus costumbres de hace cien afias y
aún cllando se mezclan con los extranjeros, se sirven de ellos y copian de ellos lo mejor y lo más útil, dejan en el dintel de sus casas t.odo lo exótico y aceptan lo propio
de su país en habitaciones, a)imentación, vestuario, religión y vida interior.
Pueblo de loe contrastes más raros, de lee costumbres más estrambóticas, le ha valido el nombre del Mundo al revé$. El Japón )la sido y seri para el mundo entero la

rnrpreea más grande, la maravilla más curiosa. Divídase la ciudad de Yokohama en
dos grandes cantonee: el barrio Europeo, y la ciudad japonesa.
Bien delineada la población, háceee la división palpable por Ja naturaleza misma
de los edificios: en el barrio Europeo todos son de mampostería y se elevan magestuo•
ea~ las grandes construcciones; en la ciudad japonesa todo es madera, tejas de papel,
calle~ angoata:1, puertas achaparradas, pisos de acolchonada estera de bamubú1 encrucijadas inextricables, sube y baja de callejones, árboles de formas artificiales figurando monstruos y animales abortados, sorprendidos en su desarrollo, enanos por la
fuerza inteligente y produciendo sin embargo hermosas floree y sazonados frutoi!,
Cruzada en todas direcciones, por canales anchoe en comunicación ~con el mar, se
hace el movimiento comercial exclueivamePte facil¡ por todas eartes ae ven puentee
de,fierro 6 de granito y por lo tanto el tráfi.:o de tierra y agua no se interrumpe nunca, siendo tan activo el movimiento que ee ad vierten los canales llenos de sampans (bo,
tea) mientras que los puentes soportan interminable procesión de traneeuntea y rinquichás (carretelas de un asiento arrastradas por un hombre.)
Alumbrada la población por luz eléctrica y por innumerable multitud de farolea
de papel de todos loe colore&amp;, formas y tamat'ios1 toma de noche un aspecto gracioso,
y si á eeto ee agrega el modo de vestir de los japoneses y sus zapatos de palo, que arrastrándolos al andar producen un ruido especial, se comprenderá la magia y el encanto que á. primera vista proporciona todo un pueblo raro, deecomunal1 artístico, suigeneris.

Amante de la diversión, gasta su tiempo en loalwulevardsy yoshivaras, y hasta muy
entrada la noche ee retira al descanso para entregarse desde muy temprano al trabajo.
Pero describiré con detalles mi vida y las impresiones recibidas de ese pueblo; re·
co'{lilaré mis recuerdos, volveré nuevamente, aunque sea con la imaginación, li eentarm~ en mi rinquWhá y ordenaré á mi J..-uruma (conductor) que me pasee por todos lados¡ tengo en él un cicerone que á la vez me sirve de caballo y de cochero y emprende•
moa el viaje.
Hace un calor sofocante y el sol brilla en todo su esplendor, sin que una nube in•
tercept,e eus rayos. Son las nueve de la mat'iana y el bo\8 Ghinehorro de á bordo me
conduce al puente del Gran Hotel; allí mi kuruma jukusaie, con su rinquichá limpio y
bien untado 1 está listo para correr; acostumbrado ya á mis largos paseos, tiene también
su itinerario.
Primero subimos al Hospital Naval Americano, donde encontramos deeauciado al
primer enfermo grave de nuestra tripulación, que quizá no volverá á pisar México: ea
el mayordomo Hernández, herido mortalmente de tuberculosis aguda; está tan débil
y demacra-lo, que espero su fin no tarde muchos días á pesar de las espléndidas con•
diciones en que está colocado.
Al ascender la cuesta, otros desocupados kurumas se ofrecen para ayudar al que
me lleva; la cuesta es muy empinada y se necesita de otro que empuje el rinquichá;
para pregonar sus servicios gritan una palabra que no es japonesa: siempre la creí
francesa, aunque la dicen en todas partee del Japón¡ es pus! que pudiera ser la segunda persona del imperativo del verbo potuée,

�EL MUNDO

DOMINGO

22

H

AGOSTO DE 1197

Después de una reverencia que la biso
Pues bien, os siguen veinte, treinta kv.·
inclinar casi hasta besar el suelo, me pre•
rumas, grHando tras de vuestra carrete•
guntó en mal inglés ba~! en lugar de bath;
Jita, pus! p11~! p11s! hasta qull por fin algu·
conteetéle afirmativamente, v ac10 con\1·
no de ellos empuja el carrito y así cm
nuo con habilidad extraordinaria, ;toma
má~ facilidad se llega á la cima del barrio
como con pfnza9 entre el dedo grueeo de
extranjero; le aohaie un niquel de cinco
eue piéa y loe otros sue zapatos de palo.
centavos, y seguís con vues1ro hombre8e compone cada uno de una~lámina de
C(lballo, que á todo trote y :sudando á ma·
madera ovalada, de una doble cinta uni,
res va solícito á donde queraie.
da á ,a fXtremidad anterior, terminando
El barrio extranjero, donde están ei·
pegads, á los costados de la misma láml•
tnadoe loe principales edificioP, ea muy
na; en la planta llevan dos paralelas y
pintoreEco: avenidas a¡,gc etas en pro·
p •rpendicularee á la primera, nna hacia
nunciados declives, eerpentean en medio
la punta del pie y otra al nivel del talon;
de boeqnes y jardinee, donde ee levan1an
estos zapatos los usan de la puena de su■
po~ticos castillos de madera y mampoe•
habitaciones afuera y Ee dejan siempre
terfa; pero loe jardines son dignos de co-·
en los dinteles; de modo que cuando que,
noceree.
rái~ saber cuantas personas hay en el
Sólo en el Japón se ve cosa Femejante:
interior de una .:asa, lo podéis averiguar
allí todos loe árbóles y plantas reciben y
por el número de zapatos que baya á la
oetentan formas capricboEas á volnntad
puerta.
de loe horticultores; hacen con el follaje
ProviEta ya de sue zapatos empezó la
rombos, eeferae, fignras de todas claees,
muzmé su tarea de preparar el bafio con
1rnimales, entre los que prPdominael dra•
paso corto, dirigiendo la pu tita de loe piée
¡zón. Para eimular esta fiera cláeica del
hacia dentro, y haciendo un cric-crac ee•
Japón se valen de las plan1as trPpadoUn plantio de té.
pecial con el calzado á cada movimienM&gt;.
ras; así es que la tenei, de todas formas
Remangado el kinano y luciendo unoe
y adornada de todos los colores que la
prestan h variedad de floreP, que al brotar de la mrzcla de rspecieE que concurren á brazos torneados y unas manoscotrl'ctamente artísticas, disponía el agua, traía la jícaeu formación cubren el cuerpo del monstruo con caprich•JEas manchas multicoloree, ra de laca, el jabón y un cubo de bambú; por ser extranjero, fu( favorecido con una
silla.
que sólo el arte japonés conoce.
Listo ya el bal'lo, y eiempre riendo me dice en eu escaso inglés: gude por good o
No hay planta, por pequefia que sea, q 11e no sea cuidada con todo esmero; el cri·
eantemum, con sus variedades infinitas de flores diseminadas en lotes, se ve en todas ready; apréetome á tomar mi deseada alusión, previtindo la incomodidad de meter,
me en una tan improvieada tina, pero como no podía encontrarse cosa mejor, la aceppartes salpicando de vivos tintes el vergel extranjero en tierra japoneea.
Sólo allí, á los cálidos rayos del eol de la mañana, puede andarse á la sombra de\ to y sin más me introduzco empaquetado á mi dificil baflo; la muzmé no daba mue■•
tras de marcbaree; por lo contrario veía con ein igual eJ'trañeza las diferente! pieza■
bambú, del kakí y del pino.
de mi ropa y con admirables geEtoa decía anatá y con ademanes y palabras de aeom•
IY
bro me indicaba que era mucha la ropa de los europeos, como llaman á todo exE:, BA~O.
tranjer0.
A lae once deeciendo á la playa para tomar un baño al estilo japonés.
V
Bajo un aplastado techo de madera y teja negra se ve un cuarto, separado de la
vista del transeunte por una verja cnadrafa cubierta de papel de arroz; sobre el pieo
LAS TrEND.~S
&lt;le ladrillo, húmedo ei!lmpre, encuéntranee varias tinas cilíndricas como barricas de vino, rebozando agua que caei hierve. De una puerta achaparrada que comunica con las
Repetidas veces solfa pasear por el bent,ndori, calle del comercio; allí pueden veree
piene interiores, deeliundose sobre la estera del bambú sin hacer el más leve ruido,
bajo los miemos acbaparados techos, grandes rótulos negros, con caracteres blancoe
sale una ,mamé (muchacha) peq•1eñita como una criatura de diez á once año~, gor- colgados como gallardetes; solo el japonés comprende su significado, y nosotros guia•
da, con la proverbial sonrisa que hace desaparecer eus inclinados ojos en los redondos dos por loe objetos mismos, entrábamos á curiosear y comprar lo que á nuestros alean•
promontorios de sus mejillas pálidas; llama la atención su alto y extrambótico peina- ces estuviera, eedae, cloi8sonh; lacas trabajos en bronce, madera y marfil; bordados, ob,
do de azabache, lustroso como una pieza recién barnizada; su kimano (vestido) verde,
jetos de cristalería, relojería, etc., otc., etc.
con grandes florea azul y rosa.; eu obi, y eus enguantados calcetines de inmaculada
( C"ntinuará)
blancura.

r---~~----- ------- ----------------- - - -- - - --- -- --

Viata general

de Kobé.

DOMINGO

22

de AGOSTO de 1197

137

EL MUNDO

EL ASltSINATO Dlt PALMA•SOLA
( H iatórico.)

'

UANDO el Juez se disponía á tomar el portante y sombrero en mano buscaba por loe rincones el baeton de carey y pafio de oro el Secretario-un viejo
larguilucbo, amojamado y cetrino, de naríz aguilefia,' cejas increíbles, luenga
barba y bigote dorado porel humo del tabaco--dejó su asiento, y con la pluma en la
oreja y las gafas subidas en la frente, ee acercó trayendo un legajo.
-Hágame usted favor ...... 1Un momentito! .....: ¡Unas firmitasl
-¿Qué ee ello?- respondió contrariado el jurie-perito.
-Lae diligencias aquellas del asesinato de Palma-Sola. Hay que sobreseer por
falta de datos ........ .
-Dios me lo perdone, amigo don Coeme; pero ese mozo á quien echamos á la
calle tiene mala cara, muy mala cara! La viudita no es de malos bigotes, y ........ .
-Sin embargo ......... ya usted viól
-Si, ei! Yamoa......... deme usted una pluma.
Y el Juez tomó asiento, y lenta y paueadamente puso su muy respetable nombre
y eu elegante firma-un raego juvenil é imperioso-en la última foja del mamotreto,
y en sendas tirillas que eran otras tantas órdenes de libenad diciendo mientras el
viejo aplanaba sobre ellas una hoja de papel secante:
'
'
-Ese crímen, cJmo otros mucho3, quedará sin castigo. Xuestra actividad ha sido
inútil. En fín ...... ¿oo dicen por ahí que donde la humana justicia queda burlada,
otra más alta, para la cual no hay nada oculto, acusa, condena y castiga?
Don Coeme contestó con un gesto de duda y levantó loa hombros como si dijera:
-¡Eso dicen!
-¿Hay algo más?
-:~fo, sefior.
-Puee, abur.
El Secretario reco, ió tirillas y expediente, arellanóse en la poltrona y encendió
un tuxteco.
II
En Agosto, en plena temporada de lluvias, entrada la noche, una noche muy negra y pavorosa, va C.1simiro, el honrado y laborioso arrendatario, camino de su rancho Palma Sola, jinete en la Diabfo, una excelente mula de muchos codiciada, y por
la cual le ofrecían hasta ciento cincuenta duros loe duefloa del Ceibo, ciento cincuenta del águila, en platita sonante y contante, á la hora que loe quisiera, peso sobre peso!
Pero ¡quia! Caeimiro contestaba:
-~o, amo! ¿\·ender mi Diabla? ¡Nones! Si sólo el nombre ea lo que le afea! Primero vendo la punta y malbarato el cafetalito...... Yamoe, eefior amo: ántee empeflo
la camiea que vender la bestia; y luego que mi mujer está que no cabe con eu mula.
Y la verdá, señc,r: cuando va uno en ella, va uno mejor que en el trenl ~fargarita le
tiene un cariño y una ley, que ...... no ea capáz! JNi aunque me ofrecieran por ella las
perlas de la Yírgenl 3i quiere la otra, mi amo, la Zapa ...... mañana se la traigo. No
le recele, patron ...... También la Zapa ee buena; cásique como esta. ',l'iene buen paso;
ni psjarera ni mafiosa. De deverae, no le desconfíe, aunque la vea caidita de agujas....
,Se la arrearé pa acá, pa que la vea. P-.&gt;r la vbta entra el gueto. JYa verá qué rienda!
l:!e la merqué 111 cotijefio ti afio pasado. Le dí cuarenta. i Es barata! Cuarenta me dan:
ni medio más ni medio menos. Ei pa loa amos, y nada lee gano!
¡Qué caminos aquellos, Dios eanto! D~sde más acá del barreal comenzaba lo bue•
no. Z.uzaa y acahualeras cerrab,rn el paso y en algunos puntos eran tales los zoquiteroe que las bestias se hundían basta loe encuentros; pero ¡allí de la Diabla! No perdía
momento, y libre, ligerita, suelta la brida, subía, bajaba, costeaba el lodazal, y ee colaba entre loe matorrales como Pédro por ea caea.
Iba Casimiro cabizbajo y 1riste. No había motivo para ello, y ein embargo estaba asustadizo y de cuando en cuando le daba un vuelco el corazón, como si le amenazara la mayor desgracia. Ganas le daban de volverse al Ceibo y allí pasar la noche.
De un lado el llano: del otro el boeque sombrío, negro, pavoroso, lleno de eepan\abl~s rumoree: eilbidos de serpientes, estruendos de árboles viejo11 que ee caían; roncar de sapos en zanjas y lagunetas; en loe pocbatee máe altos ulular de buhoe, y allá,
al fín de la selva, el estrépito del torrente y el ruido creciente del aguacero que venia
que volaba con un tropel de cien eecuadronte á galope.
En la serranía, desatada tempestad; la t•nmenta estacionada en las cimas; un re•
lámpago, y otro, y otro, y truenos, y más truenos, como si las legiones infernales ba·
tallaran allí en combate definitivo. En los picachos, en loe crestones, en las ct'iepides
rnpremae, loe fulgores del rayo ee difundían á través de lae nubes, iluminándolas á
cada instante con variadas coloraciones fugitivas, rojas, áureaS', cerúleas, que deja•
ban ver el sinuoso perfil de loe montes y la negra mole de fuliginosa cordillera.
En el llano, reeee medrosas y ateridas que refugiadas al pié de loe huizacbes ra•
moneaban en las yerbas húmedas y en loa matorrales y en lae orillas del arroyuelo,
entre las mafafas resonantee, el centellear de lae luciérnagas.
-iA llegar!-se di¡o el ranchero, componiéndose la manga de hule.-¡ A. llegarlque el agua está encima! ¡Anda «Diabla," que ya poco te falta!
Como si adivinara los deseos de eu dueño, el noble animal, alargó el paso, y..... .
taca, taca, tacal
El aguacero. Primero rachas de viento húmedo y frío; luego gruesos goterones,
que caían con estrépito en la :11·boleda, y en seguida, la lluvia torrencial.
Avanzaba el jinete á la vera del fangoso camino. TJrmino de éste era el maizal,
una milpa msgnífica, ya en jilote, cuyas cañas estremecidas por el agua y el viento re·
medaban rumorea de crugiente seda. De allí partía una vereda, ancha y ascendente,
al fin de la coal estaba la casa. A través de las plantas se veia el fuego del hogar que
ardía con llama titilaote y rojiza.
Por aquel rumbo dirigió C.1&amp;imiro eu caballería. En vano: la Diabla se detuvo ale·
breatada, renuente, erguida la cabeza, altas las orejas.
-¡Epa! ¿qué te sucedt?-uclamó el ¡inete.-¡Epal-repitió.
La Diabh1, rebelde al lr,rno, pugnaba pur volverse. Casimiro gruñó entre dientes
,un terno, y azuzó al a11imal, hincándole las espuelas; pero éste re3ietía encabritándose.
-¿No quiere~? Puee ......... Jtom11l
Y ¡zásl un par de laiigazos; uno por cada lado.
La mula arrancó al 1-rote.
Entre la milpa quedaba un hombre escondido, envuelto en negra manga, apoya
•das las manos en el c11ñjn de una escopeta.

1Qué alegremente ardían loa lefioe en el hogar) Tronaban los tizones, y las llamas se
retorcían trémulas en torno del tronco ennegrecido, proyectando en los muros danza•
rinaa y quebradas sombras.
Cuando Caaimiro llegó, Margarita le esperaba en la puerta.
Era una linda campesina, de-apifionado rostro, esbelto talle y grandes ojos negros.
Sonreía afable y carifioes. Aquella sonrisa era la sonrisa de la traición, encubridor halago de una emoción profunda y horrible.
:...creí que no venías. ¡Jesús) ¡Si vienes hecho un patol Quítate la manga, que
encharcas esto.
-No me pasó el agua. Luego; voy á desensillar, y á persogar á esta mafiosa que
en la milpa se me armó tanto que por nada quería andar. ¡Si no le arrimo! .........
Sintió Margarita que el corazón se le subía á la garganta, y tragando saliva y do•
ruinándose murmuró:
-¡A.dióel ¡Vaya) ¿Y por que?
-Se aeustaría...... Loe animales á veces ven visiones. Si sigue con esas mafias, aun•
que á tí no te cuadre se la vendo al amo. Yo no sé lo que fué.
-El mapachín ........ .
-¡Paedel El cuento ea que paró lae orejas, y que ni á cuartazos quería andar.
Aflojaba la lluvia y la tormenta se alejaba ......... Uno que otro relámpago allá en
la sierra.
Casi miro desenjaezó en el portalón, fué á pers &gt;gar la bestia. A p:&gt;co entraba en la
caea.
-¡Caramba! Si vieras: ahora echo de ver q11e no traigo la pistola. No le hace.
1Pa la falta que me bacel
Margarita ee puso lívida al oir esto.
-¿No bebes?
-Ecbate el café y traite la limeta. Estoy caneldo y quiero dormir.

IV
Media noche pasada, porque el gallo había cantado dos veces, o yóse en el techo un
golpe, como el de una piedra chiquita, lanzaia ein fuerza. Casimiro roncaba. Mar•
garita no dormía,-no había querido dormir.
-¡Caeimirol JCaeimirol
-¿Q11é cosa?-conteató medio dormido.
-¡Caaimiro!
- iObl ¿qué quieres?
-¿Oiete?
-No.
-Alguno anda allá afuera.
-¿Por qué?
-Ol ruido.
- ¡Déjame dormir!. ....... .
-No; ei clarito oí el ruido. Los animales estan inquieto8. Oi ruido como de gente
que ee acerca. Si vendrán á robarse las bestias.
-No, mujer, ei el perro D\l ladra........ .
-Porque no está. Desde ayer no parece.
-1Voy!-rezor.gó el ranchero, saltando de la cama.-¡Y luego que no tengo la pietolal
-Cvge el machete.
El ranchero ee embrocó el zarape, toDó el machete y salió al portalón
El cielo ee había despejado. L?. luna iluminaba con triste claridad arboledas y
maizales; ligera brisa susurraba en las palmas, y los charcos reproducían aquí y allá
el menguante disco del pálido satélite.
Las mulas se revolvían inquietas. La Diabla, al sentirá eu amo, relinchó de ale•
grúi.
Margarita dejó el lecho, Y quedo, muy quedo, de puntillas, conteniendo el aliento, fría de terror, erizado el cabello, se fué ha,ta la puerta. Allí, en espera de algo te•
rrible, se detuvo á escuchar ........ .
De repente sonó un disparo. ~e oyó un grito; después un ¡ay! lastimero; en se•
guida un q ut&gt;j ido, y luego el aterrador silencio del campo adormecido.
DP entre la espesura del cafetal se destacó •1n bulto. Un hombre que con el arma
en la mano llegó basta el portalón, y que en voz muy baja, como ei tuviera miedo de
ei míemo, como si temiera escuchar sus propias palabras, dijo:
-JYa!. ....... .
V
OJho años después, cierto día del mes de Mayo, converaaban muy alegres y entretenidos el Juez que ya conocemos y su secretario don C.&gt;sme.
-¿Se acuerda usted, amigo,-dijo el primero-del asesinato aquel de Palma-Sola?
-¡Vaya ei me acuerdol-reepondió el viejo, echando una bocanada de humo.-Ua·
ted creía que la mujer, que, por cierto, no era de malos bigotes, y el muchacho que
pusimos en libertad ........ .
-¡Y sigo en l.a mía, seffor don Cosme!
En aquel momento entró una mujer que llevaba de la mano á un muchacbillo como
de siete afios, muy raquítico Y enclenque. La mujer parecía más enferma que la infeliz
criatura. Pálida, exangüe, encanecida, aparentaba doble edad de la que tenía· pero en
sus ojos brillaba aún vivíaimo rayo de hermosura.
'
El Juez y el Secretario la reconocieron al momeo to, viéronla de piée á cabeza y
luego se miraron asombrados. Era Margarita.
'
-¿Qué quería usted, señora?-pregun$6 el Juez.
La mujer permaneció muda algunos instantes.
-¿Qué deseaba ueted?-repitió don Cosme.
-Sefior Juez:-dijo al fio-¿~e acuerda usted de Casimiro Gonzále:i, aquel que ......
mataron en Palma-Sola?
-Sí, ¿por qué?
-Porque, a11fiorl ¡Ya no puedo máel ...... ¡Ya esto no es vivir!. ..... 1Y vengol.. ....
vengo á decirlo todo, á decir quienes lo mataron!. ...... .
-Y ......... ¿quiénes lo mataron? replicó el magiitrado con imponente Eeveridad.
-La verdá, eeflor: ¡yo!. ........ y el que ahora e3 mi waridol
La desdichada mujer cayó de rodillas, y presa d11 wJrU,1 cong ija, ahogándo 3e, se
echó á llorar.
RAFAEL DELGADO,

�EL MUNDO
CANTOS DEL NORTE.

I
¡El monarca lo manda!-le dicen
al pobre muchacho,
cuando inflama la nieve un destello
del sol ael ocaso.
El monarca lo manda: e~ preciso
marchar á Siberia,
á llorar, mientras miren absortas
las blancas estrellas.
¡Es preciso...... ! la madre y la amada,
sollozan, sollozan......
marchará cuando raegue la bruma
la luz de la aurora.
Ya jamás lo verán, eonri:ente
dejar su capote,
y arrimarse á la lumbre, narrando
sus euefios de amores.
II
¡El monarca lo mandal-impacientee
rondando murmuran,
cuando deja en la escarcha un destello
la pálida luna.
El monarca lo manda y el siervo
no irá á la Siberia,
ni verán sus pesares, absortas,
las blancas estrellas.
En la sombra dibuja su encaje
de piedra la torre,
que en la obscura calleja recorta
medrosas visiones.
En la nieve, una mancha de sangre
de tonos ext1 afios,
y en la sangre, espirando en un beso
amada y amado.
En el cielo, la luna semeja
con eu arco de plata,
hoz que hiriera la flor de la vida
de amado y amada.
III
¡El monarca lo manda!-L!l madre
murmura llorando,
cuando inflama la nieve un destello
del sol del ocaso.
FEDERICO UHRBACH.
MINIA.TURA..

¿Quién habla de morir? ¡Que tontería!
Considero el error de los errores
buscar como remedio á los dolores
el último eetertor de la agonía.
Verdad que no es completa la alegria
y abundan las espinas en las floree,
y no hay cariflo, ni amistad, ni amores,
sin traición, ni perjuicio, ni falsía.
Pero eeo ¿qué más dá? Cuando ee sabe
que el .mundo peca de malvado ó necio
se compadece la maldad ajena.
Sobre la herida que oe parezca grave,
poned la cataplasma del desprecio.
Sabiendo despreciar, la vida ee buena.
SINESIO DELGADO.
HOJAS

¿Ves aquel sauce, bien mio,
Que en doliente languidez,
20 inclina al cauce sombrío,
Enamorado tal vez
De las espumas del río?
¿Oyes el roce constante
De su ramaje sediento
Y aquel suspiro in~esante
Que de su copa oecilan;e
.Arranca tímido el viento?
)Iafiana, cuando ms rojas
.Auroras pierda el estío,
Lo verás húmedo y frío,
Ir arrojando sus hojas
Sobre la eepuma del río.
Y que ella en rizos livianos
Llevando la hoja caída,
Las eelvae cruza y los llanos
Para dejarla sin vida
En los recodos lejanos!
¡Ah! ¡cuán ingrata serías,
Y cuán hondo mi dolor,
si estas hojas que son mías,
Abandonara, ya frías,
Como la espuma, tu amor.
RAFAEL OBLIGADO.

DOIIIIIGO u

de AGOSTO de 1197

DOIIIINGO u

de AGOSTO de 1'97

LA. NUBE
DAMAS MEXICANA.IS

¿Donde vas, giron de gasa,
nube aérea, nube errante?
¿Entrafiss borrasca fiera,
ó vendaba! insondable?
. ¿Te empuja, acaso, el encono,
ligero vapor suave,
y el sol y el cielo infinito
¡ay! pretendes ocultarme?
¿Quizás eres leve mancha
que ,e borrará en el aire?
¿Eres, tal vez, tenue sombra
que un beso de luz deshace?
Libre vas por el espacio
huyendo, huyendo incansable,
más nacarada y mlfs pura
cuanto más alta y distante.
Dí si el trueno, dí si el rayo
han de vomitar tus fauces.
Dí si formas vago eoplo
del firmamento insondable ......
-Escucha. Soy un espíritu
que del triste mundo parte,
y que, al ir á Dios, sin nieblas,
ha de conve1tiree en áJ:Jgel.
EMruo ZoLÁ.
El., MIRI.,O Y El., GUSANO

Señorita Concepción Gonzalez, de Monterrey.

De 9.uan ae Dios Peza.
La rasa aquella donde vivía
La que en la tierra siempre fué mía
Y hoy en los cielos vive con Dios,
Está lo mismo que en aquel dfa
En que á ocuparla fuimos los dos.
Ah! cuan alegres los corredues!
Enredaderas llenas de flores
En el alero y el barandal. ..
Como en los tiempos -de mis amores,
Todo es risueño, todo está igual.
En las hojosas verdes cortinas
Han vuelto á abrirae las camelinas,
.La antigua higuera reverdeció,
Han regresado las golondrinas
Y hasta yo he vuelto, pero ella nó!
Gira en sus gonces la misma puerta
Que á ·nuestras citas facil y abierta
Puerta del cielo llegué á llamar;
Cuando mi niña la cruzó muerta,
La abrió el infierno de par en par!
Decora el patio la misma fuente
Y en el marmoreo tazón luciente
Resuena el chorro borbotador ...
Ay! como el eco dulce y doliente
De sus postreras frases de amor.
No se me olvida que una mañana
Como á una nueva Samaritana,
Junto á esa fuente la sorprendí,
· Desnudo el seno de nieve y grana
Que arropó al punto que yo la ví.
Soltó el cabello sobre la espalda,
Con una mano cojió la falda,
Con la otra mano su faz cubrió
Y entre la clámide de esmeralda,
De mirto y yedras, despáreció.
15 de Julio de 1897.

Dijo á su mirla querida
el mirlo de sus amores:
-¡Si no hubiera cazadores,
cuán dichosa nuestra vida!
Un gusano que esto oyó
dijo con voz lastimera:
-¡Si gusanos no comiera
el mirlo, cuán feliz yo!
Claro uctar, hallarás
del ap6logo el sentido:
no se queje, si es comido,
quien se come á los demás.
M.ANUEL FERNÁ]),'DEZ Y GoNZALEZCUATRO TABl.,AS

Lujosa ó pobre, ligera ó grave,
Desde que naces hasta que mueres,
De cuatro tablas consta la nave
Donde te embarca~ sin inquietud:
Una es el timbre de tus honores,
Otra es la mesa de tus placeres,
Otra es el lecho de tus amores,y otra la tapa de tu ataud.
FEDERICO BALART.
LA. MUJER

Por ella al mundo venimos,
y el mundo ciego corremos,
amamos y aborrecemos,
y matamos y morimos.
Somos, seremos y fuimos
siempre esclavos de eu fe.
¡Ay, mano oculta!, ya sé
tor qué mi vida consumes,
que en tus misterios resumes
cuanto será y es y fué.
Humana forma aquel día
te juzgó el loco deseo,
y ora cual eres te veo,
misteriosa alegoría.
Sin razón te suponía
realidad de ser humano,
y eres, misteriosa mano,
con tu secreto profur.do,
la oculta fe que en el mundo
mueve al sentimiento humano.
Dicha, dolor, y placer,
cuanto se pie nea y ee siente:
todo lo inspira el ambiente
del amor de una mujer.
Gloria, ambición y poder,
inquietud, zozobra, calma,
áureo laurel, aeca palma,
ella ea la fuerza del sino:
mano ocuUa que el camino
le va sefialando al alma.

···············································································EusEBIO Busco~

Herr Andreé
Tefe de la expedición aerea al Polo Norte.

EN GLOBO AL POLO.
V~ lverá el Profesor Andreé?
H ace apenas un mes que la primera expedición.que

ee haya hecho jamás por. la vía aerea, con el profesor
Andree-un sueco de inmensa audacia- como jefe, par•
iió del Spitzberg á la conquista del Polo. Por todas par•
tee se ésperan ansioeamente noticias, y se discuten con
pasión las probabilidades del retorno.
Como se recordará el afio paea1o, el profesor sueco,
que abrigaba y meditaba hacia mucho tiempo su formi•
dable aventura, se dirigió al Spiztberg en pleno verano,
plantó su hangar, gran edificio de madera que debía pro•
teger al globo durante su inflamiento, y esperó que rei•
nasen vientos favorables para dirigirse a! Polo. Solo que
los vientos fueron contrarios y el profesor debió tor·
nar á Suecia á eeperar un sfio más, por si obtenía mejores
vientoe. Realizóse su eeperanza y en los primeros días
de Julio pasado, en compafiía de dos amigos audaces,
emprendió su excursión aerea.
Desde entónces no se ha tenido noticia cierta de él;
algunas palomas viajeras soltadas en diversos puntos
del trayecto, llevaron-se dice- al mundo civilizadofelices nuevas del profesor. Uno de los mensajeros ala•
dos traía una nota en que Andree afirmaba haber llega•
do al polo y pasádolo. Mas últimamente ha habido siniestros rumoree y quien afirme haber visto un globo
deegarrado flotando sobre loe maree del norte ......
La gran pregunta formulada en Europa es esta:
Volverá Andree?
Los menos pesimistas, entre los cuales se encuentran
el profesor Neumayer, agregado á las oñcinas del Almirantazgo en Berlín y el geógrafo bien conocido Richto •
fen, concluyen diciendo que la tentativa de Andree no
ee absolutamente un simple acto de suicidio, es de creerse
que en virtud de una gran casualidad, es posible que
vuelva sano y salvo.
El público discute, por su parte, lae diversas opiniones; pero caei no conocen las razones que hacen suponer,
primero: que Andree no llegará muy probablemente al
punto deseado, y segundo, que no vol verá.
Y estas razones son precisamente las gue vamos á tra•
tar de explicar.
Cada uno sabe que en las regiones polares, durante el
estío, el sol permanece constantemente por encima del
horizonte y por consecuencia las variaciones de tempera•
iura son muy débiles. El gas del globo no experimenta·
rá, pues, grandes variaciones de volumen y 1ae pérdidas
por dilatación serán muy débiles.
Es esta uniformidad de temperatura la que hace que
algunos sabios concedan á .A.ndrée algunas probabilidades de retorno.
Aun cuando este estado de la atmósfera sea una gran
ventaja, hay aún otro elemento más importante, que estodos nuestros lectores lo han adivinado-el viento.
Ahora bien, en esta parte del globo, lo mismo que en
las regiones calientes, se admite la existencia de corrien·
~ e regulares, eiguiendo la teoría general de la circulación atmosférica alrededor del globo, que se resume en
esto:
En el Ecuador, bajo la influencia de los ardientes ra yoe del sol, se produce un violento llamamiento de aires,
que da nacimiento al alicio en la superficie del suelo, y
al contralicio, que viene del Suroeste en las regiones
superiores. Esta última coiriente, cuya exietenci,i está
demostrada por las cenizas proyectadas á grandes altu•
ras por loe volcanes de loe trópicos y por las nubes ele·
-vadas-se extiende, apro:imándose al suelo, casi haeta

EL MUNDO

el Polo Norte. Ahí desciende á tierra y vuelve hacia las
regiones templadas, sig11iendo una dirección opuesta á
la de su ida. El viento reinante en tierra sería, pues, del
Noreste en el Hemisferio Bcreal si no encontrase, á me•
dida que se aproxima á los trópicos, la corriente infe•
rior del Suroeste.
Este encuentro determina la zona de los vientos irre·
guiares, zona que está comprendida entre los 40º y los
60º Norte. .Al Sur de esta zona el viento dominante vie·
ne del Suroeste, y al Norte, del Noroeste. El Spitzberg,
punto de partida de la expedición Andrée, se encuentra
en esta última región, y se eigue, por lo mismo, la con·
secuencia de que el viento debe ser contrario.
Mas aun admitiendo que sgple en una direcoión favo·
rabie, no se sigue de 2quí que Andrée tenga üito en su
empresa, á causa de la debilísima intensidad del viento
en las regiones boreales.
Su velocidad media en el Spitzberg durante el mes de
Julio es de 15 kilómetros por hora, velocidad que representaría la de la marcha del globo si Andrée no tuviese
la precaución de servirse de aparatos de contrapeso para
no pasar de 150 metros de altura; el frotamiento contra
el suelo ó en el mar, resultante de este sistema, reduce
la velocidad casi á sus dos terceras partee ó sea á unos 6
kilómetros por hora.
En consecuencia necesitar!l. para recorrer la distancia
de 3,600 kilómetros en linea recta que separa el Spitzberg
de la punta extrema de la Alaeka, pasando por el Polo,
veinticinco dias de marcha consecutiva.

El mayor viaje aéreo efectuado hasta hoy, no ha paeado de 24 horae !
T11les son las razones que hacen que teóricamente, An•
dreé no deba tener éxi'o en su empresa, pero felizmente, como todo el mundo lo sabe, la práctica viene fre•
cuentemente al encuentro de 11:1 teoria, lo que nos permite conservar la esperanza de saber muy pronto que
M. Andreé y sus dos compañeros han salido sanos y sal•
vos de su peligrosa tentativa.

***
Parécenos oportuno para concluir estas breves notas
reproducir á continuación la siguiente impree:onadora
página del «diario,, de M. Ml:lchurin, joven y distinguido
aereonauta que dirigió los trabajos de inflamiento del
«Ornen11 ( este es el nombre del globo del profesor Andreé )
y que no abandonó á éste último sino en el momento
preciso en que embarcados él y sus compañeros en la
canastilla, el globo se lanzó al espacio.
Hé aquí esa interesantísima página recientemente pu•
blicada en París:
«11 de Julio.-Viento sur muy pronunciado; Andreé y
sus compañeros consultan los divereos instrumentos en
cada puesto de observaciones. Las condiciones atmosféricas parecen favorables y la partida se decide.
«A las once todo el mundo se pone en obra; los carpinteros ayudados de los marinos demuelen con sorpren•
dente rapidez la parte Norte del hangar, en tanto que se
cierra la parte Sur tan alto cuanto es posible con ayuda

...

, .. t1t'!'-~"-· r'""...

ll "Ornen" ¡;lobo expedicionario dei Pr.:,fesor Andreé.

�gL MUNDO

DOMINGO 22 de AGOSTO do

,a, 7
DOMINGO 22 do AGOSTO Dl •197

•

tracción y de instalación hechos por la Ciudad, en tanto
que Nueva York ha recurrido á. siete companfae diíeren•
rea para Per alumbrado. Chioago no gasta anualmente
más que cuatrocientos mil pesos para el alumbrado de
gas¡ pero un gran número de callee que no están pavim?ntad_as, no están alumbradas tampoco. Boston ea al
contrario, una de las ciudades mPjor alumbradas·1 consagra tre~~ientos mil peaoe á. su alumbrado de gas y cerca
de doac1entos ochenta mil á su alumbrado eléctrico .
. !ºr últ~mo, Buffalo gasta anualmente doscientos veint1?rnco m1! 1 en ra~ón de su reducida superficie, y es también una de las cmdadea amnicanas mejor alumbradas.

EL MUNDO

Corazón de sacerdote.
POR H. S. DE FOAGE.

ILUSTRACIONES HECHAS EN NUESTROS TALLERES.

Número 4.

Un globo terrestre &amp;igantesco.

S1bemos por loe periódicos parisienses que M. Eliaée
Reclua ha emprendido, para figurar en la exposición de
19001 la construcción de un globo tenee.tre al 3201 000.
Este globo, ademáil de sna di rnensiones colosales-ten•
drá exactamente 12'&gt; m., 24 de circunferencia ecuatorial
~presentará. t~mbíén esto de notable, que, conforme al
sistema de dec1malfzación de la hora y de la eirc1mferencia, preconizado por M. de Sarrauton, estará dividido en
2-10 grados, di vid idos estos á su vez en diez partes.
Esw, enorme globo terrestre, será ciertamente una de
l~s. mayores cur~oaidadee científicas de la próxima expo•
ElCIÓn.

~

-

--9

r1'

Preparativo• de partida del "Ornen"

de telas para protegerae contra la acción del viento cuya fnerza va aumentando.
ccLa mayor dificnltad era sacar el globo sin averiar el
tegid~ contra las maderas del hangar, Todas las partee
promrnAn~e se c11bren con una espesa capa de fie1'ro y
queia con1urado el peligro.
it~ar.a impedir al aereóetato qne ruede mientras duran
las ultimas maniobras, ~e h:1 rodea á la altura del ecua-dor de tree grandes cinchas que se fijan á la paria restan! e del ha ngar.
((Loe.preparativos '\!BD aprisa¡ á las dos, la canastiila
se dee.hza á su sitio y se ata al círculo que está amarrado aóhdarr..ente á tierra por tres cablea. Todo está lieto y
arreglado.
11 Los exploradores dan sus adioses, rápidos y conmo•
ved.oree. Pocas palabras se cambian. pero hay ira.neos
apretones de m1noa, ea que loa corazones se compren·
&lt;len. Después, Andreé, entrando á la canastilla, llama
con una voz firme:
- uStrindberg ......... F1aeokel. ........ Vámonos'
t&lt;lnmediatamente sus dos compalieros toma~ siUo á
su lado ........ .
11 El comandante Ehrenevard transmite á eus marinos
las órdenes, que son ejecutadas puntualmente; las cin•
chas rnuatoriales caen; el globo desembarazado rueda un
poco apesar de su abrigo¡ es fuerza esperar algunos segundos y a~rovecharse de una calma para partir.
• u Tres man nos, armados de un :mcbillo, se mantienen
l~etos para cortará la primer señal loa tres cables que retienen solamente cautivo al globo.
c(Llega el momento oportuno. .A.ndreé exclama:
-nCortadl
11 Un segundo apenas ...... el navío aereo se lanza al eeJ&gt;acio, saludado por nuestros máe vivos hurras.
uCargado ~on loe cordajes que levanta, el aereo.stato
no alcanza Ciea metros de altura. El viento lo arrastra.
~os contrapesos alargados á lo largo de la coeta1 se deehzan sobre el mar. Todo parece ir bien á bordo¡ noao•
trcf!, espectadores ansiosos, seguimos las fases rápidas
de esta conmovedora y única partida.
«Llevado por un viento violento, el globo uOrnen11 se
..aleja c0n gran v~looidad, dirigiéndose recto al fin y deea•
])ar~ce en el horizonte al cabo de algunos instantes.
11 D.Js días después abandonamos el Spitzberg y más

j
,f;jf! ,, "' ,J

tarde el viento Sur ba flPguido siendo favorab!e, Jo (pe
nos hace esperar un éxito completo.
~Dcaeemoslo Y que próximas noticias nns hagan saber
bien pronto el feliz resultado de ee~a audaz tentativa!

··"":

:~

1NFORMAClONES
Las asociaciones femeninas en China.

Un país en queelf~ini,ú!lmo tendría much'J q11ehacer
ea BPguramente Chinau
'
0.Jnfucio no reconocía á las rnnjeres derecho algunfl,
Y se !!ab~ que poco ro.is ó m9a03 Cri.iua sig\le siendo de
Confucio.
Resulta de esto que la situación de las mujeres ea ahí
tan poco envi_dia~le, que muchas de ellas se suicidan 'Pºr
escapará la t1ran1a de sus esposos-motivo de suicidio
qne e~ c~ai desclnocido entre loa occidentales y que lo
era as1m1smo antes de la institución del divorcio.
Así, no ea raro ver jóvenes chinas agruparse en asociaciones, que tienen por únic,:, progrd.ma reeisr.ir tenazmente al matrimonio.
Estos clubs origina ea cuentan generalmente una decona de miembros, y toda señorita que desee tomar parte en elhi previam~ute debe compromeierae, con jura•
mento, á 11morir antes qne caaarse,i.
·
~Iiis he aquí que laa polnes muchachas van á vnee
privadas has~a de ee~a úhima ;ibertad, porque muchas
de ellas se han arrojado últimamente al agua para evi·
tare! matrimonio, y una ordenanza de policía intervino, ?r?hibiendo eu lo de alelanr.e las asociaciones de stüontas.

TJna tarde Francieca llevó el té en el momento en que
el nombre de la señora Descordee era incidentalmente
pronunciado.
-Oh! la mala peste! exclamó la nodriza que tenía un
hablar muy francn.
-Francisca1 dijo Marta esforzándose eu tomar un aire
severo.
-Francieca, tauto como queráis señora, no me impediréis por eso decir q •te esa santa devota es la llaga del
país no pene.ando más qne en defgarrar á loa otros con el
pico, como si ella no hiciese males. Sa.beis vos sellor Sa·
vinien que el otro día me ha acosado en la calle para saber si vos habeiil venido á nuestra casa ...... Lo que me di·
,·ertí con ella ..... Busca, niña, busca. Si cuentas con la
vieja. Francisca, para conducirte, ouenta con que llegarás ...... Esto no impide vigilar bien á esa aerpiente con

El alumbrado del.as ciudades americanas.

El Scientijic AmPrican da loa informes siguientee reapec
to al alumbrafo de las principales ciudades americanas.
En Nueva York, en 1807, el alumbrado público coetartí.
ce;ca de millón y cuarto de pesos, Filadelfia gaa~a más
a~~: eu ga~ 1~ cueet.a cuatro cientos mil pesos y bU electric1dad. ee1ec1entos mil, que hay que aumentar en uo'a
proporción notable, para tener en cuenta la amoriízación
de loa capitale3 compr0m.!tidos ea loa trabajo 3 de coas-

El uornen" e" camino hacia el Polo.

.eua serpentinas!
. Y al retirarse en medio de las risas, Prancisca excla•
mó cómicamente:

-Ah! mi buen Dios, si habeis de ponerla en vuestro
santo paraíso con sus dos bijas, enviadme al infierno ......
Estaré mejor ah{ que con ellas.
Este incidente llevó la conversación á. la cneetión religíoea. Pablo reprochaba algunas veces á Savinien su
indiferencia, ya que no !!U hostilidad con reepec~o á. est.o.
-Toma, dijo este, precisamente ejemplos como los de
1a aellora Deecordes 1 son loa que alejan á. muchas gentes
de la religión. Cuando se ven esos seres proclamados
santos, dueños de la lgleeia y también de la opinión,
llenando el muado con ens aedicentes virt.udee, no se
puede menoa que sentirse deslumbrado como cie,tos ingenuos, 6 desconsolado si se ve claro. EntonC&lt;' B dice uoo
como Francisca «No quiero irá. un p1naíso donde los encontraría.11
-Sil respondió Pablo, levantándose con los ojos bri·
llantes y la palabra animada. Teneia razón en lo que toca á la sei'iora Deecordes. Pero hay dos religioaea, ó mejor dicho la que profesa la sellora Deacordea no es reli·

gión ......... Es una especie de idolatria en que lascarantonas reemplazan á las plegarias que surgen del corazón,
en que el amor propio sofoca el amor de loa otros, en que
ee mide la virtud de las gentes por el número de sus ge•
nuflexiones y el de sus caridade3 públicas y rumbosas ....
Pero hay otra religión, la sencilla, la verdadera, la re·
ligión del Buen Dios ......... La que se encierra en una
palabra: amar y ser bm•no.
Esa ea la vuestra ein que vos lo sepaia, eeiior Savinien, y veis sois un religioso, en verdad 1 vos que amaia
en eilendo á pobres abandonados como nosotros, más
que á. toda la familia Descordee reunida!
Harta miró á su hiju con aire de aeombro y de embeleso.
-Sabeia que haríais un excelente predicador? dijo Sa·
vinien riendo, pero conmovido en realidad.
-Quién eate? ...... respondió Pablo con una voz grave
y la mirada pensativa .

�&amp;L MUNDO

DO ■ IAGO

aade AGOSTO de 1ag7

DO ■ IHO

-~··~·~============================;;;;,,;;;;;;;~;;.======================-~---~-=~

IX
En el ealón, Diosdada y Angélica i,.cab&amp;ban de repetir
un cántico nuevC', que debían cantare! domingo eiguieo•
te en la reu1.1ión de la Cofradía de loe njil.oe de Santa
Ureula.
En tanto qne eue cuatro manoe tc;cabap loe acordes del
acompaft.amit:r.1w, eue vocee, un pociJ agrias, ee elev11.ban, repitiendo con ardor el refrán:

Irime11110 fu.ego me irifla11ia
E i1tut,da de claridad,
Sitt,to e,~ ,nt dfrina llama,
Me impulsa la caridad.
Me únptúsa, me impulsa, la caridad,
El Sr. Deecordee, tendido en no sillón leía, con enternecida eonriBa, La l:id,i y las religiosas acciones de la bien·
aventurada Virgiuia J&lt;..'sett!fer, interesante obra que le había preetado aquella mh1ma mañana el abate Chavaeieux.
Eee ealón revelaba, al primer golpe de vista, el e6pfri·
tu de loe habitantee, y también hay que confesarlo, cier·
to prosaismo bur¡i:uée.
Loe eillonee y lae eilla9, simétricamente enfilados á. lo
largo de lee murof.l, se alineaban, cubiertos de fondas
blancae, teniendo cada uno de elloe, al pie, un pequtfio
tapete, destinado á prot.eger la alfombra. Cerca de un
canapé, igualment~ cubierto, una mesa de caoba muy lu·
ciense, soportaba un vaso de asas doradas, lleno de mue•
go artificial y flanqueado de all&gt;uma de fotografíae 1 de
un grueso volumen de rica pasta, regalo de ea:rito: La rida
delos santos ilutdrada, y de algunos li bros á. la rústica, sobre
loe cuales se leia: Jlomilta3para el santo tiempo de Cuaresnui,
(x¡r13ejOA á los almas 1nadows para ,uivegar entri' los eacollos
dtl mundo. Loa aliados de Sntán (primt'T"{L parte: La Fracmasonería ).
En loe muros estaban fijas litografías amarillentas:
Un cristo marcbe.ndo sobre lae olas frente á. un milagro
de la Saleta, un Sagrado Corazón haciendo ptridmd á. una
Madre de loe eiete Dolores. Cerca de la chimenea un me•
d11.llón, en yeso, del Papa, coronaba un retrato, grabado,
de un misionero de gran barba, oon una dedicatoria
firmada.
Los sólos objeioe profanos, fuera del piano, eran dos
telas al aceite, obra de un artista del género. La una re•
presentaba á la Sra. Deecordee, que eonreia, en medio
de un traje negro, y la otra al Sr. Deecordee, que sonreía, en medio de un chaleco blanco. Sin eet.os eepéci•
mene del arte, esa pieza habría tenido ,completamente el
aspecto de un locutorio de convento, en que se sentfa 1 alrededor de sí, la atmósfera glacial.
Y sin embargo la Sra. Deecordee no tenía frío, cuando
precipitándose como un huracán, sin quitarse siquiera el
sombrero, se arrojó en un eillóu y exclamó trémula:
-¡ Por fin lo eé todo!
-¿Qué ea? ¿qué e€!? interrogaron las dos sefioritae,
abandonando precipitadamente el piano.
-¿De qué se trata? preguntó el Sr. Del!cordea, máe
tranquilo, levantando ene ojos anegados en la interesante lectura.
-¡Vengo de allá! ¡Qué escándalo! :Qué vergüenza!
¿Adivinais á quien he encontrado? Al eefior Subprefecto.
-¡No es posible! exclamó Angélica con una carcajada
q ne esta vez no tn vo eco.
-Bien lo babia yo dicho, añadió Díoedada, que palideció ligeramente.
- Pero de donde vienes tú entonces? preguntó ingenua.mente el set',or Deecordee.
-Vengo de casa del sef'ior Charlierl Ya me sospecha•
ba algo. He querido ver ......... Be vieto ....... .. He visto!
Eee subprefecto! Después de t.odo lo que le hemos dicho!
-El hecho es1 declaró el buen abogado que no dejaba
de tomar en cuenta las opiniones de Charlier, que no ee
en eu e&amp;lón donde se encuentra el puesto de un subprefecto conservador.
-A.já.l política tenemos! replicó la señora Deecordee
con despectivo tono ..... .... Tu no entiebdee nada ........ .
Hay cose.e que yo no puedo ein embargo decir ante estas
niñael El subprefecto e9taba instalado ahí.. ....... como en
su caea .... ..... tomando té ......... té en Cuaresma!!! con
tostadas de pan, enmantequilladael
-Enmantequilladael!I
-Sí! Y bacía que hojeaba el diccionario de Pablo, CO·
mo ayudándole en su trabajo.
-Y ella?
-Oh! ella ee muy astuta ......... tocaba el piano para

disimular. Yo creo que se puso á tocar cuando ':lle vió
venir.
-Pero, dijo el eefior Deacordes, que continuaba sin
compre1.tder; el subprefecto después de todo tiene el derecho de visitar á la eeftora Charlier. No viene acaso á vi·
Eitarnos también?
- Y osas comparai !. .... En primer lugar viene aquí....
ee dt:cir venía ......... porque sus visitas son cada diamó.e
nrae ...... ... Ya van doa·veces que declina nuestras invitaciones á comer ......... Esto no me sorprende; se ruborizaría de aparecer ante ee,oe ángeles, eaiiendo de don•
de sale.
- Vas quizá un poco )Pjoe, bija, dijo el abogado, cuya
inteligencia 1!8 dtepertaba por fin.
-Cállate! cá.llate Edmundo, ocú:,ate de tus negocios,
de tus est.udios ......... y no te mezcles en loe míos.
-Estás segura de que sean loe tuyos? murmuró tímidamente Edmundo.
-Loa mios! Acaso el deber de una buena cristiana no
ee velar no solamente en su ealud propia, 1:ino tanto
cuaoto le eea posible en la ealud de eu prójimo? Hace
largo tiempo que yo sospechaba esta intriga ......... pre•
gúntalo si nó é. tus hijas,
-Ohl eí, hace largo tiempo que mamá ve claro\
-No ee verdad? ......... Yo en primer lugu nunca me
engafl.o ......... Qué querían decir eeoe gas\os ineeneat.os
que hac.ia en su casa tst-a marqueea? Esos arr gloe de su
casa .... ..... eeae compras de muebles donde ee comen el
dinero del pobre Char'1er?
- Oh! dijo el abogado ..... .... lo que ella ee coma no ha
de ser tanto como lo que Charlier se beba.
-Jlccididamente tú comas su partido.
-No, no, no!. ....... . Tú debes tener razón ...... tó. tienes ciertament.e razón......... Es evidente que si el Sr.
de la Haye buecaba palabras en un diccionario, no eeeea
la natural ocupación de un subprefecto.
-Qué caras pueieron al vert.e, mamá?
-Oh!. ..... tienen un aplomo ...... No parecieron turbaree en moElo alguno .... .. El eenor de la Haye me preguntó por ua1edes y la et:fiora Charlier me ofreció té. Yo
respondí con un tono que ella debió comprender:
-Ya eabeie pricna que yo observo laereglae de nue1:tra ean•
ta religión y que comer ó beberentlecomidae, interrumpe
el ayuno obligatorio de Cuaresma. E ineie~í mucho en la
palabra:pbligatorio. Deepuésme quedé poco tiempo .. Estaba eofocada ..... . Me dijeron adiós con mucha polít.1ca. ••·
salvo Pab!oque tenía el aspecto furiorn y que no dijo
nada.
-Pero, observó el sefior Deecordee, si Pablo eetáb~ ahí
entonces nada tiene de particular.
-Sí estaba; ei eetaba eeta vez ..... . pero no siempre está ahí.. .... Pobre nifio! Qué e:!ucación! qué ejemplos!
-Entonces, tú supones?
- Yo lo supongo todo ...... todo.... .. Yo no puedo de•
cir más en este momento ...... Pero aun ea tiempo de pre-venir ... ... Si no es demasiado tarde ..... . El primer deber
que me incumbe ee prevenir á Charlier .. .... lo veré ma•
ñana e!l la mailana.
-SL. .... en la noche no siempre está. muy lucido ..... .
Pero acaso no valdría mas ........ .
-Qué!
-!fo meterse en nada
-Pobre hombre! he ahí su apatía ...... no meterse en
nada! Ah! si no estuvieees mae que tú para defender la
religión!.. .... Y no ves que hay doe almae que salvar....
tres acaso ...... Porque ahi. eetá ese desgraciado nifio que
ea preciso preservar de la gangrena ...... No, no, yo no
cejaré en eeta tarea ...... Puesto que Dios ha permitido
quedernubra esos horroree, ee este un signo de la misión
que me da de ponerles término. Yo eabré llenarla.
-Como quierae1 hija, dijo filosóficamente el abogado,
prosiguiendo e11 lectura.
- Vamos Diosdada .... .. Repitamos una nz más en tanto que mamá se quita el sombrero. No tenemoamáeque
dos dias antes de la l!eaión de la conferencia.
y piadosamente á loa acordes del piano las vocee de
loe doe ángeles tornaron á. cantar al unísono:

Inmenso Juego me inflama,
E inunda de claridr.id,

8ie11lo en mí dirina llama,
Me impulsa lara.ri&lt;lad!
Me impul&amp;at me impulóa la caridad.

X
Ohl cuan difícil ea hacer el bien! Cuantoedeberes 9ne
llenar! CaanM&gt;e obstáculos surgen y de loe más impre·
vistos! como por ejemplo, la ob&amp;Unación misma deaque•
Jloe á. quienes se presta el servicio!
Y ein embargo, no hay que deealentarsa jamás. La
perseverancia es el cumplimiento de la virtud. Solo por·
ella se adquieren verdaderos méritos.
Estas reflexiones, amargas y alentadoras á. la vez, eran
hechas por la eefl.ora Deecordee, después de una convereación donde había ensayado aunque en vano infundir
eoepechae á. Charlier.
Este, justamente de buen humor el di.a de la conver•
eación, comenzó por 1eir de las advertencias, y final·
mente movió los hombroe. Su orgullo ni siquiera Je permitía la sospt cha.
-Nada me dices que yo no eepa, respondió. Loe famosos gaetoe de que me hablas, consisten en doe luises
que dí á.Ma1ta y ea el precio de un brazale'-8 que ella.
vendió, con lo cual se arrt-gla ptira componer la caea. Por
lo demás, no mt disgusta, cuando tntro, en.l(.ntrar nuestro viejo rincón embe1Jec1do.
«En cuanto al eubprdecto, he autorizado á Marta para recibirlo.
«Eeo di vierte á. eetoe noble:ii, brabatear entre ellos. Ca.·
da uno tiene su leogua, no ea verdad? y guata de hablar
algunas veces. E~ como vosotros que teneis vuestra ger •
ga de iglesia y yo que tengo mis diecureoe de taberna.
11Crees que un pico blauco como ese iba á. inquietará..
un horubre como y(l'l.. ....... Vamoe, cálmat~ ... ...... Déja•
los tranquilos y á mí también ......... Ocúpate de tus cuus ..... . Si quieres vigilar, ya te cayó quehacer ...... Toma,.
y yo sé una hietoria sobre el padrecito Chavasieux ... ..,.
Quieres que te la cuentt? ........ .
La Sra. Deecordee hubo de escaparse perdigoá.ndo9e.
-Ptiro deepuéE de t.odo ee dijo¡ yo no combato por
eal var el honor de Charlier ... .. .... No hace caso, allá E&amp;
lo haya ..... . Yo combato por caridad, por ealvar dos al·
mae, y debo continuar.
Acaso habría podido añadir que la animosidad nutrida desde hacía largo tiempo contra aquella uhija de mar•
quée,» demasiado audaz para escapar á eu dominio, no
era extraña á. eu celo ....... . .
A pesar de su seguridad aparente,~Charlier, aun cuan•
do no fueee más que para quitarse la máe mínima preocupación, vigiló algún tiempo. Nada de eoepechoeo notó.
Jamás, á ninguna hora, encont.ró al subprefecto en su
casa. Al día eig11iente de la aparición de la Sra. Descordee, Savinien t.omó unas vacacion~s de un mee, y sólo el
mensajero que llevaba sus cart.ae á. Marta ó á Pablo, y
Francisca que ponían las respuestas en el buzón, y el re·
ceptor de correos hubieran podido revelar el lugar de su re•
eidenoia. Charlier, perfectamente tranquilizado, continuó
tranquilamente eue coetumbre9 de taberna, declarándo·
se á sí mismo qae su prima estaba loca~
La Sra. Deecordee reconoció que se había equivocado.
No se toma una plaza fuerte, por asalto, al primer gol·
pe. Ee preciso rodearla de líneas de citeunvalación,.
aproximarse peco á poco con inteligentes tanteos, hacer
una brecha, y solamente entonces ee logra el ataque 11.
vi va fuerza.
Tal como un general que no considera la campaiia perdida, por un fracaso de la vanguardia, la Sra. Deecordee púsoi:e en obra con nuevo aliento, después de haber
prendido un cirio por el éxit.o de eue esfuerzos. Sus dos.
ángeles tomaron cerca de ella sus dos puestos de bata·
lla. Dioedada, sobre todo, se distinguía por el ardor de
su celo, llen{J de lt1 amargura de una esperanza deevanenecida.
Una palabra dicha á propósito, una confidencia b,í.bilmente cuchicheada al oido da una persona conocida.
por su indiecreción, un eubentendidoacentuado con una..
fina sonrisa, un silencio oportuno ......... no se necesitó.
má.e para que al cabo de quince díajtodo Ganneville es•
t.uvieee convencido. Quedaba establecido, sin duda po•
sible, que el eubprefecto \enía relaciones con la Sra.
Charlier y que ésta arruinaba á. su marido con tme locos
gastos de toilette y de moviliario.
La Sra. Valier aseguraba que ya más de diez mil francos habían sido engullidos. La Sra. Leautaud encontraba esta cifra exajerada ...... Según eue cálculos precisos,
no se elevaba más que á. siete mil quinientos francos.
Cada una de estas damas creía haber descubierto algo.
El mayor éxito fué para la Sra. Bouchard, la mujer

J

•• do AGOSTO d• ,. . 7

d el veterinario¡ esta afirmó que su marido, que había
madrugado cie1to día, percibió un hombre que deseen •
d ía á. lo largo de la casa por una escala de cuerdas. Este
h ombre no podía menos que ser el Sr. de la Haye. La
fea Belamy ensayó hacer notar que la dicha escala esta·
ba todavía en el día sirviendo á. un albaftil que arreglaba loe techos. Iudu-Jgencia inútil y casi sospechosa.
Era 110 axioma que el eubprefect.o escalaba por la noche
el balcón y no lo dejaba sino al canto de la alondra.
La popularidad ee efimera. La que había rodeado loe
comienzos de S:1vinien habíase disipado como el humo.
Desde hacía largo tiempo, absorto en su fraternal y san•
la ternura, había descuidado sus visitas, objeto, en otro
liempo de t8ntas ambiciones. I.a ¡:arienta anunciada
no habfa llegado. El famoso baile no ee había efoctua•
do. Las toilettee preparadas ee marchitaban en los armarios. Loe cajones y loe cartones de la9 Sritll9. Juglan
reventaban de adornos prematuros. Las seftoritae habían v11elt.o á. e9conder sus sonrisas y las madres eu be·
nevolencia. Loe gármenee que arrojaba la Sra. Daecordee
no podían menoe, e0bre un terreno propicio, que genni•
nar con rapidez: su nueva obu de caridad lograba un
éxito superior á toda esperanza.
De lae mujeres el movimiento ee extendía áloe hombree. Sa comenzó á. bromear en los cafés sobre loe amo•
ree del subprefecto. En el grupo de los paeeantee de la
gran plaza no había casi otro asunto de converaación.
Al gunos encontrabln esto muy divertido. O.Jmunicábanee un epigrama anónimo, tan necio como maligno, y
que lae gentes bien informadas, atribuían al inspector
prim ario, retirado, grueso y buen hombre, ventdpoten,e, cuyo ingenio igualaba á eu prosodia. El misterioso
papel iba de mano en mAno. Alguno aseguraba que ha•
bía sido puesto en mú~ica y se decía también que las se·
fl.oritae Deecordee lo cantaban al piano entre dos oá.ntieoe
religiosos.
Otros máe pudibundos, graves funcionario3 1 eepecial·
mente el conservador de las hipotecas y el eet.:lribano del
tribunal, gemían de que el representante del gobierno
perdiese así en placeres culpables el tiempo que debiera
consagrar á. loe asuntos del paie.
Cuando Sa.vinien volvió de sus vacaciones, la menor
perspicacia le habría perm:tido testificar los eignoe pre•
oureoree de una tempestad terrible. Pero su preocupación única era encontrar de nuevo la dulce intimidad en
que vivía entre Marta y P.ablo. Las reuniones tornaron
á. ser como en otro tiempo, tan eencil1aa, tan dulces y tan
puras.
Dos veces solamente se vió obligado á faltar. A la .entrada de la calleja que conducía á. la casa de Marta, ee
encontró paseantes ob:tioadoe que le salu'.laron sin que
é l notase eue sonrisa!:,, y deshizo el camino.
Se abrió entonces la puerta del jardín y en adelante
Savi nien entró por aquel camino discreto é ignorado.
Ignorado! acaso podía escapar alguna cosa' al ojo vigilante de la sen.ora DescNdee?
Caneada de vigilar y de hacer vigilar la cslleja donde
jamás ee percibía ya á. Saviníen, fué presa súbitamente
de un celo ardiente por un orfanatorio un paco deecui•
dado que ee encontraba situado precisamente en la calle
á la cual daba el jardín da Marta.
Esta nueva caridad fué bien pronto recompensada,
cuando vol vfa una noche con eue hijas de una visita á
eete establecimiento, rechinó una llave, se abrió una
puerta y las damas se encontraron frente á. frente de Savinien que salia del jardín. D~stanteado él lee saludó con
poca destreza.

XI
Cnando una mosca se posa en la frente, se la arroja die•
i raidamente. Pero la paciencia má9 experimentada, no
resiste á. la insistencia persiete,nte de su tenacidad. Rechazada de na lado, vuelve del otro, siempre, incesante·
mente, ein tregua, infatigable en eu zumbido, implaca•
ble en su cuchicheo, y eete enplicio continuo acaba por
exasperar al eer menos nervioso.
La primera vez que, en uno de sus cafés habituales, un
amigo un poco exc:tado hizo á Charlier una alusión á lae
aeiduidades del subprefecto, él se contentó con reir. La
Eegunda· vez se enfadó. La tercer.; se quedó silencioso y
t urbado.
El personal de loe establecimientos donde se pasaba su
vida, no busca ni la delicadeza ni la variedad de lae bro.Dl.ae. Cuando ha eucontrado una vena la explota sin tre-

IEL MUNDO

gua ni reposo. Cbarlier era acogido todoe loe diae con loa
mismoe chietee, seguidos de las mismas risas.
-Buenos días Babieca le gritaba el veterinario B0u •
chard desde que entraba.
En apariencia Charlier no ee irritaba fingiendo aún algunas veces, compartir la hilaridad general ó respondiendo con una grosería. P~ro la cólera se amasaba poco á. po·
co en eu corazón.
Se notó que bebía má.e aún . Sue ojos ee extraviaban,
eue manos temblaban con un movimiento convnleivo, su
voz se volvía ronca, eu roetropaeaba súbitamente de una
rubicundez inflamada á. una palidez de muerte. Cuando
volvía á. su CHa no se exaltaba ya pero ee encerraba en
un silencio profundo, con la mirada fija, como obeeeiol'..!a·
do por pensamiento único. Inmediatamente que tomaba
su almuerzo, ealfa, errando al azar con un paso mecáni•
co, después volvía á eu café donde lae mismas bromaeJa•
mas caneadas, ealudaban eu entrada. Un médico habría
reconocido pronto el delirio alcohólico que se desarrolla•
bacada día más en el infeliz.
Un día á la siesta, llamó á la puerta de la Sra. Deecordea. Toda la familia ee enc0t1traba reunida en el salón,
eu entrada produjo asombro: jamás la visita.ha. Con la
mirada extraviada y vidriosa, ee había detenido bajo el
din.te}, y daba miedo verle.
El Sr. Deecordee muy conmovido, le ofreció asiento.
No vale la pena, respondió él con una voz seca, a van•
zando con la fealdad de una momia hasta la median fa
del salón donde apoyó una maro sobre la mesa. Para lo
que voy á deoir no se gastará mucbo tiempo.
Fijó en la Sra. Deecordes una mirada y continuó:
-Tn me hae dicho que hace dos meses encontraste al
Sr. de la Haye inetalado en el ealón de Marta. ¿Qué has
peneado de eso?
-Pero ..... .... amigo mío ......... Juan ...... veamos .... . .
siéntate ........ . platicaremos ........ .
-No vale la pena ...... por última vez, respóndeme.
-Dios mío! Yo he pensado, oh! nada, nada malo. Solo que por tu interée1 y por el de Marta, he creído que
valdría me.e .... ..... ya sabea, hay lenguas viperinas ..... .
frecuentemente las coeae máe honestaf.l ..... .
-B1eta de charla ...... con esto no acabaríamos mana.
na...... En una palabra, tú has pensado que el eefior de
la Haye tenía algo que ver con Marta.
-Oh! Juan! protestó el Eeíior Detcordee que se había
atrincherado detrás de la mesa.
-Delante de eetae ninael ......... ai'ladió la eef'íora Deecordee.
-Pardiez! se diría que salen tus hijas de la falda de la
nodriza! Tu les has dicho la cosa y yo les digo las palabras que la expreean! Aeí pues, tú piensas que el eenor
de la IIaye tiene algo con mi mujer.
-No ......... no!
-Entonces porqué lo has contado por toda la población?
-Yo, jamás! jamás!
-Tú lo t~ae dicho á las beatas de tus amigas que Jo han
dicho á otras, que lo han repetido. Ea la actualidad eso
corre por lae callee ...... Marta está deshonrada y yo, soy
objeto de riea. Y eres t,í la que bae hecho eeo, tú, tú eo•
la, lo entiendee? Oh! yo eé bien que no hae de haber di.
cho la cosa aeí, crudamente como yo. Vosotras encont.raie medio üe serviros de palabras muy meloeae, muy
azucaradas ......... pero dentro está. el veneno. Aeí pues
¡ú lo he.e hecho. Escúchame bien: tengo doe cosas que
declararte: la primera ee que te desprecio como á 1a última de lae últimas ... ..... .
-Oh! Juan! exclamó el señor Descordee incapaz de
máe energía.
-Y vos también polla moj.1da! Yo no soy gran cosa,
lo sé. Pero, óyelo bien, prima, valgo máe con mi dedo
mefíique que tú con todas tue virtudee ...... Yo no hablo
mal de las gentes detrae de ellas ...... ... Si tengo algo ma•
lo que decir de alguien, ee lo digo en la cara, y ei tengo
las pruebas ......... ya está.!
Ahora oye la otra coea ........ .
Tan cierto como que me llamo Charlier y que eetoy
en mis cinco sentidos aunque me creehr ebrio, verdad?
si Marta ee culpable, la mataré ......... si ea inocente, llt.
mataré I En todo caso correrá. la sangre y tú eeráe la cul•
pable ......... Bé aquí lo que tenía que decirte, adiós!
Alejá.base en medio del silencio espantado de todos,
cuando Dioedada, lanzándose del rincón donde se había
reíugiado, se arrojó ante él con un aspecto extraviado.

-¡Vuestra Marta inocente! exclamó ......... Id, puee, á
la callejuela que está á. la espalda de vueelro jardín, en
la tarde, á las cuatro y ved si mire.is entrar al Sr. de la
Haye por la puertecilla ....... . de cuatro á Eeie ......... ¿en•
tendeiE.? ......... c1n su llave ......... Sabreis así ei mamli ha
mentido y si no hay algo entre él y vuestra mujer ... ..... .
¡sí, y desde hace largo tiempo!
Cbarlier, sin responder, hirió de un pufietai:o el vaso
de musgo artificial, que se hundió hecho pedazos en i&amp;¡
alfombra. Después salió la Sra. Deecordee casi orgullo•
ea: admiraba á. eu bij:I en tanto q11e el abogado, con la
cabeza entre lae n:.anoe, gemía:
-¡Oh Juan ......... Diosdada! ......... Dios mío....... Dios
mfo ....... .. l
Cuando, levantando la cabeza, y esiuvo cierte de que
Charlier había partido, Je volvió el valor.
-No queda má.e que una coea que hacer, exclamó ..... .
Angélica ........ . pronto ..... .... mi sombrero ........ .
-Tu te quedas dapá, ordenó Deosdada con todo aute·ritario ....... Que ellos se arreglen ...... Nosotros no noe
metamos en nada.
-Pero hae ofdo. ·
-Si, he oído que si no tiene pruebas amenaza con matará. mi mámá, Pues bien! IM tendrá viendo al Sr. de
la Raye entrar á su caea como un ladrón por una puerta secreta ......... Eoióncee que suceda lo que haya de
suceder ... ..... .
-Oh! Dios mío, Dios mío, que va á. acóntecer? balbu•
ceó el abrgado. volviendo á caer en eu sillón.
SJna;on lae cuatro en la igleeia. La cuarta campanada
vibraba aún cuando Sa ~inien apareció en la ex~remidad
de la calle.
Charlier, oculto en el nnrco de una puerta, le ob•
servaba.
Con paso rápido Savinien rndirigió hacia Ja puerta del
jardín, la abrió y deeapareció.
Cbarlier df'jó ent.onces su el!condite, muy pá.lido. Sa•
lió de la calleja, eotró á. Ja gran plaza y ee dirigió á eu
café. Ahi se hizo eavir. copa trae copa, ajenjo, que
tragó puro, cognac y ruh m. Sus amigos lo habían interpelado, sin recibir respuesta. Con movimiento automá•
t.ico se levantó, arrojó cinco francos sobre la mesa y se fué.
-Diablo!. ..... dijo uno de loe bebedores. No tiene
buen aspecto.
-¿Qué ee lo que tiene?
- Yo me cuidaría de saberlo.
-Se diría que va á hacer alguna barbaridad.
•-Si le E-iguiéeemoe ... .. .
-Sigámoele.
Dos ó tres se levantaron y volvieron bien pronto
riendo.
-Bah! ee ha vuelto tranquilamente á su casa. Dentro
de un cuarto de hora roncará.
Charlier en efecto Uabfa vuelto á su casa. Por dueflo
que pareciese de eue movimientos, dejó caer bruecamente el martillo del zsguá.n.
Francisca, admirada, le vió que atravesaba el patio y
antes que t.uviese tiempo de llegar ella de un salto llegó al rnlón 1 donde apacibles como de ordinario, Marta,
Savinien y Pablo tomaban el té.
-Señora! eeíiora!. ..... ahí está el eefl.or!. ..... y con un
aspecto ...... Loe tres se levantaron.
Marta se lanzó hacia Savinien.
-Idos, exclamó asustada.
Pablo eepantadó de un desconocido peligro, tomó la
mano del subprefecto y lo arraetró al jardín.
Charlier se había detenido en la p:eza de Francisca,
donde se encontraba la panoplia. Tomó el revólver, hizo jugar la batería y entró al salón.
Marta estaba sola con Francisca.
Charlier lae miró un instante, vacilando. Pero eue
ojos se inclinaron sobre la mesa y vieron tres tazas de
té Y cerca de una medio llena, un par de guantee de
hombre.
Entonces bruEcamente levantó la mano, ee oyó una
detonacióu y Marta cayó lanzando un gran grito.
En tanto que Franciecaee precipitaba bacía ella, Charlier con los ojos desmesuradamente abiertos, aplicó el
revolver sob, e sus sienes, apretó el JJamador, salió el
tiro y cayó pesadamente.

( Cvntilrnará)

�EL MUNDO

DOMINGO 22 D[ AGOSTO DE 1897

Gorra Vlzca1na.

1Ie aquí un lindo toques de crin de en·
caje gris plata, coquetamente alzado del
lado izquierdo por medio de tres choUI
de punto blanco bordado de lentejuela.
Aigrette gris perla, de plumas flexibles.

•

Sombrero Lueette.
TOMO.JI

MEXICO 1 AGOSTO 39 DE I897.

NUMERO 9.

Este precioso sombrero es de paja negra, formando su ala UL zig- zag. Lleva .
un graJl chou de punto oegro, seguido de
una bonita pi uma negra en aigrette1 bajo
el ala en el lado izquierdo, luego otro
chou de punto negro, seguido de otra plu ·
maque rodea la formá y cae sobre el ca·
bello.
Sombrero Bianea.

Este sombrero es de paja de seda oro y
gris claro, ala levantada por detrás, y
cubierta con adormideras tris. Sobre el
frente un pájaro de fantasía, todo blanco, y con una cabeza de gallo y cuernecilloa de pluma negros. Eete pájaro suje·
ta el gran abullonado de crespón gris perla, acabezado, que circunda 1:;l sombrero,
formando cocas dobles.

Sombrero Rembrandt.
NOTAS DE LA MODA.
Sombrero Rembrandt.

Este gran sombrero drapeado á la Rembrandt, va todo
bordado de lenttjuelae negra@. A la derecha están recojidos los pliegues por un broche de azabache.
Al lado izquierdo, sobre el ala levantada, un prolongado chou de terciopelo alvaricoque rosado¡ y en el centro un enormeptendedordepunta•de diamante y perlas.
Detrae Ee levanta un penacho de tres hermosas plumas negras.

Sombrero Bianca.

Todos estos sombreros muy elegantss
encantan¡ pero parn negocios de uso frecuente, paseos de mañana, viajes, excursiones, bicicleta, y en general para labores E!tl usan mucho máe los de bolerc;
algunos tienen por todo adorno una liga de cinta; otros están drapeados de se •
da, gasa 6 de rouches y cocas de listón,
y algunos eombreros de charola con
la copa crespa de pliase y cuchillos
de pluma de pavo. Después de estos, loe sombreros de
:fieltro gris, de alas anchas semejantes al búfalo: la copa
está aplastada, toda redonda, cowo los sombreros llainadoe ,,Mascotan hace algunos años: siempre con una senci•
lla cinta gris en torno de la copa. Algunos tienen al lado
izquierdo dos plumas de alas. Pero el sombrero más moderno el uPanamá, n de forma tirolés, galoneado con
terciopelo negro y con liga de la misma cinta. Este ea ligero, cómodo y muy útil para el sol. U nicamente que la
paja blanca no está bien á todo cutis, y por eso prefieren
el fieltro gris que da mejor aire.

ea

/J

.

;~··

,-,. _ ..

,'\'

..

Gorra vizcaina.

la familia en el hogar¡ que cada cosa en su lugar, aseada
y en orden, eacanta la mirada, compla~e al corazón, Y
que con el espíritu y el corazón tranqmloe las. horas se
deslizan embalsamadas, haciendo siempre sentir con pe •
ear su tan rápida desaparición.
uLoa bonitos cuadros y deliciosos paisajes acortan las
largas distancias, loe interiores graciosos retienen á las
gentes.en Ja habitación. n
.
Hay un justo medio que es necesario saber conserv.s r.
Lo3 extremos son viciosos, n!\da ·valen; torturar la vida
es tan ridículo como nbandonarla. Así, hay algunas, que
por pequefl.ez de et=píritu 6 por mania de arreglo 6 de aseo
están siempre temerosas de que se manchen eue mue~lee
LlCTURA PARA LAS DAMAS.
limpios y brillsntee, que siempre está.o en observación
de que loe visitantes no ensucien el pavimento del salón,
RES ULTADOS DE LA CIENCI A DE LOS DETALLES,
tan cuidadornmente conservado¡ que se conmueven Y
se in1,uietan por la pérdida de un alfiler. EaW ea una
Esta ciencia contribuye al bienestar tonteria.
más de lo que se cree ordinariamente.
Nada atorme11.ta como esas pequefiaa
cosas hechas de otro modo que como qui·
Eiéremve, como esos pequeiios vacios que
recordándonos á cada inetante que algo
nos falta, impacientan tanto más, cuanto
que no se atreve uno á quejarse¡ poco á.
poóo el diegusto de la vida de familia,
nace en el corazón, crece excitado por la
imaginación, y se va uno á buscar en otra
parte, un bienestar que no se encuentra
en la caea.
·
¿Queréis fijar á alguno cerca de vos?
que encuentre á la mano todos loe menudos objetos de que puede tener neceeidad,
todos esos pequeños antojos que vos le
conocéis, y que él nunca os manifestará
por temor de parecer ridículo.
¿Queréis vos misma no perder vuestro
tiempo, .ni sentir tan frecuentemente accesos de mal humor? rodeaos de todas
aquellas cosas qne oe son necesarias, prestaos todos los pequefioe servicios posibles.
Ciertamente, no queremos tral:'formar
en servidora á una ama de casa y hacerJa insoportable á todo el mundo, acom~e•
jándolt todas esas minuciosidades¡ pero
sf quisiéramos que ni ella pensase, m na•
die en su derredor creyese que estaba
mejor en otra parte que en la casa.
Quisiéramos que eet.uvieee convencida
de que el aseo, el arreglo, el lujo que no
demande más cuidado, todo esto ea el Ja;.
Sombrero Lucette.
zo que estrecha, el amante que retiene á

$n !J}tapuliepec.
Dlbulo de Josó M. Vllla~ana •.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Corazón de sacerdote</name>
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        <name>Damas mexicanas</name>
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        <name>Doctor Carlos Glass</name>
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        <name>El asesinato de palma-sola</name>
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                    <text>EL MUNDO

DOMINGO 22 D[ AGOSTO DE 1897

Gorra Vlzca1na.

1Ie aquí un lindo toques de crin de en·
caje gris plata, coquetamente alzado del
lado izquierdo por medio de tres choUI
de punto blanco bordado de lentejuela.
Aigrette gris perla, de plumas flexibles.

•

Sombrero Lueette.
TOMO.JI

MEXICO 1 AGOSTO 39 DE I897.

NUMERO 9.

Este precioso sombrero es de paja negra, formando su ala UL zig- zag. Lleva .
un graJl chou de punto oegro, seguido de
una bonita pi uma negra en aigrette1 bajo
el ala en el lado izquierdo, luego otro
chou de punto negro, seguido de otra plu ·
maque rodea la formá y cae sobre el ca·
bello.
Sombrero Bianea.

Este sombrero es de paja de seda oro y
gris claro, ala levantada por detrás, y
cubierta con adormideras tris. Sobre el
frente un pájaro de fantasía, todo blanco, y con una cabeza de gallo y cuernecilloa de pluma negros. Eete pájaro suje·
ta el gran abullonado de crespón gris perla, acabezado, que circunda 1:;l sombrero,
formando cocas dobles.

Sombrero Rembrandt.
NOTAS DE LA MODA.
Sombrero Rembrandt.

Este gran sombrero drapeado á la Rembrandt, va todo
bordado de lenttjuelae negra@. A la derecha están recojidos los pliegues por un broche de azabache.
Al lado izquierdo, sobre el ala levantada, un prolongado chou de terciopelo alvaricoque rosado¡ y en el centro un enormeptendedordepunta•de diamante y perlas.
Detrae Ee levanta un penacho de tres hermosas plumas negras.

Sombrero Bianca.

Todos estos sombreros muy elegantss
encantan¡ pero parn negocios de uso frecuente, paseos de mañana, viajes, excursiones, bicicleta, y en general para labores E!tl usan mucho máe los de bolerc;
algunos tienen por todo adorno una liga de cinta; otros están drapeados de se •
da, gasa 6 de rouches y cocas de listón,
y algunos eombreros de charola con
la copa crespa de pliase y cuchillos
de pluma de pavo. Después de estos, loe sombreros de
:fieltro gris, de alas anchas semejantes al búfalo: la copa
está aplastada, toda redonda, cowo los sombreros llainadoe ,,Mascotan hace algunos años: siempre con una senci•
lla cinta gris en torno de la copa. Algunos tienen al lado
izquierdo dos plumas de alas. Pero el sombrero más moderno el uPanamá, n de forma tirolés, galoneado con
terciopelo negro y con liga de la misma cinta. Este ea ligero, cómodo y muy útil para el sol. U nicamente que la
paja blanca no está bien á todo cutis, y por eso prefieren
el fieltro gris que da mejor aire.

ea

/J

.

;~··

,-,. _ ..

,'\'

..

Gorra vizcaina.

la familia en el hogar¡ que cada cosa en su lugar, aseada
y en orden, eacanta la mirada, compla~e al corazón, Y
que con el espíritu y el corazón tranqmloe las. horas se
deslizan embalsamadas, haciendo siempre sentir con pe •
ear su tan rápida desaparición.
uLoa bonitos cuadros y deliciosos paisajes acortan las
largas distancias, loe interiores graciosos retienen á las
gentes.en Ja habitación. n
.
Hay un justo medio que es necesario saber conserv.s r.
Lo3 extremos son viciosos, n!\da ·valen; torturar la vida
es tan ridículo como nbandonarla. Así, hay algunas, que
por pequefl.ez de et=píritu 6 por mania de arreglo 6 de aseo
están siempre temerosas de que se manchen eue mue~lee
LlCTURA PARA LAS DAMAS.
limpios y brillsntee, que siempre está.o en observación
de que loe visitantes no ensucien el pavimento del salón,
RES ULTADOS DE LA CIENCI A DE LOS DETALLES,
tan cuidadornmente conservado¡ que se conmueven Y
se in1,uietan por la pérdida de un alfiler. EaW ea una
Esta ciencia contribuye al bienestar tonteria.
más de lo que se cree ordinariamente.
Nada atorme11.ta como esas pequefiaa
cosas hechas de otro modo que como qui·
Eiéremve, como esos pequeiios vacios que
recordándonos á cada inetante que algo
nos falta, impacientan tanto más, cuanto
que no se atreve uno á quejarse¡ poco á.
poóo el diegusto de la vida de familia,
nace en el corazón, crece excitado por la
imaginación, y se va uno á buscar en otra
parte, un bienestar que no se encuentra
en la caea.
·
¿Queréis fijar á alguno cerca de vos?
que encuentre á la mano todos loe menudos objetos de que puede tener neceeidad,
todos esos pequeños antojos que vos le
conocéis, y que él nunca os manifestará
por temor de parecer ridículo.
¿Queréis vos misma no perder vuestro
tiempo, .ni sentir tan frecuentemente accesos de mal humor? rodeaos de todas
aquellas cosas qne oe son necesarias, prestaos todos los pequefioe servicios posibles.
Ciertamente, no queremos tral:'formar
en servidora á una ama de casa y hacerJa insoportable á todo el mundo, acom~e•
jándolt todas esas minuciosidades¡ pero
sf quisiéramos que ni ella pensase, m na•
die en su derredor creyese que estaba
mejor en otra parte que en la casa.
Quisiéramos que eet.uvieee convencida
de que el aseo, el arreglo, el lujo que no
demande más cuidado, todo esto ea el Ja;.
Sombrero Lucette.
zo que estrecha, el amante que retiene á

$n !J}tapuliepec.
Dlbulo de Josó M. Vllla~ana •.

�DOMINGO 29 de AGOSTO de 119_7,

EL MUNDO

••EL M'UNJJO,,
Semanario Ilustrado.

l'e16fono 434,-Calle de Tiburcio nüm. ao.-Apartado 87 b.
MÉXICO

Toda la correspondencia que ee relacione con la Re4acci6n, debe aer dirigida al

Director, Lle. Raf"ael Reyes Spindola.

,Dlítka ®ttttral.
RlSUMEN -El Presidente hure en Rusla.-Pomposa recepc1ón,-EI elemento oficial y el sentimlen•
to público.- El Czar en París y M. Faurcen Peterhof.
-Paradojas.-Poslbllldad ae la alianza francorusa.-Como se dlacutc.-La lnaurrecclón ae los
afridaa.-EI Imperio de las Indias y el Afa;aniatán.
-Laadisputaa en Aala.-Probables complicaclonea.-La perfidia mahometana.-Muertc del Presidente de Uru1uay.-EI anarquismo en América.
-Conclusión.

Secretario de Redacción,
Amado Nervo.

Toda la qorrespondencia que ee relacione con la edición
&lt;debe ser dirigida al

Gerente, Lic. Fausto Moguet.
La aubacripción á EL MUNDO vale $1.25 centavos al

mes, y se cobra por trimestres adelantados.
Números sueltos, 60 cent&amp;vos.
To do paco debe ser precisamente adelantado,
REGIBTBA.DO COMO ARTÍCULO DX BBOUNDA CLASB.

tn,gta5 tbitt1rialt5.
Q;l tl!illltill bel bía.
¡Imposible hablar de otra cosa que de la inesperada al•
za del cambio eobre el ext.raujero! La crisis que peea sobre el valor de !tl plata ha alcanzado un periodo de ex•
traordinaria agudeza, y es creencia general que esta vio•
lencia de la t:iituación deierminará necesariamente un
equilibrio. En los bechos económicos como en los socialee, el remedio de una enfermedad se encuentra en loe
caracteres de la misma dolencia.
La depreciación de la plata no ea, sin embargo, un fenómeno económico que nos sorprenda por vez primera:
hace más de diez años que venimos apreciando sus efectos, ydeede entonce&amp;, el paia aeha provisrodesuficienteserenidad para afrontar con juicio y recto criterio el que
antafio nos parecia un golpe de muerte asestado á la riqueza micional. Loe hechos deearrolladoeen este espacio
de tiempo nos ban dado á entender, que en el problema
monetario México ha encontrado elementos para afianzar
su prosperidad y dotar el trabajo del país de nuevos úti•
lee, interesantes para el progreso económico.
Demasiado se ha ineietido acerca del aliciente ofrecido
li las industrias por la baja del metal blanco, para apoderaree de un tema que no está á discusión¡ pero eí convie•
ne hacer observar cómo se ajustan loa hechos á la enunciación de la teoría. En loa momentos en que el boletín
de la Bolea nos presenta un tipo de cambio de 145 por
ciento, la prensa diaria sen.ala reuniones de hombrea de
negocios y capitalistas, agrupad( a con objeto de acame•
tier empresas i1.i,duatrialea y explot:icionee agrícolas, im·
pulsadas por la crisis. Loa paieea de talón oro eeilin, de
tal sb.erte, ejerciendo una especie de proteccionismo en fa.
vor de loe 9,ue tienen la plata como base monetiaria.
Nuestra unica preocupación gira puramenMl en el or•
den :fiaoal, y aun dentro deeate círculo, el eneanche de la
riqueza pública ea la mejo_r garantía de la resolución del
problema.

QH anarqni!intll 1J la baia be la plata.
Mientras del otro lado del Océano la fiebre de la deat;rucción hace sus víctimas y amenaza el orden y el bien•
estar sociales con las explosiones de su ierrib!e programa, nueetra República, de formación reciente, coniem·
pla sin a¡,rensionee ni temores estos lúgubres dramas.
Ni una vaga sospecha se ha despertado sobre la poai•
bilidad del anarquismo en México; y ea que las condiciones para que brote esta planta de floree sangrientas
reclaman un terreno regado por el 1lanto de la miseria y
abonado por el humus del hambre. Para llegar á eat;e
grado de desesperación sombría :culintaa víctimas aplastadas! ¡qué enorme masa humana triturada!
A. :a cu11q11i81.n del pan corren esos desesperados, retratados de mano maestra por el ruso Kropotkin, y el pcm
B'3 evade de sus manos, cuando loe cardenales del látigo
descargado sobre muchas generaciones aun no desaparecen. Entonces el hombre ·acorralado se vYelve fiera,
que ea necesario cazar como al oso y perseguir como al
lobo.
En el fondo de eat.aa tragedias clava eu garra el pro•
blema económico.: días sin alimentación, lúgubres no•
ches glaciales1 cuerpos inanimados ......... la lucha por la
vida, cada vez más ruda, cada día más einieaira.
Y en tanto, loe que de lejos presenciamos loa acontecí•
mientoa yernos inaugurarse para nuestra patria una épo•
ca de gran impulso industrial, vislumbramos u.na activa
demanda de brazoa1 la elevación de loe salarios, el ensanche del bienestar ent.re todas las clases.
Se tiene razón al aeeniar que el anarquismo no vendrá
á hacer su aparición eombrla en el territorio mexicano.
A.caso se encuenire en lo justo un pensador ilustre,
cuandopresenia á los pueblos americanos como los sal·
vadores de la civilización.

Con toda la pompa de la fastuosa corte moscovita, y
en medio del 1't-gomjo de todo bl pueblo ruso, ha sido re·
cibido el Pre1üd1;mte de la R~pública Francesa en el cas·
t.illo de Peterhof.
Así como llamaba la atenci6n en el pasado Octubre, ver
al pueblo francés eniueiasmado hasta el.delirio, para aga·
sajar dignamente á. loa .l:!:mperadores de Rusia que se
dignarou visitar Ja ciudad de la Comuna; aei como era de
e:urañaree ver esos hom~najes en loe.buenos parisien&amp;ee.
01gu1loeos con su tradición ,epublicana, encantados de
eu historia democrát.ica, que comienza en la sangrienta
soma de la Baaiilla, St, cónünúa en las barricadas de 1830,
toigue en las poéLicaa peroraciones de Lamartine que acau•
dllla la revolución dt, 1848, y de eslabón eneelaoón llega
haaia loe faudicoa rnccudios que envuelven en llamad
destructoras, lo mismo el Monte A ventino-el,Hotel-dti·Ville-q ue el Capitolio-las Tulleríaa;-aaítambién causa
extrañ~za ver á. loa rusos actictoa db iodo corazón á la
monarqu1a, devo1,os abnegados de su st-ñor li quien ape·
lhdan padre, servidores leales del trono y adwiradores
de su glorioea dinastía, rendir loa tribusoa de su respeto
y ofrecer homenajes de alia consideración el repreeen tante de uoa democracia, al que tremola en sus manos la
ensena tricolor de Francia, que significa la revolución. al
humilde cmdadano elevado á la primera magist.rat.ura no
por derecho divino ni por pragmti.,icas reales ó abolengos
lt!gendarioa, sino por el voso dt:l 1aa mayorías abrumado·
ras, emit,ido por la representación naciooal.

•*•
Sea como fuere: las fiestas celebradas en San Petersburgo y en PeterB.of para honrar á. M. Faure, son la prencta
segura de una unión real, de una alianza efdc~i va entre
las dos poderosas naoi•Jnes -que tratan de equilibrar y
formar contrapeso de aha significación á la iotiueocia que
ejerce en loa destines de Europa la Triple Alianza.
Podrá discuiirse la ex1ar.encia de uaiado:J formales que
aarcioneu la alianza franco-rusa; acaso en el seno de 10a
gabineies y en l&lt;Js misterios obscuros de la diplomacia no
haya más que cordial eimpaifa, que buena voluntad, que
inteligencia franca, preparando t-1 camino á una. futura
convención¡ Sal vez tengan razón loa que ponen en duda
esos tratadoe, y quienes loe critican desde antes de cJnocerloa, alegando que la omnipotente Rusia tr.i.ta de ex•
plohr el temperamento lasino, fácil de ensrar en eíerves•
cencia y el ingente patriotismo de loe franceses, guiada
por miras egoisticas.
Pero al ver las corrientes de fraternidad que pasan de
uno á otro pueblo, al ver el creciente amor y la mutua
admiración 4110 ee manifiestan entre loa dos países, entre
el imperio ausocrático y la república popular; al ver có~
mo aumentan loe intereses que atan con lazos estrechos
á. las dos naciones, y al palpar que las manifesiaciones de
simpatía y de adheaion no se hmitan á las esferas oficiales, sino que arraigan profundamente en las diversas capas de la sociedad, lo mismo en Rusia que en Francia,
igual entre los pueblos eeclavonea, fríos y calculadores
como todas las razas del Norte, que entre los de origen
latino, entnaiaetaa é impresionables sobre t.oda ponderación, no podemos menos de cr~er en la exietenc~a efecti·
va de la diacu,ida alianza.
No importa que con demostraciones semejantes á las
que ha recibido M. Faure se haya festejado hace muy
poco al arrebatado Emperador de Alemania. En lo que
se relaciona con el elemento oficial, con la alta correccion,
con la rígida etiqueta que debe haber en la corte impe•
rial de Peiersburgo, puede afirmarse que iguales demost;racionea ee han hecho al monarca teutón que al preai•
dente francés.
Pero lo que forma parte del sent.imíento público y se
adivina en las informaciones que hasta hoy se han comunicado, nadie negará que hi partida se ha decidido
en favor de Francia.
La entente que comeuz6 por la espléndida recepción de
la escuadra francesa en aguas de CronatadL ha tenido un
digno coronamiento en loa pomposos festivales de Pe•
ierhof.

*
**

Una nube negra prenada de tormenta se levanta ame·
nazadora para el gran Imperio Británico en el cielo azul
de sus vastas posesiones indianas.
Sea que algunas tribus feroces ó remontadas en la fron•
tera afgana hayan sentido el ac!cate del hambre y la miseria que han asolado la península indostánica, sea qhe
á su interior hayan llegado loa ecos del fanatismo rebelde cont.ra la higiene inglesa, en medio de loe horrores de
la peste, ello es que la ineurrecoión, que había estallado en puntos aislados y fácilmente accesiblea1 acaba de
comunicarse á loa belicosos afrldaa, que en formidables
masas se levantan contra el gobierno inglés del que apenas eran simples tributarioe.
Si .la presente .rebelib.n ha sido provocada por las condiciones especiales en que ee encuentra la India Británica, con alguna d:ficultad, luchando contra las asperezas
de las montaf'ias, contra las agrias pendien~es de ioe valles escondidos, en que habitan loe rebelde..i, será poei•
ble en plazo más ó menos remoto dominar la insurrecclón.
Pero puede haber algo más que el consejo torpe del

fanatismo ó la ineinurción aviesa de la miseria en la pre•
Bdnle,inaurrección. Acaso el Emir de Afganistán. pérfi.t
do como todos loa mahomesanoe y frío Cblculador como.
t,odoa loe sectarios del Corán, sea el instigador de last,ribua rebeldes, el agitador de las masas que las empuja
y lanza contra la Gran Bretafia, por más que ee le oiga
jurar como buen musulmán, protestando de eu inocencia
Dos son las grandefl naciones que se dividen el tenit.o"
ria y sordamente se disputan la preponderancia y el dominio en el continente asiático: Rusia é Ioglaterra.
Apartadas por altas cordilleras, divididas por csmdalosoB-,.
ríos, las vaetae posesiones de loa dos imperios, están unidas por una serie de pueblos informes y mal de:6.nidoe, _
por una cadena de movedizas agrupaciones sociales, fáciles de someter por la aaiucia y dificilee de dominar por
la futrza. Centro de esas agrupaciones ea el Afganistán:
su omnipotente Emires alternativamente lisonjeado por.·
loa gobiernos de Londres y San Peieebur,o.
¿Quién pudiera afirmar que la actual 1n1mrrección de .
loa afridaa no es provocada por una perfidia de Abderrhaman para adulará Nicolae II en contra de loa ingleses? Si así fuera, aparte de las dificultades que consigo
mismo trae aparejado el actual levantamiento de esas~
tribus guerrerae, habría que pensar en serias complicaciones para un porvenir no remoto, entre las dos grandes
potencias que se disputan el imperio del Asia.
Entonces el gobierno ingles tendría delante de si, no
solo las bordas indisciplinadas y f,..rocee, indomables y
valientes de la frontera afgano-indica, sino también loa~
innúmeros ejércitos del Czar Nicolás II.
¿No sería ésta la primera aplicación práctica de loa
grandes ferrocarriles estratéjicoa que tan costosos han
sido al Imperio ruso·?

*
**

Aun no pasaba la dolorosa impreeión que produjo en
el mundo civilizado el crimen de Smt.a Agueda, t.odavía
no ae extinguían en el espacio las protestas enérgicas
que brotaron de todos loe labios por la trágica deaapari·
cion del señor Cánovae del CaEtillo, cuando eJ telégrafo
nos comunica la muer~ violenta y en circunstancias
idénticas, de Don Juan Idiarte BJrda, Presidente de la.
República del Uruguay.
Si nos explicamC'a y encontramos ó pre~n.demos hallar la tenebrosa filiación del 11,narq uiemo en las naciones
'Europeae, nos parece muy extrat'io1 contradictorio, anti-.
t;é1,ico, y hasta sobrenatural que fonómenoa semejaniee
se produzcan en el seno de la libre América.
No podemcs creer en la realidad de esos hechos eom•
bríos, loa rechazamos como absurdos y contrarios li la
naturaleza de las cosas, y sin ninguna relación con el
medio en que 1:ie producen.
Que loa pueblos, abrumados por el complicado anda•
miage de un aparato gubernamental, extraordinario,
lancen quejas doloroeae; que loe países, agoviados por
el inIQ.enao peso de la paz armada, se lamenten con tris•
teza¡ que las agrupaciones industriales y agrícolas, explotadas por loa grandes sindicatos y loe omnipotentes
capitales. giman en su miseria; que en las sombras de su,
i~norancia y en las tinieblas de ~u dol!)r hagan explosión, á veces, en tremendas mamíeitac1onea de salvajismo extraordinario: no loe disculpamos, eterna maldición
sobre ellos; pero al fin sus angustias tienen una causa.
Pero entre nosotros ¿qué puede da1 pábulo al anarquismo? ¿dónde está el suelo empobrecido, la civilización
caduca propicia al desarrollo de esa planta envenenada?
¿dónde loa antros infectos que den abrigo á loe RJVa•
cho!? ........ .

Fruto de la importación de contrabando, el anarquismo
-lo decimos con todo nuestro orgullo de americanosno podrá desarrollarse en nuestra tierra virgen: en nuestras sociedades de ayer pero encaminadas con entusiasmo juvenil bacía un hermoso porvenir.
Que esta satisfacción no nos aparte sin embargo, de
sentir hondo pesar, por lo tragica muerte del PreeitlenteBorda.
X. X. X,
Agosto 26 de 1897.

LA BELLEZA FEMENINA Y LA MODA ..
Cuando se estudia la moda, eepeCialmente en el transcurso del último siglo, para tratar de descubrir la ley·
que la rige, los principios que la norman 1 loe impulsos.
á cuya virtud evoluciona y se traneforma1 no tarda en,
descubrirse que su tendencia predominante, su aspiración suprema y su norte invar(able son la variedad y la.
profusión.
La_ caprich~ea rein~ que tiene sometida á perpetuo vaeallaJe á la mitad meJor y más bella de la huma!lidad y·
á una parte no despreciable de Ja oira mitad, no parece
preocuQarae ya, poco ni mucho, de embellecer á la mujer
de realzar sus naturalfla encantos, de hacerla m,a magea:·
tuoaa ó más graciosa, más seductora y más digoa de ser
contemplada¡ menos aún se preocupa de protegerla contra la i_nt.emperie, de vestirla y ata viaria co~ desahogo y
comodidad, de proteger su cuerpo contra la rnclemencia
de precaver eua formas contra la deformación ó de BSt,:
gurar el funcionamiento expedito de eue miembros y de.
sus órganos; no: sedienta de novedad y de variedad deja á un lado la estética por elcanzar la extravagancia y
menosprecia la higiene pg,ra llegar á la variedad.
Una vez vestida, la primera preocupación de una mujer ea desnudarse. No_ bien !egresa de la calle, del paseo,.
del eepectáculo 1 su pnmer impulso ea desceñirse el coreé que la.ae.fh:ía, desabrochar el c~ello que la extran¡ula, desp?J~r el calzado que la mortifica, y suelta, deaceñi•
da, el pté Jugueteando dentro de la pantufla, reclinarse
en el canapé, columpiarse en la mecedora, descansar un
poco de tanta ruoleat.ia y de tania tortura y dejar tirado
el fardo de elegancia que llevaba á cuestas.
Con su c~mi~ta, su camisón, su corsé, !U cubre-coreé.
su enagua mterior, su sobre enagua 1 su falda, su corpi•

DD ■ IIGO 20 do AGOSTO do 1897

no, su manteleta, su sombrero, sus guantes, su sombrilla, su bolea de mano, su tarJetero, su bombonera¡ con
aue sortijas, pendientes, prendedoree,collaree, reloj¡ y eu
frasco de salea, una muJer vestida pesa veint~ ó trem~
quilos más que desnuda, ein contar el ouat.e, loa poeii•
zoe, ooinetaa, horquillas y demás perendengues indiapenaablee. Cuando una mujer dice voy á vestirme ee sabe bien cuando empieza, pero no cuando acabará y para
desnudarse necesita siempre alguieu que la ayude.
La misma profusión se obrnrva en el ornato y decorado de cada prenda de uso¡ en:e1 sombrero se dan cita todas
las floree de loa campos y todas las plumas de las aves;
en las faldas y corpiflos espuman todos los encajes, ondean todos loe volantes, flamean todoe loa liatones; en las
orejas y en la cabellera chispean constelaciones, en loa
brazos ee enroscan víboras de oro con ojos de esmeralda, en el seno descanean lagartija.a y escarabajos de ea•
ma lte, al cuello ee ciñen apretados y múltiples loa hilos
de perlas, loe dedos se adelgazan· bajo la presión de las
1ortijas y las ligas se cierran con medias lunas de brillantes.
La Moda parece que aspira á acumular en cada mujer
todas las bellezas naturales, toda la flora de loa prados,
toda la fauna de loa boeques, todos loa celajes del ere•
púeculo, todos loa iris y todas las nubes y todos loa
astros.
.
En punto á variedad no le deja jamás punto de reposo. Hace todavía cincuenta afl.oa una señora decía: mi
vestido de moaré, mi mantilla eapafiola, mi gorro de paja y lo decía diez afias seguidos, como boy decimos: mi
ca ea, mi rancho ó mi familia. Aquellas prendas eran ~ei Biempre las mismas¡ el vestido negro de moaré que fi.
guraba en la canastilla de donas, acompaflaba á la da •
ma li todas las funciones de iglesia, á todas las procesiones del Corpus, á todos loe péeames del Viérnee Santo y
la seguía :fielmente hast.a la tumba. Había faldas solariegas y mantillas tradicionales y hereditarias como loe
pergaminos nobiliarios. Como ni el corte ni la confección variaban y como la industria inveniaba pocas varíedade« de telas, un traje podía llevarse anos enteros
con propiedad y elt'gancia.
Hoy t.odo ha cambiado: en las telas giran todos los coloree como en el disco de Newton¡ la tistructura, la tez y
la consistencia de los tejidos cambian veinte veces por
afio : el catálogo de las telas ea más voluminoso que el de
una biblioteca pública; el corte y la confección aníren
metamórfoaia sin cuent.o, que parecen más bien, por lo
rápidas, lo bruscas, lo inesperadas y lo incoherentes,
convuli,iones epilépticas¡ las faldas ee alargan ó ee acor•
tan de un mee para el mea siguiente; loe talles se ahuecan
ó ee eakecban de una semana á. la oira; la manga ajustada
de antier fué ayer un globo de Cantoya y boyuna cabeza
de elefante. Loa sombreros pasan casi sin transición de la
caiegoría de solideo á la de tienda de campaila¡ unas
veces el calzado sube hasta media pierna como bota de
h úsar y osraa desciende, en equilibrio inestable, hasta abajo del tobillo; ei eu primavera privan loa coloree
vivoe1 en estío imperan loa pálidos, en oioflo loe gri·
saceoa y en invierno los obscuros.
Nada permanece fijo, estable, permanente; ee gasta u,na
eenora cienó doscientos pesos en un abrigo, lo usa dos ó
tres veces durante el invierno; al afio vellldero la moda
ha cambiado: tela, corte, adorno, todo ha pai.ado dt: 1110•
da y hay que abandon&amp;r intacta la prenaa ·y adquirir
otra.
Todo esto, estando muy mal, estaría muy bien, si en
medio de eea variación incesante y de eaa profusión inaudita, la moda l!e preocupara un poco siquiera de la comodidad, da la higiene de la mujer ó por lo menos se ina·
pirara en loe principios de una estética racional¡ pero Jejas de eso, lll capricboi:a deidad parece haberse encnado
con la higiene y con la estética Y habetlee lanzado un
reto altanero y brutal.
A la higiene, desde luego, porque ¿de dónde ha eaca•
do la moaa que el pie acaba en punta? y que el talón La
de reposar más al\O que los dedos? Consultemos con la
anatomía y la estatuaria y ellliB noE dirán que el pie es
más estrecho del lado del talón y que éste descansa á nt·
vel con la planta. No ha nece,ütiado más la moda para
p rescribir el tacón aho y la punta del calzado estrecha.
Se concibe que el calzado Minga hebillas 6 moños, que
ae confeccione con pieles más ó menos ricas, pero siempre flexibles y permeables; pero la moda no debió meserse á enmendar la plana á la naturaleza, enmienda que
tortura, deforma y enferma á quienes la aceptan. Hay
a lgo meJor que un pie pequeilo, y es un andar airoso, y
este andar airoso es imposible con el calzado ce.flido, de
tacón alto y acabado en punta.
Cuando de la forma del buaio se trata, la moda se vuel•
ve á la vez ioquiaiiorial y sofística; inquiait.orial, porque
comprime1 atormenta y atrofia contornos y órganos que
debiera prottger, d.ieefiar y conservar sanos y vig,)roeoa¡ y sofistica, porque para dará la mujer la apariencia
de una cadera amplia y robusta, condición necesaria de
belleza femenina, comprime y reduce á su más simple
t-xpreaión la cintura. La cintura de avispa, el talle de
junco no son bellos ni embellecen á la mujer, díganlo
ei no las Venus de Milo, de Médicie y todas las creacio•
nea escultóricas que encarnan y perpetúan el concepto
real de la hermoeura femenina.
l::H pasamos del boato á la cabeza, vemos á la moda per~
der todo norte y toda brújula. El peinado y el sombrero
ilenen como razón de ser el embellecer, protegiendo y
preservando ios órganos importantes contenidos en la ca
ja craneana y en parte también la cara. Ahora bien: ni el
peinad~, en general, es adecuado para embellecer, ni el
eombrero para aoiobrear ni abrigar. La trenza de Margarita y de Ofelía permiten s.dmirar la profusión y la
fineza def pelo; indicio, la primera de vigor y salud y la
segunda, de las cualidades superiores de una raza fina
Y bien cuidaúa; las monumentales construcciones que
la modl\ ha impuesto, fingen esa abundancia pero hacen
desconfiar de ella y d'a n faleo concept.o de la fineza; sabeo tlar á la mujer aspecto de hidrocéfala, hacen perder
ioda proporción y .ada relación entre el iamaflo de la

B:L MUNDO

cara y el de la cabeza y suelen acentuar las imperfecciones del óvalo del aemblant.e. Así, en vez de adecuar
el peinado á la fisonomía, obliga á usar tupé á las mujeres que tienen la frente chica, á alisar y levantar el copete á las que la tienen grande, pone castafia y molote
á las cabezonas •Y ~je interminables trenzas a las que
Sienen la cara larga.
Con el sombrero pasa lo mismo¡ it veces se dan cita y
entran en íntima relación una nariz r-,mangada y una
falda descendente de sombrero; otras veces ee ven chaparritaa coronadas de canastas de panaderos, ó paloe de
teléfono superados y decorados con cajas de pildorae ú
ollas tamaleras cubiertas con comalee.
·
La Moda lo ha sacrificado todo li la variedad y á la
profusión y ha paeado un rasero nivelador por todos loa
tipos de la belleza y todas las variedades del encanto¡
impone el talle largo á la mujer obeea ó el corto á. la al•
ta y arrogante¡ menosprecia tomar en cuenta las peculiaridades de cada persona para vestir á todas en forma y
~odo que sólo conviene á algunas, y olvida que las coudicíones de eeta,ura 1 robustez, proporción de las faccioº!lª, de los miembros, del cuerpo en general, deben ser•
v1r de base al culor, al corte, á Ja confecoión del sraje y
á la naturaleza del adorno. La crinolina convirtió en
ollas de pifiata á todas las mujeres de eeiatura media y
baja, y el traje de medio paaoen sombrillas á medio abrir
átodaslas mujeres altas y esbeltas, y ahora ee dibujan ojeras debajo de ojos saltones y se pinta de bermellón las
mejillas huecas de las caecadas de pecho.
~i la Mo~a quiei.era ser un poco racional y la mujer.
cmdara meJor sus rntereses en esta materia debería comenzar por preguntarse en qué consiste la belleza femenina1 por definir bien las ley~a de forma proporción y
armonía que hacen bella á una mujer y tra'~aria de sorne
t~r~e 4. ella. Si ae( procediera, la Moda sabría que su misión es velar la forma dejándola adivinar y queau fío supremo ea enmendará la Naturaleza, retocarla, disimularla, y aienuar sus errores y sus imperfecciones y 'lo
deefigurar y deformar el cuerpo humano.
Partiendo de .esta idea fundamental, comprender!a que
así como no se un ponen muletas á un manco. ni lentes á
un cojo, debe dejará cada mujer latituJ suficiente para
crear Is. moda personal, la que más conviene á sui:, candi,
~iones propias, la que más Ja embellece ó ador1..1a; dejaJaría envueltos en ancbaa corbatas 6 circuidos de hiIQB
de perlas loe cuellos de cisne y redimiría de loa cuellos
ingleses á las gargantas cortas y robustas· abullonaría el
talle de la mujt,r delg.t.da y aJustaria eÍ de la robusta·
abuecar!a la falda de. la mujer gracil y ent;allaría la d~
la mórbida; proporc1ona1fa el tamaiio del sombrero al
volumen de la cabeza y tirazarfa eue lineamientos en armon1a con el tamaño, dirección y forma de las faccio•
nes¡ crearía peinados altos y pequef'íoa, para las mujeres
gordas y bajas y dejaría ondular loa rizos y pender las
,renzaa da las arrcgantea y esbeltas¡ toleraría la cauda
solo á. la mujer magt:etuoaa y la falda corta á la graciosa
y bisbirinda¡ subrayaría con sombras la doliente ó t.étri•
ca expresión de lo_a ojos hundidos y acentuaría con carmín la salud y la vida que emana de las mejillas robustas
Las mujertis serían at-i, ó parecerían al menos1 más be:
l!aa y su belleza se oaten.tar1a mas armónica y mas auges•
t1va y no como hoy d?eparatada á v~cea, contradictoria otras y afeada las m6.s.
H~b~l'.a, bi~n ent.endi~o, leyes ó principios generales,
coud1c1onea 1ndumensar1aa de observancia forzoea corree•
pondieotea á leyes ge!leralea de la belreza femenina· to•
dos los ojos procurarían ser grandes, todas las bocas· pe•
queñae, rojas y frescas, todas las mano3 finas, iodos los
pechos levantados, todae la~ c~deraa voladas y todos los
bustos torneados; pero habr1a igualmente prescripciones
de observancia facultativa, mod.1ficacionea personales de
ciertos principios, notas propias y adaptaciones, de las re•
glas á. laa condiciones iodi viduales de ciertas personas convergieotee al fin supremo de la moda: aquil.1~ar la b~lleza
femenina.
l!:a aeneata le. idea ? ea sana y conducente? daría como
resultado el mul,iplicar el núwero de las hermosas y hacer más estimable cada tipo y cada género de belleza? Iucueationablemente si. Se llegará á hacer la reforma? Por
qué no? 3i en apariencia la Moda hace á la muJer en realtdad, la mujer hace la Moda, y bassará un poc~ de eeneatez para que cada bellt-za se estudie y, ee analice y se
componga ~1 surtido de figurines que mas convengan á
la naturaleza de sus encantos.
:Mas convien~ á la mGg~r ser bella que ser gomow. y
mRs cuenta le tiene esclavizarse á sus propios encantos
que á loa figurines de la Moda Elegante.
Agosto de 97.
DR. M. FLORES.
LA MUTUA

Otro pago de $2,000 oro • merlcano que con el
cambio sobre Nueva York, aon $4,790

Recibí de •The Mutual Life Ineurance Company of
New-.Yorh la suma de {$2,000.00) dos míl pesos oro
americano, en pag total de cuantos derechos se derivan
de la póliza número 565,~l, bajo Ja cual estuvo aseguf!'odO el S_r. D. Ernesto Z1egler, y para la debida constancia en m1 caracter de apoderado del albacea teatamenta•
rio, extiendo el present.e recibo en la misma póliza que
se devuelve á la Compafiía para su cancelación, en México, á 18 de Agosto de 1897.
Firmado,-J. GRt.ESHABER.
Certifico y hago constar que la firma puesta al calce
del documento anterior, ea de puilo y letra del Sr Jor•
ge Grieahaber, quien recibió ante m( la suma de $2 ooo
dos mil pesos oro americano, á.que se refiere el ex(¡)leaad~ documento. Doy fé. - M;éx1co, Agoaio dieciocno de
mll ochocienios novenia y siete.
Firmado, -D18Go BAz.
Un sello que dice Diego Baz.
Notario Público

NUESTROS GRABADOS
GIACOMO PUCCINI

"La Bohcme••

Creemos de gran oportunidad hoy que La Boheme obtiene éxiioe tan ruidosos en el Teatro Nacional, dar co•
mo nota complementaria al retraro que en otro lugar pu ..
blicamoa, algunos datos relativos al joven Maestro Pu•
ccini y á sae principales apartitoa; terminando con el
que inspira las crónicas de estos días.
Jaime Puccini, célebre compositor modnno italiano
nació en la antigua ciudad de Lucca, (Italia), el aflo d~
1864; es hijo del célebre compositor Puccini, autor de
varias composiciones aagradaa. En el · •1Inatituto Puccini," {* ) existe un busto de dicho compositor. Jaime
Puccini principió sus estudios en el Instituto Mueical
11Puccini.». Terminados, compuso una misa que fué
caniada en la Iglesia de San Paulino, de Lucca· después
siguieron las óperas «Le Ville)J y ccEngardo1&gt; p~ro la que
más fama le diera, fuá en ManonLe¡¡caut. estrenada en el
gran Teatro Regio de Turl'.n, el 1? de Febrero de 1803
y no en Milán, como se ha dicho. Poco después se repre:
sentó en Milán con gran éxito1 en el mismo mes y año.
La ópera mencionada ya ha sido representada en Ioglaterra, Eetados Unidos, etc. A.l principio de su carrera
musical, Puccini fué á ocupar el puedo de maellt.ro de
capilla de San Giorlamo y de otras iglesias de Lucca
hasta que fué contratado por la Casa uR1cordin para arre:
glar partituras de ópera á reducción de piano. En segui~
da compuso las óperas ya citadae, de las cuales es supremo broche La .ioherne.
La Boheme fué estrenada con bastanie Pxito en Tarín el l? de Febrero de 1896, y en Roma el 26 del mismo
mea; en el Rfgio de Turín fueron llamados qtiince veces
á la escena tanto P_uccini como los ~rtietas que deeempe •
ñaban la obra¡ á dicha representación concurrió Jo más
selecto de la arhiiocracia italiana, encontrándoFe ia du •
queaa Letizia, Isabel Verdi, Maecagni, Verga Costa Ca•
rrugati, Tedeacbi, Marcheiii, D 1 CuneviJle, Ci~chi 1• 1~ que
más llamó la atención en el estreno Jué el cuart Pto del
tercer acto, e.l quint.eto y el dúo final; los números que
fueron repetidos fueron la romanza de HChi ion &gt; acto
primero; el dúo de Rodolro y Mimí en el tercer acio. La
ejecución nada dejó que desear. El maestro Puccini fué
presentado á la duqueea Letizia durante el intermedio
del segundo al tercer act-o.
La mayoría de los críticos italianos creen que es inferior á Mauon, pero más hermosa lea parece La Boheme·
An Italia hay la creencia de que Puccini ea el suct-sor
Verdi.
Antes de terminar estos lijeros datos biográficos ma•
nifeetaré lo qne se cuenia q ,.1e dijo el inmor,al Verd.i al
autor de la Manon Lescaiit.
-"Os felicito por vueeira notable fipern y oa aseguro
que tenéis al frente un gran porvenir." Puccini ha lla•
madl.l la atención en Lucca por ene amores con la más
hermosa italiana que reside en aqt1el lugar1 llamada
El vira.
·
Para concluir esta anecinta biografía, diré que tenfa
un hermanú llamado CarloP1 muerto hace pocos afioe de
fiebre amarilla en el Brasil, también notable filarmónico.

d;

Ltrrs

ECHEG.ABAY ARAGON.

[•l Ko hay que oonrundirlo &lt;'Oll Juan Puccinf, comprndtor Italin.no
nncfdoen Cata11ia en li96 r mucrt:.oen 181',/,;; es decir, cuando PuNilni
:D:tucl\6 en Roma y luego en .Bolonia. CQmpm:;o sin éxito la
músk a religlo.c;a v de.-&lt;pu(ls operas escritas con gran facilidad que
agradaron al plH)IIC'o Ita.llano v le die ron Yerdadera popularidad
Ant.es de la edad de treinta anos habla hed10 representar má.~ de
treinta óperas entre las cunle~se eitan "Alejandro en la India"
·'Nlobc." ..El eru1..adn," "Los .\rabes en la Galin," ';Juana.de Ca.In is"
"Juana de Ar&lt;:o," •·La. novia Corsa." " Mah,Jna de E.-;eocia " " La
Reina de Ch ipre," "La Estrella de Xl\poles" y "Salio," tan Conocida en México.

nncta.

Con el próximo número de nuestro ::Semanario repartiremos á nuesrros abonados el
folletín correspondiente al mes de Septiembre: una novela tan amena y atractiva como
las anteriores.
Preparamos con toda diligencia un exp_lé.~dido_ ní~m_e1:o extraorc~inario cuya apar1c10n commchra con las fiestas de Septiembre
EL CASTILLO DE PETERHOF,
RESIDENCIA DE VERANO DEL CZAR al TODAS LAS RUSIAS

Con motivo de la actu'\I ¡,erm.anencia del Presidente
de la República :F'rancesa, M. Félix Faure, en el cas tillo
de Peterhof, creemos oponuno dar á conocer algunos
detalles de esta real residencia, á la cual están dirijida~
hoy día las miradas de todo el mundo.
. ~eterhof f'S,. sin duda alguna, uno de loa castillos más
hn~os d.el Umvereo, tanto por su arquitectura como por
au_a!tuac1ón topográfica. Casi todos loa miembros de Ja fam,harealr11aa, deede varias ~eneracioneaatrás bao puesto
todo em~flo y no han omitido gaeto alg11no para que
este ca~t1llo sea el más pomposo y bello que puede verse, y ciertamente han lo..,rado su objeto.
Desde hace dos siglos ésia ha sido 1a residencia de todos
loa gran.des peraonaJea que ee han dirijido á Rusia con el
fin_ de v~sitar á_la familia imperial. Pedro el Grande fué
qmen d1ó c_om1enzo al grandioso edificio. Catalina la eegunda y N1colás I cont.ribuyeron mucho parJ que Ja
?bra ee llevase á cabo. Otro tanto puede decirse de ta hi •
J&amp; de Pedro, la emperatriz Isabel, quien no omiUó ea-

•

�l!:L MUNDO

D0 ■ 1110

OOMUIGO 29 de AGOSTO de 1197

a9 de AGOSTO de 1&amp;o1

11:L MUNDO

-====-

Apuntes sobre el

VIAJE ALREDEDOR DEL MUNDO, DE LA CORBETA "ZARAGOZA"
RECOGIDOS POR EL DOCTOR CARLOS GLASS, MEDICO DE LA MARINA MEXICANA,
37',000 :a:u.illas sobre lo@ Ill.ares.

Figuraos un jacalón cuyo piso se levanta del suelo como media vara y llega á corta
distancia de la puerta, ein mostrador, sin nada más que esa plataforma; Entráis á
comprar cualquier objeto, tomáis asiento sobre el borde de la tarima y así podréis ver
sobre el piso, tendidas todae las mercanciae que buecáie.
Sin apariencias lujosas, los establecimientos tienen toda clase de artículos, abani•
coa, sombrillas, pañuelos, eedae de espléndidas comhinacioneli de coloree; por cada
objeto pid~n precio e fabulosos y concluyen por darlo, en la tercera ó cuarta parte
del precio que pedían.
Después, si queréis visitare! centro del almacén, ee necesario dejar los zapatos, y
ya en el interior calcetín al ~neto y amonado sobre u·nos cojinetea os sentáis en el piso
acolchonado de esrerJ. y allí eeguireie viendo todo lo que ee oe antoje.

LAS CASAS DE TE.

toda de madera de roble, ha•
biendo tomado algulla par'8
en este trabajo ei l!.imverador.
A la entrada del castillo ee
t-ncuenna una gran sala con
viEta al mar y t,D ella venee
trescientos veintiocho cuad roe pintados por el conde,
Rotari, á quien C11hhna la
l::it'gunda lh1.w6 á su lado, A.
la izquierda hállase un pabellón cl.iineeco y á coot1nuación de este un ealón com•
plt'tiamente blanco en el que
se admira el retrato de Pedro
el Grande¡ sigue luego un 8&amp;•
Ión más, que es complew.mente azul. ~n el mü,mo pa•
lacio se levanta una esplé ndida iglesia, situada en el ee•
gundo piso y que tiene cinco
cúpulas. Beta iglee:a posee
muchas riquezas y está ee•
pléndidamt:,uie exorna da.
Detrás del caetilJo hay un
parquehermosíeimo, que t ie-ue una t-xwneión de varioa
kilómetros, en donde el via •
jera encuentra todo Jo que
1mede necesitar.
Tal es E.- l gran palacio en
donde reside actua1wen&amp;e el

fueno paracontinnar la obra
y contraW, al efecto, al gNn
arq1litecto Leblond para q11e
se i;,ncargaee de ella. Un ~x•
tranjero que se ene ,ntr.sba al
servicio ael gobierno ruso,
apellidado condt, de R letreli,
fué quien dió la forllla definitiva á la construcción. La
vieta que disfruta'el eap~cta·
dor que titme la Cortina ~10
penetrará e.ee grao palacio,
desie la parte alta del ed,ifi•
cío ea encantadora. Un canal anchuroeo, abierto desde
el mar hasta el cas¡illo, permite que loe barcos puedan
llegar á este. L':t.s caacadJe
formadas artificialmente en
el parque ofrecen un aapec~o
tan hermoso, que no hay pa·
labras con q•1e describir la
impresión que producen.
Esta ha sido obra exclm•iva del eecultor Koeloneki,
.quien presentó eu obra primero en plomo, y máe tarde,
cuando Pablo I se encontra ·
ba en el podei 1 cambió el
plomo por bronca. Además,
-en el jar1ín hay muchísimas
fuentee, que holgaría ennm'!rar. En la pJanta alta del
edificio hállase el cuarto d~l
c~ar Pedro. E:itá construido

i•f• de la R,pública France•

1:a, cornepondiendo t!U v1el•
ta al C,ar de t.odae la.e R ueiae y 11. la Emperat.riz.

7

1

)

$1 &lt;tastillo ae Peter}ior.-(;tctual resiaenda ae lb). ,:Z:eli¡i ,:Z:aure.
l. Pabellón de las Rosas.-2./slote del Emperador.-3. Oran Fuente en el Jardln.-4. Capilla real.-5. Belvedere.

Entrada la tarde, una casa de te es el lagar elt&gt;gi•
do para descanear y tomar un refresco.
El kuruma me conduce á. todo correr por entre el
pueblo gritando au.1 au.l au.l con voz chillona, capaz de
asustará cualquiera, se abre paso entre la multitud y ú
los colegas que encuentra en el camino Jc,s ealuda ama•
ble con su usual Ojall6 que quiere decir buenos diae,
buenas nochea 1 y cuanto puede expreearee en un ealudo.
Mientras tanto deefi 'an ante la vista inumerables casas, todas iguales de aspecto, negras por fuera 1 albeando
de limpieza por rlentro; unas má.e chicas que otras pero
eiempre idénticas.
Ya se va dejando la ciudad y empieza el campo, todo cultivado 1 dividido en lotes pequef'ioe donde crece
hortaliza siempre freeca¡ más allá la montaña y por entre los e6beltos pinoe, destácanee loe arcos de piedra, arcos eagrados, las escalinatas interminables, hasta llegar
á lo alto de la cima donde ee sitúa el templo. Por otro la•
do deecúbreee el terreno siempre montanoeo de la co1:ta
hasta perderse en el mar que la besa y acaricia.
Allí, bafiada por las olas, parte sobre tierra firme,
parte sostenida por ineetricable eequeleto de madera,
asiéntaee la alegre 1ea house.l De un lado tenéis eiempre
el hermoso pauorama de tierra; del otro la babia eem•
brada de sumpans pescadores, de juncos con velas de
bambú, ó de manta, de lanchas de vapor, remolcadoras
conduciendo á todas partee pueblos enteros 1 grupos chillones de mujeres trabajadoras, montones de ohiquil loe
·desarrapados 6 casi desnudoe, representantes de la última claee social, enegreoidoe por el carbón, que ban trasbordado á. loa vaporee.
Por donde quiera azulean loe kimonos y se mueven loe
juncos al golpe de las singa, remos deecomunalea batien•
do por la popa las eguas y en medio de todo esto una gri,eria terribl~ porque solo en el pueblo chino puede encontrarse otro tan ruidoeo y ensordecedor.
Este bullicio de la bahía ee observa desde loa varandales de la caea de té. Allí en amplio mirador abierto á
la playa alrededor de meeitsa de lacas rojas y sentado en
sillas de bambtí tenéis que esperar la at alancha de la casa
antes de poder tomar uua eoda, una cerveza do Tukio 6
una taza de té. Al entrar á. la casa de té un clac clac en
dietintoe tonos anuocia á. eus duefioe la llegada de parroquianos de cualquier ee:x:o edad ó condición qne eean.
Primero eale la mujer de má.sedadcon eu negra denta•
Una hermosura Japones.a
dura, deepués las más jóvenes, también con dentaduras
obscuras que las da un peor aspecto¡ en eeguida las
muzmés rieuefias y ágiles con eue altos peinados negros, loe pedazos de eu frente estrecha, eu1:1 ojo,&lt;:1 más pequefioe todavía, entran una por una, dejando sus zapatos á. la
puerta¡ luego toman.el sombrero, el bastón, la corbata, el cuello de la camiea del vi·
eitante, le registran loe bolsillos, le rf'g.-.lan uno q11e o~ro beso desabrido y por fin llega
una verdadera avalancha de muchachos tonauradoe, todos en distinto grado, unos con
.coronilla pequef'ía 1 otros con unas más grandes basta dejarles apenas un cerquillo de
cabellos de la frente á la nuca, ( la edad de cada muchacho se conoce por el grado de
la tonsura) al último traen el Chami.~en (especie de g11itarra) unos tamborcilloe de
madera y cuero, y unos palos que al golpear uno con otro producen un ruido metálico,
-constituyendo la orquesta japonesa y, en un cesto de bambú máscaras de la forma
más rara.
Veis desfilar todos eetoe reraonajes en ceremonioea proceeión antes de obtener el
refresco aolicitaelo, viene á la postre el refresco, pero ¡Oh sorpresa! véis un sifón de
,agua gaeeoea, otro de cuveza, la boteJla de wiekey y una bandeja con pastelee y ta.zas de té¡ entonces llega á en colmo la algazara de toda la familia: destapan la soda, se
·a rrojan sobre los paatelee 1 devQrá.ndoloa, y concluidos, piden más y más¡ deepnée to,can el rltamisén, bailan haciendo mil contorsiones caprichosas, manejan la careta con
maeetna, v todo esto acampa.fiado de una música contundente que hiere los oídos y os
divierte hasta cierto punto, pero os canea muy pronto.
Después viene la cuenta y entonces ......... cuidado futuros viajeros: en el país del
-criaantemum¡ fácilmente Ol dejarían sin ~n solo centavo¡ ea gente que pide diez cen •

•

tavoe, Y si teneis la fllaqueza de darlo.e, os molestarán tanto más cuanto más ·dinero les
proporcionéis¡ cuidado einó moderáis ene manifeetaciooee de aprecio y no evitáis que
ee apoderen de lo vuestro: volveréis muy pronto á. vuestro hotel 6 barco con loe bolsillos vacíos.

YII
LAS COMJDA~ EN LA FONDA

lü llegado la hora de hablar de 103 alimentos. He cenado en lbs hoteles y rei!tau •
rants del barrio exLranjero, elegantes y euutuosoe, donde teneis la etiqueta más rigurosa de loe dinil,g rooms, y ee necesario irá las ca~ae japonesas á tomar el chau-rhau, nom•
breque dan al acto de comer, sea en la mañana, al medio día 6 en la noche.
Pues bien, F11k11san me conduce á una elegante fonda
japoneea para turopeos, donde hay espejos, mesas de mar•
mol, eervicio á nuestra ueanza, comida bien preparada
Y. abundante; pero pronto advertís que no coméis solos,
s100 muy acompaDadoe: una muzm.é trae el trinche, otra
el cuchillo, otra la cuchara, otra la mantequilla, otra el
vino, pan 1 etc.; llega el primer platillo y toda la eervi.
dumbre ee sienta, rodeandooe y empizan á. comer como el
anfitrión, y en el mismo platillo¡ en un momento coneu
meo el pan y la mantequilla, meten la cucbara que pasan
de mano en man_o en el plato de consomé, y hablando su
í~oma como ei lo escupieran, eotran en alegre ¡:.!ática,
hasta que cansado de esperar bav que decirles ttoy6 ?,a•
du, q 1re quiere decir, vá.yanee! porque de lo contrario no
llegaría á vueetra boca un sólo bocado.
Esto es común en la vida de los hoteles japoneses; á
las pobres mimnht parece que lee agrada la condimentación nuestra, y por tal moLivo devoran cuanto ven, cada
,·ez que tienen la más leve oportunidad de eervir suco•
mida á loe extrangeros.
•

vm
POR LA NOCHE

Termioada la cena en el restaurant japonés fuime al
boulevar(l, la calle de loa teatro1:1, más ancha que Jaa de.

más y tan larga que se extiende del parque central áloe
Yoehivaraa, iluminada profusamente por variedad infini.
ta de farolee de todas formas y colores, que lleva 1 cada
cual, un signo para indicar el nombre de la casa.
A una y otra acera, sin límite marcado, ee ostentan laR
casas de comercio, pero especialmente jugueterías, donde ee agolpan loe padree de familia á proveerse de loa
juguetee má.e raros é incomprensiblea.
Las puertas de loe teatros se ven llenas de gente que
enLra y eale 1 y por donde quiera se oye música japone
ea, con paloe 1 tambores y cltmnisen. En la calle, el craccrac de loe zapatos 1 el grito incesante de loe kurumfls, el
pito plafiidero de loa ciegos que hacen el maaage al aire
libre, el arrastrar de las rondelaa de lata de los policiaa, ee
mezcla confueamente, produciendo en loa sentidos la im•·
presión de algo desconocido y con remedos mitológicoP.
¡Qué variedad de colores en los vestidos, auo. cuando
todos tienen una sólaformal ¡Cómo brilla el negro 'y fe.
nomenal peinado de las japonesas ó las calvas de loa ancianos que paeean aleg1eel ¡cómo ee perciben á distancia
las jícaras invertidas que llevan á fuer de sombreros Jos
kurumasl y ¡cómo resalta en ese baTatillo el albeante traje
de loe europeos radicados ó de paso en el Japón!
Al pasar frente á un teatro ee levanta un telón del Ja.
-Muzmé con chamisén.
do de la calle, dejando ver primerq el eecenario y en el
fondo la concurrencia en graderíae.
Suspéndese un momento el telón y rato después ee abate: este ee el anuncio vivo
ele la3 repreirentaciones.

Er; TEATRO

Df'jemos .i. Fukusán y entremos al teatro japonés. BJjo un portal de madera enverjado en toda eu ext.eneión con varillas de junco, ee abren á los lados dos puertas estrechas que marcan la entrada y salida del escenario; sobre el portal, que ea bajo y
achaparrado, está el foro 6 circo separado de la calle por el telón que ya dejo mencionado¡ al lado izquierdo de la puerta, tras un mostralor, apenas se dietingue la silueta de
un rapado boletero que coa asombrosa rapidéz despacha á los concurrentes, dándoles
en cambio de sus centavos unas láminas cuadradas de madera coa signos que indica1'
la localidad: son loe boletos .
Súbanse dos escalones y á la derecha, en el intervalo que sirve de corredor, la concurrencia deposita sus zapatos de palo q11e cuelgan por orden riguroso en una estacada sobre la pared, ó ee amontonan en filas sobre el piso¡ los zapatos, siempre 103 za.pa•
tos, dejadoe á la pllerta de todo&amp; las habHaoionee! Yo tuve que pagar cincuenta centavos por no querer abandonar loe mfos. Da3puée de este incidente me instalé en el
departamento mejor, en cuclillas sobre una estera, y mi primera impresión fué el re•
parlio de lo:,alida,les¡ un patio sin aillas don le aentadJl 6 acostados en todaa las poit-,

�_..;D,;o=•='="=G¿0_•...:9=--•-•~A--'G_o_cs_cT_c0---=-º--''--''ª:::9:c7'============== dE:::L'.'dM~U'.:N:'.:D~O~===== ============ === = = ==~•s~
también japoneses, uno educado en Inglaterra y otro en Francia. Entre loe barco&amp;
qne vimos figuraba el ccEsmeralda, » antiguo acorazado chileno que estuvo en aguas de
Acapulco, pere:eguido por los americanos cuando la revolución de Chile, y vendido
deepuée por este paie al Japón para eu guerra con Cb.ina: de' feliz memoria y de elegantes fo rmas, el aguerrido barco descansaba sobre sus an cla9 1 atracado á uno de l!IUS
muelles. Bajo grandes pabellones de ladrillo y láminas de zinc, repartidos con el mayor orden y acierto, estaban los talleres, fragua9 1 fundiciones, carpintería, eolderiae,
t.oroería de piezas deact&gt;ro, arm!ldores, y después las in meneas jaulas de fierro donde e&amp;
construyen loe cascos de loe buquee, militar y estrictamente reglamentado todo: notába•
s1 orden, aseo, actividad, regido todo por avezados matinoey por ingenieros japoneees.:
no ee advertía la mano del extranjero sino en 18 instalación, en la idea primitiva y nada.
más. El resto lo hacía ese gran pueblo, á quien en mucbo tiempo se creyó por eu roo•
deetia, humilde apariencia y tipo étnico, incJpaz de la eiviliz&amp;oión. En 111 playa di·
ques fecoe, ocapados por barcos en carena, aumentaban á tal grado el trabajo, que no
pudo arrE&gt;glarse allí la limpia de nuestra corbeta.
Después de naestra util y recreativa vi!1ita pasamos al edifüio del Almiranta1go,
donde ee nos sirvió magnífico luncb. Sobre una loma artísticamente cortada. parecía
como inc1 ustado el gran palacio. En su ancho pórtico y vestíbulo fiiuraban honrosos
trofeos y reliquias de la guerra. E l palo mayor de un barco cortado en dos por una
granada china, una plancha de protección aboyada por un proyectil, etc. Al terminar
la soberbia escalinata de magnífica cantera, destacábaee un gran cuadro representando la toma de Puerto Arturo, y deepuéssE'gt1ían amplios y serios· corrddores que daban ac:eso á loe ealones adornados á la europea. Eu el salón de recepciones se nos
sirvió antes de comer espléndida taza de té verde, costumbre japonesa qu~ noa agradó mucho, aun á los que hubi éramos deseado algún aperitivo espirituoso.
Después, con lodos los honores íuimoe ocupando nuestros lugares en la mesa, y
al terminar, el secretario, en correcto inglé11, pronunció una alocución en la que no&amp;
dió la bienvenida y brindó por nuestro Gobierno y por las simpatías que loe mexicanos inepiraban á su paíe.
Siguieron algunas libaciones que pusieron regocijados á nuestros amables huéspedt e, quienes nos acompailaron basta el bote que debía conducirnos á nuestra.
correría.
Pescadería en Yokoh•rr1•.

XII
turas, vefaee á. mil tipo'! japoneses de los dos sexos; on barandal de medio metro deal·
tura dividiendo eEtp. lccalidad de una s1gnr:da que en p lanoiliclinado Eube hasta tocar
el piso del tercer departamento, en forma de palco corrido en comunicación con el forn;
á no lado de é~ce, y oculta á las miradas del público1 está la di1ecordante múeica que de·
leita continuamente loe acostumbrados oídos de loe naturales f martiriza loe del re•
cién llegado extranjero. En el bn lo otro plano inclinado une todas las localidadeP¡
desde el patio á la última que me be atrevido á. llamar palco; todo lleno: apit'iado, de
gente que fuma, ríe, duerme, grita ó pelea, hace de aquel lugarpllblico un sitio de confianza familiar, ein miramient,oe ni preocupacioneti.
El telón siempre levantado, deja ver continuamente juE&gt;gos acrobáticos, E'quilibrie·
iae, domadores de fieras y comediantes. Las repreeentacione5 duran en las festividades hasta tres días con sus noches; en lm días comunes, toda la nocbe. De buena gana
dieponfame á atender la representación, tratábase de equilibristas que con limpieza
suma ejecutaban loe más delicados ejercicios; siguieron loe domadores de elefantes y
tigres, también dig::io de verse en lJs mejores circo3 del mundo, tirabajoe tofos admi•
rablee y perfectamente ejecutados.
Gúetale también al pueblo japonés el drama y la comedia euigénerifl, no copia para ello nada del extranjero, tiene sus autores y poetas dramáticos que interpretan tan
bien el idilio c mo el sp,inete y la trsgedia. Hay una cosa extrana: la mujer nunca
repreeen'8 eus papelee; los hacen en su lugl\r hombres disfrazados con trajes de carlc•
ter. Acompaiiadoe cierta ocasión de un inteligente intérprete 1 nos tradujo una mag·
nífioa comedia Japonesa que gozaba de gran prestigio y fama en todos loe dominios del
Mikado.

X
lDli:AS Gli::SEBALES

Paeaban los días y nuestra permanencia siempre halagadora en ese país, noe llevaba á curiosear todas sus costumbres¡ visitábamos loe templos buhdietae, asistíamos á las
cereQJ.oniae religiosas, presenciábam'Js loe entierros, recorrfamol!I loe cementerios 1 loe
hospitales y las cárceles. Daspués entré á. las aulas científicas, á loa areenalea, etc.
Allí se palpa el contraste extraordinario, el empuje soberano de una raza disímbola, antitética y contradictoria, pero en via de un progreso tan eficáz, que camina rá.•
pidamente á su engrandecimienio y alcanza en la actualidad el primer lugar antre todos loe pueblos del Asia.
La primera impresión que produce el Japón, es la de un -pueblo de monigotes in·
civilizados¡ se estudia y éntoncee aparece ,al como es: grande, ilustrado1 inteligente,
trabajador, virtuoso, valiente y susceptible de abarcar en todo tiempo la ci viliaacióu
más grande y el adelanto más notable en todos los ramos del eaber humano.
Si al lado de costumbres que causan risa se ven obras qne producon reep"to y admiración, y al lado de un fantoche que despreciaríamos con un puntapié ó á bastonazos, encontramos personajes dignos de reept,io, pero loe dos confundidos en el mismo
aspecto de cara, facciones, modales y trajee, es diHcil apreciar la diferencia de las clases. Solo un trato íntimo las hace distinguir.

KAMAKURA.. - LA CIUDAD DE LOS TE:\IPl.OS.

Esta población es pintoresca y graciosa sobre toia ponderación. Está situRda en.
una llanura, tiene avenidas anchas, y entre sembrados de arroz y loto gigante se destaca pomposa; álzanse aue soberbios templos siempre en lo alto, al terminar de hermosas escalinata!:', donde puede marchar ampliamente un batallón. Sobre una esplanada.
_evántase el templo al dios de la Guer,a, en forma de arco, ,eoordando el es tilo pom.
pe vano por la variedad de coloree vi vos y mezclados que lo adornan; una vez dentro.
del grande arco sagrado, unos cuantos escalones conducen al altar, donde la diosa.
madre de Bubda, en madera, bronce y cobre, sentada con los ojos bajos y ostentando
un botón en la frente, como insignia de la eabidurfa, ocupa lo alto de un dosel; abajoy un poco adelante está el arco de laca roja sobre mesa amplia de madera lacada con
patas artíetic1s en figura de dragones, Moliuras dora1ae de estilo churigueresco cu•
bren las paredes, y grandes pila~tras de bronce, terminadas en encarrujados pabello•
neP, llevan en su interior una lámpar.1 encendida, símbolo de perpetua adoración. A)
lado de la diosa y en el altar, un cuadro tosco de marfil fiiura. á un eer mitológico
arrojando chispas por la boca, ojos y narices, y asolando al pueblo enemigo; en actitud curioea descarga•su cólera, mient,ae que ampara con la diestra mano á un gue•
rreJo japonés, que lanza en ristre y cubierto de acerada cota de malla, de1eafía al in...
v~so_r. Limpia eetera de bambú acolchonada cubre todo el desmanrelado piso, y una.
v1dnera de papel formando puertas corredizas ó paredes traelúcidae, eegún se quiere,_
separaódaacceso á uncorredor obscuro, bajo, donde figuran coleccionadas comoenun,
museo, toda clase de armas antiguas y otras muchas que en la guerra con China quitaron al CólE:ste Imperio. ¡Qaé envidia hubiera despertado en un arqueól0go una visita á eee museo!
'
Descendimos la escalinata amplia y empinada del templo; en el primer descanso,.
á la derecha y á. la sombra de corpulentas palmeras, dos grandes piedras simulando en
mal acabada forma dos seres humanos de uno y otro sexo, representan los dioses de
la procreación, cuyo culto es proverbial en loe matrimonios del Japón; allí depositan
loe casados ofrendas consistentes en ramos de loto y botones de crieantemum. Dicho&amp;
dioses parecen ídolos no acabados de modelar por el cincel del artista.

XI
EL .ARSENAL DE YOKOSAKA.

Invitado para ir a Yúkoaaka, donde existe uno de los arsenales del Gobierno y es
á. la vez residencia del primer almirante, tomamos en Yokohama un tren, al estilo in•
glés por sus máquinas Y disl,ribución de carros. Cuatro horas á través de un camino
pint.oreeco, entre sembrados de té, algodón, viñas, moreras para la cría del gurnno de
eeda1 arrozales y bosques de pinos y mil otras plantas que adornan y sombrean todo
el terreno cultivado 1 cruzando túneles y atrevidos puentes, nos bastaron para llegará.
Yoko_hama. Para entrar al arsenal nos embarcamos en magnifica lancha, movida por
ga9ohna. Atraveeamoe un estrecho paso de mar, y ya del lado de la nlanicie noe dirigimos por una avenida limitada á. loe lados por jardines, hasta la Di~ección. Fondea•
ban en la bahía diez acorazados japoneses, construían se tres y reparábanee otros mu .
cbos capturados á los chinos en la última guerra contra el Imperio de Confucio. Nos
sirvieron de amables cicerones los oficiales de la marina japonesa y dos ingenieros,

Gran Hotel en Yokohama. - Un aampan á toda vela.

Volean del Fuji-Yama, vista de

Descendimos mtis y más hasta JIE"gar á. la eeplanada y una doble 61a de lámparas
de bronce completan la viPta artísticamente rara del templo. Por fín 1 nuevamente eobre !oe rinkicbá.e, avanza la columna de la oficialidad del «Zaragoza)) basta llegar al
pórtico del templo de Daibritzu, uno de los m:is notables del Japón. L~ distancia reco •
rrida ea de tres millae 1 y el camino en ascensión poco violeata. Acompafiábanos esta
vez, el electricista de á. bordo Wood, cuya humanidad peea cerca de ciento cincuenta
kilos. Sudoroeo el kuruma que lo arrastra, pide suplicante un ayudante, no podía con
Un enorme mol'"· Sugeto á. lae bromas de todos nosotros, le ayudan cuatro hombree,
Y solo así, en triunfal columna con el voluminoso señor á. la cabeza1 llegamos al pórtico del templo.
A uno y otro lado, delante de artística balaustrada de mampostería, las atléticas
figuras de dos genios desollados encerrados en jaulas de alambre, ostentaban su enro•
jecida mneculatnra, anatómicamente bien representada. U no era el genio del terror,
otro el de la ira; cubrían los como asquerosa lepra, bagazos de papel mascado que los
fieles arrojan desde fnna con objeto de obtener las g,acias de Daibritzu. Tienen esta
tmperstición: ei la bola de papel mascado se pega en el tronco, serán favorecidos, si en
loe brazos serán forzados á. grandes trabajos antes de conseguir gracia: si en las -piernas se verán obligados á repetidos viajes ant.ee de lograr ser atendidos por la diosa:
por ffn, si en la cara, sufrirán el peor de los castigos, porque entonces Buhda . no atenderá. á las súplicas del creyente hasta que hayan lavado su cara con la primera ag11a
del cielo que caiga al prim r día de lluvia, D:1 suponerse ea que el tronco del ídolo será la parte más llena de las milagrosas bolitas, y que la verja de alambre ter:.ga que
limpiare:e diariamente para dejar expedito el camino á. los ensaliva-loe proyectiles de
papel de arroz.
Dejemos á. los iTaonnd.os y desollados dioaee de madera y laca y de colosal altura,
Y penetl'emoe al recinto donde la gran estátua de bronce de la Deidad Japonesa contempla en el Nipón, como las pirámides en Egip,o, rodar Jo3 siglos y las g:1neracionee.
En uno de loe grabados que hemos publicado, figura la eEtá.tua distante unas cien va•
rae detrás de nuestro g1upo. Sobre pedestal de granito que el tiempo ha ennegrecido,
eoatiéneee la diosa sentada con las piernas cruzadas, los brazos á lo largo del cuerpo
Y las manos entrelazando eue dedos, de tal suerte que tocan las extremidades de los
pulgares. La paciencia, la concentracción del alma, la bondad y el sacrificio, resaltan
de la actitud de eeta figura gigantesca de bronce, forjada á favor de titánicos eefuer•
zoe. Las dimensiones de la f'ahltua son tales, que en las palmas de laa manos pueden
caber perfectamente diez hombree sentados¡ el botón que lleva en la frente como eítn•
bolo de sabiduría, 1.iene las dimensiones de la cabeza de un nifio. Hueca la colosal
figura, tiene en su interior e l templo, donde ampliamente caben cerca de treima individuos; en la cavidad que corresponde por fuera á la saliente de las manos y rodillas, está el arca del diluvio, según las tradiciones del buhdiemo. El arca es la gran in•
signia, después de la diosa misma, en ~a religión buhdieta. Ahora se trata de levantar
un t.emploque cubra á la diosa, para cuyo objeto dejamos nuestra limosna y apuntados loe nombres de loe ofi ciales y médico del primer barco de guerra mexicano que
en aquellos remotos mares hacía flamear la tricolor insignia del Anáhuac.
Pardeaba ia tarde y nuevamente nuestra columna de rin kichás emprendía el ca,
mino de bajada á. la estación. )Ir. Wuod 1 te meroso de que el descenso hiciera rod1r á.
su kuruma 1 pide esta vez á los otros que moderen la velocidad d~ la marcha, de suerte ea que á la ida empujado y al regreso atrancado, llegó eano y salvo el humorista
mecánico y con todos nosotroa1 al tren primero y después á Yokohama.
0

Yo■ uvara.

XllI
\'IA.JE

Á.. TOK[O,

A unas treinta y cinco millas por tren hacia el Norte .ie Yokobama queda la gran
ciudad capital del Imperio.
Hace treintaaiics era asiento del pontificado bubdista, unido hasta entonces al Mikado que residía en Kioto¡ de allí el significado de Tokio y Kioto, que quieren decir,
la primera 1 ciudad capital del Este, y la segunda ciu::lad capital del Oeste.
Dasde esa época el Mikado sep!Lró de su g,1bierno al b11hdisrno y corno soberano ab.
eoluto instaló sus reales en Tokio, el antiguo Yedo. Da en,oncee data el positivo adelanto en el remoto pa(s de Oriente, que favoreció industrias, instrucción pública, arkis
y ciencias, alcamando hoy pasmosos progresos. aunque como incomprensible país de
los contrastes, encaéntranee á. cada p3eo allí las aberraciones máe: sorprendentes y chuecas qne pueden caber eo la imaginación.
Tvkio es más extenso que París y un poco menos que Londres, pero la de@propor•
ción, el estilo artifi..:ioeo y raro con que esti repartiJ.a la població'n, la hacen única en
su género, y la eingularitan entre todas las populosas ciudades del mundo.
Si~ ve el plano 1 aparecen tres gr~ndee clrculos que figuran un triángulo; uncir•
culo hacia el Sur y los otros dos hacia el E9te y el Oaete, cnresponden á. elevaciones no•
tablee del terreno, el del Sur ea palacio del Mi ka.do¡ el del Este, la Universidad y &amp;cuela de instrucción superior, y el del Oeste, el Museo y Jardín B:&gt;tánico; lo demás es
la población japonesa, que 19-ueetraall{ como en todas parces, sus angostas callee y sus casas achaparradas de il:'jas negras, limpias con apariencia de sucias, ,ristes como atau.
des, curioeae como todo lo del Japón.
El palacio del Mikado, suntuoso castillo de cantera, se levanta airoso en la cúspide
de ~l.!l.a boscoea colina diez veces más grande que la de Chapultepec; rampas medio
cultivadas y parques de ceeped, conducen del castillo á. la falda de la colina circundada por una espesa muralla de granito, que se eleva á unos veinte metros sobre un
foso profundo que tiene unos cincuenta metros de anchura. Síguese después al derredor de este foso una extensa explanada, donde repartidas en magníficos cuarteles se
instalan las tropas del Mikado de las tres armas, caballería, infantería y artillería; á
esta eeplanada rodea otra muralla doble de granito y otro foso de esta segunda mura•
lis y del foso hay otra esplanada donde se levantan los M:inisffiriosc &gt;Dstruidos de cantería también, y ostentando los más soberbios estilos de arquitectura. Todi\VÍS circundando esta nueva zona de edificios, hay otro foso y otra muralla igual á las anteriores. Síguenee loe edificios del kencho (gobierno local, municipio, policía, etc ) y los
de los representantes de las naciones, como el suntuoso hotel imperial, y por fin rodea á toda esta serie de fosos y murallas, la gran muralla doble con puentes levadizos
Y espesas y toscas puertas que cierran á las seis de la tarde, dejando solo abierta una
para entrada comun. La gran muralla tiem; de diez á doce millas de circunferencia.
. Fuera de e~ta gran °:1u, alla está la población pur~mente japonesa que pulula y ee divierte, que gnta 1 que vive en fin como un pueblecito de locos ó desquilibradoe con
a11 aspecto de miseria y eu caracter aparentemente imbécil.
( Cl;ntinuará )

�Isa

EL MUNDO

DOMINGO a9 de AGOSTO de ,89-,

DOMINGO a9 de AGOSTO de 11197

,

EL MUNDO

por el jóven maeetro, y no ví eu ópera el sábado. El domingo, la opinión, la barbulla entusiasta, el diálogo callejero, decían el triunfo del epartito en México. Concurrí en la noche, y adoré con todos.
Las anteriores frasee dicen más que mucho que se pudiera expresar acerca de la obra.
Conocíamos ya al autor de Manon. Habíamos oído,
en esa filigrana, en la que no podemos olvidar á Libia
Drog, algunos gritos realistas. Ahí estaba el maestro
.nuevo, el músico de veinte af'ios, con su preocupación
por las combinaciones y loe artificios; ahí estaba ofreciéndonos un arduo bordado de notas. P.iro á veces cala
sobre aquello el sol y surgía de aquello el alma; á veces
triunfaba la vida ........ .
En la B ohemia el triunfo fué completo. La vida surge, aterida y blanda al principio, al rayo ictérico de un
sol vernal; despuée, en su manifestación única y suprema: el amor, florece intensa, y por último, en eu aspecto más tremendamente natural: la angustia, gime, solloza, grita...... con gemidQB y sollozos y gritoe do inmensa b umanidad ........ .

***

El idilio ea sencillo. La poe~fa anda por ahí. Hay una
b11bardilla llena de versos, y loe versos llaman al amor
en una de sus forinae más embeleeadoras. Una muchacha del arroyo; una muchacha del taller. Corre y canta
cuando hay sol, y una noche, en la sombra, ee encaen•
tra con el poeta. Se aman porque sí: son •loe almas infantiles y á las almas infantiles ee cuela s:empre el
amor...... Pero Mimí ea coqueta: gusta deque ee abra an-

te loe otros el caliz bermejo de su boca; ríe mucho ...... y
el poeta siente celo@ ...... Ya van á llorar...... muy pronto, cuando el frío clave en el pecho de la chiquilla sus
agnijonee de hielo y la muerda y la destroce ...... Ya viene la toe...... Sí, Mimí ea coqueta, es cierto; pero está
malita. Dejó el nido del poeta y afuera la aealtó el cierzo, tan ruda, tan rudamente, que al fin torna á la buhar•
dilla ...... Ahí no hay estufa, pero hay calor, porque 1'8•
volotean muchos euefioe de artista... .. . Solo que el amor
va á lanzar su postrera llamarada. El poeta perdona,
pero Mimí ee muere. La mata la nieve. C.Smo tose y quá
pálida está Dios mío! ...... No, ese leve rojo de loe pl·
mulos no tranquiliza. Antes no lo tenía así, tan einies·
tro por su contraste con el bietre de sus ojeras ..... . Cuan
otro aquel sonrosado que llenaba eu cara, su carita de
princesa de bisc·1it, cuanio reía ante el redoble loco de
loe besos del poeta ........ .
Que fué á hacer al arroyo ......... No estaba bien ahí...
con el pintor que arrojaba loe pinceles para bailar, cc1n
el filósofo que decía absurdas cosas con tanta gracia..... .
con su poe~a que la amaba tanto y le recitaba tantos
versos? ......... Estaban pobree: pero muy alegres....... Que
ferias aquellas! Te acuerdas Mimí cuando paseabas tu
terso fragil mal envuelto en el usado chal, por el estruendo de aquellas feria1,? No había con que pagar el almuerzo......... pero qué. No por eso se callaban las risas........ .
P.igab11 alguno al fin. C.:imo? QJien eabe ......... ~ra lo de
menos ........ Y para postra besos.
Pero Mimí se muere, se muere de tos. . Dios mío que
vidriosoidad de aquellos ojos q•te siempre cantaban diana;

Glacomo Pucclnl.

"La Bobeme" de Pnccini
Acontecimiento artístico.
Los Impresarioi que traen de cuando en cuando al Na·cional compafíias de ópera italiana, hacen regularmente
lo contrario de lo que deberían hacer para el éxito de
sus esfuerzos y el logro de sus intereses. Dejan la parte
más sabrosa del bollo, la crema del pastel, los estrenos
de porvenir, en una palabra, para el fin de la temporada
teatral, una temporada valetudinaria y triste que ya no
t iene remedio. El procedimiento contrario es sia duda
el prudente y recomendable: cautivar al público desde
la primera representación, embelesarlo, domef'iarlo, deslumbrarlo. El querido monstruo veleidoso acudirá después á la cita, lleno de avidez y de complacencia; eerá
indulgente y no escatimará el aplauso.
Oh! ei el empresario de la acmal compafiia italiana hubiese comprendido esto, cuan otro sería el éxito de su
temporada artística. La compafifa franceea que precedió á la del Sefior del Conte le era á todas luces inferior.
.Ko había pues que luchl\r con su recuerdo demasiado p1óximo. Los artietae de que hoy dispone nueetro
antiguo conocido el ex-representante de la empreea Ma•
ggi, valen mucho y no porque sean grandes artistas: ninguno eobrepasa los límites del talento para entrar á las
amplias y azules esferas del genio, 1Lno porque son todos
jóvenes de buena voluntad, pletóricos de entusiasmo,
estudiosos y pródigos de eu tesoro. Les ea desconocida
aún la matrería, que escatima cuanto puede el esfuerzo.
Porqué pues, con elementos y antecedentes tales, y conocida la firme afición de la gente acomodada de Mé.xico á la ópera, la actual temporada del Nacional hase
visto tan poco favorecida? L a B oheme ha venido, con
sus éxitos ruidosos y continuados, á responder á la pregunta, de acuerdo con lo que decíamos al principio: por
que se dejó para el fin lo que antes hubiera embelesado y conquistado de una vez por todas nuestro dilettantismo y hecho fructífera la etapa teatral.

..

**

(! abeza ae estuaio.

Pocas, muy pocas veces, la aprobación de º!.!-estro público ha sido tan uná nime y ruidosa como ahora. Entre
los inteligentes habría cierto Parti pris con respecto al
1lStr~no y un amigo nuestro, muy inteligente en verdad,
nos decía: De intento y á pesar de mi pasión por la mú11ica nueva no quise acudirá la primera representación.
•Sé de sobra que esta música no encaja en ciertos
moldee y no era en mi concepto apropiado el que escogió Puccini para su nuevo epartito. Escenas más ó menos triviales de Henri Murger, autor de una obra
muy discutida, en que lo cómico es escollo formidable,
no me parecieron idóneas para encuadrar la obra. Temí

Escenas de •'La Boheme."

�DOMIIIGfJ 29 de AGOSTO de 1&amp;97

EL MUNDO

154

qne flacura la de aquellos brazos que tan bién se enreda•
bnn al cuello del cantor!
Mimí se va ....... ,. Rodolío, es en vano que veles la vi•
driera para que no entre el sol. Mientras tu solicitud ha
ido á. procurar la sombra, la sombra que cobija Jae agoniaa, Mimí ha partido, Mimí ha muerto ......... Ya solo
su cadaver aguarda tus besos. Adios cancüonee, adioa
bai les locos, , adioe b ellos versos, adioa madonae, adioe
paradojas ......... Loe artistas lloran. Va jaula de pajaroe
yu no se extremece con el crujir de las joyantes alas.

Y todo eso va diciendo la múeicai cuchichea en sus
primeras escenas las palabras de amor, mientras se bue-•
ea la llave perdida -pícara llave- q11e abre dos corazones en medio de la sombra -Dtspuea grita, rié, parlo-

tea, ee empolva del oro del B&lt;'l, en lae callee del viejo París, ee disloca de risa en la verbena, gime dulcemente
amonestadora al oído de loe nifi.oe malcriados que en la
feria quieren robar juguetee; tiene arranques infinitamente humanos en los duoe apasionados de la florista
y del poeta, y siempre ineiouante, siempre ductil, siem•
pre autil, va, viene, gira con el vértigo de aquellos corazones locos, se querella con la angustia de Mimí que se
sabe censurada, por que es coqueta;canta triunfal cuando las nubes de los celos ee disipan un poco y torna el
amplio cielo azul¡ se queja del fria qlle entume, después, de la toa que sacude el cuerpecillo fragil, y por fin
rompe ell el sollozo desesperado del supremo duelo.
Y la vida pasa, pasa á traves de todo aquello, palpitante y diáfana.
Oh Maestro!

Para la Srita. Elisa Best.

SONETO.

¡Querer ó nó! ¡La alternativa ea esa!
Para smmentar quizá mi desVarío,
A veces, dando tregua á tu desvío,
Fijas en mí tus ojos de turquesa.
¡Y tanto, tanto tu mirada expresa
Que á un mismo tiempo creo y desconfío!
¡Si yo bien sé por infortunio mío,
Que cuando vende Judas también bésa!
Hace tiempo que agua1do con zozobra,
Soportando esta fiebre en que me inflamas,
La gran rebelación á que yo aspiro.
¡Habla! ¡no temblaré! ¡completa tu obra!
Tu no querrás que sufra yo 'si me amas
Ni que euefie en tu amor si odio te inspiro!
Agosto de 97.
B. Rnts (h)

EL CULTO DE LOS OJOS

LindaMontanari, se ha excedido á si misma e.n esa embelesadora obra de Pucoini. No eoí'iaríamos de otra suerte á Mimí. Que bien ha sabido arrullar, que bien ha sabido reir, que bien sobre todo ha sabido llorar.
Vuestra muerte, señorita, puso muchas Ugiimae en loe,
ojos ......... Encantadora siempre, particularmente encan•
tadora hoy, ya no pensaremos en la amable muchacha
de Henri 1\Iurger sin veros á vos con vuestros radíantee
ojos negros, sin oir el timbre blando de vuestra canto.
Habeie creado para nosotros á Mimí. Que el arte OE ·
bendiga!
RIP-RIP.

1

NOX.

CANCION DEL AIRE

¿Estás tristt? ¿Porqué hay en tu frente.
Doloroea 1 ideal palidez?
¿Porqué abates tus ojos do tiembla,
Una lágrima lenta, porqul!:?

[Versión del francés por J osé Garcia Rodrigue?,.)

MARGARITAS.

Margaritas que fuisteis lozanas,
Aunque muertas eet.eie, siempre os guardo ..... .
¿No te acuerdas, oh nifia? una noche
lfo las diete, y pensé en las que Fausto
Contempló deshojará su amada,
Quien, incierta, medrosa v temblando,
Del amor infinito el secreto
Pudo hallar en loe péf.aloe blancos.
Trasponiendo el dintel de tu puerta
Yo pensé interrogarlos, acaso
Revelarme el misterio podrían,
De tu alma escondido en lo arcano.
Cuántas veces me engaña el deseo,
Cuando estoy silencioso á tu lado,
En tua ojos radiantes que eueñ.au
Un destello de amor esperando!
Y, perdona, paréceme entóncee
Que sus luces me dicen: Te amo ..... .
Si no ea cierto, jamás me lo digas,
Preferible ea por siempre ignorarlo.
Y llegué á mi aposento, ya solo,
Da la luna al reflejo azulado,
L 11ego quise arrancar á tus floree
El siniestro ó dichoso presagio.
¡Qué emoción tan profunda y qué miedo
Dominóme al instante; á mis labios
Las llevé hasta dejarlas marchitas,
Y aunque muertas están, yo las guardo!
¡Cómo no he de guardar esas floree
Que tomé, con dulcísimo halago,
De tu mano aristócrata y blanca
Cual las nítidas flores del nardo!
J osÉ }I. Ocao.4..
México Agosto de 1897.

•••

¿Te torturan las grises noetalgias?
¿Resucitas recuerdos de ayer?
¿O te amar!{a pensar en ternuras,
Ternuras pasadas, que no han de volver?
Maa ...... no llores, apoyaen mi hombro
¡Oh, pálido lirio tu pálida sien
Y palabras que sean en tu oido
Ternura y consuelo, muy bajo diré;
Mira el cielo, la luna ha surgido.
Como flor solHaria, ella es
Una novia que riega azahares,
Por do pasa: los astros ¿uo ves?
Cuando riee cariñosa y tranquila
Es el alma, por ti, azul edén ......
Vuelve á mí tus pupilas en ellas
Loa luceros que pasan veré.
¿Porqae esquivas tu boca? En un breve
Suspiro callado, tu nombre diré;
Dáme el alma en la flor de tus labios,
Dame un beso mi amor, tengo sed!
En tus ojos sorprendo ternuras
Del idilio que ha tiempo eofié,
Y me dicen que es eierta mi dicha
Y me dicen que me amas tarr.bien.
Son crepúsculos de oro y tristeza
Por do pasan loa euefios de ayer,
Son la luz que acaricia y consuela
Desventuras del tiempo que fué.

Más no llores, apoya en mi pecho
¡Oh, pálido lirio, t.u pálida sien ........ .
¿Estás triste? ¿No me amas? Entonces,
¿Porqué aufree, mi vida, porqué?
Bolivia Valle.

Agosto de 1897.
PROXIMIDAD DE SER AMADO,
(De Goethe) .

En tí pienso, bien mío, si el sol al nacer dora
Las olas de la mar,
Si miro de la luna la lumbre tembladora
sobre ellas rebalar.

¡ Al aire, dios potente que encrespa el oleaje

y azota los inviernos,
alado dios qlle torna fecundas las florestas
y armónicos loe versos,
salud! ea el gran numen que viste loa espacios
con su celeste velo;
él es 81 dios furtivo que dice á los amantes
((He ahí tu dulce sueflo. ,,
El es quien flotar hace loe rojos oriflam89
que empufian loa guerreroa,
y revolver en torno del cuello de la hermosa
la mata de cabellos.
Por él las aguas vienen en bienhechoras nubes
á fecundar el suelo¡
por él á loe sentidos del eof\ador levanta
su olor el campo entero.
El mece, de igual modo, la hierba en las colinas,_
la flola en mar incierto¡
es hálito que envía la selva á los pulmones¡
es sér dtll universo.
Está de sus dominios, en las regiones todas,
presente á un mismo tiempo,
á renovar la vida de bestias, hombree, oosqutie,
de cuanto tiene aliento.
¡Y sólo, alegre canta de las perennes fuerzas
en el glacial concierto,
errante como el alma, como las alas, libre,
como loe ojos, bello!
Agosto de 97.
SuLLY PRUDHOMKENEGRO

Estoy triste, verdad¡ vano es tu esfuerzo
Cuando llena de afecto y de ternura1:1
De mi existencia el mal curar procuras,
Porque, á pesar del sol, el universo
Tiene noches obscuras, muy obscura!!.
Pero no pienses nunca que al olvido
Puedo llegar porque su luz irradie
Otro amor en mi pecho dolorido:
¡Cuando tú consolarme no has podido
Ea que no puede consolarme nadie!
Mas no eufra9, mi bien, por mi amargura.
Esta angustia, esta pena indefinible,
Ea ley de Dios, que me formó sensible.
1W tristeza ea un mal que no se cural ......
¡Estoy triste por todo lo imposible!
F. RIVAS FRADE..
PAX ANIMAE

SONETO.

Hazme llorar! que importa! Ya amanece
En mi alma sin goces y sombría;
La noche del pesar desaparece
Y lleno de esplendor se anuncia el día.
Tornan las ilusiones, y florece
El árbol de la mágica poesía,
Do entre sus brazos, lánguida se mece
En un nido de amor, el alma mía.
¡Hazme llorar con tu último reproche!
Ya de nuestra pasión llegó la hora
De que ee cierre para siempre el broche.
Otra alma, de la mía redentora,
Hace surgir del fondo de mi noche
:Las luces sonroj:jadae de la aurora.
Agosto de 97.
QuJRINO ÜRDAZ.

Te veo, cuando el polvo levanta en el camino
Nube que huye veloz¡
Y cuande en noche obscura perdido el peregrino
Al viento da la voz.
Te escucho cuando espiran con bullicioso eairuendo
Las ondas á mis pies,
Y cuando calla el bosque y su silencio atiendo
Con ávido interés.
Contigo estoy, conmigo estás, aunque muy lejos
Te encuentras ¡ay! de mi,
Del eol de ocaso mueren los últimos reflejos ..... .
Si estuvieras aquí!

DOMINGO 29 do AGOSTO DE ,a97

No me hableie más de dichas terrenales
Que no ansío gustar. Está ya muerto
Mi corazón, y en su recinto abierto
Sólo entrarán loe cuervos eepuicralee.
Del P-'Bado no llevo las seflalee
Y á veces de que existo no eatoy cierto,
Porque ea la vida para mí un desierto
Poblado de figuras espectrales.
No veo más que un astro obscurecido•
Por brumas de crepúsculo lluvioso,
Y, entre el silencio de sopor profundo,
Tan solo llega á percibir mi oído
Algo extraño y confuso y misttrioso
Que me arrastra muy lejos de este mundo.
JuuA~ DEL CA.SAL.

- «Sabéis, me dijo, qué sentido nuevo pueden dar á
nuestra vida una mirada ó un gesto? Somos semejantes á
nifios que trazan sobre la arena figuras inconsistentes y
frágiles, más un sólo movimiento de nuestra alma puede
dará. esas figuras la vida eterna que eofíamos.n
Marchábamos por la avenida de árboles, donde la som·
bra del atardecer parecía acompañarnos con una risita
de vieja, y en medio del día que declinaba, él hacía grandes gestos, como para evocar las cosas desconocidas, en
tanto que sus dedos se agitaban con fiebre y buscaban so•
bre cuerdas imaginarias el ritmo de sus palabras.
- 11Habéis leído alguna vez en el fondo de toe ojos que os
han mirado? Las tardee saben decir muchas cosas miste•
rioeas, pero en loe ojos es donde buscarse debe la filosoffa y la harmonía del mundo. Una mirada habla más ampliamente que todas las meditaciones de loe poetas, y no
sabréis vivir sino cuando bayaie aprendido á bu!!car esa
revelación qne loa ojos ext.eriorea pueden d~roa, mas solo
que esté vueAtra alma atenta á las palabras que ee pronunciaráL.
«Yo qne os hablo he visto muchas veces en ojos de mu•
jer el reflejo de mi pensamiento todo y de todo mi dolor,
h e vi!!to un infinito en qne pasaban, en caravana, mis
ensuefioa, y cada vez, de ese más allá he vuelto más pensati vo y más espantado de las cosas que no sabemos. Loe
ojos de mujer son como luces que .se tifien de loa coloree
de nuestra vida de mafiana 1 y en ellos podemos ver to•
dos nuestros duelos y todas nuestras alegrías.
uPensaie acaso que estoy loco y que mi i.naginación dibuja en mí formas semejantes á aquellas que loe niños tra•
zan sobre la arena y de las cuales os hablaba hace un momento. Pero vos mismo, ¿no habéis ido nunca más lejos
que esta existencia superficial y vulgar de vuestro cuerpo, para no haber sentido alguna vez todo eso que de irevelado misterioso se esconde en cada sensación de vues·
ira carne? Habéis compreodi1o todae. las sutilezas del
f!ilencio, habéis visto vuestro rostro y sabéis que forma da
á vuestro espíri~u cada uno de vuestros gestos? No ríaie
de las cosas superiores que no comprendéis sino á me•
días, 9ntee bien mirad en vos mismo para descubrir ahí
el pensamiento humilde que tal vez revele vuestra vida.
Preciso ea buscar con dolor la palabra suprema de donde
la verdad surgirá inmutable. Está ahí esta palabra, en la intimi dad de nosotros mismos. Ahí está como mendiga que
no osa mostrar:1e, y es preciso que alg" exterior nos coja
de la mano para llevarnos hacia ella. Nuestra ignorancia
y nuestra debilidad ponen trabas á nuestros pasos¡ ea
preciso qne una fuerza de lo alto nos impulse á través de
las tinieblas. Y loe ojos esMn ahí para guiarnos y no loa
vemos. Nos lamentamos como nifi.os extraviados, en tan •
to que en el fondo del cielo brilla la divina e~trella de la
esperanza y del amor. Una sola mirada iluminar podría
nuestro destino, más inclinamos la cabeza hacfo el polvo
de la ruta donde se arraEtra la sombra de nuestros pecados.u

Y prosiguió en voz más baja:
- uOonservo con pasión como un amante, todas las mi·
radas que he podido sorprender y que tenían en sí algo
de esos i)aísee sobrenaturales á que querríamos todos
á ciertas horas llevar nuestros deseos y nuestros amores,
para abrevarloe de sol. Loe conservo, cuidadosamente
los guardo, muy en el fondo de mí mismo, y en los mo•
mentoa de lasitud, loe consulto y me repiten las palabras
que ya me han dicho, las buenas palabras de recogimien·
M&gt; y de paz.
uNo debemos engastar los ojos como joyae, ee preciso
amarlos como mujeres á. las cuales se contarían todas las
aoguetiae.
uEs necesario amarlos porqne rnlo ellos pueden condu•
cimas á través de la noche y cuando nos detenemos en
las encrucijadas de nuestras dudae y nos preguntamos
con lágrimas por cual camino arribaremos á la luz, en
ellos solos es donde podemos leer nuestro porvenir y la
certidumbre de nuestras vía1.1.
uLos ojos! Cuántas veces he llorado pensando en toda
su piedad desconocida, en su inmensidad de tristeza ante nuea,ra fragilidad y nuestra inquietud! Ellos nos
alientan, ellos nos fortifican. Ellos nos ensefian todos los
misterios del amor. Porque el amor no está ni en -la car•
ne ni el alma, el amor eat.á en loa ojos, ~n loa ojos que ro•
zan, que acarician, que resienten todos los matices de las
sensaciones y de loe éxtasis, en loe ojos donde loa deseos
se magnifican y ee idealizan. Oh! vivir la vida de loe
ojos, donde todas las formas terrestres se borrran y se
anu lan; reir, cantar, llorar con los ojos, mirarse en los
oj o1:1, ahogarse en ellos, como . Narciso, en la fontana! n
Lloraba al decir esto, con todo el sufrimiento de sus de·
seos erctízados lloraba dulcemente, con un aire de resignación dolorosa y su cara flaca se divinizaba de pasión.
-11Ohl prosiguió, ya soy un viejo y nunca he conocido
el amor tal cual loe hombree lo comprenden. Y bien, sien•

155

EL MUNDO

to ahora que algo me falta; y si lloro es porque toda la
miseria de mi vida se me sube al corazón, es que me siento incompleto y muerto y ya más allá de la vida! No he
conocido el amor, no be querido, no he osado. He guardado fielmente el culto de los ojos y eso me ha bastado
en toda la extensión de mi juventud. He conocido todo
el amor de loe ojos, más nada he sabido del amor de la
carne. Por esto lloro algunas veces, mas por es~ también,
ver he podido más lejos y más alto que muchos otros y
he conocido en todos sus matices las ternuras y las be·
llezas misteriosas de la vida interior. Esta vida interior
la he observado, la he contemplado, la he recogido en
loe ojva y torno á ver ahora con el recuerdo de esas miradab y de esos amores purísimos que han santificado todos mis deseos.
u He pa!!ado mis afioa en buscar en loe ojos, todo eso
que loe otroa hombree no pueden ver,
•
uLentamente, doloroeamente he descubierto todos loe
iir:1 rcmecim ientoe iofinitos que en ias pupilas ee eternizan. He envejecido, he usado mi alma en la persecución
del misterio, •y ahora mis propios ujos se han apagado;
han arrebatado poco á poco todas las miradas de loa otros
ojos y no sfln ahora ya mas que un espejo que refleja to ·
das esas muadaa que volaron, que se anima solamente de
una vida múltiple y agitada de tentaciones desconocidas.
Y esta es mi inmortalidad, Porque yo no moriré y vivirán mis ojos, porque no son míos, porque loa he formado
de todos loa ojos, con todas sus lágrimas y todas sus ri·
sae porque cada una de sus palabras es la palabra de otro
ojo, de otra alma. Yo sé muchas cosas: Tengo todas las
almas en mis ojos. Y aobrevi viré al despojo de mi cuer•
po, por que roe abaorveré, me desvaneceré en mis ojos
que son inmortalee.n
Yo miraba eeoa ojos, donde, en efecto, pareclan chocarse los deseos, combinarse las almas. Pnecían vivir de
una vida extraordinaria, en ese rostro pálido y marcado
con I.11 esperanza de la m'lerte. Se hubiese dicho un juego de luces, uoa feería de colorea diverso.e y mezclados
en una radiación única, y comprendí, viendo la inmor•
talidad que !!e desbordaba de ellos, que eran verdadera·
mente el a!!ilo supremo de la vida, donde dormitaban todo dolor y toda alegría.
CARLOS VELLA.Y.
Versión de A mado Nervo.

EL ESPt;:JO
I.
Etaee un reino en el que no había eept-joe, pues todos
los que en otro tiempo figuraban en las casas df'l país,
habian sido rotos y hechos afiicoa por órden de la reina,
La persona que hubiese poseído uno de estos objetos,
podía tener por segura la pérdida de la existencia.
La reina era monstruosamente fea, y no quería exponeree, cuando paseaba por la ciudad ó hacia una visita,
á ver reflejada su imágen en parte alguna, consolándose
con la idea de que las demás mujeres no podían contemplarse y admirar su propia belleza.
Esto, como era natural, causaba profundo di!!guato á
las hembras del pais, las cuales tenían también prohibido el mirarse en el cristal de loe ríos y de loe lagos.

II
En un barrio, extramuros de la ciudad, vivía una joven llamada Jacinta, que eetaba menos triste que las de•
más porque tenía un novio que la adoraba con delirio.
La persona q ne os encuentra hermosa y no se canea
de decíroslo, puede hacer las veces de un ee¡:Jejo.
-¿De veras-pregu•taba Jacinta-que mis ojos son admirables?
-NO los nay más sorprendentes en el mundo.
-¿Y de qué color es mi cutis?
-Más blanco que la nieve.
-¿Y qué dices de mis labios?
-Que parecen una cereza partida.
-¿ Y mis dienteé?
-Son tan finos y tan blancos como el grano de arroz•
Así hablaban loe enamorados, teniendo Jacinta la dicha de oír elogiar lo que el galán tenia la fortuna de ver.
Ooncertose al fío la boda; pero cuando la noticia del
enlace llegó á oídos de la reina, propúsose ésta destruir
la felicidad de Jacinta, á la que detestaba cordialmente,
por ser la criatura más hermosa de la comarca.
'
III
La víspera del matrimonio paaeábase Jacinta por un
prado, cuando de repente se le presentó. una anciana en
demanda de una limosna.
De pronto la vieja lanzó un grito de espanto, y exclamó:
-¡Cielos! ¡Qué horror!
-¿Qué os pusa 1 buena mujer? ¿Qué habéis viaOO en mí?
-El ser más feo que hay en el mundo.
-¿Soy lea? .. ..... ..
-No hay palabras con que ponderar· vuestra Iealdad·

-Pero mis ojos .. ..... ..
-Son borribies.
-¿Y mi cutis?
-Negro como el carbón.
-¿Y mi boca?
- Verdaderamente repugnante.
¿Y mis dientes?
-Largos, desiguales y amarillentos.
Acto continuo, la vieja que, debía ser una bada milagroea, amiga de la reina, se alejó presurosa, lanzando una
carcajada, mientras Jacinta caía en tierra con loe ojos
inundadoe de lágrimas.

IV
No era poeible calmar la aflicción de Jacinta.
-¡Soy feal-exclamaba á ~ada inatante-¡soy remata..
damente fea 1
Era inútil que su prometido le asegurase lo contrario.
~Déjam~ en paz-le decía¡-mientes porque me tienes lástima¡ pero no me amas ni me has amado nunca.
Para deseagañarla, apeló al testimonio de varias per•
sonas, las cuales declararon que Jacinta era en verdad un
prodigio de hermo:1ura. Pero la doncella creyó que loa
testigos habían sido comprados por su amante, é insistió
en dar únicamente ciédito á las palabras de la anciana.
No hay frasea con que pintar la desesperación del mancebo, tan ardientemente enamoradc;&gt; de Jacinta, la cual
había llegado á renunciar á su proyectado matrimonio.
-¡Soy demasiado fea para casarrue l-repetía la doncella á cada instante, ein que hubiera medio de convencer•
la de que estaba en un error lamentable.
La única mflnera de deementir á ia vieja, habría sido
poner un espejo ante loa ojos de Jacinta. Pero ¿dónde
encootrarlo?
-Piles bien, iré á la corte-dijo el novio- y por bárba•
raque aea nuestra soberana, no dejarán de conmoverla
mis lágrimas y la belleza de mi amada ..
Gran trabajo costó llevará Jadnm á Palacio, donde no
quería mostrar su horrible fealdad. Sin embargo, acabó
por consentir accediendo á. las súplicas de su amigo.
V
-¿Qué gente es esa? ¿Qué desea?
-Majestad, soy el amante más iafortunado de la tie•
rra.
-¿Y á mí qué me importan vestrae penas?
-Apiadáos de mi dolor y permitidme que me procure un espejo .... ... . .
La reina se levantó furiosa y le dijo:
-Quién se atreve á babJar de ei:3pejoe en mi preeen~
ciJ?
-¡Tranquilizáos, Majeetadl Esta jóven tan fresca y
tan hermosa que me acomtafia, tiene la manía de que
es horriblemente fea ........ .
-Y e,ná.en lo cierto-contestó la reina-porque jamás he visto más espantoso rostro.
Jacinta creyó que iba á morir de tristeza, La duda no
era posible, puesto que a loa ojos de la reina, lo IU.ismo
que á los de la mendiga, era un Eer á todas luces repugnante.
El amante al oír la terrible opinión de la soberana, dijo en aha voz que la reina se había vuelto loca, á menos que hubiese mentido.
No pudo añadir ni una palabra más.
Los guardias se apoderaron de su perbona, y la reina
dió 6rden de que cortaran inmediatamente la cabeza al
prometido esposo de Jacinta.
El verdugo levan$ó un ancho y reluciente alfanje y á
un mismo tiempo se oyeron dos agudos gritos: uno de
alegría, porque en el deenud,.:, acero se había contemplado Jacinta en todo el esplendor de su hermosura, y otro
de angustia, por que la infame reina exhalaba el último
suspiro á causa de la. indignación que le había producido el ver reflejada su fealdad en el improvisado espejo.
CÁTULO MÉNDEZ.

CURJ.OSIDADES.
EXPOSICION CANINA
PERROS CHIHUAHUEÑOS PREMIADOS EN LONDRES

Existe en Londres una curiosa asociación llamada nLadies Kennel Aeociationn que anualmente organiza exposiciones de perros, dedicando loe productos de la feria á
obras de beneficencia.
La expoeicióa del presente año se verificó á mediados
del mee próximo pasado en el real jardín Botánico de
Londres y la Junta Directiva Organizadora estaba formada por seí'i0raa dea !alta aristocracia inglesa.
Llamaron notablemente la atención algunos perritos
chihuahueñoe, y uno de ellos llamado Yorky obtuvo primer premio. La princesa de Gales presentó un hermoso
galgo llamado Alex, que obtuvo dos primeros premios y

�EL PERRO COMESTIBLE,
Cuando mas ee aprende á conocer al hombre, mas ee
es,ima el perro 1(escribía m isantrópk amente ese gran amigo de las bestias llamado A. Toueenel))
Acaeo, porque los habitantes del Celeste imperio no
conocen suficientemente al hombre es por lo que consi•
deran aún al perro como á un animal comestible y ua
manjar de loe mas Sabrosos. Pero hay que esperar que
ayudando el progreso de la civización, vendrá un día en
que no figuren ya en loa menue de las comidas de gala
de la corte de Pt:kin, loe bravos perros, 11eeoe candidatos á. la humanidadn, segun la pintoresca expre1:ión de
Michelet.
Darwin refiere en alguna parte que cuando loe habitantes de la Tierra dd fuego se . ven
acosados
por. el
.
.
hambre, matan y ee comen á sus v1eJas muJeree meJor
que á. sus perros y que en AuBtralia ae han visto padres
sacrificará. sus hijos pera que la madre pudiese dar leche
á este útil auxiliar.
Loa chinos por su parte cuidan y engrasan cuidadoeamente á l!UB perros, para ...... comereelos. Hacen por lo
demás un platillo que es tambien de lujo; el abate Le
Noir, en sus relaciones de viaje en extremo Oriente refiere que en las casas de los comerciantes de comestibles y
la mayor parte de las graojae, se encuentra u esos animales en pequeños separes muy semejantes á los que se
usan en Europa para engrasar los volátiles. Álli perma•
neceo de quince días á tres semanas condenados á una
inmovilidad caBi completa y no tt.ciben como alimento
mas que una mezcla de arroz y de l!al vado.

.

PP-rrito chihuahueño dela Han. Mrs. Aigernon Bour•

ke, llamado "Mousie," ( Premiado en Londres.)

mención honorífica; presentó también un perro chato
negro, que obtuvo tres primeros premios y mención honorífica; un perro danés que obtuvo dos segundos pre•
mios y dos perros deTerranova que también salieron pre•
miados.
Loe perros ratoneros de la duquesa de Southerland
también llamaron la atención, así como otros dos perros
chihuahueños de la condesa de Gry.
Pero el gran premio fué otorgado al cLampion H an'tbal,
hermoso perro danés de la seflora Horafall.
Los perros chibuahueños son muy estimados en Londres alcanzando precios elevados.
Recordamos á este propósito que cuando Adelina Patti
eetuvo en México, quedó materialrnent.e encantada de un
diminuto chihuabueño que le obsequió el conocido sport•
man coronel Antonio Lozano. La dtva no emprendia viaje a 1gllnO sin ir acompañada de su perro, y cuando .estuvo en Nueva York en el invierno de 1891, tuvo la deegra•
cia de perderá. BU ineeparable compañero, causándole esto el más profundo pesar. En aquella época encontrábase casualmente en Nueva York, el Coronel Lozano, quien
pidió inmediatamente por telégrafo un perrito de la mis·
roa raza, y una noche que la celebre diva cantaba Semí·
ramUl en el Metropolitan Opera Housede aquella ciudad,
un mozo de librea le entregó en el escenario el perrito
chihuahue:tlo, dentro de una preciosa ::anastilla_de flores.
Adelina no pudo contener su emoción y sacando al anima.lito de la cesta lo besó á la vist&amp; del público.

Corazón de sacerdote. POR H.

negras¡ en el paf a de loe Ochantes ee lea come igualmente, sea frescos, sea secos. Y costumbre que hace extremecer de indignación á los amigos de las bestias, parece que en el Bajo Congo, entre loe batekés antes de
matar á un perro destinado al consumo para hacer la
oarne más tierna, se le maltrata, se le tortura. He aquí
lo que dice á este respecto un diario colonial, El Congo

XII
Por una circunstancia verdaderamente providencial,
i:ni Marta ni Charlier habían muerto.
El proyectil había tocado á Marta en el hombro, que
-había atravesado sin causar graves lesiones. En cuanto
á Charlier, la bala disparada de muy cerca, le había con•
k&gt;rneado el hueso frontat, siguiéndolo en toda su longi-tud y trazando en él una huella sangrienta. FranciBca,
-que se había lanzado vuelta loca á. la calle, pidiendo so•
•corro, trajo á. un médico cuyas declaraciones tranquili..zadorae calmaron t,l espanto de Pablo. En tanto que Marta volvia en sí, Charlier, transportado á su lecho, cayó en
iun sueílo de plomo que duró veinticuatro horas y le
•salvó.
Ya se adivinará. la emoción de la ciudad.
En tanto que en sus cámaras los heridoe recibían loe
¡primeros cuidados, la plan'8 baja se había llenado de vi-

taba, visiblemente poco simpática para ella. Al franquear
el zaguan, ee cruzó con el procurador de la Republica.
Una luz terrible atravesó por su espíritu. Charlier ha•
bfa cometido una tentativa de asesinato en la persona de
su mujer.
Era inevitable un proceso y á ella la mezclarían!
Todas las palabras que su primo le había dirigido en
su amenazadora visita, zumbaban en su.s oidos. El las
repetiría en público ......... Ella sería moralmente la acusada ........ .
Batían sus sienes¡ fiaqneabai. sua piernas; habría caí•
do sin el sostén de sus hijas. En el camino encontró al
abate Cbavassieux, que se llegó á. ella lleno de interés.
-Vamos, vamos, querida y buena seflora ........ no de•
bemos ponernos en eBe estado ......... Yo comprendo perfectamente ...... vuestro Primo........ vuestro primo ....... .
pero en fin ...... Tened valor, vamos!

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ALEMANIA

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nnevaux repetida donde quiera, volvió el valor á. loe más
tímidos.
Francisca no eecatim6 loe relatos. Todos vieron clara
la perfecta inocencia de Marta y aún excul!aron á Charlier, haciendo ver toda la trama urdida por la malicia
bajo Ja máscara de la caridad. No había mas que una
frase en Ganneville: 1&lt;Ahl eea se:tlora Dee:cordes.ii ·

· Se apartaron de ella. A la vez ella conoció las mordeduras de la maledicencia y laa tristezas del aislamiento.
La eeñora Valier, en casa de la cual compraba pocasconfiturae, las sefioritas J uglan á quienes rara vez mandaba
hacer sombreros, fueron las primeras en retirarse de eus
obras. El primer miércoles que siguió, la eefiora AuffryMignoz fué la sola trabajadora que se presentó toda inti•
midada. Pero tampoco ella volvió. Todas las piadorns
fundaciunes de la se:tlora Descordee cayeron una á. una,
y, dolor supremo! muchas fueron reconstituidas á. sus
propios ojos, sin que ella tomara parte. U oicamente el
abate Chavaseieu·x permaneció fiel á. eue
comidas y á sus viEitae de loe domingos, con
tinuando sin comprender y dando vueltas
al puñal en la llaga, al repetir sin cesar:
-Ciertamente, ese pobre Charlier ha sido
impul1:8do ...... Qué peso debe haber sobre
la conciencia del verdadero culpable: Va•
moa....... vamos....... que el buen Dios le
perdone.
La señora Descordes debió reducirse en
adelante á envejecer en su rincón, con el corazón lleno de amargura, entre sus hijas,
que acabaron de marchitarse en eu vida mezquina, rabiosa y celosa, yel deegraciado abogado, entregado sin tregua á laa ociosas garras de rns trea harpías.
El proceso de Charlier era inevitable. Tu•
vo lugar dos meses después, una vez que los
heridos se restablecieron.

,:

-:-:..~:::~' ~ . s./·'

r:•·

El globo cautívo del Capitán Parseval.

No se conocsn ni en Europa, ni en América el perro y manjar de ricos], la otra, de pelo corto pero muy nu•
el gato comestibles, salvo Pn los grandes eitioe. En Pe- trido,
Como color, ee cuentan tres variedades: loe unos son
kin por el contrario y en todos loa paiaos de leagua china,
no hay comida suculenta sin un filete ó un jamón de enteramente de un rojo vivo: esta es la variedad arieto·
perro, el gato es mas bien un platillo de la clase pobre. crática; loE otros son de un leonado negruzco con el bo•
Estos hábitos que nos repugnan como una especie de cica negro; 11or último, hay un chovv-chovv leonado pálisemi.antropofagia, existían sin embargo entre loe pue- do con el hocico claro: esta ea la especie más común. El
blos de nuestra antiguedad clásica. La historia nos re• caractér general de esta raza es tener la lengua y los la•
fiere, en efecto, que al principio el perro figuraba entre bias de un negro azuloso. Este color no es nativo; en to•
dos loe perros jóvenes la lengua es roja y se ennegrece
las especies alimenticias.
Los salvajes de América del Norte, por penuria de progresivaJnente al cabo de tres semanas; ee cuentan co•
caza, sacrificaban algunas veces á. loe perros; sin embargo, roo rareza ejemplares que nacen con la len¡ua negra.
En cuanto á la manera de preparar al perro para el
si debe creerse .1 las relaciones de viaje del capitán Frecocimiento
es en todo semejante á la que se emplea para
mont, que describe una comida de perroan (dog jew,,t ) 1
ese maojar es muy natural á ' los Sioux. Se asegura el cerdo de leche. En China no hay gr.andes comidae;
tambieo que antes de la introduccion de las bestias cor• pero en las comidas oficiales jamá.s falta un chow·chow
nudas, loe Eepañl)les esta blecidoe en México hicieron preparado de la manera más sabia.
El perro no tardará en desaparecer de loe menús de
un consumo tal de perros indígenas que la especie desapareció por completo; segun Cook los nuevos irlandetes loe celestes, y el chow. f/ww será entonces lo que debiera
se comían sus perros y se vestían sus pielea. Fol!ter aiht.• haber sido siempre: el pequeño campa.ñero de salón de
de: ((!man apasionadamente esta carne y la prefieren á las uMadame Chrysantheme)1 de los bordes del río Azul
la de puerco&gt;, Loe Groenlandeses y los habitantes del 6 R ojo.
Kamscbatka comen taro bien algunas veces sus perros,
pero solo impulsados por el hambre se reducen á. esta
cruel extremidad.
En Africa loa perros son el regalo de las poblaciones
Chow•Chow en el Jardín de Aclimat.lción de Parls.

DE FORGE.

Número 5.

lL GLOBO CAUTIVO DEL CAPITAN PARSEVAL.

La forma del .globo generalmente usada por loa princi•
pales ejércHoB ea la de pera; sujetándose á. la tierra el
globo cautivo por un ca.ble de acero; pero en realidad,
esta conocida forma no era de gran aplicación para las
op:nacionee militares, porque frecuentemente la fuerza
del viento impedía practicar las observaciones opor•
tunas.
En la ac\ualidad se ensaya en Berlin, con muy lison,
jero éxito, el nuevo globo cautivo que ha inventado el
capitán del ejército alemán Paree val. Nuestro grabado
da clara idea de la forma particular de este globo, cilíndrico y esférico en sus extremos y que lleva un apéndi·
ce en uno de ellas, así como del modo que va suspendi·
da la barquilla y están dispuestos los cablee que le sujetan. Se asegura que así Be ha logrado que el globo tenga
una gran eBtabilidad, que era precisamente de lo que carecían loe usados hasta aquí.

s.

ILUSTRACIONES HECHAS EN NUESTROS TALLERES.

llwtrado:

uAntes de comerse el r;,erro ea sometido á un verdadero suplicio. Cuando ha llegado á. la gordura necesaria se
le rompen los cuatro miembros y se le deja yacente y
gimiendo durante largaa horas. Esta práctica es usada
para otros animales domésticos y aun para el hombre
destinado á ser comido. Los oegros pretenden que el do•
lor vuelve la carne más tierna. El perro es ssí frecuentemente, después de largos eufrimientoe, puesto sobre el
fuego, eobre el cual Ee le da vueltas para quemar todos
loe pelos.
Sin embargo, M. Meulemans, un veterinario militar,
belga, cree poder afirinar que las coeae no pasan en todae
partea con el mismo refinamiento de crueldad.
«En el Congo, generalmente, dice él, se degüella al pe..
rro antes de quemar eus pelos y de despellejarlo.11
Entre los chinos el perro es aun ahora un manja'r habitual y un regalo de goloso.
Su chow clww ó perro comestible puede verse en el adjunto grabadci que publicamos y que nos evitará la des•
cripción. Sólo diremos, que en cuestión de pelo y de co•
lor hay numerol!aB variedades. En cuestión de pelo hay
dos varianteB: una de pelos Jugos (la má.a estimada,

,57

EL MUNDO

DOMINGO 29 de AGOSTO DE ,&amp;97

DOMINGO 29 DE AGOSTO DE 0897

EL MUNDO

156

'11itantee, loEI unos einceraniente ansioeoe, los otros eim·
..plemente curiosos. La eefiora de Sennevaux, preveni la
.por un exoreao que Savinien le había enviado á todapri116, llegó de las primeras, aún antes que la señora Descordee, que habiéndose copfinado en su casa no supo la ca-táMrofe sino por el inu&amp;itado movimiento percibido des-,
de su ventana, que daha á la gran plaza.
Acudió con sus hijas, turbada, egitada, comenzando á
comprender su terrible responsabilidad.
En el vestíbulo, invadido, e:ricontró á la sef'iora de Se..nnevau.x, que marchó recta á ella y le dijo en alta voz,
en medio de todos, mirándola bien á la cara:
-Vuestro puesto no está. aquí, seflora.
Y como hl. eefiora Descordee, muy sonrojada bal:t,ucea•
·ra algunas palabra1;1, la éondesa, con un gesto de irresis•
tible autoridad le mostró la puerta, a:tladiendo:
-Id á. dar gracias á. Dios por que os ha ahorrado el re,mordimiento de haber hecho dos víctimas inocen~e.
La se.flora Deecordes atravesó la multitud, que se apar•

Yo lo sé, vos que sois tan buena ........ los sufrimientos
de loe otros destrozan el corazón. Pero el buen Dios está
ahí.. ....... El ha impedido grandes deegracias; tranquilizaos ...... el permitirá que se descubra á loe culpables, á.
los verdaderos culpables ......... Porque sin dllda ese pobre Charlier ha sido impulsado ..... .
Este fué el último golpe. La eefiora Descordee tuvo
justamente la suficiente fuerza para volver á. su casa,
donde cayó desvanecida.
Su reino había concluido.
La provincia, á pesar de que las sufre. ama poco esas
dominaciones invasoras y absorventea. Nadie enlama•
aa se atreve á. dar la seilal de rebelión; pero si una mano
más enérgica levanta la bandera, todo el mundo sigue t,l
movimiento y loe más ardientes por la independencia
son aquellos que más ee han humillado bajo el yugo.

La vida de la caaa de Marta, tan sencilla, y que se había calific8.do de lujosa, quitó todo crédito á los otros ruidos que hablan corrido. ~ palabra de la eefiora de Se-

Tods. la población asiBti6 ~ la audiencia,
ávida de escándalo. Pero su esperanza que•
d6 frustrada.
Charlier llegó apoyado en el brazo de Pablo. Su actitud y su tacto fueroa perfectoP,
no acusando á nadie más que á sí mismo, de
eu deplorable conducta y no buscando excuea alguna.
Cuando el presidente, que ponía e• eus
preguntas una delicada reserva, le pregunté
á qué movil había obedecido, él respondió.
-Lo ignoro. Es vergonzoso decirlo, pero
esta vergüenza pública ea un castigo que he
merecido ......... Yo no tenía conciencia de
mis accionee.
-Teníais algún motivo para odiar á la
eenora Charlier?
--Ninguno, respondió él prevenido con voz
fuerte ....... mi mujeres la más noble y la más
honesta de las criaturas.
-Nadie os excitó contra ella?
Esta era la pregunta esperada. Todas las orejas ee
abrieron.
Charlier sin responder directamente, se limitó á decir:
-Os repito que yo soy el único culpable.
-No eetábais en estado de embriaguez? preguntó uno
de los jurados.
-8!, estaba ebrio.
El presidente no insistió.
Marta, interrogada, dijo:
-Juro ante Dios que jamás he te:aido nada que repro•
obar me, nadaquepudiera sonrojarme ante mi marido y ar.•
te mi hijo. Juro que jamás he faltado á. •inguno de los de·
beres ni hacia el uno, ni hacia el otro. Perdono á. mimarido, y le he perdonado desde hace la.go tiempo en mi
corazón. No tengo para 41 más que estimación y afecto, y
pasaré el reato de mi vida en probárselo.
El procurador puso una extrema mederación en eu re-

�DO ■ IIIGO

quiaitoria. Ni e1 nombre de Savinien ni el de Ja aefiora
Oescordee fuero.u pronunciados. Cha.rlier, reconocido cul
pable, fué condenado á una simple multa y salió libre del

tribunal entre Marta y Pablo. Desde el día del drama
hasta eea audiencia, casi nadie le habia vuelto á ver. To•
dos notaron en transformación: no era yael mismo hombre. Su rostro pálido, enflaquecido, con una gran cicatriz
que le bollaba la frente, tenía una fisonomía triste, gra•
ve, pero digna, con una humildad que ee sentía dncera.
Había hablado sin énfasis, eóbriamente, con una voz
muy conmovida por_ momentpa, bajo el imperio de un

sentimiento que nada tenía de :ficticio.
Cuando al retirarse, pasó entre su mujer y su hijo, instintivamente las cabezas se descubrieron ante aquella fa•
milia tan larga y violentamente turbada, ahora reconet,ituida y reunida.
Muchos ee preguntaban quién había hecho ese milagro,
quién había servido de lazo de unión, entre ese hombre
grosero y malvado, hasta entonces incapaz de un senti ·
miento ó de una ternura, y aquella mujer dulce y buena¡
toda delicadeza y corazón, quién, en fin, había venido,
pues, ein quererlo á romper la unión pura, honesta, pero
terriblemente :peligrosa por eu miema honestidad, de
Marta y de Savinien.
Esta era la obra de una criaturita tímida y silenciosa
basta entonces, alma frágil, á. la cual no babian alcanza·
do ni los necios prejuicios nj las malignas costumbres de
aquella vida de provincia y que, en la sombra de aquella
casa tristísima, había .crecido pronto, inetruídoae prematuramente y vuéltoee serio anteB de la t.xperiencia, no
habiendo sabido acaso nunca lo que era reir, sino madu•
rado por todas las lágrimas que había visto correr.
La transformación de Mana y de Charlier era la obra
de un niño de quince afias.

XIII
La noche misma. del día terrible, Pablo se había in3·
talado á la cabecera de su padre, haciéndose su enferme•
ro, asustado, inconsciente aún 1 sin otro proyecto que el
de ayudar áloe cuidados materiales del médico. Durante la noche, que pasó sólo cerca del herido, no dej,ndo•
lo más que para ir de puntillas á informarse del estado
de eu .madre, cerca de la cual velaban la Sra. de Senne•
vaux y Francisca: efectuase un trabajo intimo y miste•
rioso en aquella almita.
Su candor ingcente no le permit.ia comprender la causa precisa del einieeti'o acontecimiento. No veía en él
más que la crisis suprema de la vida de violencias de que
tanto tiempo había sido testigo, y entonces ee levantó
ante su pensamiento todo un plan, que maduró con tanta sangre fría como precoz inteligencia bajo la inspira•
ción de la piedad mas alta.
Borrar para siempre el pasado¡ á fuerza de paciencia
y de dulzura hacer de su padre otro homb1e, traerlo al
deber y al bien¡ volverle el sentimiento de las afecciones
de familia, la elevación de espíritu, la nobleza de corazón y rodearlo de una purifiéante atmósfera de ternuras;
apartarlo para siempre de los hombres y de las cosas que
le habían sido funestas: obra sublime en que el hijo dada la vida al alma de su padre; obra laboriosa: ninguna
dificultad de la cual escapaba á su perspicacia, pero que
eu ardor entusiasta y confiado iluminaba con un rayo
triunfal.
Loe niflos que han eufrídomuchotieneneeoaentueias•
moa generosos. Su corazón encuentra acentos que no tienen loe otros; sus grandes ojos, dulcísimos, tienen miradas profundas que fascinan, su pequefia mano, puesta
sobre la frente del que sufre, proporciona una calma ex•
trafia. Tienen armas muy de ellos, hechas de mieteiio y
de ternura.
Prosternado en la soledad y el silencio, con la cabeza
apoyada sobre el lecho mismo del enfermo, largo tiem•
po se desahogó Pablo en una de esae plegarias conmovividas, ardientes, irresistibles, que la boca no pronuncia
pero donde el corazón se funde todo entero. Pidió á. Dios
la fuerza, la prudencia, ia habilidad, y en cambio de la
victoria esperada le prometió eu vida.
Fué aquel desde entonces un trabajo de todas las ho•
rae. Los primeros diaa fueron crueles y rudos. La inteligencia de Charlier, obscurecida aún, parecía ofrecer invencibles obstáculos. Su carácter, cuyas violencias nadie
había refrenado jamás, reaparecía á medida que sus

fuerzas físicas se reanimaban. Pablo respondía á todo
con una calma inalterable y una mansedumbre que nada
desalentaba.
- ¡Quiero beber! gritaba el herido.
Y de acuerdo con el doctor, que había aconsejado evi•
\ar toda supresión demasiado brusca, Pablo llevaba, con
la sonrisa en loe labios, las bebidas favoritas de su padre; pero disminuía cada vez insensiblemente la dosis
de loe elementos perniciosos.
-Leeme el periódico, dijo otra vez Charlíer.
Y Pablo hizo buscar inmediatamente la boja del más
vivo matiz político y la leyó sin pestañear, limitándose,
respecto á. loe hechos que el podia apreciar, á algunas re·

flexiones muy sencillas, que demolieron de un golpe el
fárrago grosero de esas lucubraciones de taberna. Las
palabras eran siempre tan aencillae 1 tan medidas, tan
justas, que al cabo de dos semanas Charlíer dijo expon•
táneamente:
-Ese periódico ea estúpido! Ya no lo mandes comprar.
Se había dado un paso.
Entóncee, Pablo se volvió comunicativo. Era él quien
cada día contaba á an padre las noticias de la ciudad,
que se hacia resumir en la noche, rápidamente, porFrancisca; ó bien sacaba de los recuerdos de sus cortos eetu•
dios el relato de alguna anécdota poniendo en eue palabras la animación atractiva y juvenil de su alegría, sabiendo aai mismo dirigir la conversación con destreza
en el sentido del fín incesantemente perrnguido y sacar
de él alguna lección, prudentemente, impercepr.iblemen·
te deslizada, sin caer jamás en una alusión que pudiera
herir al enfermo.
Siempre estaba ahi cuando era preciso, pasándose las
horas en una pie~a vecina, dispuesto á responder al menor llamamiento, pero dejando tiempo para que germinase el grano que había sembrado de un modo inteli•
gente.
-Donde está Pablo? preguntó bruscamente Charlier
una maf'lana. Por que te vás? Quéda~ aquí.
El nifio bendijo á Dios.
Eea eJi\ su primera victoria.
Desde entónces la intimidad creció! Charlier, apartado
así de las malas intluenciae morales como de las excitaciones materiales se ablandaba poco á poco, cuidado, mimado, rodeado de solicir.udes, sensible en su inteligencia que renacía, al encanto que se desprendía del nifio,
cuya presencia se le volvía indespeneable.
En el día, en la noche, al menor movimiento, veía
surgir aquella cara tierna, atenta, sonriente como una
aparición angélica. Pero Cbarlier tenía á veces largos
extravíos, especie de crísis nerviosas y parecía ya no
comprender. Hacían de nuevo presa en él sus malos recuerdos y eua hábitos de borracho. Operábase en éi una
transformación. La bestia bruta se callaba después como
fascinada, y volvían uno á uno loa sentim:entosi encon•
trados á veces, de su infancia en otro tiempo dulce y regular, revestidos tal y cual vez de tan encantadora no•
vedad que lo seducían, como todo aquello que no seconoce. Acontecíale permanecer largo tiempo sin decir
nada, con los ojoe fijos en Plablo cuyo corazón palpitaba entonces con una emoción deslumbrada, adivinando
el trabajo )atente que se operaba.
Ah! no todas las hora3 eran igualmente dulces! Algu•
nas veces la vieja naturaleza se le subía encima con
bruscos sobresaltos. Pero Pablo comenzaba á sentir su
fuerza y envalentonado, despreciaba esas crisis que se
hacían más y más raras y fué un nuevo triunfo el día en
que forzó á su padre á. reír también de su irrhación, re·conocida sin causa.
El mejoramiento moral progresaba al mismo tiempo
que la curación física, merced á los constantes esfuerzos
de Pablo. Sin embargo Charlier se quedaba sumergido
algunas veces en silencios profundos y contrísiados.
Abría la boca para formular una pregunta y la pregunta espiraba en sus labios ......... Marta? Por el aspecto
de Pablo había adivinado que en crimen no había sido,
por fortuna completo. :Marta vivía. pero donde estaba,
en que estado f cuales eran sus sent.ímientoa de resentimiento legítimo?
Y Charlier comprendia que jamás la había amado y
sentía ahora todo lo que había perdido. Marta ee le aparecía aureolada de todo un nimbo de juventud y de be•
lleza, que él, imbécil, había despreciado. Habría querido recomenzar la vida y rehacer, en su unión con Mar-

ta, afios de dicha en lugar del infierno que le había dado. Pero esos afias de infierno terminados por un drama sangriento, eran para siempre el pasado, lo irrepa•
rabie, terrorífico como una pesadilla.
El sabía bien que Savinien no 8!3 el amante de Marta, pero la había amado y sin duda ella le había amade
también. Esta unión de dos coraiones enloquecía al desventurado más que cualquiera otra cosa hubiera podido
enloquecerlo. No podía despreciar más que así mismo y
esto lo sofocaba, lo extrangulaba de rabia. El también
hubiera podido amará Marca. Siendo bueno y tierno,
se decía que acaso llegara á hacerse amar ...... Pero era
demasiado tarde sin duda.
Algunas veces le volvía la esperanza y tenía como crtsis de alegría. Y de codos sobre la almohada en la sÓm•
bra de las cortinas sombrías, contemplaha largamente á
su hijo, fijando en él sus ojos de pobre bestia herida.
El nifio se aproximaba un poco bajo la lámpara y sus
miradas se cruzaban, la una toda de terneza y de amor
y la otra toda de angustia y de amargura.
Pablo vigilaba, atento, el desarrollo visible y deseado
de esas angustias inconfesas y cuando le pareció llegado
el momento de obrar, entró en la cámara llevando en su
diestra una rosa fresca y embaleamada que tendió á su
padre, diciéndole sencillamente:
-Mira, ;o que maniá me ha encargado que te traiga.
Cbarlier tomó la flor ein decir una palabra. Largo
tiempo su pensamiento permaneció mudo ante este men•
saje perfumado, gage de olvido y de perdón. Sus ojos
iban de la rosa al rostro del nifio. De pronto dos gruesas lágrimas corrieron á lo largo de sus mej illae enflaquecidas.
-Ven á besarme! dijo á Pablo.
Y eu corazón se fundió en los brazos de su hijo: la
obra de regeneración estaba cumplida.
Entóncee empezaron entre el padre y el hijo largas
conversaciones en que cada dia sus a\ma9 se aproxima•
ban en expansión más y más intima. Pablo, dueño del
terreno ahora, iba francamente hacia adelante, revelando á su padre todo un mundo de sentimientos desconocidos, no temiendo ya abordar loa asuntos más delicados con esa sinceridad sencilla que impone la fé, con ese
tacto que no se adqu~ere y que el corazón solo sabe inspirar, alumbrando los últimos rincones sombríos del pasado con la luz límpida de su propia pureza.
Marta solo recibía las confidencias de loe esfuerzos, de •
las esperanzas y de loa éxitos de Pablo. Cada día se escapaba él algunosinatantes1 se encerraba con ella y le decía alegremente loa progresos realizados y el triunfo final que se aproximaba. Su madre lo escuchaba conmo•
vida, recompensando con una sonrisa y con una caricia
al noble nifie. Y sin embargo, algunas veces, cuando el
había partido, escapábase un suspiro de sus Jabioe, sus
ojos se mojaban, perdidos en nn ensueño melancólico y
profu11do. Se ponía largamente de codos en la ventana. :Bajoeus ojos, de un techo vecino aubfa á.la hora
del almuerzo un humillo blanco y su mirada seguía ese
humillo, en los aires hacia las nubes. Ella también pen·
eaba en el paeaio, en toda la vida frustrada, en toda esa
dicha que no había tenido. Después ponfaee de nuevo
á esperar. Y en la penu..nbra de las largas veladas del
crepúsculo, l)aeabd su mano pálida alrededor del cuello
de su hijo! Y loe últimos rayos del eol venían á reflejarse en los ojos de. la madre y del hijo.
Como Charlier c.Jmenzaba á levantarse, Pablo le propuso que comiese con él cerca de la ventana abierta, qu&amp;
dejaba entrar loe perfumee de la primavera que volvía.
Llevó con Francisca una mesa completamente servida
-y Charlier percibió un gran ramo de rosas, alredetlor dei
cual había tres cubiertos.
En ese mooiento Marta, con el brazo en cabrestillo y
el rostro pálido, pero sonriente, entró y tendió á su marido su mano libre ......... Ante ellos entonces Pablo lloró lágrimas de alegría, lágrimas santas q1:1e los ángeles
d~l cielo debieron recoger.
Fué aquella tarde, cuando convertido por eu victoria
en amor de todos, Pablo expuso el programa de vida que
había meditado. Se reunirían todos loa recursos; se vendería el viejo hotel, testigo de tristezas que debían olvidarb8¡ irían á.instalarse á. Paría eLL algún nido modesto, y·
en medio de la paz y de la intimidad cerca de sus padres1
él proseguiría sus estudios, demasiado turbados por lo.3 .
acontecimientos.

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BL MUNDO

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-Es cierto, dijo Charlier, el tiempo vasa ........ .
Bien pronto habrá que pensar en elegirte una carrera.
-La elección está hecha desde hace largo tiempo en
mi pensamiento, respondió gravemente Pablo. Seré sa·
cerdote.
XIV
La mafiana del día en que la familia Charlier debía
abandonar Ganneville, Francisca, por la última vez con·
,.fi4enie, -puso en el correo una carta, cuya dirección era
éeta: Señor Saviniende la H aye, ar,tiguo subpref ecto; calle

La Boetie, en ParUJ.
La carta esta.ha concebida así:
uOa escribo, amigo mío, algunas horas antes de partir
de Ganneville para no volver :,robablementejamá.e. Voy
, decir adiós, no sin un profundo desgarramiento de co·

razón, l1 estos muros que durante tantos afios han sido
loe testigos de mis numerpeoe dolores y de mis raras alegrías, y he querido que mi último acto fuese ee:ribiros.
ciNo he podido hacerlo desde que después del terrible
día presentasteis vuestra dimisión y os habeie alejado.
Habeie podido, sin embargo, eegoir m1 convalescencia
por emigoe buenos y seguros. Yo os confirmo al.ora mi
completa curación, y tendreia la prueba de ella por es·
tas miEmae líneas, aun cuando mi letra no sea muy firme. Pero estoy enteramente restablecida 1 y salvo un poco de adormecimiento aún, en el brazo, he adquirido to•
dami ealud.
«Acaso el temblor de mi mano en este instante no ea un
postrer efecto de mi herida: la emocioo es su verdadera
causa. Porque lo que os tengo que decir me es cruel y lo
será para vos, y sufro con el dolor que voy á. causaros
tanto como de1 mío propio.

«Es preciso, amigo mío, que nos digamos adiós para
siempre. Es pre~iso que vos hagais vuestro sacrificio como yo hago el mío, con una tristeza profunda pero con
resignación y rewlución. El deber está ahí. Su ley aus•
tera, pero sagrada, me ha aparecido durante mis largas
horas de reclusión.
11Hemos hecho un hermoso sueño, lleno de dulzura,
de poesía y de pureza. Pero aún dentro de esos inocen-·
\es limites me era prohibido entregarme á él. Oa he dado lo que no tenía el derecho de daros. Yo ILO podía die•
poner de mi corazón, y materialmente virtuosa era moralmente culpable. He mentido á la Justicia cuando en
aq·1ella t.riete audiencia del Tribunal juré no haber faltado nunca á mis deberes de esposa.
11Ciertamente, si noeotroe no hubiésemos sido más
que amigos, como todo el mundo lo cree y lo dice aquí,
al presente, nada se opondría á que conservásemos fran-

�160

cae relaciones de amistad. Pero vos erais para mi algo
más que amigo. Puedo confesarlo ahora que mi confe•
eión va aeompaf!ada de un adiós eterno: os he amado
con todas las fuerzas de mi alma, como creía que me
amabais. Y eso es lo que yo no tenía el derecho de ha•
cer, y eso ee lo que exije que pongamos entre nosotros
una barrera infranqueable.
«Comprended la fuerza de mi resolución. Hace tres
dias el Sr. Charlier, para mostrarme, con la delicadeza
de sentimientos que mi bien amado Pablo ha puesto en
eu corazón, su confianza en mi lealtad preeante y futura,
me ha ofrecido llamaros cerca de nosotros, allá donde
vamos ......... Yo he tenido el doloroso valor de rehu~ár.
¡Ah! si he C'lmetido faltas Dios me será indulgente, pen·
eando lo que h.i sufrido en ese momento. Pero el dolor
mismo que experimentaba me demostraba que debía
obrar así.
«Lo debo á mi honor mejor comprendido, lo debo á mi
marido, vuelto al bien; lo debo á nuestra afección mis·
ma, cuyo recuerdo.podrá así permanecer para nosotros
querido y puro, en tanto que cesaría de ser tal en el mo•
mento en que comprendo que mi ternura era culpable;
lo debo, en fin, y sobre todo á mi querido Pllblo, ante el
cual no podría aparecer ya sin ruborizarme, si conein•
tiese en volverá veros, aun cuanJo fuese como en otro
tiempo.
«Es él ese aposto! naciente, cuya bien dichosa influencia
-vos me lo habeie dicho un día-os ha llevado de una
juventud un poco agitada á la cordura, á la razón, á las
afecciones nobles y altas, es el quien, cumpliendo una
obra muy difícil, ha transformado á su padre, y esta
natur.;leza árida y violenta edtá en vías de ser una alma
accesible á la bondad y á la dulzura; es él, cuya acción
angélica se ha ejercido sobre mí misma á su antojo, para hacerme comprender mi deber en toda su extensión.
«Un aposto!! Ese será bien pronto el titulo real de mi
Pablo. Oa acordais de un dja en que tuvo un arranque
casi elocuente con respecto á las dos maneras de euten•
der y de practicar la religión. Vos le dijísteie entonces
riendo, que haría un buen predicador, y él os reependió
gravemente: «¿Quién sabe?• Su pensamiento estaba fija·
do y su resolución tomada. El nos lo ha declarado el
otro día á BU padre y á mí: Quiere ser sacerdote y lo se•
rá: porque ni el eef!or Charlier ni yo nos oponemos, yes•
to solo bastará para mostraros el cambio realizado por el
querido niño en el espíritu de su padre.
«Vamos á partir para Paría. Yo estaré ahí cuando oe
llegue esta carta. No temo decíroslo porque estoy segura
de vos, y os conocería muy mal si después de una carta
como esta intentarais aproximaros á mí. Permanezcamos
dignos el uno del otro. Un día quizá, cuando la edad ha·
ya blanqueado nuestros cabellos, cuando podamos sinceramente tendernos la mano como amigos, nos se~á per•
mitiJo encontrarnos y si Dios permite que llegue eee día
yo lo bendeciré.
«Vos sois joven, Savinien; llegais apenas á la llora en
que la vida del hombre adquiere su pleno desarrollo. Loe
afl.oe para mí han contado doble y comienzo á descender ·
la pendiente de la colina. Guardad mi recuerdo en el
fondo de vuestro corazón, como el de una hermana mayor; que jamás haya una turbación ó un obstáculo en
vuestra existencia que deseo feliz.
«Experimento aquí un embaraze y, habrá que confesarlo? una emoción censurable aun al expresaros el voto que
formo: es que encontréis una mujer digna de vos, á la
cual ameie de todo corazón. La mas grande pena de mi
vida tan cruelmente probada, sería veros, por haberme
hallado en vuestro camino, faltar á un destino de legítima ventura. La primera, la sola carta que quiero recibir
de vos será aquella que me anuncie vuestra unión.
«Y ahora adioe, amigo mío. Perdonadme todo el mal
que os hago. Vos maldl'-ciréie estos deberes áloe cuales
sacrifico mi ventura y acaso me censurareis. Yo también
los he maldecido algunas veces en las horas de debilidad.
Pero pienso en este niño para quien debo vivir, por quien
debo olvidarlo todo á loe ojos del mundo.
«Guardo en mí, como en el fondo de un relicario el recuerdo de las santas horas pasadas, puras y dulces, y en
el silencio de este santuario íntimo, iré, en piadeea peregrinación, ignorada de todos, salvo de vos, á revivir oon
el pensamiento tcdoe esos recuerdos, todos nuestros re-

EL MUNDO

de loe tilos, donde frecuentemente en loa dfae hermosos,
íbamos loe tres á sentarnos ......... .A.dios! No tengo el de•
recho de ceder al enternecimiento que me domina. Si esas
floree os revelan toda mi alma, ellas oe ilirán que no he
amado verdaderamente más que una vez en m1 vida.
Marta.
F IN D E LA PRIMERA PARTE

SEGUNDA PARTE
EL HOMBRE

I
En medio de loe valles verdegueantee del parque de
liBY, los seminaristas que llegaban de paseo á aquella eu·
cursa! de San Sulpicio, entregábanee á sus pasatiempos
con la alegría de su juvent11d temperada por la gravedad
de su carrera naciente.
.Algunos se entregaban á juegos conservados del cole•
gio, muy próximo aún. Otros, jugaban con animación
una partida de tioloe, teniendo con una mano loe pliegues
flotantes de eu pesada sotana de merino. Algunos penea•
dores se aislaban en loe lugares solitarios con un libro en
la mano. En la gran avenida de loe tilos, llamada «la
Cuarentena,» algunos grupos iban y venían con paso alerta, cruzándose en el movimiento regular del paseo, animados por conversaciones má9 ó roen &gt;e serias.
Pablo Charlier formaba piute de uno de estos grupos.
.Ahí, cada uno exponía, en la expansión de la camarada•
ría íntima, su vocación especial para el día en que, después de los largos y austeros estudios del Seminario, llegado al presbiterado, entrara definitivamente en la vide.
sacerdotal. Este, meridional, de voz ardiente, de acento
vibrante, se veía ya llenando las grandes naves con las
sonoridades de su elocuencia y levantando las masas al
soplo de su palabra inspirada. El otro, enérgico y emprendedor, contaba las lejanas aventuras de loe misioneros, que le esperaban en eue filas,
Aquel, más tranquilo, ocupaba el lugar de eue maee•
tros y de educando se con verde en profesor, teólogo au•
torizado cuyas opiniones harían ley.
Un rubito, de ojos vivos y profundos, dejaba entrever
sus ambiciones de hijo de familia y sonreía Cl)mplacido
cuando eue camaradas le daban el título de «Monseñor»
como á su tío abuelo. Todos, por lo demás, tenían en la
expresión de sus secretos deseos la piadosa reserva de
una sincera sumisión religiosa.
- Y tú Pllhlo, dijo uno de loe seminaristas, confianoe
tu sueño.
- Mi sueño, mis queridos amigos? Tomal vedlo allá lejos, en medie de loe campos, una casita blanca con ale•
roe verdee: pureza y esperanza......... Al rededor un jar•
dincillo_lleno de flores, cada una de las cuales es una amiga, cuidada y querida, que está destinada á perfumar el
altar; cerca, la modesta iglesia de la aldea, tan tranquila
que Ee creería uno fuera del mundo, en la casa buenos
libros religiosos y algunos viejos amigos de colegio, prosadores y poetas, para encantar las recreaciones del eepí•
ritu; por donde quiera la paz y el recogimiento muy cerca de Dios, del humilde rebaño confiado á la custodia del
pastor. He aquí el fin de mis· votos más caros.
Y en tanto que eue condiscípulos volvían alegres á su
partida de bolos ó á su conversación, Pablo se quedó so·
lo, sentado sobre un viejo banco de piedra, mirando el
horizonte.
Allá, lejos, París, se entreveía en medio de una especie
de bruma, París, al que nunca habia amado.
Alrededor de él las avenidas solitarias y tristes de Ieey
tenían un aire de provincia y le recordaban á Gannevi•
lle, recuerdo más doloroso aún. En vano buscaba en la
línea azul de las colinas, más lejos, el rinconcito donde
habría deseado tener su presbiterio de cura de aldea.
Y por momentos le venía de la gran ciudad como un
inmenso desaliento, rompiendo su corazón, rompiendo
su eneuefio ................ ................................... _............ .
No era más que un ensuefio, en efecto. Cuando loe pa•
dree de Pablo abandonaron Ganneville, siguiendo el programa trazado por él mismo, se instalaron en una de
esas apaeiblee callee del barrio de San Sulpicio, ingora•
das del Paría brillante de la ribera derecha. A.hí se había vivido con la fiel Francisca, muy modestamente pero en una calma delicie3a después de las tempestades
del pasado. Charlier, inconocible y convertido en hom•
euerdoe.
Compadecedme! E ncierro en e8'0 papel tres pobreeflo• bre de fam:lia, había encontrado un pequeño empleo en
res cogidas en ese jardín que vos amaie, allá, lejos, cerca una casa de comercio.

DOMINGO 29 de AGOSTO de 1807

DOMINGO 29 DE AGOSTO DE 1897

Sus emolumentos, unidos á loe otros recursos del ma
trimonio, habían proporcionado ciertas comodidades, l&amp;
principal ventaja de las cuales fué asegurar á Pabio una
educación larga y completa. Pero loe af!oe de colegio y
de seminario eran pesados. Si podía proveerse á ellos,
no se economizaba nada, en cambio, para la vuelta probable de loe malos días.
Y loe malos días volvieron en el momento en que, en
1885, Pablo era ordenado sacerdote.
Una parte del pequeño haber de sus padree fué engullido en el desastre de un establecimiento de crédito.
Este golpe inesperado abrumó á Oharlier. Su temperamento usado no estaba hecho ya para la lucha y la re•
eietencia. Fué herido de parálisis, y clsvado, lúcido aún
en el sillón rodante, entre las dos mujeres que agotaban
eue cuidados por él y sus esfuerzos para sostener la vida
común.
El superior de 1 seminario, supo estas miserias. Tenía
por Pablo una afección muy vi va, habiendo podido apreciar sus cualidades serias y amiblee, y conociendo su
piedad tan dulce como sólida, le propuso un empleo am•
pliamente retribuido de preceptor en casa de M. Jouve•
not, uno de loe principales notarios de París, donde debía dedicarse á la educación de un nif!o de nueve af!oe.
No había vacilación posible. Pablo acepta Su vida de
sacerdote comenzaba por et abandono ele su esperanza
íntima, largo tiempo acariciada. ¡Adiós, querida casita
blanco! ¡adiós las floree, la iglesia de la aldea, la poesía
y la paz de loe campos! Si la decepción fué cruel, nadie,
más que Dios, conoció el sacrificio del joven sacerdote.
Con la sonrisa en loe labios anunció á sus padree la bue•
na nueva.
¡Preceptor! es decir, la dependencia, la abdicación de
eí mismo, la renunciación á todos eue guetos persona•
lee, la obligación de plegarse á loe de loe otros, ia nece•
eidad de obede&lt;}er áloe padree y aún frecuentemente al
niño, la situación subalterna que algunas veces la falta
de delicadeza hace humillante; una especie de domeeti•
cidad, un poco más elevada tal vez que las otras; pero
más pesada también para las naturalezas más sensibles
que deben experimentarla.
Pero es también una tarea noble y grande para el que
sabe emprenderla con un pensamiento alto. Formar un
eepiritu y un corazón, verter en un niflo no solamente
la insl;rucoión que él encontraría donde quiera, sino la
educación moral que hará de él un hombre; ser también,
en medio de una fa.milia, como un aposto! íntimo, y lle•
var, si es posible, una influencia discreta y saludable,
este es el papel elevado del preceptor tal cual apareció á
Pablo, llenándolo de generosos ardores y consolándolo
de la pérdida de su eneuef!o huido,
Desde ei día siguiente llegó á casa de ~. J ouvenot,
todo inflamado de un celo de neófito por eu obra, impaciente por comenzarla, imaginando planee de estudios
seguidos y recogidos, bien seguro de encontrar en loa
padree el concurso eerio de una autoridad que secunda•
ría sus esfuerzos, puesto que ellos habían ido á pedir un
profesor á San Sulpicio.
Un momento vaciló antes de entrar á la casa del boulevard San German que se le babia indicado, de tal suerte
aquella mansión lujosa trastornaba la idea que el se for•
mara de la morada de un notario. Excusándose casi, penetró en un ealoncito en que majestuoso y cortés, un eui•
zo-jamáe hubiera el oeailo, ni aún en voz baja, llamar•
le coneerje,-le dijo como sorprendido de su ignorancia,
que ahí era en efecto donde habitaba el señor Jouvenot.
- Deeeaie hablarle á él personalmente, eell.or abaie?
preguntó el importante personaje.
-A el mismo.
-Entonces ......... permitid me ....... .. voy á asegurarme
de si el sell.or eetá en sus habitaciones ó en el estudio.
El suizo sopló en un tubo acústico, habló, oyó la res•
puesta, é inclinándose ligeramente ante Pablo, dijo:
- El eef!or está en su gabinete ...... ... Si el señor aba•
te tiene á bien tomar el vestíbulo á mano derecha, el es•
tudio está en el fondo.
Y recondujo al padre con la buena gracia y la salud
sonriente de un marqués de los tiempos pasados.
Pablo entró á un vestíbulo pavimen\ado de largas losas
negras y blancas que atravesaba un blando tapíz y que
ornaban cofres de vieja encina y enormes macetones de
donde surgían plantas verdee. Al cabo de esta antecáma•
ra, sobre una puerta, la palabra: E 8tudio, se destacaba
en medio de una placa de cobre brillante.
( Continuará),

161

EL MUNDO

LA MODA
Traje de rec:epelón.
Traje de boda .

,.

H o y ofrecemos á
nuestras lindas y sofla•
do ra s lectora a, otro
grabado del emblemático y fascinador tra¡e
de boda. Este, cuyo lí ·
gero velo en vuelve sin
ocultar; cuya inmensa
cola hace á la portadora vol ver la vista hacia
atrás, temiendo q ue
eualquier impertinen·
te pueda mancháreela;
cuyas odoríferas !lores
de azahar, reclaman
tanta pureza y pronos•
tican con sus agudas
espina~, lo azaroso de
la paz conyugal; cuyo
blanquísimo engarce
pide blancura en el alma; que todo t:n él es
simbólico; este el!I el
que hoy preeentamoe.
Si mano extraña le.
vanta elte atavío, ee
rendirá bejo eu peso;.
pero vosotras, que te·
neis por camaristas á
loe dorados ensueños,
no imaginais, sin du·
da, que el cuerpo pueda doblegarse bajo el
dulce peso de la seda,
que tiene tan confor·
iable calor, tan voluptuoso crujir.Y sinem·
bargo, hay temperamentos nerviosos que
se txtremecen al con•
tacto de la sedal
Pasemos ahora á examinar su construcción
material.
El dibujo que nos
ocupa es un traje de
raso blanco leche, de
gran cola, que lleva
por todo adorno en la
enagua dos golpes de
acabezadoe de museli·
na de seda, que tienen
en sus ex &amp;remidadee
unas ramas de azahar.
E l talle es también
de muselina, llevando
un delantero de encaje bordado, y tres ca•
becitae como la ena•
gua.

... 1

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I··

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I
..s: &lt;

Mangas ajaretadas Y
dos volantes en forma
de jokeye; pero prolongándose en el de•
lantero basta el cin tu• ·
rón, que es de raso d mpeado. En el peinado
un pequef!o ramo de
azahares.

•.

.

'

El traje de recepción es bastante rice&gt;,
de moirée azul pálid &lt;',
con adornos de fantasía, y abierto sobre un
delantero de piel de
seda azul, cuerpo cruzado con peto de encaje blanco, volera, sin wa11gas de encaje blanco sobre fondo azu l, sujeta en el cuello, por un lin·
do broche de perlas.
El amor es el alil que Dios ha dado á las almas para subir hasta El.
- Mi[luel Ang1l.

No hay corazón que no tenga algún secreto ....... ..
Si quieres ser feliz, no intentes nunca regiEtrar la cartera de la
persona á quien amae.- j acinto B e11aM.te.
El amor es el ml'- jor y más dulce de loe moralist as.- Bacon.
E l lt brador es el rey de la naturaleza, pero el e1:cla vo de la sociedad.- l 11,i/io Ca~tdar.

�!!:L MUNl&gt;O

DOMINGO 29 de AGOSTO de 1897

·'

TOMO.JI

'

~

MEXICO, Sl!PTIEMBRE 5 DE I897.

•

NUMEHOxo.

.

Dosel fabricado por la casa de Jorge Unna ~
EN SAN LUIS POTOSI
P.ara el linio.

iE ñor

~on l~nacio @Montes de ©ca.

&amp;n el Frincipal.
Dlbulo ele José M:. Vlllae ana.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo, 1897, Tomo 2, No 9, Agosto 29</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Corazón de sacerdote</name>
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                    <text>ltIBXICO, JULIO 3 DE I898.

RIC
FONoo
'ARDO _COVARRUBIA9

•

:N1JlllBBO I.

�1!:LMUNDO

2

LA. ~El\.lANA
SUMARIO.-Mesalina enamorada . .-Amor y muerte.La terrible expiación. - Idilio mormón- P.a~riarca Y
Suftán.-La 1eliei,1a11 fuera dela ley-Despot1S!,DO con•
yu2al-Muerte por eelos.-La vida ¡or una b1eota.

•

común acuerdo, razonable, voluntariamente: sin
las brutalidades de la violencia y bajo un pié de
enternecedora igualdad.
La fil.vori~a, que lo es por todo lo alto, puesto
que es la esposa legítima, por lo religioso, por lo
civil y hasta por lo criminal, he. sellado el p_acto
de dividir la ternura de su esposo, demasiada
acaso para una sola mujer, con las otras tres s~ltanas y perdida el). algún protocolo de notario,
debe ex:stir la minuta de un contrato que - 1·ara
avis-todos han cumplido como buenos hasta el
último momento.
El sultán curtidor, hombre de trabajo en casa Y
fuera de ella, ha querido llevar su lealtad y su
buena fé hasta más allá de la. tumba y en su testamento, purgue acaba de morir, nombra un albacea encargado de distribuir _por igual entre _sus
viudas las rentas de unas casitas que constituyen el fundo hereditario. Los ojos .de Birgham
Young, el patriarca mormón, se hu~:neran rasado
de lágrimas ante tan tierno y patético esp~ctáculo y ante tan alagüello resultado de su filantrópica propaganda.
En estos momentos reina una gran efervescencia en el barrio de la Palma, en donde el difunto
había vinculado su harem. Un activo movimiento de propaganda y de candidaturas se per~ibe
en la localidad. Qué diablo! haretlar dos casita!!
de vecindad y tres mujeres á la vez, jó~e~es,
ricas y guapas, es para poner en movimiento á los ahorcados de bronce que hacen centinela á la entrada de la R~forma y para hacer
galopar al caballo de Carlos_IV. ~a ~~ndidatura
más seria es la de un tal Tiburcio, J1carero de
«El Triunfo de la Tambora», de donde el patriarca y sus odaliscas eran clientes, y que es hombre
robusto y guapo, capaz de beberse las casitas Y
de comerse á las sultanas. No tiene más competidor que Néstor, el que en una batea in~taladaen
el guardacantón ne la esquina, vende cigarros de
maritmana, ex-proveedor del nargili~h del ha·
rem. Este parece capaz de beberse cas1tas y sultanas y de fumarse á todo el barrio.

¡Con que también las mesalinas aman! ¡~on que
tamhién en el fondo de ese antro obscuro é1mpregnado de miasmas que cava la abyección en el co·
razón de la mujer impura puede brotar la flor
blanca de un amor leal y sincero! ¡Con que del
fango hediondo del vicio puede evaporarse una
gota de ese rocío divino que se condensa en lá·
grimas de ternura y de dolor! No es posible dudarlo y la crónica diaria nos presenta una_ prueba objetiva, palpable, de ese hecho paradoJal en
apariencia, real y positivo en el fondo ..
Una mujer perdida encuentra en medio de una
orgía á un joven, apuesto y arrog_ante, y lo am~.
Lo ama con todo el ímpetu de quien nunca ha sido amada 1 con toda la ternura de quien no ha sido objeto de ella, con toda la vehemencia de quien
no ha sabido sii:o odiar y despreciar, con toda la
abnegación y el sacrificio de quien sólo ha sabid_o
lucrar y especular, de quien no cuenta las caricias sino las monedas y de quien está habitnada
á no medir lo que vale un hombre, sino por el peso y el volumen de su portamoneda.
En aquel amor ardiente, sincero, abnegad~, se
refugia la infeliz depravada como en el oasis el
peregrino de los arenales; allí encuentra sombra,
frescura reposo; linfas purísimas en que calmar
'
.
su sed, ondas
tibias en que lavar sus impurezas.
Desde que ama, vive: horizontes nuevos y risueilos se abren ante su vista; un cielo azul y poblado deestrellas la cubre con su bóveda constelada;
el mundo y sus miserias, la abyección y s~s _horrores, la conciencia atormentadora de sus V1c10s,
todo se borra y se disipa en el exterior, como se
esfuma y desvanece en el espíritu. Es feliz; y su
paraíso, su regeneración, su felicidad será la eternidad de aquellos instantes, los únicos dulces, los
únicos puros, los únicos grandes de su vida.
Pero aquella felicidad es un escándalo, aque*
**
lla dicha una afrenta á la virtud. No tiene dereEste ejemplo quisiéramos haber presentado en
cho á ser feliz quien vende sus caricias, quien se
revuelca en el vicio, quien ha defraudado su pu- tiempo hábil á la esposa irreflexiva y violenta.
reza al sér amado; y la muerte, la eterna venga- que se hirió de muerte en días pasados, con el
dora, hiere al amante para castigar á la amada. fútil pretexto de que su marido llegó á _c omer á
Aquella mujer ha soportado todo: horfandad, las tres de la tarde en vez de á la una, con la
miseria, ultrajes, menosprecios; ha descendido circunstancia agravante de ser la primera vez
impávida todos los escalones de la degradación y que tal cosa le rncedía.
El reloj es el más encarnizado enemigo del
de la infamia; ha visto sin pestañear las impudicias más repugnantes, los desenfrenos pasionales matrimonio; sin esas arbitrarias divisiones de el
más odiosos; los hombres se han ensailado en dia y de la noche y s.in las no menos arbitrarias
ella, ha sido el bufón á quien se mofa, el juguete subdivisiones de la una, las dos, Zas tres, etc., el noque se rompe y se tira, la joya que se machaca venta por ciento de los matrimonios desavenidos
y se vende; ha descendido de la categorf'a de per- vivirían en la más perfectapazyen elsenode una
sona á la de cosa. Hubiérase creído que nada 1e verdadera felicidad. La esposa deun amigo mío
quedaba que ver ni que sufrir y que, como á la lo interpeló en una ocasión en estos términos: O
mujer de Loth, la había convertido en estátua de vienes temprano ó ¿qué sucede?-Mi amigo, exalumno de lógica, reflexionó y contestó: Pueshisal el espectáculo de Sodoma ardiendo.
Pero aún le estaban reservados dolores más ja, si no vengo temprano, tendré que venir tarpunzantes y tormentos más atroces; hay l\lgo más de.-Insolente! cínico! malmarido! yluego:furia,
cruel que ser desgraciado: haber sido feliz. Ella arailazos, lágrimas y el divorcio. ¿No es evidenlo fué un momento, un instante fugitivo que no te que sin la fantástica distinción entre temp1·avolverá y en 111. desolación de su soledad, en la no y ta1·de y sin lainexorablelógica de mi amigo,
amargura de la. dicha evaporada, en el infierno ese matrimonio viviría aún contento y feliz? Las
de un paraíso perdido, clama ágritos: ¡Su recuer- mujeres no quieren convencerse de que siempre
do me mata! y se da la muerte.
es temprano para llegar á casa cuando se ha de
No sé si l'l1anón ó Marión son más dignas de aer mal recibido; de que el marido á quien se
lástima; pero sí que el suicidio de Matilde es más regalia por que llegó tarde, jamás quiere llegar
temprano, de que los hay que mal recibidos á las
dramático.
ocho, procuran llegar á las nueve, luego á las
***
diez y así sucesiva.mente, para aplazar el disgusAl lado de la tragedia el idilio; un idilio pa- tito habitual; y que con extremar sus exigencias
triarcal y mormón. Un sultán curtidor, UJ,H fi.vo- se exponen á la jugada que hizo á su mujer aquel
rita, tres odaliscas, anidan sus amores en un11 mo- taimado que llegó al amanecer á su casa:-¿Por
desta casita del barrio de la Palma y vivt'll ft'ii- qué llegas tan tarde? le pregunta su eónyugeces, contentas, descuidadas. Un orden completo, ¿Pues qué, querías que llegara más temprano? Si
una armonía perfecta, una paz octaviana, y no apenas amanece.
varsoviana, reinim en aquel harem. Verdad es que
Someto á las meditaciones de mis lectoras cano impera ahí el lujo; no brotan en las fuentes de sadas esta anécdota: Un gitano pretende entrar
mármol surtidores perfumados; no hay tapices de á un templo; un policía le cierra el paso con la
Persia, ni muelles almohadones, ni divanes orien- frase sacramental:-Nose permite entrar-Yo no
tales; no arden los perfumes en los esbeltos pebe- entro-dice el gitano-yo salgo de la calle.
teros; no reinan en las fachadas los coloridos venJ-futatis mittandis, el cuento es aplicable á los
tanales; las esclavas nubias labradas en ébano, maridos que llegan tarde. Ee, en efecto, de evino recaman de joyas los dedos, los brazos, los dencia sensible que un hombre que llega á su cacuellos de las imperiosas odaliscas; pero en sa á las doce de la noche, llega tarde si se atiencambio Do veian eunucos semisalvajes sobre la de al día en cuestión; pero es también indudable
virtud de las amadas del sultán; DO brillan los que llega temprano relativamente al dia siguienyataganes de la guardia etiope; no cierran el pa- te. Si su esposa le exije que llegue temprano, él
so las macisas y pesadas rejas que aislan del puede alegar que se ha anticipado á los deseos
mundo aquel paraíso. Todo se ha arreglado de del día siguiente y que no es punible esa anticipa-

Domingo 3 de Julio de lb91:1
clón. De la misma manera un marido que llega,
temprano á su casa el día de hoy, á las seis dela tarde demos por caso, tiene un retardo de diez
y ocho horas respecto al día anterior. Quien llega temprano hoy ha llegado tarde reRpecto de
ayer y quien llega tarde hoy ha. llegado temprano respecto de mariana. Si el hecho es punible,
lo es tanto en quien llega temprano como en quien.
llega tarde; todo es cuestión de puntos de vista.
Pero las malas esposas hacen de esa entidad me•
tafísíca, de esa pura palabrería del temprano y
del tarde un casus belli, é incurren en la torpeza
de encerrar su felicidad entre las tapas del reloj. Un poco de reflexión sobre la continuidad.
del tiempo y lo arbitrario y convencional de sus
divisiones,daría más solidez allazo conyugal, En
Italia el matrimonio periclita y se disuelve y se·
carrompe porque los italianos cuentan las horas
corridas desde una á veinticuatro y ya se comprende la iracundia de las mujeres cuyos maridos reintegran á las diez y seis ó á las diez y
ocho al domicilio conyugal.
Yo creo que el mal se podía atenuar contandolas horas por series más reducidas, por eje1..i1plo,
de seis en seis. ¿Habría entonces mujer que pretendiera que su marido llega tarde cuando llega.
á las sefs, todo lo más? Sometemos esta solución
á los moralistas y á los legisladores. Va de por
medio el orden social.
LOPEZ l.

ll)olitica QSeneral.
RESUMEN. -SETENTA DIAS DE LUOHA.---Los APRESTOS BÉLICOS. -TRESCIENTOS MIL COlIBATIENTES,
-LAS ENERGÍAS DE UN PUEBLO,-LLAMA}{IENTOAL PATRIOTIS}IO. -MOMENTOS DE ESPEOTACIÓN,
-EN SANTIAGO DE CUBA y EN MANILA.-LA.
CRISIS SE APROXTMA.-AUXILIOS QUE NO LLEGAN,
-LA HORA DEL COMBATE SE ACERCA.-MOMEN·
TOS DECISIVOS,-¿QúIÉN SER,\ EL VENCEDOR?CONCLUSIÓN.
Setenta días há que Me Kinley, oyendo las
reclamaciones populares y cumpliendo con las
decisiones del Congreso americano, tomadas definitivamente en ambas Cámaras, dirigió al Gobierno de E5paña el ultimatum pidiendo la. desocupación de la Isla de Cuba, para que el pueblo
cubanv se constituyera en Estado libre, conforme·
á su deseo.
Setenta días han pasado, y si fuéramos á narrar los di versos acontecimientos que se han desarrollado en el teatro de la guerra, si fuéramos
á enumerar cada uno de los episodios que han
tenido lugar, habríamos de llegar á conclusiones.
que nos apartarían de la actitud que hemos asumido. Bastará seilalar á grandes rasgos l.:;s acontecimientos más salientes, para formar juicio
cabal.
Teniendo á su disoosición abundantes elemen·
tos, un tesoro rebosante, una reserva de energías
extraordinarias, el gobierno americano ha idopreparando lentamente su material de guerra, y
sin precipitaciones, sin atropellamientos, lo ha
lanza.do pocv á poco también, en el campo de las
operaciones. A la primera proclama del Presidente llamando bajo las banderas á ciento veinticinco mil voluntarios de todos los Estados y territorios de la Unión, siguió después el llamamiento de otros setenta y cinco mil unidos al
ejército regular puesto en pié de guerra y aumentado por nuevas leyes de organización, que ~levan e1
contingente de la fuerza armada. á una cifra muy
poco inferior de trescientos mil hombres. Entre
tanto, los arsenales y maestranz:is han sido el sitio
de incansable actividad, por todas partes se nota
el febril movimiento de los obreros, las fábricas
producen en incesante corriente materiales de
guerra, armas, pertrechos, munic10nes y equipos;.
en todos los ámbitos de la Unión se abren las
listas de conscriptos, se organizan regimientos,
se levantan batallones que concurren á los campamentos del Sur á toda· prisa, para. recibir instrucción militar, ejereitarse en mamobras, y ponerse listos para el combate en las abrasadas
tierras de las Antillas.
Cerca de dos meses tardó en formarse lit primera expedición activa, que al mando del General Shafter desembarcó en las cercanías de Santiago de Cuba. Después del primer contingente do
diez y seis mil hombres, nuevo3 refuerzos han

llegado casi diariamente. y h?Y el c~erpo t-xpedi·
cionario, fuerte de mas de vemte mil hombres, se
acerca paso á paso sobre Santiago de Cuba, que
lo protegen una guarnición aguerrida, fortifica•
ciones artilladas y la escuadra al mando dd almirante Cervera.

***
Después de la violenta victoria alcanzada por
el Comodoro Dewey sobre ~a escuadra. de ~Iontejo en las aguas de Manila, P-1 pabellón americano ha ondeado sobre las fortificaciones de Cavite; el puerto y el arsenal han sido desde _entonces base de operaciones de las fuerza¡¡ ameneanas,
y los agentes sembrando la inquietud, repartiendo armas, alentando á los jefes y cabecil111s de
la mal sofocada revolución, han levantado formidables huestes, que al mando de Aguinaldo,
amenazan por tierra la capital del ArchipiélRgo.
en tanto que la escuadra vencedora tiene bloqueado el p1:erto, cortadas las comunicaciones
con la Metrópoli, vigilando lallegadadesocorros,
y coloca en situación difícil al General Augusti Gobernador Civil y :Militar de Filipinas.
'Pronto los refuerzos que partieron tiempo ha
da San l!'rantisco California, lltgarán á la bahía
de Manila, y con tropas de desembarco, repuestas sus municiones, repletas de carbón las carboneras de los buques, con el auxi:io eficaz de
los insurrectos que se congregan al derredor de
los muros de la ciudad en innúmeras legiones,
podrá intentar un golpe decisivo sobre la capital
bloqueada por mar y sitiada por tierra.

*

**
De Cádiz ha partido la escudra de reserva al
mando drl- Almirante Cámara; pronto c1:uzó las
aguas del Meditarren.io y llegó á Pue~to S.u d; pero
según anunció el cable, las autondadrs se ban
negado á proveer de C'l.rbó_u á los buqes espailol~s
mientras el Cónsul americano, por una mam_obra mercantil, se apoderó de t.:&gt;do el carbón ex1~tente en la plaza. Detenido en su ~~rhca, el .Alm~rante espa!tol es dificil que contmue rumbo á F1lipinlls á libr~r _a l Gral. Augu&amp;ti de su difícil situacíó n.
.
Si lograra enderezar su rumbo, ya se anuncia
como pobible la form11ción de una eecuadra volante en aguas americanas, que marche á toda.
prisa hacia las costas espailolas á bloquear algu
nos nuertos que qued.m ahora sólo al abdgo de
sus fvnificaciones.

paso encuentren. E,pa_l\a y Est!dos Unidos seguirán luchando, la tierra tropical de las ~n•
tillas se empapará en sangre espailola y americana ántes que pued11. lucir el iris venturoso de la
paz. Aun tendremos que presenciar el bon:endo
espectacu!o de un pueblo civilizado exig1..-ndo
con la arrogancia del vencedor, los honores u~ la
victoria.
Qué triste y qué sor. brío es el cuadro que nos
presenta este fin de siglo, co~ el _choque de düs
razas el encuentro de dos asp1rac10nes y el r.ruzRrui;nto rudo de dos pueblos que por su bisto•
ria han merecido bien de la civilización Y de la
humanidadad.
X.X.X.
México, 1° de Julio de 1898.

x

*.*
Entre tanto España no ba quedado inactiva.
Ha llamado en su .1uxilio todas sus potentes
energías de otros tiempos, se han abierto subscripciones públicas, por todas partes la prensa,
el púlpito y la tribuna, ha excita.do á las masas
populares para que se apresten a~ combate; _la
lira misma encuentra los sones olvidados de T1rteo y las estrofas palpitantes de Quintana, pa_ra
enardecer de patriotismo los pechos de los ciudadanos. Las Cortes españolas no han escatimado al Gobierno ninguna de las autorizaciones
que ha pedido, se han votado después de lijera
discui,ión los presupuestos de guerra ordinarios
y extraordinarios; se ha visto actividad febril en
los arsenales y movimientq inusitado en los establecimientos militares de construcción; se ha
acudido á las fábricas extranjeras para surtirse
de artillería moderna y de modernos proyectiles. Organizada uua flamante escuadra al mando de un Almirante hábil, tras movimientos estratégicos de todos alabados, después de. una
travesía difícil por entre las escuadras enemigas,
llegó sin novedad á las playas cubanas, donde
desgraciadamente numerosos buques le han _sujetado á una inactividad desesperante. El rápido
andar de los cruceros españoles pudo burlar y
evitar el enc11entro de las naves de Schley y
Sampson, llevándolos á un punto abrigado ~or
poderosas fortificaciones y libres de cualquier
golpe de mano por las con liciones estratégicas
de la babia.
Las plazas más importantes; las posiciones más
aceptables, hirn sitio fortificadas ó reforzadas
todo fl Jo largo de li:;a costas Jo mismo en Cuba que
en Puerto Rico. Se b1rn concentrado las fuerzas
en las principales poblaciones, para oponer firme,
tenaz y heróica resistencia á las huestes invasoras. La capital de la grande Antilla se ha convertido en una formidable plaza de guerra, capaz de
resistir ataques combinados por tierra y por mar;
San Juan de Puerto Rico está en condiciones no
muy inferiores á la Habana, y por todas partes se
hacen aprestos para mantener incólume la autoridad de Espaila sobre las colonias.
Y allá van las tropas amer~canas al mando de
Shafter venciendo las dificultades del terreno,
avanzando paso á paso desde GnantAnamo y Baiquirí, hasta cerea de Santiago de Cuba, donde se
concentran hoy todas las miradas, en donde se
espera una batalla formidable que puede ser decisiva en el porvenir de la guerra. Allá va tarobien el Gral. Pando procedente de Manzanillo á
marchas forzadas con una poderasa columna, en
auxilio de Santiago amenazado por tierra por insv.rrectos y americanos, y por mar por las escuadras combinadas de Schley y de Sampson.
De un momento á otro nos puede comunicar el
cable el choque formidable de los ejércitos. ¿Quién
vencerá en la tremenda lucha?

CIGARRERAS DJ;J MAN1 LA SALIENDO DE LA FÁBRI CA &lt;l\JA RIA CRISTINA&gt;

*

**
La guerra entra en un nuevo pt:.ríodo de actividad; grandes acontecimientos se esperan en un
próximo porvenir. Para suavizar sus tremendos
efectos, para evitar mayores sacrificios, para cicatrizar á la brevedad posible las heridas abier·
tas en las dos potencias beligerantes, apenas iniciada lii lucha, acaba Lord Salisbury de hacer un
llamamiento á la paz: Es la primera vez que se
oye una voz autorizada entre las potencias extranjeras, en este sentido. Mucho se ha hablado
de intervenciones pacíficas de los gabinetes, de tecdeneias e-:rnciliadoras de los soberanos; hasta hoy
es la primera vez que se sabe algo concreto, y es
por la boca del primer Ministro de Inglaterra, hoy
aislada, apartada del concierto general de las Po•
tencias, puesto por su política tradicional, lejos
de donde se forman las alianzas y donde se acuerdan los tratados de paz y de amistad.
Entretanto no haya una batalla decisiva que
incline de una manera eficaz de uno ú otro lado
el fiel de la balanza, no creemos que los gobiernos de loa beligerantes, den por ahora oido á ninguna sujestión en este sentido. Como los cuerpos
lanzados -en el espacio por una fuerza propulsora no pueden suspender su movimiento en vir•
tud de la inercia, aun cuando se agote la fuerza
inicial, asi también los pueblos tampoco pueden
detener sus movimientos de combate antes de haber agotado esa fuerza inicial, ó de encontrar el
equilibrio en virtud de las resistencias que á su

~as granaes batallas nat,ales
I
TRAFALGAR.

Una de lns batallas navales más famosas en el mundo entero es la de Trafalgar
El di• ~ de Septiemt-rtt dd 1805, Lord Nelson, á bordo del buque almirante Victory¡ acompañado p~r el
.Ayax el Defiance, el Agamimnon y el Eurialus
se iu~orporó á la flota mglesa mandatla por_,.¡ Almirante Collingwood. frent" al puer~o de Cád111,, en
cava babia anclaban las flotas combmada:1 de Erancia y E ¡,aña.
. .
Las fuerzas navales in~lesas estaban const1tu1~as
por veintisiete buques, seis de los cual~s habl&amp;:11 sido
enviados á Gibraltar para traer agua y provls1011es y
entretanto el resto de la flota tomó rumbo ».l pouiente,
alAjándose quince millas.
A las dos de la tarde del 19 de Ortubre tuvo noticia
Nel~on de qu11 el enemigo se hacia á la mar. Tool\e&amp;a
noche uavegó In flota in~le,a en nirección S F. y al
rayar el alb,i llegó á las puertas dd Estrecho de Gibraltar sin dar alcance á los buques 4ue formaban las
escuadn•s combinadas franco-e~pañol11s. A lu siete
de la mañana una fragata avMó al enemigo ha_c,ia el
Nortti y ~in tardanza ordenó Nelson la persecus1on.
Has'ta la madrugada del 21 no pudieron sn vistas
distintamente desde el «Victory&gt; las escuadras combinadas.
Aparecían en linea ceria~a dA combate por el _lado
de estribor, como á doce millas á sotavento en dirección al Sur.
El Almiraute francés, M. Villeneuve, hab_ia for!Ilado
las flotas P U doble linea, cada buque á d1st~nc·a de
11n cable del que le seguía. Sus fuerzas cons1stian de

�EL MUNDO

Domln!Z'O 3 &lt;lP .Tnlln ilA l~R

Domingc 3 de .Tullo de 1898

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treinta y tres buques de linea y siete grandes fragatas, teniendo por lo mismo sobre los ingleses 111 superioridad del número, y además la que resuJt¡¡ba del
mayor tamaño y tonelaje de sus embarcaciones. Había á bordo de ellas cuatro mil combatientes. entre
los que estaban algunos de los mejore11 tiradores del
Tirol. El Tice-Almira'lte Villeneuve mandaba en jefe
las flotas combinadas estando la española á las órdenes del Almirante Gravfna.
Nelson observ11ba atentamente al enemigo que biró
hacia el Norte, formando su linea á babor, lo que daba por resultado que se interpusiesen á los ingleses los bajos de San Pedro y Tr¡¡falgar, teniendo á su
vez los franco españoles abierto el camino para la babia de Cádiz. A favor de un11 bri~a ligera que soplaba
del S. O. los ingleses navegaron á toda vela.
Por fin á las 6 y 40 minutos dió Nelson la señal de
preparar la batalla formando sns buques en dos columnas. Las flotas formaban una media luna con su..
convexidad á sotavente, de tal manera que los in~leses
tenlan tanto la vang11ardia como la retaguardia del
1:nemigo bajo sus fuegos.
El almirante V;lleneuve estaba á bordo del Bucen•
taure, cerca del centro y Gravina llevaba su imignia
en el Príncipe de Asturias, á la ret11gnardia; pero los
buques de las dos escuadras ocupaban lugares indistintos, sin una linea de dt!marcación por nacion!llidade.s.
Nelson con el VicfO'l,'Y llevaba la columna de barlovento y Collingwood_ en el Royal So1;ereign, di~lgfa la
de sotavento. El almirante temla que la flota 11dverParia pudiese ganar la bahía de Cádiz que tenla en
frente y no muy lejos de él, y para prevenir esto comunicó al Vice almirantf:\ Collingwood el siguiente
mens11je. "Quiero cortar la llnea de vanguardia del
enemigo par,. impedirle que se refugie 1&gt;n Cádiz"
A las 11 y 4') ond11¿, la famosa bandera con lll señal
que se había. adoptado como lema de la armada inglt&gt;Pa:
"Enaland expects every man to do his duty." qne fué
Raludado cou bClamaciones en toda la flota. ncibiéndolo los soldados, que confiaban en Nelson, como un
au~urio de victoria.
El Fo¡igueux. buque francés, rompió el fuego; ocupR ba un Jugará popa del Santa Ana y probablemente
~ólo ti-ataba de fijar la punterla de sus eañones Al
momento el Santa .Ana y otros buques iniciaron un
fu1&gt;go nutridislmo sobre el Royal Sovereign y el Belleisle que ocupaban puestos avanzados en la lucha,
pues como Nelson habla marchado al Norte con suco
Jumna, para estorbar el paso del enemigo á Cádiz,
Collin!l'wood fué el primero que entró al combate.
El Ruyal Rovereing cortó ia línea de Villeneuve. pasando bajo la popa del Santa Ana sobre el que des•
cargó todos sus cañones ne babor, mientras que por
estribor hacia fuego al Fougueux, Después de esto
hizo una maniobra para atacar la proa del buque espllñol, sosteniendo durante veinte minutos el empuje
de cinco navíos que le disparaban simultáneamente:
el Santa Ana y el San Leandro por delante, y por otros
lado~ el Fo1.tgueux, el San Justo y el Indom table Afor•
tunadament"' llegaron en su auxilio el Belleisle y otros
buques, pero ya estaba muy maltrecho el Royal y habla perdido todos sus mástiles. El almirante llamó al
Euryalus para que viniera á sostenerlo y precisamente eu ese momento destrozó con una andanada certera al buque adversario que tal vez sin esta oportuna
desr:arga hubiera logrado echar á pique al Royal Sovereign. .
Ya t1l Victory estaba en medio de la refriega habiendo recibido desde luego un cañonazo d11l Bucentaure
'{Ue le hizo serias averías. Hubo un momento de si•
lencio seguido por el estampido del cañoneo que
romp~erox: sobre el almirante Nelson ocho buques
enemigos.
No pudiendo descubrir el almirante inglés en qué
lugar estaba el b11que insignia de Villeneuve, ordenó
al capitán Hard.v que sigutese hacia delante p·asando
junto al Santlb-ima Trinidad sin contesta1· los dispa1os de los buques enemigos
Una buena parte de éstos se lanzó sebre el Victo:ry
mientras el Santa Ana y sus auxiliares s1&gt;gufan luch~ndo contrae! grupo dirigido porelRoyal Sovereing
y de esta manera In flota de los alfados se dividió c..si_ en s~ centro, quedando catorce ~uques á vanguardia y diez y nueve en la retaguardia, .á, una milla de
dil•tancia más ó menos
Había llegado ya el Victory á medio kilómetro del
enemigo sin disparar un sólo cañonazo, no obstante
que sus velas pendían hechas e-irones y cincuenta
hombres de su tripulación estaban muertos ó heridos·
pero el almirante esperaba con paciencia su turno'
viéndose al fin su buque envuelto en una lucha terri'.
ble por un lado con el Santtsima Trinidad y el llucentaure y por el otro con el Redoutable.
Cuando ~I Victory guió su proa sobre elBucentaure
el Temeraire, al hacer una maniobra, para dejar libre
al buque insignia inglés junto al cual combatía se
encontró acosado por el Redoutable. recibiendo ii.na
1m~anada que le derribó el palo de mesana; el Temerau·e no pudo contestar porque sus fuegos hubieran
podido dar sobre el Victory, asl es que pasó de largo
y trabó combate con el Neptune. Llevados por la corriente y_ al impulso de la brisa el Victory el Redoutable y el Temeraire se juntaron en un grupo compacto, del que vino á formar llªrte el Belleisle atacando al
Temeraire con la intención ostensible de abordarlo·
pero éste se defendió con tal ímpetu que el Fougue:ud;
quP.dó á merced de su adversario.
Viendo lo., oficiales del Victory el peligro inminente
de un incendio ocasionado por-los disparos quehacian
sobre los buques enemigos, asi como la posibilidad de
que los proyectiles pasaran hasta caer sobre el Teme1·aire, ordenaron que se reduje~an las cargas de pólvora y que sus artilleros arrojaran cubos de agua sobre el Redoutable, inmediatamente deepué1 de haberle
lanzado cada cafü;nazo.
A eso de la una y cuarto un proyectil de los france111&gt;s, disparado como á quince metros del puente del
Victory por el que paseaba el almirante Nelson, hirió

Domingo 3 de Julio de 1898

EL MUNDO,
al celebre marino inglés, derribándolo Hardy acudió
violentamente y vió que tr1&gt;s marineros lo Pocorrlan.
''Al fin acabaron conmigo.Ha1dy," dijo el héroe. •Es •
pero que no sea ul• ob.etó el capitán-•·Si replicó
Ne!Ron-tengo deFpedazada la e~pina doJ"sal."
Abordado el Fougueux y el R edoutable poco despué1, de la una y mtdia, cayó luego el Bucentoure en
poder del Cwguer'?1' entrE'gándose co~!l priEiOJ'.!e~o el
vice-Admirante V11leneuve. El Sant1si111a Trinidad
reducido al último extremo. estaba ya tambíen en la
imposibilidad de seguir luchando.
Examinada la herida de Nelson d1&gt;claró el cirujano
que era mortal: pE'ro aún sobrevivió más de tres horas
sufriendo horriblemente y quemado por los ardores de
la sed.
A las dos de la tarde el capitán Hardy estrE'cbó la
mano de Lord Nelson, felicitándole por la gloriosa victoria que habla alc11nzado, y Je anunció que el fuego
habla CPsado y que estaban en pJder de los inglt'ses
quince buques enemigos. •Bien, dijo Nelson, veinte
eran los que ,vo quería,&gt; y luego en voz más débil:
"No me arrojeis á la mar ......... Besadme, Hardy" El
capitán Fe arrodilló y le befó la mejilla. Entonces dijo
l'lielson: "Estoy ~atisfecho y doy gracias á Dios porque
he cumplido mi deber." Hardy p&lt;lrmane~ió 11n sílencio
un momento mirándolo, lul'go se arrodilló otra vez y
le besó la frente. Dios os be1,diga, dijo NelEón Las últimas palabrns fueron las que ya ha bia dicho á Hardy
•Gracias á Dios qui' he cumplido mi deber•
El valor que desplegaron unos y otros en eEta lucha
pocas veces se ha visto llt&gt;gar á un grado tat heroico.
Por esto es célebr11 la batalla de Trafalgar no menos
qne por sus resultados decisivos.
Fueron tomados diez y ocho buqu!'s, pero en tan
mal estado, que la may.ir parte de ellos no lle¡ró al
puerto como presa de los ingle~es: ebto indica el terrible encarnizam·ento de la pelea.
En Trafalgarquedó aniquilado el poder marítimo de
E@paña y Francia, pues las péruidas que H1fJieron 1118
do~ naciones aliadas son de aquellas que diffdlmente
se reparan.

BATALLA Dlll MOEILl!l

El mes de Agosto de 1864 las fuerzas navales del
Gobierno Amerkano mandadas por Farragut se hallaban frente á la bahla de Mobile.
Con una flota dfl diez y seis navios, de los cuales.
sólo cuatro eran blindados, inte1 taba Farr11gut obligar á los fuertes Morgan y Gainee á. que capitularan entregándole el puert1 que defendlai; con sus
cañones. El almil'ante sabia de sobra que logrando
penetrar á la rada los fuert1&gt;s no resistirlan y su rendición seria relativamente fácil; pero la empresa era
peligrosfsima pues la entrada de la babia estaba minada de torpedos submarinos y sembrada de obstá
culos amontonados alll de propósito po• los confederados. Además de esto, había dentro algunos navíos
de la Confederación, entre los que se contaba el formidable Tennessee, todos dispuestos á cerrarle el paso
á la flota federal.
El almirante Farragut sabia con qué ennnigo bien
apercibido á la lucha, tenia que habérselas, pero no
vllciló: fºr dificil que e@to fuese estaba dispuesto á
forzar e paso y á tomar los fuertes que proteglan la
plaza.
Para llevará efecto su resolución¡ dispuso que el buque insignia HartfO'rd comunicase a~ órdenes dd caso y el 5 de Agosto todos los navíos d11 su flota esta
bao listos para entrar en acción, dirigiéndose á las
seis de la mafíana á. la entrada. de la bahía.
Las unidades de combate con que &lt;'01aaba enn los
navfosBrooklyn. Octorara, H(l'l'fford.l,fetaconiet, Richmond, Port Royal Lackau:an-1, Seminole, Mononuahela, Kennebec, Ossipee, !tasca, Oneida y Galena Moviéronse rápidamente con el Brooklyn y el Octorara

á. la cabeza, mientras loe cuatro blindados tomaban
posicion.-s entre ellos y el Fuerte Morgan.
El Tec1.tmseh disparó el primer c11ñonazo que fué
con testado por el Fuerte Morgan, poniendo el B rooklyn
en juego inmediatamente sus poderosas baterías. El
combate se generalizó sosteniéndolo vigorosamente
los fuertes y los navlos blindados de la Confederación, que querlan e~torbar el paso de los asaltantes.
De pr,mto el Brooklyn se detuvo á la entrada del
eanal, deteniendo también á la flota que le seguía;
era que habla advertido el B1·ooklyn indicios de que
habla torpedos que cerraban el paso. Farragut venia
en lugar elevado del Hartford para hacene cargo de
los movimientos y al ver que todos se detenían preguntó el motivo, y al saberlo, lanzó aquella famosa
exclamación: "Damn the torpedoes" y ordenó que el
Hartford toma~e la delantera caminando á gran velocidad. Pronto dejó atrás al vacilante Brooklyn y con
valor estupendo abria la marcha en medio de la tempestad de fuego, arrastrndo en pos de si á toda la flota entusiabmada por la impetuosidad del almirante.
Súbitamente uno de los blindados, el Teet,mseh, que
habla sido el primero que rompió el fuego, desapareció de la superficie del mar, destruido por un torpedo.
La flota no se detuvo por esto, antes bien avanzaba
con bravura, hasta que por fin el Hartford consiguió
pasar al otro lado de los fuertes; pero no por eso est11 baya Sfl!!'Uro dP-1 triunfo, pues los cañoneros confederados Gaines, Mo1'gan y Stlma se arrojaron haciendo un fuego terrible sobre el buque insignia de los
federales. Ordenó al Metacomet que lee hidese frente
y éEte los obli~ó á que se retiraran, en condiciones
tales que el Sttma fue capturado y el Gaines quemado en la playa por inservible.
En tanto ,va venfan llrgando loR otros navíos de la
flota; pero el '.l'ennessee les oponía resistencia. Farragut dió órdenes para que lo persiguiesen, y en efecto, lo atacaron el Monongahela y el Lackawanna, sin
causarle daño de consideración. Visto ee4io por el almirante, lanzó l'I Hartf01·d contra el Tmnessee, em¡;&gt;eñándose un rudisimo cañoneo á una distancia de diez
piéR,
El Hartford 11rrojó una verdadera tempestad de
proyectile~ de nueve pulgadas sobre los fuertes costados del Tennessee, y no obstante la distancia que no
podía ser menor, el confed11rado apenas si sufrla menoscabo. mientras que el Hartford. por el contrario,
iba vidiblemente despedazándose, hasta que tuvo que
r~tírarse para volverá la carga en condiciones mas
propicias.
Mientras e~to pasaba los otros navíos de Farragut,
acoparon ni Tennessee, obliilándolo á. rendine y a que
se declarara por los federales la victoria de la batalla
de Mobile.

rn
BATALLA Dl!lL RIO YALU,

A mediados de Septiembre de 1894, las autoridades
del Imperio Chino e~taban preocupadas por la suerte
de sus po~icionee de Ping Yang, y decidieron enviar
a la. frontera_un contingente de Poldados para que
cooperase á la defensa de los fuertes de la ribera norte del do Yalu.
La flota debla r.ustodiar lo:i transportes de tropas
desde Tlllien, cerca de Port-Arthur, h11sta el .io Yalu.
El 14 se embarcaron los solrlados, y fil 15 se recibió la
noticia de la toma de Ping-Yang. Habiendo llegado
la flota la ru•ñana siguiente al lugar del d1&gt;sembarco,
los transpoEtes remouta~on el rio, permaneciendo el
cuerpo principal de la expedición con sus buques anclados á. diez millas al oestf', destacándose cuatro de
ellos y . seis botes torpederos para que vigilaran el
paso.
A las 10 de la mañana del dla 17 de Septiembre avis.

EL ORUOERO •HARBLEIIJllC&gt;• Y EL CAÑONERO «NABHVILLE&gt;

AL CORTAR EL CABLE EN CIENFURGOS

Domlngo 3 de Julio 1898

EL MUNDO,

7

•

CLUB AMERICANO DE MEXICO.-EL EXTERIOR

CLUB AMERICANO DE lllEXICO.-EL SALON

-taron los_cent\nelas chinos el humo de varios buques po principal ~e la flota japonesa y durante una hoiln una dirección sudoeste, y en el acto dió órdenes el ra larg~ hlc1~ron caer sobre ellos una granizada de
.Almirante de que se leva&amp;en anclas y saliesen al paso proyect!les, disparándoles sin interrupción sus cañod-e los que lle~aban. Mandaba diez navíos; dos acora- nes de tiro rápido. En el momento en que se acercaron
zados: Tin9 Yuen (insignia.) y Chen Yuen; dos guarda- los buques ,¡aponeses, los chinos lograron causar secostas: Lai Yuen y Kirig Yuen . y loR cruceros Chih rios perjuicios al Matsushina tocandolo dos veces con
Yuen, Ching Yuen, Tsi Yuen, Yang Wei, Chas Yung y balas de grue1!0 calibre: una de ellas le abrió un bo•el cañonero Kwang Ki.
quete haciendo estallar un pequeiio almacén y Ja e,tra
El Almirante Ting dispuso su flota en
linea despl1,gada, caminando con una velocidad de ei , te nudos; pero aunque se
·suponía que todos los navíoil podían de•
sarrollar esta velocidad, tres de ellos se
•quedaron atrás.
Los buques avistados eran de l¡¡ flota
•del Almirante japonés !to, y formaban
una escuadra volante, constituida por el
Yoshino, Naviwa, Tdcachiko y Astikuchi.ma, crucervs ligeros que navegaban á
razón de diez y siete nudos por hora. Seguiales la segunda escuadra, mandada
por el buque almirante y que se compo
niade los guarda- costas Matsushima,
.Ikutsushima y Hashidate, el crucero Chivada y el crucero de batería protegida
Fuso. Por diversas razones ordenó el Almirante apartar, y que no tomasen parte
en la batalla, á la corbeta Ni-Yeí, el cañonero Akaui y el crucero auxiliar Saikto,
-á bordo del cual el jefe del Almirantazgo japonés hacia una visita de insp1&gt;cc1ón
-á la marina.
Los buques chinos pelearon con bravura (exceptuando el Tsi Yuen y el l[wang
Ki que corrieron á. toda la velocidad ae
CLUB AMERICANO DE MÉlXICO,-EL PATIO
sus máquinas); pero fueron completamente derrotados en toda la linea.
Hubo un momento en que los chinos parecía que desmontó un cañón y puso fuera de
llevabai'.l. la ventaja, y esto sucedió cuando al ver in- combate á cincuenta hombres.
cendiándose al Hi-Yei, al Aaaki muy averiado y al
Las averías sufridas por los buques de guerra chi.Saikio incapacitado para maniobrar, cargó sobre ellos
el buque chino Chih Yuen. Sin embargo, el capitán n_os eran fnRignifi~antes comparadas con las que hi•
-del Yoshino se dló cuenta de la situación y acudió c1eron al .M.atsuchima, pues aunque empezó á incencon su escuadra volante, y como hubiesen llega• diarse el Ting Yuen se extinguió á poco el fuego y por
-do en auxilio del Chih Yuen otros buques chinos fin á la caída de la tarde, agotada la mayor parte de
se trabó una lucha desesperada en torno de los bu- las municiones de los contendientes se separaron, reques japoneses averiados. En
es t e encuentro parcial fué
·echado á pique el Chih Yuen
incendiados el Lai Yuen y el
Ting Yuen
Al mismo tiempo el Ting
Yuen y el &lt;Jhih Yuen se veían
:atacados por cinco poderosos
navíos que formaban el cuer-

CLUB AllERIOANO DE MÉlXICO,-BILLARES,

(Fots. t(?madas para •El Mundo•)

tirándose los chinoE á Port Arhur y los japoneses
Vatun~.
La victoria. quedó por 1011 J aponeses pues algunos
dlas después de esta batalla sus cruceros recorrian
libremente las costas del enemigo.

EL CLUB AMERICANO DE MEXICO
. En dí versas ocasiones hemos pu'llicado
v1s~as de los c~ntros de reuuión de las co~
l(?mas extran¡eras. La próxima celebración de la fiesta de la Indepenencia de
los Estados Unidos, hace de actualidad los
grabados del "Club Americano" de México, que verán nuestros lectores en este
número.
Ya la prensa diaria ha informado sobre
el carácter que tendrá la fiesta nacional
que celebrarán mañana los miembros del
"Club Americano." En atención al estado
de guerri. 9ue existe entre España y los
Estados Unidos, los ciudadanos de esta
República residentes en México, tomaron
el buen acuerdo de conmemorar el 4 de
Julio de una manera, privada pudiera decirse, sin darle á la solemnidad nna ostentación que ac11so originara manifestaciones en contradicción con el respeto mútuo
que se deben en nuestro suelo los resinentes de las doH naciones en conflicto.
El "Club Americano"deMéxlco ~e fundó
el 1.0 de Junio de 1895 y contaba entónces con cien socios que han ido aumentan,. do basta trescientos cincuenta que tiene
en la actualidad. De éstos residen 197 en
. ~1éxico, tEl fuera de 13: ciudad pero dentro
de la Repubhca_y 64 en el extrllnJ6ro. Los miembros
honorar10s del C,ub son tres: el Señor Presidente de la
República, General Don Porfirio I)iaz; el Señor Ministro de los Estados Unidos en México, Gene:-al Powell
Clayton y el Señor Presidente del Club Hispano Ame•
ricano de St Louis, Mo,

OLUB AlUERICANO DE 'MEXIJO.- -GABINETE DE LECTURA,

�tes destinados á equilibrar la fuerza del pistón en la
parte delant!"ra, y en la punta del torpedo hay una
pequeña hélice que se coloca al momento de lanz_arlo; uo está unida á ningún motor y g-ira p~r la acción
11
El 0rand Príx" de Parls
del agua cuando el torpedo avanz11.: el obJeto de esta
hé1ice es sostener una barraque está en contacto con d
En Fran&lt;'ill rli(·P11111 "Gran.-te SPmaine" como aquí de· percutor pau g "ll!ea!lo al_ recihi'" u_u choqu,· _exte11
11
cimo~ la Se111•Hll ~Iayo1 11u1u1ue estas frases ten- rior. Esta precauc,ou 10gemosa permtte maneJu el
gan 11plicacio11•" b1Pn disti.itas. ¿Quién de los ini- aparato sin.pelig o de que estalle t.1opinaüamente.
ciados "11 !oR ~"ª"tos d" la vida ,portiva ignora las
El torpedo Huwell difiere del anterior en e_l motor
¡,olemnitladns powposas del turf y que la "gran- que es más i;eucillo: un volante pesado de h1~rro de
de b.,maine" es este periodo del mes dt1 Junio cuyo
fundicióu que ret:ibe un movimiento de rotac1óu coacontecimiento capital es la carrera dt,) "Grand prix?11 mo el de uu trompo en el momento del _l ,nzam1e~t?·
-El mundo elegante de Par:s espera. la carrera del üontinúa girando en virtud de la velocidad adquiri«Grand Prix&gt; para lanzarse á la desbandada en sus da y obra por un fo.ego de engranajes sobre las hé\i·
estaciones veraniegas Es reglamentario el gran mee· Cl:lB de propulsión colacadas en la parte posterior. l!:n
ting social de las carreras para decidir según los ca- cuanto á la mayor ó menor profundidad se regula coprichos de la temperatura, el tono de la mod que ha mo en el modelo anterior.nante descrito por uua !lid·
de privar durante el !"esto de lo!! meses caluroijos dd posición auáloga.
año.
Hay diversos tipo,i de torpedos automóviles en
Esta vez el cielo estaba espléndidffmente serPno y
luminoso PI día de la carrera, como para no desdecir los que se han empleado diferentes sistemas de
motores; pero por mnv in¡renioso que sea Pl mecadel 11 R1\v Sol, 11-el caballo victorioso y aclamado.
Como es de rigor, lucían las parisienses las más nismo ya s-, comprende qu8 dificil será obtener una
sorprendentes novedade~, y gracias á la admirable dirección exacta Se pensó, pues, en las ventajas que
temperatura de la tarde hubo profusión de tules lige- rP-sultarian de ensa:·ar otra disposición que permidirigir el aparato desde el na.vio.
rísimos y de colorad vistosos en los trajes.- claros "n tiese
Naturalm&lt;lLte hubo que recurrir á la electricidad
su gran mayorla, con adornos de encajes y listones, y
de sombreros deliciosos coquetamente levantados por y se fabricó el tipo Sims Edison Compónese de dr s
partts un simple flotador con una bandera y un disco
delante para dejar ver el peinado.
Poro si la aristocracia se divirtió el dla
de la gran ciurera, los pobres deoen de
haber quedado mlls contentos pc,rq:ie el
premio de los 200,000 francos fué repartiiio entre ello!'.
Sólo el barón de Rotchild puede permitirse el lujo de ceder un gran premio de
Paris para obt as de caridad, Una ganan·
cia como esa de los 200 000 frtncos no bas·
ta para llen tr el deficit qu" ocasiona en
las finanzas pu-ticulares una caballeriza
para concurir á la!' carreras. Felizmente
el barón de Rotchild, que no ha sido afortunado en el turf, tiene medios bastantes
para suplir ese deficlt, y ha podido seguir
Isa inspiraciones de su generosidad.
El caballo del dia, el "Rey Sol" es un
hermosísimo bayo, hijo de HPaume, el
triunfador d.., Chantill,v en 1887 y de.la
Señorita La Valliere. ¡El «Re1.¡ Sol, hijo de
la Señorita La Valliere! ¿nÓ habrá· entre
los lectores de El Mundo Ilustrado quien
se sienta cruelmente ofendido por esta
subversión de nuestras nociones históricas? ..... .
Pero dejemos al Re1.J Sol en su gloria
monárquica y hablemos del nuevo •Rey
Sol• del turf parisiense: el cabailo del barón de Rotchild, montado por el correcto
jockey inglés W. Pratt, recorrió el trayecto de 3 000 metros en 3'24, di jando atrás
diez y seis competidores
El total de las operaciones de apuesta.
mútua llegó en esta gran carrera. á la suma de 1.700,000 francos Las BPÍS carr~ras
del dia pusieron en juego 4,150,000 franco~.

Nue~tros u-rsbAdos

1,

•

Dnmtn¡ro 3 de Julio di! lff.111

EL MUNDO,

8

esquivar los tiros de la cost11, ¿pero Bl'rán más acertados sus cañones operando sobre una base movediza é,
inRtable?
Hay otra multitud de circunstancias, sin hablar de
las d~fensas submarinas. que ponen á los fuertes en
condición de s •r iuexpug. ,ables frente á los ataques
de uua flota.
El forzami11nto del paso de la babia de Mobile será.
una proeza única en la historia. pues ya nadie se
aventuraría con ei perfecci, namientodi.\ los t-rpedos
. "vigilantes" y de fondo y del sistema de sefi'lles de
los pul'rtos. á p.-,netrar á una bahia. c.entlficamente
fortificada y d efl:lndida.
Y lo de Manila? preguntará acaso algún incrédulo~
¿no es un argumt&gt;uto en favor de la superioridad de
las flotas? En e&amp;te ejemplo precisa una aclaración.
Soatiece M. Malo· y nadie lo contraria, que la escuadra de D.-wey nada habria hecho contra una plaza en
condiciones de defenderse con todos los elementos.
de fa moderna fortificación.
La escuadra de Dewey no es de primer orden ni
había sido en viada á luchar, pues otra era su misión
en Asia y ~in embargo, Cavite sucumbió. ¿Qué siguifica este hecho sino que Cavite estaba indefenso? No
. han ca.ido ni poarían caer tan fácilmente la Habana..
ó Pue1 to R:co.

Cigarreras de Manila

La fábrica de cigarros acaba de cerrar
sns puertas y las cigarrer..s en ruidoso
tumulto salen de su trabaio para desbandarse por las calles de la ciudad
Indias ó mestizas, llevan los cabellos á
la diabla, una flor de ylang- ylang ó de calachuchi puesta con desenfado en la ca-•
beza; pasan con descaro delicioso y ese
menw especial de las habaneras y filipinas, de gracia un poco fuerte, como dice
un viajero.
El pié, desnudo, es de una forma maravillosa, se crispa nerviosamente para sujetar
la chinela ,bordada de perlas, y la mano,
pequeñita, de lineas puras, evocá por el tinte rosado
de la palma inquietantes analogías simiescas.
Y asl andan por todas partes, triunfantes, descocadas, soberbias, con el cigarro entre los labios eternamente,
¿Qué es un torpedo?
Sabido es que los torpedos se lanzan por medio de
cañones especiales, llamados tubos lanza-torpedos,
carg&lt;idos con una pequeña cantidad de pólvora y aire comprimido pues el objeto es ~ólo lanzarlos á una
pequeña distancia, porque en seguida tocan el blanco llevados por su fuerza propia de propulsión.
En general tienen la forma de un largo cigarro, llevan en la parte anterior una carga de dncuenta kilos de algodón pólvora y un detoJador que funciona
cuando tropieza con 11lgún obstllculo; en•la parte cent~al est~ el motor y detrás el aparato de propulsión y
direcc.on.
.
En realidad hasta hoy no se ha llegado á obtener
una dirección cierta, sobre todo tratándose de torpe•
dos enteramente sumergidos en el agua.
El torpedo más en uso es del modelo Whitehead.
El motor funciona por la acción de aire compr,mido
á alta presión en un receptáculo é imprime cierto movimiento á las hélices de propulsión que se hallan en
la parte posterior. La dirección en altura ó profundidaii de inmersión se obtiene por medio de dos timones
movidos por un aparato delicado cuyo elemento esencial es un pistón que obedece á la presión exterior
del agua: si e.l torpedo está á gran profundidad, el
pistón penetra y da al timón una inclmación que hace subir al torpedo; lo contrario sucede si no está muv
sumngido. Se regula de antemano la profundidad
deseada por la disposición que se les da á unos resor

KL1.,NDIKE-EN BL'SCA DE 108 PLACERE~ DE ORO

blanco para poderlo seguir con la vista; la otra parte, completamente sumergida, se une al flotador por
mtdio de barras metálicas y constituye el torpedo
propiamente dicho. Delante lleva la carga explosiva,
atrás el propulsor en relación con un motor eléctrico,
y tiene además un s'stema de electro imanes q-:ie di•
rije el timón. En una cámara especial se halla un
tambor con un cable enrollado de 4000 metros de longitud y formado por dos hilos ai.111.dos.
Asl constituido el torpedero, puede ser ó no ser lanzado, á voluntad: se le orroja al agua como una canoa y se pone la extremidad del cable en relación con
· una fuente eléctrica por medio de un conmutador
que permite obrar sobre uno ú otro de los hilos del
cable según se quiera. En estas condiciones el ope•
rador de á bordo es dueño del motor ó d.i los eléctridos del timón, y aún puede provocar 1a explosión
cuando lo crea oportuno, disponiendo de un radio de
acción limitado por la longitud del cable. En las experiencias que SA han hecho. pudo alcanzarse perfectamente una distancia de 3,500 metros.
La defensa de las costas

Un autor de guerra sostiene en la prensa de Paria
que en igualdad de condiciones y armamento nada
puede una buena escuadra contra una costa bien defendida Efectivamente, las ventajas están de parte
de los de tierra, toda vez que en los fuertes de la
costa la seguridad del tiro pu~de ser mayor; los bu·
ques, dicen algunos, no presentan buen blanco porque se mueven á cada momento y en esta consideracion se fundan para atribuir á los buques una superioridad marcada sobre loe fuertos t.le tierra. Nada
más erroneo: los buqueb pueden con sus movimientos

9

EL MUNDO,

Domtngo-S de Julio 1898

1

l

¡PARA SIEMPRE!

Cortando un cable.

Privar decomutJicaciones cablegráficas.
al l:lnemigo, es una de ias operacionl's más.
importantes en las guerras navales cont.-mporáneas. Ya hemos visto el empeño
de los americanos en cortar los cables de
la Isla de Cuba; en los primeros días de la.
guerra, cuando todo era conj, tura!, las.
operaciones de reconocimientos de las cos•
etas cubanas y la ruptura de la comunicación cablegráfica, era lo único que daba.
cierto interés á eFeconflicto sin batallas .....
en aguas de América.
L'i prensa de Par!s, irremediablemente
b-:irloua subrayaba di'a. á dia en sus boleti·
nea de guerra es~e hechocurioso: cada encuentro, cada cañoneo, cada movimiento•
táctico se interpretaba en Madrid'y Washington como ventajoso para españoles Ó·
americanos respectivamente. De este modo, decían irónicamente los periodistas
parisienses. ésta es la mejor de las guerras en el mejor de los mundos: todos ganan, nadie pierde y no hay quien se queje~
Tal cosa sucedió cuan do al cortar el
cable de Cienfuegos el Winslow !'alió averiado: los españoles, llenos de júbilo, celebraron su victoria y los americanos se
felicitaban por el éxito de la emp1esa in•
tentada.
·
Voltaire tenia razón: su Doctor Panglossserá eterno ..... .

Me odiarás si el despecho te aconseja
¿Pero olvidarme? Tu razón desbarra!
Mi amor de tigre, donde pasa, deja
Los destrozos del diente y de la garra.
Núbil apenas, inocente y pura,
Te ví surgir en mi camino un día.
¡Me deslumbró tu mágica hermosura!
Te deslumbré .... Fuí tuyo y fuiste mía.
Nuestro amor era un crimen, y por eso
Te hablé de tu peligro y mis temores;
Me sellaste los labios con un beso
Y el hondo abismo se cubrió de flores.
Teamé.. ¡Cuánto te amé! ¡Con qué delirio
Me amaste tú también! ¡Cómo insensatll.,
Sonriendo á los horrores del marfaio
Hallabas vida en el placer que mata!
Y cuán bello es vivir vida de amores!
¡Qué plE-nitud excelsa de delicias!
¡Qué infierno de ansiedades y temores
Y qué sed insaciable de caricias!
Besos que estrujan sin piedad las bocas
Y de la juventud beb3n la savia,
De nuevos goces invenciones locas
Y juramentos conque á Dios se agravia,
Ese es nuestro pasado ... ¡Ar bol salvaje
Que en torno suyo lo embalsama todo,
Y que alza hasta los cielos su ramaje
.Aunque hunda las raíces en el lod, !
Hoy noqueda:.-eroedio. Nuestra historia
No ha sido de esas que el olvido trunca•..
¡Puede'el amor morir en la memoria
Pero el pecado en la conciencia nunca!
Juntos y en un esquife nuestra suerte
Nos arrojó del mar al oleaje.
Y 6 te suicidas ó roe das la muerte.
O ·varoos juntos hasta el fin del viaje.
¿Piensas que algo en el mundo substituye
Esta cárcel de amor profusa en galas?
Cuando el canario de la jaula huye
Cae al tender las inexpertas alas.
Cese el enojo y en mi mano amiga
.Apóyate otra vez. No es tu destino
Perecer de dolor y de fatiga
Sola en las asperezas del camino.
Estar unidos siempre... ¡qué consuelo!
¡Unico que la vi-ia nos ofrece!
Por mucha sombra que haya en nuestro cielo
Si te miro y me miras, amanece.

A Klondlke

Y alla van en cordón Interminable en
busca dt 1 or-:, como van otros á la guerra,.
en busca ¿de qué? ¿del oro también?
El oro no es para los que pelean, ó porlo menos para los que pelean con mayor
peligro.
En cambio, todos los que van á Klondike el!tán a.menos ciertos deque si no traen
oro será porque .... hay tantas cosas imprevistas en Ja vida. Pero tienen fé plena
en que el remoto, inclemente. Eldoraootiene tesorós inmenso.; para los fuertes,
para los perseverantes y laboriosos.
¿Y quién no se siente con e~ tas cualidades en esoR -países en que la lucha es ád•
pera y brutal para los desheredados? ·
ue ese hormiguero.humano saldrán qui.
zá los dominadores, los capitalistas tiranos de mañana. Cuántas páginas de la historia deL
porvenir encerrará ese desierto de hielo?
Rotchilds del tuturo con una piqueta al hombro; Barney Barnatos, desnudos y hambrientos . ... , .y acaso,.
algún Joaquín Miller que nos embelese mañ'l.na, como el novelador de las sierra&amp; californiana11, con algu
na narración de gente nuvvl!- y d_'3 m:undos ignotos,.
maravillosos oasis para las 1magmac1ones cansadas
de nuestra·civilización monótona y burguesa,
LA CORROSIÓN DE LOS MmTAL&lt;llS P~R LAS ÜORRIENT ES·

ELÉCTRIGAS,
Entre los ingenieros electricistas se agita ahora la
cuestión del daño que las corrientes que se extravían.
de los circuitos, especialmente de las tranvlas, causan
á las cañerías metálicas subterráneas, como son las
que conducen agua, gas, vapor, etc. y que en las ciudades populosas existen en. todas las calles y en
alg1;1nas forman_tupida red._La_p~ueba de que esa ele_c·
tric1dad extraviada es perJud1c1al, se nace muy fáctl•
mente. Todo el qu" haya !~ido algún tratado de electricidad sabe que los obJetos de metal de la clase
positiva con respecto á la tierra. pierde un día tras de·
otro una cantidad de particulas infinitamente pequeñas cuando se es•ablece en ellos una corriente eléctrica por pequeña que sea, y esa pérdida puede tomar
con el tiempo alarmantes proporciones. La presión
que se necesita para desintegrar el hierro varia entre
uno y tres volts. Si el circuito por donde la corriente
circula es imperfecto, y por desgracia lo son casi todos los de las tranvías eléctricos, tiene que desviarse
de acuerdo con la ley descubierta por Ohm y pasa á..
la tierra siempre que la resistencia de ésta sea má~
pequeña que la del circuito.

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EL MUNDO

En la inolvidable Sevilla, gala y emporio del amor y de la gracia an·
daluza, atrae la atención del curioso viajero la fc't.brica de cigarros, ~ue
hospeda millares de obreras á cual más hermosa y resalada, como se dice
en aquella tierra. Todo el mundo sabe lo que cada muchacha estanquera
inventa y dice por la calle al tropezar con los tipos que, tarde por tarde
van á verlas salir por la puerta de la fábrica.
Desde que la ópera Cá,·nien popularizó á la cigarrera sevillana, no
hay inglés rieo que al pasar por la perla del Guadalquivir no pretenda
visitar el estanco.
¡Y lo que escucha cada mfrlón, no es para escrito ni para contado!
Un amigo y compa:ft.ero mío, joven1 guapo, ilustrado y fino en maneras
como un príncipe, logró que le permitieran penetrar á aquel jardín de hu•
ríes, á la hora del trabajo.
Llegó con tres compa!leros de viaje, uno de los cuales, acompailado de
una familia sevillana, daba el brazo á rubia y hechicera polluela.
Al atravesar los extensos salones recibieron piropos por este estilo.
Decía una chica de ojazos árabes á otra que enfrente torcía cigarros
con rapidez de máquina:
-1,lias visto la boda, Pepa?
-Sí, pero el novio no me gusta.
-Por qué, hija de mí alma?
-Porque lleva la chistera con funda.
Y seilaló riéndose hasta mostrar unos dientes como perlas, al joven que
llevaba claque de raso.
Otra, lijandose en el único anciano de la comitiva, le preguntó A su
compailera:
-No oíste tocar la trompeta del juicio, Paca?
-A qué horas ch1ca?
-Cuando abrieron la puerta de la fábrica para que entrara mi abuelo.
Y piensa que lo mató Napoleón en el ailo de ocho.
-Y cómo le cborrea polilla ... .
-Con un hombre así quisiera casarme.
-Para qué Cachonda?
-Para ser viuda al día siguiente; ya sabes que me gusta vestir ropa negra.
-Pobre abuelo! cabe en una canal de pitillo.
-Yo lo vendo.
-Y yo lo compro.
-Y yo se lo cuelgo como milagro á la Virgen del Cármen.
-Ni para palillo de dientes me sirve.
Los viajeros entraron á una sala, que contenía muchas mesas y en cada
mesa trabajab,-m doce mujeres sirviendo una de ellas como de maestra
directora siempre resp~tada y obedecida.
En una de tantas mesas vió mi amigo á una verdadera creación de
Murillo, fresca de carnes, blanca como el armi.iio, de mejillas de rosa y
con un par de ojos andaluces que derramaban luz y luego.
Trabajaba torciendo cigarros y lijaba muy A menudo sus lindas pupilas en un monstruo sentado A su derecha.
¡Y con cuánta ternura lo miraba!

Domingc 3 de Julio de 1898

decir unas misas en el mismo altar de la Virgen
d onde pensé que nos diéramos las mar.os.
La muchacha, ba.fl.ada en lágrimas, se convirtió
en en !ermera de aquel joven al cual no daban
mAs que algunas horas de vida.
Los cirujanos extrajeron el ojo, recortaron colgajos de la nariz, de la bocr., de la oreja, de la
mejilla y de la barba; amputaron el brazo y la
pierna y dejaron entregado al buen Dios aquel
mon tón de despojos que inspiraba horror y compasión al mismo tiempo.
Lució e, nuevo sel y aquél infeliz vivía; la !ie- ·
bre lué bajando; los di9s corrieron, las heridas
cicatr izaron1 y por fín se declaró la convalescencia franca basta volver A la salud en el estado
tan deforme y lastimoso en que hoy se encuentra.
La chica, su novia1 se fué A ver al cura, le refirió su historia y le pidió de rodillas que la casara con este hombre.
- Pero así. ... . .bija, tú estas loca!
- Yo lo amo lo mismo que cuando era guapo
y ar rogante, porque, seflor cura, el tren no le ha
destrozado el alma y la tiene tan grande y tan
linda, como el dia que me confesó que me amaba. Además, él no puede por si mismo hacer nada ¿quién ha de cuidarlo, de mimarlo, de aten'
derlo, de amarlo como yo? Nadie en el mundo
lo ha de mirar como he de mirarlo, ni lo hará
leq¡, como he de hacerlo.
i 1 cura ante tamafl.as razones, los casó á los
pocos días y ella vino en seguida á pedir trabajo a esta lábr;ca solicitando que la acompal!ara
su marido.
-Véalo usted-me dijo-no puede enamorar
ni habrá quien de su aspecto se enamore ¿cómo
he de dejarlo solo? Yo soy sus manos, sus piés,
su voluntad, su vida.
-Ven y tráelo, le respondí asombrada de sus
resolucioneij, Y allí tiene usted á esa pareja que
todas las obreras respe,an y diré más: envidian
por dichosa.
Daban á la sazón las cinco de la tarde y sonó
la campana que anuncia la salida de los talleres.
La encantadora chica acomodó la mu,eta y el
zanco en la axila y en el muslo de aquel ser mutilado; colocó su brazo en el suyo , le puso una

gorra de seda y echó á andar con él por los extensos corredores.
Ali! pudo verse un espectáculo bermoso. Las
obreras que sslian cantando, gritando y corrien·
do en desórden, formaron ea silencio una ,alla
con admiración y respeto y pasó por en medio
la pareja extratia¡ la graciosa joven rbct na. y

-Frente á cuadros asi, hay que tener le en el
bien en el amor, en Ja ,·irtud y convcncerse de
.
que ' la humanidad, y en ella las muJeres,
no son
tan malas como las juzgan los eraoulosos ó los
escépticos por suficiench1.

feliz¡ él, andando lentamente colgado de su brazo como
la viú de la rama ..... .
-Dios te bendiga María, le decían varias compalleras.
Hasta, mafiana ang-el delcielo! le decían otras ...... Grano de oro, que la Virgen te cuide! -Pasa, luz de la gloria.
Y cuando la par~ja salió de la fábrica, volvieron las
obreras á cantar, á gritar 1 á correr en desorden porque
nada de lo que quedaba l~s inspiraba respeto.

guedad delicioe-a, de
una blanda delicadeza de lied. reepiran melancolfas in•
quietan tes y uostal•
giassuaves
Ahora cantat é. la
vida y cantará el
amor f P.cundo, ahora se abrirán c:1.nte
ese espíritu joven
nuevos horizontes
de ternuras definitivae, y no ya, co•
mola núbil poetisa
griega, la dulce El'i·
na, muerta en flor,
murmurará. 8aladas
mientras hila en la
rueca, bajo el amparo de la casa materna¡ mas como
:Marcelina Decbordes Vahnore, expresará. con rimas inuDE PEREYRA, (poetisa.)
sitadas no muy tar•
de, la gloria del
amor mattrnal, ri·
Cuando la dulce poetisa mando beruuse~ para el primogénito y enseñá.ndole
se cnó con nuestro inteli- como L,~b.~I Prieto, la Musa Jaliaciense, al compás de
gente amigo el escritor y lo e movmamtos de la cuna, la gama deliciosa de la
periodista Lic Carlos Pe· ternura.
r~yra 1 nueEt ro compañero . Y eptonces como siempre que lo celeste y puro
Amado Nervo eecribia eu 1rrud1a,
una de su11 semanas:
Dieu le dira lui-rnéme:
Marla Enrique ta Camafa im e ctt enfant qui dort.
rilao,medicen de Nuevo La•
Qu'onlui porte un riive a'or .... 11
redo. qu e se caea. Esta poe·
tisa niña va á convertir los
Gu11toi:ios reproducimos este breve juicio ahora qt::e
m!rto15 de su corooa en az&amp;• .Afaria
forma una flor más, de talento y ar•
hareP . . .. Acaso, como la tR. en Enriquefa
ramillete de artistas mexicanas que El
amiga de Melissa, la de He- Jfundo e11te
Ilustrado reune tiempo ha para ofrecerlo a la
los, soí'laba h:1. tiempo en el
soci~dHd mt'Xicana..
cortejo las fla-utos el canto 1mpcial y el carro florido
No añailiremos mh, porque Maria Enriqueta no Io
de los ~sposo.'l y aca¡¡o también, eomo último verso de necesita. Su mejor elogio son eus versos y en estas
a dole~cencia' compone su propio epitalamio.
lineas e11gastamos como preciosa gema de blandos
i\farla Enriqueta ha formado con Laura :H éndez de destellos loe sigufeutes. escritos recientemente y que
Cuenca la encantadora dualidad de poetiSl'lS mexica• son una de sua más bellas creaciones.
n as que todo1 amaJlWJ. 6UJI yersos, llenos de una va•
11

Juan ds DioePeze.
M~xlco, Junto de 1898.

'-

co/lbatia ldntic¡ueta &amp;amazilLo

Era la mitad de un hombre; le faltaban del lado derecho el ojo, la oreja,.
media nariz y la comisura natural de la boca, todo perdido debajo de unos.
pliegues y pegujones de carne amontonados, restirados y esparcidos horriolemente en el rostro.
Faltábale el brazo derecho y tenía el hombro tan caído que su cuellose doblaba sin equilibrio y su cabeza guardaba la mAs cansada de las.
posturas.
Faltábale la pierna derecha y la reemplazaba con una especie de zancoat,do á la escasa parte del muslo que le colgaba entrapajado.
Era un mónstruo aquel ser humano 1 á quien la mujer encantadora le·
estaba dando A fumar un cigarrillo, con la ternura con que una madre·
daría á su hijo un caramelo.
-¿Que_ es esto? preguntó sorprendido mi amigo.
-La historia es breve-contestó la Administradora de la fAbrica.
Esa chica tan linda, tiene algo mucho más hermoso que sus ojos
que su col?r, que su edad Y su gracia, y ese algo es su corazón de oro. '
Era novia de un gallardo obrero que vivía á ocho leguas d.e Sevilla
y que para venir á verla y á pelar la pava, tomaba en su pueblo el express
de l~s ocho de lanoche.-Alguna vez llegó cunndo el tren acababa de
P!rtir A todo vapor; lo alcanzó y quiso subirse por el estribo.--Oayó á la
v1a y le pasó la rueda por encima de medio cuerpo.
Lo levantaron moribundo y rogó que le avisaran A sn novia, la cual
en cuanto supo la desgracia lué á verlo.
-Mira, le dijo él-habla yo juntado diez yeeis mil reales (ochocienme
duros) para nuestra boda. Ya voy á morirme y te los dejo re-Jevándote
de todo compromiso.-Eres ~uy buena, cásate con alguno' que te quiera
como yo y que te haga tan dichosa como yo pensé hacerte, y mándatos

J1

EL MUNDO

Domingo 3 de Juho de tffl'~

¡SOL A.!
Desvut?s de quP. tus ojos

se cierren., y murmures con tus labios
mi nombre, tristemente
yo cruzaré tua manos.
Con doliente mirada
contemplaré tu inmóvil rostro .... En tanto
que la lu~ de los cirios
en la sombra temblando
esté, cit.be tulecho
toda ht noche pasaré, rezando,
y hasta que asome el alba
guardaré mi rosario ..... .
¡Qué amanecer tan triste!
si á. favor de 11,u luz viene algún pá.jaro
á posarse en el tronco
carcomido del sáuco,
medroso, al ver angustia
tanta, veloz se ale~ará volq.ndo ....
Ya estarAn para entonces
los cirios apagados,
consumido el aceite
de mi lé.mpara, rigidas tus manos,
mi frente 1 más sombria 1
y tu rostro, mh pá.Udo.
Antes de que resuenen
por el angosto corredor los pasos
de loe que han de llevarte
camino al camposanto,
cortaré de tu frente
un rizo de cabellos enlutados
que gundaré en el fonde
de un nPgro relicario;
y derpué"' de que cierren
la caja , en el1a apretaré mis h.Lios
larg11mente, en un beso
tembloroso y callado ..... .
Ueep•és ¡ay! por el mismo
angosto corredor por donde entraron
irán !"l&amp;usadamente,
perdiéndose los pas1B ....
Y deepués .. . . con el rostro
hundido entre las ma•oa:
-¡Sola y~I we diré, por siempre sola!
y en un r10cón me quedaré llor,.udo.
MarJa Enriqueta.

�Domingo 3 de Julio de 11198

l[L MUNDO

DAMAS :MEXICANAS

UN SABiO

Ib11mos &lt;le p-iseo, m!. amigo Pepe y yo, conYersandu ac.-.rca U.: lo in verocl1111I en literatura; p.-ro
sin di~cutir ni Jh1varnud !11.cuutraria por ser idéu•
t•co uuestro modo de pentar,convencidos ambu8
de q ,e por rebuscadas qu., parezcan las in ven•
cioues de la imaginaci_óu. ~un p1tr~cen con fre•
cuencia más exu·aord1nar1os los eJem¡&gt;IOd de la
ralidad
.l:'t&gt;ne me ref ,rió lo siguiente:
-E•e caoalleru se llama. u Luis Ramillo y es
riqulsimo. Sus padres l? enviaron á México, casi niño, y a.U! ¡,ennanec1ó ~n compañia de un tlo
suvo y en clase de dependiente de una gran casa ·de comercio durante i.nuchod años. Cuando
murió su tlo, le dejó por hereder~ ~e s_u cuautioea fortuna, y él, cansa_~o de v1v1r leJos de_la
tierra que le vió nacer, dio la vuelta á Espu11t,
fijando su residencia en 1\1.,drid. Las primeras
fsemanas de su estancia en b. co~te habitó una.
e1ond11; peio quejoso 1u.. go del mal trato que en
la le dab1m1 adoptó Ja re:--_0Juc1ón de poner casa Jo cual nizo á pesar de ~u riqueza, con gran
m:ce~tia y escasos gastos, no pur tac.ñerla, sino por ser naturalmtnte enemigo de la 0bttintación y hombre de pocas necesiuadeli.
En un priucipio no se trató con los demás in•
quílinos: vivía servido por un matrimonio de
viejos, no era vh1itado de uad ,e, se retiraba temprano, c~ando se enco1.1traba á algúu vecino en
la ...,calera le saludaba y uada wa~
Una noche al volver ad teauo, á 111 una de la
• madrugaua, hora pa1a él musitada, se en·contró
en el descansillo del piso en que vivia, á sus
criauoa hablaudo con una mujer joven y bonita
que, con las \ágrimas en lo" ojos, les d:tba la_s
gr11cias por c1&lt;rto favor que de ellos hab1a recibido. Al ver á l..&gt;on Lu1.,, 1011 sirvientes cortaron
el diálogo, le dt&gt;jaro11 paso y la mujer llorosa su
bió escaleras arriba
L I prime~o que á lo, criados se les ocurrió
cuaudo su señor ,,.ti pr.-guntó quién era 11que1la.
señorita, fae mentir ó disfrazar la verdad; pero
estrecha•los por él uo tuvieron mád remedio que
conft&gt;sar el motivo y la oca~ión de lo sucediuo.
Srita. Consuelo Farrera
La ~eñorita que habia visto Don Luis-porque
DE 'tUS.TLÁ
annq11e hn~ildemente. v~otlda tenia aspecto dt1
[Fot. de C. H. Adams.J
señorita- v1via en el ultuno y más b11 rato dt1 los
cuarto de la casa, en compañia ue su madre, señora · éúal, dicho sea de paso, mode~tamente v 1stida de
anciana y achacosa. Era11 wuy pobres y no tenian wás negro y rodeada de tanta ropa, e..taba .-ncantlldora
recursos que la exigua viudedad de la vieja y lo pocCI
No hay para qué decir que su cambio de situación,
que la hij11 gan11ba. bordando. La casa de comercio las mayores comodldade!! que gozaba, el mejor ves•
para quien éota trabajaba habla quebrado, h11cla dos t1r y las vi!!itas de D Luls fuerou base de infinitas y
mesed que no le daba11 !abur,_y, liwitad11s las pubre11 . 'malévolas murmuraciones, L!\ portera, los criados de
mujeres al puñado de duros de la vmd.-dnd, &amp;penas D. Luis, los v ,-cinos, todos creyeron que el 1:1eñor matenl11n para comer. Mientra11 les quedó algo que em- yor se cobrabi. los benefr.:ios siendo poseedor de los
peñar tueron pasando, pero lueg·o e11f1muó la madre, encantos de !\fonolita, lo cual er11 una solemnisima
hubo que llamar al médico y ésre i·ect'Ló medicinas ca- mentira, porque ni á el se le ocurrió semejante villaras. La criada vi.-ja de Dou Luis s&amp;bía todo esto, por- nía ni las pobres mujeres la hubieran MCeftado.
que conocla á la 1.11adre y á la hija de verlas cuidar
Los propósitos de U, Luis eran otros. Estaba enaunos tiestos que tetian ~n las ventanas y deconvt:rsar morado de Manolita, pero su p1oyec,o coosistla, no
con ellas algunatl Vtces sobre si tll.les ó cua1es ¡,lant,,s en seducirla, sino en tomarla por.pro1Jia y lPgltima
podian ó no crecer en macetas y debilln n-ga1t1e mu- mujtlr y lo que estaba hllcienao er ,&lt;lcilitar1:1e mecho ó poco; de E'Stos diAlogos pasaron á ma) ores con- diod para verla frecuentemente, ob~ervarla, conven•
fianzas, y por último la joven llegó A tener cou ,a vieja cerse de que era buena y luego declararle su amor y
toda la intimidad que puede haber entré- uu~ muj~r pedirle su..consent1miento para hablar con su madre
fina aunque pobre, y oi-a de más baja condición
y formalizar las cosas. Su "rror fué imaginar que la
JWo fue que una tarde Dofia Manoiita-que asi se gratitud podia convertirse en amor, y sobre todo,
llamaba la urnch~cha-pidió una taza de c11.ldo1 para fué torpezs. ir continuamente á casa de Manolita y
eu madre A la criada de Don Luis, y en dlas post.,r1c- 1,0 darla á entender nun~a que la queria Era hombre
res favores análogos, hasta que por casualidad se en- acostumbLad~ á negocio~. no hablajamll.s procurado
teró aqnel, gracias al encut1utro en la es:alera al enamorará ninguna muJer, y c·eyó que para ManovolvPr del teatro.
lita seria cosa 11encillisima y llana ccntestarle ~ te•
Sabedo: de la triste Fituación da las infelices mu- naz•in cuando él la preguntase: ¿Quiére usted casarse
jeres, Don Luis ordenó á sus criado~ que las favore• conmigo?
ciesn1 en cuanto fuera po, iblt', y qu., uo le.i n .. g,.sen
Y como lo hizo asl, sucedió lo que ten'a que sulos pequefios auxilios ctue h:·s ¡,1dienm; dt'spué., de lo ceder.
cual pasó algún tiempo sin volverá pens:ir en el in
Una nocho entró D. Luis en el sotabanco. se sentó
fortunio que tan cerca teuia, habta qut1 una tarde vió junto
á ella. cogiéndole una mano, con gran sorpn111a
á Manollta arnwada á u1.1a veutbna.
úe hija. y madre, habló asi á la muchacha:
I\Janolita era una muchacha primorosa E~hba 'fla- Ma.nolita, e~ usted buenísima y primorosa; la concucha. y casi anémica pc,r la poca aliment~ción, malam, nte vestida, Pin la meno!' gala m a.domo, entris• sidero á usted capaz de hacer feliz ál hombre máe
tectu-'l v melancólica por su wala 11ue1 te; pero tenla exigente. Ten¡:¡-o cincuenta y dos anos, buena salud y
los ojos hermoel.imos, la b0cll pr jC)0da, t'I pelo undo- una renta de muchos miles de duros. ¿l,!uiere usted
110 y negro como el a:tabache, la tez mu v fina las casarse conmigo? ¡Ah! No tengo mal genio.
La pobre niña soltó la aguja de las manos; dejó
facciones muy delicadas y el cuerpo airoso y bien
proporcionado Mirándola, no cabia duda d~ que a caer al suelo la labor. miró a su madre, q 11e estaba
1011 tres meses de alimentarse bien, past'ar, e~1ar tran- estupefacta, y se echó á llorar como una :Magdalena.
qui·a y no trabajar, aquella muchacha llegaría á po• Aquella noche no hubo conversación ni respuesta po·
nerse belli~ima; era uua plauta nacida en m11la 1ie- ilibles, porque á Manulita le dió una congoja, á l!U
rra que habla crecido sin ,ol y sin agua y que un jar• madre :in smcope y D Luis salió de ali! en busca de
dinero inteligente podla, con poco eMuerzu, cultivar su criada para que hiciese t,.zas de tila. Del midmo
y desarrollar hasta convertir 11u debihuad en fortale- brev11je tuv? que tomar también D ~uis, porque
za y su ajamiento en lozanla.
cuanan él ~ahó á llamará FU casa, Manohta, volvió e11
Al otro dla de verla en la ventana, Don Luis se pre- si, y_sintlendo que se ahogaba aflojó el cuerpo del
s1mtó en casa de Manolita, y siu allibajes 1,i circun- ve,t1do y se aesabrnchó l'l cor,;é pllrll respirar má; á
loquios la prt'guntó si querla enc11rga1dt1 de húrdar gusto. b:n seguirla tornó A eubir D. Luis, y, como la·
nn .. gran cantidad de ropa blanca que necteilaba pa• puerta del sutaba.nco h 1bfa qued1tdo Mbierta, entró
i:-in llamar. sorpreoditmdo A Mauolit,i con lllgo mád
1a su casa.
'lUe la garganta al des'!ubierto; y aquel algo era tao
La chica respondió 11firmativarnentecon el contento maravillosamente blanco, preciv~o .Y bieu formado,
que es de suponer, y D. Luis la rogó entonces c;¡ue, que el pobre señor 1:1ufrió uw1. conmoción indt'finible:
puPs él vivía solo y no sabia hacer cierto genero de las piernas le fla1uearon, palideció, tuvo que sentarcnmpr11s, adquiriese p·o r i&gt;ú ·cuenta ta.ufo&amp; juegos de s_e, y por f)n, sin eaber lo que h&gt;tcla. tomó 1a taza de
fábanas y 1tlmohadas, tant11R pañom111· os, tantos man- tila que aun no habla tocado Mauolita y se la bebió
tell's v ~ervilletas ...... eo fin, un ctineral en J,rncería. lentamente, mientras la muchacha, confusa y avt\r•
Añadió P, Luis, que como Jo querla ·odC\ bordado con gouzada, se abrochaba el corsé y se echaba los botot'Xqni@ito primor y delicadt&gt;za y ademág, en muy cor- nt's volviéndose de espaldas
to plazo, 1·onvendrla que but-case otraH mujeres para
Al dia si~uiente. la 1:'!adre d"' Manolita llamó a D
qu.- la a~· udafen, o_rganizando al efecto un obrador. Luis
y le d1Jo que su htJa le act1pta ha. agradecldisima
D .. aUi ,-n adelante, M11nolita pasaba con frecuen- por esposo.
A los dos m ..ses los noviod hablan puesto
cia á cMn de D. Luis para darle cueuta de cómo in- una caea que
un encanto: les costaba unce mil
vertía la1 rnmas recibidas y de lo que adelantaba el r!'Oales al año era
y gastaron en alhajarl11 cinco mil
trabHjo. y D. Luis solla tambi én subir al sot• baoco, dures.
donde continuamente estaba bordando !\,fonolita; la
Ya lo tenían todo preparado, y a::reglado en la vi1

carla el ¡:,reciso expediente. cuando una tarde
•ubió D. Luis al i-otabanco. Manol1ta_y su madre
no e&amp;taban pero si la portera, á quien h11 1ia'l
dado JI\ llave para que sublPse unos paquetes
d~ encargos que debla.o 111:,varles.-L a~ e_~peraré aqui.-dijo D. Luid. L·1 r,ortera se ba¡ó á su
chiribitil y D Luis se quedó Rolo, paseando la
mirada s~bre aquellos miserables muebles que
Manolita habrla de cambiar pronto por. otros
lujosos y más l'n harmonía con su peregnna belleza. ,._¡ cabo ne un rato no se contento el buen
1&lt;eñor con mirar, ~iuo que se levantó y comenzó
á, exammarlo todo miuu.:iosarnante. Vió lapo•
bre mes11 dt&gt; labor, Pobre ia cual tanto había tra•
bajado su futura, la mt&gt;sa de coroet que tan
barat11s manjares su1&lt;tt'utó, 111 cama de la madre
con limpias pero humilúlsima~ ropA@, en todo
se f,jó. Por último tuvo nn capricho: ver PI cuar•
to y 1a cama de Manolita.
Era uua alcobita donde no babia más que la
cama con colch'l de indiana un baulito sobre
banquillos y una mesita; .v ¡oh sorprt&gt;sal encima de la mesa. habla una jicara cou tinta, una
pluma una carpeta hecha. cvn un periódicó doblado una carta sin concluir. Aderná_s, el ~ajón de ~11 meFa edtaba abierto y en su 10ter1or
i;e velan dos gruesvS paquetes d,, cartas metidas
todavfa. en sus conservados sobres y atadas con
cintas de colores. cimas que D Luis conoció
ser de itquellas que ba biau venido sujetando en
hs cajHS las roptts quehabia comprado para que
la~ bordase Manoht11. Aquellas cartas e.taban
dirigidas A Ma.nolita D. Luis no se pudo co~te•
mir: deslió uno de los paquete1&lt;. '!-' pasó la vista
por varias de Lis epi•tolas. Todas eran de la
misma rn11no, tenían igual firma, empt'zaban y
concluían con palabras de amo1·, promesa11 , de
caricias y esperanzas de beson. Ciego de cólera
cogió por ú timo la carta q,rn edtHb\ sobre la
mesa, la escrita por manolita Le falta.ha el fiual, pero lo que decla aunque truncado, era un
pot"mll El párrafo más importante era este:
"No te canses n' me escribas, ,,¡ m"' mortifiques, ni aumented mis p"nas repitiéndome que
rne quieres cun toda tu alma como yo te quiero
á 1J. Me caso para que mi madre muera trauquila
en buena cama v bien cuidada en vez de morir
en un hospital, porque mis ojos cegarán á fuer•
za de llanto y trabaJo y no podré mantenerla si
vivP; ni eutt"rrarla di muere. Y nunca. nunca,
nJnca pienses que seré capaz de e11gañar á D.
Luis. No le amo porque te amo á ti, ¿lo entienties? pe•
ro, aunque me hagan trizas el cuerpo y me consuman
el alma, jamád sere mala para con el hombre que me
da su nombre. Te devuelvo tus cartas y te pido perdón 11
Por ern estaban lae cartas de él cuidadosamente
atadas en paquet~s: para devolvérselas
.
.
D. Luis se sento svbre el baul de Manohta, deJó
caer la cabeza sobre el pecho, sintió que le rodaban
por la~ m~jtll ~s do3 lá,:-rlma;i. como d,,s guisantes, y
lue10, de pronto se levantó, se enjugó el llanto con
una punta de la colcha de indiana y dejándolo todo
con sumo cuidado, según lo encontró salió de la alcoba y se bajó á su casa; más antes de salir se fijó en el
sobrt&gt;scrito que Manolita tenia preparado para aquella admirable carta.
L'l noche que paRó D Luis no tuvo nada de envi•
diable; mas era tan bueno, que en vez d.., s~rrabiala
que le dominase, ~e le entró a.l alma _una mel~nco\ia
plácida y tranquila que le ~esaltero el espi~1tu _sirviéndole de calmante. Al veft1rse á la mañana.siguiente, se vió el cuerpo flacucho, URado vencido del tra•
bajo, agobiado por los años y acordándorn de aquella blancura deliciosa. que contempló un momento
cuando la congoja de Manolita, sonrió tristementtl
murmurando:
-¡Ya es tardt1l
Al día BJj?uieute la chica y su m,dre no vieron á D.
Luis. al otro tampoco; al cuarto se les presentó un
amigo para decirles que el pobre señor habla emprendido un viaj~ muy largo, dejándole encargo de entre•
j!'arle~ uu rollo de papele~ y una carta. Los papeles
eran tltulos de la D ~uda que representaban una renta m&lt;\s que bastante para. vivir con eomodidad sin
penRar en lo porvenir. La carta no decia más que esto:
11
Manolita: Eres demasiado b 11ena como yo he sido
demasiado tonto imaginando que me podlas querer.
PAra tu virtud y tu ht1rmosura no hay en el mundo
más que un premio: e! amor. 1Lo único que vo no sabría darte! He averiguado que tu novio es iisto, trabajador y honrado: además es joven y guapo. SólC\ os
faltaba para ser felices un poco de dinero: yo os lo rej!'alo. Recib.dlo sin humillscion como yo he a ceptado
sin rebtl!Arme contra Pila, la lección que en tu Alcoba
me deparó la caRualidad que por esta vez merece
nombre de Providencia. ¡Cómo ha dt1 ser! Pasados algun'.'s meses os escribiré y si tenéis un hij&lt;&gt; vendré
para apadrinarle 11
Manol.ta se CI\SÓ con su novio que cumplió con ella
como amantlsimo esposo; D Luis también cumplió su
palabra, pues acabas de verle paseando al niño como
si fuAra suyo!
-Tu relato-dije á mi amigo-es tan sencillo y conmovedor, que porece cuento iooce ,te para incluirlo
en el libro dt'dicado á educandaq Casi resulta cursi.
-Tienes razón. pMo es ciertls;mo-repuso Pepe,
añadit&gt;ndo: -Si el hech'l d I encontrar D . Litis las cartas del novio de Manolita hubier-'l sido una farsa amañada por ella, lo creerlamos sin vacilar. Su sa.crifici'l
6Fa..si11cero y an.damo.s rt'h 'lcios en darle crédito. ¿Qué
levAdura d~ torpeza ó sedimento dt&gt; maldad hAbrá en
el fondo de!la conciencia humana, para que sin esfuerzo acojamos lo eensurable y con tanta facilidad du•
demos de lo bueno?

13

EL MUNDO

Domingo 3 de Juho·de 1898

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JACINTO 0 CTAVrO PICÓ~.

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¡POR UN MA.RIDO!

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NOVELA. ORIGINAL DE MARC DE CHA.NDPLA.IX-ILUSTRA.CIONES GRABADAS EN NUESTROS TALLERES.
Versión española de "El Mundo Ilustrado"

Número l.
I.
PRINCE.
Se llamaba Prince .... y así se llama todavíl\
-porque está robusto y vigoroso y _no da sefl.ales
de morir. Su madre, una anglo-sa_Jon~ muy bella
y muy aristocrática, fría en apa_nencia ~ero con
pasiones de sevillana, era conocida con ~1 nombre
de Cora, le dió á luz cierto d~a en Antsirana, e~
la barraca de un Coronel de mfante:ía de mar~na que por aquellos días había partido ~ practi~ar un reconocimiento del lado de_ Matsmzou en
la frontera meridional de la posesión francesa de
Diego Suárez.

Serían en París las dos y media de la madrugada cuando Prince naci?, y París, ciudad-luzempezaba apenas á dormirse! en ~anto que la_ sombría Antsirana se despertaba Ilummá.ndos.e. Si Antsirana hubiera tenido relojes, éstos estarian sefl.alando las seis por lo menos porqu-, el sol enorme
y rojizo acababa de aparecer y subía lenta!11en~e
rodeado de una aureola de oro el islote de1 Pam
ne Sucre. La brisa encalmada durante la noche
comenzaba á soplar tempestuosa, ahogando los
gritos de la pobre madre que llamaba al ordenanza del coronel.
Los gallos habaín enronquecido á fuerza de
cantar, pero logrando que despertaran y se en-

tregaran á sus labore!! las mujeres mal.!fachas, al
gunas de las cuales peinaban á sus hiJos en la
puerta de las chozas, mientra.s otras con el cántaro
equilibradoenlacabezaibaná la fu~nte por agua.
En los patios rodeados de empahzadas de poca
altura se oía el ruido monóLono que se hace al
apilar el arroz y descascararlo en los morteros,
mientr.as picoteaban cloqueando al rededor numerosas gallinas.
•
.
Los hombres más perezosos, permanecian aun
tendidos sobre'sus jergones, con sus ojos a biertos contemplando el espacio y con sus cabezas vacías y encrespadas. En los cuarteles,
construcciones ligeras rápidamente levantadas

�14

•

por los blancos, los soldados tomaban alegremen•
te su café respirando con delicia el aire fresco de
la manana, ese aire tan suave, tan puro en apariencia, pero que lleva consigo los gérmenes de
la.malaria que es el azote de la isla.
Los compradores de vermouth, de ajenjo y de
conservas, únicos negociante., de la naciente colonia, habían abierto ya sus depachos y esperaban
á los clientes matinales en tanto que los indios
venidos de Malabar para traerá los negros telas
inglesas, dormían todavía tras de sus puertas herrada.s.
Como si tuviera prisa de ver la aurora, Prince
nació en estos momentos, sin que su nacimiento
ilegítimolepreocuparagran cosa. E., oportuno ha•
cer observar aquí que nadie sabía quién era el
padre de la criatura. De pronto, para hacer deducciones, el nifio presentaba una cabellera rubia, casi albina, cabeza ancha, ojos zarcos y boca mal cortada. Sus buenas cualidades de inteligencia y fuerza no se desarrollaron sino mucho
más tarde; y con razón el coronel al verlo recien
nacido, exclamó: ¡qué animal tan feo!
Estas cuatro palabras fueron su condenación
y se le senteució á ser expulsado, siendo el asistente ejecutor de la sentencia y desplegando para
ello tanto celo, que no había más q1,1é pedir. .Asió
bruscamente al chico por el cuello y lo arrojó á
la cuadra vecina sin cuidarse de ta madre que
gruftía ensenándole los dientes.
·
-Bárbaro! dijo el Coronel: no te excedas!
Prince tenía hermanos y hermanas que con él
fueron depositados en la cuadra al lado de Margot la yegua.
-Los dejr.mos allí, mi coronel?
-Nunca. Qué voy á hacer con esos animales?
Regálaselos á alguien y si no, ahógalos.
-Está bien, mi coronel; contestó elsoldado.
Dos de los menos feos de la píl.l'tida fueron pedidos por los ofit.liales; y un mes más tarde no habiéndose presentado colocación para los demás,
el ordenanza decidido á cumplir la orden recibida, se dirigió lentamente al mar con su inútil carga. Llegaba ya á la playa, cuando una mano pesada !';e apoyó en su hombro. El se volvió y dijo:
-To.mal El padre I von. Es cierto ·q ue va usted á pasar á la Aduana?
-Puede suceder .... y quéhaces tú con esos
perros?
- Voy á ahogarlos.
-Pobrecillos! Dame éste.
Y tomó uno al azar.
-Tome usted los tres. En la Aduana son útiles los perros.
-Dices bien. Traelos á casa y tomaremos por
el camino un vaso· de aguat·diente.
-Con mucho gusto, senor Ivon.
Y esta es la historia de cómo Prince escapó milagros~mente á la muerte y tuvo su primer
dueno.
¡Qué misteriosos encadenamientos de la vida!
¡qué ocultos lazos de la planta al animal y del
animal al hombre!
Sin el nacimiento de este perro acaso la senorita Nelly .... Pobre seftorita Nellyl
Pero volvamos á Ivon.
Este Ivon era el tipo de los aventureros que;no
alcanzan éxito en empresa alguna como se ve
frecuentemente en las colonias. Salido de Brest
en la frag~ta Astrea á la edad de diez y ocho
Ailos. hab1a llegado á los sesenta sin haber podido regresar_ á_ Francia. Robusto siempre, ensayó
todos lo:1 oflcios: marinero del Estado, luego patrón ~e barco en Borbón y en Madaga,;;car, comerciante d? ganado, vendedor de carapachos
de tortuga, Jefe de partido, ingeniero agricultor
y oficial de Sakalavos que son los e~ernos enemigos de los Hovas.
Co11ocía admirablemente la costa desde Fort~auhpin_ y Cap d' Ambre hasta Tuleai: y en el inte-.
nor hab1a avanzado por enmedio de los Hovas
h~st~ Tananarive en una época que ese viaje se
consideraba como imposible. Lo iban á matar, pero una dama de la corte llamada Mora Foutzy se
enamoró de él y se casó, lo cual es otro género
de ~uerte, y habría podido, gracias á su matrimomo, obtener una brillante posición oficial á no
impedírselo su odio á la raza de los Hovas.
Pasados los aflos vino á establecerse en Diego
Suárez después de la expedición francesa en
1882 á la que prestó grandes servicios y aceptó
el puesto de intérprete, aunque á pesar suyo
p~e_s am~ba mucho la libertad y le era enojos¿
v1v1r bitJO un techo y al lado de sus jefes.
Ahora su ambición er.~ que se le nombrara.

aduanero de mar, oficio que en otro tiempo le
inspiraba el más alto desprecio dada su calidad
de marinero y de contrabandista, y sonaba con recorrer aquellas playas que tanto conocía y tender lazos á los defraudad0res del fisco.
Lo que le había decidido á aceptar los tres perros, era en parte la intención de adiestrarlos para la caza de los negros y en parte la idea de
qae ~lora Foutzy que se había vuelto con la edad
áspera y regañona, rabiaría con estos nuevos
huéspedes, y ya preveía escenas en que iba á
reir bajo sus barbas blancas de patriarca. Pero .
el viejo, á pesar de su larga experiencia no conocía á las mujeres, pues Mora se manifestó verdaderamente encantada del obsequio, sólo que á
la maftana siguiente desaparació uno de los perros sin que ningún ~sfuerzo bastara. á recobrarlo ni á encontrar sus huellas. Mora estaba inconsolable á tal extremo, que Ivon se vió en la ne
cesidad de calmar s'.l. dolor.
-Después de todo, le dijo, quedan dos todavía
y con esos nos basta.
Pero quince dias más tarde desapareció otro y
el último dos meses despué3. · Este era Prince, el
más feo.
De rabia Ivon rompió una pipa; y no porque
tuviera mucho amor á sus perros, sino por lo mucho que le contrariaba la idea de haber sido robado él, un futuro aduanero, por el misterio de
estos robos y por la vaga sospecha de que su mujer lo había burlado.
-Si Pl'ince no había sido muerto-y miraba
fijamente á Mor3 impasible bajo su máscara negra-si Prince no había sido muerto ..... . de fijo ¡canastos! que lo enconir~ría, porque lo conocía bien y el ladrón la pasaría mal entre sus manos.
Mientras ese momento llegaba, tomó su bastón,
salió y cerrando bruscamente la puerta se dirigió á la.. playa. Por fortuna un barco de guerra
acababa de llegar y des pué;; de describir una elegante curva, se detuvo como un caballo guiado por
hábil jinete.
El padre Ivon se entusiasmó y hasta olvidó á
sus perros viendo y oyendo al capitán que mandaba la maniobra de anclar, y recreándose con
ese ruido especial &lt;le la ca&lt;lena que resbala, especie de vocalización de gigante, carcajada de estruendosa alegría como si el barco exprernra así
su satisfacción al verse al abrigo del puerto.
Era muy agraciado el que acababa d~ llegar,
tan fip.o de corte, tan bien asentado sobre el agua
con sus dos mástiles traviesamente echados para

Domingo 3 de Julio de 1898.

Domingo 3 de Julio de 189l1

EL MUNDO,

atrás, y en la proa el canón luciente, cuya re-·
donda boca parecía el ojo de un cíclope. Se llamaba El Colibrí y era una goleta canonera,. nue•
vo género de navíos muy apropiado al servicioque ha.cía en el Océari'o Indico. Tenía dos palos
que le permitían navegar á la vela y una poderosa máquina de vapor para vencer á· los vientos
contrarios. Dos cafiones de diez centímetros formaban su principal armamento.
El d~partamento del Comandante estaba situado á proa del palo mayor, bajo el puente, y de
modo que recibía por todos lados aire y luz; esos
dos vehículos de la salud según la expresión del
sabio Mr. Lerbon con quien pronto haremos amistades.
Cuando se penetraba por una doble escalera
de peldanos relucientes, admiraba uno el cuida.do
y la previsión que habían presidido á todo el
arreglo del interior del buque, y parecía increíble
que tantas cosas útiles que constituían una instalación completa, cupieran en espacio tan reducido. Los barcos del Estado, en efecto, amueblados.
generalmente de un modo muy escaso, no suelen
procurar esas agradables sorpresas. En el comedor había una hermosa mesa de madera esculpida
que de,pués de la comida, podía tl'ansformarse,
en dos mesas de juego. A los lados de este departamento había en el de babor un cuarto de
banos y en el de estribor dos elegantes dormitorios. Por una pu0rta de dos hojas á popa, se entraba al salón, en el fondo del cual había otro
magnifico dormitorio; de este salón podía irse al
bano por una puertecilla y sin pasar por el comedor. Todo estaba perfectamente amueblado y tapizado de pieles de E:1pafl.a y de Rusia, de matices pálidos, y con cortinajes que recordaban la
frescura de las hojas de rafia con que habfan sidotejidos.
El camarote del salón pertenecía más particularmente al Comandante, Teniente de navío Juan
de Chalmont y los otros dos estaban de ordinario
desocupados. porque Mr. de Chalmont era el úni•
co oficial á bordo. Su segundo, primer contramaestre y timonel (que le era muy adicto) no tenia grado superior y se alojaba en la proa.
Desde hacía ya dos meses uno de los camarotes.
del comedor, ó mejor dicho los dos, servían de
alojamiento á un sujeto excelente, súbdito francés.
nacido en una de esas Islas inglesas en que comoen las de Mauricio y Borbón hay franceses todavía. Se llamaba Mr. Lerbón, era Doctor, miembro correspondiente de varias sociedades sabias.
de Francia y del Reino Unido, y había escrito dos.

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EL MUNDO.

15

-Cómo tres meses? Pues de que babia usted?
libros muy documentados, uno sobre l~ hoja in- hablar con su barco, á dirigirle frases de reproPero ti inté rprete no pudo rectüicar. De un
sectlvora, y otro referente al coco doble de la Is- che ó de aliento, había concluido por prestarle
la Praslin, esas dos excentricidades de la natura- una alma, la suya propia; y cualquiera desgarra- salto partió y dió á correr tratando de alcanzar
leza que no se encuentran sino en las Seyquellas. dura de esa cáscara de madera, la habriit sentido á un Hova que seguía á un perrn flaco y amari.llo cuya cola se levantaba como un plumero.
.Ahora se entregaba con pasión, con furor, al es- como hecha en su mismo cuerpo.
El indígena y el perro atravesaban ágilmente
tudio de las aranas, y como Madagascar cuenta
Después de haber anclado, el Comandante
al
llano de Ants:rana y el bretón, encaprichado,
con una co}ección _riquü;ima y especial para ver- Chalmont estaba ya tranquilo y todo se hallabl
las y estudiarlas vivas y de cerca, había pedido en orden á bordo. El barco, ni demasiado cerca corría con todas sus fuerzas hasta perder el
y obtenido el permiso de embarcarse en el Coli- ni demasiado lejos de tierradescansaba al abrigo de aliento; pero sintiendo que no podía avanzar más,
b1·i en calidad de Doctor voluntario y sin sueldo. todo riesgo en una bahía muy segura, por lo cual, tuvo la mala idea de gritar:
-Detenedlol Detened al ratero! Es de Ambo•
Tenía cerca de cuarenta y cinco afios y habría sido tranquilo sobre este punto, podía dejar al segunrubio, un tanto azafranado, si algunas canas nu hu- do cuidando todo durante algunos días en los que himarina. Detenedlol
Esta explosión de gritos produjo el efecto de
bieran venido á cambiar el color de su barba y emprendería una excursión con el Doctor; pero
sus cabellos. La barba era crecida y los cabellos cowo antes le era 11ecesario hacer una visita á costumbre, pues en lugar de moverse los tranraros; su cara huesosa; su fisonomia seria uero las autoridades del p~ís, el Gobernador y el Co- seuntes, se detuvieron, y el Hova en tanto se indulce; sus ojos vivos y muy observadores; su ronel, entró á su camarote á cambiarse por un clinó, tomó en brazos al perro y continuó .su cacuerpo muy alto y muy flaco. Aunque tenía cier- traje más c'.lrrecto su ropa de servicio, y dió la rrera.
Pronto se perdió de vista á los dos y entonces
to aspecto de sabio alemán, adoraba á Francia y orden de que entre tanto echaran al agua la bade Chalmont, encogiéndose de hombros como
había estado allí muchas veces. Detalle inverosí- llenera .
mil: no 1..saba anteojos.
Mientras esto ocurrfa en el barco de guerra, quien renuncia á descifrar un enigma se encamiPara vivir en su compaftía era el mejor hom- Ivon sentado en una toza de madera hacía sus nó á la modesta casa de madera que abrigaba
bre del mundo, oía con agrado la charla y sabía reflexiones de lobo marino. «El Colibri,, venía provisionalmente al Gobernador y su familia.
Cuando salió, después de una corta vi~ica, entomar parte en ella cuando no le traían muy ocu- rara vez á Diego, ¿qué causa lo podía traer?
Su servicio le correspondid más bien en el ca- contró á Ivon, muy fatigado que le esperaba.
pado sus aralias. Las aranas! única pasión que
-Ah! bandido, decía siguiendo en rn idea fija,
basta entonces le había observado el Comandan- nal de Mozambique y en esos archipélagos nute, que aun no le conocía bastante bien.
merosos que no están ligados por vapores correos· yo lo atraparé. Es de Ambohimarina, pero no
El día de la llegada á Diego-Suárez, Lerbón ha- Comore, Anjonan, Mohelia y hasta Los Almiran'. importa: le atraparé de todas maneras.
-¿Qué le hizo á usted ese hombre? interrogó
bía recojido ya numerosos mater:ales para su obra tes y las Seiquellas. En el Sur iba con frecuenmaestra, la que debía darle mayor celebridad, cia á Fort Dauphin pero no solía pasar de Mada- de Cha.lmont.
El intérprete sonrió.
«Las arácnides de Madagascar,» pero había un gascar y Tananarive, sin hiicer jamás escala. en
-Oh! Poca cosa en suma. Pero lo que me irripunto todavía obscuro que le preocupaba hon- Borbón ni en M11uricio, esas dos perlas del Oceata
es la forma ¿sabe usted?
no
Indico,
lo
que
Coma{\dante
y
Doctor
lamentadamente.
Entonces le refirió la historia de sus perros,
ban el uno á causa de las notables aranas que
J. B. Dumont había escrito:
"Lo que hay de más notable en la tela de la ri- hay en esas islas, y el otro á causa de las seduc- sus sospechas relativas á Mora, la certidumbre
ca y bella Arácnide de bandas de plata (Epeira toras criollas tan justamente afamadas, y entre de haher vislumbrado sí no á Prince á uno de
sus hermanos y su deseoviolent.◊ rledarleuncas•
·
Mau,·ilie) es un hilo de seda blanco y luciente más las que la Epeira podría presentarse.
-Puesto que el Colibi·i llega á la vela, se decía tigo al ladrón.
grueso que los otros, y situado verticalmente en
Luego afl.adió:
Ivon, viene indudablemente del Sur,de Santa Mael centro del rosetón en forma de zig zag. 11
En Ambohima.rina, los Hovas están absolutauyo no he podido descubrir nunca, nunca, ma- ría ó de Ta.mata ve, tal vez de la.Reunión y acaso
nifestaba con melancolía J: B. Duruont; el uso de traiga noticias y frutas y legnmbres que serán mente en su casa: otras veces he ido pero ·a hora
esa bellísima hebra de un color diferente, colo- recibidas con entusiasmo en esta isla de Diego, es difícil, y sin embargo sabré encontrar el medonde nada se produce, donde la tierra enroje- dio. Vaya! ya lo encontré ...... Me hablaba us•
cada de un modo tan particular. 11
cida,
árida y seca se levanta en torbellinos de ted de una excursión. Vamos allí.
Lerbón tampoco había podido descubrirlo y
-¿Ambohimarina no es la famosa fortaleza de
de aquí la causa de todas sus tristezas y frecuen- polvo tres cuartas partes deJ ano y se convierte
que
se enorgullecen los Hovas, que la llaman
temente intentaba pintárselas al Comandante con en fango pegajoso y profundo durante la otra
nido de águila y es una vieja ciudad levantada
los más vivos colores; pero éste se le reía á las cuarta.
·rvon se vanagloriaba de que no sería olvidado sobre una cumbre inaccesible?
barbas, le recomendaba que se cuidara contra esa
-Justamente. Está á 30 kilómetros de aquí y
obsesión y se iba á su departamento á ver el mar. en la distribución, porque contaba con amigos
.Allí tenia sus libros, su alcoba y su cuarto de ba- en el Colib'ri desde el grumete hasta el Coman- á 300 metros de altura y poniendo escalas en las
nos, de consiguiente, sólo en el comedor se reu- dante. Y he aquí que se había arriado un bote de rocas la subida es fácil. Allí, un panorama sonían los dos amigos á la hora de la comida. En á bordo y que se distinguía al Comandante con berbio y además una ciudad enteramente Hova
las bajadas á tierra, por el contrsri&lt;', estaban fre- su sable y sus charreteras aprest!\ndose á descen- cuyos habitantes puede usted estudiar de cerca.
-La idea es tentadora. Pero pienso que esa
cuentemente juntos, á menos que el Doctor no se der. Rápidamente se transladó Ivon á la punta
lanzara á una excursión especial de arai1as; y lo del muelle de madera para ser el primero en dar- ciudad está cerrada para los extranjeros.
-Paraustedno,porsucaracteroficial. No tiene
que sorprendía en este caso á J uán de Chalmont, le la bienvenida.
El bote, impulsado por seis vigorosos remeros, usted más que escribir al gobernador de Ambohi·
era que el bravo Lerbón regresaba á veces muy
marina que desea visitarlo y entonces envanefatigado despues de una larga ausencia y no llegó en breve y atracó junto á la escalera.
-Buenos días, viejo: bien como siempre? dijo cido y halagado contestará que lo espera á usted
traía sin embargo, ni una sola arana. ¿Tendría alguna otra pasión oculta aquel excelente Doctor? Juan de Chalmont saltando ágilmente á tierra y y á su escolta. Hacemos luego los preparativos y
voy como intérprete de la expedic'.ón.
1Ah! se cuidaba bastante en efecto de las ara• estrechando la mano del anciano bretón.
-¿Qué se necesita?
-Lo mismo, siempre lo mismo, contestó el alunas, esas pacientes trabajadoras que tendían co-Pedir mulas al Director de artiller 1 a de Diebardemente sus telas para engullirse á las mos- dido sonriendo muy halagado por esta familiaricas; y para el Comandante, las moscas eran quie- dad demostrao.a delante de los respetuosos ma- go. ¿Cuántos seran los expedicionarioE?
-El Doctor, necesariamente; usted, yo y un
nes tenían toda su simpatía porque se le parecían rineros.
- Vamos, acompáneme; voy á casa del Coronel criado.
un poco con su vivacidad de impresiones y su
-Entonces bastan ocho mulas; una para cada
humor vagabundo, pues amaba tanto el campo y por el camino me contará usted los chismes
uno de nosotros, otra para el forraje, otra para
que aunque se sentía bien en todas partes, se hu- del país.
biera dicho que no le agradaba ninguna. Y no
-Por aquí no hay nada nuevo: á usted le toca, víve_res y equipaje, y dos para los conductores
,
obstante eso, todo le entusiasmaba, los hombres si no hay en ello indiscreción, decirme que vie- artilleros.
-Puesto que hay mulas, me resuelvio. Asunto
y las cosas, la naturaleza y la ciencia, y espe- ne á hacer por acá el Colibrí y si permanecerá
convenido.
cialmente las mujeres con las que había maripo- usted por algún tiempo entre nosotros.
-Ivon, satisfecho, se apresuró á decir:
seado bastante, á derecha é izquierda, en todas
-Vengo del Sur, deTamatave; todo está tran-Saldremos á las seis de la mafüma y caminalas latitudes y las longitudes del globo! Era á la quilo por allá y debo llegar en quince días ó un
vez sencillo y escéptico, sentimental é incrédulo mes, á mi antojo, á las-Islas Comoras. Como co- remos al paso porque los senderos no son cómoy venía buscando sin cesar el amor, pero el amor nozco poco á Diego pensé que esta era ·mi opor- dos; nos detendremos á almorzar junto á un arro•
sincero, el amor verdadero y le llamaba en voz tunidad de venir; y como el doctor Lerbon lo yuelo lindísimo que conozco, y luego, una vez
dormida la siesta, iremos al nido de águüa donde
baja, en lo íntimo de su alma m:entras reía en conoce menos todavía... ..
llegaremos
á las tres y media de la tarde. Los
-El
cazador
de
aranas?
voz alta.
conductores
se quedarán con las mulas en la al-Sí. Resolví mostrarle la colonia, cosa' que
Hasta aquí sus grandes pasiones, excepción hedea de La BasP. y usted seguirá en «filakón,&gt;
no
hice
la
última
vez
que
estuve
aquí
muy
de
cha de la que tenía por su barco,nole habían du-¿En esa rudimentaria silla de manos formada
rado nunca más de tres meses, y . esto era se- paso. Ahora la estación no es todavía mal sana por dos ramas, un débil asiento y uu toldo de
guramente, según la graciosa frase del Doctor y por eso pienso aprovecharla.
-Hace usted bien. Hay excursiones que le trapo?
Lerbón, porque no babia encontrado más queara-Irá usted muy cómodo y sin sacudida algufl.as vulgares de hilos lácios y sin fuerza, pero van á interesar mucho y que le recomiendo.
na,
porque los Hovas son los mejores cargadores
-Cuáles?
¿quién sabe si algún día encontri:1ría á la bella
del
mundo.
-De
pronto,
una
ascención
á
la
montail.a
de
Epeira con su hilo poderoso?
-Eso dicen. ¿Cómo se llama el Gobernador
La marina y su barco, eran otra cosa y la pa- .A.robar.
-Diablo! Eso es un viaje rudo que necesita de Ambohímarina?
sión por ellos le había durado y le duraría mucho
- Samelorananavaritanana, Gobernador de
tiempo: cuidaba con afán á su Colib1'i, se ocupaba preparativos y dura mucho tiempo.
Ambohimarina
y de la provincia de .Antankarés,
-No
tanto
como
se
cree,
respondió
vagamenconstantemente de él y lo embellecía sin cesar.
Aoras lle grande inquietud había pasado vigilan- te Ivon cuya atención fué atraída por un perrito General de División, Décimo sexto Honor y Ayudante de Campo del Primer Ministro.
do su marcha en esas aguas sin faros durante las que apareció á lo lejos.
-Demonio! ¡Cuántos nombres y cuántos títu-Cuántos días?
noches negras y tempestuosas entre los arrecües
los!
¿Y piensa usted que ese sefl.or me co~testará?
-Tres
meses.
Cuando
menos
tenía
tres
me/les,
ocultos que azotaban las olas furiosas, empuja-En
el acto. Escribiéndole manana tendrá
contestó
más
distraído
aún.
das por vientos y corrientes; y acostumbrado á

�EL MUNDO,

16

Domingo 3 de Julio de 1898

l7 .

EL MUNDO.

Domingo 3 de Julio 1898

PAGINAS DE LA MODA·~

.,

i·.

usted la respuesta el viernes, y el sábado á las ~
.13eis nos pondremos en camino.
t.(,.p.
-Pues queda arreglado. Voy á ver al Coronel • •
de Infantería y al Director de Artillería, y el sábado á las cinc@ y media desembarcaré en el
muelle. ¿Me esperará usted allí?
-Me guardaré de faltar. Reciba usted mis respetos, Comandante.
-Hasta la vista, amigo mio!
Y d buen Ivon se alejó frotándose las manos
de alegría.

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~i!J

..,___'."F-

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AMBOHIMARIN.A.-HOSPIT.A.LIDAD HOVA..
El sábado 2 de Octubre de 1886 á las seis de
la ma:llana, la brisa soplaba como siempre inclinando los árboles en una misma dirección y rompiendo á los que se resistían.
Allá arriba, en los llanos, entre la yerba escasa y desecada, el polvo rojizo se levantaba en torbellinos, descendía á Antsirana, caía en los bosques y se colaba por l~s calles para irá perdPrse sobre las olas en el horizonte que obscurecía.
El mar aparecía emblanquecido por las olas
bajas y cortas que se rncedían rápidas, presurosas, alcanzándose, y venían á reventar en la playa en una explosión de espumas deslumbradoras.

FIG, 1.-SOMBRERO ROXANA,

.

EL TOCADOR

II
Por el estrecho sendero que va á lo largo de la
costa, una peque:lla caravana caminaba al paso
lento de las mulas y contemplaba con mirada familiar las islas que pueblan la rada. El islote del
1 Sepulcro con su dombo escarpado; la península
de Diego que semeja la cabeza de un caimás que
se perfila sobre el cielo con aire amenazador; la
Isla de la Luna atravesada en la entrada de la
bahía como Cerbero en el dintel del infierno; más
allá el Cabo de Ambar con que terminan en punta las tierras de Madagascar; el vasto y temible
arrecüe hipócritamente oculto bajo una agua
tranquila, atrayente, que revelasólamente el obscuro peligro por el color verde de que está teñída, como si el escollo destilara algún jugo venenoso; más cerca el islote del Pilón de azúcar que

\

se ve desde todas partes y que obsesa los ojos
con su cono regular, monótono y desnudo. En
el interior y A lo lejos, la monta:lla de Ambar, de
tres picos, la montaila sagrada que los naturales
no se atreven á trepar sin temor.
Pronto la caravana deja á su izquierda un cailón de monta:llas niveladas como la cresta de un
muro y agujereadas aquí y allá por desgarraduras semejantes á aspilleras. Poco á poco el sendero se borra, el valle se ensanecha, y en elfondo
nuevasmonta:llasaparecen.
-Salud! dijo con alegría el Comandante á Ivon
que llevaba con frecuencia á los labios un calabazo que traía colgado de sus hombros en bandolera.

(Continuará)

Hablemos de los cuidados que exige el rostro. Parece que algunas mujeres y entre ellas se cita á Ja
Patti, consideran que lavarse la cara echa á perder
el cutis y no se someten nunca á tal operación. Parécenos indudable que el efecto debe stir contraproduaent~. De todos modos, se necesita tomar algunas precauciones.
Las señoras de rostro muy encendido harán bien
en no servirse de agua fria que indudablemente aumentaría su color. Usese en tal caso el agua tibia sin
jabón. Después se da un poco de polvos de arroz y Re
deja secar sin enjugarse Hay que enjugarse 1i,. cara
suavemente con una toalla fina, pues si la fricción es
rápida y basta la toalla se endurece el cutis. Es nocivo para la belleza ,avar,se metiendo la cara en el
agua ó con gran cantidad de ésta Lo mejor es una
toalla fina humedecida y pasarla suavemente sobre
el-rostro. Puede dech-se no obstante que en esta ma:
teria hay pareceres r,:my distintos. La baronesa de
Staffe cita el caso de uua señora de cincuenta afíos,
que tiene el cutis fino como una señorita y que se ha
lavado toda su vida con agua calie,,te atnbuyendo á
esto su ausencia de arrugae. Otra emplea despué. del
baño de agua caliente un u dtifria. Las hay que 11e lavan
la cara al acostarse con agua c~liente y por la mafia na
con fria. ·Parece que una belleza parisiense céleJrtl

procede _al'i: remoja n agua tibia nua toalla fina, la
Debe tenerse en cuenta que el color del cutis su
tuerce bte11 y sti la pone 11obrn el rostro, dejándola asi limp1t'.za, su tono hermoso, esti no se qué 11m el dual
una media hora. Al cabo dt1 est11 tiempo la retira y, no ¡,uedti decirse que una mujer es realmente bella
con las mano~ perf..-ciamente l.1vart,.t1 11e fricciona t'l 11? dt&gt;pende sólo d11 los cuidados exterio ·es. si lo prin'.
rotitro para quitar, rnediant11 la humedad momeutánea c1palmtnte de la constitución, de la salud del tempt1·
del cutis, el polvo é impurezas qu11 pl.dia haber so- ramento. Hay familia-:¡ donde se enca~t1Cf\ pronto,
bre él.
· otr• s donde las gentes se mueren de viejas sin un ca•
. Hay.sin embargo multitud de mujeres, conocidas bello blanco; en al"'unas la belleza del cutis y de ~u
de todo ~¡ muudo, que _se lavan con 111 agua t:tl como coloraci?n es here~it!l-ria; otras se transmitFln dt1 pala da el tiempo y que tiene cutis exceleutti. En nut"S· d1 e á h1JO bellas facciones y un cutis feo. La mujer
tros países, donde no abundan los colore11 es tal v z tie';le razón e_n preocuparse de este punto. pueij á lo
meJor ll:º cutis hermoso da la belleza que no existe('&amp;
de recomend" r el agua fria.
'
Lo que no puede recomendarRe As la adición de las facciones. •]'.ulan11., dice una. amiga, tiene la nariz
agtrns·alcohólicas, como la de Colonia, á la que sirve mal hecha, los OJOS chicos. la boca torci,da, le falta capara lavarse til _rus~ro, porque esto seca la piel, ·cie- bellera, los pómulo~ salientes.-Y sinembar"'o es ma"'rra los po~os é impide la respiración y transpiración nlfica,• replica algún hombre presente. T~do el f~creto, añadiré yo, estriba. en h olanct1ra y delicadecutánea.
Algunas personas se enjabonan f\\ rostro, otras pre- za de su cutiz.
. La sa~gre pura, que no transmite e,crófolas ni restenden que e.•O pone el cutis á la larga f\n eetado lamentable. Pue~e que ambas teorias tengan razón, es- tos _de ciertas enfermedades, es sin disputa uno de los
to e~ que. el enJabonado del rostro sea bueno ó malo . mPJores preservativos de la belleza femenina. Por essegun el Ja_bón que Re emplea Escójasele en una ca- to, V' por muchísimas otras razones, hacen bien los
sa dt1 confianza y además no se le emplPe ei hace ca- padres que, ante11 de consentir en el casamiento de
lor. El zumo de limón e11 µrefe.-ib le_ lo mismo que el sus hijo~ ó hijas, procuran enterarse del estado de sade \a fresa. ~lgunas personas conozco y1&gt; que tienen lud de la familia con que van á unirse.
c~tis _T!lagnHtco y _que se limitan A emplfar en el agu&gt;l
Una buena alimentación, sana sin •l'lr demasiado
~1.gaJ0 ·1 rlt1 pan bien remoj·tdo. Claro está que la ac- carnívora. cuidados constantes, vida virtuosa y actlc1ou s11 dcoc en este caso al almidón.
va y cuidados higiénicos y medicinal11s apenas se

�18
sienta alguna indisposición ó que el color del cutis
sea enfermizo, contribuiráR mucho á la hermosura
del cmtis.
Hay personas subidas de color que lamentándolo
mu~ho procuran ocultarlo á fuerza de polvo de arroz.
MeJor hadan moderando su exagerado apetito, haciendo algún ejercicio, en suma ,combatiendo la plétora que fes da esa rubicundez para ellas tan desagradable.
Una autora dice: «Conviene preservarse el rostro
del ardor muy vivo del calor artificial. El frío es desfavorable á las morenaR, el aire caliente á las rubias
y _cada vez que se puede ele¡dr ,un sitio de paseo procureee no tener el rostro azotano por el viento •
Las irlandesas del pueblo que se alimentan con natatas sobre todo, tienen un cutis má(J'nlfico que se
atri~uye á la alimentació~ exclusiva~eute vf'getal.
En rngléR hay una expre~1ón que alude á esa cii cunstancia: «irish beauti• belleza irlandesa.
Vengamos ahora,yaque se habla de cutis. á la¡?ran
cuestión de las arrugas, indicadoras de belleza y de
edad decadente, tormento del sexo débil en toda la
redondez del planeta.
Sábese que una italiana establecida .recientemf'lnte
en Nueva York, ha logrado hacer bellas á las fea~
persu•diéndolas de ciertas señales de cansancio f'D
el rostro. se deben ámalas prácticas que la 1111,yor
parte de las mujeres adoptan. Ha:v algunas que estiln
constantemente frunciendo las cejaR.y que asi se cruzan la frente por profunda arruga. Otras levantan laR
ce·as como si quisieran tocar la raíz del palo y logra u
tener profundas arrugas hor'zontales que le~ van de
una sien á otra. La de más allá se sonríe todo el día
y acaba por contraer el ro•tro en eterna mueca. La
otra va y viene c_on 1?3 labios de oreja á orf'ja y se
deforma ~a part~ mfer1or de la cara Pues bien, sépase que s1 se evitaran estas perniciosas prácticas se
tendrlan muchas menos arrugas, y éstas aparecerian
mucho más tarde.
Para evitar las arrugas y retardar 'la formación de
esas bolsas Y, papadas tan feas en el rostro. conviene
lavarse y enJugarse el rostro de abajo arriba nuLca
de arriba ab~jo. Se retarda la pata de galio. esas
arrugas horribles q~e tienen e~. el ángulo ext11rior de
los OJOS muchas muJ~res, aun Jovenes, casi niñas, es
p~eciao lavars_e y enJ~gars~ los ojos no en la dirección de la nariz á la sien, amo por el contrario en la
de la sien á la nariz.
Dícese qu_e _11lgunas mujeres del gran mundo retardan la apar!c1ón de las arrugas metiéndose en cdma
apenas se s1~nten can~adas, y permaneciendo ah! hasta que la fatiga r11sultante de las malas nochrs ó de
alg_u na eontrariedad ha de,rnparecido por completo.
Ei indudable qu11 este remedio no está al alcance de
to~o el mundo. Otro más sencillo es cerrar los ojos v
deJar el rodtro en repo,o varias veces durante el día
y en cada ocasión algunos minutos.
Otras personas hacen lo Piguiente: Una vez pnr RP.•
11?-ªn~ se acuestan una.noche y no ~e levantan al día
s1g01ente más qu~ un 1_nstante para que les h ◄ g-an la
cama y temar a!gun ah mento. E~aR treinta y 8 .,¡ 8 horas de_ cama eJercen efecto Mludable. Cuénta~e dA
UD!), senora_ que no ohstante llevar vida de comidas v
bailes contmuos durante un invierno en París IIPo-·ó
al fin de la temporada fresca y lozana como un~ ro~a
mientras que todas sus amigas tenían caras i::nposi'.
bles.
La verdnd es que estos métodos no son recomendables. La belleza de la mujer vale mucho, y e.s natur8 t
que procure conservarla y aumentarla, pero hav pecado e'\ el orden natural y en e, religioRo á sa'crificarlo todo á esa deida_d. No _es licito que el tiempo que
s.e puede empl~ar en 1mtru1rs11, en cuidar cie la familia, en h11cer bien á lo~ demá~, lo e-aste una mujer en
la cama sólo para evnu que le salga una arruga.
pespués de todo, hágast1 lo que se quiera, la vejez
1mplac~ble llega. y ya entonces no hay remedios ni
coi;mét1_cos para 4etenei:: sus progresos. Higiene, alímentac1Ó':1 apropiada, vida ue orden y de virtud, he
11hl los prmc1pales secretos para ser hermosa y permanecer en ese estado mucho tiempo.
Cuando á fuerza de estar expuesta al aire libre, ó
al volver del mar ó del campo, tiene la mujer un tanto
que~ado _el cutiR, conviene lavarse por la noche con
una mfus1ón en frio de pep!nillos nuevos, (cortados
en rebana~as) en la leche. Un baño de salvado contrib_uye tamb1é11 á obtener este resultado. Lo mejor
~m embarg_o, conforme al principio antes sentado d:~
1ar que el tiempo produzca su efecto.1
'
Para 1as pecas no hay en realidad remedio artificial
pues estas manchas, des~speraeión de las rubias, depen~en de -l a sangre, casi siempre de cierta cantidad
4e hierro en ~xceso que hay en ella. La verdad es que
cuando una Joven toma hierro por ser anémica no
tarda en llenarse de pecas. Varios médicos recom'¡endan el uso d~ las zanahorias para conservar fresco
loz_ano el cutis. Esa legumbre es en realidad un 88 [.
clflco para el caso. La baronesa de Staffe recomiefda
sopas de zanahotjas, sopas de cuaredma, sin caldo
para la@ mañanas, en vez de café ó chocolate. y com¿
pan, el de centeno.
Una de las cosas que más afean el ro&amp;tro son las
verrugas; pero no puede procederse á extirpalae sin
consultar al médico, pu~s si bien las excrecencias purame~te carnosas del cutis se pueden atacar sin inconvemente, no oc_u rre lo mismo cuando se trata de ensanches de vae1tos sanguíneos.
L~s verdaderas verrugas pueden quemarse con pie•
dra mfernal, procurando que no quede marca ó ble
ccrtarlas de ~!1 golpe, cauterizando la raiz, ó bien atai
las con un hilito de seda que insensiblemente va enetrando enJellas hasta hacerlas caer. Cuando la ver~uga está en el c_u ero cabelludo, es imprudente quemar•
la con pied~a mfernal, porque entonces ocurre ue
altera tamb1_én la raíz del pelo en ese punto y cua~ao
vuelve á sahr está blanco.
El polvo de pizarra calcinada en el fuego y t.mpa-

Domingo 3 de Julio de 1898

f.LMUNDO

EL Ml.JNT)O

Domingo 3 de Juho de l~b

cecrencias, de barros, de empeines ó con el horrible
y molestísimo eczema. Los pequeños empeines harinosos que aparecen en el rostro pueden tratarse con
fricciones de zumo de limón. Los empeines vivos ceden al empleo del zumo de fresas. Para el eczema se
recomiend11n las cataplasmas dt&gt; fécula de papa, asi
como los diferec, es dep:uativos. Las personas que lo
padezcan, har~n bien en usar con mucha moderación
de los licoreR alcohólicos y en proscribir de su mesa
el pescado. El uso de cebollas en la alimentación pa""'l rece ser muy útil para conservar la limpieza y fres~ cura del cutis.
.} Más ta1 vez aún que las verrugas, "l bozo y la bar,.1 ba, asl como el bello en los brazrR, llenan de deses·
peración á muchas mujeres, jóvenes ,. viejas. La mayor parte de las sustancias que se vf'nden por los boticarirs y perfumistas para corregir este dPfdcto, s•·n
nocivas y pu11den ochar á perder el cutis Hoy se em
,, '
plean dos medios eficaslsimos: uno es arrancar el pe/,
lo con las pinzas del tocador. Cógesele y tirase de un
golpe seco y enérgico. pues de lo contrario se le rom
pe. Esto pica un poco pero el dolor no tarda en cal•
maree. En América del Norte (patria del método ) en
Londres, París y otras grandes ciudades, hay actualmente gabinetes donde se quita este molesto vello por 1
medio de la electricidad. Uoa·corriente eléctrico aplicada á cada pelo lo hace saltar con s&lt;1 raiz, de modo
que no vuelve á reproducirse, mientras que con las
pinzas nace otra v11z. El procedimif'nto eléctrico tiene sin embargo la desventaja de ser largo. raro y de
no poder aplicarse en las poblaciones pequeña.a.
La baronesa de Staffe recomienda á las personas
de piel graea. lavarse el rostro una vez ó dos al mes
con vino blanco las rubias y vino encarnado las morenas. El agua de pepinillos verdes es excelente para el cutis, asi como el caldo de habas. Eu los países
del Norte de Europa, donde las mujeres se distinguen
por la belleza de sus carnes, se usa la e,puma de
cerveza para lavarse.la cara, pasando de1ip11és agua.
Si Re trata de personas de piel floja, úsese un cosmé·
tico compul'sto de leche y aguardiente de cereales
por parteR iguales. Se humedece el rostro con una
toa\la húmeda mojada en esa mixtura, despué,i de lavaree y al a.costarse. Al cabo de algunos meses, un
año quizás de este tratamiento, la piel ~e contrae suficientemente y acaba por adquirir suavidad y firmeza.
La indicada autora recomienda para los cutis secos
sea la manteca de cacao, sea la leche con un poco de
zumo de limón. Hay qu"I untarse por la noche'al ir á
la cama. lavando l!-1 _dia siguiente con agua fresca,
pero no fria. Estos d1stmtos preparados pueden servir
tanto para el cutis del rostro como para la pid de los
brazos y manos.
En cuanto al emp.eo de los polvos de arroz. debe
FIG 3-TRAJE DE CREPÉ AMARILLO
ser ligerísimo, tanto que no se conozca que los hay en
rostro y solo en algunas ocasiones cuando se va á
pado con vinagre hace caer ías excrecencias del el
estar expuesta al calor ó durante el estlo. De lo concutis.
el uso consta1ite de loR polvos, cerrando los
Otro con~P.jo: cuando se tenga una verruga, no se trario, echa
á perder el cutis. Por otra parte es bobeande manoseándola constantemente, pues deestama- poros,
ranamente ridlculo andar con la cara como ¡¡i la hu•
nera sólo se logrará que aumeut"I rl~ volumen.
metido eu un costal de harina. En lo que toca
Lo más grave en materia de cutis del rostro son bieranmujeres
que despué3 de lavarse se untan el ros
las enfermedades interiorf s que los llenan, sea de ex- átrolascon
un cuerpo grasoso. vaselina ó cold-cream y
encima se aplican polvos de arroz, impidiendo ln.s funciones de la piel, podemos asegurarles que lo pagarán
muy ca.ro, mostrando á los treinta años caras completamente envejecidas.

19

~"'~,"'~, &gt;

\. .

'· ' \

·•:•_.·~:.&gt;,~
..
.,•
~

FIG. 5-TRAJE DE TAFETÁN NEGRO
Ademas, se purgarán dos ó tres veces por mes con
el agua de Sedlitz, citrado de magnesia. etc.
Este régimen y este tratamiento bastan con frecuencia para hacer desaparecer el e&amp;rpullido. Si en
el transcurso de sels meses no se ha encontrado alivio, lo más eficáz es recurrir á la fórmula siguiente:

RECETAS UTILES

·.

-Para quitar las manchas de grasa de los pavimt1n tos basta cubrirlas perfectamente con una capa algo
gruesa de cera amarilla derretida, re¡,itiendo varias
ve.:ies esta operación; la cera acaba por abi;orber toda la grasa. el pavimento queda sin mancha alguna.
-Para limpiar las hojas de los cuchillos nada es
más útil y sencillo que el polvo muy íino de piedra
pómez, puede usarse también para el mismo objeto, el
ladrillo in~lés ó el cilindro de esmeril.
-Los cubiertos de plata se limp:an fácilmente ccn
carbonato de cal empapado con alcohol; -se cubren
con una capa de esta preparación, que se deja secar
algunos minutos, se aclaran después en agua de ja~~ bón tibia, y en Bf'guida se frotan. con una piel fina.·
--~~'-=
~ ·"\ -Los trnstos de porcelana que se rompen; se pe•
::.:,,\ gan muy bien con la siguiente composicién, que es
f'Xcelente Se hace una solución de goma arábiga. no
muy espesa, y se mezcla con yeso de París, hasta dar.
le la comistencia de pasta. Se aplica con un pincel á
,
los bordee de la rotura, y se mantienen dos ó tres
dias bien unidos por medio de un hilo fuerte. La pe
gadura queda muy sólida.

~~~~
.
\

~

f

HIGH·NE QUE DE13E PREVALECBIRPARA CURAR
LA ENFERMEDA::&gt; CUTÁNEA L..AlllADA
EMPEINE Ó SARPULLIDO.

FIG. 2,-GRUPO DE ,MODELOS DE PRIMAVERA

Cuantas sf'ñoras y señoritas se ven sorprendidas
en el esplendor de su belleza, por granos y póstulad
qua ca.usan picazón, y eetA.n reunidos l'n costras más
ó menos anchaR, comunmente rodellda~, sobre las cuale11 se forman Pn seguida escamas ó úlceras. El empeine ó sarpullido cambia con frecuencia de sitio; tiene una marcha crónica y puede inva.iir todas las partes de la piel. Una predisposición hereditaria favorece
su desarrollo. Los vestidos de lana aplicados sobre
la piel, la falta de aseo, las beb' das alcohólicas favorecen su desararrollo. Los alimentos deben ser de di .
.' ge•tión fácil tales como lecl•e, carnes frescas, legum, bree y frutas. f:le abstendrán rlguroeamente de carnes y pescados salad.os y 3:humadoe, en una palabra,
de todas las sustancias ácidas y estimulantes, y todos los dias harán ejercicio moderado. A estos medios
puramente higiénicos añadirán el uso de tisanas aeFJG. 4.- ,:,ASA EROCJIÉ CON ENCAJES DE CHANTILLY
purativu y amargas.

FIG. 6,-COMBINACION DE TAFETÁN Y GUIPURB

�•
20

Domingr 3 de Julio de 1898

EL MUNDO

Nuel!ltros e-rabados
}' IG. 1.-~0MBJ&lt;KRO ROXANA.

De paja de Sue.'ia, 1.,vau.ado graciosamente er am·
bos lacios, eu el de la derecha sobre un lazo muy gra·
cioso de raso negro
Una grau banúa de tul, muy suelta detenid:i al frente p ,runa altigante hebilla, rodea la copa-Sobre es·
ta última, cargado ligeramente hácia la dere.cha, un
gran lazo con flores de azahar ú otras pt1queñi1s.

TOBOII,

MEXICO, JULIO

10

DE I898.-

•

KVBISRO~

FIO 2.-GRUPO DEMODl!ILOS DE PRIMAVERA.

Son cinco encantadoras figuras las que damos con
este número, las cuales, refiriéndose á diversas prendas de ropa dan una cabal fisonomia de los rumbos
que toma la mod11. e1t la estación actual.
Llamamos sobre todo la atención de nuestras lecto•
ras, sobre los sombreros que están hoy en boga. to•
dos redoados,depaja J.e Suecia con grandes mazos de
flores y aplicaciones de tul.
Los trajes llevan sencillas aplicaciones bordadas y
van en lo general chifoneados de muselina de seda.
Faldas lisas, de medio vuelo y cinturones de satin.
FIG. 3 .-TRAJJil DE CREPÉ A)IARILLO.

FIG

8.

P(:,MADA PAR'\ EL EMPEI:s'E Ó SARPULLIDO

Pomada pura azufrada .............. ... 200 gramos.
11
11
de brea ....................... 100
Frotar la parte enfe1ma con eua, idad. Este procedimiento se t&lt;jecutará al Jr á 11.c·n,tar¡¡,. A la mañana
siguiente se lavará con agua tibia si 110 Pe tí ene á ma•
na tomar baños procurando Sitlmpre que 'a tempera•
tura no sea muy eh·vada.
COSMÉTICOS PARA CONSERVAR FRESCO EL CUTIS
Y CONTR~ LAS G1&lt;H:TAS

Los trajes amarillos son cada día más fashiow1bles
y los hechos de crepé de China son muy atractivos.El que designamos con .,1 número 3 es de amariflo
plata pálido y todo el cuerpo está bordado de blonda
blanca. El cuerpo es blusa, abierto á un lado abrién·
dose sobre un plastrón de rnusdina de scda. Dos ti
ras de crapé de China bordado se cruzan sobre otros
dos, ambas paralelas sobre la falda, uniéndose en dos
tiras poligonales en el borde posterior de la misma.
4 -GASA BROCUÉ C()N ENCAJES DE CHANTILLY.
El cuerpo está casi enteramente plisé mostrandn un
gran cuel,o á rayas blanco y negro de satín. Sobre
los hombro;, tres volantes de chantilly-eu el talle,
mué:1trase, as! como en la espalda el elegante fondo
de satín ravado.-Toda la falda bordada de chantilly
á grantes volantes.
FJG.

Derrítanse al baño Maria, todo junto.
Cera virgen ...... . .................... 12 gramos.
B!anco de ballena .................... 16
11
Aceite de almendras dulces ...........30
11
de
oliva
virgen
........
............
30
11
11
de
adormidera
..................
::.O
11
11
Completamente fundida la cera y el. blanco de ballena, bátase bien la mf'Zda y añádase:
Bálsamo del Perú liquido, 8 ó 10 gotas. Poner en
botes antes de enfriarse.
Se aplica por la noche al acostarse con una esponja fina ó la punta de los aedos.
Con este cosmético se conserva la frescura y la suavidad del cutis: eR tal vez el mt-jor de los conocidos.

9

FIG, 5,-TRAJE DE TAFETÁN NEGRO.

Es un modelo de gran efecto, hecho para lucir en
la estación. El cuerpo tiene la forma de blusa ves de
tafetán bajo gran aplicación de gui:&gt;Ure amarillo que
sigue hasta los hombres .v desci11nde sobre el pecho.
La11 mangas son de un sobrio y hermoso modelo La
falda _muestra en l.a ba,qu_ii:;a y en el limite inferior
un pla1d escosés y ttei.e adornos de cinta de seda.
FIG 6-CO~IBINACION Dlll TAFETÁNYGUIPURE.

La combinación de taf~M.n y guipure obtiene gran
favor en la actualidarl. - DamnR un modelo de esta feliz combinacióu en número 6 -El cuerpo del traje
está drapeado en un lado Folamente. sobre la cachemi~a.-El cinturón y la corbata son de terciopelo violeta.-El cuerpo de la falda, drapeado también tiene
dos bandas circulares de tafetán.

COSMJllTJCO PARA LA CONSERVACIÓN DE LA. PIEL.

FIGURA 7.-TRES QOMBRl!IROS Y TRES
CUELLOS.

Mezch1.r íntimamente, por agitación en un
frasco.
Aceite de la semilla del sésamo .................. . ............100 gramos.
de almendras dulc11s.. lOO
11
11
Esencia de lavanda. . . . . ... . . 5
11
11
de romero............... 5
11
l\Iuy buen co~mético. eficaz contra el ate•
zamiento, la rubicundez. las afélidas, etc.
Suaviza y blanquea el cutis.

Los tres sombreros de falda redonrla
conforme al uso veranie!!'o,. según aca '.
bamos de decir, ligeramente levantados
á la izquierda y con ad'ornos de tul escocés y plumas de avestruz.
.l!.l. primer cuello es estilo Dragón con
volant9 de muselina de seda v blonda· el
seg-und-0 es abierto con una gran corba•
ta de guipure y el tercero, adí,cuado al
jacquet, estilo Rastre. lleva un corbatin
de escocés del más sencillo y delicado
gusto.

.. .._,_..-....

-PieBsa todo lo que dices y no digas todo
lo que piensas.

***
· -¡.Admirable providencia
de Dios! No dar
las grandes penalidades á las almas pequeñas.

FIG.

FIGPR t,

}' IG

10

9 111 V 11.

Damos con estnR numeros algunos modelos sencillos así de trabajo8 parii las
damas como de prendas rle ropa, última
noy,~dad. que por su sendllez no ret, meren deticripción.

tas ~a{ástrofes ael mar--&amp;1 naufr~~!º·
t' I G. 11

(Vense el texto en la explicación d1 nuestros grabadosJ

FIO. 7.-TRES S . MBREROS Y TRES CUELLOS

•

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domliuro 21 de Ago■to de 1898

Jl!L MUNDO

180

FIG 5.-TBAJB DJII CALLlll,

Es de alpaca azul, con gran aplica•
ción de t11fetán escocés en la par·
te inferior de la falda unida á ésta
por cinta de tafetán. J aquet fantasía
con reminiscencia de bolero, grandes
solapas doublé de dril de lino finislmo.
Chaleco de lino también y camisa de
batista acordoneada. Gran corbata de
raso negro y collar de m~selina de_seda. En las mangas, muy JUetae, aphcación de escocés como el de la falda,
hasta el antebrazo

•

NUMERO 10

MEXICO, SEPTIEMBRE 4 DE 1 898

TOMO II

FIG. 6.-TOCA CHlllffilllL,
Toqueta de tieeú de seda rosa tierno
con fondo béret, rodeado de una draperia muselina del fondo en que está
retenida por una tortuga de atraes. A
la izquierda la draper!a fo~ma torealee
al rededor de una pluma blanca y rosa.

~-

.

té~tit: ::::\\

i ·-

•

FIG, 7.-Cl'ERPO BORDADO.

FJg. 13 -Angulo de pailuelo.

Ee todo blanco, con grandes guias y
ciutae ondulantes. Solapa fantasla que
se abre sobre una camisa de batista
acordeón que muestra una 1:,ncantadora corbata de seda ribeteada de ligeros volantes El jaquet se cierra por un
cinturón de piel de Suecia.

-------------------------------------------------- Nuestros Grabados.
Está
FIG. 1.-TRAJIII Dlll LUTO PARA CALLE,

Es de surah negro formando una gran veste cemda gracloeament11 por un lazo de tafetán negro. Un
yoke redondo, hecho de surah negro y b Jrdado, luce al rededor de los hombros. mostrando una doble
fila de ruches de surah. Al rededor del cuello hay otro
doble ruche de surah formando un ancho ruff. El
cuerpo es de brocado surah tan transparente que
muestra el doublee que es de satln ligeramente asalmonado. No hay un sulo botón en la toilette. Una dt
las grandes particularidades de ésta, nótase en las
mangas hechas de surah negro pleno, en acordeón y
cayendo amplias y luengas de los hombros.
PIG. 2 -TOILETTE DE VfolTA PARA SEÑCRITA,
Modelo en crepé de china gris plata, bordado ó.e
seda negra.
La espalda y el frente del c'lrpiño, están guarnecidas de una especie de. plastrón
Crepé de china bordado de cadwilla que forma espaldas.
Los bordes de ese plastrón están cortados en festonee de terciopelo: sobre un bordado de tejido, simulando un doble plastrón.
El tablero de la falda continúa la gu~rnición del
corpiño. Esta falda está tallada en forma.
FIOS, 3 Y 4 . -DOS MODELOS DB PIIIINADOS,

Damos ba.jo estos dos números dos modelos de peinados de suma. elegancia y de alta novedad.

FIG. 8-CUERPO FANTASÍA..

hecho en combinación con batista
azul pálido bordada y muselina de seda azul.
El bordado forma el corpiño y gran parte de
las mangas. u.ándo8e la muselioa para los
pufs y el plastrón y ascendiendo hasta formar un collar recto.
FIGS. 9,

10 Y 11. -TRES TRA,TBIS PA.B A NIÑAS,
Damos, comprendidos en estos tres números, tres encantadores modelos para niñas.
El número 9 és un lindo frock de challi, blanco y rojo, figurado con un plastroncito de
muselina de seda acordeón y jockeys ribetea.dos de blonda. Es,á ceñida por un cinturón de eatln. El número 10 es de nansú, con
cuerpecito blusa y un elegante joke con
aplicación de cinta bordada. En cuanto al
número 11 es todo de fulard, con plastrón
de guipure y galones en forma de cuadrados
~ue corresponde á aplicaciones de guipure.
Elegantes Jockeys v abullonados en los hombros y en 'el centro de las mangas, manguetas de_mue~lina con aplicacióu de galón
de seda. Cmturon de satín con un gracioso
lazo á la izquierda.

&lt;,·,&lt;/c.'

.FIG, 12,-TRAJE D!!I PASEO

Es de gr anadina, á lineas ondulantes, alternad!!&gt; en ll falda y el cuerpo por galonee
de blonda paralelos. El cuerpo muestra ua
plastrón pleno de falla blanca con radios
puntados, collar de lo mismo, pnntado también, una aplicación de blonda une el corpiño al plastrón.
FIG 13.-ÁNGULL D!" PAÑUELO.

Es de encaje y se ejecuta
con lacet inglés
El dibujo está. reproducido
sobre papel ó sobre una tela
encerada y se arregla el lacet
siguiendo los contornos.
Unense los di versos motivos
con bridas; comolfdanse tod11s
las parte3 del dibujo éon mu
cha limpieza y cuidado des•
pués se retira el bo1 dad~ del
papel ó de la tela encerada
se aplica c11da ángulo sobre ei
cuadrado de bat•sta preparado para el pañuelo y se guarnece de linda blonda de hilo.

FJg 12.-Traje de paseo.

-:~\~~ t~-.
:·~·.,•

~

.: •¡., ••·

-~(!:;:\
&amp;S\ ,,

He aqui tres combinaciones muy lindas.,
La una es un cortinaje de seda japón cruda con blonda !n•
cru8tada.
La cortina está drapeada á la izquierda bajo un nudo de cinta.
El segundo modelo 68 de muselina Liberty, con un hermoso
dibujo.
El tercero 68 pliesé á pliegues redondos y guarnecido de una
incrustación que forma dientes.
E n la punta dfl cada diente hay un anillito dorado.

' .-~,::,
~-:

' . ·:~-

.

\}t:&gt;: _
:-~

FIG, 1 4 ,-BOLSA ELEG ANTEl.

El número catorce rPpreeenta la bolea completa. Et fondo
ee de cartón recubierto de seda drapeada. La bolea está
hecha de Eatln doublé de la
miEmlf seda. Se hace esta bolsa más alta y más larga que el
fondo, p_ara darle la amplitud
necesaria.
La parte superior está extendida pero se forman pliegued en la parte baja. C:-mo
guarnición lleva un torsal de
cinta en la parte alta y unvola11te de bloma y un aconchado en los costados. Los lazos
son de cinta y hay tres nudos
de la mioma cinta mezclados
con la guarnición.

..
1

$

LLAMADOS "MISTERIO."

,

Fig. IIJ,-Pequeños cortinajes llamados ".Misterio."

Guillerm ino, Neina ae }(olanaa.

Se coronará solemnt'mente el d1a 6 del actual.

FIG.15-Pll:QUEÑOS CORT INAJES

La moda de los pequeños
cortinajes "misterio" cada dia
está más en privanza y todos
se ingenian para variar los
modelos.

ro.

FJg, 14.-Bolsa ele¡ante.

( Véast el texto.)

�182

EL MUNDO

LASEMANA
¿Por qué razón-si puede haberla en estas preferencias del gusto público-todos los que han
visto con cierta placidez indiferente, obras como
sFausto» y «Aida» más ó menos tolerablemente
interpretadas en la temporada del Nacional, exijen c;le los jóvenes artistas mayores e~fuerzos en
la presentación de «La vida de Bohemia?»
El hábito gasta los prestigios del genio y vulgariza lo sublime. Si es cierto que no hay grande hombre que lo sea para su criado, sucede también que á la larga tuteamos á Otelo y poco se
nos da que Memistófeles se presente con barriga
de Sancho Panza y carcaje.das de l1tbriego.
Pero «La Bohemia,» ¡oh! «La Bohemia .... »
dicen en tono de galán del Teatro Hidalgo los
condottieri del aplauso en las butacas.
Para esos paladares exquisitos no hay f11lsificaciones suficientemente engañadoras. Es cierto
que tolerarían el Rhin menos auténtico; ¡qué im_porta que Margarita tenga trenzas rubias ó peinado griego!
Pero Mussette ha de ser por fuerza la que -vió
Mürger y soñó Puccinl. Snobismo inédito en que
sobreviven los delirios románticos del afio 30....
Para muchos ae los que llevarían de buena gana el chaleco verde que usó Gautier la noche del estreno de Hernani, el Arte no es todo el arte sino ....
«La Bohemia.»

"""

El Club Dramático mexicano ha hecho una nueva aparición en el Teatro de Vergara la noche
del martes.
Público? Uu público sui gene1'is por no decir
el público ideal.
Por otra parte, ese es el que necesitan los que
aman el arte; lo saben los jóvenes artistas del
Club y por eso lo invitan.
La concurrencia,naturalmente,aplaude; pero si
haciéndolo asi por indulgencia obraría galantemente, al aplaudfr por convicción es á la vez que
justiciera, inconsciente factor de un resultado que
ya debemos esperar como verdadera revelación
artística.
Sólo un misántropo puede negar estímuios á
esos entusiastas. En México hay muchos sedientos de ideal que dicen á todos los que llegan
¡adelante! pero hace falta, ó para hablar con precisión, hacía faita otra cosa: seilalar el camino.
El Club Dramático ha encontrado ese camino,
el más recto y el más amplio para to.dos los talentos.
Ojalá que sigan por él, y seguirán, pues todo lo
tienen,-fé en el arte y la simpatía pública que
aplaude su triunfal iniciación.

mar elocuente porque salva de la última pena al
criminal más peligroso. Y los mismos á quienes
salvó el gendarme con su heroísmo co saben su
nombre y repiten la arenga pomposa del hábil
defensc..r.

,,,,.

Un excelente observador admirábase no hace
mncho deque hqbiese tanta gente que c?Ienta como único recurso con esos «medios de vivir que
no dan para vivir» de que hablaba Larra.
Sucede es~o en tod11s l11s capitales? No creo que
Londres y París estén menos provistas de una
dotación suficiente de vagos sin otra función social reconocida que el parasitismo descarado ó
vergonz,111te; pero en pocos países se verá tanto
empeilo para establecer una ecuación perfecta entre un minimun de trabajo y un minimun de necesidades.
Hay levitas rní&lt;las, lP.vitas ociosas y miserab:es que pudieran ser blusas útiles y decentes.
Mientras los hacendados de la frontera pierden
sus algodones en flor por falta de hombres que
recojan el blanco copo, prtfieren los proietarios
al jornal reoumerador de los campos ayunar
entre expedientes.
De mil que pasan la vida dtclamando sobre
los recursos naturales del país, hay apenas uno
que intente algo positivo y práctico.
El est11blecimiento de una exposición perma•
nente de los productos de la industria nacional,
será una obra benéfica.
¿Quién que no sea un presuntuoso, ó no haya
viajado, estará satisfecho de sus conocimientos al
grado de creer que no son para él un misterio
gran número de los recursos de nuestro vasto territorio?
Al museo acudiremos á recibir,-los más,-la
iniciación de un aprendizaje sin el que nada valen las nomenclaturas y los conocimientos verbales, ú.nico y pobre bagaje con que emprendemos
la vida práctica.

,,,,.

'

Divagaciones y mariposeos.
I.

NUESTRA SEÑORA LA MODA.
No faltan, y aun dirfa qne rnbran, criterios rectilineos, enca~tillados en polvosas idea~, que ven, con,
cierto de~ctén compasivo. lo que llaman "caprichos de
la toilette" y con profundo menosprecio á las mujeres del grau mnndo que dedican su vida, que consagran sud energías, que c:rcunscriben su esfera de
acción al veleidoso campo de la Moda y en él respiran
y viven tan á gusto como el pez en et agua. Una lionne del gran mundo es para esos criterios tallados en
bloc, alg·o antibumano ó pernicioso que jamás puede
compadticerse ni con la tranqui!Mad del hogar ni con
la dignidad del matrimonio ni con otras muchas cosasque ~on nectisarias para la normalidad y dicha de la
exist.. ncia.
0dariamos decir que esos criterios rectilíneos hierran gravemente? No por cierto Afirmaremos sólo
que su punto de vütano varia jamás. que es demasiada
rtistringida su ma.ntira de apreciac.ión y que si para el
burgué~ la.Moda es la naturalenemiga de toda economía y de toda paz, para el poeta, para el colorista, para el escultor, para el novelib,a, para el filósofo, la..
Moda es tesoro inagotablti de inspiraciones y ense-•
ñanz11s.
Para nosotros constituye nada menos que el' emblema magnifico de la civilización humana, de la digni•
ficación del hombre-y hombre escribimos en el sen•
tido lato de la palabra, que connota á los dos sexos•.
Véamos por que pensamos a.si y para verlo retrocedamos un poco en la vida del planeta-un poco ~ignifica a.qui centenares de millares de años; que son bien•
corta etapa si se comparan con la vida milenaria de)1
cosmol: Tudu e,, nuevo; sólp la naturaleza es v-¡Bja.. . . .

*

,,,,.

!

tienen siquiera sea uno de esos áureos granitosde buen sentido que derrama Sarcey, sienten alivio al pensar que vamos olvidando los sucesos de
la guerra hispano-americi.rni., esa pesadilla que·
agitó tantas imaginaciones delirantes.
Dick.

**
Si creemos lo que dicen los periúdi~os de un
La aparición del sér humano sobre la tierra, seEstado remoto, el anunc10 mercantil no cabe ya
pierde en las ntibulos1dades de los primeros periodosen el recinto de las ciudades; tan estrechas son geoló~icos y sus huellas son difíciles de encontrar.
para contenerlo que se lla hecho agreste y ha co- Sabemos empero q ,1 e, físicamente poderoso, pero in,
me11zado á instalarse á lo largo de las líneas fe- telectualmente misero, el hombre primitivo sufrió mu,chos siglos una pasión inuenarrable.
rrocarrileras.
El grito ina1 ticulado, única expresión de sus angus•·
Como en los Estados Unidos, cada cien metros tias,
repercutla lúgubremente en el seno de las flotropieza la mirada del viajero, que contempla los restas opulentas que parecían rasgar el azul intenso
paisajes desolados ó risue11os del tránsito, con un de una atmó,fera cargada de ozono, -, que eran silenposte en el que hay tablas embadurnadas de fi- c1osos testigos de sus luchas con el leon saepelius, con
gran tigre predecesor del actual y con el mamouth
guras extravagantes y letreros grandes como el
de formidablPs defensas de marfil, ante el cual nuescasas.
tro pobre elefante seria como un perro ante un caa•
Ya es la musa de la terapéutica ofreciendo pol- bailo, en relación de fuerza y de corpulencia.
En aquellas titanom11quias portentosas-qué estre•
vos infalibles para todas las perturbaciones inmecimiento deleitable hubiera dado su espectáculo á,
testinales.
los latinos del bajo Imperio y á los latinos de ParislYa es un sastre que ostenta sus prendas ingle- el hombre primit:vo era casi siempre el vencido. SusUn amable revistero dice que los actores del sas y dice:
huesos crujlan entre la garras del felino y bajo la moTeatro Arbeu no comprenden el teatro francés.
-Seilores, los que quieran agradar al bello le del paquidermo, y regueros de cadáveres servían,
de pasto á la voracidad de las grandes aves de raEl teatro francés, efectivamente, reclama algo sexo, ocurran á la «Reina de la elegancia»
piña .....
más que la buena voluntad que no puede negárY no será. esto todo. Falta que como hace alguY la fuerza proseguía su obra oculta y misteriosa.
seles á esos discretos artistas, para llevará la es- nos años aproveche el mercantilismo los tiem- á través de las hecatombes .... ante las indiferentee.
cena obras como Frou-Frou y la Question d~ pos de gruesas nieblas para proyectar sobre las constelaciones geométricas, luminosas y enigmática¡,.
l'Argent.
nubes con ayuda de aparatos formidables, anun- espectadoras.
Cuántas especies destinadas acaso á un porvenir dePero como todo se compensa, dice también el cios en los que lean todos los habitantes de una. mayor intelectualidad que la nueHtra, pereciMon así~
mismo rev!stero que los autores dramáticos no ciudad el nombre y las principa.es virtudes del en el obscuro recinto dti una selva cuaternaria ó en la.
comprenden las costumbres nacionales.
especifico más solicitado ó tl título de las obras arena candente de algún circo prehistórico circundado de inmonsos monolito~ conmovidos á cada paso,
Ante ese escollo ¿qué hacer?
que estrenan en los teatros.
por las fuerzas plutónicas? El planeta ha guardado,
Ya el público ha encontrado la wlución y.se
El porvenir estA ll6no de promesas, sobre todo su secreto.....
resigna, y entre el extremo de que le den ccme- cuando el interés comercial deja libre el vuelo
*
dias sin actores ó actores sin comedia, prefiere lo de su ngenio retozón.
**
primero, y hace bien.
¿No ha inventado los neologismos m&amp;.s raros
Mas un día el hombre poseyó la máquit,a, lamáqulpara detener las miradas cte los lectores en la na absolutamente rudimentaria, pero la máquina en
fin. Esta posesión fué sin duda el fruto de seculares
última plana de los diarios:.
esfuerzos de un cerebro casi protoplasmático.
No
hace
muchos
días
aún,
cierto
fabricante
de
En una pieza cómica nacional rien los espectaEntre la idea de que una rama de árbol, delgad11,
dores celebrando con ruidosos movimientos de calzado tomó para las boti.s que pr1,duce, el nom- tenia punta y la idea de aguzar una rama de árbol~
debieron transcurrir muchos siglos, dice un sabioregocijo las burlas que se hacen del gendarme. bre de una sociedad respetabilísima de senoras, prehistoriógrafo.
que
se
dedican
á no sé cuantas especulaciones
Faltaría carácter nacional, si no apareciera allí
Pero la úJdma idea surgió al fin y el hombre primiel gendarme con su eterna máscara de bufón im- científicas, y cerno naturalmente el Consejo de tivo fué desde entonces el más fuerte porque ya po•
la corporación protestó contra tamafl.a irreveren- sela el basto y la lanza ....
pasible.
Otra idea asocittda proporcionó más tarde el sil~x.
Y ese payaso de las vecindades es el héroe mo- cia, el travieso .zapatero publicó en todos los pe- puntiagudo,
y más tarde .el .hacha da piedra . ... i,;1 cede.sto y anónimo _de .nuestra :v:ida-Civil. Acatio el riódicos de los Estados Unidos una carta pi- _rebro, _poseedor del primer germen de invención, em•
exeusas y . . . . recomendando de paso -sudesprecio con que lo 111ira el lépero rerudor de diendo
pezaba á abrirse como una f1or mila~rosa.
mercancía.
El hombre-no ya antropoide--deJó sus cav~rnas,
pulquería forma el cordón sanitario para su moabandonó sus viva.es y emigró de los grandes bosralidad que surge depurada del medio adverso á
ques y de las e@quivas torrenteras, hacia los planes.
las ideas del bien social.
La rehabilitación del Capitán Dreyfus, enjaula- abiertos, dondo las campañas dormitaban en el oroPor una ironía que no alcanza A herir nuestro do como fiera en la Isla-del Diablo, por obra de de las tardes estivales .... haeia las márgeneo1 de loe.
indiferentismo, pasa anadvertido el atrevimento intrigantes desalmados, es algo así como un des- ríos, de los lagos y de los mares, dejando los seculadel gendarme que arriesgando la vida se arroja enlace de melodrama, de esos en los que la vícti- res y tristes refugios de su miseria, ya que la máquina le permitia afrontar los peligros ffl1 calÍlpo abierto
sobre dos caballos en rápida carrera y los detie- ma triunfa y el traidor cae en·poder de la justi- y bajo el pleno palio de los cielos.
ne en medio de. una calle céntrica; en tanto el há- cia ó se auicida. N11die habla sino ae la gigantesca
Vino entonces la época lacustre. La horda hincó.
-bll defensor de un reo de homicidio se hace lla- madeJa que está desenredándose y todos los que ramas de árbol en el légamo tibio de los lagos y sobre:
los troncos fundó la cabaña¡ merced al silex y al fue-

"""

I'1

Domingo 4 de Septiembre de 189&amp;

Domingo 4 de Septiembre de 1898.

EL MTTNDO.

go, ahuecó el tronco d11 los gigantes de la selva y la
piragua surgió grácil, esbelta, sobre las ondas
Los varones fuéronse á la pesca y li\s mujeres quedáronse en la cabañil; el ocio las afinó, el abrigo blando de la choza blanqueó su piel. Sus lineas empezaron á. adquirir blanduras y barmonias nunca vistas...
La civilización comenzaba á. creará la belleza, eterna
inspirado!ª de los poetas ... .
Et mulur f acta est. .... .
**•
Una noche el jefe de la tribu-yáno horda-tornó
á la cabaña con un botln prncioso que lucia en el
fondo de la piragua, entre los palpitimtes pece11 de
plata ....
Eran unas conchás de irisaciones maravillosas, encontradas entre la arena de la playa .... El cauaillo
las ofreció ingenuamente á su amada y ella his taladró con un fragmento de 11ilex, pa~ó a travé,; delos
taladros uno de los más resilltentes filamento:1 vPgtitales, y rodeó con el prím&amp;r collar su blando cuello.
Después, otro guerrero; vencedor en la lucba con
una fiera, llevó á su novia los lucit,ntes colmillos
marfilinos de un tigre y la novia, á. iwitación de la
primera, los ató y rodeó con ellos su gar?:anta ....
Más tarde, un mancebo de la t"1bu tornó á la choza
con la fina piel dti un cachorro de pantera é hizo pre
sente de ella, á su esclava .....
Y un dfa, un artista ignorado que pulia un homó
plato de luciente hueso, halló que su imagen se refleJaba en él como en las aguas tranquilas de u0a fnf'n•
te, y donó á la más hermosa de sus sierva.11 el primer
espejo.
Nuestra Señora la Moda habla nacido é iniciaba su
triunfal carrera á travée de las civilizaciones ....
La Moda ha sido pues el símbolo casi divino de h
Redencion del Hombre ... . de su intt·ligencia y de su
dignidad y, coqueta y ligera, sabe sin t&gt;mburgo elevarnos á una serena y alta concepción del Uu1vtirso.

183

'

SR, INGENIERO D. BLAS ESCONTRIA,
Gobernador interino de San Luis Potosi.

***

Vino la edad del bronce, al son triunfal de las vie- tauración, la moda volvió al bl11nco: flcres de lis. esjas trompeta@orientales; los pastores se convertlan carpa! y cocarctas, sombreros á la Fnriqu IV, proen reye11, y Salomón se mostraba vestido de pompa, viFtos de penachos blancos, capotas de crepé, etc.
como un lirio del valle.
Hoy la Moda parece insplrarbe soln en el pasado, y
La reiua de_Saba, nigr!l sed formosa, llegaba á rPn- peregrina á través de las edades pintorescas, recodirll: homenaJe al pa~o tardo ae sus cam ..Jlos, vestida giendo elegancias y exotismos .... Mad su imperio no
de tumca de seda purpura, calzada con ~andalias de por eso es menos unive-sal y efectivo
Bendiganla los coloristas y los poetas. A ella debeoro, cubierta con manto resplandeciente, bajo el paramos esa agresiva fiesta de co1oret1 que pone not11s visol multicoloro de susurrant~s plumas ... .
De entonces más la mujer era soberana .... Para ella, vas en el gris trivial de nue~t"MS civilizaciones mo•
cavarian los esclavos de bronce las tortuosas vetas de dernas; el111 es la suprema orfebre, que hace nna joya
las minas; para ella. descenuerfan los buzo11 álos ban• de la muj"'r para el encanto del hombre .. ....Y es ella
cos de_perlas y cú_rales del misterioso Oceáno, para la tremenda rival nuestra en el corazón de las amaella teJerhtn las hilanderas los ténues filamentos de das .... pero es también el alma de la civilización y la
los linos, y fas naves fantásticas emprenderían su vue- perpetua productora del Arte.
lo de lona para llevarle el oro de Ofir y las gomas de
DxMETRYOS.
.Arabia ....
La mitra, fingiendo un creciente de luna, oroaria"su
cabeza; los ungüentos aromáticos ungirían sus miembros, las más hermosas tintas vegetitl,s, colorearían
sus pómulos y los pétaloi de sus labios ....
En los grandes imperios medo y persa, griego yroD!'ln&lt;?, la moda pasó por todosJos avatare11, sitindo Jiturg1ca y sagrada en las hieráticas civilizaciones
asi~iu. ligera y plástica en el divino Archipiélago, RESUMEN.-lJna proclama del Czar.-El desarme de
las potencias y la paz de I&lt;:uropa.-Las aspiraciones
ref10ada y sen1mal en la hnoica Italia ....
de los pueblos y los ideales de Nicolás 11. - Viejas ren•
.Cayó el Imperio de Occidente y llegó la f'dlld mecillas - Odios antiguos. - Francia y Alemania - La
dia con los pavores y tristeza¡¡ del Milenario, con
Alsacla y la Lorena y la reacción general.-lmposllas severidades de la doctrina. La catedral ~ótica se
bllldad de vencer al tlempo.- Los hechos consuma•
levantó de los valles como una oracion de piedra . ....
dos -La fuerza y la raz6n.-Nuestras esperanzas.Y la Moda tornóse augusta y melancólica.
Nuestros anhelos.- Conclusl6n.
Moldeaba los bustos el justillo denegro tereiopelo,
cubría el pecho el plastrón obscuro de heráldicos borAun no termina definitivamente el conflicto
dados, caía con elegante sencillez la manga anchurosa rematada en punta, 11emi-ocultando las nfveás hispano-americano, y los pueblos europeos se
manos ducales ..... y la corneta, maravillosa como un sientan tranquilamente á mirar como se desenlirio i_n vertido, era adoptada por las magas de varita vuelve el epílogo que se anuncia en las conf erende cristal, que vagaban en las selva11 pobladas de
cías de París, aún quedan todavía en las granalhalÍ/J de cazadores.
de8 Antillas altos problemas -que deben resolver,
primero los comisionados para el retiro do tropas
Pero elRenacimiento resucitó los explendores idos: osp11liolas, y deEpués l.:is plenipontenciarios que
torn~ron las sedas orientales, las pieles blondas, los han de dirigir la cuestión completa de la paz,
unguentos aromáticos ......y la sencillez feudal que cuando se oye la voz de uno de los poderosos de
debla renacer, m-,rced al capricho de la elegancia la tierra, cuando se deja escuchar la voz soberamundana, se perdió por entonceH en la penumbra de
na del Czar de todas las Rusias, predicando la
sus castillos y catedralee ..... .
"L~s épocas tranquilas ó turbulentas que la mujer paz y la concordia universal, reclamando la bueatraviesa-dice un autor-influyen en ella, y la Moda na voluntad entre los príncipes y jefes de Estado,
9ue crea, no siendo más que el reflejo de sus costum- llamando A las nRciones á un congreso que h11ga
ores gravts ó corrompidas, se manifiesta bajo sus di- cesar la preponderancia de los armamentos so•
versos aspectos, austera ó disoluta.
"Después de la Revolución que querfa introducir bre las grandes aspiraciones de la humanidad.
en. Francia la severidad de las leyes sociales de los
Si alguna vez ha merecido loor y alabanza un
pnmeros romanos, las francesas no pensaban más príncipe cristiano, es sin duda en estas circunsque en agradar y_ su poder de sedución fué más fuer- tancias en que todo concurría á hacer temer una
te que todos los decretos y las medidas tomadas para
reglamentar la virtud. Orfanlzábanse bailes en to- conflagración universal. El Emperador de Rusia
dos lo, puntos de la capita y las jóvenes rivalizaban se desentiende por un momento de las dificultaen toilettes y t&gt;n gracia.11
des que las concupi;;cencias han provocado en el
Aparecieron entonces las primeras túnicas, las clámidt&gt;a, las ropas de gasa ó de linón y tornó el cotur- Extremo Oriente; aparta sus ojos de las t~nden•
cias absorbentes que la Gran Bretalia manifiesta
no, con sus encantadoras cintas atadas al tobillo.
"Como nada quedaba del yasado y no-podíaimprovi- JlOl' dtversos modos en el Continente africano;
aaree. en un dfa una sociedad con conveniencias, usos deja á un lado las vit&gt;jas rencillas que por mAs
Y traJes enteramente inéditos, se tomó todo de la his- de cinco lustros han apartado á dos grandes po•
t~rfa antigua y de laa naciones desparecidas."
tencias en el centro de Europa; cierra lo!! ojos
ante los problemas que las diversas razas y opuesA principios del siglo, l'Stuvo en gran toga el dis- tos intereses han formulado en el extremo Sur
fraz y la licencia en los trajes llt&gt;gó al t'Xceso pero del .Africa; se desentiende.en un momento de la
en breve la toilette tornó sobre sus-pasos. Bajo ei Uon• influencia que pueda tener en los destinos eurosulado. la moda prescribió JueDgH faldas de percal peos la tendencia decidida, la manifiesta actitud
de las Indias de una finura extrem!l, con media cau- de los Estados Unidos, constituidos ya en una
da bordados al rededor. Bajo el primer Imperio, obtuvieron favor inmenso las telaa d.e oro y plata y los potencia marítima y contir,ental; no mira las inPandes turb«ntes sembrados de oro, y bajo la Rea- . clinaciones de Europa hacia el imperio de Ma0

politirn ®.en.eral.

....

•••

r

rruecos; nada significan para él la nueva constitución de las Islas Hawai, el repartimiento de
Samoa, la suerte de l!"'ilipinas, la conquista del
Soudan, la soberanía dc:.l Transvaal, el engrandecimiento de Abisinia, el destino de Zanzibar,
las inquietudes &lt;le Afganistán, la humillación de
Grecia, las derrotas de Espafta, el sueño en la
revancha de Francia, la preponderancia de Alero ania fn la Europa central: no piensa en nada
de eso, y guilldo por altíeimos sentimfentos humanitarios, busca el remedio de una enfermedad
gen eral que aqueja y debilita á las viejas monarquías, y quiere congregar, al son de sus trompetas soberanas, á lo:s pueblos todos de la tierra
para la paz y la concordia.

Ha escuchado las quejns lastimeras que brotan
de las cabañas y se ele.van hasta los palacios; ha
oído los lamentos desgarradores que lanzan los
oprimidos desde el fondo de sus tugurios y desde la humildad de su miseria; ha entendido el rumor subterráneo que mina y socava los cimientos en que se asientan ahora las modernas sociedades; ha visto á los pueblos agobiados por lainmerisa pesadumbre de la paz armada; ha observado á las naciones rindiéndose vencidas biljo
el and1tmiaje de una situación insostenible; percibe claramente los clamores que parten, en son
de guerra, de las clases inferiores, pugnando por
sacudir la esclavitud á que se hallan SPjetas por
odios afl.ejos, rivalidades obscuras y competencias
no comprendidas. Adivina la angustia infinita
en que gimen todos los desheredados, viendo que
se les pide su ahorro p'.lra el presupuesto, su sudor y st1 sangre para lavarrencores que no comprenden, y los pedazos más caros de su corazón
para arrojarlos ante las aras de ese implacable
Moloc que se llama el armamento de la paz. Todo eso ha visto como cristiano, todo eso ha sentido como hombre, todo eso ha comprendido como estadista, y arrebatado de un entusiasmo que
nunca será bien alabado, que jamás recibirá su•
ficientes elogios, acude á los jefes de Estado, se
presenta ante los poderosos de la tierra, y exige
de los soberanos un contingente que nadie puede
negarle, para proceder el desarme general, para
preparar el reinado de la paz, para aliviar las
cargas innecesarias que pesan sobre loR pueblos,
para acudir en favor de los oprimidos, p11ra acallar viejos rencores, para borrar antiguas rivalidades, para olvidar odios y hacer que renazca
el amor y la concordia entre los hombres de buena voluntad.

*

**

¡Qué grande aparece, á los ojos del que piensa
y del que 1&gt;iente, el autócrata de todas las Rusias,
el padre de un gran pueblo, el señor de millones
de súbditos, el jefe de innúmeros ejércitos, el sooerano de una gran potencia, al rededor de la
cual hacen la corte los fuertes y los poderosos!
qué grande aparece, cuando olvidando su grandeza, haciendo á un lado su inmenso poderío, deja la armadura de combate y echa sobre sus
hombros el sayal del apóstol, toma en sus manos la cruz del predicad Jr y se 1tdelanta emre
las gentes y naciones predicando la buena nueva!
Si Nicolás II r ..ipresentara intereses illferiores,
si no fuera el jefe de un poderoso imperio, si no
se le hubiera visto cruzar por entre la3 capitales
de Europa, recibiendo homenajes de los pueblos
y agasajos de los soberanos, podría creerse que
su inicintiva se perdería en el vacío é iría á unirse en el polvo de los archivos, junta con los consejos platónicos que han formulado á la continua
los congresos de la paz de las diversas naciones.
Pero el Emperador de Rusia, aparte de llevar en
su bandera una. idea humanitsuia y digna de
aplauso por mil títulos, significa también la fuerza, significa también el equilibrio, pues, astro de
primera magnitud, hacia su centro han gravitado los gabinetes, en derredor de su grandeza se
han agitado las potencias, y los grandes y los
poderosos de la tierra se han disputado el honor
de llamarse sus amigos- y apellidarse sus aliados,

*

**

'

Cierto es que á las manifestaciones de Crollstadt correspondieron los agasajos de Tolón, que
al delil'io y al entusiasmo de París contestaron los
homenajes de Peterhoff; que como temiendo una inteligencia en Breslauáfavordel orgulloso Hohenzollern, el pueblo fran&lt;:és agotó sus testimonios de
1tdhesión en pro del autócrata moscovita; es verdad
que detrás de todos estos supremos arti!icios chi

�Domhuro 4 de 8Aotiembre de 1898

18.'í

EL MUNDO

nomtngo 4 de Septi(lmbre de 1898

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�EL MUNDO

186

Domingo 4 de Septiembre de 1898.

Domingo 4 de Septiembre de 1892

l)edazo de cielo azul en medio de este desmoronamiento general de creencias, de este aniquilamiento de ideales, de este hundimiento de aspiraeiones poéticss? ¿Porqué no hemos de llegará :a
meta de que nos han hablado lus poetas en sus
cánticos y los filósofos en sus predicaciones?
Quién sabe! Mientrns la estatua de Strasburgo
.a-eciba en París protestas en forma de coronas '.de
encina y de laurel, mientras la estatuade·Germania reeiba amenazas en forma de hermosas ofren·das, ]_o s grandes ideales del Czar encontrarán obstáculos que vencer; pero él representa la razón,
representa la fuerza, encarna la aspiración de
Jas multitudes ¿por qué no ha de triunfar?

dustria de la guerra pueden quedar sin trabajo;
millares de trabajadores que encuentran honrada ocupación en los arsenales y maestranzas, hallaránse de la maftana á la noche con las manos va
~ ías y sin tener en qué emplear sus actividades;
millones de hombres que se consumen en el cua1·tel y en las fortalezas, que_ agotan sus energías haciendo interminable centmelacon el arma al brazo, se verán privados de los medios de subsistencia. Es verdad; pero hace afias que los talleres
;:e sienten exangües, que los camp_o s rec(aman
la concurrencia de brazos, quo las mdustnas todas piden á gritos nuevos elementos para su des
arrollo: allí pueden dirigirse todos los . d_esocupados, allí encontrarán cam~o á sus act1v1~ades
todos los licenciados, y los inmensos capitales,
cuyas poderosas energías se dedicaban á los
aprestos de guerra, podrán encontrar natural y
fructífera aplicación en los 'altares de la paz.

X.X.X.
2 de Septiembre de 1898,

*

El cadáver del General Diez Gutiérrez en la capilla ardiente. ·
un gobierno y de un puebl~, s~ vi~l~mbra. el deseo de la venganza y la revmdicae10n; nad:? ~uda que detrás de la alianza rusa, la Repubhca
francesa, representada por &amp;u gobierno y encarnando las aspiracioness del pueblo, cree encontrar la softada restitución dtl las provincias perdidas después de la catástrofe lle 1870; pero no
son éstas, al parecer, las c:nsideracio11es que ha
pesado el Czar para lanzar á _los c~atro vientos
de la publicidad y á la cons1derac1ón ~e todos
los gabinetes, su proclama de la paz umvers~ y
su iniciativa del desarme gradual y progresivo.
Si tuviera en cuenta la devolución de Alsacia y
de Lorena, ¿por qué no habría de _tomar en c~~sideración la restitución de Holstem, la rehabilitación de la casa de .Austria, la devolución de
las provincias Balkánicas á Tur~uía, la r~integración de los dP-part~mentos 3:1p1_nos á !taha, la
desintegración del remo const1tu1do por la casa
de Sabaya, la reconstitución ele! poder temporal
del Papa, y en general, la reposición de las cosas
y el restablecimiento de los Estados tal y come,
estaban constituidos hace treinta años? ¿Por qué
Nicolás II no habría de intentar el retrotraimiento del tiempo y la reconstrucción del mapa de
Europa tal y como se había marcado en nombre
de la fuerza antes de la guerra franco-alemana? .
Porque con semejantes tendencias su obra se
habría considerado puramente ilusoria y sus pa•
Jabras se habrían perdido en el vacío, como las
creaciones de una imaginación calenturienta ó
las fantasías de un soñador insensato,

do trance, pidiendo un descanso en su t~rea abru•
madora, pidiendo la disminución de los impuestos
que pesan cada vez más sobre las clases traba·
jadoras, el recorte de los presu,n~estos de guerra
y marina, que lanzan á las naciones.~ _competancias indefinidas, por medio de sacnfic1os extraordinarios, reclam,u.los rrincipalmente del proletario y del contribuyente. Lo que debe de temerse, ante todo, ,es la revolución soc~al que se
oye como un canto fúnebre entre los lumnos de
grandeza, que se escucha co~o nota discord~nte
entre los himnos de la apoteosis: y pur eso se pide,
se ruega y se suplica el desarme gradual y pro'
gresivo, la cesación de los. déficits que alte~an
las finanzas de todos los gobiernos, la suspensión
de los armamentos indefinidos que conducen á
los pueblos á un estado de tensió~ insostenible,
más""ccstoso, más difícil, más trabaJoso que el estado de guerra.
Por eso creemos que al llamamiento del
Czar acudirán todos afanosos, porque el Czar
significa la fuerza y porque representa la razón;
y él, el autócrata, habla en nombre de los mise•
rabies y de los pobres, de los desheredado_s, de
los que no tienen voz ni voto en los conceJos de
las nacivnes.
*
* *
.Aparte del problema de ~a paz y la concord~a,
hay el problema económico que corre pareJas
con la solución impuesta por el autocrata moscovita. Millares de obreros que• se dedican á la tn-

"' *
.Al~uien dirá que nos dejamos arrebatar por locas fantasías, que deslum_brados por la grandeza
de la idea que sólo ha podido formular al Czar
de Rusia cerramos los ojos ante todas las dificualtade~ y vemos lisc y llano el camino para la
realización de un bello ideal. No es verdad; no se
nos ocultan los obstáculos que hay que vencer,
no se nos esconden los problemas de diverso género que han de resolverse antes de aceptar el
gran pensamiento del filantrópico Romanoff; pe•
ro tenemos fé en la humanidad, creemos en los
inspirados, esperamos en los privilegiados, amamos á los videntes, tene!Dos confianza en los que
se adelantan á su época y son capaces de desafiar el medio ambiente, para hacer triunfar sus
ideales.
Por algo han existido los mártires y los apóstoles,
No siempre la luz ha de brotar del fondo: á veces llueve des.de lo alto y penetra como rocío del
cielo á confortar los corazones que lloran, á consolar las almas que sufren, á levantar los espíritus que caen.
***
Extraña coincidencia. Envuelto en su manto
medioeval, acaba de caer en el sepulcro el princepe de Bismarck, que encarnó en su espíritu poderoso el tremendo principio de que la fuerza
está por encima del derecho-Za fo1'ce prime le d1'oit
-aci.ba de extinguirse una existencia que como
montana de granito pesaba soore los pueblos, é
imponía á las naciones el reinado de la fuerza; ec
bisma1·ckismo se respiraba en la atmósfera, y
formaba parte de las ideas dominantes en todos
los gobiernos. ¿Por que no ha de cesar ese reina•
do? Porqué no ha de escucharse el dictado de la
razón.Por qué no ha de cegarse el abismo hacia
el cual caminan todos los pueblos y en cuyas fauces negras amenazan hundirse todas las naciones? ¿Por qué no se han de detener todas las gentes en el camino que les marcó la política de
Bismarck y la espada de Moltke? ¿Por qué no ha
de haber una tregua, un descanso siquiera en esa
lucha tenaz, en esa competencia de los pueblos
contra los pueblos? ¿Porqué no hemos de ¡ver un

*

**
Piensan algunos que, antes de hacer su proposición á los gabinetes europeos, ha consultado
con su aliada la República Frances!.l. Si ha existido está consulta ó no, 110 es preciso averiguar•
Jo: ha aceptado los hechos consumados; no puede
oponerse á la corriente general; es impotente para iniciar una reacción imposible que cambie las
fronteras y trastorne las actuales relaciones de
los gobiernos; no puede pretender que .Alemania
renuncie á sus conquistas, porque él tampoco
puede abdicar de sus expansiones en el Oriente,
ni renunciar á sus dominios en el Sur. Después
del tratado de Francfort •sur· l\f eine, está la
convención de Berlín; simultáneamente con el sitio de París, está la entrada de Víctor Manuel á
la Roma de los Papas; después de la germaniza•
ción de la .Alsacia y la Lorena, está la creación
de los Estados balkánicos con menoscabo del imperio · turco; después de la derrota de ]'rancia,
está la unidad de Italia; y tras de la unidad de
Italia está la erección del poderoso imperio de
los Hohenzollem. Imposible volver á los tiempos
pasados, imposible retroceder á condiciones que
casi se han olvidado en la débil memória de los
gabinetes. Lo que hay ahora, lo que reclama el
concurso de los fuertes y la cooperación de los
poderosos es el clamor que se levanta de las cla•
ses productoras, pidiendo un alivio en su apura-

187

EL MUNDO.

La próxima coronación
DE LA REINA. GUILLERMINA. DE HOLA.NDA.•
Al entrar en la mayoría de edad el 31 de .Agosto,
-Guillermina, la reina de Holanda, entra en po~esión
de su titulo y de su trono.
El reino d11 Holanda.sólo exite-desdelos años de 1806
á 1815 cuando Luis Bvnaparte fué hecho rey de tiste
,pais. Después, tres reyes s11 han sentado 11n ei trono holandés, los tres Guillermos, los Principes de Orange,
-descendientes del famoso Gui1lermo de Nassau, el
ilustre patriota y campeón de las lib ~rtades de Hol11nda y que, en el siglo XVI dirigió el Estatúd~r, y con•dujo todos los asuutoe militares y politicos del pais.
Todos los vástagos de esta familia han sido notables
,como gobernante~, diplomáticos ó guerreros. El priPrincipe de Orange, murió 11sesinado en lJelft en 1534;
.su hijo Mauricio fué el más notable guerrero de su
,tiempo. Federico Enrique, durante la guerra de treinta
años levantó su rais á una altura considerable. El
rey Guillermo II de Inglaterra era descendiente de
•esta ilustre casa.
En el sig10 presente, Guillermo II de Holanda se
distinguió durante las guerras napoleónicas, y fué
-quien preparó, por su dt-rrota álos frances11s en Qua•tre Bras, la victoria de Waterloo
La actual reina es el último heredero de la familia
de Nassau, que pretende ser la más antigua de las
reinantes. Su padre Guillermo III. fué casado primero
,con Sofla, hija del Príncipe de Wurtemburgo, que
murió sin deiar sucesión. A la edad de 6211 ños preten•
•dió la mano de la Princesa Emma de Waldeck Pyrmnot,
con quien contrajo matrimonio. Al cabo de un año nació la Princesa Guillermina, que actualmente va á
_goberm,r Hol3:nda.
La coronacion de ésta se celebrará en Amsterdan
el próximo día 6 y ocupará el trono, cuando apenas
tiene dieciocho años.
Indudablemente las ceremonias imponentes, la so•
Jemnidad de la coronación, impresionarán á esta niña
educada por la reina viuda en la sencillez más com•
pleta.
La joven reina partiri\ del Haya donde ha pasado
,su cumpleaños en compañia de su madre, el dia5, se.guida por el séquito que tomará parte y asistirá álas
ceremonias.
La coronaeián 86 hará en Nienwe Kerk, que ~e
-el templo más importante de Amsterdan, aunque
no tiene el carácter de catedral y seguramente es poco
amplio.
La más interesante de las ceremonias será cuando
.la Reina pronuncie el juramento concebido en estos
términos.
«Juro al pueblo holandés que observaré y manten•
-dré siempre la constitución. Juro que defenderé y
_guardaré con todo mi poder_l&lt;1. independencia 1, e_l territorio del remo; que proteJeré los derechos pubhcos
:s privadC78 de todo11 mis súbditos y que emplearé to'&lt;los los medios que la ley me confía para cuidar y sos
tener el bienestar nacional é individual, como debe
hacer una buena soberana. Y que Dios me ayude.•

Sr. D. Deltin Sánchez Ramos,
+ EL DIA 26 Dlll AGOSTO Ú LTIMO,
Al terminar la ceremonia se envian miles de palomas correos preparadas de antemano, paraquevayan
á llevar la noticia á toctas partes anunciando que Holanda tiene nueva reina.
La fiestas públicas durarán varios días, al cabo de
los cuales, la Reina regresará á su pali.cio de la Haya,
donde ha pasado su infancia y ha sido educada bajo
la inmediata dirección de la Rdna rege1•te, que ha
sido su principal maestra, y se conduela con ella, de•
cia, como cualquiera maestra, con no importa que
discípula.
Además, duraute las lecciones, la Reina Regente
prohibió que se le diera el tratamiento de Alteza. La
labor de esta educación hatenidoporpuntodevistala
sencillez un poco democrática, Qin perder de vista los
futuros destino de la Princesa. Se cuenta que la Rei•
na Regente no tenia reparo en permitirá su hija _jug-ar con otras niñas. Durante un dia de invierno, la
Reina Regente paseaba en tren•es, con su hija que entonces tenia 10 años, cuando encontraron un grupo
de niños que jugaban arrojándose unos á otros bolas
de nieve, La Prmcesa obtuvo permiso para reunirse
al grupo de niños y dur11nte media hora la futura Reina de Holanda estuvo dando y r11cibittndo golpes en
medio de la turba de niños que no sedaban cuenta de
quien estaba entre ellos.
La primera aya de la Princesa fué una francesa, Mil e
Siotard, quien le habló en su idioma desde quetuvo4
años. Aprendió el inglé~ y algunos otros idiomas, pero
no el alemán, porq u11 el rey Guillermo III tenia posíti vo horror á esta lengua
.
Una de las cuestiones más interesantes es la que se
refiere al matrimonio de la joven Reina, quien, según
se asegura, aun piensa permanecer soltera, y parece
resuelta á hacer un casamiento de corazón cuando
llegue el caso.
.
Las colonias se han apresurado á mandar regalos
con que ccntribuyen al esplendor de la coronación
La Reina Guillermina es una de las más ricas, si no
la más rica de las soberanas de Europa, pues la lista
civil de Holanda, agregada á las rentas coloniales, alcanza á 15 millones d11 pesos por año.

esperaba la asunción A la libertad cuando ciñera su
frente la corona del Imperio moscovita.
A la inteligencia de su padre se adunaban en el futuro Czar las perfeccione~ de su madre la Czarlna
Maria, princesa de _Hesse. Fué educado por ~xtranjeros
y en pais extranJero: era en consecuencia, un cosmopolit11. y uu hombre de sociedad: su tacto, sus conocimientos y su amabilidad le valían una gran influencia sobre todas las personas á quienes trataba,
Nada más natural que su novia, la princesa Da groar, lo
amara.
Alejandro. hermano de Nicolás. no tenia ninguno
de los at:activos que á éste distinguían Su tipo era
bien diferente, el de un rudo soldado moscovita.
Los dos hermanos se queri11n mucho, y un dla que
estaban hacis11do ejercicios de.funza, Alejandro que
era el más robusto, dió tal golpe con su manaza de
martillo á Nicolás, que el Czarvich cayó en cama y
murió de ah! á poco.
Alejandro lo acompañó hasta 1&gt;l último momento;
juoto al lEicho de mu11rte de Nicolás, conocró á la princesa Dagmar, llamada para que acompañase á su novio durante su enftrmedad
La familia imperial y la corte rusa, sintieron hondl\
tristeza al pensar que la corona de los Czares estaba
destinada á Alejandro: todos lo respetaban por su
rectitud y sus cualidades militares. pero comprendlan que no P11taba preparado para a11umir la inmensa responsabilidad de Jefe de un gran Estado.
Pensaron desde luego en darle á. la prometida de
su hermano ya que iba á ocupar el lugar que le correPpondia como heredero del trono.
El matrimonio asi conc~rtAdo fué extraordinariamente feliz, y cuando murió AIEljandro II, lo sucedió
en el t~ono su hijo Alejandro III.
Este descuidó la educación de su hijo mayor Nicolá3, pues la Cz 1rina ocupó en su esplritu el lugar quEI
correspondía al hert1dero del trono y nunca pensó en
darle esa preparación especial que requiere el ejercicio de un poder supremo y absoluto
La princesa elegida para consorte del futuro Czar
Nicolás, fué una de la casa de Hesse-Darmstadt. La
elección agradó á todos, excepto á la elegida: era luterana y debía convertirse á la religión griega ortodoxa. y además el Czar vi ch no poseia ninguna •le las
cualidades que ella a&lt;lmiraba. Sin embargo, como una
mujer de su alcurnia tieue que sacrificar sus ~enti·
mi11ntos á los intereses dinásticos.cedió l1t joven prin
cesa, y despué3 de haber sido instruida en los dogmas y ritos de la Iglesia de Oriente se casó con el
príncipe Nicolás.
Se dice que la Czarina ejerce una gran influencia
en la conductadesumarido, y que ha sabido comprender sus deberes de emperatriz de una autocracia, haciendo mil esfuerzos en pro de la civilización del Imperio moscovita.
El hermano del Czar, el Gran Duque Nicolás, es un
joven de mucho talento. Como su tío Nicolás, fué educado por extranjeros y en el extranjero.
Durante muchos años su salud fué tan delicada
que se temía su muerte; pero poco á poco se tué ro•
busteciendo. Es aún el heredero presunto del trono,
porque el Czar sólo ha tenido hijas
El Gran Duque Miguel, tercer hijo del difunto Czar
es un soldado de diez y nueve años. E8tá perfeccionando su educación y poco ó nada sabe el mundo de
lo que prometti para el¡orvenir.
Es difícil considerar Rusia é Inglaterra como enemigas conociendo los vínculos de sangre y afectos
que l'gan á las familias reinanteR' de ambos países.
Entre el Duque de York y el Czar. primos hermano!!, existe una semejanza fisonómica sorprendente
y una amistad fnternal.
Por otra parte, la Czarina es la nieta predilecta de
la Rema Victoria.

LA CASA IMPERIAL DE RUSIA.

Nuestros Grabados.

Siendo muy joven la princesa Maria Dagmar de
Dinamarca, fué solemnemente prometida en matrimonio al joven Nicolás. heredero del trono de Rus;a
é hijo mayor dtil Czar Alejandro H de Rusia.
El príncipe Nicolás era el idolo de su pueblo que

La Reina Guillermina.

'

Joven, inteligente y agraciada. Hermosos cabellos
de un rubio ceniciento, 1.jos expresivo11; color de una
frescura suavisima-esEI color de la pl11I de las holandesas;-fisonomia simpática que á la vez revela energía de carácter, talla mediana y maneras exquisitas.
Ha recibido una educación cuya base es el desarrollo de las cualidades que el pueblo holandés ha elevado á la altura de virtudes primordiales.
La Reina Regente daba á Gnillermina uria sul'üa
de dinero cada semana pa.-a sus gastos p('rsonales; de
ella tomaba para comprar los regalos que hacia á los
otros niños de_P!Lla~io ! cuando le faltaba lo necesario,
compraba los utilesmd1speosables,y ella con sus propias
manos bordaba ó tejla los objetos con que deseaba obseqmar á sus !'-migmtas, Sabe coser en máquina y conoce los precios de las telas y adornos de sus vestidos.
Como todos los objetos de su uso personal, coches
caballos, etc., han ~ido suyos. á l, manera como en~
tienden el derecho de propiedad, los que tienen una
riqueza limitada, no es para ella indefinido y vago
ta[ derecho: lo reconocen en los demás con una conciencia clara de lo que vale ese reconocimtento.
Cuéntase que hace poco visitaba unas minas, y como
le agradaee una muestra de carbón de piedra, en vez
de ordenar que se la llavasen, preguntó con adorable
sencillez: Podría llevar esto?

•*•

Cementerio del Saucito, donde fué inhumado el cadáver del General Diez Gutlérrez.

P•~ente de transborde eJJ el puerto de Bizerte.

, Guil!ermina ha sido una niñ~ aplicada al estudio y me•
todiza tanto sus horas de ka bajo que ha podido sacar el
máximum de utilidad, sin cansar su espíritu ni enÍPr·
maree. Se levanta invariablemente á las siete, á las
ocho almuerza y á las nueve empieza á trabajar. Loa

�Domingo 4 de Septiembre de 1898.

EL MUNDO

188

El Presidente McKlnley y su Gabinete, discutiendo las condiciones de la paz.
maestros deben prE'sentarse al gabinete de estudio.
algunos minutos antes de la hora señalada y al sonar
ésta se presenta la reina, da su lección y si el tiempo
no alcanza, al minuto preci~o en que debe acabar la
clase, da los buenos dias al profesor y empieza con la
clase siguiente. Asi se suceden las lecciones hasta
la11 once y media.
· Guillermina habla varios idiomas, y tiene además
conocimientos cientlficos y literarios, toca, pinta á la
acuarela; en una palabra; sigue el camino que lleva
á la alta cultura.

Sala de Sesiones de la LE'gislatura de San Luh1, Y el
cortejo que acompañó al cadáver del difunto Gobernador al cementerio del Saucito.
Nuestros lectores conocen ya en todos sus detalles
las escenas á que estos grabados se refieren,

Puente de transbordes en Blzerte.

Bizerte el Brest del Africa dlll Norte, está destinado á ser,' gracias á su situación ~eográfica y á los
trabajos que últimamente se han E'Jecutado, uno de
Las relaciones entre la Reina Regente y Guil1ermi- · los yunto1 más importantes del Mediterrántio.
na son cariñosisimas. Cunndo la lluvia no lt'B permite
E antijl'uo puerto puede abrigar ahora una flota
salir pasan sus horas de descanso en pláticas intl- entl'ra. Hace dos años se iniciaron los trabajos de
mae;' pero las manos no están· ociosas, mientras ha• restauración; antes Bizerte era uuo de los puertos
blan madreé hija, ocúpanse en alguna labor.
más inseguros, y_ sólo en la estación de bonanza lo
Los negocios de Estado retienen á la Reina madre visitaban barcos de cabotaje.
la mayor parte del tiempo en el ConsE'jo y sólo brePara entrará la rada hay entre. Zu:iiouna y la ciuves horas puede consagrará su hija á laque ama con dad nuev11, uncanalsuficientementecómodo que pueternura it1fí11ita.
·
den franquear los buques de mayor calado.
.
La gente de la co,:te ve muy pocas veces á GuillerLa particularidad del puerto de Blzerte comnste
miua. La madre ha querido preservarla de las intri• en el puente de transborde sistema Arnodin y Palagas cortesanas hasta que, sana de espíritu y robuste- cio.
cida por una educación completa, pueda afrontar los
Este siEtema funciona ya en E~paña en la desempeligros de su elevada p_oeic1ón.
. . .
bocadura del Nervión entre las Ar1:nas y Portugalete.
Ha habido peculiar cmdado en su régimen h1g1é01•
Eil un puente colg..nte de cuarenta y cinco metros
co. Por nada se desvla del método impuesto para la lie altura sobre PI nivel del agua, á fin de que no escenservación de su salud. Ni cuando ha recibido la tor'l)e el paso de los paquebot¡¡.
corte de Holanda huéspedes regios deja su sistema.
Tiene una canastilla tirada por cables y una máquiUna noche debla de haber iluminación y desfile en na fija de vapor
honor del Emperador Guillermo y de la Joven reina;
El niv.-1 de la plataforma coincide con el de les
aquél pidió permiso á la Regente para que la sobera- muelles de cada fado del canal.
na p_rel!enciara el espectáculo:
Du eete modo el embarque y desembarque se prac•No . dijo la Reina Emma,-el descanso debe prefe• tica con extraordinaria facilidad y rapidez suma.
rirse á la d,stracción y la obediencia vale más que
una tolerancia acaso perjudicial."

.....

El Presidente .McKlnley y su Gabinete.
El Sr. Ingeniero D. Bias ES(lontria.
El Gobernador interino del Estado de San Luis Po•
tosi es un ciudadano distinguido 9ue debe á sus al•
tag cualidadas personales, la posiciónpoli~ica quehoy
ocupa.
Durante muchos años ha sido el Sr. Escontria Di·
rector d.e.l Instituto Je Cie11cias y ha ocupado otros
puestos públicos, señalándose en todos elfos su acción como hombre ilustrado, prudente y sereno.
La sociedad potoslna di•pensa al Sr. Escontda vivos sentimientos de respeto y Eimpatia.

Las honras f6.nebres del Sr. General
Diez Gntlérrez.

La tra~cendencia del protocolo firmado por el Presidente de los E~ta~os Unidos y M. Jules Cambon, en
representac:ón aquel dti la Nación que Gobierna y
éste de la española, para arreglar los prelimin11res de
la paz entre ambas potencias, det ..rminó necesariamente serias conferencias en el gabinete de Washington, especialmente con.tituido en consejo_l)_ar~ diBC'!l·
tir la situación. En nue11tro grabi.do aparecen las figuras prominentes que condujeron la polltica americana en la úl•
tima lucha, CIJ\YO resultado definitivo será el que tenga la conferencia de París.

Hay mnchos que todos lo esperan y nÓ trabajan por
merecer algo.
STOUT

Por no haber llflgado á tiempo no publicamos en
nuestro número anterior los gr11bado11 qne represtm ·
san las honra11 tributadas al Sr. Diez Gutiérrez, en la

Hay espirltus para todae las necedades y necedr,·
des p1tra todo~ los espíritus.
CHRY8('8,

Don Deltln Slinchez Ramos.
Mutió este distinguido miembro de la Colonia Española, muy conocido como uno de los millonarios
más empre'ndedores de nuestro pals. Publicamos hoy
su retrato y algunos rasgos de su vida.
Nació en Alba de Tormes, provincia de Salamanca,
el año de 1838. Sus padres, D. Andrés y Doña Isabel traneladaron su reoidencia á Santander, en donde
vivieron muchos años.
Nombrado Administrador deRentas Estancadas de
Cabezón de la Sal, el padre de D. Delfin, alli trasladó
á-11u ramilla, é ingrPsando el Sr. Sánchez Ramos al
famoso ColP~io de Villacarriedo, donde con notable
aprovechamiento, cursó durante siete años lo~ estudios de ciencias v letra~, necesarios hasta obtener el
titulo de bachiller en artes.
El año de 1856, llegó D. Delfín á la Isla de Cuba,
donde dedicado al comercio estuvo hasta 1864 en que
di~ouso trasladn11e á' nuestro piis.
Recién llegado á México, trabó intimas relaciones
con el acaudalado comerciante D. Vicente de la Fuen •
te el qne conocedor de las buenas dotes y aptitudes
d~l Sr Sánchez, Jo asoció desde luego á sus-negocios,
coBfiándole su gerPncia y dirección, hasta que por
muerte de dicho Señor de la Fuente, fué disuelta la
sociedad y se dedicó por su cuenta á diferentes ne•
gocios.
En 1868 contrajo matrimonio con la Señorita Felicitas Juárez, hija del benemérito D Benito, entonce•
Presidente de la República, y de cuya unión hubo
dos hijaR. Cármen é ldabel, caRadas hoy con los Sres.
Don Javier Algara y D. Ramón Corona, respectivamflnte.
Hombre activo y emprendor, D. Delfln Sánchez,
acometió grandPB empre~as de positiva utilidad para
el pais siendo la;; más importautes la construcción
del fe;rocarril llamado de Morelos, hoy Interoceánico. y el de Teb.uantepec,
En la época en que et Sr Sánchez se hallaba en los
terrenos del Itsmo, comenza~do los trabajos dtl ferrocarril de Salina Cruz á Coatzacoalcos fué atac11do
del calera, epidemia que causó tantos estragos en
aquellas comarcl\s en el año de 1882.
Por Pervicios á su pafs y al nuest1·0, mereció el Sr.
D. Delfín Sánchez diatincioneR va1iaR, entre otras la
que.alcanzó dll la coronl\- de España: la Gran Cruz de
la Real y distinguida Orden Americana de Isabel ta
Católica, cuyas insignias jamás ostentó. por natural
mode~tla.
Pudo contarse el Sr. Sánchez entre los amigos más
distinguidos del Señor Presidente de la Rt,pública,
quien le dió buenas muest:.-as de su aprecio en muy
diversas ocasionf's.
.
La muerte del Sr. Sáu.c hez causó positiva sensación
en todos los circulos s'Jciales. Su entierro fué, por la
comitiva principalmente, uno delos más suntuosos que
se han vitto en México
Enviamns nuePtro pésame más sincero á su respetable familia, y con f'SpPcialidad á nuebtro distinguido amigo Don Jos6 Sánchez Ramos.

EL MUNDO.

Domingo 4 de Septiembre de 1898.

La ·s eñorita de Noyan.
Al declinllr la tude del 25 de Abril de 1~25, una ca:rrosa blasona11a, tirada por dos caballos blancos, en
·tró en el patio de honor del Palacio del Luxemburgo
y se colocó detrás de los carruajes que la habían pre·
·cedido. El lacayo saltó de su, sitio y acercándose á la
escalera dijo á los húsares de servicio
-Haced avisará Su Señoría el Marquéa de Noyan
•que la señorita de Nuyan le aguarda
.
Al oir este nombre que era el de un&lt;! de los mi~~bros de la Cámara alta, uno de los h'D;sares tlorno _á
cumplir el encrgo mientras el lacayo Junto á la reJa
esperaba su regreso. Poco tuvo que aguardar pues
en breves minutos volvió el comisionado y siguién·dolo vino grave y erguido un anciano que vestla levita larga obscura b11jo euyas faldas se descubrlan
-calzas del mtsmo color: llevaba chaleco blanco y me•dias negras restiradas sobre unas J?antorrill!lB fin11s
y vigorosas; calnba zapatos de hebilla y opr1mia sus
sienes con un sombrero ae anchas alas.
Era el Marqués de N oyan. Emigrado durante la Re-volución y el imperio y apa:,ionado de la mOn!f,rqufa,
nada babia aprendído ni olvidado en el destierro. y
regresó en 1814 con Luis xyrrr que lo c~lmó de distinciones. Coronel en los tiempos de Lms XVI y Mariscal del ejército de Condé, al V?lver los Borbon~s
'fué nombrado par de Francia. m16mbro del ConseJo
del Rey y g11nt1l-hombre de Cámara.
.
Parecía, pues, que colmadas sus aspiraciones por la
,munificencia rea! nada ten&lt;lria que desear, y sm embargo llevaba E'n el co~azón un triple duel~, pues en
el.destierro habli,. perdido 11. su nutira, á su esp_osa y
á 11u hijo único y no le quedaba más que una meta á
. •quien adoraba, sin que e~te amor le consolara de la
pena de no tener un heredP,TO varón, lo cual le hacia
inquieto, su'dpicáz. escéptico é implacable con los ene•
migos dPl trono. Sólo la niña podia vanagloriarse de
•ejercer cierta influencia sobre este corazón acoraza·do dentro de sus rtescPpciones, y su '\'anidad: con ella
·el anciano se dulcificaba.
Cuando llegó á la reja, su fisonomia cambió, y sus
•ojos se iluminaron ccn un relámpago de al~~rla al
distinguirá Amelía (este na el nombre de la señori·
ta de Noyan) que 11som,.ba á la portezuela d~ la ~arroza una cabecita coronada de cabellos rubios suJe•
tos por un sombrero á la moda. Saludándola de_sde
lejos admiró s,L fisonomia grave y dulce tan semeJan·te á la dt'I 11.,radc hijo y luego vino á sentarsti al lado
de Amelia.
. ?
.
-1.L.e hice e•perar á usted mucho ahu.ehto preguntó ellll besándole la mano.
.
..
-No querida niña, llegaste al termmar la eesion.
.¿Dónde dP~eas ir?
. .
-La 8eñora Duquesa de Berry me aviso que hoy
me aguardll.
-A las TulleriaP! ordenó el Marqués al lacay-o y
luego 11ñadió dirigiéndose á ~~ hija: Mientr3:s tu es_tas con la Dnq uesa yo iré á v1s1tar 111 rey; qmero ~"·
iblarle del dtbate que acabamos de sostener en la Uá-

abuelito en tanto que las gentes se agrupaban en
•orno de' ella preguntándole si no est11ba heridll. Con
deseos de dar las gra•:ias á su salvador, pedía informes de él, cuando se:10 enseñaron traído en brazos de
algunas persor as que acaba_ba_n de levantarlo d~l
suelo, á donde cayó sin conoc1m16nto herido en m1•
tad del pecho por la lanza del coche en el momento
en que detuvo los·caballos
-1.E~tá muerto? preguntó E'lla tembJando.
--Respira aún, señorita, le respondieron.
El Marqués se aproximó
-¿No hay por aqui un hospital donde pueda llevarse á ese infeliz? preguntó,
-Oh, papá! ¡Enviará un hospital al q1le nos salvó
la vi dal gritó la señorita de Noyan.
.
-¿Y d·ó nde crees que ~e !e puude atender meJor?
"La
~
-En mi casa: en e1 palacio de .Noyan.
carrera se gula vertiginosa y en una de 1a~. sacud'1-Há~ase como lo quieres,
dat1 que sufrió la carroza, el cochero fué arroJado del
y resignándose de mala gana, dió sus órdene~ á
p ..sc&gt;1.nt ,. Amelía Je vió caer. levantarse y correr en
pos de las bestias sin acertar á contenerlas Algunos los desconocidos que lo rodeaban. Pronto, _en sus~1t_uhomb·reR valerosos que quisieron avu_darle, no fue• ción del coche que habla quedado inservible, vm1eron más afortuna los. En todo el tránsito las ge_ntes -ron dos fiacres de alquiler y en uno de ellos 116 colose apartaban espantadas alzando los braz~s al cielo, có al herido siempre desmayado y á su lado Y para
pues parecían destinad?s 11. p11recer esA a~C(~no Y esa sostenerlo, un médico que llegó _oportunamente. En
niña cuyo perfil se destmguia como la v1s1on de un . el otro, subió el Marqué11 con su meta.
Naturalmente, la multitud les seguía, 1~ que tenf_a
ensueño.
Algunos minutos nada más y el coche, arrebatado muy contrariado al Marqués, y si 11e hubiera atrevt•
como por un torbellino, iba á llegar al male~on pues do, habría hecho que la policla diso!viera ese_ grupo
cuyaR simpatías eran todas para el Joven heró1co_ que
estaba ya al fiu de la call11 dP.I Sena que entonces co
mo hoy lamia los muros del Instituto Alli estaba el 86 habla sacrificado por salvará un vs desc_onoc1dos.
peligro. en ese muro contra el cu~l los c_a!Jallos se Afortunadamente pronto se llegó al palaew, ~uyas •
estrellarlan y estrellarian el carruaJe de'lnhtado ya puertas se abrieron para dar paso á los carruaJes en
el patio, y ee cerraron para impedir la entrada á los
po.· loR golp"s del camino.
.
.
.
El Marqués y su nieta~con 11~a simple OJeada mi- curiosos
Los -criados del Marqués transportaron inm~d1!ltadieron este peligro y la niña d1Jo:
-Abrac?monos, padre mio, y encomendemos nues- mente al herido (que aún no recobraba el conoc1m1en•
to) á un salón dtil piso bHjo mientras se le preparaba
tras alrnas á Dios.
.
-1Mi fortuna para quiur. la s11Ive! gritó él tlespren- departamento má~ apropiado.
El señor de Noyan y Amelia. observaban con audiéndose de los brazos de la niñil y asom9:ndo po~ la
portezuela su basto con los brazos extendidos é im- siedad al médico mientras éste palpaba y auscultaba
al herido, y se sintieron _consolados cuando é,te les
plorando 11ocorro.
·
..
SintiéJdose perdida Amella, se rPfug10 ~l !ondo del informó que no habla ijenales de fractura algun11, Y
..
coche y cubrió con las manos su r.ostro, hy1do por el que .,n pocos dias serl,l hecha la curación.
Aqui quedará hasta que se restabiezcs, d1JO la
terror. Esperabn el choque segura de morir Y rezaba
señorita de Noyan ¿no es as!, papá?
.
en voz baja sus oracioner.
-Y JuejZ'o ie recompensaremos dignamente, añadió
De pronto el carruaje se detuvo por una violenta
d" A
.
parada de los caballos y á derecha é izquierda. las el M'trq11és
-Es preciso averiguar su ~ombre, IJO me11a, Y
portezuelPs fueron abintas y el Marqués y @u me~a
si
tiene
padres,
mandarles
avisa~.
.
..
fueron pue~tos en la calle- por manos salvadoras sm
-Podemos preguntarlo á él mismo, 10terrump10 el
haber sufrido lesión alguoa
.
Pronto supieron los testigoP de esta escen3: conmo- médico. sorque ya vuelve en si. .
. -Bendito sf'a Díos! "xclamó 1~ JOv~n
vedora. que en moment" de chocar.el carruaJe con e l
y transfigurada, ruAs cnnmov_1da aun q~e cuando le
muro un joven se abalanzó á los caballos y !uchó Y
se debatió hasta que derribado el uno arrastro al otro creyó muerto, contempló á t;•tP J.01:en de f1s.~nomia Ala
E'n ~u caida Los transeuntes, electrizados. por este VE'Z altiva y dulce, p~hdo émmov1I. El abr1osus.!?'.ran1&gt;jemplo, corrieron á ayudarlo y quedó conJurada asi de11 oios obscuros llenos de admiración y los f1Jo en
las personas pre8entes.
la rl"Fgracia.
-¿Qué me ha sucedido pues? preguntó.
TrauQuilizada Amelia, busca•a con le&gt;s ojos á 11u

mara de los pares El Conde de Vi!Íele es un ministro deplorable.
S:ilió el ce,che y tomó á buen paso por la calle de
Tounion, Derr,pente se espat1taron los caballo~ á
causa de un carretón que pasaba á s11 lado con V!O·
len~ia; se encabr.taron al sentir el choque, y part1e•
ron desbocados.
.
Bajando el cristal 'delantero el Marqués mterpeló
al cochero.
·
-¿No puedes dominará tus caballos, Gaspar?_
No obtuvo respuesta y se puso á ver ccn mquietud
á la niña
-No tengo miedo, Abuelito, dijo ella
Y un poco pálid&gt;1, con la i;nano. en la mano dPl Marqué,, apareció más tranquila de lo que era de espe-

,

�· EL MUNDO

190
El Marqués se inclinó cerca de él.
-Al socorrernos á mi hija y á mi, ha sido
usted victima de su valor, pero fellzmeute el
Doctor asegura que dentro de pocos dias estará usted reFt•b1ecido.
-Pero quién es usted. señor?
-Soy el marqués de Noyan.
Al oir eftti IJOmbre. el joven se estremeció
y sus faccion~s se contrajeron con una ex•
presión &lt;I~ cólera y de tt:rror. Luego se levantó exclBmando:
-Que se me. lleve de aqui! no quiero estar
en esta cssa. no quiero.
Y Pe debatla en los brazos del médico que
se esforzaba por sujetarlo. De improviso sus
miradas se fiJaron en la cara de Amelia conmovida y bañada en lágrimas. y entonces se
cruzó dA hrazos y seleO) ó murmurar:
-¡Suh'ja!
Apaciguada la excitación. sus facciones
conservaban todavía cierta• xprPe.ión de sorpresa y desconfianza, pero se habla bor:ado la primera expres:ón de horror.
Amelia le dijo:
-Se diria que el nombre de mi abuelito le
ha traido á usted algún penoso recuerdo!
-Es la primera vez que lo oigo pronunciar
contestó él con firmeza.
-¿Por qué entonces quiere usted dejarnos?
·
-¿He dicho que quiero irme? preguntó,
dueño y a ·d'e si mte.mo y cerno si ·la1&gt;reg-un-·
ta le admirara. Entonces babia pt:rdido la
razón. No siento sino gratitud por les cuidadoe. de que soy objeto
Estas palabras y la declaración del Doctor de que el golpe debía haber producido
una momentánea perturb• clón cerebral. convencieron fácilmente al Marqués y su nieta.
-¿No podremos saber quiAn es mted? ¿No
quiere hacer venir á su familia?
-No tengo familia, replicó duramentA el
herido: soy solo en el mundo, me llamo Durosnt&gt;l y estoy estudiando derecho ......
-No h11ble usted más, ordenó el médico
con dulzura. Vamos á llevarlo á usted al aposento que se le ha preparado, y si es usted
dócil en tres dias se pone bueno.
Pero Durosnel parecia no haber oido y seguia con ojos obstiJ,ados á la señorita que
por una seña del Marqués se retiraba, y en esas miradas que Amelia sentia pesar sobre ella, habla á la
ve~ ódio y admiración.

*
**
El accidente ocurrido al Marqués tuvo muchos tes•
tlgos y entre ellos los pares de Francia que salian del
Luxemburg&lt;&gt;; la noticia voló pues por Parle y durante todo el r"sto del dla afluyeron las visitas al palac:o
de Noyan. Hasta después de media noche fué cuando
Amelía pudo retirarse á su aposento. pensar á solas
en las emociones sufrida11. y acordarse libremente del
joven que en circunstsncias tan dramáticas habla ve•
nMo á su casa
Al vnlo, cuando lo levantaron inanimado en la ca•
lle, se sintió á la vt-z penetr11do de gratitud por su heroica abnegación y favorablemente impresionada por
su juventud y por la eh•gancia natural que ostentaba. Aunque viviera muchoM años, conservarla siem·
pre en su memoria la visión de esa cara pálida y sin
vida cuyos negros cabellos bacian resultar la blancura mate del cútis. T11mbién recordaba la impresión
que causó al herido oír el nombre de Noyan; y por
más que luego hubiere tratado él de hacerla olvi·
dar, Amelia no dudaba que aunque su salvador y su

abuelo no se hubieran visto nunca, había algún miste•
río que ella ignoraba v que habla dejado en el cora•
zón de Durosnel una huella dolqrosa y pro unda..
Peneó en interrogar al M •rqués sobre e11te particu•
lar, pero prescindió de esta idea convencida de que
no podía contar sinn con sus propios e&amp;fuerzos para
inquiri- la v1-i dad. Lo mPjor era entender11e directa•
mente con Durosnel.
Tomada su resolución. pemó en las dificultades
que se le pres!'ntarlan para llevarle &lt;l cabo. En cierta
posición, las existencias se complican por una red de
costumbres, de uso11 y de conveniencias que no se
pueden romper, y á la joven le seria dificil una entrevista á solas con el l1erido. No babia más que un medio de realizar su propósito y era ir en el acto al apo•
sento de Durosnel, donde solo habla quedado para
velarlo un criado en cuyo carino y adhesión tenia
Amella plena confianza.
Tomó, pues, en la mano una bujla y salió á cumplir
su propósito.
·
A la misma hora, Durosnel que habla dormido ya
bastante, despertó y vinieron á su memoria los recuerdos detdia.
· ,'
Se vela de nuevo en la calle dPI Sena, sorprendido
por el espectáculo de los caballos desbocados que

Domingo 4 de Septiembre de 1~
arrastraban ·una carroza blasonada, y recordaba haberse lanzado de un salto á dett1•
nerlos. Luego el golpe en el pecho ·y al fin,
de11pués del desmayo la aparición á su lado
de un &lt;1.nciano y una bellísima joven.
-El Marqués de Noyanl dijo, y otra vez.
sintió una oleada de odio invadir su cor11zón.
sin que la memoria de la señorita dulcificara esa sensación.
-Noyan! el hombre fata! por quien muriómi padre! se decía ¿qué irania del destino .
me llevó á salvarlo con su hija de la muerte?Luego, recordando el acto de d!'bilidad
que cometio deslumbrado por la belleza d6la 11eñorita, se decia:
-Hice mal. Debi haber arrojado mi legitima
indignación á la cara insolente de ese siniestro personaie.
Pero luego pensó en la joven cuya belleza
habla disipado su enojo y la veía en todo el
esplendor de la juventud, con la emoción en
los ojos rleslumbradores velados por
lá¡?rimas de simpatia y piedad!
Agitado por estos pensamientos s&amp;incorporó .en el lecho notando con admiración que lo hacia con facilidad, y
no sentla sino un ligero dolor en el
pecho.
El criado salió de su soñolencia y Tino á.
preguntarle si necesitaba de sus cuidados,
pero el e11fern:io contestó que se sentía muy
bien y que quería quedarse solo el resto de
!a noche
Después de varios esfuerzos para imponer
sus buenos oficios, el criado se retiró, y D11·
rosnel otra vez cayó en sus reflexiones que
exaltaban su resentimiento ahora desencadenado. El marqués de Noyan h11bla presidido el Consejo de guerra que hizo fusilar á..
su padre 1.1or haberse afiliado á Napoleóu
siendo soldado del real ejército.
Y este recuArdo, que llenabadesomhras la..
juventud de Durosnel, encendia en su alma
un violento deseo de venganza, de esa venganza en que venía Roñando desd!' hacia.
diez años, deede el. día en que recibió de·
su padre los últimos adioses y solemnes recomendaciones.
- -N oyan es quien me mata, le dijo el sentenciado: no lo olvides y véngame.
Y él juró obedecer; y al correr los años y hacerse
hombre, su resolución se fortificó, primero en el aislamiento de su provincia y luego en París á dond&amp;habla llegado algunos mel!es antes con el pretexto de
terminar sus estudios, y en realidad para cumplir
su juramento. Pero ¿y cómo cumplirlo? Se levantaba
y se acostaba todos los dlas sin hallar el medio deseado, y ahora al hallarse frente á frente de él, se preguntaba por qué no mató á su enemigo.
De pronto su semblante se iluminó con una risa maligna. Pensó en la señorita de Noyan, en vengarse
seduciéndola é imprimir asi una mancha vergonzosa.
en el nombre de &lt;&gt;u enemi~o.
At!lcar al ab1;1elo rn la meta...... 1qué castfgol ¡qué.
medio más eficaz para desahogar su odio! Pero
casi al mismo tiempo sintió remordimientos. vergüenza y un g-ran disg-usto de' si mismo, aterrado de haber podido concebir esta acción abominable y lloró
al consid ..rar que la gracia virginal de la señorita ló,
dejaba sin fuerza para herir.
•
-¿Qué hacer, qué decir? murmuraba.
Vete, le decían su conciencia y su razón. No debPs.
aceptar la hospitalidad del hombre á quien dete~ta~
y cuyadesgraciaanslas. Quedarte es exponerte á cat'r·
en la infamia. Vete!
Tanto poder tuvo sobre él esta reflexión. que se le•
vantó para huir aunque todavla ni sabia cómo· y rAnunciando á la venganza que en estos momentos estaba tan cerca de sus manos. 11e vistió y abrió las hojas.
de una ventantt que daba al jardin del palacio.
Saltar de la ventana que apenas distaba del suelo
unos dos metros, atravesar el jardín protegido por Iw
sQmbra.d.e los árboles y franquear el muro, no seria.
gran d1f1c~ltad y por consiguiente si quería partir
tenla el.éxito asegurado. Tr!inquilizado por el!ta par~
te, cerro la ventana, encendió una bujla y habiendo,
encontrado en lll mesa recado de escribir, puso esta.
carta al Marqué,.
"Me preguntó ueted mi nombr11 y le menti. No soy
Durosnel: me llamo Eduardo Fortín y s.:&gt;y hijo dfll'
General Fortín, fusilado por orden de usted en 1815,
Cuando salvé de la muerte á usted y á su nieta no los.
conocla; que de conocerlos, habria dejado obrar á la
fa~ali?a_d. El cie_lo no lo quiso y pueda esto servir de·
pr10c1p-111 p_ara mi venganza. Pero no renuncio á su..
fin que tendrá lugar el dia y bajo la forma más apro•
piada á torturar el corazón de usted tanto como usted ha torturado el mio.
"Por eso renuncio á la hospitalidad de usted pues
de aceptarla temerla que se debilitara mi dere¿ho de
hacer á usted expiar su crimen, derecho legitimo y
sagrado que tarde ó temprano ejerceré.
.
"Si no me vengo asta misma noche, es porque me ha.
c~nmovido y causado piedad la presencia de la setio-r1ta de Noyan y resulto más humano que usted cuyo.
implacable .rigor me dejó huérfano. Agradezca' usted
pues á su me~a el haberlo protegido esta vez, pero no•
espere que siemp1eserá lo mismo."
~scrita y firmada esta carta Eduardo Fortin, sin,
c~udar de cerrarla, la puso en la mesa de un modovi•
sible, luego ~pagó la vela y aproximándose á Ja v.en•
tana la abrió. Rabia llegado la hora de partir y ya
se apresuraba á saltar cuando OJÓ un ruido á. sus ~s-paldas y l!e volvió vivamente.
Petrif.ir,ado 9u~dó al distinguir en el marco dt, la.
puerta a la Renor1ta Noyan con su bujla en la man ••
que estup.,facta y pálida lo sorprendió vebtido y , n,
t:n el mornenLO de huir.

Domingo 4 de Septiembre de 1898.

1

•

191

EL MUNDO.

Solos, á media noche, en. este ·.aposento silencioso, cuando acababan de conocer·
se.se encontraron. confundidos. sm voz ni aliento y contemplándose con ansiedad.
Amella fué la primera en recobrar su sangre fria· avanzó hacia la mesa depositó
en ella el candelero con la bujla y dijo á Eduardo Fortin con dulzura:
'
-Slrvase usted cerrar la ventana, señor,
Aunque lo habla s?rprendldo. mucb,, la lnopinada presentación de la joven, más
todavia lo sorprendió la serenidad con que le dió esta orden conservando tanto imperio sobre si misma en tanto que él estaba todo turbado ... ¿Qué querla1 ¿Qué motivos poderosos la hablan decidido á venir?
Una vez cerrada la ventana, el joven le dijo no sin cierta altivez:
-1.Tiene usted que habl'lr conmigo, señorit~?
-Suponia yo á usted dormido, creia encontrará un criado velándolo á usted y vine para pregu1!~ar á éste si estaba usted más tranquilo. La agitación de usted y las
palabras que d1Jo al volver e1;1 sf, me tenían alarmada.
-Fueron motivadas, señorita, por una crisis pasajera y ya estoy enteramente
bien como usted lo ve.
-SI, y esto m"' ha causado tanta ad1:11ira.ajón como : legrla, aunque querlé sor·
prendida de ballar á usted pronto á partir. Porque usted estaba e11 momentos de irse
¿no es verdad?
-Es verdad.
Sin desconcertarl!e por la franqueza de se~ejante conte~tación, Amelia proPiguió:
-;-¿Y por q_ué e~ta premura para t:scapar, sm tomaren cuenta el deFpr~cio á nuestra
grl!-titud que impltc~ba S? fuga? Un hueRpPd de la casa del Marqués de Noyan ¿debe
saltr de noche esqmvánaose como un foragidn?
'
Estas palabras parecieron herir en lo vivo á Eduardo Fortín.
.
· -Como no s:iy ge!)tilhombre•. dijo, no he ten~do escrúpulos y he peDFado en ml 80•
lamente. No me conviene ser obJrto por más tiempo de los favorPs del señor de Noyan, me voy, y eso es todo. No daré cuenta de mi conducta á n11die ni menos al señor
su padre de usted, y de todos modos no creo ser yo el obligado.
-¡Qué duramente me habla usted, st&gt;fiorl
Esta qut&gt;ja abrió ála piedad el corazón de Eduardo.
-Perdón,•señerita, dijo. ¿Pero por qué esta visita tan contraria al orgullo de usted
y por qué estas preguntas tan contrarias al mio?
.
-Voy_ á decirlv: cuando mi padre apareció frente á mted, y'o conocl el odio en las
mtradas de usted y en sus palabras, como e: nuestro nombre lo hubiera provocado No
puedo enga?1arme, lo presiento, hay un misterio aqui y vengo á averiguarlo. ¿Por
qué nos odia usted?
-Yo no odio á usted, señorita, la re~peto, la admiro la estimo y me sientofelfz
por haberle hecho un pPqueño Eervicio:
'
-Ya sé que yo no le he ofendido á mted nunca .... ¿Pero mi abuelo?
- Y como el joven callara, ella a ¡regó:
-Veo que mis sospechas eran fundadas.
Bañada en légrimas se dejó caer en un divánjuntoá la mesa. De pronto vió la car•
ta y se apoderó de ella.
-No lea usted, no lea usted, señorita.
Pero ella no atendió y en un instante descubrió todo el secreto.
-Esto es muy triste, señor, dijo ella, pero bit:n comprenderá usted
que el Marqués no hizo más que. su deber.
-No hable usted asl. La falta de mi padre fué de las que son ocasionadas á la clem~ncia, y el~arqué3 no se dejó c~nmover;y cuando los amigos d~l sentencil!-do obt1;1vie:-on .unaconmutaoion de pena. ya era tarde: el
verdugo se babia ant1c1pado. ¿Puedo yo aceptar la hospitalidad de ese
verdugo, después de haber jurado que le he de matar?
-Perdone usted, es lo más noble.
·
-1Jamás, jamás!
-Entonces, vénguese ·usted en mi. Aquí estoy.
-Ven~arme en usted .... ya lo habla pensado, pero seria infame hacerle i-xplar .una falta qne no ha cometido .. No: lo que deba ser, será.
-Pues bien; siempre estaré frente á m1 abuelo y para herirle necesitará usted. herirme, pasar sobre mi dolor, acaso sobre mi cadáver. ¿No lo ha
comprendido usted?
·
Y llorando y be@á.ndole las manos.
-Piedad, piedad, decla, no se apr.opie'usted el derecho de casti&lt;&gt;'ar no
usurpe facultades de la justicia divina. Piedad, piPdadl
e
Y lut&gt;g&lt;?, añadió obse~vando que t,I jo~en esta~a muy conmovido:
-A~!. ~1 cede usted, si me da esta alegria, esta mmensa alegría, todos
los sacrih~ios.m~ parecerlan pequeños para demostrarle mi gratitud.
La resistencia de Eduardo se quebrantaba ante las lágrimas de la adorable criRtura que se arra&amp;traba á sus pié~.
·
-;Si usted perdona, toda ~i vida la consagraré á ado,.ar á usted.
-¿Se casarla usted conmigo, pobre, obscuro, infeliz, usted la altiva
descendiente de los Noyan?
-Sil
-1.Pero su abuelo de usted consentfrla?
-Seré dentro de un año ZJayor de edad.
·- Y ;,eso es lo que llama usted un sacrificio?
-No; u!1~ felicidad, porque yo serla feliz casándome con un hombre
de alma suficientem~!1te generosa. para obrar como quiero que obre usted.
Y al hablar así, f1}aba en Eduardo sus grandes ojos llenos de prome•
sas y_ le ilOnreia con la senrisa irresistible de la tentación. Eduardo fué
vencido ..... .
Sin decir nada, hizo pedazos la carta, beso á Amelia respetuosamente
la mano y con voz opacada por las lágrimas, le dijo:
-Gracias, señorita, gracias y adiosl
-1.Se va usted?
.
-Sí: si sigo viendo á usted, cometerla la debilidad de aceptar el yrecio de mi perdón, ácosta de la dicha de usted, y aunque se me parta e co•
razón, me voy y nunca, nunca volverá usted á oir hablar de mi.
Tenia un deber, un gran deber que cumplir, y á esa misión estaban
co_nsagradas tod~B .l~s aspiraciones de m~ espíritu y todos los vigoree de
m1 vida. En la vigiha concebia y perfeccionaba mis proyectos de venganza y eu el sueño gozaba inefables delicias creyéndolos realizados
Aho~a ¡corazón débil y cobarde! al lle~ar á la meta me deten{fo, y·¡¿ h~
perdido todo, hasta la esperanza y ya m1 existencia no tiene obJeto.
Tiene uno, dijo Amelía envolviéndolo en una miradi. enloquecedora.
-¿Cuál?
-1Amarl
-¿A:mar? _iAbl no: qué horror! yo sólo puedo amar á usted, y usted para
mi es 1mposible......... l
Y se precipitó por la ventana sin que Ameliahubiera tenido tiempo de
detenerlo. A la luz de las estrellas ella le vió atravesar el jardin y saltar
el muro.
Entonces un gran dolor, enorme y profundo, como si se le hubiera ido
toda la felicidad de la vida, P.enet~ó en _s u alma. Luego, cuan.!o el rumo·
h:iibo cesa do, y el augus.to silencio de la noche reinó en la tierra y en el
CJelo. algo como 1~ caricia de una esperanza le refrescó las sienes. y son
riendo con la sonrisa de los ángeles, exclamó en un arrebato profético d,1
amor:
•
-Volverá.... vaya si volverá!.
ERNESTO DAUDET.

�Domingo 4 de Se¡&gt;tlembre de 1898.

EL MUNDO,

192

193

EL MUNDO

Domina-o 4 de Septiembre de 1898

¡POR UN MARIDO!
ADORACION

NO-VE'I:.A OIUGINAL DE-MARC DE CHAND:P:hABr-1-:E.l:rW.FB-AGIG-NES GRABADAS EN NUESTROS TALLERES.

I
Como en un relicario precioso
incru~tado en el fo11do del alma,
dt1 tu imágen divina conservo
las helénica" formas graba&lt;ias.
!!:res tú en mis noches insomnes
h que grato consuelo derrama,
aliviando mi penas agudas
y calmando mis intimas an@ias.
E.res astro que alumbra mi cielo,
eres rayo fulgente del alba,
ereo toque de gloria. que a.nuncia
diaR mejores de dicha soñada.
Blanca antorcha de luz inefable,
grato faro de dulc,1 esp"r&amp;nza,
ramillete de olímpicas flores
que embriaganttis perfumes exhalan.
Voz de mú~ica dulce v 8entida
cuvas notas deleitan el alma,
y despiertan dormidas quimeras
y pasiones fogosas t-xaltan
En mi cielo de sutiñ.os dorados,
eres angel de nitidas alas,
que por senda f orida me llevR
del supremo dP-lt&gt;ite á la estancia.
Eres ave de mágicos trinos
que consuelan mi, horas amargas,
amuleto que avaro atesoro
como perla en.estuche de nácar.
Eres tú la reliquia mb bella
que mi pecho fanático guarda,
donde no la profa· en del mundo
las impías falaces miradas.

Densa nube de incienso que borra
Del altar las imágines santas,
En volutRS fugaces asciend11, .
Se esparce en los aires y se hunde en la nada
¡.Dónde vas, blanca nube de inclensoil
¿Qué regiones del cielo traspasas
Conduciendo en tu sér vaporoso
.
Temblor de su~piros, fervor de plegarias?
II
Casto velo de novia que rueda
En raudales copiosos de gasa,
Sobre curv11s de carne marmórea¡Capaz del martirio, capaz de la falta!B!Rnca gruta dé tules, ¿qué enigma
De ventura ó depdichas encarna
_¡,;sa estátua de mármol viviente
Que tiembla, que gime, q ,1e que sueña, que abrasa?

III
Tierno beso de niña engendrado
Sobre dedos de puntas rosadas,
Que te lanzas al aire-1paloma
Que busc11 en la selva su nido de ramas!¿Dónde vas, dónde vas peregrino
De no sé qué amoros,i cruzaaa?
;.Qué prett&lt;ndes, pasión sin objeto,
Flechazo sin rumbo, caricia con alas?

Número 10
-A esto: bien seriRmente -6 bien en broma
{más me inclino á esto último) usted aparentaba
creer que me consideraba enamorado de la Se·ftorita Nelly á mí también ........ No me inte•
rrumpa usted todavía, se lo ruego, ni se ría, ni
-se burle otra vez .... Pues bien, es verdad, usted
adivinó: amo á esa seilorita.
Juan quiso lanzar una exclamación burlesca,
pero fué bastante dueilo de sí mismo para contenerse, para no sonreír ni
-estremecerse, y con una mirada tranquila estimuló al
Doctor para que pro'.iiguiera
El Doctor lo hizo así:
-Ya ve usted que uso y
.aún abuso tal vez de la in•
vitación á ser franco que
ma hizo usted, sin temor al

sus intenciones no han cambiado, y le sup:ico me
dé sus informes sobre este particular.
El Comandante, á cada momento máJ admi•
rado, tuvo esta vez un gesto de cólera, y estuvo
á punto de responder con vivacidad, mientras
que el buen Doctor permanecía impasible en su
silla. Hizo, sin embargo, un esfuerzo para domi•
narse, y procurando sonreír, se conformó con decir secamente:

usted herida alguna, sino que, por el contrario,
más bien, más bien .... En fin, si quiere usted
que le diga, ~e parece .... mejor dicho, estoy
cierto de que el amor de usted no es muy profundo y que hasta ha llegado el caso de que ahora lamenta usted .... y esto es lo que me ha dado valor, lo que me ha animado y resuelto á ....
-¿Y de dónde deduce usted eso? interrumpió
el Comandante con interé3.
-De mil detalles, contestó Lerbon con voz más serena. Los celos lo hacen
á uno clarividente. Pero
ante todo, hágame usted la
justicia de confesar que
he sabido admirablemente

IV

"'
Para amar esRs gracias excelsas
y adorar 681\ imágen sagrada,
tiene luces de aurora mi mente
y vibrantes acordes mfharpa.
Tienen grato perfume mi~ flores,
y mi ooca sentidas palabras,
y ,mis 1..bios sus besos de fuego,
y ternisimos ayes mi alma.
Tiene ritmo la sangre hervorosa
que candente mis venas aprasa,
y suspiros dolientes mi pecho
y mis ojos raudale11 de lagrimas.

Sacudida nervioFa que : nuncia
Con profético acierto que espanta.Del dolor pitot:isa invlsiblt Peligro que viene, traición que amenaza,
Conmoción instantánea que avisas
Del espacio á través, la desgracia.
¿Qué potencia inicial te produce,
Qué mano sin brazo, qué voz sin palabra?
V

Torva idea que surge de pronto
Del cerebro en las frágile~ mallas,
Y lo colma, y_ lo absorbe, y lo atrofia
Cual huésped perverso que incendia la casa,
Centinela perenne, ¿qué quieres?
La razón de tu ser, ¿de quién sacas?
¡Si tú misma cegaste la fuente
Que torvas ideas ó !impidas, mana!

*
Alli mudo y fehz te contemplo
de rodillas, mi fe se agiganta
reverente y humilde te mvoca
y te eleva fervientes plegarias.
Porque tú éres el Dios que venero,
la deidad que mis labios aclaman,
y á quien culto exaltado y ardiente
1,1i alma s.ltiva, sumisa consagra.
¡Yo·te adoro! No hav sér enla tierra,
Tli en las ondas brillan.tes del agua,
IJi en el !impido azul de los ciefos,
ni en la glotia al creyente tan grata;
que merezca ese culto ardoroso
que tu ideal hermosura demanda,
'}U6 anhelante germina en mi pecho,
)' rendido mi amor te levanta!
Porque tú eres mi sola delicia.
mi ilusión, mi placer, mi esperanza,
mi delirio, mi fe, mi ventura
y mi única gloria soñada.
RAFAEL NÁJERA,

BAJO LA BANDERA
I
Ya que la vida es un inmenRo foco
de energías sin fm. bravas y fieras;
ya que en tus ambicfo11es perseveras
y para tu designio el mundo es poco,
Lucha, si asilo quieres, y en el loco
furor de t.i avidez, y en tus arteras
acciones, hiere si con ello esperas
lograr un bien que para mi no invoco.
No descanses! Arrasa, hiere, oprime:
para apagar la.; voces del que gime
bastará la embriaguez de tu existencia;
que sólo al dar tu cuerpo la caida
final, :para epitafio de tu vida
escupirá en tu losa la conciencia!

Y tú, de quien adquiere el pensamiento
la forma más augusta y verdadera;
tú, 11I militant11 fiel de la ba11dera
más atrevida y noble; el sentimiento,
Abre harmonioso tu plumaje al viento,
proclama la razón, la placentera
verdad, y no permitas que te hiera '
embtzado y traidor el desaliento.
Caerás al embate de los viles:
porque la sombra funde proyectiles
para todas la al~s que se elevan .. . .
Miasmas de muerte engendran los pantanos
para el sér, y cadenas loa humanos
para ahern,jar á la cocciencia llevan.
GONZÁLEZ CARRASCO.

VI

LA REINA DE LOS SALONES.

Inocente recuerdo de niño
Que tenaz en la mente se clava,
Resistiendo las iras dPl tiempo
Cuando otras memorias tan trllgicas pas,,n?
Remembranza pueril ¿cómo ~iVt'K
Entre aquellos que alegran ó espant11n?
Pincelazo del luz del pa~ado
¿Qué mano divina te impuso en las almas?

~ I VERSO.
Querría que mi verso, de guijarro
en gema se trocase y en joyero;
que fuera ent?:e mis manos como el barro
en la mano genial del alfarero;
Que lo mhmo que el barro, que á los fines
del artifice pliega su11 arcillds,
fuese cáli;;; de amor en loe festines
y lámpara de aceite en las capillas;
Que dócil á mi afán tomase todas
las formas que mi númen ha soñado,
siendo alianza en el rito de las bodas,
pastoml en el index del prelado,
.
Lima noble que un grillo desmorona
ó eslabón que remata una cadena,
crucifijo de paz que 110s perdona
ó gran timbre de rey que nos condena;
Que fingiese á mi a11tojo con sus claras
facetas en que tremen los destellos,
florones para todas las tYaras
y broches para todos los cabellos;
Emblemas para todos los l\mores,
espejos para todos los encantos
y coronas de astrales resplandores
para todos los genios y los santos ....
Yo trabajo; mi fe no se mitiga
y he de acuñar estrofas con mi sello!
Y un verso he de labrar del que Pe diga:
11Tu verso es como el oro sin la liga:
Bril'ante, dúctil, poliforme y bello!"
.AMADO NERVO,

SIN ESPER..l.NZA.

A.

Versión española de "El Mundo Ilustrado"

Al antro en que me es con do con mis penas
Llega un rayo de luz alegre y pura:
Sé que otro amor enciende tu ternura
Y gue con él gozosa te enagenas.
Si eso es verdad; si gratas y serenas
Para ti llegan horas de ventura.
¡Bendito quién adora tu hermosura,
Y la p11sión con que tu pecho llenu!
Se feliz, se feliz mientras me !-undo
En la noche sin astros muda y fria
Del aislamiento y el dolor profundo.
• Ya sólC' tengo un goce: tu alegria,
Y te alegra otro amor .... ¿Hay en el mundo
Desventura más grandE'I que la mía?
.

JAVIER SANTA MARÍA,

YII

..

Atavismo de raza que llegas
En las horas de honor en la raza.
A poner la vergüenza en las frentes .....•
¡Hefor deI establo.que i11v,.de la salal
¿l'or qué surges, crueldad del pasado,
Cuando todo es estética y g-racia?
¡Viejo ro8tro de mono rit·ndo
Detrál! de la. noble cabeza de Palas!
VII
Vocación repentina que tuerce
Dl3 una vida complet ~ la marcha;
Que rt:'toca I s almas, á guisa
J &gt;e autr,r indeciso que borra sus dramas,
¡Florescencia inveruHI de la mentel
¡Aosiedadt&gt;s seniles de fama!
¡(.Juién os puso en mi. pecho, lo mismo
Que. en páramo yerto semilla de plantas!

IX
Intuición del progreso que yace
Cual simiente de fut-go en las almul
Atracción imperiosa, querube
1,¿ue mue ..tra en la sombra laureles de plata!
A~icate de acero que azuza
La carrera de luz de la fauna,
Y coloca los séred de modo
Que el sol de la vida les tiña las carae.
X

Comezón de vivir, de ser siemp,e,
De ePealar de una vez la montllñ&amp;!
¿Quién os puso en la sangre? ¿qué objeto
Tendrán lus deseos, tendrá la esperanza?
Cuando vivan la vida sin mu1&gt;rte
Pnfectas, y ~temas, y libreH las razas,
¡.Volverán, otra vez, á. la sombra
Como a11tes maldi1ifle, como antes esclavas?
ALMAFUERTE.

ridículo: y para obrar así,
ya comprenderá usted sin
esfuerzo, que se necesita
-que me mueva un motivo
bastante serio.
-En efecto; ynome explico cómo, después de mi
-confidencia y la deNelly ..
-Sí, mi conducta dP.be
parecer á usted incorrecta, pero mis intenciones son excelentes y ha
sido necesaria toda la simpatía que tengo por us•
ted y toda la que nsted siempre me ha demostra•
do, para resolverme á una explicación que podía
haber reservado para más tarde, puesto que según creo, estamos próximos iL partir. ¿No es así?
-Mailana en la noche 6 pasado mailana al amanecer: ya no me retiene aquí ningún asunto del
servicio.
-Pues bien, antes de dejar 1\fohelia quiero sa•
ber si el amor de usted es siempre el mismo, si

-¡Ah! Doctor. Pero es un verdadero interrogatorio al que me está usted sujetand", y en efecto, pienso que traspasa usted los limites de ia
discreción.
-Excú,eme usted: no se explicarme bien y
comprendo que tiene usted razón al sorprendf\rse, pero atiénd1\me usted: si por lo común hablo
poco, en compensación observo mucho, y me
imaginaba que en el estado de ánimo en que usted sé halla, mis confesiones y las proposiciones
que van á ser su consecuencia, no causarán á

guardar mi secreto hasta
estos momentos, y que no
he dejado vislumbrar nada
de mis impresiones cada v1 z
que b~ visto á usted cerca
de la seilorita Nelly; que
me he apresurado á dejar á
ambos solos para que ,rozaran completa libertad, y
que he evitadJ todas las
ocasiones de verme con esta joven lejos de la
presencia de usted, sin embargo de que es•
tas ocasiones han sido muy frecuentes en 1\Iohclia donde yo nada tenía que hacer. Y esto en circunstancias en que era muy notable y digno de
llamar la atención, que si usted hubiera querido,
á pesar de sus &lt;; cupaciones políticas y de sus er.trevistas con el Sultán y los jefes de la rebelión,
se habría usted dejado algunos mon:.entos para ir
á visitar á su novia. Es, pues, indis~utible, que
usted no ha hecho otra cosa sino tratar de hu:r

�19!

EL MUNDO

Domingo 4 de Septiembre de 1898

Domla~o 4 de Septiembre de 1898

fl'..L MUNDO

195

==~========- ========~:::::..,~.::::::::::.====~==""'====~_;_-

de la Sefiorita Nelly, 6 por Jo menos encontrarse
con ella el menor número de veces posible; ahora mismo, durante el almuerzo, estaban ambos
haciéndose violencia para fingir 11aturalidad, y
esto no parece natural deFpué$ ele las r~ciproc'ls
confidencias que· ya me habíiui hecho. Sí: aigún
cambio ha ocurrido en las relaciones de ustedes
tlespués del día en que hice d descubrimiento
del secreto de la Epeira . ..... No se ría u sted:
ese día constituye época en mi vida, porque fué
cuando usted y la Señorita Nelly se declararon
delante de mí su múmo amor, y por el dolor
profundo que sentí, hube de comprender en el
mismo instante que yo también estaba enamorado, que había incurrido en la locura de amar á
esa joven .... y con más fuerza que usted, puesto que á pesar de todo, á pesar de SU3 coLfidencias, á pesar de su ed:1d, á pesar de la mía, á pes,u· de todos lus c,bstáculos reaies y aparentes
que nos separan, he continuado abrigando mi
ensuen.o sin desesperar com¡.,letamente de que
algún día se realice.
-¿Tiene usted entonces algún motivo de esperanza? Acaso la Señorita Ndlyr .....
-Tranquilícese usted, dijv el Doctor pes11nclo
todas sus pJlabras: la P,Speranza me viene solamente de mis inducciones que bien puieran ser
falsas . .. . . . Nelly ama á u,,te&lt;l, estoy ciel'lo de
ello, pero lo que busca ante todo, según creo, es
un marido. Preferiría que este marido fuese usted, no hay duda; pero á falta de usted y por
despecho, estoy persuadido de que se conformaría conmigo como con cualquiera otro, no importa quién. He creído observar así mi~mo, que
usted á su vez ha valorizado en ese punto los
se1itimientos de la joven en igual sentido que y0,
y supongo que tal descubrimiento habrá aflojado
y dejado á punto &lt;le desatarse los lazos de su
amor. He uquí mi.s inducciones: es dec:r, mis
primeras inducciones, pues me queda todavía lo
más difícil por decir ....
El Doctor hizo una pausa; se enjugó la frente
que estaba cubierta ele suior, y fijó una mirada
mterrogndora en el semblante ele Juan donde leyó suguramente la indulgencia que desde un
principio había reclamado, pues continuó muy
decidido á obtener una respuesta.
-Por otra parte, las reticencias de usted, su
defeo de que el padre no tuviera conocimiento
de lo que cotaba pasando, su afán de ganar tiempo alargando plazos, y en fin, la poca prisa que
se ha d.ado usted para los negocios en 1m~stra
permanencia en .l\Iohelia, me han hecho cree!: (¡se
.cree tan fácilmente lo que se dese11!) que usted
lamenta y deplora ya los compromisos contraídos .... tan á la ligera .... y que cuenta usted
con el alejamiento y con la ausencia, para irse
borrando y libertarse insensiblemente. Dios mío!
no me habré equivocado en mis conjeturns? Rue~o á usted, Comaud11nte, que tenga en mí la confianza misma de que yu acabo de darle tan palpables pruebas, convencido de que, como ya se
lo he dicho, c:l ridículo 110 me espanta, y de que
no se llega cm valor á este fin, sino cuando está
uno armado de un sentimiento verdadero . . ... .
Todas mis reflexiones están hechas: estoy firmemente resuelto y según la contestación de usted,
obraré.
Junn v11ciló. ¿Qué iba á decir cuandu d · él·
mismo estaba seguro de sus propios sentimientos?
Por otra parte, los vínculos que Je ligaban á Nelly ¿podían romperse abora, podía siquiera hablarle de ellos con franqi¡eza al Doctor? l'odía,
en fin, dar una contestación, cualquiera que f.uese, sin traicionarse 6 sin mentir,
Es verdad que tenía positiva necesidad de confiarse á. alguien, pero un secreto semejante al
suyo sólo se deposita en la conciencia de un pa•
dre ó de un hermano.
Puesto sin embargo en el disparadero de responder, ese11pó todavía haciendo á su vez una
pregunta al Doctor que esperaba con creciente
ansiedad.
-¿Y de qué modo piensa usted obrar, qué va
á hacer? le dijo.
-Eso depende de la decisión de usted. Si es
ci~rto lo que me he imaginado respecto á que no
desea ust~ dar cima á sus anteriores proyectos,
desembarciiré aquí en .l\fohelia y dejaré ft usted
partir solo. Durante la ausencia de usted, con
muchas precauciones y miramientos iré preparando á la señorita Nelly para que al llegar un
momento oportuno le revele la verdad, toda la
Yerda.d en lo que á usted se refiere, siempre que
usted rce d&lt;·j~ !&gt;U autoríz,1 ción para ello. Después,

un poco más tarde, le ofreceré sencillamente mi
mano.
Sí: esta sería en verdad una solución satisfactoria para. 103 tres . . . . y · siempre admirando el
valor del Doctor, y con alguna pena de su. parte
Juan, eu semejantes condiciones, aceptaría sin duda las proposiciones que se Je acababan de hacer y se resolverfa de cididamente á la fuga, si
la fuga fuera posible tod11 vía ....
Y era ya demasiado tarde.
Pero apesar de esta imposibilidad Juan pensaba obstinadamente desde hace tiempo en huir como recurso supremo y 1 , pensaba más que 11u11ca desde que el Doctor : rbon le ctijo en alta voz
con implacable convicc II de sabio, las mismas
palabrab desiluciona&lt;l" s y frías que su razón
haoía ya murmurado 1uy por lo bajo. Mucho
tiempo antes que el D e .lr, casi desde el m')mento en que conoció á Ndly, Juan había comprendido que lo que la joven ansiaba era conquistarse un marido, pero luego tl placer, el amor pro•
pío, la necesidad que sienten los fdices de creer,
le hicieron cegarse y hasta trató de quedar convencido como un soñador de veinte años ó como
un anciano candoroso, de que so le amaba no más
que por sí mismo. :Mordió pues los sucesivos anzuelos que Nelly le foé presentando y Ndly en
consecuencia lo manejó á Stl antojo, enloqueciéudolo, embriagándolo y temiendo que estos arranques de vertiginos0 entusiasmo no bastasen para
evitar que se ie escapara la presll, se decidió al
recurso supremo y se le entregó como se entrega
por estratagema una ciudad sitiada, &amp;imulando
el desaliento, el abandono y la derrota, pero dejándose una ·p uerta por donde volver y co)er en
seguida prisioneros á los imprudentes que penetraron ereyéndose victoriosos.
Pero todo esto que pens.1ba, no podía Juan decirlo ámenos que se resolviera á hacer una confidencia completa. Sin embargo, era preci~o res•
ponder y ¿qué respondería? ¿que amaba á Nelly
profundamente y que se conceptuaría feliz cumpliéndole sus promesas?
¿Y si no las cumplía después? El momento deveras que era decisivo, pues Je, más insignificante, lo imprevisto podía inclinar en uno 6 en otro
sentido la balanza en que oscilaban sus resoluciones y si tomaba el partido de no cumplir el
Doctor ocurriría entonces á Nelly que se senti•
ría feliz al encontrar un m11rido despué;; de tal
abandono,.
Y s1 Lcrbon se casaba sin que ella le confesara
su falta ¿no quedaría Juan convertjdo en cómplice innoble de esta superchería, ¿Debía aceptar
este papel?
Pero su resolución había tardado mucho en elegir un camino y como no estaba acostumbrado
á disfrazar lo que sentía, sin dud11. su cara reveló
una parte de la verdad, pues el Doctor levantándose de su af!iento, le tomó unR. mano al Coman·
dante y en un rapto de alegría exclamó con vivacidad:
-Veo que había adivinado, querido amigo: su
amor de usted á la sefiorita Nelly si existe todavía no es muy profundo que digamos. Dd otro
modo, en lugar de tantos distingos internos, du•
das y vacilaciones, hace ya mucho rato que habría usted dicho: «Está usted Ioco,Doctor, al proponerme tantas cuestione~. ¡Vaya usted al diablo

con su pas:ón senil! amo á Nelly, ella me ama y
11u.,s1ro más vivo deseo es cas11rnos, mientras más
pront) mejor. » He aquí cómo habría ustedhablaLlo, 4ue ai,í es como habla el corazón. Pero puesto que se calló usted no ama y lo que le impide
confesármelo es la palabra que tiene comprometida: no obstante, en e30 se equívoca usted, porque los juramentos de amor como los tratados entre las nadones se hacen para quebrantarlos cuando sea necesario haciendo el ultimatitm col'respondiente lo q11e resulta más honrado que romperlos si I dar aviso alguno.
-Doctor, dijo Juan, usted se deja llevar por
su imaginación que .... usted también se engaña.
y si es vor&lt;lad que he vacilado .. ..
- Cuando se tiene el estado de ánimo de que
está usted dando señales, cuando no se ama, vale mAs abstenerse de una vez puesto que al fin
vendrá el momento de a&lt;abar de todos modos
por allí.
Juan, temiendo que Nelly hubiera escuchado
la conversación se levantó, se dirigió al salón, levantó la cortina que cubría la puerta y viendo
que ésta continuaba cerrada, volvió á tomar asiento, invitó á Lerbon á. que lo imitara, y le dijo á
media voz.
-Vacilo .... vea usted . . .. vacilo, porque Nelly me ha ~onfesado que es hija natural y que su
madre era la última de las criaturas.
El Doctor sonrió.
-Ese es el gran se:!reto que estuvo á punto de
escapá.rs..ile uu dfa delante mí, cuando usted no
la dejó seguir hablando: usted· lo conocía entonces ya y eso no evitó que le reiterara sus juramen_to.3 de amor. llay más: si usted estuviera resuelto e:i difiniti va á casarse con la sefiorita :N' elly, hubiera puesto todos los medios para que ni
yo ni nadie conociera la existencia de esa mancha de familia; lejos de revelarla impediría que
se supiera. No, no: la verdad es que no ama usted á Nelly ó que está usted dejando de amarla,
Jo cual viene á ser lo mi~mo y en ese caso tiene
usted razón para no casarse con ella. Luego siendo así, obrará usted '!-omo es natural que obre,
poniendo la ausencia de por medio y yo quedaré
y me casaré.
Juan debió apresurarse á gritar: "No be dicho
á usted que renuncio á casarme. 11
Pero respondió:
-Veo Doctor, que usted tiene los valores y que
no se espanta como yo me he espantado después
de maduras reflexiones por las costumhres libres,
independientes de esta criatura, por su juventud
experi'mentada. Dígame, Doctor, ¿usted cree en
la ley de la herencia?
-Descuide usted, yo viviré vigilante; y en mis
posesiones &lt;le las Islas Seychellas, donde además
las tentaciones serán escasas, la rodearé de tanto
bienestar y de tantas afec~iones, que espero no
se arrepentir,\ de haberme ádmitido por esposo.
Queda resuelto, no tema usted nada .. . . me quedo y le explicaré todo.
Al oír e: tono tranquilo y firme de Lerbon,
Juan se apercibió de que sin haberle dicho, francamente que renunciaba á sus proyectos de matrimonio, todas sus palabras, sus actitudes, sus
silencios, sus revelaciones lo habian declarado de
un modo ind:iseutible; y ahora, como nubes lige-

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ras, razonamientos sutiles se entremezclaban en
su cerebro y le perturbaban la concienci11.
Pensaba: Si; lo mejor seria que Nelly encontrara un marido que no fuera yo. En 1os prim~ros momentos me causaría dolor saber que pertenecía. á otro y que era,: de otro su belleza. su juventud, sus caricias. Pero la separación es posible aún sin que ese dolor sea demasiado vivo ni
demasiado durable, en tanto que los celos y las
sospechas me torturarían toda la vida si tuviera
yo la debilidad, la lealtad .... 6 el candor de tomarla por espos:i.
El marido ya pareció: helo aquí, ante mis ojos
r idículo y digno de lástima por su pasión. No tengo necesidad más que de callarme y él obrará.
¿Puedo hacer otra cosa que no sea callar?
Sin embargo, en un esfuerzo último, la conciencia más bien que el amor le arrancó estas palabras:
- No, Dor.tor, no permanezca usted en Mohelia;
partamos juntos pasado mañana y un poco mis
tarde con espíritu más frio y m ás libre de parte
de uno y otro conversaremos discretamente sobre el particu:ar. Me ha sorprendido usted en un
momento de turbación, cuando estaba yo agitado
y vacilante y aún no be dicho todo porque no
todo se puede decir.
-¿Por qué?
- ...... P or razones person ales, razones de fami!ia ..... .

1

Es necesario que tome infor de separaruos. Quedo enteramente apenado por
mes, que escriba á mi hermana- esta separación S&lt;Jbre tono por las circunstancias
y ... . la verdad, no sé todavía lo en que ocurre, pero le veo á usted muy resuelto
que haré, no lo sé con exacti- y nada puedo agregar bastante para hacerlo camtud .... . . necesito de la ausen- biar de opinión. No, nada, nada, afirmó después
cia como ya se lo dije á usted de una nueva honrada vacilación . . .... Solo que
una vez, para penetrar mejor en acuérdese usted de su proinc:isu: ni una palabra á
mí mismo y poder fijar mis re- Nelly hasta que ....
-Hasta que usted me haya escrito? preguntó
~ ~;• soluciones. No se quede usted ..
partamos.
Lerbon en tono de duda.
-Sí.
El Dc,ctor contestó:
- ¿Pues qué vaná separarse ustedes? 'dijo de
-Esa vez dijo uste.d en efecto que la ausencia
era necesaria, pero no para usted sino para la pronto en la puerta del salón una voz joven y
sefiorita N elly ... . Está bien: yo haré lo que ella, fresca, bien conocida que parecía ahogada por
-esperaré también, pero después d~ las confiden• la emodóa.
Los dos amigos que no habían oído abrir la
cías que acabo de hacer, no quiero,no puedo per•
rnanecer á bordo por más tiempo aquí, cerca de puerta se volvieron rápidamente y vieron á Xelly
usted. .l\.Iafiana, tal vez esta misma tarde, desem- muy pálida que avanzaba háciaellos penosamenbarcaré y me instalaré en .l\fohelia. Su misión de te y cojeando.
En vez de contestarle, ambos se precipitarón
usted como Comandante del Colibri concluye dentro de tres meses y usted ha prometido volv:er al á recibirla preguntándole con ansiedad:
-¿Pero qué tiene usted?
terminar ese plazo. Hasta entonces nada diré á
Nell y se apoyó en ellos, estrechó cordialmente
Nelly, se lo juro á usted, pero respecto á usted ya
tengo perfectamente fijada mi cc,nvicción: no le la mano al Doctor, y levantándose la falda del
vestido, ensefió sonriendo uno de sus piecesitos
veremos volver.
Contrariado contando conque el tiempo y la re- rodeado de una toalla salpicada á trechos con
flexión normarian su conducta, Juan respondió sangre.
Los dos se tranquilizarón en el acto al verla
secamente, como un hombre que no quiere revesonreir; pero observando que no podfo andar y
lar el fondo de sus pensamientos:
-Es posible! Pero Nelly á quien me propongo que estaba muy pálida Juan la tornó en brazos y
escribir en todo caso, dará á usted noticias fide- la llevó al canapé del salón.
Nelly se acomodó en los cojines y entre risa y
dignas sobre si voy 6 no á regresar.
Luego, haciendo un llamamiento á toda susan- llanto dijo:
-8oy una chicuela: no tengo más que una degrc fría y deseoso de terminar una conferencia
penosa que no podía en esos momentos llegar ii bilidad pero que me domina sin remedio; no hago
un desenlace final, y basta temiendo que Nelly más que ver sangre y me desvanezco. Es una desviniera y se enterara de algo, se levantó, tendió gracia ser tan cobarde ..... .
Juan se sentó á su lado, y pasando un brazo
la mano á Lerbon y añadió.
-También á usted le escribiré, Doctor, pueEto alrededor de su talle parasortenerlB, le preguntó:
-Pero qué tiene usted? Cómo se hizo esa herique decididamente quiere dejarme y que nada,
nada consiguiría retenerlo Rq ui y esp!.lrar antes da? dígalo usted por favor.

�196

-Oh! no t!S nada, respondió ella en tanto que
los colores empezan á reapurecer en sn rostro: al
salir del bai'l.o puse torpemente el pie sobre las tijeras que estaban abiertas, y me lastiméperdiendo tanta sangre qne me-iIBntí mal&amp;-. Por pa.eo me
desmayo . . .... pero ahora ya pasó todo por fortuna.
Sin decir nna palabra el Doctor se arrodilló
apresurado, tomó en las manos el pié de Nelly y
comenzó á desprender con mano ligera los alfileres que sugetaban la toalla, pero arrepintiéndose de improTiso se levantó y dijo al Comandante:
-Suplique usted á la seiiorita que se tienda en
el canapé para que repose su piecesito, y siga usted la obra que hitbía yo empezado, mientritsvoy
á traer vendas y mi estuche: si la toalla se ha pegado ya con la sangre, no la arranca usted: espéreme.
Desde que se rué Lerbon, Juan concuidado de
padre instaló á Nelly en el divan, le puso un apoyo de cojines á la espalda, y tomando á su vez
el pié de la joven comenzó con mano trémula á
quitar la toalla en tanto que decía en voz baja:
-Oh! Nelly, ¡Que susto me ha dado ustedi'
¿porqué no llamó usted desde luegoi'
-Si hubiera tenido certeza deque estaba usted
solo le habría llamado ¡ya lo creo! así estab:t yo
de espantada ...... pero oía que conversaban usted y el Doctor, y no atreví. ..... ¿deveras se
asustó usted al verme?
Juan dijo:
-Estaba usted tanpálid11!. ... ..
Luego un pensamiento le cruzó por la imaginación y aiiadió:
-¿Cuando le ocurrió á. usted el accidente, dice
que me estaba oyeudo convers1;1r con el Doctor?
- Si, contestó ella. Casi no he dormido: poco
después que se separó usted de mi fuí al cuarto
de baiic y al salir de la tina fué cuando mi pié se
encontró con las malditas tijeras colocadas justamente con las puntas para arriba, contra el escabel por una mAldita casualidad . . .. Ay! ay! gritó,
de pronto er.forzándose por sonreír: me está usted l ..stimando, Comandante; dijo el Doctor que
no se debe arrancar la toalla.
Juan acababa de descubrir la herida y algunas gotas de sangre le mancharon los dedos, por
lo cual se apresuró á contener la hemorragia
aplicando la toalla contra la piel; luego, fijando
una mirada amorosa en Nelly, le preguntó:
-¿Hice á usted mucho mal, amada mía?
Nelly que tenía lágrimas en los ojos y sonrisas
en los labios, respondió volviendo la cabeza:
-Decididamente soy muy cobarde ...... y me
creía más valiente. No, no fué gran cosa el daiio
que me hizo usted, Es que estoy tan nerviosa....
y además ... .
En estos momentos Juan posó los labios sobre
el piecesito que tenía en las manos, y ella aiiadió
cou un tono de amargura que contrastaba con sus
palabras:
-Y además, he ahí el bálsamo.
Juan habría querido besar también los dos brazos blaucos que se encorvaban con elegancia para sostener en el cojin una cabecita muy rubia,
y dos ojos verdes que le parecían más encantadores que nunca con la expresión de tristeza y
de pudor que atenuaba su brillo, pero tales besos
serían impíos desde que ideas de. abandono
y proyectos ne fuga se apoderaron de su imaginación sin que le fuera dable conseguir arrojarlos, sobre todo, después de la conversación interesante que acababa de tener con el Doctor. Sin
embargo, como siempre hay contemporizaciones
con la conciencia, besó de nuevo con ternura, como se besa á los niilos, el pié desnudo de la joven,
en tanto que pensaba muy inquieto.
-Habrá oído lo que estábamos conversando
el Doctor y yo?
Justamente, como si contestara á este pensamiento Nelly preguntó:
-Bueno, y qué conversaba usted con el Doctor cuando éste parecía haber estado antes tan
resuelto á dormir? Parecía que estaban los dos
muy animados, pero el rumor· del agua en la tina
del baflo me impedía oír bien. Es seguro no obstant3 que pronunciaron ustedes mi nombre.
Juau respondió hipócrita.mente:
-Bien sabido y averiguado es que usted constituye el asunto de todas mis conversaciones ¡la
amo tanto!
Nelly se estremeció.
Pero Juan de improviso, avergonzado de la
respuesta traidora que acababa de dar, exclamó
con brío:

EL MUNDO

-Pues sí; he estado ablando de tí. ... Te amo,
es verdad, pero me pregunto si 11 0 te odio, si no
te detesto más de lo que te amo. . . . Te has a poder a do de mí, y quisiera y quiero arrancarte de
mi coFa-zón porque presiento que voy á ser muy
desgraciado te.da mi vida por causa ~uy~ ... • • •
pienso q.ie tu alma no es más que una 1lus1ón ... .
Ah! si supiera que dcveras me amabas! ¿l'lfe amas,
me amas tú? Dilo, respóndeme! Tú me has dado
toda suerte de pruebas y dudo Acaso por las pruebas mismas .... No te creo, no te creo ni podré
nunca creerte más, porque cuando trata uno de
probar mucho es que intenta ocultar el engaiio
y tú me has mentido, tú me has engaiiado: no soy
yo quien ....
El Doctor llegó en este momento y Juan calló.
Nelly muy palida pero muy resuelta, irguió su
busto y dijo. ·
-Sigue...... sigue ... . .. Es necesario que el
Doctor sepa todo puesto que él me ama .... Aca•
bo de oil' la conversación de ustedes, no toda pe·
ro algunas palabras .... las más c,·ueles para mí!
y como el Doctor, he comprendido que no me
amas ya, que todo ha terminado, que todo ha concluido entre nosotros para siempre ...... Pero
puesto que el Doctor quiere casarse conmigo es
indispensable qt1.e sepa que soy tu .... Dilo, dilo
tú, yo no acierto á pronunciar la palabra infa:
mante. Acaba la frase que habfas comenzad.o, d1
que no fuiste tú quien me sedujo sin9 yo á tí.
l:'ues bien; es verdad; sí; yo 11oy quien te ha robado á tí mismo y merezco toda mi v~rgüenza y
también todos mis sufrimientos por nv haberte
sabido amar como era preciso, como habría debido, y sin embargo te amo, te amo á pesar de tu
abandono y prefiero la confesión franca que se
te acaba de escapar en vez rle las palabras hipócritas que habrían presedido á la fuga que meditabas, á esa fuga traidora que ya habría adivinado mi previsión.
Juan inclinó la cabeza y maquinalmente cedió
1m sitió al Doctor que le indicó con un gesto se
separara y sin una palabra, sin un estremecimiento, como si nada hubiera oído, como si se tratara
de cualquier otro entermo y no absorviera más
que el deber toda su atención, tomó el pié de la
joven y le desprendió con su habilidad acostumbrada el lienzo que le cubría la herida.
Nelly olvidaba su dolor físico ante l,1, presencia del Doctor y de Juan, y le parecía como que
se le había abierto en el pecho una enorme cavidad y que por allí se le salían juntos y á chorros la dicha, la esperanza y el amor; que su corazón estaba vacío, vacía la tierra y que había
quedado sola, enteramente sola, perdida en medio del universo inifereute, vasto y sombrío.
Los ensueiios, los deseos, los recuerdos que en
tropel encantador poblaron sus días desde que
conoció al cf-icial francés, todo desaparecía de
imoroviso. ¡Y había vivido en pensumiento tanto
tiempo con ese hombre! Le parecía haberlo conocido siempre, desde hace mucho tiempo, tal vez
en otros mundos y en existencias anteriores, y
que no iban á separarse ya nunca ni por nada, y he aqui como ahora se le convertía en un
extraiio, en un desconocido que no hablaba su
idioma y que renunciaba á penetrar en su ll0razón en el momento mismo eo que los mejores sentimientos sembrados por él y para él, empezaban
á florecer ....
¡Y acababa de decir que la odiaba, que la detestaba! Espantada por los descubrimientos que
había hecho en un instante, herida por los tormentos sufridos y por el esfuerzo que le había
arrancado bruscamente dolorosas confesiones públicas, Nelly dejó caer la cabeza sobre los cojines, indiferente á todo y lloraba, lloraba sollozando, y á mares, como un nifi.o pequeñito.
Juan le tomó la mano y oprimiéndola suavemente, imploró en silencio su perdón.
Habría bastado, habría bastado en este momento que ella abriera sus brazos y lo recibiera en
ellos dulcemente, que uniera sus labios con los
de Juan en un beso de perdón y de olvido, para
qu~ quedaran y para siempre más ligados que
nunca.
¿Por qué no lo hizo?
No: como si no hubiera concebido esta idea ó
como si después de concebirla hal!ara desgarrador placer en repulsarla, movió la cabeza y dijo
con una triste sonrisa.
-Después de todo, tienes razón .... desde que
estoy en Mohelia me he dado cuenta mejor de tu
carácter débil y de .... la falta que he cometido.
Comentando sobre ella casi á sangre fría,he comprendido que acaso delinquí Ill.á~ por ambición

Domingo 4 de St&gt;ptlembre de 1898

que por pasión .... Es posible y sin embargo, yo
creía haber hecho un sacrificio de gran tamaiio
probándote toda la confianza que tenia en ti Y
esto constituye toda mi excusa.
.
Me imaginaba1 al apretllrte contra m1 seno en
estrecho abrazo que quedaban destruidos, hechos
polvo, tollos los obstáculos alzados. entre nosotros, no por pecados míos sino de mis padres; y
mientras, estaba yo creando otro ?bstáculo más
temible, más insuperable, inmate~1al, que se esconde maccesible en el pensamiento Y es de
aquellos que nada ni nadie puede destruir: _1:1~rojaba en tu alma excéptica ¡-ty! por ~ue ha v1v1do
mucho y acaso sufrido mucho también, dos males
incurables: la duda y el temor.
Un incrédulo no acepta sino lo que ve y ¿cómo
puede hacerse visible el amor? Tú lo has dicho
alguna vez: «se es amado cuando se ere~ serlo»
y tú, tú, no podías nunca creer porque mis antecedentes me condenan porque pesa sobre mí la
ley fatal del atavismo
no habrías podido ser
feliz conmigo por el amor cuando yo no tengo
má3 que amor para ofrecer ....
Nelly se detuvo unos instantes y_una vez que
enjugó sus h\grimas dirigió una mirada á ~uan
que en su sorpresa, aguijoneado por los. sentidos
y abrumado por los sentimientos, no hab1a encontrado una palabra que decir.
Luego, más duella. de sí misma, Nelly prosiguió
con acento de ligera iron:a:
-¿Te sorprendes de o~rme_ hablar así? Tú me
considerabas como un ammahto ó cuando más
como un nillo incapaz de sentir otra cosa que
senSl\ciones .. . . pues te equivocas: en las mujeres jóvenes ó viejas son los sentimientos los que
dirigen y determinan las sensaciones. Des~e 9ue
te amo, y sobre todo, desde que losremord1m1entos han comenzado á atenacearme, he comprendido muy bien todas estas cosas. Los remordimientos traen cvmo comitiva bastantes cavilaciones y sufrimientos que hacen madurar . el juicio
en breve tiempo. Y por eso he descubierto que
la duda que 1:ació en _el fondo de tu espíritu con
motivos racionales, no podrá con el tiempo más
qu6 crecer y desarrollarse: nunca la conseguiría
yo uhogar y una palabra_que en este _momento
mismo adivino en tus labios, vendría siempre á
arroJar la amargura en medio de tus alegrías y
á insultarme secretamente: «comedianta.»
Juan hizo un gesto como para protestar, conmovido, pero en efecto, hasta en ese instante dudaba preguntánnose qué fiebre óquéremembranza de lecturas romanescas hacían tan elocuente
á esta chiquilla.
.
-No lo uiegues, agregó ella, podemos decirnos todo francamente hoy que es e.l último día
de nuestra vida que pasamos juntos. ¡Casarme
contigo .... 1 no lo quiero; te he repetido siempre
que podías entregarte sin temor á tus simpatías
h!l.cia mi, y de ello nunca quise que te resultara
sufrimiento alguno. Si alguna vez te he dicho 6
dado á entender otra cosa, entonces sí mentíA; y
en fin, puedes creer si quieres que te he mentido
en todo menos en eso que es tan interesante para
tu amor propio, para tu egoísmo ....
No me queda más que un solo medio de probarte si no la sinceridad, al menos el desiuterés
de mi amor: rehusar tu mano si acaso insistes en
ofrecérmela. Y eso, eso es lo que haré .... l
Luego, con exaltación, levantando la voz y
presa de una cruel tensión nerviosa, concluyó:
Y no tengo ni el mérito del sacrificio. Es decir,
no quiero tener ninguno, porque yo á mi vez,
también te de detesto, te desprecio y te odio!
¡Vete. . . . vete. . . . vete!!
.
LA energía que hasta entones la había sostenido se desvaneció de súbito y Nelly, cubriéndose
la cara con las manos se puso á llorar y sollozar
ruidosamente. Hn~ía en su voz como rugidos de
fiera. su pecho se agitaba como para estallar y
temblaba todo su cuerpo con extremecimientos
convulsivos.
Lo que es la duda ... . A pesar de los naturales arranques ele piedad, á pesar de la sobrecxitación que en sus sentidos ejercían estos sollozos,
á pesar de la deslumbradora belleza de esta joven
reclinada ah1.-ra en el diván y que había sido suya, Juan se preguntaba todavía: ¿No será este
un nuevo lazo?
Luego Nelly calló y su cuerpo no se movía más
que por unos leves espasmos que le levantaban el
pecho.

Dnmfngo 4 de Septiembre de 1898.

EL MUNDO.

197

.

.

PAGINAS DE LA MODA

y

(Oontinum·áJ

Flgs, I, 2, 3 y 4.-Grupo de sombrero.!! para nlñ().!J,

Una-revolución en la moda

•Incomparable par de zarcillos:-Atención y obediencia•
Con estos pendientes, gustosa aprenderás sabias lecciones.
«Incomparable par de brazaletes:•-•Orden é industria.•
fón~elos cuidadosamente dia por dia, porque á. tus obras darm
ef1cac1a.
«Un cinturón elástico:•-•La paciencia.•
Cuanto más se usa, más brillante se pone, aunque su mayor
mérito no e1, la ostentación.
.
•Un collar de riquísimas perlas:• -•La resignación.•
Este ornamento emb0llece á las hermosas y las enseña á sobrelle~ar los males de la vida.
•Una graciosa cinta:-La cortesla.•
Puesta con !fracia en la cabeza, inspira admiración y respeto.
•La mejor d1adema:»-«La piedad.•
Quien quiera que esta diadema posea, se asegura una corona
eterna.
«Hermoseador:-Buen genio•
Con este dt&gt;licado filtro humedece
suavemente tus labios, y los encantos de la juventud circularán por
todo tu rostro.

Suiza es la tierra clásicll de la fraternidad. Florecen en esa tie•
:irra las asociaciooeR de todas clases, pero los hijos de Teleno 11e
-unen sólo para tirar al bli.nco ó hacer resonar las montañas con
·el estrepito de sus fanfarrias municipales.
A veces tienen sus asociaciones un fin más noble, este es, por
f'jemplo, el caso d., la «Liga contra las plumas y aves como adornos para sombreros,• este titulo es todo su programa y las mu_jeres que se proponen desarrollar, lo merecen citare~ como modelo de aonegacióo y piedad ......... Sobre todo si son Jóvenes y bo•
nitas.

Sm.i excitativas han 11ido escuchadas y los periódicos del pals
ent.ero reproducen el texto de su famoso com1micado que transcribimos á continuación:
.
«foformamCls á las damas que la. «Unión de las sociedades protectoras de animales• ha emitido un
voto de aprobación para los traba_jos de la «Liga contra las plumas y
aves como adornes par1 sombreros -.
por lo que esta úl1ima ba acordado
~on@tituirse ddinitivameote extendiendo sus trab11j ~s á todos los can·tones. La peticióu y los estatutos se
'publicarán p1 óximamente y se hará
Hber al público, A partir de qué fe- (
~ha podran firmar sus solicitudes
las dam&gt;is que deseen formar parte
de la Liga•
Uniendo la práctica á la tPoria, la
revu1tera de modas de la «Semana
Literarilu de Ginebra, ya no hablará. i,n lo sucesivo sino de sombreros
con flores, quedando definitivamen·te proscripta en Suiza la moda de
11ombreros adornados de plumas y
de pajaritos.

Figura¡¡_

Una "H" de más,
En el año de 1845 la joven Reina
Victoria de Inglat1&gt;rra en compañia
del 1:rl~clpe Alb_erto su esposo1blzo
un v1aJe al Contmente con el fm
de
visitar á •us primos en los dem!a
tronos de Europa. Pasá.ron:se algunos dlas en los Paises Bajos y la gran
metrópoli del comercio Holandés,
Amsterdam, obsequió al matrimonio real con una espléndida iluminación
El número grandísimo de transparentes con inscripciones, fuegos
artificiales, etc., fué mucho tiempo
el objeto de los periódicos,pero nin•

------ señorita.

El mejor tocador de

un ■

•El espejo eocantado:-Conócete

á ti misma.•

1!:ste curioso objPto h11rá ref!Pjar
1t11s faltas, pero al mismo tiempo hara brillar con mayor fuerza tus vir·
1tudes.

,,
;,t'

-,~

g- ·

~
~

'

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':-t:~-

\

.

:\

Figura 6.

•Loción p11ra suavizar las arru;g11s -Contentamiento·•
El uso dlario de esta esencia bará
·de11aparecer las arrugas y manten·drá el suPño tranq11i10.
•Pomada para los labios:-Veraci•dad •
Los labios tomarán color de car•mtn y despedirán suave aroma con
t&gt;l UPO diario de este precioso tinte.
•Cordial para dulcificar la voz:lL or11clón.•
Toma de esta esencia ~tre11 dosis
-al dl!i, y rica y me•o ~1osa ae tornará
ttu voz.

&lt;

:( .;

.

Flg. 8.-TraJe de paseo, de gran novedad.

~.--i
•- ···'!".:'~-~ .. -

"l.,. "." ,_••

-

~-

~-

Flg. 9.-Traje sastre para media estación.

Figura 7.

gún transp11rente babia llamado tanto la atención como e! de un simple
tendero Este ciudadano querla honrar muy especialmente a la augusta huéspedR de su ciudad nital con
la inscripción muy conocida en todo el mundo: God save the Queen;
pero desgraciadamente había enc_arg~do le ejecución deestllm&amp;gnif1ca idea á uu pintor, quien tenla
más conocimiento del arte de Murillo, que dela orto~rafla inglesa. Re '
sultó la inscripción en el transpa.'

�EL MUNDO,

l!l8

LA LIMPIEZA DE L AS LÁ.'\IPARAS,

Conocimientos útiles.
Cuanto á Jo~ guantes, los blancos de hilo son,
la l'xtrema e'egirncia.
Los velos deben ser de igual color que los.
adornos del sombrero.
Usase mucho las nplieaciones de cbantilly sobre muselinns de seda, lo mismo que en los sombreros adoptando la forma de un turbante.
Parece ser que 11hora volveremos á ver los.
corpiños de talle largo formando un angulo
a"'udo l'D la terminación del de!Rnt,ro, lo cual,
p~rmithá resucitnr )ns coquetas modas Lui_s
XV sin que por eso se usen laP famosas papalinas' que tanto afeaban á las corte,a1ias de la,
época.
LAS GALLINAS QUE SE DESPLl' MAN

Algunas veces las gallinas se picote11n una~ á,
otras para quitarse la vermina. Toman por in•·
sl'lcto el cañón de una pluma que E'mpieza á ere•
eer, y lo arrancan. Después atraídas por la pP.quefia gota de sangre que viPne al extrf'mo de
la pluma. redoblan los piqul'teP sobre la herida.
producida y acaban por matará la defgraciada
virtima.
.
La costumbre de Rrrancarse 111s plnm:111, provieJae al principio, de la aglomeración de animales en lug-ares es•rechoR. Se ha obRP.rvaclo.
que, cu11ndo los animales diPponPn de libertad•
y espacio r.11ficiPntPs. no Re pic11tP11n.
Es precifO dar á toda9 las gallinas, la mayor·
Jibert11d posibll'.
Probablemente también proviene esta coRtumbre, de laneei,sidad de reparar el empobrecimiento producido por la muda.
Se ha hecho la experiencia de dará laR gallinas cnando se,
arrancau las plumas, cierta cantidad de éstas: cuando los animales se sacian dejan de picarse. De alli se d~ducl-', rine la~
gallinas buscan en las plumas, l'l azufre nt'Cesario par11 formarotras nuevas; pues, en eft'cto, en el momento de la mud •. lag
gallinas comen con gusto la ft0r de azufre que se les arr, ja eu
el suelo.
Se puedi, dará las gallinaR en lugar de las plumas: algún alimentJ sulfaroso, como· la cQI. que ocupa el primer lug-ar. en
este s 0 ntido Es conveniente colgar las coles á una altura re•
guiar, de manera que se balanceen al momento de qul'I unagitllina las toque. EstoR veget11ll'S til'uen la ·.rent~i~ d&lt;&gt; tsf'r un
· magnifico -alimento para las galliuas, y una diversióu muyEn una reunión, una de laR mu• - útil.
chas que hay en Paria, reunión de
confianza (¡1) l'ntre personas que se
Vl'll por la primera vl'z. diFcutiase
calnroFamente la cauPa del celibato
en Francia. 1'11 miedo que impira el
matrimonio tanto á la mujer como
al hombre.
~I corav.ón de la mujer parisienae
sui,le ser egoipta y como 11qui ella
traba;a tanto ó más que PI hombre,
la mujer cuya mente debiera sólo
concebir la poesla llena su calPtre
.' ;
de cálculoa y cifras y su corazón es
it ·; f .
una balnnza donde el pro es venci~
do por el contra.
l ;•~
•:.
El feminismo hállase á la orden
del dia. las feministas (generalml'n•
:_;i¡
te viejas solteronaF) declaman y dis1 h'
cursean contra el hombre acaso
·ff )·
porque en su belleza no ha sabido
mteresarle
.,&gt;
,, :.
Al casarse; la mujer debe asegu
rarse un bienestar material; pero,
!i,
también debe gozar del amor.
d:
Ellas. las feministas. atrevidas é
i?•
indep.,ndientes, razonan como Pi
gue: No es nl'eesario el matrimo~io
~·
para (•onocer el amor. La unión libre no nos asusta. Nosotras t~abt jaremos y, al ser libres podremo~
escc,jer nuestro amigo y cam11rada
~;.
como y donde nos convenga. di~frutando asi de nuestra libertad sin PPr
explotada,, y gozando de esas delicias tan cacarl'adas del amor.
Pt11ro el amor ea uu sentimil'nto
espiritual que no debemos eonfun dir con la» tracción d•· sexos: Ja.,p11r1sienses calculadoras están en uu
error.
Más, bu no l'S advertir qu'\ quil'n
asi razom1ba era una solterona. vie·
ja v fea.
Razonamientos del despecho; derecho del pataleo.

La cuestión del celibato.

FJgs. dellO al U~.--:-Gr°upo de prendas de luto.
rente con una 11h 11 de más y en consecuencia ee leyó: 11Goshave the Queen. 11 Como con la mejor voluntau estas palabras no se pueden traducir de otra manera, que: "Dios afeite á la reina;" es de figurarse qué alegria causó esta ovación tan rara á la Rdna Victoria.

r

~

Llevaba un filósofo muy c11bierta una canasta: hallóle
cierto mancebo y le preguntó curioso:
-¿Qué va en esa cestai'
-Para que tú no lo sepas va tan tapada, respondió el fi•
lósofo.

199

EL MUNDO.

Dpmingo 4 de Septiembre de 1898.

Domingo 4 de SepUembre de 1898.

En las poblaciones en que no hay todavía alumbrado de gas to•
das las casas t!enen varias lámparas de petróleo con las cuale~ se
alumbran los miembros de la familia varias ho:as cada noche. Y
pues, que las lámparas se usau á diario y contribuyen tanto á la
comodidad y bieuestar de la familia, parece lo más natural el
que las amas de casa pongan esmero en tenerlas siempre bien
arregladas, pero es, sin embargo, muy frecuente el verlas aban•
de.nadas, hediondas y sucias, con la bombilla cubierta. de humo
acusando la decidía que reina en 11lgunos hogares. Tales lámpa'.
ras no son solamente repulsivas, sino también mal eanas, porque
el olor que de ellas se desprende ataca á los órganos de la respiración.
Las lámparas se deben limpiar y poner en orden todos los dias
y para que no se olvicle, b~y que encargar de ello á una persona
que se haga responsable de su aseo. Una vez cada semana se vaeia el depó11ito de petróleo y se lleoa de agua ca•iente en que se
haya disuelto un poco de soda y un pedazo de jabón
Con esta misma 11gua Fe lavan la bomoilla, el quemRdor y demás piezas, con lo cual se ponen muy limpias y brillantes, maxi•
me si ~e frotan con unos pedazos de ¡:eriodicos.
La limpieza diaria consi11t~ en quitt,rles con un trapo ó con
un pPdazo de papel el carbón de la mecha, llenar el depósito con
petróleo hasta el c-:iello y frotar la bombill1l por dentro y por fue•
ra con un trapo limpio: De esttt modo ,a luz será 11iempre buena,
las lámvrras no despedirán mal olor y la llama será uniforme. Co•
mo se ve, ninguna de estas operacfone~ cuesta mucho tiempo ni
trabajo y pues. que la cosa es tan Rencilla, no hay razón alguna
para abandenar las himparas y pas11rse larga3 horas todas las no·
ches en una habitación mal alumbraba y cuya atm6Pfera marea,
porque está. cargada de gaces nocivos hasta para el hombte más
saludable.
·
ZAPATOS IMPER~EABLlfS.

He aqui una nueva receca para hacer impermeables los zapato@.
Se ponen Pn 110 jarro las substancias siguientes:
Ael'ite de adormidera ........ 1()0 gramos.
Cebo de borrl'go... .. . . .. . . . 25
11
Cera ·a marilla............... 25
11
Brea ordinaria.............. 1
,,
_ Se calientan juntas esas diversas substancias removiéndolas
bil'n. Cuand&lt;&gt; está. hecha la mezcla se aplica tibia al calzado, bien
seco.
Entre cónyugPs.
-No me Eongañee; tú vienes de al lado de una mlljer.
-Te digo qul'I no.
-;,Pues de que eon esos polvos qul'I traes en la cara?
-Es que be estado en una fábrica de harina.
-Pl'lrO es que hueles á heliotropo.
-Mujer, es que......... al lado hay una perfumería

-~----

Nuestros Grabados.
FIGS. 1, 2. 3 4, 5. 6 y 7 -GRU!'O Dlll SOMBREROS PARA NIÑOS.
Todos de la más nueva originalidad, de paja de Francia obscu•
ra ó blanca y de muselina con arm8zón de alambre, y adornados
de lazos claros de museJ'na de seda bordada y de listones de "se•
da mate.
FlG. 8 .-TRAJE DE PASRO DE GRAN NOVEDAD.

Es de estilo sllstre. de sarga de seda gris acero. Sobre falda ple•
na abriéndose en dos ondas avolant1ulas sobre una aplic11ción
de satín bla11co bordaóo l'xóiicamente. Jacquet acuchillado en la
parte :rferior, á derecha é izquierda. en la medianfa de la e11palda, abriéndose sobre llll cbalt'CO de dril de lino blanco que tiene
aplicadas dos finas . rnl8pas de raFo nPgro y se abre á su vez sobre una camisa de mus~lina de seda plissé. Gran corbatafantasia.
FW 9 .-FnlLO ~AE.TR'lll PARA MEDIA ESTACIÓN.

E@tilo sastre tamblen, muy á propó~ito para las -actuales tr1rnsiciones de tempera tura; de casimir para damas dibujado á cuadros.

Fig. 19.-Traje de paseo.

Fig. 20.-Frock para niñita

Falda plPna con tres pliegueA elegantes en la parte posterior y un gran ga•
lón capricbo~o de cordón de seda d~ntado. eu tres órdf'nes que se combinan
A derecha é '!/l:¡u.erda. Jacquet abierto con adorno del mismo galón sobre
un chaleco de. seda blanca que forma en el centro dos graciosas aletas'. Plas•
trón de muselina á rayns. Cuello americano.
FIGS, 10, 11, 12, 13, 14 y 15.
Vn grupo de tocas, sombreros, corbatas y lazos de los que mas se están
usand_o para lutos y e:uyos diver~os eHilos recomen.damos á nuestras lectoras.
Materiales: vtllo de viuda, muselina de seda, crespon y linón figurado.
FiG. 16,-DOS TRAJES PARA N!ÑA DE 8 Á 10 AÑOS.
. El uno es de percal gris acero figurado con lig~ras guias, con un plastronc1to bordado que r.bett-a un volante, f~rmando ¡ockeys en las mangas. El
otro es de sarga de lana azul obscuro abierto sobre lln chaleco de lino ador•
nado con cintas, con tres órdenes de jockeys el último de los cuales es del
mismo l!'énero del chaleco Cinturón de raso azul mate y una banda de Jo mis•
mo adornando la parte ii.ferior de la falda,

0

FIG. 17.-TRAJE PARA !'IIÑO DE
SEIS Ai:OS.

Es de paño de l'lstio asargado con
plil'lgues rectos, formando una blupajusta Ct'ñida por cinturón delmi~mo gt\nero. Pantaloncito ajaretado
con dos órdenes de botones en la
linea exterior de cada pierna. Boina
de paño.

LAS trLTIMAS MODAS.

Fig.16. -Dos trajel!I pura 11lií.ode S á IOañ:&gt;s.

En cuestión de modas, decidida•
mente corre@pondela boga á las fal•
das de pañete, durante l'steverano.
Adórnanse con puntillas incrus•
tadas que las dán un airn li¡!'ero v
elegante: pero el corte de sastre si·
gue sil'ludo el de mejor tono, lo mismo en Japlayaque en la villa.
A este propósito debo decir que
acaba de inventarse un ruedo de
CAOutchuc que impide el roce dl'I la.
t•·la _v 4110 arma muy bien estas fa[.
das eHilo saet1 e.

FIG, 18.-TRAJE PARA NIÑA D:i::

Flg. 17.-Traje para nlllo de AP.IR anos -Flg. 18,•-Traje- para nrn:ll.
de 12 á u anos

Flg.21. - Capaparavla¡e.

F ig. l.:2.-.Jacket Jtara seiiorHas.

12 Á 14 AÑOS.
Es de sarga de lana gris perla con
falua lisa adornada sencillamente
de cinta. de lana más obscura
Cuerpo blusa marinero. doublé
de dril de lino muy leve, y alterna-

Fig 23 - Dos elegantes conets.

�Domingo 4 de St&gt;ptiembre de lW&amp; _

EL MUNDO

200

do con dotas obscuras. Un
elegante lazo une los plissés
alternados también cou cinta
de plastrón.

FIG. ]9.-TRAJ.111 DE PASEO.

Es de foulard, azul y blanco
figurado, con uua serie de
cuatro volantes, dos de los
cuate, se t'Urollan al :-ededot
de la falda en elegante espiral,
y los otros dos la bJrdanen su
parte inferior.
El corpiño está drapeado
formando dos el..gantes solapas con guias de sed... y Pe
abre sobre un chaleco de satín
blanco marfil. Un el..gantlsimo lazo ari:ul pálido se prende
á. la 1z1uierda.

MEXICO, SEPTIEMBRE 11 DE 1898

TOMO 11

•

NUMERO 11

LA CEREMONIA DEL 8 DE SEPTIEMBRE EN CHAPULTEPEC

FIG, 20.-FROCK PARA NIÑITA,

Es de chally azul pálido, con
falda sencilla y un cuerpecito
blusa que muestra un escote
&lt;le blonda ·en volante y cinta
bordada abierta sobre dos
bandas de inserción, de mu8e•
Fig. 23,-Frock para niña c1.. S á, 10 años. lina de seda, qu" se cruzan
. Delantero y espalda,
sobre el pecho.

Fig. !M~ - Grupo de lencería.
Feo. 21.-CAPA PARA VIAJE.
F:e de paño de estlo, muy propio para la estación, y de una fantasía not~blt', Cae en dos alas .:ircull\res frunciil,is graciosamente, de suerte que
forman como dos volantes holgados, y U, va como adorno dos galones de
seda circulareR también y uua capelin11 f1gura1a a.si mismo con galones
y cerrada por dos broches sencillos del mismo género. J!;t cuello, doblado
en la parte del fr11nte, se levanta atráR con mucha gracia y va aJornado
de varios órdenes de cintas paralela@.
FIG. 22-JACKET PARA SEÑ1 RITAS,

;

· ...

·

Es muy sobrio y elegante.de paño de ePtlo t~mbi('n, completamente recto y muy ceñido, con tres órdenes de solapas dt1 rnerte que las dos del
fondo se revuelven 11tráR en una ligera capelina. Está.cerrada á. la izquier•
da por tres órdenes de brochecitos de strass.

•

FIG. 23.-DOS ELEG~NTES CORSETS.

Ti&amp;nen ambos modelos laboriosaR inserciones de cinta el¡,gantemente
dibujada, alternada con lazos de seda azul pálido ó rosa mate y están pri•
vando mucho.
·
FIG. 24. -GRUPO DE LESCERÍA,

Damos varios modelos de camisas y ot:as prendas p11ra hombre, de los
estilos ·que más privan en la actualidad
FIG, 25.-FRO:K PARA Ji,IÑA DE 8 Á lÜ AÑOS, DELANTERO Y ESPALDA,
'Es de una encantadora secillez, de percal azul acero, todo plissé y con
un bonito plastrón de liuo bordado. Mangas abullonadas. Collar alto con
un elegante lazo detrás.

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. Fig. 26.-Jacquet fantasía. Delantero
y espalda.

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1

FIG, 26.-JACQUET FANTASí.\, DELANTERO Y ESPALDA,

Es de un~ forma muy elegant8, de paño de estlo azargado con adornos
de ancha cmta acordonada: de seda, solapas triangul11res con galones
transversales y bonito cuello alto.
Seis botones fantasia ornan el frente.
FIG. 27.-"'LEGANTIE TOILETTE DE CASA.

Fig. 27~Elegante toilette de 'Jasa.

_I~e sarga de ~eda gris acero con un am¡.,lio volante de blonda holande11a
y1eJa1 descendiendo de ambos lados del frente hasta unirse en la parte
mfenor del ~elantero. La fald11 se p_l_iega en cinco grandes pliegues en la
pa~te posterior. ~ue.-po de paño beiJe bordado todo con elegantes guias,
abierto en amplio escote sobre un plastrón de muselina de seda plissé. Dos
g~a_ndes gulas de rosas con ~~a transversal, borde!lndo el escote y descendiendo á. lo largo del co:-pmo hasta perderse baJo el cinturón de raso
completan 1&gt;l atavlo.
•

..

EL SR. PRESIDENTE DE LA REPUBLICA
depositando una corona
el monumento á- los alumnos del Colegio Militar que murieron por la Patria.

en

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 4 de St&gt;ptiembre de lW&amp; _

EL MUNDO

200

do con dotas obscuras. Un
elegante lazo une los plissés
alternados también cou cinta
de plastrón.

FIG. ]9.-TRAJ.111 DE PASEO.

Es de foulard, azul y blanco
figurado, con uua serie de
cuatro volantes, dos de los
cuate, se t'Urollan al :-ededot
de la falda en elegante espiral,
y los otros dos la bJrdanen su
parte inferior.
El corpiño está drapeado
formando dos el..gantes solapas con guias de sed... y Pe
abre sobre un chaleco de satín
blanco marfil. Un el..gantlsimo lazo ari:ul pálido se prende
á. la 1z1uierda.

MEXICO, SEPTIEMBRE 11 DE 1898

TOMO 11

•

NUMERO 11

LA CEREMONIA DEL 8 DE SEPTIEMBRE EN CHAPULTEPEC

FIG, 20.-FROCK PARA NIÑITA,

Es de chally azul pálido, con
falda sencilla y un cuerpecito
blusa que muestra un escote
&lt;le blonda ·en volante y cinta
bordada abierta sobre dos
bandas de inserción, de mu8e•
Fig. 23,-Frock para niña c1.. S á, 10 años. lina de seda, qu" se cruzan
. Delantero y espalda,
sobre el pecho.

Fig. !M~ - Grupo de lencería.
Feo. 21.-CAPA PARA VIAJE.
F:e de paño de estlo, muy propio para la estación, y de una fantasía not~blt', Cae en dos alas .:ircull\res frunciil,is graciosamente, de suerte que
forman como dos volantes holgados, y U, va como adorno dos galones de
seda circulareR también y uua capelin11 f1gura1a a.si mismo con galones
y cerrada por dos broches sencillos del mismo género. J!;t cuello, doblado
en la parte del fr11nte, se levanta atráR con mucha gracia y va aJornado
de varios órdenes de cintas paralela@.
FIG. 22-JACKET PARA SEÑ1 RITAS,

;

· ...

·

Es muy sobrio y elegante.de paño de ePtlo t~mbi('n, completamente recto y muy ceñido, con tres órdenes de solapas dt1 rnerte que las dos del
fondo se revuelven 11tráR en una ligera capelina. Está.cerrada á. la izquier•
da por tres órdenes de brochecitos de strass.

•

FIG. 23.-DOS ELEG~NTES CORSETS.

Ti&amp;nen ambos modelos laboriosaR inserciones de cinta el¡,gantemente
dibujada, alternada con lazos de seda azul pálido ó rosa mate y están pri•
vando mucho.
·
FIG. 24. -GRUPO DE LESCERÍA,

Damos varios modelos de camisas y ot:as prendas p11ra hombre, de los
estilos ·que más privan en la actualidad
FIG, 25.-FRO:K PARA Ji,IÑA DE 8 Á lÜ AÑOS, DELANTERO Y ESPALDA,
'Es de una encantadora secillez, de percal azul acero, todo plissé y con
un bonito plastrón de liuo bordado. Mangas abullonadas. Collar alto con
un elegante lazo detrás.

...

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. Fig. 26.-Jacquet fantasía. Delantero
y espalda.

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1

FIG, 26.-JACQUET FANTASí.\, DELANTERO Y ESPALDA,

Es de un~ forma muy elegant8, de paño de estlo azargado con adornos
de ancha cmta acordonada: de seda, solapas triangul11res con galones
transversales y bonito cuello alto.
Seis botones fantasia ornan el frente.
FIG. 27.-"'LEGANTIE TOILETTE DE CASA.

Fig. 27~Elegante toilette de 'Jasa.

_I~e sarga de ~eda gris acero con un am¡.,lio volante de blonda holande11a
y1eJa1 descendiendo de ambos lados del frente hasta unirse en la parte
mfenor del ~elantero. La fald11 se p_l_iega en cinco grandes pliegues en la
pa~te posterior. ~ue.-po de paño beiJe bordado todo con elegantes guias,
abierto en amplio escote sobre un plastrón de muselina de seda plissé. Dos
g~a_ndes gulas de rosas con ~~a transversal, borde!lndo el escote y descendiendo á. lo largo del co:-pmo hasta perderse baJo el cinturón de raso
completan 1&gt;l atavlo.
•

..

EL SR. PRESIDENTE DE LA REPUBLICA
depositando una corona
el monumento á- los alumnos del Colegio Militar que murieron por la Patria.

en

�F,L MUNDO

202

LASEMANA
Desde que Pascal escribió su definición del talento, es muy fácil comprender el éxito de los la•
boriosos.
Nada más merecido que ese ascenso triunfal de
los artistas de la Compañía de Opera,-artistas
podemos llamarlos ya, parn hacerles justicia,que han adquirido una reputación con las cuatn,
de «La Vida de Bohemia. ~
·
Irreproch11 blesi' Tanto así no; pero nadie Je,;
negará una fuerza artí~tica c11paz de la interpretación mi\s pl11usible dentro de ~us medios. El público y la prensa han s1&lt;lo exigentes;querían que
la obra de Puccini sath-faciese en su- 11ueva pre•
sentación, no como mera reminiscencia de impresiones vivas aún, y los artistas han hecho más que
agradar, han obtenido ovacio,H'S.
No podía cerrar mejor la temporada. Los aplausos del jueves prometen la creación definitiva de
un núcleo ar1fatico. Los que ayer triunfal'on llevan alientos para seguir una ruta que ya no tiene
obstáculos, porque todos les dicen: ¡adelante!

"""'

Estoy por decir que l\Iürger reconocería acaso
la Bohemia que él vivió, en la que hicieron Torres Ovando (un Colline qué me ha simpatizado
extraordinariamente) y sus tres compañeros de
fingidos infortunios y de triunfos reales.
El oro de los escudos de Schaunard suena alegremente en las cartas que t&gt;Scribía á sus íntimos
d novelístl\ bohemio, cada vez que llamaba á su
puerta la fortuna. Han pasado i\ mi vista 1:ntre
otras, ésta que escribió á León Noel con motivo
de un epital11miJ dirigido á la hija del Czar y
que 'rolstoi hizo pagar espléndidamento á Mürger:
«Caríssimo! Decididamente, Eva hizo muy bien
en comerse la m11nzana y Voltaire acierta cuando
dice que todo está bien como está.
Creo que no suprimiría ni una jota á este axioma aún cuando lo tuvieFa delante de los ojos.
Me preguntarás á donde co11duce este exordio.
Pues .... naturalmente conduce á una couclusión m~gnítica, amigo mío, á un final dorado.
Jt'igúrate que si no te envío esta carta con un
mensajero de librea, es sólo porque vives muy
cerca,-treinta leg11as!-no valdría la pena; por
lo demas, mis recursos lo permiten, nado en un
río de oro, en un océano de monedas de cincuenta céntimos. Es una lluvia, una verdadera lluvia
de bustos de mon11rcas y de reinas de todos lo~
países y de todos ~os perfiles; me lavo las manos
en el Pactolo y .... con jabón de almendras.
Tengo guantes multicolores, levitas idem y pantalones itou. Lo;i poetas mienten cuando afirman
que la vida es sombría y triste. Es que no la co11ocen esos gemidores de misere-nobis; ni aún sospechan la existencia de una multitud de voluptuosidades que saboreo en estos momentos; no
han comprendido jamás todo el placer con que
nos regala un cochero de fiacre que pide uoa pro.
pina; ignoran que hay perfumes exquisitos en un
cigarro h.tbano y resplandores en la bugía del
sol y armonías en el rechinido de unos Z.ipatos
nuevos y charolado:;. Y bien, todo esto lo siento
' oigo.
.
'
l o veo, .o
No me reconocerías si me vieras. Aquel flamenco burdo que era yo ha desaparecido, se ha
hecho polvo. con su vieja levita y sus botas claveteadaf. lía mue1·to biLho para resucitai· f énix.
¡Qué hermoso verso latino se haría con esa metemsícosis, estoy seguro!
Juzga de mi júbilo cuando recibí la descomunal noticia; temblé desde mi d"ifunta cor baca hasta mis clifuntos zapatos. Corrí á cobrar el giro
en casa de Rosclíild; de ahí á la librerfo; luego á
ver al sastre; en seguida al restaurant; después
al teatro y al café, y por último volví á mi casa,
hundiéndome entre sábanas nuevas y una atmósfera perfumada para soñar que era Emperador
.Marroquí y que iba á casarme con la Tesorería
del Banco de Francia. Esta es mi existencia.,
~

Y era la de todos aquellos jóvenes que daban
espera11zas, realizAndolas á veces; pero que por
abandono y timidez, por ignorancia de la vida
práctica, creínn que la creación -de la ebra artística es el fin de la tarea y se sentaban imaginando que la admiración pública y la fortmiá vendrían á busca1·1o·s · escalando la vehtana de su
bohardilla.

Tloml111t"o 11 dfl 8Pptl11mbre de 1898

contra el mismo gobierno francés que sancionóla sentencia, sin que el público se hubiera enterado de fas pruebas matenides del proceso. Acababa.
de recibir el célebre liter11to francés rudo golpeen su segundo proce:;o, cuando un incidente inesperado viene á exitltar los ánimos, á agitar los~spíritus, !\ sembrar dudas por todas partes y á
hacer que el asunto Dreyfus reviva en todo su
interés y sacuda el suelo ruismo de la F rancia.
Absuelto d conde d ll Esterhazy por un consejo de investigiwión que no pudo encontrar, en su.
~
conducta como militar y en sus procedimientos
A la vez que un militarismo ruinoso y agresi- como acusador del capitán Dreyfus, nada censuvo provoca en el antiguo continente la tentati\·a r11 blti ni que pudiera caer bajo la acción penal,.
de aesarme, iniciada por Nicolás II, México apren- se averigua. que uno d-, los documentos presentade en la modesta y fecunda l-abor de cuatro lus- tados como pieza de couvicción y que sírviaron
tros, á cime11tar democráticamente en la concor- para opoutr~e á todGI, rt:visión en el vieJo procese&gt;,
Ha bvspechoso de folisifwación; se procede al
dia del iudustrfalisruo la estabilidad social.
El plantel militar y técai~o de Chapultepec anei'lo del teniente coronel Henry, uno de los.
forma el tipo del soJda&lt;lo liberal que conti11úa la acusadores ruás ttnact-s dt:l infeliz· judío; el protradición •!e nuestros nérocs, militares por patrio- cesado confiesa su delitl•; declara yue esa carta
había sido falí,ificada por él, llfirma que la pretismo y ciudadanos por instinto.
La ( ducación práctica inspirada en el amor seutó porque teniendo en 1:,u co11ciencia ia con vicdel progreso, lleva á nuestros jóvenes cadetes á ción inquebrantable de que Dreyfusno es inocenla comunidad de aspiraciones con el pueblo; no te, para que no se int1:ntara la revisión de su ,propretenderán jamás repudi,,r la libertad porque ctso, ofrecía aquel documento que calmaría la
saben amarla y han sentido sus divinos entu- inquietud de los esrírítus y 11callaria los clamoresde los que abogan en favor del traidor declaradosiasmos.
Robustecen su espíritu en una religión,-ladel por tribunal competente.
Después de esas mauifestaciones, atendiendo, sepatriotismo heroico que cubren con su follaje los
gún se dice, á consejus venidos de sus superiocentenarios ahuehuetes.
res, después de haolar l11rgame11te con un emplea~
do del l\1i11isterio de la Guerra en el departamen•
La diafanidad de nuestro cielo se ha opacado to de Estado Mayor, cuando se queda aislado,
en estos días grist:s. Estas nieblas son parisien- solo con su conciencia, en la tristeza y el retirose:;, decía ayer un lagartijo impúbero que habla de Ja celd11 que se le había seflalado en la prisustituyendo lar cou una·g que él juzga del me- sión del Monte Valeriano, con pulso firme y
usando una navaja de barba, se degüella dejando,
jor tono en un ciudadano de Cosmópolis.
Esag impertinente sugiere reflexiones útiles, y aos cartas diligidas á sus antigm,s jefes.
entre otra1:1 esta que recomiendo i\ los que tienen
que sufrir retardo cuando pasan por la Avenida
***
de San Francisco: la oportunidad y conveniencia
Digno de notarse es el nuevo giro que toma un
de un ukase que disperse las parvadas de ociusos
asunto,
que por tanto tiempo ha ruanteuido en
que instllla11 sus inútiles perso11as «desde hr estensión
el es¡íritu público. de la República franquina de la Sorpresa hasta la puerta del Jockey
cesa. La _boca del teniente coronel Henry, sellaClub.»
Oh! si el feminismo imperara en México. cuán- da par11. s1empr~ por la mano del suicida; su inesto tiempo ha que los stñores lagartijos buscarían perada resolución en el momento en que más se.
tmpleo á su a1.:tividad en o:ras tareas menos per- necesitaba su palabra; un momento de debilidad
judiciales para las damas, que la fácil elabo- ó acaso de supremo heroísmo, en un oficial de es:
ración de e:;a and1rnada de ruadrigales tontos que te temple, que por varios afios había sostenidooyen al paso todas 111.s que tuvieron la desg1·acia con lirmeza su actitud, que había Jevant1.&gt;do la
voz contra Emilio Zola en la deshecha tormenta
de nacer hermosas.
que provocó su proceso, que acusó de infidencia al coronel Picquart, y después de las sesionesU_na asociación de profesores se propone or- del tribunal, fué al campo del hOll\Jr con BU acugamzar conferencias científicas para vulgarizar s11do, en el cual lance rusultó herido de cierta gralos e~•-10cimientos más útiles, y podría decirse vedad; un hombre que ha resistido con c:1tereza
todo el oleaje de la campaiia_que se dice semítitamb1en, los m~s olvidados generalmente.
ca
en favur de Dreyfu~: es couvieto de falsedad
Hay en lo.s países latinos cierta tendencia á
desp1:eciar precisamente las nociones que más se no queda tiempo para echarle en carll su falta d¿
relacionan con nuestras necesidades. Parece co- probidad en un asunto de esta trascendencia, y
mo que deslustran las ciencias útiles y que un para. zanjar todas las dificuaades, para evadí!."
contacto directo con la realidad es de mal tono. todos los compromisos, acaso para acallar los gri¿No hau perseguido en Francia á un literato tos de su conciencia acusadora, corta por propia
pon¡ue pretendía desacreditar falsedades y pa- mano el hilo de su existencia, y arroja á ias multraiias? Y otro escritor que organizó una campa- titudes hambrientas de informac~ón, lanza á los.
ña contra la enseñanza clásica en nombre de la que piden justicia, á los que reclaman revindiciencia y en favor de las lenguas modernas en cación del derecho, un cadáver palpitante marcanombre de la utilidad, ha sufrido todas las iras do con el estigma del suicida.
del vulgo literario.
*
Afortunadamente aquí no somos tan lrrtinos y
**
el buen sentido ha impuesto una instrucción me¿Se habrá hecho justicia Henry considerAndo1e.
nos decorativa.
culpable? ó solamente se habrá sacrificado en aras
Dick.
del sigilo profesional, por guardar secretos de su~
superiores, que á nadie, ni a.sus jueces debía revelar? Quién sabe! pero los resultados no se han hecho
esperar. El general Boisdeffre, jefe del Estado Mayor del ejército francés, ha renunciado su alto puesRESUMEN.- Otra vez el asunto Dreyfus. -Las re,·ela- to; el general Gonse, sub- jefe en ese departamenclones de lltmry.-.Kl secreto de un suicidio - Rell- to, ha presentado también su dimisión· largas,y
ros y dimisiones - El ferm~nto de nue,·as agltaclones. - Ln revisión del proceso. - La actitud del Go- reftidas conferencias se han celebrado ~n el senobierno. -Luz y J ustlcla. - Matanzas en Candi a - Otra del gabinete; el presidente Brissón se ha inclinav•z la cuestión de Creta. - Intervención inglesa.- do del lado de los que piden la revisión del proTemores de 1111 confllcto.-El desarme general.-Las ceso; todos los demás ministros se han adherido
:dells del Czar.-La prensa francesa y la pre~sa ale• de buen grado á est11, opinión, y sólo l\I. Cavaigmana. - Siempre Alsacla y Lorena. - El nudo gor&lt;lian~c, ~i,_libtro de la Guerra, firme en sus antiguas
uo.-Dreyfus y la guerra. - Conclusión.
convicc1cnes, consecuente con las declarac~ones
Acababa de ser condenado Emilio Zola, por pe- que hizo ante la C¡í.mara de representantes en el
dir en términos violentos en su tremendo J ' acusse! pasado julio, inquebrantable en su creencia de.
-la revisión del proceso de Drey rus, lanzando acu- considerar á Drey!us merecidamente condenado
_saciones terribles contra el consejo de guerra ha opuesto ruda resistencia á sus colegas; y cuan:
que había condenado poi· traidor al desterra!lo do v1ó levantarse la opinión pública en su contra
de lll Isla del Diablo, cuntrn los altos dignatarios cuando se vió a1-ro!lado por la decisión de su;
del ejército que habían org1rnizado ese consejo, y compañeros de gabinete, cuando vió que la prenVivían como al margen de la sociedad, en el
aislamiento y la inercia.
Petrificados en el iirte tomaban en toJ.a su
exactitud literlll los símbolos del ditirambo académico, que corona la frente de los poetas.
Quién hablaba así de los bohemios? Uno de
ellos que ha dicho: «Para esos cándid.:is, el arte
consiste en divinizarse mutuamente y tenderse á
lo largo mientras lleg a la hora de que los pedestales surjan b11jo sus pies» .. . .

"""'

nomln¡ro 11 ile Reptiembre de 1898
sa hacía un cuarto de conversión, poniéndose del
lado de los revisionistas, cuando vió su im potencia para llevar al seno del gc.bierno responsable
sus ideas sobre lo impolítico del paso que se meditaba, presentó su dimisión, huyó de la tormenta y se retiró tranquiiamente á esperar los acontecimientos.

203

F.L MUNTlO.

contra los factores de estos c1 ímene3 tnauditos
que 11e cometen en territorio europeo.
Como embriagados con sus tri011fos sobre los
griegos, quietos se habfan quedado los súbditos
del Sultán por más de un añ0; ni una palubra se
hablaba de sus crueldades, ni una nota. se recibía
de sussangrientas hazañas, hasta hoy en que, turbando la paz general, se dejan escuchar bU-! ru•
gidos de hienas hambrientas, y sus alaridos de
salv11jes. Las matanzas de Candí-t y la muerte de
algunos oficiales ingleses reclaman una pn uta y
activa intervención. Volverá á hablarse de la autonomía de Creta, los gabinetes europeos volverán á discutir los asuntos turcos, y se presentarán
otra vez candidatos para el gobiJrno de la isla.
Pero no parece tan liso y 111:1110 este camino: oosible es que el incidente dé ocasión il que la Gran
Bretaña, siempre dispuesta á nuev11s aventuras,
tome á su c11rgo la revindicacióu de los creteuses,
y punga á su ampar0 111. revuelta isla que en
tiempos pasados condujo al sacrificio al reino de
los helenos. Posible es yue, sin esperar 1·xtrail.as
autorizaciones proceda el gobierno de Londres
por su propia cuenta y bill contar con la cooperación
de las otras Potenci11s; pero también es posible
que el Imperio otolllano ensoberbecido con sus
triunfos recientes, ufano con sus fáciles victorias de Tesaha, orgulloso
de hllb&lt;:r logradocon suastuciaromper el concierto europeo que ma4uina b11 contra él, oponga su veto
á esa i11tervención y quiera rechazar la fuerza con la fuerza, pretendiendo asentar la 11ueva idea de que
ya no es el hombre enfermo de Eu~
ropa, de que se basta A sí mismo
para acudir á las necesidades de
rns ~úbditos, y de que no m cesita
ya de auxilios txtraños pua sc.focar motines y vencer rebeliones, siqu:era sea ahogá11dolos en torren.es de s11n~re.
Y el problema oriental, que parecill resuelto ú olvidado, volvtrá á
estar á discusión y figurar en la orden del dia y entre los asuntos que
ha de resolver la próxima twnferencia in~ernacional de l'etersburgo.

***
¡Cuánta s revelaciones se esperan, hoy que el
cable nos comunica que está decidida la revisión
del famoso p::oceso! C'uAntas sorpresas nos aguardan, si llegan ft descubrirse los secretos que basta
hoy permanecen ocultos, los misterios que quedan gu11rdados, los nrcanos que se esconden en la
sombra! Luz. mucha luz! gritan los que quieren
ver claro en el asuntn; justicia, siempre justicia!
reclama la Sr11. Dreyfus, que llspira á la rehabilitación de su esposo. Justicia! dicen también alSr. General Juan Villegas,
gunos jefes del Pjército que rechazan indi,,.nados
0
Director del Colegto Militar.
toda sospecha contra la institución, en la que se
:;ipoya la República, en la que tiene sus legítimas
esperanz11s el pueblo, en quien confía el país su:1 el seno mismo de la Europa, y aéarn tenga
más sagrados inter: ses.
sus graves consecuencias. Accidental ó delibera,
Y la revisión se hará, y se abrirá de nuevo el &lt;lamente, un tiro lanzado por un sol&lt;lado ingl ésjuicio público y aparecerá otra vez ante las que hacia centinela en su cuartel de Candfa, ha
;.bsortas multitudes, la figura dantesca de Alfre- sido la chispa que encendió la hoguera y calcina
do Dreyfus, que ha recibido en su
cara las injurias del populacho, que
presenció su degradacjón con la
frente humillada y los ojos inundados de lágrimas, que partió para su
destierro con hondas amarguras en
su corazón, lltvando tal vez en su
alma la certidumbre de su inocencia; que ha permanecido cuatro alios
en el lugar de su martirio, esperando, esperando á que algún día so
Je hiciera. justicia, sin acudir, C')mo
Henry, al expediente dP.l suicidio en
cuyas ondas negras no quizo arrojarse.
Vendrá también Zola de su des•
t ierrovoluntario; y acaso puena verse entonces, que las muchedumbres
que pedían su muerte y lo ensuciaban con el dicterio y lo salpicaban
con el fango de la injuria y con el
lodo de la diatriba, lo reciban en
medio de aclamaciones frenéticas,
***
porque al fin su palabra ha prevaPoco á poco se va sabiendo por
lecido por encima de las pasiones,
lo que publica la pre¡¡sa europea, la
por encima de los odios, por encima
disposición en que se hallan las nade los intereses. Tal vez con térmiciones
de la monárquica Europa, en
nos violentos y con frases duras se
Colegio militar en Chapultepec. - Instrucci6n de artillería.
cuanto se refiere á las ideas del
presentó ante la opinión públice y
Czar. Francia, que parece la más inse concitó las iras de sus acusados;
pero en el fondo, su reclamación ha sido oída, su con sus rojas lenguas de fuego la sacudida tierra teresada, guarda una prudente reserva y sólo se
solicitud o bseq uia&lt;la y puede estar tr.anquil-0, por- de Cret3. Los mahometanos i;e han lanzado á la -&amp;ah.e por la voz de sus diarios, que cree indisrenque después de tantas persecuciones, no han sido matanza y al pil111je contra los cristianos; los sol- sable para proceder al desarme, según las aspiradados del Sultán han permanecido impasibles, ó ciones dl'l pueblofraneés, que antes se resuelva la
estériles sus esfuerzos.
no han tenido fuerzas para sofocar el motín, la suerte y los destinos futuros de Alsacia y de Lopatria de Minos se ha empapado otra vez con la rena.
*
**
sangre de sus hijos, los soldados ingleses han te.
."~o valia la pena,--dice un diario en su paEn los momentos en que es objeto de discusión nido que defenderse, y los buques anclados en la
triótico
desencanto-no valia la pena haber abierbahía
han
bombardeado
la
ciudad
para
restablela filantrópica iniciativa del Czar de Rusia, para
definir los medios positivos de un desarme ge- cer el orden. Más de dos mil cadáveres en las ca- to nuestros brazos á Rusia y nuestro corazón, haneral y lograr la paz sobre la tierra, un inci• lles de la ciudad y en los campos vecinos claman berle propotcionado nuestros ahorros y confiado
dente inesperado viene á encender la guerra en venganza al cielo y piden justicia Alas potencias, en su grandeza, para que hoy nos obligue á re-

Politira &lt;5.en.erttl.

Col&lt;&gt;gio militar en Cha1mltepec. - Clase de esgrima.

Colegio militar en Chapultepec.-Dormitorlo.

�•
Domingo 11 de Septiembre de 1898
ELMU:'JDO

_ __
n_o,;;;min~g~o;..;;;ll;;..,;;.de;;.;;;8;;;,epr,;,;t;;;ie:;;;m;;;:b~r;;e;,.;d;;;;e;,;1~898~====--=========,,...:,;'.L~,:;;M~UND~,;,;0;:;...=~===~=~~~~----=========~~º5

::r~~~i~:

Sería de ver que, después .de la !nteli~;n:::íc~~~::Sl
~!~
tuas concesiones e~ la cuestión ~hmafl.f se hap conjurado todo temor
intereses entre Rusia y la Gran reta '
.
Francia en el mode conflicto, estallara la guerr: efi!;a~:::n;:Jnciarse 1a' autonomía
mento m~nos esperado y cua~ ~l de una vez la eterna manzana de
de Alsac1a--Lorena, para amqu1 ar
la discordia.
X. X. X.
8 de Septiembre .de-189.8.

COLEGIO MILITAR
.
--b!mente e1 Colegio Militar en
Con motivo·de la c6remoma que c_ele ra anua defepsa de la Patria, publíhonor de los alumnos muertos her~icamente ~~ntel tan simpático al publico
camos hoy algunos grablaSdoñs replativ_°cte!t~ª~f1a República una especial pro•
mexicano y que debe a e or !es1
·
tección. ·
. st. . . d
"Escuela de Cad1&gt;tes" sienEl año de 1824 se decretó la m it~ic~on
Gne~eral V•ctoria y Mini~tro de
do á la sazón President~ de la Repub hca el. en Perot·e la nue\·a escuela
la Guer:-a el General M1er y Terán. 1neta ose
d
11
bajo la Dirección d~l Coronel ~o,é M. Co~tés ?:di~fci~·
de Betlemitas huta
A poco pasó á México el Colegio, ocur-!1 o e
el año d!l ld833, eB q1~ 1si79:;t::/efª;.1¡an~~f\n Chapultepec. J;,a _ocupación
ue1 ano e 43 a1
. ,r
•
tif'
del establec1m1ento y por
americana destruyó ó extravió los ut1les c1e~ icos al del pais quedó claueste motivo y ot~OS relacionados :¡on¡el d:r~g~~~~:raüo reanudó SUB tareas,
surado el Colegio hasta que en u~.o
d "dió que volviese á Cha•
ocupando San Lúcas por algunos meses mientras se eci
9
pult~pec lo que se efectuó el año de. ltl4 •
0 e a gloriosa el ColeYa durante la invasión norte:americana había escnto !~!~o~ {1gunos de los cuagio Militar, ofreciendo á la patria Ia sangre pura d! :!~riflcio qu~ ¡08 hizo inmortales.
lee, muertos en el camp_o de. bat!'-11a, ~onsumaron u
BI
atacó la plaza de MéEl año de l85j el distmgui~o Jef_e hberal Don Mlgu~l
aneo im erdonable desaca1
xico defendida por los re11:cc onarios, los cuale~ cGe~~erd: s:n cEsme fuera cubier•
g::;r~tfüt~~~E~:~sd~e~fstie~on
bizarria _el empuje de las faer-

f

,..
Colegio militar en Chapultepec.-Clase de artillería.
nunciar para siempre á lo ·que ha sido el objeto de nuestrvs anhelos Y
el fin de todas nuestras labores."
"Para llegar A esta solución-dice otro periódico-no necesitabamos
haber ido á San Petersburgo."
·
Y sir. embargo, nótase en general, un tono moderado en la prensa
francesa, en que se trata de alhagar al imperio moscovita. No quieren ~e
ningún modo rechazar precipitadamente y, sin maduro exámen_y sin
pesar todas las condiciones políticas que abarca el gran pensamiento,
que encierra li&gt; noble iniciativa del emperador Nicolás II.
.
Entre tanto los órganos de la opinión en los dominios de Guillermo
II casi se ufanan y se deshacen en alabanzas por la nota del Czar. Alg~no, cuando más, lamenta que no haya sido el poderoso Hohenzollern quien lanz11ra al mundo esa idea, que por lo grandiosa merecía
haberbrotado en el cerebro del Kaiser.
Pero no llega su entusiasmo al extremo de aceptar sin restricciones la
iniciativa Moscovita. "No podremos renunciar A nuestros arm11mentos;
permaneceremos de guardia al pié de nuestras fortalezas, mientras
Francia no convierta sus armas en rejas de 11rado." Así se expresa un
periódico que se dice inspirado en fut:ntes oficiales; y cuando se analizan las pala9ras del mismo Emper11dor pronunciadas recienteme en un
banquete de agricultores de Westfalia, se comprende que el nudo gor•
diano en la cuestión de la paz, que el gran escollo que ha de encon•
trarse en el desarme general, será la cuestión de fronteras entre Francia y Alemania.

:~ t~:~t~~a:o:i~t

ª!~:

Casi todas las casas están edificadas sobre estacas, por lo que suele decirse
que la clu&lt;1ad de Amsterdam, vuelta del revés, presentarla el aspecto de un
gran bosque sin hojas y sin ramas, y casi todos los canales están flanqueados
por dos anchas aceras y dos largas filas de tilos
Esta regularidad de ~orma, m11diante la cual puede extenderse la vista por
todas partes, ~a á la cmdad un aspecto maravillosamente grandioso. Al volver cada ~squma, se ven en la nueva dirección, tres, cuatro, hasta seis puen.
tes le~ad1zos. unos alzados, otros bajos, otros en movimiento, que ofrecen
á la vista una fuga de puertaa y una confusión inexplicable de maderos y
cadenas, que á cualquiera le hacen pensar que Amsterdam se compone de
barrios enemigos fortificados uoos contra otros. Los canales grandes como
ríos, forman aquí y allá vueltas y remansos espaciosos á los que se da vuelta
pasando por una sucesión de puentes unidos los unos con los otros De todas
las encrucijadas se ven _pe~spectivas lejanas de otros puentes: de otros
canales, de buques, de ed1flc1os velados por una ligera niebla, que hace pa•
recer mayor la lontananza.
Las casas, casi todas altísimas, respecto á laR de las demás ciudada., holandesas, negras, con las ve11tanas y las puertas contorneadas de blanco,con fa.
chadas de puntos y en escalones, ad(¡rnadas de bajos relieves que representan urnas flo~es y anim11!es; están casi protegidas por la parte de delante, por colummtas. balaustradas, cadenas, b&gt;1rras de hierro y separadas
unaa de otras porunamurallita y dentro de estas fortalezas avanzadab quti
o_cupan gran parte de la calle, hay veladores, macetas, sillones, sll1as, carrt&gt;•
tillas, cestas, r~stos de muebles viejos, así es que, mirando la calle desde una
de sus extremidades, parece que los habitantes de las casas han convenido
en echarlo todo fuera y tenerlo amontonado. Muchísimas casas tienen un
piso más bajo que·el nivel dela calle, al que se baja por una escalerilla de madera ó de piedra; y en aquel espacio entre la calle y los muros, hay más
macetas de fwre~,mercaLclas puestas á la venta, gente que trabaja una vida
confusa y obscura que bulle al pié del transeunte
'
Las calles principales ofrecen un espectáculo único en el mundo. Los cana•
les están cubiertos de buques y de gabarras, y en las calles laterales se ven
á un lado 1!10nto~es de barricas, de sacos, de c11jas y de fardos; al otro una hilera de luJosas tiendas. Aqui hormiguea la gente bien vestida las señora11
las criadas, los merca~eres ambulantes, los tenderos; allá el puebio rudo y vá'.
gabundo de los m~rmeros_ y barqueros, con sus mujeres y sus hijos. A la
derecha se oye el vivo cuchicheo de los ciudadanos, á la izquierda los gritos
agudos y lentos de 1!1- gente de mar. En un lado se sientA el' perfume de lu
flores y el olor apetitoso de las fondas: en el otro el hedor del alquitrán y el
humo de las pobres cocinas de los barcos de vela. Aqul se alza un puentti
levadizo para dar paso á un buque, allá se amontona la gente para pasar

*

*

Colegio militar en Chapnltepec.-Clase de mecánl~a.

Colegio militar en Chapultepec.-lJn c-.irso de matemáticas.
zas liberales que atacaron el punto y no volvieron ni un i~s~ante la espalda, por más
que fuera cruel y bárbaro obli_garlos á pelear en ~uerra c1lv1l. 1861 baJ·o la dirección
En 1860 se clausuró el Colegio para volver á abnr sus au as en
de Don José Justo Alvarez.
- d 1863 al de 1869 es•
Durante el erlodo de disturbios comprendido entre los anos e
.
tuvo eerrado ~l Colegio Militar y el mes de ~nero del últimot a~o e~~iCat~~~as;::~
organizó de nuevo acupando durante tre¡; meses el conven o e • an
.
pasar en segu'da ai Ex:-Arzobispado de Tacubaya.
.
ó 1C 1 gio
El año de 1882, siendo el Director General Don Sóstenes Roc~a,. maugur e hºa. eha•
Militar el edificio que hoy ocupa en Chapulte¡&gt;ec. _Durante los ult1mos años n_on
como
bido interrupción en las meJoras con que el Gobierno hace progresar tan. u 1
simpático plantel.
·é
bli
Et director actual, General Don Juan Villegas, cu_yoretrato tamb1fl 1¡u8 :
camos, es un militar facultativo, que consagra su ..-ida con amor _Y a
tenimiento y progresos de un Colegio que ho~ra al pals Yª! gobierno !ª1:1 0
por la instrucción técnica que en él recibe la Juventud laboriosa Y ené.gtc!lque ¡0 integra, como por la moralidad, disciplina y pundonor que caracterizan á sus alumnos.

8

ºf

-------~---------

.AMST.ERD.AM.
L! CIUDAD EN DONDE FUE C9RONA.DA. L! REINA DE HOLANDA

Colegio militar

en Chapultepec.- Clase de Qutmlca.

ob~ervada; iglesias para los luteranos de la co1•fesión de Augaburg·o, observada con
latitud; para los mtmuonitos, para los walones, para los inglebtil! episcopales, para los
i11gleH:11 presbiterianos, para los católicos, para los cismáticos griegos: y cada uno
de t' ► t s templos alza al cielo una torre que, arece hecha para veucn á las demás en
originalidad y rareza. Lo que dice Víctor Hugo de los iHquitectos flamencos que fabricaron campanarios poni,.ndo una ens11lad, ra boca abajo bObre un birrete de iuez,
un azucarl'ro eobre la en¡¡alad,ra. una botella sobre el azucarero y otro chisme
sobre la bot1-lla, puede referirse en parte á los campanarios de Ameterdam. Algunos
están fo:mados de kioscos ó templetes superpuestos; otros de mu chas torre cillas que
parecen sac,.das más de dentro de las ot. as, de modo qut: dando uo golpe á la más alta. todo el campanario d, be embutirse C(JlliO un anteojo, otros son sutiles
como minaretes, casi entnamente construidos de nierro, adornados, dorados,
calados, trasparentes; otros coronados de medio arriba de balau. tr..ida!l, terrados, arcos y columnas; casi todos remataaos por un globo ó una corona
de hi~rro d-e forma de ct:bolla, qu ... sostiene á su vez una b?la y ésta un
hasta-bandna, sobre la que suele haber aún cualquier objeto, que acaso tam•
poco 11s el último, lo milnno que la&amp; torrecillas que hacen los uiños, superpo•
niendo te,do lo que tienen á mano.
* -

**

Será una exageración, pero hay quienes afirmen entre los persona•
jes de influencia de Francia, que el embrollo Dreyfus, que. acaba de
entrar en una nueva fase, puede dar ocas~ón Aun rompimiento entre las
dos aborrecidas rivales. Siempre se ha dicho por lo bajo y se ha mur·murado entre 103 b 1stidores políticos,• que la traición atribuida A
Dreyfus y por la cual sufre los martirios del destierro, del aislamieuto y de la soledad; por la cual está todavía marcado con el estigma
candente de la reprobación general, había sido por revelar secretos á
los agentes de Alemania. Si el Gabinete que preside M. Briisón está
resuelto A rasgar todos los misterios del proceso, y á. abrir puerta franca á todas las declaraciones que hasta ahora se han callado en nombre
del secreto profesional de los funcionarios del Estado, no sería difícil
que surgieran graves complicaciones, que no podrían conjárar .n_i las
·palabras del apóstol que predica la paz desde San Petersburgo, m las
amonestaciones del Santo Padre que pide la concordia desde el Vaticano.
y sería de ver que, por extrafio modo y en virtud de agitaciones
interiores que .3acuden al pueblo francés, estallara la temida conflagración que ha tratado de evitar Nicol:ls II con su nota de paz y de concordia.

Colegio militar en Chapnltepec.-C,Uedra de física.

El primer efecto que produce e~ta ciudad, ap~nas se ~an recorrido algu·
nas calles, es dificil de manifestar. Parece ~na ctudad mme1_1sa y de~ordenada; Venecia agigantada. y afeada; una ctudad holandesa s1, pe~o vista á
través de una lente que la hace parecer tres vec~s mayor, la Capital ~e UD!'
Holanda imaginaria de cincuenta millones de habitantes; una metrópoh antigua. fundadll por un pueblo de gigantes ~n el ~elta de un rio . descomu~al,
para servir de puerto á una escuadra de diez mll n~v!os; una ciudad maJeB·
tuosa, severa, casi lúgubre, que produce un sentimiento de esmpor que
obliga á meditar.
La ciudad está fundada sobre noventa islas, casi todas de figura rectan·
guiar que se comunica'R por medio de trescientos cincuenta pueniee. Su
figur~ es ·.:m perfecto semicirculo, surcado por canales concéntricos, con relación al que rodea la ciudad, y atravesados por otros.convergentes alcen·
tro como los hilos de una tela de araña. Una ancha corriente de agua, llama·
da 'Amstel (q.ue con la palabra dam, dique, forma el nombre de Amsterdam),
divide la ciudad en dos partes casi iguales y va á desembocar en el Y.

por un puente abierto que se está cerrando; m4s lejos. una balsa pasa un
grupo de personas de unn_ nrila A por del canal; en el fondo de la calle parte un vapor; por la extremidad opueFta entra una fila dA barcazas parg~ das·
aqui se abre una compuerta; allá se desliza un trekschuit· á poca distanci~
gira un molino, y más "b;ijo se clavan estacas para una c~sa. El chirrido de
las cadenas de los puentes se confunde con el ruido de los carros· el ;;ilbido
de los vapores interrumpe la música de los relojPs de torre: las ;uerdR8 de
los buques se e_nlazan co~ las ramas de los árboles; el carruaje pasa junto
á la bar~a, la tI_enda se mua en el canal; las velas se reflejan en las vidrieras; la vida de tierra y la de PJar se rozan, ~e cruzan, pasando la una sobre la
ot~a, y se confunden en un espectáculo uuevo y alt'gre, como una fiesta de
alianza y de paz.
Si de las calles principales se interna uno en los barrios antiguos el espec~áculo cambia por completo. Las calles más estrechas de Toledo.'los calleJOnes más obscuros de Génovll, las casas más desiquilbradas de Rotterdam
no v~len nl!-da al lado de la estrechez, de la obscuridad y de! desbarajust~
arquitectónico que se ve en aquellos barrios Las calles parecen grietas II biertas por un terremoto. Las casas altas y negruzcas. medio ocultas por Josba•
ra_pos quA cuelgan de las ventanas y de cuerdas,. están tan inclinadas que da
miedo; algunas se hallan replegada11 sobre si mismas, como Fi estuvit&gt;ran á
punto de hundirse, otras casi se tocan con los tejados, no dejando ver más
que un hili~o de cielo; ot~as se inclinan á dos partes opuestas, y parecen casas
de· escenario cuando se muda la decoración. ¿Fueron comtruid11s as!, por
ca~sa de las ag~as vertien~es, ó se inclinaron porque cedió el terreno? Ha.v
qmen cree lo primero y quien cree lo segundo; pero los más piensan las dos
cosas, lo que me parece más racional. Hasta en aquellos laberintos donde
hormiguea gente pálida y triste, para· la que un rayo de sol es uua bendición
de Dios, se ven macetas de flores, espejitos y cortinillu en las ventanas, que
revelan unll pobreza acomp11ñada d&lt;&gt;l cariñoso amcr del hog11r.
La parte más pintoresca de la ciudad, es la comprendida en la curva del
Amstel,alrededorde la gra!l plaza del mercado nuevo. Vénse allf encrucijadas de calles tenebrosas y de canales deslertoF; plazolEJtas solitarias rodeadas
de paredes chorreando agua; casas mohosas, destartaladas decrépitas, bañadas por aguas mu1&gt;rtas é inmundas; vastos almacenes con todas las puertas y
ventanas cerradas; barcas y gabarras abandonadas en el fondo de canales
sin salida, que parecen esperar conjurados ó brujad, montones de materiales
de construcción que remedan avanzadas de incendio ó de ruinas; remansos
fangosos y asquerosos charcos; mures, agua, puentes, todo tan negro y tétrico, que produce en el que pasa la primera vez por alli, un sentimiento de
inQuíetud como si le amenazase alguna desgr,iCia.
Volviendo á la ciudad para observar paticularrmente los edificios, lo primero que llama la atención son los campanarios, En Amsterdam hay templos
de todas las religiones: sinagogas, iglesias para los reformados calvinistas,
Iglesias para los luteranos de la confesión de Augsburgo, rig·urosamente

Entre los edificios monumentales-que no son muchos-fignra el Palacio
Real, el primero C:e Jo¡¡ p11l~cios deilolanda, edificado entre 1648 .v 1655 sobre
trece mil seiscientas cincueLta y nueve estacas. grandioso, pt'sado v obscuro cu ro m!l.~·or ornamento 1&gt;s una sala de baile, considerada la má.s grande de Europa; y su mayor cl11focto no tener portal por lo que se llama comunmente la ca8a ~in punta, r·ara contraste. el edificio de la Bolsa. que se
eleva en frente fuudado rnbre trl'inta y cuatro ciil e;;tacas, se llama la puerta
sin casa, porque uo tienA nada notable á no ser un peristiro de diez y siete
cohlm11as; juego de palahraR que todos los holandeSE\o dicen á los extranjeros, sonriendo imperceptibl«&gt;m~nte cnn 1&gt;l borde de los labios. El que llegll á
Amsterdam en la primna semana de la Kermesse, que es el Carnaval de Holanda, pucde ver en este edific10 un e~pectáculo curios!Rimo. Durante siete dlaR á las horas en que no se negocia, está abierta la Bolsa para toda la
chiquillerla de la ciudad que la invade, haciendo un ruido infernal con pitos,
tamb res y gritos; licencia qu1&gt;, si dice verdad la tradición, ha sido concedida
por el Municipio en honor de algunos muchachos que jugando cerca de la
anti,rua Bolsa en tiempo de la guerrad11 la Independencia, descubrieron á. los
españoles que se preparaban á volar el edificio con un pontón IIPno de [ólvora. y corrieron ó. avisará los ciudaclaoos, fruetraBdo así el intento de enemigo Además del Palacio Real y la Bolsa, son bellos ornamentos de Amster~am, l~ catedral cons~ruida de cristal y de hierro, y rematando por una cúpula
h!!"eris1ma que de l!'JOS, cuando le da el sol parece u.na gran mezquita, y
como monumtntos históricos, las vit'jas torres que se elevan en las riberas
del puerto.
F.n~rP _estas torres hay una que Fe llama TLrre del rincón de los llorosos ó Torre de
las lagrimas, porque allí se embarcaban en otro tiempo los marinos h(¡landeses para
sus larguísimos viajes, y sus familias iban junto aquella torre pa•a saludarlos y
verlos partir. y lloraban Snbre la puerta hay un tosco bajo-relieve, marcado con la
fech,a de 1569, que representa el puerto. una nave que parte y una mujer que llora
y fué puesto alll en coumemoración de la mujer de un marinero, que murió del dolo~
causado por la marcha de su marido.
Casi todos lo~ extranjeros que VRn ii. ver aquella torrEJ, d1&gt;spuée de haber e~hado
una ojeada al be jo-relieve y á la Guía que Pxplica su significado, se vuelven hacia
el mar como buscando el buque que parte, y se quedan pensativos. ¿En qué piensan?
Acaso en lo que pensé yo mirm~.

Colegio militar en Chapultepec. - Biblioteca.

�•
Domingo 11 d• S•ptlembre de 1898

EL MUNDO,

206

Domingo 11 de Septiembre de 1898.

EL MUNDO.

Los coches son grandes vehlculos con imperial que
PoP.teriormente, y ya en vlaa de ejecución las obras, por la Reina Regente, la Princesa Guillermina rea· pueden contener ó6 viajeros: 4 en la plataforma, 24
pondló:
~modificóse el proyecto para dar otra dtaposteión y
- " Yo no qui~ro esposo. Reinaré sola, como Isabel en el interior y 28 en la Imperial.
mayor amplitud, principalmente á los salonea de Ju•
Paede reprocbárseles sus dimensiones excealva•
de
Joglaterr&amp;. Y en todo caso, jRmAs me ci..saré con
:rados, ocupándose el Sr. de la Barra de dicbae modifi•
mente grandee; ea prefArible pttra un buen servicio
11
alguno
A
quien
no
ame
caciones. El provf'cto general de reformas del edifiLoe holandeses se someterán á. la voluntad de su que los cochea sean pequAños y que hagan un servlcio de la Cárcel 'Municipal formado por el Sr. Torres
reina
aunque muestran arraigadas prevenciones cio rob fre~uente Presdnditmdo &lt;1e ésto, loa que &amp;C•
Torija, subsiste tKI como lo formó el Director de
contr~
l&amp;
idea de que el Prlncipe consorte fuera de taalmente se usan tien,.n muchos aparatos perfeccfo•
~Obras Públicas por acuerdo de la Secretarlc1 de Gon -1dos· descansan sobre trucks articularios que permiten
origen
alemAn.
bernKción.
utiliz~t la adherencia &amp;obre los dos eies motores.
La parte del edificio destinada é. Palacio de Justl•
Cad•l tje motor recibe el impulso de un motor eléc•
cla del Ramo criminal, costará según el presupuesto
El pueblo que va á gobernar la Reina Guillermina,
trice, de 25 eabalks. Los empleados encargados de
aprobado S 72.tJOO. Tendrá tres pisos y ocupará una tiene por ella una gran adoración, y la miam~ que ha las m~io~ras de los diversos aparatos, ocupan un Ju.
superficie ue mil menos cuadrados aproximadamente, tenido por todos los descendiente&amp; de la familia Oran• g11r en las plataformas ant~r.ior y posterior. No olvi•
En las dos alas del piso bajo estad.u los .. aloues de ge NassMu
demos mencionar los deposttos de arena ~ue lleva
.
Jurados, de loa cual ea el de mayor capacidad po irá
No hay grandes luchas entre los partidos poltt1cos. cada coche pua derramarla sobre la viM- 1 s1 esto ea
Klojar basta mil personas. En comunicación c ... n di - El cooservtt.dor, reprtlaentado por los grupos Católi- necesario· además hay frenos ordinarios y electrochos 1:1alonea, habrá salas para las deliberaciones de co y Luterano, es una traJición
magnétlc~R- Est?s último, han permitido detener un
lo~ jurados y departamentos deetin&amp;dos á. testigos.
Los que prevalecen son el liberal y el_ r11dical, que coche cnrgado con 4 tonelRdas en una distRoci~ me•
En el segundo piso stdnstahirán los cinco Juzga· tienen sus representantes en los ocho m1nla&amp;ros dt, la nor de 14 metros sobre una pendiente de 24 mtlfme•
dos Correccionales, que comtaráu cada una de cUH.· corona y en la moyoria de los E:;t_adoe Gener.ales ..
trbs por metro y Levando una velocidad de 20 kiló•
tropiezas; una para los abo~adcs, queios1.1s etc., otra
El reino de Holanda tiene colomaa en el Asia Orien- metros por hora.
.
para la. SecretarWl, la tercera para declaraciones, y tal y en A~éric-a cun territorios 17 _veces más .~ra~Lo! acumuladores 110n dA 224 elementos, de B1ete
)a última para rl~spacho del Jnt&gt;z.
dcs que el d~ Holanda propiamente dicho y con 35 mt· plac11s, de unR capacidad de 3~amperes por bor&amp;, Lae
Igual dit,posición tienen los Juzgados de lo Crimi• Bones de habitantes, ~n su miLyoria de raza malaya. placas est4n encerradas en caJas ~e ebonita; la que
,na1 que ocupan el tercer piso
El rápido desarrollo del pais se debe en grtt.n par• encierra ll\ batería colocada debaJO del coche es de
Habrá amplias y cómod~s oficinas para el Ministe- te al poderoso esfuerzo d~I gobierno de la Reina R~· cerca de dos metros de largo por menos de uno de
rio PUblico y una sei!ción destinada a los peritos mé· gente que será ein duda continuado por la actu11l so· anchura
dico-legistas.
b1-1rau~. Holanda es uno de los patees más libre.:1 de
El equipo eléctrico de los cochea permite enviar a
El Gabinete antropométrico ocupará un sl$io ade- Europa· Jibertad cowpletil de religión, de prensa¡ to- cada uno de ellos ya 111. corriente de los acumulado•
•cuado en el terce: piso, en el que también tte instala- dos los derechos de asamb ie&amp; ,. de ptlticióu estAn ga- res, yA la dPl trolley pua moverla y á la vez cargar
rá la oficina del nrct1ivo
rantizados por las leyes constitucionales.
la bateria de acumuladorAs.
Seglin los informes que publica la prensR di11.ria, el
Sus principales ceutros com~rciale~ 1 son Amstorda1:'1
CaJ.a coche e=tá alumbrado por 10 lámparas innuevo edificio se inaugurar&amp; ~entro de ocho meses. y Rotterdam. En ambae se ha mverttdo gatttos cons1• candescentes dP 16 bujh.s.
L11 generaciéln de energia eléctrica está. situada en
derables, con objeto d" facilitar la n1tvegación_y me
jorar las condtciones de loa puertos, asf, por eJemplo, Aubet'villiers H&gt;Ly tres caldera11.multitubulares Roaer
a1ólo en el citnal lh1.m.,do canal de Rotterctam 1 a1e lun con nna i1U¡pe1 ftcie de calefacción de 193 metros cu&amp;•
drR.do11; 111.s mlt.quinas de v~nor son tres de un solo cigastado 20 millones en loa Ultimas años.
Hoy, edttt puerto es el tercero de .l!:uropa, en cuanto Jiudro y horizont11les 9,e ~50 Mballos y 75 1evolucio•
nea por minuto. Cada. una de éstu mueve por medio
á 11' lUilplimd de c.1u entrada.
.
Los últimos vttinte años se han marcado también de correas un dinamo Thomson-Houston de 6 polos
En despachos transmitidos por el cable y publica• por el d~sarrollo de las 10dustrias holaud~daa, Como de 160 watts y 400 revoluciones por_minuto
doa por el Imvarcial y El ltfundo 11e han reí e , ido t&gt;,QO&amp;
una prueba del arlelauto dd la iudu,tria, se puede ci·
Dos circuito"' principalflB parten nel cuadro de di&amp;•
•diarios á la coronación ue lamina Gu1Uermina de Ho· tar el hecho de q11e, una gran parte del mKteria.l para tribución, uno de 550 volts para la alimentación del
landa, la soberana má~ joven de Europa.
la armada nacional, anti;,1:1 construido sólo en lngla- trolley y el orro de 575 psra la carga de la ruta.
A las noticias que ya conocen nueatros habituales terra, hoy se construye en el pals.
lectores, vamos a "gregar algunos datos retativos á
este acontecimiento, y al Eiltado europeo que comienLa cer.-monla del dta 8 en Chapnltepec.
za a goberuar la nueva rema
El ejército consta de 80,000 hombres ~n pié de gueLa hija del difunto rey Gulllermo nr, de Holand11,
Ll11mamoB la atención sobre nuestraprimerA plana,
rra. .l!..J servic .o militar ed obllga&amp;0r10 dl!od6 loe 19
;y de susegunela esposa Emma, la Prmceaa Guillermi
tomada d,.el nRtural, por lit. que sa verá cómo procura•
años,
y
una
ley
reciente,
ha
ab_olit.1.o
~¡ 1:listema ele 1~11
:u&amp; acabM de subir al trono A los 18 "ños de ~dad.
moa satisfacer é. nuestros Kbonados.
Las ceremonias de la C lll onación se efectuaron en substitutos1 que antes libraba a Joa rtcos _de_ cumplir
con
uno
de
sus
mAs
caros
dl!ber"s
patrióticos.
Hay
Amaterdam, y en ellas, couforme á los deseos de la construiitas fortificacioued modernaa 611 AnsterdKm y
A.mor silvestre.
.Reina Regente y de su hija, los ritualea se slmplifi~a- en
diferentes
pul)tOs
á
lo
largo
de
ltt.
costa,
y
A
la
euron basta lo posibl~ Como no hay en Amsterdam ni
en el H•ya un dignatario eclesiáetlco competente pa• trada de los puerrns La escuela militar par&amp; la edu•
Pocas veces habremos podido dar un grabado que
.ra coronu á lM reina y tom1trle el juramento, como cación de lus oficiales del ejército, cuenta cerca de llene t11nto como la ilustración de arte que aparece
~000
alumnos.
El
ejérciro
colonial
tt.scitm~e
é.
4u.OOO
en nuestra edición de hoy, el gusto exquisito de
l&amp;&amp; leyes del país se o Ponen á. que l&amp; reiua :eciba la
y 1500 oficiales, todos vo:unt~no~, pues_Ja nuestros fa?orecedous.
•corona de manos de la Reina R~gente, entre las cere- a01dtt.dos
constitución
hob,nd~sa
prohibe
que
el
eJérc1to
nac10•
Amor silvestre es un cuadro de mérito que le ha
.moniae no figura precl11amonte Ja coronación. sino n&amp;l salga del pais, sino que debe s~r con11agrado univalido A eu autor un triun o merecido y la reproduc•
•que consisten en la tom11 del juramento ante el Con· :&gt;amente pu&amp; defonsa di;,J ti,rritorio d~ HoIMnda.
-aejo de Estado y el Cuerpo Diplomático.
ción en varias colecciones selectas de estampu.
Se babia prOpuesto que la reina misma se coronase
como ha sucedido con Klguuoo otros soberanos, pero
oeta proposición no lué uprob•da.
La tracción eléctrica en París.
El local escogido para la cerem r&gt;Dl&amp; fué la Niewe
El Sr. Emilio G. Lobato,
X.erck, el templo mé.s smituoso d., Amatersaum, pero
de San Lnta Potosi.
en el cual dihcilmente pudieran iue,alarse las dos
H1ce poco se ldzo en Paria un&amp; interesante aplica•
mil personas invitadas.
Por un olvido no hicimos constar en nuestro núme•
cióu de la tracción eléctrica.
Deapués, la reina recorrió las calles de Amsterdo.m,
En la capital de Francia los tranvias funcionan por ro Ultimo que las vistas relativas á los funeralea del
-eiendo aclamada hasta el delirio por el pueblo d6 Ho- medio de acumuladores y fuera, por el trolley aé- Sr. Gobernador de S1mLuis Potoaifueron tomadas de
landa que adora A su reina.
fotografías originales del Sr. Dn. Emilio G. Lobato
reo.
.
Dut11nte dos semanas, el pueblo de Amsterdam y el
Las Hneas de A ubervillif&gt;rs y d~ Pantfn tienen un intt,llgente y bondadoso colaborador artlatlco de 11El
.Haya van á e:tar en contacto con su reiua, pues todo trayecto t&lt;&gt;tal de 6, 2 y 6, 75 kilómetros, respectiva• Mondo Ilustrado 11
el f&amp;tlval tiene un carácter democrá0co, y la mKyor
Con un empeño por el que le damos aquí un teatl·
mente. La via fué iDl!talada por la Compañia de tranp&amp;rte de las ~iestas son popularee.
vlaa de Paria y del Departamento del Sena; PstA for• monio público de nuestro agradecimiento, trabajó el
mada por rieles Broca que pesan 44 kilógramos por Sr. Lobat,l para proporcionarnos Iu vistas publica•
meiro, cuando l" via ocupa el centro de la calzada, y das. cuyo mérito nos eR satfsfactorio 1econocer para
satisfacción del aventajado arthta potoslno.
por rieles Vigorle cuando va á los lados.
El banquete oficial fué solemne; á él asistieron 250
invitados. H11bo también una fieeta t'n el mejor tea•
tro de Amsterdam, y un baile de corte en el palacio
del Haya.
La reina irá á habitar probablemente el palacio de
Amsterdam, que puece, por su exterior, mls bien.un
edificio oficial que una residencia re•l. El interior,
&amp;in embargo, es magnifico. Fué construido en 1808 y
regalado A Luis Bonaparte cuando fué hecho rey.
La residencia favorita de la jovtSn soberana es el
pequeño ptt.lacio del Haya, donds paaó casi toda su infanci11.. Otro de los lugares que más la P gradan, es la
,que se conoce por 11 ÜH.&amp;a del Boeque, 11 con todas las
apariencias de un caetUlo feudal, rodeada por un par•
,que bermosfaimo y cuya cons"ucción dat, de princi•
,píos del siglo XV1r. Hay tambi~n un retiro en la par•
ite Norte dtS Utrecht -el castillo de Soestdyk, á donde
,la Reina gusia ir á 'pasar temporadas cortas, alejada
,de loa asuutos oficiales, y enteramente libre de la 6'i·
queta y restricciones de la corte,
Uno de loe 6SJ?8ZtAculos más bonl~oe, fué_ el enyio
•de las p•lomas viajeras. Cuando la reina Gmllermma
apareció en las puertas de Niewe Knrck, después d6
·haber hecho el juramento, de las azoteas del Ryx Mu•
-eeum, se desprendieron b ·1ndadas de palomas que
,fueron á llevar la grata hueva A todos loa confines
del reino. Seis mil de estas aves fueron traidaa de to•
das partea de Holanda y encerradas en cestas en el
-museo. Y todas ellas emprendieron el vuelo al pre·
sentarse la soberana ante el pueblo, radiante de entu•
siasmo.
El programa de las fiestas, aunque está. lleno de notas aJegree, parece sin embargo un poco reservado.
Creécie que el pueblo holandés g11ard.:1 una parte de
80 entusiasmo para cuando la reiua se case
Por hoy está remota ea&amp; circunfltancia: la reina
quier,e permanecer soltera, y sus dech.racionea maní•
Cttlltan que para au matrimonio atended., antes que
itodo á sus propias inclinaciones.
Ferrocarril eléctrico en Pnrls.
Se r~flere que, no ha muctio tiPmpo, interrogad&amp;

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Gnillermina de Holanda.

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Proyeeto del Palacio de J"nsttcla del Ramo Criminal
El General Z.u.rlinden.
Siguen á aquella embarcación á los mares á.rtico&amp;, ~
la pesca de la bRllena ó en bmca da un nuevo CH.mt·
El actual Ministro de la Guerra de Gabinete franno para las Indias, y en su mente se desarr.olla como
una visión Ja epopeya tremenda de la marma hol:m- cés, ocupa:el pueRto que dt'j'\ vacante cou su renun·
deaa en medio de los horrores del polo: los mar~B lle- cia. el conocido M Cavatrnac.
Sabido es que Cavatgoac se oponta de una manera
nos de hielo 1 el frio que hace caer á. pedazos la piel de
Jaa manos y de la cara¡ los osos blancos que s~ arrojan sobre los marineros y desped1:tZMD laa armas con
los dientes; los caballos m11·rinos que acuden en ~11 0•
dadas para volver las chalupas, las roe11s de hielo
atremolinad11s pbr las olas v por el viento, Y las vas·
us Jlanurae heladas é inmóviles queaprisionanydestrozan las flotH· Id islas de~iertas, sembradas _de
cadáveresdemarineros,de esqueleros de naves, de cm·
turones de cuero, roídos por los hambrientos náufrago3
en la desetperaclón de !1t agonia¡ las manad!"s dd ba•
' llenas que giran en torno de tas embarca~1ones, las
formidables contorsiones dt&gt;l monstruo herido en las
i ensangrentadas R.guas, las lanchas volcadas de un co·
letazo, los náufragos vagando medio desnudos ~ntre
la niebla y las tinieblas, las chozas cavadas en la nie·
ve, y los sueños gue acaban en Id. muerte. Después,
inmecsas soledades blancas y brumotias, donde no se
oye más ruido.. que el de los remos de las lanchas1 repercutido por las caverna11, y los gritos h1mentables de
las focas, otros desiertos donie no hay ni Reñ~les de
vid'!. las montañas de hielo descomunales, los mmen•
sos ~spacios desconocidos, las nieves secubtres, el invierno eterno, la tristeza solemne de lila noc_hes del
-polo 1 el infinito siltncio que da pavur11. al ámmo, los
marl neroa consumidos, d~sfigur11di&gt;s, delinnte.s, que
se arrodillan en el puente .v t[enden las manos Juntas
hacia el horizonte encendido por la aurora boreal, pirliendo á. Uios les conceda ver otra vez el sol y la pa ·
tria.
¡Hombree de cienciR, comerc1 antes, poetas, todos se
inclinan ante las humildes avanzitdas que han traza•
do con sus esqueletoa sobre las inmaculadas nieves
del polo, el pruuer senctero de la vida!
E. DB AMICIB.

El General Zurllnden,
Ministro de ta Guerra. [Vn.ncta).

obstln•da á la revisión del proceso Dreyl111, alegando
razones de orden ptiblico, más e1pecloaa1 que con•
cluventes. Ahora blen, eot.::o tAdos 101 otros ministtOI
dt-t'GabineteBri11:u,n desean que ese proceso. se re•
vise para satiafacer los clamores de un sentimiento
de equida.d, repaundo los errores que no es poatble
ya d.-jar en pié después de laa revelaciones y el auicl·
dio de Henrv Cavatgnac debla retirarse y ee rf'tt.Ñ
para que ent;11ra a subtcitulrlo un funcionario conforme con la politica adoptada pcr loa mioistroe del Presidente Faure.
El nombramiento p ·r• la cartera de guerra ha fa•
vort!cido al General Zurlinden, cuyo retrato publlea•
moa.
rll
Este jefe tué designado para Gobernador de Pa
cuando se retiró el General Saun1er que era como ••
sabe. Comandante en jefe del Ejército francés.
Zuilinden es als11ciano, t1fln~ mb de seaenta añoa;
f&gt;ntró a servir al t&gt;jército en 1856 y E"ra CMpitán cuando
se declaró la guerra franco-prusiana.
Fué hecho prisionero ,eu Metz y logró evadirse de
la fortaleza d~ Spandau
El G~neu,I Z11rlinden ha desempeñado ya en otra
ocKsión lM cartera de guerra, bajo la Presidencia de
Faure y siendo Jde dul Gablne,e M Ribot.

El palacio de J"nstlcla del Ramo CrlmlnaL
Por orden de la SeeretarlA de Gobernación al Dlreotor de Obras Públicas Sr. Ingeniero Antonio Torrea
Torija, hizo un proyecto de reformas para el departamemo dt, Juzgados dela Cárcel Municipal,elcqal tu6
aceptado.
D61!pués la Secretarla de Juattcia peoaó dAr m11yor
impor-ancia al departamento judicial del edificio, 1
al efecto se estuiiiaron otros proyecto&amp;, recibiendo o,.
den el señor Director de Obra• Públicas de relacto•
nar la reforma de dicho departamento con una reforma general de la Circe! Municipal que so ha decidido
Heva!' á cabo
ComisionRdo el Sr. Ignacio de la Barra para hacer
la locbada del edilicio deetlnado i l'alaclo de Juatl·
eta dsl Ramo Criminal, la Secr~t.arta de Justicia ••
sirvió aceptar el proyecto rHpectivo, disponiend&amp;
que ~l mencionado Ingeniero procediera A encargar•
se de loa trabajos.

207

•••

�Domhlgo 11 de Septiembre de 1898

EL MUNDO,

209

.11'.L MUNDO

Domingo 11 de Septiembre de 1898

EL f\PRISOO
-¿Qué ed11d tiene el pequ, 110 1 señora?
A e,ta pregunta l&amp; madre mir&amp; al niño, con l&amp; mir&amp;•
da con que st1 ~usca en ~l reloj l&amp; hpra, y responde:
-¿Pedro? Tiene veintmueve meses, se!iora.
Edt0 vale_ tao~o como deci,; dos años y l\\}edio; pero,
como fedr1to tiene portenteso ingenio, y hace cosas
marav1llosas para su ed&amp;d, es de temerdeque las otr is
madres no se sientan muy celosas si se les presenta
!Ilás grande de lo que e11, en cuyo caso no seria ya su
10genlo tan asombroso.
Por otra parte, ella no consiente que se agregue ni
un solo dia A la edad de su niño. Ah!
quisiera tenerlo siempre asl, p11queñito, hecho utt bebé .... Sient1, que
mientras mb grandt1 se haga ml'I·
nosserásu hij 11;que se le escapará
poco á poco Ay! solo procuTlln desligarse ~8tos ingratos! La primera
11epar11c1ón data •ie su nacimitmto
Entonces ,1 es hermoso ser su madre; no hay sino un seno· y dos bra•
zos para rt-tenerlo•.
Todo esto hace que Pedro tenga
~xactamenti, veintinueve mes es,
edad encant11dora que me inspira
11rofundo interés. Tengo varios amig·ultos cuyo discernimiento es admirabl~; pero ninguno de ellos tiene
la ima~inación de Pedro: éste evo
ca las ideas con extraordinaria hcllldlld y pone en ellas mucho de
fantasía.

•*•

Se acuerda de cosas pllsada•; reconoct roFtros que
han estado am1entes más de un mes; descubre en las
estampas i!umi~adas mil particularidades que le
encantan é inqmetan; cuando hojea cierto libro ilustr!ldo que ado~~- y cuya@ pá¡z-in11s h~ rasgado por la
mitad, 11us meJtllas ae coloran de roJ0 y un vivo resplandor pasa por sus ojos.
La madre se • saeta de esta l11z y de ese sonrojo
cr~e que el mucho trabajo puede fatigar esa pequeñ~
cabecita, tlernot PÚn;temelafiebre,lo teme todo Asú11tase á la idea dé llevar la d"sgracia al hijo de que
tanto @e enorgullece Casi desea que su pequeño se
pueciese al hijo del panadero que ve todos los dlas
111 pa~ar por la ti~nda: con un&amp; car&amp; enorme v plana:
d9s o¡o~ azules sm mirada, I&amp; boca perdida entre
lne carrillos, y aquel aire de san&amp;. bestezuela Al menos ese no da inquietudt-sl Miemru que Pedro! ...

-cambia de color á cada instante, tiene las manecitas
ardientes y duerme en su cuna en medio del más
agitado sueño.
El medico no quiere que nuestro amiguito mire ya
etitampas; recomiend.il&amp;c&amp;lma de ide&amp;S,ydice:- 11H11y
que educarlo como á un perrito; lo que por otr&amp; parte no es dificil.
En esto se engaña; es por el contrario, muy dificil.
El doctor no tiene ni l&amp; más remot&amp; ide&amp; de la paico·
logia de un chiq uitln de veintiuueve m~ses. Y des
puéa ¿está seguro el doctor de que los perrillos viven
en completa calma de peusamlentol' Yo conocl uno,
de seis semanas poco más ó menos, que soñaba toda
ll\ noche, pasando de la alegria á las lágrimaij con
una rapidez increíble Llenaba mi cuarto con el ruido delas expansiones más desordenadas ¿Era esto
calm&amp; acaso? No por cierto. También al animalito
le sucedla lo que a Pedro: enfl&amp;quecia, viviendo sin
embargo. Pedro llev&amp; los gé:menes de un&amp; vida ge
nerosa. No tiene dañado ningún organo eseuci&amp;l, pe•
ro se querría verlo menos delgado y no tan palidu•
cho.

*
••

Parls sienta mal á este pe•
queño parisiense. Y no es que
él esté tr·ste, 111 contrario, se
di7iti·te mucho; las formas,
los colores y los movimientos
le at;-aen: comprende y siente
demasiado; SI\ fatiga.
En el mes -de Julio, su ma•
dre lo llevó. mil&amp; pálido y enflaquecido, á un rioconcito de
la Suiza, en un valle tibio donde habla. yerba y vacas. Vela,
extasiado, las hermosas vacas,
cuya e@pumosa leche bebls, y
la llromática yerba que compo•
nia esa leche; todo ésto era un
delicioso espectáculo.
Ese reposo en el seno de ·
la tranquila y dulce nodri•

z&amp; duró tres meaes, tres meses llenos de imágenes ri~ueña11, y en 1011 que se s11boreó mucho pan moreno.
Y, en lOd primeros dias de O~tubre, vi volver un Pe•
drlto nuevo, regenerado; un Pedrito b~uñldo, dorado,
cocido,. casi mofl~tudo, las manos negras, la voz gruesa, la r1sa estrep1rosa....
.
-Mirad cuán inconoc1ble estfl mi Pc1dro,-dice la
ma&lt;ire con regocijo; -tiene los colores de un mut'leco
de á. veintinueve 11ueldosl
Pero .... no dnr1tn mucho estos coloree. Bebé pali•
dec-,, tórnase nervioso, delicado, tieue sensibilldad-,s

f'Xtraordinllrlamente rf'finadas Paria recobra PU in•
fluencia: es decir. el P,uis espiritual que no está en
ninguna p,ute y que e~tá en todo. el P&amp;ría QUl'I in~pira .,¡ g-usto y el ingenio, que turb,, y que obliga á
discurrir aun cuando Pe es peq 11, ñri He aquí á Pedro
palidE'ciPndo de nuevo y enrojeciendo á la vista de
las estampae.

cuyc forraje hecho de virutas remeda un cono, exclamó: Pin! Plu 1

•*•

Esto fué. para su madre, una revelación. J amis habrla ella encontrado el parecido Y, sin embargo, un
árbol verde, en form'l. de cono. con un tronco recto
es c!~rtamente, un 11.beto. PE'ro preciso era que Pedr¿
lo d1Jese pua qui, ella lo comprendiera -¡Au¡z-elito! ..
~ lo abrazó tan ful'lrte, que el aprisco vino abajo en
sus tres cuutas partes.
8lu embargo, Pedro descubrió en
los á.rbole~ de la csj11, un gran parPcldo con otros arboles que hablll
visto allá, entr~ la yerba e@pes&amp; y e!
l\ire fresco. Y ve!~ otras cosas que
su mamá no vela. Todos ePtos peda.cillos de madera plnt11rrajead1t ha•
rlanle evocar imágeneR tierna~. Dó·
, bido á elloP, volvla á vivir en la naturaleza alpina, y Rtt PPntl&amp; por
· ~etunda vl'z en aquella Suiza que
lo habla alimentado l!'enero~Amente ... . Entonces las idt-as se li,2'aron
una!! con otras. pf'mó en com'!r y
exclamó-Leche! Pan!
·
Y comió con toda 111 satisfacción
de un apetito despierto. y cenó en
, 1&amp; noche como habla almorzado en
.
la mañana Al otro dfa, de nuevo
Plnt1ó hambre á. la vista del aprisco. ¡Lo que es tener
imaginación!. .....
Quince días después, era PAdrito un robusto chicueln ....Su madre estaba radiante y decía:
-¡Mir11d qui\ colores. un verdadero muiieco de á
trece sueldos! Es Al aprisco de ese pobre M X ....•
el que ha hecho eeto.
ANATOLE FRAJ)IOID,

•

* •

Hacia fines de Diciembre, lo encontré nervioso. con
los dc1s e1.Lorwe11 y l11s maw·citas enfl&amp;c.¡Ut'cidas. Dor·
mi&amp; mal y habla ctirrado la b.ic11 á. todo alimento. El
medico dt-cl11:
- -Nada t1eue; hacedle comi,rl
Pero ¿cuál11s 1:ran 1011 medio~? Su pobre madre lo
babia eusayado todo, y nad&amp; babia cou11eguido. Ella
llor&amp;b&amp; y Pedro no comla.
La noche de Navidad lleváronlc1 po1ichinelae, caball'&gt;s, soldados, todo E'n gran número. Y á II\ m11ña1.1a siguiente. delante d!! 111. chim&lt;1ut111. envuelta en el pei1.ll\dor, 1&amp;11 m11.no~ c,tldKs, la ml\dre miraba con desconfianza todK11 estas fi:curillae gesticulantes.
.Esto va á t-xcitarlo! se dijo al tm. Es demasiado
Y, su&amp;ve0111ute, para no ae,pertar á Pedro, tomó en
sus brazos al polichlnela-qut1 tt&gt;nl&amp; un aire perverso
-á loa soldado~, á quleue. t11mll\. creyéndolos muy
capar.es d11 a.rrai,uar A su hijo á l11s batallas, al mibmo
caballo pacifico ¡,intotdo de rojo, y aal. caminando sobre l&amp; puuta de loe piéd, lué á esconder estos juguetes en uo armarlo. No dt&gt;jó en la cbiminea l!ino 1&amp;
caja de madera blanca, rega10 de un pobrA hombre:
un aprisco de tr11inta y uueve sueldo11 Después la
colocó ddante del pequeño lecho y quedóse mirando
dormirá su 11iño Como wujer que era. hlzola reir el
airecillo de fraude que su 1&gt;ue11&amp; acción teul&amp;. pero,
mir11ndo los párpados azulados del bebé dd nuevo
pensó.-iE-1 horrible que no se pueda hacer comerá
este niñol
Apéoas se le hubo vestido, Pedrito abrió la caja y
vló los borregos, las vacas, los caballos, los árboles,
unos ár &gt;oles rizados ...... Más que un &amp;prisco era,
hablando propiKmente, uu&amp; granja. V1ó el labrador y
su mujer, el 111.brador con un&amp; hoz en l&amp; mano. la mujer con un rastrillo. Los dos yendo al prado á cortl\r
heno. por mh que no p&gt;1rec1eee que caminaban. La
mujer con un stmbrero de paja y un vestido rojo. Pedro le daba mil besos, y ella le pintorre11ba las mejillas Vió tm1bién !a c11.s&amp;, pequdi-. y tan baja, que la
mujer no habrili cabido en ella. puesta de pié pero
est11. caa&amp; ienia un&amp; puerta y por ella pudo Pedro reconocerla como una casa.
¿Cómo estas figur11s pintadas tomaron forma real
11nte la mir11.da fria é inconsciente de un niño? No se
a11be, pero fué como uu&amp; magia Loa apretó con sus
pequE'ñ JB polios, y después los extendió sobre la mesita llamándnlos por su nombre con un acento ap&amp;·
sionado: DadAI Tutti! Mumeel Y tomando uno de estos extraños Arbole!! verde!!, de tronco liso y 1·ecto,

,,

lJ

MARGARITA.
M~rgar!ta es una vieja amiga, eternamente joven,
á qu111u siempre volvemos á vn con alegria. Tiene
parll Luestr&amp; mPmoria el atractivo de l&amp;s mujeres con
quien tuvimos la• primer1ts aventuras amorosas La
recordamos como recuerda el e~tud1ante á la muchacha por cuyos lindos ojos t!Alla á escon.did11s de su
cel~a, atravt&gt;_aab;1 el cl&amp;Udtro del colegio .Y aaltab.1 las
tapias á media noche. Por ella le reprendió cien veces el prefecto, y el ·ector le llamó aparte para decirle uu tremendo sermon ·
.
De e@&amp; manera leimos ó más bien. dA es&amp; m&amp;qera
amamos á la '_'Dama de la~ Camelias." Era para nosotroR de esos libros que se escondt&gt;n deb11jo de la almoh11d&amp; y que se leet. á hurtadillas, levantándose
temprano para aprovechar Id horas eu que todavía
duermen los dl'más ó robándose un cabo de estearina para encenderlo á media noche.
·
Una gran dllm!l del siglo XV[CI decla al toml\r una fresa.: ''.lástima que no sea pecado!" Pues
bien. !&amp; "Dama de las 1.Jameli11s" tuvo para nosotros
el atractivo incitotnte del pt&gt;cado. Nos 'decian que era
inmoral, muy inmor11I y francamenie á. mi también me
p.ireció Ahora. después d11 haber recorrido la novela
moderna, ese boulevard lleno de SKfos y de Nanáa
por el que debiera pasar de cuando en cul\udo el prefecto de policla. merlo de mi candor. Ya hemos atravesado 61!6 Cerámico de la moderna Atenis, de brazo
de Guy de Maupassant, v con
los Goncourt, con Paul Bourget. Nosotros calentamos nuestra juventud en fuego menos
ardiente. l\uestro poeta favorito, el pobre l\In@set, parece
ahora un seminarista enamo1 ado. La poeFia de Richepin,
cruzada por bacantes desmelenad&amp;&amp;, trae á la memoria el
culto !alaco ó aquel pa$aje ·en
que Cátulo de11crlbe una de
l11s fiestas lupercales. "Los
compañeros del dios ebrios de
santo delirio corren por todAs
partee cantantlo 1Evocl ¡Evocl
, r.!A-XUIDL GUTIÉRREZ

NÁJlllRA,

�Domingo 11 de Septiembre de 189i:s

~-

~,.-a;:;:_~i

La vasta y magnífica posesesión rural en que
paso ahora con mi esposa y mis hijos las temporadas veraniegas, no fué construida por mí n_i por
mis antepasados. Yo en mís primeros afl.os no fui
más que un pelagatos, sabio eso sí, t~n sabio que
causaba el asombro de mis condiscípulos y profesores, pero sin una peseta ni de donde tomal'!a.
.Así es que cuando supe que el rico banquerci
Fourbes me había escogido para profesor de sus
hijos, la alegría más grande me embargó el corazón, y me propuse llenar cumplidamente mis
deberes para no perder la buena pensión que por
mi trabaJo se me había sefl.alado.
.
Los hijos de Fourbes eran dos: un mocetón de
veinte años á quien faltaba solamente perfeccionarlo en las matemáticas, el griego y el inglés, y
una niña de trece, bella como un ensueilo y con
tanto talento como belleza, á la cual debía enseilar todos los ramos de instrucción superior compatibles con su sexo.
En breve tiempo me capté la estimación de toda la familia, y casi sin saber cómo, el amor de mi discípula, á
la que yo también amaba tan profundamente que ella fué y ha sido mi primero y mi único amor, causa de todas
mis pasajeras pero dolorosas de~gracias y demilarga y duradera felicidad.
Una mailana de Abril en que el cielo estaba muy azul y el ambiente tibio
y apacible, el se:fl.or Fourbesme llamó
á. su despacho, cerró con llave la puerta, se sentó, me invitó á hacer lo mismo y me dijo con voz afectuosa:
-Tengo un capital de cinco millones perfectamente colocado de manera que no corre peligro de perderse:
¿Lo sabía usted?
-No, seilor. Sabía que era usted
muy rico pero no conocía el monto de
sus riquezas.
-No le debo nada á nadie; y á. mi
muerte, ó antes si toman estado, este
capital pasará integro á las manos de
mis hijos.
El se:fl.or Fourbes hizo una pausa y
me miró fijamente. Como yo no contestara, él ailadió:
-Lo digo porque he notado que usted y mi hija se aman y como faltan
pocos meses para que cumpla su mayor
edad, no quiero que cegados por el
amor vayan i\ cometer una locura.
Debí habennc puesto muy pálido y
debió expresar de tal modo mi cara
las agonías de mi corazón, que él dulcificando la voz continuó:
-No, si nunca los creí á ustedes
capaces de casarse en contra de mi
voluntad, pero ....
-Pero usted se opone ¿no es así?
-Oponerme de un modo absoluto,
no, pero quiero imponerles á ambos
ciertas condiciones con las cuales ella
está ya de acuerdo como lo va usted
A oír de su boca.
Abrió la puerta, llamó á su hija que
vino muy pálida y que me sonrió al
verme, como con el fin de darme áni•
mo en el difícil trance porque estabamos pasando.
-He dicho á Emilia, prosiguió el
hanquero, que desde hace más de dos
a:fl.os descubrí que ustedes se amaban

v he venido observando constantemente la con• piensa que eso será dentro de cinco ailos y te fiducta de usted que me ha parecido la de un jo- ja ese plazo ¿Estas conforme?
Tan d1screta, tan carifl.osa, tan noble proposiven honrado, respetuoso y sincero. Sus antecedentes de fomilia 1 su gran talento y rara instruc- ción halló en mi la acogida que era de esperarción hacen de usted un yerno tal, que se necesitaría se, ofrecí hacer prodigios para labrarme una posición, recogí de Amelia el juramento de que me
ser muy exigente para desear cosa mejor.
Yo sentí que el corazón se me ensanchaba; fijé sería fiel, y con ese juramento y con la bendición
los ojos en Emilia. que de pié frente á. nosott·os y de mi futuro suegro emprendí un viaje á Bélgica
sin atreverse á levantar los ojos del suelo jugnba dende se había abierto un concurso para los incon los pliegues de su falda de seda. El se:fl.or genieros que quisieran presentar proyectos para
un puente que debía unir dos poblaciones qu~ esFourbes continuó:
-Pero no tiene usted una peseta y no quiero taban separadas por \1.n río.
De los treinta y cuatro planos que se presenque la sociedad, ni Emilia, ni uated mismo, puedan algún día atribuirá cuestión de intereses pe- taron ninguno superaba al mío, ni lo igualaba sicuniarios el enlace de ustedes, améo del p11pel de quiera, por la brillantez y novedad del pensainferioridad que guardalÍa usted en la casa por- miento, y sobre todo, porque descllnsabaen principios científicos que por primera vez se aplicaque así pasa. en el mundo de~graciadamente.
-Entonces el matrimonio es imposible .... di- ban á esa clase de construcciones y que yo llamé
ce usted muy bien, imposible, exclamé yo baila- de suspensión aerea. Sin embargo, con gran nsomdo en lágrim&amp;s, en tanto que Emilia, llorosa tam- bro de los sabios y de la prensa que se habían
bién, avanzaba para decirme:
vuelto lenguas en favor de mi proyecto, este fué
-No Juan, no, y haces mal en desconfiar así desechado y se aprobó el presentado por un yerdel porvenir: ya me dijo papá que eres un sabio, no de la prima del Ministro de obras públicas.
que con tu ciencia puedes labrarte en corto Sólo que se le hizo una ligera modificación camtiempo una fortuna aunque sea modesta y que biándole la 1 bases de sustentación por otras de
tan pronto ~omo la tengas nos casar.:mos. Papá -suspensión aerea copiadas Ji.e mi plano. Es decir
se me robaba inicuamente.
'
Comprendiendo la inutilidad de una
lucha con quien tan poderosos apoyos tenía, emprendí un viaje á Holanda donde se proyectaban gran des obras
hidráulicas por cuenta del Gobierno y
allí no fui más afortunado.
Ioútil seria describir como recorrí
todas las principales ciudades de Europa pregonando mis conocimientos:
los sabios me trataban de loco, los
necios, de mentecato, y pasaron tres
a:fl.os de los cinco de plazo, sin que hubiera conseguido más que mermar de
un modo lamentable, los reducidos
fondos con que emprendí lleno de ilusiones mi viaje en busca de fortuna.
Tocaban estos á su f:n, y estaba yo en
Espafla, cuando llegó por casualidad
á mis manos un periódico en que aparecía la convocatoria del primer Lord
del .Almirantazgo del Reino Unido, en
que ofrecía un premio de veinte mil li
bras esterlinas al que descubriera el
más mínimo error en las tablas de logaritmos que acababa de publicar.
Al leer este aviso me dió un vuelco
el corazón, corrí á !? omprar el libro y
me puse á verificar todas sus operaciones, hallando al fin (¡oh alegría! solo á
la de una resurrección comparable)
que el tal error existía, cl!iro, perceptible, comprobado, innegable, en la
operación 1015 dela tabla XXV.
En el acto emprendí lleno de alegría el viaje á Londres y acudí sin
tardanza en solicitud del primer Lorcl ·
del .Almirantazgo; pero ponerse al habla con tan encumbrndo personaje era.
mucho más difícil de lo que yo creía,
y en vano gasté días y meses en las
antesalas c:Jel palacio sin haber conseguido conocer siquiera al ayuda de Cámara de Su Excelencia.
Diversas cartas escribí sin obtener
resultado alguno y acudí por último á
un periodista que puso un comunicado
en el Times anunciando mi descubrimiento. Como consecuencia la .Academia Real de Ciencias Exactas, declaró
oficialmente que solamente un ignorante ó un loco podía suponer que existiera error alguno en el incomparable
trabajo del primer Lord, y que no me-

EL MUNDO.

2!1

un lecho para mí, y sillones para los médiéos que dia y noche deberían vigilarme
y tomar nota de los cambios que fuere yo sufriendo con el método de alimentación á que se me sujetaba. Tenía yo permiso para ieer, escribir, pasear por el
jardín (siP-mpre acompañado de los médicos) y tomar al día hasta cuatro tarros
de cerveza blanca ó negra, á mi elección.
Poca concurrencia asistió a presenciar mis primeras comidas; pero desde que
transcurrió una semana, y la preusa hizo saber por medio de los boletines de los médicos, el cambio que se operaba en mi salud, las localidades eran pocas para la muchedumbre que las solicitaba pagá.ndolas
al posadero á precios fabnlosos. Yo ya me habfaacostumbrado á co~er
en presencia de la multitud mi pichón asado que uno de los médicos
descarnaba cuidadosamente no dejando más que los huesos
limpios en el plato y dándome todo lo demás con ejemplar
paciencia. DP, tie upo en tiempo se detenfa, me tomaba el
pulso, me observaba la conjuntiva y continuaba impasible
alimentAndome hasta trasladar á mi estómago la última
partícula de pichón que había en el pli.to.
Desde el día vigésimo quinto do la experiencia, mis comidas empezaron á presentar inusitado interés para la concurrencia; las primeras filas eran ocupadas por rubias .Misses
que me contemplaban i;in ces11r, y todo el resto del salón, y
la posada entera, y la calle misma, se llenaban de curiosos.
Cada comida era para mí un verdadero tormento de increíble intensidad y la sola vista del plato en que traían el pichón, me ocasionaba sacudidas r:t,rviosas. Para poder tragar
los bocados, necesitaba yo taparme las narices (tanto así
me repugnaba el olor del manjar maldito) y á fin de contener las náuseas que me provocaba, el Doctor hacía que me
pusieran con frecuencia en la cabeza y sobre el estómago,
lienzos empapados con agua helada.
Cuando llegó el último día de la prueba yo ya no era un
;~~.~
. !j
hombre, sino una espec;e de harapo sucio botado scbre aquel
lecho testigo de mis más crueles torturas, pues hacía cuatro
., !
días
que ni para comer me podía levantar. Había perdido el
¡
,. -~l
habla, respiraba difícilmente, una fiebre nerviosa me produ:r t ~
)
cía frecuentes convulsiones y hasta la i,nergía que hasta allí
~¡.;·
me había acompaile.do, empezaba á ser susbtituida por una
atonía imbécil.
El postrer pichón que me correspondía engullir tardó cinco
horas en ser comido, y qué tales y tan desgarradores serían mis sufrimientos, 'lUe cuando apenas había llegado á la
mitad, una ola de compasión invadió la sala y los concurrentes todos IJorando amenazaban á los médicos con los pu:fl.os cerrados y gritaban: ya no ... ya no más ... esto es inícuo!!
Sin embargo, seguí comiendo, y á las 11 h. 24 m. 15 s. p.
r ecia mi insinuación ni los honores de ser discu-Entónces le es á. usted indiferen- m. según observó cuidado,amente en su cronómetro el Setida.
te cualquier género de muerte.
cretario de la Real .Asociación, tragué el último bocado.
.A la sazón se me habían ag.otado enteramtnte
-Ab:1olutamente indiferente.
La sa!t1, la posada, la calle, el barrio, la ciudad entera
JoR fondos hasta el extremo de no tener ni con
-En ese caso estamos salvados. Se- estallaron entonces en un hurra formidable, la música mique pagar los gastos de mi mantención y aloja- pa usted que la Real Asociación de litar lanzó al aire las notas marciales del Good save the
miento en la posada del Cnei-no de Oro que era estudios fisiológicos tiene ofrecida una qucen y quedé convertido en el héroe del día.
donde yo vivia.
prima de quince mil libras al que duDesde ese momento, las más diHinguidas personalidades
Entonces tomé la dolorosa resolución de suici- rante treinta días coma pichones por de la ~orte se disputaban el honor de estrechar mi mano y todarme; y para el efecto, metí á escondidas en mi único alimento, siendo tres pichones dos querían llevarme á sus salones y presentarme á su famicuarto cuanto carbón pude, tapé cuidadosamente
por día el mínimo de los que deba co• lia y amigos; mi primera visita fué para la Reina y su grael cal1óh de la chiminea, escribí á Emilia y á su roer.
ciosa Majestad llevó su benevolencia al extremo de felicitarpadre n.na despedida patética, y cubriendo todas
Yo creí que se había vuelto loco el me y darme á besar su real mano.
las j11nturas é intersticios de las puertas que pu- posadero, pero habiendo salido de mi
.A los pocos meses, no sin haber antes demostrado en una
díeran dar paso al aire, encendí el fuego y me aposento por breves instantes, trajo el de mis vi,itas al Lord del Almirantazgo el error de sus Taacosté en mi lecho, dispuesto á perecer asfixiado. periódico en que se ofrecía la prima, blas de Logaritmos (cobrándole por su¡:mesto la apuesta) saPero no contaba yo con la curriosid:1d impla• , y hube de ceier á In evidencia.
lí de Londres con dirección á París. Por fortuna en la posacable de los posaderos. El del Citerno de Oro tan
-Dos han muerto en la prueba co- da del Cuerno de Oro me había yo inscrito con nowbre
pronto como le di mi carta para ponerla en el bu- mo envenenados y otros la han abany ni mi suegra ni mi novia supieron entonces ni
zón la abrió para enterarse de su contenido, y donado más ó menos cerca del fin, me supuesto
después que el origen de la fortuna con que volví, fué el preenfureciéndose como 110 energúmeno, volvió, informó el posadero, así es que si us- mio de los pichones.
echó la puerta abajo, abrió las ventanas y me hi- · t~d se atreve, n0 tiene más que dejarzo volverá la vida, cuando apenas empezaba mi me hacer y saldrá de aquí muerto ó
espíritu á. penetrar por las antecámaras del sue- rico con gran honra para mi posada.
f!.o que jamás termina.
Le dejé obrar como quisiera y en el
-¡Ladrón, decía empuilando un cuchillo enor- acto me cambió al más lujoso deparme de cocina; ladrón que no contento con robar- tamento del edificio. en el cual habfa
me llevandóselo á la eternidad el pupilaje de una un salón que bien podía. contener tressemana, quería deshonrar mi posad11 suicidá.ndo· cientas personas; acudió á la R eal Asociación dándole aviso de haber u11 nuese en ella!
Y blandía el cuchillo con ademán tan amena- vo candidato y proponiéndole El Citer·
zador que yo quedé contentísimo al ver que siem- no de Oro para lugar de los experimenpre mi fin estaba seguro aunque con diferente tos.
En ese mismo día vinieron á visita'!'género de muerte.
Pero pasado el primer arrebato de fu.ror entró me tres empingorotados personajes de
conmigo ert explicaciones con el afan de ver si caras escuá.lidas, vientres ricos, patipodía ponerme en posesión de pagarle lo que le llas rubias y lacias, ojos grandeo, az11les y sin expresión, labios delgados y
debía.
-Ya ví por 111 carta que sabe usted mucho,pe- manos como disciplinas. Venían sus
Seilorías acompafiados de un médico
ro ¿qué es lo que eabtl usted?
-Lenguas muertas y vivas, astronomía, medi- q!te gozaba gran fama e11 las tres Iscina, inginieria en todos sus ramos, historia natu• las del Reino Unido y que me reconoció escrupulosamente, declarando en
ral, filosofía, fisiología, psicología ..... .
-Nada de eso vale nada ¿no tiene usted algún seguida que gozaba yo de una excelente s1dud.
oficio?
.
Contesté avergonzado que no y el hombre queSe seilaló el domingo siguiente (esYo también he procurado olvidarle: pero muchas veces
dó pensativo por largo rato.
to pasaba un jneves) para empezar la rodeado_ de mi esposa Y_ mis hijos, entre las comodidades que
-Ya le tengo, exclamó de pronto, dándose una experiencia y se procedió inmediata- pro_porc1ona la opolunc1a, al abrigo de estas mis vastas popalmada en la frente; ya tengo mi dinero.
mente á preparar la calla, convirtien- sesiones en que yaso las temporadas veraniegas, pienso con
-Usted estaba bien resuelto á. morir, me dijo, do el salón en una especie de teatro con honda melancolia cuán poco me sirvió ser sabio para conse¿no es verdad?
asientos y galerías para los espectado- guir todo esto.
-Enteramente resuelto.
res: en el fondo se coloco una mesa y
ALEJANDRO D m IÁS,

�DomtnitC' 11 de Septiembre de 11$98

EL MUNDO

2l2

DESDE MI VENTANA.
¡Qué triste es ese wa!sl Suena lejano,
de~fallecido, lento;
surge, fresco y sonoro, d.el piano
v derrama en la clAmide del viento
'Fus notas ue cristal -viva,s y aladás,
que llegan. como aves fat·gadas,
.. n bUPca de un asilo á mi 11po~ento.
La calhi está. desierta;
la luna blanca. y el ínbiente puro,
dormida 111 ciudad, y en lo distante,
rntre penumbras la ventana abierta,
como una maucha roja y fulgurante
en la medrosa obscuridad dt,I muro.
Hay Psplendores rAp;dos: cbi~pea
en medio de las ~ombraR m1ster1osas,
una linea de plata qJe blanquea
los inciertos contornos de 111s cosas.
En el confin r .. moto centellea
la cúpula det templo, erguida y alta.,
y tras la curva rlgida del moute.
una ePrena claridad esmalta
la pa1idez azul d1d hori~onte.
¡Qué triste f'S Pose w 1ls! Y con qué anhelo
escucho su ·cadencia fugitiva
mientras se pone mi alma pensativa
á contemplar el cielo.
Me hundo P.n un mar dP. sueños imposibles,
olvido el libro que en la wesa abierto
me convida. al e,;tudio,
·
v oigo h.rmonlas, dulces y anlacibles,
cual ~i tocasen harpas invisibles
un cPlestial prdudio
Besos que estdlan y el aire espiran;
nlas que tiemblan y el foll~je rozan;
oid; son mis recuerdos que Ru8pinn;
oid; son mis tri.t~zas que sollozan
J,!Re es el mismo wals que nos decla:
"El nlma en primavera tit,ne efluvios
que no tornan, amaos todavía;
Ja dicha pasa y el do lor agovía" .........
y yo bPsaba los cabellos rubios
y los ojos asules de mi 1,ovia....... ..
Lurs G. URBINA,

DE "AClJA.RELA.S"
Sobre la sierra. henchida de mistico sosiego,
se levantó la luna, cual circulo de plati;
y hacia el oca~o, tinto de vívidn escarlata,
un nubarrón difunde su resplaL&lt;dor de fuego.

ASUNCION SAURI.
Chonita, como se la llama citrillosamente en el
mundo del arte, aunque penetra apenas en la
senda florida de la juventud, ha pasado ya por
el templo de la gloria.
Vestía corto cuando vino A México y S3 iru.cribió como alumna del Conservatorio Nacional de

DomiBgo 11 de Septiembre de 1898

Muy lejos. en la cuesta de la húmeda cañadaÍ
en donde el blanco e~plende de la tranquila a dea,
la esquila de la iglesia, que mi~a al sol, voltea,
y vibra en el ambiente su limpia campanada,
Es la oración: Al cielo los refulgentes ojos,
y en medio á la ll"nura. sómbria y sol_itaria,
como una mariposa, palpita la p)egar\a
d.e la pastora núbil entre los labios roJOS,
En torno de ella, blanco, como plumón de nieve,
y bajo el trhte cielo, de sin Igual pureza,
dormita ya el !'ebaño. doblando su cabezi..
y hundioo en Jo., ¡;ramales, cowo en alfvmbra leve.
La racha del invierno, quA el fértil valle airea,
pasa, rizando apt'nas el vellón fiel ganado,
y clama la pastora, los ojos al poblado._
"¡fPlices los que duermPn en la tranquila aldea! 11
México, Aggsto dt1 1898.
JOSÉ BECBRRA,

A una artista.
Cuando tocan el lienzo tus pinceles,
Dignos hi1os de Apeles,
Quisiera ser el vago colorido
Que fijas en el lienzo á tu pintura,
Poi copiar tu hermosura
Y con ella quedar ah! prendido.
Cuando pasas tu vista por las flores
Y 11dmiras sus colores,
Quisiera ser la luz que rebervera
'lonos en lirios y botone~ rojos,
Para besar tus o¡os
En un beso dejando el alma entera.
Cuando lees y vuelves dePcuidada
Tu angélica mirada
Al cielo azul. un Atomo disperso
c.¿uisiera ser flotando al infinito,
O el magistral escrito
Que en tu cerebro vibra verso á verso.
S11r sol para dorar tu cabellera;
Aura de primavera
Para besar tu mórbida garganta;
O cuando el alma con amor se inspira.
Al eco de mi lira,
Humilde vate que te adora y canta.

213

EL MUNDO

COSAS BLANCAS.
Y las pál'das notas que gemian
sollozaudo morian;
.
y otras notaP des pues cual las pruneras
1,us alas ateridas entreabriendo,
eran besos de tibias prim~':eras,
caricias de esperanzas prisioneras .
que quierPn luz, y que st1 están muriendo.
Adios .... adios ..... en su dolor decian,
y Juego se morlan,
y mi t,Bpíricu enfermo y abatido,
se arroJaba llorando en el pasado,
por el war sin ribdras del olvido._
sintiPndo sueños que ya habla sonado,
al ver abrirse el misterioso nido
de aquel amor ideal que habla cantado.
Entre tanto su mano
ju o-aba con las teclas del piano,
y ~I escuchar, tal vez, e, alma mia
me dijo en esds notas desmayadaF, .
los sui:ños que al. pensar e~ mi seuua.
y también al besarla mis miradas.
y el p;auo ensordeció; y á. su ventana
me acerqué tt1meroso
.
.
y la mire y le hablé ..... .lanzo un sollozo,
i,U ro&amp;tro blanco se tiñó de grana,
y sus ojos miré con tal f1jt1za,
que ella bajando la impt1ria_l cabeza
cQn voz apasionada mil decia:
yo también te querla,
y tambiéu como tú, tenia tr!steza.
Y tuve que partir . ... vol".ió l'U mano
á. jugar con las tPclas del piano,
mas ya en sus notllS trémulas decla
algo tan dulct&gt;, celestial y suave,
que t11.n solo mi esplritu sahia
y que su alma, la hei:mana d_e la mia
cuando delira y suena también sabe.
MIGUEL

E. PllREYRA.

Es una fortuna pnra u n ioven que su padre sea hom•
bre célebre· pero es más raro y satisfactorio para un
hombre cél~bre que su hijo valga más que él.

..

*

*

Literatura.-Un arte del que la democracia hace
un oficio.
BERGERAT.

HERIBERTO AGUIRRE Y FJERRO.

¡POR UN MARIDO!
NOVELA. ORIGINAL DE MA.RC DE CH.A.NDFLAIX-ILUSTRACIONES GRABADAS EN NUESTROS TALLERES.
Versión española de "El Mundo Ilustrado"

Número 11
Oh! si Juan se arrojara sobre ella! si la apreta- lo creo y los móviles secretos que me impulsaban
Ta entre sus brazos pidiéndole perdón ¿lo recha- se me aparecen con mAs claridad aun que á usted
zaría? ¿no se secarían muy pronto esas lágrimas, .... ya ve usted que no puedo llevar mAs lejos
esas lágrimas de despecho y de ira que mAs bien mi franqueza y que estoy resuelta á no volver á
eran del pensamiento que no del sentimiento?
ver á usted nunca mAs .... Si estuviera en mi caHizo ademAn de arrodillarse y avanzaba ya sa le suplicaría á usted que saliera, pero como
sus m anos conmovidas y trémulas para separar estoy en la de usted, no me queda más que el
del r ostro de la joven los dedos afilados y blan- recurso de retirarme yo. ¿Quiere usted facilitar•
cos con que se cubría los ojos, cuando el Doctor, me los medios para que lo baga?
en quien ninguno de los dos se fijaba desde ba-Nelly: se lo suplico á usted no me abrume.
cía rato y que sin decir palabra había con mano Es imposible que nos separemos así. . Ya reflexio•
hábil y l igera terminado la curación, se levantó nará usted con calma y será más jus·a, y comy a partó bruscamente al Comandanie.
prender¡\ mis temore1,, mis vacilaciones mismas
-Déjela usted, le dijo con autoridad: aléjese que no nacen sino del amor.
un momento .... 6 permanezca aquí si quiere, peElla le intern.mpió con arrebato.
ro en la s0m bra, de modo que ella no vea á us-Miente usted! No es el amor el que le liga
ted d esde lut&gt;go al volver en sí..
conmigo, &amp;ino la c~mplicidad -de una falta, cuyo
Y como Juan se resistier11, 11iladió:
peso es demasiado para usted . . .. Sea, asumo la.
- ¿No ve usted que está desmayada?
responsabilidad completa. Equivoqué el call)ino
P or u n sentimiento de celos, Juan que no habría y sabré &amp;oportar con entereza las consecuencias
querido que Lerbon pusiera la!! manos sobre la de mi error.
joven, exclamó:
Luego, cambiando de tono y dulcifi,.fmdose:
-Dígame usted lo que h11y
que ha &lt;;er y yo la cuidaré.
- No hay que hacer nada: es
joven y vigorosa y pronto sin
aux ilio alguno, recobrará lod
sentidos.
- ;,Y la herida?
~
s .,
•'
.
-Eso tampoco es de cuida.;&gt;,-,_ . h\~1 ~.. ~
·,.~k~'l •·f'-..,\~
\
d o: un a r ai'l.azo como ella mis_;,:_;,,\' ·ii_.
~..,__¡,..,:..,..:.\.. ~,¡t..,..~.......-;.
ma dijo y que tiene todas las
• l;". ·,, . . ~\o . ·., .· -~
trazas de habt:r sido hecho exprofeiio y por su propia mano.
- P or BU propia mano, una
herida en el pié, y ccn qué

~--

fin?

sición pecuniaria, sólo luce sus habilidades artísticas, 6. gratuitamente 6 cuando los productos
son para obras de beneficencia.
En su trato familiar, Chonita es afable, jovial,
hacendosa y de gustos inocentes y sencillos: toca
el piano con perfección y canta de un modo delicioso y expresivo, de preferencia, las canciones
regionales: couplets franceses, baladas escocesas,
canzonetas napolitanas, ma lagueflas y peteneras
espaflolas y danzas cubanas.
Todo con naturalidad encantadora, como para
divertirse y divertir A los que la oyen, sintiendo
y haciendo sentir.
Música, en cuyo plal'Cuando toma. el violín es otra cosa; cesa de reír
tel hi-zo con gran a pro• porque va á oficiar, y se pone de pié con el cuervechamiento el estu- po erguido y la frente alta como una inspirada.
dio de las materias que El violín y el arco en ·sus manos, no parecen oballí se cursan, distin- jetos inanimados, sino complemento de su persoguiéndose en los ins• na, algo que vive y palpita con ella, por ella y
trumentos de cuerda para ella, algo sobrenatural de donde irradfo
y muy especialmente una aureola.
en el violín. Como vioSe la oye con recogimiento y se la contempla
Jinista formó parte de en éxtasis: aquellos ojos grandes y claros parece
la orquesta del esta- que al través de los espAcios están IJ?irando algo
blecimiento, y cuando del mundo de los ensueflos; y que de allA, de
se dieron., hace cinco muy lejos, donde viven las alm!tas de los niños
6 seis aflos, los gran- que se fueron, y donde flotan los besos de los
des conciertos d. e 1 amores inmortales y las lágrimas de los d0lores
Teatro Nacional, se supremos, de allá vienen esas notas, esos ayes,
dió á conocer como esas risas, esas harmonías que pasan del arco al
solista al público me- violín, y que impresionan profundamente á la
xicano, que la aplau•
artista.
dió con frenesí. La
Ahora, Chonita que regresó hace poco tiempo
prensa desde entonces
dijo que la Srita. Sau- de Paris, se ha dedicado ,\ la en leflanza de su
arte, y abrió en Mérida una aca&lt;lemia con el con•
ri no era ya uoa esperanza del arte sino arrecurso de los más notables músicos de la capit'll
batadora realidad.
yuca
teca.
Apenas terminados aquí sus estudios, Chon~ta
De desearse es que los discípulos alcancen el
hizo un viaje triunfal A Europa, donde recibió
leccíones de los mejores maestro3, y aun tocó, méri,o artístico de la joven profesora.
acompaflada de algunos de ellos, en audiciones
particulares y públicas, pero nunca en funciones
de paga, pues como goza de una d·e sabogada po-

-------•--------

-¡Qué sé yo! contestó secamente Lerbon.
,-,.? . .
Luego, como si estuviera
~-\F r- z,- ~t.,,"'·.
muy tranquilo, él que ,icabiiba
, ~..,P·-), ,
de pasar por tan dura prueba,
\.i' ' -,1_;¡ 'l'; ·-( ---.
v iendo destruidas para siem. &lt;', •,t."''1~{~
/1~:~ \_
pre sus espen,nz11s 1 y como si
hallara placer en deslizar nuevat1 dudas en el espíri tu del
Coma ndante, agrel!"ó:
- ¿Quién sabe? l'al vez para h acerse interesante. ... pero
seguramente no tardará en
decírnoslo ell11 misma.
Ju an se encogió de h0mbMs
y fu é á sentarse del lado por
d ond e estaba la cabeza de Nelly, lejos de ella; con las ma- ·
nos apoyad11s en l11s rodil lAs,
inmóvil y sin ap11rtar sus 0jos
d el d iván, en tanto que el Doctor , grave y sereno, impartía
los a uxilios facultativos co11 el mismo ademán
con que lo habría hecho junto á la cama de un
h ospital.
A poco, NelJy abrió los 0jos y preguntó
- ¿Dónde está él?
L uego estrechando la mano al Doctor, pro•
siguió:
- Usted es bueno, Sei'l.or Lerbón yle vivo muy
ag r adecida. Pero ¿dónde está Juan? Quisiera verlo, porque aún me queda algo que decirle y
a hora estoy calmada, tranquila, no tema usted.
J u an se presentó y dijo '!onmovido:
- Perdóneme usted Nelly, olvide mis palabras . .. .. .
E lla ie interrumpió:
-No quiero ni puedo olvidArlas, y usted mismo
n o las olvidará jamAs. Observe usted que le creo
ca paz de volver otra vez dentro de tres meses á
ofrecerme su mano. En esta convicción, le adv ierto que tengo demasiado orgullo para aceptar
un marido de quien be perdido de antemano el
el a mor. Sí: yo quería en verdad un marido, pero
soy m ucho mAs exigente todavía de lo que usted se ha imaginado: quería ademas su amor yno
tenía en c,1mbio mAs que amor para darle. !llientr 11s usted se conservó persuadiéndome de que
me 11mqha un poco,)'º crrí,, y con toda sinceri&lt;1nd, qu~ awaba á u~Led igu;; l111e1,t1· . .Ahort1 ya no

•. " &lt;,{~'

::

bertad, pero aun no se apagaba su amor por tan
ta juventud y tanta hermosura de que hacía gala
Nelly y devoraba un dolor mezcla de remordí•
mientos. vergüenza y c'!los. Luego le invadía
cierto terror comprendiendo que ella tenía razón,
que habían concluido para sí las últimas ilusiones y entraba solo y abandonado al desierto de
la vejez.
Y daba vueltas alrededor de Nelly, triste, humillado, inclinada la cabeza, como un vencido,
demasiado conmovido y agitado para poder hablar.
Nelly frente al espPjo se ponía lentamer.te su
sombrero en la misma posición en que Juan la admiró el día que fueron ju11tos al banquete &lt;le Ambohimarina. Volvió la cabeza á tiempo que él levantaba los ojos y ambos cambiaron una mirada
profunda en la cual pareció brillarun relámpago
de amor, de arrepenLimiento. de reconciliaciór.,
pero en el instante se apegó á la presenci!l de un
marino que entró y dijv:
-Lista la lancha, Comandate.
-Bien: contestó de Chalmont.
.
-;,Viene usted conmigo?
dijo NeJly al Doctor.
Lerbon que ya había dado
órdenes al criado para que
desembarcara todo su equipaje, ofreció el brazo á lit j&lt;&gt;ven.
Juan se acercó entonces ten•
diendo la mano.
- Nelly, dijo, perdóneme
usted sirealmente me ha am11 do como la be amado yo y
como la amaría siempre sin
la duda que me atenacea el
cor11zón. Hoy hemos hablado
b~jo el choque de eruocione3
violentas y hemos ido mús allá
de nuestros pensamientos; pero toda la amargura conte11ida PD 11uestros corazones ha
(~~~~ITTJ!i:zl
~~-;¿:-~ salido ya, y la franqueza y la
generosidad de usted me da11
para el porvenir esperanza,¡
buperiores á las pruebas m~s
palpitantes de amor que pudi&lt;..ra drecerme. Después de lo
":.;...
'--,~ .)
que me ha dicho usted no ten•
.. f~::-"''r"' -~,, ,.
.. , ,',
go derecho para hablar de es""
·- i.......~.-: ..
•
. - - '
- .
peranzc1~, Ps verdad, pero si
". :.-- ..¿-· '· -~ ;_• .... ·-...
.
drjaruos al tiempo el cuidadv
.
de calmarnos pod1 í unos entendernos mejor. Parto mafiana en la tarde. Autoríceme usted á escribirle y seré franco,
so lo juro, esperando que usted será franca también cuando me esciiba. Autoríceme usted también á ver-Perdóneme usted esta escen11, Comandante, la antes de mi partida.
y usted también Doctor querido; no conjuga con
Nelly q~e. estuvo á punto de contestar largami carActer y habría querido evitarla.
mente, vacilo y despué, decidiéodosc á estrechar
Por eso fué que después de haber oído la con ver7 la mano de Juan úejó caer solu estas palabras.
sación de ustedes fui al bailo y me herí el pié de
-¡Hasta la vista!
propósiLo y con cuidado de b11cerlo ligeramente
El día siguiente era el último que debü pasar
pues eso explicaría mi actitud, mi e~oción y daría en Mohelia el Colib1·l. A las cinco de la tarde Sú
un pretexto para irme á casa sin tardar. Nohabrfo embarcaría el Sultán, á l1ts once zarp11rían y al
dicho nada; habría dejado.partir el b~rco y luego :ponerse el sol del_otro día se quedarí11. en Anhabría escrito á usted que renunciaba al matri- . Jouan el rey destronado. Era probable; que Juan
monio por haber hecho otra elección, á Mr. To- no volvería nunca á Mohelia esta bla embalsamamAs Pool, por ejemplo, á quien me parece que da- que nunca le había parecido tan bella como al
no le soy indirerente. Pero esto era demasi11do contemplarla por última vez.
heroico y he sentido algún alivio explicándome
A lo lejos, sobre una colina, podfa distinguirse
con franqueza . Aqios..... Ya es usted libre otra nesde el barco, la vasta fábrica de llfr. Tomas Poovez; pero quedaré vengada (sin desearlo) porque le, sus inmensos plantíos de cafta de azúcar, de uu
no me olvidará usted nunca y sufrirá buscando v_erde claro y fresco, sus bosques profundos y u11
en va110 amor que le consuele.
r111chuelo argentado que venia á desembocar eu
Luego, tranquila en apariencia se inclinó, cal• el mar.
zó su pié con una pantufla que le trajo Lerbon y
¡Qué dicha podía alcaDzarse en esta isla tan
dió algunos pasos para ver si podía andar bien: lejos de las exig ~ncias mu:1 dana~, con N ell/ por
El Doctor preguntó:
·
compaftera, á ser posible romper de golpe con to•
-¿Me permite usted, Comandante, mandar bo• do un pasado, una educación, costumbres adq uü ¡.
tar la lancha?
das y gustos creados!
- Como ustedes gusten, contestó Juan seca¡Cuánto darí... Juitn por encontr~rse en lu,,..1r
0
mente.
del filósofo Tomás Pool.
En efecto, se sentía aliviado al recobrar la liSí: la dicha estaba all{sin &lt;lula, á condic :v 1-

.'"'\' . ;

~;:;:::,-

~:J:~~~l

~

..

_,,;-.

�Domtn,t"o 11 lle SepttembTe de 1898

EL MtJN!'O

214

Seguramente olvidar y tal vez pronto. ¡Es tan imde no dejiir nunca este país, de conservar 1\ Nelly
presionable! pero yo, ya no me cas11ré con ella.
en este medio tan propicio á su independencia,
De Cbalmont fijó una mirada sobre el Doctor
en este cuadro de inmarci:.sibles verduras que
y su cara expresaba una tristeza t~n profunda,
convenfa tanto á su gracia de hija de la naturaun dolor tan sincero que se conmovió á pesar del
leza como ella se llamab11. á sí misma.
lado riFible que presentaba esta pena.
Lerbon, comprendiéndolo había pensado llevar
-1.Me perdonará usted?
á Nellv á las Seycl1&gt;llas que son muy semejantes
- La amo tanto, que si se casara usted con
á Mobelia.
.,...ffi:'
ella. le perdonaría.
Pero en Francia eso no es posible. Toda la noJuan guardó silencio.
che Juan lo había ptnsado así con dolor y veía
-Pero, prosiguió Lerbon ¿quién sabt-? Tal vez
que tan cruel situación solo t?nía un recurs'~, ~uir
sea sincera 111 rechazar la mano de usted. No vensia piedad y vivir (ay! eso si) con remordimienga usted A verla esta tarde porque seria inút~I,
to~.
ni le escriba. Tenga usted esta c11rta que me dió
Los dos caflonazos que se disparan á bordo top11ra usted.
das lasm ·,flanas á tiem:,o de enarbol1use l\ bandeLa c11rta decía:
ra de popa, vinieron á anancar á Juan de sus pe«No me escriba usted antes de recibir carta
nosi&gt;s reflexiones. Se volvió hacia la bandera, lP,
mía.
Yo le escribiré á usted dentro de dos ó tres
hiz) el saludo militar, y luego no pudiendo decimeses
antes de que parta para Francia ó antes
dirse á esperar má!l, hizo botar al agua la chnlupa
de
que
vuelva usted aquí.
y se embarcó rápidamente.
·
·
.
NELLY,&gt;
L,i víspe1·a, en el JUl)lll"nto de la separac1ón,le
J1rnn ensefió este billete al Poctor como para
había sorprendido la calnn de Nelly y hasta sinpedirle su opinión.
tió el temor de que esa calma fuera precursora de
,
-Ya lo leí dijo el Doctor, y no lo be comprenala-una escena violenta que hiciera terminar en
-~
,-; dido.
tr:gedia la comedia qi: e él le había 'réprochado.
:~·;:;:c·-:.•,:JJ.~ce. :.,. f:_,. Despues, sin hablar siguieron caminando.
l&lt;'t-lizmente el Doctor la acompafló basta su casa
2
y ein duda la vigiló con solicitud.
~,,.,.
·.f ...,·•.. i·;··· ·•. , ·f
Cuando llegaron al muelle Juau preguntó á
Por otra parte, debía aún conservar esperan@ ' , ·· ••"' -~~ Lerbon.
_-/t,:Z'':~:·::- ~-; " _,y
usted me escribirá?
zas rero todo era de temer.:;e en su e,píritu rof,
ma~esco, y esta sospecha apenas iniciada por la
'.t,~
~;
•, { ·'
-Se lo pr~meto.
.
• ;-""',.i."t,-'&amp;
/ -:l Y sin a:fiadir una palabra se estrecharon efusi11ochellegó át0marcon elcur.:;o de las horas cuer;, ' vamente las manos, conmovidos al separarse y
po de positiva preocupación.
tratando de ocultar su emoción.
Y se apresurll ha empujado por los presentimienPrince había venido nadando en busca de su
tos más sombríos. Al llegará los plantíos, distin...
amo
y acababa de 11égar, y si los dos franceses
guió á Mr. Tomas Poole en compaflía de su Ad-~~-- · •
hubieran
seguido la dirección de su mirada inteli
ministrador Stephenson y moderó el paso para
gente, habrían tal vez distinguido en una ventanacalmar las palpitaciones de su corazón. También
de la casa de. Mr. Tomás Poole á Nelly, apenas
los ingleses le vieron y avanzaron hacia él con
l .
vestida y fijando sus ojos en el lejano Colibri.
111 sonrisa en los labios preguntándole con mucha
Ojos fijos, inmóviles, vacíos de pensamientos y lle•
corrección á qué debían el honor de una viJita
uos de lágrimas.
.
tan ma1i1111l.
Nelly no dejó la ventana hasta que perdió de
Esta sonrisa y esta. acojida, tranquilizaron á
vista la chalupa en que se embarnó Juan. Luego
Juan desde luego, y explicó, aunque con cierto
observó que el Doctor regresaba, y se enjugó
emharazü que habiéndose last:mado el pié Nelly afladió dirigiendo ai Comandante una mirada rá- las lágrimas y se metió apresurada en el lecho.
Ja Yispera, había t&lt;'nido prisa de saber como es- pida.
Algunos minutos después oyó que llamabaná
taba; que además iba á zarpar _esa.misma ~oche
-Oh! se resolvió á decir Mr. Tomás Poole en su puerta.
y había temido que sus ocupacion~s del d1a, le su jerga anglo francesa; aquí la fiebre no es pe•
-Entre usted, dijo.
.impid!esen despedirse del Mayor.
.
.
ligrosa. Estoy tranquilo.
No era el Doctor sino Mr. Tomás Poole, que dijo
Stephenson se manifestó muy agradecido, d1ó
-¿Y si trajo la mal11ria de Madagascar? pre- con mucha timidez:
111 ComandRnte un vig-oroso apretón de manos, y guntó Stephenson.
-Perdóneme usted, seflorita, que haya en~rado
de acuerdo con Mr. Tomás Poole propuso en el
-Es probable, dijo el Doctor.
así, pero el Doctor nos dijo .... y estaba yo tan
acto dirigirse á la baoitáción donde se tomarfa.
Llegaron al cobertizo y se prepararon los cock- inquieto ..... .
un ain-cock-tail al abrigo del sol bajo el coberti- tailes.
Un poco sorprendida Nelly observó detenidazo 11dornado de flores.
Juan habría querido informes más completos; mente al genllemen y tendiéndole al fin la mano
En cuanto á Nelly su heridll no tenía importan- sospechaba que el Doctor ro decía toda la ver- le contestó con ac~nto de politíca banal muy
cia, pero en estos países pantanosos la menor fa- dad pero no se atrevía á hacer más preguntas.
frío:
-Quedo muy apenado por no haber visto á la
tio-a t~ae algo de fiebre y el Doctor ordenó repo-Es usted muy amable, seflor, pero no esperaba
s; y dieta. Y vea usted lo que había sucedido! e-1 sE-ñorita, dijo Juan, y ruego á usted, Mayor, le ex- la visita de usted sino acompaflado de mi padre
excelente Doctor con gran alegría de Mr. Tomás prese mi sentimiento. Escribiré á ustedes desde ó del Doctor. Estoy mejor, y espero podré salir
Pocle había decidido plantar su tienda en Mohe- Madagascar.
mafiana.
·
-Será muy grato para nosotros, contestó Ste1ia á fin de terminar en lll isla sus estudios sobre
Muy mortificado el inglés se excusó: .
J11s araflas-. Er-a, para el país en general, una for- penson acabando de hacer sus mixturas.
-Perdóneme usted: el Doctor está ausente, el
-En cuanto á usted, Doctor querido, prosiguió M-tyor duerme, y temí que necesitara usted algo.
tuna esta resolución, y un especial placer p11ra
:Mr. Poole y su administrador contar con tan Juan, quedaré muy reconocido si me lleva usted ¿Podría str útil á ustedi'
á bordo noticias de la seftorita Nelly en el resto
buen amigo y tan buen médico cerca.
-No, gracias, contestó ella secamente.
Como miel!tras se hablaba de esto Lerbon ha-. del día.
-Siguió un pesado y desconcertador silencio
-Iré con mucho gusto, per0 aB1'guro á usted que l\lr. Poole se decidió por fin á romper.
tía )legado, Ju1rn le estu.iiaba la fisonomía y le
que no .hay p~ligro alguno.
preguntó con ansiedad.
-¿l~stá usted contenta aquí, sefiorita?
..:...Tanto mejor, dij~ Tomás Poole que buscaba
-¿Cómo sigue la sellorita Nelly?
.
-Mucho.
-No muy mal, no muy mal, respondió el Doc- una frase. , A la salud, pues, de Ja seflorita y á la
-Eso me hace fdiz, muy feliz, exclamó Mr.
tor tranquilamer:te. Espero qu" en ocho días que- de usted Comandante.
Pool con energía. Adios, seflvrita N elly.
Juan pretextó la necesidad de dar algunas órdará enteramente curada.
-Adios contestó t-lla siguiendo con los ojos al
-Cómo! ocho días .... exclamó de Cbalmont. denes y se despidió de los ingleses. Luego volvién- tímido gentlemen que sealejabapoco flpococomo
E,tos seftores me decían hace un momento .... dose á Lerbon le dijo:
apesar 1:iuyo.
-¿Me acompafla usted basta el muelle?
-¿Se habrá agravado de pronto? preguntó soPero los ojos de Nelly ya no tenían la atonía
-Iba á proponérselo á uHed.
del dolor.
lícito el Mayor.
-Nosotros tambien, dijeron Skphénson y ToHabía tornado el pensamiento; y si los envolvía
En cuanto á Mr. Tomá3 Poole, era demasiado más Poole.
correcto para dejar versus sentimientos y se conPero Juan les suplicó que IJO dejaran sqla á la aún el velo de la tristeza, brillaban sin embargo
como esas estrellas que emergen del seno de las
formó con dirigir á Lerbon una mirada interro- seflorita y entonces ya no insistieron.
gadora.
Cuando el Docto1· y Juan ya estaban lejos, és• nubes en un cielo de tempestad ..... .
-Sí, prosiguió éste. Ayer tarde pensaba yo te ·preguntó:
que una noche de reposo b!staría, pero en estos
-¿Deveras no hay temor? ¿La-fiebre es ligera?
IX
países cálidos no hay segundad alguna y nunca
-No hay temor.
son exageradas las precauciones. Esta mañana
'-¿Y la herida?
F.PEIRA MAURICIA.
Yí á la enferma y noté que la fiebre no ha cedido
-No es nada. Lo que tiene es la emoción, la
sino más bien aumenta algo con un poco de deli- exaltación del corazón y la tensión nerviosa.' Ama
El Doctor cumplió su palabra. Püco después de
rio. Pero tranquilícese usted, Sefior Stephenson, á usted y á la vez lo detesta profundamente, de la partida del Colibri escribió á de Chalmont una
no hay gravedad y respondo de ellv, con tal de modo que no se comprende Jo que pasa en su es- carta b11stante breve -para tra-nquilizarlore&amp;pecto
que la sefiorita sea obediente.
píritu. Esta maflana tuvo una crisis: primero que- á la salud de Nelly.
Juan contestó detenidamente dicié 1dole que
Figúrense ustedes que se había encaprichado ría ver á usted y luego ya no. Ayer hasta tuve
en levantarse hoy! pero al fín la hice entrar en .miedo de que se suicidara y le quité el famoso había sido un loco, pero luPgo iluminado por la
razón· y después de una bebida calmante está perfume indio que es un veneno. Tiene uno de- ausencia, había comprendido que no podfa olvidurmíendo ahora como un nifio. Como es muy i:repente esos temores pueriles: pero eso no esta dará Nelly, la cual era necesaria á la tranquilidad
nerviorn, interesa sobre todo evitarle emociones, en su temperamento. No pienso lo que hará .... de su vida y al reposo de su conciencia.
4

•

•

Domtn,ro 11 de Septiembre de 1898.
El Doctor ensefló la carta á Nelly, pero la jo-ven moviendo tristemente la cabeza dijo:
-Lo conozco mejor de lo que él se conoce á sí
mismo, Juego se arrepentiría de su buena acción
y me la reprocharfa, con lo cual uno y otro st.riamos desgraciadoe. Enestaslíneasse descubre que
no me ama ya, y que sólo lo inquieta el reposo de
su conciencia. Si sufre, tanto mejor, yo tampoco
le amo.
Aunque el Doctor cuidó de insi~tir y apelar á
la dii,creción y al corazón de Ndly, nada pudo
contra un11 resolución inquebrantable cuyo mó·vil no podía comprencter.
·
T11rdó pues en escribir de nuevo á Juan de
-quien recibió varias cartas reveladoras del mis-mo sentimiento, no amor irreflexivo sino tristezas, remordimi,mtos, deseos de calmar una conciPncia turbada.
Tor!as las ensefió á Nelly, sin obtener nunca
más que la mii:ma respuesta melancólica:
- No: todo ha terminado y yo ya no le amo.
•Si sufre, tant0 mejor; pero un matrimonio solamente por deber. por lástima .... yo no quiero eso.
Una vez afiadió:
-El tiempo le curará y yo ayudaré á la obra
del tiempo.
El s11bio LPrbon, tan hábil para adivinar el se·creto de las Epeiras 110 comprendía nadade este,
Pn que una mujer soltaba su presa despues dehaoer•e dado uu enorme trabajo para apoderarse
-de ella.
Y es que Nelly pertenecía á una raza resuelta,
a mbiciosa y caballn1·sca, cuyas prontas decisio11es, apetitos y delic1&lt;dezaR escapaban á la penetr11ción del sabio Doctor. Nelly amaba á Juan. le
había ido amando poco á poco, y al verle sufrir
la piedad y el desconsuelo de no poder hacerlo
complet11mente feliz. habían fundado su resolu·ción de volverle la libertad.
Ybabíitqueridomásaún,yerano ser sentida, y
-curar bien y pronto la herida que causó, urdiendo pna couseguirlo, una nueva red contra una
J&gt;resa que no 11maba. Renunciando á conciliarla ambición y el ¡¡mor, concibió unnuevoproyectoque
le prometía algtmas alegrías para su modesta
existencia, en esta isla perdida enmediodeloceáno, junto á Bll padre que la amaba tan poco y 1.fr.
'Tomás Poole á quién ella no 11maría jamás.
Un día Lerbo11 recibió una nueva carta de Juan
muy brevt-, en que le anunciaba que estaba termL
nada ya su comisión y que dentro de tres serna.
11as á lo más llegaría á Mobelia.

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ELMUNDO.
mientras su padre y 1.fr. Tomás Poole Jugaban una
partida de ajedrez, Nelly llevó al Doctor a~ salón
y Je dijo en voz baja:
-He contestado yo misma. Vea usted mi c11rta. Pero qui.,ro pedirle á usted un gran servicio,
mi querido Doctor: Esta ca1:ta no quiP.ro confiarla á nadie más que á usted, y como 1-J correo no
pasa por aquí, seri,. necesario llevarla r.. Moyotta
antes de tres días. Mr. Tomás Poole envía maflana
su lancha de vapor á esa isla, yo quiero que lleve ustt3d mi e 1rta y que no !R. lea sino cuando
h11ya llegado á l\1ayotta. Luego la pegará usted
cuidadosamente y la pondrá en el Cl·rreo.
Lerbon fijó en N elJy ·una mirada llena de preguntas, y la joven le dijo resueltPmente:
-Ruego á usted que no me pregunte. En Mayotta, Fabrá usted todo. Júreme no leP.r mi carta
antes de llegar allí.
Lerbon juró, y Nelly, saltándole al cuello Je
besó y le ahriizó tiernamente como si ~unca lo
hubiera de volver á ver.
Admirado por este acceso de ternura, se quedó mirando atentamente á la joven, pero ella
riéndose á carcajadas le dijo:
-¡Cómo! ~Pues qué no adivina usted?
Después volvió al comedor, besó á su piidre,
se despidió di" Mr. Tomás Poole, que Je estrechó
la mano ruborizándose; y se retiró á su aposento,
donde cobardemente, con los nervios sobreexitados, se arrojó vestida en su lecho y rompió á Horar ahogando su~ sollozos con el pafluelo.
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Entre tanto, Lerbon anunciaba á los dos ingleses su viaje t\ Mavotta para el dia siguiente.
- Bien ·Doctor; dijo 1.1r. Tomas Pool e pero no
deje usted de regresar dentro de tres días, pues
tengo algo interesante que confiarle. Buenas noches, querido Doctor.
No, el Doctor no había adivinado nada y un
poco inquieto por lns actitudes deNelly, no pudo
resistir á la tentación de leer la carta y tan pronto como llegó á su casa la abrió, y de un solo golpe, casi sin quererlo, la leyó toda entera y quedó
un momento asombrado. Después él t11mbién se
echó á reir como acababa de hacerlo Nelly, y colocando la boja perfuma.la en un sobre, exclamó
con aire de disgusto.
-Epeira, decididamente Epeira Mauritia.
Tres días después, Lerbon puso la carta en la
oficina de correos de Mayotta que la envió en el
inmediato va por á Diego Suárez. AUí el contramaestre del Colibri la metió en un saco junta con

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otras varias, y algunos minutos después la entregó al Comandante.
En cuanto 111 Doctor Lerbon, no regresó ya
nunca á Mohelia sino que escribió á Mr. Tomas
Poole, que acababa de recibir malas noticias las
que le obligaban á partir para Francia inmediatamente.
He aquí lo que decía la embustera cartita perfumada:
"Comandante:
"Usted que alguna vez me acusó de faltar á la
sinceridad, no podrá ahora dirigirme el mismo
reproche. 1.fr. Tomas Poole es mi amante, pero
dentro de quince días ya estaré casada con el.
NELLY,"

¿Poi,' qué mentfa así?
No: no había sido tan tonta para caer en una
nueva f,ilta, y precisamente pvr eso ibA á ser esposa del rico propietl\rio inglés.
¿Por qué pues había mentido? ¿Para lastimar
á Juan más cruelmente ó para curarlo mi\s pronto como hace el b!sturí con ciertllsllagas profun•
das?
J us.n leyó y releyó esta carta en la cual crevó enteramente y qued6 abrumado, como si
hubiera recibid.:&gt; una puflalada, pero su abatimiento no fué de larga duración. Se levantó, arrojó al .rnelo la carta con un gesto de disgusto y
lanzó un juramento; luego la recogió, la desg11rró
en pt&gt;queflos fragmentos y la arrojó al mar ....
al mar que amaba tanto y del que no se separaría ya ....
Prince seguía con ojo inquieto todos los movimientos de su amo, y Ju·rn al fin huoo de notarlo. Entonces se mirararon fijamente los dos. Juan
lloraba.
' ·
Se acordaba del iimor, entrevi~to por última
vez acaso, en la cumbre de Ambohimarin11, y de
sus pasajeras ilusiones, pero el despecho srcó
pronto esas lágrimas egolstas y se quedó contemplando estas tierras de Madag11scar que presen·
ciaron su falta y que en breve ibaá abandon11r.
La noche se aproximaba: la brisa estaba dor•
mida y las olas soflolientas, y 'Juan sentia apaciguarse su corazón -0on una impresión de bienes•
tar que no sentía desde hacía mucho tiempo ....
y con la idea de volver A Francia, una nueva
esperanza aparecía en su alma cii;1tilando como
esa estrella pálida que por las tardes aparece de
improviso en el cielo.
Y Nelly ¿alcanzaría algún día lafelicidad?
Tal vez ....
MARC DE CRANDPLAIX.

FIN.

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Domingo 11 de Sepüembre de 1898

EL MUNDO.

Domingo 11 de Septiembre df'I 1898.

..

REMINISCENCIAS.
En una habitación apartada, donde apenas llegaba
el rumor de las cadencias de la orquesta, hablan buscado rPfa~io varias pers~nas, que ya por s.u edad, yi,.
por fastidio, hulan del baJle. La c:-nversac1ón era general en los grupos de las mamás, que procuraban
por eFte medio engañar el sueño. Hablaban de cas~•
miento11, de males. del último escándalo de la fulam•
ta de la careslfa de los vlveres y otras banahdades
p~r el estilo, ba•e y fundamento de la charla de nue~tras burgut.&gt;sas americanas. En uno s_olo de los corrillos p11recla reinar buen humor, segun eran de frecuentes J11s risas diecretas de las personas que lo formaban. 11 iendo de notarse que todas ellas eran por lo
mPnos cuarPntonas.
Vov á. referirá ustpdes-decla el G~11eral Pére~un 1a·nce amoro110 de que fué prot~gomsta 1m amigo
mio muy querido hace más de vemte años, El asunto
tuvo por cuadro 'el lindo puerto de Puntarenas, el
cu11l 66 hall11ba por ese tiempo ~n todo su e11plendor
comPrcial. Ese amigo mio á. qu1Pn llamaré Carlos, y
vo vivfamos en aquPI entoucPs allf, con la espnanza
de hacer fortuna. No lo pasábamo11 del todo mai, trabajando mucho y divirtién·
donos como Dios manda. sobrt, todo, en la temporada de
]os haños. allá nor los meP"S
Febrero y Marzo. El 11ño
65. si mal no recuPrdl', fueron muchos los bañiFta11 que
ncurriPron del interior de la
República, á E&lt;ecar al amor
de aqnel sol de fuP~o sus
miembros entumecidos por
la hnmedad de seis mP11Ps de
lluvia. Apenas nos alcanzaba el tiPmpo para g&lt;lz11r; un
dla era un baile. otro una gira ó 11na Pxpedición por el
golfo de Nicoya de 11in rival
belleza, con su11 verde11 islas
v 11n mar de zafiro, todo poblado de alegres y juguetones delfines.
-GenPral. e11tá. uste poetizan d o-jnterrumpió una
dama
-Siempre que hablo dPI
golfo de Nicoya me sucede
Jo mi11mo-replicó el militar.
Aquello Ps una maravilla.
Pero vuelvo á. mi aventura.
ó m1&lt;jor dicho. á la de mi
amigo Carlos. Sucedió que
Pntre las muchas hermo11as
bañistaA que concurrieron
aquel año á Puntarenas. había nna que era un portento. ¡Qué mujn Doña Soledad. qué mujer! ¡qué talle
así (y el genernl formó un
clrcnlo con los dedos Indice
v pulgar de 1111smano~);unos
dienteP más lindos qu11 las
perlas del j!'olfo, y unos ojos...
no hallo cómo pintarlos, en
fin j!'randisimos, nPgros co •
mo dos cajas de betún.
~¡Vaya una comp11raciónl
--Qué quiPre usted, 11sf me
Jo part cieron, y á. mi amigo
Carlos también, que todofoé
verlos v enamorarse locamente de . . .. ya no recnerno cómo se llamaba su dueña La puión de Carlos na
criminal. como ª" dice en los
dramas, porque la bella era
casada; si 11~ñores. casaua
con un caballero gordo, rico,
de muy buen apetito, en fin
toda una persona decente,
pero á mi juicio indigna de
poseer ~emejante alhaja. A
pesar de esto. era ella t11n
recatada. su porte rev11laba
tanta madestia y virtud que
bastaba á descor11zonar al
miPmo Lovelace. Carlos, no
pud;endo hacer otra cosa
mejor, se limitó á adora1Ja en secreto, sin dPjar por
esto de enderezarle 1m11 baterías
Bien pronto, merced á PUS delicadas atenciones, logró captarse la buena voluntad del marido yun poco
también l:i de ella El pobre muchacho se desvivla
zanqueando la ciudad á. caza de frutas, flores y conchas. para obsequiará su amada; vera completamente feliz cuando ella le dPcfa, ahuecando en una sonrisa los divinos hoyuelos que tenla en la boca: Mil graci11s por los marañones que nos mandó uste ayer Estaban ricos. O si no: ¡Qué amable en usted! No se puede imaginar cuanto le agradeció mi marido los cocos.
Cuatro se ha comido hoy; temo que se enferme.
Cualquiera frase de est8s ponla á Carlos de buen
humor por vP.inticuatro horas lo menos Sin embarl!'o,
durante sus largas noches de vigilia, se reprochaba
amargamente su tonterfa, 1111 ridfcula timidez, apenas
propia de un adolescente. Entonces hacia grandes y
arr'esgsdoa nroyectos. Sí. él la hablarla resueltamente. dPclarAnd11Je FU loca pi.sión; y con t11le11 colores se
la iba á. pintar, qu11 A mi&gt;no11 ~ b6r ella inaP111~ible como una piedra, habrla de ablandarse. l'tro todo P.ra
Pncontr11rse á PU )Han, que sus pl11np~ se di,svanl'cfan
como el humo azul de un cigarro. Su resolución se

estrellaba contra 11quella carita de madon11.. q~e respiraba honradez y virtud¡ le temblaban las piernas,
se le en•umia la lengua .•.. vamo~ que el muchacho
tenla menos ánimo que una colegiala.
Asl las cosas llegó el dia señai11.do para una excursión por el Estero. A las cuatro de la tarde, calm~dos
en parte los rayos del sol, nos embarcamos _en cmco
lanchas de buen tama:io. Atravps11mos rápidamente
la. parte ancha del eFtero, pero 111 lleg~r á los canales
continuamos bog»ndo con mucha le11t1tud. Yo no he
estado nunca en Venecia, pero dutlo mucho que sus
&lt;'anales famosos superen {I los del Estt1ro de Puntarenas; porque si bien es cierto que és_tos ci..recen de_palacios rt·emplézanlos con ventaJa 1011 más ricos
dones' de !11 nat1,raleza. Juncos, palmeras y helechos
crecen alli c~n extraordinario vigor, En los árbolP.s
frondosos y corpulentos, se anidan orquídeas mult1colore11 y los arbustos se pliegan en busca de frescura, meti't·ndo las ramas deutro del a_gua. Cad!I- VPzque
dábamos vuelta á un recodo, h11crnmts huir á una
bandada de gHzas; blancas como 11!godón 188 u_nas,
grist-s ó color de rosa las otr11s, qu" Ju ..go ª"' iban

º"'

LA MUSA DEL DOLOR.
má~ allá á continuar la ír11sca interrumpida. El $O] se
babia hecho inofensivo po:- la eepesura d"' los follajes.
De repente vibró en el aire una nota clara, penetrante, pero al propio tiempo llena de dulzura y voluptuosidad; era la voz sonora de la marimba, compañera
indi11pensable en las fiestabpuntareneñas. Un gritOPS•
po1,táneo de aleg, fa saludó al popular y bullicioso
instrumento; habíamos llegado al término de nuestro
viaie, un precioeo rinconcito cubierto de césped y en•
toldado por una enramada de palmas y hojas de ba•
nanero. Saltamcs á tierrra y luego comenzaron á. esta.llar los corchos del champaña.
Pasamos una tarde deliciosa, pareciéndonos más á.
una tropa de niños, que á gente seria. CRrlos se aprovechó de Jo muy ocupado que estaba cada cual en divertirse, para. cortejará su adorada,confiando en que
no seria nota.da su asiduidad. Ella pareció más comunicativ11 que de costumbre, h11ciendo mil mohines cada vez que mi amigo se empPñaba en hacerla beber
otra copa de champaña, ese vino pél'fido, enemil!'o encarnizado de la virtud, y cuyos efectos son diabólicos
en las muj•res. LIPgó lit hora dp,J rPgreso con verda
dnR ren" para toduF. Nadie q11Pri11. poner puuto final á t:m linda fiest:i; p~ro al fin fué preciso rebig'•

narse porque la obscuridad se nos venia. encima. con,
e 11a r~pidez con que se oculta y aparece el POI en los
trópicos. Carlo¡ tomó asiento_ al lado de P_lla, 1:n la última lancha, mientras el m11r1do, muy chispo, se empeñaba en quitar el remo á. uno de los bogas. Alborotó un rato por 111 negativa del hombrn, quedá.ndosedePpués profundamente dormido.
A la bulla y algazara de la fiesta, sucedió el silPncio. Todos callaban, adormecidos p_or el suave balanceo de las embarcaciones y el rítmico golpear de los
remos, que ha.clan brotar placas a•zulosas c8da vez:
que berlan el agua. De las or,llas llegab .. n á. bocana.das efluvio11 preñados de aromas tropicales entre los.
que dominaba el voluptuoso perfume de las resed11s.
Apenas podian distinguirse ya Pn la pP~umbrR las.
manchas negras de las embarcaciones qne 1b11n delante· los sonidos de la. marimba se oi11n cada vez más.
di~tantes, Carlos contemplaba á su be•mo11a compañera que parecia a.bsort~. y cerraba ~e. vez en cuando
los ojos como perslgmendo una vmón. Pasado un
gr11n rato, ella se puso á mirar las luceR que poni11n,
los remos en el agua, y curiosa de prob~r el ~fecto
por si misma, mtento golpearla con la mano. Carlos.
se la arrebató, dicil\ndole PU
voz baji¡. y ap11sionada: •E~ .
mucha imprudencill: Petas.
aguas e11ti\n llPnas de tiburones. • Ella no contestó nada, ni tampoco retiró la mano que Carlos conservaba
entre las suyas. Entonces desopetón. sin prt&gt;ámbulo alguno, Ca.rlo11 Re lo dijo todo:su amor inRensato, sus p11nas. sus ·eFperanzas. Ella
temblaba. mirándole con susPj11zos nPgros, que resplanrlpcian 11n la noche con 1111
d ,stello aterciopPlado y I]..,.
110 de c"ricias. Un sacudimiento delalan&lt;'hales an11ndó qne hablan llPgado. CarJos,ebrio de pasión, mnrmuróuna súplica á. su oido: ella
procuraba resistir, nPgar Jo
que su amante le pPdfa. nosé qué de ventana abierta á
media nocb11; pPro en el momento de saltará tiPrra . conteFtó que si con voz desfallPcida, casi angn~tiada
Pero veo-continuó PI general, qul'I esta hi&amp;toria 11eha bPcbo dema11iado larga y
voy á. pro~urar abreviarl11..
El rPsultad·o fué que mi amigo Carlos obtuvo uo11 cita
para aquella nncbe Ya supondréis Pi E'!,tuvo puntual'
á la hora convenida; pero el
pobre se tmcoritró con la vPn•
tana cerrada. Tocó di11l'rPta•
mente para anunciar tu prt!•
s11ncfa, v por toda rePpui,sta,
obtuvo los vigorosos ronq11irloq del dicho~lsimo marido.
"Vamos, pen~ó el burlado seductor. :va. pasó la primera
impresión " A la m11ñana siguiente. la bella babia de~11parPcido.
-Esa historia que acaba.
de contar el gPneral-interrum.pió, con sorpresa de todos, una señora que habla
intentado marcharse al principio de ella., y á la cual llam11ban Maria-me fué uferida en aquella misma época
por la persona á. quien ocurrió y que y11 nP exietfl. De
mAnern que la C0DC?C0 tan
bién CPmo PI general, y tal
vPz mPjor. Voy, pues, A. rPctificar su deeenlace, que h11
sido un tanto alterado por
RU narrador, el cual Pn todolo demás se ha ceñido ií la
más ePtricta vPrdad. Eaa pobre amiga mia, que estuvo en un tris de dar un mal
paso, llevo su locura al extremo dfl dPj•r su ventana
abierta, Cl'mO lo habla prometido; pPro el 11eductor, á
no dudarlo, compadecido de 1111 debilidad J inPXpPriencia, pues apenas tenla veinte años. no acudió á
la cita. Después de eete lance dePgraciado, 11rrepentida. y abochornada. de su conducta, mi amiga fué
siempre modelo de honradez.
-Si fuéramos á cenar: son las dos -dijo á.lguien.
Buena idea, re!pondióel General. poniéndosedep;é.
Todos hicieron lo n im10 1 encaminándose al salón
donde estaba dispuesta la cen11.. El general cerró la.
marcha. dando el brazo á. la sPñora que le había interrumpido. Cuando se convenció de que nadie les po•
dría escuchar, le prPguntó al oido:
--Dfgame usted la verdad, María, ¿es cierto que dejara ustPd la ventan-a abierta?
-SI, General; y toda la vida he de agradecerle Sil
generoso proceder.
·-Pues no me Bgradezca mted n11da, porque laq co11aR pasaron como las he rPferido. Sin rlnda eqnivo qul\ la vúntnna No er L la. ~Pg11nd11 "entlohic-ia1&gt;lm•r'&gt;
-- :,.¡o, g ... 1,er11J. la tPrc"rH: 1-1,a otra era la de mi 111 rido.-.R10.11&lt;00 FE1tNÁ:-m1cz GUAllDJ A.

217

EL MUNDO.

PAGINAS DE LA MODA
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Fig I.-Traje parisiense de recepción y frock para niña.

Lect.uras para las damas.
EL Cl.GA.RBO.

Habiendo recientemente f)rohibido la Emrratriz
-de Rusia que las señoras fumen en su corte, a pren1:8 rnropea ha participado de las sorpresas de las da-

mas de honor de ese palacio, Des_de los t!empos !Dás
remotos la mujer en Rusia ha tPntdo afición 11! cigarro y Ja costumbre de fumar. Además, es un hecho
que en todas las cortes de Europs el cigarro eFtá de
moda no sólo entre los hombres sino entre el bello
sexo.
· v ¡uLa princesa Tbyra, hermana d11 1a Em pe~a t nz
da, de Rusia, la Princesa Enrlqueta. de Prue1a, herma•

na de 111 esposa de Nicolás II, la Emperatriz de Austria, la Reina Re¡rente de Españ~, la Condesa ~e París, la R"'ind. de Portugal, la Rema de Rumama ....
fuman.
Se rPcUflrda á !a intrépida Reina de Ná.poleP, Maria de Wittelshach, que tomó una parte tan activa en
Ja defensR de Gaeta. Bien señida con el uniforme de
uno de _ los regimientos de infanteri&amp; de su ea-

�EL MUNDO

218

Mujeres electoras.

pnrn. marchaba al ful'¡ro con el crguro f'n los labios.
Pero PB de confesarse que en Rmia se bre todo, es
dond11 se ven hoy má~ mujeres de alta posición, compitiendo con los hombres en el arte de torcer cigarros
Los JUFOF que viaja u y puan tl'mporad11s en Euro•
pa. dice Maurire Ll'udet, son la gente más seductora
nel univt'rso. Se compr,nde pues su influencia positiva sobre las coFtumbres francesas. Su alianza tan
de~eada ha producido efectos indiscutibles en las
pPqu~ñaa como f'n las grandes cosas.
Bajo el se#!'undo ImpPrio, era la influencia española la que se hacia sentir. Casi todos los señor!'~ d11!
séquito de la Emperatriz fumaban. La soberana se
permitfa. flé6 vicio. pero con gran discreción-Jo que
no sucedía con Napoleón ll, uno de 1011 fumadorf's
mAs Pndia blados de la época. El Emperador y la Em·
peratriz tenían pred'lección por los cigarros mojRdoe
Pn té, y en la Corte de las TullerfaR hablan encontra•
do cinto número de imitadores Hny dfa todo se ha
democratizado. Las mujeres que fum11n forman¡,.
gión. Entre los burgueseR. el cil!'arro se ha p11e11to de
moda como bajo Luis XIV la larga pira· Abrsihsim
Bos11, el célebre grabador y pintor de siglo XVIII,
ha reprPsentado en muchas de .us obras, mujeres fu•
mando la pipa. En esta época era muy bien visto. Actnalmente se encuentra todavía en ciertas partes de
Holanda, excPlentes marlres de familia quienes al
at.. nder á las faenas diarias, llenan de tabaco pipas
colos11IP11.
·
Si bien es poco probable que renazca lll moda de
lo" tiPmpos d11 Luis XIV, el cigarro por contra ha adquirido derecho de ciudad entre las mujere@. Ya no
Fe cita como l'Xcepcional la co@tumbre d11 G11or¡re
S11nd. etc., etc. Y reflexionando bien, si la humanidad
Fólo tuvina ese vicio que reprocharse, no estarla lejos del ideal de la perfección.

TABACO PERFUMADO.
Tlu1. Lancet, diario inglés que ~e ocupa de medicina, publtca un interesante articulo sobre el tabaco
pnfumado y eus inconveniente~.
Nue8tras lectoras encontrarán en ese articulo explicadas en parte las razones por las cuales se nota
en algunos de los cigarros y cigar·illos que fumamos
un gusto más 6 menos desagradable pero indud11blementu no es del tabaco.
Dice The Lancet:
"Serias razones tenemos para creer que la agregación,
en la preparación del tabaco,
de productos perfumados ó
a1 omá tico@, puede ser muy
perjudicial á la salud, y que
e11te asunto merece que se le
tome seriamente en coneide. ración, teniendo en cuenta la
g:-an cantidad .de cigarrillos
baratos que se venden entre
lo~ jóveoes."
Un corresponsal nos envió
recientemente algunos ci!?'arrillos anunciados como del
mejor "birdseye." y cuyo pre•
cio era d.e 1-10 d. el 100. Como
debia suponerse, teniendo en
cuenta su bajo precio, estos
cig-arrfllos eran detestables,
y tenían un gusto aromático
completamente distinco al tabaco.
Habiendo consultado algunos de estos libros misteriosos, aun9ue útiles que encierran varios m!les de recetas,
encontramos gran cantidad
de fórmulas variadas pararemediar la falta de aroma y corregir el gasto desagradable
del tabaco de calidad inferior.
Para operar, bé aqui los diferentes productos indicados:
rafees de iris, habas de Tonka: bayns de Ginebra, semillas de cilantro, styux, corte-"""
za de cascarilla, raíces de angélica, ~lores de canela, anís
de China, clavo de especia,
salitre, cuasi, glicerina, raíz
de régalis, palo de rosa, azúcar, hojas de laurel cerezo, hojas de no¡ral, naranjas verdes, extract'o de
limón, ámbar, vainilla, bergamota, balsamina, cardamomo, cubeba, sasafrás, raiz de caña, extracto de
violeta, etc.
No es imposible que una ú otra de las substancias
de esta lista verdacteramente formidable, sobre todo
si el uso· del tabaco es excesivo, dé nacimiento á
má;; de una enfermedad.

lJn nue-vo modo de conservar la carne.
El zoologista A Fjel~trup, aconseja lo siguiente:
"Se mata el animal de modo de que el cerebro no
se toquP; un ayudante de@prende al momento el corazón abrié11dole un ventriculo para que la evacuación complete el de?angre que se efectúe. Este pro•
ceder tiene por base que la descomposión de la sangre es la principal cauPa de la putrefacción prematura de carnes frescae. Inmediatamentedespuésdeesta
operacibn se inyecta, con una geringa, en el sistema
venoso y por el ventriculo no abierto. una disolución
~alina más 6 ménos concentrada, según el tiempo que
dPbe conservarse la carne.
La operación dura uno• cuantos minutos Se ha.
pr11cticado con gran éxito durante tres meses en un
raetr.o danés.

Domingo 11 de Septiembre de 1898

Fig 2. Traje francés para paseo.
LAS NUllES Y LA'I PLANTAS

_Las nubeP. son masas de vapor acuoso que, suspendido en el aue no e.. pera má$ que una oportunidad
para desh"c..,,se en benéficas lluvias 6 en terribles y
espanto~as temp11stades. En atención á su naturaleza, cuantas causas favorecen la evaporación, tanta1:1
son las que contribuyen á su génesis y por tanto, á
las irril!'aciones per:ódicas del globo terráqueo. La
experiencia ha demostrado que los vegetales emitea
por el foll,,je y por la sup .. rlicie d,; sus tallos, en forma d_e vapor, la mayor parte de las aguas que han
servid~ para: su 1;iego, y que A vecPs esa función es
tan activa, que aun towa otra cautidad del subsuelo
la cual uniéndose á la primera. se vierte en una at~
mó~fera reseca ó muy di~tante del punto de la evaporación. Tal su(.'ede en las grandes s11qulas 6 en aquellos lugares donde los árboles existen al parecer
sin la influencia de las aguas, pero en estos casos
por efecto de las ralees profundas el liquido es ab'.
sorbido de las capas terrestres inferiores y después
de RPrvir al sostenimiento del vegetal que le absorve
se difande "º los aire11, • JimPnta á las plantas de raí;
superficial y diRminuye h11 pérdi&lt;ias acuosas que los
animales experimentan por la pid y los pulmont"s.

Por la primera vez se celebró en Francia una elección de este sexo, últimamente, para. nombrar una.
sPñorita que rPpresentara en el aniversario de "Michelt&gt;t" la Mu~a. E;ta. debla coronar el b"usto del insigne
autor con dos acompa.ñantl's. La idea nació en el ce•
rebro del músiro Gustavo Charpentier, quien aomPtiósu proyecto al Honorable Ayuntamiento y esta Corporación, por un mil11gro ~ingular, lo aprobó con dispensa de trámites, y lo que ed más estraño, concedió
fondos para su realización.
Se reuninon, pues, en .el anfiteatro de la "Bolsa
.:er Trabajo" cuanta@ mucbRehas bonitas se pudieron conocer presentándose 147, bien vestidas, encanta.doras, con· carácter de electoras y candidatas.
Al piincipia.r la sesión se mostraron prudentes y
hasta tlmidas. Aplaudieron á Bellán, síndico del Consejo, cuando les participó cuales eran los deberes de
la Musa. Se 11presuraron á votar olfateando la urna.
en que debfan depositar rn voto.
El ~eñor Montarqui11l ante? de que se procediera á.
tan imponente acto, dij'&gt; á las simpáticss jóvenes, que
dPbian haber nacido tc,das en Par!@, traer de 16 á
20 años de edad, ser laboriosas y vivir con sus padres;
"caso contrario, añadió, 'a que resultare electa. deberá reemplazarse por aquella que después de ella. hay a conseguido más votos"
Todas las prPsentes alzaron la trente con aquello
como declarando que las 147 llenaban los requisitos
que se exigiau.
¡A votar pues!
¡Como la mayor parte de l'sas señoritas no se c,noclan, se les suplicó se prendieran con un alfiler sobre
el pecho, un pedazo de papel sobr11 el cual pudieran
leerse los números desde el 1 al 147.
La del número 69 era encant!l.dora, desde luego conquistó 15 votos.
P11ro al proclamar este
reRultado 111s votantes seenfureciernn y se pusieron
á gritar: ¡Abajo el 69!
La pobre muchacha que
llevaba ese número semostró al principio muy altanera; después, asustada.
con tantos gritos se escon•
dió y se puso á llorar.
Sin embargo, las que habían votado por ellalaanimaron y volviendo á tomar
un aire de Emperatriz sostuvo todas las miradas.
¡Muera la calle de "La
Palx." gritó una joven.¡Es la. calle de"LaPaix" es
vuestra ca0 a de comercio
la que ha pagado vuestro
traJel
Los señores que ocupaban la tribuna como jueces, no sabían que hacer.
Ellos hablan fijado 11us miradas sobre una rubia en•
cantadora., la número 41,
de casto sembiante.
Tan legales fueron hs
elecciones que la. predilec. ta del jurado no obtuvo ni
un voto. Se habían formado, sin sentir, dos partidos,
uno que gritaba: ¡Fuera el
69! y otro que gritaba A la
izquierda: 11Fttera el 4111
En vano el Presidente
manifestó con elocuentes
palabr..s, que se habla esperado más respeto al sufragio uruversal.
-¡Nada tenemos que ver
con eso! exclamaron las votantes, pero no queremos
que sean electas ni la del
vestido de malva ni la del
vestido aznll En cuanto 111
númere 112 que ha ganado
algunos votos, está pintadul
Al momento la señorita.
núme-o 112 pasa frenética•
mente su pañuelo por sus
mejillas y ló presenta. inmaculado á las calumniadora,.
Fué por fin ell'cta rifosa la señorita Ernestina Curnt. con dos costureritas simpáticas por compañeras.
Habiendo llovido en el momento en que esas tres
gracias deblan coronar al t&gt;scritor que sin duda poco
conocían por sus obras, se vieron condenadas á tener la honra con que se vana.glorian muchos de nuestros diputa.dos: Ser nombrados y no hablar."

Oomlniro 11 de Septiembre d6 1898

LA EDUCACION DE LA MUJER.

EL MUNDO
Jamás llegan á form&amp;.r un hogar propiamente dicho
y lo que debla. ser u11 cielo, 1,e convitlrte en un infierno.
Sobre lo anterior podrlan presentarse muchos ejem·
plos de los qutl algun,s novelistas han pintado con vivido~ colores
A la mujer debe enseñarsEl aquello que pueda serle útil para. brillar en sociedad. hasta eie.·to limite, pero con especial;dad Jo que pueda y deba servir para
instruir, moralizar .V ecoaumizar en el hogar para
cuyc fin está llamada
La exhuberancia d11 conocimientos puede crear la
exhuberancia de faltas.
Poniendo el caso de que la mujer no forme hogar,
oebe enstiñársele un medio de ~•.tbdiot•r honradamente; pero adecuado a sus condiciuu11s físicas, moraltls
y ~ociales.
En la República del Norte es d,mde se cuentan los
mayores casos de divorcio: debe buscarse la causa.
Las mujeres sabia,; dei!deñu.n los trabajos mecánicos
de la casa.
En Alemania se han estableci do c~saR de instrucción de manera que sean vistas p'lr el público, lo que
en ellas se enseñi. es á co.ier, r-,mendar, confeccionar los alimectos, hacer pan, etc, etc.
Y es natural, son más loo pobres que se casan, que
loR ricos
Conclui,ión: á la esposa debe instruirsele para ma dre.

Este problema ha preocupado á los grandes hombres sin haber llegado h,lsta hoy á una solución satisfactoria Métodos á cual má~ brillantes se hRn puesto
en práctica dejando todos ellos grandes lagunas que
no se han llenado.
Balzac ha dicho "La mujer es un ab,smo sin fonuo"
y precisamente aquellos que menos puedan compren•
derla son los que más se han preocupado por cono•
cerla.
·
Et hombre desde su infancia manifiesta su tenden•
ch á algo determinado en la vida.
Al hombr~ se le com!lran cañones, so_ldados. máquina.i, herramrnntas d!l diversas arted é rndustrias 1:1us
jueg,&gt;i! predilectos demuedtran sus inclinaciones'.
A la mujer se le compran 1orraR, que arruya v pretende crear, muñecas que viste, peina, adorna y hace
hablar: casas que amu11bla y conotantemente cambia
de distrihución y asea.
La mujer nació para el hogar; así á la mujer se le
debfl dar una educación arreglada á sus inclinaciones Se le ha querido igualar al hombre, cosa imposible, toda vez que la naturaleza les ha he ello diforentes
La muje~, I?~s impresivnable que el hombre, puede
llegar al m1st1s1mo en lo que apren ia, si no se hace
con mét••do. No por eso se debe dPjar á la mujer .;in
instrucción, e11ta idea. d••be desecharse por ab,mrda·
pero no deb &gt;1 instrulrsele demasiado porque se arre~
bata~¡ hogar un ángel para crear una marisabidilla
que poco 6. nin¡n~n provecho deja á la sociedad.
Es más fácil conquistar que com 1render el corazón
Laq marisabidillas son á no dudar la prostitucián de las mujeres.
de los hijos.
JUAN PABLO RICHTER,

219
CONTRA LAS HORMIGAS

En una de las ~esiones de la sociedad Nac'onal de
Ho1 ti cultura cte F,aocia, uuo de sus miembros declaró que &lt;1e,tr11y11 !01:1 hormigueros, introduciendo en
ellotl un~ espo,,ja moja~a con miel, cuaudo la e11ponja.
e,tá c11h1erta &lt;te hormigas Ja saca para meterla tin
a!!'ua hirviendo
·
.
'Se ( btienen los mismos resuh:dos. sirviéndose en
lugar de la esponjd, de un cangrejo mut-1 to, de un
pe•c~do 6 de u11a pata de buey, que se colocan en los
horm1g·uer_os y cua11do eutrau eu putdr11cci611 atrae11
á las ho1:m1.ga.:1 q11rl .t1A _ le.:1 .a5 Jomtinrn. St1 quitan del
horm1gu_"1'.º con uuas plll&amp;as ~sos objcitos, y Btl llevan
á un rec1p1ente de agua hirviendo.
CONSERVACIÓN DE LOS MELONES

Esta fruta debe come1se tan ilH'"'º rom'o t&gt;Ff é mRdura, porque se cons_erva mu.v mal pierde de un día
para otro sus preciosas cualidades.
Hay dos proci,dimientos poco conoriilo11 aún, 1 or
los cuall's se pueden conservar esas cucurbitáceas
. Cuando se quieren guRrdar los melon~s, es nece~ar10_ cortarlos a.r,tl\~ ile que estén maduro~. y dejarl&lt;&gt;s
enrntar unas 18 o 2-! horaF; despues se le11 coloca en
un tonel lle1•0 de ar+'ua, 6 de serrín mezclado con CRrbón en polvo, todo b' en ~eco. Es necPsario que Pl tonl'l 110 esté t&gt;Xpue~to al frlo; á la luz niála buml'dad.
Por este sencillo procedimiento se pueden conservar
los melones unos veinte d!as
Cuando se trata de couservar los melones complet~meute maduros, el único medio que se puede l'ID·
p1ear, es colocarlos en un refrigerador, donde pueden
durar fresros mAs d0 un me@.

y

MODO DE ECONOMIZAR LA CEB.\DA

Para economizar la. cebada que se da como forraje
A los animales, se le pone á remojar durante alguna!!
horas Pn el agua, La experiencia ha demostrado que
con esta costumbre se puede disminuir una tercera.
parte de la cantidad de cebada. A los caballos espe·
cialmente, se les gastan mucho los dientes masticaudo la. cebada, y de alli que trituren muy mal v que
algunos por la mucha avidez con que la comen; ia traguen en su mayor parte entera, esto constituye una
pérdida completa para. la. digestión. La maceración
de 1~ cebada _en el agua, durante tres horas, remedia
11se rn.:onven1,.ntP, pues el grano se hihcha se ablanda, y los animales lo mastican y lo digieren mPjor.

FJg. 3. Traje de:foulard.

FJg. 4. Traje:de casa, nue-vo .modelo.

FJg. 3. Traje de piqué.

�Domingc 11 de Septiembre de 11:!91'

EL MUNDO

220

Cuerpo ligeramente ablusado, con hermosas aplicaciones de blon•
da, cerrado á la. izquierda por dos rosetone11!
FJG. 4-TRAJEl Dlll CASA. NUEVO ~iODELO

La falda es de tafetán negro con aplicación completa de punto
de seda bordado de grandes gulas de no me olvide@.
Cuerpo blusa de escocés de lana y seda, ceñido por un cinturón .
de raso.
Aplicación de avalario á ambos lados del frente de la blusa, muy
el Pea nte.
Jockeys avolantados y manga jus•a..
FIG

5 -TRAJE Dlll PJQUÉ

TOMO II

MEXICO, SEPTIEMBRE 18 DE 1898

PARA MEDIA

ESTACIÓN.

La falda es completamentfl lisa.
El cueroo ablusado, va ceñido por un
cinturón de r&gt;1so negro, con elegante ro·
setón á la iz.:¡uierda, y tiene una graq
aplicación bordada en el frente.
FIG 6.-BATA Y JACQUET !'MOKING PARA
CABALLERO,

Es de paño a~argado, figurado elegan·
temente el pJimero. LoR revesPs del cue·
llo .v de las mangas no llevan figura.
Ell•gante cordoncillo de seda orla los
bordes y un gran cordón de lo mismo, ciñe la bata.
El jacquft smoking de paño pero con
galones de seda obecura en forma de alamare&amp;.
FIG, 7-ULSTER PARA NIÑA DE 13 Á 14 AÑOS,

Es de p11ñete dibujado de 11marillo y
oro y gris acero de un encantador e.ecto,

Fig 7-fflster para niña de 13 á14. aílos.

Fig, 6. -Bata y Jacquet smoking para .caballero.

.¡

Nuestros Grabados.
FIG, 1-TRAJE PARISIENSE DE RECEPCIÓN Y FROCK
PARA NIÑA

Es de gros gris ace10 con una profu@a aplicación
bordada, formando llorones y guias de un exquisito
exotismo, asi en la falda e mo en el corpiño que se
abre sobre una bellislma chifoné dti muselina de seda
blanca, rematada en un fantástico rosetón delseda.
· J ocqueys sin bordado, muy sencillos.
;
El frock e&amp; de piqué con capelina figuri.da y alter·
nados oe muselina chifoneada
.
Un elegaot.~ cinturc:mcito de tul, con los mismos al• ,.
ternados Jo eme graciosamente.
_:,

FIG.11.-FROCK PARA NiÑA
DE 8 A \1 AÑOS.

Es de piquP- rojo, con un
jokey cuadri,do, de bordado.
La falda es plana, gra•
ciosl}mente plissé
Mangas justas con elegantes abullonados.
Cinturón del mismo género, sin hebilla.

FIG, 2-TRAJE FRANCES PARA PASEO,

Es de foulard de seda finísima, moteado de
floja.
, ..
Gran sobrefalda chifonóada, de sumo efecto.
,i,,1
Cuerpo dragón con coselete á 1:&gt;andas de raso ne• ...--$
gro, alternadas de cho~s de muselina de seda, todo :'%;
sobre un fondo de la misma.
·,,i
Jockey capti•:hoso y mangas del mismo estilo que ·
la sobrefalda,

Modo de limpiar las telas
de seda.

Azul pálido figurado con elegantes guias ligera•
mente realzadas.
Dos volantes eu eepiral, ornan la falda y otro corre por su extremidad mterior en toda su longitud.

-- :

V

Para limpiar y lavRr una
tela de seda, de color ó
blanca, y darle el lustre de
nueva, se le moja, frotándola con cuidado, con claras de huevo. Se forma sobrl' la tela una especie de
espuma, que oora so~re el
tejido mejor que el jabón.
Cuando la tela ebtá limpia,
se Je mete en II gua fria
que se remueva hasta que
quede llmpida. Se pone á
orearla tela de seña enun
tr po limpio, y se le aplancha, cuando todavia está.
húmeda.

FIG. 3-TRAJE DE FOULARD.

...

jacquet deg:-ansolapa bordada que puede ir cerrado
ó abierto sobre una gran
camisa de muselina de se•
da e:egantemente chifo •
nea.da. sencillos galones de
gusanillo en lineas decres•
centes. ornan los lados y
la espalda del jacquet y
forman guias elegantisimas á los lados v cerca del
remate de la falda.

. .:-

~ .......
..,;:;,-:'.:

~

_

-- --~
...

_ _ .. =;. \---~ -

Frock para ntn.a de 10 á 11 anos.

-

Fig. O. Traje para niilo de
4 á5anos.

con dos filas de botones fantasia, y capelina de
doble aleta, lig-eramente plegada.
FlG. 8-FROCK PA'!tA NIÑA DE 10 A

11 AÑlS,

Es de sarga azul obscuro, adornada con bandas
de galón bordaClo.
Jockey cuadrado. Jockeys muy elegantes
cuadrados también
Blusita justa, plissé, ceñida por cinturón
de galón.
FIG 9-TRAJI!) PARA NIÑO DE 4 Á

5 AÑOS.

Es de brown diagonal y consiste en una
blusita larga, de cuello marinero, ceñida por
un bonito cinturón y en pantaloncito aja.reta•
do, sin ningún adorno.
Las solapas de piqué ligero, llevan bonitos
galones como adorno.
FIG. 10-TRAJ81 DE OTOÑO CON JACQUET
A'llllilR1'0 Ó CERRADO, DELANTERO Y ES PA.LDA

Es de paño amarillo humo y consiste en un

Flg. 10. Traje de otoff.o, con Jacquet abierto ó cerrado, Delantero y espald;,

~ _ ,i:\ a;a;1JJ.,11--11üJ..u..uw
Flg.1!,-Frock para nUla de 8 á Oallos.

MONUMENTO A LA INDEPENDENCIA
Inaugurado en Puebla el 16 del actual.

•

NUMERO 12

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingc 11 de Septiembre de 11:!91'

EL MUNDO

220

Cuerpo ligeramente ablusado, con hermosas aplicaciones de blon•
da, cerrado á la. izquierda por dos rosetone11!
FJG. 4-TRAJEl Dlll CASA. NUEVO ~iODELO

La falda es de tafetán negro con aplicación completa de punto
de seda bordado de grandes gulas de no me olvide@.
Cuerpo blusa de escocés de lana y seda, ceñido por un cinturón .
de raso.
Aplicación de avalario á ambos lados del frente de la blusa, muy
el Pea nte.
Jockeys avolantados y manga jus•a..
FIG

5 -TRAJE Dlll PJQUÉ

TOMO II

MEXICO, SEPTIEMBRE 18 DE 1898

PARA MEDIA

ESTACIÓN.

La falda es completamentfl lisa.
El cueroo ablusado, va ceñido por un
cinturón de r&gt;1so negro, con elegante ro·
setón á la iz.:¡uierda, y tiene una graq
aplicación bordada en el frente.
FIG 6.-BATA Y JACQUET !'MOKING PARA
CABALLERO,

Es de paño a~argado, figurado elegan·
temente el pJimero. LoR revesPs del cue·
llo .v de las mangas no llevan figura.
Ell•gante cordoncillo de seda orla los
bordes y un gran cordón de lo mismo, ciñe la bata.
El jacquft smoking de paño pero con
galones de seda obecura en forma de alamare&amp;.
FIG, 7-ULSTER PARA NIÑA DE 13 Á 14 AÑOS,

Es de p11ñete dibujado de 11marillo y
oro y gris acero de un encantador e.ecto,

Fig 7-fflster para niña de 13 á14. aílos.

Fig, 6. -Bata y Jacquet smoking para .caballero.

.¡

Nuestros Grabados.
FIG, 1-TRAJE PARISIENSE DE RECEPCIÓN Y FROCK
PARA NIÑA

Es de gros gris ace10 con una profu@a aplicación
bordada, formando llorones y guias de un exquisito
exotismo, asi en la falda e mo en el corpiño que se
abre sobre una bellislma chifoné dti muselina de seda
blanca, rematada en un fantástico rosetón delseda.
· J ocqueys sin bordado, muy sencillos.
;
El frock e&amp; de piqué con capelina figuri.da y alter·
nados oe muselina chifoneada
.
Un elegaot.~ cinturc:mcito de tul, con los mismos al• ,.
ternados Jo eme graciosamente.
_:,

FIG.11.-FROCK PARA NiÑA
DE 8 A \1 AÑOS.

Es de piquP- rojo, con un
jokey cuadri,do, de bordado.
La falda es plana, gra•
ciosl}mente plissé
Mangas justas con elegantes abullonados.
Cinturón del mismo género, sin hebilla.

FIG, 2-TRAJE FRANCES PARA PASEO,

Es de foulard de seda finísima, moteado de
floja.
, ..
Gran sobrefalda chifonóada, de sumo efecto.
,i,,1
Cuerpo dragón con coselete á 1:&gt;andas de raso ne• ...--$
gro, alternadas de cho~s de muselina de seda, todo :'%;
sobre un fondo de la misma.
·,,i
Jockey capti•:hoso y mangas del mismo estilo que ·
la sobrefalda,

Modo de limpiar las telas
de seda.

Azul pálido figurado con elegantes guias ligera•
mente realzadas.
Dos volantes eu eepiral, ornan la falda y otro corre por su extremidad mterior en toda su longitud.

-- :

V

Para limpiar y lavRr una
tela de seda, de color ó
blanca, y darle el lustre de
nueva, se le moja, frotándola con cuidado, con claras de huevo. Se forma sobrl' la tela una especie de
espuma, que oora so~re el
tejido mejor que el jabón.
Cuando la tela ebtá limpia,
se Je mete en II gua fria
que se remueva hasta que
quede llmpida. Se pone á
orearla tela de seña enun
tr po limpio, y se le aplancha, cuando todavia está.
húmeda.

FIG. 3-TRAJE DE FOULARD.

...

jacquet deg:-ansolapa bordada que puede ir cerrado
ó abierto sobre una gran
camisa de muselina de se•
da e:egantemente chifo •
nea.da. sencillos galones de
gusanillo en lineas decres•
centes. ornan los lados y
la espalda del jacquet y
forman guias elegantisimas á los lados v cerca del
remate de la falda.

. .:-

~ .......
..,;:;,-:'.:

~

_

-- --~
...

_ _ .. =;. \---~ -

Frock para ntn.a de 10 á 11 anos.

-

Fig. O. Traje para niilo de
4 á5anos.

con dos filas de botones fantasia, y capelina de
doble aleta, lig-eramente plegada.
FlG. 8-FROCK PA'!tA NIÑA DE 10 A

11 AÑlS,

Es de sarga azul obscuro, adornada con bandas
de galón bordaClo.
Jockey cuadrado. Jockeys muy elegantes
cuadrados también
Blusita justa, plissé, ceñida por cinturón
de galón.
FIG 9-TRAJI!) PARA NIÑO DE 4 Á

5 AÑOS.

Es de brown diagonal y consiste en una
blusita larga, de cuello marinero, ceñida por
un bonito cinturón y en pantaloncito aja.reta•
do, sin ningún adorno.
Las solapas de piqué ligero, llevan bonitos
galones como adorno.
FIG. 10-TRAJ81 DE OTOÑO CON JACQUET
A'llllilR1'0 Ó CERRADO, DELANTERO Y ES PA.LDA

Es de paño amarillo humo y consiste en un

Flg. 10. Traje de otoff.o, con Jacquet abierto ó cerrado, Delantero y espald;,

~ _ ,i:\ a;a;1JJ.,11--11üJ..u..uw
Flg.1!,-Frock para nUla de 8 á Oallos.

MONUMENTO A LA INDEPENDENCIA
Inaugurado en Puebla el 16 del actual.

•

NUMERO 12

�EL MUNDO

222

LASEMANA
Llega el regocijo popular á la patriótica conmemoración de nuestra independencia, con el recuerdo vivo aún de las manifestaciones que recibe en su día el Sr. Presidente de la República.
Nunca como ahora ha sido tan sensible el con•
traste entre las antiguas monarquías y nuestra
tierra opulenta y pacífica. Los tribunos de la democracia europea, decían proféticas verdades
cuando en &amp;.iios de sacudimientos demagógicos pa·
ra aquel continente, nos presentaban á nosotros,
pueblos nuevos de América, apercibidos con nuestra constitución igualitaria y humana para dejar
vencidos todos los obstá~ulos, y los problemas df'l
porvenir resueltos dentro de las fórmulas de lli.
justicia.
Dura ha sido la tarea de 1,ul'stros esta"listas;
pero el que hoy gobierna á la Nación ha visto al
fin triunfantes todos los ideales que iGcubó la
Reforma y realizadas todas las grandezas que él
soiió para México en los días épicos de su juventud.
No hay partidos que amaguen seriamente la
autoridad del poder público. Amplias y trimquilas llegan á nuestro sue10 las ondas de la cultur,1.
moderna, sin preocupaciones que las rechacen,
porque no hay en pié privilegios injustos ni vivían encastillados en tradiciones estorbosas para
la civilización.
El Sr. General Diaz, gobierna 'en nombre de la
Nación y para ella, comprendiendo en su programa todos los intereses, no los de una casta, ni los
de un partido.
Su nombre es aclamado unánime, lealmente
por todos los que representan alguna foerza social respetable y benéfica.

Las Cámaras legislativas abrieron sus sesiones
inaugurando el nuevo ejercicio. Menus aparato•
sas que ios Parlamentos europeos, las Cámaras
de la Unión, funcionan normalmente sancionando
con su aprobación soberana, leyes que imprimen
al país sus progresos graduales y que amparan
con sabia previsión las condiciones de la vida
civil.
Sólo algunos espíritus visionarios desean la
agitación parlamentaria en la que son náufragos
el sentido social y los verdaderos intereses colectivos.
Será altamente estética y teatral la lucha de
lof leaders que fabrican en un día gabinetes que
desbaratan con la misma volubilidad; pero estamos en el caso de optar entre una legislación bien
meditada y los espectáculos, á veces escandalosos, da un congreso epiléptico, y naturalmente
preferimos los buenos estadistas á los paladines
de retórica.
Está dicho que nuestro pueblo no necesita estimulantes para sentir lo épico de las fiestas nacionales.
En cambio, los retraentes carecen de eficacia,
máxime si no exceden de los términos de la penalidad rudimentaria que reserva la ley á los
que disparan armas de fuego en los lugares públicos.
¿Quién comprende las emociones del gi·ito sin
las salvas de los charros eutusia,tas y uu muera
concreto?
En noches de fiestas septembrinas el patriotismo se hace batallador. Poi· una retroactividad histórica, fatal á la temperatura de las altas horas,
empeñeros y comerciantes en pequeño expían los
crímenes del rapaz conquistador y de los legendarios tiranos coloniales.

,.,.,,
El viento ha dispersado y n los pétalos marchitos de la decoración floral que cubría las principales avenidas por las que corrieron los trenes
suntuosos del combate simbólico.
l\léxico fué en el espacio de medio cía, la Niza
a,.istocrática y cosmopolita que se enloquece bajú" el quemante sol meridional y la feérica lluvia
de confetti y serpentinas.
·
Al trote largo de sus caballos, bi·isas, y b1·eacks,
faetons y vis-á-vis pasaban dejando una estela
de perfumes y la visión de un sueno, ligero
como la legión de bicicletas que parecían, multicolores y silenciosas, una fuga de estrellas desquiciadas.
Cuántos al perder á lo lejos el último re~plan-

Domh1go 18 de Septiembre de 1892

dor de las orifü1mas, dirían como Goncourt: ¿Por
que se acabarán tan pronto las óperas?

Virginia Oro,-un nombre que delata á mil kilómetros el pseudónimo - ha iniciado en el Principal la única posible novel,lad en ese teatro condenado perpetua.mente á trabajos forzados de género chico.
Los empresarios conocen la aguja de marear y
saben que los imperios de toda decadencia, se
sostienen sobre Pl conflicto de las facciones.
Una más; es decir, nueva ocasión para que los
doctos concurren.tes á la tanda borden sobre los
te mas de la Revoltosa y Retolondrón disertaciones de noble estética.
Los que han visto y oído á la Señorita Oro dicen que sucede dignamente á la Goyzueta.
Ha sido aplattdida con !'stusiasmo y simpatía.
Que su reinado sea perdurable y próspero.
f'W

El Teatro Juárez de Monterrey fué estrenado
el día 15 en honor del Sr. Presidente.
Despues del desastroso incendio de 1896, MontPrrey era la única ciu\lad importante en la Re•
pública que cancía de un local para espectáculos teatrales.

Sr. General Don Ramón Corona.
Estatua ln&amp;ugurada &amp;n el Paseo de la. Reforma.

El caso con su vu\~¡¡r crudeza no admite esas,
excusas con que la sc,ciedad absuelve desdeilosamente los dehtos pasionales.
Los que creen en la eficacia expiatoria de la,
penalidad, tendrán que inclinarse ante las fatali-•
dades que forman á esos renegados de todo sentimiento de moralidad.
¿Quién va á negarlo? Cosí natU1·a lo disposse•.
f'W

Piden los obreros al Sefi.or Presidente d J laR~pública, que los restos de los héroes de la Independencia no sean llevados á la Rotonda de los.
Hombres Ilustres.
Pretenden que esas ceniza.e; no descansen en un,
monumento al ah-e li~,re, solitario y campeHre.
Pnfieren para ellos el templo hierático de bóvt:das sombrías.
Hay cierta poesía en ese voto de los humildes.
Resucita e11 ellos, ó vive aún, el anhelo misterioso•
del cristianismo primit,ivo de las e&gt;1tacumb1ts.
El pueblo ama los ideales que reciben ofrendas
de lágrimas secretas, bajo criptas in violadas porla invasión victoriosa de las innovaciones que nv•
comprende la piedad sencilla de los creyente:,:.
Mas si se alza el monumento, allá irán á la colina sagrada en devota procesión y acaso encuentren más grandioso y significativo el bomenaje,
léjos de la ciudad, entre la pompa &lt;le U:na naturaleza llena de los rumores de lits frondas funerarias.
Dick.

Domingo 18 de Sep:..::ti::e=m::b::.r.::.e..:d::e::...:::189o:::.:·:.....==~-----====~E~L~~~1.;;:U~~~•o~o~=~-----=-===~=======--====..;2í
..23
....._

rior, indomable en sus aspiraciones, tenaz en sus
proyectos, firme é invariable en sus programas.
Etapa pur et11pa, todo ha sido derribado al paso de las huestes anglo-egipcias que acaudilla el
general Kitchener. Las hordas del Mahdi, los nu •
merosos ejércitos del Califa de J 11.rtún, los soldados curtidos por un sol abrasador, que se habían
congregado en torno de la bandera verde del
Profeta, á la voz solemne de los dervises, los beduinos terribles de la región, que se armaron contra el invasor al épico clamor de las trom¡:&gt;etas,
que los convocaban á una guerra sagrada. todo
quedó derribado al paso de las tropas inglesas,
todo se inclinó ante la fnerza de la ciencia estratégica y de lo;; elementos superiores de combatl',
Como las rubias espigas de los trigales se abaten al soplo del aquilón, como las cañas sonantes del Nilo se inclinan al paso del simoun, como los
altos encinares del Cáuc1tso caen hechos trisa,;
al golpe asolador del rayo y la tormenta, así fué
aventada como seca arista, como leve paja, como
pufiado de menuda arena, la resistencia orgauizada por los dervises para oponerse á la conquista anglo-egipcia. La plaza fortificada y for
midable deOmdurman cayó en poder del general
Kitchener, tras rudo y sangriento combate.
Los sectarios del M11h_di muertos Amillares, bar1 idos por la metralla inglesa, han de emblanquecer
con sus huesos las are as tostadas del desierto.
Los defensores de Jartún rotos y destrozados
por las tropas iovaboras, han regado con su sangre la fecunda tierra; han caído bajo la fulmínea
espada de conqui 1ta que esgrime en a-quellasabrasadas regiones la armipotente Albión, y ya será
muy difícil que los deshechos restos del ejército
vencido opongan resistencia á la completa sumisión del país.

*

**

De hoy en más, la Gran Bretaña será duefta y
seiioradel fértil valle del Nilo, y sus dominios se
extenderán más allá de donde asentaron la plan- ,
ta todos los conquistadores de esa región sagrada,
desde Sesostris hasta Ciro, defde Alejandro hasta
Marco Antonio, desde Ornar, hasta Napoleón.
En vano las potencias europeas tratará.n de interponer el veto al ensanche de los dominios britá.nicos; en vano Francia alegará pretendidos derechos sobre la tierra de los ..Faraones. La suerte
está echada, y la primera potencia marítima seguirá imperturbable en su camino para adueiiar-

se del Continente afrie11.no, dominando desde las
Costas de Oro hasta Mozambique desde la culta
Alejandría hasta el Cabu de las Tormentas, cla•
vanJo en esa cruz de sus conquistas las ambiciones de todos sus rivales.

virtud, santificada por el amor ó ennoblecida por la
gloria.
·
¿Qué les importa á esos monstruos la virtud y
la grandezai' qué les importa á esas bestias irsutas, que salen de las cavernas negras de la ignorancia y la miseria, con todos sus odios para la
luz, con todas sus envidias para el ala, con todos
sus horrores para el alma, lanzar su rugido de
riera encadenada y herir con igual insensatez á.
Sadi Carnot ó á CAnovas del Cas:illo?
Hoy ha tocado en suerte caer al filo del pufial
anarquista á la augusta emperatriz de Austria-Hungría Isabel de Baviera. El brazo del asesino
110 se detuvo ante aquella frente soberana, adornada con In triple corona de la virtud, de la ancianidad y del dolor. La augusta dama que ha gemido desde que vió desap11.recer entre sombrl\S
midteriosas á su hijo iJolatrado el Archiduque Rodolfo, que apart1.llla completamente de las contiendas polític,1s en que se ha agitado el imperio
austro--hú11garo, que desentendida de todas 111,s
convulsiones que h1m sacudido el trono de su
esposo, sólo tuvo lágrimas para llorar las desventuras llovidas sobre la casa de los Hapsburgo y
corazón para amar á sus hijos; la soberana que
bentada en un trono secular, compartió con su esposo el ti\lamo imperial, pero nunca las f,1tigas
del gobierno, y derramó sobre su pueblo desde
su alto puesto los dones de su munificente caridad: ¡extraiio error! esa fué la víctima elegida
por los anarquisus, para ser sacrit:cada en aras
de sus odios implacables.
Un grito de horror ha sacudido toda Europa.
Las sociadades se aperciben á la defensa. Los gobiernos deben prepararse para dar caza á 111, fiera del anarquismo, hasta en sus más escondidas
madrigueras. La civilización así lo demanda; la
justicia así lo pide; así lo exige el derecho de
propia conservación.

***

***

Estatua de la Historia.
Inaugurada. en Puebla el 16del corriente.

La hidra espantoo1a del a.n arquismo ha lanzado
otra vez sus silbos fatídicos y clavado su diente
ponzoftoso en el corazón de Europa. Todo lo que
se alza, todo lo que brilla, todo lo que vuela, en•
gendran en esos antros obscu_ros, donde se agitan
las aspiraciones morbosas de los degenerados de
nuestra civilización, engendran· y producen el
odio insensato, el rencor ciego, la venganza inaudita, hieren, hieren en la. sombra sin cuidarse de
ver si la cabeza que cercenan e1:,tá ungida por la

Reunidas las Cortes espafiola&amp;, que convocó la
Corona para sancionar conforme á la Oonstitución
el doloroso abandono de las colonias á que se ·
vió obligado el GobiHoo, después de los azares
de una guerra desgraciada, la repr11sentación nacional ha sancionado con su voto las decisiones
del ministerio Sagasta; ha aprobado el protocolo
de la paz firmado en Washington por los representantes de los gobiernos americano y espafiol,
y puesto los fundamer.tos de una era nueva de tra-

Señor General Don Antonio Rosales.
Estatua inaugurada en el Paseo de la Reforma.

Pero la iniciativa individual ha tomado allí modelos en la activa inmigración anglo-sajona y sin
aplazamientos sofísticos ni desmayos extiende su
invasora influencia por todo el campo vastísimo
de la vida social.

,.,.,,
La «juventud dorada» vuelve á la cArcel de
Belén como á su casa.
Todos recuerdan indignados la proeza de dos
jóvenes decentes que hace algunos años riñeron
á. balazos en la Maison Dorée, hiriendo á una distinguida señorita, que á la sazón estaba en el café de San Francisco.
Hoy uno de esos jóvenes torna por un asunto
más bochornoso á visitar la cárcel de la que paree.e que pretende ser huésped habitual.
Con cinismo increíble se hace manteuer por
una mujer casada, vi11ja por Europa y los Estados Unidos A expensas del esposo y cuando el
juez le toma cuentas de sus vergonzosas fechorías,
niega resueltamente las relaciones criminales que
le unieron á su cómplice.

ll)olitita O»tntral.
RESUMEN.-La conquista de Egipto. -La toma de 011durmán.- Jartún en poder del general Kltchener. La "cruz" británica en Afr:ca. -Asesinato de la Em-peratrlz de Austria.-Los odlos del anarq ulsmo y los
horrores de la lgnorancla. - Europa apercibida á l,h
defensa.-Las Cortes espatlolas -El mtnlsterlo Sa•gasta prevalece. - Aprobación del protocolo. - 1a:i,
comisiones lnternaclonales.- Conclustón.

Lenta y gradual, pern firme y decidida, fué siem·
pre la marcha seguida por los ingleses en su f&gt;X·
pediciónrle conquista hacia el Egipto superior. Nli.•
da ha podido dl'tenerlos en su camino triunfal: lasdificultades que la naturaleza oponía al de,fil0
de los ejércitos y al transporte del material u.J
guerra mod.irno han sido allanadas A fuerza u.J
consti:.ncia y de inagotables energías; los obstaculos que ofrecía la tierra ingrata y el Río Sagrado,
en susfuentesd.esconocidas, envueltasenelnimbo,
la leyenda y las sombras de la superstición han,
eaido- ante el _pofl.eroso impulso de una raz:1 ~upe•

VIST..l.S P A.BCIA.LES DEL ltlON1JltlENTO A. LA. INDEPENDENCIA. EN P1JEBLA..

�EL MUNDO

224

Domingo 18 de Septiembre de 1~

las incesantes guerras de su padre.
bajos titánicos, para reconstruir y
¿Qué hizo Felipe II para curar aquella.
reorganizar el país, herido hondallaga, para regularizar la administración, para aliviar las cargas de loa
mente por las desventuras de la depueblos, para reanimar la industria,
rrota.
fomentar la publica riqueza y sacar
En vano los jefes de partido se
nutivos recursos con que subvenh á
alzar0n, e n el Congreso de los Dilas atenciones y satisfacer las deudas
-Tomar para sila plata que venia
putados y en el Senado, á pedir
de IncHas para los particulares y mercuentas al Jefe del Gobierno por
caderes; vPnder hidalguías, jurisdiclos desiistres de la patria espaiiola,
ciones y oficios, la cuarta de las igleen vano se provocaron escenas vio~ías, los terrenos del comun y las villas y lugares de la corona; Imponer
lentas, y cruzaron, como choque de
empréstitos forzoEOS á prelados, magespadas fulmíneas, tremendas munates y hacendados, que arrancaban
tuas acusaciones entre liberales y
~011 violencia y sin conRideración; susconservadores: la mayoría, la abrupender los pagos á los acreedores, y
hasta legitimar por dinero los hijos de
madora mayoría con que contaba
los clérig·os.
Sagasta en el seno de las Cortes, soComo, por una parte, proseguían las
focó todos los impulsos, refrenó toguerras y las expediciones costosaF1
dos los bríos, apagó las chispas de
continuaba el empeño de conquistar y
incendio y su~pendió toda discuconservar reinos que, Jpjos de producir
eran otros t11ntos sumideros de las
sión.
reo tas de España, y e! oro de América,
Los republicanos que se abstujunto con los brazos agricultores del
vieron, los carlistas que se alejareino, se enviaban á otras regiones, y
ron, los conservadores que amenacomo por otra parte, las providencias
ndministrativas eran ineficaces ó conzaban con un conflicto, nada putrarias al objeto mismo para que eran
dieron hacer, prevaleció la voz audictadas. sucedía que era mayor cada
toritaria del caudillo liberal: quedía la miseria y .la pobreza publica.
daron clausuradas las cortes, y hoy
Cuando las Cortes, con triste, pero
vigoroso acento, se lamentaban de la
cuestión de la paz y de la dolorosa
penuria y ahogo de los pueblos, y examputación que ha sufrido la moponían que los pecheros ya no podían
narquía espaiiola, sólo depende de
más, y reclamaban el alivio de los trilos comisionados en París, en la
butos, ¿qué era lo que arbitraba la
Junta de Hacienda reunida por 1,l soHabana y en Puerto Rico, para reberano y qué era lo que este soberano
presentar los intereses del reino.
sancionaba? Suspender los titulas y
Si el Sr. Sagasta se ha equivocaderechos de los acreedores del Estado;
do, si ha cedido sólo á la fuerza
reducir arbitrariamente sus intereses
vencidos, so pretexto &lt;ie ser exorbiincontrastable de los hechos, á la
tantes y ruinosos; reformar y modifiinfluencia de un poder superior, decar sus titulas con arreglo á la reducmostrado en tierra y mar, ya lo diEl Combate tle Jlores.-Frente al Pabellón Morh1co.
ción que se fijó, y dar un efecto retroFot.
de
«El
Mundo»
rán los acontecimientos.
activo á todos los contratos hechos
t Entre tanto, queda en pié su alta
quince aií.os antes, especie de banca.
~rota que irritó y espantó á los prespersonalidad, como el principal restamistas extranJeros, y acabó con el crédito de la Haponsable en la tremenda crisis que acaba de suLa España de Felipe II.
cienda y del Gobierno de E~paña.
frir la patria de .Alfonso XIII.
¿Cuáles eran las causas de tantas necesidades, de
tanta pobreza, de tanta miseria interior, en la nación
(De la Historia Gene1•al, de España, por LnfuenteJ
X.X.X.
entonces más poderosa, y que debería ser también la
16 de Septiembre de 1898.
más rica de la tierra?
Nadie vacila ell: señalar como una de las primeras
"No era ciArtamente li~onjero el estado en 'lUe Felipe encontró l&gt;t. haci,rnda de E•paña; consumidas Jaa causas la lucha gigantesca de los reyes de España con
rentas agotados lo@ rt&gt;c11rso1, agobiada la nación con tantaP naci,mes, potencias y soberanos.para defender
d1&gt;11d;1.s enoruJAS, paralizado el comercio v muArta la la fe católica y el engranrlecimientodelacasa d~Ausiudu11tria, resultado dti los dispend:os ocas·ionados por tria; lucha que, com,mzada por Carlos I, proseguida

ESTETICA DE LA LENGUA FRANCESA

J

7

225

EL MUNDO

Domingo 18 de Septiembre de 1898

-

~

Un aabio autor, M Remy de Gourmosit ha e,crito
algo muy curio.o sobrt: 111. estética dd iJioma francé3
Dice que como todas las otras lenguas neo-latinas,
el francés titme tres clase11 de palabr11.s: palabras de
formación popular; palabras de formación sabia y palabras l'Xtranjeras brutalmente introducidas. Sóao las
primeras traducen el ge1Jio nacional; l11s dti la segun- ·
da catogoria, pueden ser, i,ventualmente armoniosas, sonoras, tstéticas; pero que en gener11l son horribles. Eu cuanto il. las p11labras extranjeras, afirma
que casi siempre relmplazan desventajusemente los

COMBA.TE DE FLORES.-A.venida"Jná•
rez, f'rente á la_Calle Nueva.
Fot. de «El Mundo»

COMBA.TE DE FLORES -El Jockey ()(ub.
Fot.~e «El Munio•

p or Felipe II. hacia necesarias multitud de colosllles
empresa~ costosfsim11s oe hombres y de dinero. Los
soldados y los te~oros de Espaf&gt;.a se derramaban por
1nfinidad d" E~tadn~. separados entre si, ó por mares ·
1.nmensos, ó por naciones enemigas
Los tesoros allá se consumían; los hombrPo allá
se quedaban; los unos en los carnpos d11 batalla, :os
otros g11arneciendo las. plaza~ fuerte~. v los que volvían hab!~n sido arrancados de sus ho¡garea ant11a de
poder utihzar sus f 1erzas P.n los tr11b8JOS de la tierra
ó de los talleres, y r11gresaban en edad PD quP. el tra•
bajo de los t~ller11s y de 111. tierra se resistia A brazos
habitu~dos só.Jo al m~nejo del mosquet... ó de la e~pada. Em1grac10n d" riquezas, dPspoblac1ón del reino,
ah1mdono de la agricultura y de la indu•t.ia, eran los
efac_t~s inmediato~ y naturale~ dP las guerras
D1s1mul11ble poilrfa ser el afán de const&gt;rvar domtnios ~emotos y dl'sparramad?s, si las rE1ntns dA aquellos .l!;stado;s ya que no acrecieran las de Es pafia, bu•

términos castizos y son por lo mismo inútiles y perjudiciales.
. La lengua tendría toda su pureza si todos los vocablos usual e~ pertene?iesen á !a primera categorla; pero apenas s1 una tArc1a parte de Pilos pe hallan AD esa.
condición Los de la Eegundabijo3 baEtardosde Greda
ó aventureros de otros países, l!on de una fealdad repugna~te y oprobio del idioma, mientras el instinto nac10nal ó el uso les darla carta de natura!ización
Es imposible suprimirlas, pero al mE&gt;nos debti procu:
rarse que SP&amp;n menos desapacibles."
En los neologismos derivados del griego, los sabios

COUBA.TE DE FLORES.-Victoria
de los niños Salcido.
Fot. del «El Mundo,

-

. --

.

~--~ '.~ -:·~: ;:it::
·~
.

bieran á lo menos producido para gastar su propio mantenimiento. Más ya por la l'sterelidad de los unos,
ya por la resistencia de los otrrs á contribuir para
mantener un señor y un gobier•o extrañ'&gt;, ya por 1a
falta de producción oca11ionada por !ad guerras en
que . ndaban revueltos todo;;, ed lo cierto, que en vez
de producir consumlan, que por más que se los esquilmaban Ifo rendían ni aún para racionar y asoldar
nuestros ejércitos dé operaciones en aquellos países, y
que para mantener nuestrrs tropas en Flandes, en Miláa, en Ná.poles y en Sicilia, era menester enviar co.ntlnuam&lt;-nte á Sicilla, Nápoles, Milán y los Paf11es Bajos, nuestro oro de Am~rfca y nuestro oro de Casti!la,
y no alcanzaba nunca ni basºtaba. de modo que todos
aquellos grandes señorlos, eran otros tantos grandes
c~nsos para España, y nos hacíamos pobres por la vanidad de que nos llamaran grandes señores."

"'◊.

.

...¡.

El Combate de f'Jores-Otra perspectiva frente al Pabellón.
Fot. de •El Mundo.•

LA.FUENTE,

CO1'IBA.TE DE FLORES.-La Esmeralda.
Fot. de «El Mundo»

�...
EL MUNDO.

226

Domingo 18 de Septiembre de 1898.

Domingo 18 de Septiembre de 1898

ria exponemos, que se afrancese también, escribiendo,
vervi gratia, higueliffe, bifeteque. La belleza de la
palabra nada ganaría; pero, en caml:'io seria más fácil la pronunciación y la lectura.
"La belle2,a de una palabra, concluye el autor, depende y esta toda ella en su pureza, en la originalidad.
en la raza 11
11
vesde que somos esclavos de la super.s~ic~ón cien•
tífica concedemos á los pedantes poder 1hm1tado sobre una actividad intelectual que es del dominio absoluto del instinto. Creyendo que debían aceptarse
todas las pa abras extranjeras, nemos .creído que el
idioma se enriquece con lo que no es sino un signo de
indigencia. No es posible que un idioma tan vivo 11terariamllnte haya perdido su antiguo poder verbal.
Vale más renunciará la expresión de una idea que
formularla en jerga insoportable. No es necesario
escrilllir; pero ya quelo hacemos, empléese una lengua
verídica y de buena casta.

La. Emperatriz de Austria-Hungrfa.

varon á ocupar puestos de importancia en la gerarquía militar
Estaba á las órdenes del General López U raga, jefe del cuerpo deope:r-aciones del centro, y como no creyese conveniente supeditarse á él por razoues que nopodían ser más justas, toda vez que Uraga preparaba
una escandalosa defección, acompañado de algunos
partidarios separóse del ejército delce~tro y emprendió una aventurada travesía hasta Smaloa. En ese
Estaba reunió los elementos suficientes para formar
un Pjé1 cito con el cual emprendió activa y victoriosa
campaña contra los imperialistas ganando la acción
de Palos Prietos. y de la Coronilla tomando Mazatlán
y preparand(! la ae Guadalajaracon ~n plan bien medit11do que eJecutó el Coronel Eulog10 Parra.
Una vez que logró establecer el régimen l.beral en
Sinaloa y en IR capital de Jalisco, hizv capitulará Colima, ganando esos tres Estados para la causa nacional.
Concurrió al sitio de Querétaro con el grado de,
General de División y consumado el triunfo de la Re-

Recuerdos del combate
de nares.

COMBATE DE FLORES.-Avenida
.Tuárez.

Fot. de "El Mundo."

han procurado siempre dA una manera especial
que la palabra sea una definición de la cosa que se
quiere expresar Inútil y ridícula tentativa! Jamás
da la palabra una idea de la cosa sino á losiue ponen
toda su buena voluntad para entende!'la. ¿Uómo po•
dría el compm,sto griego piró.,cafo (fuego-buqne)
11ignificar para el que lo ignora la idea precisa de un
buque que se mueve por medio de una máquina de vapor siendo éste producido por el fuego? «Buque de vapor• es más simple y más inteligible y el autor hace
notarque enlamayoriade las pa1abrasfra11cesas deri. vadas antiguamente del latín, el sen_tido etimológico
ha desaparecido, casi por completo: los cuadrantes
son redondos, aunque la palabra significa cuadrado.
El verbo francés tuer (matar) viene del latín tutari
(protejer) y por una serie de avatares curio11os ha llegado á tener una significación contrari11,
Hay mil ejemplos que como loR anteriores demuestran la insignificancia del sentido etimológico y que
por lo mismo es inútil sacar del griego pa1abras horribles, desde el punto de vista estético, so pretexto
de que traen consigo la significación del obJeto que
designan, cuando en realidad nada preciso significan. ¡Odontálgica quiere decir lo que cura ó lo que
provoca la "nfermedad de los dientes? Imposibie seria saberlo por la palabra misma. puesto que junta
sólo estas ideas diente y dolor. Entonces ¿para qué
crear ese barbarismo?
En cuanto á las palabras extranjeras que forman
como islotes dentro del lenguaje común, sólo son admisibles cuando se funden completamente adoptando la ortografía del idioma que las admite Así pasaba en otros tiempos, cuando el francés tenia.aún, toda
su fuerza de asimilación. Fetiche, mandarín, limón,
maga.sin y otras muchas palabras, nada conservan de
sus orígenes á rabe, español, portugués, etc., etc.
Sigufendo esos ejemplos, querria el autor cuya teo-

Nuestras ediciones día•
rías han publicado una informatión exacta y completa del combate de flores
dispuesto en obsequio del
Señor Presidente d-, la República, y eso nos dispensa
de Insertar en estas columnas la nota integra de esas
fiestas.
Con el objeto de dar á
nuestros favorecedores un
álbum acabado del cert~men floral,dispuso ELMU:N·
DO !LUSTRADO una instala·
ción fotográfica en la calle
de Patoni y en ella se tomaron fotografías de todos
los coches y bicicleta11 que
concurrieron al combate
de flores. Además, varios
artistas y fotó¡rafos comi~ionades por nuestro semanario, tomaron apuntes é
instantáneas de las escenas más notables y salientes para completar la co•
lección, y no dejan fuera
de ella ni un solo episodio
de la brillante fiesta. La
premura del tiempo nos
impide dar en esta edición
todas las fotografías que
tenemos en nuestros talleres; pero nos prometemos
publicarlas la semana pró·
xima, y con ellas una nota
que condense lo más notable del combate de flores
efectuado t&lt;l dia 14 del corriente.

227

EL MUNDO.

Balcón de la casa del Sr. Liinantour, desde donde el Sr. Presidente
presenció el Combate de Florefil.
Fot. de ''El Mundo."

La Emperatriz Isabel Amelia Eug!'nia, espos,i de
Francisco José, Emperad,,r de Austr1a y Re.v deHungrla., nació el .!4 de Diciembre de l8 j4 en Schloss
l'assenbofen en las ribera~ del lal!'0 Traun Fué hija
del Duqne Muimiliano Jot1é de Babiera.
Era la meo r de cinco hermanas, una de las cuales,
la Duquesa d' Alen~on, murió en Parit1 en el desastre
del Bazar de Caridad.
Se dice que el Emperador habla pensarlo en casar·
se con Helena hermana de I.abel, pero que impresionado por la belleza de é~ta, se enamoró rle ella y la
pidió en matrimonio.
La ceremonia nupcial se celebró el 24 de Abril de
1854. Las intrigas q~e se ;urdi".r&lt;?n contra ella desde
que ciñó la corona 1mper1al, b1c1éronla aborrecer la
corte y la capioal de Austria.
Gustábale viajar: tres cuartas partes dP.I año las pa•
saba fuera de Viena y visitaba con frecut ncia duran•
te sus excursiones Iuglaterra é Irlanda aonde emprendla partidas de caza á las que era muy aficionada.
Sus enfermedades la obligaron á recluirse en el
interior del palacio, y por ú1t_í!110, lasI_&gt;enas que a.~11rgaron sus últimos años. Su h1Jo favonto, el Archiduque Rodolfo, murió trá_gica y misteriosame1Jte. _Esa
desgracia la hiz&lt;? enveJecer en unos di~~ como s1 h~biesen transcurrido para ella largos anos de sufrimientos y aún se cree por alg~°:ºª que perdió ~l juicio. LO cierto es que se v1g1laban tu~ acc10nes,
aunque de uua manera cariñosa, con cuidado sumo.
Eligió por residencia
de invierno la villa que
mandó construir en la isla de Corfú y á la que
puso por nombre «Aki
lleion• en memoria de
Akiles «el hijo de los BU·
frimientos de su madre,•
sin duda para recordación de su propio infortunio.

Hidalgo con el estandarte de la Virgen de Guadalupe y á la derecha del cura está
el chico que figuró como tamhor desde los primeros dlas de la lucha.

COMBATE DE FLORES.-Casa del Sr. Escandón.
Fot. de "El Mundo."

LAS ESTATUAS
erigidas A los Generales

CORONA Y ROSALES,
en el
PASlO DE LA REFORMA

El Estado de Sinaloa
ha erigido á su vez dos
estatuas en el Paseo de la Reforma, las cuales fueron descubiertas el dfa 16.
Representan á los Generales
Don Ramón Corona y Don Antonio Rosales, ambos defensores
de la República y del honor nacional contra la Intervención
francesa y el régimen ilegal del
a1chiduque Maximiliano.
El General Corona nació enun
pueblo del Estado de Jalisco y
desde muy joven empezó á pelear en las filas del E&gt;jército libeJal. Valiente, entendido y sagaz
debió á esas y otras cualidades
los ascensos que en breve lo lle-

pública derrotó á Lozada, quien con 15 000 hombre&amp;
hacia frente al gobierno coustituido asolando las re•
giones del Pacifico
Despuét1 de ser Ministro de México en España fuá'
llevado al Gobierno de Jalisco.
Desempeñaba las funciones de Gobernador cuandofué asesinado alevosamente el 11 de Noviembrede 1889.
La mu11rte del General Corona fué una férdida quelamentaron el ejército y el partido libera al que tan
tosservicios prestó con su espada.
El General Don Antonio Rosales era un hombre detalento clarísimo. Estudió en Guadalajara recibiendo el titulo de abogado.
Era progresista y como tal se enamoró de los principios de la Reforma poniendo en defensa de ello&amp;
una gloriosa existencia
Fué Gobernador del Estado de Sinaloa en la época.
de la Intervención y peleó contra los imperialistas y
franceses á los que derrotó en la notable acción de S.
Pedr(l, cerca de Cullacá11, el 22 de Diciembre de 1864.
Esta victoria lo hizo acreedor á h banda de Generd
de Brigada que le envió el Presidente Juárez.
El 2-2 de Septiembre de 1865 murió en la acción de
los Alamos.
Estos son los héroe á quienes el Estado de Sinaioa
ha erigido las estatuas que aparecen en nuestros gra•
bados.

Don José Maria Morelos, Don Leonardo Bravo y Don Hermenegildo Galea.na se
dan las manos formando un grupo aislado.
Don Vicente Guerrero, apoya una mano sobre el hombro de un insurgente que
tiene la rodilla hincada en tierra y en la mano derecha una tea encendida.
·
En la parte posterior Pipila aparece con la losa á la espalda en actitud de proceder al incendió con la antorcha que lleva en la mano.
Del centro del grupo de los héroes, ascienden nubes sobre las cuales hay una esfera de mármol que á la vez sirve de pedestal á la estatua principal. Representa é. la Independencia con fragmentos de la cadena colonial en las manos.
Todas las figuras fueron modeladas por el escultor D. Jesús Contreras y hechas ·
en la Fundición Artística Mexicana.
La inscripción dice así:
A LOS HEROES DE LA INDEPENDENCIA.
EL ESTADO DE PUEBLA,
1898.
El monumento mide más de ocho metros de · altura y costó sobre $80000
El Sr. Presidente de la República, colocó la primera piedra el 21 de Noviembre de
1886, enterrándose bajo una losa copia del acta que se levantó ese dia, autorizada
por el Notario de la ciudad.
Las fiestas de los dfas de la Patria.
Coa las ilustraciones relativas al combate de flores, publicaremos también en
nuestra próxima edición, los grabado@ relativos á las festividades patrióticas paCoch" del Sr. D Tomás dela Torre, en el que iban i,.
r!1 qu e formen en conjunto una colección preciosa de rPcuerdos de los aDJmadi Sra. Amada Dtaz de de la Torre y la Sr.a. Laor.a Formen.- ...e d 1
s1mos días 14, 15 y 16, en los que pomposamente Ee celebraron el oncn:áEhco del
.._ e a
Sr. Presidente de la República y la conmtmoraclón de la lnáfJJEnducia.
Torre, con sus dos hijas.-Primer premio.
Fot. de J. P. Arriaga para "Jn ]tundo"

La estatua de la historia.

11

Uno de los monumentos inaugurados en Puebla, el
día 16 es la estatua de la Historia.
•
Hace pocos dlas quedó terminada en la Fundición
Artística é in1!1~diatamente fué :emitida á Puebla para ocupar el s1t10 que le tenla asignado el artista, en e)
monumemo á Bravo.
Nuestro grabado da una impresión exacta de la es•
cultura á que se refieren estas lineas

El monumento de la Independencia
en Puebla.
Damos en tres grabados distintos el conjunto y dos
vistas parciales del monumento levantado en Puebla
en .honor de los héroes de la Independencia.
Como puede verse por las ilustraciones, esta obra
monumental, será una de las mejores de la República.
El zócalo es de piedra blanca de Pachuca y el pedestal tallado en mármol de Carrara, con una guarnición de festones de bronce.
En el grupo de los héroes, sobresale la figura de

Bicicleta del Sr. Romá.n Orta.-Primer premio.
-

Fot. del Sr. J, P. AtTlaga para "El Mundo"

Coche del Sr. D .Tosé Hlpólito Ram1rez, con las Sri tas. Ra.mlrez.
Segundo premio.
Fot. del Sr. J. P. Arrlaga para "El Mundo"

�EL' MUNDO.

Domingo 18 de Septiembre de l89k

Domingo 18 de SPptlembre de 1898

I.

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Los aburridos vecino~ de Villurrobles, á falta de
entrt1tenimientos de más fuste, pa~a ban sus horas ocio8&gt;1@ picoteando en las diversas tertuli,is que habla en
el puebl~ ello desde el caer de la tarde haPta cerca
de la media noche, sin más intervalo que la escasa
media hora que empleaban en engullir, en su respec•
t1vo domicilio, la carne asada, el chile con frijoles y la
taza de leche de cabra que, en general, coustituian
su cena.
Cierto banco del desmedrado jardín df' la Villa, determinado tendajo, esta barbería, aquella taberna,
eran otros tantos lugares de reunión, cada uno con
su circulo oropio .. . Pi,ro el más concurrido tenla por
centro la Botica de la Plaza
Era éste un establecimiento antiqulsimo que babia
cambiado de dueño, aunque no de farmacéutico, muchisimas veces. Cada nuevo propietario, daba una
mano de gato á. la fachada. repintaba los rótulos, la
sacaba lustre por dentro. remendaba los útiles vif'jos
y la prov-eia de loR que la faltaban. Conservaba algún
tiempo su aspecto fla'Ilante; pero poco á poco se iba
desconchando, rompiéndose. ensuci:mdose todo, hasta
que al cabo de dos ó tres años, venia el nuevo dueño
á rPformarla otra vez.
En la época á que me refiero. hacia ya tiempo q11e
no cambiaba de poseedor, razón por la cual tenia
aquel airecillo de dejadez y abandono...... La empol·
vada anaquelería sustentaba poqulsimos frascos y
esos, cubiertos de endurecidas chorreaduras y en su
mayor parte vacios. En ambos extremos del mostrador, despinta.do por el uso, se ostentaban dos merliana.s vitrinas, poco menos que exhaustas; en el centro
las balanzas de precisión, Olilcilaban blandamente -eajo un fanal pitañoso, y en los dos espacios libres entre estas y aquellas, alzábanse sendas ampollas de
vidrio con agua de color, tras de las cuales solla en•
cenderse, en noches de gran solemnidad. las correspondientes lamparillas. En el trecho de puerta á puerta y en ambas testeras, había unas cuan,as sillas mi.1trechas, que aunque destina.das á. los parroquianos, es•
taban siempre ocupadas por los asistentesá la perenne
tertulia.
Amén de estos encantos, reunía la Botica otros dos
de no menos cuantía: el de tener un boticario amable
y eternamente dispuesto á echar un párrafo, aunque
trajera entre manos la mh complicada receta, y el de
estar situada en la Plaza Princip al, lugar por drnde
pasaba, de paseo ó nPgocio, todo el vecindario Villarroblense, y á donde iban á parar, no bien nacían. co.nducidas por alas invisibles, las murmuracione11 y chismes de toda la Villa.
En invierno cerrábase una puerta de las dos que
daban á la Plaza, y en el abrigado rincón resultante,
se formaba la tertulia.. Cuando hacia buen tiempo,
unos colocaban sus sillas en el vano de dicha puerta,
siempre la mirn1a, y otros á horcajadas en ellas, . en el
borde de la acera, dejándola libre. aanque nad•e pasase por el medio, pues loe escasos t~anseuntea, sobre
todo las mujeres, cambiaban de lado, creyendo escapar con la distancia, á las murmuraciones de aquello.•
ociosos.
Los tertulianos más asiduos, que mútuamente se
buscaban, y cuando por·aca110 no concurrlau, se echaban de menos, eran cinco sujetos: un solterón empleado oficial, el maestro de escuela, un propietario de
casas de poco precio. un hacendado cuyas propiedades estaban cercanas á la Villa, y el supradicho boticario que habla pasado la tercera parte de los cuaren•
ta años que entonct&gt;s tenia, detrás de aquel mism~
mostrador. Los cinco eran vulgares de tipo: el empleado v el propietario un si es no es obecillos, debido á
t.U vida poltrona; magro y epgalichado el maestro de
escuPla. por 1011 diarioR berrln chf's ~ t-1 poco. sueldo;
el agricultor fornido y basto, y el bot111ar10 m gordo

229

11:L MUNnO

ni flaco, de talla mediana, de color indefinible, sin más
cosa notd.ble en su faz inPxpreeiva. que los cuatro
ó seis barr"s diseminados tn ella ... . La iudumentaria,
allá se iban los ciuco. Usab&lt;Lu chambergo de anchas
alas y trajecillos de americana, cortados por el sastre
de la Villa, muy mala tijera, aunque él creia otra cosa.
Y ¡caso estupendo! Aquellos cinco tertulianos, tan
naclficos y mulondrootls, sólo hablaban de grandes
hazañas y espant• sos peligros que ellos hablan acome•
tido y arrostrado Cada uno sucesivamente, c. n voz
campanuda y fiero mirar. iba contando su espeluz·
nante epidodio. Y era lo bueno que aunque mútua•
mente y cada uno para su sayo, por conoc.,rse muy
bien se conceptuaban unos grand18imos embusteros,
niniruno podía pasarse sin contar á los demás su corr.espondientt1 he1oicidad.
Pero quien mayores las urdla, era el hacendado; y
quiza porque eolia pasar temporadas en su hacienda,
entre aparceros y s1rvientes. se le daba algún crédito. El comprendía su prestigio, y le creía mayor de lo
que era en realidad, ola cou ..ire de menosprecio las
narracionea de sus amigos, y cuando ya todos habían

contado su correspondiente hazaña; nuestro hombre
.. e ponla pausadamenttl en pié, sacaba su enorme pañuelo de cuadros rojos y xmRrillos, se refrt-gaba con
él los ojos y las nar•ces, daba un oaseito en corto y.
decla con vqz ponderativa:
-Pero no como lo que á mi me suceilió una vez .. ,
Figúrense que .. . .
¡Válgame Dios! Los osos que él había matado cuerpo. á, cuerpo con su et.chillo de monte;.Jas veces que
habla tenido que defenderse á balazos de los peones
que querlan asesinarle sólo porque los babia reñido¡
los iucendios que habla apagado, rodeado de inmensas llamas, en los bosqued de su propiedad...... Y .asi
por ese orden.
Cierta noche en que habían hecho el gasto los osos
los leopardos y otras feroces alimañas de los terrenos
del haceudado, la borrachera de sus soñadas aventuras dete1 minó á. los cinco contertulios á organizar
una Pxpedicióo de caza mayor para de alli á ocho
dias. Juetllmente venían des fiestas seguidas, y ninguna oportunidad como aquella.

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.. :': '";'

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�Domlngo 18 de Septiembre de 1t!98

EL MUNDO

230

tidas e11tan~iaR en la hacienda, le ponlan ner·
vloso ahora y le espantaban el sueño.
Al encerrarse en la alcob111 sintió cada uno la
El empleado pidió al jefe de su ofich::a el necesario permiso, por si alguna circunstancia impre"ista necesidad de poner junto á si las respectivas
retardara á los expedicionarios más de lo que creían; armas que hablan sido arrimadas en montón á
y por idéntica causa, el rentista dejó sus escasos asun- un ángulo de la pieza. Ya acostados, dos en un
tos encomendados á un su amigo; el domine puso so- catre y tres en d otro, y apagada, con un descobre Aviso á los chicuelos que hicieron una docena de munal resoplido del que la tenia más cerca~ la ve·
zapatetas y se quedaron deseando que no pareciera lucha de sebo que se corría, li&gt;grimeana.o, sonunca por el pueblo; el boticario dejó la farmacia al bre una silla de tule, el ruido que haclan las
cuidado de su mujer, y el hacendado, que ya de ante- bestias en el corral adyacente, el súbito crujir
mano habla hecho sus preparativos, dió las últimas de las maderas los zumbidos del viento, cualquier rumorcillo que ellos mismos producían al
órdenes, y á la madrugada del dla convenido, timba
ni1.stados en maltrecha ambulanc'a, tirada por cinco revolverse en los atormentados camastt-os, les -~
1\ /
no muy lucidas mulas, todo ello propiedad del hacen- · hacia de~pegar la cabeza de las almohadas, lef ?._
vantándola un poco y quedarde un rato á la esdado, se pusieron en marcha.
·J_
No llevaba..1 trabilla por no haber un mal podenco cucha.
Aún
no
pegaban
los
ojos
cuando
sonaron
te•
en diez leguas á la redor.da; pero si buen armamen·\~ -'
to y mejo:,; repuesto de huevos duros, carne seca y rribles golpes en la puerta del cuarto. No tu;•
tortillas, pues aunque valientes y aventureros eran vieron tiempo de asustarse porque los tranquilizó
uná
voz
apacible
que
d
•cia:
hombreJ que no se •iejaban mil pasar.
-¡'3iñorl .... ¡Siñorl ... . Ya es hora.
La charla, darante, 1 camino. corrió, como siempre
por fenomenales aventuras, contadas á grito$, porSe levantaron desperezándose; pusiéronse las
que el traqueteo d,•l armatoete en baches y piedras respectivas americanas, únicas prendas que se
no permiti.1 á la voz diapasón más apacible, y tam- habían quitado para acostarse, y abrieron la
bién aquí oyeron los valerosos cazadores. i1nt"ecor- puerta .... Aún habla estrellas, pero Bd notaba
hda y como dicha á tropezones, la indispensable como una in1ecisa claridad que anunciaba el fin
de la Roche. Los caballos. y&amp; ensillados, esperamuletilla:
-Pero no como lo que á mi me suced:ó una vez! ... ban frente á la puerta de ingreso.
f 7 _~
·t'i'! ¡..
Figúrense que ....
Un mi&amp;mo peneamiento surl('ió en la mente de /4C
Al ponerse el sol llegaron al amasijo de carnchas todos: 11Serl1tn mansas las cabalgaduras?" Por- ~
.
-:-·
de adobe y jacales de palma de que se formaba la ha- que es de advertir que el amo no tenla caballos
cienda, y st1 apearon en una de las primeras, ni de de silla, y cuando los habla menester, se arriamejor aspecto ni mucho máa cómoda que las demás, ban las bestias de labor mejor acondicionadas,
pero que medieros y peones por ser la que el amo ha- á juicio dtil caporal que fungía de admini trab'taba, llamaban hiperbólicamente la casa grande.- dor de la hacienlla .... ¡Y tal criterio, fundado
He aqul su distribución: La puerta •le ingreao daba en las propi1ts aptimdes, podía ser de conseinmediatamente á un-l pieza medianil con luz hacia cuencias desastrosas para los cinco expsdlcioel campo, y que á juzgar por la heterogeneidad de nar1os!. .....
sus muebles, (dos consolas, tr11s canapés y unll larga
verdad era que la cacería no iba resultanmesa de pino,) era á la vez sala·, comedor; en la tes- do"La
de
lo
más di vertido" ...... Además. la proxitera de la izquierda abriase la puerta de uua segunda piez&gt;l de menos espacio, coo dos catres de tijer,1 y midad d 1 los osos, de los leones y hasta de los
bravos, no l8s hacia maldita la gracia.
tres sillas de tule por todo mobiliario Frente por fren- toros
Pero ¿qué remedio? Montaron, y llev1tndo de
te á la puerta de i.J.greso negreaba estrecho pasadizo guia
á un vaquero conocedor del ternmo, y sepor donde se iba á la cocina y al corral. ...
Después de cenar de cuanto habla, que no era po- guidos de otro que arreaba una acémila con el
co, á Dios gracias, se dispu..ieron á acostarse Habla repuesto necesario, emprendieron el camino por
vereda, á ciegas, tiritando de frio y
que aprovechar el tiempo durmiendo un poquito, angosta
qué no decirlo? medio muertos de miedo.
puesto que antes del alba se emprenderla á caballo la ¿por
Uno t!'as otro, pues no daba para más la ancaminata á la sierra.
·
En e11tas y en las otras, la noche habla cerrado coii gostura de la senda, caminaron gran rato con
absoluta obscuridad. En torno de las casucha11 dilatá- ese galope uniforme é incesacte de los caballepais avezado9 a tales jorn'ldas.
base el campo desierto y silencio110. De vez en cuan- josEldel
campo era una enorme extensión n1&gt;gra lido algún perro ladraba á lo l1&gt;jos, se oían silbidos fi.
á derecha é izquierda por fajas de nienos y prolongados, y extraños alaridos resonaban mitada
bla que iluminaba debilísima y blanca vislumpavoroeament0 en las lomas vecinas.
· La verdad es que todo ello produjo cierta desazón bre. Al frente, la sierra jibosa se dilataba achien los cinco cazadores que, sin saber por qué motivo, cándose cada vez más hasta perderse de vista.
Presto la vieron tan cerca que ya no apreciliban
.suspendieron su charla. Mas se fl'Uarda~on muy bien su
perfil dentellado, sintieron como que echaba
de comunicarse su inquietud. BI buen terrateniente
no acertaba á saber por qué aquellos ruidos extra- sobre elles sutilisima sombra.
El cab1dlo del guia suspendió de pronto el
ños, no obstante hab':lrlos oído mil veces en sus tepegalope, y sin que los jinetes tuvieran el trabajo de tirar de las riendas, los demás caballejos Je imitaron tomando todos un trotecito picado que zangoloteaba
las entrañas de los caballeros y les flotaba con fuerza muslos y posaderas en el
arzón de la silla.
·
También el trote se suspendió á poco trecho, tomándose un paso lento y
fatigoso. Los asendereados jinetes respiraban con fuerza. Comenzaban á subir
la montaña. Las pedrezuelas rodaban sonando, aventadas por los cascos de las
c, balgaduras. Los espesos ma•orros arañaban chirriando las chaparreras de du•
ro cuero del guia, rozaban sin ruido las de blanda gamuza del hacendado, y
luego crujlan de nuevo en las indefensas perneras de los cuatro invitados. Lo■
caballos avanzaban palmo á palmo, sentando con tiento las desherradas pezuñas que á. veces resbalaban un poco sobre las lastras a.esnudas. A uno y otro
lado del áspera senda, mostraban su seno sombrlo profundos taludes.
La obscuridad que aún reinaba, impedía adlvinar por la expresión de los rostros, las sensaciones que experimentaban los cinco jinetes; más según su obstinado silencio, debían de ser de intensísimo miedo: sé que á no sentirle tan
~rande, ninguno se hubiera quedado sin contar alguna aventura que encaJase bien en el grandioso escenario en que se encontraban.
Llegaron al lugar en que había de instalarse el rancho: un abrigado rincón
cubierto de piña y cedros, formado por el punto de arranque de una derivación
de la mism" montaña. Bajo un cedro de poca altura, pero de ancho y espeso
follaje, se apearon los cazadores, se puso en tierra el repuesto, se arrimaron al
tronc·o del árbol las monturas, y, entre unos chaparros un poco distantes, se
apersogaron las bestias.
·
El vaquero y el conductor de la acémila hicieron lumbre y calentaron el café
que llevaban ya preparado.
Catári&gt;nle en la única taza que habla par11 ello, uno tras otro, los cinco cazado•
res, echaron sendos tragos de sotol á pico de botella, y cada cual requirió su correspondiente armamento.
Entre tanto iba amaneciendo. La niebla que se tendía inmóvil en el valle, alzi•
base de él, y, rota en girones, volaba, cambiando continuamente de forma, hacia
las indecisas lej~nlas. Las cordilleras opuestas, destacándose á trechos, por las
roturas de la bruma, sobre trozos de limpio horizonte, parecian pincelad"ª de
azul más intenso en otro muy pálido. ;i: las lomas y cerros donde la montaña
ofirmaba sus bases, semejaban moateinllos de pardos pedruzcos.
Tras de haber convenido en partir en la misma dirección y á distancia unos
de otros, los héroes partieron; pero á ..::uy poco andar comenzaron á acercarse
conforme avanzaban, y acabaron por reunirse y caminar en amor y Mmpañla,
sin que nadie protestase de semejante infracción á lo convenido al partir.
H!l.cia el med'_o día volvieron al rancho despeados, sudorcsos y jafleantes sin
haber disparado sus armas: circunstancia que los envalentonó de tal modo, que
después de comer con no escaso apetito y de -vaciar seis botellas de cerveza y
una de tinto por barba, hablaron de nuevo de espantosos peligros y grandes hazañas.
Repitieron la correrla enla tarde ... . "Aunque molidos y maltrt-chos, á ello habían ido, y si querían salvar el honor er11 preciso
volver, cuando menos. con un gato montés. "-Tanta animosidad
tenia por causa: en unos, la recóndita suposición de que las fieras de aquellos parajes estaban solamente en la imaginación del
embustero hacendado, y en este, la convicción neta de ello.
Y asl fué ciertamente. Cuando el sol ya cala, y sin haber avistado ni la más ruin pieza de caza, toCJaron la vueltit alegres y
verbosos. El terrateniente se admiraba de no haber encoutrado
ni un mal leopardillo entre aquellos peñasco, donde tantlsimos
osos había él matado, y achacabl!, el mal éxito de la batida á la in-

Domingo 18 de Septiembre de 1898.
,e,xperiencla de sus compañeros que caminaban rien•do y charlando.
Al cabo avistaron la cnf'l'lbre de! rancho; disipóseles
•cierto recelillo que aún les andaba por dentro y sol•taron el freno á la lengua.
'
"¡Qué caneados ni que trastojo! Al rancho .,\ echar
un tac.i, en seguida á la hacienda, y á la midrugada
·en Villarrobles ...... Si nada hablan matado, 1a culpa
1no era de ellos ...... 11
De pronto, al trasponer U:na cumbre, un bulto ne.gro removióse bufa.ido entre los chaparros ...... Un
oso, sin dudal. . . . Y los cmco cazadores, en voladora
carrera, sin acordarse de que iban armados, espioán·dose los piés y des&lt;?"arrándose la ropa en los pinchos
de los mezquites, llegaron abogándose al rancho.
Sentáronije sofocados en t · rno á la lumbre, y sin
-osa" á mirarse á la cara, se callaron loe cinco. Tam1bién en silencio tomaron un bocado y echaron un trago.
Los vaqueros se sonrebn á hurtadillas.
Se dispuso la mar..:ha. Dieron traz1&lt;s los mozos de
,alistar las bé3tias, y al volver uno de ellos con los ca•
ballejos, dijo á los silenciosos CRzadores, con el aire
distraído y el acento pausado, habituales en la gente
·del campo:
-Se soltó la mula .... Ya fueron á traerla . . ..
-¿Anda muy l1&gt;jos? -preguntó el amo.
-No siñor .. . . Allá anda en aquella ceja...... Dende
aquí se devisa.
Volvieron todos la cara, y en efecto, se vela algo
•negro á que ya se acercaba el vaquero, en el punto
'mismo en que ellos rompieron la desaforada carrera.
Nadie habló. Volvió á. la reata la descarriada mula,
."Y pusiérense todo3 en camino.

II

"'

281

EL MUNDO.

--·-·- _,..,.,........_-- .- ...... _ --- -_';". -. - ' .. ---- ·- ~.
... - ~
-::-·· __---

1

'

~

--

--

-----=-

. Fué éste a~urrido y silfm_closo. Sin perder en la haciend1t m~s tiempo que el mdispensable, tomaron la
ambulancia, y dando C'lbezadas y lanzando ronquidos que cortaha á lo mejor. un recio salto del coche
al amanecer, entraron triunfantes en Villarrobles
'

III
La noche de ese mjsmo i!ia se reunieron, como de
costumbre, en la Botica Fué encarrilándose la COM·
versac1ón; apuntó tlmidamente el primtir cutinto de

aventuras; salió á. plaza entero v verdadero, brotó valerosamente el segundo; luego ·el tercero después acuarto . ... y el eximio hacendado se leva~tó despacito, sacó el pañuelo de cuadros rojos y amarillos se refregó_ con él lo~ ojo~.Y las naric~s, y tras de dar el
sen:ipiterno pase1to, dno con voz m1sterio.;a y ponderativa:
.-fero no como lo que á mi me sucedió una vez, .••
F1gurense que ..... .

J. GARCÍA RODRÍGUEZ,

Lf\ l)LTIMf\ HORf\.

l

Al amanecer un hermoso dla de Abril del año 2 000
-de la Era Cristiana, el ruido agudo y estridente de úna
!fanfarria vibrará en lo,i aires, por sobre la tierra enYejecida, desptirtará los ecos de todas las cavernas
:y sacudir la,3 frondas de todos los bosques, mientras
que cintilan en el firmamento lo,i astros, sin que lo.gre apagar su brillo la llamarada de fuegq de la liUrora.
De pronto en la tierra y el cielo de los continentes
se realizará extraño fonómeno: :te! suelo y de las nu'bes &amp;urgirán y se desplegarán inmensas mirladas de
eeres revestido,, con iusi:1,uias humanas, y e,ita ola se.-á absorvida en aspiración potente y continua por un
punto fijo del Oriente terrenal.
Esto será como un enorme vértigo.
.ror lall llanuras y los rios, por las vertientes de las
montañas bajo la ojiva de las selvas y b11jo la nieve
-de loa cielos, entre IOd ilancos de los valles y en til aire glauco de los oceános, desfilarán ejércitos innume,a-ables milagrosamente animados de una velocidad de
ensueño, y los horizonte~ Bti ensombrecerán á su pallo
y los palses enteros se precipitarán eu pos como marea ondulantes.
Cohories no menos fantásticas por su a•pecto que
por su infinita muchedumbre, caminarán en grupos
lbomogentioe, unidos por épocas y por castas, pero to•
dos marchando con las cabezas inclinadas y en un silencio pavoroso ...... Y asi pasaran los humhres de
las primeras edades-rocas gigantescas--y los de la
-decadencia-pálidas floraciones
Asi pasarán los tiranos con sus mantos de púrpura,
y sus generales cargados de enorm8s tizonas, asl pasarán los mártires coronados de espinas y eua jue.:es
vestidos de luto y sus verdugos ehorreando saugre..
Así pasarán los vagubundus, lo,i sacerdotes, los pas-tores, los marineros tos cardenales, y luego los sabios
envejecidos en la duda, y los negros desnudos y los
.antiguos eremitas apoyados en sus cruces, y reyes
.afiligranados de oro y sultanes encintados de camlbiantes sea.11rlas.
:Y á la sazón que vayanpasando,se irá desplomando

l

.,.

tras ellos todo cuanto edificaron con sus vol11ntades ó
con SUR manos, y no quedará en donde aquellas grandezas fuer&lt;?n máij que el vacío y el caos ...... y fa tierra se enfriará.
Allá abdjo, en los limites brumosos de Jericó. al
arrullo del Jordán rumoroso, frentó ó. la áspera Judea
de Moab. Dios verá cómo acuden de la Nada aquellas
inagotables peregrinaciones
Y lae verá y sonreirá melancólicamente ante las vlrgenes de los cielos congregadas entre el Orbe deslu~b:ador de su Tribunal augusto, y sus ojos de
Inhmto contemplarán pensativos el avance de las
horas.
Al vibrar _la del medio día, 103 batallones monstruos
hábrán cubierto ya como langosta~ los Piniestros valles dPl Mar Muerto. las coliuas de la Ciudad Santa
los ~esiertos yecinos y hasta las comarcas do la Siri11;
y mio al declinar el día, cesarán los arcángeles de
llamar con ~us trompetas de cobre, y entonces ya todas las tribu~ creada~. de ge_n"ración en generación,
e~tarán reumdas baJ.:&gt; el cielo verde y al fin LA RO·
RA SUPREM4 llegará!
. ... Caerá la noche fresca y pura, y h. luna e~pantada ascenderá 1&gt;ngrandec.éndose sobre el desierto
para inundar las tiuieblas con 1.1na llmpida claridad
de agua
En e•e instante, 1&gt;l Eterno Padre se pondrá en pié.
Y ante las miriadas y miriadas de ojos fijos en él con
de8garradora y harmónica expresión de angustia
hará el trágico jui&lt;'io final de los hombres.....• sd
voz de ternura de_ sufrimiento y d_e ~lemenci•, correrá en alas de la brisa como una mu,iica de estrellas;"y
la 1&gt;ternidad estará suspendida de suP labios y ya no
habrá ni tiempo ni espacio y la infinidad de años pasados y futuros se concentrarán en un átomo de segundo.
Y la voz pronunciará una Sl'ntencia para c11da ser
y se verf. cómo los hombres fueron malos, egoístas
embustetos, sacrili1go,i y criminaltJs. y el alma dei
mundo sedescubriiá solemnemente tal como es en su

horror feroz, y se la verá como una llaga abierta ant&amp;
la faz e~pantada de los demás mundoa, para que pueda meditarse en toda su pavorosa fealdad.
A cada sentencia que se pronuncie, un hombre de11aparecerá en el éter Después de haber mostrado el
Mal, D10s lo arrojará en la Nada desmembrándolo ds
sns moléculas;· y aquel que habla sido una vida,
una _inteligencia y una fuerza, se desfumará en una
llamita azul.
Al apuntar el alba siguiente las miradas fantá11tic_as de la víspera estarán ya evaporadas y toda la
tier1 a devastada quedará desnuda como la llanura
de Jericó bajo un cielo sin atmó3fera ni calor. Alguno~ fuegos fátuos se aleiarán todavía hacia los
espacio~, donde otros planetas los eeperarán ... .
E¡ Senor no ha1;&gt;rá. conservado cerea de él más que
unas cuantas muJeres de las que vivieron vida de
am_or. y de lágrimas, algunos profetas de diversas
rehg1one~, algunos l!iñitos rubios y algunos justos
melancólicos ....
Jesús á un lado, e11tará sollozando.
-Por qué? dirá al fin ¿por qué, Padre mio, habéis
creado el mal?
-Para que de él brotara, contestará la Divina Voz
el encanto puro del sufrimiento y la gracia celested~
l~s lágrimas, de que fuiste tú la imagen sobre la
tierra.
Después de hablar asl, el Eterno Padr'3 rodeado de
los suyos se elevará hacia las esferas de la Suprema
perfección yla suprema dicha, en tanto que un roclo
de lágrimas brotará de todos los planetas ~nterneci
dos .... Luego á una señal suya, la dtfunta Tierra
meteóro fugitivo, se· deslizará hacia el infinito dejan~
do al partir, una leve huella como la que marcan lae
exhalaciones, que lueg_o también se apagará ....
HENRY KISTEMAECKERS.

�Domingo 18 de Septiembre de 1898.
EL MUNDO

232

1

En la senda no quedan tus rastros;
Haces bien si mis ansias r:siPtes;
Como se aman, de IE&gt;jos, los utros,
Asi deben quererse los tristes.
Son dos notaa quE' rnrgen dE'l piano
Y al impulrn de fuerzas Pxtrañas,
Muere una entre florPs dl'l llano,
Otra e:x pira entre a b1 u ptas montañas.

Así somos ¡oh hPTmoea! dos luces,
Que no buta á junt;ir el anhelo;
Una apenas alumbra las crucu
O:ra incendia los mantoe del cielo.

¿P(!r qué? -Si lo s.upina lo dicla....
mi numen es uf, páJur0 enfermo,
qut1 busca en el mis,erio la poesla:
ama la nave gótira, la umbría.
Jot1 penachos de niebla el campo yermo,
Temprano fné nutr_ido de am~rguras
mi esplritu, y hoy quiere. contr1etado,
J,.s sombras ..n que duermen lal!locuras .•
Se cierne como el grifo en las obbCUr!lB
soledades del tl'mp1o abandonado.
Mi uúmen es uf: l)ios lo ha querido!
no me hieraR mujer con tu reproche..
¿Te di•"'UPta mi amori1 venga tu olvido,
¡mas déj~me que vague confundido
con !na almas errantes dula noche!

-;~¡.
~ -~✓-,·
;: fil t\ J

•.I

f!' .

-

***

Si. yo amaba lo azul con ar~imiento:
la11 montl!ñllB exctilbas, los sut1!11s
crespones del zafir del firmamento,
el piélago sin fin, cuyo lamento
arrulló mis en11Jeños juveniles.
CalJaba m1 laúd cuando desplic ga
cada l'btrella purísima su broch..,
el univ...rso e11 la quietud navega,
y la lunl\. hoz de pl11ta, surge y s1t'ga
el h~z a'espeeas sombras dti la nocho,.
Cdntaba, si l'1mrora descorría
en el Oriente sus rosados velos,
si ti aljéfar af campo descendla,
¡y t&gt;l s ,1, urna de oro que se. abrta,
inundaba de luz todo~ los cit'lo,!
!\fas hoy amo la noch11, la galana,
de dulce majestad, horas tranquilits
y solemn.. s, lR nusia sobera11a,
1a d'espléndida pompo americana:
¡la noche tropical de tus pupilas! .
Hoy, tisquivo del alba los sunrOJOl!1
su saeta de oro me maltrat11,
y el corazón, s:n p11na y sm enojos,
t11n sólo ante Jo negro de tus 0Ju11
·1como el iritl del buho se dila ta!
¿Qu'encanto hubiera semt jau te al tuyo,.
oh noche mla? !tu bddad 1011 asombra!
yo, .qu'esplendores ~atutinos buyo,
¡deJo al 11lma que agite. cual cocu,&gt;o,
bUS alat coruscantes en tu sombra!
Si siemprt1 he de sentir esa mi1 ada
fija en mt rostro poderosa y t1ero11,
,adiós. por siempre adió11, 1 uhia alborada!:
doncella de la veste sonrosada,
¡que reine en mi redor la nc,che t'terna!
¡Oh noche' v11n á mi llena n'tincanto;
mientras con vuelo misterioto avaIJzas,
n11da más para ti será mi canto,
y en los brunos repliegues de tu manto,
su cáliz a &gt;rirán mis esperanzas ..... .

Nuestro am1&gt;r ¡una nube! lll aurora
Hace en Pila del irls alarde ..... .
Y esa nube dePpués ¡cómo llor&amp;
Cuando en sombras la envuelve la tarde!

¡,Y seremos felices? ¡quién s11bP!
¡Si el amor nos prestara sus galas!
Soy PI árbol y tu eres el ave
Yen y plega en mis brazos tus alas!

YolvPrán las creencias perdidas,
Y la fé, aliviada del frfo,
Sanará nu.-~tras grandes heridas
Y serfmos dichosos Jbien mio!

Pero no: por distintos senderos
Caminamos los dos orgullosos.
Asf son los amores po11trerns:
Sin deleites, ~llivos y unciosos.

¡Haces bien si me ocultas tus raPtrosl
¡Haces bien si mis ansias resistes!
Como se aman, de lejos. los 11stros,
Asi debPn quererse los tristes!
QUIRINO ORDAZ,

AMADO NERVO,

SRITA. ANA PADILLA, ele Guadalajara.

...

1

Fotograíia. de Torres.

Pintura de Rembrandt.

EL CO:NVIDADO DE PIEDRA.,

Vuestro vino apurad ...... Aún no ha llegado
ese huesped funesto
Bebed .... Pronto en la mesa el convidado
reclamará su puesto.
Estalle la canelón. la loca risa
de notas prolongadas;
cantad, reid, pero reid aprisa., ....
¿No escuchais sus pisadas?
De esas flores que alin viven, el aroma
gocemos un instante,
un !nstante no mAs, mientras asoma
su pálido semblante.
Los tiernos madrigales al oido
y el chhpeante cuento
abreviad .... Ya las puertas han crujido
del próximo aposento.
Laura, guará.emos para ser felices
la sed nO--.!..&amp;tfsfecha.
Déjame, que al través de esos tapices
ya quizá nos acecha ....
Me escuchals con bnrlona carcajada;
desprecfais mis temores,
y decís que defienden esa entrada
leales servidor011.
¡Temeraria ilusión! A pesar vuestro
nunca estareis 11eguros
No h11y festfn sin el buesped que siniestro
se filtra por los muros.
Mirad .... Las flores que la mesa adornan
se mustian lentamente.....
Ya no reís .... Los párpados se entornan
con languidez creciente.
De la canción los soaes apagados
vago sollozo imitan ....
Los lafüos pierden su carmín, v, helados,
al beso ya no incitan.
•
No brotan ya del vaso cristalino
rosadas embriagueces ....
El ánfora se agota: toma el vino
el sabor de las heces.
El narrador á terminar renuncia
¡,, historia comenzada ....
Las luces palidecen . ... Todo anuncia
del huésped la llegada.
En nuestros corazones esta sombra
del aalóo se condensa.
¡Vano placAr! Mi labio ya te nombra
Con repugnancia inmensa.
Y si aún tu nombre An el salón obscuro
disipa torvos ceño,,
u p1&gt;11PRndn f'n aqu ..J eterno y puro
que ee a :.i viua en euPñns ....

El placer por la tierra va de paso,
v el alma lo dt:struy.,
si 10· detieni,. ¿Dt&gt;tendréis acaso
ravo de luz que huye?
Como ia noche tras la luz se lanza
en eterno viaje,
sobre las huellas del plac&lt; r avanza
siniesiro personsje.
Se enlazan como el eco y el tonido
en su volar ligero . . ..
El placer va de paso y perseguido
por triste compañero.
Siempre acude á lll cita el convidado;
Jamás faltó á ninguna.
¿Ois? Es el rumor acompa;;ado
De su plaota importuna
Por vez po,trera nuestras copas llenen
con la turbia ambrosía
¡Levantadlllsl Que brillen y que suenen
chocando con la mta.
A ese huePped tiránico y sañudo
hagamos 1011 honore11.
No negaban al césar su saludo
los fuertes gladiadores.
¡Brindemos con el vino e~ponzoñado
que nnestra copa encierra:
brindemos, si. por el placer soñado
que no muere en la tierra!. .....

]iJ'hi:i~·s·p~ti ·ai&gt;a~~cé .' .' .·: T¿ilo· aciiiia....

Obscuridad y frlo,
y BUPño, mucho suPñn .... Te esperaba ....
Ya te conozco: ,Hastio!
RICABD0 GIL.

•

EN LAS MONTARAS
Todo lo enerva la pesada siesta:
En el maizal el céfiro reposa
Y busca la cerúlea mariposa
El húmedo fr.:scor de la flnreuta.
Al acabar la campesina fiesta
Que en regocijo popular rebosa,
Toda la gente, en procesión piadosa,
Sube y transpone la empinada cuesta.
Cesa el petardo de atronar el viento,
Acalh1 t'l campanario su alegria
En el fondo del valle soñoJIPnto,
Y r.-plt!Pndo va la serranla
m són r!PI tamhorll, p11t1•Ad,, y lento,
Y el 11&lt; r11r lit Ju trie te chiriml11.
RAl-' AKL DELGADO.

--

DE "PERLAS NEGRAS''·

DAMAS MEXICANAS.

ESTROFAS.

233

EL MUNDO.

Domingo 18 de Septiembre de 1898_

r.

A una desdellada.

- .... Si, pobre amiga; prefirió el obscuro
rincón de su taberna, dtll que un dla,
ébrio á la vez de vino y poesía
se i.Izó tamb1tleante é inseguro:
hincó la mano trémula en el muro,
sacudió la cabeza, hosca y bravia,
y pasó por sus ojos todavía
la luz de un verso miste:-ioso y ~uro.
Fué un soñadtor neurótico y divino,
que alumbró el matorral de su locura
con la Iámp11ra de iris de A.ladino,
y prefirió á tu amor y á tu hermosura,
la embriaguez luminosa de su vino,
su viejo v11so y su taberna obscura.
II.
Tú mucha&amp; veces le llamaste.-En vano
apareció en su noche tu belleza,
y se in·:linó tu trágica cabeza
huta besar el doreo de su mano.
Tu frenesi le pareció liviano,
tu desnudez ollmpica. impureza,
y se volvió á mirará la Tristeza
y A. sonreir al Ideal lejano.
Se puso en pié para morir. y quiso
como in7iolada meve de la altura,
mostrar su sueño, blanco é impreciso,
y prefirió á tu amor y á tu ternura
su artificial y extraño paraíso,
su antigua copa y su taberna ob~cural
Luis G. URBmA~

MIFUENT..E
Al pié de la inocente y escondida
Mistica choza en que rodó mi cuna,
Sus ondas derramando una por una
Rueda mi fuente entre el verdor perdida..
Cuántas noches mirando re,11etida
En su cristal á la naciente luna.
LQuién tuviera, exclamaba, la fortuna
De ir en el mar por la región tendida!
Quisolo Dios: sobre flotante leño
Y entre las hondas de la mRr h'.rviente
VI realizarse mi afanoso empeño:
Viendo á DioP en el mar hajé la frente;
PE&gt;ro agora en el mar, t,rn sólo su,ño
Mi humilde, y dulce, y sonorrsa fuente
LUI!! G. Oi..TJZ:

DBMf\81f\DO Tf\RDE
NOVELA ORIGINAL DE H. DU PLESSAC.
ILUSTRACIONES GRABADAS EN NUESTROS TALtEREB.
Versión española de "El Mundo Ilustrado"

Número 1
I
Cuando el Coronel de Veraz despertó aquella mañi.na en un cuarto de hotel,
-precisamente á las cinco como era su costumbre invariable, la primera impresión
&lt;¡ue sintió fué la de que para él, algo había c~1 mbiado el mundo.
Y pensaba en esto con un sentimiento de orgullo que de seguro era excesivo, pues
todo en la mecánica terrestre marchaba como de ordinario sin que pertUl'bación al.guna interrumpiera ó desviara la plácida harmonía universal; lo que si resultaba
cierto de todo punto si se estudiaba el caso, era que en la vida del Coronel de Ve•
raz se había verificado un cambio muy grande, lo que ·explica, sin excusarla, la generalización que· quería hacer de su caso particular.
Sucedió pues que la víspera, después de la llegada de los documentos oficiales
en que á petición suya se le concedía retiro anticipado, puso en manos del jefe in•
mediato el mando de su brillante regimiento de húsares. Los soldados en formaeión oyeron la lectura de la orden del día en que se hacía constar esta resolución
gubernativa; los oficiales obsequiaron á su antiguo Coronel con un banquete en que
abundaron los brindis y los abr11zos de despedida, y al caer la tarde, Mr. de Vernz
tomó el tren para París donde desde entonces y para lo sucesivo iba á fijar BU re•
sidencia con el propó ;ito de llevar \1.na vida burguesa y tranquila.
Todo lo cual ne había pasado sin emociones viv11s para el Coronel que era
más sensible de lo que á primera vista parecía, pues una gran elevación de pensa•
mientos y costumbres instintivamente elegantes, le había permitido atravesar por la

.

vida si~ enervar .su delicadeza de alma. Así es que bajo apariencias voluntoriamente frías ocultaba una muy viva impresionabilid11d; soldado por convicción, no había podido separarse del servicio sin experimentar una opresión profunda en el pecho y no
habíapodidosin dolor dej a r una carrera que recorrió con honor
durante cuarenta a:ilos. Ynada le había obligado á tomar esta resolución y habría podido bien durante mucho tiempo todavía
desfilar con el penacho al aire y el sable levantado, á la cabeza
de sus gallardos y aguerridos subalternos, si la Comisión Supe•
rior no le hubiera privado de figurar en el cuadro de ascensos
acabado de formar, dejando en olvido su brillan~e hoja de servi ·
cios, lo que le causó un golpe doloroso en el amor propio al
considerarse no sin razón como víctima de una injusticia. Ade·
más (y esto muy para su sayo) el constante ejercicio hípico unido á los nchaques de antiguas heridas empezaba á fatigarlo un
poco; y puesto que no tenía esperanzas de ver lucir en su manga
las estrellas de~General, pensó que podría á lo menos concederse,
ya que aún le quedaba tiempo, algunos ailos de reposo y de independencia.
Otro motivo había ayudado á decidirlo: sin parientes próximos
y celibatario por cuestión de principios, tenía concentradas tod11s
las afecciones de su naturnleza en el fondo muy tiernas, sobre su
joven primo Jacobo de Baillet á quien había tenido la buena fortuna de traer á su regimiento con el grado de subteniente.
Durante cuatro a:ilos le había tenido á la mano y junto á su corazón, cuidándolo con solicitud de padre y guiándolo como un
maestro, siendo recompensado con largueza por este joven de fisonomía franca, .alina valiente y recta, é inteligencia superior,
amable con todos y de todos amado en retribución.
En las últim11s promociones de principio de ailo, Jacobo, aunque no tenía todavía la edad que se:ilala la ley, fué nombrado Capitán de un regimiento de cazadores y esta fué justa causa de
sep11ración.
Nada es más doloroso que recorrer á sol11s los sitios en que se
ha eFtado al lado de un ser querido, cumplir sin él la tnrea que
ayer se hacía en c0mún y encontr11r vacío el hogar que antes estaba lleno por el calor del afecto mutuo. Sn:ilador por naturaleza
y un poco inclinado á la melancolía, el Coronel sintió verdadera.
tristeza cuando partió aquel á quien llamaba su hijo tomo entónces su partido y pidió se le otorgara el retiro aunque no contaba
más que cincuent11 y siete a:ilos de edad.
La impresión un poco perrosa que siguió al memento de despertar en la primer mailana de su vida civil, se disipó con bastante
celeridad y los recuerdos del pasado se alejaron ante las perspectivas sonrientes que le brindaba su imaginación. De pronto, ya
era libre y para convencerse á sí mismo más y más de esta di•
cha, se apresuró á meter de nuevo baj0 las sábanas la pierna que
ya había sacado maquinalmente y se volvió a hundir entre los
cobertores perezos11mente con el regocijo sensual de aquel que
no tiene que ir al ejercicio para mandarlo ni al cuartel para informarse de lo que ocurrió durante la noche.
Luego empezó á organizar en la im¡;ginación el curso de la
nueva vida: lo primero que había que hacer era buscar una casa y de antemano tenía resuelto hacerse vecino del tranquilo
barrio del Luxemburgo. Quería aire, luz, arboleda y calma, y to•
do esto hallaría en una de esas calles que circundan el g:-an jardín público 'lUe quedaría convertido en su jardín particular.
Y desde mucho tiempo atrás amaba al Luxemburgo, pues desde su época de alumno de San Ciro (yn habían pasado buenas
primaveras) nunc!l ~ejaba en los días de salida de venir á dar
prolongados paseos á la sombra de los viejos árboles bajo los
cuales se sentía como en su casa. Hasta encontró cierto domingo
la manera de pasear deliciosamente acompailado, y esto quedó
en su memoria como un idilio fresco de juventud y de poeEía.
Por tales motivos se había formado la resolución de tomnr un
departamento con vistas á su inolvidable Luxemburgo, departamento que comprendería varias piezas cuyo destino y mobiliario
tenía ya bien proyectado, siendo sobre todo la destinada á ga•
binete de trabajo la que haría sus delicias. A veces nacen tan
singulares aficiones en ciertas naturalezas; que se podrían decir
moti\·adas por la ley delos contrastes; instintos originarios compri•
midossiempreyqueen unmomentodado recobran sus derechos:
el Coronel, hombre de acción durante toda su vida, no aspiraba
sino á convertirse en hombre de reposo y de estudio.
En medio de sus ocupaciones siempre absorventes, no había
cesado de estar poseído por el deseo de leer mucho para su sola
satisfacción personal y no había podido nunca abrir un libro sino
á la carrera ... . Prosistas y poetas le atraían sin que hubiese tenido tiempo de responderá esa afición; sobre todo los poet11s cuyo
divino lenguaje hablaba á su alma siempre joven, no menos que
á su inteligencia amiga de lo bello. ¡Cuán grato sería en las ma•
:lianas de estío, abiertas las ventana~, contemplar las frondosas
arboledas y el cielo azul, y qué bello en las noches de invierno,
á la luz de la lámpara y los piés cerca del faego, conversar con
los maestros preferidos en sus libros selectos cuidadosamente coleccionados, y vivir con ellos en duke intimidad!

•

�EL MUNDO.

234

Sin embargo, el Coronel saldría con frecuencia: primero por las maiianas para dar una vuelta ensu jardín, lo que desde luego debía considerarse como higiénico, y dos ó tres veces por semana
bajaría á París. El entendía por Paris la ribera
derecha del Sena donde encontraría 1:,n el Círculo
Mi litar antiguos compaiieros de armas, y encontraría también los museos que pens11 ba recorrer
de un modo metódico, y los teatros que recorrería uno después de otro. Pero desde que reflexionaba en esas excursiones lejanas, se sentía presa de una nostalgia de su casa y gozaba de antemano con la alegría de regresar al nidito donde
contaba que se encontraría tan bien.
Derrepente el Coronel rió á carcajadas al recordar que había omitido un capítulo en su programa: el capítulo femenino, pero esta misma risa era una prueba de la mínima importancia que
daba A este asunto, lo cual por otra parte había
sido siempre lo mismo. Privado de su madre desde pequefüto, educado sin hermanas y hasta sin
parientas próximas, no conoció en sus primeros
a:il.os las dulzuras de la terneza femenil que dis•
ponen el corazón A más dulces y gratas intimidades. Algunas aventuras de las cuales la más apacible había sido la del Luxemburgo, alguno de
esos amores de guarnición fáciles de atar y mAs
fáciles de romper que terminan al toque de marcha, en eso había consistido la vida del Coronel
juzgada bajo su aspecto erótico. ·
Por principio no se había casado nunca, convencido de que la vida del militar reclama el celibato forzoso; con mayor razón se había cuidado de no caer en otras cadena¡¡ menos legítimas
y más pesadas, y no consideraba el amor sino
como un sueiio de los poetas que se presta fácil•
mente á harmoniosos himnos, pero del cual debe
uno burlarse en el mundo re11l, y él se burlaba
con un exceptisismo ligeramente amargo.
Llegado ahora á los dinteles de la ancianidad,
no podía ciertamente renegar de principios aceptados durante toda su existencia; y con estas resolu(}iones, bien tomadas, el Coronel se vistió y salió con paso firme y regular á la conquista del
alojamiento donde proyectaba formar un pequefto paraíso terrestre para su uso personal, y en el
que ninguna Eva sería admitida.

gos, escribía á Jacobo largas cartas en las que
continuaba su educación militar y no oía nunca
hablar de mujeres ni tenía de ellas mAs noticias
que las q'ue les daban los libros con lo cual le era
perfectamente feliz.
Pues bien, una tarde cuando estaba á punto de
salir para su acostumbrado paseo el seilor de Veraz, oyó de improviso grito!&gt; penetrantes que salían de la escalera: una voz medrosa decía «fuego, fuego, socorro, auxilio!»
Los reglamentos de policía previenen que se
tenga cuidado de hacer limpiar los tubos de las
chimineas con la frecuencia necesaria; prevención
muy discreta porque sin esta precaución el fuego
de la estufa puede ser origen de un verdadero
incendio y sucede frecuentemente que incendia
otra cosa que no son casas ni boulevares, sino que
trastorna hasta en lo más radical el programa
apacible y las resoluciones vigor9sas y bien afümadas de un Coronel retirado.
Al oír aquellos gritos el señúr de Veraz, i::orrió
A la escalera y se encontró en presencia de una
mujer pálida y espantada que de pronto casi no
vió y á la cual dijo con brusquedad, pues no le
agradaban las ceremonias.
-¿Dónde está. su fuego de usted?
-Aquí, seilor, en mi casa; ruego A usted que

II
Es muy raro que se realice en toda su plenitud
un ensuefto acariciado, y sin embargo, por un feliz privilegio este fué el caso del Coronel de Veraz, quien quince días después de su llegada á
París, pudo ver desde el balcón dt:l tercerpiso de
una casa blanca y riente en lo alto de la calle de
Vavin, el manto de verdura que desplegaban á
sus ojos las arboledas de Luxemburgo.
Todo se había arreglado á la medida de sus
deseos. El departamento tenía vistas sobre su
querido jardín y á lo lejos se destacaba imponen•
te y augusta la bóveda del Panteón; tenía un salón bastante grande que fué transformado en gabinete de trabajo ó mejor dicho, de lectura, donde
vastos estantes, llenos á medias, recibían diariamente nuevos libros que el dueiio de la casa iba
á escojer en una delicada cacería que se había
convertido en su pasatiempo favorito. En los muros, armas formando panoplias, recordaban las
aficiones de otros tiempos y un ancho sillón cerca de las vidrierns del balcón, permitía al lector
leer en los libros de los hombres y en el de la
naturaleza que le abrían ampliamente el campo
y el cielo.
A los lados de este salón estaban el comedor y el dormitorio, ambos también con balcones que daban sobre el jardín, de tal suerte que
cnando se levantaba y se vestía, cuando trabajaba y cuando comía, el Coronel tenía ante los ojos
A sus queridos y viejos amigos los árboles. Luego, en el corredor, había una extensa cámara preparada para cuando Jacobo vinierit. y más lejos
estabau los cuartos destinados al servicio. Todo
esto era sencillo, pero amueblado con esa solicitud
que indica de parte del dueiio el deseo de encontrarse agradablemente en su casa y estaba cuidado con la limpieza meticulosa del cuartel por un
antiguo húsar que .había sido largos aftos asistente del Corond y ahora era su ayud~ de cámara.
Todo el piso ele la casa le pertenecía con excepción de un pequeilo departamento á cuyo locatario ni conocía ni se cuidaba poco ni mucbo
de conocer.
La vida del se:il.or de Veraz, había quedado reglamentada conforme A su soilado programa: leía,
vaseaba, veía de tiempo en tiempo Aalgunos ami-

venga en mi ayuda, respondió la mujer, entrando á sus habitaciones seguida del Coronel.
En la chiminea el fuego rugía, en efecto, de una
manera espantosa, pero el Coronel observó desde
el pl'imer golpe de vista que no había ningún peligro real, y ayudado por el húsar que había corrido tras él, tapó la chiminea con lienzos mojados y en unos cuantos minutos quedó conjurado
este microscópico siniestro, aunque no lo quedaron ¡ay! todas sus consecuencias.
Cuando el Coronel concluyó su tarea de salvamento, debió sin tardar despedirse y tomar la
puerta, puesto que no había otra cosa que hacer,
pero no lo hizo así, sino que pasado el peligro,
creyó de su deber como hombre bien educado,
tranquilizar con algunas frases de política y atención l\la pobre sefl.ora conmovida aún y para hablarle (aquí estuvo todo el mal) la vió.
Por despreocupado que pretendiera ser en
cuestión de mujeres y por acorazado que se considerara contra todo ataque femenil, el se:il.or de
Veraz era hombre de gusto y amigo de lo bello en
todas sus manifestaciones, y por consiguiente le
foé imposible no admirar lo que era realmente
admirable y contempló á su vecina con mAs entusiasmo que prudencia.
No era linda pero era bella, con una belleza
que parecía hasta severa según la pureza do las
líneas y la perfección de los contornos, pero que
se dulcifica adorablemente con el brillo de una

Domingo 18 de Septiembre de 1898

gracia atractiva y de un encanto inexplicable.
su· frente tersa y blanca estaba rodeada de una.
selva de cabellos de un rubio obscuro que caían
por las sienes en cascadas de rizos indisciplinados, descubriendo unas orejas tan sonrosadas y
minú,culaa tan delicadamente modeladas, quese diría qu~ fueron creadas no más que p_ara ?írpalabras de amor. La joven (apenas ~e~dna vernticinco ailos), sonreía ahora tranqm!izada, y s~
boca, de exquisito dibujo, se contrata en cautivadora sonrisa iluminándose toda aquella cara
deliciosa con la luz de unos grandes, muy grandes ojos de azul sombrío. Era alta y su conformación maravillosa anunciaba una naturaleza rica y llena de savia; tenía á pesar de su mo_destotraje blanco, sin adorno alguno, tanta elegancia nativa que parecía vestida en traje de gala. '-!-'º~º
era en ella atrnctivo, juventud, fuerza y d1stmción.
De la habitante las miradas del Coronel pa3aron A la habitación, nidito bastante estrecho, bastante modesto y poco digno por su riqueza del
encantador pajarillo que abrigaba, pero en harmonía con él sin embargo por su arreglo discretamente coq~eto y seductor en su sencillez.
Mil pequeiias nonadas, algunas miniaturas defamilia, agrupadas en un velador artísticamenteadornado de peluche, vasos de flores en que con
mano hábil y gusto exquisito se reunieron las clases v colores más delicados, bibelots esparcidos en
un desorden combinado, un piano de famosa marca en un rincón con una partitura clásica en el
atril, un escritorio donde se redactaba de seguro
una correspondencia que ya quisiera uno recibir,
todo, desde el reloj pequefüto de pared que repreisentaba un nifto con el dedo en los labios como para imponer silencio, hasta las cortinas rosadas de las ventanas que tamizaban una luz hecha para el ensue:il.o, hasta la alcoba que permanecía abierta en medio del desorden y que dejaba
ver las colgaduraetazules y blancas que envolvían_
el lecho con discreto misterio, todo en la casa.
como en la mujer, respiraba gracia elegante y
delicada.
La conversación entre salvada y salvador, fuénecesariamente banal, particularmente de parte
del Coronel que estaba turbado de un modo muy
singular por impresión tan desacostumbrada queacabó por decidirlo á ponerse en fuga.
En actitud de franqueza y confianza, la vecilla.
le tendió con reconocimiento una mano aristocrática que él contra sus costumbres, no pudo
dejar de estrechar más de lo que permiten las
conveniencias sociales, y luego bajó la escalera.
sin darse exacta cuenta de lo que pensaba.
Maquinalmente se detuvo frente al cuarto del
portero que era un honrado viejo, y bajo el pretexto del incendio de la chimenea, le pidió algu-nos informes acerca de la vecina.
-La se:il.ora de Letellier, exclamó el portero,
oh! inmejorable persona que mucho se da á querer.
-La sefl.01·a de Letellier, repitió el Coronel, como para grabarse bien el nombre en la memoria;.
pues qué ¿es casada? ¿tiene un marido?
-No, mi Coronel, gracias A Dios no lo tiene
ya . .. . Murió hará unos diez y ocho meses el muybribón, después de haberla hecho sufrir sin piedad. ¡Que el diablo cargue con su alma! Le gastó•
toda su fortuna con pillos y entretenidas ..... .
¿Puede comprenderse eso con una mujer semejante? Y apesar de eso, ella que es tan buena como bella (lo cual no es poco decir) un ángel deDios .... ¿creería usted lo que voy A referirle?'
Pues luego que su marido la abandonó, se refugióaquí, porque ha de saber usted que la esposa del
propietario fué su condiscípula en el colegio, y se
dedicó á trabajar de día y de noche como lo hace hasta ahora, dando lecciones de piano, lo cuaL
apenas le produce lo necesario para comer. Pues
bueno: por entonces, su condenado marido venía.
y le armaba riftas para que le diera el dinero que·
ganaba, y ella ¡pobreciJ111! se lo daba, Coronel,
se lo daba! Y el muy bribón lo despilfarraba en.
sus vicios. Figúrese usted que cuando cayó enfermo de muerte, la mandó llamar y esta mArtir·
infeliz fué . . .. ¿á dónde piensa usted? A casa de.
la querida! Pues no abandonó A su esposo sino en
el cementerio .... 1 Al fin ahora y a está. tranquila,
aunque su posición no sea nada desahogada. ~li,
mujer es quien la ayuda por las mafl.anas en las.
haciendas de la casa ... . gran casal do i piecesitas, ella que ha tenido castillo, carruajes y treinta y se:s criados! ¡Deveras que hay hombres ca-nallas y sinvergüenzas!
Sin embargo de que el Coronel no era nada.

Domingo 18 de Septiembre de 1898

:

,

aficionado á los discursos largos, hay
que creer que la elocuencia prolija del
portero no le importunó ni un poco,
pues le escuchó sin parpadear y luego
le dijo:
-Seguramente esta seiiora tendrá.
amigos que se interesen por ella y la
vengan á visitar á menudo.: ..
-Oh! no, se:il.or Coronel, ya sabe usted lo escasos que son los amigos
cuando uno está. en la desgracia! La
esposa del propietario suele venir de
vez en cuando, luego otra seftora, luego dos ó tres caballeros de los cuales
uno viene con más frecuencia que los
otros y eso es todo.
Sin saber por qué el Coronel frunció
el entrecejo y se alejó bruscamente
diciendo al portero un «adios y gracias» seco é irritado.
Acababa de probar una impresión
extra:il.a: las palabras del portero le habían hecho la impresión de un garrota•
zo en la cabeza .... ¡Un seiior que viene con más frecuencia que los otros!
Esta frase venia á su espíritu con la
rudeza de una injuria.
Maquinalmente entró al Luxemburgo pero con paso seco y acelerado como si facra á la batalla y no con su
lentitud acostumbrada de paseante en
cortes. Llegó siempre malhumorado y
violento bajo las galerías del Odeon,
donde p')r rutina hojeó algunos libros,
rechazándolos luego, apesar de las obsequiosas instigaciones de los libreros.
Después la emprendió directamente hacia los muelles, atravesó el Carrusel,
subió por la .A.venida de la Opera y
llegó al Círculo Militar y una vez allí
sin entrar, dió unamedia vuelta: y tomó bruscamente el camino del Luxemburgo.
Y qué? Coronel de Veraz. ¿Usted tan imbuido
en el principio de que la mujer no debe significar
nada en la vida de un hombre formal; usted que
muy pocos días antes excluía de su programa este elemento perturbador, está tan conmov1do por
haber visto durante unos cuantos minutos á una
mujer, mientras ardía la chimenea de su casa?
Esta emoción extraila era muy real sin embargo; y siempre franco consigo mismo el Coronel no
trató de disimularla aunque hacía esfuerzos por
meterla en análisis á fin de combatirla con posibilidades de éxito. Pero no veía claro en su interior. ¿Lo había flechado la señora de Letellier?
Y cómo? ¿Por haberla visto despavorida algunos
instantes y haberle prestado un servicio vulgar?
Es posible que hubiera sufrido el golpe de ese
rayo de que había oído hablar tantas veces, burlándose de los que lo recibían. Pase que un subtenientillo inexperto ó un capitán desequilibrado,
cayeran en la trampa .... pero un Coronel retirado! y sobre todo él que estaba imbuido en tan
sólidas teorías y en principios tan fijos ... No ..
pues él no había sido insensible á los encantos de
su vecina y hasta se acordaba con cierta severidad de haberla tratado de un modo un poco libre
y familiar.
Pero con todo y eso, había un camino sencillísimo para cortar por lo sano dando al traste con
preocupaciones y escollos: no volverla á ver. Al
fin el incendio no se declararía todos los días en
la chimenea y no había motivo alguno paraestrechar aquellas casuales relaciones de un momento . .....
Pero esta discreta resolución le causaba una
impresión penosa y le parecía estar viendo aún el
cuadro encantador de la joven sencilla y graciosa
en su habitación modesta ydeücadti. Sin embargo
mentalmente daba un valeroso adios A esas ilusiones, cuando tornó á su memoria la frase del portero relativa "al sc:il.or que venía conmAsfrecuencia que los otros: ¿Quién era ese se:il.or? ¿Un pariente, un hombre de negocios, un antiguo amigo
de la familia? Pero y si en vez de eso fuera .... Entonces montó en cólera contra este desconocido y sentía como una angustia, como un
dolor ante la idea de que la mujer que sele había
aparecido con una aurnola de pureza y honradez,
podía muy bien ser un ángel .... caído.
Era·preciso averiguarlo! En caso dado, él defendería con la autoridad que le daban los a:il.os á
su vecina pobre, aislada, expuesta á las acechanzas de cualquier atrevido. Esta resolución generosa echó el 11ncla en su espíritu y un papel así,
desinterei:,ado le sonreía y no presentaba peligro

EL MUNDO
. ,, .,
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t,

t

J'

donaron la mansión meridional, testigo de la única época dichosa del ma
trimonio, y vinieron á instalarse en
París, donde en breves aías las mujeres perdidas, el juego y la Bolsa, die•
ron fin al dinero de Silvia.
Ella c.onoció la magnitud del desastre por dos hechos simultaneos: el ero•
bargo de todos sus mue 61es y un corto
billete de su marido en el que le avi,
saba que partía para un viaje de indeterminada duración. E1:,te viaje, por
otra parte, no fué muy lejano, sino sólo
á la calle de los Mártires á un entresuelo muy emperegilado y del cual una
'' 1
tal Zibelina (por apodo la Perdiz 1·oja)
era la inquieta hubitan te.
- La señora de Letillier lloró mucho,
empe:il.ó sus joyas más queridas, y se
refugió en la viviendita de la calle de
Vavin, y procuró como mujer valerosa
que era, ganarse la vitla cumpliendo
sus deberes de mujer honrada. La inocente y pobre joven creía que eso iba
á ser muy fácil sin sospechar que en la
organización actual de la sociedad, si
es bien difícil á un hombre resolver el
problema de no deber su subsistencia
más que al trabajo y la probidad, esto se vuelve casi imposible para una
mujer joven y bella que por golpes del
infortunio ha caído de una elevada
posición.
Y no es que se le hubieran cerrado
todas las puertas á que acudía, sino
que muy pronto adquiría la convicción de que la apresurada benevolencia de que era objeto tenía un precio,
Y. ese era el de sus encantos que precisa1?-ente eran la causa de esos apoyos maceptaoles y la alt!jaban del sistema de vida que deseaba. "Es usted
demasiado elegante, querida mia,'' le
respondía una caritativa dama de quien solicitó
amparo, sin pensar en que precisamente por economía la pobre abandonada usaba á diario los
restos de su antiguo esplendor.
"~inguna familia aceptaría A usted para institutriz ó dama de compaftía, porque es usted demasiado linda" le decía una vieja aristócrata perpetuamente rabiosa de su propia fealdad.
Quise, hacerse dependiente de algún almacén y
se la rechazó por carecer de aprendizaje mercantil; cajera, y sus conocimientos en contabilidad
t.o bastaron; modista, y se la creyó demasiado fi.
na para un trabajo rudo. Nada .... nada!. ... Los
parientes la abandonaron desde que se casó. El
único bueno y cariñoso, su padre, había. muerto
y su madre no se ocupaba de ella más que para
re_Proch~rle perp~tuamente su falta. Una prima
millonaria le envió cierto día quince francos en
un exceso de inconsiderada ge·nerosidad.
¡Cuántas veces sintió impulsos de rebelión esta pobre alma ofendida, humillada, estropeada inc~santementel ¡Cuántas veces la desesperación
vmo á enloquecerla! Pero resistió á todo, enérgica, honesta y pura; y ante las tentaciunes malsan~s del oro que se hacía pasar á torrentes por sus
OJOS, y ante el fantasma del suicidio condenado
por sus convicciones religiosas, permaneció valiente, altiva é intacta.
La a:nistad vino al fío en su ayuda y la salvó:
el mando de una de sus compaiieras de infancia
medianamente educado, charlatán, pero de bue~
corazón, adusto y con raras dotes de actividad
se ~ropuso buscarle discípulas de piano. Ellan~
sabia gran cosa, á lo menos en la parte teórica
pero_ como _era muy inteligente pronto aprendió
al mismo tiempo que enseiiaba y luego además
de ias lecciones aisladas obtuvo la dirección de
la clase de mús_ica en un_ colegio, quedando así
asegurada la vida material.
Su marido reapareció entonces para abrumarla con peticiones de dinero á las cuales ella por
lo común respondía de un modo favorable hasta
que a~ c~bo este_p~rdulario hizo á la pobre mártir el umco serv1c10 que podía hacer: morirse.
Tranquila en cuanto á su posición material, pero cruelmente decepcionada de la vida Silvia se
ref~gió en sí misma, desdeñando A ~u vez á, ]a
soc1-edad que la había repulsado ó acojido con
frialdad, y creía de buena fe que su córazón estaba cerrado para siempre al amor, que tan cruel
fué con ella, pero lo abrió todo entero á la amistad que concentraba, como único fin de su vida
sentimental, en un círculo de f;eles bien elegido,
muy poco numeroso pero muy seguro. De ese
1

alguno para un hombre acoi-azado como él, sin
pensar en que toda coraza tiene sus defectos y no
presenta resistencia suficiente contra los celos predecesores del amor.
Y tan es cierto esto que vuelto A su casa el Coronel, dando al traste con sus proyectos caballerescos se plantó frente Aun espejo, pasó con actitud enérgica la mano por sus cabellos, se atuzó
el rico bigote, tendió la pierna de un modo presuntoso y respondiendo á un pensamiento muy ínti•
mo, exclamó:
-Y después de todo .... ~por que no?
De3pués de lo cual comió con buen apetito,hizo
intenciones de leer un rato sin fijarse ni aún en el
número de la página q1;1e tenía frente á los ojos,
se acostó temprano y Hó entre sueftos una muchedumbre de amorcitos pequeiiuelos y barrigudos
ostentando cascos de bomberos y ocupados en
asar corazones en el fuego de una chimenea incendiada,

III
La seilora de Letellier no so:il.ó ní con bombe•
ros ni con húsares, pero al otro día, muy dueiia
de sí misma,.sin preocupaciones ni turbación, pensó en que tenía un vecino simpático y distinguido
con -el cual no le sería ni un poeo desagradable
entablar amistosas relaciones.
Por la portera, su única sirviente, ella había
averiguado el rango y el nombre de su vecino y
en la corta entrevista tenicta con él, pudo apreciarlo como un hombre de la mejor educación.
.A.sí pues, fuéno solamente sin espanto sino con
alegría como la joven pensó introducirlo al pequeño círculo de su sociedad, y en tanto que sacudía
con un coqueto olumerito sus chucherías de tocador, pensaba en-que algo tienen de bueno ]03 incendios de las chimeneas.
La vida había sido severa con Gabriela Silvia
de Ravel: rica, muy solicitada, bella siempre, llevó sus veinte afl.os su gran dote y su corazón al
señor Letellier, después de unos amoríos novelescos, sufridos pero no aprobados por sus padres.
El tal Letellier carecía totalmente de bienes de
fortuna y (lo que era más grave todavía) era tan
carente de dinero como de cualidades morales.
Al principio no dió í. conocer sus inclinaciones y
basta parecía sinceramente enamorado de su encantadora mujer, pero pasado un poco de tiempo
de adoración mutua, comenzó á extraftar su antigua vida de soltero y se imaginó que sería muy
grato volverá llevarla ayudado de elementos pecuniarios que en el pasado no había tenido. Aban-

�Domingo 18 de Septlembrf\ di\ lAAR

EL MUNDO,
236

el infierno en la tranquilidad que le daban sus
peinaditos, los bigotes retorcidos, la piocha termodo, su naturaleza expansiva encontraría em- minada en punta, el afre jovial y las maneras bas- árboles y sus libros? ¡Cuánta razón había tenido
pleo para los raudales abundantes de ternura que tante comunes. Tendió h mano al Coronel sin va- siempre al desconfiar de la mujer, que es el eterbrotaban de su alma, ternura que ella se negaba cilar con mAs expansión que galantería, y el seftor no enemigo de todo reposo, y cómo _ahora se _había entregado néciamente y sucumbia en el rnsá designar con su nombre verdadero.
de
Veraz
la
tocó
con
el
entusiasm:&gt;
del
perro
á tante mismo en que se creía definitivamentti venSu temperamento insinuante, ardoroso como el
sol que la lla.bút visto nacer, las condiciones de quien se obliga á chicotazos á e.travesar un cedor!
Y veía muy claro que al presente todo el mal
su vida aislada, la energía de carActer de que ha- arroyo.
-Coronel, ailadió Silvia, á quien esos detalles estaba ya hecho y que no quedaba remedio albía dado pruebas en circunstancias dolorosas, y
la confianza que tenía en sí misma, le daban un no se le escaparon, l,eotardy ya le conoce á us- guno. El mal! Al decirse á sí mísmo esta palabra,
aspecto un poco libre, una fisonomía conquista- ted mucho por todas las últimas cartas que le he probó el Coronel de improviso algo c~mo el remordimiento de un blasfemo: le pareció que acadora que habrfan inquietado á censores au:;teros escrito.
Esto lastimó al Coronel más hondamente toda- baba de ultrajar á la más adorable de las diviniy que cb.ocaoan de vez en cuando, cou las leyes vía.
De seguro que la intención de la seftora Le· dades; observó que corría por sus venas un cade la etiqueta y del bien parecer.
¿Pero á ell11. qué le importabai' No tenía comu- tellier había sido dé lo más sana del mundo al losfrío delicioso, una bocanada de calor dulce y
nicacimes más que con amigos verdaderos que pronunciar las frases que pronunció con tanta na- vivificante subió A su corazon rejuvenecido; una
y sencillez, pero la familiaridad del tra- languidez de éxtasis lehumedeció lvs ojos; ca.lió
la conocían y apreciaban en lo que valfa; y con turalidad
tamiento
dado
al recién venido ·y la noticia deque toda cólera, se desvaneció toda tristeza, desapala conciencia tranquil11, apoya.da en sus instintos
de honr11dez sabía pasar victoriosa sobre todos había estado sosteniendo correspondencia episto- recieron lo.s recuerdos de la vida real, y reclinalar con la viuda, completaron la mala impresión do en su balcón en esta noche estrellada de 111alos peligros.
Muy sencilla y muy francamente la señora de . moral sufrida por el seftor de Veraz á tal punto, yo, con las miradas errantes por las frondas plaLetellier se dijo á sí misma, que le agradaría que que se levantó pálido y crispado, y saludando á teadas nl rayo de la luna, se perdió en los
Joven, le diJO sin más preámbulos:
deliquios ·d e jamás saboreada embriaguez y entoel Coronel de Veraz volviera á verla, y como vol- la -Rue¿o
A uste l me excuse, seftora. Tengo que nó su alma iamcrtal el himno del divino amor. ...
vió justamente ese mismo día, bajo el falaz preComo haciéndole eco, un ruiseilor an los árboteuo de saber si la emoción de la víspera la ha• . hacer en casa.
Y después de una seca inclinación de cabeza á les vecinos desgraaaba su cAntico nocturno de
bía fatigado, Silvia lo recibió con cordialidad
Leotardy se dirigió á la puerta.
vigilia y de voluptuosidad.
exenta de toda afectación é hipocre~ía.
Silvia que fué á acompañarle murmuró á me1\Iás calmado al día siguiente pero no menos
El Coronel comprendió que se le aceptaba enfeliz, el seftor de Veraz tomó una gran resolución:
tre los iniciados, y que .el portero podía aftadir su dia voz:
-¿Pero qué tiene usted?
«puesto que hahía faltado á los principios de tonombre á la lista de los visitantes ordinarios de
El
Coronel respondió con frialdad:
da su vida cayendo enamorado, renegaría de
su vecina, y aún se prometió rivalizar en un fu-Absolutamente nada seftora,
ellos y les daría el golpe final casándo3e.»
turo no muy remoto con «el seftor que venía más
Y se ausentó sin dignarse volver la cara, y por
El Coronel se había distinguido en la carrera
frecuentemente que los demás.»
Ea efecto, al cabo de un mes venía diariamen- eso no vió como la sc:ftora le siguió con ojos en militar por su espíritu resuelto y la prontitud conte á las cinco de la tarde, A charlar una hora con que se pintaba la sorpresa, pero en que se veía que ponía en ejecución el partido porque se decidiera, y fiel á estos antecedentes decidió sin
la hermosa viudita ó A oírla tocar el piano, y se también algo de enternecimiento.
tarda11za que ese mismo día A la hora de su acosdejaba llevar con una perfecta simplicidad y buetumbrada visita se preoentaría á Silvia y con tona fé á la dulzura de esas relacionas, de las que
IV
da formalidad le pediría su mano.
nada turbaba la pureza ni en lo más íntimo de
Sin duda que entre nosotros, se decía el Corosus pensamientos.
-Jo~é! ....
nel,
hay bastante diferencia de edad y la cantiY no pensaba ya casi en aquella exclamación
-Mi Coronel!
que le había• brotado el día que la conoció: « Y
-Te dije que quería comer temprano. ¿Por dad de años que media me pone casi en ridículo,
pero ella está madurada por el dolor y la e:s:pedespités de todo ¿po1· qité no?» pues Silvia le había qué pues no está la mesa?
revelado lo que él no conocía ni había conocido
- .Pero mi Coronel, no son más que las cinco y rie·ncia, y yo tengo el corázón íntegro y joven
1:unca: la suave impresión de la verdadera mujer media y como mi Coronel no regresa sino des- puesto que nunca me había servido para nada.
graciosa y alegre, buena y casta. Su amistad era, pué! de las seis, pensaba yo que mi Coronel . . .. He aquí dilucidado el primer punto. Segundo
pues, sincera, intensa, pura, (así lo creía á pié
-Basta ya de Coroneles! No me agradan ré- punto, la fortuna: Silvia no tiene un céntimo y yo
juntillas el Qoronel) una amistad como de anti- plicas: he dicho que quiero comer ¿entiendes? poseo alguna cosa, y como uno y otro tenemos
guos camaradas.
Bueno ¿y q'u.é tienes tú que me estás mirando con inclinaciones modestas, y como en definitiva con
Sus ideas, sus sentimientos, sus aficiones con- esos ojos de pato espantado? ¿Por qué no te has mis rentas, mi sueldo y mí pensión de Comendacordaban en todo. Silvia se entusiasmaba al re- ido ya A la cocina? Si sigues así te pongo de pa- dor llego A quince mil francos anuales, con eso
no tendremos las comodidades &lt;le un nabab pt:ro
lato de las batallas del veterano y él se asom- titas en la calle ¿me has oído?
braba con ciertos trozos musicales que ella interEn tanto que José despavorido se dirigió á la no nos faltará. lo esencial.
Compraré menos libros porque no me quedará
pretabJ. divinamente con su alma sentimental y cocina por el corredor, entró en su gabinete hatierna. Veb.ementes los dos y un poco casados ciendo estallar las puertas, y al ver sobre la chi- mucho tiempo para leer .... Acaso se ría un pocon sus opiniones, tenían Aveces algunos cb.oqulfl! menea una estatuita de terracota, que le pareció co la gente viendo que se casa con tan linda jopero que lueg0 se traducían en aproximación, y tener una vaga semejanza con Leotardy, la estre- ven un viejo Coronel retirado, pero desafío á los
terminada la querella, ambos se apercibían de que lló contra el pavimento haciéndola mil pedazos. risueftos para que me vengan A buscar! Todo irá
habían dado un paso miis en el camino de su inEsta ejecución en efigie produjo brillante re- bien. Ella no tiene parientes ni yo tampoco con
timidad.
sultado pues alivió un poco los nervios del sei'i.or excepción de Jaco bo, pero éste quedará encanta:Marchaban, pues, en esta vía peligrosa, con de Veraz y le puso en un estado de calma bas- do al encontrarse con una prima tan hermosa sin
una igual y perfecta seguridad. Silvia honrada tante para que, hundido en su gran sillón se pu- que le preocupe la pérdida de mi herenci;l porhasta el punto de no comprender su imprudencia, siera A reflexionar haciendo su exámen de con- que es mAs rico que yo. Verdaderamente no desy pensando que el amor ya no podía existir eu el ciencia. Seguramente el descubrimiento que so- cubro grandes obstáculos. Silvia no dará ya más
mundo ní meno .. en ella ni para ellit, y el seilor brevino con este exámen era muy grave, porque lecciones de música ni tocará el piano más que
de Veraz convencido de que había llegado al col- en el instante de entrar José á comunicar que para Ini.
mo de sus ambiciones, puesto que era amigo de la comida estaba lista, el Coronel se irguió de
Esto es natural. ¿Pero le convendrán mis prosu encantadora vecina.
una pieza y encarándose con su ordenanza que no posiciones? ¿Y por qué no? Todos los días repite
Durante una de esas entrevistas, tan inocentes comprendía una jota de lo que estaba pasando que su corazón estA libre; y por linda que sea, los
como peligrosas, un campanillazo vibró en la gritó:
maridos no abundan en torno de una mujer que
puerta. La seftora de L-~tellier fué personalmen-Mil millones de centellas! se necesita ser muy tiene por única dote su hermosura.
te A abrir, y lanzó tal grito de alegría que c:l Co- animal para que á los cincuenta y siete aftos ....
No es de dudarse que ella me demuestra una
ronel se volvió alarmado, precisamente en moSin forjarse ilusión alguna, el st&gt;llor de Veraz simpatía poco cvmún, y bien cercana demás tiermento oportuno para ver á un recién llegado que acababa de reconocer que estaba perdidamente nos sentimientos.
besaba en ambas mejillas con un buen beso, fran- enamorado de la viuda. El punzante dolor que le
Pero ...... e.Y Leotardy? Veamos, veamos. Pues
co y sonoro á la duefta de la casa.
había herido al descubrir su intimidad con otro quedará de amigo, con la condicióu de que si alEste espectáculo le desagradó soberanamente. hombre, no le dejaba duda alguna sobre el estado guna vez vuelve á besarla como lo hizo ayer, le
Silvia vino con los ojos irradiantes y dijo muy real de su corazón, pues la amistad pura no codivido en canal!
animada.
noce esos arrebatos espantosos de los celos. El
A esto llegaba de sus reflexiones el Coronel y
-Q11erido Coronel, le presento á usted á mi Coronel sintió de pronto una oleada de ardiente aun conservaba en el entrecejo las contracciones
excelente amigo Leotardy que estaba ausente cólera contra sí mismo y profunda humillación que le causó la última, cuando se sobresllltó al
desde hace tres semanas y que al fin vuelve al por su debilidad demasiado cierta. Llegar á esos ruido de la campanilla tiradli con mano enérgica;
redil.
extremos á su edad ...... ! ¡Cuando se crefo ya al y aun no había tenido tiempo de formarse ideas
Encantado de sus relaciones con la señora de abrigo de las tempestades encallar contra el esco- respecto de esta visita inoportuna, cuando Silvia,
Letellier el Coronel no había vuelto á tomarse la llo evitado durante toda la vida y cuya existen- fresca y rie1tte penetró en el salón.
pena de pensar 1m «el señor que venía con más cia real hasta se llegó á negar!
-Soy yo, yo misma amigo mio, exclamó alefrecuencia que los otros,» nunca lo había enconLo cierto es que si se hubiera querido probar gremente viendo el aspecto azorado de su huéstrado en la casa y su apaúción súbita (porque no al veterano que después de treinta y ocho ailos de ped y tendiéndole las dos manos, y he venido á
dudaba ni un sólo instante que este era el amigo servicio, ignoraba los principios de la equitación saludar Austed y á darle mis excusas anticipadas
privilegiado) le causó una impresión dolorosa y el manejo de las armas, no habría sentido más porque esta tarde no voy á esperar su visita
agravada por la recepción entusiasta que le hizo sorpresa ni mAs indignación de los que experiá la hora de costumbre.
Silvia,
al descubrir su amor.
Se limitó por consiguiente á inclinarse con una mentó
(Concluirá,)
En aquellos momentos aborrecía furiosamente
frialdad acompasada, y fijó en Leotardy una mi- á la eell.ora de Letellier, tanto, que no podía conrada que nada tenía de tierna.
solarse de amarla. ¿Qué demonios había venido
Era este un buen muchacho, robusto, de unos á hacer atravesAndose en su camino y metiendo
cul\renta años con los cabellos demasiado bien

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Domingo 18 de Septiembre de 1898

2ll7

EL MUNDO

PAGINAS DE LA MODA

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Fig, :c.- Traje de otoño.

�EL MUNDO

238

Domingo 18 de Septiembre de U191S

EL MUNDO.

casamos, era empleado en la dirección de loe Archivos Nacionales, tenia una cátedra en el Colegio de
Franela, y reunJa loe materialee de su Historia de la
Revolución.
Neeteariamente debíamos vivir ccn mucho orden
para tanto trabajo. Sti levantaba él cuando amaneela, y estaba eecribiendo hasta la hora ilel almuerzo;
eran las horas sagradas que nada debla turbar; yo le
vigilaba cuidadosamentti, porque él no' era de esos
obreros de las lttrae extrañas á. eu producción; entre•
gaba todo entero á su obra, la sentla, la vivla. 11Escribo-decla-con mi corazón II y cuando suspendla
su trablfjo quedaba muy excitlldc. Poco á poco iba
calmándose, almorz&gt;ibamos, y salla en dirección á su
archivo paseando antes un poco por las calles de este P,uie tan querido.
A las cu11tro volvía. Era necesario que me encontrara 11qui; mi aust'ncia le producla tan mala impresión, que un dia escribió sobre un papel de su mesa:
"di no puedo estar sin ella un cuarto de hora ¿qué se
rá en el tiempo infimto en que no la tf'ndré conmigo?
La tarde la pasaba en eeucillae di11tracciones. Venia tal cual amigo ó discípulo á consultarle, á hablsr
con él y oírle leer lo último que habla eFcrito, porque
él consultaba con todos. Por e~te gabinete han pas11do Renán, que venia mucho, Taiuf', Lamartine, Be•
ranger, Th1ers, Edgar Quioet, todas las glcrias de la
Francia liberal y también la generación nueva. Nuee
trae reuniones quincen,des no eran ceremoniosu.
El carecla de ese orgulloso estiramiento insoporta ble en que suelen dar 11,e notabilid11deh¡ en vez de estar sP-paradoe los hombree de las mujeres, é,itas juu•
to al piano, aquellos rodeando al dueño de la casa en
sitio aparte, doude ¡:.udieran fumar y decir mil atro
cidadtie mientras las damas dei.trPzarlan al próximo,
hablando al mismo tiempo de modas, la conversación
era. aqui única y general. Cred que la separación de
sexos ha m11tado til esplritu en lu conversaciones....
No mucho tiempo d~spuée de casados, el Im~erio
quitó á mi e~poso loe dos recursos d -, gan,.rse nuestra vida. La cátedra de moral y de historia y el destino en los archlvo11; era la venganza de la reacción.
Yo, caballero. no tenia patrimonio ni dote, y fué ne
cesario reducirnos, salir de Paria y habitar cerea d,i
Nantes en un rincoocito Ignorado, una ca~ita con su
;ardln de cierto comerciante que, mu.v entusiasmad-&gt;
con albelgar al maestro no querlacobrarnos PI alqui ler. Ali! concluyó su Hütoria de la Rem;lución y e~crlbió algur.o d.e sus libros que tanto éxito han me•
recido.
-¿Ee cierto que vos, señora. habeis escrito El Pájaro. esa .obrita belllsima tan querida por las almn

Fig. 2.-Traje parisiense de calle.

1

Lectura para las damas

LA VIUDA DK MlCHELET
Todavla existe, retirada del bullicioso Paris y en
medio do loe recuerdos del maestro, que conserva como una sacerdotisa, en la misma habitación-santuario en que él habla pasado gran parte de eu vida.
Alli ha sido ahora visitada por Adolfo Brisson, que
nos refiere la interesante conversación que ambos
sostuvieron.
Madame Michelet ocupa en la calle de Aseas el mis•
mo piso que ya hablan hecho célebre las reuniones
quincenales intimas y amigables, donde rl'lunia su
marido á lo más selecto de los pensadores franceses
Todo conserva aún el aspecto anticuado, el glll!to
de aquel tiempo, y parece que el grande hombre v11
á presentarse de pronto entre aque1los cuadros, aquP
Hes muebles, é_poca Luis Felipe, y á sentarse en b
mesa de tr&amp;baJo.
La calle es silenciosa, la habitación retirada, como
viene á un artista ó un sabio; se respira alli el ambiente de una grandeza serena y el perfume de gra
tisimos y gloriosos recuerdos de un pasado que aún
tiene algo de presente.
En medio de este marco apareció la figura que más
lo embellece.
Ee admirable, dice el cronista parisiense, la semejanza ehtre el rostro de aquella mujer y el de Micht let. se·a esto obra de la naturaleza ó de cuidadoso
intento, de cierta coqueterla, ello es que los dos se
parecen.
Ella tienti los cabellos completamente blancos y no
los lleva trenzados, smo libres y flotar.tes al rededor de su cabf'za, formando loe bucles una especiA
de aureola _que contribuye á virilizar los rasgos de la
fisonomía. U4a expresión de bond.ad atempera al mismo tiempo este aspecto y harmoniza su conjunto.
La mirada es un tanto velada, la .boca tiene cierto.
expresión de melancolia eu11ndo no se dibuja en ella
una sonrisa. Madame Michelet es de origen meridional, y no ha perdido ni el acento ni el humor de su
país; cuando habla es grave y reposada, pero no sin
cierta agudeza, con sus toques de o-racioea ironJa.
Se ve que su belleza ha sido tan notab1e como nos refieren loe que la vieron en su esplendor y qua conserva la gracia y el encanto que siempre la rodearon.
-Dispensad.me-dijo al presentarse con los ojos
humedecidos por las lágrimas y sentándose en un diván -los preparativos de estas fiestas en honor de
mi esposo, me e_mocionan mucho ¡y despiertan en mi
tantos recuerdos! Me p ..rece que van á celebrarse de
nuevo sus funerales.
-Vengo, señora, á hablaros de él,
Enju,:ose la dama sus ojos, y durante largo rato la
conversación versó acerca del grande hombre. Expresábase la viuda con elocuencia y vivacidad ineomp_arables.
-Hace ya veinticuatro añoQ que le he perd:do, y
ni un momento dejo de tenerlo presente, vivl' con su
pensamiento, y todo me le recuerda ...•..Cuando nos

Definiciones.
¿~ué es un médico?
Un hombre que hace reir á la muerte.
¿Qué es un ebcribano\
Un hombre que tiene patente para ser
ereido.
¿~ué es un maestro de escuela?
Un hombre que, para ciertos gobiernos,
pertenece á la familia del camaleón.
;.Qué es un procurador?
Un hombre que está encargado de darle
fuego á la meena.
;.&lt;,¿ué es un banquero?
Un hombre destinado á recibir sonrisas
mientras n-o quiebre.
;.Qué es un comerciante?
Un hombre que tiene fijas las mlraó.ae en
las necesidades de loe demás.
;.Qué es un poeta?
Un hombre que no tiene una peseta en el
bolPillo y se cree más rico que Creso.
¿Qué ee un cochero de alquiler?
,
Uu hombre que le da "cuero" al caballo
~ que lo mantiene.
. ;.Qué es un cajista?
~
Un hombre lnsopo1 table cuando está. pidiende "material."
;.Qué 68 un barbero?
Un hombre que inspira gran confianza á
loe demás.
;.Que es un botic11rlo?
Un homi&gt;re que ha descubierto la piedra
filosofal.
¿Qué es un gacetillero?
Un hombre que tiene rabia
cuando no hay asunto de qué
tratar.

FJg. :i.-Grupo de sombreros.

::l!;LCA.LDO

FJg. 3.-Traje de calle. lJltlma novedad.
¡Qué recuerdos, caba'lerf', qué recuerdos! El año
que viene hará medio siglo que nos casamos. Ahl tengo sus cartas de novio; puede leerlas todo el mundo;
las lePréis vos:) a veis-añadió, al terminar la conversación, que iba tomando cierto tinte de tristeza;-ya.
vele que empezó para él Jo qne un di1&lt; habla llamado
el tiempo infinito. que estarla lejos de mi. ..... ¡Ah,
yo le temia t11nto como él. pero todo llega al fin! Diosas! lo quiere ..... .

Las desocupadas de Paris son las reinas de 111 coquetería; ella11 imponen la moda, ellas inventan la belleza.
Por eso una parisiense, muy preocupada en engañar al pobre mundo. ha eneo11trado una nueva aplicación de la geringullla Pravaz.
Se acabó ta morfinomania, pasó de moda la inyección del soporifero alcaloide, y hoy las el~ga1.1tee se
inyectan bajo la piel lol! má.s exquisitos perfumes que,
dan á las Evae del paraiso parisiense el aroma y la
falaz 11parienc:a de la rosa, de la violeta y de la tuberosa viviente.
Otra colaboradora de la belleza ha imaginado un
aparato para fabricar esos hoyitos coquetones y tentadores que tant11. gracia dan á una mejilln, esa hoyito que llamaba Heuri Reine en su Intermezzo la cuna
de Cupido.
Hay que sufrir para ser hermosa, como hay quepa•
decer pc,r ser fea.
Las antiguas cortesanas sabían ya lo mucho que
costaba el asegurarse todas las gracias y la primtra
que. por parecer la que no era, ee resignó á pone, se·
en la cara durnnte la noche la carnti fresca de ter•
nf'ra, liquella era una herolna.
Pero por muy advertidos que estemos sobre los es•
pedientes de la qulmica y vor muy dulce excepticirimA que pongamos en la celebración dtil milagro de·
la belleza; estas divulgaciones nos deeene11nta11 y 0011
hacen mirar con lástima todo aquello que debiérlimte
adorar.
Las pobres mujeres que hacen tantas maravíllAs.
que leen ansiosas la cuarta página de las revistas de
moda. que sufren mil privaciones por procurare" una
pomada ó un elixir, esas mujeres ee consideran recompensadas si consiguen un rasgo de belleza.
Una vez que han eoneeguido poner sus cabel1011 A,.
la moda, cuando han estudiado una sonrisa, estirado
una arruga y cuando han triturado deliciosamente ..1
artificio, entonces podrán considerarse diguae dó
cualquier mentecato ó de cualquier insolentti.
Pero en ese lote tan encantador no encontraremosc
ni una siquiera que se preocupe de lo má.1 esencial.
Cloé, hermosa y poeta, hacia su rostro bello; pero
no sus versos.
Las Cloé de hoy embellecen su cara, pero no hermosean su eorazón.

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•

Una de las caractl'risticae de la moda actual es la
de ~d?ptar una multitud de fantasiae y no abandonar
casi nrnguna.
Por esta eerianos muy dificil decir algo de todo lo
qqe constituye la elf'gancia femenin1l.
Al lado de cosas 9ue datan de ayer. vemos otras
que son ya muy antiguas y que, biD embargo. sig11en
estando á la moda y son muy apreciadas.
Esto sucede, por f'jrmplo, con 1~ blusa que después
de tres años de existencia, cada vez se lleva'más.
Hácese mucho f'n seda ePcoePPa ó pekinada con
fruncidos y con canesú de difert'nte color.
'
En este caso la faldn será de pañetel;gero color azúl
porcelana ó zafiro unido.
Tam~ién _suelf'n adornarse las faldas y Jae blusas
con cut1 ó piqué blanco, sobre todo si se trata de una
blusa color rosa ó a;,úl. Las mangas se llevan estrech11s.
Con estas faldas se lleva el sombrero llamado cape)ine_ he~ho con paja de I~lia y con las alas un tanto
mchnadas por delante.
Las corbatas á. la ruoda no son tan o-randes como
e~an antes y parece haberse adoptado fa fria. coirece1ón del cuello y la corbata masculinos.
Se llevan mucho los eha 1ecoe bajo las elegantes chaquetas de sastre.
La forma del chaleco es Luis XVI y ee hacen de
seda con 1ayados verticales.
Estos chalecos sientan muy bien con toda clase de
faldas.

LA CIENCIA Y EL HOGil

Exoti8mol!!J parisien@les.

-~:,;J!rJ

FJg. 9-Toqueta friToliun.

Modas parisienses.

sensibles?

-No hice más que ser colaboradora, como en otras.
La idea, ciertamente, fué rola.
Habla él qued.ado muy fatigado al terminar la Historia. y sabiendo yo que no podia estar ocioso, bur,qué un trabajo sencillo que Je distrajera. Los pajaritos. que nos deleitaban cantando sobre nuestros árboles del jardín, me sugirieron la idea que le corr,uniqué: él escribla, yo aglomeraba loa materiales y
consultando obras de historia natural, anc,tando datos, ideas ....

239

Polio y Labit dicen dl'l caldo: No queremos perder
el tiempo en los debates que ha motivado til valor de
la carne hervida. pues tod.o el muudo reconoce hoy
que este deplorable modo de utilización de la carne
no resulta compensado por al valor del caldo, con sus
16 partes pOfo de materia orgánica no proteica. Esta- ~
mos conformes con ver en el caldo un peptógeno y
que en este sentido permite atiborrar los órganos digestivos con una gran cantidad de pan, pero fuera de ,
tista utilidad efectiva y real, conveniente para algu- tíl'liiA~~~
nos estómagos que necesitan semejante repleción, no
ofrete otra alguna dP verdadera importancia. Por ee- (
ta razón, sólo empleamos el caldo á titulo de estimu- ¿_
laute del estómago, de alimento de lujo que puede l'i
usarse útilmente 111 principio de las comidas y como
medio de abastecer la economía de cierta cantidad de
sales, principalmente del fo~fato de cal de las partes

os,as.

Nos llama la atención que eetoe ilustrados facultativos, omitan que el fosfato de cal de la11 partes oseas
es insoluble en el agua y que en caso de obtener un
fostato seria el que ee encutintra en la sangre, disuelto á favor del ácido carbónico, ó el que entra en la
composición de toda célula. Es verdad que el fosfato
de cal se elimina por las orinas, pero es al estado de
fosfato ácido ó monocálcico, que de las tres especies
de fosfatos de cal es el único soluble en el agua.

Fig. 6.-Traje de nanstí para calle.

PROCEDIMJENTO PARA CONOCER SI UN ARBOL
ESTÁ SANO Ó PODRIDO.

Fig. 4..-TraJe de paseo.
Fig. 7.-Sombrero polar.

Dice una revista técnica que á fin de evitar la11
disputas que á menudo B&lt;&gt;brevienen entre el vendedor
y el comprador. cuando el árbol vendido como sano
está podridol se recomienda el eiguienteproced.imiento: el vendeaor y el comprador, acoIX1pañados de tes•
tigos, se trasladan al bosque; uno de ellos aplicará
fuertemente el oido contra un extremo del tronco,
mientras el otro golpea en el extremo con la cabeza
de un clavo. Si el árbol es bueno, la persona que escucha en un extremo percibirá distintamente el golpe pegado en el otro; si, por el contrario, el árbol está averiado, el sonido no ee transmitirá por interceptarlo la podredumbre.

�•
1':L MUNDO
..1;:;898_,_
--------------------------~W:!!!.!:!!!2.------:----------Do~m!!!!;ln~,r~n.:,.,::18;.,::d::.:;•S:::•tr:::tl,::•m;:;;:b;;,r•_d;:;•

-"4~.

FIG, 4.-TRA.Jl!l D!I PABBO,

•

Ea de ronlard de satin azul obscuro, con gran aplt~ación a!t!n:1f:~~°aª u!:.
seda ornada de galones tn la falda. En Pl cuerpo\ a mu
id
uu
eleg~nte capE:llna alternadK con encaje blanco y igeros frunc os en
plastroncito que roJea el cuello.
FIO 5.-GRUPO DE SOMBREROS,

• Damos tru modPlos dfl los que se halJan mas en bog!' en la actu~lidad.
El prtn'lno es de paja de Francia con se~cilla aplica]1ón de mu ~e;~b1ld~Y~
lumas El ae~undo tiene unas hermosas alas de pa oma emp 1 d
:rados'amente. El tercero es de una admirable SPl!clllez. Dos plumas e avesuuz forman el frente, uniéndose en un broche ch:foné de raso.

TOMO JJ

MEXICO, SEPTIE1111RE 25 DE 1898

FIG. 6. -TRAJE Dlt NANSÚ PARA CALLE,

Es de una gran elegancia. Sobre un frente pliPeé A gra.ndf\f~i~~uesut~!
casacón bordado, cortado en áng1;1losyorl_addo, ast comdf~ d~ dos hefillas
hechas de finos fruncidos. Dos pns11Jas unt as por me
,
atan las alas de la casaca.
FJG ?.-SOMBRERO POLAR,

LAS FIESTAS DEL 16 DE SEPTIEMBRE

•

PªJb

Sombre"o para señorita de un aspecto muv parisiense En
azul, gu~necido de· alas azules de dos tonos, la una clara, la otrt dmb b~e s~ub~rle d:
dos plumas de avestruz igualmente Azul. La una aco&amp; a a so
. d
la falda, á la izquierda¡ la otra rJgida en medio del delantero, tiJa a eu un
enorme pliegue de aatin antiguo azulado.
FJG. 8,- SOMBRERO COLO}IBJNA,
SombrerC'I para señorita en psij11. de arroz blanca, levantado hacia adelante. Calota rodeada de una' corona de ros11.s blancas. Sobre la part¡ de la t¡tda levantada una pnloma blanca CU\'&amp; cllbMita toca los cabeJ os con coa
de pa 1·aiso bl~nco y pligue de moir b·l anco á la izquierda de la paloma, cerca
de los cabellos.
FIG 9.-TOQUE I A FRIVOLINA,

Toqueta de dama de efü1.d medlaoa, toda de tul negro drapeado Y levanta:
?A.
do, la izquierda con un manojo de jacinto!\ rosas de much?s toll:s, :~;mpa
~
ñados de un penacho de follajes surtidos. Un poco was hacia atr se I onea•
,id., d.o de tul malinas negro.
FIG, 10-TOILHE PARA CARRJJRAS.

Es de grRnadina azul, sobrn trasparente de ta fetén malva. L"- falda tallada
de unll sola piezll e~tá. ornada de tres grupos de pliegues bordados
El cuerpo y J;111 mangas esUn ornados de los mismos pliegues pero en diagonal El delantero del c&lt;1rpiño Be abre sobre un pequeño.plastrón b~rdadoi
Toqueta de paja ornada de plumas malvas y de t:.n fruncido d~ tafet n azu •
FIG.11 .-TRAJJ!I PARA. CARRUAJE.

Gran paca de sarga blanca redondeada delante y cerrada de Jado J!ºr tres
presillas muy simpleP. Gran ~uello redondo, oruado como los b_ordes e ~a
. pa de cinta de &amp;dda. Forro de surah de color. Sembrero canohér en p8Ja 8
trigo, ornado de rosas y de dos •las cambiantes

d.

Flg. 10.-Tollette para carreras.

.U..t,,;CALOG-0 HIGIENICO.

---

11Los periódicos hi,1,d.é nicos de Lóndres no cesan dt'I predicar al público que siga sus
laudables preceptos. Pua dieminuir cen una mitad/ 1 dicen. Ja mortalidad, bastaria con
observar
el siguiente decálogo higiénico:
O
I Limitar el consumo ád la. carnt,, proscribiendo por completo la de puerco.
2 ° Substituir el pan blanco de harinA. por el de harina de trigo molido con cá.scara.
Este precepto ha obtenido tanta aceptación, que al pa110 que va aumentando el desarro•
llo de la venta de pau de esta clast, i:1e puede dar por desterrada la coatumbre de comer
pan blanco.
3° Comer de postre mucha fruta madura, lo más recién cogida posible . .
4° No desayunarse con cllfA ni té puro, sino con cacao ó una ligera infusión de té.
5º Dará los niños, al levantaree. una taza de caldo de b.arina du avena bien cocida y
mezclada con leche hervida también, pues la lechH sin cocer es dificil de digerir y de
asimilara e con alimento,
,
6º Reducir A lo estrictamentft neceaario toda bebid&amp; alcohólica, y mejorar más aún,
(Uprimirla por completo si es posible.
7° DeanudHrse por completo al acostaree, quitándose cu&amp;ntRe prendas se han llevado
puestas durante el dla, volverlas al revéd y sacudirhts y colgarlas.
8º Quitarse, Hl levKntKrse, la ropa con que se ha dormfdo, volviéndola también &amp;l
revés y colgándola cerca ae una ventana abierta.
!:Jº Lavarse todos los diaa, tii no es posible bañarse con agua fria ó templada, frotándose con un cepillo ó eilponj11. y jabón ordinario.
10º No dejar de abrir la vent&amp;Ull del cuarto de dormir.
Asi como el pan moreno ha sfdo recibido con favor increlble, IR. supresión de las bebidas alcohólicas y carne de puereo encuentran viva resistencia, porque contraria hábi•
toe a::raigados desde muy antiguo é intereses que saldrían perjudicados con la reforma.

l

Nuestros Grabados.
FIG. 1 -TRAJB DE OTOÑO.

Este traje muestra ya las fautasias reinames que li, moda nos promete p11ra la estación que se inicia, Ed de Ascosés de seda, sin tramos de colores, alterna&lt;10 con bandas
blanctts, que bord'.Jo ht faJda y ascienden por ella forméndole una elegante alR y que en
el jaquet, muy ajustado, forman sencillos galones y dos especies dejuck~ys en las mangu. Cuello americano. Corbata de muselina de seda obscura.
FIG 2 -TRAJE PARrSIENSE DB CALLE.
Es de tafetán clRYel, con .. plicaclón completa de bloeda blanca en bandas y dibujos,
dejando en el frente de IR blda un elegante t11.blero sin bandas, de mucho gusto. Cuerpo•
blusa abierto sobre un plfssé de mus6hna de seda lleno de fruncidos en b1u.. das horizon•
tales y mosn.ando un ptastronclto ligenmente pli88é.

CW!a del Sr. de Teresa, en la esquina de lllercaderes.-La A.-eulda de Plateros.

FIO. 3-T~AJB DB CALLE, ÓLTill'A NOVBOAD,

Es de satln hoja 11eca con plena aplicación de punto de Venecia dibujado de bandas
y rosetones. Cuerpo-blusa abierto aobre un eleganteruchede muselina de seda blanca
avolantad&amp;.

Flg. JJ.-Trale para carruaje.

•

NUMERO 13

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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1':L MUNDO
..1;:;898_,_
--------------------------~W:!!!.!:!!!2.------:----------Do~m!!!!;ln~,r~n.:,.,::18;.,::d::.:;•S:::•tr:::tl,::•m;:;;:b;;,r•_d;:;•

-"4~.

FIG, 4.-TRA.Jl!l D!I PABBO,

•

Ea de ronlard de satin azul obscuro, con gran aplt~ación a!t!n:1f:~~°aª u!:.
seda ornada de galones tn la falda. En Pl cuerpo\ a mu
id
uu
eleg~nte capE:llna alternadK con encaje blanco y igeros frunc os en
plastroncito que roJea el cuello.
FIO 5.-GRUPO DE SOMBREROS,

• Damos tru modPlos dfl los que se halJan mas en bog!' en la actu~lidad.
El prtn'lno es de paja de Francia con se~cilla aplica]1ón de mu ~e;~b1ld~Y~
lumas El ae~undo tiene unas hermosas alas de pa oma emp 1 d
:rados'amente. El tercero es de una admirable SPl!clllez. Dos plumas e avesuuz forman el frente, uniéndose en un broche ch:foné de raso.

TOMO JJ

MEXICO, SEPTIE1111RE 25 DE 1898

FIG. 6. -TRAJE Dlt NANSÚ PARA CALLE,

Es de una gran elegancia. Sobre un frente pliPeé A gra.ndf\f~i~~uesut~!
casacón bordado, cortado en áng1;1losyorl_addo, ast comdf~ d~ dos hefillas
hechas de finos fruncidos. Dos pns11Jas unt as por me
,
atan las alas de la casaca.
FJG ?.-SOMBRERO POLAR,

LAS FIESTAS DEL 16 DE SEPTIEMBRE

•

PªJb

Sombre"o para señorita de un aspecto muv parisiense En
azul, gu~necido de· alas azules de dos tonos, la una clara, la otrt dmb b~e s~ub~rle d:
dos plumas de avestruz igualmente Azul. La una aco&amp; a a so
. d
la falda, á la izquierda¡ la otra rJgida en medio del delantero, tiJa a eu un
enorme pliegue de aatin antiguo azulado.
FJG. 8,- SOMBRERO COLO}IBJNA,
SombrerC'I para señorita en psij11. de arroz blanca, levantado hacia adelante. Calota rodeada de una' corona de ros11.s blancas. Sobre la part¡ de la t¡tda levantada una pnloma blanca CU\'&amp; cllbMita toca los cabeJ os con coa
de pa 1·aiso bl~nco y pligue de moir b·l anco á la izquierda de la paloma, cerca
de los cabellos.
FIG 9.-TOQUE I A FRIVOLINA,

Toqueta de dama de efü1.d medlaoa, toda de tul negro drapeado Y levanta:
?A.
do, la izquierda con un manojo de jacinto!\ rosas de much?s toll:s, :~;mpa
~
ñados de un penacho de follajes surtidos. Un poco was hacia atr se I onea•
,id., d.o de tul malinas negro.
FIG, 10-TOILHE PARA CARRJJRAS.

Es de grRnadina azul, sobrn trasparente de ta fetén malva. L"- falda tallada
de unll sola piezll e~tá. ornada de tres grupos de pliegues bordados
El cuerpo y J;111 mangas esUn ornados de los mismos pliegues pero en diagonal El delantero del c&lt;1rpiño Be abre sobre un pequeño.plastrón b~rdadoi
Toqueta de paja ornada de plumas malvas y de t:.n fruncido d~ tafet n azu •
FIG.11 .-TRAJJ!I PARA. CARRUAJE.

Gran paca de sarga blanca redondeada delante y cerrada de Jado J!ºr tres
presillas muy simpleP. Gran ~uello redondo, oruado como los b_ordes e ~a
. pa de cinta de &amp;dda. Forro de surah de color. Sembrero canohér en p8Ja 8
trigo, ornado de rosas y de dos •las cambiantes

d.

Flg. 10.-Tollette para carreras.

.U..t,,;CALOG-0 HIGIENICO.

---

11Los periódicos hi,1,d.é nicos de Lóndres no cesan dt'I predicar al público que siga sus
laudables preceptos. Pua dieminuir cen una mitad/ 1 dicen. Ja mortalidad, bastaria con
observar
el siguiente decálogo higiénico:
O
I Limitar el consumo ád la. carnt,, proscribiendo por completo la de puerco.
2 ° Substituir el pan blanco de harinA. por el de harina de trigo molido con cá.scara.
Este precepto ha obtenido tanta aceptación, que al pa110 que va aumentando el desarro•
llo de la venta de pau de esta clast, i:1e puede dar por desterrada la coatumbre de comer
pan blanco.
3° Comer de postre mucha fruta madura, lo más recién cogida posible . .
4° No desayunarse con cllfA ni té puro, sino con cacao ó una ligera infusión de té.
5º Dará los niños, al levantaree. una taza de caldo de b.arina du avena bien cocida y
mezclada con leche hervida también, pues la lechH sin cocer es dificil de digerir y de
asimilara e con alimento,
,
6º Reducir A lo estrictamentft neceaario toda bebid&amp; alcohólica, y mejorar más aún,
(Uprimirla por completo si es posible.
7° DeanudHrse por completo al acostaree, quitándose cu&amp;ntRe prendas se han llevado
puestas durante el dla, volverlas al revéd y sacudirhts y colgarlas.
8º Quitarse, Hl levKntKrse, la ropa con que se ha dormfdo, volviéndola también &amp;l
revés y colgándola cerca ae una ventana abierta.
!:Jº Lavarse todos los diaa, tii no es posible bañarse con agua fria ó templada, frotándose con un cepillo ó eilponj11. y jabón ordinario.
10º No dejar de abrir la vent&amp;Ull del cuarto de dormir.
Asi como el pan moreno ha sfdo recibido con favor increlble, IR. supresión de las bebidas alcohólicas y carne de puereo encuentran viva resistencia, porque contraria hábi•
toe a::raigados desde muy antiguo é intereses que saldrían perjudicados con la reforma.

l

Nuestros Grabados.
FIG. 1 -TRAJB DE OTOÑO.

Este traje muestra ya las fautasias reinames que li, moda nos promete p11ra la estación que se inicia, Ed de Ascosés de seda, sin tramos de colores, alterna&lt;10 con bandas
blanctts, que bord'.Jo ht faJda y ascienden por ella forméndole una elegante alR y que en
el jaquet, muy ajustado, forman sencillos galones y dos especies dejuck~ys en las mangu. Cuello americano. Corbata de muselina de seda obscura.
FIG 2 -TRAJE PARrSIENSE DB CALLE.
Es de tafetán clRYel, con .. plicaclón completa de bloeda blanca en bandas y dibujos,
dejando en el frente de IR blda un elegante t11.blero sin bandas, de mucho gusto. Cuerpo•
blusa abierto sobre un plfssé de mus6hna de seda lleno de fruncidos en b1u.. das horizon•
tales y mosn.ando un ptastronclto ligenmente pli88é.

CW!a del Sr. de Teresa, en la esquina de lllercaderes.-La A.-eulda de Plateros.

FIO. 3-T~AJB DB CALLE, ÓLTill'A NOVBOAD,

Es de satln hoja 11eca con plena aplicación de punto de Venecia dibujado de bandas
y rosetones. Cuerpo-blusa abierto aobre un eleganteruchede muselina de seda blanca
avolantad&amp;.

Flg. JJ.-Trale para carruaje.

•

NUMERO 13

�EL MUNDO

242

LASEMANA
Los italianos residentes en Mexico, celehraron
su gran aniversario patriótico: la toma de la ciudad de Roma por las fuerzas unificadoras de Víctor Manuel.
La elocuente palabra dPl Sr. Ministro de Italia evocó ante sus comp11triot11s la época tormento;a de Víctor Manuel y ht epopeya de su reinado, fértil en aza:tlas.
Tres hombres tres audaces hicieron la unificación de Italia: Víctor Manuel, Oavour y Garibaldi.
Violento es el contraste entre ellos, tipos diversos, unidos al golpe de una misma fuerza, para completarse y repelerse, pa:&gt;1 encontrar. en el
fondo mismo de sus antagómMs tendencrns, la
final resultante de una acción diversamente comprendida por cada uno de ellos.
/IIW

Víctor Manuel es el representante de los intereses dinásticos. Como Federico II, como Pedro,
como Luis XIV, vive y combate por el é'n?~andecimiento de sus dominioil, y fiel á su ambición,

Pero en est!I. estupenda tragedia, Garibaldi es
la pasión, el genio y el heroísmo.
.
Congénita robustez orgánica y hábito de las
batallas, de los estragos, de la sangre ~umana y
junto con esa férrea robustez y_es~ hábito de toda su vida una bondad de sentimientos tan expansiva, t~nta riqueza de afectos deli~ados
que no sabemos-dice Ferri-si deb~ ~dmirarse
más su genio -iateleetual ó el predom1010 del sentimiento que es la floración más hermosa, más
noble, más fecunda de la vida humana.
Es patético el contraste que aparece en sus
memorias entre el terror trágico de la guerra
y la armonía de los espeetlleulos de la naturnleza; entre la rabiosa pasión de los homb_res y el
so~iego solemne de ~as cosas. Y esta poesia de las
cosas no es romanticismo estéril, sino fuerte aentimiento viril y religioso, que no excluye de sus
contemplaciones á la humanidad dolorida y esclava.«Hermosa noche la del gran proyecto, tú hablab11s al corazón de mis valientes con li. armonía
indt·finida, sublime con que los elegidos sienten
en el espacio azul la presencia de Diosl Y o he
sentido aquella armonía todas las noches, se~_ejantes á las de Reggio, Volturno, Quarto: quien
duda de la victoria cuando empujado por el deber y la conciencia corre á la muert~ sintiendo
su proximidad como el beso de la muJer amada?»

Domtngc 25 de ~tlembre de 1898

Su JiaJestad la Emperatriz d~ A.ustria.
Asesinada en Ginebra por uu anarqwsta.

,w

Y ese primitivo hecho para la acción y en ella
prematuramente sazonado su temperamento para
las grandes aventuras del mar y de la guerra,
gallardo y generoso, poético en to~os sus actos,
amó fo libertad, como am_ó ,\ la muJer, con t_ern~ra romántica, y A la naturaleza, esa maga msp1
radora de ensue:tlos.
Fué grande entre los grandes por el sentim!~nto -desde los delicados matices del amor hhal
h¡sta los generosos conceptos de la redención
humana.
Tuvo en su vida el poder magnético de los profetas sobre sus contemporáneos, y la fe y el fatalismo de los iluminados; por eso dejó como he•
reneia, ideales fecundos y el modelo perfecto de
su grandeza moral.
Víctor l\lanuel y Cavour, crearon la unidad de
Italia: Garibaldi dió al alma italiana perfumes de
virtud y un semidios del culto cívico ....
/IIW

Ilmo. Sr. D. F;-rtino Hip6llto Vera,
Obispo de Cuerna.vaca.

+ el dia 22 del presente.
emplea todos los me~i~s; pero ~obre todo uno:
pone su cetro al servimo de_ la libertad. Y _aquella Italia 1 impotente y humillada en Venecia, fanática en Roma, explotada en Nápoles y Sicilia,
tiene en Piamonte libertades amplias, asíduamente conquistadas por el trono para un pueblo en
el que hierven todos los sent_irr_iientos_ h_umanitarios de la revolución y el v1eJo patriotismo que
despierta. Víctor Manuel es el jefe supremo del
Res01·gimento.

,..

Cavour es el estadi,ta. Audaz, vi0lento; pero
no sue:tla como Garibaldi ni titubea como Víctor
Manuel. Es constante, reflexivo y voluntarioso.
Conoce todas las fecundas maniobras que la in. triga y la paciencia desarrollan, sin l~ temeridad
que pierde ni la vacilación qu_e claudica._ .
De muy lejos traen sus sabios procedimientos
resultados que sólo una previsión maquiavélica
puede adivinar: alianzas por ~edios indireet?s y
por medios indirectos también, fuerzas activas
para el trono y universales simpatías para la nación
.
.
Su presencia en el poder es una autondad: ~ntimida á Napoleón, reprocha al rey sus concesiones en Villafranca y desaprueba las aventuras
de Garibaldi.
Cuando muere, deja como testamento su fórmuhi de liberalismo y de patriota: "F'rate, f1·ate,
libera chiesa in libero stato." La Iglesia libre de~tro del Estado libre no es el anhelo de todo espiritu en nuestros días?

Sobre esa vía luminosa de recuerdos que se
compl11ee en seguir nuestro cansado corazón, en
los cielos de la historia, quedan aún los últimos·
fulgores de las fiestas patrióticas.
¿Y qué es en suma el patriotismo para los hijos de la Reforma, en este vasto campamento de
trabajo, que levanta la paz sobre nuestras lliinuras y &lt;\ la orilla de los mares ru_mo~osos~
Ya lo habeis oído. En los labios Juvemles que
dijeron al pueblo el evangelio de su redención,
no hubo frases amargas ni odios para nadie. El
verbo, el puro verbo de la libertad y del progreso, hizo caer como lluvia de agua lustral el sitrsum corda de la esperanza.
No tienen razón los que acusan á la juventud
h11eiéndola justiciable de exeepticismo y de esterilidad.
No! la juventud espera animosa su turno para
robustecer en la pacifica brega, los ideales que
salvó del uaufragio la mano de los paladines.
La voz de los fanatismos se ha apagado en la
tiniebla del ayer tumultuoso.
Sobre las frentes elegidas resplandece la luz de
una aurora nueva.

,..

Rosentbal, el mAgico del genio musical, anuncia una trip artística por nuestra patria.
Su técnica es,-sin hipérbole,-maravillosa ysu
poder de interpretación ha enloquecido ~ las damas y dilettantti de NP,w-York. Flores y Joyas se
desprendían de las toillettes de las se:tloras para.
caer á los piés del pianista.
La muerte de Paderewski es ya completa en
la admiración cié losnorte -americanos; Rosenthal
es de hoy más el único, el perfecto.
Lo oiremos? El desea venir A nuestro país y
espera la decisión de nuestro público para ponerse en camino.
Rosenthal es una de las maravillas del mundo
artístico, algo así como Irving y Litiz. Su presencia en México será la realización deun hermoso sue:tlo pnra los fieles del arte. Que no sea triste decepción el despertar.
Dick.

,outtca ®tntrtti.
RESUMEN.-La alianza anglo-alemana.-Sus problemá•
tlcas tenilenc.as. -Sn alcance y objeto. - Las dlflcul•
tades que á ella se oponen. -Odtos de raza.-El asun.
to Dreyrus. - Dos ministros que dimiten.- .Nuevas
sorpresas. -La revisión del proceso y los temores que
despierta - La actitud de !lemanla -Guerra al anar•
q ulsmo -Una cruzada contra los enemigos del orden.
-La angustia humana.--.1!:l problema soctal.-Con•
cluslón.
Mucho se hll repetido en días pasados la existencia de un tratado secreto entre Inglaterra y
Alemania, para contrastar la influencia ~e Rusia
en el Extremo Oriente; mucho se ha dicho que
las relaciones tirantes que unían la. monarquía
de la reina Victoria con el Imperio .Alemán, se han
suavizado al grado de establecer inteligencias cordiales, y preparar los dos grandes pueblos á las
contingencias de lo porvenir.
Causa extraileza q 11e en los momentos en que
la Gran Breta:tla abandona sus pretensiones sobre China y cede á las exisgencias de Rusia, á
la hora actual en que se hace más palpable el "espléndido aislamiento" de que hablaba Mr. Chamberlain, y cuando están á la vista las verdaderas
derrotas que ha sufrido Lord Salisbury en supolítica extranjera, se bable ae una alianza que vendría á cambiar en lo absoluto las condiciones del
equilibrio europeo.
Fuera si('luiera esta alianza establecida con el
objeto sólo de resolver el embrollo oriental, fuera.
concertada con el fin de poner un dique á la expansión moscovita y de hacer contrapeso á la influencia del Czar sobre los destinos del Celeste
Imperio; fuera arreglada adrede para dejar el
campo libre á los alemanes en Manchuria, mientras
quedaban los inglese,, due:tlos y soberanos del
Egipto, sin temor á futuras reclamaciones por parte de Francia; concebíriase sin embargo con cuantas dificultades había de tropezar esa liga anglogermánica, de que tanto han alardeado las hojas
informativas del Támesis.

*
**
Pero hay que tener en cuenta que al establecimiento de esos compromisos vienen aparejadas
circunstancias diversas, que se oponen por una
parte á la política tradicional del gabinete de
Saint James, y están en contradición abierta con
la historia, con la tradición, con las tendencias
del gobierno de Berlín. No ha mucho, á propósito
de la insurrección del Transvaal, acaudillada por
el Dr. Jameson, un arrebato de Guillermo II que
se ap1·esuró á feliciar al Presidente Krüger por su
fácil triunfo, estuvo á punto de provocar un rompimiento entre la pri nera potencia marítima y la
gran potencia continental de Europa. En los pasados meses la presencia del príncipe Enrique a}
frente de una escuadra alemana en lasaguas del
Mar .Amarillo, la posesión violenta de la bahía y
puerto de Kiao--Chao por los soldados alemanes,
excitó las revalidades inglesas y pudo haberocasionado grave conflicto. Tiempo ha que todos hablan de l11s frias relaciones que unen á la reina.

Dommgo 25 de Septiembre de 1-898

Ji'..L MUNDO

Victoria con su augusto nieto, y está á la vista nimemente resuelto A decretar la revisión del
de todos el apartamiento completo que ha exiti- proceso cualesquiera que sean las consecuencias.
tido entre los gahinetes Je Londres y Berlín.
Si hemos de creer lo que dice la prensa alema¿Qué eireunstanci1ts nuevas h&gt;1.n podido mediar na no hay que temer por ese lado complicaciopara operar un cambio tan radical? ¿En qué se ne~ posibles, pues en los periódicos _de allende
apoyan los que afirman la existencia de ese tra- el Rbin se declara la falsedad de ciertos t.locuta lu supremo? ¿Por qué los perióLlicos alemanes me11tos: y se habla de la indiferencia con que se
h m negll.do oiemprc, co,1 voz cuasi oficial, el tra- mira el actual embrollo. Pero si no ll1tma la
tado dt&gt; rderen~ia\l Es 4uizá. porque sólo ha atención de los alemanes el proceso Dre5fos en
exhtido en forma de deseo, es tal vez porque el sí ruismo, sí permanecen alerta por la ex:altación
gabinete conservador que rige los destinos dl'l que reina en todas las esferas de la sociedad
Imperio Británico, busca por medios indirectos francesa, por la agitación en que vive el pueblo,
la manera de conjurar ese aislamiento en que por por las ráfagas de tempestad que cruzan sobre el
tantos aftos ha vi vicio y le ha ocasionado más ne ejército y por las predicaciones violentas que se
un desencanto, lo mismo en la cuestión de Venl:l- hacen, y porque temen, en lo general, una explozuela terminada en nombre de la doctrina Mon- sión de p~triot:smo, que pudiera provocar un romroe, que en el conflicto de Armenia, dejado en el pimiento en el momento menos esperaLlo.
olvido en nombre de la paz europea, ó en la
Hoy como ayer, pasará. la excitación febril; la
lucha greco-turca, abandonada á su propia suer- calma renacerá en los espíritus, la opinión públi•
te en nombre del equilibrio y del concierto de ea tomará el cauce natural quelem'\rean la razón
las potencias.
.
y la justici11, y la República, fuer&amp;e y pod,irosa,
Por ahora, no creemos en semejante alianza.
saldrá inmaculada de esta nueva prueba á que se,
ha vbto sujeta.
*
*
*
Dos ministros de la Guerr11 han dejado su car***
tera, á punto de provocar una crisis general en el
kl pasmo dolorose que engendró en Europa la
gabinete francé,-, y aún de ocasion_ar la dimisión muerte violenta é inesperada de la Emperatriz de
del presidente Faure, antes que se baya podido Austria, herida en mitad del corazón por la mano
decidir algo definitivo en la revisión t.lel prnceso aleve de un asesino vulgar, mezcla de insensato
Dreyfus. Desde que las revelaeioues del Coronel estúpido y de horripilante criminal, ha sucedido
llenry, conveccido de falsificador de doeu~en- una actitud de defensa y de justa inuignación
tos de altísimo interés en el escabroso expedien- contra el aborrecido anarquismo, cáncer de las
te, sembraron la duda en los espíritus y engen- modernas sociedades, fruto morboso que se cría
draron la esperanza en los que abogan por la en las capas bajas de la sociedad, al abrigo de
rehabilitación del pobre condenado, no se ha las sombras de la ignorancia y al amparo de las
calmado la exaltación del público, y día á día se tristes emanaciones de la miseria.

Fiestas del 16.-Desfl.le de los alumnos
de la Escuela Naval.

sorprenden nuevos incidentes, se descubren nuevos datos, se encuentran nuevos hilos en esa
trama confusa, y se espera un rayo de luz que
vaya A alumbrar la tenebrosa guarida en que gime el desterrado de la Isla del Diablo.
Convencidas íntimamente las altas personalidades del ejército francés de la eulpabilidaLI de
Dreyfus; asociando de una manera decidida el
honor del ejército y el estigma con que marcó
al culpable el consejo de guerra de 94, nada es
hasta ahora, suficiente á hacerlos volver sobre
sus pasos. En su actitud resuelta, en su posición
incontrastable, rechazan como sofísticas todas
las argumentaciones, se oponen á todas las defensits, voluntaria ó inconscientemente, cierran los
oídos al consejo y á la sugestión y se hallan dispuestos á no retroceder, porque juzgan empeñado en el asunto el nombre de la institución y el
honor de la patria francesa.

*
*'*

Pero la duda, la terrible dud,i ha penetrado en
el espíritu de los civiles que forman parte del gobierno. Son tantas y tan formales las insinuaciones de los que defienden á Dreyfus, se sorprenden irregularidades tan ·palpables en la secuela
del pro..:eso, se reconoce de tal modo la existencia de documentos de convicción, que se ocultaron á la defensa y se presentaron á los jueces; se
sospecha después de las declaraciones de Henry,
de tantas y tan nuevas falsificaciones, que el gabinete de Brisson, con excepción sólo de los ministros de la guerra que han dimitido, está uná-

243

EL ANTISEltIITISllO EN A.lJSTRIA.

El antlsemetismo se ha proga.gado en Austria rápidamente.
~;u Baja Au$tria y en Glllicia es notable el número
de judiod y nan _logrado acaparat· por ~11mpl~~o . el
comercio de la tterra Aunqu.e los capttahsta11 er1st1anos y de otras confosioned han seguido su ej.,mplo,
el clero y 1a nobleza han hecho recaer sobre los israelitas todo el peso de la excecración popular, por
las expoliaciones efectuadas contra loa pubres campesiuoa por sus acreedores.
Las fut1rtea y antiguas ralees del antisemitismo se
hau afianzado en ese país, eseucia!mente cristiano.
Uesde hace mucho tiempo, la efervescencia ldtflnte,
ocasionada por la mideria y estimulada con habilidad
por los odios de raza, preparaba el campo al fanjltismo religioso.
El caballero Schrenerer ha sido uno de los que más
han trabajado, con la p:uma y la palabra, en pro de
"la guerra santa contr11. J ttdas.:• Se_ fundó un pe!iódico bimensual que pronto llego á tirar más de diez y
ocho 111il tijemplares.
Con todo, no estR ba aún definido el programa.
El congresl) de 18~0 dió á conocer el breviario del
anti ..emita En un congreso que celebró sus sesiones
en Viena, uno de los má'! eximios representantes del
autisemitismo alemán, t-'l Sr. Boekel, representó á sus
compatriotas. Oesarolló todo un programa de antisemifümo con•titucional, declarando que habla llegado
el -momento de emprendtir una politica práctica y
que ya las palabras eran ociosas. Pretendia que en todas las ciudades se e~tableciesen bancos, mercados é
industrias esp .. cialmeote antijudios; es decir, que nada se cClmpraria ni ae vendPrfa tampoco á lo$ judíos,
los cuales se verían reducidos en consecui-ncia, á vi
-vir deutro
de su casta dejando de ser un ptiligro social 11
Dueños actualment~ de la Dieta de Baja-AuEtria

y del ConsPjo municipal de Viena, ganaron loA anti.
semistas 26 curules en el R1ich~rath. Este efectivo
de fuerzas, tanto corno los 31 cató!icos alemanes y los
35 catóhcos slavos, f.irma. en el seno del Parlamento

Depositada la forma
mortai de la augusta
soberana en el recinto
sagrado que ha de ser
·su morada postrera,
Fe han enjugado las
lágrimas, se han serenado los corazones y
todos se vuelven con
miradas de inteligencia, Aescogitar los me- ____F_•_·es_t_a_s_d_e_1_1_6_._-_»_e_s_fi_l_e_fi_r_e_n_t_e_á_P_a_1_a_c_1_0_.-_A._r_t_n_I_e_r_ia_._ __
dios pna I xtirpar de
raíz esa hierba venenosa que se llama el anar- un contingente precioso para la propagación del antiquismo, envenena con sus emanaciones pestilen- semiti~mo.
En Viena, -dice un folleto de aquella época, -el
ciales el aire de la Europa civ!hzada, y mancha
Dr. Lueger est11.ba á la cabeza del movimiento lograncon su sombra abo1Tecida el claro azul de la do arrastrará la mitad de la población gracias á un
moderna cultura. Las sociedades se aprestan á tinttl de socialismo que dió á sus ideas antisemisla defensa; los gobiernos se aperciben á comba- ticas.11
tir la fiera P.n sus ocultas madrigueras, y todos
se proponen ahogar el monstruo en sus ocultos
Illmo. Sr. D. Fortino Hip6lito Vera,
antros.
Obispo de Cuernavaca.
Dictaránse leyes, se predi~arán cruzadas en los
campos y en las ciudades; á son de trompeta se
Ei dfa 22 falleció en la ciudad de Cuernavaca el Seproclamará el extermimo de los aborrecidos se- ñor Obispo de aquella diócesi. Illmo. Sr. Vera, uno
lod miembros más distinguidos del episcopado mecuaces de Ravaehol y de Vaillant; ¿pero han pen- de
xicano.
sado los que emprenden la batida, en buscar la
El Señor Vera nació en Santiago Te4uisquiac el 12
c11usa que engendra esas manifestaciones ffi:Orbo- de Agosto de 1834. Despuéi de cursar las materias
sas? Tal vez sí: por eso se oye la voz de Nicolás correspondientes, r11,:ibió las órdenes sagradas el 19
de Diciembre de 1859, siendo Arzobispo de México á
II, que predica el evangelio de la paz. El ha oído la
sazón el !Ilmo. Señor D. Lázaro de la Garza.
los clamores que suben de abajo, ba comprendido
Desempeñó varios curatos distinguiéndose sobre
la suprema angustia de los qt..e gimen y trabajan, todo en el de A,necameca por las grandes mejoras
y por eso quiere aliviar esefardo abrumador, que que planteó, contándose entre ellas la fundación de
pesa en forma de inagotables armamentos, sobre un colegio católico y el establecimiento de una tipografia, et&gt; la que editó obras relii:l'iosas y algunas de
los pobres, sobre los miserables, sobre los deshe- las qu11 escrio:ó el miemo S!'ñor Vera
redados.
El año de 1890 tomó posesión de una prebenda en la
¡Cuán complicado es el problema social, encla- Colegiata de Guadfllupe _y al año siguiente f..ié nomvijado, enmara:tlado con el problema político y brado canónigo. Ya á principios de 1 91 se le había
dado el cargo de historiador del Concilio de Antequeensombrecido por las rivalidades de los unos, las ra.
y á poco recibió el nombr11miento de miembro de
ambiciones de los otros, los rencores de éstos, los la Sociedad de Geografía y E,tactfstica á la que preodios de aquellos, la aspiración sin nombre de sentó algunos estudios. Escribió variaR obras, religiosas unas y otras científicas para el Colrgio Católico
todos!
de Amecameca. Publicó también un pe.1ódico reliX.X.X.
gioso 11 ~1 Boletín Eclesiástico. 11
Septiembre 22 de 1898.
De~de el 29 dtl Julio de 1893 deoempeñaba el Srñor
Ve:a la Diócesi de Cuerna vaca, habiendv sido con8a •
grado Obiapo por el Arzobispo de ÜJXaca Monseñor
Guillow.

�~ m h¡go ~ de Septiembre de 1149!!

Domiugo 25 de Sl'ptlembre de 1898

F.L MUNDO
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Coche del Sr. D. Tomás de la Torre y M:ler.-Sras. A.mada Diaz d·e de la Torre y Laura F. de de la Torre.-Primer premio.

LAS ENSEi-tANZAS DE
LA GUERRA.
El Almirantazgo inglés
formuló hace algunos años
el principio según el cual
la marina británica debe ser
superior ó por lo menos igual
á las dos marinas más gr11ndes de Europa, rewaidas. La
opinión inglesa aprobó casi
unánimemente la re~olución
y el Parlamento hizo mils:
votó sin murmur11r y aún
-con entusiasmo los centenares de milloLes necesarios
á la realización del programa.
El sistema ha sido fecundo
~n sorpresas: este año se
&lt;iecretó un gasto de 175 millones de francos para la
eonstruccion de bu q u es
-Como se 6upo que Rusia
preparaba seis grandes aco•
razados y cuatro crueAros y
no preveía el A'mirantazgo
sino la construccióu de dos
.acorazados rusos, Inglaterra, fiel á sus principios, ha
tenido que seguir á su rival,
pidiendo al efecto Mr. Gosehen un crédito suplementario para la construcción de
cuatro grandes acorazados
y cuatro crucero,, sin contar doce caza torpederos.
Todos los aprestos navales de Inglaterra tienen
por objetivo principal las
probables emergencia¡, de
un conflicto con el Imperio
moscovita; sin embargo, los

Las fiestas del 16.-Desfile de rurales trentt- á Palacio.

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li,¡

Carretela de la Srita. Paz Garcia y Tony WHson

ltleocil&gt;n h:&gt;n!)rlflca..

periódicos franceses creen
que .i.l aparentar preocupaciones por b cuestion oriental, lo que realmente trae
alarmado al ~obierno británico, es el eubito engradecimiento colonial de los Estados Unidos.
Dice á este propósito un
respetable diario parisiense:
«La guerra hispano-americana ha sido fecunda en enP&gt;ñanzas para los Almirantazgos d11 tod¡,s los países, y
110 puede dudarse que el de
Londres hay asacado todo el
partido posibll'.&gt;
«El hecho qne se destaca
en primer término, es que ha
nacido una gran potencia
naval, y una potencia con la
que debe contarse necesariamente&gt;
• Es cierto que en LGndres
hay actualmente sentimientos de la fraternidad más
calurosa hacia los Estados
U nidos, cuyas recientes victorias han añadido t11nto esp1 endor al renombre de la
raza anglo-sajona. Sin embargo. las congratulaciones
de laA que se hacia órgano
Mr ChambetlaineneldiscurSP. ele Birmimingham y las
frases de ali11nza, no impiden á los prudentes la previsión de -un porvenir, más ó
menos remoto
«A veces se transforma
una amistad en odio implacable, y es funesto ,,ncontrarhe deFpr11venidl' cuando
nacen las rivi.lidades.&gt;

�EL MUNDO

246

Domingo 25 de Septiembre de 11:!98

Domingo 25 de Septiembrfl de 1898

Hacemos constar que ]a instalación que
tomó en la calle de Patoni las fotogratías
de los coches y bicicletas del concurso, estuvo á cargo del inteligente arti~ta-fotógrafo
Sr. J. P. Arriaga.
El Sr. Arriaga. (i ~ calle dd Arquitectos
419) yende foto ~rafias &lt;le los coches y bicicleta:::, tamaño grande, pues nueotros grabados son reducciones de dichas f toaratías.
Lo particif.Jamos al público, pues i~&lt;ludablemente todos los interesados uesearán un
ejemphir fotogrático de los que tiene nuestro iuteligente colaborador artístico señor
Arriaga, á quien damos rn estas líneas las
gracias por su E-Sp€cial y atinado servicio
en esta ocasión.
Sr. .Tosé Suinaga.

El penacho del Emperador
de Alemania.
Gui111&gt;rmo II visita frecuentemente la Academia
Militar Wiener-Neustadt á cuyos exámenes asiste
interrogando él mismo á los alumnos.
'
También concurre á las clases presentándose en
ellas sin anunciarse préviamente
Hace algunos dlas penetró de este modo á la clase
del capJtán_ Ebersberg, profesor de historia, durante
la exphcac1ón.

Carretela de la Sra. Hompson -Srita. Ord.-Primer premlo,-(Placa velada).
BUSOS E

INGLESES

(DEL MEDITERRÁNEO AL GOLFO PÉRSICO)
Los periódicos de Londres saben por las noticias de
Oriente, que se prepara un proyecto ruso para comu•
nicar por medto de vía ferrea el Mediterraneo con el
Golfo Pérsico.
El conde Vladimiro Kapnits, sobrino del Embajador

El 11Observer 11 de Londres publicó una correspon.dencia de Constantinopla en la que se demueetra con
hecllos que de11de 1870, Alemania ha ocupado en Turquía l!' situación preponderante que disfrutó antes
Francia.
Los alemanes han reorganizado el ejército turco,
mandado actualmente por jefes alemanes, y la admi•
nietración pública tiene en sus departam1mtos principales, gran número de alemanes: dirigen éstos la

buques del Lloyd austriaco, por la vla de Trie11te, sir•
viéndose de loe forrocarrileR para atravesar el Austria, acaba de establecer relaciones comerciales directas con el Levante por Amburgo y Brema. Se
eetableció una linea directa entre Hamburgo, An•
vere11 y Alejandrfa, importando Siria y Egipto la,1 marcanelas alemanas sin la mediación de Austria Por la
via marítima llegan las mercancfae á eu d11etino en
dit&gt;z y siete dlas en lugar de siete, pero en cambio es
grande la economla de fletes.
El viaje del Emperador Guillermoá OriPnte, como•
lidará la situación de Alemania, y ya se oyPn las quejas que á di11rio repite con tal motivo la prensa de
Londres y de Petesburgo.

La. Emperatriz Isabel de A.ustrla.

Coche de la. Sra. Beatriz Castilla Portugal de Vivanco.-1tlenci6n~honorUlca.
de Rusia en Viena, con el apoyo de un sindicato in•
ternacional, presentó al Sultán una solicitud de con•
cesión para fa construcción de un ferrocarril que parta de Trlpoll (Siria) para llegará. Koweyt (Golfo Pér•
slco).
La linea cruzará. el Eufratee cerca de Deir, y con•
tinuari\ su trayecto entre el Eufrates y el Ti gris hasta la confluencia de ambos rioe. De este punto se dirigirá á. Bassourah para terminar, como hemos dicho,
en el Golfo de Persia. También se proyecta una linea
secundaria de la frontera persa á Bagdad, Kerbda y
Nedjef.
Esta ruta acortará en cinco dias el viaje á Bombay,
suponiendo la velocidad de sesenta kilómetros por
hora.

instrucción pública y son oueños de
los ferrocarriles más importantes del
Imperio.
•
Además, Alemania que hasta estos
tiempos envis ba sus mercl\nciasá Egipto, á Siria y al Extremo Orientti eu ks

Sr.JoaquinFonrlong.-Henci6nllonoríftc1'
Después de haber hecho una eeñl\ al capitán par"
que continuase su tarea, apoyóse el Emperador en el
primer banco, sobre el que colocó su sombrero montadn, y escucnaba atentamente la lección.
En éstas, uno de los alumnos que estaba detrás del
Emperador, alargó furtivamente el brazc, y arrancó
una pluma del penacho de Guillermo II.
Advertida la maniobra por otros alumnos, querían
éstos á 11u vez tener cada uno su pluma, por lo que el
iniciador del hurto fué sucesivamente arrancando tó•
das las que sus camaradas le pedían.
Ya iba qutidando babtante desairado el penacho 1;

EfBetas de la censura de la precsa en España.
Sabidoes que los periódicos españoles fueron eome•
tidos á una censura rigurosa en los últimos días dela
guerra,
Fr~cuentemente se les prohibia la publicación de
aquellos a1tlculos que la censura tachaba de subver•
aivoe aei como de todas las noticias inquietantes.
En esa situación, para evitar loe espacios en blanco
que perjudican la eet,\tica tipográfica, acudian loe
editores al expediente de llenar huecos. sustituyendo
loe pasajes suprimidos con todo lo que á mano babia:
versiculus de la Biblia, recetas de cocina, consejos hi•
giénicos, sentencias de los filósofos griegos, anécdotas trasnochadas, etc., etc.
Como la censura se aplica sobre todo, y con razón,
á los renglones capitales, supuesto que son más pell-

Sr. H. ltleenen. -1tlenci6n honorifica.
dos, se golpeará la cabeza contra la tabla é inmediatamente suspenderá su canto. 11
Ccn algunas apariencias del mismo género tendrá
que decidirse á reemplazar sus clamores matinales
por u~a meditación m1:Iancólica y silenciosa, y reco•
b~aré1e la calma pudiendo dormir el sab:oeo sueño
de la madrugada, 11
La receta es _ingeni?sa; pero loa historiadores que
d_e 9:qui á un ~1~lo hoJe&lt;!n las colecciones de loe penód1coe espano1es no con:iprenderán por qué el 1iño
d_e1898 la piensa de Madnd concedió tanta importan•
c1a _á las moscas, á loe gallos y al ácido bórico.
Sirva esta nota modesta para disipar sus perpleji•
dadee,

•**

Evidentemente el proyecto tiende á disminuir considerablemente la importancia del canal de Suez,
atrayendo una gran mapa de mercanciae l'geras, y
casi todos loe v.iajeros. Con frecuencia han intentado
algo semejante los ingleses, y si no han tenido éxito
débese en gran parte á falta de apoyo del gobierno
de Lord Saliebury. Ahora loe rusos tienen por indu•
dable que la Puerta aprobará el proyecto, puesto que
es la primera concesión que Rusia ha soliclt11do y
que no se teme una oposición seria de parte del Gooierno británico.
Importa notar de paso, que tanto en Inglaterra como
en Rusia, se &amp;j!'ita la opinión desde hace tiempo con
motivo de la creciente influencia de Alemania en el
OHente.

grosos que los 11rticulos miemos como más visibles y
enfáticos, resultó que loe periódicon españolee, habituadoe,-como la ma_vorla de los diarios del mundo
eotero,-a imprimir títulos sensacionales en gruesos
caracteres, publicaron los más.curiosos y debconcertantes.
En el País del 21 de Julio, se lee en enormes capi•
tales el siguiente titulo: EL ÁCIDO BÓRICO EN LA DI•
GE.STION.- UN TELEGRAMA DE AUGUSTIN.-EL CA..'\TO
DEL GALLO - CONTRA LAS MOSCAS,
El telegrama del General Augustin y las noticias de
Manila están perdidas entre un archipiélago de con•
sideraciones sobre las propiedades digestivas del
ácido bórico. y de re-cetas para destruir fas moscas y
para impedir el canto matinal de los gallos
Citaremos esta última, que bien vale la pena, "Si
tenéis la de¡gracia de despertar todC'e loe diae oyen•
do el canto impertinente de loe gallos, colocad en el
ga:Iinero una tabla á treinta centfmetros arriba de la
estaca en donde duerme el gallo que cause vuestro
tormento."
"La primera vez que el gallo, después de sacudir
las alae, se quiera e1guir para lanzar sus gritos agu•

Ya en otro número anterior h11mos hablado de la
infortunada princesa que murió e1t Ginebra vilmente
asesinada por un anarquista.
Este nuevo y 110rrible atentado conmovió como era
de suponerse á las cortes europeas y. ya ee habla de
un congreso cuyo objeto será llegará algún acuerdo
internacional sobre Ja represión del anarquiem,:,.
Entre loe observatoree y sociólogos más sagaces
priva cierto optimismo en cuanto al pronóstico del estado social, cuyo síntoma es la escuela del socialismo•
anárquico. Tarde sobre todo, el brillante crlminolo•
gista francés, cr11e que el mal no es tan prefundo y
sugiere la posibilidad ,ie exterminarlo con el empleo
de medios vigorosos
Sea cual fuere la verdad en t-sta cuestión, es de
creerse que loe gobiernos no dormirán tranquilos
sobre el cráter en igoicion y que antes bien, obrarán
unánimes en el sentido de la común defonsa.

Nicolás II mtimo.
Cuando Nicolás II subió al trono, el di" 1° de Noviembre de 1894, nadie sabia con precisión lo que de
él podla esperarse. Babia vivido retirado casi por
complPto.
Nicolás II es un valiente; una de sus primeras disposiciones fné despedir a los agentes encugados de
su seguridad personal.
Como muchos repúblicos y soberanos eR fatalista;
cree que la bon de nuestra muerte está fijada de an•
te mano por la Divinidad. Ha dicho: "Quiero vivir y
morir por Rusia, y poco me importa como habré de
morir 11
DetAsta el lujo. En s11 mesa hay siempre un minimun de platillos y un minimun de convidado8. En los
banquetee se f11Stidia, pues como todos los laborioree,
come apresurRdamente.
Detesta la etiqueta. Todo el mundo puede acercarse á él. Lee pe1 sonalmPnte las cartas que se le dirigen, itnotando con un lápiz rojo la contestación.
Aun más que la e:iqueta detesta el frac. Cuando
preparaba su viaje á Paria, encontró que no babia.
frac en su guarda ropa. Hubo que recurrir al sastre
Pl cual á su vez 11ncargó á Parle la prenda que costó
700 rublo11 á su Majestad.

S.M.: pero el alumno eegufa inpertérrito su obra de
ex_poliación.
Súbitamente, la resistencia de una pluma hizo rodar el sombrero y al volver la cara el Emperador, sor•
prendió al alumno con su presa en la mano.
El cadete Stl puso pilido y va se vela ignominiosa•
ment11 expulsado de 111 Academia
-¿Qué peneais hacer con esa pluma? le preguntó
el Emperador.
-Guardarla como rf'cuerdo de·v. M.
-¿Y 011 basti una ~ola?
-No, Magestad, mis camaradas también desean tener una.
-Entonces, dijo el sober11Do, tendré que dPjar todo
el penitcho, y desprendiéndoselo ee lo entregó al
alumno.
No podia salir el Emperador con un sombrero ein
penacho; pero para un soberano aquel aprieto era lo
de menos, así es que pidió al capitAn su casco y con
él se fué, dejando complacidos áloe alumnos de la clase de hi11toria.

Coche de la Sra. de Lémus.- Sra. Padilla. - Tercer Premio.
Coclle de la Srita. ltlaria de Lourdes ltlaya.-Srita Elena Mercado.-1tlenci6nhonorUlca•

�Domingo 25 de Septiembre de 1898.

249

EL MUNDO

NOTAS MUSICALES
Conservo en cartera algunos detalles muy curiosos
sobre la primera representación de Parsiffl, en el
teatro de Bayreuth. á la cual tuve el gusto de asistir
en 1882;. y los saco á luz, por si en algo pueden interesar.
.l!:l primer recuerdo que conservo de mi perPgrina•
c~ó~ á la Meca del wagnerismo, es el de la Jent.tud y
d1f1cultaded para llegar hasta allí en Ferrocarril, desde Nuremberg. El tren iba á puo de carreta, y no olvidaré nunca.la estación de WPiden, donde debiéramos ~ab_er cumido, y digo dtmiéramos porque eólo Jo
~onsiguieron los que, viendo el grau número de viaJeros r conociendo los pocos recursos de la fonda, se
fueron á _buscar la comida á la cocina por sus propias
manos; eJemplo que imité, conquistando á punta de
lanza un plato de poca carne y muy dura, con mucha
patuta.
Tanto el billete como la habitación del hotel habían sido_ pedidos con gran a11ticipación, y uná vez
llegado é rnstHlado, vinieron á avisarme, par" pasar
a_l come~or. Segut al criado. y d&lt;1Bpué~ de pasar varios pas1llos, subiendo y baja.ndo escaleras, llegamos·
á ;una grao puerta. detrás de la cual se ola un ~rao
r~1do _tan grande y t11n extraño, que trajo á mi imagrnac;ón l&lt;,s ver.ws de Dante en tll Infierno:
Diverce lingue, orr;bi'e favelle
Parole di dolor, accenti d'ira, '
Vóci alta é fioche é suon di man con elle,
Abierta la puerta, Quedé m~do d11 estup~r, ante el
cu11dro que se me pr..-s .. ntaba á mi vista. Como unas 7Q
á 80 ~el"sonas de tod11,s las edad&lt;1s, naciones y aspectos d1vers~s, comlan sentadas ante largas meAas, hablando, gr!t ..ndc con entusiasmo febril Aquello parecf_a una Jaula de locos, y no creo qu11 haya im11gi .
nación capa~ de Inventar la diversidad de figuras,
cabezas, ~raJAS, actitudes y tipos de aqu"Slla reunión
cosmopohta Venerables ancianos, ce,n largas y blancas cabelleras y ba1 bas; altas viejas v disecadas in,
glesas, ~on peinados y trajes' anticuados ó extravagantes; Jóven~s escuálido~ de ambos sexos. pfüdos y
co~o consumidos por un fuego interio•; figuras histéricas y rp~ustos bebedort&gt;s de cervtlza, .a1ternaban
con los mus1cos, criticos y literatos más conocidos de
~uropa. De~pués supe que algunos de los más entu,s1astas ad1:111radorea deL maestro alemán, se imponían
una especttl de ayuno. no comiendo más que huevos
pasado~ r,or agua y té. mientras otros se privaban de
t~do altmento, tomando además un baño caliente de
p1és, co_mo ~reparación conveniente y para conseguir
que su rntehgencia estuviese bien dispuesta á com•
prender las bellezas de la música.
Al dla siguiente tuvo lugar la representación, cos•
t á ndome no poco trabajo y din.:ro encontrar un cocne para subir á la colina santa. No hablaré del teatro, por9.ue ha sido descrito muchas vecee; pero deb? co~s.1gn~r que, habiendo eido construido bajo la
d1r~~c1on é idea del gran compositor, al verlo, me pa•
rec!9 q te éste .e habia guiado no eólo por su admirac10n al TeaJro Griego, sino por dos planos, uno de
sala de conciertos y otro de teatro, presentados en

Faeton del Lic. Villar.
una de las exposicioneR universales de Paris, por el
célebre constructor de instrumentos de música Adolfo 8ax.
; Sabido es, que la i&lt;tea de la orquePta invisible, per-·
tenece á Gretry, y en los proyectos de, Sax, la orquesta e~tá colocada má• baja que el público, teniendo
detrás de ai un par11mento ó tabtqu" de madera que
sirve de caja armónica, cuyo efecto vienl:\ á aumen•
tar la tr,.za del techo que forma una elipse desde la
embocadura al fondo de la sala, siguiendo las_ leyes
de la acústica y teniendo en cuenta la formación de
laR ondas sonoras.
Wagner no adop,ó la segunda disposiclón,_tal vez
por las dificultades y carestia de la const~uc~i~n; pe•
ro, para realizar la ider. de la orquesta mv1s1ble, la
colocó en un foso bastante profundo, para que no
se vea ni la cabeza del director; con lo cual, las con·
diciones acústicas resultan tan malas, q Je los instrumentos, sobre todo los de cuerda, pierden el nervio y
vigor del ataque. ía purAza de la sonoridad y la claridad de la ejecurión. Momentos hay en que parece
oirse el mido del mar á lo lPjos ó el d ..l vitlnto en un
bosque de p'nos. La impre.ión es poétic~ y agrada-.
ble a, principio. pero á la larga y espe&lt;nalmente en
los pasajed vigorosos ó dramáticos, produce cierta
monotonia que _hace echar . d~ menos la v~bra~t~ y
expresiva sonoridad de los v1olrnes, en la d1apos1c1óo
ordinaria de la orquesta Disminuyóse la luz ae la
sala, y descorrid? el telón, ó por mejor decir1 cortina
á derecha é izqmerda, empdzó la representación, oida
con religioso silencio, y habiendo obligado á toda,i
las BAñorás á quit!ll.rse los sombreros.
. El hablar de la obra me llevarla demasiado lPj ,s~ y
f!O lo permiten los limites de un articulo. ~o.el ltbit:to
de Parsifal que conservo, fui apuntando mis 1mpres10 ·
-, nt&gt;s al margen, con lápiz.
·
Alli leo sucesivamente
bueno. magnifico, subli- '
me, largo, demasiado lar,ro, eterno, dramático, ri-·
dlculo, etc., etc., ya refiriéndome á la música, ya
á los detalles de éscena
y representación, tales
como la marcha acompasada de los caballeros del
Graal, al son de una mú- ,
eica que no se presta á la
un:dad de los movimientos. produciendo un eft&gt;C•
to ridiculo que contrasta
con la solemnidad del
momento. Lo mismo sucede cou la inmovilidad de
Parsifal. que. durante la
ceremonia religiosa, permanece iltmóvil y mudo
tree cuartos de hora, para que venga Guernemauz á echarle á la calle,
diciéndole que t'S un inbé·
cil, que deje á los cisnes
en paz y que vaya á buscar los gansos sus semejantes.
Hay trozos ini-trumentales cuya bellPn excede
átoda ponderación y otro
como el duo de Kundry y
Parsifal, en el segundo
acto cuyas desmesuraüas
proporciones p,·oducen
una fatiga intolerable,
que ea la impresión final;
á pesar del descanso que
se da para comer, anunciado por lu famosas
trompetas. No quiero
abusar al11rgando mi articulo y concluyo con el
incidente original de aquel día y que no creo muy
conocido.
Al acabar el primer acto y en el momento en
que todos aplaudlamoa,
apareció W agner en uvo
de los palcos del fondo destinados á personas realea,

príncipes y personajes, y dirigiéndose al público, dijo:
"no aplaudan ustedes nas ta el fm, puesto que no saben si
1es gustará II Eicu~ado es decir la sorpresa de todos,
pero lo más original es que al concluir el espectáculo
sea por el cansancio, porque era m11y tarde, ó por las
palabras del maPFtro, nadie aplaudió y entonces vol•
vió á aparecer Wagner en el mismo sitio y nos dijo:
"yo no sé lo que UHtedes pensarán de mi .::iúslca, pero
yo aplaudo á los artistas, porque lo han hecllo muy
bien;" palabra;; que fueron seguidas de atronadores
aplausos, ¿Qué le sucedería en Es pafia á un compositor español que hiciera esto mismo?
G MORPHI.

Coche (lel Sr. Lic. .José Hip61ito Ra111frez.-Sritas. Inés Sthalnecht y MarJa y Margarita Ramfrez. -Segundo premio.

EL CO}IB!TE DE FLORES Y LAS FIE&amp;T!S CIVIC!S
Cumplimos nuestro ofrezimiento publicando ec esta edición la más completa y acaba•
da colección de grabado~, eu la que f1gt1ra todo lo que hubo de más nota&amp;le en el com•
bate de floras con que se solero 1izó el ooo'llástico del Señ 1r P,·esidente de la República,
asl com'&gt; en las fiestas del aniversario de nuestra Independencia.
El dia 14, la avenida quo se extiende desd" la 1 ª calle de P!ateros hasta Ja estatua de
Carlos IV. amaneció primorosamente ornamentad'\ y á las d11~z de la. roa.nana el Señor
General Diaz se presentó en ella rlirigiéndose á la c:i.sa del Señor Secretario de Hacien•
da para presenciar el combat I de flores, que en
su obsequio Pe habla preparado. El numero~o y
elegante público de los halconAs saludó al S ..ñor
Presidente, lanzando á su paso floree y ramilletes,

La casa del Sr. Teresa en la esquina
de Mercaderes.
Entre nuestras vistas dPI dla 16 figura el espléndido edificio propiedad del Sr. Teresa. Fué uno de 1011
que más llamaron la atención del público por la iluminación total y deslumbrante de su fachada.
Puede decirse que toda ella estaba cubierto de fo.
cos artlsticamente combinados para producir un efec•
to que sorprendia.
Además, la casa en referencia es una de las mejores y de las que más hermosean el México nuevo.

..

Sr. Enrique Crlstlieb. - M·encl6n honorJ1lca.

Dog cart de lo~ 11ii1~ i1lann.-l y Patricio Sanz.

Dog ca.rt del Sr t:rnesto .J. I.you!!I. -Sr. Enrique L. Fuentes.

., l

,.

Sr. Alberto Elguero.-Menct&lt;&gt;n honorifica.

La exposición de

I900

En todas partes hay gr·• n actividad psna la erganización de excursiones á la capital df'I Francia durante las fiestas de la gran Exposición Universal.
En Inglaterra ha habido ,rran entusiasmo por los
informes halagadores que dió el Pr!ncipe de Gales
acerca de su última visita f. Paria
Ya se han formado algunas sociPdades que tienen
por objeto facilitar á 1011 lnglesPS una visita á la Exposición, en la@ mejores condiciones posibles
Organizan excursiones de Londres á Parla para
1900 del sábado al lunes de cada semana. Mediante
la suma de 62 francos pagaderos en. cincuenta abonos
de un shelio, el excursionista tendrá derecho al
viaje de ida y vuelta, recibirá alimentos y Fe le aloja•
rá dos dias dándole cuatro boletos para la Exposición
Podrá además el viajerc disponer de algunas horas
para visitar Versalles.

..._,.....

co-c he del niño Valleto Hidalgo.-Sr. Carlos Hidalgo y nlil:os R1ua Dehesa. y Francisco y ,V_Jctor Bi.rroso.-Segundo premio.

�EL MUNDO

250
confetti y ijerpentinas: entre tanto, la multitud aplaudía, vitoreando al héroe de la Paz.
D:ó principio el combate, El primer coche que cruzó la avenida fué una victoria, tirada por dos chivos
enj11ezados. En nuestro número anti-rior, publicamos
un grabado de este delicio110 jugu~te en el que iban
loA niños Juan y Lola Salcido. A poco 11e presentó la
bri.~a del Señor Don Tomás de 111 Torre y Mier, tirada
por cuatro CH ballos. 1!.I adorno de e~te coche era de
lo más gracioso y f'lxquisito: gardenias, camelias y "no
ID€\ olvldeb" en bellisirno y or.ginal 11rrl'glo.
Ocupá.banlo la Sra Uoñ11, Amada Diaz de de la Torre y la Sra. Doña Laura Formento de de la Torre con
SUR dos hijas.
Recibió el ,ll'gantA tren las demostraciones más
ruidosas y la lluvia mál! outridll d!'I florf'ls.
La carretela en que iban la Sra. Hampson y la
Srita. Ord, lujosamente vestidas con trajes vl'rde nilo
y blanco a.perlado, llqmó la atención por su ornamentación vistosa y artística.
E8tos dos coches merecieron los primeros premios.
Violetas, gardenia~ y hojas de platanil!o adornaron
el coche del Sr Don JoEé Hipólito Ramlrez. en el que
se presentaron á la fiesta las Señoritas Ramlrez é
Inés Stalcknecbt
La victoria revestida Íle raso color de rosa y ador. ndda de gardenia11, roaa tf. nardo11 y rosas blancas,
ocupada por las Señoritas Antonia Winter v Paz Garcla, obtuvo con el anterior el 1:eguudo premio en el
concurso.
Por su originRlidad ee di~tinguió la victoria del Sr.
Cortazar, adornad11 con grandes hace&amp; de doradas espigas entre guirnaldas de rosas y dalias
El landó di'] uiño Julio V&gt;1lh•to llevó á la fie11ta al
Sr. Cárlos Hidalgo y á los niño11 Rosa DPhesa y Francisco y Víctor Barroso y Julio Valleto. Sobre un fon•
do granate lucia este co~he millares de camelias, campánulas y h••liotropos.
La elegante víctoria del Sr. Bnmúdez tirada por
un tronco de ah,z&lt;1nes. conducía á la Sra. de Bermú-

nominl!'n 25 ,¡,. SAotilimbre de 1898.

Oomlniro 2fi ilP 8PptiPmbre de 1898,

251

EL MUNDO

Faeton del Sr. Adrián Segura.-Segnudo premio.
Los faPtons de los Sres. Adrián Sl'g11ra y D. ClemPnte Sanz, iban adornarlos de dalia" no mA olvides. violPtas y rosas. Los poneys de1 Sr. Sanz, cuajados
de flores.
El Sr. Ingeniero Rafael G11rcla y SánchPZ Facio,
rou su espo~a y dos niñ:id, ocup11 ba una victori .. cnn
tablnos rle mm1go y flores lindf~imas en el pescant"
y guías de gardenias y reinas al rederlor.

á la avenida aspecto brillantlsimo de moderna .ciudad1
cosmopolita con sus formas, lnéd'tas para muchos de1011 sencillos concurrentes de las aceras
La SeñC'ra Adela B de Medina y la Señorita Nata•lia Leal ocupaban una victoria canastilla.
El Sr. del Rfo, un faeton revestido de d11lia¡;" otro,
faeton cubierto de amapol11s, los jóvf"nes Vivanco yuno mas con el mismo adorno, el Sr Viller.

Grupo de alumnos del Liceo F1 and.s de San Cosme
medades que viven entre las exquiEit(ses·de la rultuca y de la paz,-1ú1timo floredmit'nto de la civilización,-al noble esfuerzo que pre.id!', vigilante v anir1 oso, la concordia social y las victorias del prcgreso.
***
Celebramos el triunfo de los vivos; pero no olvidamos á los muertos.
'
Después de las fil'stas en honor del Sfñor Presidente, 111 recordación vibrante de la Independencia.
El de file de los trenes vistosos en el festival de
las flore , fué el prólogo de las marciales manifestaciones del día 16. Rurales, artillero~, cadetes. marin!ls,
infantes y dragones llenaban la ciudad con el ruido bélico y alegre de sus marchas.
Todos aclamaban al soldado mexicano, heroico y
patriota: admiramos la noble figur11 de los rurales. y
111 simpática y disciplinada juventud del Colegio Milit ar.
Pero el triunfo fué para los jovenes marinos Su formación, como la de los eadetes, irreprochable y de
una estética vistosisima, despertó los entutiasmos por
donde pasaban esos bravos.
Magnifica oportunidad para nuPstros artistas! Y
que la aprovecharán lo indica el valioso y bien rjecutado conjunto de vist¡¡s que hoy public11mos, para
corresponder al favor de nutstros abonados.

D. Pedro de Madrazo.
' Acaba de fallecer l'n la corte de EEpaña el notable
escritor, historiógrafo y critico de Arte, don Pedro
de Madrazo.
N 11ció en Roma el año 1816, y fué hijo del pintor
de Cámara D. José de Madrazo.
Actualmente rra Director de la Real AcadPmla de
nobles Artes de San Fernando; airector del Museo de

Sr. Salvador Zozaya.-Segundo premio

Sr. Bellagamba.-lttcnci6n houorfflca.
Victoria del Sr. José Maria Bermúdez.-Sra, de Bermúdez, Srltas. Consuelo, Guadalupe y lttarfa Bermúdez.-lttenci6n honorifica.
dl'z y á las Si-itas. Consuele, Margarita y Maria Bermúdez.
El dogcart dirigido por fos jóvenes Ernt·sto Lyone
y Enrique L. Fuentes, desap,uecia entre guirnaldas
de gardenias, buguembilias y madreselvas
Riquieimo tren el de Sr. D. Ignacio de la Torre: era
un breack tirado por seis caballos de raza, adornados
de pequeñisimos ramos en las cabezadas. Guiaba el
mismo Sr. de la Torre, acompañado por D. Joeé W.
de Landa y Escandón.

La Sríta. Maria Maya, acompañada por la Srita. Elena Mercado, ocupaba un coche tirado por airoso
caballo rt'tinto con primorosos ramillt·tes de flore~ naturales. Malva-rosi.s. cedro y margaritas, formab11n
lo notlible de la ornamentación del coche de la Srita,
Maya.
Et Mail coach del Sr. Saldivar, el break de los señores Osio, tirado por seis caballos, el wagonet de
1011 Sr• s. Iturbide; el charret adordado de violetas del
Sr Suinaga, el faeton del joven Murio Bulnes. daban

El Sr. Salvador Osio iba en una can11stilla-faetolb
c~&gt;n un gran corazón de violetas en 111. tebtera; y Jo¡¡.
niños Sanz en un dogcart sencillaUlt'nte cubierto demargaritas.
Rosa té. gardenias y tulipanes revestían el cochede la famili11. Bustillos.
La Sra. de Lemus y la Sr. Padilla se presentaron,
en un coche lleno de flores naturaled.
El coche del Sr. Dr. Ruiz tenla un adorno sencilli-•
simo de rosas y violetas.
Guias de flores naturales llevaba el coche de la tiple Rosario Soler.
*~*
Entre loe cicliRtas obtuvieron el primer premio los.
Sres. Jaime Kiefer y Ramón Orta.
Los segundos premios se otoro-aron á los Sres. Salvado~ ~o;;aya, ~-anuel Gav'ño y° Alberto Elguero y
·menc10n honor1f1ca á los Sres. Carlod Green, Pal&gt;lo
Bolemann, Salvador Lozano, Rafael l\1uñoz Leouegario Cigales, Enrique Bella gamba, ,\111n11d · Gut&gt;rrero y Posada. Luis Braner, Evaristo Villaseñor Fer·
nando Co'!lto, Ezequiel More.no, Gabli,d Monter~ubio,
H: A. Chnstleeb, G:_Ml'enen . (Tone IWfe1), Joaqulu
T1burleng y á la mna Opa! Punkolt (vPstida ccu kScolores de la bandera norte -america11~ )
. El g~upo de lo~ alumnc,s dei Liceo Francés fué una.
nmpát1ca :y-_grac1osa caravana que dt1,pertab·a murmullos cannosos.

··*

Fat'ton del Sr. Clemente Sauz - l'tlenci6u honorifica.

. ~i:rmo_sa fie~ta,_ ry mis hermo~a aún por su
s1gmr1car1ón nobilis1ma. Todas esas flores que calan
en la espléndi_da avenida. bañada por rasadas. de luz;
solar, son el tnbuto que rmden-como en laa antiguaij.
leyende&amp; las ofrendas á la deidad protector.,- ªº F"

mente unR importante casa editorial de Alemania eHá
terminando la publicación de una n::agnlfica obra dt-scr;pt•va de nuestros mo1Jumentos arquitectónicos debiéndose la pa, te que correPponde al romdmco á la
pluma del docto escritor de cuyo fallecimien,to da.moa hoy cuenta.
Con su ilmtre hermano D. Fednico deMadrázopublicó el primer périódico BP.mitnal ilubtrado, verdaderamente imoortante que haPta entonces se habla conocido en Españ11. Dirbo periódico titulábase .ElA1·tista, y en él los dos hermanos rompieron lanzas pt r
el electricismo en el 11rte1 á pesar del sentir romá1nico
de D. Pedro
El número de los artlculos crltlcos é históricos de
arte, de monografías etc., ya puramente literarios, ya
arqueológico11. publicados tn periódicos y reviHas
po"" D. Pedro M11drazo, es verdaderamente asombrmo.
Aun hace muy pocos meses la Ilustración E8pa1iola
y Americana daba á luz en sus columnas un prec1&lt; bo
estudio ace, ca del bor,1ado, que como todos los trabajos de este gént-ro escritos por Madrazo, rebosaba
erudición grAnde y rtfinado buen gusto.
En este punto, bmbos htrmanos, D. Federico y D.
Pedro, han sido igualados ptr bien pocos, asf ctiticos
como artistas. La refinada tducación:social del pin-

Arte Mcderno, ucientfmtnte abierto al público en el
edificio de la Biblioteca Nacional; Hadémico de la
Lengua y de la Historia y consejero de Estado.
La labor de D. PPdro Marirazo ha sido fetundlsima.
Sus rrincipales trab11jos los dedicó al estudio critico
é histórico de las Bellas Artes, especialmentefu!_e l_a
pintura.
_~
Madrazo ha sido conocido y apreciado en Europa,
como en realidad debla serlo. desde el momenti en
que dió comiPnzo á BU Catálogo descriptivo del Mu.- eo
del Prado de Madrid. Este, rabajo, verdaderamente
admirable por los conocimientos históricos que reve
la de las escuelas pictóricas
de Europa y de sus maestros, por la paciente labor
de investigación que bubo
de rea!i,.ar, y por el buen
sentido crltico,que en todos
sus juicios campea, es, se~uramente, movimiento
unico (aun cuando inconcluso por dPsgrac'a) de este géro en España.
Dignas también de granie estima son entre otras,
las obras que, ya en colaboradón, ya solo produjo,
contándo~e en primer térmilli), El MitSeo de Mad1-id y
las ,joyas de pintu1·a de E11paña; colección dt1 cuadros
pertenecientes al Estado, á
la corona y á la Iglesia.
Muchos otro• estudios de
índole artfstica, histórica
y arqueológica realizó D.
Sr. Jlanuel Gavlño.-Se,rnn-1-. n~n--fo_
Pedro M..&lt;lrazo. ActualNiña Opal Pnnkolt. - ltleuci6n honorfflca
Fotogya'.la Gonzálcz y Hermano.

�Domln,¡o 25 de Septiembre de 1896

l!:L M-:'Nl.'O

'l!H

Domlniro 25 do'Septlembre do lR!IA

2b3

l:LHUNDO

MI RETRATO.

a

~

~ate que ves, engaño colorido,
Que del arte ostentando los primores,
Con falsos silogismos de colores
Es cauteloso engaño del sentido;
Este, en_qnien la-lisonja ha-prMendido
Excusar áe los añoa los horrores
Y venciendo del dempo los rigores
Triunfa. de la vejez y del olvido:
ER un vano attlfjcio del cuidado;
Es una flor al viento delicada,
Es ·un reiiguardo inútil para el hado:
Es una neci&amp; diligencia herrada.,
Es un afán caduco, y bien mirado,
Es cadáver, es p olvo: es sombra, es nada.
SOR JUANA INÉS DB LA CRUZ.

- - - - \- ~ - - - - - : i

\

EL TORMENTO DE OUAUIITEMOO.

Desde muy léjos la vi
Junto á silvestre aleli,

Victoria del Sr. Ingeniero Sl\nchez Faclo.-ltlencl6n honorifica.
tor y del escritor, sus claros taleoto11 y sus continnos

viajes á todoa los grand"" ceu1r1l~ arusticos de Euro•

pa, depuraron de un modo H.dmira.ble sus gusto1 1 al
'Pªªº que leo hicieron renunciar i muchos d" lod preJuicios que en materia critica sut&gt;l..,n informar las
apreciaciones de nquellos qu~ se han formado eu otros
dlas y bajo otro medlo intelectual
D. Pedro Madraza cultivó ta.oibién la poesia. Sus
mejores obras de este género forman parte de la Colección de los mPjores autores eRpañol.es y se titulan La
Senda de la vida, Stela matutina y el toque de oracio,

nes.

El Ultimo trabajo A que dedicó sus energías D Pe•
dro Ma.drazo, fué la organización del ctta.do Museo
de Arte Moderno
Er1 la imposibilidad de ir al Palacio de lA. Biblioteca
para dlrigir peuonalmente la selección colocación y
&lt;tiotrlbuclón de las obras, pues ya se hallaba mortaltalmente enfermo, hacia aquellos trabajos teniendo á
la vista los titulos de los cuadros y esculturas.
~uego. sobre hojas de r,apel que rerrtsenhban
las paredes de laft salas, d atribulR con P compás, y
ayudado de su exceient~ memoria, las obras, con arre,rlo al plan cronológico que ae babia impuesto, para
el mejor estudio del Museo.
Caballero irreprochable, bondadoso, dispuesto siempre á romper una lanza en pro del arte, D. Pedro de
Madrazo baja al sepulcro, honrado y sentido por cuantos le admiraban, que son tantos cuantos le han conocido y leido sus trabajos.

-------

PSICOLOGIAS DE SALON
EL FLIRT

'1'

Fl.irt, señora mia, ea una palabra de origeu inglés,
al decir de loa lingüistas¡ mas yo tengo para mi que
es internacional y que lo ha sido desde sus orlgtmes.
Cuando menos hoy por hoy pertenece á todas las lenguas y vos habreis de adoptarla, ª"ñora mi&amp;, aun epando vuestro marido ó vuestro novio sean académ1cos,
-4ue no lo creo,-y os digan una y mil veces que no
t,1 palabra genuina de v 11estra habla nacional.
¿Que para qué la necesitais? Ah, la necesitaia má.s
que cualquiera otra, más que la palabra amor, vaya, y
t,80 que concedo que esta última os 68 más iudispen•
ea ble que el aire que respirais.
Vos amai1, sin duda alguna, porque de otra suerte
no acertarla á. explicarme la limpidez aterciopelada
de vuestros ojos vencedores ni el carmin de vuestra
boca que anicta besos¡ pues bien, ml graciosa seOora,
yo os aseguro que es mayor en vos fa influencia ael
flirt que la del amor y que en ala@ ~e aqU;él habelspaH&amp;do momentos de mll.s intensas sauafacc1ones que en
brazos de éste.
¿No lo creeis?
El flirt, señor&amp; mia, es algo ténue y vaporoso, u.Igo
intangible y transparente, \f.Ue os envuelve, os bes!",
os arrulla. os mima, os encanta. y os seduce . ... un
comp1ometeroii ni obligaros; es una d_ulce y fraternal escaramuza qu~ libran vuestros 010s y vuestro
verbo es un ósculo ami3toso confiado al conducto de
las vibraciones atmosférica~ y un cordial apretón de
manos ni tan largo para e.e~ ~ecami.nos.o, ni tan cort?
para dejar sobre la exqu1.ut9: senS1b1bdad de la ep1dermiP. un soplo dt1 banal md1fereneia.
Es flirt lo que hacemos, mi bella amiga, cuando os
digo que uinguna mujer evoca sobre el teclado los
mspiros de Chopin tan viva.ro. nte como vos, y cuan·
1
do sne dects que las ojeras que agigantan vuestros
ojos de gacela salvaje se deben á que os habeis desvelado leyendo cosas mtas.
Vos quedais orgullosa y contenta. aun cuan~o se•
pais que miento dt!scar&amp;d?A.mente. pues el Pontihcede
los pianistas aborlgenes, os ha asegur9:do 1 -con magi1tral auficiencia,-que Chopiny vos sois polos opuestos, y yo, por mi parte, me st~nto crecer aun cuan~o
tenga. la más completa seguridad de que vuestras OJ6•
ras 110n obra maravillosa de Ttl"Mtro ~érico lápiz,y de
no haber escrito nada hasta ahora.

Pero es que ......
EA que hay un lazo impalpable que nos une, una
corriente simpA.tica que nos f'&lt;ncarlt&gt;n&amp; y que sin embargo no es amor No ~s amor porque nada nos exigimos y bien sabéia nue el amor es exigente
Donde quiern que nos encontramos bailamos placer en est11r juntos, pero una Vf'Z que no;i F epa.ramos
¿nos acordamos el uno del otr .. ? No lo creo, señora,
de parte vuestra; en c"J.anto á rol, seria asaz grosero
si os dijese que os olvido un solo momento ....
¿Os importa .. fa ac1:1.BC" saber que yo amo á alguna?
No de cierto: ¡si a.lguna vez os be becho confidente
de mis amores y vos me habeis escuchado como quien
oye llover! ....
-¿Siento yo celos di) vuestro dueño? amiga mta ....
sella descortés deciros que nó
Y A pesar d6 todo nos buscamos tenazmente cuando la casualidad nos acerca
Eso es el flirt: acuarela del amor, que dijo no sé
quien, pero que fué alguien que con seguridad tenia grandes aficiones por las acuarelu.

•••

No cabe dudar que el flirt reposa sobre la eterna y
universal atracción de los sexos, desde el momento en
que presupone el concurao de una dama y de un ca·
baliero; mas no por ello debe ruborizunos, puesto
que es ley de naturaleza que dttbemos reconocer
franca y altamente, el que esa atracción flote Eobre
las frentes de todos los garzones .f por sobre laa cabelleras de todas las vlrgtmes, y de otros que no son
ni una ui otra cosa
El flirt es tan expontá.neo y tan caprichoso como el
amor, y como él tiene rarezas y volubilidades de onda. Puede llegar &amp; ser ob383ión y suele proscribir to·
do otro sentimiento análogo.
Es eminentemente cerebral y acusa si.empr.e comu ·
nión de idec1,s aún cuando apar,mtemente pueda aparecer lo contrario.
El flirt no tiene las tiranías del amor, y la fidelidad
que invoca es muy relativa: basta que la guardéis en
determinado momento y entonces si debe ser abt10·
luta.
Roza tan sólo la superficie de la almas y se asusta
como ave selv&amp;tica, cuando se 11cerc&amp; á. las profundidades del corazón Vuela entonces y 68 bien dificil
hacerle volver, porque ya desconfia.
Pu"de hit.her flirt pasioni+.l, ll-eñora mia, no lo niego; pero ese 01 µatrimonio de muy altos eeplritus, y
muchas veces lo que tal creemos no e~ otra cosa mas
que el paso al amor, la defección del flirt, la traición
t~nebrosa.
Creedme1 mi hermosa amiga, el amor mé.s sadsfe-

cho no vale nunc!l lo que el flirt más insignificante.
Et flirt no es amistad. porque la amistad es confiada.
é t.itima. A un amiio vuestro podeis abrir el anfora de vuestros más recónditos anhelos, pero á.
vuA~tro flirt sólo debéis decir lo que os convenga.
Un flirt puede tornarse en el más poderoso auxtltar
de vuestro amor, porque mantiene alerta la. at"nción
de vue~tro amado y espolea por manera eficacisima
su dedicación y su fid'?lidad.
Es porque el 'lue ama realmente no concibe el flirt
ni en su propia. per"ººª ni en otras, y ve un pebgro
donde no le hay .BI flirt sólo Mngenia con l&amp; inaependencta del cora1.ón ó con la tranquilidad. d.e un
viejo amor satisfecho.
.
.
Por eso A mi me place flirtear con las novias de
todos mis amigos, lo que ha. contribuido á afianzar
mis verdaderas amistades y á resolver las ticticias.

•••

El flirt, amiga mla, es una imperiosa necesidad de

las sociedades modernas.
Surgió simultánea y naturalmente en el seno de
todos 101 salones civihzsdos, como surgen todas las
verdaderas necesidades, y 1:11 los ingleses fueron loa
prim.,,ros en darle nombre ofieiR.1, fué porque ..... .
¿Por qué serian los ingleses los primeros en bautizarle?
Ah, Albión la pérfida también tiene 11ngre en sua
venas, aunque fria! Ella fué la primera en eliminar
el nuevo sentimiento de sus equivocas analogias y
presentóle al mundo puro y sin mancha.
¡Entonces se vió que era un sentimiento ya muy
viejo!
Confundiósele mucho con la desenvuelta y deseo•
cada caqueteria, con esa coqueterJa que tanto os calumnia, dulce aemiga. Pero no hay nada más erróneo,
porque apAnas hay algo mb diferente que la coqueterl&amp; y el flirt.
Aquella se ejercita con todo el mundo, y éste tan
sólo con determinadas personas. La coqueterla no li
ga y el flirt si. Pero, lo repito, liga momentAnea y
pasajeramente sin los derechos ni las obligacionea
del amor.
El flirt, en suma, es una de las grandes creaciones
de este siglo moribundo.
Flirtead, señora mta flirtead á despecho de tC1do
lo que en contra se os diga. El flirt es honesto y tan
necesario como la cortesla.
Yo le adoro muy devera;,;, y sólo tengo una dud&amp;
que no me ha sido dable resolver, y que someto, ml
señora, á vuestro luminoso examen.
;.Por qué en l!lB conversaciones del flirt el tema
obligado ea el amor?
0SCARRIIIRZ.

Pero no!. ... ya Pstá encendida
Tu alba h\mpara: la luna,
Y ya prende sus destellos
En tus ojos y cabelloR.
En el mes de los clavelea,
Los vergeles
Son, A los templos ea grados
Transportados;
Y al compás de la harmonía
De los misticos looreP.,
Las niñas llevan RUA flores
Hasta el altar de Maria.
......¡Ayl tú no has visto mAe flor
Que la del pobre pastflr,
Arrancada en el caruino:
La gitana florecill,Que abre su faz amarilla
Entre el cardo y el t&gt;Bpino . .... .
¡Oh, maduna que fulgura
Entre la ola
De verdura!
1Virgen sol&amp;
AUá. en praderas distantes,
En praderas habitadas
Por bao.dad as
De mariposas errantes!. ...
Desde aquella lejanlA
Bendice. madona mia,
A totios los caminantes;
Y déjame que de hinojos,
Eleve bá.cla ti mis fijos
Junto al dosel del a1ero
Que extiende su ala ruinosa
A la orilla del sendero,
Y te diga una plegaria
Silenci,sa
¡Oh, madona solitaria! ..... .

Silenciosa,
A h1 orilla del sendero
Baio el doael de un alero
Que extiende su 1tla ruinosa.
¡Triste madona bendita,
Sin ermita,
Allá en sendas solitarias
Donde reina olvido inmenso
Sin cánticos, sin incienso
'
Sin altar y sin plegarias!'. .....
¡Oh, triste madona mh1.!
¿No sie,ntes ¡ay! nostalgia
Por el organo sonoro
Qu" sollozfl desde el coro,
Y pbr la nave sombria
Inundada
De rumores,
Donde entra la luz velad11.
Por los vidrios de colores?
En tu campestre BAntuario
Jamás ningún incensari'o
Alzó su vu-,lo harmonioso¡
En el valle silencioso
No has oido
Mas sonido
Que el clamor de una campana
Muy Jejan&amp;
Que los ecos te han traído.
No conoces
Otras vocea
Que el melancólico acento
De alguna canción dtstante
Llevada en alas del viento .....
O la voz del caminante
Que al verte. reza. se humilla,
Y te dobla la rodilla.
Mientras en otros altares
Prenden luces A millares,
Aqui entrd la sombra bruna
Por siempre estAs escondida ....

JUAN VALLE.

CAPRICicIOS
JOYAS Y FLORES

MARIA ENRIQUElTA

Vuestra.atmósfera supera
A la misma primavera
De los cnmpos, con sus flores
Y sus blandos ruiseñores.

LOS NIÑOS
LONGFELLOW

Con vosotros comparadas
Poco valen las balada¡¡,
Las poéticas leyenda.s
Las ficciones estupendas.

Venid buenc.s amiguitos¡
Cuando escncho vuestros gritos,
Cuando miro vuestro juego,
Mis pesares huyen luego.

Que la historia es sombra incierta
Y los libros letra muerta;
Vuestra cAndida alegria
Es vi viente poesia.
M.A.CARO.

Pues me abrís gentil ventana
Y á la luz de la mañana
Miro el agua crh:talina
Y la inquieta golondrina.
Vuestras almas inocentes
Tienen pájaros y fuentPs;
Vuestros libres pensamientos
Son cual hondas, son cual vientos
En vosotros todo es canto,
'Tódo es luz; gozad, en tanto
Que mi helado invierno empieza;
Ya es de nieve mi cabeza.
Sin vosotros, pequeñuelos
Mensajeros de los cielos,
¿Cuá.n estéril, cuán sombría
La existencia no seria?
Sois cual hojas que al anciano
Boeque dan verdor lozano
Y en los aires se remecen,
'Beben luz y resplandecen.
Yenid 1 niño, bendecidos,
Quedo, quedo en mis oidos
Susurrad lo que sü&amp;ves
-Os conta.rori brisas y aves.

Coche del Sr. l!ledln11 Garduilo.-Sra. de Medina y Srlta. Leal.-l!lenci6n honorifica.

Lleno C(}rtés de crüeldad impía,
Del imperi11l tesoro t&gt;I alma avarat
Por hacer que el monarca. le entregara
LaP. joyas de la azt"ca monarquía,
Fuego lento á los ptés le aplica un dia;
Pero.indomable el rey, nada declara,
Y, sin quejarse y con serena cara,
Parece que al tormento desafJa.
Cediendo del dolor A 111. fiereza
Un compañero suyo de tortura,
Volvióse A él y vióle con tristeza
Debilidad creyendo su amar,z-ura,
Cuauhtemotzin le dijo con firmPza:
º¿Estoy yo sobre flores por ventura? 11

SIMBOLO.

Dijo á la blanca luna el asfodelo:
¡0h reina del azur, solemne y t.iste!
¿Qué misteriosa palidéz te vi~te 1
Ofelia vagabunda por el cielo?
Cándido cisne de color de cielo
¿En qun J rofundo flagetón caíste?
¿A qué brumoso páramo tendiste
• _Las plumas albas con silente vuelo? 11
Calló la flor y doblegó en l&amp; urn&amp;
Su.fúnebre corola taciturna,
Cual aimbólica imá.gen de lo inerte.
~Iien~as el astro, como ·eequife indiano
· De vela 'de Ambar, se perdió en lo arcano
Con rumbo á las riberas de la muerte.
11

LEOPOLDO

Mientras canta Siebel su melodiosaromanza, yo me
pongo a soñar en tan,11s cosas!. .....
En la penumbra, bajo las sombrías arcadas de la
bóveda, frente al ventanal por donde penetran loe
diáfanos azuleas _de la _noche_, hundido en el viejo sillón
de cuero, sllenc1oso, 10móv1l, sólo, mf'idita el Doctor
Fau,to. Cruje la lámpara de bronce.colocada sobre el
verde t11.pet"de la mesa, entre infolios abiertos y frascos polvorosos, y iiu llama oc~e. alargH.da y vacllante
parece un fuego fatuo que mariposa~ en !as tinieblas:
~fuera, la. claridad de tus astroo prende radiaciones
10esperadM en las placas obscuras cte los tejados, en
1~ aguJ&amp; gótica del templo, y en la rumorosa fila de
pmos qa.e atalaya el horizonte. Sobre el cielo, intensamente azul, Bd d~slien las estrellas como gotas de
rocio.
Todo duerme en la solerlad de l.1 .noche. El campar.ario vela. Adentro, en la aparente tranquilidad
de la alcoba. hay lucha desesperada, combate rudo, batalla formidable. Nada se agita en el gabl·
nete; en el fondo tenebroso apenas se perfilan las
retortas volcadu y el ho1nillo apagado: este es un
gran sepulcro. Pero allt, dentro del n€'gro birrete que c~si oculta el rostro. bajo la barba luenga y
enca~c1da, hay una frente en que martillea el pensamiento, incesante y furiosamente, y un pecho dentro del cual un corazón late rebosando amargura. Todo lo ha visto Fausto¡ todo lo ha escudriñado· ha
hundi 1to 11us investigaciones hasta Al fondo de' las
profundidades, en busca de l&amp; eterna v"rdad.
Y después de tantos sueños. pasados en las infini•
tas contemplaciones, en el laberinto de loa obscuros
pro~lt&gt;!ll_as, 86 ha €'ncontrado el insaciable con que
son lLUtlles sus e~fuerzos. Hó aqui uua exiatencia
perdida.
Y alll estA. el rebelde. palpitando bajo la canosa y
luenga b9:rba, y gritándole á cada im,tante: ¿Por qué
te has olv1d~do d~ mi? Yo necesito &amp;'tll&amp;r, necesito
creer, necesito sonar; e:Alvame, sálvame!. .....
En tanto, el cerebr~ le _dec!&amp;: 11 Vigila,acecha, busca¡
la verdad es la sola 10sp1rac1ón1 t-1 sumo bién la eterna vida.
De ~quella lucha callada, !Olitaria, inmensa. vist11.
por Dws. desde laA radiantHB !€'jautas, sur~ó -dna desesperac1óo¡ aqu~lla desesperación arrojó un grito
que.se cond~nsó en el aire y se conviriió en una blasfemia.. Alguien lanzó una carcaj1J.da á lo lejos, la llam11.. de la lámpara se agrandó y se hizo hombre
Mefí,stófeles ~abta Cljrrado el pActo# Fausto· iba á
ser fehz, á ser Joven, A ser amado.
Y allá, mientras lfl aurora dt1shacta las brumas, y
apagaba las estrelb1.s, en su alcoba de virgen Margarita, so~aba con las.visiones ca,tas de su Leyenda de
oro, y tu, Slebel, dt-Jabas tu ramillete de flor"s recién
cortadas. húmeaas 1t.ún por la lluvia del alba en el
alfeiz,r de la ventana.
'
¿Por qué Fausto seduce á Margarita? ¿Por qué tú
que eres el amor puro, huyes del cuadro? ¿Por qué
Ja niña rubia recoja las joyas v dMdeña: las flores?
/.Por qué la canción El Rey de Thulé se torna sollozo
de angustia, y la iglesia ctt'!rra sus puertas á la peca•
dora, y la invisible espada del mal abre el pecho de
Valentln?
Mefistofeles rle de todo esto: rfe, brind,mdo con la
copa chorreante de fuego y el labio de sarcasmos; rie
en la claridad de l&amp; noche mirando cómo en el jardín
dos almas se confunden y se besan; rie en el pórtico
(!el templo¡ rle en la obscura calleja cantando la diabólica snenata.: rie, por fin, en el instante de arrebatar una alma á los celest!Rles designios
Mientras tanto tú &lt;"antas, candoroso muchacho tu
divina romanza: 11Habladle de mi amor, flores a~ada11:1
Y las flores no te bar~n caso: ya estan vencidas por
las joyas ... ... ¡Qué lástima!
Lms G. Ua,rNA.
0

DtA.z,

--------··--------

�254

EL MUNDO

Domingo 25 de Septiembre de 1892

Domlnl!'o ~ de Septiembre '111 1R98

la hora seilalada para la
ejecución, el frío de la
madrugada me despertó .... ..

ORIMEN68 HORR6ND08
Ese día. muy tempranito, babia yo ido al jardín del Retiro llevando mi cámara fotográfica
para tomar instantáneas. El sol claro y brillante l
subía por un cielo sin nubes; la brisa tibia y perfumada agitaba apenas las copas de los árboles
y había por todas partes efluvios de primavera.
y rumores de vida.
Pájaros y flores, campo solitario y horizontes
azulee. ¿Hay cosa más bella? Así pensaba yo,
cuando como si:respondieran á una evocación de
mi pensamiento surgieron en uu claro del jardín,
envueltos por un rayo de luz como un nimbo de
gloria• dos jóven.es sonrientes y felices.
¿Eran prometidos, eran hermanos? quien sabe!
pero el grupo que formaban era más bello que
cielo y campo, flores y aves, brisas y murmur!os.
Pasaron cerca de mí, muy estrechados el uno
c_ontra la otra, en deliciosa confidencia b,ijo su
quitasol de seda blanco que brillaba destacándose sobre
el fondo verde obscuro de la'l frondas.
Siempre he tomado vistas fotográficas de paisajes y de
personas y nunca:me había impresionado tanto como esta
vez. Aquella parej&gt;1, bella y juven, derramando la ventura y la alegría me hizo pensar en que no tengo nada de
eso yo ¡pobre artista buérf1rno! y cuando hice funcionar el
aparato para tomar la negativa, sentí como que me daba
un vuelco el corazón.
Es verdad que Rosita ¡pobre! me ama, y es bella y casta,
inteligente y modesta, pero no es eso, no es eso lo que
ambiciona mi corazón,
Los jóvenes se alejaron riendo y charlando, y yo sin
querer pasear más ese día, me apresuré á volver á mi pobre buhardilla de pintor, que dene muy buena luz, y que
según la expresión gráfica de Rosita, está mi1s cerca de
las nubes que de la tierra.
Allí pude á mis anchas entregarme á la melancolía de mis
pensamientos de solitario. Allí, reclinándome en el alfeizar
de la ventana desde dondesedivisalacasa de Con•
cha, me puse ásuspirar por ella, por ella quees tan
hermosa como pura y que no sabe que la amo ni tres hermanos? No. Se conocieron vi11jando por
sabe siquiera qué existo en el mundo, porque nos se- el Egipto. Uno es americano, de la Carolina del
Norte y tiene un gran capital en minas en Calipara el abismo más infranqueable, Ella es rica!
Desde aquí la veo diariamente salir de su ca- fornia; el otro, es originario de Madagascar, vive
sa, entrar en el 1ujoso carruaJe que la lleva á su en Constantinoplñ y es armador de buques, y el
paseo matinal, y la veo que vuelve á las dos ho- otro, es un inglés que explota criaderos de briras, con las mejillas coloradas por el aire fresco llantes en el Africa austral. Tres potentados. Condel campo, con mucho brillo en los ojos y son- cha no sabe que relación puedan tener con el seriendo de ese modo encantador que cautiva y creto de su padre, pero éste los ve con supersticioso terror -y cuando los presentó á la joven,
embelesa á. cuantos la miran.
Luego se pone al piano y canta y toca una ho- dijo:
ra ó poco más, y por último, antes de que suene
-Hija mía: por desgracia no puedo como quila campana anunciando el momento de la comi- siera, dejar á tu voluntad la libre elección de esda, se pone á leer y á escribir.
poso. Un deber ineludible, me obliga á darte en
Me encantan sus aficiones literarias; nunca la matrimonio á uno de los tres caballeros que están
veo tan bella como cuando sentada junto á su es- aquí presentes, y es á tí á quien corresponde secritorio, con la pluma en la mano, toma esa actitud iialar cual deba ser el preferido. No dudo que
reflexiva de quien está concentrando todas las sabrás obedecer como buena bija, y luego cum•
fuerzas de su vida en el trabajo intelectual y pa- plir estrictamente con tus deberes como buena
rece poseída del fuego de la inspiración.
esposa. Tienes dos meses para conocerlos y traAsí la veo, la veo, y cuando ya de noche caen tarlos y fijar tu preferencht, y tienen ellos el mismis párpados al peso invencible dol sueño, sigo mo tiempo para renunciar á tu mano si así les pamirándola siempre tan bella y tan elegante, pe- reciere. En este último caso ó en el de que por
ro siempre muy lejos del límite que pueden al- desgracia mueran ó se ausenten durante es e placanzar mis esperanzas.
. zo, te devuelvo tu libertad.
El padre de Concha dijo todo esto con entoII
nación solemne y como resolución que no estaba sujeta á discusiones, y la hermosa joven
Y por qué no?
Recapacitemol'! .. El premio obtenido en la últi- contestó:
-Obedeceré, padre mío.
ma exposición con mi cuadro «El amor de hoy »
Ha bian corrido y a cuarenta días de los sesen•
me ha producido dinero y fama y me ba abierto
de par en pa.r las puertas del gran mundo, To- ta del plazo, cuando fui presentadoá Concha; y
dos se di~putan mi amistad como un honor, y cada uno delos tres opulentos extranjeros en vez
Concha misma se ha sentido orgullosa de cono- de desilusionarse y devolver su libertad á aquella pobre víctima, se demostraban ¡con razón!
cerme.
¡Con qué impresión tan profunda le hice mi más y más enamorados, hasta el extremo de haber surgido e11tre ellos más de una vez, celosas
priwera visita!
Ella me recibió con entusiasta afecto; y cuan- reyertas que estuvieron á punto de terminar de
do cerca del piano le hice, así de improviso mi un modo sangriento.
Concha me hizo llorando este triste relato y
declaración de amor, la oyó conmovida c~mo
~
si mis palabras le nubieran penetrado hasta lo terminó diciéndomr :
más íntimo del alma.
-Juró á usted que si fuera yo libre, de nadie
Luegl) me ha hecho una confesión tremenda. sería más que de usted.
Cuanto su padre tiene, nombre, fortuna, posiPor eso desde que me despedí y salí de su cación sccial y política, está lig11do á un secreto tesa, no ocupó mi cerebro más que una obsesión:
rrible que t-lla no conoce pero del que tiene que volver á toda costa su libertad á la hermosa joser forzo,a é inocente víctima. Tres hombres saven que tan irresistible amor inspiraba á cuantos
ben ese secreto, tres no más en el mundo, y como la conocían.
precio de su silencio ba n exigido al padre de Concha que ésta se case con ur:o de ellos. Son acaso

255

!r.LMUNDO

IV

m.
Diez días estuve pensando s:n descansar en la.
misma cosa y formando los proyectos más descabellados, sin resolverme por ninguno, hasta queme vino á las mientes el plan más criminal, hipócrita y diabólico que pueda imaginarse.
Yo sabia que en un pueblo cercano á la Capital hay un roble conocido con el nombre de «El
árbol de Judas» y al cual los campesinos no se
acercan nunca, pues tiene la particularidad de
que cuantot. se acercan á él se ahorcan irremisiblemente con una de las innumerables lianas que·
cuelgan de su tronco,
Nunca du,lé de esta facultad, pues me era muy
conocida la historia de diversos árboles, puentes
y abismos esencialm~nte inspiradores del suicidio. En Wisconsin el sabio naturalista Henryconoció uno de estos árboles y estuvo á punto de
sucumbir b11jo su influencia.; Linneo habla de ellos
al ocuparse de las plan tas raras de_ la América del
Sur; en la c ..mpaiia de Rnsia, Napoleón hubo de
observar cierta noche que cuantos centinelas se·
situaban baje un pino cercano á Moskow, se daban á sí mismos la muerte; ha.v puentes en el Sena y sitios sobre el Viaducto de l\Iadrid que son
imprescindiblemcnte buscados por la gente hastiada dela vida, y cimas y precipicios que han llegado á fundar la teorfa. científica de la atracción
del abismo.
Con esas convicciones, medité y llevé A cabo mi
espantoso crimen.
Escribí á cada uno de mis tres rivales, firmando con el nombre de Concha (cuyaletra había cuidado de conocer y estudiar) un billete en que con
intervalos de media hora les daba cita bajo el árbol
de Judas, prometiéndoles que se casaría con aquel
que tuviera valor para.despreciar las consejas del
vulgo y fuera á recibir bajo aquellas ramas su primer beso de amor bajo las sombras de la noche.
Mi plan no pudo tener mejor ni más siniestro
resultado: uno por uno fueron llegando los infortunados extranjeros, y uno por uno se fueron ahorcando sin pronunciar una sola palabra tan pronto como quedaban bajo la influencia del árbol
maldito.
Yo los observé desde léjo&lt;.!; ví como se retorcieron en las convulsiones de la agonía, lo cual me
causaba un regocijo -satánico, y ví cómo las aves
de rapiña se arrojaban á hacer festín en
aquellos cadáveres.
Poro los regocijos
satánicos, la;; alegrías
mal sanas, la satisfacción del crimen, tienen un dejo tan amar-

Y en vano busqué á la
luz macilenta de la alborada el altar siniestro, el
crucifijo imponente, las
rejas toscas, el centinela
impasible. Todo había
desaparecido, y en su lugar reconocí mi pobre
buhardilla de pintor bohemio, mis muebles mí:
seros y mi ventana que
daba frente á la casa de
Concha.
Entonces respiré, como quien se siente 11livi11.do de un peso muy grande; y apartarrdo mis ojos
del opulento palacio de
mi sonada novia, y levantándome del sillón dondehabía dormido con tan
horrenda pesadilla, me
dirigí ála calle del VE:nado y toqué á la puerta
de una casucha muy pobre.
Media hora después me
habían abierto, y torné
feliz y haciendo felices á
los que me rodeaban, un
modesto desayuno con
mis buenos tíos y mi prima Rosita.
Rosita había sido mi
novia desde la escuela, y
con ella me casé hace pocos días, abandonando
por supuesto mi buhardilla de bohemio desde cuy a ventana se distinguía
el opulento palacio de
Concha.
En cuanto al árbol de
Judas, no es cierto que
exista en ningún pueblecillo cercanoála Capital:
fué como todo el crimen
creación de un sueno.

'

JEAN LORRAIN,

go que no pueden saborearse impunemente. Aquellos infelices que colgando de las ramas siniestrlls se mecían rígidos al soplo del viento, no me
habían hecho ningún mal; valientes y empujados
APUNTE DEL NATURAL
por la fuerza de su amor, cayeron en el cobarde
lazo que les tendió mi astucia y entregaron su
alma á. la eternidad y su cuerpo á los buitres.
Era Ricardo Cambronero, buen muchaeho, simpáEn medio i:le los más atroces remordimientos tico, de cara agradable, de frente estrecha, cejas arpensé que mi deber de hombre honrado habría queadas, ojos azules, nariz recta y boca risueña, de
gruesos. Cuidaba su rubia barba con femenil
sido desafiar áesos hombres, arrancarles su secre- labios
esmero y vestia con elegante sencillez.
to, luchar con ellos valientemente y librar así á
Muy joven, perdió á sus padres, quedando dueño
Concha sin poner precio á mi sacrificio.
de una bonita fortuna; y, mal aconsejado por algunos
Y entonces, ¡qué hermoso porvenir! Amor, for- malos amigotes, él que nad.. tenia de Salomón, tardó
poco en emprender una vida de elegante cal¡i,vera y
tuna, opulencia, felicidad y mi nombre, de artista fué
derrochando lindamente su capital, en licenciosas
circundado luego por la gloria!
francachelas con moz11s y mozos que nada tenían que
Pero ahora todo, hasta Concha misma, quedaba perder.
No gustaba de la taberna, por parecerle cosa demaenvuelto en un vapor espantoso de sangre.
siado baja para hombres de su calaña, y tenia ínfulas
¡Qué horrendo es el crimen! ¡Cómo envenena de conquistador, aunque nunca pasó de ser la más
los pensamientos y se adueiia de todo el ser y grotesca caricatura del Don Juan.
Primero fué amante de una Estrella, linda muchaclava sus garras espantosas en la conciencia sin
cha que vendía sus caricias al mejor postor; luego fué
dar una hora de tregua ni dejar encenderse un Josefina
la que se encargó de irle aligerando el bolrayo de esperanza!
sillo: más tarde Otilia; después Pura; en seguida .....
Nadie sabía mi delito, nadie podía saberlo, y sin no sé quién; y entre unas y otras Je hicieron perder
residuos de su dignidadr la vergüenza, el tiempo
embargo,yo sentía un remordimiento tan atroz, una los
y el dinero.
lucha tan formidable en la conciencia, que al fin
De creerá RicRrdo, para él no había resistencia poen un inconsciente arrebato muy común en los sible; con una mirada, conquista hecha; y en el juego
criminales, corrí ante el juez y le hice una con no habia otro de mejor fortuna.
Verdad es, que si lo primero era dudoso, para los
fesión de todas mis infamias con relación al delito empedernidos
incrédulos, llenos de malicia, lo segunque en todo el pueblo era considerado solamente do tenia muchc de verdad. Rabia jugado con fortucomo una desgracia,
na loca más de una vez; y esto le hizo mantener sus
ilusiones.
Me llevaron á la Carcel l\Iunicipal, donde me bellas
Porque Cambronero tenía ilueiones; creía que, anPusieron centinela de vista, el proceso se instruyó dando el tiempo, Iograrh reunir inmenso fortunón, y
activamente, fuí sentenciitdo á la pena capital, y entonces no darla paso sin que la prensa, esa pregopara no sentir la marcha de las horas en la última nera de la fama, dejase de dará conocer sus más ínpensamientos.
noche de la capilla, me narcoticé con inyecciones timos
Desgraciadamente, la!. cosas no salen como se suede morfina.
ñan. La suerte se cansó de favorecerá Ricardo, y ...
Sin embargo, al darse el toque de alba que era aqui tropiezo y allá caigo, fué quedándose sin blanca.

El final de la pendiente.

r

El mundo elegante hrdó poco en oler lo que le pR·
saba; los amigotu fueron abandonándnlA. á la ¡:,ar
que el dinero; y antes de necesitar del crédito, lo babia perdido por completo.
Notó entonces U11wbronerot con amargur11 inmensa,
que loe pocos que 111 rodeaban, aguardando sin duda
la conclusión de la última peseta le miraban con cierta lá~tima Arrt&gt;pintióse entonces de su conducta;-pero como generalmente ocurre, aquel movimiento de
su conciencia llt&gt;gó demasiado tarde.
H11bla hecho el primo de una manera escandalosa,
como él decía. y al conocerlo as!, lloraba con lágrimas
de frenética rabia. ¡Si hubiera sido más di~creto!. ...
No d1-bió nunca tirllT de aquel modo su fortuna, é indudablemente hubi11ra sido feliz, BID nect'sidad de ser
elegante calavera, Tenorio y otros excesos. Y ... . parodiando al emperador romano, sin él saberlo. grita·
ba el dePgraciado joven, con desconsuelo:-¿Qué DEI·
cesidad tenia yo de flautas tan largas?
Por primera vez en su vida penoó que la existencia
tiene hondas amarguras, hasta para J&lt;,s qut&gt;, como él,
han pArdido todo sentimiento; y por Vt'Z primera, •en
su vida, pensó en el suicidio .... en ese último actoº de
las almas pequeñas y empequf'ñecidas. Pero tuvo la
debilidad de asu~tarse de la «ide11 salvadora•
-Aun era jo.,en, quedAbanle fuer za~ psra conseguir una vida tranquila, por medio &lt;1el honrado trabajo .... Y a qui repas11ba detenidamf'nte su memoria.
-¿Qué harial Trabajar. Esta era la única resolución,
Pero .... ¿en qué? ;,cómo? ¿Qué podria hacer tras de
haoer perdido el tiempo tan lastimosamentt·?
Tropt&gt;zaba con dífL:ultadee inmensas, insuperables.
No podía pensar en escribir pliegos para alguna oficina. Su letra era detestable. Ser escribit&gt;ntto, le habla
parecido sil'mpre cosa demasiado bHja para hombre
de sus condiciones ..... .
r.ntonces pensó con desconsuelo en que era un en~e inútil, que para nada servia en absoluto. ¡El, que
ignorante y descreído. se babia reído siempre de los
que se ganaban la vida á fuerza de honrado tr1:1bajo,
llamánd?les acémilas de la sociedad, hurtos de carga
y ot~as hndezas .. . . era de peor condición!
¡Pt1ro, suceden tan raras cosas en tl corRzbn humano! Cambronero, no renunciaba á sus ilusiones:
tardeó tempr!'-n~, la prensa debía ocuparse de él, si
no como capitahsta, como hombre de talento como
artista de corazón y de bríos.
'
Llegó un dia fin que la patrona se can~ó de tenerle,
y con la mayor frescura d11l mundo, le pu~o •ie patitas
en la calle, sin hacer caso de las promesas qu" hacia
de pagar con creceA. Pero, si es verdad qu11 "dádivas
quebrantan peñas." también es cierto que las más bellas promesas, no conmueven á la patrona más sentimental, y Ricardo_ tuvo que salir de 1~ casa con poca
ropa, no mucho dmero y escasas ilusiones á vista de
tao triste realidad.
'
La primt:ra ve~ que 1:ntró en _un.~ t~berna. para comer un guisote mnommado, smtio cierta instintiva
repugnancia; repugnancia. que fué venciendo poco á
poco hasta acostumbrarse á aqu~lla atmósfera masticable, como si no hubiera respirado otra mejor!
Y se pasaba la noche en esas z~hurdas infames, donde se amontona la carnaza imbér.il que pide á gritos
el deFgarra~~e nava~azo. Y bebía hasta la embriaguez.
Ali! conoc10 i Lohlla, que, á pesar del diminutivo,
era una mujer de edad indefinible, de voz ronca y
áspera, cara pintarrajeada asquerosamente y cuello
lleno de sospechosos costurones.
Ella se enamoró de él, con ese amor bestial de las
viciadas almas vul¡:rares, v él, depravado hasta. el
grado máximo cargó con ella, porque vela en pers.
pectiva una comida diaria.
El elegante y s~ductor Tenorio de ayer, se vió pronto en el más lastimoso estado, bajo el absoluto dominio de aquel esperpento que Je tenla prometida la más
hermosa puñalada si se cansaba de sus caricias.
Transcurrieron algunos meses. Cierta noche en que
se habian menudeado los tragos de aguardiente un
borracho, con lengua torpe, :nsultó á Lolilla llaihándola mil cosas por las que nunca pensó en' ponerse
encarnada, pero al verse cerca de Ricardo se le ocurrió escandalizarse.
El, tambaleándose, se levantó á defenderá su dama
y los dos saliaren de la tabernc&amp;, pegándGse torpPmen~
te, formando un grupo repugnante de carne borracha que ignora lo que hace.
Lolilla, vió que el contrario de Ricardo forzajeaba
por sacar del bolsillo un arma, y entonces se acordó
con verdadero espanto de que su hombre no llevaba
"ni un alfiler," y corrió, dando desaforadas voces en
demanda de socorro.
'
Cuando llegaron los guardias, en el suelo se remo•
via un grupo informe, y una voz aguardentosa decia·
-Toma,pa que defiendas á ese pendón.
·
Y ~l borracho clavaba, con terquedad estúpida, su
cuchillo en el cuerpo de Ricardo........ . ........... .

··x1· ·sig~¡~;"te; ¡~-i&gt;~e~~á

cii~
·ci~i&gt;il: ~~~~iá' ciei ·~~¿~~º
en la forma de costumbre,
Cambronero habla c?nseguido algo de lo que deseaba: ¡Su nombre fué impreso en los diarios de mayor circulación!
RAFAEL Ru1z Lóp,;.z.
En todo espíritu, aún en el más gastado. puede encvntrarse una virginidad. Cada alma es como un ¡¡.
b:o? que no tiene todas las páginas abiertas. Esa vir~midad en la Lucrecia Borgia de la leyenda florentma, es el amor de madre. El corazón es á manera de
una casa que tiene muchos locatarios, todoa suben
por la misma escalera y transitan por los mismos corredores. Algunos se conocen, otros se saludan muchos no se han visto nunca.
'
MANUEL GUTIÉRRRZ

NÁJERA.,

�256

Domingo 25 de Septiembre de li919

EL MUNDO

Domingo~ de Septiembre de 1898

257

EL MUNDO

DE,Mf\Slf\DO Tf\RDE
NOVELA ORIGINAL DE H. DU PLESSAC.
ILUSTRACIONES GRABADAS EN NUESTROS TALLERES.-VERSlON ESPAÑOLAD.E 11EL MUNDO ILUSTRADO"

Número 2
Todo esto fué dicho li.geramente, con ur. acento musical que daba sabor particular al lenguaje
de la amable joven, con
esa gracia regocijada
-que es la más involuntar
ria pe.ro la más peligrosa
.. :;.'6 ;_. . . +,
··~
&lt;.le las coqueterías.
'
Silvia t-ri,. ante todo
una amable scftora de su
,casa; había observado
que la víspera, el calor
con que acogió á Leotardy, había apenado al
Coronel interrumpiendo
-su entrevista cuotidiana,
pero ni un instante supuso que la frialdad y
Ja partida precipitada
de su amigo, hubieran
sido motivadas por un
arrebato de eel0s, sino
&lt;¡ue 1as atribuyó á simple disgusto éontra unim•
portuno.
La viva 11f•cción del
-sefior de V1::raz no era un
misterio para ella, que á
su vez se sentía agradecid11 y contenta. ¿Qué
mujer hay que no conozca elimperioqueejer,ce sobre un hombre y
qi...e no se sienta un poco orgullosa cuando lo
debe úniC11mente á simpath expontánea y no á
maniobras calculadas?
Pero Silvia no veía en
sus relaci.mes con el Coronel, más que una reciprocidad de adehesiún
francá, á la cual la diferencia tle edades daba
como un reflejo de la
afección paternal, y que
tenía también ese sabor
sutil esencialmente inocente y puro, especial á
la amistad entre personas
de sexo diferente.
Nunca había ido más
allá su pensRmiento en
el análisis de estos sentimientos, y por eso venía como amiga, con la
intención de borrar una
impresión desagradable
sufrida por su amigo.
¡Cuán lejos estaba de
figurarse que en el momento de su entrada, el
Coronel ensayaba la
apasionada declaración
que se proponfa hacerle¡
El seilor de Veraz comprendió que aquel no era
ni el lugar ni el momento de realizar su plan, y
aplazándolo para después, se entregó alegremente á la buena fortuna que le caía del cielo.
Silvia iba y venía por el salón sin ceremonias,
lista y risuef!.a mirando todo, tocando todo, preguntando respecto á todo.
·
- ¡Qué linda está su casa de usted! exclamó.
¡Qué bien arreglada! Esos libros, esas armas,
ese balcón lleno de flores. . . . . . ¡Y las espadas!
¿Esta grande es la de usted? En enántas batallas habrá brillado! Y aquí. ... el rincón de los
poetas. A ver: Musset, Gauthier, Coppé, Sully,
Prudhome, Banville ... . Ah! hipocritón! No me
había usted dicho que tenía una pasión secreta.
Justamente mis autores favoritos! Leeremos un
rato todos los dias, ¿quiere usted?
El seilor de Veraz ya ni siquiera se acordaba
de que al instalarse en la c~lle de Vavin había
j11rauo que ninguna hija de Eva franquearía sus
dinteles de solterón empedernido, y como no es·

.

Za reina Guillermina

ae }{olanaa.

Fotografía tomada el dia d~ su coronación,

lo respeto como la más
tierna de las hijas al mejor de los padres, y hace mucho tiempo que en
mi cori,zón no le doy
r
,.
otro nombre. Usted remplaza para mí al buen
..,
padre que he perdido,
único entre los níos que
me ha amado verdaderamente.
Al oír esta declaración
hecha con voz conmovida; el Coronel sint!ó
palidecer sus mejillas y
humedecerse sus. ojos.
Era de dicha? Era de tristeza?
-Ahora, ali.adió la joven sonriendo de nuevo,
ya le dije á usted bastantes ternezas y ha llegado el momento de reftirle un·poco ...... Qué le
sucetlió á usted a y e r
cuando Pntró mi buen
Leotardy?. Puso usted
una cara! ....
-Confieso, sefiora ....
-Déjese usted de tratamientos y M bleme llanamente, puesto que me
he declarado su hija.
Me llamo Silvia. Trate usted, seftor, detenerlo muy
presente para lo sucesivo.
-Silvia es un nombre
lleno cte graci11., pero...
-Pero ridículo, verdad? Soy dela misma opinión, pero ¡qué quiere
usted! no fui yo quien
me bauticé. Bueno, pues
seré Silvia para todl)s y
para usted, sólo para
usted, Gabriela. Pero no,
también Jacobo me dirá
Gabriela cuando venga.
Mientras así parloteaba la bell11. joven, el Coronel fué al balcón, trajo un montón de flores
y lo entregó á GabrielaSilviil.
- Qué amable es usl ted y qué flores tan ex~
, quisitasl -dijo ella. PeronoheaLcabadomi cuen, ! to de
eotardy. Creo
.,
_"~".:.,,,. •.···· _-..,,,._ _
que ese amigo no le es á
,
. usted simpa:tico y quie. ·· · ,,,.
·.
J ro que al fin lo sea. No
"'
· - ·
1
tiene, es verdad, la na...,______--"-_j turaleza fina y aristocrática de usted, pero
qué corazón! elmejor quetaba acostumbrado á la presencia de una mujer, hay en este mundo, sin contar el de usted por supermanecía extasiado ante é3ta que mariposea- puesto. Ya he dicho á usted mucha&amp; veces las
ba iluminando su hogar solitario, y llenándolo tristezas de mi hogar .... Pues Leotardy ha sido
de un p13rfume superior al de las flores.
mi único sostén, mi único defensor, mi único so-Ah! aquí están los retratos de familia. Esta corro. Su mujer era desde la infancia mi mas
sef!.ora de fisonomía tan dulce, de seguro que es tierna amiga. Dios se la llevó hace dos ailos. Era
la mamá de usted. ¿Y esta otra quién es?
demasiado perfecta para la tierra. Leot~rdy es
-Una hermana mía que murió ya.
quien ha dirigido mis tristes asuntos financieros
-¿Y este hermoqo oficial? ¡Qué aspeeto tan y quien me buscó y encontró las ;ecciones de
simpático y tan tierno eli medio de su vigorosa piano que me hacen vivir. Estos son, Coronel,
energía! Apuesto A que es Jacobo, de quien me los lazos que nos unen: quiero que usted los coha hablado usted con tanta frecuencia.
nozca para que lo estime.
-Precisamente.
-Lo estimaré, dijo el Coronel con entusiasmo.
- Pues bien. Dígale usted que hay una mujer
-Gracias á Dios! Créame usted .... mi corarétirada del mundo que lo encuentra encantador, zón cerrado para siempre á todo otro sentimieny que le aro'.!. de antemano por gratitud al amor to, es bastante amplio para encerrar dos grandes
que él le tiene á usted.
amistades: la de Leotardy y _la de usted. . . tres
-Pues me quiere usted un poco? -preguntó el acaso, puesto que pronto conoceré á Jacobo.
Coronel que estaba á punto de perder la cabeza.
Y la inocente sirena se levantó pretextando
-A usted?-dijo la seilora de Letellier po• que ya era demasiad? tarde, por más que el Coniéndose seria de improviso.-A usted lo amo y ronel hacía esfuerzos para retenerla; y al llegar

...

J

�258

su amiga con rasgds tan encantadores, que el
joven oficial había sonreído con incredulidad, y
la hacía tan peligrosa:
-Ayer vió usted que mi hermano Leotardy á no ser por la edad y los principios que tanto
me saludó cQn un beao. Mi papá Veraz ¿no me le reconocía, habría adivinado al través de tan lí·
despedirá besá.ndome también?
· ricos transportes, lo que no era sino demasiada
La visita de la señora de Letellier produjo en verdad; y en cambio la se:liora de Letellier attiel veterano efectos múitiples y contradictorH:&gt;s. buia á apasionamiento senil los retratos exage•
Si no hubiera hablado tantas veces y con tanta rados que de Jacobo se le habían hecho; pero
insistencia de lo filial de su cariño, el Coronel cuando uno y otro se hubieron visto, tacharon
habría sido el más dichoso de los hombres, por- in mente de pálidos é incompletos los relatos del
que su actitud, su lenguaje y sobre todo su visi- Coronel. Y cuando después de verse se hablaron
ta, habrían parecido ocasionados á autorizar to- estos dos seres igualmente jóvenes, bellos y nodas las esperanzas. Pero cada vez que el seil.or bles, y se reconocieron como hechos de una misde Veraz intentó abrir la boca para ponderar el ma naturaleza, su simpatía recíproca brotó tan viardor de sus sentimientos, Silvia, como por in- va como instantánea.
Jacobo de Baillet podía pasar por un tipo de
tuición, le había traído con una palabra al papel
impuesto por su edad. Esa intimidad le había al belleza masculina á la par enérgica y dul~e. Almismo tiempo encantado y desesperado por su to de talla, ancho de espaldas y proporcionado
libertad misma, probándole que la joven no le como un modelo, representaba la potencia y la
consideraba peligroso y le trataba, en é!fecto, ce- fuerza adiestra&lt;las por los ejercicios corporales
roo á un padre. Es verdad que ella le pedía amor, en que era maestro. Su cara tenía un atractivo y
pero al mismo tiempo le señalaba límites tan pre• una gracia que habrían sido propios de una fisocisos, que intentar sobrepasarlos, podría ser muy nomía femenina sin una arruga que le surcaba la
bien peligroso pnra las relaciones que aún así frente dando inc!icios de voluntad reflexiva y
firme. Sus grandes ojos, inundados por lo común
formaban su ventura.
·
La timidez que parece ser condición de los de un reflejo de ternura, lanzaban por momentos
enamorados adolescentes, no es en ellos tan gran• ráfagas de una autoridad sin du.reza, pero revede y tan viva como lo era en este apasionado ladora del hombre y del jefe.
Bajo el bigote fino y poblado, una sonrisa fretardío. Al temor que se apodera del corazón
cuando va á arriesgar su confesión primera, se cuente y cautivadora mostraba la doble fila de
unía en este caso el horror al ridículo. Y más blanquísimos dientes que una mujer envidiaría
dispuesto A exagerar que á atenuai: lo que cono- y que iluminaba su semblante con un reflejo de
cía ser su lado flaco, el pobre Celadón retirado, juventud y de frescura.
creía estar oyendo siempre la carcajada en que
estallaría la viuda al momento en que le confesara la clase de su ternura y de sus esperanzas.
En otro tiempo se le había referido la historia
de una gran coqueta que, cuando un viejo como
él se arrodilló y le declaró su amor, ella Je contestó sin turbarse: «Diré á. usted que sí, siempre
que se levante de un solo impulso y sin apoyarse
con las manos.» El Coronel sabía bien que en
caso semejante él no podría evitar la intervención
de las manos.
·
De consiguiente, su vida pasaba en el período
que siguió á esta visita, en decirse por la mañana: «lo que es esta tarde le hablo,» y en decirse
por la tarde: «ahora no le hablé, pero lo haré
ruafl.ana.» Y esperando la amaba más cada día, y
t&amp;mbien sufría más en medio de una intimidad
creciente que llenaba su vida á la vez de felicidad y de amargura.
Derrepente una claridad vino á ilum,nar este
cielo que estaha ya algo sombrío: Jacobo anunció que iba á venir á París con licencia de un
mes, y el Coronel dió tregua á sus preocupaciones íntimas preparándose á recibir al que llamaba su hijo y amaba como si en efecto lo fuera, y
la señora de Letellier verdaderamente contenta
se asoció á esta dicha. ¡Qué buenas fiestas iban
á tener todos juntos! ¡Qué agradables paseos!
Irían á los teatros, irían á correr al campo en esEn lo moral se le podía pintar con una sola
tos días de Junio tan propios para tales correfrase,
la que respecto á él había puesto el Inspecrías, y se pas1;1rían la gran vida. Para todos iba á
ser un período de vacaciones impacientemente tor general en la última Revista: oficial modelo.
esperado, y Leotardy mismo se mezclaba á estos Su naturaleza debía calificarse lo mismo; su inproyectos uniendo el empuje de su iniciativa, no teligencia valía tanto como su corazón y su recsiempre de un gusto perfecto, pero tan franca y titud igualaba á todas esas otras cualidades. Las
á veces tan graciosa, que hacía al Coronel olvi- mujeres le admiraban con entusiamo y los homdarse de su gravedad y borraba los restos de bres le en envidiaban sin celos.
Al caer la tarde, Jacobo dando el brazo á Silrencor que pudiera guardarle en el fondo de su
via por privilegio de recien venido, atravesaba el
corazón.
Jacobo llegó por fin en una tarde radiosa que Luxemburgo seguido del Coronel y de Leotardy.
por su esplendor parecía tener una atmósfera de Iban á comer juntos á una fonda y los transeunventuras. Cuando el Coronel vió rellllidos en su tes se detenían para admirar esa pareja que
salón á la mujer á quien rodeaba de verdadera marchaba á la luz apacible de la tarde esparcienidolatría, y al joven oficial á quien ninguno po- do un ambiente de belleza, de juventud y de
día ver sin afecto y que tanto había amado siem- amor.
-Qué buen matrimonio harían los dos! dijo
pre, y vió como fondo de este cuadro las frondas
del jardín tan gratas y conocidas irradiantes de Leotardy al Coronel, senalándoselos con la mano.
El señor de Veraz sonrió orgulloso del elogio
luz y de alegría, fué presa de tal comoción, que
tuvo que refugiarse á un balcón para ocultarla. que se hacía á sus dos preferidos y, penetrado inEstaba en uno de esos momentos raros dela. vida conscientemente de una idea análogit. Luego in-en que parece que el corazón va á estallar por clinó la frente ensombrecida por una nube y sintió que su pecho se oprimía bajo el poder de un
exceso de dicha.
La seil.ora Letellier y Jaco bo, al verse por pri- inexplicablfl sentimiento de angustia.
A media comida, Silvia plenamente feliz con
mera vez, sintieron una profunda impresión; y
como sus caracteres eran igualmente francos y sus amigos y deJando desbordarse en arrebatos
expansivos, pronto reinó en su conversación la de regocijo su naturaleza exhubP.rante y radiosa,
mayor cordialidad, sin embargo de que los dos exclamó:
-¡Cómo, Coronel, no está usted muy contento
en el fondo de su pensamiento, tenían algo de
al
verse rodeado de su hijo y de sus amigos!
escepticismo con relación á los elogios entusias-Querida nin.a, respondió el se:lior de Veraz
tas que á cada uno había hecho del otro el Coroun tanto melancólico: la dicha extrema produce
nel de Veraz.
Eu sus cart;ts á Ja'!obo el veterano pintaba á algunas veces efectos de tristeza en los que desá la puerta se detuvo y dijo con ese candor que

!

1

Domingo 25 de Septiembre de 1898

EL MUNDO

cendemos por la pendiente de la- vida. La felicidad completa no corresponde sino á la juventud,
porque para ser completa necesita de las esperanzas que no forman parte del caudal de los.
viejos.
-¡Viejo usted! exclamó Leotardy. En ese cesoes usted un viejo joven.
Y tomó con alegría su copa de vino.
VI
Al cabo de algunos días, la vida de trío que
Leotardy transfol'maba algunas veces en cuarteto, quedó organizada del modo m!\s íntimo y· fa•
miliar. Por la mafiana cada cual se ib1;1 á sus negocios y luego se reunían en una fonda escojida.
de antemano, ó se volvía á almorzar en la casa
del Coronel. Después de comer se perdían en larga3 conversaciones ó se absorvían en alguna lectura elevada, iban á pasear juntos al jardín ó al,
teatro de la Opera; preferido por las aficiones
musicales de los dos jóvenes.
Esta vida patriarcal P,ra justamente la sonada.
por el viejo veterano desde el día en que habiendo visto claro en su conciencia, tomó su resolución. Esta intimidad sencilla era el preludio desu futuro bogar. En casa. del Coronel, Silvia parecía estar en la suya propia, organizaba, dirigía, mandaba y un día dejt~ con una frase encantado al Coronel:
-Mejor quedémonos aquí, en c11sa, dijo en momentos en que se discutía la elección de fonda.
En ocasiones el Coronel cerraba. los ojos y leparecía su sueno convertido en realidad y murmurn ba pensando en Silvia y Jacobo. «Mi mujer~
mi hijo.»
Y cuántas veces, solo en su balcón, se senth
atacado de profunda melancolía! Sus ojos perdidos en el vacío de la noche no se fijaban en na&lt;la.
y sufría de un mal indefinible, escapándosele
suspiros al oír en los murmullos de la brisa algo
que parecía decirle: derl}asiado tf;u·de.
Oh! la juventud! ¿Qué había hecho de la suya?
Corazón sentimental y tierno se había gozado en
renegar del amor y ahora se doblegaba bajo su
ley. Tod) cuanto aspiraba á realizar ahora, en
los dinteles de 111, vejez, habría podido conseguirlo en la primavera de su vida cuando estaba el
universo al alcance de sus manc,s. ¡Qué no habría.
dado por volver á aquellos días venturosos! Su
pasado de esperanzas, fuerza y vigor, le venía á
los ojos en Jacobo que ahora rebozaba en toda
suerte de energías juveniles. Y gozaba como padre afectuoso viendo este árbol en plena floración y sintiendo cierta envidiosa amargura.
¿No le había sucedicto días antes, sentirse fa.
tigado en un paseo cuando Silvia y Jacobo querían teda vía prodigar su actividad en una nueva.
correría? Ya desde la época del regimiento venia.
observando estas diferencias de vigor entre Jacobo y él, pero ahora su inferioridad apareciendo delante de la mujer amada, y el temor de una.
comparación posible, le espantaba en secreto como espanta todo aquello que puede comprometer la ventura esperada. ¿Estaba pues, celoso de
Jacobo? No: ¡qué horror! Su espíritu rechazaba
como criminal la sombra de semejante pensa•
miento.
Además, Jacobo no daba motivo de sospechas.
pues nunca vefa á sulas á Silvia~ y las relaciones
entre ellos, fáciles y sencillas, no sobrepasaban
los límites de las conveniencias entre jóvenes de
la misma edad y se encerraban en los sentimientos de amistad profunda que el senor de Veraz.
había querido despertar en ellos.
Esto demuestra que se puede ser la franqueza
misma como lo el'a el Capitán, que puede uno
amar á su Coronel y protector con todo el corazón como él lo amaba, yal mismo tiempo ocultarle
el secreto más íntimo del alma. Si el sefl.or de Veraz hubiera preguntado á Jacobo: «Amas á la
seflora de Letellier,» él no habría vacilado para
responder: sí. Pero no le había hecho tal pregunta y nadie en el mundo sospechaba que el joven
oficial estuviera como estaba locamente enamorado de la soflada esposa de su protector.
Al fin lo que fatalmente debía llegar, llegó.
Desde que Jacobo conoció á Silvia se conmovió
y hora por hora esta conmoción sehabíaidocam:
biando, en ternura primero y luego en pasión.
Las naturalezas de ambos tan nobles y tan semejantes estaban hechas para comprenderse y unirse
primer contacto y eso había sucedido, porque
s1 Jacobo amaba á Silvia en silencio ella adoraba
tam~ién á Jacobo. Su corazón, que juzgaba muer-

ª!

Domingo 25 de Septiembre de 1898

to, había bruscamente despertado de lo que no
era más que u11 adormecimiento pasajero y palpitaba más ardiente que nunca, con toda la energía de su vigor recobrado. Esta mujer tan recta
y tan pura no había intentado ni engaliarse á si
misma ni luchar contra el sentimiento que se le
imponía como amo absoluto, y amaba á Jacobo
con toda su pntencia de amor, sin calcular nada,
sin esperar nada, sin saber siquiera si estaba correspondida y entregándose sólo á la dicha de
amar.
Tocaba ya á su término la licencia de Jacobo
y aquellos dos niños grandes no habían cambiado una palabra, una mirada, un apretón de mil.•
nos más íntimo que de ordinario y que les hubiera revelado su secreto. Una tarde, mientras
Jacobo cantaba una romanza acompanado al pii.no por Silvia, alguien vino á llamar al Coronel
en nombre de un amigo que le necesitaba para
un negocio Ul'gente. Calló Jacobo apenas había
salido su prutector pero quedó de pié junto al
piano en tanto que Silvia, presa de una emoción
súbita, bajó la cabeza dejando correr vagamente
sus dedos por el teclado.
En medio de este silencio que era ya una confesión, Jacobo, presa de deliciosa embriaguez Sd
inclinó y depositó un prolongado beso en el cuello de la joven. Ella no se alarmó ni intentó defenderse contra esa caricia, y cuando alzó la cabeza tenía la boca sonriente y los ojos húmedos.
Luego se levantó, tendió al oficial ambas manos
y permanecieron allí perdidos en una mirada de
infinita ternura sin decirse una sola palabra.
Sus corazones acababan de desposarse.

VII
Suele ocurrir aún en los temperamentos menos
nerviosos una cosa singular; aunque nada en los
acontecimientos sucedidos sea ocasionado á inspirar tristezas, se levanta uno con una infinita
sensación de melancolía que abate hasta en lo físico. Por una indescifrable presciencia magnética se siente con convicción, que no pasará el día
comenzado así sin que un acontecimiento imprevisto y doloroso venga á. cambiar el curso de la
vida. ¿Qué desgracia me sucederá hoy? Esta es
la pregunta que se hace uno con una angustia
secreta que no tiene razón aparente y es raro que
este presentimiento siniestro no acabe confirmándose con los hechos.
El sefl.or· dtl Veraz dos ó tres veces en la vida
había sentido ese espanto instintivo que luego
quedaba justificado. Cierto día, la muerte de un
amigo muy querido; otra vez una grave herida
recibid&lt;t en circunstancias que no presentaban peligro: pero nunca había probado como ahora este sentimiento y en vano trató de auyentarlo distrayendo su espíritu. Sus poetas preferidos perdieron el encanto y la vista de sus árboles le pa·
recia importuna. Todo le hacía involuntariamente temblar, hasta el ruido de una puert1;1 que se
abría y le parecía que por esa puerta iba á penetrar el infortunio.
Jacobo había salido á caballo con un amigo, y
el Coronel, aunque lo conocía como un equitador
consumado, fué presa de uno de esos terrores infundados y locos que las madres sienten algunas
veees. Le parécía que hasta el relox retardando
su marcha aumentaba su inquietud, cuando al
fin oyó en la calle el ruido deseado, se asomó al
balcón y vió á Jacobo que saltaba ágilmentfl del
caballo á tierra despidiéndose de su amigo. El
Coronel tuvo un suspiro de alivio. No era esta
todavía la d-esgraeia!
El oficial llegó radiante, lleno de la satisfacción de un largo y agradable paseo, pero lleno
sobre todo con la alegría de lo que le había pasado la víspera.
- Buenos días, padrino, dijo alegremente.
El Coronel sonrió olvidando casi sus presentimientos.
En esos momentos José trajo una bandeja, copas y una botella de vino Madera; el coronel sirvió galantemente á su ahijado y este dando punto á su ordinaria alegria, encendió un cigarro y
dijo con voz grave:
-Padrino, tengo que hablará usted de una cosa . ... mt1y seria.
-Te escucho, hijo mío, contestó el Coronel in•
Yoluntariamente turbado.
-Padrino: conocíendo la afición que tiene usted á la carrera militar y su decisión por el celibato, tiemblo al hacer mi confesión .... Amo apasionadamente á una mujer y quiero casarme con
ella.

21&gt;9

EL MUNDO

El Coronel supuso de pronto que Jacobo había de su propio tormento! Cruel ironía! A él le todejado por allíL en los pueblos del l~ste, donde caba irá pedir oficialmente esa mano concedida
había estado de guarnición, alguna novela, y no ya por el amor, esa mano tan deseada para sí
se alarmó porque conocía los sentimientos de J a- · propio. Todos los repliegues de su pensamiento
cobo y sabía que su elección no podría ser dispa- eran sangrientos y dolorosos. ¿Podría ni aún
aceptar la idea de una rivalidad imposible cuanratada.
-Amigo mio, contestó. Aquí no hay Coronel. do el rival era su hijo? Ah! por qué oo h1;1bía seHablas con el sefl.or de Veraz y te confesaré á guido en el servicio para vivir y morir entre sus
mi vez que mis ideas sobre ese punto han cam- hú3ares!
Su dolor llegó á tal punto, que la idea del suibiado. Despué3 que dejé el regimiento que era
mi familia, me he sentido muy solo y he compren- cidio le vino como única solución, pero esta misdido los encantos de un hogar que la mujer ilu- ma idea le devolvió las fuerzas y lto ayudó á l'e•
mina con sus sonrisas y los chiquitines alegran hf:lcerse. El suicidio .... nunca! Poner una mancon su parloteo. Así, pues, en principio, no desa- cha de sangre en los dinteles del paraíso que acapruebo tu proyecto y te confesaré á mi vez (ana- baba de abrirse para los dos únicos séresá quienes
dió contento de poner un puntal á futuras confi- amaba. . . . ¡Qué vergüenza y qué monstruoso
dencias) que yo me pregunto á veces si no haría egoísmo! ¡Qué cobardía la de huir del sufrimienbien, aµesar de mis aflos, asegurándome una di- to y desertar del combatd
Su antiguo pundonor militar se irguió ante él
cha aunque ya para eso sea demasiado tarde.
-Nunca es tarde para el bien; y estoy encan- grave, 11ustero é inmaculado. Adelante, Coronel
tado de esa conversión, preludio de la aproba- ae Veraz! Un soldado debe permanecer firme en
ción que sin duda me dará usted cuando conoz- su puesto aún en medio del desastre y C!ler col!
la frente alta por la nobleza del sacrificio.
c:1 mi elección.
Su cara por donde corrfon aún gruesas lágri-Habla, mi querido Jacobo.
-La que amo, no tiene bienes. de fortuna pe• mas, tomó por un supl'emo esfuerzo de la volunro es de familia distinguida que es lo esencial, y tad una expresión tranquila; y cuando algunos
además no hay una perfección física ó moral que instantes después entró al comedor donde todos
le falte.-¿Para qué describir sus cualidades si ruborosos y turbados lo esperaban Silvia y Jacousted la conoce tan bien como yo, puesto que á bo, sin que nada hiciese sospechar las tempestades de su espíritu, dijo sonriendo:
usted debo la dicha de haberla conocido.
- Vamos, hijl-S míos. . . . á la mesa. ¡Tengo
-Entonces es .... dijo ansioso el Coronel.
una hambre de los demonios!
-La señora de Letellier.
El señor de Veraz recibió el golpe cu pleno
pecho, pero como verdadero soldado: sin pestaVIII
fl.ear. Nada en su ros.tro tradujo el espantoso dolor que le barrenó las entrañas. No wás un insA partir de este momento el Coronel subió su
tante permaneció silencioso porque la voz no calvario sin vacilar. Eise día, conforme lo había
podía salir de su garganta anudada, pero luego prometido hizo la demanda oficial y su conmodominó esta debilidad con un esfuerzo enérgico ción en este acto quedaba bien explicada por el
y prosiguió con entonación grave pero tranquila. amor que tenia á Ja0obo. Involuntariamente y
-Así pues: tú amas á la se:liora de Letellier. por una amarga travesura de su memoria, las
-Con toda mi alma.
frases que vinieron á sus labios para habl!lr á
-¿Y ella?
Silvirt del amor de Jacobo y pedirle asegurara su
-Me ama como yo.
dicha, fueron las mismas que en sus suenos pa·
-¿Se lo han dicho ya los dos?
sados se había propuesto decirle por cuenta pro-Ayer por la vez primera y mi inmensa dicha pia.
La respuesta dela señoraLetellier fué la que de•
será mayor si aprueba mted nuestros proyectos.
El Coronel hizo un llamamiento á todas sus bía ser viniendo de esta mujer sincera, expansiva y
fuerzas y contestó:
amante. La situación un poco anormal en que se
-Lo apruebo .... No podías haber elegido hallaban desde t:l principio de sus relac:ones, lemás perfecta criatura, y mi corazón, de padre pa- jos de las reglas estrictas de la etiqueta mundara losdos, está seguro de que serán felices. Cása• na facilitó
confesión clara de su ternura arte, haces bien no dejando pasar el tiempo co• diente hacia el joven oficial, y fué dado al Coronel oír de aquella boca encantadora palabras de
roo yo.
-Pero hace un momento decía usted ....
amor, promesas de adhesión, segul"idades de di-Una locura. A mi edad ne debe uno pensar cha siu término, amor, adhesión, seguridades que
en esas cosas .... es demasiado tarde.
en otro tiempo él había esperado ¡ay! y que ya
-Usted es mi padre. ¿Quiere usted hacer á no eran para él.
Aún en medio de la descepcion más cruel, el
Silvia la petición oficial de su mano para mí?
hombre que todavía está joven y cuyo amor es
-La haré hoy mismo.
Jacobo se levantó profundamente conmovido rechazado ó no comprendido, guarda inconscieny se al'rojó en brazos del Corouel y sintió de temente una luz que le consuela y reconforta en
pronto que el pecho vigoroso en que apoyaba su lo int:mo: el ma.lla11al La vida está frente á él y
poi· mucho que entonces le parezca sombría y
juvenil cabeza, estaba agitado por los sollozos.
-Oh! padrino . .. . ¡Cuánto me ama usted! gri- desencantada, á despecho de su dolor y en un
repliegue secreto de su corazón, permanece esa
tó Jacobo conmovido hasta el alma.
-Más de lo que te imaginas, respondió el Co- fuerza suprema que es la esperanza. A la edad
del Coronel ya no hay «mañana» ni «esperanza»
ronel con voz trémula.
Pero como había llegado al límite de su resis- y el ensueño que se va es el últim0, y el rayo
que se apaga no será ya reemplazado por otro
tencia agregó:
-Vete, Jacobo; estoy un poco conmovido .... alguno.
Y hay que dará la vida el adios definitivo.
Este acontecimiento tan inesperado .... Quiero
Ni un momento, sin embargo, se debilitó el Coquedarme solo un momento. No tardo en reunirron~l en .su.actitud enérgica y tierna, y había mome á ustedes.
Cuando Jacobo, que nada sospechaba, salió, el mentos en que hallaba en su cariil.o á Jacobo y
Coronel corrió el cerrojo de su puerta y se arro- en su a.mor á Silvia, no solamente fuerzas, sino aljó en una silla cerca de su lecho, y hundiendo la go como la amarga alegría de inmolarse.
Con todo y eso el hombre es hombre al fin, y
cara entre los cobertores para no ser oído, este
valiente tuvo su hora de debilidad y dejó gritar cuando terminado el día en que se hicieron las
á su desesperación. Todo se había hundido en proposiciones del matrimonio, se encontró solo
torno suyo, toda dicha se babia hecho imposible frente á sus libros que ya no le hablaban al espara siempre. La mujer querida le era arrebatada píritu y frente á sus Arboles cuyas hoJas tostadas
por ese hijo á quien, feliz de formarlo, había ro- por el sol, empezaban á caer, una lasitud supredeado de la más tierna solicitud. La felicidad con ma le entró por el corazón y sintió un arrebato
que tanto había soñado y que ya había creído rabioso de dolor, porque no había conocido el
poseer, no solamente se le escapaba para toda la amor sino para sufrir.
Jacobo tuvo que volvPr á su regimiento pero
vida sino que tendría que sufrir el martirio de
ver que otl'O la gozaba ante sus ojos. ¡Qué supli- venia todos los sábados para pasar treinta ó más
cio iba á comenzar para él desde esta hora en horas con su novia y con su padrino.
Oh! esas visitas esperadas por la mujer tan
que en su libertad alegre estos dos nifios enamo.
rados y sincerus, creerían regocijarlo en sus afec- amante como amada y acogidas con la vivacidad
ciones paternales,. haciéndolo confidente de la de su carácter y el ardor de su ternura, eran paternura que se profesaban! ¡Y él debería sonreír ra ellos deliciosas. Y durante las separaciones
¡qué grata correspondencia de :a que Silvia, queá este espectáculo que le desgarraría el alma y
debería sin cesa1· ser el agente y el preparador riendo halagarlo, le leía al seilor de Veraz los pa-

1,

•

�260

/',

EL MUNDO

sajes mts tiernos! y también toda ruborizada,
le callaba algunas frases, omisión que era un
golpe más para el corazón mártir del pobre con
fidente.
Cierto día Silvia eseribió á Jacobo una carta
en que se sintió tan inspirada, tan impregnada
de poesía, que en arrebato af~ctuoso h'lcia «el
buen padre» vino á ensefiársela entera, himno de
amor con que cantaba en la plenitud de la dicha
el corazón más tierno y más apasionado. J,as
lágrimas saltaron á lns ojos del Coronel. Una
carta así habría querido recibir!
Entre tanto las cosas sEguían su curso. Casi
diariamente iba el veterano al Ministerio de la
Guerra para apresurar las formalidades previas
al matrimonio de su ahijado, al través de la complicllda red de la burocracia militar. Adem,s hacía compras para la instalación del nuevo hogar,
algunas veces acompañado de la joven, y cada
detalle que habría podido ser sí de sí propio ó se
tratar11 motivo de una gran alegría, s ~ convertía
en un suplicio horrendo.
Era también preciso pensar en ciertas cueitiones materiales. Cierto que Jacobo era rico, pero
Silvia no tenía nada, ni aún la dote reglamentaria exigida ~ara la mujer de un oficial. y el Coronel pudo observ,.r que este pensamiento era la
única nube que solía enlutar la frente de la novia. Se vió entonces que el señor de Veraz salía
todas las mañanas sin avisar donde iba y llevando papeles bajo el brazo. El correo trajo cierta
vez á la sellora de Letellier una carta de un notario en la que le suplicaba pasara á su estudio
para negocios que la concernían.
Allí se la dió á conocer una acta por medio de
la cual el Coronel le hacía donación inmediata de
la cantidad exigida para su dote, y además, para
después de su muerte la instituía heredera universal de todo cuanto poseía.
Qué bella sería la vida si encerrara solamente
alegrías tan elevadas y puras como la, de Silvia
y Jacobo y dolores tan nobles y tan Vlllientemente soportados como los del Coronel! No habría en la tierra más que corazones delicados y
correctos.
Cierta ocasión recibió el Coronel una carta firmada con un nombre ilegible y en la que se le felicitaba por haber flabido desembarazarse de un
enredo importuno á la larga y haber asegurado
hábilmente el porvenir de la persona querida casándola con su ahijado que era bastante rico. E3. te, decía la carta, era verdaderament..J un golpe .
maestro. Se le aconsej11ba no mas en 9interés de
la paz del matrimonio, y eso porque el joven ·
cficial podía ser menos tolerante que su padrino,
que alejaran á un tal Leotardy predecesor de
ambos en la posesión de las gracias de Silvia.
El Coronel despedazó con disgusto el infame

Domingo 25 de Septiembre de 189i

de improviso, y desde el día siguiente la vejez
empezó; y quien había sido centro de todos los
vigores, no quedó más que para esperar el momento último y deseado.
¡Adios libros amados! ¡Adios encanto penetrante y dulce de los árboles vecinos, confidentes
en otros tiempos de sus esperanzas que se ~eshojaban como ellas al impulso del Otollo, baJo un
cielo sin sol!
El Coronel no salía casi. Alguna que otra vez
llevaba por el Luxemburgo sus pasos tardos y pesados, y contemplaba con mií·ada mel~ncólica las
parejas regocijadas que_ caminaban t1~rnamente
unidas y que hacían vemr á su memoria aqµellas
dolorosas palabras: demasiado ta1·de,
.
-Cuánto desmPjora ese pobre de Veraz, decu.
cierta vez acabando dd separarse de él uno de
sus antiguos camaradas en el Círculo Militar.. Y
no está tan viejo, pero con su naturaleza activa
IX
es la falta del servicio lo que lo mata. Asi nos paEl matrimonio se verificó al fin, pero modes- sa á todos. P11N qué diablos dejó su regimiento?
tamente y sín ruido. El Corc,nel era uno de los· tenía allí toda vía p11ra muchos aflos ....
testigos de su ahijado y Leotardy uno de los de
Tres meses después de su casamiento, Jacobo
Silvia. La Vi8ible . emoción del Coronel no sor- que estaba un poco inquif:t&lt;'. porque ya pasaba~
prendió á nadie porque se sabía cuanto amaba á días sin que tuvieran noticias del Coronel, reciJ acobo y muchos tenían conocimiento de la afee• bió unll carta del ordenanz&gt;1, en que le hacía satuosa amistad que lo ligaba con la desposada.
ber que su padrino estaba muy enferm.,o, y que,
Terminada la comida íntima que siguió á la aunque había mandado que no les d1Jera nada,
ceremonia, necesitó de todo su valor al despe- por aeuerJo del médico, les indicaba la convedirse, diciendo mientras un aturdimiento le obs- niencia de que ni un momento más retardaran su
Cll!'ecía el cerebro:
regreso á París.
-Que sean ustedes .muy felices, hijos míos.
En el acto se pusieron en camino; pero como
, En medio de su dicha, y dirigiéndose á la e~- si la misma palabra debiera pesar hasta el fin sotación del ferrocarril para su viaje de novios, los bre el infortunado Coronel, cuando ellos llegaron
aleg¡•es jóvenes no se fijaron en el tono grave y era ya demasiado tm·de.
dulce como una bendición con que fueron dichas
Cuando el tren en que vinieron entraba en la
estas palabras, últimas que debían oir de la boca estación de Parü, el sellor de Veraz se extinguía
del honrado y noble Coronel.
dulcemente sin sufrimiento visible, como una
Solo ya en su casa frente al espectro amena- planta á la que el sol no calienta ya.
z~dor de la vejez, al que sólo el amor podría ha- ..
Enfermedad de consunción, decían los médiber detenido en su marcha, el seflor de Veraz es• cos· enfermedad del retiro decían los viejos catuvo paseando largas horas por el salón que le ca~ar11das, enfermedad de amor tardío, esa fué
parecía inmenso y vacío. Fué luego al departa- la que lo mató.
mento antiguo de Silvia donde todos los muehles
Cuando Silvia se aproximó al lecho de muerte
empacados estaban listos para ser llevados fue- de su amigo, observó que con una de sus manos
ra de allí, y en el que nada le traía á la imagi- apretaba contra el pecho un objeto que colgaba
nación la presencia querida y la vida de otros de su cuello sostenido por una cadena de oro.
dias.
Dulce y piadosamente Silvia apartó los dedos toSilencio nada más .... silencio, soledad, aban- davía flexibles, y vió el relicario qne contenfa un
dono y muerte.
retrato de ella en miniatura obsequiado al CoM' Sentado sobre una caja, en· la que había sido nel el día de la boda.
a~coba de la sellora Letellier, el Coronel pasó una
Entonces de improviso Silvia comprtmdió.....
gran parte de la noche perdido en vagos ensue- y después de haber posado con unción sus iabios
llos, casi inconsciente. De tiempo en tiempo veía en la frente del pobre muerto, se arrodilló y estula hora en un pequello reloj dejado por olvido vo llorando largas horas.
sobre la· chimenea y un suspiro involuntario se
le escapaba del pecho.
H. DU PLESSAC.
Su energía que no era ya útil para nadie cayó
pasquia, pero sintió un sufrimiento amargo. Todo
quedaba transformado para él en la vida: el porvenir que era un cúmulo de horrores, el presente que era un abwmo de torturas y hasta su pasado, su querido pasado de honradez¡ tan intacto,
dulce y puro acababa de ser envenenado con la
calumnia. ¿De dón·de venía esta indignidad? ¿De
la mano de algún pretendiente desdellado, de la
de una mujer celosa de la belleza y de la dicha?
Poco le importaba. No quería ni a\Ín pensar en
el odioso ultraje, pero quedó por largo tiempo
en sus labios el amargo sabor del corrompido
fruto que mordió por casualidad. Este incidente
sin consecuecias directas, fué el último peso
arrojado en la balanza y que hizo inclinarse la
vida del Coronel del lado de la suprema desesperación.

TOMO 11·

MEXICO, OCTUBRE 2 DJll 1898

Recuerdos del 16 de Septiembre

EL SR. PRESIDENTE
t;OXDECORAXDO A LOS VETERANOS DE LA REPlJBLIC.l..

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NUMERO 14

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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/',

EL MUNDO

sajes mts tiernos! y también toda ruborizada,
le callaba algunas frases, omisión que era un
golpe más para el corazón mártir del pobre con
fidente.
Cierto día Silvia eseribió á Jacobo una carta
en que se sintió tan inspirada, tan impregnada
de poesía, que en arrebato af~ctuoso h'lcia «el
buen padre» vino á ensefiársela entera, himno de
amor con que cantaba en la plenitud de la dicha
el corazón más tierno y más apasionado. J,as
lágrimas saltaron á lns ojos del Coronel. Una
carta así habría querido recibir!
Entre tanto las cosas sEguían su curso. Casi
diariamente iba el veterano al Ministerio de la
Guerra para apresurar las formalidades previas
al matrimonio de su ahijado, al través de la complicllda red de la burocracia militar. Adem,s hacía compras para la instalación del nuevo hogar,
algunas veces acompañado de la joven, y cada
detalle que habría podido ser sí de sí propio ó se
tratar11 motivo de una gran alegría, s ~ convertía
en un suplicio horrendo.
Era también preciso pensar en ciertas cueitiones materiales. Cierto que Jacobo era rico, pero
Silvia no tenía nada, ni aún la dote reglamentaria exigida ~ara la mujer de un oficial. y el Coronel pudo observ,.r que este pensamiento era la
única nube que solía enlutar la frente de la novia. Se vió entonces que el señor de Veraz salía
todas las mañanas sin avisar donde iba y llevando papeles bajo el brazo. El correo trajo cierta
vez á la sellora de Letellier una carta de un notario en la que le suplicaba pasara á su estudio
para negocios que la concernían.
Allí se la dió á conocer una acta por medio de
la cual el Coronel le hacía donación inmediata de
la cantidad exigida para su dote, y además, para
después de su muerte la instituía heredera universal de todo cuanto poseía.
Qué bella sería la vida si encerrara solamente
alegrías tan elevadas y puras como la, de Silvia
y Jacobo y dolores tan nobles y tan Vlllientemente soportados como los del Coronel! No habría en la tierra más que corazones delicados y
correctos.
Cierta ocasión recibió el Coronel una carta firmada con un nombre ilegible y en la que se le felicitaba por haber flabido desembarazarse de un
enredo importuno á la larga y haber asegurado
hábilmente el porvenir de la persona querida casándola con su ahijado que era bastante rico. E3. te, decía la carta, era verdaderament..J un golpe .
maestro. Se le aconsej11ba no mas en 9interés de
la paz del matrimonio, y eso porque el joven ·
cficial podía ser menos tolerante que su padrino,
que alejaran á un tal Leotardy predecesor de
ambos en la posesión de las gracias de Silvia.
El Coronel despedazó con disgusto el infame

Domingo 25 de Septiembre de 189i

de improviso, y desde el día siguiente la vejez
empezó; y quien había sido centro de todos los
vigores, no quedó más que para esperar el momento último y deseado.
¡Adios libros amados! ¡Adios encanto penetrante y dulce de los árboles vecinos, confidentes
en otros tiempos de sus esperanzas que se ~eshojaban como ellas al impulso del Otollo, baJo un
cielo sin sol!
El Coronel no salía casi. Alguna que otra vez
llevaba por el Luxemburgo sus pasos tardos y pesados, y contemplaba con mií·ada mel~ncólica las
parejas regocijadas que_ caminaban t1~rnamente
unidas y que hacían vemr á su memoria aqµellas
dolorosas palabras: demasiado ta1·de,
.
-Cuánto desmPjora ese pobre de Veraz, decu.
cierta vez acabando dd separarse de él uno de
sus antiguos camaradas en el Círculo Militar.. Y
no está tan viejo, pero con su naturaleza activa
IX
es la falta del servicio lo que lo mata. Asi nos paEl matrimonio se verificó al fin, pero modes- sa á todos. P11N qué diablos dejó su regimiento?
tamente y sín ruido. El Corc,nel era uno de los· tenía allí toda vía p11ra muchos aflos ....
testigos de su ahijado y Leotardy uno de los de
Tres meses después de su casamiento, Jacobo
Silvia. La Vi8ible . emoción del Coronel no sor- que estaba un poco inquif:t&lt;'. porque ya pasaba~
prendió á nadie porque se sabía cuanto amaba á días sin que tuvieran noticias del Coronel, reciJ acobo y muchos tenían conocimiento de la afee• bió unll carta del ordenanz&gt;1, en que le hacía satuosa amistad que lo ligaba con la desposada.
ber que su padrino estaba muy enferm.,o, y que,
Terminada la comida íntima que siguió á la aunque había mandado que no les d1Jera nada,
ceremonia, necesitó de todo su valor al despe- por aeuerJo del médico, les indicaba la convedirse, diciendo mientras un aturdimiento le obs- niencia de que ni un momento más retardaran su
Cll!'ecía el cerebro:
regreso á París.
-Que sean ustedes .muy felices, hijos míos.
En el acto se pusieron en camino; pero como
, En medio de su dicha, y dirigiéndose á la e~- si la misma palabra debiera pesar hasta el fin sotación del ferrocarril para su viaje de novios, los bre el infortunado Coronel, cuando ellos llegaron
aleg¡•es jóvenes no se fijaron en el tono grave y era ya demasiado tm·de.
dulce como una bendición con que fueron dichas
Cuando el tren en que vinieron entraba en la
estas palabras, últimas que debían oir de la boca estación de Parü, el sellor de Veraz se extinguía
del honrado y noble Coronel.
dulcemente sin sufrimiento visible, como una
Solo ya en su casa frente al espectro amena- planta á la que el sol no calienta ya.
z~dor de la vejez, al que sólo el amor podría ha- ..
Enfermedad de consunción, decían los médiber detenido en su marcha, el seflor de Veraz es• cos· enfermedad del retiro decían los viejos catuvo paseando largas horas por el salón que le ca~ar11das, enfermedad de amor tardío, esa fué
parecía inmenso y vacío. Fué luego al departa- la que lo mató.
mento antiguo de Silvia donde todos los muehles
Cuando Silvia se aproximó al lecho de muerte
empacados estaban listos para ser llevados fue- de su amigo, observó que con una de sus manos
ra de allí, y en el que nada le traía á la imagi- apretaba contra el pecho un objeto que colgaba
nación la presencia querida y la vida de otros de su cuello sostenido por una cadena de oro.
dias.
Dulce y piadosamente Silvia apartó los dedos toSilencio nada más .... silencio, soledad, aban- davía flexibles, y vió el relicario qne contenfa un
dono y muerte.
retrato de ella en miniatura obsequiado al CoM' Sentado sobre una caja, en· la que había sido nel el día de la boda.
a~coba de la sellora Letellier, el Coronel pasó una
Entonces de improviso Silvia comprtmdió.....
gran parte de la noche perdido en vagos ensue- y después de haber posado con unción sus iabios
llos, casi inconsciente. De tiempo en tiempo veía en la frente del pobre muerto, se arrodilló y estula hora en un pequello reloj dejado por olvido vo llorando largas horas.
sobre la· chimenea y un suspiro involuntario se
le escapaba del pecho.
H. DU PLESSAC.
Su energía que no era ya útil para nadie cayó
pasquia, pero sintió un sufrimiento amargo. Todo
quedaba transformado para él en la vida: el porvenir que era un cúmulo de horrores, el presente que era un abwmo de torturas y hasta su pasado, su querido pasado de honradez¡ tan intacto,
dulce y puro acababa de ser envenenado con la
calumnia. ¿De dón·de venía esta indignidad? ¿De
la mano de algún pretendiente desdellado, de la
de una mujer celosa de la belleza y de la dicha?
Poco le importaba. No quería ni a\Ín pensar en
el odioso ultraje, pero quedó por largo tiempo
en sus labios el amargo sabor del corrompido
fruto que mordió por casualidad. Este incidente
sin consecuecias directas, fué el último peso
arrojado en la balanza y que hizo inclinarse la
vida del Coronel del lado de la suprema desesperación.

TOMO 11·

MEXICO, OCTUBRE 2 DJll 1898

Recuerdos del 16 de Septiembre

EL SR. PRESIDENTE
t;OXDECORAXDO A LOS VETERANOS DE LA REPlJBLIC.l..

•

•

•

NUMERO 14

�262

LA.SEMANA

..

Domtn,rr 2 dt' Octubre de 1898

EL MUNDO

Un banquete presidido por el se:llor Gobernador del Distrito y al que asistieron el Ministrode
los Estados Unidos, el Presidente del Ayuntamiento y algunos distinguidos caballeros me;2Ci•
canos y de nacionalidad americana, solemmzó
la inauguración oficial de la Colonia del Paseo
que se extenderá dei:de la estatua de Cuauhtemoc
hasta el Bosque de Chapulttipec.
Una Asociación norte--americana «The Improvement Company» inició la formación del elegante barrio, cuyas residencias acreditarán el titulo
que tiene México para llamarse la Ciudad de los
l&gt;alacios.
Arboles y jardínes en la vía, pavimentación cómoda de asfalto, amplias aceras y subsueio sólido;
el tipo perfecto de una ciudad moderna, higiénica y suntuosa. Las residencias, artísticas como
los palacios de Niza y de Cannes, y confortables
como los interiores de Inglaterra y de los Esta•
dos Unidos.
• Qué rlüerencia entre el barrio naciente y la
ciudad vieja, compacta y gris, triste manchón de
tonos neutros caido en medio del risue:llo valle,
como indeleble rastro de la época colonial, férrea,
brutal y soilolienta . ...
Los que viven condenados á perpetua reclusión, en un horizonte de cimborrios negruzcos y
descascarados, de casonas ehaparras y de callejuelas, con qué envidia contemplarán las airosas
torrecillas y llls terrazas, las ventanas coquetamente encubiertas por un cortinaje de parietarias
y los jardincillos minúsculos· como una guirnalda
ó selváticos como un parque.
La civiliza.ción es activa en sus propagandas.
Su método es la enseilanza por el objeto: cuelga
un arco de luz y abominamos de los crepúsculos
del petróleo incivil, propicio á los crímenes y á
la pereza; nos ense:lla á hablará distancia con un
sencillo aparato y aprendemos á valorar el tiempo perdido en inútites correrías y el dinero gastado en intermediarios poco diligentes; nos dice
cómo se educa al niilo, sin esfuerzo~ ni crueldades, y el dómine rega:llón destruye la pnlmeta para hacer figuras gaométricas con el instrumento
de tortura.
Pronto cobraremos horror á esta existencia de
arenques comprimidos, almacenados en la vivienda ahogada por las emanaciones nauseabund11s
de la accesoria. Habrá demanda de luz, de espacios abiertbs, de comfor t. El biene3tar no es el
privilegio de los ricos. Los pueblos adelantados
conocen el secreto de vivir y dicen que la vida
confortablP. es para todos los que concurren á las
labores colectivas, obreros, intelectuales, capitalistas.
Para nosotros eso que es una aspiración natural
raya e¡:¡ prodigio; pero no, muy pronto acaso, el obtuso tradicionalismo verá ,iaer de un golpe los muros que aun nos separan del mundo ignoto en que
se mueven los emancipados. •

,..,
Los procedimientos varían. Ya no pr.:&gt;side A la
fundación de las ciudades la eventualidad estratégica de la defensa contra nómades rapaces.
Antes, las nuevas poblaciones eran aduares en
parte, y en parte campamentos.
Larga y penosa gestación de cultura! El guerrero inculto no abría paso á los maestros de
escuela é industriales, sino cuando desaparecían
algunas generaciones tragadas por la 1::arbarie,
entre el tedio de los desiertos y la holganza estipendiada.
Hoy :a industria omnipotente hace nacer en un
día emporios inmP.nsos y va sembrando A lo largo de los ríos, junto á las cataratas enfurecidas
y en los bosques vírgenes, establecimientos fabril~s en cuyo derredor se agrupan blancas barriadas.
Todo eso es improvisado y A la vez detinitivo
y sólido. No se olvida un solo lineamiento del
edificio social para los pioneers que se aventuran
en la conquista lícita de la industria.

,..,
El pueblo recientementé formado á orillas del
río Lerma, cerca de Juanacatlán, es de este tipo.
Hermosas caídas de agua, de una gracia panorámica que hace pensar en las torrenteras alpinas, agrupan entre el follaje abrupto las casas de

los operarios congregados allf para dar á las fuerzas naturales antes perdidas, aplicación cuyos
resultados s¡rán el progreso y el bienestar de
una comarca.
Veinte manzanas ó más ocupadas por habitaciones, y entre ellas, la escuela y -~l templ?· Aun
no se instalan las fabricas de teJ:dos, obJeto dt'
la nueva poblacion, y ya tienen los poblado~es
todo lo que exige el alma cuando desprendida
de las trbtes materialidades, vuela en pos de _la
ciencia y la fé, ideales supr~mos de nuestra exBtencía. ·

,..,

.Asf lo dicPÍi, al menos, los que representan el
pontificado del pensamiento moderno.
La ciencia, como las escuelas de arte y las religiones, tiene propagandistas desinteresados y
entusiastas.
La «Sociedad Mexicana para el cultivo de las
ciencias» celebró su cuart1:1. sesión pública en la
Sala Wagner. Una profesora, la Srita. Soledad
V. Sánchez habló de un tema, verdadera novedad y aún sorpresa para muchos: las últimas experieneias científicas cuyo resultado fué .obtener
el aire líquido.
.Aun familiarizados con los prodigios de la fí.
sica, no podemos sustraer nuestro espíritu al sentimiento de extrafleza con que recorre el pens'l.miento esos novelescos avatares del aire que sale de la máquina Linde para formar copos de
nieve sobre el fuego y sólidos martillos .ion el escurridizo azogue .... . .
Y de todas estas maravill11s que sobrepujan en
su pasqiosa realidad el suef\o de los alquimist~s
árabes y los milagros de Apolonio y del monJe
Rojerio, nos han hablado labios femeninos, los
labios qu9 antaiio sólo pronunciaban fórmulas
de servilismo ó de piedad impotente,
Hemos presenciado d·os triunfos para el pensamiento humano: la ciencia difundiéndose del oculto laboratorio par la fnmensurable extensiór. del
mundo, y la mujer, dign:ficada ante su conciencia y ante la humanidad que desata sus ligadu1·11s devolviéndole en independencia y saber todo
lo que ella nos ha dado de ternuras y nobleza
mor11l.

Profundamente significativa ha sido la v~lada
de la Escuela Preparatoria en honor de los heroes
de la Independencia.
El Se:llor Presidente asistió A ella con sus Ministros, y un público que ror lo numeroso indica
las simpatías de la juventud preparatoriana en
nuestra sociedad.
La sillería del salón de actos de la Escuela, ricamente esculpida, da al local solemne aspecto
universitario. Como todas nuestras escuelas, la
Preparatoria se ha enriquecido con los tesoros
conventuales, y la espléndida sillería de los Padres
Agustinos restaurada, es uno de los primores de
arte y tradición, más caros á nuestra juventud.
Hace pensar en la bor!as doctorales y en las arg11cias aristotélicas, en el trivium y el qua,&lt;f,rivium, en todo el aparatoso saber algc hueco yen
el formalismo del intelecto medioeval que albergó en los claustros y cátedras de la nueva Espalia ideas y preocupaciones, despedazadas en Europa por el Renacimiento y la Reforma.
Pero moy pe cos eran los que pensaban en los
buenos 1iempos de inercia intelectnal, la noche de
la velada. H11bía allí un gran ausente que llenaba
de memorias gratas y mtilancólicas todosl0scorazones; un muerto &lt;!Ue difundía su espirftu iluminando todaslaseonciencias con el esplendor desu fé
en el progrPso y de su amor á la humanidad. El
nombre de Barreda voht ba con devoción de millares de labios, como un testimonio de la nobleeficacia de su-obr11 genial, sancionada por el tiempo.
Es que sentíamos 111 estrecha solidaridad del
insurgente. de 1810 y del filósofo en cuyo pen·
samiento altivo nació la emancipación intelectual
de Méxíco.
No es posible que un hombre rompa todas las
cadenas; Hidalgo creó é impuso la fórmula política de la Independencia y Barreda nosdióelevan•
gelio de la verdad.
Dos generaciones, unidas por una fé y un propósito común, cumplen el humilde apostolado de
la doctrina, esa doctrina de concordia y progreso que hará perdurable y querido en nuestra patria el nombre del Maestro, el hé.r;'Oe intelectual
de Méxíeo.
Dick,

•

Domingo 2 de Octubre de 189ts.

¡lolitica Oitntral.

~orifeos de los intereses británicos y mosco•
vitas; y conforme la voluntad augusta del Soberano se inclinaba á favor de unos ó de otros, así
era el rumbo que se marcaba en la política exterior de China.
Solicitado el Hijo del Cielo por una especie de
fascinación á seguir los usos y costumbres de
los pueblos ol!cidentales, llegó á olvidar un punto l11s tradiciones cte su raza y los fanatismos de
su pueblo, y pretendió, iluso, en una nación petrificada, en un Imperio sobre el cual pesan los siglos
con la pesadumbre inmensa de lHs edades geológicas, pretendió establecer reformas transcendentales, que despertaran á aquella sociedad fósil,
que resucitaran á aquellas _clases privil_egiadas,
inmóviles cumo las cordilleras del H1malaya,
inmutilbles como sus altas cumbres, eternas como
sus ritos sagrados, para -iue entraran A la vida
activa, al movimiento incesante de los pueblos
modernos.

RESUMEN. - El conflicto chl!!O - El Extremo Oriente•
centro de todas las ambiciones -El pretorianlsmod&amp;·
Peli:ln.- ConJuraclones en el Palacio Imperial. - El :
desmoronamiento de! Imperio. - Los pueblos cadu ·
cos - El repartimiento fui uro de China.-Las confe- •
renclas de Parls. -La comisión esranola Y la comtslon americana. ·Las pretensiones de Washington y,
los deseos de Madrid. - La :ntenenclón de Alemania,
-Nuevos datos en el problema.- La Replibllca Ollpt• .
na.-Las aspiraciones de Agulnsldo. - La ocupación,
de Fashoda. - J,a expedición de Marchand - La Gran,
Bretana en el Africa.-La "cruz brltánlca."-Conclu,.
slón.

Negras nubes se amontonan en el Extremo•
Oriente. Allí donde se han d11n dado cita todos•
los apetitos y todas las cc,ncupiscencias de los grandes y los poderosos d~ la tierra, . ciérn:se en el '
espacio la sombra fatídica de la discordia, y Alas.
veces rasga el cielo el cárdeno fulgor del relámpago que anuncia próximas y espi.ntosas catAs•
trofes.
Allí está la figura del joven Honhenzollern, irguiendose altanera y puesta la ~tanta sobre~! territorio de Kiao Chao, pretendiendo conquistarnuevas y dilatadas posesio~es, para derrram:i~ el
exceso pletórico de población de su populoso imperio, para buscar nuevo~ mercacfos á la cre_ciente actividad de sus súbditos, para dar sahda á
los productos excesivos del industrialismo alemán.
Allí está también la serena y omnipotente per-sonalidad del Czar moscovita, siguiendo siempre la
tradición histórica que no encuentra coto á sus.
deseos·, ni límite á sus posesiones, ni fronteras á
sus dominios· allí está, levantandosu voz soberana p 11 ra agr¡gar á los dilatados dominios de sQ,
imperial corona todo lo que P.ueda de~moronarsa,
del caduco imperio de los HlJos del Cielo.
Allf también la seiiora de los mares, la vieJa.,
Inglaterra que no ceja en sus aspiraciones, queno retrocede un punto en su política tradicional,
que,due:fl.aenno remotos días ~e aquellas apartad_¡ts.
regiones, no quiere perd~r m un áto~o de ~u m~
fluencia, ni una perrogativa de. su soberama, m
un privilegio de su comercio, ni una moléculade
su poder.
Allí también la Francia republicana, presa co-mo otras potencias de la gran alucinación del kilómetro cuadrado; allí la conquistadora de Tonkin que tanMs lágrimas y tantos ~acrificios lecostara; allí la patria de Carnot quenendo extender sus dominios coloniales y restaurar aquel
imperio de los pasados días, en que compartía
con Portugal el dominio de l?s mares oríenta~es_
Allí el Imperio del Sol naciente, pueblo nacido.
ayer y ya con todoe- los apetitos de las viejas nacionalidades; ebrio con sus triunfos de Wey-HayWey y Puerto Arturo y mal reprimido su _enco_nocontra quien le cercenó el fruto de sus victorias
sancionado en los preliminares de paz de Shimonoreki pretende resarcirse de sus viejas debilidades y ~obrar con nuevas adquisiciones lo que alcanzara por la conqui.sta.
Allí por último la Unión .Americana, que embriagada con los fáciles tr~unfos de De~ey y
aguijoneada por las conqwstas de Agumaldo,.
' ha puesto su planta conquistadora sobre las Islas.
Filipinas· sin import11rle un punto los derechos.
seculares' de Espall.a, las glorias y las tradici?•
nes del pueblo que envió A Magallanes y sostuvo,
á Lrgazpi para adue:llarse del territorio tagalo ..
Y illspaila, apesar de las humillaciones á que ha.
tenido que sujet11rile, para suspender la guerra.
desastrosa que consumía sus energías sin fruto
y agot11ba su sangre sin objeto, dueiia de r~cos.
territorios en aquellos revueltos mares, reclama..
su derecho, exije en nombre de la historia laposesión pacífica del Archipiélago filipino, y aun.
promete nuevos sacrificios y habla de nuevo_s.
heroísmos, para no perder de una vez ese, g1rún hermoso de su rico imperio colonial de otro~: .
días.

*

**
Semillero donde se albergan
la conspiración
artera la ambición secreta y el pretorianismo,
inagot~ble, el palacio imperial de Pekín ha sido.
en estos dfllB teatrodetragediasintrincadas, donde no ha faltado ni la nota bufa de los vaudeviUes, ni la nota clásica de las antiguas creaciones.
helénicas. Sujeta la corte del Emperador á las.
influencias alternativas de Vmdres y San Petersburgo, ba bllbido violentes derrumbes y exaltaciones inespe1 atlas eutre los cortesanos, verdadero~

--

¡Vano intento! Entre la.
sombra se urdió la conjura.ción de camarilla; los genízaros se agruparon al rededor de alguien qué sostuviera con mano vigorosa
la bandera de la tradición;
los pretorianos con fútiles
pretextos de odio á Inglaterra y de amor á Rusiapotencias que igualmente se
disputan los restos del caduco imperio-obligaron A
la Emperatriz viuda á que
entrara en la conspiración,
y obtuvieron que con astucia inaudita, con arterías
dignas de los tiempos más
calamitosos del Bajo Imperio, abdicara el Emperador
en favor de la augusta dama, se negara á símismo la
soberanía y quedara recluido como mueble inútil y
estorboso en un rincónapartadode palacio.
Li Hung Chang, que por
mucho tiempo fué el porta-estandarte de las aspiraciones moscovitas, el célebre
virrey que recorrió el mundo civilizado en marcha
triunfal como un verdadero
soberano; Li Hung Chang
que encarnaba todos los
odios contra el inglés, y al
agitar sus resplandecientes
plumas de mandarín, provocaba discusiones en el
gabinete de Saint James,
fué desposeído de su omnímodo poder, con gran regocijo de los políticos britanos que se ufanaban ya al
encontrarla recompensa de
sus pasadas derrotas diplomáticas.
Pero la conspiración no
había concluido y la Emperatriz viuda , duefta hoy y seilora de los dilatados dominios que ha arrebatado á su augusto
sobrino enfermo, recluido, apartado de los negocios de Estado, anuncia ya la rehabilitación del
énemigo de la Gran Breta:lla.

***

.l

¿A dónde van todas esas aspiraciones que se
concentran en Pekin? ¿Cómo no esperar que en
un momento estalle en choque formidable la explosión de tantoa odios? ¿Cómo no creer quo allí
se amontonan los elementos de una terrible conflagración, y que una nota discordante e?tre los
gabinetes, una salida de tono entre los d1plomáticos, un arranque salvaje entre loa políticos chinos, roídos de ambiciones mandanirescas, haga
estallar la tempestad?
Los pueblos, lo mismo que los individuos, recorren paso á paso el camino de su historia. Mientras existen energías en su organismo, p~lpitaciones en sn corazón y relámpagos de gemo en
su cerehro, nada son los obstáculos, nada las dificultades; todo queda veneido al impulso de su
brazo, son llanos los caminos y sa desvanecen

EL MUNDO

las «fificultades. Pero cuando la carcoma de los
a:llos, la caducidad de las tradiciones, la enfermedad misma que consigo trae la vejez ha enfriado los miembros y debilitado la c,rganización, se
derrumban y caen en espantosa ruina, unas veces en medio del estruendo de fieros cataclismos,
y otras veces, callados y silencio.os, tristes y
abandonados, en dc,lorosa soledad. Los buitres
hacen presa de los cadáveres que c11en en el desierto ó quedan en lo escondido de la selva. La
competencia internacional c11e sobre los organis•
mos sociales que se desmoronan y acude presurosa A los repartimientos. Si por evoluciones anteriores, si por ley de integración, la nacionalidad
que se derrumba guarda en su seno vit11les energías, fórmanse de los despojos nuevas entidad:is
soberanas y surge, como á la caída del Imperio
Romano, toda una organización social que lfona
la Edad Media; pero si no existen gérmenes de
vida, mirase en las convulsiones de agonía de

A.&lt;JTO DE LA. CONDECORA.CION.

esos pueblos, una disgrog11.ción triste y dolorosa,
pero cliJlada, como sucedió á la infeliz Polonia.
Hay en el Imperio Chino, en medio de su civilización secular donde se ven las estratificaciones que han formado las eda&lt;les á su paso, hay
elementos suficientes para que ingertándose allí
· nuevos gérmenes de vida, resucite el continente
asiático A la actividad de la civilización moderna. A las solicitudes de las potencias occidentales ha seguido la desorganización, el principio
de descomposición en el seno de la dinastía. Segú.n decía en ocasjón solemne Mr. Chamberlain,
ha comenzado la desintegración social, y pronto
llegarA la hora de los repartimientos.

***
Como asociándose á estas circunstancias que
son más para despertar, más para estimular que
para acallar los apetitos europeos, únese A la
cuestión china la solución del conflicto filipino.
Maiiana se reunirá en París la comisión mixta
internacional, que al acordar las bases definrtivas de paz entre Espaila y Estadc,s U nidos, tiene
que decidir también la suerte futura del Archipiélago magallánico.

Llevan los comisionados espaiioles instrucciones categóricas del gobierno de Madrid, para que
aun á pesar de la cláusula aprobada en el protocolo de la paz, procuren -conservar integro aquel
territorio, entre los dominios de Don Alfonso
XIII. Sean cuales fueren las pretensiones americanas, sean cuales fueren los apetitos manifestados por los vencedores, los representantes de la
monarquía borbónica deben esf:rzarse y poner
todo su conato, á fin de que, ya que la dolorosa
derrota ha obligado al gobierno de Madrid · A
abandonar su soberanía en Cuba, objeto de la
contienda,. y á ceder el territorrio de Puerto Rico é islas adyacentes, siquiera en aquellas tl.partadas regiones no sufra menoscabo el patrimonio
territorial de Fspaila.
Están tan manifiestas las tendencias del gabinete &lt;le Madrid P,n este punto, que más de una
vez se ha hablado de cierta intervenció_n de Alemania para resolver el conflicto á favor de las
aspiraciones espailolas.
Ciertamente que no será
gratuita esa intervención;
es verdad que considerando de qué manera el Empe-·
rador de Alemania pretende tomar participación rn t 1
reparto del Extremo Oriente, no ha de embarcarse en
una aventura peligrosa por
amor á la dinastía y por
dar amparo al desvalido.
Pero sea como fuere, y haya ó no miras interesadas
en la actitud de Alemania,
se ha hablado con insistencia últimamente de ciertos manejos hostiles que
tienden á entorpecer la acción del ejército americano,
á cercenarelfrutoque quiere recoger de su victoria, y
si es preciso, á levantar las
huestes tagalas de Aguinal
do contra Ottis y Dewey,
suministrando armas á los
insurrectos y alentAndolcis
en su eterna rebeldía.
Aguinaldo que no se ha
dej11do conquistar entera·
mente por los halagvs y las
promesas de los americanos, adivinando q'u izá las
dificultades que se presen•
ten en lo porvenir, mantiene en lo posible su buena
armonía con los jefes que
imperan en Manila, sin que
por esto deponga ,su actitud
independiente, con vo'q ne
una especiede congreso tagalo para proclamar fa independencia de las islas; y
pasando por erieima de los
deseos de los Estados Unidos que quieren para sí todo el Ar-chipiélago ó por
lo menos la rica isla de Luzón, y haciendo A un lado
la insistencia espall.ola que
no quiere á pesar de sus derrotas abdicar de s11
soberanía er, aquellos ricos y extensos territorios,
pasando por encima de todo, acaba de proclamar
la República de Filipinas soberana é independiente.
Grave es el paso que acaba de dar el tagalo
insurrecto,á quien las victorias americanas han
proporcionado omnímodo poder y hcultadesdictatoriales más allá de Manila y de Cavite. Grave
es el paso, y poresoátiempo haenviadosusagentes áWashington parabuscaralamparode McKinley, la san~ión en sus peligrosas aventuras y acaso
el reconocimiento del orden de cosas que quiere establecer; y basta tiene la quellamariamos ridicula pretensión, de que sus representantes tengan voz
en las conferencias de París.

***
Puede afirmarse sin temor de equivocarse, que
ni los mismos amerícanos llegaron A ·pensar que
la victoria de Dewey el primero de Mayo sobre
la escuadra espailola del almirante Montojo, había deponerlos en un trance tan llenó de díficuItades, y traerles un conflicto en que acaso no
sólo tengan enfrente á .su enemiga Espafta, sino

,

.

'

�264

EL MUNDO

Domingo 2 de Octubre de 1898.

Domingo 2 de Octubre de 1898

,r.1,

mTNno _

265

UNA PAGINA DE NOVELA EN EL POLO NORTE
NOVIO HELADO Y NOVIA. QUE ESPERA.....

***

Dr Luis Rodarte.- Zac.
tambié'l al poderoso imperio germánico. Due:llos de
Manila, capital· del Archipiélago, suefian, según la ,
opinión de algunos exaltados, con ser dueflos también
de las numeros11s islas; ante
esas aspiraciones se levantan Espa:lia que 110 ~ede en
sus derechos á pesar de su
debilidad, ~ tal vez Aleqiania que llega en nombre de
la fuerza.
No creemos ni en la posibilidad de nn conf1icto germano-americano. Son claras y patentes las declaraciones oficiales, para. que
dudemos de la cordialidad
de relacionas que existe entre las dos potencias; pero
la sola consideración de la
presencia de Alemania para
la solución d,11 conflicto ha
de ser muy poderosa para
que se limiten las pretensiones y las exigencias y
siga fácil y llana. la tarea
encomendada ~ los comisionados de París. Tal es
lo que aconseja la razón é
indica el buen sentido; y no
ha llegado el gobierno americano, nicreemos que llegue, á sentir el desvanecimiento de las grandezas y
la fiebre de las conquistas

Mientras el General Kitchener marchaba paso
á paso, firme y seguro á la conquista del Soudán,
á la captura de Jartún, A Ja destrucción del po- ,
der de los dervises y al ·aniquilamiento del Madi,
c&gt;bjeto final de la expedición anglo- egipcia que
iba á agregar al patrimonio del Jedive 1011 fértiles territorios donde se asientan las fuentes del
Nilo; por caminos extraviados, por regiones inexploradas y procedente del Congo, iba una expedición francesa al mando del capitán March!md
en busca del territorio sudanés; y antes de que
las avanzadi1singlesas pudieran impedirlo, llegó
á plilnt11r sobre los minaretes de F1c1shoda la band&lt;'rn de la República. Desgraciadamente para
11quella heroiM expedición, el pufiado de hombres que la formaba, un centenar de senegaleses
y unos cu11ntos sold11dos del ejército colonial, lleg11ron exhaustos, fatigados, rendidos, después de
una larga y difícil p"eregrin11ción, y por ende in•
c11paces de resistir al empuje de las huestes a11glo-egipcias.
Simult&amp;ne11mente ha ondeado sobt·e Fashoda
la bandera francesa y la bandera egipcia: una,

C""LLE PRINCIP""L-Sombrerett-. - Zac.

16 de Septiembre en Tehuacáo.

LA INICIATIVA DEL CZAR DE RUSIA

Sr Herliudo Lazalde.--Zac.
transversalmente la línea
británica qu«i tiende á dilatarse desde Alej1mdría hasta el Cabo. Pero Fashoda
pertenece al territorio conquistado por Kitchener; no
pueden alegarse los derechos de prime1· ocupante,
haciendo á un lado á sus
propietarios naturales. Jartún en poder de los ingleses
después de la sangrienta batalla de Ondurmán, les da
derecho á 111. posesión de todo el territorio sujeto á la discutida soberanía del M~di,
Digan lo que quieran los
jingos franceses, el gabinete de París habrá de renuncíar á 111s ventajas que en
otras circunstancias hubiera podido producirle E;sa
marcha heroica, esa peregrinación atrevida á través
de selvas enmarttfiadas, de
ríos que parecen torrentes,
de montafias inextricables,
que ha seguido el _Capitán
?ifarchand, esperando dilata1· los dominios de su patria, y ¡&gt;retendiendo romper
la cruz británica del Africa en donde, A menos de
serias com pliciones, han de
vers&amp; crucificadas todas las.
ambiciones de las potencias
colonizadoras.

defendida por un pufiado de heroE.s, y otra, sostenída por un ejército cubierto ccn los laureles
frescos de Oadurmán y orgulloso con la reeiente toma de Jartún. En otras circunstancias, la
p'}sesión de Fashoda h11bría sido de altísimo interés para las colonias francesas, habría sido un
punto de apoyo importante, que ligando el imperio de Menelick con Túnez y con Argelia, á través de Ja región de las Ctttaratas, habría cortado

Sr. Leonides LI. y Valdés -Zac.

Lle. A.mado Lárrlva.-Zac.
al grado que lo empujen á. peligrosas y desconoeidas aventuras, con una potencia de primer órden en cuanto á. lo militar y muy próxima A serlo en cuanto á. lo naval.

Sr. .J"uan B. de la Parra.-Zac.
Fotogmfias de José Pérez Chávez, S0111,brerete, Zar.

Uno de loF compañeros de Andrée, Nils Strindbeg,
ea un joven de treinta 1iñoa que era profesor en la
universidad libre de Stokolmo y discípulo de la Upsala. Joven y hermoso, sintiendo anhelos de aventuras
y dti gloria, quiso u.nirs~ á 18 expedición ~e Andrée_á
pesar de teliler una vie¡a madrti y una Joven novia
q~e hace catorce meses que le esperan con ansiainau•
dita.
El 11 de Julio de 1897 cuando en Spitsberg empPzó
á soplar el tan d11aeado viento Sur que habla de impeler el globlo "Aguila" hacia las gélidas regiot1es
del polo y cuando Andrée dió la SPñal de partida para
aprovechar ese soplo propicio. Nils Strindberg se acerco á. un francés que habla trabajado en asuntos aereos,
táticos. de nombre Alejo Machuron. para suplicarle
que hiciese llPgar á. manos de su pr&lt;,m..tida una carta
Que Je entregaba juntamente con las últimas foróg-ufias que Machuron habla de sacar tan Juego el «Agui-

$i la Gran Breta:!la ha sufrido rnveses 1y experimentado desencantos en su política china, su
actitud en el continente africano es cada vez mAs
resuelta, más firme, más incontrastable, ya se le
considere aislada ó en relación con la pretendida.
alianza anglo-germana.-X. X. X.
-

tes cifras que tomamos de periódicos francPses Tan
grand,- e-s esa desproporción que nadie dudará. de la
po11ibilidad de 11plicar remedio tan sPncillo . .probada
Su signiflcaci6n real y econ6mlca.
como está. su eficacia, á. un estado patológico cuya
gravedad es palpable.
en ~Omil millones de pesos lo qu11 ha coPtll•
Un acontecimiento de importancia y por completo doCa1cúlase
á Europa la paz armada, esto es, el aumento de
ine~perado, fué el redcripto por el cual el Emperador gastos
militares de 1870 á la fecha
de Rusia tomó la iniciativa de una propo,ición que
Para 1-'l año que cursa pueden repartirse los gastrs
"tiende á. aliviará. loe pueblos del pes9do fardo de la de la paz armada Pntre las seis g-rand es potencias, de
paz armada. Coincidencia ■ingular. Apenas murió la manera siguiente:
13ismarck el crtiador del orden de cosas existente, lanInglaterra, mil diez y siete millones de fr1incos.
zó el Cz:tr su generosa propoeición iovitaodo á. las poRusl1i, novecientos dieciocho millonf's de francos.
tencias á un arreglo para establecer sobre bases sóFrancia, ochocientos ochenta'y un millon11s.
lidas dt1 iuaticia y concordia la paz definitiva,
Alemania. ochocientos setenta v ocho millones.
Creen algunos que es utópico el pensamiento de
Austria, cuatrocientos cinco millones.
Nicolás JI y para ello se fundan principalmente en la
Italia, trescientos setenta y ocho millones.
supuesta imposibilidad de que Alemania y Fraucia
Tuglaterra es J,i que ·~ asta más por la extension
aleguen á. un acuerdo apoyado en mutuas conce11iones enorme que ha dado á. su marina de guerra, para conde los derechos que una y otra nación alPgan sobre el seguir que supere á. las dos marinas más poderosaa
oterrlto~io cedido por la segunda t1n 1870; pero los que d11I mundo
asi piensan no.han reflexionado en -el peso qne tiene
El ~ño de 1880 Francia ocupó el primer lugar Pn
una decisión. cuando emana del soberano más pode- esos g1tstos ruinosos. pues ascendieron á mil diez y
roso del continente f'uropeo, y tampoco se han ocupa- PlllR millones de francos, de los cuales, ochocientos un
·do en pesar la fuerza que cobran dia á dia las ideas millonPs se aplicaron al t&gt;jército de tinra.
Tehuaeán.-Grupo de losnrgentes.
-de justicia y la necesidad de atenderá k,s verdadeEl MinMro de Marina de Francia. M. Lockroy, ha
iros interesPs de los pueblos.
hablado de la urgencia de rehacer l&gt;t flota francesa.
Un periódico de San Peter¡¡burgo considera negocio Nuevos y continuos gastos en perspectiva ....
la• .emprendiPRe ~u aerea peregrinación. Strindberg
-tactib1e y aun sencillo, l1t nentr111ización de los tPrriestaba conmovido al hacer esos encargo2, y y por fin
torios que 110 di11putan Francia y Alem,i.nia, máxime
partió bruscamente á. embarcar~e en la canastilla del
*
bajo la presión resuP)ta y conciliadora d11l Czar; pero
globo .'f&amp; ocupada por sus compañeros Andrée y Fraen*.
hay más, suponiendo que las complicacioueR entre
Se ve, pues, que las seis grandes potencias habl'á.n kel.
las dos potencias mencionadas fueran irres.lubles pa- gutado este año cerca de cinco mil millones de fran*
cos en el pl't&gt;SUpuesto de
la paz armada; p11ro estas
Hil paPado ya más de un año desde la partida de I!'
son las cifras vi1,ibles, falta Pxpedición y no Pe conoce la suerte que hayan corninscribir la suma de lo que do los valnosos tripulantPI! del •A!l.uila.•
importan o&amp;t"as partida. no
Entre otros e~fuerzo@hechos para encontrarlo•, parmenos ruinosas de la que tió una espedición al mando dt'I teniente Wellmaun
llama un l'"riódico francé~,
"or~la de armamentot1 pacificos.11
Loa daños que el estado
actual ria desconfianza mternacional inflige á. los
pueblos son enormes, pe10
es posible calcularlos
aproximadamente.
Cada ciudadano repre·
sen ta un capical intelectual
y material cuyo traba.jo Pe
computa en la producción
de la riqueza nacional Ca•
da hombre sustri!.ldo al cocomercio, á. la industria, á
la agricultura, etc, constituye una pérdi,ta que no
puede bajar de seia francos
diarios por término medio,
ó lo que es igual, una pér•
dida anual efe trabajo de
1,800 franco s por soldado.
Dado el efectivo de . . ..
2.894,uOO hombre~. lit pérCasa del Sr. Salvador Bracho.-Sombrerete.
dida representa 5209 millones.
·
-cfficamente, poco ha de poder ese conflicto si se comEl total de los gastos y
para su importancia con el aflictivo e~tado de Euro- costo de los ejércitos de las
pa á causa de los armam9ntos que sostienen su iues- seis potencias. representa
table equllibrio
pues, una suma de diez mil
Si hacemos á un lado lo~ intereses puramente poli- millones de francos.
ticos de lc•s gobiernos. es fácil comprender que la g-ran
Calcúlede todo lo quepomasa de Jo,i pobladores de Europa tiene en máa el dria hacerse con tanto dibienestar individual y los derechos á la vida y al pro- nero si en vez de consumirducto del trabajo de cada uno, que á. esas rencillas lo improductivamente en
• -que en último resultado no son, aun en las repúblicas,· locas aventuras ven soste•
sino un residuo transformado de las antiguas luch!1s ne:: ejércitos y 'flotas, fedinásticas.
cundaran las iuduatriasque
Utópica serla la idea del (.)zar si pretendiera extin- alimentan la vida de una
guir el eterno conflicto entre las razas, dominadas nación, no las que la mapor a~pirllciones de expansión y preponderancia; ni el tan y aniquilan.
Czar de Rusia con todo su poder ni cien coogre~os
Por rico que sea un pala
lograrlan pont"r coto á. los antagonismos económicos, loa gastos militares excesi-que á eso quedan reducidas las humanas luchas.- vos lo empobrecen, y lapoPero no, él propone lisa y llanamente, la supret1_lón de blacióa sufre miserias que
laa causas facticias de malestar dentro del continente nanea conocerá.o los pueeuropeo y un arreglo pacifico para !.is dhcensiones blo~ afortunados que pueque no tienen alcance fuera de las Intrigas de gabine- den aplicar el producto inte de loe reye~ y polWcos.
tegro de su industria, al
bienestar privado y al pro•
greso da lii, colectividad.
•*•
Claramente 11e ver A,la desproporción que existe en•
El monumento de la Independencia en el momento de ser
~
tre las causas del mal y sus resultados CQn las siguiendescubierta por el Gobernador de Puebla.

••

•

�Domtngo 2 de Octubre de 1898

EL MUNDO

266

Domingo 2 de Octubre de 1898

?67

EL MUNDO

OBRAS EN EL RIO LERMA.PARA PROTEGER LA CIUDAD DE ACAMBARO.

Continuación de los trabajos.

El principio de los trabajos en las márgenes del rio.
dt-sde el pnerto noruPgo Tromsoe haria la escualída.
tierra de Francisco J usé á. bordo ael FrJthjof.
El se¡?undo comandante de este b11rco ha.escrito
una catta al hermano de Andrée que ha bita en Gotheburg, de la cual extractamos un trozo:
"Estamos lejos de todo lugar habitxdo y nos hallamos
en la Tierra de Francisco José; abanctonamos á Ar·
kangel ayer á las tres de la tarde; hasta hoy todo va
bie11 y nuestros 83 hombres están dispuesto11 á. todo y
están llenos de valor.
Además de las cartas y periódicos quA he recibido,
tengo también una carta dirigida á Nils Strindberg
para entregársela en caso de hallarle. La letra de la
cubi+'rta es de mujer y me presumo que será de ~u novia Puede usted, si la conoce, de!)irle que esa carta
está bien segura y que eF pero dár11ela al destinario en
brevP..... ámenos de que su mano helada no pueda
ya 1ecibirla ......... 11
No cabe duda: esa carta es de la mucha.cha sueca
novia de Strindberg, que desde ha.ce quince meses pena por n-cibir 11oticiaij de su dilecto.
Cada aurora que despunta es para ella una dulce es•
peranza y cada l'r~pú~culo vespertino una desilusión
tremPnda. Y ruega a Dios sin cesar que ta expedición
auxiliar encuentre 1\ su prometido.
MiAntras tanto su carta a1ravie~a. la11 inexploradas
y gélida~ regiones de la. tierra de Francisco José, dentro de la balija rlel tenie1,te Wellinann .q ue acaba de
dej,u el Fri-thiof con ocho marineros para seguir las
traz~s del destm!',tario y de aus compañeros.
¡Ojalá te11ga éxito su generosa y audaz empresa!

"DEJANIRA"
LA NUEVA OPERA DE SAINT SAENS.

La representación de 11Dejan·ra 11 últimamente efec•
tu,da. en Bezlers, es una de las más bellas tentativas
y una de las más bellas realizaciones d11 arte que ha•
y amos visto en mucho tiE&gt;mpo.
·
En una corrida de Bezierd, contagiado Saint S11ens
por las pasiones dela wultitud de las gradas, tuve la
visión de los dramas esquiliaoos que presenciaba el
publo de Atbnas. No poula haber mE&gt;jor escenario pa•
ra un ensayo de rest1rnració11 del ttiatro antiguo con
el genio particular de su intriga y su decorado pro•
pio. Un Mecenas inteligente, M. Ca.btellon de quien

era hués¡:&gt;ed Saint Saens se entusi11smó con· la idea
del mac.,11tro y se d11cidió, á rei.::izarla á t_oda. c~_ata.
Luis GallE&gt;t se eucargo del drama. Saint Saens de
la mú~ica. Jambon del decorado y Castellon_ fué el al·
ma que daba impulso á sus colaborad?res: s10 e10?ar•
go, no hay que olvidar que una corrida de toroR JDS·
piró 11 Dejarina,11 no seamos implacable con la tauro·
maquia.

* ••
Los autores do Dejanfra., 11 en tanto que puedan
permirirlo el espfritu de nuestro siglo y sus hábitod
de arte teatral, han querido hacer una resurreccióu.
Y aquf se presentaba una doble exigencia, casi una
antinomia.. porque Eros y Ananke son para el alma
moderna dos maestros ue caracteres antagónicos. .Pa·
ra interesar al público era preciso mezclar el amor y
la intriga, y para conservar la sensación de los graudes trágicos griPgos, dará la obra t-1 carácter de una
epopeya dramática dominada y conducida por la fatalidad Gafüt realizó la obra hábilmente con ligeras
modificaciones de.la leyenda de la muerte de Hercu·
les, tan conocida, q1.e es inútil dar aqul el a.nálit1is de
la pieza.
Baste.decir que Yola, deseada por Hércules lo rec'-a:za porque atna á Filoctetes, amigo del heroe y que
está •D con11ivencia con Dl'janira. la cual hace ve11tir
al semiaió11 la túuica de Neso pues según ellos con.
e~e t~fümáu volvt'ria Hércult•s a DE&gt;janira, cu,npliéndo~e la promesa pérfida del centauro.
Hay un punto sobre el cual debemos insistir, porque indica 1,. habilidad é independencia de procedimientos de Ga.llet, Rompiendo cou el hábito qu11 le
imponía. la obligación d11 escribir en verso el drama,
lo e~cr1bió en prosa rítmica, lo que le d11jaba mayor
libertad de expresión, conservando al mismo tiewpo
la dulce música dt'l verso.
La música no interviene eino en l~s diálogos que á
la u@aoza antigua ~o tien11n los corifeos y 1011 coro~, y
pará subrayar los pasajes característicos y más palpitantes del drama. También hay un baile. pretexto
para una música encantadorR. Por lo demás, el baile
es un capricho fuera de lugar en una resurrección del
teatro gnego.
11

***
Cuando en la sala de Minerva presenciaba la multl•
tud desde lo alto de las gradas, la lucha feroz de los
heroes contra la fatalidad, vela extenderse sobre el
muro de la escena, como una decoración natural, el
par.orama mar11vi1Joso del Atica que confundia el escenario con la gran patria. grie,:a. El espectador vibrab11. con el actor, no tenla aqut\l ante los ojos una
ficción s.no 1.. realidad, los mi.terios terribles del pa-

Aspecto del nue,·o cau&lt;&gt;e del río.

sado. Agitado por una fé intensa, temblando por Al
porvenir de la patria á. la que vela á. mE&gt;rced del des·
tino, sufria con los Atridas, y gemía con ~di¡:.o.
E,-ta es la inipri•sión que ha querido darnos Jambon
en las decoracionP.B pintadas por PI, decoraciones
m11gnffi~as más allá dP toda E&gt;XprePión. Detrás de la
esce11a se P-X tiende la campiña de Oeehalia: sobre la
colina lQs monumento~ gra11dlosos y más allá, la ciu·
dad protegida porlas divinidades tutelares y losmon ·
tt&gt;s nivosos: ª"' diría quP esrá uno frente á Atenas, tl
Acrópolis, el Partenon y las Propilea@; la impresión es
perfecta.
La obra de Gallet es hermosamPnte bomC1génE&gt;a y
animada por un gran soplo dramático. Realza estos
méritos la múPica de ~alnt-Saens que reflfja tedas
las cualirlades del maestro. Destácanse el preludio que
acompaña el prólogo, la escena dramlltica del acto
sl'gundo, la salida de D,.,,j,mira., el final del acto tercero con un coro sostPnido por efecto de harpas ma.•
raviHoso, al modo de vVagner, y por último e.l penetrante y apasionado epitalámico del cua1 to acto.

L'\ intfrpretación de la obra fué, según dicen loepE'lriód1cos t-xcelente en su conjunto.
"La multltud de loe espectadores se Pntuslasmóleemos en una reviPta- y como la multitud antigua,
vivió la vitla de loe beroes, combatió con ellos y sufrió sus tormentos 11 .,_
"Era un púl:llico griego: cuando Hércules devoratlo
por el fuego interior. maldijo á losdiosPs v á. los hombres, el alma de Grecia vibraba en todae·bs alm11s...
¿Qué tiPne de E&gt;xtraño que ese episodio dramático y
hMóico fuera silbado E&gt;n Lyon?
La obra de Gallet y Saint Saens es para 1011 espa.•
cios abierto11, para los puE&gt;blos áridos de luchas, de
Pnsueños brillantes y de plá~tica; es para. los pueblosdel medio dla.

MONUMENTO ERIGIDO A LA 1\IElMORIA DE

ALEJ..a..NDBO

I I EN MO~COW

El domingo 28 de Agosto se inauguró el monumento á que nos referimos en estas llneas.
La presencia dE&gt;l l!:mperador y de Pe augusta espo•
sa, rodeados de los miembros ¿e la familia v de los
altos dignatarios del Estado, el aparato militar que
se d11splegó y la numerosa concurrPncia, todo contribuyó á. dar carácter solemne á la fiesta Los representantes de los diversos pueblos d 0 1 imperio moscovita., formaban un grupo pintoresco, compuesto de

El rio crecido por las últimas Iludas.
Fotografías de Rafael, Olvera

•

***

•

cosacos kir~bisee, indígenas del Asia Central con
sus vestidos de et-da rica.mente bordada, etc., etc.
Los soberanos con su
comitiva. IIE&gt;gHron á. la. plaza.el día indicado d11spués
del c1ero, el cu1!1 Palló en
procesión del MomJEterio
de Teheudovo. marchando
á la cabeza el metropolitano.
Este celebró un Te Deum;
ee rezó por la prosperidad
del reina.do de Nicolás n y
por el descanso del alma
desu llorado abuelo. En seguida cayó el velo que cubría la e~tatua, y el Empe•
rador, dirigiéndose á. las
tropas, dió la orden de
"Presenten armas, 11 y to•
do e los concurrentes se
arrodillaron
Terminó la ceremonia
con el desfile de (.¡ e trrp11s.
durante el cual la multitud
no dejó un solo momento
de aclamar al Emperador,
confundiéndose los bravos
y aplausos populares con
el sonido de las músicas,
1ªª salyas de artillería y
os repiques.
_ _ _.
l ·-Nu-utvítlemos que Tico1ás II hizo coincioir el homenaje solemne rendido bl
Czar libertador con la E&gt;n ·
trega á las potencias dt&gt;l
manifiesto en favvr del
desarme.
El nombre de Alejijndro
II, abuelo del actual Emperador, es célt'bre y amado
en Rusia por el grande acto de just:cia de 11u reinado, la emancipación de los
si0 rvos.
El monumento s11 eleva
Sllbre una gran tPrraza del
Kremlln. frente al Monasterio de los Milagros, sobre
la torre del Salvador y E&gt;!
campanario de I van Veliki.
La estatua de dimensiones colosales, está sobre un
pedestal ¡ de már1,1ol rojo:
rodéala. una galería, hecha
según el antiguo estilo ruso, decorada con retratos
en mosaico, de todos los so•
beranos que han ocupado
el trono imperial Laméntase que no h11ya algo que
simbolice la abolición dela
servidumbre, tJtulo que

tiene p11ra 111 l!'lori11 ,,, Emperador Aleja11dro JI.
LA CONDECORACION A LOS •
VETERANOS
•

Uno de los rt-cuerdoR de
las últimas fiestas de S,•p•
tit·mtire es el que hemos
quelid_o conservar fin los
dos primeros grabrdos de
esta edición.
Recordarán nuestros lectores que el Sr. Presidentl'I
de la República condecoró
á algunos de los-veteranos
de la guerra de Interven .
ción y que á su vez :ecibió
la condecoración que puso
en su pecho el SPrretario
de Guerra por ~erviclos
eminentes prePtados á la
Jl~tria en la época de la
Reforma.
Creemos que con ePtos
grabados queda cumplido
el ofrecimiento que hicimos de dar en nueEtro semanario lo más notable de
las últ:mas festividades.

L.a.s fie.s.tas -patrias
en Sombrerete y Tehuacán.

•

I N AUGUJ!A CJON JlEL MONlTMllNTO A LA MEMORIA DI! A T,E.I A!'DRO II ES

Mo•cow.-1.

Publicamos algunos graba.dos "relativos 1\ las fiestijs patrias celebradas en
Scmbrerete. (Zacatecas) y
Tehuacán, (Puebla. )
Como vera.o nuPstros lectores, hay algo interesante en los E11tados que es
preciso tomar en cuenta:
el entusiasmo unánime con
que se conmem1 ra la gran
epopeya nacional, signo de
una estrecha solidaridad
de recuerdos y aspiracio•
nes, acompañada en todas
las regiones del país por
un progreso incesante en
todos sentidos.
Además debe notarse el
resultado de loA esfuerzos
en pro de la instrucción lai•
ca de la niñez. Ya no hay
población de la república,
por -peq~eña que sea,en
donde no se dé ,especial
im¡mlso á las escuelas públicas, infundiendo á loa
niñ os los sentimientos r
virtudes que forman el civismo democrático.
Jl'r, C11'TE.JO.-2 Fl, M OJ,,'Ul!E:STO,

�Domingo 2 de Octubre de 1898

EL MUNDO

268

l

269

11:LMUNDO

Domingo 2 de Octubre de 1898

REPRESENTACION DE ••DEJANIRA.." EN LA. ARENA DE BEZIERS.

EL PODER DEL R'ECUERDO

t

Ahora que he roto ya, aunque no haya sido más que
•&lt;ion las tres palabras de mi mensaje, el silencio en
que me había encerrado y que hice un esfuerzo para
salir, aunque no haya sido más que por el tiempo ne.:esario para llevar al telég:afo mi mensaje, he rflC0·
brado por unos instRntes algo de mi vida pasada y
quiero antes de entregarme de nuevo á mi clausura

~ m~~

LA CORONA EE LA REINA DE HOLANDA.

OBRAS DE PROTECCION

Descubrimiento
de la estatua de la Indepencta en Puebla.

CONTRA LAS INUNDACIONES DEL RIO LERMA.
El Gcbierno del Eitado de Guanajuato ha llevado
á buen térwino las obras á. que se réf1eren ou11stros

g ·abadoR, con el fin de balvar definitivamente á la
ciudad de Acámbaro, defond:éndola de las terribles
!nuudaciones que en diversas épocas han asolado esa
población.
La Administración del Sr. Obregón GoozA!ez emprendió los trabajos, con fondos d,:,l Erario del Estado
de &lt;3:uanaj11ato y con el auxilio que le prestaron. el
Gobtflrno FedPral y la Compañia del Cnmino de Fierro Nacional Mexicano.
EFt&gt;t obra importantlaima de dPRViAción óel curso
d&amp; Rlo C.erma. rué trazada. por el Ingeniero dPl Estado rle Gua1,11juato. Sr. D. Ponciaoo Aguilar Aprobaron PI tr~zo del Sr Aguilar loa ingenieros del mencionado Ferroc11rril :11.acional Mexicano á quienes se
consultó aubr.i 111 particular.
.
El C11pitán Emeterio C. Hurria, Jefe Polltico de
Acám baro, fué comis'onado para la ejecución del proyecto deap)Pgáodose la mavor actividad pues en menos de un año quedó conclui"a toda la obra.
El co~to de ell11 fué .de $50,000 de los cuales correspsndiPron al Gobierno del .l!;stado de Guaoaíuato
$15000,

Aunque ya hemos dado en estas columnas descripciones y grabados del monumento. objeto de estas lineas, creemos interesante á titulo de recuerdo el que
aparece en la edicj.ón de hoy.

La caricatura en el extrangero.
Gladstont1, León XIII, BiPmarck,-el gran liberal, el
gran pontífice y el gran diplomático; 11ólo sobrevive
León Xlll para contemplar, frPnte á los bustos de los
dos que han desaparecido la obra que consumaron en
vida.
No necesita explicaciones la reflexión del Papa; el
earicaturi~t.. ha escrito. cruelmente para Bismarck
esta frase: "El borr,bre de sangre y hierro." En cuanto á Gladstone. 11 The great commont-r," todo es veneración y respeto, y la palabra commoner, indica suficientemente la , impatta delos norte--americanoe hacia
Gladstont'. que fué ante todo y sobre todo "un representante del pueblo."

.

E~ de mencionArse el desprendimiento de.l Sr. D.
Juan Llamedo, quien proporcionó graciosament11 para la obra en rllferencia toda la madera que se empleó
en ella, cediendo además el terreno que fué nticesarla ocupar.
No podemos en estas breves lineas dar una. idea
completa de la notable obra de defensa contra las crecientes del Lnma; pero baFte saber que el 1,ño pasado
fueron los estragos causados por la inundación má.s
graves de lo que hablan sido en otras ocasiones. y no
ob~tante que la creciente es mayor aun este 11ño, el
caudQl inmenso de las aguas dd rfo pasa por su nue•
. vo c_auce ain·alarll!a~ á nadie. pues antes por el contrario, todos se fehc1tan de la abundancia de un elemimto tan orecio@o para la agricultura y la industria.
Por este hecho podrá a.preciarse la importancia de
la obra á que nos venimos refiriendo.

La Corona real de la casa de Orange, cuidadosamente guardada en el tesoro del Haya vale dos millones de francos
No tiene por su valor intriosPco una gran importancia flutrn !lis joyas similares d.., Europa.
La del Ozar tien11 en la. parte superior una cruz de
rubi~s adornada con cinco enormes diamantes valiosisimos.
La de la Reina de Inglaterra se ~ompone de un espléorlido rubí y de un zafiro, ocho esm11raldas, veinte
turquesas, doscientas setenta y tres verlas, mil trescientos sesenta brillantes y mí! doscientoR ochenta
diamantes en rosa; está valuada en doce millones de
francos.
La del Rey de Portugal tiene piedras preciosas valuadas en treinta y ocho mlllonPs.
La corona más rlc11,-sin contar la tiara. del Papa,
-es la del Sultán deBarode formada de cinco hileras
de diamantes que representan un valor de cuarenta
y nueve millones.

Su Majestad Nicolás 11, Czar de todas
lasRmdas.

Huelga agregar una palabra más á las de San Pedro, á no ser que se rté un sPntido á la caricatura,
representando con San Pc.1dro á la posteridad que _en
sus juicios no reconoce vasallajes.

LA CARICATURA EN EL EXTRANJERO

j

- .......

~{-~-_. -._ ~~~==·
DESPUÉS DE LA MUERTE DE BISMAROX:.

Los tres "grandes hombres ancianos."
(PucJc, N. York)

EN LA PUERTA DEL CIELO.

\

'\

EN EL OLIMPO.

San Pedro á Hismarck.-Sed bien venido; pero os
LIP¡ra Biemarck, (El personaje que corre es Napoadvierto que aquí yo soy el canciller.
león III).
(Der Floh, Viena.)
(Humoristische Bl&lt;ette:r, Viena.)

.

Te acordarás igualmente de que en el entreacto mi
marido nos propuso irá tomar u·n refresco á la cantina y que un poco cansada del viaje y encontrándote muy á gusto en tu asiento preferiste no moverte, le
di~te las gracias y permanecimos en el palco mientras Jacobo fué á fumar tu cigarro al peristilo.
Y te acordarás, en fin. deque aquella mujer se levan·
tó un instante después para salir y que tú digiste entonces, todavia prematuramente: "mira; parece que
la joven linda va. á reunirse con tu marido: en tu lugar, yo no esta ria tranquila."
Todo esto es muy sencillo, muy llano. muy insignificante en apariencia para ser conmemorado, porque
eso es la vida cuotid\ana en su marcha más regular,
más banal y más monótona. Una amigl1- que vive en
un rincón de la Bretaña y á quien se ama mucho, viene de visita por algunos días correspondiendo á reiteradas instancias; se la. lleva al teatro, alli está en
las butacas una mujer dé vida alegre y el marido ea.le del palco y va á fumar un cigarro durante el llntreacto ¿qué hay de alarmante en todo esto?
Y sin embargo. es de esas nonada~ y de esas contorsiones de marionetas de donde nace todo un dra-

Hercules y Dejan ira ante la hoguera.

El teatro al aire libre.

ver, te convierten en la única causa de todo, en la·
causa f,.,tal.
Como recordarás, el dia de tu llegada quisiste ir al
teatro y tomamos un ¡&gt;aleo bastimte cerca del escenario, colocándonos las dos en primera fila y J acobo detrás.
•
Recordarás también que frente á nosotros, flD las
butacas, se encontraba una mujer, y que volviéndote
á mi m , rido le preguntaste. ¿Quién es esta joven tan
linda? No la conozco, te contestó pero sola, con ese
traje y en ese lugar, debe ser alguua perdida de mar-

1
y mis triatezas Pscribirte y repasar describiéniiotelo el drama qu~ ha aniquilado mi exietencia.
Tengo tu carta ante mis ojos: la vigédma que me
has dtri•,-jdo en estos últimos seis meses sin lograr
arrancar~e á mi mutismo, á mi muerte. "Puesto que
no quieres contestarme,-l!le dices- voy á verte. Así
pues si mañana no he recibido una palabra cualquiera
tuya,' tomaré el tren y partiré: quit1ro absolutamente
saber lo que significa tu silencio." No, no vengas,•:
te contesté colérica. Ya comprenderás y excusarás mi
laconismo colérico.
¿Conque que quieres saberlo? .... ¿quieres? ¿y para
qué? Ptiro tal vez esto me alivie y en todo caso servirá como explicación de mi loco telegrama.
Ya otra vez has venido, hace seis m~ses justamente,
pues fué el 1° de Agosto. Bastant~ te habia rogado,
suplicado instigado para que deJuas por algunos
días tu vida hacendosa y las vulgaridades de tu aldea,
y ahora comprendo mi exaltación nerviosa al desear
que vinieras mi ansiedad imperiosa y, como enfermiza de tenerte ámi lado: el fatalismo que es la leytntima y suprema de nuestra. vida, me impuso este esfuerzo, porque la hora del mal habla irremisiblemente
llegado
Por tu causa por tu venida estuve á punto demorir.
1Ay por qué nd sucedió a3f! Pero salvé mi vida y lo que
no pudo salvarse fue mi dicha. que la perdí toda, al
perderá mi Jacobo, á mi marido.
Te preguntarás cómo ha podido suceder cosa tan
inverosim,il y cual haya sido tu falta; pensaras que
estoy loca ó que mi imagina.ció~ se forja invenciones
fantásticas.-Ayl no, pobre am1g~ ~\a, nol todo esto
es enteramente exa~to, real y ddm1tivo ••.•...
Tú me robaste á mi J acobo; si, tú, y me has hecho
perder mi felicidad!
Y no es que eeas coqueta, ni perversa: al contrario.
Eres buena, ingénua, honrada y no abusas de los en:
cantos que te da tu gentileza; no has trastornado mi
hogar con zalamerias ó manejos indignos. pero hay
muchos modos de romper un_a ca~ena y de des~ruir
ese equilibr;o frágil en que Btl sostiene una felicidad
perfecta.
El amor sobre el cual se han dicho tantas cosas y
que es el eterno é inagotable objeto de todas las re•
flexiones es tan dificil de comprendorse como de realizarse, y' resulta una locura tan grande ind_agar por
qué existe, como pretender que se sabe el tiempo de
su duración.
MiJacobo viviaen nuestro amor como en una hamaca
tendida entre mis brazos, mecido por mis caricias, soñoliento, am oir ni ver lo que ocurria en el resto del
mundo sino como un rumor, comounensueño quepa•
saba sin alterar nuestro reposo. Esto podía prolongarse para siempre, pero ~ condición de mecer constantemente y con regularidad de modo q~e- ~a hamaca
no se detuviera ni un instante en su oscilación cadenciosa, para que él no acertara á despertar, levantarse
y volver§. pisar la tierra
Y tu venida fué la causa. la. única, la espantosa
causa del mal, porque me tomaste una part~ de todJ
el tiempo que yo le consa~raba, y estuvo sm mi U!3a
hora y el alma es un niño a q.ulen no 11e le debedeJar
nun¿a solo con su amor, pues hay que tener mied_o de
que destroce el divino juguete para ver qué tiene
dentro y luego deje correr, hasta.no quedltr gota, la
miel de la ternura por la herida que hizo su curiosidad.
Por lo demás he aquí los hechos materiales, hechos
á los que tú pafeclas extraña, pero que como lo vas á
11

pañado y esa mujn no le habr(a encontrado ·s olo, ni
habria podido solo examinarla á su antojo. T11 observación sobre que era muy linda llamó la atención de
ml marido y la suya. pues no hay mujer que deje de
notar cuando se hRbla de elln .
Pues bien,la caeualidad ó más bien la fatalidad mezclánd,ose en todo. hizo que luego la volviéramos á en•
centrar en un café donde se sentó cerca de nosotros,
y que habiendo olvidado su portao:onedas, mi marido
por galaoteria banal,.pagara por ella una suma io@ignificaote. Que tu presencia nizo que él y yo estuvié •
ramos muy poco juntos e~e día, quedándo él libre
muchas horas para pensar en lo que habi9. sucedido.
Que al dia siguiente J acobo eucontrase en la calle á
eaa mujer. la que lo detuvo para reembolsarle el gas•
to de la vispera y para ofr acerle su casa en agrade•
cimiento, y finalmente, quti mi marido por curiosidad,
por debilidad ó por vanidad aceptando el ofrecimien•
to fueRe su amante de unR hora.
Como lo supe? Sencíllameote. Por grande que ~ea
Nancy, es para ciertaij coFas una a!dPa como todas las
de provincia; y una nval de ofic o de esa mujer, me
escribió una carta anónima enquti me hablaba de una
cita en la Pepiniere. ¿Por qué en v11z de desgarrar
con desprecio la carta fui al punto indicado? Porque
asi estaba decretado por el destino: porque debla yo
ver juntos á ella y á Jacobo.
El tenia esa. sonrisa maligaa que le conoces, y aunque su mirAda era acarici11dora, parecia burlarse. ¿De
qué? Probablemente de la coquetería femenil, pues
á. pesar de que la mañana era calurosa,elZa llevaba un
abrigo á la últim11, moda y se sentia en el deber de
atárs11!0 bien al cuello como si hiciera mucho frlo.
Ohl nunca olvidaré las mirad·,s que am ,, s se cruzaban, ni que iban del brazo muy juntos y estrechándose y que él llevaba en PI ojal &lt;1e la levita una rosa.
Es-' cuadro, jamás lo ulvidaré
En las Lrgas horas que paso á solas, hundida en un
sillón (con el codo :i poyado en la m1,dera torneada, cu ya dureza no me lastima) y la cabeza sin pensamientos recargada en la. mano, miro allá á lo léjos en el
vacio. y tise cuadro se me vuelve á preseutar.
Y él h , sabe, porque yo al verlos aquella vez lancé
un grito y cal en el suelo, á veinte pasos de ellos junto al árbol donde me uabia escondido. Corrió, me levantó, me arrancó á la muerte con sus cuidados, su
ternura, su voluntad y curó el cuerpo pero el alma ha
muerto.
Cuando al volver de sus ocupaciones forzosas viene y me encuentra hundida en mis tristezas no me
dice nada, y sufre y sufrirá hasta el dia en 'que mi
mal le parezca rit.ltculo y aun le sea enojoso.
E'le dia e~tá cercano: ya lo sé
Me ha confesado todo, me ha pMbado que no es mo,
t\vo para aniquilar dos vidas; me ha razonado con toda la persuación Que dan el bt.en sentido, los remordimientoa y el amor, pero no ha podido destruir lo que
fué
Y apeear de nuestros mutuos esfuerzos soy vencida
por el poder de los recuerdos, y él lo ·sabe.lo ve, y una
lasitud colérica va apoderándose de su corazón dia
ºpor dia
Es vida E&gt;sto? Sola en mi hogar, con esta rbaesión,
no_pudie11:do mantener~o no. digo alegre. pero ni siquiera cm~11do, sabe ~1 marido que al venir me encontrará @Ieffipre abatida, á pesar de sus E&gt;sfuerzosy
de sus trabajoP, qu" debian hace~le amo de una.mansión pr-óspera y feliz.
Y esto termina asi, ya lo ves, quedandJlos dos vencidos por el mal de los recuerdos que nada puede
curar, pero que no puede ni aun hacerme morir porque este sentimiento vulgar a.e celos banales 'no es
bastante noble para matar
Y todo El~t_o ya lo has visto, sucedió por ti, no lo puedes negar m aun defenderte, pobrecilla puesto que
instrumento de la fatalidad, esta ha sido más fuer~~
que tú.
Ahora si habrás comprendido mi silencio, mi locura. mi grito de espanto: no, no veng_as.
Tu venida, he ahl la causa de todo esto.
JEROME DOUC'ET.

ma con su desenlace sombrío .... Jacobo ha acabado
por ser el amante de esa mujer y por culpa tuya y
no más por tu culpa, se ha aniquilado para siempre
mi vida.
.
Si no hubieras venido ese dla., de pronto, no babriamos salido, pues se daba El Fausto 9ue estábamos
cansados de ver y no hub\éramos temdo ocasión de
ver á esa perdida. Además, cuando vamos solos al
teatro no vamos á palco sino á departamentos más
mode;tos y aun asistiendo al Fausto no hubiéramos
estado cerca de ella. Supóngamos sin embargo, que
esa vez ú otra huoier&amp; sido nuestra vecina de localidad como lo pudo haber sido antes, no habría sido yo
quien llamara sobre ella la at~nc~ón de Jacobot !1º
por celos, sino por un secret!) rnsttD;t0 que _me hubiera impedido pensar y más aun decu: ¿quién es esa
joven tan linda?
Y no es eso todo. Jacobo en el entreacto no me habri&amp; dejado sola y si hubiera tenido imprescindibles
deseos de tomar un poco de aire, le habria yo acom-

�270

EL MUNDO

Domingo 2 de Octubre de 1898.

Domingo 2 de Octubre de 1898

1
De pronto se encuentra junto á Kolombina y
hace un ademán de impaciencia al reconocerla.
Ella le implora y él la aparta de su camino. Kolombina al alejarse tropieza; y á punto de caer
Gilles la sostiene, y al notar que se le abandona
en los brazos, finje no comprender la causa de
tanta emoción. Los alfileres llenos de pedrerías
del peinado complicado de la joven, le arafl.an e:
rostro, y él, sin ceremonías, se desprende de su
carga.
Movimiento de cólera en Kolombina que colma al amante desdefioso de amargos reproches
y luego, como resignada, entra á su casa vacilando.
•
Gilles Sama ~ontento de encontrarse al fín solo, se sacude como un gato mojado, se encoje de
hombros, envía un beso volado A la luna y se
dirige á su _árbol.
Encantado con la esperanza de un sue:ll.o tranquilo y tarareando el Salve dimo1·a casta é pura,
saca de la bolsa una llave y la trata de introducir en la cei'radura de la puerta (porque tiene
una puerta) y no consigue abrir. ¿Estará tapada
la llave? La sopla y la golpea contra una piedra.
Nada .... que no se puede abrir. No hay esperanza.

Sucede por lo comlln que cualq uler detalle lnflmo y prosálco, triunfa
del más firme designio, mejor que las más poderosas razones.

PERSONAJES:
GILLES SAMA, Enamorado todavía de la luna.
·KoLOMBINA, Siempre enamorada de Gilles
Sama.
ÜKAMÉ, Diosa tl-e los amores.
BAILARINAS, MÚSICAS, JAPONESES, JAPONESAS.

La esrena pasa en el Japón (¡natu,ralmente!) A
la izquierda. la casa encantada y encantadora de
Kolombina, á la de1"echa un ced1·0 venerable, como
el á1·bol de Robinsón, y que es morada aerea de
Gilles Sama.
Un rio, y al fondo un puente de arco elegante
sobre el cual pasan pai·ejas de enamoi·ados abrazados tiernamente.
En el agua se deslizan lentamente góndolas enfloradas y adornadas con farolillos de colores.
Noche enervante; las est1·ellas cintilan, las flores
están adormecidas y sin embargo sus perfumes embriagadores flotan en el ambiente. Todo es amor
y dicha.
Reclinada Kolombina en la balaustrada de su
mansion, contempla melancólica el espectáculo
que se ofrece á sus ojos.
KoLOMBINA.-¡Amo y no soy amada! Sufro...
¿hay más grande sufrimiento? Estoy celosa de
la luna, de ese astro plácido y estúpido objeto de
sus serenatas .... Trataré de hallar el olvido en
el sueno. Voy A recojerme.
En ese momento las parejas entrevistas A lo lejos hacen irrupción en la escena y bailan una
alegre farándula en la que Kolombina se niega á
tomar parte, oponiendo A todas las súplicas una
resistencia obstinada. Los enamorados compadecidos del dolor de la desdeiiada y desesperando
de ve~cer su tristeza, se alejan dulcemente.
Kolombir.a sola se abandona A la desesperación, solloza, luego se calma y en seguida, en un
arrebato de rebe¿5n, a=i?r:'.\za con el putio cerra-

t
do a la luna llena que acaba de ap11reccr rasgando las nubes.
De improviso uria flauta invisible mezcla su
canto quejumbroso á los rumores solemnes de la
noche. Kolombina escucha.
KOLOMBINA.-Es él!. ... Y se acerca .... ¿qué
hacer?
Gilles Sama entra por la derecha andando para
atrás, tocando la flanta é interrumpiéndose á
ratos para dirigir un gesto de desprecio á la canción lejana de los enamorados cuyo eco se oye
todavfa.

1'

\

Ji

EL MUNDO

Todas las cerrajerías estAn
clausuradas A esa ho~a de la noche.
-¡Mi reino por un caballo!
digo, por un aHiler.
Kolombina desde su balcón
observa todos estos movimientos
con interé~, y GiBes Sama que
se sie1.1te espiado trata de poner
al mal tíempo buena cara, y reflexiona cuál será el p1:1satiempo
honesto 1\ que se puede entregar
un poeta lírico cuando está imposibilitado de entrar A su casa.
Lo primero es tomar el caso con
filosofía, pero hace mueh? frío
para filosofar. Entonces mide la
altura que lo separa de su casa
suspendida en las ramas, y hace
una tentativa infructuosa para
trepar, seguida de una caída ridícula.
Kolombina, después de un arrebato de piedad amorosa ríe á carcajadas y aplaude irónicamente. Gilles Sama que no se ha roto
ningún hueso, se siente picado en
lo vivo, intenta una nueva ascención con éxito esta
vez, pero la puerta
de arriba está bien
cerrada. Da vuelta
al rededor sin poder penetrar y cansado de la brega
intenta recostarse
en una rama, lo
cual nota que no
tiene nada de confortable. Esto se va
poniendo más y más
turbio. Y luego he aquí que
observa A Kolombina, la
cual friolenta se volvió á
meter á su cuarto y está en
vías de desvestirse; la ve
al través de las vidrieras
del balcón.
-Bribona! dice Gilles Sama. Eso es impúdico. Huyamos del lazo. A bajar otra
vez.
A poco intenta abrir por
tercera vez, y la cerradura
por tercera vez se resiste.
Decididamente la llave
está tapada.
¿Qué hacer?
En la casa de la vecina ya se apaga-ron todas
las luces.
Gilles Sama. apoya el dedo en la frente y A poco le viene una idea. Esa chiquilla cuyos alfileres le araiiaron la cara hace unos cuantos minutos, podía haberle prestado uno con el cual se
destaparía lu maldita llave. Pero no había que
pensar en eso. Gilles· Sama la había ofendido mucho ....
La ventana de la casa de Kolombina se abre, y
Kolombina aparece en un elegante traje de dormir.
Actitud embarazosa de Gilles Sama. ¿Hablará?
¿No hablará? Y al fin se decide, y con las apariencias de un perro apaleado, se acerca á presentar su solicitud.
Ahora le toca el desquite A la joven y se hace
del rogar é impone sus condiciones.
Es verdad que tiene buena voluntad de prestar este servicio A su vecino, y P.S cierto que como buena y generosa no sabe guardar rencores,
pero ....
-Sin embargo Gilles, estuvo usted muy rudo
con esta su pobre vecinita!
Gilles Sama se excusa como puede y ofrece
dar pruebas de su arrepentimiento.
-Entonces va usted A tocar, dedicándomela á
mí, su serenata á la luna.
Eso es mucho pedir, pero el lrío aprieta y el
músico se decide.
Durante la ejecución de la serenata, Kolombina deja el balcón, baja, y sale de la casa después
de abrigarse con un magnífico mantón. Luego
se aproxima A su deplorable amigo, inclina la
cabeza ante él y le dice:
-Elija usted el alfiler que deba serle útil.

271

Pero los alfileres no ceden fAcilmente á la poca habilidad del mancebo y ella dice quejumbrosa:
-Ay! ay! me está usted haciendo dafl.o.
Traviesa, hace durar la escena lo más que
puede.
-No, este nn, l))ejor este otro, espere usted_. ..
Y para desprenderse los alfileres, Kolombma
puso su cara muy cerca de la de Gilles Sa!lla, le
lanzó una mirada que le llegó como una 10yecció11 de hielo hast11 la médula de los huesos, y lo
bailó como con una caricia con su aliento tibio Y
perfumado,
.
.
Kolombina, con su traje ampho cuyos pliegues
se estrech11ban á todas las esbelteces de su cuerpo, con el mantón suelto A la espalda, cc,n los
brazos levnntados á la altura de la cabeza y con
una sonrisa capaz de trastornar medio univer.so,
permaneció inmóvil algunos instantes, hasta que
consideró bien electrizado al mísero cantor de su
rival la luna.
Y soltando un alfiler antes de que Gilles Sama
lo hubiera podido cojer, CAyó al suelo y ambos
se pusieron A busearlo en la sombra.
Entre tanto la luna se había velado .... El alfiler pareció al fin, lá llave se destapó y la puerta pudo abrirse.

El instante era embarazoso. Había que buscar
un medio de manifestar gratitud por el servicio
recibido. Gilles Sama propone unarepetición de
la serenata que antes había tocado y Kolombina
lo disuade vivamente.
-No, le dice, mejor béseme usted.
La besa y observa que eso es cosa muy agradable y vislumbra en su espíritu algo como una
celeste revelación.

�EL MUNDO

Domingo 2 de Octubre de 1898

Don,tniro 2 de Octubre de 1898

.l:L HUNDO

BL Bf\lL6 DE Lf\ OONDESf\
NOVELA ORIGINAL DE HENRY KISTERMACKER.
ILUSTRACIONES GRABADAS EN NUESTROS TALLERES.

Versión Espan.ola de "El Mundo llustrauo."

~úmero l.

Vuelve á empezar.
La luna S3 ocultó enteramente y Kolombina y
su amigo quedaron s0bre el árbol, ent~e la sombra, á la puerta de la morada de Gilles Sama.
Los enamorados que habían estado observando de lejos toda la escena. surgen silenciosamente y concertando luego sus voces, entonan una
ale'gre canción nupchll.
La luna asoma un ojo y apareee el grupo en la
copa del árbol.
.
Abajo hay aplausos, gritos, salr1taciones.

La felieldad no es egoísta; gusta de propagarse
en ruidosos arranques de deliciosa expansión, y
los que aman quisieran que todo el mundo amara
y que de todos los labios no salieran más que
himnos de amor.
Por eso domina en las p&lt;i.r-ejas de enaruorados
el mayor. enmsiasmo, y levantan las manos al
cielo, y prorrumpen en manifestaciones; y al fin
exclaman:
-¡Qué desciendan, que vengan A recibir la
bendición de la Diosa de los amores.

Descienden, Kolombina ruborosa y pura envuelta púdicamente en su mantón, y Gilles Sama
sonriente y feliz.

EL HEROE

DE "ACUARELAS"

Su-pira el viento con rumor ~onoro,
rizando el 11gua en cristalin11s ondas:
y finge el so1, filtrándose en IH frondas,
haces de ámbar y saetas de oro.
Alza el Ajusco, al.sur, al infinito,
su brava y pintoresca crllsterfa,
v escueto acá, pcr donde nace el dla,
ir/?U6 el Peñón su comba de granito;
y en el fondo del valle, que ilumina
apenas ya, la tarde qut1 fenece,
la orgullosa metrópoli aparece,
entre la esfumación de la neblina.
Cortando su perfil sobre las luces
de volcán, que, al caer. d~jó á AU p,iso
el rojo sol, M empina hacia el Ocaso
el histórico Monte de las Cruces ....
Más 11cá, como nido de palom11s.
entre el fresco sauzal que la sombrea,
y al pié tendida de sus verdes lomas,
la Villa de loe Mártires, blanquea
Y allá, sobre el azul ya entenebrirlo,
Alzase al Septent· ión el legendario
T, peyac, el p~ñasco conve1tidc
pór la fe de una raza, en incensario.
¡De alli en radiame y misteriosa nube,
como de un mar sin playas desprendida,
eternamente la plegaria sube
de todós los dolores de la vidal. ...

Del libro "Lápidas."
11
Que ca~ré?-Puede ser. r::iae, imponente
en mi mudo reproche :ré á la tumba;
nacl roca, enemiga \l,f'l torrente:
Tú si.brás si el torrente me derrumba!"
11
Ergul mi mole y·afilé mi diente ....
y el titán que me odia, ruje, zumba,
culebrea. vacila en la peJdiente
y me ensordece al fi\l, con sú balumba .... "
11
:\Ia;; cuando p11sa el aluvión inmenso,
yo estoy cte pié y tranquilo, porque pienso
que fuera insensate¡:-oh Dios, que fraguas
contra cada opresión un heroismo,ponermé como coto en el abismo
para hundirme después bajo sus aguasl"

AMADO NERVO.

LEJANIA
I
Bien sabes tú, que á ella la querfa
como se puede amar cuando se tiene
abierta el alma á la ilusión que viene,
y se cuentan veinte años todavla.
Yo la enseñé á querer, no lo sabia.
Y como al débil niño se sostiene,
su pobre alma, solicito y perenne,
con los brazos de mi alma sosten ta.
Hicimos de las dos solo una suerte.
' Por la vida c1uzamos paso á paso:
·- ella tierna, yo amante y satisfecho.
Llamó después á nuestro hogar la muerte,
y al destrozar de su existencia el vaso,
dos almas se estremecen en mi pecho.
1898.
MIGUEL

E.

PEREYRA.

Mirad: Por la infinita lontananza,
como un cisne de nieve, rauda nube
&gt;ti m11r de oro del Ocaso avanza
Mt&gt;drosa y triete~a tiniebla sube
bor1 ando del crepú~culo las huellas,
y, al pa~o que el zafir 1'6 entenebrece,
como asperd1ón de perlas, aparece
el rE&gt;guero sin fin de las estrellas.
......Y allá:, sobre la cumbre inmaculada,
finje la irradiación del Occidente
un turb,rnte de iris en la frente
del Popocatepetl. Surge callaaa
del horizonte azul la luna llena,
v á. los tristes y pálidos reflejos
de su anémica faz, siempre serena,
como lunas de límpidos espPjos
los lagos se Rbrillant,m á lo lejos
sobre e! tapiz de la floresta amena.
Risueños, y entre ubérrima espesura
se ven los puebJe·cttos, agrupados
en derredor de l11s lagunae ledas;
y serpean por toda la lhmur J.,
ií. través de los fértiles sembrados,
canales y caminos y arbc,ledas.
Por barbechos, y atajos, y llanadas,
bajo el testuz y grave el continente,
tornan á. sus 11stablos, lentamente,
y hundiéndose en los paetos las vacadas.
Los aperos al hombro, el campesino ·
regresa, fatigado y sudoroso,
•
del campo que fecunda su tarea;
y á la vera polvosa del camino,
y bajo el árbol protector y añoso,
el pobre techo del tugurio humea.
Trota el rebaño por las verdes faldas
que enegrecen ias sombraa de la tarde,
y á la luz del crepúsc_ulo que arde
el bosque es un incendio de esmeraldas.

BAILE,

Entrada de Okttmé, Diosa de .los amores, seguida de su cortejo de músicos y bailarinas.
Gran iluminación. La diosa une con vínculo nupcial á los dos prometidos. Luees de bengala.
TELÓN

Detrás del anguloso cresterio
de los montes, ya el sol borró sus huella~,
y-como chisp.,ante pedr1,rlosobre el azul turquesa del vacío,
fulguran, tremescentes, lns estrellas.
La gloria de la tarde ha fenecido,
en todo su esplendor la luna brilla,
y, con uu CRnto de tristeza henchido,
aun gime, sobre el borde de su nido,
su estrofa postrimera la .i.vecilla.
JOSÉ BECERRA,

Valle de México, Septiembre de 1898.

1

Todos saben que el pueblecillo de Villiéres es lo más pintoresco que hay en la tierra.
Reclinado al pié de una colina, sombreado por frondosos árboles frutales, cruzado
pC'r un riaebuelo que lleva agua todo el afio y circundado por los profundos bosques
que pertenecen al cercano Castillo, Villiéres es en verdad digno de su filma.
El Castillo, ahora deshabitado, es toda ur.a historia, no porque b11jo sus torreones ruinosos celebren las brujas sus aquelarres, ni porque al travé$ delas ventanas puedan
distinguirse trasgos y vestiglos en las noches d~ tempestad, sino sencillamente porque
A la munificencia de su propietario, deben todos los habitantes del pueblo la holgura
y la felicidad de que gozan.
En tiempos pasados, hac.e apenas veinte afios, el Castillo era un animadhimo centro
de plilceres y fiestas en que los sefiores C,&gt;ndcs de Villiéres derrochaban el dinero y
la alegría desde que empezaba la primavera hasta que los llam~ban á P11ris las diver•
siones y los encantos con que los ricos saben haeer-c::,rtas y gratas las veladas invernales.
Pero ahora ya no hay nada de eso: una media docena de criados fieles y viejos cuidan de las habitaeiones; el corral y la perrera están vacíos y crece la m11leza en los
parques y jardines. Y11, no se ha vuelto á oír el eeo de las mú9icas que instigaban al
baile, ni el estruendo de las caeerías, ni el rumor de los banquetes, ui el estallido de
los tapones del champagne,
Soledad melancólica substituye Ala animación pasada, y ni el selior Conde con su
séquito de amigos y servidores, ni la sefiora Condesa rodeada de una cohortt n 1merosa
de damas nobles y bellas, han vuelto A pasar en lujo3os trenc3 por el accideuc11.do sendero que del pueblo conduce al Castillo.
La última temporada que pasaron en él, se marcó por un incidente muy curioso y que ninguno supo explicarse: en lo más grato y entusiasta de las fiestas, se pre•
sentó cierta uocbe un caballero embozado que estuvo hablando A solas y muy largamente con el sefior Conde, después de lo cual este hizo ensillar el mPjor de sus caballos, y sin despedirse de nadie ni decir A dónde iba, partió en compafiía del incógnito recién lle•gado.
Al principio la Condesa no pareció sorprenderse; pero cuando hubieron puado tres
días sin que llegaran noticias de su esposo, se alarmó verdaderamente y envió criados
para buscarle en Lodas direceiones.
Las pesquisas no produjeron resultado alguno. Ni en su casa de París, ni en sus vi1iedos de Burdeob, ni en sus posesiones de Dieppe fué encontrado el sefior Conda y
ha ;ta llegó A creerse que murió asesinado.
Naturalmente las visitas se habían ido despidiendo poco A poco hasta que no quedaron con la sefiora Condecsa más que unos cuantos parientes y amigos de intimidad; y p"r último, llegado el invierno, todos se fueron acompafiando A la Condesa que
volvió triste y enlutada A París.
Todos lloraron en el pueblo la desaparición del Conde de Villiéres y su muerte
probabll!, pues era muy querido por su alma generosa basta la pro?igalid~d, y buena
hasta la ternura. Allí los terratenientes (y todos lo eran), no hab1an sabido nunca lo
que eran ex.torsiones ui crueldades, ni exigencia alguna. Si se perdia 1'l cosecha ó
enfermaba la familia, ó se sufría algún quebranto, el selior Conde no sólo bacía cesión del precio del arrendamiento, sino que venía en auxilio de los desgraciado3 con so.
persona é intereses. Vez hubo en que se le viera pasar la noche completa junto al le~ho de una mujer y un nill.o que cayeron en el río crecido por las lluvias y estuvieron á punto de anogarse. Cu,rndo el sel1o, conde vió venir entre l~s olas el gr~po de
madre éh.ijo, asidos el uno al otro y sin fuerzas y a para salvarse, hizo
que nmguno
de los otros que contemplaban aterrados la escena; se lanzó A la corriente y con riesgo de la vida propia, logró sacar á la orilla, casi moribundos, A aquellos infelices.
Luego los hizo llevar á una choza cercana, y allí los cuidó toda la noche hasta que vovieron á la vida,
Y como aceiones de esta clase eran frecuentes en el sefior Conde, todos le amaban,
le respetaban y todos deploraron su muerte, pnes muerto le creían ya; agravándose
esta pena co~ el temor de que el Castillo y sus tierras vinieran A parar A manos de herederos descorazonados que cambiaran la suerte del pueblecillo de Villiéres, tan próspt!1·a y feliz, igualAndola con la de otras lccalidades donde los trabajadores del cam-

!º

273

�274

EL MUNDO

Domtng-o 2 de Octubre de tW!J

Domh)go 2 de Octubre de 1898

que Maria había dado á luz una hermosa nif!.a, lo
cual le avisaba el Doctor, recomendándole que
fatlra al bautismo, y como consecuencia de esta
recomendación, el herrero partió, no sin haber
recibido antes las felicitaciones de todo el pueblo.
Cuando regresaron los esposos, las comadres
murmuradoras pudieron observar:
Que María Poulet no había perdido sus colores,
y parecía má.s saluda.bit, que nunca.
Que á pesar de eso la nina er11. amamantada por
una nodriza.
Y que el tamaflo de la criatura, la expresión de
sus ojos y otros mil detalles hacían creer que la
nifla tenía ya algunos meses y no unos cuantos
días como afirmaban sus padres.
El cura puso fin á estas murmuraciones con
una reprimenda, y todo volvió á tomar su curso
normal en el pueblecillo de V1llierés, donde por
esos días hicieron sabel' los crit1dos del Castillo
que el señor Conde no había muerto, que estab:1
bueno y C\Jntento en París y que había transmitido sus órdenes para que los arr1mdamientos se
pagaraJl al Alcalde ~efü,r de l.'llariel, quien seguiría tratando á los arrendatarios con las mismas
consideraciones de que habían gozado.
Pero ni en ese año ni en el otro ni en ninguno
de los subsecuentes, volvieron los Condes de Vi·
lliéres á pasar en el Castillo la temporada de caza;
y el último carruaje de viaje que penetró con
gran estruendo por la!f calles del pueblo, fué la
diligencia en que vino María Poulet con su chiquilla y la nodriza, carru11je queluegoaprovecharon, el boticurio y cuantos más vecinos tuvierón
que irá la ciudad, y que fué ocupado hasta eu la
imperial, desde que Pablo Poulet hizo saber que
ROSITA.
el pasaje no costaba nada por estar pagada la diMuy temprano se presentó en la fragua un pi· ligencia por completo p&amp;ra ida y vuelt11.
Rosita, ese era el nombre de la nilia, creció muy
carío vivaracho y simpático que hacía las veces
de ayuda de cámara del Cura, sacristán de la prontó en corpulencia y en beldad y parece que
iglesia y mo~o de oticiQS del Alcalde..,y habló con con su presencia traj.o al hogar de_l.os.Poulet, el
Páblo, el cual dtljando apresuradamente las he• bienestar y la ventura, pues los negocios del herramientas, cambió el mandil por su blusa do- rrero comenzaron á prosperar y pronto fué uno
mingúera y tomó el camino de la casa cul'al. Allí de los más bien acomodados del pueblo.
se encerró con Susano de Mariel con quien estu•
Cuando Rosita cumplió sus 15 afios estaba ya en
vo conversando cerca de una hora; luego salió todo el esplendor de la hermosura: alta, esbelta,
muy preocupado pero con cierto aire de satis- de grandes ojos obscuros, boca peregrina y cabefacción, volvió á su casa, habló en la cocina muy llos abundantes largos y finos, tenía un'l elegancia
á solas con su mujer que dejó de reir, y con los natural, realzada por la modestia y la vil'tud. Cuojos húmedos y rojos, comú impaciente por algo tis delicado y transparente, mano;¡ cuidadas como
agradable que debiera venir, y preocupada tam• las de una duquesa, lenguaje culto sin serpretenbién, suspendió sus haciendas domésticas.
cioso, y un imponente respeto de sí misma, Je daEsa m11flaua los fuelles de la fragua y los hor- ban un aire de superiodidad y de nobleza, que
nillos de la cocina estuvieron quietos, lo cual no contrastaba con las ingenuas y vulgares maneras
había pasado nunca desde el día del matrimonio, de María Poulot, por más que estas se hicieran
y así como á las doce y media, cuando el sol es- hasta gratas por causa de la alegría sin tregua y
taba en la mitad del cielo, llegó en su mula el la bondad si.n límites de esta ejemplar mumédico de la cercana ciudad y se dirigió á la he- jer.
rrería, Jo cu:il llamó grandemente la atención de
Los dos sen.ores de Mariel habían competido
todo el pueblo, pues no se sabía que hubiera en- en afán para cultivar las doteJ intelectuales y
termo de gravedad en la casa de Pablo Poulet.
morales de Rosita y le habían dado una instrucUnos desde&gt; las ventanas y otrosdesdelaspuer- ción sólida sin pedantería, engalanAndole el co•
tas acechaban la salid/\ del Doctor que no se hizo razón de piedad sincera sin supersticiones.
esperar mucho tiempo, y fué el boticario el pri•
Así pues, la nif!.it era verdaderamente una jomero que se atravesó preguntándole:
ya, pero los mozos del pueblo no se atrevían A
-¿Hay novedad, Doctor, en la casa del amigo cortejarla; y un poco por burla y otro por respe•
Poulet?
to, la habían bautizado con el apodo de «La Con•
-Según como quiera entenderse, respondió el desita.&gt;
médico. Novedad así dd enfermo grave ó de pe•
Pues sucedió que una vez la Condesita tuvo
ligro, no; ailn'-!ue bien mirado pudier1' ser, pol'•
que hacer viaje A la ciudad en compailia de sus
que estos trances no siempre son felices.
p11dres, para recibir el Sacramento de la Confir•
-Explíquese usted Doctor.
mación,
aprovechando, como otros muchos de la
Ya entonces una media docena de los má11
comarca,
la circunstancia rara de estar allí de
conspicuus vecinos de Villiéres, estaba rodeando
paso
el
Obispo
de la Diócesis.
A la mula que montaba el galeno. Este conti•
Como era tanta la gente á quien había que connuó:
-Pues es la cosa más sencilla: hace dos meses firmar, el O hispo la dividió por sexos y por edacuando Pablo fué á la ciudad á ccmprar fierro, des sefial1rndo un día para cada grupo: y del misestuvo en casa y me dijo la pena que tenía, por mo modo que entre las estrellas sobresale y brique Dios no le había dado hijos; yo le dí una me- lla la luna, brillaba y sobresalía Rosita entre el
dicina para que tomara su mujer, yle ofrecivenir centenar de sus compafl.eras cuando le llegó su
turno de presentarse en el templo.
oportunamente á reconocerla.
Nada había más hermoso y cautivador que
-¿Y qué ha resultado? preguntó la mujer del
ella
con su traje vaporoso de gRsa blanca, sus
panadero.
-Que María Poulet está en cinta desde hace cabellos sueltos adornados de nardos y azucenas,
mes y medio, dijo el Doctor, echando á 11ndar en sus ojos húmedos y radiosos, sus labios sonrien•
tes y su aspecto de inocencia y de candor.
.su mula y dejan&lt;to á todos asombrados.
Cuantos la vieron se asombraron; el Obispo la
Algunos meses más tarde, María que seguía tan
.gorda, colorada y risuef!.a como de costumbre, se bendijo de un modo especial dando gracias á Dios
empezó sin embargo á quejar de dolores y des!a• por que envió al mundo tan perfecta criatura, y
necimientos y pérdida de apetito; y Pablo hizo María Poulet que ni un instante había dejado de
saber á sus tertuliános que la iba á mandar á la ofr al11.hanzas, estaba que no cabía de orgullo en
ciudad para que se curara, lo cual hizo sin pér- su pelleJo como ella decía.
No ha.cía una semana que la familia Poulet badida de tiempo.
bia
vuelto de su viaje, cuando se presentó en ViEn la ciudad tuvo lugar el alumbramiento. Pa,
lliérr s un j'lven muy apuesto vistiendo la humilblo Poulet ~upo cierto dil y con él sus amigcs

Conde que venia ginete trayendo dela brida otra
cabalgadura.
Dió el tal las buenas noches con ademán respetuoso, se bajó del caballó, llamó aparte al sef!.or Cura, cruzó con él dos palabras y ambos, sin
tomarse siquiera la pena de despedirse, montaron
y emprendieron con celeridad el camino del Cas•
tillo.
Los demá.s se quedaron absortos de pronto, y
luego se pusieron en un dédalo de conjeturas;
hubo quien propuso ir al Castillo á averiguar lo
que pasaba, pero se temió que este acto de curiosidad desagradara al seflor Cura, y se tomó la
resolrción de que éste volviera y por su propia
volt1i; ...d aclarara el misterio.
Liu horas pasaban, el Cura no volvía, las ansiedades se habían convertido en verdaderos temores, silencio penoso reinaba en la fragua y
hasta el mismo A!calde estaba impaciente, cuando con gran alegrfa para todos se oyó primero y
vió después, que el ausente volvía sano y salvo
aunque con la fisonomía grave y como contraída
por una preocu¡,ación.
No fué posible obtener explicaciones que calmaran la natural curiosidad ocasionada por lo
inaudito del caso, pues el Cura se limitó á decir
que había sido llamado para asuntos de su ministerio sin que ni su hermano mismo pudiera
sacarle una palabra más, y fué oreciso irse al lecho sin saber por qué el santo Cura de Villiéres
había ido á ca bidlo al Castillo á las nueve de la
noche y no había vuelto sino hasta las dos de la
madrugada.
II

po se matan en la labor sin conseguir ni lo ne•
cesario para el pan de cada día, por lo Clll'O que
es el arrendamiento de las tierras y la impiedad
con que ae cobra.
En Villiéres, como en todos los pueblos pequef!.os, los hab!tantes constituyen una familia formada por lazos de parentesco real ó por afinidad
de carifl.os y simpatías. El Cura y el A~calde eran
dos distinguidos personajes traídos alli por el sef!.or Conde desde hacía tiempo, y los cuales supieron en breve hacerse amar de cuantos les conocían. Se llamaban los sef!.ores de Mariel, eran
hermanos, de edad avanzada, muy parecidos como si fueran gemelos, y tenían ambos tal mansedumbre, temor de Dios, bond~d y sabiduría, que
si alguna vez al Alcalde se le hubiera ocurrido ir
á decir misa ó al Cura ir á administrar justicia,
ni los devotos en el templo, ni los litigantes en
el juzgado, hubieran hecho la más leve observación.
Durante el día Susano Mariel, así se llamaba el
Cura, y pedro !fariel. así se llamaba el Alcalde,
se entregaban á sus labores particulares y oficiales en las que descollaban por la inteligencia,
exactitud y eficacia; y al caer de la tarde se reunían é iban juntos á tertuliar un rato en la fra•
gua.

repostería, que A todo se extendían sus conoci;mientos en el arte culinario,
Pablo y Maria que se amaron desde la infancia, se casaron apenas llegados á la mayor edad;:
y habrían sido el matrimonio más feliz del mundo, á no ser porque les entristecía un poquito la
circunstancia de que en diez a11os que llevaban.
de estar unidos, no había querido Dios favore-cerlos con un fruto de bendición.
Pero como eran buenLs cristianos, se confesaCausaba impresión de respeto supersticioso A ban; y cuando de los labios de Pablo salía algu•
los muchachos del lugar, verá aquellos dos se- na palabra que pareciera un reproche sobre el
f!.ores altos, robustos, blancos, rubios, de ojos particular, su mujer le contestaba con alguna.
azules, de andar reposado y de apostura impo• gracejada tan donairosa y oportuna, que le denente cruzando Juntos por la calle que conduce jaba tapada la boca para muchos días.
El boticario, el panadero, el intendente del•
al Castillo y penetrando luego por el portillo de
la fragua. Hasta: allí los seguía algún chico au- Castillo y otros dos ó tres principales vecinos se
daz y abría tamaf!.os ojazos y se apretaba con reunían también en la fragua y allí se comenta•
las manos el corazón cuando los veía pararse han largamente las últimas noticias de Paria, se·
junto al yunque, tender la mano al fornido y gi- recogían informes de lo más importante que pa•
gantesco herrero, y luego quedar iluminados de saba en el vecindario, y sin murmurar de nadierojo, como visiones infernales, al soplar de los porque ni el Alcalde ni el Cura lo consentían, se·
fuelles que encienden la hornaza, ó al estallar en pasaba el rato hasta que el toque de queda los.
llamaba al lecho y al descanso.
mii estrellas el hierro al golpe del martillo.
Estaban de tertulia y había .reunión plena en
Pablo Poulet se llamaba el herrero que también era veterinario, y como ya dijimos alto y una noche de otoflo; se había hablado ya de la
recio de carnes, vigoroso ccn el vigor de su ofi- última crisis ministerial, de la pérdida de las cocio; un atleta, en fin, que hubiera dado miedo A sechas de trigo en Rusia; del buen estado de la,
los mAs valientes, si una mirada dulce y bonda- vendimia en Villiéres y sus cercanías, del cercadosa no hubiera esparcitio su luz de amor sobre no matrimonio de Oleo Robín y de otras mil coaquella cara varonil é imponente.
sas, y declinaba ya la conversación cuando un
Pablo Poulet estaba casado con Maria Poulet incidente inesperado despertó el sobresalto hassu prima hermana, que también era alta, gruesa, ta en María Poulet que era la alegría misma healegre con franca alegría, siempre enscf!.ando al cha mujer.
reír dos hileras de dientes muy blancos. y con
Y fué que·á deshora se oyó galope de caballos.
las mejores manos que haya hecho Dios par/\ por el sendero del Qastillo, y se vió venir con di
confeccionar:cualquierplatillo, ya de cocina ó de rección i\ la fragua, á un criado de los del señoL·

EL MUNDO

275

de blusa del obrero y preguntó por la casa cural.
Conducido que fué A la prese1 cía de Susano
de Mariel, le dijo que habiendo quedado en Pa•
ria huérfano y sin recursos suficientes, v temiendo los peligros que para la perdición de un joven presenta la gran capital, h11.bía resuelto bus•
car algún rincón humilde de Francia donde vivir de su trabajo, casarse una vez que sus nego•
cios hubieran tomado camino, y formar una faruilin cristiana y feliz.
Como estuviera presente en esta entreV!sta Pedro de Mariel, pidió al joven sus papeles y vió
que todos est!lban en reg-111 y que entre ellos ve•
nía una libranz11. de veinte mil francos cobrable
en la cercana ciudad.
-Decía usted que quedó sin recursos al IDQrir
sus p!idres, dijo el Alcalde ¿qué significa entonces esta, cantidad?
-Si su Sefloria se digna leer uno de estos car•
tificados, continuó el joven, verá que ese dinero
es el producto de la venta de cuanto heredé de
mis padres y que no constítuyerecursos suficientes para la vida de Pllrís.
Si me hubiera quedado allí, en breve tiempo
habría dado fin á mi capital, en tanto que en este
pueblo puedo pasar ha1:1ta por rico y labr11rmeun
porvenir de tranquilidad.
-Muy honestos son estos pensamientos, dijo
el Cura, y ruego á Dios que usted persevere en
ellos. Si de algo pueden servirle mi apoyo y mi
consejo, cuente usted conmigo.
El joven manifestó efllsivamente su gi-atitud,
dijo llamarse Marcial Rigot, ser pintor ·y estar
dispuesto á embellecer con su arte y gratuitamente la iglesia del lugar. Luego la conversación se hizv general y de confidencias, hasta el
punto de quedar los seflores de Mariel y el recién venido ligados por la más honda simpatía.
A los pocos días ya Marcial Rigot estaba instalado en el pue_blo y había . puef?tO q_n molino
aprovechando una caída del riachuelo, lo cual
fué muy favorable para Villiéres porque abarató
el preció' del pan.
·
Aunque durante toda la semana no se habló en
todo el pueblo más que de la llegada del forastero y de la construcción del molino, Rosita pres•
tó á esto poca atención, pues en verdad que no
la preccc.ba que hubiera aumentado la cantidad
de jóvenes casaderos en la localidad, puesto que
ella no pensaba en casarse todavía.
Pero las demás doncel111.s no tenían los mismos
pensamientos, y al llegar el domingo, todas, como
si se hubieran puesto de . acuerdo, vistieron sus
mejores trajes y se arreglaron con esmero para
irá la misa mayor, donde de seguro podrían hacerse ver del joven y bello molinero.
Y así fué en efecto, porque éste, vestido con
un traje de burgués, sin pretensiones, acudió desde temprano al templo y examinó á cuantas entraban como quien busca á alguien con interés.
De pronto palideció ligeramente, un temblor
imperceptible recorrió su cuerpo y abrió los ojos
como un deslumbrado.
Era que Rosita se acercaba, sin galas ni adornos, con un trajecito de pereal y un sombrero de
paja, en el que lucían algunas rosas acabadas de
arrancar del jardín.
También Rosita se impresionó al ver á Marcial
y se apresuró á inclinar los ojos, pero ya era
tarde: el relámpago de su miraba había revelado
lo que pasó en su corazón.
Durante la misa, Rosita estuvo leyendo en su
devocionario sin distraerse ni un instan te, ó
viendo en el altar las ceremonias del culto. En el
momento en que el sacerdote levantaba en sus
mauos la hostia santa y repicaba en el presbiterio la rueda de campanillas de plata y hacia vibrar el organista los mejores registros de su a1·monium, Rosita, conmovida verdaderamente por
un sentimiento religioso, levantó·sus grandes ojos
como 11i al través de la nave del templo y de la
bóveda azul de los cielos estuviera viendo á Cristo ya sin espinas ni cruz en la plenitud de su
gloria.
·
¡Qué bella, qué incomparablemente bella esta•
ba Rosita en es11. aetitudl
Marcial la contempló en éxtasis; y como el
Obispo, dió gracias á Dios que babí11 puesto en él
mundo una criatura tan perfecta.
Rosita al salir del templo dirigió al forastero
una mirada tímida y furtiva, y luego, ya en su
casa, notó con sorpresa que aún pensaba en él y
le parecil\ seguirlo viendo, gallardo y atractivo,
elegante, sin pretensiones, muy diferente de los
demás mozos del pueblo.

�:l16

EL MUNDO

Domtniro 2 de Octubre de 1898.

IOinningo 2 de-Octubre de 1898.

EL MUNDO.

, 277

PAGINAS DE LA MODA
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Ese día habló poco, no comió bien, y su madre
·dPjó de reir y basta estuvo A punto de llorar temi,mdo que la nilla estuviera enferma.

III

....

LA. INVITA.CION.
Hablan pasado cuatro meses.
Con una reserva y un misterio que ni A si misro.Js se explicaban, Marcial y Rosita se habían entendido ya y basta habían concertado su matrimonio.
¿D,•pendía tal misterio de que el forastero tuVÍfl'lf ?1!t'l!T'é! en ocultarse por causas censurables?
No: 11maba, amaba sinceramente, y en efecto, el
m11trimonio con Rosita era su única esperanza de
fdicidad.
J&lt;}n cuanto A ella, ocultaba sus relaciones por
un s&lt;&gt;ntimiento instintivo de pudor, por más que
si111icra que ya el amor se desbordabu en su corazón.
Y eran felices los dos escribiéndose frecuente-

mente, viéndose apenas, cruzando alguna palabra
loe domingos en el atrio de la iglesia, y sofiando
en un porvenir de paz y de ventura á la sombra
de los Arboles que circundaban la casa del molino.
Pero el diablo, que no duerme, arregló las cosas de otra manera muy diferente y en el cielo
de Villiéres antes tan sereno y puro, apareció una
nube que amenazó desatarse en tempestad.
Una mafiana, un criado del C11stillo vistiendo
librea de gran lujo y cabllllero en Uh brioso corcel, llegó A la puertl\ de la fragua y sin apearse,
puso en manos del aprendiz una e.Arta cerrada
que tenia en la cubierta un sello con las arm1&gt;s
del Conde de Villiéres.
Cuando Pablo Poulet la leyó p1só por su cara
la expresión del que ha recibido una pulialada
en la mitad del pecho, y sin cuidarse de tomar la
blusa ni el sombrero, se dirigió á. la casa cural,
donde encontró reunidos A los sefiores de Marlel,
También ellos habían recibido c11rta del Castillo y también estaban consternados.

Ambas cartas en substancia, decían una misma
cosa.
El Conde, e11lvadae ya las dificultades que se
habían opuesto A sus deseos, había resuelto llev11r
á su lado A su bija Rosita, pero para que este
cambio de vida no le fuera perjudicial, tenía pro
yectado irln haciendo entrar pooo A poco eu el
mundo A que estaba llamada por la nobleza dis
su cuna y por la magnitud de sus recursos.
Para esto iba A pasar en el Castillo una temporada, iniciando la apertura de la caza con un
gran baile como lo 11costumbraba en tiempos anteriores, y á. este baile debía ser llevada Rosita.
El Conde acomoldiaba una invitación en carta se•
p11rad11 p11ra que le mostraran á. la nifia y recomendaba que le gu~rdar,rn secreto todaví&gt;\
respecto de su origen. Tampoco á ?tfa.rfa Poult,t
debían decirle nada todavía, pues en un arr11nque de dolor por la futura separación, podrí,., revelarlo todo frustrando así los proyectos del
Conde.
( Oontinuard.)

.

~',¡•')¡,"'
/~i-

FIG. 1. - NUEVO TRAJE DE CA.LLE.

�.278
~

Domtn,ro 2 de Octubre de 1898

EL ~'NDO

NOTAS PARISIENSES.

Por lo tanto, &amp;Pñores filósofos, no dígale nada malo,
contra la mentira; los hombres dejaremos de ser felices cuando tengamos la clave del intrincado problema .
que se llama mujer.

¡Cuán amargos suelen ser
le.e recuerdos!
En Pnie, rue de Rivoli, de
seis á. siete de la tarde, bajo
las arcadas del hotel Co11tinental, ante la soledad triste
de la11 Tullerfas. jardln abandonadn que contraata con el
ruido de la calle, miles de extranjeros en mails y carruajes
de familia.
Dos enlutad11s dam11s envueltas en lai, rlgidas túnicas
de viuda y con su capota á. lo
Maria Stuart; dos damas cuya
nobleza y altivez el tiempo y
las d11sdlchas marchitaron,
marchan lenb.menre como su,reetionadae por ta noetálg,ca
visión de ti empoe mejoret:1
A través de negras gasas
podemos descubrir dos rostros
mtnPe11ntes: uno, ideal de belleza durante el último Impl"·
rio; otro, expresión dti inteligencia suprema.
Las doR damas que marchan
Jl&amp;Ueitdamente eon las hoy
Condepa de Pierrefonde. ayer
de Montijo y su dama d11 lectura l\fad11me Le Bretón: la
Emperatriz Eugenia que ahora viene á Parle para buscar
alivio á las dolencias del cuerpo y para excitar loe sufrimientos del ePplritu.
Por eso marcha lentamente
ante aquellas Tullerfas, solar
del Puntuoso palacio donde
reinó por espacio de veinte
11ñoe. al lado de su esposo y
de su hijo
Y el sol también muere á. lo
lejos Pntre una bruma de oro,
y la multitud olvidadiza pasa
indif.. rente al lado de la que
fué ~u soberana durante veinte años, cuyo desastre desapareció en medio de tantas desdichas.

Experiencias actualmente en cuno están
demostrando que bajo el punto de vista estético debemos irremisiblemente vestirnos.
La moral también lo rPquiere, pero quizá.
no &amp;"la necesario b11jo el punto de vista de
la higiene y d11 la s11lud
Es la opinión de alguno¡; médicos y por
·eso se han inaugurado ciertos establecimientos en que ee tratan al~unos casos patológi
cos, regreijando al traJe de nuestros antepll·
s11dos ó Pea á la ausencia de todo traje. El
señor de Varigny los ha vi@itado.
Son instalaciones donde 111 abrigo de las
miradas indiscretas y en jardines especialmente dispuestos á loe enfermos, se entregan á curaciones al desnudo. pasando el dia
entero sin traje alguno, expuestos á. las caricias del eol, del aire y de la lluvia.
No ee veroeimil qu1¡ un mismo remedio
convenga á todas las afecciones El proverbio dice Que lo que mata al eaetre cura al zapa.tero. Estos son loe debilitados, algunos
tuberculosos también, y la desnudéz parece
convenir particularmente en el tratamiento del estado general que ee llama 11c11nsancio de vivir," estado que no t&gt;S una enfermedad caractariz11da, pero que precede á acompañ11r sinnúmero dt, afecciones. En este caso, la deenudéz representa uo papel de estimulante y de fortificante. He aqui los principios generales de ese tratamiento, tal como
están establecidos en los Institutos existentes.
Desde luego el tratamif'nto se verifica en un establecimiento rodeado de paredes, de modo que no ee
ofenda la moral. La extensión del terreno ee agra.dable y los jardines eon amplios. divididos en dos para separar l9s sexos como es debido
La vida diaria del enfermo, ee la siguiente:
.
Se levanta á. l11s cinco de la mañana, no importa s1
es hombreó mujer. Después de lavarse bien como
todo eér que se respeta. va al jardín Está. deenu~o
como un gusano, pues por todo traje lleva una fa.Ja

•*•

) ;"1

'.
\\ .

279

EL MUNDO.

HIGIENE A LA INTEMPERIE

La Gr.in Opera de Parle.
goza de universal renombre,
su foyer ea una obra maestra y eu monumental escale•
ra no tiene comparación con
n!ngnna del mundo entero.
Pues bien, entre loe mármoles y el oro puro de aquellas inmensas ~alerfas, existe también el oropel, si hemos de dar crédito á los criticoe de arte
Uno de loe numerosos bus-•
tos decorativos tle los corredores es apócrifo; su historia es la siguiente:
Tratábase de honrar la memoria de 11n arquitecto del
siglo XVIII, muy conocido
por sus frecuentes viajes á.
Rusia.
Encomendóse Ru ejecución
á. un escultor de talento, el
cual después de h11 ber regle•
tritdo cuidadosamente loe Archivos ~e Estampa•, la Galería Nac1onal y el Palacio Maz~rin!, no pudo encontrar•
mngun retrato del arquitecto en cue11tión
Sin embargo, el ePcultor •
habla rPcibido ya PI dinero.
Y,. devolv11rlo ere al~o duro,
aun para un artista de talento.
N,i t11rdo ni perpzoso, modelo una c11 beza cualquiera, co11 peluca estilo de la
época, y, después, copió su
busto eR un antiguo pPdazo
de papel y pre•entó el todo
á la comisión receptora
Naturalmente el parecido
no podia ser mayor.
Y he abf como el bronce,
Y el marmol se burlarán de
la posteridad.

•"'•

En tiPmpos representá.base . ~
en el Teatro del Orleon una¡,,...
obra muy antigua: Les Since- ;i ·
res.
Sus p!3rsonajes, amantes di' , ·': ¡--;;:,,.:..:,;,.,.:·. , . .
la recmu~ de al,) ,:jp_-·;_:;--:;¡_ ·· ,~·.
ma y t'Dem1gos del
r::J!i'- . ·-&lt;;, .&lt;.;_";\" ; ·
..mbuete, resalta.'?-%·· ·,·. ~ ·•·· . ;: ·, •

Domingo 2 de Octubre de 1898.

p ersisten en seguir con conetancla el ejem
plo de nuestro padre Adam.
¿Y si llueve ...... El asunto es sencillo. Se
di.'ja uno mojar y se anda bajo las gotas del
aguacero.

Ll MODESTIA.
Y LA

MUJER MEXICANA.

Fig. 2.-Modelo de teiido para colcha.

Una de lae cosas que han impresionado
vivamente á los excursionütas en México,
especialmente americanos, es eee porte re•
cogido que ha carecterizt do siempre á la
mujer mexicana, en cualquier eetadoque se
halle, particularmente á las de estado célibe
Eee porte recogido, hemos dicho, pero porte
quereconoce como origen una hermoeleima
virtud, que no puede m1&lt;11os de hacer á la
mujer interesante y ~impática, como un in•
terés y simpa tia respetuosa y venerable, esa
virtud ee llama MODE~TIA.
Y con razón ee impresionan tan agradablemente loe americanos, pues en este punto, la
mujer americana del Norte y IR mexicana
difieren esencii.lmente, por contumbree, por
educación, por religión Aquell11, la americana, desde eue primeros pasos en la vida doméstica y en la social, se mueve con una Ji.
bertad cuyos limites no ~on muy estrechos.
Esta, la mexicana. es vigilada con ojo a.visor por la madre en sus.:.iás leves movimien~
toe, formándole destle su infancia hábitos
del más extricto r11cogimlento. Aquella, aunque sea
católica, 'live en un ambiente no muy severo, cual es
el proustl!,ntiemo, re i¡z-ión dominante en Estados Unidos; ésta, por el contratrio, vive en un medio rellgio110
estrecbleimo, teniendo siempre ála vista un modelo d.vino, celebtial, purieimo cual es el de la Inmaculada.
Virgen.
Con razón, repetimos, causan tan vivit impresión
nuestras mujnel.', pues como ha dicho un piadoso escritor: "á. los Ctjos de Dio11 la modestia es la virtud por
excelencia; áloe del mundo ninguna hay que le pueda ser ctmparada. Adornaos con las cosas má,ilindas

,

~:ª:~ªu::;~;;:· . ':::.: .-fl1:'1···
.::;; ~'z,j - .~~- ;;,;;;..;
:.z~ . ;, ;:. _,,;,_ ,. &lt; . º""" · ::: .

ba d-, 1a franqueza
~
y se hacia.o odiar
,,.
·f/ · ·;-· : " " -&lt;" ~ %J' ~~,,.:.. ~
porPucultoidóla;,:·."&lt;:
,::~:-!.=&amp;~ ,... ·~ º~~º •
tra de la verdad
, ;;'~ :'(~~p;~-=;'.:0 :;i;~:. ,.
desnuda
✓, ...~
,,.,¡;3/--:;::.:-~~·::. ...,,.,:;.~!j-· •
.. -~"=",·
• •
•.-: • ,,
.. _-- ~~~f.::; : : ~!·'
--E~toe eJemploP
: ,:;:f,.,g •· ·
i .
toma.do e por el
.,,·_ ·,~
. •..dram&gt;1turgo en un
mundoqueyadeea parecio, s "r I a n
máe exactos aún
en las generacio•
nee presentes.
Esos tipos no han
envejecido p o rque la constitu ción de la buena
Flg. 9.-Sombrero Wanda.
sociedad reposa
precisamente sobre fórmulas y con
vencionaliemo, artificio v mentiras.
do la simple frase me amas, ella os respondiera con
¿Qué eucederla si nos "decidiéramos á ser verdade- franqueza?
ramente; sinceros?
Si ella os dijera que no le sois indiferente, que ella
Por eeo me parece pueril é injusta la perenne acu- está entre vuestros brazos porque vuestras insietens11ción que se hace á la mujer al considerarla embus- cias le hicieron caer, que lo hace por temor al escántera por defecto natural ó por vicio instintivo.
dalo ó que desea ver en voeotroe un ardiente protecSi la mujer fuera militante dela sinceridad, ¡pobres tor; ei ella os dijera eso y más, quielera. yo ver vuesde nosotros los hombres.
tra cara.
¿Qué bariaie si al desliza:- en los oídos del bien amaPero la mujer finge, suspira y dice que os ama y
vosotros felices y crédulos, gozals la dicha del amor,
cosa demaaiado suena para ser dulce al corazón aún
cuando no eeteis c;ertoM de la correspoupencia.
Si sois celosos y las visitas de un amigo, demasiado
asiduo y obsequioso con vuestra e~poea, os molestan;
vuestra mujer se lo hará entender al visitante y le
finge cualquier pretexto parll que se aleje y para que
os conserve la misma afección amistosa,
Si sois pobre y las pdvacionee son vuestro régimen,
la esposa se 11molda A las circunstancias en el interior
de la casa y al exterior, ella sabe fingir un bienestar
que no existe
¡Pobres mujeres)
Perdonémoelee que finjan si saben cuando deban
hacerlo.
Si la naturaleza que nosotros creemos brutal y
egoieta no lee hubiera hecho hábiles y un tanto embuRteras, el matrimonio s~rla imposible.
Jamás podremos conocerá. fondo la que amamos y
no sabemos si la podríamos a.mar y Rer felices con su
amor si consideráramos sus pequeiios y grandes defectos.
La Pociedad heeha de conv11nciones hipócritas y de
Flg 7-Corsetnoevomodelo.
!órmul1te que son me1,tira&lt;1,nopodrla existir Ei la muDelnntero y espalda.
Jer no fingiera, ei no fuera equilibrista.

Modas de París.

con un ligero paño, equivalente á la hoja de parra
de que desde nuestra niñez se nos ha hablado. Se
pnmite el uso del sombrero para evitar una insola•
ción. Cada cual lleva consigo un desayuno frugal.
Nada de carne, que llena el estómago de venenos, de
toxinas de humores, se digieren mal y _agrían el carácter, pero platillos ligeros, miel de abeJa, leche, pan
al ebtilo d-, los pastores de Arcadia. La mayor parte
de la cura se opera sobre la faldit de agreste cerro.
Si ha.ce calor se acuestR uno sobre la hierba, á la
sombra d11 un árbol, para leer y charlar con sue compañeros. Si hace fresco, se anda por las_prader_as, se
entrega uno á juegos pastoriles, á ejerc1c1os v1olentoe, á todas las ocupaciones del aire libte de que ee
pueó.e disfrutar en el campo. Si ee
quiere, se extiende uno al sol, dejándose tCtstar un lado, después el otro, é
iniciándose en los goces predilectos de
lllB higuanas y de los caimanes.
Deepu('s de algunas hone pasadas
tan agradablemente, se baja del cerro
al valle, y alll, siempre desnudo se su•
be sobre un tejado ligeramente inclinado, se acuebt&amp; uno al eol con la cabeza únicRmente cubierta. Después del
baño de aire, se tiene asi el baño de la
luz y del calor.
En seguida, envuelto bien en un co·
bertor, como una momia, el enfermo
est{I expuesto al fuego celeste com" si
tuviera que cocerse en su jugo. Dos
criados aparecen, momentos después
i!e apoderan de él y lo eumerjen en un
baiio de 11gua tibia. Al salir de éste
lo oprimen y refriegan con sue manos
haciéndolo pasar por una sesión de lo
que se conoce bajo el nombre de "ma•
sage. 11
Todas estas nperaclones ocupan la
maña.na hasta las doce, hora en que
los enfermos van al comedor, siempre
en eu simplicidad adámica. Comen otra
vez con frugalidad; leche bajo distintas formas, frutas, legumbres.
La tarde ee la repetición de loe ac•
tos de la mañana. Sin embargo, la ma•
yorparte de los enfermos comienza con
una siesta al aire libre, acto continuo
paseo, brincos, ci,,rreras en los jardines.
Al anochecer-se toca la hora de la
cena-los mismos manjares y ¡á dor•
mir! Algunos al meterse en cama, se
ponen por vez primera en las 24 ho•
ras algo que por completo los cubra,
Ja tradicional ,camisa de noche.• (J tro11

La moda de este
año se a preoe al padre Coloma, solo hace pequeñeces.
Los zapatos ama•
rillos ó encarnados
ya no son de buen
tono, y ahora, para
ir bien calzadas las
parisieneee, llevan
botas altas y de color verdoso! Por lo
visto los zapatProa
manejan los colores.
como un Corolus
Durand.
Se usan mucho
loe sombreros de
paja á la iglesia.
muy sencillos y ligeros.
Pa!'a_ el campo se llevan las elefil'ante1, faldas cortas.
Y c~rp1ños escotados; pero sin exafil'eración.
~1 el escote es grande suele llenarse el vacio quec
deJ&amp; la falta de_tela con entredos muy tranepar-,nte ó
con gasa muy hgera.
Las mangas anchas y largas ee hacen de puntilla.
Ó de gasa.
'
L?s saquitos de mano, llamados ridículas y que, en
reahdad Jo son. ya nadie los usa.
'-';.~t:.~1~ ~ -

.·

'

,

.,; l',o • ~ ......

e--~

'. ~\

Fig. IS-Banda de colcha.

Flg. 3.-Banda de colcha•

\

Flg S.-Blmin. df&gt; &lt;'R.lólR. Delantero
y eiilpnlda.

t

más ricas y prPciosas, cargad vuestro tocado de oro

Fig. 4.-Belojera fantasfa.

y pedrería, de flores y perfumes; hacéos tan primorosas y deslumbrantes como mejor os plazca ... .si fa.Ita
esta virtud en vuestro semblante, en vuestra apostura. jamás Alcanzaréis la verdadera estimación, el
verdadero afecto. Pero si poseis ese hechizo, ese encanto, ese podProso incentivo de la vhtud suprema,
aunque no poséais bermosur11, riquezas ni eeplendo~es, ap-ra.d11Iéis conquistando eso que nad11 puede
1gualsr en e.;te mundo, que por nada puede ser reemplazado: el respeto llevado basta. la veneración."
• ¿Y renunciárá la mujer mexicana á eea joya tan pr11ciada, á ese adorno que tanto enaltece á los ojos de
todo el mundo?
Desgraciad11mente empiezan á notar
se slntomae de americanización, no sólc en la capital dela República, sino en
otras capitales,
!Ay de las prim~rae que abran la brecha en mengu11 de la modestia, del pudor y del recato que hasta ahora como
hemos dicho ha cara.eterizado la mu•
jer mexicana.

...............
R eceta.1o1 útiles.
VARIOS ll.WDOS Dlll CU RARLAS
QUEMADU RAS,

Flg 6 - Servilleta para te.

El carbonato de sosa pulverizado,
mezclatl.o con agua para formar una
pasta, constituye un calmante, pues alivia instantáneamente el dbloroso esco•
zor de l11e quemaduras.
. Si no se tiene á mano ninguna de estas cobae, ee cubre al moment.&gt; la parte
lastimada con una capa bastante espe•
sa de harina de trigo
Cuando el dolor empieza á calmarse, ee aplica un pedazo de algodón
empapado en aceite de olivo sobre las
quemaduras.
El éter quita tambi~n el dolor de éstas y evita la formación de las ampo•
llae, ó las disuelve si están formadas
Se empapa un lienzo con él y se apli•
ca sobre la parte quemada rociándola
cada vez que se seca el éter.
La clara de huevo mezclada con acei
te de (l)ivo forma un buen linimenS.:&gt;
para toda clase de quemaduras.

�280

EL MUNDO

paja yedda blancl\. Calota rodeada de un lazo de terciopelo negro cerrado delaut11 por un nudo de t ul de
malinas negro. Aplicación de lindos myosotis azul
tierno, con grueso mqnojo hacia adelante, acompañado de un nudo di, terciopelo n11gro.
FIG, JO. -JAQUET PARA MEDIA E STACIÓN.
Ea de un corte muy elegante, de tafetán perla y
malva A grandes ra.vas uuiendo~e en la parte po11te•
rior A una sobre f11lda que forma bonita cauda. Solapa• de sarga abi11rta11 Fobre una camisola de muselina de seda negra, cP.ñi.ia por uu c'toturón fantasía.
Galones de cordón de seda adornando la falda que
r1iruata un gran volante.

TOMO 11

MEXICO, OCTUBRE 9 DE 1898

FIG, 11.-PELERINA FANTASÍA,

Es de terciopelo, con cuello Médicis, adornada con
un hermoso escudo bordado de guias y ribeteado de
cinta de seda. Redonda en el frente se abre graciosamente sobre el corpitl.o, no ocultando más que el plastrón.

TEATRO "JUAREZ" DE MONTERREY.

FIG. 12 -TOILETTE PARA TEATRO,

Gran cuerpo blusa con un yoke cuadrado y orlado
de blonda de seda.
.o/
..

;....---• '.,_ . '-:•--------,.

- 3/./

:--~¡:;':~,:· '- ,/ /
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2,

f
,t~jj.;
!' .,.

Fig. 10-.Jacquet para media estación.
· Se aplica por medio de nna pluma rPp'tiendo la
operac1óu h1111ta que se mitigue el dolor fuerte.
. ~ntonces se cubre la llaga con una capa gruesa de
h~unento, .Y al _cab~ rle _algunos dfas quedará recu•
b1erta la piel, sm c1catr1z alguna, c;,yendo el linimento en forma de escamas.
;Las qu.emadu.ra11 producidas por el fuego ó por algun lfqmrlo cahPnt11, se c11ran sin dolor y sin quefor•
me A~pula, aphca11do R~ brn ellas cataplasmas de zanahoria cruda rayada ó molida.

Fig. 11.-Pelerina tantasfa.

Nuestros Grabados.
FIG 1,-NU JDVO TRAJl!l DE CALLE,

Es de sarga de seda azul; el cuerpo va Ji.
geramente ablusado en el Frente. Está h,·rho
i:on un yoks redondo que se extitmde hasta
los hombros, es de mu, elina de seda y ostent~}eves pfüsés Al rededor dttl yoke el
corpmo termtna con tres hermosas cintas de
tafetán malva y blanco qu11 ribetean el ala
EUperior de 111 blusa.
Un lazo de taft'tár. mRlva y
b .an~o f&lt;_&gt;rma un Pl.. gante chou
A la 1zqu1erda de dicha blus11, y
uua basquiñii. de lo mi11mo orna
la falda. Las mangas y 111 cunpo llevan muchos gaiones en
bandas ·paraJela11 ouduladas.
FIGB 2 3, 4, 5 6 y 7.
Damos con f'ftos números una bonita
colección de trabajos para damas, de todos los modelos y de todos los géneros, de
los que más en bo!('a están Pn la actuali•
dad, propios para las labores de la estación
11ue s11 a prox1ma.
FIG 8 .-BLUSA DE CASA.

Es toda de muselina de @E'da, muy justa ccn ampliaR mangas rE&gt;mat1Jd11s en un
ligero carrujado &lt;'On remate dt&lt; blondas
y ceñidas A la muñeca per lazos rosa. En
el frente y en la espa1da grandes plissés
y caello alto del mismo estilo de los remRtes de las mang-as, ornado de blonda.
Corbata de lazo azul.
F IG

Fig 13-Trnjes para ninos de 6 á S años.

9

- SOMBRERO WANDA,

Sombrero levantado en el delantero, de

Fig. 12-Toilette para teatro.
El cuerpo es do terciopelo y el bordado fig-ura un
bolero leye. U na gran fantasla bo, dada se prende al
talle hacia adelaute y cae 11u acuchillados muy agu,
doa sobre la falda de sarga lida. Mangas de sarga con
grandes bullone11.
FIU. 13.-TRAJES PARA NIÑOS DE 6 i.. 8 A:&amp;os.
El primero es una jaquette pasada, de sarga de seda azul marino, con cuellito marinero completamente
superp~esto sobl'e unas soll1pas triangulares.
Dos filas de botones adornan y cierr1tn la prendita
que ~ae sobre una enagua de pt1rcal floreado muy
sencilla.
'
. El segund? PB un jacquE&gt;cito de sarga diagonal,
tambiéu, abierto sobre una camisola marinera muy
elegante Dos jorkeyH ornado11 d11 cinta en dibujo escocés. adornan los . hombros. Este jacqueclto cierra
muy Justo por medio de dos filas de botones.

1
ELTELON DE BOCA.

•

NUMERO 15

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo, 1898, Tomo 2, No 14, Octubre 2</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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EL MUNDO

paja yedda blancl\. Calota rodeada de un lazo de terciopelo negro cerrado delaut11 por un nudo de t ul de
malinas negro. Aplicación de lindos myosotis azul
tierno, con grueso mqnojo hacia adelante, acompañado de un nudo di, terciopelo n11gro.
FIG, JO. -JAQUET PARA MEDIA E STACIÓN.
Ea de un corte muy elegante, de tafetán perla y
malva A grandes ra.vas uuiendo~e en la parte po11te•
rior A una sobre f11lda que forma bonita cauda. Solapa• de sarga abi11rta11 Fobre una camisola de muselina de seda negra, cP.ñi.ia por uu c'toturón fantasía.
Galones de cordón de seda adornando la falda que
r1iruata un gran volante.

TOMO 11

MEXICO, OCTUBRE 9 DE 1898

FIG, 11.-PELERINA FANTASÍA,

Es de terciopelo, con cuello Médicis, adornada con
un hermoso escudo bordado de guias y ribeteado de
cinta de seda. Redonda en el frente se abre graciosamente sobre el corpitl.o, no ocultando más que el plastrón.

TEATRO "JUAREZ" DE MONTERREY.

FIG. 12 -TOILETTE PARA TEATRO,

Gran cuerpo blusa con un yoke cuadrado y orlado
de blonda de seda.
.o/
..

;....---• '.,_ . '-:•--------,.

- 3/./

:--~¡:;':~,:· '- ,/ /
~

-

;-:
..;..""•

,..
. ·-.. . . _/¡,., I'

'-,~\

-

•·.,;::,
2,

f
,t~jj.;
!' .,.

Fig. 10-.Jacquet para media estación.
· Se aplica por medio de nna pluma rPp'tiendo la
operac1óu h1111ta que se mitigue el dolor fuerte.
. ~ntonces se cubre la llaga con una capa gruesa de
h~unento, .Y al _cab~ rle _algunos dfas quedará recu•
b1erta la piel, sm c1catr1z alguna, c;,yendo el linimento en forma de escamas.
;Las qu.emadu.ra11 producidas por el fuego ó por algun lfqmrlo cahPnt11, se c11ran sin dolor y sin quefor•
me A~pula, aphca11do R~ brn ellas cataplasmas de zanahoria cruda rayada ó molida.

Fig. 11.-Pelerina tantasfa.

Nuestros Grabados.
FIG 1,-NU JDVO TRAJl!l DE CALLE,

Es de sarga de seda azul; el cuerpo va Ji.
geramente ablusado en el Frente. Está h,·rho
i:on un yoks redondo que se extitmde hasta
los hombros, es de mu, elina de seda y ostent~}eves pfüsés Al rededor dttl yoke el
corpmo termtna con tres hermosas cintas de
tafetán malva y blanco qu11 ribetean el ala
EUperior de 111 blusa.
Un lazo de taft'tár. mRlva y
b .an~o f&lt;_&gt;rma un Pl.. gante chou
A la 1zqu1erda de dicha blus11, y
uua basquiñii. de lo mi11mo orna
la falda. Las mangas y 111 cunpo llevan muchos gaiones en
bandas ·paraJela11 ouduladas.
FIGB 2 3, 4, 5 6 y 7.
Damos con f'ftos números una bonita
colección de trabajos para damas, de todos los modelos y de todos los géneros, de
los que más en bo!('a están Pn la actuali•
dad, propios para las labores de la estación
11ue s11 a prox1ma.
FIG 8 .-BLUSA DE CASA.

Es toda de muselina de @E'da, muy justa ccn ampliaR mangas rE&gt;mat1Jd11s en un
ligero carrujado &lt;'On remate dt&lt; blondas
y ceñidas A la muñeca per lazos rosa. En
el frente y en la espa1da grandes plissés
y caello alto del mismo estilo de los remRtes de las mang-as, ornado de blonda.
Corbata de lazo azul.
F IG

Fig 13-Trnjes para ninos de 6 á S años.

9

- SOMBRERO WANDA,

Sombrero levantado en el delantero, de

Fig. 12-Toilette para teatro.
El cuerpo es do terciopelo y el bordado fig-ura un
bolero leye. U na gran fantasla bo, dada se prende al
talle hacia adelaute y cae 11u acuchillados muy agu,
doa sobre la falda de sarga lida. Mangas de sarga con
grandes bullone11.
FIU. 13.-TRAJES PARA NIÑOS DE 6 i.. 8 A:&amp;os.
El primero es una jaquette pasada, de sarga de seda azul marino, con cuellito marinero completamente
superp~esto sobl'e unas soll1pas triangulares.
Dos filas de botones adornan y cierr1tn la prendita
que ~ae sobre una enagua de pt1rcal floreado muy
sencilla.
'
. El segund? PB un jacquE&gt;cito de sarga diagonal,
tambiéu, abierto sobre una camisola marinera muy
elegante Dos jorkeyH ornado11 d11 cinta en dibujo escocés. adornan los . hombros. Este jacqueclto cierra
muy Justo por medio de dos filas de botones.

1
ELTELON DE BOCA.

•

NUMERO 15

�EL MUNDO

282

ser eminentes; pero mafia.na empezarán. Hoy ya.
es tarde, tienen que recibir una visita, van á escribir cartas.
Y en ese aplazamiento constante transcurren
diez meses y cuando pasan las fiestas de Septiembre, nerviosos, sobrexcitados por el pavor,.
abren el libro y leen día y noche, sin descanso,
hasta que los llama el campanillazo del sinodal.
Pero eso sí, el aiio entrnnte no volverán á pasar este susto y cuando llegue Octubre los encontrará tranquilos, dispuestos y nutridos de
ciencia.
Permitidme que lo dude, jóvenes estudiantes.
Hay propósitos que no son para nosotros sino palabras, puras palabras.
Dick.

LASEMANA
Sobre el fondo de los sucesos banales, destaca
su relieve vigoroso el escándalo de Irapuato.
Una multitud, momentaneamente emancipada
de tod~ coacción legl\l, opone las brutales nega•
ciones de su fanatismo A la conciencia libre. Nada
respetan sus salvajes impulsos: invade el hogar
inviolable, maltrata áinofensivas mujeres, destru·
ye libros y papel..:s é injurian á los impenitentes hereciarcas que en este país libre tienen
asegurados por la ley respeto á sus creencias y
libertad para su culto.
Y hay quien en presencia del atentado crea un
ar.acronismo incomprensible esta irrupción de
salvajes en la nueva vía del progreso. Hemos
avanzado mucho en cultura y eduMción civil y
natural es que nos avergüence confesar el analfabetismo moral y político de las masas, tan vagamente iniciados en la pasiva aceptación de un
estado cuyos beneficios ni conocen, ni necesitan,
ni reclaman. Pero podemos darnos cuenta del
enorme y secular trabajo de adaptación que significa un sentimiento altruista, un acto de respeto
á los derecho3 ajenos; exigir de seres primitivos
el ilustrado civiamo de UD Ocampo sería insensatez. Lo raro no es que rompan los instintos el valladar que los contiene; sí maravilla que haya
fuerzas bastantes á moderar sus impulsos.
Por lo demás, esos arranques de ferocidad snn
de todos los tiempos. Las multitudes de Roma
acusan á los cristianos del gran incendio ó de la
derrota de una legión y los arrojan a las fieras;
las multitudes de la Edad Media precipitan sobre
los albigenses, sobre este monje herético ó aquella hechicera, todas las absurdas imputaciones
que la pasión popular acepta sin discutir, para
crucificar ignominiosamente al primero de quien
se dice «ese es un enemigo».
Las multitudes alemanas de Munzer en tiempo
de la Reforma y las de J ourdan en tiempo del
terror, como los fanáticos que gritan un día en
París: "muera Zola" y al día siguiente "viva Zola,11 son eternamente iguales á si mismas, incon•
secuentes, crédulas, "terroristas por miedo" como
decía Madame Roland de Robespierre . .. .
Cualquiera que sea el fin, religioso, político ó
de patriotismo que persigan los hombres agrupados en multitud, el sentimiento de la solidaridad
que los une y la corriente de su mútua sobrexcitación, los hace inaccesibles á toda piedad. En
nombre del evangelio matan y tiranizan en nombra de la democracia . . ..
,.,,¡

La democracia mexicana dejó pasar inadver•
tido, casi por completo silencioso, el aniversario
de la Constitucion de 1S24.
Y sin embargo, aquella primera carta política
fué una aurora, y como la de 1857, un acto de protesta vehemente contra la opresión delos privilegios sobre el pueblo llano y contra la tiranía de
la intolerancia sobre los espíritus emancipados.
El inspirador del Código de 18:24, fué un sacerdote, uno de aquellos miembros del bajo clero,
que confinaban por su inteligencia y su ambición,
por la cultura y las facultades activas de su ser
inquieto con los altos dignatarios posesionados
de la influencia y del poder y que por sus orígenes y su vida extra-curial, por su cuna criolla ó
su sangre mestiza, llevaban en el corazón las
amarguras y en el espíritu los ideales de los oprimidos.
Ramos Arizpe nunca fué un postergado: la Iglesia y el gobierno virreinal le devolvían en distinciones honoríficas lo que él puso de talento,
iniciativa y vigor al servicio de sus instituciones
de enseiian.za; pero no se sometió jamás y cuando concurrió como diputado de América á las
cortes de Cádiz, defendió á sus coterráneos con
desinterés y valor.
Las discusiones de la Constitución espaiiola de
1812, lo adiestraron en el arte de la revoli¿ción
doctrinaria. Aplicó el método, y la carta de libertades que escribió Ramos Arizpe-, á través de
treinta aiios de sacudimientos y de indecisiones,
fructificó en la de 1857.

,,..,

Algún diario de esos que toman muy á la letra.
el texto cónstitucional, se interna en un océano
de lógica para comentar,-muy sériamente y con
las mejores ir.tencio:ncs,-la aprehensión de cua-

•

Domingo 9 de Octubre de 189&amp;

Sra. Maura A.lfaro de Garrido.

renta ó más mendigos que asolaban las calles
céntricas de la ciudad.
Según el delicioso razonador, la policía ha
obrado· atentatoriamente, porque,-es claro,todos los habitantes de la República, tienen derecho para pedir y todos también lo tíent:n igualmente ilimitado para no dar. De lo que se infiere,
que los mendigos han sufrido un atropello.
Sin ser tan constitucionalistas, y por otro smotivos, hay quienes se quedan fríos y no aplaudeu
el celo que muestra la policía para. desembarazar
de mendigos la vía pública.
Má.s de UD ciudadano en pleno goce de recursos para vivir, se alarma y teme que no haya
medios humanos ni divinos para acabar con otra.
plaga peor que la de los mendigos: la de los sablistas.
Si vamos á comparar por los efectos, la medida
que destierra la mendicidad menuda es más bien
estética que positiva. Con doce centavos se aca•
lla el clamor de una docena de mendigos y es raro que un homhre medianamente listo sufra más
de esos asaltos !\ quemarropa cada día.
Pero el sablista ...... Cada uno de ellos representa por lo menos un cargo de cinco pesos etJ el
bolsillo de la víctima. Y la periodicidad del ataque es de un isocronismo ~atemático: no falla
jamás.
Podrá por una ú otra causa disminuir el ingreso ó aumentar el pasivo de los que tienen de
qué vivir, pero los que no tienen de qué vivir
jamás perdonan la contribución que aquellos les
pagan. Antes que saldar cuentas con nuestros
acreedores ó satisfacer las necesidades más urgentes, hay que cubrir la lista civil de los mendigos vergonzantes que viven á nuestras espensas.
Contra estos sí que valdría la pena de que se
lanzara en formidable campaiia la autoridad.

Corren los días de la quincena y cada hora
trae nuevas torturas al interesante gremio estudiantil.
Los exámenes! .... El día 15 empezará el temible período escolar que como las batallas, tiene inesperados triufos, hecatombes expiatorias
y una fuga incontenible de dispersos.
La gran masa de los noveles oficiantes de la
ciencia ofrflce á esta hora uno de los aspectos
más curiosos y tí!)icos de nuestras costumbres.
Un ejército de adolescentes, consumidos por la
vigilia y la preocupación devora, en una quincena volúmenes enormes que tienen aún el polvo
de diez meses disipados en la divagación poética
de los sueiios ó de ideales calaveradas.
Maiiana. .... mafiana . ... mañana. . . . Ese ha
sido todos los días su propósito, sinceramente
querido, desde que las cátedras iniciaron sus tareas. Estudiar mucho, ganar el primer premio,

Después de las luchas espantoB!ls y sangrientas en busca de la lib~rtad, para sacudir el ominoso yugo del musulmán, que por tantos siglos ha
pesado sobre la infeliz Creta, por fin se aproxima la época de su manumisión. Las potencias
europeas se han decidido á arrancar ese territorio de manos del Sultán y á constituirlo en país
neutral, regido por una comisión internacional,en
tanto se decide su suerte en un próximo porvenir.
El reciente levantamiento que ensangrentó las
calles de Canea y ocasionó la muerte del cónsul británico y de algunos soldados ingleses, y
provocó horrible matanza de cristianos, sin que
las fuerzas turcas hiciesen nada por sofocar el
motín, ha hecho que se activen las negociaciones
suspendidas después de la guerra de Tesalia, y
que se procure á toda prisa destruir para siempre el dominio musulmán de la isla sagrada. Lo1
embajadores de Rnsia, Alemania, Francia é Italia en la corte de Constantinopla, acaban de presentar un ultimátum al gobierno del Sultán, señalando el perentorio plazo de cuarenta y ocho
horas para que salgan todos los soldados turcos
del territorio cretense; á toda prisa se han mandado refuerzos por parte de las potencias, para
sos~ener estas reclamaciones; nuevos buques extranjeros han llegado á las águas de Canea, y no
sería extraiio que se estableciera otro bloqueo,
y que por medios violentos be arrancase de las
fortalezas de Canea el estandarte musulmán, que
todavía ondea allí como oprobio de la civilización.
Es tan resuelta y decidida la actitud que han
asumido los príncipes cristianos en esta ocasión,
que al fin el CaUfa de los creyentes tendrá que
ceder, reprimirá su odio insaciable contra la fé
de Cristo, suspenderá su sed de sangre y tendrá
que retirar á sus genízaros, que en el último motín de Canea vieron tintos en sangre de inocentes, basta la empuiiadura. sus feroces yataganes. Pudo orgulloso, después de sus triunfos de
Larisa, creerse otra vez dueilo absoluto é indiscutible de la tierra de Minos que por dos siglos
ha peleado en busca de su libertad; pero vueltas
ya de su asombro las naciones cristianas, después
de los fáciles triunfos del turco sobre los débiles
helenos, reclaman hoy los fueros de la justicia,
acuden á segregar otro girón del manto escarlata
del Imperio otomano, y dan un paso más en la
ya acordada disgregación del patrimonio carcomido de Solimán, en tanto suena la hora de arrojar para siempre á los hijos de Mahoma más allá
del Ponto Euxino y de expulsarlos para siempre
de la basílica de Santa Sofía.
No bastan los triunfos de un díá. ni las brillant~s hazafias. de ~na guerra, contra un enemigo
diez veces mfenor, para galvanizar el cadáver
del carcomido Imperio turco. Sus días están contados, su conducta ha sido pesada en la balanza
de las naciones, y encontrándola falta, se ha decretado ya su condenación. Ni retroceden los
pueblos en su evolución, ni tampoco pueden vencer los efectos de la carcoma y la putrefacción,

cultades que sólo podrán resolverse, siquiera de
una manera provisional, en las conferencias de
París.

X.X.X.
7 de Octubre de 1898.

*

**

El drama pretoriano de que hablamos días pasados, iniciado en los alcázares de Pekín, se ha
desarrollado con todc, su repugnante interés, y
hoy el débil Emperndor, á la merced de sus enemigos y en poder de los certesanos que giran en
torno de la Emperatriz viuda, es el juguete de
·1os mandarines, es un harapo envilecido que todos deaprecian, y menos feliz que el último de sus
súbditos, se ve reducido á la triste condición de
vivir todavía rodeado con los atributos de su
grandeza y envuelto en los esplendores del trono, sin ser dueiio de sus actos y conservando sólo una sombra irrisoria de su extinta soberanía.
Solió con las reformas dellmperio, y la reacción
lo tomó entre sus garras; pretendió uncir su país
al cttrro del progreso, y la tradición abrumadora
lo aplastó bajo su peso; soñó una transformación,
una regeneración completa del Imperio, infilSrHa. Herlinda Segura.
trando en sus miembros ateridos, inoculando en
Desempefíó brlJlantemente el papel de .Amnerls, en el último
su organismo secular, inyectando en su sangre
concierto en obsequio del Sr. Presidente.
estanc11da gérmenes de nueva civilizacion, de
1
ideas modernas, de engrandecimiento y de vida, ---------------------------------------------y los adoradores del pasado, los que viven eternamente prosternados ante el ídolo de las tradi- los espaiioles. En la actualidad son tres los que
ciones y se encantan en la contemplación de todo se disputan lasoberanía del .Archipiélago magalo que fué, se levantaron contrn él, atizaron las llánico: Esparta, duena de la mayor parte de las
ambiciones de la vieja Emperatriz; y si no Je en- islas y con posiciones formidables en las islas
venenaron como con insistencia se ha dicbo, fué Visayas, donde le permanecen fieles la mayor
porque era mejor para sus aviesas intenciones parte de los hllbitantes; Aguinaldo y las huestes
que quedara de cuerpo presente para atender á de tagalos que lo obedecen, posesionado de la issu derrota, que permaneciera de pié viendo co- la de Luzón y alguna otra de las vecinas, promo se desmoronaban sus insensatos ensuef\os, y clama la República de Filipinas, declara la indepresenciando, para su martirio, la glorificación pendencia de todo el archipiélago y pretende
imponer la voluntad de los tagalos sobre tollos
del pasado tan aborrecido por él.
El Imperio moscovita se regocija con estas los habitantes de las numProsas islas, los amerireacciones, mira en ellas la realización de sus canos, duefl.os de Manila y de Cavite y de los teideales; los más adictos al gobierno de San Pe- rritorios adyacentes, reclaman también la poseters burgo han sido los agentes activos de la cons- sión de todoel territorio magallánico, y azuzados
piración, y aunque sólo tuvieran que ver la derro- por la prensa que quiere la expansión territorial,
ta de los agentes británicos, aunque esta circuns- piden que los representantes de París exijan de
tancia no acrecentaí'a su rnfluencia. y multiplicara los espafioles la renuncia de toda soberanía en
su predominio, le bastaría la satisfacción dever aquellas apartadas regiones.
humillado á su enemigo para que moviera en
*
sentido todas sus maquinaciones.
**
La usurpación de la Emperatriz viuda está ya
De las tres entidades que reclaman para sí la
consumada. Por la astucia ó la violencia, el fementido Emperador reinante ha firmado su abdi- soberanía de Filipinas, ninguna es dueiia más
cación, ha cedido la magestad de su poder á su que del territorio que pisa, ninguna puede im•
augusta tía. Detrás de la dama que conspira, es- poner su voluntad sobre las tierras del vecino,
tá el Czar de todas las Rusias. ¿quién preter.derá ninguna en el momento actual puede lograr que
intervenir? ¿quién osará oponerse á las deter- prevalezcan sus órdenes más allá de donde alminaciones del Hijo del Cielo, que parece haber canzan los tiros de sus cartones. Están frente á
obrado de su expontánea voluntad, libre de to- frente en defensa de intereses opuestos, y se esdas maquinaciones, y por su propio y sobera- pera con ansia que la conferencia de París dé sono albedrío? En vano pretenderán intervenir los . lución al problema, en vista de lo que exige la
que '-!uisieran que prevaleciera su influencia en Unión Americana por sus victorias sobre Montolos consejos de Pekín, en vano querrá la Gran jo y Jáudenes, y lo que reclama España por sus
Bretaiia acudir en defensa de una influencia que derechos tradicionales sobre las tierras que desse le escapa. Los -agentes moscovitas lograron cubrió Magallanes y conquistó Legazpi. ¿Se hapenetrar al alcázar de Pekín; y no es fácil que rán oír los representantes de Aguinaldo, que ya
con notas diplomáticas y reclamaciones de pe- van rumbo áParís, pretendiendo tener voz en las
riódico se les pueda expulsar. Se han asentado discusiones? ¿Logrará Agoncillo, el jefe tagalo,
allí por su propio derecho, y sólo UD conflicto que su voz resuene en el salón de embajadores
armado, sólo un rompimiento abierto podrá arran- de Quay d'Orsay dondt: se reunen los comisionados de la paz?
carlos de su puesto.
No lo creemos. Si :M:c Kinley no quiso'recibirEn el temor de ese conflicto, se ha establecido
cordial inteligencia entre las dos potencias riva- los con carácter oficial, ni dar oídos como Presiles. se han limitado las esferas de acción de ca- dente de la República á agentes de los insurrectos
da una y recogido la parte de botín que cada tag!\los1 mal podrían los representantes de Espa•
cual pudo tomar en los revueltos mares orienta- iia y Es tados U nidos concederles ningún carácter
les, Siguen tranquilas, atisbándose en la sombra, ni menos atender á sus reclamaciones. Podrá
espiándose en secrete y pretendiendo sorprender acaso conferenciar en lo particular con los comiel momento má.s oportuno, para vencer en aque- .sionados americanos, pero un carácter oficial no
se le habrá de conceder. Obrar de otro modo
llas regiones á su émula aborrecida.
sería reconocer al Dictador, reconocer la República
de Filipinas y conceder derechos, y por
*
**
ahora no creemos que estén dispuestos á hacerlo
Mientras los individuos de la comisión mixta
internacional celebran en París sus primeras se- ni Espaiia que no abdica de su soberanía, ni Estados Unidos cuyas aspiraciones no se conocen
siones, para acordar las bases definitivas de la
paz entre los Estados Unidos y Espafl.a, la cues- todavía.
Entretanto lns hostilidades no cesan entre estión de Filipinas permanece insoluta, y espera de
las decisiones de ese consejo la última palabra. pañoles y tagalos, y ll\S rivalidades entre é;;tos y
Ardua es la tarea encomendada á los comisiona- los americanos se hacen cada día más patentes.
dos de la paz· la cuestión antillana no ofrece Recíbense noticias de nuevos encuentros, se haningunas difi~ultades, pues eran claras y defini- bla de capturas de buques insurrectos por los
das las proposiciones acordadas sobre este pun- cruceros de Dewey, y aunque parece prevalecer
to en el protocolo de Washington. No así el pro- el sentimiento anexionista, la aspiración á un problema filipino: cuando se firmaron los prelimina- tectorado de Washington por parte de ciertosinres de la paz, Manila estaba todavía en poder de surrectos, el embrollo crece y crecen las difi-

(

RESUMEN.-La libertad de 0reta.-Otroglrón arrancado al patrimonio del Snltán.--.Kl ultimátum delas PO•
tenclas.-La conspiración en el palac:o de Pekln.Un Emperauor que abdica y una Emperatriz queconsptra. -Los agentes rusos y los agen1es lngleses.-L~
preponderancia moscovita. -Forzada tranqutlldad de
las potencias. -Las conferencias del'aris.-.Klproblema fillplno.-Tres poderes, tres gobiernos y tres
duen.os -Embrollos y dlficultades.-El agente de
Aguinaldo. - ta misión de los comlsio:Jados de la paz.
-Conclusión.

J

1

283

EL MUNDO

cuando caen ya. en pedazos roídos de miseria y
podredumbe. L'\ manumisión de Creta, es un paso más de avance para borrar del mapa de Europa esa mancha que se llama Imperio Turco.

¡lolitita ®tntral.

Obtuvo ruidosos aplausos en el papel de A.Ida que representó
en la última velada
en obsequio del Befíor Presidente de la RepúbUaa.

Domlna:o 9 de Octubre de 1898.

----

LA EXPOSICION INTERNACIONAL EN PARIS
PA.RA. 1900.
Ya se acerca la fecha en que los franceses han convoc..do á todoi1 los puablos d11 la tierra para celebrar
juntHmente el f,n del siglo XIX y el uat1ilicio dt'l siglo XX. Desde hace m11sei1 be mu11ven en las orillas
del Seua. muchos millares de manos lat oriosu, ocupadas en los preparativos dt1 la lllagua obra. Ninguno
puede figurarse, ni siquiera aproximadamente, todo
lo que significa una Exposición internacional precisamente en Pal'is, y u,uy pocos saben cuantoij cambios
topográficos traerá conij1go ésttt de 1: 00 En otras
grandes capitale@ que han ofrecido exposiciones internacionales, se ha estado de acuerdo desde un principio sobre el lugar que deberían ocupar, debido en
gran parte á que era la primera vez que efectuaban
tales concur@os. Parla, en cambio, ha visto ya repetidas veces exposiciones internacionales y á una población de doi1 millones y medio de habitantes, no es
dable fatigar por largo tiempo con los mismos espectáculos
He aquí por qué no ha sido cosa fácil idear para
1900 algo que dejara satisfechos á los exigentes pa•
risienses. Por otra parte, quadaban de la últim&gt;l exposición algunos edificios y no pocas construcc~ones
11ue importaron fuertes gastos y mayorei1 trabaJos y
que eri. preciso aprovechar en la próxima, entre otrati,
la renombrada Torre Eiffel, el más alto testimonio de
los progresos ae la arquitectura férrea.
Asl pues, para ofrec1•r algo nuevo, túvose la idea
de establecer los terrenos de la exposición dentro de
la ciudad, al contrario de lo que hasta noy se ha
usado.
La entrada principal será por la plaza de la Concordia, que tiene f~ma de ser la má~ hPrmo,;a plaza del
mundo botero. Oblicuamente de frent" y del otro lado del Sena, eijtá la ancha plaza de IJs Inválidos que
ha sido incorporada á 1011 terrenos que ocupará la
Exposición, lo mismo que los amplios muelles á ambos lados d11J rio, el Quai d'Orsay á la izquierda y
el Cous La Reine á la derecha. Es1os muelles forman
RSI la umón ent1e el campo de la úhima exposición y.
el de la nueva.
Quedaba. Je la exposición de 18.55 y á un lado de
los Campos Ellseos, el conocido Palacio de la InduPtria, de 250 metros de largo y 101:l de ancho. que se ha
venido utilizando para expoi1iciones artísticas, pero
que ha sido menestar destruir para subs&amp;ituirlo con
dos hermoslsimos palacios que se de&gt;stirn,rán definí•
tiva y perennemente para a1bergar los tesoros del artti francés,y que sin duda conFtituirán las más notables
joyas arquitectónicas de la ya rica París.
Serán de dimensiones colosales y ya hoy se ve brillar la blancura de sus muros por sor,re la obscura arboleda de los Campos Ellseos, sin que por esto se crea
que estén próximos á concluirse.
La perspectiva que se ofrecerá desde los Campos
Ellseos al visitante de la Exposición de 1900, no podrá ser más maravillosa: además de los ya mencionados palacios del Arte que por si solos deberán asombrarle, tendrá enfrente los monumentdes pilares del
Puente de Alejandro, sostenidos por gigantescoR grifos, y en el fondo la dorada cúpula de los Inválidos.
Dasde el puente verá las serenas aguas del Sena
surcadas por toda una flotilla de "golondrinas" que
imitarán la11 más exóticas formas de bajeleP, desde el
dschonk de China hasta. la piroga del SenejZ'lll. Indudablemente, el Puente Alejandro constituirá el cen•
tro de la próxima Exposición de 1900.

*"'*

Par8 formarse una idea de las grandiosas transformaciones que está sufriendo Paris; asi como de las
fabulosas sumas de dinero que se está empleando,
basta saber lo que han emprendido algunas compañias ferrocarrileras.
La del Este (Paria Estrasburgo) ha comprado calle.,
enteras para ensanchar sua estaciones.
La del Oeste que ya aumentó su. departa.mentoe,
ensanchará sus vi11s tendiendo uu puente sobre el
Sena destinado exclusivamente al tráfico de sua trenes.
La que más ha gastado es la linea de Orleans, pues
ha comprado el antiguo palacio de Caur des camptes
para demolerlo y construir sus estaciones.
La compaliia de ómnibus metropolitano&amp;, en fin,
piensa substituir su actual sistema de tracción por
otros mecánicos, para lo cual tendrá que gastar varios millones.
*

*

*

Como hemos dicho, los teuenos de la expoaieión
quedinán dentro de París. Sólo la exposición de automóviles se efectuará en el bosque de Vincennes.
El lugar es am¡.,llsimo, y sin duda el hecho de que
esté situado dentro de la ciudad, contribuirá á aumentar los atractivos de eea colosal exposidón que
promete cerrar con broche de oro el ya agonizante
s!glo XIX.

�984

Domingo 9 de Octubre de 1898

EL MUNDO

Iglesia establecida, del amor, de la ciencia, de todo lo
que existe.
Re.tirado en su propiedad de YanaYa Poliana, rege•
nerado bajo el k11ftan de1 mujic, el apóstol del ntio
cristranismo consagra su vida a las obras filantróDica11, á la dirección de las escuelas, á las comisj.ones 'de
caridad. á los .s ectarios é iluminados. que vienen de
todR la Rusia campestre á visitará su grRn coleg-a.
Trabaja, 11demás, con sus propias manos: labra la tierra, maneja. la segadora y hace zap11tos ..... .
Sólo uoa pequeña porción de su dlll laborioso, se
emplea en su• escrit~s que difunden su doctrina. Dt&gt;l
antiguo novelista sólo queda el método instintivo, el
triuufante re•iismo quA noR subyuga en la exposición
de sus te~is morales ó filosóficas.
Podemos rechazar su sistema y sus ideas,y aun declararlas viciosas, extrava¡z-1rntes y locas; pl'ro nadie
negará á Tolstoi la avasalladorR fuArza de evocación qut- ha hecho de él uno de los más e.gregios novelistas de nuestro ~iglo.
·
El Teatro Juárez de- Monterrey.

Ya hemos dicho que el día 15 de Septiembre se inauguró en Monterrt&gt;y el Teatro Juárez.
El acto inagural fué solemne y se dedicó al Sr Ge neral Porfirio Diaz, e~cogiéndose, el dfa indicado por
ser el on&lt; máRt-ico del Sr Presidente de la Repúbllca.
El nuevo Teatro de Monterrey fué construido por
los Sres (!ha1;&gt;a Gómez y Quiroga, ricos y emprendedores cap1tahstas de aquella ciudad El primitivo proyecto de estos sPñores, á ra1z del inct&gt;ndio del Teatro
·del Progreso ocurrido el año de 11:j!;¡6, fué construir
1.1n salón de espectáculoA cuyo costo no , xcediera de
$40,000; pero c'lmprendiendo la conveniencia de da1
mayor extensión á la emprf'sa, dada la categorla de
1~ capital de Nuevo León como ciudad rica y pro¡z-re~1sta, aumemaron _el presupuesto y según 1011 datos
que tanemos á la vista lll obr~ una vez concluida re. ¡,resentará un va.'or de $150 000
.El Arquitecto Sr Ma~~ing proyectó el ed:ficio y llevo á cabo su construcmon en menos de un año
La fachada del edificio se a.poya sobre el Puente
· Juárez en una de las avenida8 más centricas y her•
rnosas de Monterrey El edificio Astá situado so"bre el
lecho de uno dit los canales oel Ojo de Agua, aprovechándose de este mod,l la dift'rencia de nivel
respecto á la calie como subterraneo natural
~I frontispicio es de mármol negro de Monterrey y
lc.s otros muros. maestros son de ladrillo rojo
El ve_stib~lo da. acceso á un gran salón y de este 11e
pass. a1 pa~10 en forma de herradura coa !,anca~ Je
mader_a y hierro. Alrf'deder del patio hay plateas, pal. cos p_r1me~os, sPgund,s y galerla. El foro es bastante
11_mpho v tiene _dt1partamentos apropiados pa!a los artistas. La cant11;1a está en el segundo piso á la altura
de los palcos primeros.
El interior está alumbrado con 500 focos inc,rndescentes y 10 de a.reo
Son notablt;s elplafonel,con figuras 1,JegóricaF: las
musas del Baile y di, la Musica, .,utre otras; el tl'lón
de boca qne 11parece en uno de nueFtros o-rabados y
que es obra de un pintor de Nuevo Leon f&gt;on Eligio
FernAndez.
•
Las figuras del ciPJo son del Sr. Guerini y, las deceraciunes de Don Fe~erico Amérigo.
' ·
El teatro tiene localidades para 1.tiOO personas.

preciol!'&amp; yegua normanda, conducido por las señoritas Guada•
[upe Capettllo y Elena Oorcuera, figur&amp;bll un gran canastillo de
flores blancas Este carruaje iba· custodí:ido por varios glnetea
de bizar::-a apostura..

la Srita. Doña E!lperanza Zubieta y el Sr. D "Manuel Cue~ta. Os-.entaba el coche un precimo adorno compuePto de espigas de
itrlgo, y llevando f&gt;n la partP postw:ior un águil11 dorada de muy
.hermosa hechura. La Srtta. Zubleta ve&amp;tia hermosísimo traje de
~olor verde.

1-

1

L

285

EL MUNDO

Domingo 9 de Octubrfl d,. 1~

*

Siguió inmediatamente un sulky de Don José Cuesta, tirado por
·un primoroso cabailo negro, figuraba un .ciervo volador, forjado
-&lt;:on armazón de alambre y cubierto con vistosos adornoR de tPI&amp;
color negro y plata El adorno floral. lo. jaeces del caballo y el
"traje del ocupante, conspiraban á hacer completa la ilusión de
que se Cvntemplal&gt;a á un insecto gigantesco, fué uno de los carruajes qua meior éxito obtuvieron.
La victoria de las ~eñoritas Fernández del Valle, tirada por élos
caballos tordillos rodados, de gran alzada, cubiertos con caparazones lujnsisimos de terciopelo rojo rameado. El interior y el
~xterior del elegante ca:ruaje. est11ban cubiertos de seda roja y
¡rualda, en artlstica combinación. Las sl'ñoritas Natalia y Elt&gt;na
::Fernández, ataviadas con los colores de la bandera ePpañola, llamaban, la atención y eran objAto de generales f'ncomios
El precioso carruaje de D. Jo11quln Cuesta, figuraba un cuerno

**
Como la lluvia amenazaba, se hizo

~R E. S. MACKING.

coutructor ael Teatro Juirez.

la distribuc1ón de los pre,
mios entre los cinco vehlculos mencion11dos adjudicándose el
plimer premio á las señoritas Corcuera y Capeti110 y á Don Joaquln Cuesta. ·
El sPgundo premio fnéotorga.::o á las señoritas Fernández y á
Don Mitnuel Cuesta y el último á Don José Cuesta. CoLsistian los
prt&gt;mios en riqulslmos estandartes de seda, de color blanco para.
1011 primeros, rojos para los segu,,dos y verdes para los tercerc.s.
Cuando el combate habla empezado, llt&gt;garon varios carruajes
más, á los cuales se decidió premiar hor·s concúu1·s El más ele•
gante de esos vehlculod, fué el del Dr. S¡i.ver:_ uu handsome-1:ab.
conducido por un cochero nt&gt;gro que luci,i hbrl'a clifé y roJO y
qut1 iba º?upado. por las bt&gt;~las s~ñn!iJas Maria Márquez y Vlct,.ria T~pia, 11tav111das al estilo Lms XV, con peluca 11mpolvada
talon rouge. El airoso carruaje iba cubierto dti rosas blancas, ca-

SR. MIGllEL QUlROGA.

fl

J rop. del Teatro Juá.rez.

SR. JUANCHAPAGOMEZ.

Prop. del Teatro J uárez.

melias, gardenias y bugambi-de- la abundancia, formado de
flores blancas dAlicotdlsima.11,
nardos y camelias. lba tirad.o
qiorl cinco poneys hermosis1•
mos'!y conduela. además del
-dueño, á la belllsima se!lo•
,rita. Aurora Cuesta. vestida
eon eleg1mte traje blanco.
Un buggy, tirado por una

lia.11.

TEATRO Jt:'A.UEZ. - lJNO DE LOS SA.LONES.

TEA.TRO "JUA.REZ" DE MONTERREY.

La Reina de Dinamarca y sus hijas.

+ el 27 de Septiembre último,

El a_f!.o de 184~. ·1a p_rincesa Luisa &lt;le HeRse-Cassel,
se umo _en matn_momo con Cri8tián IX de Dinamarca,
La rema de Vmamarca ha sido ceh1brada por sv.
belleza: luego ocupó con su esposo octogenario un lugar de honor en las cort~s europeas, por las relaciones de parentesco que unen á los reyes de Dinamarca con las ca11as reinantes de Europa
R ·producimos el último retrato de S. M en el que
están con ella l_as tres hija;¡ que la viditaron recientemPnte con motivo lle su natalicio.
~,as tres hijas de la reina de Dinamarca son: la
Pnnce11a de GalAs, la Duq•1e11a de Cumberland y la
viuda del Czar de Rusia, Alejandro.

\EL JUBILEO DE LEON TOLSTOI
El &lt;lía 9 dfl Septiembre (según nuestro calendario)
Leon Tolstoi cumplió setenta añns.
'
León Nicolaievitc~. conde de Tolstoi, ha vivido todos l_os géneros de_v1da: hoy es un labragor, un rnitjik
h~mtlde_ que trab11¡a con rns propias manoR v que al
mismo tiem~o predica la doctrina del neo-cristianismo,-!~ humildad el amor al prójt.mo. la &amp;bQegación.
En s_u Juventud fué sol?ado y luego la pluma que hoy
escr11:ie parábolas sencillas para el pueblo de la estepa, d1ó al mundo del arte las maravill,is que se llaman
Giterra y Paz Ana Karenine, Macha, etc. Un critico sagaz dl~e _del !I0Vt&gt;l~Pta ruso: "Tol&amp;toi no ha vivido para escr1b1r m escnbe para vivir. Como miraba aten·•
~amente en d&amp;rfldor y dentro de si mismo, las fuertes
1má~enes delos Aspectáculos que contempla-ha, s11·proyectaron. na~uralmente eobre el papel,-como el médiC'! qt~e d1~u¡a planchas anatómicas, no por el gu~to de
dibuJa_r, smo para conocer mejor el hombre y sus entermedades."
-

*.*

Hice m~d!o ;,il?'lo el joven oficial de artillería, conde Tolsto1, Jugador empedernido. perdió una fuerte

LAS FIESTAS PATRIOTICAS EN GUADALAJARA.

suma y no tenla con qué pagarla Para arbitrarse recursod llevó al editor de Ull periódico de Moscow la•
µovela que habla escrito enel CáucaRO; "Los Cosacos 11
obra maes~ra de poesla melao.cólica en la que apare•
C"!} ~o_r primera vez las almas del Oriente sla vo; almas
prrnutivas, en toda su verdad intima. Ya antes habla
riublic9:do, au11que b~jo el anónimo, sus Recuerdos de
infancia, obra que es el verdadero punto inicial de su
carrera de escritor.
Al retirarse del ejército, fué á ocupar el rang,, que
le correspondla en la so&lt;liedad de San Petersburgo y
luego viajó por el extranjero: como todos sus iguales,
gastó las actividades de su .-----•-----~
rsér en todos los ·excesos.
No hubo placer que no gua
tase con el frenesí propio
oe aquel tiempo y uquel
país en que unos cuantos
privilegiad'lR ha.clan rei•
·nar su capricho omnipotente sobre un pueblo retluci•
do á la servidumhre. Y sin
11mbargo, el impetuoso calavera no dejó de RMni un
momento obijervador frio·
conciliad esta contra.die'.
ción y tendt·éi~ en Tolstoi.
la representación viva del
•genio IU8,0.

El co11:1bate de f!ores fué la nota saliente de las fies•
tas patnas en aquella capital.
. El dia 16 á las tres y media de la tarde, empezó la
fiesta en la Avenirla del Paseo que se hallaba artlsticamente ado_rnada con elegaIJttid postes llenos ne ft&gt;s•
tones y folh1¡e. La concurrencia eijtaba"al redt-dor del
paReo, ~n as10ntos, ocupando una infinidad de sillas
· El pnmer yehlculo QUe. apareció f'n la Avenida, fué
un coche ab1erLo de cuatro ruedas, é iba ocupado por

j

-,c..-- --------~-----

***·

Cuando el éxito de An11
J(arenine y de Guerra y Paz
con;;agra definidvamente
la reputación del gran novelista en RU paf.,, y cuan do
va van á forzar la admiración de todo el mundo su
influencia y su renombre,
'el astro capricho~o s11 o~•tlta entre las nebulo~as Renieg-a del arte qua Jo. hizo
ilustre. de la civilización
·q ue lo aclama uno da sus
grandes creadores, de la

f
(--'-.:- _ _ _ _
......
• .......;,-..,.cc...._..,,.__ _ _..=,._
,

'

1

'

.

TEA.TRO "JlJA.REZ".-(Janttna.
TEATRO JUAREZ. INTERTOR

El Sr. Dr. Spyer ll~vó de esta
ciudad el carruaje en referenciit habiendo gastado en su
ornamentación como seiscientos peso11. El interior estaba cubit&gt;rto dfl seda y en el a•ioroo
flor~ 1habla por lo menos ochenta camellas.

�286

Domingo 9 de Oetu_brede ll:l9h.

i.L MUNDO

Domingo 9 de Oetub're de 1898

287

lr.l, .MUNDO

''CLUB MITLA. - OAXACA, 11
Las fiestas patrióticas del 16 de Septieµibre en Guadalajara.

1:.

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r:6:~~,, .. ,~

.

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.

"Hansone Ca"ti" del sr. Dr. D. Lawrence Boyly Spyer,-E1,1tilo Luis XV.- Ocupado por las
Sritas. Victoria Tapia y Maria Ml\rqu~z. .

Primer premio de adorno en los portales.
.Joyeria "La Esmeralda."

Primer premio extraorriinario y diploma t&gt;xtraordmario
·
por haber llegado fuera de hora.

VISTA TOMADA EN LA CALZADA PORFIRIO DIAZ.
1. A. Agulrre.
2. T. Attu!lar.
3. Fausto Ramlrez.
4. Manuel Canseco.
5. J. Rivera.
6. Arnulfo s~n G1rm ~"l.
7. M \r. Ji'll ín?a.
8. F ~rn? Irn'ln.
·9. C. Alva.rez Varela,
10. FranciscoVillas.-ñor.
11. Lic. E. Maques.
12. Octavio Garcla.
13. George Tarler.
14. Charles salomón.
1-'i. Lic. A Imrri,arrh.
16. A. G ,tvltn C ,rnp)S.
17. J. Atristatn [Jr.J
18.
19. Adolfo Va.rela.
20. Francisco Sa.lazar.
21. Francisco Vllla'lel!or.
22. M. Ortiz.
23. ',le. J,&gt;aquln Atrista•n.
24. Lle. Fii\enct,, Fl,ral\11Jez.
2;. J. O;orlo Por.lllo. 26. T. Ortlz. 27. Lic. Francisco
Magro, [Vlc~presiderte del Club¡.
28. Max R•imers.
29. Cario• &gt;!o&lt;II, [hijo).
30. E. L. Benltez.
31. .ru-.11 R1m'n • 1-1.
32. t!:uriqud :11-.1-0.
3'l \l\'Ufün Canseco. íJrJ.
31. Lic.. Francf""o Belmar
fPresMente del Club].
:is. Carlos SerreG.
36. T. Salazar.
37. Mar.,a.rlta Iturribarrla.
38. Maria M •~ro.
l9 R:lo lla At,isG&amp;.ln.
4?. J ,s1fin • ~errcG.
41 C .rlos llerret, tJrf. 4.2. Berta Bnnavidez:
43. C. Sala?.l&gt;r.
44. J. Sal112a.r.
45.
46. Fideaclo Qnirdó,
47. Luis Herrera.
48. Lic. Crn,ti.1tlu1 C 411~ ,Jo.
49. C &amp;rloi BJ.1&gt;rqui;. 5). Ang~l Sin Jermáu, -LSecreta.rloJ. ~l. Raul
Esteva..
52. Francisco Zorri1Ja, (Tesorero).
53. ◊eta.vio Figueroa.
_

=

LA.S FIESTAS DEL 16 DE SEPTIEMBRE:n· CHILPAYCIYGO_

LJS FIESTAS DEL 16 DE SEPTIEMBRE EN CIDLPA.NCINGO

El hecho de habn l1Pg1ulo
fuera de tiempo y cualJdo .' a
los premio11 se h11blan. arabado. privó al Sr Spyer dPl,que
merecía su coC'he; pPro 1011 ,Pñore~ jurados. obrando en justicia le otorg,.ron. 11Pgún hemos visto en los periódicós de
Guadalajara, primer premio
,-xtraorarnario y diploma de
honor por su artlstlco coche
Luis XV.

*

**
Entre las bicicletas adorna-

Esplémlida iluminaci6n en el Palacio de Gobierno.

das, merecieron preoios las
quP conducían la niña Nelie
Swiff y la señorita Praf'torius.

El adorno clfl la mllquina de la
niñR Swiff fué E&gt;lmá~ alabado!
era blanco y oFt.. ntaba tina·
media hmR pi" teada, colac11da
con mucho artP, :
De las bicicleta11 conduC'ic11s
por horcbre fné la má" elegante la d .. Eduardo B Li¡.!&gt;t,
hijo d ..l Cónsul de Jo~ Est11dos
Uuidos, que vestía trajt1 en
que estaban artiEtiCbmente
combinados los colores nacion11les v americanos.
También damos en nueFtros
¡?ra bados el original y prt&gt;cioRisimo aspecto ltt&gt;l Palacio de
la capital dfl Jalisco durante
la iluminación del 16 de Septiembre.

·car).'o de "La Paz."

➔~~

ECOS DE LOS ESTADOS

EL CLUB "MITLA" DE OAXACA

LucidaA como nun&lt;'R estuvieron en Cbilpancigo,
capital del Estado de Guerrero, las fiestas de la Pa•
tria. En nuestro· afán de información, , eproducimos
en nuestra sección de grabados. dos dé los carros alegóricos &lt;jtte contritiu.vernn A dar m11yor esplendor
al f,.stlval de r~ferencia. Rt'presenta uno de ellos-"La
Paz" y el otro "Las A1:tes. ••

La vista qne pul-licamos en este número ful\ tomada por •EL MUNDO ILUSTRADO• en la primera rotonda
de la calzada Perflrio Dlaz, por el colaborador artf¡¡.
tico de nuestra publicación Sr. Josl' V. Jáure¡!'Ui.
Los socios fun&lt;111dores de este Club, son 1011 miamoA
q11e recorrieron ee bicicleta el trav,.cto de O"x.a ca á.
Müla, regresando el mi~mo dla (98 kilómetro~}.

Es notable el impulso que se ha dado en nuestro
país á la pri\ctica tan higiénica como útil dE&lt; las excursioneft en bicicleta.
El record de los ciclistaa mexicanos no es en ningún
s11ntido inferior al de los norteamericanos st&gt;gún Jo
registran publicaciones extranjeras, queh¡mo¡¡ comparado con las noticias relativas de la prensa nacional.

Niña Nclie S1vUf.

Ttctoria de D . .Jnsto Fernández del Valle, ot&gt;npado por l~ Sritas sus hijas.
St&gt;gundo premio.

�Domina-o 9 de Octubre de 1898

~MUNDO

288

NI TANTO NI TAN CALVO.

OMNIBlJS A..lJTOMOVILE!i.

~.., ....
Los resultados obtenidos en las prue\as del año de
1897, h_a~ian prever que muy pronto rc.solveria el automov1hsmo, el problema de transportes en común y
á precio módico.
La relaciól!- de los largos trayectos recorridos por
los coches Dion Bouton, Drueba ..mpliamente la realización de aquellas previsiones.
•
De Parls á Aix.- En la Expoijición de automóviles
del mes de Junio ~lti_mo la casa Dion -Bouton p.·esent~ un Cf!,rro con vem t1cuat~o asiento~; su originalidad,
d1mens1ones y \a perfocc•on técnica del conjunto llamaron la atención de todos los que concurrieron á la
exposición. Haremos una corta narración del trayecto recorrido por este vehicJilo, pues de este modo se
demuestra cómo corresp,•nden la recistencia y la economía de esta clase de automóviles á las previsiones
más optimistas de la teoría.
El coche en referencia fué comprado por la Sociedad ~!lcional francesa de 1.1.utomóviles para hacer un
serv1c10 de excursiones en las cercanlas de Aix-lesBains, es decir, en pleno pais montañoso.
_E)l trayecto ncce8ario para lli-gar á su destino, 600
kllometro_s, debla ser el medio pa:·a conocer de una
manera cierta la fue:-za motriz y la facilidad de con-

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-~:t!-.:t.-..

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289

EL MUNDO

Domingo 9 de Octubre de 1898.

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...

Trinéo de D . .Toaqufn Cuesta, conducido por él y su hermana la Srita. A..urora..
Primer premio.
de bancas hacia el gran trayecto de París á Aix. tr11R ómnibus franqueaban los 800 kilómetros que didta Lavaus,
para comer.zar el servicio entre esa ciudad y Graulhet.
La adopción dal automovilismo es ya un hecho y de los
más satisfactorios para la comodidad del público, p:ies las
ventajas de ese medio de locomoción son notorias. ;.No gas•
ta el gran coche de Aix 8 céntimos de combusiible por kilómetro?-Además de la baratura :ceuuen los ómnibus automóvilel! ventajas que los hacen inmejorables para un viaj_e de placer.

tierras antártcas. Como es sabido, de estos dóciles y
abnegados amigos del hombre, depende en gran parte el éxito de lao expediciones polares cuaudo ya se
trata del desembarco y la marcha á través de los
hielos.
Los perros samoyedos son pequeños, flacos, tienen
gran parecido con los zorros y son valientes y vigorosos.
El "Southern Cross" fué construido expresamente
para la exped1ció11 por orden y á costa de Sir Jorge
N'mneP, miembrv de la Cámara de los Comunes y uuo
de los más poderosos editr res de Lo11dres,
Salió de Santa c~~arina el 21de Agosto la expedición
y se propone fijar su cuartel general en Tassimania,
de donde se dirigirá á las regiones inexplor~das del
polo antárt:co. No pien sil 1&gt;l jefe de ella poder regrPsar sino hasta fines de 1900

UTILIDAD PRACTICA
DELOS

,__

EIPLOR!OION !NT!RTIO!.

Una expedición á las órde•
C:ocbe de D. Manuel Corcuera. -Srltas. Elena Corcuera
nes de M. Charles Borck&amp;:,rey Guadalupe Ca.peUllo.-segundo premio.~
• ·r~ v:nck partió para el polo Sur
á bordo del SotdhernCross.
ducción del coche puestc á prueba. La experiencia
El 9 de Agosto llegó este buque á los docks de Sanfué concluyente y satisfactoria.
ta Catarina, donde completó su tripulación de mari·
,._ Después de cinco dias de camino llegó triunfalmenneros bajo las órdenes del Teniente Colbeck. De este á Aix el gran vehículo de siete metros.dedicándolo
tos los más son escondinavos.
en seguida sus dueños al servicio de excursiones,
Algunos finlandeses van encargados de la conduc•
desempeñado entre las gargantas alpinas, como pu•
ción de los trineos y al cuidado de los perros, de los
diera hacerlo en una llanura.
cuales lleva la expedición un buen número, todos saDe Parls á Lavaus.-Al mismo tiempo que el carro
moyedos y probablemente los primeros que pisan las

•

62)

CUE~TO F.ESTIVO

MOLINOS DE VIENTO.
Según dijo el profePor Lacour en una conferencia
que dió recientem..nte en Copenhague, insistiendo eu
las ventajas que ofrecen los molino11 de viento con pa•
!etas verticales. dió cuenta con u:ia série de expe•
riencias quA ha venido haciendo por medio cie unaco•
rriente artificial de aire á fin de que este dato fuera
constante
Pudo .en el curilO de esas experiencias comprobar
que un molino cnn 16 p letas no produce más q ,1e un
tercio más de trabajo que otro de 4 alas solamente. El
mismo profesor co11struyó un regulador á propósito
para p~der aplicar los molinos de viento al movimien•
t&lt;? de dinamos, lo que significa un adelanto debupor•
c1a.

-No, Tecla; estás muy desafinada.
-¿Por usted?
. .
.
La naturaleza se mostró espléndida con el rostro
Una noche la celosa consorte le dijo á Sera.fin, pre-No, po.r mi tio el de AduanRB; Semt1tula Maripode Serafín, y éste era el encanto de los salones (sala silla fugaz r11,ptada del Parnaso o Dos almas que for• sentándole una botella.
y gabinete) dt:1 doña Torcuata, en los cuales se baila-Mira, carl!io mio, si es cierto que me amaA tanto
una compacta, ó ...... . .
ba todos los viernes del año, á excepción de los de man
•como dices exijo de tl un sacrificio. ¿Ves este frasco?
-¡Oh. basta! EsaP fras11s me subyugan,
cuaresma.
Serafín tocó lo dicho, en el acordeón, y un mes de;;- Pues con él has de dar fin ....
Más de media docena de muchachas impresionables pués era completamente dueño de Tecl_a, vulgo su es-¡A mi existencia! tCielo santo!....
.
-No, mi bien; á tu cabellera, y á tu barba y bigote.
suspiraban al verl~, ponían los ojos en b'.anco y hasta poso. ·
.
lanzaban al suelo el abanico, como inadvt1rtidamente,
-Pero Tecllta ....
¡Que vida pasRba! Su mujer er~ cel!)Si~1ma.
- ¡Dios mio! ¡No me quieres! Si ya sé que lo que de·
para que él lo cogiese con galanteriay decirle cuando No¡Infeliz!
podía 1anzaroe jamás sin ella á la v1a pubhca, Y
seas es matarme de celos ... . ¡Ay de mi, que
se lo entregaba:
d¡-sa-raciada soy! Todos loé dlas mP repiten las
-Miles de gracias. Es usted azás ama•
hijai de Terroncillo y las deLecbuguete qu~
ble.
tu cabello "lS cresoo y ondulado y que tu
Bueno es hacer constar que Serafín no
barba es rizosa y ·11edoso tu bigote ....... .
era alto ni bajo, grueso ni delgado, rubio
1A.v! ¡ay! yo me si~nto _morir.
.
ni moreno. Pero, poseía un rostro terso y
Y rompió en copiosie1mo llant~ y ~~sta dió
agraciado, barba y bigote lustroso, nariz
tres cabE'zadRs contra la pared, mhriéndose
completamente aguileña y unos ojos muy
otros tantos chi.!hones, de regular taml\ño
gruesos y Juguetones.
Serafiu accedió al cabo A los ruegos de su
Con que ya comprende~éis, lectoras, que
amanfüimll consorte; frotóse con el liquido
Serafín no era un chico despreciable,. mádel frasco repetidaA veces, y al ca1?0 de una
xime si convenís conmigo el que nunca re•
semana. estaba calvo como un chmo y con
sultó cierto el adagio. El hombre.!/ el oso . ...
la cara hecb.a una herejla.
etc
¡Se habla vu~lto feo pnr completo!
Además, Serafín tocaba el acordeón de
Todas las amigas de Tecla la hicieron saun modo que embelenaba.
ber que su marido era un mostruo del que les
De toda11 las jóvenes que aspiraban á la
daba tentaciones da irnir cuando le velan.
blanca mano del doncel. la. más constante era
Y. Teclll respiró satisfAcha y reemplazó al
Tecla, una niña angelical, alabastrina y
guardia civil por una moza fresca de Torre•
llena de pasión; la que, al ver que sus. de•
lodones y quitó á su marido la bufanda y le
seos no eran correspondidos, hablase juradecía á todas horas:
do perder á Serafín; 6d decir: casarne con
-¡Serafln de mi corazón! Ya POY com·
él.
pletamente feliz; y ano tengo celos, Te adoro
Porque estaba enamorada de él, si, enay estoy tranquila
morada completamente de aquel sér, para
P11ro un mes despuéil, exclawaba:
ella ideal; de aquel hombre propietario deun
-se:afln. siento mucho que hayas querostro seducwr.
dado tan horrible. Yo no hubiera deeeado
Tecla era apasionada por la estética. A
tanto.
ella le importaba un comino que en la caY al cl\bo de tres meses:
beza de Serafín se alb.-rgase mucho talento
-Mir11. Serafín, la gente me hace burla
ó se albergase mucho serrín; no estaba más
cuando ~amos jlmtos ¿Quiéres que nos se•
que por su fisico, mayormente, sin temer
paremos y que yo vaya á vivir con mis pa•
que aquellas gracias pudiesen desaparecer
dr1&gt;s?
un dia, como dicen que ocurrirá. con la. forPor fin, una noche, Tecla quiso volv~r á
ma poética.
IR casa de Doña Torcuata, con su marido.
Y tantas gazmoñerías hizo en mil ocasioHacia mucho tiempo que no iban.
nes y tanto dió á comprende1 que le amaba,
C11Pi nadie conoció á Ser11fln.
que el chico pidió á un amigo cursi de suyo
-¿Te acompaña. un máscara?-la preguntó
y hasta escritor de afición, que le pusiera
una
amiga.
..
una declaración amorosa, para espetársela
-¡Qué criado tim rRro trae;!-dJJo otra.
a Tecla, cosa que consiguió y sin ~recavar
-Anda, Serafh.1,-dljo ella, volviénd&lt;?se
A.aquélla de antemano, 1cruel! asila habló
hac~a el joven,-br~mea un poco con qmen
una noche, á eso de las diez, confuso, aturquieras; te lo permito.
dido, ruboroso y falto de memoria, en casa
.,
-Me parece algo tarde-murmuró él.
de 4oña Torcuata, durante el intermedio de
Tecla fué á engrosar en el grupo de su.a
un vals á una mazurka:
antigua• a:n'gas -1Cuántas preguntas le h1•
~- Tecla, querube oloroso, la del aliento alacieron! ¿Er1&gt;s feliz?¿Te quitas añ~s? ¿Te prue•
do, la de labios azules como PI firmamento,
ba el matrimonio? ¿Te gusta el lomo co11. JUdlail? ¿Hala de ojos rojos cual el fuego, la de dientes
sonrosados, la de mejillas de ébano, la de perlas por aun así v todo, con el rostro envuelto en una bufa~da, ces todavla gala dA los nervios? ¿Sigues tan celosa?
para ocultar sus becbizos. En cuanto miraba áalgu1en, Mira que eras terrible .... Creías que nos íbamos á tracabello, ¡ah! yo te amo.
un pellizco de los retorcidos le hacia.co'!llprender que gar á tu Seráfln.
.
Y se sintió desfallecer.
-Soy otra-por completo,-co~testo Tecl!L;- he va,Much9:s jóvenes se mordieron los labios. Algunas sus miradas eran sólo de Tecla. Por vieJa~ q_ue fuesen riado much.o, pero m,tcho. En fm, ya veréis.
las domésticas, no parabRn ~n ~u _casa! y ultimao:iente
mamás p1d1eron agua.)
eran servidos por un guardia c1 vil var1oloso, retirado
Y llamando á. Serafín.
..
-1Serafln!-dijo ella medio trastornada por la ale• del servicio .... por exceso de hoyos ea la faz.
-Mira, hijo mio.-le dijo;-ven, no te averguences·
gría.
¿Te gustan tus amigas de antaño?
.
• Las peloteras se sucedian sin i-aterrupción.
Vamos, querida8 ab.i ~e tenéi~ A lf!, que qmera se lo
-Se::vidor de usted.
-Has h&lt;lcho una seña á la portera. .
-Siga usted; siga. · ·
--Pero, mujer, si es vieja, y sorda y bizca del dere• regalo. Así como asi pienso d1vorc1arm~ de él, á escape .... ¡Yo no quiero vivir con un marido tan ho-No puedo, T11cla; se me ha olvidado lo demás. cho. Escucl;ia, ven .........
rrible!
fero ejecutaré en el a~ordeón un schotis que la de,
FLORli:OR,
-¡No me toques!
dico, compuesta por mi. .....

id

:ROl!!IA.UBA

AYER Y HOY
Ayer para hacer picas se bmcaba
El hierro en las entráñas de la tierra,
Y ese hierro &amp;embraba
Luto y desolaci'ón, y espRnto, y guerra.
Ayer, carbón y leña se enc1mdian
Para arr.mcar la vida á fuego lento
· · A lts que el porvenir ya presentlan,
Vuelo dando á su libre pensamiento.
Ayer, el duro tronco de los pinos
En horca la justicia transformaba,
Horca vil que en las plazas y caminos
La barl•arie del siglo fregonaba.
Hoy, siervo dócil dt1 ingenio humano,
Y en rieles convertido,
Que el monte cruzan, la ciudad v el llano,
El hierro la distancia ha suprimido ..
Y á los pueblos del orbe ha confundido
En fraternal abrazo soberano.
El carbón que al arder chisporrotea,
No convierte en cenizll
A un mártir de la ciencia ó de la idea:
Ya el aguR en la caldera vaporiza,
Humo arroja. la altiva chimenea,
Y ruge el monstruo y rápido se lanza
Infinitas distancias devorando,
Por doquiera llevando
Paz y á amor, y riqueza, y ventura11za,
Del erguido madero
No pende el infeliz ajusticiado

Pasto ofreciendo al bu;tre carnicero:
En poste tra11sformatlo,
Que e1 hilo telegráfico sostiene,
Es la vestal moderna que mattlene
El pensamiento, el fuego más sagrado,
Ya la palabra humana,
Eléctrica centella
Lleva, hasta la comarca más lejana..... .
¡Tal vez desde una estrella hasta otra estrella
La llevará mañana!
ANTONIO CISNERO8 C.bIA.RA,

A MOR.ELOS
¿En qué fragua templaste tu bravura?
¿En qué yunque forjaste tu heroísmo,
Si el altar es la sombra y el abismo
Y la patria es la luz y la ventui:al
¡Cómo pndo trocarse la ternura
. De tu acento de paz y misticismo
En grito redentor de patriotismo
Qne al pasado llenara de pavura?
Sacerdote y campeón, trocó tu mano
El cáliz por la espada, ¡oh, Padre mio!
Desde entónces el pueblo mexicano
Aprendió con esplritu sombrío,
Que también de los miasm u del pantino.
Forma el cielo 1a lluvia y el rociol
JOSÉ M. ZAYAS,
I

CONDE LEON TOLSTOI.

La Reina de Dinamarca y sus bitas.
(v~.ue el te:x:toJ

Rii,ueña ufana. sobre el césped blando,
De Abril ~n tarde plácida y serena
Está Rosaura en la floresta amena
Al són de alegre tamboril bailando.
Rosas, jazminez, á su paso 11chando,
Aplaude el pueblo y la comarca atruena,
Y va la niña de donaire llena
Rosas, jazminl'B. á su paso hollando.
Pero ¿y mañana? Al despuntar la aurora
Y no bien aparezca su lucero.
Tendrá ya dueño q~1e en el al(!la adora.
Y si la dice su senor: ,no qmero,•
Por más que gima la gentil pqstora,
Será este baile su bailar postrero.
ALIIIJANDRO ARANGO Y ESCANDÓN,

�•
EL MUNDO

290

Domtngc 9 de Octubre de 1891!

Domingo 9 de Octubre de 1898.

,.

o

Se me ha fugado! Lo imaginaba y lo temía que me dejará muy pronto,
pero no así; esperaba que muriese al fin, víctima de la terrible anemia que
111 iba consumiendo; nunca que me abandonase criminalmente. Se ha ido
escapándoseme, cuando menos lo esp~raba; su pl,m estaba bien preparado; su artificio me enga:lló; no conocí su acecho. ¡Hoy que tenia más esperanzas de que volviera A serme fiel! estuvo tan amable, tan complar.iente, á todo accedió, y entré en el sueno tranquilo, y ¡qué horrible despertar!
ha huido; no tiene duda; su casa está deshabitada; siento aquí el hueco que
me dejó; siento su v.acío; me duele el hueco; experimento los dolores que

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-71

I

centro de gravedad, cae en la acera; la planta que se estremece al oír silbar el viento, la casa que tiene cimbramientos hasta sus entra:llas; ¡nerviosr
¡nervios!
.
¡He ahí el enemigo!
¿Y qué hace la ciencia que no descubre la mane-ra de hácer una neurotomía general?
¡Nada de excitantes! DQ acelerar la tediosa y monótona vi&lt;latno vivir
en otro mundo; vivir siempre despierto, no vibr/lr A los innigualables placeres celebrales, y el campo, la naturaleza, le normal; desesperante monotonía y neurosina; si
la mediciua tuera eficaz, á ningún ciudadano francés le faltaría en su casa.
- «Degenerescencia. Degenerescencia, y ¿el libre albedrió?»
-¡Bah!

La gradación fué
aborrecible. Prime·
ro insomnio, viendo
tienen las flores, cuando dedos femeninos, criminales les arrancan las hojas. claro en la obscuriLa he sentido salir como si en una incontenible hemorragia, A causa de dad de la noche cómo
la ruptura general de arteri11s y venas, sA me escurriera la sangre por to- los muros arrastrandos lados,-la be sentido salir Aborbotones por .los oídos, por los ojos, por do la puerta y la venla boca; hasta por las puntas de l:s dedos.
tana, los tapices y
Los ojos, los oídos .... ¡Ah traidora! acostumbrada A ver entrar por allí los cuadros, bailaban
tantas sensaciones de que ella era mi depositaria, por allí mismo se me ha ridícula y desvanecefugado.
dora danza. Y era
Infame; enga:llosa, mujer, y ladrona; se ha llevado cierto que danzaban,
mis secretos; me roba mi pasado. ¡Ya nada sé! ¡De na- las maderas de las
da me acuerdo) ¡Tengo una cabeza acéfala! ¡Un hom- puertas crujfan con
el movimiento.
bre sin memorial ¡Qué horror!
Otri.sveces, era yo
Yo pienso bien ¿no es cierto? discierno con claridad,
comprendo con exactitud, pero ¿y qué? si para mí no el que con todo y leexiste el recuerdo. ¡Ah! sólo uno me dejó la maldita; cho recorría la pieza
iluminada por luz fo11el de su huida ¿por qué no se lo llevó también?
¡Pobre Andrés! ¡Si yo hubiera atendido sus indica- fórica; ya no estaba
como antesnegra, ya
ciones!
Me lo dijo cuando temblando, con el corazón que me el espejo no era un cómplice dela negrura, y no sólo retrataba esa cbscus!llta-ba como un desesperado, con las manos sudorosas ridad de la alcoba, sino que reproducía por millares, como si hubiera teniy los labios pálidos y secos,-asustado como una mujer, do en frente un compaJiero, todos los objetos.
El ronco rumor de los árboles despertados por el viento, el aleteo y et
-le conté los primeros síntvmas:
«Higiene, higiene, agua · fria; alimentos sanos; nin- canto del gallo en el próximo corral, las voces quejumbrosas semi--humagún excitante; nada de poesía en las bebidas, nada del nas de los gatos en t l patio, el vuelo de un moscardón que se' quedara porque hace la vida más intensa y acerca más A la distrafdo, preso en la recámara, me provocaban el salto sobre la cama y
:, - ...... -...:.. f,
/...,..
..,-. __.. licor
muerte. Campo, mucbo campo y neurosinal ¡Ah, los me aceleraban los latidos del corazón.
¡Qué de temores pueriles, qué de sobresaltos femeninos!
nervios!&gt;
Ya
rendido conciliaba el sueno. ¡Y qué sue:llo! No el sueno pesado esLa mano que en horrible crispatura-oprime el puna! y rompe el cor&amp;zón,
e! cuerpo que azota contra los muros en ridículos tambaleos y perdido el peso, que repara el sistema nervioso, no; un sue:llo lleno de ensuefl.os. ¡¡Aúo
dentro del suefl.o había insomnio para mí!!
-Exajeradamente empeque:llecido
emparedi.do en una canica, rodaba;'
unas veces la cabeza contra el suelo,
otras hacia el Oriente.
Ora era un viaje julivernesco por los
aires; y subir, y subir; ora el descen• • ' :,,.'v,
so, rápido, con sofocación y vértigo,
•
n.. 1
abajo, muy abajo de la superficie de
.:::.\ v .
la tierra.
~;t~-,/1,,.-;
Allí miríadas de m)nstruos mari·,
nos y terrestres 1 en estrecho maridaf
je. Ejemplares nunca vistos en la fau·,
na de la tierra.
~
Rocas animadas que reían con risa
.
~?.
~de piedra. Plantas vestidas á. la euro.
..
pea sacancto A guisa de cabeza por el
·.~
.
.::::_
..
--;::.·-::::;·
- ..:-::.._:. ~~ ..:."cuello de la r11~11ca. una hC'ja encrme
de múltiple coloración.

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1

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..

***

¡,·1

.,.,-::;.;:::

-

~~--'

Bien luego se me borró toda noción de mi adolescencia· pero yo había sido joven alguna vez?
¿Y no creen ustedes que tambié~ para. pens~r, para
acordarse de lo porvenir se necesita la memoria? 1Yo
estaba condenado A un presente inacabable, eterno!
¡Qué estrechos limites para una vida! Vida .... ¡sin pasado ni porvenir!
.
. .
y la medicina inútil; los foefatos 1mpotentet1; mef1caz
el contraveneno; estériles loa ejercicios gimnásticos de
la mnemotenia.
Un terror grande; un miedo espantoso, ngobiador,
se apoderaba de mí al pensar en la locura como epilogo inevitable de todo eso.
¿Al cabo se cumpliría el pronóstico general? ¡¡Loco!!
¡¡Loco!!.. . .
·
Yanohubomlls transiciones violentas de
una tri.,teza tan honda como inmotivada
á una alegría explosiva, gritante que se traducía en gestos, sal·
tos, eantos y abrazos
injustificados á algún
amigo. Se apagó el ansia inmensa de algo
indefinido: mi memoria era lo que yo pedía,
su falta mi obsesión.
Los días se hicieron
más tristes y más largos. Una atmósfera fúnebre me
envolvió; un aspecto romAtico indignante, me b11:lló.
¡Cómo envidié á los buenos burgueses hiperhémicos,
,. •t '
despidiendo felicidad por sus carnes abundantes! Y el
opalino talismán perdió su virtud; nunca volvió á rea- , . --'~-~nimarme; no volvió á darme una caridad de energías
,, ·1
\ ,,f.
que ¡ay! duraban u,1 minuto. Desde entonces hacen
f~ ~triste el Absintio; parece fabricado en algún cementerio; lleva hálitos de muerte.
1\'I
¡Cómo arrancarme aquella placa marmórea que pesaba tanto y me dolía tanto? La imaginación, movediza
*
UDliB veces, como ventilador eléctrico, giraba y giraba
**
sin que yo pudiera detenerla en algún objeto determi:Más tarde muchos suenos, muchos. Yo tenía todas
' pesadilla horrible, muy horrible, Y siem.
nado; otras, apenas podía moverla; pesaba como la
~as noches una
rueda de hierro de una máquina enmohecida.
pre la misma-estoy seguro-pero sólo en el sue:llo sa¿Enmohecida? Sí, sí, eso me decía Andrés, que hitbía
bía cuál era. A la maflana siguiente ...... ¡nada! ni un
recuerdo; sólo sobre el cerebelo dejRdo enmohecer mi memoria; las celdillas nerviosas psíquicas, habían ido
una lApida de mármol, y en el perdiendo su estabilidad, pero repitiendo la irritación responderían al fin
cuerpo una insufrible flaxidez. ¡Necias teorías!
¡Ajenjo! ¡ajenjo!
*
Terrible confusión entre las
* de recuerdo que me ha dejado
Es necesario no desperi:liciar este *resto
personas que realmente existían
y me babian sido presentadas, y la odiada Mnemosynia, como la estela de perfume que dejan las mujeres
los extranos seres engendrados tras de si.
Si al menos como Moir-isse hubiera llevado un libro de memorias, tenpor mi excitado cerebro loco, en
dría
allí mi historia, y no sólo este proceso de mi desgracia ...
nauseabundo coutubernio con la
Un día: ¿no me conoce usted? ¿no se acuerda de mí? me dijo, y en efecnoche sombrosa y larga, muy
larga y estrecha cumo mujer tí- to, no sabía quién era aquel hombre, como no lo sé todavía; ¡un condiscípulo de los preferidos, un íntimo! Y citó fechas y nombres de amigos y de
sica.
parientes mios á quienes yo no recuerdo. Luego, estaba irremisiblemente
Esfuerzos de titAn con éxitos perdido, condenado sin esperanzas de indulto.
de enano, para recordar una. feY dentro de unas horas, no sabré quién es mi madre, ni mis parientes;
cha hiatórica, el nombre de algún quiénes mis amigos, cuáles mis enemigos. ¡Maldición! No me podré proporheroe. Después, el qlvido de lo cionar P-1 placer exquisito de la venganza.
que intentaba hacer en el momenYo he deseado A algunas mujeres pero ¿cuáles? tengo una amante
to de ír A llevarlo A la práctica. ¿quién es?
¿Qué hice ayer? ¿qué hice? y ella muda; ella que debía saberlo, sin conY tendré que preguntar cuál es mi nombre, cuál es mi patria, y me creetestarme, causan&lt;lo mi de3esperación.
_
rán loco, y me mandarán con los locos ¡y me volverAn loco de veras!
En verdad que era injusta al tratarme así, porque el día anterior,
no me había embriagado como otros, casi hasta la comatosidad.
***
¿Las aguas del Leteo contendrían alcohol? Y eada vez, estrechAndose
Pero veamos; si no se me hubiera escapado, si este molde suyo que sienmás el circulo de mis recuerdos; el presente viniéndoseme encima, lo pa- to, le hubiese dejado porque se había escondido en algún rincon de mi cesado perdiéndose en la bruma del olvido, cubriéndose como por una capa rebro para burlarse de mí; que se haya enroscado como una serpiente en
· más y más d,msa de polvillo negro. Sobre
mi pasado caía una lluvia de hollín como la algún hueco del cráneo, y acaeo prouto se desenrolle. ¡Entonces .... sí, ya
que cae en las inmediaciones de N ewcastle. sé! cuando los recuerdos se desaten en catarata, me despedazarán la razón;
Desapareció mi infancia; perdí la inef11ble mi cabeza estallará y ..• ¡siempre el manicomio! ¡Loco! ¡Loco!
Pe10 yo quiero que vean esto. que sepan que no lo estoy; que soy un
consolación de ~ ivir entre companeros, veramnésico. ¡Si olvidara también donde tengo este libro!
d sd nos sccialistas-lo de uno era de todos
...__!;,J &gt;:)
si en un acceso lo despedazo?
-entre almas uiflas, con risas y juegos pu¡Una medicina!¡Una
1 os.
'jb¡; __. ·. ~~Y,
¿Ce mprenden ustedes mi suplicio? ¿se exmedicina! ¿En dónde
~
~
¿k(__ venden una memoria?
plic1,n mi desesperación? ¿verdad que eso
V/
..
~
~~~~
¿No hay en la teraera para volverse .Joco?
,fi
péutica una fórmula
para este caso? ¿No
ha y quien me pueda
~inyectar memoria?
¡Maldito manicomio!
¡Yo no quiero ir allí!
¡No quiero! ¡No estoy
loco! ¡No estoy loco!. ..
¡No estoy loco!

Un lagarto grandísimo, antidiluviano, se me acercaba A paeo lento para mayor martirio, sflboreándome
de antemano, luciendo sus bien alinedos dientes, dientes gobates, amarillentos, sucios y afilados entre lágrimas y sollozos, contra las osamentas de sus víctimas.
y yo sin poder moverme; ¿por qué:&gt; quien sabe, pero
yo no podí&gt;1 correr, huir, salvarme. Y después, dentro
de sus gigantescas fauces, enorm,is telaranas tendidas de mandíbula á mandíbula, y los insectos en di·
fíeiles actos de acrobacia.
Sentí cómo me tragaba. En su vientre gigantesco,
crótalos asquerosos destilaban en mi rostro, por su lengua puntiaguda, y por sus dientes desiguales, movibles y huecos, baba pegajosa, emponzofü,m te y amarga.
Enrollaban en mi cuerpo los suyos anil111dos. parduzcos ó verdosos y fríos, m.iy fríos, mfls fríos que el
hielo.
Diablillos que por sus bocazas, (vomitando fuego) se
acercaban cabriolando h!ista mi cabeza. y me encendían el cabello, y me perforaban con barrenas el occipucio. Duendes y trasgos que se me entrab11n por la
boca, y celebraban extrano festín dentro de mi ~ránev,
con inuFitada algazara. en escandalosa embnaguez.
Brujas que, vampiros humanos, revoloteahan cerca
del r-3cho y de las paredes del intestino del ofidiano, de
cuando en cuando con las membranosas alas negras,
me.azotaban 111. frente, haciéndome extremecer.
Ob! qué hubiera dado por deten_e r aquella imagina- .
ción que volaba, volaba, pajarraco nocturno ¡qué hubiera dado porque durmiera mi pensamiento, cuando
yo durmiera!. . . .
_
_
Cuando mi sirvienta me habló, me pareció que con
una red de finos hilillos de frío, me envolvían el cuerpo todo.
¡Qué asombroso parecido!
Me figuraba que era el saurio que se me acer·
caba á paso lento para mayor martirio, ea boreándome
d11 antemano; luciendo sus bien alineados dien~es goliates, amarillentos, sucios y afilados entre litgr1mas y
sollozos, contra las osameutas de sus víctimas ....

AMNESIA

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EL MUNDO

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Ft&lt;ANCISCO ZÁRAT E

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�Domfn,o 9 de Octubre dé 1119tt

EL MUNDO

Domingo 9 de Octubre de 1898

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Bf\lL6 DE

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OONDESf\

NOVELA ORIGINAL DE HENRY KISTERMACKER.
ILUSTRACIONES GRABADAS EN NUESTROS TALLEREIS.-V.ERSION XSPAÑOLA. DE 11EL MUNDO ILUE&gt;TRADO"

l\úmero 2.
Pablo Poulet estaba como un hombre á quien
le dan un golpe brutal en la cabeza. No acertaba
á coordinar sus pensamientos. También él, tamhié~ él como Muria, no queriendo considerar que
Rosita era sólo un depósito que un día ú otro le
vendrían á reclamar, se había encariftado como
un loco con la niña y la amaba, la amaba y le
arrancaban el corazón al arrancársela.

Lloró y desesperó, y maldijo _d e su vida y de
su suerte, hasta que pasada la primera impresión
pudo, como quien arregla los detalles del entierro de su hijo, ponerse de acuerdo con los Mariel
sobre la forma en que debía prepararse á Rosita
para ir al baile de la Condesa.
En cuanto á Rosita, estaba loca de alegría;
tiempo le faltaba para ver y volverá ver las jo-

yas, las telas, las flores artifici11Jes, los guantes
y los adornos que su padre había traído de la
ciudad, trHyendo á la vez una modista con un
ejército de costureras. Y las boras pasaban como
minutoij para la niñ11,, ya ciñéndose un corsé, ya.
pre,bá.ndose una falda, ya ensayando á poner•
se guantes y mitoi;es, fin que hubiera venido A
perturbar su dicha sombra alguna, hastaque una

•

mafiana, sin decir «agua va,» se presentó en su
casa Marcial Rigot, hecho una fiera y ech'ando
iuego por los ojos.
El primer impulso del herrero fué cogerlo entre sus dos manazas y torcerle el pescuezo como
-A un pollito; pero había dolor tan verdadero en
el fondo de su cólora y llegaban de tal modo al
-corazón las cosas que decía, que le faltó valor
para arrojarlo de su presencia.
-¿No comprenden ustedes, preguntaba presa
de las mayores angustias, no comprenden que
Rosita corre al camino de su perdición? Ella en
su inocencia ignora todos los peligros de ese baile que debe ser un lazo tendido á su honestidad
y á su belleza, porque de otro modo ¿cómo po-dría aceptarse que los linajudos y orgullosos Con•
des de Villiéres, recibieran en sus salones á una
pobre aldeana? Aquí debe haber un misterio, me
lo dice á gritos mi corazón.
Y s11.caba á lucir su caoital intacto y bastante
para hacer la felicidad de un hogar modesto, su
molino que le estaba dando tan buenas ganancias,
.su honradez acreditada por numerosos documtintos, el nombre sin mancha de sus padres y sobre
todo el amor, el gran amor que profesaba á Rosita, amor tan leal, honrado, profundo y sincero
como no lo encontraría jamás, ni en los dorados
.salones del Castillo de Villiéres ni en el mundo
todo si á. recorrerlo se lanzaba.
.
Y ofrecía casarse desde luego, sin pérdida de
un minuto, para que de ese modo quedara salvado el ccmpromiso de Pablo Poul.-t, pues ni el
Conde ni nadie podría obligarle á llevar al baile
.ála esposa de Marcial Rigot.
Pablo estaba entre la espada y la pared. Por
una parte los razonamientos del joven le llegaban
á lo vivo, haciéndole patente lo que él ya sabía
de antemano, y era que el baile de la Condesa
era la puerta pJr donde Rosita se le escapaba para no volver jamás; y pur otra, comprendía que
el porvenir de la pobre nifta reclamaba ya que
se rompiera el engaño por tantos afios sostenido
de que María Poulet había tenido una hija por especial milagro de Dios, con intervención del mé-dico de la ciudad y de sus drogas y medicinas.
Pero la verdad era que él no podía dar solu-ción á un asunto tan espinoso, y sus p11.labras
evasivas no hacían más que enardecer el ánimo
de Marcial, cuya desesperación aumentaba ante
la actitud de Rosita que asistía serena y muda á
-esta escena en la cual á ella . debía corresponder
el principal papel.
Instigada al fin para que hablara, habló, y sus
palabras hirieron en lo más hondo del alma á Ma•
ría Poulet que sollozaba en un rincón de la estancia, á Marcial que tenía su dicha pendiente de los
labios de la joven, y á Pablo, que por un instante
había vislumhrado la esperanza de que, enamorada verdaderamente, se encapricharia con su
amor de tal modo, que el Conde pudiera verseen
la necesidad de acceder al matrimonio, lo cual
seria motivo de que Rosita no se alejase tanto de
,s11 lado.
- Debe en efecto haber un misterio,-dijo Rosita-y mi corazón me lo anuncia también, pero
no en un sentido temible y peligroso como pien:sa Marcial. Yo creo que en efecto, el baile de la
Condesa marca. nuevos horizontes para mi vida;
y aunque me duele mucho, hasta arrancarme lágrimas, dejar todo esto grato y dulce que aquí
me rodea, presiento que estoy llamada á más alws destinos. Si la vida de lujo, de bienestar y de
riquezas que tantas ocasiones he visto en sueños
se abre ya para mí, voy á ella pcrque me llama
-con fuerza irresistible á la que sería en vano querer oponerme: pero si este baile es no más una
deferencia de los Condes por lástima hacia una
aldeana bella como ha dado á entender Marcial,
-ó un lazo tendido á mi virtud, ya se acabó todo
para mí, y volveré á este hogar sin que puedan
compensar la muerte de mis ilusiones, ni loi, cuí-dados afectuosos de mis padres ni el amor mismo
-de Marcial.
-¿Y por qué entonces me engañaste, por qué
aceptaste mi ternura y me ofreciste en cambio la
tuya?
- No te mentí, Marcial. Yo no miento nunca.
Cuanto te he dicho lo sentía y hasta pensé que
mis esperanzas de prosperidad y de grandeza
podrí~n venir de mi casamiento contigo. Tienes
-derecho ha 1ta para despreciarme por descorazonada y ambiciosa, pero no debes creer que yo
haya sido ni sea capaz de decir sino lo que siente mi corazón.
Y en vano Marcial le suplicó con las légrimas
en los ojos, y en vano opuso á todos los ensueftos

EL MUNDO

locos de la nifia, el frío razonamiento de la discreción y la experiencia: ella insistió obstinadamente en su resolución de ir al baile, y puso como único medio de hacerla cambiar de propósito,
el que sus padres retiraran su consentimiento que
ya le habían dado.
l\.farcial salió desolado de la casa y pensó que no
quedaba más recurso para recobrará su amada,
que acogerse A los hermanos Mariel, interesarlos
en su favor y conseguir por su mediación que
Pablo Poulet devolviera al Conde la invitación
con una cortés excusa. Pero tampoco en los Mariel halló el apoyo que deseaba, sino que por el
contrario, le dijeron, aunque con mucha dulzura,
que lo que debía hacer era prescindir de Rosita
y fijarse en otra de las muchas jóvenes casaderas, llenas de virtudes y belleza y algunas hasta
ricas, que babia en el pueblo.

IV
A VENTURAS Y DESVENTURAS
DE AMOR.

Tres días llevaba ya de estar como loco Marcial Rigot, recorriendo á solas lo más intrincado
del bosque como una fiera perseguida, llorando
á gritos é implorando en vano una idea salvadora. Nada había podido disuadir á Rosita de ir al
baile, ni nada había podido convencer á Pablo
Poulet para que devolviera la invitación, Sus súplicas, sus argumentos y hasta sus amenazas no
dieron fruto alguno y en su desesperación llamaba á la muerte como si esta tuviera la misión de
cortar vidas tristes, cuando tiene por el contrario,
la de dar su golpe á la felicidad para hacedo más
sensible.
Entre tanto, en el Castillo, los preparativos pa•
ra el baile tocaban ya á su fin: ejércitos de pintores, tapiceros y carpinteros renovaban el decorado de las habitaciones; en el jardín, la maleza era
substituida por flores y plantas exquisitas, sedaba un baño á. las estatuas de mármol, se pulían y
repintaban las de bronce, un nuevo surtido de
aves poblaba los estanques y patios de volatería,
y hasta la penera, totalmente reformada, estaba
lista para recibir una nueva jauría,
Nunca, desde la noche aquella en ·que un embozado vino á sacar al Conde de los salones del
Castillo para llevarlo á ignorado retiro, nunca se
había visto tant1:1 animación en las vastas posesiones de Villléres.
Aquella noche .... ¡cor. qué dolor tan profundo la había recordado la Condesa durante largos
y penosos afios que le trajeron una vejez prematura, y con qué remordimientos la había recor•
dado el Conde!
Aquel embozado era un esposo ofendido que
venía á pedir cuentas de su honor. H!lbía que
pagarle, y no era hombre el Conde que se hicie•
ra esperar para esas cosas. Un viaje rápido y
silencioso á París; testigos que se buscan y se
hallan, un duelo á muerte en que ambos contendientes se baten como leones, y lueg0 uno de ellos,
el Conde, cayendo á los piés de su adversario.
Pero la justicia que había hecho aquel hombre
no estaba completa. Necesitaba rematarla castigando de muerte también á la esposa infiel, y de•
jandu á la niila, fruto del adulterio, en condiciones tales, que la miseria y la perdición fueran su
único porvenir.
'
Y así lo hizo. Envenenó á la adúltera, dejó á
la niña en poder de los aldeanos &lt;!Ue la tenían
desde que nació, y sin legar nada para sus atenciones y convencido de que su rival había muerto porque así se lo comunicó algún amigo, se embarcó para las posesiones francesas de Asia con
la esperanza de formar allí, si podía, un nuevo
hogar menos infortunado.
Pero la naturaleza vigorosa del Conde, después de una lucha formidable triunfó de la tremenda herida, y al fin se restableció cuando ya
entre su~ amigos se le tenía por muerto;y lo primero que bizo fué acudir en busca de su hija, á
la que hubo de hallar no sin grandes dificultades.
Explicar á la Condesa su ausencia, su herida y
su silencio era cosa muy factible, pero no lo era
ocultarle el pesar que le corroía las entrañas con
el recuerdo, de aquella tremenda tragedia de que
él había sido Musa.
La Condesa adivinó que algo muy grave había ocurrido en la vida de su esposo; y aunque
nada sabía de la existencia de aquella nifta, ni
menos de que su padre la hubiera transladado á.

293

Villiéres, sintió que la felicidad de su hogal' ha•
bía terminado para siempre.
En un principio los salones de los Condes si•
guieron siendo, en ostentosas fiestas, centro de
reunión de la aristocracia parisiense; pero poco
á poco ella y él por un tácito acuerdo las fueron
hirniendo menos frecuentes, hasta que al fin se
aislaron del mundo, y el mundo á su vez los olvidó como hace con todos los que no son afortu•
nados.
Y sucedió entonces lo que debía suceder. Aquellas dos almas honradas y buenas que en el tor•
bellino de la vida social apenas habían tenido
tiempo de simpatizar por su afinidad de gustos é
inclinaciones, acabaron en la tristeza y la soledad por comprenderse y amarse.
Nunca un reproche ni una pregunta indiscreta
salió de los labios de aquella santa mujer que
afrontando de lleno la situación, aceptó el piadoso deber de transformarse en un angcl de consolación. ¡Y qué corazón tan noble descubrió en
aquél á quien consolaba! ¡Qué tesoro de bondades, de delicadezas, de ternura, de amor!
Cuando en medio del brillo y el fausto del mundo se conocieron, la simpatía y la juventud les
despertaron un sentimiento ardiente que entonces creyeron amor y que los llevó al matrimonio .
Ahora que habían llorado juntos y abrazados,
que habían pasado entre suspiros días sin sol y
noches sin sueño, ahora sí se amaban con ese afee•
to profundo que dura más allá de la tumba. Y de
esposos nobles, obligados por las exigencias de
clase á vivir una vida de convención, habían pa•
sado á matrimonio burgués muy unido y encariñado, de esos en que los esposos habitan en un
mismo departamanto, comen juntos todos los día3
y si enferman se curan uno al otro.
Sin emb11rgo de esta intimidad que ya era algo semejante á la dicha, el Conde se conservaba
siempre melancólico y esta melancolía era la que
llenaba frecuentemente de lágrimas los ojos de
su mujer.
Un día el Conde enfermó de gravedad, y sus
parientes y amigos creyendo lleg11do el momento de que dictara sus úl,imas disposiciones, se
lo hicieron saber y le anunciaron la vista del sacerdote y del n0tario.
Arregló el Conde con entereza sus cuentas de
la tierra y las del cielo, y luego hizo llamar á su
esposa que bañada en lágrimas y agonizando de
pesar, vinoá oír las últimas confidencias del moribundo.
-1\fe voy-dijo él-y lo que más siento es que
nunca te hiel:! tan feliz como merecías serlo por
tus virtudes y tu belleza. Oye la confesión suprema de mi vida. Yo te fui infiel, una vez, una vez
sola, en un arrebato de inexperiencia, cegado
por la vanidad, empujado por el destino.
Y luego, con frases entrecortadas le refirió como conoció á la baronesa Sofía durante una ausencia de su marido, como tuvieron amores, como nació Rosita, ,:orno el barón desenlazó esos
amores con una sangrienta tragedia, y como en
fin Rosita vivía en Vi!liéres en poder de los esposos Poulet.
-Te encomiendo á mi hija, terminó diciéndole. Amala: la pobre niña no tiene la culpa de
que yo baya sido tan malo contigo.
La Condesa oyó con lágrimas esta.. confesión,
· y cuando después de un prolongado silencio el
moribundo preguntó con miedo:
-Me perdonas?
Ella le selló los labios con un beso en que iba
toda la intensidad de una pasión, la única de su
existencia, y le dijo:
-Te amo, te amo, te amo!
El Conde se extremeció hasta lo íntimo de su
ser, como si aquellas palabras le hubieran traído
de allá del cielo, donde se hacen las dichas y las
desdichas bumanas, un rayo de esperanza y una
promesa de redención.
Y desde ese momento, como si hubiera sido to•
cado por maravilloso talismán, empezó á reponerse con gran asombro de los médicos y regocijo de parientes y amigos y criados, que le amaban todos por bueno y generoso.
Poco tardó en volv~r con la salud la a:egría de
l!l casa. Durante los días de la convalescencia la
Condesa evitó há.bilmente toda co11versación relativa á Rosita, que habría podido conmover al
paiüente comprometiendo su salud; pero una vez
que lo creyó bastante fuerte, se sentó á su lado1
le tomó una mano con sus dos manecitas tibias y
acariciadoras, y dirigiéndole una mirada en que

�295

294

Domhl,:o 9 de Octubre de 1898

Domingo 9 de Octubre de 1898

EL MUNDO

de Rosita que estaba apenas iluminado por una
veladora de bombilla aznl.
Solamente por breves instantes permaneció
Marcial cerca de Rosita; y cuando salio llevaba
unas grandes tijeras en la mano, y llevaba en los
ojos la expresión del espanto, del dolor y del remordimiento. ¿Había herido, habla matado á Rosita?
Atravesó el patio sin que Maria Poulet, abismada en su dolor, lo hubiera visto; saltó las tapias y volvió al bosque, único lugar en donde
podía entregarse A los arrebatos de su angustia
sin temor de ser interrumpido por nadie ... .... .
. . . . . .. ' . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

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"~:_~, ,:i .
eabia fuego de todos los amores santos inclusive
hl amor maternttl.
-Jorge, Je dijo, ¿vieras? tengo un deseo ... .
-¿Cu~l?
-Dar un gran baile, pero espléndido y lujoso,
como los de nuestra luna de miel, para celebrar
así tu restablecimiento.
-El Conde sonrió complacido, y ella agregó:
-Será en el Castillo da Villiéres que haremos
reparar y embellecer para el efecto; y en ese
baile ..... .
La Condesa calló un instantante y luego bajando la voz hasta bacerla dulce como una car~cia,
agregó: y en ese baile presentaremos á nuestra
bija, diciendo que acaba de salir del convento.
Como hemos estado aislados del mundo, nadie
sospechará nada ¿verdad?
-~~res un ángel Luisa 1 contestó el Conde, lue•
go Je besó la frente y tomando la actitud resuelta y alegre de los días de su juventud, hizo ve•
nir A los criados de su mayor confianza, reiteró
cien veces las mismas órdenes, y con impaciencia dispuso las reparaciones del Castillo de Villiéres.
Una de las cosas primeras que hizo, fué encerrarse por b11.enas horas en su despacho y escribir las carlas que tan profunda revolución causaron en el modo de ser de Rosita, de los espo-

sos Poulet, de los hermanos d~ Mariel y de Marcial Rigot.
V

EL ULTIMO- REmmso.
Ya los Condes de Villiéres estaban en el Castillo y ya los convidados hablan empezado i, llegar en lujosos carruajes, que·atravesaban el pne•
blo entre una nube de polvo. El Conde y la Conde3a habían estado varias veces en la casa del
herrero Poulet y quedaron encantados de Rosita
tan bella, tan inteligente, t~n instruida, llamán•
doles sobre todo la atención su porte distinguido
y sus maneras elegantes sin afectación, como si
hubiera pasado la vida toda en los salones del
gran mundo.
El s,\bado por la noche se anunció á Rosita
que al día siguiente serla conducida al Castillo
muy temprano, pues quería la Condesa que oyeran juntas lo. misa de alba, y que ya se quedaría
desde entonces Rosita allí, pues el baile era esa
misma noche y no había necesidad de que la nilla volviera al pueblo.
Cuando Marcial supo esto por boca de la misma Rosita, su aflicción llegó al último límite, y
en su desesperación, concibió un proyecto 'que
era salvador á su juicio pues dejarla á Rosita im-

•

~

posibilitada para concurrir al baile de la Condesa.
Todo el día Marcial anduvo vagando por el
campe, y al cner la tarde ¡cosa extra:i'1a y nunca
vista! se Je vió entrar á la taberna donde bebió
un gran jarro de vino. Luego volvió al campo y
no regresó á la aldea sino cuando ya las luces
se habían apagado en todas las casas.
Entoncea deslizAndose entre la sombra como
un criminal, y procurando no apartarse de los
muros, llegó á la herrería, saltó la tapia, acarició al perr1 que ya era su viejo amigo, y penetrando al patio de las hRbitaciones, se dirigió al
cuarto de Rosita que encontró cerrado. Pero al
lado de esa habitación estaba la de Maria Poulet; y en los momentvs en que Marcial se acercaba, un ruido inusitado le vino á sorprender. Era
que Marfa abría la puerta, salía con paso cauteloso como no queriendo despertar á nadie y
atravesando el pRtio iba A sentarse jur.to á la
fuente, donde dió libre curso á sus lágrimas y á
sus so11ozos.
Marcial apenas tuvo tiempo de ocultarse en la
puerta del cuarto de Rosita: y luego que vió á
la infeliz esposa del herrero que entregada á su
dolor no Jo había descubierto, penetró por la
puerta que había quedado entreabierta, y pasandú á tientas por el aposento de Maria, llegó al
1

Luego rechinaron los !nelles, ardió el carbón,
comenzó el trabajo, y también alli como en la
cocina había lágrimas, pero éstas caían al mismo
tiempo que los martillazos sobre el hierro enrojecido, y se evaporaban muy pronto, como para
no ser vistas de nadie.
VI

-

mente oprimida en los brazos de su compallero
de polka, y escuchaba las palabrRB que_ éste le
decía en el oído, como si fueran una mus1ca de
los cielos.
EPILOGO.

Cinco afl.os después de estos acontecimiento_s,
al caer de una tarde tibia y perfumada de Abril,
EL GRAN BAILE.
los hermanos de Mariel salieron de la casa cural
de Villiéres y como de costumbre tomaron el ca·
El Castillo de Villiéres parecía por la abundanmino
de la fragua .
cia fantAstica de luces, uno de esos prodigios de
Corría como siempre el río, bullicioso y transla pirotécnia que se hacen arder en las fiestas
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . populare~. Todo era claridad en su interi~r, del parent~, atravesando la ald_ea y ?ordeado por dos
Antes de que empeznran á apagarse en el ci~- salón á la biblioteca, del torreón á la cocma, Y filas de viejos casta.nos; la 1gles1a levantaba rienlo las estrellas matinales, y cuando Venus brilla- por todas partes corrían criados de libre'\ atano- te y deslumbrador su campanario pintado de
ba todavía en toda la intensidad de su esplendor, sos y complacientes¡ pero lo más no a.ble era el blanco qne resaltaba sobre el rojo de L_os tejados
la Condesa impaciente se l~vantó, y tomando jardín ilumioado á la veneciana, y remoz~do de vecinCts¡ por las callejas tprtuosas cammabau aleasiento en un earruRje ligero que se le tenía pre- tal manera, que causaba una impresión de asom• gres los labradores que volvían al_ hogar, Y to~o
respiraba la calma y la tranqu11Idau de ouos
parado para este viaje, se dirigió á la aldea. Que- bro v de bienestnr indescriptible.
ría sacar de su casa á Rosita antes de que hubiePoco antes de que diera principio el sarao, días.
Los hermanos de Mariel tenían el cuerpo má.s
ra luz, para evitar las miradas investiga.dorad y apareció en los salones el Conde de Vilhéres danlas preguntas indiscretas de las comaJ.res de la do el brazo á Rqs1ta, la cual como lo habla pre- encorvado y los cabellos enteramente canos; ese
vecindad. Así pues, temprano llegó á la herrería, dicho la Condesa, babia salido de las manos del era su único cambip.
pero no tanto que encontrara dormida, como lo peluquero más bella aún que cuando tenía su
Ya CRSi de noche llegaron á la fragua; Y al
esperaba, á·la esposa del herrero. ¡La pobre ha- opulenta y ensortijada cabellera.
tender la mano al honrado y viejo Pablo Poulet,
cía muchas noches que no sabia lo que era dorUn murmullo de admiración se dejó oír por entraron en la zor.a ilumiuadn por la. roja luz de
mir[
todas partes ante aquellos ojos que irradiaban, la hornaza y parecínn fa.ntásticas siluetas infer·
Con afecto saludó la Condesa á Matia; y que- ante aquellas sonrisas de labios frescos y dientes nales.
riendo sorpr•mder á Rosita penetró á su cuarto, blancos, ante aquella belleza correcta y atractiNinguno de los antiguos tertulianos faltaba, Y,
y ella fué la sorprendida al ver que la nilla, en va en plena juventud.
como de costumbre, se hablaba de las ult1m~s noefecto, estaba dormida, pero que toda su hermo Desde afuera, trepado en uno de los Arboles ticias deParis y de los sucesos de la localidad,
eiísima cabellera había sido cortada casi de raíz, del camino, Marci•l Rigot observaba todo con sin· chismes ni murmuraciones, porque no lo cony que los cadejos de pelo estaban regados aquí ojos ávidos. Al pié de ese mismo árbol los hersentían el Cura ni el Alcalde.
y Rllá por el pavimento.
manos de :Mariel vinieron á contemplar el Casti- Aquí he leido, dijo el boticario s,candu de
Indudablemente que esto era obra de una ma- llo desde afuera; y creyéndose solos, estuvieron
su
bolsa un ejemplar de Le Journa! , algo referenro criminal. Alguna vecina envidiosa de la. for- conversando largo rato.
te á una persona que fué muy amiga del sellor
tuna de Rosita había cometido este atentado. ¿PeDespués de que separándose de allí regresa..
ro cómo había podido penetrar estando cerrada ron á la aldea, ~far~ial Rigot se bajó del árbol y Cnra.
-El Alcalde tomó el perió dieo, buscó el s,t10
le puerta? No era posible suponer el paso por la con andar de sonámbulo, y silencioso y pálido1 se
h,. bitación de Maria que estuvo desvelada toda dirigió A la aldea también, entró en su casa, es• que el boticario le se!lalalaba y acercándose á la
la noche. ¿Qué había sucedido pues?
tuvo escribiendo largo rato, y antes de que ama- luz ley_ó lo siguiente:
«Los últimos telegramas del extremo Or~ente
Era preciso averiguarlo. La Condesa y Maria neciera tomó el camino de la ciudad.
nos
comunican una triste nueva. El Tt:ment~
qne se perdían en conjeturas, decidieron al fin
Entre tanto en el Castillo la animación del baidespertar A Rosita para que aclarara el enigma, le crecía, y Rosita admirada y agasajada por to- Marcial Rigot, que había hecho una carrera rápty así lo hicieron sin pérdida de momentos.
dos, se sentía enteramente feliz. Fatigada del da gracias A sus altas virtudes militare~, _btl muerEl primer impulso de ésta al ver lo que :e ha- wa1s se había sentado en un diván, cuando un to víctima de su arrojo en una de las ultimas esbía sucedido, fué ponerse á llorar. Desde luego antiguo servidor del Conde le entregó una carta caramuzas libradas contra las hordnB de Le-hápensó que era obra de Marcial, pero por un res• que, con el cará.cter de urgente, acababan de bú. Su muerte ha sido sumamente sentida por todos los que le conocieron.&gt;
to de piedad hacia ese infeliz que la había ama- traer de J,i aldea.
Cada uno de los tertuliano• tuvo una palabra
do tanto, se resolvió á ocultar sus sospechas y
Rosita la abrió y leyó con creciente emoción
de afecto para el honrado molinero que durante
¡extrallo corazón el de la mujer! sintió que esta
•cción le despertaba el dormido amor, y hasta lo que sigue:
su breve permanencia en Villiéres se supo cap«Perdóneme usted, seiiorita, si por un momen- tar universales simpatías; y se agotaba ya el tedesfó por un momento que la Condesa encontrara impropio llevarla en ese estado a sus salones. to tuve la audacia de elevar mis ojos hasta usted ma de esta conversación, cuando el Alcalde, que
-Así, ptmsaba Rosita, me quedaré aquí, ven- y de ofrecerle mi amor: no sabía lo que acabo de continuaba recorriendo el periódico dijo de imdrá. Marcial y tornaremos á nuestra dicha anti- descubrir sorprendiendo sin quererlo una con• proviso:
versación de los hermanos de Uariel; no sabía yo,
gua y á nuestro antiguo amor.
-He aquí otra noticia que para nosotros es
Pero no pasó ~so. La Condesa viendo con ho- digo, que es usted hija del sellor Conde de Villiésensacional.
res, y ahora que lo sé, comprendo que para mí
rror esa acción vituperable de que había sido
Y leyó con voz ahogada por la emoción:
victima la pubre nilla, se apresuró á llevát'sela sería una locura alentar esperanzas todavía..
•La fiesta dada anoche por los Sellores ConMe
voy
en
este
momento
A
París,
y
sin
pérdipor temor de que alguna od10sidad de esas que
des de Villiéres para celebrar el matrimonio de
da
de
tiempo
entraré
como
voluntario
en
alguno
en los pueblos cortos son tan frecuentes y temide los regimientos que van A salir para las pose- su hermosa hija Rosita, con el Marqués deBrieux,
bles, preparara nuevos peligros p·ara la hija de
siones francesas de Asia; y allí me haré matar en fué verdaderamente regia.&gt;
su esposo. 8
Seguía una minuciosa descripción de aquella
Así pue , como mujer de mundo, comprendió la primera batalla.
Mi muerte, eso es lo único que puedo ofrecer fiesta, y terminaba el periodista haciendo votos
que el mejo r camino que había era no dar gran
importancia á este acontecimiento, y aturdió ála á ustea. Adios, sellorita. ¡Dios haga á usted tan por la felicidad de la joven desposada.
Quien estuvo más atenta á la lectura de estas
nilla con hablarle de los preparativos de la fies- feliz como merece serlo por su belleza y sus virnoticias
fué Maria Poulet.
tudes!•
ta, de la necesidad que habla de que en el acto
¿María Poulet, aquella que era un prodigio en
se fueran junt,s, y la ayudó á vestir~e y engalaMARCIAL RrooT.
achaques de cocina y repostería, que siempre
narse, y le dijo que el peluquero del Castillo le
reía como una chicuela y cantaba como un caarreglaría tan oién los cabellos cortándoselos á
Cuando Rosita hubo leído por dos veces esta
uso varonil y de tal modo, qne quedarla mucho carta, se levantó del diván, y pálida y sintiendo nario, que era gorda y colorada, y que era en
má.s hermosa y encantadora que con su antigua que el corazón Je saltaba en el pecho cortándole fin la alegria hecha mujer? ·
No. ¡qué va á ser! la Maria Poulet de ahora hacabellera.
respiración, fué en busca del Conde.
Horrible lué el dolor de Maria Poulet cuando la -Acabo
bía
envejecido prematuramente, estaba flaca, pade recibir esta carta le dijo ensefianRosita partió, pues sintió como si del fondo del dosela, y el que la escribió es un1 joven honrado liduch11. y canosa, no reía nunca y se hacía serttlmase la hubieran arrancado dejándole allí en su
vir por una cocinera.
que no sabe mentir. Qué debo hacer?
lugar, un vacío grande como el mundo y obscu-Cuando se fué Rosita Je llevó el corazór,, de-Olvidar todo tu pasado como si hubiera sido
ro como la ceguera. Luego entró á la cocina, enun penoso sueiio, y entrar de lleno en la vida de cía á veces viéndola con tristeza Pablo Poulet.
cendió sus hornillos y se puso á hacer el desayuEs una tontería matarse así por cosas que no tiefelicidad y de opulencia que te aguarda.
no, pero no cantando y riendo como en mejores
Diciendo estas palabras, grave y sereno el nen remedio.
clixs. Esta vez fué la primera en que cayeron Conde fijó los ojos en su hija con amorosa miraY el pobre hombre, porque nunca se vela en el
sobre los ladrillos del fogón las lágrimas de aqueda y procuró penetrarle hasta lo intimo de la
espejo no había notado que estabtt. tan envejecilla mujer que no había llorado nunca.
do co~o su mujer y que también, !'l fuerza de
A poco salió Pablo de ·su habitación silencioso conciencia.
-Así lo haré, dijo Rosita, soportando con en- melancolía, se estaha matando poco e\ poco.
y sombrío. Tampoco él habla dormido en toda la
tereza esa mirada. Y como en ese instante llega11och~; así lo delata!:-an su rostro pá.lido y sus
ra el joven Marqués de Brieux á recordarle que
ojos enrojecidos. Marido y mujer cruzaron una
Je había prometido acompallarlo en la polka que
mirada, una no más, rápida y furtiva pero que
se estaba tocando, dejó el brazo de su padre, toles penetró muy hondo, y sin decirse una palamó el del Marqués, y se perdió entre las parejas
bra, ella como muy ocupada, se inclinó sobre sus
de bailadores. U nos instantes después sonreía.
hornillos y él, como teniendo pri•a, se lué á la
con la sonrisa de la felicidad al sentirse dulcefragua.

.

-

Ji'.L MUNDO

�296

EL MUNDO

Domingo 9 de Octubre de 1898

~

Domingo 9 de Octubre di, 1898.

Lectura para las damas.

PAGINAS DE LA MODA

EDUCACIÓN PRÁCTICA,

1

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¡

Un redactor de un importante periódico tuvo hace
-a!ios la ocurrenc~a d~ escribir un articulo en que in•
"&lt;iicaba la convemencia de que se le diese á la mujer
una edu~ación más práctica que la entonces se daba,
:y se le vmo el mundo encima. Algunas señoritas que
sabían hacer maravillosos pañuelos calados se pusiero_n á sollozar, heridas de lo máA vivo de ~u amor
propio; otras que se gastabRo la vida haciendo cojines
de raso que después se 1ifab11n, estuvieron varios
dlas con. Jaqueca, las especialidadea en bandurrias
flore~, pmturs etc., e~c.. pmiPron el grito en el cil'lo;
.Y al fm! una d~ ellas, ignoro 11i bandurrista, bordadora, florista ó pmtor11, escribió un articulo refutando
d!) al mal ave1Jturado plumlforo que ya sentía haber
picado con los puntos de su pluma tantas suceptibilidadea.
¡No queremos ser cocineras! decía la refutadora.
¡No queremos ser costureras!
¡No queremos ser planchadoras!
¡No queremos Bf'r repo8teras!
¡No querPmos hacer calzones!
¡No queremos guisar frijoles!
¡Muchas gracias, señor n1dactor!
¡Ud. platicará bonito, pero nosotras no fumamos!
Fué aquella un:i. tempestad en un vaso de agua,
~om_o mu~has que se levantan en los periódicos sin
.Justificación. Porque, eP verdad, el articulista no tenia respecto al be,lo sexo las abominables ideas que
se le atribulan, no quería hacer costureras, planchadoras, co~ineras, etc.; quería una cosa juiciosa: que
B6P,0~pusiera 1~ educación qu.- eólo sirve de adorno, á.
la utll, á. la indispensab le para la vida; y al indicarlo
no _8e referí~ al bello sexo, ~ino al que por falta de el!•
_pintu prá~tlco ó por una tendencia perniciosa a.limen•
t~da por ciertoP _resabios de vanidad, tendencia y vamdad que también se notan en una porción considerable del sexo fuerte, gastan todas sus enerilas en
un_a labor estéril, en nna labor deleznable, aunque
brillante, que no puede servir de base á. la felicidad.
&lt;Claro está que las que juiciosamente habían adunado
lounoá lo otro no calan bsj" el dominio de su censura.
En este s~ntido tenia r zón y cuantas veces las mism.,s á quienes molestó la verdad expuesta con tant11
lfranqueza, lo habrán confesado en el curso de su vida!

Cuántas veces habrs.n sentido que no hace
daño ser tan duchas en manejar la cuchara
como los útiles de bordar! Y es esto tan cierto que damas de muy elevada posición social
lo justifican, iniciando á sus hijas, pua evitarles sinsabores, para que puedan decir con
razón que su educacióu es completa, en loe
misterios que tanta repulsión causan á. algunas hijas de Eva.
Y vaya un ejemplo flamante, que tomo de
un periódico que tengo á la vista:
"La venerable Lui~a Hesse Cassel, la octogenaria esposa del rey Christian IX de Dinamarca, no pasará. á. la Historia por sus hechos de reina Consorte ae un rey constitucional no ha sido mucho lo que ha tenido
que intervenir en su reino; pero como es diglla de consideración y alabanza eaa mujer,
es como espo~a y matlre de familia!"
"A sus hijas las educó como áseñoritae po•
"bresque necesitan saber muchas cosas úti•
"les para no ser una carga para sus padres y
"par"' a.vudar el dia de mañana a su marido.
"Aslesque no solo con la aguja trabaron cono·
"cimiento desde muy pequeñas la princesa
"Carolina y la princesa Maria, para hacerse
"ellas mis1nas los trajes y reparar las ropas
"de su hermano, sino que en la cocina les hizo
''entrar su madre para que aprendiesen cómo
"se da de comer con economia á. una nume•
"rosa familia."
Y si esto se hace tratándose de hijas de reyes, para quienes el porvenir no puede ser
mas hal11güeño, ¿por qué las humildes, las
desheredadas de la fortuna, para quienes el
articulista escribía, no habían de recibiruna
educación semejanto?
De entonces acá loe tiempos han cambiado, la idea de que el aprendizajti de cierta
clase de labores era de mal tono, se ha ido
desvaneciendo y 11un hay algunas peuonas
que tienen á orgullo el saberlas á la ptrfec·
ción Pero quedan aún algunas rezagádas ..
Para esRs iutercalo en este mal hilvanado articulo el recorte referente á la esposa del rev
Cnristian!
•
Jl)SÉ CONDE,

LA VANIDAD.
La vanidad no se asienta jamas alli donde
impera la razón: tiene por base el sentimiento, y respira la atmésfera de la fantada.
Por eso ese vicio nomina máR en las mujeres que en los hombres, de las cuales lleg.. á
apoderarse. si la inteligencia poseé solaml'nte una mediana ilustración. Y lo que sucede
en la edad adulta, sucede también en la infanci!I.: se ven en mayor número que niños,
niñas propensas á la vauidad. Preséntase
este vicio durante la infancia, casi con loe
mismos caracteres que en la virilidad,
Asi como un hombre mira con cierto desdén á los demás, persuadid" de que viste me•
jor, ó tiene más arrogante figura, reune jus·
ta mente en su sentir, muchas prenda• que le
recomiendan al aprecio y conFideración de
todo el mundo. aun cuando todo el mundo
se ria de él: as! también el niño que vive en•
tre otros niños, mira con inmotivado despre•
cio á. sus crmpañ,eros, y obra siempre persuadido que
sólo es el único acret"dor á la !'stimación general, que
la c!ee injustamente prodigada cuando á. los demás
se dispensa.
·
E,;to no obstante, es el niño como el hombre, menos
celoso de sus personales prendas; y por esto hemos
notado que en cada cien mñoR vanidosos y presumí·
dos figuran noventa y cinco niños por lo menos.
Y en eilois se observa, generalmente hablando, hechos característicos de pr.,sunción tan marcados, como
pueden observarse en una mujer vanidosa. Ol&gt;servad
á la niña presumida y no veréis más que una mujer
en pequeño dominada por aquel abommable vicio.
Madres de familia, corregid en tiempo oportuno á
vuestras hijae, para que no se dejen dominar por la
pre,;unción y la vanidad, porque la coquetería, de la
presunción y de la vanidad, á la perdición, no hay má.s
qu~ un paso que suele salvar la mujer con mucha fa•
cihdad.
A.L.

L"- 111J.JER Y EL A.lJTOMOVIL.
El 11automovili~mo11 -palahra admitida ya en casi
todos los idiomas-.,igue conq uistaudo en París numero~os adeptos.
Ahora acaba de ingresar en sus filas la Duquesa de
Uzé3, y el examen á. que fué sometida la ilustre dama
antes de obttiner su permifo para t?"Uiar un carruaje
automóvil, ha sido los pasados dias el asunto de las
conver11aeioues de la alta sociedad parisiense.
Sobre su -automóvil ha palleado la Duquesa al tribu~al exam~nador, compue~to de un ingeniero y dos
peritos, guiando el carruaJe C"n toda perfección á
grandes y pequeñas velocidades.
Los "chauffeurs,11 como en Europa llamaná los que,
mas propiamente, d11signan en Estados Unidos con el
nombre de "motorms, 11 están muy satisfechos con su
nueva é ilustre compañera.

Figs 1 Y 2.-Tr~jes de media estaci(m.

Espalda.del modelo de la flg. l.

297

EL MUNDO

Espalda del modelo de la fl.g. 2.

LA MUJER INSTRUIDA
La mujer instruida es la inteligente compañera lle
su marido; ella lo comprende, vive de sus ideas y se
e1eva con él por sima delos prosaicos quehaceres domé~ticos.
El111 un día y otro dfa lo sostiene en las dificultades, en las luchas numerosas a que está sejeta la existencia del hombre.
Rus consejos son preciosos y su esposo halla consolación y fortaleza en confiarle sus contratiempos, sua
esoeraozas Y' SUB tristezas.
En el gobierno de la casa, la mujer instruida tiene
{¡, su ~argo la contabilidad: sabe lo que se gasta y lo
que se gana, y de ese modo mantiene una prudente
economía.
Et marido la aprecia, la idolatra y hace el elogio de
su mujer á todes cuantos llegan &lt;\ su casa.
A más dA todo esto, hay una cosa en que resulta
más el cometido de la mujer Instruida: la educación
de 1011 hijos.
Eu los primeros s.ños los lacta, los cuida de sus enf 1&gt;rmedades, etc., más tarde ella es qulen les pone el
libro en la mano para enseñarlos á leer, y razona con
ellos sobre infinidad de a~untos; puede decirse que
ella es quien les suministra las lecciones de cosas.
Cuando llegan sus hijos á cierta edad, los sigue en
sus estudios, los ayuda y los anima á continuar y á
triunfar.
La mujer instruida es un tesoro para un hombre,
es nn angel para sus hijo.s
Mujer que lees estas linee, ¿no quisieras ser como
el bello tipo de que hablo? ¿no quisieras ser una mu-

jer instruida?
RODOLFO MENENDEZ,

P URIFICACIÓN Dl!l LAS flABITACIONl!lB

He aqui uno de los medios más sencillos y eficaces:
Mézclense 140 gramos de agua, con 40 de vinagre y
140 de agua colonia y agrégense á la mezcla 50 gra•
mos de uiplocoRito de cal seca. Colóquese en una va•
sija plana, pónganse en el centro de la habitación,
cuyo 11.ire quedará puriCicado en poco tiempo.

��TOMO 11

MEXICO, OCTUBRE 16 DE 1898

EL ASESINATO DE LA EMPERATRIZ DE AUSTRIA.

·11
1111

1

1.-EI cortejo Umebre al salir del Hc,tel Beau Rlu~.:;e.
1

2.-Demostracl6n de slmpatfa frente al Hote-1 Beau Rlváge, en G;lnebra

11
1

AJUARES para sauz MARIA

Y LOHENGRIN, ejecutados en nogal americano, con.filetes oro y
tapizados con brocateles de seda, según sus propios modelos.

•

NUMERO 16

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Ni tanto ni tan calvo</name>
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        <name>Omnibus automóviles</name>
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        <name>Reina de Dinamarca</name>
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        <name>Teatro Juárez Monterrey</name>
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                    <text>TOMO 11

MEXICO, OCTUBRE 16 DE 1898

EL ASESINATO DE LA EMPERATRIZ DE AUSTRIA.

·11
1111

1

1.-EI cortejo Umebre al salir del Hc,tel Beau Rlu~.:;e.
1

2.-Demostracl6n de slmpatfa frente al Hote-1 Beau Rlváge, en G;lnebra

11
1

AJUARES para sauz MARIA

Y LOHENGRIN, ejecutados en nogal americano, con.filetes oro y
tapizados con brocateles de seda, según sus propios modelos.

•

NUMERO 16

�EL MUNDO

302

LASEMANA
El terc~r aniversario de la coronación de la
Virgen del Tepeyac fué celebrado en la Basílica
de Guadalupe con la misma pompa que otras veces, aunque con menos entusiasmo.
La aristocrátita concurrencia que acudió accediendo á la invitación que para la fiesta religiosa hicieron circultlr distinguidos caballeros,
recibió una sorpresa que compensó la relativa
stncillez del aeto.
•
Quien diga que en México el arte decae, ignora ó finge dP- propósito igno(ar que cada día nos
trae nuevos avances y un refinamiento de gustos
y aficiones desconocido en la supuesta edad de
oro cuya exacta situación en los buenos tiempos
que fuer·on, no asiertan á seilalarnos los pesimis•
tas 1,i1,tt máticos.
No Eé, lo confieso, si antaiio celebrarían festividades como la del último miércoles, con una
selección tan delicada de atractivos artísticos. La
misa de Fons resucitó el piadoso y místico siglo
anterior al Renacimiento italiano.
En la historia eclesiástica no hay acaso época
mAs bella, que la se:llalada por el definitivo consorcio del arte eon los ideales religiosos. Hay que
volver las miradas y el pensamiento á la fé sencilla de un Fra .Angélico para comprender las
maravillas de la plAstica que confinaba con las
bellezas inmateriales.
Como la pintura de aquel santo, preservado del
paganismo invasor por la soledad del claustro, la
música medioeval llevaba en sus acentos, y resucita en nuestra época de cosmopolitismo y democracia, la tristeza vaga del instinto cristiano.

"""

El Pm·aiso Pe1·dido ha hecho célebre y glorioso el nombre de Milton en el mundo entero y hoy
lo llena de afrenta eu el Teatro Principal.
.Aquello es un puritanismo al revée. Lad figuras
de la pieza son bíblicas, paradisiacas, y no hay
en los huertos del valle suficientes hojas de higuera para cubrir tantas pecaminosas desnudeces,
El género chico progresa. .Afina los procedimientos porqut, el tandófilo es cada día más exigente y aunque en la parte literaria conbien poco
,e conforma, vuelve del lado de la plástica con
unos caprichos que no podrá satisfacer el empresario sin perder la gravedad de su carácter.....
.Afortunadamente para los que van al teatro en
busca de impresiones susceptibles de pública confesión, dizque pronto inaugurará el teatro de las
tandas unas funciones de moda cuyo programa
copi,ml el de las veladas en que oíamos piezas
de género grande con Rosa Palacios.
l.&gt;ios lo baga así, para b!en de los que no se resignan A olvidar la Bohemia y á recordar A Burón con las interminables congéneres de «La Redoma Encantada» y de la «Pata de Cabra.»

La pública curiosidad se ensafta comentando
en vacío las causas de la muerte de una seiiorita profesionista, prometida de un jóven médico.
Había ido al consultorio de 11u futuro, y súbitamente fueron llamados otros dos médicos para
contener una hemorragia que en breve privó de
la vida :í la joven.
Ya el cadáver estaba sepultado y el hecho ol•
vidado cuando la autoridad judicial inició inesperados procedimientos, orde11a11do la exhumación, La sospecha de un crimen, da siempre marg,m. 1\ malévolas suposicio,nes, y si el hecho eJ
misterioso .6 raro por lo menos, la credulidad popular se entrega á las hipótesis, prefirie11do las
mi\s absurdas.
No es posible prejnzgnr; pero dentro de la re•
serva mils prudente de opinionea, entristece la
tempestad de escándalo que agita un infortunio.

,,.,,,

Anúnciase la construcción de un gran hotel en
la calle de Patoni. Según los datos que publica
la prensa, los empresai·ios invertirían mí1s de un
millón de pesos en la obra.
Nosotros casi no tenemos idea del atracti rn
de nuestro maravilloso clima. En N ew York donde en verano caen los transeuntes, muertos de
insolación, y en el invierno apenas basta el admirable comfort de las habitaciones para contrarrestar las crueldades de la atmó~ferA; en todoa los
inmensos territorios del Norte, cnstigados perpetuamente con todas las inclemencias, hay millonarios que darían todo su oro á cambio de los 25°
centígrados de nuestro valle.
México es para ellos el delicious summe1· reso1-t,
mejor dicho, lo sería, sin l!iS abominables privaciones que aquí sienten, habituados como eatán
1\ una complicación tal de comodidades materiales que aún Europa se les antoj'l pl\is inhabitable.
No es mucho que prefieran la temperatura de
hornaza de sus climas A una estancia en los estrechos é incómodos hoteles mexicanos. El hombre vive de hábitos y tolera lo malo que conoce
desde que nació á una peua desconocida y nueva.
Por eso el día que podamos cfrecer al millonario del Norte, hoteles como .e l. «Auditorium» ó el
«Gran Hotel,» México serA la ciudad opulenta,
aristocrAtica y cosmopolita de .América, la residencia de los príncipes y nababs A quienes vere•
mos desfilar por las calles con la misma indiferencia con que ven en Broadway á los rough
1·iders de Roosevelt.
Dick.

,outt,a Oitntral.

RESUMEN.- La cruzada contra el anarqulsmo.-La Iniciativa de ltalla aceptada por todos. - El socialismo
alemAn.-Sns avances, sus progresos, sus c:onqulstas.
La reacción de Gulllermo II. -Recuerdos de Blsmarek.-Soclallsmo y anarqulsmo.-Guerra sln cuar•
,,.,,,
te!.-Viaje del Emperapor A Palestina. - Recuerdos
medleevales.-Las tendencias de A.Iemanla.--Un soberano protestante defensor de los cat6llcos.-Las
Un viento trAgico ha soplado sobre las riberas
conferenc:as d11 París.-Las comisiones ln1ernaclonapestilentes del canal.
Ies en Cuba y Puerto Rico - ObstAculos y ulflcultaTodo, hasta la desesperación, debería de tener
des. - La deuda de Cnba.-El protocolo y el tratado
sus límites, porque el absurdo choca con la natude paz:.-Conclusl6n.
raleza y el dolor mismo se suspende y cede ante
Sacudida la sociedad europea con un estremeel asco.
cimiento de horror, por el salvaje atentado de GiYit que no siempre ha de ser sublime el suici- nebra, que hirió de muerte i\ la augusta matrona
dio, sea d menos estético como Ofelia flotando que compartía con el emperador Francisco José
sobre el río.
el trono de .Austria-Hungria, ha comenzado, como
Pero arrojarse al canal hediondo .... Adelante. era natural, una excitación por todas partes para
Otro de los suicidios de la semana, muestra arrancar de raíz los gérmenes morbosos que proun caso típico de sugestión. Dos jóvenes, más ó ducen el anarquismo, pla11 ta venenosa cuyaz; emamenos exaltados por románticos fantaseos, ha- naciones pestilentes amenazan de muerte á todos
blan de las decepciones de la vida, y uno de ellos los grandes de la tieíTa, fermentación extraiia de
propuso A su compaf'lero de infortunios,-acaso esta edad llena de sublimes grandezas, y llena
imaginarios,-un suicidio á duo.
también de tristes y dolorosc.s desfallecimientos,
Incontinenti vierten un veneno en sendos va- que engendran esas manifestaciones propias de orsos, y al llevarlos A los labios sólo uno de los jó: ganismos caducos.
venes bebe; el otro no ha he.cho mAs que un siViendo;los soberanos de la tierra que .por filiamul11cro de envenenamiento.
ción naturttl, las ideas anarquistas pr.:&gt;ceden del soEn este singular suicidio, la sugestión del uno cialismo, mal elaborado en cerebros ignorantes,
ha sido la causa ocasional de que el otro se arran- incapaces de comprender la parte filosófica de
cara la vida. Tal vez sin el asentimiento de su los apóstoles que han ,predicado la regeneraimprudente compaftero, el desdichado suicida se ción del obrero, contra el socialismo se lanzan y
hubiera sobrepuesto á la crisis juvenil que des- organizan cruzada formidable ahora que sus proflorrt tl:lntliB belltts esveranzas, sacrificadas á esa gresos crecientes llevan á sus adeptos hasta senmelancolía funesta que engendra en las almlls la tarse en las curules de los parlamentos.
educac,ón sentimental. Unos versos, una novela
pesimista, el mutuo contagio de dos imaginacio***
m s delirantes invaden un espíritu débil cun su lellubo un tiempo en que el Emperador de Alegió11 de ideas insanas.
mania, teniendo manifiestas tendencias il borrar

Domingo 16 de o~tubre de 1898.
del Imperio basta l11s huellas del régimen bis-marckiano, pretendiendo rehacer la obra entera.
del Canciller de Hierro, tuvo complacencias y hasta halagos para los socialistns. Ln ley terrible·
decret11da en tiempo de Bii,marck sufrió tan hondas modificaciones, que casi pudo decirse derogada. Los socialistas cobraron ánimo, tuvieron
ocasión de organizarse en grupos, de establecer·
círculos, de llevar sus ideas de las ciudades fabriles y manufactureras á los pueblos, á las aldeas
y á los campos; al sociafüino urbano iba adhiriéndose con perfiles revolucionarios el socialismo rurlll. La organiz11ción,ga11Hndo paso ápaso
nuevas plazas en el Reichstag, pesaba ya en las
decisiones del parlamento, y en más de una ocasión, uniéndose cor. los liberales, lignndose con loBcatólicos ó absteniendoseenl11s tliscusiones, pudo
decidir con su voto de las m:\s arduas cuestiones.
del Imperio.
Dificil era que el Emperador, siempretendiendoá imponer su augusta sobilrana voluntad, siempre
procurando conservar y concentrar en su persona.
las facultades legislativas, Fiempre haciendo todo,
lo posible por reinar co~o absoluto, si11 trabas de
Dietas ni de Pt1rl11mentos, difícil era que tolerara
por más tiempo estos avances del sociafümo quemenoscababan su poder y cercenaban su autoridad.
La muerte de Isabel deBaviera que todos lamentan, el atentado horrendo de Lucbessi qn1:1 todos.
anatematiz1m, la manifestación I epuguante última de los an11rquistas, pr1c:stan ocasión favorable para una reacción antisocialista. Como desgraci11damente los monstruos an11rquistas, que últimamente han hrotado esgrimiendo el pu:llal del
asesino y agitli.ndo la tea incendiaria, han salidode Italia, de allí es de donde ha partido el grito
de alarma: el gobierno del rey Humberto ha sidoel primero en convocar una convención internacional, para allegar loe medios que hieran en el
corazón á la hidra feroz que se persigue. Todos
los soberanos, los gabinetes todos de Europa han
contestado de acuerdo, y ya se indica la ciudad.
de Venecia como el punto dondti han de reunírselos representantes del orden constituido, los comisionados de los gobiernos legalee, los delegados de los pueblos ca.ltos, para concert11r la manera más cómoda, expedita y eficaz de extirpar el anarquismo.

• **
No espera Alemania las decisiones del Congre-so de Venecia para comenzar sus persecu'!iones.
contra el socialismo. En el Imperio hay gérmenes.
bastantes para que la aspiración sana del obrero,.,
mal dirigida, encanzada por rumbos obscurcd y.
extraviada en su curso, pueda degenerar en alteraciones de la paz, en cuarteaduraa del edificio,
social, en desquiciamientos revoluoionarioa, y á.
ello acude el Emperador con mano firme.
.Allí donde los filósofos se pierden en lucubraciones abstrusas, donde los predicadores toman,
los perfiles del apóstol y los poetlls se tr11ntfigu-ran en genios proféticos; allí donde el r.udo fecundo se abre para recibir las semillas de todos.
los ideales y los gérmenes de todas las aspiraciones; alli donde la estructura política tiene a..
loa pueblos sujetos á un régimen férreo y ligado&amp;.
con fuertes ataduras á una constitución militar,.
basada sobre las necesidades de después de l!il! conquistas, y pedida por las exigencias de rivalidades inextintas, allí también las ideas socialistas crecen, se cambian, se tramfiguran en ~coa
revolucionarios; arman alguna vez la maco del
regicida, empujan en ocasiones á l11s turbas ignorantes A manifestaciones tumultuosas, y sólo por·
las condiciones de raza y algunas circunstancias.
de educación, esas fermentaciones de las tinieblas, esas producciones del antro, no llegan á tomar en el alemán los perfiles sombrío&amp; y los rasgos c11racteris.tieos de los anarquistas meridionales.
Pero ha llegado el tiempo de arra--.r esa hierba malsana, de dirigir la tendencia laónr11da y
la aspiración sensata del obrero y del campesino,
alemanes, par la vía del orden legal: i\ eso tieuden las disposiciones tomadas por el Emperador.
Mas esas resoluciones tieneu que acomodarse al
medio y á los intereses ya creados, no pueden.
romper con violencia contra un grupo de la sociedad que ya es respetable por su número. No
ha mucho que uuo de los jef~s principales de esa
organización, que por el voto de sus conciutladatos.
tiene un asiento en el parlament11, y por el consentimiento de sus corup1:1i1eros tieue la jcf11tur,L
del partiuo, ha declarado, que constituiüo y.i. dt

Domingo 16 ti"' OctubrP de 189!:I.

I

socialismo como partido político en .Ale·
manía, es ahora invencible; sus trabajos
hicieron rodar del pináculo de su gran deza al príncipe de Bismarck, Ante su
fuerza, ante su resistenci11, se estrellarán
también las pcrsccusio nes del Emperador. »
No serA 11i1í. Probablemente se e11t11.blecerán medios de conciliación. Acarn
haya conces10nes por ambas partes y el
elementoobreroy el rural, con su repre•
sentar,ión genuina en el parlamento, irán
cumpliendo su progrnma dentro ctel régimen constitucional.

DA:MA.S DISTINGUIDAS

***

j

Mientras se resuelven estos problemas
de alta trascendencia, mientr11s se agitan
las diversas clases sociitles preparándose rA la cruzada antianarquista, allá va
Guillermo de Hohenzollern acompaiiado
de su augusta esposa, allá va, nuevo ca•
ballero del santo Graal, rumbo á los Santos Lugares Avisitar el sepulcro de Cristo. .Allí, cubierto con la arm11dura inmaculada de G.'dofredo de Bouillon ó de
Balduino de Flandes, ostentando sobre
su casco brillante el águila bicípite del
Imperio, visitará los lugares santificados
por las hazanas mediuevAles de sus antepasados, recorrerá la PHlestina en carros triuufales, recibirá pleito homenaje
de gentes y pueblos desconocidos, parificará sus labios en las 11guns del Jordán,
santificará sus armas junto á las igiesias
primitivas, y tal vez, al regresar, se considere como uno de los héroes legendarios, que eu las edades pasadas pelearon
por la Cruz contra las huestes sarracenas.
Muy desviado andaría de la verdad el
que juzgase este viaje del Emperador
como una excursión de recreo, engendrada entre las aficiones románticas que han
producido las lecturas de los mienesinger. Defensor de la fo se presentó En -riq ue de Pra.sia en el Golfo de Petchili, y en defensa de los crii.ianos tomó posesión de la bahía
de Kiao Chao. Ddensor de la fé será Guillermo de
Hohenzolle.rn en las soledades de Siria; y como
alguna vez se ha hablado de poner esos territo·
ríos al 11mparo de la cristianísima Francia, se
adelantará A los acontecimientos, precederá i\ su
rival en el camino de esas conquistas pacíficas,
y t11l vez por ,compens11ciones de apoyos efectivos y morales á la Sublime Puerta, en la cuestión
de Oriente que llfecta á Europa, obtenga el protectorado de los católicos de la Turquía Asiática.
¿Quién podrá oponerse á esos manejos, quién se
atreverá A interpouer el veto A esas aspiraciones
de modo tan poético realizadas? ....

***
No son tan fáciles y llanos los caminos que tienen que recorrer l11s comi:iones internacionales
de p1:1z en las confere11ci11s de París, y las comisiones hispano americanas encargadas de hacer
cesar la soberanía espafiola en las Islas de Cuba
y Pa.erto Rico,
Claros como estaban los términos del protocolo, f1rm11do en Washington, en cuanto se refería á
la cesión de Puerto Rieo y de las islas adyacentes en favor de los americanos y al ab11ndono de
toda soberanía espaf!.ola en la Grande .Antilla, no
han logrado ponerse de acuerdo los comisionados, nl entrar en los detalles y menudencias de
esa cesióu y de ese abandon:.-.
Aparte de las cuestiones de derecho común que
provicneu direct11. éinmediatamente del cambio de
nacionalid11d de los territorios, en cuanto se refiere A las personas y á los hllbitantes, han surgido
cuestiones relativas á los edificios, á los bienes
muebles é inmuebles del Estado, al material de
guerra, fijo y rodante, A la administración particular de cada uno de los territorios desamparados por las guarniciones espallolas, y antes que en
todo esto, han tenido que fijarse en el asunto
transcendental de la cuHntiosa deuda cubana, tratando de fijar las responsabilidades de los unos,
las obligaciones de los otros y los derechos
que á cada cual corresponden.
De un lado ebtA la Unión Americana que todo
lo exijc, que no quiPre hablar de dl·Uda cubana,
alegando que esos comprombos correspond1c:11 á

203

EL MUNDO

que Espa:lia ·se ha decidido á perder para
siempre su imperio colonial, replegando
e n la penfosula todas sus actividades y
c oncentrando en la metrópoli todas sus
energías?
lle aquí, pues, que dos circunstancias
de distinto género nubllln pc,r ahora el
cielo sereno en que deben desarrollarse
las conferencias de París: por un lado, la
deuda de Cuba y las dificult11 des de repatriación de las tropas t-bpañ'ola s con los
anPxos de las propiedades del Estado en
las .A.u tillas; por otra, lA cuestión f ilipina,
que por,e en abierta ¡:rngna los intereses
esp11 iloles y lo que hasta 11quí pa.diéramos }Jamar las aspiraciones americanas.
Puedan la moderación y el tino de los
encargAdos de formular ese tratado de
paz salvar todos los escollos, vencer to·
dos los obstilculos y terminar sus tareas
tranquilamente, sin que presenciemos el
espectáculo, que serfa doloroi:;o, de ver
suspendidas esas conferencias, y por ende, recomenzadas las hostilidades entre
dos pueblos amigos nuestros.

X.X.X.
13 de Octubre de 1898.

El Nnevo Manicomio; Gu:eraJ.
UN GRAN PROYECTO

Señorita Natalia Kerlegand.
(D¡;¡ }JJIIXICO.) ·
Fotografla e e Valleto.

Espaiia y que el abandono de la sob .. ranía no debe traer consigo aparejada la cuestió11 de tan importante responsabilid11d; del otro lado, E~pafla
que todo lo pide, y que al pnder sus colouias,
pretende entregarlas A beneficio de inventario,
con todos los gravámenes y deudas que en nombre de ellas se habían contraido nntes. Perdidos
en estas discusiones los comisionados de ambas
naciones, ven transcurrir d tiempo sin que avance con la rapidez deseada la obra de la evacuación de 1as fnerzae espallolas. :Fa.ta &lt;.le transportes y escasa de medios para adquirirlos, Esp11i1a
no puede acudir á recojer á sus hijos que viven
ahora en el desemparo y aislamiento; y entre tHnto el americano recl11ma y exige que en términos
perentorios queden terminadas las oper .:1ciones
de la evacuación del territorio cedido ó a bandonado.

• **
Las conferencias de París tampoco van desarrollándosetr'lnquilamente. Eco fiel de las dificultades pulsadas en la Habana y en San Juan de Puerto Rico, marchan lentamente, sin que hasta ahon
se sepa que los representantes b11n llegado á algún acuerdo definitivo. Agréga se 1\ estoque, h11 yan
apenas apuntado el problema filipino, ha servido
sólo para dividir los ánimos y provocar protestas
de una y otra parte en aquellas couferencias que
deben ser modelo de calma y de serenidad.
Es quecomo antes hemos dicho, elarcbipiélago
filipino será tl eEcollo ante el cual pueden estrellarse la buena voluntad de los comisionados y
las contradictorias imtrucciones que han recibido de sus respectivos gobiernos. Sean cuales fueren los proyectos que se reserva hasta ahora el
presidente Me Kinley, estamos seguros que en la
expani:;ión coloníul i\ que tienden, deben comprender algo más que la ciudad y la babfo de Manila y Cavite con sus territorios auyacentes. Podrán limitarse sólo á la isla de Luzón; pero si
quisieran extenderse A todo el .Archipiélago, para
constituir una república tagala blljo el prott:ctorado americano, ó para anexarla como acaban
de hacerlo con las islas Hawaii, ¿lograrán con•
vencer é imponer su voluntad á los diplomáticos
cspailoles? ¿No se opondn,n éstos sin descanso, á tales pretcusic,ncs? ¿C~uién puede pensar

El grabado de la siguiente pllgina represe11ta el proyecto formado por S1. Iugei,iero
D. Luis L des la Barra y 11protiado ¡ior la Se•
cn 13rla de Gobernación.
l!:l ternrno ea extenso y costó O( hl'nta y
seis mil pesos. El recinto 1uurado teudra de
frente cu1ttrocie11toe cuarenta y cinco metru
por trescientos de costado. En su .nte1 ior se
levantaran, en primer térm'no y t-u la zona
central, lo~ Pabellones de admioislración de
Flest.s y Biblioteca, de Servicios Genera'les,
_____ Comt'dores, de Maquina:ia y Talleres y el
Anfiteatro y Museo Anatomo-patológico.
Los Pabellones latt1rale&amp; se destinarán á Pensionistas de primera clase, al servicio de Admisión y Observación, Pensionistas de segunda clase, Enfr1 meria
y Asilados gratuitos.
_La linea excéutrica quedara ocupada por las hab:tHciones para los facultativos encargados dti los
diferentes dP-i,art~mentos. el Pabellón para loa degenl'r..dos, el de Baños y el de Agitados.
.Eu la parte po~ terior del Pabellón de Administración Re construirá un amplio y hermoso jardín con
U~ll fuente ..n el cen!ro; en los angulas ~orrespond1tmtes al muro principal, se formaran dos Jardines.
Completan _el_ cuadro apenas bosquejado, los pabe•
lloneR para v1g1lantes, uno en cada qugulo del edificio, raballeriz11S, depóEiLoa de carbón, de combustible. etc.
El número de dementes que contendrá el asilo ea de
632, ó sean: 24 de primera clase. 128 de segunda y 480
dd tercera. Los pabellones qued1trán comunicados por
galnias cublPrtae. Los servicios generales, médicos
y administrativo11, dtberan e tar simados en la parte
central del eti1Cirio para cone.-guir que las comunicaciones sean fAcile_s y rápidas Ya leVllntRdo el plano, ee
convino en invertir.,, orden de loe pabtillonea de pensiouietas de p~lmer1t. clase y de &amp;d~ie!ón; aquellos quedaran mát1 10med111tos á la Adm1metraclón y el de
admisión mis ntirado.
Se observará que todos los pabellones situados á
uno y otro l1tdo de la zona central, tRI como ee destacan en el grabado, son iguales en eu aspecto y aimét:lcos; loa de la d"'recha serao p,ua las mujeres y para loe hombrea los de la izquierda.
Pata loe casos de lnc..,nd10, el establecimiento deber~ tener una buen11 bomba, escalas, mangueras y
extmguldores. El personal do vigilantes y jefes de
tKller deberá estar apto par11 prestar sus servicios en
c1tso dado, para l.i cual sná uecesario darles la instrucción que el uso de los aparatos requiera.
Se ha procurado, además de la aolidt&gt;z y bonito aspecto de la obra. que todo aquello que rodee al deIDt.&gt;nte sea agradable; que cuando se encu&lt;&gt;ntrti perf~ctamente vigila~o,. ee crea, sin embargo, en absoluta
libertad; que la d1sc1pli11a sea un hecho sin hacerse
peno@&amp; por el empleo de medios violentos que nunca
deben usarse; y, en suma, que por medio de distracclone~ y fiestas. 11tinadamente escogidas y por un
trabaJo voluntano y de carácter remunerRtivo se consiga que en la imagioación llena de tinieblas y preocupaciones de loe enagenRdoa. 11enetre un rayo de
luz que alegre y consuele al miserable.
El personal de la Comisión que estudió el proyecto
ee comrone de los señores Doctores Vicente Morales'
Manue Alfaro, S Morales Perelra, Antonio Romer~
é Ignacio Vado é Ingeniero D. Luis L. de la Barra.
Merece aplausos elSuJ&gt;remo Gobierno por e~te gran
proyecto de Manicomio General, y muy: especialmente enviamos nuestras felicitaciones al Señor Secreta.
río de (;obernación, Gene.·al D. Manuel Gonzálc z
&lt;.:o. lo.

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-l, Torre Elffel,

2. T10&lt;adero.
3. Puente de Jena.
ll, Puente de la Concordia.

~~~
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4.

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Puente Provisional.

5, Puente de Alma.
6. Pabe116n Alemán.
7. Puente de los Inválidos,
8. Puente de AleJ 1ndro IU..'1 9 Esplauaja de los InvlLlldcs.
13. Pequeño Palacio del Arte.
14. Entrada Principal.
15. Plaza dt la Concwdla.
lJi. Campos Elíseos.
17. Arco de trluu!o •

12. Gran Palacio del Arte.

•

10. Cámara de Di¡.utados,

-~- ..

-

i--t.ti;:.,

i

�~LMUNDO

006

LOS .DORMILONES.
(Instantáneas para "El Mundo"J
Para el que duerme en una cama PB muy difícil
comprender la vida de esos pobres diablos que se al
bergan de noche en el umbral de alguna iglesia, sin
perjuicio de pasar el día dormitando en !ad bancas de
los paseos.

Do.mlJ)go 16 de Octubre de 1898

Domingo 16 de Octubre de 1898

dan aqui y allá, se viste de deshechos y la no che......¡oh la noche del vagabundo! De canti::Ja
en cantina, embriagándose á
&lt;'0sta de la liberalidad de otros
ebrios, hasta que lo sorprende
la mañana tom11ndo hojas en algún ter.dajón No bien llaman á
primera misa y el sacristán, tam•
baleándose de sutño, abre las
puertu de la iglesia, se cuela de
rondón como ensucasa parador•
mir al1i todo t'l tiempo que se lo
permitan los fieles escaudalizados.

Con la cabeza hecha un cán•
taro de grillos, sale del templo y
en pleno dia, en la banca caldea •
da á los rayos del sol de las on·
ce, sigue durmiendo sin eurarsa de la gente que .pa~a v tropie•
zacc,n sus piés extendidos, ni de
los pilluelos que no pudiendo robarlo se divierte.n á su costa.
............................................ La•lesta.en el Paseo. ............................................
Entre este vicioso cuya inútil existencia debia :tia
No sou t'titot! 1011 uuicos que se duermen en t-1 desrrer la policia, como un desperdicio, y el honrado J0r- empeño de su oficio: el billetero apoya la espalda en
nalero que sale de su casi. al amanecer y se afa!)a la esquina. levanta un pié á la altura del guardacan•
durante seis horas por vencer media tarea,hayun ab1s- tón y dormita, soñando que se le quedó el número
mo El tenacero municipal, emplt,ado en alguna cal- del prPmio gordo y que ha comprado un magnlfico
zada, duerme á las doce: del aia, sobre la bar.ca de colchón de plumas
piedra ó en la espuerta. La
Del suPño como de todo lo que por algún lado que
difert'ncia de actitud acusa la 1!6 mire constituye un placer para el hombre, puede
difnencia de vida y el distinto ·
grlld0 de moralidad: el borra.chio duerm~ sentado, teme•
roso de que la policla lo arroje dela ciudad ó dP que algún
vecino le diga: "ea, amigo,
ocupa UPted dtmasiado sitio:"
el trabajador. por el contrario,
aprove&lt;:ha la hora de Jibntad
que le dPjan y se tiende á
dormir, tranquilo como el que
h,1 ganado el pan que digiere
y PI reposo que dii,fruta.
A dos -r,asns de alli, ePperan•
do la s111ida de los albañiles
de la obra, estA la hija del
peón...... Desde Tepito ha venido con la canasta de la comida y como Stt anticipó mucho, miPntras e~pera á su padr" se ha dormido en la acera.
Pobre chiquilla, no sabe que
al despertar la aguarda un
buen regaño del albañil Mientras dormia, un can hambrien--·······························-····~!.•1:1.e~'?.&lt;!e.1~.~~&lt;!~~~~11,_.. .lf!~_l.f!-.!S:1.~~] .........................•............•
to, dió cuenta con la magra
pitanza del infeliz peón que
¿Quién pára mientes en esos grupos nómadas, tan
pintorescos,-sin dejar de ser repugnautes,-de hom• pasará el día sin más alimento que las hojas de anls
brea sucios y v~letudinarios que cabecean en el ati·io de la madrugada
Los que viven en medio de los ruidos populares son
de la Catedral desde las ocho de la mañana, con el
así. No conocen ese supremo refinamiento del ineomrostro oculto tras de un per:ódico que no leen?
Entre 10s sempit11rnos ocupantes de las bancas de nio, lote del iatelectual para quien ni una cama suala Alameda ó del Zócalo, es dificil adivinar quiénes vísima, 11: el silencio de las altas horas nocturnas son
son lo@ que duermen alli por vicio y los que lo hacen parte á desterrar preocupaciones y provocar el reposo del espíritu, tan caro á los que buscan en vano las
por necesidad y á falta de otro alojamiento.
¿Hay rnalmen~e hombres sin hogar, aún. en el sen• delicias de un momentáneo 110 ser.
Ved A ese cochero que tiene su puesto en el sitio de
tido estrecho que tiene la plllabra cuando se aplica al
miserable cuartucho de un hotel de intimo orden? No la esquina. En las tardes bochornosas df'll verano dor• ............................... &amp;perando al albañil..................................
somos moralistas. y como nuestro papel se limita á lo- mita en el pescante, bajo un sol que le freiria los setografiar tipos ca.llejuos de dormilo.nes, diremos,• - sos si los tuviera, El lado de la sombra es el de la decirse qu1:1 satisface mas, en tanto que im¡,orta una.
con gran asombro de los que viven normalmente, alo· tranvía, y para dar paso á la¡¡ corridas, pasa las ho- transgresión. Sin llegar al caso extremo del centinejados en una ca8a con su correspondiente dormitorio, ras que lo detiene su carga, sudando á chorros, sin la que se duerme en una guardia frente al enemigo,
más amparo •iontra el sol canicular que el sombrero- -heroismo supremo de la pereza,-señalemos con el
- que el número de los noctívagos es infinito .
Este es un trasnochador empecatado que no sabría te que le tapa los ojos. Duerme feliz como si fuera el dedo al Secretario particular que aprovecha las au•
acomodarse con el hábito de dormir dentro de las cua- diputado aquel que pasa tendido en el fondo de su sencial! del Señor Gobernador para abandonarse A la
tro paredes de 1ma pacifica vivienda. Le horroriza el landau de suaves movimientos, ini~iando su plácida
trabajo. desde niño Falió expulsado de su casa y co- eiesta que irá á. continuar en la curul arrullado por
mo nunca ha tenido obligaciones que cumplir, pasa la monótona canción de lo.: secretarios.
los dias Dios sabe donae, se alimenta con lo que le

Entre dos acuerdos.
dulzura de una siestecita furtiva. Erns cinco minutos de descanso valen para él más que PUB nocturnas
calaveradas; cinco minutos nada mb, al cabo de los
cuales volverá á su tarea tan fresco y éampante. Pri•
mero oye la música de elgún mosc11rdón ')ue revolotea sobre su cabeza, y en la estancia vecina. la voz
de su principal ocupado en dar una audiPncia extraordinaria; luego, los sonj,jos se apagan El e~pfr:tu de un hombre que descama p11rece ciego y sordo
á. todo lo A'!':terior; pero no, hay algo en nosotros que
vela mientras aparentamos dormir: el chirrido de un
sillón, una puerta que se abre, unos pasos que van
aprox'mándose, y cuando e11tra el Señor Gobernador,
su Secretario está. erguido, dispuestc á reanudar la
tarea.
Pero no sólo el que está rendido por trabajos fisiC!lB exorbitantes ó por continuas fatigas goza subrep•
t1ciamente del suei10 prohibido en horas de actividad.
Se comprende que los impedidos de dormir en su casa la hagan fuera; pero aquella santa señora . . .... A
las tres de la tarde se encamina á la iglesia, ocupa su
sitio favc.ri~o y impiezan á luchar en su ser inútil y
quebrantado la piedad alada que busca espacios azules á. través de los ventanales de la cúpula y el fatigoso martilleo de la pereza,- esa pereza que momifica
las alma!! en los rincones polvosos y grises donde la
oración se convierte en cadena de rezos mecánicos
y somnolentes.
Para el que en. medio de los campos silenclo11os,
duerme entre arrullos de tórtolas y rumores de follaje, el sueño tiene un sabor de égloga. Dormirá. la
sombra de un árbol; e11e sueño es al descanso reglamentl!-r~o lo que es un fe~tln_phidárico á los banquetes of1c:ales .. . .... con brmd1s á la hora del Champagne.
El que ha pisado las aula11 infantiles e:i tiempos de
~al meta y "Amigo de los niños" recuerda el valor que
tiene para los que saben emprender la vida, la siesta

-

'
'-..
El

sueño del medio dla. (en elátrio].

Donde dejó la carga.

Mientras se vende el de los $10,001.

A la hora de coro.

307

Jl'.L MUNDO

sabrosisima, audazmente consumada contra el dómine re•
gañón y brutal. U n libro de
Jan te p11 ra ocultar el rostro y
á dormir . ... y si por mal .:e
, uestros pecados, el magii ter
descubre la trampa; qu~ importa una hora de calabozo á
cambio de un minuto de sue•
ñol Pero el peligro no está t'n
la vigilancia del maestro; á
cada lado hay un rapaz que
despierta al dormilón. ya colo•
cando un cerillo debajo de los
piés, ya metiéndole e1, las ven·
tanas de la nariz un papelito.
Es más fácil dormir en la
calle que en una escuela. Los
pobres pilluelos sin hogar lo
sab11n y cuando se echan en
el quicio ae una puerta., no en·
vidian al niño mimado de
buena familia que ha intenta•
do inútilmente obsequiarse
con med;a hora de sueño en
En pleno rnl.
la banca del colegio.
·······························----····--···•······················•············ ·•·········..... · ···· ·· ·······
Los que tienen aatisfech~s todas 11us n ecesidades, para vivir en armonia con las leyeij morales hay que
envidian á esos pobres diablos, hombres~ perros, que trabajar y ser útil á los demás.
gustan sibariticamente de un mendrugo o de una no•
El rent'gado de la vid1&lt; social es una excepción que
che de d~scansu á la intemperie.
explican suficientemente la perPza, Pl vicio. el cretiLey dura, le.y terrible rara los que todo lo tienf&gt;n, nismo; pero el perro que abandona á los 11m, s que
no desear nada, digo ma , de11ear sólo tener un deseo, lo miman ea un dt'Pequilibrado incomprensible. ¿Qué
como aquel perso1rnje de los Gouncourt.
se le exige? Nada, fid11lidad y rl'poso.
Yo por mi parte, en mis nochAS in.so_m.nes, ~e C!ln•
Eso es precisamente lo que no quiere: nació aventemplado melancólicamente dePdA m1 t1b1a. hahtac1ón, turero y come con más gubt0 el pan precario del hur•
al perrillo canijo que se formá una aleoba, alll en la
puerta de la casa veci.,a.

-·······································ºlase de escritura........................................He sentido tentaciones de seguir sus pasos, y en
sus inciertas odiseas nocturnas, creo sorprender algo
asi como una vaga aspiración semejante á. las que
agitan el espiritu dé los desheredados que á falta de
otn1 diversión de más eubstancia entretienen sus no•
ches inútiles imaginand:, baladas á la luna, entre las
umbrosas avenidas de los parques.
Misteriosa exi,tencia. la del can vaga hundo ....
Y poética ¿por qué no ha de haber p1,etas en la raza canina?
Algunos conozco yo que como el borrachin que
arrastra sus guiñapos y su depravación en figones de
mala nota. prefieren á los mimos de una Peñorita ro•
mántica la escamocha de los mercados y las incle·
mencias de la vla pública.
Perros calaveras, impenitentes viciosos ó locos tal
vez, poseídos de un ·d elirio de ambulatprio, que los
empuja lejo, de los hogares calientes y áe los afectos
abrigadores
En los hombres me explico el capricho divag&amp;dor;

.............................Por falta de marchantes..................................
to que la abund1rnt1:1 ración dt:méstica. ¿Qué no existen séres asien la especie canina? Alguien que los co•
noce, asegura en grue~oP infolios que no es el hombre el único Eér dotado tan pródigamente de instintos
absurdos.
Consuélense los excépticos de la humanidad. El perro, el animal, elt&gt;gido como término de compar11ción
cuando hablamos de virtudes, tiene tantos vicios como el hombre, y de los peo,es.
-

Donde:se puede......

�•
EL MUNDO

308
LOS FUNERALES

nnm11'1?0 16 ilA Octnhl'A dA 189&amp;

Domtngc 16 de Octubre dA 1 ~

ESTA.CION DEL FERROCARRIL DEL S'(TR EN OA.XA.CA.

309

A.BNEG-A.CION..

DE LA EMPERATRIZ DE AUSTRIA
La mañana del 14 de Septiembre salió de Ginebra
el cadáv.-r de la Emperatriz; colocai:lo el féretro en
una sencilla carroza fúnebre, de la que tiraban cua•
tro caballos, se dirigió el cortejo á la E@tAción de Cornavin en medio de uua multitud aglomerada en las
ac ·ras.
Un grupo de damas ginebrinas dirigió al E!l)perador Francisco JMé una carta en la que laR Hgnatarias le manife~ta ban sus sentimientos de reprobación
por.,¡ crimen y deploraban la afrenta hecha á la ciudad de Ginebra al elegirla como teatro de un acto
tan infame. Adjuntaban á la c11rta una corona destínadit al catafalco de la Emperatriz.
El trt'n fúnebre, compueEto utl seis vagones, atr~VPSÓ el territorio suizo en toda EU long1t:id. de~dt1 Ginebra hasta Busch11. pasando por Lauzanne, Friburgo, B.irna, Olten, Aarau y Zurich
El dla 15 á las d,ez de la noche llegó á ViC'na el cuerpo de la Emperatriz: la estación del O1:1ste e,;taba empavesadit de negro.
El clero del palacio recibió el cadáver. El féretro
que lo contenía fué colocado en 11n carro tirado por
seis caballos negros, conducld&lt;'R por un cochero y
~- tres lacayos de librea y llevan.do. por ef coita un piquete d11 infantería, un escuadron ae caballeria y un
destacamento de guardias palatinos Un grupo de lacayos á. cabHllo prl'cedian el convoy, lle".ª~.do lint~rnad enc,.ndidas En el trayecto la guarmcion de Viena formó valla pre~entando laR armas.
El cort .. jo fué recibido en la Hofburg por el cura de
la parroquia y sus vicarioa, y en Peguida acompañaron al féretro á. la iglesia de palacio ocho pajes con
cirios. doce guardias austriacos y húngaros y diez y
sds dragones á. pié Seguian el gran Maestre de la
Vista del andén.
Corte, el gran Maestre y la Gran Uama del palacio de
la Emperafriz, dos do sus damas de honor y dos chamseg-uido por el Emperaáor únicament11, de~cendió á la lugares remotos. Tenia 24 años en 1887 y era subtebelanes.
.
Dt1positado el ataud sobre un catafalco, el Gran &lt;"ripta, entrega.ndose las llaves al Padre Abad de los ~~~
Destinado al Sudán como miembro de una coloma
Maestre de la Corte de la ·J:mperat1iz 1&gt;ntregó IAB lla- Caouchinos.
Entró entonces el Emperador á. la iglesia de donde expedicionaria combatió y fué nombrado Caballero
ves que guardan el cadáver al gran Mae~tre de la
CJorte; procédese á. la bt&gt;ndicíón cuyas oraciones pro• salió á. poco para volver á la Hofburg, acompañado de la Legión d~ Honor. á los veintiseis años, por una
nuncia el clero y de.,pués dt1 cerrar la iglesia se reti- por el Emperado:· Guillermo. La cerem,,nia habla acción extraordinaria: á la cabeza de su compañia,
concluido y todavia durante una hora llenó las calles tomó un fuerte guaruecido por mlllare~ de nPgros¡
ra todo el mundo.
A las diez de la mañ ma del dia siguiente los habi- un verdadero torbelliuo de umformes .multicolores: en medio de la refriega recibió una herida en la catantes de Viena se dirigen en masa á. las calles por oficiales extranjeros, generales húugaros, magnates, beza, pero no abandonó el campo sino hasta que tomó el punto.
.
lad quP debe pasar el cortejo. El Ring tiene un aspec- eclesiásticos con sotanas violetas .....
Después hizo viajes de exploración en el Niger.
to particular é imponente: los mástile~ elevados hace
Con el grado de Teniente y bajo las órdenes del \'.Jo•
algunos días en señal do alegria, psra celebrar las
ronel Archü,ard hizo la célebre campaña contra Ahmafieet11s del jubileo, están cubiertoij de crespone11 y de
EL 00 llA.YDA.YTE MA.RCHA.ND
don en la que fué gravemente herido. Peleó despu_és
cada uno do ellos cuelga una bandera negra.
contra las tropas de Samory, hizo nuevas explorac10Vida y aventur.ts de un explo.·ador afrlcáao.
El carro fúnebre es magnifico, rematado por una
nes _y á fines de 1892 volvió á. Francia con el ¡nado
coron imperial á la que rodea una galeria formada
de Capitán. A los s~is meses, el C»pitá.n Marchand
de águilas de cuyos picos penden pasamanerias neCuando Marchand tenia diez y ocho años, era un fué
encargado de una expedición Lontra los Estados
gras. A ambos lados del carro camh1an los guardias jovenzuelo f1aco, de miradas dulces, que no se asodel palacio, de gran uniforme: detrás, los arrogantes ciaba á los placeres ruidosl s de sus camaradas. No de Thiesalé, los conquistó en algunas Btmanas, desguardias alemaues y húngaros y los i1úsares ro;os.
era expansivo; lela mucho, siempre estaba leyendo. pués de dos combates sangrientos, diez escaramuzas
toma por asalto de la capital
A las once el co1·tejo tr..sponia la puerta exteriorde
Sus padres quedan hacerlo notario ... . Así es que y la
Nuevos vi11jeR de Pxrloración y segundo regreso á
la H•,fburg y algunoij minuto, después, el cadáver de de acuerdo con la V('iunhd p11terna, al terminar sus
Isabel Emperatríz de Austria, deecan&amp;aba en la capi- estudios entró el joven Marchand á la oficina de un ln patria en 1895 Ese año fué premiado con tli nombramiento de Oficial de la Legión de Honor.
lla del palacio.
notario y se dedicó á copiar escrituras.
J)urante el día 16 todo Viena deefiló ante el catafalSin embargP., el joven tiscribano soñaba . . .... No lo
co de la Emperatriz; el 17, dia sefülado para lacere• 1,alentaba el fuego sacro que inspira á los depositamonia fúuebre, uua multitud inmensa invadía desde rios de la fé pública. Apenas se vela libre de sus ta•
que amaueció, las calles que debla atravesar el cor- reas, se iba con un libro en la mano á vagar por las
LA NUEVA ESTACION DEL FERROCARRIL
tejo.
llanuras de Bresse.
EN OAXA.CA.
El Emperador Guillermo llegó á. la una de la tarde
*
y fué rncibido en la estación por Francisco José. Co* * decía Marchand á sus
-Quisien ir á las colonias,
locó dos coronas magnificas sobre el ataud, una en su
Por lo que puede juzgarse de la apariencia de los
compañs"os
de
Jo
que
el
llamaba:
"presid10 notarial." grabados y teniendo en cuenta los datos que se Rir•
nombre y otra por la Emperatriz de Alemania
E::a
el
tiempo
en
que
los
periódicos
y
las
revistas
A lae cuatro menos cinco minutes, las campanas de
vió sumini~trarnos el Sr Walter Moscow, Gerente Gela parroquia de la corte iniciaron el doble y todas referían las proeza~ iifricanas del marino Brazza.
neral ere! Ferrrocarril Mexicano del Sur, el aspecto de
Marchand
con
la
obsesió,1
que
haoe
á
10s
locos
y
á
las demás de la capit11l dti Austria contest11ron. En
la nueva estación de Oaxaca es agradable, y la cons·
los
heroes
quería
conocer
el
continente
negro:
no
pullledio del más profundo silencio y de la emoción getrucción del edificio difiere de los de su especie, tanto
nnal avanzó el fúnebre convoy¡ todos se descubrlan do rPsistir, 1 antes de la época de la conscripción, se por los materiales utilizados, como por la distribución
afütó en la mfant11ria de marina.
piadoeamente
que se ha dado á las oficinas.
Eotonces comenzaron los largos años de trabajo
La cnomonia de la Iglesia de los Capuchinos duró
Uno de nuestros grabados representa el anden de
cearenta minutos y terminada la bendición, el ataud obscuro y apasionado, de lravesias, de residencia en pasajeros paralelamente al cual se halla la via por
donde deben entrar los coches del ferrocarril.
Toda la extensión de ese anden está cubierta por
ESTA.CION DEL FERROCARRIL DEL SlJR EN OA.XA.CA..
un techo de fierro y tejas rojizas, que viene siendo una prolongación del techo genc;ral que descansa
¡¡obre los muros que limitan el salón de espera y ven•
ta de boletos. A la izquierda del expresado salón. se
levanta una torrecilla de dos pisos, de sencillo aspee
to, situada frente al cerro del Fortín que se destaca
en el centro del Marquesado
Tres grandeR puertas dan acceso al salón y una se•
rie de ventanillas angostas dejan penetrar la luz. Al
frente del andén se ven tres plataformas colocadas su·
bre la via principal, cercana á la de escape que está.
sobre la derecha
El otro grabado representa el ml~mo edifi,iio por el
lado que da al camino real; en el centro queda la puerta de entrada principal para el público, á. la derecha
la torrecilla y á la izquierda las tres ventanillas correspondientes á las que en el costado opue11to hay en
el mismo muro. Obsérvase que la puerta principal está formada por uu pórtico saliente de recios J'YlUr.:&gt;B
rematados por un cob.,rtizo de fierro y tejado rojo.
Todo el edificio está hecho con canteras verde-claro y sus cornizas, marcos y adornos, son de piedra
rosada, preciosa combinación de colores que produce
un hermoso efecto desde lejos. Dirigió la construcción el Ingeniero de la Compañia F1:1rrocarrilera, Sr.
T. A. Coroy, según los planos del Sr. C. S. Hall
La nueva estación se levanta á un lado de la anti·
gua. en terrenos del Marquesado y cercana á la vla
de los ferrocarriles urbanos de la ciudad de Oaxaca.
Al p· esente se halla casi concluida la obra materi11I, faltsindo solamente los detalles poco importantt'o
del exterior y la colocación del 11encillo y elegante
mobiliario en el interior de las oficinas dt&gt; Express,
Pasajes, Equipaje y Salón de e11pera.
La bodt&gt;ga ó estación de car~a quedará á un lado
Vista del lado del camino real.
de la de pasajeros qu~ acabamos de describir.

EL MUNDO

Al cumplir diez y seis años Eugenia Martln salió
•de su aldea de Bretaña para trasladarse á Pari~ á. una
casa donde una hermana de eu padre, la vieja Maria,
eEtaba sirviendo desde hacia mb de doce años.
Obligada por su edad al descanso, deseaba que su
.sobrina le sucediera en el puesto que había venido
•d~sempeñando, y para conseguirlo había hecho de
ella á la Señora Heurtaut, su ama. las más calurosas
recomendaciones aunque casi no la conocía

¡
r

Tan p-onto como Eugenia recibió la carta en que
su tia la llamaba, se emba1 có dócilmente y con el co•
-razón conmovido, llevando todo su eq 11ipaje en un
,cesto del que no se quiso desprender en todo el camino, y mientras duró el viaje le parecia est11r soñando
y le zumbaban en la cabeza torbellinos de ideas com]&gt;llcadas con el ruido del ferrocarril.
Algo como un estupor indefinido se pintaba en sus
-ojos grises, ll11nos todavía con los recuerdos d11 cuanto acababa de dej11r, y vibraban aún en sus oídos las
campanas de la aldea que tocaban el Angelus en los
momentos en que po: la última vez pasó frente á. la
parroquia.
La última cara amiga de que conservaba memoria,
·era la del chiquillo que le trajo en su carreta hasta la
estación y le dijo al despedir11e:
-¡Despabilate, Eugenia,y procura hacer fortuna en
itu Par1s!
Ahora en torno suyo no babia mAs que gentes desconocidas y se Eentia muy sola e:1 medio de tantas ¡?entes. Derrepente oyó decir: "Paris" y descendió desva•
necida entre la multitud atareada, que la empujaba
de aqui para allá sin cuidarse de ella en lo más mínimo.
Al fin oyó que lallamaban por su nombre yvió venir
á una viejecita amarilla y seca, rt-luciente como un
objeto nuevo que le dió repetidos besos en ambas mejillas; y entonces muda y conmovida, se dejó ~onducir
á un t?."a.nvla que lleno de viajeros, estaba á punto de
partir.
Por el camino, su tia le hablaba mucho, pero atur•
dlda por "ll ruido de las calles, ella no oyó más que
"la Señora. la estaba esperando" y por ePto sentía un
secreto temor de n.; ser del agrado de "la SPñora."
Su angustia se acentuó al penetrar en la Isla de S.
Luis tan tranquila por las tardes. Ni un carruaje re•
-corría la extAnsa calle alargada por la perspectiva del
'l'io y de los puentes; grupos de chiquillos jugaban en
las aceras ó se persegutan gritando, y el ca111panario
&lt;le la iglesia alzaba su flecha dorada entre la bruma
sonrosada del crepúsculo.

Al dar vuelta á una esquina, la tia dijo:
-Esta es nuestra casa, ya verás qué tranquila.
La casa era antigua; de aspecto solemne y f,io como
convento de provincia. En cada piso, cortinas blancas
cubrían con el mismo cuidado !ad dobles vidrieras de
las altas ventanas, evitando que la curio,idad exte•
rior penetrara á. los departame,,tos, y se vela al lado
de las rejas de hierro forjado, figuras esculpidas en
los marcos de piedra, tristes, grises y melancólic, s.

Con emoción religiosa temblaba Eugenia, cuando en pos de.
su tia subió por la an•
cha escal0l'a, y el pen!'amiento e11tonces de
la "aeñora," lAatravesó
como un puñal el corazón.
Precedida por Maria. entró á un departamento del segundo
piso y llegó por fin al
gran aposento en donde la señora Heurnut
la aguardaba sentada
en un sillón. Era esta
una mujer de cincuenta años, alta y descarnada con ojos incoloros y boc11, desdeñosa,
que vestfa traje muy
amplio y se cubría con
una toca de punto de
Chantilly.
Cerró el libro q 110
habia estado leyendo
y se puso á. observar
á. Eugenia. La cofia
blanca bretona ds la
joven, le pareció de
un efecto deplorable
y dijo con voz doliente:
-¡Qué tocado tan
feol Pero usted trar11ce
dulce, hija mia,y aqui
será necesario serlo y
sobre todo no hacer
ruido nunca porque yo
sufro mucho de los

nervios. Será usted obediente ¿no es asii' Maria estará aqut unos ocho dlas todavía para poner á. usted al
corrier.te del servicio.
Como la voz con que fué dicho esto no era re-puhrlva, Eugenia se tranq~ilizó y aún se at:-evió á dirigir
los ojos A. 11u ama y vio quP ésta al hablar, mostraba
unos dientes muy largos y muy amarillos.
La tía la condujo ~ la cocina, que le pareció J?equ~ñisima en comparación de las de la aldea El a1.re.humedo del patio entraba por la ventana y un ultimo
rayo del sol llameaba sobre el cobre d~ las cac1rol11s.
-Aquí, hijita, si eres razonable, vas á. ser fehz, yo
te lo digo. La señora es buena pero muy cuidadosa
de sus intereses, el señor no se mete en naaa, y con
tal de que la comida esté lista á. su hora. ya no pide
más. Puedes hacer honradamente aqui tus pequeñas
economías para el dote cuando te quieras casar. El
señor y la señora tienen bienes y nada más que un
hijo, el señorito León, muy simpático y muy afectuoso,
que me quiere porque lo conocí desde pequeñito. Ahoro t:ene sus quince años, está en el Liceo v vieneaqui
cada. quince dfaij, Cuando salga pasará á San Ciro á
terminar sus estudios.
En ocho días Eugenia se puso al corriente del servicio y Maria sefué. La aldeana se acostumbraba pronto á poco á esta nueva vida y la atmósfera de la calle
se hacia mAs soportable para 11u pecho. Gran trabajo
cc.stó h:icerle abandouar la cofia bretona que desagradaba á ~u ama, y la primera vez que se vió sin ella, se
ruborizó como si estuviera desnuda. Con el tiempo
acabó por acostumbrarse también.
E l PPgundo domingo que siguió á su entrada en la
casa, hacia las diez de lamañana,el repiqueteo prolon~ado de la campanilla eléctrica, alborotó toda la casa.
Edpantada por este escándalo, Eugenia corrió á la
puerta y se quedó inmóvil ante un colegial que la veía
con ojos asombrados.
-¿Y mamA? le pre~untó.
Y pasó junto á ella como un huracán, despertando
todos los t&lt;cos dormidos en las paredes y sacudiendo
ruidosameate todas las puertas en el arranque de su
alegría
DeRde la cocina, Eugenia ola su voz que vibraba
con armonías de campana y ri~a de cascabeles. Cuando puso la mesa y ya reunida toda la familia, oyó que
la señora Heurtaut impotent11t ante este desbordamiento de juventua, decia con acento quejumbroso:
-Este muchacho no me tiene compasión. Ay! mis
pobres Lervios!
F.I señor Heurtaut escuchaba á su hijo sonriendo, y
habiendo éste preguntado quién era la que estaba
sirviendo la mesa, le contestó:
-Es !'obrina de nuestra vieja Mariti.
Eugenia !'intió que el joven la examinaba con ojos
audaces y perdió la cabeza. Un rubor súbito le tiñó
hasta la frente; en su turbación dejó caer las cucharas que llevaba en la mano y salió precipitadamente
llena de angustia y desesperación como si le hubiera
ocurrido una desgracia muy grande.
Desde e11e instante ya. no se atrevió á ver á. León
sino á. hurtadilla~. pues se sentía incapaz de soportar
s:n emoción la claridad de aquellos ojazos pol!ados

�310

sobre los suyos. Pero algo de esta luz, un rayo ténue
le babia penetrado incendiándole para siempre el co•
razón y ile consagró á admirar y á amar á su joven
amo con una especie de ardor devoto, subyugada por
su desenvoltura y su el~gancia de pollo presuntuoso
y considerándolo como de una materia superior á la
suya. Jt:ra la primera vez que veía á un muchacho de
tan arrogante figura, de ojos burlesco~, manos blan•
cas y tez cuidad11, y hasta el más leve gesto que hacia,
le quedaba á ella como un recuerdo imborrable.
Pensaba en Leóu á toda hora. inocentemente, con
fervor, en un misterio profundo que nunca debla ser
penetrado, y este germen de amor, B" desarrolló en su
humilde pureza. de flor silvestre nacida á. la sombra y
que ninguna mariposa debla libar.
Corrió el tiempo. Pasados cuatro años, León salió
del Liceo,entróá SanCiro y se convirtió en un militar
desarrollado que llevaba el uniforme con gallardla.
SPguia viniendo los domine:0&lt;1, pero sus visitas eran
más cort..s cada vez y Eugenia se entristecía de ver•
lo serio y melancólico, pues recordaba los arrebatos·
de alPgrla que antes le eran comunes y sus carcajadas que llenaban la casa de alegria. mientras que
ahora tenia un modo de em;tir la voz que revelaba
lasitud y fastidio.
Siempre cuidadoso de su persona, seguía fascinan•
do á. la criada que con precaucióu religiooa, procura•
ba apartarse de él, lo que á León nada le importaba,
pues tenia para ella no más que la con~ideración indulgente que inspiran los obJetos usudes de la casa.
Al llegar ó al irse decía con indiferencia: "Buenos
días, Eugenia, ó adios Eugenia" sin pensar que estas
palabras calan como maná de amor en un corazón ardiente y lo exaltaban didponiéndolo á todas las abnegaciones y á to&lt;1os lo@ sacrificios
Cuando por las uoches cooversal-an los amos, estando de sobremesa, Eugenia ola á la se:í.ora lame:itarse
con voz quejumbrosa de las faltas de León, de sus
deslices con ciertas cría turas del barrio latino y ele
sus orglas en los restaurants nocturnos.
-Vamos, Clarisa, le decla el señor Heurtaut, tú
exageras; todo lo tomas por el ladotrágico ...... Es preci~o ger tolerante ... Este mozuelo tiene veinte años ...
ya asentará la cabeza
Y Eugenia, á. quien la voz incisiva de "la señora"
le desgarraba el alma, se sentia bruscamente reanimada y la tranquilidad renacía en alla al oír el tono
bonachón y conciliador del anciano que, en su opi•
nióo, era un gran hombre. Además. en el fondo de su
alma obscura, admiraba ella demasiado á León, para
que pudieran parecerle viturableR sus acciones. cualesquiera que fuesen, y para no creer ,:¡_ue todo le estu viera permitido.
Por las noches, bajo el techo de su cuartucho, se
entregaba libremente á pensar en León con ingéoua
ternura, dt&gt;Sbhogaba sin reserva su corazón y dejaba
que se debbordara su peligroso secreto en tanto que
la noche arrullaba la c~sa con su a tercio pelarlo silendn P:uu•llnrlOPA por el roducitlo camarín, E11gAni:l
re[J¡,xio11 b1 cnmu una, b;rca la ú u11 ,1 ila,a )!,1chas

EL MUNDO

v.eces lmag;n11ba que él, la estaba escuchando y como no
tenla sér alguno á. quién con•
fiarle las alegrlas 6 las amarguras de su vida, poniase á
contarle en dulce conversa·
ción interior, toda clase de
pequeñeces; le hablaba de su
palis en el que pensaba sin
CP.sar; de sus pa.:!res á quienes
tac. poco ha bia conocido; de •
las miserias de sn infancia y
de las mil espinas de su existencia diaria. Cuando sufriaalgún grave diPgusto, le suplicaba, Imploraba su gracia cayendo á sus pi.is como la esclava cae á los de su señor ó el
crAvente á. los de su Dios.
Sobre una repisa engalal'lada con un encaje de papel y
dos ramas benditas de boj, Eu
genia habla puesto una imagen de yeso de la Santa Virgen,
y encima, fija con dos clavos,
una vieja y amarllleuta fotografla que representaba un
grupo de cnlegia!As de pié en
· un jardln. Eutre elloR se veia
á Lt'ón. de quince años, uni .
formando tal como ella lo vió
por vez primera Encontró este
retrato caído detrás de algún
mueble que removió para limpiarlo, y entonces lo recogió
como un tesoro: único latrocinio que ella se permitió cometer en aquella casa y qut, la
ful'rza. desuamor excusaba.
Todas las noches, al meter•
se ea su frío y duro camastro,
á la luz vacilante y débil de la
lamparilla que humeaba y l'Dvenenaba. el aire con su hedor á. petróleo, contemplaba
largo rato con piadoso recogiimie .to, más el retrato que la
imagen y luego se dormla lloran&lt;10 y rogando á la Virgen
por el joven para que le protegiese.
Gran dicha fué para ella
la propuesta de M. Heuraut,
quien para entretener sus
ocios, ofrecióle enseñarla á
leer. Mucho tiempo hacia que
ella so avergonzaba de su ignorancia y el pensar que instrnvé11dM11 podía agn,dar á
L"ÓII la hi;r,I) v,•ncrr ~in prna

D omingo 16 de Octubre de 189l:s.

Domingo 16 de Octubrede 1898.
las dificultades de las primeras lecciones. Pronto fué
para ella una ·costumbre levantarJos manteles y asear
su vajilla apresuradamente después de la comida, para irstl á sentar de lado "del Señor" y ponerse empei1osamente descifrar las palabraP que Heurtaut le
señalaba con la punta de la uña perfectamente pulida.
y recortada. M entras, "la Senor11 11 inmóvil y tiesa en
su sillón escuchab!l. un poco y lul'go se adormecla
arrulladi por el lento murmurio de las voces. ~plieó•
se con ardor á. la· escritura y pronto pudo enviar con
sencilla vanidad que no ocultaba, cartas pasablemente es •ritas pa• a maese Nigoullet, para la tia Maria,
para un tlo •iue habitaba del lado de Treguler y para.
l'I Señor Cura que le habla dado allá su primera comunión.
.
•
Suij amos estaban contenti. irnos con e 11a, aprecia•
ban su buPDa v ,Juntad para servirlos y hasta la.
st&gt;ñora. ll0 obttante_ su poca locuacidad, se extendla á decir:
- Es una buPnP. muchacha, económica, prudente y
naturalmente adicta.
Era justo porque EugPnia cu.idaba de sus intereses
como si fueran propios, dt-fend1éndolos contra las rapiña&amp; de los proveedores áfin de que aumentaran los
ahorros que al cabo hablan de ser para Leóo.
Sucedla frecu11oteme11te que la anciana stñora se
fastidiaba de estar sola y entonces la llamaba para
que con su lab&lt; r de costura, fuese á hacerle compañía cc.nversando entre tanto dulce y confiadamente
en ia ~erena paz de la casita.
La Heurtaut, llevada por su enfermedad de espi•
ritu á atormenta'r se innecesariamente á propósito de
todo, la decía:
.
-Hija mla, ei nsted quisiera separarse de nosotros,
1\reo que tendría yo gran trab11jo,Para poder reemplazarla.
Y seguidamente ponlase á bac!'rle á. EugPnia insidiosas pregutas que ésta ernuchaba sorprendida, pa•
ra saber si por casualidarl no pens11 ba todavía en casarse ó si algún obrero dti la vecindad le hacia la.
corte.
Eugenia. bastante confusa le aseguraba que ni una.
ni otra cosa sucedían, y que ella no quería separarse
por nada: y no osaba co1Jfia11e que eJ lechero lamolestaba bastante con su manera de verla, guiñando
los ojo~ y de hablarla aproxim~ndose demasiado, co•
sas en que p6rsistia desde bacía algún tiemp.&gt;.
.l!:ra este lechero un mocetón Fólido y de aires vigo•
rosos, de abiPrta y jovial fisonom1a, siempre sonríen•
te, á quien ella encontraba cada vez que iba á buscar
la leche á. la hora de la ordeña.
Para ella era un gran placer ir al establo donde
todos aquellos olores propios del Fitio le despertaban
recuerdos de su país; gustábale aspirar aquellas rúst:cas y desapacibles emanaciones y acariciará. las vacas que volvlan hacia ella sus grandes ojos asombrados y le lamían las manos con su ltrngua áspera y húmeda.
Detrás de ella llegaba el mocetón Guillermo, con
la blusa azul entreabierta, dejando ver un pecho be-

•

1

liudo y dos brazos musculosos que aallan de las mangas arremangadas y llevando un escabel bajito y un
gran bocal de hoja de lata que hacia sonar estrepitosamente. Con su voz gruesa y alegre saludábala con
un: "He aquí á la gri8; he aqui á. la Normanua!"
Empujada por el mocetón. levantábase la vaca lentan1ente du su cama de ~rosera paja y presentaba sus
tetas henchidas. Eugema se aprox11naba con su jarra
para coirer la leche más caliente y acord•ndose delas
costumbres de su niñez. seguta con cuidado la maolobr&amp; hábil y ligera del ord~ñador, mientras la leche
cala rápidamente, salpicando de gotitas blancas las
paredes del bocal y lleoá.odolo de fma espuma nevada.
Animado por su atención, Guillermo se habituó á
darle conversación y de ella resultó que él nabla vivido largo tiempo "º Bretaña dnnde aún tenia parientes. Eugenia se familiarizó mb cc.n esta circunstancia y al fin ambos hablaron de su pais. de sus fami•
!ias y ae las cosechas, según se presentaban.
Guillermo decla frecuentemente:
-¡Oh. yo quiero volverá nuestra tierra; volve1é un
día ú otro .... alquilaré una queBtirla y &amp;eré el duefio
en mi casa.
Y entonces veía á la joven con una sonrisa entre
maliciosa y tierna que parecla traicionar misteriosos
propósitos.
Ella sus?iraba i;in responder, con un aire resignado,
en tanto que su pensamiento enternecido se iba allá
al lejano rincón donde creció y donde tuvo sus primeros ensueños, en la campiña semi-salvaje
barrida por el lejano soplo de la mar.
Esta camaradería se estrechaba cada
d!amásyGuillermo se animaba, sus njos
brilla':&gt;an cuando veia las mPjillas frescas
y sonrosadas de Eugenia. su alto seno y RU
talle esbeito y bien r, doodeado. Entonces
le hablaba con más intimidad, contábale
sonriendo cuentecillos y declale bromas
que la desconcertaban á. veces , pero est!)
era una manera con que él quería man1•
festarle que la encontraba agradable, que
la deseaba y que era su amigo sincero.
Un dia que ella estaba de pié tras de
él en espera de que ordeñara una gorda
vaca blanca que masticaba perezMamen •
te un rP.sOO de su heno fre~co y oloroRO, él
se volvió bruscamente con resulucióo y
atacó la cuestión un poco conmovido:
-Pues bien. el tiempo se me hace muy
pesado . .. ¿Sabe uoted, Eugenia .........?
me marcho á la tierra ........... .
Unicame~te que ... : .. es necesario que
meacompane una muJer .... una muchacha honrada que me quiera ...... tengo
alg,unas economías .... yo tr~bajaré mu•
cho y .. . , .. podríamos ser felices ........ .
¿Verdad1 ....... .
El se calló, asustado por lo que había
dicho y esperó con las manos tembloroeas y ordeñando aprisa, aprisa ..... .
Eugenia no contestaba nada, instinti•
vamente inquieta, pero sin comprender
lo que él babia querid'&gt; dl'cirle.
Por fin él ee resolvió á preguntar tar•
tamudeando:
-En fin ...... ¿esto es hecho? ........ , .
he aqui mi mano .. . .. .
Eugenia consternada, aturdida por la
sorpresa y conmovida por la sioceridaJ
del afecto que revelaba la voz do! pobre
mocetón, se puso á. balbutir excusas:
-Usted es muy honrado, y yo agra•
dezco ........ pero, ...... pero ...... ,. no
puedo, no puPdol
El insistió sorprendido y descontento:
-Pero, ¿por qué?
Las ideas se confnndian en la mente de
Eugenia y no sabia que responder, por•
que tampoco quería e tenderlo, al contra•
río, le apenaba el pesar que iba á causar•
le. Por fin, encontró una frase:
-Es por la señora ......por ella solamente ...... me apena dejarla ..... .
Y buscaba una salida, sus ojos espanta•
dos giraban y velan á lo lejos la calle; de
pronto tomó su partido, dejó á. Guillermo
asombrado y partió lanzándose casi á la carrera sin
volver los OJOS,
El dla siguiente, fué domingo, y Eugenia, a-1 re•
gresar del temple, encontró á la señoraHeurtaut con
semblante grave y contrariado.
-Hija mía, sea usted franca, le dijo la vieja dama;
acaba de verme un joven que desea casarse con usted y quiere saber si usted consiente. Yo no tengo
nada que objetar; usted es U ,re
¿Quiére usted dejarnosl .l!:n fin, cuáles son sus intenciones?
Eugenia l'scoodió la cara entre sus manos y una
tempest~&lt;1 de sollozos se escapó de su pecho; entre
sus gemidos murmuraba: 1Diós mio, oh! IJ.os mlol como si la m~vor dePgracia la hubiese herido.
La señora, cuyos nervios se crispaban con aquel
llanto, preguntó impacientada:
-Por fin ¿quiere Udted casarse ó no?
Eugenia sacudió eoérgicam1&gt;nte la cabeza, con desesperada nt'gación. y la señora. tranquilizada, la despidió con una fria caricia, quedando singularmente
fastidiad .. y sorprendida de aquella rrlsis.
Eugenia, una vez en su cuarto, lloró sin consuelo
durante aquella noche y abrió su corazón ante el retrato y la Virgen, confiándoles su inmenso amor con
frasus cortadas é incoheren~eP.
-¡Dios mio, cuánte lo adoro!. ... jamás podría vivir
al l"do de otro ......... me siento suya para siempre,
aunque él no me quiera, le pertenezco como un perro ftel.., .sin esperar nada y siempre lo amaré!. ...
No rit1seo más que verlo dichoso .... no sentiré odio
Pi e•• 4ue ama otr:t, al cnntr1trio. la querré y la qut'rré
bien puesto que él la quiere .. ,.

EL MUNDO
En la siguiente primavera la señora cuyo estado
nervioso no mejoraba, hizo á su hijo tales escenas,
que éste desertó de la casa durante un mes; pero ta·
les serian las plegarias de Eugenia, que León reapa•
reció con una sonrisa menos obligada que a u tes
Las relaciones de hijo y madre continuaron dificlles, y sus entrevistas tlran penosas La auciaoa, implacable y fria, sentía hervir las amarguras de madre despojada y vislumbraba tras de su hijo á la otra
á. esa que arranca á !os hijos del regazo materno.
Pero la benevo-1.en-eia tran-quila de H111utaut que
fingía no penetrarse del hielo de la atmó~fera ayudaba á. que 1,e mantuviera la situación
Hubo una tregua cuando al salir de San Ciro con
sus galones de Subtenitmte. vino León á anunciar
que iba de guarnición al Mediodía, La tarde que partió oyó Eugenia que la Sllñora dijo sus¡.,irando, a su
marido.
- Y á pesar de todo i;e la lleva.
El anciano hizo un gesto como diciendo. "¿Y qué
quieres? Nada podemod hacer para evitarlo
Eugenia, sangrándole el corazón pensaba en esa
mujer que iba con él á partir su ,ida, á vivirá la
luz de sus ojos. ¡Hacia bien! ¿Quién podía abandonarlo?
Pero desde entonces 11lgo negro la envolvió y em•
pezó á entristecerse de tal modo que tenla siempre el
aspecto embohado de las gtlntes que tienen su cere
bro vacío.

En tres año e León no apareció má~ que dos veces por
la casa y cuando Eugenia lo volvió á ver palpitó con
emoción celeste Durante los primeros dlas vivió lapobre en una atmósfera quimérica. flotando con el vértigo de la felicidad y ni siquiera '1ormla por las noches
para tener más tiempo de pensar en él.
Tanta amargura habla derramado en sus lágrimas,
tanto habla imrlorado al dispensador de todos los
bienes, que su misericordia descendía al fiu sobre ella
y la dicha llegaba de improviso y en in&lt;)sperada forma.
Leon habla vuelto á vivir á. su casa. A las nueve le
llevaba el de3ayuno, y los objetos de que para ello se
servia le parecian como sagrados. La vista de la taza
en que él posaba sus labios para beber la penetraba
de una emoción dulce y la conservaba sintiendo esa
emoción todo el dla.
Cuanto podía retardaba, para contemplará Leon
furtivameute, las pequeñás labores de arreglar su
cual"to, abrir la ventana y prepararle el agua para sus
abluciones, pero le causaba siempre admiración la
perpetua melancolia de las miradas de su amado No
es feliz, se decía, y rogaba á la Virgen todas las noches y todas las mañanas que lo bendijera yse digna•
ra enviarle todas las venturas del mundo
Eugenia acabó por Pospechar que esas tristezas le
veBian del empeño que tenia la señora en casarlo
con una mujer del agrado de ella, pues la lucha entre madreé hijo continuaba sorda con gran dolor
para el señor Heurtaut á quien su mujer exhortaba
para que interpusiera en el caso su autoridad paterna.
Uoa mañana, en los momentos en que Eugenia iba

31l
á salir Jel aposento de León despuéa de servirle el
desayuno, éste 1a detuvo con una frase:
-Prepáreme usted la mll.leta, Eugenia, porque roa•
ñana me voy.
Ella no articuló una palabra, pero se quedó petrificada, mirando A Lt-ón como un condenado á muerte
ve al verdugo qm, le va á cortar la cabeza,
León la examinaha maquinalmente y de pronto
pensó ante esta dócil, impt1netra ble y dulce figura de
criada, en lo monótona qu" sPria aquella existencia
humilde qRe tenla, sin embargo, dfilech-0 á un r-ayo
de felicidad.
Otras eran amadas, deseadas, solicitadas, en tanto
que la infeliz no tenla n»da, doblegada bajo el poder
caprichoso de una ama que pad.. cia crisis nerviosas.
Apiadado y curiodo, dijo pues en voz alta quedando pendiente de la resi:,uesta.
-¿Y se fastidia usted mucho aqul, Eugenia? No
tiene nada de divertido vivir en esta casa.
Ella tembló al otr aquel acento -bondadoso y respondió con voz balbucit'nte
-No, señor Ltón, yo no me fastidio nunca
Iba á agregar: porque lo adoro á usted y pensando
en usted soy feliz, pero calló y bajó los ojos sintiéndose débil bajo el pese de aquel instante dt1 dichas.
Siguiendo t,1 impulso dti piedad que le movió á dirigirle la palabra, Leó11 sacó de su portamonedas una
pieza de oro y la dió á la joven dicióodole:
--Para que se compre usted un vestido.
·
Eugenia conser,ó después un recuerdo
imborrable de este momento en que por
primna y última vez León le manifestó
sus simpatlas.
Algunos meses después y á la hora en
que los señores Reutaurt ePtaban de sobremesa recibieron un telegrama que el
padre de León abrió temblando &lt;·on el
presentimiento de una mala noticia. Apenas hubo recorrido la primera linea dijo
con angustia:
- Está enfe~mo, muy grave, quiere vermt'I y que parta yo en seguida.
La mad~e lanzó un grito y cayó desva•
necida. Eugenia se arroJÓ d0bre su amo
en u.n arrebato de desesperación, le tomó
el telegrama y lo leyó pá ida y abriendo
desmesuradamente los ojos.
-Mi maleta, mi maleta pronto, dijo el
anciano; y sin agregar una palabra, doblPgado por la eu.ocióo salió de su casa y
tomó 61 primer tren en la próxima estación.
En tres dlab no se recibió noticia algu•
na. La señora Heurtaut martirizada por la
inquietud estaba en cama, con fiebre, y
muda y sombda parecia no pensar sio·o
en cos11s IÜgubres. Eugenia pasaba los
dlas y las noches como en el horror de
una pesadilla,hasta que una vez, se sintió
atraida por secreto impulso y corrió á la
iglesia. A!lí de rodillas, oró con las lágrimas en los ojos. y cuando terminó su plegaria se puso de pié, frente al Cristo, fijando en él ms óÍOB que parl'clan dos agujeros sombríos abiertosdelante de un horizonte negro.
¡Veinte y seis años de miseria, de servidumbre, de dolor, venían á presentarse
ante el altar aguardando dela Divina justicia una ráfaga de compasión!
Cuand.&gt; volvió á. su casa se admiró de
encontrar toda11 las puertas abiertas. Entró corriendo entre muchst gente entristeeida y llegó como loca junto al lecho en
que la señora se retorcla en convulsivos
mortales. En un instante lo comprendió
todo y cayó como herida deun rayo dando
un grito desg8l'rador.
Cuando volvió en sí quedó asombrada
de que no se le hubiera reventado el corazón: sentía el estupor del vértigo y la cabeza hueca y adolorida ·
-Vamos, Eugenia, le dijo la portera que
estaha_ conmovida como si su propio hijo
se hubiera muerto, vaya usted á su cuarto
á. descansar un rato, yo cuidaré á la señora.
Dócil y sin iuerzas obedeció Eugenia, pero cuando
abrió la pue, ta de su cuarto sintió como si hubiera levantado la losa. de una tum_ba y volviendo á. bajar la
escalera escapo ~ la calle sm saber donde iria semejante á las fieras heridas que corren locas hast¡la obscura peña en que se dejaran caer para morir.
La isla dormla solitaria y silenciosa. Eug.-nia siguió
á lo largo del parapeto del rlo y la dulzura de la noche esparcida en torno suyo, la envolvió en una caricia dulce, y entonces el pensamiento volvió á su cráneo a· tes vacio.
León habla muerto! Por la primera vez, Eugenia se
formó U!}a idea exacta y profunda de esta Aspaotosa
d.esgrac1a y se represento su cuerpo rígido, sus ojos
sm luz, su boca que ya no hablarla nunca más.
Y siguió caminando, con la vista clavada en la corriente_del rio y diciendo: León, _León, con trabajo,
como s1 le pesara la lengua. La brisaarieciando bor•
daba la superficie de las aguas con pequeñas ~ndulaciones orladas de claridad, entre las cuales surgía
al~o como ~na cara transparente, cuyas pupila~ de
miradas l~Janas, pareclan expre_sarunreprocbe. Luego apareció otra cara y otra y cien y mil que emer•
glan primero y flotaban después como floreb desho•
jadas ....
Entonces en un arrebato, Eugenia trepó rápidamente la escala del muelle para arrojarse al río pero
un grito·vibró á su espalda. rumor de carreras~ ovó
en _el muelle y dos manos robustas se apoderaron de
la Joven.
~ran los gendarmes. y en presenciH. de ellos Eugeuia vol vio de su a ucinacióo y explicó que'como

�Domingo 16 de Octubre de 1898

EL MUNDO

312

se le babia hecho tarde para volver á su casa, por
e PO habla venido corriendo.
Los gendarmes la acompañaron hasta la puerta de
su casa.
La señora H!'urtaut y Eugenia esperaban el regreso del amo, anunciado con anticipación. La señora
instalada eu su gran aillón; Eu~enia poniendo en una
mi&gt;síta la comida del viajero. Ni unaniotra hablaban
abrumadas por los recuerdos, llenas de la ansiedad
de oir de boca del anciano los detalles de aquella
del&lt;gr11cía.
Al fin 1&lt;ntró el señrir Heurtaut, muy envejecido,
con los pasos lentos y el cuerpo pesado. trayendo en
brazos un bulto que puso en manos de Eugenia Esta lo contempló con ojl)s fascinados: era un niñito rubio, de facciones ddicadas y de boca pequeña y
riente.

El señor murmuró temeroso, mirando á su mujer
con ojos de plegaria y señalándole al angelito de
Dios.
-Es el hijito de nuestro León. Lo vamos á recojer ¿verdad?
Profundamente conmovida la señora iba á abrirle
los brazos, pero contenida por un súbito pensamiento
de rencor y de ira gritó:
-¿Y la madre?
-Murió hace seis meses, dijo el señor.
Entonces la anciana tomó al niño lo contempló ávidam.,nte y con voz sorda, salida de lo profundo de las
entrañas, exclamó:
-1Qué lindo! 1Cuánto se le parece!
Y volviéndose á Eugenia se lo entregó diciéndole:
-ysted, Eugenia. usted es la que nos lo va á cuí•

EL MUNDO

Domingo 16 de Octubre de 1898

dar, porque no nos d~jará usted nunca ¿no es asi?
Usteá nos cerrará los OJOS ..•. usted ....
No pudo continuar; se cubrió la cara con las manos
y rompió á sollozar sin consuelo.
Eugenia se apoderó del niño con tran¡¡portes de
fiera. Un delirio de alegria le inundó ~l cuerpo, oleadas frias primero y ardientes en segmda penetraron
en sus médulas; toda la dicha humana que nunca se
babia atrevido á soñar, le vino, real y verdadera de
improviso. Tenia un niño ...... un niño de él ..... . -ylo víó en éxtasis, con toda su alma, y hasta se permitió el supremo placer de besarlo.
Ya se sentla fuerte, más fuerte que nunca, protegida contra todos los infortunios de la tierra.
EoGY.

PAGINAS DE LA MODA
{
1

¡Ya el Ocídente puebla
de sangrientos manchoneR
del sol la mortecina claridad;
y-dragones que aborta la tinieblavan surgiendo del norte nubarrones
cárdenos, que presagian tempestad!. .....
1Luzl...... ¡máR luz! ...... -¡imposiblel Ha expirado la tBrde,
y el valle, el monte, y el espacio azul
se van llenanao de nPgrura horrible ....
¡ay, como tienes, mi dolor cobarde,
horror á las tinieblas! .... ¡Luz!. ... más luz!. ..•

OFRENDA.
A LA CONDESITA DE CASA ROMERO.

Condesita de dulcP-s miradas:
Me han contado tu historia las hadas
Que estáticas velan tu azul cama!ln.
Ell&amp;s dicen que finges dormida
Una virgen de luz circüida,
Ellas dicen que finges despierta
Una blanca madona, cubierta
Con el i:nanto de algún q 11erubin.

JOSÉ BECERRA,

HIMNO DE AMOR AINES.

Indiscretas! También me han contado
Que á la hora de hacerte el tocado
Tu dama,-esa rubia de talle gentilLlega un silfo de aspecto arrogante,
Y animoso, y coqueto, y triunfante,
De tus ojos al claro destello,
Se entretiene en col¡rar de tu cuello
Las alhajas del príncipe Abril.·

Por fin llegaste! Te di una cita
ha muchos años, en los albores
de mi existencia llena de cuita,
y te aguardaban, mi vírgencita,
¡todos mis sueños y !!!ÍS amores!
Por fin llegaste! yo no sabia
que te acercabas gentil y ufana,
más me lo dijo la musa mía
por que mi numen te presentía
como á una novia, como á una hermana,

Y que luego, al prenderte al corpiño
Las camelias de pálido armifío
Que á un gnomo robara galante doncel,
A la vez que la riente fontana,
Su aderezo de perlas desgrana
En cadencias muy suaves, muy suaves,
El espléndido coro de aves
Que aprisiona tu lindo verjel.

•*•

Cerebro triste, cerebro mio
que tiritabas lli:no de frío,
alma clavada sobre una cruz,
alma vencida por los dolores,
ya teneis auras;ya teneis flores,
ya teneis vida, ya teneis luz.
Cantan un himno mis ilusiones,
pisan estrellas de oro mis pies
y en mis ensueños y en mis canciones
y en mis delirios y en mis visiones
h"Y este nombre de fuego: Inés!
Inés, escrito miro en el cielo,
Inés, las linfas del arroyuelo
van murmurando; tu nombre es
música excelsa, divino arrullo;
Inés, suspiran con dulce orgullo
mis pensamientos: Iné,, InéS!
Mis ilusiones, las golondrinas
que antes batian en 1as ruinas
sus leves ..las de tornasol,
si en tus miradas de luz las bañas,
van al alero de tus pestañas
buscando nido, buscando sol. .....

Y en las tardes murientes de Mayo,
Que al fulgor del glorioso desmayo
Que hunde entre nubP-s de púrpura al sol,
AtravieF&amp;s la verde llanura
Donde el agua rodando murmura
Y anhelante deshojas mil flores,
Comparando sus vivos colorPs
A los tenues de occiduo arrebol.
La hemos visto-aseguran -de noche
Cuando ya ha replegado su broche
'
La pompa soberbia del mundo floral,
Desde el fondo sin luz de la ojiva
Escuchando, curiosa y altiva,
La canción de nocturna rondalla,
Que en los plectros feliz i,¡e avasalla,
Frente al viejo caatillo condal.

•**

Cómo te sigue mi pensamiento!
Oirás sin duda doquiera estés,
algo que fmge rumor del viento,
nota perdida, lánguido acento,
que suspirando tti dice: Inés!
Ah! tú no sabes los celestiales
dones que vienen contigo á mi:
has dado flores á mis eriales,
alas potentes á mis ideales
y fé á mi alma, p11es creo en ti.
Oh! no me olvides, oh no me hieras,
por quien más ames, por quien más quieras ...•
mira quemí alma ~i tu la ves
su vuelo al trono de Dios levanta
y un himno inmenso de gloria canta,
un himno inmenso q •te dice: Inés!
X. Y. Z.

•*•
Ya las hadas se van, condesita,
Pero en prenda de próx'ma cita
Me dejan un ramo y un rojo listón,
De los cuales con gusto rometo
No contarle á ninguno e secreto . ...
Entre tanto, Margot, guarda el ramo
Y,-libélula de oro que amoBeba nectar en él tu ilusión.

f

EDUARDO MELO Y ANDRADE,

México, Octubre 9 de 1898.

DE "ACUARELAS''
I.
Ya asoma en en el Oriente
festiva y temblorosa,
la nacarada luz del nuevo sol;
y al beso de la aurora sonriente
se matizan de ambar y de rosa
los celajes que el céfiro rizó.
El Orto se abrillanta,
Sélo quedan gírones
de la nocturna y recia temptistad;
¡a.y, cómo el nido se despierta y cantal
¡cómo se alegran ya los corazones
al destello del sol crepuscular!

r

La luz serena el viento ....
1qué profunda es la calma
en lo infinito del espacio azul!
¡Descansa, mi dolor: también yo siento
que penetra hasta el fondo de mi alma
el benéfico rayo de la luz.

II
Ya apresura su vuelo
la avecilla medrosa;
se entristece la tierra: ¡muere el sol!
¡cómo van desgarrándose en el cielo
los celajes de na.car, que de rosa
el beso de la aurora matizó!

LUZBEL
J ehováh feliz la concepción máP bella,
Allá en lo eterno, refractó en su mente:
Era un arcángel cuya hermosa frente
Bañaba el iris de su limpia estrella.
Un rastro de diamante era su huella,
Una aurora de oro era su ambiente,
Y era su cauda un lampo transparente,
Bordado del fulgor de la centella.
Ptiro el .lircángel mirase en si mismo;
Envanecida la criatura loca,
A su Criador atrévase insensata ....
Rásgase entonces el eterno abismo,
Y, contra el filo de candente roca,
Su orgullo estrella la beldad ingrata.
JOSÉ MARÍA RODRIGUEZ Y Col!!,

FIGURA 1.-TRAJE PARA TE.

313

�Domingo 16 de Octubre de 189b.

--=81=4=============-==============,;E~L~MU~ND~~º:.:.,=====--==-==========~º;..:º:.=miugo 16 de Octubre de 189i

.j

Fig. 2 -Traje parislt-nse de Otoño.

Hia-iene de la infancia.
(CONCLUYE)

Nosotros creemos que no ee debe tener al niño demasiado envuelto, por&lt;iue además de que las muchas
envolturas le impiden extender sus miembros con libertad, la transpiración cutánea que siempre viene
acompañada como toda st1creción de productos acres
é irritantes, (urea, ácido úrico, etc ) por la sudación

estas eubetAncias,debida á ~ue propiedadee,producen
una irritación en lo~ t?jidos, dando orígen á escoria·
ciones en las axilu, en las ingles, etc, escoriaciones
que mucho hactin llorará loe niños, pudiendo las madres evit11r estos sufrimientos á sus hijos por los cuiuadra convenientes
Debe. pues, la madre cuidar que el niño se encut1ntre en el mejor estado de aseo que le permitan sus facultades, por con~iguiente, somos de opinión que a!
niño se le bañe, fe le cambien frecuenttimPnte sus ropas, que se inspeccionen el cuello, las axllal'. las ingles y tt,das las rartes en que la piel de loe niños for·
mi\ urugap ó pliegues, á fin de evitarl"s mole~tias
que mucho los hacen sufrir, ocasionándoles el intértrigo (vulg Pscaldadura~). Para corregir estas IDl\nifi,st~cionee bueno ee que dtispuée dti bañar al niño
diariamente, y una. vez inspeccionadas la~ parteR anttis dichas, se lee aphque en ellas polvo de almidón,
de haba. de licopodio. f'tc. El baño produce en el niño
b11stante biene.tar. y hemos podido observar con cuánta avidez el niño busca el agua dtil baño, que Je produce además del bienestar, un sueño tranquilo y quizá rt1parador.
A medida que el niño crece ee deben cambiar sus
v~stidos por otros que estén en rtilación con su crecí·
miento y sus movimientos, que de día en dia se hllcen
más marcados. y que si lo condenamos á tener siemprfl ha~ta mayor edad con fil uso de los mismos, po•
driamos originarles algunos defectos en su conformación física
Alguhas madres quieren que sus hijos aunque no
tengan una edad conveoiPnte, que usen calzado; ei se
exctiptúa e! de el't11mbre, único que pueden usará titulo de abrigo, c_ualquier otro es perjudicial, porque
n~ es~ando los mños aptos para explicar la inconvelJlf'IDCIIL del calzado, puede éste ocasionarles algunos
defoctos en su aparato locomotor. Todos sabemos que
el uso de él es un preservativo único de nuestros piée
contra 1a rudeza del suelo, y que te11iendo po: objeto
preservarnos d~ las lesiones qu~ las asperezas del pitio pueden ocasionarnos á los que ttinemos que hacer
uso de estos órganos p ua caminar juzg11mos, pues,
inn11cesario é iuconveuiente el uso riel calzado propiamente hablando, y para decirlo de una vez, que
puede ser perjudicial pasa el niño, que por eu cortll'i·
ma edad para los dias de su vida en brazos de la madreó la niñera.
Michel Levy juzga mal el uso de la franela como
prenda de vestir para loe niños; se exagera el uso de
este artfcu!Q para abrigarlos, para guarncerlos contra
loe cambios atmosféricos que tienen su utilidad al
punto de vista de la calorlcidad. La franela según él,
hace á los IJiños delicados, enfermizos é indolentes.
Ac3:rrea la bUciedad por la impregnación de las emanaciones cutáneas. Douné !!ree que en loe niños no es
tan dificil ni tan peligroso como se cree despojarlos
del uso de la franela de,puée que la han llevado mucho tiempo.
El dormitorio del niño no debe ser ni dema~iado caliente ni demasiado frío; ee evitará sobre todo acostarlo en el lecho de la madrti ó de la nodriza, se le
acobtará en una cama aparte bastante bien aerel\da,
41:lDI?- temperatura de 19 á 20º. centlgradoe. Deben supr1m1rse l11s colgaduras que impiden que el aire circule libremente en su lecho. Michel Levy I\Coneeja no
ac•&gt;etumbrar á loe niños á dormir sobre los brazos ó
19:s _rodillas, porque se lee expon1.1 á tomar actitudes
v1c1oeas,
En. cuanto á los cuidados de limpieza, é3t.:&gt;e tienen
una importancia capital en la higiene del niño; de.,de
e! m omen~o en que ha ensuciado sus pañales, tia precieo cambiárselas para evitar que todo11 loe productos df? secre_ción p~oduz&lt;?an irritaciones en la piel excor_aciones, intertrigo, eritema, etc.), tiene también por
obJeto el cambio dti ropa, que la humedad no les produzca cólicos y algunas veces hipo que ea tan moles•
to para loe pequeñitos Las funciones de la pi!ll serán
manEenidaR por baños frecuentes á una temperatura
de 2;)º á 30° centlgrado~, abluciones, lociones cuya temperatura 11e irá graduando paulatinamente hasta 10º
Y 1~º centígrados, estas lociones frias serán hechas
rápidamente y seguidas de fricciones con un lienzo
s~ave. Será algunas veces necesario suprimirlas, por
eJemplo en el invierno, sobre todo si et niño ee delicado ó enfe~mizo. Como seria imprudente y peligroso
sacar al mño antes de lo&amp; quince dLs de su nacimiento á_ la callt,, ..obre todo en los tiempos fríos. es convem .. nte hacer constar el nacimiento á domlcilo en el
Estado Civil, as! como se practica en lae grandes ciudade~ de Europa. Unl\ vez habituado el niño al aire
exterior, será preciso hacerle salir, á lo menos una
vez ~odos loe días durante una. dos, tres ó más horas
segun las estaciones y las condiciones atmosféricas.
Se deberá evitar en el recién nacido CGn gran cuidado, la acción del frlo que puede lleg11r á ser el punto de partida de afecciooeR más ó menos graves ta·
les como la hicte1•:.a. esclerema de los recién nacidos
brf!11,quitis, coriza. peunomanía gastro-entiritis, oftalmias, todo de forma catarral
Muchas madres con ese amor rayano en egoiemo
qu.ieren que á eue pequeños no lee dé ni el sol ni luz'
ni aire. y encierran á la niñera con el nido ti~ la re'.
cámara casi herméticamente, y el niño que necesita
desde sus prfmeroe dias, _un aire puro, saturado de
oxigeno, respira al contra:10, un aire cargado de Jae
impurezas cun que se vician los airee confinados en
l~s habit~ciones. Todos sabemos la poderosa hifluenc1a que tienen sobre nuestro organismo los elementos
atmosféricos, luz, aire, etc., la no menos poderosa de
loe rayos solares, y cómo ee modifican nuestros tejidos al contacto de esos p_oderosoe elementos. ijo por
eso queremos que el mno permanezca á la intemperie, pero si, que con un poco de cuidado y prudencia
el recién nacido reciba ei beneficio de tales elemen!
to~, que se v~ntile la bllbitaclón p!'ocurando lascorr1PntPs de aire en el departamento debtinado para
su habitación.
Ya hemos hablado algo acerca de los cuidados que
· deben tenerett con los recién 1:1acidoe y vamos a~ora
á ocuparnos de la parte más importante que requiti•

315

EL MUNDO

modifican profunda y rápidamente la cons~itución ~e
la leche, s,,n á menudo la cauda de convull!iones, dia·
rrea ó ataques epileptiformes
La extrtima excitabilidad del sistema nervioso, la
manta puerperal, la alteración de las facultades 1nentales, un tempernmento dl'masiado linf1tico y la prediRpORición á la tisis pulmonar, la debilidadad congenital ó adqu.frida, tite, son también otras tantas causas que ijtl oponen ó contra indican la lactancia
maternal.
Por parte del niño, es imposible Po ca11os de labio
leporino, adherencia anormal del freno. de la lengua,
di visión de la bóveda palatina ó dtil velo del paladi&amp;r,
etc.
La lactancia de una nodriza, requiere, para ser
buena, algunas indicaciones indispensables qu~ nunca deben descuidar los padres de un recién nacido, Y
deberán ser muy flxigentee tanto en lo físico como en
lo moral para la adquisición de aquella.
Según Devergie, loe caractert1R que dl'be tener una
buena nodriza, son su edad df'I 25 á. i:!O años; más allá
d11 eRta edad, las buenas nodriz11s son ruas, su COn$titución debfl ~er [unte, de pecho ancho, temperamen•
to sangutneo linfático. cabello.~ negros, dentadura sa
na senos piriformes con pezones claramente marcados
sin una demasiada dilatación de las venas. Tanto come st&gt;a posible no será primípara, porqu~ m!entras
más hijos haya tenido, t~udrá más exp,menc1a respecto de loe cuidados que rflclamala pr!mera edad, se
preforirá una nodriza casada á una célibe, ofreci~ndo
ésta menos ga:antias de buena conducta y moralidad;
toca al médico de consulta dará los padres estos consejos por Jo que se relaciona con la buena salud de
eue hijos.

r

LAS HER.OIN AS.

(

RAFAELA LóPEZ AGUAYO:DE RAYÓN.

Fig S -Desha.btllé lVatteau,

t

Fig. 3.-Traje de paño.
ren todos sus órganos, todos sus aparatos, en suma,
todo su organismo, pllra conservarse siempre resistente y poder l'Oportar loR atHques de procesos patol~gicos inherentes á su edad Vamos á hablar de la ahmentación.
Entendemos por alimentación el arte de introducir
en nu~stro organismo. cuerpo.9 de naturaleza complexa
y bastante,. para reparar tas pérdidas de todos nuestros tejidos.
Y llamamos alimento tuda substancia que introduci-

da en el aparato digestivo, es c~paz de clar los elementos de reparación ií nuestros tejidos y los materiales
del calor animal. (Beclax d)
Es sobre todo en la primera infancia que la alimentación desempeña un papel importai,te.
Está hoy demostrado que la lechfl debe ser exclusivamente el primer alimento del niño y la base de eu
alimentación duraute todo el tiempo de eu primera
edad; la eetru ctura anatómica de la boca en esta época de lil. vida. hace imposible la preheosión, la masticación y la inEalivación de loe alimentos.
La pr1mera secreción láctea ó calostro es indispen sable en el recién nacido, 110 porque le purgue Rlno
porque ee un quilo dado por la madre, una emulsión
natural que no puede reemplazar ninguna otra artificial. Algunos autores quieren que transcurr11n veinticuatro ó cuarenta y ocho horas para dar al niño el
pecho; pero Michel Levy cree que no ee necesario esperu tanto tiempo. que si el estado de la mlldre lo
permite, se puede intentar dárselo de diez á doce horas después del l\lumbramiento.
La lactancia puede ser natural ó artificial.
La lactancia natural es proporcionada por la madre, por una nodriz" ó por un animal doméstico, de
ah!, cuatro variedades de lactancia: 1ª la maternal, 2"
la ministrada por una nodriza, 3° la que proporciona
un animal, 4~ la proporcionada con ayuda de un instrumento, biberón, cuchara, etc. El más usual ee el biberón.
Vamos aunque someramente á estudiar cada una
de estas formas de lactancia, siempre convencidos de
nuestra insuficiencia, la que deja innumerables vacíos que sólo vuestra indulgencia puede llenar.
Comenzaremos primeramente por la lactancia maternal.
F!sta es sin discusión alguna la única que deberla
siempre ser empleada, interesando esta conducta tanto á la madre como 1tl niño.
Por parte del niño, éste encuentra en la leche de su
madre el alimento n;áe apropiado á ·Rus necesidades
y i'UB órganos.
Hay algunas circunstancias que pueden modificar
la lactancia, y éstas pueden dependtir dti la madre ó
del niño.
El estado general de la mujer, las emociones vivas,

,,, "

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v

,
'

Es digno de uol\ espartana el rasgo que hact1 entral' á tisa dama en el coro di, las heroínas. dfl la Independencia de México. E~tao_do _Don Igna_c10 Ra.yó~ ª!1
la Hacienda de Cóporo, (D1stnto de Z1tácuaro, M1choacán.) recibe la noticia de que. s_u hermano Don
Franci,;co habla sido hecho pns1onero en Tlalpuja hua, por el corone_! rea.lista Don Martin
Matias de Ao-nirre, qmen ofrticla perdonar18
la vida 11i o.;'n Io-nacio ab1ndonaba la causa
de loe insurge;,ed. Don Jgn ,cio sabia bien
lo que le m"ndaba el deb11r; pero lo consulta
con su anciana madre. y ésta, a.bogando su
sentimiento y dejando que las lágrimas Je
quemaran interiormente til cor_azón. le ordena diga á Ao-uirre que podla rnmolar 1\. !U
hermano; que ella h.1cla el sacrificio de él en
aras de la patria.

[J
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·, ··.•

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Fig. 7.- Cawisa ltlarfa Teresa

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MANUELA MElDINA,

El Licenciad,, RoPains, secretuio del gran
Flg. 6.-Trate de Srita para Ga.rden Party.
M.orelos, consagra en el diario de ?pera~lo•
nesqueescribia, este recuer.ioála mtrép1da
amazona:
Auxilios á los ahogados.
"Dia 9 de Abril, (miércoles) Hoy no se ha heci10 fnego ninguno. Llegó en estedia, ¡. nuAstro campo, Doña.
Manuela Medina, india natural .~eTt1xcoco, mu¡er exLa respiración artificiRl debe ,er practicada para
traordinaria á quien la Junta d10_ ~l tltu,o de c~pita- ahogados, para los asfixiados y para los envenenados.
na porque ha h11cho varios serv1c1os á la nación Y Si al cabo de tres hoe11s de esfuerzos coLtinuos el paac:editádose por ellos, pues ha levantado una compa- ciente no recobra la vida, será inútil continuar.
ñia y se ha hallado en siete acciones de guerra. Hizo
Manual operatorio.-!º Colocar al asfixiado en un
un viaje de má~ de 100 leguas_por c~!loctir al Gendrl!-1 sitio ventilado que no esté demasiado caliente; desl\forelos, deepué~ de haberlo visto, d1¡0 que ya mor1- nudarlo y acostarlo, la. parte alta del cuerpo ligeraria con ese gusto, aunque le desp3daz.i.se una bom- mente elevada, pero la cabeza inclinada hacia atrás;
ba dA Acl\pulco."
cubrirlo con manta, con paja ó heno Sep11rar las manDoñ11 Manuela Mfldina murió en la ciudad de Runa- dlbulas, mantenerlas abiertas por medio de una
cimiento en marzo de 182-2. Se atribuvesu m •1 erte á cuchara ó de un trozo dfl madera, atraer la lengua
dos herieas de lanza que recibió en un combate y que hacia afuera con los dedos enrollados en un pañuelo
año y medio la tuvieron pootrada en el lecho del y confiarla á un ayudame.
. .
2º Mientras que los ayudllntes fr1cc1onan el cuerpo
dolor.
con alcohol ó franela seca, hay que colocarse á la caLA GElilERALA CATALÁN.
beza del asfixiado, tenieudo cuidado de desobstruir
En uno de esos puebiecitos que se esconden .e~tre y limpiar las ventanas de la nariz y la boca si hay neJa11 arrugas de las montañas del Sur, es,aba sitiado cesidad; coger los brazos cerca del codo, el dedo pulel General Catalán, que ttiula á sus órd:en~s un puña- gar hacia adelante: apovar lateralmente sobre la caja
do de valientes. Pero la rendición era 10d1spensable. toráxica por el intermedio de los brazos, y llevarlos
No era que faltase el valor: era que hacia algunos después, haciéndoles describir, lateralmente un circudias que las provisiones se hablan agotado y el desaliento habla invadido á los insurgentes algunos de los
cuales veían la capitulación como. halagüeña eApe•·
ranza. Eran los mc,mentos más crit1cos, cuando la esposa del General seguida de un grupo numeroso de
mujeres. ee presentó al cllmpamento.
-Venimos-dijo- porquti hemos hallado la manera de ser útiles á nuestra patria: no P?demoe p~lear
pero podemos servir de al1ment.~I Vemmos á 1!1or1rly dando el eje'.llplo de abnegac100 sacó del cinto UR
puñal y ee lo llevó al pe..:ho: cien hr_azos se lo ~rrancaron al mismo tiempo que un alar1do de entusiasmo
aplaudla aquel rasgo sublime.
El desaliento huyó como los fantasmas con la luz
de la mañana: las mujeres se armllron d~ machettis
y garrotes y salieron á pelear co1_1 el enemigo:
Casi todos los insurgt1nti,s murieron pero nmguno
ee rindió.
VIRTUDES Mll)OICINALBIS DEL AGUACATE,

1

.

\ . ¡/
\ • j
,A, ¡

Este fruto tan delicioso y alimenticio también ~e
medicinal. Contiene un aceite inm jorable para evitar la calda del pelo, y el j_abó~ hecho con él es exe:elente para sullvizar el cutis, siendo además el me¡or
emoliente para la gota.
.
La semilla fresca y molida, disuelve los panadizos;
y seca y pulverizada después de tostarlo, es un remedio eficaz para las diarreas.
Con el zumo de la semilla se marca la ropa de una
manera indeleble.
0

�Domtn,ro

EL MUNDO

316

lo sobre la cabeza del paciente: volverlos á llevar
al tórax, apretar y tirar así sucesiv11ment~. El movimiento completo debe ser practicado de 15 á 18 veces
por minuto. Al mismo tiempo, 1&gt;l ayudante que •ostiene la lengua deberá ejercer sobre ella tracciones alternativas, correspondientes á los movimientos impre11oe á loe brazos. (Efte procedimieIJ to indicado por Mr.
La borde, ha dado excelentes resultados) Se o:ve el
aire que entra eilbanJo y la reepir11ción se restablece
poco á poco si se han tcm..do todas las precauciones
necesal'ias.

16

de Octubre de 1898

FIG. 6-TRAJE DE SEÑORITA PARA GARDEN PARTY

Es de gasa blanca y azul con un gra!l plissé en la
falda, limitado por un bordado azul pálido y blanco.
El cuerpo 011 todo phssé con un gran yoke bordado, y
graciosas espaldetas.
FIGS 7, 8 y 9
Dos elegantes c11misas y un deshabillé Damos bajo estos uúmeros tres graciosos modelos oe casa de
última novedad. La camisa Maria Teresa, es de noche en nansouk blanco; el deshabillé hácese en batisti ó en surah , la camiea segunaa que también 11s
de noche en pe~cal blanco, guarnl'cido de bertha orlado de u'na veneciana y un eutredós.

. ...._,,...._.

CRNSERVA DE DURAZNO.

TOMO II

:MEXICO, OCTUBRE 2~ ~E 1898

•

NUMBBO l'f

FJG. 10-EOM"!IRERO RODA.

Todo hecho de raso y plumas La falda ó calota PB•
tá formada con el raso, y de él surgiendo las aos alas
y un pen11cbo, de muy buen guRto. El raso forma á
la izquierda un moño muy hermoso.

Se pone al fuego un cazo con a¡rna á la que se le
añade una cucharada de ceniza; luego que esté hirvit&gt;ndo se ponen en 1&gt;lla los duraznos y cuando se les
empiece á levantar el pelll•jito se sacan uno á otro, se
restrt&gt;gan con una servilleta hasta que queden bien
mondados, y se echan después en agua tibia. En se·
guida se hace un al mi bar cllmficado y dt&gt; medio punto en el cual se echan los duraznos para que hiervan
por e~pacio de media hora; pa8ada é,ta, se apartan
del fuego, y se guardan en un trasto de barro
Esta operación se repite por cinco días consecutivos para que la fruta quede bien conservada; el último día, despu~s que hay~n hervido. rn le añade azúcar al almibar, se pua éHe por una servilleta húm11da, se vuelve A ponrr al fut&gt;go hafta que t&gt;sté de pun•
to, y en seguida se vierte ~obre los duraznos.

Otro DB[O

FIG. 2-TRAJE PARI&gt;JENSE DE OTOÑO,

FIG. 3-TRAJE DE PAÑO.

Es de paño de otoño. 111111rgado. con una caPaca fantasia de hermosisima factura, con solapas capricho•
sas, abierto sobre una camisa de batista pliseé.

dB

"LA MUTUA"

RPcibi de 11Tbe M11tu·ll Life I11~nrance Compan;v,
of New York" 111 •nma de ($14,287) catorce mil
doscientos ochenta y siete pesos plata muícima asi:
$10000 suma asegurada, y
$04 28"7 por devolución de
premios, en p&amp;go total d11 &lt;'uan~os dnethos s~ deri•
van de la póliza núm "760 832 bs¡o III cu~l y á m1 fav,,1·
estuvo asegurada mi fi11ada espo~a Dona

ISA.BEL HERRERA DE V ..l..Z(t,UEZ.

FIG. 1-TRAJE PARA TÉ.

Es de Sarga de lana y seda gris' perla, con un iacquet militar de hermosa factura, cruzado de alt&gt;til,as
fijadas con botones fantasla, las cuales ornan también
las mangas.

$14)287.00

En Guadalajara, (Jalisco)

NU EST.R OS G .RABADOS
Está hecho de piel de seda rosa vieja brocateado
en azul con figuras de guias. forma una gran casaca
orlNda de volant"s sobre una toilette d11 tul de sPda
pfüsé orlado también de volantes graciosos Cuello
Valois.

dB

INTERIOR DE LA CATEDRAL DE MORELIA.

Fig 10.-Sombrero Roda.
4 -TRAJlll FANTASÍA.
Es también de paño, con ca~acón, formando en el
cuerpo como un doble cors,·lt&gt;te y en la falda como
una doble museta, ambos ahlntos sobre un gran plissé de gasa m11y ceñido. Gran corbata papillón de
muselina de seda.
PIG 5 -TOILETTE OBSCURA CON BANDAS.
Es de paño de otoño gris acero con jacquPte figurada, que asi como la fqJda estl\. orlada de bandas
bordadas de hilo de seda, en dibujos sobrios pero
muy elegantes.
FIG.

y para la df'lblda constancill en mi carácttir de beneficiario ne mbrado en la póliza, extiendo "l prest&gt;nte
recibo en la misma póliza que ~e devuelve á la Compañia para su cancelación en Gua~alajara, (Jalisco,)
á veintidos de Agosto de mil ochocientos noventa y
ocho.
Firmado.-Miguel Vázqnez.
Un"B timbres por valor ae $14 30 ctd u1;.b1damente
cancelados.

r

Un timbre de$ 050 cte. debidamente cancelado
Salvador ~spaoa, Notario Supernumerario de e~ta
Municipalidad, Certifico que el sntnior recibo fué
suscrito en mi presencia por el Sr. D Miguel Vázquez, á quien doy fe conocer asi como de q11erecibió
de la Sucursal del Banco de Londres en Peta ciudad
la cantidad que Pe expresa en el mismo Do_v fé.
Guadalajara, Agosto veintidos de mil ochocientos
noventa y ocho.

Firmado.-Sah--ador Es¡,aña.

ALMACENES
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
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                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Abnegación</name>
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        <name>Comandante Marchand</name>
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                    <text>Domtn,ro

EL MUNDO

316

lo sobre la cabeza del paciente: volverlos á llevar
al tórax, apretar y tirar así sucesiv11ment~. El movimiento completo debe ser practicado de 15 á 18 veces
por minuto. Al mismo tiempo, 1&gt;l ayudante que •ostiene la lengua deberá ejercer sobre ella tracciones alternativas, correspondientes á los movimientos impre11oe á loe brazos. (Efte procedimieIJ to indicado por Mr.
La borde, ha dado excelentes resultados) Se o:ve el
aire que entra eilbanJo y la reepir11ción se restablece
poco á poco si se han tcm..do todas las precauciones
necesal'ias.

16

de Octubre de 1898

FIG. 6-TRAJE DE SEÑORITA PARA GARDEN PARTY

Es de gasa blanca y azul con un gra!l plissé en la
falda, limitado por un bordado azul pálido y blanco.
El cuerpo 011 todo phssé con un gran yoke bordado, y
graciosas espaldetas.
FIGS 7, 8 y 9
Dos elegantes c11misas y un deshabillé Damos bajo estos uúmeros tres graciosos modelos oe casa de
última novedad. La camisa Maria Teresa, es de noche en nansouk blanco; el deshabillé hácese en batisti ó en surah , la camiea segunaa que también 11s
de noche en pe~cal blanco, guarnl'cido de bertha orlado de u'na veneciana y un eutredós.

. ...._,,...._.

CRNSERVA DE DURAZNO.

TOMO II

:MEXICO, OCTUBRE 2~ ~E 1898

•

NUMBBO l'f

FJG. 10-EOM"!IRERO RODA.

Todo hecho de raso y plumas La falda ó calota PB•
tá formada con el raso, y de él surgiendo las aos alas
y un pen11cbo, de muy buen guRto. El raso forma á
la izquierda un moño muy hermoso.

Se pone al fuego un cazo con a¡rna á la que se le
añade una cucharada de ceniza; luego que esté hirvit&gt;ndo se ponen en 1&gt;lla los duraznos y cuando se les
empiece á levantar el pelll•jito se sacan uno á otro, se
restrt&gt;gan con una servilleta hasta que queden bien
mondados, y se echan después en agua tibia. En se·
guida se hace un al mi bar cllmficado y dt&gt; medio punto en el cual se echan los duraznos para que hiervan
por e~pacio de media hora; pa8ada é,ta, se apartan
del fuego, y se guardan en un trasto de barro
Esta operación se repite por cinco días consecutivos para que la fruta quede bien conservada; el último día, despu~s que hay~n hervido. rn le añade azúcar al almibar, se pua éHe por una servilleta húm11da, se vuelve A ponrr al fut&gt;go hafta que t&gt;sté de pun•
to, y en seguida se vierte ~obre los duraznos.

Otro DB[O

FIG. 2-TRAJE PARI&gt;JENSE DE OTOÑO,

FIG. 3-TRAJE DE PAÑO.

Es de paño de otoño. 111111rgado. con una caPaca fantasia de hermosisima factura, con solapas capricho•
sas, abierto sobre una camisa de batista pliseé.

dB

"LA MUTUA"

RPcibi de 11Tbe M11tu·ll Life I11~nrance Compan;v,
of New York" 111 •nma de ($14,287) catorce mil
doscientos ochenta y siete pesos plata muícima asi:
$10000 suma asegurada, y
$04 28"7 por devolución de
premios, en p&amp;go total d11 &lt;'uan~os dnethos s~ deri•
van de la póliza núm "760 832 bs¡o III cu~l y á m1 fav,,1·
estuvo asegurada mi fi11ada espo~a Dona

ISA.BEL HERRERA DE V ..l..Z(t,UEZ.

FIG. 1-TRAJE PARA TÉ.

Es de Sarga de lana y seda gris' perla, con un iacquet militar de hermosa factura, cruzado de alt&gt;til,as
fijadas con botones fantasla, las cuales ornan también
las mangas.

$14)287.00

En Guadalajara, (Jalisco)

NU EST.R OS G .RABADOS
Está hecho de piel de seda rosa vieja brocateado
en azul con figuras de guias. forma una gran casaca
orlNda de volant"s sobre una toilette d11 tul de sPda
pfüsé orlado también de volantes graciosos Cuello
Valois.

dB

INTERIOR DE LA CATEDRAL DE MORELIA.

Fig 10.-Sombrero Roda.
4 -TRAJlll FANTASÍA.
Es también de paño, con ca~acón, formando en el
cuerpo como un doble cors,·lt&gt;te y en la falda como
una doble museta, ambos ahlntos sobre un gran plissé de gasa m11y ceñido. Gran corbata papillón de
muselina de seda.
PIG 5 -TOILETTE OBSCURA CON BANDAS.
Es de paño de otoño gris acero con jacquPte figurada, que asi como la fqJda estl\. orlada de bandas
bordadas de hilo de seda, en dibujos sobrios pero
muy elegantes.
FIG.

y para la df'lblda constancill en mi carácttir de beneficiario ne mbrado en la póliza, extiendo "l prest&gt;nte
recibo en la misma póliza que ~e devuelve á la Compañia para su cancelación en Gua~alajara, (Jalisco,)
á veintidos de Agosto de mil ochocientos noventa y
ocho.
Firmado.-Miguel Vázqnez.
Un"B timbres por valor ae $14 30 ctd u1;.b1damente
cancelados.

r

Un timbre de$ 050 cte. debidamente cancelado
Salvador ~spaoa, Notario Supernumerario de e~ta
Municipalidad, Certifico que el sntnior recibo fué
suscrito en mi presencia por el Sr. D Miguel Vázquez, á quien doy fe conocer asi como de q11erecibió
de la Sucursal del Banco de Londres en Peta ciudad
la cantidad que Pe expresa en el mismo Do_v fé.
Guadalajara, Agosto veintidos de mil ochocientos
noventa y ocho.

Firmado.-Sah--ador Es¡,aña.

ALMACENES
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11

(Fotografia de la Escuela Porfirio Diaz, di' M01·1•/ifl, Jara "Et Jlundo .)

�I'

EL MUNDO

318

LA SEMANA. La consagración de la Catedral de l\forelia que
ha dado oca~ión á una temporada de fiestas religiosas y populares en la 11ntigua V!llado!i~, atrae
la atención de la inmensa mayona catohca del
país y un gran concurso de fieles.
Morelia es una vieja ciudad dP. abolengo en
nuestra historia, Nació en el siglo XVI, en plena época de la rfervescencia polític11 y social que sacudió
las incipientes nacionalidades del antiguo continente, arrastradas en contrarios movimientos de
adelanto ó retroceso, por la Reforma luterana y
por el gran Emperador, por las intrigas de los
Guise y por la difusión de la cultura helénica.
El escudo rlc armas concedido por Carlos V á
la nueva ciudad, vino á engastarse en la heráldica c0lonial para presidir esa larga vida inerte de la
época,-la. vid11 de las ciudades esp,iilolas de América. Hidalgo vino á dará Valladvlid el atractivo
legendario. Entre los muros de su colegio encuentra el patriotismo simientes de libertad, recogidas y fructificadas por el espíritu de Morelos, y
la iniciación de dos beroes en un martirologio de
ideas continuado despuéi! con el sacrificio por la
humanidad.
Los siglos del virreinato no fueron de activ~dad ni aún p11ra las empresas de la fe. Hoy que
la Iglesia Mexicana, camina á su albedrío, sin el
·amparo de la mano secular, la piedad popular
edifica y c'lnsagra en un día templos suntuosos
-obras que pedían siglos para su consun~~ción
en aquellos tiempos. La Catedral de Moreha comenzó su fábrica en 1640 y hasta 1744 quedó
concluida, acumulando bajo sus bóvedas riquezas
de ornamentación, aun hoy maravillosas, cu:stodias vasos y paramentob, órgános y obras de
cinc~lado que hacen de aquélla basílica un joyel
de tesoros artísticos.
El Sr. Arzobispo Arciga ideó las reformas cuya consagración celebra con grandes solemnidades el clero de México y con regocijos y fiestas el pueblo de la capital michoacana.
/IW

Las peregrinaciones religiosas están de moda
y se hacen también á la moda del día. En Pullman vienen á México los devotos de la Guadalup1tna y en Pullman van los fieles que concurren
A las solemnidades de Morelia, presididas por Monee:nor Averardi. ·
Todo cambia, y· si el nuevo cruzado protestante, Guillermo II, en su viaje á los Santos ;Lugares,
visita al enemigo de Cristo, responsable de tres•
cientas mil vidas de cristianos sacrificados al fanatismo mahometano,- á su vez, otros peregrino3 menos dispuestos acaso que el César alemán
A ~irar con ojos benévolos á Abdul-Hamid, pretenden ¡oh piedad de las chusmas de Pedro el
Ermitailo! abrir en Jerusalem un bazar que exhibirá productos y artefactos mexicanos.
.
El mercantilismo invade las rutas del desierto,
holladas por los mártires y los paladines de la fe.

,..

1

1

La gloria póstuma tiene á veces detestables
contra partidas, que consuelan á los ignotos de
su no ser en el cielv de la inmortalidad.
La muerte que absuelve de las grandes faltas
humanas y da esplendores sin mancha á un renombre de sabio, de beroe ó de poet11,, hace en
cambio más chocante la popularidad bufa que
nimba con discos de oropel la frente de un elegido.
. .. _.
p .
Dos de nuestros más ex1m1os 11ncos, neto y
Acuila, pasan noche á noche el suplicio de una
resurrección irrespetuosa en las tablas de cierto
teatro que para decorar los cuadros de una zarzuela, les decreta apoteosis de relumbrón con cabriolas de bailarinas y mús1ea alegre.
Quietos están en su tumba, serenos en su gloria, para que exhumen su recuerdo que trasciende a ideales purísimos, y no está bien esa exhumación irreverente.
Ya ha empezado por ahí el estribillo de las moralejas habituales á propósito del siniestro percance 11caecido al Ecijano en la plaza de toros de
Guaclah1j,m1.
La ¡.,iedad ante un infortunio 1-em&amp;jante, borra
de nul'Stros cuadros sociales la fi~ura del torero
insolente, re!Hdor y vagabundo que castiga con
su impertinencia 111 tranquilidad de la vía públi·
ca moderna, pavimcutada de aéfalto. No, de~imos

ahora, el torero es uno de tantos infelices inmo•
ladas por la ignorancia y la complicidad del me·
dio soc ial propicio á irrefrenables barbaries que
n0 han menester sino mucho atraso industrial,
mucho analfabetismo y mucha miseria para hacer
posible el tipo del gladiador en nuestros días.
Ni los pueblos vigorosamente condu&lt;?idos por
hábitos seculares de trabajo, dejan de ser justiciables por este enloquecimiento de la multitud ante
los prodigios de la animalidad victoriosa;pero es
el lote que nos ha tocado á los hijos de Espafta,
el menos euvidiable,-presenciar en las arenas
ensangre ntadas carnicerías que justificamos en
nombre de la gracia pintoresca.

,..

Mientras en Europa se quejan aún las gentes
de una canícula extremosa, sin igual en los ailos
anteriores, el viento que desnuda aquí los árboles de su follaje, nos hace presentir fríos invernales á los que no nos tiene habituados nuestro
clima.
Y '!Sto que no preocuparía tanto en otras épocas, sirve hoy á los seil0res sabios para traer y
llevar observaciones y estudios comparativos sobre la influencia probable de las manchas solares en los cambios atmosféricos de la tierra.
El astro central ha tenido en este afio de gracia, máculas como nunca se le habfan echado de
ver tantas ni tan considerables. Y aquí encaja
como de molde la hipótesis d_e Flammarion.
Para este gran astrónomo y sonador, las mancb11s solares son manirestaciones eruptivas de
una agitación interior intensísima y por lo mismo la irradiación de calórico es mayor cuando
esas manchas aparecen.
Por comprabada que pretendan la teoría su
autor y partidarios, nada tiene que ver con nuestro próximo invierno, cuyas causas locales han
prometido demanda de alcohol y acaso excep•
cionales tareas á la justicia del orden criminal.

,..,

El suicidio del joven teniente Delbouis rompe
la banalidad de este género de acontecimientos,
por frecuentes ya poco ó nada comentados, y CU·
yas causas ocultas caben de ordinario en algunas formas típicas de extravío, locura, amor, celos, etc.
El pundonor y especialmente el honor corporativo de la clase á qua pertenece un hombre,
hacen atribuir al suicida que con propia mano
se castiga por haber ofendido su dignidad y la
de un grupo, cierta frialdad en la determinación,
que es la mejor exculpante de la falta, pues indica un supremo respeto á la moralidad vulnerada en momentos de perturbación.
El joven militar que se ha suicidado llegó ebrio
la noche del miércoles á un teatro de zarzuela.
En su estad.o de excitación lo olvidó todo y arrojó al escenario su kepis, á los piés de una tiple
que bailaba la «Serpentina.»
El loco arrebato del oficiai fué público é imposible hubiera sido disimular. La ordenanza, severa, iba á cojerlo con sus tenazas, á discutir su
conducta, á condenarlo sin remedio.
El pundonor, hondamente lastimado, fué más
inflexible aún que la ordenanza y como heróica
reparación entregó al ejército un cadáver.
/IW

Nos ha vhütado una viajera original. La Sra.
Schumann recorrerá el mundo sin mas recursos
que una voluntad enérgica, una suma considerable de extravagancias, una navaja de afeitar y
unas tijeras.
Los diarios de los Estados Unidos rnn únicos
en el mundo para descubrir anomalías y alentar
aventuras extrafalarfas. No les basta lo raro ó lo
monstruoso eventual Para regalo de mentes divagadas: crean el acontecimiento pa1·a narrarlo
después. El periodismo contemporáneo no es un
espectador, que registra sucesos, es un prestidigitador. Es el déspota de la imaginación popular.
Es el que declaró á este Fígaro con faldas que
nos visita la p1·imer peluquem del mundo, dándole medios para que vaya á to:ias partes, hable
con todos los personajes célebres y llene una sección reporteril sui generis, cuya primera nota estará destinada á nuestro país:
DICK.

Domingo 23 de Octubre de 1898.

¡lolitica Q&amp;ttttrttl.
RESUMEN. - Eferv•scencta en !rancla por el proceso Dreyflls, - Kevlslontstas Y antl • rev:stonlstas.Amlgos y enemigos de las Instituciones -La cuestlóo
de Justicia convertida en cuestión polittca - La gran
hutilga ue Parts. -.Kntereza y serenidad del ministerio Brlsson. Consplraclon monárqulca.- Bo!!aparte
ó Orleans. • Otra vez salvada la República -La cuestión de Fachoda,-Las asplract:•nes de Francia y las.
reclamaciones de Inglaterra. - El comandantetMarchand y el General Kttchener -Oonsplraclón anar-

quista contra til empe:-ador Oulllermo.-Los enemigos del orden social - Concluslon.

Creciendo sin cesar en el pueblo francés la
excitación producida por el asunto Dreyfus, divídense ahora los franceses en dos bandos limitados casi pe1 ft!cta mente: de un lado están los revisionistas con los antisemitas á la cabeza, losmilitares de alta graduación y los que se postran en contemplaciór. de las tradiciones católicas de Francia; del otro están los radicales, los
que pretenden que por encima del gobierno civil
no se constituya ningún otro poder, aunque pre•
tenda envolverse con el manto de la gloria y los
resplandores históricos del ejército francés.
Una vez decidido por el gabinete Brisson
que es preciso proceder á la. revisión del proceso, sin que esto prejuzgue de ninguna manera la.
persistencia de la culpabilidad de Dreyfus ó la
posibilidad de su absolución en un nuevú juicio,
los ánimos se exa.tan, las masas se agitan, la
prensa siembra el escándalo por todas partes, y
en meclio de esta balumba de opiniones opuestasque 'chocan, de acusaciones múltiples, de responsabilidades mutuas que se lanzan, la suerte del
infeliz desterrado en la Isla del Diablo queda
colocada como en segunao término, y sólo se
sienten las fermentaciones de la opinión públiea
dividida en opuestos bandos y lanzada á terribles colisiones
Pocos recuerdan ya el triste fin del teniente
coronel Henry que en la soledad de su prisión
puso fin á sus días, tal vez para evitarse la vergüenza de apareéer ante el tribunal militar, convencido de falsario, por más que haya habido
quienes aseguren que tan tremenda determinación le fué sugerida por sus jefes gerárquicos.
Se han olvidado también del teniente coronel Picquart que en los calabozos de la prisión
militar de Cherche Midí, sufre las persecucione~
del general Zurlinden, gobernador militar de París, á pesar de órdenes expresas de todo el ministerio.
La misma figura dantesca del infeliz ex-Capitán, que en su horrible prisión ve pasar las tediosas horas de su destierro cu noches sin aurora y
días sin luz, se esfuma y se desvanece en las lejanías del horizonte, perdiendo así sus contornos.
vivos, y dejando de ser para st.s conciudadanosemblema de la justicia popular, ó símbolo de eterna execración.

*

**
Desatadas las pasiones políticas, agitada de
ese modo la cuestión, se sienten crujir ambicio•
nes desconocidas, se percibe el choque de intereses opuestos, y mal que pese á todos los que tenemos fe en la República, se ve que en el fondo
de esta agitación hay algo que trabaja en contra
de las instituciones establecidas, en la hermosa
nación que lleva el estandarte de lo que pudiera
llamarse la civilización latina.
·
Se han mezclado de tal manera en este asunto
los sentimientos patrióticos, los fanatismos guerreros, la adoración y el culto por la tradición
militar de Francia, se han mezclado de tal modo
con aspiraciones pcrsonalistas, y se han cubierto
unos con el manto de la justicia inexorable, declarando intangible la determinación del tribunal
que juzgó á Dreyfus, y pidiendo otros en nombre
de esa misma justicia en forma de clemencia la
revisión del proceso, por irregularidades er: su
secuela, por hechos supervinientes después de la
sentencia, que se ha formado una atmósfera1 en•
medio de la cual es difícil encontrar el bilo misterioso de Ariadna que guíe á través de tan intrincado laberinto.
Un periódico inglés declara formalmente que
el mayor conde de Esterhazy, en una entrevista tenida para más seguridad ante testigos, ha
echado sobre sí gran parte de la culpa que pesa
sobre Deyfus, se ha llamado autor de la famo1 a
minuta ó /Jorderean, dc,cumento de convicción en
contra del capitán acusado de traidor. Poco des-

Domlnlt'O 23 de Octubre- d" 1898.

EL MUNDO

pués recíbe~se en P11rís ruensajes de Esterhazy,

tachando de falsas y calumniosas las imput!lciones del periódico de Londres.
Los mismos periódicos alemanes, alguno de
ellos con cara cter oficioso, b11n hablado de lu
r elaciones existentes entre el mayor Esterhazy y
el agregado militar de la embajada alemana.
Los más activos del partido anti -revisionis ta d~claran haber sumistrado fondos al militar adusado por el Observer; y en me dio de tan opuestas
y contrarias declaraciones, imposible es decidir
si la nueva acusación está fundada en la verdad
ó es un ardid-solamente para la rehabilitación de
Dreyfus.

*

**
bastante á mantener

Como si no fuera
la tensión de los espíritm ya caldeados al rojo por la
agitación revisionista y anti-revisionista, estalla
en París una huelga de obreros, que, aislada en
un principio, crece y se agita como impetuoso
torrente amenazandll comunicarse á diversos
gremios, susp&amp;nder el tráfico en los ferrocarriles,
detener la construcción en todas las obras del
Estado, principalmente en las que se disponen
par~ elgra~ certamen de 1900, y propagarse, como mcend10 entre los bosques, á las principales
ciudades industriales y manufactureras de Francia.
La huelga que en su '!Omienzo tenía carácter
pacífico, se entrega á violencias, arrastra por la
fuerza á los obreros, multiplica sus adeptos por
medios coercitivos, amenaza seriamente la tranquilid~d pública de la gran metrópoli, y hay que
recurrIT á más de las fuerz11s de policía, á la fuer'
za militar. Acuden de los departamentos vecinos
millares de soldados á reforzar la guarnición de
París, y en medio de la agitación tremenda de
los espíritus, he aquí que quedan frente á frente
el pueblo y el ejército. Es inminente el riesgo de
un formidable choque. Corren entre las filas de
los buelgistas agitádores que aconsejan inqensateces, en tanto que circulan eotre los soldados
algunos folletvs incendiarios.
¿Qué habría sido de la ciudad, si hubiera faltado en tan tremendos instantes la serenidad en
las esferas gubernameutales? ¿Qué explosión más
tremenda habríamos presenciado, si el reposo, la
tranqu~idad y la correcta actitud del gobierno,
no hubieran logrado aplacar poco/\ poco la agitación obrera, calmar los ánimos, dirimir las contiendas y obsequiar en el órden legal las aspira-· ·
ciones populares? Afortunadamente para la estabilidad de la República, Brisson encontró en sus .
compafieros de gabinete las supremas energías
que se necesitaban para conjurar la crisis, y logró evitarse el choque temido entre el pueblo y
el ejército, que acaso hubiera sido el toque de
arrebato para una gran revolución.

á la ciudad de Fasbo da, en llls riberas del sag rado Nilo. Encuentra á la pobl11ción de¡:g uarnecida, y aunque no tiene fuerzas suficientes para
resistir ni á los dervises que pueden volver ni á
las tropas anglú•egipcfas que se adelantan¡ marchas forzadas, para t omar posesión del territorio
conquistado después de la batalla de Ondurmán,
el valeroso coma ndante fráncés, el 11trevido Marcband enarbola la bandera de la Republica y
permanece en pié y serenCI, esperando los acontecimientos y declarando haber asentado la planta en tierra conquistada, en nombre de su nación.
El gabinete ing1és pide á todo trance la retiradit
de ~illrcband, ó por lo menos la desautorización
ele sus actos, para no verse obligado á rechazarlo por medio de la fuerza.
Cámbianse notas reposadas y que no salen del
tono severo de la diplomacia entre Londres y
París, y la cuestión se sugeta á discusión entr e
los gabinetes. ¿Pero qué es lo que se discute?-clama la prensa inglesa.--Mientras permanezca Marchand entre los muros de Fashoda, no cabe discusión posible, y cuando se retire, nada habrá
sujeto á discusión. Defenderemos nuestro derecho
por la fuerza de las armas,-grita la prensa francesa:-'.'rfarcband ha entrado á terrenos inexplorados. Fashoda no estaba en poder de las tropas
anglo-egipcias cuando nuestro explorador tomó
posesión de ella en nombre de la República. Si
hay que abandonar la plaza y el territorio conquistado para evitar un rompimiento, preciso es
que encontremos una compensación por parte de
Inglaterra; que- se limite por medio de tratados
1~ esfera de acción de las respectivas poten~
cias.
Y en tales circunstancias, se espera con ansi;1
la llegada del informe oficial del audaz explorador, para saber hasta dónde son fundadas las aspiraciones de los franceses, que en su arrebato
patriótico, han aconsejado ya al Ayuntamiento de
París dé el nombre de la ciudad sudanesa á una de
las calles de la gran metrópoli.
Ta1;Dbién en esta ocasión el gobierno radical
que rige ahora los destinos de Francia ha dado
altas pruebas de moderación y de mesura, no dejandose guiar ni de las explosiones patrióticas
de la prens_a nacional, ni alterándose tampoco pvr
las exaltaciones de los periódicos inglests.
0

Sr. Don CJlandlo Molina,
Artista. Director de laE obras de la Cat.edral de Morella.

tes de estallar, salvando así una vez más las instituciones republicanas.
Es curioso hacer observar que_sólo en tiempo
en que gobiernan los partidos extremos ocurren
estos incidentes en París. La agftación del Gral.
Boulanger, ligada con la reacción orleanista lo
mismo que la conspiración recientemente de~cubierta, han acaecido cuando un gabinete radical
se hallaba en el poder.

.,

*

**

319

No bien se serenaban los horizontes y comen•
zaba la calma á aquietar la exaltación de las maCJatedral de Morelia.
sas populares, cuando de entre las filas de la
prensa á quien se acusa de estar vendida al sinPodrá haher en la presente crisis labores sedicato Judío, fundado para la rehabilitación de
Dreyfus, brota la noticia de que existe un gr,m cretas de los imperialistas ó de los partidarios
complot para derribar al gobierno y acaso tam• del Príncipe de Orleans; es posible que los amanbién para minar y socavar las instituciones repu- tes de la reacción monárquica, pretendan aproblicanas. Dícese que en la conspiración estaban vechar la ·agitación actual que ha Masionado en
comprometidas altas personalidades del ejército; el pueblo fraccés el asunt0 Dreyfus, para restause llega á aventurar que el mismo Gral. Zurlin• rar el trono de Francia; pero una vez descuden, ex-ministro de la guerra y gobernador mi- bierta la intriga, una vez que el gol pe ha resultalitar de París, era el seilalado jefe del movimien- do en falso, la República sale triunfante de en
to, uniéµdosele el que fué jefe del Estado Ma- medio de esta contra-revolución abortada, y hay
yor del ejército, Gral. Boisdef!re, obligado á di- que dar de corazón la enhorabuena al ministerio
mitir su alto empleo después del suicidio del co- Brisson y al presidente Faure, por la entereza
ronelHenry, y el GraJ. Pellieux que tan activa par- que han desplegado en el momento actual, porte ha tomado como acusador en el famoso proce• que sir, dar crédito á amenaza1:1, sin intimidarse
por nada, han seguido las inspiraciones de su
so Dreyfus.
conciencia
en nombre de la justicia.
Otra vez el ·gobierno de París ha dado prue*
bas palpitantes de su alta serenidad, al proceder
* *
Y como si estas convulsiones interiores no fuefríamente para sofocar la llamada conspira ción.
Aunque ha oído pronunciar con insistencia los ran bastantes á sacudir el espíritu público de
nombres de los príncipes Bona.parte, aunque ba Francia, tan fácil de ser arrebatado por tradición
Silbido la llegada del príncipe de Orleans á Bruse- y por a~avismo, la cuestión de :B' ashoda se recrulas, tal vez después de haber tocado la frontera dece, prnvr,ca nuevas ex11ltaciones y, según el to•
francesa, no ha perdido ni un momento la calma no que adopta la prensa británica y francesa,
necesaria en momentos tan críticos, ni siquiera está á punto de provocar un rompimiento.
Un grupo de exploradores extenuados por la
ha procedido á estas horas contra los generales
acusados de infidencia; y si bien eg cierto que se fatiga, debilitados por largas excursiones á traha anunciado su destitución, basta estos momen- vés de selvas vírgenes, de torrentes impetuosos,
tos no ba habido acuerdo decidido en este punto y de pantano1 traidores y de ,rib11s salvajes, llega
acaso Ei la conspiración b11 existido, le ha basta do desde el Senegal basta las tierras del Sudán
tener en sus manos los hilos de la tenebrosa tra- egipcio, que acaba de conquistar para el Khedive
ma, para ahogarla en su cuna, para sofocarla an- la espada ven cedora del gral. Kitchener. Llega

***
Bien pensaban los soberanos europeos en comenzar á la brevedad posible una cruzada contra los
anarquistas, batiéndolos en brecha en todos sus
antros, persiguiéndolos en sus obscuras cavernas
y destenándolos de todos los centros civilizados.
~penas salió rumbo á Palestina el emperador
Gmllermo, cu1mdo, por oficiosidades dignas de
alabanza del cór.sul italiano en Alejandría se
descubrió una conspiración anarquista, enc~mi•
nada á _asesinar de modo execrable al emperad?r Guillermo II durante suviaje por Egipto. Sabiendv que el monarca teutón, antes de dirigirse
á los Santos Lugares, pensaba atravesar la tierra
de los Faraones, llena de recuerdos históricos que
tan elocuentemente habían de hablar ásus aficiones románticas y medioevales, preparábanse los
aborrecidos hijos de Ravachol y de CaserioSanto,
á atacarlo con bombas explosivas en una plaza
de Alejandría ó en una calle estrecha del Citiro.
Sabedores de que el itinerario imperial se había
cambiado, disponianse ya á trasladar sus instrumentos de muerte á las costas del lsiaMenor
ó á l~s llmur~s de Siria, para atacar al emperador si era posible al pié de las murallas de J ericó ó en las calles sagradas de J erusalem.
Af:lrtunstdamente para la gran Germania la
t~nebrosa conspiración ha abortado, y sus prinmpales a_ct?res se bailan presos, aunque algunos
de los crimmales mandados por la vía de Suez á
~al:s~ina, no han caído todaví11. en poder de la
Just1e1a. Pero han de caer: sus filiaciones y retratos han sido enviados á todos los consulados
extr~~j~ros de Egipto "'! de Turquía Asiática, y
es _d1f1CJl que pu~dan librarse de las activas pesqmsas emprendidas por la policía internacional.
Este atentado, que para gloria de la civilizac~ón, no ha podido llevarse á cabo, sólo servirá para que se redoblen los esfuerzos contra
el anarquismo, y para que la gran cruzada con•
tra ~os enemigos dela sociedad que ha convccado
Itaha, se lleve á puro y debido efecto. La civilización así lo exige, la justicta lo teclama.
_
X.X.X.
Octubre 20 de 1898,

�320

Domtngo 23 de Octubre de 1898

.!L MUNDO

...

......
'

·.
A•

~ i

quimistas, brujos y evocadores. Fué una entrada
triunfal en la historia la de este nieto de Brumor de
La1al un paladln lt-gendario, y de Bertr11n Duguesdin, el salvador dt1 lit Francia d_11l siglo XIVº; una rn•
trada triunfal: en l.Rs batalld v1b1 ó com~ el r11g:1do
de un león en los primeros al'doree el grito de Rais, y
entre el polvo y .-1 humo de los primerus comb11tea de
arm11s de fupgo, tnmoló muy alto, al par ~e los más
altos pendones, el suyo, dtcorado con el funebre escudo de rn casA: oro cruzado de sable.
Era una ~poca at:iag11, aqu.-lla, la más nocturna, la
más lúO'uhre de la int11rmmablt1"guerra declt&lt;n años."
No ha bia Francia; Francia, el patrimonio lentam1iute
crecido de los reyes capeto¿, id .. ntificad11. con é~to&amp;,
e@taba d1ddida, disuelta, no e-.:istla: un rer d6 Fran•
cía habla ~ido proclam11do s1Jbrt1 la tumba dt-1 po
bre dement_, Carlos VI, en S11n 1Jioni11io, y este rey era
un Lancaster, r •y a,., Francia y d" fogl~terra. Utro
rey. no reíuaba fino en unas cuantae. crndades del
valle dt-1 Loir·1 y del mediudia; t&gt;l rt&gt;y del Bourgea, le
llamaban los lngles6d. Estt1 lntortunado t&gt;&amp;taba á punto de ser arrojado del ttlrruíio conservado por la 11111vajf'I energia &lt;1t1 jPfes de ba11dat1, como Dunois, LH Hlre, XautraillPe y Ricbemont, PP!lsab! refugiarse 11n
Cast1lla; acaso lu bab'rla becho H los mgles1111 Sil hu
biesen apoderado de Orleaus. Lo que no estaba en
podt1r de los ingleses estaba en el del rencoro110 du
qu11 de Borgoña y de otrus b11rones fendal ..s má.i rti•
) es en ~Ud d1Jmiu1os que en Bourges-Carlos VH Años
terribles, ewpapados en s11ngre1 en la sangre dt1l put1•
blo de los campos, victima de todoR, qui, deyoraba
su pan de miseria como sus pitdreti, los Jacques
de mediados d11I siglo lamentable que habla a&lt;:!l.b,.,.do,
sin llevarse consigu ni el luto :il la desesper11cmn.
Eran 1011 itños en que, según los;cronistas, 10s lo boa
rabioEos de hambre, invadum las ciud11des. Noche de
agonía larga, sin fin; la muerte no llegaba Litigó la.
resurrección, 111 \·ida; resurrecl'.ión y vida en la ltl, e,1
la in11piración popular encarnada tu una pobre mu•
cha.cha que creia en la Patria y creia en Dios. Llt'gÓ
Juana d' Are.

'

..

~

.i •

BARBA AZUL
I.

; NI el Ogro del Purgarcillo ni el Lobo de la Caperucita encarnada, n1 tll Xtabay: ni la Porontoroch vestida de palo, qu"' ile comían á ,os niños que no qu~rlan
acosta~se temprano, en loe cuentos 1de mi nana, que,
sin saber o, mtl refc:ria probablementeviejoe mttoe moyas trai,formados, IDA causaron, de chicuelo, el horror
que Barba•A~ul, el.opulent9 señor, más ogro que to•
dos los ogros y-más lobo que todos loe iobos Cierto,
la narración de Perrault es admirable, es un climax de
miedo y terror sa!liamente dispuesto: la v,uaedad 11in
cesar relnovada del señ')r de la barba-azul, moti ,o de
horror eLtre las muchachas, no poi lo viudo, se entiende, 1,iuo por el color de la ba, ba. cosa que no he
podido explicarme; sus riquezas, vajillas, teias, mue,
bles, castillos, prados, etc ¡ la codiciosa doncella que
consiente en c&amp;i1ar~e con el monstruo; la ausencia d11l
cspoeo, la llav~ had_a que queda en poder de la indiscreta castellana queª" apresura á abrir el retrete mis•
terioeo al pié dt1 la torre; el espt1luznante desc..ibrimiento de los cadáveres de las esposas degolladas:
la sangre coagulada 11n el piso; la l1ave calda de las
trémulas manos de la joven; la mancha hnborrahle; la
vuelta de B11rba-Azul; la desobedienma denunciada
por la llave fatal; 111, sentencia de muerte¡ el plazo concedlao para orar; lot l1amamlentos reiterados del feroz esposo armado de su cuchillo aterrador; y Ana,
la hermana Ana, expiando en lo alto de la torre la lle·
gada de los hermanos libertadore8: y los hermanos
que tardaban y la agonla infmitit del g.rito: Aua, hermana mia ¿qué veer Y la angusth, mortal dti la rea:·
puesta: Sólo veo el sol que polvorea y el campo que
verdeguea. Al fin, al fin. la mujer arrodillada ante el
verdugo, el relampago del cuc_hillo sobre la desgrll·
ñada 011,beza, y en ese supremo instante, los golpes á la
1,uerta-¡oh! esos golpes cómo suenan en el corazón!
:--Y los v,mgadores que entra~. el verduge que mue;
re...... Perfdcto es el cuentec11lo y honda e imborra•
ble la impresión en el ánimo de los niños. Y si los niños supieran quiénes erau he verdadera■ vic!imae de •
Barba Azul! Yo se los voy é. decir.
Ya. bombreclto de diez y siete años, leyendo á Mi•
cbelet, me encontr_é con una ~orrenda figura reabada en el fondo r0J&lt;l del crepu11culo fe:idal: Gill~s de
Retz mariscal de Francia, noble bretón deencumbradish~o abolengo, cometió cl"lmenee tim abominables,
en loe tiempos negros iluminados por el nimbo de
martirio de Santa Juana D'Arc, que su renombre dura
aún en lu comaro11s bretonas, en tionde se le llama,
confondíéndolo con un foragtdú inglés de aquellas
~pocas. Blue ba,b, Barba-Azul: una bestia de exterminación .die.e resumiendo. el historiador.
8e quedó en ml el horror y la curiosidad, una gran
curiosidad, se justapueo al primer eentlmiento. La
opereta francesa me gustó mucho. porque me hizo
reir mucho y la risa tie una especie de absolución psicológica de cualquier profanación. Mas aquel empei,o de loe d!vPrtidores, juglara¡; iba yo á decir, de la
sociedad del 2 ° imperio napoleónico en transformar
en gee.to caricaturesco el crispamiento traglco de la
máscara de la historia, no m.e hizo olvidar á BarbaAzul.
[*) La serie de retratos que con el titulo supra'!Crlto me propomro
exponer ante los Jeciores del Jlundo ll11ttrado, han n!lcldo de mis
apuntes de profesor. t!u caricter Httrarfo no permite el aparat.o
erudito de cltas y notas. paro todo cuanto en ellos se afirma e,~ rl·
gurosamente comprobado.

~I fin CRYÓ un libro pnberbi11m11ntP.docnmentado en
mtd manos Si, Barba-Azul er11, Gilles de Bilis; por lo
mPnos, torios los elementos de la leyenda anteriores
itl Siglo XV se cristalizaron en el recuerdo pavoroso
del St'ñor bretón. Algunos cr11t'ln que Ba.-ba-Az.ul era
una transformación del din11 Iredr11, que según el RigV~da, tenla una barba cerúle11, y qne este mito tranem1~_ró, e 11 forma de cuento. dt1 la Iodia•á la Bretaña
céltica Otros creen qn"' 111 el11.ve del drama exl11te e11
la Jpy1&gt;ndl\ de Santa Triflna la hij11. del Conde de
VannPs, dada en m&amp;Crimonlo á un rev bretón del siglo VI matador dA 8U8 mujerP.8, y qúe mató á Trifina,
rPsuc1tada, despuéo de degollada por el Klorioso San
Gildas.
'
Por este camino Re puede andar mucho; ee puede
demostrar que la llave de la s.-ñ,na B11rba -Azul es
una metamorfosis de la manzana de Eva y que loe retretes _misteriosos que figuran t'ln cien .t radiciones y
con!!eJae populares, son origen del que guardaba las
muJeres d11golladaa del terrible marido. Y la curiosidad de la mujer, veintevPces mPnor qut'I la de loe hombree ¿no es el elemento primordial de fábulas incontableij?
Pt'fo he aqui dos antigualla9 que nus acercan al
hombre 'lue sirvió de iuuln á estt1 polvo de hierro de
las leyendas trAgicae de Bretaña, el país de la~ calvas
rocas de granito, del c'elo gri!l v del mar bravio, bajo
el que yace la ciudad de Is. cuyas-campanas oyen sonar los bretones en el fondo de sus enneños.
·
En una endecha de las doncellas de Pléeur, 11n anclan&lt;• Obispo trashumante pregunta á las niñas bretonas el motivo de su llanto; lloramos á la bella Giwe•
nols, responden ellas. tA.vl a.vi ayl El terrible BarbaAzulla ha matado como á todaij MUS mujelres.-Ba.rbaAzul vi~e poi:_ aqui? repregunta P.! aterrado anci~no,
pues huid. ninas, huid; el lobo r.tpaz eemenoe terrible
.q~e t'l bar~n, el oso es má~ dulce que el maldito baron de Rats -Pasa el tlempo y la!l niñas de Pléenr
canta:1 en sua romerlas: el rulaeñor hace resonar con
sus tiernos act&gt;ntos el boscaj •; pinzones y oropéndolas
-renu!'van sus melifluas cantilenas y la naturaleza entera está vestida de fiesta: Gllles de Laral no exist.;;
Barba azul ha muerto
¿Barba Azul? Porque tenia ei,ta muca terrible el
barón de Rais. Clerta ocasió'l, y esta ei la otra antigualla, llegaron do11 jóvenes enam 1radoe al castillo
del mon~truo; al lleg.ar la noche, los slcario811epultan
en un calabozo al joven y Rais lleva por la fuerza á
,su cayt11a á Blanca la bella enamorada, y quiere obli•
gar a capell!n á casarlos. El sacerdote vacila Blan•
ca se resiste fu~~osament~: te doy joya.e y traj~s, dice
el.barón_ á la m11a. No. Jamás. grita é•ta.-Te doy
mis cast11los y_mis p11.rque¡¡ -!\lo, jamás; solloza Blanca.-Te doy mt cuerpo y mi alma dice fuera de si
Oilles.-Acepto, dice Blanca que ~ra el diablo; y te
marco ~es~e hoy-Tocando la barba roja del barón
la convtrtlo e11 azul obscuro y añadió: dt1sde hoy no
te llamarás Gilles de Lar1al, sino Barba-Azul.
Era linajudo como un duque de Bretaña; las casas
tle-M&amp;&amp;tmol'eney, d&amp; Machecoul, de Laral ñ&amp; Craon,
ee hablan unido á Rata· (que andando el tiempo se
convirtió en Retz) y de toda esta savia feudal habla
·nacido Glllee; crec;ó en libertad. dueño de si ml~mo,
bajo la tutela apenas perceptible del anciano Ju•n
de Craon, su abuel'?; era herm\)@O, de gallarda estatura, de porte genttl desde la aurora de la juveratud,
Era tan nob1e como el duque bretón, a1tzerano suyo·
pero era más rico; era riquieimo; no babia fortuna e~
Fr!'-ncia comparable con la suya, cuando llegó á loe
vemte años y se presentó en escena simple barón
simple señor. no dignándose ber ni duque ni princl:
pe, con un séquito esplendoroso de cr.balleroe escuderos, pajea y criados. y otro séquito de canónigos,
socb.antres y coros de llU capilla mirifica ., otro sé•
quito &lt;&gt;culto, trémulo, pero preferido a t¿dos, de al•

•*•

'

Su voz parecla 111. voz del arcángel de la resurreecióu, er11 un surgite mortui¡ caballeros v pueblos ~e
levantaron reaiv1vos y biguieron á la Í'ucelle; I• si•
guió 111 rt1y al combate, al triu11fo,álaco_n11agracióuen
Reims; luego la abandonó, luego la olvidó; ..ola fué á
111, p11sión y al martirio cowo Cr~sto. En 111, irr~diación
de aquella milagrosa epopeya (J&amp;mtd, se ha dicho, la
hi.tori• ha collttl11do mái de cerca al milagro,) caraco•
ltiaba ti0bre un corcel vestido dt1 h•erro y dt1 iumensas gualdrapas recamadu de oro, un mancebo de
veinticinco bñoa. Nombrado · por el rey, deaeo11o_de
distinguir en él á la alta nobltiza bretona, guardián
espec111,I de la mar&amp;villosa é inexperta pastorcllla, lti·
lit-a de Rals. renombrac;o ya porsu valor y su crueldad
en 1011 combates cuyos sitios quedaban 1argo tiempo
marcados por las horcas de que colgab411, entre
· una nube perenne de buitres, los cuerpo11 de los prl•
s10ner&lt;&gt;s,
En la armadura de aquel hombre, todo acero y oro,
lo mismo en el timbre dti la bruñida Cólada, que en la.e
esct1nas brillantes del calzado ferreo á la paulaine. se
reflej!l.ba en l'Ojo,laluzclaraypuradelagloru1deJuana. l!.n Reí ~s, el llevl&gt; con su escolta rti¡r1a la santaampolla, que guardaba el crisma dtl unción de los re•
yes tranct1~es, á la catedral en que reeib1ó el ~&amp;lltÓJ
de Mariscal de Francia, tlespués del• cer,monta m~a
conmovedora que habla dedpleg&amp;do su pompa st&gt;mlbárbara eu la 11dva de columnas y esculturas del templo gótico y bajo las eternas penumbras dtt las bóvedas oj1 vas iridadas por los deijtellos dti ped~erill de loa
vitrales.
Luego vienen las ma,as ;ornadas para la herolna;
Gilles no la abandona, la acompaña en l11s hora_s tra•
gicas de los fosos de Paris y luego se retlriin Juntos
y el señor del Rais no vuelve á aparecer en Ji, gue•
rra...... ¿Qué bad&amp; rondando por las cercan1a11 de
Rvut1n tin los dlas del bUplicio de Juana? ¿Qutiria sal
variar O era su eterna, su insaciable curlostdad1 l• que
lo llevab L al!!, donde Dío11 y el diablo deblan Qtl dta•
putaut1 aqu11lla presa singular? l,tui"n s be. pero in•
quieta la vrest1ncia de este milano ceroa,blemprecer•
ca d6 la pa.loma 'lorenesa. En su esplrim lleno de su•
pertlclont1ll satánicas, aquella mucbacba extraordina.r1a, dt1be de haber hecho la lmprt111ióu dtiun pr~blema.
¿li:ra una enviada de Dios ó tt1nla pacto con el diablo?
,La seguía, la ,ob~ervaba por e110 qu1záa, esperaba
sorprt1ndtiria llamando á los santos, su11 protectores,
querla tener la prueba de que 1011 st1rt1s ultra-terrea•
Hea nos oyen y se nact1n v1oibl11s, atraldo11 de la som•
bra de la tumua como las mariposas por la luz, por el
pre,t1glo de los conjuroo mágicos
Sin embargo, la fascinae1óu ejercida por Juana an•
bre t1l f&amp;11tuo110 barón es Indudable; cuando despuéa
del suplicio de Rouen, una joven impo,stora., recore
una parte de .l!'r11,neia llamándose Juana D'Arc salvaua de la muerte, Giltes Vllela en su auxilio y le confl•
parte de sus trupas.

Oomingo 23 de Octubre de 1898.

321

EL MUNDO

l)ieles de marta y gris. Esta clerecía y loa nilío11 del maravilloso .del paisaje formado de estanques, de ríos, como en el famoso Misterio de Orleans, reprt&gt;sentado
coro y los órganos, lo acompañ11b11n en sus expedi- bosques y suaves y 11zuloso11 horizontes, T 1ffauges, el á t"Xpeusas, problamt1nte, de nuet1"0 hombrA y en el
ciones; no se cansaba de oir música ni se saciaba de · castillo favorito de Gilles de lL11ie, guardd ba dentro que f1gur11ba casi .. n primer término junto á la egrecautos infantiles; una ocasión que oyó en una iglesia de su@ muros de granito, tr:das las maravill11 s del 11r- gia safv11dora de Fnmcia.
Para que en esas épocas de Afición desm11,iurada á.
dtt Poitiers, la voz de un niño, á. quien llamaban elrui · te ojivo, todas li.s riqueza11 del mobiliario y dtt la de-señor le contrató para su cap:lla, mediante la cesión cor11cióu de las postrímerias dó los titimpo11 góticos. esta clase de diver,iiouee, costo~isimas muchas de
formal de una de sus tierras. Inútil es poncierar el Los salones de rectspción cubit1rtos del arma11 esplén· ellas, en eota época en qut1 Francia se erizaba de taesplendor de los paramentos sacerdotales; el oro pro- didas de España, de Florencia, d..J Oriente: loe muros blados en todas la11 plaza11, atrios, y corrah·s llamase
digado en casullas, custodias, cAlices, candelabros, cubiertos de telas de t.ro, que hoy, apenas e&amp;tarian la att·nsióu el furor del barón por esta clas.- de plaatriles. vinajeras, escandalizaba á los que llegaban al alcance de los a.rchimi'lonario.; salas de banquetes certis ¿cómo serian ellost En donde quiera que lle•
-á verlos. ¡Cuánta piedad la de este siniestro dilettantel rodeadas de c1:edencias cuájadc.1s de v11j rl1,.,1 (en el gaba oe t1ijt11blecia -,l t11 ohido, se t11ndian Ja., decora
.Era eso, un dilettante, como Nerón y 11n el sentido qu"' · cuento de Perrault se consP.rva mt1tUOri1t dti ellas) y cioutlS, se apreijtaban los j 11glares y loe act1ire1:&lt; (tohoy damos á las palabra~, un maniaco de sensaciones en donde corría para todo vi~1taute, para tollo foras· do eso iba en la esco,ta d-, Rai,J ) se ord1,11aba al
tero el vino viejo y t1l hipocrái á torrentes, en uua pueblo que dt'jara. ,u tr.;bajo para asistirá la repre•
extra.ordinarias; un degenerado.
trnutacióu. Y 111lá iba la multitud, atropellándose, grl•
Lefa, leía á Suetonio; mala siembra, pésima en un · especie de perenne orgla. Los órganod de todos pre
campo abonado por los instintos apenas reprimidos cios denunciaban en todas parte, la rudomanla del tanrto. palmoteando. aullaurto de júbilo; de1,pués del
de la vanidad, de la impureza, de la impureza absolu- joyen castellano; la.11 pinturas dti las bovt1cla11 1 til lujo · Misterio ó de la Farsa.-! t111plé11d1do st&gt;ñor ob-equiaba al put&gt;lico con bauquetell oplparos de lo~ que frai•
bárbaro y ostentoso de los· rt'tr..tes, el ,,ro y la pedrti
ta, de la que lleva aparejada el deseo tnsaciable de
sangre y .,¡ delirio homicida; los Tiberios, Caligulas ria de los ornamentos de su capilla la'I incornpa.rdbles le~, art.-sauos y comactrei!, sali .. n "hitos y bo racbos.
¿M ,s cómo h11cla e•ttl bombr6 para ceb11r •in taza
y N~rones aparecen en ese libro como divinidades dtil bestias de sus c•Jadr.,s entre las cualt'S reiuaba Cascrimen y del mal, como hombres capaces de aprove• senoix, su caballo favorito, hacian honda iwpreijión el no de sus prodigalidadt&gt;s? Lo gastó todo, lo ven·
dió y lo empeñó tor., á frng,neutos, á retai(/11 desmti·
-ch!l.r su omnipotencia ps.ra convertir todas las ener- en cuantos los velan.
Y no las ocultitba el vanidoso barón: t1n todos sus nuzó su g1gauter,ca f-.&gt;rtuua.) la di~persó t'U manos
.gias del mnndo postrado allte ellos á. un solo fin: pro·
porcionarles una sensación capaz dt1 extraer y ago- eastiilos, en su ca,a de Nautes, babia la mi,ma. pro• d.- burgu .. 11es y señort'ij ~µe atrapaban ávidos los destar t1n sus naturalezas infinitamt1me sensualt:s, toda fusión de e;plen_dor, la misma gala de d •ri·oche y de poj•Jt! de e1:1ta magnifica ave de prPsa feudal.
Sufami1ia pi &lt;iió al rey laioteriiicdón del pró ,ligo; peprodigalidad. Cu,mdo 111 man11cal d" Francia hacia
su anima.lid&lt;ld en un instante de tieleitt1 y horror.
La vt1rdad es que el barón de Rüs ttlnia la pasión un viaje, los hostelerod de las ciuda·l1111 y pu.,b!oij que ro eI duquti de Brt1t!iña. q11t1 se eoriquecia con las mi•
g • 1as dt1l banquete d11I magua te su v11sallo, lo ~ostuvo.
,de los libro11; los 11uyos er•n exq1.usitos de forma y ra- visitaba haclan su agosto. Existe11 memori11les de
ros de fondo; en aquellos tiempos eu que la exigua tallados de una vi11ita suya á O•leans: todos las hos• Y R ..is no paró di} gastar. Era un loco, entonces. ¿Creia
-bibliott ca del rey üarlos V, era en Francia objeto de terlas fueron ocupadas por su servidumbre por sus ac..110 que no habla. d11 sec11.rse aquel pactolc, que sue
11,dmirac1ón, y de pasmo, uu siglo después, en ioda la carrozas y equipaje&amp;: en tudas ellas 1;1111 t scuderos y riqut'Z 1tBn ot11ndrian fírü Prt-cit1amente; estaba á pun-crie.tiandad, la de Matiab Corvino, que hoy apenas for· pajt1s, sus cortesanos y lacayos, derrnmaron el oro á to, cuaudo aBl regaba su citudal y delap.idaba. alborozado ,u fortuna estaba. A ¡,unto de rehacerla ins·
.maria un lote de la Biblioteca Nacional de t'aris ó de manos llenas.
Mas no solo _por eso eran dlas de holgorio los de la tantt11eamentt1 y de ,.IJ.o~ar en ella á todow lol! potenla del Mll11eo Británico, Jalibrerla del beñür bretón era
-de primer orden: riquisimas las ho;as dt1 pergamino presencia de Gilles en uua población importante: si• tadus del mu11do. Grlles de Rais iba á fabrie11r oro;
en que él mismo nimiaba las mayúdculai.' rutilantes y no porque tenia, como otro deg11nerado d-, nut1stros all! estabá formándostl en el fondo de su crisol ae altersas y bruñidas las pieles de !ds pastas que se com- dias, pero dulce y bl11ndo éste, el infortuuado Luis qu1mi.t11, como el huevo de oro del mito Indico, la
placla en esmaltar con primor. Porque es,e hombre de Ba"iera, la pasión, el delirio de las reprt"Stlntacio- Piedra filosofal. 1Obl si, iba á encontrarla, la habla
encoutrado ya., tt-n¡a por co!oborador al único señor
-tenia todas las curiosidades; él si habria. querido po- nes teatral~s, era la época allut1lla1 en que loe mt.,üi
.seer la Ha.ve-hada del cuento d , Perrault para abrir rios se emaacip11ban de las represent11ciou.-s y pdn· frudal má1:1 orgulloso y mát! ambicioso que la Tierra,
&lt;todos l.os misterios y penetrar en todos loe ~ecretos; tomimas que sólo se vtlian en .Jas Tg1~sia11 y salra el al Di11blo.
-era u¡¡ Fausto que habria dado miedo á Mef1stófoles. drama liturgico á la c11lt11 á revivir g-roijera y pinto
rescam11nte, en medio del brutal entu.iasmo de laij invi:A5tv
genuaa y feroc11R mult tud,,s, los epi-udios de la Pa•**
Alta roca sombría y siniestra en medio del cuadro sión de Cdsto ó de ,a Pasión de Juana la Donc"1lla,

---1

J ~

0

. Pero no era la empresa.de salvar la Patria, lo que
absorbía el ánimo de Pete feroz halcón feudal. Ya lo
hemos dicho, era riqulsimo; las rentu de sus castillo•,
parques y granjas pueden valorizarse en una canti•
dad equivalente á se!scientoa mil peaoa anuales de
n'uP&amp;tra moneda actual mexicana. Amante desenfre·
nado del lujo artlstico (se comprendP) tu movlliario
vaHa. en la misma moneda, cerca de un mll,ón Loa
prioclpes envidiaban la casa militar de aqu11l barón,
compuesta de doscientos caballeros, escuderos y pejes
ric.am6llte vestidos, pagados y manttinidoa opípara•
mente. El duque de Bret11,ña le env1dlaba 11u capilla. de•
dlcada á los santos inocentes (aqui uu estremecimiento
de horror de la hisrnria) y dotada como una catedral ó
una colegiata; aus canónigos (solicitó del Papa. que fue·
ran mitrados como los de Lyon) recibían e~eldoa c9pio·
sos y vestian luengaa túnicas de escarlata forradas de

EL EMPERADOR G1JILEEBMO II DE A.LEMA.NIA.. -TRAJE DE CA.MINO (t1JE VESTIBA.. &amp;.-Y PA.LESTI.NA. .

..

�Domingo 23 de Octubre de 1898.

EL MUNDO

EL KAISER GUILLERMO II
1,a, bU

EXPEDICION A. PALESTINA..
Como ya saben nut&gt;stros lPctores, el Emperador y la
Emperatriz de AlemHIJJa s~Jieron de Berilo, sPguidos
de _numero-o acomp11nam1t&gt;nto, par11 emprPnder un
viaJe á Oriente en que é.tá iucluida una visita á loa
Santos Lugares.
Los impt&gt;riales vi11j,.ros Paldrlan de la cApital de su
reino el d_il4 doce de Octuhr1:1 ú tim_o para embarcarse
en Venec11l c1,n rumbo á Constannnopla primt-ra tlS·
tactón de su itinerario Alll pl'1manecerlan cinco dlas
como huéi!pedes del Grau Turco y en seguida prose,ruirian pua A~ia ,\h1nor y visitando someramente
Halfa, Cesarea, Jaffa y LH trún .,fectuando su entrada e~ JerusAle~ el dfa vt'inti_nueve de Octubre para
asistir á la ded1cac1ó11 d .. la 1glePia alem&gt;1na d.,l Redentor que es el objl'to ó m"jor dicho el pr.-texto del
viaje. De_ ahi pa\ti!la la com,tjva á Egipto en cu,·as
metrópohs del Cairo y de AleJandria se efectuarían

rumbosas fiestas en honor de la imperial pareja ger•
mana, fiestas agradablemente interrumpidas con excursion~s á las pirámides de G1zeh, á la pirámide es111louada de Saggarah, á las obras del Nilo y á la primera cascada del mismo rio, durando sólo este último
paseo doce dias de navegación en yate.
Eijte os el itinerario primitivo que elaboró la opult&gt;nta imaginación de Guillermo II en su gabinete de
Berlln y que fué dado á conoctr al público por !a
prensa alemana. Posteriormente el Emperador le hizo
notables modificaciones, pero sin prescindir de su visita á Jtlrusalem. En la sección cablegráfica de nues
tros diarios podrán nuestros lectore11 St'guir la fantás·
tiea excursión del Kaieer aunqu.. sea por modo ideal.
Es curioso observar el viaj.- á Palestina d11 un Emperador de Alemania en este fin del aiglo XIX, comparándolo con las cruzadtis que guiaron sus abuelos
en otros ti11mpos Federico Barbaroja dejó las obscuru selvas de Germanl• para plantar la bandera de la
l,i:uz en la ar,.na misma que bt&gt;bió la sangre de Jesucristo. Segul,.le un acompañal'liento regio de c11balleros de la más alta estirpe y la sangre alemana r~gó
generosamente la tierra santa por eatlncla; mas suJeta

DomJngo 23 de Octubre de 1898

al sacrlle"'o cautiverio de la Medía Luna. _A Guillar-•

LAS RlVALWAOES FRANCO-INGLESAS

mo II le a~ompañan lgualw~ . u, los mas ~r!lla~tes ca-•
balleros de su reino y el obJeto de su Vl&amp;Je. tteno de,
común con las cruzadas el honrar la memo~1a del Redentor con la dedicación de un templo cristiano evangélico á dos pasos de la iglesia católica del Santo Sepnlcro. Pero no hay cuid~do: hoy no se derramará
sangre y la pavorosa noticia del complot anarquista.
fraguado en contra del Emoerador de ~lemania nopasará de mala intención gracias á los cuidados de la.
policia. Espnémoslo asi. . .
.
Reproducimoi! hoy la uhlma fotogrAffa del K~1sercon el uniforme que ueará en Tierra Santa. Gmllermo II que se entiende hasta t'D achaques de sastrería,
ideó el traje y dirigió su hechura en todas sue detalles, desde la elección de la tela apropl~da á los calores asiáticos, ha&amp;ta el color del correaJe que endosarán las bestias de la ciiravana.
La entrada de Ge illermo II á _Je~usalem, c~~alleroen brioso bridón y seguido de cmtllante_ com1t1va será sin duda más !lparatosa, pero menos tierna , mu~homenos que la que efectuó hace diez Y ocho siglos.
otro m~narca que se llamó Jesús Na~areno!. ...

OMDURMAN

EN EL ALTO NILO.
Una págl"• de historia contemporánea.

323

ll!LMUNDO

v

KAGMAW

PUNTO Dil VISTA FRANCES.

Sabid I es que á ritlz del renacimiento egipcio promovido por Mt-hi,mi-t-Ali con el concurso de funcionarios y Pabios fr-ncePPR. Egipto comenzó la conquista del Suda u. Después de Juchar largoP años contra los mercadt&gt;res de PSclavos del Alto Nilo RPouf
Pacha, Gobernado del Sué.an tramés, Je; dividió en
tres provincfas el ~ño de 1883, Occidental capital El
Fachn; Crntral cayital Khartoum y Oriental capital
Massouah.

&lt;'

¡~
1::,

e:

LOS DISTURBIOS EN LA ISLA DE CRETA.

Los ,ia.blegr11 mas a11unci1tn 1,. ejPcución de algunos
musulmaneb convictllri d ➔ 11Se,l11ato,1 pPrpl'trados en
Candía .v de 16s que fuero11 vh-tim"s súbditos de la
Reina Victoria. El ord n Mfl ha re,1tablecido "'º la isla
gracias á 1,. intervendón dfl lo2"laterra, apovada por
Fra~cia, Italia y Ru~ia, poteuciu que se unieron á
los mgleses para obtener la te, minación de uu estado de cosas tan escandalofo como criminal.

tia.nos. As! fué. en efecto,comenzando el desarme :,
lll entrega de fusiles á los ingleses desde la útt!ma
semana de Septiembre.
Esta vez, los esfuerzos combinados de las grandes
potencias mencionadas obtuvieron el más completo y
humilde acatamie11to del Sultán á las con•liciones que
le fueron Impuestas Es de notarse el alejamiento
de Alemania y Austria. en estal!I nPgociaclones, y
su pApel de 1&gt;spectadores en la cuestión qua tanto
ha dado que decir y tanto indignó al mundo occidental.

e-¡

importancia, porque reeue~da una de las eecenas mássignificaiivas de la barbarie turca. Sabido es qua decidieron los Almirantes extranjeros desembarcar á..
veintt1 ingleStlB del Hazard para que hicierbn guar,dia en la. Aduana, situada en el muelle Además acor•
aóse·que lRS autoridades cristiaua11 se instalaran en,
la oficina del colector de la Aduaua.
El resultado de estas medidas fué el disturbio-que conocen ya nuestros lectores en todos SUR porme,nores por los datos publicados en la prensa ?iaria.
T11mbién aparece en esta página la calle prmclpati

CJ

IJAR- NUBA

OM·OEL GAL

•
,50

Croqrus de la región que se disputan Franela é Inglaterra.

t;a,pJCán J. B. Marcband,
Jefe de la expedición francesa sobre Fashoda.

La iusurrección msdhista, que los ingleses dPjaron
prop1o~ar adrede para justificar au ocupación del
Bajo l!:gipto, hizo perder al Khedive sus provincias
euda11e,a11.
El 28 de Enero de 1885, Khartoum, defendida wtrépidameute hasta t&gt;monces por Gordon, cayó en manos d ..! Mauhi, quien la destruyó inmediatamente es•
tableciendo su capital en Oadurman.
De,d11 entonces el Sudan egipcio quedó eutrf'gado
á la ~narqula, á los ingleses hicieron pesar duramen•
te su~ ugo s1,bre Egipto á fin de proteger eete desgraciado país d11 las amenazas de los dervishes.
Asi transcurrieron diez años sin que se transparen•
taran los manejos tenebrosos del "lntelligence Depar-

El Puerto de Candfa.
Candia. - Puerta donde estalló el motin

¡;;

• Cediendo á las dewan.d11s llel Almirante Noel
autoridades turcas demolieren los edificios con!iguos
al campamento de los iuglese&amp;. Los insurgentes hablan
acampadv cerca de Candla, listos para atacar á los
iurcos¿ pero se_ det~vieron. confiando en que la Gran
Brets.na tomar,a. baJo au eficaz protección á los cris-

•••
La ciudad de Candia quedó reducida á una completa desolación Nuestros grabados representan algunos de los lugares de la ciudad.
La Aduana donde debb. percibirse el diezmo (contribución) el dia que estallo la revuelta, no carece de

de Candia dpspués del fnPgo y la puerta donde fueron muertos l'I teniente Haldam y otros ing,eses.
Una vez más se ha prestntado la cuestión de la intervención en los a~untos interiores de Turqufa y en,
los de Creta. viéndo~e en esta ocasión con toda evidencia cuflnto mas eficaz es la intervención inmediata y aislada de una sola potencia que la de todas ó,
aljr•rn11s de Pilas simultáneamente.
El Almirante Noel obró cen energla y r11¡&gt;idez, al
mismo tiempo que el Ministro de la reina e11 Constantinopla llevaba de frente el asunto de la repnación i.
les ultrajes sufridos por Icglaterra.
Posteriormente intervinieron las otras tres potencias mencionadas. como para dar á e• tendn al sultán que no era valedero ninguno de sus b11bitualesrecureos: la mentira descarnada y los pérfidos subterfugios de su política cruel.

tement", dirigido de una manera notable por el coronel Wingate.
.
Bruscamente, el 14 de Marzo de 1896, se telegrafió
de Londres al Cairo !a orden de emprender una expedición contra los derviehts, teniendo á Dongola como objetivo. El comandante en jefe, General Kitchener hizo retroceder á los desvishes y estableció su
cuartel general en Berber. Durante el invierno de
aquel año preparó la siguiente expedición cuyo objetivo debia ser Kartoum.

*"'*

Sin embargo, les ingleses no dejaban de h:quietarse sobre los acontecimientos que podían ocurrir en
f'l Alto Nilo. S11bian que babia partido una miPión
france~adelCongo con destino á B11br e1 Ghaz11l. pero
ignoraban eu organización y su de~tino reAl. EntonCf'B hideron correr el rumor de un desastre de la
mis!ón Marchand para que los fr..nceses abandonasen su reserva.
En parte lograron su objeto, y conociendo las verdaderas Intenciones de la expedición Marchand decidieron una ofensiva violenta
El 4 de Septiembre el ejército del General Kltchener se adueñó de Khartoum despuós de un violento

combate, y los pabellones inglés y egipcio ondearon
sobre 1011 muros triunfalmente.

--------•-------LA CATEDRAL DE .MORELIA

Calleprlnclpal de Candfa después de lofl disCurbiofil.

Esta notable basilica, cuyas torres tienen 62 metros.
de altura, fué construida en un largo periodo de tiem•
po.- -mAs de cien años,-y como es natural faltábaleal~o de armonía, ciertos detalles eran imperfectos. ,
El Sr. Arzobispo Arciga fué el iniciador de las obras,
la@ que se pusieron b8jo la dir, cción del inteligente
artista Don Claudio Molina. Lo primero que se hizofué substituir el antiguo pavimento con uno de mo•
saico veneciano cuyo efecto es preciosisimo.
El decorado de las naves y ile la cúpula PS otra de
las mejoras y según las descripciones publicadas en
la prensa. que ya hllbran visto nuestros lectorf'S es deuna magnificencia y de un gu~to artístico notables.
El coro fué removido de la nave central en donde·
impedia la vista. de la parte principal del Lemplo.
Tiene éste entre lo más notable la sillerla del coro,
estilo Pigl!' XVI; los órganos cuyo valor no bi1ja de
$100,000; el trono del altar mayor. de plata maciza, regalo del Obispo Ortega y Montéñez; el sagrado, cl11
plata y oro, cincelado primorosamente; una custodi*
~stimada en más de $150.000, etc, etc.

*

**
Pareció que ya no se opondría
ningún obptáculo á
los lnglese11 e1.1 su marcha El plan grandioPo de Cecil Rhodes, el conquistador df'I Africa austral, fué
para eilos de una realidad completa.
Tratába11e de unir Egipto á la colonia del Cabo, á
través del Africa central. Bastaba para ello h11cer remontar el Nilo á sus cañonnos, para asegurar su in·
corporación con Mac Donald y Cavendish que ocupa•
ban Ouganda y hablan ealido victoriosos en Mruli.
Con esto, su hábil polftica les hubiera permitido, á
cambio de ventajas especiales, franque11r el Estado
independiente del Con¡ro y el estandarte britAnico
habr!a flotado triunfalme1,te desde el Norte al Sur
dt'I Africa en toda su inmema extensión.
Sólo una eombra tenia ~~te cuadro: la expedición
Marchand. No bastaba que 11e hiciese correr el rumor
de su fracaso; necesario era que el hecho se confirmase. Ahora bien, lejos de haber muerto, el capitán Marchand y sus compañeros de armas, los capitanes Baraties, Ge,maio. Mangin, L¡¡rgeun. el teni, nte To11qne, el alférez Dye y el Doctor Emily hablan llegado
á Fashoda.

•

Fasbodn. ocupada por la expedlcl6n Marchand.

�EL MUNDO

324

Oomiugo :23 de Octubre de 189l!

Domingo 23 de Octubre de 1898.

EL MUNDO

PEKIN Y SUS CERCANIAS.

·-•
Puente ••Lomo de Camello."
Parte exterior de la muralla.
EL EMPERADOR DE CHINA Y SU MENTOR
comprendida en la _esfera _d111 acci?n ingl_111sa. rE'I•
La. travesla. de los franceses al mando de Marchand 111stá
couocié11&lt;lolo
asi
Al111mama,
Jt,i.ha
y
el
~,;ta&lt;t_o
1
1b~e
d~l
será uno de los más noteblt1s t&gt;jr1mplns dt1 lo que pue- Uongo. El gobierno d0 Lord _R 1Pt1bery. man_1f_.,._sto PU·
China es el pals de los certámenes á propósito do
de la. energla. iorlividual. R.imnnt~udo Fucesivamen.te blicameute cuando se or_(amzabll. la exp_ed1c1ou Mar- to 10.
el Oubanghi el M'Bumou y t&gt;I Bokau. penetró por ulHemos oído hablar tanto de Emperadores y Empe•
timo Marciland á fineK de 1· 97. en la cuenca del Nllo cha.ad que cualquiera invasión emprt1ud1da sobre el
rat1ices dP China, ya enve111&gt;nados, ya
y ocupó el fut1rte Hossioger, cerca. de
dPpuePtOP d111l poder; ora victimaq de unas
cou.ipira.cioneR ó conPpiradores á su Vt'Z;
Tamboura en el Saueh.
Comenzó P.ntonct&gt;s á bajar p&lt;'r t&gt;Fte rio,
-tanto ht&gt;mos oid0 hablar de esto que
afluente delBabr el Ghaza.l, fundandopues
1·r111emos pertiuente la publicación de l11s
tos militarP.s en Kodjioli y t&gt;n 1,. confluen·
liuPa8 y del retrato y vistas chinas que
cia. del W ,mu. al que dió el nombre de
form" n ~Fta página.
fuerte Desab::, asegurando asl su linea dfl
;.Cómo 11..-ga á rn alta digni~ad una Emcomunicación. Pasó por MePchra en Rek
pi&lt;ratriz de China? Ya lo lltmos dicho, el
y á poco acampó á orillas del lago No.
certámen t'S el procedimiento universal,
Por su parte Llotard, comisionado dtil gcempleanrio en CLina para prover todo
bierno francés en el Alto Aubanghi, funpuesto vacante. H11.ce justament111 diez
dó los establecimiento,;, de R~ b ..t y Dem
años hubo nn gran ~oncurso de jóven, s
Ziber. mandados por el capitán Valdenai·
casad..-ras con más ó meaos titulos para
. re, y luego el de Ganda bajo las órdenes
pretender la dignidad suprema. E1 primedel teniente Cha¡,uiP, uniéndose aKI los
ro de todos os requisitos es pertenecer
esfuerzoR de esta expedición con la del
á cif'rta clase social elevada y ser ademas
Capitán Ma.rchand.
de la raza domiuante.
Los franceses ocupan la provincia de
Las primer 1s prueb,is dieron por re•
Barh-el·Gh11zal y sus ePtablecimit&gt;nto@ cerPultado que qnedara.n sólo treinta.y un con•
ca del Nilo obstruvt&gt;n el camino de los in·
currente,; acepta1as; selas condujo en cagleses. Estos protestau contra la ocuparros cerraaoij á !'alacio, en el qui! eutraron
ción de territorios que pretende lCgipto,
antes de que saliera el sol. Sirvióseles un
banquete para rt&gt;parar sus fuerzas, dt1·
EL PUNTO Dlll VISTA INGLÉS
bilitados por la nocturna caminata DesSir Herhert Kitchener ha dado feliz terpués dt&gt;l desayuno fueron llevadab á la
mino á. la campaña del Sudan, aseguranpresPncia rle la augusta y temible Mado losintereKes anglo-egipcios.
jestad. la Emperatriz viuda. la cual pa,6
Parece en E'.ft'ctu que todas las dlficu\en revista á las doncellas, examinándolas
tades han desaparecido y que este resulpor grupos de cinco
ta.do satisfactorio se obtuvo con un mini·
Uada una de las aspirantes al trono llemum de esfuerzoa. Como el gran Carnot,
vaba una tableta en la que estaban et1•
Sir Herbert Kitchener es "un organizador
critos su nombre, su edad y prosapia;
de la victoria," aunque, á decir verdad, su
después de iuterrog-arl&amp;s la. Emperatriz
mayor mérito consil!te "'n que prevee con
viuda. mezclando á sus preguntas una
igual perspicacia las pt\rdidas que se proque otra ob,ervación matt1rnal, S M. forpone infhgir al enemigo y las que evita
maba su opinión. Si esta era. deijfavora•
para los suyos. Basta pensar en la morble. la tablita de la donc 1la rechazada se
talidad terrible requerida por la conquisponía en mano6 de uno de los oficiales
ta francesa en Madagascar para que se
encargándole que entrt&gt;gare á la rnteiecomprenda la plena exensión de respon•
sada un rollo de st&gt;da. Lue¡;ro se la condusabilidades de los inglt1ses eu la presente
c1a á su carro quedando fuera de concampaña.
curso.
Tócale ahora á la diplomacia tomar 1011
hilos de la empresa manejada con tanto
tino por el soldado La presencia del maEl interés de estos***
datos consiste en la
yor Marchand y de las fuerzas francesas
luz quti derraman sobre las relaciones
er: Fashoda, creó una situación que reque ligan á la Emperatriz viuda con el
quiere mucha y muy firme decisión por
Emperador Aquella. es de hecho, 8uperinparte de Lord Salisbury si se quiere evit~ndente del harem, posición fuerte que
tar un conflicto internacional demasiado
conserv&lt;l á tilda costa, toda vez que le da
serio.
ua medio excelt1nte para regular los acSt&gt;gún t&gt;l chauvinisme (patrioterismo)
toR del Emperador.
#rancés, la emprt1sa del valiente Mavor
lilJANG HSlJ, Emperador de China.
Las mujer.,s de la corte e~tán sujetas á
March~nd tuvo por mira. ó µrovocar á Intodos sus •:aprlchos: su sonrisa las llena
~laterra á discutir la cuestión t&gt;gipcia,
u obtenPr una. garantia ma•erial de la evacuación del valle del Nilo por una potencia extranjera: serla co'!l• de placer y su enojo las anonada, porque no sólo se
Riderada como "acto de desafecto ó enemistad hacia manifierita cou palabras sino que acude á veces á me•
valle del Nilo.
·
dios brutaJeg para mautener su autoridad.
Fashoda. pertenece al Egiptv, Está declarado que Inglaterra."

Algún ático e!!tudiante, 11lumno de Anatomía
,práctica ó de Patologfo. interna de lo~ del Hospital General, bautizó á aquel viejo setentón, dt!
ancha esp ld1t, cuerpo de Hércules de circo y
-entrecana melena de Nazareno, con el nombre
-del mitológico gigante; y e11tre la estudiantil ca•
terva de medicina, ti !ceo aquel no era conocido
IJli llamado de otra manera, uo sin razón, pues A

0

Tumbas de la dlnastfaMing.

Entrada á un edifl&lt;'io público.

11emt&gt;janza del enemigo de Ulises, é:1te, A su gi•
:gantesca. estatura sumaba la ausencia completa
de un ojo, saltado de un lanzazo por un húsar
aUBLTlltco, allá. en los tiempos de la guerra de intervdnción y en la bat1tlla, asalto, escaramusa. ó
albazo que ustedes quieran; peleando nuestro
,hombre, eso si, siempre en las filas del ejército
,liberal.
«Polifemo&gt; era popular en el Hospital, tanto
.por su monomanía como por sus costumbres y
11us buenos servicios. Desequilibrado pacífico, lo
mismo ayudaba A los entel'meros en su servicio
que repartía el rancho li. los locos y cargaba de
buena voluntad las camillas con los muertosrum•
bo al Panteon; pero tenia sus dias de 11bstracciún,
de nostalgia profundo\, de fúnebre ensimismamiento, y en ellos ni por rueg0s ó amenazas consentía
en hacer el aseo del cuarto del «practicante adjunto,&gt; ni en cti,rgar las lámparas de petróleo, ó
cambiar de sitio por súplica del boticario, el pe•
sado almirez en el que tocaban á zaf11rrancbo de
huelga los estudiantes en los días de fiesta; entonces se concreta bu A pasear sin descanso A la sombra de los fresnos tlel jardín y en formular á los
convalecientes que allí acndían en busca de oxígeno, su eterna pregunta, aquella pregunta sencilla y terrible, cliwe acaso de un problema que
devora la pobre humanidad. Y era raro aquel loec con sus dej0s de filántropo, filántropo en medio de la miseria, y su-; barnices de erudición y
de saber en mitad de tres docenas de locos analf&amp;béticos. Si á un cofrade, por ejemplo, le veía
próximo á la desnudez, él se privaba de su levitón
graciento y desforrado, herencia de algún alcohólico muerto en el Hospital y adquirida por des-

pojo sobre lti pl1tncha, para cubrir aquella desnudez y evitar aquel frío: y si en alguna ocasión, á
la demanda de algún enfermo, respondii\ la impertinencia de algún enfermero, él mediiiha en
la contienda con tono de rdórico y puntos de
mondista.
Pobre Polífemol En 11que1 ojo único, inmensamente abierto, sereno, sin parpadeos, brillaba una
mirada con reflejos que parecían decir: compasión, caridad, ternura ..... .
El vivia, allá, hace lue, g &gt;B años, en su rancbejo oculto como nido de águila entre las rocas de
la montaña, ageno de desdichas y de dolores,
idolatrando en un hijo, un mocetón fuerte y simpático, según contaba, y en un nieto cuyo 11dvenimiento estaba anunciado, cuanrio á las playas
del golto llegó el cuerpo expedicionario francés
y la imperiosa necesidad de la derensa nacional,
se llevó de aquel hogar tranquilo al hijo, para
convertirlo en víctima de la. patl'ia y héroe de la
guerra. Mas no p11ró allí: á poco se necesitaron
más soldados, más gente, mucbos mh hombres
para defender el territorio y arroj!l.r al invasor; y
cuando el derrotado pelotón de patriotRs pasó por
las puertas del bohio pregonando el peligro de la
madre patria y requiriendo el auxilio de la
sangre de sus hijos para ella, el hombreno vaciló;
echó una mirada al interior del jirnal en donde
quedabán una mujer, madre joven y hermosa y
un niño, angel ñe inocencia, terció al hombro el
fusil y respondió: «!Vamos!»
Dos ó tres encuentros con el enemigo; el padre
sirviecdo en la mísma compafl.ía que el hijo, por
rara casualidad; el viejo, soldado ras'J; el joven,
un cabo gallardo •Y bravo; y a~ tercpr encuentro,
un zuavo, un maldito zuavo de rojo pantalón bombacho y bla.nca polaina, qu1en encarándose el
arma, apunta al cabo en una Lrir.chera, hace fuego y le rompe el corazón .... y .m viejo, un soldado raso, que mordiendo co érico el cartucho
del fusil, apunta al zuavo y 1,: sepulta una bala
en pleno cráneo,
- Psché ...... Despufl~ maté muchos gabrzchos y muchos reaccion· rios, no por vengar á
mi hijo sino por cumplir con mi Patria; pero
me batía con miedo porque me acurdaba mu
cho de mi nietecito. 8i me mataban qué sería de
él sin padre ni abuelo? Quiso la suerte que un
austriaco me dejara sin un ojo, y entcnces pude
pedir mi retiro y regrtsar á mi montaiia con un
centenar de suzas amarradas en el cinto y arran-

cadas en buena lucha á un forrajeador de la caballería enemiga; onzas que cuidé mucho porque
las destinaba ¿no sabe usted para que? Pues para que mi nieto fuera Licenciado ...... Lice,iciado como Don Benito Juárez y como mi General
Gonzálcz Ortega.·.· ... ¡Si hasta llegué A pensar
que sería corno ellos Presidente de la República,
General, que sé yo!
Cuando volví á mi rancho me encontré con que
mi nieto era un rollizo muchacho que andaba ya
y tocaba el t~mbor en un pedazo de vasija de fierro ...... Me llamaba papá y era el retrato vivo
de ini hijo.
Me vine al pueblo para que se educara y fué
á la escuela y aprendió á leer y en un lfl de Sep•
tiembre dijo unos versos y en la repartición de
premios de la escuela, el Jefe Político le colgó
al pecho una medalla, y le regaló un duro nuevecito ... . y ....
¿Sabe usted donde se van las almas?
¿Sabe ueted por donde se sale el alma de los
que mueren?
Yo no lo pregunto porque no creo en el alma ...
Sí creo •. pero quiero saber por donde se va el
alma, si tenemos alma cuando morimos porque....
¡si lo he sabido no se me muere mi nieto!
Aquel, mi hijo, cl\yó de cara al sol, ú plomo,
rígitlo y sin quejarse; el balazo le partió el corazón y por allí acnso se escapó el alma en un borbotón de sangre cAlida! Pero este ...... Porque
ha de saber usted que mi nieto se enfermó; que
yo corrí como un loco en busca del viejo médico
de mi batallóu, amigos de campal1a, y que mi
amigo, el mét.lico, Jlegó y vió y pulsó y me dijo:- «No tiene remedio .... no tiene remedio ...•
E&lt;J una alma que se val&gt;
Y ha de saber usted que yo no me conformé
con lo que aquél cruel, mi amigo, me dijo. ¡Cómo había de conformarme con que se muriera el
cariño de mi alma, mi alegría de la vida, mi esperanza de la vejez? ¿Había acaso economizado
mi sangre en los campos de batalla, egoista con
mi Patria, para otra cosa más que para que mi
nieto viviera? •... ¡y se me iba A morir! .... ¡Se
iba aquella alma? Pues bien: yo la detendría.
Cuando le vi agonizante cerré las puertas de
la alcoba; cerre los cristales de la ventana, cerré
basta los resquicios de la madera, y cerré 11queJla boquita con mis besos, muy bien cerrad!\,
muy bien cerrat.la .... á. ver si podía irse aqut!lla.

�326

Domingo 23 dfl Octubrtt de 18,qS

EL MUNDO

Domingo 23 de Octubre de 18,qS:

balando dos lagrimas, cuando levi sobre la plancha me parecía
sorprend1 r en la si11gular mirada
de aquella pupila clan.da, insistente y tenaz al infinito, al azul,
al firmamento, yen el rictus mortal de aquellos labios que parecían sonreír dulcemente, que
aquel bcmbre había penetrado
por fm el problema de su pregunta, y satisfecho, sabían ya como se van las almas de los que
mueren!

almita blanca....... nó·, no saldría ...... es1aba presa!
Y se fué .... ¿por dónde? ¿có•
mo?
Por eso, por ef:o me pregunto
cómo se va.u las almas de los que
se mueren. ¿En una mirll da, en
un suspiro? Y por eso dicen que
estoy loco, y yo me res:gno á
creerlo_ porque al fin y al cabo,
fuera del Hospital nadl\ tengo
y á nadie quiero y nada haría.....
Aquí estoy bien."

*

ESTEBAN

**

l\fAQ.UEO ÜASTELLANOS-

Üxaca, Agosto 18 de 1898:

¡Pobre Polifemo! l\lurió, y ·pu•
de verlo en la plan ch;,; y así como cuando oí su naJ rncióo, de
su ojo único, y de la 61 bi1a hueca del otro, pude sorprc1.der res-

C~Ol\'IOS VULGARES

Lcf\ MUOHf\OHITf\-. DEL BOULBVf\RD
Todo es pasar por la. esquipn de Mercaderes y
Plateros: allí la conoceréis.
Anda siempre confundida entre el bullicio de
la gente, voceando el periódico de la mariana y
jugueteando con el enjambre de granujas, sus
compafteros de comercio, que revplotean por aquel
extremo del boulevard.
Y no pasa inadvertid11 en medio de la multitud.
.Atraen sus ojos obsc~ros hermos11meme grandes; atrae el correcto óvalo de su 10stro de tez
pálida á la que el sol á fuerza de imprimir sus
ósculos de fuego, ha dejado un tenue ensombre•
cimiento; atrae su boca de fa bios grue~•.&gt;S con inflexiones de coqueterías abigarradas: atrae su
cuerpecito flacucho que no permite nad.t :\ la be-

lnmPdilltamente me hirió el rPcuerdo de las alcobas tibias, donde entre pieles y mullidos cojineq, duermen los niftos ricos.
Recordé á esas madres e11ntas que velan junto
á la cuna, el suefto sonrosado de la aurora de la
vida.
:Y aquella infeliz no tenía nada de eso! ..... .
¿Por qué ..... (,Qué había hecho aquél sér que
estaba en el momento de la vida en que se es an•
gel, para que fuera y!l. azotado por los negros
vientos del infortunw? .....
Recordé que en el mar de 111s mu1titudes navegan á veces existencias brotada,, de 10 ar.Animo;
existencias sin luz; peregrinaciones trerneudas
que principian en el torno de una inclusa ~ aca
ban en la fosa común de un C"6@enterio!. .. .
¡Oh! y los días de Psas existencias! .... .
Esos días, densamente nubllldos, hacen que
se deshojen las flores del alma y de cada una de
las hojas que caen. ruedan prendidos los hinatos
sentimientos con que Dios ilumina el tenebrario
-de lo futuro.

\

La muchachita del boulevard ...... ¿de dónde
brotó?
Tal v1.z en el rincón infecto de una casa debarrio que le sirve de hogar, te11g11 á los autores de
sus días. Tal vez un pobre ciego.: .... una infe·
liz paralítica ...... quizá un beodo .... una nauseabunda ramera .... ¿Y por qué no uno de tantos con quienes se codea y á quienes ofrece su
mercancía en el extremo del boulevard.2
·

lleza plástic'l., pero que se mueve, se mueve con
flexibilidades de viborita, escurriéndose por entre los tra11seuntes, escapando con burlona gracia
de una mano que intenta acariciarla ó yéndose á
prender al brazo de alguno de sus conocidos á
quienes manda con imperio que le den centa~os
ó le consuman la mercancía.
La conocí una noche.
Ya era tarde y el boulevard estaba casi solo.
Salió á mi encuentro y me tomó una mano sin decirme palabra. Así caminamos un buen trecho.
Sus piés descalzos daban sobre el terso pavimento de la acera produciendo un ruidito sordo y
acompasado.
Al fin me dijo con voz fina y en tono familiar:
-¿Qué,. hace frío? Yo tengo mucho.
Infeliz! Si estábamos en pleno invierno .... ¿Cómo no había de tener frío?

Ella pudiera ser el capullo de una flor de cieno,
creada para adornar el carnavalesco tocado de
esa harpía de falsa hermosura que se arrastra. protegida por las sombras de la noche, á lo largo ae
las avenidas desiertas ó danza en l11s salas olientes á ajenjo, al compás de los acordes de un piano que más bien gime que cant11.
Pudiera ser el 1tpoyo del claudicante ciego.
Entonces-idolatrable flor marchitada por la inclemencia del inforLunio,-sería radiosa, lumínica, regaría claridad de apoteosis en las hor11s dtl
aquel ser abrumado por el peso de la sombra.
. Pudiera ser la redención de alguna •pobre víc•
tima del vicio; entonces-inmarcesible flor sub•
subyugadora-];;. descarnada mano de la desgracia ·no podría ahogarla en la inmunda charca de
la prostitución¡ sería nube, estrella, átomo del
azul infinito, y en su vuelo llevaría, libre del humano desprecio, á aquel ser que había pasado
por la existencia con la frente dobleg!lda, arrastrando la vista en asqueroso cieno.
Pudiera ser.... una vengadora de los crime•
nes que ha cometido el oro, entonces -rayo de
sublime indignación-haría que ante ella se doblegaran las frentes de nitidez apócrifa, ensena-

ria á las multitudes que á ve&lt;!PS e!'I lodo lo que
parece espuma .... y la estulticia perdería su,
gesto de risa y la sociedad rugma como leona
acosada.

. \r~~~~.-;~d¿ ~s·p~;a·; p~~-l~·¿~qlri·~¡ a.'e'M~~~~:
deres y Plateros; allí conoceréis á la muchachita.
del boulevai·d.
L. FntAs FERNÁNDEZ,

ANIVERSARIO
Un año hace hoy ¿te acuerdas? me decías
"Te amo; la vida para amarte es corta.,
Tu amor al paralsQ me transporta
En que cifré las esperanzas mias 11
¿Cómo creer ¡ingrata' que mentlas
Si estH.ba el alma con su amor absorta.?
¡Me hiciste dePgraclado ... ! ¿1ue te importa.
Que viva yo sufriendo mientras rfas?
Hoy lll dicha te cubre con su manto,
Y en su gentil regazo te da abrigo ....
Si mañana en las ,rarrae del quebranto
Un destino arrojérate enem'go,
Yo con amor enjugaré tu llanto
Y tu desgracia partirás conmigo.
JUAN VALLE..

terior de su americana, para cerciorarse de que esta•
ba alli la carta consahida.
Llegó, y encerrado en su cuarto, tembloroso de dedo!! y con el corazón Detido en un puño, abrió la carEra una noche de ·seJ&gt;tlcmbre, que se pRsaba de ta que, á vueltas de algunas ternezas de cajón, termifreaca y ray11 ba en fria. Julio, sentado en un banco n-aba de este modo: "No hagas en el teatro nada que
del jardln solitario, con las manos en los bolsillos del me disguste: va sabes cuáuto te quiero y lo que sufro
gabancito, p()CO menos que tiritando, esperaba á que con ciertas cosas ...... Acuérd1tte de que tu cariño es
el reloí dt1 la vecina iglesia diera las ocho: hora de~de la única fellcidád de tu Clara •
Y es,as frases, sin duda satidas del corazón, aca~ahacia tiem¡io fijada para rondar las ventHnas de su
novia, saludar! .. al puar ó, si babia oportunidad para ron de exasperarle. "Que me quiere" ...... -se decla,
ello, decirla algunas palabri!las preliminares de la somiendo con irónica amargura - Engañifas, para
que no pueda pedirla cuentas d" lo que ha hecho ni
conversación de más noche.
Aquel amor era el único verdadero y arr11igado de lo que hará esta n')che ..... Me juzga tan sandio
que hasta entonces sintiera: habla ido creclenao man• que con cuatro lindezas me dejaré como una seda" ..
samente en su corazón hasta dar al traate con todos -"Pero ven acá ...... - le dt'cla. otra voz en el fondo
sus pesimismos de hom·
bre incrédulo y desengañado. Y á él se entregaba con el entusia~mo
y la vehemencia de su
extremoso carácter.
Tenla Julio exagera•
disimo puntillo y más
que sus puntas y ribe·
tes ele celoso. Y no era
precisamente que juzgase á su nov•a c1tpaz
de burlarle: lejos de e lo,
la tenia en la LOejor opi ·
nión, confirmada por el
juicio de todos cuantos
la conoclan y por la pro·
pia observación en l11s
horas serenas; sino que
á veces se efectuaba en
el fondo de su ser como
un desdoblamiento des u
personalidad que produela dos enies comple•
tamente distintos: el uno
serio, confiado pacifico.
el otro tarambanR, Incrédulo, alborotador y
pendenciero .... Y cuan•
do éste se encr~paba,
de nada servia la sana
dialéctica del cuerdo
que gHstaba t.n balde
sus buenas maneras y
mejores palabras: el en•
te loco no cedia, toma•
ba por cobtirde vacilación la cordura del otro,
se envalentonaba con
ella y le hurgaba, le
hurgaba hRsta que el
bueno repelia la agre•
sión, y, yéndose á las
manos, se zarandeaban
un buen rato, sudorosos
y jadeantes. Mas nunc"
conclui,m aquellas contiendas por el triunfo
definitivo del uno sobre
el ott o rival: las terminaba el cansancio. y enton•
ces los dos combatíentes, gruñendo y mirándose fosco, se largaban,
C.ida cual vor su lado.
A ·veces pirecla quo
ll! atmósfera es tira pro·
-:i'._ a, que el ¡iobn, Ju•
lio, ~según 10 bien dis•
puesto qne Je encontra
ba cualquier quisicosa.
se tragaba en el aire el
prollfico germen de los
celos.
E•a una de estas la
ocasión il" mi cuento.
Despertó Julio aquel dla
sucPptible, descrnfiRdo,
nen·io110. Re acordaba
sin qué ni para qué de
ciertas cosillas que ha-·
bien pasado tintre él y su novia, hacia ya mucho tiem- del cerebro con tono reposaJo y tranquilo-'\\_Qué es
po: las veia en su imaginación como si en aquel lo que ha hecho? ¿Sabes, aca110, Jo oue 11.ará? ¿1.;uándo
momento estuviesen acaeciendo, y aunq·1e dA todas ha preteudido burlarse de ti l'mbu1,terol1" . .....Y á
ellas se le habían dado explicRcionPs sin número, todas ePtae pr, guntas. daba PI ente loco contestaciosentla molesto prurito de recordarlas, d•• revolver los n ..a rá.pidae, tf'IPgréficas. revivit1udo ciertos sucesos,
empolva~os trebejos que guardaba su mPmorla, y ti- recordando cierta11 p11labras. Nad11, que los doa morll·
rar de ellos, alzándolo11 en alto, parll verlos por todos dores del c11rebro di, Julio, estaban á pique de tirarse
IRdos á la luz zenital. Era el e .te loco que apuraba los trastos á la cabeza.
la psclenciR á su constante enemigo, el cuerdo, para
Mas no habla tiempo que perder: cambió Julio las
darse el.gusto de una agarrada.
bota11 qufl llevab11 por otras de espejeante chRrol, tro•
Asi estaba Julio, ruando la prlmeu de las ocho có la americana de todos los dfas por el levitón docampanadlls que e11peraba le hizo estremecerse y le, minguero, se puso tirillas y puños limpios: pasóse el
vantuse de un salto.
cepillo á lo largo de las pPmf'r»P; eepolvoreó el somPromo llf'gó á la casa de sn novia que según cos- brero; co¡:rió el ga bancetfl, y dió con su malhumurada
tumbre, le esperaba á la reja. Iba á hablarla, mb ella persona "º el vl'stfbulú del teatro
se le adelantó, diciéndole con voz queda y precipitaEPtP, aunque milagro de comodidad en una capital
da, á la vez que le alargaba una carta:
de provincia de cuarto ó quinto orden. no era unR
-¡Esta noehe al teatro!
obra artística, ni mucho menos -Aqu ..na noche tenia
Lo que Julio sintió al oir esas palabns. no Ps para • 1aPpecto dePairado de siempre (salvo los cuos en que
descrito. Primero, degaliento, tristf'Za. cólerR; deapué~, la fiePtll era gratis ó 11e represPnt11ban comedlas de
algo que le pesaba en el alma y que le hacia ,ndar á gran aparato): unas cuantas fHmilias deEpPrdlgada~
testerazos con mil ideas de muerte. 11,Qué alegría ha- en palco11 y J&gt;lateas, y al¡rnnos gomoPos apiñados en
bla sorprendido en aquellas p11labra~I...... 1Qué bifm 101, asittntos de patio contiguos al escenario,
se conocia que más le agradaba exhibirse, ver v ser
Julio tomó una butRca colocada de modo que podía
vista, que tener la basta aht. sobrosa conversación de verá AU novia con entera comodidad A su lado se
todas las nocbesl ...... Ya no le quería.... Le traiciona• Pentó á poco rato un larguirucho y espetRdo indiviba vilmente ... Le dejaba por otro ...."Habladurías duo á quien no conocfa. Y al ente loco, que gozaba
del ente loco. que habhm acabado por hacer que el riñendo, Pe le mPtló en la cabeza que Clara, al mirar
euerdo fruncina el entrecejo y le mirase con ira.
á eu novio, miraba también al desconocido sujeto, y
En tanto. Julio camlnaba á grandes zancadas haría cada vez le fue parPciendo su disparatada ocurrencia
•u casa, echando mano á cada momento al bolsillo in• la cosa más Indudable.

TURBONADA.

327

EL MUNDO

Ji;Dtr-e tanto, Julio sentl; sl'cil.. y amarga la bocR,
p•l,1&gt;itante~l corazón, Ju.os los rulrn.1br&lt;i~; y repimti·
nos impuleos de gritar increpándola, allt, ddaLte
de todos, de hacer no sabia que etcandalosas buba•
riciades, le alborotaban los nervios.
El e11te cuerdo colitenfa las int&lt;:mperancise de su
rival, sujetándole con fueu:a. Pero llt·gó t-1 saint:te,
invariable fin y remate de nuestras funcionl's te11trales, y comenzó todo el n.ul'.ldo á nirse..... " ¡Dio8
santo! Toda aquella gente tenla la de~facha~tz de estar
alegre cuando él se conPumfa de a1,~ustia11. . . . . . . .,,...
Aquellas risas eEt1uendoeas que estallaban á c&lt;iro, ·
er11n como cntnas perdigo1,adas que Je acribiJJ,a.
bao el corazón El, entre aqut-lla e:xplo~ión de bPbalicona a·e~rla, arrugaba el 1cntreceJo, se mordía Jo¡¡
labio~con furia y se sen tia morir Y tst11s a.ngustias houible~ snbferun de punte, &lt;:ua n do vió que ella
también se refa. Entonces el que al ente cuerdo,
incapaz de contenerle
be le escapaba el loco
de entre las manos .....
Afo1 tunadamente enes e
momento tenLinó la pieza ..... Julio salió.
.
No pudo, aunque lo
intentó resueltamente.
tomar el camino de su
casa. y df'jar la ventila•
ción desu11 agravioij has•
ta el d!Rsi~uiente. Fuerza irresisuble le emouja ba hacia la casa de· su
novia, á pesar de que d
ente cue, do con su inalterabl" eentldo común
le prevenla la inutilidad
de su tentativa: Clara
aunque lo de11ease, no
habl11ria con él á aquellas horas.
Y allá se fue, sin embargo, y rondó largo
tiempo inútilmen•e. Entonces toda a q u e 11 a
amargu::-a que le anda•
ba por 11entro, engrc•
Pada por violenta cóhi•
ra, desbordose en crlR•
pamiAntos de puños, en
duros vocablos y en "1·
gunas lágrima11, pocas
y amargu, de esaP que
brotan Rin contracciones
de rostro.
Al cabo, hizo un enér•
gico llamamiento á su
volunt1td, á una fuerza
que él llevaba oculta en
1,, más hondo de su ser:
111la no siempr11 respon•
dla á ~11s conjuros, mas
si la daba por rt&gt;spondoFabf1LSobrepo11er~e á los
más fieros arrntos dPI
ente loco. A-1 sucedió
entonces, y J t1.io se largó á su casa.
Ya acostado y envuel•
tll en las mantR&gt;1 la ca•
beza, amontonaba acusacionf's. rnpo1oía pre·
guntu, formulaba res•
puestas y cunado ya
percibia el úlci,oo detalle de su plan dA c.&gt;n•
ducta, la imagin~ ción se
Je iba al techo del teatro,
IJPno de grietas y clesconchRduras; á la lámpara humeantP. que ál•
guien empinándose Pn
una butaca.apalól'Ó denn
soplido; á la~ alegoriRs
.
del tf'l.ón: á la cara risueña de éste ó aquél espectador; al libro útj.imam'eute leido; á los diversos asuntos pendientes ...... Mereed á violentos esfuerzos tornaba el descarriado di11cureúásu punto de partida¡ más se escapaba de nuevo,
y asf una vez y otra, hasta que el sueño. IIPgando ~in
ruido, desvanedó las cavllacio)'.les y Plató la zozohra.
Cuando despertó al dla siguien~e, experimentaba
una sensación de dejadez absoluta. Los dos combatientt:s, el cuerdo y el loco, echados en tierra, fatigados y contusos, se miraron sin recelo. Pf'guros de que
uno y otro estaban inútiles para mucho tiPmpo
El que primero volvió al uso de su discuno fue el
cuerdo, y echó en ca,.a al loco, aunque ~in ofenderle
ni picarle el amor prof,iO. sus intemperanrias y desvarios, mas éste. que era tal vez, quien mPyor gasto de
fuerza. habla berho, postrado y abatido, ni siquiera
escuchaba. . . . Y aquel cerebro delirante y aquel
cuerpo desmadejado fueron entrando en c&amp;ja,~erenán•
dose como el cielo y el már después de una. borraPca.
Sólo el corazón de Julio, como devBFtaclo campo de
batalla, conservaba los rastros dfl la trPmenda refriega. lt;staba magullad'b y dolorido y annque bien
se le alcanzaba que todo ello no babia sido quizás,
sino un punto del ente loco, no pOI' e,o dejaba de
sentir el dolor de 1us he~tda.s, y t, nía t l pobre in•
mensa necesidad de palabras de carii,o y juramentos
que como blandos apósitos, restañaran su sanj!'rfl.
.Entonces el ente cuerdo y el e:ote loco Plntieron qu11
la conciencia les remordla, y, camblánilose una m:•
rada melancólica, tuvleron)jlltima d.- él.

f. GARCÍA RODRÍGUEZ
• 1. '

·1
,1.,

-~~

�Domingo 23 dA Octubre de lff!R.

!.L MUNDO

Domtngo 23 de Octubre de l!S9b

3;¿9 ,

EL' MUNDO

PAGINAS DE.· . LA MODA
'

\

La canción de una madre.
A LA SRA D:lÑA JmSEFHiA PIDR'!!JYRA DE

Y que. del hondo espacio triunfadores,
Bañan su cuPllo en mares &lt;IA colores
Al deegRrrar la a.urora el infinilo.

GARCÍA,

En la nllcbe, en los hondos 1.gujeros
D11 eu p• ñón. rlondA l. s brisa11 suaves
Se refu&lt;rilln, él sueña co~a11 gravPs:
Ya que eleva Pn el aire á los corderos,
Ya, que agarra en las nubes las aves.

Pata. "El Mundo."

Ha muerto el sol ...... anochece,
Están las ramllB temblando,
Y loR nid.o s oscilando ..... .
E11 el viento quien los mece.
Sopla, l'Opla ¡oh maneo viento!
Ven á columpiar los nidos;
Canta, canta, soñoliento,
A 1011 pájaros dormidos;
Be&amp;a las plumas sedosas
De 1111 aves perezosas,
Y ramas y nidos mece,
Qae ha muerto el sol. ... y anochece.
Desmayado por el sueño
Otro pájaro pequeño,
Más blanco, más, que el armiño,
Duerme, sonriendo, en su cuna:
Ese pájaro es mi niño
Y es quien lo besa la luna.
1&lt;;1tin sus lljos cerrados
Por las pestalias velados.........
Baja, baja 10h blando sueño!
Duerme, duerme á mi pequeño!
¡Flor de espuma, flor de armiño!
¡Oh mi niño!
Si sabe cantar el vh,nto
Para dormirá 1111 aves,
Yo también canciones suaves
Cantaré con dulce acento,
Sé tantas baladas bellas
Como ha,r en el cielo estrellas;
Sé melodiosos canares
A millares ..... .
¡Oh vleniol y los dos velando
Con amor junto á las cunaa
Pasar veremos, cantando,
Noches blancas. noches brunas,
Rojoe 110101, tristes lunas.
Llenos de nieve y escueto11
Pronto e1tarin loa abetos;
Mecerin los vientos frios
-Cunaa, entonces, de hielo
Que rodal'ÁD hacia el 11u'1)lo.........Maa nada importa que fuera
El árbol se agoste y muera,
Se cubra de escaroha el llano
Y ae congele el pantano,
Si adentro, en au cuna hundido,
Está mi túño dormido ..... .
¡Oh pequeño! no te importe
Que roJa en el llano el Norte;
Aunque el lobo en la espesura
Aullando esté con pavura
Acoaado por el lrlo,
Y el perro á lo lejos ladre ..... .
Nada temas amor mio:
Junto i ti vela tu madre.
¡Baja, baja ¡oh blando sueño!
Duerme, duerme á mi pequeño!
¡Flor de e11puma1 flor de armiño!
. ¡Oh mi niño!. .••.•

(FRAGMENTO.)

En una roca de ia ~inra nmbria
Vive un condor y a viPjo' y de@plumado,
Que conttimpla la bóveda vllcia
Con tan honda y tPnaz m1-lancolfa,
Cual si estuviese 11111 petrificado.
Ya no puedA V&lt;!lar y cuando empieza
La blanea nubA á coronar la altura
· Envidioso la mira. y co.! tristeza '
Inclina taciturno la CRbPza
Sobre su roca inconmovible y Jura.
Sirve de escarnio á los demás candores
Que anidan an en las cumbres de granito,

Ove, neurótica enlutada,
oye: la orquesta desmRya
preludia un v11ls en el ,alón;
de luz la estancia está inundada,
de luz también el corazón.

a

Mas se mira )AR alas rompungido
Y no baila en ellas nt 11iqniAra rastros
De aquel tiempo en qut&gt; hubiera basta podido
Colgar su ElnormP y 11ilencioflo nido
De las rubias peetHñllB de los astros.

¡Ronda fantástica Iniciemos!
el vals es vértigo: ¡valsemosl
¡que viva el vértigo, mujPrl
es un maelstromm: encontraremos
en su vorágine el placer.

JULIO FLORBIS.

EL ARTE..
(TBÉOPHILE GAUTIER.)

SI; la obra As más radiante
si el pulimento es terso:
diamante,
mármol, etmalte, verso.
No baya presión intrusa;
mas para andar derecho,
¡,,h Musa!
lleva coturno estrecho.
Al diablo el ritmo so~o
que como floja calza,
pié ocioso
se pone ó se descalza)
Rechaza, estatüuio,
la arcilla trabsjada
de di1t.rlo
con mente divagada,

Doma al rebelde p1-ros,
vence al carrara durolos raros
dueños del perfil puro;
arranca á Siracusa
el bronce que altanero
acusa
el rasgo bermoRo y fiero;

f

MARÍA ENR!QUJITA.

EL CONDOR VIEJO.

ALL"EGBO VJVACl!l

•

persigue en cornalina,
eon delicado apego,
la fina
faz del Apolo griego.
Pintor, huye acuarelas,
, y fija loa colores
que anhelu,
eual e"maltadores.
Hay sirenas caud1tdae,
mostruos de los blasones,
pintadas
en raras contorsiones;
en su nimbo trilobo
.á la Virgen y su Hijo,
el globo
del pié de la cruz fiJo.
Todo pasa.-Robueto
el arte siempre vive,
el bueto
al pueblo sobrevive.
Y la medalla austera
que un lilbrador ha bailado,
entera
de uu cé3ar ignorado.
Loe dioses mismos mueren,
,pero los versos, gonces
adquieren
más fuertes que los bronces.
Cincela, esculpA, lima;
que tu flo~ante. ensueño
imprima
su poderoso empeño.
BAI,VINO DÁVALOS,

Valsar, girar, ¡qué lindo es eao!
valsar, girar, perder el seso..
hacia el abhmo resbalar,
en la pendiente, darse un beso,
morir después ...... valsar, girar . ...
Paolo, tu culpa ramancesca
viene á mi ••spirltu; Francesca,
unida siempre á Paolo vas ........ .
¡Iinpúlsanos fonambulesca
ronda! ¡más vi vol ¡mucho más!. ...
Valsar, gira:-. ¡qué lindo es esol
v1tlsar, girar, perder el seso,
hacia el abismo resbalar,
en la pendiente darte un beso,
morir después: valsar, girar•.••••
AM&amp;DO

NmR.vo.

CA.LENJ&gt;ULA..

Vuestros ojos no han visto otri1 criatura
Más ideal, conjunto má,r divino;
Tiene el port., soberbio y la blanc,tra
De una estátua de mármol florentino.
Mira, y en su mirada ae ve el cteln,
Hllt&gt;lR, y su voz sem.. ja una romanza;
Al andar, el Amor, como en un Vt'lo.
La envuelve: tiene el ritmo de la danza.
Su bocll e~ una boca que provoca,
Late en ella la fras.. apasionada,
Y ha dejado en los labios de eea boca
Su púrpura op"Q.ienta la granada.
Iluminan su pálido semblante
Misteriosos perfiles de madona;
8lls cabellos, en grupo deslumbrante
Recogidos, como una real corona
O Al casco de un guerrero, f'n su alba frente
Ciñen Para ella son tod111 mis rimas.
La música del ver110, el soplo ardientA
Del númen sacro, Gloria, que tú animas.
*
Oh, deliCRda flor de invierno! El viAnto
ne Otoño soplará sobre ti un dia ........ .
Yo no sé qné fatal presentimiento,
Al verla, oprime y llena el alma mia.
En tanto tu beldad florece, impera,
Perfuma y rle, canta é ilumit.a.
1Presto tt1 dlrA ¡adiós la Primavera
Y llegará el Invierno que extermina!
VICENTE AcosTA.

·

FIG.1- HODELO PARISIENSE DE RECEPCION.

.,

�..
Domiugo 23 de Octubre de 189i

Domingo 23 de Octubre de 1898

EL MUNDO

830

Chismes y enredos de Sociedad.
La lengua nunca está quieta, siempre busca algo
que hablar aunque lo que iiiga sea para echar portie•
rra la reputacién de una ó más persoD'ls,
Esto sucede principalmente con aquellos individuos
que brindan una amistad falsa, una sinceridad que es·
tán muy lejos de St'ntir, y como no profesan lealtad y
franq::ieza 8iempre están cubiertos con el velo degradante de la hipocreda y el miserable manto de la vi•
leza.
¡Es increíble! ¿Quién será capaz de creer que en las
principales ca' as de familia es donde se le dá mayor
circnlación á la cbisrnografia? nadie ¿verdad¡&gt; pUt·s
sabedlo: en ese lugar es donde acostumbran denigrar
y enterrar en el fango de la deshonra, la conduc·a de
muchas per8onas que, en esos circulos, son objeto del
más detestable de los vicil,s: de la difamación y la ca •
lumnia.
He aquí por que hay quo mostrarse indiferente con
esos que o•recen una amistad que bajo todo punto de
vista es falsa, digo falsa, porque después, al separarse de esos hombres, viles por naturaleza, van á otro
lugar cualquiera á murmurar y ponerle mil defectos
á aquel que no hacia una hora le ofrecian una an.istad sincera
Si por una rRreza no son ellos quientis lo tiran al
fango del desprestigio, es en esas casas de familia
donde tanto el marido, c&lt;1mo la mujer y los hijos, no
están máá que indagando el modo de vivir de este ó
de aquél, pr!'guntando al vecino cosas que no le importa y queriendo saber lo que hará lo que come, có·
mo vive y cu~ nto gana, para alimentar sus pasiones
con chismes y enredos. ¡(J;ué poca educación, q,:é fal
ta les hace estudiar algo á Carreñol

.11',L

3° Comer de postre mucha fruta madura, lo más re•
cién cogida posible.
4° No desayunarse con café ni té puro, sino con cacao ó una ligera infusión de té.
5° Dará los niños al levantarse una taza de caldo
de harina de avena bien cocida y mezclada con h,cbe,
cocida también, pues la leche sin cocer es dificil de
dip:e1 ir y d . asimilarst-1 con el alimento.
6º Reducirá lo estrictamente n ecesario toda bebi·
da alcehóllca, y mPjorar más aún, suprimirla
por completo si E'S posible.
7° Desnudarse por completo al acogtarse,
quitándose cuantns prendas se han llevado
puestas durante el dia, volverlas al revés y sa•
cudirlas y colga:-las.
8° Quitarse 111 ll·van tarse li. ropa con que se
ha d01 mido, volviéndola también al revés, y
colgándola cerca de una ventana abierta.
9° Lavarse todos Ice días, si no es posible
bafiarse ccn agua fría ó templada, frotándose
con un cc&gt;pillo ó epponja y iabón ordinario.
10º ?\o df'j11 r de abrir la ventana del
cuarto de do1 mir.
Asi como el pan moreno ba sido reci•
bido con favor incrdb:e, la supresión de
las bebidas alcohóiicas y carnt1 de puerco em·uentran viva resistencia, porque
contruia hábitos arraigados desde muy
antiguo é intereses que sal•
drlan perjudicad!is con la re•
forma.

bleza de su alma y la,e fibras más sensibles de su co•
razón.
Cuando una persona hace presente á otra, por me•
dio de una conducta digna de todo elogio, su reco•
nocimiento por loe favores que·de ella haya recibido
esa persona debe sentirse contenta. tranquila. y ea'.
tisfecha como el que después de haber contraido una
fuerte deuda en numerario, log1 a al fin, traR de continuados trabajos y prolongadas fat~ga!l, saldarla satisfactoriamentes aunque entendemos que loe favores
i.amás llegan á. pag11rse.
Felices loe que sa.:t&gt;en y comprendE'n lo que signi,ca la palabra gratitud frase elocuente y significativa para las personas nobles: ella es suficiente para
condensi.r en su lacónica expr~sión todo un sentimental poema de re-conocimiento, de amor y de ternura.
La gratitud tiene el poder de arrancar abundantes
y cristalinas lágri nas, aún de los corazones más empedernidos, y convertirlas en estimadas, valio·sa.e y
delicadas perlas.
Dichosas las alma.d que eftán pE'rfum11das con el
agradable aroma de la gratitud, ellas son ac,eedoras
al respeto social y á. nuestra más distinguida consi•
der11ción. ¡Benditas mil veces sean!

sus casas sino que se mantienen averiguando la vl_da.
de todo aquel que pasa esas ..... _.. esas son mád dignas de compasión que de ~tisprec10
La mujer porque es mu¡er y los ltombrf's ¿por qu~?.
porque son hombree, si que lll Pon; pero hombr~ssm
del' cadtiza y sin honor 4)"' vendt1n s~~ conclt·n •· ias al
que 1.. compra el fruto vJ! _de SUij ¡:¡o-tones el que por
pasar de intetigen~e le arr_o~ 1 á RUij 01d,)K el t?r' "ute de
mentiras, calum111as y v1hpt-nd 1 os degr1td~1,do asi á.
per&amp;0na11 bonr~das.q:ne vi VI'~ de su trabttJO y no del
10, 11.
miserable y_ ba¡o of1c10 de rh1Rmn110~
.
La calumnia es el arma que esgrime la gente que
.!!:Ros adnladorf'~, envidiosos_ clf'l b1E'n a¡eno: son loe
no tiene decoro ni dignid11d, es d instrumento que reptilés odioso~, los gu~,.n~s mdecl'\ntE'e que rol'~ el
usan varias personas. para obtenE'r por este m_ed10, corazón dt un h11mbre i:ie ideas nobles y pensam1en•
una venganza ruin y miserable, fruto de sus pasiones to1&lt; elevados.
¡Fuera con esos cuervos que de"P' dizan la honra
desmoralizadas y corrompidas.
.
¡Triste es decido, pero aqul es donde impera, don- del Q'Hl vive con bone1&lt;tidad¡ fw•ra cou es"s adn!Rdode tiPne su11 vastos dominios, ese orador que corrom- res del potentado, funa ~ n e,.a pl~~a vil que liP~honra la sociedad en que vive y denigra con su J.,ngua
pe á las sociedades!
Esos ind:viduos escudriñadorf'S de secretos. forma- la condurta del artePano tuna con f'llos a11tes que
dores de chismes y mu~muradores de ofic~~• no deben iufiltre en otros el veneno d&lt;\ RU lengu~ puuz••ñosat
RAFAEL.HlllREDIA REYES.
ser admitidos en la sociedad por estar nntdos _con la
,.
dignidad v delicadPza, pero es todo lo contrario. son
los que obtienPn como premio de su vipedna leng~a,
una somisa ó un miserable mendrugo que le arroJan
aque,los que se alimentan de enredos y sinvergüen·
zadas para poder saciar el más impuro ~e lo, ~eseoP:
el apetito más degradante. para deshaloJar algun ren·
cor ó pasión. digna de esa·s 11lm.as ruines q~e se valeu
La gratitud es una cualidad ó por mf'jor deci:, una.
del agudo puñal de la calumma para herir el pecho virtud que comiste en hac11rnos no olvid~r Jª';'JáS
de un hombte, quti causa la envidia del que carece de los beneficios qne de otra persona ha vamos rec1~1do.
honrar!Pz y d;gnidsd
.
El hombM digno. el hombr« honrad?, el que tiene
Esas familiaP ó mujflres que siempre tienen puesta presentes siempre las deudas de ~ratltud que ha:va.
la máscara del hipócrita e~as queuunca.AlzanlafreL- contraído con una ó varias per~uoas, da á conocer ·
te por temor de que se les conozca su falta, ~!'as que de6d11 luego. con este sencillo A la par que pfgnificasiernprP ocultan la verd, d y propagan J11 mPntlra esas tivo proceder, lo dl'licado de sus sentimientos, la noque violan el lecho nupci11l, esas que nunca están en

Esas ó esos ave1iguadores por afición, de cosas que
no le importan, son real y verdaderamente una plaga
socia una caterv, de vampiros que destrozan la co~ducta'de algunos jóvenes, valiéndo~e de la calu".!!Dla
vil, digna de encontrar lugar y abrigo en la boca de
esos seres degradados y maléficos, qqe acos~umbran
arrojar por tierra la reputación de mucho~ 11m acordarse que 11El detractor oculto, es semeJante ~ una
serpi,ente que muerde traidoramente. ( EcleB'l,astés

_______ _________
LA GRATITUD.

Recetas útiles.
CONTRA EL VENENO DE LAS SERPIENTES

~e aqui la receta que M. Victor Kr1 menasqer prescr~b': cont~a la mordedura delas serpientes. La t:i:a.nscribtmos sm comentarios.
"Se cuecen de tres á seis huevos hasta que estén

ECONOMIA..

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Fig. 7.-Truje de novia.

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después se les envuelve en papel. conser':'ándolas en sitio seco, porque en un lugar humtdo
se enmohecerán.
En E@paña se forman colgajos Pn cada dos
granadas que se atan á las puntas de uh mecate formando _c ontrapeso. eo,bre• cañas gruesas
puesta.11 en posición horizontal y sUFptnd1das
del techo de las clmaras AIII pasan el otoño, el
invierno y parte de la primavera sin que sufran
nin¡?:ún detrimento:
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1 •.

Es muy fácil, apquirir dinero,
pero es muy dificil saberlo cnneervar. Si todosloejóvene,conservara.n el sobrante de ~1111
ganancia.a en vez de gastarlo
torpemente, en pocos años tPn·
drlan la suficiente cantidad de
din!'ro para emprender un DR·
J gocio cualquiera por su propia
.cuenta.
Pero no sucede asi: observatl
al joven que disfruta de m11gni•
ficosalariol Cuánlastimn~amente expende su dinero! Siempre
escaso,-mucho más si ti~ne
una familia á quien sostener.mientras que en realidad de•
biera tener su depósito en el
banco y poder en poco tiempo
sacar ventajas de una buena oportunidad y entrar
en algún buen negocio.
¡Jóvenes, no desechéis las oportunidades que se os
presentan!
La.única adulación disculpable es la que se prodi•
ga á. las mujeres virtuosas.
Jamás envidies á hombre alguno las riquezas; envidia su virtud,

Valor alimenticio del café.

Fig. 6.-Traje de calle.
duros. se separan las yemas y despuéR de haberlas
cortado en redondeles, se les aplica sobre la herida
hasta que los huevos de amarillos se pongan negros.
Se cambian los redondeles á medida que vayan enne¡rreciendo y se c(lntinúa e11e tratamiento basta que fa
llama del huevo no pierda su color natural.
Conseguido esto, ~ 1 enfermo podra estar seguro de
que todo el veneno ha sido aspirado por las yemas;
sintiéndose al mismo tiempo ya tranquilizado por el
completo restablecimiento de la vista. La hinchazón
como también la fiebre, ha br!l.n desaparecido.
No hay mordedura de serpiente-por venenosa que
ésta sea-que resista á este tramiento tan simple. El
paciente puede llegar. á encontrarse en est~do. casi
mortal, perder el sentido y encontrarse ca.si ciego,
según la especie de serpiente que lo baya mordido
safvará siempre; bastarán tres noras para poner de
pié al enfermo.
RKCOLECCION Y CONSERVACIÓN DE LAS GRANADAS.

Fig 2 Traje de calle.

331

MUNDO

Fig. 3.-Traje sastre para el otoí..o.

Fig. 4-Trnje de easa.

I~ig. ::i-Otro traje de ca,,sa.

Las granadas recolectadas temprano se arrugan y
desmerecen en el mercado: Jo mejor es dejarlas ma ·
durar complf'tame11te en el árbol; pero en esto puede
hk her, l lnconvPniE'nte d ~ que se abrHn. á lo que son
muvpropenQas Para oub~~nareMe accidf'_ntees necesario cubrirlas con sus ho¡as ó por cualqmer ntro medio, al aproximarse á su complt-ta madurez Una v!'z
recogidas, se les expone al sol durante dos dlae, y

Al decir de un distin1?uido bigieni~ta. el Dr Homs PHellada,
f'l café conti en~: 1, sales útiles
para la nutrición; 2, principios
aromáticosqueinfluyen con ventaja sobre la digestión; 3. una im•
portantisima cantidad de substancias grasas, principio de los
alimentos respiratorios: 4. mate•
rias azoadas, principio por excelencia de los alimentos repara•
dores.
Una infubión de 100 gramos de
café á una libra de agua, repre•
senta veinte gramos de substancias nutrlti vas.
Está demostrado que quien se
alimenta con escasez, puede go•
zar de buena salud y trabajar,
más si se aumenta su ración dt1
diario con una ración de café.
La infusión decaféapacigua el ham·
bre y sostiene y aumenta. las fuerzas
cuando esta bebida no perturba con
sus efPct,,e el temperamento, ó no está
contraindicada para. lasal11d,
Un litro de café con lc&gt;che representa seis veces más de substancia sólida
y tres veceP más d111 materias azoa.das
que el caldo dtil puchero.

DECALOGO E:IGIENICO
Los perlódicns higienist~s de Lon•
dree no cesan de predicar al µúblico
que siga sus saludables preceptos: Pa•
.ra disminuir "en una mitad," dicen, la
mortalidad: baFtarla. con observar el
eip:uiente decálogo higiénico:
1° Limitar el consumo de la carne,
proscribiendo por completo la de puerco
2º Substituir el pan blanco de harina
por el de harina de trigo molido conla
cá~cara. Este precepto ha tenido tal
acE'ptación, que al paso quf' va auruentRndo el tlPearrollo de IR vt•nta del pan
de esta claPe "e p1:ede dar por deste•
rrada la costumb,e de comer pan
blanco.

.1-'Ig. s.-Trnje de 1·inje•.

�EL MUNDO

332

I,,!S MUJERES EN L! UNION
El bello sexo, ó mejor dicho el
eér débil, porque no faltan en él feas
y víejas, eetá apod.,ráodose sensiblemente de los puestos qu., aor,es
desempeñaban los represeotamea
del sexo fuerte y barbudo en los.l!:stados Unidos.
No es oportuno llamarla atención
al hecho verídico de que en los telégrafos. en los correus, en la con•
tabilid11d d11 muchas ca8ae de comer•
cío y de hotllleir, las eeñoras y ~•ñoritas han demostrado St'r más útiles
que los hombres. Se &amp;st'gura que
son más puntuales. mb limpias en
sus labores quelo,1 hombres y que.....
no beben.
Al paso que andan laR Rn('iertad~s
feministas no pod11mo- tard11r,m V&lt;ir
á nuestro G&lt;&gt;bierno extender ni,m•
bramientos oficiales á favor dt1 muchas señoritas Los primeros terre
nos que invadi rán será11 los de la
correepondencia y lus de la tel11i?"rafla, )oij tPléfonos son poca co~a para
ellas, pero como aprPndizaje han
dado re,1ult~dos magulficvs.
Es tanto mils de temerse por Algunos jóvenee que s-, consideran wuy
útiles, el poderío qu•· van tnin~ndo
sus compañeras en t'dad pero no t'n
defectos que se acaba dt1 palpar la
realidad hace unos días en una fun
ción pública donde no se represPn•
taba comedia alguna, sino se cumplia con un deb11r voluutariaweute
aceptado
Si en las tiendas y en otros establecimientos tuvieramos tan esmerado y amH ble servicio como el que
hubo en todos los puestos de la k.-rme.se, los dueños de esas casas importadoras meuudeadoras se barian ricos en menofl de tres 11ños.
p.,ro trat,nnos de verdaderas profesiones. La Señora Harrlet Hmson RJbinsou nos dice que existen eo
los estados Unidos, en la actualidad 16::! co1egio, superiores. exclusiv11mente abiertos á las señoritas. La
señora Maria M1chel fué la primera mujer que ocupó
un puesto como profesora; "nsPñó astronomta y matemáticas en Vassar el año 1866 Muchas mujeres se admiten hoy día como miembros de la Facultad, no sólo
en colegios reservaddos á su sexo, sino deo de concurren ambos
A la par que Re multiplican lm1 hospitales para mujeres se multiplican también los calt&gt;gios módicos.
Existen siete sm contar numerosas e,cuehs de medicina para hombres, abiertas 111 sexo femenino.
Las mujeres médicas son casi tortas de la ePcuela
homeopática. Hasta última fecha las escuelas de medicina regulares ú oficiales no han permitido que las
mujeres sigan sus cursos. Pero que resulten mujeres
,regulares ó irregulares, lo natural t:B que el éxito de
las mujeres practicantes no puede ya ponerse en du•
da y sus colegas del sexo masculino no se atreven ya
á juzgarlas desfavoublemente.
El censo de los Estados Unidos en 1890, da el número de las mujeres médicas eo todos los paisos y s urna
4555

· En cuanto á la literatura, es iucreible cuántas mujeres escriben. Unas bien, otras mal, pero la mayorla
merece elogios 0l&gt;roelia Waters, del Bo.,ton Evening Trn.mcript, fué la primera mujer period\eta de
Boston. Hoy las muj1 r 1~ editan y publican periódicos
y hasta revl,tas, en tudas partes de los Estados Uni·
dos, y las columnas consagradas á la colaboración de
las mu¡eres son el complemento aco~tumbrado de la
publicidad de un gran número dti periódicos de importancia.
Harece, dice la señora Robinson, que las mujeres
han entrado r~atmente eo lo que Thomas Carlyle llllma el "Cuarto Estado," y han tomado resueltamente
pose&amp;ión de él con la profesión literaria, los viajes á
las regioues inexploradas del pensamiento, a~i como
otras en las regiones desconocidas, con el fin de satisfacer e1 apetito insaciablt, de 1011 lectores.

NUESTROS GRABADOS

~- ---··

F-!G, 1.-M0DEC,0 PARBLEl~i!lil Dlil R~CElPC[Óll.

Ei de crepé azul d~ china Cl)n una gran lona bordada eo la parte inferior del f•ente de l!L fald,i, y tres
cintai p!l.ralel:i.s de galoocillo seda orn,ndo la bata y
el c,1erpo. Un eleg,rnte boa de tul blanco de grao
f,mtasia com9leta el adorno.
FIG, 2. -TRAJID DBI CALLBI.

Es de· pañl) beige ó diag,rnal, con 1'11 ml)rielo especial dl'I un fichú de muselina de seda orlarto de volantes de tul, que sirven también de adorno á. la falda.
FIG. 3,-TRAJE SA"TREl PARA OTOÑO

Es de paño de inviernn, formando un smoking muy
justo, un falso chalPCO de cuello fanta.Ria, redondo y
falda plena, adornado todo en varias formas, de galón de seda.
FIG. 4,-TRAJID DE CASA,

De sargR de seda con un yoke alternado de cintas
de raso y un gran plastrón bordado de elegantisiino
modelo.

Figs. 9, 10 y 11.-Tres modelos de calle.

Después de tres años I!ose pierde todo lo paiado.
Guanajuato Septiembre 13 de 1898.

FIG. 5.-TRAJE DE CASA.

De escocés muy fino con una gran e@toca bordada
de galoncillo de seda y una draperia de Saffetas, medio oculta por uo gran yoque bordado de galoncillo
también jockt&gt;ys sencil,os de muy butin gusto.
FIGS. 6 y 7 -TRAJE DE DAMA DE HONOR DE UNA NOVIA.

FIG. 8 -TRAJJII DE VIAJID
Estilo sastre, de una encantadora originalidad. Casaca fantasía orlada de guia de seda y abierta sobre
camisa de muselin11. azul pfllido, yockeys de una 11legantisima forma, figurando el cuello,.
FIGS. 9, 10 y 11,-TRES ELEGANTES MODELOS DE CALLE,
Et pr!mflro de seda- azul con una gran draperla de
guipure, el segundo de popelina de seda con volantes entredoses de satln y pl11strón plissé de lo mismo,
mostrando un cuerpo coselete de muy buen /irllsto, el
tercero estilo sastre, de casa con fantasia, abierto sobre uoa camisa da muselina y ornada de grau corbata avolimtada de blonda vieja de Alen~ón.
FIG. 12-CUERPO ELEGANTE, DJIILANT.BIRO Y JUPALDA
.

,.

El ceoPo de los
Estados U oídos en
1890 nos da á. conocer el número
de mujeres auto·
ras entregadas á
labores literarias
ó cieotlficas, Sen
2,725; do éstaR, el
periodismo posee
868 Las mujeres
artistas que se dedican á la enseñanza de las artes,
suman 40,845!!

Damos bajo estos números dos modelos de tr,jes
de los que a hor.1 son de más actualidad y gusto para
tos matrimonios: Uno de desposada de último modelo, de satín ligeramente crema y cauda dr11peada y
otro de sarga de seda azul acero con cuerpo drHpeado de muse1ina de seda y una gran falda ornada de
un de:vanf d., volantes y galoncillo de ser.la.

.

NUMERO 18

r

TRAJE DBI NOVIA

Fig. 12.-Elc¡rante cn.-rpo. Delantero
y espalda.

•

MEXICO, OCTUBRE 80 DE 1898

TOMOil

Ea de muselina blanca con un yoke de entredos y
votante carrujado y un plastrón diagonal plisbé.

Sr. D. J. Adrián Palomo, Directo: General de la._
·'MEXICANA."
Compañia Anónima Nacional de Seguro■ ■obra la Vida.

MÉXICO

SEÑOR MÍ'l:
Teniendo en mi poder la póliza Ea\dada núm. 47 de
que era poseedor t0i finad" PRp,,so ..,¡ Sr. D Leobardo Mendoza, 11e prPISPntó en ésta elAgenti, de la Co_mpañla Sr. D Juan N Campos y manifestándole mi tg•
norancia para h.tcer la re:lamadón correspondiente
como hered ira lt&gt;gltima, dicho Sr. Campos, con toda
actividad é inteligencia procedió al arreglo de los
documentos necesarios, 11vitá11dom., to•la clase de
mole.tías.
Hoy, con autorización del Notario Público Sr. D.
Igllllcio R H"rnáodez y por conducto del estimable
Sr. D. Francisco de P. Castatleda, Banqul'lro de la Compañia, htt , Plr1 bido á mi completa satisfacción, la cantidad de $117 45 (c'ento diez v oiete pesos cuarenta y
cinco ceutavos,) importe tot¡¡l de la citada Póliza 11al•
dada.
Si lo juzgr. usted conveniente, dé publicidad á la
presente, pue., creo será de alguna utilidad para los
asegurados en esa honorable Compañia, ver confir•
mado que en el desgraciad&lt;&gt; caso de no poder soste•
ner sus Pólizas más de tres años como Ii, sucedió á
mi querido esposo, ya á esa fecha pueden obtener
una saldada y lograr aunque sea un pequeño ahorro
en bien de sus familias.
Doy á usted las debidas gracias por la violencia
con que ordenó el pago referido, yme ofrezco su muy
atenta y afectisima S. S.
Firmada.-Rafaela Pedraza V. de Mendoza.
MUY

&amp;l $r. Presiaente ae la Nepública ?:la señora su esposa.

(Fot. de Va11eto, tom.ada últlm.ament.e.)

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Isla de Creta</name>
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        <name>La canción de una madre</name>
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        <name>La catedral de Morelia</name>
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        <name>La muchachita del boulevard</name>
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                    <text>EL MUNDO

332

I,,!S MUJERES EN L! UNION
El bello sexo, ó mejor dicho el
eér débil, porque no faltan en él feas
y víejas, eetá apod.,ráodose sensiblemente de los puestos qu., aor,es
desempeñaban los represeotamea
del sexo fuerte y barbudo en los.l!:stados Unidos.
No es oportuno llamarla atención
al hecho verídico de que en los telégrafos. en los correus, en la con•
tabilid11d d11 muchas ca8ae de comer•
cío y de hotllleir, las eeñoras y ~•ñoritas han demostrado St'r más útiles
que los hombres. Se &amp;st'gura que
son más puntuales. mb limpias en
sus labores quelo,1 hombres y que.....
no beben.
Al paso que andan laR Rn('iertad~s
feministas no pod11mo- tard11r,m V&lt;ir
á nuestro G&lt;&gt;bierno extender ni,m•
bramientos oficiales á favor dt1 muchas señoritas Los primeros terre
nos que invadi rán será11 los de la
correepondencia y lus de la tel11i?"rafla, )oij tPléfonos son poca co~a para
ellas, pero como aprPndizaje han
dado re,1ult~dos magulficvs.
Es tanto mils de temerse por Algunos jóvenee que s-, consideran wuy
útiles, el poderío qu•· van tnin~ndo
sus compañeras en t'dad pero no t'n
defectos que se acaba dt1 palpar la
realidad hace unos días en una fun
ción pública donde no se represPn•
taba comedia alguna, sino se cumplia con un deb11r voluutariaweute
aceptado
Si en las tiendas y en otros establecimientos tuvieramos tan esmerado y amH ble servicio como el que
hubo en todos los puestos de la k.-rme.se, los dueños de esas casas importadoras meuudeadoras se barian ricos en menofl de tres 11ños.
p.,ro trat,nnos de verdaderas profesiones. La Señora Harrlet Hmson RJbinsou nos dice que existen eo
los estados Unidos, en la actualidad 16::! co1egio, superiores. exclusiv11mente abiertos á las señoritas. La
señora Maria M1chel fué la primera mujer que ocupó
un puesto como profesora; "nsPñó astronomta y matemáticas en Vassar el año 1866 Muchas mujeres se admiten hoy día como miembros de la Facultad, no sólo
en colegios reservaddos á su sexo, sino deo de concurren ambos
A la par que Re multiplican lm1 hospitales para mujeres se multiplican también los calt&gt;gios módicos.
Existen siete sm contar numerosas e,cuehs de medicina para hombres, abiertas 111 sexo femenino.
Las mujeres médicas son casi tortas de la ePcuela
homeopática. Hasta última fecha las escuelas de medicina regulares ú oficiales no han permitido que las
mujeres sigan sus cursos. Pero que resulten mujeres
,regulares ó irregulares, lo natural t:B que el éxito de
las mujeres practicantes no puede ya ponerse en du•
da y sus colegas del sexo masculino no se atreven ya
á juzgarlas desfavoublemente.
El censo de los Estados Unidos en 1890, da el número de las mujeres médicas eo todos los paisos y s urna
4555

· En cuanto á la literatura, es iucreible cuántas mujeres escriben. Unas bien, otras mal, pero la mayorla
merece elogios 0l&gt;roelia Waters, del Bo.,ton Evening Trn.mcript, fué la primera mujer period\eta de
Boston. Hoy las muj1 r 1~ editan y publican periódicos
y hasta revl,tas, en tudas partes de los Estados Uni·
dos, y las columnas consagradas á la colaboración de
las mu¡eres son el complemento aco~tumbrado de la
publicidad de un gran número dti periódicos de importancia.
Harece, dice la señora Robinson, que las mujeres
han entrado r~atmente eo lo que Thomas Carlyle llllma el "Cuarto Estado," y han tomado resueltamente
pose&amp;ión de él con la profesión literaria, los viajes á
las regioues inexploradas del pensamiento, a~i como
otras en las regiones desconocidas, con el fin de satisfacer e1 apetito insaciablt, de 1011 lectores.

NUESTROS GRABADOS

~- ---··

F-!G, 1.-M0DEC,0 PARBLEl~i!lil Dlil R~CElPC[Óll.

Ei de crepé azul d~ china Cl)n una gran lona bordada eo la parte inferior del f•ente de l!L fald,i, y tres
cintai p!l.ralel:i.s de galoocillo seda orn,ndo la bata y
el c,1erpo. Un eleg,rnte boa de tul blanco de grao
f,mtasia com9leta el adorno.
FIG, 2. -TRAJID DBI CALLBI.

Es de· pañl) beige ó diag,rnal, con 1'11 ml)rielo especial dl'I un fichú de muselina de seda orlarto de volantes de tul, que sirven también de adorno á. la falda.
FIG. 3,-TRAJE SA"TREl PARA OTOÑO

Es de paño de inviernn, formando un smoking muy
justo, un falso chalPCO de cuello fanta.Ria, redondo y
falda plena, adornado todo en varias formas, de galón de seda.
FIG. 4,-TRAJID DE CASA,

De sargR de seda con un yoke alternado de cintas
de raso y un gran plastrón bordado de elegantisiino
modelo.

Figs. 9, 10 y 11.-Tres modelos de calle.

Después de tres años I!ose pierde todo lo paiado.
Guanajuato Septiembre 13 de 1898.

FIG. 5.-TRAJE DE CASA.

De escocés muy fino con una gran e@toca bordada
de galoncillo de seda y una draperia de Saffetas, medio oculta por uo gran yoque bordado de galoncillo
también jockt&gt;ys sencil,os de muy butin gusto.
FIGS. 6 y 7 -TRAJE DE DAMA DE HONOR DE UNA NOVIA.

FIG. 8 -TRAJJII DE VIAJID
Estilo sastre, de una encantadora originalidad. Casaca fantasía orlada de guia de seda y abierta sobre
camisa de muselin11. azul pfllido, yockeys de una 11legantisima forma, figurando el cuello,.
FIGS. 9, 10 y 11,-TRES ELEGANTES MODELOS DE CALLE,
Et pr!mflro de seda- azul con una gran draperla de
guipure, el segundo de popelina de seda con volantes entredoses de satln y pl11strón plissé de lo mismo,
mostrando un cuerpo coselete de muy buen /irllsto, el
tercero estilo sastre, de casa con fantasia, abierto sobre uoa camisa da muselina y ornada de grau corbata avolimtada de blonda vieja de Alen~ón.
FIG. 12-CUERPO ELEGANTE, DJIILANT.BIRO Y JUPALDA
.

,.

El ceoPo de los
Estados U oídos en
1890 nos da á. conocer el número
de mujeres auto·
ras entregadas á
labores literarias
ó cieotlficas, Sen
2,725; do éstaR, el
periodismo posee
868 Las mujeres
artistas que se dedican á la enseñanza de las artes,
suman 40,845!!

Damos bajo estos números dos modelos de tr,jes
de los que a hor.1 son de más actualidad y gusto para
tos matrimonios: Uno de desposada de último modelo, de satín ligeramente crema y cauda dr11peada y
otro de sarga de seda azul acero con cuerpo drHpeado de muse1ina de seda y una gran falda ornada de
un de:vanf d., volantes y galoncillo de ser.la.

.

NUMERO 18

r

TRAJE DBI NOVIA

Fig. 12.-Elc¡rante cn.-rpo. Delantero
y espalda.

•

MEXICO, OCTUBRE 80 DE 1898

TOMOil

Ea de muselina blanca con un yoke de entredos y
votante carrujado y un plastrón diagonal plisbé.

Sr. D. J. Adrián Palomo, Directo: General de la._
·'MEXICANA."
Compañia Anónima Nacional de Seguro■ ■obra la Vida.

MÉXICO

SEÑOR MÍ'l:
Teniendo en mi poder la póliza Ea\dada núm. 47 de
que era poseedor t0i finad" PRp,,so ..,¡ Sr. D Leobardo Mendoza, 11e prPISPntó en ésta elAgenti, de la Co_mpañla Sr. D Juan N Campos y manifestándole mi tg•
norancia para h.tcer la re:lamadón correspondiente
como hered ira lt&gt;gltima, dicho Sr. Campos, con toda
actividad é inteligencia procedió al arreglo de los
documentos necesarios, 11vitá11dom., to•la clase de
mole.tías.
Hoy, con autorización del Notario Público Sr. D.
Igllllcio R H"rnáodez y por conducto del estimable
Sr. D. Francisco de P. Castatleda, Banqul'lro de la Compañia, htt , Plr1 bido á mi completa satisfacción, la cantidad de $117 45 (c'ento diez v oiete pesos cuarenta y
cinco ceutavos,) importe tot¡¡l de la citada Póliza 11al•
dada.
Si lo juzgr. usted conveniente, dé publicidad á la
presente, pue., creo será de alguna utilidad para los
asegurados en esa honorable Compañia, ver confir•
mado que en el desgraciad&lt;&gt; caso de no poder soste•
ner sus Pólizas más de tres años como Ii, sucedió á
mi querido esposo, ya á esa fecha pueden obtener
una saldada y lograr aunque sea un pequeño ahorro
en bien de sus familias.
Doy á usted las debidas gracias por la violencia
con que ordenó el pago referido, yme ofrezco su muy
atenta y afectisima S. S.
Firmada.-Rafaela Pedraza V. de Mendoza.
MUY

&amp;l $r. Presiaente ae la Nepública ?:la señora su esposa.

(Fot. de Va11eto, tom.ada últlm.ament.e.)

�LASEMANA
Promete un éxito feliz á la fiesta de caridad
el 1ino de l11s comisiones organizadoras y el gran
empefto qu~ han puesto las damas de nuestra so•
ciedad, co11tribuye11do gei erosamente con sus donativos, to:los de valor artbtico inestimable, ricos algunos y no pocos, una verdadera maravill11.
Exhibidos estos úl1imos días en los aparadores de Plateros, y admirados de todo el mundo,
tienen ya esos objetos sus codidosos que desean
conservarlos como recuerdo del Bazar y muestra
de las múltiples y sorprendentes habilidades de
la mujer mexicana.
Mas no sólo hay que ver en ellos la obra del
talento; entra por mucho el corazón en los primores ofrecidos por las damas en esta fies1a.
Hay una nota exquisita por el sentimiento que
entrafta el acto de dos niftas, huérfanas y pobrea
que llevaron su contingente ingenuo y de valor
pecuniario casi nulo, pero estimativamente elevadísimo. Una muileca feísima y barata, vestida
con tela de un vestido de la madre muerta, fué
el donativo de esas niftas, de una precocidad de
sentimientos tiernos que consuela de tantas maldades y de tantos vicios que erizan 111 existencia.
Algún curioso ó algún devoto de las virtudes
infantiles, pagaría premio de oro por la mutleca
que tiene en sapobre aspecto, todo lo que hay de
puro en el alma infantil,- la piedad por los desgraciados y el amor, iba á decir, el culto del
amor filial.

,..,,

Y ya que por uno de sus aspectos la fiesta del
Bazar de Caridad evoca mise1 ias que tenemos á
la vista, muy cerca de nosotros, hablaré también
de las que pueden sufrir los pueblos remotos.
Un sabio, que ha enriquecido la cien~ia humana con not:lbles descubrimientos en el orden de
las ciencias físicas, toma la teoría de 111althus en
un aspecto especial y predice la progresiva carestía del trigo hasta el extremo de que antes de
treinta afios se producirá una crisis total de har~na en las t~honas. Según ese sabio, la pobla·
ción consumidora de pan crece rápidamente, y la
producción de' trigo permanece en un mismo nivel d~sde 1871. De aquí el resultado q~e nos
anuncia.
La profesía no es muy inquietante para los que
ven á uno y otro lado de nuestras vías férreas
iljmitados campos incultos cuyo seno jamás rom:
pió el arado. Aún hay espacio en el mundo para
muchas sementeras.

,..,,

Don Juitn Tenorio anuncia su anual aparición
en los teatroa de México, para solaz de chicuelos
y ejercicio de esforzados declamadores.
. Nada pinta mejor nuestro apego á los hábitos
mveterados como esta singularísim11 y curiosa
solemnización del día de muertos por medio de
un ~r~ma que ~l gusto popular coloca aparte, in•
clas1fJcado, asignándole un lugar más bien conmemorativo que literario en sus aficiones.
El público que escucha los líricos coloquios de
Don Ju_an y Dotla Inés y el monólogo en el cementerio, no va al teatro, con el espíritu de amatteur que hace de este lechuguino un tandófilo
de aquella sentimental, una cliente de Hidalgo
de los que apl~uden «Los parecidos» ó «Mag•
da» unos curiosos, más rnteligentes y críticos
que entusiastas.
En día de muertos todos vamos al teatro y á
todos nos divierte por igual el actor de tercer
orden, y todos nos despojamos de prevenciones
para regalar nuestros oídos coc la música peregrina del verso espai'iol.
Algunos hay, y no son pocos, que no toman en
serio. ni la pieza ni á los artistas; pero van al teatro y encuentran tan natural la presencia anua}
de Tenorio en las tablas, como los actos ordina•
ríos é indispensables en la vida.

f

y

/IW

La tesis social de los sombreros en los teatros
se discute aún en las ciudades europeas.
'
Antes de que en las nuestras hubiéramos podido adoptar alguna solución definitiva y radical
apareció en Franela una dama que repitió el pro:
digio genial del huevo de Colón.
Los bandos contrarias se agitaban con un apa•
sionamiento que impedía la lucidez de espíritu suficiente para discernir la posibilidad de una tran-

Domtngc 60 de Octubre de t&gt;i!"tii

Domtna-(l 30 de Octubre de 1898

EL MUNDO

334

sacción honrosa y la Clllma para adoptarla una
vez formulada con claridad.
Mas, afortunadamente, no faltó quien pudiera
aisiarse de la contienda y estudiar el problema
con todaserenidad,resolviéndolo con gran acierto.
Como sucede siempre en esta clase de reyertas, el quid nu estriba en imponer á una bandería la voluntad de lit contraria, sino en llevarl11s
á. un terreno neutral. En el caso, ese terreno
se ha encontrado y quedan abiertas las negociaciones para la paz definitiva.
Todos quedarán satisfechos, porque si bien las
sefioras podrán usar sombrero ¡,ara ir al teatro,
se ha ideado un sombrero especial que sin estorbará los demás espectadores, satibfaga el c11pricho de las que no pasan por llevar la cabez¡J. sin
plumas y cintas.
La capota de teatro es, por lo que dicen los periódicos, un modelo de elegancia dentro de las
más exiguas proporciones.

La aparición de la fiebre amarilla en Monterrey ha causado alarma profunda en una gran re•
gión de la frontera, no obstante los fríos prematuros y el empefio con que se procura calmar los
ánimos intranquilos.
Prep11rábase, alegre y entusiasta, la grau ciudad industrial á rec}bir la visita del señor Presidf'nte de la República y á ofrecerle sinceros
testimonios de adhesión, cuando dió el telégrafo
la notic:a fatal, 1rnunciando al mismo tiempo la
fuga de muchas f.tmilias temerosas del contagio.
Difícil es en casos como este medir la import11.11cia de la calamidad por el pánico de la!! multitudes; pero la alarma por sí sola constituye un
mal. todll. vez que desconcierta la actividad económica y perturba las relaciones mercantiles.
/IW

La muerte de la señorita María Barrera despierta una curiosidad que tal vez no quede satisf~cha con el dictamen pericial ordenado por el
juez de la causa.
El inculpado es un hombre de mérito, hábil y
co°:ocedor en cuestiones médico legales. No será
fácil abrumarlo con un dictamen pericial, por
conc!uyente que sea, y antes que rendirse agotará mil recursos de ciencia é ingenio para defender su causa, aclarándola si es buena y sí es mala, apuntalándola con sofismas.
Los delitos de astucia y principalmente los
que se consuman por medios técnicos desconocidos de la generalidad, facilitan al culpable las
eva1:1ivas, y al per~itirle una actitud, mAs bien
de sabio discutido que de reo justiciable, hace11
de él casi un árbitro de la opinión pública, impotente para orientarse, si no es en cuestiones morales.
/IW

La perspicacia de la policía descubrió y detuvo en Paso d~l. Norte al agente de un gran sindicato de f11.lsif1cadores, que habían proyectado
desparramar en la R~pública billetes de los bancos del Norte y pesos del cufl.o norte--americano
fabricados por esa gran asociación.
'
. SJnad_o _hubie~a sido el robo y muy cuantiosc,
s1 la_ po~cia n_o rnterviene con tanta oportunidad
y ef1cac1a, deJando tranquilos á. los Bancos y al
Tesoro de los Estados Unidos, á cambio de una
desazón para los anti--yankees afectos á. grandes
sucesos y fuertes emociones por cuenta de otro.

-

«El amor por principios» es una de las últimas
novedades literarias exhibidas en los escaparates
dc.l 5 de Mayo y 8an }francisco.
El h~roe, -un Don Juan moderno, que busca el
am01· sin amor en la depravación más descarada,
~ostenta a_l d~s~ud_o un espíritu si~temático que
t.ene por eJercicio mtelP.ctual pervertir á todas
!as mujeres que seduce. Después de aventuras
menarrables por turbias, termina la novela con
noviazgo y casamiento, como las narraciones por
entregas.
Un escritor que estudia esa obra inspirado en
crite_rio ;ndependiente y sano, teme que el extranJero Juzgue á la sociedad francesa por esas
novelas.
Temor justo y patriótico en estos momentos en
que asistimos á_ lás escenas de anarquía moral
de un pueblo agitado por violenta crisis.

DIOK.

*"'*

10olitirn ®.en.eral.

A pesar de que fueron tan pocos los votos que
falt11ron al ministerio para obtener esP- voto de
confianza, el prehidente Faure ha admitido la renuncia, esperando que los ministros dimisionarios permautzcan en sus puestos mientras se
coni;tituye un nuevo gabinete.
¿Dónde se tomarán los elementos necesarios
para refrenar esa C1imara ab,oluti&amp;ta, que en un
momeuto dado derriba gobier11os, pulveriza ministerios y hace caer los ídolos de un dfa? Bris•
son era presidente de la Cámara cuando ocurrió la crisis que derribó al gabinete Melline; fué
el designado parl\ presidir el gabinete, porque
en él se tenían fundadas esperanzas de que ha bia
de llP-var en su programa las aspiraciones de
una mayoría tornadiza y sujeta á vaivenes incontables. Ya otra vez hemos referido de qué
manera ha sabido salvar los escollos, vencer los
obstáculos, co11jurar las crisis provocadas en estos tiempos de turbulencia; y á pesar de tod11s
estas circunstancias que lo recomendaban á la
consideración de sus conciudadanos y al respeto
de las Cámaras, ha caí.lo falto de la coufianza
que inspiraba antes, y se retira tranquilo. con la
conciencia serena, después de haber cumplido
con su deber.

RESUMEN - La agttaclon polftlca en Francla.-Exalta-clón de los bandos p·•r el proceso Dreyfus.-Apertu •
ra de las Uámarm,. Defr.cclón del General Cha:?olne.
- Calda del gabinete de Fr.incla.-Temores d11 reac •

clón, "lrmcza ue la Kepúbllca.-EI resp!andor de
la Justlcla. . La previa censura en Espana. - Crisis.
parcial en el mlnls,erlo, - Temores para lo porvenir..
-La nueva vida de la monarquia.-Conclus:ón. ·

La exaltación en Francia había llegado á su
colmo. t&lt;.:l pueblo de P11rís hervía en fermentaciones de todo género; era esperado con ansia el ·
momento en que las Cámaras se abrieran, y todos
temí m que la tempestad habría de desatarse en el
recimo de la reprt!sentación nacional. La cuPstión
del Sudan ~gitaba los espíritus, una racha de tormenta azot11ba la atmósfera política y se advertían bélicos rumores y gritos de combatP-, por·
disputará la vieja Inglaterra ese girón de tierra .
egipcia, donde enarboló la baudera de la República, como atrevido explorador, el comandante
Marchand. A E:sa excitación por la cuestión de·
Fashoda unía~e la proximidad del día en que la
Corte de CssRción celebrara su sesión primera,.
para decidir bi el famoso pt oceso Dreyfus que ha
llegado á dividir á .os franceses en dos bandos,
debía reponerse y por tanto verse otra vez en
consejo de guerra.
Capitaneados pc,r el célebre agitador Paul Deroulede, los ciudad11nos de la Ligl\ Patriótica iban
por calles y plazas, por bulevares y avenidas, por·
casinos y clubs, predicando el odio al semitismo,
denunciando i\ los partidarios de Dretfus como
traidores á la patria, enemigos del ejército y Ct·
paces de amenazar la seguridad de la Repú-·
blica.
·
Los amigos del destPrrado de la Isla del Diablo,
apoyados en su deFecho y soste.D.idD.s en sus aspiraciones por fa. actitud resuelta y desidida que ha•
bía tomado el gobierno que presidia M. Brisson,
dabanporinnegableel triunfo y predecían la seguridad y firmeza en que se hallabaelgabinete, porhaber sujetado tod&lt;,s sus procedimientos á las.
pres~ripciones de la ley, por intentar, en la órbi•
ta de sus facultades y dentro de los términos legales, la enmienda del error que pudiera haber en.
el famoso proceso.

*

**

l
L

*

**
abrieron en

Y las cámaras se
medio de esta
efervescencia sin igual. Las voces de los primPros.
oradores se perdieron entre los gritos de la mul.
titud que llenaba las galerías y vociferaba á las.
puertas del palacio d-, Borbon. Un incidente sencillo fué suficiente para desprender la avalancha.
que había de arrastrar en su caída al ministeriode Brisson. Alguien preguntó por qué no se perseguia-á los que en la prensa y á la continua ata-•
caban la institución militar y á,las altas personalidades del ejército francés. Habló el ministro de
la guerra, el Gral. Uhanoine, y en vez de sosta•
ner con entereza la actitud asuruida por el gobierno de que formaba parte. en vez de recoger
y afrontar las responsabilidades que le tocan según la solidaridad del gobierno constituido, habla de sus ideas personales, de su~ propias convicciones, pretendP- envolverse en una aureol11 de
popularidad, hace laapología deCavaiO'nac y Zur-·
linden, sus predecesores en el depart~mento de
Estado que es á su cargo, y por encima de todas
las fórmulas constitucionales, presenta su dimisión, cual si la Cá.mara de Diputados se hubiera
transformado en Convención nitcional.
~abía llenado ~u objeto: aplausos y manfüstac10nes de regocijo se dejan escuchar en las filas de 1~ extrema izquierda y en el centro. Se
oyen gritos y se escuchan aclamaciones tumultuosas en el sagrado recinto de las leyes, y á duras penas se restablece la calma.
. Otro diputado ~r~tende sostener el predomimo del po~er civil s?bre el ejército. Es apoyado por Bnsson, y unidos los radicales y sociali_stas, aprueban 1~ moción; oero cuando el presidente del conseJo se levanta á pedir un voto deconfianza á que tería derecho, p~r Ja mesura1 el
reposo y la serenidad con que ha sabido dirigir·
la nave del Estado en medio de las ondas tempestuosas que la han azotado en los últimos días
e? medio d~ ~os vientos de to1·menta y en el pe:
r10do de cnF_:s por que acaba de atravesar, h
~ámara le mega ese voto {)Or una exigua mayona, y queda planteada la crisis ministerial completa.

El pueblo sigue agitado en las calles de P¡).rís;
la ola antisemític11 crece y se agiganta; pierde
importancia en la consideración de las multitu•
des la cues1ion de F11 shoda que ayer las exaltaba; se desvanece en la bruma el ruido de sus aspiraciones tumultuosas, y se siente por todas
partes la palpitación de una grim crisis.
¿Será acaso qur la rt•acción monárquica conthúa secretai:nente sus trabajos de zapa? ¿Será
que los enemigos de la República prosiguen en
la sombra sus labores reaccionarias? ¿Ha brá.n logrado las exaltaciones que prudujera el asunto
Dreyfus abrir un abismo entre los oandos revisionista y antirrevisionista, de tal manera que en
su exaltado patriotismo no er.cuentren algunos
otra solución que .la vuelta de la monarquía?
Quién sabe! pero es lo cierto que en estos momentos atraviesa la República Francesa por uno
de los períodos mAs peligrosc s que la han conmovido en las edades presentes.
Amenazada en el exterior de una guerra que
pudiera ser de terribles consecuencia6¡ sacudida
en el interior por aspiraciones opuestas y encontradas; divididos los buenos hijos de Francia por
el asunto Dreyfus, al que en realidad se le ha pro•
c_urado dar mucha mayor importancia que la que
tiene; separados los amantes de la gran patria
francesa en dos grupos, por la conc.e pción de la
idea de justicia en cuanto se refiere al infeliz excapitán tfue lleva cuat,o aftos de estar marcado
con el nefando estigma de traidor, necesita de
todo el esfuerzo, de toda la abnegación de los
verdaderos patriotas, para poder conjurar la tempestad que se desata.

***
Como han llegado muy adelante los procedimientos del gohiHno en el camino de la revisión
del proceso, es difícil que el nuevo ministerio retroceda en la ruta ya emprendida. Muy pronto la
Corte de Casación que ha ce determinar la validez ó invalidez de todos los procedimiantos, dará
su inapelable f,1Jlo; y cualquiera que sea el grupo
o el partido que se halle en el poder, radicale'!,
socialistas, republicanos ó mode!'ados, tendrán
que acatar ese fallo, á menos ue ech!lr por tie•
rra todo el edificio constitucional. Si la República sale avante en este conflicto, como nosotros
lo esperamos, porque tenemos Ié en la democracia francesa. porque creemos que no son eternas
las obnubilaciones se ciales, ni perpetuos los deslumbramiPntos, ni infinitas l11s obcecaciones; bi
sale triur.fante en estll vez la R1&gt;pública, habráse
asentado sobre bases inconmovib1es, y se presentará ante el mundo, no ya coronad-1. con rayos de
grandeza, sino con los inmortales resplanores da
la justicia.
Que se desaten l11s b11ndas de los antisemitas,
que ruja el motín y estalle la tormenta social: la
República, firme sobre sus bases de granito, barrerá. con la fuerza armada todos los elementos
de la revuelta, serenará el cielo, para tremolar
después el pendón tricolor sobre todos 103 franceses unidos y !uertes, en una sola aspiración: el
amor de la patria y el imperio de la justicia.

r

335

EL MUNDO

***

EL BAZAR DE CARIDAD

Pocos días antes de que se rindiera la asediada plaza de Santiago de Cuba, que no podía recibir auxilios de la Hab ana ni apoyo alguno por
parte de la destruida escuadra de Cervera, el gobierno espaftol estableció la previa censµra para
todos los periódicos, y se encargó de cumplir este acuerdo la autoridad militar de ctda población.
Siempre protestando por est11s tr11bas, pero vigilados constantemente por el gobierno, seguían
los pniódicos d_e la capital y de las provinci11s,
cumpliendo con esta determinación que no se derogó ni en el corto tiempo que duraron 'a biertas
las Cortes. A pesar de todas estas dificu ltades que
á cadll paso procuraban crear los órganos de las
min rfas, no había ocurrido ningún incidente notable.
En el momento menos espHado, un periódico
de oposición da á luz un ar1ículo que no había
pasado por el lápiz rojo del censor militlll'. El generlll Cbinchilla, Capitán General de Castilla la
Nueva y Ex:tremadura, S1;t'lpende el periódico y
pone preso á su director, á pes11r de su Cllrácter
de diputado á Cort&lt;'s: y be aquí como 111 cabo de
tres meS&lt;!S y por un incidente inesperado, la suspenbión de El Nacional y la prisión del ,eftor Figueroa, hlln venido á precipitar una crisis ministeri ll en K1paft&gt;1, anunciada desde hace mucho
tiempo, pronosticada principalmente por la Unión
Conservadora que preside el seilor Silvela, an ·
sioso de recoger la herencia de Sagasta.
El minis1r0 de Instrucción Pública, una de las
figuras más salientes en el partido liberal, el sefior Gamazo, que á muchos ruegos aceptó una
cartera f'n el gabinete de Sagasta 1 ha presentado
su dimisión; el general Chinchilla se ha retirado
de su puesto, antes de verse sacrificado por el
SP:ilor Gamazo; el General Correa, Ministro de la
Guerra, se aleja también del ministerio, y como
el incidente no ha sidc más que la Musa ocasio•
nal para poner en evidencia la fragilidad uel terreno en que se asienta el gabinete liberal, témese una crisis minis!erial completa, que en los momentos actuales, podría tener muy grav~s trascendencias.
L"S comisionados espailoles, que representan á
la Corona en las conferencias de París, encuentran c11da vez mayores dificult1:tdes en el desempeflo de sus funciones, porque á cada paso también tropiezan con las ex·gencias de los comisionados americanos, inflexibles en sus aspira•
ciones y que no retroceden ni se apartan una
línea de las instrucciones recibidas de Washington. Se ha llegado hasta anunciar la suspensión
de las conferencias, y sila esci3ión se acentuara, si
llegara á faltar al sefior Sagasta la confianza de
la Reina Regente, y si la crisis parcial del ministerio se generalizara, probable se"ía que el sucesor de Sagasta llegara basta cambiar las ins•
trucciones dadas á los comisionados de París, y
por la tanto interrumpir.las negociaciones de paz.

Hemos hablado en otra ocasión y la prenAa diaria
ha rPpetido la infm mación con cuantos detallas se ha
tPnido á mano, respecto dAl gran festival d11 caridad
que, para conm11morar el dla onomástico del Sr. Gral.
D. Porfirio Dl11z. l'I circulo da suA amigo&amp; ha dispuesto en este año comrJ pHrte de las fiestas qu11 se c11le•
bran en su honor LH que hoy se verifica en la Al11mArla eA digno complem ..ntv de las e'fectuadas el 14
y 15 dd próximo pasa•lo Septiembre.

***
Y mientras se suceden estos sacudimientos ministeriales, se percibe claramente un rumor de
descontento en toda la península. Ya no son la
agitación carlista ni el movimiento republicano
los que amenazan perturbar la paz; son los gremios industriales, los grupos de trabajadores, las
asociaciones mercantiles, todos los elementcs productores del país, que se i,ienten agobiadob,
los que hasta ahora manifiestar. de una manera
pacífica su inconformidad con la marcha general
de la política; y oprimidos ya por los tributos,
buscan de divers1,s modos una solución á. sus
angusti,,s.
El país que ha visto con resignación estcíca los
desastres de la guerra, que hasta ahora no ha formulado ninguna protesta por la pérdida de las
Antillas, en cuanto ~ignifica una desmembración
del territorio, acaso sienta la herida que dej11. en
los centros económicos la falta de mercados de
consumo á que se había acostumbrado la producción nacional con el régimen de los cuatro
sígl"s coloniales.
Tiempo es ya de que Espa:lla comience á restafiar su sangre derramada, á cicatrizar 1ms heridas y trabajar con toda la abnegación de sus
hijos en reconstruir todo el edificio que ha sacudido la pasada crisis, y reconcentrar todas sus energías, llamar en 11u socorro todas sus fuerzas vi vas,
para entrar de lleno en un periodo de regeneración.
·

X.X.X.
27 de Octubre de 11898.

JU NTA D'RRCTIVA DE SJi:ÑORAB.

La componen las distinguidas damas cnyos nombres d&gt;t.t..Os á continuación: Maria C. rle Liman tour,
Luz A. de Gonzáles Costo, Guarlalupe C. de &amp;~bollar,
Sofia O. de L mda. Guadalupe R de Cha vero. t:lisa
L. de U11m11cho, CHtalina C de Edcandón. Guadlllupe
E de Escandón, AngPla GonzálPZ dl'I Ituarte, Maria
L. dt&gt;1 Landa, Guad,.lupe C. de MiPr, Chtra M. d11 Mo•
rán, Refugio T de Rincón Gallardo y Luisa R R. de
Teresa.
COMISIONlilS.

De invitación General: Joeé W. de Landa y E3candón, Apolinar C11stillo y Gregorio Alda8oro.
Dti ornato y -distribución de puestos: Guillermo Valleto, Lic. Rosendo Pineda y Lic. Adalbnto A. Es•
tev11.
De recepción de objetos: doctor Eduardo Liceaga,
Francisco D. Barroso .V Juan rle Pérez G;ílv,.z.
De colocación de objeto.,: Ricardo Diener, Denio
Ollivier, José Sígnord. Eugenio Sivy. Florencio Cas111ñares. Luis Labadi11, Rector Labadie Agustln
Honnorat y Julián Jauffred
'
De rifa de objetos y dlRtribución: Francisco D. BarroAo Ramón Alcázar y Manuel Algara
De Banca: Sebast1án Camacho, José 'Landno, Romáu S de Lascurain, Franelsco Suinaga y Antonio
Riva y Echeverrla.
De concierto: L:c Alfredo Chavero, Lic. Arturo Pu
y José Rivaa.
De policia: Carlos Quaglla, Antonio Tovar y Tomás
Morán
La Comisión organizadora la forman D. Guillermo
de Landa y Escan&lt;ión, como Pre11ldente de ella, y los
Sres Alfredo Chavno y Guillermo Barron, VicepreEidentes
La Comisión de Programa la intPgran los Sre11. Gui·
llermo Vall~to, Telesfvro Garcia, Fra:1ci&amp;co D. BarroilO, Carlos Quaglia, José W. dA Landa y Edcandón,
Lic. Luis Labastida. Lic Ernesto Chavero, Lic Miguel
Sagaceta, Lic. Adalberto A Esteva, Apolinar Caotlllo
y L1c Arturo Paz.
El f11stival dl'I c11ridad comienza á las 10 A. ltl, y
terminará á la 1 P. E.
Los objetos que bondadosamente han cPdido las
damas d11 México para que su producto se destine á
obra de caridad serán rifados en la forma y condiciones que establezca la Comis,ón encargada de ella.
Quedó prohibido el uso de serpentinas y confetti
durante tll curso del festival.
El producto de la venta de objetos del Bazar será
distribuido Integro á !ns Asilos y EitR blecimientos de
Beneficenria. en la forma que acuerde la Juntll Directiva de Señoras, pues el "Circulo de Amigo~" expen¡¡ará todos los gastos que origine el festival.

Edad de las cata.ra.ta.s del Niága.ra..
Todo el mundo conoce las catáratas del NiAgara
esa inmensa casrada cuya incomparable bell, za 1t~rae
continuamente parvadas de turistas ávidos a11 gozar
de tan grandioso espectáculo y de solazarse b11jo el
gigantesco y diáfano capelo que forma el agua al precipitarse desde las altfsimas rocas.
Las catáratas del Niágara han inspirado á muchos
artiijtas. .v los Upices y los pinceles han reproducido
infinidad de veces esa maravilla de la naturaleza.
Mas no son tan sólo el arti~tico y el grandioso los únicos puntos de vista de11de los cuales se debe considerar todo primor de la madre tierra, sino tambléu el
punto de vista científico es tomado en consideración
y las investigaciones de esta índole, aplicH das á las bellezas del planeta, han revel11do muclias veces curioslAimos secretos de iapreciable importancia para el
perfeccionamiento de las ciencias naturales
Los eabios bánse ocupado siempre de tales estudios y últimament" uno de ellos, el profesor de geologia Spencer, dió en Brooklyn un11 confflrencia sobra la edad de l11s catarat!lS del Niá~ara, con gran
acopio de datos y de cAlculos que demuestra el extraor&lt;linario inte1 éd y la completa dedicación que el
ilustre profeso, consa1rró á su trabajo
El problema ha Vt'nido ocupando á mucbo3 grandes
cerebros desrle hace más de un siglo, y á él han de .
dicado mucho tiem¡.,o centenares de geólogos El primArO fué 11n• lngiéR, el Dr Fllier y fijó L edad del
Niágara f alls en 55 000 años Lyell, en 18 10, pretendía
qua dichas cat&amp;rlltlls se form11ron. tllles como laR conocemos, dc -dA hac~ 44 000 añf)@ \Voodward eu 1.a 6
reducía esta cifra aún á 12,000 años, y más r.-ciente'.
menta un sabio francés Gilbert, fijó, después de import1rntes y lsrgoij trabajos efectuados sobre el terreno. en setenta stglos la edad del NiAgara.
Baeándos11 sobre un principio nuev'J mucho más
preciso, á saber, el retrocesopr&lt;&gt;gresivo ó recesión del
suelo bajo el esfuerzo del agua. y después de haber
estudiado las diferentes fast'S de la formación del
rlo miRmo, lo que basta hoy no se habla hecho. el pro•
fesor Spencer ha llegado á lll conclusión de gue existe desde hace más de 32 000 años. pero qua las catarat11s no se formaron sino h1tsta diez siglos más tarde.
El sabio geólogo mencionado 11stima que las cataratas cuy a altura actual es de 128 metros, fuertemen.
te encauzadas entre rocas muy duras y resistentes
durarán todavla por cincuenta ó sesenta siglos en el'
mismo estado en que hoy las contemplamos.

�•
Domingo·ao de Octubre de 1898

Domi.ngo

EL MUNDO

3.:6

~

de C'::t1!bre dA 1RAA

EL MUNDO

---

r-

-----------

1

1

El Palacio del Emperador y el Lago Lotns.-PEKIN.

LA CRISIS EN EL CELESTE IMPERIO

f

✓.:;

Antes de los últimos sucesoB del Sudan y del re&lt;:rudecimiento de la agitación dreyfuEista, Pekín fué
el centro de la curiosidad europea
Tel&lt;'grama tras telegrama veni.a de la capital del
&lt;Jeleste Imperio anunciando ó bieu que el Emperador
habla muerto, ó que estabaconva esciente, ó que nunca se había sentido mejor.
·
Por último.se ha dicho con insistencia que el Emperador tiene no sé que enfe~medad orgánica y que
la Emperatriz viuda ejerce .,in opoeicióu el poder i!imitado que le permite la docilidad del sobe:ano.
Loa disturbios promovidos contra los extranjeros
han sido castigados duramente. pr(lcurando darle á
la represión de esos atentados un carácter de sensible escarmiente para los que aún soñaran con nuevas agresiones á los residentes europeos.
Todo esto y las leyrnda·s contradictorias y algunas
de ellas inverosimlies, que corrieron por la prensa,
desfigurando los hechoB reales de la última rAvolución palatina,-todo esto, decimos, indica la dificultad de conocer exactemente los sucesos diarios de un
país envuelto por una corte de intrigantes en una
niebla de la que sólo vemos surgir chispazos provo
cados por los manejos de los ministros europeos. ¿Qué
hay en el fondo de este caos"/

Por tercera vez toma la dirección de los negocios
de Estado del Imperio la Emperatriz viuda, tia del
soberano nominal, Los periódicos ingleses que consideran á Li-Hnng-Chang como un tnemigo de los intereses británicos, presentan á este Astil dista como
un conservador y creen eiue su intención en la coda
pública, seria preFagio de una era de e~taciona
miw1to, durante la cual t.&gt;da reforma es ab~olutamente imposible.
Por el contrario. el rival de Li-Hun~•Chang, KaogYou Mer, es para Jo¡¡ ingleses el tipo del hombre de
P~tado progresista y liberal, un Gladstone, en una
palabn..
Tanta importancia Je han atribuido á PStR. rivalidad Pntre Li Hung-Chang y Kang-You-Mer que el
D aili J,l,fai l llegó á pedir la moviiizarión de una flota
para impedir la vuelta de: primero al pode,·.

EL EMPERADOR Y LA EMPERATRIZ DE ALEMANIA
f.N LAS MANIOBRAS.

coynntura de esta histórica expedición para publicar
sus retratos de'mil maneras. diforentes.
El gmpo de nuestro grabado representa á los soberanos imperiales en el campo de las maniobras de
Westfalia.
Recordarán nuestros lectores el interé~ que dP~pertó en el ejército alemán el encueLtro de los do~ cuerpos militares que con un efectivo de 100 000 nombres, hicieron marchas y contra-m~rchas, movimientos e~tratégicos y bivaquearon, simuiando todas las
condiciones de una campaña.
La presencia del Emperador dió á las fuerzas un
gran entusiasmo que contribuyó de una manera evidente á los magníficos rAsultadoi! de las maniobras,
en los que aqu"11a formidable máquina de guerra puso de manifiesto la PXcelente or~anización y la11 demás cualidades del ejército alemán.
Aunque en un sentido rigurosamP.nte cronológico
parezca extemporánea la publicación de este grabado, no lo creemos asi; pues como llevamo; dicho, hoy
es la imperial pareja objeto de universal curiosidad.
y no hemos querido que falte en nuestra colección el
retrato ecuestre de la Emperatriz haoiAndo tlado en
edición anterior 111 que representa á Guillermo TI en
su traje de moderno peregrino á los Santos Lugares.

Guillermo TI y su esposa son las figuras del dia
Los periódicos del mundo entero hablan de ellos y de
su peregrinación á la Tierra Santa, aprovechando la

✓

....,,,..f'-r•

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),.::.::====:::=;;;;;;;;::~·

Q\~.f'/ ---~ ~

r ~v ~\~~

ry~~)f
[·

Maña Lozano de Landa.
Clara Mariscal de Morán.
Maria Luisa R. R. de Teresa

Guadalupe R. de Cha.vero.
Refugio Terreros de Rincón
Gallardo.
·

Ellsa Lynch de Ca.macho.
.Ma.r1a Callas de Ltmantour.

Sofla 0sio de Landa.

Luz Acosta de Oon~lez Clos1o.
Guadalupe E. de Escandón.

Guad \\upe r.ordero de Rebollu.
Angela. G. Buch de Ituartt,.
Ca.tal!La Cuevas de Escan&lt;lón.

El Templo del Cielo.

Ruinas del Palacio de Verano del!ltrnido por los aliados
en la guerra de 1860,

�Domingo 30 de Octubre de 1898.

EL MUNDO

338

nnmln1ro 30 de Octubre de 189/l,

'll~}tt

\

,

fll!lWa

h;!

ªª"ª· ªº

C'RISTOBAL COL ON
I NMORTALIZADO P 1) R EL flfllSCUBRD!IEN·
TO IJEL NUE VO MUNDO
CUANDO C Ai.V I E l&gt;TA BA BAJO LA
DOJl!ÍNACIÓN G ENOVEISA.
M URIÓ EN VALLADOLJD EL 20 DE
MAYO DE

1506.

¿Qu é habrán 11icho de Asto Genova,
Noni, Savona, 1''1uale, Oue!!Jia, Bo¡,rliH~co, · Albiwlla y lat1 otru cunas de
CtJló11?

NOTAS
Las epidf'mias me ralP11, . co~o las
ot,ab t'pidemias, duran algun tiempo
y c1,ando hau asolado un ¡,als, pas&amp;n á
t,ll'0,

.

Thiei·s.

* *en un hombre sus
pueblo encarna

El
e~veranZad, sus pabiOll68 y SUB BUt'ñOs.

Masc,d.

Za mujer aaúlfera-

La enseñal!Za superior de las mni eres en Inglaterra.

No se gobierna ***
con afectos.

L uis XVIII.
"Qui est sine peccato........."

Pº"'ª

Jesús.

***
Las enfermedRdl.'s que

matan á un
pueblo no 1,011 aquellas de las que se
queja, sino l11s que tanto lo halagan
4ue uo quiere curarse de ell.. s.

Este g-rupo escultórico es obra del
artista Sr. Rodolfo Bernardelli, autor
de la estatu&gt;1 dP. D. Pedro de Braganza. erig-lda l'n Rio de Janeiro.
L11. obra que publicamoR, cuyo mérito fué recouocido en el certamen inter•
nacional di, Chicago, es un. de las
mejorAR del Sr Bernardelli.
La fotografia de donde tomamos
nuestro gra bRdo. fué galantPm11nte obsequiBdaA la Redacción dé ••El Mundo"
por el inteli¡rente literato Sr. D. JoRé
de la Vega Serrano, qui"n inspirAndose en la crPación artística de Bnnar•
delli, !'Scribió el soneto que en seguida
reproducimos gustosos:

Berthelot.
*

*
Un amor que ha* expP.rimentado
, et'S c1.mo un rostr , 1ifeado por la vi•
ruela.

1011

•**puede hacerse tc,De un vieio amor
do, ha.ta un uuevo amor; mas nunca
una aru1st1&lt;d.
Bourget.

•*• 1 -Es todo Jo que
Sa honrado y deb
se nece.ita para ser in6trumento de
lob bribones.

Valtour.

..**
PariP, la ciudad ael

SONETO.
A FE:LIX BltRNARDllLLI

LA MUJER ADULTERA
"Qui est sine peccato.................."J es,ís.

P.lacer, es ante
todo la ciudad del trabaJo.

•

Gondeau.

Jesús. el de la ·voz llena de encant~,
el de palabra dulce y atrevida,
el que á dar vino al hombre nueva vida
y á consolar con su evaníelio santo,
se detuvo al oír qul'jas y llanto
de una mujer, del puehlo perseguida,
que echándose á sus piés, arrepentida,
se escondió entre los pliegue~ de su manto.
El Hombre-DioR, entouces, magestuoso,
con airado semblante y ge•to duro
que á la compacta. multitu.d arredra,
Pxtendiendo su brRZO milagroso
dijo al pueblo: "Quien se h(ll.le limpio y p uro,

ése que arroje la primera piedra

Octubre 12 de 1898.
JOSÉ DE LA VEGA SERRANO,

--------.---------

Casi todas iaR mujeres ingleRas que han estudiado
en las Univerddades de aque paiR, han ol-itenidoem,
pleos en la enseñanza pública. En los E~tados Uni·
dos no pas 9 lo mismo, pues la mayoria de las mujeres
que han cursado en los colegios de enseñanza supe•
rior son bibliotecarias, taquigrafas, periodiRtas, mé·
dicás, ayudantes de hospital. actrices, astrónomos ó
agentes de seguros ó de cambio ..
Las estadísticas de las que tomamos estoR apuntes,
no se refieren naturalmente, sino á las mujeres que
estudian para lucrar con su carrerll intelectual: las
que porneceqidad ó por amor á la vida indepPndien·
te buscan empleo á. su activiad en labores que les
producen lo necesario 'flara sostenerse y sostener á
sus padres y á sus hermanos.
Pero hay indudablemente "tras muchas qufl cur an
los estudios superiores, en parte por seguir la moda y
en parte. por dar á su espiritu una elevada cultura,
que brille en la sociedad, á la par que su belleza y su
eJpg·ancía
Para este grupo, la educación es un adorno. Buscan en l'lla ¡,. suprema distinción que constituye los
acornplishrnents obligados de una young lady de alta
sociedad, tales como sports. múdica, idiowas. En
esos casos, la ensl'ñ•t:za superior es una de las cosas
superfluas, que son para otrR s tnujeres las más nece•
sarias; sin embargo, i? qufl hov es superfluo,. puede
litigar mañana á considerarse como un precioso recurso con el cual sea fácil conservar una posición
que J~~ adveraidades hubieran desbarjl,tado para.
si•~mpre.

¿Cuál es la patria de Colón?

*.*

El movimiento q•te impul$a A111.q_mnjereR ~ segui_r
la enseñann eup.,rior data d•l primer terc1~ del. ~1glo. Como siempre que se trata de una mod1f1~ac1on

Aqui nació en 1441

tidos á los exámenes más elevados de
la Universidad, que sirven para r eci•
bir grados y honores; pero á dlfn°ncia de los hombres que pueden !111v11r
agregado á su nombre la" ll'tras B A
(Bachiller en ArteP) las muieres sólo
reciben un certific.. do que no !As con•
fiere ni&lt;11!'ÚD titulo. Por mii e sfunzo
que han hecho no se leR permite llevar
)11. toga universititria ni las insignias
de los g1·ados.
¿Por qué existe esta anomalía? SA
comprende t nto mAnos cuan.o que en
la Univerdidad de Lon&lt;lres ha~e vein ·
te años que no se e,tablece diferencia
11ntre les candidatos de ·amhos sexos
~n un pllfs en que las muieres no capad•s ó viudas que llenan ciertas C"!'·
dicionf'~. pueden Per electoras y aun
elegibles para inte¡?rRr los consPj1Js lo•
cales de administración de las t111cue•
las, es muy curioso que las rorpora •
cinnes dP. las Univer.idadf's dP Cam •
bridge v Oxford, opongan, sin otra rá·
zón que la rutina. tradicional. un ohR·
táculo t&gt;1n grande á la. marcha del fd.
minismo.

·
tes - á este t!Íulo; á
cbfn par~ los 1a':t/1~anGi rton ~ l Colegio y
poco se ranF
r importancia deter•
al.desarrollarse.y t~!Ñ, wuham Coll~ge cu·
mrnó la f~!1dac1ón f1.. á Miss U1ou¡¡h una de
va direcc1on se con º
• . .. d
dP. la nut'va enH•nauza.
ias m1c1a o~d~dde Ntwnbam fue tau gra1 de
q~: ~r~JtT;uo est11 blt•c1m1eni~ eFtt
1
\
en tres: Old Hall, füdw ck y oug
d . de
.
o de las pensioo1,tas uo PXCtl e
' .
n31mer u edad varia mucho: se necesita una
•
\1 ..,.
1~0 y s a especial para ingr11Par linte, de. l~s
X(
d1spPm
d 30
den v1v1r
18 años: las que ¡.,asa_n ~
en Cam ·
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f era como las que nent
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1.
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b~fdge. Gozan de ~rna gran liber1ad/ueÍ.1 ¡~
¡
las horas de estudio_. p~es 11u~rra: sc~De~e~6 cierra á las 6 en 1Uv1erno) .
á las 11
uedPD entrar !11s pf'nsio~1stas
.
1. no
~
recibido alguna invitación ~e la cm·
dlad. Cada una de' llas til'D6 cuar.to mdl'pf'D•
diente, pudiendo decorarlo segun su gusto
perPonal.
· se repar•
El tiempo consagrado" 1 t ra b FJO
3
odo: dti 9 á 12 y mPd,a: de la, y
~e~?aes¡~:i: 6 y dt&gt; _la~ 8 á las.10 Sin t mbar
go no es obligatorw Pl estudio en todo es/~
tie~po pues aparte de las .hor~s di e con! e:
'
renc1a o c
pemionist11s pued~n
bacerloquemás ,me- Alumna de primer año.
Colegio de N orth Hall.
ran.
11 1 b ••
DePpués de la comida se abren 1os !! u s
profunda de las costumbres y s~b"E; t?de los cuales alguL0I! ~on muy 6BJ?ec1ale¡; y
do de las preocupaciones. al pr~nc1p10
tiPnPn noca~ aPo• iad~s. coro_? por eJemplo, la
apenas pudo comprenderse la 1mpo~Brvwning Socúty, cuyo o_bJeto es co~PlJta~.
que babia de tomar el mov1•
las obrab del
Brownmg Otros c_lubs
En las condícion11s de la vida moderna P.S 1t vecPs tancia
miento.
son más concurrirlos: la Sociedad Musi~al Y
forZ'lPO parll la mujerproporcion. rsP rPcursos d&lt;1 sub·
11
El
año
de
lfl48
Re
fundó
Queens
Cola /:Jociedad de Debates en la que se d1scusistl'ncia y aún 1011 que n ..cesit&gt;t. Pi hogar en ando el
la primera institución d~ alt_a
t1-1n c,1 11.•tionPR literarias. de arte y moral.
trabRjo del hombre n_o produce I_o bR.Rtant11. Entonces llege"
enseñanza
para
muj11res.
F,l
ano
Sl·
El Polilical Club es una verda~era asamblel\
la mujer se ve sometida á tralJa7os forzados.
guiente
se
abrió
"Redford
College"
y
arlsmt1ntaria, en la 4ue domma Yª. el elePero esta carga pued,· aligerarse, á medida que no paRaron las cosas de alli. ha~Ja
tl'nto liberal. ya PI consf'rvad.:&gt;r. Recibe las
cultive su inteligencia y ejercit, sus habilidades roa• 1867
EPta
6R
la
fP.cha
de
la
formac1on
noticfas del d a, directsmPn.t~: ,v las conoce
nuales.
North of England G_ouncil aso.ciaanti'&amp; de que ~algan los per1od1.cos. Las seLos trabsjos mf\R penoRos son los menos remunera.• del
ón que tenia. por obJeto orgamzar
Piones no pon de lo más tranqm!o: pues las
dos Es una verdad incoutrovertible que laM tareas ci
cursos superiores para las mujeres en
·óvenes ladies no tien_en que en".'1drnrles naen las que et sér humanohaceintervenirsuinteligen- todas
las grandes ciudarlPs. Bajo la in~a de su pasión poliuca á los m1embrns más
cla y una afición apasionada. se estiman yª" remune• fluencia
áe esta sociedu d la Universifog-osos de la Cámara de los Com~ne~ . .
ran más ampliamente que los trabajos qne sólo de• dad de Cambridge
admitió á las mujeUna vez por seman'\ las pens10mstas se,
m11ndan penosos esfuerzos musculares y el sudor co- res á rP.cibir P.! titulo
de PStndios s 1pereunen para bai•
pioso del siervo.
higher local examinations
Jar, v aunque no
No cesaremos, pues, de. ~ncarecer_á las m~jerP~ )a riores
En 1868 se abrió un colegio en Hithav·hombres en la
importancia de .ta educ~mon y d~ ~a.mstrucc1on ut1l,
nunión ee diviH·
es decir cientiflca, háb1L1entedmg1das, pues son los
ten grandemente.
medios po&lt;lerosoR con cuyo auxilio consf'guirán abrir•
A las diez de la
se un camino fácil á travéa de los obstáculos que denoche se apagan
tienen á tantos hombres incapaces de llegar á la meta de sus aspiraciones.
las luces. pero no
duerme el colegio.
Alumna de segundo afio.
Ei! la hora de las
r eu nion es inti·
maP: hasta las once se visitan unas A otras, platican, toman
té. tocan y cantan. Si quieren prolon14arhla
tertulia dPspués d11 las once. pueden acerlo, con la condición de no turbar el sutño
dP. las que duermen.
.
Tal es la vida ordinaria. VHl~da por los
matches de tennis entre dos coll'g1os, las con_·
ferencias, los meetings. los conciertos los ba1
¡ 68 d11 fantasía improvisados, los Kettledrums
presididos por las profesoras y á 1".ª que P.e
invita á las estudiantes de los colegios vecinos.
.
El domiogo cada pens'.onista hace s11s e1ercicios piadosas c, mo lo cree conv_eniente, Y
aún puede a~tsenerse de ellos. La hbertad religiosa es tal. que muchos acusa1;1~ Newnbam
Colleg-e de Rer un foco de agnost1c1~mo y ba,ta de incredulidad.
El cnrso completo de los "'Studios dura tres
Colegio de CJlough Hall.
años. Desde 11S!ll las estudiantes son admi· Alumna que ha recibido diploma.

UOLEGIO DE CJLOUGH H,t,LL.-Refectorio para las grandes reuniones

..,
1

Siete ciudades se disputaban la gloria de hkb er vis•
to nacerá Homero. Más son las que prP.tendeu ser cuna de Cristóbal Colón, cuyo descendiente el Duque d_t1
Veragua ha tomado tanta parte en reclamar las cem·
zas del descubridor de América á los vencedores de
Santiago.
Génova 1 Pradello Finale, Oneglia, Norvi, Savona,
Albissola, Bogliasc¿, Cogoleto y di~z. lugarts más,
pretendeó cada uno tener tltulos suf1cient1::s en.apoyo
de su opinión.
Los corsos, por su parte creen que ~olón ~d su compatriota y le asignan como cuna Calvt, ~ama de Napoleón I. Esta opinión pa"ece haber temdo mur ~ot~bles adhsrentes, pues el Pre&gt;idente de la Repub l1ca
Fraacesa, M Grevy, firmó el 6 de Agosto de 1882 el
siguiente decreto:
\rtlculo 1 ° Se aprueba la ereccit'&gt;n de una estatua
de Cristóbal Colón en la Plaza de Cal vi (Córcega), por
medio de subscrición pública.
Articulo 2.º El Ministro del Interior queda:·á encar•
gado de la ejecucióu de este decreto.
No hnbo fondos para la estatua ó bien los habitan·
tes de Cal vi creyeron que I arasatisfa,3er su amor propio local, bastaba una placa conmemorativa. El hecho
es que no se erigió la estatua, celebrAnaoRe en cambio, grandes f:estas en Calvi el año de 1886.
En el curso de esas fiestas se colocó en la calle de
Colombo y en el muro de la casa que se su ponla haber
sido la del navegante, una placa que decla as!:

El Emperador y la Emperatriz de A..lemauia, en el campo de las maniobras.

�Domln¡ro 30 de Octubrf'I df'I 1898.
Domingo 30 de Octubre de 1898,

EL MUNDO

340

DEL

LAS COMISIONES DE LA PAZ HISPANO-AMERICANA
L ..s Comisiones de la paz hispano americi.na se
componen de diez rnln11b1 os. ~e. presidente de la
eap11ñola el Sr. 1Viomero Rlos, uno de los ministros reform11dorea de 1868. Duraute la Adminiotrac1óo de
Amadeo desempt-ñó la cartera de Justicia. Tomó parte activa en la reforma de lo., Códig11s españoles Pe·
nal y de Prccedimieotos. Tiene setenta Pños y es actualmente Presidente del Senado Español. Los otros
comisionados españoles son: Aba\'zuza, hombre de se·
senta años, e1ucado en Inglatf'rra y grHu conocedor
de la leugua int('lesa: ha sido Ministro de España en
Francia y Ministro de las Colonias en una de las Administraciones de Sagasta; Garnica. Magistrado de la
Corte de Ca,iación y Diputado por Santander; Villaurrutia, antiguo Consejero de la Embajada de E-paña
en Paris y actualmente Minist,ro en Btus~las; el General Cerero, del arma de artHleria, director de la defensa de laa corta,i de España.. El Sr. Ojeda. Mini8iro
de España en Tá11ger. es el Secretario de la Comisión
Española
La de los Estados Unidos tiene por Presidente á Mr.
Cu~bmann Kellog Day, smi¡¡:o intimo y br11zo dti Mr.
McKioley; últimamente era Ministro dd Of'pHrtamento de Estado. Lo actmpai,an: Mr. Whit~lt w Reld. f'X•
Embajador f'n París, uirector pr&lt;,piet11rio de la Tribu·
na de Nueva York, escritor de mflrito y orador fogoso; Mr. Da.vis, Presidente df'I la Com!Fíón de Relsciones :J::xteri ores del Senado; Mr. Frye, Senador por Mai-

341

EL MUNDO

digno de su alta representadón internaoional! sino
que les prop~rcíona t1das. l~s comodidades po_nbles.
.J&lt;.:ntre otras tienen los com1s10nados un esplén~1do buffet en la gran galería donde celebran sus ses10nes.

ne. PX alcalde de Lewiston y ex-Presidente pro tw1,pore del Seuado; Mr. Gray, S&lt;&gt;nador por De1..waer Y
aotigno Srcretario de Estad{).
.
Lo~ comibionados americanos tienen por Secretariu á Mr Jobo Moo,e, autor da una obra de Derecho
íuternacional, y los asesoran el Coma~daote B!·ad·
ford, Consejoro ni. val y el General Merritt, const'Jero
militar.
Las comisiones tienen á m disposición los de~arta•
meo toa de la planta baja del Mioi!Wrio de Relac10nes
Elderiores del Gobierno francéo; á saber, t:I gran s.a•
Jóo, la g'llería de recepciones y el comedor. El Mln~stro francés se reservó únicamente el salón de EmbaJa•
dores.
t
Perfecta ha sido la galanterla fraoc_e~a en es.a oca
sión, pues no sólo ha dado á los com1s1ones un local

En el Cuadrante.
•

J. de GARNIGA

/

~~
*

-Céntra) R. GERE!lO

DIURNAL

Sombra y humedad. Bajo las tarimas podridas
1uga de escarabajos y roer de ratones.
En las viejas banc11s de labrado pino,doblados
cortinajes de terciopelo marchito con goterones
·d e cera.
En torno libreros negros con apretad os infolios encuadernados en gamuza.
Luchan en la triste oficina, la bocanada de humo de incienso qi..e viene de la
iglesia con el olor del agua jabonosa que
se entra del patiecillo donde una lavan .
dera flagela entre risas y canciones sus
húmedos trapos.
Y ante un bufete color de ataúd, colmado de expedie1,tes amarillos y de polvosos registros y roídos periódicos, tintero de cohre, cazoleta con municiones
y mar mllja; candelero herrumbroso con
11n cabo de cirio y carpeta de cuero ....
Caladas las gafas verdes; el cráneo su-cio sembrado de rojizos pelos; el ojo la-criméantc; varicosa la nariz; razo,rado el
b elfo; to~iendo y arrojando humo de cigarro por la boca desdent11da; con mano
huesosa, ademán lento, arqueadas las cejas, chirriante la pluma de ave, el notario de la Parroquia llsientll con escritura de
Torío las actas de bautismo, matrimonio
y defunción.
Enmudece P.l órgano en el templo, Jan.za u n quejido de gig¡mte moribundo el
poderoso oficloide; rueda la campanilla
del mon11go por la escalinata del presbiterio; suenan las muletas de la últimit
beata, y al desvestirse el Cura en la sacr istía, alterna su voz senil con la alga.zar a de los monaguillos, y el reloj de
pesas tintinea su música de campanillas.

El olor de la cera quemada se mezcla al de las
resinas y á la emanación cadavérica de las flores
p odridas en. los turbios vasos.
Y el notario tosiendo, carraspeando, busca en
las fojas del infolio salpicadas de arenilla, no·m-

bres y fechas; el gato arafta 1:1us ,pantuflas y él se
deja.
La página de ese libro con sus razones de la
misma extensión, equidist,mtes, uniformes, se me
antoja los lotes simétricos y numerados de un
cementerio: en esa fosa un nino, en la siguiente
un matrimonio, en la vecina un padre de fa·
milia.
Esos tres episodios supremos: el nacer, el amar,
el morir .... registrados con formulario inexpresivo en volúmenes polvoso1, recios, taladrados
por la polilla, sellados por la araila.
El inefable ensueilo de mis anhelos en veinte
líneas; la desgarradora tragedia de mi madre, en
veinte líneas; la ·alegría del nif!o limpio del pecado original, envuelto en pailales, llevado 111 templo en brazos del amor, en veinte líneas.
No es verdad,que la tumba nos iguale y valgamos en muriendo, el mismo puñado de polvo, el prócer y el escribiente
de Juzgado; queda la vanidad póstuma de las lápidas y maus0Jeos, y hay
quienes fenecen garantizando el más
allá con una póliza de seguros de ultratumba: bulas, indu:gencias, absoluciones, misas, sufragios y responsos.
Iguales todos somos en ese libro fo.
rrado de becerro duro y tosco para
que resista las injurias del tiempo,
copioso inventario de vidas y de muertes numeradas, sin orden de catP.gorías:
arriba un finado ilustre, abajo un infante que será un asesino.

MroRós.

W. Z. de YJLLAIJRRUTIA.

E,L,,
A la luz de una bujía, inclinados sobre el lecho
amplio, conteniendo el aliento, contemplan todos
á un diminuto envoltorio de paftales del que surge como un capullo amoratado la cabeza de uu
r ecién nacido.
Comentarios: la matrona de lentes (cuatro diopt rios negativos,) le augura una salud ejemplar; la
abuela le encuentra pa-rec:do con su difunto esposo; los chicos observan que las ma:necitas hechas ovillo, ~in tacto, esbozando actitudes de

Whltelaw Reld.

Gray.

Moore, Secretarlo.

Day, Presidente
de la comisión americana.

Frye.

Davls.

F RIMOOENITO.

aral'lazo y quites pugilísticos son más pequeilas que :as del rorro de porcelana; y el padre se
impacienta y se entristece porque lo llama, lo
acaricia, le mueve el labio y no comprende en
sus ojos de opacidad azulosa ni una sola mirada
de ternura ¡no Jo conoce todavía!
Quiere tomarro en b razos y teme lastimarlo; le
prohiben que lo toque; le predicen que quien comienza con tales extremos será un padre consentidor y eso es fatal para la familia.
-Otro rato, un
ratito así nada más,
dejen que lo mire,
el último b.iso ....
Y lo aspira como
al perfume de una
rosa; el olor lacteo
del muñe'co lo encanta y sus v isajes lo arroban: parece diglutir manjares imaginarios;
frunce la frente; di1 ata 1as narices
liliputienses y bosteza con el más có•
mico, risible y minúsculo de los bostezos.
Cufíaaa! t o d o s
gritan 1 o mismo,
cual los gatitos tiernos y el padre se
desespera de mirarlo así, fajado, horizontal,como un fardo en una cuenca
de preciosos paila:les.

Van á baf!arlo y los hombres estorban para esa operación y ademas lo marean con el cigarro: fuera!
El papá se refugia en el estudio y con la cabeza entre ambas manos piensa en ese ser feo aún
- á él le parece encanti.dor-en ese ser como
provisional, sin mirada, sin olfato, sin voz, movido apenas por el mandato del instinto y sometido inconscientemente á las leyes de algunos pocos animales.
Lee á Edmundo de Amicis, lee la Higiene de
la Infancia, y cerciorado de que todas las puertas están cerradas, súbitamente se desnuda al
pensar que cuando lo tocó estaba caliente ¡si le
dará meningitis!
Cuando propone que le pongan el termómetro
y llamen al médico, se ríe la comadrona en sus
barbas y Je asegura que el genio más genio pero
padre prirnerizo; sabe menos de muchachos que
una chicuela de ctilegio.
Y el primerizo evocA los escaparates de las jugueterías ¡qué espadas! ¡qué tambores! ¡qué cajas de soldados! ¡qué velocípedos! Pero si apenas
tiene ciento veinte horas justus de ver la luz y la
luz artüicial, porque nació á las tres y cuarenta
minutos dos segundos del día 4 de Mayo, miércoles!
-Pero es él•quien tose? El croup suele ....
¡Y ese aprensivo que así se mortificaba es
médico cirujano y especialista colosal y de fama hasta eu ropea en las enfermedades de los
niiios!
MIORÓS.

�342

Siempre había ella soñado con ser la mujer de un
poeta!. ..... Pero el destino i~placable. ~n. vez de a
existencia romántica y febnl que ambicionaba, le
conc.. dió una dicha tranquila casándola con un ricQ
de A uteuil, que vi vla d~ sus rentas, de carac~e~ dulce
y pacifico, aunque vtPJO par~ ella, y cuya_ umca pa·
sion. absolutamente inofensiva y t, anqmla, era la
horticultura.
El buen hombre pasaha el tiempo con la podadera
en la mano. cuidando y limpiando una magnifica colección de rosales, calentando el invernadero ó regando las cestas, y por vida mi a. los lectores convendrán,
en que to •o ello no era 111imento
bastante para un corazoncito hambriento de algo ideal. No obstante,
durante ditz años su vida fué recta
y uniforme c mo las calles finamente enarenadas del jardln de su marido, y asi Ja continuaba á pases
contado~, eP.cuchando con fastidio
resignado, el seco y estridente ruido de lae tijPras siempre en movimiento, ó la lluvia iufinita y monótona que c11la de los pequeños agujeroR de l11s rt&gt;gaderai- ~obre las
frondosas plantas. Aqu.-1 furibundo
hortic&lt;1ltor, tenla par a con su mujer el mismo cuidado meticuloso que
con sus flore~. Media el frio y el calor Pn su salón lleno de ramillett&gt;s:
tPmia para elrn tanto las he ladas de
Noviembre como los solPs de Marzc&gt;,
y como á esas plantas que se mettn
y se saci..n en época determinada, la
hacia vivir metódicamente con los
ojos fijos en el barómetro y en las
var aciones de la luna.
Asi pe1 maneció mucho tiempo Pntre las cuatro paredes del jardin
conyugal, inocente com"u~a c\emat,de; pero con fuertes aspiraciones
hacia otros jardines, menos regulares, menos tr1rnquilos. en los que las
rama11 de los , osalee creciesen todas
4 un tiempo, en los que las hierbas
fuesen más co, pulentas que los árbo1.-s y esiuvit'sen cargadas de fantásticas y desconocidas fh,res, Ubres y
bajo más ardiente sol. Esos jardines 110 se encuentran más que en
los libros de los poetas, así es que
ella leía muchos versos á excusas
del jardinero. que en achaques de
poesía no estaba al tanto más que
de los dlsticos de1 a manaqu1::
Quand il pleut á la Saint Médar&lt;i,
L pleut quaraote jours plus tard.
Sin elección, con la mayc.r avidez,
la desdichada devonba ios más malos poemas, con tal que en ello~ encontrase consonantes á "amor" y
"pasión," luego cerraba el libro, pasaba horas enteras en soñar y suspirar, exclamando al fin· "he aqui el
marido que yo necesitaba,"
Todo esto habrf., quedado por
1 iempre reducido á vagas a11piraciones. si en el room• nto terrible de los
treinta años, que es la ed11d decisiva para la hermosura del dla. ne hubiese encontrado en 11u camino al
irresistible Amaury.
A maury es un poeta de salón, uno
de tantos exhaltados con frac negro
v guantee ¡rrls perla, que entre las
iiiez y l»s doce de la noche van á
las teit ulias á referir sus éxtasis de
amor, @us desesperaciones, sus embriaguAces, melancólicamente apoyados en las chimeneas ó en ~lgún
otro mueble, mientras que las mujeres en traje de baile formadas en
circulo escuchan ocultándose tras
de sus abani,·os.
El tal poeta puede pasar por el ideal del género.
Cabeza de remendón fatal, hunJidos los ojos, el color
pajizo. se p, ina á la rusa y se alisa el cq bello con pomada húngara. Es uno de los desesperados de la vida
como los amito la11 damas, siempre vestidos á la ú ltima
moda, un lhico congelado. en el que solo 11e adivina
el de@órdt&gt;n de la inspiración, por el nudil flojo de su
corbata puesta con negligencia. Indispensable es
presenciar su éxito. cuando con estridPnte voz, rPcita l,na parte de su poema. El Credo del Amor sobre
todo aquella parte q 11e termina con este admir-ble
verso:

Domtngo 30 de Octubre de 1898

EL MUNDO

quedó vencida, Fólo que coiho en el fondo de aquella
existencia elegiaca, habla a1gún fondo de hoaradez Y
orgullo, no qul,;o cometer un'l falta mt&gt;zquina Ad~m11s, el poeta declaraba en su Oredo que no comprend,a
más que uua ti~pecie de aaulterio, el que marc~a con
111. cabeza alta, d~eafiando á la ley y á la soCJ~dad.
Tomando pue, ¡:,or guia el Credo del Amor, la Joven
tlSpu~a BA evadió bruscamente aet jardt11 dti AutPu!l,
y attarrojó E'n brazos dfl su poeta• •"No put&gt;do, 111 d1Jo .
vhir cou ese hombre, Lévame contigo. 11 -En casos t!tl·
Illt'jalitPs, t'I ma-ido se llama siempre, ".:se hombre"
ha11ta caando es un iardiuero.

Jas continuas alertas. tod_as esas cosas que alimentaban ~u pasión, desaparecieron y ella c_omenzó á comprender, oirando más cla!º• y á c&amp;d!)-, mstante en J~
inH•lación Je su pequena babitac1on, eu e@os mil
pormenores caseros de la vida di!)-ria que se dabamásá conocer el hombre con quien vrvl~Lo poc~ qutt. habla en ~l de sent1m1entos ge~erosos,
hnoicos o delicados Jo d1luia en sus ver, os, sm g~ardar na.da para su consumo personal. Era !°ezq~mo,
eg-oista. y sobre todo lo ql}e el amor no _pe dona. leproso Además se habla rasurado el bigote y aquel
di~fra z le sentaba muy mal. Qut\ difereucia. c~and_o
entre dos candelabros le oyo recitar su Credo y tenla el bigote rizado
y sedoso En el encierro forzitdo que
~i
por ella se había impuesto dió rien!
da suelta á todaH sus manlas, de la.
que Ja ma:vor era creerse siempre
eufe1 mu. En fuerza de fingirse tlsi •
1
co, el que tal hace lle!?'&amp; á eren que
Jo está realmente. El poeta Amaury
tomaba mil medicinas, se envolvla.
1
en papel Fallard y siempre teuia. lle.j
na la chiminea de botellas y d -' poli
vos. Durante algún tiempo su compañera. tomó á lo serio su papt'l de
He1mana de la Caridad; la abnegación daba al menos una excusa á su
falta, un objeto á su vida. Pero
pronto se cansó y á rn pes r en la
pieza sofoc..nte en que el poeta se
envolvía en franelas, pensaba en el
jardincito perfumado, y el buen jardinero visto de frjos entre sus plantas y sus Cl'etos Je parecla bu ..no,
sencillo y desinteres11do, tanto ce mo
era el otro exigente, egoísta y ....
Al cabo de un mes amaba á su
marido, le amaba realmente_. no cou
el afecto de la costumbre, sino converdadero cariño. Apasionada y
arrepentida le escribió un dla una
larga carta de la que no recibió r~spuesta quizá el iardinerocreyóque
no e~t~ba aún bastante castigada.
Pero de nuevo envió carta trlls de
carta, suplicó, se humilló para volver á su lado, ·asegurando que me•
jo!' querla la muerte, que continuar
viviendo con aquel hombre. Había.
llegado al amante su turno paraqu"
se le llamase, ese hombre. siendo lo
raro que se ocultase de él rara t&gt;s·
cribir, poi que aún creia al poeta
enomorado y temía su exaltación.
"Jamás me dejará partir." añadía.
Cuando á fuerza de súplicaP logró obtener su perdón y que el jardinero consintiera en recibirla, creemos habn dicho que el ma.ri~o era.
todo un filósofo su vuelta al tt&gt;cho
conyugal tuvo todas las peripecias
misteriosas y dramáticas de una fu¡ra: hizo que el buen jardinero la robase. Tal fué su
último goce de culpablf'. Una noche que el poeta &lt;:anPado de la vida á duo, fué á. recitar ante el mundo su
Credo d,l Amor, ella saltó á un fiacre, en el qu11 la PB•
p,ra.ba su viejo eppose en la extremidad de la calle,
y asi fué crmo volvió al jardincito de Anteuil, cura•
da para Piempre de su deseo de ser mujer de un poeta ...... Verdad es, que aquel poeta ...... v ..lia muy
poca cosa ..... .
A. DAUDET,

Dnmtne-r SO dr OctubrA tle ll&lt;!b-,

EL MUNDO

0

.
l

Amau.-y tuvo un
momento dl'I ePtupor.
,.Cómo diablos podi!l
imaginarse, que una
mujer de treinta añ(ls
podfa tomar por lo
~erio un po ..ma amorosol' No obstante,
contra mala fortuna,
b11en corazón. y como
en el bien abrig11do
jardincito deAnteuil,
la dama aquella se
habla con e e rv ad o
he1mosa v fresca se
la llevó sin murmurar. Los primeros días
fueron encantadores,
y como se temi n
!Bs persecusiones del
marido. fué preciso
ocultarRA bajo nombrt&gt;~ suoueRtos, cambiar de trajes, habitar 10s barrios inveroslmiles y no tilmar más
qut&gt; los ferrocarr-les de •:in tura En la noche sallan furtivamentA ó haclan paPeos sentimentales A lo
largo de la~ for tificacionfls. ¡Oh poder de lo núvelesco! Mientr.is ma,vor era el miedo de ella, aumentaban
las prt&gt;ca.uciones, tra, aparentes cortinas y persiana9
corridas y le r,arPcía que aumentaba la talla del poeta. En la no,·.he abrlan el ventanil!o de su habitación,
y contempl~ndo las 68trellas ,ue parecla subían de
los fanales d 1 cercano camino de fierro. ella le hacia
decir. ,V repetir muchas veces lll famosa parte del poema que terminaba. con el no menoc famoso verso:

Y yo creo en el amor, como creo en Dios.

Y yo creo en el amor, como c:.-eo en Dios.

Advertid, que mu ho sospecho que tal farsante se
cuida tan poco de Dios como de cualquiera otra cosa;
pero las mujeres no ven tan claro. Fácilmente se dejan atrapbr por esa materia viscosa, y puede 11111&gt;gu
rarse que cada vez que Aroaury recita su Credo del
Amor, hay en el salón piquitos rosados, pronto8 á de vorar sus versos tiernos, ese facil anzuelo dt&gt;l st&gt;ntt·
rniento. No hay que pensar, ni menos que dudarlo,
tiene el ~oeta tan lindos bigotes, y cree en el amorcomo cree en Dios ......
La mujer del jardinero no resistió: en tres aesione11

-,Qué bueno, qué bue1.1ol
Desgraciadamente aquPl!o no duró mucho El marido los dfjó tranquilos ¿Qu(&gt; · queréis? Este hombre
era filósofo Luego que su mujer Jo abandonó, cerró
la verde puerta •le su oasis. y con toda calma se dedicó
4 cuidar sus roPales. pPnsando con placer que como
Rus raíces penetraban hondamente eu la tierra. no podrlan marcharse
Ya tranquilizados los amantes volvieron á París y
repentin~mtinte pareció á la 11eñora, que su poeta babia cambiaao. La fuga, el temor de ser 11orp• endidos,

A HEREDIA
Primera página del libro "Lápidas."

Tu gloria llena todos loe confines
con la luz de su roja llamarada;
tu libro es una crátera sagrada
digna sólo de olimpicos festines.
Son tus versos heraldos paladines
quP trotan á bandera desplegada,
formando ari::tocrática mesnada
y al heróico sonar de los clarines.
Oh altisimo poeta, quién pudiera
porseguh el albor d0 tu cimera,
ostentar tu blasón como amuleto
y aprisionar con impecable mano,
todo el lustre del ritmo castellano
en la malla ideal de tu soneto!
AMADO NERVO.

. No hay candlldos, guardas, ni cerradurae que m eJor guarden una. doncella, que brs del recato propio.

-Cervantes.

La mujer PR un ser de cabello largo y entendimiento corto.-Schopenhauer,
La mujer hermosa agrada á. los ojos; la mu;er buena.
agrada al corazón: la primera es un dije, la segu11d·,._
es un tesoro.-Napoleón l.

E~ FAMIT,IA-LEYENDO EL PERIODICO ILUSTRADO.

ENVIDIA
CONFIDENCIAS DE UNA SOLTERON4.
Para mi, cuya vida transcurre triste y monótona,
Mientras tanto la pobre Luisa envPjecia .... Cuando
será e~te dia uno de 1011 má, agltadoP; 110 he tenido, pien~o en f'sto~ treinta 11ños de mi vida, me pareren
siu embargo, más que una visita: la de una antigua una intermiaable avenida de árboles torios Jo misamiga, que vuelve á esta tierra, después de treinta mo ......¡Qué hice en eRtos treinta años, Dios d0 mi
años de residencia en París; treinta años de dicha, de vida! y ¿como pude soportar sin morirme de hastlo,
felicidad inmPnsa. para ser victima después en la más los innumerables dias pasado~ en la misma monotohorrorosa catá~trofe y encontrarse sola. inconsolable. nla? Pues bien mentiría si dijt&gt;se que he sufrido en
He aqui la historia •ie Germana Eyron; merece ser mi soledad, y dePpués de pasar los treinta, la crisis
conocida.
de las solteras, pasó la fiebre, y me &lt;lesperté un dia.
Fuimos compañeras de colegio; h;cimos la primera rePignada con mi suerte, hasta riéndome de ella.
comunión el mismo dia: nos examinamos junti,s muFeliz y contAnta, en fl 1, de mi libertad, arreglé mi
chas veces, y siempre unid11s nos presentaron en el vida para no aburrirme; he aprendido lenguas que no
mundo.
habl11ré con nadie, he formado proyer.tos dó viaje que
Este último acontecimiento consistía en asistir una tampoco conseguí realizar, y por fin, haciendo un
vez por semana á las modestas reuniones mu&amp;icalt&gt;s poco dtt bien á mi prójimo, g-ané la amistad de alguque daban alternativ&amp;ménte algunos funcionarios pú- nas personas.
blicos.
¡Qué existencia! ¿Pero no vale más que la. de GerMi aparición fué más brillante que la de Germana; mana. hoy?
puesto que han transcurrido treinta años puedo deToda su felicidad, que parecla interminable, se vicir sin orgullo, que yo era la más bonita de las doF; la no abajo en do11 años
Iüás bonita y la mAs rica, puesto que tenla ~ote ~e
Una apoplt&gt;gia se llevó si su marido Su hijo, que
veinte mil duros, y Germana tan sólo ocho ó diez mil ya era oficial, murió en la última expedición coloYo moren"• ella rubia con un a carita de gato, bin nial.
más atractivos que los pocos 11ños.
Le quedaba á Germana una bija viuda, madre de
Pero los hombres ven J:1s cosas á su manera, y aunque me llamaban "la hermosa Luisa," hacian la corte una hermosa criatura: la madre y el niño murieron
de" difteria hace quince dlas ....
á Germana, y no sentla.n hacia á mi más que una. ad•
Sola, con los pocos recur11os que el Est•do concede
miració11 platónica ...... mspiraba reEpeto, en una pa4 las viudas de sus empleados, aqui está de vuelta
labra.
¡Cuántas vP.ces llegaron á mis oido~ estas palabras: como un ángel herido de muerte .. Hoy trausladaron
"Luisa necebita por su belleza un Prlncipe que se ca- aqul los restos de sus seres queridos donde podrá ir
se con ella y la lleve á un Palacio encantado ......... " al menos, á rezar sobre su tumba ......Y esta será.
Quizás tuvieran razón .... .... Desgraciadamf'nte los su virla en ad.-lante: deshacerse en lágrimas entre
Principt&gt;s se olvidarern de mi, pues nunca hicieron los s11uces d,,J cemt&gt;nted .., ha&amp;ta unirse, como ella desea, con los ausentes.
ningúu viaje por aquella provincia.
¡Cuántas veces en mis años de soledad, al recibir
_¡;;¡ resultado fué 4ue me quedé para vestir imágeº"ª• mientras que Germa?ª•. agas~Jada por todo el carta de Germana en que h11bla de su marido, de sus
mundo, se casaba á los ve1nt1tres anos con unmspec- hijos, tuve accesos de melancolla dolorosa, revolviéndome contra mi destrnol
tor de Aduanas.
Hénos ahora ella y yo en el mismo abandono, en la
A las pocas 1,emana9 se iba á París, habiendo conseguido que dieran á su marido un cargo en la ad- miswa humillación; no tenemos más que nuestra mutull amistad .... Y verdadt:ramente, ¿110 es mejor mi
ministración central.
suerte que la de esta infeliz, herida cuatro veces en
Germana llevó la suerte á su matrimonio y fué aún lo que más querla?
más festejada que lo babia 11ido de _s_oltera.
·Yo ahora desafio á la p ~ovidencia á que me envie
Adoró á sn marido y á sus dos hqos-;una. mna Y una pena qui, me haga derramar esas 1Agrimas.
un niño c&lt;Jmo en los cuentos de hadas! - y fué realmente U:n modelo dtt casadas. ¡E3 tan fácil ser virtuo............... .... ...... ........ .. .... ........ .......
sa cuando se posee la&amp; feiictdad!

¡Cómo se miente una á sf misma! Escribo esto y las
lágrimas me vienen á los Pjos. Y lloro pensando que
Germana me hablaba haci, un rato de su casa, de Ru
matrimonio. de BU hijo y del otro prt&gt;cio~o bebé que
tendía en su agonla los brazo11 hacia ella .... Si, ha
sufrido; no es ahora más que un mar de dolored, pero ha amado, ha sido esposa y madre .... Y ahora si
qne tengo celos y envidia de ~us tumbas, que son su- .
:vas, y @obre las cuales tiene el de::echo de llorar, de
llorar mucho.
MARCEL PREVOST,

DE "PERLAS NEGRAS."
Cuando el sol vibra su rayo
de oro vivo, de oro intenso,
de la tarde en el dt&gt;smayo;
cuando el sol vibra su rayo,
¡pienso!
Pienso en ti, la D seada
que mi amor buscando va
con nostálgica mirada;
pienso en ti, la Deseada,
y pregunto: ¿no vend1'&lt;íJ
CuKndo 6btoy febricitante
en los brazos del Ensueño
que me lleva muy di8tante;
cuando estoy febricitante,
f8Ueñol ·
Sueño en ho111bros fraternales
donde al fin repo~aráu
mis cansados ideales;
sueño en hombros fraternales
y pregunto: ¿no vendrán.e
Cu11ndo estoy enfe1mo y tri.;te
y es Inútil mi recbmo
porque al fin tú no veniste;
cuando estoy eufermo y triste,
¡amol
Amo el beso de la Muerte,
que mañana ·entumirá
mi avidez por conocerte;
amo el beso de la Muerte
y me digo: ¡si vendrá/
.AlíADO XERYO,

�Domingo 30 de Octubre de 1898.

Oombigo 30 de Octubre de 1898

345

.EL MUNDO

PAGINAS DE LA MODA

CARl\IEN.
Para "El Mundo Ilustrado."

Eres donaire y ¡doria! PasaR y rie"
Tibia estl'la dPjando. que huelP. á .fl~res .. . .
¡Oh, que labios los tuyos! Son albtehes
RojoR como la sangre de los zegries
Que fueron tus gloriosos antecesores ....
Eres codicia y fu1&gt;go .... Vi-r tu be!mosura ....
Qué corazón no ~iente y ama y palpita?
¡Oh, qu~ ojos los ~uyos? La noche obscura
Nunca pudo ataviarse con la negrura
Hermosa de tus ojos de naznrita 1
Pasas1 v las palomas en el alP.ro
De los r 11'jos tl'jA dos de tu Sevilla
Curruquean amantes; y en el ligero
Aire que !!lueves, notas hay de b"lero
y P.fluvios aromosos de Manzanilla!
Y ries y es tu risa provocadora
PromE&gt;sa de deleites y de torturas;
Y et alma que al huirte loca te adora
Quisiera ahora besar~"· matarte ahor~,
Cual con tant1ts, qu~r1da!! aunque perJuras!. ...
Suenen las castañuelas! Fuera congoja!
¡Paso á la veleidosa! 1Viva el donaire!
Y si un celoso, al paso te hunde la hoja
De su navaja, finj11 tu sangre roja
Una flor, en tu manto que agita el aire!
E. MAQUEO CASTELLANOS,

LA MUERTE DEL AGUILA.
(DE liEREDIA)

Cuando traspasa el águila
la nieve eterna. oscila
en busca de más aire
para su vasto vuelo,
y de un sol más cercano:
en un mb puro cielo,
para caldear el br!llo
de su feroz pupila.
Y parte; en un torrente
de fuego va tranquila
y sube más, más alto,
mirar quiere en su anhelo
como el relámpago abre
de la borrasca el velo.....
un rayo de repente
sus dos alas mutila.
Da un grito más la tromba
su rotación le imprime,
ella la luz apura
con un ardor sublime
y cae en el abismo
que eu el zafir flamea.
Feliz será quic,n Gloria
ó LiberGad se at:eve
á amar si en pleno orgullo
de fuerza ó de fé en la idea,
halla. una muerte de águila,
muy fúlgida y muy breve.
JUSTO SIERRA,

Guille::mo II de Hohenzollern.
¿Qué quiere? á dónde va.? qué busca ahora
el paladín de la tudesca razal
¿Lleva de Barba- Roja la coraza
ó de Moltke la espada vencedora?
Al rojo Oriente la cortante prora
vuelve de su bajel; la fuerte maza
del antiguo teutón blande, y embraza
de Lohengrin la egida protectora.
Y allá se va, sublime visionario,
á consa¡!'rar su centro y su diadema
junto á las tristes rocas del Calvario.
Y sobre los siriacvs arenales
á meditar callado en el problema
de sus grandes delirios imperiales.
CONSTANCIO PEÑA lDIÁQUEZ,

Octubre de 1898.

DE "AZAHARES."
XXVI
Vamos, niña! Bueno está
que te quejes de mis quejas:
devuélvanme tus abeJss
la miel que mi amor lf'S da;
mayor que el tuyo es mi duelo:
secar tus llantos anhelo
siempre que mi amor implores.........
¿Pero qué tiene qu~ llores,
6i llor., también el cielo?
¿Lloras? Tu dolor es santo:
porque el humano ddor
en los bauti~mos de amor
se cristianiza con llanto.
Si te inclinas . 1 quebranto,
mayor cariño me inflama.
que solamente la que ama
puede pensativa y grave
tP.ner, al pe~o del ave,
la inclinación de la ramal
Llora, llora en tus dolores!
caiga cual baut:smo santo
el rocio de tu llanto
P.n mis agostadas flores .........
Deja que en amor da amores
· y en éxtasis de pasión,
la .copa de mi aflicción
con tus lá¡rimaP se llene ..... .
¡Forma de lágrima tiene , ,
hasta el mismo corazón!
Secar quisiera en mi anhelo,
por lograr tu imagen pura,
el llanto de tu amargura
con el blblico pañut1lo ......
Tus lágrimas como un velo
P.n que la luz se adivina,
fingen con magia divina
un sol entre vagos tules:
abre tus ojos azules
como un ctelo sin neblina!
Sonrie, ángel del ensueño!
tú no dP.bes padecer:
los hombres dti la mujer
no pueden cargar el 1eño.. . .. .
Perdón, perdó1J si en mi empefio
turbé la paz de tus lares:
La causa de tus pesares
fué causa de mis locuras;
tu lla11to es en perlas puras
y mi llanto ha sido á mares!

j: -~·,..;;.. .

(.

•

XVI
Te vas y Die dejas:
bien saben tuP rejas
los tristes adioses de mi hondo pesar.
Mas luego que surques los mar11s profundos,
Colón de la dicha, descubre ottos mundos,
al golpe del v.iento y al flujo del mar.
Si sientes que grave
y augusta la nave
palpita 1&gt;n los tumbos, con rudo fragor,
recuerda que acaso la ola maldita
sacude mi pecho que cruje y palpiia ....
la nave es un pecho y el pecho un amor.
Sentada en la popa
mirando la tropa
de estrellas en torno de inmenso arrebol,
recuérdame y piensa que nube inflamada
te vibra en su seno quizás la mirada
dt&gt;l último toque de mi últ'mo sol. ·
No yaya~. Espera
que mi amplia bRndera
desdoble sus plit gues en lucha por ti:
verás que cobarde se rinde el Destino,
y no haces el largo doliente camino,
por más que las olas te griten que sil
Te vas y me dejas ....
yo siempre á tus rejas
vendré con mi nube buscando arrebol.
Oiré tus acentos; diré mis canciones;
veré tu faz blanca que ocultan crespones
formando un contraste de noche con sol. '
JOSE

S.

CHOCANO.

'·

•.1-• '•¡

FIGlJR.l . l. - GRAN CAP A DE ESTACION.

�346

Domingo 30 de Octubre de 1898.

Domingo 30 de Octubre de 189i

EL MUNDO

de su ser mismo y sin duda en su tentaculage 1e cuentan y se trasmhen el peligro inmi1.iente que corre todo el vecindario; porque
se sigue charp·ean do el Bgua. con sus eFpantosos rui,ddos, permanecen todos ocultos, dettmienuo fuertemente por dentro con sus frágiles garras su quebradiza. puerta. Cesa Pl
peligro, vuelve el agua á su nat~ral tran
quilidad y entoncPS ¡qué es v11r como á. la
tentaculada, de fuera, del primero t!D cabe•
za (que es el que está en la !'XtrPmidad de
la radícula) van abriendo todos á una sus
puntas, asomando primero la runta de 1;1n
t ..ntácuiu, luPgo todo, después todos, por ultimo. ealen todos los inquilinos muy contentos, á través de su tra1.1sparente ~orada, y
van de paseo hasta donde les permite la lo~~i•ud de su cuerpecito adherido á. la. radi cela y aqui de las felicitaciones por habene
Palv'ado de la tempestad en el fondoinmenEo
de su oceano; loe requiebros. los galanteos,
las burl11s, y algunas veces, las mas, cuando
acontecen n•tas borrascas, que es con mucha frecu~ncia, no falta algún rotife1·0 que
huyendo de la fuerte marea que se Fiente al
chocar Jaa olas contra las paredes del acuario, corre despavorido t-n impetuoso torbellino á nful!iarse en lo más et'pebo d_e
las ralct&gt;s en donde es prontamentfl apnsionado por los tentaculos de algún briozoario de la comunidi,d, y de aqui otr? motivo para nuevos plact-mPs, nuevas risas y
algunas veces amargas diPputas; pues olvidando lut&gt;go hasta los matrimonios en proyPcto, suegros y nueras, suegras y yernos se
arrancan de entre sus garras (y algunas ve-

l

Flg. 2.-Sombrero Mahdem.

Fig. 3 - Sombrero fantasía.

Fig. 4-Toqueta para dama.

Una joya para las damas.

Fi¡rúreRfl el !Actor cuántas
victimas Pxigirála confección
de una de esas pellizas. sin
i¡rnal por m ligereza, su hermoRura y su fabuloso precio.
con que Pe abrigan las más
hermosas br11sileñas.
¿Cómo se cazan estos pl'queños monos, estas encantadoras criaturas, tan pequeñas.
t11n a.giles, que parecen al jugu11tear en el follaje pájaros
de fuego?
Por mPdio de una estratagema que demuPstra la inocencia v la casi estupidez del mono-león.
La golosina es su placer fa.
vorito
El indfgPna que lo conoce
demasiado bien, hace un agujero perfectamAnte geométri ·
co en el tronco de un árbol, y
coloca en e! interior un saquito de arroz. grano á que tie1,e gran afición el referido
cuadrumano, éste espia la operación dEIPde lo 11lto de un árbol y ¡¡altando de rama en rama. llega al agujero, introduce la mano 13n el saco, toma un
puñado de arroz, y se encuentra prisionero como ei lamadP.ra lo hubiera encadenado.
Para retirar la mano bastaría c in que la abriese, dejan•
do en el saco su presa, en cuyo caso quPdaria libre; pero
esta simpfüima idea no se le
ocurrEI jamás, y como no quiere soltar el arroz queda prisionero de su propia gula.
La madre del mono león lleva á su hijo Pn los brazos como una car1ñosa nodriza, le
am11manta con extrema solicitud, balanceando su pequeña
cabeza de leona y lanzando
un murmullo cadencioso parecido al qne Pe hace con la.
cuna 111 dormir el niño
Esta madre desafla la muerte por salvará su hijo, y él sólo la. deja. cu9ndo la ve ~in v1 •
da: á vecPs se deja prendElr sin
resistencia abrazando el ca•
davAr de la madre.
Tal es el mono-león.

EL MONO-LEÓN

El jardln de aclimat1lCión de
Paria acaba de recibir del
Brasil seia ejemP.lares dPI mono-león, maravilla zoológica
muy poco conocida en Europa.
La na•uraleza tiene en.tre
sus fantasias belfüimas, alguna encantadora ironia; asl.
al crear al más pequefio, al
más inofensivo de los titis le
ha hecho imagen del más terrible y fuerte de los carniceros: el león,
El mono-león es la miniatura graciosa y coquetona del
rey de las selvas.
TiPne su misma expresión
soñolienta y altanera, JI\ misma crin espesa y selvática. la
misma cola nudosa y flexible;
la misma magestad, la misma
impasible y soberana mirada,
la boca rasgada y dispuesta á
la carnicería! .... Es el león de
Liliput.
Diferencia notable: esl\ crin
de un hermoso color dorado
apenas servirla para forrar la
mameleta de una muñeca.
Esa cola que bate sus hijares menos extensos que la
mano de un niño no asustaría
á una abeja; sus mandíbulas
no podrian abarcar y romper
una almendra, y en su boca no
cabe apenas un fresón dejardln.
D 1lce, familiar, inteligente,
lleno de gracig, y vivasidad,
animal favorito de las elegantes criollas, el mono-león sigue á su dueña por todas partes, la acaricia, juega con ella,
con una cinta, con un rayo
desoló con una hoja que arrebata el viento. Cuar:do fatigado se duerme en el cesto de
la costura, una mano pendiente y la otra recogida sobre la
crin, cree verse un león enano dormido.
De tedas las pieles preciosas que puede ambicionar la
elegancia no hay ninguna tan
fina ni tan preciosa como la
del mono -león.
Tiene incomparabl11 brillo,
un pelo de sin igual finura. y
unas tintas luminosas tan intensas que, estando á la sombra, parece iluDJinada por el
sol. pero es tan pequeña, tan
cuca, que serian necesarias
cuatro ó cincc piele1, para fo.
rrar la gorra de un niño.

Dios hizo A la mujer y descansó.-.Mahoma

***

La locura de un hombr11 vale más qn11 la cordura de la
mujer.-Salomón .

Fig ~ - - Jacquct Bolero.

Fig. 6. Toilette de casa para dama.

La mujer es el defecto mllq
h111lo de la naturaleza-,llil-

tr,n,

~LMUNDO

Figs. 7 y s.-Trajes para niñoi;i de 9 á 11 año!il.

Amor en microsconio.
lJNA. NOVIA.
Desde esta mañana he estado con el
incesante deseo de rscribir .... ¿sobre
qué? no lo sé; pero mi ocio lo he querido entretener escribiendo algo para
darle publicidad; por ejemplo, algo sobre el amor. que es mi lado flaco: pero .... ¡si es ya tan trillado este asunto!. ... pero los pt&gt;rsonajes que siempre
y en todas partes he visto, para inmortalizar el amor, son tomados del mundo
humano, ó al menos, son aquellos que,
haciendo sufrir contracciones y expaFtsiones al aparato laríngeo al expeler
el aire de los pulmones, pronuncian sonidos articulados, y este amor, aunque
siempre nuevo, es ya viejo argumer.to
para soñar en pintarlo.
No, mis tipos son microscópicos habita;:¡ted de un mundo acuático. Cuatro
paredes de cristR! d11 roca de media
vara en cut.idro y un fondo de zinc, limitan el anchuroso espacio donde moran m;s rudimentarios protagonistas;
teniendo por pan nuestro de cada dia,
todos ó c11si todos, las ya rllquiticas
ralees de una moribunda yerba flotante, la pontederia.
Todos son mis amigos: pues á tanto
verme ó sentirme á trav~s de su mundo cristalino, ya no me huyen los unos
ni se contraen los otros; y los máe grandes, juntando dos, no llt&gt;gan á consti
tuir el grueso de una cabeza de alfiler
y sin embargo, viven; y sin em~argo
gozan; y sin embargo sufren; y sm embargo ile aman.
Las coquetas vorticelas, que unidas
por un pié común mas delgado que la
hebra mb fina de un capullo de gusano de seda se lanzan al e.;pacio, se
contraen. se entrelazan; tienen sus ri·
ñas de 11mor; porque si una pareja se
confunde juntando íntimamente sus
frágiles y transparentes carapachos
criRtahnos, una t11rcera vorticela celosa
viene á arr11meter con impl'tU á las
amantes perj11ras, extendiendo fuertemente su delesnable pedúnculo, hasta
separar1as y cons .. guir que las infieles
no tlviden sus sagrados deberes.
Los briosoarios raros en acuarios de
naturalistas, para mi son comunes,
pues también entran en el número de
mis más fntimos amigos. Cuando introduzco mi mano con precaución y hago
jugar mis dPdos á cierta distancia de
su casa habitación (una radicela. que
está por desprenderse de la raíz común) permanecen impasibles, ó más
b:Pn, quiPren también entrar en juerga. porque toda la colonia me busca,
me sigue con sus microscópicos tentáculos; pero si por algún accidente, al •
gún hnmano inhumano, bruscamente
h!i.ce vibrar su t,ansparentc elemento,
huvPn los pobrPcitos deRpavoritlos á
refugiarse en el fondo má.d recóndito

347
ces con pedacitos de estas) el codiciado
botín
Una vez, esta mañana, una araña zancona
que vive en el ángulo formado por la pared
y un cristlli d~ la ventan~, prec1_samente
arriba del acuano, y hambnf1.1ta sm duda,
pues su tela no con tenia p&lt;,r h_uell11is de. sus
festines paPados más que el trhte despo¡ode
un t'SbPlto zancudo, logró cautinr con esa
mafia propia cte las que t, jen de lo fo,o. una
mosca d11 PRas que en mi Pscuela llamaba.moa catrinas. por ~u color muy nPgro y relucltIJte· ptro ;oh suertt'! por más que con
sus dt-lgadas patas tl'jfa y a11udaba la tran~parl'nte red que de bia tenPr segura á ~u prisionera, é,ta., en las sup1 emi,&amp; angu~llas de
la dePPPperaclón, logra desprenderse de la
moscófaga y ya se crda en liber~ad _absoluta, pens1111&lt;10 quizá en la_ experiencia , para
otra vez cuando en un pn mer aleteo se quedó pren,;ido en el último filamento . Moverse
ella. en la propiedad de la araña_, sentirlo éi!ta y precipitarse sobre la catrina fué todo
uno; pero el peFo de las dos fué -suficiente
para que la araña se quPdara con un palmo
de n:irices, pendiente de una pata y la mosca pudiera ncaparse de las férreas redes de
s11 persegu;dora.
No fué esto todo, porque al desprPnderse
de una mut&gt;rte segm a traía aún enredada
entre las patas y al11s, la tt'la que no le dt&gt;ja.fia volar l'n libertad y en un desesperado y
vio-oroso aleteo vino á. caer......... al acuario!
Ei"agua empil'za á infiltrarse en la teiarafia ·
y ved co!lJo alborota la mosca en su ruidosa
presencia al irse sumergiendo en el agua, á
los tranquilos moradores de nuest:-o mundo en miniatura
Y ese dla, digo, hace unos cuantos momentos se celebraba entre la menuda arena
del fondo d11 nuestro uuivElr,o una de las más
simpáti-~as bnd11s que jamás se hayan viPto.
Eran unos cítlopes, que pororden de edades,
dtsde los nent'11 que para brincartenian que

�Domingo 30 de Octubre de 1898.

.1!:LMUNDO

3i8
ser empujados por los palpos de loe de atrás, hasta los
Jl!áS ancia?,OS, que cuent,.n ya ocho días de i.xlstenci11., todos iban dando ....1uestras del mayor regocijo á
celebrar d sacro~anto vinculo de los dos desposados
en un templo tan gracioPo como digno de la pareja
era ur.aconchita"de una {isa muerta en una tempestad'
pero caai al término del camino tropiezan con los arre'.
batados movimientos de la agonizante mosca ... ¡y chicos y grande~! y machos y hem])ra~ huyen desolados
unos á gtrnrecerseen un grano de arena, y otros y en•
tre ellos Jo¡¡ novios á escondene entre las radiculas
de la pontederia; pero ¡oll dolor! la novia, impresionada por tantos y tau ine•perados acontecimientos, brincaba torpt&gt;mente y al buijcar la salvación en la enraizada, quedó pre¡,a ~llJtre los cinco ramúnculos de u1.1a
ramita color de esmeralda; á poco estos bracitos se
abrieron de nuevo, y exánime rodó la despoFada hasta el fondo de la arena ...... ¡llabia sido estrangulada
por nna llidral
ARNIJLF'O.

NUESTROS GR.i.BA.DOS.
FIG. 1.-GRAN CAPA DE ESTAC'IÓN.
Oe terciopelo. redonda. con cuello reina corriente
doubleé de piel y triple orla de volantes de piel de un
enc1i.ntador ePtilo. li:~ta capa flS dP la casa francesa
de Révlllon y llama la atención en Par is.
.
FIG. 2.-SOMBRERO ~IAHDFN,
Ee de fieltro, completamente redondo, con la falda
levantada hacia la izquierda Una draperia de raso
negro: enredada g,acio11amente á la copa y uu penacho de pluma constituye todo el adorno.
FIG, 3 · SOMB~ERII FANTASÍA
Una gran draperia de tul alternado con ros11s y fo.
llajes en caprichosa forma. constituye el adorno de
este sombrero, cuyas dos alas se levantan graciosamente á igual altura.
FIG 4 -TOQIJETA PARA DAMA.
Es de tul, alternada con un gran penacllo "ilusión"

y una serie de fruncidos que forman el cuerpo de la
toca, abriéndola por completo.
FIG. 5 -JACQUET BOLERO.
Es de paño de damas asargado, redondo y abierto
sobre el cuerpo blusa, con doble solapa y orlado de
cinta blanca de seda. Manga ligeremente arullonada.
FJG 6 -TOIL'RTTBI DE CASA PARA DAMA,
De una elegante originalidad; cuerpo blusa abierto
en picos sobre un plastrón plissé bordado. Mangas á
gran bordado y falda. alternada de mucho primor.
FJGS 7 y 8 -TRAJES PARA .NIÑAS DE 9 Á 11 AÑOS.
Damos bajo estos dos números dos trajes para niñas, de mucho gueto y elegancia, forma el primero
de estilo sastre un jacquet de forma. recta, abierto
sobre una camisola de punto de seda á rayas. Solapa
ancha figurando una especie de yoke ornado, afi como la falda de ancha. cinta angulada de muy bonito
efecto
FlGS 9. 10, 11 12 y 13.-TRAJES PARA NIÑOS,
Damos una c.impleta. colección de ~rajecitos para
niños de forma nueva y elegante, llamando especialmente la atención sobre el modelo marinero figura
9, d trajeclto de sarga pliesé figura 10, con yakecito
muy elegante y el paletot figura 12 de muclla fantasía con un gran tablero y yockeye ligeros.
FJG 14 -TOILETTE ELFlGANTE.
Gran falda moireé á guias, muy vistosa. Cuerpo
blusa de muse ina con un gran :voke y un plastrón
circular de mucho efecto. Un gran lazo de tul orna
el lado izquierdo .
FIG. 15,-BLUSA FANTASÍA,
De sarga de seda bordada, con solapas doubleé
de tafetas y grandes guias de seda bordadas en gran
relieve á dnecba é izquierda.
FIG. 16.-TOILETTE DE GUIPURE
Para tertulia ó calle, mostrando al frente una ligera esclavina, qu11 atrás se revuelve en una gran aplicación triangular de dibujo exótico. Basquiña hecha
también de una draperia bordada en extraño estilo.
Un gnn lazo de seda acordonada ciñe el talle y cae
hacia atrás en grandes bandas unidas en un moño
gracioso.

EL PAGO DEL SEGURO DEL GE:NER!L

CARLOS DIEZ GUTIERREZ,
Ex-Gobernador del Esta.do de Sa.n Luis Potosí.
Timbres por valor de ::¡;12.16 cs. debidamente cancelados.
Recibi de 11The Mutual Life Insurance Company of
New York" la suma de (812.147') doce mil cien•

TOMOll

to cuarenta. y siete pesos, plata mexicana.,
as!: $10,000 00 suma asegurada y$~ 147 20 por premios

•

NUMBBO 19

MEXICO, ?iiiOVIKMBRE 6 DE 1898

devueltos, en pago total de cuantos derechos se derivan de la póliza número !:00,772 bajo la cual y á mi
favor estuvo asegurado mi finado eoposo, Señor General Don
OA.RLOS DIEZ GUTIERREZ,
y para la debida constancia en mi carácter de beneficiaria nombrada eu la pól,za, extiendo el presente re•
cibo en la misma 1,óliza que se devuelve á la Compa•
ñla para su cancefación en s..n Luis Potosi, á once de
Octubre de mil ochocientos noventa y ocho.
Firmado: 'Mercedes B. de Diez Gntiérrez.

Un timbre de $050 cs. debidamente cancelado.
Antonio de P. Nit:to, Escribano Publico.
Certifico: que la firma que antecede es de el puño
y letra de la Sra. Doña Mercedes B de Diez Gutié·
rrez, quien la ha pu11sto en mi presencia. v dicho ser
la ,aisma que ac•,stumbra en 10dos sus n"egocios. En
comprobación de lo cual siento la presente en San
Luis Potosi á once de Octubre de mil ocllocientos no•
venta y ocllo.
·
Firmado: Antonio de P. Nieto.-Rúbrica.
El General Don Carlos Diez Gutiérrez tuvo la previsión de tomar en "La Mut11a,11 Compañia de Seguros
sobre la vida, deNueva York, una póliza deDIEZMIL
PESOS con devoluci.'m de premios. De manera, como
consta en la presente, su familia fué beneficiada con
esta suma y recibió también los premios que babia
depositado el Genera Diez Gutiérrez en la Compañia

•.

-!I

.It

:

-

1
¡11¡

!\

·•"~·:·-, .

EL SR. GENERAL DIAZ EN EL FESTIVAL DE CARIDAD.
(lostantáoea tomad" para El At,mdo.)

Flg. 1:i-Bl~-:a fantasta. Flg, 16.-Toilette de guJpu.re.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 30 de Octubre de 1898.

.1!:LMUNDO

3i8
ser empujados por los palpos de loe de atrás, hasta los
Jl!áS ancia?,OS, que cuent,.n ya ocho días de i.xlstenci11., todos iban dando ....1uestras del mayor regocijo á
celebrar d sacro~anto vinculo de los dos desposados
en un templo tan gracioPo como digno de la pareja
era ur.aconchita"de una {isa muerta en una tempestad'
pero caai al término del camino tropiezan con los arre'.
batados movimientos de la agonizante mosca ... ¡y chicos y grande~! y machos y hem])ra~ huyen desolados
unos á gtrnrecerseen un grano de arena, y otros y en•
tre ellos Jo¡¡ novios á escondene entre las radiculas
de la pontederia; pero ¡oll dolor! la novia, impresionada por tantos y tau ine•perados acontecimientos, brincaba torpt&gt;mente y al buijcar la salvación en la enraizada, quedó pre¡,a ~llJtre los cinco ramúnculos de u1.1a
ramita color de esmeralda; á poco estos bracitos se
abrieron de nuevo, y exánime rodó la despoFada hasta el fondo de la arena ...... ¡llabia sido estrangulada
por nna llidral
ARNIJLF'O.

NUESTROS GR.i.BA.DOS.
FIG. 1.-GRAN CAPA DE ESTAC'IÓN.
Oe terciopelo. redonda. con cuello reina corriente
doubleé de piel y triple orla de volantes de piel de un
enc1i.ntador ePtilo. li:~ta capa flS dP la casa francesa
de Révlllon y llama la atención en Par is.
.
FIG. 2.-SOMBRERO ~IAHDFN,
Ee de fieltro, completamente redondo, con la falda
levantada hacia la izquierda Una draperia de raso
negro: enredada g,acio11amente á la copa y uu penacho de pluma constituye todo el adorno.
FIG, 3 · SOMB~ERII FANTASÍA
Una gran draperia de tul alternado con ros11s y fo.
llajes en caprichosa forma. constituye el adorno de
este sombrero, cuyas dos alas se levantan graciosamente á igual altura.
FIG 4 -TOQIJETA PARA DAMA.
Es de tul, alternada con un gran penacllo "ilusión"

y una serie de fruncidos que forman el cuerpo de la
toca, abriéndola por completo.
FIG. 5 -JACQUET BOLERO.
Es de paño de damas asargado, redondo y abierto
sobre el cuerpo blusa, con doble solapa y orlado de
cinta blanca de seda. Manga ligeremente arullonada.
FJG 6 -TOIL'RTTBI DE CASA PARA DAMA,
De una elegante originalidad; cuerpo blusa abierto
en picos sobre un plastrón plissé bordado. Mangas á
gran bordado y falda. alternada de mucho primor.
FJGS 7 y 8 -TRAJES PARA .NIÑAS DE 9 Á 11 AÑOS.
Damos bajo estos dos números dos trajes para niñas, de mucho gueto y elegancia, forma el primero
de estilo sastre un jacquet de forma. recta, abierto
sobre una camisola de punto de seda á rayas. Solapa
ancha figurando una especie de yoke ornado, afi como la falda de ancha. cinta angulada de muy bonito
efecto
FlGS 9. 10, 11 12 y 13.-TRAJES PARA NIÑOS,
Damos una c.impleta. colección de ~rajecitos para
niños de forma nueva y elegante, llamando especialmente la atención sobre el modelo marinero figura
9, d trajeclto de sarga pliesé figura 10, con yakecito
muy elegante y el paletot figura 12 de muclla fantasía con un gran tablero y yockeye ligeros.
FJG 14 -TOILETTE ELFlGANTE.
Gran falda moireé á guias, muy vistosa. Cuerpo
blusa de muse ina con un gran :voke y un plastrón
circular de mucho efecto. Un gran lazo de tul orna
el lado izquierdo .
FIG. 15,-BLUSA FANTASÍA,
De sarga de seda bordada, con solapas doubleé
de tafetas y grandes guias de seda bordadas en gran
relieve á dnecba é izquierda.
FIG. 16.-TOILETTE DE GUIPURE
Para tertulia ó calle, mostrando al frente una ligera esclavina, qu11 atrás se revuelve en una gran aplicación triangular de dibujo exótico. Basquiña hecha
también de una draperia bordada en extraño estilo.
Un gnn lazo de seda acordonada ciñe el talle y cae
hacia atrás en grandes bandas unidas en un moño
gracioso.

EL PAGO DEL SEGURO DEL GE:NER!L

CARLOS DIEZ GUTIERREZ,
Ex-Gobernador del Esta.do de Sa.n Luis Potosí.
Timbres por valor de ::¡;12.16 cs. debidamente cancelados.
Recibi de 11The Mutual Life Insurance Company of
New York" la suma de (812.147') doce mil cien•

TOMOll

to cuarenta. y siete pesos, plata mexicana.,
as!: $10,000 00 suma asegurada y$~ 147 20 por premios

•

NUMBBO 19

MEXICO, ?iiiOVIKMBRE 6 DE 1898

devueltos, en pago total de cuantos derechos se derivan de la póliza número !:00,772 bajo la cual y á mi
favor estuvo asegurado mi finado eoposo, Señor General Don
OA.RLOS DIEZ GUTIERREZ,
y para la debida constancia en mi carácter de beneficiaria nombrada eu la pól,za, extiendo el presente re•
cibo en la misma 1,óliza que se devuelve á la Compa•
ñla para su cancefación en s..n Luis Potosi, á once de
Octubre de mil ochocientos noventa y ocho.
Firmado: 'Mercedes B. de Diez Gntiérrez.

Un timbre de $050 cs. debidamente cancelado.
Antonio de P. Nit:to, Escribano Publico.
Certifico: que la firma que antecede es de el puño
y letra de la Sra. Doña Mercedes B de Diez Gutié·
rrez, quien la ha pu11sto en mi presencia. v dicho ser
la ,aisma que ac•,stumbra en 10dos sus n"egocios. En
comprobación de lo cual siento la presente en San
Luis Potosi á once de Octubre de mil ocllocientos no•
venta y ocllo.
·
Firmado: Antonio de P. Nieto.-Rúbrica.
El General Don Carlos Diez Gutiérrez tuvo la previsión de tomar en "La Mut11a,11 Compañia de Seguros
sobre la vida, deNueva York, una póliza deDIEZMIL
PESOS con devoluci.'m de premios. De manera, como
consta en la presente, su familia fué beneficiada con
esta suma y recibió también los premios que babia
depositado el Genera Diez Gutiérrez en la Compañia

•.

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¡11¡

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·•"~·:·-, .

EL SR. GENERAL DIAZ EN EL FESTIVAL DE CARIDAD.
(lostantáoea tomad" para El At,mdo.)

Flg. 1:i-Bl~-:a fantasta. Flg, 16.-Toilette de guJpu.re.

�Domingo 6 de Noviembre de 1898.

11:LMUNDO

350

LASEMANA.
No hace muchcs aftos, un grupo juvenil, movido de patriótico entusiasm1.,, fué en romería al
Monte de las Cruces y al pié del monumento que
recuerda la victoria memorable de los independientes sobre las fuerzas del cruel Trujillo,-un
monumento que harmoniza su austera sencillez
con la grandiosidad del bosque sagrado,-dejó la
ofrenda de un pi11doso recuerdo.
Patética conmemoración! Los jóvenes, los adclescentes más bien, llevaban todavía potente en
el espíritu esa clásica arrC'gancia de los selecto.;
y dcl?s idealistas para quienes la vida es epope•
ya y sólo conocen el tipo humano á través de las
severas cláusulas de Tito Livic.
Para ellos, aquel lugar sagrado, era santuario
misterioso, accesible sólo á los creyentes, á los
que se purifican en el agua lustral de las grandes
ideas humanitarias;-creían que la Patria aparecía allí en su radiante glorificación y poresofueron á oficiar en donde todo culto es grandioso,
en la soledad arrullada por el eterno murmullo
de las frondas.
Mas he aquí que una turba de seres aherrojados aún por la ignorancia y el instinto, manchan
el sitio consagrado por la Patria al heroísmo con
la sangre de brutal asesinato.
El aniversario de la batalla de las Cruces, fué
A su vez una batalla en la que pelearon odios
mezquinos incitados por la embriaguez,-ese velo que hace más obscura la noche en que vive el
bajo pueblo indígena, la existencia miserable
de una raza sin esperanzas de redención por el
progreso.

,,.,,

Vedla si nó el día de muertos en las práctic11s
de su culto á los antepasados. No comprende los
ritos del catolicismo, religión de la que es el indio adepto nominal como es nominalmente beneficiario de los derechos que le otorgan la cultura
de la época y nu&lt;Jstras instituciones.
En esos cerebros primitivos no cabe la concepción de la vida supraterrestre que constituye la
esencia de las religiones superiores,-un cielo y
un infoirno; goces y pertas inmateriales, distintas
de las que experimentall los vivob en la tierra.
Los difuntos comen, beben, se embriagan y riften como lo hacían en vida, y sus deudos no encuentran medio mejor de celebrar el día consagrado álos desaparecidos que servirles el banquete copioso y el licor que era su delicia, proporcionarles la baraja y aún armas para reftir.
La clase popular lleva á las necrópolis con sus
barracas y su completa instalación de fondas y
tabernas, el humor bullanguero, alegre, desordenado, y los excesos orgiáticos de una verbena.
Repugnante vecindad la de eeos festejadores
que profanan la muerte para los espíritus delicados que visitan la tumba de sus muertos, regándolas de flores simbólicas y de lágrims.s.

,,,.,,

. A medida'que avanzanlos siglos pertenecemos
más á los que fueron, y en todos nuestrr s actqs
sentimos la ligadura que nos sujeta á su misterioso dominio.
El porvenir se elabora secretamente, preparando inesperadas maravillas bajo el influjo del pasado.
Ascendientee, héroes, sabios y poetas ¡qué inme-nso rumor de voces elocuentes habla en nosotros y nos impele á seguir un ide8l, á resolver
un problema, a completar una. obra interrumpida por la muerte!
La solidaridad entre los muertos y los que viven es perenne, y mayor la a~ción de aquellos
en los acontecimientos, así en los vulgares é insignificantes como en los que transcienden á toda
una épcctt. Jesús conforta con su ejemplo á millones de mártires; Platón ilumina el intelecto de
la humanidad y Shakespearepuebla de tipos eternos la fantasía.
,.,;

El día de muertos, con ilU sol pálido y triste y
su bruma fría, toca nuestro corazón dormido,
despertirndo en él lo que fué. Y ese calor de afectos que sentimos un tiempo vivaz, y á todas ho•
ras presente, en este mismo hogar que abriga á
los que quedan, junto á la cuna vacía y el sillón
abandonado, nos hace pensar en la frialdad del
sepulcrv.

Becquer lo dice en la dulce ternura de sus
verses,
¡Qué tristes y solos
se quedan los muertos!
Gracias á que los sauces agitan sus ramas Y
los pájaros anidan y cantan en las copas, las
tumbas no están del todo abandonadas por la
vid11.
Nuestro amor no queda satisfecho con las cinerarias- que. llevamos al campcs:1.nto, ni con la
memoria de los muertos querido~: sentimos como
un remordimiento de vivir, de ser felices, al
agruparnos en torno de la mesa pa~a beber el v~no que tiembla fln las copas y la mirada que bn•
lla en los ojos amados.
No 1011 olvidttmos, no podemos olvidar á nuestr0s muertos.
¡Qué tristes estarán en la soledad de su tumba!

"""

Las noticias que llegan de Monterrey,-más
tranquilizadoras cada día,-indican cuán fácilmente prevalecen inmotivadas alarmas en el pueblo.
La multitud dominada por una preocupación
procede en todos sus actos de una manera ilógica, se ciega y se enfurece, se entusiasma y se
amedrenta por causas fútiles y á veces imaginarias.
Que cu11lquiera levante la voz y le diga cuando
padece hambre: «los comerciantes tienen víveres
y no quieren venderlos,» se arrojará furiosa y
saqueará almacenes y dará muerte á los supuestos enemigos del pueblo, sin examinar previamente si el acusador dice ó no h verdad.
Un quídam dice á ese mismo pueblo amenaza•
do por una epidemia: 11 los ruédicos envenenan á
los enfermos, 11 y la frase correrá de boca en bo·
ca; algunos pretenderán haber visto á los doc.ores en coPciliábulo para preparar el crimen; otros
de buena fe creerán que presenciaron una misteriosa maniobra del médico, tras de la cual el
enferuio murió súbitamente, y hasta habrá quien
atestigüe revelaciones de alguno de lvs inculpados.
En vano se demostrará la imposibilidad moral de eses hechGS imaginarios: todos los medios
racionales de persuación serán ineficaces. La
creencia 1.1bsurda n~ se desvanece con demostraciones¡ para destruirla es preciso apelar á los
mismos medios que lo engendraron.
Los historiadore!$ hablan de estos casos típicos
de demencia colectiva, momentánea ó duradera,
que produce toda agitación social. Un transeunte encuentra una multitud amotinada en las calles
de París, y alguien lo señala con el dedo diciendo: "ese es un traidor;" la furia popular se apodera del desdichado y lo abofetea y lo arrastra para colgarlo de una linterna: la víctima
tiembla, implora piedad, y cuando todo está perdido para él, grita otro amotinado 11 es un cobarde y no puede ser tirano del pueblo." La decoración cambia y el furor se convierte en hilaridad;
los mismos que iban á matarlo se ríen de él; pero
en ese momento el que iba á ser ajusticiado se
encara á la plebe y le habla de sus apiniones, de
eu vida consagrad'\ á la causa pública, y todos,
sin excepción, aplauden y lo llevan en triunfo
como á un heroe.
Así es el pueblo cuando nada refrena sus impulsos. Ya veremos cómo al desaparecer el pánico, los médicos á quienes una multitud estulta
deelaró criminales, serán objeto de veneración
por su meritísima conducta humanitaria.

,,,.,,
En el coliseo de Vitrgara celebró el Club Dramátic'O una velada, como acostumbra hacerlo periódicamente, y e$ta vez ofreció un doble atractivo, pues además de poner en escena una obra
de autor mexicano, la nueva creación dramática
se desarrolla en los brumosos tiempos que precedieron á 111 conquista ibera, en plena época de
civilización autóctona.
La obra, qpe idealiza á Netzahualcoyotl, el
poeta rey, fué bien recibida, tanto por su originalidad, cuanto por la discreción con que está
tratado el tema.
Aunque 11\ época á que se refiere es bastante
pintorerna, h11y que dudar no obstante, que alguna vez tengamos una Salambo azteca.

DICK.

¡Jolitica Qitntral.
RESUMEN.-La retLr:1da de Marehand y el eonfl.leto
rranc,-brltántco -Preparativos bMleos. -Temores
de una gra'.l eonnagracl611. - Ou los de pueblos Yeom ·
petene:as de razas. -Eslavos y sajones. -En Orlente
y en Occldent~ -Las eooferenelas de Parls.-Rumores contr11dletorlos. - La posesión de Fl'.lplnas. -La
ley del más fuerte Vre vlctlsl-Conelusl6n.
No ha bastado la salida del comandante Ma:chand rumbo AParís, álaque se da la sigr..ificación
de una retirada, para serenar el horizonte político
donde se ciernen obscuros nubarrones de guerra.
El conflicto anglo-francés permanece todavia en
pie, y prueba de ello son lvs muvimientos_y actividad que se obsP-rvan en los arsenales y astilleros de
la Gran Bretafta, la evolución de sus escuadras
en el Atlántico, en el Pacífico, en los mares de
China y oo el Mediterráneo. Por todas partes se
nota febril ansiedad y se siguen con interés los
cambios más insignificantes efectuados en las ·escuadras inglesas que resguardan todoslosmares.
Prepáranse en Davenport las unidades más poderosas de la marina inglesa, para concentrarse
en Gibraltar y vigilar desde allí Argelia y Túnez;
reciben órdenes de conce_ntrarse en Jamaica y
eu las Barbadas, los dispersos elementos que
constituyen la escuadra del Atlántico; en Victoria se reunen cruceros y caftone1 os, para dirigirse á Tahití y amenazar las islas de la. Sociedad.
Si todos estos preparativos indican un movimiento hostílcontralas di vasas colonilis francesas, que
en un momento dado pudieran ser atacadas, sábese que en Wey-Hay-Wey, Che-Foo y HongKong, se hallan listos para zarpar los buques
británicos con calderas encendidas y bien pro,
vistos de municione 1, en tanto que en Puerto Arturo, la escuadra rusa se prepara también á movimientos desconocidos.

***
¿Qué viento de muerte agita los espíritus? ¿Qué
soplo fatídico cruza por los horizontes europeos,
exaltando los ánimos, despertando viejas rivalidades, sembrando odios y agitando inextint'ls ambiciones? ¿Qué sombra de muerte cae sobre los
gabinetes, ofusca A los soberanos de la tierra y
estremece A los pueblos que parecen prepararse
á una lucha gigantesca? Como contestando á la
iniciativa del emperador Nicolás II, que apenas
hace dos meses predicaba la paz y la concordia
á las naciones de la tierra, como contestando con
fermentaciones de venganza y explosiones de
aborrecimientos mutuos, así se hallan los encargados de dirigir á los pueblos por el camino del
bien, lejos, muy lejos de la concordia que recomendaba el autócrata moscovita.
No es la posesión de un palmo de terreno en
el valle del Nilo Superior; no es el dominio sobre
un grupo de tribus nómadas del Sudan, lo que
ha podido ocasionar la exaltación en estos momentos y los grandes preparativos bélicos entre
Francia é Inglaterra; después de las continuadas
notas diplomáticas, despuás de la publicación
del «Libro Azul» por l¡¡, Gran Bretaña y del« Li•
bro Amarillo» por Francia, después de la retira.da real ó -fingida de Marchand y del aplazamiento de la cuestión egipcia para mejor oportunidad,
hay que pensar que alguna otra circunstancia, de
la que todavía no nos dan cuenta los cablegramas, ha venido á agriar los ánimos y á excitar las
voluntades, para que, cuando todos esperaban
una solución decorosa para las dos potencias que
se disputan con mejor ó peor derecho el repartimiento de los despojos de los vencidos dervises,
se encuentren, más que antes, á purito de un rompimiento.

***

No hace muchos días que el ministro alemán en
Pekín propuso á los embajadores extranjeros se
tomara posesión. en nombre de las potencias europeas, del ferrocarril de Tien-Tzin para que en un
momento dado pudieran ttcudir las fuerzas de sus
nacionales á defender las embajadas y los inte·
reses respectivos, caso de cualquier motín ó levantamiento contra los cristianos.
Rumórase ahora, que, aprovechando Rusia la excit~ción producida por la cuestión egipcia y la exaltación del espíritu británico contra Francia, trata
de~ar un paso más en territorio chino, pasando por
encima de los intereses británicos adelantando
siempre en su influencia desmedid~ y dando ur:
nuevo golpe á Inglaterra en el extremo Orient• ,

Domlngo 6 de Novfombre de 1898,

Verdadero 6 falso, este rumor sí explica satiofactoriamente á qué obedecen el movimiento y la
actividad inusitaaos que se cbservan en las escuadras y en los puertos de Inglaterra y sus colonias; sí se comprende de ese modo, por qué al
conflicto anglo--francé3 pueda substituirse el siempre amenazante conflicto anglo-ruso, aplazado
por un momento pero no resuelto, después de la
determinación muy vaga de las esferas de influencia ,respectivas sobre China, acordadas últimamente entre los gabinetes de Londres y San
Petersburgo.

***
Si deFgraciadamente el siglo que acaba ha de
tener las postrimerías sangrientas y ha de terminar con una conflagracil'.in universal, comparable
á la que presenció en llU nacimiento durante las
guerras del Consulado y el Imperio, ·turible será el choque entre las potencias europeas, formidable será la catástrofe que cambie el mapa de
Europa, disputAndose su dominio las razas eslava
y anglo--sajona.
·
Son de tal importancia, tienen transcendencia
tanta los nuevos problemas internacionales y las
disputas nuevas entre los p.oderosos de la tierra;
tienen tanto interés los futuros conflictos y las
rivltlidades nacidas entre los grandes pueblos, ansiando siempre nuevas tierras, buseando nuevos
mercados y requiriendo nuevas fuentes de riqueza por todas partes, que se empequeftecen ante
su consideración las viejas rivalidades, los antiguos odios que armaron á Alemania y la constituyeron en un imperio milit11r, é hicieron de la
República Francesa el pueblo siempre preparado
y con ~l arma al brazo, para volat en pos de la
revancha. ¿Qué significan los odios de dos naciones frente á los odios de dos razas? ¿Qué son la
com!:5etencia de dos países frente á la competencia de dos grupos humanos, uno de los cuales representa en su territorio la séptima parte ae la
tierra, y el otro tiene esparcidos sus súbditos y
sus factorías en toda la redondez del mundo?
El desquite que ha anhelado Francia hace cerca de treinta alios pudo ocasionar una guerra
más ó menos limitada. Para conservar la paz,
Alemania hizo la formidable triple alianza.
Después de largos trabajos y diversos tanteos,
Francia logró constituir su alianza con Rusia, para poder desafiar á su enemigo. Frente á frente
los pueblos aliados, se han contemplado de hito
en hito, sin atreverse ninguno á desenvainar la
espada, por no atraer sobre sí la tremenda responsabilidad de una guerra europea. Pero el eslavismo ha avanzado lenta y seguramente en su
camino de expansión¡ sin que nadie lo haya podido detener, ha ensanchado sus dominios, avanzando scbre el Mar Negro y sobre el Caspio, y
por fin, ha tropezado en sus inmensos territorios
de Asia con las posesiones británicas, en sus territorios europeos con el baluarte de Alemania y
de Austria, que aún tienen en su poder pueblos
eslavos.
La lucha no es de ahora, la competencia es secular. Si en el momento no estalla el confEcto, se
aplazará para más tarde; pero el desafío está lanzado entre eslavos y sajones: los dos se disputan
la posesión del predominio en Oriente y Oecidente.
¿Cuáles serán los pueblos que gravitarán en rededor de esos centros, y de qué modo se formarán las alianzas cuando estalle la contienda armada? Imposible definirlo, porque son muchos y diversos los intereses que tienen que dirimirse.
Tal vez para entonces tome parte y se siente entre
las potencias de primer órden, hasta la Unión
Americana qi:.e, después de la guerra con E;;paña,
ha inscrito su nombre en el catálogo de las potencias marítimas.
*

**

Vana fué la resistencia que opusieron los comisionados espaftoles en las conferencias de París, á las exigencias americanas, en cuanto se refería al asunto de las Antillas. Por boca de sus
representantes había declarado el gobierno de
Washington que no reconocería ni tomaría á au
cargo la deuda de Cuba, sino en aquella parte
que se ligara directamente con las ciudades antillanas, y á lo que parece han tenido que ceder
los enviados de su Católica Magestad. Pero al
anuncio de que los Estados Unidos pretenden para sí la soberanía completa sobre todo el archi•
piél¡¡go filipino, han circulado las versiones más
contradictorias.

351

EL MUNDO

Aseguran algunos, que este solo anuncio servirá para que terminen de modo inesperado todas
las negociaciones de paz; q ne en con:1ecuencia, se
renovarán las hostilidades, y una poderosa escuadra americana zarpará desde luego rumbo á
las costas espaiiolas. Dicen otros, que el presidente del consejo de ministros en el gobierno de
Españ.a luchará cuanto put:da, por medio de los
enviados en París, por alcanzar compensaciones
pecuniarias y el reconociinmto de lrt deudl\ de
Filipinas, en !a imposibilidad de oponerse á las
pretensiones americanas. Hay quienes anuncian
la retirada inmediata del Sr. Montero Ríos y sus
colegas; mientras que predicen otros la sumisión
completa de los comisionados españoles a cuanto pretenden los vencedores.

***

Difíc.il sería para Espafta, en las actuales c'.r-

cunstancias, querer oponerse por la violencia A
las condiciones impu'3stas por el vencedor. Podrá
haber disención Robre los artículos del Protocolo
que sirven de base Al traLado de P&gt;\Z definitivo;.
podrán encenderse discusiones más ó menos luminosas y esgrimirse todas las armas retóricas
recogida;; en el arsenal de la dialéctica por los diplomáticos españoles; pero enfrent1 de esos juegos artificiosos de la palabra, está. la inflexible
línea recta á que se han sujetado !fr. D11y y sus
colegas, s~gun las instrucciones recibidas del presidente McKinley. No cejaron ni un punto en la
cuestión de la deuda cuoana, y si es verdad que han
pedido la posesión de las Filipinas, probablemente tampoco cejarán y se manifestarán dispuestos,
antes que á ceder, á comenzar de nuevo las hos•
talidades, que tendrían por campo de acción, ya
no las aguas de Cuba 11 i el territorio de la gran
Antilla que está á medlas en su poder, sino tal
vez los puertos y las plazas muítimas españolas,
á donde probablemente se dirigirían las escuadras
de Sampson y de Schley, con la seguridad de n.o
encontrar la resistencia de una escuadra enemiga.
¿De qué podrían servir en este caso las protestas del gL&gt;bierno e;;paftol por R.nte la!f potencias
europeas? Europa que contempló indiferente cómo
se desarrollaba el drama. hispano--americano, sin
dar seftales de intervención, más allá de las ma•
nifestaciones de platónica simpatía hechas por algunos órganos de la opinión, quedaría otra vez impávida ante la renovación del conflicto. Harto
tiene que ucuparse en sus asuntos pr,:ipios y en
sus dificultades interiores, harto tiene en que pensar para curarse de las desventuras del débil.
Triste es pensarlo, pero hoy como ayer, el
vencido tiene que sujetarse á la ley impuesta por
el vencedor.

X.X.X.
Noviembre 3 de 1898.

de
ROMA.
¡Qué mal hizo el municipio romauo al m1111cbr destruir las ruinas de los baños deD'oclecianol Perola razón que tuvo f:J.é poderoshima en estos tiempos mo•
dernos: el emper.ador d-e Altlilla"Aia hacia en 1888 su
primera visita á su regio aliado Humberto, y el municipio de la capital d..l reino temió enge11drar en el
augusto hué~ped una impresión desagradable, si lo
primero quo se ofrecla A su vista era una mole de piedra negruzca v ca, comida que proyectaba su sombra
secular sobre ia frescura cie los muros de la estación
y muy cerca d'll monumento que conmemora el fracaso del modernfl Lacio en sus empresas conquistadoras.

No sé cómo habrá quedado la plaza después de escombrada, ni quiero saberlo; pláceme conservar la
impresión imperecedera que recibí al entrar a Roma y que guardo fresca a pesar de que entonces nri
eaplritu sólo presentla las emociones de la beHeza.
Hace v11rias h...-11s qu11 el ferrocarril, ese monstruo
de hierro con entraiias de hie1·ro. ha venidJ atl'aveean•
do campiñas sagradu. Sus r~ils están clavado~ en
tierra santa que, al ser removida para el levantamiento de las terraplenea, entregó á sus verilugos mil tesoros de arte y mil secretos histórico@. Desde que entramos al valle del Tiber, el eaplritu se siente espo•
leado por las recordaciones de los gloriosos tiempos
idos y · todo el· paisaje exhala una queja tristJsima,
una 'queja que parte de las _entrañas de sus ondulaciones volcé.nicas y vibra en el ram1tje de sus oliva•
res y azota las ventanilla.s del tren con el empuje de
las rimas latinas. El río serpEllltea eu armóni1as curvas cortando con la aridez de su légamo pedregoso
-i~stimonio dtt aquellas aeoladoras inundacionesla matizada verdura de los campos, A trechos mués•

trase la !il•r eta dentada del monte de San Orestes.
del antiguo Soractt,s, lnmtlnso bloque calt:á, eo que
sirvió d-, plldestal á. un templo de Apolo, y que cantó
Horaclo.
Vides ut alta stet nive candidum Soracte,

y que cantó Virgilio:
Summi deum sancti custos Soractis .A.pollo!

El conductor, menos clásico, anuncia la estación ~e
Borghetto, con parada y fouda Hay sin embargo u~a
penFadón deliciosa: beber el mismo vino de las 1nismas uvas ....
A la derecha, un castillo en ruinas. de pieara rojiza y torres tr~angula.res, mitad t1;1mplo y mit11d forta•
leza, con un campanario y un puente levadizo. A la
izquierda, sobre lll Tiber el ancho Ponte Fdice, cc,nstruido por Augusto y restaurado por S1x10 Quinto, y
cien veces cruzado por las legiones de lus Césares,
-por aquellas legiones acerada11 y bravla@ de esos
Ceda res apolineos,-y por las caravanas de los Papas,
-por esa&amp; purpuradas y muelles caravanas de aque•
llos Papas apocallpticos.
Sigue el ferroc11rril, y á lo lejos, entre el ob~curo
verdor de los proffcuos montes de olivos, blanquean
las casucas de un lugarejo abondonado, no mu_y did•
tant" d-,1 claro que sobre los mismos montils forma el
emplazamiento de Civitta-Caijtellana. Es Rignano, al
pié d"'l .Soractea; .alJi .nacieron dos tipos esencialmente romanoR, dos completas encarnaciones de sus épo•
cae: Julio C.isar el estoico y Lucrecia Borgia la ramilra.
El terreno Pe occidenta más y más, y los oliveros,
cargados de frutos, acarician la cóncava techumbre
de los vagones
E6t11mos en la Sabina, terra oleum ferens, que dió
mujeres á los romanos, mujere8 que rueron tomadas
por la futtrza con viriles energias y en cuyos flancos
si' labró el advenimiento de la futura raza vencedora.
Muy cerca de los rieles, á ambos lados, yacen fragmentos de piedra puerilmente labrados; el suelo está.
surcado de extraños cimiento8, la yerba se escapa de
las grietas de una vieja muralla, invade los cantos en•
mohecidos y brota flo;·es nuevas sobre las ruinas ¿Qué
iecuerdo vaga por alfü ...... Alli fué Curae, la patria
de Numa Pompilio ..... .
Sigue el Tiber murmurando su eterna canción, é.
la derecha del camino.
1.Jh! los murmullos de los rios! Los ríos, esas venas
pletóricas de la madre Tierra, cc,nservan en sus pulimentados cauces la crónica de los pueblos, y es un
h"cbo que sus aguas, eternamente 11uev11s, la cantan
al claro de la luua ó al beso dorado del sol. Los rios,
como los hombres, brotan de quién s11be 4ué ignotos
orígenes, pero desiguales; los rios, mád que 1011 hom•
bree, tienen el cuño de la raza, y corr-,n, corren, corren no importa á donde, llevando en los reflejos de
sus ltofas un girón de a1olengo que nunca podrá.a
manchar las profan-as abluciones que se dectúan en
sus orillas, aún cuando ellas pretendan precipitar en
sus aguas las incoloras fusiones de la moderna geo¡crafia politica. El Rhin siempre ha sido y será por
siempre teutón, como húngaro al Danubio y romano
el Tlber. Los rios murmuran sirmprn canciones propias y la canción del Tiber-10h, Vlrgilio, Horncio,
Cice-.ón, Liviol-tiene todala harmónica redondez de
la lengua madre, y en sus a~uas ,•liluido floh el opulento plumón del alma latina, con su doble aju11te
magnifico de liras y de epopeyas.
De pronto el carril torna forzadamente y se desou~
bren monumentos que arrancan el espiritu de lus viejos recuerdos de la Roma pagana, para engo1farlo en
plena Roma pontificia primero, y para recordule á
la Roma flamante y unitaria despu~s. En ef¡,cto, esa
villa que á guisa de perdurable centinela, parece columbrar la escarpada !J. nura desde lo alto de su
asiento, para resguardar los cascados patrimonios del
sumo obippo romano, fué la de los Orsini, señores pa·
tricios de muy hi•tórica alcurnia, y pl'lrtenece hoy á
los prlncipes de Piombino, no menos hrill11nte11 próceres de la corte vaticana. Asiéntase la 'Villa en pertenencias de Monte Rotendo, vieja heredad de una r.11
za extinguida, y napoleónicamente convertida, más
tardt&gt;, en envidiable ducado para los br'. vos .Ponill•
tow~ki. Ali!, hace seis lustros,elfrigio Garibaldi arrebató á las tropas francesas y pontificias un flerón pa•
ra la corona de Italia ....
Muy poco nos falta para llegar á. Roma, y vamos siguiendo la dire&lt;wión de la antig-ua tía Salara que
se extl-,ode á orillas del camino por donde va avanzando la humeante locomotora. A lo lejos, la villa Albaní (oh, sacro colegio!).
Todo nos re.,-ela que estamos ya a la puerta de una
metrópoli moderna: las multicolores banderolas ferroviarias que siembran sus tenos vivos sobre la alternada monotonia del verde (o ivos) y del gris (piedrae); las estaozuel~s rú8ticas rodeadaij d1;1 tropeles
lactiferoe; a qui y acullá, f.l.bricas de co sé qué, arrojando por sus alt~s chimeneas penachos de humo y
justificando, prosaicas y feas, el apasionado exclusivismo ruekiniano ....
Lubgo, se atraviPsa el rio Anio, afluente del Tiber
exhausto casi en épocas d~ sequia, y desenvuelve
con magestuosa lentitud su rinta de plata por Pnmedio de su lecho pedregoso ¡Oh, los leches pedregodos
d.6 la campaña dt1 Romal
A la izquierda las montañaa de la Sabi11a se rPfunden en los montes Albanos, sombreando el horizonte
con su 11lta y larga fila de árboles seculares,
El treo avanza. avanza, y repentinamente resuena.
un estrrdent'e silbido ....
Un nuevo recodo que se tuerce, un trozo de paisaje que se descubre, y luego, á la derecha, un inmenso hacinamiento de construcci0nes, como piocelazos
de sepia, coronado por un mara víhose enjambre de
torres y cúpula■. Una- de éstas, muy ancha y muy her•
mosa, sobresale por todo el cuadro y da e11. los ojos

�Domingo 6 de Noviembre de 1898

EL MtTNDO

352
con el júbilo y l1t confianza de un viejo conocido,;::my
cnnocido, á quien sin embugo no lletnos v1eto jamás.
¡El! Roma, con la cúpul4 de San Ptidro, nimbada de
oro por los últimos espl ndores del sol ponienttll
Et carril traza un vasto circuito en torno de la ciudad, como para hacer más deRellble el pronto arribe,.
El ring' se E111trecha paulatinamente, pa•amos muy
c'3rca &lt;1e la Pnrta Maggior6, rasawos e! de~portillad"
templo de Miu6rva Médica y entr1tmoJ:1 eu la estación . , .
0

***
¡,Nn PR cierto que el ánimo debe hallarse envi1elto
en deliciosa unción al Rllntirse en la vit'j I mt'trópoli
del pa¡.¡-1tni~mo, en la Ciudad Eterna, en Roma?
Iuc,,ndcieutemente t'spérase ver la es111sclón inundadit por bh,ncas parvadas dti togado11 cives y de
triu11fales legiouarios, á.vidos df-l .-s.,uch11r la• nuAvas
traidas del pais de los GaloJ:11 qui ipsa lingua Cettre

apellantur, ó bien de 11lbirrojas procesiones cardena·
licias ilumiaadas por los fulgores del oro y de las
gemas.
Pues bien 111 imprePión que Pe recibe l'S desol~dora; horriblemente at1eoladora El eFpectáculodes1e~pre. la igualdad ante el progrArn; las aduaneros uu1formadoJ:1 las máquinas t&gt;volucionando con .. normPs
pujo11 . ... los mi~mos pujos que he nido en NewYork
y e11 Parh1, en BArli11 y en Vhicago Yo bien Pé que
Psos pujoA eon 10P pujns de lit civilización, pero :por
Jov~I al llegará RoLila redonarou muy ingrat11.mente
en mis oído11.
El rlPMerado aumPnta cnando d.J cnnvoy Al' VA dAR·
cender á un gr&gt;1.nd d11 rubicundr,¡ nii11ters y niistres
envut11to~ "" amarillos carr1kij y calzlldos de piel &lt;le
coc&lt;'drílo Son ,vank•e~, que de.sde ultramar tiene1;1 alquilado algúu palacio histórico donde morarán mientras hagan 111111 adquisicio11l's de arti1tic works "n 111.11
gaL:.ri1t11 particul1tr1111, 11.,vándose la11 tel311 watJstras á

EL ORf\N FESTIVf\L,

!Jomin_go 6 de Noviembre de 1898.

¡ruisa de pavesas de gruesas cl~io_s pa~cuales, I:i,brados con primor para burlar la v1¡r1lanc1a del gobierno
ltaliitno que prohibe la e~portac!ón de cuadros y. eec·ultur,,s célllbre~. ¡También la Ciudad Eterna va s1eudo invadida por los yauktles, oh maeinro Sierra, por
esos Atilas aurífero~!
Ahora bien. al salir- de la 1111tacióµ y de~pnés dA
mirar el r:i.quirico y banal mausoleo quti recuerda laR
hecatombet&lt; Ítaliana;¡ en Abisinia. 1111ré en frtinte el
gigante muro de la11 terma~ de Dincleciano que ~oy
y11 no l'xi,ten y q11e halagabaogratame~te al viaJero
ávido d6 tlt'mpod idos. cou 11u colosal ~1Jueta. negra
que en dl'cr.-ciente dPnt.,dura, recorta ha el ePfumado ;mbient"' de 1a viPj, R()ma. al desl'mbarc~r á la
hora dA la tarde moribunda. tAh. nnncio podré p1&gt;rdo11ar tal dAstrucción al Senatu.~ Populusqup, Rornanu-~ quP fnncionó el 11ño fo8'i rlA h era woderna y
MMDCXVI de la fundación de Roma!
JUAN

SÁNCHEZ

AZCONA,

DE, Of\RIDf\D·
Expendio de dulces de la Sra. Linch de Camacho.

en la Alameda de México el día 30 de Octubre.

;.atención la esbelta Torre Eiffel1 copia reducida y

Conoci,lo@ como Ron ya del público todos In~ detalles del Bazn dti Caridad, rllprorl.ucimos ~nlo In má.s
intt\r.-eantes para d ..j.r consignado en nueHro 8"manatio un recuerdo de la brillante fiP~ta prep11rada por
el "Circulo de amigos dd Sr. Gt1n11ral D1az" en ob11equio á nuestro prim:,r Magistrado.
Mer-ece 11plau•o11 e;a agrupación por el tino con
qu11 dispuso la gran fiesta y el ,,;r Va.ll1&gt;to por el gusto arttatico de que dió pruebis tan palmariao.

gforiPtA v •e &lt;iirig-e al Norte, cond11cia al sencillo pabtllóu del "F&lt;!rrocariil," jut'go muy semt'jante al de
rui .. ta
Formaban el pequeñc pabellón elegantisimos paneaux &lt;le ~alón con p;nturas qu11 representaban t'SCenal! acuáticaR; f ~~to11e11 de vtirde follaje unian los 11xtr11mo11 d.-, t&gt;,to11 cuadros que sostenían l'll su parte su¡,eiiur el told" en forma de cono, pintado en su e:x.tt1•

***

La glorieta-central dd la Alameda quedó enteramentt' tra11formada en vaet t t'Xpo11ición donde pudo
ap:eciarsl'.l, en co1,junto y t'n dt'talltt. 111 importante
contingente que llevuon al fes.tivitl las ml'jorns familias de la sociedad mexicana.
La fuente príocipil de uuedtro prime· parque Ori·
tentaba adornod b.,1Ji~imos; en su ct111tro se debtacaba
gigantesco búcaro formado de camedores y palmas
que levantaban un soberbio penacho hal!ta toc11.r d
cit·lo raso que cubria el amplio salón dond11 fuero11 colocados los dunativos de las clas11s 11c,,modadas Stimbro1.dud eutre la supeifici11 liquida de la fueuttl ~e deA
tacabiln gallardos y henn ,sos los dif.,rent~s juegos
hidráulicJa, c.&amp;da uno rl.e .,,1011 rodeado dtt camedored y
otra8 plautas exóticas, que 11ervian dem treo A lascorrienttis de agua qne 11ubian á regular altura para
caer Juego sobre prnciosos ramillet.is de flores n ,!uralfls.
Las p:i.redes de la gran fuente P~taban 11dorn11das
en su interior _v exterio• por paneaux de heno frdt-co y
delicadas plantas entre las cual"" sobresallao las buga.mbilias azaleaH. margaritinas, malva rosas, geranios y palmas de la fortia. Trescientas sillas rodtiaban
la ful'nte.
·
Al r11dedor de la glorieta y en galeria de m!lrlera
reve,t1da de JitlnZoR de colorea r:,jo, ro11o1. v ven.le uilo, velau.ie los nunuroso:1 objetod qut1 f.Jrm 1b.rn el
Bazar.
La pequeña calzada que se desprende de 111 gran

353

~T,MUNDO

Guar.lia de honor.-B.m1beros de ciudad.
rior, á rayas gualda y blanco, y oro y blanco por dentro.
•i:n los tapetes verdes, en vez de números, figuraban 1011 nomhres de )aR principales capitales europea.: R lma. Bru.rel:1R ~hdri.i, Lóodres, Berna, Vieua y San Petersburgo

mmy. parecida á la original.

L~s sei,oras de Chavero, E,thPr Torne! rle Marte!
Beatriz Hijar dt' Cha vero y Landero &lt;le Algara y Japeñotit11s Sar.&amp;, Magdal.-na y Victoria Chavno, Car
m.-n Itur bide, Auita CuevaF, Consolación Garcla y
Lui,a LlamPdo, fueron 1as t'ncargad11s de rorrer la
rut1da. di' la fortu111t 1 siempre h1,l!til á las lindas apostadoras y ricos ci. bailaros.

La torre tiene uno:1 doce metros de altura v en sus
-cuatro costados1 en sus aristas1 en su pequei'ía. cúpu'la, por todas p~rtes habla sartas de botellas quefor•
·maban un gracioso aspecto.
Para aquellas personas que no tuvieron ocasión de
-conocer la instalación, dirtimos que se emplearon caltorcemil bote1las. La base dd la torre descansaba so•

Pabell6n de los Gobellnos.

Cuatro tiendas fueron levantada 1 al rededor de la
fuente, todas adornadas uniformemente: en el fondo
de un triángulo formado con barriles y á los costados, trofeos de banderas y escudoa nacionales, y grandes macetones de porcelana cubiertos dt1 mudgo Los
mostradores eran unos ecusssons de tela verde nilo y
rosa y en sus extremidades unas palmas de la India
y paneaux dti musgo y floree De las cuatro tiendas
partian anchas tiras de lienzo verde claro que se

Fueron encargadas del despacho de cerveza, la
Sra. Duque de Estrada y SritaA. Angela y Paz Rosete,
Luz y Lupe Villar y Dolores Cárdenas.
El pabellón de dulces de la "lmperiRl" era amplio,
en s u fondo percibianse dos gobelinos, priCJc.roP!simos que representRban escenas de la époea di,
Luis XV: estos encantos del arte fueron colocados á
uno y otro lados de un gran espejo de finisim&lt;1 luna
veneciana e·1cuadrada en marco dorado de singular

El Pab ..llón de la Banca, situado al princ1p10
de la calzada 1,1.-rid1una1 qu~ pa1ted6 la glorittapriucipo.l fi~u1ó entre l011 má, bello11 y mejor adornados.
8u obj, to-la v.-nta de ficha~ se distinu valor-Jo hacia sn uno de los mas cencurndos.
El Pitbellón na pt1qu• ño, un verdadAro &lt;'entro de
finanzas, preciosa chucheria qne con-titulan delicados y f1ni.imos obj tOJ:! d" artd tie J.,gftima procedencia a~iática.
El rl'ducido recinto guardaba hermosas filigranfs
orit'ntalti~: biombos i11rrones colosal~s, graudes abanicos de papel. farol.illos de todos tamaños y colorel:!1
uoa pdmH••sa luna bil!elada·con marco de hambú y
mimbre clar11 que hacia jut'go con 111 rt1veetim~nto de ·
la arroazón dt1l mootrt1.rl.or, 1oda construida d.- mimbr"'
v cañas dti bambú. Eu el fondo de 1-l microscópica
tiend11. aparecla e' dragón alado dtil J 1¡:óa, de anchad
fauces y relucieLtes llPcama•.
Compl- b ban el sin¡:, ular arlorno, grandes y ricos
macetones de China con pequeños arbustod &lt;le la mism• proced~ncia.
R.iciblan y caJDbiAb rn las mrinP&lt;laR. entrPgando en
FU lugar las ffrh'll! d,,rada11. 1118 \lt'ñora11 DolorPs Barrón dA Rincóu G1llardn, Carolina Cuevas de Esc.. ndón y Sara Diaz M mi~g·a de Rinron Gallardo y las
s11ñoritas Maria Rincon G&lt;Allar.to, Maria Portilla, Luisa Alcázar .v Paz G Calderón.

Ma!!'nifica in~talación fué la que hizo la Co'Tlpañíl\
Cc,rvecera de Toluca. De cerca y de lt'jos lli.wi.ba la

La exposlcl6u de labores manuales en la Glorieta Central.

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lbre un tonel de proporciones descomunales, redeado
-de otras botellas más grandes.
La fuente que corresponde a la glorletll. respectiva,
fué transformada también; el grupo de ninfas des•
-cansaba sobre vasto bu.caro de flores y plantas exóticas; al rededor habia diseminadas tres mil botellas
de diferentes tamaños, sembreadas de bouquets de ro"8as y paneaux de musgo.

untan en el centro de la glorieta, á una altura regu-

lar, formando el toldo del pabellón.
Rematando la cúpula de la Torre Eiffel, flameaba
una bandera blanca con esta inscripción: "Festival
de Caridad II Dirigieron los trabajos el Sr. Ingeniero
Enrique Cárdenas y su hermano Teófilo. No bRjaron
de tres mil pesos los gastos hechoe para levantar la
torre y los cuatro expen•lios descritos.

tallado; hacia afuera y casi en los extremos del salón.
se levantaban dos araucarias; macet~JlAS con ralma
de la India y tibores cori plantas l'xóth a,. En e interior de la tiend~ habla v ..rios ramos J11 rosas. El techo y cnbierta del mo&amp;trador eran de cretona de dibujos japoneses: 11quel e~taba sostenido por eebeltaa
columnas forradas de género rojo y f..@tón.
Al frente del despacho estuvieren las Sras. Guada-

...-..--~~~~~
C,lLLES CENTRICAS DE LA. A.LA.MEDA..

Taller de Fotografia de los Sres. Valleto y grupo de seiloritas
que lo atendieron.

Pabell6u de Sao Angel.

�354

EL MUNDO

El aspecto del salón era sencillo y de,
buen gusto; fuera de él se colocaron varias mesitas, confidentes y sillas austriacas que constantemtnte estuvieron ocupadas por 1011 numeroEos clientes.
A un lado de este puesto se levantaba
el vulador de pedales, aparato poco conocido aunque 11fecta la forma de un volantln y es movido por los mi.moa que toman asiento en las carretill11s que sostiene el grueso pié derecho del centro. Jóvenes y niños estuvieron psse11ndo constantemente y dt&gt;jaron buenos rendimientos á la Empresa.

!upe Terreros d_e Algara, Cuevas de Mier,
Cuevas de .l:'o_rttlla y Ana Schultz de A· rillaga y señoritas Anita Rubio Obregón,
Pepita Algara, Carmen Rincón Gallardo
Leonor de Mi~r, Lolita Rubio Obregón;
Guadalupe M1er. Paz Vortina Elt,11ita
Mier y Luz Cortina,
'

***

tA un lado del puesto de "La Im~erial"
estaba simado el .Pabellón Azteca. l,.l frente del ~ermoso salón se destacaba el Ca
lendario Azteca, soberbia imitación del
que se e11cue11tra en el Museo Nacional
A los 111dos de ese monumento h.1bia
plantas de nuebtra rica flora como cactus
magut-yes y plátanos; en los t&gt;Xtremo~
fueron colocaaas dos grandes deidades
aztec&amp;P, las cuales dtscan.: aban sobre
piedras de la misma procedencia.

Domingo 6 de Noviembre de 1898.

*

**

Gran fuente.-Glorieta de la A.lameda.

Entre grietas de cavernas y encuadrado
por orquide11s cactus,
trepadoras y bugambilias, se alzaba el gran
receptáculo de cristal
que encaraba varios
peces de colores En su
tapa habla colocados
numerosos rBmos de flo
res naturales. El techo
del acuario consistía en
una sencilla enramada
de heno.
LasseñorasMariaLuisaRomero Rubio de Teresa, Adela Fernández

La Tombola era un elt&gt;gRnte 11alón con
todas la11 apariencias de un almRcén de·
chuchnlas y preciosos juguetes. El teclio,
y paredes e&amp;taban cubiertos de géneros
rojos; ha bia numeroso11 esc11pars tes llenos de objetos.
E•tuvieron al frente del pabellón las llf'ñorae Maria
L de Landa y Javier&amp; B. de Landa y señoritas Maria
v Lup11 de Landa, Lupe y Jostfina de Landa y Buch,
Maria Teresa y Lolita Parada y Maria 1!.lena Echeverria.
·

*

**

Los dulces y pasteleP se vendlan en una gruta veteada de nieve, Un globo pintado de azul y blanco selevantaba en lo alto.
.::: ;
En este puesto que como tenemos dicho era artístico vendía pastelee y dulces la apreciable señora Laura Fot mento de de la Torre, acompañada de las señoritas Emilia y Laura Fischer.

*

**

Con justicia fümó la atención de todas las personas
que concurrieron á la ,\l&amp;mf'ld&amp; el tlegante. correctoy artístico puesto del Sr. D. Hipólito Uhambon quieo

DGmtngo 6 de Noviembre de 1898

laurel Y sobre el techo del puesto, se otsentaban tres enormes mariposáe multlco•
lores.
El fondo. del pueFto na un gran p aneaux fo1mado con rebozos de seda hechos
en la fábnca del Sr. Chambon
Es~e puesto ~staba a _cargo ~e la Sra. Victorino de Chambon. Mi.ría Chambon y
de Pmedo y Sntae. Trimdad Olvers. Marta Clsneros ClE&gt;ofas Olver.
Este puesto se vló muy co1;1currido porque ,a Sra. Maria Cbsmbon de Pinedo
~stu~o constantemente trabaJ11ndo en el ttlar que con dicho (, bjeto se colocó en el
mte!"1or.
Con justicia d!be mencionarse comoorlginal el puesto de li!cheria.
E~a un pequeno, J er'.' • gradable pue~to, se encontraba formado rusticsmente,
habiéndose tmpleddo en su e11nstrucc1ón tronco@ de árbolts recién cortados y el
fondo del pJebto cc,mo el mostrador, estaban piLtados al temple figurando madera.
En este puesto. expe1;t_dia queso, lech .. nat11 mantequilla y cuajada la Sra JJes·
ternes y su graciosa h1Ja.
'
'
·

'ºª

*

J
puestoR muy simpátic~s fueron otu;ados por las alumnas del Hoepicio,
En uno se coloc_aro~ loe teJ1dos, las medias, calcetines.v otros objet..,s, y en el c,tro
s~ velan la~ ~aqumartHS en que la11 al~mnas trabajaban incesantt'mt&gt;nte en presencia del J?Ubhco. que ávido y compl!lcido, presenciaban dichos trabBjos. Estos er11n
flores, caJas de cartón, b_?neteria, tmtoreria, encuadernación fotografía rayado
bordados, deshilad ,s, tf'J1dos, Ptc.
'
'
'
. ~l pasar el _Seño.1 P~tsidente de Is República por uno de los puestos df'll Hosp1c10, presenció mmucioaa~ente los traba1os qne en él se ejecutaban, manüestánaoee enteramente complac!do de ellos, por Jo eual felicitó á la~ alumnas, quienes
agrsdecieron,_ceimo era debido ias frnses del St&gt;ñor General Diez
El Sr. D. Luis Ortiz Y ~rtiz, Director del Hosph io obsequió á uombrede sus educandos al Señor Gral, D1az con un ramo de flores que acababan de confeccionar.

*

En ~l puesto de cigarros del Buen Ton~,.~ trabajaron durante la fiesta algunas
máquinas movidas por fuerza eléctrica.
En este puePto, que era •umamente ele¡?'ante, vf'ndlan cigarros l:i.s st&gt;ñoras Guadal~'!ª C de Rebollar, Concf'pción V de Maci&gt;&lt;l.o, JuHna C de Sáncht&gt;z y et&gt;ñoritas
Cee1ha Rebol •ar, Elena y Rosa Val, Manuela Rose:1zweiz Elena y Juana Sánchez
y Elena Ochoa.
'
·

*

. Pequeño. simpático, artístico y de un gu*sto que nada dt&gt;jó que desear por su sencillez, era el putsto donde se t&gt;xpendian dulces.
Estar a formado de plantas exóticas tropicales en la~ que se der,tacaban las palmeraP, trepadoras, etc.
Al frente Llel puesto se colocaron dos grandes jardineraa con plantas del mejor
gustu.

Lote de la Compail fa Cervecera.
~¡ mostrador estaba cubierto por lienzos pintados
al oleo, representando algunas e11cenas de los indlgenas.
Las señoras Campero de Pasquel, Cervantes de Rivas y 1..ervantes de Campero y las sPñoritas Guadalupe y Ana Echeverria y Luz Pasquel atendlanaquel
expendio de dulces finos.
'

de ;'rlurphy. Concepción
Landa de Lascurain y
Carmen Vastelló de La·
claud y señoritas Luz
Diaz. !.Jonchita Lascuraio, Lolita de Teresa,
Lollta Lascurain y Gertrudis Castelló, fueron
las respetables damas
encargadas de expen•
der flores.

lJna glorieta,

El salón de la fotografia era uno de los más hermo- como en otras fiestas, demostró PU afecto á todo losos de cuantos visitaron las familia~. El aspecto era que s.ignifica pro_greso y fllantropia.
El pu~sto del Sr. Ch.tmbon estaba formado de tres
sencillo: fachada principal de un edificio moderno y
en 1:11 interior una verdadera galerla fotográfica, con arcos dtt madera en los que en gracio@o conjunto se,
ventanlllas en el techo, ·sillones giratorios, cámara, velan plantas finisimas, dominando la gardenia la bu·
'
salón de revelar y todos los demás accesorios corres• gambilia y la margarita
En artlsticos enf,.ces so v1:1fan gulas de encmo ypondientes á. un taller en toda forma.
Era de nrse la habilidad de las hermosas discipu•
las de D&amp;IZ'uerrf'I vara desempeñar el dificil trabajo.
La Srita. Maria Teresa Limantour dirigia admirablemente las labores del taller, siempre lleno de clientPs;
ayudábanle las 8ras Susana Elguero de García Pi·
mentel, DolorPa F. d11 Rlvas, Francisca G. de Algara y
Sritas. Maria Rivaa Fontecha, Rafael&amp; Garcia Pim11ntel, Eltsa Rola, Ani,. Maria Algara, Lolita Garcia PimP.ntel, Lolita Sola, Josefina Miner y Paz Ca!!lpos.
Los productos de estf'I puesto ascendieron á quinientos cuarenta y dos pesos, 11uma que pone de manifiesto el gran movimiento habids en el Salón. Hacemos notar que los gastos de instalación y cuantos
se hicieron en el taller funon erogados por los señores Valleto hermanos, en beneficio de los pobres.
El Pabellón de San Angel formaba un hermosisimo
conjunto de plantas d11licadas y muchas de ellas exóticas; la rica flora del Valle ostentaba alli sus más be•
llos productos; habla araucarias, begonüts, hule, tuberosas, alocasias, yonedulos, piñanonas. camelias,
g!is;nias, lirios del Japón. cañas, palmas de la India
y del desierto, aralias del Japón, oligonias, nisperos
y otra inmensa variedad de plantas delicadas de to•
dos los climas.
Las señor&amp;I! Laura 8. de Marisc-al y Catalina Altamirano de Casa11ús y señoritas Laura y Carmen Mariscal, Maria Si-irra, Mar~arit., Quintanilla, Concha.
Sierra, Ana Quintanilla, Teresa del Villar y Angela
Querajszu, estaban al frente de esto magnilico puesto de plantas y flores.

Torre Ei:ffel.-CompafUa Cervecera
deToluca.

REST A.lJRA.NT.
A las diez y media de la mBñana, llegó el Primer Magistrado de la República.
Lo acomp11ñaban sn di~tioguida esposa y las i,eñoras Amada Diaz de ,te Ja Torrf'I, Sofía Romero Rubio de Elizsgs y Luisa R~igosa de Diaz.
HiciPron la recepción dos comisiones. la primera de dama11. presi&lt;iida por
Doña Maria Cañ11s de Limaotour. á quien acomp~ñ11ban las señoras Formento
de de la Torre y Lincb de Csma&lt;'ho. y la otra comisión compuesta de los s~ñores Guillermo Vallfto, Sebast!An Camacho. Guillermo de Landa y Escandón. Ltc.
Alfredo Cha vero, Lic. Rafael RAhollar, Román S de Ls~curain. Apolinar Castillo. Lic. Emilio Pimeotel. Cárlo11 Rivas y Líes Ireneo y Arturo Paz.
PPnet~ó á la Alameda el Señqr Presidente por el costado Sur, c&amp;llf'I del Pa•
bellón Morisco Pn dende formaban una doble y vistosa valla los bomb11ros de
la ciudad. luciendo sus brillantes uniformes de gala, que coneht,m en oantalón
rojo, chaquetln azul obscuro con botone~ argentados y reverbersntes cascos.
La llegada del Señor Presidente, que indica el prPludio tle la gran fi.,sta, la
anunciaron con sus toques de atención los clarines del t&gt;jército,:, las bandas militares con los acordes de nueHro Himno Nacional.
El Sr. Gral. D;az e11 unión de loP caballeros va dtadoP á quienf'B se unieron
poco11 momentos después el Seflor Mini.tro de Comunicaciones y el General Pedro Rincón Gallardo, recorrió los puestos, uao por uno
E!)- la Banca adquiri_ó un _buen númPro de monedas de latón, troqueladas es•
pecialmente para la fiesta, maugurimdo desde luego la11 tran~acciones.
Se det1;1vo en la glorieta central admirando la 1 iquisima colección de labores artist1cos, donadas por el bello sexo, en bit&gt;n ·de la clase menesterosa. Visitó
los pabellones en el siguiente orden: Gran acuario donde anquirió un precioso
ramo queª" prendió en el ojal de la lP.vlta, Tombola, Dulces. el osbellón de los
Gobelinos, Cnveza, Ruleta de Monte Cario, Pn donde apostó á MBdrid y fué fa.
vorecido por la suerte; Industria lechera, gruta de "El Globo II é Industria Sericfcola
'
En este p~ bellón se detuvo largo rato observando el movimiento de los tela•
res, y ~os brillantes trabajoP de seda que se ejecutaban en aquellos ml'lmentos:
. Elogió al Sr. Chambón por dar una muestra palpable de su loiciativa, refiriéndose á los progresos que está. alcanzando la Sericultura mnic11na
Visitó á continuación los pabellones del Hospicio de Pobres, el BPguodo puesto de flores, el departamento de "El Duen Tono," donde compró algunas cajas
de pu~os y cigarrillos, la Perfumería, y por último el salón de Fotografía.
Cedi.,ndo á la galant1:1 invitación de las señoritas ocuoó el sillón en tanto que
alocaba !a cámara Lola Sola, auxiliada de Maria Teresa Limantour que
cubría el ohjttivo.
'

***

Pabell6n árabe de Perfnmerfa.
F.n el fondo del puesto se destacaba una preciosa escultura de Venus.
En este puesto, que sin disputa fué uno de los que alcanzó mayor éxito, se encontraban las Sras. Elisa Lynch de Camacho.
Fausta Juanes de Guerra, Paz Raro d« Palomo, Teresa Fernández de Robalo,
Carlota Hay de Rübke, v señoritas Angela O'Gorm11n, Maria González Quintanilla, Ana y Maria Ro balo, Maria y J osefma Hay, Angela Zamora, Eugenia Escalante
y Victoria Corona.
.
Al presentarse en este puesto la Sra. Carmen Romero Rubio de Diaz, fué obsequiada por la Sra. Lynch de Camacho con un precioso juguete de ¡,lata y cristal
conteniendo dulces.

En cada uno. de los puestos que visitó la Señora Romero Rubio de Diaz hizo
calurosos elogios de la ele¡i? aocia y arte que se ostentaba; y después de felicitar
á todas las damas por el plausible éxito del festival, hizo consumo de los 11rticulos á la venta.
El paseo de la Señora Romero Rubio de Dlaz á través de la suntuosa fiesta
fué una ~e las muchas. mao.ifestaciones de gran estimación que rinde la socie~
dad mexicana á la distmguida y virtuosa dama.
La distinguida dama llt-gó al departamento en que las asiladae del Hospicio
de Pobre1:1 h11cian sus labores manuales.
Son tle tal manera nota.bles los trabajos que en el departamento que citamos
8!3 efectuaron, que la señora Romero Rubio de Diaz hubo de detenerse ali! un
tiempo mayor que el que habla ~mpleado en las demás instalaciones.

,.**

Muy atractivo era el puesto rústic~_de hcores en~¡ que sobre la madera se veía
en consorcio agradable la bugamb1lta y la gardema.
En este puesto se encontraban las Sra. Clarck y la Srita. Carlota Pliffs y Sritas.
Clayton.

,.**

Pasteles, s11.ndwichs, cerveza y refrescos fuer.:&gt;n los
articulos que se encargaron de expender en el Pabellón levantado por los vecinos de Tacubaya, las Señoras Guillis de la Vega, Carrasco de Garza y González y señoritas Julia de la Vega, Amella Rodriguez
Miramón, Maria Gonzá.lez Carrasco, Trinidad Soriano, Maria Rodrlguez Miramón y Mirh Solano.

355

EL MUNDO

•** ostentaba una gran ornamentación floEl puesto de &amp;oda era elegante y vistoso,
ral, dominando el color rosa; fondo de dos gobelinos, ricos tapices, un gr1m espejo, labores chinas y dos frondosas araucarias.
Haclan las ventas las señoras Guadalupe Cuevas de Mier, Juana C. de·Portilla,
Paz Rincón de Barron, Josefa F. de Algara, Guadalupe Terreros de AlgarR, señoritas Ana y Dolores Rubio Obregón, Carmen Rincón Gallardo, Guadalupe M1er, niñas Elena Portilla, Elena Mier y Luz Cortina.
***

Kiosco rústico delaA.laweda.

Maj!'nifica la instalación de la casa Labadie Sucs. Todo revelaba estudio, gusto
y esplendidez.
La media luna de los mahometanoayuna ornamentación con sus tibores, flores
exóticas y telas orienta.lee, daban carácter, y carácter acentuado, al h1gar ocupado por este puesto.
Las damas que lo atendieron, eran las señoras Angela González Buch de Ttuarte., Ana Algara de Cuevas, Cristina G. Certina de Alvarez Rul1 Concepción Torne!
de Suína~a y señoritas Maria Algara, Amalia Diaz, Encarnación Collado, Maria y
Matilde Ituarte, Maria Garamendi y Concepción Suiuaga,
A la entrada de la Alameda, al lado izquie1·do, se improvisó un restaurant y
cantina, adornados con gusto y servidos con prontitud, donde estuvieron infini•
dad de familias durante el gran festival.

Pabel16n A.zteca - Venta de dulces.

�EL MUNDO

Domingo 6 de Noviembre de 1898_

Domina-o 6 de Noviembre de lR!!A

EL MUNDO

MEDIOEVAL
Yo la vf por la blanca luna envuelta......
b gótica ventana le servia
-de tosco marco á su estatura esbelta,
y la flotante cabellPra su1,lta
-en torno de sus hombros descendla.
Triunfal vibró la música IPJana;
-clamaron al cruzarse los aceros;
y sonriendo miró la castellana
·e l reñir de dos nobles caballeros,
Uno cayó por fin; el otro herido
~siéndose al caer á una corniea
.alzó la vista, la miró rendido;
:y cuando ella le vió también caldo ......
lanzó á los aires su vibrante risa.
MIGUEL

Orquesta U:plca "Carmelita."
A las once de la mañana se efectuó el primer conci"rto.
Un aplauso cariñoso saludó á las jóvenes que veatlan vaporosos trajes de gasa blanca, semejando una
parvada de palomas estacionadas en un risueño
jardln.
Tocaron con verdadera maestría. la Obertura de
Thomas. 11Raymond11 y la doliel'lte "Serenata de Schubl'Tt" y la danza "El Amor y la Vida."
Una tempestad de aplausos premió la bella labor
de las ejecutantP~.
Hubo un pequeño intermedio.
Apareció la señorita Maria Rosales y
rPcitó un monólogo del señor Eduardo
Nori ..gR. Maria Rosales artista de corazón, Triunfó y arrebató el aplauso.
No tuvo menosatracttvos el segundo
concierto que comenzó á las doce y
media.
La balada de la ópera "Il Guarany"
puede considerarse como de prueba
para las buenas a:.-tistas, fué cantada
por la señorita Esperanza Dimariaa,
que es una esperanza del arte.
Reune á su propia aspiración y á su ·
hermosura, una buena escuela de canuna voz cautivadora de soprano.
a señorita Dimarlas es discil)ula de
la hábil profesora Concepción Ruiz,
que la presenta con c,rgullo en las aua.iencias extraordinarias.
La orquesta tipicil. "Carmelita"volvió á deleitar, tocando la conocida masurka del gran alemán W aldteufel,
"Bellas;" el Ave Maria de 11 Otello,11 los
•*•
"Aires Nacionales" y el danzó.u 11El
En el costado Oriente de la Alameda,
Charro."
se levantó un pequeño teatro. El foro,
Terminada la simpática fiesta se hibastante amplio, tenia nuevemetros de
zo balance general de los producioa
altura.
obtenidos. La Banca, hasta la una de
La arcada, pintada al temple, ostenla iarde, recaudó cerca de cinco mil
taban alegorills musicalei! y cuatro copesoe; el Monte Cario, donde se estalumnatas de orden toscano.
bleció el juego de ferrocarril produjo
.I!;! remate lo formaba un soberbio
más de quini1:ntos pesos; la cervecetímpano con una gran lira en el cenrla arrojó cerca de quinientos pesos,
tro, cruzada por una palma.
debiéndose observar que sus producLa decoración del fondo representaIndustrla serlcfeola.-IDp6llto Ohambon y esposa.
tos ne fueron mayores, debido al tiemba una alameda con los tonos del crepo frio que hi;.o toda la mañana y las
púsculo matutino
rachas de viento que causaron molestias á lo\l concuVioloncellos.-Rita Pl'rez de León, Agustina Pala- rrentes
El improvisado !'alón, cubierto por una extensa lodurante la ta~de.
cios Castro y Virginia Moreno.
na contenta 400 sillas.
Contrabajo -Paz Varela
La presentación de la orquesta típica «Carmelita.•
Salterios. -Julia Irigoyen y Maria Piza.
era un poderoso atractivo, p:!es sabido es cuántos
Arpas. Guadalupe VllllPjo y Adela Garcia Flores
triunfos ha llegado á conquistar desde su presentaGuitarras.-ArtAmisa Ellzoudo y Severiaua Moreno.
ción, y cuáles los progresos que está realizando con
Todas las fotografías fueron tomadas direetaHuiros.-Niñas Anita Thompson y Sara Pérez de
aplausos de los inteligentes.
mente para EL MUNDO.
El conjunto de esta celebrada orquesta es notable, Leon.

A las señoritas del Hospicio fueles ~umamento grata la distinción con que las honró la Señora Romt&gt;ro
Rubio de Dlaz y el público que presenciaba tal distinción, vió toda la altura de ella y la estimó en su
valor justisimo
La distinguida dama en m dio de aquellos seres
débiles, pero felizmente defendidos de lat1 crueldades
de la vida por la poderosa mano de una caridad noble, era un ,madro digno de la prosapia moral de la
dama y de la altura de miras de la fiesta en que se
hallaba.
La Señora Romero Rubio de Dfaz
recibió algunot1 regalos de las señoras
y señoritas encargadas de los departamentos, y entre esos regalos está uno
dela instalación de tejidos de seda. que
la dama elogió con frases muy satisfactorias.
Al visitar la Señora Romero Rubio
de Diaz el Pabellón de Sericultura, le
fué obsequiado por la Señora Vil:tori•
ne de Chambon, un magnifico rebozo
de seda, blanco y oro á listas, con un
rapacejo que era una verdadera fili·
grana.
Est~ ba guardada tan primorosa prenda, dentro de una caja encojinada de
seda roja en su interior y con forros de
terciopAlo blanco con broche de oro
Se lefa esta inscripción. "Carmen R.
R. de Diaz.
El rebozo. admirablemente tejido,llamó la atención de todos los que lo vieron.
0

como notable en su dirección encomendada al profe ·
sor Don Apolonio Arias.
Forman este simpático grupo musical una plé'l"ade
dA hermosas señoritas·
•
He aqui @us nombres:
Mandolinas.-Beatriz Arenal, Ignacia Marchena,
Lucrecla Arenal, Guadalnoe Lombardo. RPbeca Purón, Josefina y Mercede., Hinostrosa,Luisa Thompson
y Clotilde Ruiz.
Violines. - Emilia Dalhaupe J1olores Guerrero, Enriqueta Arenal, Guadalupe Varela y Luz Flores.

E. PEREYRA.

357

DE "ACUARELAS"
Inmóvil. y de pié sobre cubierta,
Colón, la testa erguida
y la mirada alerta,
explora el m11r, que cubre ya la b-mma,
y del que. como Venus de 111 ""puma,
ha de surg:r la tierra promPtida.
Va á fenecer la luz. la noche avanza,
y el sol, como en un lecho soberano
se mu etra en el confin del oceano, ·
en una esr:endorosa 101,tananza.
SobrA e dorado azul dPl firmamento,
u_na nube de nácar y amatistas
f1ngfl un barco que. en ::-11udo movimiento,
se Pncamina, empuj•do por el viento,
al pals de unas playas nunca vistaR ... .. .
Colón medita, contPmplando á solai
la caida del ad que, al fin, se apaga
al hundirse en el seno de las olas
de 1~ 1;IJ1&lt;r, c_omo un ·barco qne naufraga.
Sub1to, tnste murmuró: «,Tres diasl. .....
«¿Al cabo de éllos-como al "ºI ;;.hora•sorberá el mar las esperanza" miaq
•y al viejo mundo volverA la rrora?'
«¿Acaso por.¡ue está la fé perdida,
•v muerta ·111 esperanza en los que guio
«tampoco yo, Dios mio,
'
•he de tocar la tierra prometida?• ..... .
Y pro~iguió: «¿No flS D•os quien tra~ la ignJta
«tler a mi barco impele? ¿lucho en vano
contra el furor de mi fortuna adversa.?• ..... .
Y cayó de sus ojo• uoa ~ota
de llaoto, que sorbió del oceano
Ja onda azul, murmuradora v tPrsa!
•
Luego a~regó temblando:'«¿Y ~i no PXiRte
esa hermosa región más q11e ..n mi ment.,?• .... . .
¡mas con enojo sacudió la frE&gt;nt11
para arrojar el pensamiento triste)
Y exclamó entonces: «Si m'ntió la ciencia,
«~erá Id fé mi salvación! ¡Dios mi!;,mo,
•qu1: me ha hecho soñar tm su 11xist~ncia
•la hará surgir del foudo del abismo!!•
0

estallar, en v lvfsimos coloree
las olas qu~ emrenachan las ~spumas .
Velado aun e occidente se halla
por la gran di~persión de las reblinas,
que huven de las luces ambarinas
de la aurora triunfal.
De pron to estalla
el cañón ...... ¡Oh vPntura
11in igual! ¡es la Sfña cor. venida!
¡Allá BA ve una cJDtá de verdura1
¡El umbral de ~a t_lerra prometida)....... ..
Y ante el pa1sa1t:i que limita y cierra
al fin, el horizontA de las olas·
'
de laR tres carabt'las española's
surgió este grito delirante: "¡,Tierra!!"

.. c~i~~ :;;;·¡;¡~;·¡~..i;~~·i~ ¡·;;~;;t~c1~:-...·····....

ya no mira. el ocMso, con anhelo:
¡hunde, como arrobado. la mirada
en la infi nita epplendidez del cielo!
¡El suprPmo placer RU faz desnuda!
¡lhnto de gratitud nubla sus ojos
y le inunda corriendo las mejilla's!
¡Y á sus plantas. la duda
ha caldo de hinojos,
y le abraza, llor11ndo, las rodillas!
JOSÉ BECERRA,

VIEJOS ROMANTICISMOS
EVOCACJONES

li•Y. un, papel entre mis versos, mudo
cowµnce dt1l recut"rdo que me asalta:
lo abro tt:imblando. á la mAmorla ayudo
y en t&gt;l silencio de mi t-c,gar desnudo '
me pougo á meditar sobre tu falta.

II

tol

~ ,·

..~.'

-·
-&lt;-~\~

Mi eFpfrltu cansado emprende el viaje
y libre dtil afAn qu11 lo consume.
'
vuela al pasado ptara .~er su trajP,
besar F~ f,.ld11 d11 cruJ1ente encaje
y embriagarse, otra vez, con su perfume.

Desplegadas las velas,
y huyendo los peligros al tanteo;
allá van, con ligero balanceo,
sobre el dormido mar las carabelas.
Dejan las naves hervorosos rattros,
los vientos rumorosos cuchicheau,
y en las diáfanas olas cabrillean
las miradas trementes de lo11 aEtros.
Colón de pf11 sobre cubierta, alzada
la fari:, que baña resplandor escaso
hunde serenamente la mirada
'
en la infinita sombra del ocaso.
Media la noche. Quedos y süaves
se oyen los ecos de la mar, que agita
sus olas, mansamente;
¡Y reina en t1Lnto, á bordo de las naves
ansiedad infinita.
Y un silencio supremo ......... !
¡De repente
cae de hinojos Colónl. ... ¡temblando nombra
á su Dios! ..... ,lY eeñalll con la ml!no
una luz que, en un punto no lejano
agujeró la sombra) .•.....
"¿ta Sl}eño? ~ice, y luego: ¡Nó! ¡Menguada
11
fé da m1 corazonl. ... ¡Duda traidora
"vete lejos de mil ¡Reconcentrada '
"tengo toda mi alma en la mirada)
"¡Nunca he visto mejor que como ahora!"
Y ante la luz qub su vtmtura labra
tras de un éxtasis mudo, ,
'
terminó temblorosa l!i palabra:
"Luz!. . . . tierral ...... salvaciónl .... ¡yo te saludo!

El labio tiembla entonces y te nombra
y vuelvo á vermti en la risueña 11etanciá:
las cortinas de tul, la roja alfombra,
y derramando entre 1&amp; grata sombra,
mi regalo de flores su fragancia.
El piano abierto: en el atril ali;:-una
romanza que cantaste en la mañama·
el tibio ambiente que á la luz se adu'na,
y el tembloroso rayo de la luna
prt&gt;ndido en el cri~tal de la ventan&amp;.
¿Qu,é _viento de harmonlas celestiales,
d., ml}~icas y besos, suena en tornol'
De _1m lámpara. en grupos desiguales,
asc~en~e el humo •in blancas espirales
y d1buJa en la sombra tu contorno ....
.... Alli, e~tás: sueño mio; no te 11scondaa
que ya mis 1lus1ones vuelan francas;
del pecho surgen e:i lumlneas oiuJas
tal como surgen de las verdes frondas
ebrias de miel las mariposas blancas.

III

No te escondas, que ya mis ale"'rias
1101..1 flores que abren el cerrado broche·
derr~ma luz ~obre las sombras mlas '
v déJame decir como Tobias:
Hay un angel ea medio de mi noche!

J Je á~bar el oriente se colora,
bullen las aguas con rumor 11onoro
y tiemblan los destellos de la auro~a
sobre las linfas de color de oro.
Y á través de Jas brumas
se ven, del orto 11zul á los albores, .

LUIS

,.~-·--;,~

Exposici6n de donati'l'OS de las damas mexicanas.

- ::..-~~t';ti· '

G. U&amp;BEN.A.

�Domtngo 6 de Noviembre de 1898

l!:L Ml'NDO

858

JJomingo 6 de Noviembre de 1898.

existir, de dormir, en fin, uu suefl.o sin ideas, sin
recuerdos, un suefio en el que Ely y Pedro serían
para él como si no hubiesen existido!
¿Cuánto tiempo permaneció así, con el rostro
contra la tierra, presa de este dolor total, irremediable, que acaba por apaciguarnos el alma á
fuerza de agotarla? Un ruido de voces que oyó
detrás de la cer.:a que lo separaba del jardín, lo
despertó bruscamente de este éxtasis de dolor
en que había caído. Unos hombres caminaban
sin luz, midiendo sus pasos, abogando sus pala-

EL FINAL DE "UN IDILIO TRAGICO"
Hacia una de esas noches de primavera provenzal, en que la naturaleza entera es una embriaguez de voluptuosidad. Por encima de las
cercas del jardín llegaban hasta Pedro los aromas
de las flores. Una brisa suave removía los obscuros follajes de los árboles, lo bastante para dar al
paisaje una especie de vida extAtica y sofwlienta, y el firmamento palpitaba de estrellas. Un
delgado cuarto de luna rasgaba las tinieblas, sin
tener fuerza para iluminarlas, y un inmenso misterio flotaba en el silencioso cuadro. ¡Qué noche
para encaminarse hacia su amada, con todos los

•

éxtasis en el cor~zón, con todos los besos en los
labios, y en las venas con todas las fiebres de la
felic~dad presentida. Pedro, sin embarg.:;, á
medida que se aproximaba al lugar de la cita, experimentaba una inexplicable tristeza. Al realizar este acto, se juzgaba tan culpable que se sentía agobiado. Y lo realizaba, no obstante. Iba.
El filtro que babia penetrado en sus venas con
las palabras de la carta, seguía dominando su voluntad vencida. Iba, pero el contraste Pntre esta
exc_ursión clandestina y vergonzosa hacia una
muJer á la que despreciaba, se parecía tan poco
á sus entradas de otras veces en esta misma villa
Pº! es~e mismo camin_o, férvidas como una pere:
grmación!. . . . ¿Y Ohverio? ¡Dios mio! Si Oliverio lo viese a~ora, este OlivPrio á quien traicionaba tan ·cruelmente!. .. . Tlll era la tensión de
todo su sér, sacudido por el do ble e~tremecimiento de los rPmordimientos y del amor, que los más
leves rumores lo sobre.saltaban. En torno suyo,
las formas de las cosas tomaban aspectos amet;1azador~s ) fantásticos. Su co1·azón palpitaba,
sus_ nervios se estremecían, tenía miedo. Le pareció que unos pasos le seguían y se detuvo á escuchar. En cierto momento, cuimdo se preparaba
á_ franquear las tapias del jardín de Ely, la sensa•
ció~ de que lo seguían fué tan fuerte, que retrocedió, explorando el camino, los matorralts, los
montones de piedras, evitando, como un ladrón,
la gran estela luminosa que proyectaba un foco
de luz eléctrica colocado en un montante de la
verja. Sus pesquisas no le pusieron e11 descubierto nada sospechoso. Pero la emoción había sido
t~~ violenta, que_ temió deElizarse por el mismo
sitio, muy accesible, demaRiado al descubierto.
Se puso á correr, como si realmente fuese per:;eguido, a~ re~edor del. pequeilo lago que prolongaba el Jardm de la villa hacia arriba. Un muro
bastante elevado cerraba todo un pedazo. Lo.escaló, ayudándose con las ramas de una encina
que crecía al pié. Por un instante oculto en el
vestimrnto de ladrillos en que ter:Oinaba la· paretj., escuchó de nuevo. No oyó sinv el ruido de
la brisa, el murmullo del follaje cercano, el am-

plio silencio de la noche, 'Y lejos, muy lejos, los
ladridos de un perro, en alguna casa aislada: Se
dijo: «He soi'iado,» y se dejó deslizar, sosteniéndose con las manos: luego, caer. La altura era de
más de tres metros. Tuvo la suerte de que la tierra, floja en este lugar, amortiguase su caída, y
se dirigió hacia la casa. Algunos minutos más
tarde, se encontraba á la puerta del invernadero,
que empujaba suavemente, y la mano de Ely se
apoderaba de la suya . . .. ¡Qué grande era su
emoción! ¿Pero cuál habría sido si hubiera sat&gt;i•
do que su pánico no ¡_lo había engaliado, que
realmente unos pasos habían seguido los suyos,
desde que · abandonó el
hotel, y que el testigo cuya presencia había sentido en la sombra, tan
próximo á él, hasta el
momento que comenzó á
correr no era otro que
Oliverioi'
La casa se alzaba, impenetrable, saenci os a,
con el misterio de su masa, negra á trechos, blanca á otros, en donde reflejaba la luz eléctrica.
E~ mismo amplio silencio
de la noche que Pedro
había escuehacto desde
lo alto del muro, interrumpido por lejanos ladridos, continuaba en•
volviendo la campilill, y
los árboles seguían extremeciéndose, las flores
exhalando sus perfumes
y las estrellas pidpitando; y Oliverio permanecía inmóvil. á orillas del
jardín, en f.l lugar en que
se había ocultado parano
ser visto por su amigo.
Su dolor, en aquel mo.
. .
mento, no era de los que
impulsan al movim1ento.-Desde que advirtió el
rostro de Pedro, á la hora de la comida, en la
mesa, aquel rostro trastornado, aquellos ojos
brillantes, aquella boca
palpitante, todo le había
revelado que ocurría algo nuevo. Estaba cansado de tantas luchas, cansado de tropezar siempre, en su corazón ó en
el de su amigo, con tantas miserills!. . . . Y además, ;,qué preguntarle,
después de su convers!l.•
ción de la víspera? ¿Había callado?. . ¿Con qué
objeto lastimarse todavía el uno al otro? .. Más
tarde, ante la agitación
creciente de Hautefeuille,se despertó su desc.:mfianza. Se dijo: «Ella lo
ha escrito, dándole una
cita» ....... Ah no! En la
situación en quo se encontrab1u1 uno frente al
otro, recibir una carta
de Ely, leerla ynohabliir
de ella. era de parte de
Pedro un crimen de amistad que jamás cometería. Oliverio se había esforzado en demostrarse
la locura de esta sospecha. Luego, la ostensible fiebre de su ·amigo se
apcderó de él. Sintió,
en su apretón de manos,
cuando en la noche se
separaron, quelatraición
estaba cerca, cierta, ya
realizada. ¿Por qué no
le dijo nada en ~se mi-

nuto supremo? Las grandes decepciones del cor21zón tienen estos dtisprendimientos. Ante cier~
tos golpes inesperados, no se lucha, no se queja,
uno. Si Pedro había en realidad concebido y
aceptado la idea de faltar al juramento que ambos habían hecho ¿qué reproche dirigirle, y con
qué objeto? 1,con qué objeto? .... Y apoyado en,
la ventana abierta, haciendo un llamamiento á
su dignidad de hombre, para no ir á llamar á la,
puerta de su amigo, Oliverio murmuró todavía
por niucho tiempo. «Es imposible,» hasta el segundo en que creyó ver la silueta de Pedro atravesando el jardín del hotel. Esta vez no se dominó. Le fué preciso bajar, preguntar al portero.
Este le informó, en efecto, que Pedro acababadesalir. Algunos instantes después, se lanzaba, él
también, en. dirección de la villa Helmhotz. Había distinguido á su amigo. Lo siguió, lo vió volverse, escuchar, empren·der de nuevo el camino .... Cuando Pedro estuvo á punto de penetraren el jardín, Oliverio no pudo contener nn paso,
hacia 11delante: fué el mom1mto en que Pedro Jo.
oyó. Oliverio se refugió en la sombra: el otro paaó á su lado, casi lo había rozado, y se lanzó corriendo, sin duda hacia alguna otra entrada queconocía. Oliverio dejó de seguirlo.
Se sentó sobre el talud, y allí abandonoseáuna
de,;esperación en la que se resumían, en la quese agrupaban todas las tristezas experimentadas.
durante aquellas dos semanas. No ignoraba qr.een este mismo minuto, en esta casa silenciosa,
cerea de él, Ely y Pedro se ancontraban juntos.
Sabía que se perdon1u'fan, que se amarían, y esta.
idea le causaba un dolor tan agudo, que lo dejaba para\izado en el mismo sitio. Un amor apasion11do por esta muju, el sentimiento de que su,
amigo, ese amigo tan querido, había pasado porencima de él para ir hacia ella, el mortal estremecimiento de los celos y la amargura cte la traición; tantas inexplicables emociones lo hacíalh
vacilar. Acabó, por tenderse, á lo largo, sobre
la tierra fría, sobre esta tierra que nos cubrirá á,
todos algún día y cuyo peso, al sepultarnos, sepult.irá también las insufribles rebeldías del corazón. Y yacía allí, con los brazós extendidos, el
rostro en la yerba, como un cadáver, deseoso demorir, de irse, de no amar más á esta mujer, de
no volver á ver más á su amigo, de no sentirse-

f

/

-~--

.::.__.______/

.!
1

· ELMUNDO

das! Oliverio la miraba con ojos fijos, con un ardor extratio. ¡Cómo hubiera qu'e rido traspasar
las paredes, y penetrar en espíritu; aparecerse á
aquel por quien arriesgaba su vida!. . .... ¡Ay!
habría conservado el valor de su martirio si hubiese ;ealmente visto la habitación de Ely, tal
como·se encontraba en este momento y á la luz
velada de un globo rosado la cabeza de ella junto á la de Pedro, y el hermoso brazo desnudo de
la joven ciiléndose al cuello del joven y dicién•
dole:

-Sino hubieses venido, creo que habría muerbras. Llegaron tan cerca de Oliverio que éste los
to esta noche, de dolor, dP. 21mor ...... Pero sahabría tocado si se hubiese puesto en pié.
li, -Por allí es por donde ha entrado y salido las bía que vendrías, sabía que me ptrdonarias ....
otras noches, monsefior, decía una de estas voces, Cuando toqué tu mano, sin verte, todos mis dolosusurrante, casi imperceptible; por allí saldrá; res se desvanecieron .... Y sin embargo, qué dura era tu voz, al principio. ¡Qué crueles palabras
estamos ciertos de que no se nos escapará ....
-¿Y está usted también cierto de que ninguno has podido pronunciar! ¡Cuánto me has hecho sude sus hombres sospecha la verdad? respondió frir! . ... Pero ya todo se olvidó! Dime que ya todo se olvidó, puesto que me tienes en tus brazos,
otra voz, ésta apenas disfrazada.
-Ninguno, monseilor; todos creerán que tiran puesto que sabes que te amo, y que tú no has dejado de amarme .... Dime que me quieres ....
sobre un ladrón.
-Seflor de Laubach, exclamó una tercera voz, Vuélveme á decir que me quieres, como allá en
el jardinero acaba de decirme q 110 la puerta del aquel barco, cuando oíamos suspirar al Océano!
¿Te acuerdas?
invernadero está abierta ....
Y sus ojos buscaban los de su amante para en-Voy á ver, respondi6' la primera voz. en tanto que la voz imperiosa lanzabo un Verfluchter contrar lo que tanto había expresado en su carta
Esel! Este juramento manifestaba cuánto descon- esta claridad de la dicha
tentaban al organizador de esta emboscada estos absoluta, que ya no bridetalles de vigilancia .... ¿Una emboscada? .... llllba en ellos. En el fon¿Dirigida contra quién? .... Sabiendo todo lo que do había una idea fija de
sabía, Oliverio no tuvo un minuto de duda: el ar- tristeza y de remordíchiduque estaba enterado de que un hombre se . miento. Iba muy pronto
encontraba con su mujer, y preparaba su ven- á cambiarse en una idea
ganza. Deseaba una venganza anónima, como lo de espanto. En los moatestiguaba la pregunta que había hecho á su mentos en que, más tierayudante, y luego el movimiento de cólera con- na, más carii'iosa, mAs imtra el «maldito bruto» que había aludido á la pregnada de amor, la
puerta del in ve1 nadero. Era necesario que el boca de Ely oprimía los
amante fuese matado como un malhechor vulgar, párpados del joven, para
«para salvar el honor de Ely,» pensó Oliverio, arrojar de allí la melanque se enderezaba ahora, y con la cabeza incli- colía, e1talló una detona- ·
nada, oía las voces que se alejaban. El archidu- ción en el jardín, luego
que y su ayudante acababan, sin duda, de hacer dos, tres, tiro tras de tiro,
y u11 grito .desgarró el
rodear el jardín: Pedro estaba perdido.
1Pedro, perdido!. . . . Oliverio se levantó del aire. . . . Después, nada.
todo. La posibilidad de salvar á este amigo al Un silencio terrible haque tanto había querido, acababa de represen- bía sucedido. Los dos
társele. Si él penetrase en en el jardín, sin ser vis- amantes se miraron. Una
to, si se deslizara hasta la puerta de este inver- · misma idea venía á atranadero de la que uno de los acechadores había vesar sus cerazones.
-Ocúltate, dijo Ely,
hablado y por donde debería indudablemente
salir aquel á quien se quería matar! .... Si em- voy á saber ...... Y toprendiera después la fuga, precipitadamente, de mando la lámpara se dimodo que hiciera· creer que salía de la villa! . .. .. rigió hacia la ventana, la
La idea de esta sustitución y de este sacrificio abrió, y con voz fuerte:
se apoderó con una fuerza irresistible de este ¿Quién está ahí? ¿Qué
desgraciado, que tanto acababa de desear la sucede, gritó.
-Tranquílizate, amimuerte. Arrastrándose en la sombra, franqueó á
su vez el mismo lugar casi por donde el otro ha- ga mía, contestó una voz,
bía pasado, y comenzó á caminar en linea recta, la del archiduque, cuya
hacia la vílla ... .. . Esta se alzaba, siempre silen- horrible ironía la hizo
ciosa, siempre adormecida, sin que un hilo de luz estremecer: fué un ladrón
surgiera de los intersticios de las ventanas cerra- que quiso introducirse

35J

en la villa .. .. Debe tener dos ó tres balas en el
cuerpo. Lo estamos buscando, pero no te preocupes. No volverá más. Laubach ha tirado casi á
boca de jarro ....
Ely cerró la ventana. Cuando entró á la pieza,
vió á Pedro muy pálido, con las manos temblorosas.
-No te irás, le dijo. El jardín está lleno de
gente.
-Es necesario que me vaya, replicó él. EsOliverio sobre quien han descargado ....
-;,Sobre él? exclamó ella. ¿Estás loco?
-Sobre él, replicó Pedro con singular energ-Í&gt;I; sobre él, á quien han confundido conmigo.
Me ha visto. Me siguió. El era aquel· cuyos p,1,sos oí ....
-No, no quiero que te vayas, prorrumpió Ely,
y se puso delante de la puerta. No, te lo ruego;
espera. No era él, no era tal vez él. ... Te van
á matar. Te lo suplico, amor mio, no salgas, no
te vayas .... -El la apartó casi brutalmente, repitiendo: ¡Déjame! ¡déjame! sin una mirada, sin
una palabra de despedida. Ya estaba en la parte
baja de la esllalera, en el invernadero, en el jirdín, y Ely no había tenido fuerzas para moverse.
Permanecía apoyada en la pared, contra la que
él la bibía arrojado, con la cabeza inclinada, escuchan do, con una ar.gustia que rayaba en la locura ... . Pero ninguna nueva detonación volvióse á oír. Pedro no encontró ni al príncipe 1ii á su
gente, ocupados en buscar las huellas del primer
fugitivo.
-Ah! gimió Ely. está en sálvo .... con tal que
el otro también lo est.é! .. ..
Como se ve, el terror de Pedro se habí l apoderado de ella. Sí, el desconocido sobre quien
habían tirado, podía muy bien ser Oliverio. En
el acento del príncipe, no cabía engaño. ·No se
trataba de un .adrón. Su marido había sabido
que recibía á un amante, y tendió un 1azo. ¿Pero quien tomó el puesto de Pedro? Por vez primera, después de muchos ailos, esta mujer de un
espíritu tan libre, tan penetrado de fatalismo y
de nihilismo, tuvo un movimiento hacia un auxilio de lo Alto. El terror de lo que entreveía si
en realidad ella y Pedro habían causado el asesinato de aquel hombre de quien ella había aido
la amante y él el único amigo,-la trastornó de
tal modo q~e cayó sobre las rodillas, y oró porque este castigo les fuese apartado á los tres .. Oración vana, tan vana como la loca carrel'a de
su cómplice, que se precipitaba á lo largo del camino, deteniéndose por momentos para gritar:
¡Oliveriol Nadie respondía á este nombr.i. Por
último llegó !il hotel. Iba á saber si no había sido
juguete de un horrible sueflo. ¡Cómo se quedó
cuando el portero contestó á su interrogación:

•

�260

•

Domln~o 6 de Noviembre de 1898.

EL MUNDO

-El sefior del Prat?
Salió pocu después de
usted.
-¿Y no preguntósiyo
habfa s~lido?
- Si seflor. Y no sé cómo no lo oncontró usted,
porque tomó exactamente la misma dirección . ..
Así, ninguno de aus
presentimientcs lo había
engatlado. Era Oliverio
quien lo había seguido,
era Oliverio quien fué
sorprendido en el jardía.
¿Estaba muerto? ¿Est11ba
herido? ¿En dónde estaba? Toda la noche,
Hautcfeuillo erró de uno
á otro f-Xtremo del camino, registrando los fusos,
las cercas, las piedras,
palpando los árboles, el
suelo, regresando al hotel y saliendo de nuevo.
Fn la maflana, cuando,
literalmente como un loco, volvfa de estas inútiles pesquisas, er,contr~,
en unll encrucijad.a, dirigiéndose hqcia Cannes,
por otro camino, á dos j fl.rdineros que conducían
una carreta, y en esta ca•
rreta yacía la forma de
un cuerpo humano. Se
acercó y reconoció á su
am~o. Dos balas habían
atravesad:&gt; el pecho de
Oliverio. En su rostro,
impregnado de arena, se
leía una infinita tristeza.
A juzgar por el sitio en
que lo encontraron los
jardineros, había caminado una media hora después de su herida.
Luego le faltaron las fu~rzas, y se desvaneció, debiendo morir, sin volver al conocimiento,

Domingo 6 de Novil'm'tre dfl 1~
Aquellos A quienes amamos y nos amaron, aquellos con quienes fuimos
tiernos, compasivos, buenos, aquellos con quienes
hemos cometido faltas
que no fueron expiRdas,
aquellos que partieron
· sin que sepamos si nos
perdonaron. ¿se han separado por siempre de
nosotros? O bien ¿vuelven á vivir á nuei;tro lado, con una vida qne se
escapR á nuestros torpes
sentidos, con esta vid~
confusa, misteriosa y temible que la pied1:1d antigua 11tribuía A los Afanes? ¿Hay muertos indulgentes y protectores en
torno de nuestra debilidad? muertos irritados y
vengadores que no nos
permiten ser dichosos
11unert más? Entre este
mundo .Y el otro, no
podemrs comprender si
existe un lazo, ni admitir una definitiva ruptura. Que esta presencia de
los muertos, invisible al
rededor de nuestrd vida
terrestre, sea un suefl.o
ó una realidad, lo cierto es que jamás! después
de esta noche horrible,
Ely ha podido ver á Pedro, ni escribirle. Cuando ha querido tomar la
p'uma para aproximarse
á él, siempre algo se le
ha impedido; y este algo
ha detenido siempre á
Pedro, cuando ha desea•
do darle una seflal, solamente de su existencia.
Hay entre los dos vivos un muerto, que nunca,
nunca desaparecerá. -PAUL BouRGET.

PAGINAS DE LA MODA
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de una hemorragia provocada por la herida y
por la marcha.
¿Adónde van los muertos, nuestros muertos?

361

EL MlTh'I&gt;O

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1, - ~

POR QUB OOMETI r\QUBL ORIMEN.
Como el estlo estaba ya muy avanzado, mi amigo
Kariete, que era un neurótico muy Impresionable y
muy rico, decidió hacer un viaje á Italia y llevarme
consigo. ¡Un vi11je á Italia! Eso habla sido mi Idea fi•
ja, el ensueño de todas mis hora11, el c.bjeto de mi vi•
da. Acepté con entusiasmo su invitación y fui á hacer
mis preparativos de marcha: vender algunos objetos
para sacar d~I empt'ñ0 ouoe más necesarios, eso era
lo principal Digo, sin contar la enojosa tarea de despedirme de ldidora. mi amable compañera de hogar,
en otro tiempo no lejano t&gt;ella como un ángel ahora
triste y melancólica como una azucena marchita.
Después de com 1rar por encargo de Karlste, nuestros trajee de camino y todos los obj ·toe necesarios
para un viaje de cuatro meses, me armé de resolución y me presenté ante I11idora. Cada dla se agotaba más; era como una buiia que arde, y arde y eti tiene que consumir sin remedio. Sus opulentos cabellos
rubios Iban tomando esos tonos terrosos y esa aspereza del pelo de loe ani,oales enfermos, sus labios secos y morados tenían una perpetua contracción de
dolor y solamente sus ojos, sus magnificos y asombrosos ojos negros coro&amp;adoe de peijtañae de oro, brillaban con el brillo que tienen la11 estrellas en la madrugada.
Me conmovl al verla, pero mi emoción duró poco y
no pudo vencer el disgusto. el piadoso y compasivo
disgusto que Pentla yo eu presencia de esta enferma
de amor que se Iba extinguiendo lentamente. Muy alto hablaba en mi conciencia la convicción de que yo
era la medicina que necesitaba aquella inft&gt;liz para
durar algunos años más ó acdeo para volver á la salud y la alegria, pno no me resignaba á venir á pasar cou ella muchas horas todos los días, hacerle versos ccmo antes, jugar con sus cabellos y adormecerla
cerrándole los ojos con mis besos.
No: imposible! Mi vida, mi aliento, mi placer, estaban en la redacdón. punto de cita dti mis más espirituales amigos, en el Casino, en loe bastidores del teatro en loe restaurants donae se cena, siempre bien
ac¿mpañado, á las altas horas de la noche ..... .
Tan pronto como entré á su cuarto, enarto de enferma, impre~nado de un fuerte olor á drogas de botica me dirigió una mirada tal, que me llegó á lo profundo y me reproché IR crueldad de mi conducta para con esta pobre criatura á quien seduje y arranqué

r

del hogar honrado de en~ padree y á quien t:11ta ba de
liban •onar 11hora del modo má~ cob,11de Ptro la naturaleza humana es tal, que en mPdlo de mis nmordimientoe flotaba la ola d~ un sentimiento de orgullo
que me hacia creerme una especie de Tenorio irresistible.
-¿Es cierto que te vas? me preguntó Ieidora con
voz humilde y quejumbrosa
Y notando mi vacilación p.i.ra responaerl~, agregó:
-Me lo dijo tu amigo Karhte.
- Yo temi que ella Je hubiera h11 blado de sus penRS
que me interesaba ocultará todo el mundo y le repliqué duramente.
-Apuesto á que le dijo usted mil calumnias contra mi.
-Calumnias ...... Qné malo ere¡,J ¿Por qué me hablas
con tanta dureza? No le dije nada á tu amigo. El fué
quien me contó que partlan Ustedes ;.es vndad eso?
Comprendi que me PBtaba hablando einctiramente
y mi com¡¡aeión renació
-Si, Isldora; es cierto, le contesté.
-Ahl Dios mio! exclamó. No lo quería yo creer ..
¿y qué va á st:r de mi sin vertt:?
No pudo contener por más tiempo sus lágrimas que
babia estado trabajo~amente comprimiendo tin sus
párpados, y me dijo sollozando, con sollozos que me
desgarraban el alma.
.-Bueno, yo no ~enia en Pi mundo más que á ti, y
tu te vas y me deJa8 para que me muera itqul sola.
Me hablas dejado de amar...... ahora ya ni lástima me
tienes.
Intenté consolarla, le tome sus manecitas flacas en
q~e res11ltaban las venas.como cuerdas azult:s y le
diJe.
-No desesperes, Ieldora. Es verdad que voy ápartlr pero no más que por algunos dlas. El pobre &lt;le
Kanste á quien debemos t11ntos favores ha tt:nido
el capricho de ir, y quiere que yo lé acom,l!añe. Pero
volveremos pronto.
-Eso dices, eso dices, pero yo, bien sabe Dios que
no te veré más, porque en cuanto salgas por esa puertll se me acaba de romper el corazón y me muero.
¿Vieras cómo siento el corazón? Como una cosa muy
grande que ya no me cabe en el pecbn y no me deja
reapirar. Como está lleno de mis lágrimas, cuando

reviente me envenenará y ya no te veré más, ya no
ttl VPré .••.

- Te juro que volverPm~s pronto.
-Eeo me dic~e, pero Kariste está loco Una vez en
Roma ó en Florencia se le olvidará que existe Parb
cnmo se le olvida todo y se q::.edaran ustedes alli.
Isidor11 se me HCercó tendió su brazo delgado como
una cuerda y pálido. con palldPz tr ~neparente y lo
anudó á 1,1i cuello. Su boci,. me besó con besos que
lastimaban, como esos que las madres dan áloe niños
que se les mueren; su aliento cálido, aliento de enferma. me hacia la impre11ión de una llamarada y sus
ojos se fijaron en mi como ávidos y sedientos.
-Déjame verte verte. vnte bien, por la última
vez, me dijo y luego se desplomó desvanecida.
Yo :ir,roveché el momento para hu!r. Ya era tiempo,
poco faltaba, apenas una hora para la salida del
tren.
Pocos minutos despues que yo, llegó Kariete á su
c11ea muy alegre.
-Adivina qué hice hoy, me dijo.
Y sin esperar respuesta continuó:
-Pues ful al jardín dti aclimatación y vi unos pavos
rPalee, magnif1coe, diantre, ma¡cnificoe, y me vino la
idea de un gran cuadro decorativo: pavos reales eu
un campo de pensamientos, pavos agrupados entre
matas de pensamientos, pavos pisando peneamien tu
¿sabes?
Y nada de elnt ·sis, alli dentro ni cielo ni atmóefera:
lo~ pavos dibujados pluma por pluma y los pene&amp;•
mrentoe flor por flor. Mañana empiezl) á trabajar.
-¿Pero no nos vamos á Italia en el tren que va i
salir dPntro de quince minu:os?
-A Italia ... .á Italia! ¿Y que vamos hacer alli? En
Parl~ hay pavos muy hermosos para modelo, anda á
comprarme dos, cuesten lo que costaren.
Corrí á. mi cua faidora euaba en el mismo sitió del
p&amp;vimento donde cayó momentos ant~e de mi salida.
La toqué. Estaba muerta.
ÜCTAVIO MIRBBAU.

1
'

FJg. l. -M:ante-au para salida en la tarde.

EPISODIO DE LA VIDA FEMENIL.

I

,

Se habla levantado á las cinco, era de noche RÚn;
,apenas si habla descansado seis horas. Pero ¡qué ha~erl Aquellos tres pequeñuelos destrozaban un monle de ropa ..... .
La culpa sin embargo, no era de ellos, se comprende loe trapos duran poco, y á cada. momento había
qu~ remendarlos. :ea.ciencia! y la pobre mujer, á la dé
bil luz de una lamparilla, eegula cosiendo apresurada,
agitando unas manos descarnadas sobre aquellos po•
bree tra}loe con m".lvimientos febriles.
En un solo lecho, arrimada á un rincón de la miserable pieza, dormían encogidos los pequeñuelos, en
aquellas e~trañae y graclosRe poelcio:iee que suelen
tomar loe niños cuando yacen en elcom,leto abando-no del sueño.
De pronto, un ruido en un principio, como si surgiera de la tierra. luego Rmnentando ha11ta llegar á ser
un fuerte silbido, largo, in11lete.nt_e, hizo temblar loe
vidrio1; de la ventana y loe dos umcoe vasos que esta•
ban sobre el apRrador d~ pino.
Dios mio! exclamó la mujer parándose de un salto y
-arrojando el trabajo sobre la mesa.
-Dios mlol El pito! Hijos mios, arriba, el pito, no
to habéfe oido? Levantaos, arriba.

Y sin esperar más, emprAndló á vestir las tres criaturas, con la precipit~ción, con el ansia propias de
quien llega á la eetació 1 y ve que el tren esta por po,
neree en marcha.
Pronto. ligero . ...
Loe niños, sorprendidos en el euPiio de l!'quella manera, puetérons~ á chillu: pero la m~dre s10 hace~lea
caso continullba á vPstirloe, confundiendo las medias,
loe zapatos y lanzando un ge:.}ido tilda vez que tenia
que pArder un minuto de tiempo parR _buscar alguna
prnnda calda &lt;iebajo de una 8ill&amp; ó baJo.la cama.
Por fin loe tres rai,11ce11 qnl'd&amp;r!ln ves,1do~: pPr~ los
pobrPeltos aún no hablan concluido d" ti&gt;ner 1meno y
de chillar, muy al contrario. ahora tenlan hambre.
La mujer corrió ai apar1tdor sacó una taza repleta
de sopa, y los p..,qneñuelos e~ le colocaro1;1 en torno
La sopa estaba fria-era ~l mee de Jul:o;-pero los
niños la devoraban igualmente
La madre para hacer m{s pronto loe embocad~ á
grandes cucharadas v por turno, p!'ro como ocurna á
veces que alguno no ·fuera lo suficiente eollctto á vaciar la boca, así la cuchar, nas11ba Inexorable y en•
traba en la boca del vecino. La lección ePc&amp;rm1mtaba
al iiesp1tcioeo comilón, que para no quedar otra vez
rezagado. engullla las cucharadas de sopa abi como
estaba, sin perder tiempo pua maecarla.
Concluida la'opP.ración, loe chiquitines parecieron
quedar satisfechos.

Entonces, siempre de furia, la mujer agarró del brazo el segundo y llevándose por dela!l'~ el mayor,
mientras levantabl\ en los brazos al ultrmo,-!1~ pequeñuelo &lt;i.e trc,e años-cerró la puerta de un t1ron, Y
bajó la escalera á saltos
Abajo en la calle donde eehba el estable.cimiento,
una porción de mujereJ corrian para no de¡arse sorprender afuera por el eefundo silbido, que Indicaba
á un tiempo la entrada a taller f la clausura.
DPspué11 del sonido del pito, se sabe, habla que pagar la multa.
y no pasabR mañana que _no hubiera alguua ~e estas retardatarlae de un minuto; porque un mmuto
después ya no se entraba por el portón.
.
Todas corrían, galopaban, algunllS en estado !ntereeaute luego se separaban un momento, páhdas,
desfallecidas, á recobrar aliento, para emorendtir nuevamente IR carrera hasta llegar al establecimiento á
cuya puerta se paraban como ante un lugar de salv~ción, la cara se les ilumhiaba entonces con una .sonrisa de sRtisfacctón. mientras el corazón y _la crr~tura
80 les agitab~ dentro del cuerpo como si quisieran
saltar afuera.
.
Nuestra mujer, á fuerza de gritos, emp~llonee y tironee, hab!R coneegnido llegar con sus hlJoe hasta la
puerta del Asilo de Infantes que estaba cerca d_el establecimiento, v hllbla allf deJado al má~ pequeno de
loe niños, abandonando loe otros dos sobre h1. acera,

�862

Domingo 6 de Noviembre de 1893.

EL MUNDO

después de haberles dicho en voz b11ja algunas palabras de recomendación. En ese inEtanie, desde lo alto del techo de la fábrica se desprendió el segundo
silbido, breve, seco, casi en ~on de broma. La mujer
atravesó la calle de una corrida, y llegó al portón don~e otras acababan de llegar: pero el por~ero, un eici·
llano ex sargento, las acugió con una guiñada de desprecio.
-Pero si recien acababa de sonar el pito, clamaba
un11.
-Atrás, querida, retírese, hermosa ... . decia el ex•
sargento con un tono melifluo insultante, agarrado
del orazo á una que babia conseguido pasar el dintel.
-Yo estoy en el oratorio-protestaba la obreradéjeme pasar.
·

Fig. 4.-Guarnici6n para cuello.

l

Domingo 6 de Noviembre de 1898.

363

EL MUNDO

más que usted, con eso conservará usted su propio,
re@peto.
No deje usted de leer algo fuera de los artículos.
sobre las modas y gacetillas sobre tertuli-11s, porque
en el mundo eueli, haber otras cosas tan importantes.
á lo menos, como esas grandes cosas.
Esté usted persuadida de que aún cuando su marido no tenga corazón, siempre tendrá estómago, y no
olvide, por tanto, prep11rarle con alguna frecuencia.
lllguna vienda bien easonada para ablandar el yugo,
d ..J matrimonio.
·
No le mortifique us!ed muy seguid9 por dinero-,
sino ajuste u . ted los gastos á lo posible.
En fin respete usted la parentela de su marido, especialmente á su madre, como que por se~ ella la sue-

CONSEJOS A LA.S :MUJERES CASlllAS.
Sea usted -siempre con su marido tan cortés y tan
benéLola como cuando él no era más que su novio.
Entonces usted se alzaba para mirarlo; no le mire
ahora de arriba á abajo. Ttmga usted pr11eente que

Flg. 2.-0uerpo bordado.
Fig. 7.- Paletot para la estación.
Pero él ya la habla echado fuera. Aprovechando la
confusión otra obrera t&gt;D cinta y de fisonomia dolien·
te, había tratado de escabullirsfl hacia el patio, pero
el portero que tenia la manija del cancel gritó:
-Ojo al vientre¡ y lo cerró de un empellón
La infeliz dió un salto gwtesco, gruesa como estaba, apenas si logró evitar el golpe.
El portón estaba cerrado! Las mujeres se miraron
unas á otras, una de ellas tendió el brazo con el puño
cerrado echando una maldición.
-TreiI:.ta céntimos de multa! Un minuto de atraso,
un tercio de jornal perdido!
Pasaron una á una por la puerta pequeña, cabisbajae, pálidas, silencio~as, después de haber hecho asen·
iar su nombre en una libreta.

gra de usted, ha dFj¡1do de Fer madre de él, madr&amp;
que lo amaba ya, cuando usted ni aún lo conocia.

PARA USO DOMESTICO.
Muchas veces se de11ea hacn una sola taza de caf&amp;
para tomar en las comid11e. Para loe que están acostumbrados á hacer el café solo en mayores cantidades, la operación es bastante dificil. Un buen cocinero recomie11da el plan siguiente: Echese en una taza
un poco de clara de huevo y llénese la taza de agua
fria. Revuélvase bien, échese todo en la cafetera, há-

FJg :i.- Gran paletotn de in'l'lerno, delatero
y espalda.

Fig 9.-TOOA. .TIJA.NA..

con quien e~tá usted casada es con un hombre, y esté, por tanto. prPparada para las imperfecciones.
Deje usted una que otra vez que su marido sea el
~lti!Do que hable, eso lo complacerá á él y no le perJudicará á usted en nada. Deje también que él sepa

Fig. 8.-A.brlgo para casa.

Flg. 3.-Blusa elegante.

gase hervir un pi.r de minutos y añádasele un poco
más de agua caliente.

El siciliano con las manos en los bolsillos y la pipa
en la boca, sonreía a todas ellas mientras pasaban. y
Alas más jóvenes les murmuraba en voz baja algún
requiebro
- Cochino!-contestó una y pasó.
Mientr11e tanto abajo en la calle, sumida aún en la
semi-oscuridad del crepúsculo, alfrio de Julio, dos ni•
ños, lloriqueando y teniéndose de la mano, se encaminaban leniamente á la escuela, dos horas antes de
su apertura.

Para destruir los insectos que se crian en las camas
ó en los agujeros de las paredes disuélvase en agua
polvos de peretro, conocidos también cou el nombre
de polvo11 persas, bmándose con esta solución las
part-es infestadas.

NOTAS HIGIENICAS '

•••
•
Las nueces, las avell1i.nae, almendras y otras frutas
de esa especie, son, á causa Je las subsbtaucias grasas que contienen, muy nutritivas, pero cuando e&amp;
toman hay que masticarlas bien porque de lo contrario hay _peligro de una indigestión. Las personas de
estómago delicado no deben tomarlas nunca. Cuando
más _daño llacen es cuando se toman después de la
com1da.

••;,.
Flg, 6.- Volante ttltJro&lt;\ no"'edad.
•

Cuando se hierven cerezas frescas, grosellas y demás!r.i~as delicadas para conservarlas, es convenieuie anadir al &amp;,ll'ua unpequeñoterrónde alumbre pues
se ha visto que asi no ea deshacen tanto.
·

Para que la luz artificial no perjudique á la avista,
es necesario que sea bastante mtensa para permitir,
sin esfuerzo alguno distinguir claramente los objetos. Los rayos luminosos de cualquier fuente que provengau están siempre acom¡.,añadoe de rayos colorí•
feros de intensidad variable según la ciase de alumbrado, como hemos dicho anteriormente. Si los rayos
luminosos no producen mal efecto eu el aparato vi·
eual, loe rayos del calor si, pues producen un estado
congestivo del globo ocular, qufl, frecuentemente repetido y_ mantenido durante un tiempo un poco largo, produce transtornos coneiderables.
Asi es que, euando se está obligad~ á usa: la luz
artificial para algún trabajo que neceéite el eJercicio
del órgano ac la visión, babia de P.rocurarse que con
la mayor intensidad de la luz posible, para evitar los
eFfuerzos, se tenga la menor cantidad de calor qu11
se pueda.
Por este motivo se debe preferir un.a luz intensa,
que pueda colocarse lejos de los ojoe,para que á ellos
no lleguen los rayos oolorlferos con intensidad capaz
para perjudicarlos: ot_ra manera de evitar esto, ~e.hacer que el foco Jummoso proyecte sus ravos umcamente sobre el objeto que se qu1ere alumbrar y que
loe ojos no lo reciban del foco de luz. A este fin, tienden las pantallas, reflectores etc., tan usados en todas partes.
·
.
La luz debe ser fija. Toda intermitencia, las oscrl&amp;•
clones de la flama de las velas, bujlae, en las lámparas mal dispuestas, fatigan mucho la vista, requieren
esfuerzos en el ojo, alternativai! de dilatación y contracción de las pupilas, inconvenientes que son muy
perjudiciales.

Es preferible tener varias luces colocadas conve•
nientemente que una sola. En este último caso debe
preferirse que la luz esté al lado izquierdo. sobre todo para el que escribe; pues asi alumbra perfectamente sin que la sombra proyectada por la mano, impida
ver bien y sujete al ojo á esfuerzos.

raso se dflbe envolver en papel azul y def pués e 1
otro más fuerte, de cualquier clase.
Un oculista de gran fama dice que loP velos con motRs que tan de moda están ahora, son el peor enemigo
que pueden tener loe ojos.

La luz blanca, la que más se asemeja á la luz solar,
es la mejor. Casi todos loe sistPmae de alumbrado dan
una luz amarillenta, excepto la luz de arco que produce luz blanca ligeramente azuloea.
De los cuerpos cuya cembuetlón se utiliza para alumbrado, Pl aceite y la estearina son los que dan una luz
más blanca.
El color de la luz solar resulta de la fusión de rayos
luminosos de los siete colores del espectro.

Para tapar las ~endljas más ó menos grandes que
se hacen en los pisos, ~61:1ese una gran cantidad de
periódicos y papeles VIeJoe, se hacen ped11zoe pequenos y se echan á cocer en una caldera, 11ñadiendo al
agua unos puñados de harina para formar un engrudo espeso, con el cual se rellenan las rendijas en las
tablas cuando está caliente.

**•

NUESTROS GRABADOS.
FIG. 1-MANTEAU PARA SAL'DA EN LA CALLB,

Las plantas que se tienen de adorno en la sala ú
otras habitacion~s,-requieren que se les quite con la
mayor frecuencia posible el polvo que lee cae en las
hojas. Para esto conviene pasarles todos loe días un
trapo mojado por ambos lados de la hoja. Esto es necesario para que no se les obPtruyan loe poros por
donde respiran como nosonos lo hacemos por la boca
y por las narices.

•*•

Para conservar cintas, listones, pañuelos y otros artículos de seda, se recomienda guardarlos envueltos
en papel ordinario como el que se usa en las tiendas
par11 hacf'r paquetee. El papel blllnco tiene cloruro de
cal y esta substancia descolora la seda. La ropa de

Está hecho de uu cuerpo de collet amplio, en tul
blanco, sembrado de pajitas de diamantes fruncido en
la parte baja por medio de un empiezamiento que cubre todos los hombros formando una. bonita esclavina. Ese empiezamiento se recubre de must-lina blanca, enteramente fruncida simulando un capuchón. El
cuerpo de collet está incrustado de chantilly negra.
FIG, 2-CUJIIRPO l30RD.ADO,

De casimir de damas, muy justo y muy sencillo con
adorno de guias de cordoncillo de seda.
FIG. 3 -l3LUSA lilLlllGANTlll,

De sarga de seda negra, con un gran plissé á ambos ladoP, ceñida por un cinturón fantasil1; entre ambos plissés una banda fijada por botones fantasía.

�nomtngo 6 de Noviembre ·de 1898.

EL MUNTlO

OPINION DE UN CAPITALISTA EN MEIICO
AOEROA DEL SEGURO SOBRE LA VIDA

En "LA MUTUA" de Nueva York.
México, Obtub1·e 3 de 1898.

•

Sr. D. Donato de Chapeaurouge,
Dired.or General de la Compañfa de Seguros; "LA MUTUA'
Presente.
Muy Sr. mio:
Me permito 11cusarle recibo de los Rt&gt;guros por ....
($300,000.00) trescientos mil pesos que acabo
ae tomar en la Vompañla que Va. repres..uta en esta.
República, y obsequia1;1do 11us deseos deque expong!llas razones que he temdo para asegurarwe en cantl·
dad tan importante y para preferir el tomarla á "La
Mutua" á pesar de que mis frecuentes vi•jes á Euro·
pa y Estados Unidos, me han dado toda cla ..e deopor·
tunidad para tomar mi seguro en cualquiera d~ _las
grandes Compañías del mu11do, congubtolemamftesto que en mi creencia. el seguro sobre la vida toma l.\
forma de una protección, no B)IO para mi familia, sino
también para mis bienes y negocios que tengo entre
roanos, los que no quedarán ~in fondo11 conque seguir
activándolos si les faltase mi perdona! dirección.
Respecto á haber elegido "La Mutua," mi personal
couommiento de sus inwenso11 recursos, con loR cuales cuenta para cumplir sus obligaciones, sus méttdos
de organización y los plane~ atrat:tivos de seguros
que ofrece son tales, que á mi juicio uo ad111iten competencia.
En conclusión, le manifiesto que mi iutención es
aumentar el seguro sobre mi vida en e~ta Compañia
dentro de poco tiempo, y tendré mucho placer entratar con Vd. este asunto.
lSoy de Vd. afmo --y atto. S.~Firmado.-{). Eisennaun.

NUMERO 20

MEXICO, ~OVIEMBRE 13 DE 1898

TOMOil

EXAMENU.

Fig. 12. - Corbata
ítltima n()vedad

Figs 13 y 14.-Trajes de estacl6n.
FIG. 4-GUARNIC.JÓN PARA CUELLO.

•

Es una elegantisima gnarnición de guipure tt&gt;rminada en punta11, orladas de volantes Ji.
geros de muselina de seda, y ceñido el cuello por una leve cinta de satin.
FIG, 5-GRAN PALETOT DE I~VJERNO, DELANTERO Y ESPALDA,

Es de casimir asargado, con una elegante esclavina redonda, muy ajustado y dos gran·
des filas de botones fantasía.
Sobre cuello de terciopelo muy sencillo.
FJG, 6-VOLA1'TE tLTUIA NOVEDAD,

EP un volante muv hermoso de escosés con entrerlo~t&gt;S de ci1110 acordonada de seda para remate de
faldas de cie1 ta severidad y elegancia.

no. 7-PALRTOT

PARA LA ESTACIÓN,

De ¡;año obi~po, ligeramente diagonal, hecho de
dos empiPzamientos: el superior que forma un casa&lt;'Ón 11ju~tado. dejando dos elegantes faldetas, y el in·
fnior que P~tá con~tituido por una falda rlgida y justa. Dos hileras de botones fantasía ornan y cierran
el casacón.
FIG. 8-ABRIGO PARA CASA.

Estilo dragón muy justo con cuello vuelto y adorno
de alhamarns y t!Sti-ellas.
FJG. 9-TOCA JUANA.

Sombrero levantado delante, de fi!)ltro castor muy
claro, ~uarnecido de ~os draperias torsaladas de ter
ciopelo un poco más pálido aún, una de ellas se enreda á. la iz~uierda al rededor de la fuda; la otra á la
derecha desapareciendo en la parte posterior, delante las dos se cruzan sosteniendo una larga pluma.
FIG, 10-FICBÚ ELEGANTE,

ER un fichú volante de muselina de seda, ornado
de blondi1 blanca de Bélgica y rematado en el talle
por un bonito l11zo de ¡¡atln. ~;1 fichú se abre sobre un
gran plastrón de cadeneta, de muy buen gusto
FIG U-TOILETTE DE DAMA PARA LA ESTACIÓN.

Es una elegantísima t ,iJette de seda acero asarg .~da con grandes aplicacioneP. dP. bordado á ban•las pa,
ralelas con Pntredol!es rle seda negra. Cuerpo ablusado con un hermoso fichú dti blouda de AlenQon vieja.

&amp;1 asunto ae la lemporaaa.-Después ael e~amen..

FIG. 12-CORBATA ÚLTIMA NOVEDAD.

Flg. 10,-Fichft elegante.

D11mos con este número uno de los más elegantes
modelos de corbatas para trajes estilo sastre de las
que están hc,y más en boga.

APUNTES DEL NATIJRAL

Fig 11.-Tollette de dama. para la ~stacl6n.

I

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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